Mini Maximas

July 16, 2017 | Author: Cesar Vásquez | Category: Depression (Mood), Psychotherapy, Truth, Hypnosis, Knowledge
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Terapia centrada en las soluciones...

Description

Manfred Prior

MINIMÁXIMAS 15 intervenciones mínimas de efecto máximo para la terapia y el asesoramiento

Traducción de Macarena González Ilustraciones y comentarios de

Título original: Minimax-

Interventionen Traducción: Macarena González Adaptación de los

comentarios: Ferran Fernández

Diseño de la cubierta: Alian ne Faber

© 2009, Manfred Prior © 2009, comentarios e ilustraciones:

Dieter Tangen © 2011, Herder Editorial, S. L., Barcelona Herder

Indice /

Prólogo [BernhardTrenkle] .................................. 1 3

M INIMÁXIMA 5

«Su problema es comparable a... Es como...» ....... 43

M INIMÁXIMA 6

Ei 1 vez de un temeroso «Ojalá nada

malo

mejor un confiado «Ojalá

algo bueno ©...» ............................................ 53 M INIMÁXIMA 7

«...aún no...» ......................................................... 59 M INIMÁXIMA 8

Preguntas constructivas......................................... 65 M INIMÁXIMA 9

Preguntas constructivas por pequeños pasos ........ 75 M INIMÁXIMA 10

«Supongamos que usted...» .................................. 83

M INIMÁXIMA

I I

«Con la mente consciente usted hasta ahora

no ha podido...» ............................................. 89

M INIMÁXIMA 13

«¡tremendo...!»-«un poco. «¡extraordinariamente...!»-«en verdad algo...»; «¡sumamente...!»-«no poco...» ................... 101 M INIMÁXIMA 14

Para pacientes «difíciles» con «resistencia»: ¡en cada frase, una negación comprensiva! . . . . 107 M INIMÁXIMA 15

La regla de la Red ............................................... 115

A mi padre, Edmund Prior

Prólogo

Cuenta

una

ocasión

le

famosa

anécdota

preguntaron

a

que

en

un

presidente

cierta

estadounidense cuánto tiempo necesitaba para preparar un discurso de un hora, y su respuesta fue: «Cinco minutos». Sorprendido, quien le había hecho la pregunta, quiso saber: «¿Y cuánto tarda en preparar un discurso de cinco minutos?» El presidente contestó: «Más de una hora». Algo similar habría manifestado Goethe, a quien se le atribuye la siguiente frase: «Te escribo una carta larga, no tengo tiempo para una breve». Solo quien posee una amplísima experiencia y ha invertido mucho tiempo en dedicarse a un determinado tema puede brindar tanto contenido en un libro de tan pocas páginas. Manfred Prior lleva más de quince años dedicándose a los modelos lingüísticos de comunicación eficaz en psicoterapia, medicina y asesoramiento. Siendo uno de los más prestigiosos profesores de hipnosis de los países de habla alemana, desde mediados

a psicoterapeutas, médicos y odontólogos.Tanto en sus talleres como en este libro, Prior cautiva por la precisión didáctica de su estilo de enseñanza, en el cual no faltan el humor y la sonrisa. En la supervisión de odontólogos que estudian hipnosis, he oído muchas veces una interesante opinión: «Es cierto que aún no me atrevo a extraer un

diente

sin

anestesia

o

a

realizar

una

intervención quirúrgica maxilar bajo hipnosis, pero después de asistir a unos pocos seminarios de hipnosis, ya no tengo pacientes difíciles». ¿Cómo se explica esto? El piloto de Fórmula 1 Emerson Fittipaldi definió una vez el arte de correr carreras: ser el más rápido lo más despacio posible. En algunos aspectos esta definición caracteriza también la situación

del

médico,

del

odontólogo

o

del

psicoterapeuta que debe desempeñar su trabajo de forma cada vez más rentable y rápida, pero a la vez desea conservar sus ideales (y complacer al ser humano, al cliente y al paciente). Las «minimáximas» resumidas en este libro ofrecen

al

mismo

comunicación

tiempo

eficiente

y

bases

para

el

para

la

encuentro

humano. Ayudan a vencer resistencias o, mejor dicho, impiden su aparición. Fortalecen la relación terapéutica

y

promueven

la

motivación

y

la

Éste es un valioso y entrenido libro para psico- terapeutas, médicos, pedagogos y asesores, a decir verdad, para todos aquellos que deben tratar con seres humanos. Una vez que lo haya leído usted, ¡páseselo a sus hijos! Tal vez no solo les ayude a mejorar sus calificaciones en lengua por medio de una manipulación más sutil de los profesores y mejores redacciones. Por lo demás, le recomiendo pedir que le devuelvan este libro y releerlo varias veces. Entre otras cosas, porque así se dará cuenta de cómo hicieron

sus

hijos

para

lograr

el

reciente

incremento de su paga. B ERNHARD T RENKLE Licenciado en psicología e ingeniero industrial Presidente de la Asociación Milton

Introducción

Cuando yo iba al instituto, tenía intereses muy diversos: era un gimnasta bastante activo, tomaba clases de violoncelo y tocaba en dos orquestas juveniles. Además, era miembro de los scouts y militaba en la organización juvenil de un partido político. Por la tarde, una vez a la semana aproximadamente, vendía programas de actos culturales

en

las

salas

de

conciertos

y

de

espectáculos de mi ciudad natal. Al mismo tiempo, quería obtener las máximas calificaciones posibles en las pruebas necesarias para entrar en la Universidad y cursar la asignatura optativa que deseaba a pesar de las limitaciones de plazas. Puesto que para ello debía conciliar de algún modo mis múltiples intereses extraescolares con los deberes requeridos para sacar buenas notas, desarrollé la ambición y la capacidad de obtener los mejores resultados posibles con el menor esfuerzo posible. Mis actividades como psicoterapeuta, asesor

y soluciones. Como instructor, procuro describir los pasos más simples posibles que puedan enseñarse. Así pues, también en estos contextos me planteo una y otra vez cómo obtener el mayor éxito posible con el menor esfuerzo. En este libro le presento a usted los resultados de mi búsqueda de aquello que

surte

el

máximo

efecto

con

el

mínimo

esfuerzo. Mi objetivo con las minimáximas aquí descritas

es

centrar

la

atención

en

recursos

comunicativos que



puedan ser aplicados por los profesionales

de las más diversas escuelas, de manera ocasional y eficaz, en casi todas las sesiones,



sean lo más discretos posible (para que

haya poca «resistencia»),

• •

sean fáciles de describir y puedan ser aprendidos con rapidez por

cualquier persona. Asimismo, las minimáximas deberían poder comprenderse de inmediato y llevarse a la práctica con provecho. Con las 15 minimáximas que aquí presento, me dirijo ante todo a psicoterapeutas, asesores, supervisores, instructores y desarrolladores de organizaciones. Dichos profesionales suelen seguir estrategias

muy

complejas

y

eficaces.

Las

independientemente de la escuela a la que pertenezca, puede tener en cuenta en pequeña escala para comunicar de manera más eficaz. De manera que aquí no se trata tanto de las grandes estrategias de la psicoterapia, el asesoramiento y la conversación orientada a la solución, sino más bien de las pequeñas sutilezas de la comunicación lingüística.

La

suma

de

todas

ellas

puede

constituir una cualidad propia, especial, y mejorar notablemente

tanto

los

procesos

de

asesoramiento y terapia como su resultado. Dado que existen pocas cosas nuevas, aparte de las olvidadas, no tengo la pretensión de presentar

algo

radicalmente

nuevo

con

las

minimáximas. Muchas de ellas tienen su origen en lo que aprendí en los libros de y sobre Milton H. Erickson, con Steve de Shazer, de Jeffrey Zeig, Stephen y Carol Lankton, Stephen Gilligan, Ernest Rossi y mi colega de Ham- burgo Ortwin Meiss. Además de los participantes de mis seminarios de formación

continua,

han

sido

mis

pacientes

quienes, en los últimos veinte años, me han indicado una y otra vez detalles decisivos y han estimulado

mi

capacidad

de

percibir

esas

pequeñas cosas de gran efecto, describirlas y reducirlas a lo esencial.También los editores de M. E. G. a. Pliotis, la hoja informativa de la Asociación Milton Erickson, han actuado en gran medida como obstetras motivadores, publicando versiones

numerosos y útiles comentarios Petra Brzoskowski, Sibylle

Clement,

Hanns-Helmut

Decker-Voigt,

Susann Fiedler, Margret Gróne, Sigrid y Gerwin Grubel,

Birgit

Miillcr-Muth,

Karin

Peterson

y

Gunthard Weber. A todos ellos les expreso mi más profundo agradecimiento. El contexto de aplicación de las minimáximas es —como ya se ha dicho— la psicoterapia, el asesora- miento,la supervisión, la instrucción y el desarrollo de organizaciones. Pero con el tiempo se comprobará que las minimáximas también pueden resultar

muy

minimáximas

útiles

en

otros

prácticamente

contraindicaciones,

hasta

ahora

ámbitos. no no

Las

tienen se

han

registrado efectos secundarios negativos. Usted también puede ayudar a descubrir dónde y cómo pueden aplicarse con provecho. Además, doy por supuesto que la compilación de minimáximas que presento aquí es incompleta: aún queda mucho por descubrir. Hay un refrán alemán que dice: «Es fácil hacerse las cosas difíciles, y difícil hacérselas fáciles». Lo admito: a veces he tenicio bastantes dificultades con la formulación concluyente y la progresiva concentración en lo esencial de estas minimáximas. Pero la concentración y la reducción a lo esencial han merecido la pena. En los últimos años, las

actividad como psicoterapeuta y asesor. Cientos de

colegas

de

mis

seminarios

de

formación

continua las emplean con gran provecho para facilitar y mejorar su trabajo en los más diversos ámbitos. Las sutilezas aquí descritas permiten hacer una gran aportación para que los clientes resuelvan sus problemas y logren sus objetivos con mayor rapidez. Gracias a la presentación clara y concentrada, ahora puede usted leer y entender fácilmente las

15 minimáximas en una larga velada. Cuanto más aplique usted las minimáximas, mayor provecho sacarán usted y sus pacientes o clientes. Cada capítulo viene acompañado por un lectorcillo osuno que, sin ninguna clase de prejuicios ni conocimientos especializados, estudia con mucho detenimiento cada minimáxima y expone sus conclusiones en comentarios críticos. Usted podrá acompañarlo a lo largo de su terapia y ver cómo consigue superar sus problemas de un modo a veces bastante peculiar.

¡Vaya librito que me agenciao! Me gustan los libros, a veces para leerlos. El título que le ha endiñao este tal doctor Prior tiene gracia. Y va de problemas... mentales. Creo que no voy a poder con él, ni harto de miel. Habrá que pintarle algún monigote para darle lustre, digo yo.

\J

Minimáxim a 1

«En el

En casi todas las sesiones de terapia es útil asegurarnos de vez en cuando de que hemos entendido bien al paciente en relación con su modo de ver y sentir el problema o el síntoma. En general, lo hacemos repitiendo lo que ha referido el paciente con nuestras propias palabras o con las suyas. Según la orientación terapéutica, ello se denomina «comprender», «parafrasear», «reflejar», «pacing» o «acoplamiento». El paciente refiere, por ejemplo, que

a

menudo

tiene

sentimientos

de

culpa

respecto a sus padres. Si el terapeuta añade a su comprensión

del

problema

complemento

«Hasta

ahora...»

el

pequeño o

«En

el

pasado...», y formula «En el pasado, a menudo tenía usted sentimientos de culpa respecto a sus padres...», está siendo un poco más preciso que el paciente, pues la mayoría de las veces, cuando uno habla de debilidades, problemas y síntomas, se refiere al pasado. De hecho, en el futuro las cosas podrían y deberían ser distintas. El pequeño

siempre que hablamos con el paciente acerca de sus problemas, debilidades o síntomas, ya que con ese pequeño suplemento se subraya la precisión con que uno pretende entender al paciente: en el pasado el paciente a menudo tenía... (en el futuro

pretende haber encontrado un medio

mejor, una solución, la curación). Así pues, este pequeño suplemento ayuda a abrirse a mejores posibilidades y soluciones futuras. En el pasado no siempre se reconocía el valor de este pequeño giro. En el pasado raras veces se empleaba esta observación incidental de manera

deliberada

en

la

conversación

sobre

problemas orientada al futuro y a la solución... ¡Tienda usted a hablar de debilidades o

He de reconocer que yo también tengo un problema. 0 dos. Como dice la canción, tengo una debilidá. ¿Por qué? ¿Por quién? No viene al caso. Pero esta debilidá me trae de cráneo, tengo unos síntomas espantao- sos Qe, je, je). Voy a ver si esta primera minimaxi me funciona. Si no lo he entendió mal, se trata de dejar pasar un par de días, osease, cuarenta y ocho horejas, y entonces ¡mi debilidá será cosa del pasao!

Minimáxima 2

No

«si...», sino «cómo...», «qué...» y «cuál...»

Cuando hablo con asesores y terapeutas, me interesa ver con qué frecuencia utilizan la palabrita «si». Quiero saber qué ventajas y desventajas tiene en su opinión el empleo de esa palabra.Y me interesa cómo podría hacer yo para inducirlos a sensibilizarse sobre ese «si». Mi opinión acerca de esa palabra es clara: en general, es mejor sin «si». Por supuesto, la palabra «si» no es superflua; por el contrario, puede llegar a ser de suma utilidad. Es útil siempre que uno quiere obtener del otro una clara decisión (a saber, «si sí» o «si no») e información precisa acerca de «sí» o «no». Ello es significativo cuando se trata de claras aceptaciones o rechazos: «Me gustaría saber si desea usted alquilar este piso, si vendrá al acto que se celebrará el día..., si puedo contar con usted en caso de...», etcétera. Para mucha gente, esta palabra probablemente adquiere su máxima

De acuerdo con mi experiencia, en asesoramiento o terapia no se trata tanto de preguntar acerca de información precisa y decisiones ya tomadas, sino que en general se trata más bien de ayudar al paciente a encontrar decisiones y a buscar proceso

en

determinadas

tiende

a

direcciones.Y

dificultarse

al

dicho

emplear

la

palabrita «si»: «Me gustaría saber • si ya ha pensado usted qué quiere lograr haciendo esta terapia conmigo... • si ya ha notado usted alguna mejoría en sus síntomas. .. • si tiene usted alguna idea respecto a nuevos pasos o posibilidades...» En el peor de los casos, el paciente no piensa demasiado y, por si acaso, primero responde «no» a estas tres preguntas. De ese modo, la situación parece más grave y difícil. Además, se estimula así una «actitud no», que hace más probable que el paciente, independientemente de su verdadera opinión, tienda a contestar «no» también a la siguiente pregunta del terapeuta: «Después de estas respuestas (negativas), desde luego se plantea la pregunta de si aún tiene usted esperanzas». Continuando con sus respuestas negativas, el paciente tenderá a responder: «No, la verdad es que

ya

no

tengo

esperanzas...»

Entonces,la

situación es aún más difícil que antes, porque el

Por otra parte, al terapeuta en realidad no le interesa tanto si el paciente ya ha pensado. Lo que quiere saber es qué ha pensado o, a más tardar, qué piensa ahora respecto a esa cuestión. Al terapeuta tampoco le interesa tanto si el paciente nota alguna mejoría, sino cómo puede hacer en adelante para centrar su atención en las mejorías y qué es lo que percibe entonces. Desde luego, el terapeuta tampoco quiere saber en primer lugar si el paciente tiene ideas respecto a nuevos pasos o posibilidades, sino que le interesa que

el

paciente

desarrolle

ideas

respecto

a

nuevos pasos o posibilidades, y quiere saber cuáles son esas ideas (lógicamente, el terapeuta parte de la base de que esa pregunta favorece el desarrollo

de

buenas

ideas).Asimismo,

el

terapeuta no quiere saber si alguien aún tiene esperanzas, sino dónde se vislumbra todavía un rayo de esperanza y cómo alentar esa pequeña esperanza. Así pues, en asesoramiento y terapia no se trata tanto de «si», sino más bien de «cómo»,

«qué»

y

«cuál»,

y

ello

debería

expresarse también en las preguntas del siguiente modo: «Me gustaría saber • qué ha pensado usted acerca de lo que desea lograr haciendo esta terapia conmigo, • cuáles son las mejorías que ha notado en sus síntomas, • cómo cree usted que podría dar más pasos para mejorar,

Puesto que para mí es muy importante que de ahora en adelante a usted le resulte más sencilla su labor de asesor y terapeuta y pueda trabajar con más eficacia, me interesa saber:



qué ventajas ve usted en la omisión

deliberada de las preguntas con «si»,



cómo hará usted de ahora en adelante

para formular preguntas con «si» solo cuando realmente quiera preguntar acerca de una decisión por sí o por no,



qué le ayudaría a emplear más las

palabras «cómo», «qué» y «cuál», en lugar de «si»,



cómo puede usted corregirse en el futuro

cuando en una entrevista de asesoramiento se le escape un innecesario «si». Por lo demás, incluso en la pregunta sobre el matrimonio que mencionamos al principio, me-

¡Vale, vale!, prohibió decir «si»... No lo diré más. Esta terapia de las minimaxis mola, la verdá. Mis síntomas casi han desapareció como por arte de magia: na por aquí, na por allá. Me imagino un camino de risas -uy, perdón-, de rosas, para mejorar... Pero hay algo que no entiendo, doctor Prior. ¿Por qué me pregunta qué espero sacar de todo este asunto... de la terapia? Eso lo debería saber usté, ¿no le parece?

Minimáxi ma 3 «¿Sino...?»

En ninguna agencia de viajes es posible reservar un vuelo con destino a un aeropuerto «¡que no sea el de esa deprimente ciudad de Glasgow!» Por regla general, debe uno expresarse de un modo más claro y positivo. Cuando un psicoterapeuta le pregunta a alguien por sus objetivos en la terapia, por regla general, la gente sabe muy bien qué es lo que no quiere y adonde no quiere llegar. Decir en términos positivos qué es lo que uno quiere y adonde quiere llegar suele ser muy difícil. Sin embargo, los objetivos que se conocen y se pueden nombrar son mucho más fáciles

de

lograr

que

los

desconocidos

e

innominados. Para un psicoterapeuta supone una gran tentación facilitarle demasiado al paciente la a menudo difícil tarea de formular sus objetivos en términos

positivos.

Si

el

terapeuta

cree

precipitadamente (a saber, cuando el paciente tan solo ha dicho lo que no quiere) que ya ha

repente se encuentre sintiendo que él y su cliente ya no están en el mismo barco. O se extraña de que el paciente diga «sí, pero...» más a menudo de lo habitual. En parte, el asesor o el terapeuta puede evitarlo transmitiendo al paciente que le gustaría ver cómo formula sus objetivos con sus propias

palabras

positivas,

que

comprende

perfectamente que pueda resultarle difícil, pero, no obstante, le pide que se tome esa molestia, pues merece la pena, ya que así les resultará más fácil luego ir en el mismo barco con rumbo al mismo objetivo. La manera más simple de expresar todo esto es mediante la palabrita «¿Sino...?»: «De modo que usted ya no quiere ©, ¿sino...?» Se deja la pregunta en el aire y se mira al paciente con inquisitivo y amable interés. Si a continuación el paciente expresa otra variación de lo que no quiere, merece la pena volver a preguntar con amabilidad e interés: «Ya, ya, de modo que usted ya no quiere ®, ¿sino...?» Existe otra situación típica de terapia en la que la palabrita «¿Sino...?», formulada en tono interrogativo con amable interés, es una palabra mágica. A saber, cuando el paciente informa de que

ha

desaparecido

la

antigua

conducta

o

vivencia problemática: Paciente:

«La

semana

pasada

no

reñimos

O bien el paciente dice: «Desde nuestra última entrevista no me he sentido tan mal, no he estado tan deprimido y apático...» Terapeuta: Ya..., de modo que la semana pasada no se sintió usted tan mal, ¿sino...? ¿Cómo se sentía? En estos casos, la palabrita «¿sino...?» abre la puerta a una conversación que ayuda a convertir las excepciones positivas en la regla. Ello también tiene particular importancia para los buenos odontólogos, cuyos pacientes al final del tratamiento a veces comentan sorprendidos y un poco desconcertados: «Es curioso... A pesar de la inyección y del torno, hoy no ha sido tan terrible como otra veces...» En este caso, el odontólogo debería preguntar con amabilidad e interés: «Hoy no ha sido tan terrible, ¿sino...? ¿Cómo ha sido?» Después de pensar un buen rato, el paciente tal vez diga: «Casi podría decir que me he sentido bien con usted. Me he dicho a mí mismo: ahora él tiene que

trabajar,

voy

a

tumbarme

y

quedarme

tranquilo». Posiblemente sea la primera vez que un paciente traumatizado por los odontólogos asocie las experiencias «ir al dentista» y «sentirse bien». Al mismo tiempo, por medio de la formulación desarrolla un concepto que también facilitará las buenas experiencias en el futuro. Es posible que, después de haber leído estas líneas, usted ya 110 desee con tanta frecuencia ahorrarle al paciente el necesario esfuerzo de

Vaya, soy la indecisión osificada. Ahora mi debilidá es mundial. Me van a llover los problemas como chuzos de punta. Y para que escampe tendré que esperar una eternidá y media. ¿Mi terapia al traste, doctor Prior? Este es mi «sino», pero no tiene na que ver con el suyo, ¿verdá? Soy fuerte en puntos débiles y débil en puntos fuertes. ¡Vaya problemón!

ma

4

Minimáxi ¡«Siempre»

A la gente le gusta utilizar la palabra «siempre» para describir sus afecciones. Se suele decir, por ejemplo: • • •

«Siempre me duele mucho la cabeza», «Siempre estoy muy deprimido» o «Siempre reñimos mucho».

Esta clase de descripciones por medio de la palabrita «siempre» son sumamente útiles para transmitir

una

impresión

o

dar

una

idea

aproximada del problema. Sin embargo, tienen la desventaja de hacer que el problema parezca más grave. Los dolores de cabeza que uno tiene «siempre» se sienten como más serios y son más difíciles de tratar en una terapia que los dolores de cabeza que se producen a intervalos de cuatro a seis

semanas,

preferentemente

los

fines

de

semana, durante uno o dos días. Estar «siempre muy deprimido» es peor que sentirse deprimido principalmente los fines de semana, sobre todo los domingos por la tarde. Reñir «siempre» también

ciertos temas. Así pues, la palabra «siempre» hace que el problema resulte más grave de lo que es en realidad, porque presupone que en el pasado el problema

aparecía

«siempre».

Además,

tener

«siempre» un problema no solo significa que uno «siempre» lo ha tenido en el pasado, sino que también lo tiene en el presente y lo tendrá «siempre» en el futuro. El terapeuta debe ser particularmente cuidadoso con esta implicación, por la cual se excluyen soluciones o mejorías futuras a través de la palabra «siempre». De hecho, su tarea consiste en contribuir a que el problema se modifique en el futuro. Así pues, la palabra

«siempre»,

en

relación

con

un

problema o un síntoma, siempre los agrava. El

«siempre»

exagera

la

dimensión

real

del

problema. Ahora bien, puesto que un problema serio y grande es más difícil de resolver que uno no tan serio y pequeño, al terapeuta le interesa hacer todo lo posible para que un problema se sienta como lo más pequeño posible. Para reducir un problema a su dimensión real y abrir la puerta a futuras soluciones del problema, es aconsejable que el terapeuta responda con diferenciaciones a las descripciones de problemas que contengan la palabrita «siempre». Esto se puede hacer, por ejemplo, mediante una comprensión expresada con

prudencia

y

preguntas

que

reduzcan

el

La palabra «siempre» se sustituye, pues, por «en el pasado» (véase minimáxima 1 : «En el pasado...») y «a menudo», y el periodo objetivo de sufrimiento se limita aún más por medio de una pregunta. Esto hace que los problemas sean más pequeños y, por tanto, más fáciles de resolver. Así pues, no solo merece la pena comprender el sufrimiento subjetivamente enorme, sino también procurar

entender

cuándo

se

producía

dicho

sufrimiento en el pasado y cuándo no. A veces, pese a estos esfuerzos terapéuticos de diferenciación, el paciente insiste mucho en que su síntoma está «siempre». En tales casos, merece la pena preguntar primero si el paciente siente que el terapeuta no toma en serio su sufrimiento y quizá por eso subraya la magnitud y la gravedad de su sufrimiento («¡a ver si el terapeuta se entera de una vez de lo mal que estoy!»).En

ocasiones,la

insistencia

en

el

«siempre» se relaciona con ventajas del síntoma que no han sido suficientemente valoradas. Con todo, cuando, en efecto, alguien tiene siempre un síntoma, habría que considerar la posibilidad

de

que

se

trate

de

un

síntoma

inmodificable, sobre el cual no es posible influir ni siquiera con ayuda terapéutica. En ese caso, es recomendable buscar maneras de vivir lo mejor posible con ese síntoma inmodificable.

síntoma, porque «siempre» nunca es verdad en relación con un síntoma. Evite que un síntoma empeore al añadir «siempre». Mantenga abierta la puerta a futuros cambios. Distinga por medio de sus preguntas cuándo aparecía el síntoma y cuándo no: «¿Cuándo tenía usted ese problema?»Y sobre todo: «¿Cuándo lo tenía en menor grado o no lo tenía?» Genere de ese modo posibilidades de formular preguntas que reducen el problema y favorecen la solución.

Estas cosas me matan, siempre me matan. Uy, vaya patinazo, «siempre» no se puede decir. Bueno, me re fiero a que me agobian de noche y de día. Y la sangre se me sube a la cabeza y lo veo todo colorao. ¿Me comprende usté, doctor Prior? Me temo que sus trucos no sirvan para curarme. ¡Desmiéntame, por favor!

Minimáxima 5

«Su problema es comparable a... Es como...»

Algunas personas utilizan un lenguaje muy gráfico. Por ejemplo, un alto ejecutivo del sector farmacéutico de una multinacional hablaba furioso en el coaching de que más del 70 por ciento de su trabajo consistía, por así decirlo, en arrancar las malas hierbas. Retomé la comparación y la amplié: «Es un fastidio que tenga usted que pasar una cantidad tan grande de su valioso tiempo arrancando malas hierbas, cuando en cierto modo es usted el paisajista y debería dedicarse a elaborar proyectos y diseños. Pero, como siempre tiene que estar arrancando malas hierbas, casi nunca tiene ocasión de sentarse en el escritorio del visionario y elaborar nuevos proyectos». En el primer momento me dio la razón, pero luego señaló: «Ya, pero estar siempre en el escritorio diseñando grandes proyectos también sería incompleto... No hay más remedio que arrancar malas hierbas de vez en cuando. ..»A continuación hice una «no propuesta» (minimáxima 12): «Pero mientras uno está arrancando malas hierbas no puede pensar en los grandes proyectos y desarrollarlos...» El replicó: «¿Por qué no? Desde luego que no se puede

hacer siempre y solo eso, pero un poco sí...» Analizamos entonces cómo se pueden arrancar las malas hierbas, por así decir, «de paso» y, al mismo tiempo, seguir desarrollando mentalmente los grandes proyectos. Al comienzo de la siguiente sesión, el ejecutivo refirió cómo había pensado en sus planes y proyectos, y los había desarrollado, mientras «arrancaba las malas hierbas», siempre muy alegre. Dijo que en adelante ya no estaría descontento con ese «trabajo de ayudante de jardinero», que se había reconciliado un poco con él y ahora podía verle incluso un lado positivo. En ocasiones, a partir de las imágenes y las comparaciones de los pacientes se originan pequeñas historias terapéuticas, puesto que las historias terapéuticas son comparaciones adornadas y ampliadas. Si los pacientes no utilizan comparaciones en la descripción de su problema, el terapeuta o el asesor puede proponerlas, porque las comparaciones a menudo liberan posibilidades de solución o abren nuevas perspectivas. De ahí que sea muy aconsejable expresarse por medio de imágenes (lingüísticas), metáforas, alegorías y comparaciones, y comenzar las frases del siguiente modo: «Su problema (su situación) es comparable con... Es como...» Aparte de eso, el potencial de solución de las

comparaciones

puede

incrementarse

una persona. A propósito, he aquí tres historias de personas que lo hicieron de manera muy eficaz. El famoso médico berlinés Rudolf Virchow (1821 -1902 ) no solo prestó grandes servicios al progreso de la medicina mediante sus investigaciones en el campo de la patología, la fisiología y la anatomía. También tuvo mucho éxito en la política. Además de la construcción de numerosos hospitales, fue gracias a él que, en la segunda mitad del siglo xix, Berlín contó con un eficiente sistema de canalización. Eso permitió combatir el cólera, que hasta entonces se había cobrado decenas

de

miles

de

vidas

en

reiteradas

epidemias. A menudo le preguntaban aVirchow cómo, siendo médico, había conseguido reformas de tanto alcance en el ámbito político.Virchow solía responder con una comparación entre la política y lo que él, por ser médico, sabía acerca de los procesos que tienen lugar en el cuerpo humano:

«La

política

no

es

nada

más

que

medicina a gran escala». A su juicio, también en la política hay diferentes órganos, constituidos por numerosas células diferentes.Y todas esas células y órganos están relacionados. Transfiriendo el saber médico del cuerpo humano a la política, es posible

adoptar

las

medidas

preventivas

y

terapéuticas adecuadas. Cuando comenzó la primera partida pública

la computadora de ajedrez más poderosa de aquel entonces Jan no se sentía bien. Los diez millones de posiciones que la computadora podía evaluar por segundo le inspiraban mucho respeto. De ahí que al principio el estado de Wahls fuese todo menos óptimo para poder jugar bien contra el gigante del centro de investigación de ibm . La solución provino de la novia de Wahls. Ella sabía que, cuando se enfrentaba con rivales femeninas, Jan casi nunca perdía y siempre jugaba muy bien, de modo que le dijo: «¡Imagina que Deep Thought es

una

mujer!».

Wahls

ganó

la

partida

(la

computadora se rindió al cabo de 28 jugadas). A principios de los años noventa, la activista de Greenpeace Monika Griefahn se convirtió en ministra de Medio Ambiente del Estado alemán de Baja Sajonia. Muchos se preguntaban entonces cómo lograría pasar de activista de Greenpeace a ministra de Medio Ambiente, ya que, en efecto, son dos tareas completamente distintas. Griefahn, que ante todo veía puntos en común, opinaba: «En realidad, lo que hago como ministra se parece al trabajo en Greenpeace: hago lo mismo que en las campañas de Greenpeace, trabajo en comisiones, intento persuadir y motivar a la gente, defiendo nuestro medio ambiente, etcétera». ¿Qué estructuras subyacen

en estos tres

• Berlín

El problema de Rudolf Virchow era que necesitaba

una

nueva

y

eficiente

canalización para reducir el riesgo de epidemias. Su punto fuerte era ser un buen médico. Su solución fue comparar su labor política con su trabajo como médico y prestar atención a los puntos en común.



El problema de Jan Wahls era que debía

jugar contra una computadora que consideraba poderosa. Su punto fuerte era jugar frente a rivales femeninas. Contra las mujeres siempre jugaba bien y se encontraba en un estado óptimo para la partida. Su solución fue ver a la computadora como una jugadora de ajedrez.



El problema de Monika Griefahn era que

de repente pasó a ser ministra de Medio Ambiente. Su punto fuerte era el trabajo en Greenpeace. Su solución fue comparar su labor ministerial con su trabajo en Greenpeace y prestar atención a los puntos en común. La estructura de estos tres extraordinarios

los largos años de práctica le habían conferido gran

dominio

y

seguridad

en

el

manejo

de

ordenadores. De modo provisional, sostuve la absurda tesis de que las mujeres son como los ordenadores.

Al

discutir

esta

postura

muy

cuestionable —no solo desde el punto de vista feminista—,

mi

paciente

se

dio

cuenta,

por

ejemplo, de que también en el trato con mujeres la práctica hace al maestro, de que también con las mujeres hay que hacer algo primero, para no sacar conclusiones equivocadas sobre lo de dentro a partir de lo de fuera, y que también con las mujeres es fundamental el inputy entrar los datos correctos en el lenguaje correcto. Esta grotesca discusión disminuyó la sensación que tenía mi paciente

de

que

las

mujeres

son

criaturas

inquietantes a las que resulta imposible aprender a entender y con las cuales uno siempre lo hace todo

mal.

Una

vez

que,

gracias

a

esta

conversación, se redujo un poco la tensión que hasta

entonces

suponía

para

él

este

tema,

1. En los países de habla inglesa, donde no es posible inferir si el género gramatical de tlie

Computer

es masculino o femenino,

existen varias razones para inclinarse por una u otra opción.

Este procedimiento también ayudó a un talentoso músico profesional, que tenía un problema similar, a concebir perspectivas y posibilidades completamente nuevas. Después de dos terapias, en las cuales había analizado a fondo diversos aspectos de su personalidad, su objetivo también era que se le prestara apoyo para poder por fin conocer íntimamente a una mujer. Le expliqué que conocer a una mujer era como familiarizarse con una nueva obra musical: algunas nos gustan a primera vista, pero al poco tiempo nos parecen sosas; otras no revelan todas sus profundidades hasta que nos dedicamos a ellas prolongada e intensamente, y otras nos gustan, pero no encajan con nosotros. Algunas obras musicales requieren mucho estudio para poder sacar algún provecho de ellas, otras parecen hechas a nuestra medida, y en otros casos el esfuerzo es tan grande que no merece la pena, sobre todo porque no nos gustan

4) En cuanto te decides por uno, te das cuenta de que podrías haber conseguido un 1) Nadie más que su creador 2) El lenguaje en el que se comunica

con 3) otras computers no es comprensible Hasta el más pequeño de tus errores 4) En cuanto te decides por una, te das cuenta de todo el dinero que gastas en

intríngulis, una parte difícil que nos cuesta mucho tocar de manera armónica.Y para la música, ya se sabe, hay que estar inspirado, y a veces la cosa no va bien, simplemente porque desde el principio ha habido discordancias. Es probable que en sus próximas entrevistas advierta usted más a menudo la plasticidad con que a veces sus pacientes se expresan con comparaciones. Las comparaciones son como semillas,

de

las

que

pueden

originarse

soluciones. Usted se permitirá cada vez más el útil

placer

de

adornar

tales

imágenes,

infundiéndoles vida y energía. Las comparaciones liberan las fantasías lúdicas y los puntos fuertes. Las comparaciones ayudan a multiplicar los puntos fuertes. Cada vez que utiliza usted una comparación en las conversaciones sobre el problema, está ofreciendo la semilla de una solución. Las descripciones de problemas a menudo son como cárceles. Una llave para escapar de tales cárceles puede ser una comparación, con la que abre usted el camino al potencial «reino de la solución»: «Su problema

No es por vanidá, pero yo diría -es más, digo- que mis problemas no admiten comparación alguna con los de ningún otro oso. Un problema mío me deja más chafao que dos o tres de cualquier ser osuno, por muy pardo que sea. No digamos si se trata de un pandilla. Y no sigo porque las comparaciones son odiosas...

Minimáxima 6

A menudo, la activación de un estado malo comienza con un temeroso



«Ojalá nada malo ©...»:



«Ojalá esta noche no volvamos a reñir

el miedo y la desesperación aumentan cuanto más temeroso,

desamparado,

atormentado

y

desesperado hacemos que suene ese «Ojalá nada malo ©...», cuanto más dejamos que se note que esperamos en vano, que secretamente sabemos — aunque no queramos admitirlo— que no podremos evitar

ese

cruel

destino

por

mucho

que

confiemos.Y si, además, al pensar o decir «Ojalá nada malo ©...» nos encogemos mentalmente de hombros y nos doblegamos ante los reveses supuestamente inevitables del destino, entonces el temeroso resultado no deseado resulta casi perfecto. ¿Qué cultiva

podemos

el estilo

hacer

cuando

alguien

«Ojalá nada malo

©...»?

Podemos pedirle que describa con expresiones positivas cómo espera poder actuar, pensar, sentir y ver las cosas. Así surgen frases e ideas bajo el lema

«Ojalá

algo

bueno

©...»,

es

decir,

expectativas más bien positivas, motivadoras y, por lo tanto, se genera confianza, la sensación de que uno se enfrenta a un desafío y puede hacer algo. Dichas frases empiezan con un confiado «Ojalá...», «Sin duda ©...», «Seguramente ©...», «Probablemente ©...» • «Ojalá esta noche evitemos los temas delicados o los discutamos de manera imparcial. Espero que esta noche consigamos pasar una velada agradable, completamente normal, con una buena

• «Ojalá en la próxima situación que se presente piense: “¡De algún modo lo conseguiré!”» • «Probablemente mi buen presentimiento se acentúe y consiga una espiral de éxitos...» Siempre que el paciente tiene temores del tipo «Ojalá nada malo...», un asesor o terapeuta comprometido puede reformularlos en su lugar. Por lo general, sin embargo, es mucho mejor pedirle al paciente

que

expectativas resulta

en

formule

por

términos

particularmente



mismo

positivos.

apropiada

la

Para

sus ello

palabrita

mágica «¿Sino... (©)?», de la minimáxima 3 , pronunciada con expectación e interés. Alguien comprensivo

diría,

por

ejemplo:

«Ojalá en la

próxima situación usted no vuelva a pensar “¡De todos modos no lo conseguiré!”, sino... (¿qué cosa buena desea pensar?)». Este «¿Sino... (©)?», preguntado con expectación, es un asistente para la articulación y, a menudo, un auténtico obstetra de las expectativas y los deseos positivos del paciente. Si, además, por medio de preguntas constructivas (minimáximas 8 y 9 ) se le pide al paciente que explique y muestre en qué tono y con qué actitud espera poder pensar sus ideas positivas, se aprovecha el efecto reforzador del tono y de la actitud, y al preguntar se induce un poco al paciente a activar los pensamientos y las actitudes

deseadas.

Por

medio

de

algunas

preguntas, el paciente quizá dirá y demostrará: «La próxima vez me gustaría poder decirme con tranquila seguridad y confianza como ahora: “A ver

cómo lo solucionas. De alguna manera lo conseguirás”. Y entonces me gustaría estar erguido, fuerte y bien activo, tal como lo estoy ahora». Desde luego, lo que he explicado aquí para la entrevista de asesoramiento o terapia también es válido para el monólogo interior o la reflexión. Al «Ojalá nada malo...» se le puede añadir cada vez con más frecuencia un «¿sino... (©)?», de esa manera es posible tener expectativas cada vez más positivas y luego sustituir el «Ojalá algo bueno ©...» por un confiado «Seguramente algo bueno ©...» Ojalá esta minimáxima no haya pasado por usted

sin

dejar

huella,

sino

que

le

haya

sensibilizado sobre el problemático «Ojalá nada malo...». Ojalá el «Ojalá algo bueno ©...» se le quede grabado. Seguramente, ahora usted se interesa más, está más concentrado y de esa manera descubre las posibilidades que brinda esta minimáxima. entrevistas

Seguramente, usted

también

en le

las

próximas

prestará

más

atención y comprobará lo útil que es esperar confiado algo bueno con ayuda de la palabra mágica «¿sino... (©)?» Probablemente, usted recuerde esta intervención y la emplee con éxito cada vez con mayor frecuencia y naturalidad. Y sin duda en su escritorio hay un buen sitio para estas

páginas,

automáticamente

que lo

le

bueno

haga que

recordar puede

ser

Vaya, un despiste y, ¡zas!, pienso de nuevo en mí y en mi circunstancia, que es una empaná de problemas. Y comienzo a hundirme como un oso de plomo... Vale, voy a pensar en positivo, en algo bueno. Por ejemplo, que soy un oso de peluche y mi osa me acaricia la cabeza... Doctor Prior, esto promete. ¡Gracias por el consejo que me he dao!

Minimáxi ma 7

«...aún no...»

Supongamos que sufre usted con la carga que a veces supone su trabajo. Tal vez lo expresaría mediante la siguiente frase: «Mi trabajo me resulta siempre muy pesado...» Un interlocutor sensible puede reaccionar con unas palabras comprensivas: «Su trabajo siempre es muy pesado... Usted sí que tiene un trabajo pesado...» Probablemente, usted se sienta entonces un poco aliviado, porque (por fin) alguien lo comprende. No obstante, el centro de la atención sigue estando en la pesada carga que siempre supone su trabajo. ¿Qué le pasaría a usted si a continuación el interlocutor comentara: «De modo que usted aún no ha hallado los medios suficientes para tomarse un poco más a la ligera ese trabajo

pesado...»?

Tras

esta

observación

comprensiva, están en perspectiva los medios para tomarse un poco más a la ligera el trabajo pesado. A alguien que sufre sobrepeso, se le puede decir

de

manera

comprensiva:

«Usted

sufre

“de peso”. Aún no ha hallado los medios suficientes para adelgazar hasta conseguir el peso que desea...» Las personas que padecen frecuentes dolores de cabeza suelen quejarse de que siempre les duele

mucho

la

cabeza.

Después

de

la

minimáxima 4 sabemos que «siempre» nunca es verdad en relación con un síntoma. Aparte de esto, un interlocutor comprensivo puede transmitir, en primer lugar, que entiende muy bien el sufrimiento provocado por esos dolores de cabeza y luego continuar: «De modo que hasta ahora usted ha hallado pocos medios para mitigar esos dolores de cabeza o evitarlos por completo durante mucho tiempo.Y si usted no puede evitar esos dolores de cabeza, aún ha desarrollado muy pocos recursos para reducir esos dolores de cabeza de manera más o menos satisfactoria y volver a sentirse bien». No solo en la terapia de pareja hay parejas que se quejan de que «siempre» riñen mucho. ¿Qué pasaría si el interlocutor comprensivo dijera: «Hasta ahora aún no ha podido usted aclarar de manera satisfactoria algunas cosas con su pareja, pues aún ha hallado muy pocos medios para man tener con él una conversación constructiva sobre esos temas o para hablar con objetividad de esas cosas con él...» Las personas que sufren adicción a comprar «flaquean» con mucha frecuencia ante la ropa y compran

demasiadas

cosas

que

después

no

necesitan ni desean tener. Tras haber comprendido que a menudo (¡no siempre!) eso constituía un

asesor orientado a la solución puede continuar: «De modo que en el pasado usted aún desarrollaba muy pocas estrategias para mantenerse firme cuando iba de tiendas y para tener presente lo que realmente necesitaba...» Como podrá usted ver en estos ejemplos, hay una gran diferencia entre: • «reñir siempre» o «aún no haber podido aclarar de manera satisfactoria algunas cosas.«aún haber hallado muy pocos medios para mantener una conversación constructiva y hablar de asuntos delicados con objetividad»; • «ser adicto a comprar y débil, comprar siempre cosas que uno después no necesita» o «haber desarrollado aún muy pocas estrategias para mantenerse firme cuando uno va de tiendas y para tener presente lo que realmente necesita»; • «incapacidad para ¡os exámenes» o «aún no haber desarrollado lo suficiente la capacidad de poder disponer de sus conocimientos en los exámenes»; • «estancamiento, inmovilidad» o «aún no haberse puesto en marcha»; • «desconcierto» o «aún no tener la competencia suficiente» y «aún no encontrar salida»; • «falta de memoria» o «aún no haber hallado medios para recordar»; • «sucio» o «aún no estar limpio»; • «desorden» o «aún no estar ordenado»; • «tener siempre una pila de cosas en el escritorio» o «aún no haber hallado tiempo/fuerzas para ordenar esta pila de cosas»; «aún no disponer de estrategias para

reducir de ahora en adelante esta pila de cosas no bien empieza a formarse...» En asesoramiento y psicoterapia suele hablarse de objetivos, problemas, síntomas, debilidades, incapacidad, partes o cualidades «malas», que se rechazan. Con ayuda de las dos palabras «aún no» es posible concentrar la atención en los potenciales, las oportunidades y las perspectivas:



los objetivos son objetivos que aún no

se han logrado;

Mire por donde, este consejo tampoco me parece gran cosa. Lo mío es un sinvivir. ¡Debería cambiar de rumbo ya mismo! Pero aún no estoy preparado, salta a la vista, doctor Prior. Aún reina el desorden. Aún no veo ninguna luz al final del túnel. Ningún objetivo aparece aún en mi horizonte... Estoy más bloqueao que... que... Ve, no tengo remedio. Pero que quede clara una cosa: cualidades negativas no tengo. ¡Este es mi clavo ardiente!

Minimáxima 8 Preguntas

En la entrevista psicoterapéutica,las preguntas no son solo un medio de diagnóstico para recoger información. La pregunta indicada en el momento indicado

puede

ser

una

fuerte

intervención

terapéutica. Las preguntas inteligentes son el modo más sencillo para dirigir la atención del paciente hacia rutas provechosas. Asimismo, son la manera más simple de favorecer la búsqueda conjunta de soluciones y recursos. Mediante la forma de la pregunta es posible ejercer una influencia decisiva sobre:

• •

si el paciente busca mucho o poco, en qué medida la pregunta dirige la

atención, y



si uno le simplifica o le complica innecesa-

riamente las cosas al paciente. En el siguiente diálogo, el terapeuta formula

Paciente: Estoy siempre muy deprimido... Terapeuta: ¿Recuerda alguna ocasión reciente en la que no haya estado deprimido? Paciente: La verdad es que no... Terapeuta: ¿Hay alguna posibilidad de que usted evite estar deprimido? Paciente: No, es que siempre caigo en un abatimiento así... Terapeuta: ¿Hay alguna posibilidad de que usted lo pase bien? Paciente: Ahora mismo no se me ocurre ninguna. Es que de veras estoy siempre tan deprimido... Terapeuta: ¿Hay un primer paso para que usted pueda salir de su depresión y recobrar las fuerzas y el ánimo? Paciente: Tal vez lo haya, pero yo no hago otra cosa que hundirme cada vez más... La verdad es que esperaba que usted pudiera ayudarme. Pero es probable que yo sea realmente un caso difícil... En el diálogo anterior, por precaución, el paciente contesta «no» a todas las «preguntas de respuesta si/no» del terapeuta y no reflexiona mucho. Al final parece resultar cierta una secreta sospecha que hasta ese momento no estaba confirmada, y el paciente «reconoce» que es un «caso

difícil».

Pero,

mirándolo

bien,

este

«reconocimiento» es un resultado de las preguntas de respuesta si/no. Es cierto que dichas preguntas, absolutamente bienintencionadas, se refieren a excepciones de la regla del problema

(«estar siempre muy deprimido»), a posibilidades y pasos de mejoramiento. Sin embargo, a fin de cuentas, por su forma solo contribuyen a que el paciente

vea,

por

así

decirlo,

oficialmente

confirmada por un psicoterapeuta su sospecha de que

es

un

«caso

difícil».

En

general,

este

«reconocimiento» fatal al principio de una terapia aumenta

y

agrava

de

forma

considerable

el

problema. 1 Los terapeutas orienta-

1. De manera un tanto más poética, Anna describe la reducción de las posibilidades por medio de preguntas en una conversación con Fynn. Ella le había rogado al Señor Dios que le enseñara a preguntar correctamente y luego explica:

—Las cajas de los seres humanos se vuelven cada vez más pequeñas. —¿Qué cajas? —He pensado que cada pregunta se halla en una caja, y las respuestas que obtienen las personas siempre tienen exactamente el mismo tamaño que la caja dentro de la cual está la pregunta. Ocurre lo mismo que con las dimensiones, ¿recuerdas?

dos a los recursos y la solución prefieren aspirar al reconocimiento de que se trata de un «caso fácil». Para un «caso fácil», y con un «caso fácil», es más sencillo encontrar soluciones. Una «pregunta de respuesta sí/no» orientada a la solución, por ejemplo, «¿Tiene usted ideas acerca de cómo podría solucionar su problema?», solo puede tener por respuesta un «sí» o un «no».Y, por regla general, es más fácil seguir trabajando

cuando

el

paciente

contesta

afirmativamente la pregunta por las ideas de solución. Por el contrario, si el paciente responde «no» a dicha pregunta, el terapeuta estará en una situación más bien difícil. Así pues, después de tales preguntas de respuesta sí/no tan solo se puede ganar o perder. Por eso las he definido de manera informal como «preguntas de tahúr». Son preguntas apropiadas, sobre todo, para colegas muy maduros, que al cabo de largos años de profesión buscan nuevas posibilidades para hacer que su labor terapéutica resulte tan emocionante como un juego en el que se puede ganar, pero también perder. Si el terapeuta del diálogo anterior formula las mismas preguntas de otra manera, es decir, como «preguntas constructivas», puede obtener un resultado muy distinto: Terapeuta: ¿Qué puede decirme en primer lugar

Terapeuta: En el pasado usted a menudo estaba muy deprimido (minimáxima 1, «En el pasado...», y minimáxima 4, «¡“Siempre”nunca es verdad en relación con un síntoma!»). ¿Cuándo ha estado un poco menos deprimido, o quizá incluso nada deprimido, últimamente? Paciente (después de pensar un buen rato): En realidad, solo una vez que me animé a ir a un mercadillo de viejo... Terapeuta: ¿Cómo se sintió cuando se animó a ir allí? Paciente: La verdad es que al principio no me apetecía. Pero luego lo pasé muy bien. De eso hará ya más de un mes... Terapeuta: ¿Cómo era no estar deprimido, cómo se sentía usted allí? ¿Qué es para usted lo contrario de «deprimido»? Paciente: Mire usted, es un poco como era antes, me intereso por lo que hay, converso con la gente y me olvido de todo lo que tanto me aflige normalmente. Entonces ya no es todo tan difícil.... Terapeuta: Entonces ya no es todo tan difícil, sino... ¿cómo es entonces? (minimáxima 3, «¿Sino...?»). Paciente: En cierto modo, más fácil. Simplemente estoy ocupado con lo que me interesa, las cosas viejas, si están bien conservadas, los precios, el regateo, etcétera. Terapeuta: ¿Y qué posibilidades podría usted imaginar para ver cómo ocuparse más a menudo de lo que le interesa, el mercadillo, las cosas viejas, los precios, etcétera?

Paciente: Pues bien, tendría que animarme más a menudo como aquella vez e ir al mercadillo a pesar de que en un principio no me apetezca. Terapeuta: ¿Y cuál podría ser un primer paso para animarse? Paciente: Tendría que comprarme un periódico donde se publiquen todas las fechas en que hay mercadillo... Por medio de las preguntas constructivas del terapeuta, el paciente se ve involucrado con gran eficacia en procesos de búsqueda constructivos. Mediante la forma de la pregunta se descarta en gran medida la posibilidad de que el paciente diga «no» por precaución. Si

uno

busca

de

una

manera

intensa

y

específica con el paciente en una determinada dirección (los terapeutas orientados a la solución buscan preferentemente mejoras de los síntomas, excepciones a la regla del problema, puntos fuertes del paciente, ideas y enfoques que apuntan a la solución, etcétera) y si le gusta descubrir lo que buscaba, debería formular preguntas que impliquen lo que se busca como algo que ya existe. El mejor modo de comenzar tales preguntas es con las palabras

«qué...»,

«quién...», qué...»,

«cuándo...»,

«cómo...», todos

«en

adjetivos

«cuál...»,

qué...», y

«con

pronombres

interrogativos: • «¿Qué quiere lograr en esta sesión?» • «¿Qué ideas tiene usted que puedan ayudarle a solucionar su problema?»

• «¿Qué ha encontrado usted hasta ahora que le haya ayudado a solucionar su problema?» • «¿Qué ha notado usted que ha cambiado, o quizá mejorado, desde nuestra última sesión?» • «¿Cuáles de las capacidades que usted tiene podrían ayudarle en esta difícil situación?» • «¿De qué puede servirle ahora el haber resistido y saber que, de una forma o de otra, hasta ahora siempre lo ha logrado todo? ¿Ycómo ha hecho hasta ahora para lograrlo?»2 Ya solo por la forma de estas preguntas constructivas se transmite claramente que el terapeuta quiere saber más detalles, que está muy interesado y que lo que pregunta le parece importante.

Las

preguntas

constructivas

son

constructivas porque son productivas y útiles, y ayudan

a

construir

lo

que

el

paciente

y

el

terapeuta desean. • ¿Qué cree usted que es lo importante de las preguntas constructivas? • ¿Qué ventajas de las preguntas constructivas lo convencen más?

2.Han sido más bien raras las veces que el pronombre interrogativo «por qué» ha resultado

útil

en

mis

entrevistas

con

pacientes. Pero, según las circunstancias, al comienzo les pregunto sin falta a los



¿Con

qué

frecuencia

planteaba

usted

preguntas constructivas hasta ahora? •

¿Cómo podría usted sensibilizarse sobre la

diferencia entre las preguntas de respuesta sí/no y las preguntas constructivas? •

¿Cómo podría hacer usted para formular a

menudo a sus pacientes preguntas constructivas?

Está claro que no puedo seguir así. Plantao en el de sastre, quiero decir. No me gusta hacerme preguntas porque me pierdo, pero tendré que esforzarme un poco, ¿no, doctor? A ver, por ejemplo, ¿quién soy ? Evidentemente, soy un oso, aunque a veces parezco un ser humano, con su inseparable saco de problemas a la espalda. ¿De dónde vengo? Qué más da, soy un oso de mundo, aunque me muevo menos que la estatua de la Libertà. ¿Adonde voy? Vaya pregunta. De momento, a la cama, a darle vueltas a todo esto abrazao a la almohada.

Minimáxima 9 Preguntas constructivas por pequeños pasos

En la última minimáxima distinguimos entre «preguntas de respuesta sí/no» y «preguntas constructivas». Las primeras son con las que se pide un «sí» o un «no» por respuesta. Las segundas comienzan con un pronombre o un adverbio interrogativo (cuándo..., cómo..., cuál..., qué...) Cuando un paciente refiere: «Siempre estoy muy deprimido...», los terapeutas pueden formular preguntas de respuesta sí/no muy comprometidas y

sensatas

para

conocer

los

motivos

de

la

depresión padecida. Pese a todo su compromiso, no suele sacarse en claro nada más de las respuestas del paciente: Terapeuta: ¿Es posible que su trabajo le resulte excesivo? Paciente: No, en realidad no... Terapeuta: ¿Le agobia la tirantez de las relaciones con su mujer? Paciente: No, no puedo decir tal cosa... Terapeuta: ¿Es posible que le siga pesando el

Paciente: No, en realidad ya debo de haberlo superado. .. Tal como demuestra este breve diálogo, en general para los terapeutas es mucho más fácil y productivo recoger datos de diagnóstico mediante una abierta pregunta constructiva: «¿Con qué podría estar relacionado el hecho de que en el pasado usted se sintiera a menudo tan deprimido?» Por regla general, esta pregunta hará reflexionar al paciente

más

que

las

tres

comprometidas

preguntas de respuesta sí/no del diálogo anterior juntas. Además, seguramente al terapeuta le cuesta más esfuerzo formular esas tres preguntas de respuesta sí/no basadas en hipótesis. Las preguntas constructivas también resultan apropiadas para (re)construir soluciones. No obstante,

es

preguntas

fundamental constructivas

formular orientadas

las a

la

solución por pasos lo más pequeños posible, pues cuando las preguntas constructivas se hacen «en porciones muy gruesas», es decir, cuando se pregunta por soluciones grandes, definitivas, la conversación puede tomar un rumbo desfavorable: Paciente: Siempre estoy muy deprimido... Terapeuta: ¿Y cuál es el motivo principal (paso demasiado grande) por el cual está tan deprimido? Paciente: La verdad es que no lo sé... Terapeuta: ¿Cuándo se siente usted realmente bien (paso demasiado grande)? Paciente: La verdad es que nunca...

Terapeuta: ¿Y qué puede hacer usted ahora para salir de una vez de su depresión (paso demasiado grande, ya que ni siquiera está clara todavía la alternativa a la depresión)? Paciente: Lamentablemente tampoco lo sé. Si lo supiera... Terapeuta: Pero solo necesitamos un primer paso decisivo (paso demasiado grande). ¿Cuál sería, pues, el primer paso decisivo (paso demasiado grande a pesar del condicional)? Paciente: Lamentablemente, tampoco lo sé... Mire usted, ahora me doy cuenta de lo profunda que debe de ser mi depresión.Y me pregunto si aún me podrán ayudar... En este breve diálogo, si bien todas las preguntas

del

terapeuta

se

orientaban

a

la

solución, eran muy difíciles de responder para el paciente. De ese modo se desarrolla rápidamente en él una «actitud yo no sé». Después de unas pocas preguntas demasiado difíciles, el paciente ya solo parece saber que probablemente no puedan ayudarlo. Ese resultado fatal se produce debido a una sucesión de preguntas por grandes pasos.

Paciente: Hace un año murió mi padre. Fue bastante duro para mí. Bueno, y quizá también le doy demasiada importancia a algunas cosas en el trabajo... Terapeuta: ¿Cuándo ha estado usted un poco menos deprimido últimamente? Paciente: Durante las vacaciones, hace tres semanas, entonces era bastante menos... (En este punto sería un paso demasiado grande preguntar por estrategias de mejoramiento. Por eso, el terapeuta pide primero que se le explique mejor cómo es cuando la depresión es «bastante menos». Al terapeuta le interesa qué es «más» y cómo el paciente puede describir de una manera positiva ese «más»). Terapeuta: ¿Ycómo era usted durante las vacaciones, cuando estaba bastante menos deprimido? ¿Qué cosas hacía que últimamente haya estado haciendo más bien poco? Paciente: Volví a ser un poco como era antes, hasta volví a practicar deportes un par de veces Jugué al voleibol, fui a nadar y en general hacía bastantes cosas... Terapeuta: ¿Ycómo se sentía? Paciente: ¡Ah!,fue muy bonito, uno se siente un poco diferente..., mejor y más ágil... Terapeuta: ¿Y cómo podría hacer usted, aquí, para poco a poco volver a hacer algo de deporte o moverse más, para volver a sentirse más como antes también aquí? Paciente: Mmm... Esa es una buena pregunta, difícil pero buena...Tal vez podría... (y entonces el paciente

busca respuestas a esta pregunta constructiva por pequeños pasos). Por

medio

constructivas

de

muchas

por

preguntas

pequeños

pasos,

planteadas sucesivamente por el terapeuta, se

suscita

en

comunicativo,

el

paciente,

la

de

experiencia

un

modo

de

una

creciente competencia en la contestación de preguntas relevantes para la solución: «De una manera o de otra sé responder a todas sus preguntas, a pesar de que aún no había pensado en muchas de las cosas que usted quiere saber. Y, además, se me ocurren entonces ideas muy útiles.Tal vez yo no sea tan tonto como pensaba». Al preguntar por soluciones, facilita las cosas preguntar

primero

en

condicional

por

«lo

imaginable»: «¿Yqué sería algo imaginable como un pequeño primer paso para la solución?». Una vez que el paciente ha sido capaz de dar algunas respuestas

a

esa

pregunta,

es

posible

ir

abriéndose camino paso a paso para la pregunta formulada en indicativo: «¿Y qué partes de tales pasos imaginables de la solución le parecen más viables?». La interrogación constructiva acerca de soluciones

debería

avanzar,

pues,

desde

el

condicional no vinculante, que favorece la lluvia de ideas, hacia el indicativo. Con la transición casual al

indicativo

tienden

a

producirse

hechos

vinculantes y se pueden «asentar» los pasos de la

constructivas por pequeños pasos. Estas deberían apuntar a soluciones, mejoras, capacidades y recursos del paciente. Luego se puede «lucrar» con las respuestas obtenidas. Experimente usted mismo con sus formas de preguntar. Es posible que, sin haberlo notado, ya haya formulado de manera ocasional preguntas constructivas por pequeños pasos. Permítase dar pequeños

pasos

cuando

aprenda

a

formular

preguntas constructivas por pequeños pasos de un modo cada vez más sistemático. ¿Cuál sería la mejor manera de proceder? ¿Qué experiencias adquirirá usted si en sus próximas entrevistas formula preguntas constructivas por pequeños pasos de forma plenamente consciente?

La última sesión me dejó tocao y no he pegao ojo en toda la noche. Yo creía que me iba a ir mejor. Lo de ir avanzando pasito a pasito es una verdá como una colmena. Habrá que ir estableciendo prioridades. Por cierto, las tendrá usté patentadas, ¿no, doctor? Voy a comenzar por dejar esta mesa como una patena. Luego acometeré otra prioridad, pero todo a su tiempo. Dígame, doctor Prior, usté que ya me conoce bastante, ¿soy un caso difícil? ¿Podré salir de esta?

ideas que se generan en lo más íntimo de su alma, o hablaría más de su problema con otras personas y prestaría especial atención a las cosas útiles que surjan? ¿O más bien llegaría de un modo totalmente distinto, poco convencional, a nuevos principios de solución?» • «Si esta vez dejara usted de fumar para siempre, de modo que estuviese inmunizado contra las recaídas, ¿lo liaría anunciando a todos sus amigos y conocidos su definitivo adiós al cigarrillo y haciendo apuestas, o más bien se aseguraría de otro modo de despedirse definitivamente del cigarrillo?» • «Supongamos que en su próximo examen oral usted imaginara unos instantes al examinador sin más ropa que su bolígrafo, ¿le resultaría más fácil entonces verlo como una «persona normal como tú y yo», o más bien se diría: “He estudiado mucho y me concentro por entero en contestar bien”? ¿O cómo viviría entonces la situación de examen?» Estos ejemplos ponen de manifiesto que a quien formula esta clase de preguntas le interesa sobre todo:



dar nuevas ideas al paciente,



presentar las sugerencias y las propuestas

de una manera atractiva y «de fácil manejo»,



focalizar la atención en direcciones prove-

chosas,



implicar al paciente en procesos de

búsqueda de soluciones y mejoras. Una pregunta así formulada comienza con el supuesto de una actividad deseable. Por ejemplo,

si uno desea ayudar a alguien a bajar de peso, tal vez podría manifestar en algún momento de la entrevista: «Ya sabrá usted que un medio natural para adelgazar es aumentar la actividad deportiva». Luego, por medio de la palabra «supongamos...», puede invitarlo a realizar un ejercicio mental («Supongamos que usted empezara a aplicar este conocimiento...») y a continuación hacer dos o más sugerencias que contengan alternativas deseables: «¿Pensaría más bien en cómo volver a practicar un deporte que antes le gustaba mucho, o buscaría algo nuevo, algo que quizá siempre haya querido probar, y que, además, aumentaría su consumo de calorías de forma saludable?» Con estas preguntas acerca de dos o más alternativas deseables, es posible conseguir de manera indirecta y tentadora que el paciente se represente

mentalmente

nuevas

posibilidades.

Estas preguntas son tanto más valiosas cuanto más coinciden sus propuestas implícitas con los objetivos y los valores del paciente. Cuando, por medio de preguntas tentadoras sobre posibilidades deseables, se logra sugerir soluciones o incluso dar con algo que el paciente acepta entusiasmado como una ocurrencia iluminadora, estamos ante auténticas perlas de la experiencia comunicativa. Supongamos que usted ya se hubiera dado cuenta de que con esta forma de preguntar puede hacer que su labor terapéutica resulte mucho más eficaz, ¿volvería a leer estas explicaciones para

grabárselas en la memoria, o haría una copia de la última página de este libro, donde se enumeran los títulos de las 15 minimáximas, y la colgaría en algún sitio bien visible, en su lugar de trabajo, como ayuda para la memoria y la práctica? ¿O cómo haría para formular más a menudo estas preguntas

tentadoras

sobre

alternativas

Sí, sí, tres estupendos ejemplos que a mí no me sirven de na. Ni hago exámenes, ni fumo, ni hablo de mis manías con nadie (quién me iba a entender...) Bueno, examen de conciencia sí que he hecho alguna que otra vez, pero tengo menos que un oso de peluche. Lo único que me vendría bien ahora es cantarle las cuarenta a alguien. Pero ¿a quién? Tal vez, si soltara lastre por la boca, mis males se esfumarían...

\í-------------------------------------------

Minimáxima 11

«Con la mente consciente usted hasta ahora no ha

En la entrevista terapéutica, los pacientes siempre refieren que no pueden lograr algo deseable. Dicen,

por

ejemplo:

«No

encuentro

salida...»,

«Nopuedo imponerme...», «No sé cómo hacerlo mejor...» Ello suele invitar al terapeuta a decir cómo el paciente podría hacerlo mejor, cómo podría imponerse o encontrar una salida. Pero no todos los pacientes saben apreciar esos buenos consejos

directos,

antes

bien,

los

consideran

«sabihondos», no se sienten a gusto con un terapeuta tan superior ni con la relación jerárquica (abajo, el paciente incapaz e ignorante; arriba, el terrapeuta capaz y sabi|hond)o) y no están en condiciones de seguir tales consejos. Por otra parte, es problemático limitarse a reflejar de manera comprensiva («pacing») que el paciente no puede o no sabe hacer algo. La confirmación de dicho punto de vista tendría como consecuencia que la solución debe venir de fuera, en este caso, del terapeuta por supuesto. Y a

tales soluciones (véase arriba). ¿Cómo resolver este dilema? Aplicando la décima minimáxima, es posible implicar al paciente en procesos de búsqueda orientados

a

la

solución

y

los

recursos

con

preguntas tentadoras acerca de dos alternativas deseables. 1

Cuando

el

paciente

declara

su

ignorancia o su incapacidad, también es posible aplicar otra estrategia. Esta estrategia se basa en que el terapeuta siempre puede afirmar que el paciente no piensa que no puede o que no sabe como persona integral, sino solo en parte (es decir, con su mente consciente o su «cabeza», por contraposición al inconsciente, a la intuición o al cuerpo): «Con su mente consciente no sabe usted cómo mejorar su estado de ánimo, no tiene idea de cómo hacerlo...» A continuación se puede decir: «De modo que la mejoría deberá provenir más bien de su inconsciente...» En general, la declaración del terapeuta acerca de que el saber curativo y las posibilidades de mejorar del paciente residen en su inconsciente es aceptada. La mayoría de las veces el paciente dice luego que no sabe cómo acceder

a

su

saber

inconsciente

o

a

sus

capacidades inconscientes. Tras haber creado una

1. Se

pregunta,por

ejemplo:

«Supongamos que usted pudiera imponerse, ¿cómo lo haría? ¿Cuál sería su estilo?

liberar ese saber y ese poder inconscientes a través de un estado de conciencia distinto. En consonancia con la «fail-safe double bind induction» (inducción del doble vínculo a prueba de fallos) de Ernest Rossi, 2 puede decir, por ejemplo: «Usted quiere adelantar con su problema. Hasta ahora, con su mente consciente, no ha podido encontrar ningún avance practicable, de manera que ahora le preguntaremos a su inconsciente. Su inconsciente sabe y puede mucho más que su mente consciente. Ahora coloque las manos a la altura del pecho, como si pudiera tomar su problema entre las manos. Ahora que su inconsciente ya está listo para permitir que usted sepa o sienta algo que le hará adelantar un paso con su problema, sus manos empezarán a moverse como por sí solas. Si antes es necesario que desarrolle usted un trance intermedio, sus ojos pueden ir cerrándose lentamente y luego los movimientos de sus manos resultarán mucho más perceptibles... Esté atento y utilice su tacto para aquello que su inconsciente le hace comprender poco a poco a través de sus manos...» También pueden proponerse deberes ambiguos para hacer en casa como ritual de acceso a estos conocimientos y capacidades inconscientes. Stephen y Carol Lankton, dos discípulos de Milton

2. E. L. Rossi y D. B. Cheek, Mind-

Body-Therapy:

Ideodynamic

Healing

in

Hypnosis, Nueva York, Norton, 1988, págs.

H. Erickson, derivaron del trabajo de su famoso maestro

«prescripciones

ambiguas»

(ambiguosfunction assígnments) y las describieron. Tales prescripciones ambiguas ofrecen al paciente una posibilidad de proyección para su saber interior

y

funcionan

como

obstetras

en

la

concientización del saber inconsciente. 3 Pero aún a aquel que no sea hipnoterapeuta ni utilice prescripciones ambiguas le resultará útil distinguir entre la mente consciente y una instancia de conocimiento superior o más profunda del paciente (el «inconsciente», «lo más íntimo de su ser»,

su

«yo

superior»,

la

«intuición»,

etcétera).Tras establecer esta distinción, ya no es todo el paciente el que no sabe, sino solo una parte de él. Otra parte suya lo sabe muy bien. Especular con el paciente acerca de dicho saber ayuda a concebir nuevos pensamientos, ideas y posibilidades. Ahora bien, combinando varias minimáximas es posible reaccionar de la siguiente manera ante

3.S. R. Lankton y C. H. Lankton, Enchantment and Intervention in FamiliyTherapy.Training in EricksonianApproaches, Nueva York, Brunner & Mazel, 1986, págs. 136-152; C. H. Lankton, «Task Assígnments: Logical and Otherwise», en J. K. Zeig y S. R. Lankton (eds.), Developing Ericksonian

«En el pasado, raras veces pensaba usted con su mente consciente que a menudo puede más de lo que cree. Pero su inconsciente tiene y sabe mucho más acerca de sus posibilidades. ¿Cómo hará usted esta vez para poner a su alcance ese saber inconsciente sobre posibilidades adicionales? ¿Cómo conseguirá —quizá en un nuevo estado de conciencia — liberar ese saber adicional?» Lo que es bueno para los pacientes también puede ser bueno para los asesores y terapeutas. Es posible que en el pasado usted pensara con su mente consciente que no podía sacar mucho provecho de los principios ericksonianos de la psicoterapia y la hipnosis. O tal vez descartaba la posibilidad

de

aprender

algunos

elementos

ericksonianos e integrarlos en su trabajo. Pero puede que en lo más profundo de su ser exista algo así como una curiosidad, una curiosidad por saber

para

qué

sirve

una

concepción

del

inconsciente como un sitio de sabiduría interior y posibilidades

latentes.Y

puede

ser

muy

interesante ver cómo dicha curiosidad ayuda a descubrir cosas fascinantes...

Cierro los ojos y, ¡vualá!, en trance... Vuelo por el cielo azul y suelto mis problemas uno a uno, eso sí, pro curando no darle a nadie en la cabeza... La intuición -el olfato, mejor dicho- agita mis alas. Ahora valoro en toda su dimensión esta generosa inconsciencia con que la naturaleza me ha dotado. ¡Adiós, problemas, adiós! ¡Adiós, debilidades, adiós! ¡No quiero veros el pelo nunca más!

Minimáxim a 12 No

¿A qué terapeuta o asesor no le ha ocurrido que sabe bien cuál es la solución, hace una propuesta realmente muy buena y lo justifica todo con argumentos sólidos, pero la propuesta es rechazada por el paciente? O el paciente muestra una actitud «sí, pero», diciendo: «Sí, la verdad que es una excelente propuesta, pero por desgracia no puedo aceptarla. Lo mío sí que es grave, sé que soy un paciente difícil. ..»A veces, el paciente asegura que «intentará

de

veras»

poner

en

práctica

la

propuesta, el terapeuta comprometido apremia al paciente para que lo intente de veras, pero para sus adentros ya sabe que, aparte de las numerosas

excusas

(«Lo

siento,

de

veras

lo

he

intentado, pero...»), al final no se adelantará nada. El fastidio que produce el rechazo abierto o encubierto de las buenas propuestas confirma una desagradable conclusión: mucha gente no puede aceptar las propuestas directas, por muy buenas que sean.

índice

de

aceptación

de

las

propuestas

terapéuticas aumenta considerablemente cuando presentamos

nuestras

propuestas

como

negaciones y hacemos no propuestas. Para ello nos valemos de la noción de que todo lo que sigue a una negación se activa sin falta mentalmente por breve tiempo. Usted podrá comprobarlo con facilidad observando su propia reacción al leer las siguiente frases: • «¡No piense ahora en un conejo rosa!» • «No sienta que tiene en la boca una cucharada de zumo fresco de limón y que la acidez del zumo de limón lo impregna todo...» • «No imagine a su jefe con un enorme sombrero de cowboy en la cabeza...»

Aprovechamos este efecto —«no pienses

objetivo, qué es lo que quiere, porque es posible que esta cuestión le preocupe sencillamente en su fuero interno, de manera más bien oculta...» el terapeuta presenta de esta forma sus propuestas, relativizándolas mediante la negación antepuesta, el paciente siempre tiene la libertad de decir «No, eso tampoco es posible por las siguientes razones...», y entonces se encontrará con un terapeuta comprensivo o que se esfuerza por comprender.

O,

si

no,

el

paciente

reacciona

diciendo: «Mmm..., es cierto que podría haber hecho eso. Pues sí que es una buena idea...».Y a menudo al paciente luego le parece que fue a él a quien se le ocurrió esa buena idea. El paciente tiene, pues, plena libertad de retomar las sugerencias que le parecen

apropiadas y

de pasar

por

alto

las

inapropiadas. Así se evitan las luchas infructuosas por la aceptación o el rechazo de la propuesta. Las posiciones de rechazo y aceptación se ocupan de una manera práctica: el terapeuta, con sus no propuestas, ocupa prudentemente la posición de «¡eso no puede ser!», mientras que la posición del paciente es más bien la de «¿y por qué no?» La actitud con la que hacemos estas no propuestas debería corresponderse con la formulación lingüística. En realidad, no hacemos ninguna propuesta, ni tampoco queremos hacerla. Antes bien, ya de antemano afirmamos más o menos de pasada

que

factible. Si el

lo

dicho

probablemente

no

sea

interlocutor también califica lo dicho de no factible e imposible, y lo justifica, lo comprendemos. Pero con gusto nos dejamos refutar por el interlocutor y desengañar de la factibilidad. En efecto, el propio interlocutor sabe mejor que nadie lo que es factible y posible para él. Resulta particularmente atractivo y tentador introducir

buenas

ideas

anteponiendo

las

siguientes negaciones: • «Y aún no hace falta que se permita usted...» • «Y no es necesario...» • «Y aún no es necesario que...» • «Y aún no tiene usted que...» • «Y aún no hace falta que permita usted que...» También es útil tener en cuenta el principio de los pequeños pasos: • «Usted aún no necesita permitirse disfrutar un poco más de esta experiencia...» • «Y no hace falta que ahora imagine usted qué pasaría si aumentara la intensidad o la profundidad de esa sensación placentera... O si con el tiempo se sumara alguna otra cosa útil, que aún no tiene usted por qué saber qué es...» • «Y una mayor seguridad en sí mismo posiblemente no sería algo a lo cual usted o su pareja podrían acostumbrarse con facilidad...» Cuando usted hace no propuestas, el paciente tiene la mayor libertad posible para aceptarlas o rechazarlas.

Sin embargo, no hace falta que ahora, para practicar, haga usted alguna no propuesta en cada una de sus próximas entrevistas, aunque de esa forma las no propuestas se convertirían en una parte muy útil de sus recursos comunicativos, pues usted ya ha hecho a menudo no propuestas, sin ser consciente de ello. Colocar un papelito que diga «¡No propuestas!» al lado del teléfono o en algún otro sitio visible de su lugar de trabajo no es para todo el mundo el método indicado para recordar con más frecuencia esta buena forma de

¡Ay, mi madre! Pero ¿qué es esto? Ahora resulta que necesito un conejo rosa para no pensar en él. Menos mal que tengo por ahí una chistera. Seguro que me obsesiono con el conejo rosa, seguro que me obsesiono con el conejo rosa, seguro que me obsesiono con el conejo rosa... ¡Basta! Por favor, doctor Prior, deme otro consejo para cuando el conejo rosa pase a mejor vida.

Minimáxima 13 «¡tremendo... !»-«un poco...» «¡extraordinariamente... !»«en verdad algo...» «¡sumamente... !»-«no poco...»

¡Habla el idioma del paciente! (I) Me causó muchos quebraderos de cabeza un paciente que siempre relataba sus experiencias cotidianas con gran intensidad: «Figúrese, señor Prior, qué fabuloso: ¡aquí, yo, y allí, el señor A.! ¡Yo era un manojo de nervios! Y, además, mis reacciones: nunca antes me había pasado algo tan tremendo, aquello superaba ampliamente todo lo que yo había vivido hasta ahora, y usted no se puede imaginar la de cosas fuertes que he vivido.» Yo me esforzaba por manifestar comprensión con mi estilo habitual, más bien mesurado: «Estar sentado frente al señor A. era una situación bastante tensa para usted. Le pasaron cosas extraordinarias... Y que lo diga usted, ya es algo, pues no han sido pocas las experiencias extraordinarias que ha vivido hasta ahora...» A pesar de que yo me esforzaba mucho por

pero

más

bien

moderados

y

prudentes,

no

lograban salvar el gran abismo que había entre nosotros.

Si

alguien

nos

hubiera

observado,

también habría notado esa gran diferencia en nuestra conducta no verbal: yo estaba en mi silla, relajado, hablaba en un tono tranquilo y pausado, y en conjunto parecía más bien circunspecto. Mi interlocutor,

en

explicaciones,

siempre

grandes

cambio,

movimientos,

muy y

a

subrayaba

sus

dramáticas,

con

veces

estaba

tan

excitado que le costaba mantenerse sentado, parecía a punto de levantarse de un salto. Al cabo de un tiempo no tuve más remedio que admitir que era incapaz de entrar realmente en contacto con aquella persona. Era como si una avispa enloquecida revoloteara alrededor de un buda. Entre nosotros había poca comunicación. Por aquel entonces yo participaba en muchos talleres dirigidos por discípulos de Milton H. Erickson. De ellos había aprendido muchas cosas útiles para

tratar

a

pacientes

difíciles.

Siempre

aconsejaban: «¡Habla el idioma del paciente!» Y: «Haga lo que haga un paciente para ser paciente, un terapeuta puede hacer lo mismo para ser terapeuta». Yo me preguntaba cuál era el idioma de mi paciente. Me llamaba la atención esa gran intensidad, para él casi todo era «inaudito», «de locos»

y

«tremendo»,

incluso

algunas

cosas

«superaban todo lo anterior». Mi paciente vivía en

en cambio, era la moderación en persona y hablaba

tranquilamente

utilizando

expresiones

como «un poco», «algo», «no poco», «no poco importante», etcétera. Me puse a reflexionar. Entonces me vino a la memoria aquel admirable inglés que, según dicen, restando toda importancia a su sentencia de muerte, la comentó con las siguientes palabras: «Esta sentencia no habría sido mi primera alternativa...» Eso me gustaba. Por otra parte,TheodorW. Adorno, a quien también admiro mucho, definió la exageración como el «medio de la verdad». ¿Acaso a mí también debía parecerme todo «inaudito», «de locos» y «tremendo»? Esa idea generaba en mí cierta resistencia. En mi monólogo interior me permití expresar en broma dicha resistencia en el idioma de mi paciente: «¡Pues sí que es una locura vivir siempre en un mundo empírico tan inaudito y tener continuamente experiencias de tan extraordinaria intensidad! De ninguna manera pienso ser tan histérico ni expresarme en este lenguaje absurdo que supera todo lo anterior! ¡Esta permanente intensidad sería un horror y me haría pedazos!» Mirándolo bien y, por supuesto, desde una perspectiva «más prudente», aquellos temores resultaban «en parte» injustificados. Así pues, comencé a experimentar con las exageraciones y a ampliar «poco a poco» mis posibilidades de expresión

lingüística. Para alguien moderado como yo, ello deparaba a menudo experiencias desconcertantes y a veces bastante divertidas. Se me abrieron mundos que «ni remotamente —aun en el más atrevido de mis sueños- hubiera podido imaginar». Sobre todo no olvidaré el «fabuloso éxito» que tuve cuando, después de entrenarme un tiempo, conseguí comprender cabalmente a mi mayor exagerador, un auténtico campeón de esa forma de expresión y de vida, e incluso superarlo con mis exageraciones. El, en cambio, se tornó cada vez más tranquilo, precavido y circunspecto. En las entrevistas puede resultar útil distinguir

entre

exageradores

y

subestimadores. A los exageradores les resulta fácil comprender y describir las cosas en su «conmovedor

dramatismo»,

su

«extraordinaria

intensidad» y su «increíble» trascendencia. Les gusta emplear expresiones extremas como, por ejemplo,

«tremendamente»,

«sumamente»

o

«completamente». Los subestimadores prefieren utilizar en sus descripciones términos propios de la moderación como, por ejemplo, «un poco», «tal vez no tan» y «más bien algo». Si queremos hablar

el

idioma

del

otro,

si

queremos

identificarnos con su manera de vivir las experiencias, entender la exageración y la subestimación comprensión.

puede

favorecer

mucho

la

cosas» que se podrían «pensar un poco», que son «en verdad algo» notable, que «a veces» pueden llegar a tener «cierta importancia»? ¿Cuánto le cuesta alternar entre los roles de exagerador y subestimador? Describir y vivir las cosas de un modo «radicalmente distinto» al habitual puede llegar a ser una experiencia «impresionante» y «sumamente memorable». O, dicho de otro modo: bien podría llegar usted a «alguna que otra» conclusión «no poco importante» si «de vez en cuando» exagera o subestima contradiciendo sus costumbres. Y ello no tiene por qué limitarse al

1. Encontrará usted más sugerencias respecto

a

este

«Übertreibungen

tema als

en

M.

Prior,

Mittel

del

De otra cosa no, pero, si de algo puedo presumir, es de no exagerar nunca. Mi extrema prudencia me lo impide, por eso procuro ajustar al máximo mis comentarios. Me cargan sobremanera los tipos que exageran sin mesura. Por eso, doctor, me parece interesantísima la manera de actuar que tiene usté con sus pacientes. Seguro que se mostrarán muy satisfechos y serán magníficos propagandistas de su terapia.

Minimáxima 14 Para pacientes «difíciles» con «resistencia»: ¡en cada

¡Habla el idioma del paciente! (II) Los

psicoterapeutas

tenemos

que

y

tratar

los

con

asesores personas

siempre que

son

«difíciles» y tienen mucha «resistencia». 1 A principios de la década de 1980, durante mi periodo de formación en psiquiatría forense, en un centro penitenciario tuve que tratar a una persona particularmente

«difícil»,

con

muchísima

«resistencia»: el señor L. le caía muy mal a todos los

demás

pacientes.

Los

enfermeros

solían

referirse a él empleando un amplísimo espectro de palabrotas, e incluso los médicos olvidaban casi por completo su discreción académica y no se

1. En «difícil»

mi y

características

opinión,

«resistencia» de

las

los

conceptos

no

describen

personas,

sino

dificultades que surgen a causa de hábitos

de

ocultar

psiquiátricos.

su Para

rechazo

bajo

un

psicólogo

diagnósticos joven

y

comprometido, ello requería la indicación de una psicoterapia. Me sublevé contra aquel rechazo generalizado, me solidaricé con el —a mi juicio— pobre paciente y concerté con él entrevistas terapéuticas semanales. 2 Sin embargo, al principio las entrevistas no resultaron tan productivas como yo deseaba. En ellas me esforzaba mucho por facilitarle las cosas al señor L. Por ejemplo, comencé

una

comentarios

de

nuestras

totalmente

entrevistas

inofensivos

sobre

con el

tiempo:

,

—Buenos días señor L., me alegro de que haya venido. .. Qué día tan bonito hace hoy...

Al señor L. no le parecía un día bonito: —Mire, ningún día es bonito cuando uno tiene que estar aquí metido...

Dado que mis esfuerzos referidos al buen tiempo habían sido rechazados, intenté empezar

2.En los centros penitenciarios puede desarrollarse una dinámica muy peculiar en el campo de fuertes tensiones entre los pacientes internados y sus familiares, los diversos grupos de terapeutas y de enfermeros, los

—Yo no tengo ningún inconveniente en que hablemos del tiempo... —replicó. —Ya, pero tenemos cosas más importantes de que hablar... El no se mostró muy abierto a esa propuesta: —Hablar de temas importantes no es tan fácil. Las experiencias que he tenido con los psicólogos no han sido precisamente buenas... —Y a continuación me explicó de manera muy comprometida y detallada cuándo y cómo se había sentido maltratado por los psicólogos. Puesto que yo sentía que sus explicaciones también eran un reproche dirigido a mí, me costó bastante

trabajo

escucharlo

tranquilo.

Luego

intenté cambiar de tema y dirigir la atención hacia un punto conflictivo, que yo consideraba más provechoso para la terapia: —Bien, he oído decir que tiene usted bastantes problemas con su compañero de habitación, el señor R. El reaccionó con furioso rechazo: —¿Yo? No, no. No tengo ningún problema con él. Mire, ya estoy harto de estas calumnias... Pues tampoco es ningún secreto que R. no es mi amigo... La entrevista prosiguió en el mismo estilo, al correr del tiempo me ponía cada vez más tenso y me empezó a doler la barriga. ¡Yo que tanto me esforzaba por ser positivo no cosechaba más que rechazo! Durante largo tiempo luché contra mi

todas las demás personas que tenían que tratar con el señor L. Cada vez era más fuerte la tentación de unir mi voz al estridente coro de quienes no querían tener nada que ver con él. No obstante, sentía continuamente dentro de mí, como un mantra de la psicoterapia ericksoniana, la siguiente exhortación: «¡Habla el idioma del paciente!» Y: «Haga lo que haga el paciente para ser paciente, un terapeuta puede hacer otro tanto para ser terapeuta!» Me preguntaba cuál era el idioma de mi paciente, qué hacía para ganarse el rechazo de todos. Algo me llamó la atención: en cada una de sus frases había un «no». El señor L. decía que no a casi todo y casi siempre lo negaba todo de antemano. Por aquel entonces, aquello me parecía una contraindicación para la psicoterapia. Sintiéndolo

en

el

alma,

me

despedí

de

mis

esfuerzos por ayudar al señor L. Resolví aprender a hablar el idioma de mi paciente y a emplear en cada frase una negación. A pesar de que el folclore terapéutico del «pensamiento positivo» no había pasado por mí sin dejar huella, aprendí bastante deprisa a expresarme exclusivamente en términos negativos.

Las

entrevistas

con

el

señor

L.

adquirieron entonces un carácter completamente distinto: Terapeuta: Buenos días, señor L. Hoy sí que 110 hace un día muy bonito... Señor L.: Ya lo creo que no. Pero ningún día es

tarde advertí que —según me pareció, por primera vez— el señor L. me había dado la razón). Terapeuta: Bueno, de todos modos no estamos aquí para hablar del tiempo... Sin embargo, hablar ahora mismo de cosas importantes y encima con un psicólogo —no he olvidado que sus experiencias con psicólogos no han sido las mejores— probablemente no sea algo que a usted le apetezca... Señor L.: Pues en eso no se equivoca usted... Terapeuta: Y probablemente no querrá usted hablar de ninguna manera conmigo sobre el asunto de su compañero de habitación, el señor R. Señor L.: La verdad es que no, tiene usted razón. Es que R. es... (a continuación dio largas y enfadadas explicaciones sobre el «insoportable» R.). Proseguí con mis comentarios negativos, haciendo «no propuestas» en pequeños pasos (minimáxima 12): Terapeuta: Y cuando alguien lo saca a uno de quicio, ya no es posible seguir estando relajado y dejar, por ejemplo, un brazo relajado, apoyado sobre el brazo del sillón... aunque antes estuviera bastante tranquilo, pese a este fastidioso asunto que no le es completamente indiferente... Señor

L.

(tras

mirarme

ostensiblemente

relajado y dirigir luego una desdeñosa mirada a su brazo derecho): /Compruébelo! Le cogí el brazo por la muñeca, se lo levanté un poco con cuidado y lo dejé caer.

Terapeuta (sorprendido y admirado): ¡Vaya, no me lo hubiera imaginado! Pero el otro brazo, probablemente, no conseguiría dejarlo tan relajado... El señor L. me dio a entender con su mirada que, si quería, podía comprobarlo y asombrarme de sus facultades. Así lo hice y volví a mostrarme sorprendido. Después di por supuesto que él seguramente no podría dejar los dos brazos relajados hasta los hombros. Cuando me demostró que también podía tener los brazos y los hombros relajados, afirmé estar completamente seguro de que él no podría permanecer relajado mientras cerraba los ojos unos instantes. El señor L. se regodeó al refutarme con los ojos cerrados (yo, por mi parte, disfrutaba del

clima relajado, muy

distinto de las anteriores entrevistas con el señor L.). Después de esta experiencia, experimenté mucho con las expresiones negativas que había aprendido del señor L. Comprobé que empleando negaciones también se podía hablar mejor con el personal sanitario sobre el señor L. («No es fácil encontrar algo simpático en el señor L...»). Las

expresiones

negativas

comprensivas

siempre son útiles cuando las cosas se ponen «difíciles»

con

los

demás,

cuando

se

ofrece

«resistencia» y se entabla una lucha comunicativa. La

principal

ventaja

de

emplear

expresiones

negativas comprensivas al tratar con personas

nada contra lo cual sea preciso oponer resistencia y defenderse. Ambas partes pueden entenderse mejor y estar más relajadas. Compruebe usted mismo qué expresiones responden mejor a su deseo de una mayor flexibilidad comunicativa. O bien un discurso formulado en términos positivos como: ¡Entrénese en el uso

de

expresiones

negativas

en

sus

entrevistas con pacientes «difíciles»! ¡Si es usted capaz de utilizar un «no» en casi todas sus frases, le será más fácil manejar esos «casos difíciles»! O bien las expresiones con negaciones, la «no propuesta» (minimáxima 12): No es necesario que se entrene usted para emplear un «no» en cada frase, puesto que ya lo hacía de vez en cuando, intuitivamente, al tratar con personas «difíciles».Y, como ahora tiene más claro cuál es el provecho, no hace falta que procure

utilizar

(o

aprovechar)

de

manera

consciente expresiones negativas deliberadas para

Yo no tengo ningún problema con usté, doctor Prior. Hasta ahora todo ha ido bien. Y estoy dispuesto a lo que sea para mejorar. En estos momentos, por ejemplo, me encuentro animao. Bueno, no sé si me estoy pasando, pero por lo menos no se me ha subío la sangre a la cabeza y veo cada cosa de su color, más o menos. Dígame, doctor, ¿es reversible mi situación? ¿Podría retornar al pasado si doy un traspié? ¿Habré de ser un oso asceta si no quiero volver a las andadas?

Minimáxim a 15 La regla de la Red

Una especialista en informática se quejó en el marco de su terapia de la mala relación con su marido,

también

informático.

Explicó

que

dedicaban mucho tiempo y energía a hacerse mutuamente reproches. Ella sabía bien que esa forma

de

tratarse

era

muy

destructiva;

no

obstante, se repetía con mucha frecuencia y luego la agobiaba durante largo tiempo. No sabía cómo hacer para disminuir la frecuencia de las fases de reproches

en

la relación

con

su

marido.

En

realidad, habría preferido no reprocharle nada, porque los reproches no conducían a ninguna parte. El único efecto de los reproches recíprocos era que se enrarecía el ambiente entre ellos, todo el tiempo se hacían «pausas» prolongadas y la relación se «descarriaba». Ella amaba a su marido y no quería ni podía imaginarse con otro hombre. Por ello deseaba reducir la frecuencia de aquellos fastidiosos reproches y que la relación volviera a encarrilarse.

«regla de la Red». Como es natural, siendo especialista en informática, se sorprendió y me preguntó en qué consistía dicha regla. Le dije que la mejor manera de explicárselo era mediante un ejemplo. Le pedí que expusiera reproches típicos que enturbiaban su relación, cosa que a mi paciente le resultó fácil: «Mire, si hay algo que no puedo soportar de mi marido es que, cuando vuelve a casa los viernes, coge el periódico sin decir siquiera “Hola” y luego lo deja desparramado por todo el salón, pero no se da cuenta, porque la mayoría de las veces, después de leer el periódico, pone la tele y durante una hora y media se sumerge en las noticias o en algún programa de deportes, como si yo no estuviera. Yo también vuelvo cansada del trabajo los viernes. Pero mientras él está colgado de la tele, yo tengo que hacer todos los trabajos de la casa, limpiar, vaciar el lavavajillas, etcétera, y ya puedo darme por contenta si no me echa una bronca por hacer tanto ruido. Estoy harta de tener que hacer todo el trabajo de la casa prácticamente sola, mientras mi querido esposo pone los pies en alto. Y, por supuesto, luego le hago reproches bastante duros. A veces digo palabras fuertes, lo admito, aunque sé que esos reproches no conducen a nada.» Ella me dio la razón cuando supuse que probablemente él luego estaba enfurruñado, se retraía y no se hablaba más del asunto, porque primero había que esperar a que se pasara el mal humor.Y pronto ya era viernes otra vez. Después de comprender muy bien

esa

típica

situación,

volví

a

manifestar

mi

convicción de que la regla de la Red podía resultarle útil. A instancias suyas, le expliqué que «re» quería decir reproche, y «d», deseo. La regla de la Red consiste en reformular cada reproche como un deseo. Le pregunté qué deseos escondían sus reproches del ejemplo anterior. La paciente tardó un rato en encontrar las palabras adecuadas y comenzar sus frases con la deseada fórmula «Deseo que tú...»: «Deseo que de ahora en adelante te encargues de algunos trabajos de la casa. Para mí, lo mínimo sería que en lo sucesivo te ocupes de vaciar el lavavajillas. También quiero pedirte que me prestes atención cuando llegas a casa los viernes, que me digas “¡hola!” cordialmente y que me des un abrazo, aunque sea breve. No hace falta más. Luego, por mí, puedes desaparecer leyendo el periódico y mirando el programa de deportes. Eso sí, q uiero pedirte que cuando acabes de leer el periódico, lo dejes plegado para que luego yo pueda encontrarlo en la mesa del salón tal como tú lo recogiste del buzón. Y si olvidas cumplir alguno de mis modestos deseos —cosa que puede ocurrir alguna vez—, me parecería bien que lo remediaras con un ramo de flores. Independientemente de eso, me alegraría que volvieras a traerme flores sin más, como lo hacías antes.» Como el marido siempre estaba muy interesado en todo lo que su mujer decía y le decían en la terapia, era de suponer que inmediatamente después de la sesión ella le explicaría la regla de la

también era muy fácil de retener. Como, además, tenía

algo

de

graciosa,

quitó

hierro

a

las

discusiones. Marido y mujer se turnaban para poner en práctica o recordar en casa la regla de la Red.

Así,

para

regocijo

de

ambos,

surgió

temporalmente una nueva forma de reproche: «¡No has respetado la regla de la Red!» Que se convertía luego en «¡Quiero que de ahora en adelante, en lugar de hacerme reproches, me manifiestes claramente tus deseos para que yo pueda tenerlos en cuenta!» En una pareja o en una familia se dañan mucho las relaciones a causa de los reproches, pues los reproches se refieren al pasado negativo, que de todos modos ya no es modificable, y suelen generalizarse a un futuro negativo: «¡Ayer volviste a...! ¡Siempre tienes que...!», y a continuación se dice algo despectivo. Muy raras veces se aclaran o se realizan así los deseos para el futuro. Entonces merece la pena reflexionar cómo puede uno expresar de inmediato lo importante en forma de deseos,

una

forma

que

cuida

más

la

relación.También el trato con empleados puede mejorar notablemente cuando se logra manifestar deseos en lugar de hacer reproches. Al final de este librito me permito expresar el

Bueno, como dice la canción, todo tiene su fin. La terapia ha triunfao. Ojalá lo hubiera conocido antes, doctor Prior. Soy un oso nuevo: he dejado atrás mis problemas y tengo buenas perspectivas, una nueva amistad y la guarida, limpia y ¡más ordenada que un cuartel! ¡Chao!

Resumen de las 15 minimáximas

1. «En el pasado...» 2. No «si...», sino «cómo...», «qué...» y «cuál...» 3. «¿Sino...?» 4. ¡«Siempre» nunca es verdad en relación con un síntoma! 5. «Su problema es comparable a... Es como...» 6. En vez de un temeroso «Ojalá nada malo mejor un confiado «Ojalá algo bueno © . . . » 7. «...aún no...» 8. Preguntas constructivas 9. Preguntas constructivas por pequeños pasos 10. «Supongamos que usted...» 11. «Con la mente consciente usted hasta ahora no ha podido...» 12. No propuestas 13. «¡tremendo...!»-«un poco...»; «¡extraordinariamente...!»-«en verdad algo...»; «¡sumamente...!»-«no poco...» 14. Para pacientes «difíciles» con «resistencia»: ¡en cada frase, una negación comprensiva! 15. La regla de la Red

Nota final

Gran parte de lo expuesto en este libro ha surgido a partir de comentarios. Será un placer para mí que me comunique usted por carta, fax o correo electrónico sus ideas sobre estas minimáximas o las

experiencias

que

ha

tenido

con

ellas.

Lamentablemente, solo entiendo alemán e inglés. Mi dirección: Dr. Manfred Prior Frankfurter Str. 19 65830 Kriftel bei Frankfurt am Main Alemania [email protected]

Opiniones sobre este libro «A quienes deseen conseguir mucho con poco esfuerzo hay que aconsejarles que hagan el pequeño esfuerzo de leer este libro, por el simple hecho de que tal esfuerzo pronto se verá compensado por una sonrisa de satisfacción.»

BERT HELLINGER «Las minimáximas de Manfred Prior entran, dentro de los procedimientos sistémicos, en la categoría completo, bueno, sencillo. Una vez que se hayan convertido en el repertorio natural de asesores, terapeutas..., a mentido ni ellos ni sus clientes sabrán cómo fue que imperceptiblemente se pusieron en marcha cambios y soluciones beneficiosas: y eso es lo que distingue al buen asesoramiento y a ¡a buena terapia.» Dr.

GUNTHARD WEBER

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