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November 13, 2017 | Author: Laura Josefina Vazquez | Category: Art Media, Architectural Design, Arts (General), Science And Technology, Science
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Saber ver la Arquitectura – Bruno Zevi ¿Se ha parado a pensar en los aspectos arquitectónicos de la casa donde vive, de la oficina donde trabaja, de la escuela de sus hijos, de las calles y plazas de su ciudad? ¿Ha visto los espacios entre los que vive? ¿Ha reflexionado sobre el valor específico de la arquitectura respecto a las demás arte figurativas? ¿Qué diferencia hay entre nuestra casa y un arco de triunfo? ¿Enjuiciamos los monumentos antiguos a partir de criterios distintos a los que empleamos para valorar una obra de Terragni, Le Corbusier o Wright? ¿Es la arquitectura un arte "abstracto" o precisa contenidos? Saber ver la arquitectura responde a todos estos interrogantes. El propósito de este libro es revelar el secreto, la esencial espacial de la arquitectura, a fin de que todos aprendamos a ver los ambientes en los que transcurre gran parte de nuestra vida. Saber ver la arquitectura, recibido muy favorablemente por la crítica mundial y por todos los lectores, es considerado el primer intento de promover una educación arquitectónico al alcance de todo el mundo. FICHA BIBLIOGRÁFICA ZEVI, Bruno. Saber ver la arquitectura. Ensayo sobre la interpretación espacial de la arquitectura. Barcelona, Ediciones Apóstrofe, 1998 (Colección Poseidón) 222 p. CONTENIDO DEL LIBRO 7 Índice 11 I. La ignorancia de la arquitectura 19 II. El espacio, protagonista de la arquitectura 33 III. La representación del espacio 51 IV. Las diversas edades del espacio 54 La escala humana de los griegos 57 El espacio estático de la antigua Roma 62 La directriz humana del espacio cristiano 65 La aceleración direccional y la dilatación bizantinas 69 La interrupción bárbara de los ritmos 72 La métrica románica 75 Los contrastes dimensionales y la continuidad espacial del gótico 81 La leyes y las medidas del espacio del siglo XV 87 Volumetría y plástica del siglo XVI 92 El movimiento y la interpenetración en el espacio barroco 98 El espacio urbanístico del siglo XIX 100 La "planta libre" y el espacio orgánico de la edad moderna 109 V. Las interpretaciones de la arquitectura 112 La interpretación política 114 La interpretación filosófico-religiosa 116 La interpretación científica 117 La interpretación económico-social 119 Interpretaciones materialistas 123 La interpretación técnica 126 Las interpretaciones fisio-psicológicas 133 La interpretación formalista 144 De la interpretación espacial 155 VI. Para una historia moderna de la arquitectura 163 Notas 173 Bibliografía 207 Índice de nombres citados 211 Índice de lugares y de monumentos citados 215 Índice de ilustraciones en el texto 217 Índice de ilustraciones fuera de texto Publicado por Fredy Ovando Grajales en 21:10

ZEVI, Bruno. “Saber ver la Arquitectura” Zevi, Bruno. Saber ver la arquitectura. Ensayo sobre la interpretación espacial de la arquitectura. Segunda Edicion. Editorial Poseidon. 1955. (Fragmentos)

Capítulo III Como hemos visto, el método de representación de los edificios que encontramos aplicado en la mayoría de las historias del arte y de la arquitectura se sirve de: a) plantas b) frentes y secciones c) fotografías. […] a) Las plantas: hemos dicho que son una cosa abstracta porque están completamente fuera de toda experiencia visual concreta de un edificio. Sin embargo, la planta es todavía el único medio que nos permite juzgar el organismo entero de una obra arquitectónica: todo arquitecto sabe que la planta, a pesar de no ser suficiente, es un elemento que tiene una acentuada preeminencia para la determinación del valor artístico. Cuando Le Corbusier habla del plan generateur, no contribuye al progreso de la comprensión de la arquitectura, sino que engendra en sus seguidores una mistica de la “estética de la planta” que no es mucho menos formalista que la estética mural del Beaux Arts; mas con esto Le Corbusier pone de relieve la existencia de un estado “de facto”. Las plantas son todavía uno de los medios fundamentales de la representación arquitectónica. Capitulo IV El espacio urbanístico del siglo XIX. Tras el fin de la edad Barroca encontramos el periodo neoclásico y el eclecticismo del siglo xix con todos sus numerosos revivals en los que el mas deteriorado romanticismo literario se casa con la ciencia arqueológica. Desde el punto de vista de los espacios intensos, el s xix presenta variaciones del gusto, nunca vemos nuevas concepciones. Es una época de mediocridad de invención y esterilidad poética. La historia de la arquitectura registra nobles edificios y auténticos temples de artistas: Valadier en Italia, John Nash en Inglaterra, Gabriel en Francia; pero nosotros, que por el fin que tienen estas paginas hemos dejado de nombrar genios del pasado, no cometeremos la injusticia de hablar de estas personalidades. […] El hotelito burgués, que es uno de los puntos principales del programa edilicio del fin de s xix y del principio del nuestro, representa en su generalidad la quiebra total del espacio interno, y por ende, de la arquitectura. No es otra cosa que la reducción en escala del gran palacio clásico monumental. Los grandiosos ambientes estáticos antiguos se convierten ahora en pequeños cubos yuxtapuestos estáticamente, mas sin grandiosidad; […] Pero la verdadera redención del siglo xix se realiza en los espacios externos, es decir, en el urbanismo. Afrontando los grandes fenómenos que siguen a la revolución industrial, y principalmente el fenómeno migratorio hacia las ciudades y el advenimiento de los nuevos medios de locomoción, el s xix se enfrenta con los problemas del espacio ciudadano, irrumpe mas allá de las murallas antiguas, crea nuevos barrios periféricos, formula los temas sociales del urbanismo en el sentido moderno de la palabra, construye las ciudades jardín. […] el siglo xix por lo menos intento encauzar el desastre urbanístico, aclaro los problemas y propuso las primeras soluciones a la ciudad moderna. El “plano libre” y el espacio orgánico de la ciudad moderna. Los ideales, la historia, y las conquistas de la arquitectura moderna han sido expuestos exhaustivamente por Pevsner, Behrendt y Giedion, y han sido resumidos en Italia en el precedente ensayo Verso un’Architettura organiza. Podemos, pues, limitarnos a indicar aquí los caracteres del espacio moderno. El espacio moderno se funda en el “plano libre”. La exigencia social que ya no plantea a la arquitectura temas áulicos y monumentales, sino el problema concreto de la casa de familia media, o la vivienda obrera o campesina hasta ahora fraccionada en sofocantes cubitos yuxtapuestos, así como la nueva técnica constructiva del acero y del hormigón armado que nos brinda la posibilidad de concentrar los elementos de resistencia estática en un delgado esqueleto estructural concretan las condiciones efectivas para la formulación de la teoría del plano libre.

Habréis visto seguramente en una casa en hormigón armado en construcción; columnas y suelos se elevan desde las fundaciones hasta la azotea, antes que sea colocado cualquier elemento de pared exterior o interior. La arquitectura electica había recubierto temerosamente esta estructura cristalina con la envoltura mural antigua, a fin de imitar la solidez y la consistencia plástica, que habían sido tan catas a la cultura del Renacimiento. La arquitectura moderna vuelve a proyectar el sueño gótico en el espacio y, explotando con acierto la nueva técnica para realizar sus intuiciones artísticas con extrema adhesión y audacia, establece mediante amplios ventanales, verdaderas paredes de vidrio, el contacto absoluto entre el espacio interno y externo. Las paredes divisorias interiores, que ya no responden a funciones estáticas, pueden adelgazarse, curvarse, moverse libremente y eso crea la posibilidad de concretar los ambientes, unir entre si los múltiples cubitos dicotómicos y pasar de la planta estática de la casa antigua a la planta libre y elástica del edificio moderno. En la casa media el salón se funde con el comedor y con el estudio, el vestíbulo se reduce en beneficio de la gran pieza de estar, el dormitorio se achica, los servicios se especializan también con el objeto de conceder mayor amplitud a ese gran ambiente articulado donde vive la familia: el living room. Si esto sucede en la arquitectura urbana ligada y limitada por los vínculos de la estandarización especuladora y de la esclavitud urbanística, en el tema de la casa aislada la planta libre brinda ilimitadas posibilidades de divisiones interiores elásticas, ya sea directamente en el espacio, ya dentro de una malla estructura. El espacio moderno reasume, pues, la voluntad gótica de una continuidad espacial y de una descarnadura edilicia, pero no ya como objetivo final dentro del cual se puede insertar el elemento dinámico, sino más bien como consecuencia de una reflexión social reanuda toda la experiencia barroca de las paredes onduladas y del movimiento de volúmenes, pero no lo hace por ideales estéticos autosuficientes sino por consideraciones funcionales que se superan en esplendidas imágenes poéticas, sustituyendo la masa de los muros barrocos por yabiques sutiles y ligeros de vidrio o de delgado material aislante; continua la métrica espacial de Renacimiento en muchos edificios industriales y colectivos, como escuelas y hospitales, y del mismo renacimiento recobra el gusto por las divisiones modulares, traduciéndolo en términos del programa edilicio actual. Dentro del marco de las exigencias sociales colectivas, de la técnica moderna, de un gusto que prefiere la simplicidad y la esencialidad de los elementos figurativos, muchas conquistas espaciales precedentes encuentran así una nueva fisonomía artística propia. Las dos grandes corrientes espaciales de la arquitectura moderna son el funcionalismo y el movimiento orgánico. Siendo ambas de carácter internacional, la primera de ellas surge en Norteamérica en la Escuela de Chicago entre 1880 y 1890, pero encuentra su formulación en Europa y su jefe en el arquitecto suizo-francés Le Corbusier. […] aunque ambas tienen en común el tema del plano libre, lo entienden en forma totalmente distinta: solo racionalmente la primera, orgánicamente y con plena humanidad la segunda. Entre las obras cumbres de la arquitectura domestica de nuestra época, la Ville Savoie de Le Corbusier y Falling Water de Wright muestran claramente esta diferente actitud de composición y por lo tanto esta diferente poética. Le Corbusier empieza con una malla estructural, un cuadrado ritmado regularmente por columnas. Dentro de una formula geométrico-racional encierra el espacio en cuatro paredes provistas de ventanas continuas. Solo en este momento empieza el problema de la planta libre. Las divisiones no son estáticas, sino que están formadas por delgadas paredes movibles; en el primer piso se extiende una gran terraza, y gracias a una pared de vidrio que se abre totalmente, el espacio exterior coincide con el interior; hasta, en altura, una amplia rampa que sube hasta la terraza superior rompe el edificio, estableciendo una continuidad entre los distintos pisos. Todo esto se desarrolla en perfecta libertad, pero siempre dentro de un exacto esquema estereométrico. En el delicioso Pabellón de Barcelona de Mies Van Der Rohe el orden de los elementos estructurales permanece rígidamente geométrico, pero el volumen arquitectónico se descompone. El espacio continuo se corta por planos verticales que nunca forman figuras cerradas geométricamente estáticas, sino que crean una influencia ininterrumpida en la sucesión de los ángulos visuales. Estamos ante un desarrollo aun más liberal del tema moderno. […] la arquitectura funcional respondió en América y en Europa a las inmediatas exigencias mecánicas de la civilización industrial; por eso proclamo los tabú del utilitarismo o sea de la adherencia al fin práctico del edificio y la técnica, y de la casa para todos, estandarizada, anónima.

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