Varios - Historia De La Filosofia 15 - Kant Conocimiento Y Racionalidad - Vol I.pdf

June 29, 2019 | Author: Bertnardo | Category: Immanuel Kant, Iluminismo, Crítica da Razão Pura, Metafísica, Epistemologia
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SERIE HISTORIA DE DE LA LA FILOSOFÍA

15.V01.1

KANT: CONOCIMIENTO Y RACIONALIDAD EL USO TEÓRICO TEÓRICO DE LA RAZÓN SERG SERGIO IO RÁB RÁBAD ADE E ROMEO ROMEO Catedrático de Teoría del Conocimiento delaU.C.M.

ANTONIO M. LÓPEZ LÓPEZ MO MOLI LINA NA Profesor titula tit ularr de Teoría del Conoci Conocimi mient ento o de la II. C. M.

ENCAR ENCARNA NACI CIÓN ÓN PESQ PESQUE UER RO FRANCO Profesora de Metafísica de la U. C.M .

PRÓLOGO DE SERGIO SERGIO RÁBADE RÁBADE

© 1987, ED ITO RIA L CINC EL  Tod  T od o s los lo s dere de rech chos os rese re serva rvado doss p o r © 1996, ED ICIO NE S PEDAG ÓGICA S Gal Íleo, 26 - local 12  Teléf./Fax:  Teléf./F ax: 448 06 16 ISBN: 84-411-0052-7 Depósito legal: M. 34.116-1996 Impreso en f . f c a , s . a . Parque Industrial «Las Monjas»,  To  T o rre rr e jón jó n de A rdoz rd oz - 28850 28850 M ad adrid rid Printed in Spain

Indice

Presentación Presentac ión ...................................... ......................................................... ...................

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Abreviaturas y traducciones utilizadas ................

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Cuadr Cu adro o cronológico compar com parado ado .................. ........................... .........

16

1. Introducción: La filosofía kantiana desde la perspectiva histórica y desde la perspectiva sistemática ...................................... ........................................................... ..................... 1.1. Kant, pensado pen sadorr ilu il u s t r a d o ..... ........ ...... ...... ..... ..... ...... ..... ..... ... 1.1.1. La Ilustra Ilus tració ción n com o una edad eda d de la r a z ó n ................................................ 1.1.2. Concep Con cepción ción kantiana ka ntiana de la Ilus tra tra  ción .................................................. 1.1. .1.3. Ra Razó zón n y n atur at ural aleza eza ........................ 1.1.4. La import imp ortan ancia cia de la dimen dim ensión sión mo mo  ral como fin último del pensamien to k a n t ia n o ....... .......... ....... ....... ....... ........ ....... ....... ....... ..... .. 1.1.5. La idea de prog pr ogre reso so:: la Ilustra Ilus tració ción n com o una una cultura del optim op timism ism o ... 1.2. La F ilosof ilos ofía ía como co mo ciencia (sistem a) de la razón razó n pura ............. ................... ............. ............. ............ ............ .......... .... 1.2.1. Sob So b re las las distintas distinta s form fo rmas as de o rig ri g i narse el saber: «congnitio ex datis»  y « c o g n itio it io ex p r in c ipii ip iiss » ............ 1.2.2. Saber matemático y saber filosó fic fi c o .................................................. 1.2.3. Los Lo s d ifer if eren ente tess estad est adios ios de la razón. La superioridad superiorida d del estadio crítico. 1.2.4. La Filo Fi loso sofía fía com co m o ciencia cien cia de la ra zón pura. Uso académico y uso mun dano de este concepto .................

41 41 43 47 49 51 52 54

54 56 57 59

PRIMERA PARTE Uso teórico (científico) de la razón 2. La «Critica de la razón razón pura» pu ra» y el problema de la m e tafí ta físs ica ic a ......... .............. ......... ......... ......... ......... ......... ......... ......... ...... 2.1. Situación Situac ión de la metafís met afísica ica antes antes de de la «C rí rí  tica tic a de la razón razó n p u ra ra»» .......... ................ ........... .......... ........ ... 2.2. Método y sistema. El método trascen dent de ntal al ........................... ...................................... ......................... ................... ..... 2.2.1. La matem mat emátic ática a y la físic fís ica a como co mo mo m o delos de ciencia rigurosa ............. 2.2.2. El giro g iro cop c opern ernica icano no y el futur fu turo o de la metafísica ......................... ................................... .......... 2.2.3. Método trascendental y saber metafí ta físs ico ic o ........................... ....................................... .................. ...... 2.3. Elementos Elem entos «a p rio ri o ri» ri » y elementos em píri pír i cos del conocimiento ................................ 2.3.1. Exist Ex isten en en el espír es píritu itu humano con con  ceptos (puros) «a priori» ............. 2.3.2. Sobr So bree el c rite ri teri rio o para la la distinción distin ción entre conocimientos puros «a prio ri» y conocimientos empíricos ....... 2.3.3. .3. Anális An álisis is estru es tructu ctura rall de un conc co ncep epto to e m p íric ír ico o .......................... ....................................... ................. .... 2.4. El e rro rr o r de la m etafísica etafís ica tradicional: tradiciona l: transmutación de los conocimientos «a p rio ri o ri» en ficciones de de la ra razón zón ............ 2.5. Los juicios sintéticos sintéticos «a p rio ri o ri» ri » y la po sibilid sib ilidad ad de la m etafí et afísic sica a ...... ......... ..... ..... ...... ..... 2.5.1. Sobre la distinción entre juicios analíticos y sintéticos. Los juicios sintéticos «a priori» ....................... 2.5.2. La matemática y la física como ciencias constituidas por juicios sin téticos «a priori» ............................ 2.5.3. Posibilidad de la metafísica como ' ciencia y realidad com o disposición natural.............................................. 2.6. Sentidos del término térm ino «m etaf et afís ísic ica» a» ....... 2.7. La «Críti «C rítica ca de la razón pura» pu ra» como críti crít i ca de las las facultades del conocim con ocim iento ien to ...

67 67 69 69 70 71 74 74 75 77

78 81

81 83 84 85 87

3. La Sensibilidad: Espacio y tiempo como condiciones sensibles del conocimiento ................

89

3.1. Sentido y estructura de la «Estética tras cendental» ..................................................

89

3.1.1. La Sensibilidad como objeto de in vestigación ....................................... 3.1.2. Sentido externo y sentido interno. 3.1.3. El planteamiento de la cuestión: es pacio y tiempo como condiciones sensibles del conocimiento ............ 3.1.4. Exposición metafísica y exposición trascendental ................................... 3.2. Exposición metafísica del espacio y del tiempo ........................................................ 3.2.1. Espacio y tiempo como representa ciones «a prio ri» ............................. 3.2.2. Espacio y tiem po como intuiciones p u r a s ................................................

89 90 91 92 93 93

96

3.3. Exposición trascendental del espacio y del tie m p o ......................................................... 3.4. Reflexion es fi n a le s ....................................

100

3.4.1. Espacio y tiempo como formas de la sensibilidad y como formas de los fenómenos .................................

100

3.4.2. Realidad em pírica e idealidad tras cendental ..........................................

101

4. El entendimiento: Las categorías como condiciones intelectuales del conocimiento ............

103

4.1. Sensibilidad y en tendim ien to ................. 4.2. El entendimien to com o objeto de inves tigación ....................................................... 4.3.

Deducción metafísica de las categorías ... 4.3.1. El uso lógico-formal del entendi miento: el entendimiento como fa cultad de j u z g a r ............................. 4.3.2. El uso puro-trascendental del en tendimiento: el tránsito de la lógica formal a la lógica trascendental y el

98

103 105 106

106

problema del origen de las catego rías .................................................... 4.3.3. Deducción trascendental de las ca tegorías ............................................

110

4.4. La deducción trascendental según la ve r sión de 1781 ...............................................

115

4.4.1. La doctrina de la triple síntesis ... 4.4.2. La deducción objetiva: el ob jeto ...

115 117

4.5. La deducción trascendental según la ver sión de 1787. Primer nivel: Fundamentación s u b je tiv a ............................................

118

4.5.1. El enlace como condición de posibi lidad del acto cognoscitivo ............

118

4.5.2. La unidad sintética originaria de la apercepción...................................... 4.5.3. El prin cipio supremo de la unidad sintética de la apercepción ............ 4.5.4. Tránsito a la validez objetiva de las categorías ......................................... 4.6. Segundo nivel: Fundamentación objetiva. Validez objetiva de las categorías ........

107

120

124 126

127

4.6.1. Sentido de la validez universal em pírica de las categorías .................. 4.6.2. La síntesis de la apreh en sió n ........ 4.6.3. Doble carácter del espacio y del tiempo: formas «a priori» de la in tuición e intuiciones formales ....... 4.6.4. Conclusión: las intuiciones puras del espacio y del tiempo, y, en con secuencia, la síntesis de la aprehen sión, están sometidas a la unidad sintética originaria de la apercep ción ..................................................

134

5. Condiciones sensibleintelectuales del conoci tniento: Fenomenismo, esquematismo y principios puros del entendimiento .........................

137

5.1. Sobre la distinción de todos los objetos en general en Fenómenos («Phaenomena»)  y Noúmenos («N oum en a») .......................

137

129 130 131

5.2. Sentido de este c a p ít u lo ...........................

138

5.3. Fenomenismo respecto de la realidad ex terna: sólo conocemos la naturaleza en cuanto fenóm eno («Pha en om en on ») ........

139

5.3.1. Condiciones necesarias y suficien tes para la noción de «conocimien to» en sentido crítico ......................

139

5.3.2. Primera aparición del esquematis mo: la síntesis fi g u ra d a .................. 5.3.3. La imaginación productiva como sede de la síntesis figurada ........ 5.4. Fenomenismo respecto de la realidad in terna: sólo conocemos el yo en cuanto fenómeno. (La paradoja del sentido in terno) .......................................................... 5.4.1. El planteamiento de la cuestión: la dualidad del sujeto de conocimien to (sentido interno-apercepción tras cendental) ........................................ 5.4.2. Sólo conocemos el yo com o fen ó meno ................................................. 5.4.3. Del «y o pie ns o» sólo podemos tener conciencia, no conocimiento ........

5.5.

Esquematismo del entendim iento puro ... 5.5.1. Esquematismo del entendimiento puro: los esquemas trascendentales de la im agin ació n ............................ 5.5.2. Características de los esquemas trascendentales................................ 5.5.3. Sistema de los esquemas trascen dentales ............................................ 5.5.4. Esquematismo del entendimiento puro y categorías ............................

141 143

144

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149 151

151 152 153 154

5.6.

Principios («Grund sátze») del entendimien 155 to p u r o ........................................................

5.7.

Sistema de todos los principios del enten dim iento p u r o ............................................ 5.7.1. Principios m ate m á ticos .................. 5.7.2. Principios din á m ic os .......................

156

157 159

6. La razón: Las ideas como condiciones inteligibles del conocimiento ....................................

165

6.1. Caracterización general de la razón ....... 6.2. Funciones de la r a z ó n ...............................

165 169

6.2.1. Función ord en a d ora ........................ 6.2.2. Función reguladora ......................... 6.2.3. Función pleniñcadora ...................

169 173 175

6.3. Los intereses de la razón ....................... 6.4. Noción y caracteres de las ideas ............ 6.5. Dimensión positiva de las ideas: las ideas como condiciones necesarias del sistema de exp erien cia............................................ 6.6. Interrelación entre el dinamismo del co nocer objetivo y el dinamismo de «idea ció n» ........................................................... 6.7. Ideas como esquemas y focos de la supre ma unidad sistemática ............................. 6.8. Importancia de la dimensión práctica de las ideas ..................................................... 6.9. El ideal de la razón pura como principio de sistematización total ............................

176 176

7. Dimensión críticonegativa de la razón ........ 7.1.

La dialéctica trascendental com ocrítica de la apariencia dialéctica ....................... 7.1.1. La Dialéctica trascendental en la Lógica trascen denta l....................... 7.1.2. La tarea de la Dialéctica trascen dental ..................................... ..........

7.2.

7.3. 7.4. 7.5.

179

184 185 188 189

495 195 195 198

Uso dialéctico de la razón: ideas eilusión trascendental..............................................

200

7.2.1. Usos de la razón: uso lógico y uso p u r o ................................................. 7.2.2. Ideas e ilusión trascendental ........

200 202

Los Paralogismos de la razón pura ...... Las antinomias de la razón p u r a ........... El ideal de la razón p u r a ......................

205 207 209

Presentación

Sacar a la luz un nuevo libro (vols. 1 y 2) sobreKant tiene un innegable coeficiente de audacia, sobre todo cuando, como en el caso presente, el libro aspira a ser una ventana abierta a los temas fundamentales delKan de la etapa crítica. La audacia la estimuló el pro Maceiras recabando este trabajo para la editorial Cin cel, y caer en la tentación de la audacia sólo fue menos aventurado porque los profesores López Molina y Pes quero Franco aceptaron, a sabiendas, asumir la respon sabilidad casi total del libro. A quien hace esta presen tación sólo se le debe el capítulo 6 y una parte del capí tulo 1, ambos del vol. 1. El doctor López Molina escri bió los capítulos 2, 3, 4 y 5 (vol. 1), y 4, 5 y 6 (vol. 2). A su vez, la profesora Pesquero Franco es la autora de los capítulos 1, 2 y 3 (vol. 2), debiéndose al común tra bajo de los dos el capítulo 7, del vol. 1. Señalar esto no es toda la verdad, si no se tiene en cuenta las numero sas reuniones que, aparte de su trabajo particular, han llevado a cabo para que la diversidad de autores no rompiera la unidad de la obra. Mi exigua intervención en ella me deja las manos li bres para afirmar que confío en que haya de resultar

instructiva para quienes deseen adquirir una visión del Kant crítico, ya que una simple ojeada al índice certi fica de esto. Es un intento de exposición sistemática de esa época kantiana, siguiendo el hilo conductor de la razón en su doble dimensión teórica y práctica y tenien do como meta de cierre y confluencia los problemas de la Crítica del Juicio. El libro pretende ser autónomo en su manejo, por cuanto, con las inevitables limitaciones, cubre toda la fi losofía crítica de Kant y en todo momento camina apo  yado en los textos del autor estudiado. N o deberá re sultar extraño que la Crítica de la Razón pura   y sus te mas medulares absorban buena parte del libro, ya que se trata de la obra fundamental del período y es llave inevitable para acercarse a las otras dos Críticas,  de las cuales es la Crítica de la Razón práctica   la que está en el segundo plano de atención de los autores, ocupando, en consecuencia, un menor espacio los capítulos dedica dos a la Crítica del Juicio. El libro no quiere entrar en las importantes polémicas que vienen desde hace tiempo manteniendo entre sí los hermeneutas de Kant. Tiene una aspiración más humil de, aunque no sé si más sencilla: quiere ayudar a leer  y a estudiar a Kant desde los textos del propio Kant. No se ha rehuido ninguno de los problemas considerados vertebrales de la filosofía crítica, incluso algunos de los que es menos frecuente hablar fuera de los círculos de especialistas (deducción trascendental de las categorías, uso regulativo de las ideas, el principio de finalidad, etcétera), pero en todo momento se ha buscado la ma  yor claridad expositiva, dentro como es obvio, de lo que la dificultad de cada problema concreto y los textos kan tianos al respecto permitían. No sería justo cerrar esta presentación sin algunas menciones de agradecimiento. La complejidad del libro, a pesar de su aparente sencillez, obligó a pedir más de una ayuda. Y hay que comenzar por destacar la del doc tor Carvajal Cordón en la elaboración del cuadro cro nológico comparado, así como del apéndice y del glosa rio. José A. González Soriano y Maribel Doñate se brin daron a leer parte del manuscrito, debiendo agradecér seles observaciones muy pertinentes. En línea parecida

colaboraron Inmaculada López y Yolanda Ruano, quie nes, tras leer el manuscrito, se encargaron de la ingrata tarea de mecanografía y corrección. Resulta estimulante poder contar con tantas personas en tareas a veces de tan poco lucimiento. La dedicación que el Seminario de Metafísica de la Complutense ha venido consagrando al estudio de Kant propició, sin duda, esas desinteresa das colaboraciones. S. RÁBADE

Abreviaturas y traducciones utilizadas

Dissertatio.

De mundi sensibilis atque intelligibilis for-  ma et principiis dissertatio. La «Disserta-  tio » de 1770.  Sobre la forma y los prin

cipios del mundo sensible y del inteligi ble. Introducción de R. Ceñal, S. J., CSIC, Madrid, 1961. K. r. V.  (A y B).

Kritik der reinen Vernunft. Crítica de la  razón pura.  Prólogo, notas e índice y tra

ducción de P. Ribas, Alfaguara, Madrid, 1978. Crítica de la razón pura,   traducción de M. G. Morente. Librería General Vic toriano Suárez, tomos I y II, Madrid, 1960. Prolegomena.

Prolegomena zur einer jeden künftigen Me  taphysik, die ais Wissenschaft wird auftre  ten kónnen. Prolegómenos a toda metafí-  sica futura que pueda presentarse como  ciencia,   traducción de Mario P. M. Caimi,

Ed. Charcas, Buenos Aires, 1984. G. M. S.

Grundlegung zur Metaphysik der Sitten. Fundamentación de la Metafísica de las  costumbres,  3.a ed., trad. de M. García Mo

rente, Espasa-Calpe, Madrid, 1967.

K. p. V.

Kritik der praktischen Vernunft. Crítica  de la razón práctica,   trad. de E. Miñaría

Villagrasa y M. G. Morente, Espasa-Calpe, Madrid, 1975. K. U.

Kritik der Urteilkraft. Crítica del Juicio,

traducción de M. G. Morente, Espasa-Cal pe, Madrid, 1977. E. E.

Erste Einleitung in die Kritik der Urteil-  kraft. La filosofía como un sistema.   Pri

mera introducción a la «Crítica del Jui cio», trad. de Altman Juárez, editor, Bue nos Aires, 1969. F.‘ de la H.‘ 

La Filosofía de la Historia,  trad. de E. Estiu, Ed. Nova, Buenos Aires, 1964. La Fi-  losofía de la Historia,  trad. E. Imaz, FCE,

México, 1981. La Religión 

Die Religión innerhalb der Grenzen der  belossen Vernunft,   Verlag von Félix Meiner, Hamburg, 1961. La Religión dentro  de los límites de la mera razón,   trad. de

Martínez Marzoa, Alianza, Madrid, 1969.

VIDA Y OBRA DE I. KANT 

ACONTECIMIENTOS FILOSOFICOS

1724. —Nace K  a n t

en Konigsberg el 22 de abril. 1725. — H u t c h e s o x , I n v e s t i g a c i ó n   s o b r e el o r i g e n d e n u e s -   t r a s i d e a s d e b el l ez a y v i r -   tud.  —V ico, C i e n c i a N u e v a .  —Nace H o l b a c h . 1727. — F o n t e n e l l i j . E l o g i o d e N e w    ton. 1728. —  W  o i .f f  . Ph i l o so p h i a r a t i o    rtalis sive Lógica.  —  V  o l t a i r e , Ca r t a s s o b r e l o s   ingleses.  — H u t c h e s o n , E n s a y o s o b r e   l a n a t u r a l e za y l a c o n d u c -   ta de las pasiones y las  afecciones.

1730. — In gre sa en una escuela de

humanidades.

 — W

o l ff ,

sive

P h i l o so p h i a Ontologia.

1731. —   W  o l f f  , ralis.

1732. — In gre sa en

el «C oIIegium Fredericianum».

 —  W  o l f f  , Ps y c h o l o g i a

gene 

e m p í-  

rica.

1 7 3 4 —  W o l f f , nalis.

1736. —   W  o

1738. — Muere su madre.

C o s m o l o g ía

prim a 

l f f  ,

 —  W  o l f f , 

Psychologia

ratio 

T h eo l o gi a n a t u r a l i s.

Ph i l o so p h i a

pra c- 

tica.

 —  V  o l t a i r e , E l e m e n t o s d e l a   f i l o s o f ía d e N e w t o n .

CONTEXTO CULTURAL   — Nacc

ACONTECIMIENTOS POLITICOS

K  l o p s t o c k . 

 —Muere Pedro el Grand e de Rusia.  —Muere Jorge I de In gla te  rra, le sucede Jorge II.

— F e i j ó o , T h e a t r o c r ít i c o u n i -  

v e r s a l    (en 8 vols., de 1727

a 1739).

 — R e a m u r   inventa el termó

metro.  —V o lta ir e , H i s t o r i a d e Ca r -   l os X I I .  — Bacii, Cantata 141, «Wachet

Auf».  — Nace H a y d n . 1733—N   ace Priestley.

 —Muere Couperin.  — B a c h , «Oratorio dad».

de

Navi

1735.—  L inneo, S y s t e m a n a t u r a e .  —La C o x d a m i n e mide el me

ridiano.  — E u l e r , M ec h a n i c a s i v e m o   tus scientia. 1737. —Lin neo, G e n e r a p l a n t a r u m .

VIDA Y OBRA DE I. KANT 

ACONTECIMIENTOS FILOSOFICOS 1739. — H u m e , T r a t a d o d e l a n a -   t u r a l ez a h u m a n a .  — B a u m g a r t e n , M e t a p h y s i c a .

1740—S   e m atricula en la Un iver

 — W

olff 

sidad de Konigsberg, don de estudia filosofía, mate máticas y ciencias natura les, trabando amistad con M. K n u t z e n .

 — V

o l t a ir e ,

recupera su cátedra en Halle por orden de Fe derico II. L a M e t a f ís i c a d e  

Newton.  — B a u m g a r

t e n,

Ethica

p h i l o  

sophica. 1 7 4 1 , — H .v

u e  , E

nsayos de m oral y 

p o l ít i c a . 1742. — H u t c h e s o n , Philosophia  m or a l i s i n s t i t u t i o c o m p e n -   d i a r ía . 1743—C   r u s i u s , D e u s u et l i m i t i    bus principii rationis de  t er m i n a n t i s, vulgo suffi   cientis.

 — N ac e C o n d o r 1744. — N a c e H e r

d er

cet

.

.

1745.— C r u s i u s , B o s q u e j o d e l a s   verdades necesarias en  c u a n t o se o p o n e n a l a s   contingentes.  — L a M e t t r i e , H i s t o r i a n a t u -   r a l d el a l m a . 1746. —M uere — Pe n s a m da dera fuerzas

su padre. i e n t o s s o b r e la v er -   es t i m a c i ón d e l a s   vivas.

 — Eje rce de pre cepto r priv a do hasta 1754.

En sayo so b r e   el o r i g e n d e l o s c o n o c i -   m i e n t o s h u m a n o s.  — D i d e r o t , Pe n s a m i e n t o s f i -   losóficos.  — C o n d il

l ac,

1747.— C r u s i u s , C a m i n o p a r a a l -   c a n z a r l a c er t e z a y l a s e -   g u r i d a d d el c o n o c i m i en t o   humano. 1748.— H u m e , I n v e s t i g a c i ó n s o b r e   el e n t e n d i m i e n t o h u m a n o . e sp ír i t u    — M o n t e s q u i e u , E l de las leyes.

CONTEXTO CULTURAL 

ACONTECIMIENTOS POLITICOS

 — Federico el Grande, rey de Prusia.  — Pro clamación de M aría Te resa en Austria.  —Com ienzan las Guerras de Silesia. , «El Mesías».  — M u e re V i v a l d i .  — H

andel

 —Sube Isabel al trono de Rusia.

 — D ’A l e mb e r t , E n s a y o d e D i -   n ám i c a .

 — N a c e L a v o i s i e r .

 — B a c h , « E l c la v e b ie n te m perado».

 — D e s c u b r i m i e n t o d e l a b o tella de L e y d e n .

 — N a c e G o y a .

 — M a u p e r t u is , Presidente de la Academia de Ciencias de Berlín.

 — F r

 — Fin de las Guerras de Si lesia.

 —M uere Felip e V de España.  —A lianza austro-rusa.

a n k l in  

descubre el principio del pararrayos.

 —Trata do de Aquisgrán.

V I D A Y O B RA D E I . K A N T  

A C O N T E C IM I E N T O S FILOSOFICOS  — L a

El

M e t t r ie ,

h o m br e  

m áq u i n a .  — E u l e r , R e f l e x i o n e s s o b r e   el es p a c i o y e l t i em p o . 1749.— M a u p e r t u is , E n s a y o d e f i -   l o s o f ía m o r a l .  —C o n d i l l a c , T r a t a d o d e l o s   sistemas. 1750. — W o l f f  , P h i l o so p h i a m o r a    l i s s i v e E t h i c a    (1750/53).  — R o u s s e a u , D i s c u r s o s o b r e   l a s c i en c i a s y l a s a r t es .  — B a u mg a r t e n , A e s t h e t i c a    (to

mo I).  — M a u p e r

Ensayo

t u is ,

de 

C o s m o l o g ía . 1751. —V o l t a ir Luis X IV.

 —M ueren

L a K nutzen.

e

,

El

M e t t r ie

1752. — M e i e r , D o c t r i n a zón.

de

siglo

y M. la ra- 

1753. — L e s s i n g , E l C r i s t i a n i s m o d e   l a r a z ón .

 —Muere B e r k e l e y . 1754. — D i d e r o t , P e n s a m i e n t o s s o -   b r e l a i n t e r p r e t a c i ón d e l a   naturaleza.  — C o n d il l a c , T r a t a d o d e l a s   sensaciones. 1755. — H i s t o r i a g en e r a l d e l a n a -   t u r a l e z a y t e o r ía d e l c i e l o .  — M e d i t a t i o n u m q u a r t m d a m   d e i g n e s u c c i n t a d e l i n ea t i o .

(Tesis con que obtiene el grado de doctor el 12 de . junio.) prim orum   — P r i n c i p i o r u m c og n i t i o n i s m et a p h y si c a e   n o v a d i l u c i d a t i o .   (Escrito

de habilitación con que obtiene la «venia legendi» el 2.7 de septiembre.)

 —Muere W o l f f  .  — M e n d e l s s o h n , D i ál o g o s f i -   losóficos.  — L e s s i n g ,  ¿ P o p e , u n m e t a f í  sico?   — H u t c h e s o n , S i s t e m a d e f i -   l o s of ía m o r a l .  — C o n d il l a c , T r a t a d o d e l o s   animales.

CONTEXTO CULTURAL 

 — M u e r e  J. S.

B ach.

 —A parece el prim ero de los 28 vols. de la E n c i c l o p e d i a .

 — H a y d n ,

«El d i a b l o c o j u e l o » .

 — L i n n e o , S p ec i es p l a n t a r u m .

 — M a u p e r t u is , E n s a y o

so b r e   l a f o r m a c i ón d e l o s c u e r -   p o s or g a n i z a d o s.

 — W i n c k e l m a n n , I d e a s

sobre  l a i m i t a c i ón d e l a s o b r a s   g r i e g a s en l a p i n t u r a y en   la escultura.  — K l o p s t o c k , S o b r e l a p o e -   sía sa cr a .

ACONTECIMIENTOS POLITICOS

VIDA Y OBRA DE I. KANT  1756. — M e t a p h y s i c a e c u m g e o m e -   t r ía i u n c t a e u s u s i n p h i l o -   s op h i a n a t u r a l i , c u i u s sp e    c i m en I . co n t i n e t m o n a d o    l o g i a m p h y s i c a m .   (Diserta

ción para obtener el nom bramiento de profesor extraordinario en la Univ. de Konigsberg.)

ACONTECIMIENTOS FILOSOFICOS  —V o l t a ir h , E n s a y o s o b r e l a s   c o s t u m b r e s y el e s p ír i t u d e   l a s n a c i o n e s. — H u t c h e s o n , L o g i c a e c o m    pendium.  — R e i m a r u s , D o c t r i n a d e l a   razón.

— N u e v a s o b se r v a c i o n e s p a r a   l a a c l a r a c i ó n d e l a t e or ía   d e l o s v i en t o s.

 — En ab ril, solicita la cáte dra de Lógica y Metafísi ca, vacante tras la muerte de K n u t z e n , pero el go bierno prusiano no la cu bre por problemas econó micos. 1758.—N u e v o c o n c e p t o d o c t r i n a l   d el m o vi m i en t o y d el r e -   poso.

no consigue que se le adjudique la cátedra de Lógica y Metafísica va cante tras la muerte de

 — K a n t

K ipke .

1759. — E n s a y o d e a l g u n a s c o n s i -   d e r a c i o n e s s o b r e el o p t i -   mismo.

 — B a u m g a r

t e n,

mo II).  — H e l v e t i u s , D e l e sp ír i t u . Discurso sobre  l o s o r íg en e s y f u n d a m e n -   t o d e l a d esi g u a l d a d e n t r e   los hombres.  — S w e d e n b o r g , D e Cáel o el  ei u s m i r a b i l i b u s e t d e I n -   f e r n o , ex A u d i t i s & Vi s i s .

 — R

o u s s e a u,

 — D 'A l e mb e r t , E l e m e n t o s d e   f i l o s o f ía .  — V

o l t a ir e ,

 —Muere

M

C án d i d o .

a u p e r t u is

1761. — R o u s s e a u , L a

1762. — L a f a l s a su t i l ez a d e l a s   c u a t r o f i g u r a s s i l o g ís t i c a s .  — H e r

d er

asiste a las clases

de K a n t .

A e s t h e t íc a   ( t o -

.

n u e va E l o ís a .

•— R o u s s e a u , E l c o n t r a t o s o -   cial.  — R

ousseau,

Emilio.

CONTEXTO CULTURAL   — Nacc W. A.

M o za r t .

ACONTECIMIENTOS POLITICOS  —Convención de Westminster.  —Com ienza la Guerra de los Siete Años.  —Alianza entre Fran cia y Austria.

 — S o u f f l o t ,  Panteón de Pa

rís.

 — Fundación del British Museum.  — Nace S c h i l l e r .  —Muere H a n d e l .

 —C arlos I I I sucede a Fer nando V II en el trono de España.  — Expulsión de los jesu ítas de Portugal. 1760 .-—Jorge

I I I sucede a Jor ge II en Inglaterra.

 — T ie p o l o   comienza la deco

ración del Palacio Real de Madrid.  — Gluck, «O rfe o

 y

Eurídice».

 — Catalina I I la Grande en Rusia.  —Expulsión de los jesu ítas de Francia.

VIDA Y OBRA DE I. KANT 

ACONTECIMIENTOS FILOSOFICOS

1763. — E l ún i c o a r g u m e n t o p o s i -   b l e p a r a d e m o s t r a r l a ex i s -   t en c i a d e D i o s .  — E n s a y o p a r a i n t r o d u c i r el   c o n c ep t o d e m a g n i t u d es   n e g a t i v a s e n l a s a b i d u r ía   d e l u n i v er s o .

S o b r e l a r ea l i d a d   d e l a s c os a s f u e r a d e D i o s .  — V o l t a i r e , T r a t a d o d e l a t o -   lerancia.

1764. — O b s er v a c i o n e s s o b r e el s en -   t i m i e n t o d e l o b el l o y l o   sublime.  — I n v es t i g a c i ó n s o b r e l a c l a -   rid ad de los prin cipios de  l a T e o l o g ía n a t u r a l y d e l a   M o r a l .   (Obra con que ob

 — L a m b e r t , N u e v o Or g a n o .  — V o l t a i r e , D i c c i o n a r i o f i l o -  

tiene el «accésit» en un concurso organizado por la Academia de Berlín.)  — El gobiern o prusian o le ofrece la cátedra de Poe sía de la Univ. de Konigsberg, que K a n t rechaza.

 — L e s s i n g

,

sófico.

 — M e n d e l s s o h n , S o b r e l a ev i -   d e n c i a e n l a s c i en c i a s m e -   t a físi ca s.   (Obra que obtie

ne e l premio e n el concur so de la Academia de Cien cias de Berlín.)

1765. — Es

nom brado subbibliote — R a s p e   publica los N u e v o s   E n s a y o s s o b r e el e n t e n d i -   cario de la biblioteca real m i e n t o h u m a n o   d e L e i b de Kónigsberg. n i z ,  m u e r t o e n 1716.

1766. — S u e ño s d e u n v i s i o n a r i o , ex p l i c a d o s m ed i a n t e l os   s u e ño s d e l a m e t a f ís i c a .

 — L e s s i n g , L a o c o o n t e .

1768. — S o b r e e l p r i m e r f u n d a m e n    • l o d e l a d i s t i n c i ón d e l a s   r e g i o n e s e n e l es p a c i o .

 — E u l e r

1769. — K

  rechaza la cátedra que le ofrece la Universi dad de Erlangen. Espera una plaza en Kónigsberg. a n t

 — N a c e M ain e

de

Biran.

Ca r t a s a u n a p r i n -   c es a a l e m a n a . ,

CONTEXTO CULTURAL   — V

Histori a de Ru -  si a b a j o P e d r o el Gr a n d e. o l t a ir e

,

 — S a l z i l l o , L a Cena; El beso

ACONTECIMIENTOS POLITICOS  —Fin de la Guerra de los Siete Años con la firma del Tratado de París.

de Judas.  — N a c e L a g r a n g e .

H i s t o r i a d el   a r t e en l a A n t i g ü ed a d .

 — W i n c k e l m a n n ,

 —Alianza entre Prusia y Ru sia.

Frontón de la Igle sia de la Magdalena de París.

 — V i g n o n ,

 — W a t t   i n v e n t a l a m á q u i n a de vapor.

 — W i e l a n d , A g a t h o n .  —Nace M a l t h u s . 1767. —Gi.uck, «A lc este ».  — P r i e s t l e y , H i s t o r i a y es t a -   d o a c t u a l d e l a el e ct r i c i -   dad.

 — Expulsión de los jesu ítas de España.

 — H a r g r e a v e s   inventa el torno de hilar.  — M u e r e T e l e m a n n .  — N a c e H u mb o l d t .

 — Prim er viaje de COOK.

 — A r k w r i g h t inventa el tor no hidráulico.

 — Nace Napole ón Bon apa rle.

VIDA y OBRA DE I. KANT 1770.—D e m u n d i s e n s i b i l i s a t q u e   i n t el l i g i b i l i s i o r m a eí p r i n    cipiis d i s s e r t a t i o .   (Obra

compuesta con ocasión de su nombramiento como profesor ordinario de Ló gica y Metafísica en Konigsberg.)

ACONTECIMIENTOS FILOSOFICOS  — H o l b a c h , E l

s i s t em a d e l a  

naturaleza.  — B e a t t i e , E n s a y o naturaleza.

la 

 — N a c e H e g e l .

1771.— D e l a s d i f e r e n c i a s c o r p o r a -   les esenciales entre la es-  t r u c t u r a d e l os a n i m a l es y   d e l os h o m b r e s .

 — L a mb e r t , P r o y e c t o

1772  .— K a n t   renuncia a su cargo

 — H e r d e r , T r a t a d o

de subbibliotecario. Guar da silencio a partir de 1770  y trabaja en lo que será su primera gran obra, cuya aparición se retrasa en va rias ocasiones por las di ficultades teóricas que la obra plantea al autor.

sobre

para la  A r q u i t e c t ón i c a o t eo r ía d e   l o si m p l e y l o p r i m e r o en   el c o n o c i m i e n t o f i l o s óf i c o   y m a t e m át i c o .

s o b r e el   origen del lenguaje.  — H e l v e t i u s , D e l h o m b r e , d e   s u s f a c u l t a d es y d e s u e d u -   cación.

1773  .— H

olbach,

E l s i s t e m a so ci a l .

1774. — H e r d e r , O t r a f i l o s o f ía d e   l a h i s t or i a d e l a h u m a n i -   dad. ver d a d e r o    — H e l v e t i u s , E l s en t i d o d el si s t e m a d e l a   naturaleza. 1775. — B o n n e t , E n s a y o a n a l ít i c o   d e l a s f a c u l t a d es d e l a l m a .  — H e l v e t i u s , E l p r o g r e s o d e   l a r a z ón e n l a b ú s q u ed a   d e l a ver d a d . 1776. — E b e r i i a r d , T e o r ía g e n e r a l   d el p e n s a m i e n t o y d e l a   sensibilidad. m or a l uni-   — H o l b a c h , L a versal.

 — M u e r e H u m e .  — N a c e H e r b a r t .

ACONTECIMIENTOS POLITICOS

CONTEXTO CULTURAL   — N a c e n B e e t DERLIN.

iio v e n

y

Hol -

 —Luis X V suprime los P a r lamentos.

 — Lord North , prim er minis tro inglés.

 —Aparece el últim o tom o de

 — Primer reparto de Polonia.

la E n c i c l o p e d i a .  — K l o p s t o c k , D a v i d .  — W i e l a n d , E l e s p e j o d e o r o .  — S e g u n d o v ia je de C o o k .  — N a c e n N o v a l i s ,  Federico S c h l e g e l y D a v i d R ic a r d o .

 — K l

o ps t o c k

  concluye el M e - 

sía s.  — W

ie l a n d ,

Hi stori a

de

l os  

Abderitas.  — G o e t h e , W e r t h e r . república   — K l o p s t o c k , L a

alemana de las letras.

 — G lu c k , «Ifig e n ia en A u lid e ».  — L a v o is ie r , O p ús c u l o s f ís i -   c o s y q u ím i c o s .  — L a v o i s i e r , N u e v a s

investi-  g a c i o n e s s o b r e l a ex i s t en -   c i a d e u n f l u i d o el ást i c o.

 — S m i t

h

, La

r i q u e za

de

naciones.

 — T e rc e r v ia je d e C o o k .

las 

 — Muere Luis XV, le sucede

Luis XVI, que restablece los Parlamentos.  — T u r

got

cienda.

,  m i n i s t r o

de

ha-

VIDA Y OBRA DE I. KANT 

ACONTECIMIENTOS FILOSOFICOS 1777. — T e t e n s , E n s a y o s f i l o s óf i c o s   s o br e l a n a t u r a l ez a h u m a -   n a y s u d esa r r o l l o .

 — M u e re n L a mb e r t 1778. — Z e d l

anima a K a n t para que éste acepte una cáte dra en Halle, pero éste de clina la invitación. it z

y Meier .

c o n o c e r y d el   s en t i r d e l a l m a h u m a n a .

 — H e r

d er

, Del

 — M u e ren V o l

t a ir e

y R o us

s e a u.

1779  .— L e s s i n g , N a t án el S a b i o .  — H u m e , D i ál o g o s s o b r e l a   r e l i g i ón n a t u r a l   ( p o s t u m a ) .

1780  .— K a n t ingresa en el senado

académico de la Universi dad de Konigsberg. 1 78 1.— C r ít i c a

d e la

r a zón

pu r a .

17 83 .—P r o l e g ó m e n o s a t o d a m e -   t a f ísi c a f u t u r a , q u e p u e d a   p r e s en t a r s e c o m o c i en c i a .

-L e s s i n g , L a

educación gé n er o h u m a n o. ■Co n d il l a c , L ó g i c a .

■Muere

del 

L e s s i n g .

-MENDELSSOHN,

l er u sa l é n o  s o b r e el p o d e r r e l i g i o so y   el j u d a i s m o .

1784.—I d e a s p a r a u n a h i s t o r i a   -H e r d er , I d e a s p a r a u n a f i -   l o s o f ía d e l a h i s t o r i a d e   u n i v er s a l en s en t i d o c o s -   l a h u m a n i d a d    (vol. I). mopolita. -Muere D i d e r o t . — R es p u e s t a a l a p r e g u n t a :    ¿ Q u é es I l u s t r a c i ón ?  1785.— F u n d a m e n t a c i ó n d e l a m e -   t a f ís i c a d e l a s c o s t u m b r e s .

-J a c o b i , Ca r t a s a l s e ño r M o   

1786.— ¿Q u é s i g n i f i c a o r i e n t a r s e   en e l p e n s a m i e n t o ?   —Co m i e n z o p r e su n t o d e l a   h i s t or i a h u m a n a .

-R e

ses M e n d e l s s o h n s o b r e l a   doctrina de Spinoza. -M e n d e l s s o h n , H o r a s m a t i -   n a l es o l e c c i o n es s o b r e l a   ex i s t en c i a d e D i o s . -R e í d , S o b r e l o s p o d e r e s d e l   i n t el ec t o h u m a n o . i n h o l d

f i l o s o f ía .

, Ca r t a s s o b r e la  

ACONTECIMIENTOS POLITICOS

C O N T E X T O CULTURAL 

E x p e r i m en t o s y   o b ser v a c i o n e s s o b r e l o s d i -   f e r e n t e s t i p o s d e a i r e.

 — P r

ie s t l e y ,

 — L a ma r

F l o r a f r a n c es a .

ck,

 —Alian za entre Francia y Es tados Unidos.

«Ifigenia en Táu-

 — G l u c k ,

ride». T e o r ía de m áq u i n a s s i m p l es .

 — C o u l o m b ,

 — C o m p t o n   inventa

la

la s 

teje-

dora.  — M u e r e M e n g s .  — Proclamación

de José II

en Austria.  — S c h i l

1782. — V

l er

o l t a 

, Los

B a n d i d o s.

descubre el conden-

sador.

 — Alianza austro-rusa.  — Fracaso franco-español an

te Gibraltar.

 — Voss traduce L a Od i s ea .  — M u e re E u l e r .  — B e a u m a r

c h a is ,

Las

B od a s  

Siete

Pala

Museo

del

 —  Tra ta do de Versa lles , q u e

reconoce la independencia de Estados Unidos.

d e F íg a r o .

«Las

 — H a y d n , bras».  — V

i l l a n u e v a , 

 —Lig a de los Príncipes ger manos.

Prado.   inventa el te lar mecánico.

 — C a

 — M

r t w r ig h t

o za r t

,

«Las Bodas de Fí

garo». C u a t r o d i s er t a -   c i o n e s s o b r e l a el ec t r i c i d a d   y el m a g n e t i s m o .

 — C o u l

o mb,

 — Mucre Federico el Grande, Le sucede Federico Gui llermo II.

VIDA Y OBRA DE I. KANT   — P r i n c i p i o s la

c i en c i a

m e t a f ís i c o s natu ral.

ACONTECIMIENTOS FILOSOFICOS

de 

 — Es nom brado R ector de la Universidad de Kónigsberg por primera vez. 1787  . —Segunda edición de la C r í-  t i c a d e l a r a z ón p u r a .

 — J a c o b i , D a v i d H u m e : s o b r e   l a f e.

 — H

D i o s . D i ál o g o s s o -   b r e el s i s t e m a d e S p i n o z a .

1 788 .— C r ít i c a d e l a r a z ó n p r ác -   tica. — S o b r e el u s o d e p r i n c i p i o s   t e l e o l ó g i c o s e n l a f i l o s o f ía .

erder,

 — N a c e S c h o p e n h a u e r .

 — Es nom brado R ector por segunda vez.

1789. — R e i n h o l d , E n s a y o d e u n a   n u e va t e o r ía d e l a f a c u l -   t a d h u m a n a d e r e p r e s en -   tación.

CONTEXTO CULTURAL 

ACONTECIMIENTOS POLITICOS

 — P r i e s t l e y , E x p e r i m e n t o s y   observaciones relativas a  v a r i a s r a m a s d e l a f i l o so -   f ía n a t u r a l .

 — G o e t h e , I f i g e n i a

en

T áu   

ride.

 —Votació n de la Constitu ción d e los Estad os Unidos.

 — S c h i l l e r , D o n Ca r l o s.  — M o z a r t , «Don Juan». t od o  — L a v o i s i e r , M é

d e no -  m e n c l a t u r a q u ím i c a .  —Muere Gl u c k .  Nace O h m .  — M

o za r t

,  tres

últimas sin-

fonías.

Puerta de Brandeburgo en Berlín.

 — L a n g h a n s ,  — L a g r

a ng e ,

M e c án i c a

a n a l í-  

tica.

 — N a c e B y r

o n

.

I n t r o d u c c i ón a  los pr in cipi os de la m oral  y de la legislación.

 — B e n t h a m ,

 —Zedlitz , m in is tro prusiano de Enseñanza y Cultos, es sustituido por Wollner, que publica los decretos sobre religión (9 julio) y censura (19 diciembre).  —E n Francia, Asamblea de Notables.  —Se convo can los Estados Generales para el año si guiente.  —Tra ta dos de B erlín y de La Haya entre los Países Ba  jos, Prusia e In glate rr a.  —Carlos IV , re y de España.  —En mayo , se reúnen los Estados Generales.  — En ju nio, el Tercer Esta do se proclama Asam blea Nacional Constituyen te, posteriormente, se le unen los otros dos Esta dos por orden real.  — En ju lio, to m a de la Bas tilla.  — E n agosto . Declara ción de los Derechos del Hombre  y del Ciudadano.  —U nific ació n de Suecia.  —Wash ington , Pre siden te de Estados Unidos.

V I D A Y O B RA D E I . K A N T   1790. — Cr i t i c a d e l J u i c i o .  — S o b r e u n d e s c u b r i m i e n t o   s eg ún e l c u a l t o d a n u ev a   c r ít i c a d e l a r a z ó n p u r a es   h e c h a s u p er f l u a p o r u n a   contra a n t e r i o r    (escrito E b e r h a r d ).

1791. — S o b r e el f r a c a s o d e t o d o s   los ensayos filosóficos en  l a t e o d i c e a .   (Trabajo ela

A C O N T E C IM I E N T O S FILOSOFICOS  — R e i n h o l d ,

Contribuciones  a l a r ec t i f i c a c i ó n d e l os   m a l en t en d i d o s h a b i d o s h a s -   t a a h o r a en t r e l o s f i l ó s o -   fos.  —Maimón, E n s a y o s o b r e l a   f i l o s o f ía t r a s c en d en t a l .

 —R ein hold , S o b r e el f u n d a -   m e n t o d e l s a b e r f i l o sóf i c o .  — F i c h t e   viaja a Konigsberg.

borado por Kant en res puesta a la pregunta que formulara la Academia de Berlín, a saber: «¿Cuáles son los verdaderos progre sos realizados por la Me tafísica en Alemania desde los tiempos de Leibniz y W ole f? ». A l final, no lo presentó al concurso.) 1792. — S o b r e el m a l r a d i c a l e n l a   n a t u r a l e z a h u m a n a .   (Parte primera de L a R e l i g i ó n   d e n t r o d e l o s l ím i t e s d e   l a m e r a r a z ón . )    — D e l a l u c h a d e l p r i n c i p i o   b u e n o c o n el m a l o p o r e l   d o m i n i o s o b r e el h o m b r e .

 — H e r d e r , D e l a i n m o r t a l i d a d   del alma.

 —Schulze, E n e s i d e m o .  — F i c h t e , E n s a y o d e u n a c r í-   tica

de

toda

revelación.

(Aparece sin nombre del autor y se le atribuye a Kant.)

(Parte segunda de la obra antes citada.) Su impre sión fue prohibida por la censura prusiana.

1793.— L a R el i g i ón d e n t r o d e l o s   . l ím i t e s d e l a m e r a r a z ón . —S o b r e el lugar c o m ún :   « E st o p u ede ser cor r ect o  en l a t eo r ía , p e r o n o v a l e   p a r a l a p r ác t i c a  ». (Escrito

polémico contra Garve.)

 — S lllLLER,

Sobre

gracia



dignidad.

 — S lllLLER, Ca l ía s o d e l a B e -   lleza.

 — SlllLLER, S o b r e l o s u b l i m e.  — H e g e l ,  fragmentos sobre la religión popular.

CONTEXTO CULTURAL 

.

ACONTECIMIENTOS POLITICOS

 — G o e t h k , Primer fragmento de F a u s t o .  —Nace L a m a r t i n e .

 —Constitución civ il del cle ro en Francia.  —Fin de la guerra rusosueca.  —Sube al trono Leopold o I I de Austria.

 — M o z a r t , gica».

 —En abril, muere Mirabeau.  —En ju nio, Luis X V I huye de París y es detenido en Varennes.  — En septiem bre, la Consti tución es aprobada por la Asamblea Constituyente y ratificada por el rey.  —En octubre, se reúne la Asamblea Legislativa.  —Austria y Turquía firm an un acuerdo de paz.  —Ru sia derrota a Tu rquía.

 — M

o za r t

«La

flauta

má-

«Requiem».

,

Muere.  — G o y a , La pradera de San Isidro.  — G a l v a n i , D e v i r i b u s e l e c    t r i c i ta t i s i n m o t u m u s cül a    r i c om m en t a r i u s .

 — Nace

Fa r

 — S c h i l l e r

,

Gu er r a A ño s .

a d ay.

Histori a de la  de l os Treinta 

L a Co m e d i a N u e -   va o E l Ca f é .

 — M

o r a t ín

 — N a c e n

,

Sh e l l e y y

Rossinl

 —Adopción legal del sistema métrico.

 —Ocupación de las Tullerías.  — Enca rcelamiento de Luis XVI.  — La Convención.  —Abolició n de la Mon arquía.  —Guer ra entre Francia y Austria.  —T rata do de Ber lín austroprusiano.  —Francisco II, rey de Aus tria.  —Asesina to de Gustavo I I de Suecia.  — Fin de la guerra rusoturca.  —Lu is X V I, gu illotinado.  — La Convención instaura los Comités de Salud Pú blica y Seguridad General.  — For mación de la prim era coalición contra Francia.  —Segunda divisió n de Polo  nia.

VIDA Y OBRA DE I. KANT 

1794  . —Segunda edición de L a R e -   ligión... —E l f i n d e t o d a s l a s c osa s .

 —Se agudiza su con flic to con la censura prusiana: K a n t renuncia a toda manifesta ción sobre el tema de la religión a raíz de los re proches y amenazas que le dirigiera el rey Federico Gu illerm o I I el 1 de octu bre. 1795.— Pa r a

la paz per pet u a .

ACONTECIMIENTOS FILOSOFICOS

 — F i c h t e , U n a s

l e c c i o n es s o    b r e el d e s t i n o d e l s a b i o .  — F i c h t e , S o b r e el c o n c e p t o   d e l a D o c t r i n a d e l a C i en -   cia. '   — F i c h t e , F u n d a m en t o de   t o d a l a D o ct r i n a .  — M a i m ó n , E n s a y o d e u n a   n u e v a L óg i c a o t e o r ía d e l   pensar.

 — Muere

Co nd o r c e t.

 — S c h i l l e r , S o b r e

l a ed u c a -   ci ón esté t i ca d el h om br e.  — F i c h t e , C o m p e n d i o d e l o   p r o p i o d e l a D o ct r i n a d e   l a Ci e n c i a c o n r e sp e c t o a   l a f a c u l t a d t e ór i c a .  — S c h e l l i n g , D e l yo com o  p r i n c i p i o d e l a f i l o s o f ía .  — H e g e l ,  m a n u s c r i t o s d e L a  V i d a d e J e s ús  y de L a p o -   s i t i v i d a d d e l a r el i g i ó n c r i s -   tiana.

1796.— S o b r e u n t o n o el e g a n t e   surgido recientemente en  l a f i l o s o f ía .

 — F i c h t e ,

1797.— M e t a f ís i c a d e l a s c o s t u m      bres. — A n u n c i o d e l a p r óx i m a c e -   l eb r a c i ón d e u n t r a t a d o d e   p a z p e r p e t u a e n l a f i l o so -   f ía .

 — F i c h t e , P r i m e r a

 — Pone fi n a su ac tividad docente.

F u n d a m en t o d el   D e r e c h o n a t u r a l s e g ún l o s   p r i n c i p i o s d e l a D o ct r i n a   de la Ciencia.  — B e c k , C o m p e n d i o d e f i l o    j so f ía cr ít i ca . '   — B e c k , E l ún i c o p u n t o d e   v i s t a p o s i b l e a p a r t i r d el   c u a l d eb e j u z g a r s e l a f i -   l o s o f ía c r ít i c a . '  y s eg u n d a   I n t r o d u c c i on e s a l a D o c t r i -   n a d e l a Ci e n c i a .  — M a i m ó n , Investigaciones  c r ít i c a s s o b r e e l e s p ír i t u   h u m a n o o l a f a cu l t a d s u -   p e r i o r d el c o n o c i m i e n t o y   d e l a v ol u n t a d .

C O N T E XT O C U L T U RA L  

ACONTECIMIENTOS P O L I T IC O S  — Bonaparte reconquista T o lón.  — En abril, eje cució n de Danton, Desmoulins y Hérault.  — En mayo, Lavoissie r, gui llotinado.  —En ju lio, eje cu ció n de Robespierre.  —Comienza la reacc ión thermidoriana.

 — G

o e t h e

, L o s a ño s d e a p r e n -  

d i z a j e d e W i l h el m M ei s t er . — G oya,  — C a n ü v

La maja desnuda. a , Hércules  y Licas.

 — G o e t h e , L o s a ño s d e a p r e n -   d i z a j e d e W i l h el m (libros  — N a c e K

 — H o l

Meister 

Vir-VIII). eats

d e r l in

,

 —Conspiración de Babeu f.  — Campaña italiana de Bona parte.

.

H y p e r i o n   (par

te I).

 — L a g r a x g e ,

 — Form ació n del Directo rio.  —Tratado de Basile a entre Francia y España.  —Tercera partició n d e Po lonia.

T e o r ía d e las  f u n c i o n e s a n a l ít i c a s.  — P r i e s t l e y ,  C o n s i d e r a c i o n e s   s o b r e la d o c t r i n a d e l f l o    g i s t o y l a d e sc o m p o s i c i ó n   d el a gu a .

 — Federico Guille rm o I I I , rey de Prusia.

VIDA Y OBRA DE I. KANT 

ACONTECIMIENTOS FILOSOFICOS Ideas relativas  a u n a f i l o s o f ía d e l a n a t u -   raleza. Sc h e l

1798.—El conflicto tades. — A n t r o p o l o g ía p r a g m át i c o .

de en

las

facul- 

s en t i d o  

 — C om ie n za a t r a b a ja r en la obra a que dedicará sus ú l t i m o s años y q u e h a b í a de constituir el tránsito de los principios metafísicos d e la ciencia natural a la física. 1799.— D e c l a r a c i ón a c e r c a d e l a   D o c t r i n a d e l a Ci en c i a d e   Fichte.

l in g

,

- Co n d i l l a c ,

La l o s c ál c u l o s .

l en g u a

de 

-F i c h t e , E l

si s t em a d e l a   m o r a l s e g ún l o s p r i n c i p i o s   d e l a D o c t r i n a d e l a Ci e n -   cia.

-S c h e l

l in g ,

Sobr e

el

alma 

d el m u n d o .

E n t e n d i m i en t o y   ex p e r i e n c i a , r a z ón y l e n -   g u a j e, u n a m et a c r ít i c a d e   la r a z ón p u r a   (contra

■He r

d er

,

Kant). -F i c h t e , A p e l a c i ón a l p ú b l i -  

c o c o n t r a l a a c u s a c i ón d e   a t eísm o. al  p r o y e ct o d e u n s i s t e m a d e   f i l o s o f ía d e l a n a t u r a l ez a .

-S c h e l

-S c h l

l in g

, I n t r o d u c c i ón

e ie r ma c h e r

,

Sobre

la 

religión. -H e g e l ,  m a n u s c r i t o

E s p ír i t u d e l y su destino.

.— J a s c h e   edita 1800  Lógica.

el

curso

de

— Wasianski se hace cargo del cuidado de Kant.

de

E l  Cr i s t i a n i s m o  

-F i c h t e , E l d e s t i n o d el h o m -  

bre. -F i c h t e , E l

E st a d o cial cerrado.

-H e r

d er

, K a l l i g o n e   

c om er -  

(contra

Kant). -S c

,

Sistema del  i d e a l i s m o t r a s c en d e n t a l . h e l l i n g

-H e g e l , F r a g m en t o

tema.

d e S is-  

ACONTECIMIENTOS POLITICOS

CONTEXTO CULTURAL   — N a c e n H e i n i :, V i g n y y SCHUBERT.

 — M

Ensayo sobre el  p r i n c i p i o d e l a p o b l a c i ón . a l t h u s

,

 —Laplace, E x p o s i c i ó n d e l si s -   t em a d e l m u n d o . C u a d r o el em en t a l   d e l a h i st o r i a n a t u r a l d e   los animales.

 — C u v i e r ,

 — H a y d x ,  «La Creación».  — G o y a , L o s

Caprichos.

 — H o l d e r l i n , H y p e r i o n   ( p a r -

te II).  — B e e t h o v e n , «Sonata Paté tica».

 — G o y a , Maja vestida.  — L a pl a c e , T r a t a d o d e M e c á-   nica

c e l e s t e   (5

vols.

de

1799 a 1825).  — N a c e n B a l z a c y H e i n e .

 — S c h i l l e r

, Wallenstein.

 — B e e t h o v e n ,

«Primera Sin

fonía».  — G o y a ,

Familia

de

Car

los IV.  — V o l t a   inventa la pila eléc-

trica. M em o r i a s so br e   las especies de elefantes  v i v o s  y fósiles.

 — C u v i i -r ,

 —Golp e de Esta do del 18 Brumario.  — Napole ón Bon apa rte, Pri mer Cónsul y Jefe del Es tado.  — Segunda coalició n contra Francia.  —Muere Washington .

VIDA Y OBRA DE I. KANT 

ACONTECIMIENTOS FILOSOFICOS 1801. — F i c h t k , E x p o s i c i ó n c l a r a   c o m o e l s o l p a r a el g r a n   público sobre la esencia  p r o p i a d e l a n o v ís i m a f i -   l os of ía . Exposición de  m i s i s t e m a d e l a f i l o s o f ía .

 — S c h e l l i n g ,

 — H e g e l , D i f e r e n c i a e n t r e l o s  

sistemas filosóficos F i c h t e y S ch e l l i n g .

de 

1802. — S c h e l l i n g , S o b r e l a r e l a -   c i ón d e l a f i l o s o f ía d e l a   n a t u r a l e za c o n l a f i l o s o f ía   en general.  — S c h e l l i n g ,

F i l o s o f ía

d el 

arte.

 — S c h e l l in 'G, B r u n o .  — H e g e l , F e y s a b e r .

 — H e g e l , E l s i s t e m a d e l a et i    cidad.  — H e g e l , L a

C o n s t i t u c i ón

de 

Alemania.  — C h a t e a u b r i a n d ,

del

El

genio 

Cristianismo.

1803.— S c h l e i e r m a c h e r , L ín ea s  f u n d a m en t a l e s d e u n a c r í-   t i ca d e l a s d o c t r i n a s m o -   r a l e s h a s t a e l p r es en t e.

 —Muere 1804. — K a n t muere en la mañana

del 12 de febrero.

H e r d er .

 — S c h e l l i n g , F i l o s o f ía y r el i   1 gión. |

1

C O N T E XT O C U L T U R A L    — H a y d n , «Las Estaciones».  — G a u s s , D i s q u i s i t i o n e s a r i t h   

meticae.  — C u v i e r , L e c c i o n e s d e a n a -  

t o m ía c o m p a r a d a    (5 vols.

d e 1801 a 1805). Sistema de los  a n im a l es sin vé r t ebr a s.

 — L a ma r c k ,

 — M u e r e  — N

ACONTECIMIENTOS P O L I T IC O S  —Paz de Lunéville en tre Francia y Austria.  —Trata do d e Francia con Rusia.  — Trata do de Aranjuez.  —Asesinato de Pablo I de Rusia.

N o v a l is ,

H ei n r i c h vo n O f   

o v a l is ,

terdingen.

 — L a ma r c k ,

Investigaciones  s o b r e l a o r g a n i z a c i ón d e   los cuerpos vivos.

 — N a c e V í c t o r

H ug o .

 —Se establece la Legió n de Honor.  —-Napoleón se institu ye Cón sul a título vitalicio.  — Firma de la tregua de Amiens entre Francia y Gran Bretaña.

 —Gran Bretaña en con Francia.

 — S c h i l l e r , G u i l l e r m o T el l .  — H o l d e r l i í í ,  traducciones de Ed ip o

r ey   y de A n t íg o n a .

 — B e e t i i o v e n ,

«Sinfonía

roica».  — M u e re P r

ie s t l e y .

he

gu erra

 —Napole ón coronado Empe rador.  — España declara la guerra a Inglaterra.  —Francia y Rusia rompen relaciones diplomáticas.

 — W. Pitt, prim er ministro inglés.

Manuel Kant. Retrato realizado por

Dobbler.

Munich.

Introducción: La filosofía kantiana desde la perspectiva histórica y desde la perspectiva sistemática

En este capítulo introductorio vamos a estudiar el pensamiento kantiano desde dos perspectivas comple mentarias: histórica y sistemática. Desde el prim er pun to de vista, analizaremos el marco en el que se originó  y maduró la reflexión crítica, a saber, la Ilustración. En un segundo nivel, asistiremos a la peculiar concep ción que del saber filosófico poseía Kant: la filoso fía como ciencia (sistema) de la razón pura. Como parte fi nal del capítulo, incluimos un cuadro cronológico com parado, en el que se detallan los principales momentos de la vida y obra del filósofo de Kónigsberg.

1.1. Kant, pensador ilustrado A un filósofo se lo puede repensar «abstractamente», si se nos permite la expresión, analizando los temas o

problemas de que él se ocupó; y se lo puede repensar concreta y contcxtuadamente desde el entorno en el que él hizo — tuvo que hacer— su filosofía. Aparte de que esta segunda manera nos hace comprender mejor el modo histórico concreto de génesis y desarrollo de una filosofía, sucede que Kant pertenece a una época cul tural de tanta riqueza intrínseca y tanta semejanza con la nuestra, que el no repensarlo desde ella constituiría un grave pecado de omisión en la comprensión de su filosofía y en el intento de proyectar esa filosofía sobre nosotros mismos. Por eso creemos que a Kant hay que enfocarlo y entenderlo como un filósofo ilustrado. K. R. Popper expresa esto mismo de la siguiente ma nera, refiriéndose a la muerte de Kant: Es difícil explicar esa asombrosa manifestación  del sentimiento popular.   ¿Se debía solamente a la  reputación de Kant de gran filósofo y de hombre bue-  no? Me parece que había más que esto, y sugiero  que, en ese año de 1804, bajo la monarquía absoluta  de Federico Guillermo, las campanas que tañían por  Kant tenían un eco de las revoluciones americana y   francesa, de las ideas de 1116 y 1189. Sugiero que, para  sus compatriotas, Kant se había convertido en una  encarnación de esas ideas. Acudieron para mostrar  su gratitud a un maestro de los Derechos del Hom-  bre, de la igualdad ante la ley, de la ciudadanía mun-  dial, de la paz sobre la tierra y, lo que es quizá más  importante, de la emancipación a través del conoci-  miento.

(K. R. P o p p e r : 1967, pp. 205-206)  Todo esto y mucho más cabe decir de Kant como re presentante y culminación de una de las épocas más den sas y brillantes de la historia moderna de nuestra cul tura. Porque, efectivamente, Kant es un ilustrado. Y no lo es simplemente porque le haya tocado vivir y pensar en la época histórica de la Ilustración, sino, lo que es más importante, porque Kant hizo suyos los principios im pulsores de la Ilustración y, al repensarlos desde su fi losofía, los enriqueció y profundizó.

1.1.1. La Ilustración como una edad de la razón Suelen aceptarse como fechas tópicas y cómodas para iniciar y cerrar las fronteras de la Ilustración las de 1688-1689 como comienzo y la de 1789 como fin. Es de cir, la Ilustración se abre con la revolución inglesa y se cierra con la revolución francesa. Aunque se las carac terice como fechas «tópicas», tienen un profundo signi ficado para comprender e interpretar toda la cultura del xvin, significado consistente en reconocer que fue Inglaterra la fuente primaria de las ideas ilustradas, pero que fue Francia la que se encargó de llevar esas ideas hasta una extrema praxis sociopolítica. Por eso suele atribuirse a Francia un protagonismo en la cultu ra del xvm, siendo así que tal protagonismo debe modi ficarse con coeficientes reductores que, si, por una par te, deben refluir a Inglaterra la paternidad primaria de muchas ideas de la cultura iluminista, por otra, deben remitir a Alemania la maduración especulativa de las teorías ilustradas, aspecto en el que Kant asume el pa pel de mayor relevancia. De acuerdo con las fechas convencionales anteriores,  y refiriéndose de modo más concreto a la filo sofía, cabe establecer diversas periorizaciones. Habitual resulta ya la que establece tres generaciones  de filósofos ilustrados: la primera, en conexión inmediata con Locke, contaría con figuras como Montesquieu y Voltaire; la segunda, que constituye el núcleo más numeroso, está formada por autores como Buffon, Hume, Diderot, d’Alambert, Rousseau, Condillac, Franklin y Helvetius; la tercera, por fin, sería la de Kant, Lessing, Turgot, Beccaria, Wie land, etc. (P. Gay: 1967, p. 17). Sin entrar en discusión de esta clasificación, sólo nos interesa hacer ver cómo la tercera generación gravita manifiestamente a favor de Alemania, de una Alemania que, si bien se incorpora algo tarde a la corriente ilustrada europea, debido aca so principalmente a que el  x v i i i alemán sufre durante largos años la influencia de Leibniz y de los filósofos que convirtieron el sistema lcibniziano en una «escolás tica», sin embargo, es Alemania la que, cuando Francia sucumbe a   las convulsiones sociopolíticas, se encarga

de llevar a cabo la última y magistral lección teórica de la Ilustración. La Ilustración se vivió a sí misma como una edad de la razón. Pero no se trata de la razón en «ancillaje» de la teología, como sucedió en la época áurea del intelectualismo medieval, ni tampoco de una razón tutelada por Dios, al estilo de la razón cartesiana que se apoya en la veracidad divina, o de una razón respaldada por la armonía establecida po r el Dios creante. No: se trata de una razón liberada de autoridades, de tradiciones, de imposiciones que sean extrañas. Se trata de la razón en trance de audacias que hasta entonces nunca se ha bía permitido. Este es el sentido de lo que podríamos llamar el slogan   de los ilustrados: sapere aude, slogan  que, como veremos, recogerá Kant, pero cuya formula ción primera consciente parece que hay que atribuir a Diderot. He aquí el texto: El ecléctico es un filósofo que, poniendo a tos   pies el prejuicio, la tradición, la antigüedad, el con-  sentimiento universal, la autoridad, en una palabra, todo lo que subyuga la multitud de los espíritus, se  atreve a pensar por sí mismo, a remontarse a los   principios generales más claros, a examinarlos, a dis-  cutirlos, a no admitir nada que no se base en el tes-  timonio de su experiencia y razón. (Encyclopedie,  art. Eclecticisme) 

Estamos ante la audacia   de la razón, pero no ante el capricho,  porque se trata de una audacia basada en el análisis y en la discusión, de una audacia que ha de apoyarse en la experiencia, ya que la conjunción de ex periencia y razón es una de las grandes conquistas de la Ilustración, conquista en la que Kant tiene la indis cutible capitanía. Y precisamente porque no se trata de una audacia caprichosa, la razón ha de ser una razón limitada, controlada por esa piedra de toque que es la expteriencia. Por eso la razón ilustrada no es la razón «racionalista». En este límite y control de la razón desempeñan un papel de primera importancia los imperativos metodo lógicos, imperativos que contaron con exigencias de ri

gor difícilmente superables. Por eso podríamos decir que se trata de una razón metódica, de una razón que puede ser osada, siempre y cuando su osadía no sea la de un aventurero, sino la de un caminante que ha pro gramado su viaje y cada una de las etapas que se pro pone llevar a cabo. Es esta razón en audacia y en control, esta razón que descubre libertades y se las limita en la sujeción del método, la clave fundamental para comprender lo que la Ilustración tiene de propio y hasta lo que ofrece de paradójico. Porque paradójica resulta la Ilustración cuando se considera que, si, por una parte, cierra la larga etapa cultural que inició el Renacimiento, por otra, se abre con ella otra larga etapa que no dudaría mos en alargar hasta nosotros mismos. Por eso, la Ilus tración es todavía humanismo, aunque no ya el huma nismo que busca su mejor manifestación en las expe riencias literarias y artísticas, sino un nuevo humanis mo que lucha por la conquista de los derechos del hom bre que va a acabar proclamando la revolución france sa; un humanismo más filosófico y científico, que va a poner los fundamentos de la instauración científica de los saberes «humanos», que se pretenden afincar, acaso equivocadamente, sobre las pautas de los saberes cien tífico-positivos. Si en el Renacimiento se había roto el horizonte geográfico de Occidente, ahora se rompe su horizonte «humano», y comienza a sacarse provecho de los libros de viajes para comparar nuestra cultura con la de otros pueblos. Historia, etnología, filosofía de la cultura y hasta sociología son saberes que se empiezan a cultivar en serio o, al menos, dejan barruntar su po sibilidad. Y todo ello sobre el acopio «experimental» de los narradores de viajes, que, cuando no son reales, son suplidos por las imaginaciones creadoras de los Gulliver o los Robinson. Este nuevo humanismo se acuña en sincronía con un cientismo que extiende su presencia, a veces despótica, a lo largo y a lo ancho de esta cultura. Un cienlismo modelado a lo Newton, donde los datos de experiencia se someten a una metodología de control, contraste y, en la medida de lo posible, formulación matemática. Desde esta perspectiva tiene sentido la mentalidad enci

clopedista de los ilustrados: hay que manipular ya tan tos datos que se hace necesario coleccionarlos en una labor común, tratando de que la colección rebase el ni vel acumulativo en una ordenación según criterios de arquitectónica científica. La Enciclopedia   no es más que un ejemplo de esto, aunque sea el más distinguido y el de más fortuna histórica. En nada de esto, sin embargo, creemos que se deba poner el rasgo fundamental de la Ilustración, tal como este estilo de cultura fue entendido y vivido, con con ciencia epocal, por sus protagonistas: para ellos todos estos aspectos de la cultura tenían función de medio: la meta era una nueva concepción moral, siempre y cuan do el semantema de «moral» abarque aspectos no pu ramente éticos, sino también sociales, políticos y hasta religiosos. En realidad, esta faceta tiene mucho que ver con el ansia de libertad en la cultura ilustrada: libertad para la razón, mejor, libertad para el hombre. Una li bertad que no vale sólo para el nuevo estilo del saber, sino para teorizar sobre nuevas formas políticas e in tentar llevarlas a la práctica; una libertad que incluso tiene qúe,llevar a nuevas actitudes religiosas, si es que no a la renuncia a toda actitud que merezca adjetivarse como religiosa, en un proceso de secularización sólo aca so comparable al que estamos presenciando en nuestros días. Precisamente, la aspiración y, dentro de ciertos límites, las vivencias de una nueva libertad hacían pen sar a los ilustrados que se encontraban ante una nueva etapa de la humanidad, con un nuevo tipo de hombre, para el que había que crear un mundo nuevo de bien estar —tarea de la ciencia y de sus progresivas aplica ciones técnicas— y un nuevo mundo de relaciones entre los hombres, tarea de lo que en el siglo x v m se enten día bajo el ambiguo denominador de  filosofía moral, ba jo el que. cabían saberes tan distintos com o la meta física o la ciencia económica que se estaba creando. Como consecuencia de toda esta serie de estímulos, la Ilustración se vivió a sí misma'como una extraña y hasta sincrética mezcla de clasicismo en transformación, de cientismo triunfante, de pensamiento filosófico li berado y hasta de «impiedad» secularizadora. Y todo ello al servicio de esa idea motora de todo el quehacer

ilustrado: el  pro gre so. Por eso se consideraba más como época de ilustración que como época ilustrada. Veamos cómo lo formula el propio Kant: Luego, si se nos preguntara, ¿vivimos ahora en una  época ilustrada?, responderíamos que no, pero sí en  una época de ilustración. Todavía falta mucho para  que la totalidad de los hombres, en su actual condi-  ción, sean capaces o estén en posición de servirse  bien y con seguridad del propio entendimiento, sin  acudir a extraña conducción. Sin embargo, ahora tie-  nen el campo abierto para trabajar libremente por  el logro de esa meta, y los obstáculos para una ilus-  tración general, o para la salida de una culpable mi-  noría de edad, son cada vez menores.

(I. K a n t : 1964, pp. 64-65)

1.1.2. Concepción kantiana de la Ilustración ¿Cómo entendió el propio Kant esta ilustración, en cuanto etapa previa y necesaria para una verdadera épo ca ilustrada? El opúsculo al que pertenece el pasaje que acabamos de citar se abre con estas afirmaciones: La ilustración consiste en el hecho por el cual el hombre sale de la minoría de edad. El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la in-  capacidad de servirse del propio entendimiento, sin  la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta  minoría de edad, cuando la causa de ella no yace en  un defecto del entendimiento, sino en la falta de de-  cisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro.  ¡Sapere aude! Ten valor  de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la di-  visa de la ilustración. (O. c.,  p. 58)

La ilustración, pues, consiste en rebasar la minoría de  edad de la razón.  De esa minoría sólo se sale cuando el hombre se aventura a servirse automáticamente de su propio entendimiento, dejando a un lado la dirección de toda autoridad o tutela. Si para esto se precisa de

una cierta audacia, ¡sapere audel,  no asumir esta deci sión significa culpabilidad, ya que la mayoría de los hombres «permanecen con gusto» b a j o la conducción ajena «a lo largo de la vida, debido a la pereza y la co bardía» (ibid.).   Ha llegado la hora de dejar de ser «reses domesticadas» para correr el riesgo de intentar mar char por nosotros mismos, el riesgo de movernos con libertad fuera de los caminos impuestos, aunque cómo dos, de una razón domesticada. Kant resume todo en una sola expresión:  pensar p o r sí mismo.   Imposible for mularlo mejor, e imposible encontrar formulación más abreviada de la tarea que a sí mismo se impuso nuestro filósofo, consciente de la época en que le había tocado vivir. En efecto, todo el quehacer de Kant, en profundo acorde con su tiempo, aunque sea el acorde del genio que acaba imponiendo una nueva melodía, se resume en el ejercicio crítico de la razón   y en un esfuerzo gigan tesco por plantear y reglamentar ese ejercicio crítico. El término «crítica» que encabeza sus obras fundamen tales es un indicio que recibe la más amplia confirma ción respecto de la razón científico-especulativa en la Crítica de la razón pura,   y respecto de la razón prácti ca en la obra a ella dedicada. Y reparemos que la «ra zón» de que aquí se trata no es la pura razón discursi va o lógica de algunas tradiciones aristotélicas; ni tam poco la razón-continente de los racionalismos innatistas; sino que es una razón-facultad dinámica de princi pios, una razón legalizante desde sí misma de ios pro cesos de adquisición y de objetivación, una razón que, si bien está constreñida por unos límites, conlleva den tro de ellos un proceso teleológico progresivo. La razón es, fundamentalmente, una fuerza, una energía, cuyo va lor y eficacia sólo puedo conocer en su efectivo funcio namiento. Hay que abrir cauces de libertad a esa fuerza  y energía, pero hay que reglamentar metodológicamente esos cauces. Criticismo, «libertad científica» de pensar, estricta atenencia al método, pueden ser los caracteres que definan la razón kantiana y su trascendentalismo. En ningún filósofo ilustrado se había hecho cargo de sí misma la razón con tanta profundidad y rigor, ni se habían distinguido tampoco con tanta precisión los ám

bitos teórico y práctico de efectivo ejercicio. No olvi demos que, según hemos dejado dicho y volveremos a repetir, en el mundo ilustrado tiene preferencia, al me nos axiológica, el ámbito práctico-moral sobre el cien tífico-teórico.

1.1.3. Raz ón y na turale za Conviene, no obstante, apresurarse a evitar el error en que se podría incurrir si pretendemos entender la razón de que nos hablan los ilustrados, y, por tanto, el propio Kant, como algo opuesto e incluso como simple mente superpuesto a la naturaleza. La razón es natural  y es naturaleza. Y estamos ante otro de los temas me dulares de la cultura y de la filosofía del xvm. Ningún motivo de mayor frecuencia recurrente en el siglo de las luces que el de la naturaleza. Como afirma Hazard, «naturaleza» se convirtió en un término y concepto ta lismán, dotado de las profundas y eficaces virtudes «por ser la naturaleza la fuente de las luces y la garantía de la razón. Ella era sabiduría y bondad; si el hombre se sometía a escuchar la naturaleza, jamás se engañaría» (P. H a z a r d : 1963, p. 117). Nada, pues, tiene de extraño la denominación de «naturalismo» aplicada a este siglo, aunque, por supuesto, se trata de un naturalismo que admite una variada gama de matizaciones en las que haya lugar tanto para un empirism o observacional, como el de Hume, cuanto para una interpretación trascen dental de las leyes de la naturaleza, como va a llevar a cabo Kant. Lo que importa es el acercamiento y fide lidad a la naturaleza, la renuncia a las construcciones abstractas que mediatizan nuestro acercamiento a ella. Lo cual vale para el terreno religioso, aceptando el deís mo naturalista; y para la educación, alejando a Emilio de las contaminaciones de una sociedad «artificial»; y para la filosofía, purificándola de imposiciones que le advenían de imperativos teológicos o religiosos, o de cualquier autoridad que no sea la de la razón natural. La naturaleza era un tesoro inagotable, al que, sin pre tender conocerlo del todo, había que aspirar a conocerlo cada vez más.

En Kanl el tema de lá naturaleza reviste una extrema complejidad, paralela a la complejidad de las nociones técnicas y de las complicadas estructuraciones exigidas por su rigurosa metodología. Ahora bien, dispensándo nos de referimos a la naturaleza fenoménica y a su le galidad, tal como se estudia, por ejemplo, en la K. r. V., no podemos, sin embargo, dejar de referimos al recur so de Kant a la naturaleza a la hora de estudiar al hom bre y a su dinamismo. Y aun aquí dejaremos de lado la riqueza de sus planteamientos en el estudio de las relaciones entre los diversos niveles de consideración de la naturaleza y la libertad, tal como se presentan tanto en K. r. V.  y en K. p. V.,  para recoger algunos textos, en apariencia secundarios, de otras obras «menores». He aquí un ejemplo: Cualquiera que sea el concepto que se tenga sobre  la libertad de la voluntad, desde el punto de vista  metafísico, las manifestaciones de la misma, es decir, las acciones humanas, están determinadas por leyes  universales de la naturaleza, tanto como cualquier  otro acontecimiento natural. (I. K a n t : 1964, p . 39)

Es decir, incluso algo tan característicamente humano  y tan querido de los ilustrados como es la libertad, ha de ser indagado y entendido desde las leyes de la natu raleza, aunque, ciertamente, no desde una naturalezafenómeno, sino desde una naturaleza-noúmeno, es de cir, desde una naturaleza que nunca «conocerem os», pero cuyo funcionamiento sí podemos llevar al ámbito de la razón, sobre todo de la razón práctica. Por eso, nos invitará a descubrir, ante la marcha aparentemente ab surda de la humanidad, la «intención de la naturaleza»,  ya que sólo así contaremos con un «hilo conductor» para comprender la historia. La vida del hombre libre y la marcha de la historia sólo adquieren auténtico senti do «si admitimos la posibilidad de que la naturaleza no procede sin plan e intención final, inclusive en el  juego de la libertad humana» (O. c.,  p. 55). Sin este re curso a la naturaleza como una especie de deus ex ma-  china,  la historia quedaría como un simple agregado 

de acciones humanas, sin poder llegar al estatuto de sistema.

1.1.4. La importancia de la dimensión m oral como fin último del pensamiento kantiano Pero ni la naturaleza ni la razón tienen la dignidad de fin en el pensamiento de Kant, como vimos que tam poco lo tenían para la cultura ilustrada. El fin del pen sar, de la filosofía y de toda la cultura, está en la m o-  ralidad.  Así nos lo propone el propio Kant: El arte y la ciencia nos han cultivado en alto gra-  do. Con respecto a las buenas maneras y al decoro  social, estamos civilizados hasta la saturación. Pero  nos falta mucho para podernos considerar morali-  zados.

(I. K a n t : 1964, p. 51) La gran tarea es la de moralizarnos, pero en el sen tido profundo y exigente que la moralidad tiene en el filósofo de Konigsberg. Según él, en la ciencia (razón especulativa) se había llegado muy lejos: se había lo grado la obra «perfecta» de Newton. Había que llevar a cabo una tarea similar en la moral. Este es el sentido de •la bellísima conclusión de la Crítica de la razón   práctica:  Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuando con más frecuen-  cia y aplicación se ocupa de ellas la reflexión:   el cielo

estrellado sobre mí y la ley moral en mí... (K. p. V., p. 223) En esta valoración de la moral y en esta concepción dignificante del hombre desde tal perspectiva, Kant, por una parte, está de acuerdo con la cultura ilustrada, aunque, por otra parte, se aleja de ella y la supera. Está de acuerdo en el sentido de que por muy importante que sea el saber sobre la naturaleza, mucho más lo es el saber sobre el hombre. Y ello hasta tal punto es así que, para los más representativos de los ilustrados, el

centro de todo saber había de ponerse en el hombre. No nos resistimos a aducir el ejemplo significativo de Hume: Es evidente que todas las ciencias tienen una rela-  ción, mayor o menor, con la naturaleza humatia; y,  por muy lejos que alguna de ellas parezca correr res-   pecto de ésta, sin embargo, a ella retornan por un ca-  mino u otro. Incluso la   Matemática, la Filosofía Na tural y la Religión Natural, son en buena medida de-   pendientes de la ciencia del hombre; puesto que es-  tán sometidas al conocimiento de los hombres, y se   juzga de ellas mediante sus poderes y facultades. Es  imposible decir qué cambios y progresos podríamos  hacer en estas ciencias si estuviéramos totalmente fa-  miliarizados con la extensión y fuerza de la inteligen-  cia humana, y si pudiésemos explicar la naturaleza  de las ideas que empleamos y la de las operaciones  que llevamos a cabo en nuestros razonamientos.

(Treatise. Introducción, p. XIX) El hombre y su conocimiento es el epicentro de la cultura y de todas las ciencias. También en Kant es así, pero de otra manera. En general, la Ilustración positiviza el conocimiento del hombre, queriendo muchos de sus representantes llegar a un conocimiento de la na turaleza y funcionamiento del hombre calcado sobre el modelo de la ciencia natural de Newton, siendo éste, por ejemplo, el caso claro de Hume. Frente a ello, Kant contrapone el «cielo estrellado» (ámbito del saber newtoniano) a la «ley moral» (ámbito del saber más genui no sobre el hombre). Kant no pretende calcar este sa ber sobre el hombre y sobre la moralidad en el modelo del saber newtoniano. Por eso no pertenece este saber a la Crítica de la razón pura,  sino que, para él, se ins taura la Crítica de la razón práctica.

1.1.5. La idea de progreso: la Ilustración como una cultura del optimismo No queremos cerrar estas reflexiones sin referirnos a la presencia en Kant de uno de los tópicos más ca

racterísticos de la Ilustración: el  pro gre so.  La Ilustra ción es una cultura de optimismo y, por supuesto, de un optimismo muy alejado de aquél de cuño teológico que había defendido Leibniz. Se trata de un optimismo que podríamos calificar de «positivo»: un optimismo que arranca de y se funda en la realidad efectiva de la mar cha de la cultura que ellos promueven y a la que ellos asisten; el optimismo de la ciencia triunfante, el opti mismo de la técnica creciente, el optimismo 'de una eco nomía en progresiva consolidación. Es un hecho que casi todas las etapas de la cultura tratan de situarse a sí mismas en uno de los polos de la alternativa deca dencia-progreso. La Ilustración se encontró a sí misma en el polo del progreso, y de un progreso francamente optimista. Kant no fue una excepción. He aquí algunas de sus manifestaciones: Por lo demás, en la naturaleza humana está implí-  cito lo siguiente: no sentir indiferencia frente a las  épocas, inclusive las más lejanas, a que ha de llegar  nuestra especie, con tal de que se las pueda esperar  con seguridad. En nuestro caso es menos probable, po-  demos contribuir, por nuestra propia disposición ra-  cional, a que se acelere el advenimiento de una época   feliz para nuestros descendientes. Por eso, hasta los  débiles indicios de que nos aproximamos a ella nos re-  sultan importantísimos.

(I. K a n t : 1964, pp. 52-53) Bien es verdad que este optimismo del progreso pue de tener diverso signo en diversos autores. En general, se trata de un optimismo secular o secularizado. Tal sez'ía el caso de Hume. En Kant no es fácil decidir si se trata de un optimismo secularizado o providente. Por que si, por una parte, hay que admitir que Kant se incorpora a la corriente secularizada (hay un ejemplo delicioso en la interpretación secularizadora que hace de los primeros capítulos del Génesis   en su opúsculo Comienzo verosímil de la historia humana);   por otra, la profunda religiosidad personal de nuestro autor le hace contar con la providencia, sobre todo en la interpreta ción del curso de la historia, campo principal de aplica ción de la mentalidad de progreso y optimismo.

1.2. La Filosofía como ciencia ( sistema) de la razón pura Como era de esperar, según lo expuesto en el aparta do anterior, para Kant la filosofía va a ser un saber de la razón, mejor dicho aún, un saber de la razón pura, entendiendo ésta, no en un sentido técnico, restringido, como facultad opuesta al entendimiento, sino en un sen tido amplio, es decir, como conjunto de todas las fa cultades cognoscitivas superiores. En esta significación, el término razón abarca, pues, a la Sensibilidad, al En tendimiento y a la Razón. Así pues, la filosofía va a ser una investigación sobre la razón pura, pero también desde la razón, y, en este sentido, el ideal de saber filo sófico va a estar mediatizado por el ideal sistemático, propio de nuestra razón arquitectónica: '

Regidos por nuestra razón, nuestros conocimientos  no pueden constituir una rapsodia, sino que deben   fo rm ar un sistema.

(K.r.V., A-832/B-860)

En efecto, el ideal kantiano de ciencia y filosofía es un ideal arquitectónico, sistemático, y éste sólo puede ser posible si todos nuestros conocimientos están or denados y jerarquizados en  y desde   la razón: el ideal del sabio consiste en convertir los conocimientos rapsódicos en sistemáticos, y el instrumento encargado de ello no puede ser otro que la razón pura. Así pues, en una primera aproximación tenemos que concluir diciendo que la filosofía es la ciencia (siste ma) de la razón pura.

1.2.1. Sobre las distintas form as de originarse el saber: «cognitio ex datis» . y «cognitio ex principiis»  Tiene Kant una teoría especialmente interesante acer ca de los conocimientos que constituyen una ciencia de terminada. Me refiero a su distinción entre cognitio ex  datis y cognitio ex principiis.

a) Cognitio ex datis. Se trata de un conocimiento que, sea cual sea su procedencia originaria, es decir, al margen de su origen primero, ha llegado a un sujeto desde fuera, esto es, desde una experiencia externa (a través de un relato, una enseñanza, etc.). Por ello, pode mos llamarlo conocimiento histórico,  pues se ha forma do a partir de datos ajenos; como gusta de decir Kant, «se ha formado a la luz de una razón ajena». Ello signi fica que tales conocimientos, aunque en sí mismos sean racionales, no surgen de la razón, ni de la facultad crea dora del hombre, sino de su capacidad de imitación. El sujeto que posee tales conocimientos a lo más que puede llegar es a repetir con la máxima fidelidad lo que otros han pensado. En definitiva, es un conocimiento ad quirido a través de la enseñanza. De un hombre que po sea tales conocimientos solamente se puede decir lo si guiente: Ha entendido y retenido bien, es decir, aprendido, y es una reproducción en yeso de un hombre viviente.

(K. r. V., A-836/B-864) En suma: los conocimientos históricos pueden ser objetivamente racionales, puesto que alguna vez pudie ron surgir de la razón, pero no son subjetivamente ra cionales, pues no los produce el sujeto que los posee. De este tipo de conocimientos está llena la mayor par te de nuestra vida. Por supuesto, no es a este tipo al que pertenece el saber filosófico. b) Cognitio ex principiis. Se trata de un saber que surge de las fuentes mismas de la razón humana. Po demos denominarlo conocimiento racional,  tanto desde el punto de vista objetivo como desde el punto de vista subjetivo. Tales conocimientos surgen en una razón concreta, pero se pueden convertir en universales y ne cesarios, pues las estructuras de la razón humana son idénticas. Es justamente a este tipo de conocimientos al que pertenece el saber filosófico,  pero no sólo éste, sino que también pertenece el saber matemático,  por lo que se hace estrictamente necesaria una distinción entre ambos.

1.2.2. Sab er matemático y saber filosófico Como hemos dicho, ambos están incluidos en el ám bito de los conocimientos racionales, mas su forma de originarse es completamente distinta: el saber filosó fico surge po r derivación   de conceptos; el saber matemá tico, por construcción   de los mismos. El primero perte nece al uso discursivo   de la razón, frente al segundo que lo hace al uso intuitivo. Para Kant las matemáticas ofrecen el más brillante ejemplo de una razón que consigue ampliarse por sí misma, es decir, desde las fuentes puras racionales, sin ayuda de la experiencia. Dicha ampliación la consigue a través de la construcción   de conceptos. ¿Qué significa construir un concepto? Para construir un concepto hace falta, pues, una in-  tuición   no empírica que, consiguientemente, es, en  cuanto intuición, un objeto   singular, a pesar de lo  cual, en cuanto construcción de un concepto (repre-  sentación universal), tiene que expresar en su repre-  sentación una validez universal en relación con todas  las posibles intuiciones pertenecientes al mismo con-  cepto.

(K .r.V ., A-713/B-741) Es decir, la intuición no empírica   es parte fundamen tal de la construcción de un concepto, pues ella, como representación universal, abarca en sí misma a los ob  je tos y elementos particulares. Cuando construyo una figura geométrica cualquiera, pensemos en un triángu lo equilátero, no tomamos el modelo de la experiencia (en ella jamás encontraríamos el triángulo equilátero perfecto), sino que ello lo hacemos de acuerdo con la  intuición pura.  Por eso, podemos decir que el saber ma temático es un producto del uso intuitivo de la razón, pues no hay que tener en cuenta, de ningún modo, el concepto, sino que en el ámbito de las matemáticas pa samos de lo universal a lo particular, c incluso a lo sin gular; y de un modo a priori,   sin tener que sujetarnos a los límites restrictivos de la experiencia. Ahora bien, este proceder intuitivo, por construcción de conceptos, al margen de la experiencia, no es, de nin gún modo, aplicable al conocimiento filosófico, el cual

progresa por derivación de conceptos,   mediante un uso  discursivo de la razón   y ateniéndose siempre a los da tos de la experiencia. Sin embargo, la tentación de un progreso racional que no tenga en cuenta la experiencia, ha acechado siempre a la razón, y ha convertido muchas veces la fi losofía en una ciencia falaz, sin referencia empírica, que toma por objetos reales lo que en realidad son me ras ficciones. Ello acontece porque la razón se arroga a sí misma el poder de progresar en sus conocimientos, al margen de la experiencia externa, convirtiéndose así en una razón dogmática,   a la que es necesario comba tir mediante una Crítica   de la razón. Dicho en un len guaje más técnico, y cuyo cabal sentido se comprende rá más adelante: el uso trascendental   de la razón en el ámbito de la filosofía convierte a aquélla en una razón dogmática que necesita de una disciplina, que pueda corregir sus engaños y falacias. De ahí que una parte fundamental de la Doctrina trascendental del método  esté constituida por la disciplina   de la razón pura; ella tiene la tarea de reprimir y eliminar la constante ten dencia de la razón a apartarse de las reglas que su uso  crítico   le impone. En suma: aunque la razón obtiene un gran triunfo en el ámbito de las matemáticas, gracias a que reduce to dos sus conceptos a intuiciones a priori,   sin embargo, no puede aplicar ése modelo al saber filosófico, pues sólo progresa a través de conceptos discursivos confir mados por la intuición empírica. No obstante, puesto que es connatural a la razón aplicar en un ámbito lo que tanto éxito obtuvo en otro, es necesario, por con siguiente, una disciplina   que determine con exactitud y certeza los límites de la razón pura en su uso trascen dental. La tarea de semejante disciplina va a consistir en mantener a la razón pura en el ámbito de la expe riencia posible.

1.2.3. Lo s diferentes estadios de la razón. La superioridad del estadio crítico Creo que es conveniente, llegado este momento, lla mar la atención sobre los tres estadios por los que,

según Kant, puede pasar o estar instalada la razón, a saber, dogmático, escéptico y crítico.   El primero, corres ponde a una razón en estado infantil, ingenua, que his tóricamente podemos hacer coincidir con el Raciona lismo del siglo xvn, pues sus representantes defendían una intuición privilegiada (intuición intelectual),  que no tenía que estar bajo el yugo de la daticidad, sino que podía progresar por sí misma y desde sí misma. Adop tando un punto de vista sistemático, sería lícito decir que ese estadio de la razón coincide también con la aplicación del uso intuitivo (construcción de conceptos) a cuestiones filosóficas. Se trata de un estadio en el que la razón se cree tan importante que no necesita de la experiencia para progresar en el dominio de sus co nocimientos. Sin embargo, como era de esperar, este endiosamien to de la razón trae como última consecuencia, un esta dio fuertemente escéptico,  en el que aquélla debe que dar sometida a la servidumbre de la experiencia. His tóricamente se puede hacer corresponder este estadio con la filosofía de Hume, cuyo proceder es considerado, desde la perspectiva kantiana como una censura   de la razón y que consiste en someter a examen los hechos  de la razón misma.  Para el filósofo crítico es un esta dio decisivo, siempre que posea exclusivamente un va-  lor de tránsito, y no de permanencia.  Se trata de una llamada de atención al uso puro-dogmático de la razón; de un «despertar del sueño dogmático», enunciándolo en una fórmula tan plástica y de tanta fortuna histó rica. En definitiva, el estadio escéptico es Un punto de descanso para la razón humana, donde   puede reflexionar sobre su marcha dogmática y tra-  zar un esquema del lugar en que se halla, con vistas  a poder elegir su futuro camino con mayor seguridad,  pero no un sitio de residencia permanente. ‘ 

(K.r.V., A-761/B-789)

Pues bien, justamente es el estadio escéptico el que .abre el camino a la razón hacia su verdadero estadio, a saber, el crítico,   en el cual debe permanecer. Tal es

tadio se da en el ámbito de una Crítica de la razón, me diante la que sometemos a examen, no los hechos de la razón, sino la razón misma, es decir, no los produc tos de la razón, sino sus potencialidades o capacidades. Critica (Kritik)   significa, pues, examen, investigación, poner como objeto de análisis las capacidades de la ra zón humana, investigar sus posibilidades, acotar los lí mites propios en los que esa razón se mueva con sol tura, y, dentro de los cuales, pueda generar conocimien tos fiables. La Crítica de la razón   constituye el verdade ro punto de partida para todo conocimiento filosófico que quiera convertirse en universalmente válido.

1.2.4. La Filosofía como ciencia de la razón pura. Uso académico y uso mun dano de este concepto a)

La Filosofía como ciencia de la razón pura 

Según todo lo anterior, la filosofía tiene que ser en tendida como una ciencia de la razón pura,   es decir, como un saber que tiene por objeto de estudio la razón  humana,   o mejor dicho, sus propios principios. Para ello, tomamos la razón en su uso puro,   es decir, sin nin guna contaminación de la experiencia, y extraemos de ella los principios racionales que rigen la estructura del conocimiento, que es especificado por Kant como cono cimiento científico, moral y estético. En efecto, esa «ciencia de la razón pura» se expresa en un sistema, mediante el que Kant piensa agotar el conocimiento completo de la realidad, a saber, la reali dad científica, la realidad moral y la realidad estética. Para ello, ese uso puro de la razón   se despliega en tres dimensiones que es preciso analizar: 1.

Razón pura teórica. A su investigación está dedi cada la Crítica de la razón pura   y otras obras teóricas como los Prolegómenos a toda metafísica   fu tura...,   y cuya tarea es determinar la estructura

de todo conocimiento en general, y del científico en particular, así como llevar a cabo el estudio del alcance y posibilidad del saber metafísico.

2.

Razón pura práctica. A su investigación está de dicada la Crítica de la razón práctica   y otras obras morales como la Fundamentación de la Metafísica  de las costumbres,  y cuya tarea es delinear los principios que deben   regir nuestro comportamien

to, así como establecer uná fundamentación prác tica del saber metafísico. 3.

Es el punto de vis ta que adopta Kant en su tercera crítica, Crítica  del Juicio (Kritik der Urteilskraft).   En ésta, el Jui-  cio  o Facultad de juzgar   se convierte en el centro de una investigación que quiere dar cuenta tanto de nuestra experiencia estética,  cuanto del posible conocimiento de los seres organizados,  abocando ambos niveles de análisis a una primacía del uso práctico de la razón. Razón pura teóricopráctica.

Como podrá darse cuenta el lector, es este esquema el que vamos a seguir a lo largo del presente libro. Lla mamos teórico-práctico al punto de vista adoptado en la K. U.,  por entender que es ahí donde Kant expresa de mejor forma la actitud propiamente humana (equili brio entre la dimensión teórica y la dimensión práctica, aunque haya una primacía de esta última), en el mo mento de acercarnos a la realidad. b)

Uso académico y uso mundano del concepto  de Filosofía 

Se ha convertido ya en un «tópico» la distinción kan tiana entre un uso académico y un uso mundano del concepto de filosofía. Según el primero, es tarea de la filosofía «buscar la unidad sistemática del saber y la perfección lógica de nuestros conocimientos», es decir, la tarea de la filosofía es puramente metodológica, y consiste en ir perfeccionando los distintos conocimien tos que constituyen el ámbito del saber filosófico. El seritido de esta tarea estriba en poder convertir alguna vez la filosofía en una ciencia que pueda ser enseñada  y aprendida como cualquier otra ciencia (Kant pensaba en la Matemática de Euclides o en la Física de Newton). Sin embargo, como es el caso que no existe ningún sis

tema de filosofía que pueda ser enseñado como el ver dadero sistema, sino que, más bien, lo que existe son controversias y disputas entre las distintas escuelas y las distintas filosofías, parece que lo más saludable para el entendimiento común humano es, no dedicarse a aprender filosofía, sino sólo a «aprender a filosofar». Ahora bien, existe un uso mundano   del concepto de filosofía, que es el que Kant adopta propiamente en la elaboración de su obra, y en el que también nosotros nos hemos inspirado en el momento de redactar este li bro. Según este uso: La filosofía es la ciencia de la relación de todos los  conocimientos con los fines esenciales de la razón hu-  mana   (teleología rationis humanae), y el filósofo es  un legislador de esa misma razón , no un artífice de  ella.

(K .r.V ., A-839/B-867)

Mejor expresado aún aparece en un famoso texto de la Lógica:  Una filosofía, en esta última significación (según el  concepto universal de razón), es la ciencia de la re-  lación entre todo conocimiento y todo uso de la ra-  zón, por una parte, y el fin final de la razón huma-  na, por la otra, fin al cual los otros están subordina-  dos como al fin supremo y en el que deben unificarse. El campo de la filosofía en esta significación puede  reducirse a las preguntas siguientes:  1. ¿Qué puedo saber?  2. ¿Qué debo hacer?  3. ¿Qué me está permitido esperar?  4. ¿Qué es el hombre? 

(G. S., vol. X, Nachlass, p. 24) Como vemos, la filosofía se ocupa de la relación entre el uso puro de la razón y los fines esenciales de la ra zón humana, que se expresan en esas cuatro preguntas, cuyas respuestas es urgente indagar. A la realización de esta tarea, nuestro libro pretende ser una digna contri bución.

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PRIMERA PARTE U so teórico (científico) de la razón

En esta primera parte de la obra nos vamos a dedi car al estudio de la dimensión teórica de la razón, esto es, a lo que podríamos, denominar una «c rítica de la razón teórica», cuyo contenido coincide con el de la obra titulada Crítica de la razón pura.   El que en el título de esta obra no aparezca la palabra «teórica» nos hace sospechar que en el momento de su primera redacción, Kant tenía en mente escribir sólo esta crítica, sin atisbar que la variedad de problemas que se generaron en su creación, le habrían de sugerir el camino hacia las dos críticas posteriores. El análisis de la dimensión teórica de la razón nos revela, por una parte, la estructura sintética (razón y ex periencia) de todo conocimiento que quiera ser conoci miento válido y riguroso, y en ello coincide con los ob  jetivos de una investigación sobre la estructura del co nocimiento científico. En ese sentido, la K. r. V.  se con vierte en una epistemología de las ciencias físico-mate máticas. Pero la K. r. V.   es mucho más que eso; el leitmotiv   de la obra podría cifrarse en un ajuste de cuentas con la metafísica dogmática como primer paso para instaurar una metafísica como ciencia. Es precisa mente en el transcurso de esc ajuste de cuentas donde se hace necesario poner de manifiesto la estructura uni versal y necesaria de todo conocimiento objetivo, que coincide precisamente con la estructura del conocimien to científico.

I,a metafísica resultante de la Crítica de la razón  l>nra   ya no va a poder ser jamás una metafísica dog mática, pues una vez hecha la crítica   de las distintas facultades del conocimiento, tendrá que abandonar la intuición racionalista, y atenerse obligatoriamente a los datos de la experiencia. La metafísica, sin embargo, no desaparece, sino que ha de adoptar una nueva forma a la que Kant denominará  filosofía trascendental.

La «Crítica de la razón pura » y el problem a de la metafísica

2.1. Situación de la metafísica antes de la «Crítica de la razón pura» Comienza Kant la Crítica de la razón pura   con unas palabras que reflejan bastante bien, desde mi punto de vista, el argumento central de esta obra: La razón humana tiene el destino singular en uno  de sus campos de conocimiento, de hallarse acosada   por cuestiones que no puede rechazar por ser plan-  teadas por la misma naturaleza de la razón, pero a  las que tampoco puede responder por sobrepasar to-  das sus facultades.

(K.r.V., A-VII)  Tal campo de conocimientos es la metafísica,   en el que la razón cae irremisiblemente en un estado de  per-   plejidad,   del cual es difícil salir. El motivo de ello está en que, aunque comienza sus investigaciones con prin cipios extraídos de la experiencia, sin embargo, a par tir de ellos avanza con frecuencia a niveles más altos,

en los que tiene que recurrir a principios que sobrepa san todo uso empírico posible, incurriendo así en os curidades y contradicciones, que son difíciles de supe rar, por haber abandonado el fértil suelo de la experien cia. De esta suerte la metafísica   se ha convertido en el campo de batalla de disputas interminables. La imagen más plástica de éste podemos expresarla mediante las antinomias de la razón pura,   en las que el espíritu hu mano afirma con la misma intensidad tanto la tesis como la antítesis. ¿Por qué se ha llegado a esta situación? La causa, a tenor de la reflexión kantiana, debe cifrarse funda mentalmente en el dominio despótico que dicha ciencia ha soportado una y mil veces de mano de los «dogmá ticos», los cuales abandonaban ese fértil suelo de la ex periencia con una ligereza tal que convirtieron a la an tigua «reina de todas las ciencias» en un saber vacío y huero, más propio del caos y de la noche, que de la luz  y el sistema. Desde el punto de vista kantiano, el siglo x v m repre senta un momento histórico en el que existe una madu rez suficiente como para considerar que los objetos propios de la metafísica están tan íntimamente ligados al ser humano, que sería un verdadero error renunciar a ellos, pero también que esos saberes exigen perento riamente una nueva revisión y un nuevo enfoque. Esta flamante tarea de la razón consistirá en su autoconoci  miento (Selbsterkenntnis),   pero de un autoconocimiento que tiene que estar dirigido y garantizado por un tribunal «que sea capaz de terminar con todas las arro gancias infundadas» (B-XI). Semejante tribunal no pue de ser otro que la misma Crítica de la razón pura: 

'

No entiendo por tal la crítica de libros y sistemas, sino la de la facultad de la razón en general, en re-  lación a los conocimientos a los que puede aspirar  prescindiendo de toda experiencia. Se trata, pues, de  decidir la posibilidad o imposibilidad de una metafí-  sica en general y de señalar tanto las fuentes como la  extensión y límites de la misma, todo ello a partir  de principios.

(K. r. V., A-X II)

Así pues, la Crítica de la razón pura   no es un examen de los libros y sistemas que tienen por objeto el saber melafísico, sino que es una investigación sobre la razón  misma,  es decir, sobre las posibilidades que la razón presenta como  fu ente   misma de todo conocimiento, y es ahí justamente donde es necesario dilucidar la suer te de toda metafísica futura. Desde esta perspectiva, la razón nos ofrece la clave para resolver todos los gran des problemas de la metafísica, pues ésta, «no es más que el inventario de todos los conocimientos que po seemos, sistemáticamente ordenados por la razón pura » (K. r. V.,   A-XX). Puesto que tales conocimientos están derivados de la misma razón, difícilmente pueden esca par a su crítica. La tarea del filósofo crítico se convier te así en un trabajo bastante más modesto que el de aquél que quisiere demostrar la simplicidad del alma o la necesidad de un primer comienzo del mundo, puesto que para dicha tarea sería necesario extender el cono cimiento humano más allá de toda experiencia posible, límite infranqueable desde los supuestos de la refle xión crítica.

2.2. Método y sistema. El método trascendental 2.2.1. La matemática y la física com o modelos de ciencia rigurosa Kant observa cómo la matemática   tomó muy pronto el camino seguro de la ciencia, y ello, debido a que sus creadores griegos advirtieron que esta ciencia no nececitaba extraer sus principios de la experiencia, sino del uso puro de la razón. Por ello, mediante los princi pios matemáticos no se sabe nada sobre las cosas en sí mismas, sino que más bien se obliga a la realidad a someterse a tales principios. Como hemos tenido oca sión de estudiar (cap. 1, § 2.2), los razonamientos ma temáticos están basados única y exclusivamente en la razón pura y su progreso es posible gracias a la cons trucción de conceptos.

Del mismo modo, la ciencia natural entró en el cami no seguro de la ciencia a partir del siglo xvi, gracias a que los creadores del método experimental (Copérnico, Galilco, Torricelli...) comprendieron muy pronto que era necesario someter los fenómenos de la naturaleza a los principios de la razón. Es ésta, pues, la que tiene que imponer sus principios y decidir qué fenómenos naturales pueden considerarse leyes científicas y qué fenómenos ocurren por mero azar. Así, la experiencia deja de ser la fuente misma de los conocimientos físi cos, y se convierte en el ámbito de confirmación de las hipótesis de la propia razón. Tal ha sido el método que ha permitido el avance y desarrollo de la moderna cien cia natural.

2.2.2. E l giro gir o copernicano y el fu futur turo o de la metafísica Pues bien, frente a esta áurea situación de la mate mática y de la física, Kant se encuentra con que la me tafísica, la más antigua y la más digna de todas las ciencias, se ha convertido en un campo de batalla en el que ninguno de sus contendientes jamás obtiene vic torias torias durader duraderas as.. Hasta el siglo siglo x v m el modo de proce der de la metafísica había sido un «mero andar a tien tas» ( K . r. V.,  A-XV). Necesitaba, pues, para que pudie• se tomar tom ar el camino seguro de la ciencia ciencia,, un cambio cam bio de método similar al experimentado por la ciencia natural en el siglo xvi. Es a ese cambio de método al que his tóricamente se le ha llamado revolución copernicana, y podríamo pod ríamoss form ularlo ula rlo así: así: puesto puesto que que hast hasta a ahora to to dos nuestros conocimientos han estado sometidos y di rigidos por los objetos empíricos y,  sin embargo, no he mos avanzado nada en un conocimiento a priori   (metafísico) de ellos, invirtamos la metodología y supongamos  a partir de ahora que sean los objetos los que deban someterse a nuestros conocimientos. Kant se muestra convencido de que esta nueva for ma de plantear el problema del conocimiento va a con ducir a buen puerto la posibilidad del saber metafísico:

Si la intuición pura tuviera que regirse por la na-  turaleza de los objetos, no veo cómo podría conocer  algo   a priori sobre esta naturaleza. Sí, en cambio, es  el objeto (en cuanto objeto de los sentidos) el que se  rige por la naturaleza de nuestra facultad de intuición,  puedo representarme represen tarme fácil fá cilme ment nte e tal posibilidad.

(K.. r. V., B -X (K -XV V II) Es decir, es nuestra facultad de conocer la que debe poner a priori   los principios mediante los cuales es po sible un conocimiento metafísico de los objetos. Que la facultad humana de conocer posea ese tipo de prin cipios es algo que habrá que ir demostrando y justifi cando a lo largo de la investigación. Para ello, Kant va a inventar un nuevo método mediante el que podrá lle var a plenitud todas las implicaciones del giro copernicano. Tal es el método trascendental.

22 3 M étodo étod o trascendental y saber sab er metafísico .

.

.

Ka nt pertenece a esa Kant esa especie de hombres hom bres ilustres, ilustres, muy pocos por otra parte, cuya reflexión es fruto de un mé todo tan novedoso y perfecto a la vez, que no sólo rom pe con una tradición, sino que instaura un nuevo mo delo de reflexión, de incalculable valor para los siste mas posteriores. Tal es el método trascendental *,   nove dad absoluta en el siglo x v i i i ,  y perm pe rman anen enci cia a const co nstan ante, te, con sus matizaciones pertinentes, en la reflexión filosó fica posterior: pos terior: Fichte, Fichte, Husserl, Husserl, Zubiri, Habermas, etc. etc. Su aplicación y ejercicio debe dar lugar al establecimien to de la filosofía trascendental, la cual necesita como condición previa la fundamentación propia de una crí tica de la razón pura: La filosofía trascendental es la idea de una ciencia  cuyo plan tiene que ser enteramente esbozado por la  crítica de la razón pura de modo arquitectónico, es  decir, a partir de principios garantizando plenamente  Los asteriscos hacen referencia a términos cuya explicación hallará el lector en el G l o s a r i o    que aparece al final del volu men 2, p. 165. *

la completud y la certeza de todas las partes que com-   ponen este este edificio. edifici o.

( K . r. V., A-1 -13/ 3/B B-2 -27) 7) Para nosotros, la filosofía trascendental va a ser el sistema de conocimientos contenido en la tríada crítica, en el cual se manifiesta con toda su grandeza la fecun didad del nuevo método. Para un examen del valor y límite del método trascendental, nos conviene empezar advirtiendo en qué consiste el conocimiento trascen dental: Llamo trascendental todo conocimiento que se ocu-   pa no tanto de los objetos obje tos,, cuanto de nuestros con-  con -  ceptos   a priori de objetos en general.

( K . r. V., A-1 -12 2) Este texto aparece brevemente modificado en la se gunda edición. Llamo trascendental todo conocimiento que se ocu-   pa no tanto de los objet ob jetos os,, cuanto de nuestro nuest ro modo  mod o  de conocimiento de objetos en general, en cuanto que  tal modo debe ser posible   a priori.

( K . r. V., B-2 -25 5) En ambos textos se viene a decir prácticamente lo mismo, si bien el texto de la segunda edición intenta expresar con mayor intensidad algo que, de suyo es ob vio: la aprioridad   del conocimiento trascendental y su necesaria referencia objetiva,   sin la cual no tiene senti do tal conocimiento ( N a v a r r o C o r d ó n ,  J.  J. M.: 1971, pá ginas 13-14). Así pues, lo «trascendental» se dice principalmente de un conocimiento a priori,   pero que, además, cumpla la condición de referirse con validez objetiva a objetos de la experiencia. En suma: la esfera de lo «trascendental» cumple su sentido y significación en posibilitar un sa ber a priori,   absolutamente universal y necesario, so bre todos los objetos de la experiencia. Pues bien, denominamos método trascendental al aná lisis regresivo (crítico-reductivo) por medio del cual nos

remontamos a las condiciones de posibilidad de cual quier conocimiento. Se trata de un viaje de ida y vuelta en el que justificamos la validez objetiva del conoci miento empírico, desde una investigación sobre las con-  diciones puras que lo posibilitan.   Tales condiciones pu ras van a ser los elementos a priori   del conocimiento: intuiciones de la sensibilidad y conceptos del entendi miento; pero no sólo ellos, sino que, como habremos de ver (cap. 6), las ideas de la razón tendrán también su papel («condiciones inteligibles») en el coronamiento de la experiencia como sistema. De todo ello, debemos de extraer una primera con clusión: clusión: despué despuéss de la la revolución copernicana copernican a y la apli cación del método trascendental, el saber metafísico va a tener como objeto no la realidad empírica o extraempírica, sino los conceptos a pr iori   de objetos en general, los cuales van a estar referidos a la realidad empírica, pero no extraídos de ella. Sin embargo, será el ejerci cio de la experiencia, el que se encargará de ilustrar o negar tales afirmaciones. Así pues, la nueva metafísica que instaura el método trascendental y su primera aplicación (K. r. V.)  podemos   podemos definirla como un saber que trata de conceptos a priori  en general, o lo que es lo mismo, un saber que trata del conocimiento a priori   de los objetos en general. «En general» (überhaupt)   designa en ambas definiciones una esfera de máxima universalidad en la que deben coinci dir las diferentes características expresadas por un ob  je t o en el á m b ito it o de las ley le y es em p íric ír ica a s d e la exp ex p erie er ien n cia, puesto que éstas, como sus particulares (bestimm  ten),   deben estar sometidas a aquéllas. Por último, es necesario señalar que esta novísima de marcación de la metafísica instaurada por la aplicación del método trascendental, coincide, sin embargo, al me nos en su forma, con la definición de la metafísica, se gún gún Baumgarten: Baumgarten: «la «l a m etafísica es la ciencia ciencia de los los pri meros principios que hay en el conocimiento humano» (Metaphysica est scientia primorum in humana cogni  tione principiorum).   Ello nos puede proporcionar un

detalle de la profunda influencia que la metafísica ra cionalista ejerció en la reflexión kantiana.

2.3. Elementos «a priori» y elementos empíricos del conocimiento 2.3.1. Existen en el espíritu humano conceptos (puros) «a priori» Así pues, una de las tareas fundamentales de la Crí-  tica de la razón pura  es la demostración de la existencia en los seres humanos de unos conocimientos que son anteriores a toda experiencia. A tales conocimientos los denominamos conocimientos a priori  *. Comencemos con este famoso texto de la K. r. V.:  Pero, aunque nuestro conocimiento empiece   con la  experiencia, no por eso procede todo él  de la expe-  riencia.

(K. r. V., Bl)

Es decir, lo a priori   no implica prioridad temporal; muy al contrario: en el orden temporal, ningún cono cimiento es anterior a la experiencia, sino que todo cono cimiento comienza con ella. Ahora bien, aunque todo nuestro conocimiento comience con la experiencia, sin embargo puede existir algún tipo de conocimiento que no sea derivado ni dependiente de ella. En efecto, podría suceder, y de hecho sucede, que nuestro conocimiento humano sea una composición  de lo que recibimos   a través de las impresiones sensibles  y lo que  pro ducim os   a través de nuestra propia facultad superior de conocer. Es tarea del filósofo crítico llegar a distinguir qué es aquello que pertenece a los sentidos  y qué es aquello que pertenece al espíritu. Tal investi gación nos mostrará que existen unos conocimientos que son independientes de la experiencia, a los cuales vamos a llamar conocimientos a priori   y que debemos distinguir de los conocimientos empíricos o a poste  riori   *. Antes de seguir, es preciso llamar la atención so bre los dos sentidos en que puede ser considerada la expresión conocimientos a priori:  a) Conocimientos   a priori en sentido relativo.   Lla mamos a priori   (pero en sentido relativo) a un conoci

miento que no ha sido derivado de las fuentes puras de la razón, sino que ha sido extraído de una regla uni versal necesaria, pero cuyo fundamento está en la ex periencia. Cuando enunciamos un juicio del tipo «esta casa se derrumbará si socavamos sus cimientos», esta mos utilizando unos conocimientos a priori,   absoluta mente universales y necesarios, pero que no están ex traídos de las fuentes puras de la razón, sino más bien de reglas universales de la experiencia. Gracias a ella sabemos que los cuerpos pesados necesitan de un so porte para que no se derrumben. Por tanto, ese tipo de conocimiento es a priori   en la medida en que nos ade lantamos a un acontecimiento empírico; pero no es un conocimiento a priori   puro, en sentido absoluto, puesto que está basado en elementos de nuestra experiencia. Es por ello por lo que tales conocimientos deben ser entendidos como una subclase de los conocimientos em píricos. b) Conocimientos   a priori en sentido absoluto.   Lla mamos conocimientos a priori   en sentido absoluto a aquellos que son absolutamente independientes de toda experiencia y que, por consiguiente, surgen de las fuen tes mismas del espíritu. Tales conocimientos son puros, puesto que no están contaminados, en absoluto, por la experiencia. Es a ese tipo de conocimientos al que per tenecen algunos de los que el entendimiento común hu mano utiliza con bastante regularidad, tales como el concepto de «sustancia?, «causalidad», «comunidad», etc. Como es de suponer, tal descubrimiento es la base de toda la filosofía crítica.

2.3.2. So bre el criterio para la distinción entre conocimientos puros «a prio ri»  y conocimientos empíricos Como es obvio, además de esos conocimientos a prio-  ri,   el ser humano posee unos conocimientos adquiridos a través de la experiencia, a los que llamamos conoci-  mientos a posíeriori.   Pues bien, debemos encontrar ahora un criterio   que nos permita distinguir claramen

te entre los conocimientos puros a priori   y los conoci mientos empíricos, entendiendo por éstos tanto los  p ro-   piamente em píricos   como los que hemos considerado a priori   en sentido relativo. Atendiendo a los principios de la filosofía crítica, para que un conocimiento pueda ser considerado conocimien to puro a priori,   tiene que cumplir las siguientes con diciones: Que sea un conocim iento absolutamente válido en sí mismo, es decir, que no tenga que derivar su va lidez de ningún otro conocimiento. 0 lo que es lo mismo: que sea un conocimiento absolutamente ne cesario, en el que no pueda existir la menor sombra de contingencia. b)  Que sea un conocim iento absolutamente universal, esto es, que no esté basado en una universalidad empírica o en una generalidad que tenga su funda mento en la experiencia, sino que posea una univer salidad al margen de cualquier condición empírica. a) 

Así pues, puesto que todo conocimiento a priori   exige, como condiciones de validez, una necesidad y universa lidad estrictas, de ningún modo puede ese conocimien to tener algún fundamento en la experiencia, pues ésta sólo puede ofrecer como máximo una universalidad comparativa, basada en una regularidad empírica de los fenómenos. Por consiguiente, si tales conocimientos a priori   tienen que estar fuera de la experiencia, sólo pueden tener su asiento en el espíritu humano. Kant está totalmente convencido de su existencia y muestra cómo conocimientos de este tipo son usados con bastante asiduidad tanto en las ciencias físico-ma temáticas cuanto por el entendimiento común humano. Un ejemplo de este último caso puede ser la proposi ción que enuncia el  prin cip io de causalidad:   «todo cam bio ha de tener una causa». En efecto, la estructura de esta proposición está presuponiendo un conocimiento puro, a priori,  pues no estamos simplemente enunciando una ley empírica (de este tipo sería la proposición «todo cambio puede tener una causa») sino que estamos obli-  gando   a la naturaleza a comportarse de una forma de

terminada, no dejando el menor resquicio a otra posi bilidad.

2.3.3. Análisis estructural de un concepto em pírico Para terminar, analicemos un concepto em pírico y ob servemos cómo la estructura de cualquier concepto p ro veniente de la experiencia encierra en sí mismo una do ble dimensión: lo extraído de ella y lo aportado por el sujeto. En efecto, cuando nosotros enunciamos la pro posición «esto es un libro», estamos realizando una sín tesis intelectual, en la que participan los siguientes ele mentos: a)  En prim er lugar aquellas cualidades que podemos

captar a través de los sentidos externos, esto es, tanto las cualidades primarias (dureza, blancura, penetrabilidad, impenetrabilidad...), cuanto las cuali dades secundarias (olor, color, sabor...). Ellas cons tituyen la dimensión material   de la sensación * ( E m     pfindung).   Detrás de ésta lo único que existe es la cosa en sí, cuyo conocimiento es absolutamente im posible para la humana facultad de conocer. b)  En segundo lugar, en el concepto em píric o de «l i bro» podemos reconocer aquellos elementos cognos citivos que pone el objeto, gracias a los cuales el caos amorfo de la sensación se convierte en un ob  je to con sentido y significación. Tales elem entos subjetivos son de dos tipos: • Elementos sensibles:   la masa amorfa de la sensación re cibe una estructuración a través de las formas puras a   prio ri   de la sensibilidad, a saber, el espacio y el tiem po. El resultado de ello es el Erscheinung   (fenómeno) *, que se define como «objeto indeterminado de una intui ción empírica». Erscheinung   significa «aparición», «lo que aparece», «lo manifestado»; en castellano suele traducirse por  fenómeno *. • Elementos intelectuales:  el Erscheinung   no tiene por sí mismo una existencia propia, sino que su determinación como objeto desligado de la sensibilidad, es producida por los conceptos puros del entendimiento, esto es, las

categorías. A éstas corresponde la tarea de unificar lo múltiple empírico en un concepto. Kant afirma que son doce y se corresponden con todos los posibles modos del pensar o juzgar. En el caso del concepto empírico de «li bro», la categoría encargada de dar sentido y significa ción al fenómeno sería la de «sustancia»; tras esa unifi cación reconocemos un objeto empírico determinado y no otro. Ese «objeto empírico determinado» es llamado por Kant Phaenomenon  o Phanomen   y en castellano sue le traducirse como Fenómeno.  Ni que decir tiene que la más mínima confusión entre Erscheinung  y Phaenome-  non   convierte a la K. r. V.  en un texto ininteligible. Como se podrá comprobar, el desarrollo de estas ideas constituye el núcleo argumentativo de los capítulos 3, 4 y 5.

2.4. El error de la metafísica tradicional: transmutación de los conocimientos «a priori» en ficciones de la razón Además de las intuiciones puras de la sensibilidad y los conceptos puros del entendimiento existen también una serie de conocimientos a priori   a los que denomina mos ideas puras de la razón, cuyo estudio en profundi dad abordaremos en los capítulos 6 y 7, pero a los que, en este momento, es necesario hacer una mención es pecial. En efecto, también la razón   como facultad posee unos especiales conocimientos a priori, las ideas *, tan con naturales a la estructura racional humana que jamás podremos prescindir de ellas: son la idea de yo  o inmor-  talidad del alma,  la idea de mundo o libertad   y la idea de Dios. Tales constituyen por sí mismas los objetos fun damentales del saber metafísico; así lo entendió la tra dición, que las convirtió en el objeto central de su es peculación. Pero, al no atender esa venerable tradición a la diferencia entre lo que pertenece a la esfera del pensamiento y lo que pertenece a la esfera de la reali dad empírica, creyó dogmáticamente que podía hacer

progresar el saber metafísico sin apoyatura de la expe riencia, y así convirtió el saber más excelso en un sa ber vano, vacío de contenido, en puro juego de palabras. En suma: bajo el dominio del pensar racionalista-dog mático, el saber metafísico se ha transmutado en logo-  maquia.

Sin duda alguna, el motivo que provocó esta situa ción fue el alejamiento progresivo de la experiencia por parte del conocimiento metafísico. Ello fue debido, por una parte, al espejismo provocado por el continuo avan ce de la matemática y, por otra, a la astucia misma de la razón que es capaz de introducir ficciones allí donde la experiencia no puede llegar. En efecto, al tratarse la matemática de un saber que se ocupa de objetos representables en la intuición, ya sea empírica o pura, gozó de un estatuto epistemológi co tan especial que pudo progresar casi de forma inin terrumpida en el ámbito de lo a priori.   Ello fue posible porque en este campo del saber, los objetos empíricos están sometidos a y regidos por la esfera de lo a priori. Muy al contrario, pues, del saber metafísico, en el que el conocimiento a priori   debe estar sometido a y cons treñido por el dominio de lo empírico. Sin embargo, ese espejismo del continuo progreso matemático condujo a los más ilustres filósofos a cons truir sistemas en los que se daba la paradójica situa ción de que, estando el conjunto de sus razonamientos tan solemne y aparatosamente alejados de la experien cia como encubiertos sus enlaces por las ficciones de la razón, más bien parecía un contrasentido el plantear se las cuestiones metafísicas desde los límites mismos de la experiencia, pues: ...una vez traspasado el círculo de la experiencia se  tiene la plena seguridad de no ser   refutado  por ella. Es tan grande la atracción que sentimos por am-   pliar nuestros conocimientos, que sólo puede parar  nuestro avance el tropiezo con una contradicción evi-  dente. Pero tal contradicción puede evitarse por el  simple medio de elaborar con cautela las ficciones, que no por ello dejan de serlo.

(K. r. V., A4/B-8)

 Justamente eso es lo que ha sucedido en los distintos sistemas metafísicos: se han alejado tanto de la expe riencia, que no sólo han dejado de acudir a ella para le gitimar sus razonamientos, sino que también han ido elaborando cautelosamente aquellas ficciones que posi bilitaban el aparente progreso del saber metafísico. Así, han transmutado los más nobles pensamientos huma nos en ficciones vacías de contenido. Ello ha sido de bido a un esmerado espejismo de la razón no condu cente a ninguna parte: Entusiasmada con semejante prueba del poder de  la razón, nuestra tendencia a extender el conocimien-  to no reconoce límite ninguno. La ligera paloma, que  siente la resistencia del aire que surca el volar libre-  mente, podría imaginarse que volaría mucho mejor  aún en un espacio vacío. De esta misma forma aban-  donó Platón el mundo de los sentidos, por imponer  límites tan estrechos al entendimiento. Platón se atre-  vió a ir más allá de ellos, volando en el espacio vacío  de la razón pura por medio de las alas de las ideas. No se dio cuenta de que, con todos sus esfuerzos, no  avanzaba nada, ya que no tenía punto de apoyo, por  así decirlo, no tenía base donde sostenerse y donde  aplicar sus fuerzas para hacer mover el entendi-  miento.

(K.r.V., A-5/B-9)

No se puede expresar la cuestión de una forma más bella. Del mismo modo que ese aire que parece difi cultar el vuelo de la paloma es, sin embargo, su seguro de vida; el atenerse a los datos de la experiencia no so lamente no es un obstáculo, sino que es la única garan tía posible para el progreso y validez de nuestros co nocimientos. Así pues, la razón tiene que abandonar ese vetusto proceder de la antigua metafísica y dedicarse a una ta rea que, aunque en principio parece mucho más mo desta, sin embargo, como tendremos ocasión de com probar, nos va a proporcionar la clave para toda la me tafísica futura que quiera convertirse en una. ciencia. Dicha tarea va a consistir en el análisis de la estructura de nuestros conocimientos empíricos, para poder dis cernir qué elementos pertenecen al espíritu y cuáles a

la experiencia. En un análisis tal, se nos van a revelar las condiciones universales y necesarias de todo cono cimiento en general y del científico en particular. Esa es justamente la cuestión que abordaremos en el si guiente parágrafo.

2.5. Los juicios sintéticos «a priori» y la posibilidad de la metafísica 2.5.1. Sobre la distinción entre juicios analíticos y sintéticos. Lo s juicios sintéticos « a p rio ri» Debemos examinar ahora la famosa distinción kantia na de los juicios analíticos y sintéticos. Dicha distinción no se refiere al origen de los juicios, ni a su forma ló gica (desde el punto de vista de ésta todos los juicios son sintéticos), sino a su contenido. • Juicios analíticos   son aquellos en los que la relación en tre sujeto y predicado se piensa mediante identidad. En estos juicios el predicado no añade nada al concepto su  jeto, sino que simplemente lo descompone en sus con ceptos parciales: el concepto predicado es una propiedad que pertenece necesariamente al concepto sujeto. Lo único que hace el predicado es explicitar de forma más clara y distinta la noción que ya estaba pensada en el sujeto. Son, por tanto, juicios explicativos.  Por natura leza son juicios a priori   y, por tanto, universales y ne cesarios, sean o no empíricos los conceptos que les sir ven de contenido, puesto que tienen como fundamento el principio de contradicción. Este es el principio univer sal y plenamente suficiente de todo conocimiento ana lítico. Pensemos en el juicio «todos los cuerpos son ex tensos». El predicado «extenso» no añade nada nuevo al concepto «cuerpo», sino que simplemente expresa una propiedad esencial a ese concepto; por ello, no se ne cesita ir a la experiencia para predicarla. Así pues, en el caso de los juicios analíticos, no tiene sentido acudir a la experiencia para justificar su validez, basta con el principio de contradicción. • Juicios sintéticos   son aquellos en los que la relación en tre sujeto y predicado se piensa sin identidad. En ellos, el predicado se encuentra completamente fuera del su

 jeto; por consiguiente, dicen más de lo que ya estaba pensado en el concepto sujeto. Estos juicios son, pues, extensivos:   amplían nuestro conocimiento. Ahora bien, tal ampliación puede llevarse a cabo de dos maneras esencialmente distintas: a posteriori,  basada en la ex periencia, o bien a priori,  es decir, con anterioridad a ella. Como es obvio, dicha anterioridad no es temporal, sino lógica: no se da en el orden del tiempo, sino en el de los  fundamentos.  Un juicio sintético a posteriori  es «esta tarde hace calor»; un juicio sintético a priori   pue de ser «la línea recta es la más corta entre dos puntos». En el primero enunciamos un juicio de acuerdo con la «experiencia» que estamos soportando en ese momento. Este juicio también lo podríamos llamar de acuerdo con la terminología de los Prolegómenos   (§ 18), un «juicio de percepción» y su validez se agota en las coordenadas espacio-temporales en que dicho juicio es enunciado. En el segundo enunciamos un juicio de acuerdo con el prin cipio supremo de todos los juicios sintéticos que pode mos formular así: ... todo objeto está bajo las condiciones necesarias de  la unidad sintética de lo múltiple de la intuición en  una experiencia posible.

(K.r.V., A-158/B-197)

Así pues, mientras que los juicios analíticos basan su criterio de verdad en el principio de contradicción, los  ju icios sintéticos necesitan no sólo de éste, como su condición formal de verdad, sino también de un tercer elemento que posibilite la síntesis   entre sujeto y predi cado, y ponga de manifiesto la adecuación material con el objeto conocido. En efecto, si un conocimiento ha de poseer realidad objetiva, tiene que ser dado el objeto de alguna forma, pues, de lo contrario, tendríamos con ceptos vacíos de contenido. «Darse un objeto» consiste en referir su representación a la experiencia real o po-  sible,  esto es, conformarse a reglas universales de aqué-  lla.  Para una intelección completa de esta idea es nece sario tener en cuenta los razonamientos llevados a cabo en los capítulos 3, 4 y 5 de este libro. En suma: los juicios sintéticos a priori   coinciden con los juicios analíticos en estar regidos por el principio de contradicción, pero además tienen como principio su premo la concordancia con las leyes universales de la

experiencia. Gracias a ello no sólo son extensivos, am plían nuestro conocimiento, sino que además son uni versales y necesarios. De este tipo de juicios están cons tituidas, piensa Kant, la ciencia matemática pura y la ciencia natural pura.

2.5.2. La matemática y la física como ciencias constituidas po r juicios sintéticos «a prio ri» Según Kant, el que la matemática sea una ciencia constituida por juicios a priori,   es una proposición que parece haber escapado a la mayoría de los pensadores, pues, siendo así, que los razonamientos matemáticos se desarrollaban de acuerdo con el principio de contra dicción, ingenuamente se creyó que la estructura de ta les juicios era meramente analítica. Así se ha podido pensar, que proposiciones matemáticas, tales como «7 + 5 = 12» o «la línea recta es la más corta entre dos puntos», eran proposiciones analíticas. Sin embargo, por mucho que nosotros analicemos el concepto de 7+5,  jamás encontraremos ahí el concepto de 12, su predica do; e igualmente sucederá en la otra proposición: ja más hallaremos en el concepto de «línea recta», el pre dicado «es la más corta entre dos puntos». ¿Qué ha pasado? Que entre el concepto sujeto y el predicado hay una síntesis a priori,   propiciada en el pri mer caso, por la intuición pura del tiempo,   y en el se gundo, por la intuición pura del espacio.   Ahora bien, dicha síntesis sólo puede ser comprobada si nosotros, volviendo a la experiencia, contamos doce unidades o recorremos ese espacio entre dos puntos. Así pues, la matemática ha entrado en el camino seguro de la cien cia, gracias a que está constituida por juicios sintéticos  a priori.

Igualmente, la ciencia de la naturaleza, en su parte pura, no empírica, debe estar constituida por juicios sin téticos a priori.   Así, por ejemplo, el principio «todo cambio tiene una causa» es un principio sintético a prio-  ri   mediante el cual objetivamos (conocemos) la natura leza, es decir, que los fenómenos naturales se rigen uni versal y necesariamente por ese principio.

2.5.3. Po sibilidad de la metafísica como ciencia y realidad como disposición natural Llegamos así al núcleo central en el que se dilucida la cuestión de validez del saber mctafísico. Desde la perspectiva kantiana, el que la metafísica haya perma necido durante tanto tiempo en un estado tan vacilan te, inseguro y contradictorio, se ha debido a que jamás se ha planteado seriamente esa distinción entre juicios analíticos y sintéticos. Después de la Crítica de la razón   pura,  la metafísica será posible en la medida en que pueda contener juicios sintéticos a priori,   pues «al me nos según su fin no se compone más que de proposi ciones sintéticas a priori»  ( K . r. V.,  B-18). De este modo, la tarea propia de la razón pura va a consistir en res ponder a la cuestión de ¿cómo son posibles los juicios  sintéticos a priori? 

La solución a tan decisiva cuestión lleva consigo una investigación acerca del uso puro de la razón en todos aquellos dominios en los que existan conocimientos a priori   de objetos; es decir, incluye la respuesta a las siguientes preguntas: . ¿Cómo es posible la matemática pura? • ¿Cómo es posible la ciencia natural pura? ■ ¿Es posible la metafísica como ciencia? Puesto que la matemática y la ciencia natural son ya consideradas por Kant como dadas, la pregunta es acer ca de su posibilidad. Respecto de la metafísica sólo cabe preguntarse acerca de su  posibilidad com o ciencia. De ella sólo podemos afirmar su realidad como disposición  natural: 



No obstante, de alguna forma se puede considerar  esa   especie de conocimiento como dada y, si bien la  metafísica no es real en cuanto ciencia, sí lo es, al  menos, en cuanto disposición natural   (metaphysica naturalis). En efecto, la razón humana avanza incon-  teniblemente hacia esas cuestiones, sin que sea sólo la  vanidad de saber mucho quien la mueve a hacerlo. La propia necesidad la impulsa hacia unas pregun-  tas que no pueden ser respondidas ni mediante el uso 

empírico de la razón ni mediante los principios deri-  vados de tal uso. Por ello, ha habido siempre en to-  dos los hombres, así que su razón se extiende hasta  la especulación, algún tipo de metafísica, y la segui-  rá habiendo en todo tiempo.

(K.r.V., B-21) Así pues, la metafísica como disposición natural, no solamente es posible sino que es real. Pero, sólo después de una Crítica de la razón pura,  podrán reconducirse sus razonamientos hacia una demarcación positiva, en la que no puedan tener cabida las ficciones de la razón.

2.6. Sentidos del término «metafísica» Conviene distinguir, antes de seguir adelante, los dis tintos sentidos que el término «metafísica» adquiere en el ámbito del pensamiento kantiano. 1.

Metafísica como disposición natural de la razón 

Bajo esta denominación, entendemos la metafísica como un peculiar saber, tan arraigado en la estructura racional del ser humano, que le resulta casi imposible prescindir de él. Los objetos de ese saber son los eter nos interrogantes que han acuciado al hombre desde su origen: Dios, libertad e inmortalidad. De ahí las con tinuas tentativas para solucionar tan intrincados pro blemas, aunque para ello la razón haya tenido muchas veces que alejarse de la experiencia y perderse en sus propias falacias. Jamás, pues, podrá el hombre escapar a su hechizo, y aunque muchas veces intente apartarse de ella «volverá siempre a ella como a una amada con la que ha tenido una desavenencia» ( K . r. V.,  A-850/ B-870). En suma: la metafísica com o disposición natu ral es real en sí misma, pero al mismo tiempo también es dialéctica y engañosa. Por consiguiente, piensa Kant, es absolutamente urgente y necesaria una Crítica   que ponga al descubierto tales falacias.

2.

Metafísica como crítica de la metafísica dogmática 

Constituye la dimensión negativa de la «crítica de la razón» y se corresponde con los razonamientos llevados a cabo en la dialéctica trascendental entendida ésta como una crítica de la apariencia dialéctica,  en la que la razón demuestra las contradicciones propias que le acechan, cuando abandona el fértil suelo de la experien cia e intenta trasladarse al ámbito de lo incondicionado. Esa tarea crítica, destructiva, en la que se pone de manifiesto las contradicciones en las que se ve envuel to el espíritu humano, constituye, sin duda, otra forma de saber metafísico que la Crítica de la razón pura   con sagrará para siempre: metafísica como crítica,  como ne  gatividad,  como dialéctica negativa. Un amplio desarrollo de esta cuestión lo encontrará el lector en el capítulo 7 de esta misma obra. 3.

Metafísica como analítica del entendimiento puro 

Constituye la dimensión positiva de la «Crítica de la razón» y se corresponde con los razonamientos lleva dos a cabo en la Analítica trascendental.  Mediante esta consideración nos estamos refiriendo a una ciencia que tiene como tarea el poner de manifiesto la posibilidad, los principios y la extensión de todos nuestros conoci mientos a priori.   Tal tipo de investigación ha sido re cientemente denominado ontología crítica  ( N a v a r r o C o r d ó n ,  J. M.: 1971, p. 9). Y es justamente a éste plan teamiento al que Kant designa como metafísica en sen-  tido estricto.  Esta ... contiene todos los principios puros de la razón deri-  vados de simples conceptos (excluyendo, por tanto, las matemáticas) y relativos al conocimiento   teórico de todas las cosas.

(K.r.V., A-841/B-870) Un extenso desarrollo de esta problemática puede ser encontrado en los capítulos 4 y 5. 4.

Metafísica como  « metafísica p ráctica» 

En primer lugar, conviene saber que «práctico» en Kant es sólo aquello que es posible mediante la liber

tad. Es decir, la «práctico» se identifica con lo «moral». Por consiguiente, con tal denominación nos referimos a un saber que tiene por objeto la dimensión práctica  de la razón.   En este sentido, abarca a todos aquellos principios que determinan a priori   el modo de obrar de los seres humanos. En su uso práctico,   la razón amplía por sí misma los límites de la experiencia posible, y ello gracias a que los principios de la razón pura práctica establecen au tónomamente un ámbito de conocimientos que no tie nen que estar refrendados por la daticidad empírica: «tuve que suprimir el saber   para dejar sitio a la fe» (K. r. V.,   B-XXX). Desde esta consideración se intenta proporcionar una solución racional, no ficticia, al núcleo de problemas planteados en el ámbito de la metafísica dogmática. El lector interesado encontrará un amplio desarrollo de esta temática en la segunda parte de este libro (ca pítulos 1, 2 y 3 del segundo volumen).

2.7. La «Crítica de la razón pura» como crítica de las facultades del conocimiento Así pues, podemos considerar la Crítica de la razón   pura   como la investigación de todos los principios que están derivados del uso puro teórico de la razón,   enten diendo por ésta el conjunto de facultades superiores: sensibilidad, entendimiento, razón. Así, en cada una de las partes de la obra, se aísla una facultad y se la exa mina de acuerdo con los principios del método críticoreductivo-trascendental. Veamos esquemáticamente esa relación. E st é t i c a  trascendental 

 T eoría tras Crítica cendental
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