Religion y Darwinismo

July 29, 2017 | Author: Juan Rivano | Category: Atheism, Existence Of God, Existence, Agnosticism, God
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BRAVO Y ALLENDE EDITORES, 1990 Inscripción N" 74.994 Derechos exclusivos reseflados para rodos los países @

ISBN 9s6 - ?003 - 0s -

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Sb te¡minó de imprimir esra ia edición en los talleres de EDITORIAL UNMRSITARIA San Francisco 454, Santiago de Clhile en el mes de maIzo de 1990

ÍMPRESO EN CHILE

/ PRINTED IN CHILE

Juun Rivuno

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RELIGION

Y DARWINISMO t:

La Bancarrota de Ia Teología

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RELIGION Y DARWINISMO

ENSAYO

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Bravo y Allendc Editores Limitada Casilia N" 6104 - 22 S¿ntiago - Chilc

1990

INDICE

l.

¿Qué hacer con las r-eliquias?

1l

2- Las etapas de la experiencia religiosa y sus paradojas en el mundo social

15

3. El neoda¡winismo contra el a¡gumento del Diseñado¡ Cósmico

25

4. Los grandes argurnentos por la existencia de Dios

28

5. Los obstáculos contra el argumento darwinian o

36

6. Exposición del argumento

7. ¡Ateísmo

ad

neodarwiniano

portasl

b. Los memes y su evolución

58 75

cultural

88

9. De Ia co¡exión de las causas a la conexión de los

hnes

10. De Dios: Que no

Bibliograffa

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existe

127

137

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plu)te ¿c gu¡jatros,se observa quc é,s tos tto esl¿tr dispersos al azar. Lr¡s más pequenos f¡endcn a ocupdr una .franja; Ios mós grandes otras. Así, los gu¡jaüos lrun sido elegidos, ordenados, seleccíc,ttados. {Jna fr¡bu que v¡viara cerca de la playa podría maruvillarse de esta evidencia de elec,

cirjtt u ordenamiento y

desarro¡.lar

utr m¡to pa.re dar cuenta de é1, dtribuyéndolo a un Gra Espíritu ctt cl cielo cott tnente pulcra y senl¡do dcl orden. Podctnos sonreir, super¡()reJ,

qnte esta superstíción y cxplicar que el arreglo fuc realmente lrccho por las fuerzas ciegas de la física -en este caso, la acción de las olasIas ola, ¡to lipnen prcp¿.)r¡tos nt ¡n tenciones, ni mente pulcra, ni men fe

ninguna. No hacen más que impulsar las piedras por delante; y las grartdes y las pequeñas responden

de modo diferetúe q este impulso,

de tnanera que van a situarse en d¡,

ferentes niveles de la playa. Una pequeña cantidad de orden lta resultado del desorden; y n¡nguna mente lo planeó-

(Richard Ddwkins, Thc Blind Watchnraker)

l.

¿Qué hacer con las reliquias?

Muchas veces las cosas no se hacen sólo por falta de

un pequeño impulso. Un impulso que no es más que una proporción insignificante de todo el esfuerzo requerido para hacerlas, pero que tiene Ia cualidad del fulminante del obús o de la chispa del motor a explosión. Así ocurre también al escribir. En una novela de Camus -en La Peste, c¡eo recordar hay un perso-. naje que lleva años tratando de escribi¡ una novela. Tiene una teoría: que basta con acertar con la frase inicial y la novela irrumpe como una descarga hasta completarse ente¡a. Tiene también este personaje una gaveta llena de hojas en que ha ensayado el comienzo de su novela sin dar con él todavía_ Por la facha tan dispar que presentan aquí

y allá

estos pequeños impulsos, ni siquiera hay que decir que si son principios, comienzos, puntos de pa¡tida, no se parecen en nada a los de la geometrÍa, según la enseña Euclides, la metafísica según la enseña Descartes o la mecánica según la enseña Newton. Además, de tal mane¡a difieren unos de otros que se tienta uno de concluir que se puede empezar por cualquier parte y que el servicio que cualquier parte presta para cG. 11

menzar le viene de la idiosincracia del que la emplea,

de la circunstancia en que se encuentra y hasta de cosas más difíciles de asir todavÍa como el estado de ánimo, el fastidio, el entusiasmo, la desesperación.

El eslado de cosas al que me refiero con este exordio de chispas y lulminantes tiene que ver con mi interés en hacer algo con unas notas que he estado tomando sobre el llamado "Argumento Teológico de la Existencia de Dios" y el estado en que se encuentran las cosas a su ¡especto despues de aparecer ei libro de Riclrard Dawkins The Blind 14atcltmaker. Hace tiempo ya que leo y releo el argumerto neo-darwinista de este penetrante y lúcido escritor. Tanto tiempo que ya no me queda nota que toma¡ sino que me estoy mirando las tomadas, preguntándome por qué no empiezo a escribir lo que me propongo. De pronto se presenta el pequeño impulso. Se trata de una anécdota que se refiere en una grabación que escucho por segunda vez. La rehe¡e un amigo muy amable y admirado que dejé en Chile, al que conocí y con el que nos asistimos mutuamente con las consolaciones de la filosofía en el "Campo de P¡esos Políticos Melinka", que la Armada de Chile mantuvo en 1os pdmeros anos de la dictadura en las afueras del pueblito costero de Puchuncaví. Mi amigo, mientras graba para mÍ, se encuentra con otros tan queridos como é1. Conversan entre ellos, graban para mí su conversación. Ellos hablan en Santiago;yo escucho.en Suecia. Pero todo resulta tan vivo que no me cuesta imaginarme entre ellos allá en la lejana patria. El papa Juan Pablo 11, yiajero incansable, político hábil y maestro de relaciones públlcas ha visitado t2

Chile hace unas semanas y el evento ha causado tal revtlelo en todos los ámbitos, tal es el núme¡o de entusiastas del Papa que salen de todas partes a su encuentro, que no les queda a mis amigos más que preguntarse si es cierto como todos ptoclaman que Dios ha muerto, no sea más que por un minuto, si hubo nunca en el pasado o hay en el presente siquiera un gato que no sea católico en toda Latinoamérica, si no es Dios más bien a tal punto generoso y tolerante, pródigo en nombres, apa¡iciencias y preferencias como para colmar los corazones todos, desde la viejecita que ora, marginal y fervorosa, en un rincón de la Recoleta F¡anciscana hasta el teólogo que se pavonea euca¡ístico en las cátedras encumbradas de la Univerdidad Católica, hasta el ateo que labora en bla¡rca cotona entre sus probetas en los subsuelos de la misma Unive¡sidad o el activista de las células clandestinas del partido de la Teología de la Liberación. Comentando estos hechos- mi amigo no sorprendc a los otros. Ni tiene intenciones de sorprenderlos. Mient¡as sé sirven su tacita de té con su dedal de pisco, les cuenta de un sacerdote amigo suyo que oficia en una parroquia de Avenida Independencia. Refiere que lo visitó hace unos días. Mientras habla, veo en mi memoria los t¡aseros de la iglesia de los Sac¡amentinos y la miseria expuesta al débil sol de iunio en torno de los viejos buses que suben a Colina. Estuvo paseando y convenando con este sacerdote y el azar los llevó a un relica¡io: huesos de sa¡tos, astillas de la sagrada cruz, cilicios de anacoretas, cenizas de má¡tires, cabellos milagrosos y polvorientos. ¿Qué se hace con esto? pregunta mi amigo, y estoy viendo en mi imagi13

nación el relicario, negro y feo depósito de despojo y hedumbre. El sace¡dote no tiene empacho en responder: "Yo estoy por que boten toda esta basura. pero, ¡ahl la tiene usted!" La pregunta que mi amigo hacía contemplando ese montón asqueroso de maravillas también se puede hacer después de escuchar toda esta historia: ¿eué se hace con esto? Así, mi comienzo se t¡a¡sfo¡ma. Como cuando le dan a uno -de mal que 1o miran el espinazo del pollo y se pregunta, cuchillo y tenedor en ristre: ¿Y esto, por dónde 1o agarro? Así, pues, ¿qué me ocurre? Me ocurre algo que es muy propio de ciertos hlósofos y que le dan muy mala fama a la filosofía. Pero, así y todo, a pesar del riesgo de que me confundan con tales personas, voy a decir lo que me ocurre. Dalí, en un reportaje que escuché años atrás hecho a este pintor, dice al que lo entreyista: "No, no soy buen pintor- ¿Sabe por qué? Porque soy muy inteligente." Corrijámosle su inmodestia: Muy inteligente para buen pintor. Inmediatamente se piensa en Hamlet. No; inmediatamente yo pienso en Hamlet. Vean qué dice Fortimbrás: que de reinar hubiera sido un gran ¡ey, lo que no es cierto. Demasiado inteligente Hamlet para buen rey. Lo que lleva también, inmediatamente, a Platón que decía que los filósofos deben reinar. ¡Qué cosas dicen los filósolbs de los hlósofos! ¡Qué yan a servir los filósofos para reinar! ¡Demasiado inteligentes! Aunque algunos preferirían decir otra cosa, De Dalí, de Hamlet, de los filósofos. A muchos filósofos les ocuffe como en esa figura tan graciosa de Platón sobre las guindas. Cogen una 14

que trae otra consigo que trae otra consigo que trae ot¡a consigo. ¿Por cuál empezat? Yo veo a mi lector fastidiado con fulminantes, chispas, espinazos de pollo y ahora ¡guindas! ¿,No será este el famoso banquete de Platón? ¡Vaya con un principiantel ¡Que empiece de una vez con la pri-

mera guinda que agarró!

2. Las etapas de Ia experiencia religiosa

y

sus

paradojas en el mundo social La primera guinda que aga[o en la historia clel sacerdote partidario de vaciar el relicario en el tarro de la basura es el sacerdote mismo.. ¿eué vida llevará el pobre? Sabe que las reliquias son, primero que nada en los tiempos que correnr fetiches que rebajan la iglesia a las alturas de la brujería. Luego, como si fuera poco,

falsificaciones que dejan su oflcio en el mismo niyel que el de los charlatanes que a esa misma hora están

desen¡rolla¡rdo sus culebras y vendiendo la pomada cúralotodo en Ia Plaza de los Artesanos. Más todavía: sabe que hay cientos de miles de seres que creen en esas falsiflcaciones, que no alcanzan en su corazón para más religión que la de los cha¡latanes y los brujos. No sólo lo sabe: no tiene ningún problema en reconocerlo y repudiarlo ante el amigo que lo visita. Un día de éstos, cuando no aguante más, se lo va a g¡itar a todos sus beatos desde cl púlpito¿O esroy exagerando? Después de todo, hasta los místicos tienen que preocuparse del puchero. En algunaparte leíunaforis-

l5

gías. Pero, ni siquiera es congruente con la histoda de la religión. Mejor quizás: a veces, el desarrollo ,magia.

animismo, totemismo, etc, es congruente con el desarrolio individual. Por ejemplo: un pequeño que comienza sacando la mano al doblar la esquina para no atropellar al ángel de la guarda y te¡mina de viejo disputando con otros viejos sobrc las relaciones del libre rlbedrío y Ja gracia de loi cielos. Otras veces, el desarrollo es congruente con el desarrollo de la historia. Por ejemplo: las reformas de la religión a t¡avés de la historia y debidas al látigo acerado de la ciencia. Otras todavía como un desa¡rollo social. por ejemplo: los cambios de la religión dentro de una misma sociedad

por sus jerarquías. Mi tercera guinda (comienzan a engarz a¡se tantas que tengo ya que elegir) podría ser la religión como desar¡ollo en este último sentido, como desa¡¡ollo social. De un desa¡rollo individual acaso no tendríamos, que asonbrarnos. ¿Cómo podría un.niño tener una (xpcriencia religiosa que no fuera una experiencia pueril? ¿Cómo un adolescente otra que una experiencia adolescente? De un desar¡ollo histórico ya no pod¡íamos hacernos cuentas con tanta sencillez. Porque, ¿qué diremos de todos esos desventurados seres que hicieron su experiencia religiosa adorando piedras, animales o ríos? El consuelo lo podríamos tener mediante u!] parangón entre la vida individual v la ..vida hislur¡ca". Pero.'siendo esla operación purrr"nt. ,.tórica, se puede replicar que los consuelos de parangones no son más que parangones de consuelos. El caso de un desarrollo de la religión que no es elemento de un desarrollo individual o un desarrollo al subir

17

mo sobre los sacerdotes: que resuelven los problemas matedales propios resolviendo los espidtuales ajenos. Todo esto seguramente, no es novedad para nadie. ¡Vaya con la guinda que agarró usted! ¡Si se la conoce al dedillo desde los comienzos de la Iglesial La ineludible separación entre la élite de los pocos sabihondos y la masa de los muchos ignaros. Siempre 1o supo y lo aceptó la Iglesia. Siempre lo supieron y aceptaron todos. Bajo todos los respectos y en relación a todas las doctdnas. Los muchos llamados, los pocos elegidos. Las doctrinas esotéricas para los sutiles, los cuentos fabulosos para los tontos. Así, pues, ¡ensaye la guinda que sigue!

No demora en asomar la que sigue. Es un tantín más grande, más luminosa. Se refiere a los grados, etapas, fases, rromentos, capítulos (frases no faltan) de la experiencia religiosa. Lo vemos veni¡. Las reliquias no son más que el humilde comienzo de la religión- l\{ientras la cjencia no trajo consigo la noción de progreso, todas las esfe¡as de la vida social estaban eslagnadas, encerradas en círculos. Los caníbales emn

los caníbales y los católicos, los católicos. Con Ia noción de progreso -porque no es lo mismo comunica¡se por correo a caballo que por co¡reo

inalámbrico-

todas las cosas comenzaron a disponerse en etapas. Los católicos también se comÍan a la gertte, sólo qLle transubstanciada. Así, la experiencia religiosa aparece Se dice:

como un desar¡ollo, un avance, un prog¡eso.

magia, animismo, totemismo, politeísmo...

y

estas

cosas no están aparte: son etapas, fases momelttos de

un desa¡rollo. Pero, este desarrollo no es congruente con el desarrollo illdividual. Aunque se hacen analo16

histórico sino que se produce, por ejemplo, yendo por la ciudad de un barrio a otro (desde las "animitas" de Barrancas a los "¡etiros espi¡ituales" de Los Domínicos), eso ya es cosa más difícil de reducir. Ni las analoglas más flojas sirven aquí. Podemos retroceder y con la imaginación dar un vistazo a la expresión de nuestro sacerdote cuando ante el relicario de esa parroquia suya respondió: "Yo estoy por que boten esta basura, pero ¡ahí la tiene usted!" Por esto que dijo podemos imaginar la expresión de su cara, ¿verdad? Leer allí alguna clave sobre los enigmas de eso que llamamos aquí desarrollo social de la religión. Si, letrados como nos gusta pernanecer, desconfiamos de lo escrito en las páginas de una cara, podemos contentarnos con las palabras del sacerdote, podemos dar un vistazo al "pero" que emplea hablando de la basura que hay en el relicario en vez de gstar en el basurero. La palabra "pero" es conjunción, es deci¡, une dos sentencias; pe¡o, además, es conju ción adversativa, es decir, -como reza nllestra real gxamática enlaza dos perídos ent¡e los que hay oposición o contrariedad. Dice más nuestra gramática: que esta conjunción "une dos oraciones entre las que hay cierta oposición, pero no incompatibilidad". Podría dejarse más en

claro la naturaleza del "pero" así: el "pero" es un caso especial del "y": es el "y" que conjuga cláusulas que en cierta medida se oponen. Me parece que en esto consiste toda ia lógica del "pero". ¿Basta para que miremos con inteligencia en la cara de nuestro sacerdote mientras da expresión a

su "pero"? Atendamos al contenido de su "pero". l8

Hay dos sentencias o cláusulas. Si contprenrlemos -simplificando las cosas nocioltes como las cle f-eti-

chismo, totemismo, animismo, magia, en el concepto de reliquias (o enlazadas todas por este concepto) y si conside¡amos el repudio de las reliquias "o*Lores, "^p."_ sión de nociones religiosas dife¡entes, supe en_ tonces, el "pero" de nuestro sacerdote se aclara y ya podernos leer con más faciljdad lo que está escrito en su semblante.

La real gramática dice que entre las cláusulas que coordina el "pero" ha¡, cierta oposición, p"ao ,.,o in_

compatibilidad. De paso, ¡cuántas guindas saldrían del cesto si nos aplicárantos al análisis de ll palabra "cie¡ta" de la cita hecha! pero. no hay tientpo ni competencia para tamaña dedicación y hay que con_ centrarse en el ¡ostro de nuestro sacerdote_ prime¡o que nada: ¿Puede un rostro expresar la incompatibili_ dad, ia contradicción? En Lrna parte escribí sob¡e Lrn gato salvaje que se acercó a nti ventana inte¡ior de estudiante pobre. Me miraba el mísero minino con ojos cle liera y cle hant_ bre. Andaba en los huesos. Co¡ro dice el pueblo: por ¡espeto al cuero no se le caían. Fuí a la cocina y traje un trozo de carne fiambre que encontré. Abrí la ventana y traté que tomara Ia carne de mis manos. como gato decente. Se acercaba y se alejaba. Se acercaba más, olía, anagaba con una mano. pero más allá de un punto no pasaba. No cuesta explicarse las cosas: en su alma de gato crecía y se agitaba la oposición en_ t¡e el hambre y el tenor. FinalmeDte, rompio lo que parecía un lírnite, y se acercó todavía. pero desde su nueva posición no alcanzaba la car[e, y dc allí sí que 19

no avanzaría. Tenía la boca llena de saliva, adelantaba inútil la ma¡ro. La desesperación le vibraba en los lomos, en las orejas. Se balanceab¿, giraba, volvía dándose ánimos. Pero del límite ¡1o pasaba. Finalmente, soltó un inaullido estridente. Esta histo¡ia tengo que haberia contado más de una vez a mis alunnos de Introducción a la Filosofía. recomendándoles que pensaran en clla y no dejaran de darle vueltas, porque el hecho ne parecía ilustrativo de lo que es dialéctica: el conflicto y la resolución de las cosas contlictivas en una síntesis esta vez en un nraullido dcsgarrador. Quede constancia aquí de que el minino se llevó su came de todas maneras. René Thom, en 1972, y E. C. Zeeman después, publicado l.ran hen¡osos trabajos con vistas a instituir una "matemática de catástrol'es". Se trata de una ma-

temática, dice Zeeman "especialmente aplicable allí donde fue¡zas que cambian gradualmente producen efectos súbitos". Dice también que "a menudo llanramos catástrofes a tales efectos, porque ruestra intuición de la continuidad de las fuerzas subyacentes torna la discontinuidad de los efectos inesperada, lo que da lugar a este nombre". EI primer ejemplo que toma Zeeman se parece al de nuestro minino. Se trata del miedo y la ira como factores conflictivos, "Un incremento de la irá causa un aumento en Ia agresión: un incremento del miedo causa una disminución de la agresión. Pero, ¿qué ocurre si incrementamos ambas cosas, ira y miedo? "No cuesta ver que el triunfo de una matemática de catástrofes significaría un avance enorne en el intento de establecer los fundamentos de las ciencias sociales. La 20

en conflicto y que no obstante entran todos en Ia unidad de una expresión.

Esto en lo que respecta al rost¡o de nuestro sa. ¿Y qué en lo que respecta a su discurso -es deci¡ a la medida en que su competcncia lingriÍstica sabe hacerse cargo del conflicto? Ya lo vimos: el hombre tecurre al "pero". El "pero", el "sin embargo", el "no obstante", "aún cuando", "con todo" y cien otras expresiones de parecida función son instnlmenlos verbales de poder. El scmblante, con su sistena de mú:culos, penrrite que convivan cn un rnrsnro so¡n¿r impulsos incompatibles. El "pero". el "no obstante" son fórmulas lingüísticas qúe logran la coexistencia de luerzas que dejadas cada una a su principio chocarían destruyéndose. Escúchese el períoclo ¡etórico de un político dividido en dos cláusulas por un "sin embargo" y se Iendri un,'¡ernplo Jc r'ncirrro y un cimi(nto de dos fuer¿as opuestas, antagónicas, cont¡aaias mediante el yugo dc una clave verbal. "Yo estoy porque boten toda esta basura, pero, ¡ahí la tiene usted!" Con cerdote

nuestro sacerdote, la retórica ha llegado

a

un extremo:

por decirlo así, deja que la oposición se desencadene con toda su fuerz a. Pero, ¿debemos decir que habiendo aquí -entre la superchería y las formas espirituales de la religiónoposición, no se llega todavía a la incompatibilidad? Una cosa pod¡ía decirsc (siquiera decirse) sin quién la refutara: si de verdad se llegara a la incompatibilidad, las reliquias estarÍan en la basu¡a. Peto, no lo estánAún más: el que sostiene que debieran estarlo es quien se desempeña como su custodio y conservador. 23

eyección. Zeeman, con vistas a establecer una relación matemática en los sentimientos y la conducta de un perro trabajado al mismo tiempo por la ira y el temo¡ -operación combinada que encontrarros a cada ¡ato en la naturaleza y que, por más que se disfrace, adorne y dulcifique, ostá presente a cada rato en el mundo de las relaciones sociales considera dos signos -uno de ira, otro de temo¡- que ha indicado Lorenz en sus estudios sobre la agresión; con 1a ira, abre el perro la boca des[uda los dientes en proporción; con el ¡nie-

do, va plagando hacia at¡ás las orejas tanbién

de

acuerdo a la intensidad del sentinliento¿Consideraremos una dinámica así, reflejada en un rostro y operando por dentro y manifestándose por fuera en eso que llamamos expresión? ¿lrá así, de detalle a detalle en el rostro, de detalle a detalle en el cerebro una operación unívoca, exacta, pasible siquiera en pdncipio de fonnulación matemática? ¿Y quó decir del desenlace mismo, la catástrofe -huirá el perro, o atacará? Uno no sabe. Hasta puede ir a dar a un manicomio de perros,

Pero, en fin, catástrofe o no catástrofe, el sistema muscular del rostro sabe affeglárselas y se las arregla a cada rato con los conflictos del alma humana los conflictos de impulsos, afectos, ideas y valores. Creo recordar que Hegel divide en tres partes el rostro l.rumano. Habría que dividirlo en muchas más. Mientras más consideramos, más asombroso ¡esulta cso que nombramos expresión del ¡ostro hurnano: porque siempre hay unidad de expresión, por muchas que sean las partes expresivas y po¡ numerosas que sean las ideas, emociones, impulsos, afectos, etc. que estén 22

dialéctica -que con toda su adecuación y profundidad no ha logrado consolidar una percepción inteligente de los hechos sociales -sería prácticamente desalojada por un método objetivo, luroso y exacto. Catástrofes en este sentido de resolución catastrófica, de síntesis catastrófica de opuestos, las hay por todas partes, en la naturaleza, en la historia, en la sociedad, en la vida individual. Que haya una racionalidad, una lógica y hasta una matemática de las catástrofes puede también ponerse en el favo¡ de las intuiciones ordinarias. "El punto de no retorno", "la gota que llena el vaso", "la paciencia que se acaba", "la tensión que no se aguanta más" y también "el compromiso", "el camino intermedio", "el cambio en la relación de las fuerzas sociales" y muchas otras expresiones de esta especie revelan la intuición de un elemento fundamental matemático, calculable, computable er todo orden de fenómenos en que el conflicto ¡esulta el factor relevante. La intuición también nos dice que el carácter y complejidad de los conflictos reales hace más que difícil aprehenderlos en términos matemáticos. En la realidad millones y millones de conflictos están ¡evolviéndose en todos los niveles: en nuestro entorno personal, familiar, social, histórico, la ¡esolución de mil cont¡adicciones se despliega evidente ante nuestros ojos. Pero la maquinaria intema de la resolución no ya su matemática, su lógica es asunto que fue¡za las cosas en ot¡o nivel de intelección. Todo esto lo echo como en un paréntesis conside¡ando el ¡ostro de nuestro sacerdote cuando mirando un montón de basura tiene que avenir esa certeza con un juicio que reputa sagrada y milagrosa toda esa 2t

¿Cómo se resuelve en términos sociales esta oposj-

ción entre fomras dif'erentes de experieucia religiosa -animismo, fetichismo, revelación, misticisn.to. etc.?

Las épocas de refonna son casos de rcsolucióll catas-

trofal. Las cosas opuestas (por ejemplo. la misericordia de Dios y la dispensa de indulgencias) se aproxi-

man peligrosamente, tanto que ya no pueden convivir no sólo en un ce¡ebro, no sólo en un discu¡so retórico, sino tampoco en la comunidad de la iglesia. Cuando no es así, 10 opuesto conyive en términos de principios extrareligiosos. Lo que religa no es religión, Cuando se lee: "Bienaventurados los pobres de espí¡itu, porque de ellos es el ¡eino de los cielos,' le parece al lector o¡dinario que aquí está el lugar para los que se inclinan ante un clavo, besan un pie de bronce o piden perdón por sus pecados a una estatua de yeso. Pero, los que entienden de escritos evangélicos nos dicen que no, que los pobres de espíritu no son los "pobres en captación espiritual" sino que se t¡ata de las personas que por su "larga postración económica y social sólo tienen confianza en Dios". (David Hill: Gospel of Mathiew, p. I l0) Si es así, no quedaría más que señalar la congruencia de estas dos especies de pob¡es; y si no, la inclusión de la segunda especie en la primera. Porque quierres se encuentran en la postración indicada son pobres también en "captación espiritual", aunque no siempre sea el caso de que los pobres en captación espiritual sean pobres a la letra-

O podemos considerar la famosa primera bienaventu¡anza como expresión de una experiencia religlosa -un misterio teologal, dicen algunos- y no un 24

lerna político (doctrinario, ideológico). En ese caso, no habrían cambiado las cosas en el plano del conflicto, la oposición (y la eventual catástrol'e). Ahora. no es un demagogo el que dice "bienaventurados los pobres", sino un teólogo. Pero, igual de igual: una enor, rrre mayoría va a llegar al cielo sin sabe¡ mucho, poco o nada de intríngulis teológicos, si¡ro aferrándose con las dos manos a un clavo, r.rn pie de bronce o un mono dc yeso pjntado como
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