monografía opinión pública

July 22, 2017 | Author: Paola Castillo Orrego | Category: Certainty, Public Opinion, Leadership & Mentoring, Leadership, Mass Media
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INTRODUCCIÓN La opinión pública no se constituye única y exclusivamente de la labor de los medios de comunicación dentro de la Sociedad. Pues éstos se han convertido en un instrumento esencial para entender la realidad y orientarnos en ella, al suministrarnos información sobre lo que nos rodea de modo que la imagen que nos hacemos del mundo depende de lo que vemos por nuestros propios ojos y a través de las imágenes, sobre todo visuales. Pero esto no quiere decir que no sean estos sean los que más la influyen. En esta monografía ahondaremos un poco sobre aquellos otros factores o elementos que intervienen en la formación de la Opinión Pública, aspectos como la familia, la cultura, la publicidad, los grupos sociales, los lideres, etc. Dando reconocimiento a estos factores, descartando la idea o presunción de que los medios son los únicos formadores de opinión pública.

I OPINIÓN PÚBLICA 1.1.

CONCEPTO

El término Opinión Pública encierra diversos significados. Compuesta por dos voces: el sustantivo opinión y el adjetivo pública. Etimológicamente, opinión proviene del latín opinio, - onis, que significa concepto. Según la Real Academia De la Lengua Española, la primera acepción de opinión es: “concepto o parecer que se forma de una cosa cuestionable; fama o concepto en que se tiene a una persona o cosa”. Pública procede también del latín publicus, que significa “notoria, patente, manifiesta o sabida por todos”. La Real Academia admite la siguiente significación de opinión pública: “Sentir o estimación en que coincide la generalidad de las personas acerca de asuntos acerca de asuntos determinados”. Como consecuencia de la incidencia que los cambios tecnológicos poseen en los medios de comunicación de masas. Podemos notar que esta diversidad ofrece a los individuos la oportunidad de participar en varios procesos de comunicación, simultánea o alternativamente, provocando la formación de distintos públicos. Finalmente, la creciente alfabetización y generalización de los niveles básicos de la enseñanza, propicia una masificación cultural de las sociedades sobre la que inciden los mencionados procesos de comunicación, potenciando la capacidad de movilización, de influencia o de presión, política y económica, del(os) público(s). Tras estas consideraciones, resulta sencillo precisar el concepto de opinión pública como el conjunto de opiniones sustentadas por los diversos públicos de una sociedad. Si el conjunto de tales opiniones corresponde a distintos públicos denominándose opinión pública. Como puede fácilmente deducirse de los conceptos enunciados, el público constituye la agrupación social, más o menos organizada, pero consciente de su existencia y, por

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tanto, susceptible de actuar y generar relaciones con otras colectividades. En otras palabras el público es el actor social, mientras que la opinión pública es aquella parcela del substrato cultural que permite. vertebrar el público a través de la comunicación social. Esta distinción es tanto más pertinente, cuanto que en el lenguaje común suele emplearse sólo el término opinión pública, para referirse indistintamente a ambas realidades. De esta forma, nos resulta mucho más claro el papel que los medios de comunicación de masas desempeñan en las sociedades contemporáneas. En efecto, como agentes decisivos de la comunicación social, transmiten y difunden la información y la propaganda en y entre las sociedades, conformando así públicos cuyas conductas, condicionadas por las opiniones que sustentan, inciden sobre las estructuras y relaciones, nacionales o internacionales, además de influir sobre las propias bases culturales.

1.2.

CARACTERISTICAS GENERALES DE LA OPINION PÚBLICA

La opinión pública presenta como principales características generales las siguientes: 1. Heterogeneidad. 2. Intensidad variable. 3. Naturaleza agregada. La heterogeneidad de la opinión pública cabe interpretarla en dos sentidos diferentes. De una parte es la consecuencia directa de la articulación de una diversidad de públicos ante una misma secuencia de informaciones. Pero también hace referencia a la existencia de líderes de opinión dentro de un mismo público es decir, la existencia de individuos o grupos capaces de condicionarlas opiniones del resto de los miembros del público. En este caso la heterogeneidad evidencia el distinto peso que poseen las opiniones según procedan de uno u otro sector del público. La opinión pública varía en intensidad en función inversamente proporcional al tiempo. Esto significa que la intensidad de la opinión tiende a atenuarse con el transcurso del tiempo pudiendo llegar a desaparecer o modificarse sustancialmente si no existe una repetición de las informaciones que la originaron.

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Existe también otro factor de variación en la intensidad de la opinión pública según recaiga sobre los valores básicos de una sociedad, los intereses o demandas de sectores sociales más o menos amplios o, simplemente sobre ciertos comportamientos particulares. En el primero de estos tres supuestos la opinión pública muestra una intensidad constante durante amplios períodos de tiempo que alcanzan a varias generaciones y configuran lo que DUROSELLE denominó, hace ya más de tres décadas, como «la personalidad nacional» de un pueblo. La opinión pública que recae sobre demandas sociales presenta una intensidad mucho menos duradera, pudiendo prolongarse por períodos de varios años pero mostrando una fuerte tendencia a modificarse con el cambio generacional. Por último la opinión pública demuestra una intensidad ocasional o coyuntural cuando se articula con referencia a ciertas decisiones o comportamientos específicos, ya sean individuales o colectivos, siendo frecuente que experimente alteraciones en breves lapsos temporales.

1.3.

Credibilidad y opinión Pública

La credibilidad es la confianza en la fuente. Las personas confían en alguien cuando la consideran competente para algo o una situación específica, es decir, responde adecuadamente a las necesidades con una conducta adecuada. Para Jorge Peña (2000) la credibilidad de la fuente será el resultado de dos factores: la competencia más la sinceridad de la fuente. (CREDIBILIDAD = competencia + sinceridad) Donde competencia es igual a la confianza en la experiencia de la fuente; es decir si está calificada o no o, si sabe lo que es correcto o no. La competencia dependerá directamente de los siguientes factores: 

Educación, ocupación y experiencia de la fuente



Fluidez en la transmisión del mensaje: cuando la comunicación verbal de la fuente no es fluida, el receptor percibirá menos competencia



Citar a otras fuentes que tienen un alto grado de autoridad y prestigio aumenta la competencia percibida

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Superación de las expectativas que tiene el emisor sobre el receptor. Desembocará en una mayor competencia.

Y donde sinceridad equivale a la percepción de diferentes características como la ausencia de lucro, falta de intención evidentemente persuasora, atractivo que ejerce sobre el receptor y que todas sus declaraciones parezcan, en general, honestas. Bennet (1980) sostiene que el público tiende a la confianza en los líderes, es decir, que se confiará en ellos hasta que se pruebe lo contrario, hasta que las personas duden de sus capacidades o su veracidad. Lo que se convierte en un fuerte incentivo para pensar que los líderes son creíbles. Considera que ya que las personas se sienten solas en un mundo avanzado, en el que no pueden influir ni comprender, todas sus esperanzas serán depositadas en sus líderes. A los que considerarán como benefactores. Esta especie de inseguridad pública reforzará la credibilidad; que resultará en una confianza y creencia masiva hasta que se demuestre lo contrario. Para el desvalido, la opinión se convertirá en pequeñas afirmaciones de fe que el poderoso entenderá y así buscará soluciones a sus problemas. Mientras que para Keith Sheldom (1996) la credibilidad se logra conforme a 4 factores básicos: .La atención y la empatía percibida .Percepción de la competencia y habilidades de la fuente .Percepción de la honestidad .Percepción de la dedicación y compromiso De esta manera puede concluirse que la credibilidad en la fuente será el equivalente de la confianza en sí misma, es decir, el individuo creerá en el emisor si confía en esa fuente. Distintos factores influirán en la confianza de la fuente, desde que el grado de información que posee un individuo respecto a un tema, hasta la percepción de la atención, competencia, honestidad, dedicación y compromiso. La credibilidad será considerada entonces como el grado de confianza en la fuente de acuerdo a la honestidad, dedicación, habilidades, compromiso y atención percibida por el receptor.

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II ELEMENTOS INFLUYENTES DE LA OPINIÓN PÚBLICA EN LA SOCIEDAD 2.1 FORMACIÓN DE LA OPINIÓN PÚBLICA Puede pensarse en considerar dos aspectos fundamentales en la formación de la opinión pública: el primero; se refiere a la fuerza que la sociedad tiene sobre el individuo como ser social, que pertenece a una comunidad mayor que él mismo y que a la vez moldea como un ser que es el reflejo de la propia sociedad. En esta primera vía intervienen los grupos sociales más importantes en la formación de un individuo: la familia, la escuela, los grupos sociales y los prejuicios, que se entienden como normas preestablecidas. El segundo, la influencia que sobre su opinión ejercen los medios masivos de comunicación, principalmente y de acuerdo con la teoría de agenda setting, que sostiene que los medios masivos de comunicación, ordenan y organizan el mundo mentalmente para cada individuo, les dice sobre qué pensar.

2.2.1 Influencia Social en la Formación de la Opinión: La forma más temprana y fundamental en que las personas forman sus actitudes es a través del trato personal con el objeto de la actitud, sin embargo, se considera que la influencia de la familia durante la infancia, el sistema educativo y los grupos de presión, además de los medios masivos de comunicación, juegan un papel trascendental en la formación de opiniones a un nivel social. La influencia de los padres sobre las actitudes y conductas de los niños se presenta de tal manera que algunos autores la han catalogado como una institución. En un principio, los padres poseen un control casi total sobre la información con la que el niño entra en contacto, además de gratificar o castigar la forma en que el niño actúa. Lo que significa que los progenitores tendrán un gran poder para formar la actitud del niño, especialmente si el pequeño no posee actitudes que en determinado contexto sean contrarias a la de los padres.

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Sin embargo gran cantidad de actitudes serán formadas de acuerdo con su propia experiencia con el mundo, aunque esta experiencia se derive de la enseñanza de sus padres. (Oskamp:1991). Otra manera en que las actitudes se forman, a un nivel social, son los grupos de presión. En estos se incluye al sistema educativo, los grupos sociales, las presiones de conformidad, y los grupos de referencia.  Sistema Educativo: La enseñanza en las escuelas y el adoctrinamiento que siguen, juegan un papel muy relevante en la formación de actitudes; únicamente después de la influencia de los padres. Este proceso se hace más evidente en las actitudes políticas. Por ejemplo, si a un niño, se le repiten constantemente aspectos positivos acerca del presidente u otros líderes, resulta una idealización, de esta manera las escuelas pueden ser fundamentales en las actitudes a favor del gobierno.  Grupos Sociales: En un orden cronológico, primero la familia, después la escuela, los grupos sociales serían el siguiente elemento trascendental en la formación de actitudes. Conforme el niño avanza en la escuela, los grupos sociales van teniendo más importancia y se les dedica más tiempo. Normalmente los grupos sociales concuerdan con los valores preexistentes; sin embargo, pueden introducir y reforzar nuevos puntos de vista y actitudes, patrones de conducta que más tarde incluirán estilos de cabello, planes de carrera, usos de droga y conducta sexual.  Presiones de Conformidad: No sólo los grupos sociales, otro tipo de presiones de conformidad pueden influir en la formación de actitud. Petigrew, consideró que muchos prejuicios raciales de los individuos son el simple reflejo de lo que se asume existe en la cultura, así como de las normas.  Grupos de Referencia: Tienen muy poca influencia en las actitudes y a menudo no es intencional. Los grupos de referencia se tratan de conjuntos de valores morales y creencias que las personas poseen y que comparan con otros. En este casi estrellas de cine o artistas tienen esta función.

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Los grupos influyen en las actitudes de las personas, aunque no parezca evidente. Un claro ejemplo de lo anterior es encontrado en las prácticas sociales y religiosas. (Oskamp: 1991).

 La familia, los medios de comunicación, la cultura: “Las instituciones de mayor influencia en el individuo son la familia, la escuela y los medios de comunicación”. En la sociedades urbanas, sometidas en gran parte a estos factores, así como una gran movilidad, la importancia de la familia ha disminuido; sin embargo, su influencia en la formación de la opinión continua siendo determinante”. La familia es la base de la formación personal. Es la que tiene influencia directa en las opiniones que pueda llegar a desarrollar el individuo. En cuanto a los medios de comunicación; la percepción de las personas puede ser influida por los MCM con particular facilidad. Por ejemplo en el caso de los electores que se forman opinión sobre los candidatos basándose en factores de imagen y no en sus propios puntos de vista. Llegando a la conclusión de que a veces las imágenes determinan de una forma más poderosa la decisión electoral que la competencia sobre los acontecimientos que se les adjudicaba al candidato. Los medios constituyen, junto con la observación directa del entorno, una fuente para poder percibir cuáles son las opiniones que prevalecen en el momento. “Otro factor de influencia que es necesario destacar es la Cultura. Esta según la definen los antropólogos, es un sistema de hábitos que los adultos comparten en varios grados, que les ayuda para hacer ajustes con el medio que les rodea y que los niños adquieren de sus padres y de otros contactos con la sociedad”, hábitos todos ellos influyen en la opinión pública. Con referencia a esto último, se dice “la construcción social de la realidad”, hablan de dos tipos de socialización, una primaria la que el individuo atraviesa en su niñez, donde llegan hacer lo que sus padres quieren que sean; y secundaria, proceso posterior que induce al individuo ya socializado a nuevos sectores del mundo objeto de su sociedad, a través de lo que ellos llaman “roles”, estando éstos directa o indirectamente arraigados en la división de trabajo. Este segundo tipo de socialización, puede surgir sin que le anteceda la primera, solo con la identificación mutua que interviene en cualquier comunicación humana.

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 La publicidad: “La publicidad a formado el estereotipo del hombre con fortuna, de lo femenino, de lo bello, el buen gusto. Representa la institución persuasiva más grande de la sociedad moderna. Sus vínculos con la propaganda son tan amplios, que en la mayoría de las acusaciones son los publicitas los que elaboran las campañas propagandistas. Debemos de reconocer que, efectivamente, publicidad y propaganda tienen semejanzas: ambos son métodos para persuadir con característica de información que utilizan los medios de comunicación similares. “los publicistas argumentan a su prerrogativa de elaborar propaganda que el lector vota no como resultado de una reflexión, sino en forma subconsciente, y que se encuentra, al llegar a votar por algunos de varios aspirantes, en la misma opción que el comprador ante varias marcas de pastas dentífricas; por lo tanto, su elección dependerá más que de un razonamiento, de la envoltura que te llame la atención. En este orden de ideas, el trabajo debe ser presentado como objeto de consumo a millones de lectores.” Todos los medios, están llenos de mensajes que buscan obligarnos a asumir actitudes: se usan los carteles, letreros luminosos, hojas que reparten niños en las esquinas, calcomanías para pegar en las ventanas de los automóviles, en las cubiertas de las maletas, signos en los trajes e implementos deportivos, en fin, dondequiera está acechando un mensaje publicitario.  La Propaganda Con la propaganda se busca ejercer influencia sobre los sentimientos humanos. Con la educación, se pretende llegar a la razón. Los mensajes de la cultura son científicos tienen categoría de verdad universal; los de la propaganda contienen argumentos sofisticados. La educación requiere elementos ordenados y sistematizados; la propaganda se sirve de lo casual y momentáneo. La educación es lógica, la propaganda psicológica. La propaganda sistematizada sobre base científica, es un signo característica de la sociedad de consumo, auxiliar poderoso de la expansión capitalista, medio para “vencer” a la competencia. Esta propaganda para consumidores es lo que los técnicos en ventas han disfrazado con el nombre de advertising, publicity. Es también signo de acción de

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masas, para encauzarlas por los derroteros políticos y económicos útiles a los sistemas de gobierno, a los partidos u organizaciones políticas. Hitler utilizó esta forma de manipulación, para enardecer a los alemanes contra los judíos, para justificar o explicar sus propósitos expansionistas; se usa hoy para desprestigiar ante las masas a los enemigos políticos o a los rivales comerciales.

 Los grupos: En lo tocante a este aspecto “la opinión pública se forma cada vez más de la interacción del individuo con su grupo” “Laney Sears afirman categóricamente que una persona no tiene opinión, solo por tres razones relacionadas con los grupos sociales: 1.

no tiene grupo de referencia

2.

no tiene posibilidades de acercarse al grupo que desea

3.

ignora la posición que su grupo a adoptado.”

Para Teum Vam Dijks y su trabajo “ideologia”, “un grupo de personas constituyen un grupo sí y solo sí, con colectividad, comparten representaciones sociales. “Cada grupo social o formación que ejerce una forma de poder o dominación sobre otros grupos podría asociarme con una ideología que funcionaría específicamente como un medio para legitimar o disimular tal poder”.

 Los Líderes de Opinión: Para poder abordar la relación entre líder y opinión, “lo primero que debe cuestionarse el investigador o el propagandista es si se trata de un líder natural o si es el resultado de intrigas palaciegas. El primero surge cuando los medios de la comunidad le entregan voluntariamente y espontáneamente su apoyo y admiración. El otro es el que tiene una superioridad basada únicamente en un nombramiento oficial. El líder más influyente será el que reúne las dos condiciones: si se dan separados será de mayor fuerza el líder que “brota” que el líder jerárquico.

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“Los lideres son quienes en la mayoría de las ocasiones descubren y destacan un hecho, y son también los que, aprovechando la proyección de las masas, marcan los caminos de la opinión”.

Por otra parte: el líder se obliga no sólo a dar cumplimiento a las exigencias de tipo económico, político y social, sino a las demandas sentimentales y efectivas. El líder que se concentra en el primer aspecto es un líder instrumental; su deseo de actuar en el terreno de la eficacia, más que preocuparse por la vinculación espiritual con el grupo.

El segundo es un líder efectivo, al cual especialmente los latinoamericanos otorgan un apoyo superior, basados en los vínculos emocionales que este forja con su comunidad más que como resultado de una reflexión profunda. El líder que cumple con esta doble exigencia, es decir, con la instrumental – porque satisface las peticiones económicas no solo de un grupo, sino de toda la sociedad y que además basa su autoridad en la simpatía más que en la fuerza o en la jerarquía, es el autentico caudillo. Su opinión será la opinión de todos. Para conocer el alcance de la influencia del líder sobre la opinión debe analizarse lo siguiente: -

si es un líder natural o jerárquico, o reúne ambas cualidades.

-

el grado de satisfacción lograda en la opinión de la efectividad

-

si es líder nacional; grado de semejanzas con los líderes locales

-

conforme a nuestro sistema político, es necesario también resaltar que buscara diferencias con los líderes nacionales que lo antecedieron, analizando la eficiencia obtenida durante su gestión.

Para otros autores, “los líderes de opinión, no son exactamente lo que se podría pensar, como destacadas figuras de la comunidad, sino tan solo personas con probabilidades de que se les pida su opinión y que se muestran bien dispuesta a darlas”.

Bajo este entendido, los medios formales llegan principalmente a los líderes de opinión, los cuales los trasmiten a su vez, al resto de la población por vía oral. La influencia del líder está en relación con el tipo de conducción que ejerza aquél sobre sus seguidores; puede variar desde la decisión política expresada en las urnas, hasta la

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adopción de una nueva marca de cigarrillos, pasando por la imitación de actitudes, expresiones, moda, etcétera, como ocurre con los admiradores de cantantes populares; la influencia de los Beatles por ejemplo. Al analizar el liderazgo en relación con la opinión pública, es preciso considerar a la élite superior y a la de estructura de clases. Una importante función del estudio de la opinión pública es determinar cuáles son las élites, o los elementos que influyen en la opinión pública; es decir, quienes desempeñan un papel principal en la adopción de decisiones. Con frecuencia, el muestreo estratificado no corresponde a las realidades de la estratificación. Se necesita saber cuáles individuos son los más atentos, los más interesados, y los más informados. En otras palabras, ¿quiénes son la élite?. Del mismo modo, se quiere saber quiénes son los que no están informados, los que no tienen influencia, los que no prestan atención, y los que no están comprometidos. Pues muchos temas públicos no atraen la atención de masas. Muchas encuestas han demostrado que grandes sectores del público no tienen conocimientos o son indiferentes respecto de problemas particulares. Diciéndolo de otro modo, es posible que aquellos temas a los cuales los políticos conceden carácter público; o lo hacen así quienes realizan encuestas –o aquellos grupos de intereses especiales que podrían considerar importantes – no atraigan en absoluto la atención de las masas”. La importancia de los líderes en la formación de la opinión es tal, que muchas decisiones derivan de esa influencia. Estudios realizados en los EEUU, señalaron que la influencia de los líderes es mayor que aquélla de los medios, sobre las opiniones individuales. El estudio realizado por Lazarsfeld apunta: “Los estudios de casos detallados nos ayudaron a comprender las ventajas peculiares de las comunicaciones personales sobre y contra los medios de masas, para alcanzar alcanzar a las personas que aun no se han decidido. La influencia personal acerca de un asunto, con frecuencia se ejerce inesperadamente como tema marginal o lateral en una conversación fortuita. Es, en consecuencia, más probable que llegue a su objetivo con los no decididos o los opuestos. Los mensajes de los medios de masas, por contraste, se inician con pleno conocimiento de sus objetivos. El contacto personal es también más flexible y permite la respuesta inmediata y la retroalimentación instantánea. Un individuo a diferencia de un medio masivo, es capaz de presentar razonamientos y argumentos de pertinencia personal

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inmediata al que escucha. Y finalmente, cuando alguien cede a la influencia personal de otro para tomar una decisión, la recompensa en aprobación es inmediata y personal”.

 La Iglesia Católica Y Los Procesos De Formación De La Opinión Pública Pienso que la Iglesia debe tener en cuenta, más que cualquier otra institución, sea la opinión pública que la opinión publicada, con una actitud de respeto pero también sin medio hacia ninguna de ellas.

Un ejemplo muy ilustrativo de comportamiento adecuado hacia los medios se puede observar en la reacción de la Madre Teresa de Calcuta cuando intervino en Nueva York en el programa Morning Show, uno de los programas matutinos de la televisión que hacen compañía durante el desayuno a los norteamericanos del Atlántico al Pacífico. La pequeña y delgada monja, que había sido entrevistada anteriormente varias veces por la BBC, no estaba acostumbrada a las interrupciones publicitarias de los programas estadounidenses. Miraba sin embargo sorprendida, con su característica mirada penetrante, las imágenes martille antes de una extraordinaria variedad de comida para adelgazar ofrecida en los anuncios publicitarios. Pensaría con toda seguridad en su incesante preocupación por alimentar a las muchedumbres de desheredados, toda piel y huesos, de quienes se ocupaba en todas las ciudades en las que trabajaba. Y comentó con un tono de voz audible por todos: "Veo que los estudios de televisión tienen necesidad de Jesús". Un silencio profundo pesó por un momento sobre el torbellino de los estudios. De repente la realidad había hecho irrupción en aquella instalación industrial de fantasía. La Iglesia y las instituciones de la Iglesia hacen opinión pública cuando cumplen su propia misión sin preocuparse de su imagen en los medios, y hacen también opinión pública cuando procuran que su imagen no venga distorsionada por los medios para no obstaculizar su específica misión apostólica. Sacrificar la una a la otra desnaturalizaría tanto la misión de la Iglesia como la función de los medios.

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La Opinión Pública en la Iglesia Uno de los cimientos de la doctrina católica en comunicación social se halla en

Santo Tomas de Aquino, bajo la denominación de Comunicación cristiana de bienes, cuyo punto de partida es la relación de amistad entre el hombre y Dios: “Habiendo, por lo tanto, cierta comunicación del hombre con Dios, en cuanto nos comunica su bienaventuranza, sobre tal comunicación es menester cimentar alguna amistad”. “La Comunicación de bienes entre los hombres arranca de esta comunicación divina y vuelve a ella como su fuente y es recompensada por Dios”. El Papa Juan Pablo II, en su mensaje con motivo de la XXI Jornada Mundial de las Comunicaciones, expresaba: “La Paz del mundo depende de un mayor conocimiento de los hombres y de las comunidades; la información calificada de la opinión pública tiene una influencia directa sobre la promoción de la justicia y de la paz”. El Documento “Comunicación Social y Formación Cristiana de la Opinión Pública”, de la Comisión Pontificia de la Comunicación Social (1986), reconoce que es difícil dar una definición de opinión pública que sea satisfactoria. Sin embargo, adopta la formulación del Papa Pío XII, presentada al III Congreso de la Prensa Católica, el 18 de Febrero de 1950, en los siguientes términos: “La opinión pública es el eco natural, la resonancia común, más o menos espontánea, de los sucesos y de la situación actual en los espíritus y en los juicios de los hombres”. Éste es el concepto que la Iglesia, en casi todos sus documentos, que sigue utilizando al tratar el fenómeno de la opinión pública. En época del Papa Pío XII, la televisión comienza a penetrar en los hogares. El pontífice presta atención a los nuevos medios electrónicos (radio y TV) calificándolos como “instrumentos del bien y del mal”. Recomienda su uso para defender los derechos de la persona y la familia; que no sólo entretengan y transmitan valores humanos, y protejan la cultura cristiana. La doctrina de la Iglesia sobre los Medios de Comunicación Social tiene ya una larga y rica tradición, desde que aparece en el escenario histórico la prensa de Gutenberg. El Papa San Pío V (Antonio Ghislieri) dictó normas contra las noticias y escritos heréticos y calumniosos en 1567, sentando así las bases de una política de control de medios y mensajes. El Papa Gregorio XV fundó, más adelante, la Congregatio de Propaganda Fide (1622). A las pautas eclesiales para una conducción de los medios

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de comunicación social se les conoce con el nombre de Moral Publicística, que nada tiene que ver con lo que hoy denominamos “publicidad” eufemismo de propaganda, sino que califica a todo lo que es susceptible de ser comunicado o de adquirir notoriedad pública. Esta moral plantea, en primer lugar, problemas de la fuente, del proceso de la comunicación, del contenido de las noticias, de la empresa periodística, de los destinatarios y de la publicidad, dentro de una concepción teológica de la comunicación, fortalecida por la Encíclica Mirari vos, del 15 de Agosto de 1832, en el pontificado de Gregorio VXI, Juan XXIII y el Concilio Vaticano II dan nuevos frutos en formas de políticas para la prensa, radio, televisión y el cine. El Decreto Inter Mirífica del Concilio plantea que el receptor conozca y practique las normas de orden moral, se prepare para recibir los mensajes de los medios con sentido crítico. En materia de información, búsqueda y divulgación de noticias, el orden moral ha de tener primacía sobre los llamados “derechos del arte”. La autoridad civil ha de garantizar una verdadera y justa libertad de información, en los documentos de Puebla, se lee: “Educar al público receptor para que tenga una actitud crítica ante el impacto de los mensajes ideológicos, culturales y publicitarios que nos bombardean continuamente, con el fin de contrarrestar los efectos negativos de la manipulación”. Una vertiente de las estrategias pastorales es el aliento de la Iglesia a los medios de comunicación popular, llamados también “alternativos”. La Iglesia postula un proceso de “formación cristiana” de la opinión pública, con alcance universal, puesto que sostiene: “Los mass media, gracias a su ámbito universal, han creado y crean una opinión pública universal, cada vez más socializada”. Presentaré algunos conceptos que permiten definir la posición de la Iglesia Católica respecto a esto. Las transcripciones que presentaré a continuación han sido tomadas del documento citado anteriormente, alusivo a la Jornada Mundial de las Comunicaciones del 16 de Mayo de 1986: “La Opinión Pública ejerce un grandísimo poder, en los regímenes democráticos, es determinante para el gobierno y exige un clima de libertad para su formación. La opinión pública es patrimonio de toda sociedad normal y sana, una sociedad en que ésta falte o enmudezca a de ser considerada como enferma”.

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La opinión pública no solamente es susceptible de ser formada sino que hay que empeñarse en su formación, con sujeción a las normas morales y cristianas, en nuestro caso. Si resulta que las agencias de prensa y todos los otros medios de comunicación social son formadores de la opinión pública – y de ahí la gravísima responsabilidad del periodista, del comunicador, que es mediador entre la verdad y el usuario, lector u oyente – la Iglesia debe poder actuar mediante esos medios: a través de aquellos propios o con el acceso a aquellos comerciales, privados o estatales para su servicio al pueblo de Dios y a la humanidad toda. El formador de la opinión pública a de ser auténtico, veraz e imparcial, ya que a la opinión pública no se le manipula sino que se le sirve. El problema clave en la formación cristiana de la opinión pública está en fundamentarse en principios permanentes y en respetar la verdadera escala de valores. En un lenguaje que la gente entienda, el comunicador, como formador de la opinión pública, y para merecer el apelativo de cristiano, ha de trabajar a favor de la paz, la unidad para la búsqueda de la verdad, a favor de una concepción cristiana de la familia. Un vicioso manejo de la opinión pública podría orientar a todo un pueblo hacia la catástrofe. Y es que los mass media, en su prodigioso en su prestigioso crecimiento multiplican las posibilidades de ser influida; ésta puede convertirse en brutal y apasionada o en juez de conciencia recta. Si nos situamos en términos concretos de verdadera formación cristiana de la opinión pública, nos colocamos en un contexto de evangelización”. Este es el tratamiento que da la Iglesia al fenómeno de la opinión pública y de esa conceptualización de su importancia deviene una política de comunicación social con el uso de medios masivos, extendidos por todo el planeta y especialmente por los países latinoamericanos, donde la Iglesia posee sistemas bien estructurados.

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A la Iglesia le interesa más la opinión pública que la opinión publicada Se puede afirmar sin temor a ser desmentidos que Juan Pablo II ha demostrado

ser un elemento locomotor de la prensa mundial, con toda seguridad sin proponérselo expresamente o por al menos sin haberlo programado. Las explicaciones acostumbradas sobre su poder de atraer la atención de los medios van desde las consideraciones más sensatas a las hipótesis más descabelladas. En cualquier caso, nadie duda del hecho de

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que su acción pastoral, de gobierno, de magisterio e incluso literaria, ha tenido un impacto sin precedentes sobre los medios. A modo de ejemplo, querría citar un caso significativo de cómo el Papa actual fija a menudo la agenda de los medios y, con ella, de la opinión pública. Reflexionemos brevemente sobre la conferencia de El Cairo y de Pekín. Pocos de nosotros sabríamos decir cuántas otras conferencias sobre población y desarrollo se han celebrado anteriormente y qué temas han afrontado. La decisión de Juan Pablo II de hacer oír la voz de la Iglesia en ese fórum de discusión, con una delegación nombrada a propósito, cambió totalmente aquellas reuniones y transformó a los medios mundiales, de buena o mala gana, en colaboradores de la Iglesia católica. Y fue precisamente así porque la mera información sobre lo que estaba sucediendo fue suficiente como para desenmascarar las maniobras de algunos grupos, muy minoritarios pero muy activos, que se habían autoproclamado los abanderados del progreso. Cómo no recordar también el papel de Juan Pablo II en la caída del muro de Berlín, como toda la prensa mundial ha reconocido ampliamente la acción concomitante de muchos otros factores históricos y personales. Más allá de las legítimas interpretaciones religiosas de esos acontecimientos, que presuponen la fe, se puede tomar en consideración también una exégesis complementaria, basada sobre la teoría de la espiral del silencio. Quien recuerde el clima de opinión en todo el Occidente en los años oscuros de la guerra fría comprenderá mejor el rápido desarrollo de los acontecimientos de 1989 en la óptica de una espiral del silencio al revés. El régimen soviético, vacío por dentro pero todavía poderoso en su aparente fuerza externa, abrió una espiral de trasparencia - la glásnost - para recuperar el control de una sociedad falsificada por el asfixiante peso de un dominio total de los recursos de la opinión publicada. Tenía razón Solzhenitsyn, cuando en su discurso por la concesión del premio Nobel afirmaba que "una palabra de verdad pesa más que el mundo". Desde otra perspectiva, sería interesante estudiar a lo largo de la historia de la Iglesia el proceso de una extraordinaria difusión de algunas herejías con la ayuda de estas claves de interpretación. La Europa de la Reforma, por ejemplo, fue el escenario de una gran batalla de opinión pública combatida incluso con la ayuda de una prensa apenas nacida, con una clara ventaja para la parte luterana gracias al apoyo ofrecido por los

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propietarios de la prensa del tiempo, los príncipes interesados en contrarrestar el poder del Emperador y de Roma por razones no exclusivamente religiosas. En tiempos más recientes se abre para nosotros un campo de estudio riquísimo con el Concilio Vaticano II. Sabemos bien, por ejemplo, que algunos temas teológicos más candentes, vulgarizados por la opinión pública mundial, habían sido previstos por la agenda de la revista Concilium precisamente para alimentar un debate en la opinión pública en el interior de la Iglesia y hacer cambiar la disciplina eclesiástica sobre el celibato sacerdotal y la moral matrimonial. Queda por aclarar aún de qué manera esta agenda se pasó de hecho a las revistas nacionales que formaban la opinión del clero católico. Es justo recordar que en todos estos procesos sociales los medios de comunicación son algo más que simples vehículos o espectadores atentos del debate público: son al mismo tiempo actores, y actores muy influyentes. Tradicionalmente se considera la opinión pública como un proceso de comunicación calcado del modelo del debate público, en el cual los medios de comunicación permiten al público atento seguir de cerca a los protagonistas o los líderes (función de vigilancia) y organizar respuestas propias para contraponer a modo de alternativa (función de correlación). "El periodismo afirma Price - cumple estas mismas funciones incluso para las élites en relación con el público activo (...) Las noticias y los artículos de opinión son al mismo tiempo un instrumento de información y correlación para el público atento y un medio de vigilancia de la élite. Además, las élites políticas usan los medios para hablar entre ellos. El periodismo, por tanto, permite interactuar a actores y espectadores políticos". En el ámbito de la Iglesia las cosas son algo distintas. El beato José María Escrivá, en una entrevista en 1967, ofrecía un juicio y un criterio de valoración permanente de tantos fenómenos de opinión pública en la Iglesia. "El problema de base de la necesaria opinión pública en la Iglesia - decía el Fundador del Opus Dei - equivale al problema de la necesaria formación doctrinal de los fieles. Los hijos de Dios no son piedras o cadáveres: son seres inteligentes y libres, elevados al mismo orden sobrenatural que el que tiene la autoridad. Pero quien no tiene la suficiente formación cristiana no estará en condiciones de hacer un uso recto de su inteligencia y de su libertad, tanto para obedecer como para manifestar sus opiniones". La Iglesia, "signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano", obrando en el mundo, no está ausente de este debate público, tanto

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de hecho como por su misión. No se encuentra ciertamente en un plano homogéneo con el resto de los actores del debate y sería un craso error intentar confundirse con ellos. En su acción, sin embargo, más allá del apoyo permanente que le asegura el Espíritu Santo, la Iglesia cuenta con un gran recurso: el de estar más cercana a los hombres y a las culturas que cualquier otro agente. De hecho, allí donde la Iglesia está radicada cultural y socialmente, conoce la opinión pública por con naturalidad, mejor que cuanto la puedan conocer los dueños de la opinión publicada. No se debe por tanto sobrevalorar el poder de los medios, ni siquiera de aquellos de su propiedad que utiliza legítimamente. Con esta historia, se sintetizará lo que se ha venido diciendo líneas arriba. La cuenta Malcolm Muggeridge, un gran periodista inglés convertido al catolicismo en los últimos años de su larga vida profesional, en una de sus tres magníficas lecciones sobre la cristiandad contemporánea, pronunciada en Londres en 1977. El genial humorista, corresponsal, enviado especial, presentador de la BBC, articulista y crítico, imagina una cuarta tentación de Jesús en el desierto. El Señor ha derrotado al diablo rechazando sus insinuaciones, que tienen todo un mismo hilo conductor: desnaturalizar su misión con el abuso de sus propios poderes divinos para fines distintos de la Voluntad del Padre. En la primera tentación, la recordamos todos bien, el diablo intenta persuadirlo para que transforme las piedras en pan. En la segunda, Satanás querría inducirlo a tirarse desde el pináculo del Templo para atraer así la atención del mundo sobre su doctrina. La tercera tentación consiste en aceptar los reinos de la tierra de manos de Lucifer y así adquirir el poder necesario al reino de los cielos sobre la tierra para hacer feliz para siempre a la humanidad - una especie de Superestado del bienestar, una commonwealth mundial, una dictadura del proletariado, en definitiva, una de las tantas utopías que afligen cíclicamente al género humano. Muggeridge imagina una última tentación, con el trasfondo esta vez de los "medios" de la época, a la que hago referencia brevemente. Lucius Gradus el Viejo, un magnate del espectáculo, de paso por una perdida provincia del Imperio, oye hablar de un rabí de Galilea, que tiene mucho atractivo entre las masas populares. Con el olfato de su oficio de businessman, Lucius imagina el impacto que ese personaje podría tener sobre el público general, convenientemente presentado.

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Gradus, entonces, vuelve a Roma y convence a sus socios para organizar un gran espectáculo, con un escenario lujoso: fuentes iluminadas, coros imponentes, comparsas de fieles de los cultos orientales de moda entre la juventud romana... Y no faltaría un debate de 10 minutos, no más, entre profesores y estudiantes de la Escuela Filosófica de Atenas, que está siempre en la cresta de la ola.

 Influencia De Internet En La Opinión Pública Según Cándido Monzón, la existencia de Internet ha generado cambios tanto en el modo en que se forma la Opinión Pública como en su contenido. Con la red, el público ya no es sólo receptor, sino que también desempeña el papel de emisor, tomando papel activo en la comunicación. La comunicación se ha descentralizado, y quien participe en Internet debe contemplar la posibilidad de ser contestado, cosa que antes, con la televisión y la radio, no ocurría. Internet también ha dado lugar a nuevas formas de activismo político que se dan a través de los portales de contra información, donde los movimientos sociales como el anti-globalización son difundidos de forma permanente. La red es de los pocos formatos en los que este tipo de información puede propagarse, ya que los principales medios de comunicación están en manos de grandes empresas, cuyos intereses difieren mucho de los intereses de los movimientos sociales. Por otra parte, la influencia en la Opinión Pública a través de la red no es tan potente como a través de otros medios como la prensa escrita o la televisión, precisamente por la falta de control que existe sobre Internet. El hecho de que el público tome un papel activo en la comunicación hace que “cualquiera” pueda “publicar noticias” en la red, por lo que la gente tenderá más a desconfiar de su contenido y la influencia o la persuasión que se intente ejercer no será tal. Internet también es un instrumento de respuesta rápida para generar movilizaciones en situaciones críticas, como la que tuvo lugar el 13 de marzo de 2004 en España, como respuesta a la manipulación informativa que se llevó a cabo con respecto a los atentados del 11-M. Algunos ejemplos de manipulación de la Opinión Pública. Una de las labores de propaganda más importantes a lo largo de la historia fue la llevada a cabo en Estados Unidos durante el gobierno de Wilson. Aunque la población era muy pacifista, la administración Wilson había decidido tomar parte en la I Guerra Mundial, por lo que era necesario hacer ver a la población lo importante que era participar en esa guerra. Para ello se creó la Comisión Creel, con lo que los ciudadanos pasaron de ser seres pacíficos a ser personas violentas ansiosas por destruir todo lo que fuese alemán.

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El poder financiero y mediático prestaron su apoyo a esta operación. Se trataba principalmente de convencer a las personas más inteligentes de la sociedad, lo demás vendría sólo, a partir de la autoridad moral que éstos imponían sobre la población. Lippman, en su día, pensó que estas técnicas de propaganda podrían servir para fabricar consenso, tan útil y necesario en las democracias; aunque otros autores no ven estas técnicas con tan buenos ojos. Chomsky, por ejemplo, entendiendo la propaganda como algo en cierto modo peligroso, dice que la propaganda es a la democracia, lo que la cachiporra al estado totalitario.

 Los grupos de presión: La asignación o distribución de valores a una sociedad global se hace mediante los procesos gubernamentales (acción del Estado) y mediante los procesos de grupo (acción política de cuerpos intermedios). Por ello, algunos autores (Bentley, Truman, Eckstein, Odegard y otros) han propuesto la teoría del grupo como una trama teórica que ayuda a abarcar toda la política y a fijar la atención en el papel que tienen en la política los grupos o asociaciones privadas, junto a las estructuras y grupos oficiales del poder público. “La política es la política de los intereses” se dice con razón. Los grupos de interés están muy ligados a la política. Para Morgenthau, en relaciones internacionales también “el concepto de interés debe definirse en términos de poder”, pues sólo así podremos distinguir entre hechos políticos y no-políticos. Por ello, dice Bentley que cuando los grupos de interés están adecuadamente definidos, todo está definido en política.

Antes de estudiar los grupos llamados partidos políticos nos fijaremos en los llamados grupos de presión (pressure groups) o grupos de interés (interest groups). Todos ellos varían enormemente en su poder específico, en el ámbito de sus intereses particulares, en sus dimensiones y en su influencia política. Algunas Definiciones: Llamamos grupos de interés: las agrupaciones de individuos en torno a intereses particulares comunes. Y podemos definir los grupos de presión los grupos de interés cuando influyen desde fuera (del esquema Estado) sobre los poderes públicos, con miras a la defensa de sus intereses.

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Esta definición requiere la conjunción de 3 elementos: 1) la existencia de un grupo organizado, 2) la defensa de intereses, y 3) el ejercicio de una presión política[2]. Un grupo de presión es un grupo de interés que ejerce una presión política[3] . Todo grupo de interés es virtualmente un grupo de presión. Los elementos de esta definición nos permiten diferenciar los grupos de presión respecto de otros grupos que tienen alguna similitud. a) Los grupos de presión no son partidos políticos, aunque puedan llegar a serlo. Los partidos tienen una vocación política definida: pretenden tener el poder. Los grupos de presión no buscan directamente la conquista del poder ni su ejercicio, sino solamente influir en él. b) Los grupos de presión los definimos aquí como agrupaciones privadas y no oficiales. Su propósito es influir en las ramas del poder desde fuera del mismo Estado. Por ello, aunque dentro del mismo Estado existen instituciones y grupos muy fuertes que ejercen presión e influjo innegables (como pueden serlo la Fuerzas Armadas, la administración pública, los organismos de seguridad, el Parlamento...), no llamamos a estas agrupaciones grupos de presión, en el sentido técnico que le estamos dando a esta expresión. Las designamos mejor con el calificativo de “grupos de poder”. c) Tampoco son grupos de presión propiamente hablando, sino simples instrumentos al servicio de los grupos poderosos de presión nacional e internacional, ciertas oficinas técnicas, oficinas de información y propaganda o el famoso Lobby de los pasillos del Parlamento norteamericano[4]. Allí se dan cita los grandes intereses y los más poderosos grupos de presión, alrededor de los bufetes de los representantes y senadores. Los datos y estudios que aportan, las motivaciones que representan, las soluciones que sugieren y demás, intentan influir en la toma de decisiones del Parlamento a la hora de elaboración o reformas de leyes. Es un medio típico de participación política, que la sociedad norteamericana ha institucionalizado.

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Clasificación Según el criterio que se adopte, se dan diferentes clasificaciones de los grupos de presión. Señalamos unas pocas: a) Los grupos de presión no-asociativos o latente, aparecen en escena solamente cuando hay algunas demandas o reivindicaciones que en un momento dado interesan a cierto sector: de padres de familia, de una región, de una confesión religiosa, de una minoría étnica, o algo semejante. Los grupos de presión institucionalizados son aquellos que existen como verdaderas instituciones o estructuras sumamente organizadas, pero creadas para otros fines, y que en algunas ocasiones actúan como grupos de presión. El ejemplo típico es el de la Iglesia Católica en un país católico, el de los Empresarios, el de los Sindicatos. Los grupos de presión anónimos son las turbamultas o manifestaciones que se hacen para

solicitar

algo

concreto

(ad

hoc).

Aunque

algunas

veces

pueden

estar

minuciosamente organizados y preparados, derivan su nombre de su carácter desordenado y potencialmente destructor. Suelen producirse allí donde no existen canales eficientes para elevar quejas. Su acción es esporádica por naturaleza, pero su efecto inmediato puede, en ocasiones, ser lo bastante fuerte como para derrocar un gobierno o hacerlo vacilar. b) Subordinados a partidos y mandando sobre partidos: Si nos fijamos en las relaciones que existen entre los grupos de presión organizados y los partidos políticos, encontramos que dichas relaciones se parecen a las que existen entre los grupos y el gobierno. Un partido descentralizado deja que sus candidatos sean presa fácil de los grupos de presión poderosos, en el momento de la designación y después, en el momento de las elecciones. Un partido fuerte y centralizado suele tener relaciones estables con los grupos de presión, únicamente en el centro de la organización estatal o nacional del partido. Hay grupos de presión subordinados a los partidos. Tal el caso de aquellos grupos paralelos que crea el partido único (PC) en un país totalitario. También el caso de una

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central sindicalista creada por un partido y que sigue bastante dependiente de él, como fue el caso de la CTV respecto del partido Acción Democrática en Venezuela. Hay grupos de presión en cooperación igualitaria con partidos políticos. Esto se da especialmente en las elecciones y cuando se presentan luchas especiales. El sindicato favorece a determinado partido, y posteriormente se beneficia de él si llega al gobierno. En los Estados Unidos, en general, los grandes sindicatos obreros han favorecido electoralmente al Partido Demócrata. c) Más comúnmente se cataloga a los grupos de presión según los grupos de interés y organizaciones profesionales que los constituyen. Organizaciones agrarias o campesinas. Organizaciones patronales de la industria y el comercio. Organizaciones de asalariados. Colegios de agremiados, Asociaciones cívicas, Asociaciones altruistas (científicas, académicas, Cruz Roja...). Funciones En el análisis que hace Meynaud de los grupos de presión, señala él tres funciones principales de ellos. Implícitamente considera que el “buen” grupo de presión es el que contribuye a la integración y a la adaptación del sistema existente: - Ante todo, el suministro de una información completa y concreta, especialmente la que manejan los dirigentes de las organizaciones profesionales. Por falta de esta documentación apropiada, los que toman las decisiones administrativas o políticas pueden incurrir en errores y medidas desacertadas. - En seguida, el consentimiento de los interesados a las medidas dictadas. Esta función de “aquiescencia participación” consolida el consenso de la sociedad civil y su apoyo al sistema político. - Finalmente, la canalización de las reivindicaciones. Si los grupos de presión no canalizan y “racionalizan” las aspiraciones y los movimientos que las vehiculan, los reclamos tomarían con frecuencia una forma desordenada y violenta. Este “papel moderador” previene los excesos de la reivindicación “salvaje”.

 La fama

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Esa opinión pública, o consenso social, cuando es favorable a una personalidad de cualquier ámbito (artístico, deportivo, político, empresarial, profesional, etc.) se llama fama. Ese prestigio ganado tiene pingües beneficios económicos, de poder y de oportunidades. Al mismo tiempo, tiene un precio elevado en cuanto a la pérdida de la privacidad de las personalidades. El fenómeno de los paparazzi no es fortuito, porque los públicos aspiran a tener el control sobre sus apadrinados, saber si se comportan de acuerdo a los parámetros morales y culturales socialmente aceptados, para darles mayor fama o sancionarles con una caída en su rating. Esto se puede observar en los conocidos casos de Pelé y Maradona, quienes futbolísticamente no defraudaron jamás, pero el segundo no tuvo la misma fortuna que el primero en su vida privada y, sobre todo, en el manejo mediático de la misma. Considerando los aspectos morbosos de la cultura y la convicción de la gente de que tiene el derecho de controlar y juzgar a los demás de acuerdo a su propia escala de valores, y sobre todo a quienes concedieron su preferencia para alcanzar la fama, la vida privada de los famosos y las personalidades se convierte en la comidilla mediática. De esto viven los paparazzi y las publicaciones sensacionalistas.

 El Rumor Cuando un dato o un conjunto de datos circula de boca en boca, generalmente bajo la fórmula: “Se dice que…” o “Dicen que…”, señalamos que hay un rumor. La transmisión de rumores es velocísima. Allport y Postman señalan que la motivación en el rumor puede ser cualquier necesidad humana. Dicen que el rumor no circula, “a menos que el asunto encierre el factor importancia para el individuo que lo oye y lo transmite”. “El rumor es lanzado y continúa su trayectoria en un medio social homogéneo, en virtud de activos intereses de los individuos que intervienen en su transmisión. La poderosa influencia de estos intereses exige al rumor servir ampliamente como elemento de racionalización; esto es, explicar, justificar y atribuir significado al interés emocional actuante. A veces, el vínculo interés – rumor como la proyección de un estado emocional completamente subjetivo”.

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La difusión del rumor pasa por una serie de procesos de interpretación individual del contenido y significados del dato. Cada receptor – emisor pone algo de su parte, suprime, corrige o aumenta, usa códigos propios y deforma consciente o inconscientemente las más de las veces. El rumor es con frecuencia una fuente de información para los medios masivos, aunque básicamente su difusión se realiza de boca en boca. Y no son raros los casos en que los medios le han dado acogida convirtiéndolo en noticia; de ese modo, el rumor puede ser considerado como un poderoso formador de opinión pública.

 Otros Factores: -

Actitud: “Se trata de la noción de „actitud‟, que se volvió tan central que pasó a dominar la escena de los estudios acerca de la comunicación de masas. Una actitud puede definirse como una tendencia psicológica que se expresa en la evaluación que una persona realiza, con algún grado de positividad o de negatividad, de algún objeto o entidad particular (Eagly y Chaiken, 1993).” o

después de la Segunda Guerra Mundial se investiga cómo las comunicaciones persuasivas modifican las actitudes. “Por ejemplo, se comienza a reconocer que los medios masivos alcanzan a individuos que tienen actitudes, prejuicios, creencias y predisposiciones anteriores – positivas y negativas- hacia las proposiciones y objetos tratados en los mensajes que influirán en la decodificación que las personas hagan de esas comunicaciones que reciben con posterioridad.”

-

Selectividad: “Por otra parte, otras variables que empiezan a ser concebidas como mediadoras entre emisores y receptores son de corte cognitivo. Por ejemplo, „la exposición selectiva, la atención selectiva, la percepción selectiva, la memoria selectiva y la acción selectiva”. A partir de estos conceptos se comprobé que “los efectos o consecuencias de la comunicación de masas con casi inexistentes. Como regla general, la selectividad de las funciones cognitivas sugiere que las personas atienden o se exponen sólo a aquella información que resulta consistente con sus creencias y puntos de vista anteriores. Al auxilio de esta postura, se suman los argumentos de la Teoría de la disonancia cognitiva, en la

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que se propone que cuando un individuo se enfrenta con mensajes tendientes a la producción de disonancia o desequilibrio, puede utilizar la estrategia de rechazar la información productora de disonancia o reinterpretarla selectivamente en un sentido consonante.” Según Klapper: “Entre los factores o procesos que podrían actuar como variables mediadoras entre la comunicación y los efectos cita la selectividad cognitiva como una variable intra individual que incide en los cambios de actitud (exposición, percepción y retención

selectivas);

„la

circulación

interpersonal

de

los

contenidos

de

las

comunicaciones; las influencias personales y los líderes de opinión‟. Gracias a ciertas predisposiciones individuales, a las diferencias en las percepciones subjetivas con relación a las fuentes de la comunicación, a la pérdida de fuerza de los efectos a medida que pasa el tiempo y a la acción de las normas grupales y de los líderes de opinión, Klapper sostiene que, primordialmente los medios producirían refuerzos y sólo ocasionalmente cambios, tendiendo a cooperar con la perpetuación del „status quo‟, así como con la producción de efectos difusos.” Tercer factor: la ubicación de los procesos comunicacionales dentro de contextos sociales más amplios: “Permitió comprender que los efectos de los medios de comunicación de masas tienen lugar en redes de interacciones sociales, lo cual no sólo limitaría su potencial de influencia sino que también sería un factor crucial en la determinación de que sus influjos se orienten más hacia el refuerzo de opiniones y actitudes preexistentes que a su cambio.” Doble flujo de comunicación: “En todos los grupos sociales existen individuos que son particularmente activos y, por lo general, más sensibles que los demás a los intereses del propio grupo, así como también más proclives a expresar abiertamente sus opiniones. A esa clase de individuos, Lazarsfeld, Berelson y Gaudet los denominaron „líderes de opinión‟ y los definieron como aquellas personas que cumplen la función de relacionar a sus propios grupos con las partes relevantes del sistema. Se postuló así la existencia de un „flujo de la comunicación en dos escalones o doble flujo de la comunicación‟, es decir, que la información que parte desde los medios masivos es recibida y retransmitida por los líderes de opinión a las

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demás personas de los grupos sociales. La propuesta sugiere que los individuos forman parte de grupos que tienen sus propias normas y valores, y que dentro de ellos, los líderes de opinión cumplirían la función de tamizar o filtrar las comunicaciones procedentes de afuera. Considerado de esta manera, el grupo queda planteado como un elemento moderador de las influencias externas y el líder de opinión como mediador entre la acción de los medios de comunicación y los sujetos del grupo. Los líderes de opinión obtienen la información política de manera directa (es decir, de los medios) y el resto de las personas del grupo acceden a ellas a través de estos últimos.” En síntesis, las relaciones interpersonales se manifiestan como puntos de anclaje de actitudes, opiniones y esquemas conductuales, e implican la existencia de redes de comunicación, y „las relaciones sociales informales desempeñan una parte significativa, modificando la forma en que determinadas personas reaccionan frente a un mensaje que les llegue a través de los medios de comunicación de masas.”

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CONCLUSIONES

La comunicación masiva ha tenido fuertes impactos en la vida de los hombres y esto ha influido notablemente en cuanto a la formación de una opinión pública, pero debe quedar en claro que ésta es sólo un elemento que influye en la Opinión Pública, pues también como líneas arriba se explica, existen factores como la familia, la escuela, la Iglesia, Los Líderes de Opinión, etc; tomados también como elementos influyentes de la Opinión Pública en la Sociedad.

El poder de influencia de los medios sobre los receptores depende de varios factores. Es muy importante considerar qué es lo que se comunica o qué es lo que se dice; luego, quién es el que lo dice, cómo lo dice y a quién. Aquí entran en juego las posibilidades persuasivas del modo en que se trate un tema determinado, el punto de vista que se exponga, la validez de los argumentos, la fuerza expresiva de ellos, habida cuenta de que el receptor desea o prefiere contenidos que reafirmen sus convicciones, llenen sus expectativas, o por lo menos transporten una esperanza, una promesa.

La OP tiene que ver con una compleja red de intereses que tratan de construir opinión, y presentarla como natural. El Estado y los poderes económico-sociales son los principales factores de creación de opinión pública, pero también cuentan la educación formal (la escuela) y los medios de comunicación, etc.

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ANEXOS La Necesidad de Informarse El hombre moderno se halla frente a una realidad en la cual – y para comprender la misma – es irrenunciable la información. El conocimiento permanente de los fenómenos sociales, políticos, económicos, culturales, etc., genera una insaciable red informativa, característica del hombre actual. Cada vez más numerosos y complejos acontecimientos se extienden ante el individuo, exigiendo de él actitudes; motivándolo, presionándolo. Éste recibe una abrumadora cantidad de información de diversa índole, a cada instante: sobre ciencia, arte, tecnología, deporte, propaganda; toda una lluvia de datos y más datos que sobrepasan, por su número y contenido, la capacidad humana de absorción y almacenamiento. Tal avalancha de mensajes provoca, ciertamente, estados de confusión colectivos y coloca al individuo en una situación de “observador” de resultados en cuya producción él parece no participar, o por lo menos tiene la sensación de no – participación que le lleva – y esto ocurre en las grandes masas – al estado del marginamiento social. Y todo esto, a pesar de las conciencias de las mayorías en torno a su aporte y sostén a la aportación del sistema o de los sistemas sociales. La noticia es un producto del medio, a través del cual el hombre satisface sus necesidades informativas. Esta forma de conocimiento se traduce como una natural tendencia a saber qué es lo que está ocurriendo en el ámbito en que uno se desenvuelve. La recolección de datos sobre acontecimientos, su elaboración y transmisión exigen capacidades óptimas, comunicadores tecnificados y el conocimiento de los efectos que producen las noticias en los receptores. Se ha demostrado la imposibilidad de abarcar todas las fuentes de información, con lo cual tenemos una cantidad imprecisable de hechos que quedan sin darse a conocer. Por otra parte, un individuo es incapaz de conocer toda la información relativa a una determinada disciplina, ni siquiera un aspecto concreto de ella, habida cuenta de la enorme cantidad bibliográfica, las interrelaciones disciplinarias y los nuevos descubrimientos que se suceden con mayor rapidez en cada parcela del saber humano. En lo que corresponde a la información noticiosa ocurre otro tanto: nadie es capaz de enterarse de todos los sucesos que acontecen en el mundo y, a menudo, ni siquiera de los acaeceres nacionales y locales. Cuantitativamente, la información es excesiva. Miles de cables se transmiten todos los días a través de las agendas noticiosas internacionales y nacionales. La producción bibliográfica constituye un torrente informativo poderoso. Los diarios, semanarios, revistas, publicaciones mensuales, folletos, avisos, carteles, volantes de propaganda política y comercial, entre otros medios impresos, forman parte de una carga informativa demasiado pesada para la endeble constitución mental del hombre y para su limitada existencia. De hecho, nadie se pasa la vida leyendo ni a nadie le gustaría hacerlo. Si a los mensajes impresos añadimos los verbales, audiovisuales, cinestésicos y otros con los cuales nuestro contacto es más permanente, tenemos por resultado un individuo acosado por informaciones, en una especie de cerco de ruidos, imágenes, luces, colores, palabras, formas, en

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fin…recipiente más bien involuntario de inacabables descargas de mensajes que no puede evitar, a menos que decidiera hacerse asceta en una de las riberas del Amazonas. Al mismo tiempo el hombre contemporáneo recibe información que ha sido antes seleccionada por los medios; selección no siempre acorde con las verdaderas necesidades informativas ni en consonancia con las expectativas del receptor. El estado de inconexión entre las motivaciones de los comunicadores y las expectativas de los receptores da lugar, en muchos casos, a un flujo informativo manipulado de mensajes cuyos contenidos revelan intenciones comunicativas en veces contrarias a las aspiraciones, necesidades y exigencias de los receptores. Comunicadores masivos – hay que – sobre todo con el dominio del comercio mayorista de noticias a través de agencias y cadenas de diarios, revistas, canales de televisión y estaciones de radio – transmiten lo que les interesa sólo a ellos transmitir: es decir, lo que está dentro de sus círculos de intereses políticos, económicos, sociales, de clase, de poder. De esto tiene conciencia el hombre actual y de ahí resulta esa notoria desconfianza, “clara indiferencia” que preocupó a Gustav LeBon, frente a mensajes en relación a receptores masivos. El proceso de masificación social, que al parecer tiene su punto de partida en la Revolución Industrial, ha convertido al hombre en un ser dependiente de modo absoluto de los medios masivos, en cuanto a la satisfacción de sus necesidades informativas. Es más fácil estar informados acerca de lo que ocurre en Oceanía que conocer los acontecimientos que ocurren en el propio vecindario, y esto gracias a la dependencia directa de la televisión, por ejemplo. Pero si bien el hombre es dependiente de los medios masivos, éstos son, a su vez, dependientes de sus públicos. No hay medios sin públicos, y la carrera competitiva por atraer la mayor cantidad de lectores, oyentes o televidentes demuestra la dependencia de los medios, en relación con los receptores. El poderío de un medio respecto del gobierno, por ejemplo, se mide por el número de receptores sobre los cuales el medio ejerce influencia. Es ejercicio de la influencia denota capacidad de información de opinión pública y constituye un instrumento, por consiguiente, de presión social, que redunda en una presión de la institución de medios sobre los niveles de decisión.

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LOS MEDIOS COMO FUENTES DE LA OPINIÓN PÚBLICA Luciano Gallino (1995) menciona que la comunicación masiva ha tenido fuertes impactos en la vida de los hombres; entre los principales efectos considera la manipulación de los símbolos, la reducción de distancias físicas, temporales y sociales, la influencia en la modificación del lenguaje escrito y hablado en todos los grupos poblacionales, el aumento de la importancia de los rasgos personales, además de que los mass media son factores determinantes del status social, ya que pueden cambiar una actitud hacia un objeto, persona o institución; que es lo que en este momento nos interesa y que se revisará más adelante con la teoría de agenda setting. La Teoría de la Agenda Setting, ha sido dominante desde la época de los 70´s en la investigación de la comunicación. Trata de la capacidad de los medios para ordenar el mundo mentalmente y organizarlo por cada individuo, es decir, no trata de decirles a los individuos qué pensar, sino sobre qué pensar. Agenda – Setting es un proceso colectivo en el que los medios, el gobierno y la influencia del público, determinan los aspectos que son considerados como importantes. La Agenda Setting no influye de la misma manera para todos los individuos. McCombs y Weaver (1997) sugieren que los individuos difieren en sus necesidades de orientación y que ésta está determinada por dos aspectos: 1. La importancia de la información para el individuo 2. El grado de incertidumbre sobre el tema del mensaje De esta manera, a mayor importancia de la información y a mayor grado de incertidumbre respecto a un tema, mayor será la necesidad de información y mayor la influencia de la agenda.

LA OPINIÓN PUBLICADA La Opinión publicada difiere de la opinión pública ya que esta se ve sometida al análisis de una sola persona que plasma su punto de vista, y lo difunde a través de un medio de comunicación masivo, lo que hace suponer que todas las personas que sean receptoras de ese mensaje pasarán a formar parte de la opinión pública, la cual tendrá como fundamento y vía de respuesta ese mensaje para juzgar las acciones del gobierno. También la opinión publicada se ve sometida al efecto de manipulación de la información que hoy en día padecen los medios masivos de comunicación, ya que el hecho de que unos pocos realicen la Agenda setting del día y así decidan los hechos que ocuparán las primeras planas de los diarios o los flashes en televisión y radio, también es un factor que incide directamente en el gobierno, ya que se publicará o difundirá lo que ese medio considere importante acerca del desempeño de nuestro gobierno, afianzando positivamente su imagen o haciéndola decaer, como en este caso. El gobierno debe considerar de fundamental importancia la opinión publicada, ya que es difundida a toda la sociedad y a través de ella se basa la opinión pública. Siguiendo a Mc Quail en su libro Introducción a la Teoría de la Comunicación, en donde hace referencia a variables que hacen a la difusión de las noticias y a la capacidad para recordar determinados acontecimientos.

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BIBLIOGRAFÍA

 Rivadeneira Prada, Raúl, La Opinión Publica – Análisis, Estructura y métodos para su estudio. Editorial trillas – 1976, México D.F.

 Santamaría Suarez, Luisa y Casals Carro, María Jesús, La Opinión Periodística – argumentos y géneros para la persuasión. Editorial Fragua – Madrid 2000

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LINKOGRAFÍA

 http://www.incipe.org/Cultura_civilizacion_SI.pdf

 http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lco/garcia_m_m/ca pitulo1.pdf

 http://www.iidh.ed.cr/comunidades/redelectoral/docs/red_diccionario/ opinion%20publica.htm

 http://www.slideshare.net/alfanje/la-opinin-pblica5062382?src=related_normal&rel=4607945

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