Viernes 25 y Otros Poemas Dardo y Nelly Dorronzoro 1

June 24, 2019 | Author: Juan Nazareno Ferreyra | Category: Gatos, Amor, Aves, Naturaleza
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En ocasión de recordarse el aniversario número 40 de la desaparición de Dardo Dorronzoro, fue publicado este libro...

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Dardo Sebastián Dorronzoro Nelly Dorronzoro

Herrería de Dardo en Luján

Dardo Sebastián Dorronzoro no creía en la propiedad privada. Consideraba la cultura y el arte como un patrimonio y derecho universal. Se alienta a la reproducción total o parcial de su obra mientras sea reconocida la autoría de la creación original.

Dardo Sebastián Dorronzoro Nelly Dorronzoro EDICIÓN | Marina Álamo Bryan | Magaly Olivera DISEÑO | Dania Hermida Cortés FOTOGRAFÍA | Dietmar Blochberger ARCHIVO | Osvaldo Caldú

Primera edición: 2016 Impreso en México

Los contenidos de este libro se pueden reproducir y compartir por cualquier medio, siempre y cuando se respete su autoría y esta nota se mantenga.

 A las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo  A los 30 000 desaparecidos en Argentina

En memoria de Raúl Esteban Aguirre, Juan Carlos Barroso, Rosa María Cano, Dardo Sebastián Dorronzoro, Carlos Durán,  Jorge Leonardo Elischer, Graciela Ester Erramuspe, Carlos Alberto Fernández, Enrique Guerrero, Arnaldo Harold Bua,

Rubén Raúl Maggio, Mónica Mignone, Julio Alfredo Navarro, Pedro Núñez, José Alfonso Orellana, Ricardo Luis Palazzo, Vicente Omar Pascarelli, Oscar Alcides Peralta, Alcides Carlos Ramírez, Omar Santiago Siina, Georgina Simerman, Irma Noemí Tardivo, María de los Ángeles Torres, Hilda Zulema Vergara; desaparecidos en Luján.

Un reconocimiento a los que levantaron las banderas de los caídos  y siguen creyendo con espera nza en un mundo mejor.

PRÓLOGO “Porque todo antes de ser poesía debe pasar por mi corazón, darlo vuelta con el grito para arriba, colocarlo cara al alba, cara al cielo. Todo debe pasar por mi sangre, por mis huesos, por mi respiración, por el corazón de mi sangre, pues yo soy un poeta no un hacedor de versos bonitos”. Estas palabras que una vez el poeta escribió denen su posición estética, su irrenunciable delidad al hombre, a

ese ser único, irrepetible, que está solo “desde el sollozo y el aire hasta el relámpago”, su apasionado amor hacia los seres más desvalidos, tristes y desamparados, “a los que no tienen amor ni pan, a los que se van sin haber llegado, a los que a veces sonríen, a los que a veces sueñan...” Por eso, la rebeldía contra un mundo dividido y despedazado, contra el sino sangriento de nuestros días, se alza y transita por estos versos como un dolor, como una cruz. Yo quisiera evocar aquí el ámbito cotidiano del poeta herrero que “organizando y desorganizando el erro caliente a

martillazos”, creyó que no era tan difícil vivir si se le daba al alma la forma de un pájaro, de una or, de una selva, de

una luz, tal como lo dice en su poema “Vivir”. Amaba las tardes silenciosas con ese vientito fresco de madreselvas y retamas, amaba las mañanas con el canto

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de las calandrias y el arrullo de las palomas que se detenían ante su fragua y amaba a ese gato de mirada sombría que lo observaba desde un rincón. Y luego los otros, el otro montón de perros y de gatos, y más adentro de su corazón, sus amigos, que llegaban por el camino de tierra a la casa donde siempre los esperó la lámpara encendida de una amistad fraternal, sin claudicaciones ni aquezas.

Todo un universo construido día tras día, año tras año, un universo de profundos ríos y serenas montañas, un universo alimentado y enriquecido con la magia de la fantasía que le hacía soñar con un mundo donde no hubiera desigualdades, ni miseria, ni chicos tristes, ni hombres cazadores de hombres, un mundo en donde hubiera una máquina que produjera “pan, rosas y olvido”. El poeta herrero creyó que no era tan difícil vivir así, mirando para afuera, hablando para afuera, gritando para afuera su condición de hombre libre al que jamás se le pudo atar la sangre. El poeta herrero creyó que no era tan difícil vivir así, indagando dentro de sí mismo el profundo misterio del hombre.

Con este libro he querido rescatar algunos de sus poemas dispersos en distintas publicaciones; otros, totalmente inéditos,

 y he tratado de dar una visión de su pensamiento sobre el hombre, la vida y el amor. No sé si alguna vez llegará a ver este libro, acaso muchos de sus versos fueron premonitorios porque los poetas ven más claro y más profundo. No sé si alguna vez leeremos juntos estas palabras escritas hoy 25 de febrero de 1978, a veinte meses de haber sido arrancado –arrancado, sí– de todo lo que amaba. El título de este libro recuerda aquel viernes 25 de junio en 1976, cuando lo vi, por última vez, caminando entre fusiles. Pero los poetas no mueren. Es inútil silenciar su voz. La poesía, por sobre las circunstancias mezquinas y perecederas, se levanta siempre como una llama, como una bandera, como el vuelo invulnerable de un pájaro.

Pero era indefenso, tan indefenso “como una gota de llanto con todo el cielo adentro”, según las palabras del poeta dominicano Manuel del Cabral, quien en una carta le dice: “Tú eres de aquellos humildes ante quienes los poderosos se desvanecen; a tu sencilleza le temen los palacios; eres indefenso como una gota de llanto con todo el cielo adentro: ¡qué montaña concentra tanto espacio, tanta altura!”

La Loma, Luján, Argentina. Verano de 1978.

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Nelly Dorronzoro

Poemas Obra reunida de Dardo Sebastián Dorronzoro

Dardo Sebastián Dorronzoro

Selección original de Nelly Dorronzoro

Me declaro culpable, muy bien, pero debo advertirles que ya ustedes me mataron, me enterraron, me borraron todas las arrugas y las lágrimas de mis hermanos,  y me dijeron que te diviertas con los gusanos, pero olvidaron de borrar las huellas que mis pasos marcaron en tantas calles y caminos del mundo.

DE ESTE LADO, L ADO, SOLAMENTE HOMBRES

Dardo, El Galleguito José Galleguito José Luis, La Negra Graciela, Negra Graciela, El Gordo Blanco , Julito Julito Varguéz  Varguéz y El Cabezón Navarro en casa de Dardo

TODAS TODAS LAS MAÑANAS No me cortarán el viento de los ojos,  yo te digo; no me cambiarán de azul la torre t orre de los pinos, ni manejarán palomas con las nubes de mis dedos. Yo soy todas las mañanas de los hombres, te digo, todos los inviernos, todos los eneros,  yo soy una sangre sangre perdida en la calle más más antigua, una espuma de llanto y una tos en los jergones;  yo soy para siempre siempre en mi último camino. camino.

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CANCIÓN PARA MI SANGRE LIBRE Se muere una sola vez. No habrá más agua ni amigos, no habrá más guitarra, ni río ni muchacha suave, suave, no habrá ya un perro junto a tu corazón. Se muere sólo una vez. Sí. Y no escupirán mis pasos ni atarán mi sangre. Mi lengua es ésta, mírala, nacida para decir cosas. Y yo no quiero el pan de tus manos, ni quiero el vino. Yo no quiero, no, colgar retratos, ni dormir entre sábanas almidonadas, ni quiero que me alumbren de ores ni de pájaros ni de trigos.

Yo quiero silbar o cantar o gritar. Yo quiero mirar las nubes o el abdomen sucio de los señores sucios,  yo quiero mirar de costado a los ministros, ministros, morir en cualquier amanecer con la sangre limpia.

MIENTRAS ME MATAN Comenzaron a matarme de a uno hace muchos siglos, después de a setenta, después de a quinientos, hay que ver cómo me matan ahora de a miles en cada esquina, en cada feriado, cómo fabrican sueldos y galones con los huesos que me quedan, cómo fabrican calabozos para poner algún rincón de mis pantalones,  y cómo se turnan entre gordo y gordo para ver de qué ojo muero primero, pero resulta que cada vez soy más uno de los otros, uno de los que nacen y renacen y vuelven a nacer entre los fuegos, que cada vez tengo más luz, más pájaros, más ores en la

puntería, que cada vez me soporto más elegantemente entre los erros y los veranos,

 y hay veces que me pregunto –me digo para para mí– si ellos no harían mejor en cambiar de uñas y de cuentas, de andar de peldaño en peldaño hacia abajo de las luces, o en comprarse una sangre nueva, una sangre más limpia para usar en feriados y domingos. Porque eso de matarme tanto con papeles no terminará nunca,  y ya se sabe que la primavera primavera avanza avanza sobre los huesos y los aullidos del invierno.

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SOLOS Desde hace rato –milenios–  que están amontonando nuestros huesos, desemenuzándolos, haciendo con ellos pirámides, catedrales, grandes edicios para

 los amos, que nos marcan los números, las palabras, los días de la muerte,  y es entonces que nos quedamos aquí, esperando, nos retorcemos los dedos, frotamos lámparas contra los inviernos y nos salimos por la otra parte de los octubres, de los trenes como trompetas al aire,  y no hay nadie que nos coloque de frente al único resplandor que nos surge de la sombra. Adónde están, preguntan ellos, entonces, para dónde se arrastran o se mueren, o en qué rincón clavan las uñas, se desangran, por encima de los pétalos, por encima de tantas soledades, de tanto silencio de sangre en los hijos.

SOY UN HOMBRE SOLO Soy un hombre solo; un hombre de cualquier día, de cualquier calle, de cualquier invierno; un hombre que tiene su noche completa, y a veces un mayo con perros y sombras en la mitad de la tarde. Soy un hombre solo. Hay que verme aquí, solo, entre puertas que se cierran al olvido  y midiendo a ojo la hondura del mundo para ver si aún no ha crecido el hombre. Soy un hombre solo, sí, y me destruyo alba por alba de ángeles y recuerdos mientras compro monedas de luz para mi sangre  y el amor se me acerca todos los días para nacerme. Soy un hombre solo, sí, de adentro para afuera, madurando mi espuma para ser de todos con el único pedazo de horizonte que me dejen, con el último fuego de mi carne.

Pero nada cambia por eso, es lo mismo siempre, desde el primer viento, nacemos y nos derrumbamos, solos, sin nadie sobre nuestro barro, sobre nuestro aullido, sobre nuestra ceniza, nada más que nosotros, solos, que somos desde el sollozo y el aire, hasta el relámpago,  y no sabemos aún, ignoramos nuestra mano de hombre, nuestro puño, ignoramos que sólo nos acompaña nuestra sangre, que somos nosotros, nada más, y nuestra sangre, la espuma perfumada de la tierra. 24

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YO QUIERO UNA MÁQUINA Yo quiero una máquina para cada uno de nosotros. Una máquina para ti, una máquina para mí. Una máquina zumbadora y alegre, grande y dócil como un elefante, que produzca pan, rosas y olvido, guardapolvos blancos, mariposas,  y una dulce lluvia para cuando estemos tristes. Yo quiero, además, tres palmos de tierra para cada uno de nosotros. Tres palmos de tierra donde poder sembrar una sola semilla  de trigo, una sola violeta, una sola golondrina, o donde poder enterrar nuestro perro cuando se muera.

LOS BUENOS TIEMPOS Antes, en los buenos tiempos, salíamos mi perro y yo y algunos amigos, a esperar las cinco de la mañana, a esperar el sol, a esperar las nubes rosas con jirafas, a esperar un canto de gallo, un pedazo de viento,  y nos poníamos cada uno un gorrión sobre la cabeza para que la gente fuera más feliz camino al trabajo, para que los vendedores y compradores de almas se arrojaran al río todos juntos, o todos oscuros,  y los chicos merodeadores de mendrugos y las muchachas nos saludaran sonriendo,  y el mundo fuera así menos estúpido, con menos bebedores de sangre en cada chimenea.

Yo quiero para cada uno de nosotros un salvoconducto para andar por el mundo, para andar por la primavera y los melancólicos bodegones, sin que se nos mire la suela de los zapatos, el pulgar de la mano derecha o el interior de nuestro corazón. Y yo quiero, especialmente para mí, un carro con cuatro caballos de viento, un esqueleto de nubes y rocío, una muchacha sonriendo –para siempre en el recuerdo–  y una paloma de papel de seda.

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ALGO SOBRE MÍ MISMO A veces voy en busca de mí, en busca de esa porción de hombre que llevo en alguna parte,  y me encuentro, sucio de carne y mundo,  y a veces no, ni sucio, a veces me pierdo como un peine, como una vieja haraposa, como un número, y te encuentro a vos –de enero y abril–   y te digo otra vez mis años, mi montón de gatos, mi irme, triste, por calles quebradas por un tango, por un chico sucio, por la mitad de un llanto, donde la luna rebota contra recuerdos, súbitamente, o la luz que me queda, o ese reloj sin horas, que se muere  junto a mis dedos, o la canción inventada mientras los zapatos se me van entre agujeros, fantoches  y hombres que beben el sudor de su piel, que beben su cansancio de mugre y tarde, que beben la propia razón de su olvido. Y si es invierno, eso que se mete en los pisos de tierra como una muerte, te vienes conmigo y me miras los primeros pasos de la sangre, el mate apurado, mi andar contra ciertas arpilleras viejas, 28

los pasteles que mi hermana me envuelve delicadamente, entre aromos y herrerías y cigarras ausentes,  y muchos ojos míos alrededor de la mesa. Y yo te digo, entonces: no hay iguales; fíjate que nadie es igual a ti, a mí, al obispo o a mi amigo el barrendero, ni mis perros son iguales a los perros del vecino, ni serán iguales las paladas de tierra que alguna vez nos echarán encima pero sí son iguales la hache del hombre, el pan y la sopa y el dolor del hombre,  y es igual la luz que se nos clava en mitada de una risa sin posible hambre. Y te ríes, o te sonríes, y me dejas cosiendo los agujeros de mis medias, preparándome para treparme a esta torre desde donde me miro siempre tan pequeño que me cuesta trabajo ponerme los pantalones. Y luego, cuando se va la estrella, regresas, contemplas mi nacimiento, contemplas esta arruga tan vieja y clara que me regaló mi padre, mientras la mitad de tus ojos se dispone a cambiar un pedazo de mi corazón por tu secreto de hormigas y primaveras. 29

DE ESTE LADO, SOLAMENTE HOMBRES No me cuelguen precios en las orejas, no me cuelguen vacas, no me cuelguen cascabeles, no me cuelguen ministros, ordenanzas privadas ni muertos de agosto, que yo quiero oír esas paredes cuando lloran, esas tierras, esos labriegos que amanecen los caminos con los contratos metidos entre las uñas y los ratones. Además, yo estoy bien así, sin leyes como perros en la sangre, ni decretos para convertir ciudades en bosques con alimañas  y largos almacenes, que todo está frente a frente con la última tuberculosis, con el último andrajo del hombre, con la última fatiga, con el último general de la noche. Queda dicho, entonces, entendámonos: No quiero que nadie me agite alrededor de títulos ni vacancias, ni de jaulas con señores recién salidos de la madrugada, que aún puedo reírme desde la punta de la mano izquierda  para abajo, desde los lunes a las siete para abajo, desde el dolor de los Alfredos y los Luises para abajo,  y todavía me quedan –esto es importante–  veintisiete muertes para morirlas de una sola vez contra las calles.

A UN VAGABUNDO Al pie de ese árbol, que camina su sombra encima de tu sueño, se aposenta la soledad de tu memoria  y un tiempo destruido. Uno a uno se fueron los días de tus huesos, se fueron los retratos, y el mundo, con una sola mano de bramido, retorció tu sangre pensativa. Y ahora quedas ahí, solo, debajo del viento y de los pájaros. Yo te saludo.

Podría no morirlas todas, claro, dejar una, quizá, para el regreso cansado a la casa con gatos, donde todavía me queda una muchacha para el corazón y los ojos,  y se arremolinan las noches en torno a los olvidos. 30

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LOS AMIGOS Yo tenía un amigo  y otro amigo  y muchos amigos. Alguno traía su guitarra, otro su aventura  y otro su soledad y su tristeza. Aquí, en esta mano, hay alguna lágrima, todavía, de aquel tiempo; algún recuerdo que me llega a veces como un galope de caballos, como un perfume o como un dolor buscando lugar en la sangre. Yo tenía amigos que se fueron a buscar la muerte. Otros se convirtieron en maíz, en guitarra, en canciones; otros se convirtieron en ciudad,

LOS AMIGOS EN INVIERNO Los amigos en invierno vienen golpeando los pies contra las paredes, con la sombra de los árboles metida en las orejas, cada uno tiene a su mujer, tiene a su hijo, tiene a su perro meno r, que lo esperan para ver si llega con la forma de un pan en la mano, para ver si hay un silbido antes de acercarse a la puerta, o si suena una moneda a contraluz en el bolsillo izquierdo de su saco, pero ellos no quieren historias de los días que pasan  y después de un largo viaje llegan a mi casa, me agrietan las lámparas de tanto frotarlas para que aparezca el genio, lloran sobre mis libros, me cuentan las arrugas de la cara y de los relojes,  y luego deciden demolerme la casa desde los ladrillos a las hormigas, pero no les alcanza el viento ni l os martillos, no les alcanzan los reyes de la baraja ni los gatos,  y me buscan entonces el rincón de los miércoles perdidos, una cara parecida a un viejo tirabuzón de madera o simplemente algo que los aleje de un mundo que no sirve ni para llevarlo pintado en las zapatillas.

en puerto, en mueble de ocina,

 y algún otro, como yo, se convirtió en poema.

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MI CORAZÓN NO ES Mi corazón no es el timbre de una casa, mi corazón no es el ojo de la noche, mi corazón no es el grito de la lluvia, mi corazón no es eso que se sonríe en las tardes silenciosas, mi corazón no es el límite asombrado de tus ojos, mi corazón no es el camino que lleva hacia el jamás o nunca. No. Ni ratas ni cruces ni el barro entero ni el ama para que te amen rozan un solo latido, un solo segundo solo de sangre. Mi corazón es una calle con perros y chozas y ropa al sol en la mañana, es una casa sin puertas, es un río, es un viento de luna, es una sangre de pan, de mariposas de octubre, de martillo, es la mitad de los ojos que se desnudan de pájaros cuando lloran, mi corazón no sirve para letrero, para ministro, para arzobispo, para señor de la muerte ni para esmoquin del señor o para decirle al señor yo le rindo mi homenaje. No. Mi corazón, además, no es mi corazón. Aquí está, míralo, a esta hora, junto a una música de la noche, esperando que alguien llegue, lo tome en sus manos, lo beba, lo destroce, lo fume o lo acueste delicadamente para que descanse de la vida.

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NO COMPRENDO No comprendo. Son las mismas calles. Son los mismos hombres. Son los mismos gritos. Son las mismas sangres. No comprendo.  –Otras manos– no las mías– cavan trincheras. Otras manos preparan el pan, aguzan el hierro. Otras manos destruyen los últimos restos de la noche. No comprendo. Viene aquí mi padre, sonriendo, frente al antiguo rostro de la muerte. No comprendo. Están todos, sin embargo. Nadie falta. No comprendo. Alguien pregunta: ¿ya llega el alba? No comprendo.

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CUANDO DUELEN LOS HUESOS Cuando duelen los huesos no valen las artimañas, no se puede invocar brujas ni usureros, ni levantar al aire una sangre de martillos o iluminarse de ángeles al borde de la pestilencia. Todo está claro cuando uno pasea por sus propias orillas, alimenta a su perro y tira el último jadeo por el azul de la ventana, o se pone a veces la cara del ministro para no enlutarse con la mirada triste de los pájaros. Y el cansancio sigue sin embargo, pasa su lengua por sombras de recuerdos, examina los labios del amor; desnuda los ojos asombrados de la sangre. Mientras tanto, allá están ellos, lentos en sus mares o bosques o montañas, nos han robado para siempre el color de las mañanas, el fuego de los dedos, el viento que nos trajo alguna vez la piel serena de la lluvia y los veranos.

LOS 18 WHISKYS DE TU MUERTE, DYLAN THOMAS Acabo de no tomarme 20 vasos de vino, Dylan Thomas, acabo de no caerme en este día sobre mi propio pellejo, acabo de no olvidarme que no hay ciudad ni perdón ni lágrima ni casa para el poeta, que mañana ya no habrá tiempo para ser los mismos, pero yo igual pienso en tu cara redonda, Dylan, muy redonda, con los labios para afuera de la noche, con las manos sobre hombros de prostitutas y ruanes,

mientras te bebías el mundo en los 18 whiskys, y las ratas azules, rojas, amarillas, se te subían como a mí por los pantalones. Pero pobre tonto, Dylan, pobre tonto, extenuado de ciudades y grandes almacenes, cantando en mis cadenas como el mar, me dijiste un día,  y rompías botellas a puñetazos, rompías funerales, garzas y otras cosas,  y ya no te daba para más la sangre,  ya no te daba para más la primavera,  ya no te daban para más los sueños sin esa tierra donde (una madrugada con niebla y olor a ranas fritas) encontraste llorando tu propia calavera; y yo te dije, entonces, esto es más triste, aún, Dylan, más triste que tu barro enloquecido, desciende tu entraña hasta mí, pobre gordo, desciende tu corazón hasta esta altura de los pobres, deja caer aquí una sola sílaba, la única que puede salvarte del inerno en este inerno.

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PARA O.C. Pero ya estabas muerto, con tus 18 whiskys, muerto, Dylan,  y los mercaderes andaban por ahí, con ojos y manos como uñas hipotecando, vendiendo por algunas monedas, por alguna supuesta cara de domingo, la música cercana de tus huesos.

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Dentro de lo posible, trato de no recordarte nada más que cuando organizo o desorganizo el erro caliente

a martillazos; eso me hace bien, me saca de nubes rosadas, de alguna escarcha de invierno, de alguna antigua quemadura, de algún dolor, de alguna muerte, por ahí, aunque a veces no nos pongamos de acuerdo sobre la mejor manera de hacer para limpiar todo esto, o me des el mate demasiado frío, o me digas general de las alpargatas rotas,  y yo te vea allá, tan lejos, por más que estés siempre aquí, en los ojos de mis perros, en el saludo de don Juan, todas las mañanas, en el nacimiento de alguna noche, de alguna amapola,  y nos pongamos serios por esas sombras, por esas arpilleras en  las puerta de los ranchos, con una mano en la mano del pobre, siempre buscando una razón para acercar nuestra sangre a otra sangre, o para reírnos, como ahora, vos allá, mirando este cigarrillo que   enciendo,  y yo acá, contándote alguna anécdota del mundo, mientras se van encendiendo las luces, de a una, cerca de cada hombre, de cada altura, de cada viento,  y caminemos los dos por esas calles que nos llevan hasta lo más hondo del alba y de la lágrima.

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EL HOMBRE LIBRE

ÉL Y YO

Estaban los dos hombres en un calabozo.  –¿Por qué estás preso? –preguntó uno.  –Porque soy libre –contestó el otro.  –¿Y qué es la libertad?  –La libertad no existe, como no existe el hombre. Sólo existe el hombre hambriento y el hombre libre.  –¿Y qué es ser un hombre libre?  –No decir y no hacer lo que los hombres libres quieren que uno diga y haga.  –¿Y si te obligan? El hombre libre se rió.  –Precisamente –dijo–, ahí está la fuerza del hombre libre. Nadie puede obligarlo a decir ni hacer lo que no quiere.  –Sin embargo –dijo el otro–, ahora, por ejemplo, te obligan a no estar con la mujer que amas.  –¿Y quién te dijo –contestó el hombre libre– que no estoy con ella?

Nos encontramos todas las mañanas. Él va en su bicicleta y yo en mis zapatillas. Los dos a ganarnos el pan. No sé si él se llama  Juan o Felipe, y él no sabe si yo me llamo Luis o Pancho. Haga frío o calor, llueva o caigan piedras, siempre nos encontramos.  –Chau.  –Chau. Algún día no nos encontraremos. Ni nos encontraremos al día siguiente, ni al otro. Desde ese momento, yo sabré que él ha muerto. O él sabrá que yo he muerto. Qué triste estará el mundo, entonces, para el que quede vivo.

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VAMOS A VER Vamos a ver, mejor dicho tendríamos que ver, mejor dicho ya hemos visto mucho de lo que hay que ver, hemos visto mucho pero no hemos tocado, mejor dicho nos han tocado, nos han apaleado, nos han enjaulado,  y hemos tenido poco, mejor dicho no hemos tenido nada, mejor dicho hemos tenido hambre, a veces, dolor en los huesos, dolor en las uñas, dolor en las tripas, dolor en los hijos, dolor en la sangre, nunca hemos tenido otra cosa, mejor dicho nos han tenido, mejor dicho nos han dado vuelta del revés y del derecho, mejor dicho nos tienen, mejor dicho nos beben y respiran, mejor dicho nos empaquetan, mejor dicho nos empaquetan y nos despachan, mejor dicho nos entierran sin muchos honores, mejor dicho nos tiran en un pozo cualquiera, pero vamos a ver, mejor dicho tendríamos que ver, mejor dicho tendríamos que hacer algo, mejor dicho no solamente tocar la guitarra, mejor dicho no solamente decir que somos bravos, mejor dicho tendríamos que agarrar el mundo por las cuatro puntas, mejor dicho agarrar el mundo y darlo vuelta para que caiga todo  lo que no sirve, mejor dicho para que caiga toda la basura.

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LA SÉPTIMA RAZA Sin ninguna gracia se balancean de los árboles, colgados de la cola, andan en su último modelo de sangre ajena y fundan extrañas Babilonias sin Tigris, Éufrates ni Misisipis. En ciertas ocasiones solemos verlos disputándoles a perros sarnosos y famélicos los sucios mendrugos que abandonan los turista s; calcinándose debajo de cuatro latas, i mpávidos, o saludando desde la proa de un yate que marcha hacia otros mares. No obstante, nadie entre ellos puede decir no me amen, no arrastren mis huesos por los pasillos, no metan ese olor de estrellas entre las uñas, no levanten mi soledad hasta la terrible altura de los dioses, no me acuñen entre cuatro paredes sin llorarme. No. Ni aquí ni allá, donde nacieron de pronto. (Y es nada más que un momento, uno sólo, señalado siempre por el dedo del hombre, permitido y negado y perdido y nunca recobrado, mientras se llora –debajo de carnavales y ruidos de botellas– porque la sangre comienza a morir desde que nace).

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Y construyen ciudades con chimeneas, cinematógrafos, estadios,   whiskerías con sus calles, sus letreros luminosos, sus plazas y sus monumentos, con sus niñas que dicen ti o tú o ven o dime, con alguien que habla a veces de unos extramuros, de gatos y una luna a veces rompiendo techos de cartón prensado, de ángeles sin alas hundiéndose en la tierra, de muchachos cansados asiéndose en sus sueños a la última muchacha que se les murió en los ojos. Y nadie puede decir: déjenme solo, no quiero esa mano entre las ores de mi c asa,

no quiero leer el último discurso del ministro, no quiero que se le tejan guirnaldas a mi hambre, no quiero conocer la profundidad de mi caverna. No. Y se conversa sobre Shakespeare, sobre Cervantes, sobre M ilton, o sobre la última vez que llegamos al cielo, pero lo importante es que la ciudad esté municipalmente limpia, no salir con ruleros a la calle, no tirar las cenizas del enemigo sobre la alfombra,

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no salpicar con salsa a nuestros vecinos de mesa, no discrepar nunca sin una sonrisa amable. Y así vemos tantos rostros evangélicos, tanta supercie aterciopelada de rostros evangélicos,

tanta jaula de rostros evangélicos, tanta carretera de rostros evangélicos y buen comportamiento, con niveles de sangre, orquídeas  y rascacielos perfectos a la derecha, y a la izquierda, la mugre y el olvido. Sin embargo, los bosques  ya comienzan a soñar voces y luciérnagas.

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SEMÁFORO 17 No quiero que me industrialicen, no quiero que me nacionalicen, no quiero que claven mi lengua en un poste; no quiero, no, que me enchapen en oro, en erro,

en madera olorosa, no quiero que me pongan en una sala, cruzado de brazos, con la mirada perdida en un collar de cuervos, o gimiendo por el costado más claro de mis bigotes. No, diles que me dejen así, con los caballos preparados, con todos los caballos de luz preparados, con todos los sauces esperándome desde el fondo de los perros, con tu llegada, azul, a veces, o roja,  y tus ojos mirándome siempre en la primera sombra de los incendios, o si no, con el puente, con las doce cuadras hasta tu bulín y el río,  y tus pasos de gata y todos sentados en tu cama, todos con la sopa en la sartén, con la vieja yerba, con el mate,  y la pava,  y la noche marchándose a chorros por los barrotes, hacia los estrépitos, hacia los trenes, 46

hacia las innumerables batallas, por un solo pedazo de tu sangre o de mi sangre. Así te digo: así debe ser, sin gritos, sin el amor de la carne, acaso, pero hundida la garganta de revoluciones, llorando sobre el dulce hueso que se queda en el camino,  y las piedras,  y los ángeles,  y los mismos veranos de los ríos estrujándonos muriéndonos por una sola esperanza. Pero ven, ahora, mira: todo nace  y mañana, quizá, ponga mi última mano sobre tu frente, para irme bulín arriba, puente arriba, gatos, perros y amor arriba, hacia antiguos vientos, lluvias, muchachas en el recuerdo y boliches con la luz del olvido en sus botellas.

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 YO TE DIRÍA: HAY QUE VIVIR 

El Gallego Osvaldo, Puchi Aducci y Dardo; guerra de barro en el Arroyo del Haras, Luján

VIVIR Yo te diría: Hay que vivir. Hay que hacerse una casa de piedra y huesos de enemigos. Hay que amaestrar una oruga. Hay que amar. Hay que amarse. Pero existe mucho de malo en mí y eso me desconsuela, me inhibe para ponerme entre las varas de un carro y tirar como un buen caballo mal alimentado, me pone la piel de plumerillo y margarita silvestre, me pone ambiguo, me pone un tinte violáceo alrededor de los ojos –como cuando nos amábamos–, me pone en mano de esa gentecita que se llueve en los jardines, y me duele, entonces, que nadie me diga buen día los lunes, buenas tardes los martes, buenas noches los miércoles, que los jueves vengan cobradores de horas y noches no abonadas puntualmente, que los viernes llegue esa perfumada carta sin hojas de ayer, sin recuerdos, sin nada que no sea el pálido deseo de una carne, que los sábados mis gatos dediquen un funeral a mi memoria, que los domingos un rumor de río se pegue a la piel de los sauces, o ese mayo, o esa lluvia a las cinco de la mañana, o ese individuo que quiere matarse a cualquier hora, o ese que no se mata 51

porque lo miran desde una azotea, o no matarme, sin embargo, sigo moliendo tu trigo y haciendo tu pan día a día, relleno horas con tormentas, perros y ciudades lejanas, o me voy con los amigos a colgar ropa o fantasmas, o a tomar mate debajo de ese árbol que se apaga en tus tardes, mientras manos pacientes, en la sombra, preparan caminos, lámparas, pueblos tristes,  y antiguos relojes marcan la nueva piel de las calles, chimeneas, voces que van del sudor a la lágrima, a la estrella, a la furiosa raíz, para contar, para contarte, después, algo de las banderas, de las ratas que se prenden a nuestras uñas, de los que bailan al son de los letreros, o de los sabios, con las medias aún sucias por el último sueldo y sonriendo por los agujeros, aunque a veces me quede así, con la cabeza en mis perros, mirando eso que se derrumba muy cerca de mi pellejo, o dentro, y se me ocurre, entonces, que el mundo debería tener muchas patas, 52

como las arañas, que el mundo podría ser una araña, que el mundo podría ser una olla de guiso, o un pan, o esa encantadora or que se muere en tus ojos, pero

no hay más que esperar, tejer y destejer, mientras alimentamos el alma,  y los huesos y las lágrimas van adquiriendo la forma correspondiente, ya ves que no es mucho, si alcanzamos a comprender que nunca nos guardarán el turno, que nunca nos traerán la cabeza del monstruo en bandeja de plata,  y que nunca dejarán de observarnos desde ese campo de tigres encorbatados, alertas. Sin embargo, eso no es todo: miremos alrededor, démosle de comer a los perros que ya anochece, y déjame pensar que no es tan difícil vivir así, contra todos los árboles y los vientos, amando con miércoles y azules de las calles con barro, inviernos,  y pequeños dioses surgidos de la mugre, sonrientes, esperándolo todo de nosotros, aunque luego viene lo demás, y no sé cómo volveremos a ser lo que fuimos antes sin renunciar a la vida con tanto pecho entre agujeros llamas, con tanto noamor al amor que existe, con tanto llanto 53

 y tristeza en los rincones. No obstante, fíjate, no es tan difícil vivir así si le damos al alma la forma de un pájaro, de una or,

de una selva, de una luz, e iluminamos lobos, increíbles fronteras y nos rascamos las espaldas con ilustres visitantes, o nos quemamos cejas, pan y botones en la primera línea de fuego, siempre, en esa línea donde nadie tiene nunca menos de una cruz para nosotros, una corbata del abuelo, o una bolsa para que la llenemos de lamentos no publicados en ninguna parte, ni cantados, ni bailados, ni orinados, ni vendidos al gitano para que limpie el t rasero al mono. No, por menos no se puede; sería novivir, noamar, nodecir aquí está este corazón, esta zapatilla, este brazo aco pero iluminado y duro

a ofrecer por ahí lo único que nos queda en los bolsillos: la última gota de tierra, de sal, de bosque, el último sudor o la or aquella, tan rara, que una noche encontraste al costado celeste de la luna, cuando grillos y sapos y todo lo que levanta chillidos, ojos  y collares en los salones nos armaban nos armaban un mundo sin pequeños propietarios, sin grandes propietarios, sin mañana le pago, sin tendrá que ir al asilo, viejito, sin la plata o vida, sin anoche escupí sangre, en n, un mundo así, hasta el

alba, hasta que algún gallo atorrante nos ponía otra vez en este bosque con gerentes, jefes, se atiende de tal a tal hora, automóviles y chapas de bronce relucientes,  juanes cansados,  juanes rumbo al collar y la cadena,  y todo lo que ya sabes, lo que ya conoces, pero tengo un solo cigarrillo, los gatos regresan sigilosamente  y ya se abre la puerta de la noche: escucha,  ya llega la luz de los pájaros.

para quien lo necesite, para el que llegue primero, o irse con los mercaderes, con los ministros patriotas, 54

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RAZÓN DE AMOR 

Nelly Dorronzoro, Dardo y El Galleguito en casa de Dardo

RAZÓN DE AMOR Por sobre la razón de las computadoras, nacen las rosas, nace una tarde de diciembre, un amor, o estalla un mar, un trigo, un niño, o una nueva Sodoma se levanta para ser destruida. No es la verdad un sinnúmero de tarjetas perforadas,  y sí es un pan, un plato vacío, o es mi martillo golpeando el eterno corazón del hierro. La verdad es ese hombre, ese gusano o ese cardo que orece de sol en el amor de tus ojos. Cada uno

es él, centro de sí mismo  y de la oscura eternidad de los dioses. Pero igual hay siempre una mano de vitales relámpagos  –de antiguos vientos nacidos en el corazón del hombre–, que nos construye, nos destruye y nos reconstruye, o nos arroja en medio de un desierto, de donde solamente el amor puede rescatarnos. 59

SEGUNDO POEMA DEL GRAN AMOR Y así, de pronto, solemos ver dragones de metal engullendo ángeles y oráculos anticipándonos una lenta muerte, sumergidos en este delicado incendio de amapolas.

Es una historia tan larga. Noches de verte aquí, en este aire mío, en este humo de mi cigarrillo que forma tu imagen, noches de verte tocando la tristeza de tus ojos mi carne desvelada, dueña de mí y ausente, lejana mía, imposible, tan clara y bella como esta noche que se me acerca lentamente a la sangre. Es una historia tan larga. Necesitaría un millón de noches junto a tu corazón para contártela. Porque te amé tanto –quizá desde siglos–, que tu nombre se me hizo rumor de abejas y cielo con pájaros y azules, al comienzo de todas mis mañanas. Y acaricié tu pelo, segundo a segundo como lo acaricio ahora, acaricié tu carne tibia hasta dolerme tu ausencia, te estrujé completa y única hasta que me lloraron los huesos, besé el fondo de tus labios hasta quedarme solo. Pero no estabas. Tu corazón no estaba. Lejos de mí las ores de tu carne, lejos de mí tu aliento, tu

piel, ese todo que formas al vibrar entera, y la tierra estaba triste, entonces, sin el viento de tus pasos, sin esa ternura 60

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ESTE VERANO que siempre te orece en los ojos.

Es una historia tan larga, si supieras. Caben en ella todos los besos que no me diste.

Este verano no he bebido una sola gota de atardecer contigo junto al río. Y las golondrinas  y los dragones de nubes  y los heladeros  y las esquinas con automóviles y monosílabos de grullas, o un dulce nal de grillos y retamas nos esperan,

para que no te alejes de mi piel dura de árbol  y hierro y clara  y asombrosamente parecida a la piel de los camellos y de los dioses. Y nos esperan muros de pinos y perros en la noche junto al cielo en luna, mientras yo manejo el color de tus ojos entre las piedras de una calle,  y tus dedos cavan un pozo de eternidad para mi corazón enemigo de los tenderos  y los barcos. En tanto, para hacer tiempo,  yo te quiero toda con tus ciudades recuerdos, toda de estaciones, a veces con trenes y noche, nostálgica mía, toda de caminos y viejas piedras sin olvido, que ahora viajas por mis horas de luz entre paredes, por los estruendos que me nacen la carne, crepúsculo a crepúsculo, por esta niebla mía, por estos labios 62

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POEMA A LAS SEI S DE LA TARDE de mi lluvia, que te besan los ojos cuando estás triste. Ahora viajas por todos los pueblos de mi sangre.

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Necesito hoy tenerme de un hilo azul, inmóvil, o dejarme correr en una tarde del río, o del viento o de una sombra endurecida por los sauces. Necesito, amor, mudarme a tus ojos en medio de las tormentas, cazar un grillo de luz, mientras se mueven todos los instantes de tu sangre, y necesito no quedarme en la otra orilla, no indagar rincones del olvido, no partir antes de iluminarme entero en todos tus amaneceres.

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BÚSQUEDA

NOSOTROS Y LA NOCHE

Quizá antes te busqué entre todas las mujeres, o quizá no te busqué, o te busqué en mis noches más oscuras, en mis calles más solas, sin llamarte por tu nombre, porque tu nombre no existía en el mundo, en ese tiempo,  y yo no tenía ningún nombre de mujer para llamarte; quién sabe cuántas veces habrás pasado junto a mí ocultándote el corazón, o cuando yo estaba tirado boca abajo en la tierra, mordiendo la tierra, o comiendo un mendrugo junto a los ojos de mi perro, o acaso yo estaba mirando algún lugar para morir sin encontrarte.

Íbamos caminando por las entrañas tibias de la noche, ¿recuerdas? Nos llenábamos de aroma y de estrellas y la luna estaba ahí, entre dos árboles, toda tuya y mía, toda inmensa sobre el mundo, toda dulce, toda tan misteriosa, antigua y bella como el resplandor de tus ojos.

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 –¿Qué tengo aquí? –Me preguntaste, mostrándome la mano cerrada.  –Una estrella –te dije.  –No.  –Un grillo.  –No.  –Un viento.  –No.  –Mi corazón.  –Sí. Abriste la mano, y mi corazón, transformado en pájaro, se puso a cantar alegremente. A lo lejos, los hombres rugían en la selva, sin noche ni luna.

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ALGUNA VEZ Alguna vez fui alguien que viajó en el fuelle de los trenes; fui el hombre que había perdido la hora de tus pasos, alguna vez fui solamente una soledosa tierra de nadie, dos labios para decir tu nombre en la noche, dos labios para besar la boca de tu larga ausencia, pero mírame ahora, coloca tu mano aquí, donde están las ores de tus ojos, y oirás

el paso de tu amor por mis venas, oirás tu nombre, la luz de tu respiración  y este viento que ahora sacude mi sauce, esta lenta lluvia, este marzo, esta noche que pasa lentamente por los extramuros de mi sangre sola. No, no me importa, sé que tu amor tiene el tamaño de un horizonte, sé que tu amor y el mío no caben en este profundo misterio de la noche.

YO TENGO DOS ALAS DE ALAMBRE Y PAPEL DE CHOCOLATE Yo tengo dos alas de alambre y papel de chocolate, tengo dos alas y una vez que nos encontramos para siempre, cuando estaban las criaturas y el mundo y los perros sucios, cuando estaban las calles y el pan negados y los dioses derrumbaban sus muros sobre la soledad de los pobres, pero comenzamos a querernos y a inventar mariposas en la tarde, comenzamos a mirar las voces enemigas y los gatos, comenzamos a mirarnos la sangre a t ravés de arcángeles y de lobos, comenzamos a tomar mate en una esquina de la mesa, comenzamos a lustrar tardes de veranos y a pintar pájaros en el viento, aunque a veces yo me iba con el silencio y mis hermanos   silenciosos,  y los campos de arroz y la metralla y las chozas y los chicos casi muertos me lastimaban esta entraña y esta carne que ya eran tuyas, me lastimaban este dolor tan viejo que ya no se sabe dónde  está la esquina,  y tus dedos entonces marcaban los nuevos caminos para mis venas,  y tus ojos iban y venían por la orilla más clara de mi noche, mientras yo te contaba la música lejana de los circos, te contaba calles, estaciones y hombres tristes,  y una revolución que ya incendiaba todos los senderos. Pero yo tengo dos alas de alambre y papel de chocolate, tengo dos alas y una vez que nos encontramos para siempre.

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CARTEL Corren las agujas del reloj, ya son todas las horas sobre el viento del mundo, amor, pero yo igual miro la luz de tus ojos y salgo para no olvidar me, para no recordarme, para no gemirme, para matar ayeres y sombras, para colmarme al hombre toda esta tarde junta, todo este invierno, todos estos chicos que salen de sus cuevas para mirar mi cara de alambre y piedra, de remotos hombres a la orilla de los ríos y de los pájaros, mientras levantan un solo pedazo de su mugre para ensuciar me el pelo y las orejas, pero  yo me pongo el traje de buzo, el traje de torero o el traje de ministro a la hora en que se amontonan detrás de los mostradores,  y me marcho con los bueyes del alba, con la sombra de los tigres, o me rasco los granos de mi abuelo, el que se emborrachaba con viruta de madera,  y ellos siguen ahí rmemente solos, querida,

 y yo digo que me midan de abajo para arriba, de la sangre para afuera, de los pobres que me llevan de los sueños para afuera, pero ellos igual tosen, aúllan, gruñen, se convierten en ratones, se mueren 70

antes de saber si el pezón de la madre es la lengua de un gato, si el pezón de la madre es el dedo de un dios, si el pezón de la madre es el ojo de una carabina, si el pezón de la madre es un ciervo corriendo por los bosques. Todo muy hermoso, ya ves. Vamos al circo, entonces, vamos a rodearnos la cara de milagros, de jefes de golondrinas, vamos a buscar el retrato que mejor nos quede a la cintura, el lecho nupcial que mejor nos quede a la cintura, mientras algo se incencia por ahí, detrás de las cajas registradoras, detrás de los números, las condecoraciones y los relojes de entrada,  y los ángeles taciturnos andan amontonando las piedras sangre a sangre, las calles y sus próceres sangre a sangre, el amor del hombre sangre a sangre,  y no valen ni brujos ni artimañas, ni Alí Babá y sus cuarenta ladrones, ni los lobos que devoraron a nuestros abuelos, ni las señoras que lloran a la hora del té todos sus gusanos, ni los que gimotean por la sarna de su oso hormiguero, por la mirada cruel del herrero herrero, por el hundimiento en el mar de su próximo enero, pero hay que apurarse un poco, hay que hacerlo, hay que unir las patas y los picos, los Luises y los martillos, antes 71

de que vengan y nos digan: usted es un tornillo usted es un engranaje usted es una rueda de 25 centímetros, usted es una lámpara de acetileno. Sí, sin embrago,  yo voy, regreso con las venas y las manos vacías, te digo te quiero. Me como las uñas y organizo largos y profundos subterráneos para el invierno,  y ellos se mueren a razón de uno por cada 30 segundos sin perdirnos permiso,  y yo a veces te pregunto no hay un fusil por ahí, no hay algo para que la sangre se me convierta en muchos panes, en muchas mariposas, en muchas barricadas, para que se me conviertan en una tremenda luz que les alumbre el alma, que les alumbre las orillas del hambre, que les alumbre los ojos, que les caliente esos esqueletos vacíos, cada vez más del color de la tierra.

el dueño de las palabras de perdón me mira,  y alguien dice: recuerdo que mi abuela amaba los crespúsculos. Después comienzan a llegar los pájaros del Norte, del Sur, del Este, del Oeste, comienzan a llegar los hombres hasta la altura del alba, comienzan a llegar las lágrimas tan antiguas como esta mano antigua y dura,  y esa luz que se abre a chorros de pétalos, de palomas, de amor sobre el corazón de la tierra.

Entonces me miras, el prestamista me mira, el dueño de los almacenes me mira, 72

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POEMA EN MAYO PARA MI AMADA

LOS DÍAS NO PERDIDOS

La calle es un círculo cuando llegan los señores y yo me muero. No te mueras en mayo me dicen desde una mañana abierta. Pero yo debo morirme porque me han dejado el cráneo sin corazón ni rosas  y la calle es un círculo cuando llegan los señores. Sin embargo, amada, el mate y tu mano tienen el mismo resplandor de altura,  y me cercan debajo de este sol que comenzó en agosto, la misma tarde en que murió un guerrillero enseñando el alma mientras los generales daban voces de mando en los jardines.

Los miércoles eran días nublados generalmente,  y generalmente llovía los jueves pero nada más en las calles de tierra, por donde me llegaban los gatos con las patas embarradas,  y entonces no venías a las cuatro de la tarde ni a las cinco,  y eran todas las estrellas y todavía te estaba esperando,  y era el día siguiente con los gatos y el sol y el vapor de la tierra mojada,  y se moría alguien y uno decía qué lástima,  y llegaban los mosquitos, llegaban albañiles y llegaba algún muchacho sin cigarrillos, se hablaba de Sofía, de la guerra de Vietnam, de pibes que se disfrazaban de nosotros para no ser ellos, del pan con una forma determinada, más bien poco, más bien caro, más bien como un largo aliento cansado sobre la mesa,  y enseguida nos poníamos a hacer la revolución debajo de las ramas, debajo de ese vientito fresco con madreselvas, pero la cuestión era difícil porque no estabas,  y yo no decía nada, sin embargo me levantaba los pantalones a cada dos minutos, eso sí,

Claro que después serán otros los que destapen inviernos, los que se coman el viento helado, la neblina triste, los que se lloren frente a frente de olvidos y recuerdos, los que ya no tengan ni un clavel de luz para sus sombras. Pero yo llegaré desde mi muerte con los tigres necesarios, con los ríos de septiembre y tu amor, amor, a mi costado  –limpio el aire de tu brazo en mi cintura clara–,  y toda la sangre de mi voz copando los silencios.

me sentía muy aco,

 y la revolución no avanzaba pese a los albañiles, pese a que las bombas estallaban en todos los rincones de los libros,  y eran muchas las horas que se iban por el mundo,  y eran muchos los chicos que se morían de tanto esperarnos,  y entonces nos poníamos a dar vueltas las veletas, la cola de los pájaros 74

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a comer mandarinas, a preguntarnos adónde estaba la falla del viejo Marx, ese gran loco,  y entonces llegabas, nos sacabas los libros de las manos, nos sacabas el mate, nos sacabas las cáscaras de mandarinas  y nos señalabas un lugar difícil hacia el medio de la vida. Qué gran cosa era que llegaras.

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Osvaldo Caldú y Pucci conspirando

SEMÁFORO 19 Ocurre, Marta, que suelo inventarte de rojo, que suelo inventarte de catedral, de Greta Garbo, de sombra celeste en la tarde; y ocurre que también invento un pájaro en un costado de tu boca cuando dices caballo, lluvia, niños marrones, o cuando me dices herrero  y buscas la luz y el horizonte de tu sangre en mi sangre. Pero ocurre, Marta, que a veces no me encuentras, o me encuentras convertido en un montón de gatos, en un nolvido –ese vértigo de rincones–, con libros, ausencias, con un reloj amarillo y lento, con una rosa, un retrato, o con algún amigo que me habla de lo mal que para los pobres pobres andan las cosas. Sin embargo, en ocasiones, Marta, me encuentras caminando como un viento de sauce, como una tristeza de lluvia, por esa tristeza que te anochece el corazón, que te hace los ojos marrones, niños, río 81

HERMANO GUSTAVO ADOLFO o acaso invierno, o acaso alguna boca que se duerme sin el sabor del pan en sus orillas. Marta: ahora pongo mi oreja sobre la tierra y oigo tus pasos por el corazón de octubre. Marta: explícame una mariposa, explícame una nube, Marta, siempre es noche, allá, o donde siempre es frío, o soledad, o llanto, que ahí tu carne estará en la carne del herrero, en la luz del herrero, que ya, ahora mismo, giran, se desbocan, se encabritan los caballos del alba. Marta, yo te invento de rojo, yo me pongo al hombro tus veinte años y marcho,  yo acerco la mañana y tu cabeza a mi pecho,  yo fundo un pueblo para que lo llenes de octubres y madreselvas.

Luego o mañana se irán las golondrinas, se irán desilusionadas porque cada vez las miran menos, porque todos van dentro de los trenes, dentro de los automóviles, dentro de sí mismos; todos van retorciendo sus problemas hasta que aparece un gusano, cómo entonces mirar a las golondrinas cómo ver que existen, cómo ver que hacen sus nidos junto a tu ventana, Gustavo Adolfo, hermano, comeremos un par de huevos con un vaso de vino, Gustavo, porque las golondrinas se irán luego o mañana y sólo nosotros las vemos, sólo nosotros sabemos que a las golondrinas no se las come fritas, que se las acaricia con un dedo cuando vuelan cerca de las nubes, que se las dibuja sobre un corazón a la madrugada, Gustavo, sólo nosotros recojemos esa pluma que ellas nos dejan para que acariciemos la frente de nuestra muchacha cuando duerme.

Marta: afuera ladran los perros, escucha: una estrella desciende para nosotros. 82

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RUIDO DE DURAZNOS, DE AIRE AZUL

LA ESPERANZA NO ES

Ruido de duraznos, de aire azul, de muchachas, perros y vagabundos se mezclan con los soldados, los soldados no tienen ganas de hacer la guerra porque el sol  es tibio,  y los ancianos descansan sus huesos para la muerte en cualquier parte,  ya no existen presidentes de la república, no existen ministros, no existen secretarios, jefes ni salamandras,  y entonces uno se pregunta para qué existen los soldados,  y uno se acerca, se arrima a ellos cautelosamente, los toca, los huele,  y ellos no tienen olor, están inmóviles, duros, porque simplemente, son soldaditos de plomo y no tienen ganas de hacer la guerra, ni ganas de hacer nada porque el sol es tibio  y las muchachas andan entre el aire azul y ruido de duraznos.

La esperanza no es un fábrica de muñecos irrompibles, no me venga con esos viejos cuentos, la esperanza no es un duende o un arzobispado, por más que uno no tenga ni un carozo de ciruela en el bolsillo  y sea agosto con viento,  y sople el viento sobre nosotros, sobre nuestras pulgas, la esperanza está ahí, con toda su importancia, con toda la historia del hombre, la historia del lobo,  y no podemos decir buenos días a veces cuando es lunes  y vamos a la fábrica con dos mates en el estómago, pero aún continúa aquí, ella, en algún lugar, silenciosa, inmóvil, sin que nadie la vea, sin que nadie pueda acariciarla y decirle oh, gatita mía, o decirle mi rosa de invierno, mi rosa de primavera, sin que nadie pueda tocar su piel con cada dedo de la mano, pero ella se nos va detrás de cualquier perro cuando alguien nos coloca una moneda en la mano, nos hemos quedado sin olvidos o el viento de la noche corre muy frío por debajo del puente.

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LEO SU NOMBRE EN UN DIARIO

POEMA PARA EL GAUCHO DE CERA QUE ESTÁ EN EL CEPO

Leo su nombre en un diario, de casualidad, la marcha del mundo tiene esas cosas raras, querido, porque el mundo no marcha solo ni solamente por la mano de Dios, pero verlo así en esa lista me pone el cuero como un fusil, de duro, de excitante, es como si uno viera caerse una magnolia en plena noche, o en plena noche le cayera a uno, a los pies, un pájaro herido, de todos modos estaba usted allí, y era triste verlo, sin duda ya no tenía sangre cuando lo pusieron, ni a usted le importaría, ya, pero ahora, se me ponen a gemir todos los perros, escuche, aunque ya es tarde para verlo hacer una mueca, o decir algo, porque sin duda quedarse muerto es algo difícil  y más aún ahora que todo parece estar tan cerca.

Nadie se acercará a tu lado para ofrecerte un vaso de agua. El tiempo está inmóvil en tus ojos como una araña dormida. Y yo no tengo nada para contarte de tu guitarra, de tu caballo, ni de tu facón que se quedó clavado en el corazón de una noche sin olvido. Desde que colocaron una cifra exacta a tu destino, para siempre, la soledad se enamoró de tu dolor, de tu corazón de lejanas primaveras, de tu oscura permanencia silenciosa. Y yo, compadre, no tengo nada que decirte. Puedo contarte, sí, que ya pasaron tus compañeros rumbo al atardecer, rumbo al último pueblo y sólo te dejaron el pucho de chala encendido en tu boca con ángeles y claveles. No había tiempo para más, ellos lo sabían  y lo saben hoy, seguramente. Nadie nunca me dijo, compadre, por qué te clavaron ahí manos carceleras, nadie me dijo que tal vez no eras manso  y que no bajaste los ojos frente al dueño de la tierra, o acaso te emborrachaste en la pulpería porque estabas triste  y tu facón salió cortando aquella noche.

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DOLOR DEL HOMBRE Pero de todos modos estás ahí, nadie te salva, de nada vale que yo te diga ahora, desde este día, que tengo en mi corazón para que orezca

la gota más pura de tu sangre.

El hambre de rosas o estrellas alcanza al hombre en cualquier mar o isla, en cualquier ciudad, en cualquier camino de su sangre trist e. Y sufre, mira sus pasos en la piedra, mira la inútil noche, la inútil esquina que doblará mañana. Será siempre así, quizá, ese latir dentro de una entraña que no late, ese cambiar las monedas de un bolsillo al otro,  y pensar en las próximas campanadas de los relojes, en esa lanza clavada en una tierra siempre desconocida.

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HERMANA PIEDRA Es ella, nada más, nuestra hermana. Su corazón existe para la soledad de su entraña detenida, para el vértigo del principio,  y un pensamiento, no alcanzado todavía en el amor, late, seguramente, en sus cuatro innitos.

CANCIÓN PARA CUANDO SE VAYA EL POETA La luz se irá de tu carne como se va la tarde: con remolinos de perros, castillos,  y una mano que saluda desde la proa de un barco de guerreros. Te conocerán todos allí donde vayas, cómo no, con todos tus pormenores de hierro y manos pequeñas, de risa y amor para todos, de huesos duros y nos,

(Habrá en ella, acaso, angustia, luces y ciudades, con el llanto y el amor ineludibles,

de ojos que miran siempre el litoral de la aurora.

 y un n

que da razón de todo).

Cómo no. Te conocerán, sin duda, por tu aliento de cristal y piedra,

Es nuestra hermana, sí. Marcha  junto a nosotros, nos acompaña en los siglos, en la calle, en la misma muerte.

por el perl adusto de tu sangre,

Se dice que no existimos para ella; pero se tata de nuestra razón, solamente.

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por tu piel de naranjo y río, por tu cuerpo entero que nunca amanecerá más –todos lo saben–, al costado de celestes muchachas, sobre caminos de gitanos, carros, lino, caballos, mariposas. Te llevarás en las puntas de los dedos, perfumes, estaciones, días, alguna lágrima y, sobre todo, llevarás cuando te vayas, 91

UNAS Y OTRAS MUERTES

la imagen de un viejo espejo amarillo, una mesa sola,  y una casa pobre, olvidada en un rincón de la eternidad.

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Cuando es necesario morirse, la or también se muere, llega el fruto y se muere la or y después el fruto.

Hemos enterrado perros debajo de los pétalos, debajo de la primavera  y hemos dejado en la noche a otros seres queridos y hemos llorado en un mayo o en un enero,  y seguiremos aquí en la tierra sin que nos derrumben muertes, ni deseando muertes, ¿para qué queremos la de ese Francisco, ahora, esa carne putrefacta; ese puñado de carroña? Solamente valen esas muertes que iluminan, como la de Rodolfo, Federico, o la de mi padre herrero, esas muertes que nos hacen seguir viviendo, amando, oscureciendo tiranos y asesinos a través de las albas, a través de los Luises, de las Marías, de los Ernestos, esas muertes que nos sostienen la sangre, ese día que llega con toda la luz de los que se fueron y que regresas a cada lágrima, a cada latido, a cada recuerdo, ¿para qué queremos la muerte de ese Francisco, entonces, esa carne putrefacta, ese puñado de carroña? Que nadie lo toque con un solo dedo, con un solo grito, que se quede ahí, solo, en la sombra, en el silencio, hasta siempre.

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DE BÁRTULOS Y MEMORIAS Es bueno que haya para nosotros algo así como una mariposa, no una mariposa mariposa que se la pueda beber el viento, matar la noche o clavar algún señor con sus alleres, sino algo que vaya de la or a nosotros,

del aire a nosotros, de sus colores a nosotros, siempre, arriba y abajo, en la luz y en la sombra, en el mismo sueño, y que alguna vez se nos acerque al corazón, lentamente, para decirnos vamos, que ya es la hora de levantar bártulos y memorias.

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NO LE NACÍAN BIEN LAS CEBOLLAS No le nacían bien las cebollas, tenía un claro sentido de que las brujas descendían sobre ellas,  todas las noches, clavaban sus banderas hasta que se despertaban los árboles, pero además estaban los hombres que llegaban con hormigas en sus portafolios, en sus enormes bolsillos, mangas, en sus botas relucientes  y las distribuían cuidadosamente por todos los rincones, para que ellas le comieran todas las rosas, todos los malvones, todos los porotos, todos los cimientos de la casa, y él, entre una y otra cosa, no tenía tiempo para inventarse muchachas al atardecer, para mirarse el lento cambio de la sangre, para intervenir en las reyertas vecinales, ni para cuidar de que su piel no se pusiera cada vez más de un color violeta,  y entonces comenzó a construirse una montaña. Con ayuda de sus perros, sus gatos y sus orugas, día a día, la levantaba un centímetro más sobre el nivel de las calles y los automóviles, la levantaba con una luz parecida a los ojos de la última muchacha que inventó un agosto,  y en sus cuatro lados le ponía un amigo, un pájaro, una nube de septiembre  y una porción adecuada de olvidos y recuerdos. Y así, jadeo a jadeo, grano a grano, llegó a la altura más alta, besó la quinta punta de una estrella y comenzó su tarea. Pero no le nacían bien las cebollas y tenía un claro sentido de que las brujas 95

QUÉ MÁS QUISIÉRAMOS descendían sobre ellas todas las noches, clavaban sus banderas  y allí se reunían hasta que se despertaban los árboles. Pero además, estaban los hombres que llegaban con hormigas en sus portafolios, en sus enormes bolsillos en sus mangas, en sus botas relucientes.

Qué más quisiéramos que morirnos con un solo ojo, con un ojo almendrado, con un ojo verde, con un ojo oscuro en la noche, con un ojo lleno de barcos, con un ojo caído sobre las tiernas rodillas, sobre las rodillas siempre tibias de la mujer que nos ama. Qué más quisiéramos que dejar un ojo aquí, sonriente, para mirar cómo recomienza el mundo .

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SIEMPRE HABRÁ UN HOMBRE De todos modos siempre habrá un hombre que regale sus huesos, que entierre sus lágrimas en su sangre más honda,  y habrá un cielo, una tarde, un perro,  y habrá una calle para salvar la vida, más parecida a los dioses que a los hombres mismos.

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CANCIÓN PARA DESPERTAR A UN ESCLAVO A veces nos ponemos a pensar en los poderosos y tenemos miedo. Tenemos miedo de los poderosos porque son poderosos, pero si nos preguntáramos por qué son poderosos nos reiríamos a carcajadas. Quizá nos iríamos al circo o alguna otra parte para divertirnos, nos despreocuparíamos de la vejez, de los sapos de la noche, del rincón de estar en las casas de señoritas mayores, de los anarquistas que andan con sus antiguas bombas en los  bolsillos  y nos preocuparíamos o nos seguiríamos preocupando por los jergones mugrientos y por las guerras, por el pedazo de pan solo, por las amapolas, por la primera mujer que nos quiso a los quince años, por la última mujer que nos quiere ahora,  y nos dedicaríamos a demoler poderosos, a desgastar poderosos con una hojita de afeitar usada, a dejarlos sin orillas, sin besamanos, a colocarlos de cara a las palomas de la plaza,  y luego no habría más que dejarlos caer suavemente sobre cualquier mañana para que desaparezcan entre un ruido de ventanas y de pájaros.

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UNO APRENDE TARDE A VER LAS CIGARRAS Uno aprende tarde a ver las cigarras en los árboles, aprende a verlas cuando  ya no puede subir para agarrarlas  y hacerlas cantar, apretándoles la barriga, cuando ya los capataces nos saben de memoria todas nuestras artimañas, o los de arriba nos mandan cada vez más abajo, nos quedamos tontos de tanto pisar ocinas,

o fábricas,  y nos hacen creer que los melocotones son piedras preciosas, que los patrones están acos por nosotros,

 y que los bancos de las plazas los puso algún dios bueno para que dejemos caer en ellos nuestros huesos viejos,  y para que de vez en cuando se nos acerque una mariposa moribunda y nos diga: “Tu vida ha sido más corta que la mía”.

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Edición de Una sangre para el día publicada en 1975 por Roberto Santoro. Ejemplar número 28 de la colección de poetas populares “La pluma y la palabra”

DECLARACIÓN JURADA No es solamente la luna ni el rocío ni la luz celeste de los pájaros, puede también ser una alpargata vieja, toda agujereada, toda casi muerta después de andar fábricas, andamios o duros y calientes caminos de noviembre. No, no necesariamente todo l o poético debe ser bello. Yo he visto horribles chicos grises como la tierra comiendo tierra. Yo los he visto ahí, con sus andrajos y su mugre, reptando, y los he tocado, acariciado su piel y convertido en ángeles, en mariposas, en viento de septiembre. Porque todo antes de ser poesía debe pasar por mi corazón, darlo vuelta con el grito para arriba, colocarlo cara al alba, cara al cielo. Todo debe pasar por mi sangre, por mis huesos, por mi respiración, por el corazón de mi sangre. Pues yo soy un poeta no un hacedor de versos bonitos. Yo soy un poeta que ama a los que no tienen amor ni pan, a los que se van sin haber llegado, a los que a veces sonríen, a los que a veces sueñan, a los que a veces les crece un fusil en las manos y salen a morir por la vida. En suma: yo he sido, soy y seré un poeta revolucionario. Sobre mi tumba verán orecer un puño.

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TODOS ESPERAMOS Todos esperan, todos esperamos, espera el coronel y la dama, el general y el ministro, el brigadier y su abuela,  y también espera el herrero, espera el sacristán, el cura, la niña bien, la niña mal, la niña regular, espera el pordiosero, el desocupado, la prostituta cara, la prostituta barata, espera el hombre que se va a morir indefectiblemente a las cuatro de la mañana espera el dueño de las vacas, pero he aquí que alguien se me acerca sigilosamente  y me dice, yo no espero porque estoy muerto, bien muerto, requetemuerto desde el jueves 24 por la tarde.

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PEDIATRA Zanahoria rallada, manzana rallada, muchas proteínas, muchas vitaminas, mucha leche, que no tome frío, que duerma en una habitación ventilada, que las criaturas durante el primer año son muy delicadas. ¿Ha entendido? Sí, doctor, dijo la mujer, mientras el doctor salía en cuatro patas de la cueva.

107

UN TECHO Y UN PERRO

NO TIENE IMPORTANCIA

Cuando se cae un techo, empujado por las brujas, se mueren nada más que los que están debajo del techo, cerca del techo,  y vienen los periodistas, llora algún chico, llora alguna mujer,

No tiene importancia que los otros se pongan viejos, no tiene importancia que los búhos nos miren recelosamente cada noche que pasamos junto a ellos, no tiene importancia morir de esto o de aquello, que los ríos se desborden lejos de nosotros, pero sí tiene importancia ser el dueño de un árbol, de un loro, de un conejo, ser dueño de un pantalón azul, de una muchacha celeste

alguien comienza a vender los erros, los cascotes,

alguien reza por los pobres muertos, hasta que llega un perro todo sar noso, todo perro, no saluda a nadie, no reza, no vende erros ni cascotes,

no se queja cuando le pegan patadas los vigilantes, y sólo dice, qué mundo de mierda, éste,  y se va con una lágrima corriéndole por los bigotes.

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 y de un pedazo de soga lo sucientemente largo

para colgarnos cuando tengamos ganas.

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HISTORIA Vamos, venimos, nos encontramos con viejos amigos, todos tristes, porque ya han pasado los buenos tiempos, alguno nos pregunta por nuestra mujer, otro por nuestro perro,  y ngimos no estar tristes como ellos,

les hablamos de nuestras estancias, de nuestros grandes almacenes, les prometemos avisarles para darles la gerencia de alguna cosa,  y cuando los dejamos vamos a nuestra casa, derramamos una lágrima por ellos, nos ponemos el traje de sirviente y el cartel de Jaime,  y nos vamos con el esqueleto, bailando a la gran Compañía Azucarera, a recoger los pequeños terrones de azúcar que quedan en el piso.

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SI QUEREMOS VIVIR Si queremos vivir, debemos empezar por no morir, cuidarnos de los pepinos en vinagre, de los obrajeros, de los boleteros, de los desaparecidos tranvías a caballo, de la mujer inolvidable que un día nos vendió un miércoles en la tarde cuando ya no había miércoles en el mundo.

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CINE MUDO

Y ENTONCES

Primero tuve un lío con Gloria Swanson cuando ella me miraba desde la pantalla y yo desde la última silla de la platea, luego fue con Mary Pickford, luego con Greta Garbo, pero siempre me persiguió la mala suerte con esas mujeres, tal vez porque no era buen mozo, tal vez porque no era el hijo de algún doctor o de algún escribano, tal vez porque en ese tiempo todavía llevaba pantalones cortos, eran miradas van y miradas vienen, nada más, pero siempre a las muchachas se las llevaba otro, hasta que un día me fui a ver a la bruja del pueblo  y ella me hizo tres cruces con la pata de un sapo, me dio de beber una bebida amarga con gusto a cucarachas  y ratones,  y esa noche las tuve a las tres, llamando desesperadas a la puerta de mi casa, pero mi mamá las echó  y me dijo que yo era muy mocoso para andar con mujeres.

La idolatría nos pone pelos en los ojos, nos entrecruza los brazos, nos llena de sombras las rodillas,  y cuando por último ya nos tiene al pie del árbol más viejo de la noche, nos ordena que le coloquemos sobre el corazón la montaña más pesada de la tierra.

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KULUMBA Es mentira eso de que Kulumba toca la rumba, Kulumba nunca existió, o existió y se lo comieron los ingleses una tarde, los ingleses borrachos, con sus mujeres y sus hijos borrachos, porque Kulumba tal vez lustraba botines, lustraba botines por unas monedas y nunca cantaba, porque Kulumba acaso era mudo, porque Kulumba acaso siempre estaba triste, porque a Kulumba los ingleses le comieron los padres, los abuelos y los bisabuelos, porque a Kulumba los ingleses le comieron sus cinco hermanos, porque a Kulumba lo comieron los ingleses una tarde, todos lo vimos, pero dejamos que a Kulumba se lo comieran los ingleses.

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DE TODOS MODOS

Con un ramo de ores en la mano,

con una bomba en la mano, con un viejo retrato en la mano, el hombre tarda de todos modos en hacerse hombre; anda al borde de todos los precipicios hasta que se muere,  y entonces dice me salvé, si es que se salvó, si es que en el camino no lo dejaron sin testículos, si es que la muchacha no le ha rechazado el ramo de ores,

o si es que un perro hambriento no le comió la última lágrima de amor que le quedaba.

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LOS POBRES CABALLEROS Los caballeros no comen ciruelas en las bibliotecas públicas, andan por el mundo solamente con sus trajes y sus corbatas, sin ninguna otra cosa, sin siquiera una guitarra para decir un nombre, andan por el mundo desde un lunes hasta el otro lunes, no tienen olvidos ni perros ni muertes preparadas, nada se puede esperar de ellos, los pobres, los pobres caballeros, a veces enteros, a veces cortados por la mitad de los bigotes,  y no es porque no se les cepille de vez en cuando la or de

la solapa, los bronces del abuelo, el amor del ojo derecho, el amor del ojo izquierdo, pero los caballeros siempre se escapan, se meten en sus caparazones, hasta que sale el sol y los derrite, los convierte en gotas, en pequeña noche arrinconada, y gimen y ya no les queda ni el adiós ni el último reejo de las uñas,

 y entonces se les dice, simplemente, caballeros,  ya es tarde para todo arrepentimiento.

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Escritorio de Nelly

POEMA PARA TU LLEGADA Estaba sin esperarte. Pasaban primaveras sin llegar a mi sangre. Tu ausencia era como un ritmo de música salvaje. Guardaba jirones de tu luz en los cajones. Guardaba un perfume de tu carne muy lejano. Estaba sin esperarte. Pisaba sombras de ayeres sin mirar el cielo. Me iba como un barco sin posible destino. Sólo a veces me buscaba los ojos algún aire de pájaro naciendo en la tarde. Estaba sin esperarte. Giraron muertes, vientos y veletas. El corazón de la tierra se me ofreció para olvidarte. Caminé las orillas de tu ausencia hasta sangrarme. Te llamé desde todos los rincones de mi carne. Entonces llegaste.

MUÉSTRAME EL OTRO LADO DE TU SANGRE Muéstrame el otro lado de tu sangre, ahora que la tierra comienza a penetrar en mis uñas y el cielo arroja sus últimas espadas sobre el rostro de mi amor cansado. Quiero asirme al borde de tu tiniebla, al borde de la piel que enmarca tu ritmo, tu voz, tu aventura, tu litoral de celestes pájaros melancólicos. Ayúdame a detener el obstinado río de ceniza que avanza sobre el mediodía de mi pulso; ese obstinado río, obstinado e implacable, que invade la última estrella del olvido  y la calle del imprevisto amor. (Ven a mi encuentro siempre cuando yo vuelva desde el límite impreciso del recuerdo, con mis relojes heridos, con mis timbales mudos, con este mundo terrible cargado sobre mis hombros, con mis pobres y mis perros, más t riste que nunca). Ven siempre a mí con las columnas de tu amor, donde apoyaré mi sangre de lo inviolado,

donde sostendré la vida, mientras busco la piedra profunda de mi voz.

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ESE CIELO TAN AZUL Oh, cuánto azul en ese cielo, para ti, que eres tan azul, tan así, tan algo que uno no se atreve a decir, tan no sabe, o tan no puede, pero eres así, confórmate con eso,  y mira las maravillas que formas con tus ojos, al mirarlas, o al no mirarlas, sólo basta que estés, que seas así en el mundo, o que no seas, porque basta haber sido una vez, un solo segundo, o menos, menos que un segundo de segundo, porque

DE TANTO ANDAR YA NO TENGO NADA MÍO De tanto andar ya no tengo nada mío. Miro pájaros y tempestades con estos antiguos ojos ajenos. Ni la sangre ni el aliento que me dura en el cuerpo es mío,  y mi sueño es el sueño del hombre que sufre allí en algún rincón del pan o del recuerdo. De tanto andar ya soy todos los que andan. He olvidado el temblor de mi mano en todos los temblores. Se me cae a veces la soledad sobre alguna sombra, en la noche. O sobre una muerte que se parece a mi muerte.

¿cuántos segundos signica una or,

o una sonrisa, o una muerte, o un suspiro?

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SOLEDAD He meditado mis territorios hasta el laurel más hondo. Ríos y abejas se cansan en mi sangre, e invento la luz de los árboles y las nubes. De una estrella u otra, de una tarde en lluvia, suena todo lo que yo sé de tu voz para siempre,  y los caballos amanecen cada vez que los llamo. Mira aquí, por ejemplo, en este número, en este corazón de trapo: los relojes duermen la brisa de los perros, mientras una marioneta maneja mi piel enamorada.

NECESIDAD DEL TIGRE AGAZAPADO El universo, esa burbuja donde el hombre reposa su misterio, es la sombra de un hermoso tigre agazapado. Quizá no lo sea, exactamente, pero es lícito suponerlo así, o necesario, a veces, pues ello ahuyenta la soledad y la tristeza de la larga noche.

Y a mi lado se mueren las agujas que trepan tu sombra y los vientos arrodillan mi jardín desesperado.

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INFORME SOBRE LA L IBERTAD La ceniza del hombre, su piel, su sangre, sus huesos, su llanto, su grito, mantiene la gracia del resplandor inextinguible. No, nadie puede impedir la soledad del hombre, ni la mano del hombre atravesada de clavos, ni levantada hacia la or,

o hacia el verso que se quema al costado de la noche.

NECESIDAD Estar solos, a veces, quitarnos hojas de tormenta, rescatarnos, es regresar a nuestra propia sangre, a nuestra luz, que llora por un minuto de soledad cuando  ya estamos cansados de ser otros, de ser aquel, el de más allá, de cuidar el detalle del traje, la voz, el gesto  y de agitar ramos de ores

en las distintas llegadas. De esa manera, mezclados en la misma agua, en la misma piel, somos seres distintos cada día, con una pobreza distinta, con un dolor que nos va invadiendo, lentamente,  y nos hace morir antes de nuestra muerte verdadera. 126

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SOMOS LOS DUEÑOS DE LA LUZ Alguna vez, solos, olvidaremos todo lo cantado y aprendido, para reconocernos en la auténtica imagen de lo que nunca hemos sido. Si no ocurriera así, perderíamos la noción de la distancia que existe hasta la otra orilla. Y siempre diríamos: “Buen día, señor, le entrego a usted mi bandera”.

Somos los dueños de la luz. Inventamos el rocío, el amor, la sangre, la esperanza celeste  y el viento triste en la ciudad del hombre. Nuestra mano abierta es una or a veces,

 y a veces, en su na arquitectura,

lleva el mensaje del odio y de la muerte. Pero inventamos el pan y el pecado, mientras el niño, –el pequeño hijo, el pequeño hermano, el pequeño amigo–, crece hacia las estrellas, hacia la alegría y el amor. (Y crece a nuestro costado su car ne milagrosa. Inventamos un poema o un trasatlántico para él. Bebemos junto a su pulso el agua pura de la felicidad, o agitamos el badajo de la campana triste y lloramos cuando andamos solos por algún camino, lejos de sus ojos, lejos de su sangre, lejos de su inolvidable e innito prodigio).

Somos los dueños de la luz. Nuestro relámpago destruye la estirpe de los ángeles, sin embargo, nos salvamos porque el niño llega y entonces mencionamos su presencia dulcemente, 128

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NUNCA MÁS SEREMOS arropamos su carne, le hacemos una cuna, nos levantamos en la alta noche para ver si duer me. Y comenzamos a preparar para él un mundo mejor que el que encontramos nosotros. (Somos los dueños de la luz. Y no queremos que nuestros hijos se nos vayan envueltos en banderas. No queremos que corran bajo las balas, ni que se disputen un pedazo de pan o un pedazo de tierra, bajo la luz de este sol que nos alumbra a todos).

Nunca más seremos, quedará la planta sola, los perros solos, una lágrima caerá sobre el antiguo noviembre, ¿para qué nos sirve la palabra de amor que alguna vez dijimos? Pero asimismo/continuamos acercándonos, no tenemos miedo, porque no es tan oscura la noche como nos cuentan los libros  y algo, cuando besamos la arena, nos hará sonreír como en otros tiempos.

Somos los dueños de la luz. Y todos tenemos un pequeño hijo, un pequeño hermano, un pequeño amigo para quien levantar las paredes rmes de una casa,

para quien canalizar los ríos, sembrar la tierra para quien hacer una hoguera con todas las ar mas, con todas las condecoraciones y papeles inútiles, por quien transmutar nuestra sangre en pan, en cigarra, en polichinela, para quien inventar una ciudad, una estrella, una golondrina. Precisamente por eso nos diferenciamos de un árbol o de un gusano de seda,  y somos los dueños de la luz.

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EL FIN DE NUESTRAS CENIZAS Inventamos, nos alejamos del bosque, de esas orillas que nos regalan los ríos para que soñemos,  y de la oscura interpretación de lo vivido. No bailamos ya para nuestro miedo en la mitad de la noche, y la aventura  ya no es aventura, sino cálculo exacto, velocidad  y profundos laboratorios. Pero, a veces, debemos regresar. El amor nos llama, y adelante, frente a la antigua razón de nuestros ojos, siempre existe algo que con miedo o dolor buscamos: Dios, o

RESCATE Antiguos lobos, debajo de letreros luminosos o luciendo una orquídea en el baile de los lobos, sonreímos con los mismos dientes que usamos para devorar a nuestros enemigos. No obstante, a veces nos inclinamos para tocar la cabeza de un niño, levantamos una violeta destruída,  y la sustancia del alba, entonces, penetra por el lo de nuestras uñas.

el n de nuestras cenizas.

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CUAND O NO HAY HAY UN POEMA PARA HACER

ESFERA DE LA ROSA

Cuando no hay un poema para hacer, ni una mujer para decir, ni un nombre para llorar, uno se va por la primera calle del mundo que encuentra, toca la pared de una vieja casa, toca un árbol, toca un chico, toca un perro,

Anteayer ha nacido la rosa. Ha nacido  y ya camina el aire con su muerte. A su lado, casi tocándola, todos los árboles y las nubes caben en la noche.

descuelga una or de la nube más alta,

Y estamos aquí, esperando por ella, hasta la terminación de las sombras.

gira alrededor de la soledad del hombre, gira alrededor de las orugas, de las hormigas, de ese cansancio de los juanes a las siete de la tarde,  y luego regresa, hace el poema, dice una mujer, llora un nombre en un costado de la mesa.

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MUERTE DE LA FLOR

UNA SOLA VEZ Una sola palabra designa

La or

se muere de soñar su fruto. La or

llegar o irse denitivamente. Pero Pero igual

se muere debajo de la luna. Sus pétalos igualan estrellas mientras duermen los pájaros.

la tierra continuará llevando nuestro peso, aún íntegro, nuestra angustia,  y seguirá ese latir de pequeño reloj, de planeta, de cosmos recóndito y alegre, mostrando una presencia pura: un grito, un nadador, un niño, sobre la única rosa que obedece al vértigo  –hermosa y terrible–  del seguro abismo.

La or

se piensa en el rocío,  y se muere aquí, aquí, de amor, al pie de las altas sombras.

Y aún así es innegable la pluralidad del tiempo, del dolor y la nada. Sin embargo, reímos, levantamos la mano; queremos apagar el fulgor de la noche, el grano de iluminado innito,

 y robamos la moneda, 136

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SEMÁFORO 16 el pan, las dulces mariposas de la entraña, con el último esfuerzo, sin vacilar, vacilar, inconclusos en el amor, todavía,  y soberbios hasta navegar las cenizas. Y luego, damos una vuelta, saludamos con la copa en alto.

Quisiera ir con dos lirios de luz en cada mano, Nina, pero no me gustan tus poemas de amor, un gato te camina por las elles  y no adviertes ese león de viento que se viene, ese mercado a las cinco de la tarde o ese chico que se mira el dedo gordo del pie, sentado sobre cualquier agosto o junio, sucio desde aquí hasta aquel ruido de pasos cautelosos, vidrieras  y párpados misteriosamente entornados. Nina: a veces se juntan pómulos, noticias del club y puchos del primer barrendero a las seis de la mañana, y el sol se parte, después, y hay espaldas de malditos y ratas y calles que llegan al hueso, o cáscaras de hombres que se terminan delicadamente, y uno cruza, entonces, aprieta un botoncito y huele un dulce tufo que lo pone triste. Yo hubiera sido compinche de Francois Villon, Nina, por si te interesa, camarada de Pancho Villa,  y el último amor de aquella linda prostituta romana, año 108 antes de Cristo, que se acostaba gratis con los poetas pobres, pero ellos estaban allá, están allá, y yo estoy aquí, ahora,

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cubierto de perros, ayeres, mañanas y lustradores de botines, tratando de que no mueran. Nina, tendrías que salir a dar una vuelta por la vida. Verías cómo ellos se mueren luego de una corta muerte  y cómo duelen puertos y bestias con bolsas y sudor y pupilas cada vez más rotas de vino o caña fuerte,  y ese solo pan para siete,  y andamios  y la leche del alba en cada Juan, en cada muchachita laburante, en cada uno de los que te traen ese brillo de tus zapatos, ese decúbito infatigable, o ese mirarlos con la mitad de tu ojo desocupado.

No conozco nada sobre la cría de gusanos manzaneros, Nina, todas las cosas que yo digo ya han sido dichas alguna vez, pero la luna ya se viene bajando por el sauce y afuera se suicidan sapos, brujas y retamas.

Nina: yo te regalaría un enano gruñón, una lupa para mirar al enano, un pacholí para que vayas al diccionario y un Sísifo patilludo con la última piedra al hombro, listo para dejarla caer sobre tus dioses de mazapán y sombra de chocolate. 140

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ELLOS, LOS QUE VAN A MORIR Esos son ellos. Míralos con tus ojos de pañoleta andaluza, con tus huesos de andarivel y perros aulladores, con tu sangre de girasol destrozada.

Ven. Vamos a enterrarlos en una tumba de fusiles y de palomas.

Son ellos, sí. Están de ese lado oscuro de barcas, aviones y locomotoras  y de bosques ardiendo sobre tu piel de alba. Están de ese lado, en esa ciudad de tu hambre, en ese grito, en esa sombra, en esa noche de aullidos y de uñas. Míralos, allí están, sin espejos, sin mañanas, sin ángeles de trigo ni semáforos, sin duendes de luces y de nubes. Allí están, sobre tu pan y tus violetas, violando la claridad de tu sangre. En aquel lado están ellos, sí. Míralos cómo trepan el olvido  y los frescos cadáveres de sus carnes. Allí están. Ven, crucemos por ese mar de tu dolor. Y de tu miedo. 142

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HOMBRE CON MUERTE No asustarse si le preguntan cómo le va, o cómo está su mujer o su hijo o su madre o su hermana o su suegra, o si se interesan increíblemente por sus gatos y sus perros y las hormigas de su casa, o si quieren saber si sus vacas se reproducen de acuerdo a sus cálculos, o si su negocio de usurero sigue marchando a sangre ajena como siempre. No, no asustarse; ese interés de la gente no signica en absoluto una anormalidad del hombre en continua lucha contra otro hombre, ni el n del mundo por

eso está próximo, aunque sí está próximo –hay que decirlo– el día de los hombres sin escupirse, sin fusilarse, sin pasarse la mano por la frente, sin llorar, pero llorando por dentro, debajo de sus lágrimas, desde el principio oscuro de los látigos. Todo esto no lo digo por decir algo, porque podría decir viva la patria, ponerme a llorar por la patria o besar el piso de un calabozo por la patria, o no decir nada  y contar las veces que he pensado claveles, hombres tristes, lunas desorientadas a las tres de la mañana, borrachos, 144

o antiguos lunes, inviernos y alpargatas rotas de setenta centavos. O podría, fíjate, tirarme con todos mis años de cara al viento, ahora, hoy, siete de octubre de mil novecientos setenta, en esta tarde toda llena de un hombre caído al costado de un monte con pájaros y con su muerte.

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HAY UN HOMBRE Hay un hombre en América que ya no se espanta las moscas, que ya no se lava la cara con el agua de los ríos, que ya no se calza todos los días un pedazo de sangre para ir a despertar pájaros en la selva, que ya no sale de su duro pellejo, de su corazón, de su enorme lágrima, en busca de esa otra lágrima americana que se repite desde que su mano comenzó a nacer, antes del tiempo. Hay ese hombre Ernesto elaborado por cuarenta primaveras y muerto como una or o un panal de abejas, pero que no está muerto,

que continúa aquí, aún, en este costado del mensú, del indio, en este perl de carne guerrillera, de carne

que crece desde abajo y busca a uña, a dientes, a fusil, a llanto, a los dueños del pan y de la tierra.

CHILE EN SANGRE Todo el mundo ha de morir de pie en Chile, no lo dudes, digo los Salvadores, digo los Pablos, digo los Alfredos, nadie se arrodillará para que las rodillas no le pesen en la sangre, todo el mundo ha de morir en Chile con su sangre. Luego se levantarán sus sangres, cada uno con su sangre, cada uno con su muerte en medio de lobos y chacales, cada uno con un fusil, con su luz, con su mediodía, cada uno con su Chile, cada uno con su sangre. Se levantarán del barro, de la noche, de los generales, se levantarán aullando generales, muriendo generales, enterrando generales en los olvidos más hondos de la tierra, encendiendo generales en todas las hogueras de la sangre. Y serán amapolas de sangre, trigos de sangre y amapolas, mineros hermanos con sus lámparas, con sus campanas, con los minerales ahí, con toda la sangre encendida, con todo el olvido y la muerte de los turbios generales. Y estaremos aquí y estaremos allá con la sangre en banderas, con la sangre de los estadios, de las calles, de las fábricas, con la sangre otra vez que se eleva, que se levanta, que se mezcla con la sangre más pura de las ores y de los pájaros.

Hay ese hombre Ernesto, sí, y tendrán que matarlo otra vez debajo de esta camisa, debajo de este cuero, antes de que llegue el día.

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LOS CONQUISTADORES Yo no creo –nunca creí– en tus cuentos oscuros, sólo me basta estar aquí, tirado sobre los altos pastos de octubre, para saber si debo o no agregarme a la legión de tus sombras, pese a todos los insectos que me caminan por la barriga,  y que han de devorarme íntegro, cuando llegue noche, sin tu presencia, sin la presencia de los que ayer torturaron a todos estos huesos que ahora veo debajo de la tierra, antes de que llegaran mis abuelos a esta ciudad sin luz ni remordimiento.

los ojos se me mueran de estrellas, o cuando se me acerquen los gatos para saber si en mis manos aún per manecen todos los gritos del aire y de la noche.

Pero no me importa. Yo también alguna vez fui ellos, el frío, alguna vez, me agujereó con sus relámpagos piel y alma, la desdicha de todos se me plantó en el mismo medio de la sangre,  y eran pájaros llorando debajo de las nubes,  y eran criaturas amontonadas a un costado de la vida, después, mucho después que se marcharan los barcos con el oro y la pl ata y con los trigos,  y sólo quedaron aquí sombras de piedra, cansancio,  y una tierra que habría de recoger a todos los que una vez se inclinaron para bendecir su entraña. No, no creo en tus cuentos. Ahora me pasa el cielo por sobre la sombra de mi sombra,  y los insectos se marcharán conmigo, luego, cuando 148

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PARA HACER UN POEMA Si tienes una sartén en casa, una sartén muy vieja, por supuesto, si tienes el retrato de una muchacha que te mira desde 1945, o desde después, o desde antes, y si tienes también una calle por donde pasan chicos sucios, vagabundos melancólicos y por donde pasa siempre un lechero silbando, estás en condiciones de hacer un poema, si quieres, no quizá el más hermoso que se haya escrito, pero podrás decir, por ejemplo: Cuando se colgaban a nuestros muertos de los lunes, cuando crecían caballos, estatuas y gendarmes, cuando se agrietaban granujas de calle y barrio en las esquinas de los trenes, cuando los hijos de perra nos mataban al Che y al Inti Peredo, cuando nadie, amor, te dijo volverás a encontrarlo en el secreto de los pájaros,  ya estábamos cruzando lobos, inventando panes y colmenas, inventando revoluciones, levantando

de a uno, de a cien, de a quinientos,  y seguirán naciendo, siempre, y muriendo y volviendo a nacer hasta que orezcan todas las sangres y las muertes,

todas las hambres, todos los harapos, todos los pobres, todos los puños y los pechos americanos. No es gran cosa, ya ves; no obstante, después podrás salir a la noche, mirar de frente a los espíritus malécos, que siempre

rondan por ahí, y comerte todas las estrellas, una a una, silenciosamente, bajo la sonrisa aprobadora de tus perros, que son también comedores de estrellas.

fosos y ores de tus pasos,

volviendo de un amanecer hacia la noche, volviendo de la noche hacia una sangre. Y si además tienes puños, manos, sangre, pellejo  y testículos propios, no hipotecados, no vendidos, no regalados, puedes decir: Y luego crecieron incendios y est allaron ciudades, nacieron hombres a la luz de América y cantaron su g rito, nacieron hombres y se ensuciaron de banderas sucias y soldados, nacieron hombres y murieron de una muerte americana,  y volvieron a nacer y a morir y a nacer otra vez, 150

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ESTE MAR CADA VEZ ES MÁS ANGOSTO

DEJAR LA CRUZ EN UN RINCÓN DEL BOSQUE

Estoy vacío, sólo me quedan las tripas para gruñir, las uñas para arrastrar las estatuas lejos de sus barbas y sus caballos,  y una herida

Vamos todos por mal camino dijo el ollero, usted se equivoca dijo el general, no me equivoco dijo el ollero: tengo hambre córtenle el cogote dijo el general,  y así todo en estos días hasta que nos encontraremos alguna vez frente al gran elefante, frente al río de nunca más porque todos están enojados, frente al pájaro que se alimentará de vuestros riñones señores míos, pero incluso así o de la otra manera el país tiene los pantalones agujereados, el país anda en patas y triste por los caminos, el país no puede comprarse un pedazo de pan o de bandera, el país no puede comprarse un autódromo ni una violeta ni una liga de la gran dama, no, eso y después llorar, eso y lloraremos todos, eso  y dispongámonos a matar el tiempo para que pase la noche, oh noche de la última luna caída sobre techos de cartón y latas, sobre querido, no puedo darte más que este pl ato de sopa,

conada en mi juventud para salvarse,

pero no me desanimo, salgo a mirar la esquina de las calandrias, de la retama, del sauce, salgo para ver si las violetas ya se han metido en la nariz de mis perros, digo para mí viva yo aunque yo perezca,  y no me importa que los vecinos me vean con la ropa de mis antepasados, que mi mujer sonría por octava vez en esta tarde, o que en el mundo no quede una sola luz para ennoblecer mis bigotes. De todos modos,  ya nunca más seré lo que fui ayer, lo que soy ahora; la diferencia puede verse en el dibujo de las venas cuando las extiendo por las mañanas vacías,  y en este mar cada vez más angosto que existe entre mi corazón y la choza de la esquina.

aunque, nalmente

ni siquiera sabemos cómo ha sido hecha nuestra osamenta, cómo se movieron los milenios para acomodarnos los ojos y el corazón. 152

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YO, EL GATO Y el dolor del hambre; por favor, recuérdelo, recuerde esto como si fuera la propaganda de un producto especial para,  y entendámonos de una vez para siempre: debemos amaestrar al tigre o matarlo o darle la vara de Leonardo. La cuestión, pues, es bien clara: no gemir, en primer lugar, ajustarnos los huesos en los sitios correspondientes  y dejar la cruz con cuidado en un rincón del bosque para tener las manos desocupadas. Tengo hambre dijo el ollero córtenle el cogote dijo el general.

Me he puesto a esperar junto a la cueva de los ratones. Nadie puede suponer que este agujero destruya la ropa de los mendigos, perfore los intestinos de mis Luises, o haga fracasar el pan en la boca de los pobres, pero está ese viento de arriba abajo, sin embargo, que arma y destiñe soledades, que rompe amores de octubres y febreros, que amontona tristezas en sangres y jergones, que no tiene otra salida y ruge, calza sus espuelas, tironea de mis huesos  y quiere arrastrarme mar adentro, mar adentro. Y en el fondo de la cueva, allá, están todos, alrededor de ellos mismos, ratoniles, sobándose el pelo unos a los otros, comiendo lo robado, muriendo alguno, o llegando a rey, acaso, pero sin dejar de saber que yo estoy aquí, paciente, atusándome los bigotes ceremoniosamente, riendo, a veces,  y alándome las uñas a cada treinta y siete segundos,

exactamente, como un buen gato, que viene a ser gato desde Faraón a Dorronzoro. Claro que para mí el tiempo es una mariposa blanca, no hay oscuridades en el fondo de mis bolsillos, ni me igualan árboles ni lluvias de terceros. El asunto es saber 154

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POEMA A SEVERINO DI GIOVANNI cuándo escaparán los leones de sus pieles, cuándo será verde el verde y rojo el rojo, cuándo el hombre arrojará los caballos de septiembre. Porque hay una cosa a decir, muy importante: la salida de la cueva es una sola  y yo soy cien millones de gatos imperturbables.

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Un Severino Di Giovanni dicen que se muere de balas un amanecer, dicen que se quita una venda que le habían puesto en los ojos, que Severino dicen grita viva la anarquía, eran quién sabe cuántos dicen los que tiraban de frente a los ojos claros de Severino, dicen que Severio cae sobre el piso, acaso muerto, que toda la sangre del mundo que lleva Severino en las venas corre por el piso, que ya estaba saliendo el sol cuando Severino cierra los ojos, que ya estaban saliendo los pájaros para mirar a Severino muerto, que Severino está muerto de balas, dicen, que Severino ha dejado toda la sangre del mundo sobre el piso, que después se mueren todos los que mataron de balas a Severino, que Severino está muerto, que el sol y los pájaros salen para alumbrar los ojos cerrados  de Severino porque dicen que Severino se ha quitado la venda de los ojos, porque dicen que Severino ha gritado viva la anarquía, todo eso dicen, pero las aves de rapiña todavía lo ven a Severino caminando  por las calles, todavía lo ven, todavía lo ven a Severino Di Giovanni, todavía lo ven dispuesto a cambiar el mundo con una sola mano.

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ENTRE GLORIA Y LAURELES Coronados de gloria vivamos, ni rojo ni azul ni pan ni techo ni padre ni madre ni hermano ni abuelo, solamente laureles, solamente gloria, o juremos con gloria morir, nada mejor para que no pase el frío ni la lluvia ni el dolor de la mañana por los agujeros de las alpargatas, de la camisa o por esa rendija de las 4 latas; sí, no importa que alguien rife nuestros huesos, que los venda, que los regale, que se los cuelgue del cuello, tenemos esa gloria y esos laureles eternos y a nuestras plantas se arrodilla un león, o acaso un gato, o acaso un peón de campo, pero mírame este dedo, amor, mira hacia dónde señala, mira con cuánta gloria sucia penetran esas 9 o esas 45, con cuántos sucios laureles, con cuánto polvo y sangre y cansancio  y lágrimas y clarines al amanecer penetran, se hunden entre uno y otro discurso, entre uno y otro ministro, entre uno y otro mullido en dorados corredores, entre uno y otro collar u orden de las rotas cadenas o del dromedario taciturno. Y están las vinchucas, además, entre toda esa gloria, amor,

RAZÓN Un día comencé a morirme. A cada minuto, a cada hora, me moría un poco. Sabía que me iba, que me estaba yendo, porque a mi alrededor todo vivía con inusitada intensidad. Una tarde me detuve sobre un puente para decirle adiós al río. En eso estaba cuando pasó uno de esos tantos chicos que pululan por el mundo. Caminaba lentamente. Era aco,

gris, sucio, triste. Tenía carita de viejo. Allí, entonces, en ese momento preciso, dejé de morirme.

 y el perl del indio metido en una página, lanceado,

 y el hermano hachero y los míster y los látigos y los capitanejos de la noche y los vendedores de cielos, pero también están nuestros hermanos, allá, de cara y vida a la muerte,  y está ese sol que nace que nos lame la sangre, que levanta nuestros muertos, que levanta hasta las tinieblas del miedo. 158

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AMOR

EL PERRO Y YO

Se encontraron en una calle cualquiera. Después, tomados del brazo, se pusieron a caminar por un sendero.

Yo regresaba del mundo. Había sido explotado, humillado, ofendido, más que ningún otro hombre. El hambre había endurecido y resecado mis carnes. Mis ojos ya no tenían luz. Era de noche, mis pasos eran tan lentos como el andar de las sombras. Súbitamente, un perro enorme se atravesó en mi camino, se puso frente a mí, no con hostilidad, sino como un amigo se pone junto a otro amigo. Y hasta el amanecer estuvimos mirándonos a los ojos. Luego, ya con el sol sobre nosotros, él se apartó y yo seguí. A poco andar, observé que venían dos hombres caminando.  –Ahí está –dijo uno. El otro, entonces, se me acercó y me acarició la cabeza. Después, cuando ya me había colocado el collar alrededor del cuello, tirando de la cadena, me dijo:  –Vamos. Y yo lo seguí, trotando alegremente.

Cualquier pájaro, cualquier or, cualquier detalle del cielo, les

parecía hermoso.  –El amor es nada más que un relámpago de la carne –les dijo un anciano que encontraron–, y ellos se rieron. Luego, algo cansados, se detuvieron debajo de un árbol. El hombre besó a la mujer en la boca. Se quedaron allí mucho tiempo. La noche los envolvió, y se amaron entre los innumerables ruidos que nacían de las sombras.  –Te amaré siempre –dijo el hombre.  –Te amaré siempre –dijo la mujer. Emprendieron el regreso. La ciudad estridente los recibió con las luces de sus letreros, con sus olores, con la agobiante y fría uniformidad de objetos y seres. Se detuvieron en una esquina, se miraron a los ojos. La mujer dijo:  –Tengo que hacerte una confesión. Yo soy una prostituta.  –Y yo –dijo el hombre–, un ladrón. Los dos sonrieron. Después desandaron el camino y llegaron otra vez al árbol.

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CAMINO DE TIGRES Yo no tengo nada que ver con lo que ocurre arriba, lo juro. Cada vez que se arma una discusión en el cielo, pongo por ejemplo, todos los zapatos viejos que tengo por ahí se alinean junto a  las arañas, se cierran las cacerolas vacías de los vecinos  y es mejor creer, incluso llorando, que un dios es un ciego a la derecha de los relámpagos. Lo de abajo es de más cuidado. Lo digo porque una vez vi el corazón de dos albañiles volando, volando hacia la tierra desde un cuarto piso, otra vez vi a un ángel rotoso, todo viejo, todo que podría ser mi padre, todo muerto, todo abanderado sobre las piedras de junio,  y otra a 65 chicos de cada 100 muriendo antes de que sus latidos tocaran su primer enero. Desde entonces me ha quedado una tristeza de vaca en cada ojo,  y esta prominencia de la nariz, que es un brote de higuera,

cuando ustedes se arreglan de espaldas a los letreros luminosos, cuando la noche me tira pobres y más pobres contra la puerta, o cuando el campesino se marcha de su tierra con el contrato  vencido. Todo eso, sí. Y nadie de arriba, nadie de los uniformes, nadie de las vacas, nadie de todo el pan, nadie, digo, ve ese camino de tigres que marcan nuestros muertos, nuestros 19 muertos, nuestro millón de muertos,  y otros lo ven, sonríen y corren a comprarse una muerte especial y suave para cuando llegue el momento. Pero, créanlo, la forma de morir, para ustedes, todavía no está conversada.

lo coneso,

se me derrama por los cuatro costados del espejo cuando me lloro cuando cada gato se me sube maullando a las arrugas, 162

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LA VIDA NO SE CONSTRUYE COMO UNA CASA Uno se va a morir sin un perico en el alma, sin siquiera un payaso a mediodía, sin siquiera un fantasma alegre y borracho para jugar a las cartas. Eso es lo triste, aunque lo triste también sea necesario para vivir, para sacarse alguna vez las zapatillas y tirarlas al medio de la calle, nada más que para no oír ese tintineo de campanas, esos festejos donde se ahogan pájaros, donde se ahogan algunos recuerdos, algunos amigos, alguna mujer que cierta vez se nos acercó demasiado  y después lloró para siempre, o tantos ladridos de perros en la noche.

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PODRÍA EL MUNDO HABER SIDO SÓLO ESO Podría el mundo haber sido sólo eso, una tarde, una lluvia, tu pelo mojado, algún beso o un poema tristemente olvidado. Pero había un cielo, también, allá lejos, con otra tarde de pájaros y azules, llena de tus manos rozando soledades y recuerdos, llena de tu sangre de amor para mi sangre.

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SUPERPRODUCCIÓN

LA LEY

Cuando llegó el marido, la mujer estaba llorando.  –El gato se comió al canario –le dijo. El hombre buscó al gato.  –¿Por qué te comiste al canario? –le preguntó.  –Porque tenía hambre –le contestó.  –¿Y nosotros no te damos de comer, acaso?  –Sí, pero muy poco.  –Pero en la casa hay ratones –dijo el hombre.  –Había –dijo el gato–, ya no hay más. Me los comí a todos.  –Entonces ya no te necesito –dijo el hombre, y agarró al gato de la cola y lo echó de la casa.

El hombre llevaba la ley en la mano.  –Esta ley –le dijo al guardián que cuidaba la puerta– me permite entrar.  –Sí –le contestó el guardián–. Pero no se puede entrar descalzo. Fíjese en ese letrerito.

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ENTERRAR LAS CENIZAS Enterrar las cenizas. Es difícil enterrar las cenizas. Primero hay que hacer el fuego. Protegerlo del viento. Cuidar que no se apague. Cuidar que el fuego no se apague como la vida de un gato enfermo. Como la vida de un chico enfermo. Como la vida de un viejo enfermo. Como la vida de un hijo enfermo. Cuidar que el fuego no se apague. No irse por ahí a vivir tranquilamente mientras el fuego arde. Mientras sopla el viento, mientras el viento lleva las cenizas. No, no irse. Por eso es difícil enterrar las cenizas. Tan difícil como conseguir un pedazo de pan cuando uno no lo tiene, o un vaso de vino, o un cigarrillo, o una mujer para amar, cuando uno no la tiene, o una mujer que lo ame a uno cuando nadie lo ama, pero enterrar las cenizas es difícil particularmente, porque ninguna tierra quiere recibirlas.

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Fragm entos de una búsqueda  Extractos de cartas de Nelly Dorronzoro a Osvaldo Caldú 1979 - 1996

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Nelly y Dardo recibiendo a un amigo en la puerta de su casa

Querido Osvaldo: fue necesario hacer un rápido recuento de algunos hechos. Hay tantos otros que preero olvidar.

Por eso, después de esta larga trayectoria por el dolor, sólo me interesaba y me interesa que se haga factura, cosa imposible. No me interesan los huesos. Dardo está con sus compañeros así como José Luis está con los suyos. Son casi 18 años de lucha para que se haga justicia. Nunca se hará. Entonces Dardo seguirá siendo el poeta desaparecido, como su amigo Roberto Santoro. Quedarán por su obra. Muy brevemente te he resumido esta larga historia vivida con angustia, desesperación y en soledad, hasta que pude colectivizar mi dolor. Eso me ayudó a sobrevivir s obrevivir.. Quiero –quisiera– que comprendieras los fundamentos de mi posición. No quiero una tumba para Dardo. Quiero justicia para 30 000 desaparecidos. Quienes los llevaron con vida, los homicidas, homicidas, los genocidas tienen que pagar sus crímenes. Si no es así yo no voy a reconocer –legal o jurídicamente– su muerte.  Jamás  Jamás.. No No quiero quiero un papel de defunción defunción ni unos huesos huesos en en un sobre de plástico. Quiero justicia. Osvaldo querido: No sé si llegarás hasta el nal de este

escrito. Sé que esto te causará dolor porque tu idea es otra, pero hace muchos años –desde que perdí toda esperanza de encontrarlo con vida– tomé esta posición. Vos estás manteniendo vivo el recuerdo de Dardo con la publicación del libro y creo que esa es la única forma de te nerlo vivo, con nosotros. Te quiero con toda mi alma, Nelly. Nelly. Fragmentos Fragmentos del tiempo del desprecio y de la infamia, que viví.

1° de mayo, después para el 25, para el 20 de junio, para el 9 de julio. Cuando pasó esa fecha le pedí al abogado que me hiciera un habeas corpus y él me contestó que eso era imposible porque estaba comprometido con los militares. No volví más, pero durante esos meses me pasaba las noches hasta la madrugada esperando el regreso. 2.− Un día me para en la calle un hombre y me dice que

vaya a las once de la noche al Club Santa S anta Elena, que me iba a poner en contacto con alguien. Voy. Otro desconocido se presenta y me dice que al día siguiente esté frente al Club antes de las ocho de la mañana. Cuando llego hay un auto negro con tres hombres. Me llevan a Mercedes. Toman un camino de tierra y me vendan los ojos. Al llegar al sitio me sacan la venda y me encuentro en un zaguán de una casa muy antigua. Pasamos a un vestíbulo con grandes mesas llenas de expedientes (así parecían). Me atiende un hombre gordo que me pregunta si Dardo sufría del corazón “porque a veces a los muchachos le les va la mano”. En una hoja en blanco escribe con tinta roja: “¡Ojo! Policía Federal!” Ahí termina la entrevista. Me llevan al auto y otra vez me vendan los ojos. Cuando llegamos a la ruta me sacan la venda y me dejan cerca de una parada de colectivo.

3.− Un pariente de Martín (Julio Ojeda, dueño de una

tienda) me hace avisar que tiene que hablar conmigo. Me cuenta que una mañana llega a su negocio un hombre que parecía salido o escapado de una colonia de locos, con un saco sobre el cuerpo desnudo, que miraba desconado

Luján me citaba para decirme que Dardo estaba vivo en Campo de Mayo, en un vivaque, “vulgarmente llamado campo de concentración”. Me aseguraba que en cualquier momento lo liberarían, liberarían, que él le decía al teniente que soltara al viejo. Así fue como me dijo que eso ocurriría para el

para todos lados. Entra en la tienda y pregunta si conocen a la profesora Nelly D. porque él tiene que hablar conmigo  ya que acaba de escaparse de un campo de concentración concentración donde fue torturado (muestra la espalda y los brazos) y que en ese campo estaba Dardo. Ojeda, el tendero, le hace un planito para llegar a casa, pero en un momento dado el hombre sale corriendo y ya no lo pudieron ver más.

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1.− 11 de marzo a 9 de julio del 77, el abogado Ocampo de

4.− El marido de una profesora de la Escuela Normal

un día me dice que a él le dijeron: “¿para qué la mujer de Dorronzoro Dorronzoro anda como loca buscándolo si ese hombre ya está muerto?”. Le exigí que me diera el nombre de quien se lo había dicho pero se negó y como yo me puse muy violenta y lo agarré del cuello, intervino su mujer y me dijo que realmente yo estaba loca.

5.− A los tres o cuatro días de llevárselo, vino un tipo, casi de madrugada, pasa a decirme que a Dardo,  Mayito y a

Graciela los habían dinamitado en Campana y que el agujero que había quedado era tan grande g rande como una habitación, que nada había quedado de ellos.

11.− Me dicen en la calle que está en el Hospital Militar.

Inútil seguir la pista. Nadie habla. 12.− Me dicen que está en Cuba.

13.− Me dicen que lo mataron cerca de Open Door y que

allí está la cabellera de  Mayito  (que en realidad cuando lo secuestraron estaba haciendo el servicio militar y por lo tanto, pelado). 14.− Me dicen que está en Tucumán, en Corrientes como

maestro, etc. 15.− En el Ministerio de Justicia a donde iba todas las sema-

6.− Alguien me avisa que a Graciela la estaban velando.

nas me dicen que los mismos guerrilleros debieron matarlo.

7.− También a los pocos días vienen dos tipos a decirme

16.− Una noche de verano una mujer se mete en casa y me

que si tengo algo de valor en la casa lo saque porque la van a dinamitar. dinamitar. Me voy como loca a hablar con Salaberry para decirle que a mí no me interesaba que me m e dinamitaran la casa, pero que a mis vecinos sí. Fue una entrevista atroz. Lo hice responsable de todas las desapariciones que había en Luján. 8.− En agosto del 76 me avisan que lo habían matado en Pilar

 junto a otros otros 30. Fui con Guarino, Guarino, pero nada en limpio. limpio.

dice que es policía. Que deje de hacer averiguaciones averiguaciones y de ir a las marchas de las Madres porque no dejarían viva a ninguna. Esta mujer me dijo que me lo advertía de buena que era.

17.− Por años, después de la marcha de la resistencia de

las Madres aparecía cerca o frente a casa, algún Falcon con dos o tres tipos con las caras tapadas o con sombreros o gorros. Se quedaban desde la mañana hasta la tarde y le preguntaban a la gente del barrio si por ahí vivía una señora sola que tenía al marido desaparecido.

9.− Me avisan que hay un cadáver en la morgue de Morón

 y que por las señas que dan por radio podría ser Dardo. Vamos, tampoco nada. 10.− Un tipo me dice en el mercado centro cen tro que Dardo está

18.− A los pocos días de llevárselo a Dardo apareció un

tipo vestido con un overol nuevo, me dijo que era obrero, que estaba buscando casa y me preguntó si yo era la viuda del hombre que habían encontrado muerto en el río.

preso en Coronda en tal celda y que uno de los carceleros es amigo de él (del tipo) que va a ir de visita a su casa. Si yo quiero más datos puedo ir en esa fecha. Nunca más volví a ubicarlo.

tarme si alquilaba el taller porque ellos sabían que el dueño estaba muerto.

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19.− Muchísimas veces vinieron desconocidos a pregun -

20.− En marzo del ‘81 me hicieron un operativo a las cuatro

* * *

al lado y nalmente yo vi avanzar a un milico que me dijo

No puedo escribir, las palabras no sirven, no sirven para nada. Miro las fotos del año pasado, recuerdo aquellos días felices y pienso que es muy alto el precio que hemos pagado por aquellas horas de estar juntos, reírnos y pensar (yo lo pensé) que la vida nos compensaba de tanto dolor. No puedo se guir escribiendo. Me siento muy extenuada, pero tenía que decirles esto, en forma incoherente. Estoy muy aturdida por el dolor. Mi corazón ha quedado vacío  y aquí, sin embargo, están todos, e n esta casa de ausentes, hay ahora otro ausente. Sólo puedo mandarles mis lágrimas. [1989]

de la tarde. Primero fueron a lo de doña Teresa, después

que era de Coordinación Federal y que venía a preguntarme mi número de documento. (Todo esto es mucho más largo pero no tengo fuerzas para desarrollarlo). El asunto era enloquecerme, por eso esto de Los Cardales para mí no es más que la continuación de aquello. Yo creí que eso había terminado, porque a veces quiero olvidar que todo el aparato represor está intacto. [1994] * * * Estoy improvisando estas líneas y no sé qué decir porque es difícil –por lo menos para mí– sintetizar las cosas que

* * *

ocurren y que duelen en la vida cotidiana, pero, en n,

así vamos, con más años, más arrugas y menos ilusiones [...] a veces me paso horas hablando de aquellos tiempos cuando estábamos todos y parecíamos felices, o lo éramos y no lo sabíamos, o lo sabíamos y jamás pensamos que nuestra vida se derrumbaría. En todo caso hicimos y hacemos lo que podemos, pero no quiero caer en melancolías. [1996]

Qué lindo debe ser todo. Tener familia, amigos con los que se puede hablar claramente. Cuando yo abro la boca aquí, siempre hay quien me dice que soy agresiva. Entonces pongo violín en bolsa y ya no hablo más, de nada, porque nada me interesa de lo que ocurre a mi alrededor. Y todo va por dentro, lágrimas y dolor y esta sombra que me acompaña  y nunca me abandona. [1979]

* * *

* * *

Estoy muy triste y abatida por todas las cosas que ocurren en este país, sin luz ni remordimientos. Ahora caminamos por las calles sabiendo que los genocidas quedaron libres de culpa y cargo y también ellos gozan de la libertad (no sé hasta cuándo nos durará a nosotros, los civiles) [...] Creo que volveremos al tiempo de la infamia y del exilio interior. ¿A quién puedo hablarle de lo que me pasa? La gente está en otra cosa y le fastidia conversar estos temas. Estoy ahogada de dolor y estoy llorando por esta pena inconsolable. [1987]

No voy a hacer recuento de pérdidas, para qué. Yo como Antonio Machado puedo decir “ya estábamos solos, mi corazón y el mar”. Ves, Osvaldo, no puedo escribir sin que el dolor llene estas páginas. Hoy es un hermoso domingo de otoño, la gente sale, se ríe, pasea, vive y yo a través de los vidrios veo vivir, pero  yo me muero todos los días un poco. Debo confesarte que no creo que yo pueda irme de esta casa, siento que mis raíces están aquí. Tal vez, si mi situación económica me lo permite pueda hacerme un viajecito a Méjico para verlos

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a todos juntos, pero irme de aquí, no. Por lo menos hasta que no sepa qué hicieron con Dardo. El año pasado yo hice la denuncia ante la OEA y recibí la respuesta de la que te mando fotocopia. Además presenté un nuevo recurso de habeas corpus, en el Juzgado Federal de Mercedes. Pido una investigación de los operativos que se hicieron en Luján. Para qué te digo lo que fue eso. En principio no me lo querían recibir porque decían que ellos corrían muchos riesgos y además me lo iban a rechazar. Finalmente conseguí que me lo aceptaran y debo volver el lunes después de Semana Santa, aunque ya sé, que efectivamente, me lo van a rechazar. Pero voy guardando toda esta documentación para cuando la justicia no tenga miedo  y los hombres no sean tan cobardes. [1979] * * * Necesitaba recibir unas palabras de aliento porque en este camino duro y oscuro que me toca recorrer no tengo ningún estímulo, por el contrario, todo se me hace difícil y sin salida. [...] Ahora, hablando de la posibilidad de publicar algunos poemas de Dardo en esa revista literaria me parece muy linda la idea. Yo te mando ya algunos poemas, pero ¿los querrán publicar? Te digo esto porque estoy segura que no le van a publicar nada a Dardo. Estoy hecha una perra de maldad, ya no creo en la gente y menos en los amigos de Dardo. [...] Después que leas esta carta rómpela porque me va a dar vergüenza escribir con tanto veneno. Pero es que tengo acumulado mucho rencor, mucho dolor, mucha bronca y sé que los demás no tienen la culpa de esto, pero lo mismo junto rabia. [...] Estoy muy fatalista, tal vez porque todo lo que he hecho en estos tres y tres meses ha sido inútil. Hubiera sido exactamente igual si no hubiera hecho nada. Sólo para tranquilidad mía.

Ahora yo te pregunto: ¿qué posibilidades concretas hay de que la publiquen? Habrá que ponerse en contacto con algún editor de allí, ¿no te parece? [...] Yo, cuando se cumplan los tres años, voy a publicar algo –si me dejan– pero no en Luján, sino en algún diario de Buenos Aires. Lo que me pasa Osvaldo es que estoy muy sola y entonces todo se hace más duro y triste. No tengo en quien apoyarme, todo lo que hice por Dardo, bien o mal, lo hice sola, con la vida destrozada. Ahora son las ocho de la noche, te escribo y estoy llorando, pero me aparto del tema. Sigo con tu carta [...] [1979] * * * Quién sabe cuál será mi destino, tal vez quedarme s iempre aquí, que por otra parte no me desagrada porque pienso que lejos de esta casa sufriría más. Un viaje corto sí, cuando pueda lo haré, pero irme denitivamente no. Los libros

de los que me hablás, sí están todos. Lo mismo que esa no sé cómo se llama que tiene la empuñadura labrada. Todo eso, Osvaldo, si Dardo nunca más vuelve, es tuyo. Yo te lo mandaré a Méjico, nadie más que vos puede tener esas cosas. Dejo un ratito de escribirte porque me voy a preparar un café y mirar a la gatita a la que tuvieron que hacerle la cesárea, ¿qué me decís? La operaron el miércoles 28 de febrero y tengo que llevarla todos los días al veterinario para que le dé suero y antibiótico inyectable, en n todo de

maravillas me sale. Además se me rompió el auto y eso sí que es gordo. No sé cómo salir del paso, pero dicen que Dios aprieta pero no ahorca. Vamos a ver si es cierto. Yo no pido tener alegrías, sólo pido no tener todos los días un problema nuevo, de toda índole. [1979] * * *

* * *

Ya hace varios días que recibí tu carta y la de Teresa. Tus palabras y las de Teresa son como un canto de sirenas y

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debo taparme los oídos para no es cucharlas, porque si por mí fuera ya estaría lejos de este pozo. Pero no puedo hacerlo. Primero porque yo tengo que saber fehacientemente qué pasó con mi Dardo. Así me lleve toda la vida averiguarlo. No puedo irme sin saber si Dardo está vivo o no. Ya sé que todos los trámites que hago son inútiles, pero no sé si el día de mañana no me pueden servir para pedir justicia. [...] En n, querido, mi estado de ánimo no es óptimo para

nada. Soy un ser mutilado. Lo único que me interesa es preparar los poemas de Dardo. Te mando una carpeta que yo quería publicar aquí. Se llama Viernes 25  (el día de  junio en que se lo llevaron. Está dividido en tres partes: 1ª) De este lado solamente hombres; 2ª) Yo te diría: hay que vivir; 3ª) Razón de amor. En total son 33 poemas y lleva un epílogo escrito por mí en donde explico quién es Dardo. ¿Te imaginas si pudiera publicarlo en España? Pero para eso ¿cómo hacer? [...] Antes de despacharte esta carta voy a ir al correo para averiguar cómo lo puedo mandar (me gustaría por vía aérea). Depende de lo que me salga, porque ando yo también contando las monedas. [1979]

terminé otra vez en lo del psiquiatra y sigo tomando drogas porque si no no podría resistir este absurdo que se llama vida. Creo que hablé bastante de mí, pero necesito desahogarme. Aquí no hablo con nadie. Nadie me pregunta nada, todo parece estar olvidado y enterrado. Entonces mis lágrimas se me acumulan en el alma o en el corazón. Querido: Por este mismo correo te tiene que llegar la carpeta que lleva el título Viernes 25 . No tuve tiempo de pasarlo otra vez a máquina pero creo que está presentable. Por favor, avísame enseguida si te llegó. Yo la mando certicada, por si las moscas…

Otra P.D. El epílogo debe ir antes del índice. Me empeñé al hacerlo, pero es obvio ¿verdad? [1979] * * *

cómo quedé cuando supe la noticia. Fue tanta la depresión porque yo tenía esperanzas de que esta comisión obligara al gobierno a decir qué hizo con los desaparecidos. Total, que

El 26 de mayo volvieron a hacerme una visita los invisibles. Yo no estaba en casa. Me había ido a eso de las once de la mañana. En casa de doña Teresa no había nadie porque se habían ido a Bragado en el Citroen. Cuando yo volví a eso de las seis vi las puertas abiertas, los perros afuera. Cuando entré vi que me habían tirado los libros de los primeros estantes, las ventanas abiertas de par en par; había mucho viento y las cortinas volaban, incluso una ventana corrediza que no se podía abrir estaba abierta. En la cocina encontré tirada abajo de la mesa una barra que yo pongo en la noche en la puerta que da al taller. Quedé despavorida y esa noche hice una barricada y me tomé la pastilla para dormir porque si no hubiera pasado una noche infernal. Vos te preguntarás qué sentido tiene todo esto. Y te digo lo que pienso. No les gusta que yo vaya de un lugar a otro haciendo averiguaciones y trámites en la Liga de Derechos Humanos ya que ellos públicamente dijeron que era marxista. Además a otra persona de Luján que vive la misma situación que yo, se le presentaron a las once de la noche y le dijeron que le seguían los pasos y que había hecho muy mal en ir a la

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* * * Todo en mi vida es un desastre y para mí lo lógico ahora es que todo me salga mal. Aún los detalles del diario vivir. Bueno, hoy tengo un día negro, menos mal que se acaba. Son las ocho de la noche y en la casa de los gatos lo único que se oye es el tecleo de la máquina de escribir. [...] En cuanto a que yo pudiera tener alguna noticia de Dardo, no. Yo tenía puestas mis esperanzas en la comisión de la OEA, que debía venir el 28 de mayo. Ya estaba todo organizado, incluso el día de las audiencias. Hice tantos trámites, llené tantos papeles, y al nal no vienen. Podés imaginarte

Liga porque era lo que ya te dije. No obstante yo sigo yendo  y haciendo trámites, por ejemplo el 15 de julio hubo un Congreso Mundial del Pen Club, en Brasil y no paré hasta que no pusieron el nombre de Dardo entre los escritores desaparecidos. El jueves pasado le escribí a Sábato y antes de la semana recibí dos cartas de él porque tenía miedo que alguna no me llegara. Me dice que quiere conversar conmigo y hoy lo llamé por teléfono para concertar la cita. [...] De modo que mientras tanto voy a preparar toda la documentación que tengo y que él quiere conocer. Otra cosa que me tiene sobre ascuas es la llegada de la OEA, prevista para el 6 de septiembre y hasta el 20. Yo pienso instalarme en Buenos Aires y no moverme hasta que no pueda hablar con alguno de sus miembros. Vos dirás que son manotazos en el aire. Sí, acaso sea así pero es lo único que puedo hacer. [1979] * * * Recibí tu carta y en ella no me dices si recibiste una que te mandé hará 15 días. Yo tengo la sospecha que me la sacaron de circulación. En ella te contaba algunas cosas que no sé si repetirlas porque ahora parecen no tener mayor importancia. [...] Estuve con Ernesto Sábato. Un día de julio le escribí hablándole de Dardo y le mandé algunos poemas. Enseguida me contestó y por partida doble porque tenía miedo que alguna de las dos cartas no me llegara. Me pedía que lo telefoneara porque quería hablar conmigo. Nos encontramos el lunes 6 en Buenos Aires. Hablé mucho, habló mucho. Él está angustiado por todo lo que ocurre y sigue ocurriendo  y quiere escribir sobre esta pesadilla. Le entregué alguna documentación que le pareció un testimonio muy importante. Por supuesto, Sábato no me puede devolver a Dardo. Cuando le enseñé unas fotos dijo: “yo lo conozco”, pero no sabe de dónde. También hablamos de Santoro, que era 184

amigo de él. En n, fue volver a los orígenes de mi drama y quedé, nalmente, muy mal psíquicamente. Hoy estoy hecha

una piltrafa humana. Creo que lo único que podría darme un poco de consuelo es lograr publicar algo de Dardo. [1979] * * *

En este momento la situación está otra vez peliaguada. Motivo: la llegada de la OEA que va a atender a los familiares de desaparecidos y quieren acobardarnos para que no vayamos. El viernes 7 de septiembre estamos citados a las nueve de la mañana para presentarnos frente al local que va a ocupar la Comisión de la OEA. No sé qué va a pasar, si va a haber represalias o algo por el estilo, pero  yo pienso ir. Total ya dejé en sobre cerrado qué es lo que tiene que hacer mi familia si desaparezco. Como ves no estoy muy optimista, no tengo motivos para estarlo. Ahora dejo esta carta y voy a pasar a máquina otros poemas para mandártelos. [1979] * * * Así se me va pasando la vida, si es que se puede llamar vivir esto que hago. A veces actúo realmente como una autómata, cuando estoy con gente que conversa pongo la cara y me voy. No estoy bien en ninguna parte, no tengo paz si estoy fuera de casa y cuando vuelvo empiezo a dar vueltas y más vueltas, abro cajones, miro fotos, leo versos de Dardo, revuelvo papeles, me entra un terrible desasosiego, si es temprano estoy deseando que llegue la noche para tomar la pastilla y dormir, otras veces deseo desesperadamente que llegue el día, y cuando es de día me pregunto ¿para qué otro día? Y así el martirio constante, innito, sin esperanzas, sin algo por que vivir. Y aquí

pongo punto porque vas a creer que estoy peor de lo que realmente estoy. [1979] 185

* * * Ves, todo es así en mi vida, impreciso, difuso, inseguro. Estoy sin brújula, navego a la deriva (parece cursi la imagen, pero expresa justo mi realidad). [1979] * * * Yo no pierdo las esperanzas de que Dardo esté vivo, no sé, hay días en que me siento desolada y pienso que todo lo que hago es inútil, pero otros días en cambio siento unas fuerzas que me brotan de muy adentro y me dicen que Dardo va a volver. [1979] * * * Entonces toco el escritorio de Dardo, miro sus fotos, leo sus versos, abro los cajones, miro todas es as chucherías que guardaba en ellos, sus cigarros, su pipa, los libros, sus cartas  y todo todo es una vuelta al pasado que jamás podré sacar de mi memoria y de mi corazón. [1979] * * * Me alegro que los que están afuera tengan valor para pensar en los que no están. [1979] * * * Me imagino que todo les parecerá un sueño o una pesadilla de la que nalmente despertaron y ahora pueden hablar,

reírse, reunirse con amigos y andar libremente, qué lindo me parece todo eso, qué natural y digno del ser humano. Yo perdí todo eso que parece tan simple y sólo me queda recordar lo que fue y ya nunca más será. Yo sé que no me voy a mover de esta casa, que no voy a ir a ninguna parte, 186

no podría abandonar estas cuatro paredes que son, ahora, todo mi mundo porque aquí está el alma de Dardo. Estoy muy triste, como siempre y mi mal no tiene remedio porque estoy irremediablemente desesperada y desolada. Perdónenme que los entristezca, ustedes ya pasaron bastante y pienso que no tengo derecho a amargarle la vida a nadie. ¿Qué puedo contarles? Nada, absolutamente nada. [...] Perdonen por esta carta tan corta y desabrida. No puedo decir nada más. Un beso muy fuerte para todos.  [1979] * * * No tengo coraje para la despedida; poco a poco he ido perdiendo todo lo que quería, todo lo que en un tiempo era la vida de esta casa, ¡pobre casa! Ahora sólo hay silencio, soledad y una innita pena. Estoy muy destrozada y trato de

 juntar los pedazos de mi vida y seguir adelante. A pesar de todo lo que me digan, a pesar de que mi psiquiatra desde el primer día me dijo que debía partir de cero, que no tengo que esperar la vuelta de Dardo, siempre, siempre me quedaba un chiquito de ilusión, acaso prefabricada por mí para seguir viviendo, acaso como una instintiva defensa. Pero el otro día, cuando vos me dijiste: sé fuerte, Dardo no va a volver, no sigas esperando, sentí, Osvaldo, que todo se derrumbaba dentro de mí. Recién entonces tuve la exacta dimensión de la realidad, de mi realidad y no puedo soportarla, no puedo. No sé qué hacer con mi vida, ando a la deriva, esperando, esperando, esperando, no sé qué. Esperando contra toda esperanza, hundiéndome cada vez más en mi dolor y sólo sé llorar. El día que te vi hice el viaje de vuelta llorando hasta llegar a casa y cuando abrí la puerta sentí que, como un monstruo, se arrojaba sobre mí la soledad. [1979] * * * 187

Mucho no puedo apartarme de mi casa, por la historia de perros y gatos que me rezongan si me voy. Estoy hablando tonterías, lo sé, pero por debajo de esta escritura está todo lo que quisiera decirte y que vos sabés que está de pie, presente y vivo en mi corazón. [...] Te mando una foto que me sacó una chica en Plaza de Mayo durante la última marcha de la resistencia. Lo que se ve de fondo es una réplica de la Casa Rosada donde cad a uno escribió lo que pensaba. Te adjunto también una nota que publicó el Civismo, que escribí con mucho dolor y bronca después de las elecciones de septiembre pasado y en las que ganó el colaborador de los milicos. Bueno, mi querido, como ves es muy poco lo que se puede hacer. No tenemos espacio para nada, así es que cualquier recoveco hay que ocuparlo. Escríbeme. Un beso grandote. [1992] * * *  La noche fue tan larga que todos la olvidaron

El resultado de estas elecciones nos permite vislumbrar qué es lo que quiere un segmento importante de la sociedad argentina, tan acostumbrada a la sumisión, a ser apaleada, a ser obediente, a ser burlada, a poner la cabeza para que se la vuelvan a machacar, y sin embargo  –curiosamente– un fuerte componente de autoritarismo que subyace y circula por todo su cuerpo le hace buscar modelos tan temibles como los que hemos sufrido durante la última dictadura militar. Es evidente que hay muchos autoritarismos en esta sociedad tan rígida, tan individualista y castigadora de transgresores y rebeldes a sus normas; una sociedad tan etiquetadora y maniquea. Por eso no debería sorprendernos demasiado que la gente del proceso militar haya reaparecido y triunfado en tantas comunas de la provincia de Buenos Aires y de todo el país. 188

Aquí, en Luján, nos encontramos ahora con un Intendente electo y un grupo de concejales que son los mismos que colaboraron, participaron y fueron cómplices de lo que ocurrió en aquellos siniestros años. Ese pasado oprobioso de colaboración y apoyo a los genocidas y desprecio por la vida humana, no pesó en los seguidores de esta corriente política hoy triunfante, ya que parece ser que lo más importante  –en una muy extraña escala de valores– es que las calles estén limpias y ordenadas y la basura en su lugar, lo que no deja de ser una propuesta fascinante, sobre todo ahora que estamos con un pie en el maravilloso primer mundo. Claro, hay otros valores, como memoria histórica y ética, como dignidad y compromiso con la defensa de los derechos humanos. Pero este lenguaje ya suena arcaico. Tal vez algún sociólogo pueda explicar este desagradable retorno de la gente del proceso, este primer premio que la sociedad otorga –contradictoriamente en democracia– a quienes siempre respondieron al llamado de los cuartelazos. Yo sólo lamento, y quise expresar mi opinión en memoria  y desagravio a los desaparecidos de Luján durante la administración del Intendente electo; en memoria y desagravio a los 30 000 desaparecidos del país, porque para ellos no hubo justicia y porque el avance del totalitarismo es tan terrible como meterse en el túnel del tiempo de la infamia. [Luján, 10 de septiembre de 1991]

* * * Aquí estamos tu mamá y yo, en la Loma. Ella llegó el sábado a la mañana y fue como si en casa entrara el sol. Ahora salió a hacer unas diligencias. Comemos en lo de doña Teresa y puedo asegurarte que ayer se hizo el show Neli Caldú. Cantó las canciones de cuna que les cantaba a cada uno de ustedes, cantó canciones vascas, des pués cantó en vasco, habló mucho de sus años jóvenes, de la guerra, de tu papá, de ustedes y qué sé yo cuanto más. Lo único que puedo decirte 189

es que pasamos unas horas muy hermosas e inolvidables. Después, como hace mucho calor, nos tiramos en la cama, el turbo nos manda su fresquito y seguimos hablando. El sábado a la tarde fuimos al cementerio a la tumba de tu papá y yo me emocioné mucho cuando se despidió de él. Pensamos mucho en vos y hacemos proyectos. [...] Por aquí, es decir por mi corazón, sigue todo igual. A veces con espe ranzas pero casi siempre muy desolada. Dentro de cuatro meses, es decir el 25 de junio, se cumplirán tres años de angustia y dolor. Muchas veces pienso que para mí ya no hay salida, que siempre viviré atrapada en este horror de no saber qué hicieron con Dardo, dónde, cuándo y cómo. En

Discúlpame, querido, por esta andanada, pero me siento muy mal y bastante sola. Pero a la soledad estoy acostumbrada. [...] P.D. Gracias a Adriana, Rodrigo y otros chicos ya empezamos la venta del libro. El primer acto –como verás– lo hacemos en Buenos Aires el próximo 24 de mayo. Luego lo organizaremos aquí en Luján. [1995]  * * *

lo tenés, en la televisión. Escribo esto y se me revuelven las tripas. El jueves 4 hay un acto importantísimo en Plaza de Mayo organizado por las Madres. Se va a hacer un  juicio ético y político a los genocidas. Si sale algún comentario en el diario, te lo mando. Aunque dudo que lo hagan.

Esta carta es para leerla cuando ya estés muy lejos de lo que alguna vez fue tuyo y ya no lo es. Dejás atrás un camino de dolor, de lágrimas, de dolor sufrido hasta las raíces, de lágrimas lloradas con el corazón. La memoria, ese paraíso del que nadie puede desterrarnos te traerá muchas veces hasta mi casa, hasta la casa de Dardo, la casa de los gatos y los perros, la casa que se perfumaba en septiembre con las madreselvas y en octubre con la retama, y yo te veré aquí, jugueteando con el llavero, riéndote, discutiendo con Dardo, peléandote con Dardo, saliendo como un huracán para volver al rato, otra vez con tu risa, tus bromas, tus anécdotas y otra vez, tu voz y la de Dardo y el mate entre los dos, y la amistad y el cariño  y todo lo demás. Vos salís al mundo con una carga de experiencias que te van a ayudar a enfrentarte con la vida que, muchas veces, te podrá ser hostil, pero creo que tenés una gran riqueza espiritual, un mundo interior indestructible, un universo que nadie podrá quebrar, como lo tuvo Dardo. Acaso estas palabras del poeta Antonio Porchia tengan algo que ver con lo que te digo: “Dirán que andas por un camino equivocado si andas por tu camino”. Querido, tantas cosas quisiera decirte, tantas cosas tengo para contarte que necesitaría un millón de horas. No pierdo las esperanzas de que algún día volvamos a encontrarnos. [...] Un beso muy grande y suerte, mucha suerte mi querido muchacho, que jamás olvidaré.

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n, no quiero transmitirte mi pena, no tengo derecho, tú

 ya has sufrido mucho, ya pagaste muy caro el ser como sos. [...] Querido, cuánto daría por estar a tu lado tomando mate o un café y hablar despacio, con tiempo, con silencios  y con lágrimas de todo esto, pero como es imposible te hablo como si estuviéramos charlando. Lo malo de las cartas es que no tienen tono ni respuestas inmediatas. [1979] * * * El año pasado recibí los libros y todavía no te he agradecido el envío. Ahora estoy tratando de ubicarlos, pero es difícil. Aquí también todo está como y para la mierda. Revuelto  y nauseabundo. Ahora salen por TV y por radio represores, torturadores, asesinos que acompañados por la total im punidad cuentan cómo asesinaban. Por ejemplo, ayer en  Página 12 sale un reportaje a un policía federal llamado  El Turco Julián que fue juzgado y condenado por 58 crímenes, pero después con obediencia debida y punto nal, ahí

P.D. Aquí llegó el Luky que te manda un recio guau,  y la Negrita y la Chiquita otro guau, pero más femenino. Miguel y la Minina te dicen miauuu y yo te dejo una rosa color roja para tu corazón. [1979] * * * Pienso en nuestros muertos y me pregunto (mejor no les digo lo que me pregunto porque me invade un total pesimismo). Por suerte, tus niños, Osvaldo, están bien y naturalmente, ellos se hacen grandes y los padres envejecen. Pero hay otra cosa y no sólo el paso del tiempo. Yo creo que lo importante es la fuerza interior que impulsa a seguir adelante. [1993] * * * Osvaldo, Te mando unas hojas de madreselvas y hojas de castaño desde este bonito jardín. Escucharás el crujido de las hojas secas y de mi corazón. Nelly

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DESOLADO OFICIO

 Ayúdame a juntar todas mis almas

 Juan Gelman

Siempre mirando aquel reloj de arena oxidado y violento en su presencia. Siempre muriendo entre ángeles y martillos apagados, bajo un cielo desnudo y silencioso. Siempre quemando las últimas hilachas de la memoria. Siempre escuchando esa ráfaga imperceptible de tristeza. Siempre acongojando este corazón de selvas  y de viento que devora incesante/ rojo y mortal/ la piel oscurecida por la pena.

de los pájaros muertos a la glicina, a la retama, a los gatos furiosos. Siempre arrastrando papeles amarillos. Siempre los ojos poblados de fantasmas. Siempre arañando las orillas del inerno.

Siempre juntando y remendando pedacitos de almas que quedaron. Siempre la soledad en este duro ocio de

rescatar heridas sombras, caminos ilusorios y barcos que partieron, perdidos, para siempre perdidos.

Siempre los zapatos vacíos, la garganta herida, los huesos de la melancolía de tumbo en tumbo. Siempre llevando las cenizas de territorio en territorio, de la sombra a la luz

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Nelly Dorronzoro 1998

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Epílogo Osvaldo Caldú 2016

Osvaldo y Dardo; guerra de barro en el Arroyo del Haras, Luján

Hace 26 años publicamos en México una selección de poemas de Dardo Sebastián Dorronzoro bajo el título Viernes 25 . Aquella selección la hizo Nelly Dorronzoro, la incansable compañera que hasta sus últimos días continuó buscando a Dardo tras su desaparición. Esa edición está agotada, por lo mismo decidí hacer una reimpresión de esa selección de poemas agregando otros dispersos en distintas publicaciones, así como inéditos, para dejar un testimonio más completo de su obra.

Hoy hay una denuncia permanente: publicaciones, cine  y arte que recuerdan los hechos, y detrás de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, pioneras en esta lucha, se alinean organizaciones civiles, culturales y frentes legales de denuncia. Pese a esto, es evidente que un sector joven que no vivió los acontecimientos cierra los ojos o muestra poco interés en el tema. Afortunadamente, otros jóvenes se unen a los más viejos en una actitud militante y solidaria.

El 25 de junio de 2016 se cumplen 40 años del secuestro de Dardo por un grupo paramilitar que operó en Luján en esos años siniestros y dejó una cauda de 24 desaparecidos que se suman a otros 30 000 a nivel nacional durante la dictadura.

activistas de derechos humanos y gente de mi generación, Dardo es un desconocido para personas menores de 50 años. Cuando intentaba explicar la razón de la obra conmemorativa, la gente me miraba con incredulidad y desconocimiento de estos hechos que yo siento tan frescos y recientes. Es evidente que pese al esfuerzo de tantos por mantener presente la memoria y el reclamo de justicia, la dictadura logró echar un manto de olvido sobre un sector importante de las generaciones posteriores a sus bárbaros crímenes. También hubo autorepresión: padres que no contaron la historia a sus hijos, testigos pasivos permeados por el miedo que los inmovilizó y que eligieron no recordar, porque tal vez el recuerdo revive y lastima la consciencia.

Durante los días de la dictadura el contexto era distinto. Los familiares de un desaparecido o detenido deambulaban como parias, los amigos cruzaban la calle para no toparse con ellos  y se cerraban la mayoría de las puertas, incluso de la familia. El miedo petricaba a vecinos, amigos y compañeros de trabajo; el tema era tabú, nadie hablaba de las desapariciones o de la represión. Fueron muy pocas las manos que superaron prejuicios y temores para tender un abrazo solidario. Fundamentalmente este apoyo surgió entre los que compartían las mismas ausencias o cargaban con el mismo dolor. En esos casos la fraternidad llegó a niveles muy altos, como la que se da entre los que comparten el pasillo de los condenados o el que existe entre las víctimas de un gueto de la Segunda Guerra Mundial. En las cárceles argentinas se dio el mismo fenómeno. En la cárcel de Coronda, Provincia de Santa Fe, tuve el privilegio de compartir el pabellón cinco, llamado el de los irrecuperables, con un extenso número de detenidos. Ahí el régimen llevó al límite el aislamiento y la represión,  y paradójicamente esa fue la cárcel donde se dio una mejor respuesta al incremento de las irracionales medidas internas. Todos los detenidos se organizaban como un solo batallón, donde las diferencias políticas de los partidos de cada uno estaban por debajo de la Tripa, órgano tripartito de dirección que dio una respuesta unitaria a la represión carcelaria. De esta manera, se rompieron todas las formas de aislamiento a través de la solidaridad y el ingenio colectivo. La coordinación de las fuerzas revolucionarias en un frente común

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Estuve en Luján recientemente con motivo de la instalación de una escultura forjada en hierro en memoria de Dardo y los demás compañeros desaparecidos, en la rotonda de Luis Gogna y Fray Manuel de Torres. Los trabajos de obra civil para su montaje tomaron aproximadamente 20 días, en los que conviví con el vecindario y los trabajadores que me apoyaron. A dos cuadras de la rotonda, en la calle Roque de Luca, Dardo vivió y tuvo su herrería, donde aprendí ese ocio. Me llamó la atención que excepto entre familiares,

 —sueño de Roberto Santucho, Marcos Osatinsky y otros— que no se pudo cumplir afuera, se logró adentro de esta cárcel, como una herramienta necesaria para la sobrevivencia. La indiferencia y la complicidad recorrieron a la sociedad de manera transversal durante esa época. Familias, instituciones educativas e Iglesia se sumaron a la conspiración de silencio y olvido. Contrasta la monumentalidad arquitectónica de la iglesia de Luján, con la pequeñez de sus principios, siempre cómplices de criminales y tort uradores que encontraron cobijo y comunión dentro de sus muros. Sus torres se levantan hacia el cielo, como la mirada de sus curas, para no ver el genocidio cometido en su comunidad por las fuerzas armadas. Nos recuerdan permanentemente el martirio de un profeta hace 2 000 años, pero no ven los secuestros y torturas a la sombra de sus torres, cometidos por  grupos de tareas que invocaban a Dios en su cruzada criminal. Históricamente, la Iglesia Católica no ha sido un lugar de luz, sino una cueva de secretos y conspiraciones (aunque hay casos de curas heroicos y solidarios, algunos también víctimas de la represión). Hoy Jorge Mario Bergoglio, máxima autoridad de esta institución tan corrupta, tiene la obligación de cumplir con su palabra y difundir los documentos de la Iglesia durante la dictadura. Claro, ésta es una expresión de deseo, porque los jesuitas se caracterizan por responder a una pregunta con otra pregunta, sin dejar nada claro. Aún está pendiente que se abran los archivos del Vaticano para arrojar luz sobre las aberraciones y crímenes cometidos durante

ocurre en muchas partes; hoy Alemania evita banderas y símbolos nacionalistas y los crímenes nazis son tema tabú entre las nuevas generaciones. Tomar consciencia de esta realidad me obliga a escribir un poco sobre el contexto, la vida de Dardo, Nelly y los desaparecidos de Luján. Hay pequeños fenómenos que en su momento parecen insignicantes, pero luego transforman nuestra vida en una

concatenación de acontecimientos impredecibles. Hace 50 años, cuando tenía 13 o 14 años, conocí a Dardo en su casa, en la calle Roque de Luca del Barrio La Loma, hoy Champagnat. Inmediatamente me impresionó su quijotesca gura: melena blanca y larga, abundante bigote, blanco también, una sensibilidad extrema que le humedecía los ojos de ternura cuando hablaba de los niños con mocos, las casas con puertas de arpillera y las miserias humanas. Otras veces su mirada era altiva, llameante, desaante, cuando se le hinchaba una

vena en la garganta recordando los crímenes de los dueños de los hombres y de la tierra. Manos fuertes, callosas y correosas, en sus brazos acos pero rudos, templados por su ocio

matutino de herrero. De su padre heredó las ideas revolucionarias y el ocio. Si bien nació en San Andrés de Giles,

pasó su niñez en San Antonio de Areco, territorio feudal de los Güiraldes, donde periódicamente su padre estaba preso por su actividad política. Su casa tenía una sencillez extrema, y las amplias ventanas la hacían muy luminosa. Su ocio de herrero se hacía evidente

Si tras la dictadura en Argentina una generación decidió mirar hacia otro lado y olvidar, aquí estamos los viejos para tapar esos baches en la memoria, porque pueblo que olvida repite los errores. Este fenómeno de borrado de disco duro

en todos los rincones, y los muros de madera aglomerada desaparecían ante los interminables estantes atiborrados de libros. Para un lector ávido era como entrar al jardín de la abundancia, había todo lo imaginable: los clásicos, Marx, Engels, el mamotreto de las obras completas de Lenin, toda la poesía latinoamericana —Vallejo, Neruda, Tuñón—, Roberto Arlt (con quien Dardo tenía una identicación especial), novelas de Victor Hugo, escritores rusos y todo lo

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la Inquisición, el Santo Ocio y la Conquista de América,

donde impusieron la cruz a sangre y fuego exterminando a pueblos originarios y robándoles la tierra.

contemporáneo; libros que no he vuelto a ver en mi vida, como Fe de erratas de la Biblia  de Walbas, un manual imprescindible para leer los evangelios. Dardo sólo cursó hasta segundo de primaria, pero cuando recomendaba o comentaba un libro, se notaba que los había leído todos y que con ellos se había formado como un intelectual autodidacta. En las tardes, con un Particular sin ltro

en la mano, tipeaba en su vieja Olivetti —que escribía a dos colores por un defecto mecánico, pues la tecla golpeaba en el centro de la cinta bicolor y le daba un tono particular a sus textos—, o leía por horas recargándose de costado en el sillón de su escritorio, en su posición preferida, con una alpargata sobre el asiento de la silla, alejándose del texto, buscando la luz de la ventana; nunca usó lentes. Un ejército de gatos cómplices compartían el espacio, entrando y saliendo a sus anchas por los boquetes abiertos en las puertas para este n.

La puerta principal sin cerradura tenía una moldura secreta que Dardo había diseñado para que los amigos entraran sin llamar a este espacio público que era su casa. Aquí en las tardes llegaba mucha gente: amigos, vecinos, poetas y jóvenes ávidos de compartir las enseñanzas de Dardo. Se hablaba de poesía, noticias y se compartía el sueño por un mundo mejor. Me integré rápidamente a este espacio mágico y creativo, conviví mucho con Dardo y con su entrañable compañera Nelly, trabajé con él en la herrería y aprendí los misterios del hierro, de las formas sutiles que adquiere cuando lo trabajas caliente, tan armoniosas como la poesía, que también en manos de Dardo toma la contundencia del hierro para decir verdades. En las mañanas en la herrería, al rítmico tañer del martillo con la bigornia y entre mate y mate, se

reparar; esto era parte de un servicio social. Dardo decía “si un día ganamos más que los más pobres, vamos a empezar a engordar y la primera grasa va al cerebro”. Hacíamos objetos forjados sobre pedido, siempre cobrando lo mínimo necesario para mantener una casa austera y al batallón de gatos y perros. Con los primeros martillazos del día, Dardo despertaba a los pájaros del castaño y la retama, y los gatos y perros se arrimaban sigilosos por los huecos de las puertas a comer quijadas repartidas equitativamente por Dardo, tras haberlas cocido al rescoldo de la fragua. Sus g atos, de tanto pasearse sobre los estantes, parecían haber adoptado la doctrina socialista y se alineaban disciplinados en torno a la fragua esperando pacientemente su turno para recibir el alimento. Nelly salía temprano a sus clases de literatura en Luján o en el Instituto Superior del Profesorado en Mercedes y regresaba a casa en las tardes cargada de libros y carpet as. Disfrutaba de la compañía de todos estos jóvenes que invadían su espacio e intimidad para sostener charlas interminables con Dardo a lo largo de tantas noches de esperanzas y elaboración de proyectos compartidos, mientras se fumaban sistemáticamente todos los cigarros LM que Nelly compartía generosamente. En otros momentos se alejaba a corregir sus exámenes, segura de que Dardo tenía para rato con las visitas. Aquí se formó el embrión de lo que sería el Ateneo Literario, después el Cineclub 2001 con sus proyecciones en 16 mm de películas con cont enido político y social ( Buby Bua lideraba este proyecto, primero en salones con debate

 y después en los barrios). También aquí se organizó el grupo inicial de jóvenes que formaron la Juventud Guevarista. La dictadura de Juan Carlos Onganía, con sus leyes anti-

losofaba sobre el destino del hombre y la necesidad de

comunistas y sus presos políticos, empezaba a aojar, pero

construir un mundo más justo. También los personajes más insólitos e interesantes pasaban a charlar un rato. Los vecinos traían sus bicicletas, mangos de bombas y hierros rotos para

el macarthismo en la Escuela Normal y otros centros de enseñanza estaba presente con profesores cómplices y una dirección servil a los dictadores. Luján en esos años era un

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pueblo que crecía, llenándose de nuevas barriadas de calles polvorientas, donde un ejército de hombres y mujeres en bicicleta nutría una importante zona industrial. Tenía alrededor un campo fértil y su cuenca lechera aportaba prosperidad, además del turismo religioso con su derrama de sábados y domingos. En esta ciudad en expansión existía un conservadurismo extremo, inuenciado por la presencia en

todos los ámbitos de la Iglesia más poderosa de Argentina, que se extendía como el manto de una bruma medieval de oscurantismo. Los acontecimientos a nales de la década de

1960 y principios de 1970 devinieron vertiginosos: surgen las primeras guerrillas y Chile vive la esperanza con Allende, mientras que en Argentina comienzan los arrestos de los presos políticos, la fuga de Rawson, la masacre de Trelew (horror premonitorio) y las nuevas formas de represión empiezan a mostrar sus dientes. Cae la dictadura, llega el regreso de un Perón reblandecido y senil, la sangrienta lucha por el poder dentro del peronismo, la represión a la alza, una juventud luchadora y políticamente joven que se queda sin líder, desorientada; una vanguardia revolucionaria que se clandestiniza y pierde el cobijo de las masas trabajadoras. Era una época de compromiso y grandes decisiones, parecía que estábamos ante un momento transformador de la sociedad que requería de todos nuestros esfuerzos. Aquí Dardo, que provenía del socialismo, tuvo claro el momento y vio que la batalla no pasaba por los partidos políticos tradicionales, sino por las nuevas formas de lucha de los jóvenes, el ejemplo de Cuba, el Che Guevara y Vietnam parecían marcar el nuevo rumbo de la lucha social. Dardo apoyó e impulsó decididamente a los que compartían este proyecto, predicó con su prosa, cargada de un ferviente discurso revolucionario,  y puso su ejemplo participando en las acciones de propaganda y organización política. El accionar de la Triple A ya era evidente: atentados y secuestros a activistas e intelectuales se multiplicaron en 1974.

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En noviembre de 1975 secuestran en Luján a Ar naldo Buby Bua, quien queda desaparecido durante varios días y lo liberan

después de torturarlo. Esa fue la presentación del Comando Nacionalista Jordán Bruno Genta, milicos del Regimiento 6 de Mercedes que con apoyo local, encapuchados y con zona liberada operaron en Luján. En lo personal, había estado detenido dos veces en 1974, y en 1975 sufrí una nueva detención, la cual se hizo previsible cuando el día anterior Hugo Carranza, fotógrafo que tenía su negocio en el frente de La Posta en la calle San Martín y conocido informante del Ejército, había estado señalando mi casa a unos extraños. Estuve cuatro o cinco días detenido en Mercedes y salí con un habeas corpus que tramitó el abogado Raúl Castro, a quien a raíz de esto y su actividad en la Universidad de Luján, le pusieron una bomba en su casa, a la que afortunadamente sobrevivió y pudo salir exiliado con su familia a España. Seguí el consejo de Raúl y me fui de Luján, pero de todas formas fui detenido denitivamente el 19 de octubre de 1975 en la

ciudad de Concordia en Entre Ríos, en compañía de Luis Masone. Ya no salí, pero este azar macabro evitó que fuera cazado por los comandos que visitaban mi casa regularmente. La situación del país se deterioraba rápidamente y el 18 de diciembre de 1975, tras un levantamiento de prueba del brigadier Jesús Orlando Capellini, las cárceles de Entre Ríos quedaron en zona rebelde; momentos difíciles. En la radio se escuchaban sus proclamas, como esta: “En nombre de la Santísima Virgen, con la espada amígera de Cristo, cortaré

la cabeza de la serpiente comunista”. Aparentemente Jorge Rafael Videla lo somete; era un golpe de prueba, y se estaba preparando algo más grande. En Luján, en las noches desiertas de los barrios, comandos y  grupos de tareas recorrían las casas buscando a los militantes de

la zona, paseándose en sus caravanas de Falcons, anunciados siempre por los ladridos de perros y las miradas temerosas de los vecinos. En la noche del 9 al 10 de marzo de 1976 mi casa 207

es allanada por el autoproclamado Comando Nacionalista  Jordán Bruno Genta. Con pasamontañas y medias de mujer en la cara, buscan a mi hermano José Luis y a mí; no sabían que estaba preso. Golpean, interrogan y maltratan a mi madre  y a mi hermana de 14 años, las dejan atadas sobre la cama, encapuchadas y con amenaza de muerte. La misma noche aquel comando –que decía actuar en nombre de la Virgen  y de Cristo Rey–, secuestra a Graciela Erramuspe, Rubén Maggio, Arturo Laguado y Dardo Sebastián Dorronzoro. Los retuvieron en una casa de seguridad con simulacros de fusilamiento y tras los interrogatorios y amenazas los soltaron, exhortándolos a borrar las pintadas de la ciudad y a Dardo a retractarse públicamente por ser “ideólogo de jóvenes”.

la mayoría de ellos hoy desaparecidos. Buby e Hilda deciden abandonar Luján pues ya no era un lugar seguro. Pasan la última noche en mi casa, que Neli, mi madre, les abrió solidaria, advirtiéndoles que no era el lugar indicado, ya que permanentemente caían las patotas. Un día después viajan a Paso de los Libres, Corrientes, buscando pasar a Brasil con el apoyo de Omar Pascarelli, un compañero de Luján que trabajaba en esa ciudad. Los tres fueron secuestrados en esa frontera y desaparecidos. El viernes 25 de junio de 1976 Dardo fue secuestrado por segunda ocasión y permanece desaparecido hasta la fecha. El mismo día secuestran a Graciela Erramuspe,  La Negra  y a Rubén Maggio, Mayito. El Comando de más de 15 personas allana mi casa y les cubren la cabeza a mi mamá y a mi hermana con capuchas de tela verde militar. Las amenazan, las golpean y les hacen simulacro de fusilamiento queriendo obtener infructuosamente información sobre el paradero de mi hermano José Luis. Dejan la casa destrozada y amenazan que la próxima vez que regresen, si las encuentran, las  van a matar. E se día mi familia abandona deniti vamente

la casa. La cacería estaba desatada y los secuestros se sucedían sistemáticamente. Ya con el golpe consolidado después del 24 de marzo, éste deja el rast ro de sangre y muerte más grande en la sociedad civil que recuerde Argentina.

Carta de Isabel a su hermano Osvaldo, enviada a la cárcel de Gualeguaychú, E.R. El poema terminado se encuentra en la página 39 del presente libro

Entonces aparecen en las paredes de Luján los comunicados del Comando Nacionalista Jordán Bruno Genta, donde amenazan a muerte y “mutilación total” a una lista de lujanenses, 208

 José Luis, mi hermano menor, clandestino de 19 años, logra salvarse tirándose de un tren en marcha en General Rodríguez cuando sus perseguidores estaban por alcanzarlo. Consigue salir al exilio a México. Tiempo después regresa a Argentina  y muere el 23 de enero de 1989 en el ataque al Cuartel de La Tablada, enfrentando a los carapintadas que se estaban levantando periódicamente contra la frágil democracia de Raúl Alfonsín, arrancándole concesiones contra los criminales de guerra y los juicios a militares.

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Comunicado del Comando Nacionalista Jordan Bruno Genta pegado en las paredes de Luján

Dardo, pese a su primer secuestro y a las amenazas, ya había jado su posición en su  Declaración Jurada, publicada por el poeta Roberto Santoro, desaparecido el 1º de junio de 1977. Después del primer secuestro, Dardo decidió quedarse en Luján, rechazando incluso la propuesta del ERP de apoyarlo para salir al exilio, diciendo: “ustedes muchachos protéjanse,  yo estoy muy viejo para correr, alguien tiene que esperarlos”. Fue secuestrado a los tres meses. La perversidad criminal de los captores no terminó con su secuestro, ahora Nelly sería víctima de allanamientos, amenazas y promesas de libertad a Dardo, en un prolongado esfuerzo por derrotarla moral y físicamente, buscando evitar que siguiera con sus denuncias. Pero de su debilidades, Nelly saca fuerzas, se organiza con las Madres de Plaza de Mayo y recorre un viacrucis de dolor sin abandonar su búsqueda hasta sus últimos días. Muere con el compromiso de la publicación de la obra de Dardo. Por esa razón este libro recoge fragmentos de las cartas que me envió durante esos años de búsqueda. Nelly y Dardo forman una dualidad, es imposible hablar de uno sin tener presente al otro. El profundo dolor e impotencia de las cartas de Nelly son testimonio de su lucha y del ensañamiento  y sadismo de los operadores de la dictadura con los familiares, madres y abuelas de los desaparecidos. Su frágil gura superó

un terror que ahogaba e hizo de la denuncia y el reclamo un estandarte con el que se plantó rme ante los criminales. Sin lugar a dudas, Dardo estaría orgulloso de su querida compañera. En 1979 yo salí deportado con opción a España. En un cuarto en la zona militar de Ezeiza me encontré con las dos Nellys, mi madre y Dorronzoro. Estuvieron ahí todo el día con un paquete de scones; Dorronzoro con varias cajetillas de cigarro. Llenaron un cuaderno con escritos que aún conservo, estaban muy ansiosas esperando para despedirse de mí, parecía que por fin salía. Tuve con ellas una entrevista, abrazos, llanto, recomendaciones, un paquetito de ropa y 50 dólares.  Anónimo enviado a Nelly por un vecino de Luján

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que llevaba y comenzamos a conversar. Cuando le comenté que había sido herrero en La Loma y trabajaba con Dardo, el señor se transformó y noté en él una profunda impresión. Con recelo y tal vez un poco temeroso, me contó que él lo vio muerto en 1976. Yo estaba lleno de preguntas, pero él mantenía un relato cauteloso; el tema lo afectaba. Me dijo que en ese entonces tenía una empresa de camiones atmosféricos para drenar fosas sépticas, que en un viaje hacia el Río Luján, en esos parajes entre Cardales y Pilar, se encontró junto al río con policías locales que conocía. Frente a ellos había dos cadáveres decapitados, uno de un joven y otro de un hombre de más edad, éste más aco y con pantalón vaquero. Le

Reverso del anónimo

Cuando ingresé esposado al avión, antes de que subiera el pasaje, vi desde las escaleras a las dos guerreras saludándome a través de los alambrados del aeropuerto. Levanté un puño y, temerosas por estar en zona militar, pero decididas, las dos me contestaron con el puño en alto. Esta imagen me quedó grabada para siempre. Después de unos meses en España, a través de un programa de reunicación de exiliados, me reencontré con mi familia en

México. Luego, en 1993 hice un viaje de México a Argentina con un amigo mexicano. Fuimos a la estancia Santa Susana en Los Cardales, cerca de Pilar, con la intención de mostrarle a mi amigo el campo y las tradiciones gauchescas. El lugar, que

hurgaron los bolsillos y encontraron una nota de venta que decía “Dardo”, donde se describía la compra de unas varillas de hierro y estaba emitida por la Ferretería Freire de Luján. Entonces él exclamó “¡es el comunista de Luján!” En la Ferretería Freire comprábamos siempre los materiales para la herrería y el nombre de Dardo no es común. Estos restos desaparecieron. Lo comenté con Carlos Maco Somigliana, del Equipo Argentino de Antropología Forense, que encontró e identicó a varios desaparecidos de Luján, pero me dijo que

no había elementos para iniciar una búsqueda. Con mucha cautela, consciente del dolor que le causaría, le comenté de mi hallazgo a Nelly. Le afectó mucho y consecuente con la losofía de Madres de Plaza de Mayo me dijo que no quería huesos  y que probablemente era una mentira más de tantas con las que la habían torturado durante años. Yo no estaba de acuerdo, pero acepté su decisión.

casada con Patricio, el dueño de la estancia. Destapé el tequila

Siempre que retornaba a Argentina, buscaba a José Basma, intentando armar el rompecabezas. Me insinuó que posiblemente los restos estuvieran en algún cementerio de la zona, pero no tenía certeza. Desafortunadamente, la última vez que lo busqué había fallecido, era un buen hombre y su relato siempre me pareció sincero, pero quedará como una hipótesis a demostrar.

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se explota con nes turísticos, estaba atiborrado de extranjeros, que ante la interpelación del conductor del show se identica-

ban con sus nacionalidades. En mi turno comenté con ironía que era de Luján. Entonces se acercó a mi mesa un señor que se identicó como José Basma, con familia en Luján y una hija

Cuando el fascista Comando Nacionalista Jordán Bruno Genta secuestró a Dardo, dejó en su casa destrozos e inscripciones. Las casas se marcaban, –así como en la Alemania nazi las SA marcaban los hogarse de sus condenados– en Luján la consigna era “Viva Cristo Rey, Dios, Patria y Hogar”. No soy un erudito, pero hasta donde sé, Cristo era un judío profeta, hijo de madre judía y padre incierto, que nunca pretendió ser rey, sino que predicaba entre los pobres. ¿A qué Dios de sangre y muerte veneraban estos criminales? Tal vez a Moloch de los fenicios. ¿Qué entendían por Patria estos milicos que desenvainaban la espada para matar argentinos, contraviniendo la losofía de San Martín, que debió

ser fundacional del Ejercito? Ha de ser una Patria ganadera  y rentista, con olor a sangre de indios y a bosta, a Sociedad Rural; una Patria al servicio del imperio. Y por Hogar tal vez entienden esa cueva de chacales car roñeros que son los cuarteles. Han traicionado a su Dios, a su Patria y al Hogar, incluyendo a la madre que los parió. Tal vez los conceptos de este texto resulten ríspidos para algunos oídos más castos, pero si algo aprendí con Dardo es que “la libertad siempre empieza por el estómago, uno deja de ser libre cuando no dice lo que piensa y el lenguaje está hecho para decir cosas  y no sólo frases perfumadas”. Hoy, junto al puño de Dardo que emerge reclamando justicia, se deben sumar todos nuestros puños cerrados como un compacto ariete que sacuda las anquilosadas instituciones jurídicas hasta lograr una justicia auténtica y expedita, que caiga como una espada alada sobre estos criminales que envejecen en

la impunidad, amparados por las ambigüedades de la ley, que resultó limitada para juzgar la gravedad de sus atroces crímenes y condenarlos a auténticos actos de justicia, proporcionales al daño causado.

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Monumento en homenaje a Dardo y desaparecidos en Luján, inaugurado el 9 de abril de 2016 en la rotonda de Fray Manuel de Torres y Luis Gogna

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 A r ch i v o fo t o g r á f i c o Dietmar Blochberger y Osvaldo Caldú

Fotografía de Luján enviada por Nelly a Osvaldo

Cartas con hojas de madreselvas y castaño enviadas por Nelly a Osvaldo

José Luis Caldú frente a la herrería en casa de Dardo

José Luis y Nelly

Nelly Dorronzoro

Nelly y los chicos en el estudio de Dardo

Nelly y su amiga Teresa Ramonet con Dardo

Nelly 

Nelly, José Luis, Teresa Ramonet, El Oso Domato, Dardo, Osvaldo y Raúl Blanco

Osvaldo y El Alemán Dietmar Blochberger en casa de Dardo

Dardo, Dietmar y Osvaldo en Carmen de Areco

Dardo, Osvaldo y Dietmar 

ÍNDICE

PRÓLOGO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9

Poemas I. VIERNES 25 DE ESTE LADO, SOLAMENTE HOMBRES Todas las mañanas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21 Canción para mi sangre libre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22 Mientras me matan . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23 Solos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24 Soy un hombre solo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25 Yo quiero una máquina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26 Los buenos tiempos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27 Algo sobre mí mismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28 De este lado, solamente hombres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30 A un vagabundo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31 Los amigos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32 Los amigos en invierno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33 Mi corazón no es . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34 No comprendo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35 Cuando duelen los huesos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36 Los 18 whiskys de tu muerte, Dylan Thomas . . . . . . . . . . . . . . . . 37 Para O.C. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39 El hombre libre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40 Él y yo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41 Vamos a ver . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 42 La séptima raza . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43 Semáforo 17. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 46 YO TE DIRÍA: HAY QUE VIVIR Vivir . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 51 RAZÓN DE AMOR Razón de amor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59 Segundo poema del gran amor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61 Este verano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63 Poema a las seis de la tarde . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65 Búsqueda . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66 Nosotros y la noche . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67 Alguna vez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 68 Yo tengo dos alas de alambre y papel de chocolate . . . . . . . . . . . . . . 69 Cartel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 70

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Poema en mayo para mi amada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74 Los días no perdidos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75 II. LLANTO AMERICANO

Semáforo 19 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81 Hermano Gustavo Adolfo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83 Ruido de duraznos, de aire azul . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 84 La esperanza no es . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 85 Leo su nombre en un diario . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 86 Poema para el gaucho de cera que está en el cepo . . . . . . . . . . . . . 87 Dolor del hombre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89 Hermana piedra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 90 Canción para cuando se vaya el poeta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91 Unas y otras muertes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93 De bártulos y memorias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 94 No le nacían bien las cebollas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95 Qué más quisiéramos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97 Siempre habrá un hombre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 98 Canción para despertar a un esclavo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99 Uno aprende tarde a ver las cigarras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100 III. UNA SANGRE PARA EL DÍA

Declaración jurada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105 Todos esperamos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 106 Pediatra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107 Un techo y un perro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108 No tiene importancia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109 Historia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 110 Si queremos vivir . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111 Cine mudo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 112 Y entonces . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113 Kulumba . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 114 De todos modos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115 Los pobres caballeros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 116 IV. OTROS POEMAS

Poema para tu llegada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 120 Muéstrame el otro lado de tu sangre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 121 Ese cielo tan azul . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 122 De tanto andar ya no tengo nada mío . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123 230

Soledad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 124 Necesidad del tigre agazapado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125 Informe sobre la libertad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 126 Necesidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127 Somos los dueños de la luz . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129 Nunca más seremos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131 El n de nuestras cenizas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 132

Rescate . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133 Cuando no hay un poema para hacer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 134 Esfera de la rosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135 Muerte de la or . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 136

Una sola vez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 137 Semáforo 16 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 139 Ellos, los que van a morir . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 142 Hombre con muerte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 144 Hay un hombre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 146 Chile en sangre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 147 Los conquistadores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 148 Para hacer un poema . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 150 Este mar cada vez es más angosto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152 Dejar la cruz en un rincón del bosque . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153 Yo, el gato . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155 Poema a Severino di Giovanni . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157 Entre gloria y laureles. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158 Razón . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 159 Amor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160 El perro y yo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161 Camino de tigres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 162 La vida no se construye como una casa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 164 Podría el mundo haber sido sólo eso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165 Superproducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166 La ley . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167 Enterrar las cenizas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 168

Fragmentos de una búsqueda  Extractos de cartas de Nelly Dorronzoro a Osvaldo Caldú . . . . . . . . . 171 Desolado ocio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 194

EPÍLOGO. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 199 ARCHIVO FOTOGRÁFICO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219

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El libro Viernes 25. Poemas y fragmentos de una búsqueda se imprimió en Impresos Bautista, Amado Nervo 53, col. Moderna,  Ciudad de México, México. El tiraje constó de 4 000 ejemplares que se distribuyeron en Luján, Argentina, el 25 de junio de 2016; fecha en que se cumplieron 40 años del secuestro de Dardo.

Madreselvas en el patio de Nelly y Dardo

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