suelta tu pasado

August 12, 2017 | Author: Toshio Andrade Ito | Category: Abraham, Sarah, Faith, Love, Christ (Title)
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SOLAMENTE CONFÍA 1 (De la serie “Suelta tu pasado”) Estos mensajes de nuestra serie que llamamos: “Suelta tu pasado”, pretenden ayudarte con la gracia de Dios, a que puedas ser libre, día con día, del recuerdo doloroso de tu pasado, reconociendo algunas maneras negativas de pensar, en las que puedes caer, si miras sin fe. El primer error es: “Pensar que tu pasado tiene el poder de influir en tu presente echándolo a perder, amargándote el hoy, el aquí y el ahora y de paso ensombrece tu futuro”. La segunda manera errada de pensar es: “Quiero que alguien haga por mi lo que yo tengo qué hacer, quiero que alguien perdone por mi, acepte lo doloroso de mi vida por mi, quiero que alguien se levante de la depresión por mi, que trabaje por mi, etc. El tercer error es culpar a otros, culparte y culpar a Dios de lo que te pasa. El cuarto error es convencerte a ti mismo, a ti misma diciéndote todo el día todos los días: “Es muy difícil, es imposible” “Es muy difícil que perdone, es imposible levantarme, será muy difícil que yo me cure, será imposible que tenga paz en el corazón.

Precisamente hoy queremos comenzar este mensaje resaltando las consecuencias de dar rienda suelta a este cuarto error que comienza por una frase que muchos de nosotros hacemos al Señor Dios cuando las cosas parecen imposibles o nos están doliendo mucho: “Dios, yo no entiendo lo que estás haciendo. Dios yo creo firmemente que ya me abandonaste”, y muy camufladamente en lo más profundo de nuestro ser también le decimos: “Por qué permitiste que sucediera esto. Yo de esta no voy a salir, esto es imposible, yo no voy a poder lidiar con esto, es muy difícil”. Y al ver la serie de consecuencias que trajo eso doloroso que pasó lo resistimos nos convencemos rotundamente que es imposible, que nunca vamos a superar esa pérdida o ese rechazo o esa humillación; nos convencemos que esa traición e injusticia nos mató y como una roca inamovible, petrificados nos estacionamos en ese momento y aunque hayan pasado meses y tal vez hasta años, aquello sigue en nuestra mente taladrándonos, martirizándonos y nos obsesionamos decidiéndonos volvernos ciegos al presente; dejamos de ver lo que tenemos, por estar anclados a una experiencia de la vida que ya pasó y que nosotros le hemos puesto la etiqueta de “negativa”, porque nosotros, yo, tú que escuchas, seguimos repitiendo una y otra vez que fue fatal, que nos destruyeron”. Y todo sucede: permitimos que lo de ayer convierta en noche perenne el hoy, nos hacemos los infantiles para no madurar y comenzamos a

echar las culpas a quien sea convenciéndonos de que esto no lo podemos superar ni con la ayuda de Dios ni con nuestra decisión para ser maduros en Jesús, por la fe. El Señor Dios ahora mismo te dice a ti que escuchas: “En lugar de estar rumiando

tanto fantasma mental, lo que deberías de hacer es estar descansando en mi paz, satisfecho, satisfecha de creer, de confiar en Mi, tu Dios fiel que sabe lo que hace, porque Yo tu Dios, de todo lo que ha pasado de doloroso en tu vida hago cosas buenas. Lo que deberías es comenzar a experimentarte libre interiormente de toda atadura, de todo dolor provenga de donde provenga, porque Yo estoy contigo, Yo nunca te abandonaré, por eso te digo: No tengas miedo”. Tal vez tú que escuchas, realmente no

sepas lo que Dios en este momento de tu vida está haciendo, pero tú ya conoces que

Él es siempre fiel, que nunca te

va a fallar,

y que de todos los errores y equivocaciones fruto de las malas decisiones de otros o tuyas, y de todas las heridas y dolor,

sacará abundantes bendiciones. Mientras tanto, como dice la Palabra del Señor: corre esta carrera con calidad, con madurez, disfruta tomar decisiones correctas desde la fe madura, disfruta tomar decisiones que tomaría Jesús en tu lugar. En Deuteronomio 8,1 vemos cómo Dios guió al pueblo de Israel por momentos difíciles para que aprendiera a depender sólo de Él, para que aprendiera a ser libre de apegos, de actitudes infantiles, para que aprendiera a vivir de fe adulta y de una actitud responsable ante la vida, como también hoy nos guía a nosotros por momentos difíciles para que aprendamos a

tomar decisiones que pueden llevarnos muy lejos en cuanto a madurez y libertad interior se refiere

tan sólo con guardar lo que Él nos manda, y Él nos manda, adorarle en el corazón, Él nos manda amarnos como Él nos ama y nos manda amar a cada ser humano como el más grande regalo celestial aunque algunos de estos regalos tengamos que depositarlos en el amor verdadero del Señor es decir, aunque a algunas de estas personas que me causaron daño, que te causaron daño tengas qué depositarlas en el corazón de Jesús y cada día necesites perdonarles y

perdonarles y perdonarles, para poder continuar con tu vida adelante, siempre hacia adelante, alegre, sin amarguras.

Mirar que eso por lo que pasas o pasaste es muy difícil o imposible de superar, es cometer dos errores juntos, el cuarto y el primero, trayendo por consecuencia el segundo y el tercero, porque el primero de esos errores fue pensar que el pasado nunca te permitirá vivir en plenitud y libertad interior tu presente pero vemos que pensar así tú lo decides, ya que ahora mismo, tu pasado está en las manos del Señor y tu pasado en cuanto a cosas dolorosas se refiere, no puede hacerte daño porque ya pasaron. Lo que sí puede hacerte daño es tu forma de ver las cosas, eres tu mismo, tu misma quien se hace daño porque no aceptas por fe lo que pasó, porque aún te resistes a perdonar y perdonarte y vives culpando y culpándote

sin permitir al Señor Dios ser Dios de tu vida, sin darte la oportunidad de vivir con madurez y sensatez el único instante que tienes para vivir, y como no te decides aún a caminar por fe, te repites a ti mismo, a ti misma que es

imposible, que lo que pasó es imposible que lo recuerdes con paz, con sabiduría, pero ¿sabes?, todo eso que crees imposible es posible porque el Señor no dice mentiras y Él lo dijo en su palabra: “Todo es posible para el que cree”. Las cosas que te dañan no están en tu pasado ni en tu futuro sino en tu mente hoy, aquí y ahora pero

con la gracia del Señor y tu decisión por fe, puedes comenzar a liberarte ahora mismo.

Dedicar tiempo para sanar el pasado es sabiduría y parte de esa sabiduría es escribir una gran carta al Padre Celestial para sacar una y otra vez y otra vez y muchas veces más las

heridas y hechos dolorosos que aún te roban la paz. La Palabra del Señor dice: “Pongan ustedes en práctica los

mandamientos que yo les he ordenado hoy, para que así puedan vivir y llegar a ser un pueblo numeroso y conquisten este país que el Señor prometió a sus antepasados”.

que sólo Él esté en tu mente de manera preferencial y hasta después todo y todos lo demás. Dios te manda

Dios te manda caminar en amor, porque el que camina en amor, no se equivoca, el que camina en amor es libre; el que camina en amor y no en deudas de ningún tipo duerme tranquilo; el que camina en amor no engendra ni fomenta resentimientos ni fantasmas mentales; el que camina en amor

deja libre a los demás y nunca trata de retener a nadie; el que camina en amor sabe permanecer escuchando cada día al Señor en su Palabra, el que camina en amor no tiene miedo de nada.

Dios te manda a poseer la tierra de tu interior. Dios te manda a poseer por fe adulta tu mente, pues recuerda proverbios 4, 23-27

que dice: “Cuida tu mente más que a nada en el mundo porque ella es fuente de vida. Evita el decir cosas falsas, apártate de la mentira. Mira siempre adelante, mira siempre de frente. Fíjate bien en dónde pones los pies y siempre pisarás terreno firme. No te desvíes de tu camino; evita el andar en malos pasos.”

Si tú que escuchas, primeramente quieres entrar a poseer la tierra, es decir, si quieres tener dominio propio, si quieres obrar actos de madurez es decir, si quieres perdonar aunque no te pidan perdón, si quieres sonreír aunque no te sonrían, si quieres aceptar las consecuencias de tus actos irresponsables aunque te cueste y tengas qué hacer esfuerzo, si quieres amarte como Dios te ama y si quieres amar a los demás como Dios les ama, si quieres vivir en la alegría verdadera interiormente, si quieres que tu mente disfrute de unidad interior y tu ser viva en la paz que viene de

Dios

que

está

en

tu

corazón,

necesitas hacer todo lo que Dios te manda que hagas en su Palabra.

Si comienzas por lo más pequeño llegarás a conquistar cosas grandes, porque la Palabra del Señor dice que quien es fiel en lo pequeño, será fiel en lo grande. Si comienzas en lugar de criticarte y rechazarte a comprenderte y a aceptarte, luego verás que ya no criticas al de enfrente ni lo rechazas porque has visto que esto es inmadurez y hasta envidia, de tu parte. Por ejemplo, si levantas un pedazo de papel que tú no tiraste al suelo, hazlo sencillamente porque Dios te ama y porque tú lo amas a Él. Si Dios te pide que sonrías o

te mantengas en calma cuando alguien se ha mostrado con una actitud seria u hostil, sonríe porque Dios te sonríe y se amable porque Dios es amable contigo, ¡nada más!, pues recuerda que en estos talleres aprendemos que no debemos esperar

nada de nadie sino que debemos esperar todo de Dios y de nosotros mismos , y esto no quiere

decir que no vas a permitir que otros te ayuden, pues negarte si se ofrecen de corazón a ayudarte, sería no vivir en la humildad que es andar en la verdad del Señor. Más bien cuando dices: “No espero nada de nadie,

espero todo de ti Señor y de mi”, quiere decir que no te tirarás a morir si los demás no te ayudan o no te dicen: ¡Qué bien! ¡Ahí la llevas! Porque dice la Palabra del Señor que el hombre es como la hierba, inconsistente que hoy está y mañana ya no.

¿Sabes? en realidad el único que es

fiel verdaderamente es el Señor Dios. ¡Créele! ¡Fíate de Él!

Cuando uno dice que espera todo de Dios, es porque ya nos hemos dado cuenta de la importancia de creer en su provisión y porque tomamos con responsabilidad la vida y hacemos todo lo que tenemos qué hacer, pero obrando siempre desde la gracia del Señor y dejándolo ser el Dios de nuestra vida.

Dios siempre trabaja en secreto, detrás de escena, aunque parezca que nada va a cambiar jamás. Por eso necesitas confiar en Él. ¿Sabes? Tú no puedes cambiar a nadie , pero sí puedes tener otra actitud diferente, sí puedes tener buena actitud ante la forma de ser de los demás. Tu vida cambiará en la medida en que vayas decidiendo con la gracia del Señor tener buena actitud frente a cualquier cosa, frente a cualquier circunstancia.

Por eso se dice que para que realmente una vida cambie, el cambio debe de venir de adentro hacia fuera es decir, necesitarás querer poner en práctica lo que Dios te manda y permitir al Espíritu de Dios que sea tu amor más íntimo porque sólo Dios puede hacer esa clase de cambio.

Deja de ser dios, así con minúscula, de tu vida.

Deja que Dios, sea Dios. Deja que el Padre Celestial, que Jesús, y su Poder sea el único Dios, de tu vida. No esperes que alguien venga a decirte que sigas adelante. No esperes que alguien te diga que estás guapo o bonita. No esperes que alguien venga y te diga que “vales mucho”.

Que te baste de una vez y para siempre el amor incondicional y gratuito que tiene para ti el Padre Dios. Que te baste el sacrificio de Jesús en la Cruz, que te baste su sangre, que te baste el que esté vivo resucitado en tu corazón, que te baste la luz, el poder, el consuelo y todos los dones que el Espíritu Santo ha hecho posible en tu mente y corazón. Y cuando te rechacen y te muestren indiferencia absoluta o digan cosas de ti que provienen de la envidia y ceguera espiritual de otros o te acusen de cosas que no hiciste,

no te tires a morir. Nadie merece que te tires a morir, nadie merece que derrames lágrimas como un mar, nadie merece que no duermas, o no comas. Nadie merece que tú pierdas tu tiempo diciendo: “Ahora sí me llevó la trampa”.

Más bien pronuncia en voz alta la Palabra del Señor que dice en el salmo 23 (22): “Aunque camine por valle de sombra y de muerte, nada temo Señor, porque tú estás conmigo, tu amor y tu gracia me sosiegan; tu amor y tu gracia me sostienen”. Y has caso de lo que la Palabra del Señor dice en Mateo 5, 44: “Ama a tus enemigos, y ora por quienes te persiguen”. En realidad es fácil predicar esto pero si nos salimos de la fe y no oramos, entonces sí que es difícil porque cuando uno se sale de la Presencia del Señor, cuando uno se sale de su casa que somos yo, tú que escuchas, cuando nos salimos de Jesús, entonces sí que nos morimos. Y experimentamos las veces cuando preferimos odiar y llevar las cuentas de los delitos que nos han cometido. Cuántas veces por ejemplo, hemos preferido ser unos caníbales cuando comenzarnos a comernos unos a otros con chismes, con malos comentarios en lugar de orar para que la gracia del

Señor toque no sólo sus corazones sino también los nuestros Hace unos días mirando una película en la que luego de mucho sufrir los protagonistas, estaba yo junto con ellos con el corazón arrugado. Casi al final se escuchó una música de esas tiernísimas que tocan el corazón y los ojos se llenan de lágrimas: por fin esa pareja encontró a su hijo perdido. Y me puse a pensar: Es fácil

y seguro ponerse todo emotivo con personajes y eventos ficticios; pero otra cosa es sentir profunda tristeza y dolor con personas reales y trabajar por animarlos en sus necesidades.

¿Realmente nos duele lo que sufren, los egoístas, los que pegan, gritan y rompen no sólo puertas sino el alma? ¿Realmente aceptamos que muchos de los que nos tratan sufren como leones heridos porque no han asumido su historia y han preferido camuflar y hasta bloquear su dolor con actitudes de soberbia, orgullo o indiferencia o hasta parecer “buenesitos”?

Acaso sin más, ¿condenamos? O lo que es peor ¿Nos frustramos por sus formas de ser llenas de vacío existencial y con ellos caemos en un círculo vicioso del echar en cara, reclamar y no perdonar?

Porque lo que hacía Jesús, era sentir compasión por esa gente y aunque en algunas ocasiones se tuviera qué retirar de quienes le acechaban o rechazaban sacudiéndose el polvo de los pies es decir, sacudiéndose mentalmente las heridas, para

poder continuar sano en su misión en otras partes donde sí lo recibieran, Jesús daba amor porque fomentaba amor y se dejaba guiar de lo que su Padre

en la oración le enseñaba y por el Espíritu que es Amor. Jesús lo que hacía era que fluyera un profundo amor en su corazón, aún hacia a los que no lo querían y dio siempre su mano amiga a quien lo aceptó porque sabía que la verdadera compasión, el verdadero amor, la verdadera misericordia es acción. Tú que escuchas, y que quieres que otros conozcan al señor, que otros te traten de la mejor manera, tú que quieres que otros sean buenos contigo ,

mejor ocúpate en cumplir lo que Dios te manda y todo lo demás se irá dando por añadidura. Es más fácil decirle a otros qué hacer que hacer las cosas uno, por ello necesitas escuchar al Señor en tu corazón que hoy te dice:

“Yo te estoy guiando por este camino, Yo soy el que he permitido esto por lo que tú pasas ahora. Mi voluntad hacia ti es sabia, no temas. No he querido el dolor para ti, pero he respetado tu libertad, la libertad de aquél, de aquella, he respetado tantas cosas pero, todo lo tomo y si me obedeces,

sacaremos juntos provecho de todo esto y te glorificaré y me glorificarás madurando tú en mi tu Dios”. Muchas de las cosas que nos confunden, son cosas que Dios permite que ocurran, porque finalmente vienen a ser nuestra ayuda de tal manera que si aceptamos y superamos eso que pasa con una gran humildad comenzando por decir: “Señor, decido en tu gracia

ser humilde, aceptar todos estos hechos que no puedo cambiar. Decido en tu gracia no deprimirme porque lo que pasó ya pasó, pero ahora decido en tu gracia estar alegre y levantarme y ser una nueva

criatura en ti, Jesús”. Tal vez cuando pasan las cosas uno experimenta dolor, pero en el momento en que comiences a decidir por fe, en el acto comenzará una mejoría interior y el ánimo y la autoestima comenzarán a subir y con ello comenzarán a subir también las catecolaminas y las dopaminas y la cerotonina y las endorfinas – substancias químicas cerebrales- que nos ayudan a mantenernos con un ánimo equilibrado y estable, pero será por fe y decisión personal como te levantarás de cualquier cosa, de cualquier palabra o actitud hiriente, de cualquier golpe inesperado, de cualquier enfermedad o dolencia, porque para el que tiene fe

aunque sea del tamaño de un granito de mostaza, todo, pero todo le es posible, porque Mayor es el que vive en ti, que escuchas.

Dios sabe que necesitas cambiar. Dios sabe que necesitas poner en Él tu confianza. Dios sabe que necesitas tenerlo como único Dios. Dios sabe más de lo que tú que escuchas sabes que necesitas. Para terminar te decimos que la única forma de tener paz y gozo en el corazón es creer sin condiciones en Dios. No importa lo que ocurra en tu vida, no importa si tú no lo entiendes, no importa si no parece ser justo, si te duele y te parece imposible de superar, no importa si eres la única persona a la que le está sucediendo, lo único que necesitas es ir al Señor a tu corazón y decirle:

Jesús, Yo confío en ti. Padre Celestial, yo confío en ti. Espíritu Santo, Yo confío en ti. Ahora mismo acepta la Palabra del Señor que dice en Romanos 8, 28: “Todas las cosas obran para

bien”. Si tu negatividad, allá en tu mente quiere que esta muerte o esta separación o esta enfermedad o este despido del trabajo o esta quiebra económica o ese accidente o aquél encuentro entre hostilidad y cerrazón sea causa para que tú te hundas en depresión y digas que prefieres tirarte a morir o suicidarte o vivir en desgano eterno, en

realidad si tienes buena actitud, reconocerás que Dios quiere que eso sea para tu bien. Di: Dios

mío confío en ti. Cuántas veces en tu vida aquella circunstancia o aquella persona o aquella actitud tan horrenda que tuvieron hacia ti que escuchas, la has considerado

como lo peor pero a través del tiempo, ves que ha

sido lo mejor.

Dios usa absolutamente todo para madurarte, para

hacer de ti un hombre, una mujer grande en la fe, que confíe plenamente en Él, que

dependa totalmente de Dios y nada más.

Hoy sabes ya que Dios ha usado todo lo que te ha pasado de doloroso en tu vida, para que eches raíces y fundamentes tu vida en sólo Él, porque sólo alguien que fundamenta y echa raíces en Dios es

invencible, porque sólo alguien que fundamente y echa raíces en Dios es verdaderamente feliz. Amén.

En unos momentos de intimidad con el Señor, tomando una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo, hacia arriba o entre lazadas; cierra tus ojos y respira suave profundo y lento…. En fe adulta, comienza a escuchar al Señor Dios allá en tu corazón, que quiere que ahora mismo comiences a soltar todo lo que te tiene atado, atada todavía de tu pasado:

Hijo mío, hija mía: Confía en mi. Yo te llevo tatuado, tatuada en mis entrañas. Te amo con amor eterno, Te amo con amor ardiente, te amo con un amor que me arrebata, te amo con un

amor que quiere siempre lo mejor para ti. No dudes ni un instante que nada es imposible para mi tu Dios y por lo tanto, nada es imposible para

ti, mi hijo, mi hija, si tienes fe. Vuelve tu mirada a mí y comienza a ver los acontecimientos que aún te duelen. Míralos sin miedo, míralos desde mi sabiduría, mira la intrascendencia e infidelidad del ser humano y mira mi grandeza, mira mi fidelidad porque te amo.

Hijo mío, hija mía, hoy estás teniendo un conocimiento más profundo de mi, tu Dios. Yo, tu Dios te digo que ames, que perdones, que aceptes con paz la partida de los tuyos hacia mi, y si te digo que no tengas miedo, que confíes, es porque se que sólo confiando en mi serás plenamente feliz. Escucha en este momento lo que Jesús mi Hijo en el evangelio de Juan capítulo 6, 25 les dice a sus discípulos: “Ustedes me buscan porque comieron hasta llenarse y no porque hayan entendido las señales milagrosas”. Es como si dijera: “Ustedes me han estado siguiendo por los milagros que me han visto realizar, pero lo que ustedes

necesitan verdaderamente es tomarme a mi como

su pan de vida, necesitan tomarme a mi como su nutrición”. Hijo mío, hija mía, ten a Jesús mi Hijo y tenme a mi

tu Padre Celestial como a tu pan de vida. No hay otro pan de vida que pueda alimentarte.

Tómame a mi tu Dios de la mano; busca mi rostro cada mañana y a cada momento aún antes de acostarte por las noches. Quiero que aprendas a confiar

en Mi. No me busques sólo por lo que puedo hacer por ti; no me busques por los milagros que pueda hacer en tu vida o en la vida de otros. Sólo quiero que me

necesites. Sólo quiero que me necesites y que te dejes amar por mí. Nada más. No importa cuán desesperada sea tu condición, tú puedes confiar en mi, entonces me conocerás profundamente.

Hijo mío, hija mía, date cuenta que no sólo me necesitas a mi tu Dios en tiempos difíciles sino que también me necesitas en buenos tiempos, diariamente a toda hora me necesitas y Yo te necesito para amarte Los discípulos vieron a mi Hijo Jesús alimentar a más de 5,000 personas con los 5 panes y los 2 pescados de un niño; vieron otros milagros que mi Hijo Jesús hizo y les dijo: Me buscaron, me hallaron por los milagros que Yo hice. Entonces quienes le escuchaban dijeron: Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto : Dios les

dio a comer pan del cielo y toda esa generación murió en el desierto, sólo dos personas pudieron entrar en la tierra prometida.

Pero hoy, aquí y ahora Jesús mi Hijo quiere darte a entender que no avanzarás por milagros sino que tu vida será rica

verdaderamente, tu vida estará bien cimentada, tu vida estará llena si tu cimiento, si tu fundamento, si tu amor más grande es Jesús, si tu amor más grande soy Yo, el Padre celestial, si tu amor más grande es el Espíritu Santo.

Confía en mi.

Y tú, allá en tu interior, si experimentas la necesidad de

decirle ¡Dios mío, confío en ti! O ¡Padre confío en ti! O ¡Jesús confío en ti! Hazlo en el silencio de tu corazón. “A TÍ QUÉ, ¡TÚ SÍGUEME! 2 Vamos a seguir escuchando maneras erradas de pensar y actitudes negativas que nos impiden sanar el pasado doloroso y aún más, que nos impiden recordarlo sin dolor. En realidad no son las cosas externas, las circunstancias, las personas quienes te han echado a perder la vida, sino la actitud negativa y llena de orgullo camuflado que hasta hoy quizá todavía mantienes en tu interior. Date cuente que has sido tú quien le ha dado el poder a otros y a las circunstancias de entristecerte, de

encadenar tu mente al dolor del pasado que todavía es presente en ti, acarreándote con eso, un desgano de vivir, y una horrenda depresión. Pero, si escuchas una y otra vez estos mensajes, con la gracia de Dios, con su ayuda y tu buena actitud, irás encontrando lo que has hecho mal, reconociendo que lo que pasó ya pasó,

que no lo puedes cambiar pero que no te puedes quedar ahí, sino que necesitas seguir adelante.

Seguros estamos de que podrás comenzar -a partir de hoy- a hacer las cosas bien, porque estarás comenzando a construir sobre cimientos firmes echando una raíz tan sólida allá en tu alma, en tu mente, en tu ser, en tu vida, que nada ni nadie te pueda derribar. En el tema pasado vimos cuatro de los 10 pensamientos incorrectos y ahora veremos los 6 restantes, así que pasemos pues al quinto error que es la impaciencia.

Impaciencia quiere decir, estar nervioso, con ansiedad, con prisa, inquieto, desasosegado, en expectación. ¿Cuántas veces has dicho tú que escuchas: “Yo ya no aguanto más esta situación”, “Yo ya no quiero esperar más”? ¿Por qué no me envían del cielo por entrega inmediata esto que estoy pidiendo? Pero si me he portado tan bien. Hasta sirvo al Señor. Chispas, ¡Por más que soy positivo, positiva, esto no sucede!

¿Sabes?, la impaciencia es el fruto del orgullo y el orgullo es lo contrario a la humildad. Orgullo es soberbia, engreimiento, altivez, jactancia. El orgullo dice: “Señor, ya estoy listo, aquí no pasó

nada” pero la humildad dice: “Mejor reconoce que sí pasó y comienza por mirar que te falta por aceptar y qué te falta por perdonar. El orgullo dice: “Señor, yo soy mejor que otros, ¿no sería bueno que me bendijeras con todo eso que te he pedido tanto? Cuando la humildad dice: “Señor, sólo se que tú sí sabes cuándo es mejor para mi que venga sobre mi vida esa bendición. Quizá tú ves que mejor me vendrán bien otras bendiciones y no esa que yo creo que necesito” Quizá la mayor bendición que pudiera tener ahora mismo sería el que yo quiera desarrollar paciencia. Y por impaciente comienzas a desconfiar en Dios, pero

cuando aprendas a confiar en Dios, entonces es cuando entrarás en el descanso de Dios.

Cuando aprendas a aceptarte completa y profundamente a ti mismo, a ti misma, cuando comiences a aceptar con paz completa y profundamente todo lo que te marcó y te dolió tanto, cuando comiences a aceptar con sabiduría que no todo debe ocurrir ahora mismo porque tú lo dices, comenzarás a conocer qué es realmente esperar en el Señor y disfrutar de la vida aún en medio de todo. Necesitas comenzar a creer que Dios no comete errores y que si bien Él no quiso lo que te hizo sufrir tanto, sí estará sacando siempre bien para tu vida. La Palabra de Dios en Santiago 5, 7 dice: “Hermanos, tengan paciencia hasta que el Señor venga. El campesino que espera recoger la preciosa cosecha, tiene que aguardar con

paciencia las temporadas de lluvia. Ustedes también, tengan paciencia y manténganse firmes”. Mi hermano, mi hermana que escuchas, la paciencia es un fruto del Espíritu que necesitarás querer desarrollar y para desarrollar la paciencia, necesitarás querer mantenerte firme en la fe adulta, perseverante en la esperanza y la oración, obstinado, obstinada para buscar al Señor antes que a cualquier otra actividad, antes que a cualquier otra persona.

“No se cansen de hacer el bien, porque a su tiempo van a cosechar si no se dan por vencidos”. El apóstol Pablo dice:

El sexto error es evadir, huir, fugarse de la realidad y decimos: “Mi conducta podrá estar errada pero no es mi culpa”. Estamos hablando del peligro de evadir el fondo del asunto en la vida, es decir, que estamos hablando de los peligros de no enfrentar la verdad, del peligro de culpar a otras personas por nuestros errores. Por ejemplo, Adán y Eva no se responsabilizaron por sus actos. Y hasta que te responsabilices, tú que escuchas, no serás libre.

Solamente la verdad te libertará –dice el Señor Jesús. Otro ejemplo son Abraham y Sara quienes hicieron exactamente lo mismo que hicieron Adán y Eva. Ellos tuvieron una promesa hecha por Dios de que tendrían un hijo, pero Dios se estaba tardando mucho más de lo que ellos querían.

¿Crees que Dios se está tardando en hacer lo que tú crees que ya debería estar resuelto? Porque si piensas tomar el asunto en tus manos, eso detendrá tu bendición.

Génesis 16, 1-6 dice: Sarai no podía darle hijos a su esposo Abram, pero tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar. Entonces le dijo a Abram: Mira, el Señor no me ha permitido tener hijos, pero te ruego que te unas a mi esclava Agar, pues tal vez tendré hijos por medio de ella. Abram aceptó lo que Sarai le dijo y entonces ella tomó a Agar la egipcia y se la dio como mujer a Abram, cuando ya hacía diez años que estaban viviendo en Canaán. Abram se unió a Agar, la cual quedó embarazada; pero cuando se dio cuenta de su estado comenzó a mirar a su señora con desprecio. Entonces Sarai le dijo a Abram: ¡Tú tienes la culpa de que Agar me desprecie! Yo misma te la di por mujer y ahora que va a tener un hijo se cree más que yo. Que el Señor diga quién tiene la culpa si tú o yo. Y Abram le contestó: Mira, tu esclava está en tus manos; haz con ella lo que mejor te parezca. Entonces Sarai comenzó a maltratarla tanto que Agar huyó. Pero un ángel del Señor la encontró y le preguntó: Agar ¿de dónde vienes y a dónde vas? Agar dijo: Estoy huyendo de mi señora. El ángel del Señor le dijo: Regresa al lado de tu señora y obedécela en todo. Aumentaré tanto a tus descendientes que nadie los podrá contar. Estás en cinta y tendrás un hijo y le pondrás por nombre Ismael porque el Señor escuchó tu aflicción. Él afirmará su casa aunque sus hermanos se opongan. Y como Agar había hablado con Dios le llamó “El Dios que ve” pues se decía a sí misma: “Dios me ha visto y todavía estoy viva”. Esto lo decía porque los antiguos decían que nadie podía hablar con Dios y seguir viviendo. Fíjate que todo empieza con un pensamiento superficial y derrotista de Sara: “Yo creo que nunca voy a poder darle un hijo a Abraham, así que mejor le digo que le entre con Agar. Luego Agar se queja por la forma en la que la

estaba tratando y saca sus propias mentales llenas de negatividad y huye.

conjeturas

Sara le echa la culpa a Abraham y él le regresa el problema. Abraham no quería tomar la responsabilidad de tratar con su esposa y Sara no quiso responsabilizarse por tener una mala idea y Agar no quería responsabilizarse por tener una mala actitud. En esencia todos estaban huyéndole al problema. ¿Sabes tú que escuchas? creemos que ya es tiempo de que dejes de andar huyendo, de andar evadiendo el fondo del problema y de tomar la responsabilidad en tu vida. Mucha gente pasa toda la vida corriendo, huyendo, desviándose distrayéndose con lo que no debe, para no pensar más en el asunto.

Y no se trata de estar duro que te dale en pensar neciamente sobre el asunto sino de arreglarlo de la mejor manera, como lo haría Jesús el Señor y ponerle fin para poder echar los días que son cortos ¡Pa’lante!, porque la vida se nos va si no la aprovechamos. Entre más corras, entre más huyas, entre menos quieras asumir tu responsabilidad en el asunto, más atado, más atada vas a estar haciendo de ese tiempo pasado, un hoy pesado, casi imposible de llevar. El secreto para comenzar a responsabilizarte y sanar el dolor de esa situación pasada estará en reconocer tu parte si la hay, y en aceptar y perdonar. Entre más pronto te detengas y enfrentes el fondo del asunto, serás libre. Hablando se entiende la gente. Y aunque es cierto que la naturaleza del varón es más lógica y la de la mujer, es más emocional, y aunque el varón puede desarrollar esta

parte sensible y la mujer puede desarrollar esta parte lógica, nosotros los seres humanos debemos más

que nada, conducirnos por la vida más por fe adulta, que por lógica y emociones solamente.

El séptimo error es la venganza que significa represalia, desquitarse, dar escarmiento, vindicar. Mi hermano, mi hermana que escuchas, no muevas las armas para la guerra, mueve la lengua para orar a

Dios y mueve tu interior, tu corazón para aceptar con sabiduría y paz las tonterías, y la gran ignorancia de otros. ¡Qué maravilla pedir

perdón! ¡Qué maravilla volver a estrechar las manos y caminar juntos en el amor, aunque cueste lo que cueste! ¡Qué maravilla ir ante tu

esposo, ante tu esposa, ante tus hijos, ante tus amigos a pedir perdón y a darles comprensión, compasión, misericordia! Todos somos capaces de cometer errores. Por ejemplo, tienes qué decirles a tus hijos, “Perdóname por no haberte creído cuando me dijiste que el hombre que metí a casa, te quiso violar”. “Perdóname por haberme dejado llevar, por haberme dejado arrastrar de la pasión y mirar a otra mujer, a otro hombre, por haberme entregado al licor”; “perdóname por gritarte, por no comprenderte, por no amarte, por juzgarte”. ¿Sabes? En medio de todo conflicto, es posible la paz, siempre y cuando recurras al perdón incondicional. El Señor en el evangelio de Lucas 8, 15 dice: “Dichosos los

que cumplen la Palabra de Dios y perseveran hasta dar fruto”.

Tú que escuchas, necesitas querer ser como Jesús y hacer lo que Él hizo, porque si un árbol no tiene raíces profundas, cuando venga una tormenta, ese árbol se va a caer y cuando una persona

que dice creer en Dios, en Jesús y no tiene raíz profunda sobre todo en el perdón incondicional, por no tener cimientos sólidos en el amor, las tormentas de la vida le van a destruir. La Palabra de Dios en la carta a los Hebreos 9, 14 y siguientes dice que la sangre de Cristo tiene poder y que su sangre limpia nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para que podamos servir al Dios viviente. Sí, Jesús ha derramado su sangre para limpiar tu mente, tu memoria, de todo rencor, de todo resentimiento pero tú necesitarás querer no vengarte de quien te hirió. Tú necesitarás querer amar, como Jesús. El octavo error es querer planificar tus propios caminos. Proverbios 16, 9 dice: El hombre planea su camino pero es Dios quien dirige sus pasos. Gracias que Dios dirige nuestros pasos. Y a veces Él dirige nuestros pasos en un sentido diferente a nuestro plan y cuando esto está sucediendo, a nosotros no nos gusta y resistimos a Dios para caminar por otro rumbo. Pero

más adelante, contemplarás aquello y dirás: ¡Gracias Dios mío! Proverbios 16, 2 dice: “Al hombre le parece bueno todo

lo que hace, pero el Señor es quien conoce las intenciones“. Todos los seres humanos creemos que estamos en lo correcto”. Dices que cualquier idea que tienes, es correcta, pero hoy podrías preguntarte: ¿Estas seguro, segura? ¿Estás seguro, segura de que sólo tus ideas son las correctas?

El noveno error es condenarte, juzgarte peyorativamente, sentir lástima por ti mismo, por ti misma y pensar que Dios te ha desechado, te ha rechazado. La Palabra de Dios nos enseña que somos todo en Cristo y que nada somos en nosotros mismos. El apóstol Pablo en su carta a los Filipenses 4, 12.13 dice: He aprendido a hacerle frente a cualquier situación. A todo puedo hacerle frente, pues Cristo es quien me sostiene”. Y en otra parte dice: “Cuando soy débil soy fuerte, porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Cuántos años llevas sin aceptarte a ti mismo, a ti misma, rechazándote, culpándote, y tienes problemas al relacionarte con otras personas y preguntas, pero ¿por qué? Y la respuesta es, porque

no te amas. Para poder

recordar

sin dolor tu pasado, necesitarás

aprender a llevarte bien contigo mismo, contigo misma antes que nada. Pues no puedes dar nada que no tengas. Si te sientes mal de ti mismo, de ti misma, así es como te vas a proyectar a otras personas: inseguro, insegura, miedoso, miedosa. No tengas temor a cerca de tu persona. No tengas temor de que tú no agradas a Dios y de que Dios no te bendecirá. Date cuenta, ¿Cuánto tiempo llevas fomentando el pensamiento de que Dios te rechaza, de que Dios no te quiere?… Tampoco desconfíes del Señor, de su amor

por ti. Él no te está castigando, Él te está

llamando a una vida más profunda, de más intimidad con Él. Te está llevando a una vida

más sencilla, más llena de su sabiduría, más llena de su paz. Lo que necesitas pues, es aceptar el don gratuito del amor de Dios. Porque es su poder, su amor el que te sana mentalmente, espiritualmente y en general integralmente. Él es quien te sana. Dios te ama a

ti. Él te ama incondicionalmente. Y el amor de Dios no está en venta. Es gratuito y sólo necesitarás querer recibirlo. Recíbelo ahora mismo.

“Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. Romanos 8,1 dice:

Sí, Jesús fue el sacrificio supremo y final para lo que hiciste en tu ignorancia durante toda tu vida. Ya no sacrifiques más tu gozo hoy, y sólo porque no puedas hacer todas las cosas exactamente y perfectamente bien. Ya no sacrifiques más tu paz, las bendiciones que Dios ya te dio. ¿Sabes? Todos estamos en medio del proceso. No estás sólo, sola en esto. Así que ya no ofrezcas más sacrificios, más bien ofrece tu vida entregada al Señor y vive de su gozo.

El décimo error es la envidia que es resentimiento, rencor, rabia, codicia. Es querer hacer lo que otros hacen y

querer tener lo que otros tienen. A esto lo podríamos llamar avaricia. Necesitas comenzar por aceptar que tú eres único, única e irrepetible.

Necesitas dejar de compararte con otros, dejar de competir con otros y relajarte y ser la persona que tú eres. Necesitas enraizarte en los principios bíblicos, sobre todo, estar enraizado, enraizada en la vida de Jesús. Tú eres una persona sumamente especial y única. No eres ninguna basura porque Dios no hace basura. Dios tiene un plan personal y único para tu vida, por eso no tienes qué tener envidia o celos de otra persona sobre todo si esta persona en su inconsciencia e inmadurez te hizo mucho daño. Proverbios 14, 30 dice: “La envidia carcome los huesos”. Por otra parte, Dios es quien elige a quien quiere

y lo que él quiere hacer a través de cada ser humano. Y a todos nos ha elegido para ser como su Hijo Jesús, pero somos nosotros quienes decidimos no parecernos a Él.

¿Qué tal cuando alguien a quien queríamos mucho –por ejemplo-nos abandonó o nos humilló o nos rechazó o nos traicionó, o nos cometió una injusticia horrenda, que quisiéramos que un rayo le fulminara y que todo lo que emprenda le saliera super mal? ¿Esto? ¡Esto es envidia cruenta! ¡Por un lado

queremos tomar el papel que creemos que Dios tiene: el de Dios justiciero y vengativo y por otro lado, queremos ser el Dios de la historia para podernos tomar la justicia por nuestra propia cuenta! Caer en esta trampa mental es caer en la más honda inmadurez, en la más grande estupidez. ¡Qué sabemos nosotros del otro lado de las cosas! Es más sabio aceptar con paz que la

vida humana es así, que el ser humano es así, que las cosas suceden, pero en la fe, creemos

que Dios utilizará todo eso para darnos la oportunidad de ser más humanos, menos egoístas, más honestos y sinceros, más nobles y misericordiosos, más limpios de corazón, mejores seres humanos, más al estilo de Jesús el Hijo de Dios. El evangelio de Juan en el capítulo 21 nos cuenta cuando Jesús se aparece a sus discípulos. Recuerda cuando el Señor pregunta a Pedro: Simón hijo de Juan, ¿Me amas más que estos? Y Pedro le dice: Sí Señor, tú sabes que te quiero y así, se lo pregunta por tres

veces y Pedro también respondiéndole: Sí Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero. Jesús

confiando en el amor de Pedro le encomienda a su cuidado sus ovejas, es decir, pone en sus manos a cada ser humano. Jesús pone al cuidado de Pedro a cada varón, a cada mujer que hay sobre la tierra, y alguien que está al cuidado de los demás, no puede distraerse en la envidia, en los celos, en las niñerías, en las bobadas, en la inmadurez. Más adelante, en el verso 20 dice: Al volverse, Pedro vio que detrás venía el discípulo a quien Jesús quería mucho, el mismo que en la cena había estado a su lado y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?” Cuando Pedro preguntó a Jesús: “Señor, y a éste, que le va a pasar?” Jesús le contestó: Si quiero que

él viva hasta que yo vuelva, ¿qué te importa a ti?

A mi, a ti que escuchas, Dios nos dio la misión de cuidar con el amor incondicional a cada ser humano “a pesar de”. A pesar de que nos hayan hecho esto y esto otro y lo de más allá. Dios todavía cree en mí. Dios todavía cree en ti. Y cuando por infantilismo y necedad le digamos: Señor, pero ¡Cómo es posible que a este, que a esta que me hizo tanto daño tú le bendigas tanto! ¡Mira nada más! ¡Y en cambio a mi, no me das lo que a él, a ella le das! Y el Señor con mucha paciencia nos responderá: ¡A ti qué

con lo demás! ¡Tú

sígueme, tú se maduro, madura, tú entra en la dimensión de

mi reino, vive el perdón, vive el amor! A ambos les amo, pero cada uno tiene un camino distinto. No envides, porque esto demuestra cuán inmaduro eres. Ama, se perfecto, perfecta en

el amor como Yo. Mi hermano, mi hermana que escuchas, pertenecemos a Dios. No nos pertenecemos a nosotros mismos y Él tiene el derecho pleno de escoger, de hacer y deshacer, de virar el timón de nuestra vida hacia donde cree que es mejor; y ¿sabes? dale las gracias, porque si no lo hiciera, iríamos derechito a la deriva, al infierno de la muerte interior, en plena vida. La envidia y los celos hacen que una persona actúe de muy mala manera porque la envidia y los celos sacan lo peor de nosotros. El libro de los Hechos de los apóstoles 7,9 dice que los hermanos de José estaban tan envidiosos de él que lo odiaban.

Tú que escuchas, necesitas examinar tu corazón con toda sinceridad por qué todavía no perdonas a fondo a esa persona que te lastimó tanto y que según tú, le amabas o le amas. ¿Acaso tienes celos o envidia de él, de ella, de ellos? Porque si es así, estás demostrando que te arrastras detrás de ti mismo, de ti misma, de lo que nada eres sin Jesús y eso suena terrible. Pregúntate si tu falta de aceptación hacia esa o esas personas es por envidia. Es necesario que a

lo que sientas en tu interior como envidia, como lujuria, como rencor le pongas nombre y digas: esto que estoy consintiendo en mi interior es pura envidia o es pura lujuria, o es puro rencor y de ahí, conociendo y reconociendo qué es, decirle al Señor en tu corazón: “Señor, yo te entrego esta envidia, no la quiero ni un instante más porque me embrutece, me hace ciego, ciega al amor verdadero, no me deja perdonar profundamente, en pocas palabras, me mata. Hoy aquí y ahora, no apartes de ti nunca más lo que hoy te dice el Señor Jesús con profundo amor, para tu bien, para tu crecimiento interior: “A ti qué de lo demás, tú

sígueme”. Amén En unos momentos de intimidad con el Señor, tomando una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo, hacia arriba o entre lazadas; cierra tus ojos y respira suave profundo y lento…. Jesús tu Señor quiere que ahora mismo comiences a soltar todo lo que te tiene todavía atado, atada de tu pasado, así que en fe adulta, comienza a decirle al Señor Dios no con palabras sino de corazón a corazón:

Señor: ahora mismo quiero tener la actitud receptora y recibir lo que tú me ofreces aquí, hoy. Señor hoy recibo tu amor. Ahora mismo recibo tu amor. Recibo tu misericordia, tu perdón. Me acepto a mi mismo, me amo a mi misma como tú me amas. Se que me estás transformando. Quiero ser todo lo que

tú quieres que sea.

En ti me acepto

completa y profundamente. Gracias Jesús, pues en ti soy merecedor, merecedora de este amor. Creo firmemente que la unción de tu Espíritu Santo está rompiendo lo que todavía está atado en mi mente, en mi ser, en mi corazón y me está dejando libre. Me proclamo libre para ti Jesús. Se que no me has dado un espíritu de temor, sino que me das un espíritu de poder, y me dejas una mente sana. Recibo ahora mismo por fe todo lo que tú Dios mío quieres que yo tenga. Se que voy de camino a la Tierra Prometida, la tierra de la paz, de la positividad, del amor y de la madurez verdadera, de la alegría y de la humildad. Señor, ya no quiero quedarme divagando en la necedad.

Ahora mismo me deshago de toda actitud errada, de todo pensamiento estéril y sin fe. Ahora mismo comienzo a disfrutar de tu bendición, de ti mismo. Oh Dios mío, se que mi carácter está siendo forjado verdaderamente en la medida en que yo obedezco lo que me mandas, y tú me mandas que perdone, que ponga siempre la mejilla de la bendición y que camine no un kilómetro sino toda mi vida por el camino de la misericordia y la compasión. Se que en obedecerte a ti, se basa mi felicidad. Aquí estoy Jesús, para hacer tu voluntad y se que tu voluntad es que ame, que perdone, que comprenda, que sea como tú, misericordioso, misericordiosa.

Qué más da todo lo demás, Yo te sigo a ti Jesús. Aquí estoy Oh Dios, amando como tú. Qué más da todo lo demás, Yo te sigo a ti Jesús. Qué más da todo lo demás, Yo te sigo a ti Jesús. Qué más da todo lo demás, Yo te sigo a ti Jesús. NO TE CONVIERTAS EN ESTATUA DE SAL 3 Hoy queremos comenzar este mensaje, basándonos en la Palabra de Dios en el libro del Génesis capítulo 19, cuando Dios destruye Sodoma y Gomorra. Pero antes, es necesario recordar el capítulo 13 en donde dice que Lot y Abraham a pesar de haber sido muy bendecidos por Dios, tuvieron problemas porque sus siervos no compaginaron a tal grado que ya no podían vivir juntos.

Abraham le dijo a Lot: “Tú y yo somos

parientes así que no está bien que haya pleitos entre nosotros, ni entre tus siervos y los míos”. Así que Lot fue a vivir a Sodoma. Dios mandó a unos ángeles para decirle a Lot: Levántate, date prisa y toma a tu esposa y a tus dos hijas si no quieres morir. La Palabra del Señor dice que Dios tuvo compasión de él, por eso aunque Lot se tardaba en salir, los ángeles lo tomaron de la mano al igual que a su esposa y a sus hijas y los sacaron de la ciudad para ponerlos a salvo. Cuando ya estaban fuera de la ciudad, uno de los ángeles dijo: ¡Corre, ponte a salvo! No mires

para atrás ni te detengas para nada en el valle. Vete a las montañas si quieres salvar tu vida.

Sin embargo, Lot les dijo que lo dejaran ir cerca de una ciudad pequeña llamada Zoar. Cuando ya había amanecido y Lot había llegado a Zoar, el Señor hizo llover fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra. La mujer de Lot que venía siguiéndole a él, no haciendo caso a lo que el ángel del Señor les dijo dice en el versículo 26, que miró hacia

atrás y allí mismo quedó convertida en una estatua de sal. ¿Sabes mi hermano, mi hermana que escuchas? Nadie

aprende en cabeza ajena sin embargo, lo mejor que puedas hacer hoy aquí y ahora para tu vida, es aprender en cabeza ajena. Cuando alguien está haciendo algo y no le sale y la puerta no se abre y no funciona de esa manera, qué mejor que sepas que eso no se hace de esa manera y que puedes hacerlo de alguna otra manera. Concretamente estamos hablando de cómo ser felices a pesar de todo lo doloroso que haya pasado en nuestro pasado. De la mujer de Lot, a diferencia de otras mujeres de la Biblia, no sabemos más que lo que dice en el versículo 26 del capítulo 19 del Génesis: que ella, miró hacia atrás y allí mismo quedó convertida en una estatua de sal.

Ella miró hacia atrás y su vida completa se detuvo y aunque en el plan de Dios ella pudo haber tomado para sí esa oportunidad de ser libre de lo que quedaba atrás y haberse agarrado, de la fe no sólo propia sino de la fe de Lot su esposo y haber sido salva y lograr

salir de aquél lugar, decidió anclarse en su pasado y se negó a sí misma la oportunidad de vivir algo nuevo, algo mejor, algo que haría de todo su ser un mejor ser humano, más grande en la confianza en Dios, más grande en las relaciones humanas, más grande para sí misma.

Lo que hizo, la detuvo. Lo que sucedió con ella fue mucho más allá que un simple acto de mirar hacia atrás, fue mucho más allá del hecho de poner su vista en aquello que estaba quedando atrás. Lot y ella, habían trabajado todo lo que iba a quedar destruido ahora por el fuego. Y todo porque los siervos de Abraham y de Lot no quisieron entenderse entre ellos, porque no sabían que entre hermanos, entre trabajadores, entre padres e hijos, entre ser humano y ser

humano la compatibilidad no existe

porque el amor no es cosa compatibilidad sino de decisión.

de

Y todo porque no sabían que la convivencia diaria se construye sólidamente día con día con infinita paciencia, aceptando a los demás exactamente así como son, comprendiendo que ellos y ellas también tienen un pasado no muchas veces resuelto ni reconciliado. Y total, que Lot y Abraham tuvieron que separase y ahora esto, tener qué dejar lo que les había costado tanto, teniendo qué

abandonar todo lo que tenían tan sólo porque otros no quisieron llevarse bien. Y la historia del hombre se va entretejiendo de esta manera: porque otros fueron heridos de alguna manera, continúan hiriendo en el presente. Y tú que escuchas este mensaje, tal vez todavía no te reconcilias con tu pasado porque algún día tomaste la decisión de sepultarlo en lo más hondo de tu subconsciente pero hoy por hoy sale a relucir por tu forma agria de reaccionar. Pero ¿Sabes, hermano, hermana que escuchas? En la vida,

llegamos a un punto en el que tenemos qué comenzar de nuevo y para comenzar a caminar firme y más estable, más libre interiormente, necesitas aceptar con paz los hechos que no pudiste cambiar, perdonar y luego, soltar. Dios ama inmensamente a cada uno de sus hijos. Dios – dice la Palabra del Señor- no odia nunca a nadie. Dios nos ama con infinita ternura y nos levanta con ternura como se levanta a un niño en llanto y por ello,

muchas veces al vernos esclavizados en heridas que nos dejan amargura y que nos hacen tirar la vida en el momento presente, permite circunstancias que

nos desaten de eso, aunque de momento nos parezca muy doloroso. Dios nos deja en libertad para decidir entre lo que nos va a hacer bien y lo que nos va a dejar más heridos y que Dios ha Recuerda tú que escuchas, que

dejado y deja en libertad a los demás para elegir entre lo que les construye o destruye a sí mismos o construye o destruye a otros. Pues, bien Dios amaba tanto a esta pareja que les permite salir de sus falsas seguridades.

Eso es lo que representa Sodoma y Gomorra: todo lo que esclaviza al hombre como la negatividad, los pleitos, las envidias, la mentira, los celos, la no fe, la desesperanza, la avaricia, la promiscuidad, el no amor verdadero. Sin embargo, nada pudo detener el amor de Dios hacia ellos pues Dios mismo se encargó de salvarlos a Lot, a su esposa y a toda su familia.

Y lo que queremos recalcar aquí es que el acto que convirtió a la mujer de Lot en una estatua de sal, es decir, en un ser humano amargado, no fue tan sólo el que ella miró hacia atrás sino que a quien miraba cuando miraba hacia delante para no caerse, era la espalda de su marido quien iba delante de ella y no al Señor Dios.

Para el hombre de la Biblia, “Mirar a las espaldas” significa que ella estaba mirando todo aquello que por causa de Lot, ella había tenido que dejar atrás. Cuando leemos por ejemplo Lucas, 17, 28 dice que en los tiempo de Lot, la gente comía y bebía, compraba y vendía, sembraba y construía casas, pero cuando Lot salió de la ciudad de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y todos murieron.

Así será –dice Jesús- el día en que el Hijo del Hombre aparezca. En aquél día, el que se encuentre en la azotea y tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a sacarlas; y el que esté en el campo, que no regrese a su casa. Acuérdense de la mujer de Lot.

El que trate de salvar su vida la perderá; pero el que la pierda por mi, la conservará. Les digo que en aquella noche estarán dos en una misma cama: uno será llevado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas: una será llevada y la otra será dejada. Le preguntaron entonces a Jesús: ¿Dónde ocurrirá eso, Señor? Y él les contestó: Donde esté el

cadáver, allí se juntarán los buitres. Cuántos de nosotros hemos vivido esta realidad: estar muertos como cadáveres por estar alimentando la no fe y por haber arrojado lejos a Jesús el Señor por la desconfianza creyendo que nuestros caminos son los mejores porque pensamos que sus pensamientos están equivocados respecto de nosotros. El Señor aquí no nos está diciendo que vivir la vida sanamente es dañina para nosotros o que disfrutar de ella sanamente sea pecado o egoísmo, sino que nos está diciendo, me está diciendo, te está diciendo a ti que escuchas,

que si lo tienes a Él como centro de vida, que si ahora mismo lo recibes como tú más grande Amado y Salvador, tu vida puede cambiar.

Dios no va a mandar fuego y azufre sobre ti ni te va a enviar a ningún infierno en llamas.

Tú mismo, tú misma decides vivir en el infierno de la desesperación y desesperanza

cuando decides rumiar lo que tuviste qué dejar porque te hacía mal o porque otros te dejaron porque no quisieron amar de verdad y no lo aceptas. Tú mismo decides vivir en el infierno de la rebeldía cuando no aceptas que aquél o esta murieron y no lo aceptas.

Tú mismo, tú misma decides mirar para atrás cuando no aceptas que por inmadurez tuya o de la otra parte, esa relación acabó en el más grande egoísmo y no quieres o no quiere la otra parte o ambas partes no quieren construir en el amor.

Porque para comenzar una vida nueva en el amor verdadero, en la sabiduría, de la mano de Jesús el Señor, hay que querer perder la vida de egoísmo y luego de tomar esa decisión, sanar con el perdón todo lo que quedó atrás. Por eso en otra parte el Señor nos dice que quien ha

echado la mano en el arado y sigue mirando para atrás, no puede entrar en el Reino de Dios es decir que quien ha decidido vivir en el

amor verdadero, en la sabiduría y sigue mirando con rencor, y sigue recordando con necedad, y sigue causándose trastornos obsesivos por ideas que él o ella misma se fijan en la mente por recordar y recordar y

recordar y recordar y recordar una y mil veces más y más, no podrá nunca vivir en la libertad interior, en la alegría del verdadero perdón, en el amor incondicional y no sabrá nunca quién es Dios. Así que no sigas más el ejemplo de la esposa de Lot que miras y miras para atrás culpando a otros por como tú te encuentras ahora. Ya no digas más que por las malas decisiones de otros tú has tenido que dejar esto o que no pudiste continuar aquello porque hacer esto, es necedad y desconfiar de que Dios, pueda hacer de tu mano, cosas mejores sobre todo en cuanto a tu interior se refiera. En la vida, en muchas circunstancias, los seres humanos tenemos la impresión de que por la mala decisión de otros, tenemos que salir corriendo del confort en donde estábamos, pero ¡qué sabemos nosotros del otro lado de las cosas! Igual otros y otras también pueden decir lo mismo de nuestras malas decisiones. En la vida, hay personas que por más bondad que tengan en el corazón, cometen decisiones equivocadas. Y podrías preguntar, ¿y por qué sucede esto? Escucha bien: Cuando Abraham le dijo a Lot que escogiera la tierra donde quisiera vivir, La Biblia dice que Lot vio la tierra que él quería. Fíjate bien que dice que Lot vio, es decir, Lot comenzó a

vivir por vista y no por fe, en cambio de

Abraham dice que Abraham creyó a Dios.

Tú que escuchas, necesitas aprender a vivir no por lo que ves es decir, no por lo que tus sentidos o emociones te digan

sino por fe. Tú necesitas comenzar a aprender a tomar las decisiones que Dios quiere que tú hagas por medio de su Palabra, por medio de estar a solas con Él, por medio del amor aunque en el mundo natural, es decir aunque en este mundo, aunque en tu vida diaria, aunque en tus circunstancias concretas, no se vean como tú quieres, aunque nada se vea agradable como tú quisieras, aunque en el mundo natural no se vea ni siquiera la más mínima posibilidad de que suceda que tú cambies reaccionando como Jesús o de que los demás cambien reaccionando como Jesús. Cuando la Biblia dice que la mujer de Lot miró hacia atrás, está

diciendo que ella tuvo que dejar por segunda vez atrás toda su vida, todas sus cosas, todo su esfuerzo, todo a lo que ella estaba acostumbrada para poder mirar, para poder moverse a otro lugar. Y volvemos a decir que si ella se convirtió en una estatua de sal, no fue principalmente por mirar hacia atrás sino por mirar la espalda de su marido, por no mirar a Dios.

Hoy, aquí y ahora, ¿a qué espaldas miras? ¿A las del resentimiento, del odio, del rencor, de la mentira, del miedo, de lo que tú sientes? Porque yo, tú que escuchas, cuando hemos aprendido a mirar para atrás pero sin mirar la espalda de otro, de otra es decir, cuando hemos aprendido a mirar el pasado como un aprendizaje recodándolo incluso con una inmensa misericordia, la amargura ya no es un problema más. Ya no hay peligro de que te conviertas en estatua de sal. Al contrario, mirar lo de atrás como aprendizaje es como poder sacar de aquello, vida sólida para el

presente, convicciones sobre cómo decidir inteligentemente desde la Palabra del Señor, desde el amor verdadero. Así que en el nombre del Señor Jesús te decimos que ya no mires las espaldas de otros, ya no digas que por culpa de otros tú no tienes alegría, que por culpa de otros tu vida se frustró, que por culpa de otros tu no terminaste tus estudios, que por culpa de otros hoy no puedes amar más, no. Porque si tú tampoco estás viendo como Lot tu vida,

sino que si hoy aquí y ahora estás viviendo por fe, entonces cree la Palabra del Señor que dice que el que está unido a Cristo es una nueva criatura es decir, que por fe, no importa lo que otros hayan hecho en tu vida por sus malas decisiones, porque en Cristo, aunque no hayas terminado tu carrera, aunque hayas perdido aquél negocio, aunque te hayan despedido del trabajo, aunque te hayas sentido humillado, humillada, traicionado, traicionada, abandonado, abandonada, rechazado, rechazada y aunque te hayan cometido la más grande

injusticia, aunque ahora mismo te hayan dicho que tienes sida o cáncer, aunque esté tu ser más amado tendido, en Cristo, no te falta nada.

En Cristo, en Jesús el amor verdadero tu vida está completa y con Él Dios te da nuevas fuerzas para continuar esta carrera de la vida con agallas, con valentía, con entusiasmo, con alegría celestial, con amor verdadero, ese que no espera nada de nadie más que de Dios y de ti mismo, de ti misma. Hoy es buen tiempo para preguntarte allá en tu interior: ¿A qué hombre o a qué mujer responsabilizas de tu infelicidad, de tu amargura, de todo lo que dejaste en el camino? ¿Sabes? toda mujer y todo hombre, tienen un hombre y una mujer importante en su vida: tal vez un padre, una madre, un hermano, una hermana, un hijo, una hija, un suegro, una nuera, un amigo, una amiga, una pareja, quizá un jefe, un compañero de trabajo o de escuela…… Tal vez la situación por la que tú estás pasando hoy ha sido causada por la inmadurez de alguna de estas personas…. Tal vez por una relación que surgió del vacío existencial de ambas partes y que fue perjudicial para ambas partes…..y tal vez, la situación que otros están pasando hoy ha sido causada por ti que escuchas….. Tal vez la mayoría de las oraciones por las que gritas al cielo, es por decisiones, situaciones, cosas que han pasado por alguna persona en tu vida….y este era el caso de la mujer de Lot. Su esposo había tomado las decisiones equivocadas por vivir según lo que veía, y por no decidir por la fe confiando en Dios, y en su Palabra.

Él había hecho cosas y tomado decisiones no con mala intención, no porque él fuera malo –porque hoy sabemos que no hay seres humanos malos; hay seres humanos heridos y deprimidos- y no porque no estuviera protegido por Dios; simplemente en su ignorancia, en su cerrazón quizá, cometió errores que marcaron la vida de esta mujer y que marcaron la vida de sus hijos. Por eso será muy importante si es que quieres amar como Dios te ama, que seas responsable de las decisiones que tomes de ahora en adelante, no por vista sino por fe, porque las decisiones pueden construir o destruir el destino tuyo, propio y el de las personas que se topan a diario contigo. Así que a partir de hoy, toma la decisión de ya no decir: Una vez más por ti, tengo qué salir corriendo, una vez más por ti, tengo qué dejar mi vida atrás, una vez más por ti, tengo qué cambiar todo lo que conozco, una vez más por ti, tengo qué empezar en cero…

Quizá tú por experiencia sabes lo que ha sido volver a comenzar, dejar tu familia, dejar tu casa, dejar tu hogar, dejar tu trabajo, dejar tu negocio, dejar tu país, dejar tu ciudad, dejar esa persona que por mezclarse emociones que no eran amor tuviste que dejar, para comenzar una vez más en cero, pero déjanos decirte que para quienes decidimos creer en Él,

la vida no comienza en cero porque sabemos que Cristo nos tiene una vida nueva llena de amor, llena de optimismo, llena de sabiduría, llena de luchas pero con paz, y que se conquista con buenas decisiones, con sabias decisiones, con decisiones llenas de la Palabra del Señor.

Casi para finalizar te volvemos de decir: Ya no eches las culpas a nadie porque las culpas no existen. Recuerda que lo que existe son las causas, así que ya no

mires para atrás para recriminarle a nadie que por él, por ella tuviste que dejar tu corazón tirado por la vida en pedazos. Al contrario mira por fe y ve que lo que tú llamas tu corazón hecho pedazos es tu amor propio herido que necesitas entregar a Jesús en la cruz y decidirte a estrenar un corazón

lleno de amor verdadero que no juzga, que perdona sin condiciones, que devuelve la confianza, que lucha, que se anima porque se deja animar por Dios, que comienza una vida, al estilo de Jesús. Amén. En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas. Tu cabeza recta, cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento. Toma conciencia de quién eres y quién te habita. Tú no eres, como muchas veces lo has dicho, alguien que no vale la pena y que mejor sería morir. No. Tú eres un ser humano

infinitamente amado por Dios. Eres un ser humano lleno de tesoros sin explorar. Tú eres único, única, irrepetible. Tú eres un ser humano lleno del amor de Dios….

Y desde esa fe hermosa, desde tu profundidad, dile mentalmente al Señor: A Ti, Oh Dios, levanto mis ojos a Ti que habitas en el cielo y en el corazón de cada ser humano. Levanto a ti mis ojos de donde viene mi esperanza; esperanza que me llega a borbotones de Tú inmenso amor, de que no te olvidas nunca de mí. Muchos –yo mismo, yo mismahemos llegado a poner la esperanza en que tengamos suerte en ese proyecto, en que todo salga bien, en la solución de los problemas. Pero mi esperanza es pronunciar Tu nombre Jesús…Mi alegría se llama conocerte, saber de tu bondad infinita, de tu amor incondicional que va más allá de donde alcanza mi razón. Tú eres mi puerta abierta, mi ventana llena de luz. Cuando los hombres me miran, me preguntan por qué sigo creyendo, por qué Tú sigues siendo mi esperanza, Y me digo ahora mismo: ¡si te conocieran realmente!....si supieran sólo un poco de Ti, de tu inmenso amor incondicional…..Si ellos descubrieran lo que Tú me has dado, si ellos entraran ahora mismo a mi corazón y vieran que me libras de todas mis angustias, miedos, inseguridades, tristezas, y que has ido sanando mis heridas a través de todo este tiempo….porque sencillamente me amas y quieres que sea feliz…

Hoy Jesús, quiero pedirte por esta persona que sufre como yo y que seguro el daño que me causó fue sin premeditación, sin mala voluntad y sí motivado por su inconsciencia, por sus heridas no sanadas y por su vacío existencial…. (y tú allá en tu interior menciona su nombre). Báñala de tu amor Jesús…que te

conozca a ti único y verdadero Dios…..En este momento, en tu nombre Jesús, declaro rotos esos muros que ha construido en su mente….muros de miedos, de inseguridades, de resentimientos y déjale en paz, Jesús….. En tu Presencia Jesús, en tu nombre decido con tu gracia que ya no me hará más daño el recuerdo de su abuso, de su rechazo, de su abandono, de su injusticia, de su humillación, de su traición, porque hoy en el nombre de Jesús quiero y

decido perdonarle de corazón. Y tú allá en tu interior, allá en tu corazón lleno de amor de Dios, mírale por fe y ve cómo Jesús le libera a él o a ella bañándole con su sangre sanadora y libertadora. Ahora, en el nombre de Jesús y por el amor que Dios te tiene, toma ese amor propio herido y permite que la gracia de Dios lo convierta en amor verdadero para ti mismo, para ti misma y para los demás.

Jesús, en tu nombre me declaro libre y sano para ti, Señor….

Oh Jesús, Tú eres maravilloso, acoges mis pies cansados.... Tú Señor eres la motivación de mi diario vivir, por quien despierto cada mañana, por quien hago bien lo que tengo qué hacer. Tú, Señor, eres mi esperanza, mi vida, mi todo. Tú Señor, eres mi esperanza, mi vida, mi todo. Tú Señor eres mi esperanza, mi vida, mi todo.

EL PASADO YA PASÓ 4 no puedes desperdiciar tu vida por estar echando las culpas a otros y por estar pensando en quienes son responsables de la situación en la que tú te encuentras el día de hoy. Hoy

comenzamos

diciéndote

que



Si tu padre o tu madre o tu esposo, tu esposa o tu amigo o tu jefe se equivocó tú no puedes estar mirando para atrás ni estar diciendo: “Si mi papá o mi mamá o mi esposa o mi esposo o mi pareja o mi amigo, o mi amiga o mi tío, el mi maestro, o mi vecino, o quien tú sabes, no hubiera hecho esto, y si no hubiera hecho esto otro; si hubiera tomado esta decisión”. Yo fui abusada de pequeñita y créeme, que no estoy el día de hoy, como me encontraba cuando luego de agrandarse la herida de ese abuso, caí en las manos de quien fuera como una forma de auto agredirme por el dolor, por tener mi autoestima sumamente degradada.

Hoy puedo decirte con alegría y gran gozo interior que Dios me dio la capacidad de perdonar hace ya 30 años y puedo decirte que amo a quienes me han

y no tiro, ni gasto mi vida pensando con dolor en lo de atrás, porque se que todo eso al haber sido asumido por la fe en Jesús me ha hecho crecer como nunca imaginé crecer. herido en la vida, con el amor que Dios me ama

Cada vez que surge una nueva herida por grave que esta sea, lo que hago luego de permitirme llorar un rato, es escribir una gran carta al Señor Dios en donde le platico todo cómo sucedió y todo lo que me dolió y día con día le entrego todo eso sin fomentar el rencor o el espíritu de venganza, sino más bien fomentando el perdón incondicional mirando siempre a Jesús que murió por mi, hasta que la herida no sangra más.

Así que en el nombre del Señor, ya no pases malgastando tu vida pensando: “si este o si esta no hubiera hecho cosas incorrectas”. Quizá tú que escuchas, hoy todavía te encuentras en esa etapa, “detenido” “detenida”, lamentándote, pensando en lo que pudo haber sido si aquél o aquella no hubieran cometido ese delito, ese abuso, esa intransigencia, ese fraude, esa infamia, esa injusticia, ese abandono, esa humillación, ese rechazo, esa equivocación, si ese o esa no hubieran tomado esa decisión y aún más, si tú mismo, tú misma no hubieras permitido eso, o si tú hubieras hecho esto otro o aquello porque en realidad, ¡Qué sabemos nosotros

los humanos, del otro lado de las cosas! La Palabra del Señor es clara cuando dice en Romanos 8, 28: “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes le aman” es decir:

Dios nos dio una libertad y si mal usamos nuestra libertad es por dos cosas: o por inconsciencia o ignorancia o por heridas de la vida no sanadas, pero nunca por mala voluntad. Si el ser humano hacemos tonterías que muchas veces truncan la vida de alguien o de nosotros mismos, es por dos cosas: porque estamos heridos de esas 5 heridas que tanto mencionamos en estos Talleres para saber vivir: abandonos, rechazos, humillaciones, traiciones e injusticias y muchos no han sabido cómo sanarlas y también

actuamos mal, porque estamos deprimidos de 3

tipos de depresión: endógena (porque nuestros químicos andan mal) reactiva (porque no aceptamos lo doloroso de nuestra historia) y orgánica (porque algún medicamento o bacteria o virus) está causándonos depresión. Por último y lo más grave de todo, es que si el ser humano

ha tomado decisiones erradas que han llevado a otros a vivir en el desaliento, es porque no se quiere vivir por fe adulta, menos en esperanza por lo tanto se ha preferido vivir anulando el amor verdadero. Nos morimos por falta de amor pero no porque no tengamos amor pues la Palabra del Señor

dice que el amor de Dios ha sido derramado todo en nuestro corazón, pero a Dios, no le buscamos. No le buscas, Confías más en lo que otra gente vacía y sin fe te dice. Hoy queremos decirte que no importan las decisiones que tomen aquellos y aquellas que están alrededor tuyo, porque Dios tiene cuidado de ti, y tú en estos talleres para saber vivir, estás aprendiendo cómo superar las depresiones, cómo sanar las heridas y cómo vivir realmente pleno, plena a pesar de todo lo que haya

pasado en tu vida o esté pasando en tu vida. Dios tiene cuidado de ti y tú sabes que vas de su mano bien cogido, bien cogida de Jesús el Señor. Hoy te decimos en su nombre que Él es quien te está levantando y te va a seguir levantando siempre de cualquier tropiezo, de cualquier retroceso, de cualquier caída, de cualquier decisión equivocada y

las decisiones equivocadas de otros ya no te afectarán tanto. Cada vez menos te afectarán.

Dios va a suplir tus necesidades. Dios va a honrar tu fe de una manera especial, pero tú tienes qué aceptar y comprender ahora mismo, que tú no puedes pasar tu vida mirando hacia atrás, mirando lo que hubiera sido si esta o aquél no hubiesen cometido ese error; si esta o aquél hubiesen hecho las cosas de diferente manera, porque como dijimos en el tema: “No te conviertas en estatua de sal” -que por cierto te recomendamos que lo adquieras y lo escuches muchas pero muchas veces-, que tú no puedes actuar como la mujer de Lot, que se quedó mirando a las espaldas de Lot. Tú no puedes quedarte mirando a

las espaldas de lo que te hicieron daño; no puedes estar mirando atrás de aquellos que han tomado decisiones que quizás han hecho mover tu mundo, que han hecho que el piso se te mueva por debajo de tus pies, porque si sigues así, tu vida se va a paralizar como se paralizó la vida de esta mujer.

La figura de la esposa de Lot el sobrino de Abraham, convertida en estatua de sal simboliza el estar

paralizados en lo doloroso del pasado y aún estar paralizados en el dolor del presente. Tú podrías decirle al Señor ahora mismo: “Señor, y por qué esta situación no pasa”, “Por qué las puertas no se abren” y el Señor podría decirte ahora mismo:“Amado hijo mío, amada hija mía, porque estás mirando a la espalda equivocada; estás mirando a quiénes son los responsables de tu situación. Y mientras tú mires a la espalda equivocada y estés buscando quién es el o la responsable de tu situación vas a estar paralizado, paralizada como una estatua de sal. Ya no mires las

espaldas de nadie, mírame a mi tu Jesús. Sígueme a mi, quien te libera, quien te sana, quien te ha convertido no en una estatua de sal petrificada sino en esa sal que da sabor a la vida. ()

La estatua de sal de la mujer de Lot representa la esterilidad que nos provocan los pensamientos negativos, los pensamientos no iluminados por su Palabra Divina. La esterilidad es lo contrario a la vida, a la fertilidad. Y es muerte, es esterilidad, es infecundidad estar anclado, anclada en el pasado doloroso sin aceptarlo con paz, sin perdonar.

Mucha gente hace, busca, trabaja, lucha pero como lo que hace no produce delante de ella, entonces se encuentra paralizada, harta, cansada, desalentada y es porque sigue mirando a las espaldas de otros y de otras en lugar de mirar a Jesús. Cuando escuches cintas o Cd como este o veas a una persona

invitarte a abrir tu corazón al Señor y le veas, radiante y feliz, no digas en tu corazón: claro, como este o esta no ha pasado lo que yo….como tiene una asociación, como la gente le conoce, como sabe hablar su situación es diferente a la mía y ¡Es que a mi me ha ido tan mal, he pasado por tantas cosas!

Queremos que tú sepas que muchísima gente se ha levantado de lugares peores, de situaciones peores de la que tú estás pasando ahora y es porque la

Palabra del Señor dice que Dios no hace acepción de personas.

Dios quiere que todos sus hijos, que formamos este planeta, nos volvamos a Él, que miremos no sólo su espalda sino su corazón, que miremos a Jesús de donde brotan todas las bendiciones celestiales y espirituales y de donde brota todo cuanto somos y tenemos.

Así que Dios te está buscando a ti que escuchas para amarte plenamente, para apoyarte completamente, para levantarte con su poder, para hacer de ti una nueva criatura, pero tú tienes qué querer. Ahora mismo, piensa: ¿Cuánto tiempo has tirado lamentándote de esa situación que viviste hace 50 años, 30 años o hace 1 año o hace 2 semanas? ¿Cuánto tiempo pasas lamentándote por la situación en la que vives? ¿Cuánto tiempo has pasado echándole la culpa a otros, a otras? ¿Cuánto tiempo has tirado pensando que aquél, aquella tuvo la culpa de que perdieras tu trabajo o de que perdieras tu coche, tu casa? ¿Cuánto tiempo has tirado pensando que aquél o aquella fue culpable de que tu hijo, tu hija se fuera de casa? ¿Cuánto tiempo más vas a tirar pensando que si aquél no hubiera venido a la velocidad que venía tu ser más querido no habría muerto? La vida se hace dura, porque no hemos querido comprender y menos vivir que Dios quiere que nos amemos, que amemos y que le amemos y por eso nos vienen todas las broncas que hoy vemos a diario en nuestra vida.

Hoy el Señor te ha traído a este momento para hacer un alto en tu caminar diario y pensar: ¿Qué decisiones a la luz de la Palabra de Dios tienes qué tomar? ¿Haciendo qué, tu vida podría mejorar? ¿Tal vez perdonándote a ti mismo, a ti misma como primer paso? ¿Tal vez comenzándote a amar como Dios te ama? Y cuando ya vayas perdonándote más y más y vayas aceptándote más y más, ¿No sería bueno comenzar a perdonar al de enfrente, al que te etiquetó y dijo que eras una basura, o que te rechazó, te abandonó, te humilló, te traicionó y te cometió esa injusticia que no tiene nombre?

En realidad todo esto sí tiene nombre y se llama inconsciencia, ignorancia, no fe, desamor.

Tú necesitas poner tu mirada en otra parte a partir de hoy. En el libro del Éxodo 33, 1, el Señor le ordena a Moisés a seguir adelante. Le ordena ir de camino hacia la tierra prometida pero Moisés sabiendo por experiencia propia que el ser humano es terco, necio, y sintiendo temor de hallarse sólo en el camino, en los versículos del 14-17 el Señor le dice y también te dice hoy a ti que escuchas: “Yo mismo te acompañaré y te haré descansar” pero Moisés le respondió: “Si tú mismo no vas a acompañarnos, no nos hagas salir de aquí. Porque si tú no nos acompañas, ¿de qué otra manera podrá saberse que tu pueblo y yo podremos distinguirnos de todos los otros pueblos de la tierra?”() Y el Señor a pesar de ver que Moisés desconfía un tanto de Él, a pesar de que el Señor le hablaba cara a cara como se habla a un amigo, y a pesar de que le acababa de decir que Él le acompañaría y le haría descansar, le dice: “Esto que has dicho también lo voy a hacer, porque tengo confianza en ti y te has ganado mi favor”. () Hoy, aquí y ahora el Señor te devuelve la confianza en ti mismo, en ti misma si otros nunca te la quisieron devolver. Hoy el Señor te levanta de esa auto estima herida porque quiere hacerla nueva, llena de la gloria que Cristo te alcanzó en la cruz. Hoy el Señor te está diciendo ya no mires más tu pasado con dolor. Y si acaso miras tu pasado, que sea para verlo como una enseñanza, para no cometer los mismos errores. () Hoy el Señor te está diciendo: Mírame a mí, al que traspasaron por amor a ti. Mírame a mi tu Jesús que te doy la fuerza de un búfalo. Mírame a mí, mírame a mí, mírame a mí y nada por sobre todo te podrá derrotar. Mírame a mí. () Moisés en el versículo 18 sabiéndose amigo de Dios y confiando en Él luego de que Dios le devuelve la confianza le dice: “Señor, muéstrame tu gloria”, pero el Señor le dijo: Voy a hacer pasar toda mi bondad delante de ti y delante de ti pronunciaré mi nombre. Tendré misericordia de quien tenga misericordia y compasión de quien tenga compasión, pero mi rostro no lo podrás ver, porque ningún hombre puede verme y seguir viviendo”.¿Sabes? Dios el Padre, derrama su

misericordia infinita desde Jesús en la cruz y desde el Espíritu Santo a todo ser humano pero no todos los seres humanos nos abrimos a ese amor. El Padre Dios nos quiere llenar de su ternura inmensa a cada momento, pero nosotros tercos, por preferir estar en actitud de rebeldía, sin la fe puesta a caminar, no le podemos ver en el perdón incondicional hacia nosotros mismos y para los demás que ya depositó en nosotros a manera de semilla, por no querer amar como Jesús.

Pero aquél, aquella que muere como el grano de trigo, al egoísmo, y renuncia a estar ensimismado, ensimismada jugando al yo-yo todo el día, va a vivir plenamente esa bienaventuranza de Jesús:

Dichosos los limpios de corazón porque ellos, verán a Dios. No puedes ver el rostro de Dios porque no tomas la decisión correcta de entregar tu vida, tu ser, tu mente, tus fuerzas y todo lo que tú eres al Señor. Mi hermano, mi hermana que escuchas:

Si ahora mismo entregaras todo tu ser a Dios, te remontarías como las águilas a lo más alto para ver desde otra perspectiva tu vida; para verla desde la perspectiva de la fe adulta, de la esperanza inquebrantable y del amor que nadie lo puede apagar.

Pero, sigamos viendo lo que le dice luego el Señor a Moisés en el verso 21: “Mira, aquí junto a mi hay un

lugar. Ponte de pie sobre la roca” En el nuevo testamento: la Roca es Jesús tu Salvador, tu Amado fiel, tu Amigo que no falla, tu Maestro que sabe lo que te conviene aprender.

Jesús el Señor es quien puede liberarte del dolor de tu pasado, porque en Cristo se encuentra tu madurez, tu sanidad, tu vida verdadera, el rostro de Dios, la vida eterna, la tierra prometida, el amor incondicional, la felicidad verdadera. Hoy sabes ya que tú puedes vivir tu vida de manera plena de la mano de Jesús, porque tienes la gracia de Dios, aunque se haya hundido el mundo alguna vez en tu vida, en tu pasado, en tu ayer. Si tú quieres realizarte en Dios, tienes todas las herramientas necesarias para actuar en todo momento de tu vida, cada día, como Jesús preguntándote una y mil veces: ¿Qué

harías tú Jesús en mi lugar?

Pero atención

hermano, hermana que escuchas, ciertamente ya tienes la

gracia pero necesitas querer no mirar para atrás con dolor sino, hacia delante, clavando tu

mirada fija en Sólo Dios, en Jesús. Sólo así será feliz.

Dios te ha traído hasta este momento porque sabía que necesitabas su ayuda, porque te ha escuchado decir que “no puedes más”, que “no puedes perdonar”, que “no puedes aceptar”. Eso mismo le pasó a Moisés el hombre que escogió Dios para que ayudara a su pueblo a salir de la opresión de Egipto y lo llevara a la tierra donde mana leche y miel. Moisés llegó a un punto en su vida en que como tú sintió un desaliento tal, en donde se sintió frustrado, desilusionado a tal grado que se creía sin valor para continuar pero Moisés habló con Dios seguramente para decirle: “Señor, lo único que me puede

sacar de esta circunstancia, de esta depresión horrenda, de esta impotencia es que tú Señor vayas conmigo es decir, que tú lo hagas conmigo. Lo único que me puede sacar de esta tumba del resentimiento es que en tu nombre comience a decidirme a dar un paso a la vez para perdonar”. Tú que escuchas necesitas comprender que lo que te sacará

adelante no será nada más lo que tú hagas sólo, sola, así, sin acordarte de Dios, no; sino todo lo que hagas en

el nombre del Señor diciendo: “Señor, aunque todo me diga que no, yo creo en ti. Aunque me rechacen los demás, aunque no acepten mi forma de ser, yo comienzo a cambiar lo que se que necesito cambiar motivado, motivada por el inmenso amor que me tienes. Nada más.

Confiado en ti Jesús como dirá el salmista, me meto en la refriega. Yo confío en ti.

¿Sabes? La vida tuya no depende de tu talento, de tus fuerzas, de tu mucho estudio, ni de tus circunstancias. Depende de la fe, de la esperanza y del amor con que decidas vivir a cada momento tu vida. Mira lo que le dice Moisés al Señor: “Si tú no vas conmigo yo no puedo solo. Si tú no vas conmigo yo no me muevo de donde estoy. Si tú no vas conmigo, no hay quien me haga dar un paso hacia delante” y Dios le dijo: “Párate en la peña, en la

roca. Párate en este lugar que Yo voy a pasar delante de ti, y cuando pase delante de ti, voy a poner mi mano sobre ti”. Hay cosas mi hermano, mi hermana que escuchas que Dios va

a tapar con su mano. Hay cosas que Dios tiene qué guardar de ti, porque si tú las vieras, quizá no te volverías a mover.

Si Dios te mostrara 10 pasos más de los que tú tienes qué dar, quizá tú te echarías para atrás porque pensarías: “eso es imposible que yo lo haga”, por eso Dios tiene qué poner sus manos sobre nuestra vida tan sólo para guardarnos, para conducirnos al siguiente paso.

La vida se vive un paso a la vez. Por eso el Señor nos dice en el Padre nuestro que sólo pidamos el pan para hoy. Sólo el pan de hoy, porque es lo único que tienes ante ti: el hoy, el aquí y el ahora. La única manera en la que tú puedes salir de esa situación dando un paso a la vez, la única manera en la que puedes continuar hacia delante, no es mirando a la espalda de otros o mirando la espalda de aquél de aquella que es responsable de tu situación, sino mirando la espalda de Dios es decir, mirando a Dios mismo actuando en lo profundo

“Yo te amo, eres valioso, valiosa para mi. Qué te importa todo lo que te han dicho o hecho. Eso ya pasó y tú estás ahora conmigo, aquí, tomándote fuerte de mi mano”. de tu ser, diciéndote en el corazón por la fe:

Así que en el nombre de Jesús te decimos: Ya no mires más la espalda de tu padre, de tu madre, de tu hermano, de tu primo, de tu vecino, de tu jefe, de tu compañero de trabajo o de escuela, de ese que te rechazó, de aquella que te abandonó, de quien vive contigo y no te acepta como tú eres. Mira a la

roca que es Jesús y mirar a la roca, a la espalda de Dios quiere decir que tú ahora mismo vas caminando detrás de Él, de Jesús, tu Señor. El Señor poco a poco va a irte enseñando a cerrar las etapas de tu vida en el pasado, pero necesitas perseverar en su intimidad, en el amor, escucha estos mensajes de esperanza, este CD por ejemplo, las más veces que puedas. Tu mente y tus oídos necesitan escucharlo. Nunca pienses que con una vez basta, o que para qué lo escuchas si es lo mismo. Pensar así es una gran tontería, pues el ser

humano va a aprendiendo a sanarse en la medida en que repite actos positivos hasta convertirlos en un estilo de vida. Por ahora, te dejamos en las mejores manos, en las manos del Señor. Amén En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas. Tu cabeza recta, cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento.

Y desde esa fe que todo lo trasciende, que todo lo puede, dile allá en lo profundo de tu ser no con palabras sino en el silencio de tu corazón a Jesús tu Señor y Dios:

Señor, ahora mismo decido no volver a mirar detrás de ninguna circunstancia. Hoy decido no mirar para atrás con dolor, sino con sabiduría.

Hoy decido no mirar más la espalda de nadie por graves que hayan sido las heridas. Hoy decido mirar la partida de ese ser amado hacia a ti, como algo normal, como parte de la existencia humana. Hoy

decido en tu nombre Jesús, mirarte a ti. Nada más. Hoy decido que tú seas la Roca de mi Salvación. El amor más grande de mi vida. Hoy decido que tú seas quien vaya marcando mi camino y quien vaya afirmando mis pasos. Señor hoy decido ser grande en el amor hacia mi mismo, hacia mi misma. Hoy decido afirmarme en ti

Jesús porque te amo y me amas y por ese amor y en ese amor decido amar oblativamente es decir aunque no sea un amor acompañado de emociones quiero amar desde ese amor verdadero, ese amor que cubre al que comete las faltas. Amor que perdona sin llevar nunca la cuenta de los delitos. Hoy se Jesús porque contemplo cuánto amor me ha tenido el Padre Celestial y tú en la cruz, que el perdón es la fragancia que emanan las flores cuando son aplastadas.

Me has enseñado Jesús que quien no es capaz de perdonar, destruye el puente por donde él mismo, ella misma ha de pasar; pues todo hombre tiene necesidad de ser perdonado y aceptado de nuevo porque fuimos creados para ser amados y no rechazados. Jesús, hoy he aprendido de ti, que perdonar equivale a poner un prisionero en libertad y descubrir que el prisionero he sido yo mismo, yo misma. Se que los débiles nunca perdonan y que el perdón es el distintivo de los fuertes. Jesús, ayúdame a vivir esta clase perdón, perdón incomprensible por cierto a la mirada superficial y vacía.

Se que quien se acerca a estrechar la mano luego de las ofensas graves, es que se ha olvidado de sí mismo y hoy Jesús, quiero olvidarme de mi mismo, de mi misma en ti perdonando en tu nombre a quien contribuyó a tanta depresión, a tanto dolor y todo esto lo entrego en tus manos, lo dejo en tu corazón divino. Me declaro libre de esas ataduras mentales, me declaro en tu nombre Jesús, sano, sana para ti. Y tú que escuchas, desde la fe adulta, oye en tu corazón lo que

hoy Jesús tu amado divino te dice en lo profundo de tu ser: “Mi pequeño, mi pequeña, El amor del Padre me enseñó que uno tiene una inmensa ventaja enorme sobre las personas que nos calumnian o dañan deliberada o inconscientemente. ¿Recuerdas que yo pasé por

todo eso toda mi vida? Bueno pues fíjate bien ¡Cómo antes de morir yo moví todo mi ser al amor incondicional y gratuito para devolver la confianza y perdonar! Así tú, hoy, aquí y ahora, estás en ventaja sobre quienes te han herido hondamente.

Estás en la posición de perdonarles y volverles a extender tu mano. Y si esa mano tuya extendida la rechazan, no olvides que también me rechazaron a mi. ¡Alégrate!

Pues aunque el o la de enfrente te rechace, te abandone y no te acepte como tú eres, tú, al

mirarme a mi y perdonarle habrás crecido en el amor, en la salud mental e incluso corporal. Habrás crecido en la fe, en la esperanza, en el amor al estilo del Padre Dios. Se que a veces tu sufrimiento es tan doloroso que llegas a considerar imperdonable la conducta de quien te hirió. “Eso no tiene perdón”, dices. No obstante, Yo, tu Dios soy capaz

de librarte de esa carga ahora mismo y obrar en ti una trasformación evolutiva, paso a paso. Mi portentoso amor posee esa virtud hoy tan olvidada del hombre mismo, de perdonar sin condiciones. La gente hoy se pregunta y hasta tú mismo quizá has dicho:

¿Dónde está el rostro de Dios? ¿Quién ora hoy cara a cara con Dios? Ahora mismo estás orando cara a cara conmigo, tu Dios; ¿sabes? tú habrás visto mi rostro y los demás también, cuando devuelvas la confianza a quien te ofendió. Cuando le hagas ver mi bondad a través de ti. Con mi gracia que he depositado en ti, lo único que tienes qué ser ahora es ser bueno, buena, compasivo, compasiva como Yo lo soy contigo ahora mismo. Hazle ver a quien te hirió que estás bien con él, con ella, pues ¡la vida es tan corta! Y sólo viniste a este mundo a ¡Amar! No lo dudes más, reconcíliate ahora aunque el o la de enfrente no quiera verte nunca más

y no mires para atrás. No lo dudes más, reconcíliate ahora aunque el o la de enfrente no quiera verte nunca más y no mires para atrás. No lo dudes más, reconcíliate ahora y no mires ya tu pasado con dolor. Mírame a mi tu Jesús. No lo dudes más, reconcíliate ahora.

Y tú allá en tu corazón dile al Señor: Te entrego mí pasado Jesús. Lo deposito en tus manos para ahora mismo reposar en ti, en paz.

ROMPE LAS BARRERAS DEL PASADO 5 Hoy queremos comenzar haciéndote una pregunta: Alguna vez ¿no has sentido tu corazón como atrapado, como amarrado al pasado por cosas que pasaron antiguamente? Bueno pues hoy vamos a hablar de

cómo quitar las barreras del pasado. Los expertos en el deporte decían que no se podía correr una milla, en menos de 4 minutos, porque el cuerpo humano no estaba capacitado para ello. Era imposible. Con el paso del tiempo, se hicieron estudios y los expertos siguieron afirmando lo mismo, hasta que un buen día, un joven, decidió romper el record. Él no escuchó, ni hizo para

sí todos los pensamientos negativos que dijeron los entendidos en la materia. Simplemente se concentró en que él rompería ese record de correr una milla en menos de 4 minutos. Este joven, después de entrenar y de constantemente enfocar su mente en esta meta, lo logró. Su nombre es Roger Vanister. Después de Roger han seguido rompiendo este record más de 336 atletas en los diferentes juegos olímpicos a lo largo de la historia. Pero, ¿qué fue lo que pasó con todos los atletas que habían participado antes de que llegara Roger Vanister con su nuevo record? Y ¿qué fue lo que pasó con Roger Vanister? La barrera no estaba en sus piernas ni en el cuerpo humano. La barrera de los atletas antes de Vanister estaba en su mente. Todas las barreras del ser humano no están en sus circunstancias, ni en las pocas oportunidades, ni en el que

otros te hayan herido rechazándote o abandonándote o humillándote o traicionándote ni en la injusticia que te hicieron. Las barreras en tu vida no las han hecho otros sino tú en tu mente. Tú eres quien te has hecho creer lo que otros en su ceguera dijeron de ti: que eres el horror de la humanidad, que no sirves, que no vales, que no puedes, que sin este o esta te mueres, que si… y así sigues y sigues poniendo pretextos para no usar el potencial maravilloso de tu mente y que Dios te dio para que seas feliz, porque no quieres poner a caminar eso que se llama valentía, agallas, voluntad, decisión, levantarse. Este es el punto central de este mensaje: Todas las

barreras que encuentres a lo camino, comenzarán en tu mente.

largo

del

No importa lo que haya pasado, ya pasó.

Lo que importa es hoy, tu actitud, tu apertura a la gracia, tu deseo de salir adelante comenzando por orar, por estar con el Señor para dejar que Él comience a animarte, a fortalecerte, a iluminarte, a levantarte. Cuántas veces te has dicho a ti mismo, a ti misma: “yo no puedo salir de este abuso que me hicieron hace 40 años, hace 10 años, hace 2 años, hace 2 meses”….Cuántas veces te has dicho a ti mismo, a ti misma: “yo ya no puedo más con esta

situación, con esta forma de ser de mi hijo, de mi nuera, de mi esposa, de mi vecino, de esta persona”….

Claro que tú no vas a poder cambiar la forma de ser de nadie porque ni yo que te hablo, ni tú que escuchas vamos a poder cambiar la forma de otros pero sí puedes cambiar tu forma de ver la

vida, sí puedes cambiar tu manera de ser propia comenzando por perdonarte a ti y luego perdonar una por una de tanta herida, ya que si no lo decides así, entonces vas a vivir tirando tu vida como los expertos antiguos del deporte,

creyendo que no puedes y haciendo que a muchos y a muchas que podrías ayudar a levantarse, a romper los muros de su pasado, prefieran seguir como tú metido, metida en la negatividad, en la no fe, en la rebeldía por lo que pasó en el pasado haciéndose creer también que jamás podrán sanar ni salir nunca de eso.

¿Sabes? cuando uno fomenta esa clase de pensamientos, difícilmente se puede avanzar, más bien, rápidamente llega todo lo que levanta muros: la inseguridad el miedo, el desaliento, la depresión. Si continúas con esa clase de pensamientos tú que escuchas, difícilmente podrás salir de pasado. Te verás continuamente atrapado en el dolor del pasado.

Las barreras mentales serán las que te impedirán desarrollar todo el potencial que Dios ya puso en ti. Cada día mientras perdura el hoy, tienes la oportunidad de romper las barreras del pasado doloroso. Y sabiendo esto, ya no podrás jamás volver a echar a otros la culpa de tu infelicidad pues ya sabrás que la causa de tu infelicidad está en ti, en tu propia mente y es la necedad de no querer entregarle al Señor lo que te dolió, lo que te pasó, lo que te marcó y echar para adelante una y otra y otra y millones de veces más. El apóstol Pablo nos aconseja a no traer a nuestra mente las cosas viejas, las cosas pasadas; que antes bien

pensemos en todo lo bueno, en todo lo grande, en todo lo bello y en todo lo excelso. Pero, y ¿qué pretendemos al decir todo esto que estamos hablando? Simplemente queremos que hoy, aquí y ahora, te des un toque de atención y mires si lo que has pensado ha sido pura negatividad. Mucha gente asocia y echa la culpa de su infelicidad a una fiesta por ejemplo a la navidad o la semana santa o al 10 de mayo o a un cumpleaños, cuando en realidad deberíamos de ser más profundos y honestos y ver si más bien es nuestra mente a la que conducimos mal con la inteligencia, los pensamientos, la memoria y la voluntad y hacemos que todo luzca interiormente fatal y luego después le tenemos miedo a esos días, a esa fecha, a ese lugar, a esa persona.

Cuándo vas a comenzar alguna cosa, ¿comienzas echándote porras para decirte con la ayuda del Señor tú puedes? O más bien comienzas a pensar en lo difícil que va a estar esto, en lo que te costará perdonar esto y esto otro y ¿de paso condenas a la persona que te hirió y no quieres volver a verla jamás? Mi hermano, mi hermana que escuchas, mientras sigas pensando así, las barreras del pasado harán de las suyas con tu presente, contigo mismo, contigo misma y con quienes te rodean, pues quien no es feliz no puede hacer feliz a nadie. Si todavía eres de las personas que piensas que a esta vida te enviaron a vivir en un valle de lágrimas, permítenos decirte que el Plan de Dios para ti y para cada uno de los seres humanos no fue ese.

Tú que escuchas, la fe en la Revelación de Dios en su Palabra nos dice que eres hijo, hija del Rey. Tú no eres una casualidad de la vida ni un experimento de la ciencia o el fruto de la pasión de tus padres, no. Tú eres hijo, hija del Rey y fuiste creado, creada y enviado, enviada a esta tierra con un propósito bien claro, con un sentido, con una misión, la misión de amar como Jesús.

Y sólo si cumples día con día ese plan maravilloso, ese propósito que Dios pensó para ti que escuchas, es que podrás disfrutar de toda la grandeza para la que fuiste llamado, llamada en Jesús. Ese plan es que vivas día con día, momento a momento, el Reino de Dios en el reino de Dios que ya Dios depositó en tu mente y corazón.

Henry Ford decía: “Si crees que puedes, podrás”. Y el creador de las empresas Sony, decía: “No se pueden crear empresas grandes con hombres con una mentalidad pequeña”. cómo quieres vivir tu día en paz, cómo quieres tener tu interior lleno de luz, de alegría de positividad, si decides día con día pensar Así que hoy pregúntate,

negativo diciéndote: “No puedo, no lo voy a poder lograr, no hay oportunidades” pero mi hermano, hermana que escuchas: Dios

ya te dio el potencial en tu mente y corazón para poder ser feliz, para poder depositar en sus manos tu pasado, tus dolores; Dios ya te dio la capacidad de decidir si continúas atado, atada a ese hecho doloroso o de si decides comenzar a ser libre y

feliz ahora mismo.

Hay gente que dice: “nací pobre, crecí pobre, vivo pobre y moriré pobre” ¿Qué puede pasarle a una persona que se mentaliza que no puede salir de la pobreza? Mira el ejemplo de tanta gente

que nació entre la miseria y hoy son grandes empresarios que comenzaron con lo que tenían qué hacer cada día bien hecho en pocas cantidades. Gente que supo administrar bien lo poco de entonces y que hoy saben administrar bien lo que producen, como el inventor de un material para llantas de autos reciclable, quien

es árabe y con sus millones y millones de dólares tiene un montón de asociaciones para ayudar a mucha gente, niños y jóvenes a que estudien, a que se dediquen a las artes, orfanatos en donde se les educa en todos los aspectos etc.

Dios te dio un potencial increíble para hacer de tu mente el instrumento más poderoso para dar bondad, para recordar sin dolor, para recordar el pasado como una enseñanza que hoy te ha hecho crecer en el amor verdadero, en la sencillez, en la humildad, en el reino de Dios. Y no se trata de poder mental como lo entienden algunos ni de concentrarse en una cuchara y doblarla con el pensamiento. Se trata de algo aún más sencillo: de ser sabios y no necios, de ser dóciles y no rebeldes, de ser humildes y no llenos de orgullo y soberbia, se trata de amar y no de odiar, se trata de decidirse por la alegría y no por la tristeza; se trata de cultivar positividad y no negatividad.

Se trata de dejarse iluminar del Espíritu del Padre Dios y de Jesús y no del espíritu de la no fe y de la desesperanza. Si tú que escuchas dices: “No voy a poder lograrlo”, “No voy a poder hablar” “No puedo perdonarle” no vas a poder sencillamente porque no lo quieres hacer. Mejor sería que dijeras sin camuflar nada: No quiero hacerlo, pero de que puedes,

¡Puedes! Lo tienes todo en tu interior, sólo basta querer ponerlo en práctica.

No es el que me dice: “Señor, Señor” el que entrará en el reino de los cielos, sino aquellos que hagan lo que Yo les he dicho que hagan. Y yo les he dicho que se amen, que se perdonen, que sean humildes, que busquen primero el reino de Dios, que busquen primero vivir como Yo y todo lo demás se les dará por añadidura”. Por eso Jesús el Señor en el evangelio dice:

Para romper con las barreras del pasado, como punto primero tienes qué partir de la fe. Sin fe no vas a ir más que al vacío, a la superficialidad y a volverte a encontrar con tu inconsciente herido volviendo a activar el círculo vicioso de la no fe, y por la no fe, viene la negatividad, con la negatividad viene el desgano, el desaliento y con el desaliento viene la depresión y vuelves a repasar y repasar y repasar una y mil veces ese hecho doloroso, vaciándote de fe sin salirte de ese círculo vicioso, tirando la vida por estar enyoiyado, enyoiyada como lo hemos dicho muchas veces y enyoiyado, enyoiyada te sorprende la agresividad tuya o de otros, te sorprenden los golpes fuertes de la vida, se te van las ganas de vivir y deambulas como cadáver muerto por la vida.

La fe te va a ayudar a saber sortear, a saber salir adelante de las circunstancias propias de ser un ser humano que cae 7 veces al día entre otros seres humanos que también caen 7 veces al día. La fe ilumina e iluminará esas áreas en tinieblas, heridas del pasado o del presente para irlas sanando día con día con positividad, con esperanza, con amor de la mano de Jesús.

Para poder pulverizar las barreras del pasado, necesariamente tendrás que partir con la fe y desde la fe. Sin la fe no vas a ir a ningún lado. En realidad las cosas dolorosas del pasado siguen siendo dolorosas porque así estamos decidiendo que así sean.

Dios nos dio la capacidad y nos da a cada momento su gracia, y su Espíritu Santo para poder sanear nuestra parte límbica del cerebro, nuestra parte emotiva, nuestra parte donde los sentimientos fluyen, nuestra área afectiva, nuestro corazón. Desgraciadamente le permitimos a la ceguera espiritual, a la necedad que nosotros mismos permitimos en nuestro interior que nos limiten, que nos esclavicen y con ello aumentamos diariamente cada día la depresiones reactivas, las enfermedades físicas y hacemos con nuestra forma negativa de pensar, que las serotoninas dopaminas y endorfinas nos bajen provocándonos un estado interior que nadie más que sólo Dios y nosotros mismos podemos mejorar. Pero si tú mismo, tú misma que escuchas sigues diciéndote: “no puedo olvidar esta ofensa, no puedo aceptar que me rechazaron o me abandonaron, no puedo perdonar aquellos abusos, no puedo aceptar que me hayan humillado de esa manera, no puedo perdonar aquella injusticia, no puedo aceptar que el ser humano sea por una parte tan limitado y que esté tan herido, no puedo salir de esta depresión, no puedo levantarme, no podré jamás realizar el sueño de Dios para mi”, ciertamente, no podrás.

En realidad los imposibles sólo están en tu mente, porque la Palabra del Señor nos dice

que con la fe y la voluntad puesta en ello, todo es posible: es posible perdonar de corazón, es posible levantarse de cualquier caída, es posible aceptar lo que no se puede cambiar, es posible vivir entregándose a Dios a cada momento haciendo actos de abandono en sus manos, es posible navegar con esperanza en medio de grandes tormentas, es posible amarnos a nosotros mismos como Dios nos ama y es posible amar a cada ser humano que habita en este planeta.

Sí, es posible vivir libre del pasado y aunque no es una cosa de magia, el proceso para purificar, para cernir el pasado, es sumamente enriquecedor y cada vez nos va a ir dejando más bonitos, más hermosos, más fuertes, más firmes en Dios, más grandes en el amor, más libres de ataduras, de dependencias, de apegos, más llenos de luz, menos fáciles para dejarnos arrastrar por el desaliento y la desesperanza. Ya no pongas tú mismo, tú misma para ti mismo, para ti misma más obstáculos mentales para aceptar y superar tu pasado en cuanto a lo doloroso se refiera.

Comienza una y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra vez a echar el manto de la misericordia a ti mismo, a ti misma. Comienza una y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra vez a echar el manto de la misericordia a esa persona o a esas personas que como tú no sabían cómo canalizar tanto dolor, tanta herida, tanta depresión, todo un pasado sin sanar y por ello te causaron daño.

Necesitas romper ahora mismo con tus “no puedo” porque de otra manera no vas a avanzar a ningún lado. Ya no le des vuelta a la misma necedad, quita ese disco rayado y pon el disco nuevo del amor incondicional. Te repetimos: Necesitas romper ahora mismo con tus “no puedo” porque de otra manera no vas a avanzar a ningún lado. Ya no le des vuelta a la misma necedad, quita ese disco rayado y pon el disco nuevo del amor incondicional. Cuando una persona tiene un pensamiento dirigido siempre hacia la negatividad hasta convertirse en una obsesión, podemos decir que esa persona tiene interiormente unas fortalezas o muros qué le aprisionan. ¿O no es verdad que te has sentido muchas veces aprisionado, aprisionada por los pensamientos negativos del pasado que te llegan al estar recordando una y mil y millones de veces más las mismas escenas, las mismas palabras, los mismos acontecimientos estando la mayor de las veces como un espectador sin hacer nada positivo al respecto? La Palabra del Señor llama fortalezas a esas barreras que nosotros los seres humanos nos hacemos mentalmente. Y cuando permitimos que la negatividad nos atrape por medio de los pensamientos que dejamos anidar por no querer creer en el amor que Dios nos ha tenido en Jesús y por no creer en su Palabra y por no obedecerle, vivimos cada vez más alejados de la verdad y somos infelices. Hoy el Señor en su infinito amor te invita a dejar tu hombre viejo, es decir tu antigua manera de pensar. Te invita a ya no continuar hiriéndote tu mismo, tú misma al decirte que fuiste llamado a vivir en la pobreza, en la frustración, en el vacío, en la sequedad, en la impotencia, en la enfermedad, en la desesperanza, en la infelicidad.

Date cuenta de que esa forma de pensar es una forma incorrecta de pensar. La 2ª Carta a los Corintios 10, 4 te dice a ti que escuchas: “Las armas que usamos

no son las del mundo es decir, las humanas, sino que son poder de Dios capaz de destruir fortalezas. Así podemos destruir todos esos argumentos, toda esa soberbia, todas las acusaciones y toda altanería y necedad que pretenda impedir que conozcamos a Dios. Por eso, todo pensamiento humano lo sometemos a Cristo para que le obedezca a Él”. Mi hermano, hermana que escuchas, cuando tú permites que el desaliento te gobierne, cuando tú permites que la envidia, el egoísmo, la soberbia, la altanería, las heridas mismas y hasta la depresión te gobierne, quiere decir que tú estás permitiendo alejarte de la verdad.

El Señor hoy te llama a ti a que le rindas todo pensamiento que cruce por tu mente de día y aún de noche. Pues entre más lejos de la verdad prefieras y decidas estar, más noche, más tiniebla, más amargura, más infelicidad vendrá a tu vida, pero en la medida en que

constantemente estés rindiendo tus pensamientos a Jesucristo, en esa medida podrás ir saliendo con más madurez de cada lucha, de cada emoción, de cada sensación, de cada pensamiento, de cada circunstancia por más difícil que sea. En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas. Tu cabeza recta, cierra tus ojos y respira suave, profundo y

lento…. Y desde esa fe que todo lo trasciende, que todo lo puede, dile allá en lo profundo de tu ser no con palabras sino en el silencio de tu corazón a Jesús tu Señor y Dios:

Señor, hoy reconozco que madurar y crecer interiormente no es una tarea sencilla. Crecer es avanzar, retroceder, caer y levantarse, pero también gracias a la luz que me das, que si retrocedo, ya no puedo decir que vuelvo al principio donde me encontraste porque eso sería no ver que aunque no estoy donde debiera estar no estoy donde comencé cuando por primera vez me volvía a ti gracias a tu amor incondicional por mi. Hoy quiero aceptar Jesús, que en este camino hacia la madurez, siempre habrán personas que me lastimen, que me nieguen aquello que deseo, que no me comprendan, que no me valoren, porque esto es así y no puedo cambiarlo, sólo puedo y quiero cambiar mi actitud pensando qué harías tú Jesús en mi lugar. Quizá durante todo este proceso de crecer, me tope con alguna herida emocional que hayan provocado mis padres, o con el recuerdo de un amor que me ha olvidado o con la mentira de un amigo que no ha sabido obrar con lealtad y que todavía me duela, pero Señor, hoy

voluntariamente necesito desde este momento entregarte todo, pero todo mi interior, mi mente, mi cerebro, esa parte límbica a donde van todas las heridas relacionadas con la falta de amor, para que

tú pongas tus manos santas y me des la salud y desates cada nudo emocional que encuentres, y me hagas libre de ataduras, de apegos porque quiero amar a cada ser humano sobre la tierra, como tú me estás amando ahora mismo, hasta experimentar una infinita compasión por cada uno de ellos. Hoy se Señor, que cuando las cicatrices no logran cerrarse y el rencor continúa anidando en mi espíritu, su energía actúa como un veneno. Quizá muchas de mis enfermedades se deben a esta contaminación energética, por la ira permanente que he dejado vivir en mi mente y corazón, tal vez se deban a los pensamientos de venganza y destrucción que han ocupado mi mente. Se que allí donde existe el resentimiento difícilmente puede florecer una actitud positiva hacia los demás y por eso me he cerrado yo mismo, yo misma la oportunidad de vivir una vida nueva aferrándome a los dolores del pasado convirtiéndome en un masoquista, en una masoquista, en un inmaduro, en una inmadura, pero ya no más

Jesús.

Hoy he venido a ti y tú me has traído hasta este momento para perdonar. Quiero ser libre de estas ataduras mentales; ya no quiero vivir más en la cárcel del resentimiento. Hoy en tu nombre, quiero perdonar a quien me olvidó, me agredió, a quien destruyó lo que con tanto esfuerzo había construido.

Jesús, envía el fuego de tu amor sobre mi, envía tu luz y tu paz para que inunden mi ser de sabiduría, de amor verdadero, de perdón incondicional para todos ellos, para todas ellas. Jesús, en tu nombre comienzo a perdonar, ayúdame. (Bis) (Y tú, allá en tu interior, unido, unida a Jesús, mira cómo Jesús y tú liberan a esa o a esas personas de la culpa, del juicio condenatorio, y cómo tú vas siendo libre del veneno del rencor, del veneno del resentimiento, y mientras miras cómo Jesús y tú liberan a esa o a esas personas, interiormente dile una y

otra vez: Jesús, en tu nombre comienzo a perdonar, ayúdame.

LIBÉRATE DE TU PASADO 6 Hoy comenzamos diciéndote que el pasado no se olvida ni se debe olvidar, sobre todo en cuanto a experiencias enriquecedoras se refiera. El pasado es claro que

no es el presente, así como el presente no es el futuro. Sin embargo, lo que decidirá parte de tu futuro será la manera en como decidas pensar en el presente respecto al presente y respecto a lo que pasó de doloroso en tu pasado.

Los seres humanos, yo, tú que escuchas, somos hasta cierto punto, producto del pasado, tanto de lo que llamamos bueno, como de lo que llamamos malo. La mayoría de las cosas que nos suceden incluso, están fuera de nuestras manos.

¿A quién no le gustaría haber tenido unos padres maduros como Jesús? ¿A quién no le gustaría no haber carecido de amor verdadero? ¿A quién no le gustaría no haber sido abusado, abandonado, rechazado, humillado, traicionado? ¿A quién no le hubiera gustado no padecer depresiones por mal funcionamiento de químicos en el cerebro? ¿A quién no le gustaría que el ser humano fuera por naturaleza humana dulce, bondadosa, misericordiosa? Sin embargo, Dios se solidariza con la raza humana y nos da a

su Hijo Jesús a quien reconocemos por fe como nuestro Dios y Salvador, como nuestro Amigo fiel y quien nos muestra que aunque la vida es así, gracias al poder de Dios, gracias a su gracia, gracias a su amor incondicional por cada uno de los seres que habitamos este planeta, el doloroso pasado toma sentido y tiene un valor invaluable: porque el pasado doloroso es la experiencia que no se aprende en ninguna universidad y que no se puede comprar con ningún dinero.

¿Qué sabe de la vida el que no ha padecido? ¿Qué sabría el Hijo de Dios, Jesucristo si nunca hubiera bajado del cielo, si no hubiera padecido como padeció y sobre todo, si no hubiera amado hasta el extremo?

Te engañaríamos hermano, hermana que escuchas si te dijéramos que la vida es fácil, y que a ti precisamente, te tocó perder en la vida. ¡No!, Ni la vida es fácil ni te tocó perder en la vida. Simplemente las cosas son así, escucha bien: Los seres humanos todos, estamos heridos de rechazos, abandonos, humillaciones, traiciones e injusticias.

Todos los seres humanos unos más otros menos tenemos depresiones de 3 tipos: endógenas, reactivas y orgánicas y que sobre toda la tierra no hay medicamentos que las curen. Por lo menos hasta hoy en este siglo XXI no se tiene noticia de algún medicamento que no tenga efectos contraproducentes para el hígado o los riñones y que cure completamente la depresión.

Lo que sí se puede hacer respecto a cada una de ellas es hacer ejercicio diariamente, alimentarse sanamente, tomar suficiente agua por lo menos 2 litros diarios e ir aceptando y perdonando de corazón todo lo doloroso que haya o esté pasando en tu vida y por supuesto retirarse a orar con el alma, la mente y el corazón para exponerse al Sol Divino, a su luz, a su amor. A todo esto que decimos, le sumamos personalidades, temperamentos diferentes, genes heredados, una historia de vida, cultura y creencias de todo tipo. Pero no te angusties que no hay dónde perderse: Hay un solo camino para

encontrar la paz de la mente, del alma, del corazón y se llama Jesucristo. Él es el camino, la verdad, la vida, la liberación total del ser humano, la alegría verdadera, la motivación y el sentido por el cual trabajamos, nos levantamos, luchamos, perdonamos, amamos. Para el Señor nunca será imposible transformar todo lo doloroso que te ha pasado en la vida. Una vez más aprovechamos para decirte que el Padre Dios no quiere el dolor para sus hijos pero sí respeta la ley de la libertad humana, la ley de la naturaleza, y cuando viene el dolor provocado por el mal uso de estas leyes o porque las cosas de la vida son así, Él toma todo eso y lo convierte en madurez para sus hijos cuando estos hijos

que somos yo que te hablo y tú que escuchas, nos abrimos en fe a su amor y permitimos que su Espíritu Santo nos posea y comencemos a perdonar una y otra y otra y millones de veces más a quien nos hirió. Mucha gente se obstina por clasificar al ser humanos en dos clases: buenos y malos cuando en realidad hay gente más madura y gente llena de heridas y depresiones sin solucionar. Repetimos: Mucha gente se obstina por clasificar al ser humanos en dos clases: buenos y malos cuando en realidad hay gente más madura y gente llena de heridas y depresiones sin solucionar. Es más sabio pensar de esta manera, porque tu voluntad para amar y la gracia de Dios van permitiendo que seas más compasivo, más compasiva, más misericordioso, más misericordiosa, y tengas el pensamiento más parecido al de Jesús el Señor cuando dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. El pasado está lleno de cosas que otros hicieron mal porque no sabían lo que hacían y en el pasado de otros están las cosas que hiciste mal porque no sabías lo que hacías. Se actúa más que por mala voluntad y maldad, por ignorancia. Por no saber que somos seres humanos increíblemente valiosos, por ignorar que cada uno somos un tesoro del Cielo, por no creer que somos hijos de Dios. Lo maravilloso aquí es que lo que tú has llamado: situaciones desastrosas, cosas malas, son en realidad oportunidades para crecer sobre todo en la capacidad de amar, pues finalmente a este mundo no vinimos tanto a doctorarnos en medicina o en abogacía o en psiquiatría etc., sino que vinimos a desarrollar la capacidad de amar como Dios desde toda la eternidad y hasta siempre nos ha amado y nos amará. Y para amar, el perdón es algo que no podrá faltar mientras dure tu vida. Perdón a ti mismo, perdón a los demás, perdón incluso a Dios por respetar las leyes de la vida.

Es más fácil dar el perdón concientemente, cuando uno se da cuenta que la mayor parte de las cosas que nos han pasado de dolorosas nosotros las hemos permitido por ciertas causas: por ignorancia, por impotencia, por la fragilidad de ser seres humanos contingentes, por inmadurez. Fuera del abuso sexual y verbal que hayas recibido de pequeñito, de pequeñita, muchas de las cosas dolorosas del pasado han venido por las malas decisiones, tuyas y de otros y por una vida interior pobre, sin una fe desarrollada ni crecida. En muchas ocasiones nadie hubiera podido hacerte daño si tú no lo hubieras consentido, por ejemplo, si tú no te hubieras dejado llevar de lo que sentías por aquella persona casada, por el rencor, por la envidia, por los celos, por el estado de ánimo tuyo lleno de negativismo y no fe, habrías podido poner límites. Si vives con rencor –por ejemplo-, el rencor mismo te lastimará a ti y no a las personas por quien lo sientes. Para ser feliz pues, no es preciso olvidar el pasado sino aprender a aceptar hasta qué punto fuiste causante de aquello tan doloroso que tuviste en el pasado. La gente que te hizo daño recibirá de la vida exactamente lo que se merece, pues quien por ejemplo decide seguir viviendo en infidelidad vivirá traicionado una y otra vez y jamás será un ser humano maduro ni feliz aunque así lo parezca.

Quien decide seguir viviendo en el rencor recibirá de sí mismo desesperanza, enfermedad física y mental, hastío de vivir, frustración. en el nombre de Jesús, prosigue tu vida, canaliza tus fuerzas Por

eso

te

decimos:

para lograr lo que Dios se ha propuesto contigo: que seas un ser humano lleno de amor, de sabiduría, de positividad y creatividad, un ser humano que en las entrañas grite al mundo entero que Jesús está vivo, que es posible ser feliz a pesar de todo. No te empeñes en olvidar lo que jamás podrás olvidar. Si abusaron de ti lo recordarás pero luego de entregar ese hecho doloroso millones de veces a los pies de Jesús, ya no lo recordarás con amargura sino comprendiendo que tú eras muy pequeño, pequeña o muy joven y que esa o esas personas así como tú también a pesar de ser más grandes que tú estaban heridas y vacías de vida verdadera.) Dios no odia a nadie. Nos ama con locura y aunque aborrece el egoísmo porque nos hace mal, así yo, tú que escuchas lo que debemos de aborrecer y aún más, lo que debemos mirar con paz, es la acción dolorosa que en Jesús ha quedado transformada en vida nueva. Sólo canaliza tus pensamientos hacia otro punto. La felicidad es un estado que viene de adentro hacia afuera, si la buscas afuera jamás la encontrarás, la felicidad la tienes tú y es algo que nadie jamás te podrá arrebatar. Te tienes a ti mismo, a ti misma y a Dios; eso es lo que debe de ser lo más importante para ti, y eso tampoco nadie te lo podrá quitar.

La vida es un regalo espléndido de Dios, tómala con la mejor cara todos los días, ya que el sólo hecho de amanecer es un milagro, verás que con un poco de buena voluntad de tu parte, pronto te importará poco lo que te hayan hecho, estás vivo, viva y eso no te lo pudieron quitar, nunca es tarde para volver a comenzar, tal vez duele un poco, pero hasta el dolor tiene un límite y hoy en el nombre de Jesús te decimos, ve más allá del dolor.

Perdonar se dice fácil, pero si no has desarrollado en ti ese don hasta convertirlo en un estilo de vida, en un hábito, lo tienes que intentar hasta que no recuerdes con dolor el daño que te ocasionaron sea cual sea. Necesitas perdonar con sinceridad porque perdonar aunque no sientas bonito, es el principio para poder olvidar el daño. Cuando venga a tu mente el daño que te ocasionaron no rechaces ese recuerdo. Más bien rechaza odiar, rechaza guardar rencor y amargura y cambia de canal mental en donde la pantalla de la imaginación te muestre a Jesús el Señor derramando vida a ese momento de dolor. Mira a Jesús derramando sobre esa o esas personas y sobre ti, todo su amor, su luz, su paz, su vida. No vas a olvidar tu pasado sino a recordarlos sin dolor. Y para lograr esto con la ayuda del Señor, necesitas aceptar tu pasado como una lección de vida, ya sea algo que te construyó o algo que te causó profundo dolor. En la vida, no puedes disfrutar de un buen manjar si no has sufrido hambre. Antes de perdonar, razona en que te puede ayudar ese mal rato, y luego empieza por no tomarle mucha importancia comenzando a comprender al otro, a la otra y a ti mismo, a ti misma, utiliza el perdón. Todos los seres humanos estamos necesitados de misericordia desde que nos levantamos hasta que nos volvemos a levantar, día y noche necesitamos comprensión, misericordia. Los golpes duros de la vida, te dejan más de lo que te quitan, dolor es pasajero, como lo vida, y el dolor si muchas veces no podrás evitar, como no lo pudiste evitar en tu pasado, sufrimiento que está en tu mente y que te viene de resistir doloroso, sí lo puedes evitar.

el lo el lo

El sabio aprende a saber vivir en medio de las limitaciones de los demás. El sabio sabe que cada circunstancia dolorosa de la vida forjan el carácter y el alma. El sabio no se escandaliza de lo que otros en su ceguera interior puedan llegar a hacer. El sabio perdona porque comprende. El sabio sabe que no se trata de olvidar el pasado si no asumirlo con paz. Desenterrar los muertos

de los sucesos dolorosos del pasado no aporta ningún beneficio al presente y sí lo apesta, lo frustra, y te entierra a ti que escuchas, en vida. No conviertas tu mente en un cementerio, ni en un basurero. Barre tu mente, limpia tu casa interior con sabiduría, con la luz del Cielo, con amor verdadero, con madurez al estilo de Jesús. () Ahora, será muy necesario para ti, saber distinguir cuándo se acaba una etapa de tu vida, revisar si hay heridas pendientes sin sanar y cerrar esa etapa. A este proceso de darte cuenta cuando ha acabado una etapa de tu vida, de revisar si hay heridas pendientes y sin sanar y cerrar esa etapa la llamaremos “El proceso de cerrar círculos o puertas o capítulos de la vida”. Si insistes en permanecer en esa etapa más allá del tiempo necesario por ejemplo si insistes en permanecer en tu niñez, en tu juventud, en aquella relación que por más que creíste hacerle la lucha no funcionó, o cuando vivías en tal ciudad, cuando estuviste en aquél trabajo, cuando estabas sin esta enfermedad etc., entonces pierdes la alegría y el sentido de lo que tienes ahora cerrándote a experiencias nuevas y benéficas quizá no sólo para ti mismo, para ti misma sino para quienes te rodean también. Comienza pues por levantar tu mano derecha y decir en voz alta: “Señor, hoy decido sacar de mi arsenal mental que me diste, la decisión de comenzar el proceso de cerrar círculos o puertas o capítulos. En tu nombre Jesús tomo la valentía de cerrar la puerta a lo que no pudo ser, a lo que me dolió pero que ahora con tu amor tú y yo estamos comenzando a sanar. Contigo hoy doy el paso hacia mi sanación y libertad interior. Amén” () Así que para comenzar este proceso de cerrar círculos, puertas, o capítulos, todos los días, cuando vayas a leer la Palabra del Señor, primero te llenas de su Espíritu, luego de buena Palabra y luego toma tu libreta y repasa mentalmente desde tu niñez, circunstancias que aún no perdonas, que aún no aceptas, y

escríbelas en una cartita al Señor. Luego, mírate mentalmente en esa etapa de tu vida, en esa circunstancia y ve en tu imaginación por fe, cómo el Señor baña a todos y a todo y a ti, con inmenso amor, con su luz sanadora, con su sangre y cómo todo, pero todo, lo transforma en bien, en vida. Ya que lo veas todo y a todos llenos de luz y a ti mismo, a ti misma, cierra esa puerta, ese círculo, ese capítulo de tu vida y al otro día sigue trabajando en otras etapas en las que encuentres que hay todavía cosas que te estorban para mantenerte feliz. Lo importante aquí es poder cerrar heridas, luego de sanar etapas de tu vida y dejar ir momentos que se van terminando. ¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó tu relación? ¿Ya no vives más en esa casa? ¿Debes irte de viaje? ¿No te aceptan así como eres? En el nombre de Jesús te decimos: ya no decidas ni un instante más pasar más tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en repetir una y otra vez el casete o el CD de “sí, pero me humilló” “sí, pero me abandonó, me rechazó” “sí pero es que tú no sabes lo que me dolió y me duele” “sí pero”…. Más bien tratar de entender para qué sucedió tal o cual cosa por dura que haya sido. Y cuando trates de entender el para qué, no se te olvide nunca que todos los seres humanos hemos recibido 5 heridas: rechazos, abandonos, humillaciones, traiciones e injusticias y que llevamos a cuestas depresiones endógenas, orgánicas y reactivas sin asumir, sin aceptar, sin solucionar. Trata de entender que quizá aquél aquella estaba enfermo, le dolía la cabeza, le dijeron que tenía sida o cáncer, o quebró en su negocio, o acababa de perder en un accidente a un ser querido o le dijeron eres un inútil y encima lleva genes heredados que no pidió al nacer. () Todos los seres humanos tenemos el potencial para poder ir cerrando círculos, puertas, capítulos. Todos tenemos el potencial de ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con

momentos de la vida y a seguir adelante, pero desgraciadamente unos no saben cómo hacerlo y muchos, no quieren hacerlo. () No podemos estar en el presente agonizando en el pasado. Lo que sucedió, sucedió, y luego de mirar con sabiduría cómo puede hacerte crecer todo eso, vendrá el hecho de que lo aceptes, lo perdones y lo sueltes. Para ser feliz necesitarás decidirte por desprenderte del dolor de tu pasado e incluso desprenderte de lo que te hizo sentirte bien y hoy ya no lo tienes. ¿Sabes? no puedes ser un niño, una niña eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas que ya no existen, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! () Por eso, a veces será necesario y sano que regales a otros que puedan usar, que puedan utilizar, eso que te dio aquella persona que no supo amarte como Dios te ama. Tal vez, si murió un ser amado puedas cambiar de casa, o arréglala de otra forma, pon olores nuevos, incienso, e incluso si puedes pinta de otro color las paredes, rompe cartas o tarjetitas que aún puedan volver a recordarte lo que apenas estás sanando. Sobre la música que te recuerde algo doloroso, ve encontrando la forma de que no te haga daño de momento no la escuches. Mejor hazte de música nueva. Regala libros u objetos o ropa que te hayan dado si te duele verlo, pero antes háblale a esa persona o personas sobre tu decisión de cerrar eso por tu salud mental y física y porque deseas bendecidlos con tu perdón incondicional. No basta que el tiempo cure las heridas porque conocemos mucha gente que lleva agonizando por 40 años al arrastrar heridas sin sanar. Para sanar las heridas se necesita primeramente una buena actitud, estar tomados de la mano de Jesús y tiempo. En muchas ocasiones, los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Los verbos que escucharás convertidos en actitudes, te liberarán y te ayudarán a cerrar puertas del pasado, te ayudarán a cerrar círculos y estos verbos

son: comprende, perdona, deja ir, suelta, despréndete. Da vuelta a la hoja, vive sólo lo que tienes en el presente y lo que tienes en el presente es el amor de Dios esperándote con los brazos abiertos. () El pasado ya pasó y si quieres vivir en alegría y paz, urge que comiences a perdonar de corazón, dejando que las entrañas de Cristo en la cruz sean la motivación de tu perdón. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú o de todo lo que sufriste por tanta herida. Suelta el resentimiento, pues al repetir "tu película personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigues es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte. () La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" sin limpiar antes cada habitación por la que pasaste, por si acaso algún día…., nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción, sin culpas, sin agobios, sin asfixias espirituales. Así que hoy, aquí y ahora es un buen momento para preguntarte a ti mismo, a ti misma allá en tu interior: Aún hay en algún rincón de tu inconsciente ahora consciente ¿Noviazgos, relaciones, o amistades que no dejas ir? ¿Posibilidades de regresar? (piensa: ¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si crees que sí, busca el momento de reparar eso, pero si no, comprende, perdona, deja ir, suelta, despréndete y cierra capítulos. Dite a ti mismo, a ti misma que no, que no vuelven, que ya no quieres estar de necio, de necia sobre la misma terquedad, sobre la misma necedad. Pero dilo, no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio. () Tú ya no eres el mismo, la misma que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver.

Perdónate y perdona, entrégaselo a Dios, cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, la misma ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Por salud mental, por amor ti mismo, desprende de ti lo que ya no está en tu vida. () Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Sólo Dios es indispensable en tu vida. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo es indispensable. Sólo Dios es vital para vivir. Nada de lo que ves en este mundo es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste solo con Dios y te irás sólo con Dios. () Por lo tanto, necesitarás querer aprender a vivir contigo mismo, contigo misma de manera madura y feliz, y este, es un trabajo personal qué forzosamente has de caminar sólo, sola, sin la compañía humana o física que hoy te duele dejar ir. Sólo con Dios y tú. Nada más. () Soltar el pasado luego de aceptarlo con paz, es un proceso no tan fácil pero si decides ser sabio con la gracia de Dios, te hará un hombre, una mujer, un ser humano con la elegancia espiritual que se necesita para vivir la vida como la vivió Jesús. Así vivió Jesús, siempre desprendiéndose, siempre mirando al Padre Celestial y amando profundamente a los seres humanos. Tú que escuchas, no digas que es imposible vivir así porque tienes la gracia de Dios. Recuerda, nada ni nadie nos es indispensable, sólo Dios. Lo demás es costumbre, apego, necesidad de llenar alguna carencia afectiva que no fue cubierta en la infancia. () Por eso hoy, en el nombre de Jesús te decimos: perdona, cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate. Hay muchas palabras que significan salud mental y cualquiera que escojas te ayudará a seguir adelante con tranquilidad para realizar cada día el proyecto de Dios para tu vida que es que te realices en el verdadero amor que es Él. ¡Esta es la vida! ¡Bienvenido, bienvenida! Sigue adelante con ánimo, con fe adulta, con esperanza, con amor. ()

En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas. Tu cabeza recta, cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento. Y desde esa fe que todo lo trasciende, que todo lo puede, dile allá en lo profundo de tu ser no con palabras sino en el silencio de tu corazón a Jesús tu Señor y Dios: Señor quiero darte las gracias porque ahora mismo me abres los ojos del corazón para que pueda comprender que lo más importante en la vida no son los bienes materiales, ni lo que los demás puedan pensar de mi, ni las heridas que he recibido, sino tu amor hacia mi. Hoy acepto que lo más importante a partir de hoy es la misericordia. Misericordia para todos aquellos con los que toparé cada día. Misericordia para aquellos y aquellas que no se visten como yo, que no piensan como yo, que no comprenden como yo. Misericordia para todos aquellos que me han herido, me han abandonado, rechazado, humillado, traicionado y que me han hecho injusticias. Misericordia para mi mismo, para mi misma porque también me he equivocado. Y tú, hermano, hermana que escuchas, necesitas aceptar la realidad de que el mundo se muere por falta de amor verdadero, por la falta de muestras de verdadero amor. Quizá tus heridas llegan tan hondo porque nadie te ha abrazado a ti, y por eso tú no abrazas a los tuyos, pero hoy te decimos: rompe en el nombre de Jesús con esa cadena que lo único que ha hecho es crear seres humanos que más que corazón de carne, tienen corazón de hielo. Rompe con la frialdad que recibiste de pequeño, de pequeña y permite al Espíritu Santo que caliente tu frialdad, tu rigor, tu indolencia e indiferencia con su fuego que todo lo transforma.

Y tú, en silencio, allá en lo profundo de tu ser dile: Señor dame un nuevo corazón. Cambia mi corazón. Dame tu corazón.

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EDUCA TU MEMORIA 1 Estos mensajes de la serie “Suelta tu pasado” tienen la finalidad de que seas cada vez más libre interiormente de tu pasado. Hoy comenzamos diciéndote que lo que sucede durante nuestro caminar por la vida, no todo lo que pasa es placentero, o bueno. Es rara la persona que termina un periodo de tiempo sin padecer nunca nada. Como ejemplo para que comprendamos más esto que estamos hablando, cuando estaba construyendo este tema, me enteré sobre las estadísticas del fútbol americano, y me enteré que solo un equipo rompió el récord de terminar la temporada con sólo juegos ganados, pero sabes cuándo le sucedió esto a ese equipo? en 1972 y desde esa fecha, volvió a perder y a ganar. Muchas de las veces, el problema conmigo, contigo que escuchas y con mucha gente, es que tratamos de medir nuestro tiempo de vida en términos de que todo tiene que ser ganancia, todo tiene qué resultarnos bien y a veces, no todo es así. Siempre hay alguien que establece un récord y otro que lo supera. A veces, cerramos el año con bastantes victorias, pero también con

algunas cosas que no nos salen como queríamos y que sólo nosotros los seres humanos las llamamos “fracasos”. Hay quienes ganaron a alguien, pero perdieron a otro. ¿Sabes? es difícil tratar de medir la vida por lo que “ganamos”. También, muchos y muchas miden el tiempo de su vida por la manera en como reaccionan ante las pérdidas. Algunos puede que reciban un cúmulo de gozo en unas horas, y al día siguiente, se encuentran llorando por alguna pena. En Génesis 41,50 y siguientes dice: “Antes de que empezaran los años de escasez, José tuvo dos hijos con su esposa Asenat. Al primero lo llamó Manasés, que significa “el que hace olvidar” porque dijo: Dios me ha hecho olvidar todos mis sufrimientos”. () Todos necesitamos un Manasés, es decir, todos necesitamos entrar en un periodo de tiempo en el cual podamos decir: “Dios me ha hecho olvidar”. ¿Sabías que la memoria se debe de administrar? José el hijo de Jacob fue un hombre que tuvo un par de sueños que contó a su familia. A sus hermanos no muy les gusto que José tuviera esos sueños y lo persiguieron, metiéndolo finalmente, en un pozo. Querían matarlo, pero el mayor en lugar de matarlo, decidió venderlo como esclavo. Luego, lo compró Putifar de Egipto. Sin embargo, pese a todo lo ocurrido, Dios lo hizo prosperar en Egipto. José creció y decidió con la ayuda de Dios, administrar todo bien, hasta que la esposa de Putifar decidió que lo quería para ella. Y empezó a seducirlo día tras día, hasta que un día José salió corriendo desnudo. Esto quiere decir que lo pensó, porque a

nadie lo desnudan si no lo piensa. Muchos de nosotros echamos la culpa a los demás sin reconocer nunca la causa verdadera del asunto que nos salió tan mal. En realidad cuando salimos desnudos, muchas de las veces, es porque permitimos que nos desnudaran. () Y para la Biblia, la desnudez representa la fragilidad humana, la debilidad humana, la contingencia humana. () Así que no podemos decir, luego de que hemos decidido mal, por vivir despistados ¡Hiii! Y ahora, ¿por qué me pasó esto? pero ¡Cómo es posible!, ¿¡En qué momento me descuidé, que me volvió a pasar!? () Muchas de las cosas en nuestra vida, no pasan sin que uno se dé cuenta. (Estamos hablando de todo menos del caso de un abuso sexual hacia un bebé o hacia un pequeño o una pequeña, pues en estos casos el niño o la niña no pueden medir las consecuencias de lo que les ocurre ni tienen idea del por qué está pasando eso). A José el hijo de Jacob, la esposa de Putifar lo acusó de acoso sexual y lo metieron a la cárcel. Pero estando ahí, y al saberse bien unido al Señor Dios, interpretó el sueño de dos personas, lo cual lo llevó a tener la posición de un profeta. Luego, el Faraón de Egipto tuvo sueños, José los interpretó, hasta que el Faraón lo nombró administrador de todo cuanto tenía. La vida para José, no fue fácil, ya que se calcula que inició todo esto a los diecisiete años de edad, pero a pesar de su corta edad, mantuvo su corazón recto y Dios lo sostuvo a él en las pruebas. () Yo, tú que escuchas y todo el que decida creer, puede identificarse con todas las personas en la Biblia, seres humanos que caemos, nos levantamos, y que necesitamos otra oportunidad. Siempre vamos a necesitar de otras muchas, millones de oportunidades y

Dios nos la da, por eso es que nosotros no podemos negar a nadie, otra oportunidad. () José no hizo que las cosas duras de su vida desparecieran por sí solas, por eso, a su primer hijo le puso Manasés, para que cada vez que llamara a su hijo, él mismo se dijera a sí mismo: “el que hace olvidar, ven”. Y no consta en la Biblia que José viviera atormentándose de recuerdos dolorosos. Al contrario, consta que por la fe y por el amor que Dios le tuvo y por el amor que él le tuvo a Dios, decidió olvidar todo, recordando seguramente, pero sin dolor. Tú que escuchas, necesitas hacer algo para olvidar lo que no es digno de ser recordado con dolor. Cuántas veces has rumiado una y millones de veces aquello que ocurrió tan doloroso y por dejarte llevar de la negatividad, la positividad ha quedado relegada de tu mente. Los malos recuerdos sin solucionar, sin sanar, producen un efecto negativo en tu vida a tal grado que te cuesta realizar algo en la vida con soltura, con seguridad, con fe, porque el recuerdo de lo que tú y sólo tú has llamado fracaso, te agobia hasta físicamente y te carcome interiormente. Tú que escuchas, necesitas querer comprender que ese mal momento ya pasó o que este momento que hoy te ha horrorizado y hecho tanto daño, también va a pasar. Estar fomentando y repasando una y otra y otra y otra y miles de veces más en tu memoria, tantos momentos tan duros de tu vida y no sanarlos a la luz de la fe por medio de la lectura de la Palabra del Señor y del estar a los pies de Jesús quien ahora mismo te dice, ¡Te amo sin condiciones!, hará que tu vida sea una constante agonía, y hará de tu interior un infierno en el que las llamas del rencor acabarán no sólo contigo sino con todos aquellos que se topen en tu camino.

Para vivir tu vida sabiamente, y para que puedas vivir administrando correctamente lo que permites en tu mente, necesitas recuperar la confianza

primeramente en Dios y automáticamente Dios te hará experimentarte seguro, segura, en Él.

La Biblia dice que el ser humano cae 7 veces al día es decir, que constantemente los seres humanos caeremos y nos levantaremos. Porque aquí lo importante no es cuántas veces cayeron los demás o tú, sino si los demás y sobre todo si tú, estás decidiendo levantarte hoy, aquí y ahora de la mano de Jesús el Señor. Las caídas se impregnan en nuestra memoria y ¡cómo cuesta hacer algo bueno!, porque nos sentimos “ridículos”, nos sentimos “la nada misma”, nos sentimos “no merecedores de ser amados” y cuando ese recuerdo se vuelve casi un demonio obsesivo que nos acosa todo el tiempo, a la hora de hacer las cosas, a la hora de perdonar, a la hora de acariciarnos interiormente con profunda misericordia a nosotros mismos y a los demás, abandonamos todo y volvemos a la misma necedad. Si tú que escuchas, rompiste con el novio, es verdad, fue un mal momento, y pasan meses, y años, y alguien se te declara y sigues en el pasado. Tu hijo, tu hija te dijo que te odiaba, que lo dejaras hacer su vida, que no te metieras más, a la hora de hacer las paces, aparece un dejo de recelo, y un gesto y una voz de rencor. El amigo o la amiga te traicionó o el jefe no valoró tus esfuerzos, y esperaste a que el amigo o el jefe muriera de improviso para darte cuenta que no sirvió para nada

construir un muro de aislamiento y juicio contra el otro. No sólo tú que escuchas, sino yo que te hablo y todos los seres humanos, somos especialistas en guardar malos recuerdos. Mi hermano, mi hermana que escuchas, Dios fabricó tu mente, tu cerebro, el área de tu imaginación con el potencial para borrar el dolor en tus recuerdos, gracias a la sangre que Jesús derramó por ti en la cruz. Para ello también te dio su Espíritu Santo, pero tú necesitas querer buscar a Dios, al Padre Celestial, a Jesús, a su Amor en la oración en el silencio y la soledad que volverán a recrear y a unificar tu ser, tu vida entera.

En el nombre de Jesús te decimos que comiences a hacer el esfuerzo de olvidarte dolorosamente de todo mal recuerdo que tengas. Haya pasado lo que haya pasado, Jesús el Señor ya lo tomó en la cruz y te liberó y te sanó de eso, pero tú ahora, hoy y a cada momento necesitas querer aceptar esa liberación y esa salud interior que te alcanzaron sus llagas. El término “olvidar” aquí no significará que no recordarás nunca más lo que pasó. Si tu esposo falleció, y eres una viuda, o si sufriste un divorcio después de veinte años de casados, si viviste una relación que les dañó a ambas partes, y por eso lo mejor que pudieron hacer fue separarse, si abusaron de ti en muchos aspectos, si te violaron, si te manosearon, si mataron a tu ser más querido de la manera más absurda e ilógica, si te echaron fuera del trabajo o de aquella comunidad, si nadie te ha valorado en la vida, nadie te va a decir que no lo recuerdes, porque siempre lo recordarás.

En realidad, el término olvidar se refiere a decidirse a “soltar

y dejar de recordar con resentimiento, con rabia, con odio, aquél suceso o a aquella o a aquellas personas.

Pero para ello, necesitarás hacer del Señor Jesús tu Amado más especial, tu mejor Amigo, tu Rey, tu Salvador, tu Todo, pues de otra manera, nunca podrás vivir realizado, realizada, feliz. ¿Quién de nosotros, yo, tú que escuchas, toma fotos de los malos momentos y guarda un álbum de ellos? ¿Quién le dice a su hijo: “compré esta cámara digital, ¿eh?, la vas a enfocar muy bien en cuando tu papá venga y me meta una buena golpiza, ¿eh? tomas la foto, porque año con año quiero ver esa fotografía y volver a mirar cómo hasta los dientes me salieron volando” Pero, ¿Quién toma esas fotos? Sólo un psicópata, sólo un

enfermo, sólo el que no quiere sanar. Pues eso es lo que tú haces cuando decides volver a recordar con dolor al no perdonar de corazón, al no hacer el esfuerzo día con día para sanar tu interior de la mano del Señor Jesús. No guardes más con dolor las cosas adversas de la vida. ¿Por qué ahora mismo no comienzas a manejar tu memoria con sabiduría? De una vez por todas, deja de ser masoquista contigo mismo, contigo misma y sádico, sádica con quienes te rodean, pues

es tu baja autoestima, el no valorarte de verdad, el no amarte como Dios te ama, lo finalmente

que te hace estar clavado, clavada en el dolor del pasado y ser sumamente infeliz. Muchas de las veces, por estar encerrado, encerrada en ti dejas ir la oportunidad que tienes para madurar. Dios tu Padre

celestial siempre estará buscándote tocando la puerta de tu corazón pero respetándote siempre si le abres o no para poder ayudarte a sanar tus recuerdos dolorosos. ¿Y sabes por qué Dios siempre te buscará para ayudarte a ser feliz? Porque Dios nunca se olvida de ti. Cuántas veces has tenido la oportunidad de ser dulce y misericordioso, misericordiosa con los demás, y sonreírles de corazón pero el traer las imágenes de los malos momentos, o de las circunstancias adversas de la vida que te rodean, y que cautivan tu mente, lo que les das son rabietas, portazos, palabras hirientes, inmadurez, insatisfacción de vivir. Y todo por estar pensando sin fe: ¿Dónde estaba Dios cuando pasó todo esto? Y como diremos en cada uno de los mensajes, Dios, estaba respetando tu libertad, la libertad del otro, de la otra, de los otros. En lo personal te digo que se lo que es estar envuelta en un problema llena de angustia y pensar que Dios pudo haberse olvidado de mi, pero si he llegado a pensar en eso, es por haberme dejado arrastrar de la superficialidad, pues inmediatamente, cuando por gracia de Dios y mi deseo de abrirme a su amor incondicional por mi, la fe adulta, me hace ver lo que ha acontecido, con otra mirada, la mirada del cielo, la mirada de Dios. Los momentos difíciles no vale la pena guardarlos y menos guardarlos con dolor. Quizá tú que escuchas, tuviste un buen día con tu familia, te dieron el ascenso que esperabas o tuviste buenas ventas o te encontraste a un buen amigo que hace tiempo no veías o tu hijo te dio un beso y tu esposa un abrazo o pasaste unos momentos ricos, sabrosos ante la Palabra de Dios pero…., y ¿qué pasa en la noche? Se aparece la fotografía de eso que pasó, y que te dañó tanto, y comienzas a desanimarte, a perder la

estabilidad interior; comienzas a sentir desasosiego, angustia, tristeza hasta caer en el pozo negro de una depresión. Mi hermano, mi hermana que escuchas, no te vamos a decir que olvides tu pasado en el sentido de no volver a recordar más, porque no vas a tener amnesia con tal de no recordar. Lo que sí te decimos es que a pesar de que pasó aquello, quizás en ese matrimonio o en esa amistad que terminó tuviste momentos buenos, ¿por qué no recordar eso? A pesar de las locuras, de la inmadures y de las heridas sin solucionar de aquél de aquella que marcó tanto tu vida, ¿por qué no recordar lo positivo por mínimo que sea? ¿Cuántos de nosotros no hemos sufrido un desengaño con un amigo que siempre estuvo contigo, pero justo el día que según tú, más lo necesitaste, no estuvo ahí o que al cometer tú errores, no quiso ser misericordioso, misericordiosa contigo? ¿Sabes? Somos poco sabios o nada sabios cuando tomamos todos los buenos momentos y los ponemos en el bote de la basura. Y hacemos eso porque nos dejamos afectar más por lo que nos dolió que por lo bueno y positivo. Un detalle bueno debería de opacar los malos, sin embargo, preferimos convertirnos en tiranos de los demás y de nosotros mismos y hacemos que lo que sucedió de negativo opaque lo que aún ahora podría construirnos en vez de destruirnos. Durante toda tu vida habrá cosas ocurriendo que no te gusten, pero no porque no te gusten, las metas más en tu memoria para grabarlas oprimiendo el botón de record para grabarlas por si luego lo quieres volver a verlas. ¿Por qué no oprimes el botón de record y luego el de play a los buenos momentos, a las victorias? ¿Por qué no, en lugar de pensar en el penalti que falló, piensas en el penalti que no falló? Necesitas pensar en los que no fallaste para inspirarte en la siguiente vez que te saldrá mejor con la ayuda de Dios. Si te inspiras en los momentos en que no has fallado, seguramente vas

a lograr amar como Jesús te ama, pero reconoce que casi siempre piensas en lo que te salió mal, y así, nunca vas a estar inspirado, inspirada para lo que puede enriquecerte interiormente a ti y a cada ser humano que se cruce en tu camino.

Haz como hizo José el hijo de Jacob: Nombra a esa sonrisa que puedes dar “Manasés” porque le dirás:

“Dios es quien me hace olvidar, ven”;

nombra a ese abrazo que darás a esa persona

que en su momento de equivocación te dañó, “Manasés porque le dirás: “Dios es quien me

hace olvidar, ven”;

nombra a esa llamada de teléfono al o a la que sabes que está esperando quien le escucha “Manasés” porque le dirás: “Dios es quien me hace olvidar, ven”;

Retírate a orar y nombra a ese momento de intimidad con Dios “Manasés” porque en realidad sabes que Dios es quien te hará olvidar es decir, quien te hará recordar sin dolor. Finalmente te decimos:

Elige pensar con fe, y eso será eligir ser inteligente, Amén. En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, tomando una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas; tu cabeza recta cierra tus ojos y respira suave profundo y lento. Y desde esa fe adulta, dile al Señor tu Dios que está allá en lo

Dios mío, ahora mismo tu gloria, la manifestación de quién eres profundo de tu ser:

está sobre mi. Se Señor, en quién creo, en quién confío. Por eso vengo a ti, y me levanto desde ti, pase lo que pase, montones de problemas, desafíos, mi hogar que tronó, mis hijos que están mal, esta amistad que no se dio, mi economía que fue sacudida, pero Señor aquí estoy. Se en quién creo, en quién confío, en ti, Señor. Aquí estoy Oh Dios, perseverando en ti, tocando tu puerta, gritando tu nombre Jesús, porque espero en ti y esperaré en ti todos los días de mi vida, y aunque sienta muy sólo, muy sola el dolor seguiré esperando en ti. Esta es la fe que tú mismo me has dado Señor. Se que es tan fácil

se que es mejor confiar en ti y aquí estoy Señor confiando en ti. Señor mi amor por ti me consume y quiero que quienes me vean sepan quién eres Oh Dios siempre fiel. tirar la toalla, se que es tan fácil desesperarse, pero también

Ahora mismo, todos mis temores se van gritando de espanto por que confío en ti. Ahora mismo todo lo que podría apartarme de ti se va aullando para no volver más porque yo confío en ti y descanso en ti. Todo lo que aún me había martirizado de mi pasado ahora mismo en tu nombre queda por tu amor transformado en madurez, en

bendición para aquellos y aquellas que no sabían lo que hacían. Yo confío en ti.

En ti Jesús hay poder, en tu nombre hay poder, y en mi ahora mismo acá en mi interior hay poder porque tu amor por mi es más grande que toda equivocación, que toda inconsciencia, que toda inmadurez. Jesús, estoy persuadido, persuadida, convencido, convencida de quién eres y de que todo lo puedes; que no hay nada

imposible para ti ni para los que creen y esperan en ti y yo soy uno de esos, una de esas. Yo confío en ti.

Aquí estoy por el inmenso amor que me tienes, poniendo mi vida, mi corazón, mis mente y todo lo que soy a tus pies. Aquí estoy entregándote todo para que tú que sí puedes, me sanes para ti, me dejes lleno, llena de ti, siendo cada vez más firme en ti, más maduro, más madura en ti Jesús. Gracias Jesús porque me enseñas exactamente qué es lo que quieres de mi. Persuádeme cada vez más para no dudar nunca de los planes del Padre Dios. Convénceme de que no hay nadie más sobre la tierra que me pueda amar como me amas tú, Señor.

Aquí estoy Jesús, creyendo en ti, esperando en

ti, confiando en ti. Te agradezco todo lo que estás haciendo en mi interior y en general en todo mi ser alma, espíritu y cuerpo. Tú eres el Dios de amor, el Dios que me acompaña siempre y me protege. Hoy le declaro a la no fe, a la desesperanza, a la depresión, a la enfermedad, al miedo en quién estoy creyendo y en quién seguiré creyendo: en ti Dios mío. Yo creo y confío en ti Jesús. Yo te conozco por infinita misericordia tuya por tu Palabra. En tu Palabra espero y con tu Palabra sigo vivo, sigo viva hoy aquí y ahora mismo, porque todo está sostenido en ti.

Padre Celestial ¡Te amo!, Jesús, ¡Te amo!, ¡Espíritu Santo!, ¡Te amo! Dios ¡Te amo! Me has dado lo que no imaginaba: la vida, tu perdón, tu salvación, la provisión, el pan de cada día, tantas cosas. Se que el propósito que has marcado

para mi vida, será hecho. “Yo confío en ti”.

EDUCA TU MEMORIA 2 ¡OLVÍDATE! Hoy comenzamos esta parte dos de “Educa tu memoria” de la serie “Suelta tu pasado” que tiene la finalidad de que

permitas a Dios purificar tu memoria, diciéndote que, normalmente, guardamos las fotografías de cosas buenas, bonitas, placenteras. Abres el álbum, ves a tu hija cumpliendo años, su primer día de colegio; ves en sus fotos la pureza que tenían sus ojos en esos momentos y te inspiras para creer en un futuro mejor.

O si no tienes hijos, simplemente ves las fotos de una reunión alegre, bonita, y empiezas a recibir una manera diferente de pensar. Sientes cosas diferentes, buenas. ¿Sabes? El Señor nos dio la vida para vivirla realmente, pero para vivirla, debemos aprender a vivirla. No puedes vivir pensando en las cosas que te han pasado y que has llamado “malas”. Permíteme decirte lo que hago en mi interior la mayor parte de las veces: Me dedico a sanar las heridas de mi vida. Frecuentemente traigo a la memoria sucesos, hechos, palabras y

acciones que me causaron dolor en extremo y que hasta me enfermaron de muchas cosas, entre ellas cáncer, angina de pecho y diabetes Veo cada suceso y comienzo en la fe a mirar cómo Jesús llena todo aquello de su amor incondicional por mi y por esa o esas personas que no sabían lo que hacían.

Hoy estoy convencida que si obramos mal y si los demás obran mal es por ignorancia, por inconsciencia, por necedad es decir, por falta de sabiduría y por falta de verdadera intimidad con Dios. Cuando estoy frente a frente a los recuerdos de los hechos dolorosos del pasado, no dejo por ejemplo que el recuerdo del abuso sexual que recibí de pequeñita me afecte. Con la gracia de Dios he tomado par amiga de mi vida la determinación de que por más doloroso que haya sido lo que me ha ocurrido en la vida, no me voy a permitir recordarlo con resentimiento, con rencor, con ira, con odio sino que más bien todo lo veo como una oportunidad que tengo hoy para adiestrarme en el perdón incondicional, en la amabilidad, en el respeto por mi y por los demás, en el amor verdadero. Trabajar con esto interiormente no ha sido cuestión de una vez ni ha sido muy cómodo muchas veces, sino que ha sido a través de largos años, unas veces llorando, otras veces cayendo en rebeldía o en profundo enojo, pero hoy con satisfacción y agradecimiento al Señor, te digo que luego de 13 años con cáncer, hace un año que me dejó, simplemente, se fue. Y es que es una

maravilla lo que Dios hace con quien se deja amar por Él, porque sencillamente ha sido Él quien ha ido liberándome de tanta atadura que viene de los malos recuerdos. Cada vez soy más libre interiormente.

Me he obstinado en amar como Jesús el Señor me ama y eso ha traído una fortaleza increíble a mi ser entero y una paz a mi mente, y a mi alma que no podría adquirir con todo el dinero del mundo. Por eso, en el nombre de Jesús el Señor te digo: Toma la determinación de hacer a Dios el todo de tu vida. Retírate a orar como Jesús. Déjate iluminar de su Espíritu Santo y acepta de una vez por todas en tu vida que eres una riqueza sin explorar pero que ahora mismo decides poner a caminar esa fe, esa esperanza, ese amor y que por el amor que Dios te ha tenido desde toda la eternidad, a partir de hoy comenzarás a cuidar de día y de noche lo que permites en tu mente porque sabes que tu mente es una riqueza divina inimaginable. Será bueno que reflexiones sobre lo que vas a escuchar: ¿Qué recuerdos agradables podrías traer a tu memoria ahora mismo? ¡Búscale!, verás que encontrarás algo….

Lo que queremos decirte con todo esto, es que José el hijo de Jacob, un hombre honesto, que todo lo que hacía prosperaba, tuvo que decir: “No voy a

recordar más con dolor las cosas dolorosas que pasaron en mi vida”, porque hoy finalmente se que Dios me sacó de todas y me da la oportunidad diariamente de vivir por fe sanando cada día con su amor las heridas”.

El apóstol Pablo dijo: “Una cosa hago, me olvido ciertamente de lo que queda atrás y me lanzo hacia adelante fijando mis ojos solamente en Jesús”.

Pregúntate ahora mismo respecto de José el hijo de Jacob: ¿qué decidió? ¿Acaso decidió recordar cuando sus hermanos lo vendieron o cuando se volvió administrador de todo lo que tenía

Putifar? ¿Recordó con obstinación y furia cuando estuvo en la cárcel o cuando la administró? ¿Qué recordaría más? ¿Cuando interpretó el sueño o cuando se volvió gobernador de todo Egipto? Ahora mismo, revisa tu último periodo de vida. Piensa en las cosas dolorosas que pudieron ocurrir, lo que comúnmente la gente llama “las cosas malas”. Ahora, con esas cosas que pasaron en tu mente en ese momento, trata de pensar en tu presente y luego en tu futuro. Como no hay futuro, con las cosas que pasaron por tu mente hace unos instantes, bórralas ahora mismo. Ahora vuelve a pensar en las cosas positivas, agradables. No pienses en quién te abandonó, sino en la persona que no te abandonó; no pienses en los que te rechazaron, sino en quién

no te rechazó. Búscalos. Tienes que encontrarlos.

Ahora piensa en tu presente desde esos recuerdos que fortalecen y en tu futuro, ¿verdad que puedes ver un buen presente y un buen futuro? Cuando piensas en las cosas positivas que te han pasado y las conviertes en anclas para que el barco de tu vida no vaya a merced de corrientes fuertes ni tempestades, tu presente y tu futuro siempre pintará mejor y sobre tu pasado, tu pasado será llevadero, muchas veces agradable y los momentos duros de tu presente nunca pero nunca te derrotarán. Mi hermano, mi hermana, cuida de tu memoria; toma

tiempo para pensar en todo lo bueno que ha pasado y dile a los malos momentos: “No tengo tiempo para ustedes, no son dignos de

mi sueño, de mi paz en el hogar, ni de un solo momento de mis pensamientos”. Y simplemente acepta valientemente desde la cruz de Jesús lo que pasó, entrégalo al Señor y muévete hacia adelante, que Dios te está acompañando siempre en tu vida. En esta serie de mensajes estamos viendo que el libro del Génesis 41,51.52 dice que José el hijo de Jacob, nombró a su primer hijo: Manasés porque dijo:

“Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre”, es decir que Dios le ayudó a recordar sin dolor todo el daño que le causaron sus hermanos. Y llamó a su segundo hijo: Efraín; porque

dijo: “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción”. José siempre contó con la bendición de Dios, pero José estaba siempre atento a Dios. Todo lo que José hacía, prosperaba y tuvo que tomar la decisión de olvidar es decir, de recordar sin dolor, las cosas dolorosas de su vida, para que no dañaran su futuro, por eso es importante aprender a administrar nuestros recuerdos. Las personas que recuerdan malos momentos y que se obsesionan por recordarlos con dolor por no perdonar, son personas que les cuesta avanzar en la vida o que se mueren en vida. Recordemos cómo en un álbum de fotos se guardan recuerdos de buenos momentos, no de momentos dolorosos; de la misma forma necesitarás tú que escuchas, permitir que en tu

memoria se graben los momentos buenos y olvidar es decir, recordar sin dolor, los momentos dolorosos para

seguir adelante la carrera de la vida con elegancia espiritual. ¿Sabes? El mejor jugador de golf del mundo dio una conferencia de este deporte y dijo: “En el último hoyo de un campeonato jamás fallo un tiro de tres pies” entonces un hombre levantó la mano y le dijo: “Disculpe que lo contradiga, sé que es el mejor jugador del mundo, pero yo lo vi en Inglaterra fallar un tiro a menos de un pie” el jugador se lo negó y volvió a repetirle “usted falló y lo tengo filmado” entonces el jugador volvió a responderle y le dijo “nadie puede saber mejor que yo porque yo lo tiré”. Al final de la conferencia el hombre estaba molesto y habló con un amigo que era psicólogo de deportistas profesionales y le dijo que cómo era posible que el jugador hubiera negado la falla si él lo había visto fallar, el psicólogo le dijo que los jugadores

profesionales no es que nunca fallen, es que nunca lo recuerdan porque la próxima vez que jueguen puede recordar el fallo y eso los puede hacer perder. Mi hermano, mi hermana que escuchas, ponte bien atento, bien atenta a lo que vas a escuchar: No se puede restaurar

una relación y salir adelante en la vida si constantemente se está recordando las faltas que alguien más cometió contra ti o las faltas que tú cometiste en contra de alguien. El Señor Dios en Isaías 43,25 te dice a ti ahora mismo: “Yo tu Dios, soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. Dios nos recomienda hacer lo que Él hace, porque por hablar de una manera para que comprendamos mejor todo esto, Él también trabaja con su memoria, Él no recuerda malos

momentos, Él dice “Yo soy el que borro tus rebeliones por

amor de mí mismo”. Cuando Dios te perdona no sólo lo hace por ti sino por amor a Él. Cuando perdonas a alguien debes hacerlo por amor a la persona y por amor a ti, debes perdonar para poder conservar una relación. De lo contrario el aislamiento, el distanciamiento, la separación o el divorcio constatará que de tu parte o de la otra parte o de las dos partes no hubo madurez, no hubo verdadero amor, amor de Dios. Dios te perdona porque quiere continuar contigo, no quiere separarse nunca de ti. Dios se ama tanto que está dispuesto al olvidar lo que has hecho con tal de no martirizarse a Él mismo, porque los malos recuerdos atormentan. Si Dios decide

olvidar, nosotros también debemos hacerlo.

¿Sabes? Hice una prueba de cómo los recuerdos influyen en nuestro cuerpo, estaba haciendo ejercicios cardiovasculares y empecé a pensar en cosas buenas de pronto una sonrisa en los labios, hice los ejercicios con más energía y rapidez, luego empecé a pensar en cosas malas que he pasado y la presión arterial empezó a bajar, y casi me deprimí, me quedé sin fuerzas, porque realmente si hay una conexión entre nuestros pensamientos y nuestra reacción física. Aprende pues, de la mano de Jesús el Señor a administrar tu memoria, cuando estés pasando por momentos difíciles, piensa

mejor en lo bueno y la paz llegará, porque la paz de Dios está asociada a nuestros pensamientos, pues recuerda que te deja en libertad.

Bíblicamente podemos ver como Dios sí se olvida de los pecados. El Capítulo 11 del Libro de Hebreos, es un capítulo de recuerdos:

Dios recuerda a Abraham por su fe, a Sara que siendo estéril tuvo un hijo; recuerda la fe de Jacob, la ofrenda de Abel, recuerda a Noé que por fe construyó el arca y se salvó toda su familia;

recuerda a Moisés que en lugar de poner su mirada en las riquezas de Faraón la puso en el Invisible. Dios recuerda la fe de David, de Gedeón, de Sansón, y no recordó lo malo que pasó. En Hebreos 11 no habla de lo malo que los hombres hicieron. Todos sabemos que David pecó, se acostó con una mujer que no era de él. Mandó al esposo de esa mujer a la batalla para que muriera. Abraham quiso entregar a su esposa como hermana a un rey. Sansón descubrió el secreto de su unción a Dalila, se acostó con rameras, tomó el panal de miel que estaba en el cuerpo muerto de un león lo cual era inmundo, le sacaron los ojos, pero en el Nuevo Testamento no se encuentra un solo pecado de Sansón. Y en el nuevo testamento vemos como el Hijo de Dios Jesucristo antes de morir dice: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Dios no puede recordar a sí mismo los pecados de la humanidad, porque dice la Escritura “Jamás me acordaré de ellos”. Si Dios deja atrás los malos momentos, Dios es feliz, y nosotros podríamos ser feliz con Él. Así que en lugar de darle malos momentos al Señor démosle buenos momentos porque esos son los que él recuerda.

En Malaquías dice que hay un libro de memoria de Dios donde están escritos todos los logros que has tenido, ese es el libro que el Señor revisa, él revisa los buenos momentos que ha pasado con nosotros. En Filipenses 3,12-14 el apóstol Pablo dice: “No quiero decir que ya lo haya conseguido todo, ni que ya sea perfecto; pero sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo Jesús me alcanzó primero. Hermanos, no digo que yo mismo ya lo haya alcanzado; lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y

esforzarme por alcanzar lo que está delante para llegar a la meta y ganar el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Cristo Jesús”.

El mayor premio que puedas recibir de Jesús es que des cabida a la gracia de Dios en ti. El mayor premio que puedas recibir de Jesús es querer ser humilde como Él y perdonar, soltar de una vez por

Dios simplemente quiere que seas feliz en Él. todo eso que hasta hoy te ha martirizado tanto.

Debes alcanzar aquello para lo que fuiste alcanzado. Y tú fuiste

alcanzado por Cristo para vivir en el amor, pero vivir en el amor no es cosa de un día para otro. Es cuestión de ser dócil a la gracia y decidirlo a cada momento. Si por ejemplo esto que escuchamos lo aplicamos a la vida cotidiana, tú que escuchas, si te han contratado en una empresa, tienes que terminar el trabajo para el cual te contrataron. Yo por ejemplo tengo claro mi llamado, mi llamado es desarrollar en mi todos los dones que Dios ya depositó en mi en semilla y hacerlos fructificar y colaborar ayudando a que todo el que quiera escuchar el llamado de Jesús el Señor, pueda también con la gracia de Dios desarrollar toda la riqueza que Dios ya deposito en su interior. De esa manera aunque sea como a penas una gota de agua en el inmenso océano, estaré colaborando porque este mundo cada vez sea mejor. ¿Utopía? ¿Tontería? ¿Idealismo? ¡No! Es simplemente la visión de la fe adulta.

Pero para eso, necesito retirarme a orar, necesito no ser pasiva, necesito hablar la Palabra del Señor y predicármela primero a mi y convertirme cada día en medio de mi fragilidad, en una hacedora de la Palabra. El Maestro que instruye dentro de los que leen esto o lo escuchan está haciendo su obra. Tengo claro lo que tengo qué hacer. Dios hace su parte y yo la mía. Si hay algunos que no valoran lo que Dios hace en mi o por medio mío, es cosa de ellos y ellas. Yo simplemente hago lo que tengo qué hacer. El apóstol

Pablo dice: “Me voy a esforzar para alcanzar aquello para lo cual fui alcanzado”. Y eso, hago. Si quieres que cada año, cada mes, cada día, cada momento sea un buen momento, es tiempo todavía para administrar correctamente, sabiamente y sanamente tu memoria. Si quieres que este tiempo sea bueno, comienza por olvidar, es decir, comienza por recordar sin dolor lo doloroso que ha pasado o que

Perdona una y otra y otra y otra y otra y otra y otra y montones de veces más, siempre. pasó.

Hay tres frases que estoy aplicando a mi vida y que están colaborando a que sea feliz, es decir, a que viva contenta, en paz:

“No compliques las cosas con tus rencores, con la ira, con los odios, con las suposiciones”, “Esto ya pasó o ya pasará”, Y “Hay mejores cosas de que

hablar, hay mejores cosas en qué pensar”. Tú que escuchas, habla cosas buenas. El salmista en el salmo 103, 1-5 nos enseña a pensar y a hablar de la mejor manera cuando dice: “Bendice, alma mía, al Señor.

Bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el quien sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca, de manera que te rejuvenezcas como el águila. Dios perdona, sana, rescata, corona, sacia. Y mira que la Palabra de Dios está hablando en tiempo presente, no en pasado. El tiempo en el que estas palabras están conjugadas es “estado actual de acción, algo que se está haciendo constantemente”. El no es el que te perdonó, es el que te sigue perdonando; no es el que te sanó, es el que te sigue sanando; no es el que te rescató es el que te sigue rescatando, el que te sigue bendiciendo. Por otro lado, la palabra “rejuvenecer” quiere decir: renovar o reparar. El águila se repara cuando se arranca las plumas, cuando se rompe el pico contra la roca porque sabe que si no lo hace así, puede morir; es verdad que cuando lo hace sangra, pero finalmente logra rejuvenecer. Por eso José el hijo de Jacob dijo: “Mi segundo hijo se llama Efraín porque “Dios me ha hecho fructificar en medio de mi aflicción”. Dios ya te ha dado la capacidad de decidir ver las aflicciones como algo dañino o como algo de donde se puede resurgir, renovar, rejuvenecer, madurar, crecer.

En el salmo 103,2 leemos: “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios”. Hay dos formas de aplicar el verbo “olvidar”. Una tiene que ver con el pasado: “Olvídate de todo el trabajo y sufrimiento de tu pasado” pero nosotros no podemos movernos hacia adelante si no nos olvidamos de otras cosas como la ira reprimida, o del coraje camuflado. Este versículo te dice que no te olvides de sus beneficios. Normalmente los beneficios acompañan a algo más, si compras un celular por ejemplo, obtendrás los beneficios que la compañía te ofrece.

“Bendice alma mía al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios” No puedes tener los beneficios de un celular sin comprar el celular, y tú, no puede tener los beneficios del

Señor sin tenerlo a El. En realidad todos los que lo tenemos no debemos olvidar de sus beneficios. ¿Sabes? Junto con el Señor en tu corazón, viene un paquete completo, y si te vas a mover este año hacia adelante vas a olvidar los malos momentos es decir, vas a recordar sin dolor por amor, sí, por amor a ti y por el amor que Él te ha tenido al morir en la cruz.

Te vas a recordar a ti mismo a ti misma lo que tienes, y tienes un Dios, tienes un Señor que junto con su vida te dio todos sus beneficios. Tú que escuchas, ahora tienes vida, tienes Dueño y eres inmensamente amado, amada por Dios. Para terminar te decimos,

cada día que camines camínalo en la certeza y en la fe de que tienes beneficios que recordarte, debes levantarte cada día y decir “Alma

mía no te olvides que Él es el que hoy te sana, el que hoy te corona, el que hoy te rescata”. si tienes beneficios para Hoy. No le restes poder a lo que Dios tiene, úsalo, alégrate y gózate en el día que Dios hizo para ti: Hoy Para qué ver lo que “perdiste” o lo que “te hicieron”,

En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, tomando una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas; tu cabeza recta cierra tus ojos y respira suave profundo y lento. Y desde esa fe adulta, sin mover tu boca, desde lo profundo de tu ser, dile al Señor tu Dios que está allá en tu corazón:

“Oh Amado de mi alma, Jesús, ¿Por qué voy a morirme de miedo acá en mi interior, si estoy

esperando en Ti, si lo que quiero es confiar en ti plenamente? porque se que sólo tú

Jesús eres la salvación de mi ser. Sólo tú Jesús, conoces la tristeza que ahoga mi corazón y

Hoy estoy ante ti pidiéndote Señor, que me ayudes, a confiar realmente en ti. sabes el

origen de

ella.

Sé que tú me llamas a vivir en paz, en serenidad, en tu gozo y en tu alegría, aún en medio de las dificultades diarias de la vida. Jesús, hoy te suplico que pongas tus benditas manos en las llagas de mi subconsciente herido; quema

con tu amor el amor propio herido porque quiero perdonar con tu perdón, Jesús. Hoy se que la melancolía, la tristeza honda me viene de permitir negatividad en mi mente. Por eso, ahora mismo digo desde tu

sabiduría: ya no más negatividad porque confío en ti Jesús y en ti, soy feliz y nada absolutamente nada me falta. Jesús, amado mío, con tu gracia ve restaurando mi historia dolorosa, aquello que aún me duele tanto, a fin de no vivir esclavizado/a por el recuerdo amargo de los acontecimientos dolorosos del pasado.

Esos hechos dolorosos ya han pasado, ya no existen, por ello ahora mismo te entrego lo que pasé; te entrego todo lo que en un momento me causó tanto dolor. Tómalo Jesús.

Quiero perdonarme y perdonar, a fin de que pueda amarte verdaderamente con todo mi corazón, con todas mis fuerzas, con todo mi ser, con toda mi mente. Hoy en tu nombre Jesús me acepto completamente y profundamente así como soy, porque reconozco que soy una maravilla del amor del Padre aunque los demás piensen de mi lo contrario y no me acepten.

Te entrego tanta tristeza y preocupación casi obsesiva que me viene del temor por el mañana. Ese mañana no ha llegado aún, por lo tanto sólo existe en mi

imaginación. Sólo por hoy Jesús, viviré tranquilo/a descansando y gozando en ti. Aumenta mi confianza en ti Jesús, para que pueda serte fiel y aumente en mi alma el regocijo. Tú eres Dios y Señor de la historia, dueño de la vida, dueño de mi vida. Toma Jesús, mi existencia con todos los quebrantos y mis necesidades. Déjame en tu amor y en tu paz Jesús. Déjame en tu amor y en tu paz, Jesús. Déjame en tu amor y en tu paz Jesús.

EDUCA TU MEMORIA 3 Toda crisis es buena. Hemos estado hablando en los dos temas anteriores que pertenecen a la serie “Suelta tu pasado”, sobre la importancia de educar y de administrar la memoria. Hemos dicho que el estar accesando, el estar ingresando una y otra vez a los malos recuerdos, a los recuerdos dolorosos que tenemos en la memoria no sirve más que para arruinar el único

momento que tenemos para ser feliz: el hoy, el aquí y el ahora. En realidad, a lo que tienes qué acceder –tú que escuchas- allá en tu memoria una y otra vez, es a los buenos momentos que has tenido. Esos momentos te van a refrescar el ser entero, te van a

ayudar a desempeñarte mejor en la vida, te van a recordar que Dios tiene beneficios siempre para ti. Procura olvidar tu pasado es decir, procura recordar tu pasado sin dolor por medio del perdón incondicional y constante, y

Dios es quien te sana, quien te rescata, quien te levanta, quien te corona. Él va a saciarte de bien, por ello, no olvides ninguno de sus beneficios. nunca olvides los beneficios que hoy tienes.

A través de estos mensajes, hemos visto como José, el hijo de Jacob hizo una cosa a pesar de ser un hombre de mucho éxito: a su primer hijo le nombró Manasés, porque quiere decir “el que me hace olvidar”. Al segundo hijo lo llamó Efraín, porque dijo: “Dios me hizo

fructificar en la tierra de mi aflicción”. José dijo: “Dios me hizo fructificar”. José no dijo una y otra vez neciamente como nosotros hacemos: “Es que mis hermanos no me quisieron, es que me echaron al pozo para que muriera de hambre. Es que luego me vendieron como esclavo, es que luego la esposa del faraón quiso seducirme y por eso me acusaron de acoso sexual y por eso terminé en la cárcel. No. José prefirió unirse todo el tiempo en su interior al Señor y tomar enseñanza de todo y creer hasta las últimas consecuencias y la consecuencia de su fe fue que Dios hizo fructificar su fe.

Y Dios te va a hacer fructificar, más tú vas a decidir de qué manera, pero de que Dios te hará fructificar, te hará fructificar. ¿Sabes? Aunque José era el predilecto de Jacob su padre y tenía una túnica de colores, no había fructificado lo suficiente para el sueño que Dios le había dado

y que habría de cumplirse un día.

Si a ti que escuchas, Dios tu Padre te ha dado sueños debes comprender que vas a recibir un trato para llegar a tener el carácter que necesita Dios que tengas para que se cumpla ese sueño. Sí, escuchaste bien: Si a ti que escuchas, Dios tu Padre te ha dado sueños debes comprender que vas a recibir un trato para llegar a tener el carácter que necesita Dios que tengas para que se cumpla ese sueño. Todo sueño necesita cumplir un sueño trabajar en tu vida sueño no se aborte.

una persona y toda persona para necesita carácter y Dios va a para hacerte fructificar y que el

Él quiere que tus sueños se cumplan pero también quiere formarte y Dios estuvo decidido para formar a José para poder cumplir el sueño que le dio.

Normalmente los sueños vienen antes que el carácter, de niños teníamos sueños pero no teníamos nada de carácter, de jóvenes tenemos sueños y aún así, un poco más grandes no tenemos el carácter todavía; y de adultos soñamos de una forma más madura y queremos lograrlo pero necesitamos ser formados en carácter. Hay una tierra en la que somos afligidos y las aflicciones son personales e intransmisibles. José dijo: “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción”. Todos tenemos aflicciones de diferentes maneras o formas pero todos tenemos aflicciones, no creas que eres el único afligido, la única afligida. Por otro lado, tu aflicción no es la de alguien más, así que si sabes aprovechar esa aflicción va a producir fruto en ti por la gracia de Dios, pero, a través del tiempo, es decir, no inmediatamente. Necesitas aprender a manejar tu propia aflicción y el primer paso no va a ser conmiserarte teniendo lástima de ti o auto

compadeciéndote, pensando que sólo tú tienes aflicciones porque hacer esto es incorrecto. Las aflicciones por las que pasamos todos los seres humanos pueden ser unas más intensas que otras; de hecho, unos pueden ser afligidos en el área familiar, otros en el área profesional, otros en el área física, del cuerpo, todos tenemos una tierra en donde somos afligidos, y José el hijo de Jacob lo reconoció, por eso dijo que a su segundo hijo lo llamaría Efraín porque

quería recordar que a pesar de haber pasado por la tierra de sus aflicciones en medio de todo Dios lo había hecho prosperar y fructificar. El estaba dispuesto a recordar el fruto de la actitud que tomó en medio de las crisis y no recordar más las aflicciones.

Por ejemplo, ¿A qué mujer le gustaría recodar todo el tiempo enojada, los dolores de parto? A todas las mujeres se les olvida el dolor que pasaron cuando tienen al bebé en sus brazos, ven el fruto y están dispuestas a tener otro hijo. De igual forma, las aflicciones las olvidaremos y sólo veremos el fruto que trajo esa aflicción a nuestra vida, olvidarás la persecución de todos y sólo recordarás la promoción que Dios te dio. El Señor Jesús en el evangelio de Mateo 13, 20.21 dice hablando de la semilla que es sembrada en tierra, que la semilla que fue

sembrada entre piedras, es quien oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.

La aflicción no se debe buscar, llega sola. José el hijo de Jacob, no se metió en problemas ni estuvo en busca de las

aflicciones, lo único que él hizo fue tener un sueño dado por Dios y las aflicciones le vinieron por haber soñado.

Tú que escuchas, si de todas maneras vas a ser afligido que sea por hacer lo bueno, por tener éxito en la honestidad, por triunfar en la humildad, por perseverar en la oración, por ser tenaz en el amor verdadero aunque eso vaya a traerte algunas veces aflicción. Cuida que las aflicciones no te vengan por pecar, por adulterio, por fornicaciones, por mentiras, por deshonestidad, por impaciencia, por desconfiar en Dios, por no querer orar. Más bien que las aflicciones te vengan por querer crecer, por querer ser mejor en la vida, por luchar por la verdad, por querer orar, por ayudar a los demás, por amarte a ti mismo a ti misma como Dios te ama, en pocas palabras, por hacer lo que Dios te pidió que hicieras, porque entonces valdrá la pena soportar la aflicción. José tuvo el sueño, él quería lograrlo y contó el sueño a sus hermanos, todos sabemos lo que los hermanos le hicieron. Mira cómo José el hijo de Jacob jamás fue puesto en la cárcel por robar, sino que fue por no querer acostarse con la mujer que no era de él, por eso fue afligido, porque fue honesto. Tú que escuchas, puedes ser la persona más santa o correcta del mundo pero de todas maneras tarde que temprano tendrás aflicciones, pero si las aflicciones vienen por hacer lo correcto en medio de todo dobla tus rodillas, levanta las manos al cielo, adora a Dios y dile en tu corazón al Señor: “Oh Dios, en medio de esta aflicción sé que me vas a hacer

fructificar, bendice a los que me maldicen, bendice a los que me están persiguiendo, levántalos, hazlos para ti”. William Shakespeare dejó escrito que no hay otro camino para la madurez que aprender a soportar los golpes de la vida. Porque la vida de cualquier hombre, lo quiera o no, trae siempre golpes. Vemos que hay egoísmo,

maldad, mentiras, desagradecimiento, ingratitud. Observamos con asombro el misterio del dolor y de la muerte. Constatamos defectos y limitaciones en los demás, y lo constatamos igualmente cada día en nosotros mismos. La

realidad del ser humano sin Dios, es que es contingente, quebradizo, frágil. Toda esa dolorosa experiencia es algo que, si lo sabemos asumir, puede ir haciendo crecer nuestra madurez interior. La clave es saber aprovechar esos golpes, saber sacar todo el oculto valor que encierra aquello que nos contraría, lograr que nos mejore aquello que por falta de fe adulta, a otros les desalienta y les hunde. ¿Y por qué lo que a unos les hunde, a otros les madura y les hace crecer? Depende de cómo se reciban esos reveses. Si no se medita sobre ellos, o se medita pero sin fe, sin saber abordarlo bien, se pierden excelentes ocasiones para madurar, o incluso se produce el efecto contrario. La falta de conocimiento propio, la irreflexión, el victimismo, la rebeldía inútil, hacen que esos golpes duelan más, que nos llenen de malas experiencias y de muy pocas enseñanzas. La experiencia de la vida sirve de bien poco si no se sabe aprovechar. El simple transcurso de los años no siempre aporta, por sí solo, madurez a una persona.

Es cierto que la madurez se va formando de modo casi imperceptible en una persona, pero la madurez es algo que se alcanza siempre gracias a un proceso de educación –y de autoeducación–, que debe saber abordarse por la fe adulta, esa

que sabe que Dios siempre es leal, que Dios es siempre fiel. La educación que se recibe en la familia, por ejemplo, es sin duda decisiva para madurar. Los padres no pueden estar siempre detrás de lo que hacen sus hijos, protegiéndoles o aconsejándoles a cada minuto. Han de estar cercanos, es cierto, pero el hijo ha de aprender a enfrentarse a solas de la mano de Jesús con la realidad, ha de aprender a darse cuenta de que hay cosas como la frustración de un deseo intenso, la deslealtad de un amigo, la tristeza ante las limitaciones o defectos propios o ajenos, son realidades que cada uno ha de aprender poco a poco a superar a solas de la mano de Jesús. Por mucho que alguien te ayude, al final siempre es uno mismo quien ha de asumir el dolor que siente, y abrirse a la gracia de Dios y poner el esfuerzo necesario para superar esa frustración que en realidad no existe más que en la mente. Por ejemplo, una manifestación de inmadurez es el ansia descompensada de ser querido. La persona que ansía intensamente recibir demostraciones de afecto, y que hace de ese afán vehemente de sentirse querido una permanente y angustiosa inquietud en su vida, establece unas dependencias psicológicas que le alejan del verdadero sentido del afecto y de la amistad.

Una persona así está tan subordinada a quienes le dan el afecto que necesita, que acaba por vaciar y hasta perder el sentido de su libertad.

Y si quiere crecer realmente, necesitará querer comenzar por querer madurar de la mano de Jesús y esforzarse para no depender de nada ni de nadie más que de Dios, para ser realmente feliz y ser libre interiormente. Saber encarar los golpes de la vida no significa ser insensible.

Tiene que ver más con aprender a no pedir a la vida más de lo que puede dar, aunque sin caer en un conformismo mediocre y gris; con aprender a respetar y estimar lo que a otros les diferencia de nosotros, pero manteniendo unas convicciones y unos principios claros de fe adulta; con ser pacientes y saber ceder, respondiendo a cada instante como respondería Jesús en nuestro lugar. Tú que escuchas, habrás de aprender a tener paciencia. A vivir sabiendo que todo lo grande es fruto de un esfuerzo continuado, que siempre cuesta y necesita tiempo. Aprender a tener paciencia contigo mismo, contigo misma, será imprescindible, pues esto es decisivo para la propia maduración, y también aprender a tener paciencia con todos, sobre todo con los que tengas más cerca, con los que te topas día con día. Y podría hablarse, por último, de otro tipo de paciencia, no poco importante: la paciencia con la terquedad de la realidad que nos rodea. Porque si quieres mejorar tu entorno necesitarás armarte de paciencia, prepararte para soportar contratiempos sin caer en la amargura.

Por la paciencia el hombre se hace dueño de sí mismo, aprende a robustecerse en medio de las adversidades. La paciencia otorga paz y serenidad interior.

Hace al hombre capaz de ver la realidad con visión de futuro, sin quedarse enredado en lo inmediato. Le hace mirar por encima de cualquier acontecimiento, tomando así una nueva perspectiva de la circunstancia. Y paciencia será hacer lo que tenemos qué hacer con buena actitud mientras esperamos, manteniendo la esperanza y la alegría en medio de cualquier dificultad.

Superar la frustración sin reclamar es madurar. ¿Sabías que el oro en piedra, rústico, en bruto no sirve de nada? el oro que sirve es el que está purificado, pero para que el oro sea útil debe aceptar que lo metan al horno y ya del horno sale listo para ser una joya; de la misma

manera la aflicción nos prepara para ser una de las joyas, una de las gemas más preciosas que Dios pueda lucir.

Dios quiere lucirte como un trabajo que Él ha hecho, pero para eso vas a necesitar pasar por la aflicción.

Mira la obra que hizo José en Egipto: ¡Fue una obra maravillosa! Dios usó a uno de su pueblo para combatir el hambre de los egipcios y luego el hambre del pueblo del Señor. Hoy, aquí y ahora tú que escuchas puedes ser usado para bendecir aún a aquellos que no conocen al Señor así como José fue una bendición para Egipto, para Israel y también hoy para nosotros. Si quieres ser de bendición para alguien vas a tener que aprender a soportar y a aprender a manejar aflicciones; vas a tener que administrar tu persona, tu carácter, tu memoria en medio de la aflicción. Los exegetas dicen que cuando la Biblia habla del corazón, habla de la memoria. Y sabemos que lo que recordamos genera pensamientos. Por ello debes cuidar más que a nada en

el mundo tu mente, tu memoria, porque de ella brotará vida o muerte, angustia o serenidad. El ánimo es una de las cosas más difíciles de administrar cuando uno está afligido. Ahora mismo pregúntate, ¿Cómo te das

ánimo a ti mismo, a ti misma y a los que te rodean? ¿Sonríes a tus hijos, o a la gente que se cruza en tu

camino en medio de los problemas que tienes? porque necesitas aprender a hacerlo. Hermano, hermana que escuchas, aunque estés muy afligido, muy afligida, en la calle, en el trabajo, en la economía, en tu propio cuerpo con la enfermedad, cuando llegues a casa o al trabajo, o al camión o combi, o a la tienda o mercado, cuando

llegues a donde llegues y lleguen contigo los demás, pon la mejor sonrisa en los labios, decide no ponerte de mal humor contando toooooodos tus problemas, pues recuerda que al mal tiempo buena palabra y la mejor palabra es la Palabra de Dios. La humanidad necesita hombres y mujeres que sonrían, que abracen, que besen, que hagan bromas, que lleven ánimo, que tomen en serio la vida, que oren en la intimidad de su corazón a Dios, entonces esos hijos, tu esposo, tu esposa, tus amigos, tus compañeros de trabajo, la gente en general van a poder decir: “Sigamos este

ejemplo de este hombre, de esta mujer porque a pesar de los problemas, siempre tiene una buena palabra para su hogar, la Palabra de Dios”. Tenemos que ser como José, el hijo de Jacob: él no perdió el ánimo; hicieron de todo con él, pero él siempre se mantuvo con el ánimo precioso porque estaba unido al Señor, y el Señor hizo que su amor diera mucho fruto.

Vimos en Mateo 13 que muchos no fructificaron por la aflicción, porque la aflicción compite con el fruto. El libro de Génesis 39,2 dice: “Mas

el Señor estaba con José, y le fue muy bien mientras vivía en la casa de su amo egipcio”.

Fíjate bien cómo no existe el ambiente perfecto para prosperar. Hay gente que quiere cambiarse de trabajo porque no hay buen ambiente, ¿Sabes por qué se piensa eso? Porque no se tiene conciencia que el ambiente lo hace uno en su interior. ¡Imagínate si el interior del ser humano está desalentado y sin fe, rebelde, odiando y recordando a todo momento lo que pasó de doloroso hace 30 años!….. Si dices que no aguantas el ambiente de tu casa, si dices que no aguantas el ambiente de tu oficina, si dices que no aguantas el ambiente que hay en el mundo entero, será más sabio que comiences a aceptar con paz que el ser humano está herido y deprimido y mientras él o ella o ellos mismos de la mano de Dios, no quieran comenzar a sanar su interior, el ambiente externo y sus corazones seguirán llenos de violencia, de rechazos, de abandonos, de humillaciones, de injusticias, de traiciones y quien necesitará tener buena actitud y estar cargado de la fuerza y sabiduría de Dios, serás tú que escuchas. Mira a José el hijo de Jacob: él prosperó en un ambiente de esclavitud, de hecho siendo esclavo prosperó, él no

miraba el lugar donde estaba, él miraba quién estaba con él y tú sabes que quien estaba con él era Dios, el Padre celestial. En ese lugar, él no decía “soy esclavo de Putifar”. Él decía:

“soy hijo del Dios Altísimo, bendecido por Él, todo lo que hago prospera, lo que toco sale bien, no importa dónde me pongan Dios va conmigo a dónde quiera que vaya”.

José prosperó en la casa de su amo, así que tú que escuchas, no

. Lo que necesitas es florecer teniendo buena actitud, en donde estás. necesitas ser empresario para prosperar

El libro del Génesis 39,3 dice que su amo vio que el

Señor Dios estaba con José, y que todo lo que él hacía, el Señor Dios lo hacía prosperar en su mano. Ya no te angusties más ni por tu pasado, ni por el futuro. Si quisiéramos hacer una definición propia de angustia, diríamos que es como estar oprimido, como apretado y que el sufrimiento de la angustia precisamente viene debido a la presión de las circunstancias o del difícil comportamiento de los seres humanos incluyendo el propio. Pero una vez más, miremos a José el hijo de Jacob quien fue prospero en medio de las circunstancias; si tu no puedes salir de esa situación en la que te encuentras interiormente, es porque te quejas tanto de las circunstancias que llegas a creer que Dios no puede hacer nada contigo. Quizá hasta llegues a creer que si tus circunstancias fueran diferentes, si no te hubiera pasado lo que te pasó, entonces Dios si te hubiera bendecido. ¿Sabes? te tenemos buenas noticias: no importan las circunstancias.

Dios actúa en todo momento pero tú necesitarás querer comenzar a trabajar en tu

interior para limpiar tu mente de tanta basura que has permitido que se pudra amargándote el corazón. Ahora mismo, si crees que Dios está contigo allí donde estás, de allí mismo comenzará a levantarte el Señor. José el hijo de Jacob, pasó por muchas situaciones muy dolorosas, llegó a estar muy afligido, angustiado, pero al mismo tiempo se mantuvo en fe amando a Dios y esperando en Dios que nunca se quejó de la aflicción. José seguramente que no estuvo rumiando en su mente todo tiempo que sus hermanos no lo quisieron y que la mujer de putifar “lo había herido en lo más hondo de su amor propio” como tú y yo pensamos. No. Él no estuvo pensando en la aflicción sino en cómo dar fruto para Dios. Si José no se hubiera esforzado y cooperado con la gracia de Dios escogiendo a todo momento ser sabio, nunca hubiera gobernado Egipto, Y aunque José fue bien bendecido por Dios, también a ratos se sentiría afligido. Aunque José tuvo problemas supo en la sabiduría de Dios disfrutar de la vida honestamente, plenamente. ¿Y sabes por qué? Porque decidió a cada momento y en cada situación adversa, perdonar. En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, tomando una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas; tu cabeza recta cierra tus ojos y respira suave profundo y lento.

Y desde esa fe adulta, sin mover tu boca, desde lo profundo de tu ser, dile al Señor tu Dios que está allá en tu corazón:

Señor, se que el perdón es todo un proceso. Y que si tú estás dispuesto a liberarme ahora mismo de lo que todavía me ata acá en mi mente, en mi interior, yo quiero ahora mismo también perseverar en ese constante perdonar una y otra y mil veces más eso que me dolió tanto hasta que pueda recordarlo sin dolor.

Padre Celestial, ya no quiero regir mi vida por el resentimiento y la amargura. Ya no quiero regir mi vida por lo que siento sino por lo que creo, y yo creo que tú me amas indescriptiblemente, inigualablemente.

Quiero el proyecto que tienes para mi vida es decir, quiero ser como Jesús. Así que Padre, en el nombre de Jesús te entrego esto que me dolió tanto y baño ahora mismo con tu amor a esta persona, a estos sucesos. Yo se, estoy seguro, segura que tú Padre, puedes liberarme del dolor de la herida que sufrí. Se que tú puedes liberarme del agravio, de la insensatez, del horror que viví. Se que tú, ahora mismo me estás liberando de la tristeza profunda que vino sobre mi vida. Creo firmemente que me estás renovando porque me estás liberando del cansancio espiritual y mental que me vino por tanto dolor moral, que me provocó hasta una enfermedad física.

Creo firmemente Padre Celestial que estás aliviando también mi mal físico porque mi mente, mi memoria, mi inteligencia está quedando llena de ti, de tu vida, de tu sanidad, de tu poder, de tu alegría, de tu positividad, de tu luz, de tu sabiduría, de tu paz, de tu amor. Mi cerebro está comunicando ahora mismo a todo mi cuerpo tu paz, tu alegría, tu salud.

Creo que me estás liberando de todo eso por lo que pasé. Se que al recordar mi pasado, cada vez más y más, me dolerá menos y menos y estaré más sano, más sana, más limpio, más limpia interiormente, más pleno, más plena, más libre, para ti, Señor. Ya nada de mi pasado me destruirá más, ni me enfermará más. Ya no Padre.

Yo creo en ti, creo en tu amor, creo en tu poder. Aquí me quiero quedar junto a ti, reposando en ti, permitiéndote hacer tu obra en mi.

Aquí me quiero quedar Oh Padre, reposando en ti. Aquí me quiero quedar Oh Padre, reposando en ti. Aquí me quiero quedar Oh Padre, reposando en ti.

EDUCA TU MEMORIA 4 Tu pasado ya pasó. Hoy queremos comenzar este mensaje que corresponde a la serie “Suelta tu pasado” hablando del libro del Génesis 37, 2-8. Dice así:

Esta es la historia de la familia de Jacob: José, el hijo de Jacob de diecisiete años de edad, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba José a su padre la mala conducta de ellos.

Y amaba Jacob a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente. Un día, soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Y él les dijo: Escuchen ahora este sueño que he soñado:

“He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que los manojos de ustedes estaban alrededor y se inclinaban al mío”. Le respondieron sus hermanos: ¿Esto quiere decir que tú reinarás sobre nosotros, o que tú señorearás sobre nosotros? ¡Imposible! Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras. Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: “He

aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí”. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti? Y sus hermanos le tenían envidia. Queremos resaltar un aspecto de este pasaje. A causa de la ropa de José, sus hermanos le tuvieron envidia y esto trajo a José una etapa en su vida, llena de dolor profundo.

Quizá tú que escuchas, estás pasando por una etapa en tu vida llena de dolor, de aflicción a tal grado que ya no quieres vivir más pero escucha: Dios va a hacerte olvidar

las ropas pasadas. Dios puede cambiar tu vestuario, porque cuando alguien tiene un encuentro verdadero, cambia de afuera y cambia de adentro, porque Dios hace olvidar lo que tenemos en lo más profundo de nuestro corazón y que todavía nos hace llorar. Sí, puedes estar seguro, segura que

si tú ahora mismo

te abres al amor incondicional de Dios, si tú que escuchas comienzas a mirar tu vida desde el amor de Dios, y te dedicas a perdonar, a comprender, a amar

como Él te ama a ti, Él hará que olvides aquello que ha sido una deshonra, una humillación, o degradación, o una infamia. Dios va a hacerte olvidar del vestuario que te trajo tanto lamento, tanto problema, tanta amargura, porque Dios es un Dios que sabe revestirte de nuevo y poner en ti túnicas reales, túnicas de rey, de reina porque Dios tiene

propósito, Dios tiene proyecto para tu vida.

A José el hijo de Jacob, Dios lo hizo olvidar con su hijo Manasés. El nombre que le puso a su hijo precisamente significa “Dios me hizo olvidar”. Y ese “Dios me hizo olvidar” esencialmente tiene qué ver con el perdón. Porque el verdadero perdón te hace olvidar, es decir, te hace recordar sin dolor. Sin verdadero perdón no hay olvido o mejor, sin perdonar verdaderamente no se puede recordar sin dolor. Tú que escuchas no podrás recordar sin dolor, no podrás olvidar sin el perdón. Nadie sobre la tierra puede olvidar las tormentas por las que ha pasado, porque recordar es parte de la función de la memoria pero si un ser humano, con la gracia de Dios se obstina en perdonar, en amar como Dios ama, entonces sí que logrará recordar el pasado doloroso sin dolor. Más bien lo que a algunas personas les pasa cuando dicen “no recordar nada de lo doloroso” es porque, tal vez eso doloroso lo han bloqueado tan bien en su cerebro que aparentemente no pueden recordar, pero una vez que entran en el proceso de desear ser liberados de sus ataduras mentales, de sus espinas, de sus laceraciones mentales abriéndose al amor de Dios y al perdón incondicional, suele ser que se encuentran con algunas cosas o muchas cosas qué perdonar para poder ser felices.

Y para nosotros ser felices siempre significará sufrir menos, aceptar con sabiduría los hechos dolorosos de vida, confiando y abandonándonos en los brazos amoroso del Padre Dios.

Dios puede borrar de tu disco duro, de tu memoria en un abrir y cerrar de ojos, el dolor de aquello que pasó pero, si tú que escuchas, eres quien se resiste a dar el paso de levantarse de su Mano y perdonar como Él te perdona a cada momento, Él sencillamente te va a respetar y te esperará hasta que tú quieras comenzar a madurar. Porque finalmente la falta de perdón no es otra cosa que inmadurez.

¿Sabes lo que hace el Señor Dios cuando un hijo suyo, cuando una hija suya se abre a su amor y

decide en el nombre de Jesús perdonar? Quita el dolor asociado con esa herida. Juan de la Cruz dice que Dios pudiera hacer feliz a una persona en un instante, que Dios pudiera hacerla la persona más bondadosa, más madura, más plena, pero la falta de generosidad y de verdadera apertura por parte de la persona detiene la obra de Dios.

Cuando tú le presentas al Señor una herida, Él quiere instantáneamente liberarte del dolor, pero si cuando se la presentas te niegas a perdonar, aunque Él lo quiera, tu resistencia a perdonar bloquea el bálsamo divino que podría hacer que tu herida fuera cicatrizando hasta no volver a dolerte nunca más. Será importante pues que aceptes con paz, que el

perdón es un proceso. Su velocidad para

sanarte estará condicionada a tu perseverancia por obstinarte día con día, en comprender y amar como Dios te comprende y te ama. Dios puede liberarte del dolor de la herida que sufriste. Dios puede liberarte del agravio, de la insensatez de aquél de aquella, del horror que viviste. Dios puede liberarte de la tristeza profunda que vino sobre tu vida. Dios puede liberarte del cansancio espiritual y mental que te vino por tanto dolor moral que provocó hasta una enfermedad física. Dios puede liberarte de todo eso por lo que te hicieron pasar; en pocas palabras, Dios puede y tú con Él, hacer que al acordarte de todo eso, ya no te duela más, ya no te destruya más, ya no te amargue más. En la medida en que te dediques más y más a perdonar con el poder de Dios, eso que pasó cada vez menos tendrá el mismo efecto sobre ti, ya no tendrá el mismo ardor, ya no tendrá el mismo dolor. Te podrás acordar sí, pero sin efectos secundarios sobre tu vida, porque Dios te habrá liberado del dolor asociado a esas heridas del pasado. Ahora tú puedes ver lo que cometiste, o lo que hicieron otros, pero sabes que la misericordia de Dios es nueva cada mañana, y aquello ya no tiene aguijón, ya no tiene dolor, ya no tendrá

más efecto negativo en tu vida. Dios te dice: “Yo ya te perdoné” y tú puedes decir: Dios ya me hizo olvidar.

Hay gente que todavía está viviendo en donde está viviendo porque continúa amargado, amargada y quizá tú que escuchas perteneces a ese grupo grande de seres humanos, por lo que te hizo tu esposo, por lo que te hizo tu esposa, por lo que te hizo tu padre, por lo que te hizo tu madre, por lo que te hizo tu hermano, o tu hermana, por lo que te hizo tu cuñada o tu suegro, por lo que te hizo tu amigo, tu amiga, tu novio, tu novia, tu vecino, tu vecina, tu compañero de trabajo o de escuela, por lo que te hizo….

Y todavía seas del grupo de los que dicen: “Yo no estuviera aquí, pero por culpa de….” “No, yo no estuviera pasando esto, pero por culpa de….” “No hubiera sucedido esto pero porque hice esto y esto otro….” Y el ardor ahí está, el aguijón ahí sigue, ahí continúa…. La historia del pasado, sólo es eso: “pasado”, está muerto y enterrado y no tiene regreso posible. Lo que pasó, pasó. Y el futuro aún no existe, apenas lo estamos construyéndolo aquí y ahora. De hecho hoy es el futuro por el que te preocupabas ayer. Si tú eres una persona que vive anclada en el pasado, tu presente

Tu futuro déjalo en las manos de Dios que es leal, que es siempre fiel. se tornará en una vida muy accidentada y ¿tu futuro?

Recuerda que ayer pensabas que tu futuro o sea hoy sería inaguantable y mira, aquí estás recibiendo este mensaje que está haciendo de tu hoy un día más llevadero, más en paz. No es bueno estar reciclando siempre lo mismo: girar alrededor del mismo círculo vicioso de quejas y dolores: “Es que me engañaron”, “Es que me dejaron”, “Es que se burlaron de mí”, “Es que soy muy pobre”, “Es que soy muy torpe”, “Es que no tengo suerte”. “Nada de lo que hago funciona” “Nada de lo que hago prospera”.

Oye, ¿Sabes cómo se llama todo eso?,

Todo eso se llama: ¡Excusas, excusas, excusas! entiéndelo de una vez, o habrás perdido tu tiempo miserablemente. ¡¡Deja ya el pasado atrás!! …¡suéltalo!… deja que se vaya… ¡Atrévete a decirle adiós!

No puedes pasarte la vida tratando de retener todo aquello que no te es útil para nada. Aquello que te estanca en tu progreso, y te impide crecer como persona. Puedes pasar años tratando de reconstruir una relación rota y lo más seguro es que te quedes solo, arañando los techos y paredes de tu vida, añorando el tiempo perdido y diciendo: “Quisiera, quisiera, quisiera, cuánto hubiera querido que hubiese sido”… Y te decimos: Pero no fue y punto.

Deja ir. Dale vuelta a la hoja.

Tampoco puedes darte el lujo de forzar situaciones que sabes que a la larga se convertirán en tu propia trampa, en tu propio martirio, en tu propio infierno.

No puedes definitivamente, ser tan ingrato contigo mismo, contigo misma enclaustrándote, encasillándote, sujetándote al ayer, limitándote, negándote a una nueva oportunidad de encontrar tu verdadera felicidad en Dios. ¿No hagas caso de quienes te juzguen o te condenen si obras honestamente? ¿Sabes?, Nadie sabe lo que pesa el muerto, más que el que lo trae encima, es verdad, pero mi hermano, mi hermana que escuchas, en el nombre de Jesús ¡Suelta

el muerto! Y perdona, y arroja lo que te hace mal al abismo insondable del amor de Dios. Vence tu temor, tu miedo y tu angustia al qué dirán.

Nadie hará por ti, lo que tú mismo no hagas primero de la mano de Jesús el Señor. Recuerda

que si no lo intentas, jamás sabrás de lo que fuiste capaz de lograr.

Te has puesto a pensar lo siguiente: ¿A quién le

importa si tú comes? ¿Si tú vives?, ¿si tú tienes qué vestir y calzar? ¿Si tú te enfermas? ¡A nadie le importa más que a ti mismo y a Dios! Por lo tanto; suelta el pasado, arrójalo, despójate de tu inseguridad, de tu trauma de hombre abandonado, de mujer abandonada, burlado, burlada humillado, humillada desprotegido, desprotegida, suelta tu timidez, deshazte de tus resentimientos del pasado o quedarás atrapado, atrapada, hundido, hundida para siempre en ellos.

Si alguien te lastimó, te hizo daño, si no correspondió a tu amor, o no te respetó ni te valoró… ¡¡Suéltale, déjale ir!! Marca tu raya del pasado a la realidad hermosa en donde Dios te está diciendo: ¡Te amo! No estás sólo, sola, Yo estoy contigo. Caminemos juntos siempre hacia delante. Y suelta el ancla, desata las amarras y libérate de la esclavitud de todo el dolor que atormenta tu mente, tu corazón.

¡Tú vales demasiado!, deja de

rogar de mendigar, valórate, hazte valer, hazte oír, hazte respetar y respétate a ti mismo, a ti misma primero. Ama con todo tu ser, con toda tu mente, con todas tus fuerzas, con todo tu corazón a ese ser que eres tú, y podrás amar a los demás y por supuesto a Dios como Él quiere que tú ames. Nadie nació para ser esclavo, ni para quedarse en un compás de espera eterna, la vida está en constante movimiento y cada día hay más compromisos y más cosas hermosas que realizar con resultados diferentes. El ser humano se aferra a las ofensas pasadas, quizá tú que escuchas, hoy continúas lamiendo las heridas añejas pero ¿para qué? A ver: ¿Para qué volver a vivir lo que ya te es bastante conocido y sabes anticipadamente, que te volverá a hacer infeliz?, ¿No se llama a eso, masoquismo?

No es sano rendirle honores al dolor nocivo, tóxico de aquello que pasó.

Será sano e inteligente generar situaciones nutritivas que te alienten, te levanten, te llenen de energía, de confianza y valor. Desatórate, suelta las costumbres necias, los hábitos negativos, los vicios mentales sin fe, los apegos que te hacen esclavo, esclava de tus propios sentimientos y resentimientos ¿por qué seguir siéndole fiel a un recuerdo del ayer que sólo nos produjo daño y dolor? ¿Para qué conservar algo que no te es útil para nada?

¿Qué sentido tiene que trates de seguir amando a alguien que ni siquiera quiso aprender a amarse a sí mismo, o a sí

Si era incapaz de amarse, mucho menos te hubiera amado a ti como ilusamente lo pretendiste en el pasado. misma? ¿Sabes?

Suelta ya el pasado de tus manos, atrévete aquí y ahora, a poner las riendas de tu corazón y de tu vida en las manos de Dios, verás que comenzarán a sucederte cosas hermosas, las cosas que Dios quiere para ti, y

esas cosas hermosas son la libertad interior, la madurez psicológica y espiritual , pero nadar contra corriente requerirá de sacrificios, esfuerzos y perseverancia constante y repetida, pero valdrá la pena, porque ése es el precio que hay que pagar para llegar a ser como Jesús. En el nombre de Jesús tú que escuchas, suelta tu pasado de tus brazos, tienes que dejarlo ir. Aprender a buscar cosas superiores, para que dejes de ser adicto, adicta a eso que sólo tú y nada más que tú llamas “tus propios fracasos”.

Dale a Dios la oportunidad de que sea Él quien lleve el timón de tu vida, quien seleccione por y para ti, lo que es mejor y más conveniente. ¿Sabes? No siempre nos da Dios lo que le pedimos, sino lo que nosotros necesitamos como seres humanos para llegar a ser realmente plenos y felices en esta vida. Por otro lado te decimos que cuando estas en medio de un problema el 95% de la solución es tu actitud y sólo el 10% es lo que hay que hacer? Así que ya no le hables a Dios de tus problemas, porque él los conoce; más bien

háblale a tus problemas del Dios tan grande que tienes en tu corazón y ponte a darle solución a ese problema en ese 95

% con tu superbuena actitud y el otro 10% hazlo con paz, todo de la mano de Jesús el Señor. En la vida, no habrá un año en que no tengas algún tipo de aflicción por eso necesitas querer prepararte, querer

vitaminarte, cada día en la oración, en la intimidad con Dios y en el amor hacia a ti y hacia cada ser humano que se topa contigo, para que cuando llegue la dificultad, forjes carácter, temple, y salgas victorioso, victoriosa en la humildad.

El apóstol Pablo dice en Romanos 8,16-19: “El

Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, somos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, y si padecemos juntamente con Él, juntamente con Él seremos glorificados”. Por experiencia –dice Pablo- que las aflicciones del tiempo presente no son en nada comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios”.

Las aflicciones son temporales, terminan, así como vienen, se van.

todas

¿Sabes? Tu aflicción puede irse desde ahora mismo si te decides a tener al Señor como único centro de tu vida, si lo haces tu refugio, el amor de tu vida.

La palabra de Dios es clara al respecto, y por eso debemos comprender y aceptar que las aflicciones son temporales y aún la más fuerte de ellas no se puede comparar con la gloria

que se va a manifestar en mi, en ti que escuchas. Van a venir aflicciones pero jamás serán tan intensas como la gloria que Dios va a manifestar en nosotros. Las aflicciones que vivió José el hijo de Jacob no fueron tan intensas como la gloria que vivió administrando todo Egipto y las aflicciones que pasamos por hacer lo bueno no son nada comparables con la recompensa que Dios te da por haberlo hecho y ¿Cabe

mayor recompensa que su amor, que su gracia, que su paz, que la alegría de saberte en sus manos amorosas? El Salmo 34,19 dice: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará el Señor”. Aquí no dice que los “justos” es decir, los que buscan con

corazón sincero al Señor no van a tener aflicciones, sino que dice que van a tener “muchas” pero también dice que de todas les librará el Señor, así que mientras estás en la aflicción pon tu mirada fija en Jesús quien te ama con locura. El Señor Jesús en el evangelio de Juan 16,33 Te dice hoy a ti que escuchas: Estas cosas les he dicho para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción;

pero confíen en Mi, tengan ánimo, que Yo he vencido al mundo.

Jesús no dijo que íbamos a estar exentos de tener aflicción, Él dijo que de todas nos iba a librar. El dijo tendrán aflicciones, sólo una cosa les pido “confíen en mí”.

El Señor nos pide que confiemos en Él en medio de la aflicción porque a veces son tan grandes o vienen tan seguidas que tenemos la tentación de desconfiar de Dios.

Jesús el Señor dulcemente dijo “Sí, vas a tener aflicciones, pero te ¿Puedo pedir algo? ¿Podrías confiar en mí? Porque Yo te voy a librar de ellas, sólo ten paciencia. Has lo que tengas qué hacer bien es decir, perdona desde mi

poder, se humilde desde mi, ámate y ama a los demás como Yo te amo mientras yo te llevo en mis manos. Para finalizar te decimos tú puedes tener aflicciones por dos razones, por hacer lo malo o por hacer lo bueno. Por ejemplo, quieres beber alcohol, quieres drogarte, quieres fumar, quieres andar con ese casado o tú casado quieres andar con esa soltera, quieres hacer transas, quieres revolcarte en el odio en la venganza, pero puedes decidir no hacerlo y es ahí en donde sufres la aflicción al ejercer el dominio propio, es decir, al no dejarte llevar; o bien, decides beber, drogarte o fumar, o chismorrear, pero en este caso sufrirás la aflicción de morirte, de dañar a la gente que te rodea o de un cáncer o de un sida por dejarte llevar. Puedes sufrir aflicción de que el novio te corte porque no te acuestas con él, o la aflicción de ser madre soltera porque el que te está pidiendo que te acuestes con él antes de tiempo seguramente te va a abandonar. ¿Sabes? Quien te ama te espera y te respeta. Puedes sufrir la aflicción de abstenerte de hacer cosas que sabes que te dañarán a ti o a quienes te rodean porque sabes que te hará madurar o puedes sufrir la aflicción de hacerlo dejándote llevar.

Puedes abstenerte de la aflicción de no querer ser un cristiano consagrado a Dios porque no quieres que digan que eres fanático o que piensen que estás loco, loca, o sufrir la aflicción por vivir una vida superficial, vacía porque te privas de la alegría que produce vivir en amor como Jesús, sirviendo a los demás como Jesús. Así que si vas a sufrir o vas a ser afligido que sea por hacer lo que Dios quiere que hagas y no porque te dejas arrastrar, no porque te dejas enlodar, Amén. En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, tomando una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas; tu cabeza recta cierra tus ojos y respira suave profundo y lento. Y desde esa fe adulta, sin mover tu boca, desde lo profundo de tu ser, dile al Señor tu Dios que está allá en tu corazón:

Oh Padre Celestial, Oh Jesús, Oh Espíritu Santo, Oh Dios, mi Dios y mi todo: Gracias por darme la sabiduría en tu Palabra, gracias por decirme que nada podrá apartarme de disfrutar de tu amor cada día, cada mañana, cada momento de mi vida.

Nada podrá apartarme de tu amor, de tu alegría, de tu positividad, de tu poder, de tu humildad, de tu luz, de tu paz, de tu amor.

Hoy acepto que ninguna tribulación, ninguna angustia, ninguna persecución, ni el hambre, ni la desnudez, ni ningún peligro puede nada contra mi, porque

yo confío en ti. Yo creo que me amas profundamente y yo mismo, yo misma ahora

mismo declaro que desde ese amor que me has dado, me amo completa y profundamente, que me acepto exactamente así como soy y que te amo con el amor que me das para amarte porque tú me has amado primero. Hoy acepto que en todo he salido, salgo y saldré victorioso, victoriosa, porque tu humildad en mi es más fuerte que toda soberbia; porque tu verdad en mi es más grande que toda mentira;

porque tu bondad en mi es más grande que todo mal; porque tu vida es más fuerte que la muerte; porque tu amor es real, lo único que levanta al ser humano como a mi hoy, aquí y ahora me está levantando, me está llevando a una talla de madurez que no había sospechado jamás. Hoy acepto que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este

mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni criatura alguna podrá apartarme del inmenso amor que me has manifestado Oh Padre, en Cristo Jesús. Tú eres mi Dios, mi vida, mi amor, mi todo. Tú eres mi Dios, mi vida, mi amor, mi todo. Tú eres mi Dios, mi vida, mi amor, mi todo.

NO DEJES QUE TU PASADO TE ATRAPE Hoy queremos comenzar este mensaje de la serie “Suelta tu pasado” y que hemos llamado “No dejes que tu pasado te atrape” diciéndote que para poder ser libre del recuerdo doloroso de lo que pasó ayer o hace 30 años, necesitas querer rehusarte a estar atrapado, atrapada en ese recuerdo doloroso. La palabra “rehusar” quiere decir: rechazar, repudiar, desdeñar, menospreciar. Y para comprender mejor esto, miremos el 1er libro de Samuel en el capítulo 16. Dios le preguntó al profeta Samuel, quien se lamentaba por el hecho de que Saúl ya no iba a poder ser más el rey a causa de su mal comportamiento: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl? ¿Hasta cuándo estarás sumergido en el lamento? ¿Hasta cuándo llorarás? () Hoy, aquí y ahora Dios a ti que escuchas te está diciendo: ¿Hasta cuándo llorarás por lo que has perdido, por lo que no funcionó? ¿Hasta cuándo llorarás por aquello en lo que te fallaron; hasta cuándo llorarás tus errores pasados, esas relaciones personales rotas; hasta cuándo llorarás por esas cosas que ya no puedes hacer y que antes sí podías? ¿Hasta cuándo llorarás? () En el nombre de Jesús, tú que escuchas, hoy, ahora mismo di con todo tu ser: “Rehúso estar atrapado, atrapada en el pasado. Mi futuro es tan brillante que necesito lentes de sol para poder mirarlo”. Dilo una ves más y millones de veces más: “Rehúso estar atrapado en el pasado”. Porque si sigues lamentándote, si no quieres continuar tu vida hoy, aquí y ahora con sabiduría, te enfrentarás al problema de lamentarte en exceso, y al lamentarte en exceso te estarás sumergiendo tú mismo, tú misma, en el negro pozo de una terrible depresión. () Y este problema es que como tú mismo, tú misma decides mantenerte atrapado, atrapada en el pasado, bloqueas y no permites que Dios y tú mismo, tú misma hagan lo que podría ahora mismo hacer de ti un nuevo hombre, una nueva mujer, un nuevo joven en tu nuevo presente en donde la gracia de Dios quiere entrar como ese nuevo sol, para iluminar toda la capacidad

que el Cielo ya te dio para que seas feliz en la sencillez, en la humildad, en la alegría verdadera por la fe, hoy, aquí y ahora. ¿Sabes? Cuando algo llega a un final, Dios siempre tiene un nuevo comienzo, pero mucha gente es infeliz porque comete el error de aferrarse al pasado y así queda atrapada en ese pasado. En realidad nos gusta lo viejo, porque estamos familiarizados con ello y aunque deseamos seguir adelante, estamos muchas veces más cómodos con lo viejo, y como que ya sabemos cómo movernos en lo viejo y cuando tenemos qué movernos a algo nuevo, nos cuesta mucho trabajo, porque requiere de más intimidad con Dios para ir con aplomo es decir, para ir con seguridad, con confianza en Dios, con la serenidad de sabernos en todo momento en sus manos, con mesura, con calma para dar los pasos más seguros, posibles. Ahora mismo Dios quiere darte algo nuevo, pero tú quizá todavía te rehúsas, te asustas y crees que no podrías vivir en la humildad, que no podrías vivir con el pan para hoy solamente es decir, te asustas de vivir sólo el día de hoy y quizá hasta llegues a decirle al Señor por esto que Él está haciendo y que tú de momento no comprendes: ¡Ay Señor! Pero…¡Qué haces! ¿Qué haces!!! y asustarte y hasta llorar por lo que Dios quiere de nuevo y más pleno en tu vida. Asustarte por desconfiar en lo que Dios está haciendo para ti y que te puede beneficiar, es insensatez, falta de inteligencia, necedad, falta de fe. () 1ª de Samuel 16, 1 dice a Samuel: ¿Hasta cuándo vas a estar triste por causa de Saúl? ¿Cuánto tiempo más llorarás? Ya no quiero que él siga siendo el rey de Israel. En realidad Saúl fue ungido para ser rey de Israel, pero no se comportó bien, se dejó llevar de la envidia, de la desobediencia, fue rebelde, se dejó arrastrar de la negatividad y así como Dios lo exaltó, así también lo hizo bajar. Dios nos exalta, pero cuando ve que nos perdemos en la soberbia, nos da una ayudadita para volvernos al redil, pues no olvidemos que Él es nuestro Pastor y un verdadero pastor, cuida siempre de sus ovejas y aún más: Dios es nuestro Padre y Él nunca dejará a

ninguno de sus hijos sin corregirnos, porque de otra manera nos perderíamos para siempre en nosotros mismos. () Samuel había invertido mucho en Saúl y si lloraba, era porque sentía que sus esfuerzos se habían perdido y por eso se lamentaba en su alma, en sus emociones, en su mente sobre el hecho de que el tiempo que había invertido en esta persona de Saúl había sido un rotundo fracaso. () Por eso Dios le dijo: ¡¿Hasta cuándo llorarás a Saúl?! Y luego le dijo: llena tu cuerno con aceite porque te voy a enviar a Isaí de Belén, porque ya escogí como rey a uno de sus hijos Dios había planificado que Saúl fuera rey, porque por eso envió a Samuel a ungirlo antes que a David. En realidad nunca fue el plan de Dios que Saúl fracasara, pero cuando Saúl no respondió a este glorioso llamado, cuando Saúl no se mantuvo en fidelidad a sí mismo y a Dios, Dios no se deprimió sino que formó un nuevo plan. () Hoy el Señor, aquí y ahora te está llamando a formar con Él, un nuevo plan de vida; te está llamando a tomar con Él una buena actitud; te está llamando a soltar de una vez por todas eso que te hizo sentir derrotado, derrotada, acabado, acabada y comenzar un nuevo camino de su mano, un camino de madurez en todos los aspectos, un camino de libertad interior, un camino de perdón incondicional, de amor verdadero. () Otro ejemplo de eso, lo encontramos en el libro del Deuteronomio 34, 7.8 que dice: Moisés el siervo de Dios murió a los 120 años de edad habiendo conservado hasta su muerte buena vista y buena salud. Los israelitas lloraron a Moisés durante 30 días en el desierto de Moab cumpliendo así los días de llanto y luto de su muerte. Fíjate bien como Dios permitió durante el antiguo pacto hacer luto por cierto tiempo, pero sólo por cierto tiempo. Ellos tenían 30 días para lamentarse, para llorar y estar de luto, pero después tenían qué continuar. Es normal si perdemos un ser querido por

causa de la muerte o si perdemos a algún amigo o amiga porque fallamos o cometimos errores, o si perdemos el trabajo o la salud por alguna causa. Sería en cambio anormal si no sintiéramos ninguna aflicción o ningún duelo o luto o tristeza por ello. Tú que escuchas, aprende que es correcto estar de luto, afligirse por cierto período de tiempo, pero tendrás qué tener cuidado de no pasarte de la raya a tal grado que permitas aflicción y lamento al grado de arrojarte tú mismo, tú misma en el abismo horrendo de una depresión por no aceptar con sabiduría y paz, los hechos que ya no puedas cambiar. () Quizá tú que escuchas recientemente has perdido un ser querido y puedas llegar a decir, ¡Ah!, esta que está hablando no sabe lo que estoy pasando, pero permíteme decirte que sí se de lo que hablo pues ya he pasado por duelos sumamente doloroso pero que con la gracia de Dios decidí vivirlos con fe y positividad y eso me ayudó a salir adelante y se que esa actitud que decida tener con fe, de la mano de Jesús mi Señor, me ayudará a superar cualquier cosa por difícil que ésta sea. () Dios puede darte una memoria sana si tú ahora mismo le entregas lo que te pasaste de más en esa pérdida, en esa etapa de luto. Dios puede hacer de tu memoria ese espacio infinito en donde la alegría, la luz y la paz de Dios, puede hacer que recuerdes sin dolor, con madurez, aceptando con sabiduría y paz los hechos que no puedes ya cambiar. Aceptar con paz que en toda pérdida hay un luto y en el luto hay herida y dolor y que hay qué pasar por un proceso para llegar a la sanación, pero siempre cuidando no salirse de balance mirando más a Dios quien nos ama inmensamente, que mirarnos más a nosotros mismos, cuidando que ese plan que Dios tiene para mi, para ti que escuchas, continúe hasta el final de nuestra vida. () ¡Qué bueno que ahora mismo Dios te está sacudiendo por medio de este mensaje para que salgas de esa actitud desbalanceada, para que reconozcas que no puedes hacer nada con eso que pasó! Y que ahora mismo necesitas decidir levantarte para continuar

con la misión de amar a cada ser humano, como Dios te ama a ti. () Ahora mismo puedes hacer algo sobre lo que aún queda. Dios usó a Moisés por mucho tiempo pero al fin Moisés tuvo qué morir y Dios iba a ungir a un nuevo hombre, a Josué y Josué, como parte del pueblo de Israel también había estado en luto por Moisés por 30 días. Escucha bien el capítulo 1 del libro de Josué versos del 1-7: “Después que murió Moisés, el siervo de Señor, habló el Señor a Josué, hijo de Nun y ayudante de Moisés y le dijo: Como mi siervo Moisés ha muerto, ahora eres tú quien debe cruzar el río Jordán con todo el pueblo de Israel, para ir a la tierra que voy a darles a ustedes como se lo prometí a Moisés. Nadie te podrá derrotar en toda tu vida, y yo estaré contigo así como estuve con Moisés sin dejarte ni abandonarte jamás. Ten valor y firmeza. Sí, lo único que te mando es que tengas valor y firmeza y que hagas lo que está escrito en la ley que mi siervo Moisés te dio. Cumple, haz con amor todo lo que está en la ley y te irá bien en todo lo que hagas. No tengas miedo ni te desanimes porque Yo tu Señor y Dios estaré contigo dondequiera que vayas”. Dios te está anunciando a ti que escuchas, que eso que pasó ya murió, ya no está, pero ¿Por qué Dios te está anunciando a ti hoy aquí y ahora como anunció en el pasado al pueblo de Israel que Moisés ya había muerto si sabían que Moisés ya había muerto? Lo hace porque aún cuando ellos lo sabían y tú lo sabes ahora, todavía hay llanto. Dios quiere ungirte a ti que escuchas, para que continúes con valentía, con valor, con firmeza, con sabiduría, con paz en el corazón, el camino por el que todavía tienes qué caminar, porque aquella etapa, ya terminó, pero todavía no termina la oportunidad que Dios te da para crecer interiormente, para hacer de Dios el amor de tu vida, para amar como Jesús el Señor.

Por eso ahora mismo te dice: ¡Levántate! Quizá tú que escuchas tendrás qué levantarte de tus cenizas, quizá tú que escuchas necesitas salir de tu abismo, levantarte sacudiéndote de ese estar deprimido, deprimida por todo lo que pasó. Como hemos dicho en otros temas de esta serie: Ya lo pasado pasó, el pasado ya pasó, ¡Suéltalo! Si dices que tu corazón ya no late, que sería mejor que tu corazón dejara de latir, que ya no hay esperanza, que ya no quieres vivir, permítenos decirte que eso es estar encerrado, encerrada en ti, y auto conmiserarte y hacer todo eso, no es otra cosa que perfecta inmadurez. En cambio, cuando tu corazón lata al mismo tiempo que late el corazón de Dios es porque habrás decidido ser inteligente, sabio, sabia, maduro, madura, porque un ser humano que acepta con sabiduría y paz que las cosas pasan -que todos tenemos qué morir y de la manera que menos esperamos, que unas amistades son para toda la vida, pero que otras se van y no les vuelves a ver, que el ser humano es contingente, limitado, que sólo Dios es Dios-, vive en la humildad, en la obediencia al amor verdadero y es fiel al amor incondicional que Dios le tiene a pesar de todos los retos que puedan aparecer en el camino. Así que en el nombre de Jesús, deja de estar desanimado, desanimada por algo que ya pasó y que no puedes modificar. Tú puedes tener otra actitud, la actitud de un hijo, de una hija de Dios, actitud positiva, creativa, llena de fe, de empuje, de amor por la vida. Sacúdete de esa basura que es la autocompasión, la conmiseración porque Dios te va a levantar. Ya no dudes de “si Dios puede perdonarte a ti que escuchas”, porque eso quiere decir que no has leído la Biblia para conocer a Dios, sino que todavía estás con un Dios sólo de oídas. Dios te comprende, Dios te ama, Dios te levanta ahora mismo para no mirar para atrás porque Él está haciendo de ti un ser humano honesto, libre en Él.

El libro de lamentaciones en el capítulo 3, habla de cómo si el ser humano está auto conmiserándose se atrapa a sí mismo en su pasado. En el verso 19 dice: “Recuerdo mi tristeza y soledad, mi amargura y sufrimiento; me pongo a pensar en ello y el ánimo se me viene abajo”. Pero también dice en los versos siguientes: “Pero una cosa quiero tener presente y poner en ella mi esperanza: el amor del Señor no tiene fin ni se han agotado sus bondades. Cada mañana se renuevan: ¡qué grande es su fidelidad! Y me digo: ¡El Señor lo es todo para mi; por eso en Él confío! Si te pones a pensar desde la sabiduría, vas a llegar a descubrir que no es accidente o casualidad el cómo Dios preparó el tiempo, cómo lo hizo, cómo viene la noche, luego cómo vuelve a salir el sol cada mañana, cómo el ser humano necesita descansar y luego cómo vuelve a amanecer para ocuparse con paz de un nuevo día. El desaliento y la preocupación que viene de la desconfianza en la fidelidad del Señor, no la creó Dios sino la mente del hombre. Dios sabe que el ser humano sólo puede manejar a la vez un solo día. Sí, escuchaste bien, lo que el ser humano puede sobrellevar, y llevar con elegancia espiritual es un día a la vez y es en ese día, a lo que se debe enfocar. Sólo tienes este instante para ser feliz. No es correcto estar preocupado, preocupada, desalentado, desalentada por las horas que te restan del día, tirando tu tiempo entre el miedo a tu soledad o al fracaso. Hoy, aquí y ahora es un tiempo nuevo en el que tú que escuchas puedes comenzar a construir tu vida más sólidamente en Dios. Hoy aquí y ahora es una oportunidad nueva para comenzar a crecer interiormente, para comenzar a madurar de verdad, al estilo de Jesús, tu amor. Porque ¿sabías que Jesús el Señor te busca ahora mismo? ¿Y que te busca para que lo hagas el amor de tu vida? ¡Tú ya eres el amor de Jesús, pero falta que tú le hagas el amor de tu vida!

Hoy Dios te está dando una nueva oportunidad para mirarte a ti mismo, a ti misma no como un ser humano derrotado, humillado, rechazado, traicionado o abandonado, sino como un ser humano rescatado por la sangre de Jesús, salvado del egoísmo, salvado de la soberbia, salvado de la desobediencia, salvado de la negatividad. Acepta de una vez por todas que has puesto muchas excusas para crecer. Ya no seas infantil, crece, pues entre más decidas quedarte tirado, tirada en la auto compasión, más estás demostrando que no eres maduro, madura y que decides enfermizamente encerrarte en ti porque simplemente no quieres trabajar arduamente por salir de ese estado de conmiseración. En el nombre de Jesús te decimos, si quieres, tú puedes. ¡Levántate! Si el diablo de la depresión te ha puesto el pie en el cuello, levántate porque Jesús es tu gloria, tu seguridad, tu libertador, tu mejor amigo, tu fiel amado. Ahora mismo, apoyado, apoyada en Jesús tu Señor di al Padre Celestial: Con tu gracia Oh Dios yo voy a hacer todo lo que tú me dices que haga. Yo voy a ser lo que tú quieres que sea y tú quieres que yo sea como Jesús tu Hijo, firme, estable, equilibrado, humilde, sabio, obediente, feliz en ti, Padre. En el nombre de Jesús no voy a desistir. No Padre, en el nombre de Jesús no voy a desistir. En el nombre de Jesús olvidando lo que quedó atrás, me lanzo hacia delante fijando mi mirada en ti Padre, en Jesús, en tu Santo Espíritu y en tu amor ahora mismo, me levanto. Mi hermano, mi hermana que escuchas, Moisés ha muerto es decir, aquello ya se acabó, esto otro ya pasó. ¿Sabes? Moisés casi hacía todo por el pueblo de Dios: oraba por ellos, creía por ellos, se arrepintió por ellos, mientras el pueblo anduvo por 40 años caminando pasivamente sin realmente tomar la responsabilidad que debieron de haber tomado, así que cuando Moisés murió, no sólo murió el hombre, sino que significó un nuevo nivel de responsabilidad para los israelitas es decir, ellos de ahora en adelante iban a necesitar querer orar por sí solos; ellos iban a

necesitar querer creer por sí solos, querer arrepentirse por sí solos y eso, les asustaba. Es verdad que ahora estaría Josué a la cabeza, pero sería diferente de cómo Moisés lo hizo por ellos. Quizá tú que escuchas hasta el día de hoy, has dependido demasiado de otros. Tal vez Dios quiere que más que de otra persona, comiences a depender totalmente de Él y de ti, nada más. Cuando tengas problemas, corre a la Palabra de Dios y no al teléfono. Cuando tengas problemas corre a la Presencia de Dios y no a la gente, porque si te fijas, tampoco ellos y ellas sabrán qué hacer y mucho menos decirte a ti qué hacer. Cuando tú buscas a la gente así, sin Dios, no te darán lo que necesites realmente y sí te sentirás peor, porque no entienden lo que tú estás pasando y si lo entienden tal vez estén pasando un día también abrumador a tal grado que de momento te responderán mal y tú que escuchas te vas a sentir muy mal. Para finalizar te decimos: Ve a Dios cada día, cada momento, en todo tiempo y Él siempre suplirá tu necesidad. Repítete una y millones de veces: “¡Moisés ha muerto! Este es un nuevo día, levántate. No tengas miedo. Espera todo de Dios y de ti. No estás sólo, sola. Ten confianza, porque Dios es fiel, porque Dios es contigo cada instante de tu vida. Solamente esfuérzate, se muy valiente, ama, perdona, se humilde obedece a Dios en su Palabra para que todo cuanto hagas vaya por buen camino”. Amén. En unos momentos de intimidad con el Señor, tomando una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo, hacia arriba o entre lazadas; cierra tus ojos y respira suave profundo y lento….Y desde esa fe preciosa, allá en tu interior, no con palabras sino de corazón a corazón dile al Padre Dios:

Señor, aquí estoy, en tu Presencia amorosa, Presencia que todo lo ilumina, que todo lo transforma. Por eso se que esas puertas cerradas, enmohecidas, sin llave que escondían dolores pasados, ahora mismo están siendo pulverizadas, trituradas, machacadas, demolidas, desintegradas y estás dejando lo más profundo de mi ser lleno de ti, claro como el agua más transparente y cristalina. Ese subconsciente mío ahora mismo está quedando habitado por ti y puedo verlo claramente a través de la capacidad que me diste para imaginar y ver espiritualmente por fe. Si Padre, ahora mismo veo mi subconsciente inmenso, como una hermosa y grande habitación, lleno de luz, y vacío de lo que me estorbaba, vacío de desconfianza, de terror, de miedo de inseguridad y a cambio lo veo lleno de tu paz, de tu alegría, de tu abrazo, de tu delicadeza, de creatividad y fortaleza, de verdadera vida, de sabiduría. Oh Dios, la única puerta que habrá de ahora en adelante en esa habitación interior muy mía y muy tuya Señor, será la puerta del amor que se abrirá solamente por la fe y la esperanza. Así de grande estás actuando hoy, ¡Oh Padre! Señor, Yo confío en ti. Ahora mismo te digo que en medio de la más negra noche quiero permanecer reposando en ti, confiando en ti, porque siempre eres fiel. No importa lo que sienta, importa lo que creo y creo que tú me llevas en tus brazos fieles y amorosos. Con esta fuerza que me das, con esta sabiduría que me das, ya no permitiré nunca más que nada ni nadie me robe la esperanza, la vida, la alegría, el optimismo. Yo como tú Oh Dios, inconmovible en ti. En paz en ti. Seguro, segura en ti. (Y tú que escuchas, permite que el Señor te ame y te diga): Mi hijo amado, mi hija amada, ahora mismo te estoy levantando, te estoy fortaleciendo, te estoy llenando de mi luz, de mi alegría, de mi poder, de mi vida, de mi salud, de mi sabiduría porque te amo.

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NO TE AVERGÜENCES DE TU PASADO.

Hoy queremos comenzar este mensaje que pertenece a la serie: ¡Suelta tu pasado! Y que hemos llamado “No te avergüences de tu pasado” diciéndote que nadie puede escapar de los recuerdos que durante el pasar de la vida se van guardando muy adentro del corazón, y la razón es que hemos permitido que echen raíces, entrando así en lo más profundo del subconsciente, lastimando fibras importantes de nuestro ser, al resistirnos a quererlos sacar. Todo este taller que llamamos ¡Suelta tu pasado! es por así decirlo, como una gran trituradora de papeles, como una gran papelera de reciclaje, como un equipo de limpieza tan efectivo si tú que escuchas, pones en práctica todo lo que ves que es bueno y que estás escuchando. Si todavía preguntaras: ¿Cómo deshacerme de estos recuerdos?, ¿cómo no recordar aquel primer encuentro con ese ser humano a quien dije amar verdaderamente pero hoy sólo queda un recuerdo y un sabor de amargura en mi alma?, ¿cómo olvidar cómo se dio todo?, ¿cómo olvidar que del todo pasó a la nada, sin explicación? En realidad, muchas más preguntas de todo tipo, quedarán sin respuestas pues al pasar todo, a lo único que damos énfasis, es al recuerdo doloroso.

Hay mucha gente que dice que lo que pasó de doloroso fue tiempo perdido, que no es verdad que el pasado ya pasó, porque sigue doliendo. Pero nada es tiempo perdido. Es sencillamente la vida que pasa, los acontecimientos que pasan. Como hemos dicho en otros mensajes, cada acontecimiento de la vida, para que pueda realmente ayudarnos a crecer, necesitamos contemplarlo desde la fe, porque sin fe lo único que conseguimos es desesperarnos, confundirnos, agobiarnos interiormente perdiendo sobre todo la visión de fe. La fe trasciende todo razonamiento lógico. La fe rompe cualquier barrera. La fe desata lo que estaba atado y reconcilia consigo mismo y con Dios al corazón del ser humano. ¿Sabes? Cada golpe de la vida visto desde la fe, es un reto, un escalón hacia la madurez y cada reto, cada escalón trae consigo su dificultad. Si has llegado hasta aquí y estás escuchando estos mensajes y estás poniendo en práctica el amar como Jesús el Señor, ahora mismo debes decirte convencido, convencida: “Yo rehúso seguir atrapado, atrapada en mi pasado, porque me amo como Dios me ama, porque soy valioso, valiosa, porque lo que pasó nada tiene qué ver con mi esencia”. Ni un día más te dejes atrapar por el recuerdo doloroso de tu pasado. En tu presente no hay lugar para los lamentos del pasado. El pasado ya pasó, ¡Suéltalo! ¡Sí! Ya lo pasado pasó y es necedad tuya querer continuar lastimándote desperdiciando el único momento que tienes: el hoy, el aquí y el ahora. Aunque hayas hecho cosas incorrectas, Dios te perdona, Dios te ama y ahora mismo te dice: “No lo vuelvas a hacer, vete en paz” () En el nombre de Jesús te decimos que por salud mental, por amor a ti mismo, a ti misma, por amor a quienes viven y tratan contigo diariamente, y por sobre todo, por amor a ese Dios que volvería a ser crucificado por ti, no te dejes envolver ni engañar por la vergüenza que sientas por los errores cometidos del pasado.

La vergüenza por las fallas y errores propios y aún también de gente que amamos tiene efectos realmente devastadores en nuestro interior. Igual y tú que escuchas todavía sientes vergüenza por algo que un familiar tuyo o un amigo tuyo hizo. La gente vive atrapada en la vergüenza por las incapacidades o discapacidades propias y de otros. Yo, tú que escuchas podemos tener vergüenza por cosas que se nos han hecho o por como la gente nos trata o no nos trata. Y ¿qué es la vergüenza? Vergüenza significa deshonra, oprobio, humillación, afrenta, ignominia. Significa culparse a sí mismo por algo que sucedió o por algo que no sucedió. Dios le dijo a Josué que antes que él fuera a conquistar la ciudad de Jericó, quitara la afrenta, es decir, la vergüenza de Jericó. Y tú que escuchas no podrás sanar tu interior, no podrás ser libre del recuerdo doloroso de tu pasado, si aún sigues llevando a cuestas la afrenta, la vergüenza del pasado. La vida toda se va envenenando a causa de la vergüenza que permitimos y para conquistar tu interior, para conquistar la batalla de tu mente llena de recuerdos dolorosos necesitas perdonarte como Dios te perdona y perdonar a los demás como Dios les perdona comprendiéndoles y comprendiéndote, como Dios te comprende. () Si todavía luchas con depresión, con el mal genio, con la forma en como te sientes sobre ti mismo, sobre ti misma es que todavía sientes vergüenza alláaaaaa en lo más profundo de ti. Pero recuerda, la vergüenza es tóxica, envenena tu interior, te divide, te roba la paz del corazón, te envuelve en la negatividad. Y para aclararte más esto te decimos que debes diferenciar cuando tengas vergüenza de algo que hiciste mal y cuando tengas vergüenza de ti mismo, de ti misma. Por ejemplo: cuando nos dejamos llevar por el egoísmo, por la soberbia, por el orgullo, por la necedad, no debemos estar orgullosos por ello, claro que no. Es natural que sintamos pena,

vergüenza por lo que hicimos, pero otra cosa, será tener vergüenza de sí mismo, de sí misma. Dios es especialista en enseñarnos esto. La Biblia en el libro de la Sabiduría dice que Dios no odia nunca a sus criaturas, y la razón es que si Él siempre nos ama y nos acoge siempre es porque el separa nuestros errores, nuestras faltas, de quienes somos. Para É, nunca dejamos de ser sus hijos amados. Dios no ama lo que hacemos de mal, pero a nosotros mismos continúa amándonos por siempre. () Cuánta gente en todo el planeta piensa: “Algo debe andar mal conmigo” y llegamos a este pensamiento porque internalizamos la vergüenza y nos etiquetamos a nosotros mismos y decimos: “yo soy todo este error”, “yo nací para perder”, “soy la cosa más asquerosa de ser humano”, “no valgo”, “no sirvo”, y todo por asociar lo que pasó, con lo que somos. () Uno puede llegar a pensar: “Esto no le pasa a aquellos que conozco, por lo tanto hay algo malo conmigo” “¿Qué pasa conmigo que esta persona quiere hacerme esto?” Y esto puede estar pasándole a un niño de 11 años por ejemplo, porque no ha recibido el alimento espiritual y psicológico de sus padres pensando: ¿Qué pasa conmigo que mi mamá nunca me abraza? Las mamás de los amigos míos son afectuosas con ellos. ¿Qué pasa conmigo que mi papá me toca, abusa de mi, cuando mis amigas pueden sentarse en las faldas de sus padres y ellos no hacen lo que mi papá hace conmigo sino que les aman profundamente porque las respetan? ¿Qué pasa conmigo que me gritan todo el tiempo diciéndome: “eres un estúpido, una estúpida, un bueno para nada” cuando mis amigos se muestran seguros en la vida porque sus padres les hablan con amor? ¡Algo debe andar mal conmigo! Y el ser humano va sintiendo vergüenza de sí mismo y se encierra en un infierno interior en donde el desaliento, el sin sentido de vivir abren las puertas para dejar paso libre a la depresión fatal.

Pero, avergonzarte de ti mismo, de ti misma mi hermano que escuchas, ¡¡jamás!! no lo vuelvas a permitir, no lo vuelvas a consentir. ¡Avergonzarte de ti, no, nunca más! Más bien, reconoce con humildad lo que has hecho mal y no lo vuelvas a hacer y de ti, reconoce y acepta que eres un ser humano profundamente valioso, hermoso, creado por Dios con todas las cualidades y virtudes para ser un ser humano equilibrado, maduro, feliz, lleno de la fuerza divina y de paz. () Ya no te culpes más por todo lo que sucede. No todo lo que te sucedió en el pasado o te sucede ahora es “tu culpa”. Grábate bien que las culpas no existen, más bien son causas, son decisiones mal tomadas, es inmadurez de otros o tuya. Piensa cómo Jesús el Señor lo que encontró en el corazón humano más que culpa fue una gran ignorancia. Por eso dijo a Dios: ¿“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”? () Sí, los seres humanos, obramos mal por ignorancia, por necedad, por inmadurez, por deprimidos, por miedosos, por heridos y no sanados. () En el nombre de Jesús, libérate ahora mismo de la vergüenza. Lánzala al abismo insondable del amor del Señor y no la vuelvas a usar. Cuando hagas o digas algo errado, algo equivocado, más bien reconoce humildemente que te saliste de la única verdad que es Jesús, que es Dios. Repara lo que tengas qué reparar, pide perdón de corazón y sigue hacia adelante, siempre hacia adelante, siempre mirando a Jesús. () Efesios 1, 4 dice: “Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para estar en su presencia, consagrados a Él y sin culpa”. Necesitar abandonar de una vez por todas, la vergüenza de las equivocaciones pasadas. Dios quiere quitar de ti que escuchas esa afrenta, esa vergüenza que todavía hay en tu interior por errores cometidos en el pasado. Dios desea sepultar eso que sucedió en tu pasado, y toda esa culpa, toda esa vergüenza, porque Él quiere que tú que escuchas dejes de recordar con dolor y vergüenza, lo que Él ya perdonó. ()

Dios desea que dejes de recordar con dolor y vergüenza lo que Él ya perdonó, lo que Él ya purificó, lo que Él en la cruz ya lo tomó y lo transformó en una oportunidad para que tú que escuchas crezcas en madurez, en sabiduría, en obediencia a su Palabra, en humildad, en perdón incondicional, en amor verdadero. El salmista dice que Dios remueve nuestro pecados, y que los aleja como el este está alejado del oeste y no los recuerda más. Así que deja ya de recordar con dolor y vergüenza lo que Dios ya perdonó. () Quizá tú que escuchas, te enredaste en relaciones prohibidas o provocaste un aborto, o vendiste tu cuerpo a otros, a otras, quizá ofendiste horrendamente a tu padre, a tu madre, a tus hijos, quizá golpeaste a alguien, quizá mentiste, quizá fuiste soberbio, soberbia, quizá fuiste envidioso, envidiosa, quizá no hiciste el bien que tenías que haber hecho, sólo tú sabes lo que pasó, pero te arrepentiste y le pediste perdón al Señor Dios y restauraste adecuadamente la relación, no necesitas más seguir atándote a la vergüenza, o a la culpa de eso. Y con todo esto no estamos diciendo que vamos a jactarnos, a vanagloriarnos de lo que hicimos, no. Sino que estamos diciendo que entre Dios y tú no tienes por qué fomentar más la vergüenza, la culpa porque esto te ata al infierno de la desesperación y a la desesperanza. Tú no eres lo que te hicieron. Tú no eres lo que hiciste. Tú eres un hijo de Dios, una hija de Dios ciertamente débil, pero fuerte en Cristo Jesús y ahora mismo el Señor Jesús te libera de esa vergüenza, de esa culpa, pero tú necesitas aceptarlo, creerlo, valorarte y amarte como Dios te ama ahora mismo. () Dios en su amor te escogió. Dios no se sintió obligado contigo que escuchas y que no tuvo otra opción. La Biblia en más de un lugar dice que en su amor Él te escogió. Jesús dijo: “Ustedes no me eligieron a mi sino que he sido yo quien los elegí”. Ahora mismo, ¿tienes idea de lo especial que es ser un escogido, una escogida de Dios?

La Biblia dice que somos el pueblo escogido, el pueblo consagrado, el pueblo separado por Dios. Dios te escogió, te eligió para ser su propiedad. Es como si Él hubiera mirado alrededor y mirara en todo lugar y dijera: “mh mh mh mh, te elijo a ti”. Dios ha escogido su familia y hemos sido los seres humanos la familia de Dios. Todos, sin excepción. Dios no hace acepción de personas. Dios no dice: ah no, como ya fallaste un montón de veces, contigo ya no quiero nada. No. Dios te ama locamente tanto que te dio a su Hijo Único para que en Él tengas vida verdadera. Necesitas aceptar ahora mismo que fuiste escogido, escogida por Dios. Necesitas aceptar que eres especial, que eres una hermosura de Dios. Hacer esto es correcto porque de Dios no puedes venir más que hermosura. Tú eres una hermosura de Dios, pero necesitas creerlo y poner a caminar todos los dones que ya Él te dio en tu mente, en tu ser, en tu corazón. Eres la niña de los ojos de Dios. Y quizá no eras lo más brillante cuando él te escogió, pero Dios toma precisamente a la gente herida, enredada para desenredarla, liberarla, y sanarla. () El apóstol Pablo dice que Él escogió lo débil y lo necio del mundo para que seamos fuertes en Él. Por eso dice: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Y es que la gloria de Dios brilla más en nuestro desorden. Él no vino por gente perfecta. Él vino por gente imperfecta. Él vino por gente con problemas, por gente que lo necesitaba, así que tu desorden no es un problema sino una oportunidad para crecer. () “Si alguno está en Cristo, es una nueva criatura, las cosas viejas pasaron ya y todo es echo nuevo”. Cuando Dios nos da una nueva oportunidad, la soberbia, el orgullo, la envidia, la mentira llega porque cuando Dios te quiere llevar a un nuevo nivel interior aparecen los antiguos diablos: la culpa, la vergüenza, el miedo, el desaliento, el resentimiento, la necedad etc. Porque a nuevo nivel, viejo diablo. ()

Y vienen los demonios del pasado recordándote que tú no eres bueno, buena, que eres ridículo, ridícula y comienzas a recordar todo lo mal que hiciste o que no evitaste y que “quién te piensas que eres para creer que puedes mejorar y que puedes hacer esto y esto otro”. Y necesitarás querer decirle a todo eso: “¡Cállate diablo! Dios me escogió, yo le pertenezco, soy la niña de sus ojos, soy especial a sus ojos, soy su tesoro y Dios tiene un buen plan para mi y no me lo vas a robar porque yo se quien soy en Cristo”; porque de otra forma, si te dejas llevar de la negatividad, de la culpa, de la vergüenza etc., todo esto te arrebatará el gozo, y la alegría que te vino a traer Jesús el Señor con su Salvación, con su amor por ti incondicional. () La mayoría de las personas sufren de inseguridad en sí mismas y miedos sobre ellas mismas. Es como una gran plaga en nuestra sociedad, porque nadie sabe quién es como persona en Cristo y por eso tratan de basar su autoestima en lo que hacen, en lo que poseen, en a quién conocen, en el dinero y todo viene a ser obras, obras, obras, obras, obras. Y con razón la Palabra de Dios nos enseñan que no debemos confiar en lo que hacemos en la carne, es decir que no confiemos en lo que hacemos sin fe, sin Palabra de Dios, sino que confiemos en quiénes somos en Cristo Jesús. () Dios nos quieres libres de afrenta. La palabra afrenta significa: vergüenza, culpa, desgracia. A ti que escuchas, Dios desea darte su gracia, el poder de su Espíritu Santo para ayudarte a hacer lo que necesites hacer con paz, para liberarte del recuerdo doloroso y agobiante de tu pasado. Hoy, aquí y ahora, necesitarás reconocer quién tú eres en Cristo el Señor. Día con día vas a necesitar estar proclamando todo esto y decir: “No soy mejor ni peor que nadie más. Soy lo que soy en ti Oh Dios. Y todos los seres humanos somos frágiles, egoístas, heridos superficiales, pero también somos una grandeza en ti

Dios mío y yo elijo, yo decido con tu gracia fijar mi mirada en ti, en esta riqueza que soy por ti”. () Dios quiere hacer de tu vida algo nuevo: nuevos amigos, nuevo trabajo, nueva ciudad, nuevo estado de vida, nuevo, nuevo, nuevo pero tú te obstinas en estar aferrándote a tu pasado, bloqueando tu libertad interior. Si el Señor ahora mismo te dice: “Aléjate de esa persona que no te hace nada bien porque también es inmaduro, inmadura y porque no me tiene en su corazón como lo más importante”, pues obedécele. Ya no digas: “Ay, pero es que no quiero estar sólo, sola” porque es preferible estar sólo que muerto interiormente. () En el nombre de Jesús toma una determinada determinación y prosigue esta peregrinación hacia la Casa del Padre con inteligencia, con sabiduría, con alegría verdadera, con gran confianza en Dios, con paciencia, con obstinación santa, con esperanza inquebrantable, con amor profundo. Para finalizar te decimos: No importa lo que hayas hecho en el pasado. Importa lo que hagas hoy. Toma más bien todo eso como una enseñanza para no volver a cometer los mismos errores. Acepta el perdón de Dios para ti, perdónate a ti mismo, a ti misma y también pide perdón aunque no te lo den. No sigas llevando sobre ti esa frase de “fue mi culpa” sino más bien trata de reparar ese daño pero si la otra persona no quiere ser restaurada por el perdón incondicional que pudiera darte, y que tú ya le estés dando, no será ya más por causa tuya que esa persona no sea feliz. () La felicidad de los demás no depende de ti, sino de Dios y de ellos mismos, como la felicidad tuya depende de que permitas a Dios ser el Dios único de tu vida, de que permitas a Dios sanar tu interior día con día. Así que lo que importará de ahora en adelante, es que tengas una relación personal con Jesucristo vivo en tu corazón ahora y cada día hasta el último día de tu vida. ¿Sabes? Dios nunca te va a

reprochar nada. Dios no te recordará aquello que pasó hace 30 años o hace 2 años o ayer o esta mañana. Si tú reconoces y admites que necesitas del Señor y le pides ayuda, Él te ayudará siempre. Porque sencillamente Dios no está con un martillo esperando a ver si te acercas más para golpearte, No. Dios te ama y te dice: Ya no recuerdes más el ayer, eso ya pasó, entrégamelo. Hoy el Señor está quitando de ti el oprobio de la mentira, el oprobio del recuerdo doloroso. Y lo que sea que se te haya hecho en tu vida Dios lo está quitando. Y el Señor le dijo a Josué: En este día he quitado el oprobio de Egipto sobre ti. Yo estoy haciendo algo nuevo. Porque te amo. Amén

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Quebrantando dependencias Queremos comenzar este mensaje, proclamando la Palabra del Señor en el evangelio de Marcos 3, 24. 25. 27 que dice: “Un país dividido en bandos enemigos no puede mantenerse, y una familia dividida no puede mantenerse. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y quitarle lo que le pertenece si no lo ata primero; solamente así podrá quitárselo”. El Señor dice en su Palabra que una familia en la que cada uno sigue sus propios intereses sin cuidar y embellecer cada día el más grande interés común a todos que debería de ser Dios en el

corazón de cada miembro, esta familia si no vive por fe, si no vive en esperanza, en la libertad de Jesucristo, se va a resquebrajar, se va a difuminar, se va a dispersar se va a hundir. Lo mismo pasa en el interior del ser humano cuando nosotros mismos lo desterramos de nuestro pensamiento, de nuestras relaciones, de nuestro trabajo. Dios va siendo convertido por nuestras decisiones equivocadas y sin fe, en un don nadie y nuestro corazón se vuelve una guarida de ladrones que nos roba la serenidad, la paz, la libertad, la alegría, la dignidad, la honestidad y todo el tesoro que teníamos dentro va quedando como enlamado, como enmohecido, por habernos dejado atar como el hombre del evangelio que habiendo sido fuerte se dejó atar por su no fe, por sus pensamientos, sentimientos y emociones no educadas. Nuestro mensaje de hoy pretende ayudarte a tomar la decisión de no querer atar tu mente, ni tu ser entero a nada ni a nadie más que a sólo Dios. Pretende que reconozcas que has sido creado, creada para amar con libertad y alegría a cualquier ser humano, pero antes, necesitarás querer valorarte, respetarte, cuidarte, amarte tú primero. (Mús) ¿Cómo discernir si amo o si simplemente estoy apegado a este o a este otro ser humano? Hacernos esta pregunta y responderla con sinceridad nos permitirá identificar cuál es la causa de nuestra infelicidad y nos ayudará a soltar todo lo que en nuestra mente lo tenemos agarrado, prendido, pegado y que no nos permite crecer, que no nos permite disfrutar de nosotros mismos, que nos impide realizar nuestras responsabilidades con eficacia y por lo tanto que nos impide amarnos a nosotros mismos como nos ama Dios y nos impide amar de corazón al que tenemos a nuestro lado. La humanidad entera sufre por muchas causas pero por sobre todo sufre por las aprehensiones que permite en su mente. Estamos hablando de las dependencias. Mucha gente hoy en día, es dependiente del alcohol aunque sea una cubita cada 8 ó 15 días; mucha gente hoy en día es dependiente del cigarro, de la droga, de pastillas, de actitudes negativas y obsesivas, de maneras de pensar egoístas y llenas de orgullo, de maneras de reaccionar

manipuladoras e iracundas; mucha gente es dependiente del sexo, del trabajo, del estrés, de la neurosis. Mucha gente es dependiente del enamoramiento que no es amor maduro y como se da más importancia al sentimiento, a los impulsos que a la razón iluminada por la fe, no llega a convertirse en amor genuino, verdadero; mucha gente es dependiente de ciertas prácticas religiosas, de la obsesión de ser perfeccionista; mucha gente es dependiente de la persona que dice amar, del amigo, del hijo, de la madre, del maestro, etc., etc. Si yo, tú que escuchas enajenamos y vendemos nuestra libertad, es decir si nos salimos de la realidad, vamos a comenzar por dejar de comportarnos como auténticas personas. Nuestro ser, fue pensado por Dios y hecho por Él, para que fuésemos libres de todas las ataduras de la mentira, del egoísmo, y en general, de todo lo que no nos permite crecer y amar incondicionalmente como Dios nos ama. Cuando entregamos todo el ser, toda nuestra mente a alguien o a algo, la consecuencia será seria, realmente funesta, nefasta, deplorable, desdichada, porque estaremos frente a un grave problema de dependencia. ¿Sabes? Todas las exageraciones son nocivas. Sólo en el equilibrio y sólo en Dios seremos realmente libres. Cuando nos dejamos llevar de lo que sentimos por ejemplo del enojo y dependemos del enojo para resolver cualquier situación, o cuando nos dejamos llevar por las mariposas que sentimos en el estómago cuando vemos a aquella persona o estamos con ella y dependemos para ser feliz de la presencia de él o de ella, o cuando dependemos del trabajar y trabajar y trabajar y sólo trabajar para mantener un estatus social en el que todos puedan ver que soy importante, o cuando dependemos del estrés porque lo preferimos al no apartar momentos diario para orar, para respirar tranquilamente, y para compartir con nuestros seres queridos un momento de recreación sana, entonces caemos en un pozo sin salida, en una regresión pavorosa hacia la inmadurez, a la división interior, a la angustia.

Fíjate bien, no sólo volvemos a la inmadurez infantil, sino que adoptamos la condición de objeto o cosa. Somos manipulados por nuestros estados de ánimo, por los apegos o dependencias. Y esto lo provocamos y lo conseguimos al dejarnos poseer, dominar y destruir por un ser humano, pero por sobre todo, por dejarnos dominar de pensamientos, sentimientos o acciones obsesivas, negativas, sin fe. (Mús) Lo mismo nos sucede cuando caemos en la esclavitud de la moda, cuando dependemos de un objeto cualquiera, o cuando a capa y espada sin importarnos sobre quién o qué pasemos, queremos mantener un rol social para aparecer ante los demás, como importantes. Incluso, muchas veces bajo la apariencia de bien, como cuando se cree que se está viviendo el amor de la vida –sin importar si esa persona es la que Dios quiere para mi- (y me puedo dar cuenta de ello aplicando los criterios sanos de discernimiento a la luz de la Palabra del Señor), entonces nos dejamos llevar y degradamos y destituimos el altísimo valor y dignidad de nuestra naturaleza humana y divina. Nuestra libertad la convertimos en una cadena, la vendemos por un plato de lentejas. (Mús) Pero veamos lo que es ser una persona: Una persona, tú que escuchas, eres un ser único e irrepetible, responsable, libre, capaz de aprender a amar, pero en el momento en que pierdes la conciencia de quién eres porque crees que algo más fascinante puede hacerte sentir mejor como por ejemplo un vaso de vino o un cigarro o una llamada telefónica o el acto sexual con aquél con aquella que puede destruir tu ser, o trabajando de sol a sol desequilibradamente, en ese momento te despersonalizas. Mucha gente elige manipular su libertad encadenándola cuando decide apegarse a la pantalla de televisión o al monitor de la computadora o a un aparato de música sólo por evadir la realidad o al refugiarse en el juego o en la comida, o buscando una relación de amor que le haga sentir libre de la sensación de vacío existencial cuando en realidad todo esto sólo es una salida momentánea, falsos analgésicos que están ocultando una auto estima sumamente deteriorada y gravemente enferma.

Jesús el Señor por otro lado y como el más grande ejemplo para nuestra vida, no necesitó de buscar ni esto ni aquello para ser feliz, porque se sabía y lo creía firmemente en su corazón, que el Padre Dios le amó siempre, inmensamente, incondicionalmente y por eso y nada más que por eso, fue libre de todas las ataduras de lo que la superficie le dijo que le daría vida, y te dice hoy a ti que escuchas. (Mús) Por ello cuando le preguntan sobre la vida eterna, responde, la vida verdadera es que te conozcan a ti Padre y a tu enviado, Jesucristo. (Mús) Ser libres pues, es cuestión de vida o muerte. Ser libres es ser sabios y ser sabios es poner en práctica los principios del reino y no los de la carne que es la no fe. (Mús) Quien elige vivir según la no fe, según la carne, se va a atar a lo que sea y a quien sea sin que le importe cuánto se va a destruir ni cuanto va a destruir a otros. Cuando vendemos nuestra libertad, o la encadenamos, estamos degradando vergonzosamente nuestra condición de personas, de hijos de hijas de Dios; y al rebajarnos de este modo no sólo nos volvemos infelices, sino que hasta cierto punto ponemos en peligro nuestro equilibrio mental por la razón de que hemos preferido vivir en lo que nuestra mente ha fabricado sin control, sin fe, sin equilibrio, con el egoísmo, con las emociones sin educar y nosotros mismos pervertimos la realidad por haber escogido vivir en el engaño de decir: “Este cigarro me hará sentirme mejor, más acompañado”, cuando desde la primera fumada se te adormece el cuerpo y lo envenena, creándote un sentimiento de culpa por tratarte mal a ti mismo, a ti misma y para remediar esto, no haces absolutamente nada. (Mús) Lo mismo podemos decir de un amante: Tú sabes que esa persona no va a dejar a su esposo, a su esposa y si así fuera, tú y esa persona serían en extremo infelices por que ambas partes no supieron lo que es realmente amar. La persona divorciada se queda con una sensación de incompetencia en el amar. Y tú, por haber consecuentado una ruptura, también llevarás una fisura en

el alma, por no haber querido usar la voluntad de dejar a tiempo esa relación -que aunque así lo parecía- no era para ti. Y dices: “Pero es que es el amor de mi vida”…es que pienso en él, en ella todo el día…..y me hace sentir como en el cielo, pero la realidad es otra: estás huyendo de alguna relación anterior que no funcionó bien y con un clavo quisiste sacar otro clavo, o estás huyendo de un sentimiento de frustración a nivel personal, o a nivel profesional, o tú sabes de qué huyes pero ¡No te engañes! Sabes que necesitas aprender a amar. Sabes que necesitas aprender a ser libre. Sabes que necesitas aprender a vivir por fe y no por lo que otros digan ni por lo que tu tontería diga. (Mús) Tal vez hoy estás huyendo de la depresión que te vino por que no te amas lo suficiente y por eso vas mendigando a este o a esta otra y te has convertido en un co dependiente de tu depresión. Cuando decides ser dependiente –tú que escuchas- te conviertes en sirviente de tus emociones sin control y de tus pensamientos que van tejiendo la telaraña de celos, de paranoias o persecuciones, de envidias, de posesividad, de agresividad, porque has convertido al objeto o a la persona a la que te has prendido en tu fuente de vida, pero ¿Sabes qué? Cuando se trata de una dependencia, se trata de muerte y no de vida. Se trata de más depresión y no de verdadera alegría. Se trata de inseguridad y de miedo. Se trata de una apropiación, de una aparente propiedad, y tenemos la creencia que a las propiedades hay qué defenderlas a capa y espada y por eso te olvidas negativamente de ti y descuidas todo lo que podría hacerte crecer a ti y a quienes te rodean. En otras palabras eres realmente infeliz. Tenemos la creencia que a quien amamos hay que celarle, perseguirle, retenerle, pero sin madurez, sin equilibrio, sin sabiduría, es muy probable que ese amor se vuelva posesivo y enfermizo. Escucha bien, una brisa de verano puede ser muy refrescante, pero si intentas encerrarla en una lata de conservas y guardarla sólo para ti, esa brisa morirá. Lo mismo sucede con la persona

que amas. Es como una nube, una brisa, una flor. Si la aprisionas en una lata de conservas perecerá. Dios le hizo para ser libre en Él. Desgraciadamente atamos a los demás, porque no hemos querido aprender a amar: Robamos a la persona amada parte de su libertad, hasta que dicha persona no puede ser ella misma. Vivimos para satisfacernos a nosotros mismos y utilizamos a los seres amados como instrumento para llevar a cabo nuestros propósitos. Eso no es amar, sino destruir. Decimos que amamos a una persona pero si no comprendemos sus aspiraciones, ni respetamos sus necesidades y dificultades, esa persona permanecerá en una prisión mal llamada, amor. El auténtico amor me permitirá, te permitirá a ti que escuchas, conservar tu propia libertad y la de la persona amada. Para vernos libres de las dependencias afectivas, hemos de trabajar de día y de noche en el amor. Necesitamos seguir los pasos de Jesús y meditar en el amor y caminar nada más que en amor. Y el verdadero amor es sufrido, es equilibrio, es madurez, es bondad, es desprendimiento es libertad. (Mús) Cuando atas tu libertad a alguna cosa o persona, pierdes tu capacidad de infinito porque has decidido arrastrarte por lo que es caduco, y que se acaba. Permítenos expresártelo con algunos ejemplos: la persona avara, que junta y junta dinero no para ayudar a otros sino para sí, convierte su interior, en un calabozo con muros de oro, creyéndose el centro del universo para sí mismo y así, su familia y los amigos, la sociedad y la humanidad, la vida misma y todo el universo han sido manipulados por su afán de lucro. Su realidad entera y eterna, que era que desarrollara la generosidad, la alegría de vivir, el trabajo equilibrado, el descanso, la solidaridad para con otros, la encapsuló con tal de fortalecer su propio capital y la actitud de avaricia que finalmente le proporcionó una gran infelicidad y miseria espiritual. La adicción al dinero igual que otras formas de dependencia distorsiona o desfigura, también nuestra relación con el único

Dios, el Padre Celestial y con Jesucristo. Vamos haciendo a un lado la presencia de Dios hasta echarla fuera de nuestra mente, y por lo tanto, de nuestra vida. Usamos a las cosas, incluso nuestros pensamientos ciegos y nuestra manera de ser, como a las personas, casi idolátricamente. Entonces esto nos domina, nos posee y esclaviza, a tal grado, que nos convierte en cautivos, como dirá Juan de la Cruz, dejándonos en gran pena y aflicción interior. (Mús) ¿Y qué soluciones podemos proponer? Las soluciones para superar y llegar a liberarnos de cualquier tipo de adicción son varias. La primera de todas es darse cuenta de la dependencia que tienes. Segundo, necesitas voluntariamente querer salir de ella. Tercero, necesitarás querer acercarte allá en lo profundo de tu ser a Dios, para pedirle humildemente que te ayude. Cuarto, tendrás que cortar de tajo con lo que te esclaviza, porque si quieres estar con Dios y con aquello, una vez más te decimos, mientras no cortes sinceramente de corazón toda dependencia de manera voluntaria, te estarás engañando y la libertad te será inalcanzable, por lo tanto dirá Juan de la Cruz: “No podrá el alma llegar a la verdadera libertad de espíritu que se alcanza en la contemplación y en la unión con Dios en el amor a sí mismo y al prójimo, porque la servidumbre, la dependencia ninguna parte puede tener con la libertad la cual no puede morar, es decir, no puede vivir en el corazón sujeto a quereres porque prefirió convertir al corazón en un esclavo”. (Mús) Quinta, has caso del refrán que dice: “Más vale que digan: aquí corrió que aquí quedó”. “Ojos que no ven corazón que no sienten”u otro que dice: “A los primeros síntomas de un fuerte apego, más vale poner tierra de por medio”. Si tu dependencia es a droga, pastillas o alcohol, convendrá que busques un centro de recuperación para que recibas el apoyo o la ayuda adecuada y un grupo de auto ayuda pero por sobre todo, busca al Señor. (Mús) Todos los seres humanos unos de una manera y otros de otra, hemos experimentado lo que es una dependencia. Yo –por

ejemplo- fui dependiente al alcohol, al sexo, al cigarro, a pastillas, a actitudes destructivas, a pensamientos negativos y hoy reconozco una fuerte adicción al egoísmo pero precisamente día con día busco mi libertad en Dios, en una entrega sincera, y esto se dice fácil, pero es una batalla de todos los días que vale la pena ser conquistada porque el fruto es la paz. Juan de la Cruz es un auténtico maestro para sanar cualquier tipo de adicción y dice: “Porque lo mismo da que un ave esté aprisionada a un hilo delgado que a uno grueso, porque aunque sea delgado, tan aprisionada se estará como al grueso, en tanto que no le quiebre para volar. Verdad es que el delgado es más fácil de quebrar; pero por más fácil, si no se le quiebra, no volará. Y así es el alma que tiene apegos, dependencias, asimiento en alguna cosa o persona, que aunque por más virtud que tenga, no llegará a la libertad de la divina unión con Dios por medio de la contemplación por no haber querido romper con lo que le ataba”. Tú que escuchas, se conciente que cualquier adicción pone en peligro tu libertad, pone en peligro tu vida misma, tu salud, todo. Vivirás de depresión en depresión porque en el fondo la depresión es una reacción a tu resistencia para tomar con responsabilidad las riendas de tu vida. En el fondo la depresión es huir de lo que no asumes, de lo que no aceptas, de lo que no perdonas, de lo que no quieres soltar. Hay necesidades que se convierten en adicciones y es lo que Juan de la Cruz llama apetitos desordenados. Por ejemplo, si tu necesidad de pequeño fue la de ser amado, amada y ésta no fue satisfecha por tus padres, o tus padres eran manipuladores o dominantes, o tus padres te abandonaron o murieron, tal vez hoy, hayas caído en esa dependencia afectiva buscando compensar esa necesidad, que te ha hecho vivir un infierno interior, pero ¿Sabes qué? ¡Alégrate! Tú no necesitas de esa dependencia afectiva sino que necesitas aprender a amarte como Dios te ama y urgentemente necesitas aprender a amar a los seres humanos con profundo respeto y dignidad. Dios te ama, Dios te ama, Dios te ama, Dios te ama. (Mús)

Lo peor que podrías decirte a ti mismo frente a tu esclavitud por la droga por ejemplo o al sexo sería: “Como sufriste tanto de pequeño, de pequeña, y como nadie te quiere, pues qué importa darle vuelo a la hilacha y si te mueres con esto o te pierdes o te degradas, pues mejor, al fin no sirves para nada”. Lo peor que puedes hacerte a ti mismo, a ti misma que escuchas, es conmiserarte, es tenerte lástima, excusarte, poner mil pretextos para no tomar la vida con responsabilidad y dignidad. Mejor se valiente, ten agallas para levantarte en el nombre del Señor hoy, aquí y ahora. (Mús) No te mientas más. En el fondo sabes que eres un ser humano maravilloso que no necesita de ningún apego, de ninguna dependencia para ser feliz. En el fondo sabes que del único que necesitas es de Dios y de ti para ser feliz. En el fondo de tu ser sabes que eres inmensamente amado por Dios y que te basta ese amor de Dios para ser feliz. (Mús) El secreto, la clave para salir de toda dependencia, sea cual sea, estará en tu libertad personal, en tu determinada determinación, en desearlo y hacerlo aunque cueste salir de ello. Si dejas de poner tu voluntad en la dependencia, si en el Nombre del Señor dejas lo que te ata, si lo entregas a Jesús, entonces tu voluntad se hará cada vez más fuerte, porque no estará interviniendo en fomentar la adicción y así cada momento irá disminuyendo más y más y serás felizmente, ¡Libre! (Mús) Dice Juan de la cruz que los apetitos están en la segunda potencia del alma que es la voluntad. Con la voluntad nos aferramos a las cosas y por medio de ella las miramos como si fueran propiedad nuestra engañándonos luego haciendo una necesidad imperiosa e insaciable de ello. Si caes en una adicción, generalmente caerás en otra, porque una adicción trae otras consigo. Por ejemplo, un farmacodependiente suele caer en los excesos del sexo, de la pereza o irresponsabilidad, del egoísmo etc. En una amistad dependiente cuando una persona no puede vivir sin la otra, se caerá en los celos, en la manipulación y por lo tanto en la depresión.

Si te fijas, las adicciones se hayan muy lejos de darnos la felicidad profunda. En realidad las dependencias nos hacen infelices. Juan de la Cruz dice: “Se cansa y se fatiga el alma que desea saciar sus apetitos porque es como el que teniendo hambre, abre la boca para hartarse de viento, y en lugar de hartarse se seca más, porque aquél no es su verdadero manjar”. (Mús) Los apetitos, las dependencias llenan de angustia y tormento el interior del hombre. Mientras no encuentre lo que desea: alcohol, droga, sexo, alabanzas, deseo de ser amado, amada, deseo de protección, compañía, etc., el ser humano se siente desesperado, angustiado y todo por preferir habituarse a vivir en la no fe, por preferir habituarse a vivir en criterios que no son los criterios de Jesús, quien amó hasta el extremo, desde el Espíritu de Dios, de su Padre Celestial y no desde la carne es decir, desde la independencia humana, así, sin Dios. (Mús) Cuando tenemos frente a nosotros el objeto de nuestra dependencia aparentemente estamos bien, porque –dice Juan de la Cruz- “el apetito, cuando se ejecuta es dulce y parece bueno, pero después se siente su amargo efecto; esto nos lo sabrá decirnos bien quien se deja llevar de ellos. Quienes se dejan llevar al arrastrarse ante el alcohol, ante el cigarro o la droga, o ante el sexo mal usado, quien se deja arrastrar mendigando cariño o compañía, nunca quedarán satisfechos. Siempre habrá un vacío porque el apetito como un barril sin fondo, nunca se llena. (Mús) En cambio los que son libres, es decir, los que no dependen de nada para experimentarse plenos, para saberse felices por el simple hecho de existir, de contar con ellos mismos y con Dios, viven la vida con alegría y en gran creatividad: Cuando se sienten tristes, cantan, cuando se sienten solos, ya de ante mano tienen alguna actividad en la que periódicamente visitan a personas solas o asisten a asilos para ofrecer compañía y servicio. Cuando experimentan el peso de ser seres humanos, cuando sienten el vacío existencial, tratan de descansar y de orar, y permiten que pase ese momento, es decir, no se encierran en sí mismos. (Mús)

Jesús en el evangelio al decirnos: Toma tu cruz y sígueme. Niégate a ti mismo, nos está hablando de la necesidad de no darle rienda suelta a todo lo que sentimos, pero tal parece que preferimos hacernos sordos como si supiéramos más que Dios y ponemos al cuerpo, al pensamiento, a la memoria y a la voluntad al servicio de las adicciones, de las dependencias. Entre estas adicciones entran los enamoramientos o quereres –como los llama Juan de la Cruz-, y es precisamente de la necesidad de amar y ser amados que surge la posibilidad de que convirtamos un enamoramiento en adicción. Juan de la Cruz lo expresa claramente cuando dice: “Muchas personas a quien el Señor Dios les hace el beneficio de llevarles muy adelante en gran desasimiento y libertad interior, ellas, comienzan a asir su memoria, su pensamiento y su voluntad y bajo apariencia de bien, de conversar, de amistad, se les va vaciando el espíritu y el gusto de Dios y de la soledad para leer su Palabra y lectura que beneficia al alma, y no paran hasta perderlo todo y esto porque no atajaron, no cortaron desde un principio aquél gusto y apetito sensitivo”. Tú que escuchas, permítenos decirte que en los primeros síntomas de algún enamoramiento hacia una persona que sabes que no le convienes o no te conviene, es mejor cortar de seco y mejor que digan “Aquí corrió que aquí quedó”. Aunque no quisieras, grítale al Señor allá en tu interior y dile que tome tus no por sí, que haga de ti lo que mejor crea aunque tu ser se rebele, no importa. Será sumamente necesario que cortes por lo sano y dejes de ver a aquella persona por lo menos 3 meses como recomiendan los terapistas de dependencias o tal vez por salud, tengas que dejarle de verla toda la vida. (Mús) Hasta ahora no se sabe de otro remedio para cortar con la dependencia al enamoramiento, porque lo mismo que cualquier otra dependencia se refuerza por la voluntad, cuando ponemos toda la voluntad, toda la memoria, todo el entendimiento en eso, se va haciendo cada vez más grande, y vamos esclavizando nuestra voluntad bajo este y esto otro y aquél pretexto. Uno de esos pretextos sería el cumplir el mandamiento del amor pero de

una manera mal entendida. En apariencia sólo se buscaba amistad pero a la larga se convierte en un apetito afectivo y sexual. Un querer de esta índole, de esta manera, de manera exclusivista, acapara toda nuestra energía y todas las funciones de nuestra personalidad hasta dejarnos muertos. Nos viene a la memoria la persona que queremos, pensamos en ella, nos representamos sus cualidades y nos imaginamos hablando con ella, nos gozamos emocionalmente con ella, y hasta nuestro cuerpo llega a excitarse con la figura de esa persona; la voluntad busca medios y supera cualquier obstáculo para tener un encuentro con ella. Puedes darte cuenta aquí y ahora, cómo en estas y otras situaciones de dependencia, nuestra parte sensitiva se comporta como la mayor tirana y nos ciega a todo lo que podría hacernos libres y realmente felices. Y nadie tiene la culpa. Son causas y nosotros mismos para nosotros mismos nos convertimos en tremendos opresores, apoyando todo lo que no nos deja paz y sí desasosiego, inquietud, desconcierto, tristeza, angustia, infelicidad. (Mús) Para casi terminar te decimos que las adicciones, las dependencias tienen el poder -porque preferimos continuar y no cortar-, de controlar nuestra razón, razón por cierto que si hubiese estado llena del pensamiento de Dios, nos diría: “Si tu ojo te es ocasión de pecado córtatelo” es decir, si ese cigarro que tienes frente a ti va a contaminar tu cuerpo y el de los que estén a tu lado, mejor tíralo. Si esa persona casada va a traer desgracia a tu vida interior y hasta a tu salud física a ti soltero, mejor córtalo. Si esa droga va a terminar con tu vida que es preciosa pero no lo has querido ver así, mejor deshazte de ella y búscame a mi tu Dios que lo único que quiero es que seas verdaderamente feliz. (Mús) Juan de la Cruz dice: “La razón enceguecida como por una catarata hará tropezar al alma” y es que un ser humano que tiene enceguecida la razón, y que no ve con claridad su mundo externo e interno de una o de otra manera tendrá tropiezos.

La memoria, al estar llena de recuerdos e imágenes de quien nos hemos enamorado, no tiene la habilidad ni la claridad para llamar otros valores como el verdadero amor, como la amistad en Jesucristo, como el agua turbia no puede mostrar claro el rostro del que se mira. (Mús) La memoria, por así decirlo, se convierte en el órgano de la infelicidad, pues lo que hacemos al estar recordando y recordando nuestros quereres o las cosas que encontramos por nuestro camino, es que reforzamos las adicciones, despertamos emociones y pasiones, sacamos conclusiones falsas, etc y vamos ahora con dolor, al rato con temor, luego con celos y más al rato con odio, con esperanzas falsa, con gozo irreal, con depresión y luego, ya no queremos vivir generando con esto otra adicción más. (Mús) Si usamos a la memoria para recordar hechos o emociones que nos generan negatividad la convertimos en el instrumento con el que apagamos la alegría y cuánta tristeza y aflicción nos producimos a nosotros mismos con nuestros recuerdos. Somos nosotros los tales locos que estamos dándonos contra nosotros mismos, con toda la carga de dependencia, locura, y no fe. En cambio, Oh Señor, cuánta paz tienen los que aman tu ley, los que te buscan de corazón, los que sólo en ti encuentran el verdadero sentido de vivir, de luchar, de caminar, de trabajar, de ser libres, de amar. Dichosos los vacíos de sí porque ellos pueden descansar entre tus manos sin que nada les turbe. Amén. En unos momentos de intimidad con el Señor Dios. Siéntate bien sentado, sentada. Descansa tus brazos y manos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas. Tus pies bien puestos en el piso si puedes. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento. Al mismo tiempo que respiras concientemente, ve soltando desde la punta de tu cabeza, hasta la punta de tus pies, todo lo que esté tenso de tu cuerpo tanto exteriormente como interiormente.

Y desde la fe adulta, esa que confía plenamente en la fidelidad del Señor Dios, comienza a abrirte a su Presencia amorosa que está allá, en tu templo interior, en tu ser, en tu profundidad. Comienza a hablarle desde el silencio de tu corazón al Señor: Dios mío, hoy estoy ante ti pero no de cualquier manera, ni por costumbre, no. Hoy estoy ante ti, convencido, convencida que fuera de ti, no hay plenitud; hoy, aquí y ahora, estoy convencido, convencida que fuera de ti todo es vacío, enfermedad, pesadez, cansancio, tristeza, esclavitud. Hoy, quiero hacer para mi esta palabra tuya que he encontrado en Lucas 4, 18 que dice: “El Espíritu del Señor está sobre mi porque me ha consagrado para ser libre, para llevar la buena noticia a los pobres, me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a anunciar el año favorable de gracia del Señor”. Padre, hoy, aquí y ahora, me estás quitando la venda de mis ojos interiores y estás desatándome de la esclavitud en mi corazón, porque me haces comprender que mucho de lo que siento y que no he querido educar y someter a tu Palabra, me había tenido preso, presa a esta situación, a esta persona oh Padre, pero ya no más. Hoy, como el Apóstol Pablo, todo lo considero como basura, con tal de permanecer unido a ti Padre y a tu Hijo Jesús, mi Amado fiel, el único fiel. Padre, te doy las gracias porque aunque llegué a experimentarme como sin salida, hundido, hundida, en un calabozo oscuro, tu luz brilló en la más honda tiniebla, ahí estabas tú esperándome. Gracias Padre. Hoy acepto el reto de una purificación interior, el reto de tener una mente nueva; hoy acepto el reto de tener actitudes nuevas, pensamientos llenos de fe. Hoy acepto que tu Espíritu me está consagrando enteramente a ti Padre, y si me estás liberando de esta esclavitud de esta dependencia, es porque me estás haciendo capaz de llevar liberación a muchos más, a muchas más.

Hoy me doy cuenta que yo no soy un accidente ni me hiciste para diluirme en lo que destruye. Hoy se que nací para vivir de verdad, para vivir en la honestidad, en la lealtad, en la alegría, en la dignidad. Volver

Solamente confía A ti qué, ¡Tú sígueme! No te conviertas en estatua de sal El pasado ya pasó Rompe las barreras del pasado Libérate de tu pasado Educa tu memoria 1 Educa tu memoria 2 Educa tu memoria 3 Educa tu memoria 4 No dejes que tu pasado te atrape No te avergüences de tu pasado Quebrantando dependencias

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