Sociología de La Comunicación

July 23, 2017 | Author: PedroGutierezSaenz | Category: Sociology, Science, Marxism, Age Of Enlightenment, Society
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Descripción: Un libro de comunicación de la UTP para todos los que desean saber sobre la sociología de la comunicación....

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UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DEL PERÚ Vicerrectorado de Investigación

SOCIOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN TINS Básicos CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN

TEXTOS DE INSTRUCCIÓN BÁSICOS (TINS) / UTP Lima - Perú

SOCIOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN

© SOCIOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Desarrollo y Edición:

Vicerrectorado de Investigación

Elaboración del TINS:

Lic. Juan Francisco Herreros Rodríguez

Diseño y Diagramación:

Julia Saldaña Balandra

Soporte académico:

Instituto de Investigación

Producción:

Imprenta Grupo IDAT

Queda prohibida cualquier forma de reproducción, venta, comunicación pública y transformación de esta obra.

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SOCIOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN 

“El presente material contiene una compilación de obras de Sociología de la Comunicación publicadas lícitamente, resúmenes de los temas a cargo del profesor; constituye un material auxiliar de enseñanza para ser empleado en el desarrollo de las clases en nuestra institución. Éste material es de uso exclusivo de los alumnos y docentes de la Universidad Tecnológica del Perú, preparado para fines didácticos en aplicación del Artículo 41 inc. C y el Art. 43 inc. A., del Decreto Legislativo 822, Ley sobre Derechos de Autor”.

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PRESENTACIÓN

La formación universitaria desde sus orígenes hasta nuestros días se va decantando con el desarrollo de conocimientos de su mundo interno y de su universo externo mediante el arte y la técnica; luego con la fuerza de la ciencia como creación del pensamiento abstracto del hombre. Más adelante, el pensamiento creativo de la humanidad cristaliza conocimientos tecnológicos, orientados a la explotación de la naturaleza, la producción de bienes y servicios, como causa y efecto de la red de comunicaciones de hombres, familias, organizaciones, naciones y países. En la segunda mitad del siglo XX la tonificación del pensamiento sistémico, relieva la presencia de la información como elemento ineludible en el desarrollo de la humanidad y acelera el desarrollo de la informática. En la interface del siglo XX y XXI, la creatividad humana va desarrollando tecnologías de virtualidad para la comunicación más personalizada, la observación y captación de informaciones de lo más pequeño, de lo más grande y de lo más distante. En poco tiempo la sociedad industrial se encamina a la sociedad del conocimiento. En este espacio el presente texto aborda el estudio de la comunicación relacionado con los conocimientos de la Sociología, para la Facultad de Ciencias de la Comunicación, en el tratamiento de la Asignatura denominada: Sociología de la Comunicación, aplicado en el III Ciclo de la Carrera. El Texto de Instrucción, ha sido elaborado mediante un acucioso trabajo académico de recopilación de temas de Comunicación, contenidos en diferentes, fuentes bibliográficas, por el destacado profesor Lic. Juan Francisco Herreros Rodríguez. El fruto de esta importante labor, ha sido ordenada en XII capítulos, en congruencia al desarrollo de la Asignatura antes anotada, según la siguiente estructura:

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En los capítulos I, II III y IV, se presenta los aportes de los padres de la sociología a esta fascinante disciplina y su relación con otras ciencias fácticas fundamentalmente con la Historia, la Antropología, la Psicología etc. En tanto, en los capítulos del V al X se expone estudios sociológicos sobre grupos, sobre evolución y desarrollo de los criterios de evolución social, las redes globales de la comunicación, la industria cultural y la sociedad de masas, el debate demográfico, la sociedad del conocimiento. En los capítulos del VI al XV se toca el tema de la influencia del periodismo como método de interpretación sucesiva de la realidad y su función social en la información y la opinión pública, la ciudadanía y la política. Se continúa con los sociólogos del siglo XX con sus teorías y diagramas de la comunicación, como base fundamental para descubrir en el entorno oportunidades y amenazas que pueden afectar a la comunidad y a la propia organización social. También se trata el tema de la preocupación de la transmisión de la herencia social en el concepto de Harold Lasswell, y de Paul Lazarfeld. Finalmente es preciso reconocer que el presente trabajo ha sido posible gracias a la acuciosa labor académica del profesor Juan Francisco Herreros Rodríguez, a quien la Institución agradece. LUCIO HERACLIO HUAMÁN URETA Vicerrector de Investigación

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ÍNDICE Capítulo I ¿Qué es la Sociología?.........................................................

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Capítulo II Teoría de los Autores Clásicos y los Padres de la Sociología.

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Capítulo III El Acto y el Hecho Social en el Sistema Social ......................

53

Capítulo IV La Sociología Funcionalista y Estructuralista de los Medios de Comunicación.......................................................................

63

Capítulo V Noción de Grupo: Elementos de Definición ............................

79

Capítulo VI Las Redes Globales de Información: Impacto en las Relaciones Interpersonales..................................................................... 95 Capítulo VII Modernidad y Sociedad de Masas: Variedad de las Experiencias Culturales............................................................................. 105 Capítulo VIII Preguntas a Media Luz: La Comunicación como Problema .... 115 Capítulo IX El Debate Demográfico ......................................................... 131 Capítulo X La Persona Educada ............................................................ 137 Capítulo XI El Periodismo Cómo Método de Interpretación Sucesiva de la Realidad Social .................................................................... 145 Capítulo XII La Opinión de los Ciudadanos .............................................. 177

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Capítulo XIII Los Partidos Políticos: La Vida Política Contemporánea ........ 183 Capítulo XIV Las Campañas Electorales y los Medios de Comunicación..... 195 Capítulo XV Organización del Estado Peruano ......................................... 207 Capítulo XVI El Grave problema del Etnocentrismo como Modelo .............. 217 Capítulo XVII La Educación en el Perú ....................................................... 229 Capítulo XVIII La Crisis Social a la Peruana ................................................ 241 Bibliografía ......................................................................... 249

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DISTRIBUCIÓN TEMÁTICA Clase N°

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Tema La sociología como ciencia interdisciplinaria. Sus métodos y elementos. La sociología de la comunicación y su relación con las ciencias de la comunicación. La sociedad y el nacimiento de las civilizaciones. Origen y evolución histórica. Teorías generales. El sistema social y el hecho o acto social. El grupo social. Estratos sociales. Rol, status. Tipología de los grupos sociales. Clases sociales, el control social y el empleo del tiempo en las grandes urbes. Las redes de comunicación. Comunicación y educación. Sociedad, comunicación y cultura. Cultura popular y comunicación de masas. Los géneros mediáticos: implicancias sociales. La telenovela y los talk shows, etc. La globalización y la mundialización como fenómenos de transculturización. La identidad nacional. La ilustración y el ideal de libertad. Evolución social de la prensa. El aporte del periodismo inglés y norteamericano a la sociedad de la revolución industrial. La sociedad del conocimiento. El periodismo: ideológico, informativo e interpretativo. La función política y social del periodismo. La responsabilidad social de la prensa. La prensa como cuarto poder. 9

Semana

Horas

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Clase N°

Tema

Horas

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EXAMEN

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El sistema de comunicación y el poder político. El periodismo popular y los medios de comunicación alternativos.

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La formación de la opinión pública. El líder y la influencia social.

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PARCIAL

Semana

La política y comunicación. La política como fenómeno social. Los movimientos sociales y los partidos políticos. El marketing político. Orígenes, importancia. Estrategias y objetivos del marketing. Los procesos electorales y medios de comunicación. El estructuralismo y el funcionalismo en la información. El conflicto social.

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La cultura de paz. Hechos históricos y memorias colectivas.

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Exposición

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Exposición

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EXAMEN

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FINAL

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CAPITULO I

¿QUÉ ES LA SOCIOLOGÍA? Para responder esta pregunta, lo más importante es tener claro que la sociología es la ciencia o tratado que estudia la sociedad, ya lo dice Durkheim: “la sociología es la ciencia de las sociedades” 1. La sociología es por lo tanto una ciencia social que estudia al hombre en relación a la sociedad en la que vive y se desarrolla como persona en ella. Por lo tanto como lo señala Weber, “es una ciencia social que trata de entender e interpretar el acto social, para poder llegar a dar explicación causal de su funcionamiento y sus efectos”. 2 Entiendo el acto social como el componente mínimo de interacción entre personas individuales, cuyas consecuencias se pueden apreciar en magnitud individual o de pequeño grupo. La sociología puede ser un instrumento en el conocimiento de la realidad para cualquier persona que tenga que actuar en la vida social, pero nunca será un dogma que le ahorre los riesgos y la responsabilidad. La sociología nos da condiciones para la vida social entre las que destacan: “sus pautas, papeles , status, instituciones, culturas, grupos y sociedades pueden ser identificadas observadas y comprendidas desde visiones y metodologías científicas con muy distintos objetivos y por diversas ciencias sociales interdisciplinarias” 3.De diversos intereses nacen el derecho, la política y la economía, la sociología, la historia. Todas estas ciencias nacen de la necesidad de comprender, de explicar sus interacciones de manejar y prever la vida del hombre en sociedad. La interdisciplinaridad de las ciencias en este sentido no es algo nuevo, si no por lo tanto tan antiguo como la historia del mismo hombre.Todo el conjunto de ciencias que reciben el nombre de fácticas o ciencias de los hechos, se subdividen , en ciencias fácticas sociales y en ciencias fácticas naturales. Por lo tanto las ciencias que tienen al hombre o a su obra en el punto de mira de su visión investigadora reciben el nombre de Ciencias Sociales o Ciencias Humanas como: la Historia, la Geografía, la Economía, la Antropología, la psicología social ,etc. y desde luego la sociología; por el contrario

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INKELES, Alex, ¿ Qué es la sociología?. Pág 12 Ibid, Pág.13 3 Idem, Pág.17 2

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todas aquellas que tienen como objeto esencial la naturaleza y su obra se les conoce como ciencias naturales. “Las disciplinas sociales tienen también en común la consideración de que la interacción humana que es constitutiva de la sociedad”4, pues están compuestas por un elemento clave que se conoce como el nombre de acto social del cual se componen las estructuras sociales, como veremos en el capítulo posterior. En conclusión para que una conducta sea objeto de estudio de las ciencias sociales, es necesario que repita por un número considerable de personas, de lo contrario sólo serán acciones individuales. Un ejemplo es la institución del matrimonio es un acto social, pues tiene repercusiones sociales limitadas, entre las dos partes que suscriben el contrato y cuyas familias atestiguan su unión, pero este acto no afecta al todo social o tejido social y de esta manera nos ayudará mente a distinguir lo social de lo individual. Sería muy diferente si la hermana de la novia, se opone al casamiento de su hermana, pues ella siente celos de que ella siendo la menor ya este casada e intenta seducir a su futuro cuñado, él cual la toma por loca. Este acto por descabellado que sea es evidentemente individual. Aunque hay un trasfondo social que son “los ojos de todos”, que la definen como solterona. “Los ojos que no son los de nadie en particular, sino lo de todos, es decir, de la sociedad”. Volviendo al tópico de nuestro texto, lo social es lo que proporciona su común denominador a todas estas disciplinas y, al mismo tiempo, justifica su existencia. Cada una de ellas se encarga de estudiar uno o varios aspectos de la realidad social. Sobre este último punto volveremos más tarde. No obstante, no hay acuerdo entre las distintas teorías sobre cuál es la causa que genera lo social. Ahora bien hay quienes piensan que la “naturaleza humana” está de suyo inclinada a la sociabilidad. Otros en cambio, piensan que la sociabilidad humana ha sido fundamentalmente adquirida a través de diversas prácticas, aun cuando ya existían bases biológicas y fisiológicas que facilitaron esa adquisición de sociabilidad en forma progresiva. Una corriente muy importante, va todavía más lejos en el sentido apuntado; afirma que los hombres se hacen socialmente a sí mismos; afirman que ese hacerse a sí mismos en tanto que seres sociales, es un proceso permanente, inacabado o 4

Ibidem. Pág. 31

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siempre modificable, progresivo en cuanto que ensancha y profundiza la capacidad humana de cooperación y también la de conflicto: finalmente, apunta que esa sociabilidad se da de formas distintas según los distintos tipos de sociedad. Sea como fuere, todas las ciencias sociales, suponen que el hombre es un ser social desde hace muchos miles de años. Si no siempre lo fue, es un asunto relativamente inútil e imposible de ser dilucidado. La forma, contenidos, orígenes, determinantes y condicionantes de esa sociabilidad humana, son vistos y explicados diversamente por las teorías. Pero con una forma u otra de razonarlo - o de racionalizarlo -, pensando que esa sociabilidad está impresa en todo ser humano como “tendencia natural” dada, o que ésta surge o se adquiere en cierto momento histórico del desarrollo de la especie - o prehistórico -, causado por cierto proceso de interacción humana, todos los que podemos llamar científicos sociales concuerdan en la aceptación básica de que el ser humano es social desde hace mucho tiempo. La interdisciplinaridad de las ciencias y el surgimiento de las sociología Las ciencias tienen todas un tronco común y ese tronco es la filosofía o deberíamos decir como lo señala Mario Bungüe, filosofía de la ciencia y otros prefieren llamar epistemología o tratado del conocimiento. Posteriormente en la gran revolución científica que va de 1460 a 1690, empieza la estructuración de lo que hoy llamamos ciencias modernas teniendo a altos exponentes en la matemática Galileo Galilei, Francis Bacon, Copérnico y en la filosofía Descartes, en ese mismo período que va del renacimiento a la edad moderna surge el genio de Leonardo de Vinci con sus inventos y su invaluable aporte a la anatomía, el inicio de la investigación en las ciencias naturaleza estaba garantizado como Miguel de Sagret quien descubre la circulación de la sangre o Torricelli con el barómetro y el paso de la Alquimia a la Química. En el ambiente cultural el hombre modifica la naturaleza, siendo las ciencias exponentes de esa modificación.

En el caso de las ciencias sociales, letras y humanidades también florecen con el renacimiento y el humanismo, donde el centro de la ciencia es el estudio del hombre, a diferencia del medioevo donde el estudio principal giraba entorno a Dios. Un hecho que es fundamental para la separación definitiva de las ciencias sociales de la filosofía es el enciclopedismo Inglés con Milton, Hobbes, 13

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etc., el liberalismo de John Locke, David Humme y finalmente Adam Smith y la Ilustración Francesa con Rosseau, Voltaire, Montesquieu, Diderot, etc. Pero contrariamente a lo que se piensa el surgimiento de la sociología se da en un proceso que se denomina contrailustración, es decir en el período posterior a la revolución Francesa. “Los pensadores posteriores más tardíos relacionados con la ilustración no rechazaron que los sistemas científicos debían ser generales y tener un sentido racional, pero hicieron grandes esfuerzos por derivar sus ideas del mundo real y verificarlas en él” 5, fortaleciendo el empirismo que a la vez combinaban con la razón y derivando este método propio de la investigación Newtoniana a las ciencias sociales, dando con ello inicio al positivismo científico. Por otro lado algunos investigadores no querían que sus ideas se derivaran del mundo real, sino que fueran útiles para la vida social. Pues a sí como las leyes de la naturaleza regían el mundo material, el mundo social debía tener sus propias leyes. Habiendo entre ellos un conjunto de ideas que se desarrollaron en pro y contra la ilustración, pues la influencia de la ilustración en la teoría sociológica fue más indirecta y negativa. La sociología al menos en sus inicios se desarrollo como una respuesta contra la ilustración. Teniendo sus principales representantes en la filosofía contrarrevolucionaria católica de Francia, representada por las ideas de Louis de Bonald (17541840) Y Joseph de Maistre (1753-1821), estos filósofos no sólo estuvieron en contra la ilustración sino contra la revolución Francesa. Los conservadores franceses se alejaron del racionalismo de la ilustración, estaban en contra de la revolución industrial, pues consideraban que todo ese desarrollo tecnológico era algo peligroso para el hombre y aspiraban a una vuelta a la Edad media. Aparentemente todo esto a simple vista nos puede parecer retrogrado y desatinado, pero habían elementos irracionales de la vida social que les parecieron positivos como: “la tradición, la imaginación, las emociones, la religión”6 etc. Bonald creía que el hombre era creación de dios y por lo tanto la sociedad era creación de Dios y por lo que la razón que era 5 RITZER, George, Teoría Sociológica contemporánea , Madrid- España, Ed. Mc Graw Hill, 1996, 3° edición, Pág 11. 6 Ibid, Pág.12

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considerada fundamental para los filósofos de la ilustración, era considerada inferior a las creencias religiosas tradicionales, por lo tanto se oponía a todo aquello que fuera en contra de las instituciones sociales tradicionales como el patriarcado, la iglesia católica, la familia monógama, etc. Muchas de estas ideas penetraron en el pensamiento sociológico temprano, aunque algunas de las ideas de la ilustración, también ejercieron gran influencia, es a pesar de la contrailustración que se prolongan ideas propias de la ilustración como la tradición científica que desembocará más tarde en la experimentación y el positivismo propio de la segunda mitad del siglo XIX. Si bien ilustración y contrailustración lucharon entre sí tuvieron aspectos coincidentes, como por ejemplo su preocupación ya no sólo por el hombre individual, sino social, preocupándose especialmente por la problemática del hombre moderno. En conclusión el empirismo filosófico Inglés, el positivismo científico conductista que ejerció gran influencia en funcionalismo Norteamericano y Gestaltismo que a la par ejerció gran influencia en el estructuralismo Europeo y prepararon el terreno para la aparición de nuevas ciencias sociales que tuvieron como base reglas ciencias fácticas naturales como. La biología, La anatomía, la botánica, la química. La física, estas ciencias fueron la geografía y la economía, etc. pero que sin embargo son ciencias fácticas sociales, hermanas de la historia y que junto a las ciencias nuevas lograron su diferenciación en este período como: la sociología (pre-clásica de Claude Henry Saint-Simon y Auguste Comte), la antropología (en especial la Darwiniana) o la Psicología (especialmente la social con Gabriel de tarde) y cuyos aportes aunque iniciales han sido fundamentales para el surgimiento de las ciencias sociales modernas, tal como hoy las conocemos. Debemos señalar que para hacer un trabajo más completo sobre la estrecha relación que existe en el seno de las ciencias sociales es fundamental comprender las relaciones que cada una de ellas posee y que las lleva a una piedra angular común: el estudio del hombre y así poder entender las diferentes aristas desde donde se conoce la problemática humana generando campos de estudio diferenciados, con sus respectivos métodos de trabajo. Por ejemplo “Es su naturaleza de ciencia de la cultura la que hermana

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a la antropología con la sociología. La primera estudia hombres primitivos e incultos y la última de civilizaciones más avanzadas”7.

El estudio de los hombres y las civilizaciones primitivas corresponde a la antropología como ciencia hermana de la sociología.

En cambio como señala Alex Inkeles “la historia es la ordenación de la conducta en el tiempo, los historiadores se interesan por el estudio del pasado, mientras que los sociólogos por el pasado reciente o la realidad contemporánea y la geografía estudia la los fenómenos físicos y humanos en la superficie de la tierra, como morada del hombre y en relación a sus actividades (...) muchos problema importantes de la economía, no han sido objeto de la investigación económica intensa. Los estudios de la función de los valores y de las preferencias de sus efectos de la mano de obra, la influencia del prestigio y la costumbre, se han dejado en gran parte a los sociólogos. La economía tiene un objeto preciso la producción y distribución de los bienes de consumo8.

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INKELES, Alex; ¿ qué es la sociología?, pág. 48 Ibid. Pág. 43

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La geografía es una ciencia social que estudia al hombre en su hábitat y en relación a otros hombres.

Es innegable que la sociología tiene relaciones estrechas ciencias antes investigadas, pero también es fundamentalmente que la sociología no sólo es el estudio del hombre en sociedad o el tratado de la sociedad, sino que fundamentalmente estudia el proceso de socialización humano, es decir el aprendizaje de ser humanos, aprendizaje que decir verdad dura toda nuestra vida, desde que nacemos hasta que fenecemos, para esto es fundamental estudiar a distintos autores, de diferentes épocas y que pueden ubicarse en corrientes teóricas distintas y hasta opuestas. Sergio Bagú dice lo siguiente: “En la vasta serie de la evolución de las especies, el hombre, primate superior capaz de descubrir nexos entre fenómenos e inventar símbolos múltiples, sólo puede sobrevivir porque sobrevivió el grupo de sus iguales. Lo que tenía de biológicamente diferente - su sistema nervioso y, en particular, su corteza cerebral - necesitaba para desarrollarse del contacto incesante con otros miembros de la nueva especie. Si el pitecántropo, una vez aparecido en el cuadro de la vida sobre la tierra, no hubiera podido seguir existiendo en grupo, de él no habría surgido el hombre contemporáneo, sino que habría revertido a tipos interiores de evolución o, quizá, desaparecido radicalmente”9 dos siglos y cuarto antes, Jacobo Rousseau (en 1750), establecía más o menos el mismo principio. 9

BOLIO, Paolo, Las ciencias sociales, Cfr. El contrato social, párrafos del capítulo VI

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Supongo a los hombres llegados al punto en que los obstáculos que impiden su conservación en el estado natural, superan las fuerzas que cada individuo puede emplear para mantenerse en él. Entonces este estado primitivo no puede subsistir, y el género humano perecería si no cambiara su manera de ser.(...) Ahora bien, como los hombres no pueden engendrar nueva fuerzas, sino solamente unir y dirigir las que existen, no tienen otro medio de conservación que el de formar por agregación una suma de fuerzas capaz de sobrepujar la resistencia (...) Esta suma de fuerzas no puede nacer sino del concurso de muchos (...). Una forma de asociación que defienda y proteja con la tuerza común la persona y los bienes de cada asociado por la cual cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y permanezca tan libre como antes. Tal es el problema fundamental cuya solución da el Contrato Social”10 CARLOS MARX Y FEDERICO ENGELS (en 1845), un siglo más tarde que Rousseau, establecer por su parte, que el hombre se hace un ser social en el proceso en que interactúa con otros semejantes a fin de satisfacer primero sus necesidades elementales y después las nuevas necesidades que surgen precisamente de la búsqueda de satisfacción de las primeras. “El hombre se hace social a sí mismo en el proceso de trabajo”11. Este proceso de interacción en el trabajo a fin de resolver necesidades tiene en cuenta la reproducción misma. Pero sigamos directamente la argumentación de los autores mencionados. El primer hecho histórico - dicen - es la producción de los medios indispensables para a satisfacción de estas necesidades, es decir, la producción de la vida material misma. …Lo segundo es la satisfacción de esa primera necesidad. La acción de satisfacerla y la adquisición del instrumento necesario para ello conduce a nuevas necesidades. El tercer factor que aquí interviene de antemano en el desarrollo histórico, es que los hombres que renuevan diariamente su propia vida, comienzan al mismo tiempo a crear a otros hombres, a procrear; es relación entre hombre y mujer, entre padres e hijos, la familia. Esta familia, que al principio constituye la única relación social, más tarde, cuando las necesidades, al multiplicarse, crean nuevas relaciones sociales y, a su vez, al aumentar el censo humano, brotan nuevas necesidades, pasa a ser una relación secundaria...(3)

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Ibid. BOLIO, Paolo, Las ciencias sociales, Cfr. La ideología Alemana, Págs. 28-29

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Marx y Engels no se conforman con hablar de una capacidad natural de los hombres para tener relaciones de cooperación entre ellos, sino que buscan desentrañar el sentido inicial y los posteriores desarrollos del ser social de los humanos históricamente, a propósito de algo inicial, primario: la satisfacción de necesidades elementales primero y, progresivamente, de nuevas necesidades. La explicación de Marx y Engels parte, según sus términos, de las condiciones para poder vivir. “El ser social del hombre, siguiendo la lógica de estos autores, se alcanza en el proceso mismo en el que los seres humanos producen y reproducen las condiciones de su propia vida. La producción de la vida - dicen -, tanto de la propia en el trabajo, como de la ajena en la procreación, se manifiesta inmediatamente como una doble relación de una parte, como relación natural, y de otra como una relación social-; social, en el sentido de que por ella se entiende la cooperación de diversos individuos, cualesquiera que sean sus condiciones, de cualquier modo y para cualquier fin”. Lo específico que plantean Marx y Engels es que la sociabilidad humana no es abstracta, no se da porque sí nada más, sino que se descubre primaria y fundamentalmente en un tipo de interacción de los hombres, aquella que se refiere a la producción de satisfactores en el proceso histórico. Hablan de una cooperación en el trabajo productivo y por eso también señalan. “De donde se desprende que un determinado modo de producción.., lleva siempre aparejado un determinado modo de cooperación o de una determinada fase social, modo de cooperación que es, a su vez, una fuerza productiva, que la suma de fuerzas productivas accesibles al hombre condiciona el estado Social”. Al considerar a estos autores que no sólo aceptan, sino explican de una manera específica la sociabilidad de los seres humanos, aprovechamos la oportunidad para apuntar que los elementos prioritarios de su corriente son: el modo de producción, las clases que intervienen en el proceso productivo, cómo se producen los satisfactores, cómo se distribuyen, qué relaciones se dan entre los productores y los que detentan los medios de producción, etc. Otros autores significativos muy influyentes son los padres de la escuela de Chicago cuyos representantes son: George Herbert Mead, (la interaccionismo simbólico), Charles Cooley y Arthurt Bentley cuyos principios al inicio del presente siglo XX, producen una evolución en la 19

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medida en que el mundo va alcanzando formas de organización de las cosas. Entre los aportes de Cooley que ilustran mejor este concepto a es el aspecto del: self espectacular. Con este concepto Cooley daba a entender que las personas tienen conciencia y que ésta se modela mediante la continúa interacción social. Mead acepta algunos postulados básicos de evolucionismo de Darwin, pero va más lejos que este autor va más lejos al señalar que el ser humano al socializarse, debe digerir las reglas de comportamiento ya establecidas en la sociedad a la que va a pertenecer, o dicho de otra manera, es moldeado por esas pautas de comportamiento. Cuando éstas han penetrado al individuo, cuando en términos de Mead el “otro generalizado” se ha metido en el individuo, éste pasa a ser un ser social. Este proceso tiene lugar por medio de la comunicación que se produce “con símbolos significativos”. Tal es la razón por la cual el conjunto de variables prioritarias para Mead son las que producen la “interacción simbólica” en cada grupo social.

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CAPÍTULO II

TEORÍAS DE LOS AUTORES CLÁSICOS Y LOS PADRES DE LA SOCIOLOGÍA Por: Pablo García Ruiz, de su obra el Laberinto Social

1. UN POCO DE HISTORIA El interés por los problemas que se acaban de mencionar es muy antiguo. Muchos intelectuales se han ocupado de intentar aclarar las cuestiones enunciadas. Este interés surge principalmente de a reflexión sobre un hecho fundamental: los seres humanos, desde siempre, viven en sociedad. A partir de aquí se abre toda una gama de interrogantes: ¿por qué los hombres viven en sociedad y no aisladamente? ¿Cómo surgió la sociedad? ¿Qué es esencial para la existencia de la sociedad y qué es contingente? Y también ¿por qué hay sociedades tan diferentes? ¿Por qué unas sociedades están organizadas de una manera y otras de otra? ¿Por qué los valores y costumbres válidas en unas sociedades son inaceptables en otras? ¿Por qué cambian las sociedades en su organización interna? ¿Por qué los valores y las costumbres que estaban vigentes hace un siglo ahora ya no lo están? Desde el principio, los intelectuales de cada sociedad y de cada época histórica han buscado elaborar una teoría que diera razón de estas preguntas. En la época antigua, Platón y Aristóteles adelantaron la idea de que el hombre es social por naturaleza. De ahí que siempre haya habido sociedades y aunque unas desaparezcan, otras comiencen a continuación. La existencia de la sociedad responden a ciertos aspectos de la naturaleza humana y, aunque sus configuraciones sean diferentes, los fundamentos de la vida social son siempre los mismos. En la época moderna, el pensamiento ilustrado alumbra la tesis del contrato social. Para Hobbes, Locke o Rousseau la sociedad surge de un acuerdo racional entre los individuos, que por necesidad o por convivencia dan origen al grupo social . Una y otra perspectiva está en la base de numerosos estudios de filosofía social. La sociología, como perspectiva particular de asomarse a la sociedad, surge en un momento histórico concreto, a principios del siglo XIX. Los hechos históricos que definen las condiciones iniciales del pensamiento sociológico son los siguientes:

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1.

2.

3.

La sociedad occidental sufre desde mediados del siglo XVIII una serie de transformaciones de una intensidad y extensión hasta entonces desconocidas. En lo económico, la revolución industrial ha transformado la forma de trabajo de la gente; la producción y los mercados se han incrementado tremendamente; las fábricas han sustituido a los arados y parece que una nueva forma de organizar la vida material de las personas se está consolidando. En lo político, la revolución democrática que comenzó en Norteamérica y después en Francia se ha ido extendiendo por otros países. La Organización política y social del Antiguo Régimen, que parecía inmutable, se ha venido abajo en apenas unas décadas. La conmoción que estos cambios tan profundos supone para el pensamiento entonces vigente sobre la sociedad lleva a plantearse nuevas preguntas: ¿Son posibles otras formas de organizar la sociedad? Si ello es así, ¿qué otras formas están surgiendo? ¿Se puede intervenir sobre los cambios sociales? ¿Podemos modelar la nueva sociedad? Lo que parecería inmutable (las formas tradicionales de trabajo, la división estamental, la monarquía), se vive ahora como alterable y, por eso, planificable. Se abren grandes posibilidades de modelar una sociedad mejor. La ciencia moderna, especialmente la física, aparece como el paradigma de conocimiento riguroso y verdadero. El prestigio de la ciencia moderna proviene, en gran medida de su aplicación a la práctica. Los inventos técnicos han hecho posible el desarrollo de la economía, los grandes avances en la producción, en los transportes, en las comunicaciones, etc.- La ciencia cómo saber disfruta en esta época de un éxito social sin precedentes. Hay un clima generalizado de optimismo intelectual. Estamos en la era del “progreso” del pensamiento ilustrado. La conjunción del saber científico con la posibilidad de intervenir en el desarrollo de la organización social, abre nuevas perspectivas e ilusiones al mundo intelectual. Ahora se puede hacer un análisis verdaderamente científico de la organización social. Ahora se pueden tomar medidas políticas fundadas en un conocimiento verdadero y riguroso. Se confía ciegamente en que la aplicación de la ciencia a la sociedad traerá una mejora de la vida de la gente similar a la que ya se ha dado en la economía. Este es el centro de las esperanzas de los intelectuales del momento.

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En este contexto intelectual surge la sociología. Hay una necesidad imperiosa de alcanzar un saber científico acerca de la sociedad que permita llegar, en la línea del progreso, a una sociedad cada vez mejor. Siguiendo los dictados de esa ciencia que se inaugura ahora, pronto se llegará a realizar el sueño de la sociedad perfecta. Los primeros sociólogos: Augusto Comte (1798-1857) es quien más claramente enarbola la bandera de la sociología científica. Según él, las sociedades han pasado hasta entonces dos etapas históricas principales: la etapa teológica y la etapa metafísica. En ellas, la sociedad se regia por los dictados de la religión, en el primer caso, y de la filosofía en el segundo. Siendo ambos saberes imperfectos y provisionales la organización social a la que dan lugar era también imperfecta y provisional. Según Comte, para alcanzar el estadio de la sociedad perfecta, ésta debe basarse en el saber verdadero y acabado, que es la ciencia positiva. La sociología científica debe buscar las leyes por las que se rige la vida en sociedad, tanto en su estructura como en su dinámica histórica. El mismo Comte se ocupará de fundar ese nuevo saber, la sociología científica, y de organizar desde él una nueva sociedad. La organización social será perfecta en la medida en que sean los sabios los que gobiernes. Lógicamente, los sabios de la época industrial son los ingenieros y los científicos, cuyo dominio traerá - en opinión de Comte - la paz y la prosperidad a los pueblos. Desde Inglaterra, Herbert Spencer (1820-1903) comienza otro intento de alcanzar un saber verdadero y riguroso sobre lo social. Para él, el enfoque científico consiste en aplicar los descubrimientos de Darwin sobre la evolución de las especies a la evolución de las sociedades. Los cambios y transformaciones sociales se inscriben en una línea evolutiva de progreso, en la que las diversas sociedades han avanzado en las diferentes épocas históricas. Spencer introduce así un cierto determinismo en el progreso social. Entiende que los cambios sociales no dependen tanto de las directrices de la historia. Defiere, pues, de Comte, en la práctica que ha de conducir a la sociedad ideal. Otro autor que acepta el reto del análisis riguroso verdadero de la sociedad es Karl Marx (1818-1883). Con su materialismo científico, ofrece una concepción de la estructura y dinámica de la sociedad basada en la lucha de clases. Para Marx, el motor de la historia es el conflicto endémico entre clases sociales. Desde ahí se explican las diversas etapas por las que han pasado las sociedades. El mismo análisis científico enseña el camino hacia la sociedad ideal. Para Marx la sociedad perfecta es la sociedad sin clases. Esta llegará como 23

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consecuencia de la necesidad histórica aunque, como línea de acción práctica, hay que organizar la revolución proletaria que acelere el sentido determinista del curso de la historia. En otro ambiente intelectual, los liberales anglosajones ofrecen un análisis científico de la sociedad que tiene como resultado distintos axiomas y orientaciones prácticas Para Adam Smith s la actividad del individuo la que configura la estructura social. Las leyes del mercado tienden de suyo a equilibrar la organización social, gracias a la presencia de la ‘mano invisible” que combina lo interés privados con el interés general. Como el sistema económico y social se equilibra por sí solo, la mejor práctica organizativa es la inacción por parte del Estado, el “laissez faire”, que permita a las leyes del mercado dar lugar al progreso de la sociedad. El optimismo intelectual de la época origina estas y algunas otras visiones de la sociedad, de sus transformaciones internas y del camino que hay que recorrer para alcanzar cuanto antes la sociedad ideal. Sin embrago el optimismo y la confianza en el progreso futuro poco a poco se irán enfriando. El planteamiento de la sociología científica se encuentra pronto con problemas y paradojas que frenan su ilusión inicial. Por una parte la diversidad de explicaciones “científicas” de la sociedad pone en duda la veracidad y rigor de cada una de ellas. ¿Cómo es posible que teorías tan dispares y contradictorias entre sí puedan ser todas, a la vez, ‘científicas”, esto es, verdaderas y rigurosas?. Por otra parte, el siglo XIX es un siglo de grandes convulsiones políticas y sociales. Surge el movimiento obrero como una fuerza social sin precedentes, que denuncia una situación de injusticia social también sin precedentes; las revoluciones sociales se suceden; las crisis internacionales desembocan en la 1ª Guerra Mundial, que resultó ser la guerra más cruenta y más sin sentido de las conocidas hasta entonces, gracias también a los avances científicos que originaron armas más eficaces y mortíferas. La idea optimista de progreso se diluye; parece que la aplicación de la teoría social a la sociedad ha traído, en lugar de paz y prosperidad, más problemas y más graves que nunca. La posibilidad de un saber científico sobre la sociedad se pone en entredicho. ¿Cabe realmente tener un saber sobre lo social que sea 24

 

 

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“científico” en el mismo sentido en que los son la física y las ciencias naturales? La idea de “ciencia” del momento se caracteriza fundamentalmente por los siguientes rasgos: es un conocimiento cierto por causas que enuncian leyes universales y necesarias, empíricamente verificables mediante experimentos: basa sus conclusiones en la inducción a partir de la experiencia sensible: los experimentos son repetibles por cualquier observador, ya que los hechos descritos son puramente objetivos; las leyes enunciadas permiten anticipar acontecimientos futuros, dadas unas condiciones iniciales; por último, este conocimiento del mundo natural permite aplicaciones útiles para la vida humana, mediante la técnica. Es la época del cientificismo, alumbrado por el prestigio de las ciencias naturales. Se piensa que sólo la ciencia positiva es capaz de alcanzar la verdad: nada hay de verdadero fuera de lo empíricamente verificable según los métodos positivos de observación y experimentación. Los conocimientos que no se ajustan al método científico son considerados como pertenecientes al campo de las opiniones subjetivas o quizá al de la falsedad oscurantismo de épocas pasadas. El éxito de la ciencia positiva lleva a muchos a reducir lo verdadero a lo comprobable experimentalmente. Pero este reduccionismo pronto dio origen a numerosos quebraderos de cabeza. Así, la sociedad, como objeto de estudio científico, presenta serias dificultades. La enunciación de leyes universales y necesarias para el mundo de lo social es muy problemática, si se tiene en cuenta que el ámbito de lo social es un ámbito de libertad. Los acontecimientos sociales, al menos los más relevantes, son irrepetibles experimentalmente. Por eso, no están ni alcance directo de cualquier observador. Su explicación depende más de la interpretación subjetiva que de la observación objetiva. Las mismas condiciones iniciales de los hechos sociales son incontrolables e incluso ocurre con frecuencia que los diversos observadores no se ponen de acuerdo sobre cuáles son las condiciones importantes para la explicación de un hecho social. Las predicciones de los sociólogos del momento han sido más que dudosas y la certeza de sus enunciados no ha sido igual, ni mucho menos, que la de las ciencias naturales. Parecer, pues que la sociedad se resiste al conocimiento científico, según los moldes de la ciencia del momento.

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Celia Duek y Graciela Inda Aportado por: la Revista Trabajo y Sociedad, Indagaciones sobre el empleo, la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas.

Nadie discute que Marx, Durkheim y Weber son los teóricos que colocan las piedras fundamentales que jalonarán gran parte de los estudios posteriores en el campo de la ciencia social. Es más, como sostiene Portantiero, después de la “sociología clásica” poco se ha avanzado en cuanto a grandes líneas teóricas. Pero no es solamente por la significación que sus ideas han tenido en los desarrollos teóricos ulteriores de la disciplina que se los considera clásicos sino también porque pueden ser distinguidos de los grandes pensadores de la filosofía política, económica y social moderna. Lo que diferencia las teorías de los clásicos de las de esos pensadores, algunos de los cuales han sido denominados “padres fundadores”, es su pretensión científica. Si las ideas de unos pueden enmarcarse en lo que se llamaría una filosofía social o ética, valiéndose en general de un fuerte componente normativo o, en otras palabras, atravesadas por el “deber ser”, las teorías de la sociología clásica se formulan como científicas, como ciencias de realidad. Muestran una preocupación por la cuestión del objeto y método: interés por definir el objeto de la disciplina, construir conceptos rigurosos, establecer reglas metodológicas. La sociología para Durkheim y Weber es, en tanto ciencia de la realidad social, una “ciencia empírica”. Puede sostenerse entonces que los trabajos de Marx, Durkheim y Weber concurren a la conformación de una ciencia social unificada? Las respuestas a esta pregunta pueden agruparse básicamente en dos posiciones. Por un lado, están quienes defienden la “unidad” de la sociología, considerando a Marx, Weber y Durkheim como los tres “clásicos” de esta disciplina científica, y tomando sus aportes como igualmente válidos para la construcción de la ciencia social. Desde esta posición, emparentada con el eclecticismo, suele sostenerse que las teorías de los clásicos de la sociología, así como las de las corrientes a las que ellos dan origen, no son necesariamente irreconciliables. En otras perspectivas se sitúan quienes distinguen entre “sociología” y “marxismo”, postulando la irreductibilidad de ambos enfoques. La diferenciación o el distanciamiento del marxismo de aquello que ha sido denominado como “sociología” se ha efectuado desde distintas ópticas y con intenciones diversas. 26

 

 

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Puede tomarse a Pierre Bourdieu como uno de los exponentes de la primera posición. El autor de “Sociología y cultura” se resiste a encasillarse en una corriente, oponiéndose a la “etiqueta clasificatoria” que ubica a cada autor como “marxista”, “weberiano” o “durkheimiano”, y explica que lo que él hace es recurrir a los distintos autores para pedir ayuda momentánea. Propone superar las “falsas opciones” de la sociología (en las que encuentra un fundamento social pero no científico) integrando elementos de las distintas teorías. La pretendida oposición entre los tres clásicos -afirma- enmascara la unidad de la sociología: el antagonismo permite su propia superación. Detrás de la diversidad de enfoques hay para Bourdieu una ciencia única. El desafío consiste en integrar en un mismo sistema conceptual las aportaciones teóricas que la historia o el dogmatismo han separado. El progreso de la ciencia sólo es posible a veces “[...] con la condición de comunicar teorías opuestas, que en muchas ocasiones se han constituido unas contra otras. No se trata de realizar esas falsas síntesis eclécticas que han causado tantos estragos en la sociología. Dicho sea de paso, la condena del eclecticismo con frecuencia ha servido como excusa para la incultura: resulta tan fácil y cómodo encerrarse en una tradición; desgraciadamente, el marxismo ha cumplido muchas veces esta función de seguridad perezosa. La síntesis sólo es posible a costa de un cuestionamiento radical que conduce al principio del antagonismo aparente”i12. Es desde concepciones como ésta que se habla, por ejemplo, de una “tradición sociológica clásica” con características peculiares que la distinguen de la sociología contemporánea (Dubet), o que se afirma, por ejemplo, que Weber “realizó la intención marxista en algunos campos. Los trabajos de Jeffrey Alexander también se caracterizan por esta intención “integracionista” cuando aplauden a la nueva “generación joven” de la teoría sociológica por no estar comprometida con ningún bando en la batalla teórica entre marxismo y funcionalismo, empeñándose por “[...] cerrar la dialéctica, por brindar un ‘tercer camino’ que aproveche lo mejor de ambos bandos”ii; desarrollando una

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BOURDIEU, Pierre. “Una ciencia que incomoda” en “Sociología y cultura”. México. 1990. Editorial Grijalbo. Pág. 84.

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“teoría sintética” que incorpore las teorías parciales en lugar de proseguir la “guerra entre escuelas”.13 Se distingue de esta posición ecléctica, como se ha dicho, la de quienes con objetivos diversos oponen marxismo y sociología. Cuando la diferenciación proviene del funcionalismo, suele tratarse de enfoques que niegan el carácter científico de la teoría marxista, excluyéndola así del ámbito de la sociología en tanto ciencia de la realidad social. Expresiones frecuentes en investigaciones actuales como el debate entre la sociología y el marxismo” o “el diálogo y la confrontación de la sociología con las ideas marxistas” ponen en evidencia que se piensa en entidades distintas; y en ciertos casos, que se considera al pensamiento marxista como algo exterior a la ciencia social. Pero la separación entre marxismo y sociología puede adquirir en otros discursos un sentido distinto. Cuando por ejemplo J.C. Portantiero se refiere a la sociología clásica como disciplina que nace en el siglo XIX como respuesta conservadora a una situación de crisis, con las teorías de Durkheim y Weber, no está ignorando la importancia de Marx. Por el contrario, lo está señalando como fundador de la vertiente antitética, lo está situando en contraposición a la tradición sociológica clásica que se vincula íntimamente “con los objetivos de estabilidad social de las clases dominantes”14, y a la que denomina “sociología del orden o del equilibrio”. El adversario de la sociología en su madurez (Durkheim, Weber) es el marxismo -sostiene. La sociología surge como un intento por “[...] oponer una nueva ciencia de la sociedad al fantasma del socialismo...”15. También Laurin Frenette, desde una óptica marxista, traza líneas de demarcación claras entre sociología y marxismo. Caracteriza a la sociología funcionalista como “seudo-ciencia social burguesa”, enfrentándola al marxismo que como sistema de construcción e interpretación de los hechos sociales constituye la única alternativa válida a aquella formulación sociológica de la ideología dominante. Nuestra posición, y es lo que intentaremos demostrar en este trabajo haciendo eje en las diferencias existentes entre las formas de 13

ALTHUSSER, Louis. “Lenin y la filosofía”. Buenos Aires. 1971. Carlos Pérez editor. Pág. 54-55. 14 ENGELS, Federico. “Carta a Bloch”. Citado por ALTHUSSER, Louis en “Posiciones”. Barcelona. 1977. Editorial Anagrama. Pág. 139. 15 MARX, Karl. “Introducción general a la crítica de la economía política/ 1857”. México. 1984. Cuadernos de pasado y presente.

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causalidad y las concepciones del proceso de conocimiento de cada uno de los discursos considerados clásicos, es que no se puede - en rigor - hablar de la sociología puesto que no hay una unidad o cohesión de los distintos sistemas teórico-metodológicos que autorice el uso de la expresión. En ese sentido, La sociología en general no existe; existen en cambio desarrollos teóricos de un valor científico cualitativamente distinto (según haya predominio de elementos científicos o ideológicos), que se articulan en lógicas internas unificadoras (problemáticas) distintas, y que encuentran sus bases en general en las teorías de Marx, Durkheim o Weber. La tesis de la discontinuidad cualitativa entre los discursos de los “clásicos de la sociología” conduce de inmediato a plantear la cuestión de la especificidad de cada uno de ellos tanto en lo referido a su problemática o sistema de preguntas y su objeto como a su forma de causalidad y sistema de verificación. Aquí, con el propósito de poner en evidencia la radical discontinuidad al interior de la pretendida “sociología clásica”, nos centraremos en analizar el modo en que cada uno de esos desarrollos teóricos relaciona el objeto de análisis con la realidad empírica. En otras palabras, nos proponemos delimitar el método o camino del conocimiento y la forma de explicar lo social (explícita o implícita) característica de los textos de Marx, Durkheim y Weber con el objeto de ilustrar en este campo preciso la distancia insalvable que existe entre ellos. Por esta razón la polémica que se da entre las corrientes aparentemente antagónicas de la sociología, si bien tiene fundamento, es importante señalar más que apostar por un debate entre sociología clásica y Marxistas, se puede hablar de diferentes formas de enfocar el problema. Durkheim En primer lugar hay que observar que cuando Durkheim se propone sistematizar las “reglas acerca de la explicación de los hechos sociales” es evidente que las entidades que intervienen en el proceso que se representa son necesariamente “hechos” o “fenómenos”, es decir “acontecimientos”. La relación es siempre una relación lineal entre dos “hechos sociales”, una relación de causa-efecto. Se trata siempre de un hecho social (efecto) explicado por otro hecho social 29

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(causa). Esta forma de causalidad o de relación causal entre fenómenos que se sitúan en un mismo espacio plano y homogéneo puede ser llamada causalidad mecánica transitiva, y representarse con la fórmula a => b. Para Durkheim la determinación de las causas (y no, por ejemplo, la de las funciones) es el modo típico de la explicación sociológica. “[...] La explicación sociológica consiste exclusivamente en establecer relaciones de causalidad, trátese de vincular un fenómeno con su causa, o por el contrario una causa con sus efectos útiles”16. Una vez señalados los términos de la relación puede profundizarse en el carácter de estos términos. Contra toda explicación psicologista, Durkheim insiste reiteradamente en el carácter social de la causa de un hecho social. Tenemos una relación entre hechos o fenómenos, bien, pero además estos hechos son siempre hechos sociales. La regla, formulada con precisión por Durkheim, postula: “debe buscarse la causa determinante de un hecho social entre los hechos sociales antecedentes, y no entre los estados de la conciencia individual”17.

Emile Durkheim: (1856-1917). Filósofo y sociólogo Francés del siglo XIX.

De este modo, esa negación a explicar lo social por fenómenos psíquicos, relativos a la naturaleza humana o por factores individuales pone en cuestión concepciones como la de Comte, según la cual el 16

DURKHEIM, Emile. “Las reglas del método sociológico”. Buenos Aires. 1984. Editorial La Pléyade. Pág. 137. 17

Ibídem, pág. 123-124.

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progreso que domina la vida social depende de algo psíquico: la tendencia que impulsa al hombre a desarrollar cada vez más su naturaleza. O también la de los economistas que fundamentan la vida económica en el “deseo de riqueza”. O, por qué no, los fundamentos de toda sociología de la acción (para la cual la acción individual es fundadora del hecho social). A la vez, el rechazo a toda explicación subjetivista basada en la intención del actor es coherente con el principio de obligatoriedad y exterioridad de lo social según el cual los hechos sociales presionan desde fuera a las conciencias, sobrepasan al individuo. Desechado el individuo -razona Durkheim- sólo queda la sociedad. Entonces, la explicación de la vida social debe buscarse en la naturaleza de la sociedad misma. El origen de los fenómenos no es psicológico porque la sociedad no es la suma de individuos, sino que de la asociación resulta algo específico, una “individualidad psíquica de un nuevo género”, si se quiere. En ésta y no en los individuos particulares hay que buscar la causa de los hechos sociales. Como generalmente las instituciones sociales son heredadas de generaciones anteriores y no producidas por nosotros mismos, para conocer sus propiedades o causas no se puede apelar a un procedimiento mental, no se trata de “tomar conciencia”; se necesita de la observación y experimentación. El actor y la conciencia constituyen en el sistema de Durkheim variables dependientes, ocupando como se ha dicho un lugar secundario, en tanto que están determinados por hechos sociales materiales e inmateriales. Otra de las características de la fórmula lineal simple que representa la relación causal en este pensamiento es la unicausalidad, que se emparienta con el principio de determinación (necesaria y suficiente) y con la formulación de leyes. Las causas son siempre en Durkheim causas determinantes, oponiéndose a las consideraciones en favor de la pluralidad de las causas. “A un mismo efecto corresponde siempre una misma causa”, es una de sus reglas. Puede sospecharse que, paradójicamente, esta regla más que surgir de la “observación” de la naturaleza de las cosas se deriva de una necesidad o requisito del estudio científico. En efecto, el autor subraya que quien considera que un mismo consecuente no siempre es resultado de un mismo antecedente y que puede responder en ciertos casos a una causa y en otros a otra, despoja al vínculo causal de toda 31

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determinación, “[...] lo hace casi inaccesible al análisis científico; pues introduce tal complicación en el entrelazamiento de las causas y los efectos que el espíritu se pierde sin remedio en la maraña. Si un efecto puede derivar de causas diferentes, para saber lo que lo determina en un conjunto de circunstancias dadas sería necesario que la experiencia se realizase en condiciones de aislamiento prácticamente imposibles, sobre todo en sociología”18]. Esta conexión necesaria entre dos fenómenos da la posibilidad entonces de establecer leyes precisas. Por el contrario, esta posibilidad está cerrada si se sostiene el principio de indeterminación, con lo cual se nos priva de la deducción científica como forma de razonamiento. Muchas veces -dice- se afirma que un mismo fenómeno se explica en ciertos casos por una causa y en otros por otra porque en realidad no se ha advertido que se está no ante un mismo fenómeno sino ante fenómenos diferentes. Es decir, la aparente pluralidad de causas es síntoma de una verdadera pluralidad de efectos. Por ejemplo, las distintas causas de suicidio se deben a que hay distintos tipos de suicidio. Finalmente, para poder comprobar la existencia de una relación causal entre fenómenos, el sociólogo francés apunta a un método orientado a mostrar el vínculo interno, el denominado “método de las variaciones concomitantes”, que se vale no sólo de la observación sino también de la deducción y, se podría agregar, de la teoría. El método experimental por sí sólo no permite obtener una relación de causalidad: los resultados a que conduce deben ser necesariamente “interpretados”. Weber Dilthey basa la distinción entre las ciencias físicas y las de la cultura en la heterogeneidad del objeto y la consecuente diversidad de procedimientos: las primeras buscan la explicación de los hechos mientras que las segundas comprenden significados. Weber, en cambio, entiende que la “comprensión” no es un procedimiento que ocupa en las ciencias sociales el lugar que la “explicación” tiene en las ciencias naturales (desplazando una a la otra). Comprensión interpretativa del sentido de una acción y explicación causal no son en las ciencias sociales alternativas excluyentes sino que se complementan: a partir de la comprensión de significados se elaboran 18

ROSSI, Pietro. Introducción a WEBER, Max “Ensayos sobre metodología sociológica”. Buenos Aires. 1990. Amorrortu editores. Pág. 24

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hipótesis que requieren indefectiblemente de la verificación mediante el método de la imputación causal. Sucede que la explicación causal de lo social, al presuponer la comprensión de los motivos de la acción, cobra ventajas respecto de la explicación de fenómenos físico-naturales. Lo que es propio del conocimiento sociológico, “la comprensión de la conducta de los individuos partícipes”, está negado a las ciencias naturales (no podemos comprender, por ejemplo, el comportamiento de las células). Al definir la sociología como “[...] una ciencia que pretende entender, interpretándola, la acción social para de esa manera explicarla causalmente en su desarrollo y efectos”19, Weber introduce los dos elementos: comprensión (interpretación) y explicación.

Max Weber (1864-1920) Sociólogo alemán, quién desafió muchos de los planteamientos de Marx.

Ahora bien, como en Durkheim, la relación causal es una relación entre elementos o componentes de la realidad (en Weber lo que se enlaza son en general “significados”, sentidos de las acciones), pero a diferencia de aquel, los hechos que intervienen en el advenimiento de un determinado proceso son infinitos, operando una selección por 19

WEBER, Max. “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Barcelona. 1973.

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parte del investigador. Un evento individual responde a una multiplicidad de causas, y nada hay en las cosas mismas -dice Weberque nos indique cuáles hay que considerar. La delimitación entonces está ligada al punto de vista del investigador, a las ideas de valor culturales con que éste aborda la realidad. Son estas ideas de valor que dominan al investigador y a su época las que determinan qué pasa a ser objeto de la investigación y qué conexiones causales revisten interés y significación. La explicación se restringe así a una serie finita de elementos, concentrándose en ciertas relaciones abstractamente aisladas de otras posibles. Algunos analistas interpretan esto como una sustitución de la relación causal típica -relación de determinación necesaria- por una relación de condicionamiento, en la medida en que diversos órdenes de explicación, asociados a la diversidad de puntos de vista, se tornan posibles. En opinión de Rossi, “[...] Weber realiza el abandono del modelo clásico de explicación causal y el pasaje a un esquema de explicación que ya no es causal sino, antes bien, condicional. Cuando ponen de manifiesto una serie finita de fenómenos -diversa de acuerdo con el punto de vista de la investigación-, de la cual depende un cierto fenómeno considerado en su individualidad, las ciencias históricosociales no establecen sus factores determinantes sino que determinan un cierto grupo de condiciones que, junto con otras, lo vuelven posible”20]. Lo que resulta significativo en este análisis de la “causalidad múltiple” de Weber es que pareciera que desde tal concepción no fuese posible establecer una jerarquía en el conjunto de factores causales significativos que explican lo esencial de un acontecimiento. No habría componentes de mayor o menor eficacia en la constelación, todos se situarían aparentemente en el mismo plano. Cuando en los “Estudios críticos” polemiza con Eduardo Meyer, representante del antideterminismo que destaca el papel que desempeña en la historia el “libre albedrío” (las decisiones “libres” de personalidades concretas) y el “azar”, en realidad lo que hace al corregirlo es delinear la metodología de explicación causal que le servirá luego para criticar la posición contraria: la de Marx, que para él representa el determinismo. 20

WEBER, Max. “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Barcelona. 1973.

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Por otro lado, la cuestión de la causalidad se complejiza si se tiene en cuenta la diferencia establecida por Weber entre conocimiento histórico y conocimiento sociológico. El conocimiento de lo general, de las regularidades de las conexiones causales, no es válido por sí mismo pero es esencial como medio para la imputación causal de fenómenos individuales y por esto los historiadores deben recurrir a este saber nomológico; es un elemento clave de los juicios de posibilidad objetiva. En la lectura que hace Raymond Aron de Weber esta tensión entre el conocimiento de lo particular y el conocimiento de lo general, referida a la relación causal, se traduce en una distinción que habría en Weber entre “causalidad histórica” y “causalidad sociológica”. Mientras que la primera se refiere a las circunstancias únicas que provocan un acontecimiento singular, la segunda consiste en la búsqueda de relaciones regulares entre fenómenos, de tipo probabilísticas. Ambas formas de causalidad son solidarias: la rigurosidad del análisis de la causalidad histórica depende de su recurso a proposiciones generales. Resumiendo, la causalidad en Weber asume la forma de una relación entre hechos históricos (acontecimientos singulares), que afirma la pluricausalidad de los fenómenos de la cultura, y que si bien un determinado efecto es co-causado por una cantidad inagotable de elementos, el investigador hace un “recorte” de ciertos factores en virtud de una interpretación de valor. Ahora bien, esta selección de algunos componentes causales desde determinado punto de vista ... ¿significa que el conocimiento de lo histórico (de las conexiones causales) es subjetivo y entonces jamás puede ser “absoluto e incondicionalmente válido”? La respuesta de Weber es no. Si bien en la delimitación del objeto y de los elementos determinantes deciden relaciones de valor, que varían históricamente, la relación causal debe ser comprobada y demostrada mediante un proceso de pensamiento en el que participan ciertas operaciones lógicas. Es el procedimiento de la imputación causal que Weber expone detalladamente. Brevemente. El procedimiento para establecer la significación causal de un elemento particular dentro de la totalidad de momentos que debieron estar dispuestos de cierto modo y no de otro para que tenga lugar determinado resultado, no es empírico: la simple observación del curso de los acontecimientos no sirve para tal comprobación. Por el contrario, el procedimiento contiene una serie de abstracciones. En efecto, el proceso hipotético -que consiste en construir modelos imaginarios preguntándose qué hubiera pasado si tal elemento causal 35

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singular no hubiese estado presente, cuáles hubieran sido los resultados del proceso- se funda en lo que Weber llama juicio de posibilidad objetiva, que son esas afirmaciones sobre lo que habría sucedido en caso de eliminación o modificación de determinadas condiciones. La comparación entre el proceso real y el hipotéticamente construido permite inferir el grado de significación causal del elemento modificado (en qué medida éste ha sido “operante”), que será mayor cuanto mayor sea la diferencia entre ambos procesos. Hasta aquí, una de las vertientes de la abstracción: el análisis y aislamiento conceptual de componentes, pero la imputación causal también se vale de la generalización - explica Weber. El juicio de posibilidad se formula en base a “reglas universales de experiencia”, reglas del acaecer que conforman el conocimiento nomológico. Son estas reglas, en las que se incluye el elemento en cuestión, las que dan validez a las conclusiones sobre su eficacia causal. Para Weber, una explicación causal de un hecho concreto no representa nunca un simple registro de lo “previamente dado”, sino que es una “formación conceptual categorialmente constituida”. Todo este argumento acerca de la abstracción está orientado a concluir que “todo nuestro ‘conocimiento’ se relaciona con una realidad categorialmente construida, y que, por lo tanto, la ‘causalidad’, por ejemplo, es una categoría de ‘nuestro’ pensamiento”iii[9]. Con sus análisis de la relación entre ética protestante y capitalismo Weber intenta refutar la explicación materialista de la historia. Pretende superar la interpretación marxista aduciendo que el modelo causal que él propone, por un lado, no procede en una única dirección, sino que hace lugar a las interrelaciones entre economía, religión, política, estratificación, etc.; y por otro lado, no lo explica todo por el condicionamiento económico. En pocas palabras, contra la interpretación materialista de la sociedad y la historia, el modelo de explicación causal de Weber se proyecta nomonista y no-unidireccional. Recordemos en unas pocas líneas lo esencial de la explicación de Weber, que vincula el sistema ideológico de la ética protestante no directamente a las estructuras del sistema capitalista sino a otro sistema de ideas: el espíritu del capitalismo. El sistema de normas y valores que constituye el ascetismo intramundano (que incluye el calvinismo) lejos de rechazar el mundo, urge a los hombres para que 36

 

 

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trabajen en él de modo que puedan alcanzar la salvación. Se trata de un sistema ético que valora el ser laborioso, el aprovechamiento del tiempo, el incremento de la riqueza y el éxito económico. De este modo, el protestantismo destruye todos los obstáculos que la ética tradicional pone a la aspiración a la riqueza, que deja de situarse en el espacio de la ambición individual y se desplaza al campo de los imperativos éticos. El afán de lucro (no en cambio el goce despreocupado de la riqueza ni el consumo de artículos de lujo) no sólo es así legalizado sino que se convierte en un precepto divino. Esta ética centrada en la valoración del trabajo incesante tiene como consecuencia imprevista la formación del espíritu necesario para la expansión capitalista. Este espíritu -resultante de la coacción para el ahorro vía estrangulación del consumo y de las trabas a la ambición de lucro- es un elemento decisivo para la formación de un capital, que, según esos mismos preceptos, debe invertirse en producir. Podemos ver ahora en qué consiste ese doble distanciamiento que persigue Weber: tanto del monismo causal como de la unidireccionalidad de las relaciones. Cuando centra su atención en el efecto del protestantismo en el nacimiento del espíritu capitalista está observando sólo uno de los múltiples aspectos de la cadena causal (interviene aquí un proceso de selección determinado -como se ha visto- por el interés histórico). El ascetismo cristiano como base religiosa es uno de los factores con eficacia causal en este proceso histórico, no el único. El desarrollo del sistema capitalista necesitó, además de esos ideales religiosos importantes para la formación de una mentalidad económica, de ciertos requisitos económicos, tales como un mercado libre con demanda amplia y estable, tecnologías baratas, fuerza de trabajo libre y disciplinada, técnicas de contabilidad racionales y comercialización de la vida económica; y de requisitos no económicos: un Estado moderno con todos sus componentes, un derecho racional, ciudades, ciencia y tecnología moderna. En síntesis, su concepción no es monista -desde su perspectiva- porque no hay determinación de la sociedad por un elemento decisivo (económico, político o religioso). Sin embargo, más allá de estas declaraciones y en atención a la problemática íntima, habría que preguntarse si en Weber no existe una causa última “oculta” que está en la base tanto del espíritu del capitalismo como de la ética protestante, tanto del desarrollo del mercado como de la burocracia: la razón. De hecho, en los pliegues 37

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del discurso de Weber está incrustada la racionalización como el motor del desarrollo histórico. Al mismo tiempo, la causalidad weberiana se pretende no unilateral porque sugiere estudiar las influencias recíprocas entre los fenómenos históricos, investigar la relación inversa. Por ejemplo, “[...] cómo el ascetismo protestante fue influenciado a su vez en su desenvolvimiento y características fundamentales por la totalidad de las condiciones culturales y sociales, singularmente económicas, en cuyo seno nació”. “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” (1904/1905) concluye con la siguiente idea. “Nuestra intención no es tampoco sustituir una concepción unilateralmente ‘materialista’ de la cultura y de la historia por una concepción contraria de unilateral causalismo espiritualista. Materialismo y espiritualismo son concepciones igualmente posibles, pero como trabajo preliminar; si, por el contrario, pretenden constituir el término de la investigación, ambas son igualmente inadecuadas para servir la verdad histórica”. Si todo el argumento de “La ética...” está orientado a impugnar el punto de vista materialista (en una clara batalla teórica contra Marx), esta salvedad hecha al final del texto en unos pocos renglones es utilizada por Weber para evitar que se considere a su discurso un discurso idealista. Partiendo de la idea de que en todo desarrollo teórico, científico o ideológico, subyace una posición filosófica, y de que el sistema weberiano no está exento de esto, por lo tanto presupone también una toma de partido en filosofía, podemos replicar su afirmación con la tesis leninista de la división del campo de la filosofía en dos grandes bloques: materialista e idealista. Según Althusser, máximo exponente del estructuralismo Marxista, con su tesis del “Materialismo y empirocriticismo” Lenin “[... ]tira por la borda todos los matices, todas las distinciones, las finezas, todas las sutilezas teóricas por las cuales la filosofía trata de pensar su ‘objeto’: no son más que sofismas, distingos, argucias de profesores, acomodaciones, compromisos cuyo sólo objetivo es ocultar el engranaje real del debate en el que está comprometida toda la filosofía: la lucha de tendencia fundamental entre el materialismo y el idealismo. No hay en el fondo sino idealistas y materialistas. Todos los

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que no se declaran abiertamente tales son materialistas o idealistas ‘vergonzantes’...”21. Marx Desde la lectura althusseriana, uno de los grandes méritos de Marx lo constituye el descubrimiento de una nueva forma de causalidad, de una nueva manera de pensar la determinación de los fenómenos, cualitativamente distinta -podríamos agregar- a la de Durkheim y Weber. Esta nueva forma es designada por Althusser con el concepto de causalidad estructural. Mientras que las formas de causalidad estudiadas hasta ahora, propias de los discursos Durkheimiano y Weberiano, implicaban relaciones entre fenómenos o hechos homogéneos (uno/s causa/s y otro efecto), situados a un mismo nivel, la nueva forma de causalidad presentada por el marxismo hace jugar no simples elementos de igual jerarquía sino “estructuras” y elementos de ellas. La causalidad estructural marxista designa la eficacia de una estructura sobre sus elementos o instancias componentes y de una estructura dominante sobre otra subordinada. La teoría marxista trata de explicar los fenómenos por la complejidad de la estructura. En el caso por ejemplo de los fenómenos económicos, hablar de causalidad estructural significa reconocer que éstos se encuentran determinados por la estructura (global) del modo de producción: ella determina la estructura (regional) que corresponde al nivel económico (la unidad de las fuerzas productivas y las relaciones de producción) y determina a la vez los fenómenos de esta estructura (“hechos” económicos). Cuando Marx dice que en toda sociedad es una producción determinada y sus relaciones la que determina a todas las otras formas de producción, y describe esto como una “iluminación general donde están sumergidos todos los colores” que modifica las tonalidades y el peso específico de cualquier objeto allí presente, está designando un modo de presencia de la estructura en sus efectos, lo que no es otra cosa que la propia causalidad estructural o “determinación por una estructura”. Los conceptos de “causalidad estructural”, “sobredeterminación” y “desplazamiento de la dominancia” introducidos por Althusser en su 21

WEBER, Max. “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Barcelona. 1973.

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lectura de Marx (lectura activa que se define como “sistema de producción”) constituyen para nosotros la clave para pensar la complejidad de las relaciones entre las instancias del todo social en la perspectiva marxista. De nuevo, la historia y la sociedad no se explican por las relaciones entre acontecimientos; es necesario remitirse, en principio, a la estructura del modo de producción dominante en la formación social en cuestión. Ahora bien ¿cómo es esta estructura?, ¿cuáles son las instancias del todo social complejo y cómo son las relaciones entre ellas? Según se ha visto, Marx representa su concepción de la sociedad con una figura: la metáfora del edificio. La estructura de toda sociedad está compuesta por diferentes “niveles” o “instancias”: uno de ellos es la base, que corresponde a la infraestructura económica (unidad de las fuerzas productivas y las relaciones de producción); los otros niveles o “pisos” que se erigen sobre ella forman parte de la superestructura y son el jurídico-político (el derecho y el Estado) y el ideológico (las diferentes regiones de la ideología: religiosa, moral, estética, jurídica, política, filosófica, etc.). Esta metáfora espacial, aun siendo descriptiva, es de gran utilidad porque distingue realidades (práctica económica, práctica política, práctica ideológica), pero además porque distingue algo más importante aún: su eficacia y su dialéctica, es decir, las relaciones de determinación que existen entre ellas. Al sugerir que los pisos de la superestructura no se sostendrían si no descansaran sobre esa base que es la infraestructura económica, al mostrar a la economía como la que en última instancia determina a las demás, se está asignando a cada nivel un índice de eficacia respectivo. A partir de esta determinación en última instancia por la economía se pueden establecer los índices de eficacia de los niveles político-jurídico e ideológico. Si bien éstos se encuentran necesariamente determinados por la eficacia de la base, son determinantes a su manera: en tanto que determinados por la infraestructura. Esto significa dos cosas: que tienen una “autonomía relativa” respecto del nivel económico, y que ejercen una “acción de reflujo” sobre esa base que los determina.

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Sin embargo, esas relaciones de determinación entre las instancias no son relaciones de esencia/ fenómeno. Las determinaciones concretas de un período histórico (leyes, religión, costumbres, educación, etc.) no son en Marx la manifestación o “expresión” de una esencia interior (económica). El edificio que representa la sociedad en el pensamiento marxista es un todo complejo estructurado respecto de una instancia dominante. Se habla de un todo porque no hay independencia de los distintos niveles sino que todo se sostiene recíprocamente, pero es complejo porque entre las distintas prácticas o instancias se establecen relaciones jerárquicas diferentes; en otras palabras, porque cada una de ellas ocupa un lugar diferente en el sistema de determinación. De este modo, las diferencias son reales porque no se limitan a ser diferencias de ámbitos de actividad sino que son diferencias de eficacia: a la base y a la superestructura no le corresponden partes iguales en esto.

La división de la Estructura según Marx.

En el todo marxista, como estructura articulada de diferentes prácticas (económica, jurídico-política e ideológica), las prácticas o instancias superestructurales no son la expresión o el simple reflejo de lo que sucede en la base. No hay -excepto para las interpretaciones mecanicistas economicistas una práctica que sea el centro originario de las restantes. La afirmación de Marx de que la infraestructura económica determina en última instancia a los pisos de la superestructura, no significa que permita explicarlos de manera inmediata.

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Desde una perspectiva no mecanicista, que reconoce la primacía de las relaciones de producción sobre las fuerzas productivas, es decir, que pone en el centro la lucha de clases, la determinación en última instancia por la economía significa que son las relaciones sociales que se establecen en el seno de la producción (entre propietarios y no propietarios) las que determinan en última instancia la naturaleza de todas las estructuras de esa formación social: de su organización jurídica, política, de sus distintas formas de ideología, etc. En “El Capital” Marx explica que es la relación inmediata de los propietarios de las condiciones de producción con los productores directos la que permite entender la forma política de la soberanía, la relación de dependencia, o sea, la forma específica del Estado en una construcción social. La lucha de clases fundamento filosófico de Marx y sus seguidores, donde se sostenía que los proletarios unidos serían capaces de vencer a los capitalistas. La categoría de última instancia es fundamental en la fórmula marxista de la determinación económica. Cuando, como hace Weber, se cuestiona el supuesto “monismo causal” del materialismo histórico y se defiende un esquema “plural” en el que no existe determinación de la sociedad por un elemento decisivo (económico, político o religioso), se desatiende la importancia de esta categoría. Dice Engels: “Según la concepción materialista de la historia, el factor determinante en la historia es, en última instancia, la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos dicho más que esto. Si luego alguien tortura esta proposición para hacerle decir que el factor económico es el único determinante, entonces la transforma en una frase vacía, abstracta y absurda”22. Es decir, la crítica weberiana no llega a combatir las premisas más fuertes del materialismo histórico sino que se enfrenta a un adversario débil: el mecanicismo economicista del marxismo vulgar. Es cierto que Marx, como Durkheim, hablan de determinación, pero para él esta relación de determinación es compleja. Si para Durkheim el suicidio depende siempre de un mismo factor (el grado de 22

ENGELS, Federico. “Carta a Bloch”. Citado por ALTHUSSER, Louis en “Posiciones”. Barcelona. 1977. Editorial Anagrama. Pág. 139.

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integración y regulación de las corrientes sociales), para Marx es necesario hacer análisis particulares para entender coyunturas determinadas. Por ejemplo, las transformaciones en el modo de producción implicadas en el paso del feudalismo al capitalismo, no provocaron los mismos cambios políticos en Francia que en Inglaterra (mientras que en ésta la burguesía hace una alianza con la nobleza y sigue existiendo una monarquía, en aquella la burguesía asume el control del Estado con un régimen republicano). Pero volvamos a la idea de la determinación en última instancia por las relaciones de producción. La figura de la última instancia, a partir de la cual el materialismo histórico piensa el mecanismo de la determinación, proviene del derecho; es una imagen jurídica y significa que hay otras instancias anteriores y que aquella es precisamente la última. Por ejemplo, si un conflicto judicial no se resuelve en las instancias correspondientes se apela a la última instancia: la Corte Suprema, pero no siempre es necesaria la intervención de ésta. En el todo social marxista, esas otras instancias son los niveles de la superestructura jurídico-política e ideológica. Esto quiere decir que las formas políticas y jurídicas de la lucha de clases, la práctica ideológica en sus modos teórico, religioso, filosófico, político, estético, etc., tienen una incidencia importante en las luchas históricas y muchas veces hasta determinan su forma “de manera preponderante”. La afirmación materialista de la determinación en última instancia por la economía tiene -explica Althusser- un doble sentido: significa descolocarse en primer lugar respecto de todas las filosofías idealistas de la historia, y en segundo lugar respecto de la interpretación mecanicista del determinismo. Esta interpretación olvida que la infraestructura económica no es la única instancia dentro del todo diferenciado con eficacia sobre las demás. Olvida que las distintas prácticas si bien están determinadas por la práctica económica tienen una autonomía relativa respecto de ella, e incluso la sobredeterminan. Si las superestructuras no son el simple fenómeno de la esencia económica es porque existen realmente y determinan a su vez (sobredeterminan) esta base o infraestructura. La sobredeterminación, como una de las formas básicas de la causalidad estructural, puede definirse como el índice de eficacia de una estructura política o ideológica sobre la estructura económica que lo determina en última instancia.

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La sobredeterminación es “el ejemplo por excelencia” de la causalidad estructural. Por ejemplo, en el modo de producción capitalista las relaciones de producción capitalistas no pueden ser explicadas sin hacer alusión a las relaciones jurídicas formales que constituyen en sujetos de derecho al comprador y vendedor de la fuerza de trabajo (sujetos libres de intercambiar...). Es decir, las relaciones económicas no pueden ser pensadas haciendo abstracción de sus condiciones superestructurales. Decir esto es decir que toda la superestructura del todo social se encuentra de esta manera “implicada y presente” en las relaciones de producción (lo que no es otra cosa que la presencia de una estructura en otra estructura). Si se basa en estos principios, entonces, una explicación causal marxista, no es “economicista”, ni “monista” ni “unilateral” como a veces se pretende. La contradicción fundamental del MPC (capital-trabajo) es impensable separada de las instancias mismas que gobierna, porque es determinante pero a la vez determinada por esas otras instancias superestructurales de la formación social, “sobredeterminada en su principio”. Al hacer cualquier análisis concreto de una situación concreta resalta el hecho de que la contradicción capital-trabajo jamás es simple, jamás se presenta en su forma más pura de la abstracción; por el contrario, está siempre especificada (sobredeterminada) por las formas de la superestructura (formas del Estado, de la ideología dominante, de los movimientos políticos, de la religión, etc.) y por la situación histórica tanto interna como externa. El concepto de “contradicción sobredeterminada” o de “sobredeterminación” no es asimilado por el marxismo más burdo (verdadero blanco de los argumentos de Weber), que se pregunta ¿a qué queda reducido entonces -con la introducción de este concepto- el papel determinante de la economía proclamado por el marxismo? La naturaleza de las relaciones de producción es determinante en última instancia, además, porque fija el grado de eficacia delegado a cada uno de los niveles. Althusser y Balibar hacen referencia a textos de Marx en los que se encontraría lo que denominan una “teoría no dicha del desplazamiento de la dominancia”. En la estructura jerárquica de cada modo de producción hay una instancia a la que le corresponde el rol “dominante”. Marx decía que en la Edad Media lo que dominaba el desarrollo de la vida social no era el 44

 

 

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modo de producción de la vida material sino la religión (el catolicismo). Lo mismo para Roma y Atenas, donde reinaba la política. Pero ¿por qué en última instancia la economía es determinante? Porque, como dice Marx, las condiciones económicas de entonces son las que explican por qué la religión (ideología) en el modo de producción feudal, y la política en el modo de producción esclavista desempeñan el papel principal. ¿Cómo es que las relaciones de producción (de propiedad y de posesión) son las que fijan el índice de eficacia de las estructuras política e ideológica en cada modo de producción? Las relaciones que conforman la estructura de toda producción son de dos tipos: relaciones de propiedad (propiedad económica del objeto y medios de trabajo) y relaciones de posesión o de apropiación real (control intelectual del proceso de trabajo, capacidad de poner en acción los instrumentos de producción). En el modo de producción feudal, los siervos no siempre eran “propietarios” pero en cambio sí “poseedores” de los medios, en tanto que controlaban el proceso. En cambio, en el modo de producción capitalista el obrero está “separado” de los medios tanto en la “propiedad” como en la “apropiación real”, es decir que, a diferencia del siervo, ya no “conoce” el conjunto del proceso, ha perdido su habilidad de oficio y es incapaz de llevar a cabo por sí solo el procedimiento. Sucede que en el modo feudal -así como en todas las formas en que el trabajador sigue siendo “poseedor”- se precisan razones extraeconómicas para obligar al trabajador a efectuar el trabajo para el propietario. En otras palabras, para que sea posible la extracción del plustrabajo es necesario que existan mecanismos muy fuertes de dominación ideológica o política que aten al siervo al señor feudal. Esto explica que la religión ocupe en la Edad Media el lugar principal. Pero como vemos, es el modo específico de combinación de los elementos en la estructura de la producción, o sea las formas que asumen las relaciones de producción (de propiedad y de posesión), las que determinan en última instancia que el nivel ideológico de la superestructura sea dominante en este modo de producción.

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KARL MARX (Tréveris 1818 – Londres 1883)

En el capitalismo, donde el trabajador directo es incapaz de organizar la producción en su totalidad (separación entre trabajo intelectual y trabajo manual), se necesita menos de la intervención de las instancias superestructurales (del Estado) en el espacio económico. Para ilustrar esto podríamos decir que ni la Iglesia como: Aparato Ideológico del Estado, ni el Ejército como Aparato represivo son necesarios como presencia permanente “en la puerta” de las fábricas para mantener la explotación capitalista. En otras palabras, lo que se quiere decir es que es la forma específica en que se combinan los distintos elementos de la estructura de la producción (trabajador inmediato, objeto e instrumentos de producción y propietario) lo que define los distintos modos de producción: determina la estructura económica y al mismo tiempo la estructura política, la forma específica del Estado, etc. Resumiendo, y para terminar, se dirá que el todo social marxista como “todo complejo estructurado a-dominante” supone una jerarquía de instancias o niveles con diferentes posiciones y grados de eficacia, determinados éstos en última instancia por la estructura económica. El modo de producción es la unidad compleja formada por estas instancias, entre las cuales se establece una determinada causalidad estructural. El materialismo histórico o ciencia de la historia es la teoría de esta articulación; es la teoría de la unidad sobredeterminada de las instancias infra y superestructurales y de las posiciones que ocupan. 46

 

 

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Finalmente, contra lo que nos ofrecen Durkheim y Weber, no hay en el marxismo un mecanismo técnico o fórmula operativa para verificar la validez de las explicaciones causales propuestas. Si Durkheim presenta el método de las “variaciones concomitantes” y Weber el de la “imputación causal”, con los juicios de posibilidad objetiva como herramienta, la teoría y método marxistas carecen de una “garantía” semejante. La verificación es “interna” a la teoría. Conclusiones: Las diferentes formas de explicación de la sociedad en Durkheim, Weber y Marx remiten –según nuestro análisis- a las diferencias profundas que mantienen estos autores en cuanto al camino o método de conocimiento. En otras palabras, la forma en que se concibe la relación entre la realidad (o el objeto real) y el objeto del conocimiento en cada uno de ellos, o también, qué se considera como punto de partida del proceso de conocimiento, constituyen la problemática más general en que se inserta la forma de causalidad o determinación de los fenómenos sociales. Como afirma Spencer, Durkheim, Weber y Marx representan en la sociología tres posiciones “epistemológicas” diferentes: respectivamente, la posición empirista, la construcción empírica de la sociología y la no empirista (conocimiento como producción). La sociología de Durkheim representa la posición empirista en la medida en que encuentra su objeto en los datos empíricamente observables. El objeto distintivo de la sociología son para Durkheim los hechos sociales, que, para el tratamiento científico, tienen el carácter de “cosas” (externas, coactivas, etc.); y la explicación sociológica consiste en relacionar hechos, según el modelo tradicional de causa/ efecto (causalidad mecánica transitiva). La sociedad parece ser una evidencia a la cual sólo hay que pulirla de algunas nociones falsas o pre -científicas. Lo único que puede hacer el sociólogo es aceptar los hechos ya dados, luego ordenarlos, clasificarlos y compararlos. La limitación de esta posición que supone al observador enfrentado a lo “real”, está en que siempre emergen las propias relaciones ideológicas como objeto de la ciencia. Esta impregnación provoca la ideologización consecuente del discurso al tomar como relaciones reales a las relaciones ideológicas.

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Weber se distingue claramente de Durkheim en la medida en que el objeto esencial no son los hechos observables y dados sino los fenómenos típicos. Las construcciones de la ciencia no son procesos que realmente se dan, no son idénticos a la realidad sino que son conceptos típico-ideales. A esto se le podría denominar como construcción empírica del objeto, ya que una identidad típica o tipo ideal se construye en base a la observación de ciertos hechos y a la reducción de muchos de sus caracteres a los más regulares y frecuentes. A través del mecanismo de comparación de fenómenos entre sí y de reducción a las características salientes, se construye lo que Weber ha denominado “tipo ideal”. Este tipo va a ser luego contrastado con la realidad empírica a fin de determinar su mayor o menor acercamiento. Esta mediación del tipo ideal es lo que lo distingue a Weber del empirismo radical. Sin embargo, su propia forma de construcción lo acerca a las posiciones empiristas en la medida que se parte de la idea que la realidad empírica, los datos empíricos, son directamente observables a fin de compararlos y reducirlos. Más allá de la mediación del tipo ideal, el objeto último del análisis weberiano es, sin lugar a dudas, el objeto real del cual se podría decir que el tipo ideal es su modelo o copia teórica. Se vuelve a encontrar aquí la identificación del objeto real y del objeto de conocimiento, puesto que este último es el reflejo especular del primero. En otras palabras, la construcción de “tipos ideales” no invalida el objetivo “empírico” de base. La prueba es que guarda relación con el criterio de “verificación empírica”, lo que marca una dependencia con un concepto de experiencia desnuda y con una concepción de los hechos como esencialmente “evidentes”, sólo cubiertos por sus formas concretas de manifestarse y por los valores del investigador. Por último, la teoría de Marx, es una teoría no empirista, en tanto tiene como materia prima (punto de partida) una realidad no empírica sino teórica. “El Capital” no es el resultado de una observación cuidadosa de las fábricas de la Inglaterra del siglo XIX, sino que es básicamente el producto de la crítica y de la lectura sintomática de una ideología teórica precisa: la economía política clásica. Su objeto es el concepto de modo de producción capitalista, un concepto abstracto, un objeto teórico “inexistente”. No tiene una construcción empírica sino una construcción teórica a través de Hegel y de Ricardo y del socialismo 48

 

 

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utópico francés. Según las palabras del propio Marx en la Introducción del 57, su punto de partida es una materia prima ya elaborada: “intuiciones” y “representaciones”. Esto significa que el trabajo teórico no se aplica sin más a la “realidad”, a la “materia”, sino a una “figura” de ésta, o mejor, a una representación. Ahora bien, tales figuras o representaciones surgen en un espacio atravesado por relaciones de producción y de clase y por la división entre campo manual e intelectual. En definitiva, la materia prima del conocimiento científico es una representación articulada a determinadas relaciones de producción y a determinada configuración del campo intelectual. Es, por tanto, representación ideológica. Como la ideología refleja lo que la estructura permite ver, la abstracción teórica como método construye el sistema a través del cual se pueden ver los hechos que la ideología impide ver. Así, por ejemplo, Ricardo “ve” la renta, el beneficio y el salario. Esa es la realidad “empírica”. Está a la vista y Ricardo sistematiza, generaliza. Marx lee este texto buscando el soporte más simple, más abstracto que dé cuenta de esta realidad “empírica”, y lo encuentra en el concepto de “plusvalía”. La renta, la ganancia, el salario, el interés son las formas concretas de realización de la plusvalía. El concepto “teórico” de plusvalía (que no se “ve”) es la “generalización” que explica la renta, el interés, la ganancia, el salario. En este sentido es que puede decirse que las ideas generales sostienen a las ideas fenoménicas o particulares, las explican: lo abstracto explica lo concreto (que sólo es concreto porque es “síntesis de múltiples determinaciones”). Bien, la teoría marxista se diferencia de las construcciones de Weber y Durkheim porque marca una diferencia entre realidad y conocimiento de la realidad. Y es una diferencia no empirista en la medida en que ambos órdenes (el orden de lo real y el orden del conocimiento), guardan entre sí una relativa independencia y si bien el orden del conocimiento está determinado por el orden de lo real, entre ambos se establece un paralelismo pero jamás una interposición. Si bien se ha insistido en que el concepto de modo de producción es el objeto del materialismo histórico, es necesario entender que este concepto, inexistente en el orden real en su pureza, está realizado en 49

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las formaciones sociales concretas que son el resultado de una combinación compleja de modos. Por lo tanto, el objeto o mejor dicho el fin último, lo que se intente explicar en última instancia, son las formaciones sociales concretas e históricas en donde se realizan estos conceptos teóricos abstractos. Una formación social concreta no es otra cosa que la Inglaterra del siglo XIX o la Argentina del siglo XX. Pero estos “concretos” -como recuerda Marx en la Introducción no son nunca el punto de partida sino el resultado del análisis, en tanto son síntesis de múltiples determinaciones abstractas” 23. Los hechos sociales concretos, las instituciones efectivas, etc., son el resultado de la doble articulación del concepto de modos de producción y el de formaciones sociales concretas y en el materialismo histórico ocupan su lugar en el análisis concreto de una situación concreta, o análisis de coyuntura o del “momento actual”. En esta teoría el conocimiento de estos hechos (entre otros el comportamiento del individuo) está al final del camino y es un producto teórico, no empírico. Por último, hay que decir que, desde esta lectura de Marx, es imposible la utilización del concepto de “verificación empírica” o “por la práctica” puesto que la práctica o empírica sólo verifica a la ideología que es la sustancia común de los hechos sociales. La idea de que las generalidades puedan ser confrontadas con particularidades (la realidad única y no generalizada) a fin de verificar su grado de verdad, es una ilusión. Y esto es porque uno nunca se encuentra con particularidades sino siempre ya con productos lingüísticos, culturales o sociales, o sea, con generalidades. El contraste de estas generalidades “reales” frente a las teóricas se realiza, entonces, no para verificar estas últimas sino para garantizarlas, en la misma forma que un contrato jurídico se garantiza con otra firma adicional. Sin embargo, puede decirse que el mecanismo de verificación de los conceptos del discurso científico existe. No es una verificación “por la práctica” sino una verificación interna al proceso de conocimiento y que consiste (al igual que en las Matemáticas, por ejemplo) en desarrollar los conceptos más concretos o particulares (los conocimientos concretos) en relaciones sistemáticas con los conceptos más abstractos de la teoría. No es otra cosa la relación del concepto de “imperialismo” con el concepto de plusvalía, valor y modo de 23

ENGELS, Federico. “Carta a Bloch”. Citado por ALTHUSSER, Louis en “Posiciones”. Barcelona. 1977. Editorial Anagrama. Pág. 139.

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producción en el cuerpo teórico del marxismo. En síntesis, conocer -en esta perspectiva- consiste fundamentalmente en reubicar los datos empíricos dentro del dispositivo teórico abstracto reordenándolos y por lo tanto resignificándolos para que su función consista en conocer y no en reproducir, para que su efecto sea de conocimiento y no de garantía. I Celia Duek y Graciela Inda, aportado por la revista trabajo y sociedad, indagaciones sobre el empleo, la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas. Cfr. http: //www. Geocites.com/ trabajo y sociedad

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a políticas en sociedades segElLame CAPÍTULO III

EL ACTO Y EL HECHO SOCIAL EN EL SISTEMA SOCIAL

Es fundamental entender primero que es un acto, un hecho y luego el sistema social que se encuentra regido por una determinada estructura social. Hay que entender para esto la diferencia el acto social y el hecho social.

La interrelación e interdependencia entre acto y hecho social

El acto social es un hecho singular que cada hombre produce en relación a su entorno a través de interacciones de manera individual o grupal. En cambio el hecho social es mucho más complejo, pues estas interacciones se producen a nivel macro es decir que su influencia se hace sentir a nivel de toda la sociedad, de la institución y a través de los grupos de influencia o entre los personas representativas de un determinado grupo social, pero esta influencia siempre se hace sentir a través de las pautas, las instituciones y la propia cultura.

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La acción social tiene un elemento simple que es la pauta de comportamiento y otras formas más complejas, como las instituciones. Las pautas son la forma social síntesis o simbólica por que es entendida como convención o conjunto de normas o reglas que rigen el comportamiento de las personas en sociedad. Como indica el profesor Pablo Antonio Carreño Gomariz, en el caso de las instituciones, responden “a características analíticas de situaciones de mayor contenido”, pues es un conjunto organizado de pautas, normas e instituciones que expresan valores y procedimientos comunes y repetitivos destinados a satisfacer una necesidad fundamental de una sociedad. Mientras que “la cultura distintiva de una organización humana es el conjunto de instituciones y pautas que definen la forma de vida de una sociedad concreta y el modo como se manifiestan sus valores, al mismo tiempo que la forma de vivirlos”. La cultura esta dada por aquellas manifestaciones artísticas, religiosas, el folclore, tradiciones sociales, prácticas morales, etc. Todos estos elementos nos hablan del concepto de cultura de forma intangible, pero hay manifestaciones culturales cuya presentación es tangible y que son propias de cada pueblo, como por ejemplo la cerámica, la pintura, la escultura, etc. La estructura social es el todo orgánico compuesto por la unión de sus partes o instituciones sociales. Es por lo tanto la configuración total de las instituciones y sus jerarquías en acción social recíproca y que actúan entre sí, en forma directa o en nombre de las instituciones que constituyen parte de un todo orgánico. Los valores dentro de una estructura social tienen cierta movilidad que propician el cambio y la transformación social, siendo los grupos de presión y sus líderes los que actúan como agentes visibles del cambio social, pero sin resquebrajar los cimientos de la estructura o tejido social. Todo sistema social admite un margen mayor o menor movilidad y el sistema social es la organización de cada parte de la estructura social jerárquicamente constituida por todos los

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estamentos de la sociedad, pues no se puede dejar del todo el status quo reinante y las estructuras que rigen la vida social. Cada acto y hecho social se dan en el seno de una estructura y sistema social. Como lo señala el profesor Pablo García Ruiz, en su obra el laberinto social cada acto y hecho social tienen una perspectiva peculiar, para lo cual reproducimos parte del contenido de este capítulo de su texto para una mejor comprensión del tema. UNA PERSPECTIVA PECULIAR Una tarde de primavera de 1989, una mujer de veintiocho años salió a correr por Central Park, en Nueva York, después de su jornada de trabajo en el distrito financiero de la ciudad. Al pasar junto a un grupo de árboles, el silencio se convirtió en el estruendo de unos veinte adolescentes que, gritando, comenzaron a perseguirla. Aterrorizada, la mujer tropezó y cayó al suelo. Procuró defenderse mientras sus agresores le golpeaban con una cañería y le apuñalaban con un cuchillo. Vencida y seriamente herida, sus agresores la dejaron por muerta y allí quedó abandonada hasta que fue encontrada tres horas más tarde. Habiendo perdido mucha sangre, fue ingresada en el hospital en estado de coma. Después de varios meses de cuidados intensivos y una larga rehabilitación, logró recobrarse. Mucha gente en Estados Unidos reaccionó ante la noticia de este incidente con escepticismo. En parte por la brutalidad del ataque, en parte porque los asaltantes eran tan jóvenes - de catorce a dieciséis años-. Pero, para mayor sorpresa, los asaltantes declararon que cometieron el crimen sólo buscando conseguir un rato de diversión, lo que ellos llamaban una “noche salvaje”. Este terrible suceso llevó a mucha gente a afrontar una pregunta básica: ¿por qué la gente hace las cosas que hace? (Macionis 1993,1). Hay, por supuesto, muchas maneras de explicar los acontecimientos humanos. La perspectiva o punto de vista que la gente adopta determina qué hechos se consideran más importantes y cómo esos hechos se relacionan entre sí. Los policías que se ocuparon del caso de la “noche salvaje” adoptaron una perspectiva: procuraron aclarar exactamente los hechos ocurridos e identificar y detener a los individuos implicados. Este punto de vista trata de referir exactamente un acontecimiento que exige ser juzgado de acuerdo con la ley, e identificar a los individuos responsables que merecen condena por ello.

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Un psiquiatra ofrecería a otra perspectiva desde la que juzgar a conducta de los adolescentes. Desde el punto de vista del psiquiatra, el factor importante es la condición mental de una gente que es capaz de actuar con tan abominable violencia. En este caso, el psiquiatra definiría otra serie de hechos como especialmente relevantes para interpretar el crimen y prescribiría una acción basada en principios médicos apropiados. Un sociólogo tiene otra perspectiva desde la que explicar y juzgar los hechos. Un sociólogo, para intentar comprender el suceso descrito, haría notar que los asaltantes eran varones, adolescentes y que eran miembros de una minoría económicamente desfavorecida. El sociólogo no niega la pertinencia de los puntos de vista de la policía y de la psiquiatría. Simplemente, busca otra perspectiva que ayude a comprender mejor el porqué de determinadas conductas mejor el porqué de determinadas conductas en nuestra sociedad. Policía y psiquiatras comparten la presuposición de que cada crimen y cada persona es única. Por el contrario, el sociólogo trata de mirar más allá de cualquier hecho o persona particular, para intentar comprender cómo y por qué una categoría de personas se comporta de una manera diferente a las demás. Sucesos como el descrito aparecen quizá con demasiada frecuencia en los diarios. Con todo su dramatismo, señalan un hecho cierto: la conducta individual depende en cierta medida de factores sociales y no sólo de la voluntad individual libre. De una manera menos espeluznante, todos advertimos de un modo u otro esta realidad. La mentalidad dominante de nuestra cultura occidental tiende a subrayar la importancia de al voluntad del individuo como motor de la propia existencia. El discurso ético y político toma como punto de partida la decisión individual: son los votantes los que me han otorgado su confianza y ellos serán los que me la retirarán; es cada uno el que decide su compromiso con los valores que juzga estimables, etc. Incluso el lenguaje publicitario se dirige a la libre elección individual como objeto de sus afanes. Sin embrago, una mirada atenta a al conducta ordinaria de la gente descubre muchas formas de actuar que resultarían inexplicadas desde la mera consideración de la voluntad del individuo. ¿Por qué de repente a todo el mundo - siendo “todo el mundo” la gente de quince a dieciocho años - le ha dado por comprarse vaqueros verdes o por ir a esta o aquella zona de bares? ¿Es que cada uno ha reflexionado racionalmente sobre las ventajas de este o aquel color, o de este o aquel bar? Ciertamente las modas 56

 

 

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muestran a las calaras cómo mucha gente organiza su conducta de acuerdo con lo que hacen los demás. Este “lo que hacen los demás” es lo que, con una expresión algo más técnica, podemos llamar factores sociales de la conducta personal. Evidentemente, la dimensión social de la conducta no se termina en la cuestión de la moda, ni siempre es tan explícita y cambiante. Las costumbres tan diferentes entre unas culturas y otras en temas ordinarios de la vida dan una idea más sobre la dimensión social de la conducta. El que los japoneses saluden al vecino con una inclinación de cabeza mientras los europeos estrechemos la mano, muestra cómo el saludo no tiene una única forma de expresión, ni está en la mano de cada uno elegir la mejor forma de dar la bienvenida al recién llegado. No es que siempre y todos debamos hacer lo mismo, pero uno tiene que ser cuidadoso, no sea que, por original, consiga descontentar al visitante. Para evitar confusiones hay que atenerse a conductas más o menos aceptadas, convencionales, que los demás puedan comprender. También en esto los demás son importantes en el modo en que organizamos nuestra conducta. La cuestión de la influencia social sobre el comportamiento se hace algo más inquietante cuando notamos que esa influencia muchas veces es inconsistente. La mayoría de nuestras acciones no van precedidas de un largo proceso de reflexión ni de una deliberación racional. O, al menos, no reflexionamos sobre todos los aspectos del asunto que tenemos adelante. Es más, damos muchas cosas por supuestas esas que, si alguien nos preguntara, le miraríamos con cara rara y le espetaríamos algo parecido a “que no te enteras... !“ o “tú... ¿en qué mundo vives?”. Esta última respuesta tiene más enjundia de lo que parece. En realidad, nadie vive una vida individual. Todos vivimos en un mundo del cual formamos parte y fuera del cual nuestra existencia se complicaría muchísimo. Ese “mundo” que vivimos incluye “lo que todo el mundo sabe”, “lo que todo el mundo hace”, “lo normal”, la “gente” (o sea, la gente que conocemos). Ese “mundo” puede ser más o menos simple o complejo, reducido o amplio, favorable u hostil. Pero lo que está claro es que nuestra vida se desarrolla en un “mundo” al que pertenecemos y al que sólo en cierta medida podemos controlar. Es más, es él el que la mayoría de las veces explica por qué hacemos lo que hacemos. Este “mundo” es la dimensión social de nuestra vida. Interesarse por “lo social” es lo propio de la sociología. Más allá de cualquier hecho o persona particular, la sociología busca comprender cómo y por qué una categoría de personas se comporta de diferente 57

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manera que las otras. Esta es su convicción fundamental: la conducta de las personas está condicionada por el mundo, por el medio social en el que viven. Sin aclarar las relaciones entre individuo y contexto social es imposible comprender la realidad humana. Es casi señalar una evidencia decir que los diferentes contextos sociales e históricos explican diferentes hechos sociales. El sentimiento nacionalista, por ejemplo, está difundido por muchas regiones y países. Sin embargo, las consecuencias prácticas de ese sentimiento son muy distintas en la configuración política de los pueblos. Tan nacionalistas son los cantones suizos como los intentos separatistas de las repúblicas ex-soviéticas. En Suiza hoy se vive en paz mientras que en muchas zonas del Este de Europa no se puede decir, desgraciadamente, lo mismo. Y donde no hay conflicto abierto, por lo general hay una atmósfera de situación difícilmente sostenible. ¿Por qué el sentimiento nacionalista da lugar a conductas tan distintas en sitios distintos? Hay montones de razones de tipo histórico, político, cultural, etc. que se explican con más o menos rigor desde los periódicos y desde los estudios académicos Sin duda, uno y otro contexto social son muy distintos porque la génesis y la situación actual de ambos mundos son muy diferentes. También la mentalidad de la gente es muy distinta. Pero, ¿por qué ambos contextos, ambas mentalidades son tan distintas? ¿Cómo han llegado a configurarse medios sociales tan diferentes? ¿Cómo influye el pasado y el presente en las acciones y en las decisiones de la gente? ¿Cuáles han sido los factores decisivos en la configuración de esos medios sociales? Preguntas de este estilo son las que están al inicio de cualquier curiosidad sociológica. Tratan de aclararnos algún aspecto de la vida de la gente, muchas veces de nuestra vida misma. Es una tarea que tiene su interés pero cuya respuesta no es sencilla. Precisamente porque hay tantos factores que influyen, porque hay tantos asuntos que tener en cuenta, poner un poco de orden y poner una explicación aceptable resulta un empeño arduo cuando de lo que se trata no es tanto de explicar una situación concreta en un lugar concreto, sino de intentar responder en general a la pregunta que nos venimos planteando. ¿Cómo influye el medio social sobre la vida de la gente?. LA ARTICULACIÓN DEL MEDIO SOCIAL En cierto sentido, entender algo exige poner orden en ello. Hasta hora hemos hablado de modas, pandillas, historia, cultura, costumbres... Y son sólo algunos de los elementos que habría que tener en cuenta al tratar del “medio social”. Más adelante iremos intentarnos ponernos en su sitio. De momento, habrá que contentarse con un primer 58

 

 

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acercamiento a la complejidad del asunto. Se suele dividir el medio social en tres planos principales: el plano de las actitudes y de las vinculaciones sociales, el plano de las agrupaciones parciales, y el plano de la sociedad global. Los tres planos se distinguen fundamentalmente por las dimensiones de la situación que se considera. El plano de las actitudes y de las vinculaciones sociales se refiere a las situaciones de interacción entre personas. Corresponde al llamado nivel microsociológico. Son las situaciones de reducidas dimensiones, en las que hay pocas personas implicadas, en las que es posible el contacto directo, cara a cara entre la gente. En este caso, el medio social se confunde casi con el carácter de la situación, generado por la acción de los participantes directos. Esa acción puede ser puntual o indefinida en el tiempo. Por ejemplo: el que se incorpora a una conversación entre otros dos o tres. Antes de intervenir, el recién llegado advierte cual es el clima del diálogo: pueden estar hablando del fallecimiento de un amigo común y entonces el clima es de seriedad; pueden estar contando el último chiste de la calle y, entonces el clima es más distendido y guasón. En la primera situación uno se reservará probablemente para mejor ocasión la gracia que traía preparada; en la segunda, tardará poco en contarla. En este nivel, seriedad o guasa son palabras que describen una situación social, un medio social de tipo micro. También las vinculaciones personales configuran niveles micro. El propio comportamiento difiere habitualmente cuando el interlocutor es un amigo y cuando es la abuela. El tipo de situación habitual entre policía y delincuente es bien distinta de esa otra situación en la que uno coincide con los vecinos en el ascensor. En este caso, las actitudes vienen configuradas en gran medida, además de por el carácter de cada cual, por las mutuas vinculaciones entre los protagonistas. El plano de las agrupaciones parciales se refiere a situaciones de dimensiones intermedias. Las situaciones están configuradas ahora por el grupo en que se desarrolla la acción. Así, el clima de una reunión familiar, de una asamblea sindical, de un partido político o de un estadio de fútbol viene determinado por el tipo de grupo protagonista de Ia situación. Estamos ahora en el nivel mesosociológico. Evidentemente, todos estos contextos, todos estos “medios sociales” son distintos entre sí. Hay contextos más organizados y contextos más informales. Cada uno determina el comportamiento de la gente en su entorno: nadie formula una petición de la misma manera en el seno de su familia que en la empresa o en la asociación de vecinos. Cada ambiente exige una conducta apropiada. 59

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Es más, ni siquiera se nos ocurre que uno se pueda confundir en esto. Sencillamente, no te sale. Lo que te sale es comportare según el ambiente en el que te mueves, porque cada no de esos ambientes son parte de uno mismo, pues uno mismo es, a su vez, parte de esos ambientes. El plano macro-sociológico de las sociedades globales apunta a la cultura o civilización en la que la gente y los grupos sociales se sitúan. Cada cultura tiene sus formas propias y sólo desde ellas se pueden entender multitud de aspectos de la vida de las personas: desde las exigencias de la amistad a la gastronomía, pasando por la organización del trabajo y la propiedad, etc., la cultura explica por qué determinadas cosas se hacen así y no de otra manera. Pero no es sólo cuestión de acciones. También explica por qué la gente piensa así, siente así y habla así. Puestos a casarse, por ejemplo, la sucesión de cosas que hay que hacer para conseguirlo son bastantes distintas para un japonés que para un esquimal, aunque ambos estén haciendo fundamentalmente lo mismo. En este plano del medio social quizá es todavía más verdadero lo dicho para el piano anterior: formamos parte del medio, a la vez, y precisamente porque, el medio forma parte de nosotros. Más adelante atenderemos a la relación entre individuo y cultura e intentaremos explicar en qué sentido esa especie de juego de palabras puede resultar clasificador. Ahora toca sólo señalar lo obvio: cada cultura configura un medio social diferenciador con respecto a otras culturas. Y así entendemos por qué la situación social de las mujeres en Irán difiere tanto de la situación de las de París. La cultura, la civilización a la que uno pertenece configura muchos aspectos de la vida individual y colectiva. Hasta aquí he hecho en la influencia del medio social sobre el individuo y su comportamiento. El medio condiciona a las personas, tanto en el nivel de la interacción como en el del grupo y en el de la sociedad global. En estos encontramos buenas razones para explicar por qué ocurren este tipo de cosas y no por otras, por qué nosotros mismos obramos de una determinada manera y no de otra. Pero con esto, lógicamente no está dicho todo. La relación entre individuo y medio social no termina en el condicionamiento descrito. ¿Cómo surge el medio social? ¿Es inmutable? ¿Cabe cambiarlo? La experiencia nos dice que el medio social cambia y, a veces, incluso demasiado de prisa. No es sólo la volubilidad de las modas, es que asistimos a verdaderas revoluciones en los valores, en los códigos penales, en los regímenes políticos, en las ideologías dominantes. ¿Pueden las

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personas individuales influir sobre su propio medio social hasta transformarlo de esa manera?. En el caso del contexto interactivo, la cosa parece bastante clara. Una conversación cambia de tono con un hábil quiebro de uno de los dialogantes. El reo absuelto cambia su posición con la declaración del juez. El perdón convierte el miedo en confianza. La decisión individual cambia el contexto de la acción. En el plano de los grupos y organizaciones la influencia individual sobre el contexto parece más difícil. Sin embargo, las personas con suficiente poder pueden cambiar costumbres, pueden introducir leyes nuevas, proponen al conjunto línea de acción novedosas. Un sector de un partido político puede inducir sobre el estilo de organización del conjunto. La acción colectiva modifica con frecuencia las bases del grupo. En cuanto a una cultura o una civilización entera, parece que la acción de los individuos es irrelevante. ¿Cómo puede cambiar la persona o un grupo de personas costumbres tan arraigadas y duraderas? Y, sin embargo, hasta las culturas cambian. Los valores, las leyes, los usos, etc., cambian efectivamente, y el individuo de a pie algo tiene que ver con esos cambios. El medio social condicional a los individuos. Pero, en mayor o menor medida, la acción individual también ejerce su influencia sobre el medio social. Se establece así un círculo entre agentes y medio social. No es un círculo vicioso sino más bien una retroalimentación, una mutua influencia dialéctica.

La relación entre acto y hecho social

Una de las tareas que la sociología se propone a sí misma es precisamente dar cuenta de esta mutua interacción. Cómo se manifiesta esta mutua influencia, cuáles son sus consecuencias, cómo 61

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influye el medio social en la vida individual, cómo se organiza el contexto social y como se modifica, son preguntas generales cuya respuesta nos será muy útil para desentrañar ese complejo asunto de llegar a entender nuestra propia vida social. A lo largo del libro iremos tratando de los diversos aspectos de a cuestión. En primer lugar, hay que hacer un repaso histórico para ver como han entendido los sociólogos y qué respuestas han dado al problema de interacción entre individuo y medio social. Después entraremos en el estudio del medio social y de su articulación interna. Esto nos llevará a tratar de la cultura, de su origen, su permanencia y de su transmisión en el tiempo. Para ello hay que explicar como la cultura condiciona al individuo y cómo, al mismo tiempo, es modificada y configurada por las acción de los individuos. Con otras palabras, tendremos que explicar el proceso de socialización y, por otra, el proceso de institucionalización o también llamado proceso de construcción social de la realidad. Una idea adecuada de ambos procesos resulta imprescindible para introducir en el análisis de las instituciones y de los diversos ámbitos de la vida social. Pero antes, vayamos a nuestro repaso histórico.

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CAPÍTULO IV

LA SOCIOLOGÍA FUNCIONALISTA y ESTRUCTURALISTA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ¿Quién dice por qué canal a quién y con qué efecto? Con esta fórmula que lo ha hecho famoso y que aparentemente está desprovista de ambigüedad, Lasswell dota, en 1948, de un marco conceptual a la sociología funcionalista de los medios de comunicación que, hasta entonces, sólo incluía una serie de estudios de carácter monográfica. Traducido en sectores de investigación, da respectivamente: “análisis del control”, “análisis de contenido”, “análisis de los medios de comunicación o soportes”, “análisis de la audiencia” y “análisis de los efecto”. En la práctica se ha dado prioridad a dos puntos de este programa: el análisis de los efectos y, en estrecha correlación con éstos, el análisis del contenido que aporta al investigador elementos susceptibles de orientar su aproximación al público. Esta técnica de investigación aspira a la “descripción objetiva, sistemática y cuantitativa del contenido manifiesto de las comunicaciones” [Berelson, 1952]. La observación de los efectos de los medios de comunicación en los receptores, la evaluación constante, con fines prácticos, de los cambios que se operan en sus conocimientos, sus comportamientos, sus actitudes, sus emociones, sus opiniones y sus actos, están sometidas a la exigencia de resultados formulada por quienes las financian, preocupados por evaluar la eficacia de una campaña de información gubernamental, de una campaña de publicidad o de una operación de relaciones públicas de las empresas y, en el contexto de la entrada en guerra, de las acciones de pro da de los ejércitos. Esta tradición de investigaciones enfocada hacia los efectos no espera a la petición de peritación comercial de los años treinta para dar una fisonomía propia a la “investigación norteamericana” sobre los medios de comunicación. En realidad, la preocupación por los efectos había nacido con la petición de peritación social en los años que precedieron a la Primera Guerra Mundial, cuando, en un período de reformas sociales y para alimentar el debate público, comenzaron a desarrollarse investigaciones sobre la 63

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influencia de los medios de comunicación en los niños y los jóvenes. En 1930, instituyendo una larga tradición de estudios sobre la cuestión de los medios de comunicación y de la violencia, apareció sobre este tema el informe en doce volúmenes Fundación Payne, en el que psicólogos, sociólogos y educadores eminentes se interrogaron sobre los efectos del cine en el conocimiento de las culturas extranjeras, las actitudes en relación con la violencia y el comportamiento delictivo. Alejándose del postulado de Lasswell, estas investigaciones ilustradas por el informe de la fundación Payne ya pusieron en duda la teoría conductista del efecto directo de los mensajes sobre los receptores y prestaron atención a factores diferenciadores en la recepción de mensajes, tales como la edad, el sexo, el entorno social, las experiencias pasadas y la influencia de los padres [Wartella y Reeves, 1985] Según Lasswell, l proceso de comunicación cumple tres funciones principales en la sociedad: “a) la vigilancia del entorno, revelando todo lo que podría amenazar o afectar al sistema de valores de una comunidad o de las partes que la componen; b) la puesta en relación de los consumidores de la sociedad para producir una respuesta al entorno; c) la transmisión de la herencia social”. [Lasswell, 1948]. Dos sociólogos, Paul F. Lazarsfed (1901-1976) y Robert K. Merton (nacido en 1910), añaden a estas tres funciones una cuarta, el entertainment o entretenimiento y complican el esquema distinguiendo la posibilidad de disfunciones, así como de funciones latentes y manifiestas. Aplicando las codificaciones genéricas propuestas por Merton en su obra – alegato para una sociología de inspiración funcionalista, Social Theory and Social Structure (1949), los dos autores conciben las funciones como consecuencias que contribuyen a la adaptación o al ajuste de un sistema dado, y las disfunciones como las molestias. Lo mismo sucede con la “disfunción narcotizadora” de los medios de comunicación, que engendra la apatía política de grandes masas de población. Las funciones impiden que las disfunciones precipiten la crisis del sistema. Las funciones manifiestas son las comprendidas y queridas por los participan en el sistema, mientras que las latentes son las no comprendidas ni buscadas como tales. En este juego de funciones y disfunciones, el sistema social se comprende en términos de equilibrio y desequilibrio, de estabilidad e inestabilidad. Como observa el sociólogo Norbert 64

 

 

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Elías: “La noción de función descansa sobre un juicio de valor subyacente a las explicaciones de la noción y a su uso. El juicio de valor consiste en lo que involuntariamente se entiende por función: las actividades de una parte que serían “buenas” para el todo, porque contribuyen al mantenimiento y a la integridad de un sistema social existente…. Evidentemente, artículos de fe de tipo social se mezclan aquí con el análisis científico”. [Elías, 1970]. Esta visión, formalizada en la posguerra por Merton y Lazarsfeld, se sitúa en la línea de las gestiones funcionalistas que adoptaron desde el período de entreguerras biólogos como Ludwig von Bertalanffy, uno de los precursores de la teoría de los sistemas, y etnólogos británicos como A. R. Radeliffe-Brown y Bronislaw Malinowski, fuertemente influidos por Durkheim. De estos últimos toma Merton el postulado de la unidad funcional de la sociedad. UNA DISCREPANCIA TEÓRICA Merton y Lazarsfeld imparten su docencia en la Universidad de Columbia. Merton es ante todo un teórico del método sociológico y de la sociología de las ciencias, y sus incursiones en la sociología de los medios de comunicación son más escasas que las de su colega quien, aun teniendo también otros centros de interés, se ha dedicado considerablemente a este sector de las ciencias sociales. La historia del funcionalismo lo considera además uno de los cuatro “padres” de la Mass Communication Research, al mismo nivel que Lasswell y los psicólogos Kart Lewin y Carl Hovland. Lazarsfed fundó en 1941 el Bureau of Applied Social Research de la Universidad de Columbia. A este psicólogo austriaco, que había emigrado a los Estados Unidos en 1935, cercano al Círculo de Viena y formado en la investigación experimental, se confió desde 1938 la responsabilidad del Princeton Radio Project. Financiado por el psicólogo y director de la investigación de la red radiofónica CBS, Frank Stanton (que, en la era de la televisión, se convierte en su director general), y efectuado con su colaboración, este proyecto de investigación administrativa inauguró una línea de estudios cuantitativos sobre las audiencias. La colaboración entre los dos hombres da sobre todo lugar a la puesta a punto del “analizador de programas” (program analyzer) o “máquina de los perfiles” (profile machine), encargado de registrar las reacciones del oyente en términos de gusto, disgusto o indiferencia.

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Este expresa su satisfacción pulsando el botón verde que tiene en su mano derecha y su descontento por medio del rojo que tiene en la izquierda. El hecho de no pulsar los botones equivale a la indiferencia. Los botones están conectados a un polígrafo en el que unas agujas trazan los altibajos de la reacción del oyente en un cilindro de papel que va girando. Bautizado como “analizador Lazarsfeld-Stanton”, el procedimiento, creado para la radio, es rápidamente utilizado por los especialistas en el análisis de las reacciones del público de cine. El proyecto de metodología empírica de Lazarsfeld, dominado por las encuestas repetidas en un mismo grupo de personas (paneles) sobre los efectos de los medios de comunicación, indica una voluntad de formalización matemática de los hechos sociales, y contrasta con sus estudios anteriores realizados en Austria, cuando se acercaba a los ideales socialistas. En efecto, al principio de los años treinta había realizado una encuesta sociológica sobre l paro en el pueblo austriaco de Marienthal. Había recurrido entonces a las historias vividas, a la observación participante [Lazarsfeld, Jahoda y Zeisel, 1933]. En su exilio norteamericano, Lazarsfeld se distancia de la tradición de compromiso social que la mayoría de los pensadores de la escuela de Chicago encarnan en dos años treinta. Lo que cuestiona es la concepción misma que tenían de los medios de comunicación los pensadores influidos por la filosofía del pragmatismo, como Cooley y Park, que veían estos aparatos modernos como instrumentos para sacar a la sociedad de la crisis y conducirla hacia una vida más democrática. En Lazarsfeld no queda la menor huella de ese profetismo, sólo una actitud de “administrador”, preocupado por poner a punto instrumentos de evaluación útiles, operativos, para los gestores de los medios de comunicación que estima neutrales. Contra la “investigación crítica”, reivindica la “investigación administrativa” [Lazarsfeld, 1941]. Se perfila la idea de que una ciencia de la sociedad no puede tener como objetivo la construcción de una sociedad mejor, ya que el sistema de la democracia realmente existente, representado por los Estados Unidos, ya no necesita perfeccionarse. En la posguerra y bajo el maccarthysmo, pensar en perfeccionar el sistema o querer inventar otro resultaba sospechoso de tentación totalitaria. Esta toma de posición lo conduce a abstraer los procesos de comunicación de los modos de organización del poder económico y político. 66

 

 

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La evolución de Lazarsfeld traduce un movimiento de fondo en las ciencias sociales en los Estados Unidos. A partir de 1935, el cuestionamiento de otros polos universitarios y otras orientaciones teóricas; básicamente Harvard, que cuenta como figura emblemática como Talcote Parsons (1902-1979), autor The Structure of Social Action (1937), primer intento de creación de una ciencia social unificada sobre la base del funcionalismo y Columbia, con Merton y Lazarsfeld. Ambos polos forman un eje alrededor del cual se construye una nueva concepción profesional del oficio de sociólogo; pero en el proyecto de construcción del funcionalismo, no comparten necesariamente los mismos supuestos sobre la función de la investigación empírica. Aunque Parsons tiene en común con los dos investigadores de Columbia la idea de una ciencia social “neutral” (a saber, no partidista, no comprometida con el Estado – providencia) que es la ciencia democrática en esencia, a diferencia de Lazarsfeld y su equipo, que viven de contratos de financiación privados y públicos, el sociólogo de Harvard permanece deliberadamente al margen de alianzas con el poder económico y sus lógicas de mercado y, de forma más general, con la peritación. Esta diferencia tiene incidencias en la forma de considerar la teoría. A lo largo de su carrera, Parsons y su sociología de la acción reivindican una ciencia social estructural – funcionalista capaz, a juicio del sociólogo Francois Bourricaud, que la introdujo en Francia, de “superar las limitaciones propias de las ciencias sociales particulares y de captar los fenómenos sociales en la totalidad de sus relaciones recíprocas, una totalidad que ya no ha de presentarse como una suma de aspectos más o menos distintos, sino como un sistema de vínculos que definen la estructura de la interacción social” [Bourricaud, 1955]. La riqueza transdisciplinaria del pensamiento parsoniano contrasta con la posición de un Merton preocupado por preservar la prioridad de un programa de investigación operativa. Este último propone acumular una serie de “teorías de alcance medio”, teorías intermedias entre las hipótesis menores que surgen profusamente cada día con el trabajo cotidiano de la investigación y las vastas especulaciones que parten de un esquema maestro conceptual del que se espera deducir un gran número de regularidades del comportamiento social accesibles al observador”. [Merton, 1949]. EL “DOBLE FLUJO DE COMUNICACIÓN” En los años cuarenta y cincuenta, la historia de la sociología funcionalista de los medios de comunicación sitúa como una 67

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innovación el descubrimiento de un elemento intermediario entre el punto inicial y el punto final del proceso de comunicación. Cuestiona el principio mecanicista lasswelliano del efecto directo e indiferenciado y, de rechazo, el argumento tautológico del “efecto masificador” de la “sociedad de masas”. Dos importantes de investigaciones señalan la aparición de esta nueva teoría de los intermediarios. El primer estudio, The People’s Choice, se publica en 1944, Lazarsfeld y sus colegas, Bernard Berelson y Hazle Gauder pretenden medir la influencia de los medios de comunicación en 600 electores de Eric County en Ohio con ocasión de la campaña presidencial de 1940. El segundo, Personal Influence: The Part Played by People in the Flor of Mass communication, por Lazarsfeld y Elihu Katz, se publica en 1955, pero utiliza encuestas efectuadas diez años antes. Se trata del comportamiento de los consumidores de la moda y el ocio, en especial en la elección de películas. Estudiando los procesos de decisión individuales de una población femenina de 800 personas en una ciudad de 60,000 habitantes, Decatur, en Illinois, descubren un nuevo (como en el estudio anterior) la importancia del “grupo primario”. Esto les hace comprender el flujo de comunicación como un proceso en dos etapas en el que la función de los “líderes de opinión” resulta decisiva. Es la teoría del two-step flor. En el primer escalón están las personas relativamente bien informadas por estar directamente expuestas a los medios de comunicación; en el segundo, las que frecuentan menos los medios de comunicación y que dependen de las otras para obtener la información. En el terreno electoral, Lazarsfeld recurrió a la técnica del panel para estudiar los estadios sucesivos de la decisión “en proceso de formación”. Este método y su presupuesto eran extensibles al proceso de adopción y de difusión de toda “innovación”, ya sea la adopción de una máquina o un fertilizante por parte de los agricultores, un bien de consumo, una práctica sanitaria o una tecnología. Está forma de ver orientó la investigación hacia el establecimiento de estos escalones, de estos steps sucesivos, por los que debía pasar cualquier adopción de un nuevo producto o de un nuevo comportamiento. Aparecieron modelos que codificaban los escalones (conciencia, interés, evaluación, prueba, adopción o rechazo) que sirvieron de marco para determinar los medios de comunicación de masas o interpersonales, más aptos para producir la adopción de la innovación. 68

 

 

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Estas preocupaciones convergían y se intercambiaban estos modelos con los que los especialistas en marketing proponían, como el modelo AIDA (captar la Atención, suscitar el interés, estimular el Deseo, pasar a la Acción, o a la Compra). El intercambio entre la institución universitaria y la investigación privada es, por otra parte, permanente. El Bureau of Applied Social Research efectúa numerosos estudios que tratan sobre productos tan distintos como los cosméticos, el dentífrico y el jabón, el café instantáneo o la indumentaria masculina. Estudiantes formados por Lazarsfeld se convierten en los “gurús de la industria publicitaria”. Como Ernst Dichter, originario de Viena y considerado el padre de la “investigación de motivación”, o también la psicóloga Herta Herzog quien, contratada por una gran agencia neoyorquina, se convierte en una figura capital de la investigación motivacional del consumidor. Lazarsfeld, finalmente, no duda en discutir públicamente con sus discípulos sobre los métodos que habrán de utilizarse para explotar las conductas de los consumidores [Lazarsfeld y Rosenberg, 1955]. Así Dichter le reprocha la sobrevaloración de la encuesta y el cuestionario estructurado compuesto de ítem cerrados, en detrimento de los procedimientos clínicos, del psicoanálisis (entrevistas en profundidad o depth interviews, por ejemplo) y de la antropología cultural, a los que considera más en condiciones de delimitar la parte simbólica del acto de compra, es decir, la “imagen del producto” y la “imagen de marca”. Le reprocha de hecho que se adhiera más a la tradición matemática de Adolphe Quételet que a la de Freud. Lazarsfeld ejerció una influencia considerable en el extranjero. Concibió sus relaciones con la comunidad internacional como una “multinacional científica” [Pollak, 1979]. LA DECISIÓN DE GRUPO Aunque el descubrimiento del grupo primario y del escalón intermediario por parte de Lazarsfeld y sus colaboradores resultaba inédito para el análisis funcional de los medios de comunicación, no lo era tanto para otros modos de enfocar la comunicación. En primer lugar, la noción de grupo primario es una parte integrante de la problemática de los miembros de la escuela de Chicago. Después está esa tradición de investigación de los “efectos directos” en los niños y los jóvenes que culmina en los Estados Unidos con el informe de la Fundación Payne, pero que había tenido un precursor en Alemania en la persona de uno de los primeros representantes de la psicología experimental, Hugo Munsterberg [1863-1916, que impartió clase en Harvard durante 69

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unos veinte años. Están también las primeras investigaciones de Elton Mayo, pionero de la psicosociología industrial que entre 1927 y 1932, en la búsqueda de productividad de un taller de la Western Electric, vuelve a descubrir el papel de los grupos primarios y de las funciones latentes, en contra de las tesis taylorianas de la organización científica del trabajo. Pero la hipótesis principal, que permite el giro anunciado por la primera investigación de Lazarsfeld sobre el voto político, deriva más directamente de los trabajos de Kart Lewin (1890-1947). Originario de Viena como Lazarsfeld, Lewin funda en 1945 el centro de investigaciones de la dinámica de grupo en el Massachussets Institute of Technology (MIT) después de haber impartido clases durante más de diez años en la Universidad de Iowa, donde dirigía la Chile Welfare Research Station. En 1935 había publicado A Dynamic Theory of Personality, y en el año siguiente, Principles of Topological Psychology. Lewin estudia la “decisión de grupos, el fenómeno del líder, las “reacciones” de cada miembro en su seno ante un mensaje comunicado por diferentes conductos. El grupo cara a cara puede ser una familia o familias, una clase de alumnos, un club de chicos jóvenes, un grupo de trabajo, el personal de un hospital o bien un taller. El segundo conflicto mundial brinda al psicólogo la ocasión de probar estas leyes de conducta de grupo al servicio de la movilización en torno al esfuerzo de guerra en una economía de penuria. Se dedica a poner a punto de estrategias de persuasión con objeto de cambiar las actitudes de las amas de casa sobre regímenes de alimentación. A lo largo de estos experimentos se va precisando la noción de gatekepper, o controlador del flujo de información, función que asegura el “líder de opinión” informal. Formado en ciencias físicas y matemáticas, Lewin introduce los conceptos de “topología” y “vectores” y hace un uso prolijo de diagramas, círculos, cuadrados, flechas, signos más y menos, para simbolizar o representar su “teoría del campo de experimento”. El “campo” es ese “espacio-vida”, esa Lebensraum, donde tienen lugar los vínculos de un organismo y su entorno y en el que se define la conducta del individuo como resultante de sus relaciones con el medio físico y social que actúa sobre él y en el que se desarrolla.

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Cruzando las dimensiones mentales y físicas, el enfoque topológico analiza la forma en que las “fuerzas” o “vectores”, de intensidad y dirección variadas, que se dan entre individuo e individuo entran en acción para tratar de resolver la “tensión” producida por ciertas necesidades en un organismo. La aportación de la última de las figuras del cuarteto fundador del análisis funcional, el psicólogo del aprendizaje Carl Hovland (1912-1961), no sigue en modo alguno la dirección trazada por Lewin. Se adhiere a los presupuestos lasswellianos de orientación conductista. Este investigador de la Universidad de Yale es conocido sobre todo por los estudios experimentales que realizó sobre la persuasión a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. Efectuados entre los soldados norteamericanos de los frentes del Pacífico y de Europa, pretendían medir la eficacia de algunas películas de pro da aliadas, ilustrando las causas y los objetivos del conflicto, sus efectos en la moral de las tropas, su grado de información, y su actitud en combate. Estos estudios de laboratorio dieron lugar después de la guerra a una importante serie de investigaciones sobre los modos de mejorar la eficacia de la persuasión de masas, cuyos experimentos hicieron cambiar la “imagen del comunicador”, la naturaleza del contenido y la puesta en situación del auditorio. Resultó un verdadero catálogo de recetas para uso del buen “persuasor” y del mensaje persuasivo eficaz, es decir, capaz de alterar el funcionamiento psicológico del individuo y de inducirlo a realizar actos deseados por el dador del mensaje. Fundada al principio en una creencia en la omnipotencia de los medios de comunicación, la Mass Communication Research se reforzó más adelante en relativizar sus efectos en los receptores, pero nunca puso en duda la visión instrumental que había presidido el nacimiento de la teoría Lasswelliana [Piemme, 1980; Beaud, 1984]. La próxima etapa será la de la teoría denominada Uses an Gratifications. UNA VOZ DISIDENTE Esta sociología de “burócrata” o de “funcionario de la inteligencia se convierte, desde los años cincuenta, en el blanco de la crítica radical de C. Wright Mills (1916-1962), profesor en Columbia. Esta voz aislada, anunciadora de la rebelión universitaria del siguiente decenio, deja oír otro discurso sobre la comunicación “no 71

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positivista, en sintonía con el pulso, el latido y las texturas de la vida norteamericana” [Carey, 1983]. Por este motivo se considera a Wright Mills, muerto prematuramente, uno de los iniciadores de los american cultural studies, en un período histórico en que se forman las bases de los Cultural Studies británicos. Frente al predominio de una sociología que, desde el final de los años treinta, había perdido toda voluntad reformadora y se había desviado hacia la ingeniería social limitándose a “examinar los problemas fragmentarios y vínculos causales aislados” y a responder al dominio del “triángulo del poder” (monopolios, ejército y Estado) al que pone en evidencia en The Power Elite (1956), el sociólogo disidente reivindica la vuelta a la “imaginación sociológica”, título de una de sus obras publicada en 1959. Sin dejar de ser fiel a la tradición filosófica del pragmatismo y a su prolongación en el interaccionismo simbólico, Mills se muestra abierto a las aportaciones de un marxismo crítico. Sus análisis vuelven a conectar la problemática de la cultura con la del poder, la subordinación y la ideología, uniendo las experiencias personales vividas en la realidad cotidiana y los planteamientos colectivos que las estructuras sociales cristalizan. Wright Mills se niega a disociar el ocio y el trabajo, a definir el ocio como “un problema especial en un terreno separado”. Sustituye la noción neutral de “entretenimiento” propia del análisis funcional, que la priva de cualquier especificidad histórica y originalidad cultural, por una reflexión sobre el “ocio auténtico”, que debería permitir el distanciamiento en relación con las múltiples formas de la cultura comercial. Un ocio que no haga del individuo un “robot alegre”, satisfecho de su condición a pesar de la constante coacción de que es objeto por parte de un “aparato cultural cada vez más centralizado”. En estos mismos años cincuenta, la pregunta fundamental a la que Wright Mills intenta dar respuesta es: ¿qué tipo de hombre y de mujer tiende a crear la sociedad? [Mills, 1963]. Es la misma pregunta que obsesiona al filósofo y sociólogo francés Henri Lefebvre (1901-1991) y a la que responde en una obra pionera sobre la modernidad hedonista comercial como horizonte de la felicidad humana, Critique de la vie quotidienne (cuyo primer tomo aparece en 1947, el segundo en 1962 y el tercero en 1981). Tanto uno como otro están de acuerdo, por otra parte, en denunciar la alineación de las sociedades representadas por las dos superpotencias a uno y otro lado del telón de acero. 72

 

 

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Armand y Michèle Mattelar, Historia de las teorías de la comunicación Lectura: “la sociología funcionalista de los medios de comunicación” pp. 30 - 40 ESTRUCTURALISMO Y SOCIOLOGIA El término estructura procede del latín structure, derivado de struere;(…)significa distribución y orden de las partes en un edificio (1. Corominas, Diccionario crítico-etimológico de la lengua castellana, Madrid 1954), y (…) con este sentido ha pasado al lenguaje popular y a los diccionarios(…) generales de la lengua. En 1580 aparece en España la palabra latina sin traducción, en 1660 la expresión inglesa «estructura de su ciudad» y en 1803 «estructura de la sociedad»24, Sinónimo de «estructura social» que emplea por primera vez Spencer en 1875. Expresiones análogas encontramos en A. Comte, C. Marx, E. Durkheim, L. Morgan, G. Simmel, W. Pareto. Pero la desaparición de los sociólogos clásicos en torno a la 1 Guerra mundial produce fuerte impacto en la Sociología, que logra recuperarse con dificultad en los años siguientes. En 1937 se publica una importante obra de carácter sistemático, La estructura de la acción social de Talcott Parsons, que no sólo recupera el término estructura, sino que contribuye muy eficazmente, junto con antropólogos y economistas, a que el término se generalice rápidamente en la literatura científica contemporánea, ya que no sólo las disciplinas que se ocupan de la Naturaleza, sino también la filosofía y las ciencias humanas y sociales como la Biología, la Antropología, la Psicología, el Derecho, la Política y, especialmente, la Economía, han incorporado los conceptos y la metodología estructural . Diversas acepciones. No obstante, a la frecuencia en el uso del término no ha correspondido la uniformidad en la definición del concepto (v. ESTRUCTURA). Cuando los antropólogos hablan de «estructura social» se refieren fundamentalmente al sistema de parentesco que predomina en las sociedades primitivas; así, A. Radcliffe-Brown, G. P. Murdock, M. Herskovits o C. Lévi-Strauss. Algunos sociólogos, como S. M. Lipset, R. Bendiz, identifican la estructura con las clases sociales (v.) o la estratificación social (v.); otros, con organización o con las instituciones sociales, así, T. Parsons, Ginsberg, A. Radcliffe-Brown, etc. Las variantes en la definición del concepto reflejan la diversidad de tendencias que 24

www.granenciclopediaRIALP/estructuralismoysociologia. Sánchez López, F.

73

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integran el estructuralismo actual .Algunos sociólogos han elaborado conceptos y teorías estructurales dentro de una determinada concepción de la viera social, sólo en relación con la cual son significativos y coherentes. El ejemplo más eminente es la aportación de T. Parsons, que puede ser considerado como representante máximo del estructuralismo sistemático contemporáneo. Parsons construye su teoría estructural dentro del marco de la Sociología de la acción y define la estructura como el «conjunto de modelos institucionalizados de cultura normativa» (The Social System, Glencoe 1951, 51-52) Otros sociólogos vinculados al profesor de Harvard. Desde una perspectiva pluralista y dialéctica G. Gurvitch (v.) elaboró un concepto abigarrado de estructura social que la presenta como «un equilibrio precario de fuerzas sociales antagónicas a distintos niveles de profundidad que se apoya en la comunidad de valores y reglamentaciones colectivas» (Le concept de structure sociale, CIS 19, 1955, 3 ss.). Otros sociólogos consideran prematuro todo esfuerzo por construir teorías generales en torno a la estructura social y se entregan a la descripción de estructuras concretas de grupos o comunidades, de acuerdo con conceptos de carácter operativo e instrumental. Existen numerosísimos ejemplos de esta forma de aproximación a la estructura social, entre los que destacan, por su menor operacionalismo y un fuerte matiz antropológico, la aportación de Ll. Warner y P. S. Lunt; «la estructura social, dicen, es un sistema de grupos formales e informales por el que se regula el comportamiento social de los individuos» (The Social Lile of a Modern Community, Nueva York 1950, 14). El Análisis del concepto. Parece metodológicamente necesario intentar definir con independencia los conceptos, de acuerdo con la naturaleza de los fenómenos que corresponden a cada ciencia. En relación con el concepto estructura social es necesario descubrir en el proceso científico anterior las raíces de una posible uniformidad básica. En efecto, del análisis comparativo de los grandes sistemas sociológicos y de las investigaciones empíricas más importantes se puede concluir que existe una zona de convergencia entre los sociólogos, que puede condensarse en los siguientes postulados o características:

74

 

1)

2)

3)

4)

5)

 

SOCIOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN 

El concepto de estructura social es macro-sociológico y objetivo, es decir, hace referencia a la sociedad (v.) como conjunto unitario y a ciertos elementos que la constituyen al margen de la existencia individual de sus miembros. Los elementos que integran la estructura social son locales desde el punto de vista analítico, esto es, aparecen en la literatura sobre el tema de cuadros últimos de referencia aplicación positiva de los fenómenos sociales. Son relativamente estables: como la sociedad misma, se renuevan y transforman, pero manifiestan históricamente cierta lentitud en sus cambios que permiten distinguirlos de otros más episódicos y transitorios, conocidos en la literatura sobre el tema como cambios coyunturales. Diferencian objetivamente a la sociedad, agrupando a los individuos y grupos en grandes conjuntos homogéneos al margen de su advertencia y de su voluntariedad. De la misma manera que determinados rasgos psicológicos configuran la estructura de la personalidad y permiten a los psicólogos crear ciertas tipologías que ayudan a la investigación ulterior del psiquismo humano, y el predominio de ciertos modelos valorativos configura y distingue unas áreas culturales de otras, los elementos que integran las estructuras sociales crean ciertas semejanzas y diferencias entre individuos que los equiparan socialmente y que pueden ser o no conocidas por los mismos interesados. Los elementos estructurales se imponen socialmente y condicionan el comportamiento. Condicionamiento social y funcionalidad de la estructura. Algunos sociólogos incorporan el concepto de posición status (v.), al concepto de estructura social, y definen a ésta como «la red de posiciones sociales interconexas» (Merton) o como «una fotografía posicional de la sociedad» (S. F. Nadel), empleando el término status en el sentido jurídicocultural de Linton. Sin embargo, este término tiene otra significación más profunda y aséptica, que se refiere no a lo que el hombre debe hacer en una situación dada de acuerdo con el sistema de valores, las expectativas sociales o las reglamentaciones del Derecho, sino a lo que efectivamente puede hacer en orden a su promoción, comportamiento, educación y forma de vida en general. Según esto, la estructura social se impone en cuanto ofrece a cada individuo determinadas posibilidades de situarse en una posición y de actuar después en un ámbito reducido o 75

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amplio, de acuerdo con la naturaleza de la posición ocupada. Esta determinación de posibilidades, de colocación y de acción, constituyen la forma más originaria y radical de condiciona miento social, pero no se identifica con determinismo; sólo permite inferir que en un contorno estructural dado surgirán muy probablemente comportamientos sociales uniformes, esto es, que a posiciones socialmente uniformes accederán personas que encuentran oportunidades semejantes de ascensión y que, una vez situadas en ellas, se comportarán muy probablemente de manera similar. Por último, como sexta característica, los elementos que integran la estructura son interfuncionales, ejercen funciones objetivas, semiautomáticas y observables. La funcionalidad de la estructura no tiene carácter teleológico, ni es de suyo buena ni mala; constituye su proyección dinámica sobre la sociedad y no puede calificarse de buena o mala, útil o dañosa por referencia a criterios culturales de orden ético o jurídico. Estas características, inducidas del análisis comparativo de la literatura sociológica sobre el tema, permiten identificar las estructuras que se configuran históricamente según las circunstancias de espacio y tiempo. En las sociedades primitivas, la estructura social consiste en el sistema de parentesco, como enseñan con absoluta uniformidad G. P. Murdock, A. R. Radcliffe-Brown, R. Firth, C. LéviStrauss y demás antropólogos contemporáneos. En las modernas sociedades de Occidente, el sistema de parentesco ha perdido importancia estructural y se ha visto reemplazado por sistemas industriales, económicos y políticos nuevos, que no es posible detallar aquí. En síntesis, la estructura social puede formularse en un concepto inducido históricamente del proceso científico y de la evolución de las sociedades de Occidente, diciendo que es el conjunto articulado de elementos reales coextensivos a la sociedad, radicales desde el punto de vista analítico y relativamente estables, que la diferencian objetivamente, se imponen a los individuos y grupos, condicionan su comportamiento y son interfuncionales. Los elementos o variables que integran la estructura de las sociedades industrializadas de Occidente son los cuadros básicos ocupacionales-industriales, económicos, políticos 76

 

 

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y, en algunas sociedades, los jerárquico-políticos u otros. Históricamente, la estructura social tiene dos dimensiones, espacio y tiempo, y de acuerdo con las características que ofrece la sociedad total, los sistemas culturales y la personalidad básica nacional. SOCIOLOGÍA: EL ESTRUCTURALISMO DE MICHEL FOUCAULT Si bien es cierto que hay dudas sobre si Michel Foucault era o no un estructuralista, a lo largo de este trabajo podremos encontrar ciertas características que yo considero pertenecen a la línea estructuralista: aquella vieja y conocida sensación de que estamos rodeados por un conjunto de prácticas, costumbres y creencias (en resumen, los componentes estructurales) que nos delimitan fuertemente el camino, y que en algunas ocasiones tienden a asfixiarnos, incluso sin que nos demos cuenta de su acción. Como bien lo dice Foucault, la estructura de por sí misma ejerce un poder de dominación que no necesariamente es activo y con uso de fuerza, sino que en la mayoría de los casos (y he aquí su mayor peligro) es pasivo y se caracteriza por manifestarse en forma de consenso entre los individuos (aceptación de las normas). Características El estructuralismo foucaultiano tiene características tan particulares como su autor y se halla estrechamente relacionado a conceptos tales como: redes del poder, prácticas de sujetación y objetivación, mecanismos de dominación, disciplinarización, normalización, entre muchas otras Se sabe que el autor analizó constantemente las relaciones del poder, ante lo cual cabe preguntarse porqué lo estudiaba con tanta vehemencia. La respuesta la hallamos escrita en El Sujeto y el Poder, donde aclara que su objetivo final es la libertad del hombre. Foucault es consciente de que el hombre jamás podrá ser totalmente libre, por ello se dedica a la tarea de estudiar las formas de su sujetación, para que éste pueda saber dónde se origina su objetivación y tratar de superarlas. El origen está en el conjunto de relaciones de poder que se establecen en cada sociedad en particular. Con este rasgo podemos apreciar que su estructuralismo, a diferencia de aquel 77

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marxista o durkhemiano, antes de ser universal es particular a cada objeto de análisis específico. Finalmente, otra característica de su obra que merece ser resaltada, es la constante evolución de su estructura que avanza junto con la sociedad, mejorando sus mecanismos de dominación (como es el caso del poder pastoral).

78

 

 

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CAPÍTULO V

NOCIÓN DE GRUPO - ELEMENTOS DE DEFINICIÓN Para la psicología social, un grupo es un conjunto de individuos que mantienen entre sí relaciones recíprocas. Es la manera más amplia y más simple de caracterizarlo, considerando de este modo que no se trata de un puro conglomerado social, sino que implica un sistema de intercambios entre los individuos que lo componen. De manera más precisa, la psicología social ha prestado interés al estudio de grupos restringidos o pequeños grupos. En este sentido, un grupo se define por el número limitado de individuos (aproximadamente entre ocho y quince personas), sobre la base de un cierto número de criterios: • • •

persecución de un fin común; sentimiento de interdependencia; existencia de relaciones afectivas, etc.

De entrada, el grupo se presenta pues como una realidad social que se distingue de la realidad psíquica individual. Las numerosas definiciones han destacado, según los casos, tal o cual aspecto: • • •

unas veces el sistema de interacción (Bales, 1950); otras, las relaciones emocionales y las redes de afinidades (Moreno,1969); a veces, las motivaciones (Bass, 1960).

Consideramos, sin embargo, que la mayoría de estas definiciones insisten en la importancia de la dimensión interpersonal, elemento central representado por la relación cara a cara (face to face groups). Existen varias definiciones clásicas dignas de mención: 1.

2.

Fue Cooley (1909) el primero en introducir el concepto de grupo primario, definiéndolo por las relaciones directas, los vínculos personales y el fuerte sentimiento de cohesión que allí se manifiesta. Homans (1950) definió al pequeño grupo como «cierto número de individuos que se comunican entre sí durante un 79

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determinado período y bastante poco numerosos para que cada uno pueda comunicarse con los demás, no por persona interpuesta sino cara a cara». Kelley y Thibaut (1959) consideran que «un conjunto de individuos se convierte en grupo en la medida en que los miembros aceptan una tarea común, se hacen interdependientes e interactúan para realizarla». Mc David y Harari (1968) ponen de relieve los aspectos psicosociales del grupo, definiéndolo como «un sistema organizado y compuesto dedos o más individuos que son interdependientes, de tal suerte que el sistema realiza una función, posee un conjunto de roles que ligan a sus miembros así como un sistema de normas que rigen el funcionamiento del grupo y el de cada uno de sus miembros».

3.

4.

Estos diferentes definición:

enfoques

nos

permiten

dar

la

siguiente,

Un grupo es un conjunto social, identificable y estructurado, caracterizado por un número restringido de individuos y en el interior del cual éstos establecen unos lazos recíprocos y desempeñan unos roles conforme a unas normas de conducta y valores comunes en la persecución de sus objetivos. Por eso, importa introducir una distinción entre la entidad social representada por el grupo y un cierto número de otras unidades o de agregados sociales. Grupo primario/grupo secundario Cooley (1909) estableció una distinción entre grupo primario y grupo secundario. Como ya hemos visto, el grupo primario es un conjunto relativamente limitado de individuos que mantienen relaciones cara a cara y que se adhieren estrechamente a unos valores sociales que les son comunes. El grupo primario es, pues, en general, un grupo restringido de dos a diez personas aproximadamente. En este sentido debe reunirse en una misma categoría al grupo primario y al grupo pequeño: • •

el grupo primario es restringido y se caracteriza por unas relaciones afectivas; el grupo pequeño se define por una dimensión numérica que permite a cada uno de sus miembros entrar en relación con los demás. 80

 

 

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El grupo secundario es definido por la noción de organización (que desarrollaremos luego) que coloca a los individuos en el interior de sistemas sociales, reglamentando sus conductas mediante costumbres formales y convenciones. Agrupaciones sociales La idea de agrupación social nos remite al hecho de que en cada sociedad la mayoría de los individuos se unen a otros en un momento determinado de su vida para alcanzar algunos de sus objetivos. La agrupación social responde así a unos intereses comunes que se propone satisfacer; se caracteriza por las principales funciones sociales. que los individuos deben cumplir en la vida colectiva para que la sociedad siga existiendo. Implica pues la idea de que los seres humanos cooperan de una cierta manera para satisfacer varias de sus necesidades. Fichter (1957) agrupaciones: •

• • • • •

ha

proporcionado

una

tipología

de

estas

grupo familiar; está compuesto por individuos implicados en la satisfacción de las necesidades fundamentales: procreación, cuidado de los niños, afecto mutuo de los miembros, relaciones sexuales, etc.; grupos educativos son aquellos cuya función social esencial es transmitir la cultura; grupos económicos son aquellos cuyos miembros producen y distribuyen los bienes materiales y los servicios necesarios; grupos políticos son los que tienen como función la gestión de la comunidad; grupos religiosos son los constituidos por personas que comparten unos valores religiosos y los traducen en reuniones diversas; grupos recreativos, que se componen de individuos que se reúnen para relajarse, dedicarse a un juego, a un ejercicio físico o recreativo.

Según los casos, estos tipos de agrupaciones se asemejan al grupo primario, al secundario o a la multitud.

81

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La multitud La multitud se caracteriza por la reunión de un gran número de personas en un mismo lugar; están en una proximidad física unas con otras pero no mantienen entre sí más que relaciones y comunicaciones reducidas. Anzieu y Martin (1979) y Moscovici (1981) recuerdan, después de los trabajos de Le Bon (1895) que la situación de multitud crea un estado psicológico propio, caracterizado por el comportamiento pasivo de los individuos hacia todo lo que no sea la satisfacción inmediata de sus motivaciones individuales, la ausencia o el débil nivel de los intercambios sociales, el contagio de las emociones y finalmente una estimulación latente, producida por la presencia de otros en dosis masivas y que puede traducirse en forma de acciones colectivas caracterizadas por el entusiasmo o la violencia. Fichter (1957) introdujo una distinción entre multitud ordinaria, multitud activa y manifestación pública. 1.

2.

3.

La multitud ordinaria es, según él, un conjunto ordenado, pero no interactivo; carece de objetivo y no realiza ninguna función común. Simplemente, ocupa un espacio físico. Esto no significa, sin embargo, que las personas no tengan ninguna intención individual. Existe también la multitud que va de compras, la multitud que espera, etc. La multitud activa es un conjunto social no controlado que tiende a actuar como unidad social sobre una base a la vez conminatoria y a gran escala. Se define habitualmente como una reunión de protesta, por ejemplo, disturbios o linchamientos. En este tipo de multitud, la interacción entre los individuos queda reducida al mínimo, pero existe casi siempre una cierta relación entre los líderes y los miembros de la multitud. Las manifestaciones constituyen un conjunto de personas reunidas con el fin de promover una idea, un movimiento, etc. Los participantes tienen una especie de comportamiento colectivo en presencia de los demás. La manifestación está por lo común organizada; se trata de un fenómeno social específico de la vida urbana, cuyos ejemplos más conocidos son los mítines, las reuniones políticas, las manifestaciones sindicales, los movimientos de defensa de una causa o de protestas diversas, etc. Moscovici (1981) introduce a propósito de la multitud una distinción entre natural y artificial, que se apoya en la 82

 

 

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naturaleza de las transformaciones de la primera a la segunda, haciendo que surja un carácter nuevo y distintivo. Las multitudes naturales o espontáneas se constituyen siempre bajo la influencia de condiciones externas: reunión de curiosos con ocasión de un accidente de tráfico, paseo por un jardín público con buen tiempo, etc. Se forman, pues, sobre la base de una serie de impulsos y se mantienen por un encadenamiento de reacciones. Son tributarias de un cierto número de factores físicos. Las multitudes artificiales u organizadas se constituyen bajo la influencia de condiciones internas: creencias, deseos colectivos; se forman pues sobre la base de una serie de imitaciones que hacen a los individuos cada vez más semejantes entre sí y a su jefe. Son independientes de las variaciones del medio físico. Para Moscovici, lo que diferencia a estos dos tipos de multitudes es el peso de la iniciativa en las multitudes organizadas, pues el individuo se encuentra inserto de un modo más apremiante y de ahí también la conformidad mayor de los miembros de estas multitudes.

4.

5.

La masa Las masas son una forma de conglomerado social cuyos elementos se encuentran aislados. La expresión «sociedad de masas» designa la totalidad de los agregados sociales interdependientes que caracterizan a la sociedad urbana moderna. Las masas quedan definidas por las siguientes características: • • •



composición heterogénea; gran diversidad respecto de los criterios relativos al status social; variación de las normas sociales existentes que nunca son compartidas por el conjunto de las personas; en este sentido, los modos de comportamiento cambian rápidamente en las masas; irracionalización (Moscovici, 1981), que se manifiesta por una descompresión de las fuerzas emocionales.

COMPONENTES DEL GRUPO Los estudios sobre el grupo permiten determinar un cierto número de aspectos que intervienen en lo que le constituye: el tamaño, las normas, los roles y status, los objetivos y la cohesión. 83

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Tamaño Es una variable frecuentemente estudiada. Se considera que se está ante un grupo cuando su tamaño se sitúa entre ocho y quince personas. Algunos trabajos han establecido una relación entre variación del tamaño del grupo, modificación de la dinámica interna e impacto sobre la eficacia. Así, Berelson y Steiner (1964) consideran que un grupo de más de 12 personas pierde su eficacia. El tamaño es, pues, habitualmente considerado como un umbral que puede actuar sobre el funcionamiento de un grupo. Normas Las normas conciernen a las expectativas compartidas por la mayoría de los miembros en cuanto al tipo de comportamiento juzgado. aceptable en un grupo. Indican una manera de actuar. Ciertas investigaciones (Feldman, 1984; Spich y Keleman, 1985) han delimitado varios factores que influyen en el respeto o no de las normas por los miembros de un grupo: • • •



hay normas que pueden ser objeto de trasgresión en período de estabilidad, pero son respetadas escrupulosamente durante una gran crisis; las normas permiten a los miembros controlar su entorno y así facilitan la toma de decisiones, haciéndolas previsibles; las normas constituyen sistemas de evitación en el sentido de que los miembros van, por ejemplo, a abstenerse de abordar ciertos temas de conversación que se consideran delicados; las normas permiten establecer claramente las particularidades del grupo y canalizar sus valores centrales en función de los objetivos perseguidos (Lichtman y Lane, 1983).

Estos diferentes factores muestran que las normas constituyen más un sistema de influencia de los comportamientos que un factor de modificación de las actitudes. De este modo, un individuo podrá adaptarse a las normas del grupo sin cambiar por eso de actitud. Roles En todo grupo el rol es un modelo de conducta definido por las expectativas de los individuos con los que se entra en relación. Así, en un grupo de trabajo, por ejemplo, se espera que el jefe 84

 

 

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asuma cierto número de iniciativas: convocar a los miembros del grupo, proporcionar información, etc., y esto en razón de la posición que ocupa (Mansz y Sims, 1984). Diversas investigaciones han analizado la función de los roles desde dos ángulos: el conflicto y la ambigüedad. 1.

Conflicto de roles. Para Kahn (1964), hay cuatro tipos de conflicto de roles: • el conflicto personal: cuando las expectativas de un individuo son incompatibles con los valores del grupo; • el conflicto intro-emisor (intra sender conflict): en el caso en que el emisor enuncie directrices contradictorias a alguien que se ve obligado a contravenir una parte de las exigencias; • el conflicto Inter-emisores (inter sender conflict): cuando dos o más emisores dirigen a un individuo demandas contradictorias; • el conflicto in ter-roles que nace de la presencia de dos emisores que obligan a un individuo a adaptarse a un determinado papel y le impiden adaptarse a otro. Las demandas, por ejemplo, de la vida profesional, social, cultural o familiar hacen que una misma persona ejerza múltiples papeles cuyas prescripciones son diferentes. Greenhaus y Beutell (1985) han puesto de relieve la existencia de ciertos conflictos latentes en individuos que trataban de hacer compatibles trabajo y familia

2.

Ambigüedad del rol. La ambigüedad del rol se refiere al hecho de que un individuo asuma un rol cuyas expectativas están vagamente definidas o que lo interprete falsamente en el campo de sus responsabilidades. Los resultados de ciertos estudios indican una correlación positiva entre ambigüedad del rol y nivel de tensión y una correlación negativa entre ambigüedad del rol y satisfacción o estima de uno mismo (Kahn, Wolfe, Quinn, Snoek y Rosenthal, 1964).

Otra investigación ha comparado la ambigüedad del rol y el conflicto de roles (Shuler, 1975), señalando que los conflictos de roles se hacen sentir más entre miembros de un grupo situados en los escalones inferiores de la jerarquía; en cambio, la ambigüedad del rol se hace sentir más en los escalones superiores.

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Objetivos Los objetivos de un grupo son siempre más o menos manifiestos y a veces resulta difícil determinarlos. La noción de objetivo sigue siendo, pues, vaga; existe en el espíritu de los miembros, pero éstos no poseen siempre la misma comprensión. Jewell y Reitz (1981) han definido un objetivo como un conjunto de orientaciones repetidas a fin de influir en las actividades de los miembros de un grupo. En este sentido la eficacia depende directamente de la mayor o menor convergencia entre las actividades de los miembros y las orientaciones que se les prescriben. El problema de los objetivos revela, pues, la diversidad de las orientaciones de los miembros. Youngblood (1984) ha mostrado que unos individuos se hallaban inclinados a unirse a un grupo justamente en la medida en que percibían que éste colmaba sus necesidades o respondía a sus intereses. Cohesión Designa tanto la fuerza de atracción del grupo para cada miembro como la moral del grupo o la coordinación de los esfuerzos de sus miembros. Numerosas investigaciones han precisado los factores que afectan al nivel de cohesión en el seno de un grupo: •





la homogeneidad del grupo favorece la cohesión interna. Adams (1935) mostró que los miembros de un grupo se sienten más atraídos por las personas de un status equivalente. Las diferencias de status hacen aparecer las diferencias de intereses y disminuyen así el nivel de adhesión al grupo; la amenaza externa favorece la cohesión. Los trabajos de Stein (1976) han mostrado que la amenaza, por ejemplo, ayuda a un grupo a conjugar sus esfuerzos hacia una meta común; la competición entre los grupos (inter-grupos) aumenta la cohesión, mientras que la competición intra-grupo la disminuye.

Un grupo pequeño tiene mayores posibilidades de ser cohesivo que un grupo más grande. Henderson (1985) puso de relieve que un grupo de tres a cinco miembros es de tamaño ideal para una buena cohesión; cuanto más aumenta el número de miembros, más disminuye la cohesión. Los miembros de un grupo cohesivo se comunican entre sí más que los de un grupo que no lo es (Lott y Lott, 1965). 86

 

 

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FUNCIONAMIENTO DEL GRUPO Anzieu (1979) presentó un esquema dinámico del funcionamiento de los grupos pequeños, situado en la tradición lewiniana. El grupo es allí considerado como un sistema que encierra una energía constitutiva («E»), pero cuya vida solo se emplea una parte de esta energía interna; se la designa como «e». El resto permanece en estado latente, designado por «n». El funcionamiento del grupo puede, pues, traducirse por la fórmula: E = e + n. Si se considera la energía utilizable (e) en un grupo, reviste dos formas: •



una parte de la energía es empleada por el grupo para alcanzar sus objetivos; se traduce en el conjunto de actividades que tienen como función la producción del grupo («ep») otra parte de la energía es utilizada por el grupo para su propia cohesión; se la designa como «ec»; concierne al estado emocional y afectivo que se manifiesta en actividades o comunicaciones cuyo sentido es, por ejemplo, reducir la tensión en el seno del grupo.

Palmade (1959) distinguió dos funciones desempeñadas por la energía de cohesión: 1.

2.

La facilitación: es todo lo que contribuye a realizar lo mejor posible la función de producción. Aquí se trata esencialmente de los procesos operatorios que permiten efectuar el trabajo según procedimientos óptimos. La «regulación». Se compone de «todas las actividades que tienen como efecto crear y mantener las condiciones psicológicas necesarias para una buena facilitación y una buena producción». No se trata, pues, solamente de los elementos de relaciones, sino del conjunto de los factores psicosociales vinculados o no con la tarea del grupo, al que éste deberá adaptarse para hacer frente a las situaciones de cambio.

G. N. Fisher Campos de Intervención en Psicología Social Lectura: “Noción de Grupo” pp. 102-110

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EVOLUCIÓN Y DESARROLLO DE LOS CRITERIOS DE CLASIFICACIÓN SOCIAL

VARIABLES USADAS PARA LA CLASIFICACIÓN SOCIAL: UNA VISIÓN GENERAL Desde sus inicios las ciencias sociales y del comportamiento han tratado de clasificar a la población en grupos que comparten características similares. El objetivo inicial detrás de este esfuerzo fue comprender mejor el funcionamiento de la sociedad, pero luego se convirtió en una herramienta que permitió servir mejor a las necesidades de la población dándole a los grupos un tratamiento diferenciado de acuerdo a sus necesidades. Dada la importancia del tema para la sociedad éste ha merecido gran atención de los científicos sociales y de marketing, observándose una importancia evolución de los criterios usados para hacer los agrupamientos. Tal como se observa en el Cuadro 1, la evolución de los criterios de clasificación social se inicia con los criterios demográficos y llega hasta los criterios múltiples o completos actuales. Las clasificaciones se iniciaron con los criterios más básicos, que llamamos Demográficos, como el sexo, la edad, la raza y el lugar geográfico de residencia de las personas que, si estaban mezcladas con criterios de poder social se llamarían también Socio demográficas. Dado que estos criterios explicaban sólo una parte del comportamiento social, aparecieron luego otros criterios indicados de status que tomaban en cuenta aspectos externos al individuo, tales como la posesión de bienes, riqueza, poder, educción, dando origen a las clasificaciones Socioeconómicas. Posteriormente, con los avances de psicología se introdujeron variables como los valores y las actitudes en las llamadas clasificaciones Psicográficas. Finalmente, cuando los avances de las técnicas de almacenamiento y análisis de datos lo permitieron, se generaron clasificaciones basadas en el comportamiento individual, llamadas Comportamentales. Al unir todas estas variables se generaron clasificaciones mucho más complejas y sensibles que llamaremos demo-socio-económico-psicocomportamentales, o simplemente Clasificaciones Mixtas Avanzadas.

88

 

 

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Cuadro 1 Evolución de los Criterios de Segmentación Social CRITERIOS DE SEGMENTACIÓN SOCIAL

Complejidad Evolución

Variables Demográficas Edad, Sexo, Raza Ubicación Geográfica

Variables Socioeconómicas Origen de casta Nivel socioprofesional (CS) Nivel socioeconómico (CS) Variables Psicográficas Valores, Actitudes, Intereses

Variables Comportamentales Actividades, comportamientos Lealtad, intención.

Clasificaciones Mixtas Avanzadas Los criterios demográficos y socioeconómicos han sido ampliamente utilizados, debido a las evidencia ventajas prácticas y la facilidad de medición. De hecho, han dominado por mucho tiempo los estudios de opinión pública, marketing y sociología, razón por la cual los denominaremos “criterios tradicionales de segmentación”. Sin negar la importancia de estos criterios, han surgido otros como los psicográficos y comportamentales, cuyo uso si bienio está muy extendido ofrecen un aporte importante para la comprensión del individuo y la sociedad, a ellos los denominamos “criterios modernos de segmentación”. En seguida analizaremos cada uno de estos criterios en detalle.

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CLASIFICACIONES SOCIALES TRADICIONALES: REVISIÓN Y ANÁLISIS CRÍTICO LOS CRITERIOS DE CLASIFICACIÓN DEMOGRÁFICA Tradicionalmente las ciencias sociales han empleado variables demográficas para caracterizar a las poblaciones estudiadas, habida cuenta estas variables son de fácil identificación y medida. De hecho, la mayoría de ellas puede inferirse a través de una simple observación y están registradas en las estadísticas oficiales de países o regiones. Entre las variables demográficas más utilizadas están todas aquellas características físicas observables de los sujetos, tales como el sexo, edad, raza o ubicación geográfica, tal y como se observa en el Cuadro 2. Cuadro 2 Factores de Segmentación Demográfica Sexo:

Femenino y Masculino

Edad:

Bebes, Niños, Adolescentes, Adultos Jóvenes, Adultos Maduros, Adultos Mayores, Ancianos.

Raza:

Indígena, Blanco-Europea, Asiática, Negra. Todas las variaciones de mestizaje.

Lugar de residencia:

Urbano y Rural Capital y resto del país Ciudad grande, ciudad pequeña, poblado, rural. Cada una de las divisiones geográficas del país o de la región.

Características físicas:

Altos, medianos y pequeños Gordos, medianos y flacos, etc.

Este tipo de variables tiene la gran ventaja de ser muy fáciles de identificar y aplicar pues es muy fácil conocer qué personas corresponde a tal o cual grupo de edad, sexo u otro criterio demográfico. Su utilidad es inmensa para una gran cantidad de aspectos, y ella lo es todavía más para situaciones específicas como los criterios médicos, algunos movimientos sociales o para aspectos comerciales como la moda en el vestido (en los cuales el sexto o la edad resultan fundamentales para diferenciar gustos, opiniones o comportamientos). Existen también otro tipo de criterios demográficos 90

 

 

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algo menos usados como el peso, la talla, el color de los cabellos, la constitución o la capacidad física, que pueden ser muy útiles dependiendo de los objetivos prácticos que se busque con la clasificación. Si bien es evidente la gran importancia de los criterios demográficos, en la mayoría de los casos ellos resultan insuficientes para una clasificación social útil a las empresas. El ser niño, mujer o vivir en un distrito determinado, sirve muy poco para saber si un individuo consumirá aceite o manteca, o si comprará un auto o si usualmente tomará el transporte colectivo, por ello es que se generaron clasificaciones basadas también en otro tipio de variables. LOS CRITERIOS DE CLASIFICACIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA Desde el inicio de las civilizaciones se observó que muchas sociedades se dividían en castas, las cuales tenían un cierto rango social y diversos niveles de poder. Así en la Europa pre-revolucionaria se hablaba de la nobleza, el Clero, la Burguesía y el Pueblo; en la India existían (existen) desde las castas muy altas de los Nobles hasta las más bajas de los Intocables; y en el Incanato se diferenciaba a la Nobleza, el Clero, los Militares y el Pueblo. Deben mencionarse aquí también las castas de tipo racial, como las del Perú Virreinal (Españoles, mestizos e indios) o el apartheid Sudafricano, que si bien corresponderían a criterios demográficos, tuvieron, en su momento, un gran trasfondo social y económico. La característica más saltante de las castas es su rigidez. Este sistema supone que, solo de manera excepcional un individuo pueda cambiar de casta. Se nace y se muere dentro de ella. Quizás por esa razón, en la mayoría de casos estas castas desaparecieron conforme los pueblos evolucionaban hacia situaciones más democráticas. Sin embargo, aún quedan ciertos rezagos de las mismas, pero adaptados a los tiempos modernos bajo la forma de criterios socio profesionales, tal y como se verá más adelante. Luego que las castas perdieron fuerza como criterio de segmentación social, adquirió mucha fuerza el criterio económico debido a la influencia de pensado es como Hengel y Marx, la capacidad económica pasó a ser el principal criterio de clasificación de las sociedades. Los individuos se clasificarían en ricos y pobres, o en dueños de los medios de producción o asalariados, en cualquier otro criterio que diferencie a los que tienen más de los que tienen menos.

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El criterio económico fue luego ampliado por pensadores como Warner (1960) y Hollingshead (1949) quienes añadieron otras variables como la ocupación y el grado de educación, para dar origen al concepto de Clase Social. Sin embargo en la práctica el principal clasificador del Nivel Socioeconómico, es el factor ingreso o disponibilidad de riqueza, es decir el factor económico. La clasificación del Nivel Socioeconómico está asociada con factores ligados a la economía y al status social de los individuos. Dado que muchas veces esos factores están ligados, se les considera de manera conjunta. Algunos de estos factores se pueden observar en el Cuadro 3.

Cuadro 3 Los factores de segmentación socioeconómica más usados Nivel de ingreso:

En categorías de ingreso corriente (menos de tantos $ al año, entre tantos y tantos $, más de tantos $) En categorías según el número de sueldos mínimos del país al año. En términos de ingreso familiar o de ingreso individual.

Nivel de Educación:

Analfabetos, primaria incompleta, primaria completa, secundaria incompleta, secundaria completa, universidad, post grado. Catalogados según el número total de años de escolaridad.

Profesión:

Por profesión (1 segmento por profesión u ocupación) Por categoría profesional (según el prestigio social)

La combinación de estos factores da origen a los llamados Niveles Socio-Económicos, que pueden tomar los nombres de Clase Alta, Media Baja, Estrato A,B, C, D, E, etc. o nombres como Aristócratas, Clase Alta, ... Baja Alta, Baja Baja, Marginales, etc. Lo interesante aquí es que se definen formas de clasificación de los individuos que dependen más de esfuerzos, sus ingresos o su manera de ver el mundo, que de aspectos involuntarios o heredados. En este sentido, es importante mencionar que el tema de la capacidad económica añade una dimensión importante a lo que se tenía con las clasificaciones demográficas. 92

 

 

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Ella permite saber qué individuos pueden acceder o no a determinado tipo de comportamientos. Así por ejemplo, si el dato demográficos (ser mujer) señala que el individuo X es un cliente potencial para comprar una falda (en comparación a un hombre), el dato de nivel económico nos dará una precisión adicional pues nos indica si esa mujer tendrá los recursos para comparar dicha prenda. Se trata evidentemente de un importante avance. A partir de los años 50 de los niveles socioeconómicos cobraron gran utilidad en el ámbito de la investigación de consumo y parcialmente en la investigación social y política. Y es por esto, que muchas de las instituciones nacionales de estadística, empresas de investigación de mercados y empresas de estudios de opinión pública, han diseñado sus propias clasificaciones. Sin embargo, las dificultades y desacuerdos existentes en su medición dan origen clasificaciones por niveles socioeconómicos muy distintas entre los diferentes países, empresas que crean estos índices e investigadores que las utilizan. Rolando Arellano Cueva, Los Estilos de Vida en el Perú Lectura: “Evolución y Desarrollo de los Criterios de Clasificación Social” pp. 21-42

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CAPÍTULO VI

"LAS REDES GLOBALES DE INFORMACIÓN: IMPACTOS EN LAS RELACIONES INTERPERSONALES" Extraído de la página Web de DANIEL E. PEDRO

En este artículo trataremos de examinar algunos de los alcances sociales del Internet y de las nuevas tecnologías de comunicación, desde perspectivas que atañen algunos aspectos de las relaciones interpersonales y de la teoría social. Los enormes cambios implementados en el ámbito de la informática y las comunicaciones (en las cuales aquélla se encuentra centralmente involucrada) plantean cuestionamientos y demandas a las ciencias sociales, como así también, son estas ciencias las que en algunos casos preguntan y se preguntan si las implicancias de las nuevas tecnologías suponen realmente aquello que proclaman o si suponen (además) algunas otras cuestiones. Si, como Giddens (1994), definimos a la sociología como la ciencia que estudia "...la vida social humana, de los grupos y las sociedades...abarcando desde el análisis de los encuentros efímeros entre individuos... hasta la investigación de los procesos mundiales", los cambios que producen modificaciones reales y potenciales a los esquemas "habituales" de la vida social humana y que forman parte de procesos a escala mundial suponen, por ende, nuevas preguntas a aquella/s ciencia/s que proclama/n para sí el estudio de estas áreas. Si bien las ciencias sociales, y entre ellas la sociología, tratan de encontrar respuestas a estas problemáticas a partir de nuevos conceptos y teorías, entre otras cosas por ser disciplinas orientadas hacia el mundo empírico y como toda ciencia, hacia la acumulación del conocimiento objetivo de ese mundo empírico, es en la sociología donde las teorías de los autores clásicos ocupan un lugar central. Esto es así por cuanto, mas allá de que en el conocimiento empírico, los científicos sociales hayan superado algunas de los conocimientos desarrollados por los clásicos, estos pueden definirse como tales entre otros aspectos por su capacidad de reducir la complejidad de lo social y condensar las posibilidades de interpretación de los fenómenos en las diversas particularidades que asuman dichos fenómenos en cada caso específico; porque realizaron una contribución singular y permanente a la ciencia de la sociedad; y por el hecho de que el corpus teórico de los clásicos constituye el legado de la teoría 95

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sociológica contemporánea. Además , last but not least, como en nuestro caso, los clásicos son la referencia para quienes tienen capacidades mas mediocres para la comprensión tanto de la subjetividad humana como de la complejidad social. En este sentido, la reconstrucción del mundo empírico y la capacidad de su representación dependen seguramente entre otros aspectos de la capacidad intelectual, aspecto en el cual, los clásicos de la sociología, superaron ampliamente a sus contemporáneos. Prueba de ello es el hecho de que para la comprensión de las obras de Marx, Durkheim y Weber, fue necesario el decurso de generaciones para aprehender y reaprender lentamente la estructura de sus argumentos. Si definimos muy sencilla y precariamente a una teoría como ‘una generalización separada de los (casos) particulares, una abstracción separada de un caso concreto" (Alexander, 1987) tendremos una definición que nos permitirá comprender la existencia de teorías especiales, como por ejemplo de las clases económicas en la sociedad, sobre la clase media, trabajadora, etc. Pero una teoría general, una teoría acerca de las sociedades modernas en lugar de una en particular, subsume y comprende a las anteriores. Es este tipo de teorías las que conciernen a los clásicos. Marx por ejemplo, combinó y creó un cuerpo teórico sobre el desarrollo económico y las clases sociales en cuanto tales, que constituyó el punto de partida para las teorías especiales mencionadas arriba; y sus trabajos permitieron comprender entre otros aspectos el carácter histórico de las formaciones sociales, de las cuales el capitalismo es una más, posible de ser superada, en las cuales el conflicto entre las clases sociales adquiere centralidad para la teoría (e interpretación) de las crisis y los cambios sociales. Durkheim (cuya madurez intelectual comprende épocas de crisis de la sociedad francesa), a partir de tratar de contribuir a la consolidación que le diera estabilidad a Francia, se pregunta sobre el orden social, el cual en su teoría, se expresa como un sistema de normas que se constituyen en instituciones, y en este sentido, la sociología devendrá en el análisis de las instituciones y de la relación de los individuos con ellas, y su teoría abarcará entre otros la importancia de los ideales y de la unidad moral en la continuidad de la sociedad y la significación del individuo ya sea como agente productor de influencias sociales o como receptor pasivo de ellas. Weber, tomando como eje al actor y la acción social, las relaciones sociales y los hombres interactuando, desarrolla una teoría de la acción social, en la cual la sociología es "una ciencia que pretende entender, interpretándola, la acción social, para de esa manera explicarla causalmente en su desarrollo y efectos", quedando 96

 

 

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subsumidas entonces bajo este criterio la familia, el Estado, cualquier formación social, por cuanto éstas sociológicamente dejan de existir cuando no existen relaciones sociales que le dan sentido. Así, el estudio de la acción social deviene en estudio de las regularidades en la conducta humana, las cuales se deben principalmente al reconocimiento por los actores de la existencia de un orden legítimo que les otorga validez. Esta legitimidad puede estar garantizada por la tradición, por la afectividad, por el acatamiento a valores absolutos o por la adhesión a la legalidad positiva, la cual (ésta última), es la legitimidad contemporánea, sobre la que se construye el moderno tipo de dominación legal y burocrática, racional. Vemos entonces, como a partir de una simple enumeración de algunos aspectos tematizados por estos autores, la enorme gama de fenómenos que pueden ser analizados a través de su legado teórico. En este sentido, el desarrollo de nuevas tecnologías y sistemas de comunicación, desde el punto de vista en que implican tanto individuos asilados relacionándose en un proceso comunicativo hasta procesos cuyo desarrollo se extiende a escala global, implican lógicamente la "intromisión" dentro de las temáticas desarrolladas por los autores recientemente mencionados, no desde la postura que sostiene que sea suficiente con estos autores para comprender estos hechos, sino que los efectos que a distinta escala provocan las nuevas tecnologías y sistemas de comunicación extienden sus efectos a aquellas áreas que fueron objeto de estudio de estos clásicos. El advenimiento de las redes de información global, como ha ocurrido anteriormente con otras tecnologías y otros medios o sistemas de comunicación, ha provocado opiniones que van desde una postura que no avizora límites a las posibilidades a desplegar por estas tecnologías y de un optimismo extremo, hasta otras más escépticas. Yoneji Masuda (1980) ha caracterizado a las redes de información global como Internet a partir de tres elementos: 1. 2.

La conformación de un espacio informativo supranacional a escala global. Son su base los ciudadanos que voluntariamente conforman una trama de actitudes comunes con respecto a temas globales.

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3.

Se integran para dar base técnica a estas redes, satélites de comunicación de amplia conexión, líneas de comunicación y computadoras individuales.

Trataremos de realizar algunos comentarios sobre estos tres puntos: 1)

Las relaciones interpersonales en el último siglo y medio han sufrido numerosas y contundentes transformaciones. Si bien algunos de estos tipos de relaciones se mantuvieron hasta bien entrado este siglo, caracterizamos esta etapa a partir de esa época, por cuanto el desarrollo de tecnologías implementadas en el transporte y en las comunicaciones, franquearon los límites de las posibilidades de las relaciones interpersonales. Si en ese entonces las relaciones entre las personas se desarrollaban primordialmente en el esquema "cara a cara", las revoluciones tecnológicas fueron ampliando nuestro mundo social, provocando entre otros aspectos, nuestra exposición a las opiniones, valores y estilos de vidas de otras personas. Este esquema de ampliación de nuestro mundo social nos fue legado a partir de innovaciones tecnológicas y comunicacionales superpuestas, en dos etapas que Kenneth Gergen (1992) divide en tecnologías de bajo nivel y tecnologías de alto nivel. En la primera de ellas estarían comprendidas desde la perspectiva de ampliación del mundo social, las que involucraron la aparición y el desarrollo del ferrocarril, los servicios postales, el automóvil, el teléfono, la radiodifusión, la cinematografía y el libro impreso. En la segunda etapa de tecnología de alto nivel estarían involucrados la aparición y el desarrollo del transporte aéreo, la televisión y las comunicaciones electrónicas. Esta ampliación de las relaciones no involucra solamente a la expansión de los límites geográficos posibles de involucrar relaciones interpersonales, sino también a aquellas que sin ser reales o efectivas suponen significatividad por lo menos para una de las partes involucradas en la relación, como por ejemplo, la que puede suponer entre los admiradores de un actor u otro tipo de artista y éste, con la posibilidad de no haberse relacionado jamás cara a cara uno con otro. Independientemente de la efectividad o significatividad de este nuevo esquema de relaciones interpersonales, la conformación de un esquema informativo supranacional a escala global y/o su posibilidad implica no solamente una estructura de relaciones basada en intercambios informativos, sino que además de estos, implicarían a su vez como dijimos anteriormente nuevos niveles 98

 

2)

 

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de relaciones interpersonales en las que intervienen esquemas valorativos y normativos de los actores intervinientes. El intercambio informativo y cultural potencial que se establece en este tipo de relaciones pondría en danza a su vez los esquemas de valores, normas e ideales de los sujetos intervinientes que cada formación social introyecta en sus integrantes en el proceso de socialización. En este sentido, y como el proceso de socialización es permanente en la vida de las personas, el intercambio informativo en este esquema de relaciones implicaría el conocimiento y /o reconocimiento de otros esquemas de valores alternativos que a escala amplia podrían derivar en procesos de cierto tipo de sincretismo, en los cuales las instituciones sociales, culturales y políticas deban adaptarse a los nuevos esquemas valorativos desarrollados por los integrantes de dichas sociedades. Este aspecto, entre otros, puede haber influenciado en la consideración de que los procesos de relación establecidos a partir de las redes de información puedan generar esquemas de construcción de identidades entre los interactuantes. Creemos que la construcción de identidades no estaría necesariamente comprendida en el proceso de interacción establecido a partir de estos canales ya que, entre otros aspectos, los antecedentes de las enormes convulsiones humanas, como consecuencia del desarrollo de las sociedades industriales y de la globalización, no han generado una homogeneización de las pertenencias o del sentido de pertenencia. La comunicación no necesariamente genera identidades: el desarrollo de las mismas, ha roto el aislamiento (causa hipotetizada y a la vez cuestionada del fenómeno de identidad) de enormes zonas del planeta; sin embargo sujetos individuales y colectivos, ya sea habitantes de zonas "aisladas", como así también individuos y/o grupos que emigraron a sociedades industrializadas, siguen manteniendo reivindicaciones de pertenencia respecto de su cultura y sus lugares de origen. Sobre este punto creemos necesario hacer algunos comentarios. Masuda afirma que la trama de actitudes comunes se conforma respecto a temas globales. No necesariamente debe esto ser así (aunque tampoco signifique que sea imposible realizarlo). En muchos casos la interacción de los individuos puede deberse a temas de interés específico o puntuales como eje de la comunicación, habida cuenta además que la superabundancia de información disponible en la red, produce un esquema en el cual la reducción de la escasez en la 99

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3)

información se correlaciona con una mayor escasez de tiempo y atención disponible en el procesamiento (no solamente en términos electrónicos, sino también en el proceso humano de asimilación de información, esto es, de pensamiento). El contexto de superabundancia de información y de multiplicación de relaciones interpersonales es desde la perspectiva de algunos autores (Lipovetsky, 1983; Gergen, op. cit.), característico de la posmodernidad, pero a la vez, determinante en la modificación de conductas sociales, por cuanto, a mayor número de relaciones interpersonales (esto es, cuanto mayor es el número de personas que se relacionan con nosotros) y a mayor velocidad que registran las mismas, la consecuencia lógica de este tipo de relaciones sería la primacía de esquemas de superficialidad y desapego. Es por ello entonces que la imagen de un cibernauta no sea necesariamente la de un ciudadano comunicándose con otro con una base actitudinal común respecto de temas globales, sino personas buscando información específica sobre temas puntuales. La hipótesis de un conflicto nuclear a escala global fue el punto de partida para el diseño y desarrollo de sistemas que pudieran mantener las comunicaciones independientemente del grado de afección y destrucción que un conflicto de estas características pudiese provocar. La necesidad de tamaña alternativa supuso la capacidad de utilización del espacio exterior, que, debido a las enormes masas de capital necesarias, quedo circunscripta a una limitada cantidad de países que comenzaron la carrera por la presencia en el espacio exterior, relegando a segundas y terceras etapas a los países en desarrollo. Paralelamente, la crisis del petróleo de la década del setenta significó una señal de alarma, en cuanto a que la fase de recesión económica que supuso esta crisis, con sus consecuencias de desocupación en los países centrales y caída de los sectores manufactureros tradicionales, derivó en una alternativa de posibilidad de salida de la crisis ligada a la industria electrónica en general y a las relacionadas a las nuevas tecnologías de la comunicación. En este sentido el punto de partida del desarrollo de las nuevas tecnologías tiene características, además de objetivos deseables, de necesidades estratégicas, por cuanto la posesión de las destrezas y de los recursos necesarios trazan el eje divisor entre incluidos y excluidos en el conjunto de las naciones. De esta forma, la globalización económica, cuyo correlato es entre otros la utilización en escala global de dichos recursos, supone niveles de disponibilidad de capitales y de 100

 

 

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estrategias políticas que escapan al nivel de decisión e intervención de los países en desarrollo y subdesarrollados. Así, las implicancias de la definición de Masuda que da lugar a este párrafo exceden su carácter descriptivo para convertirse sus componentes en aspectos centrales de las capacidades tecnológicas que trazan la nueva división entre países que posean o no posean estas capacidades estratégicas. El esquema planteado anteriormente señala a la industria electrónica en general y a aquellas ligadas con las nuevas tecnologías de comunicación como alternativa de salida a la crisis de un modelo de acumulación. Michel Aglietta (1979) había definido al modelo de acumulación que se agota en la década del setenta y cuyos orígenes se remontan a la finalización de la Segunda Guerra, como "régimen intensivo de acumulación" el cual extiende las relaciones sociales de producción al conjunto de las relaciones sociales, y provoca la subordinación de estas últimas a la lógica de la producción. Así, la lógica del consumo individualista de mercancías, contrapartida del esquema de organización de la producción y acumulación del capital del fordismo, implica la "mercadización" de la sociedad, creando permanentemente nuevas "necesidades", y transformando nuevas actividades del quehacer humano en mercancías; subordinando no solo la fuerza de trabajo sino también la cultura, la enfermedad, la educación, la muerte, el tiempo libre. Dentro de la esfera de creación de nuevas formas de mercantilización de las actividades humanas se encuentran tanto las actividades culturales como las implicadas en los medios de comunicación e información. Entre estos últimos, el concepto de objetividad informativa oculta la realidad de una utilización mercantil y/o ideológica en la lectura y presentación de los sucesos cotidianos. La potencialidad simbólica del relato de los hechos cotidianos, la desvirtuación de las causas reales de los acontecimientos sacrificada en harás de una sucesión veloz, superficial y continua de hechos, se realiza bajo el supuesto latente de una comprensión e identificación en la descripción y el relato de los hechos que se apoya en el sentido común (que se presenta como natural y dado y no construido socialmente), en el peso de la opinión pública, bajo la ilusión de la universalidad de los valores y de las visiones que se constituyen en unívocas por su apelación a la objetividad. De esta forma, la posibilidad de una lectura alternativa tiene la amenaza permanente del rechazo y el escarnio bajo la pátina de la objetividad y el sentido común. La mercantilización de estas áreas mencionadas específicamente no fue un hecho natural, sino el 101

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resultado histórico de una lucha, (que se desarrolla permanentemente) que se libra en el plano de lo simbólico en torno a, según Bourdieu (1988), además de otros, a "la producción del sentido común,... al monopolio de nominación legítima". En este esquema, a diferencia de los medios masivos de comunicación, tanto gráficos, radiales o televisivos, Internet permite un esquema de comunicación bi-direccional, el cual podría dar a un número de grupos (étnicos, políticos, etc.) el potencial de autodeterminación y de alternativa a la monopolización de nominación legítima. Por supuesto, no olvidamos que entre los obstáculos para este tipo de posibilidades se incluyen la concentración y centralización en el mercado de las comunicaciones (ejemplo del cual la batalla que involucra a redes de transmisiones de datos, medios gráficos, radiales, televisivos, tv por cable y teléfonos encuentra su ejemplo mas categórico en nuestro país) como así también los intentos de control de acceso y uso de nuevos medios tecnológicos como el Internet, y que dichos obstáculos son perpetrados tanto por las corporaciones privadas como por los gobiernos. Entre los distintos aspectos que desde la perspectiva de Masuda caracterizan a las redes de información global, analizamos algunas de las suposiciones que podrían llevar a calificar nuestra postura como escéptica respecto de las posibilidades de nuevas tecnologías y nuevas modalidades de comunicación en las que ellas se aplican, como en nuestro caso, en Internet. En realidad, creemos que mas que plantear una postura escéptica, tratamos de ser optimistas desde una perspectiva realista, en la cual, los factores que componen un contexto determinado donde las nuevas tecnologías y modalidades de comunicación se desarrollan, son citados, si bien no exhaustivamente, con el criterio de subrayar algunas cuestiones que hacen al escenario posible y potencial de usufructo de estos instrumentos. Así tratamos de mencionar algunos de los aspectos que creemos debían ser considerados a la hora de relativizar la infinidad de posibilidades que un esquema como Internet supone para la humanidad en su conjunto. Las características descriptas trataron de tener algún tipo de referencia (sin nombrarlas específicamente), con algunos de los contenidos teóricos desarrollados por los clásicos de la sociología nombrados anteriormente. No obstante ello creemos que es posible, a modo de finalización, tomar algunos aspectos mas para analizar en relación a Internet. La posibilidad de extensión de la mercantilización de las relaciones sociales del área de la producción a las distintas áreas del quehacer 102

 

 

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humano suponen necesariamente un rol importante de parte del Estado; rol que a posteriori ha implicado una burocratización creciente de sus tareas, las cuales fueron origen y objeto de conflicto y desigualdades. Racionalización creciente y burocracia fueron los elementos que Weber caracterizaba como propios del capitalismo; en tanto que la extensión de la lógica de la mercancía al conjunto de las relaciones sociales fueron algunos de los elementos que Marx definió como característicos de este tipo de formación social. La necesidad de la burocracia de limitar Internet, ya sea tanto para sus intereses de clase como para evitar nuevas problemas de legitimación (que en este caso no serían del capitalismo tardío, sino característicos de la posmodernidad), como así también de las grandes corporaciones y monopolios económicos para su usufructo, o bien en conjunto (piénsese cuan beneficioso en términos de legitimación y en términos económicos sería la implementación de planes de conexión a la red de sistemas educativos de enseñanza, como por ejemplo, la propuesta de Enero de 1994 del vice presidente de E.E.U.U. Al Gore de conectar todas las escuelas, hospitales y bibliotecas estadounidenses a la Autopista Informática para el año 2000 (Moll, 1997)), no obstante, supone ciertos límites: la misma lógica de mercantilización del consumo de masas y la propia ilusión de libertad, igualdad y posibilidad frente a las mercancías se extiende como ideal a determinadas áreas de lo político y social que encuentran resistencias a su delimitación. Así, esta lógica contiene a su vez la amenaza permanente de cuestionamiento frente a desigualdades, y provoca además el temor ante la posibilidad de su propagación mediante un instrumento que puede conectar a millones de personas sin control. La posibilidad de que Internet despliegue una "conciencia recíproca y solidaria" (Roggen, 1997) más allá del hecho de resistencia a su limitación, es sin dudas un objetivo de logro político, que podría dar lugar a una interesante lucha en el plano de lo simbólico: la posibilidad de generar visiones de las desigualdades y divisiones de la sociedad, autonomizadas del poder, a partir de la base de intercambio de información entre usuarios en la red.

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CAPÍTULO VII

MODERNIDAD Y SOCIEDAD DE MASAS: VARIEDAD DE LAS EXPERIENCIAS CULTURALES Extraído del Libro: “IND. CULTURAL Y SOCIAL DE MASAS” de Daniel Bell

Cada época vulgariza, a nivel cultural, ciertas palabras, algunas de las cuales han sido acuñadas con ese propósito, mientras otras son palabras antiguas que han sufrido una nueva definición. Dichas palabras, como lo señala Raymond Williams, “pueden utilizarse como los cambios más vastos de vida y de pensamiento, a los que se refieren las transformaciones del lenguaje”. En la actualidad una de las expresiones que más se utilizan, con ese carácter de mapa, o plano, es sociedad de masas, tanto para referirse a lo amorfo y mecánico de la vida, como a la destrucción de los criterios de valor, etc., etc. Todos esos usos reflejan actitudes aristocratizantes o de protesta, y por lo tanto, la expresión o el término, aún cuando sean presumiblemente descriptivos, han quedado enredados en un trama de juicios y sentimientos referidos, en forma directa, a la sociedad contemporánea. Sin embargo, es evidente que la vida moderna dado que introduce en el mercado grandes masas de personas - mercado de productos, de cultura, de ideas, de decisiones políticas -, es desde luego, muy diferente a todas las culturas precedentes, ya sean culturas populares, tradicionales, aristocráticas, jerárquicas u orgánicas. Si puede, como pienso, ser útil el empleo de la expresión sociedad de masas, el concepto deberá quedar libre de cualquier deformación política para poder esclarecer dichas diferencias históricas. I.

GRAN SOCIEDAD ¿Quién conoce a quién? Es oportuno recordar que en 1789, cuando George Washinton se convirtió en el primer presidente de los Estados Unidos (la Constitución que orienta hoy nuestras vidas hacía poco que se había ratificado), los trece estados que formaban la Unión sumaban una población inferior a los cuatro millones de personas. De ella, 750.000 eran negros, lo cual significa que no contaban. Era una población joven. La edad media era 16 años y sólo había 816.000 varones que superaban esa edad. Pocos vivían en las ciudades. Nueva York, que era entonces la capital del 105

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país, tenía una población de 33.000 habitantes. En total, 200.000 habitantes vivían en las que se podían definir como áreas urbanas. Como tales se consideraban, entonces, poblaciones con más de 2.500 habitantes. De las veinticuatro áreas urbanas que entonces existían, doce tenían menos de cinco mil habitantes cada una. En ese pequeño país, los miembros de la lite política americana, como así también los miembros del exiguo reducto de las grandes familias, se conocían muy bien entre sí. Pero la mayor parte de la gente vivía una vida muy distinta. Al vivir en pequeñas comunidades aisladas, o en zonas de escasa población, muy pocas veces se afrontaban grandes distancias y un huésped llegado de lejanas tierras significaba una rareza. Las noticias no eran más que chismes locales y los poquísimos periódicos que existían concentraban su atención en torno a los acontecimientos parroquiales. La visión que el ciudadano común poseía del mundo y de la política era muy reducida. En la actualidad los Estados Unidos tienen una población de más de 180.000.000 habitantes; la edad media es superior a los treinta años, y 130.000.000 de personas tienen más de catorce. Unos cuarenta millones de personas viven dentro de las áreas rurales y sólo la mitad vive en establecimientos agrícolas. Más de cien millones de estadounidenses viven en áreas metropolitanas. Si pensamos en la cantidad de personas que cada uno de nosotros conoce y. lo que es más impresionante todavía, en el número de personas cuya existencia conocemos, comprobaremos que el cambio de dimensión es de veras extraordinario. En el trabajo, en la escuela, en el barrio en que vivimos, en el medio profesional, en nuestro ambiente social, cada uno de nosotros conoce centenares y hasta millares de personas. La multiplicación de los medios de comunicación de masas, el crecimiento de la vida política y los nuevos conocimientos geográficos, la enorme publicidad que tienen hoy los representantes de mundo del espectáculo y los personajes públicos, han contribuido a que el número de personas cuya existencia conocemos deba ser representado por una escarpada curva exponencial. Con la multiplicación de los contactos, el crecimiento de la movilidad geográfica y la desintegración de las características regionales y folklóricas, en los últimos años los Estados Unidos se han transformado, quizá por primera vez en una verdadera y real sociedad nacional.

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Con dificultad podrían determinarse verdaderas y reales instituciones nacionales. En un conocido fragmento de su biografía de Hawthorne, escrita en 1879, Henry James se admiraba ante la ausencia en los Estados Unidos de un tejido conjuntivo social en este tiempo. No había una aristocracia ni una clase de intelectuales, ni siquiera una clase de personas capaces de vivir bien; no existía una gran Universidad y apenas si había un nombre nacional específico. Cuando el mismo decidió establecerse en Inglaterra, como expatriado, dio a entender que la situación había permanecido sin variantes hasta aquellos mismos días. James describió los Estados Unidos de la mitad del siglo XIX. Cien años después, los vínculos institucionales son todavía muy débiles. No existe una Iglesia, sólo algún personaje teológico . No existe una clase legista solo algunos abogados. No hay una sociedad; surgen algunas personalidades. Hay un sistema nacional de partidos, pero muy pocos personajes nacionales con un relieve propio. Se anuncia el florecimiento de una clase intelectual, obtenida a través de las universidades más importantes (Harvard, Columbia, Chicago, Berkeley), existe un élite dirigente, pero no logra individualizarse más que a través de vínculos o relaciones personales, por medio de una ideología formal. Existen también círculos nacionales, más pequeños, de científicos, personalidades militares, periodistas y otros similares. A pesar de todo ello, ninguno de estos elementos constituye el tipo de entidad cohesiva que pueda brindar a la sociedad estadounidense una clase dirigente (stablishment) bien identificable. El elemento que contribuyó a amalgamar desde dentro, desde su aparición, nuestra sociedad nacional, fuera de algunos poco héroes políticos, tales como Rosevelt. Eisenhower o Kennedy, ha sido la cultura popular. El crecimiento del cine, de la radio y la televisión, la posibilidad de imprimir en forma simultánea, en distintas ciudades, varias revistas semanales, con el fin de procurar en el mismo día, una distribución nacional, uniforme, han contribuido, por primera vez en la historia, a que una serie común de imágenes, ideas y posibilidades de diversión se presenten, a un mismo tiempo, a un público nacional. La sociedad a la que le faltaban instituciones nacionales bien definidas y una clase dirigente consiente de serlo, se amalgama a través de los medios de comunicación de masas. En la medida en que es posible establecer la fecha de una revolución social, quizá podamos considerar que el 7 de marzo de 1955 es una verdadera piedra angular. Aquella noche, uno de cada dos estadounidenses contemplaba a Mary Martín que se presentaba en Peter Pan delante de las telecámaras. Jamás, 107

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hasta entonces, a través de toda la historia, ningún individuo había sido visto y oído a un mismo tiempo por tal cantidad de personas. Aquello era ¡o que Adam Smith había llamado la Gran Sociedad, pero grande en una medida que ni él mismo había podido ni siquiera imaginar. LA MASA EN TANTO IGUALDAD TOTAL La palabra cultura ha vuelto ha ser definida en nuestros días, de tal modo que aquello que en otro tiempo designaba un refinamiento moral e intelectual, ha incorporado hoy los códigos de una conducta de un grupo o de un pueblo. En forma análoga, también la idea de sociedad que antes designaba a un grupo de personas bien nacidas, de maneras refinadas, se ha ensanchado hasta acoger a todos los individuos que constituyen una determinada unidad social. Desde este punto de vista, uno de los aspectos característicos de los tiempos modernos, consiste, para citar una frase de Edward Shils, en que por primera vez “la masa de a población ha sido incorporada a la sociedad”. En épocas precedentes, gran parte, y a menudo la mayoría de la población nacía y permanecía siempre ajena. El tema de igualdad - simbolizado en el siglo XIX en forma evidente por la exigencia del sufragio político y en el siglo X por la paridad de posibilidades -, el hecho de que las masas rehacen su exclusión de la sociedad, se transforma en las características determinantes de la sociedad de masas. El estilo de vida, los derechos, las normas y los valores, el acceso a los privilegios, la cultura, todo cuanto fue antes propiedad exclusiva de una élite, pertenece hoy a todos. En la sociedad de masas democrática el hecho de poseer un lugar en la sociedad implica también otras cosas: significa no sólo participar de los frutos de la sociedad sino también poseer el derecho - y la oportunidad - de elegir. Elegir los legisladores, elegir un trabajo o urja profesión, elegir el lugar para vivir, elegir los amigos, elegir lo que se quiere comprar. Resumiendo: tener el derecho de enunciar y pronunciar juicios en todos los sectores de la vida, desde la política hasta el arte. Todo esto ha sido posible a partir del momento en que surge la producción y el consumo masivo y la consiguiente nivelación de los estilos de vida que contraponían a las clases. A partir de 1920 las diferencias entre ricos y pobres han ido modificándose o se han disfrazado con paliativos. Las grandes propiedades se han empequeñecido. La alta sociedad ha sido suplantada por el olimpo de las celebridades. Típicos modos de vestir y de viajar han sido en gran parte eliminados.

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Subsisten siempre algunas diferencias, pero se trata más bien de una cuestión de nivel más que de sustancia, de cantidad más que de calidad. Este rápido proceso de aumento de nivel plantea el problema de quién se ha de convenir en árbitro del gusto, en guía de la cultura. Pocas sociedades son capaces de absorber, por así decirlo, cambios tan rápidos. Las instituciones sociales consolidadas - iglesia, sistema educativo - familia - tienden a ser conservadoras y se orientan, por lo común, hacia modelos del pasado. Pero una sociedad que vive en proceso de cambio vertiginoso, provoca siempre confusiones inevitables en todo lo que se refiere a criterios exactos sobre el comportamiento, el gusto y el modo de vestir. Una persona socialmente móvil no tiene a su alcance los medios para obtener la nueva noción del cómo vivir mejor que antes. La sociedad victoriana y post-victoriana asumió el honor de iniciar en las buenas maneras a la clase comercial naciente, y para ello disponía de libros sobre etiqueta, sobre cómo comportarse a la mesa, etc., etc. Hoy esa función mediadora la realizan los medios de comunicación de masas. Los mentores de la conducta son los films, la televisión y la publicidad. En este sentido, las más media poseen en el cambio de las costumbres un papel que no se limita a estimular exigencias. Los medios de comunicación de masas comienzan a elevar el gusto, y el nuevo público, sediento de cultura, hasta una variada serie de agencias especializadas dispuestas a servirlo. Los nuevos artífices del gusto revistas femeninas, publicaciones periódicas dedicadas a la casa y a la decoración, revistas sofisticadas como The New Yorker o Esquire, instituciones de gran prestigio como el Museo de Arte moderno enseñan a los individuos el estilo de vestir, de poner una casa, de construir el gusto por el arte, los vinos que vale la pena coleccionar, los quesos que hay que comprar en una palabra, el estilo que corresponde a la nueva situación de clase media. Si bien es verdad que estos cambios sólo influyen en un principio sobre el estilo de vida en una forma superficial en la manera del modo de vestir, el modo de comer y el nivel de las diversiones-, antes o después provocarán una metamorfosis que habrá de influir sobre aspectos morales más hondos, y así lo experimentará la estructura de la autoridad en el mismo seno de la familia y los valores de la sociedad en su conjunto total. Si antes la cultura fue una sobre-estructura de la sociedad, plasmada por tradiciones de trabajo, familia y vida religiosa, hoy la sed de cultura se transforma en su propio fundamento; sus impulsos plasman los otros componentes vitales. 109

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En Estados Unidos la sed de cultura es asombrosa y las estadísticas de consumo de cultura son en verdad imponentes. Tomemos al azar algunas cifras: hace veinticinco años había en los Estados Unidos más de 600 museos de arte y hoy existen más de 2.500, todos ellos muy visitados. El Louvre, en una estadística revelativa a uno de estos últimos años, indicaba que visitaron el museo 1 ,671 .00 personas (incluidos los turistas). Esta cifra corresponde a menos de la mitad del número de visitantes del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. En el sector musical podemos ver que existen hoy cuarenta y dos grandes orquestas sinfónicas en los Estados Unidos. En 1905 sólo había seis y en 1956, treinta y dos - la venta de libros - se excluyen los de texto, se han duplicado en el último decenio y el mayor aumento se ha producido en la ediciones económicas de libros de más alto nivel. La cantidad de dinero empleada en asistir a atracciones deportivas ha disminuido. En gran parte, desde luego, por obra de la televisión cuyos costos son psíquicos, y no financieros -. En contraposición, ha aumentado la cantidad de dinero que se gasta en lecciones de música y de artes figurativas. En una visión de conjunto, la situación debería parecer en verdad muy positiva. Hace diez anos, Frederick Lewis Allen, el difunto director de Harper’s la resumía diciendo que los Estados Unidos constituían un hecho único en la historia cultural. “He aquí una gran nación comprometida en un experimento sin precedentes. Ha tomado un número increíble de personas a las cuales antes no les interesaba el arte y que carecían de cualquier refinamiento intelectual. Es totalmente injusto pretender compararlas con los aficionados al arte o a la literatura que existen en otros países. Aquellos forman una élite, algo muy distinto. Debemos subrayarlo; aquí hay algo nuevo, no se había visto jamás algo similar a esto”. Y sin embargo, esta nueva cultura - cultura de masas, cultura popular, cultura de semi intelectuales - suscita más detractores que defensores. En estos años en que asistimos al boom de dicha cultura, quienes la critican resultan cada vez más elocuentes. ¿Cuáles son sus acusaciones?.

II.

ACUSACIONES CONTRA LA MASA De la política a la cultura Los efectos de la cultura de masa han sido uno de los temas preferidos de las discusiones culturales del último decenio. Y ello se debe a diferentes motivos. 110

 

 

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Ante todo, a la rápida difusión de la televisión. Es indiscutible que la televisión ha sido el verdadero medio de comunicación de las masas y el agente más poderoso del que se puede disponer para acercar en forma simultánea a un mayor número posible de personas. En 1948 unas 200.000 familias poseían aparatos de televisión, diez años después se habían instalado televisores en cuarenta millones de casas. A comienzos de 1948 habían quince canales emisores; diez años después su número alcanzó a quinientos veinte. No sólo el paisaje estadounidense apareció salpicado de antenas de televisión acaparó la mayor parte del tiempo de la familia estadounidense. Los investigadores de la Nielsen refiere que en 1958 la casa media dotada de televisión ocupaba cinco horas diarias en ver televisión, y durante enero, el mes de más frío, se llega a seis horas diarias. E hecho de que la mayor parte del tiempo televisivo fuese ocupado por comedias insípidas o soporíferas, o por estereotipadas historias de violencia, que abarcan desde los cow-boys del Oeste hasta los gangsters de las grandes ciudades, planteó la duda de que el gusto nacional fuera corrompiéndose irremediablemente. Otro motivo de preocupación, en lo que se refiere a la cultura de masas, más difundido y. desde el punto de vista sociológico, más importante, fue el cambio de relación que se produjo entre los Estados Unidos y el resto del mundo, y en especial con Europa, después de la Segunda Guerra Mundial. Por primera vez los Estados Unidos, aún en forma un poco torpe y con cierto embarazo reclamaban para sí la leadership moral del mundo. Los Estados Unidos era la nación más fuerte desde el punto de vista militar, pero además ofrecían realizaciones que eran productos exclusivos de la historia y del carácter nacional estadounidense. Los ejemplos abundan; un alto nivel de vida, consumo masivo de artículo de lujo ausencia de conflictos de clase, un sistema operante de gobierno democrático. La antigua pregunta planteada por Crevécoeur - ¿Quién es entonces el americano, ese hombre nuevo? - volvió a tener actualidad. En 105 programas de las universidades estadounidenses volvieron a ocupar un primer lugar los cursos de estudios americanos. Los historiadores redescubrieron a Tocqueville. La historia anterior dejó de leerse como la historia de los conflictos de grupos antagónicos, para ser enfocada como el desarrollo de las bases igualitarias y los impulsos morales que contribuyeron a formar un carácter. Pero el sistema resulté apto también para la exportación. Llegaron a los Estados Unidos numerosos hombres de negocios europeos, para aprender el secreto de la productividad americana. Se invitó a sindicalista europeos para que enriqueciesen sus nociones sobre contratos económicos colectivos. 111

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Todo esto contribuyó a suscitar el temor a la americanización de Europa y al consecuente derrumbe de sus parámetros culturales y de su homogeneidad cultural. Esto se produjo sobre todo entre las clases intelectuales europeas. Y la investigación a la que los europeos sometieron la vida contemporánea estadounidense se concentró en especial sobre la naturaleza de la cultura de masas. Todo ello coincidió con un típico complejo americano. Luego de la guerra resultaron más evidentes algunos extraordinarios cambios sociales: la asimilación cultural de la vida americana y la incorporación a ella de los hijos de inmigrantes; el aburguesamiento de la clase obrera; el crecimiento de los barrios residenciales sub-urbanos; el aumento de ganancias, que implica, a su vez, en la pequeña clase media, un mayor deseo de bienestar; la nueva abundancia, simbolizada por la adquisición de televisores, lavaplatos automáticos, automóviles y hasta por la inclinación hacia los alimentos refinados y exóticos; la curva creciente de la instrucción superior, que recibió gran impulso de “G.I. BilI”. La clara autoconciencia motivada por dichos cambios y la inseguridad con respecto a los gustos y al comportamiento correspondiente, provocaron una serie de ansiosas preguntas acerca de la propia identidad, que constituyen un hecho único en la historia de los grupos y las culturas. Hasta los títulos de los libros que tuvieron más éxito - La muchedumbre solitaria, El hombre de la organización, Los cazadores de prestigio -, de cada uno de los cuales se vendieron más de 200.000 ejemplares en ediciones económicas, demuestran el interés que hubo durante los últimos años por la sociología popular. También dichos exámenes de conciencia sobre la validez de la vida americana se concentraron sobre la cultura de masas, en cuanto producto y símbolo evidente de la nueva era. Por último, si se quiere explicar el gran interés otorgado durante este decenio a la cultura de masas, será también necesario tener en cuenta las transformaciones sufridas en el carácter del radicalismo político. Desde el punto de vista cuantitativo, nunca los radicales alcanzaron un gran número en los Estados Unidos. Pero los críticos radicales han ejercido siempre una influencia superior a su consistencia cuantitativa. Ante todo, las acusaciones dirigidas por esos críticos contra la pobreza, la desigualdad de posibilidades, la injusticia y la corrupción han dado siempre en el blanco. La mayor parte de dichas acusaciones fueron aceptadas por la sociedad. En segundo lugar durante los últimos treinta años los intelectuales norteamericanos han sido casi 112

 

 

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siempre liberales y los críticos radicales constituyeron una porción notable del conjunto de la comunidad intelectual: las grandes universidades, las casas editoras, las revistas. La suma del tiraje de revistas como Patisan Review, Commentary, Dissenyt, The New Leader, The Nation o The New Republic, y de publicaciones trimestrales en serie, como Daedalus, Kenyon Review, Hudson lReview y otras, pude ser menos que la de los semanarios informativos, si se la compara con la de éstos, o aun con publicaciones mensuales no especializadas, como Harpers o Atlantic Monthy, pero el público al que llenan es aquel que determina la opción intelectual del país, y las ideas que se discuten en estas publicaciones influyen . Aun en forma indirecta, sobre los directores y redactores de los periódicos de las revistas nacionales de información, de los programas radiofónicos y televisivos, etc., etc. Durante la década del treinta la mayor parte de la crítica radical americana se concentró sobre las injusticias económicas y sociales. Pero durante los decenios siguientes, en los que surgió el estado de bienestar y se produjo la traición a los sueños utópicos, destruidos con la crudeza por los proceso de Moscú y el pacto nazi-soviético, la crítica radical perdió mucho de su impulso y gran parte de su fuerza de choque. Entre 1940 y 1950 la crítica política se transformó en crítica cultural. El intelectual radical, luego de asumir el papel de crítico, al haber disminuido los males económicos más graves orientó su atención hacia la cualidad de la vida americana Al mismo tiempo, también los medios de comunicación de masas procuraron establecer contactos con los intelectuales y los invitaron a escribir en periódicos de gran difusión y a convertirse, ellos mismos, en tema de las revistas populares. (En 1959, por ejemplo, el Saturday Evening Post, comenzó a publicar en primera plana, una serie de artículos, cuyo título fue Aventuras de la inteligencia, con la colaboración entre otros, del poeta Randal Jarrel, el crítico de arte Clement Greeemberg y el novelista C.P. Snow). Un semanario como The New Yorker, que durante la década del cuarenta fue acusado por la Partisan Review de ser demasiado pulido y perfecto, publicó entonces, con regularidad, artículos de críticos tales como Edmund Wilson, Dwight Macdonald y Mary McCarthy. Los términos highbrow y lowbrow, acuñados por Van Wyck Brooks, en 1915, en su conocido ensayo America’s Coming of Age, para establecer diferencias ente el intelectual - “en su aislamiento es un pez fuera del agua”- y el hombre de negocios filisteo-”no conoce más que la ganancia”-, fueron resucitados y se les intercaló una nueva 113

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categoría, el middlebrow. La crítica cultural se convirtió en un juego y el juego de moda. La cultura dejó de concebirse, tal como había sido hasta entonces, fundada sobre las obras de arte, y pasó a considerarse desde el punto de vista de cómo se organizaba y realizaba un estilo de vida. La crítica cultural siguió el mismo ejemplo y se transformó en un juego snob, entre empresas de publicidad, ilustradores de revistas, decoradores de interiores, redactores de semanarios femeninos y el grupo homosexual del East Side, de acuerdo con la cuota correspondiente a cualquier pasatiempo de moda. El juego de alto medio y bajo pasó la moda en cuanto se hizo medio, pero pronto fue sustituido por el nuevo juego de adentro y afuera, inand-out. Estar adentro significó anticiparse a la masa en lo que se refería a la moda, o también preferir lo que gustaba al vulgo (por ejemplo, el Daily News de Nueva York, movidos thrillers cinematográficos de segundo orden, enormes, populares y relucientes sales de baile). Estar afuera significaba preferir lo que antes había significado estar adentro, sin advertir que en ese momento era estar afuera, ajeno al mundo de lo chic. A pesar de que la crítica cultural se transformó en un juego, no dejó de ser un grave problema para el intelectual, el cual se vio invitado a asumir un papel, por ambiguo que fuese, dentro de una cultura que siempre prefirió. Muchos de los críticos radicales tuvieron la sensación de que se les invitaba a colaborar con los medios de comunicación de masas a fin de dar brillo, decoro y falso prestigio a las revistas y a la televisión, con el propósito de que los temas y las ideas de la literatura sería se convirtieran en elementos propicios para producir impacto. Así fue como la relación entre el intelectual y la cultura de masa, en sus comienzos, durante la década del cincuenta, fue un problema que tuvo importancia y fue pretexto para realizar simposios de investigación y redactar extensos ensayos críticos. Todos estos motivos- la delicada relación de los Estados Unidos, que se sentían observados, con el resto del mundo, el examen de conciencia de una sociedad que, con desagrado, advertía su fisonomía de clase media, la rápida expansión de los medios de comunicación de masas (en especial la televisión) y la transformación de la relación entre el intelectual y la sociedad- hicieron que los problemas de la cultura de masas se convirtiesen, a mediados de siglo, en un tema dominante.

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CAPÌTULO VIII

PREGUNTAS A MEDIA LUZ: LA COMUNICACIÓN COMO PROBLEMA A la hora de enfrentarme con un texto en el que manifieste mis opiniones o perspectivas sobre el futuro de la comunicación en la era de las nuevas tecnologías me acompaña una cierta zozobra, más bien incertidumbre, edulcoradas ambas con un cierto glamour de innovación que los tiempos requieren para poder transitar por ese sujeto definido como sociedad de la información. Las razones de la incertidumbre se articulan en preguntas retóricas que no por tales dejan de tener validez. Preguntas del tipo de: ¿cómo la irrupción e instalación de las nuevas tecnologías afecta al desarrollo de la comunicación humana?, ¿la implementa?, ¿la elimina?, ¿estamos hablando de estrategias de comunicación para sectores privilegiados?, ¿la nueva comunicación tecnológica es sinónimo de negocio?, ¿y la comunicación humana queda relegada a situaciones y estructuras sociales menos favorecidas económicamente? La comunicación como fenómeno social, y huyendo de la idea solipsista que algunos profesionales de los medios mantienen, ha dejado de ser un oasis (W. Schramm, 1953) donde repostaban y descansaban académicos, intelectuales y profesionales en su tránsito hacia más nobles esferas del conocimiento. Estamos lejos del sentido de aquella metáfora de W. Schramm. La comunicación mediada tecnológicamente se configura hoy día como ese eje transversal que recorre toda iniciativa humana. Pero... déjenme que les plantee mi primera controversia: ¿Cuanto mayor es el desarrollo de la comunicación tecnológica, mayor o menor es la presencia de la comunicación humana no mediada tecnológicamente? Esta pregunta requiere, en primer término, una explicación inequívoca: la comunicación humana no mediada tecnológicamente es la comunicación mas completa, eficaz, en tanto que tiene la posibilidad de poner en juego los diferentes tipos de lenguajes que el ser humano pueda utilizar, así como acometer las diferentes funciones que el lenguaje pone en juego en cualquier proceso de intervención humana. Dicho lo cual 115

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adentrémonos en nuestro escenario comunicativo. INDICACIONES PARA NAVEGAR POR ESTE MAR PROCELOSO La situación comunicativa en la que nos encontramos es una situación de tránsito, de tránsito entre unas viejas tecnologías cuyo uso y dominio forma parte del acerbo común y donde la televisión se instala y se erige como el factotum del universo comunicativo; y otras nuevas tecnologías cuya irrupción y hegemonía se nos antoja imparable y donde la telecomunicación e Internet implementan a aquellas en un principio para después acabar desplazándolas. Pero, ¿esta situación brota espontáneamente?, ¿hay precedentes que la explican?, ¿cuáles? Un reseñable número titulado Future in the Field (Summer, 1993) de la revista Joumal of Communication, así como un viejo artículo publicado por el profesor M. de Moragas en la revista Telos ya anunciaban de manera clara y premonitoria el futuro de la comunicación. Y lo anunciaban en base a consideraciones como las siguientes: •







No son buenos tiempos para pensar en y sobre la comunicación. La velocidad de los diferentes sistemas comunicativos imponen una lógica que obliga a la sociedad a someterse a otras lógicas, inequívocamente, las de la política y la economía. Es cierto por otra parte, que el desarrollo y la innovación tecnológica en el dominio comunicativo es imparable, yeso se manifiesta en la extensión de la información. El viejo aforismo de McLuhan forma parte de nuestro presente continuo. Esta extensión se manifiesta en su doble versión, longitudinalmente con su alcance urbi et orbe y verticalmente con la integración de los diferentes medios, más exactamente con la integración de todos y cada uno de los medios que configuran el actual parque tecnológico comunicativo. Estas aportaciones tecnológicas enarbolan la bandera de la interactividad comunicativa, más correctamente eliminan la distancia que los viejos medios planteaban en la relación emisor-receptor pero lejos todavía de esa interrelación que provoca toda situación interpersonal dialógica en una 116

 



 

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comunicación no mediada. ¿deberemos olvidamos en estos nuevos escenarios comunicativos en los que el cyborg emerge con carta de naturaleza, de las viejas relaciones clásicas como es el diálogo presencial? La instalación de las nuevas tecnologías nos obliga también a reflexionar sobre aspectos, quizá equívocamente desplazados, como son las teorías de regulación de los medios, la supremacía de lo privado sobre lo público, el desajuste entre lo ofertado y nuestra capacidad de consumo mediático, y la naturaleza y veracidad de las transformaciones en los diferentes sectores productivos con el uso de las nuevas tecnologías.

Donde realmente la nueva comunicación encuentra su floreciente ubicación es en el territorio de la economía, más concretamente y parafraseando otra vez a McLuhan, en la interpretación de la comunicación como negocio y el nomadismo económico-social que esta propuesta ha generado. Estar en el negocio de la comunicación es una forma de estar en el mundo (No creo que la cita corresponda a M. Heidegger). El incremento del volumen de inversión y facturación de las nuevas tecnologías, especialmente Internet, en esta nueva sociedad de lo inmaterial supone elevados porcentajes en el PIE de los países desarrollados. Ese incremento se manifiesta en el florecimiento de empresas multimedia y de telecomunicaciones, en la necesidad de hacer uso para todo tipo de análisis social de los estudios de audiencia y recepción, en la constitución de nuevos sectores productivos intangibles encaminados al tratamiento de la imagen, de la comunicación interna.. .Como dato significativo quisiera señalarles que en un estudio de prospectiva sobre actividades profesionales con futuro realizado a finales de los años 90 por la revista económica norteamericana F orbes se decía que, cara al siglo venidero, de cada 10 empleos nuevos, 7 estarán relacionados con las tecnologías de la comunicación, bien sea en el dominio del hardware o del software, y los tres restantes estarán relacionados con funciones sociales como la educación y el cuidado de los sujetos no productivos. Respecto al comportamiento de las tecnologías de la comunicación con las tecnologías del espíritu el panorama también aquí resulta contradictorio. De un lado, la posibilidad de estar informados en el mismo instante eliminando la coordenada 117

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temporal a través de la homogeneización de la información, permite técnicamente un acceso simultáneo al conocimiento. Pero las nuevas tecnologías no nos hablan nada de cómo dotamos de sentido y significamos aquello que recibimos todos en el mismo instante; salvo que no haya nada que explicar y, casi como si de un velocísimo túnel del tiempo se tratara, formáramos parte ya todos de lo que en otros dominios se configura como el pensamiento único, y que en el caso de la comunicación adquiriría la forma de mirada única o más concretamente la mirada de unos. Por razones que exceden el desarrollo tecnológico, nos vemos obligados a preguntamos el lugar y el sentido de la identidad, a sabiendas de que el mestizaje intelectual es el único lugar desde donde se construye el conocimiento, y el mestizaje físico es el único que trata de poner en pie de igualdad, por clara y contundente razón democrática, a los unos con los otros. ¿No existe más que un imaginario colectivo?, ¿la identidad de qué, para qué, dónde?, ¿es una relación antinómica la de nuevas tecnologías e identidad?, o ¿es ahora más que nunca cuando las nuevas tecnologías permiten la aparición de los sin voz en los contextos sociales? No podemos recomendar otra actitud que la de la atención a los tiempos que vienen. Como referencia es preciso hacer notar ciertos comportamientos sociales actuales y similares: por un lado aquellos que se manifiestan en sectores de la burguesía ilustrada de zonas de los Estados Unidos, y por el otro los que se manifiestan en aquellos sectores populares de sociedades en vías de desarrollo como las de América Latina, movimientos claros e inequívocos orientados hacia el abandono de sus prácticas de consumo mediático, y su reencuentro con formas de expresión comunicativa tradicional; dicho en otros términos, la vuelta a la comunicación interpersonal y colectiva especialmente...o en su defecto al silencio.

¿SERÁ VERDAD QUE ESTE MAR SE VUELVE, DÍA A DÍA, MÁS TURBIO Y OSCURO? No. Este mar no es más negro que otros que nos han precedido, pero es verdad que han cambiado los vientos y las corrientes, necesitando para navegar por él otro tipo de instrumentos. Es incontestable, y sirva esto para deshacer equívocos, que la comunicación no es el mal y la perversión de la democracia; sino 118

 

 

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inequívocamente la condición de su existencia y su funcionamiento. No existe proceso democrático allá donde no exista comunicación, pública y privada. Dicho esto, también deberíamos decir que el abundamiento de comunicaciones mediáticas no resuelve la carencia de comunicaciones interpersonales, pero palía, momentáneamente al menos, la distancia relacional entre la escala colectiva e individual de la sociedad. Las nuevas tecnologías de la comunicación aparecen en escenarios sociales donde emergen grupos de decisión que anhelan introducirse en la propia lógica tecnológica, es decir, nuevos sujetos socializados desde su infancia con las viejas tecnologías, especialmente la TV La aparición de las NTI en este escenario funciona a modo de correlato natural, y su apropiación y utilización forma parte de la evolución natural. Dicho en otros términos, los nuevos medios forman parte del substrato intelectual y cognitivo de los nuevos actores sociales, quienes día a día van ocupando los órganos decisorios del nuevo orden y desarrollo de la comunidad. Tal como señala D. Wolton (1997) en su libro Penser la Communication los nuevos actores sociales alimentados por los aforismos posmodernos, es decir sujetos que han desplazado de sus sistemas de valores aquellos que configuraron épocas precedentes, han encontrado en la comunicación y lo que le rodea su vellocino de oro y corren desaforadamente tras él, haciendo de la velocidad, de la instantaneidad, del presente continuo sus estandartes. Desde estas circunstancias las nuevas tecnologías de la comunicación satisfacen de manera eficaz la necesidad de una comunicación inmediata. El contenido de la información es menos importante que el artefacto que lo vehicula; y la instantaneidad es más satisfactoria que el contenido del mensaje recibido, característica esta última ya positivamente valorada en algunas de las teorías del periodismo clásico. La nueva cultura parte de la idea, por otra parte nada desdeñable, de que todo está permitido en el marco de la creación. El postulado es crear de modo rápido, fugaz; para antes poder diferenciarse del otro. En estos lugares la velocidad es el vector 119

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fundamental. Instalamos en una cultura del instante, del tiempo indefinido es que la que parece configurar el nuevo progreso. Todo ello caracterizado por un label ecológico ya que con las nuevas tecnologías todo parece ser limpio, desprovisto de nocividad, inmaterial, convivencial, directo, leve creando una realidad virtual que no necesita justificarse respecto a ninguna tradición; en el límite, son agradecidos ya que son herramientas que no exigen ningún esfuerzo y liberan al ser humano de toda fatiga. Parece que poder comunicar con no importa con quien, a no importa que hora, desde no importa donde, sobre no importa que debe de tener algo de maravilloso y fascinante. Un nuevo paradigma social se instala rápidamente entre nosotros. Del universo de la contemplación que procura a TV a la situación de tránsito y movilidad permanente que presenta Internet. Internet es el contrario de la TV. El intercambio prima sobre la imagen. La suerte está echada. Y para aquellos de nosotros que aún no hemos roto el espejo acompañar a Alicia en el otro lado del espejo a la manera de nuevos Forrest Gumps nos resulta algo complicado. Déjenme que acabe con otra analogía literaria, aquella que plantea 1. Asimov en uno de sus cuentos donde sus personajes, habitantes de un imaginario planeta llamado Solaris, tenían la posibilidad de estar conectados tecnológicamente con todas las galaxias, pero no se podían tocar entre ellos. El que esto escribe tiene todavía la manía de despedirse de los amigos con un fuerte apretón de manos. José Antonio Mingolarra, Los Medios de Comunicación en la Sociedad Actual Lectura: Preguntas a Media Luz La Comunicación como Problema” pp. 53-58.

LAS POLÍTICAS CULTURALES COMO PARTE DEL DESARROLLO Y LA INTEGRACIÓN GLOBAL Cultura y desarrollo Estos dos términos se asocian ahora con frecuencia en la literatura internacional; hasta algunos programas y organismos consagran su «matrimonio» (por ejemplo, la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de la UNESCO, que ha efectuado reuniones en varios 120

 

 

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continentes). Sin embargo, hace apenas veinte años esto no ocurría. Los diagnósticos de los científicos sociales y los planes gubernamentales definían el desarrollo de los países periféricos por referencia a los indicadores de modernización tecnológica, industrialización y crecimiento del producto de las metrópolis; las particularidades culturales que distinguían a las sociedades eran miradas , rezagos tradicionales que la modernización superaría. En cuanto a los trabajos sobre políticas culturales, éstos consistían en: a) reflexiones ensayísticas para revistas literarias; o b) descripciones burocráticas de instituciones. Sólo algunos libros excepcionales, como El desarrollo cultural. Experiencias regionales, publicado por la UNESCO en 1982, plantearon más orgánicamente cómo se relacionan los movimientos creativos y la administración de los recursos culturales en cada sociedad con sus «formas de crecimiento», con las «nociones de equidad, de justicia social» y «calidad de vida». Sin embargo, las cuestiones multiculturales ocuparon escaso lugar en las casi quinientas páginas de esa obra. El tratamiento «compartimentado» de cada continente o región por autores que trabajaron en forma separada dio poca oportunidad para trabajar las complejas interrelaciones multiculturales generadas por las migraciones y los exilios interregionales e intercontinentales, por la transnacionalización de las comunicaciones y la globalización económica y cultural que hoy están en el centro de la problemática del desarrollo. Si recorremos los documentos de otros organismos preocupados por el desarrollo de América Latina (OEA, CEPAL, SELA) y las reuniones intergubernamentales (Grupos de Río, de los Ocho, de los Tres, etc.), hallamos que las cuestiones culturales suelen estar ausentes o son tratadas sin conexión con las encrucijadas y contradicciones del desarrollo continental. En pocos casos, por ejemplo en algunas conferencias de la UNESCO o la CEPAL, se ha buscado formar un cierto consenso internacional acerca de que el crecimiento de los países no puede evaluarse sólo por índices económicos, y que el desarrollo cultural, concebido como un avance conjunto de toda la sociedad, necesita una política pública: no puede ser dejado como tarea marginal de élites refinadas o librado a la iniciativa empresarial de grandes consorcios comunicacionales. (véase UNESCO, 1994). Otro mérito que debemos reconocer a esas reuniones es que temas claves como el control transnacional de la información y la desigualdad social en la apropiación de los bienes artísticos, educacionales y 121

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científicos hayan dejado de ser discusiones murmuradas sólo en revistas políticas de oposición. Pero casi todos los debates y resoluciones se reducen a promover acuerdos de buena voluntad para la defensa del patrimonio nacional, el acceso de sectores populares a la cultura y la protección de los derechos de artistas y trabajadores culturales. Esas sugerencias pocas veces son acompañadas con análisis sobre las contradicciones básicas del desarrollo en los países periféricos. Complejas cuestiones tecnológicas, lingüísticas y artísticas son resueltas a menudo en función de criterios de rentabilidad financiera o consenso político, sin considerar suficientemente los aspectos técnicos ni el conocimiento de los especialistas. Se aconsejan planes de protección a las culturas indígenas y populares, pero sus protagonistas en pocas ocasiones participan en el diseño. Tampoco suelen intervenir en estas reuniones los representantes de empresas e industrias culturales, que como se sabe en esta segunda mitad del siglo XX se han convertido en protagonistas decisivos del desarrollo y la cultura. En los últimos años, algunos estudios de especialistas académicos, de organizaciones no gubernamentales y de organismos internacionales, han comenzado a reconocer las funciones de la cultura en las contradicciones del desarrollo. No se trata ya simplemente de relacionar disciplinas desconectadas: la economía con la antropología y la sociología de la cultura. El diálogo entre estos saberes está transformando lo que se venía entendiendo por desarrollo y cultura (Appadurai, 1990; Stavenhagen/Nolasco, 1988; Brunner, 1992). Sintéticamente, podemos decir que se está debatiendo entre una concepción unidireccional y evolucionista del desarrollo, medido según los criterios de racionalidad formal que rigen la eficiencia técnica del mercado; y una concepción multidireccional, capaz de hacerse cargo de diversos estilos y lógicas socioculturales, de la heterogeneidad interna de cada sociedad y de la multiculturalidad generada por la articulación de sociedades diferentes en procesos de globalización (Rosaldo, 1991; Qhase-Dunn, 1994; Calderón/Hopenhayn, 1994; Bonfil Batalla, 1992). En cuanto a la cultura, ya no se la piensa únicamente como el espacio de tos libros y las bellas artes. Es concebida como el conjunto de actos y discursos donde se elabora la significación de las estructuras sociales. Entendida como parte de los procesos simbólicos que contribuyen a la reproducción y transformación de las sociedades, se la ve como un espacio clave en la formación de las naciones modernas y en la reformulación de lo nacional que ocurre en las migraciones masivas, en la integración a mercados y circuitos transnacionales de 122

 

 

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bienes económicos y culturales (Featherstone, 1990; Martín Barbero, 1987; García Canclini, 1990). INTEGRACIÓN REGIONAL, GLOBALIZACIÓN Y CULTURA ¿Cuándo comenzó la integración de América Latina al mercado mundial? Autores como Immanuel Wallerstein y Aníbal Quijano fijan como inicio el momento de la conquista y colonización de América. Es innegable que se pueden rastrear los orígenes en la instauración de métodos homogéneos de control del trabajo, desde el siglo XVI, para diferentes regiones que unificaron estilos locales de producción y consumo. La cristianización de los indígenas, su alfabetización en español y portugués, y la uniformación de sistemas políticos y educacionales fueron consiguiendo uno de los procesos homogeneizadores más eficaces del planeta. Quizá con la excepción de los países árabes no exista otra zona en la que un número tan grande de Estados independientes comparta un mismo idioma, una historia, una religión predominante, y además tenga una posición más o menos conjunta, durante cinco siglos, en relación con las metrópolis. Sin embargo, esta integración histórica contribuyó poco a impulsar un desarrollo económico consistente y a hacernos participar en forma competitiva en el intercambio mundial. En el área cultural, pese a la multiplicación de organismos integradores desde mediados del siglo XX (OEA, CEPAL, ALALC, etc.), ni siquiera hemos logrado establecer entre los países de América Latina formas de colaboración duradera y de conocimiento recíproco. Sigue siendo casi imposible encontrar libros o discos centroamericanos en Montevideo, Bogotá o México. Nos enteramos por las agencias de noticias estadounidenses que filmes argentinos, brasileños y mexicanos ganan premios en festivales internacionales, pero eso no ayuda a que sus imágenes recorran el continente. Nuestras publicaciones, películas y obras musicales entran tan poco y tan mal a Europa y Norteamérica como nuestro acero, nuestros cereales y nuestra artesanía (ALADI, 1994). Una mayor integración cultural de los países latinoamericanos, y de éstos con el mercado mundial, se está produciendo desde hace unos cincuenta años a través de los medios de comunicación masiva. Primero la radio y el cine, luego la televisión y las últimas tecnologías (fax, correo electrónico, comunicación por satélite) nos vinculan en forma fluida y simultánea con la información internacional, a la vez que facilitan la exportación de algunos productos culturales latinoamericanos: notoriamente, las telenovelas mexicanas y brasileñas, y ciertas músicas étnicas y 123

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regionales. Los medios electrónicos están logrando un conocimiento recíproco entre los países latinoamericanos que dejan muy atrás los tímidos aportes de las embajadas y los planes de la OEA y otros organismos internacionales. ¿Podrían aún hacer algo estos organismos y los gobiernos para que la comunicación interregional, y con Estados Unidos y Europa, no quede sólo en manos de los empresarios, o sea que tome en cuenta tanto los intereses privados como los públicos? Para elaborar esta cuestión es necesario, ante todo, tener en cuenta que la interrelación entre las sociedades latinoamericanas no es sólo un logro de los medios masivos. La circulación más fluida de mensajes es resultado de las facilidades tecnológicas recientes, pero también parte del proceso de globalización. Dicho proceso incluye, dice Arjun Appadurai (1990), además de los technoscapes, o sea los flujos producidos por las tecnologías y las corporaciones multinacionales que las manejan, los ethnoscapes, o movimientos poblacionales de turistas, migrantes, exiliados y trabajadores temporales; los finanscapes, o múltiples intercambios de moneda entre mercados nacionales; los mediascapes, o repertorios de imágenes e información creados para ser distribuidos en todo el planeta por las industrias culturales; y los ídeoscapes, o modelos ideológicos representativos de lo que podría llamarse el iluminismo occidental: concepciones de democracia, libertad, bienestar y derechos humanos, que trascienden las definiciones de las identidades particulares. Pese a la variedad e intensidad de procesos de globalización, ésta no implica la unificación indiferencia ni la puesta en relación simultánea de todas las sociedades entre sí. Los países acceden de manera desigual y conflictiva a los mercados económicos y simbólicos internacionales. Además, la tendencia a crear regiones de intercambio (Norteamérica, Europa, MERCOSUR, cuenca del Pacífico, etc.) establece líneas de atracción preferentes entre algunas sociedades, enfrentamientos entre bloques y la exclusión de quienes no participan en estos agrupamientos regionales. En tal contexto, Estados Unidos, Canadá y México constituyen virtualmente la región comercial de mayor potencia, con 360 millones de personas y una producción anual combinada de 6 billones de dólares. Su competidor más próximo es la Unión Europea, que tiene 326 millones de habitantes y una producción de 5 billones de dólares por año. Si, como prometen los defensores del libre comercio, estas estrategias integrativas van a acelerar el crecimiento de las economías regionales, disminuir los costos y elevar las utilidades, estas 124

 

 

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dos áreas geográficas son las mejor colocadas en la competencia internacional. Todo parece indicar que en los años restantes del siglo XX el TLC se fortalecerá con la incorporación de otros países americanos (¿desde Alaska hasta Tierra del Fuego?) y el bloque europeo con varias naciones ex socialistas. ¿Qué papel juegan los factores no económicos en esta nueva etapa» de las integraciones regionales? Varios estudios recientes argumentan que la compatibilidad en los estilos culturales de desarrollo es un ingrediente básico para realizar cualquier integración multinacional y para que se desenvuelva con éxito. Algunos autores jerarquizan «la similitud en las orientaciones hacia la democracia» y la coincidencia o convergencia de tas modalidades de desarrollo económico (Ingle-hart et al., 1994). Estos requisitos plantean dudas acerca de la integración norteamericana, debido a que el predominio de la tradición protestante de Estados Unidos y Canadá habría generado en esas sociedades ciertas virtudes («trabajo, humildad, frugalidad, servicio y honestidad») que contrastarían con las que la tradición católica habría promovido preferentemente en México («recreación, grandiosidad, generosidad, desigualdad y hombría») (Inglehartet al., 1994). Independientemente del rigor y la verificabilidad de esta caracterización, por el momento nos interesa destacar la importancia concedida por un sector creciente de los estudios a los componentes culturales de la integración económica. Los mismos autores sostienen que quizá tales divergencias históricas no sean tan importantes si pensamos que el mismo proceso de integración, iniciado a mediados de este siglo, favorece la apertura de las sociedades y lleva a aceptar nuevos marcos de trabajo para transformarlas. En los países de Norteamérica la convergencia se lograría al tener intereses compartidos por desarrollar economías de libre mercado y formas políticas democráticas, y dar menor peso a las instituciones nacionales en beneficio de la globalización. Pero sabemos que estos tres puntos supuestamente comunes motivan controversias en las tres naciones, y su cuestionamiento se acentuó durante los debates sobre si se firmaba o no el TLC. Los autores citados, pese a su visión optimista de la integración, reconocen que la liberalización del comercio produce oposición política porque atrae claramente la atención hacia dilemas antiguos o de reciente aparición. Cabe añadir que los dilemas culturales irresueltos, por ejemplo la integración multiétnica, la coexistencia de migrantes con residentes antiguos, y el reconocimiento pleno de los derechos de las minorías y de las regiones dentro de cada país, son dificultades sustanciales para la 125

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integración supranacional. En el proceso de unificación europea y en los acuerdos de libre comercio que se gestionan en otras zonas de América Latina, estas cuestiones también se hallan presentes. La información que hemos reunido para este trabajo revela que la intensificación de relaciones económicas, migratorias y culturales de intercambio incrementó las reacciones ambivalentes entre México, Estados Unidos y Canadá, pero a la vez va dando un conocimiento más preciso de las ventajas y dificultades de dicha interacción. Hay cifras impactantes en el campo económico: Estados Unidos importa más de 60% de todas las exportaciones manufactureras de México; una parte destacada de las exportaciones son los alimentos que México envía a Estados Unidos, pues representan el 25% de la totalidad de productos que comen los estadounidenses. Casi las dos terceras partes de la inversión extranjera en México procede de Estados Unidos y los bancos comerciales de este país controlan un gran sector de la deuda externa mexicana. Las estadísticas demográficas ofrecen datos igualmente significativos. Durante la década de los ochenta, los canadienses realizaron 42 millones de visitas a Estados Unidos y los estadounidenses cumplieron 48 millones a Canadá; por otra parte, los cruces legales en la frontera entre Estados Unidos y México se acercan a los 300 millones por año, de los cuales unos 60 millones ocurren en el paso Tijuana-San Diego. Si a esto agregamos que miles de familias mexicanas tienen familiares en Estados Unidos, reciben de ellos dinero, noticias y visitas periódicas, así como la cada vez más voluminosa llegada de bienes y mensajes estadounidenses a los supermercados y televisoras mexicanos, es claro que ese volumen de transacciones económicas y simbólicas genera un mayor interés y conocimiento recíproco (Weintraub, 1990; Inglehartetal, 1994; García Canclini, 1990). Se establecen así intereses confluyentes, y en algunos casos comunes, en políticas comerciales y culturales entre estos países, en las posiciones que adoptan hacia las otras regiones, en líneas estratégicas de desarrollo de cada sociedad y en su ubicación respecto de la globalización económica y cultural. Estas confluencias no suprimen las discrepancias, las suspicacias, ni las miradas críticas de cada nación sobre las otras. Pero las matrices cognitivas tradicionales desde las cuales se viven y piensan estas diferencias van matizándose y sometiéndose a las complicidades. 126

 

 

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Según constatan muchos autores (Bartra, 1993; Monsiváis, 1993; Valenzuela Arce, 1992; entre otros), el nacionalismo se atenúa, aunque no se eliminan las acciones racistas, especialmente virulentas en los estados sureños de Estados Unidos. También se perciben acercamientos en los estilos de vida y mayor comprensión de las diferencias del otro. Son expresiones de esta tendencia los incrementos de intercambio cultural y científico, e! crecimiento de centros y programas que estudian en cada uno de los tres países norteamericanos a los otros, la reciente creación de organismos bi o trinacionales, entre los cuales sobresale el Fideicomiso para la Cultura México-EEUU, que ha recibido en sus tres años de desarrollo más de 1.000 solicitudes de apoyo: su crecimiento año tras año revela el aumento en el interés recíproco y en los proyectos de colaboración binacionales en teatro, danza, artes plásticas, publicaciones, medios masivos y estudios culturales. Como manifestaciones de la ambigüedad que persiste en las relaciones entre los tres países, quedan preguntas intranquilizantes en la prensa, en los estudios especializados sobre la integración norteamericana y en debates políticos: ¿es la sociedad estadounidense una imagen convincente para los canadienses y mexicanos de lo que será su futuro? ¿Cómo se procesarán en cada país las diferencias históricas en las concepciones sobre la familia, las relaciones interétnicas, los modelos de desarrollo cultural y científico? ¿Vale la pena perder caracteres distintivos en los países menos desarrollados, por ejemplo en México, para conseguir cierta prosperidad económica que tal vez sólo alcance a una minoría?. Esta integración con una economía más poderosa ¿no volverá a México aún más dependiente y desigual, más vulnerable a los condicionamientos externos? ¿No hay otras vías para incorporarse a la globalización y ser más competitivos en el mercado internacional? Todo esto conduce a repensar, en las condiciones de la actual etapa, las relaciones históricas de México con los países europeos y latinoamericanos. Estas otras regiones nos interesan como experiencias diferentes de liberalización del comercio e integración transnacional, como modalidades distintas de interacción entre historia cultural y mercado, y también para ampliar y diversificar los caminos por, los cuales México puede insertarse en el intercambio mundial.

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Néstor García Canclini, Culturas en Globalización Lectura: “Políticas Culturales e Integración Norteamericana” pp. 13-19

POLÍTICAS CULTURALES E INTEGRACIÓN NORTEAMERICANA: UNA PERSPECTIVA DESDE MÉXICO ¿Qué cambió en las relaciones entre Estados Unidos, Canadá y México al firmarse el Tratado de Libre Comercio (TLC)? Algunos sectores de las élites políticas y comerciales, así como de la prensa en los tres países, manifiestan que no se dieron las transformaciones espectaculares que se esperaban. Hay dos maneras de analizar esta «decepción». Por un lado, se señala que la apertura de Canadá y de México hacia la economía estadounidense había comenzado desde los ochenta; ya el secretario de Comercio y Fomento Industrial de México, Jaime Serra Puche, había dicho en 1991: «Al día siguiente de que firmemos el Tratado de Libre Comercio no va a pasar nada: al año siguiente habrá pasado muy poco; al segundo año, un poquitito más; al tercero, un poquitito más, y cuando empezaremos a ver los resultados es en el mediano y largo plazos: en nueve, diez, doce años. Esto es una cosa de largo plazo, con transiciones largas...» (Reyes Heroles/Aguayo, 1991). Por otro lado, se sostiene que los cambios van más lentos de lo previsto y que las dificultades para que los bienes atraviesen las fronteras con más fluidez revelan la fuerza de antiguos condicionamientos: entre otros, la inercia de cada economía nacional, las desconfianzas recíprocas y ciertas incompatibilidades en los estilos de producción y consumo. Cuando escribimos este texto (septiembre de 1994), nueve meses después de que comenzara a aplicarse el TLC, es evidente que la disminución de aranceles pactada se entrelaza con procesos de larga duración y que los cambios de los que habla el Tratado no pueden concebirse como simple reordenamiento comercial. Sin duda, influyen en su desenvolvimiento cuestiones macroeconómicas y políticas ya mencionadas en las polémicas previas a la aprobación del TLC: ¿aumentarán o disminuirán los empleos en las naciones participantes?; ¿se acentuarán o regularán mejor los conflictos migratorios?; ¿pueden garantizar las legislaciones -divergentes- en cuestiones laborales, de salud y medio ambiente un trato justo entre los países y dentro de cada uno? Estas preguntas, que sitúan al libre comercio en una discusión más global, conducen a reconocer la importancia de aspectos socioculturales que en los años recientes se han vuelto parte insoslayable de las políticas de desarrollo y en el debate sobre cómo valorar sus resultados. 128

 

 

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En este trabajo analizaremos el papel de las condiciones culturales en los acuerdos de libre comercio y los efectos del TLC en diversas áreas de la cultura. Una de las diferencias respecto de las polémicas previas a la aprobación del Tratado es que hemos pasado de críticas generales al posible impacto sobre «la identidad mexicana» a análisis particulares de lo que puede significar la liberalización comercial en cada área. Como veremos, los efectos no son los mismos en la cultura tradicional -que llamaremos histórico-territorial-, en la cultura de élite, en la que circula por los medios masivos o la referida a las nuevas tecnologías de información y comunicación. Al diferenciar estos circuitos, estamos proponiendo un modelo de análisis conjunto de los campos culturales que haga posible examinar los desafíos del libre comercio y la integración supranacional con la especificidad que cada caso requiere. Además, intentaremos trascender el examen particular de la coyuntura delimitada por el TLC. Con ese fin interrogaremos el sentido de estos cambios como parte de un proceso más amplio de integración de México dentro de Norteamérica, y en la evolución de sus relaciones históricas con América Latina y Europa. Esta ubicación en un proceso de más largo plazo parte de la, hipótesis de que los acuerdos de libre comercio se correlacionan con las formas de encarar los problemas multiculturales del desarrollo en una etapa en que las naciones se reorganizan al participar de la integración regional y global. El tratamiento de estas cuestiones exigirá elaborar brevemente regional y global. El tratamiento de estas cuestiones exigirá elaborar brevemente algunos problemas conceptuales: no es posible profundizar en los vínculos actuales entre políticas culturales y desarrollo, liberalización e integración regional, multiculturalidad y globalización sin señalar, al menos, las reformulaciones que estos cambios requieran en las ciencias sociales y en los análisis políticos.

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CAPITULO IX

EL DEBATE DEMOGRÁFICO

El Perú es también el diálogo de dos civilizaciones. Si alguna viabilidad ha tenido, es como una síntesis de ambas, como un país mestizo. El mestizaje debería haber abolido la dualidad del Perú. Pero la realidad es que, desde la Conquista, dos mundos quedaron errantes en el territorio peruano: un mundo suntuoso, español y adorador de lo hispano, básicamente anclado en la costa y en unas pocas ciudades de la sierra, en otros lugares, cuya dimensión sí conocemos. Una de las etnias de mayor prestigio, el reino de los lupacas, llegaba apenas a los 80,000 ó 100,000 habitantes. Más aun, la mayor parte de las evidencias sobre población proviene de censos de fines de la Colonia, cuando ya se había producido la caída demográfica. Según Sánchez Albornoz, el nivel mínimo de la población indígena peruana se alcanzó en las primeras décadas del siglo XVIII, a diferencia de Centroamérica donde se dio en el siglo XVI, o de México y Colombia, donde se produjo en el siglo XVIl. Esto nos conduce a dos consideraciones. La primera es que si el nivel mínimo de población indígena se alcanzó recién en el siglo XVIII, el impacto de la Conquista en el Perú puede haber sido considerablemente menor y la caída poblacional tendría que ver más con un descenso en las tasas de fertilidad que con una baja en las tasas de mortalidad. La segunda consideración es la siguiente: como los censos son de fines de la Colonia, o aun de principios de la República, estamos hablando de distintos Perúes. El del siglo XVI era una buena parte de la América del Sur, mientras que el de fines del siglo XVIII había sufrido varias amputaciones; como la división de 1776, que separó lo que hoy es Bolivia del virreinato peruano. Esto es importante, porque en esa zona se concentraba una buena parte de la población indígena. Hay un argumento definitivo para relativizar algunos planteamientos sobre la concentración humana en las sociedades prehispánicas, y es la capacidad de la tierra. Uno de los argumentos presentados por la "New Anthropology" es precisamente que antes de la Conquista hubo un mejor cuidado de la tierra y, por tanto, mayor capacidad para alimentar a la población. Pero el problema de la costa no es de tierra sino de 131

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agua, y no hay ninguna razón para pensar que en aquellos tiempos hubiera más agua fluyendo desde los Andes hacia las zonas costeñas. Por el contrario. Las derivaciones costeñas de las aguas provenientes de las vertientes orientales de los Andes – donde está el origen del mayor volumen hídrico del Perú, que normalmente se pierde en la cuenca amazónica-, son todos productos recientes de la República. Por otro lado, las evidencias arqueológicas no muestran que haya existido un sistema de irrigación fuera del que permitía abastecer una pequeña porción de tierras localizadas en la costa. Lo razonable es, por tanto, suponer que la población nativa en el territorio conocido como Perú era cercana a las estimaciones modernas más modestas. Esto es lo que explica, en parte, el hecho deque los españoles pudieran manejar ese espacio y las poblaciones que encerraba. Además, es necesario considerar a las nuevas inmigraciones, de las que nos ocuparemos más adelante. No podría negarse, por supuesto, que después de la Conquista se produjo una caída importante de las poblaciones nativas. Pero ésta no tuvo que ver tanto con la guerra de conquista, sino con otras causas. Ante todo, el impacto de las armas fue relativo. Un arcabuz se cargaba durante demasiado tiempo para ser efectivo. El imperio no se desmoronó por esta razón. Se desmoronó porque los grupos dominados por los incas vieron en los recién llegados la posibilidad de liberarse de tan feroces señores. Los españoles no pasaban de ser unos centenares. Las reales huestes de los conquistadores fueron los pueblos pre-incas contrarios al dominio cuzqueño. Asimismo, tanto en el Perú como en México, la ideología india albergaba el mito de un dios que había partido por el mar y que regresaría para reordenar el mundo. Cortés-Quetzalcóatl y Pizarro-Wiracocha parecían ser el cumplimiento de ese mito. El único que se percató de la impostura fue un general inca, Calcuchímac, quien trató de alertar a su colega Quizquiz con esta revelación: "son mortales". Definitivamente no fue la guerra lo que diezmó la población. De haberlo sido, ésta se habría recuperado con mucha rapidez, como ha sucedido después de tantos enfrentamientos. Tampoco la 132

 

 

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“explotación" en las minas fue el motivo del descenso demográfico. Cuando éstas comenzaron a ser explotadas en gran escala, la población ya había descendido. Acaso tales labores pudieron acentuar el declive, pero no lo originaron. El factor que causó la brusca caída radicó en las plagas, que. hasta los tiempos modernos fueron decisivas en la historia? La viruela diezmó la resistencia azteca durante el sitio de Tenochtitlán en 1519 y mató al sucesor de Moctezuma. Fue ella otra vez, en 1524 -aún antes de que Pizarro siquiera tocara las costas del Perú-, la que mató al inca Huayna Cápac. Entre 1529 y 1534 el sarampión asoló el Caribe, México y Centroamérica. Una enfermedad a la que se denominó matlazahuatl devastó México en 1545, y al año siguiente Colombia y Pero: En 1557, una epidemia de«influenza« golpeó América Central. En 1556 y 1559, la viruela reapareció en el Perú. Y durante tres años, desde 1586 hasta 1589, una triple epidemia de viruela, peste e “influenza" azotó todos los Andes. Más tarde, la fiebre amarilla arribó en los barcos que trajeron a los esclavos desde el África. Lo que hizo a las sociedades nativas americanas vulnerables a las pestes fue su aislamiento. Algo que no sucedió, por ejemplo, en las colonizaciones africanas. Al fin y al cabo, como ha escrito Nicolás Sánchez Albornoz, "los tres continentes del Viejo Mundo compartieron el mismo espectro de enfermedades. El África negra y el Lejano Oriente habían estado intercambiando con Europa, durante siglos, agentes portadores de enfermedades, a lo largo de las rutas comerciales que atravesaban el Sahara y los desiertos del Asia Central". Esta caída explica el hecho de que los españoles y sus descendientes inmediatos pusieran a su favor el equilibrio demográfico. La población india sólo se comenzó a recuperar de tal descenso en la primera mitad del siglo XVllI. Como hemos dicho, otro evento que reforzó el dominio hispano fueron las oleadas de inmigraciones al continente recién descubierto. El cruce de esas dos tendencias favoreció a los españoles. Magnus Morner ha calculado que en el siglo XVI se trasladaron a América 243,000 españoles, básicamente hombres. El porcentaje de mujeres fue aumentando con el correr del siglo pero permaneció siempre como una proporción minoritaria (lo que no hizo sino aumentar el mestizaje). En el siglo XVII, el número de 133

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pasajeros de Europa a América fue 195,000, sin tomar en cuenta que muchos evadieron la necesidad de licencia para embarcarse hacia el Nuevo Mundo. Con todo, la emigración española fue pequeña si la comparamos con el gran desplazamiento europeo hacia América, producido en el siglo XIX. La inmigración blanca no fue la única. El principal desplazamiento poblacional no blanco fue el africano. En los 1,280 barcos que salieron de Nicaragua hacia el Perú entre 1527 y 1536, vinieron 448 esclavos. No debemos subestimar su peso porque, a diferencia de la inmigración española, cuyos protagonistas no se quedaban necesariamente, la población africana salió para no regresar más. En algunas partes de América, en toda esa América Latina que bordea la cuenca del Caribe, la población negra definió verdaderamente el alma de los países que la recibieron. Es la América Latina retratada tan magistralmente por Alejo Carpentier en El siglo de las luces. ¿Cuántos esclavos vinieron? Philip Curtin ha estimado que en el siglo XVI llegaron 75,000; entre 1600 y 1650, 125,000; entre 1651 y 1760, 344,000; y finalmente, entre 1761 y 1810, 300,000. A esas inmigraciones se sumó el desplazamiento producido desde las Filipinas, que el viaje de Legaspi, en 1566, promovió. Ese comercio, que trajo gente de la Polinesia al Perú, fue prohibido por Felipe II en 1597. El comercio de asiáticos sólo recomenzó en el siglo XIX, con la importación de culis, principalmente desde Macao, para trabajar en las crecientes y prósperas haciendas de la costa peruana. Hacia 1800, al finalizar el período colonial, la América hispana tenía una población de 13 millones y medio de habitantes, de la cual la parte india representaba el 45%, la población blanca el 20%, la mestiza algo menos de un tercio, y el resto estaba constituido por la población negra. Esta composición demográfica nos revela otra de las razones para explicar la caída de la población india: el mestizaje. Hay otra causa no mencionada antes, y es que un número indeterminado de indios, no registrados en los censos coloniales y que, por tanto, abonarían las cifras de la catástrofe demográficano murieron: en realidad fugaron, repoblaron la puna, o los perdidos valles selváticos, tratando de huir de los tributos. Fueron los que más tarde, en la Colonia, se llamarían indios "forasteros", 134

 

 

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que sumaban, a mediados del siglo XVII, casi la mitad de la población indígena. Este relativo equilibrio demográfico fue el factor que permitió a los españoles y a sus inmediatos descendientes el manejo del espacio peruano. Crearon, por supuesto, una sociedad profundamente dual, cuya parte blanca se afincó en la costa o en unas pocas ciudades incrustadas como enclaves en el espacio andino, mientras la parte india fue confinada a la sierra. Esos mundos coexistieron, se comunicaron a través del recelo, pero sus circuitos mentales, sus unidades de tiempo, quedaron separados; quizá deberíamos decir yuxtapuestos. Alfredo Barnechea, La República Embrujada Lectura: “El Debate Demográfico” pp. 177-183.

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CAPÌTULO X

LA PERSONA EDUCADA Este libro trata del ambiente en que el hombre vive, trabaja y aprende, No trata de la persona. Pero en la sociedad de conocimiento en la cual estamos entrando, la persona es central. El conocimiento no es impersonal como el dinero. No reside en un libro, un banco de datos, o un programa de computador. Estos solo contienen información. El conocimiento siempre está incorporado en una persona, lo enseña y lo aprende una persona, lo usa y abusa de él una persona. Por consiguiente, el paso a la sociedad de conocimiento coloca a la persona en el centro. De esta manera, plantea nuevos retos, nuevos asuntos, nuevos problemas y nuevas preguntas totalmente sin precedentes relativas a la representante de la sociedad de conocimiento, la persona educada. En todas las sociedades anteriores la persona educada era ornamental. Representaba lo que los alemanes llaman kultur, término intraducible, mezcla de respeto y mofa. Pero en la sociedad de conocimiento, la persona educada es el emblema de la sociedad, su símbolo, su portaestandarte. Es el “arquetipo” social, para usar el término de los sociólogos. Define la capacidad de rendimiento de la sociedad, pero también personifica los valores, las creencias y los compromisos de la sociedad. Si el caballero feudal era la sociedad en la Alta Edad Media, y si el “burgués” era la sociedad en el capitalismo, la persona educada será la sociedad en la sociedad poscapitalista, en la cual el conocimiento ha venido a ser el recurso central. Esto tiene que cambiar el concepto mismo de persona educada. Tiene que cambiar lo que significa ser educad. Se puede, pues, predecir que definir a la persona educada será una cuestión crucial. Al convertirse el conocimiento en el recurso clave, la persona educada se ve ante nuevas demandas, nuevos retos, nuevas responsabilidades. Ahora ella sí tiene importancia. Durante los últimos diez o quince años, se ha llevado a cabo en los círculos académicos de los Estados Unidos una discusión vigorosa, a veces acalorada, sobre la persona educada. ¿Debe haber tal persona?, ¿puede haberla?, ¿qué se debe considerar, al fin y al cabo, como “educación”?.

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Una abigarrada multitud de postmarxistas, feministas radicales y otros “antis” sostienen que no puede haber una persona educada – la posición de los nuevos nihilistas, los “desconstruccionistas”. Otros de este grupo afirman que sólo puede haber personas educadas y que cada sexo, cada grupo étnico, raza y minoría requiere su propia cultura separada y su propia persona educada separada y aislacionista. Puesto que estas personas se interesan principalmente en las humanidades, hasta ahora hay pocos ecos de la “física aria” de Hitler, de la “genética marxista” de Stalin o de la “psicología comunista” de Mao. Pero los argumentos de estos anti-tradicionalistas recuerdan los de los totalitarios. Su meta es la misma: el universalismo que está en la base misma del concepto de la persona educada, llámese como se llame, es decir, persona, educada en el Occidente o bunjin en la China y en el Japón. Los del campo contrario, que podríamos llamar los humanistas, también menosprecian el sistema actual, pero porque no produce una persona educada universal. Los críticos humanistas exigen el retorno al siglo XIX, a las artes liberales, a los clásicos, a los Gebildete Mensh de los alemanes. Hasta ahora no repiten la afirmación hecha por Robert Hutchins y Mortimer Adler hace cincuenta años en la Universidad de Chicago, de que el conocimiento en su totalidad consiste en unos pocos grandes libros. Pero son los descendientes de Hutchins y Adler. Ambos lados están equivocados. La sociedad de conocimiento necesita tener en su base el concepto de la persona educada. Este tiene que ser un concepto universal, precisamente porque la sociedad de conocimiento es una sociedad de conocimientos y porque es global –en su dinero; en su economía, en sus carreras, en su tecnología, en sus cuestiones centrales y, sobre todo, en su información. La sociedad postcapitalista requiere una fuerza unificadora. Requiere un grupo de liderazgo que pueda enfocar las tradiciones locales, particulares, separadas, en un compromiso común con valores, en un concepto común de excelencia y de respeto mutuo. La sociedad postcapitalista, la sociedad de conocimiento necesita una persona educada distinta del ideal por el cual luchan los humanistas. Estos recalcan, con razón, la necesidad de sus opositores, que quieren repudiar la gran tradición y la sabiduría, la belleza, el conocimiento, que constituyen la herencia de la humanidad. Pero no basta tender un puente al pasado, y eso es 138

 

 

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todo lo que ofrecen los humanistas. La persona educada tiene que estar en capacidad de poner su conocimiento al servicio del presente, si no de moldear el futuro. Las propuestas de los humanistas no contemplan esta capacidad ni les interesa; pero, sin ella, la gran tradición es una antigualla polvorienta. En su novela de 1943, Das Glasperlenspiel (El juego de las cuentas de vidrio, traducida al inglés con el título Magíster Ludi, 1949), Hermann Hesse (1877-1962), ganador suizo alemán del Premio Nóbel, anticipó el mundo que quieren los humanistas – y su fracaso. El libro pinta una hermandad de intelectuales, artistas y humanistas que viven una vida de espléndido aislamiento, dedicados a la gran tradición, su sabiduría y su belleza. Pero el protagonista, el más capacitado maestro de la hermandad, decide al final volver a la realidad contaminada, crasa, vulgar, turbulenta, metalizada y fraccionada por pugnas internas – pues los valores que él defiende sólo son oropel, a menos que tengan aplicabilidad al mundo. Lo que Hesse previó hace más de cincuenta años ya está ocurriendo. La educación liberal y las Allgemeine Bildung siguieron siendo significativas durante toda su vida. Definieron su identidad. Todavía son significativas hoy para muchos miembros de mi generación, graduados antes de la Segunda Guerra Mundial – aun cuando inmediatamente se nos olvidaron el latín y el griego. Pero los estudiantes de hoy dicen a los pocos años de graduarse: “Lo que aprendí con tanto afán no tiene sentido; no tiene nada que ver con lo que yo hago, con lo que me interesa, con lo que yo quiero ser”. Para sus hijos quieren el colegio de artes liberales, Princeton o Carleton, Oxford o Cambriege, la Universidad de Tokio, el Lycée, EL Gymnasium – pero sólo por posición social y acceso a buenos empleos. Pero en su propia vida repudian la educación liberaly la Allgemeine Bildung. Repudian a la persona educada de los humanistas. La educación liberal no los capacita para entender ni menos para dominarla. Los argumentos de parte y parte en este debate son en su mayoría improcedentes. La sociedad poscapitalista necesita una persona educada más que cualquier sociedad anterior. El acceso a la gran herencia del pasado tendrá que ser un elemento esencial. En efecto, el pasado tendrá que abarcar mucho más de lo que defienden los humanistas. El ideal de éstos sigue siendo principalmente la civilización occidental y la tradición 139

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judeocristiana. Sigue siendo el siglo XIX. La persona educada que necesitamos tendrá que estar en capacidad de apreciar otras grandes culturas y tradiciones: gran herencia de la pintura y la cerámica chinas, japonesas y coreanas; los filósofos y las grandes religiones del Oriente; y el Islam, como religión y como cultura. La persona educada necesita una formación menos exclusivamente libresca que la educación liberal de los humanistas. Necesita tanto percepción capacitada como análisis. La tradición occidental tendrá que estar en la base para que la persona educada pueda entenderse con el presente; por no decir nada del futuro. EL futuro puede ser prooccidental, puede ser antioccidental, pero no puede ser “no occidental”. Su civilización material y sus conocimientos descansan sobre bases occidentales: ciencia; herramientas y tecnología; economía, dinero, finanzas y banca; ninguna de estas cosas funciona a menos que descanse en una comprensión y una aceptación de las ideas del Occidente y de la tradición occidental. El artífice de África Occidental que a principios del siglo XIX tallaba las máscaras de madera que los países desarrollados coleccionan con tanto afán, no sabía nada del Occidente ni le debía a éste gran cosa. Su descendiente que talla hoy máscaras de madera, algunas de gran fuerza expresiva, vive todavía en una choza de barro en la aldea tribal. Su país quizá no sea todavía ni siquiera “subdesarrollado”, sin embargo, tiene un radio, un televisor y una motocicleta. Usa herramientas que son todo producto de la tecnología occidental. Talla para un negociante en arte de París o Nueva York. Su estética debe a los expresionistas alemanes y a Picasso tanto como éstos a su antecesor africano. El movimiento más profundamente antioccidental de hoy no es el Islam fundamentalista. Es el “Sendero Luminoso” del Perú – esfuerzo desesperado de los descendientes de los incas por deshacer lo que hizo la Conquista española, por volver a las antiguas lenguas indígenas, el quechua y el aimará y arrojar a los odiados europeos y su cultura otra vez al mar. Sendero Luminoso se financia cultivando coca para los drogadictos de Nueva York y Los Ángeles. Su arma favorita no es la honda de los incas, es el coche – bomba. Las personas educadas de mañana tendrán que estar preparadas para vivir en un mundo global. Será un mundo occidentalizado. 140

 

 

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Pero vivirán también en un mundo cada vez más tribalizado. Deben tener la capacidad de ser “ciudadanos del mundo” – en su visión, en su horizonte, en su información. También tendrán que extraer nutrimento de sus raíces locales, y a su vez enriquecer y nutrir su cultura local. La sociedad postcapitalista es tanto una sociedad de conocimiento como una sociedad de organizaciones, cada una dependiente de la otra, y, sin embargo, diferentes en conceptos, puntos de vista, valores. La mayoría de las personas educadas, si no todas, practican su conocimiento como miembros de una organización. Por consiguiente la persona educada tiene que estar preparada para trabajar simultáneamente en dos culturas, la del intelectual que se concentra en las palabras y en el trabajo. Los intelectuales necesitan la organización como una herramienta que les permite ejercer su techen, su conocimiento especializado. Los gerentes ven el conocimiento como un medio para llegar ala meta de rendimiento organizacional. Ambos tienen razón. Son opuestos pero se relacionan entre sí como polos más bien que como contradicciones. Se necesita del gerente de investigación y el gerente necesita al científico. Si uno pesa más que el otro no hay rendimiento sino frustración en todo. El mundo del intelectual, si no se contrapesa con el del gerente, se vuelve un campo en que cada uno hace lo que se le antoja pero nadie hace nada. El mundo del gerente, si no tiene el contrapeso del intelectual, se convierte en burocracia y en la estulticia anodina del “hombre al servicio de la organización”. En cambio, si los dos se equilibran, puede haber creación y orden, realización y misión. Muchos en la sociedad poscapitalista realmente vivirán y trabajarán en estas dos culturas al mismo tiempo. Muchos más podrían y deberían tener, temprano en su carrera, experiencia de trabajo en ambas, por rotación, por ejemplo pasando de un trabajo de especialista a un cargo gerencial, rotando al joven técnico en computadores para que sea gerente de proyecto y líder de equipo, o pidiéndole al joven profesor universitario que trabaje durante dos años en un empleo de media jornada en administración universitaria. También trabajar como personal sin paga en alguna entidad del sector social le dará al individuo la perspectiva, el equilibrio para ver, conocer y respetar ambos mundos, el del intelectual y el del gerente. Todas las personas educadas de la sociedad postcapitalista tendrán que estar preparadas para entender ambas culturas. Para 141

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la persona educada del siglo XIX, las téchnes no eran conocimiento. Ya se enseñaban en la universidad y se habían convertido en “disciplinas”. Los que las ejercían eran parte de las artes liberales ni de la Allgemeine Bildung, y , por tanto, no formaban parte del conocimiento. Desde hacía mucho tiempo, se habían concedido grados en las téchnes. En Europa los de medicina y derecho se remontan al siglo XIII. En el continente europeo y en los Estados Unidos - aunque no en Inglaterra- el nuevo grado de ingeniería (otorgado por primera vez en la Francia napoleónica uno o dos años antes de 1800) pronto se hizo socialmente aceptable. La mayoría de las personas que se consideraban cultas se ganaban la vida ejerciendo un téchne – como abogados, médicos, ingenieros, geólogos, cada vez más en los negocios. (En realidad sólo en Inglaterra gozaba de estimación el gentleman sin oficio). Pero ese trabajo o profesión era una manera de ganarse la vida, no era su vida. Fuera de la oficina, los que ejercían una téchne no hablaban de su trabajo ni siquiera de sus disciplinas. Eso era mal visto. Los alemanes lo motejaban como Fachsimpeln. En Francia era peor: el que hablaba de su trabajo era tenido por un patán y un pegote, y lo borraban de las listas de invitados d la sociedad culta. Pero ahora que las téchnes se han convertido en conocimientos tienen que integrarse en el conocimiento. Tienen que convertirse en una parte lo que ha de ser la persona educada. Que las artes liberales de que tanto gozaron en sus años de estudiantes no hacen eso ni lo pueden hacer – es más, rehúsan intentar siquiera hacerlo – es la razón para que los estudiantes de hoy las repudien a los pocos años. Se sienten defraudados y hasta traicionados, y no les faltan razones. Las artes liberales y la Allgemeine Bildung que no integran los conocimientos en un “universo de conocimiento” no son ni liberales ni Bildung. Fallan en su primera tarea: crear comprensión mutua, aquel “discurso universal” sin el cual no pueden haber civilización. En lugar de unir, tales artes liberales fragmentan. No necesitamos ni vamos a tener sabios “polifacéticos” que entiendan de todo. Probablemente seremos más especializados aún. Pero lo que sí necesitamos - y lo que va a definir a la persona educada en la sociedad del conocimiento – es la capacidad de comprender los conocimientos. ¿Qué es cada uno?, ¿qué trata de hacer?, ¿cuáles son sus temas centrales?, ¿cuáles son sus teorías centrales?, ¿qué conceptos fundamentales ha 142

 

 

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producido?, ¿cuáles son sus áreas importantes de ignorancia, sus problemas, sus retos?. Sin esta comprensión los conocimientos mismos e vuelven estériles, dejan realmente de ser conocimientos. Se vuelven intelectualmente arrogantes e improductivos, porque los grandes conceptos nuevos en todas las especializaciones provienen de otra especialidad distinta, es decir, de otro de los conocimientos. Tanto la economía como la meteorología se están transformando en la actualidad por la nueva teoría matemática del caos. La geología está siendo cambiada profundamente por la física de la materia: la arqueología por la genética de tipificación del ADN: la historia por las técnicas de análisis psicológico, estadístico y tecnológico. Un norteamericano, James M. Buchanan (nació en 1919) ganó el Premio Nóbel de economía en 1986 por aplicar la reciente teoría económica al proceso político, con lo cual puso patas arriba los supuestos y las teorías en que los científicos políticos habían basado su trabajo durante más de un siglo. Para convertir los conocimientos en conocimiento se requiere que quienes tienen los conocimientos, los especialistas, asuman la responsabilidad de hacer que ellos mismos y sus áreas de conocimiento sean comprendidos. Los medios de comunicación masiva – sea revistas, cine, televisión – tienen un papel crucial que desempeñar, pero no pueden por sí mismos hacer ese trabajo, como no lo puede hacer tampoco ninguna otra clase de popularización. Los conocimientos tienen que ser comprendidos tal como son: serios, rigurosos, exigentes. Para ello se requiere que el líder en cada uno de los conocimientos – empezando por el erudito principal en cada campo – se responsabilice de hacer que se comprenda su propio conocimiento y que esté dispuesto a realizar el duro trabajo que esto exige. En la sociedad de conocimiento no hay ninguna “Reina de los Conocimientos”. Todos los conocimientos son igualmente valiosos, todos, según dijo el gran santo y filósofo medieval San Buenaventura, conducen por igual a la verdad. Pero hacer los senderos hacia la verdad, senderos hacia el conocimiento, tiene que ser responsabilidad de los hombres y las mujeres de los conocimientos. Ellos, colectivamente, tienen el conocimiento en fideicomiso. El capitalismo había prevalecido durante más de un siglo cuando Karl Marx lo identificó como un orden social 143

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específico en Das Capital , cuyo primer volumen apareció en 1867. El término “capitalismo” no se empezó a usar hasta treinta años después, mucho después de la muerte de Marx. Por consiguiente, sería en extremo presuntuoso tratar de escribir hoy El conocimiento, fuera de que sería ridículamente prematuro. Todo lo que se puede hacer, como trata de hacerlo este libro, es describir la sociedad y el cuerpo político cuando empezamos la transición saliendo de la Era del Capitalismo (que también fue, por supuesto, la Era del Socialismo). Podemos esperar, esto sí, que dentro de cien años sea posible escribir y se escriba tal libro, aun cuando no se titule Conocimiento. Esto significaría que habríamos superado con toda felicidad la transición en que hemos entrado ya. Tan necio sería predecir la sociedad de conocimiento como habría sido pronosticar en 1776 – el año de la Revolución Americana, de La riqueza de las naciones, de Adam Smith, y de la máquina de vapor de James Watt – la sociedad de la cual escribiría Marx cien años después – y tan necio como fue que Marx predijera en pleno capitalismo victoriano y como “infalibilidad científica” la sociedad postcapitalista en que hoy vivimos. Pero hay una cosa que sí podemos predecir: el cambio más grande será en el conocimiento: en su forma y en su contenido; en su significado; en su responsabilidad; y en lo que significa ser una persona educada. Peter Drucker, La Sociedad Post Capitalista Lectura: “La persona educada” pp. 229-238

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CAPÍTULO XI

“EL MEDIO MEDIA” DE LORENZO DE GOMIS

1.

EL PERIODISMO COMO MÉTODO DE INTERPRETACIÓN SUCESIVA DE LA REALIDAD SOCIAL.

Ninguno de nosotros puede cubrir por sí mismo el área de las cosas que interesa saber. A diferencia de la situación del vecindario en la aldea primitiva, en las sociedades desarrolladas tenemos que depender de fuentes indirectas y secundarias de información e interpretación. Nuestras opiniones cubren también un espacio inevitablemente mas vasto, un lapso mas largo, un número mayor de cosas de lo que podemos observar directamente Por tanto, nuestras opiniones nacen de lo que los demás nos cuentan y de lo que imaginamos. Las comunicaciones sociales han resultado ser los medios más eficaces que se han encontrado para responder a unas necesidades apremiantes de la sociedad. En rigor, no se trata de necesidades nuevas. El hombre ha necesitado siempre vigilar qué pasaba alrededor de él, compartir hechos y opiniones con los demás, considerar en común los peligros que podían venir de fuera o las oportunidades que se presentaran, el hombre ha necesitado unos modos convenidos de llegar a decisiones de grupo y hacer saber a los demás las decisiones adoptadas. y ha necesitado igualmente transmitir a las nuevas generaciones la sabiduría de los mayores, entretenerse en común y relacionarse con otras sociedades para comerciar con ellas. Las primitivas confiaban a algunos individuos el desempeño de estas tareas, centinelas, consejo de ancianos o consejo de tribu, padres y después maestros, bardos y bufones, vendedores ambulantes... En nuestra sociedad las tareas se han vuelto demasiado grandes para los individuos y las desempeñan esas grandes organizaciones que llamamos medios de comunicación social o medios de comunicación de masas. Wilbur Schramm, cuyas son las consideraciones recogidas en el párrafo anterior, incluye como se ve la educación de ese conjunto de tareas que han heredado los medios de comunicación. Ese es también el criterio de Harold D. Lasswell. Para Lasswell el proceso de comunicación en una sociedad cumple tres funciones. La primera es la de vigilar los alrededores, descubrir en el entorno las amenazas y las 145

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oportunidades que pueden afectar a posición de la comunidad y de las partes que la componen. La segunda función es la de poner en relación a los componentes de la sociedad para que lleguen a formular una respuesta a estas incitaciones que proceden del exterior. La tercera función es la de transmitir la herencia social. Creo, sin embargo, que puede decirse que aunque esta función educativa, de transmisión, de la herencia social, la cumplen, en efecto, los medios de comunicación, la cumplen mediatamente y a través de las otras dos funciones mas inmediatas, decir a la gente qué pasa en el mundo y atribuir a estas cosas que pasan una significación que ayude a la sociedad a responder activamente a los cambios que se producen en la situación general. Y que esto es especialmente cierto en el caso de la prensa, que prácticamente se ciñe a estas dos funciones. Por el momento, nos importa, sin embargo, fijarnos, más que en los medios de comunicación en el trabajo que realizan: ¿a qué puede reducirse sustancialmente el trabajo específico de los medios de comunicación, principalmente del periódico? McLuhan ha resumido, con frases centelleantes, la novedad de la prensa:”Gutemberg puso toda la historia al alcance de todos como un fichero, el libro portátil llevó el mundo de los muertos a la biblioteca del caballero, el telégrafo llevó todo el mundo de los vivos a la mesa de desayuno del obrero”. Ahora bien, como recuerda oportunamente un gran periodista, Walter Lippmann, los hechos no son simples y evidentes, sino que están sujetos a elección y opinión. Los hechos de a vida moderna no cobran espontáneamente la forma por a que se les puede distinguir. Esa forma les ha de ser dada por alguien. Al llegar al lector, todo periódico es el resultado de un proceso complejo, que comprende una serie de elecciones sobre lo que ha de publicarse, el lugar en que ha decir, el espacio que tiene que ocupar, la importancia que debe concedérsele. No hay en esto reglas objetivas, sino más bien convenciones. A mi entender, este proceso es fundamentalmente un proceso de interpretación. El periódico actúa como un intérprete, más aún, el periódico es un intérprete y el periodismo un método de interpretación de la realidad, o si se quiere delimitar mas estrictamente el campo y el enfoque, un método de interpretación periódica de la realidad social. 146

 

 

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La tarea de interpretación suele concederse a los periódicos en cuanto comentan la realidad, en cuanto opinan sobre los hechos que se producen. Se habla así de información e interpretación como de los aspectos del periódico, y se habla también de géneros informativos y géneros interpretativos. El inconveniente de esta división mas o menos convencional y aceptada y de la visión que sustenta es que no explica la unidad del periodismo como actividad, ni lo concibe tampoco como un método fundamentalmente unitario, hablar de información e interpretación es perder de vista que la información no viene dada ya en un primer momento por alguien, sino que hay que hacerla y que para dar forma a un hecho en la mente del lector-que es lo que será informar, si nos atenemos al origen etimológico- hay que dar forma al hecho previamente en la mente del informador y aun antes hay que descubrir y aislar el hecho del continuo de realidades sociales en movimiento, de relaciones humanas entretejidas en el espacio y el tiempo y de la misma presencia mudable de la naturaleza (tormentas, terremotos, etc.). Cuando afirmamos que el periódico es un intérprete y el periodismo un método de interpretación periódica de la realidad, principalmente de a realidad social, no negamos que pueda y deba distinguirse entre información y opinión, lo que afirmamos es que se trata de dos clases de interpretación. En efecto, debe distinguirse una interpretación de primer grado, que nos permite llegar a decir que tal cosa ha ocurrido en tal Sitio, que Fulano ha hecho esto o aquello (con lo que obtenemos el producto comúnmente llamado información) y una interpretación de segundo grado, que nos permite situar un hecho, dado como noticia, en el contexto social y decir qué significa, sugerir que su trascendencia consiste en esto o en lo otro, que está bien o mal, que tendrá efectos favorables o contrarios, etc., lo que comúnmente llamamos comentarios u opinión. La interpretación de primer grado nos dice qué ha pasado: es descriptiva. La interpretación de segundo grado nos dice qué significa lo que ha pasado, es evaluativa. La primera opera más o menos directamente con la realidad en crudo acontecimientos hechos, palabras. La segunda opera con la realidad ya interpretada descriptivamente, ya comunicada en forma de noticia. El ideal periodístico es que un mismo ejemplar del diario pueda ofrecer los dos grados de interpretación y pueda comunicarnos el hecho (noticia) y su significación (comentario). 147

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La primera tarea de los medios como intérpretes consiste en permitirnos descifrar y comprender por medio del lenguaje la realidad de las cosas que han sucedido. la segunda tarea de los medios como intérpretes consiste en facilitar que nos hagamos cargo de la significación que el hecho traducido a noticia puede tener. La primera interpretación es indicativa, la segunda exegética. Como intérprete, el medio no sólo dice lo que ha pasado y apunta la significación de lo que ha pasado, sino que también escoge entre las cosas que han ocurrido y entre las mismas noticias que le llegan procedentes de las agencias, que nacieron a veces precisamente como asociaciones de periódicos para explotar unos servicios comunes que adelanten y faciliten el trabajo de redacción. La dificultad de permanecer bien informado no está hoy en que las noticias sean escasas, sino en que hay demasiadas “noticias” cada día para que el hombre corriente pueda asimilarlas”, escribió Henry R. Luce, que fue director del semanario norteamericano Time, cuyo éxito proviene precisamente de haber comprendido esa necesidad de selección e interpretación. Al decir qué noticia va a publicar y qué noticias no merecen publicarse, el periódico interpreta la realidad eso es importante y significativo, aquello no lo es tanto. En su obra Mass Comunication, Charles R. Wright advierte que la función principal de la interpretación es impedir las consecuencias indeseables de la comunicación masiva de noticias. La selección, evaluación e interpretación de las noticias, guiada por el criterio de que es lo más importante que sucede en el ambiente, tiende a impedir una sobremovilización y excitación del público. Cualquier sociedad puede padecer, en efecto, dos males contrarios, la falta de información y la sobrecarga o exceso indigesto de ella. Los medios de comunicación a través de una interpretación adecuada de la realidad, deben regular el suministro de información y escoger lo que, a su juicio, merece ser realmente conocido. Richard R. Fagen, en Política y Comunicación, cita una parábola de Alfred Kuhn: “Necesito conocer todos los colores que pasan bajo mi ventana. Por lo tanto, he mostrado esta máquina que descubrirá todos los colores y los registrará para mí. Pero el verde me irrita, de modo que romperé la máquina si me señala el verde. Y si a lo mejor mañana no me gusta el rojo. Pero a información errónea también me irrita, de 148

 

 

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modo que romperé la máquina si me informa equivocadamente o si me deja de informar”. Kuhn observa que el funcionamiento de cualquier sistema complejo, sin importar lo autoritario de su forma política. exige que vastas cantidades de información fluyan, por canales bien delimitados, hacia públicos, determinados. Además la información que fluye debe ser exacta para que el sistema pueda operar con eficacia. Cualquier autócrata que actuase en la forma obstinada que se describe en la parábola, tarde o temprano derribaría el edificio que lo cobija. Fagen recuerda, por su parte, la otra cara de la moneda. Con frecuencia, los estudios sobre el proceso de adopción de decisiones señalan las consecuencias de la sobrecarga (overload) de información. Demasiada información que llegue demasiado rápida y demasiado “en crudo”, puede inmovilizar a un individuo o una organización. Considérese el dilema que afronta un norteamericano privado de su diario y al que en cambio se le brindan las 120,000 palabras de noticias disponibles en la sede central de la Associated Press. ¿Aumentaría pregunta- su capacidad para actuar como ciudadano o como senador, porque la información disponible fuese completa? Puesto en términos de teoría de la comunicación diríamos que considerar el periódico como intérprete significa que hace las veces de receptor y de emisor o fuente. El periódico percibe mensajes diversos bien procedentes de las agencias de prensa, de los propios corresponsales del periódico, de otros medios de comunicación, de servicios oficiales, de personas diversas-, los decodifica, los elabora, los combina, los transforma y finalmente, emite nuevos mensajes. David K. Berlo, en “El proceso de la comunicación”, examina la función de interpretación, aplicada a la comunicación interpersonal. El mensaje, dice puede ser imaginado como un estímulo. Cuando alguien lo está decodificando lo percibe como un estímulo. En el momento de codificar un nuevo mensaje estamos dando una respuesta manifiesta al estímulo percibido o interpretado. El significado que damos al término “interpretación” es el mismo que damos a la frase “hace las veces de receptor y de fuente”. Berlo recuerda también que, en gran medida, el periódico moderno no es una fuente original de comunicación. Se especializa en interpretar la información recibida de otras fuentes y transmitirla, interpretada, a otro grupo de receptores. Actúa como intermediario en la comunicación. 149

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Donde el periódico origina mensaje es en su trabajo de opinión. El mismo Berlo señala que a través de a página editorial el diario origina mensajes, transmite información original a su público lector, crea e interpreta. Uno de los cánones del periodismo responsable exige que el diario mantenga separadas estas dos funciones. “Que evite producir material cuando pretende estar interpretando otro recibido desde fuera de su propio sistema”. Considerar el periódico como intérprete ayuda, por tanto, a no verlo sólo como un emisor de informaciones. El periódico recibe por lo pronto los estímulos procedentes de la realidad circundante, estímulos que recibe como mensajes diversos. El periódico actúa en ese primer momento como receptor. La asimilación de estos mensajes produce una respuesta interna, eso es interesantes, aquello no lo es, esa información habrá que completarla, aquella habrá que verificarla, ese tema es digno de exploración. Ahí comienza el trabajo interno de redacción, al término del cual el periódico actúa como emisor, emite su mensaje global, que es el ejemplar que sale a la calle y que puede considerarse también como una yuxtaposición de mensajes diversos. A lo largo de todo este proceso la redacción realiza un proceso de interpretación. En resumen, el periodismo es un método de interpretación. Primero, porque escoge entre todo lo que pasa aquello que considera interesante. Segundo, porque traduce a lenguaje inteligible cada unidad que decide aislar (noticia) y además distingue en ella entre lo que es mas interesante (recogido en el lead o primer párrafo y destacado en el título) y lo que lo es menos. Tercero, porque además de comunicar las informaciones así elaboradas, trata también de situarlas y ambientarlas para que se comprendan (reportaje, crónica) y de explicarlas y juzgarlas (editorial y, en general, comentarios). Ese método de interpretación se basa en varios supuestos: 1.

2.

La realidad puede fragmentarse en periodos. El único periodo que se trata de interpretar es el mas reciente, que no ha sido interpretado todavía. El periodo que se considera coincide, en la prensa escrita, con la periodicidad del medio. La realidad puede fragmentarse en unidades independientes (hechos) capaces de interpretarse en forma de textos breves y autónomos (noticias).

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3.

4.

 

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La realidad interpretada debe poder asimilarse de forma satisfactoria en tiempos distintos y variables: aquel de que disponga cada lector. la interpretación debe poder ser asimilada además por un público heterogéneo. La interpretación que ofrece el medio dispone de una gama de filtros y convenciones (géneros periodísticos), cuyas formas fundamentales y extremas son la información (principalmente la noticia) y el comentario (principalmente el editorial). A esa gama corresponde una diversidad de tonos y usos del lenguaje.

Vamos a examinar a continuación cada uno de estos supuestos. LA REALIDAD PUEDE FRAGMENTARSE EN PERÍODOS. El periodismo como método de interpretación de la realidad opera por lo pronto por reducción en el tiempo. No se trata de interpretar toda la realidad, sino sólo un fragmento de ella, un periodo. La extensión será máxima en cuanto al espacio y a los temas: nada es ajeno en principio a la consideración y, si se juzga interesante, a la interpretación periodística. Todo el mundo es en principio objeto de atención y pueden serlo todos los temas. La restricción se produce en el tiempo se trata de interpretar sólo lo mas reciente, el periodo que no quedó recogido e interpretado en la edición anterior del medio. Y de incorporar a ese periodo todo lo que, aunque hubiera ocurrido antes, no se sabía o no se había podido decir. El periodo que se toma en consideración coincide con la periodicidad del medio. El diario presenta las noticias “del día”, etc., el semanario, las noticias, el personaje, etc. ‘de la semana”, la revista mensual, las noticias y el personaje “del mes”. La realidad se fragmenta en penados cuya extensión viene definida por la periodicidad del medio. Esto vale completamente para la prensa y solo relativamente para la radio y la televisión. Ahí cabe considerar como periodicidad el día, pero también la hora, noticiario de las tres, resumen de las veinticuatro horas. En cualquier caso, nos ceñimos ahora a la prensa, y aunque hay muchas consideraciones que resultarían comunes, vamos a prescindir en general de las salvedades o capítulos aparte que serían precisos si quisiéramos abarcar también completamente los otros medios de comunicación. Lo que hemos apuntado en el primer párrafo tiene sólo el valor de primera aproximación. En efecto, el diario trata de interpretar sólo la realidad de un día, y ese día parece a primera vista que ha de ser el anterior a la fecha que lleva el periódico, si es un diario de la mañana. 151

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En los diarios de la tarde ese día que se trata de interpretar puede considerarse que se compone por mitad de la mañana del mismo día y por mitad de la tarde anterior. O si se piensa que el lector dispone también de un diario de la mañana, el diario de la tarde recogería sólo el período que va entre la madrugada anterior y el mediodía de la fecha. Sin embargo, una consideración un poco atenta de cualquier periódico nos permite comprobar que no es cierto que recoja sólo noticias del día anterior. Un diario de la mañana incluye noticias, de hechos ocurridos el día anterior, dos días, tres o más días antes. Puede ser, a menudo lo es, noticia del día la referencia de un hecho ocurrido veinte años atrás, pero que no había sido divulgado. Es noticia igualmente el anuncio de un acto que se celebra el día de la fecha, o al siguiente y aun de una obra que empezará dentro de un año y se completará dentro de tres. Todo esto no sorprende a lector, que casi ni siquiera lo advierte. Y es que en realidad el periodo que se interpreta no es propiamente un periodo del calendario. Encierra una observación profunda la afirmación de McLuhan según la cual todos los nuevos medios de comunicación, incluida la prensa, son formas de un arte que tiene la facultad de imponer, como la poesía, sus propios supuestos. El diario impone sus propios supuestos cuando habla de noticias “del día”, en el sentido de que el lector no piensa si estos hechos han ocurrido un día, dos o mas antes del día en que está leyendo o si no han sucedido todavía, son noticias, del día porque el diario las publica ese día. Más aún, son noticias del día en que se publican no del día en que han ocurrido. La prensa impone, pues de forma creadora sus propios periodos. Es aún más evidente en el caso del semanario y de la revista mensual. El semanario que ha de ser leído, supongamos, en la tercera semana de un mes se hace -comprendidos los trabajos de redacción, composición e impresión- durante la segunda semana del mes y se refiere básicamente a hechos ocurridos durante la primera semana del mes. Para evitar la impresión de envejecimiento que produciría un semanario que se refiere a cosas ocurridas quince días antes, las revistas semanales-y con mayor razón las quincenales y mensualesprocuran crear su propia actualidad, escogen como tema los de una actualidad mas duradera, dar un enfoque mas permanente de los temas o en todo caso, eligen sucesos que hayan quedado ya cerrados. Los desarrollos sucesivos de un acontecimiento, conocidos ya por el lector y no tomados en consideración por la revista marchitarían la 152

 

 

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actualidad de ésta. Es de señalar la maestría con que publicaciones como Time, Newsweek y sus imitadores europeos consiguen obviar estas dificultades y dar la impresión de verdadera actualidad. El medio de tratar de ofrecer, pues, la interpretación de un día, si es diario, o de una semana, si es semanario, que no son propiamente un día o semana del calendario, sino más bien un día hecho con todo lo que no se sabía cuando se hizo el diario anterior. El diario impone sus propios supuestos, de modo que una persona pregunta a otra: ¿Qué noticias tenemos hoy?, o ¿Cuáles son las noticias de hoy?. Y se refiere obviamente al día mismo en que se publica y lee el diario. Los hechos que “son” noticia hoy pueden haber ocurrido un día, dos, tres antes, un año antes, no haber ocurrido todavía. No importa. Es preciso señalar también que el medio ofrece una consideración sincrónica del periodo que presenta. No clasifica las noticias por el día en que los hechos se han producido, menos todavía pone primero lo que ocurrió primero, siguiendo un criterio histórico o cronológico. Más bien, al contrario , destaca lo más reciente, la noticia de última hora, el último momento de un hecho. La estampa del mundo que presenta el periódico es más parecida a una instantánea que a la sucesión de imágenes de una película. El diario presenta una imagen del mundo sorprendido en su instantaneidad, en su presencia simultánea. Acaso la expresión mas precisa sea, de todos modos, la que hemos adelantado antes, el periódico ofrece una interpretación sincrónica de un periodo que él mismo “hace”. La fecha unifica el periodo. Pero además los hechos recogidos no se presentan en función del momento en que se han producido, sino de su interés. Y para cada hecho se escoge con preferencia la perspectiva última que presentan. se empieza por el final. Los antecedentes y el curso anterior de los hechos se ponen en todo caso a continuación de la fase última, que es la que se destaca. El diario no se presenta cada día haciendo historia o recapitulación. No empieza con un “decíamos ayer”. Al contrario, trata de sorprender al lector con la novedad de la imagen del mundo que le presenta hoy. Cierto que los acontecimientos no son del todo nuevo. Si las noticias fueran del todo nuevas probablemente no se comprenderían. Las noticias se comprenden porque se refieren a personas conocidas y a acontecimientos cuyo desarrollo anterior sabíamos más o menos. El periódico ofrece una imagen instantánea de la realidad que pasa, y esa imagen es distinta todos los días porque se toma como característica lo que no se había dicho antes. 153

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El lector, que sigue la actualidad, que sigue los acontecimientos, sitúa ya las noticias, lo nuevo, en el trasfondo de lo conocido. También aquí resulta esclarecedora una observación de Mc Luhan. La prensa ha creado la imagen de la comunidad como una serie de acciones en marcha unificadas por las fechas. En resumen, el primer supuesto de la interpretación periodística de la realidad es que no es preciso hacer historia cada día sino que es posible presentar sincrónicamente -al mismo tiempo- un conjunto de acciones unificadas por una fecha. Y que es posible hacerlo de modo que el lector no se enfrente con “hechos de ayer y anteayer” sino con “noticias de hoy”.

“FUNCION SOCIAL DE LA INFORMACION” DE IGNACIO H. DE LA MOTTA EFECTOS POSITIVOS Y NEGATIVOS DE LA INFORMACIÓN El derecho inalienable del hombre a estar informado, la obligación de la sociedad a satisfacer sus necesidades en ese sentido, ya consideradas primarias, y esa responsabilidad del Estado a permitirla en un régimen de total libertad, presentan una serie de efectos positivos y negativos que no pueden silenciarse, concretamente los segundos aunque sólo sea por respeto al principio informativo de que de todo hecho debe decirse todo lo que de él se sepa o que de él se opine. El auge de la prensa y el enorme desarrollo de la radio y de la televisión durante los últimos tiempos, han preocupado enormemente a los sociólogos, los cuales se han dedicado a estudiar los diversos efectos que estos medios de comunicación de masas pueden tener sobre la sociedad, en general, y sobre cada individuo en particular. Son no pocos los que consideran que la comunicación por sí misma no parece constituir causa suficiente de efecto alguno sino que actúa entre otros factores y condiciones que aun siendo ajenos a la propia comunicación, orientan su influencia de tal manera que la convierten en agente de refuerzo más que de cambio. LA PROPIA IDENTIFICACIÓN CON LA COMUNICACIÓN. Lo cierto es que, en líneas generales, la gente tiende a exponerse a aquellas comunicaciones de masas que están de acuerdo con sus intereses y actitudes, evitando, consciente o inconscientemente, las comunicaciones de signo contrario. 154

 

 

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Las comunicaciones de masas en la sociedad de libre empresa han sido reconocidas, forzoso es repetirlo, como un elemento que actúa a favor del refuerzo de los valores culturales dominantes. En este sentido, conviene considerar que esos medios de comunicación dependen de forma vital de a atracción y conservación de un público amplio y muy variado. Por esta circunstancia, y para no enajenarse con ningún sector de este público, se ven obligados a no defender ningún punto de vista que pueda molestarle. Así, resulta que sólo lo universalmente aceptado, que casi siempre es lo inocuo, ocupa algún espacio o tiempo en los medios independientes. Por otra parte, también se piensa que la forma en que los medios de comunicación tratan los temas es para no reforzar actitudes sociales específicas, principalmente en radio y televisión, donde a nivel mundial, la mayor parte de los temas que tratan y del material que presentan pertenecen al campo del puro entretenimiento. No obstante, algunos programas de televisión y muchos otros de radio vienen presentando en los últimos años temas que anteriormente fueron considerados tabú, cambio que dónde mas se ha advertido, sin duda, ha sido en las emisoras españolas de radiodifusión, fenómeno al que puede calificarse hasta de revolucionario. CARACTERÍSTICAS COMUNES. A los efectos del tema que se estudia, es preciso considerar las características comunes que, en el seno de una sociedad libre, poseen los medios de comunicación: 1. 2. 3.

Todas ellas son ajenas a la comunicación en sí mismas, pero median claramente en sus efectos. Parece existir una comunicación en condiciones normales. Aumentan el potencial originario de las comunicaciones de masas para reforzar los puntos de vista existentes y reducen la posibilidad de que efectúen conversiones.

Con arreglo a esas consideraciones, las comunicaciones de masas no constituyen, por tanto causa necesaria y suficiente de los efectos que producen sobre el público, sino que funcionan dentro y a través de un conjunto de otros factores e influencias. La fe de Goebbels, por ejemplo, en la eficacia de las comunicaciones de masas para crear actitudes, ha sido compartida por buen número de investigadores. Ahora bien, la eficacia de estas comunicaciones en la creación de opiniones ha de medirse sólo en referencia a cuestiones sobre las que se sabe que las personas carecen de toda opinión previa porque, como 155

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dice Berelson “el contenido de la comunicación es mas efectivo en cuanto a influir en la opinión pública, sobre temas nuevos o no estructurados, esto es, los no especialmente correlacionados con núcleos de actitudes preexistentes”. Otro punto muy importante de consideración es el del áurea de prestigio de que aparecen revestidos los medios de comunicación para gran parte del público. Ese prestigio, naturalmente, incrementa el potencial persuasivo de aquellos. También es de destacar que la fuerza del “cuarto poder” se va incrementando conforme pasa el tiempo. En la sociedad actual se advierte el fenómeno del crecimiento de ese poder y de los medios que lo integran, tanto si son de información como de persuasión. SUS EFECTOS. Los efectos de los medios, aparte de producirse aisladamente, se integran en el campo de los procesos de control social y por esta circunstancia se deben considerar dichos factores en función de todos aquellos otros que condicionan esos procesos: actitudes del público, instituciones, sistemas, medio, ambiente, etc. Para adentrarse en el estudio de esos efectos, conviene considerar los principios enunciados por J. Klapper.(1) 1.

2.

3.

4. 5. 6. 7.

La comunicación de masas no suele actuar como una causa necesaria y suficiente de los efectos de audiencia, sino que acostumbra a cumplir el papel de nexo entre otros factores más influyentes. Estos factores influyentes hacen de los medios de comunicación instrumentos que contribuyen a mantener y a reforzar la estabilidad de las estructuras sociales. Los medios en algunas ocasiones, pueden provocar cambios, pero esta posibilidad está en función de la actuación o no de otros agentes mediadores en el proceso. La comunicación de masas puede producir efectos directos en ciertas situaciones residuales. La eficacia de la comunicación depende del medio que la difunde y de las características del propio medio. Se recuerda más fácilmente lo que se ha dicho que quien lo ha dicho. Un mensaje puede provocar efectos contrarios a los pretendidos por su emisor. 156

 

8.

9.

1O.

11.

 

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Las personas de nivel cultural superior están mas favorablemente influenciadas por las informaciones que presentan las posibles soluciones distintas u opuestas de un mismo problema, mientras que las de cultura inferior lo están por los mensajes que presentan una solución unilateral. También la posibilidad de cambio es inversamente proporcional al nivel cultural de los individuos. Las grandes comunicaciones ejercen una eficacia mayor cuando se proponen crear adhesiones a problemas nuevos que a problemas existentes. Los medios de comunicación son mas efectivos cuando actúan acumulativamente, cuando pretenden modificar los moldes periféricos o secundarios de las actitudes y de los comportamientos, más que los centrales o decisivos, y cuando expresan un mensaje interesante que no se halla en competencia o en contradicción con otra idea. Hay un tipo de mensajes que produce un efecto inmediato, mientras que otros responden al propósito de crear un efecto retardado o un resultado a largo plazo.

El tema es importante, tal vez el de mayor entidad entre todos los que sugiere la comunicación colectiva, por cuanto es el efecto y no la causa lo que interesa, precisamente para considerar ésta en razón de aquel que es su objetivo. LAS PREOCUPACIONES DE LOS SOCIÓLOGOS. Lazarsfeld y Merton han señalado hasta cuatro causas de preocupación, que son otros tantos prejuicios en relación con la efectividad de los medios de comunicación. 1.

2.

3.

Muchas personas creen todavía en la omnipotencia de los medios y en su virtual poder de manipular al hombre, tanto para el bien como para el mal, y están convencidos de que no se dispone de controles sobre este poder. Otras personas temen que los grandes intereses económicos puedan utilizar los medios para asegurar la conservación del “status quo” social y económico, y anular o reducir en gran medida la actividad crítica del público. Se sostiene que los medios informativos, al tener que adaptarse a las exigencias de un público vastísimo, caen en un uniformismo que puede causar una decadencia del gusto estético y del nivel cultural de las masas, y

157

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4.

Otro sector imputa a los medios haber anulado algunas conquistas sociales por las cuales los reformadores han luchado durante mucho tiempo, tales como horarios favorables de trabajo de seguridad social, etc.

Indudablemente, en un intento serio de valorar los efectos de los medios informativos, no se puede aislar arbitrariamente el impacto de uno o varios mensajes determinados, porque cualesquiera que sean actúan conjuntamente con otras influencias. Los medios de comunicación social operan, no como causas aisladas y autosuficientes, sino como influencias que cooperan con otros factores de primer orden. Las investigaciones sobre la recepción de los mensajes revelan que las personas tienden a leer, a escuchar y a mirar las comunicaciones que ofrecen puntos de vista acerca de los cuales ellas mismas sienten simpatía y procuran evitar aquellas informaciones de signo opuesto o simplemente distinto. LOS TRES NIVELES EN LA SELECCIÓN DE MENSAJES. En el proceso informativo, la problemática, que plantea la recepción de los mensajes es tan importante como la intención y el propósito del emisor. El público destinatario, convertido en el censor último de la información difundida, tiende a seleccionar o a filtrar los mensajes para encontrar en los mismos unos medios de protección o de autodefensa, buscando en ellos el apoyo a sus convicciones, a sus actitudes y a su comportamiento. Esta selección de mensajes se opera en tres niveles: a) Existe, ante todo, una selección en la recepción de la información. En consecuencia, considerando así ese fenómeno de integración, la información produce toda una grama de efectos según sea el tiempo de persona, partiendo de la base de que ese público, en lo que a la comunicación se refiere, a su participación en ella, no deja de ser pasivo en la mayoría de los casos-ya que las posibilidades de ser activo son muy reducidas y limitadas- al tiempo, y ésta es su gran incoherencia, que la información se convierte en una de sus mas importantes necesidades vitales. “El hombre y la sociedad contemporánea-dice Angel Benito responden a un tipo espiritual conformado por los instrumentos modernos de información. La prensa escrita, la radio, la 158

 

 

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televisión, el cine, perfilan hoy los tipos humanos, uniformándolos a escala mundial”, y aclara que ello es debido a que “la mutua relación de información y sociedad es tan fuerte y evidente que es bastante común la creencia de que son los receptores de la información los que inciden sobre los promotores de las noticias y demás contenidos informativos”. Comentando esos efectos, divididos, como toda otra actividad, en sus dos grandes bloques antagónicos del bien y del mal o positivos y negativos, unos y otros son los siguientes comenzando por los segundos y de acuerdo con las conclusiones de Martínez Albertos, a las que se hacen las correspondientes puntualizaciones. EFECTOS NEGATIVOS 1) Peligrosidad social surgida como consecuencia de la “difusión narcotizadora” de los medios de comunicación de masas. Radica en la capacidad que tienen los medios de comunicación de masas, sobre todo los audiovisuales, para influir sobre la opinión pública, desviando la atención de temas trascendentes y dirigiéndola hacia otros temas triviales anodinos. Es tal la complejidad de los estímulos provocados a través de los medios de comunicación, que pueden llegar a privar al individuo de la libertad de elección. Las consecuencias de esa difusión narcotizadora, como la droga de que recibe su calificativo, no pueden ser mas funestas para el individuo en sí y para la sociedad en que se integra, aunque sólo sea a efectos externos, sin cualquiera otra vinculación, ya que generan la apatía social o la apatía política, cuando no ambas, de la que la deshumanización es razón de la primera y la abstención electoral, de la segunda, y valgan ambas como ejemplo ilustrativo. 2)

Peligrosidad social de los medios de comunicación de masas fundamentada en los efectos perniciosos de la comunicación masiva sobre la cultura y educación de la persona.

La peligrosidad señalada constituye otro de los grandes temas de discusión, puede existir o no según el uso que de los medios de comunicación se haga, tal y como puede ocurrir con un libro,

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una obra de teatro, un artículo periodístico o una medicina, y la droga y la energía nuclear incluidas. b)

La selectividad opera también en la retención o memorización de los mensajes informativos. Las personas tienden a recordar lo que apoya sus puntos de vista y a olvidar aquello que los contradice.

c)

Existe una selección interpretativa, que tiende a alterar el contenido de aquellos mensajes opuestos a las preferencias o simpatías del receptor, llegando incluso a invertir su significado.

Tan pronto como el mensaje informativo llega al universo receptor, es objeto de un proceso de selección que se añade a las selecciones operadas previamente en las fases de captación y de transmisión y que incide sobre la exposición al medio y sobre la retención y la interpretación de los mensajes. En consecuencia, los medios informativos influyen sólo en el sentido que interesa a sus públicos. Actualmente se acepta ya, como principio general que los medios informativos cumplen una función de refuerzo de las opiniones de los gustos de las actividades y de los estereotipos que ya existen. Los medios informativos en una sociedad abierta al diálogo y a la libre iniciativa conscientes de esa función de refuerzo, aspiran a lograr una gran audiencia. No obstante, conviene conocer dos opiniones que vienen a completar lo ya dicho. A este respecto, Martínez Albertos2 manifiesta que “la evidencia histórica de las sociedades industriales de inspiración democrática demuestra que, mayoritariamente, por lo menos los medios de información siempre han ido detrás de los líderes, nunca delante. Y por consiguiente, su papel ha sido mas el de controladores del estado de cosas ya establecido que agentes para la subversión o el cambio inesperado y falto de control”. Ángel Benito(3) por el contrario, señala que la principal función informativa en una sociedad democrática es la del “servicio a los demás”, y se almea junto a la teoría de Peterson, Jensen y Rives, al señalar otras dos funciones motor y control social del desarrollo. “La función de la información-dice- con respecto al desarrollo, debe hacerse en un libre juego democrático, en el que la información es motor y a la vez control público del desarrollo”. 160

 

 

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En lo que ambos están de acuerdo, y con ellos todos los estudiosos de los fines y funciones de los medios de comunicación, es en que la colectiva es el fundamento de la democracia y en que es también factor fundamental para iniciar un diálogo sobre los grandes temas que preocupan a la sociedad siempre que se de en ella el pluralismo y puedan usarse aquéllos libremente. Todo un mundo diverso de opiniones encontradas, no intencionalmente negativas, contrarias, sino ávidas de localizar una luz por cuanto sus críticos no han vacilado en manifestar que los medios de comunicación son necesarios para el desarrollo de las libertades y en consecuencia, de la sociedad. La razón es poderosísima, tanto como fundamentada la creencia de que la información no podría darse, en su sentido de colectiva, si no existiera esa “masa” o ese público al que va dirigida, que no es nada mas y nada menos que una colectividad de personas distintas, rodeadas de circunstancias diferentes, pero tomadas como una colectividad. Tal vez convenga matizar que esa peligrosidad se atribuye, casi en exclusiva, a la calidad de los programas de divulgación, a los que generalmente se acusa de extremada ligereza y popularización por exigirlo así el medio y su auditorio. Quizá sea conveniente reconsiderar esa acusación, porque esa agilidad denunciada, por sí sola, jamás puede dañar a la cultura. Al contrario, lo que hace es dotarla de mayores posibilidades de expansión poniendo al alcance de los más lo que hasta la aparición de los medios de comunicación de masas era privativo de los menos, o sea de los social y económicamente mejor dotados. La proliferación de programas de divulgación-aunque nunca serán demasiados-en los distintos medios de comunicación, jamás podrá ir contra la cultura. La mayor información de los individuos, al exponerse a cualquiera de estos medios, no puede tener un efecto contra-cultural. Aunque no se deje de admitir que haya programas de tan ínfima calidad que lejos de formar deformen de alguna manera, pero en su propio mal llevan el rechazo del público que inhabilita para el futuro a los medios que los difunden.

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3)

Peligrosidad social de estos medios masivos en cuanto pueden atentar contra la higiene mental de los individuos.-

Tal vez ese atentado sea mas peligroso cuando los medios son portadores de la llamada información -actualidad que cuenta la historia real de cada día y pueda ocurrir que sus efectos malignos no sean causados, precisamente por la noticia de los mismos sino por los hechos que la protagonizan y el ejemplo negativo que se pone de manifiesto. La descripción real y detallada de una información “sórdida y escandalosa”, según algunos autores, supone un atentado contra la salud mental de las personas. Pero el mal no está en la descripción, sino en el hecho que la motiva. Si hay algún culpable este último es el verdadero y el único. Y a última instancia, a nadie se obliga a leer una información de prensa, a escuchar un programa de radio o a ver uno de televisión o a asistir a un cine. ¿O es que se va a juzgar tan necio y menor de edad al ser humano, que no se le va a considerar capaz de discernir por si mismo sobre lo que le perjudica?. Por otro lado, silos medios de comunicación seleccionaran su información pensando en el mayor o menor grado de sensibilidad de su auditorio- tan dispar de un medio a otro, y con tan distinto auditorio según una u otra hora de emisión, etc.- se estaría faltando al principio de la objetividad e influyendo sobre el público con lo que la información cometería un flagrante delito. En el fondo, quienes piensan en esa autocensura de los medios, no dejan de ser unos censores en ciernes, ya que no quieren saber nada de lo que les molesta o perjudica. Es decir, que tienen las mismas motivaciones que aquellos dictadores en cuyos regímenes se condena la libertad de expresión “por que el pueblo nunca sabe lo que le conviene”. Sin embargo, esa crítica contra quien va más directamente es contra la información- entretenimiento, propia de los medios audiovisuales, y muy concretamente contra los programas de televisión y las películas cinematográficas. Se les ha acusado -se les acusa- de mantener al espectador ante la pantalla en un estado de hipnosis real, indicando que 162

 

 

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permanece relajado pero a la vez tenso, sometiendo su vista a una atención constante sobre el marco iluminado donde se realiza el mensaje. Decididamente, es rechazable tal acusación, al menos de una forma generalizada, porque sólo puede atacar a individuos muy débiles de personalidad aún no formada, como es el caso de los adolescentes o de los niños que vayan a ver películas no adecuadas para su edad, lo que ya es otro tema. Lo que si sucede es que la sociedad ha atado al individuo con una monotonía constante, agobiante, y lo que busca en el cine o en la televisión es una forma de evasión momentánea. Actualmente, acosado por la necesidad, el hombre sólo vive para trabajar o para buscar trabajo, lo que es aún peor, prácticamente, no le queda tiempo para hacer aquello que le gustaría y el cine o la televisión le permiten esa evasión de sus preocupaciones y problemas diarios y compartir durante un tiempo la vida de otros que a él le hubiera gustado fuera la suya. Por otro lado, esos efectos siempre se dieron, antes incluso de que el hombre intuyera que algún día podrían existir esas fábricas de sueños de que ahora disfrutamos. VÍCTIMAS Y VICTIMARIOS Miguel de Cervantes y Saavedra hizo la mejor descripción de ese desequilibrio psicológico causado por las películas, que tales eran en su tiempo, y no otra cosa, aquellas historias que narraban los libros de caballería, como las que hicieron perder el juicio al pobre caballero don Quijote de la Mancha, que por ello alcanzó este nombre con olvido del real que le correspondía de Alonso Quijano. “En resolución -nos cuenta Cervantes(5) - él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio. Llénasele de fantasía todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo”. No puede negarse que los medios de comunicación pueden ser nocivos para el público e incluso causar ciertos trastornos mentales, 163

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que ocasión dan para ello en determinadas circunstancias, y no sólo en los medios audiovisuales sino también en los escritos, por cuanto se basan en la repetición de procedimientos de estimulación interrogativos o exclamativos, empleados en los periódicos y tebeos: agresividad en los titulares, información sobre sucesos escandalosos, falta de objetividad, especialmente a la hora de titular, etc. Esa repetición, unida a esa especial técnica señalada, puede causar trastornos no sólo a los niños sino también a los adultos de escasa formación, insuficiente, circunstancia mas frecuente de lo que creemos Y les pasa lo que a don Quijote, que carecen de defensa frente a lo desconocido y es entonces cuando se produce ese trastorno que llevó a aquél, símbolo un tanto de todos nosotros, a tan triste final: “rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás vio loco en el mundo, etc. Se ha aventurado que los medios visuales realizan en el adulto un efecto de infantilización, dificultando la adquisición de la madurez mental, provocando una regresión. Se dice, incluso, que el cine puede provocar en muchos casos estados neuróticos lo mismo que los estupefacientes, y Agel lo ha confirmado al manifestar, respecto a los medios audiovisuales, que éstos generan en el individuo una imaginaria existencia que se desarrolla en el cine y en la televisión. Estas manifestaciones perturbadoras no tienen lugar durante el tiempo de proyección, sino que se producen posteriormente. Son ejemplos de estas perturbaciones, la delincuencia juvenil, el mimetismo de los gestos, el lanzamiento de nuevas formas de vestir, el culto de las “fans” por los ídolos, etc., cuyos ejemplos, por ser tan conocidos. relevan de su mención. Ante esas pruebas, concluyentes, hay que aceptar que, efectivamente, se produce una masificación de las personas. La forma de pensar de muchos jóvenes es a misma, el lenguaje de las personas es igual, hay una vulgarización de todo. Sin embargo, tampoco éste es un fenómeno nuevo si bien, por la circunstancia de llegar a la masa, jamás alcanzó tanta notoriedad como en nuestro tiempo. ¿Acaso no alcanzaron éxito en el mimetismo y en las costumbres, el conocimiento - información que se tuvo, aunque no masivo, por supuesto, de la forma de vestir y gesticular del famoso Beau Brummell?

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Aquél George Bryan Brummell, que fue llamado “El rey de la moda” y “el bello Brummell”, dictó durante muchos años la moda en Europa desde Londres, animado por las liberalidades del entonces príncipe de Gales, que luego sería Su Graciosa Majestad Jorge IV. Todo el mundo le imitó, el reducido mundo de su ambiente, por supuesto, ya que en aquel final del siglo XVIII y hasta casi mediado el XIX, no existía la comunicación masiva que le hubiera dado la popularidad y el liderazgo en ese campo de un Robert Redford, por ejemplo: Y es tema obligado, ineludible, tratar de la delincuencia juvenil en cuyas actuaciones parece existir siempre un “director de cine” que organiza sus golpes como los expuestos en tal película cinematográfica o programa de televisión. Las estadísticas parecen dar la razón a los acusadores de esa nefasta influencia, al comprobarse que los integrantes de esas pandillas juveniles presentan, en las encuestas, una asistencia al cine mayor que el resto de los jóvenes de su edad. Y otro tanto ocurre con idéntico estudio realizado sobre la influencia de los “comics”, en uno de estos estudios sobre 235 jóvenes delincuentes y 235 jóvenes normales, se obtuvo como resultado que los jóvenes delincuentes leían “comics” considerados nocivos dos veces más que los jóvenes normales. Del mismo modo, las revistas dedicadas a los adultos, leídas por jóvenes o niños, influyen negativamente en ellos por cuanto su personalidad está todavía en vías de formación. Las pruebas son abrumadoras, efectivamente, pero esos efectos negativos no se deben en exclusiva a los medios de comunicación sino que deben compartirlos con la propia sociedad en todos y cada uno de los sectores relacionados de algún modo con el mundo juvenil. Al margen de que cualquier mensaje puede influir negativamente en una persona si no está debidamente formada, con lo que hay que admitir, igualmente, que la causa también está en la propia personalidad del individuo. APECTOS POSITIVOS En realidad, todo el texto del presente trabajo constituye un alegato de esos aspectos positivos de la información. Entre los efectos más importantes se pueden destacar los del perfeccionamiento colectivo, de la promoción de la vida económica y de la participación individual y colectiva en la marcha general de un país: sin olvidar que la información es un presupuesto a la democracia.

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Los medios de comunicación social, a su vez, son instrumentos para la libertad, para contribuir a afianzar tanto las libertades individuales como las sociales en el seno de un sociedad plural y “esa función de la prensa -asegura Benito- sólo podrá conseguirse si se la ibera de las dos tentaciones de todo su pasado histórico: su instrumentación por parte del poder constituido y su utilización por el capital para intereses parciales de tipo económico político...”. Solamente con las citadas, ya estarían sobradamente justificadas las funciones de los medios de comunicación y de cuya importancia habla, mejor que nada, la disparidad de criterios que aquellos despiertan. Pero no es sólo entre los estudiosos de la comunicación masiva donde surgen esos contrastes de opiniones. También se dan entre los que constituyen los destinatarios: el público receptor. Y no es sólo en cuanto a la filosofía de los fines y funciones de los medios sino hasta el propio contenido de los mensajes de que aquellos son portadores. Y esto es importante porque de ese contenido dependen también aquellos fines y aquellas funciones. Ante la gran diversidad de opiniones y puntos de vista del público, los medios se ven forzados a divulgar aquello que ya está aceptado de un modo general y a consagrar lo que ha merecido el previo beneplácito del universo receptor, abandonando todo lo que pueda ser repulsivo en cualquier parte de cualquier forma. Esta tendencia conservadora de la información, orientada a vigorizar los puntos de vista ya consolidados, favorece a los directivos de las empresas informativas, vinculadas a los propósitos liberales de la iniciativa privada, cuyo principal interés es el de mantener el orden y la estabilidad del sistema vigente por considerarlo el más democrático y el que favorece a todos, empezando por el sector económico. La acción de reforzar es ya de por si importante, pero, además, en determinadas circunstancias específicas, los medios informativos realizan una decisiva labor creadora, susceptible de motivar cambios y reformas que puedan ser de gran trascendencia. Existen determinadas situaciones especialmente abonadas para la acción reformadora o creadora de los medios informativos. a)

Los medios de comunicación social se utilizan con éxito para crear opiniones y actitudes sobre aquellos asuntos que, por su novedad o por su falta de interés previo, no han atraído la 166

 

b)

 

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atención, y también se utilizan como para combatir posiciones poco sólidas o dubitativas. La incidencia de los medios de comunicación pueden favorecer el cambio de actitudes y de opiniones en aquellos casos en que presionan otros factores favorables al cambio. Por ejemplo: 1) 2) 3)

Cuando se cambia de medio ambiente Cuando se pasa de un estatus a otro Cuando una persona convive con otras que poseen convicciones contrarias a las suyas. en este caso, corre el peligro de resolver esta situación de disconformidad, de posible conflicto, condicionada por la influencia de los medios de comunicación, y acercarse así a la opinión mayoritaria que le rodea.

c)

La influencia de los medios informativos en general para provocar alteraciones en el público, es menor en los sistemas pluralistas que en los autoritarios pues. como afirma Beneyto, mientras en aquéllos se enseña a pensar, en éstos impera una cultura dirigida que impone el gusto. Pero incluso en los sistemas totalitarios, una parte de los mensajes emitidos cae fuera del marco de interés de los individuos, se disuelve en la ineficiencia y existe el riesgo del efecto contrario al previsto de informaciones propagandísticas improvisadas, el conocido efecto “boomerang”

d)

Los medios informativos se pueden utilizar con éxito para provocar modificaciones de detalle o ligeras reconsideraciones de actitudes ya tomadas.

e)

En los momentos revolucionarios, bélicos o de gran tensión social, los medios informativos, contrariamente de lo que ocurre en periodos de normalidad, adoptan tendencias favorables al cambio y a la controversia y tienden, por tanto, a promover una mutación orientando impulsos que existen de modo informal y que carecen de expresión.

f)

A medio y largo plazo, los medios informativos contribuyen a modificar el mundo de los valores y de los esquemas culturales, actuando paralelamente a los móviles que modifican los hábitos y el modo de vivir. Esta influencia opera al máximo cuando el receptor no es consciente de su presión y cuando se desarrolla en una contexto que merece su aprobación. 167

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Lo que sí es un hecho indiscutible es que conforme la técnica ha permitido que los medios de comunicación estén al alcance de todo el mundo, su función sobre la colectividad ha ejercido una mayor influencia irreversible en cualquier caso, porque sus integrantes se han habituado a estar debidamente informados, a saber de forma continua lo que pasa en el mundo y a que les comenten las implicaciones de todo lo que pasa, lo que supone de algún modo que les marquen las pautas de actuación. Esa circunstancia es que lleva a muchos autores a achacar una función negativa a la información, basándose en que al tener tanta tuerza sobre la sociedad manipulada y mal comprendida, puede llevarla por derroteros peligrosos. Y se piensa entonces en el papel que se atribuye a algunos gobiernos o sistemas políticos que conscientes del papel de la información sobre la sociedad, la adaptan a sus ideas para que los receptores no le causen problemas. El origen de esa tuerza de la información, a la que se le ha calificado y califica de “cuarto poder”, hay que buscarlo en la anécdota que se atribuye a Edmundo Burke, político Irlandés de fines del siglo XVIII, cuando arremetió contra la Revolución Francesa y sus ideas. Se dice que dirigiéndose a la tribuna de los periodistas en la Cámara de los Comunes exclamó: “Vosotros sois el cuarto poder” No obstante la tribuna de prensa en aquel parlamento no existiría hasta después de la muerte de Burke”. El verdadero responsable de esta expresión parece ser que fue el historiador Macaulay cuando en 1823, escribió que “la galería ocupada por los periodistas se ha convertido en el cuarto poder del reino”. Cualquiera que sea el número que en el campo de los poderes se atribuye a la información, lo que si hay que achacar a los medios de comunicación, dentro de lo negativo, es que “desde una óptica política se aprecian los efectos perniciosos de estos medios siendo los ciudadanos de una comunidad democrática en la medida en que pueden provocar en ellos hábitos de pasividad y conformismo que les lleven a desinteresarse de la cosa pública. Desde una óptica jurídica moral se insistió en los efectos perniciosos de ciertos contenidos sobre las conciencias de los receptores, poniendo especial énfasis en la influencia de la delincuencia juvenil”

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LOS EFECTOS SEGÚN LOS MEDIOS Y desde cualquier óptica es obligado considerar que los efectos de los medios de comunicación colectiva varían, entre otras muchas razones, según sea el medio a través del cual se realiza. Calificando a cada uno de ellos, se ha convenido en que la prensa, además de medios de comunicación, es un medio de presión, de lucha política, de manipulación y fin productivo de cualquier empresa. “En los países evolucionados, la prensa es un vehículo para la información de actualidad, y para la libre circulación de ideas, de las opiniones individuales y de los grupos que se enfrentan y conjugan en una competencia plural ante la cosa pública”, según Raymond Barre. La televisión, por su parte, al causar mayor impacto en el público, acentúa aún más sus efectos en uno y otro sentido, en especial cuando constituye un monopolio y más todavía, si su titular es el propio Estado ya que su pequeña pantalla constituye el medio más nocivo para ciertos sectores del público, especialmente para los niños y personas de escasa formación. McLuhan, en su libro “La galaxia Gütemberg”, decía con respecto a esa circunstancia, que los “analfabetos, cuando se encuentran fuente a los aparatos de televisión, confunden las imágenes con la realidad, por ello mientras observan algún hecho que no les gusta, se rebelan”. Los que no aceptan esas acusaciones, y que adoptan el papel de defensores a utilizar del medio televisiva. “aluden al desarrollo, planificando el empleo de la comunicación colectiva, en paralelo con la programación del proceso económico, político y social”. La radio, nos dice Angel Faus al margen de cualquier sistema convencional de recepción, está hoy incrustada en la vida cotidiana de tal modo que su presencia pasa desapercibida en ocasiones aunque esté allí actuando sobre millones de personas, veinticuatro horas sobre veinticuatro horas. Si bien es cierto lo que dice, precisamente por el excepcional grado de familiaridad alcanzado en los hogares, no lo es menos que, hasta el presente, la radio es el medio en el que el auditorio tiene mayor posibilidad de intervenir, en forma más directa y viva, desde cualquier lugar donde se encuentre, requiriendo para ello un minuto de elementos técnicos, por no decir ninguno ya que el teléfono ha pasado 169

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a ser algo natural que ni siquiera merece esa consideración en las sociedades industriales. LOS EFECTOS SEGUN OTROS FACTORES En resumen para valorar los efectos de los medios informativos, no se pueden aislar arbitrariamente de uno o varios mensajes determinados porque cualesquiera que sean, actúan conjuntamente con otras influencias de la más diversa procedencia. Los medios de comunicación social operan, no como causas aisladas y autosuficientes, sino como influencia que cooperan con otros factores de primer orden. Los medios no se dirigen a un público seleccionado, sino a un grupo vasto y heterogéneo. No obstante, pueden tener una utilidad más directa en unos sectores que en otros, con miras a orientar un cambio o una modernización social, combinando su acción con la de las comunicaciones personales. “El hombre contemporáneo tiene sobre sus espaldas la triste y desalentadora experiencia de que ni el individuo singular ni el capacitado para digerirlo todo y discernir por si con acierto entre lo verdadero y lo falso, entre lo que es bueno para el interés colectivo y lo que ha de resultar perjudicial... se perfila de esta manera la primera misión social de los medios informativos: ayudar a distinguir entre lo verdadero y lo falso, la digestión intelectual del lector mediante la exposición de un contexto coherente dentro del que las noticias singulares tengan su verdadera y adecuada significación”. Y punto final con dos opiniones valiosas. “El público masivo de los medios de difusión, radio y televisión, están siendo continuamente persuadido por los materiales que se le ofrecen”. David Schiller “añade que los medios de comunicación son “neutrales pero no las finalidades de los mismos, que son estrictamente político o económicas”. Y, por fin, los medios de comunicación social cumplen una función de integración social en las sociedades demográficas, haciendo participar a los ciudadanos en la vida social de la comunidad, concienciándolos de su papel en la colectividad y haciéndoles participar de las libertades públicas y privadas.

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FUNCIONES POLÍTICAS DE LOS MEDIOS La teoría liberal-democrática asigna a la prensa y, por extensión a todos los medios, un importante papel como vigilante (watchdog) e incluso como un auténtico poder. Esta función general se ha concretado en diversos roles específicos que, siguiendo parcialmente a L. John Martin, serían los siguientes. RECOGIDA Y PRESENTACIÓN DE INFORMACIÓN OBJETIVA Este tema de la objetividad es una cuestión permanentemente abierta ya que se trata de un concepto muy relativo pues cada informador tiene su propia objetividad que queda así absolutamente subjetivizada. «La mayor parte de los académicos escribe Martín- no creen ya que los reporteros, o cualquier otro que haga su tarea, pueda escribir sobre un acontecimiento si no es desde su punto de vista subjetivo, aun cuando algunos periodistas insisten en que ellos actúan con objetividad». A. Ranney se ha ocupado de este tema de los sesgos y. afirma que lo que se debe evitar es la parcialidad, esto es «la manipulación deliberada en el contenido y presentación de las noticias con el propósito de promover la causa de un determinado partido, candidato o ideología». Y eso incluye la mentira, la distorsión o la imposición de los propios juicios de valor. Por el contrario la imparcialidad consistiría en «presentar todos los hechos relevantes e importantes tal y como existen, dando a cada hecho su propio énfasis y manteniendo al margen enteramente las preferencias personales de los tele-radiodifusores o, al menos, etiquetándolas claramente como preferencias personales». Lo que se dice de los tele-radiodifusores vale, por supuesto, para todos los informadores. Se trata, en suma, de que los informadores intenten hacer una presentación lo menos sesgada posible y con una decidida voluntad de imparcialidad. A esa finalidad atienden el principio de que información y opinión deben estar perfectamente diferenciadas, incluso formalmente, para que el1ector no pueda, en ningún caso, verse engañado o empujado al equívoco. Este principio según el cual «los hechos son sagrados y las opiniones libres» es, en general, rigurosamente aplicado por la prensa anglosajona, especialmente la norteamericana, pero no podemos decir lo mismo de la prensa europea y, menos aún, de las televisiones públicas. 171

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En todo caso, no cabe duda de que la primera función de la prensa es facilitar información. En la selección y valoración de esa información intervendrán, necesariamente, criterios subjetivos, pero un informador responsable debe disponer de pautas profesionales que no hagan imposible esa tarea. INTERPRETACIÓN Y EXPLICACIÓN DE LAS INFORMACIONES Se debe tender a que las informaciones sean comprendidas por los lectores menos expertos. Se discute si es válido el llamado advocacy journalism o «periodismo de defensa de un determinado punto de vista», que, en todo caso, sólo sería aceptable cuando, como escribe Dennis, «define su sesgo y establece un análisis de las noticias en ese contexto». Dentro de esta función de interpretar y explicar las informaciones caben una serie muy amplia de géneros periodísticos como los editoriales, los análisis de noticias (news analysis) y, en general, las múltiples variantes del columnismo y el comentario. Asimismo debe incluirse aquí la documentación, cada vez más importante en el trabajo periodístico. CONTRIBUIR A LA FORMACIÓN DE LA OPINIÓN PÚBLICA Los medios llaman la atención tanto del público como del gobierno acerca del clima de opinión imperante. Supuesto el papel básico de la opinión pública en una sociedad democrática, la función de formar y expresar la opinión pública es, quizá, la más importante y la que sintetiza a las otras. A este respecto Grossman y Rourke han señalado que «mientras los oficiales ejecutivos (funcionarios de la Casa Blanca) tienden a ver a los medios informativos como moldeadores de la opinión pública, los medios, con la misma frecuencia, se ven a sí mismos como cautivos de esa opinión. Desde su punto de vista ellos publican noticias relativas a ciertos asuntos precisamente porque al público le gusta leer tales cosas». No es fácil decir cuál de los dos procesos predomina. No hay duda de que un periódico influye en sus lectores pero si no logra expresar las preferencias de éstos puede verse abandonado. Todo ello le obliga a una permanente actividad de adivinación de esas preferencias de su audiencia. Es cierto que un periódico moldea o pretende moldear la opinión pública, pero tal pretensión recibe el contraste de esa votación contidiana que representa la evolución de sus cifras de venta, lo que le obliga a una rectificación continua a la mínima señal de alejamiento de los lectores. Algo muy parecido a lo que hacen los partidos políticos respecto de sus electores. 172

 

 

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LA FIJACIÓN DE LA AGENDA POLÍTICA Recientemente se está subrayando esta función que supone, de hecho, una participación en el proceso político al enfocar la atención del público y del gobierno sobre determinados temas. Esta función debe ser vista no sólo en su aspecto positivo de atraer la atención sobre ciertos temas sino también en el negativo, en cuanto los medios actúan como el gatekeeper que filtra las informaciones e impide que lleguen al público algunas cuestiones. Así, Glick halló que una parte sustancial de informaciones procedentes del gobierno norteamericano sobre salud y bienestar no llegaban al público. CONTROL DEL GOBIERNO Y DE OTRAS INSTITUCIONES Los medios, al suscitar cuestiones que ponen en entredicho la acción del Gobierno o de otras instituciones públicas (ayuntamientos, organismos de diverso tipo, grandes empresas públicas) e incluso privadas, al sacar a la luz casos de corrupción o escándalo, pone en marcha los mecanismos oficiales de control. Con su investigación los medios pueden aportar elementos que se han escapado a las comisiones de investigación de las cámaras legislativas, actuando así como catalizadores de éstas. En España se ha señalado, por otra parte, que las preguntas que los parlamentarios dirigen al Ejecutivo proceden, en buena parte, de los casos planteados por la prensa. Una investigación en ese sentido sería tan interesante como reveladora. Esta función de control es especialmente importante en situaciones, como la que vive actualmente España, de la mayoría absoluta de un partido. La peculiar regulación del control parlamentario en España por el Reglamento del Congreso de los Diputados, impide que prosperen, en la mayor parte de los casos, las propuestas de creación de comisiones de investigación. De hecho, el Parlamento no cumple los aspectos más importantes de la función de control del Gobierno y la prensa ha ocupado ese vacío en buena medida. Se explica así que, según una opinión muy generalizada, en situaciones de mayoría absoluta, la única oposición a los gobiernos y la única que éstos temen verdaderamente, es la procedente de la prensa. Una oposición, claro está, que acosa pero que no puede, en ningún caso, llevar este acoso a sus últimas y lógicas consecuencias. Sobre todo porque los gobiernos suelen contrapesar el hostigamiento de la 173

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prensa con ese arma absoluta que es la televisión. Todas estas funciones vienen a significar que los medios juegan en una democracia el papel de un auténtico foro en el que se desarrolla la vida pública. Los medios son así el lugar de encuentro de las diversas ofertas políticas que proponen los grupos y los partidos. Al mismo tiempo es también en los medios donde se exponen las demandas políticas procedentes de los diversos sectores sociales. Los medios actúan así como los notarios que levantan acta de los problemas y conflictos, prestan tribuna a los que carecen de otras plataformas y potencian la voz de los que ya disponen de ellas. Hasta que un problema no aparece en los medios, propiamente no tiene existencia social o política. Y esto es verdad, en grado superlativo, en el caso de la televisión. De ahí que los medios sean vistos por toda una corriente doctrinal como «constructores de la realidad». Concebida la democracia como «sistema de diálogos», según la conocida idea de Vede1, es en los medios donde tales diálogos se realizan. Las transformaciones del régimen parlamentario han erosionado el carácter de foro público que antaño tuvieron las cámaras y han hecho de los medios -y, desde luego, sobre todo, de la televisión el lugar de encuentro de las diversas corrientes de opinión, incluidas las extraparlamentarias. Se da, además, la circunstancia de que las campañas electorales, tan importantes en una democracia plura1ista, cada vez tienen menos sentido si se las desconecta de los medios. No hay, propiamente, campaña fuera de los medios. Mítines y otros actos políticos no tienen importancia en sí mismos sino en la medida en que se reflejan en los medios. Por eso, la planificación de las campañas la hacen los partidos teniendo prioritariamente presentes las posibilidades de cobertura de los medios y, especialmente, por supuesto, de la televisión. Los debates entre candidatos, retransmitidos por televisión son, cada vez de un modo más patente, el punto culminante de las campañas electorales. Iniciados en 1960 cuando se enfrentaron Kennedy y Nixon, se han convertido en los Estados Unidos en un acontecimiento obligado en toda campaña presidencial e incluso en otras de niveles inferiores. Y progresivamente han ido entrando en los usos políticos de otros países.

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Este papel creciente y decisivo de los medios en la vida política, combinado con la fuerte personalización de la política, perceptible en todos los países llevó al francés Roger-Gerard Schwartzenberg a acuñar el término media política y a referirse al star system como enfoque que ha pasado del mundo del espectáculo a la política. Y más. Recientemente se ha planteado el problema de si la tele democracia no estaría en trance de cambiar el funcionamiento y la misma naturaleza del sistema democrático occidental. LA PRENSA Y SU FUNCIÓN DE CONTROL Blumler y Gurevitch se han referido a la «presuposición de la teoría liberal democrática que alude a la propensión a servirse a sí mismos y la fiabilidad potencial de quienes detentan el poder. Partiendo de ahí -prosiguen- es natural adscribir a los mas media el papel de «perro guardián,> (watchdog) que protege al público frente a los gobernantes y exhuma las evidencias de los abusos y errores de éstos...». . Eso significa que la prensa ejerce una función de control de los gobernantes y de los mismos representantes de los ciudadanos. Efectivamente, esa función de control la tienen asignada algunos de los poderes estatales y así el Parlamento controla al Ejecutivo y uno y otro pueden quedar sometidos al control de los Tribunales (por ejemplo cuando el Tribunal Constitucional declara la inconstitucionalidad de una ley aprobada por el Parlamento). Pero en una democracia existe y actúa la llamada «teoría de la redundancia», en virtud de la cual los mecanismos de control y de garantía se multiplican para lograr una mayor eficacia. Un especialista en sistemas de organización, Landau, ha señalado, en este sentido, que el avión más seguro es el Boeing 747, precisamente porque sus sistemas de seguridad y control están cuadruplicados y, además, son independientes entre sí. Este enfoque es plenamente válido también para el sistema político donde es positivo que se dé la redundancia de los mecanismos de control. El sistema liberal-democrático dispone de algunos mecanismos redundantes que garantizan un funcionamiento de acuerdo con los principios y finalidades del sistema. La prensa puede ser considerada como un mecanismo redundante pero, además, absolutamente necesario.

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LA PRENSA COMO UN PODER EN UNA RED DE PODERES La conclusión a la que hay que llegar es que la prensa es un poder en una red de poderes que se controlan y contrapesan mutuamente. Eso quería decir Giscard d' Estaign cuando afirmó que la prensa es un contrapoder. A veces se plantea el viejo problema de quid custodit custodes? y se pregunta. Quién controlaría a esta prensa que, a su vez, controla a los poderes públicos. Pero la cuestión tiene poco fundamento si consideramos que en esa red de poderes políticos y sociales a que hemos aludido quien controla es, a su vez, controlado. Todo lo anterior rectifica la consideración de la prensa y, por extensión, de todos los medios de comunicación de masas, como un cuarto poder según la conocida expresión de Macaulay y permite afirmar que las relaciones entre poder y los medios son unas relaciones entre poder y poder. Alejandro Muñoz Alonso, Opinión pública y comunicación política.

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CAPÌTULO XII

LA OPINIÓN DE LOS CIUDADANOS

La opinión de los ciudadanos particulares viene a ser la materia prima de la opinión pública sin la cual este fenómeno no tiene sentido. Incluso la propuesta de agendas o el enfoque de cada una de ellas tiene como objetivo final influenciar en la opinión de los ciudadanos. De modo que conocer cómo se forma la opinión de los ciudadanos y algunos de los factores que intervienen, será indispensable para un mejor manejo de estos procesos desde los medios de comunicación. ¿QUÉ ES LA OPINIÓN? ¿Tendrá sinónimo la palabra “opinión”? ¿Es sinónimo de idea, creencia, actitud, parecer, juicio...? Para obviar los ejercicios de semántica, vamos a partir de una definición operativa. Luego pondremos los matices. Opinar es omitir un juicio, no necesariamente verdadero o comprobado, sobre un determinado asunto y cuya construcción está condicionada por los factores sociales y culturales en que se encuentra la persona. Un ciudadano puede opinar sobre las consecuencias que tendría un proyecto de ley para aumentar los impuestos a los cigarrillos. Sin embargo no podemos afirmar que esa opinión sea una verdad fehaciente. Sólo recogeremos lo que él expresa. En este sentido cada cabeza es un mundo donde las opiniones vienen y van. Por otro lado, las opiniones no tienen para todo el mismo sentido y profundidad: para unos emitir una opinión los compromete integralmente, por que una opinión representa lo que ellos son o piensan. Para otros, en cambio, emitir una opinión es ciertamente un acto menos comprometedor, pues así como hoy opinan de un modo, más tarde pueden retractarse o fácilmente cambiar de opinión. Unos argumentan su opinión, buscando un sustento a las afirmaciones que expresan, buscando solidez y exactitud; para otros dar una opinión es simplemente dar un parecer que se sitúa 177

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entre la certeza y la duda, pensando que algo es cierto, pero admitiendo la posibilidad de equivocarse. Mientras que unos opinan tratando de convencer a los demás o buscando reconocimiento, consenso o hegemonía, también existen personas que defienden su opinión a como dé lugar, se cierran en torno a ella, no son tolerantes con otras opiniones, no escuchan, o simplemente quieren tener la última palabra. Toda esta variedad de compartimientos nos habla, en primer lugar, de la pluralidad de intereses y motivaciones que existen en las personas. En segundo lugar nos describe el terreno sobre el cual opera la opinión pública y las dificultades del trabajo en este campo. LAS RAÍCES DE LA OPINIÓN Anterior a la opinión está la actitud, una disposición que orienta al juicio y a la acción. Estas actitudes nacen a su vez del condicionamiento social de los individuos, de su temperamento y de factores profundos que podemos designar como motivaciones, más o menos conscientes, declaradas o no. En estudios del fenómeno de la opinión se ha comprobado que los juicios de las personas generalmente están condicionados por estereotipos o “clichés mentales”. En la mente se da una especie de economía del pensamiento. La persona no tiene ni tiempo ni energía para responder a cada hecho con razonamientos inteligentes. Por eso, las personas suelen hacer generalizaciones prematuras que distorsionan el mundo exterior. En oportunidades, no vemos primero para luego definir, sino que definimos primero y luego miramos. La gente percibe las cosas en función de sus creencias y tradiciones más profundas. Así que la opinión del público está más en función directa con sus preconceptos que con los hechos. PRE-CONCEPTOS

ACTITUD

OPINIÓN

A menudo las opiniones están previamente determinadas por estereotipos mentales.

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UN EJEMPLO PARA ACLARAR ESTO A inicios de 1994 un tribunal norteamericano libró de toda culpa a Lorena Bobbitt por haberle cortado el pene a su esposo. El caso despertó diversas reacciones y se formaron diversas corrientes de opinión a nivel mundial. Hubo una fuerte condena contra Lorena por haber cortado una parte tan importante del cuerpo de su esposo. Hubo censura a la violencia que usó. Y surgieron muchas polémicas en torno al rol de la mujer como esposa sumisa y tolerante, la consecuencia de la liberación sexual, el deterioro de la moral familiar. Al mismo tiempo hubo opiniones contrarias que repudiaban el maltrato, la agresión sexual y el ultraje que había sufrido Lorena. Grupos feministas en todo el mundo la defendieron y hasta la aplaudieron por haberle quitado a su marido violador el arma de la agresión. Surgieron sentimientos encontrados sobre la dignidad de la mujer, el machismo, la sexualidad. Es obvio que lo que motivó las reacciones a favor o en contra fue el hecho en sí, es decir, el corte del pene y el fallo del tribunal. Sin embargo, dentro de cada persona que opinó ya existían un conjunto de ideas y sentimientos pre-establecidos. Estos saltaron como un resorte al conocerse el caso de Lorena Bobbitt. Quienes opinaron en contra de Lorena probablemente ya tenían ideas pre-concebidas sobre cómo debe ser una mujer en su matrimonio: comprensiva, sumisa, pasiva. Igualmente quienes emitieron juicios a su favor tenían ideas fuertemente arraigadas, relacionadas con la dignidad de la mujer, o modelos de cómo debe ser la relación de pareja, en especial la relación sexual y afectiva. En todo caso, los juicios ahondaron sus raíces en una causa o matriz pre-existente. El nivel profundo que condiciona a la persona a formarse un criterio en determinado sentido, correspondería a lo que se llama “la matriz cultural”. Esta matriz, u opinión matriz, es el conjunto de valores, juicios pre-existentes, condicionamientos culturales y sociales o estereotipos que todos tenemos y que nos hacen reaccionar de un modo u otro.

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MATRIZ INDIVIDUAL (Experiencias personales)

Valores, creencias, costumbres, estereotipos de la sociedad

Las opiniones tienden a ser como la MATRIZ CULTURAL

Cada sociedad, cada país, cada etnia y cada época tiene sus valores, creencias, normas, condicionamientos sociales, ideológicos y culturales que conforman su matriz social. De igual manera cada individuo tiene una historia personal y una vivencia particular e íntima que también conforma lo que se llama la matriz individual. La opinión se forma a partir de un estímulo, que puede ser una noticia, un suceso o una declaración concreta. Este estímulo funciona como un “disparador”, una especie de gatillo que acciona la opinión matriz. Los juicios de las personas tienden a ser conformes con la matriz y muchas veces responden a cargas afectivas o razonamientos todavía no madurados. En la mayoría de los casos, la opinión pública no es consecuencia de principios establecidos científicamente, ni conclusiones de un razonamiento fundado en un conocimiento objetivo y seguro de un asunto. En enero de 1995, durante el conflicto armado que sostuvieron Ecuador y Perú, saltaron una serie de ideas, prejuicios y condicionamientos sociales entre los ciudadanos de ambos países que casi anularon toda posibilidad de razonamiento. Ante conceptos tan arraigados como patria, nación o soberanía, ambos pueblos reaccionaron instintivamente. Durante cinco semanas de enfrentamientos armados pocos periodistas fueron capaces de explicar los intereses y las causas que podían estar detrás de los telones de la guerra. 180

 

 

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Las declaraciones de cualquier personaje podían ser manipuladas por los periodistas, a vista y paciencia de todos los televidentes, sin que casi nadie tuviera la más mínima capacidad crítica. El nacionalismo exaltado prácticamente cegó a la población de los dos países, cuyos juicios sobre los hechos respondían casi por completo a razones emotivas. La muerte en combate de un niño de 14 años produjo reacciones totalmente opuestas: en uno de los bandos: sentimientos de heroísmo, por haber entregado su vida a la patria a tan corta edad. En el otro, produjo sentimientos de rechazo hacia el Ejército por la irresponsabilidad de permitir que los niños se incorporasen a los frentes de guerra. En ambos casos las opiniones estaban determinadas de antemano por una carga subjetiva consecuencia de una historia de enfrentamientos y enemistades entre los dos países y sobre todo la manipulación del gobierno y las autoridades militares de ambos países. Aquí, los juicios se corresponden a la matriz. Es decir, casi todos los procesos de formación de opinión pública estuvieron determinados por la carga psicológica y emotiva acumulada por la utilización política, resultado de más de 50 años de disputas territoriales. Hernán Gutiérrez y otros, Cómo inducir en la Opinión Pública Lectura: “La opinión de los ciudadanos” pp. 10-15

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CAPÌTULO XIII

PARTIDOS POLÍTICOS: LA VIDA POLÍTICA CONTEMPORÁNEA Los partidos son agrupaciones de ciudadanos que reúnen de la unión para llegar al poder y gobernar el Estado. Suelen tener una orientación política dentro del espectro de posibles posiciones ideológicas existentes en cada sociedad determinada, y representan a un cierto grupo de intereses sociales, que atrae a quienes se verían beneficiados por las políticas que ese partido propone. En la sociedad contemporánea los partidos políticos predominantes comparten la idea de que el progreso de los pueblos se realiza mediante el crecimiento de la economía. Ello requiere de inversión productiva y de servicios, una sociedad ordenada para obtener calidad a partir del trabajo realizado, y una creciente participación en el mercado mundial. Salvo fuerzas menores y poco significativas en el contexto mundial y al interior de la inmensa mayoría de los países, lo dicho hasta aquí parece ser un punto de partida para hacer política contemporáneamente. Los partidos políticos por consiguiente comparten este punto de vista. Sin embargo a partir de él, las opciones políticas pueden diferir, en algunos casos significativamente. Por ejemplo se puede discutir si el crecimiento se realizará predominantemente con recursos propios o con la participación preponderante del capital extranjero, si se buscará ser un país exportador de materias primas o de industria y servicios, si se hará una política de redistribución de la riqueza al interior de la sociedad para dar un mejor nivel de vida a lo mas necesitados o si los ingresos de las personas dependerán de ellas y de su esfuerzo por conseguirlos y así sucesivamente. Además, habrá otras consideraciones sociales que hacer un país puede tener un desarrollo más o menos homogénico en todo su territorio o puede tener unas pocas ciudades muy desarrolladas y gran pobreza en el resto del país. Puede haber una sociedad homogénea o una sociedad dividida por el racismo o las diferentes culturas. Puede haber opiniones distintas que dividan al país en diversos asuntos sociales o económicos etcétera. 183

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Frente a cada uno de los problemas enumerados, distintos grupos de personas tienen intereses diversos: unos ganan con una posición, en tanto que otros pierden. Así, los partidos políticos van eligiendo qué posición tomar, en función de las personas que los componen y de aquellas a quienes quieren atraer hacia si. De esta manera, hay partidos más conservadores de la situación existente (compuestos por quienes se benefician con el estado de cosas predominante en un determinado momento), o partidos más reformistas (conformados por personas que quieren cambios). En los partidos existen líderes políticos que los encarnan como jefes naturales de los seguidores. Muchas veces, en ciertos partidos, es más importante el jefe que lo conduce que la precisión de las ideas con las cuales pretende gobernar. También hay organizaciones sociales diversas que van teniendo simpatías (o antipatías) hacia de terminados partidos y, en consecuencia, Van formando núcleos organizativos junto con ellos para conquistar el poder. No hay que descartar, tampoco, agrupaciones políticas ocasionales, generalmente promovidas por un candidato o grupo de candidatos que necesitar) tener un partido para postular a las elecciones. En estos últimos casos, los partidos (más técnicamente denominados 'movimientos políticos' en estas circunstancias), no tienen una ideología definida y se agrupan en torno al carisma de una persona o grupo de personas. En no pocas ocasiones, estos movimientos políticos están conformados por personas que tienen un interés particular en el ejercicio del poder político, cuando no las mueve básicamente la intención de ocupar un puesto del Estado si el partido gana (as elecciones. En todos estos casos, la organización es poco consistente y se asemeja más a un conjunto de personas que persiguen un fin electoral, que a una institución partidaria debidamente organizada y con vocación de permanencia en la vida política nacional. No todos los partidos son iguales. Algunos tienen una antigua presencia en la vida política nacional y cuentan con una organización especialmente diseñada para permanecer vigentes. Otros son partidos fundamentalmente ideológicos, es decir representan en esencia una posición ideológica determinada. Otros son simplemente agrupaciones de personas que existen para participar en una elección popular presentando candidatos (y

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que solo subsisten si ganan la elección, en caso contrario desaparecen, al menos hasta la próxima elección). En la organización de la vida política dentro de la sociedad contemporánea se considera esencial que existan partidos políticos bien organizados y con alta participación ciudadana, a fin de que la política sea una actividad organizada y que no dependa exclusiva o básicamente de la voluntad de los líderes políticos. Esta puede ser caprichosa, cambiante u orientada exclusivamente a lograr el propósito de ganar las próximas elecciones, sacrificando en el camino a veces los intereses sociales generales.

PRINCIPALES AGRUPACIONES LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN EL PERÚ

En el Perú, la vida partidaria comienza en la segunda mitad del siglo XIX. Los primeros cincuenta años de vida republicana estuvieron dominados por diversas personalidades generalmente militares a quienes se den minó caudillos. Gobernaron el país alterna do pocos procesos electorales y frecuentes más asonadas y sublevaciones. Entonces había propiamente partidos políticos, si personas que arrastraban seguidores. El Partido Civil En la segunda mitad del siglo XIX se gesta Partido Civil, un grupo de personas de la condición económica y social liderados p Manuel Pardo, un personaje carismático visionario. El Partido Civil trata de dar organicidad al Estado y de poner orden en la sociedad. Manuel Pardo gana las elecciones (año 1872, y se le pretende quitar el poder mediante un golpe de Estado por parte un grupo de militares, en el que destacaron los hermanos Gutiérrez. El Partido Civil organiza la resistencia activa al golpe y en una semana se desembaraza del gobierno de facto, logrando que Manuel Pardo asumir el mando del país en agosto de dicho año. El Partido Civil fue la fuerza política dominantemente de la vida peruana durante sesenta años, más allá del hecho de que, a fin de los años 1870, estallara la guerra c Chile (que postra al Perú luego de la derrota) y que el periodo de Leguía fuera el de un líder formalmente civilista pero, en realidad, constructor de un gobierno 185

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esencialmente personal. Cuando Leguía, cae en 19 29 y se organizan las elecciones de 1931 en medio de una gran agitación política, muchos esperaban que el candidato civilista volviera a hacerse del poder, pero prácticamente no saco votación y, súbitamente, el Partido Civil desapareció para siempre de la escena política en aquel año. Nuevas fuerzas habían aparecido en el espectro político peruano, fruto del desarrollo del país, de la injerencia creciente del capital extranjero, y de los cambios ideológicos ocurridos en el mundo a partir de los partidos socialdemócratas que se fundaron en el siglo XIX, en Europa y de la triunfante Revolución Soviética de 917. El Partido Comunista Peruano El Partido Comunista Peruano nació en el país como el partido de la clase obrera', fundado ideológicamente en el marxismo leninismo y vinculado con el Partido Comunista de la Unión Soviética. La concepción leninista es la de un partido de cuadros, es decir de militantes formados en la ideología y en la acción, que se constituyen en una vanguardia de clase, empujando a las masas obreras a la revolución. El feminismo centra la acción en los obreros, no en los campesinos. Esta concepción hacia del Partido Comunista Peruano, una organización compacta y activa, pero pequeña, en la medida que la inmensa mayoría de la población a principios de los años treinta todavía era campesina, y vivía en y del campo, antes que de la ciudad. El partido Comunista Peruano fue muy activo en la oposición durante el gobierno de Leguía y durante la caída de este, pero desde el punto de vida electoral, sus debilidades fueron muy grandes por su reducido tamaño. Su existencia ha sido continua en el Perú, y se extiende hasta nuestros días. Desde fines de la década de 1970 hasta el año 1990 conformó la Izquierda Unidad de la que trataremos posteriormente. La extinción de la Unión Soviética a inicios de la última década del siglo XX, significó la caída del Partido Comunista de aquella unión de repúblicas, y un debilitamiento muy significativo de este grupo peruano, vinculado muy cercanamente con él. El Partido Aprista Peruano El Partido Aprista Peruano nació en 1920 conducido por su líder histórico, Víctor Raúl Hay de la Torre, como un movimiento latinoamericano. En el Perú, fue fundada como partido el 20 de septiembre de 1930, fue concebido como un partido de cuadros y 186

 

 

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de masas de tal manera que tiene militantes formados desde el punto de vista de la ideología y de la acción, pero al mismo tiempo convoca a amplios sectores sociales del país para afiliarse a él. El APRA tuvo una concepción americanista, como indica su nombre: Alianza Popular Revolucionaria Americana. En 1926, Haya de la Torre definió así su movimiento: "La organización de la lucha antiimperialista en la América Latina, por medio de un Frente Único internacional de trabajadores manuales e intelectuales (obreros, estudiantes, campesinos, intelectuales, pequeños empresarios, etcétera) con un programa común de acción política, eso es el APRA". El programa máximo que diseñó contenía cinco puntos: acción contra el imperialismo yanqui: por la unidad política de América Latina,- por la nacionalización de tierras e industrias,- por la internacionalización del Canal de Panamá, por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo. El APRA considera que la política nacional debe hacerse en torno a un frente de clases sociales aliadas para negociar las mejores condiciones posibles con el capital extranjero, que es indispensable para el desarrollo, pero no en la forma en que se presenta en el país y en buena parte de Latinoamérica. Decía, ya en 1930, que la doctrina aprista promueve la justicia social para superar la explotación, la miseria y las desigualdades que no se expliquen por el esfuerzo y la capacidad de cada uno, y reivindica la soberanía nacional "ante toda forma de influencia externa o imperialismo que signifiquen abuso y dominación". La doctrina aprista afirma que sin libertad y democracia no son posibles ni el progreso ni la justicia, y por ello rechaza las dictaduras políticas y económicas. Reivindica el necesario papel del Estado como árbitro y regulador entre el capital y el trabajo, entre las empresas de servicios y los consumidores, y entre la producción nacional y la economía mundial. Además, afirma que "ningún país de América Latina podrá dar una solución cabal al problema M desarrollo y la justicia sin la integración de los pueblos de América Latina". Planteaba, as!, ideas que en aquella época sintonizaban con el rechazo que diversos sectores sociales tenían frente a los enclaves extranjeros, particularmente en la zona norte del país, en la que se habla perjudicado a ciudades Con Alan García Pérez, en 1985, el APRA llega a importantes como Trujillo, precisamente cuna de Víctor Raúl Haya de la Torre. 187

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El APRA tuvo gran acogida popular a fines de los años de 1920 y principios del decenio siguiente. Participó en la elección de 1931, con Haya de la Torre como candidato, y perdió las elecciones ante Sánchez Cerro. El APRA siempre sostuvo que se la dio por perdedora a costa de un fraude. Luego se abrió un periodo de fuertes luchas intestinas en el país. Los representantes apristas ante el Congreso Constituyente fueron proscritos y Haya de la Torre encarcelado. En estas condiciones se produjo la revolución de Trujillo de 1932, en cuya dirección participaron activamente los militantes apristas, y que fue sofocada a sangre y fuego por el gobierno. El APRA fue proscrita y pasó a ser perseguida muchos años. Reapareció como partido legítimo en 1945, para ser proscrita nuevamente durante el ochenio de Odría. Le fue prohibido participar en las elecciones de 1956, pero, elegido Manuel Prado, este y el APRA acordaron la Convivencia, un pacto que permitió la aparición pública del APRA. Desde entonces participa activa y públicamente en la política peruana con una representación significativa en las elecciones. Fue el partido de gobierno en el periodo 1985-1990 con Alan García Pérez, quien asumiera la conducción del partido de tres años después de la muerte de Haya de la Torre acaecida e 12 d e agosto de 1979.

El Partido Acción Popular En 1956, el arquitecto Fernando Belaùnde se presentó a las elecciones presidenciales como candidato, y su porcentaje esperado de votación subió rápidamente en los días previos a la elección (hay que aclarar que en aquel entonces no existía la técnica de encuestas de opinión que actualmente se practica). Se dijo en aquellos días que, si se votaba dos semanas después de la fecha en que realmente se realizaron las elecciones, tal vez Belaùnde, y no Manuel Prado, habría sido el presidente constitucional elegido en aquel año. En todo caso, Fernando Belaùnde inició entonces un viaje por el territorio nacional. Llegó a todos los rincones del Perú, y en cada uno de ellos estableció un comité de su nuevo partido, Acción Popular. Eran épocas en las que algunos grupos económicos del país pugnaban por modernizarse e invertir, principalmente en producción industrial. Belaùnde buscó representarlos dando un mensaje modernizado y, a la vez, basado en las tradiciones milenarias del Perú, como la cooperación popular. 188

 

 

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Dice Acción Popular de si misma: "Acción Popular (AP) es un partido democrático que busca mantener la fisonomía del Perú en su perdurable mensaje andino de la Ley de Hermandad. Ella mandaba a todos los pueblos y comunidades a trabajar desinteresadamente por el bien común, cumpliendo la principal tarea de mantener a las tierras labrantías en una extensión correspondiente al aumento de la población. Los tres grandes conceptos éticos de la honestidad, veracidad y laboriosidad, tienen permanencia vigencia y en interesante coincidencia histórica, constituyen una síntesis de los Diez Mandamientos del Sinai”. Las tradiciones del Perú se reflejan los conceptos de solidaridad y de trabajo común, característicos del Perú antiguo que se plasman en los tres principios de honestidad, veracidad y laboriosidad. La modernización está en la búsqueda de progreso con trabajo, y de producción. En realidad, Acción Popular ha proclamado que tiene "el Perú como doctrina". Fernando Belaùnde llegó al poder en las elecciones de 1963, y su gobierno concluyó abruptamente con el golpe de Estado de 1968 encabezado por Juan Velasco Alvarado. Luego de doce años de gobierno militar, Belaùnde fue elegido presidente constitucional de la República por segunda vez para el periodo 1980 – 1985. En ambos gobiernos tuvo una reconocida conducta democrática en la dirección desde 1963 y nuevamente desde 1980 (los primeros años de su mandato) que se realizaran elecciones municipales, pues antes de 1963 y entre 1969 y 1980 las autoridades ediles fueron nombradas directamente por el Poder Ejecutivo. Valentín Paniagua Presidente del Gobierno Constitucional transitorio del periodo noviembre 2000 - julio 2001, fue presidente de Acción Popular hasta el año 2004. El líder histórico del partido, Fernando Belaùnde Terry, falleció el 4 de junio del 2002, en medio de grandes manifestaciones de cariño popular. La Democracia Cristiana En los años de 1950, el general Manuel Apolinario Odría gobernó el Perú en forma autocrática y apoyando a los sectores conservadores del país. Su gobierno generó la oposición de muchos sectores sociales y políticos que, de distintas maneras, buscaban una sociedad más democrática y propugnaban transformaciones sociales. 189

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Uno de estos grupos fue la Democracia Cristiana, conformada originalmente por un grupo de personas católicas con conciencia 31, y que creían que debían tener una responsabilidad en la vida política del país ando la doctrina social de la Iglesia. Su indiscutido por varias décadas, hasta se retiró voluntariamente de la vida política fue el doctor Héctor Cornejo Chávez, lado y profesor universitario reconocido por aliados y enemigos como el mejor polemista parlamentario de la segunda mitad el siglo XX en el país, por su vasta formación y por su habilidad argumentativa. La doctrina social de la Iglesia, en el sentido moderno de la expresión, fue fundada en las encíclicas papales que comienzan con la "Rerum Novarum”, en 1891, y continúan con la Quadragesimo Anno, de 1931 la “Mater el Magistral”, de 1961, y la “Populorum Progresio”, de 1964 (la doctrina social de la iglesia ha continuado elaborándose en un periodo posterior con muchos documentos pontificios y de otros ámbitos de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II, por ejemplo dio las siguientes encíclicas sobre esta materia. “Laborem Exercens”, en 1981, esta materia: “Laborem Exercens” en 1981, “Sollicitudo Rei Siocialis” en 1987 y “Centesimus Annus” en 1991). La Democracia Cristiana se apoyó fundamentalmente en las encíclicas de la década del sesenta y se desarrollo institucionalmente a través de partidos políticos creados en varios países de Europa y de América Latina, destacando por su gran poder los de Alemania, Italia y Venezuela, que gobernaron a sus Estados por muchos años en la segunda mitad del siglo XX. En todos los casos, estos partidos destacaron la importancia de una concepción social distinta de la liberal capitalista y de la comunista, encabezadas durante el siglo pasado por los Estados Unidos de Norteamérica y por la Unión Soviética. Del capitalismo criticaban su individualismo y consumismo, que degradaban el carácter social y el desarrollo espiritual del ser humano. Comunismo criticaban su espíritu colectivista, que desnaturalizaba el desarrollo de cada ser humano como válido en si mismo, y, desde luego, su ateísmo militante. La propuesta de la Democracia Cristiana fue la de establecer una sociedad basada en la solidaridad, con profundas reformas sociales que distribuyeran la riqueza entre las personas de manera más equitativa que la realmente existente, para que no 190

 

 

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hubiera personas ni demasiado enriquecidas, ni en la pobreza. Para ello, la Democracia Cristiana abogó en el Perú por diversas reformas en la política nacional, entre las cuales destacaban las siguientes tributaria (para que todos paguen de acuerdo con su capacidad y se redistribuya de la mejor manera la riqueza nacional), agraria (para que el productor fuera el dueño de la tierra) de la empresa (para que los trabajadores tuvieran participación en ella), y del Estado (para que fuera eficiente en su labor de gobierno), Completaban su proyecto diversas iniciativas en materia de creación de empleo, desarrollo de la vivencia, la educación y la salud. La democracia Cristiana no llegó a tener una significación electoral grande en el Perú, pero participó como aliada durante un tramo de la duración de los gobiernos de Fernando Belaúnde Terry (1963) y de Alan García Pérez (1985). El Partido Popular Cristiano En el Partido Demócrata Cristiano, reseñado inmediatamente antes, empezó a gestarse a principios de los años sesenta una pugna ideológica y de liderazgo entre dos sectores. La participación de dicha fuerza política en el gobierno del presidente Fernando Belaúnde Terry a partir de 1963 agudizó las diferencias internas. Todo ello condujo a la escisión y en 1966 fue creado el Partido Popular Cristiano, bajo el liderazgo del doctor Luis Bedoya Reyes, un líder carismático que había sido ministro durante el gobierno iniciado en 1963 y que en el mismo año fue elegido alcalde de Lima (y reelegido para tal función en 1966). El Partido Popular Cristiano nació como una fuerza política social cristiana y por ello le son aplicables las consideraciones que al respecto se han hecho en el punto anterior, pero con una interpretación de la realidad que lo condujo a adoptar una posición menos proclive a las transformaciones sociales que la Democracia Cristiana del Perú. Aunque tuvo mayor arrastre político que esta, no gobernó el Perú, pero si participó como aliado en el periodo presidencial iniciado en 1980 por Fernando Belaùnde. Su mejor votación la alcanzó en las elecciones para el Congreso Constituyente de 1978 cuando recibió el 25% de los votos. La Izquierda Unida El movimiento socialista y comunista internacional sufrió una evolución a lo largo del siglo XX, Al principio el eje fue la 191

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revolución rusa y el concepto feminista de un partido de cuadros obreros que liderará la revolución. Sin embargo ya a partir de la década de 1930. Mao Tse organizaba un partido comunista chino que tomaría el poder de ese inmenso país en la década siguiente y que se organizaría como fuerza política no solamente de obreros sino también de campesinos. Pues la China de ese entonces era predominantemente rural Mao Tse Tung desarrolló a la par, toda una teoría revolucionaria que se encargaba con el leninismo, pero, al mismo tiempo, añadía ideas propias. El hecho de que el Perú fuera un país predominantemente campesino hacia la mitad del siglo XX hizo que el Partido Comunista Peruano se escindiera, por aquellos años en dos grandes movimientos que correspondían, a su vez, a dos concepciones comunistas distintas, el leninismo vinculado a la Unión Soviética, y el maoísmo, vinculado a la China, Hubo además otras divisiones a lo largo de las décadas de 1960 y 1970. A este fenómeno se añadió luego, en la década de 1970, el influjo de transformación social que impulsó la primera fase del gobierno de la Fuerza Armada dirigido por el general Juan Velasco Alvarado (1968-1975). Durante estos años aparecieron varios líderes campesinos y obreros promovidos por dicho gobierno que, unidos a otros dirigentes no marxistas, formaron a su vez organizaciones socialistas que compartían el criterio de que en el Perú debía haber una profunda transformación social. A pesar de la existencia de muchos grupos políticos, tanto los marxistas como los socialistas habían estado ausentes de los procesos electorales de los años 1950 y 1960, y en verdad, habían rechazado participar en ellos porque tenían severas críticas a las elecciones que por aquellos años se realizaban en el Perú. En 1977, la segunda fase del gobierno militar presidida por el general Francisco Morales Bermúdez, convocó a una Asamblea Constituyente para elaborar la que luego sería la Constitución de 1979. A partir de ese momento, las organizaciones marxistas y socialistas del país empezaron a forjar alianzas electorales entre sí, congregadas bajo el liderazgo de un abogado que tuvo siempre las calidades de hombre con profunda preocupación social y elevada honestidad personal y política: El doctor Alfonso Barrantes Lingán. 192

 

 

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A lo largo de la década de los ochenta, la Izquierda Unida constituía un frente con muchos conflictos internos, fruto de la gran cantidad de agrupaciones reducidas que lo conformaban, pero que tenía una importancia grande en los procesos electorales, al lado de Acción Popular y el partido Aprista Peruano. En 1983 ganó la alcaldía provincial de Lima y muchas otras municipalidades a lo largo y ancho del país, y durante la década tuvo una presencia importante en el Congreso de la República. No gobernó el país pues no ganó las elecciones nacionales en las que participó con Alfonso Barrantes como candidato a la presidencia de la República. La caída del bloque socialista a finales de los años ochenta y principios de los noventa, trajo una fuerte crisis interna en muchos de los partidos que la conformaban. Todo ello, unido al cambio de condiciones políticas en el país por la caducidad del sistema político partidario, también hacia 1990, hizo que la Izquierda Unida desapareciera del mapa político electoral del país a fines del siglo XX.

ETAPA FINAL DEL SIGLO XX EL REGRESO DEL CAUDILLISMO La última elección en que el sistema de partidos políticos existente en el Perú durante la segunda mitad del siglo XX funcionó adecuadamente, fue la de los gobiernos municipales de 1986. Allí, todavía Acción Popular, junto con el APRA y la Izquierda Unida, sumaron largamente más de la mitad de todos los votos emitidos nacionalmente. En 1989 se lanzó la campaña municipal y el candidato Ricardo Belmont, una personalidad independiente, fue elegido alcalde de Lima, venciendo a los candidatos de los partidos hasta ese entonces predominantes. Muchos otros independientes ganaron alcaldías en el país La elección nacional de 1990 fue disputada por los candidatos independientes. Uno fue Mario Vargas Llosa, que encabezó la oposición a la estatización de la banca promovida por el presidente García Pérez en 1987 a raíz de ello, se convirtió en el candidato de un frente llamado Fredemo, promovido por su movimiento Libertad y por algunos partidos existentes previamente. El otro fue Alberto Fujimori, ex rector universitario y desconocido prácticamente hasta tres meses antes de la elección: había formado un grupo político denominado Cambio 90 y se había inscrito como candidato simultaneo a la Presidencia de la 193

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República y al Congreso (lo que indicaba claramente que su aspiración real era la de congresista, y no esperaba ser presidente). Sin embargo, el proceso electoral de 1990 tuvo un giro inesperado, y Fujimori resultó elegido presidente constitucional. Durante 1990, el ingeniero Fujimori estableció cuatro grupos políticos. El primero fue Cambio 90, que, como se dijo, fue el nombre con el que participó en las elecciones de 1990 durante su primer periodo de gobierno estableció Nueva Mayoría, una agrupación de personas con conocimiento técnico que lo ayudaban a gobernar. A las elecciones de 1995 se presentó con una alianza denominada Cambio 90-Nueva Mayoría, que no fue sino la reunión de ambos grupos. A las elecciones del año 2000 se presentó con una nueva alianza denominada Perú 2000. en todos los casos, las agrupaciones fueron esencialmente formales: servían para dar una pertenencia dentro del grupo de poder a la militancia de base que, con un carné de miembro, se sentía más cerca del gobierno. En todas estas organizaciones la decisión final la tuvo siempre el ingeniero Fujimori, y no existió, verdaderamente, una institucionalidad digna de tal nombre. El señor Alejandro Toledo fundó, con el propósito de competir en la lid electoral, un movimiento inscrito como partido político, denominado Perú Posible. Con él ganó las elecciones generales del 2001, pero una apreciación desapasionada de los fenómenos políticos indica que Perú Posible no es propiamente una estructura partidaria con vida propia, sino una congregación de seguidores de su líder carismático, quien ahora ocupa la presidencia de la República y controla los aspectos esenciales de las decisiones de su partido. Solo el tiempo dirá si Perú Posible podrá constituirse en una organización allende su líder fundador. Marcial Antonio Rubio Correa, Temática del Perú (Organización del Estado) Lectura: Partidos Políticos pp. 114-120

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CAPÌTULO XIV

CAMPAÑAS ELECTORALES Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN EXTRAÍDO DEL LIBRO “POLITICA Y NUEVA COMUNICACIÓN” DE ALEJANDRO MUÑOZ ALONSO

“Ha surgido una nueva forma de vida política en la que la sala de estar se convierte en colegio electoral”. Marshall Mac Luhan

EVOLUCIÓN DEL SUFRAGIO Y CAMPAÑAS ELECTORALES La naturaleza de las campañas electorales, el modo de organizarlas y desarrollarlas, los medios y recursos utilizados han ido cambiando con la evolución del sufragio. En el siglo XVIII inglés, con un sufragio muy restringido, las elecciones para la Cámara de los Comunes se hacían no por papeleta y urna, sino a mano alzada y en el curso de una reunión (meeting) a la que asistían los electores del distrito. Previamente, la campaña se había centrado en algunos mítines y, sobre todo, en contactos personales entre los candidatos y sus agentes con los ciudadanos con derecho a voto. Ya en el siglo XIX se ve ampliando el derecho de sufragio y aumenta el número de electores, que, en a mayor parte de los casos, no van más allá de unos pocos centenares. esto facilita el trabajo de los candidatos, que hacen unos pocos centenares. Esto facilita el trabajo de los candidatos, que hacen campaña poniendo en juego unos mínimos recursos. Andrés Jardín, biógrafo de Tocqueville, nos describe la precampaña realizada por éste en la circunscripción de Valognes que terminó con su elección como diputado en 1839. “Tocqueville y sus consejeros... partieron desde el día siguiente de las elecciones de 1837 a la conquista de la circunscripción. En cada pueblo había uno o dos corresponsales seguros que inquirieron las disposiciones de los electores, intentando convencerles por medio de un pariente o de un amigo. Este trabajo de puerta a puerta tuvo como base la lista de electores censatarios que se estudia número por número. Se ha conservado en los Archivos Tocqueville una copia manuscrita establemente un poco posterior de las elecciones de 1839 y enumera 627 electores, distinguiendo 356 buenos, 155 malos, 7 9 dudosos y 67 abstencionistas. Este trabajo minuciosos parece no haber sido excepcional bajo la monarquía de Julio: era una necesidad

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en el pequeño mundo de los electores censatarios” (A. Jardín, 1984, pág. 280). En ese contexto de sufragio restringido no se precisan medios importantes, como queda patente en el párrafo anterior. A pesar de todo, ya se usa la prensa. Los candidatos publican profusamente su “circular electoral” y en ocasiones, colaboran en los periódicos con artículos sobre los temas políticos del momento. Se celebraban también, a veces, reuniones en las que los diferentes candidatos exponían sucesivamente sus respectivos programas. Estas rudimentarias campañas cambian a medida que la extensión del sufragio aumenta el número de los electores. El trabajo puerta a puerta no desaparece del todo, pero cobra cada vez mayor importancia el uso de la prensa y el mitin, que empieza a tener carácter multitudinario y que se celebra en un local cerrado, como un teatro, o bien al aire libre para solventar problemas de aforo. Este tipo de mítines tienen sus limitaciones, pues la voz de los oradores es difícilmente oída a una cierta distancia Robert Michels, el teórico de la “ley de bronce de las oligarquías”, escribía en 1915 sobre este tipo de limitaciones en su famosos libro sobre los partidos políticos y señalaba “la imposibilidad fisiológica, incluso para el más poderoso orador, para hacerse oír por una multitud de 10.000 personas (A. Micherls, 1966, pág. 65). Esta cita de Michelis nos ayuda a comprender la importancia política que tuvo el desarrollo de los medios metafóricos y en concreto, del micrófono y el alta voz. La generalización de estos instrumentos y, claro está, del amplificador habían de tener una influencia decisiva en el desarrollo de las campañas electorales. En los Estados Unidos, donde se alcanza antes que en ningún otro país el sufragio universal masculino, las campañas electorales, desde muy pronto, suponen un despliegue de recursos incomparablemente superior a lo que era usual en los países europeos. Las campañas se desarrollan como grandes fiestas cívicas, como un gran espectáculo con el correspondiente acompañamiento de música y atracciones que tratan de suscitar el interés de los electores. A Tocqueville ya le sorprendía la intensidad con que vivían los americanos sus elecciones y escribe así en La democracia en América. “A medida que se aproxima la elección, las intrigas se hacen más activas, y la agitación más viva y extensa. Los ciudadanos se dividen en diversos campos, cada uno de los cuales toma el nombre de su candidato. La nación entera cae en un estado febril, la elección constituye el texto cotidiano 196

 

 

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de los periódicos, el tema de todas las conservaciones particulares, la finalidad de todas las gestiones, el objeto de todos los pensamientos y el único interés del momento presente”(Cap. VIII. Primera parte). Con el advenimiento del sufragio universal masculino a mediados o finales del siglo pasado, según los diferentes países, y, ya en nuestro siglo, con el acceso al voto de las mujeres, cambia radicalmente el modo de hacer campañas electorales. La radio y, ya en los años cincuenta, la televisión implicarán el abandono definitivo de los viejos modos de hacer campañas electorales. LAS CAMPAÑAS COMO FORO COMUNICATIVO Las campañas son, antes que nada, un fenómeno de comunicación y, en concreto de comunicación política. Pueden ser vistas como un foro comunicativo, como una ocasión excepcional en la que se intensifica y se hace más patente el múltiple diálogo democrático. Un diálogo que tiene varias facetas porque, por una parte, es un momento especial en el permanente diálogo entre gobernantes y gobernados; pero, por otra parte, es la ocasión en que se presentan ante la opinión pública las nuevas propuestas de los aspirantes a gobernar. En un tercer aspecto la campaña es el momento en que pública” de que hablaba Bentham. En ese sentido, la oposición hace el papel de fiscal, postulándose a la vez como nuevo gobierno, y los ciudadanos son el jurado que emitirá su veredicto por medio de las papeletas depositadas en las urnas. También puede ser vista la campaña electoral como expresión de un mercado político en el que concurren diversas ofertas y demandas. decidiendo, en definitiva, con su voto el ciudadano entre las diversas opciones ofertadas de acuerdo con la correspondencia de éstas con sus propias demandas. Podría incluso decirse que en el mercado político se da el mismo fenómeno que Galbraith ve en el mercado económico - la supeditación del consumidor a las ofertas decididas por las tecnoestructuras empresariales -, pues también el ciudadano elector queda sometido e inerme ante las ofertas de los aparatos de los partidos. Aunque así como el consumidor le queda siempre el recuerdo supremo de no comprar, el ciudadano posee la posibilidad de abstenerse. Salvo en aquellos países, como Bélgica, donde el voto tiene el carácter de obligatorio. La propaganda que despliegan los partidos en las campañas electorales jugaría el mismo papel que la publicidad mercantil. A ésta se le acusa, a menudo de crear necesidades o de ponderar cualidades inexistentes. Todd Gitlin, en su demoledora crítica de llamado “paradigma dominante’- esto es, del modo de hacer investigación 197

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sociológica en los Estados Unidos a partir de la década de los treinta-, ve en esta identificación de mercado y política una de las asunciones básicas de esta corriente. “Katz y Lazarsfeld- escribe, aludiendo a los autores de Personal Influencie, obra básica de esa tendencia- están interesados en “cuatro sectores de decisiones cotidianas: mercado, modas ,asuntos públicos y asistencia al cine” “Más aún - escribe poco más adelante-, la alegre revelación del carácter conmensurable del mercado (buying) y la política, nunca justificada explícitamente, nunca cuestionada abiertamente, pende sobre la entera argumentación de Personal Influencie como un smog ideológico” (Gitlin, 1978). El oportunismo mercantil, el propósito de vender un candidato o una política a toda costa, aparece del modo más crudo en la obra de Joe McGinnis Cómo se vende un presidente, que relata las interioridades de la campaña electoral del Nixon en 1968, que le llevó a la Casa Blanca. “Pero Richard Nixon -escribe MacGinnis- no cautiva a la gente de este modo (como M. Luther King). Impartió, con palabras de Richard Royere, “un cariz publicitario a su trabajo”, desenvolviéndose como si pensara que “la política es producto susceptible de venderse al público; este tipo de política hoy, este otro tipo mañana, dependiendo de los descuentos y de la situación del mercado” (McGinnis, 1970, pág. 31). Refiriéndose a Treleaven, publicitario metido a consultor político, que había logrado que George Bush ganara un puesto para el Congreso en Texas en 1966, contra todas las previsiones, escribe así McGinnis: “Una cosa que intrigaba a Teleaven era la de que los principios no debían intervenir en la campaña. No había principios cuando se trataba de vender automóviles Ford: sólo contaba el producto, la competencia y el anuncio. No veía razón alguna para que la política tuviera que ser diferente”. Escribió en “El vuelo” (informe sobre la campaña de Bush en 1966): “La mayor parte de los principios nacionales, hoy en día son tan complicados, tan difíciles de comprender, que abunda la opinión de que más bien intimidan, cuando no aburren -con más frecuencia esto último- al elector medio. Contados políticos reconocen este hecho”(McGinnis, 1970, págs. 44- 45). Para este tipo de vendedores de mercancías dedicados a vender electoralmente candidatos, la diferencia más notable entre mercado económico y político consistiría en que el nivel de rentabilidad se alcanza antes en lo económico que en lo político. Jim Howard, experto 198

 

 

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en relaciones públicas en la misma campaña de Nixon, lo veía así: “No se puede vender un candidato como un producto... En el caso del producto. todo lo que hace falta es que atraiga la atención Restará un dos por ciento de compradores adicionales para que la campaña valga la pena. En política hará falta un categórico cincuenta y uno por ciento del mercado y esto no se puede conseguir con trucos”(McGnnis: 1970, pág. 48). Efectivamente- y sobre todo en el caso de un sistema electoral mayoritario-, en política se gana o se pierde porque el ganador se lo lleva todo. La campaña electoral es, sobre todo a primera vista, una confrontación de ideas, pero cada vez aparece con más fuerza el aspecto de lucha por el poder. Los electores, más por las cualidades que suponen en los candidatos que por sus ideas. Ya hemos tenido oportunidad de aludir al papel de la imagen en la vida política actual. Las campañas electorales son, frecuentemente, más lucha de imágenes que ideas o programas. Esta desvalorización de las ideas o, si se quiere, la desideologización de los partidos no son algo nuevo. Hatscher ya señalo que de los tres elementos básicos de cualquier partido (programa, organización y líder) es el primero el sometido a mayor desgaste. A medida que el partido aumenta sus dimensiones -y con ellas los intereses a que debe atender- y a medida que envejece, el partido se hace más pragmático y más dispuesto a transigir en el ámbito de las ideas si ése es el precio para alcanzar el poder. La organización, el “aparato” del partido, se convierten cada vez más en una “máquina” para ganar elecciones. El líder sigue siendo importante en estos tiempos de personalización del poder porque, además, para ganar unas elecciones hace falta una imagen. Pero las ideas pierden peso específico. A esta tendencia que se da en todos los partidos casi como una ley natural se corresponde en recelo de los electores por quienes defienden ideologías muy cerradas. Vemos así como Dukakis intentó escapar durante toda la campaña de 1988 de las acusaciones de liberal” que Bush le dirigió insistentemente. En Francia se ha llegado a la conclusión de que los electores socialismo en 1981 ni liberalismo en 1986. Todos los partidos se intentan situar en el centro, que es una especie de limbo político identificado e ideológicamente sin artistas. Sólo escapan a esa regla los partidos testimoniales que se aferran a sus principios intransigentemente, con lo que de hecho renuncian al poder. Y en la medida en que se acercan a éste, su “pureza ideológica” 199

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suele verse afectada, como muestra el caso de los Verdes alemanes. Pero se trata de casos escasamente significativos, pues, de hecho, los partidos políticos en nuestra época viene a ser el equivalente moderno del príncipe maquiavélico, en el sentido de que, o bien pretenden conseguir el poder, si no tienen, o bien, si ya lo poseen. Tratan de mantenerlo a toda costa. Convienen, no obstante, matizar esta tendencia desideologizadora, pues no sería adecuado concluir que la política en nuestra época se ha convertido en ámbito del oportunismo más descarado. En las campañas presidenciales francesa y americana de 1988 se ha hablado mucho de “valores” , concepto seguramente más sutil e impreciso que el de ideología, pero que comporta una cierta concepción de la vida y de la sociedad. Y algo parecido podríamos decir de Margaret Thatcher, a cuya coherencia ideológica hemos aludido en algún otro lugar (Vid. “La coherencia de Maggie”, ABC, 17 de octubre de 1988). Por otra parte, al referirnos a los programas conviene distinguir varios tipos. Algunos partidos, sobre todo los de izquierdas. tienen programas básicos y aprobados por sus congresos que contienen sus aspiraciones ideológicas y el modelo de sociedad” que pretenden construir desde el poder. A este tipo pertenece, por ejemplo, el llamado “programa máximo” del PSOE. En segundo lugar y para una campaña concreta los partidos suelen elaborar un programa electoral elaborado por los órganos ejecutivos permanentes y que supone una adaptación de su programa básico a las circunstancias concretas. El ideologismo más o menos cerrado de los programas básicos pasa aquí por el filtro del posibilísmo. Algunos partidos sólo tienen este tipo de programa. El caso más claro es el de los partidos norteamericanos, cuyas convenciones nacionales elaboran para cada elección presidencial una plataforma que cumple la función de programa electoral. Finalmente, habría que referirse al programa de gobierno, que si, en el caso de los gobiernos monopartidistas coincide con el electoral, cuando se forman gobiernos de coalición post-electoral (esto es pactado por partidos que se han presentado por separado en las elecciones) se establece tras negociación y acuerdo entre todos los miembros de la coalición y, lógicamente, no coincide plenamente con los programas electorales de los partidos signatorios. Debe tenerse también presente, a la hora de analizar los temas de que los partidos plantean en las campañas electorales, que actualmente los partidos son mecanismos de agregación de intereses, lo que supone que están obligados a dirigirse a una clientela heterogénea cuyos 200

 

 

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intereses, a menudo, discrepan. Los partidos monotemáticos, con una idea básica en el programa, abundan poco y, además se ven forzados a tomar posiciones en materias muy distintas de aquellas que les sirve de bandera. Tal es el caso de los partidos nacionalistas, que se ven obligados a completar su proyecto autonomista o independentistas con propuestas en otros órdenes de la vida social, económico o político. Algo parecido sucede a los partidos “verdes” o ecologistas, que a sus temas en relación con el medio ambiente o la defensa deben añadirse otras referencias sobre cuestiones muy diferentes, sobre las que a menudo, se producen discrepancias internas. La necesidad de ampliar la base electoral concede poca viabilidad a los partidos de clase o de categorías concretas (refugiados, inmigrantes, etc.), Así, hemos visto cómo los partidos socialistas han evolucionado hacia el interclasismo o cómo los partidos de derecha, tildados por sus adversarios de partidos “burgueses”, hacen uso de formas varias de “popularismo” Algo parecido hay que decir de los partidos confesionales, que han asumido, por lo general, un confesionalismo compatible con el mantenimiento de la “inspiración” o “respeto” a los valores religiosos que alentaron sus orígenes. Todo empuja, pues, en el sentido de esa agresión de intereses, cuya consecuencia inmediata es una permanente tarea de “limar arista” y de práctica de pragmatismo que explica ese fenómeno aparente de desideologización. Hay que intentar satisfacer a las más diversas categorías, procurando a la vez que sólo los menos se sientan rechazados. Hay que contentar a todos sin disgustar a casi nadie. Se explica así también esa especie de “carrera el centro” que actualidad tan patente en muchas campañas electorales. Se evitar todo asomo de extremismo, apostando a fondo moderación, que gana votos, y huyen de las estridencias, espantan.

es en la trata de por la que los

Todo esto da a muchas campañas electorales actuales en los países occidentales un peculiar tono gris, en que unos y otros parecen decir casi lo mismo, en opinión de muchos electores. Neutralizado, por todas estas razones, el debate de ¡as ideas, se explota a fondo la imagen personal de los candidatos y el aprovechamiento de todas las posibilidades que brindan los medios de comunicación.

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MEDIOS Y RECURSOS EN LAS CAMPAÑAS ELECTORALES Para ponerse en condiciones de ganar unas elecciones es preciso contar con una serie de medios o recursos que fundamentalmente, podemos reducir a tres. En primer lugar, tendríamos que referirnos al medio universal: el dinero. Ya se sabe que Napoleón decía que para ganar una guerra hacia falta tres cosas: dinero, dinero y dinero. Hasta cierto punto, lo mismo podría decirse de unas elecciones, porque con dinero es posible tener lo demás. El dinero ha de saberse utilizar, pues la historia electoral está llena de cosas de partidos que perdieron aunque gastaron más dinero que el vencedor. El dinero a diferencia de la fe, no mueve montañas, y un partido o candidato que consiga una amplia financiación pero carezca de lo demás o empiece muy tarde su acción política puede acabar en el fracaso. En España se suele poner el ejemplo de la llamada “operación Roca”, que logró una elevada financiación para presentarse a las elecciones generales de 1986, “pero no ganó ni un solo escaño”. La importancia del dinero ha generalizado en muchos países, incluido los Estados Unidos, leyes de financiación de las campañas electorales, que pretenden lograr una cierta igualdad de los contendientes. Estas leyes establece límite al dinero que pude gastar cada partido o candidato en una campaña, pero es un secreto a voces que tales normas son universalmente incumplidas. Al final son un pretexto para obtener ciertas cantidades con cargo a los presupuestos del Estado, pero no impide la existencia de un “dinero negro” electoral difícilmente detectable sobre todo en algunos países. El tema de la financiación de las campañas electorales y el más amplio de la financiación de los partidos es objeto de polémica permanente. No es aquí nuestro objetivo. Un punto de vista español es la obra de Pilar Castillo La financiación de partidos y candidatos en las democracias occidentales (1985). En los Estados Unidos, las reformas políticas que realizaron desde mediados de la década de los setenta, a raíz del asunto Watergate, intentan excluir el dinero como factor de influencia decisiva en las elecciones y para ellos se crea un fondo electoral federal, que está a disposición de los candidatos de los dos grandes partidos siempre que no reúnan o dispongan de dinero de ninguna otra fuente ni coordinen sus campañas con ciudadanos que utilicen sus propios recursos en favor del aspirante. En todo caso, la conclusión a la que llegan los especialistas es que incluso en la época en que no había normas 202

 

 

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reguladoras “el dinero no obtuvo victorias electorales. Tampoco parece existir una correlación entre la cantidad de dinero gastado y el margen de la victoria en las elecciones nacionales (Polsby y Wilddavsky, 1984, págs 8 y sigs.) En segundo lugar, es preciso contar con una organización. Los partidos cumplen esa función y como ya hemos dicho, algunos partidos, como los norteamericanos, son casi exclusivamente máquinas electorales. Sin organización, todo lo demás pueden ser vano. Un caso bien patente es el de Raymond Barre, político más popular de Francia durante mucho tiempo, según los sondeos, y que, sin embargo, no consiguió buenos resultados en las elecciones presidenciales de 1988, quedando eliminado en primera vuelta. La causa más verosímil de su fracaso radica en que se trataba de un hombre sin partido que calculó, equivocadamente, que en un elección de ese tipo bastaría su popularidad como decisiva baza electoral. Su fracaso recuerda que, también en la política, vivimos en la época de la organización y que el carisma o la popularidad no pueden hacer por sí solos milagros. La realidad de la personalización de la política tiene sus límites o, mejor aún, sólo funciona a través de los cauces adecuados. En una campaña electoral moderna, casi tan importante como la organización del partido es la de esas otras asociaciones de todo tipo que, de una u otra manera, funcionan como “correos de transmisión: de un partido de un candidato. Esto que es, quizás especialmente visible en los Estados Unidos, cuya productividad el asociacionismo ya suscitó el interés de Tocquevilie, es en la actualidad cierto en otros muchos países. Sindicatos, iglesias, asociaciones culturales o profesionales muy a menudo apuestan por un partido o candidato y, sin duda, influyen en sus miembros, para los que funcionan como “grupos de referencia”. MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE MASAS Y ELECCIONES El tercer recurso y, de hecho, el más importante son los medios de comunicación de masas, que han llegado a ser el gran foro en que se desarrolla la campaña. Esto es especialmente cierto de la televisión. Puede decirse que si durante el siglo pasado y el primer tercio del XX los mítines eran la esencia de cualquier campaña electoral, ahora ese papel central lo desempeñan los medios y, especialmente, la televisión. Durante mucho tiempo fueron. claro está, los periódicos el único instrumento electoral en ese sentido. Cada partido o candidato tenía vínculos más o menos fuertes con periódicos o revistas que les apoyaban. En ocasiones los partidos han creado sus propios 203

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periodistas, pero esta experiencia ha sido normalmente muy negativa. Como escribía en un libro ya antiguo W.J.M. Mackenzie (Elecciones libres, 1962), “los periodistas políticos en sentido estricto cuentan entre sus lectores principalmente a los afiliados y simpatizantes de los partidos y orientan los asuntos de los mismos. La literatura política dirigida al público se vende o se distribuye gratis, cuenta poco, a menos que el público, en efecto, la pida” (pág. 180). La que tiene influencia es, por lo tanto, la gran prensa comercial, en principio no adscrita a ningún partido, aunque frecuentemente simpatice con alguno, al que a veces, apoya sin recato. Es muy frecuente que grandes periodistas que intenta informar imparcialmente acerca de la vida política y, en concreto, del desarrollo de la campaña no oculten quien es su candidato. Así, los dos periodistas más prestigiosos de los Estados Unidos. The New York Times y The Washington Post, tanto en 1980 como en 1984, ya al final de la campaña, publicaron sendos editoriales en los que expresaban y justificaban su apoyo por los candidatos demócratas Carter y Mondale. Como se sabe, en ambos casos esos candidatos perdieron, lo que muestra los límites de la prensa como arma electoral y cómo periódicos muy influyentes son, sin embargo, incapaces de alterar las grandes corrientes del electorado. Lo mismo hay que decir de Le Figaro, diario de mayor difusión en Francia, que hizo en 1988 una denodada campaña a favor de Jacques Chirac que fue, al final el candidato perdedor. Los medios son, por lo tanto, un recurso, pero no en el sentido simplista de armas al servicio de uno u otro, en cuanto plataformas en la que desarrolla el combate electoral. Es lo que afirman Polsby y Wildavky cuando consideran que el control sobre la información es “un recurso político fundamental.... que cumple muchas otras funciones, aparte de cambiar la opinión de los votantes, fenómeno extraño. Ayuda a la población a mantener el contacto con la campaña, le da al partido indicaciones fidedignas sobre la efectividad de su sector y pone a los votantes al tanto de los principales argumentos de los candidatos. La información que ayuda a guiar y canalizar tanto el entusiasmo como el contenido de la participación y, por lo tanto, el control sobre la información y su propagación, es un recurso político significativo (Polsby y Wildavsky, 1984, pág. 102). Estos mismos autores, refiriéndose a las elecciones presidenciales notermaricanas, han señalado cómo en el largo proceso de esas elecciones - que, como se sabe dura varios meses- tienen mucho 204

 

 

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camino andado aquellos candidatos que, desde las primeras “primarias”, son “tomados en serio” por los medios de información y, en especial, por la televisión. Que las grandes cadenas traten a un determinado candidato como “ganador” o como “perdedor” es esencial para su futuro “los observadores notan con acierto -escriben- hasta qué grado los medios no son sólo una parte de la campaña, sino que tienen una importancia central. Ningún candidato posee suficiente tiempo, dinero o energía como para alcanzar a todos, a la mayoría necesaria para ser nominada y electo. Hubo una época, allá por 1968 o 1972, en que era posible que un candidato accediera de pequeñas primarias tempranas a mejores resultados posteriores, adquiriendo fortaleza en el camino. Hoy en día hay demasiadas primeras, grupos y, votantes como para arreglárselas sin los medios. Además, la mayoría de las personas se informan a través de la televisión y los primeros datos del desarrollo son esenciales para el éxito posterior” (ibídem, pág. 113). Las anteriores afirmaciones de estos autores ratifican lo que desarrollamos ampliamente en el capítulo 4 sobre la influencia de los medios en la opinión pública. Allí vemos las diversas teorías y cómo han evolucionado hasta ahora. En este punto quizás sólo convenga añadir que sobre quien más actúan los medios es sobre los indecisos. Y no olvidemos que los porcentajes de quienes se sienten indecisos antes las urnas, incluso en la víspera misma del día electoral o cuando van camino de las urnas, son por lo general, muy altos. Cada vez hay más electores que esperaban hasta el último momento para decidir su voto, especialmente porque -como ya hemos dicho en otro capítulo- se han aflojado las adscripciones de partido y las fidelidades tradicionales. Los indecisos duelen ser, pues muchos, y de cómo se distribuyan en definitiva sus votos entre los diversos partidos o candidatos dependen el resultado de la elección. De ahí la importancia de los medios en cuanto palancas que pueden inclinar a los indecisos en una u otra dirección. Entre los medios deben incluirse el cartel y el slogan, en los que muy a menudo, se sintetiza, si no el programa, si el talento o “filosofía” del candidato. La fotografía que se elija del candidato; el fondo del cartel...los colores seleccionados son todos ellos aspectos importantes que deben ser cuidados hasta el mínimo detalle. El triunfo de Mitterrand en 1981 se estima que debió mucho al cartel, con suaves tonos azules, y el slogan, La forcé tranquille que preparó el publicitano Jacques Séguella. Otros dos carteles intentaban “reducir el programa socialistas a su más simple expresión”, como escribe el propio Séguella Eran los que llevaban como siogan, D’abord Lémplou y Vivire 205

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autrement. Séguélla lo explica así “Trilogía de la comunicación: ligados por su estilo, el doble mensaje político y el mensaje psicológico no eran sino uno... ¿Quién podría dudar de la fuerza tranquila con la que estas promesas se harían realidad?” (Séguélla. 1982. págs. 3132). También fueron muy significativos los carteles que preparó José Ramón Sánchez para la campaña del PSOE en 1982, que acabó con el espectacular triunfo socialista. Las apacibles imágenes de plazas y jardines de pueblos í ciudades pintados en un estilo cercano de naif fueron el telón de fondo adecuado para el “cambio” que proponían los socialistas españoles, cuyos mensajes, tanto los políticos como los psicólogos, estaban muy inspirados en lo que había hecho sus correligionarios franceses.

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CAPÌTULO XV

ORGANIZACIÓN DEL ESTADO PERUANO Hay dos formas de gobierno que sobreviven en el tiempo: la monarquía y la república. La monarquía es el gobierno de "uno" y puede ser hereditaria y vitalicia. El rey "nace", no es elegido en justas electorales. Pero esa concepción real que podía convertir al rey en un tirano cuyo poder emanaba de Dios, no existe más. Hoy las monarquías son "constitucionales" y el poder reside en el Primer Ministro y en el Parlamento, por lo que se suele decir el "rey reina pero no gobierna". Al contrario, las repúblicas (cosa política, de nadie) no pertenecen a una persona, a un grupo humano, a una clase social. Pertenecen a todo un pueblo que, cada cierto tiempo, delega en sus representantes, por un lapso concreto, su administración. Cuando se dice que el Perú es una república democrática, se afirma que el poder reside en el pueblo. El contenido social que se fe asigna, y que algunos ideólogos conservadores quisieran borrar del texto, destaca la preocupación por la sociedad civil apartando de su texto las referencias hacia un individualismo egoísta. La soberanía está referida al derecho internacional público: todos los estados deben respetar al estado peruano. No pueden intervenir en su libre determinación. Ocurre, sin embargo, que el mundo se estrecha porque se globaliza y la soberanía se convierte en un término que muchos comienzan a poner en duda. La independencia tiene relación con la autonomía e implica poder decidir su destino hacia el interior y hacerse respetar en el exterior. Los grupos de presión siembran dudas sobre esa capacidad del Estado por imponer su voluntad. Y el tramado exterior, al que se hace referencia, relativiza su capacidad de decisión en el mundo que lo rodea. Preferible es hablar de interdependencia. La integración, que aparece como senda obligatoria, es el mejor ejemplo de esa interdependencia. El Estado es uno e indivisible, lo que significa que adopta el modelo unitario y rechaza el esquema federal. Un solo centro de impulsión política, la capital de la República. Una Constitución, para todo el territorio. Un mismo sistema judicial. La idea, desde los albores de la independencia, ha sido y es el de constituir en la población civil una conciencia unitaria. Desgraciadamente no se 207

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alcanzó a formar una nación y hoy debemos considerar como objetivo nacional la integración. ¡Aunque ningún gobierno formula políticas para evitar que la anomia que se generaliza ponga fin al Estado!. La descentralización es otra apuesta de la Constitución, para salir del atraso y hacer que los pueblos del interior asuman sus destinos en propias manos. La Carta de mil novecientos treinta y tres diseñó la descentralización a través de los Consejos Departamentales, los cuales no se desarrollaron nunca. La Carta del año mil novecientos setenta y nueve y la actual la han formulado mediante regiones, a pesar de los efectos negativos que se observaron en los ensayos del año 85 al 90, con el agravante que el modelo actual vuelve en cierto modo a los Consejos Departamentales. En lugar de proponer un proyecto nacional, a veinte años, que aglutine esfuerzos alrededor de objetivos precisos sobre el desarrollo, la justicia, el bienestar. Al Estado le corresponde como deber ineludible defender la soberanía nacional, garantizar la plena vigencia de los derechos humanos, promoverla seguridad de la población y el bienestar general. Así mismo, establecer y ejecutar la política de fronteras y promover la integración. Desde la vigencia de la Carta del año mil novecientos treinta y tres debería haber fijado la política de fronteras y de integración, lo que no se ha hecho. Este deber era una exigencia reiterada en la Carta anterior y, aunque no apareciera en el texto constitucional, es propio del sentido común preocuparse por las fronteras en un país con límites sociológicos, políticos y culturales tan imprecisos. Como es propio del sentido común proponer un plan de integración para evitar que fuerzas centrífugas terminen por destruir la escasa esperanza de llegar algún día a ser una nación. Si al Estado le corresponde establecer y ejecutar la política de fronteras, resulta innecesaria la repetición que se hace en la segunda parte del artículo cuarenta y cuatro de la Constitución: "así como el desarrollo y la cohesión de las zonas fronterizas". Este "deber" se encuentra implícito en la redacción del mismo dispositivo. La política general del Estado es una sola y tiene expresiones en el interior y en el exterior. Se complementan. No se trata de "políticas" distintas sino de una sola que tiene formas diferentes de expresarse.

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La propuesta constitucional es por el Estado de Derecho. Se aprecia esta conclusión cuando señala que el gobierno se organiza según la separación de poderes, que el poder del Estado emana del pueblo y que quienes lo ejercen se encuentran limitados por la constitución y las leyes. No es un Estado de Poder sino un Estado cuyo poder se encuentra limitado por la Ley. Prima la voluntad de la Constitución. No la voluntad del gobernante. Al advertir la carta que el gobierno es representativo, está señalando que el pueblo elige a sus representantes para que, por un período determinado, y conforme a lo establecido en la Constitución y en la ley, ejerzan el poder. Si el poder emana del pueblo, (la democracia es el gobierno del pueblo y por el pueblo), ninguna persona, organización, Fuerza Armada, Policía Nacional o sector de la población, puede arrogarse el ejercicio de ese poder. Hacerlo, dice la Carta, es rebelión o sedición. ¿Arrogarse el ejercicio del poder qué delito constituye? La carta no lo sabe. Puede ser uno de los dos. Pero resulta que la rebelión se refiere al que se alza en armas para variar la forma de gobierno, deponer al gobierno legalmente constituido o suprimir o modificar el régimen constitucional. La sedición se orienta a sancionar al que se alza en armas para impedir que la autoridad ejerza el poder, evitar que se cumplan las leyes e impedir. las elecciones generales, regionales o municipales. Si la Constitución advierte que nadie puede "arrogarse" el ejercicio del poder si no fue elegido legalmente, entonces no se trataría de los delitos de rebelión o sedición. Podría ser el de Usurpación, porque lo cometería quien ejerce función pública sin tener legitimidad para hacerlo. Arrogarse una autoridad que no se tiene, ¿es usurpación? En un próximo texto constitucional hay que dejar que las figuras penales las desarrolle el Código correspondiente. La Carta proclama el derecho a la insurgencia, cuando sostiene que nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asumen funciones públicas en violación de la Constitución y de las Leyes. La población civil es la que puede ejercer ese derecho. Se agrega que son nulos los actos de quienes usurpan funciones públicas. Se trata de restablecer el Estado de Derecho, a diferencia de la "subversión" que trata de sustituir un régimen de libertades por otro de carácter totalitario.

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¿Pero qué pasa cuando un gobierno elegido legalmente se convierte en dictador? Estimamos que la hipótesis de la Constitución no puede interpretarse sólo en el sentido del golpe de estado, sino que debe comprender al gobierno que habiendo llegado al poder constitucionalmente deriva en una autocracia, para lo cual puede bastarle la mayoría con que cuenta en el Congreso para doblegar a funcionarios que se encuentran a cargo de otros órganos estatales. La defensa de los intereses del Estado está a cargo de los procuradores. El nombramiento lo hace el Ministerio de Justicia a propuesta del sector correspondiente. El conjunto de procuradores constituye el Consejo de Defensa del Estado encargado de estudiar, procesar y evaluar los juicios que afectan al Estado. Nos estamos refiriendo al Gobierno Central. El Congreso los designa autónomamente cuando se ve involucrado en un proceso. Como lo hace el Poder Judicial. O las municipalidades. O las regiones. Al Estado se lo exonera de las costas judiciales. El procurador ad hoc es aquél que es designado por el gobierno para encargarse de casos particulares que por su importancia merecen una dedicación especia1. Ahora bien, si el Estado aplicar a los criterios de costo-beneficio dejaría de litigar en muchos casos: cobrar una deuda ínfima, por ejemplo. O dejar de pagar una merced conductiva diminuta, por litigar un año. Muchas veces se ha dicho que el Estado pierde todos los juicios, atribuyendo estos resultados a una deficiencia profesional. Y no es así. Lo que ocurre es que quienes llegan al poder toman decisiones y las imponen, sin hacer las consultas correspondientes, sin apelar a una asesoría preventiva. Se adoptan medidas ilegales que el abogado del Estado no puede revertir. Para evitar estos resultados 'debe consultarse siempre, antes de adoptar una decisión, al asesor especializado. La Carta proclama como idiomas oficiales el castellano y en las zonas en donde predominan al quechua, al aymara y otras lenguas aborígenes. Hemos considerado que esta redacción no se ajusta a la realidad del mundo actual. Hay que universalizar, extender el castellano, pero lenguas aborígenes que adolecen de gramática y cuyas "voces" no se corresponden con los términos técnicos, por citar algunos casos, no deben ser consideradas "oficiales". Se debe respetar sus idiomas, pero lo que no se debe

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hacer es impartir una educación "bilingüe", como ha propuesto el gobierno, del castellano y de la lengua nativa. Podría ser el castellano y el inglés. O cualquier otro idioma moderno. Lo que no se puede es anclarla evolución en lenguas que no sirven para ilustrar-se, trabajar o comunicarse con los millones de habitantes del planeta. Piénsese en la enseñanza de la filosofía, de la informática, del derecho, de la economía, de los contratos modernos, antes de proponer que a los niños y a los jóvenes se les instruya en lenguas muertas, sin futuro alguno. Aquí hay un choque, es evidente, entre el antropólogo que propugna corrientes alejadas del mundo práctico, real, por oposición a quienes. están convencidos que la modernización pasa por otros caminos. Sobre la capital de la República (Lima) y su capital histórica (Cusco), así como la bandera, el himno nacional y el escudo, se requiere pocos comentarios. En algunos países se habla de la capital política, económica e intelectual, como en el caso del Ecuador en donde Quito se considera la capital política, Guayaquil la capital comercial y Cuenca la capital intelectual. En el caso del himno nacional se ha especulado sobre la autenticidad de algunas estrofas. Durante el gobierno del General Morales Bermúdez se dejó de cantar la estrofa inicial por la sexta, pero no dio resultados positivos. De vez en cuando se vuelve sobre este tema y si bien todos admiten que habría una estrofa que nunca fue aprobada. También admiten que la letra del himno está llena de contradicciones y falsedades. Como hay una ley que ha declarado intangible la letra del himno, no se atreven a modificar la redacción de la misma o sustituir el himno por la letra, que según los historiadores, es la original. El Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, pero respeta otras confesiones con las cuales puede establecer formas de colaboración. He sostenido que bastaría que se declare la libertad religiosa y que el Estado no se identifique con ninguna religión en particular. Hay que respetar la libertad de las personas así como la igualdad establecida en la Carta. Asociar al Estado con un credo no es conveniente tampoco para la Iglesia que lo acepta, porque en caso de gobiernos totalitarios o autócratas le alcanzará el desprestigio político. Comparada con las Cartas iniciales se ha evolucionado en materia religiosa de la intolerancia 211

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hacia una posición más flexible. Pero falta. Lo que resta es proclamar la libertad de creencia y de cultos y que el Estado no asuma compromiso de carácter pecuniario con ninguna. La nacionalidad se determina por el nacimiento en territorio peruano. Por ser hijo de padres peruanos aunque se haya nacido en el exterior, siempre y cuando se le inscriba en el registro que existe en las embajadas peruanas. Además, la Constitución considera peruanos a los que adquieran la nacionalidad por naturalización o por opción siempre y cuando tengan residencia en el país. La nacionalidad es el vínculo que une a una persona con su nación, a diferencia de la ciudadanía cuyo nexo es político y se relaciona con el Estado. La nacionalidad es voluntaria, porque no se puede imponer a nadie; necesaria porque nadie puede dejar de tener una nacionalidad; excluyente, porque nadie puede tener simultáneamente dos. O más. En los casos en que una persona careciera de nacionalidad porque la legislación se la negara al haber nacido en el exterior, o por consideraciones políticas, se le concede una, transitoriamente, que le asigna un país por propia decisión o por gestiones de la Cruz Roja. La nacionalidad por opción está referida al caso de una persona que ha nacido en otro país y uno de sus padres es peruano. Esa persona sería peruano por el padre; por el lugar de nacimiento de la madre, si fuera extranjera, accedería a otra nacionalidad. Y por el territorio, una tercera. Son "nacionalidades" que no se tienen simultáneamente y que pueden definirse, por opción, a la mayoría de edad. En el caso del comentario, ese joven nacido en el extranjero pero de padre peruano, puede optar por la nacionalidad de su padre. O de su madre. O del lugar en que nació, una vez alcanzada la mayoría de edad. ¿Cómo se aprecia la mayoría de edad? Conforme a la inscripción inicial que le asigna una nacionalidad al momento de nacer. Si fue inscrito como peruano la mayoría la alcanzará a los dieciocho años. El caso de la nacionalidad por naturalización es diferente. En muchos casos la Constitución exige ser peruano de nacimiento para ejercer algunos cargos: para ser Ministro de Estado. No se exige en cambio para ser Defensor del Pueblo. La Naturalización permite a un extranjero adquirir la nacionalidad peruana. Es un cambio de nacionalidad extranjera por la peruana.

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En otro dispositivo la carta señala que es la ley la que regula las formas en que se adquiere y pierde la nacionalidad. Y agrega que la nacionalidad peruana no se pierde sino por renuncia expresa. Aquí tenemos varías hipótesis sujetas al análisis: si la ley regula las formas en que se adquiere y pierde la nacionalidad, quiere decir, aunque parezca ocioso repetirlo, que se puede perder, por lo que cabría plantearse dos situaciones: a) la nacionalidad peruana se pierde por renuncia expresa, por lo que si no se renuncia, a pesar de haberse adquirido otra, se sigue siendo peruano; y, b) la pérdida comprendería a la naturalización en caso de deslealtad para con el Estado que confirió el honor. ¿O no? Hay que recordar que se considera como un derecho de la persona, (art. 2.21) el que no pueda ser despojado de su nacionalidad. ¿A qué nacionalidad se refiere, a la de origen o a la adquirida por naturalización? ¿Alguien podría decir que no se debe distinguir donde la ley no distingue? Resulta, sin embargo, que la propia Carta distingue cuando habla de peruanos por nacimiento y peruanos por naturalización, por lo que la exigencia de la renuncia sólo sería exigible al peruano por nacimiento y no por naturalización, porque éste sí podría perder-la por renuncia y por indignidad, por deslealtad con el Estado que lo acogió en su seno. El territorio del Estado es inalienable; es decir no se puede vender, enajenar. Está fuera del comercio de los hombres. Es inviolable, no se puede profanar. Comprende el suelo, el subsuelo, el dominio marítimo y el espacio aéreo que lo cubre. En estos últimos casos, el límite en el que ejerce soberanía y jurisdicción el Estado, alcanza las doscientas millas. En el caso del dominio marítimo (la Constitución no habla del mar territorial), la Carta se adhiere a las doscientas millas que fue desarrollada inicialmente. por Estados Unidos ante los temores de la expansión asiática y recogida luego por Chile, Ecuador y el Perú en defensa de su riqueza ictiológica, pero sin definirse por la tesis del mar territorial o por la de la zona económica exclusiva. Hay que señalar que los territorialistas hablan de la prolongación del territorio por las profundidades marinas hasta alcanzar una extensión de doscientas millas.

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Pero hay países costero s que su territorio, en lugar de prolongarse, produce una quebrada por debajo del territorio físico, debilitando el sustento de la tesis. En cambio, en el caso de la Zona Económica Exclusiva, se llega a una extensión convencional que es el resultado de sumar doce millas de mar territorial con ciento ochenta y ocho millas de zona económica exclusiva. Estos sumando s son los que generan la escasa oposición para que el Perú se adhiera a esta tesis, por considerar que el territorio se recorta en ciento ochenta y ocho millas y los peligros de espionaje y de pesca furtiva se incrementarían. No comparto estos planteamientos: a) el Perú ejerce jurisdicción en las doscientas millas, no sólo en doce; b) para espiar a un país no se requiere vivir, volar o navegar cerca del territorio: los adelantos electrónicos lo permiten en distancias no soñadas, como puede hacerla un satélite artificial; y, c) hay países que se han adherido al Nuevo Derecho del Mar y que combaten ferozmente la pesca furtiva, ilegal. ¿Por qué el Perú no puede hacerlo mismo? Adhiero a la Zona Económica Exclusiva, (que por lo demás la han suscrito una enorme cantidad de países, entre los cuales se encuentran Ecuador y Chile), porque permitiría una nueva demarcación de la frontera marítima con nuestros vecinos, posibilitando legalmente recuperar territorios de los cuales aprovechan estados cercanos. El que no lo crea que se dé una vuelta por Ilo y Matarani y mire hacia el Oeste; verá marineros y pescadores nacionales, perseguidos por extraños que se consideran soberanos con jurisdicción en el mar peruano. La jerarquía legal que propone la Constitución tiene asidero en la Teoría de Hans Kelsen. Lo que le interesa a Kelsen es la estructura lógico-formal del derecho: la norma superior es, siempre, la norma implicante; la norma inferior debe ser, siempre, la norma derivada o implicada. En esa estructura lógico-formal no puede haber contradicciones y, en caso de haberlas, el problema se resuelve por la preferencia de la norma superior. Es un dogma que repiten todas las constituciones del mundo. La nuestra, por tanto, no puede serla excepción: los artículos cincuenta y uno y la segunda parte del artículo ciento treinta y ocho, lo repiten: siempre que exista incompatibilidad entre, una norma constitucional y una legal, se prefiere la primera; 214

 

 

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igualmente, se prefiere la norma legal sobre toda otra norma de rango inferior. Así sucesivamente. La norma fundamental que se encuentra en la base de ese orden es la Constitución de un Estado. Y esa Constitución tiene su origen en otra más antigua o en la primera"... constitución establecida por un usurpador o por un grupo cualquiera de personas". Esa es la norma hipotética. Es la norma supuesta. De ella derivan las demás. Y todas las normas, la supuesta y las que derivan, son imputaciones; es decir, determinaciones de conducta y premiaciones o sanciones para esas conductas. A partir de ese instante sólo interesa una estructura de normas coherentes, una estructura lógico-formal que escapa a cualquier apreciación valorativa. Haciendo un paréntesis breve, pero vinculado al tema, debemos señalar que en la Constitución de mil novecientos setenta y nueve se trató con bastante claridad el tema de la incompatibilidad. Incluso dejaba entrever una estructura lógico formal del sistema jurídico peruano: colocaba en el vértice superior a la Constitución y los Tratados de Derechos Humanos, luego venía el Tratado que prevalecía sobre la Ley, pero el Tratado de Integración aparecería por encima de los tratados multilaterales o bilaterales. La ley y el decreto legislativo seguían al tratado. Después, venía el decreto supremo y la resolución ministerial, etc. Pero existía la ley regional que debía considerarse por debajo de la ley nacional. Y también la ordenanza municipal que no debería estar al nivel de la ley nacional ni de la ley regional, aunque sólo fuese por el ámbito territorial de su vigencia. Sin embargo, sobre este tema es prudente advertir que existen diversas interpretaciones aprovechando la descripción que se hace de los casos en que es posible interponer la acción de inconstitucionalidad, lo que comprende a la ordenanza municipal. Este hecho conduce a presumir en algunos comentaristas que la ordenanza municipal puede modificar una ley, lo que resulta una interpretación bastante singular. Volviendo al tema observamos que la Constitución vigente introduce algunos cambios sobre la jerarquía de las normas. Si bien mantiene el sistema de gradación y la prevalencia de la 215

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norma superior, en caso de incompatibilidad con otra de inferior jerarquía, como se ha advertido en líneas anteriores, no define el nivel del tratado; simplemente, dice, en su artículo cincuenta y cinco, que los trata-dos forman parte del derecho nacional sin precisar su ubicación. En este caso se ha dejado que sea la jurisprudencia la que determine el nivel del tratado, lo que no aparece adecuado: primero, porque la jurisprudencia entre nosotros no obliga y puede ser contradictoria, a pesar de lo que diga la Ley Orgánica del Poder Judicial; porque el mundo, a despecho de lo que fluye de nuestra Carta, se integra cada vez más(la aldea global es un ejemplo), como ocurre con la integración en el mercado común europeo en que se ha avanzado al extremo que hoy se hace realidad la existencia de una moneda común. Finalmente, el tratado es la expresión constante y actual de la voluntad de los estados que tienen metas comunes. La Carta, al guardar silencio sobre la prevalencia del tratado, difiere la solución del problema al juez lo que no parece, reiteramos, conveniente. Alfredo Quispe Correa, El Estado Peruano. Lectura: “Organización del Estado Peruano” pp. 13-27

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CAPÌTULO XVI

EL GRAVE PROBLEMA DEL ETNOCENTRISMO COMO MODELO

¿Qué sabe, qué conoce el público europeo del teatro, del cine, de la pintura, de la novela de los países africanos? ¿Sabe este público dónde se sitúan esos países?, ¿Qué sabe el público que mira la televisión por la noche de los esfuerzos de intelectuales, de gente comprometida para comprender la sociedad indígena americana, o las alternativas sociales y culturales que se proponen? ¿Qué sabe la gente de las características de la vida comunitaria indígena o de los avances de los movimientos de mujeres en los barrios periféricos de Lima, su organización en "comedores populares" o su reivindicación "del vaso de leche"? ¿Qué información tenemos de la gente de "a pie" de los países llamados del tercer mundo, de sus dificultades, sus fiestas, sus comidas, sus juegos, sus chistes, sus sentimientos, su mentalidad? La respuesta a esta pregunta, probablemente, la obtendríamos al considerar que los medios de comunicación reproducen de una manera clara las relaciones de poder existentes actualmente en el mundo, es decir, el dominio de unos países llamados del "Narre" sobre unos países llamados del "Sur", encendiendo que los países del Norte también tienen su Sur. Esta situación nos lleva a que los discursos de los medios de comunicación exaltan y promueven una manera de ver el mundo, una visión de la historia y de la sociedad, unos valores, los de los grupos dominantes de los países del Norte, transmisión que llega a todos los lugares del mundo a gran velocidad. Cuando la CNN transmitió la guerra del Golfo en directo, puso de manifiesto la vertiginosa velocidad con que "un tipo de información" se puede difundir a todos los rincones de la tierra. Poco antes, con la caída del muro de Berlín, se hablaba de una nueva era en que la libertad de expresión reinaría para siempre. Pero la realidad ha sido la inversa, el crecimiento de las transnacionales de la comunicación ha puesto el control económico de los medios en pocas manos.

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La información va en una sola dirección, la crítica a la información desde la opinión pública y la posibilidad de que los ciudadanos se expresen libremente, sin distinción de edad, sexo, etnia, condición social o económica, son supuestos básicos para la democracia. Nos uniformizamos, pero esta uniformización no contribuye a que nos entendamos mejor, ya que no todos pueden expresar la propia palabra con la misma potencia. Los intereses de las potencias dejan en el silencio ideas y proyectos que no interesan. "Los pueblos más pobres parecen condenados al silencio más ruidoso: el de ser condenados e interpretados por otros". Así nos lo demuestran algunas cifras sobre quién ejerce el poder en los medios de comunicación: •

• • •

"De las 300 primeras firmas de información y comunicación, 144 son norteamericanas, 80 son de la Unión Europea, 49 son japonesas. Es decir, la inmensa mayoría. De las 75 primeras empresas de prensa, 39 son americanas, 25 son europeas, 8 son japonesas. De las 88 primeras firmas de informática y telecomunicaciones, 39 son americanas, 25 son europeas, 8 son japonesas. De las 158 primeras empresas fabricantes de material de comunicación, 75 son americanas, 36 son europeas y 33 son japonesas.

Y el resto -cuando hay restos- tampoco es del Sur, El resto es de Canadá, Australia, Suiza, Taiwan, Singapur, es decir, también otro Norte, pero es Norte, al fin y al cabo, Obviamente la comunicación y la información están controladas por el Norte”. La cifra de negocios global de la economía de la información y de la comunicación en 1990 fue de 1.185 mil millones de dólares (1 billón, 185 mil millones de dólares). De los que 500 mil millones pertenecen a los Estados Unidos; 264 mil millones a la Unión Europea, 253 mil millones al Japón y 150 mil millones al resto del mundo. Si a esto añadiésemos las agencias publicitarias, la diferencia sería aún mayor, ya que prácticamente no existen agencias publicitarias en el Sur.

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LA INFORMACIÓN, UNA MERCANCÍA Podríamos pensar, ante los datos que hemos visto, que los medios de comunicación son manipulados por unas manos secretas que ejercen el poder desde la sombra y desde allí nos lanzan sus mensajes y valores. Hemos de decir que, hoy en día, este análisis es muy simple. Actualmente, se entiende la informaci6n que se transmite a través de los medios de comunicación (noticias, historias, documentales...) como un gran mercado donde todo se negocia y todo tiene un precio. En el GATT, la información y la comunicación se contemplan como la producción de automóviles, de pesca o de aceite. Si es una producción, tiene un mercado y, por tanto, hay informaciones que tienen más valor económico que otras. De esta manera, se impulsan noticias o se desvelan dramas como el de las hambrunas de Etiopía, que dejan de ser noticia cuando esta información deja de tener valor en comparación con otras que están a la alza en cuanto a su valor en el mercado. Así, noticias, situaciones o actividades aparecen o desaparecen sin nosotros saber lo que ocurre, si realmente el problema se ha solucionado y cómo se ha solucionado, Para obtener informaciones rentables, conviene saber dónde se encuentran y captadas, trabajo, a veces, muy difícil, ya que los acontecimientos pueden ocurrir en cualquier paree del mundo y, por tanto, haría falta tener cámaras por roda el mundo. ¿Quién puede hacer este trabajo? Las televisiones cada vez tienen más gastos en sus equipos y en mantener su organización e infraestructura. Son las agencias que se dedican a captar imágenes o televisiones especializadas. En el sector de la información televisada, sólo hay eres agencias que dominan el mercado mundial y difunden las mismas imágenes a través del mundo: CNN, WISNEWS y WTN. Las agencias saben que las informaciones rentables son auténticos capitales, como minas de oro, pero las informaciones rentables no se producen en rodos los lugares, son aquellas que contienen tres elementos: violencia, sufrimiento o muerte. La información que ofrezca estos elementos se vende inmediatamente, originándose un mercado a la puja y a la baja de imágenes según si mantiene el interés del público. De ahí que muchas de las imágenes que se nos ofrecen del denominado Tercer Mundo, la visión del mundo de un occidental que sólo lo 219

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conoce por la televisión, sea la de países desgraciados, donde continuamente hay guerras fraticidas, a los que es necesario "socorrer" a través de ayudas de los países del Norte o con la intervención política. Para acabar con un final feliz. Nunca se nos habla de los monocultivos de las grandes multinacionales que han eliminado la diversidad agrícola por la que se sostenían muchos de estos pueblos o de la rivalidad entre Francia y los Estados Unidos por el control de las materias primas en África traducida en enfrenamientos triviales. Si la información que se nos presenta se transmite en directo y en tiempo real, entonces alcanza una difusión absoluta, porque es exactamente el tipo de información que quiere transmitir la televisión. Un ejemplo lo tuvimos en la guerra del Golfo que marcó un hito en la historia de la comunicación, precisamente por poner en práctica estos principios. Los Estados Unidos y el conglomerado políticomilitar, alertados por la fuerce oposición interna que hubo durante la guerra del Vietnam, montaron un dispositivo informativo a través de la CNN para "transmitir" la guerra por capítulos y según su antojo. Por razones de seguridad, los principios de libre flujo de información fueron suspendidos temporalmente. La libertad de expresión fue controlada por razones de seguridad en términos de "protección y preservación". El lugar donde ocurría la guerra pasó a denominarse "el escenario bélico", los bombardeos aéreos fueron llamados quirúrgicos y las bombas sólo caían sobre objetivos militares. Finalmente y al modo del "séptimo de caballería", los soldados de a pie avanzaban sin problemas por las llanuras del desierto. La transmisión de "la guerra" fue el último acto de una escenificación bien preparada. Hay que recordar que, desde que los EEUU se aprestaron a la guerra, hasta el comienzo de ésta, la televisión produjo 2.855 minutos para cubrir la guerra del Golfo, de los que sólo 29 (cerca de un uno por ciento) para informar sobre la oposición a la aventura militar. Es decir que de la noticia de un conflicto, de un acontecimiento, conviene destacar el lado que más vende en el mercado de las imágenes, esto es, el morbo, la desesperación, la violencia o el sufrimiento, y evidentemente estas imágenes y noticias tienen un espacio planetario indefenso ante la visión interesada que se le hace: el Sur.

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EL PAPEL DE LAS AGENCIAS El desarrollo de las agencias es un fenómeno de hace aproximadamente un siglo y ha ido paralelo a las aventuras coloniales de las potencias del Norte. El desarrollo inicial de REUTER y HAVAS se produjo en la época de las expansiones británicas y francesas en Europa, Asia y África. AP y UP nacieron con el expansionismo norteamericano y se implantaron con fuerza, a nivel internacional, después de la II Guerra Mundial, de acuerdo con el papel de gran potencia que empezó a desempeñar los Estados Unidos. Al principio, las agencias actuaron según los intereses políticos y económicos de los países dominantes o colonizadores, dándonos una visión e interpretación del mundo de acuerdo con los intereses de estos países las guerras coloniales. La expansión de las primeras agencias Ha vas (1835), Reuter (1851) y Associated Press (1848)- se hizo siguiendo la del telégrafo y la del tren. Las líneas telegráficas y los periodistas de las agencias se trasladaron hacia el Tercer Mundo para conectar las colonias y la metrópoli, no se perseguía conectar cada país con el resto del mundo, y mucho menos que los países colonizados se pudieran comunicar entre sí, sino que el objetivo era crear una red de comunicación radial paralela a los movimientos económicos de las grandes potencias colonizadoras. Cien años después, las agencias continúan siendo uno de los lugares claves en donde se determina la dependencia informativa del Tercer Mundo, y la estructura comunicativa creada por el colonialismo sigue, en gran parte, aún presente. Así, se continúa relacionando cada delegación, cada corresponsal o colaborador con la organización central en donde se toman las principales decisiones: la selección de la noticia, la jerarquización, es decir, a qué noticias se le da más importancia, cuáles quedan relegadas..., distribución, adónde y de qué manera llega una noticia, el seguimiento o no de una información, si se le da cobertura televisiva, fotográfica... Las tres grandes agencias mundiales AP, Reuter y AFP -tienen sus sedes centrales en las capitales de los países del Norte. Los medios de comunicación de los países del Tercer Mundo se encuentran en una clara situación de dependencia informativa en lo que respeta a las fuentes primarias de información que son las 221

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agencias, teniendo que utilizar sus servicios para saber lo que ocurre tanto en el mundo como, a veces, dentro de sus propias fronteras. Si una persona del Zaire quiere saber un conflicto o noticia de Sudán, incluso a veces del mismo Zaire, que tendría que recurrir a una de estas agencias para recibir la información. Sin embargo en la actualidad, ha habido un importante cambio, ya que el papel de las agencias ha perdido protagonismo ante la influencia de las cadenas de televisión, como fue el caso de la CNN en el seguimiento de la guerra del Golfo. Este cambio de influencia tiene una gran importancia pues ha condicionado la lógica de la propia información, convirtiéndola principalmente en información-espectáculo. Con el peligro de que la información y la visión del mundo se nos imponga desde la lógica de la televisión y que afecte de una manera decisiva a la organización de nuestros valores culturales. En la medida en que la televisión necesita imágenes "fuertes" y simples que lleguen a la mayoría de la población occidental, después de un día de trabajo, esquematiza y simplifica la información procedente del tercer Mundo y sitúa a los otros medios, prensa principalmente, en un segundo plano con respecto a lo que se diga en la tele. La globalización de la información y la capacidad de la televisión de ofrecer en directo lo que ocurre en cualquier rincón del planeta crean una serie de estereotipos y tópicos y da importancia a las noticias impactantes del momento, como desastres naturales, un momento de guerra que después desaparece... quitando importancia al seguimiento del conflicto social. Por unos días, un conflicto se convierte en el centro del Universo, para desaparecer sin saber cómo. "Bajo una apariencia de información y de visión global de lo que pasa en el mundo, la televisión por satélite opera como aquellos tiovivos que gustan a los niños porque giran muy aprisa y hacen mucho ruido, pero de los que nadie recuerda la forma ni el color de la montura, de tan rápido que giran y tanto estruendo que producen". Puede parecemos, sin embargo, que gracias a la televisión, podemos ver y conocer otras culturas del Tercer Mundo. La situación es también falsa, ya que por parte de la cadena televisiva correspondiente, su objetivo será de tratar esta información como mercancía, por lo tanto, venderla al máximo de 222

 

 

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clientes posibles, es decir, telespectadores. Puesto que la mayoría de estos documentales son comprados por las cadenas televisivas para "pasados" en momentos de descanso y ocio, momento en que el telespectador occidental no aceptaría un programa que exigiera una actividad analítica excesivamente grande, la visión de las diferentes culturas que nos ofrecen estos programas es una visión de "museo", en la que observamos las cosas "raras y originales" de las otras culturas como si fueran promovidas por agencias de viajes, es decir, relegadas al exotismo, término muy al gusto de sectores sociales occidentales, olvidando su momento social real o las conquistas culturales fruto de su propia reflexión y avance. Podríamos resumir que la visión que se nos ofrece del llamado Tercer Mundo, debido a los intereses de mercado occidentales y a la manera como se entiende la televisión, es la de desgracias, guerras, sufrimiento, aliviadas por la intervención de sectores políticos o del voluntariado del mundo occidental, o una visión exótica de museo, a punto para ser consumida en unas "vacaciones inolvidables". Así, la diversidad cultural que significa más de dos terceras parte de nuestro planeta, su historia, la aportación que estas diversas culturas podría significar para el resto de la humanidad a través de las posibilidades de los medios de comunicación, queda reducida a dos registros comunicativos. El primero es el de los telediarios, que informan básicamente a partir de acontecimientos negativos de dos órdenes: el primero, el de informar de desgracias originadas por causas naturales, como terremotos, sequías, inundaciones, incendios..., sobre todo cuando estos acontecimientos han originado sufrimiento, desgracias o muertes. El segundo es cuando nos hablan de desórdenes de tipo político, guerrillas, guerra civil, insurrecciones, golpes de estado. Así, para el hombre occidental que mira los telediarios, el Sur es una auténtica pesadilla, lugar siniestro de hambre y de guerra, lugar donde ocurren todos los desórdenes, todas las violencias, a diferencia del Norte, próspero, moderno y lleno de vitalidad. Hay otro registro comunicativo en nuestros medios de comunicación, el discurso publicitario que nos presenta el Sur de un modo Totalmente diferente al de los telediarios. El Sur es el lugar de maravillosos paisajes, de playas vírgenes y de nativos amables. 223

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Este registro, a diferencia del otro, nos habla del Sur en términos maravillosos, paradisíacos. De esta manera, el Sur, en nuestros medios de comunicación, o es un desastre o es un paraíso, jamás son países a los que nos podamos aproximar de una manera normal, como hablan de Europa o América del Narre, de la que también se presentan conflictos, pero, aliado de éstOs, se nos presentan aspectos positivos, pactos políticos, proyectos económicos o descubrimientos científicos. "Del Sur no se habla nunca en términos neutros u ordinarios, porque el Sur no tiene capacidad de emitir sobre sí mismo, su propio discurso”. Este hecho es consecuencia de que, en el contexto económico internacional, el Sur sólo interesa como patrocinador de materias primas, o como lugar para las agencias de turismo. Sus culturas, costumbres, valores y su propia evolución como países modernos no interesan, ya que se aparran o pueden poner en peligro el orden económico promovido por Occidente. ¿Quién se acuerda de las guerras de Somalia o Angola, cuando ha pasado ya el mercadeo de sus imágenes? Prácticamente nadie, a pesar de que son conflictos con miles de muertos. ¿QUÉ TRANSMITE EL NORTE AL SUR? Hemos visto lo que la televisión nos ofrece del Sur, la pregunta ahora es inversa: ¿qué visión del mundo transmiten las cadenas de información de! Narre a los países del Tercer Mundo o del Sur? El Norte, a través de los medios de comunicación, nos transmite un imaginario de sí mismo, imagen de modernidad, desarrollo y opulencia, en e! que los conflictos se sitúan en las clases sociales que podrían llamar el Sur dentro del mismo Norte, clases sociales pobres y marginadas que producen tragedia, violencia y muerte. Este Narre (países desarrollados que acumulan la mayor paree de beneficios derivados del orden económico universal) ha construido una imagen de sí mismo, una idea. Pero, al mismo tiempo que ha creado un imaginario de sí mismo, ha creado también un imaginario, una conciencia del Sur, destinado no solamente al hombre occidental, sino al mismo Sur, ya que la dependencia informativa de estos países hace que la imagen que tengan de sí mismos sea el imaginario que el Narre les ha creado.

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Es decir, la gravedad de las relaciones entre el Norte y el Sur en campos como el de la comunicación está no sólo en cómo el Norte ofrece y clasifica una imagen del Sur, sino en cómo impone al mismo Sur una imagen de sí mismo. El Norte construye una serie de conductas, de mensajes culturales, un imaginario que lo presenta como progresivo y moderno. Los medios de comunicación parecen decirnos: el Norte es así porque se lo merece, porque, a lo largo de la historia, sus habitantes han sido más listos, más inteligentes, más activos o más "trabajadores". Han incorporado antes el progreso = modernidad y, por lo tanto, a pesar de sus problemas, han conseguido un resultado feliz. Como si el Norte se mereciera ser Norte con toda su opulencia y el Sur, debido a su "retraso cultural, económico", se mereciera ser Sur y sólo saldrá de esta situación si adapta los mismos sistemas económicos, culturales y sociales que el Norte le impone. Es decir, dejará de ser mísero, violento y agresivo si vive según las reglas y valores impuestos por el Norte. Este es un mensaje repetido a través de mil formas por los medios de comunicación: el sentimiento de culpa y la imagen negativa de sí mismos que a los países del Sur les ofrecen los "noticiarios" que les llegan del Norte. Además a partir de la caída de las tensiones sociales de los años sesenta y setenta, el Norte está en condiciones de imponer su finalidad como la única que merece ser objeto de deseo. Niega cualquier sentido de la historia y de la cultura que pueda imponerse al suyo. Otro aspecto importante del dominio mediático de los países del Norte respecto a los del Sur es la capacidad para transmitir referentes de comportamientos, de conductas, de valores. Este proceso se hace en base a la presentación como modelos de personajes, figuras de prestigio, comportamientos familiares, modas de lenguajes y de comportamientos. Actualmente, la industria de la televisión y del telefilm norteamericano está en condiciones de imponer pautas de comportamientos, modelos de relaciones, jerarquía de valores a casi toda la población mundial. Así, tanto en Centroamérica como en Asia, se puede seguir las historias enviadas desde Miami, telefilms traducidos a la lengua propia de cada país.

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Detrás de los gestos de los personajes, del lugar donde ocurren las cosas, del vestuario o del "atrezzo", hay toda una declaración de cómo es un personaje, es decir, qué mentalidad, qué comportamiento social y qué jerarquía de valores tiene, que lógicamente pertenecen a la cultura del Norte. Es verdad que gracias a la televisión se ha llegado a conocer otros países y que muchas veces hemos tenido acceso a saberes e informaciones que difícilmente hubiéramos logrado, pero, como dice Vázquez Montalbán: "Se ha pagado un inmenso precio de un nivel importante de desidentificación y, por ende, algo más grave que eso, la amputación de la necesidad de conservarla y no ser un extraño con respecto a uno mismo en el aspecto personal y social". O sea que el problema de qué modelos son presentados por la televisión no sólo es un tema educativo, porque puede suponer un grado de despersonalización concreto en el proceso educativo de un individuo, sino que afecta a la riqueza de la diversidad cultural de los pueblos y niega la posibilidad del enriquecimiento mutuo. Para los Estados Unidos, la exportación de programas audiovisuales ocupa el segundo lugar de las exportaciones de su economía, por detrás de la aeronáutica en la que tienen una especie de monopolio. Junto a los grandes aviones, exportan películas de cine, telefilms y programas de televisión y cintas de video. Este dominio no se da solamente respecto a los países del denominado Tercer Mundo. En Europa, el dominio norteamericano es también prácticamente absoluto. Los norteamericanos controlan el 71,5 % de todos los programas que se difunden en Europa, a pesar de que hay una cuota de la directiva de televisión sin fronteras que impone la difusión privilegiada de programas europeos. Por lo que hace referencia al cine, el control sobre las salas y la taquilla alcanza el 80 %. Distribuidoras americanas tienen los mismos lunes el control de taquilla del fin de semana de muchas de las salas europeas, decidiendo en momentos determinados la continuidad o no de las películas, dejando un espacio muy reducido a las producciones propias de cada país que, a la vez, tienen una menor capacidad para la publicidad y promoción. El debate en Europa se ha centrado en si el sector audiovisual había de incluirse o no en el GATT (General Agreement on Tarifs and Trade) una especie de acuerdo permanente sobre aranceles y comercio internacional. Se ha tratado de excluir del GATT al cine 226

 

 

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y a la televisión para que los países europeos puedan seguir subvencionando las producciones propias. El propósito es el de preservar mucho más que una industria, porque las industrias culturales no sólo son industrias, sino también cultura, que tiene que ver con la identidad de los propios pueblos. Agusti Corominas i Casals, Modelos y Medios de Comunicación de Masas Lectura: “El Grave Problema del Etnocentrismo como Modelo” pp. 69-80

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CAPÌTULO XVII

LA EDUCACIÓN EN EL PERÚ

LA EXPANSIÓN DEL SISTEMA EDUCATIVO Hasta mediados del siglo XX, el sistema educativo peruano era profundamente elitista y marginaba a las grandes mayorías nacionales. Esto era consecuencia de la persistencia de un orden oligárquico fundado en la exclusión social. La crisis de este orden abrió una brecha por la cual penetró una vasta presión social que buscaba hacer accesible la educación. La sociedad peruana ha experimentado una gran expansión del sistema educativo durante las últimas décadas. Ella es consecuencia de los cambios sociales de la década de 1950 Y a su vez ha contribuido a profundizarlos. La educación se convirtió en una demanda social fundamental. Los sectores populares veían a la escuela como el sitio donde realizar el sueño de hacer profesionales a los hijos, como el canal de movilidad social por excelencia. Según el censo de 1940, el 58% de los peruanos mayores de 15 años era analfabeto (45% hombres y 69% mujeres) (Instituto Cuánto 1991). La situación cambió mucho en el transcurso de una generación. El impacto de la expansión del sistema educativo puede constatarse observando cómo han evolucionado las diferencias por grupos de edad. Para 1993, la tasa de analfabetismo para las personas mayores de 65 años era de 38%, para aquellos que estaban en la treintena 9%, y para aquellos de 15 a 19 años 4% (Instituto Cuánto 1995). El analfabetismo sigue siendo grande entre las personas mayores, pero casi ha desaparecido entre los jóvenes. Según el censo de 1993, en el Perú la población analfabeta equivalía al 17% de la población total. La mayor proporción de analfabetos se encuentra entre las mujeres quechua hablantes mayores de edad. La educación de nivel secundario tuvo también una significativa expansión en las regiones más desarrolladas. En Lima, en 1985, en medio de la mayor expansión, el 61 % de los cabezas de familia tenía por lo menos algún grado de educación secundaria o superior. Pero este desarrollo es profundamente desigual. En la 229

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sierra rural esta proporción alcanzaba a apenas el 11 % y en la selva rural el 9% de los cabezas de familia (Glewwe 1988). El Perú vive una gran paradoja: mientras se ha logrado avances muy importantes en lo relativo a incorporar significativos sectores sociales tradicionalmente marginados a la educación, la calidad del sistema ha descendido hasta niveles alarmantes. En esto tienen responsabilidad varias entidades. ECONOMÍA DE LA EDUCACIÓN La expansión del sistema educativo de mediados del siglo XX fue financiada por el Estado. El gasto público en educación aumentó rápidamente en las décadas de 1950 y 1960 a una tasa superior al 11 % anual en términos reales. Pero a través del siguiente cuarto de siglo-bajo el gobierno militar y bajo las administraciones de Fernando Belaúnde y Alan García se redujo significativamente. La proporción del gasto no ha recuperado los niveles promedio anteriores. En la década de 1970, el gasto público total en educación, como fracción del PBI. superó en promedio anual el 3,2% y llegó hasta el 3.7% en 1973. En la década de 1980, únicamente en dos años, 1986y 1987, el gasto en educación llegó al 3,82% y a13, 9 7% respectivamente. En la década de 1990 el promedio se mantuvo por debajo del 3%, excepto entre 1993 y 1996. El gasto en el año 2002 equivalió al 2,98% (Concytec 2003). Los gastos en bienes y servicios, indispensables para que una escuela pueda operar, son financiados fundamentalmente por los padres de familia, a través de distintos mecanismos. Como estos tienen desigual capacidad de gasto se origina una importante desigualdad en el gasto total por alumno dentro de la educación pública. De allí que existan escuelas donde los niños se sientan sobre adobes para atender clases. que tienen un solo maestro para todos los grados y que no conocen un libro. Las desigualdades sociales, inclusive al interior de la educación pública. son muy grandes. Sumando el gasto del Estado y el de las familias un alumno de primaria de la escuela pública del quintil más rico del ingreso recibe 326 dólares anuales. 96% más que un alumno del quintil más pobre. En secundaria el alumno del quintil más rico recibe 374 dólares 53% más que un alumno en el quintil más pobre.

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En la educación estatal la sociedad peruana gasta en promedio 199 dólares por niño en primaria; de este monto 32% es aportado por las familias. En la secundaria el Estado aporta 191 dólares y las familias 94 dólares; es decir de un total de 285 dólares por alumno, las familias aportan el 33%. Sin tener en cuenta las pensiones, el Estado gasta un monto equivalente a 2.26% del PBI en educación primaria y secundaria mientras que las familias aportan el 0.8% cifra que subestima el gasto total de estas últimas ya que no incluye otros costos como el valor del tiempo dedicado a jornadas de trabajo en la escuela o a actividades escolares (Saavedra y Suárez 2000). En conclusión, el gasto estatal en educación en el Perú es muy bajo y no es equitativamente distribuido. Como durante los últimos 30 años creció la cantidad de estudiantes mientras que los fondos totales destinados a la educación se mantuvieron en promedio constantes hasta 1991 se observó una tendencia negativa en el gasto por alumno. La situación mejoró en la década de 1990. Se construyeron más locales escolares pero no se invirtió en el capital humano del que en última instancia depende la calidad de la educación. El gasto anual por alumno en primaria subió de 80 a 135 dólares y en secundaria de 124 a 191 dólares respectivamente. Si bien este aumento es importante el gasto por alumno en el Perú está entre los más bajos de la región. Como elemento de comparación, Chile invierte cuatro veces más que el Perú, y lo que EE.UU. invierte por estudiante secundario equivale a 5.300 dólares al año unas 27 veces lo que el Perú gasta. En la opción por la educación privada no se considera únicamente la calidad de esta; para algunas familias ella es un medio de impedir la asociación de sus hijos con niños de familias de bajos ingresos. El sistema educativo, a pesar de que su objetivo declarado es brindar igualdad de oportunidades, sigue siendo un medio fundamental de reproducción de las desigualdades sociales. La fuerte reducción del gasto educativo estatal después de 1975 provocó una drástica reducción de los ingresos reales de los maestros, que a comienzos de la década de 1990 habían caído a un octavo del nivel de 1975 (Saavedra, Melzi y Miranda 1997). Durante los años siguientes la situación se ha mantenido estacionaria. La pérdida de prestigio social de la carrera educativa y la ausencia de perspectivas de una remuneración digna reducen la 231

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calidad del contingente estudiantil que opta por la carrera magisterial. Altas tasas de deserción escolar, repetición de grados, largas demoras para graduarse en cada nivel, pobre entrenamiento de profesores, salarios miserables y una administración centralizada de la educación pública adversa a la innovación, definen los rasgos básicos de un sistema educativo sumido en una profunda crisis (Arregui 1995). En 1972. el 44% de los niños tuvo que repetir el primer grado; en 1984.10 hizo el4 7% (Schiefelbein 1997). Como elemento de comparación entre nueve países, la tasa mediana era del 30%; y el Perú ocupaba el segundo lugar entre los países peor situados. Mientras que en el país las cosas en tendencia empeoraban, dos tercios de los países de esta muestra registraron una tendencia a progresar durante estos doce años. Es importante considerar los problemas socioeconómicos y culturales existentes pero no se puede obviar la importancia de los problemas del sistema educativo. Existen diferencias importantes en los resultados de escuelas que pertenecen a un mismo medio socioeconómico. La escuela tiene pues la posibilidad de transformar su entorno, de acortar, y en algunos casos revertir, las brechas sociales y de brindar una educación de mejor calidad. LA CRISIS DEL RENDIMIENTO ESCOLAR Los problemas de calidad de la educación peruana resaltan en comparación con los niveles del conjunto de países de la región. Según una evaluación del rendimiento de estudiantes del tercer y cuarto grado de secundaria en América Latina, realizada con el auspicio de la UNESCO en 1997 sobre una muestra de 12 países, el Perú está entre los últimos de toda la región en Matemáticas y Lenguaje como puede observarse en el gráfico "Puntajes en Lenguaje y Matemáticas en tercer grado". Varios de los problemas educativos que afronta el Perú son comunes a toda la región; la evaluación de la UNESCO muestra, por ejemplo que las desigualdades regionales se dan en el Perú como en los demás países: los estudiantes de las mega-ciudades latinoamericanas como Lima, tienen un rendimiento muy superior al de los estudiantes de las ciudades más pequeñas, y que estos, a su vez están muy por encima de los estudiantes rurales. Pero también las evaluaciones realizadas internamente en el Perú muestran que el grado de deterioro de la calidad de la enseñanza en el país es alarmante. En diciembre del 2001, la Unidad de 232

 

 

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Medición de la Calidad del Ministerio de Educación realizó la Tercera Evaluación Nacional del Rendimiento Estudiantil (EN 2001). Se evaluó una muestra representativa a escala nacional de centros educativos: 632 urbanos y 579 rurales de todo el país, incorporándose por primera vez a las zonas rurales bilingües, considerando a estudiantes vernáculo-hablantes educados no solo en castellano, sino también en su lengua materna (específicamente quechua y aimara) (Espinoza y Torreblanca 2003). Se verá a continuación algunos de sus principales hallazgos. Como era de prever, los resultados que muestran los estudiantes del sector público son significativamente más bajos que los del sector privado. Las características socioeconómicas y culturales de las familias tienen un fuerte impacto en los resultados que los estudiantes consiguen en la escuela (UNESCO. 2000; Mizala et al. 1999; Vegas. 2002 entre otros). La falta de equidad que se manifiesta en el sistema educativo alimenta la desigualdad del sistema social. Los estudiantes que egresan de centros educativos públicos tienen menores probabilidades de acceder a formación superior de calidad o de insertarse adecuadamente en el mercado laboral. Estas desigualdades tienen también un correlato geográfico; se observa que los promedios departamentales más altos corresponden a los departamentos cuyos índices de pobreza son menores. Los mejores rendimientos en comunicación y matemáticas fueron los de Arequipa. Moquegua. Tacna. Lima y la provincia constitucional del Callao. Huancavelica, Apurímac y Loreto muestran en ambas áreas los rendimientos más bajos del grupo. Por otro lado, Ayacucho y Cajamarca, integrantes del mismo grupo, obtienen mejores resultados comparativos. Cabe destacar que Junín, a pesar de estar en la categoría "pobre", se ubica en el grupo de departamentos que muestra mejor rendimiento comparativo. Hay una razón histórica que explica esta excepción: el desarrollo de la gran minería y la amplia migración campesina estacional a los campamentos mineros que esta propició, generó una demanda de calificación mayor a la de los departamentos agrícolas. De allí que incluso en la década de 1950 Junín tuviera menores índices de analfabetismo que, por ejemplo, Ica, que es un departamento dominantemente agrícola, pese a ser este costeño y colindante con Lima. Es importante considerar que en los resultados de los estudiantes intervienen muchos factores. De allí que en los departamentos de La Libertad 233

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y Tumbes, a pesar de que ambos están ubicados dentro de la categoría "regular", se obtienen resultados significativamente diferentes. Los débiles logros en la repetición de grados y la alta deserción temprana sugieren que los problemas de motivación pueden ser por lo menos tan importantes como los otros. La motivación errática puede deberse en gran medida a las dudas, entre los pobres o casi pobres, de que la educación disponible para sus hijos ofrezca posibilidades prometedoras de movilidad económica y social, aun si es que perseveran hasta los niveles superiores (Sheahan 2001). En comunicaciones, en la competencia “Comprensión de textos (verbales o icono-verbales)" a nivel nacional menos del 40% de los estudiantes del cuarto grado de secundaria estatal alcanza el nivel esperado. Aunque comparativamente los estudiantes del sector privado están bastante mejor, aproximadamente el 20% de ellos no alcanza los logros mínimos. Es peor la situación de los alumnos de sexto grado. En los centros educativos públicos solo alrededor de un 7% alcanza un Nivel de Desempeño Suficiente para el grado, mientras que en los centros privados lo hace poco más de 25%. En el otro extremo, hay un 35% de los estudiantes de sexto grado del sector privado y cerca del 75% en el sector público que no Ilega siquiera a un Nivel Básico de Desempeño. Existe más de un 60% de estudiantes en el sector público y 25% en el sector privado que, tras haber recibido por lo menos 10 años de escolaridad básica, no logran mostrar siquiera una comprensión parcial o literal de los textos. Los resultados más bajos se encuentran en la competencia "Reflexión sobre el funcionamiento lingüístico de los textos". En el cuarto grado, se observa que en escuelas públicas y privadas menos del 3% de los estudiantes logran los objetivos; la gran mayoría presenta serias dificultades para aplicar las reglas gramaticales y ortográficas en oraciones compuestas. Los porcentajes de estudiantes que alcanzan el Nivel Básico en esta competencia varían sensiblemente entre la escuela pública y la privada, siendo casi el doble el porcentaje de estudiantes en esta última que logra al menos usar correctamente las reglas gramaticales y ortográficas en oraciones de estructura sintáctica simple. En sexto grado los porcentajes de estudiantes que alcanzan los objetivos del grado siguen siendo preocupantemente bajos, aunque se percibe cierto repunte respecto al cuarto grado en el sector privado; casi un 10%. Se 234

 

 

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observa que los resultados de sexto grado son más bajos que los de cuarto para ambos sectores. Al salir del colegio los estudiantes tienen grandes déficit en comunicación. En Matemáticas los porcentajes de estudiantes del cuarto de secundaria que se ubican en el Nivel por Debajo del Básico de Desempeño son altos: 55% en el sector privado y más del 88% en el sector público. Ellos no logran siquiera resolver problemas sencillos en los que el contenido matemático involucrado en la solución es evidente o muestran dificultades para aplicar algoritmos sencillos con números racionales. Respecto a la competencia "Sistemas numéricos y funciones" en el sector público los estudiantes que muestran un Nivel Suficiente de Desempeño son menos del 3%, mientras que en el sector privado este porcentaje asciende a 16%. Estos son los estudiantes capaces de encontrar una estrategia que les permita resolver problemas contextualizados, además aplican algoritmos con números racionales de mediana dificultad operativa, y en términos generales, están familiarizados y usan la simbología de los sistemas numéricos y las funciones. En la competencia "Geometría'; los porcentajes en el Nivel de Desempeño Suficiente son extremadamente bajos: en el sector público solo cerca de un 1 % de los estudiantes alcanza los objetivos del grado. En el sector privado este resultado se aproxima al1 0% que, aunque supera en diez veces al sector público, sigue siendo extremadamente bajo. Las desigualdades tienen también expresión regional. Las diferencias entre Lima y el resto del país y entre las ciudades y el campo son abismales. Los estudiantes de ámbitos rurales que muestran haber alcanzado un nivel de logro esperado para el cuarto grado de secundaria en las competencias de comprensión (verbal e icono-verbal) son menos del 12%: 'eso quiere decir que casi el 88% de los estudiantes de escuelas ubicadas en zonas rurales no ha desarrollado la capacidad de establecer relaciones entre los 'elementos explícitos en un texto que le permitan un entendimiento global del mismo", En el sexto grado de secundaria la situación es aun peor; se encuentra que solo entre un 1 % Y 2% de los estudiantes de zonas rurales logra los objetivos del grado. Los alumnos de ámbitos rurales que muestran al menos un Nivel Básico, es decir inicial de comprensión no pasan del 8%. Finalmente, también preocupan en extremo los resultados por Niveles de Desempeño en zonas rurales de acuerdo con la 235

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variable Lengua. En cuarto grado, prácticamente no hay estudiantes quechuas que alcancen ni siquiera un Nivel Básico de aprendizaje de las competencias para el grado propuesto, Lo mismo sucede con los estratos aymara y "otros" de Enseñanza Básica Intercultural (EBI) en sexto grado, De los estudiantes aimaras de cuarto grado un 77% no ha desarrollado la capacidad de realizar tareas rutinarias que involucran su mas o restas (competencia "Conocimiento de las operaciones"). En el caso de sexto grado, un 90% de los estudiantes del estrato EBI "otras lenguas" no pueden leer ni interpretar un cuadro de doble entrada o un diagrama simple de barras. En general, los estudiantes de la EBI han mostrado un rendimiento inferior al de aquellos que recibieron la enseñanza solo en castellano. Sin embargo es prematuro asegurar que la enseñanza intercultural sea inferior a la monolingüe en castellano mientras no se analicen todos los factores que intervienen en el proceso educativo. DISCRIMINACIÓN Y EDUCACIÓN En el Perú existe una marcada correlación entre ser campesino, hablar quechua, aymara o algún otro idioma originario, estar entre los más pobres del país y tener los más grandes déficit educativos. La correlación entre la discriminación étnica y la discriminación educativa es muy elevada. Los países de América Latina donde hay mayores barreras étnicas y raciales son aquellos (incluyendo al Perú) donde las mayorías rurales están más marginadas de los programas educativos del Estado. En 1994 dos tercios de los hogares rurales del Perú estaban bajo la línea de pobreza. En la sierra rural, donde vive un quinto de la población nacional, se concentraba la mayor cantidad de familias pobres. Cerca de la mitad de todos los hogares tenían como lengua materna algún idioma indígena. Según el censo de 1940 el 46% de la población eran indios. La categoría "raza" fue eliminada en los censos subsecuentes. En 1994, solo e117% de la población nacional reportó haber tenido lenguas maternas indígenas. Sin embargo, en la sierra el porcentaje fue de 47% (Instituto Cuánto y UNICEF 1995). Esta cifra debe subestimar la magnitud real del fenómeno, debido a que las lenguas indígenas tienen escaso prestigio social y mucha gente prefiere negar que las habla. Como se puede observar, en los departamentos donde más se habla quechua está la mayor cantidad de personas de 5 años o más analfabetas o que no tienen ningún nivel educativo. Esto se 236

 

 

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cumple inclusive para Lima. Cajamarca es un caso especial. pues es un departamento donde el quechua virtualmente ha desaparecido (sus hablantes probablemente sean migrantes), pero donde la cantidad de personas sin instrucción es elevada. La razón es que allí existe una importante cantidad de indígenas castellanizados. Esto es un importante indicador de que el problema educativo no es decisivamente del idioma que se habla sino de la condición socioeconómica de la población. Aunque se hable castellano, como sucede en las comunidades de Cajamarca, si uno es indígena tiene escasas posibilidades educativas y, como se ha visto, la educación a la que tendrá acceso será de muy mala calidad. Un elemento importante a tener en cuenta es que el castellano que hablan los indígenas de las zonas más pobres de Cajamarca (Cajabamba, por ejemplo) es tan pobre lexicológicamente como lo es el quechua de las zonas más deprimidas del sur andino. El problema no es, pues, decisivamente lingüístico sino de pobreza socioeconómica. El léxico de las personas será rico o pobre de acuerdo a la cantidad de experiencias a las que estas tienen acceso y depende de su nivel socioeconómico. No existen "idiomas ricos" e "idiomas pobres" sino idiomas hablados por gente de sociedades ricas y de sociedades pobres. La gente pobre que habla castellano lo habla tan pobremente como hablan el quechua los quechua hablantes pobres. Un último elemento que merece resaltarse. Por sorprendente que parezca, Lima es uno de los departamentos donde mayor cantidad de quechua hablantes hay en el país: 547.397; solo la supera, por un escaso margen, el Cusco. Esto es un directo resultado de la gran migración serrana. Sin embargo, a pesar de que más de medio millón de quechua hablantes viven en Lima, en las calles no se oye hablar quechua, ni otros idiomas originarios, como sí sucede en La Paz y Quito, las otras dos capitales andinas importantes. Los hablantes de quechua en Lima esconden su lengua materna debido a la amenaza de ser discriminados como indios. La exclusión social también se expresa en enseñarle a la gente a avergonzarse de ser quien es. LAS UNIVERSIDADES EN EL PERU La educación superior creció en el Perú de manera explosiva a medida que se producía el desplome del orden oligárquico. La proporción de la población con algún grado de educación superior, que era del 1 % en 1940, creció al 2% en 1961 y al 20% en 1993 (Arregui 1994). También la presión por la educación superior 237

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provocó un crecimiento explosivo de centros educativos. El número de universidades aumentó de nueve, que estaban mayoritaria mente concentradas en Lima, en 1960, a 56 en 1992, y a 77 distribuidas por todo el país el 2003 (Concytec 2003). Cambió también parcialmente la orientación de los estudios. Hubo un fuerte incremento de los estudios de ingeniería, y uno algo menor en ciencias básicas. Para 1972, con 14 millones de habitantes, el Perú contaba solo con 202 personas clasificadas como físicos (muchos con titulas aproximadamente equivalentes a maestrías) y ligeramente más de 800 con grados en biología y otros tantos en química. Para 1989.los números tanto de físicos como de químicos se duplicaron. con lo cual la proporción de químicos respecto de la población total del Perú alcanzó el 15% de la misma proporción en Estados Unidos (Arregui 1994: 35). En el mismo periodo, un aumento de cuatro veces en el número de personas con grados en ingeniería elevó la producción de ingenieros respecto de la población total hasta un 37% de la de Estados Unidos. A pesar de las grandes limitaciones de presupuesto que afronta la educación peruana, el gasto estatal en educación superior ha crecido significativa mente desde la década de 1970. Equivale actualmente a la cuarta parte del gasto público total en educación. Puesto que el número de alumnos de la educación superior es bastante menor que el de los de la educación básica, hay mayor preocupación del Estado por la universidad. El factor más descuidado en la política del Estado con relación a la universidad son los docentes en buena medida debido al choque entre instituciones críticas y el poder. Según los datos de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR) en el 2000 el sueldo del rector de una universidad pública ascendía a S/. 2,556.74. El sueldo básico de un profesor principal a tiempo completo era de S/. 856 y con todos aumentos y bonificaciones podía llegar a S/. 1.336,12 (ANR 2000) menos de 400 dólares. El gasto nacional en educación superior universitaria y no universitaria pública y privada ha pasado del 0,54% del PBl en 1970 al 1,78% en el 2002. Si se compara la participación del Estado y de los sectores privados en el financiamiento de la educación superior, se encuentra una preocupante retracción del primero. En 1970 el gasto de las universidades privadas era una treintava parte del gasto público correspondiente. En el periodo 238

 

 

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siguiente el Estado se retrasó y el gasto privado superó al gasto público a partir de 1992. En el 2002, el gasto privado superó en 30% al gasto público en educación universitaria. Se puede observar el impacto de esta situación en el crecimiento relativo del número de docentes universitarios, que es bastante mayor en el sector privado con relación al público. La privatización de la enseñanza de calidad que esto supone agrava la inequidad; de esta manera el sistema educativo se convierte en un instrumento de reproducción de las diferencias sociales, no de su superación. En todas las regiones del país el acceso a la educación superior es una demanda fundamental. La respuesta ha sido la fundación de universidades en una magnitud que en varios casos supera largamente las tasas de crecimiento de los países desarrollados, orientada a satisfacer la presión social sin preocuparse del contenido y la calidad de la enseñanza. Esto se agravó con la política de liberalización del régimen de Fujimori que encaró la educación como un proyecto empresarial regido por la lógica de hacer utilidades, sin atención a la naturaleza particular del quehacer educativo. El resultado ha sido que el nivel de la enseñanza universitaria se ha visto grave mente comprometido, empujando a la universidad a una crisis de credibilidad socia profunda. Se crea así un círculo vicioso: universidades con escasos recursos son cada ve2 menos capaces de aportar soluciones al país y la falta de relevancia social de la universidad se traduce en falta de legitimidad social para reclamar mayores recursos. Como se verá, la situación se hace particularmente grave en el contexto de la transición mundial a la Sociedad del Conocimiento, en la que la educación es la pieza clave de cualquier proyecto de desarrollo posible. Nelson Manrique, Enciclopedia Temática del Perú (Sociedad) Lectura: “La Educación en el Perú” pp. 118-128.

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CAPÍTULO XVIII

LA CRISIS SOCIAL A LA PERUANA La crisis que Alan García había intentado remontar, con una orientación contraria a las exigencias liberales del mercado internacional, se volvió contra su propio gobierno con una intensidad tal que, a inicios de 1990, los peruanos tenían la impresión de estar viviendo en un estado en ruinas. El “futuro diferente” ofrecido se había transformado en un presente dolorosamente insoportable: desgarrada por una guerra interna, que registraba ya 22 000 muertos, miles de mutilados y pueblos andinos desolados aún más por la migración compulsiva de 700 000 desplazados a las ciudades de la Costa, la sociedad peruana sufría una de las crisis más profundas de su historia republicana. A la hiperinflación (promedio anual de 130%), a la recesión productiva, al desempleo, al hambre, a la corrupción, a la impotencia del gobierno para articular una salida, se asociaba la imagen del terror político (impulsada tanto por las fuerzas subversivas como por el estado), impredecible en sus alcances. De este escenario 240 000 peruanos, en un verdadero éxodo, lograron emigrar al extranjero hacia un futuro incierto, mientras que otros, entre los que destacan 50 000 niños huérfanos, iniciaban el peregrinaje, por las calles de Lima y otras ciudades, hacia la miseria, la mendicidad y las drogas. La administración aprista revela, de ese modo, los límites de su proyecto populista y las enormes carencias de su gobierno asistencialista (de los de arriba para los de abajo). Es este fracaso el que hizo descubrir a su militancia que los centros verdaderos del poder estaban fuera de su gobierno y fuera de su país. El caos vivido evidenciaba algo más que una crisis económica (proceso endógeno y cíclico por el cual la ruptura de la acumulación cobra sólo la forma de destrucción de capital), es decir estábamos más allá de la forma de manifestación económica del proceso social real, por el cual se arruinan los capitalistas y se arrebata a las masas obreras, vía la desocupación, sus medios de subsistencia. A la pérdida de riqueza (crisis económica, se añadía la pérdida de legitimidad (crisis política), y se exacerbaba la carencia de motivación social (crisis cultural). La situación involucraba a los 241

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tres sistemas que se desarrollan en el modo capitalista de producción: el económico, el político y el sociocultural, y por lo tanto se había transformado en una crisis social. Frente a este hecho, la intervención del estado peruano se tradujo solamente en acciones de regulación y de represión en los ámbitos económico, político y cultural, para permitir con ello la reproducción del capital y, sin quererlo, reproducir también las condiciones del surgimiento de nuevas crisis. De este modo, al no resolverse radicalmente las fuentes de la crisis social, se instalará en el país una complementariedad dinámica: la tendencia a la crisis económica se retroalimentará también de la crisis política y de la crisis cultural. Asistimos así, en el Perú de los 90 a una crisis social en la cual actúan las siguientes tendencias: 1) El sistema económico muestra su irracionalidad al no producir las proporciones adecuadas de valores consumibles; 2) el sistema político no aporta decisiones legítimas, ni procura justificaciones generalizadas en el grado requerido y 3) el sistema sociocultural no genera, en el grado requerido, «sentido» motivante a la acción." Mas, si lo que caracteriza a una crisis social son las disfunciones en los tres sistemas, no cabe deducir que estas disfunciones deberán actuar simultáneamente. Por el contrario, podrán presentarse varias combinaciones posibles relacionadas a las diferencias en el período de maduración de los conflictos, hecho que otorga relativa autonomía a cada uno de los sistemas antes de manifestarse en crisis social. En esa perspectiva, en el Perú hemos asistido a las siguientes etapas: a) 1990-1992: crisis que involucra simultáneamente a los sistemas económico, político y sociocultural; b) 1992-1996: crisis en el sistema sociocultural, no obstante la relativa estabilidad económica y política," y c) 19971999: crisis en el sistema sociocultural, disfunciones en el sistema político en el marco de la oposición de masas al gobierno y percepción de los límites del sistema económico, sobre todo en los campos de la recesión y del desempleo generalizado. Cabe destacar que los intentos para revertir la crisis social en el Perú sólo han estado dirigidos a los sistemas económico y político. La ausencia de una visión totalizadora que reconozca que los fenómenos económicos no pueden ser comprendidos al 242

 

 

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margen de sus fuentes socioculturales no ha hecho sino reproducir una permanente crisis de identidad y de motivación social que empuja a la mayoría de los peruanos a un callejón sin salida. El mismo Habermas reconoce que si hasta ahora las estructuras de la intersubjetividad no han sido suficientemente investigadas, ello no nos hace olvidar que los sistemas de sociedad pueden mantenerse frente a la naturaleza exterior mediante acciones instrumentales (siguiendo reglas técnicas) y, frente a la naturaleza interior, mediante acciones comunicativas (siguiendo normas de validez). Esta reorganización si, cumple en las estructuras de una intersubjetividad producida lingüísticamente. Pues bien, en nosotros tanto las reglas técnicas como las normas de validez están disociadas de los intereses concretos de las diversas colectividades étnicas y regionales. Ello, en última instancia, retroalimentará los procesos de crisis que se originan en problemas de autogobierno no resueltos. En el marco de un estado-nación capitalista relativamente homogéneo en lo étnico, los sistemas económicos, político y sociocultural son generalmente analizados como si se hallaran integrados en una misma dimensión clasista y étnica a la vez. Se asume por ello que la correspondencia entre estos diversos sistemas permite la coherencia de las soluciones al interior de la crisis social. Es esta “certidumbre” lo que ha llevado – incoherentemente- a los ideólogos del neoliberalismo a caer cautivos de los discursos según los cuales los pueblos son básicamente grupos sociales particulares, que no deben estar unidos los unos con los otros más que como “instrumentos de desarrollo”. La homogeneidad clasista y étnica no se presenta en la realidad del Perú. Aquí la ampliación del mercado capitalista no ha podido evitar la persistencia de diversidades étnicas y regionales que no han sido integradas totalmente a los patrones de identidad criollas exigidas por el estado-nación peruano. Esto nos permite hablar de la coexistencia de dos dimensiones sociales: en una de ellas se encuentran los modos de producción y los actores de clase de la dominación económica y política (dimensión vertical), y en la otra se encuentran los mismos actores; pero en su condición étnica, como agentes de enfrentados y / o convergentes proyectos histórico-culturales (dimensión horizontal), el establecimiento de 243

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coordenadas étnico-clasistas en la sociedad peruana, y la percepción bidimensional de sus relaciones, hacen más compleja toda interpretación, pero enriquece la perspectiva de análisis. Nos acerca a las reflexiones de Touraine en el sentido de que las relaciones sociales se presentan como una combinación de ideología y de utopía: si la dimensión utópica está ausente, el conflicto de clase corre el riesgo de perder su referencia a la historicidad y de reducirse, por lo tanto, a una lucha economicista. Pero si la ideología está ausente, la reivindicación histórica se reduce a un movimiento modernizador o antimodernizador, entre dos formas de sociedad y cultura enteramente opuestas, conduciendo el análisis no ya en términos de relaciones sociales, sino de relaciones intersociales, como si se tratara de una lucha entre dos estados, planteándose una concepción antisociológica, y la imagen de un conflicto meramente político y casi territorial. Confundir las condiciones étnicas y clasistas en una sola dimensión de análisis lleva a conclusiones erráticas, como sostener que las colectividades indígenas (andinas o amazónicas) son, básicamente, un estadio inferior a las clases de una economía de mercado. Por lo tanto, la integración de estas colectividades al modo capitalista de producción implica «inevitablemente» su conversión en bloque en una de las clases modernas: en adelante se disolverán como indios y serán sólo campesinos, proletarios o burgueses. En esa línea reduccionista de análisis, la dinámica «de indio a campesino» es presentada como el derrotero ineludible por el que deberán transitar los nativos de este país hacia la «modernidad». Las limitaciones de esta matriz especulativa radican, por un lado, en ver a una colectividad étnica como una naturaleza socioeconómica vacía, predispuesta a encuadrar en el molde clasista que exige su ubicación integrada en el estado-nación; por otro lado, en querer ver el modo capitalista de producción que se desarrolla en el Perú como un escenario en el cual la escala social se reduce tan sólo a las clases sociales. En ambos casos se despoja a la sociedad de las particularidades culturales, lingüísticas e históricas que definen a las diversas colectividades étnicas y regionales y, por lo tanto, a las mismas clases sociales. Por este camino no sólo se le niega a lo étnico un rol en la economía sino también en la ética, en el arte, en la política, y en cualquier otro campo de la vida moderna.

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La cuestión a resolver es entonces: sin desconocer la predominancia de las relaciones capitalistas de producción en el conjunto de la sociedad peruana, ¿se puede hablar de quechuas campesinos, de aymaras - burgueses, o de asháninkas-obreros? Es decir, ¿pueden interactuar sin exclusiones la condición de clase y la de identidad étnica en un hombre peruano en particular, o en un colectivo de hombres en general? Aún más, y esta es otra pregunta esencial: ¿cómo reinsertarnos en la aldea global de Mc Luhan sin quedar reducidos a un paísfactoría, de ensambladores, sin historia ni tradiciones? Reconociendo las limitaciones de las categorías que caracterizan a la identidad social" consideramos que en ésta sí puede interactuar la condición de clase con la pertenencia étnica, a condición de situar en el análisis las características bidimensionales de los peruanos. Esa manera de acercarnos al problema atenuaría en parte el desconcierto, cercano al fatalismo, en las argumentaciones de muchos sociólogos que, con las mejores intenciones, advierten sobre el destino catastrófico de las culturas andinas al interior de una globalizada economía de mercado. En sus planteamientos aparece explícita la siguiente tesis: si la expansión del mercado capitalista tiende a liquidar a las culturas andinas, entonces éstas asegurarían su supervivencia sólo si se limita la expansión del mercado. Sin embargo, de lo que se trata es de buscar caminos por los que, a la par que nos desenvolvamos como agentes económicos modernos, mantengamos las pertenencias étnicas. El hecho de encontrarnos con sistemas económicos, políticos y socioculturales que no están ni integrados en sí mismos, ni coherentemente articulados al sistema capitalista peruano, dificulta extraordinariamente la explicación de nuestra crisis social y amplía la complejidad de las soluciones posibles. Es aleccionador, en este aspecto, el desnivel entre el diagnóstico certero de César Hildebrandt cuando señala: «El marxismo en el Perú tiene que considerar al racismo al margen de la lucha de clases, como una mecánica de la sociedad peruana», y su salida perezosa de apostar básicamente por la «clase exportadora» como la solución a los desgarradores conflictos sociales. Al respecto, cito algunos de sus argumentos desarrollados en el libro Sobre el volcán, de María del Pilar Tello: 245

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C. Hildebrandt: Mariátegui murió muy joven y no pudo desarrollar aquello que se esbozó en la polémica sobre el indigenismo, sólo se esbozó y fue una lástima que esa polémica se truncara tan prontamente porque creo que ahí estaban los ingredientes de algo que Marx no pudo prever y que trastorna cualquier análisis académico. María del Pilar Tello: Yo creo que estamos hablando del Perú, de una revolución social necesaria y de una redistribución de la riqueza imperativa para evitar el conflicto desatado... César Hildebrandt: De acuerdo, el problema es cómo. ¿Cómo subsidias un proyecto de redistribución del ingreso que significa mejores salarios? Eso implica necesariamente un acuerdo con la clase exportadora para obtener divisas. No hay otra salida ... Es cierto: lo que relaciona a la naturaleza con la sociedad es la tecnología. Y que el impulso de ésta, por la presión del mercado, influye notablemente en el progreso social; pero es cierto también que el desarrollo es algo más que el crecimiento económico: implica la movilización de todas las potencias creativas de los pueblos, con equidad e identidad. Pero no basta con reconocerlo, hay que aceptar todas sus consecuencias. Parecen ser precisamente las consecuencias radicales que entraña la comprensión de las aberrantes exclusiones las que hacen retroceder, intimidados, a aquellos que se atreven a ver de cerca el filo del abismo social. Víctor Carranza, Globalización y Crisis Social en el Perú. Lectura: “Crisis Social a la Peruana” pp. 21-28

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