Mario Roberto Santucho

March 4, 2024 | Author: Anonymous | Category: N/A
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Sus editoriales y escritos estratégicos

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Antología y Estudio Preliminar

Daniel De Santis

De Santis, Daniel Mario Roberto Santucho: editoriales y escritos estratégicos / Daniel De Santis; compilado por Daniel De Santis. 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Estación Finlandia, 2021. ISBN 978-987-45433-7-0 1. Lucha Política. 2. Guerrillas. 3. Movimiento Obrero. I. De Santis, Daniel, comp. II. Título. CDD 320 Queda hecho el depósito que indica la ley 11723 Libro de edición argentina

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www.finlandiaestacion.com estació[email protected]



A la militancia del Partido Revolucionario de los Trabajadores

Agradecimientos

A Ana Cristina Santucho por su prólogo en el que nos ofrece sentimientos profundos sobre aquellos esperanzados y desgarradores momentos, que le tocó vivir siendo adolescente, con cabal comprensión de los mismos. Y por su aporte histórico. A Jorge Pedro Zabalza el Tambero, histórico líder tupamaro, cuyo prólogo da el marco adecuado de internacionalismo y latinoamericanismo. Y por su aguda mirada siempre con y desde los de abajo. Fue importante la ayuda desinteresada de los compañeros Mauro Fontenla, Marcelo Estévez Rivero, Blas Estévez y Marcelo Valenti por la lectura de los textos buscando errores, por las conversaciones peloteando ideas para el nombre del libro y contenidos del estudio preliminar. El pedido de Blas de una nota sobre el PRT para la revista Joselito Bembé me hizo bajar a tierra y concretar el estudio preliminar. De mucha utilidad resultó la página de internet eltopoblindado.com de Gabriel Roth con quién hace años colaboramos en el armado de un más completo archivo documental del PRT-ERP. Debo mencionar al Negro Eduardo Soárez cuyo pedido urgente: “pasame todo lo que tengas de Santucho para un compañero colombiano”, de fines de junio, me movilizó para iniciar y concretar esta vieja idea. Las amigas y amigos de las redes sociales que se volcaron en gran número a alentar la idea fue otro índice de la expectativa que generan los escritos de Santucho y sirvió de estímulo.

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Índice

19 Prólogo de Ana Cristina Santucho 25 Prólogo de Jorge Pedro Zabalza 33 Santucho: El análisis concreto de la situación concreta Daniel De Santis 73 PRIMERA PARTE. ESCRITOS ESTRATÉGICOS Y PRIMEROS EDITORIALES 75 Capítulo 1. El Norte Argentino 75 1. El proletariado rural detonante de la revolución argentina. Año 1964 83 2. 4 Tesis sobre el Norte Argentino. Abril de 1966 91 Capítulo 2. Estrategia y Partido Político Revolucionario de los Trabajadores 91 3. El único camino hasta el poder obrero y el socialismo. Documento del IV Congreso. Febrero de 1968. 91 Introducción. 96 Capítulo I: El marxismo y la cuestión del poder. 116 Capítulo II: ¿Tenía nuestra Partido una estrategia de poder? 128 Capítulo III: Relación entre la revolución mundial, continental y regional.

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140 Capítulo IV: Nuestra estrategia y tácticas nacionales deben partir de las características de nuestra revolución. 157 Capítulo V: Las tareas y organización del Partido. 175 Capítulo 3. Fundación del Ejército Revolucionario del Pueblo 175 175 178 179 205 212 214 216 218 220 227 234

4. Resoluciones del V Congreso. 29 y 30 de julio de 1970. Prólogo. Introducción. La lucha de clases en el seno del Partido. Resoluciones sobre dinámica y relaciones de nuestra guerra revolucionaria. Resolución sobre el trabajo dentro del movimiento de masas y sindical. Resolución de fundación del E.R.P. Resolución sobre relación Partido-Ejército. Resolución sobre el Centralismo Democrático en el Ejército. Minuta sobre Internacional. Estatutos del Partido Revolucionarios de los Trabajadores. Programa del E.R.P.

237 Capítulo 4. Todo el Partido al Combate De agosto de 1970 a mayo de 1973. 237 237 241 243 243 244 245 245 245 246 248 249 249 10

5. Resoluciones del CC de Octubre de 1970. La situación del país. Primer plan operativo militar. El Partido y el Ejército. Sobre la disciplina en el Ejército. Resolución sobre moral ante el enemigo. Sobre criterio financiero. 6. Resoluciones del CC de Marzo de 1971. 1. La Situación Internacional. 2. Situación nacional: Levingston, fiel continuador del onganiato. Ensanchamiento de las posibilidades de luchas legales y semilegales. Levinsgton en la cuerda floja. El movimiento de masas.

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251 252 252 257 258 259 259 261 262 264 268 269 270 271 273 274 275 277 279 281 281 282 286 294 294 296 297 298 299 300 301 302 304

Nuestras tareas. 7. Resoluciones de CE de Abril de 1971. Situación Nacional. Precisiones sobre Partido y Ejército. 8. Fragmentos de la Carta de Mario Roberto Santucho a su compañera Ana María Villarreal del 22 de septiembre de 1971. 9. Resoluciones del CE de Enero de 1972. Situación nacional. Nuestras tareas. 10. Una definición contrarrevolucionaria. Editorial de El Combatiente Nº 67, del 29 de febrero de 1972. Contenido y significado del documento. Perspectivas. La situación económica. La estrella roja se impondrá. 11. Nuestra posición en la situación política actual. Editorial de El Combatiente Nº 70, del 30 de julio de 1972. ¿Es viable un gobierno populista? El movimiento de masas y la guerrilla. Despreciar al enemigo estratégicamente y tenerlo en cuenta tácticamente. Nuestras tareas. Conclusión. 12. Resoluciones del CC de Diciembre de 1972. Situación nacional. Los próximos meses son de preparación. 13. El triunfo electoral peronista y las tareas de los revolucionarios. Editorial de El Combatiente Nº 76. Segunda quincena de marzo de 1973. 14. Resoluciones del CE de Abril de 1973. Sobre actitud frente al gobierno. Sobre sindical. Sobre trabajo legal. Sobre operaciones militares. Sobre trabajo en el Ejército. Sobre frente único 15. Porqué el E.R.P. no dejará de combatir. Respuesta al Presidente Cámpora. Mayo de 1973. Algunos antecedentes históricos. No dar tregua al enemigo. 11

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307 SEGUNDA PARTE. LOS EDITORIALES FIRMADOS POR SANTUCHO 311 Capítulo 5. Santucho rompe con las escrituras… y acierta Desde el 25 de mayo al 5 de septiembre de 1973. 311 16. Unidad obrera y popular contra el imperialismo y sus agentes. Conferencia de prensa del P.R.T. Editorial de El Combatiente Nº 81. Lunes 16 de julio de 1973. 314 17. Las definiciones del peronismo y las tareas de los revolucionarios. Editoriales de El Combatiente Nº 82 a 85, del 20 de julio al 10 de agosto de 1973. 314 El autogolpe contrarrevolucionario del 13 de julio. 320 El rol del General Perón. 325 La unidad de la burguesía. 330 La unidad obrera y popular. 332 Las últimas definiciones. 340 18. 22 de agosto: Día del Combatiente Heroico. Editorial de El Combatiente Nº 86. Viernes 17 de agosto de 1973. 344 19. Porqué nos separamos de la IV Internacional. El Combatiente 86. Viernes 17 de agosto de 1973. 355 20. Unidad nacional o unidad obrera y popular. Editorial de El Combatiente Nº 87. Viernes 24 de agosto de 1973. 360 21. Los obreros y la lucha revolucionaria. Editorial de El Combatiente Nº 88. Viernes 31 de agosto de 1973. 366 22. Septiembre: Prepararse para derrotar la represión. Editorial de El Combatiente Nº 89. Viernes 7 de septiembre de 1973. 371 Capítulo 6. Perón al Poder y la Respuesta del Pueblo y del Partido Desde el 6 de setiembre de 1973 al 18 de enero de 1974. 371 23. El copamiento del Comando de Sanidad. Editorial de El Combatiente Nº 90. Viernes 14 de septiembre de 1973. 374 24. Las enseñanzas del proceso chileno. Editorial de El Combatiente Nº 91. Viernes 21 de septiembre de 1973.

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380 25. El Gobierno inicia el ataque. Editorial de El Combatiente Nº 92. Viernes 28 de septiembre de 1973. 383 26. ¡Unidad antifascista y antiimperialista! Editorial de El Combatiente Nº 93. Viernes 5 de octubre de 1973. 387 27. ¿A dónde va el nuevo Gobierno? Editorial de El Combatiente Nº 94. Viernes 19 de octubre de 1973. 392 28. Fracasa la política represiva. Editorial de El Combatiente Nº 95. Viernes 26 de octubre de 1973. 395 29. Gobierno: No hay soluciones para el pueblo. Editorial de El Combatiente Nº 96. Miércoles 7 de noviembre. 399 30. La guerrilla, núcleo de acero de la lucha popular. Editorial de El Combatiente Nº 97. Miércoles 14 de noviembre de 1973. 403 31. Seis meses de Gobierno peronista. Editorial de El Combatiente Nº 98. Miércoles 21 de noviembre de 1973. 407 32. Crece la oposición a la política del Gobierno. Editorial de El Combatiente Nº 99. Miércoles 28 de noviembre de 1973. 411 33. Se aproximan grandes cambios. Editorial de El Combatiente Nº 100. Miércoles 12 de diciembre de 1973. 417 34. La crisis interburguesa y las tareas de los revolucionarios. Editorial de El Combatiente Nº 101. Miércoles 19 de diciembre de 1973. 421 35. No confiar en ninguna fracción burguesa. Editorial de El Combatiente Nº 102. Miércoles 26 de diciembre de 1973. 425 36. No a la congelación de los salarios. No a la legislación represiva. Editorial de El Combatiente Nº 103. Miércoles 2 de enero de 1974. 427 37. Punto crítico en la lucha de clases. Editorial de El Combatiente Nº 104. Miércoles 16 de enero de 1974. 431 Capítulo 7. Desde el Asalto a la Guarnición de Azul a la Muerte de Perón Desde el 19 de enero al 31 de julio de 1974. 431 38. Reunión del CC de nuestro Partido. El Combatiente 105. Miércoles 30 de enero de 1974. 438 39. Después de Azul. Balance y perspectiva. Editorial de El Combatiente Nº 105. Miércoles 30 de enero de 1974. 443 40. ¿Gobierno popular o Gobierno proimperialista? Editorial de El Combatiente Nº 106. Miércoles 6 de febrero de 1974. 446 41. Derrotar al divisionismo Burgués. Editorial de El Combatiente Nº 108. Miércoles 20 de febrero de 1974. 13

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449 42. Eliminar trabas a la movilización popular. Editorial 109. Miércoles 27 de febrero de 1974. 452 43. Perspectiva de la lucha democrática. Editorial de El Combatiente Nº 112. Miércoles 3 de abril de 1974. 455 44. Combatir el reformismo en el seno del pueblo. Editorial de El Combatiente Nº 117. Miércoles 15 de mayo de 1974. 459 45. Guerrillas en el Monte. Propósitos y perspectivas. Editorial de El Combatiente Nº 120. Miércoles 5 de junio de 1974. 463 46. Unir y movilizar todas las fuerzas del pueblo. Editorial de El Combatiente Nº 121. Miércoles 12 de junio de 1974. 466 47. Institucionalización o revolución. Editorial de El Combatiente Nº 125. Miércoles 10 de julio de 1974. 470 48. Enfrentar con energía la represión armada y no armada. Editorial de El Combatiente Nº 126. Miércoles 17 de julio de 1974. 472 49. Movilizar las fuerzas del Partido. Editorial de El Combatiente Nº 127. Miércoles 24 de julio de 1974. 476 50. El Gobierno contra el pueblo. El pueblo contra el Gobierno. Editorial de El Combatiente Nº 128. Miércoles 31 de julio de 1974. 481 Capítulo 8. Hacia una Situación Revolucionaria Agosto y septiembre de 1974. 481 51. El proletariado en pié de lucha. Editorial de El Combatiente Nº 129. Miércoles 7 de agosto de 1974. 485 52. Los combates de Villa María y Catamarca. Editorial de El Combatiente Nº 130. Miércoles 14 de agosto de 1974. 489 53. Antonio del Carmen Fernández Revolucionario Proletario. Editorial de El Combatiente Nº 131. Miércoles 21 de agosto de 1974. 494 54. Cambios en la disposición de fuerzas. Editorial de El Combatiente Nº 132. Miércoles 28 de agosto de 1974. 497 55. Poder Burgués y Poder Revolucionario. 23 de agosto de 1974. 497 El poder de la burguesía. 501 La Dictadura de Onganía. 504 Sin opción revolucionaria de poder. 506 Tercer Gobierno peronista. 511 Promesas vs. Realidades. 512 Reformismo y Populismo. 515 Situación revolucionaria y doble poder. 14

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Formas de poder local. Unidad y Movilización Popular: el Frente Antiimperialista. Construcción del Ejército del Pueblo. El Partido Revolucionario de los Trabajadores. Nuestra Revolución Triunfará. 56. Las tareas centrales del Partido. Páginas centrales de El Combatiente 134. Miércoles 11 de septiembre de 1974. 536 57. ¡Viva el proletariado azucarero! Editorial de El Combatiente Nº 136. Miércoles 25 de septiembre de 1974. 541 Capítulo 9. Propaganda. Organización. Acumulación de fuerzas Desde octubre de 1974 a mayo de 1975. 541 58. Propaganda, Organización, Acumulación de fuerzas. Editorial de El Combatiente Nº 137. Miércoles 2 de octubre de 1974. 544 59. ¿Por qué un armisticio? Editorial de El Combatiente Nº 138. Miércoles 9 de octubre de 1974. 547 60. Nueva cruzada represiva. Editorial de El Combatiente Nº 139. Miércoles 16 de octubre de 1974. 550 61. Sobre el estado policial. Editorial de El Combatiente Nº 140. Miércoles 23 de octubre de 1974. 555 62. Contra la fascistización: movilización democrática. Editorial de El Combatiente Nº 142. Miércoles 6 de noviembre de 1974. 559 63. A los obreros, campesinos e intelectuales revolucionarios. Editorial de El Combatiente Nº 143. Miércoles 13 de noviembre de 1974. 562 64. Crisis de la burguesía. Agitación de masas. Editorial de El Combatiente Nº 146. Miércoles 4 de diciembre de 1974. 565 65. Unidad y lucha contra el Gobierno represivo. Declaración del CE del PRT. El Combatiente 149. Miércoles 25 de diciembre de 1974. 568 66. La Compañía de Monte Vencerá. Editorial de El Combatiente Nº 155. Lunes de 17 de febrero de 1975. 572 67. Golpes desesperados. Editorial de El Combatiente Nº 160. Miércoles 26 de marzo de 1975. 575 68. Nítidas luchas político revolucionaria. Editorial de El Combatiente Nº 162. Lunes 7 de abril de 1975. 579 69. A los soldados conscriptos. Estrella Roja Nº 52. Miércoles 9 de abril de 1975.

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581 70. Perseverar y triunfar. Editorial de El Combatiente Nº 163. Lunes 14 de abril de 1975. 584 71. Economía y Política. Editorial de El Combatiente Nº 165. Lunes 28 de abril de 1975. 587 72. Método y Política. El Combatiente 167. Lunes 12 de mayo de 1975. 591 Capítulo 10. Desde las Jornadas de Junio y Julio de 1975 al Golpe Militar 591 73. Victoriosa movilización de masas. Editorial de Estrella Roja Nº 56. Miércoles 9 de julio de 1975. 595 74. Ante las posibilidades democráticas forjar y Fortalecer la unidad. Editorial de El Combatiente Nº 174. Lunes 21 de julio de 1975. 601 75. Comité Central Ampliado “Vietnam Liberado”. El Combatiente 175. Miércoles 30 de julio de 1975. 617 76. Movilización democrática y reivindicativa. Editorial de El Combatiente Nº 175. Miércoles 30 de julio de 1975. 622 77. A la militancia del Partido Comunista. Carta abierta. Julio de 1975. 625 78. Crisis capitalista y poder local. Editorial de El Combatiente Nº 178. Miércoles 13 de agosto de 1975. 629 79. Giro represivo del Gobierno. Editorial de El Combatiente Nº 184. Miércoles 24 de septiembre de 1975. 633 80. Se generaliza la guerra revolucionaria. Editorial de El Combatiente Nº 190. Miércoles 5 de noviembre de 1975. 637 81. Ante la crisis de la burguesía, unidad en la lucha democrática y reivindicativa. Editorial de El Combatiente Nº 191. Miércoles 12 de noviembre de 1975. 641 82. La situación actual y nuestras tareas. Editorial de El Combatiente Nº 193. Miércoles 26 de noviembre de 1975. 644 83. Auge de masas y construcción del Partido. Editorial de El Combatiente Nº 194. Miércoles 3 de diciembre de 1975. 648 84. Lucha a muerte contra el opresor. Editorial de El Combatiente Nº 199. Miércoles 14 de enero de 1976. 652 85. Cuba y el internacionalismo proletario. Editorial de El Combatiente Nº 200. Miércoles 21 de enero de 1976. 654 86. ¿A dónde van los militares? Editorial de El Combatiente Nº 206. Miércoles 3 de marzo de 1976.

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Capítulo 11. Dictadura Contrarrevolucionaria Desde el 24 de marzo al 19 de julio de 1976.

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87. ¡Argentinos a las armas! Editorial de El Combatiente Nº 210. Miércoles 31 de marzo de 1976. 88. Al Clero Argentino. Mensaje dirigido por Mario Roberto Santucho. (2-abr-76). El Combatiente 211. Miércoles 7 de abril de 1976. 89. La clase obrera columna vertebral de la resistencia. Editorial de El Combatiente Nº 213. Miércoles 21 de abril de 1976. 90. El Partido Militar: Enemigo fundamental de nuestro pueblo. Editorial de El Combatiente Nº 214. Miércoles 28 de abril de 1976. 91. Primer mes de la Dictadura. Editorial de El Combatiente Nº 215. Miércoles 5 de mayo de 1976. 92. Tres grandes tareas militares. Editorial de El Combatiente Nº 216. Miércoles 12 de mayo de 1976. 93. Autodefensa y Proselitismo militar. Editorial de El Combatiente Nº 217. Miércoles 19 de mayo de 1976. 94. Con fuerza hacia las masas. Editorial de El Combatiente Nº 220. Miércoles 9 de junio de 1976. 95. Nuestras tareas en el período de reflujo. Editorial de El Combatiente Nº 224. Miércoles 14 de julio de 1976. 96. Diez años de luchas y experiencias. Editorial de El Combatiente Nº 225. Miércoles 21 de julio de 1976.

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Prólogo Ana Cristina Santucho

Pensar en el legado que dejó de su vida, interrumpida antes de cumplir sus 40, es cómo la imagen del tren de la historia pasando por Santiago del Estero durante el comienzo de su juventud, allí lo tomó y nunca se bajó. En el secundario hacía y difundía una publicación estudiantil bilingüe, castellano y quechua. Ya en ese momento, había empezado a atesorar las riquezas de la cultura originaria, así como las realidades de quienes eran parte de su tierra. En las provincias del norte todos los años circulaban miles de campesinos, gran parte golondrinas, viajando por temporadas a participar en las cosechas. La caña de azúcar atraía a gran parte de los trabajadores del campo en el NOA. Robi terminaba el secundario y se preparaba para ir a Tucumán y ser estudiante en Ciencias económicas, eligió ser contador. Durante los primeros años en la universidad fue ayudante de contador en un ingenio de Tucumán. Así, durante su vida estudiantil tejía lazos con trabajadores de otros ingenios con su curiosidad inconmensurable acerca de lo que ocurría en este mundo laboral del azúcar, al mismo tiempo formaba con otros jóvenes la agrupación estudiantil MIECE. Estas realidades lo sumergían en las diferencias entre las provincias del norte y Buenos Aires, en cómo año tras año las provincias tenían sus economías cada vez más débiles, así como más pobladores y trabajadores vulnerables. Poco antes de concluir su vida de estudiante universitario decide viajar por Latinoamérica, también con la excusa de luna de miel, que se prolonga por varios meses. Era principios de los 60, tenía contactos estudiantiles y de activistas sociales en varios países vecinos; además la invitación de un profesor americano de historia latinoamericana, que había conocido en la universidad de Tucumán, para ir a EEUU y conocer a activistas sociales. En este viaje pasa por Cuba a principios del ‘61. El cono Sur y Central era un hervidero de ideas y debate 19

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sobre el rumbo de nuestros países. Estaban las ideas de pensadores latinoamericanos y la influencia europea que traía el marxismo-leninismo. También en abril de ese año Cuba es declarada Socialista, al día siguiente de bombardeos en la isla por parte de EEUU. Así al regreso de su viaje viene decidido a construir un partido revolucionario para hacer la revolución socialista, la alternativa de un cambio radical a la política dependiente al capitalismo en Argentina. El apoyo masivo que permitió el triunfo de la Revolución Cubana le resulta una muestra clara de qué, las revoluciones se hacen con el pueblo. Así al regreso del viaje, en junio del ‘61 funda con su hermano mayor Francisco René, el FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano Popular). El FRIP expresaba un espíritu de preservación de la cultura norteña así como en la mejoría de las economías de la región. Así, primero la realidad del norte argentino con economías dependientes y trabajadores sin derechos, luego la concentración de grandes masas de obreros con malas condiciones de trabajo en las ciudades principales del país determina en su pensamiento la formación de un partido que aúne a ambos sectores sociales. Con esa idea se formó el 1er PRT, alianza entre el FRIP y PO (de tendencia trotskista). En ese año escribe “4 Tesis del norte argentino”. Se puede ver en perspectiva el aprendizaje que va haciendo de las acciones más acertadas para formar un partido que sirva de base y sostén a un proyecto de cambio de tal envergadura. Así el PRT llega a estar aliado a la IV Internacional, aunque por poco tiempo. La alianza con PO no prospera por diferencias en la lectura de la realidad social y por tanto en los objetivos cómo partido revolucionario. Esta 1era alianza es la puerta de entrada a la dinámica de la clase trabajadora industrial, más numerosa que la rural. A fines de 1967 se da la separación entre FRIP Y PO y, a principios de 1968, se conforma PRT “El Combatiente”. La construcción de un partido revolucionario era para él, y muchos de su generación la vía más directa para concretar el sueño de realizar una revolución socialista, posible sólo a través de la lucha armada para la toma del poder, y recién entonces construir una sociedad socialista. Tal idea suena lejana a los tiempos de hoy, aunque si nos ubicamos en ese momento histórico social, en diferentes lugares del mundo ocurrían acontecimientos de ese calibre. La guerra de Vietnam, la Revolución Cubana fueron referentes en su pensamiento, y en la certeza de que el triunfo es posible. También los diferentes hechos políticos y sociales en varios países brindaban un panorama de lucha de clases entre los trabajadores y, cómo dice el marxismo, los dueños de los medios de producción, hoy empresarios. La sola alternativa de realizar una revolución socialista por la vía armada era consecuente con el significado de la lucha de clases. Toda su generación creció durante gobiernos militares y/o cortos gobiernos inestables, como el gobierno de Ilia derrocado en el ‘66 por un golpe militar, así 20

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durante 18 años sucedió el control de gobiernos militares hasta 1973. En este contexto, con un gobierno militar, se formó el definitivo PRT. El PRT y después el ERP tomaron los conceptos y estrategias del marxismo y el leninismo en el método de acción estratégico, y en lo táctico referencias vietnamitas, como también el espíritu libertario del pensamiento de Bolívar, Mariátegui, el Che y más latinoamericanos. El marxismo leninismo fue la referencia principal y la más completa para hacer frente al capitalismo industrial, tanto la filosofía cómo su método de acción. En la segunda mitad de 1960 la clase obrera era muy numerosa y era considerada el actor social más dinámico en el escenario político, económico y social, así lo veía Roby. En los años siguientes a la fundación del PRT, sus editoriales y/o escritos daban cuenta del empeño en la construcción de un partido sólido en sus principios y fuerte en su capacidad de acción. De tal manera se organizaron escuelas de formación política, y avanzaron en la participación sindical tanto en Córdoba, Santa Fe, cómo en provincia de Buenos Aires. El Cordobazo en 1969, da una marca de fuego a la lucha de clases en Argentina. El PRT, mientras se consolida como organización, inicia su participación en la lucha de clases. De tal forma, al interior del partido prevalecía la idea de la proletarización. Había que abandonar la cultura de clase media si se pertenecía, así se plasmaba tal idea en sus editoriales como también los logros de las luchas obreras. La idea de proletarización era una forma de entrega a la lucha revolucionaria en esa dinámica político social y también cómo la vía posible para la toma del poder. La proletarización aseguraba la conciencia de clase, condimento fundamental en ese momento. En el último Congreso del PRT en 1970, al calor de las luchas sociales, se funda el ERP su brazo armado. A partir de entonces se inician pequeñas acciones, asaltos a camiones de empresas de comestibles para repartir en poblaciones vulnerables, como también desarmes a policías para tomar sus armas y proveerse. Desde inicios de los 70 hasta entrando a 1972 el PRT-ERP estaba inmerso en la constitución y solidez de su organización que crecía y participaba en los conflictos sociales. Posteriormente, ante el creciente conflicto social por la lucha de clases en diferentes zonas del país, en especial en las fábricas o industrias, el PRT-ERP decide enfrentar a grandes empresarios con la práctica del secuestro, se consideraban “enemigos del pueblo” por los conflictos sindicales irresueltos en esa coyuntura. Con tal devenir de sucesos y acontecimientos Roby mantenía su escritura al paso de los mismos, explicaba e informaba. El rol de la prensa en el partido tenía que ir al paso de los hechos, así tenían un equipo de prensa tanto en Estrella Roja y El Combatiente. Él era parte del mismo, todas las semanas estaba con su máquina de escribir preparando editoriales o artículos. A inicios de los 70 21

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el conflicto social está en su cenit, el gobierno militar de Lanusse busca como salida el Gran Acuerdo Nacional (GAN) y comienza a realizar acuerdos para planificar el retorno de Perón. Las organizaciones sociales, sindicales y guerrilleras pasan diferentes momentos de confusión política e intentos de alianza. De todas formas perdura un accionar conjunto en el sentido de reconocerse entre todas. En este contexto hay varios artículos y análisis sobre el GAN y el accionar de todas las fuerzas “antiimperialistas” que deja en sus escritos. En agosto de 1972 se planifica la primera acción entre las 3 organizaciones guerrilleras PRT-ERP, Montoneros y FAR, la fuga del penal de Rawson. Estaba prevista para más de 100 militantes de dichas organizaciones pero fracasa la parte organizativa en el exterior del penal, sólo puede fugarse un reducido grupo, entre ellos Roby. El 2do grupo de 19 luchadores fracasa en el intento de fuga y una semana después es fusilado durante el gobierno militar de Lanusse. Este duro golpe a las organizaciones guerrilleras y en especial al PRT-ERP acelera el proceso del conflicto, ante el repudio generalizado de todos los actores sociales, junto al clima confuso por la convocatoria a elecciones y la llegada de Perón. Roby analiza la vuelta de Perón cómo un acuerdo cívico militar, entre empresarios y militares, para neutralizar la lucha de clases existente. En ese momento la credibilidad de buena parte del pueblo en la vuelta de Perón, cómo solución o aliciente a la conflictiva social, económica y política era una encrucijada, sólo era posible actuar inserto en esa realidad del país, expresaba Roby. De tal forma se puede ver en sus artículos las posturas y acciones en tal dirección. Los hechos por sí solos van demostrando la certeza de sus análisis y la postura del PRT-ERP luego de la fórmula Perón-Perón y de la aparición organizada de la derecha peronista con la AAA. En este contexto el PRT-ERP continúa con la lucha armada. Asalta cuarteles militares, continúa insertándose en los frentes fabriles en las principales provincias del país. Al mismo tiempo aumenta la represión a todos los niveles, hacia todas las organizaciones sociales. Durante esa etapa el PRT conforma el FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo) con otras organizaciones políticas entre ellos organizaciones de base del peronismo revolucionario, sindicatos y otros sectores sociales. El FAS se mantiene organizado hasta 1975. Este Frente era fundamental para políticas de alianza y fortalecimiento en este controvertido momento “democrático” en el que la represión aumentaba. En este durísimo contexto Roby publica Poder Burgués y Poder Revolucionario en agosto de 1974. Empieza a gestarse la idea de un poder paralelo al burgués como paso previo a la toma del poder. En medio de tal crisis política comienza a gestarse la compañía de monte en 1974, en el departamento de Monteros en Tucumán. El PRT-ERP tenía pensado instalar zonas liberadas en el monte tucumano como andamiaje necesario para la toma del poder y la constitución de una sociedad socialista. Se 22

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instalaron en las proximidades del pueblo de Santa Lucía, allí había un Ingenio cerrado desde 1967, ese ingenio había sido el sustento económico de todos sus pobladores y sólo quedaban sus instalaciones abandonadas. Casi todos sus pobladores se convirtieron en trabajadores rurales golondrinas. No fue casual volver al punto de partida de su vida política activa. La realidad de los trabajadores rurales era cada vez más incierta, Santa Lucía y los pueblos de la zona eran olvidados por los gobiernos provincial y nacional. Desde 1974 desarrolló un accionar de acercamiento y comunicación política con la población, reflejado en los escritos de Roby y en la prensa del PRT. Sin embargo, el intento fallido del copamiento a un cuartel militar en Catamarca por la Compañía de Monte se convirtió en el detonador de una represión brutal. En febrero, el gobierno de Isabel de Perón decreta “El operativo Independencia” e instala el cuartel militar del ejército en el pueblo de Santa Lucía. La actividad de la compañía de monte Ramón Rosa Jiménez se mantuvo hasta 1976. El gobierno de Isabel de Perón, luego de la muerte de Perón en el ‘74, profundiza su accionar represivo y da vía libre a la derecha peronista, al mismo tiempo el ejército argentino es adiestrado por EEUU y escuelas de represión europeas en métodos de tortura y represión. Se mantenía el espíritu revolucionario gracias a la fortaleza que había adquirido el PRT-ERP con su creciente actividad en las luchas sociales y/o de clases. En tal escenario Roby escribía y transformaba en acción sus ideas, cómo también ante cada caída de sus compañeros de lucha levantaba sus banderas. Mantenía la certeza que el poder imperante reprimía de la misma forma que oprimía al pueblo. Durante 1975 sus publicaciones fueron por momentos para levantar la moral de sus compañeros tras las caídas, en otras fueron propias de un guerrero. En diciembre de 1975 se prepara la última acción militar al cuartel de Monte Chingolo. El objetivo era recuperar armamento y realizar un golpe sorpresa al aparato militar. El objetivo fracasa por un infiltrado. Esta grave derrota produce una alerta a la continuidad del proyecto revolucionario. Mantiene en sus artículos su estilo de análisis de la situación y de levantar la moral revolucionaria. En los meses siguientes hay un ordenamiento del PRT-ERP tras las caídas numerosas de sus integrantes. En marzo de 1976 llega el golpe de estado militar previsto hace unos meses. Desde entonces no se disimula la persecución política y la prohibición de actividades políticas. En esta fecha una de sus últimas editoriales incita al pueblo a la toma de las armas, queriendo expresar con esta frase la participación activa contra el golpe militar, en la siguiente ya advierte la necesidad de un repliegue del pueblo teniendo claridad acerca de la voracidad represiva de esta dictadura. En Julio de 1976, es ubicado por Inteligencia del ejército en el departamento de Villa Martelli en el que vivía hace pocos meses preparando su salida 23

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del país por un tiempo, al igual que varios de sus compañeros. Hasta el último momento usaba la pluma para plasmar el cúmulo de sucesos históricos que vivió. No pensaba abandonar este proyecto revolucionario, había aceptado la necesidad de un repliegue temporal. Viendo desde hoy este rico y doloroso momento histórico me reconforta que exista su legado, que sin dudas es valioso para la construcción de todo proyecto revolucionario. Hoy siguen activas las mismas causas que hicieron pensar a esta generación en cambios profundos para la sociedad. Asimismo nuevos paradigmas que promueven e incitan cambios revolucionarios para el país, Latinoamérica y el mundo.

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Prólogo. Vela de Armas Jorge Pedro Zabalza

La matanza al por mayor instaló el difuso temor a sufrir más desapariciones, asesinatos, violaciones y torturas masivas, a quedar nuevamente desprotegidos ante la violencia irracional de las instituciones. Las secuelas del terror aún perduran y, de una u otra manera, ayudan a resignarse, a la desmovilización y la disgregación. Elemento subjetivo y vaporoso, pero con efectos muy prácticos a la hora de decidir. Cuando se descarta la insurgencia organizada y se opta por la paciente espera, ¿cuánto pesa el temor en la decisión? Las fuerzas populares fueron derrotadas, es cierto, y su derrota marcó a fuego el ciclo postdictaduras, el de las democracias formales con hegemonía liberal. Sin embargo, con el orgullo de haber sido y la vergüenza de sobrevivir, ahí seguimos, arañando las paredes, sobreviviendo, regando las plantitas del jardín. Ni liberales ni progresistas pueden conciliar la fuerza de trabajo con los propietarios del capital. Misión imposible. Histórica incompatibilidad. Por mucho 5G que consuman las y los asalariados, la lucha no se detendrá hasta la eliminación de las clases sociales, hasta instalar formas de poder popular y de gestión colectiva de la producción planificada. El antagonismo irreconciliable es el alma de la lucha de clases, empuja desde el subterráneo, no deja dormir la paz de los sepulcros. Porque la causa de los pueblos no fue derrotada ni se rindieron las ideas revolucionarias. Sobreviven como pueden, en las grietas de los muros derrumbados, cercadas por restauraciones varias, resistiendo apostasías de los que ya no son. No alcanza con sobrevivir, sin embargo. Sólo tiene sentido la sobrevida si sirve para recrear espíritu e imaginario similares al que abonó la lucha revolucionaria en el mundo de los ’60. En el actual clima de apología a la democracia liberal, el pensamiento de Mario Roberto Santucho rompe esquemas y emplaza a la reconstrucción, ayuda 25

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a sortear las trampas del laberinto, a descubrir nuevas perspectivas, a pensar en la necesidad de prepararse para navegar con el pampero en contra. Bienvenido, entonces, este nuevo libro de Daniel De Santis. Es trascendental rescatar las ideas y el modo de pensar del fundador y principal dirigente del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). No sólo como datos para el relato histórico, sino que se recuperan ingredientes esenciales para la recreación de nuevas referencias revolucionarias. Es la magia que necesitan estos tiempos de velar armas para renacer. Los agrupados con Francisco René y Mario Roberto Santucho, que fundaron en 1961 un movimiento con intenciones revolucionarias, lo adjetivaron “indoamericano”. Una definición ideológica central que, por lo general, pasa desapercibida cuando se analiza la epopeya del PRT-ERP. El continente no es iberoamericano ni panamericano y es más que dudoso que sea latinoamericano. Usaron a propósito el término “indoamericano”, acuñado por el mexicano José Vasconcelos y luego resignificado por José Carlos Mariátegui. Reafirmación del carácter de invasión sangrienta del estupro financiado por el capitalismo europeo. En rechazo del engañoso “encuentro de dos culturas”, camuflaje que oculta el holocausto más grande de la historia humana. El Frente Revolucionario Indoamericano Popular optó por interpretar nuestra historia a la luz de los cinco siglos de resistencia indígena a la cultura, la religión y la dinámica del capital. Mientras que el estalinismo criollo miraba hacia Buenos Aires, los Santucho sostuvieron que la lucha por la liberación nacional y el socialismo detonaría en las provincias del noroeste. En particular apuntaron a su Santiago del Estero, donde hablan quichua los obreros de los cañaverales y de las minas, los campesinos de la sierra, el pueblo asalariado y sobrexplotado. En ese idioma -y en castellano también- se escribían los folletos y la revista que difundía el FRIP. La revolución en Argentina se iniciaría en la región donde el carácter obrero era indistinguible del indígena. Es que los levantamientos de Tupac Amaru y Tupac Katari (1780) fueron hechos definitorios en la historia del siglo XVIII. Influyeron decisivamente para que, en las condiciones de 1810, detonaran sublevaciones masivas: las “republiquetas” en Alto Perú, las guerrillas de Güemes en Salta y, sobre todo, el pueblo reunido y armado del artiguismo que, desde 1816, hablaba en guaraní. Pese a su notoria influencia en los procesos reales, las rebeliones indígenas fueron ignoradas por las ‘historias oficiales’, ni siquiera las reivindicaron las veinte repúblicas surgidas de la mal llamada “guerra de la independencia” que, en realidad, fue una victoria del imperialismo británico. En la segunda mitad del siglo XX, muchos movimientos guerrilleros leyeron la historia como la leía el FRIP y reubicaron en el centro las insurgencias quichua, aymara y guaraní. No es posible suprimir la particularidad histórica de cada proceso social, como, 26

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asimismo, tampoco es posible dejar de ver que el rasgo particular está inserto en un proceso general: en la historia de la humanidad que es la historia de la lucha de clases. Lo indoamericano añade un carácter más a las condiciones generales de la lucha1. La teoría revolucionaria indoamericana no puede ignorar su particularidad. El rol que se adjudique a los pueblos originarios será una definición ideológica sustancial del movimiento insurgente en América Latina. Obliga a revisar los conceptos de liberación nacional y de autodeterminación de los pueblos: ¿negarán las futuras insurgencias el derecho ancestral de la nación mapuche a su territorio? ¿a desarrollar como quieran sus relaciones políticas? ¿satisface las necesidades de las naciones quichuas y aimaras un Estado plurinacional? ¿se las obligarán a someterse a un Estado ajeno y extraño, aunque se diga popular y revolucionario? Poder Popular es una concepción que obliga a abarcar lo particular y lo general, es el derecho a la autonomía de todos y cada uno de los pueblos. En enero de 1964 se reunió en Tucumán el último Congreso del FRIP. Se aprobaron las diez tesis que, ocho meses más tarde, se esgrimieron en la fusión con “Palabra Obrera” para dar origen al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Las tesis sintetizaron los debates que precedieron el inicio de la lucha armada en la Argentina, la región y el continente. Despejaron incógnitas, anticiparon, fue la creación intelectual que abonó la acción creadora. Las dos primeras tesis explicaban que el desarrollo industrial no fue obra de la burguesía nacional argentina, sino de la inversión extranjera con fines colonialistas, una seudo industrialización, pues. No se podía confiar en la burguesía nacional para enfrentar a la oligarquía y el imperialismo. No le interesaba. Una caracterización con enormes consecuencias prácticas. La había esgrimido Ernesto Guevara en “Guerra de guerrillas, un método”, publicado en 1960: “En las actuales condiciones históricas de América Latina, la burguesía nacional no puede encabezar la lucha anti feudal y antiimperialista”. Asimismo, lo dijo Fidel al cerrar las sesiones de la OLAS: “Hay veces que los documentos políticos llamados marxistas dan la impresión de que se va a un archivo y se pide un modelo; modelo 14, modelo 13, modelo 12, todos iguales, con la misma palabrería, que lógicamente es un lenguaje incapaz de expresar situaciones reales. Y muchas veces los documentos están divorciados de la vida. Y a mucha gente le dicen que es esto el marxismo... ¿Y en qué se diferencia de un catecismo, y en qué se diferencia de una letanía y de un rosario? “(…)” Porque hay tesis que tienen 40 años de edad; la famosa tesis acerca del papel, por ejemplo —para citar una—, de las burguesías nacionales. Cuánto trabajo ha costado acabarse de convencer que ese es un esquema absurdo 1. Confirma “Boletín Mensual N° 1 del FRIP” Octubre de 1961 en Daniel De Santis. “Vencer o Morir”. Editorial “Nuestra América” Marzo del 2004 pág. 51 27

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a las condiciones de este continente; cuánto papel, cuánta frase, cuánta palabrería, en espera de una burguesía liberal, progresista, antimperialista. Y de verdad que nos preguntamos si hay alguien que a estas horas pueda creer en el papel revolucionario de ninguna burguesía en este continente”. Antes de tomar las armas, el movimiento revolucionario debió dividir aguas con el “esquema absurdo” de los partidos estalinistas, simple justificación de sus devaneos con las burguesías. Las guerrillas de toda América Latina sólo pudieron nacer del rompimiento ideológico con el estalinismo criollo. En realidad, la debilidad de los burgueses criollos ya venía codificada en el modo de expansión del capitalismo europeo. No vinieron a invertir sus capitales para que se reprodujeran y acumularan en Indoamérica, generando intereses independientes de los centros del capitalismo, sino a saquear y enviar el botín para pagar sus deudas con la burguesía prestamista. Como hoy, como siempre, los capitales se acumularon en los centros del desarrollo capitalista. En esas condiciones era imposible que surgiera una pujante burguesía nacional, por el contrario, surgió la élite de mayordomos y capataces incapaces de pensar en la independencia económica. Aunque eran muy equivocados los esquemas del estalinismo, los progresismos de hoy día los asumieron como verdaderos, es la ideología que les permite ser buenos pagadores de la deuda contraída con el capital financiero global. Se transformaron en administradores del capital extranjero con un discurso hipócrita, que emplea términos marxistas para disimular su práctica liberal. Antes de las futuras insurgencias habrá que liberarse del freno ideológico del progresismo. Como ofrecían más bajos costos para la salida de sus productos, las inversiones extranjeras privilegiaban notoriamente las zonas portuarias. De ese modo, a la par que acentuaron la superexplotación en las regiones atrasadas, más alejadas de los puertos, generaron sectores de trabajadores privilegiados en los “islotes industriales”. No hicieron sólo negocios, sino que determinaron diferencias y estructuraron a los productores de plusvalía a su gusto y conveniencia. Los sindicatos de los trabajadores privilegiados constituyen un imprescindible instrumento de lucha, es verdad, pero, por otro lado, también son la garantía de que la lucha obrera se dará dentro de la constitución y las leyes, es decir, sin salir de la superestructura jurídica de la clase dominante. La gestión institucional –“lobby”- de las reivindicaciones sindicales requiere esos grandes aparatos administrativos y, con ello, se favorece la formación de grupos burocráticos. La burocracia sindical oficia de amortiguador político, de engranaje para el aceitado funcionamiento del sistema, para impedir que la clase se desmadre y se proponga cambiar el sistema. En contrapartida, dada la superexplotación que sufre el proletariado ru28

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ral, las ideas y las actitudes de sus direcciones sindicales serán muy diferentes: promueven piquetes, ocupaciones, medidas de fuerza y de choque, organizan el proletariado en función de la lucha frontal y no de “lobby” institucional. Son vehículos de la aspiración difusa a la emancipación, de la necesidad de luchar por el poder. No ven la realidad desde el mismo lugar ni con las mismas gafas de los burócratas. Sin desmerecer para nada el papel revolucionario del proletariado urbano, el FRIP entendió que los trabajadores rurales y, en particular, los de la caña de azúcar, eran el sector social más explosivo, llamados a ser el detonante de la Revolución en la Argentina, definición que orientó su acción política hacia el Norte argentino, el eslabón más débil de la cadena. Casi sesenta años después de la definición del FRIP, el proletariado rural ha sido expulsado de las tierras y de la producción agropecuaria. Emigraron a las periferias urbanas, fenómeno sociológico profundo que abarrotó con pobreza las grandes ciudades: Buenos Aires, Santiago, Rosario, Montevideo. Sin embargo, en el actual discurso político sindical continúan predominando los sectores privilegiados, proclives a los pactos y acuerdos con la clase dominante. Borraron la reforma agraria de sus plataformas de lucha. Sin embargo, los descendientes de los condenados de la tierra parecen heredar la condición de sepultureros del capitalismo, de sector social más explosivo y detonante de las grandes transformaciones, vehículo para expropiar -sin indemnizar- los latifundios agropecuarios y urbanos, de la creación de cooperativas agropecuarias que revolucionen el modo de hacer producir la tierra. Es el legado de los fundadores de los movimientos guerrilleros en toda América Latina, de su opción por el proletariado más empobrecido, el que trabaja la tierra (caña de azúcar, forestales, minería, peones de tambo y de estancia, etc.). En su discurso en las OLAS, Fidel llamó a velar las armas: “(…)” que nadie se haga ilusiones de que conquistará pacíficamente el poder en ningún país de este continente, que nadie se haga el ilustrado y el que pretenda decir a las masas semejante cosa, las estará engañando miserablemente” (…) “esto no quiere decir que hay que agarrar un fusil mañana mismo, en cualquier sitio y empezar a combatir” (…) “tampoco quiere decir que la acción deba esperar al triunfo de las ideas”(…) “precisamente la acción es uno de los más eficaces instrumentos de hacer triunfar las ideas en las masas”. No fue suficiente su voluntad ni la de los miles que velaron las armas, el Che en primer lugar. Se debió esperar a que los dueños del capital acudieran a los sables, su recurso favorito. Pasaron del liberalismo al autoritarismo en un par de días, apenas cayó su tasa de ganancias y sintieron que ganaban un poco menos. En la Argentina de 1966, el golpe “preventivo” lo dieron Onganía y sus 29

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“azules”. Derrocaron al presidente constitucional y abrieron los tiempos del palo y la reja. Cerraron los caminos institucionales a los reclamos, pero, pese a ello, los burócratas sindicales subieron al estrado de la dictadura. La tibieza descarada debilitó la hegemonía de la burocracia y, como los trabajadores deseaban combatividad y clasismo, surgió la CGT de los Argentinos. Al finalizar mayo de 1969 fue el Cordobazo. Agustín Tosco encabezó una marcha pacífica de obreros y estudiantes. Sin justificación alguna fue reprimida y hubo cuatro muertos en un par de horas. El salvajismo trajo consigo barricadas, molotov, piedras y hondas. La manifestación tornó en repudio masivo a la dictadura desde abajo. Las cosas se aceleraron, se comenzó a vislumbrar la guerra que vendría, que no podía ser sólo abierta, legal y pacífica. Tres meses más tarde, en setiembre, fue el Segundo Rosariazo. Un cuarto de millón ganó las calles de la ciudad y ocupó barrios enteros como Empalme Graneros y Arroyito. Gendarmes y policías fueron desbordados. Finalmente, como en el Cordobazo, Onganía sacó a la calle el ejército para reinstalar la ley y el orden. El PRT intervino organizadamente en este Rosariazo, sus militantes estuvieron en Graneros, recuperaron armas de un puesto de gendarmería que tomaron. Luego de años de participación en instancias electorales, de severa represión a huelgas y ocupaciones sindicales, de luchas pacíficas derrotadas a palos por la policía, las compañeras y compañeros sintieron la necesidad de pasar al nivel siguiente, el de la franca lucha por el poder. Parece ser que las agresiones del arriba que ya no puede, motivaron el espíritu de lucha del abajo que ya no quiere vivir en las mismas condiciones. Se plantearon los problemas concretos para la lucha por el poder: ¿con qué estrategia, con cuáles herramientas? La respuesta del PRT llegó el 30 de julio de 1970. En el V Congreso se decidió crear el Ejército Revolucionario del Pueblo. La decisión partidaria correspondía a la combatividad expresada en Córdoba y Rosario. Otros partidos no cargaban la mochila con la teoría y la ideología que hizo posible la responsabilidad política y práctica de asumir una respuesta de esa índole histórica. Así comenzó la historia de la guerrilla con mayor grado de desarrollo en el cono sur del continente. Hicieron operaciones del porte de los asaltos al Batallón 141 en Córdoba (sin disparar un sólo tiro), a la guarnición de Azul en provincia de Buenos Aires y a la Fábrica Militar de Explosivos (Villa María, Córdoba). No finalizaron exitosamente la tentativa de tomar el Regimiento de Infantería Aerotransportada en Catamarca, ni la del Batallón Depósito de Arsenales 601 de Monte Chingolo, Buenos Aires. En alguna de esas acciones intervinieron hasta 250 compañeras y compañeros. Fue una guerra a vencer o morir. La estrategia consistía en ir de lo poco a lo mucho, como sostuvieron los 30

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vietnamitas y repetimos todas y todos. Era una guerra prolongada, desde la debilidad del foco armado -algo muy diferente a foquismo- hasta la fortaleza del ejército popular con la técnica militar y el poder de fuego suficientes para derrotar el ejército reaccionario. Así ocurrió en China, Argelia y Cuba. Así se peleaba en Vietnam y así poblamos América Latina con armas guerrilleras. Es otra muy distinta la actual realidad, no vivimos en los ’60, está clarísimo. Sin embargo, los procesos sociales y políticos continúan recorriendo los mismos andariveles que antaño. Por muy liberal y democrático que se diga el sistema, la violencia institucional sigue siendo su instrumento preferido. Sus víctimas soportan las consecuencias, pero pierden la paciencia, pierden la esperanza en que las mayorías electorales puedan transformar revolucionariamente la sociedad. El voto no defiende a nadie en la ardiente Amazonia, en las rutas cortadas de Bolivia o en la Patagonia Mapuche. ¿Cómo poner fin electoralmente a la silenciosa matanza de luchadores en Colombia? ¿Cómo hacerlo en el Chile de los carabineros exorbitados por el espíritu de revancha? Resurge el mismo imperativo ético que en los ’60 impulsó el movimiento revolucionario. Ello no significa salir a lo loco: los Moncadas que se sufrieron ayudan a ver y pensar mucho mejor. Sin embargo, no hay razón alguna para quitarse las gafas rojas y negras y pensar la realidad color rosadito verdoso. Es imperioso debatir nuevas formas de insurgencias, discutirlas con Guevara, Santucho, Marighela, Enríquez y Sendic, desbrozar las malezas y cultivar con esmero las mil flores que se abrirán en el futuro. ¿No será preciso analizar el propósito de desarrollar la guerrilla hasta transformarla en ejército popular? La formación de ejércitos también entraña crear las condiciones en que surgen grupos burocráticos que arrojan sombras sobre toda la sociedad. Las jerarquías estrictas coartan el pensamiento crítico y echan a perder el sentido de responsabilidad social, son terreno fértil para las “nuevas clases sociales”, ¿no habrá que explorar más fondo en las formas organizativas de “pueblos reunidos y armados” que nos vienen de los pueblos originarios? Agradezco esta posibilidad de firmar tan cerca del legado de Mario Roberto Santucho. Me llena de orgullo. Gracias por el fuego, Robi. Jorge Zabalza

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Estudio Preliminar Santucho: El análisis concreto de la situación concreta Daniel De Santis 22 de octubre de 2020

Como reclama el título de este trabajo, nos vamos a detener en los momentos de viraje de la situación política, desde el punto de vista de los revolucionarios, y exponer la contribución de Santucho en ellos. EL NORTE ARGENTINO Y LA CRISIS DE LA INDUSTRIA AZUCARERA Los registros conocidos ubican el inicio de la militancia socialista de Mario Roberto Santucho en el segundo lustro de la década de 1950. Como estudiante, en la Facultad de Ciencia Económicas de la Universidad de Tucumán, fundó junto a otros compañeros, el Movimiento Independiente de Estudiantes de Ciencia Económicas (MIECE) y, como tal, se convirtió en uno de los principales dirigente de la Universidad. El MIECE introdujo en el movimiento universitario la consigna “por la unidad obrero estudiantil”. Una revolución política para la época. En 1961, bajo la dirección de su hermano Francisco René, participó de la fundación del Frente Revolucionario Indoamericanista Popular (FRIP). En sus Tesis de 1964, que la tradición oral y estilo literario atribuyen al Negro Francisco, se ve la mano de Mario Roberto incorporando categorías marxistas: 1. “La República Argentina es un país semicolonial seudoindustrializado”. 2. “La burguesía nacional en su conjunto es incapaz de luchar por la liquidación de la dependencia de nuestra patria, por un desarrollo nacional independiente. Sólo sectores minoritarios -la pequeña y mediana burguesía industrial- pueden jugar un papel de aliados circunstanciales del proletariado (…) en la lucha antiimperialista”. Estas dos tesis son definiciones que estarán en la base de la concepción 33

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política de Santucho y del PRT. El 17 de julio de este último año, el FRIP conformó un Frente Único con Palabra Obrera que culminó con la fundación del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) el 25 de Mayo de 1965. Fue decisiva, en la unificación, la actitud común a ambas organizaciones el “ir” a las masas. El Golpe militar de Onganía era una vuelta de tuerca en el proceso golpista iniciado en 1955. Golpe preventivo que venía, justamente, a prevenir el desarrollo de una revolución verdadera, impulsada por la inestabilidad política nacional y el ejemplo internacional de la Revolución Cubana, exigió una respuesta acorde a la militancia socialista. Una experiencia que se gravó en la conciencia de la vanguardia obrera tucumana, con la que Santucho tenía estrecho vínculo, fue la derrota de la huelga azucarera de principios de 1967, pese a la enorme combatividad desplegada por el conjunto del proletariado azucarero. Los militantes obreros del Partido a fines de 1966 habían llevado a la Dirección Regional la propuesta de iniciar la lucha armada revolucionaria, propuesta que fue trasladada oralmente a la Dirección Nacional en enero siguiente. Ella se hacía, sin conocer la presencia en simultáneo del Che Guevara en Ñancahuazú, a sólo 1000 kilómetros más al sur, en la misma región geográfica y cultural. Lo que habla de la madurez de condiciones revolucionarias en el Continente. EL PARTIDO POLÍTICO REVOLUCIONARIO DE LA CLASE OBRERA La respuesta de Santucho fue el Documento del IV Congreso del PRT en el que se establecieron las bases de una estrategia revolucionaria para Argentina: revolución antiimperialista y socialista; se adhirió a la estrategia continental del castrismo tal como la formulara el Che Guevara en su documento: Crear dos tres… muchos Vietnam es la consigna; se establecieron las características que debía tener un partido político revolucionario de la clase obrera, que asumiera una real estrategia de poder; y, como parte de ellas, debía superar el economicismo imperante en el PRT bajo la conducción de Nahuel Moreno. El tercer eje fue, que esa construcción se debía hacer entre los obreros de las grandes fábricas de la industria moderna y, complementariamente, en el resto de la clase obrera y otros sectores populares; mediante una esclarecedora propaganda socialista dirigida al proletariado industrial y una permanente agitación política hacia el conjunto de la clase obrera. Este Congreso se preguntó “qué sentido tiene el ‘retroceso’ de nuestra clase obrera”, a lo que se respondió que el próximo auge de las masas sería diferente a los anteriores, porque se aproximaban luchas políticas 34

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“verdaderamente revolucionarias” que se orientarían hacia el socialismo. El IV Congreso resumía así su programa de lucha socialista: “1) la revolución argentina es socialista y antiimperialista. 2) la revolución argentina es táctica en relación a la estrategia de la revolución continental, pero tiene una estrategia propia, consistente en que la clase obrera y el pueblo deberán librar una guerra prolongada para derrotar a la burguesía y al imperialismo, e instaurar un gobierno revolucionario, obrero y popular. 3) la revolución es obrera y popular por su contenido de clase, por ser el proletariado industrial su vanguardia, y por ser sus aliados la pequeño burguesía urbana en todo el país y el proletariado rural y el campesinado pobre en el norte. 4) dado el carácter de clase y el carácter armado de la revolución, esta requiere ser dirigida por un partido y un ejército revolucionarios. 5) en su primera etapa la lucha armada será esencialmente guerra civil y se irá transformando paulatinamente en guerra nacional antiimperialista. 6) por varios motivos la guerra revolucionaria tendrá carácter prolongado (...). 7) a medida que se desarrolle, la guerra revolucionaria tomará un carácter cada vez más regional y continental, llegando a no respetar fronteras. 8) en esta etapa de la revolución mundial y continental, para el triunfo de la revolución en la Argentina se requerirán un fuerte partido y ejército revolucionario, la incorporación masiva de la clase obrera y el pueblo a la lucha revolucionaria, la extensión continental de la revolución y una crisis total del imperialismo a escala mundial”1. “El IV Congreso caracterizó científicamente la situación del país, entendió el carácter de la crisis del capitalismo, de su régimen de dominación política y apreció correctamente las potencialidades de la clase obrera y el pueblo argentino, lo que permitió vislumbrar la perspectiva de guerra revolucionaria (…) Esa comprensión armó políticamente a la organización”2. En el año 1969 la caldera revolucionaria entró en ebullición. El Cordobazo y el Rosariazo, en el marco de combativas movilizaciones obreras-estudiantiles-populares extendidas a gran parte del país, hicieron añicos los sueños corporativos de los militares, provocando un salto cualitativo en la lucha de clases argentina. Lo más destacado de estas luchas fue que por primera vez en más de tres décadas, la clase obrera y el pueblo pasaron a la ofensiva, actuando la clase obrera con independencia de cualquier fracción burguesa y acaudillando a importantes sectores de la pequeña burguesía. El análisis marxista del Congreso y haber captado la esencia del mensaje de las masas fueron el timón en el que apoyó Santucho, durante siete años, sus análisis y pronósticos. 1. Documento del IV Congreso del PRT. Capítulo 4to. 2. Santucho, Mario Roberto. Prólogo a Resoluciones del V Congreso y de los CC y CE posteriores. Ediciones El Combatiente. 25 de agosto de 1973. 35

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EL EJÉRCITO DEL PUEBLO Metido de lleno en la lucha política y militar, por la que fue encarcelado durante varios meses, no decayó su esfuerzo y en los días finales de julio de 1970, el V Congreso del PRT fundó al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Consciente que la línea revolucionaria exigía la amplia participación de las masas, la concepción militar con la que se delineó la construcción del ERP se inspiró en la experiencia del marxismo internacional: partido de combate de la clase obrera marxista leninista, dirigente del ejército del pueblo con un programa revolucionario, antiimperialista y democrático, asentado en órganos de poder popular. El programa se difundió ampliamente luego de su primera acción publicitada, la toma de la Comisaría 24ª de la ciudad de Rosario, el 19 de septiembre de 1970. Enrique Gorriarán, bajo la orientación de Santucho, escribió la proclama que finalizaba llamando a los “Argentinos: el Ejército Revolucionario del Pueblo convoca a todos los patriotas a asumir sus responsabilidades, a ocupar su puesto de lucha en nuestra guerra revolucionaria del Pueblo, en esta guerra de la Segunda Independencia. El General San Martín y el Comandante Guevara son nuestros máximos ejemplos”. Fue también la primera vez que tomaba vuelo su grito de guerra. ¡A vencer o morir por la Argentina! La doctrina militar del ERP se basó en avanzar de lo pequeño a lo grande, en la guerra de todo el pueblo, la moral solidaria de los combatientes y la primacía del hombre sobre el arma. En el concepto de aniquilamiento se condensa la diferencia entre la concepción burguesa y la concepción proletaria. Mientras para la primera consiste principalmente en la destrucción física del enemigo, la segunda se asienta en la neutralización y anulación de su capacidad de combate. El 2 de octubre del ‘74, hablando sobre el respecto a las leyes de la guerra Santucho afirmó que “nunca se ha torturado a nadie ni se torturará”3. La amplia y exitosa ofensiva revolucionaria alertó a los sectores más lúcidos de la clase capitalista, al comprender que no se podía frenar el auge de las masas y el desarrollo de las fuerzas revolucionarias sólo por medio de la represión. Después del Cordobazo retrocedieron cambiando a Onganía por Levingston, mientras que el Viborazo dio cuenta del Virrey. Fue así que en marzo de 1971 el nuevo Dictador, Lanusse, lanzó la táctica que se revelaría estratégica del Gran Acuerdo Nacional (GAN). En tanto, el líder popular Juan Perón se dispuso a disputarle el liderazgo del proceso. Mientras que Santucho se apoyaba en una asentada confianza estratégica que le daba aplomo en la posición política coyuntural. El 30 de julio de 1972, 3. Santucho, Mario Roberto. Propaganda. Organización. Acumulación de fuerzas. Editorial de El Combatiente Nº 137. Miércoles 2 de octubre de 1974 36

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en el editorial del número 70, hacía explícito el motivo de esa confianza. “La enseñanza marxista de despreciar al enemigo estratégicamente y tenerlo en cuenta tácticamente es aplicable plenamente a nuestra situación política actual. La táctica y la actividad de los revolucionarios debe estar teñida hoy día de la más firme confianza estratégica, de la seguridad estratégica de que el proceso de guerra revolucionaria abierto es irreversible, profundo, de enorme vitalidad y que la burguesía carece de medios para detenerlo o desviarlo. Grave error estratégico sería considerar que el enemigo tiene posibilidades de estabilización, que la crisis puede ser amortiguada, que la burguesía cuenta con posibilidades de conjugar o atemperar por un período la crisis económica y social. Ese error de sobre estimar al enemigo estratégicamente llevará sin duda al oportunismo, al seguidismo de las corrientes burguesas, al descuido del accionar militar”. Veremos como Santucho reitera esta idea, de distintas formas, en distintos momentos. El consideraba que la crisis económica si bien no terminal, porque las crisis capitalistas nunca lo son, era profunda y sin perspectivas de solución a acorto ni mediano plazo. Que antes la burguesía necesitaba aplastar a la revolución, al movimiento de masas y a la guerrilla, para tener tiempo de ensayar respuestas de reactivación de la economía. Pero, mientras las masas se mantuvieran a la ofensiva, mientras los revolucionarios mantuviesen la iniciativa política, la burguesía no podría estabilizar el sistema. Esta enseñanza estará presenta en el momento de enfrentar a Perón. El GAN consistía en un llamado a elecciones con amplia proscripción pero, como las luchas continuaron, la Dictadura se vio obligada a ampliar las concesiones. Dos de los hechos que impactaron en la población y que acorralaron a la Dictadura fueron, la fuga del Penal de Rawson de 25 dirigentes revolucionarios, mientras que una semana después, el 22 de agosto de 1972, la irracional y cobarde reacción de los marinos los llevó a fusilar 19 hijos e hijas de nuestro pueblo en Trelew. LA LÍNEA DE LOS COMITÉS DE BASE La respuesta táctica de Santucho fue la línea de los Comités de Base, para ampliar la política de masas del PRT contribuyendo con la organización del pueblo, y responder por medio del boicot a las elecciones o la participación en las mismas, de acuerdo al estado de ánimo de las masas. Si este era alto, de gran combatividad y el espejismo electoral no haría mella en su estado de ánimo, entonces la táctica adecuada sería el boicot al que aportarían pueblo organizado esos Comités. Sí, por el contrario, había un retraimiento de la movilización, desde los Comités de Base se podría organizar una fuerza con personería legal 37

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que, en alianza con otros sectores populares y de la izquierda, participara en las elecciones con candidaturas obreras y populares. Cómo la situación evolucionó hacia esta segunda posibilidad el PRT intentó levantar la fórmula Presidencial: Agustín Tosco Presidente, Silvio Frondizi Vicepresidente, que no se concretó. Esta línea no se pudo aplicar plenamente porque, a los pocos meses de convocado el GAN, la mayor parte de los miembros del Comité Central fueron detenidos, entre ellos, Santucho y Gorriarán en agosto y, en septiembre, fue desaparecido Luis Pujals. Es decir, el Secretario General, el Jefe Militar y el segundo hombre del Partido. Esta debilidad en la dirección trajo primero una desviación izquierdista que se expresó en la resistencia a aplicar la línea de los Comités de Base durante varios meses. Al izquierdismo se le sumó una desviación militarista, salvo en Córdoba, que extendida a todo el año 1972 originó dos fraccionamientos. Uno, con peso en el Comité Militar de Capital, dio lugar al ERP 22 de Agosto que llamó a votar por el peronismo en marzo del ‘73. El otro, en la Regional Sur de Buenos Aires con arraigo en su Comité Militar, dio nacimiento a la Fracción Roja del PRT. Ambos fraccionamientos, además, se resistieron a la construcción de los Comités de Base. Santucho, desde la cárcel, dio la batalla teórica a través de los editoriales de El Combatiente y orientando la lectura del libro de Lenin: El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Ambos instrumentos armaron teóricamente a la militancia partidaria. Pero de todas maneras el PRT y el ERP no estuvieron ausentes en la coyuntura. Una muy activa compaña por la libertad de los presos políticos, en simultáneo con la sostenida agitación de esa consiga por la Juventud Peronista, logró impactar en los sentimientos de amplios sectores del pueblo. En una limpia acción militar en la que no hubo heridos y se dispararon solo tres tiros, el 18 de febrero la Compañía Decididos de Córdoba tomó por asalto el Batallón de Comunicaciones 141 de Córdoba, permaneciendo durante 5 horas con la unidad enemiga ocupada y recuperando para las armas del pueblo dos toneladas de armamento. Las luchas de las masas y del conjunto de las organizaciones revolucionarias anotaron un primer triunfo revolucionario: la retirada de la Dictadura. SANTUCHO ROMPE CON LAS ESCRITURAS… Y ACIERTA Respuesta al Presidente Cámpora Como es conocido, el 11 de marzo de 1973 Héctor Cámpora ganó las elecciones por amplio margen obteniendo el 49,6 % de los votos emitidos. El Comité Ejecutivo del Partido reunido en abril tomó una serie de resolucio38

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nes. En la que tituló “Resolución sobre actitud frente al Gobierno” establecía: “1°- Mantener una total independencia ante el próximo gobierno parlamentario. Desenmascarar todos sus esfuerzos por aislar a las corrientes progresistas y revolucionarias. Recordar y explicar el carácter capitalista del gobierno y la imposibilidad de llegar sin salirse del capitalismo a verdaderas soluciones a los problemas de nuestra Patria y nuestro pueblo. 2°- Alentar y apoyar y participar en primera línea en la movilización obrera y popular por el cumplimiento de las promesas gubernamentales, por la libertad de los combatientes, el establecimiento de relaciones con Cuba, Vietnam del Norte y Corea del Norte y fundamentalmente por las reivindicaciones inmediatas de las masas, por la elevación de su nivel de vida, etc. 3°- Apoyar activamente y alentar todos los esfuerzos del peronismo progresista y revolucionario por imponer la realización de un programa avanzado por el gobierno; establecer en el curso de la lucha estrechos vínculos entre todos los sectores progresistas y revolucionarios de nuestro pueblo, incluidos los peronistas. En caso de golpe militar, colocarse hombro con hombro con el peronismo progresista y revolucionario para enfrentar cualquier intento de restablecer la Dictadura Militar”4. Esta resolución de independencia de clase no desconocía las contradicciones en la clase capitalista y en el Partido de gobierno. En correspondencia con ella, cuando el Presidente electo Héctor Cámpora le pidió una tregua a la guerrilla el ERP le respondió con una declaración, difundida profusamente en el pueblo, titulada: Porqué el Ejército Revolucionario del Pueblo No Dejará de Combatir, en la que le decía: “El gobierno que el Dr. Cámpora presidirá representa la voluntad popular. Respetuosos de esa voluntad, nuestra organización no atacará al nuevo gobierno mientras éste no ataque al pueblo ni a la guerrilla. Nuestra organización seguirá combatiendo militarmente a las empresas y a las fuerzas armadas contrarrevolucionarias. Pero no dirigirá sus ataques contra las instituciones gubernamentales ni contra ningún miembro del gobierno del Presidente Cámpora” y aclaraba que “En cuanto a la policía, que supuestamente depende del Poder Ejecutivo (…) el ERP suspenderá los ataques contra ella a partir del 25 de Mayo y no la atacará mientras ella permanezca neutral”. Apoyaba su argumentación en “algunos antecedentes históricos” críticos de la actuación de la conducción peronista en los últimos 18 años, en la que no usaba adjetivos sino hechos políticos en los que “el pueblo vio morir masacrados y fusilados a decenas y decenas de sus mejores hijos”. Una de las consignas con las que cerraba la declaración, también muy difundida por los sectores revolucionarios del peronismo, era “Libertad inmediata 4. PRT. Resoluciones del CE de Abril de 1973. 39

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a los combatientes de la libertad”. La confluencia en este punto se expresó el 25 de Mayo en las puertas y alrededores de la Cárcel de Villa Devoto, y demostrativo de la línea del PRT. Esa tarde, algunos miles de manifestantes se congregaron en las calles que rodean la Cárcel, tomada por los presos políticos desde el día anterior, para intentar hacer efectiva en forma inmediata esa consigna. A la hora de la puesta del sol llegaron muchos miles de manifestantes que venían de la Plaza de Mayo, en lo que para ellos era un día de fiesta. Luego de algunos cabildeos, en la puerta de la Cárcel se dio una asamblea. La propuesta de los presos peronistas hacía hincapié en el “triunfo popular”. La propuesta del ERP fue que los combatientes debían salir ese día, y se ganó la ovación de la masa. Ante ello, el compañero peronista respondió: FAR y Montoneros apoyan la moción del ERP y los combatientes salieron momentos después. Una provocación originó el fuego de los guardia-cárceles que se cobraron la vida de dos jóvenes militantes del pueblo. En los días siguientes, el CE del Partido se reunió con los principales cuadros. En esa suerte de Plenario, se hizo un balance de los tres años anteriores. Respecto a la desviación militarista concluyó que esta era tal no por la realización de grandes acciones militares, sino porque se construían el Partido y el ERP desvinculado de las masas, en particular obreras. Después de un inicio correcto el Gobierno de Cámpora comenzó a ceder ante presiones de su ala derecha. Esa contraofensiva pasó al terreno militar el 20 de Junio en la emboscada de Ezeiza contra las columnas de manifestantes encabezadas por las organizaciones FAR y Montoneros. Trece muertos y más ochenta heridos de consideración fue el primer paso dado por Perón para su anunciada toma del poder. Por lo que el PRT llamó a una Conferencia de Prensa los primeros días de julio, que tuvo gran repercusión. Santucho para hablarle al Gobierno se paró desde el movimiento de masas y las guerrillas que habían derrotado a la Dictadura, es decir, desde la legalidad revolucionaria. Y, considerando que sus previsiones se asentaban en la experiencia de los últimos 18 años, en la ofensiva de las masas, y en una lectura correcta de la dinámica de clases de una semicolonia capitalista en situación prerrevolucionaria, lo ubicaban en una posición de fortaleza. Por lo tanto, podía decirle con autoridad que “los recientes pronunciamientos gubernamentales (…) y la decisión de reprimir las ocupaciones de fábricas y la tenencia de armas y explosivos, sumados a los planes económicos y políticos (…) colocan al nuevo gobierno (…) a un paso de la ‘ilegalidad revolucionaria’”5. 5. Santucho, Urteaga, Fernández. Conferencia de Prensa del PRT. Editorial de El Combatiente Nº 81. Unidad obrera y popular contra el imperialismo y sus agentes. 16 de julio de 1973. 40

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Perón al poder Ante el segundo momento del GAN, ya con Perón como conductor, Santucho no se dejó confundir por su discurso populista, sino que como líder en ciernes asumió la legitimidad que le otorgaba el triunfo del movimiento de masas y las fuerzas revolucionarias. Después de una larga y persuasiva argumentación, que lo llevó a preguntarse: ¿es Perón un traidor? A la que le siguió otro largo ablande para recién ir a la respuesta: “No podemos entonces obviamente esperar de Perón la Revolución Social (…) y no porque él sea un traidor sino porque es un consecuente defensor de su clase, la burguesía, a la que permanece completamente fiel a pesar de no haber sido comprendido un tiempo por gran parte de sus hermanos de clase (…) Hoy, que la burguesía se encuentra en una profunda crisis, necesita reprimir duramente al pueblo y Perón materializa y materializará sin vacilaciones esa represión”6. Producido el autogolpe contrarrevolucionario Santucho escribía: “el Presidente Cámpora (…) es desplazado por un autogolpe organizado en ‘palacio’ sin la más mínima participación popular”, y ello ocurrió así porque Perón no quería un tránsito pacífico porque la elección de Cámpora se inscribía, aunque deformadamente, en el auge iniciado por el Cordobazo. Por lo tanto, era necesaria una acción violenta que separara su gestión del breve período camporista. El “General Perón avanza hacia el poder de la mano de los Carcagno, los Rucci, los López Rega” remataba Santucho. Núcleo del pensamiento de Santucho por el que decidió enfrentar a Perón Perón se proponía, mediante una tregua social, política y militar, eliminar del escenario la lucha armada y no armada de la clase obrera y el pueblo, lograr la estabilidad social que le permitiera reorganizar el capitalismo, mejorar parcialmente la situación económica, ganar mayor crédito en las masas con algunas concesiones y pasar entonces al aislamiento y represión, a la destrucción de las fuerzas revolucionarias, todo lo cual le permitiría lograr su objetivo de salvar el capitalismo. Idea que Santucho reiterará insistentemente en sus escritos. “Pero ese plan fracasó estrepitosamente” el 25 de mayo: “Ese histórico día un contingente popular de 40.000 compañeros, rodeó la cárcel de Villa Devoto y exigió y obtuvo la inmediata libertad de todos los combatientes”. “En tanto, al amparo de la democracia y la libertad conquistadas por la lucha popular, las fuerzas progresistas y revolucionarias iniciaron un vigoroso movimiento de desarrollo ganando numerosas batallas, recuperando sindicatos 6. Santucho, Mario Roberto. Las definiciones del peronismo y las tareas de los revolucionarios. Ediciones El Combatiente. Agosto de 1973. Las citas de este apartado y el siguiente corresponden al mismo trabajo. 41

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y comisiones internas”. La posición del PRT ha sido criticada por no haber apoyado al peronismo en las elecciones de 1973. Por lo que estamos y seguiremos viendo, consideramos que su posición fue correcta y que el gran error de ese período lo cometieron las organizaciones del peronismo revolucionario que lo hicieron. En una de las veces que Santucho criticó esa política lo hizo con estas palabras: “Las organizaciones armadas FAR y Montoneros y parte de la Tendencia Peronista Revolucionaria han cometido un grave error (…) a partir del 25 de mayo: confiar ciegamente en Perón. Hoy (…) ese error puede ser subsanado y retomar una línea independiente del peronismo burgués y burocrático”. La sucesiva confirmación de sus previsiones y, presidida por la firme orientación de la construcción del Partido y el ERP en el proletariado fabril en lo que avanzaba consistentemente, fue lo que le permitió al PRT crecer en las grandes fábricas, fortalecer sus unidades militares y, simultáneamente, ampliar su incipiente construcción de la tercera herramienta estratégica: el Frente Antiimperialista o de Liberación Nacional, es decir, del “ejército político de las masas” como él lo llamó, del cual nos ocuparemos más adelante. La toma del Comando de Sanidad El peronismo de derecha había roto la tregua el 20 de junio, el ERP recién respondió, en el terreno por ellos elegido, el 6 de septiembre con la toma del Comando de Sanidad en plena Capital Federal. El objetivo militar era recuperar las armas que allí estaban depositadas, mientras que el objetivo político era similar al del copamiento del Batallón 141 en Córdoba. Cuando ya estaban cargadas las armas en el camión que las trasportaría y por iniciarse la retirada –los dos heridos del ERP acababan de hacerlo–, por descuido de un compañero dos reclutas se escaparon, dieron el alerta y rápidamente se movilizaron las fuerzas represivas. Los combatientes fueron rodeados, por lo que se vieron obligados a rendirse. No los asesinaron, como era costumbre de los militares, quedaron detenidos hasta el año 1984. Varios de ellos habían salido en libertad el 25 de mayo anterior. Las reacciones de todo el arco político burgués fueron de violento repudio y “en defensa del Ejército contrarrevolucionario”. Mientras que el PRT consideraba que hubo: “aprobación de las masas explotadas que se lamentaron únicamente de la no concreción del objetivo”. A nosotros, en aquel momento, nos pareció que era muy difícil medirlo y no tuvimos esa sensación, pero no dudamos de la línea y, como venimos diciendo, el hecho objetivo era que el ERP no quedaba aislado políticamente sino que aumentaba su influencia.

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Marcha del ERP en la Ciudad de Buenos Aires El 11 de septiembre los militares dieron el Golpe en Chile. El Presidente socialista Salvador Allende resistió en su puesto dignamente. En declaraciones publicadas por la revista Panorama, Perón, mostrando sus sentimientos más profundos, criticó a Allende y dijo que había caído “víctima de su sectarismo, de su política tendiente al exceso” y para defender al Dictador Pinochet, cargó a los guerrilleros con la culpa del Golpe, amenazó a Cuba, y se proclamó “decididamente antimarxista”. En todo el Continente y el mundo se realizaron demostraciones de repudio. En nuestro país; organizada por las juventudes políticas, al día siguiente del Golpe fue convocada una manifestación. Encabezaba la marcha una enorme columna de la JP que tenía unas 20 cuadras, la que le seguía era la columna de la Federación Juvenil Comunista, que reunía como 15 cuadras y, a continuación, se agruparon varios contingentes de militantes del PRT y combatientes del ERP, de la Capital, el Gran Buenos Aires y La Plata que junto a los simpatizantes organizados sumaría algunos cientos. Enarbolando grandes banderas del ERP comenzaron a marchar pero, para gran sorpresa de todos, se les fue sumando gente a tal punto que la columna se extendía por 10 cuadras7, para terminar siendo la tercera más numerosa. Por esas virtudes “milagrosas” que tienen las masas, que todo lo pueden, se organizaron cordones entre los militantes alrededor del resto de los integrantes de la columna para protegerlos, como las demás que ya tenían más entrenamiento. Seis meses de Gobierno peronista Realizado el acto electoral del 23 de septiembre, Santucho reafirma la línea estratégica en el editorial de El Combatiente N° 92 del 28 de setiembre de 1973. Bajo el título “El gobierno inicia el ataque” nos dice que, “el esperado triunfo peronista fue acompañado de una serie de declaraciones y medidas contrarrevolucionarias del peronismo y del gobierno. Tanto Lastiri como Perón centraron sus discursos en atacar a la guerrilla, a los luchadores populares que ellos llaman ahora ‘apresurados’, ‘delincuentes’, etc.”. Y luego realiza una importante valoración estratégica: “el ataque que está iniciando la burguesía contra las fuerzas revolucionarias constituye un intento desesperado de recuperar la iniciativa, de salir de la situación de defensiva estratégica en que están empantanados desde el Cordobazo”, para inmediatamente recordar que “uno de los pilares estratégicos fundamentales de una guerra revolucionaria es su carácter ofensivo. Las 7. Al publicar este dato proporcionado por uno de los participantes, otro compañero me dijo que no eran diez sino cinco cuadras. Más allá de la considerable diferencia el hecho político no cambia, era demostrativo que el ERP concitaba la adhesión de amplios sectores del pueblo. 43

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fuerzas revolucionarias cuando logran pasar a una lucha armada activa en el curso de un auge de masas, inician una ofensiva que les permite mantener la iniciativa”. En el acto de asunción, el 12 de octubre, Perón habló detrás de un vidrio blindado en un clima opuesto al 25 de Mayo. Se amplió el decreto de la Dictadura que prohibía la impresión y difusión de bibliografía considerada antirrepublicana. Estalló una bomba en el despacho del Gobernador de Mendoza, quien cedió a las presiones. El Poder Ejecutivo intervino la Provincia de Formosa. Se sucedió una ola de ataques a locales de la JP y de la JTP. Fueron asesinados los militantes de la JP Enrique Grinberg, Constantino Razzetti y Pablo Fredes y, del PB, José Deleroni y su esposa Nélida Arana. El diario El Mundo y las revistas El Descamisado y Militancia recibieron atentados, allanamientos y amenazas. En el editorial de El Combatiente Nº 96 del 7 de noviembre Santucho nos dice que “en el terreno económico el gobierno peronista resulta ser más proimperialista que la Dictadura Militar” y a continuación hace un análisis de las medidas que sustentaban esa aseveración. Perón y la derecha peronista sabían que el enfrentamiento principal sería con los trabajadores. Inmediatamente después de asumir enviaron al Congreso una serie de leyes dirigidas a controlar y reprimir al movimiento obrero. Ley de Asociaciones Profesionales que le daba más poder a la burocracia sindical; restauración de la Ley de la Dictadura de Arbitraje Obligatorio que decidía qué huelga era legal y cuál ilegal; Ley de Prescindibilidad por la que cualquier organismo del Estado podía despedir a los trabajadores sin causa y pagándoles un mes de indemnización; y, la Reforma al Código Penal que no solo atacaba a la guerrilla sino que aumentaba las penas contra el activismo obrero. El Pacto Social y la restauración capitalista necesitaban de estos instrumentos jurídicos, que le daban más poder a la burocracia sindical, a los capitalistas y a su Gobierno para contener y disciplinar a la clase trabajadora. Con el mismo objetivo se lanzaron contra el sindicalismo clasista: la Federación de Luz y Fuerza desafilió a su Sindicato de Córdoba, que dirigía Agustín Tosco; el Smata, aplicó sanciones a la seccional Córdoba que dirigía René Salamanca. En la lucha interna se lanzaron a desalojar a la izquierda peronista de los sectores de poder que ocupaba, uno de sus objetivos fue la Universidad de Buenos Aires, aunque no lograron controlarla porque la Tendencia allí era fuerte. También fueron contra los Gobernadores que se alineaban con la Tendencia Revolucionaria: Bidegain en Buenos Aires, Obregón Cano y Atilio López en Córdoba, Martínez Baca en Mendoza, Ragone en Salta, y Cepernic en Santa Cruz. En sucesivos editoriales Santucho reafirma sus análisis sobre los objetivos del GAN y el papel que en él jugaba el gobierno del peronismo burgués y 44

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burocrático y de Perón como su Jefe. A los seis meses de gobierno los reitera fortalecido, porque los hechos fueron confirmando la evolución de la situación política. En esa dirección leemos en el editorial de El Combatiente N° 98, del 21 de noviembre de 1973, bajo el título “Seis meses de gobierno peronista” que nuestro Partido “basado en un análisis de clase de ese movimiento pudo determinar que los sectores burgueses y burocráticos predominantes encabezados y dirigidos por el propio Perón, no encararían ningún proyecto revolucionario sino que trabajarían por la reconstrucción capitalista, (…) e imperialista de nuestra patria y nuestro pueblo”. Con su característico estilo literario, por la experiencia ganada durante años en el trabajo de base sabía cómo dirigirse a las amplias masas del pueblo y a la militancia, insistiendo una y otra vez sobre un tema que considera debía ser asido por unas y otras: “La verdad es que el peronismo burgués y burocrático se propuso y se propone prolongar la vida del sistema capitalista semi-colonial que oprime a nuestro pueblo, intenta hoy día salvar ese sistema de la amenaza revolucionaria”. Nuevamente vemos que transcurridos 10 años mantenía la caracterización de capitalismo semi-colonial realizada en las Tesis del FRIP de 1964. Mientras que una semana antes en el editorial del número 97 del 14 de noviembre “La guerrilla: núcleo de acero de la lucha popular” da un nuevo paso en la estructuración del ERP como un ejército regular, sin perder su esencia guerrillera, para poder enfrentar y derrotar al ejército opresor en las próximas batallas de la lucha de clases: “El grado de desarrollo de la guerra revolucionaria en Argentina hace [posible y] necesaria la formación de unidades guerrilleras de alta calificación político-militar que al mismo tiempo que logren mantener una estrecha relación con el pueblo y operar en la propaganda armada con una correcta línea de masas, que eleven constantemente su potencia combativa para librar combates de aniquilación principalmente contra las unidades especiales antiguerrilleras del enemigo”. Asalto a la Guarnición Militar de Azul El 19 de enero del 1974, a las 22.30 hs, la Compañía del ERP Héroes de Trelew, reforzada, cien de cuyos combatientes constituían el grupo de asalto, tomó el Regimiento de Caballería Blindada 10 y el Grupo de Artillería Blindada 1 de Azul, que tenían dos mil efectivos y se extendían sobre una superficie de cuarenta hectáreas. El objetivo militar -el objetivo político, mantener la ofensiva, se desprende de los análisis que venimos exponiendo- era recuperar el armamento y apresar a los jefes de las dos unidades. En el Partido de Azul estaba emplazada la unidad militar más importante, numerosa, mejor armada e instruida; un verdadero símbolo del Ejército. El parte de guerra del ERP informó que, después de tomar la Guardia central y otro puesto, se generó un 45

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combate durante una hora “hasta que se comprobó la imposibilidad de doblegar la resistencia atrincherada de fuerzas superiores”. Además de tomar casi totalmente el Cuartel, se tomó la casa de los jefes de las dos unidades, un Coronel y un Teniente Coronel. En medio de un combate generalizado, el Coronel Gay “cae herido de muerte” y el Teniente Coronel Ibarzábal se rindió y estuvo detenido por el ERP un tiempo bastante largo. Según la doctrina militar clásica, para tomar una posición enemiga es necesario contar con una superioridad de tres y, según la situación, hasta de cinco a uno. Se observa que en este combate, la relación de fuerzas era de uno a veinte; es decir, entre sesenta y cien veces desfavorable para la Compañía Héroes de Trelew, relación que aumentaría si se considera el mejor armamento enemigo. Se podrá argumentar que no fue un asalto a una defensa preparada, sino que fue un golpe de mano, pero en ese caso se deberá explicar cómo, desde el punto de vista del arte militar, esta organización irregular con poca preparación militar ocupó por más de una hora la base más poderosa del Ejército y elevó el golpe de mano, que es una operación menor, al rango de una gran batalla. Se ha escrito también, con ligereza, que al enemigo se lo debe atacar en movimiento, porque en esa situación es más débil, verdad táctica de suma importancia que el Che Guevara enseñaba en sus escritos. Eso es verdad y los jefes del ERP, todos sus oficiales y la mayoría de sus combatientes lo sabían. Entonces las preguntas que se deben hacer son: ¿Por qué los Jefes del ERP decidían hacerlas? ¿Cómo era posible realizar este tipo de acciones que violaban la doctrina militar? ¿Por qué eran exitosas? Cuando la realidad es negativa, es sano aceptarla para poder rectificar el rumbo, pero cuando es favorable, con la misma razón, hay que reconocerla. Será mucho más positivo, entonces, estudiar a conciencia las tomas de cuarteles realizadas por el ERP, porque constituyeron verdaderas proezas militares, para poder sacar conclusiones válidas para los revolucionarios y para enriquecer el arte militar proletario. Un factor de gran importancia, que permitía esos éxitos, era la sorpresa en dos formas: una, táctica, el enemigo no sabía cuándo ni dónde sería atacado y otra, estratégica, las acciones del ERP siempre iban muy por delante de las predicciones de la inteligencia enemiga, por lo tanto no esperaba y no estaba preparado ante la realización de acciones de tamaña envergadura. La presencia de soldados conscriptos, que a su vez eran combatientes del ERP, en las filas del Ejército, proporcionaba información operativa del lugar y contribuía decididamente en la sorpresa; se usó en todos los asaltos a cuarteles. Esta acción no fue considerada como un éxito, porque no se pudieron recuperar las armas que allí había. Ahora, desde el punto de vista táctico militar, afirmamos nosotros, fue un arrollador triunfo de las fuerzas revolucionarias y, desde el punto de vista político, fue una demostración de que no sería fácil ani46

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quilar al ERP; por el contrario, el Ejército enemigo y su Comandante en Jefe, Perón, quedaron desorientados. Éste se puso el uniforme militar que nunca usaba y, desencajado, dirigió un discurso por televisión. Los militantes guevaristas tenían claro algunas cosas, cuando las masas y sus organizaciones capturan la ofensiva en la lucha política, cosa que no pasa todos los días, deben realizar los mayores esfuerzos para conservarla. Crece la penetración imperialista Bajo el título ¿Gobierno Popular o Gobierno Proimperialista? En febrero de 1974, Santucho realiza un análisis de la dependencia y reitera el concepto de burguesía nacional de las Tesis del FRIP: “La enorme confusión de algunos sectores que desde el campo popular y revolucionario han contribuido inconsciente pero poderosamente a engañar al pueblo argentino, tiene como base la errónea creencia de que hay sectores de la burguesía nacional capaces de enfrentarse a los norteamericanos, capaces de luchar consecuentemente por la independencia nacional”. “Pero esa falsa idea es cada vez más absurda. El mundo capitalista contemporáneo se caracteriza por una creciente centralización, por un fortalecimiento vertiginoso de las grandes empresas, por un control imperialista cada vez mayor de los resortes fundamentales de la economía de los países dependientes. En ese mundo el desarrollo del capital nacional está constreñido a límites muy estrechos. Llegado un cierto grado de crecimiento las empresas nacionales no tienen otro camino para mantenerse y continuar su desarrollo que asociarse al capital extranjero”. “La Argentina no es una excepción. La Penetración imperialista no cesa de aumentar. No se trata sólo de las grandes firmas extranjeras que se han instalado y que controlan sectores fundamentales de nuestra economía. Las empresas estatales asimismo sufren la penetración vía la dependencia tecnológica, y en algunos casos como la acería Gurmendi, por ejemplo, han pasado de manos estatales (Fabricaciones Militares) a ser controladas por el capital imperialista alemán”. “Los capitalistas nacionales alcanzado cierto desarrollo, se ven en la necesidad de asociarse al capital extranjero para continuar su evolución. El caso de la empresa TENSA, del ramo automotriz, es típico. Nació y se desarrolló impulsado por un grupo de técnicos e ingenieros argentinos sobre la base de innovaciones tecnológicas. Hoy día ya está asociada a capitales yankis lo que le permitió continuar su expansión y extenderse a varios países latinoamericanos”. “La estructura de la dependencia deja cada vez más el control de los aspectos esenciales de la economía en manos de las empresas multinacionales. De esa manera el rumbo económico de países como la Argentina depende direc47

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tamente de los planes de las grandes empresas extranjeras, planes elaborados de acuerdo a los intereses globales de esas empresas. (…) Así determinada por los intereses de esas empresas, ajenas totalmente y opuestos a los intereses del pueblo trabajador, la economía acentúa su deformación en perjuicio de la gran mayoría de la población del país”. “Los gobiernos burgueses de los países dependientes a su vez, incapaces de oponerse a la dominación imperialista ya que ello implicaría un profundo proceso revolucionario socialista que ninguna corriente burguesa podría emprender, tienden cada vez más a jugar el papel contrarrevolucionario de control y represión de la lucha de masas, de custodios de los intereses de las empresas extranjeras y garantes de sus enormes ganancias”. “Ese es el papel que está jugando el actual gobierno peronista, papel que llena de entusiasmo a los círculos dirigentes norteamericanos y europeos, principalmente a los primeros, hoy enteramente dispuestos a apoyar y asesorar a ese gobierno”8. LA TERCERA HERRAMIENTA ESTRATÉGICA: EL FRENTE ANTIIMPERIALISTA Apoyado en la línea de los Comités de Base, el PRT comenzó a desarrollar el tercer eje estratégico: la política de alianzas y la lucha democrática. Esta política estaba contenida en su definición sobre el carácter de la: revolución antiimperialista y socialista o de liberación nacional y social. Es decir que la lucha, además de ser de la clase obrera en contra del capitalismo, era también de la clase obrera y el pueblo contra el imperialismo. La clase obrera, en la concepción del PRT, como clase dirigente del proceso revolucionario no debía marchar sola sino liderar al conjunto del pueblo. Formar una alianza con la pequeña burguesía urbana y el campesinado pobre (IV Congreso). A esta alianza, a partir de estas fechas, se le daba el nombre de “alianza básica”, que en una terminología más académica se le llama fuerza social revolucionaria. En esa alianza, cada sector marcharía por sus reivindicaciones y, la clase obrera a través de su partido, tenía que resolver “las contradicciones en el seno del pueblo” para ganarse la confianza del conjunto. El C.E. de abril de 1973, ya citado, en las resoluciones sobre el “Trabajo Legal”, tomaba como primera la referida al frente antiimperialista: “Luchar enérgicamente por la consolidación y desarrollo del frente antiimperialista en 8. Santucho, Mario Roberto. Editorial de El Combatiente Nº 106. Miércoles 6 de febrero de 1974. 48

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común con los sectores progresistas y revolucionarios pertenecientes a otras organizaciones e independientes sobre la base de la lucha por las libertades democráticas y el socialismo”.9 Con la denominación Frente Antiimperialista Santucho nominaba al frente estratégico. Volverá a llamarlo así muchas veces, incluso en su más celebrado trabajo Poder burgués y Poder revolucionario. Documento que fue aprobado como Resolución del Comité Central de septiembre de 1974. Aquí, por primera vez, se refiere a él diciendo que “es el ejército político de las masas”. En el Prólogo de junio del ‘73 a las Resoluciones del V Congreso, y poco antes y después del Golpe se referirá, varias veces, a la misma herramienta estratégica como Frente de Liberación Nacional y algunas como Frente de liberación. En el editorial del 26 de octubre del ’73 utiliza una tercera nominación del frente estratégico como Frente Obrero y Popular de masas. Las tres formulaciones tienen el mismo contenido: en el primer caso identifica al enemigo principal, en el segundo la tarea a realizar, y en el tercero las clases y sectores de clases que lo componen. En las tres formas se refiere a una sólida “alianza básica” obrera-campesinos pobres-pequeña burguesía urbana que junto al liderazgo de la clase obrera a través de su partido garantizarían la hegemonía proletaria y revolucionaria. Esta “alianza básica” debía constituirse con los sectores sociales mencionados y “sus expresiones políticas y sindicales, el peronismo progresista y revolucionario, las organizaciones armadas, el Partido Comunista, la Juventud Radical y sus corrientes afines, la amplia gama de las organizaciones de izquierda, el PRT, el Sindicalismo Clasista y las Ligas Agrarias”. A partir de ella, continúa Santucho, “las fuerzas populares podemos darnos después una política de Frente Popular más amplio y dirigido a neutralizar y después ganar a sectores de la burguesía media o nacional uniéndolos al pueblo bajo la firme dirección Antiimperialista y Revolucionaria del Proletariado”.10 Aquí encontramos la única vez que Santucho habló de Frente Popular. No la volvió a usar, no porque lo aquí dicho fuera incorrecto sino, pensamos, por la mala reputación que tenía en partidos izquierdistas pero, más probable, porque no era una definición precisa que se podía prestar a falsas interpretaciones. La experiencia del Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS) La política de frente antiimperialista, en esta etapa, se expresó en el Frente Antiimperialista y por el Socialismo. Como surge de la Resolución de Abril, en la concepción del PRT, el FAS no era un frente de izquierda, aunque parecía serlo por una razón política: Perón se había quedado con todo o casi todo, por 9. PRT. Resoluciones del Comité Ejecutivo de Abril de 1973. 10. Las definiciones del peronismo y las tareas de los revolucionarios. Obra citada. 49

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lo que en el FAS, el PRT pudo convocar a parte de la izquierda revolucionaria y a una pequeña del peronismo revolucionario y sectores independientes, es decir sólo a una parte, aunque numerosa y valiosa militancia, de la alianza básica. Tampoco era un frente popular, en la concepción de los PC de América Latina y Europa, porque no incluía a ningún sector de la burguesía. Su Presidente Armando Jaime era dirigente del Frente Revolucionario Peronista como su compañero Simón Arroyo que también integraba la Mesa Nacional. En ella confluían compañeros como Silvio Frondizi del Grupo Praxís; el Diputado Ortega Peña del peronismo revolucionario; el sacerdote Miguel Ramondeti; Leandro Fote, Oscar Montenegro y Gregorio Flores del PRT; Alicia Eguren y Manuel Gaggero (ya incorporado al PRT) provenientes de Acción Revolucionaria Peronista liderada por el hacía poco fallecido J.W. Cooke. En los tres últimos Congresos y actos de masas el principal orador fue Agustín Tosco. Esta construcción no se hacía en un momento de pasividad de la lucha de clases, muy por el contrario el auge de la lucha reivindicativa era sostenido. Santucho lo analizaba así: “las clases dominantes se orientan hacia un gobierno de tipo bonapartista represivo, que intentará anular de hecho las libertades democráticas y perseguir a las fuerzas revolucionarias, basados en un pronunciamiento electoral (…). En el seno del gobierno se fortalece el ala fascista, como primer recambio ante el posible fracaso del bonapartismo”. Pero, continuaba Santucho, “la resistencia obrera y popular hará impracticable la solución bonapartista. Si se logra amplio movimiento unitario que movilice a todas las fuerzas progresistas y revolucionarias peronistas y no peronistas hay serias posibilidades de obligar al gobierno peronista a mantener la democracia y la libertad (…) sería una victoria táctica completa que haría posible un considerable reforzamiento de las fuerzas revolucionarias”11. La realización del Cuarto Congreso del FAS, el 18 de agosto de 1973 citado en Villa Luján Provincia de Tucumán, generó amplia expectativa porque el PRT le había propuesto a Agustín Tosco que encabezara la fórmula presidencial, junto a Armando Jaime como Vice, en las elecciones del 23 de septiembre. El día anterior al Congreso, en el editorial 86, Santucho evaluaba que: “aún en este terreno, que es el más favorable para el enemigo, la maniobra de la burguesía amenaza verse dificultada por la posible presentación de una candidatura auténticamente representativa” y lo que la hacía más necesaria era que “la nueva maniobra electoral que prepara la burguesía tiene por objeto reforzar el aval ‘popular’ a su política represiva”12. Tosco no aceptó pero concurrió al Congreso en el que expuso los argumen11. Ibídem. 12. Ibídem. 50

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tos. Recordamos que planteó que no quería contribuir a la división de la clase obrera de Córdoba, pero no es verdad que no quería enfrentar a Perón, basta leer sus discursos. Agustín Tosco, como en los Congresos del Movimiento Sindical de Base, fue el principal orador. El Quinto Congreso del FAS se realizó el 24 de noviembre de 1973, en la ciudad de Roque Sáenz Peña, Provincia del Chaco. Allí asistieron alrededor de 12 mil militantes y activistas, entre ellos unos doscientos o trescientos compañeros de las distintas poblaciones aborígenes de la zona, tobas, matacos, mocovíes, que hablaron en el Congreso. Marcelo, un dirigente Toba, organizó su discurso alrededor de la idea de que ellos eran pocos, como 20 mil, y que, por lo tanto, la liberación sus pueblos pasaba por la alianza con la clase obrera argentina. No tenía ese falso concepto de indigenismo como una cosa folclórica, que glorifica el retorno al pasado. Habló Tosco, que fue recibido con una larga ovación, con su propio estilo de gran orador, coincidiendo en todo con la línea del PRT, en particular con la crítica al gobierno y, cuando se refirió a Perón, comentó que este “ha dicho que cuando se critica a algún compañero de la burocracia se lo critica a él. Pues bien, si él toma esas críticas nosotros no renunciamos a ello y marcamos la diferencia”. Por lo que fue saludado por la multitud con el ya clásico ¡Tosco Corazón, el pueblo te reclama para la revolución! Mientras que el Presidente de FAS, Armando Jaime, expresó la línea de construcción aclarando que “un frente lo más amplio posible tiene sus aliados. En primer lugar, los obreros y los campesinos pobres. Luego vamos a tratar de llevar adelante un programa que garantice a los pequeños comerciantes, los pequeños industriales, los pequeños propietarios de tierra, un programa común de lucha en esta etapa”. El Documento que la dirección de FAS presentó en su Sexto Congreso, realizado en Rosario el 16 de junio de 1974, después de manifestar que surgía de las “luchas populares (…) en el camino de la liberación nacional y social” convocaba a “coordinar la lucha por las libertades democráticas, contra la tortura y la represión, contra el imperialismo y las clases explotadoras, por la unidad de todos los explotados en el camino de la movilización y la lucha por la Patria Socialista”. El acto de cierre reunió 25 mil militantes y activistas13. Trascurridos tres meses del último Congreso, en septiembre de 1974, el C.C. hacía en “Las tareas centrales del Partido” la siguiente apreciación del contenido y el papel del FAS. “Durante los primeros meses del tercer gobierno peronista se constituyó el FAS, con la participación de nuestro Partido. Este 13. Este número fue un cálculo realista y bastante fácil de hacer porque en el campo de futbol del Club Tiro Federal se colocaron siete mil sillas, se calculó la capacidad de las tribunas y la gente de pié. Militantes de otras agrupaciones nos decían: “con esta cantidad de gente hay que decir cuarenta mil”. 51

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frente luchó denodadamente contra el gobierno burgués contrarrevolucionario en los momentos más difíciles de auge populista, por lo que debió acentuar su definición principista y por tanto aglutinar a los sectores más radicalizados de nuestro pueblo. El FAS jugó y juega un destacado papel en la preparación del terreno para una amplia unidad obrero y popular, pese a los límites en su influencia de masas que necesariamente debían manifestarse por el momento en que surgió. Hoy con el reagrupamiento que ha comenzado a producirse, tanto programática como orgánicamente, el FAS se convertirá en una herramienta estrecha, insuficiente”14. Partiendo de la concepción del frente antiimperialista se construyó el FAS. Cuando Perón fue elegido Presidente, a una parte de la militancia y del activo fabril le fue quedando claro que no venía a hacer ninguna revolución, ni social ni nacional, por la derechización del Gobierno, la creación de la Triple A, los numerosos asesinatos de militantes, una serie de leyes represivas y anti obreras. La percepción de esta situación impactó en la conciencia de un creciente sector del pueblo. El PRT, Armando Jaime, los dirigentes de FAS, obviamente Tosco que conducía una amplia alianza en su Sindicato y en el Movimiento Sindical Combativo de Córdoba, comenzaron a proponer un frente más amplio que el FAS, para dar cabida a ese activo a que hacemos referencia. Santucho comenzó a hablar de Frente Antiimperialista, Democrático y Patriótico. Esta fórmula se hizo más insistente en los meses de octubre y noviembre de 1974 una vez resuelta la interna dentro del Gobierno con el triunfo del ala fascista de López Rega y el desplazamiento de José Gelgard y el sector por el liderado. En tanto que, después del Golpe contrarrevolucionario del 24 de marzo lo formulaba como Frente Antidictatorial, Democrático y Patriótico. Eran las formas que le daba ante las variaciones políticas de las diversas coyunturas, por tanto, esas denominaciones tienen un valor, no menor pero, coyuntural para contener a aliados, más o menos circunstanciales, o dar cuenta de situaciones específicas como en el caso del FAS. La importancia de la lucha democrática En sus editoriales hacía referencia asiduamente a la lucha democrática: en el número 112 de abril del ‘74 titulaba “Perspectivas de la lucha democrática” y decía: “La lucha democrática y el logro de conquistas en este terreno, constituye y constituirá un poderoso aliciente para reconstruir la unidad obrera y popular, romper el divisionismo y el sectarismo”15. En el informe al C.C. Ampliado 14. Las tareas centrales del Partido. El Combatiente Nº 134. Miércoles 11 de septiembre de 1974. Fue parte de las resoluciones del CC de septiembre de 1974, y se incorporó como suplemento en la segunda edición de Poder Burgués y Poder Revolucionario. 15. Santucho, Mario Roberto. Perspectiva de la lucha democrática. El Combatiente Nº 52

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“Vietnam liberado”, publicado el 21 de julio de 1975, en el que proponía una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, era contundente sobre la importancia de unir la lucha democrática y reivindicativa para mantener el auge de masas de los dos meses anteriores. Su título no deja lugar a dudas: “Ante las Posibilidades Democráticas Forjar y Fortalecer la Unidad”. Santucho, luego de analizar la situación política, veía “posibilidades democráticas” que debían aprovechar los revolucionarios, porque el desmoronamiento del gobierno peronista “pone a la orden del día la posibilidad de ese ‘paso atrás democrático’, la posibilidad de importantes concesiones en el terreno de las libertades, la posibilidad de que la burguesía liberal y las masas populares se proyecten nuevamente a un primer plano, agitando banderas de pacificación y libertad, y lleguen a concretar importantes conquistas democráticas hondamente sentidas por nuestro pueblo”16. Y a renglón seguido titulaba: “La posición liberal burguesa y la posición proletaria” para explicar las dos posiciones en pugna pero que momentáneamente era necesario unificar. Volveremos sobre la valoración de la lucha democrática cuando Las Jornadas de Junio y Julio de 1975. La lucha reivindicativa Otra manifestación de inserción del PRT en el movimiento obrero fue el Segundo Congreso del Movimiento Sindical de Base (MSB) realizado en abril de 1974. El sábado 13 deliberaron representantes de doscientas agrupaciones sindicales y tomaron las resoluciones, entre otras, eligieron una Mesa Nacional integrada por quince miembros, doce del PRT y tres aliados. El domingo 14, en el Acto de cierre del Congreso, en las instalaciones del Córdoba Sport había alrededor de 5 mil militantes, la mayoría obreros, no eran todos del PRT pero sí una importante mayoría y había compañeros de otras fuerzas políticas. Mientras se sucedían los discursos, compañeros de cuatro agrupaciones pidieron que se ampliara la Mesa Nacional a dieciséis integrantes, para incluir uno que los representara. Se llevó la propuesta a votación y los militantes del PRT, orientados por sus dirigentes, le impusieron la “democracia” de los números; la propuesta fue rechazada. Santucho, al bajar del Monte y enterarse de este desastre sectario, realizó una furibunda crítica y ejemplificó diciendo que en ese caso habría que haber elegido tres del Partido y doce aliados. Este gran error de implementación de una concepción correcta limitó el desarrollo posterior de la política de alianzas sindicales del PRT. El orador principal, nuevamente, fue Agustín Tosco. Cuando él llegó, la militancia lo recibió con el clásico: ¡Tosco, Tosco, Tosco… Tosco corazón, el pueblo te 112. Miércoles 3 de abril de 1974. 16. Santucho, Mario Roberto. Ante las posibilidades democráticas forjar y fortalecer la unidad. El Combatiente Nº 174. Lunes 21 de julio de 1975. 53

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reclama para la revolución!, mientras, él saludaba y caminaba hacia la tribuna. Finalizados los cánticos, inició su discurso así: “El futuro de Argentina, de América Latina y del mundo no puede ser otro que el que señalaba ese niño –mientras decía esto se daba vuelta para señalar al niño que, subido a los hombros de su padre, aún mantenía el puño izquierdo en alto– con su saludo revolucionario, proletario y socialista”. Nuevamente la ovación. En su editorial del 12 de junio, Santucho empujaba la necesaria unidad de las “corrientes sindicales clasistas y combativas (…) hacia la constitución de una única y poderosa corriente nacional antiburocrática basada en el Movimiento Sindical de Bases, la Intersindical, el Peronismo de Base, la JTP y otras corrientes antiburocráticas”. Y no dejaba de señalar que “el Movimiento Sindical Combativo de Córdoba es, en esa dirección, la expresión más avanzada lograda hasta estos momentos”17. El 7 de agosto se entusiasmaba con la idea de convocar a un Congreso de Bases sindicales, “tal como propusiera un dirigente de la Federación Gráfica Bonaerense” que se concretaría un mes después en el marco de la huelga de la FOTIA en Tucumán. Estos intentos cristalizarían en los meses siguientes en la conformación de las Coordinadoras de Gremios en Lucha, herramienta protagónica en las Jornadas de Junio y Julio de 1975. A fines de agosto de 1974 ante la intervención del SMATA de Córdoba, por algunas vacilaciones en el sector hegemónico de su dirección y la valiente respuesta de las bases obreras cuando fueron baleadas por la policía, Santucho recordó “el precepto marxista de que ante duros enfrentamientos de clase, la vanguardia que rehúye y se retira sin luchar muere políticamente ante las masas y que en cambio la vanguardia que se coloca en la primera fila de combate y se juega hasta las últimas consecuencias gana la confianza de las masas, y aún si fuera derrotada en esa lucha, resurgirá con fuerza renovada”18. EL CARÁCTER ESTRATÉGICO DE LA GUERRILLA RURAL Como vimos, desde antes del IV Congreso, el ala leninista del PRT consideraba iniciar la lucha armada en las zonas rurales, por la profundidad de la crisis que vivía la industria azucarera, la principal de esa región, y la crisis del conjunto de la economía capitalista en el Noroeste argentino. El curso de la lucha determinó que la guerrilla se iniciara en las ciudades, pero con la expe17. Santucho, Mario Roberto. ¡Unir y movilizar todas las fuerzas del pueblo! Editorial de El Combatiente N°121. Miércoles 12 de junio de 1974. 18. Santucho, Mario Roberto. “Cambios en la disposición de fuerzas”. Editorial de El Combatiente 132. Miércoles 28 de agosto de 1974. 54

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riencia adquirida, el fortalecimiento orgánico y el creciente enraizamiento entre las masas, sumado a los análisis políticos de coyuntura, que a continuación exponemos, la guerrilla rural pasaba a ocupar un papel de la misma importancia, pero dando respuestas que la lucha urbana no podía realizar. Así lo analizaba Santucho en el editorial “Guerrillas en el Monte” del 5 de junio de 1974: “Al analizar las perspectivas del gobierno peronista, con anterioridad al 25 de Mayo de 1973, nuestro Partido, comprendiendo la esencia y límites del intento populista, sostuvo que en ningún momento lograría contener la lucha de las masas, aunque sí confundiría, limitaría sus objetivos en una primera etapa”. Consideraba Santucho que durante los primeros meses del gobierno peronista la lucha obrera se dirigiría hacia objetivos parciales, a enfrentarse con las empresas capitalistas, y que, dilucidado el carácter antipopular del Gobierno, las masas dirigirían su combate más conscientemente contra el sistema capitalista en su conjunto. “Consecuente con esas previsiones, nuestro Partido realizó con tiempo los preparativos necesarios e instaló en las montañas de Tucumán una Compañía de Monte que comenzó de inmediato su periodo de instrucción. (…) La aparición de esta primera unidad rural del ERP se produce así, precisamente en los comienzos del pasaje de la lucha local contra empresas aisladas a la lucha general de nuestro pueblo contra el capitalismo y su gobierno”. La guerrilla rural fue un componente estratégico que se sumó en la disputa por la iniciativa política. Por su comprensión de la dinámica de la lucha de clases, Santucho pudo derrotar la línea de Perón que quería una vez más que las masas fueran del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. La clase obrera, por el contrario, profundizó su movilización reivindicativa como bien Mario Roberto había previsto, pasando al inicio de la lucha política de masas contra el Gobierno peronista. La lucha armada en todo el país no era más que la continuidad de esa ofensiva general de la clase obrera y el pueblo. Continuaba Santucho: “La posibilidad y necesidad de la apertura de frentes guerrilleros rurales tiene una profunda significación para la lucha revolucionaria de nuestro pueblo. Es producto de más de tres años de combate guerrillero en las ciudades, de varios años de luchas populares, de una considerable evolución de la conciencia del pueblo argentino. A partir de la incorporación de unidades de monte a la estructura de combate del ERP, se inicia un nuevo período de desarrollo militar, que rápidamente multiplicará la fuerza, la potencia de fuego de nuestro ejército guerrillero y lo capacitará para enfrentar en combates abiertos a las unidades enemigas”. “La estratégica importancia militar de la guerrilla rural radica en que con el auxilio de la geografía, hace posible construir poderosas unidades bien armadas 55

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y entrenadas, capacitadas para golpear al enemigo en terreno favorable, disputarle zonas primero durante la noche y después también de día, liberar zonas más adelante y hacer posible la construcción de bases de apoyo, imprescindible sostén para la construcción de un Ejército Revolucionario del Pueblo de carácter regular, en condiciones de sostener victoriosamente la insurrección general del pueblo argentino”. HACIA UNA SITUACIÓN REVOLUCIONARIA Un nuevo punto de viraje, de una significación difícil de exagerar, se insinuó a mediados de 1974 que dio lugar al texto ya mencionado Poder Burgués y Poder Revolucionario y sus consecuencias organizativas en “Las tareas centrales del Partido” del 23 de agosto y del 11 de septiembre respectivamente. Pueden ser considerados una adecuación de las revoluciones de los IV y V Congresos a la etapa que estamos analizando. Ya Domingo Menna, en el editorial de El Combatiente del 3 de julio de 1974, había pronosticado grandes luchas que se concretarían exactamente un año después en las Jornadas de Junio y Julio de 1975, que derrotaron el proyecto contrarrevolucionario encarnado ahora por el ala fascista del Gobierno: Isabel y López Rega. Aquí, sus propuestas, muestran a un Santucho realizando un llamando a la más amplia unidad obrera y popular y, desde ella, alianzas tácticas para aislar y derrotar a la derecha del Gobierno y enfrentar al futuro golpe militar. En este folleto, incorpora la construcción del doble poder iniciándose en formas de poder local pero, advertía, “no hay posibilidades de avanzar sólidamente en el desarrollo del poder local sin constantes avances en la unidad y movilización de las masas populares” por ello “la unidad y movilización patriótica de todo el pueblo requiere la construcción de una herramienta política orgánica que la centralice, organice, impulse y oriente. Es el Ejército Político de las masas, el Frente Antiimperialista”. El avance de las lucha de masas y revolucionaria, la gran actividad huelguística, el desarrollo del sindicalismo clasista y las más variadas organizaciones sindicales, sociales y políticas, la consolidación de las organizaciones revolucionaria en el terreno militar y en particular las tomas de cuarteles por parte del ERP, el fortalecimiento del partido revolucionario, fueron configurando una situación que hacia agosto de 1974 Santucho analizaba bajo el título “Situación revolucionaria y doble poder”: “Las tendencias de la lucha de clases argentina que se venían marcando cada vez más nítidamente apuntando hacia el fin del proyecto populista, y el 56

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comienzo de un período de grandes enfrentamientos de clase, han comenzado a cristalizar a partir del mes de julio de 1974. Perón, líder de masas, pese a su intransigente defensa de los intereses capitalistas conservaba aún alguna influencia sobre sectores de nuestro pueblo. Poseía autoridad, experiencia y habilidad para mantener a flote el desvencijado barco del sistema capitalista en el tormentoso mar de la lucha obrera y popular; y había logrado restablecer trabajosa y precariamente el equilibrio con la maniobra táctica del 12 de junio. Por eso es que su muerte colocó a la burguesía ante la necesidad de adoptar de inmediato definiciones políticas con la consiguiente agudización de la crisis interburguesa”. “Este fenómeno, un notable impulso del auge de las masas, y un fortalecimiento acelerado de las fuerzas revolucionarias, políticas y militares, se combinan para configurar el inicio de una etapa de grandes choques de clases, antesala de la apertura de una situación revolucionaria en nuestra Patria. En otras palabras, entramos en un período de grandes luchas a partir del cual comienza a plantearse en la Argentina la posibilidad del triunfo de la revolución nacional y social, la posibilidad de disputar victoriosamente el poder a la burguesía y al imperialismo”. “Pero apertura de una situación revolucionaria, o lo que es lo mismo la existencia de condiciones que hacen posible el derrocamiento del capitalismo y el surgimiento del nuevo poder obrero y popular socialista (…) no quiere decir que ello pueda concretarse de inmediato. Necesariamente se deberá atravesar un período de duras y profundas movilizaciones revolucionarias, de constantes combates armados y no armados (…) ese período -que debe contarse en añosserá mayor o menor en dependencia de la decisión, firmeza, espíritu de sacrificio y habilidad táctica de la clase obrera y el pueblo, del grado de resistencia de las fuerzas contrarrevolucionarias, y fundamentalmente del temple, la fuerza y capacidad del Partido proletario dirigente de la lucha revolucionaria”. En los subtítulos siguientes profundizaba en las “formas del poder local”, en la necesaria “unidad y movilización popular: el frente antiimperialista”, en “la construcción de ejército del pueblo”, para finalizar con el necesario “Partido Revolucionario de los Trabajadores”. Y como era habitual en sus escritos no dejaba de alentar la convicción de que “Nuestra revolución triunfará”. Los combates de Villa María y Catamarca “Los días 10, 11 y 12 de agosto (…) se libraron dos importantes combates entre unidades guerrilleras del ERP y fuerzas combinadas del Ejército Contrarrevolucionario y la Policía”. “En Villa María, coincidiendo con la lucha de los obreros mecánicos cordobeses, la Compañía Decididos de Córdoba atacó y tomó la fábrica Militar de 57

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Explosivos de Villa María defendida por 150 hombres (...) nuestra unidad dominó todo el cuartel durante tres horas y recuperó (…) alrededor de dos toneladas de armas y municiones”. En “Catamarca, el ataque al Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada a cargo de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, resultó en cambio una grave derrota para nuestras fuerzas”. Dos compañeros murieron en combate, otros 14 que se habían rendido luego de un combate fueron asesinados indefensos y, en otros puntos, alrededor de 10 fueron detenidos. Mientras que “todos los militares y policías detenidos por el ERP [en ambos combates] fueron puestos en libertad inmediatamente a excepción de un Mayor”. Propuesta de armisticio Como ya hemos visto, Santucho tenía la convicción de que el peligro contrarrevolucionario del GAN, que combinaba el engaño con la represión, encarnado por el Gobierno del peronismo burgués y burocrático había desaparecido, por lo que se atrevió a realizar una audaz propuesta. El 4 de octubre, el Ejército Revolucionario del Pueblo envió a los posibles participantes de la reunión “multisectorial”, organizada por el gobierno, una nota comunicando que estaba dispuesto a discutir un armisticio. La propuesta del ERP tenía como objetivo debilitar la apoyatura política de la cruzada antiguerrillera y antipopular de Isabel, y destinada a influir en los sectores intermedios de la sociedad. Santucho, en un nuevo editorial del El Combatiente, fechado el 9 de octubre de 1974, fundamentaba de esta manera la propuesta: “ahora, ya fracasado el GAN como plan estratégico de contrainsurgencia, con el cual los explotadores y opresores pensaban exterminar las fuerzas revolucionarias argentinas, se presenta una nueva situación. El enemigo necesita pasar a una represión en masa pero encuentra grandes dificultades para hacerlo. Tanto porque no cuenta con fuerzas militares adecuadamente preparadas como porque corre el riesgo de quedar nuevamente aislado como le ocurrió durante la reciente Dictadura Militar”. Nítidas luchas político revolucionarias En el editorial “Nítidas luchas político-revolucionarias” del 7 de abril de 1975, Santucho destaca el carácter político revolucionario de las presentes movilizaciones de la clase obrera. “Los meses de febrero y marzo de 1975 han mostrado claramente el nuevo carácter de la lucha de clases (…) del potente auge revolucionario de la clase obrera y el pueblo argentino y de los propósitos y límites del accionar de las fuerzas contrarrevolucionarias”. “En cuatro frentes principales se está hoy combatiendo y en ellos es posible 58

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comprobar que se trata de enfrentamientos políticos, de fondo revolucionario. En el Ingenio Ledesma de Jujuy, en los departamentos de Famaillá, Monteros y Chicligasta de Tucumán, en la ciudad de Córdoba y en las riberas del Paraná, la clase obrera y el pueblo se bate con todos sus recursos y motorizado por las fuerzas revolucionarias (...) en todos estos lugares los enfrentamientos han estallado por ataques de las fuerzas represivas”. Santucho no lo dice explícitamente pero en esos cuatro frentes que “son las trincheras avanzadas del combate político-revolucionario” el PRT y el ERP tenían importantes fuerzas organizadas y estrecho vínculo con la población, motivo por el cual las fuerzas del Gobierno decidieron atacarlo. Concluía Santucho diciendo que: “son los primeros choques de una lucha por el poder, de una verdadera lucha revolucionaria que comienza a tomar fuerza de masas”. El segundo Combate de San Lorenzo El 13 de abril, en la localidad Fray Luis Beltrán, departamento de San Lorenzo en Santa Fe, tuvo lugar el mayor combate exitoso de la guerrilla argentina. El asalto al Batallón de Arsenales 121, por parte del ERP, se transformó en combate abierto debido a que los militares lograron montar la defensa del cuartel que fue doblegada por los guerrilleros. Se recuperaron para la causa del pueblo dos toneladas de armamento. El entusiasmo que despertó en las filas revolucionarias se refleja en la nota publicada por el periódico Estrella Roja del ERP: “Reverdeciendo los gloriosos laureles de San Martín, en las históricas barrancas del Paraná, que fueran escenario de aquel victorioso combate de la guerra de nuestra primera independencia, la Unidad Combate de San Lorenzo del ERP escribió una vibrante página militar cubriéndose de gloria en el triunfal ataque al batallón de Arsenales 121 del ejército opresor”. El Combate de Manchalá El ejército contrarrevolucionario estaba organizado en cuatro Cuerpos de ejército, el Primero en Buenos Aires y La Pampa, el Segundo en Santa Fe y las provincias mesopotámicas y del noreste, el Tercero en Córdoba y las provincias del noroeste y el Cuarto con cabecera en Bahía Blanca abarcaba toda la Patagonia. El Tercero contaba con tres Brigadas: de Infantería Aerotransportada IV, de Infantería de Monte V, y de Montaña VIII. En Tucumán estaba asentado el Comando táctico de la V Brigada, integrada por tres regimientos de 900 hombres cada uno, un grupo de artillería con 600 hombres, un destacamento de exploración de caballería con 200 hombres y cuatro compañías: una de ingenieros con 150 hombres y una de comunicaciones, una de arsenales y una de sanidad, todas de 100 hombres. El 28 de mayo, la Compañía de Monte (reforzada) Ramón Rosa Jiménez 59

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con unos ciento veinte combatientes se dirigía a la localidad de Famaillá, en la Provincia de Tucumán, donde estaba asentado el Comando Táctico de la V Brigada de Infantería de Monte del ejército enemigo, con el objetivo de tomarlo completamente y aniquilar el mando. Para ello debió salir del monte y operar en terreno desfavorable. En la marcha de aproximación, en el paraje llamado Manchalá, la cabeza de la columna fue atacada por fuerzas enemigas. La actuación de los combatientes y oficiales del ERP fue muy destacada ya que, pese a la sorpresa, batieron a las fuerzas enemigas, y se retiraron ordenadamente. Pero esta suerte de emboscada enemiga abortó los objetivos de la acción. Este desenlace del proyectado copamiento del Comando Táctico y una línea táctica errada que había fijado la guerrilla al terreno llevaron a que el ERP perdiera la iniciativa militar en la Región y, con ella, la política. LAS JORNADAS DE JUNIO Y JULIO DE 1975 A mediados del año 1975 los obreros sindicalizados y las patronales discutían los convenios colectivos de trabajo, actividad que tradicionalmente incitaba las movilizaciones obreras. Pero este año, la clase obrera había logrado elegir direcciones clasistas y combativas en muchas fábricas y varios sindicatos, que en gran número estaban vinculadas a las organizaciones revolucionarias. El PRT era muy activo en impulsar la organización y toma de conciencia en sectores crecientes de los trabajadores. Junto a la JTP, al resto de la izquierda y sectores independientes había logrado conformar las “Coordinadoras Gremios y Delegados en Lucha”. En este marco, la clase capitalista, a través de su Gobierno, realizó el primer intento de aplicar un plan neoliberal, provocando un shock económico de contracción del ingreso de los trabajadores, devaluación del peso y grandes alzas de precios y tarifas. La respuesta de la clase obrera fue la movilización en todo el territorio nacional y en particular en las ciudades industriales. Como venimos viendo, en el marco de la politización obrera y el despertar creciente de la consciencia de clase y socialista, las luchas económicas tomaban rápidamente contenido político. Ahora, primero contra el Ministro fascistoide López Rega y el de Economía Celestino Rodrigo, para alcanzar a la Presidenta Isabel Martínez de Perón y prácticamente a todo el Gobierno. El 3 de julio las Coordinadoras obreras llamaron a una huelga que se cumplió ampliamente en las ciudades industriales. Para ser más precisos, este llamado, consolidó la tendencia huelguística que se ampliaba día tras día y que, a partir de esta fecha, amenazaba convertirse en una huelga general desde abajo y por tiempo indeterminado. Esta situación y los enfrentamientos dentro del 60

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gobierno entre la burocracia cegetista y el ala fascistoide de Isabel y López Rega, determinaron que la cúpula convocara al Comité Central Confederal de la CGT. La burocracia, apoyándose en la movilización, ganaba fuerza contra el sector fascista pero, al mismo tiempo, intentaba recuperar el liderazgo que las Coordinadoras le disputaban. Por lo tanto, el CCC se vio urgido a convalidar la huelga de hecho llamando la Huelga General los día 7 y 8 de julio que se cumplió con total acatamiento, pero con las masas fuera de la calle. Las magníficas Jornadas de Junio y Julio consumaron la derrota del ala fascistoide del gobierno pero, simultáneamente, significaron la derrota del conjunto del Gobierno del peronismo burgués y burocrático, constituyendo el segundo triunfo de las masas y los revolucionarios del período que se extendía desde el Cordobazo. Los días del Gobierno estaban contados. Un estudio comparado entre acciones guerrilleras y huelgas obreras de la socióloga Inés Izaguirre19 muestra que en los más de 30 días que se extendieron las Jornadas, las acciones de la guerrilla disminuyeron a menos de la mitad, lo que sugiere que los combatientes y militantes estaban en las movilizaciones de las masas, lo cual confirmamos por nuestra experiencia directa. Comité Central Ampliado Vietnam Liberado El Informe de Santucho al Comité Central Ampliado “Vietnam Liberado” publicado el 21 de julio de 1975 “Ante las posibilidades democráticas forjar y fortalecer la unidad”, se dirigió a la reunión más numerosa en la historia del PRT (60 militantes). Es una combinación de firmeza de principios, ligazón a las masas y flexibilidad táctica, pero casi desconocido y poco valorado por la militancia santuchista, quizás ello se deba a la última cualidad indicada. Tenía en lo inmediato el objetivo de sostener y multiplicar la movilización de masas para forzar concesiones democráticas, demorar los planes golpistas y, cuando se diera el Golpe, los militares se toparan con una amplia unidad y las masas a la ofensiva. En esos días, Santucho analizando las tácticas de Montoneros: “Renuncia de Isabel y elecciones en 60 días”; la del P.C., “Renuncia de Isabel y formación de un gobierno de amplia coalición democrática cívico militar”; y la de 19. Izaguirre, Inés y equipo. Lucha de clases, guerra civil y genocidio en la Argentina. Eudeba. Buenos Aires. 2009. El estudio abarcó todo el Gobierno peronistas de entonces. Resulta sugestivo comprobar que ambas formas de lucha fueron aumentando, en la misma proporción, en cada sub período en los que se dividió el mismo, menos en los días de las Jornadas en los que disminuyeron las acciones y aumentaron los días de huelga. También es sugestivo que en los números finales resultaran empatados (8509 y 8400).

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PRT, “Asamblea Constituyente Libre y Soberana”, no se detuvo a hurgar en las significativas diferencias sino que encontró que “las tres están en el plano de la lucha democrática”. En la recapitulación del Informe remarcaba: “el espectacular derrumbe del gobierno peronista ha dejado al país a la deriva. El Partido Militar, última reserva del capitalismo, se encuentra incapacitado para intervenir, porque no cuenta con proyectos gubernamentales inmediatos y porque afronta serios inconvenientes frente a la guerrilla. Es así que comienzan a tomar cuerpo posiciones democráticas que responden en mayor o menor medida a profundas aspiraciones del pueblo argentino. Es tarea fundamental fortalecer las perspectivas de democratización en torno a un programa básico por la libertad de los presos políticos, la derogación de la legislación represiva, la eliminación del terrorismo de las AAA y salarios dignos para los trabajadores. Tras esos objetivos pueden y deben unirse sectores diversos, desde las fuerzas revolucionarias hasta sectores vacilantes y aún contrarrevolucionarios que se verán obligados a aceptar una posible democratización. Pero (…) ‘el proletariado jamás olvidará que los demócratas burgueses no pueden ser demócratas seguros’20”. “Marchando junto a todos por el programa antedicho, la clase obrera levantará su propuesta consecuentemente democrática de Asamblea Constituyente absolutamente libre y soberana”. Para concluir con que: “es tarea primordial de los revolucionarios forjar y fortalecer la unidad, creando un fuerte núcleo frentista proletario y popular integrado por las corrientes consecuentes y buscar a través de él la unidad con los demás sectores democráticos (…) mantener e intensificar la lucha política y armada, hostigando al enemigo para obligarlo a ceder”. En el editorial “Giro represivo del gobierno”, del 24 de septiembre, analizaba los motivos por los que consideraba que no se había concretado la democratización: “El Comité Central de Julio señaló que se planteaba a la orden del día la posibilidad de arrancar importantes concesiones democráticas, por medio de la unidad y movilización de amplias masas populares (…) nuestro Partido redobló sus esfuerzos unitarios y se esforzó por acrecentar su accionar en los terrenos reivindicativo, político y armado. Pero nuestra actividad frentista no logró el eco necesario, la lucha reivindicativa y política de masas se aquietó, y en conjunto el accionar guerrillero tuvo importantes fallas. Estos hechos resultaron un gran respiro para la burguesía”. La Batalla de Monte Chingolo A finales de diciembre el ERP se empeñó en su acción más audaz, junto 20. Lenin, Tomo 8, pág. 76, Obras Completas. 62

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a la frustraba en Manchalá. El ERP movilizó más de 200 combatientes con el objetivo de tomar el Batallón de Arsenales de Monte Chingolo para recuperar 20 toneladas de armamento. El objetivo militar inmediato era, armar convenientemente a sus unidades y construir otras nuevas en el Monte tucumano y el objetivo político retrasar el Golpe militar y realizar un ejercicio semi insurreccional de controlar de una zona altamente poblada. Sabemos que en la Batalla de Monte Chingolo el ERP sufrió una dura derrota por el fracaso de la acción y el alto precio en vidas que pagó (55 militantes y combatientes). Aunque no fue el fin del ERP como se ha dicho sin fundamentos y sin verificarlo con datos de la realidad. Para que los debates sean fructíferos, consideramos necesario realizar la siguiente precisión: esta acción se correspondía cabalmente con la estrategia del PRT y con el nivel alcanzado por la lucha de clases, otra cosa es si debió realizarse con los datos aportados por la inteligencia del Partido. Para esto último nos remitimos a la autocrítica del Buró Político: “Fue un gravísimo error haber lanzado la acción en conocimiento de indicios ciertos de que el enemigo podría estar alertado. Ese error y cuya responsabilidad recae principalmente en el mando de la operación con extensión a la Comandancia del ERP, reconoce fundamentalmente dos causas: subestimación del enemigo y déficits en la técnica militar”21. El Cadillal y La Pastoril Dos hechos que se suman a los golpes recibidos por el PRT y el ERP fueron: el frustrado intento de abrir un segundo frente rural en la zona de El Cadillal, a solo 25 Km al norte de la ciudad de Tucumán, en febrero de 1976. Si bien podemos decir que fue un hecho fortuito, porque el ejército enemigo estaba allí persiguiendo una unidad de la organización Montoneros y se topó con nuestra unidad, no deja de ser un golpe de gran significación táctica, con implicancias estratégicas. El otro hecho ocurrido inmediatamente después del Golpe fue la caída de la reunión del Comité Central en La Pastoril, partido de Moreno, el 29 de marzo. Allí se perdió la valiosa vida de 11 compañeras y compañeros y uno detenido, las resoluciones de una reunión de CC en un momento de viraje en la situación política y, de significación estratégica, la caída del organigrama “más completo que hemos hecho, somos seis mil” según palabras de Domingo Menna Responsable de Organización del PRT. Del informe de Menna se desprende claramente que el PRT no estaba derrotado al 29 de marzo de 1976: 21. Boletín Interno Nº 98. 27-12-75. 63

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Militantes del Partido 1654 JG (sin contar los militantes del Partido) 750 Combatientes no pertenecientes al Partido 350 Presos 623 Muertos 248 Desaparecidos 109 Simpatizantes y colaboradores 2200 Total 5934 Los 1654 militantes del Partido estaban distribuidos aproximadamente así: unos 450 en el Frente Militar (ERP), alrededor de 250 en Propaganda, 350 en el Frente Sindical, 154 en la JG, unos 150 en el Frente Legal y Solidaridad, el Frente de Mujeres que era más incipiente tendría unas 70 compañeras, mientras que el resto, unos 200 estaban destinados a las estructuras internas del Partido. El ERP contaba con alrededor de 800 combatientes plenos, distribuidos en un Pelotón Especial, siete Compañías y tres o cuatro Pelotones y/o Escuadras independientes, y no menos de 1500 realizaban acciones menores y estaban dispuestos a combatir cuando la dirección los convocara. Según la concepción del PRT, a los frentes fabriles no sólo estaban destinados los militantes del Frente Sindical sino un número importante de los demás frentes de trabajo de masas e incluso del Frente Militar. DE ARGENTINOS A LAS ARMAS A CON FUERZA HACIA LAS MASAS En el editorial del 31 de marzo de 1976 Santucho llamaba a redoblar los esfuerzos de guerra revolucionaria bajo la consigna ¡Argentinos a las armas! Cometiendo “un error de apreciación táctica” que analizaremos pero que no invalidan la caracterización que en él se hacía del golpe militar: “en la noche del 23 al 24 de marzo las Fuerzas Armadas contrarrevolucionarias derribaron al gobierno peronista para instaurar otra dictadura militar (...) el programa levantado por la Junta Militar poco después de asumir y las primeras medidas de gobierno no dejan ninguna duda respecto al carácter profundamente antiobrero antipopular y antinacional de la Dictadura” Y finalizaba con un llamado en el que preveía las futuras presiones divisionistas que podía ejercer la dureza de la lucha: “Estrechamente unidos en torno al Comité Central, siguiendo el elevado y poderoso ejemplo de nuestros héroes y mártires, los militantes del PRT cumpliremos cabalmente y con honor nuestras misiones revolucionarias”. Dos meses y 9 días después, un tiempo breve en períodos de calma de la 64

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lucha de clases pero casi una eternidad en la etapa que estamos analizando, se inicia la corrección de la línea. “Con fuerza hacia las masas”22 fue la consigna con la que Santucho rectificaba la errónea del 31 de marzo de 1976 “Argentinos a las armas”. En este editorial, del 9 de junio, realizaba la siguiente reflexión autocrítica: “Cuando poco antes y después del 24 de marzo analizamos las perspectivas del golpe militar cometimos un error de cálculo (…) Al no prever un reflujo transitorio de la movilización obrero-popular (…) El error de apreciación táctica que cometimos nos debilitó en lo ideológico y en lo orgánico. En lo ideológico en cuanto dificultó el enraizamiento de la concepción de guerra prolongada, y en lo orgánico en cuanto no nos orientamos con máxima energía a simplificar el aparato y volcar más compañeros a los frentes de masas”23. Para aventar erróneas interpretaciones, recordamos que en el mismo editorial remarcaba que: “En el actual período de reflujo de movilización de masas, el accionar guerrillero mantendrá viva la llama de la resistencia popular. (…) la lucha armada ocupa el centro de la lucha política, es y será el eje de la política nacional”. Mario Roberto, reflexionando sobre el “error de apreciación táctica”, entre el 23 de junio y el 7 de julio, en un editorial que no se ha conservado, escribió que habíamos “manejado solo briznas de marxismo”24. Si bien lo escribe en primera persona del plural, una forma muy habitual de hablar y escribir en esa época porque no se desvinculaba lo personal de lo colectivo, no oculta que se está refiriendo a él en primer lugar. Pero si recordamos que era un gran lector y tenía una amplia formación marxista, queda claro que no se está refiriendo a haber leído unos libros más. En “Con fuerza hacia las masas” nos habla de que no vimos el reflujo del movimiento de masas. La respuesta, entonces, no se va a encontrar escrita en ningún libro; porque no se está refiriendo a un conocimiento enciclopédico del marxismo sino a su alma viva, a la pericia para la maniobra política, que se obtiene principalmente en la experiencia y de los datos necesarios para el análisis que surgen de auscultar el estado de ánimo de las masas. En el penúltimo escrito de Santucho, informe al C.E. “Edgado Enríquez” y editorial de El Combatiente Nº 22425: “Nuestras tareas en el período de reflujo”, 22. Santucho, Mario Roberto. “Con fuerza hacia las masas”. Editorial de El Combatiente Nº 220. Miércoles 9 de junio de 1976. Este editorial recogía las resoluciones del Comité Ejecutivo “Comandante Juan Manuel Carrizo” recién reunido. 23. Ibídem. 24. Esta expresión fue escrita en uno de los dos editoriales de El Combatiente (222 o 223) que aparecieron entre las fechas indicadas, periódicos que no se han conservado. 25. Este editorial lo obtuvimos del Boletín Interno Nº 121 de la misma fecha que El Combatiente Nº 224 cuyo ejemplar no hemos podido conseguir. 65

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del 14 de julio de 1976, dejaba el único testimonio escrito de la planificada Organización para la Liberación de Argentina (OLA), entre el PRT, Montoneros y la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). Por el valor histórico que tiene el documento lo reproducimos completo: Un Gran Paso Unitario “Esta gran tarea se verá enormemente facilitada por los recientes avances unitarios en el campo revolucionario que nos han colocado ante la posibilidad real e inmediata de construir una organización frentista integrada por el PRT, Montoneros y Poder Obrero, que unifique la lucha antidictatorial y encauce un transcendental proceso hacia la completa unidad política y militar de las organizaciones revolucionarias proletarias y populares (el Partido de la Clase Obrera, el Ejército Popular y el Frente de Liberación Nacional). Dar este paso significará iniciar un proceso de convergencia quizás complejo, pero de un positivismo difícil de exagerar. En primer lugar influirá favorablemente en el estado de ánimo de las masas populares, que se sentirán respaldadas por este sano paso de sus organizaciones. Se materializará en un aumento cualitativo de los recursos revolucionarios globales, que serán empleados más racionalmente y con mayor eficacia”. “Reforzará nuestra presencia internacional facilitando por lo tanto el esfuerzo para conquistar la solidaridad y apoyos internacional activos a nuestra causa revolucionaria. Al partido le cabe una gran responsabilidad en el proceso de unidad que se abrirá. Sin ceder un milímetro en los principios, activo en la lucha ideológica que se intensificará en los nuevos marcos unitarios nuestro partido deberá hablar con gran dinamismo y flexibilidad. Los cuadros y militantes deben predicar con el ejemplo de sus virtudes proletarias, de su línea de masas, de su confianza en las masas, de su combatividad y heroísmo, de su dedicación profesional, de su férrea voluntad en el cumplimiento de las tareas, de su sencillez, fraternidad y espíritu solidario”. “La total unidad que es posible, se conquistará, en un proceso gradual a desarrollarse paso a paso en todos los niveles, en la base y en la dirección, que requiere paciencia, flexibilidad y firmeza ideológica. La fusión de las organizaciones revolucionarias será un gran avance para la lucha de nuestro pueblo, en la medida que se asiente sobre sólidos principios ideológicos y orgánicos, y nuestro partido pondrá todo su esfuerzo para hacerlo realidad”. Su firmeza de principios y flexibilidad táctica mantienen su frescura En el mismo editorial, hace una apreciación del estado de ánimo de las masas cuando escribe que: “en aparente contradicción con el reflujo, las masas viven una intensa vida política de características profundas y singulares”. Noso66

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tros que estábamos intentando movilizar a los obreros del Gran La Plata, con eje en Propulsora, lo pudimos comprobar en toda su significación. Por eso no es de extrañar que unos párrafos más adelante iniciara un nuevo título diciendo que “el actual período de reflujo que precederá al nuevo auge”, que exhuma esa apreciación, y su gran optimismo revolucionario y confianza en las masas. Como era habitual en sus escritos, los análisis políticos culminaban con una propuesta organizativa, aquí bajo el poco creativo pero preciso título: Las Tareas Centrales del Partido: “(…) y de nuestro ejército guerrillero, pueden resumirse en dos grandes misiones”: “a) Mantener viva la resistencia popular armada con un ininterrumpido accionar guerrillero; b) Forjar una nueva promoción de cuadros y militantes proletarios multilaterales, el cuerpo de ‘oficiales’ y ‘suboficiales’ del ejército político de las masas y el ejército guerrillero popular, que se desplegarán nacionalmente con irresistible vigor en el desarrollo del nuevo auge obrero y popular”. Sus innegables aciertos en más de 10 años de lucha, creemos, dificultaron al estratega prever y luego ver el viraje en la situación política que provocó el Golpe contrarrevolucionario. Al comprenderlo lo manifestó autocríticamente en el editorial ya analizado y con aquello de “briznas de marxismo”. Las medidas de corrección por él propuestas y aprobadas por el Comité Ejecutivo “Comandante Juan Manuel Carrizo” de junio y contenidas en “Con fuerza hacia las masas” no pudieron ser aplicadas cabalmente, porque Santucho y casi toda de la dirección cayeron en combate el 19 de julio y en los meses anteriores. Y porque el sector Mattini de la dirección sustituta no comprendió que “el error de apreciación táctica nos debilitó en lo ideológico”, por lo que no se tomaron en la profundidad necesaria las medidas de repliegue y preservación de la militancia y las estructuras de la organización; lo que provocó que “el error de apreciación táctica”, en los meses siguientes se convirtiera en estratégico. Leyendo los editoriales de El Combatiente se puede seguir la maduración de su pensamiento, en correspondencia con el avance del PRT entre los obreros fabriles y su emergencia como líder revolucionario. Este Santucho político es casi desconocido por lo que, en primer lugar, debe ser leído y estudiado por sus seguidores, contrastadas sus ideas y experiencias con la realidad de hoy, para que su mensaje despliegue la inquebrantable firmeza de principios y lúcida flexibilidad política en las actuales y futuras luchas revolucionarias. Breve Balance Las causas del reflujo del movimiento de masas ya estaban contenidas en los análisis que venía haciendo Santucho. Antes del golpe, no se logró unir la lucha reivindicativa con la lucha democrática, los esfuerzos unitarios no fructificaron, el frustrado ataque al Comando Táctico de la V Brigada, la derrota de 67

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Monte Chingolo, el fracaso en la apertura del segundo frente rural en Tucumán y la caída del CC de Moreno, y, aunque se mantuvo en alto nivel la movilización sobre todo en el Oeste y el Sur del Gran Buenos Aires no fue lo poderosa que se hubiese necesitado para condicionar al Golpe militar. También estaba formulado por Santucho otro condicionante, mediato, pero de amplia significación: el desfasaje entre la maduración de la vanguardia (los obreros de las grandes fábricas) y el más lento proceso en el resto de la clase obrera y los sectores intermedios. El GAN jugó la carta del peronismo para intentar derrotar al movimiento de masas y revolucionario en lo que fracasó y, por el contrario, fue derrotado por este. Pero logró meter una cuña entre los obreros fabriles y los sectores intermedios. Los que buscan los errores del PRT en su trabajo en las grandes fábricas no los encontrarán y se tentarán con inventarlos, como ha ocurrido. Dicho brutalmente, el problema fue que la vanguardia se quedó sin retaguardia. Santucho era consciente de ello, lo escribía y se dio una activa política para superarlo. La ampliación del FAS y la política de frente que hemos analizado, la reiterada propuesta de tregua, el énfasis en la lucha democrática y su unidad con la lucha reivindicativa, junto a la importancia de la lucha armada que, como vimos, tuvo sensibles derrotas. Con Manchalá se perdió la iniciativa político militar en el Norte y con Monte Chingolo en el resto del país. Sobre este estado de situación, el Golpe y la presión que significó el despliegue de fuerzas y la ocupación militar del territorio desdibujaron la fábrica como centro aglutinador de la movilización y la lucha de las masas. Todos fueron condicionantes para que los obreros fabriles, con gran instinto de clase y de conservación, hicieran un alto para semblantear al enemigo, que no fue previsto ni visto inmediatamente, pero sí con suficiente tiempo para reorganizar las filas revolucionarias, que estaban golpeadas pero que conservaban la mayoría de la militancia, un buen escalonamiento de cuadros, la estructura nacional de la organización, su dirección, su Secretario General y Comandante Jefe. Por lo que el PRT, el ERP, sus militantes y combatientes estaban en condiciones de realizar las misiones encomendadas por el C.E. y Santucho en su último escrito, Diez años de Luchas y experiencias: “Y en este momento de reflujo de las masas, mientras despliegan sin cesar su aguerrida resistencia guerrillera, las fuerzas revolucionarias podrán analizar serenamente las experiencias, ‘hacer un alto en el camino’, reagrupar, reorganizar y consolidar el potencial revolucionario para estar en condiciones de aportar vigorosa y organizadamente para la máxima extensión y potencia del próximo auge obrero-popular”. “Así, concentrados en los frentes, recibiendo al formidable estímulo de las masas, con las unidades guerrilleras activas, perseverando con garra y tesón en 68

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las distintas actividades revolucionarias, el PRT, el ERP y las demás fuerzas revolucionarias argentinas, continuaremos ascendiendo sin pausa por el abrupto y glorioso sendero que nos conduce a la tan ansiada liberación nacional y social de nuestra patria y de nuestro pueblo”.

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Del Prólogo al V Congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores Mario Roberto Santucho Las resoluciones del V Congreso han tenido una influencia decisiva en la formación de nuestra organización y la seguirán teniendo porque encaran y resuelven los problemas fundamentales, dominantes, de la construcción de la organización revolucionaria propias de la estructura económico-social argentina, a saber: 1) La lucha de clases en el seno del Partido marxista leninista. 2) El tipo de fuerza militar necesaria para librar la guerra popular y prolongada, urbana y rural, de masas, que desarrolla y desarrollará en Argentina y la imprescindible necesidad de la dirección del Partido marxista-leninista sobre esa fuerza militar. 3) La comprensión y explicitación de que la lucha armada y no armada de las masas, pacífica y violenta, en todas sus variadas y complejas manifestaciones es parte inseparable de la guerra popular revolucionaria; que tiene carácter decisivo la permanente vinculación y convergencia, mutuo apoyo, interinfluencia, de la lucha armada y no armada, de las operaciones militares con las manifestaciones, huelgas, ocupaciones de fábricas, ocupaciones villeras de tierras, intervención electoral y otras formas de lucha no armada, violenta y pacífica, de las masas obreras y populares. 4) Que esa convergencia, interrelación, ha de lograrse por medio de la hábil intervención dirigente del Partido marxista-leninista y los dos tipos de organizaciones revolucionarias fundamentales por él creadas y dirigidas, el Ejército Revolucionario del Pueblo y el Frente de Liberación Nacional.

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P R I M ER A PA RT E

Escritos estratégicos y primeros editoriales

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1. El Norte argentino desde 1964 a 1967

NORTE ARGENTINO 1964 Editada por la Secretaría Ideológica del FRIP Frente Revolucionario Indoamericanista Popular EL PROLETARIADO RURAL DETONANTE DE LA REVOLUCIÓN ARGENTINA TESIS POLÍTICAS DEL FRIP INTRODUCCIÓN Este folleto contiene el Documento Político aprobado por el Congreso del FRIP, reunido en Tucumán los días 17, 18 y 19 de enero de 1964. Dicho documento recoge la experiencia teórica y práctica del FRIP, es un resumen -en forma de tesis- que demarca la línea política y la estrategia del movimiento para su concreción como partido revolucionario. Es de gran importancia señalar que estas tesis expresan racionalmente el punto de vista de los obreros del interior sobre los problemas fundamentales de la revolución argentina. Han sido producto -como se dice más arriba- de la experiencia del FRIP, cuya práctica se ha desarrollado fundamentalmente en Santiago, Tucumán y Salta, es decir en el corazón del Noroeste. Como bien señalaba el informe base, a partir del cual se formularon, estas tesis son sólo el primer paso que da el FRIP en su análisis de la revolución indoamericana. Ellas se enriquecerán, profundizarán, ampliarán, a medida que nuestro movimiento acreciente su función con la revolución, con sus protagonistas fundamentales: la clase obrera y el campesinado. Norte Argentino, Junio de 1964

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TESIS I La República Argentina es un país semicolonial seudoindustrializado Caracterizamos a la República Argentina como un país semicolonial, seudoindustrializado. No es como sostienen los teóricos burgueses, y también algunos de izquierda, que la Argentina se encuentre en un desarrollo capitalista “clásico”; es decir, no es que nuestro país haya llegado a través del desarrollo de sus fuerzas productivas al capitalismo y de lo que se trate ahora sea de desbrozar el camino de las supervivencias feudales para un más amplio desarrollo de ese capitalismo, esto es, que la burguesía argentina realice la inconclusa revolución democrático-burguesa. La industrialización, mejor dicho la seudoindustrialización de la Argentina, es promovida por el imperialismo. No es el resultado de una nueva clase en ascenso, de una burguesía nacional con intereses en el mercado interno, vale decir, con intereses nacionales, sino que es el producto de nuevas formas de explotación de los países coloniales a que ha echado mano el imperialismo. Este, sin abandonar su rapiña financiera, explota económicamente a los países coloniales y semicoloniales, se introduce con industrias (la seudoindustrialización) en la estructura económica de estos países, pasa a ser un factor interno en su desarrollo. No se limita a explotarnos en el comercio internacional, a vendernos productos manufacturados, sino que ahora los produce en nuestros propios países, con mano de obra barata, sin impuestos, sin competencia, en condiciones óptimas, extrayendo ganancias cada vez más fabulosas. En el proceso de penetración el imperialismo entrelaza sus intereses con la gran burguesía nacional y con la oligarquía terrateniente; las convierte en sus socias menores. Se inserta en las viejas formas de producción sin transformar en profundidad la estructura económica. No desarrolla plenamente las industrias productoras de medios de producción (maquinaria pesada, etc. ), que habrían de sostener el posterior crecimiento de los sectores industriales ligados a la producción de bienes de consumo (que en nuestro país sobrepasa a la producción de bienes de producción) sino que se deja intacto el poder económico de sus aliados -la gran burguesía industrial y rural y la oligarquía terrateniente-, dándose entonces, en la sociedad política, una coparticipación en el poder de las clases dominantes, pese a las fricciones circunstanciales, y al agudizamiento, en momentos de crisis, de las contradicciones interburguesas. El imperialismo, por otro lado, se favorece ante esta situación, porque sigue obteniendo altos rendimientos en sus inversiones, y porque al mantener las viejas formas de explotación agrarias -originadas por la división internacional del trabajo en la fase de predominancia del imperialismo mercantilista, exportador de manufacturamantiene nuestros lazos de dependencia con el mercado internacional, todo lo cual indica, que de ninguna manera la industrialización por si sola juega 76

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un papel progresista en nuestros países. Todo lo contrario, la industrialización, la seudoindustrialización, refuerza nuestros lazos de dependencia, significa un aumento del grado de explotación de nuestro pueblo. TESIS II La burguesía nacional en su conjunto es incapaz de luchar por la liquidación de la dependencia de nuestra patria, por un desarrollo nacional independiente. Sólo sectores minoritarios -la pequeña y mediana burguesía industrial- pueden jugar un papel de aliados circunstanciales del proletariado, pueden ser arrastrados circunstancialmente por el proletariado en la lucha antiimperialista. Pero el imperialismo se limita a controlar las industrias más importantes. Estas requieren de la colaboración de un gran número de industrias subsidiarias pequeñas y medianas, las que quedan en manos de la burguesía nacional, con intereses opuestos a los del imperialismo, lo mismo que la burguesía comercial menor, interesada en la expansión del consumo nacional. De esta manera la seudoindustrialización provoca la existencia de tres sectores burgueses: 1° La gran burguesía, aliada incondicional del imperialismo, cuyas ganancias comparte como socio menor, la que constituye, por otra parte, el sector más importante y representativo de la burguesía nacional. 2° La burguesía comercial mediana y pequeña, no ligada al comercio internacional. 3° La burguesía de las pequeñas y medianas industrias. Estos dos últimos sectores de la burguesía nacional son opuestos en sus intereses al imperialismo, y necesitan de la ampliación del mercado interno, del aumento del poder adquisitivo de todo el pueblo, constituyéndose entonces en aliados circunstanciales del proletariado, que pueden incorporarse circunstancialmente a su lucha. Pero su debilidad y el hecho de tender hacia su fusión, con el capital imperialista, los despoja de iniciativa propia, de capacidad revolucionaria a estos dos sectores. Sólo se incorporarán circunstancialmente a la lucha antiimperialista que encabece el proletariado. En resumen, por sus vinculaciones económicas, la burguesía nacional esta incapacitada -como lo demuestra la historia de los últimos 30 años- para imprimir a la nación un desarrollo capitalista independiente, para cumplir las tareas democráticas que están a la orden del día para el desarrollo nacional. Estas vinculaciones económicas unen los intereses de la burguesía industrial con los de la oligarquía terrateniente, vinculada tradicionalmente a los monopolios de la carne, cereales y otros productos primarios, y a los consorcios financieros imperialistas, lo que la ata com77

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pletamente para realizar la reforma agraria y liberar al país de la dependencia exterior, tareas básicas sin las cuales no es posible el desarrollo económico. TESIS III La seudoindustrialización acentúa los desniveles regionales, y aumenta la superexplotación de los obreros de las zonas coloniales más atrasadas El imperialismo, al introducirse como factor estructural en el desarrollo de la economía Argentina promoviendo la seudoindustrialización, ha acentuado los desniveles regionales, al desarrollar unilateralmente la zona portuaria en detrimento del Interior. En este sentido, al centrar el establecimiento de “islotes industriales”, principalmente en Buenos Aires y el Litoral, provoca un crecimiento desmesurado de esa región en relación con otras zonas interiores. Y a la vez que acrecienta el proletariado industrial, establece en la región las formas más avanzadas posibilitando la existencia de sectores obreros privilegiados. Sin embargo, el imperialismo mantiene la explotación colonial en las industrias primarias. Es por ello que la explotación de la clase obrera cobra características de superexplotación de las masas trabajadoras más atrasadas y ocupadas en actividades primarias. Tal es el caso de los obreros azucareros, mineros, forestales, peones agrarios, etc. TESIS IV La burocracia sindical centralizada en Buenos Aires es el principal obstáculo para el desarrollo del proletariado, y debe enfrentársela sobre la base del movimiento obrero del interior Para defender sus intereses profesionales, los obreros se organizan sindicalmente. El sindicato es entonces un aparato administrativo, que el proletariado debe desarrollar para su lucha económica, por sus reivindicaciones gremiales. Y como todo aparato administrativo es propenso a la burocratización, a un desarrollo exagerado que lo aleja de los intereses de las masas, creando sus propios intereses. La presencia de sectores privilegiados en el seno de la clase trabajadora, centralizados en los grandes centros industriales, proporciona una base social inmejorable, son el caldo de cultivo para la burocratización, para la consolidación de un poderoso aparato burocrático. La inexistencia de un partido revolucionario capaz de someter la lucha económica a una lucha política revolucionaria, capaz de llevar al proletariado a 78

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superar las limitaciones de las reivindicaciones puramente económicas, también ha favorecido el fortalecimiento de la burocracia. Estos son los factores que han permitido la formación de la poderosa burocracia que hace de dique de contención al proletariado y que éste debe liquidar en su ascenso revolucionario. Así, la burocracia centralizada en Buenos Aires, controlando al conjunto del Movimiento Obrero a través del aparato cegetista, cumple su nefasto papel de desviar, de contener al proletariado, y como tal, debe ser combatida sin descanso por el Partido de la Revolución, dirección política de la clase obrera. En la zona colonial, en cambio, por la superexplotación del proletariado rural, las direcciones sindicales representan las reales aspiraciones de las masas (tal el caso de FOTIA) o en el caso de haber degenerado en burocracia, se mantiene precariamente (caso FOSIF por ejemplo). Por otra parte, el grado de agremiación es todavía bajo, lo que posibilita que el Partido Revolucionario pueda dirigir y controlar un proceso de sindicalización. De manera que los militantes del FRIP pueden y deben trabajar en el terreno sindical, sobre el proletariado de la zona colonial, sin descuidar la tarea entre los obreros urbanos, sindicalizando, estructurando el movimiento obrero en intersindicales y regionales en permanente lucha contra la burocracia, con miras a arrancar de sus manos la dirección efectiva del Movimiento. TESIS V En la República Argentina, el eslabón más débil de la cadena es el Norte Argentino La existencia en el país de zonas económicas netamente diferenciadas, origina distintas relaciones de producción. Se pueden distinguir en forma global dos zonas: 1. una zona avanzada, con gran crecimiento industrial, y gran desarrollo capitalista en el campo. 2. una zona colonial, subdesarrollada, con formas atrasadas de producción y asiento del sector industrial de actividad primaria. Tal es el caso del Norte, Cuyo y la Mesopotamia. Estos desniveles regionales plantean a la vanguardia problemas tácticos, programáticos y formas de trabajo político que deben medirse cuidadosamente para el posterior planteo de la táctica insurreccional. La existencia de estas zonas diferenciadas genera distintos sectores y permite delimitar el sector de la clase obrera que se encuentra afectada en la zona colonial, soportando de manera más aguda las contradicciones del sistema capitalista. En el Norte, existe un numeroso proletariado rural afectado en sus rela79

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ciones con la oligarquía azucarera (sin tradición de burguesía aunque emplee las formas racionales de explotación capitalista), con el imperialismo que controla el paquete accionario de muchos ingenios, perteneciéndole totalmente algunos, con la burguesía forestal que aún continúa utilizando en el seno del obraje las antiguas formas de pagos con vales, giros, etc. Este proletariado rural es allí sometido a una cruel explotación. Es en el Noroeste donde al no darse un acentuado desarrollo capitalista no se ha originado el crecimiento de las capas medias, y donde la diferenciación social, la existencia de ostensibles desniveles de ingreso, es más evidente. Es en el Noroeste donde el aparato de represión del Estado burgués es más débil, no habiendo desarrollado las clases dominantes las vías institucionales para incorporar a los sectores explotados dentro de los marcos del sistema, mejorando en algo sus condiciones de vida, amortiguando la lucha de clases. Es el Noroeste el lugar donde el peso contrarrevolucionario de la burocracia sindical es menor, a diferencia, de lo que ocurre en los grandes centros urbanos. Estas características establecen: 1. existen condiciones objetivas de superexplotación del proletariado rural. 2. las posibilidades de desarrollo del FRIP entre el proletariado rural son óptimas. La permanencia de estas condiciones y la imposibilidad de la burguesía de suprimirlas, provocando un ensanchamiento temporario de los marcos del sistema capitalista, incorporando en ese proceso, en otros modos de integración social, al proletariado rural, determina que el Noroeste sea el eslabón más débil de la cadena, el nudo que habrá de romper el FRIP, poniendo a las masas en combate, haciendo funcionar el motor humano de la revolución. TESIS VI El proletariado rural, con su vanguardia, el proletariado azucarero, es el detonante de la Revolución Argentina El proletariado del Noroeste está constituido en su inmensa mayoría por el proletariado rural, el proletariado ocupado en actividades primarias, localizado en las zonas rurales, en el azúcar, la explotación forestal, las minas, el algodón, etc. Este proletariado alcanza a 400. 000 trabajadores, y cuenta con el proletariado azucarero nucleado en FOTIA como vanguardia natural. También está la FOSIF, que nuclea al proletariado forestal de Santiago del Estero, numerosos sindicatos mineros, peones agrarios (FATRE), petroleros, etc. La tradición de lucha del proletariado rural encuentra su expresión en el proletariado rural tucumano. Con un alto grado de politización, de conciencia 80

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de clase, los trabajadores azucareros han señalado en reiteradas oportunidades el camino de la lucha al resto de la clase obrera argentina. Han llevado a su más alto nivel de combatividad el método más avanzado de combate espontáneo alcanzado por la clase obrera argentina: la ocupación de fábricas. En la última huelga por mejoras salariales, el gobierno provincial debió recurrir a la Gendarmería Nacional por resultarle insuficiente la policía para detener la movilización azucarera. La FOTIA agremia 90.000 obreros con sus familias. El proletariado azucarero cuenta además con otra poderosa arma: la concentración. Tucumán es la provincia con mayor cantidad de habitantes por Km. cuadrado. El resto del proletariado rural del Noroeste argentino tiene la característica común de que el grado de explotación a que se ve sometido lo obliga a buscar permanentemente una salida, una modificación sustancial. No puede aguantar por más tiempo. Pero a diferencia del proletariado rural azucarero, no se encuentra ni tan concentrado, ni tan politizado. Por el contrario, ha sido abandonado por toda la izquierda cuya prédica nunca se hizo escuchar. Y está listo para despertar, esperando quien lo dirija para ponerse en movimiento. La lucha del proletariado azucarero encabezado por FOTIA, confirma la tesis de los desniveles regionales, de la existencia de una zona colonial-capitalista, en donde se agudizan críticamente las contradicciones no resueltas en el desarrollo capitalista por la burguesía. Y es de señalar que esta lucha quedó reducida a los límites del sistema capitalista por la ausencia de una vanguardia esclarecida que indique desde fuera de FOTIA una estrategia revolucionaria llevando a la clase obrera a una abierta lucha contra el régimen. TESIS VII En toda Indoamérica, el proletariado rural es el sector más explosivo de la clase obrera por su carácter de enemigo irreconciliable del imperialismo y por la superexplotación a que se ve sometido Las características enunciadas del proletariado rural, así como la importancia del problema regional, no son exclusivas de Argentina sino que son una característica general en toda Indoamérica. En la mayoría de los países latinoamericanos, el sector más combativo de la clase obrera es el proletariado rural pues sobre él cae el mayor peso de toda la explotación (mineros, cafetaleros, bananeros, azucareros, etc.).

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TESIS VIII El papel del proletariado urbano en el proceso de la revolución argentina no se desmerece por el carácter de detonante, iniciador de la revolución que posee el proletariado rural La afirmación que antecede, que señala al proletariado rural como detonante de la revolución, no significa de manera alguna que se desmerezca, que se subestime el rol del proletariado urbano en la revolución. La clase obrera forma un conjunto, es una totalidad, y como tal es la clase más revolucionaria de la sociedad, la que representa el futuro, la que dirigirá a todo el pueblo en la liquidación del capitalismo y la instauración del socialismo. Sobre todo, en la construcción del socialismo los obreros urbanos tendrán una importancia primordial, por su número, pero en el proceso revolucionario, en su faz inicial, el destacamento de vanguardia de la clase obrera será el proletariado rural. TESIS IX El proletariado rural incorporará fácilmente al campesinado a la lucha por la liberación nacional y social Por los profundos lazos que unen al proletariado rural con el campesinado, el mismo se encuentra en inmejorables condiciones para sellar la alianza obrero-campesina, arrastrándolo junto a él. Los obreros rurales están unidos a los campesinos por lazos familiares y locales; son hijos, hermanos, vecinos. Ese hecho facilita enormemente su influencia sobre el campesinado. Este es otro rasgo que otorga al proletariado rural el papel de mayor importancia en el proceso revolucionario. Los campesinos, explotados en el mercado, tienen intereses contrapuestos con la burguesía, la oligarquía y el imperialismo. Están por ello dispuestos a luchar contra ellos; más por su carácter de clase propietaria, es incapaz de llevar adelante una lucha consecuente, y por su heterogeneidad, por su dispersión geográfica, no está en condiciones de constituir por si sola una fuerza capaz de combatir abiertamente contra el régimen. Es así que el papel del campesinado en la Revolución Argentina es el de compañero, aliado, apoyo del proletariado. Sin embargo, es necesario ganarlo por esa alianza y el proletariado rural está en inmejorables condiciones para conseguirlo. Debemos señalar que en lo que respecta al resto de Indoamérica, tal como lo señala la experiencia peruana, mexicana, cubana, el campesinado disputa el liderazgo de la revolución al proletariado e incluso ha resultado campo propicio (tal como lo enseña la revolución cubana y la formación del FIR en el Perú) para el desarrollo de una vanguardia revolucionaria. 82

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TESIS X El FRIP como vanguardia en construcción de la revolución argentina, debe dirigir su trabajo de desarrollo sobre la base social de los trabajadores rurales, especialmente sobre la FOTIA y la FOSIF, sin descuidar el trabajo sobre otros sectores, en especial el proletariado urbano Entonces el FRIP debe organizarse como el Estado Mayor de la Revolución Argentina, sobre la base primordial del proletariado rural, especialmente sobre el proletariado azucarero; debe dirigir sus esfuerzos a consolidarse organizativamente entre el proletariado rural, fundirse con él y con el resto de la clase obrera, ponerse a su cabeza, y señalarle el camino de la lucha, el camino de la toma del poder. Sólo un partido revolucionario estructurado sobre esa base social, con una férrea organización, dirección centralizada, completa independencia ideológica y organizativa, estará en condiciones de llevar al pueblo a la victoria, liquidar al imperialismo, al capitalismo, la explotación del hombre por el hombre y abrir a la Argentina, a Indoamérica, el brillante futuro de una sociedad socialista. Y ese partido será el FRIP, que construiremos con nuestras propias manos, con nuestra actividad incansable de revolucionarios.

Estrategia (Director N. Moreno) 3° época N° 5, abril 1966. 4 TESIS SOBRE EL NORTE ARGENTINO Mario Roberto Santucho Mario Roberto Santucho es uno de los fundadores del FRIP, y a partir de la unificación de esa organización con Palabra Obrera, uno de los dirigentes nacionales más importantes del PRT. El presente documento fue presentado por él al Comité Central que lo aprobó. Creemos que es la primera aproximación marxista seria sobre el Norte Argentino. Introducción El Partido Revolucionario de los Trabajadores tiene una caracterización general de la lucha de clases en el país, que precisa que la burguesía en su conjunto es contrarrevolucionaria, es decir que no existe ningún sector burgués nacionalista capaz de enfrentar al imperialismo en aras de un desarrollo inde83

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pendiente de la Argentina; que la única clase dispuesta a cumplir dicha tarea democrática es la clase obrera, la que en consecuencia desarrolla simultáneamente sus propias reivindicaciones socialistas, lo que da tal contenido a la lucha antiimperialista de nuestra patria. En otras palabras, las tareas democráticas de independencia nacional están ligadas –por ser la clase obrera la única capaz de resolverlas- a las tareas socialistas de liberación social de los explotados, y en su conjunto dan un carácter nacional y social a la próxima, inevitable, revolución argentina. También señala nuestro Partido que en Argentina –a diferencia de la mayoría de los demás países latinoamericanos- el aliado fundamental del proletariado es la pequeña burguesía en su conjunto (clase media urbana y campesinado pobre) lo que caracteriza a la revolución como obrera y popular. Asimismo, sostiene el PRT que la revolución argentina forma parte de la revolución latinoamericana, colonial y mundial, y que la lucha antiimperialista contra el imperialismo yanqui, como así la unidad histórica, cultural y geográfica de Latinoamérica, define a la revolución latinoamericana como una unidad. En cuanto a la etapa actual de la lucha de clases que se desarrolla en la Argentina, nuestra organización señala que las consignas fundamentales son: “Nuestro trabajo sobre las fábricas, junto a los nuevos delegados y comisiones internas que surgen, sigue siendo nuestro trabajo fundamental y creemos que seguirá siéndolo en toda esta etapa. Esto no hay que discutirlo, pero la clase obrera tiene también otras tareas de conjunto a las cuales hay que darles respuesta inmediata, aunque sea en forma propagandística. La miseria creciente, el alza del costo de la vida, exigen una respuesta de conjunto. El plan de lucha o como se lo llame es y será uno de los ejes de nuestra actividad, independientemente de que esta quinta etapa se inició o no. El otro gran eje alrededor del cual girará también nuestro trabajo es el problema del poder. Alrededor de esos dos problemas-polos se centrará nuestro trabajo y por lo tanto nuestras consignas irán de las inmediatas a las de poder pasando por las de transición. Y sabiendo combinar unas con otras. La lucha contra el imperialismo, el gobierno, los explotadores y la burocracia dependerá de cómo combinemos estas consignas. Congreso de Bases, Unidad del Movimiento Obrero, Central Revolucionaria Estudiantil, lucha por las libertades democráticas, deberán combinarse con las de que la CGT se convierta en el Partido de los Trabajadores, con la necesidad de un plan económico para enfrentar las soluciones patronales, Asamblea Constituyente y con consignas específicamente antiimperialistas como ruptura de los pactos que nos atan a Norteamérica, Federación con Cuba, etc.”. Estos elementos teóricos y metodológicos que están desarrollados en el documento nacional del PRT son guía general del presente documento político para la región del país. 84

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I) ESTRUCTURA ECONÓMICA DEL NOROESTE El eje histórico y contemporáneo del desarrollo capitalista en el Norte Argentino fue y es la industria azucarera. La incorporación de esta región al conjunto del desarrollo capitalista nacional, producida a fines del siglo pasado, con el catalizador del ferrocarril que, al acortar distancias y vincular de manera ya indisoluble las economías pre-capitalistas del noroeste al mercado nacional, dio un golpe de muerte a la diversificada producción artesanal y agrícola, y reorientó la economía hacia la monoproducción capitalista. A partir de entonces su economía se basó en la incipiente industria azucarera que adquirió un impresionante ritmo de desarrollo y concentración, convirtiéndose en el abastecedor nacional de azúcar del país. La producción de azúcar pasó de 1. 400 toneladas en 1872 a 336. 000 en 1914. Este proceso de liquidación de viejas estructuras agrícolas ganaderas y artesanales, con relaciones de producción semi-feudales capitalistas, cuyo núcleo económico fundamental lo constituía la estancia, producido como decimos por la influencia del ferrocarril en su función de integrar en un todo la economía nacional e incorporarla al mercado capitalista tuvo en otras provincias de la región distintos ejes productivos (por ejemplo la producción forestal en Santiago del Estero). Pero en el conjunto del noroeste fue sin duda determinante el peso específico de la industria azucarera que al concentrarse en Tucumán la convirtió en la provincia con mayor desarrollo capitalista de todo el noroeste, en su metrópoli. Esta etapa que podemos situar entre los años 1880 y 1900 se caracteriza justamente por el ascenso de Tucumán a uno de los primeros lugares en cuanto a desarrollo capitalista en el país. Es importante destacar que el proceso de integración del Noroeste a la economía nacional se da bajo una característica general del país, como monoproductor, dependiente, semicolonial. Al impacto del ferrocarril se desarrollan inmensamente aquellas industrias que producen para el mercado nacional e internacional, en forma desproporcionada, impidiendo al propio tiempo el desarrollo de otras ramas de la producción que se ven, por otra parte, barridas por la competencia nacional y extranjera. Es así que artesanías muy desarrolladas prácticamente desaparecen en un período de 20 o 30 años. Al propio tiempo la clase propietaria, la oligarquía, nace unida al capital nacional e internacional, sin ningún interés en el desarrollo homogéneo de todo el noroeste. Todo lo contrario, su perspectiva es la extracción ilimitada de ganancias para satisfacer a lejanos accionistas o para invertir en otras zonas del país y del extranjero. Las primeras décadas de este siglo marcan la incorporación de Jujuy y Salta a la producción azucarera, la que se produce a iniciativa del capital extranjero, 85

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fundamentalmente inglés. Desde el comienzo la industria azucarera de Salta y Jujuy comienza pisando fuerte, en fábricas más modernas que las tucumanas, con plantaciones de tipo altamente capitalista, fundamentalmente disímiles a la estructura agrícola tucumana signada por la presencia de cañeros chicos medianos (que aportan un elevado porcentaje de la materia prima). En Salta y Jujuy prácticamente no existen cañeros (el grueso de las plantaciones son propiedad de las empresas que poseen los ingenios) y los que hay son grandes, también con plantaciones de tipo capitalista, plantaciones que son verdaderas fábricas, con sus estaciones de máquinas, su taller, su concentración proletaria. En estas tres provincias el desarrollo del capitalismo es muy elevado, forman entre las más desarrolladas del país, y en su conjunto aportan más del 90% de la producción azucarera nacional. Están unidas por esa característica común: la producción azucarera. Pero mientras en Tucumán se encuentra estancada, aproximadamente desde hace más de treinta años, cuando se detuvo la expansión de la industria ante el triple dique de la saturación del mercado nacional, la imposibilidad de exportar y la incorporación a la producción azucarera de Salta y Jujuy, no solamente estancada a partir de 1957 en una crisis estructural sin salida capitalista, Salta y Jujuy continúan su expansión, se caracterizan por un capitalismo pujante, en desarrollo, no solamente en la producción azucarera, sino en otras importantes ramas, (petróleo, ganadería, agricultura y siderurgia). Es decir, tres provincias con alto desarrollo del capitalismo y completando la zona otras dos (Santiago y Catamarca), tributarias de aquéllas y del capitalismo del centro y del litoral, atrasadas, proveedoras de mano de obra, especialmente del trabajador golondrina sin un significativo desarrollo industrial ni agrario, con estructuras muy atrasadas por el tipo de producción, escasa clase obrera, predominantemente campesina. Vemos entonces que la columna vertebral de la economía del Noroeste lo constituye la industria azucarera que hoy atraviesa por una grave crisis de superproducción, en su conjunto, crisis de superproducción, que se manifiesta con mayor gravedad en Tucumán al asentarse sobre la crisis estructural de la industria en esta provincia. II) LAS CLASES SOCIALES 1) La oligarquía terrateniente, que posee alrededor del 75% de la tierra cultivada, a pesar de constituir el 5% de los propietarios de tierras, es la clase más retardataria, parasitaria, de la sociedad, aunque carece de política propia independiente, dado que en su aplastante mayoría está ligada, es una misma cosa, con la burguesía oligárquica azucarera, que defiende entonces también los 86

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intereses de los terratenientes. En Salta, como excepción, la oligarquía terrateniente conserva aún gran influencia y da su tónica ideológica (un catolicismo ultra conservador) a toda la ideología dominante. Pero debe quedar claro que no existen contradicciones entre la oligarquía terrateniente y la burguesía oligárquica de los ingenios. 2) La burguesía oligárquica azucarera: Es el gran patrón del Norte, controla el grueso de la vida económica y subordina a sus intereses a amplios sectores de la burguesía comercial, agrícola, ganadera e industrial de las provincias azucareras. En consecuencia, es el gran enemigo de las clases explotadas del país. Sus vinculaciones económicas con el imperialismo, del que es socia en la propiedad de varios ingenios, y con la oligarquía y la gran burguesía del litoral, da respaldo nacional, la muestra como uno de los pilares fundamentales del régimen capitalista argentino. En la disputa por el mercado, se producen serios y frecuentes roces entre los distintos sectores de esta clase. 3) El imperialismo, posee varios ingenios, fábricas, minas y fincas, en algunos casos en sociedad con la burguesía oligárquica del azúcar, así como en Bancos y otras empresas. Su presencia como socio mayor de la patronal azucarera confirma su papel de gran expoliador del país y de los trabajadores. 4) La burguesía mediana es una clase contradictoria que por una parte encuentra su horizonte restringido por el tapón oligarquía-burguesía oligárquica azucarera-imperialismo, se plantea desarrollar nuevos rubros de explotación, intenta profundizar y extender el desarrollo capitalista, intento en el que choca con las clases explotadoras tradicionales, lo que provoca serios roces con dichas clases. Pero, por otra parte, como explotadora del trabajo asalariado, como clase propietaria, se encuentra en una contradicción crucial, permanentemente en brazos de la gran patronal. 5) La pequeña burguesía urbana constituida por profesionales, comerciantes, talleristas, artesanos, empleados y estudiantes, simpatiza en general con la clase obrera y sus luchas, fundamentalmente los empleados y una vanguardia importante del movimiento estudiantil. La crisis general del país, unida a la coyuntural de la industria azucarera es la base de sustentación de la radicalización de estos sectores medios. El proletariado debe darse una política hacia estos sectores para convertirlos en sus aliados, ya que por sí solos son incapaces de enfrentar al imperialismo y a la gran patronal argentina en forma consecuente. Las posibilidades de que la clase media sea utilizada como carne de cañón contra el proletariado, en las condiciones actuales, son mínimas. 6) El campesinado de la zona presenta características dispares, por lo que podemos dividirlo en cuatro grandes grupos: a) burguesía mediana; b) pequeños agricultores, quinteros, etc.; c) cañeros; d) campesinado pre-capitalista. En el grupo a) podemos incluir a los ganaderos, al campesinado que trabaja 87

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sus explotaciones con medios mecánicos, en zonas de riego o de lluvias muy abundantes, y en su totalidad para el mercado. Este grupo de campesinos debe ser incluido por su comportamiento de clase en el grupo 4). Los del grupo b) producen también para el mercado fundamentalmente, pero no poseen medios mecánicos, son en su mayoría arrendatarios, y son explotados por los mayoristas y acopiadores. Son potenciales aliados de la clase obrera, por su dinamismo, concentración, organización y combatividad, y porque sus intereses inmediatos coinciden con suma frecuencia con los de los obreros del azúcar. (Nos referimos a los cañeros chicos fundamentalmente, y a los medianos. Los cañeros grandes deben ser incluidos también en el punto 4). En cuanto al grupo d) compuesto por aquellos agricultores y criadores de las zonas más atrasadas de las provincias norteñas, que utilizan métodos no mecánicos de cultivo y cosecha, que producen para su propio consumo y no están integrados al mercado capitalista, son también potenciales aliados de la clase trabajadora, la que debe agotar esfuerzos para incorporarlos en su lucha, sacándolos del atraso en que se encuentran. 7) La clase obrera, que es la más revolucionaria de la sociedad, y la que encabeza a los sectores populares en la lucha por la liberación nacional y social de nuestra patria y de los explotados, porque tiene intereses directa y totalmente contrapuestos con la patronal nacional y el imperialismo. El núcleo fundamental de la clase obrera norteña, su sector más combativo es el proletariado azucarero, hacia quien debe dirigir nuestro partido sus esfuerzos fundamentales, como lo está haciendo actualmente. Existen también fuertes núcleos de obreros urbanos (metalúrgicos, textiles, ferroviarios, cerámicos, transporte, vitivinícolas, construcción, etc.), los que juegan y jugarán un rol de gran importancia; un numeroso proletariado agrícola muy desorganizado, pero que tiene asimismo suma importancia; el proletariado forestal que para el caso de Santiago es fundamental y el proletariado de minas y canteras. III) OTRAS CARACTERÍSTICAS La pequeña burguesía urbana tiene en el Noroeste un peso considerable menor que en el conjunto del país. En las provincias más desarrolladas (fundamentalmente en Jujuy y Tucumán) es escasa, y su papel en la lucha de clases es infinitamente menor que en el Centro y en el Litoral. En las provincias más atrasadas, por la predominancia campesina, es asimismo relativamente débil. El poder del Estado resulta débil en algunas provincias (Tucumán, Catamarca, Santiago) y en otras ( Jujuy, Salta), fuerte. Especialmente en Jujuy, en su zona proletaria, las fuerzas represivas obligan a un trabajo absolutamente 88

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clandestino; es una de las zonas de todo el país donde la represión es más aguda. La burocracia tiene características especiales en cada provincia. En Jujuy y Salta la mayoría de las direcciones están actualmente enfeudadas a la patronal. Salvo en la zona de Calilegua, a través de la FAR, las direcciones tienen un carácter más centrista. En la FOTIA es necesario señalar las particularidades específicas. Es indudable que no existe un aparato como en textiles, carne o metalúrgicos, por ejemplo. La razón fundamental es que ni el monto de cotizaciones, ni las contribuciones de la patronal, son tan importantes como para permitir la estructuración de este aparato. No obstante debemos reconocer que mientras los fondos estuvieron centralizados fue difícil reemplazar la camarilla Pasayo, Nicolás González, Romano, Zelarrayán, Villalba, que aunque tenían diferencias igualmente formaban un equipo. La presión de las direcciones de ingenios obligó a la descentralización de fondos. El viejo equipo, que tenía poco que repartir, ahora se desintegró y permitió el surgimiento de una nueva dirección muy débil, la dirección Aparicio, permanentemente saboteada financieramente por las ahora fortalecidas direcciones de ingenios. El fenómeno entonces que se da es una Federación débil y el relativo fortalecimiento de direcciones por sindicato, que habrá que observar en qué medida da lugar a la estructuración de burocracias locales fuertes. Por otra parte la tradición del control de la base y la situación crítica permanente ha hecho que la burocracia de FOTIA siempre haya tenido las características centristas, reformistas y no estatizadas de la burocracia del gran Buenos Aires, lo que no obsta para que siempre hayan actuado y sigan actuando de freno del movimiento obrero. Los partidos de izquierda son prácticamente inexistentes. Y no por dificultad de penetración, sino por carecer de una política a la altura de las circunstancias, y por la escasa militancia en la base. En general, en la Región la tradición de izquierda es mínima, salvo en Tucumán donde la clase obrera, particularmente el proletariado azucarero es heredero de una rica tradición marxista. IV) LAS TAREAS GENERALES DE NUESTRO PARTIDO De la caracterización que antecede surge claramente que el lugar de trabajo fundamental del PRT, en el Norte, es, en estos momentos, el proletariado azucarero de Tucumán, Salta y Jujuy, hacia el que debemos dirigir nuestros mejores esfuerzos, formando militantes y equipos en los Ingenios, colonias y lotes, logrando cada vez mayor influencia en las organizaciones sindicales, interviniendo en cada acción de los trabajadores, en cada conflicto, para elevar incesantemente la conciencia de la clase y profundizar a cada paso el contenido 89

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de sus luchas. Asimismo debemos prestar primerísima atención al proletariado urbano, al proletariado agrícola, al proletariado de minas y canteras, especialmente los metalúrgicos de Jujuy y los petrolíferos de Salta, también parte de la clase obrera y a quienes debemos esforzarnos por organizar en torno a los azucareros. En el caso especial de Santiago, el trabajo fundamental en la provincia debe dirigirse al proletariado forestal, que es el único capaz de desarrollar acciones de trascendencia en dicha provincia. Con respecto a los campesinos cañeros, que caracterizamos como el aliado fundamental de la clase obrera en el Norte, debemos tener una política clara de alianza que no puede surgir sino de un profundo trabajo sindical y político en dicho sector. Simultáneamente nuestro Partido debe volcarse al estudiantado y por esa vía a toda la pequeña burguesía urbana. La importancia del movimiento estudiantil es inmensa, a pesar de sus limitaciones, porque de él surgen gran parte de los dirigentes revolucionarios que se fusionarán con la clase obrera. En cuanto al campesinado atrasado, a pesar de su poco peso económico, es también aliado potencial de importancia para la clase obrera y debemos realizar sobre él todo un trabajo propagandístico por medio de los trabajadores rurales, ligado a nuestro trabajo sobre el proletariado rural. Con respecto a la burguesía mediana comercial, industrial, agrícola y ganadera, la realidad nos dirá en que momento puede ser posible un trabajo conjunto, concreto, sin olvidar que es una clase enemiga. O sea, que a pesar de ser la burguesía enemiga de los trabajadores y no poder otorgarle la más mínima confianza, a raíz de sus roces con la gran burguesía, con la oligarquía y el imperialismo, se darán excepcionalmente oportunidades concretas en que una alianza circunstancial con esta clase beneficiará a los trabajadores. Todo este trabajo estructural sólo será posible si sabemos combinar acertadamente ambas consignas, en cada etapa de la lucha de clases, y si somos capaces de darnos una política correcta.

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2. Estrategia y Partido Político Revolucionario de los Trabajadores Documento del IV Congreso (1968)

EL ÚNICO CAMINO HASTA EL PODER OBRERO Y EL SOCIALISMO Partido Revolucionario de los Trabajadores [Febrero de] 1968 Carlos Ramírez [Mario Roberto Santucho] Sergio Domecg [Oscar Demetrio Prada] Juan Candela [Félix Helio Prieto]

Introducción Capítulo I: El Marxismo y la cuestión del poder. Capítulo II: ¿Tenía nuestro Partido una estrategia de poder? Capítulo III: Relaciones entre la revolución mundial, continental y regional. Capítulo IV: Nuestra estrategia y tácticas nacionales deben partir de las características de nuestra revolución. Capítulo V: Las tareas y organización del Partido.

INTRODUCCIÓN Nada estuvo más alejado de las preocupaciones de los “marxistas” argentinos hasta el presente que el problema del poder y la lucha armada. El otrora poderoso Partido Comunista arrastró su existencia en la búsqueda de un gobierno burgués liberal que le permitiera vivir legalmente en el régimen capitalista, usufructuando el nombre y el prestigio del socialismo que otros pueblos construyen a costa de su sangre y sacrificios. Luego, como maná 91

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del cielo, vendría el “tránsito pacífico” al socialismo. Esta concepción desconoce la naturaleza del imperialismo, que necesita de la guerra contrarrevolucionaria para prolongar unos años más su agonía histórica. Supone, además, la existencia de una burguesía dispuesta a ceder gratuitamente sus privilegios. En los hechos se ha revelado tan utópica como reaccionaria. El PC, que dirigió sectores masivos de la clase obrera argentina, lo único que consiguió con su política reformista es verse reducido a un partidejo de la menor importancia, que hoy sólo puede aspirar a postularse ante la burguesía, como el “mal menor” ante la revolución socialista encabezada por la heroica Cuba, papel que con muy buena disposición ya están jugando sus partidos hermanos de Venezuela, Bolivia, Chile y Uruguay. El Posadismo, Política Obrera y La Verdad actúan como epígonos del trotskismo y, como tales, lograron ganar sectores minúsculos de la vanguardia obrera y estudiantil decepcionada por la política reformista del PC. Pese a sus diferencias -que son las propias de todas las sectas intelectuales- los epígonos del trotskismo mantienen una concepción idéntica ante el problema fundamental de la revolución: la cuestión del poder y la lucha armada. Todos esperan que una insurrección espontánea de las masas venga a rescatarlos de su impotencia para cumplir con el papel que como “revolucionarios” les corresponde. Como veremos enseguida, estos grupos no han superado la estrategia de poder que en los albores del movimiento obrero se dieron Marx y Engels para los países europeos, de 1848 a 1850, y que abandonaron para esa fecha. En este sentido -y en muchos otros- estos grupos se mantienen en la prehistoria del marxismo. Su estrategia de poder (de algún modo hay que llamarla) condiciona toda su política cotidiana. Así los vemos arrastrarse en el más gris sindicalismo, practicando una política oportunista con la cual se vinculan a los sectores más atrasados de la clase obrera y que, al fin de cuentas, les ha impedido poner el pie con firmeza en el seno del movimiento obrero. El fracaso de las ilusiones “desarrollistas” que despertó el frondizismo en amplios sectores de la pequeña burguesía y las capas medias y la posterior influencia del castrismo en estos sectores, dio lugar al nacimiento de un grupo de características peculiares: el Movimiento de Liberación Nacional. Este grupo se mantuvo durante años en la indefinición ante este problema crucial. Recientemente se ha definido por una estrategia de poder similar a la de los epígonos del trotskismo (ver Liberación, Número 54. “Los caminos de la revolución” Ismael Viñas). Estos últimos al menos, han tenido la valentía política de criticar consecuentemente la estrategia impulsada por los cubanos en defensa de sus propias concepciones. El MLN, en cambio, no se atreve a tanto: copia de los epígonos del trotskismo su “estrategia” de poder pero hace esfuerzos desespe92

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rados por mantenerse en el seno del castrismo y asiste incluso a la conferencia de la OLAS. Con esta política el MLN tiene todos los defectos de los epígonos del trotskismo, pero ninguna de sus virtudes. Como ellos, se opone a la estrategia del castrismo, pero al no tener ni la consecuencia política ni el armamento teórico necesarios para combatirla con algún grado de efectividad, está imposibilitado de ganar ningún elemento con inquietudes políticas. Pretende beber en el cauce revolucionario abierto por el castrismo, con la escudilla de barro del anti-castrismo. Como los epígonos, se arrastra hacia el más gris sindicalismo (“la lucha de clases nace en la lucha económica”, “la acción de propaganda, la agitación entre las clases populares, la tarea constante de organización, montadas en las luchas espontáneas por reivindicaciones económicas”), pero con la diferencia de que su sindicalismo es meramente teórico porque sus militantes tiemblan al escuchar la palabra “proletarización”. La crisis del Partido Comunista ha dado a luz (¡Por fin!) a una nueva organización que rompió con el reformismo: El PC CNRR 1. Si bien este movimiento se orienta hacia algunas posiciones del marxismo revolucionario, su tardía asimilación del mismo le ha impedido hasta el presente formular una estrategia de poder coherente y global. En este terreno, los camaradas del CNNR sólo pueden decir: “nosotros y nuestra propia confusión”. Si bien su dirección a través del órgano oficial ha formulado una estrategia similar a la de los epígonos del trotskismo, no puede tomarse ésta como una concepción compartida por el conjunto de este movimiento. Están en la etapa preparatoria de su primer congreso y si en él logran una aplicación consecuente del marxismo-leninismo a los problemas que plantea la revolución argentina, pueden dar lugar a un segundo alumbramiento: otra organización de centenares de militantes revolucionarios con una consecuente línea marxista-leninista. Luego de un año de intensa crisis interna que prácticamente lo sustrajo de la actividad política, Vanguardia Comunista ha recomenzado a editar su órgano No Transar. Esta organización resolvió su lucha interna contra una tendencia caracterizada como “foquista”, adoptando la estrategia de poder que Mao formulara... para China en 1930. Hasta ahora no ha dado a conocer un análisis concreto de los problemas que plantea la revolución argentina, única forma de preparar con eficacia la guerra revolucionaria. Estos camaradas parecen no comprender que la única forma de ser consecuentemente “maoísta”, es adoptar frente a Mao la misma posición que Mao adoptó frente a Lenin: incorporar al acervo teórico del Partido las leyes generales descubiertas por él, pero adecuarlas al carácter específico de la revolución en nuestro país, enriqueciendo, e incluso 1. Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria. [Nota de esta edición] 93

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-si se nos permite la “herejía”- superando la teoría revolucionaria. Su consigna de poder, su estrategia: construcción del ejército en el campo para rodear a las ciudades y tomarlas desde afuera, no tienen en cuenta las características específicas de nuestra revolución en la cual no existe una burguesía revolucionaria como en China y la relación porcentual entre el campesinado y el proletariado es casi diametralmente opuesta. Todo su método de análisis, consistente en la repetición dogmática y casi religiosa del “pensamiento del presidente Mao”, es profundamente antimaoista, ya que no los lleva a “descubrir las verdades por la práctica, y confirmarlas y desarrolladas por la práctica” (Mao Tsé Tung: Acerca de la práctica). Nuestro Partido -como veremos más adelante- hizo una dolorosa experiencia debido al método que siguieron algunos dirigentes en el pasado, que trataron de elaborar una estrategia de poder, partiendo de un estudio abstracto de las leyes generales del marxismo sin aplicarlas a la realidad concreta de nuestro país. Algunos grupos de jóvenes peronistas hacen intentos de formular una estrategia revolucionaria. Esos intentos terminarán inevitablemente en el fracaso mientras se mantengan en los marcos de una política oportunista. No puede haber estrategia de poder correcta con una política oportunista que reivindica una dirección que en los últimos trece años ha dado pruebas consecuentes de su carácter capitalista y que sólo ha sabido organizar derrotas del movimiento obrero argentino. Marx señaló que la existencia de los hombres determina su conciencia. Esta ley se aplica también y sobre todo a la cuestión fundamental que plantea la revolución. Sólo puede surgir en un país un Partido revolucionario del proletariado que coloque como centro de sus preocupaciones y desvelos el problema del poder y la lucha armada, cuando las masas de trabajadores viven en una situación que les exige imperiosamente buscar un camino hacia el poder obrero y el socialismo. En el segundo capítulo de este folleto señalamos que la causa fundamental por la cual nuestro Partido no tuvo una estrategia de poder correcta es que las masas trabajadoras vivieron el período que abarca de 1945 a 1955 una situación de auge y estabilidad del capitalismo. Si bien en 1955 el signo del proceso cambió y nuestro país comenzó a ser una semicolonia del imperialismo yanqui con su secuela de hambre y explotación, el período anterior había permitido que se consolidara ante las masas una dirección capitalista que, en la nueva situación, sólo podía llevarlas derrota tras derrota. Ese largo período termina. Hoy están dadas todas las condiciones para el surgimiento de una nueva dirección revolucionaria del movimiento de masas. Pero estas condiciones si bien son necesarias no son suficientes. Es imprescindible, además, un grupo de hombres capaces de hacer un análisis científico de la realidad del país y del camino de la revolución, 94

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y, por sobre todo, capaces de transitar dotados por una férrea voluntad y claridad del pensamiento por ese camino. Estamos imbuidos de la firme confianza de que este trabajo significa un primer paso en ese sentido. Más confianza aún tenemos en que las masas explotadas de nuestro país nos acompañarán en este largo y duro camino que hemos elegido. Los capítulos que integran este folleto forman parte de un documento más amplio, cuya publicación íntegra es imposible por razones obvias, que fuera preparado para su discusión en el IV Congreso de nuestro Partido. La preocupación fundamental de sus autores fue sentar las bases para una estrategia de poder y lucha armada que iluminara la práctica cotidiana de los militantes de nuestra organización en la tarea de las tareas: preparar la guerra revolucionaria. Tuvimos que hacer una pesada tarea teórica. Había que desbrozar el camino de las falsificaciones sostenidas por la vieja dirección durante muchos años. Nuestro Partido iba a pasar por una prueba decisiva: debía discutir el problema fundamental de la revolución manteniendo su unidad. Así hubiera sido si la realidad hubiera respondido a la ficción. La vieja dirección había inventado la historia de que nuestra organización era un partido proletario y revolucionario. Los partidos proletarios y revolucionarios no se dividen aun cuando en su seno se discutan los más importantes problemas teóricos y políticos que plantea la revolución. Ello es así porque los obreros conscientes quieren a su partido, conocen las dificultades que entraña su construcción y defienden su unidad por sobre todas las cosas. Algunos elementos de la vieja dirección revelaron su carácter antiproletario, pequeño-burgués, al romper con la mayoría. Estos elementos defendieron la unidad del Partido mientras tuvieron la hegemonía de su dirección. Cuando la gran mayoría de los cuadros y militantes emprendieron la tarea de formular una política auténticamente marxista-leninista y erradicar las posiciones oportunistas del pasado, los elementos pequeño burgueses de la dirección antepusieron sus intereses de círculo a los del Partido y rompieron su disciplina. Hubiera sido necesario completar este folleto con un análisis y crítica sistemática de las posiciones de las otras organizaciones de izquierda. Ese trabajo lo postergamos porque las exigencias de la conducción práctica de un partido revolucionario muchas veces restan tiempo a la labor teórica. De todos modos muchas de las críticas que formulamos a las posiciones oportunistas del señor Moreno tienen plena vigencia para otros “teóricos” de la revolución. Los autores

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Capítulo I EL MARXISMO Y LA CUESTIÓN DEL PODER A) ALGUNAS TESIS GENERALES SOBRE EL PROBLEMA DE PODER Y LUCHA ARMADA Comencemos por el principio: ¿cuáles son los requisitos generales que todo marxista revolucionario debe exigir cuando se consideran los problemas de la estrategia de poder y de lucha armada? 1) En primer lugar debemos hacer un análisis de la situación económica capitalista mundial y de la lucha revolucionaria internacional, teniendo en cuenta que la revolución socialista es internacional por su contenido y nacional por su forma. Debemos pasar luego a efectuar un análisis de la situación económica y de la lucha revolucionaria en la región y el país, tomando en cuenta el desarrollo de las fuerzas productivas que nos permitirá tener un primer criterio para establecer las posibilidades de una “verdadera” revolución (si el capitalismo aún puede desarrollar o no las fuerzas productivas), la existencia o no de clases revolucionarias, la relación entre la superestructura política y la estructura social, el desarrollo desigual de la economía y las fuerzas revolucionarias país a país, región a región, etc; y las posibles combinaciones concretas de factores tanto económicos como políticos, etc. Este análisis nos permite establecer: a) las posibilidades de desarrollo de la revolución y su ritmo desigual en las distintas regiones del mundo y en el país, b) cuál es la clase revolucionaria y sus posibles aliados, c) cuál es la combinación específica de tareas y consignas de la revolución en sus distintas etapas (tareas democráticas, socialistas, nacionalistas, etc.) para cada región y país. 2) En segundo lugar debemos hacer un análisis de la relación de fuerzas entre las clases. Debemos ver el grado de organización y cohesión de las fuerzas sociales contrarrevolucionarias, la complejidad y nivel de su Estado, el desarrollo de la técnica militar y el ejército, sus contradicciones internas, tanto en el orden nacional como internacional. Debemos ver también el grado de organización y fuerza de las clases revolucionarias, su experiencia y conciencia revolucionaria, si han logrado construir un sólido partido revolucionario, si han logrado desarrollar una fuerza militar y las características de esta fuerza (si es poderosa o débil, etc.). Este segundo aspecto, -respecto al cual en general hemos tenido una actitud superficial-, en combinación con el primero nos permitirá establecer: a) la dinámica futura de la lucha revolucionaria (si será corta o prolongada, si será una guerra nacional o civil o una combinación de ambas, las características que adquirirá la lucha en cada período de acuerdo a las formas específicas de lucha 96

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de cada clase y a la relación de fuerzas existente). Es muy importante este análisis ya que de él dependen las tareas y la política que nos demos en cada etapa y nos permite establecer las características de ésta y su estrategia (defensiva u ofensiva, de lucha armada parcial o generalizada, etc.) teniendo en cuenta no sólo las necesidades de la etapa actual, sino la preparación de nuestras fuerzas para la que le sigue; b) las condiciones concretas para la victoria de la revolución que varían de país a país y difieren en cada época histórica. Resumiendo: para establecer las bases de una estrategia de poder debemos considerar las condiciones que abarcan la situación económica, política y militar de conjunto: en el mundo, en el continente, en la región y en el país. Del estudio de la situación de conjunto podemos formarnos una idea clara de las etapas y faces de la guerra revolucionaria, de las tareas principales y secundarias en cada etapa, de su duración aproximada, de sus características políticas y militares y de la forma y condiciones en que se producirá la toma del poder por la revolución. Todo este conjunto es lo que denominamos estrategia de poder político y militar. Sin una apreciación justa de la situación de conjunto, -estratégica-, y de las varias fases o etapas que la componen, el partido procederá a ciegas y no podrá dirigir a las masas a la victoria de la revolución. Permanecerá atado a la empiria de lo inmediato, en la convicción de que el éxito estratégico de la revolución es la mera suma aritmética de éxitos parciales tácticos; sin tener en cuenta el factor determinante del resultado de la guerra revolucionaria: la atención que se debe prestar al conjunto de la situación, incluyendo las diversas etapas. Porque la comprensión del conjunto nos facilita el manejo de las partes integrantes del todo, siendo la única posibilidad de no perderse en la visión meramente táctica de las etapas y caer en el aventurerismo o en el oportunismo. Pasemos ahora al segundo punto de la cuestión: una vez establecida nuestra estrategia, nuestra visión del conjunto de la situación y de las distintas etapas y fases, parciales, se nos planteará el problema de las distintas formas de lucha y de la táctica militar, adecuadas a cada etapa y vinculadas con la estrategia. Veamos también algunas tesis generales del marxismo para encarar estos problemas: a) el marxismo revolucionario, a diferencia de todas las otras tendencias políticas, toma en consideración todas las formas de lucha de clases revolucionarias, sin desechar a ninguna. (Los sindicalistas toman solamente la huelga económica aún con la aplicación de “métodos contundentes”, los reformistas la lucha legal y parlamentaria, los anarquistas -por lo menos en la época en que existían, el terrorismo, etc.). No las “inventa”, las toma del curso general de la lucha revolucionaria “generalizando, organizando e infundiendo conciencia” (Lenin: “La Guerra de Guerrillas”); b) el marxismo exige que enfoquemos las 97

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formas de lucha de acuerdo a las condiciones históricas concretas de la etapa en que vive la revolución y de acuerdo a esas condiciones, determina cuáles son las fundamentales y cuáles las accesorias (por ej.; en un sentido general: en épocas de auge y estabilidad del régimen burgués pueden considerarse como formas fundamentales el parlamentarismo y el sindicalismo; en épocas de crisis del régimen burgués, la lucha armada y la insurrección etc.), correspondiendo al partido revolucionario orientar y dirigir a las masas a las formas de lucha más convenientes de acuerdo a la estrategia general del poder y a las características de la etapa; c) el marxismo no se limita a las formas de lucha posibles y existentes en un momento dado, ya que reconoce la inevitable necesidad de formas nuevas de lucha al cambiar las condiciones históricas. Y tomando en cuenta el desarrollo desigual y combinado de la revolución, reconoce que en muchas ocasiones, las formas de lucha necesarias para enfrentar un nuevo período, son tomadas con cierto retraso por las masas debido al peso de inercia de la etapa anterior. La misión del revolucionario entonces, es tratar de difundir y organizar a las masas en las formas de lucha más adecuadas a cada etapa de la revolución. Sin olvidar, ni por un instante, todos los aspectos mencionados, debemos señalar otro aspecto, que se supedita a la estrategia de poder y a las formas de lucha más convenientes para cada período y que tanto Lenin como Engels “se cansaron de repetir, esforzándose en llevarlo a la comprensión de los marxistas”: “La táctica militar depende del nivel de la técnica militar”. Lenin nos explica prácticamente la aplicación de este principio al señalar: “La técnica militar no es hoy la misma que a mediados del siglo XIX. Sería una necedad oponer la muchedumbre a la artillería y defender las barricadas a tiro de revolver” (todas estas citas son de “Enseñanzas de la insurrección de Moscú”). El partido entonces, también debe desempeñar un papel dirigente para desarrollar las modernas tácticas militares, derivadas del nivel de la técnica militar. B) EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA ESTRATEGIA DE PODER Y LUCHA ARMADA EN EL MARXISMO REVOLUCIONARIO Enunciados ya los principios generales a tener en cuenta para encarar el estudio de la estrategia de poder y de lucha armada, intentemos hacer una reseña histórica que nos permita ver cómo resolvieron estos problemas, en las condiciones concretas de su tiempo y sus países, los grandes dirigentes y teóricos del marxismo revolucionario.

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MARX Y ENGELS Establecieron una estrategia para la toma del poder por la clase obrera, basada en las condiciones de desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica militar propia de la Europa del siglo pasado. Debemos distinguir dos períodos: sus concepciones hasta 1895 y la concepción de Engels a partir de 1895. Hasta 1895, para Marx y Engels el problema consistía en que el proletariado, en una acción insurreccional, rápida y violenta, en la que arrastrara tras de sí a las capas intermedias de las grandes ciudades se adueñara de las calles mediante la lucha de barricadas. El fin que se perseguía mediante esta lucha, no era una “victoria como el combate entre dos ejércitos”, lo que sería, según Engels “una de las mayores rarezas” (del “Prologo a la Lucha de clases en Francia de 1848 a 1850”. Engels, 1895) sino hacer “flaquear a las tropas mediante factores morales, que en la lucha entre los ejércitos entre dos países beligerantes no entran nunca en juego, o entran en un grado mucho menor. Si se consigue este objetivo, la tropa no responde, o los que la mandan pierden la cabeza; y la insurrección vence. Si no se consigue, incluso cuando las tropas sean inferiores en número, se impone la ventaja del mejor armamento y de la instrucción, de la unidad de la dirección, del empleo de las fuerzas con arreglo a un plan y de la disciplina”. Ellos habían estructurado esta estrategia tomando en cuenta las siguientes consideraciones: 1) el carácter casi exclusivamente obrero y urbano de la revolución, 2) la agrupación de la totalidad de las capas intermedias en torno al proletariado y la juventud y pujanza del socialismo que era identificado con los más románticos ideales del liberalismo, 3) la debilidad de las fuerzas militares y el armamento de la burguesía. (En su época no existía el imperialismo). Cuando en 1895, Engels hace el balance de las grandes revoluciones obreras habidas en el siglo, hace un replanteo de esta estrategia a la luz de los siguientes cambios producidos -desde que él y Marx la elaboraron hasta este momento-: 1) ya en 1849 “la burguesía se había colocado en todas partes al lado de los gobiernos”; además “una insurrección con la que simpaticen todas las capas del pueblo se da ya difícilmente; en la lucha de clases, probablemente ya nunca se agruparan la capas medias en torno al proletariado de un modo tan exclusivo que el partido de la reacción que se congrega en torno a la burguesía, constituya, en comparación con aquellas, una minoría insignificante. El “pueblo” aparecerá, pues, siempre dividido, con lo que faltará una formidable palanca, que en 1848 fue de una eficacia extrema”; por último “la barricada había perdido su encanto; el soldado ya no veía detrás de ella al pueblo, sino a rebeldes, a agitadores, a saqueadores, a partidarios del reparto, la hez de la sociedad”. 2) el crecimiento de los ejércitos y la preparación especial para la lucha contrarrevolucionaria. 3) el desarrollo de los ferrocarriles que otorgaban capacidad de grandes concen99

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traciones militares en poco tiempo. 4) la aparición del fusil a repetición muy superior a las escopetas de caza, incluso “a las carabinas de lujo de las armerías” y el nuevo trazado de las calles, “largas, rectas y anchas, como de encargo para la eficacia de los nuevos cañones y fusiles”. La conclusión que saca Engels de su propio análisis es la siguiente: “La época de los ataques por sorpresa, de las revoluciones hechas por pequeñas minorías conscientes a la cabeza de las masas inconscientes, ha pasado. Allí donde se trate de una transformación completa de la organización social, tienen que intervenir directamente las masas, tienen que haber comprendido ya por sí mismas de que se trata, porque dan su sangre y su vida”. “Por tanto, una futura lucha de calles sólo podrá vencer si la desventaja de la situación (se refiere a los puntos más arriba enumerados) se compensa por otros factores. Por eso se producirá con menos frecuencia en los comienzos de una gran revolución, que en el transcurso ulterior de ésta y deberá emprenderse con fuerzas más considerables y estas deberán, indudablemente (...), preferir el ataque abierto a la táctica pasiva de barricadas” (los subrayados son nuestros). Consecuente con este análisis, Engels preconiza la importancia de que la social-democracia europea aproveche la posibilidad de crecimiento que le otorga la legalidad, “la utilización del sufragio universal”, ya que “los socialistas van dándose cada vez más cuenta de que no hay para ellos victoria duradera posible a menos que ganen de antemano a la gran masa del pueblo lo que aquí equivale a decir, los campesinos. El trabajo lento de propaganda y la actuación parlamentaria se han reconocido también aquí (en Francia) como la tarea inmediata del partido”. La dirección oportunista de la social-democracia alemana, aprovechó este trabajo de Engels, al que incluso publicó en forma fragmentaria y desfigurada, “escogiendo todo lo que podía servirle para defender una táctica de paz a ultranza y contraria a la violencia”, (carta de Engels a P. Lafargue, del 3 de abril de 1895). No decimos que el trabajo de Engels haya provocado la degeneración reformista de la social-democracia europea; esta degeneración se produjo por causas sociales, pero apoyándose entre otras cosas en él, la social-democracia alemana desarrolló toda su concepción parlamentaria y reformista. LENIN Contra el reformismo de la social-democracia, elaboró para las condiciones concretas de Rusia una nueva estrategia de poder, que si bien tomaba elementos de la concepción clásica, difería fundamentalmente de ésta en varios aspectos. Continúa la concepción clásica de poder al considerar que en condiciones concretas de Rusia, la toma de poder se produciría mediante una insurrección 100

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general, de carácter obrero y urbano, en la cual la clase obrera acaudillaría al campesino que se encontraba desarrollando su propia revolución agraria, y en forma similar a las grandes revoluciones europeas del siglo anterior, ganaría sectores amplios del ejército zarista y con las armas y soldados ganados a éste, instauraría el poder revolucionario. Pero Lenin introduce varios elementos nuevos en la concepción de la insurrección: 1) La victoria de la Revolución no se producirá como consecuencia de una acción insurreccional rápida, sino que será el resultado de una guerra civil prolongada. Ante la apreciación de Kautsky: “la futura revolución... se parecerá menos a una insurrección por sorpresa contra el gobierno que una guerra civil prolongada”, Lenin responde: “En efecto, así sucedió ¡Así sucederá también en la futura revolución europea! (Lenin: “Informe sobre la Revolución de 1905”, 9-1-17). ¿Qué característica tendría para Lenin esta guerra civil prolongada? En su trabajo “La guerra de guerrillas” escrito en 1906 lo explica del siguiente modo: “Las formas de lucha de la revolución rusa se distinguen por su gigantesca variedad, en comparación con de las revoluciones burguesas de Europa. Esto ya lo había previsto en parte Kautsky, cuando dijo en 1902, que la futura revolución (a lo que añadía: tal vez con excepción de Rusia) sería no tanto la lucha del pueblo contra el gobierno, como la lucha entre dos partes del pueblo. No cabe duda de que en Rusia nos encontramos con un desarrollo más extenso de esta segunda lucha que en las revoluciones burguesas occidentales...”. “Es completamente natural e inevitable que la insurrección revista las formas más altas y complicadas de una larga guerra civil extensiva a todo el país, es decir, de una lucha armada entre dos partes del pueblo. Esta guerra no podemos concebirla más que como una larga serie de grandes batallas separadas unas de otras por períodos de tiempo relativamente largos, y una gran cantidad de pequeños encuentros librados a lo largo de estos intervalos. Y siendo esto así, -como así es, indudablemente- la social-democracia debe indefectiblemente plantearse como tarea la creación de organizaciones capaces de dirigir en el mayor grado posible a las masas, tanto en las grandes batallas como, dentro de lo posible, en los pequeños encuentros”. Lenin consideraba que la insurrección triunfaría después de una guerra civil prolongada, porque sostenía que el proletariado partía de una situación de debilidad, frente a un poder estatal fuerte y poderosamente organizado. Que en el curso de la guerra civil prolongada el proletariado iría adquiriendo fuerza y experiencia, iría formando un partido fuerte, templado en la acción, clandestino y centralizado, y a la vez, un ejército revolucionario templado tanto en las “grandes batallas” de las épocas de auge revolucionario, como en la “gran cantidad de pequeños encuentros” (guerra de guerrillas) librados en los largos períodos de 101

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retroceso revolucionario. Cuando el proletariado hubiera adquirido la suficiente experiencia, creado su partido fuerte y templado y su ejército revolucionario; cuando la burguesía se hubiera descompuesto suficientemente, principalmente su ejército y se hubiera enajenado el apoyo de las capas intermedias; recién entonces la insurrección triunfaría. Para Lenin, entonces, la revolución era una espiral ascendente, con ascensos revolucionarios, descensos provocados por los fracasos, pero en los cuales las clases revolucionarias conservaban un nivel superior de experiencia y organización que las colocaba en un escalón superior para el nuevo ascenso. Esta espiral sólo podía cortarse si la burguesía lograba resolver los problemas de desarrollo de las fuerzas productivas. 2) Lenin, juntamente con Trotsky, determinan las condiciones generales para el triunfo de la revolución en Rusia (extensibles en general, a la Europa de su tiempo). Estas eran las siguientes. Primera: “La incapacidad del régimen social existente para resolver los problemas fundamentales del desarrollo de un país (Trotsky. Historia de la Rev. Rusa. T. II). Segunda: La existencia de “una clase capaz de tomar las riendas de la nación para resolver los problemas planteados por la historia” (Ídem). Esta clase, el proletariado, sería “capaz” de tomar las riendas de la nación cuando tuviera una “nueva consciencia política” (revolucionaria), hubiera creado un partido y un ejército revolucionario y organismos de poder dual. Tercera: “el descontento de las capas intermedias” y “su inclinación a sostener la iniciativa audazmente revolucionaria del proletariado” (Ídem). Cuarta: “el partido revolucionario, como vanguardia sólidamente unida y templada de la clase” (Ídem). Quinta: “la combinación del partido con los soviets o con otras organizaciones de masas que de un modo u otro los equivalgan” (Ídem); y Sexta: la existencia de un ejército revolucionario ya que, “sin ese ejército la victoria de la insurrección es imposible” (Lenin: “La última palabra de la táctica Iskrista”). 3) Podemos decir que los elementos tácticos de fundamental importancia que Lenin agrega a la concepción clásica (tácticos porque son subordinados a la estrategia de guerra civil prolongada) son los siguientes: a) el ya conocido planteo de la necesidad de un fuerte partido centralizado, clandestino y dirigido por profesionales, b) que la lucha armada se libra en todas las etapas, tanto en las “grandes batallas”, como en las épocas de retroceso bajo la forma de “una gran cantidad de pequeños encuentros” (denominados por Lenin, guerra de guerrillas), c) la necesidad para la victoria de la revolución, de un ejército revolucionario, organizado a partir de la preparación militar del propio partido y la creación de destacamentos armados del proletariado (para lo cual el partido debía llevar una incasable tarea de propaganda, agitación y organización), que 102

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irían haciendo su experiencia militar en múltiples “acciones guerrilleras”, en el “proceso difícil, complejo y largo de la guerra civil prolongada” y que en el alza insurreccional lograrían el armamento del proletariado y el paso a su bando de sectores del ejército reaccionario. Estos destacamentos actuarían bajo la orientación del partido y sus acciones tenderían no sólo a su desarrollo militar, sino al aseguramiento de la actividad partidaria mediante la eliminación física de sus enemigos y el apoyo financiero mediante las expropiaciones, d) el llamado a la insurrección general sólo debía hacerse cuando hayan “madurado las condiciones generales de la revolución”, cuando se “hayan revelado en formas definidas el estímulo y la disposición de las masas a la acción”, cuando “las circunstancias exteriores (objetivas) hayan desembocado en una crisis evidente” y cuando existiera “un ejército revolucionario fuerte y preparado”. 4) Desde el punto de vista estrictamente militar, Lenin hace un extraordinario aporte táctico. Vimos que Engels había demostrado la imposibilidad de defender posiciones militares, al menos en las primeras etapas de la revolución, cuando el ejército burgués aún no había entrado en una crisis total. Pero Engels no dio una solución militar a este problema. Lenin parte de la conclusión fundamental alcanzada por Engels: “La táctica militar depende del nivel de la técnica militar” y lo desarrolla así: “la técnica militar no es hoy igual que a mediados del siglo XIX. Sería una necedad oponer la muchedumbre a la artillería y defender las barricadas a tiro de revolver. Kautsky tenía razón al escribir que ya es hora, después de Moscú de revisar las conclusiones de Engels y que Moscú ha hecho surgir “una nueva táctica de barricadas”. Esta táctica era la de la guerra de guerrillas. La organización que dicha táctica imponía eran los destacamentos móviles y extraordinariamente pequeños: grupos de diez, de tres e incluso de dos hombres”. (“Enseñanzas de la insurrección de Moscú”, 29-8-05). Como vemos Lenin es el descubridor y propulsor de la guerrilla urbana, reemplazando con ella la guerra de posiciones que había tratado de sostener hasta entonces el proletariado contra ejércitos superiores en armamento y organización. Cuando se dan el cúmulo de condiciones y situaciones previstas por Lenin, la revolución triunfa. Posteriormente a ese triunfo se organiza el Ejército Rojo y su columna vertebral pasa a ser constituida por el viejo ejército revolucionario (o Guardia Roja) construido por los bolcheviques en el curso de la revolución. La guerra civil y antiimperialista, se produce después de la toma del poder, para responder a la agresión combinada de sectores de la burguesía rusa y el imperialismo. Toda la concepción estratégica y táctica del leninismo condujo a la clase obrera y al campesino ruso al triunfo, se reveló correcta en la práctica, último criterio de verdad para el marxismo, porque partía de una caracterización justa de la dinámica de la revolución y del nivel de la técnica militar de su época. 103

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Lenin estableció con precisión cuál era la clase de vanguardia en la sociedad rusa: el proletariado industrial y cuál era su sector de vanguardia: el proletariado de Petrogrado, Riga y Varsovia; cuál su aliado fundamental: el campesino y cuál la forma de destruir el ejército de la burguesía: el trabajo político sobre su amplia base de soldados obreros y campesinos, combinados con enfrentamientos directos, con una “guerra de guerrillas” llevada a cabo por los destacamentos armados del proletariado, en el curso de la cual se construyó el ejército revolucionario que fue la “fuerza material” que aseguró la victorias de la revolución. Toda esta concepción se ajustaba como un guante a las condiciones de Rusia, país agrario de desarrollo capitalista, con un gobierno autocrático que arrojaba amplios sectores de las clases medias en brazos del proletariado, con un ejército desgastado en años de guerra inter-imperialistas, cuya base estaba constituida por soldados obreros y campesinos sedientos de “pan, paz y tierra” y en una época en que la revolución tenía que vérselas fundamentalmente con sus enemigos nacionales y con su ejército, cuyo armamento y técnica eran acordes con el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales, ya que las contradicciones inter imperialistas impedían la existencia de un gendarme de la contra revolución mundial. TROTSKISMO Nuestro movimiento surge luchando por mantener vivas las concepciones revolucionarias del marxismo-leninismo, en la etapa de degeneración del marxismo bajo la égida del stalinismo y de aplastamiento de la revolución europea. Su programa para esta última, y para la lucha contra el fascismo fue esencialmente correcto; pero la liquidación física de sus mejores cuadros por la represión fascista y stalinista, debilitó hasta la agonía las posibilidades de vinculación del programa correcto con las masas: la organización revolucionaria. Nuestro Programa de Transición es muy cauto en el desarrollo de los problemas estratégicos de poder, y los resuelve planteando que “es imposible prever cuáles serán las etapas concretas de la movilización revolucionaria de las masas” por un lado y desarrollando del modo más perfecto logrado hasta el presente por el marxismo, las tareas transitorias del proletariado, entre ellas la creación de destacamentos armados y milicias obreras, como embriones del futuro ejército proletario. En donde se torna evidente la ausencia de una clara estrategia de poder de nuestro movimiento, es en los países atrasados; donde la revolución tiene un carácter agrario y antiimperialista. Nuestro Programa Transitorio resuelve el problema dando las consignas esencialmente correctas: revolución agraria, 104

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independencia nacional, asamblea nacional; pero yerra en la apreciación de cuáles son las formas de lucha adecuadas y las etapas futuras de la revolución. Es decir: subestima el papel del campesinado, ignora el papel de la guerra de guerrillas como método de construcción del ejército revolucionario en el campo, y no plantea el carácter de guerra revolucionaria civil y nacional -de carácter prolongado- que tendría la revolución en los países agrarios, coloniales o semicoloniales. Lo que es fundamental es que nuestro movimiento reivindicó siempre la lucha armada, la necesidad de armar al proletariado y de crear nuevos organismos armados de la clase obrera; a diferencia de algunos de sus actuales epígonos que consideran ultraizquierdista todo intento de organizar y preparar nuevos organismos armados en el seno de la clase obrera con lo cual se colocan varios pasos atrás de la vieja concepción social-demócrata. Veamos pues cómo se plantea el armamento del proletariado y la creación de los organismos armados en el programa de transición: “los demócratas pequeñoburgueses -incluso los socialdemócratas, los socialistas y los anarquistas- gritan más estentóreamente acerca de la lucha contra el fascismo cuanto más cobardemente capitulan ante el mismo. Las bandas fascistas sólo pueden ser contrarrestadas victoriosamente por los destacamentos de obreros armados que sientan tras de sí el apoyo de millones de trabajadores. La lucha contra el fascismo no se inicia en la redacción de una hoja liberal, sino en la fábrica y termina en la calle. Los elementos amarillos y los gendarmes privados en las fábricas son las células fundamentales del ejército del fascismo. Los piquetes de huelga son las células fundamentales del ejército del proletariado. Por allí es necesario empezar. Es preciso inscribir esta consigna en el programa del ala revolucionaria de los sindicatos”. “En todas partes donde sea posible, empezando por las organizaciones juveniles, es preciso constituir prácticamente milicias de autodefensa, adiestrándolas en el manejo de armas”. “La nueva ola del movimiento de masas no sólo debe servir para aumentar el número de esas milicias, sino también para unificarlas por barrios, ciudades o regiones. Es preciso dar una expresión organizada al legítimo odio de los obreros en contra de los elementos rompehuelgas, las bandas de los pistoleros y fascistas. Es preciso lanzar la consigna de la milicia obrera, como única garantía seria de la inviolabilidad de las organizaciones, de las reuniones y de la prensa obreras”. “Sólo gracias a un trabajo sistemático, constante, incansable, valiente en la agitación y la propaganda, siempre en relación con la experiencia de la masa misma, pueden extirparse de su conciencia las tradiciones de docilidad y pasividad; educar destacamentos de heroicos combatientes, capaces de dar el ejemplo a todos los trabajadores; infligir una serie de derrotas tácticas a las bandas de la contrarrevolución; aumentar la confianza en si mismos de los explotados; desacreditar el fascismo a los ojos de la pequeña 105

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burguesía y despejar el camino para la conquista del poder para el proletariado”. (los subrayados son nuestros). Como vemos, si bien nuestro movimiento no tuvo una estrategia de poder clara y precisa; es un hecho irrefutable que el Programa de Transición plantea la exigencia, con fines de autodefensa y como embriones del futuro ejército del proletariado, de creación de los destacamentos armados del proletariado. MAOÍSMO Mao elabora su estrategia de poder a partir de una caracterización de la revolución china y de su vanguardia. Señala las siguientes características de su revolución: 1) China es “un vasto país semicolonial, desigualmente desarrollado en lo político y en lo económico y que ha pasado por una gran revolución”. 2) “La revolución agraria”. De estas dos características, Mao extrae la conclusión siguiente: luego de la derrota de la revolución obrera y urbana y de resultas de la cual surgió el Ejército Rojo, producto de una división del Ejército nacional revolucionario (Ejército del Kuomintang, partido de la burguesía antifeudal china); el Partido y el Ejército Rojo, deben aprovechar el desarrollo desigual de China y la vastedad de su territorio, dedicándose a establecer “bases” revolucionarias en los territorios más alejados, sin vías de comunicación, más inaccesibles para los ejércitos reaccionarios. Desde estas “bases” organizar el poder revolucionario apoyándose en la revolución agraria y desarrollar el Ejército Rojo hasta que este fuera lo suficientemente fuerte como para “cercar a las ciudades con las fuerzas del campo”. Según Mao esto era posible, porque “China ha pasado por una gran revolución (1925-27) que ha echado las bases del Ejército Rojo, del Partido Comunista chino que dirige al Ejército Rojo y de las masas que han participado en la revolución”. 3) La tercera característica es “el gran poderío del enemigo”. 4) La cuarta es que el Ejército Rojo es débil y pequeño. De estas dos características Mao sacaba la conclusión de Lenin: la revolución será una guerra prolongada. La forma concreta sería la de “contra campaña a las campañas de cerco y aniquilamiento del enemigo”. “Las contracampañas también tendrían las características de cercar y aniquilar a las fuerzas del enemigo”. (Las citas son de “Problemas estratégicos de la guerra de guerrillas”). Así Mao toma los elementos fundamentales de la estrategia de poder leninista: lucha armada permanente dirigida por el partido, guerra civil prolongada y guerra de guerrillas. Y basado en consideraciones geográfico-sociales (existencia en China de regiones inaccesibles para el ejército reaccionario y carácter agrario de la revolución), y técnico-militares (imposibilidad de enfrentar un ejército fuerte, poderosamente armado, en las ciudades y en la guerra de posi106

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ciones), traslada el eje de estas concepciones, -la revolución obrera y urbana- a la revolución agraria y campesina. Su concepción de la “guerra prolongada”, que en Lenin era una espiral ascendente, con alzas del proletariado urbano, retrocesos que lo colocan en un escalón superior para una nueva alza, puede representarse con una línea zigzagueante y quebrada, también ascendente. El Ejército Rojo iría creciendo cuantitativamente en “mil batallas tácticas”, libradas contra el enemigo, avanzaría en forma zigzagueante para ir directamente a su objetivo, su crecimiento se daría en forma relativamente independiente a la alzas y bajas del proletariado y el campesinado (aunque estas influyeran en su fortificación). Durante la primera etapa de la guerra civil revolucionaria, que se extiende de 1928 hasta 1936, año en que se produce la intervención del imperialismo japonés Mao da gran importancia a las luchas del proletariado urbano, aunque siempre, claro está, subordinadas a la estrategia de construcción del Ejército Rojo en la guerra civil prolongada, de guerrillas y campesinas; luego, al producirse la intervención del imperialismo japonés, Mao da menor importancia a las posibilidades de un levantamiento armado del proletariado urbano, -controlado y diezmado por la ocupación japonesa en las grandes ciudades- y las subordina a que el ejército campesino tenga suficiente fuerza como para cercar las ciudades. Para Mao las condiciones generales de la victoria de la revolución, analizadas por Lenin y Trotsky para Rusia, varían fundamentalmente para China. Por empezar, la revolución china se encuentra en una situación distinta: 1) debe luchar contra un ejército imperialista de ocupación (el japonés), antes de que la revolución haya tomado el poder; 2) el ejército revolucionario tiene un carácter distinto de la Guardia Roja de Rusia, tanto en su aspecto organizativo técnico como en su forma de combatir (guerra de movimientos y guerrilla campesina) aunque también se apoyó en soviets obreros y campesinos; 4) las características de clase de la revolución son distintas. De allí que Mao estime necesario otras condiciones para la expulsión del ejército japonés y el triunfo de la revolución, a saber: Primera: la creación de un frente único antijaponés en China. Segunda: la formación de un frente único antijaponés internacional. Tercera: el ascenso del movimiento revolucionario del pueblo japonés y de los pueblos de las colonias japonesas. Cuarta: crecimiento de las bases revolucionarias y del Ejército Rojo hasta que sea posible de derrotar al ejército japonés y al ejército de la gran burguesía china y después, rodear a las ciudades con el ejército campesino y tomarlas, llamando a la insurrección. (Mao: “La guerra prolongada”). Tanto Mao como los vietnamitas distinguen cuidadosamente como lo hiciera Lenin lucha armada de insurrección general. El PC vietnamita y el Viet Minh, por ejemplo, se opusieron durante los seis años que duró la guerra de 107

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guerrillas antijaponesa (1939-1945), a las tendencias que urgían a un llamado a la insurrección general del pueblo por considerarla una posición aventurera. Recién en Agosto de 1945, cuando se había desarrollado un poderoso ejército revolucionario después de 6 años de guerra, los japoneses se habían retirado y los ejércitos de Chiang amenazaban con pasar las fronteras en alianza con las débiles fuerzas expedicionarias del imperialismo francés; recién entonces, Ho Chi Min hace el llamado a la Insurrección general y la insurrección triunfa. VALORACIÓN DEL TROTSKISMO Y MAOÍSMO Aunque no contamos con el tiempo suficiente para la exposición ordenada y fundamentada que es necesaria y que desde ya prometemos, nos resulta imprescindible adelantar nuestra valoración del trotskismo y el maoísmo -que es notoriamente distinta a la sostenida por Trotsky y todo el trotskismo, como así a la valoración de Mao- para hacer comprensible una cantidad de referencias contenidas en este trabajo. Para nosotros desde la muerte de Lenin y posterior consolidación del stalinismo, no hubo una sola corriente que mantuvo viva las tradiciones y concepciones marxistas-leninistas, sino dos. No fue sólo Trotsky y el trotskismo quien conservó y desarrolló el marxismo revolucionario frente a la degeneración stalinista, como tradicionalmente se ha afirmado en nuestro Partido y en nuestra Internacional. Similar rol jugó Mao Tsé Tung y el maoísmo. Con una particularidad; ninguno de los dos se elevó a una comprensión, aplicación y desarrollo del conjunto del leninismo, sino que cada uno lo hizo con respecto a una parte, en forma parcial, incompleta. Trotsky y el trotskismo, desarrollaron la teoría de la revolución permanente llegando a una comprensión más acabada de la complejidad y dinámica de los procesos sociales, entendiéndolos siempre como proceso de conjunto y analizándolos desde un punto de vista general. No es casual que todo el trotskismo, desde el punto de vista de una perspectiva general de la lucha de clases de conjunto, a nivel mundial y continental, ha llegado a importantes aciertos y conclusiones, ampliando de esa forma la visión de los revolucionarios. Trotsky y el trotskismo aportaron también al marxismo -creadoramentesu análisis de la burocracia soviética y a partir de él una ajustada teoría del carácter y rol de los aparatos burocráticos. Mao y el maoísmo continuaron el leninismo en la teoría y la práctica de la toma del poder, que no es otra cosa que la aplicación del marxismo revolucionario a la situación de un determinado país en la perspectiva del poder obrero; 108

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el “análisis concreto de situaciones concretas” que Lenin definió como “el alma viva del marxismo”, la aplicación creadora de la teoría revolucionaria a la realidad concreta de una revolución ampliamente estudiada, conocida y protagonizada. Como dice el propio Mao “la fusión de la verdad general del marxismo con la práctica concreta de la revolución china”. Mao y el maoísmo continuaron y desarrollaron el marxismo-leninismo, creadoramente, con la teoría de la guerra revolucionaria popular, de la necesidad de una ejército revolucionario para derrotar al ejército contrarrevolucionario, de la construcción de ese ejército en el campo, en un proceso prolongado, donde las fuerzas revolucionarias parten de lo pequeño hacia lo grande, de lo débil hacia lo fuerte, mientras las fuerzas reaccionarias van de lo grande a lo pequeño, de lo fuerte a lo débil, y donde se produce el salto cualitativo de la insurrección general, cuando las fuerzas revolucionarias han pasado a ser más fuertes. Ambos, el trotskismo y el maoísmo se ignoraron mutuamente. Es más, algunos trotskistas siguen considerando al maoísmo parte del stalinismo y en consecuencia como corriente contrarrevolucionaria; y el maoísmo a su vez, sigue considerando al trotskismo como una corriente provocadora agente del capitalismo y del imperialismo. Hoy, la tarea teórica principal de los marxistas revolucionarios, es fusionar los aportes del trotskismo y el maoísmo en una unidad superior que significará un retorno pleno al leninismo. El desarrollo de la revolución mundial lleva inevitablemente a ese logro, como lo indican los avances unilaterales del maoísmo hacia la asimilación del trotskismo (ruptura con la burocracia soviética, revolución cultural); los avances del trotskismo hacia una incorporación de los aportes maoístas (teoría de la guerra revolucionaria) y sobre todo los esfuerzos de la dirección cubana por llegar a esa unidad superior. CASTRISMO En los últimos tiempos, anda muy en boga en nuestro Partido, la afirmación, -que tiene un fuerte tufito a demagogia u oportunismo- de “nuestro acuerdo estratégico con el castrismo”. Pero ocurre que aún no hemos precisado con claridad cuál es la “estrategia del castrismo”, más bien se ha hecho un lindo embrollo considerando aspectos tácticos como si fueran los fundamentales (nuestras “críticas” a la teoría del foco) y pretendiendo demostrar -sin el menor análisis serio y con una pedantería propia de intelectuales pequeño burgueses- que el “castrismo” era un “movimiento empírico” que se está “elevando” a nuestras concepciones. En realidad, el castrismo, sin la claridad teórica y la pureza de “método” de los grandes marxistas revolucionarios del pasado -pero con muchísima más que 109

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nuestros teóricos- desde hace años ha venido desarrollando una clara estrategia mundial y continental para la lucha revolucionaria, que aún no ha sido discutida y asimilada seriamente por nuestro Partido. En forma de breves tesis trataremos de resumir sus aspectos fundamentales estratégicos y tácticos. 1) Para el castrismo (no hacemos distinción alguna entre castrismo y guevarismo, porque la distinción es falsa), la revolución ha entrado en su “etapa final de lucha contra el imperialismo”. El castrismo parte de un análisis mundial de conjunto y responde con una estrategia mundial revolucionaria: “Hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo” (Che Guevara: Mensaje a la Tricontinental). Así, el castrismo parte del hecho verdaderamente nuevo que se produce en la posguerra: las contradicciones inter imperialistas se han tornado secundarias. Hoy, los revolucionarios no podemos contar ya con las guerras interimperialistas como importante factor para la victoria de la revolución que tanto favoreciera a las revoluciones chinas, rusa y de Europa oriental. Por lo tanto se ha tornado muy difícil el triunfo de la revolución en un país por separado: hoy el imperialismo “hay que batirlo en una gran confrontación mundial”. 2) La táctica que responde a esta estrategia mundial es la creación de “dos, tres, muchos Vietnam”. Esta consigna es tan clara como el agua y sin embargo no ha sido aún asimilada medianamente. ¿Por qué el Che dice dos, tres, muchos Vietnam, y no dos, tres, muchas Cubas? Porque reconoce la excepcionalidad de la revolución cubana que no volverá a repetirse. Porque del análisis estratégico, de conjunto de la revolución mundial prevé la inevitable intervención del imperialismo antes de la toma del poder por la revolución; y la transformación de ésta en guerra prolongada antiimperialista, de una o varias naciones ocupadas por el ejército yanqui: “si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles y exigirán nuevos envíos de tropas de los yanquis… ”. “Poco a poco, las armas obsoletas que bastan para la represión de pequeñas bandas armadas, irán convirtiéndose en armas modernas y los grupos de asesores en combatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se vean obligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares para asegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejército nacional títere se desintegra ante los combates de las guerrillas. Es el camino del Vietnam; es el camino que deben seguir los pueblos; es el camino que seguirá América, con la característica especial de que los grupos en armas pudieran formar algo así como juntas de coordinación para hacer más difícil la tarea represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa”. “América… tendrá una tarea de mucho mayor relieve: la de la creación del segundo o tercer Vietnam 110

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o del segundo y tercer Vietnam del mundo”. (Che ídem). “Sinteticemos así nuestra aspiración de victoria: destrucción del imperialismo mediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los EE UU de Norteamérica. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno por uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno, liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes”. “Eso significa una guerra larga. Y, lo repetimos una vez más, una guerra cruel. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria”. (Che ídem). En esta estrategia mundial de lucha revolucionaria, lo fundamental es la revolución socialista y antiimperialista en “los territorios dependientes”, siendo todavía secundario el papel que puedan jugar las masas de las metrópolis imperialistas que, aún no han producido movimientos revolucionarios de significación y que gozan de la relativa estabilidad interior de las metrópolis. Pero de modo alguno el castrismo ignora el papel que en los próximos años pueden comenzar a jugar los pueblos de las metrópolis imperialistas, en especial Europa. “La tarea de liberación espera aún a países de la vieja Europa suficientemente desarrollados para sentir las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar su ruta. Allí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo para sus problemas, y por ende la solución de los mismos, es diferente a la de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente”. (Che ídem). El castrismo también ha comenzado a prestar atención al movimiento negro de los EEUU, pero sin sobrestimar sus posibilidades, porque esas sobrestimaciones introduciría un elemento de confusión respecto a las características de la actual etapa de la revolución mundial, que es aún fundamentalmente socialista y antiimperialista en los países dependientes, y lo será por un largo período, a menos que se produzca una catástrofe en la economía capitalista, catástrofe que hoy no está a la vista, o un desarrollo abruptamente acelerado de la revolución colonial. Aún más cautelosa es la posición del castrismo hacia el movimiento pro-paz en EEUU. Si bien lo alienta permanentemente, no sobrestima sus posibilidades revolucionarias porque introduciría, como toda sobreestimación, otro elemento de confusión en su concepción estratégica. 3) En relación con esta estrategia mundial, el castrismo distingue tres continentes, en los cuales la lucha revolucionaria es una parte táctica de ese todo que es la revolución mundial. Los continentes son Asia, África y América Latina. Para cada uno de ellos, el castrismo define a su vez, una estrategia continental de lucha revolucionaria, pero lo hace en especial para América Latina. 111

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“El campo fundamental de explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, Asia, América y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes en su conjunto, también las presentan. América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de sus territorios los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta”. (Che ídem). En primer lugar el castrismo determina el carácter de la revolución latinoamericana: socialista y antiimperialista. En segundo lugar determina su carácter de clase: campesino, obrero y popular. “Las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola”. (Che ídem). En tercer lugar determina el carácter continental de la lucha, pero señalando claramente que dentro de esa estrategia continental, debe partirse del desarrollo de las revoluciones nacionales y regionales que si bien son tácticas en relación con la estrategia, constituyen la forma adecuada de comenzar la lucha. Así, cada país y cada región del continente, si bien son partes tácticas del todo, que es la estrategia continental, requieren a su vez una estrategia específica regional y nacional, cuya determinación es propia también de los revolucionarios de cada país y región, aunque por supuesto, en el marco de una organización revolucionaria continental que es la Olas. Tener una estrategia continental, no significa para el castrismo que la lucha ya haya adquirido dimensiones continentales; eso se logrará cuando la lucha revolucionaria en los países y regiones se desarrolle suficientemente: “Hemos sostenido desde hace tiempo que, dadas sus características similares, la lucha en América, adquirirá en su momento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad por su liberación”. “En el marco de esa lucha de alcance continental, las que actualmente se sostienen en forma activa son sólo episodios” (Che ídem). Así responde el Che por anticipado a las febriscentes interpretaciones de quienes hoy, un poco tarde y bastantes confundidos, descubren que en América Latina se vive “una guerra civil continental”, “apocalíptica”, etc.; cuando en realidad lo que existen son procesos revolucionarios nacionales, que se inscriben en una estrategia revolucionaria continental, posible gracias a la existencia de una dirección revolucionaria continental. 4) La táctica del castrismo para la estrategia continental, es la misma que para su estrategia mundial: “la creación del segundo o tercer Vietnam o del segundo y tercer Vietnam del mundo”. Esta, repetimos, es la tarea esencial de los revolucionarios en cada país y región. “Para la mayoría de los países del continente el problema de organizar, 112

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iniciar, desarrollar y culminar la lucha armada constituye hoy la tarea inmediata y fundamental del movimiento revolucionario”. (punto 7 del programa de la Olas). “A los pueblos de cada país y a sus vanguardias revolucionarias corresponderá la responsabilidad histórica de echar hacia adelante la revolución en cada uno de ellos”. (punto 9). Y, por fin, “la solidaridad más efectiva que pueden prestarse los movimientos revolucionarios entre sí, la constituye el desarrollo y la culminación de la propia lucha en el seno de cada país”. (punto 12). La forma concreta, política y militar, que adquirirá esa táctica revolucionaria continental, es la de una guerra prolongada cuyo principal pilar está constituido por los ejércitos guerrilleros, que deben construirse respetando las condiciones particulares de cada país y región. (“el desarrollo y organización de la lucha dependen de la justa selección del escenario dónde librarla y del medio organizativo más idóneo”. (Declaración de la Olas). Esta concepción se opone expresamente a las tendencias espontaneístas, que esperan un “reanimamiento espontáneo” de las clases revolucionarias y el triunfo de la insurrección en un período breve de tiempo. El Che lo dice expresamente así: “Los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos ni huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruye en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes”. Por otra parte, la dirección castrista ha avalado los siguientes párrafos de una carta del destacamento “Edgar Ibarra” al CC del PC Guatemalteco y al M-13 de Yon Sosa, donde se critica la concepción espontaneísta de la insurrección rápida del siguiente modo: “Toda esta posición, lleva, mediante una hábil maniobra, a quitarle el contenido revolucionario a la guerrilla; a negar su desarrollo hasta convertirse en el ejército del pueblo; a negar el papel del campesinado en la guerra revolucionaria de nuestros países; a negar la necesidad de la derrota militar del imperialismo y sus lacayos para arrebatarles el poder; a negar el carácter de guerra prolongada de la lucha armada y presentar ilusoriamente la perspectiva insurreccional a corto plazo”. Para el castrismo, entonces, el método, la táctica fundamental de la lucha, es la construcción del ejército revolucionario, a partir de la guerrilla. “La guerrilla como embrión de los ejércitos de liberación constituye el método más eficaz para iniciar y desarrollar la lucha revolucionaria en la mayoría de los países”. Pero sin desconocer otras formas de lucha armada, que si bien aún no están especificadas en su programa -quizás porque la realidad aún no nos indica cuáles son-, están implícitamente reconocidas al mencionarse la guerrilla campesina como una de las formas de lucha armada, aunque la principal. 113

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En sus últimas declaraciones y planteos, el castrismo menciona la guerrilla en un sentido más general, que el que le asignaba anteriormente. (Teoría del foco). Deja así las puertas abiertas al surgimiento de otras formas de guerra de guerrillas, sin limitarse exclusivamente a la teoría del foco. La discusión alrededor de la teoría del foco, se torna entonces, cada día más secundaria, quedando librado a los revolucionarios de cada país y cada región establecer la forma más conveniente de iniciar la lucha armada y la guerra de guerrillas, siempre, claro está, que se dispongan a iniciarla. 5) Una cuestión que debe señalarse como parte integrante de la concepción revolucionaria del castrismo, es el planteo de la unidad político-militar de la dirección revolucionaria. Esta, si bien no puede ubicarse como una cuestión integrante de la táctica o estrategia del castrismo, es una cuestión de principios muy importante y que también es bastante confundida por algunos “teóricos”. No se refiere específicamente al viejo problema planteado por el leninismo-trotskismo y luego por el maoísmo, de la relación entre el partido y el ejército. Esa discusión, en las condiciones actuales de América Latina es tan inútil como la vieja discusión del huevo y la gallina. El castrismo se encontró, como dirección revolucionaria ante una realidad objetiva que se la imponía: en América Latina no existen partidos revolucionarios fuertes; crearlos es una tarea que exige, en la época del gendarme mundial del imperialismo, una estrategia política y militar desde el inicio mismo de toda actividad revolucionaria. La tarea de construcción del partido y construcción de la fuerza militar para los verdaderos revolucionarios, van indisolublemente ligadas. Donde no existen partidos revolucionarios habrá que crearlos como fuerzas militares desde el comienzo. Donde existen y son débiles, habrá que desarrollarlos, pero transformándolos en fuerzas militares de inmediato, para que puedan responder a las exigencias que plantea una estrategia político-militar de poder en esta época. Para responder a esta necesidad es que el castrismo plantea la unidad político militar de la dirección revolucionaria ya que, en nuestra época la política y el fusil, no pueden ir separados. Otra cosa distinta es determinar quienes combaten con las armas en la mano en el seno de una organización revolucionaria y quienes cumplen otro tipo de funciones. Aún los foquistas más ortodoxos tienen organizaciones donde una mitad combate, y la otra cumple otro tipo de tareas. Este es un problema que debe ser resuelto de acuerdo a la estrategia y la táctica de la lucha que se den los revolucionarios en las condiciones de su país. Pero la unidad político militar de la dirección, es un principio general aplicable a todas las situaciones y no impone nada más que la exigencia de que la 114

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dirección del ejército y la del partido (suponiendo que existan ambos separados) sean una misma cosa. Quienes se oponen a esta concepción, lo hacen por que sostienen ideas reformistas sobre la construcción del partido revolucionario. Tal fue por ejemplo el planteo de la dirección del PC Venezolano, que con tanto entusiasmo apoya Moreno en sus “tesis” publicadas en Estrategia Nº 1. Los resultados a que llevó esta concepción están a la vista y pertenecen al dominio de toda la vanguardia revolucionaria Latinoamericana. 6) Una última cuestión merece señalarse. Si bien el castrismo considera que el lugar y método fundamental de construcción del ejército revolucionario es el campo y la guerra de guerrillas, y que sin la existencia de ese ejército es imposible la victoria de la revolución; otorga mayor importancia que el maoísmo a la lucha urbana. En Cuba y en todos los países en donde influye en la dirección de la guerra revolucionaria (Guatemala y Venezuela por ejemplo), el castrismo desarrolló fuertes aparatos armados en las ciudades que combaten tanto como la guerrilla en el campo. En Cuba, además, el castrismo llamó en dos oportunidades al proletariado a la huelga insurreccional, la primera en abril de 1958 con la oposición de Fidel que consideraba prematuro el llamado (y la huelga resultó un fracaso), y la segunda en diciembre de 1958, cuando ya el ejército de Batista se tambaleaba y el ejército rebelde marchaba sobre La Habana (en esta oportunidad la huelga coadyuvó a la caída del régimen). Tal es, en rasgos generales la estrategia y la táctica mundial, continental y regional del castrismo. De todos sus elementos, el menos importante, el que tiene carácter más táctico, es la teoría de la construcción del ejército a partir del foco. Esta teoría fue desarrollada por el castrismo a partir de su experiencia empírica como método más rápido y práctico de construir el ejército revolucionario. El Partido ha perdido años polemizando contra las lagunas y deficiencias de esta teoría, tan secundarias en la concepción general, estratégica y táctica del castrismo. Enredados en esta polémica mezquina, nosotros, los supergenios del marxismo revolucionario, nos hemos relamido con nuestros triunfos teóricos, ante ese “sectario” y “mecanicista”, “pequeño-burgués” de Guevara (adjetivos utilizados por el Sr. Moreno en sus trabajos de crítica al guevarismo) pero hasta ahora no hemos indicado prácticamente cuál es el método para suplir esa teoría, cuál es la forma adecuada de iniciar la lucha armada y de comenzar la construcción del ejército revolucionario, que los verdaderos teóricos prácticos del marxismo revolucionario (Lenin, Trotsky, Fidel, Mao y el Che) supieron crear, hacer combatir y llevar al triunfo. Y lo que es más grave, hemos mascullado con un bisbiseo confuso nuestro “acuerdo estratégico” con el castrismo, pero sin definir de un modo claro, preciso, tajante, nuestra posición ante las verdaderas concepciones estratégicas y tác115

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ticas del castrismo. Toda esa demagogia vergonzante debe terminar. Sólo tienen derecho a decir que tienen un “acuerdo estratégico” con el castrismo quienes comparten su estrategia y táctica de la revolución mundial y continental, resumidas en los 6 puntos anteriores, y demuestran con su praxis que lo hacen.

Capítulo II ¿TENÍA NUESTRO PARTIDO UNA ESTRATEGIA DE PODER? En uno de sus artículos más difundidos, el Gral. Giap, dirigente militar de la revolución vietnamita, comienza por señalar: “Nuestro Partido surgió cuando el movimiento revolucionario vietnamita estaba en pleno auge. Desde el comienzo dirigió a los campesinos, los impulsó a alzarse y a instaurar el poder de los soviets. Así, pues, tuvo conciencia rápidamente de los problemas que plantea el poder revolucionario y la lucha armada”. Nuestro Partido en cambio, surgió en momentos en que el movimiento revolucionario, en el sentido marxista, era prácticamente inexistente. Así, pues, no se ha visto enfrentado con los problemas que plantea el poder revolucionario y la lucha armada, en los últimos 25 años. Hoy, la profundidad de la revolución ideológica en la conciencia de la clase obrera y sectores de la pequeña burguesía, se manifiesta también en nuestro Partido, en el papel destacado que comienza a tener la discusión de “los problemas que plantea el poder revolucionario y la lucha armada”. Nuestra organización se desarrolló en el marco de dos grandes procesos históricos: 1) el peronismo, expresión burguesa y reformista de nuestra clase obrera, con su prolongación natural, la derrota de ésta en sus enfrentamientos con los sectores más reaccionarios de la burguesía y el imperialismo, y su posterior retroceso, y 2) el castrismo, dirección indiscutida de la revolución socialista en nuestro continente, al menos desde 1961 hasta la fecha. A estos dos grandes movimientos sociales que constituyen el marco histórico en el cual se desarrolla nuestro Partido, debemos agregar un tercer elemento superestructural: el trotskismo. La primera fuente histórica de nuestro Partido: su surgimiento durante el peronismo y el posterior retroceso de nuestra clase obrera, constituyen su más seria limitación para la elaboración de una estrategia de poder y lucha armada. La mayor parte de las presiones que han soportado nuestros cuadros y dirigentes en el curso de estos últimos años han sido reformistas, economistas y oportunistas. Estas presiones han creado ideas políticas erróneas, petrificadas hoy por el peso de la tradición, que debemos erradicar si queremos prepararnos para actuar como una real dirección revolucionaria en el nuevo período histórico. 116

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La segunda fuente histórica de nuestro Partido: el castrismo, movimiento revolucionario continental del cual nos consideramos parte, constituye un peligro de signo opuesto. La mala asimilación de la experiencia cubana ya nos provocó un desastre (1961-1962). Es que la dirección cubana, al enfrentarse con los problemas que plantea la lucha por el poder y la lucha armada, los resolvió en forma asombrosamente genial -elevándose últimamente a formular una estrategia mundial y continental correcta- pero no tomó en consideración las más ricas experiencias del marxismo revolucionario y su método de análisis. Su posterior intento de extender sus experiencias a todo el continente, sin formular un análisis concreto de las formas de acción revolucionaria necesarias ante cada situación nacional -combinada con la incapacidad de los partidos marxistas para cubrir ese déficit- originó muchos desastres, de los cuales no se eximieron ni nuestro Partido, ni ninguno de nuestros dirigentes. Nuestro Partido desde sus orígenes como grupo trotskista había sostenido la concepción -común a todo el trotskismo- de que el poder en nuestro país se lo tomaría a caballo de un alza revolucionaria de las masas obreras de los grandes centros urbanos, y había rebajado esa concepción por la omisión de dos condiciones básicas del leninismo, a saber: a) La revolución es una guerra civil prolongada. b) Es necesario el armamento y preparación militar previa del proletariado y de su partido, la construcción del ejército revolucionario. Esta concepción no influyó negativamente en la formación del Partido como organización revolucionaria, porque no obstruyó sino por el contrario impulsó la tarea número uno de esta etapa: la penetración en un movimiento de masas en pleno desarrollo. De ahí que aun careciendo de una estrategia de poder correcta, nuestro Partido haya logrado desarrollar los pilares básicos que nos caracterizaron como organización revolucionaria, que aún conservamos y que debemos seguir manteniendo: a) ligazón con el movimiento de masas y su vanguardia; b) parcial defensa y aplicación del trotskismo (con sus aciertos, errores y limitaciones); c) desarrollo -aunque deformado- de métodos bolcheviques de trabajo y organización partidaria. A) APERTURA HACIA UNA ESTRATEGIA DE PODER Bajo el impacto de la revolución cubana, de los éxitos de Hugo Blanco en el campo peruano, de las movilizaciones de los azucareros tucumanos, de la guerrilla de Uturunco y bajo la influencia personal de Abrahan Guillén, teórico de dicha guerrilla, “Palabra Obrera” dio un importante viraje en los años 1961-62, viraje que está fundamentado teóricamente en “La Revolución Latinoamerica117

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na” de Moreno, que en la práctica significó una desviación putchista del conjunto del Partido y culminó con la escisión del grupo Bengochea y un apresurado retorno a la concepción espontaneísta de la toma del poder. Este folleto estudia, desde un punto de vista general, algunos problemas teóricos planteados por el maoísmo y el castrismo, aunque no les da una respuesta contundente, precisa y lo que es más importante, no intenta su aplicación al análisis de realidades concretas, en primer lugar de nuestro país. De tal manera los problemas planteados en el folleto lo hacen positivo en cuanto abren una nueva perspectiva, pero insuficiente y germen de todo tipo de desviaciones, en cuanto tales problemas no encuentran una respuesta categórica y fundamentalmente en cuanto no son expuestos en relación a la situación concreta de un país. Este método de análisis, por otra parte, es típico de los intelectuales afectos a los esquemas teóricos grandilocuentes, pero incapaces de vincular con la práctica sus ideas. Impulsados por la valorización general y abstracta de la guerra de guerrillas y de la estrategia de los chinos y cubanos, contenida en “La Revolución Latinoamericana”, los mejores militantes de nuestra organización buscaron llevarla a la práctica. El Che Pereyra, Martorell, Creus y otros, tuvieron participación activa en la Revolución Peruana, donde llegaron a convertirse en verdaderos líderes revolucionarios de masas junto con Hugo Blanco. Pero sin el apoyo del Partido, aislados y abandonados por sus camaradas argentinos, sin una visión clara de los problemas que plantea la lucha armada y enfrentados en una dura lucha política con Moreno que renegó de inmediato de sus planteos teóricos cuando se trató de llevarlos a la práctica, fueron rápidamente abatidos por la represión2. Ángel Bengochea, Santilli y otros camaradas del Partido, también se vieron obligados de inmediato a romper con el teórico de “La Revolución Latinoamericana”. Su grupo fue expelido del Partido como un cuerpo extraño y, en el aislamiento, tuvo el trágico fin de calle Posadas, el 20 de julio de 1964. La etapa que comentamos de la historia de nuestro Partido debe ser definida como de apertura teórica a los grandes aportes del marxismo revolucionario contemporáneo desarrollados fundamentalmente por Mao Tsé Tung y los asiáticos en general. Pero esta apertura teórica duró pocos meses, porque su promotor renegó de inmediato de sus planteos y como ocurre frecuentemente en los procesos revolucionarios fueron otros los que pusieron su pellejo al ser2. Nuestro Partido dará a conocer a la brevedad un balance de la experiencia peruana por considerarla un hito fundamental en la revolución latinoamericana. También se darán a conocer todos los documentos y testimonios hasta hoy ocultados por la camarilla morenista, fiel imitadora de los métodos del stalinismo. 118

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vicio de esas ideas. En conjunto esta etapa es considerada por nosotros positiva; pudo haber sido un salto cualitativo en el Partido en la formulación de una estrategia de poder, pero fue frustrada momentáneamente. El IV Congreso debe concretar ese salto. B) RETORNO AL ESPONTANEÍSMO POSTERIOR AL FRACASO “PUTCHISTA”. La forma de borrar con el codo lo que se escribió con la mano, de dar la espalda a las concepciones planteadas en “La Revolución Latinoamericana” fue encontrada por Moreno, desarrollando una nueva teoría: de que las clases o sectores de clase y regiones de vanguardia variaban en forma permanente; que en un momento dado podía ser la vanguardia los trabajadores azucareros, otro momento los portuarios e insistió con el ejemplo de que en nuestro país en el año 58, la vanguardia habían sido durante un período los trabajadores bancarios. Esta teoría es recordada por nosotros, porque fue motivo de intensas discusiones y finalmente aceptada en los hechos aunque a regañadientes. Hoy, en este proceso de revolución ideológica, no dudamos en reconocer la teoría de la variación de clases y regiones, como el atajo teórico por el que Moreno cortó los vínculos con la perspectiva abierta por “La Revolución Latinoamericana” y retomó el viejo cauce de la estrategia espontaneísta de toma del poder. Las elecciones del 63 con el triunfo de Illia y su posterior ascensión al poder con la consecuente apertura de un proceso de legalidad retaceada que favoreció un reanimamiento de las luchas económicas (huelgas con ocupación de fábricas) y alejó las perspectivas armadas, la derrota del movimiento campesino en el Perú, los reveses sufridos por los “foquistas” son el marco político-social en que se produce el retorno a las concepciones espontaneístas, hito que es marcado por “Argentina un País en crisis”. Este libro contiene la estrategia espontaneísta de toma del poder que nuestro Partido ha sostenido en los últimos tres años, y que nuestro congreso IV debe enterrar y superar definitivamente. ¿Cuál es la perspectiva de poder que se da en “Argentina un País en crisis”? La transcripción de los escasos párrafos en que se toca este problema capital y el de la lucha armada, nos ayudarán. Dice Moreno: “Sólo nos falta un elemento para completar las perspectivas: prever el futuro del movimiento obrero y popular. Como la crisis económica y la ofensiva patronal no se detendrán (lo que significa superexplotación y carestía de la vida siempre creciente), las medidas defensivas de la clase obrera irán en aumento hasta que se obtengan algunos importantes triunfos que transformarán la actual 119

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etapa defensiva en ofensiva, que superará todo lo visto hasta ahora. Alrededor de esos conflictos quizá empiecen a surgir en los barrios acuerdos de comisiones, huelgas de solidaridad, interfabriles, nuevos plenarios de las 62. La clase dirá. Ni nosotros ni los activistas somos quienes para imponer una forma de organización. ¿Quién iba a prever que iban a surgir los plenarios de las 62? Nadie, aunque nosotros lo previmos. Es muy probable que surja la interfabril y de nuevo los plenarios de las 62. El proceso dirá a medida que empiecen a darse los primeros triunfos importantes. Si la patronal comienza a superar su crisis de coyuntura, es necesario ver hacia el futuro, es muy posible entonces que ceda un poco porque tiene trabajo, lo que posibilitará que el movimiento avance, dándose formas de organización superiores a todo lo visto anteriormente. El movimiento obrero se planteará en base a su experiencia y las nuevas formas organizativas, el problema del poder” (págs. 52 y 53). “No voy a referirme aquí a las magníficas posibilidades que tiene la guerra guerrillera rural, como expresión local, parcial de la lucha de las masas en ciertas regiones del país, ya que es un problema local a ser estudiado localmente, sino a la lucha guerrillera rural con su metafísica de las tres etapas y como espina dorsal de la organización de toda la lucha del movimiento de masas. Nosotros no creemos en esa ni en ninguna metafísica. Sostenemos por el contrario que la lucha revolucionaria en nuestro país, como en todos los demás, tendrá sus características específicas, totalmente distintas a las que adquirió esa lucha en los países en los que las masas trabajadoras ya tomaron el poder”. “Esas características están dadas por la combinación de los siguientes factores: la estructura económico-social del país, la tradición del movimiento de las masas trabajadoras y su vanguardia, la experiencia y solidez de los explotadores, incluida la clase media, y el reflejo en el propio país del desarrollo de la revolución mundial. En ningún país esa combinación puede dar el mismo resultado. En el nuestro, por ejemplo, la revolución no puede darse como en China, con un 80% de población campesina y una enorme frontera con Rusia, ya que tenemos un 80% de población urbana y estamos a miles de kms. de Rusia. Ni tampoco como en Cuba, donde se dio con el visto bueno de todos los países próximos, incluyendo EEUU, como lo reconoce el Che, de la masonería internacional, de los jesuitas y con el apoyo de los terratenientes y la clase media”. “Este llamado a la reflexión para la búsqueda del camino específico que tendrá la Revolución Argentina, está alerta contra la metafísica de un solo camino (el de las tres inexorables etapas), esta exigencia para que se respete el lenguaje, los métodos, la tradición de nuestro pueblo trabajador que no podrá ser dirigido a la revolución por más heroicos que sean, por los magníficos revolucionarios que en un lenguaje ininteligible les dicen: ‘Oye chico, no seas come mierda’, no es, no debe, ni puede ser un intento de frenar el gran aporte 120

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de la revolución cubana y de sus geniales líderes: La lucha armada como ingrediente fundamental, permanente, de las luchas de las masas latinoamericanas, incluidas las argentinas. ¡No! Ese llamado, alertas y exigencias son para mejor emplear la lucha armada y una de sus tantas variantes: la guerrilla rural”. “Nosotros creemos que la población rural, exceptuando la del noroeste del país, que significa alrededor del 2% de la población nacional, no será la última en reflejar el proceso revolucionario en oposición a la urbana y a la clase obrera, que serán las primeras. Estas ya han demostrado infinidad de veces su capacidad de lucha y rápida recuperación. Se trata ahora de acompañar, dirigir, empujar y garantizar esa lucha del movimiento obrero y la clase media urbana con la lucha armada, en este nuevo período que se abre. Porque vamos a dar la espalda a eso que forma parte de nuestra mejor tradición nacional. ¿Es que acaso esos magníficos revolucionarios que han perdido la lengua de nuestro pueblo y que derraman lágrimas de emoción por el terrorismo venezolano, ignoran que el terrorismo urbano peronista del 56 fue infinitamente superior a aquél? ¿Se olvidan también de las grandes huelgas anarquistas, comunistas o peronistas con acompañamiento de lucha armada? ¿Por qué no repetirlas, corregirlas y aumentarlas? ¿No es lastimoso renegar de esa magnífica tradición revolucionaria, en nombre de una metafísica, copia fiel de otra revolución?”. “Nosotros creemos que en la etapa de grandes luchas obreras que se está abriendo en el país, el acompañamiento armado es fundamental, decisivo, es el único que garantizará nuestra consigna fundamental para esta etapa”. “No se debe perder un solo conflicto más, preparar formas de lucha aún más decisivas y finalmente la toma del poder” (pág. 70-71). Despreciando toda la tradición del marxismo revolucionario, del leninismo y del maoísmo e incluso olvidando sus propias posiciones de la “La Revolución Latinoamericana”, Moreno vuelve sin ningún rubor a la vieja idea espontaneísta de que el movimiento obrero se planteará en base a sus experiencias y a las nuevas formas organizativas el problema del poder. Claro que adereza con el “acompañamiento armado” como “ingrediente” de su aperitivo reformista, “ingrediente” que como todos sabemos no pasó del papel. Simultáneamente en la búsqueda del “camino específico de la revolución argentina”, descarta para nuestro país, como al pasar, los dos más grandes ejemplos de toma del poder por la lucha armada: el chino y el cubano, que en “La Revolución Latinoamericana” reivindicó como grandes aportes al marxismo contemporáneo. Los argumentos que utiliza son francamente ridículos; características específicas de las revoluciones chinas y cubanas. Soslaya en cambio los aspectos fundamentales que han constituido aportes teóricos y programáticos al marxismo de los que nuestro país no se exceptúa, a saber: 121

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a) que no hay otro camino [para] la toma del poder que la lucha armada. b) que la lucha armada no se inicia como corolario de una insurrección popular triunfante, sino que pueda comenzar como reacción defensiva de las masas y de su vanguardia, en circunstancias del más pronunciado retroceso. c) que la construcción del ejército revolucionario, sin el cual es hoy día imposible la toma del poder, es una tarea a realizar en el campo, en zonas sociales y geográficas favorables, yendo de lo pequeño a lo grande, de lo débil a lo fuerte. Para citarlo nuevamente a él en su “La Revolución Latinoamericana”, Moreno “se resiste a integrar en el programa y la teoría de la revolución permanente, los aportes de la teoría y la práctica de la guerra de guerrillas, que son los específicos del avance de las masas en los países atrasados”. Finalmente se convierte en el campeón de la defensa de “nuestra mejor tradición nacional” e introduce por esa vía el subterfugio de oponer estrategia de poder político-militar a [la] actividad en el movimiento de masas. Como queriendo demostrar que todo aquel que partiendo de un análisis concreto de la situación del país, se diera una perspectiva de poder no subordinada a las alzas o bajas del proletariado urbano, está de hecho abandonado el trabajo en esas masas. En cambio no señala que el modelo ruso, de insurrección urbana triunfante, tiene una característica específica de fundamental importancia que las hacen excepcionales: el ejército zarista estaba combatiendo en el frente en una guerra injusta y por lo tanto en plena descomposición. Es necesario insistir en este problema para dejarlo completamente claro al Partido. Los dos ejemplos fundamentales de insurrecciones urbanas triunfantes: la Comuna de París, la revolución rusa de febrero y octubre [de] 1917, tienen como característica común una debilidad extrema del ejército burgués. En la Comuna de París por la guerra franco prusiana, que mantenía las tropas ocupadas en ella. En cuanto los alemanes se dieron cuenta del peligro histórico de la Comuna, no sólo permitieron a los franceses volverse contra la Comuna sino que incluso mandaron parte de sus fuerzas contra la revolución obrera, que en esas condiciones no pudo subsistir y terminó ahogada en sangre. En la revolución rusa de octubre las tropas rusas luchaban en el frente alemán, en una guerra injusta y habían llegado a un estado de descomposición muy elevado. Ello hizo posible el triunfo de la insurrección. Por otra parte hay decenas de insurrecciones urbanas aplastadas en forma sangrienta, la última de ellas la de Santo Domingo, debido a la debilidad relativa de la población insurreccionada, frente a un sólido ejército burgués o frente a la intervención imperialista. De estos hechos debemos extraer una clara conclusión: si el ejército burgués no se encuentra en crisis, o si interviene el imperialismo yanqui, es imposible el triunfo de una insurrección urbana. 122

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C) LA JUSTIFICACIÓN ACTUAL DEL RETORNO AL ESPONTANEÍSMO En un reciente trabajo, Moreno plantea la “necesidad de cambiar completamente nuestro planteo de poder a partir de ahora”. Pero es muy interesante ver como resume el planteo de poder de nuestro Partido, aún vigente, puesto que todavía no lo hemos cambiado. Moreno dice: “Anteriormente nuestro planteo de poder partía de la premisa de que la clase obrera venía de una extraordinaria experiencia sindicalista, reformista-economista y nacional, que había que tomar en cuenta. De ahí que nuestros distintos planteos de poder partieran de la premisa de la necesidad de elevar la conciencia de la clase obrera nacional, apoyando el gobierno de las direcciones y organizaciones que ellas sostenían con toda confianza. De ahí que también nuestras tácticas de poder tuvieran el mismo eje: la CGT y el movimiento sindical, dentro de la experiencia nacional. El método que preconizábamos para disputar y tomar el poder era la huelga general insurreccional. De acuerdo al momento dábamos el énfasis a distintas variantes tácticas de esta línea estratégica. Nunca las direcciones sindicales se elevaron al planteamiento del problema del poder y ni siquiera al de la independencia política de la burguesía y el peronismo”. Antes de analizar este magnífico resumen de la estrategia de poder de nuestro Partido, señalemos que Moreno olvida la indigestión castrista que “lo atacó” y atacó al Partido alrededor de 1961. Veamos ahora párrafo por párrafo la culminación del viraje de Moreno y su pretendida justificación del mismo. “Anteriormente nuestro planteo de poder partía de la premisa de que la clase obrera venía de una experiencia sindicalista, reformista, economista, nacional, que había que tomar en cuenta”. ¡Correcto! Uno de los elementos que hay que tomar en cuenta es la experiencia de la clase obrera nacional; pero elaborar a partir de allí una estrategia de poder va en contra de todo el marxismo revolucionario y forma parte del oportunismo propio de los intelectuales pequeño burgueses que siguen a la cola del movimiento espontáneo de la clase obrera. Una estrategia de poder se establece a partir de un análisis de las condiciones económicas, sociales y políticas y de la relación de fuerzas entre la revolución y la contrarrevolución, en el mundo, en una región y en el país. Este análisis conjunto es ya, en principio, una estrategia de poder y no tiene nada de abstracto, ya que los elementos que se analizan son bien objetivos y concretos y es a partir de él, para completarlo, que debemos establecer las distintas etapas de la revolución, sus posibilidades concretas de realización, las tácticas adecuadas 123

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a cada etapa, las clases fundamentales dentro de la estrategia y la política del partido dirigida a la clase revolucionaria, tendiente a orientarla hacia la toma del poder a través de numerosas etapas, en las cuales siempre habrá que tener en cuenta la experiencia de la clase revolucionaria, pero para elevarla a un nivel superior mediante la política del partido de vanguardia. La confusión permanente de Moreno en la mayor parte de sus análisis es que confunde lo concreto con lo que tiene delante de las narices, así permanentemente, el árbol contra el que apoya la frente no le permite ver el bosque. Esta confusión entre lo concreto y lo sensorial, lo inmediato, tiene todas las características propias del empiriocriticismo y no toma en cuenta que la dialéctica materialista es, por sobre todas las cosas, la ciencia de los conjuntos, de la totalidad, que trata de entender los aspectos parciales dentro del conjunto de fuerzas que determinan una situación, y que -aunque no se toquen con los dedos- son por cierto bien concretas. Su razonamiento parte de lo inmediato y parcial y a partir de allí hace esfuerzos por elevarse a lo general, pero siempre a través del lente estrecho de lo parcial. Ya señalamos, que de la ley hegeliana “todo lo real es racional y todo lo racional es real”, los oportunistas como Moreno siempre toman sólo la primera parte, yendo siempre a la saga de la realidad, incapaces de actuar sobre ella. Nuestro método tiene en cuenta los dos polos de la contradicción y reconoce la realidad del pensamiento revolucionario que se esfuerza por abarcar la totalidad de las fuerzas sociales, por distinguir en ellas lo fundamental de lo secundario, por ver la sucesión de las etapas, y por guiar a la clase de vanguardia a través de esas etapas, hacia la toma del poder. “De ahí que nuestros distintos planteos de poder partieran de la premisa de la necesidad de elevar la conciencia de la clase obrera nacional, apoyando el gobierno de las direcciones y organizaciones que ellas sostenían con toda confianza”. ¡Un silogismo de la lógica formal perfecto! ¡Cien años de marxismo revolucionario arrojados por la borda! Como vimos en el resumen del capítulo anterior, el marxismo revolucionario estableció una serie de condiciones concretas para el triunfo de la revolución, señaló una serie de etapas, que debía recorrer la revolución, en el juego de lucha de fuerzas revolucionarias y contrarrevolucionarias, hasta que las primeras, en determinadas condiciones internacionales y nacionales, se imponían sobre las segundas. Advirtió además que esas etapas y condiciones variaban de época a época y de país a país. Moreno prefiere eludir todo ese análisis complejo del “largo, difícil y duro” proceso de la revolución y salta de la conciencia sindicalista de la clase obrera a apoyar el gobierno de los burócratas y los sindicatos. Moreno olvida también, los trabajos de Trotsky acerca de los sindicatos en la 124

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época del imperialismo, cuya tesis central es que los sindicatos no pueden mantener siquiera su independencia ante los gobiernos bonapartistas, si no están dirigidos por un partido revolucionario. Más adelante Moreno reconoce en su trabajo que este planteo tenía un carácter meramente propagandístico ya que “en última instancia la clase obrera y su vanguardia no se planteaban, ni necesitaban plantearse para solucionar sus problemas inmediatos el problema del poder”. Lo que aquí quiere decir Moreno, traducido al lenguaje del marxismo revolucionario, es que no estaban dadas en nuestro país las condiciones pre-insurreccionales o insurreccionales, que por lo tanto, el planteo de poder debía hacerse en forma propagandística. Pero ¡linda forma de elevar la conciencia de la clase obrera es ésta! En lugar de señalar a la clase obrera las etapas que debe recorrer hasta la toma del poder (creación del partido y del ejército revolucionarios, lucha armada prolongada contra la burguesía y el imperialismo, captación de los sectores intermedios para su política, etc.) se ilusiona a los obreros con la posibilidad de que los burócratas y los sindicatos -quienes según Trotsky no podían ni siquiera elevarse a una política independiente- tomen el poder. ¡Esto sí que es confundir la revolución permanente con la revolución “a salto de canguros”! “De ahí también que siempre nuestras tácticas de poder tuvieran el mismo eje: la CGT y el movimiento sindical, dentro de la experiencia nacional”. A esta afirmación se le pueden hacer las mismas críticas que a la anterior, pero aquí se agrega un elemento importante: “la experiencia nacional”. A esta altura, Moreno es confeso de su miopía nacionalista. Recién en 1968 descubre que en nuestro continente hay una guerra civil provocada por el castrismo, a la que -dejando sus exageraciones de lado- hay que tomar en cuenta para elaborar una estrategia de poder. Pero su expresión “dentro de la experiencia nacional”, es la confesión de que siempre fue incapaz de elevarse a un análisis de los factores internacionales y continentales que juegan en relación a la estrategia de poder nacional. ¡Y esto, tan luego en un continente en el cual una dirección revolucionaria tiene una estrategia de poder correcta desde hace varios años! “El método que preconizábamos para disputar y tomar el poder era la huelga general insurreccional”. Toda esta “estrategia de poder” es un paso atrás en relación a la estrategia de poder que se dieran Marx y Engels... antes de 1895. Y es un paso atrás, porque por lo menos Marx y Engels vivían en países con un proletariado de tradición revolucionaria y no precisamente sindicalista-reformista-nacionalista, y en los cuales, el proletariado se enfrentaba con un poder débil y contando con el apoyo de amplias capas de la burguesía, sin la existencia de un gendarme mundial imperialista. 125

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Pero esta “preconización” de la huelga general insurreccional, es el canto más alto que se ha entonado al espontaneísmo en la historia del marxismo. Moreno ha olvidado las permanentes recomendaciones de Lenin a quienes parloteaban permanentemente sobre la insurrección. Se ha olvidado del cúmulo de condiciones concretas que exigían los marxistas revolucionarios para cada país y cada época, antes de llegar a la insurrección. Y plantea que una clase obrera reformista-sindicalista-nacionalista, sin conciencia revolucionaria, sin partido, sin ejército revolucionario, sin condiciones objetivas insurreccionales en el país, -como él mismo se cansa de repetir para justificar su rechazo a la lucha armada- hay que “preconizarle” la huelga insurreccional. Lenin llamaba a quienes así procedían, aventureros, charlatanes y confusionistas. “De acuerdo al momento dábamos el énfasis a distintas variantes tácticas de esta línea estratégica. Nunca las direcciones sindicales se elevaron al planteamiento del problema del poder y ni siquiera al de la independencia política de la burguesía y el peronismo”. ¡Eureka! Moreno necesitó años de práctica oportunista, para advertir una verdad que podía haber descubierto estudiando con un poco más de aplicación a los grandes marxistas, en especial a Trotsky. Pero Moreno, -el campeón de lo concreto- inmediato, constata solamente el hecho, incapaz de elevarse a la generalización de Trotsky de 30 años atrás: “Los sindicatos no pueden, en época del imperialismo y bajo gobiernos bonapartistas, mantener siquiera su independencia de clase, sin la dirección de un partido revolucionario”. Lejos de ello, como un vulgar oportunista, se lamenta de que las direcciones sindicales nunca se elevaron (como por arte de magia) al planteamiento del problema del poder. Pero hay otra parte en su análisis donde nuestro buen teórico ya se aproxima a la demencia senil: “Nuestra línea política era que los sindicatos y la CGT tomaran el poder por medio de una huelga general insurreccional, toda huelga general de hecho es insurreccional. La burocracia impidió que fuera así”. Muy anciano y muy cansado debe estar nuestro buen teórico para olvidar de este modo el ABC del marxismo revolucionario, o muy desesperado debe ser su afán de confundir al Partido. Este párrafo lo arroja a Moreno no ya fuera del marxismo, sino de la cordura. En su afán por escribir cualquier cosa, se olvida de la dinámica de la revolución que es un proceso de “guerra civil prolongada”, se olvida del cúmulo de condiciones subjetivas (partido, poder dual, etc.) que él mismo exige no ya para el triunfo de la insurrección, sino para empezar la lucha armada, se olvida de todo lo escrito por él mismo, para transferir a la malvada burocracia toda su carencia de una estrategia de poder. “Toda huelga general 126

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de hecho es insurreccional”. Uno no puede menos que lamentarse al leer en un “documento” girado a la base de nuestro Partido esta chiquilinada. Algunos camaradas, quizás por conocimientos insuficientes de “los clásicos”, plantean que nuestro Partido ha tenido la “concepción clásica” de la toma del poder. Al decir esto, le prestan un gratuito favor a Moreno y un flaco favor al Partido. Como hemos visto, la concepción que hemos sostenido sobre el problema del poder hasta hoy, no tiene ninguna semejanza “con la de los clásicos”. La forma en que hemos venido encarando el problema del poder, no merece llamarse estrategia de poder y mucho menos político-militar, ya que en ella el planteo de la lucha armada no se integra con claridad en ninguna etapa del proceso y permanece como una reivindicación general, como para distinguirnos en los días de fiesta de los stalinistas y reformistas. Este planteo espontaneísta debe ser arrancado de cuajo de la política del Partido, ya que no sólo da una perspectiva falsa de la estrategia de poder y la lucha armada que, como un peso muerto nos impide avanzar hacia una perspectiva correcta, sino que también determina infinidad de errores tácticos en la práctica cotidiana. Ello es así, porque quien carezca de una visión adecuada del conjunto, de la estrategia y las etapas, comete permanentemente errores en las luchas parciales, ya sea porque sobrevalora sus posibilidades o porque las subestima. La forma incorrecta con que se ha venido planteando el problema del poder, no es otra cosa que un planteo sindicalista, “adornado” de insurreccionalismo y espontaneísmo. No es extraño entonces que nuestros cuadros crean que el sindicalismo es todo, que la política es propagandismo pequeño burgués, y que las pretensiones de elaborar una estrategia de poder y lucha armada, en esta época en que no hay luchas sindicales, es “putchismo”. No es extraño tampoco, si creemos “que el triunfo de una Interna3 puede provocar el reanimamiento de toda la clase” y ese reanimamiento llevar a la huelga general insurreccional que derrocará al gobierno en cuatro días, si teníamos en mente esta caricatura sindicalista del marxismo, que nuestros cuadros quisieran convertir a cada fábrica, a cada conflicto, en un pequeño Vietnam, apareciendo como marcianos ante los obreros y convirtiéndose frecuentemente en los “mariscales de la derrota” del movimiento obrero; ya que en aras de la heroica lucha contra el “putchismo” caímos frecuentemente en el vulgar “putchismo” sindical, que determina que, lugar donde nuestro Partido dirigió un 3. Comisión Interna de reclamos. Como parte de la organización sindical, en casi la totalidad de las fábricas argentinas, los obreros elegían y eligen un Cuerpo de Delegados y una parte de ellos constituyen esta Comisión para elevar sus reclamos ante la patronal. [nota de esta edición] 127

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conflicto en los últimos años, sea lugar donde los activistas siguieron el camino del despido. Llegamos al fin de este capítulo, y a las siguientes conclusiones fundamentales: 1) Nuestro Partido ha carecido hasta la fecha de una estrategia de poder correcta. Hemos venido sustentando la errónea concepción de que el poder se lo tomará por una insurrección urbana espontánea en cuyo curso tomaríamos la dirección del movimiento de masas, el proletariado se armaría y en un período relativamente corto accederíamos al poder. Nuestro Partido debe autocriticarse de tal concepción espontaneísta y debe hacerlo públicamente como corresponde a una verdadera organización bolchevique. 2) Esta estrategia de poder errónea, no impidió la formación de nuestro Partido como corriente revolucionaria caracterizada por: a) Su ligazón con el movimiento de masas y su vanguardia. b) Su parcial defensa y aplicación al trotskismo (con sus aciertos, errores y limitaciones). c) Su desarrollo -con algunas deformaciones- de métodos bolcheviques de trabajo y organización partidaria. 3) Hoy si nuestro Partido no supera esta limitación fundamental, corre riesgo de su frustración definitiva. Además, la situación mundial y latinoamericana, la crisis del país, la existencia de la Dictadura Militar y el carácter nacional de nuestro Partido, son factores que alientan el trascendental paso adelante que tiene que dar nuestro IV Congreso: dotar al PRT de una correcta estrategia de poder político-militar. 4) Para la formulación de esa estrategia debemos partir del análisis concreto de la situación del país y del conocimiento exhaustivo de la teoría y la práctica de la revolución mundial, es decir del marxismo revolucionario, para aplicar sus leyes generales a las particularidades de la revolución argentina.

Capítulo III RELACIONES ENTRE LA REVOLUCIÓN MUNDIAL, CONTINENTAL Y REGIONAL Desde su nacimiento, el marxismo tomó en cuenta el carácter mundial de la economía capitalista y en consecuencia, el carácter mundial de la revolución. Lenin y Trotsky tuvieron en cuenta el carácter internacional de la revolución, no sólo para determinar la estrategia mundial de la III y IV Internacional, sino para todos los análisis que hacían de la revolución rusa, de sus posibilidades 128

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de triunfo sin un auge revolucionario del proletariado europeo, de la influencia de la revolución rusa sobre ese auge, etc. Marx y Engels vivieron en la época del capitalismo de libre concurrencia, es decir, cuando aún no existía el imperialismo capitalista y las revoluciones, internacionales en su contenido y nacionales en su forma, tenían que verse casi exclusivamente con sus enemigos nacionales. Lenin y Trotsky vivieron en la época del imperialismo, pero en una etapa en que las contradicciones inter-imperialistas eran muy agudas, llegando a las dos guerras mundiales que favorecieron a las revoluciones rusa, china y de Europa oriental. El carácter agudo de las contradicciones inter-imperialistas, posibilitó que los bolcheviques tomaran el poder sin que se produjera la intervención del imperialismo. Asimismo la intervención del imperialismo yanqui en China fue más bien indirecta y en Europa oriental prácticamente nula. Pese a que en el terreno mundial no luchaban contra un enemigo unificado, Marx, Engels, Lenin y Trotsky, consideraban indispensable una organización revolucionaria internacional, que se diera una política correcta para impulsar la revolución mundial. En nuestros días la situación ha sufrido un cambio sustancial. De este cambio, al parecer, sólo la dirección castrista ha tomado plena conciencia y ha sacado sus últimas consecuencias: a partir de la segunda guerra mundial, debido al desarrollo de la técnica nuclear y al crecimiento de los Estados Obreros; las contradicciones interimperialistas se han tornado secundarias, las posibilidades de una guerra interimperialista nulas, y el imperialismo yanqui se ha convertido paulatinamente, en gendarme de la contrarrevolución mundial. Hoy, a diferencia de la preguerra, la contradicción que era secundaria se ha tornado fundamental, y se da entre el imperialismo yanqui acaudillando a los demás sectores monopolistas y oligarquías nacionales, y la revolución socialista mundial, cuyo primer destacamento de vanguardia está constituido por el FNL de Vietnam. Los revolucionarios de todo el mundo, debemos enfrentarnos a la segura intervención del imperialismo que paulatinamente enviará armas, “asesores” y finalmente miles de combatientes, como lo demuestran todas las revoluciones en curso, de las cuales Santo Domingo, es una de las más aleccionadoras. A su vez otro cambio importante se está produciendo desde la posguerra: en todos los países, incluso en algunas metrópolis imperialistas, el estado burgués tiende a adquirir formas bonapartistas, debido a la necesidad de la burguesía de controlar sus crisis económicas y sociales, a la amenaza de la revolución y a la necesidad de homogeneizar su frente único con el imperialismo. 129

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En síntesis: desde la posguerra se está produciendo un fenómeno de polarización de las fuerzas contrarrevolucionarias alrededor del imperialismo yanqui, que se manifiesta claramente en dos aspectos: a) las contradicciones interimperialistas se han tornado secundarias, la contradicción fundamental, que tiende a ser cada vez más aguda, se da entre la contrarrevolución y la revolución mundial, b) en la mayor parte de los países capitalistas la tendencia es a suprimir o restringir la democracia burguesa y reemplazarla por formas bonapartistas de gobierno, que en muchos casos tienden al semi fascismo. Esta polarización obedece a una ley que fue formulada insistentemente por Lenin y Trotsky en sus análisis de las revoluciones nacionales en Rusia y Europa: si hay revolución, hay contrarrevolución; a medida que avanza la revolución avanza la contrarrevolución. Esta ley que en la época del capitalismo de libre concurrencia, y en la época de las guerras interimperialistas, se manifestaba fundamentalmente en las revoluciones nacionales. Hoy, en la “etapa final del imperialismo”, se da agudamente en el campo de la revolución mundial. Jamás en la historia de la revolución socialista, se hizo tan necesaria una Organización Internacional con real influencia en el proceso revolucionario, y una estrategia mundial revolucionaria en la cual los continentes y países fueran aspectos tácticos. La posibilidad de esa Internacional y de esa estrategia, deben concretarse a partir de las direcciones revolucionarias internacionalistas que existen: la IV Internacional, el Castrismo y algunos sectores de la Tricontinental (Vietnam y otros). Nosotros, en el marco de la IV Internacional, tenemos importantes aportes que realizar, pero para ello debemos definir nuestra propia estrategia ante la etapa que vive la revolución mundial. Consideramos que nuestro Partido debe pronunciarse claramente a favor de la estrategia de la revolución mundial formulada por el castrismo. Aquí son necesarias algunas aclaraciones: En primer lugar estamos por pronunciarnos por la estrategia y táctica castristas, para la revolución mundial y continental, por los siguientes motivos: a) consideramos que son esencialmente correctas; b) en sus últimos trabajos Moreno comienza a barruntar algunos aspectos de esa estrategia, pero tomándolos como aportes propios, con lo cual introduce elementos de confusión y contrabando ideológico; además toma elementos de la estrategia castrista, pero los mezcla con una infernal confusión de categorías mal definidas (guerra civil continental, por ej.) y sin establecer de un modo preciso las etapas, la dinámica de la revolución, sin distinguir lo fundamental y lo accesorio en cada etapa, y el desarrollo en el tiempo de las mismas (un ejemplo de ello es su afirmación “la 130

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dinámica irá aproximando la revolución cada vez más a la ‘norma’ estudiada por el marxismo”, etc.). En segundo lugar la estrategia castrista define con claridad que en la actual etapa de la revolución, lo fundamental es el desarrollo de la revolución socialista y antiimperialista, en los “territorios dependientes” y aún es secundario el papel que pueden jugar las masas de las metrópolis imperialistas, aunque este papel se acreciente “en los próximos años”, gracias a la exacerbación de las contradicciones en las metrópolis provocada por el desarrollo de la revolución colonial y de las contradicciones económicas y sociales en el seno de las metrópolis. Moreno, en sus denodados esfuerzos por sobrepasar teóricamente a la dirección castrista, señala que la revolución mundial se “aproxima a la norma estudiada por Lenin y Trotsky”, “de intervención de la clase obrera y de la población urbana como caudillo de las masas campesinas y con un partido revolucionario consciente que plantee el problema del poder”. Esta “norma” aislada del tiempo y del espacio, se convierte en una peligrosa afirmación que nos imposibilita entender la realidad. Si quiere decir que ahora y en las metrópolis imperialistas de EEUU y Europa, la revolución se aproxima a la “norma”, esta afirmación, además de ser falsa por sobreestimar el actual grado de desarrollo de la revolución y sus posibilidades inmediatas en las metrópolis, nos impide darnos una estrategia mundial correcta, que implica distribuir las fuerzas humanas y recursos en los lugares de trabajo fundamentales. Si quiere decir ahora y en el continente americano, es tan nefasta como en el caso anterior porque nos desarma estratégica y tácticamente en el continente, en el cual la estrategia y táctica castristas son correctas. Si quiere decir ahora y en algunos países como Bolivia y Argentina, por ejemplo, aunque se basaría en aspectos parciales correctos, no tiene en cuenta la situación de conjunto, las tareas de construcción de la fuerza militar y la relación dialéctica en el tiempo y en el espacio, entre el campo y la ciudad. Ese estudio lo haremos en los capítulos siguientes. Lo importante es distinguir en todos los planteos que tengan que ver con la estrategia y con las etapas, lo que es perspectiva histórica, de lo que es parte viviente y fundamental de la etapa actual, y además, establecer un pronóstico lo más justo posible acerca de la etapa en la cual cuajará la perspectiva histórica que se señala. Ese es el único método que nos permite determinar las tareas y lugares de trabajo fundamentales y secundarios, y que nos permite armar políticamente y moralmente al Partido, que debe tener en claro la etapa que está atravesando y las perspectivas futuras de la revolución. La revolución mundial está atravesando aún la etapa que se abrió con la 131

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derrota de la revolución europea. Esta derrota y el auge de la economía capitalista en las metrópolis europeas y americanas, trasladaron el eje de la lucha revolucionaria a las colonias y semicolonias. El trotskismo, como movimiento internacional, vivió aislado de la vida revolucionaria por no comprender cabalmente este fenómeno. Las especulaciones teoréticas sobre el “retorno a la norma” sólo conseguirán continuar esa desligazón, ya que tendrá aún que avanzar mucho trecho la revolución socialista y antiimperialista en las colonias, tendrán que surgir “dos, tres... muchos Vietnam” antes que la revolución retorne a la “norma”. Tampoco debe exagerarse la crisis actual de la economía capitalista en las metrópolis. Si bien hay elementos importantes de crisis económica, no existe un sólo economista serio que afirme que esa crisis pueda tornarse tan grave como para estancar el desarrollo de las fuerzas productivas. Establecer toda una perspectiva estratégica en base a elementos tan débiles, nos induciría a convertirnos en una secta internacional de pedantes. Hasta el momento, lo único que podemos afirmar con certeza es que el avance de la revolución colonial exacerbará la explotación de las colonias y semicolonias por el imperialismo, en un intento desesperado de éste por mantener su estabilidad interna, y creará cada vez contradicciones más grandes en los “territorios dependientes”. Detrás de nuestra concepción de la etapa actual de la revolución mundial, no se esconde la menor subestimación del papel que debe jugar la clase obrera en algunos países semicoloniales, como Bolivia y Argentina, por ej. Pero la estrategia mundial y la nacional, si bien son dos planos estrechamente relacionados, no deben confundirse. Detrás de la charlatanería hueca de Moreno que predice una crisis para “toda la economía yanqui”, y la movilización de las masas obreras metropolitanas con objetivos revolucionarios (retorno a la “norma”), cuyo papel revolucionario no proviene ya -como afirmaba en “La Revolución Latinoamericana”de la alienación sino de su “ubicación en la producción”, detrás de toda esta charlatanería se esconde el oportunismo de los intelectuales pequeño burgueses que tiemblan ante la “fuerza y estabilidad” de la burguesía argentina, pero que sueñan ya con movilizaciones revolucionarias de “la clase obrera y las masas de los países adelantados” provocadas por la “situación crítica”... de la burguesía yanqui, que, por suerte, está a miles de kilómetros. Para este análisis nuestro profesor recurre al método político que lo caracterizó siempre, copia mal los análisis de los marxistas, trata de hacerlos pasar como “aportes geniales” suyos para mantener el mito con que trata de deslumbrar a los pequeños burgueses, y... saca las conclusiones contrarias a las de los marxistas serios que copia sin citar. Con estas conclusiones desarma al Partido que debe ser consciente que, por 132

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una larga etapa, la lucha revolucionaria se librará en las colonias y semicolonias, que no es de esperar una crisis del imperialismo a corto o mediano plazo, que debe tensar sus fuerzas revolucionarias, armarse moralmente para una lucha prolongada, sin hacerse ilusiones de que las “masas metropolitanas” vengan a sacarle las “castañas del fuego”. Todo el análisis que “hace Moreno” de la situación de la economía yanqui, es una copia deshonesta de un análisis efectuado por el economista trotskista más serio de nuestro tiempo: Ernest Mandel, publicado en World Outlock, Vol. 4, Nº 2, 19/1/68. La copia es deshonesta por dos motivos: a) no se cita la fuente; b) se tergiversan todas las conclusiones y el mismo análisis. Mandel señala sí, que no es la balanza comercial, sino la de pagos, la que está en déficit, y abona su análisis con todas las cifras, textuales e idénticas, en monto y año, con que Moreno abona su “análisis”. Pero apartémonos del “análisis” de este charlatán y veamos que dice Mandel: “La fortaleza económica de un país es siempre, en último análisis, función de la capacidad productiva y de la productividad del trabajo, es decir, el potencial para producir una dada cantidad de productos con el menor gasto posible de mano de obra. En el régimen capitalista, este potencial debe ser medido por el valor per cápita de la producción y por los precios de las mercaderías en relación a los otros países (es decir por la capacidad competitiva de la industria y de la agricultura). Desde este punto de vista, los EEUU continúan siendo de lejos el país capitalista más próspero y poderoso del mundo”. Así Mandel, con el método del marxismo comienza por analizar la situación de las fuerzas productivas, señalando que es el factor más importante. Moreno en cambio hace un análisis meramente monetarista, propio de los economistas burgueses. Luego Mandel, “toma el aporte de Moreno”, y señala que “la balanza comercial de EEUU arroja un considerable superávit: los EEUU continúan exportando muchas más mercaderías de las que importan”, que el déficit se encuentra en la balanza de pagos. “El origen del déficit reside entonces exclusivamente en: a) ayuda del gobierno a países extranjeros, es decir, el costo de mantener las alianzas imperialistas; b) los gastos de las fuerzas armadas en el extranjero, es decir, el mantenimiento de bases militares y la conducción de operaciones militares en el exterior”. Luego de señalar que “la devaluación del dólar no sería una catástrofe económica para EEUU” que “la economía norteamericana sería a duras penas tocada por la devaluación”; que si no se devalúa el dólar tampoco estarían los 133

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EEUU en peligro de deslizarse a una bancarrota, que la relación monetaria de EEUU con Europa beneficia a corto plazo a los capitalistas europeos pero a largo plazo a los yanquis; Mandel señala: “La debilidad real del dólar no reside en el déficit de la balanza de pagos de EEUU. Podría inclusive declararse paradójicamente que ese déficit refleja la fortaleza de la economía norteamericana más que su debilidad. La real debilidad del dólar descansa en el enorme endeudamiento gubernamental y privado de EEUU, sin el cual la formidable máquina productiva norteamericana no podría vender su diluvio de mercancías”. Al revés de nuestro minoritario, que toma todos los elementos del análisis de Mandel parcialmente y saca las conclusiones contrarias, Mandel señala “que los EEUU continúan siendo de lejos el país capitalista más próspero y poderoso del mundo”, que el déficit monetarista lejos de reflejar su debilidad refleja su fortaleza, de lo cual deduce que no hay perspectivas de crisis económica en EEUU a corto plazo, sino a largo plazo, y cuando el único factor que provoca el desequilibrio de la balanza de pagos se desarrolle aún más: la revolución colonial y semicolonial. Todo el trabajo de Mandel apuntala en el plano económico nuestra estrategia revolucionaria, nuestra previsión sobre el papel del proletariado y las masas de las metrópolis en esta etapa que durará muchos años, y nuestra valoración de la “crisis” de la economía yanqui. Dejemos entonces a nuestro minoritario que siga especulando con “el retorno a la norma”, y desfigurando los análisis de los marxistas serios, prostituyendo el marxismo. Nuestro Partido debe tener claridad sobre la actual situación mundial y las características de la etapa revolucionaria. UNA ESTRATEGIA PARA NUESTRO CONTINENTE Dentro de la estrategia mundial de lucha contra el imperialismo formulada por el castrismo, y que nosotros apoyamos en todos sus términos, nuestro continente tiene un valor fundamental, juntamente con Asia y África. A su vez, el castrismo, mantiene una concepción estratégica para nuestro continente, dentro de la cual las regiones y países son una parte táctica. Si bien ya hemos desarrollado la estrategia continental del castrismo, precisaremos algunos aspectos que deben tenerse en cuenta. La estrategia continental del castrismo parte de su grito de guerra antiimperialista, pronunciado por Fidel el 1° de Enero de 1959, el mismo día que toma el poder en Cuba: “Convertiremos los Andes en la Sierra Maestra del continente americano”. La seriedad, abnegación y decisión revolucionarias del castrismo, su determinación de llevar a la práctica su declaración de guerra, 134

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fueron comprendidas tardíamente, con mucho esfuerzo, por muchos marxistas latinoamericanos, entre ellos por nuestro Partido. Los intentos del castrismo de llevar a la práctica esa estrategia, recorrieron varias etapas, algunas de las cuales ya fueron someramente analizadas por nuestro Partido (Alejandro Martell, “Tesis Latinoamericanas”, Estrategia N° 1). Lo que no hemos advertido suficientemente, es que el castrismo, en cada uno de sus intentos, en cada uno de sus éxitos y fracasos, modificaba, completaba y generalizaba su estrategia y táctica de poder continental. Así llega en 1967 a su formulación de la “creación del segundo o tercer Vietnam del mundo o del segundo y tercer Vietnam del mundo” en América Latina, con todos los elementos que ello agrega a su concepción anterior: carácter socialista y antiimperialista de la revolución, necesidad de crear ejércitos revolucionarios que libren una guerra prolongada contra la burguesía y el imperialismo, etc. Esta estrategia y táctica ha comenzado a cuajar en una región del continente: Centroamérica. En los últimos años el castrismo prestó atención secundaria a la región Sur de nuestro continente (Perú, Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay), sus intentos, hasta la guerrilla boliviana, se redujeron a apoyar grupos guerrilleros reducidos a los cuales les prestó, por razones geográficas, un apoyo militar de menor importancia. Salvo estos intentos del castrismo y los reducidos grupos que le respondían, en la región Sur no hubo intentos importantes de desarrollar la estrategia y táctica del castrismo (la experiencia de Hugo Blanco se hizo con otra concepción). Consolidados en varias regiones guerrilleras centroamericanas (Colombia, Guatemala y Venezuela), los cubanos hacen su primer intento serio de iniciar la lucha armada en la región Sur -lucha armada que nosotros, los revolucionarios de la región Sur fuimos incapaces de iniciar- enviando su equipo más selecto de combatientes a Bolivia. Nuestros hermanos bolivianos comenzaron a plantearse en 1963 la organización de la guerrilla. Nuestro Partido se opuso partiendo de un análisis opuesto al del POR, elaborado con el crónico espíritu de pedantería del teórico de la minoría. Moreno, que se caracteriza por manejarse con mentiras políticas de todo tipo, ha negado reiteradamente esa posición. Desgraciadamente para él cometió el error de escribirla y publicarla, aunque parcialmente, ya que la carta que envió al POR, que nunca se ha publicado, es aún más clara en ese sentido. Para terminar esta polémica con los campeones de la deshonestidad política veamos cuál fue la posición del POR y cuál la nuestra en aquel entonces; extraídas de los documentos publicados en Estrategia N° 2. 135

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POSICIONES DEL PRT

POSICIONES DEL POR

“Hay revolucionarios que comparan la caída de Paz Estensoro con la de Goulard. Nada más falso. La Revolución Boliviana del 64 repite la historia de la del 52... Hoy día nos encontramos con una situación parecida. Después de un sinnúmero de derrotas de las masas sudamericanas... Los trabajadores bolivianos pasan a un primer plano e invierten el proceso”. “Por golpe preventivo entendemos una colosal concesión al movimiento de masas boliviano hecha por el ejército para evitar la revolución obrera”.

“Constituye un golpe preventivo apoyado por el imperialismo norteamericano y dirigido a contener y canalizar el más importante movimiento revolucionario y democrático del proletariado”. “El golpe militar no estuvo dirigido contra Paz Estensoro, sino contra la movilización obrera y popular. Paz dejó todo arreglado y nombrados sus sucesores y encargados de continuar, bajo nuevas formas, el curso contrarrevolucionario de su gobierno”.

ACERCA DEL CARÁCTER DE LA JUNTA MILITAR: “Este se vio obligado (el Ejército), contra su voluntad, a inaugurar la etapa de libertades democráticas más extraordinaria que haya vivido el movimiento de masas boliviano”. “Aún los aspectos más superficiales confirman este análisis: en Bolivia no surgió un régimen dictatorial como en Brasil, sino democrático, que hace amplias concesiones al movimiento de masas”.

“La Junta militar es pues, un intento reaccionario de aplastar las perspectivas abiertas en Bolivia por la lucha de las masas. Las declaraciones de los ministros militares no dejan lugar a dudas y menos aún las medidas puestas en práctica, como la llamada “Operación Desarme...”. “De ahí se desprende que la junta militar es la continuadora del régimen anterior, pero acentuando su curso derechista”.

POSICIÓN DE LA CLASE OBRERA ANTE LA JUNTA Y LA POSIBILIDAD DE UNA SALIDA ELECTORAL: “Es así como es posible que el ejército boliviano, con sus asesores del Pentágono, intente desviar al mo136

“Si bien en algunos sectores se desarrolló una esperanza en el nuevo gobierno, muy pronto ha desaparecido,

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vimiento obrero y popular hacia un régimen parlamentario, electoral...”. “Las direcciones pequeño burguesas y oportunistas del movimiento obrero... al exigir elecciones le están haciendo el juego a esa maniobra del ejército y el imperialismo”.

dando paso a la desconfianza y la crítica...”. “Luego, ante el desarme, la posición ha sido clara, oposición franca. El proletariado minero fue el primero en levantar la consigna de: Abajo la bota militar”. “Estas perspectivas ya han sido probadas (la salida electoral burguesa) y han demostrado su fracaso, y por eso mismo son repudiadas por las masas”.

FRENTE A LA POSIBLE MANIOBRA ELECTORAL Y CONSIGNAS DE PODER: “La verdadera exigencia (al gobierno) debe concentrarse en la necesidad imperiosa de que un gobierno obrero y popular, no el militar, llame a una Asamblea Constituyente libre y soberana”.

“Contra la falsa disyuntiva de las direcciones derechistas, de escoger entre la dictadura pazestensorista y la democracia burguesa, el POR afirma que el único camino... es la lucha por el socialismo”. “Frente a las utopías e ilusiones de los pequeño burgueses, lo único efectivo, real y concreto es el gobierno obrero y campesino”.

PERSPECTIVAS FUTURAS DE LA LUCHA DE CLASES “Como toda etapa superior de la lucha de clases significa ampliación y generalización de esa lucha no está descartado que el movimiento obrero sea vencido. El ejército está aprovechando las libertades democráticas actuales para dividir a los sectores populares y principalmente al campesinado y a la pequeña burguesía del movimiento obrero”.

“La situación del campesinado, inicialmente de desconcierto, va definiéndose en sentido de oposición a la junta”. “La pequeña burguesía urbana que actualmente saborea las bondades de una libertad y democracia amplias... , es la que mantiene en cierto grado sus ilusiones en la Junta. Pero en su seno ya existen brotes de conflictos”. “Por lo tanto, la clase obrera, como 137

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el campesinado, acicateados por sus problemas marchan a la cristalización de su alianza”. “La polarización de fuerzas que la descomposición y crisis del régimen imperante impulsarán, ya no permitirán las medias tintas”. “La situación de mov. obrero, campesinos, y clase media, de rápida evolución hacia un enfrentamiento con la Junta Militar”.

De todas estas caracterizaciones, prácticamente opuestas por el vértice, se desprendían -como es inevitable- tareas distintas para los revolucionarios bolivianos. El PRT proponía aprovechar la legalidad, reorganizar los sindicatos, exigir a la Junta una Asamblea Constituyente llamada por un Gobierno Obrero y Popular (¡?) dado que la etapa es de ampliación y generalización de las luchas, preparar la huelga insurreccional. Como vemos, un calco del eterno cantito espontaneísta. El POR en cambio, planteaba centralizar el armamento en los sindicatos organizando al “ejército proletario”, defensa armada de las tierras arrebatadas a los campesinos y preparación de la guerrilla. Previo a todo análisis de la guerrilla boliviana y sus implicancias, nuestro Partido debe efectuar una seria autocrítica de sus posiciones pasadas ante la situación boliviana, desbrozar el terreno de las barbaridades teóricas que hemos cometido al respecto, y aceptar la grave responsabilidad que nos cabe por el fracaso de la guerrilla del Che, por nuestra oposición expresa a que el Partido boliviano preparara la guerrilla, y por nuestra falta de apoyo humano y material a esa tarea. Solamente si van precedidas de esa autocrítica, podrán tomarse con seriedad las declaraciones de quienes hablan del “colosal acierto estratégico del Che”. Lo cierto es que los cubanos con su acierto estratégico, han dado un bofetón en pleno rostro a los que no veían la menor posibilidad de desarrollar a la lucha guerrillera en la región Sur, han logrado incluso el milagro de hacer que Moreno descubriera que desde el surgimiento del castrismo hay una guerra revolucionaria en el continente y que es tarea inmediata de los revolucionarios de la región Sur iniciar la lucha armada. ¡Eso sí que es todo un logro! 138

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Pero aún faltará que los cubanos lo envíen a Raúl Castro con 20 comandantes de su ejército a la Argentina, para que Moreno descubra, que también en la Argentina la tarea inmediata de los revolucionarios es iniciar la lucha armada. Aun así, quién sabe: ya que, como decía Trotsky: “los oportunistas son tanto más radicales cuanto más lejos están de las situaciones”. Veamos ahora cuál es la situación de la región Sur del continente en relación a la guerra revolucionaria continental y a la estrategia y táctica continental del castrismo. Dentro de su táctica de crear dos o tres Vietnam en América el castrismo inicia la lucha armada en Bolivia; la experiencia fracasa por la falta de partidos revolucionarios preparados organizativa, política y técnicamente para sostener la lucha armada llevada a cabo por el “Che”. La región Sur ha sido considerada por el castrismo y debe ser considerada por nosotros, la segunda zona táctica de guerra antiimperialista del continente (la primera es Centroamérica), dentro de la estrategia de guerra revolucionaria prolongada socialista y antiimperialista. Pero necesitamos una estrategia de conjunto para la región que tome en cuenta la totalidad de elementos que entran en juego, que distinga etapas y regiones fundamentales y la función táctica de las regiones secundarias. (Se suprime el análisis de la Estrategia para la región Sur por razones de seguridad). El hecho de que la lucha revolucionaria comenzará a desarrollarse en zonas aisladas por centenares de kilómetros, acentuará en sus comienzos la forma nacional del proceso revolucionario y la coordinación de esfuerzos entre los revolucionarios de los países hermanos recorrerá tres etapas: a) en la etapa preparatoria será posible un intercambio intenso de recursos y cuadros, de discusión política tendiente a precisar la estrategia común, b) iniciada la lucha armada, por un largo período el control de los ejércitos represivos y las grandes distancias geográficas harán que la lucha se libre en zonas separadas, que tenga un carácter nacional más que regional, aun cuando se realicen desde el comienzo acciones tácticas de apoyo mutuo y el intercambio de hombres y recursos entre las fuerzas revolucionarias. El sueño febriscente de Moreno en el cual ejércitos guerrilleros bajan de Bolivia a liberar a la Argentina, se verá así postergado por varios años, c) en una tercera etapa, después de años de lucha, si no somos derrotados y logramos establecer sólidas bases revolucionarias en las zonas de lucha armada, será posible la acción militar coordinada en escala mayor, entre las fuerzas revolucionarias de varios países; grupos armados podrán entonces operar en las zonas intermedias con el respaldo de bases establecidas. Esta estrategia de conjunto para la región Sur del continente, exige, no elimina, una correcta estrategia de poder para cada uno de nuestros países y 139

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partidos dispuestos a realizar los más abnegados sacrificios revolucionarios para “iniciar, desarrollar y culminar” la lucha armada en su país.

Capítulo IV NUESTRA ESTRATEGIA Y TÁCTICAS NACIONALES DEBEN PARTIR DE LAS CARACTERÍSTICAS DE NUESTRA REVOLUCIÓN Si bien la revolución socialista argentina, es una parte táctica de la estrategia continental y mundial, tiene una estrategia propia, en el marco nacional y relacionada con la estrategia regional, continental y mundial, como la parte al todo. Quienes disuelven la necesidad de una estrategia y una táctica para la toma del poder en la Argentina, en la necesidad de una estrategia continental, o bien no comprenden la vinculación de la parte con el todo, o bien son oportunistas que no quieren desarrollar la lucha armada en su país. Toda estrategia de poder y de lucha armada en la Argentina, debe partir de un análisis de la revolución mundial y continental, análisis que efectuamos en capítulos anteriores y de un análisis de las características generales de la revolución en nuestro país. Luego, debemos precisar las tareas apropiadas para cada etapa de la revolución, partiendo de las inmediatas adecuadas a la situación actual y al nivel de conciencia y experiencia de la clase revolucionaria. 1) Argentina es una semicolonia del imperialismo yanqui, en la “etapa final de la lucha contra el imperialismo”, ubicada en un continente que vive un proceso de revolución permanente antiimperialista y socialista; con desarrollo capitalista desigual, una economía en crisis crónica que se acerca a una nueva crisis coyuntural; y desarrollo político relativamente uniforme en todo el país. Del carácter de semi-colonia del imperialismo, en la etapa final de lucha contra el mismo, se desprende que nuestra lucha revolucionaria, aun cuando se inicie como guerra civil, desembocará en una segunda etapa, en una guerra nacional antiimperialista, en la cual es previsible que se alineen del lado de la revolución sectores de la burguesía media, por lo cual tienen importancia las consignas y tareas antiimperialistas y democráticas. La intervención del imperialismo volverá a desequilibrar a favor de la reacción la relación revolución-contrarrevolución. Esta es la primera razón por la cual, la guerra revolucionaria tendrá carácter prolongado. De la ubicación de Argentina en un continente que vive un proceso de 140

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revolución permanente antiimperialista y socialista, en la “etapa final del imperialismo”, deviene el carácter continental de la revolución y la necesidad de coordinar nuestros esfuerzos, en el curso de la guerra revolucionaria, con los movimientos revolucionarios de los países hermanos. La intervención de las fuerzas imperialistas se producirá en todos los países del continente, en los que la guerra civil revolucionaria haga entrar en crisis a los gobiernos y ejércitos títeres, siendo muy difícil, a menos que haya un cambio total en la situación mundial (guerra mundial, por ej.), que triunfe la revolución en un país por separado. Esta es la segunda razón por la cual nuestra guerra revolucionaria tendrá carácter prolongado y no hay posibilidades de una victoria rápida. Del carácter desigual del desarrollo capitalista en la Argentina, de la crisis orgánica de su economía y de las perspectivas de una crisis coyuntural a corto plazo; deviene que haya regiones en las cuales la crisis sea más aguda, las posibilidades de iniciar la lucha armada más inmediatas y necesarias; el apoyo del campesinado pobre para la guerra de guerrillas pueda ser considerado como seguro; la posibilidad de organizar ya mismo grupos armados que encaren acciones armadas en los sectores de vanguardia de la clase obrera y el pueblo, inmediata; que todas estas perspectivas se acrecienten por el desarrollo de la crisis coyuntural; mientras que las regiones en las que la estabilidad económica es mayor, el apoyo del campesinado acomodado debe ser considerado imposible, haya menos posibilidades de que la lucha armada encuentre de inmediato el apoyo de la población, aunque el desarrollo de la crisis coyuntural provoque movilizaciones de masas. Del desarrollo político relativamente uniforme en todo el país, deviene la posibilidad de que un movimiento revolucionario tenga características nacionales al poco tiempo de iniciarse la lucha en la clase y región de vanguardia; aunque en las regiones económicamente estables el apoyo a la lucha armada tenga durante un largo tiempo el carácter de una difusa simpatía, de contribución económica, humana y logística y sólo de acción armada directa en sectores reducidos de la vanguardia obrera y popular. De la uniformidad del desarrollo político, deviene también la unidad de las clases y partidos reaccionarios a escala nacional, en contra de la revolución, siendo este un rasgo que nos diferencia nítidamente de la revolución china, donde el desigual desarrollo político hizo imposible que los distintos sectores de la burguesía contrarrevolucionaria, los “múltiples señores feudales de la guerra” se unificaran en una sólida acción común contrarrevolucionaria. Esta es la tercera razón del carácter prolongado de nuestra guerra revolucionaria. 2) La clase más revolucionaria en la Argentina es el proletariado industrial y sus aliados potenciales, la pequeño burguesía urbana y el campesinado pobre en el norte. La clase obrera está organizada sindicalmente a escala nacional y 141

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tiene una tradición de luchas económicas-reformistas bajo la dirección peronista. Hay síntomas serios de que la clase obrera está agotando su experiencia peronista y se torna permeable al socialismo revolucionario. Sectores importantes de la vanguardia obrera han pasado por la experiencia del terrorismo peronista. El sector de vanguardia de la clase obrera lo constituye el proletariado azucarero y el proletariado rural del Norte. Del hecho de que la clase obrera más revolucionaria sea la clase obrera industrial, deviene la importancia que tiene para un partido revolucionario desarrollar todas las formas de lucha propias de esta clase, procurando mediante la agitación, la propaganda y la acción armada, que las distintas formas de lucha se eleven a planteos políticos, socialistas y revolucionarios, sin estancarse en las reivindicaciones exclusivamente económicas. El hecho contradictorio de que la clase obrera esté organizada sindicalmente a escala nacional y tenga una tradición de luchas económicas-reformistas, es un factor de unión que posibilita que toda lucha revolucionaria emprendida por un sector de vanguardia obrera de importancia se extienda al plano nacional; pero por otra parte, el control de la burocracia que ha surgido como producto de esta tradición es un factor que impide en forma inmediata, la extensión de la lucha a los sectores del proletariado que aún controla. La crisis de la concepción peronista en la clase obrera (su “revolución ideológica”), y la experiencia de métodos revolucionarios-terroristas realizada por sectores de vanguardia (sobre todo en el interior del país) de 1956 a 1961, a la par de tornar más permeable a la clase obrera para nuestra propaganda socialista y revolucionaria, posibilita que nos apoyemos en la tradición revolucionaria de sectores de vanguardia, para combatir la tradición economista-reformista del conjunto. El hecho de que el sector de vanguardia indiscutido de la clase obrera sea el proletariado azucarero tucumano y sus aliados del proletariado industrial y rural y el campesinado pobre, combinado con el hecho de que una de las zonas que vive una crisis económica más aguda sea Tucumán, determina la necesidad de elevar las luchas de la clase obrera tucumana y sus aliados. 3) Las fuerzas de la reacción son grandes y están unidas alrededor de la dictadura bonapartista, de un poderoso y moderno ejército, de los monopolios y el imperialismo, independientemente de sus contradicciones que en tanto no se desarrolle un proceso revolucionario de importancia, o una catástrofe económica, -perspectivas que no son en modo alguno inmediatas- revestirán carácter secundario en relación a la contradicción principal que es la del imperialismo y burguesía nacional por un lado y la clase obrera, sectores empobrecidos de las capas intermedias y campesinado pobre por el otro. 4) Las fuerzas de la revolución son muy débiles, sólo existe un pequeño par142

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tido revolucionario sin mayor influencia de masas, el conjunto de la clase está en retroceso, no existe siquiera un embrión de ejército revolucionario. De estas dos características, la fuerza de nuestro enemigo y nuestra debilidad, se desprende la cuarta razón por la que nuestra guerra revolucionaria será prolongada, siendo imposible una rápida victoria de la revolución. De estas características se desprende también que la lucha armada y la formación de nuestro ejército revolucionario debe ir de lo pequeño a lo grande, de las acciones más simples a las complejas, procurando que estén ligadas a las necesidades y simpatías de las masas, templando lentamente nuestras fuerzas y educando en mil pequeñas acciones nuestros destacamentos armados. De las características de nuestro país, de sus condiciones económicas y sociales, de su tradición política hemos extraído algunas características generales que tendrá la lucha armada y la lucha por el poder en la Argentina. Podemos resumir todas estas características de la revolución en la Argentina, relacionadas con la revolución mundial y continental, del siguiente modo: 1) la revolución argentina es socialista y antiimperialista, es decir permanente. 2) la revolución argentina es táctica en relación a la estrategia de la revolución continental, pero tiene una estrategia propia, consistente en que la clase obrera y el pueblo deberán librar una guerra prolongada para derrotar a la burguesía y al imperialismo, e instaurar un gobierno revolucionario, obrero y popular. 3) la revolución es obrera y popular por su contenido de clase, por ser el proletariado industrial su vanguardia, y por ser sus aliados la pequeño burguesía urbana en todo el país y el proletariado rural y el campesinado pobre en el norte. 4) dado el carácter de clase y el carácter armado de la revolución, esta requiere ser dirigida por un partido y un ejército revolucionarios. 5) en su primera etapa la lucha armada será esencialmente guerra civil y se irá transformando paulatinamente en guerra nacional antiimperialista. 6) por varios motivos la guerra revolucionaria tendrá carácter prolongado y será estratégicamente defensiva por que la librarán los revolucionarios, la clase obrera y el pueblo, con minoría de fuerzas ante un enemigo común mucho más poderoso que actuará a la ofensiva; aunque todas las operaciones tácticas serán ofensivas y libradas, dentro de lo posible, con mayoría de fuerzas. 7) a medida que se desarrolle, la guerra revolucionaria tomará un carácter cada vez más regional y continental, llegando a no respetar fronteras. 8) en esta etapa de la revolución mundial y continental, para el triunfo de la revolución en la Argentina se requerirán un fuerte partido y ejército revolucionario, la incorporación masiva de la clase obrera y el pueblo a la lucha revolucionaria, la extensión continental de la revolución y una crisis total del imperialismo a escala mundial. 143

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LA SITUACIÓN ACTUAL DE NUESTRO PAÍS, CLASE Y REGIÓN REVOLUCIONARIA Consideradas la estrategia mundial y continental de lucha contra el imperialismo, establecida la estrategia para la región Sur del continente, estudiadas las características generales de nuestra estrategia política y militar y las etapas que deberá recorrer la lucha revolucionaria: ¿cómo, cuándo, dónde comenzar la lucha armada? ¿cuáles son las tareas fundamentales de los revolucionarios en la presente etapa? Permaneciendo fieles al marxismo nosotros no podemos ni debemos eludir, mediante frases generales, el análisis de las condiciones objetivas y subjetivas, actuales, vivientes que son en última instancia, las que deciden esos problemas, de la solución de los cuales dependerá toda la táctica. Un ejemplo de tratamiento indigno de estos problemas, indigno para un marxista serio es el documento de Moreno. En el cual mediante generalidades y ambigüedades trata de desembarazarse de estos problemas. Son frases generales y ambiguas, por ej.: “Ninguna de las condiciones objetivas básicas se dan, aunque hay síntomas de que esta situación puede llegar a producirse”, “Paraguay y nuestro país van a la zaga, son actualmente los países más estables (de Latinoamérica)”, “la situación de nuestro país es de relativa estabilización con un deterioro tremendo de la economía nacional (¡?) y de las condiciones de los trabajadores industriales y de pequeños sectores de la pequeño burguesía”, “situación relativamente estable de la burguesía y de grandes sectores de la clase media nacional y de retroceso del movimiento obrero”, etc. Nosotros, en cambio, estudiaremos la situación del régimen, el estado del movimiento obrero, la influencia de la primera sobre el segundo y trataremos de dar respuesta a las preguntas que encabezan este capítulo, tomando en cuenta ese estudio concreto de las condiciones objetivas y subjetivas. ¿Qué elementos objetivos debemos tener en cuenta para responder los interrogantes planteados? En favor de la tesis derrotista, hablan una serie de hechos que están “a la vista”. La dictadura no ha tropezado aún con una oposición abierta desde su instauración. La oposición burguesa ha sido débil y superestructural (hasta ahora llevada a cabo solamente por los “políticos” sin apoyo de sectores burgueses importantes). Desde la derrota del plan de lucha la burocracia sindical se ha sometido más o menos dócilmente y la clase obrera se ha hundido aún más en el “retroceso”. Todo parece indicar como predica muestro “pájaro agorero” “la estabilización por varios años en el cono sud” (luego de la derrota de la lucha armada boliviana). Pero llegados a este punto, debemos aclarar un problema teórico de suma importancia que ha sido permanentemente confundido en nuestro Partido por 144

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obra y gracia de nuestro buen reformista: ¿Qué condiciones exige el marxismo revolucionario para iniciar la lucha armada? ¿En qué momento, en un país o en una región un grupo o un partido revolucionario debe considerar que están dadas las condiciones para el desarrollo de la lucha revolucionaria? El teórico del reformismo en nuestro Partido, presenta el problema del siguiente modo: “¿cuándo comenzamos la lucha armada para conquistar el poder?”. O formulada de otra forma: ¿cuándo podemos decir que hay una situación pre-revolucionaria que nos posibilite la lucha armada por el poder? Y acto seguido cita un párrafo textual del programa de transición que comienza diciendo: “Las condiciones básicas para la victoria de la revolución proletaria han sido establecidas por la experiencia histórica” y acto seguido reproduce las cuatro condiciones conocidas por todo el Partido “para la victoria de la revolución proletaria”. Lenin y Trotsky establecieron estas condiciones para el triunfo de la insurrección para la época y los países que estudiaban. Esas condiciones, según como se agrupen, pueden ser consideradas cuatro o seis, digamos que a las cuatro mencionadas por Moreno, en distintos escritos de Lenin y Trotsky se le agregan otras dos: a) “una nueva conciencia política en la clase revolucionaria que se manifiesta en una colérica hostilidad hacia el orden constituido y la determinación de empeñar los esfuerzos más dolorosos de sufrir inmolaciones dolorosísimas para sacar al país del marasmo en que se debate”, (L.T. Historia de la Rev. Rusa Tomo II pág. 575) y b) “la existencia de un ‘ejército revolucionario’, sin el cual la victoria de la insurrección es imposible” (Lenin Obras Completas Tomo IX pág. 356). Nuestro Partido se movió siempre por este esquema extraído de los clásicos y presentado parcialmente por Moreno, para determinar si había o no condiciones para iniciar la lucha armada. Esta es otra de las trampas teóricas de nuestro reformista. Veamos: en primer lugar, Lenin y Trotsky jamás pretendieron que este esquema de exigencias fuera aplicable en todo tiempo y lugar; eran, más bien, las condiciones que ellos estimaban necesarias para el triunfo de la insurrección en Rusia o a lo sumo en Europa, en el tiempo en que vivían. En segundo lugar, estas condiciones se establecían para la victoria de la insurrección, no para el inicio de la lucha armada, ni para determinar una situación pre-revolucionaria ya que desde Lenin a nuestros días, todos los grandes revolucionarios distinguieron con claridad lucha armada de insurrección y condiciones revolucionarias de condiciones insurreccionales. En la concepción estratégica de Lenin, las clases revolucionarias podían tomar el poder cuando satisfacían esas exigencias. Pero todos los factores subjetivos, se construían en el curso de la lucha 145

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revolucionaria, en el curso de la guerra civil prolongada, que era política pero también armada. Siguiendo la concepción leninista, a la cual debemos agregarle hoy otras exigencias superiores determinadas por la etapa que vivimos (expansión continental de la lucha y crisis del imperialismo), nosotros debemos responder que las clases revolucionarias en la Argentina no están en condiciones de hacer la revolución, de tomar el poder; que la fuerza necesaria para realizarla la adquirirán en el curso de la lucha revolucionaria, que se desarrollará en los marcos estratégicos que hemos analizado en los capítulos anteriores. Solamente en el curso de esa lucha revolucionaria, de esa guerra civil y antiimperialista prolongada, la clase revolucionaria adquirirá “la nueva conciencia política necesaria”, construirá su partido y ejército revolucionario y desarrollará los organismos o regiones de poder dual, necesarios para derrocar el régimen. La responsabilidad de los revolucionarios es, precisamente, iniciar la lucha revolucionaria cuando las condiciones objetivas han madurado, colocarse a la vanguardia de la clase revolucionaria y orientarla por el “largo, difícil y duro” camino de la revolución. ¿Qué elementos deben tomarse en cuenta para caracterizar una situación como pre revolucionaria? Lenin nos dice: “Marx resuelve el difícil problema sin escudarse en el ‘estado’ de ‘depresión’ y cansancio de éstas o de aquellas capas del proletariado (como lo hacen a menudo los socialdemócratas que caen en el seguidismo). No, mientras no poseía otros datos fuera del estado de ánimo de depresión (en marzo de 1850), continuaba exhortando a armarse y a prepararse para la insurrección, sin tratar de deprimir con su escepticismo y su desorientación el estado de ánimo de los obreros”. Para Lenin y Marx, las condiciones para el desarrollo de la revolución se establecen a partir del estudio de las condiciones objetivas. Estas condiciones objetivas son: 1°) el estado de las fuerzas productivas (si se desarrollan, si están estancadas, o en retroceso). 2°) la existencia objetiva de clases revolucionarias. 3°) si las capas intermedias tienen o no salida dentro del régimen imperante. Según Lenin, Marx, pese al aplastamiento de la revolución alemana en 1849, y al evidente estado de “depresión” de las masas, continúa exhortando a éstas a armarse, a prepararse para la lucha revolucionaria. Recién cuando Marx y Engels llegan a la conclusión de que la crisis industrial del año 1847 ha pasado, recién entonces, plantean la cuestión de manera tajante y precisa; “en el otoño de 1850 declara categóricamente que ahora, en momento de tan exuberante desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa no cabe ni siquiera hablar de una revolución verdadera” (Lenin Tomo X-133). Este ejemplo de Marx fue el procedimiento que siguió permanentemente 146

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Lenin en todos sus análisis, incluso en 1906, fecha de la que provienen estas citas, polemizó contra los mencheviques y contra Trotsky que del retroceso evidente de las masas posterior a la derrota de 1905, deducían la necesidad de adoptar toda una política reformista, parlamentaria, legalista, no-bolchevique. Los pedantes unidos del club Moreno & Cía. han tergiversado totalmente esta polémica pretendiendo afirmar que Trotsky y los mencheviques tuvieron razón en 1906. Nada más falso. El método y la política de Lenin que, independientemente del “retroceso” de las masas, a partir del análisis de las condiciones objetivas, dedujo la necesidad de mantener la organización clandestina del partido, los métodos revolucionarios de trabajo, la preparación de los destacamentos armados, fue el método que permitió construir el Partido bolchevique, contra el espontaneísmo de los mencheviques que todo lo reducían al estado de ánimo de las masas y a los factores subjetivos. En resumen: debe distinguirse condiciones insurreccionales de condiciones revolucionarias. Las primeras son el conjunto de condiciones objetivas y subjetivas, que posibilitan la victoria de la insurrección general. Estas condiciones confluyen por breve tiempo luego de un largo proceso revolucionario, de una guerra civil prolongada. “Entre el momento en que la tentativa insurreccional por ser prematura conduciría a un aborto revolucionario, y aquel otro en que la situación favorable se ha desvanecido sin remedio, transcurre una etapa de la revolución -puede medírsela en semanas cuando no en algunos meses- durante la cual el alzamiento tiene probabilidades más o menos serias de triunfo” (Trotsky. Historia T II-574). Es para establecer ese “momento”, en las condiciones de su época y sus países, en el cuál la dirección revolucionaria llama a las masas al asalto del poder, que los clásicos utilizaban el esquema de las condiciones insurreccionales. Las condiciones revolucionarias deben establecerse a partir de las condiciones objetivas. Aclarada esta cuestión hagamos el análisis de esas condiciones en nuestro país. El proceso de colonización imperialista en nuestro país ha culminado con la instauración de la dictadura bonapartista, apoyada por los grandes monopolios y la gran burguesía. Nuestro país es hoy más dependiente que nunca de la economía mundial capitalista y del imperialismo. Como ya hemos visto el déficit de la balanza de pagos del imperialismo repercutirá agudamente en las semicolonias. A esto debemos agregar que la polarización entre los países imperialistas y los dependientes se acrecienta año a año, por ejemplo la exportación de productos primarios, uno de los índices del desarrollo de las fuerzas productivas de los países dependientes, ha bajado a 96, si se toma como índice el año 1953. 147

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Nuestro país vivió, a costa de enajenar los sectores fundamentales de su economía, un período de equipamiento industrial, de ligero desarrollo de las fuerzas productivas, durante el frondizismo. Durante el gobierno de Illia ese desarrollo se estancó. La dictadura bonapartista anunció que, previa una etapa de “estabilización” y “reordenamiento”, iniciaría una etapa de desarrollo de las fuerzas productivas; mucha gente lo creyó, entre ellas nuestro impresionista compañero Moreno que predijo hace un año:.. un reanimamiento a un año de la economía nacional. Lo cierto es que los planes de la dictadura se han venido abajo: su ministro de economía ha anunciado, ya abiertamente, sin tapujos, cuáles son sus planes futuros: colocar aún más la economía nacional en situación de “interdependencia” con el imperialismo, no “sustituir importaciones” mediante el desarrollo de sectores de la industria nacional que resultan “onerosos” al país en su conjunto, estimular la elaboración de productos primarios, etc. Este plan anti-desarrollista de la dictadura, se basa en la situación real de la economía capitalista para 1968: falta de financiación exterior a las obras de infraestructura debido a la crisis del capitalismo mundial, cierre de mercados para los productos de exportación argentinos con la consiguiente reducción de ingresos de divisas, comienzos notorios de una recesión industrial para este año, descenso del producto bruto “per cápita” del 2 % en 1967, cerca de un millón de desocupados, etc. A esto debe agregarse la perspectiva de una crisis coyuntural de la economía argentina, que de producirse acelerará todas las contradicciones sociales, comenzando por las inter-burguesas, siguiendo por las de la burocracia sindical y la burguesía y las de la clase obrera con la burocracia y la burguesía. Esta es la perspectiva real, concreta, expresada sin rodeos, sin frases generales vacías de contenido, abierta para el año que se inicia, aun cuando no estemos en condiciones de predecir cuándo se concretará. No hay a la vista elementos que permitan suponer una recuperación o reanimamiento de la economía argentina; de producirse esta más adelante, se alejarían las posibilidades de una “verdadera” política revolucionaria para amplios sectores de masas, aun cuando se produjera fomentada por la reactivación económica una “reactivación del movimiento obrero y la vanguardia como consecuencia de una demanda de mano de obra”. Tal como señalara Moreno en su famosa tesis económica en la que, una vez más, confunde reanimamiento de las luchas económicas, con posibilidades de un reanimamiento de las luchas económicas y político revolucionarias de la clase obrera, con posibilidades de desarrollo de la “verdadera” revolución, que sólo existe en épocas de estancamiento de las fuerzas productivas y no de desarrollo de éstas. La primera condición establecida por los clásicos, dentro de los marcos nacionales, para considerar una situación revolucionaria es: “la incapacidad del 148

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régimen social existente para resolver los problemas fundamentales de desarrollo del país” (L. Trotsky, H. de la Rev. Rusa, T. II, pág. 575). Expresión mucho más precisa y menos exigente que la interpretación que ha contrabandeado en el Partido Moreno: “que las clases burguesas no encontrasen salida a una situación crítica”, ya que es evidente que, por ejemplo, ya hoy en la Argentina el régimen se muestra “incapaz de resolver los problemas fundamentales del país”, pero nadie puede decir que “las clases burguesas no encuentran salida a una situación crítica” (incluso porque habría que definir qué quiere decir Moreno con una “situación crítica”) . Esa condición existe en el país desde hace varios años y en la casi totalidad del Norte, con una agudeza crónica similar a la de los países más atrasados. Dentro de este marco, las capas intermedias no tienen perspectiva de desarrollo, de allí su descontento, su desilusión ante la política de la clase dirigente, su oposición a la dictadura, que a la vez de ser un estado de ánimo palpable, comienza a manifestarse en algunos síntomas como la reciente huelga de los médicos, de los estatales en La Plata, las amenazas de los maestros, la izquierdización de la dirección del movimiento estudiantil manifestada en el congreso de la FUA, y que no debemos adjudicar solamente a la influencia superestructural de la OLAS. Este descontento no puede, no podrá concretarse en grandes acciones contra la dictadura, porque la clase media es incapaz de llevar a cabo por sí misma, en los países con una industria desarrollada, una acción política sostenida. Sólo puede actuar apoyando a un sector de la burguesía como lo hizo en 1955, o sosteniendo la iniciativa revolucionaria del proletariado, siempre que éste se de una política correcta para acaudillar al pueblo en su conjunto. En los tiempos de crisis nacional “la pequeña burguesía sigue a la clase capaz de inspirarle confianza, no sólo por sus palabras sino por sus hechos. Es capaz de impulsos y hasta de delirios revolucionarios, pero carece de resistencia, los fracasos la deprimen fácilmente y sus fogosas esperanzas pronto se cambian en desilusión” (Trotsky Ídem, 577). Esa clase “capaz de inspirarle confianza por sus hechos”, “capaz de tomar las riendas de la nación para resolver los problemas planteados por la historia aún no ha hecho su entrada como clase revolucionaria, con una política independiente, en la historia de nuestro país. Corresponde que intentemos responder al interrogante: ¿su calma actual es el preludio de su entrada en la historia del país como clase revolucionaria independiente? O, por el contrario ¿es el inicio de un largo retroceso y su integración al régimen tal como se produjo en las metrópolis imperialistas? O, finalmente, ¿es un período de retroceso entre períodos de luchas económicas, dirigidas por sectores burocráticos y burgueses, con objetivos reformistas, no revolucionarios ni socialistas?

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QUE SENTIDO TIENE EL “RETROCESO” DE NUESTRA CLASE OBRERA Hemos establecido, mediante un análisis concreto, actual, que las condiciones objetivas para el desarrollo de la revolución verdadera están dadas. Hemos señalado que las dos primeras condiciones objetivas establecidas por los clásicos para el desarrollo de la revolución, incapacidad de la burguesía de resolver los problemas de desarrollo económico y falta de perspectivas de las capas intermedias, existen en nuestro país desarrolladas desigualmente en distintas regiones y todos los hechos concretos indican que se agudizarán en el futuro. Ahora bien: ¿existe en nuestro país “la clase capaz de tomar las riendas de la nación”, de aprovechar las condiciones objetivas favorables para la revolución socialista, de crear las condiciones subjetivas y de arrastrar a las clases intermedias tras su política? Sí, existe. En nuestro país el capitalismo ha desarrollado una numerosa clase obrera con tradición de lucha económica, organizada sindicalmente, que ha pasado por la experiencia del peronismo y constituye la fuerza social potencialmente revolucionaria, más importante de Latinoamérica. Así se complementan las condiciones objetivas revolucionarias. Esa clase, ¿tiene en estos momentos fuerza y experiencia suficientes como para hacer la revolución? Como señalan Lenin y Trotsky: “La revolución puede haber madurado, y los creadores revolucionarios de esta revolución pueden carecer de fuerzas suficientes para realizarla, entonces la sociedad entra en descomposición y esta descomposición se prolonga a veces hasta por decenios”. Se trata entonces de saber “si las clases revolucionarias tienen bastante fuerza para realizarla”. Vamos ahora a estudiar el estado de la clase obrera, para ver de qué punto debemos partir para iniciar la lucha armada revolucionaria, en el curso de la cual se desarrollarán las fuerzas subjetivas necesarias para su futuro y lejano triunfo. Frecuentemente en nuestro Partido se ha utilizado la descripción del estado de la clase como explicación de todos los males del país y partidarios, el “retroceso” es la fatalidad que nos deja sin perspectivas, a la espera de reanimamientos, “los males del retroceso sólo los cura el ascenso”. Dentro de ese esquema tan simple y superficial como oportunista, el partido y la situación objetiva no son nada, el estado de ánimo de la clase obrera lo es todo. Lenin, a quien por suerte todavía nadie llama “putchista” en nuestro Partido, repudió siempre ese método de análisis, señalando que la política del partido no debía determinarse en base al estado de la clase, sino de las posibilidades objetivas de desarrollo de la “verdadera” revolución. Ya hemos citado sus ejemplos recientemente. 150

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Nosotros vamos a analizar el estado de la clase en el sentido leninista, no para explicar todos los males del Partido o determinar las posibilidades de desarrollo de la revolución. Nosotros, como Lenin, creemos que las posibilidades de desarrollo de la revolución, se basan fundamentalmente en el análisis de las condiciones objetivas. Ese análisis ya lo hemos hecho precedentemente y nos permite afirmar la existencia de condiciones revolucionarias en todo el país y en especial en el norte. Tratemos ahora de penetrar en el sentido del actual “retroceso” de la clase obrera, para tener un elemento más a tomar en cuenta, acerca de la forma mejor de luchar para movilizar a la clase obrera contra la dictadura y el imperialismo. Nuestra clase obrera industrial, desde el surgimiento del peronismo hasta hoy, apoyó la política y las concepciones de la dirección peronista y la burocracia sindical. En esta etapa vivió ascensos y descensos, períodos de luchas y períodos de retroceso, pero el común denominador de todos ellos fue que la dirección burguesa y la burocracia sindical siguieron contando con el apoyo de la clase obrera, que sus concepciones, sus objetivos políticos, tanto en las épocas de auge de las luchas económicas como en las de retroceso, fueron tomados por la clase obrera como suyos. Hoy la situación ha cambiado, la clase obrera vive una en intensa revolución ideológica. Las concepciones pequeño burguesas que le inculcó el peronismo, la confianza en las direcciones sindicales burocráticas, se encuentran profundamente corroídas por las duras derrotas sufridas en los últimos 12 años y por el ejemplo que significa la existencia de una dirección revolucionaria continental: el castrismo. La orientación futura e inmediata de la clase obrera y el pueblo, estará determinada cada vez más: 1) por las condiciones objetivas de descomposición del capitalismo semicolonial y las subjetivas de existencia de un proceso de revolución latinoamericana y una dirección revolucionaria continental (a la que debemos agregar la existencia en la Argentina, por primera vez en 25 años, de un Partido revolucionario nacional, aunque pequeño y con poca influencia de masas) y; 2) por la política de traición de su vieja dirección (el peronismo y la burocracia sindical). De estos dos factores el decisivo es el primero. Por un lado las leyes de la historia son más fuertes que los aparatos burocráticos que no podrán ya adormecer por mucho tiempo el natural impulso revolucionario de la clase obrera y el pueblo en situaciones de crisis social. Por el otro, el desarrollo de la revolución latinoamericana y de nuestro Partido dotarán a las masas de la dirección que necesitan para superar su actual retroceso. Nuestra tarea fundamental en todo este período que va de la actual etapa de retroceso hasta el próximo reanimamiento de la lucha de clases, consiste en 151

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superar la contradicción existente entre: 1) la madurez de las condiciones objetivas para la revolución en la Argentina, y el desarrollo avanzado de la lucha de clases en el continente, por un lado; y, 2) la falta de madurez revolucionaria de la clase obrera y el pueblo (confusión y desánimo en el viejo proletariado, falta de experiencia revolucionaria en el joven, falta de conciencia socialista en general) y el retroceso de la lucha revolucionaria en nuestra patria en relación al resto del continente, por el otro. No están dadas las condiciones objetivas para que ese retroceso desemboque en la integración al régimen como ocurriera en los países metropolitanos, (laborismo, ALF-CIO). Por primera vez en 25 años comienzan a darse las condiciones para que un reanimamiento de la clase obrera desemboque en un auge “verdaderamente” revolucionario. En la preparación y en el curso de ese auge, se fortalecerá, desarrollará y adquirirá influencia en grandes sectores de masas, nuestro Partido; en la preparación armada y en el curso de ese auge, nuestro Partido fortalecerá el ejército revolucionario, sin el cual, desde Lenin hasta el presente, todos los revolucionarios sabemos que la victoria es imposible, y al cual debemos comenzar a crear ya mismo, con la preparación e iniciación de la lucha armada. La única posibilidad de que las fuerzas que templa nuestra clase, en el caldero de sus sufrimientos cotidianos, y que inevitablemente llevarán a un reanimamiento de sus luchas, desemboquen en un auge revolucionario, residen en nuestro Partido. Es la única fuerza revolucionaria existente en el país, de su audacia y decisión, de su capacidad de indicar a los más amplios sectores de la clase -mediante una vigorosa campaña de propaganda y agitación- la salida política a la actual situación, de su capacidad para preparar, iniciar y desarrollar -estrechamente ligado a las clases revolucionarias- la lucha armada contra el régimen y el imperialismo, depende la suerte de la revolución en los próximos años. La clase obrera tensa sus fuerzas para un reanimamiento de contenido distinto a todos los anteriores, desorientada y a la espera de un polo revolucionario que le indique el camino a seguir. Ella, que aún bajo las más podridas direcciones reformistas supo dar muestras de heroísmo, sabrá cumplir con su cometido. Somos nosotros los revolucionarios conscientes quienes debemos cumplir con el nuestro. (Por razones de seguridad hemos suprimido el análisis de las relaciones entre la vanguardia revolucionaria y región revolucionaria y la respuesta a la pregunta cómo, dónde y cuándo, debe iniciarse la lucha armada).

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RELACIÓN MILITAR ENTRE EL CAMPO Y LA CIUDAD EN LA PRIMERA ETAPA DE GUERRA REVOLUCIONARIA Dentro de nuestra estrategia de guerra civil prolongada, la creación de una fuerza militar revolucionaria es nuestro objetivo táctico principal. Dentro de nuestra estrategia de poder, que el proletariado industrial de las ciudades y sus aliados inicien un auge revolucionario contra la dictadura bonapartista y el imperialismo es otro objetivo estratégico que debe ser subordinado tácticamente a la estrategia de guerra civil prolongada. La experiencia de todas las revoluciones enseña que el proletariado no obtiene el poder en su primer alzamiento revolucionario. Lo más probable es que en sus primeros intentos sea derrotado, hasta que atesore la suficiente experiencia de lucha y organice un ejército revolucionario capaz de derrotar al ejército del régimen; el partido revolucionario debe trabajar tesoneramente en la preparación de ese auge pero sabiendo que es muy difícil que en su primer intento “verdaderamente” revolucionario la clase obrera tome el poder, y que desde el comienzo mismo del auge el partido debe preparar su posible repliegue. Por eso decimos que el auge revolucionario del proletariado es táctico en relación a la estrategia de guerra civil prolongada. Ahora bien: ¿qué es táctico en relación a nuestro objetivo estratégico de formación de una fuerza militar revolucionaria? Desde ese ángulo el levantamiento del conjunto del proletariado debe también ser considerado táctico, durante un primer período. Es táctico en relación al objetivo estratégico de construir un ejército revolucionario; objetivo que se logra estratégicamente en el campo. “Es fundamental en nuestro país la lucha del proletariado urbano”. Los compañeros que dicen eso tienen razón, pero señalan una verdad a medias. La lucha del proletariado urbano es fundamental, por ser la clase motor de la revolución, pero en la etapa actual de lucha contra el imperialismo no tiene posibilidad alguna de triunfar si no es respaldada por un ejército revolucionario estratégicamente construido en el campo. Y esto es así por varias razones. Ya Engels y Lenin habían señalado la imposibilidad de llevar a cabo una guerra de posiciones, o una guerra de movimientos de grandes unidades combatientes del proletariado en las ciudades. Lenin resolvió el problema aconsejando al proletariado organizarse en grupos reducidos de tres a cinco, que libraran una guerra de guerrillas de gran movilidad, sin defender posiciones. En nuestra época la situación ha variado totalmente. Como hemos visto en detalle, si bien como perspectiva histórica las crisis del imperialismo es inevitable, el levantamiento de las masas oprimidas de las metrópolis seguro, y la derrota del imperialismo en manos de esas masas no menos segura; eso está muy lejos de producirse, tendrá que avanzar mucho más aún la revolución de los 153

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países coloniales y semicoloniales para que ocurra. Hasta tanto suceda, el imperialismo es una fuerza militar muy poderosa, con una gran cohesión y poder técnicos de destrucción, su intervención para aplastar la revolución se produce siempre que los gobiernos y ejércitos títeres tambalean, por lo tanto es imposible resistir en una guerra de posiciones en las ciudades, al ejército imperialista. La Revolución en la Rep. Dominicana es un ejemplo de lo que decimos. En todos los países dependientes la tendencia es a eliminar los gobiernos de características democrático-burguesas para reemplazarlos por dictaduras militares que, ya en una primera etapa, le plantean al movimiento obrero la imposibilidad de desarrollar movilizaciones de masas y, menos que menos, defender posiciones ocupadas, ya sean fábricas o barrios. A lo máximo que puede llegarse en las ciudades, es la formación de pequeñas unidades de combate que lleven a cabo acciones de guerrillas urbanas. Algunas estarán combinadas y otras no con movilizaciones de masas. Solamente en zonas geográficamente favorables y contando con el apoyo de la población, es posible la formación de columnas móviles numerosas que lleven a cabo una guerra de movimientos. Sin la formación de estas columnas móviles es imposible hablar de ejército revolucionario, a menos que se quiera confundir el problema llamando ejército revolucionario a los desperdigados destacamentos de combate que operan en las ciudades y que nunca, por sí solos, ni aun contando con la movilización masiva del proletariado, podrán derrotar a los modernos ejércitos del imperialismo. Todo esto debe tenerse en cuenta al combatir las tendencias aventureras que formulan llamados prematuros a la insurrección. Por todos estos motivos, por una etapa de varios años, la formación de un ejército en el campo es nuestra estrategia para la creación del ejército revolucionario; y la creación de centenares de destacamentos armados obreros y populares que actúen en las ciudades; 1) apoyando las movilizaciones de masas, y 2) llevando a cabo una acción militar independiente; es nuestra táctica fundamental que debe estar subordinada a aquella estrategia. CARÁCTER ESTRATEGICAMENTE DEFENSIVO Y TÁCTICAMENTE OFENSIVO DE NUESTRA GUERRA REVOLUCIONARIA EN UNA LARGA PRIMERA ETAPA, SUS FORMAS ESPECÍFICAS EN LA CIUDAD Y EL CAMPO La lucha armada revolucionaria, tendrá un carácter estratégicamente defensivo en todo el país y en toda la región Sur. 154

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El carácter ofensivo o defensivo de una estrategia debe establecerse tomando el conjunto de las relaciones de fuerzas políticas y militares que actúan en el continente, la región, el país y dentro de una zona del país. Iniciada la lucha armada revolucionaria con minoría de fuerzas en el continente, en la región, el país y la zona del país; el partido y el ejército durante una larga primera etapa que llevará muchos años, se verá obligado, si no quiere sufrir y hacer sufrir a las masas serios reveses, a darse una estrategia defensiva. Esto quiere decir que el Partido tomará en cuenta que las fuerzas de la revolución son más débiles que las de la contrarrevolución; que si bien las oligarquías y el imperialismo defienden sus privilegios de explotadores ante la perspectiva histórica de que le sean arrebatados por las clases revolucionarias: en el terreno militar y político, en la presente etapa, tienen una fuerza abrumadoramente superior a la de la revolución y, apenas esta desarrolle la lucha armada, se colocarán a la ofensiva en todos los frentes tratando de reprimirla. En todo momento debemos tener en cuenta esta relación de fuerzas del conjunto de la situación, porque si nos dejamos guiar por la situación parcial en una breve etapa de tiempo o en una estrecha región podemos sobrestimar nuestras propias fuerzas y subestimar las del enemigo, y sufrir duras derrotas. Esto implica que debemos combatir teniendo en cuenta nuestra debilidad y siendo conscientes de que la superaremos con el correr del tiempo si combatimos bien y con una política justa. El error que cometen los oportunistas es que se dejan impresionar por aspectos parciales, y de allí sacan conclusiones generales sin tomar en cuenta el conjunto de la situación, o bien que confunden las perspectivas históricas a largo plazo, con la realidad de la presente etapa de nuestra revolución. Su método ha sido definido en el marxismo como método metafísico y consiste en juzgar los aspectos parciales por separado, sin tomar en cuenta su relación con el todo y con la realidad; es el método que guía en muchas oportunidades el pensamiento de Moreno y que puede llevar al Partido a errores fatales. El carácter estratégico defensivo de una larga primera etapa de la revolución, debe tomarse en cuenta para combatir a las tendencias, como la de Moreno, que por seguir un método metafísico de pensamiento, se dejan impresionar por cualquier aspecto parcial de la situación -como ha ocurrido con la guerrilla boliviana que, según él cambia la etapa en Bolivia de defensiva en ofensiva- y adoptan posiciones aventuras que, sí por un milagro, llegan a tener influencia en las masas, pueden provocar duras derrotas o en el mejor de los casos, dan perspectivas falsas que desorientan al Partido. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que, por razones políticas y militares, toda operación táctica de lucha armada debe prepararse y librarse con un criterio ofensivo, procurando mantener la iniciativa y concentrar la mayoría de 155

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fuerzas contra el enemigo. Debemos tener en cuenta que esto es posible y necesario, para combatir a los aventureros que quieran hacernos librar batallas innecesarias en inferioridad de condiciones, y para combatir a los seguidistas que partiendo del estado de retroceso de la clase obrera, consideran que es imposible librar exitosamente acciones armadas. La primera conclusión importante que debemos sacar de nuestra estrategia defensiva para la primera etapa, es la necesidad de un fuerte aparato ilegal del conjunto del Partido antes de emprender acciones militares. Si no lo hacemos, si nos dejamos guiar por las irresponsables caracterizaciones de Moreno que considera que la lucha armada en el Norte y Bolivia no modificará para nada la situación de Centro y Litoral, que no toma en cuenta que deberemos colocarnos a la defensiva en el conjunto del país, seremos liquidados en cuatro días. El desarrollo del ejército revolucionario en el campo depende más de la corrección de su mando, que de las fluctuaciones en las condiciones económico-sociales y del estado de ánimo de la clase obrera. Aunque si se produce un cambio cualitativo en el régimen burgués, y éste, logra superar su crisis crónica para iniciar un pujante desarrollo de su economía, este cambio afectará grandemente el curso de la guerra revolucionaria. Lo que es necesario tener en cuenta es que la economía argentina no puede resolver el estado de miseria del campesinado y la crisis aguda de la economía en el Norte. Manteniéndose esas bases el desarrollo del ejército revolucionario dependerá fundamentalmente de la corrección de su mando. Si tenemos un mando decidido, audaz e inteligente, dispuesto a los mayores sacrificios; y un Partido y una estrategia nacional y continental, el crecimiento de nuestra fuerza militar será constante y ascendente, independientemente de las marchas y contramarchas, avances y retrocesos que necesariamente habrá de efectuar; y estará vinculado tanto a la lucha en el resto del país, como a toda la Región Sur. El desarrollo de la lucha armada revolucionaria en los grandes centros industriales, en cambio, seguirá pautas y una dinámica distinta. Dentro de la primera etapa estratégicamente defensiva, habrá épocas en que la clase obrera se movilizará colocándose a la ofensiva táctica contra el régimen, se librarán grandes batallas que inicialmente serán ganadas por el enemigo y desde el comienzo de las cuales es necesario preparar el redespliegue y se abrirán largos períodos de retroceso en los cuales la clase obrera en su conjunto no participará en la lucha de guerrillas en el campo y la ciudad, y nuestro Partido y los destacamentos armados deberán librar mil pequeños encuentros tácticos, algunos subordinados a la estrategia del ejército revolucionario, otros ligados a las necesidades inmediatas de la lucha de clases y tendientes a provocar un nuevo reanimamiento de la lucha de la clase obrera; otros por fin, tendientes al financiamiento del Partido y los combatientes. 156

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No debe olvidarse, en fin, que toda lucha revolucionaria recorre ineluctablemente tres etapas: en la primera la revolución está poco desarrollada, en inferioridad de condiciones y tiene una estrategia defensiva; en la segunda, gracias a la lucha revolucionaria se produce un equilibrio de fuerzas en el cual la revolución prepara sus fuerzas para pasar a la ofensiva; en la tercera, la revolución pasa a la ofensiva y el enemigo se defiende. Esta dinámica inevitable casi seguramente provocará la intervención del imperialismo y transformará la guerra civil revolucionaria en guerra nacional antiimperialista. Pero en esa etapa, el desarrollo continental de la revolución colonial y de la revolución socialista provocará el derrumbe final del imperialismo y el triunfo de nuestra revolución será inevitable!

Capítulo V LAS TAREAS Y ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO ¿Cuáles son las principales tareas externas del Partido? Debemos partir de la caracterización que hicimos de la etapa (transición del economismo hacia formas de lucha verdaderamente revolucionarias) por la que pasa la clase obrera. Para cumplirlas, nuestro Partido debe pegar el salto de círculo de propaganda y actividad sindical a partido político-militar revolucionario. Tomaremos de Lenin la caracterización general de cuáles son las tares en una etapa de transición como la que vivimos. Los compañeros nos perdonarán que en este extenso trabajo, incluyamos ahora extensas citas de Lenin. Lo hacemos con el convencimiento de que en nuestro Partido, los oportunistas encabezados por Moreno, han tergiversado permanentemente el pensamiento revolucionario en la forma más repugnante. Por eso, ante la difícil etapa que se avecina, consideramos que todo trabajo teórico en el Partido debe apoyarse y partir de un estudio serio de las posiciones de los grandes marxistas revolucionarios ante los problemas generales de estrategia y táctica revolucionarias. A partir de este estudio, estaremos en condiciones de distinguir qué hay de “clásico” en nuestra situación nacional -y qué hay de “nuevo”- que no es otra cosa que la aplicación de los principios y leyes del marxismo revolucionario a las nuevas condiciones de la etapa de la revolución mundial, continental y nacional. Dejaremos entonces a los oportunistas que polemicen si quieren, o si pueden, con las ideas y principios del marxismo revolucionario. Los trabajos de Lenin que pasamos a citar, pertenecen a una época de características parecidas en Rusia, a las actuales de la Argentina desde el punto de vista de la relación del partido con las masas. El Partido Revolucionario era 157

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muy pequeño, recién se organizaba, tenía influencia en sectores muy reducidos de la vanguardia obrera, la clase obrera en su conjunto recién comenzaba a movilizarse en huelgas económicas; ello ocurría por los años 1899-1900. Lenin se encontraba en Rusia con el mismo problema que nosotros hoy en la Argentina: aplicar el programa general del marxismo revolucionario a esas condiciones particulares. Él también se vio obligado a luchar desde el comienzo contra las tendencias economistas que pretendían centrar la actividad fundamental del partido en las luchas sindicales de la clase obrera. La diferencia sustancial residía en la situación y etapa de la revolución mundial, ella nos exige hoy incorporar la lucha armada desde el comienzo mismo de la construcción del Partido. En nuestro Partido, ha llegado el momento en que, desgraciadamente, tengamos que preguntarnos como Lenin en 1899, qué quieren decir algunos conceptos generalmente aceptados por todos pero que, al parecer, cada uno interpreta como le conviene. Transcribimos a continuación un párrafo al que apoyamos totalmente y lo tomamos como si hubiera sido escrito en 1968, para la situación especial que pasa nuestro Partido. “Todos estamos de acuerdo en que nuestra tarea es organizar la lucha de clases del proletariado. ¿Pero qué es la lucha de clases? Cuando los obreros de una determinada fábrica, de un gremio determinado, inician una lucha contra su patrono o patronos, ¿es eso lucha de clases? No; eso es tan sólo un débil comienzo. La lucha de los obreros se convierte en lucha de clases, sólo cuando los representantes de vanguardia de toda la clase obrera de un país tienen conciencia de la unidad de la clase obrera y emprenden la lucha, no contra un patrono aislado, sino contra toda la clase capitalista y contra el gobierno que apoya a esa clase. Sólo cuando cada obrero tiene conciencia de ser parte de toda la clase obrera, cuando en su pequeña lucha cotidiana contra un patrono o un funcionario ve la lucha contra toda la burguesía contra el gobierno en pleno, sólo entonces su lucha se transforma en lucha de clases. ‘Toda lucha de clases es lucha política’; esta conocida frase de Marx no debe interpretarse en el sentido de que toda lucha de los obreros contra los patrones es siempre lucha política. Hay que interpretarla en el sentido de que la lucha de los obreros contra los capitalistas necesariamente se convierte en lucha política, a medida que se convierte en lucha de clases. La tarea de la socialdemocracia reside precisamente en transformar, por medio de la propaganda, la agitación y la organización de los obreros, esa lucha espontánea contra sus opresores, en una lucha de toda la clase, en una lucha de un partido político determinado, por ideales políticos y socialistas definidos”. (Los subrayados son de Lenin). Aquellos que siguiendo las concepciones oportunistas de Moreno llaman lucha de clases a los conflictos económicos mínimos de la clase obrera y que 158

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creen con arrogante pedantería que nuestro Partido se ha construido en la “lucha de clases”, deben estudiar con detenimiento este párrafo de Lenin para entender qué queremos decir nosotros cuando caracterizamos a nuestro Partido como un círculo de propaganda construido en la lucha sindical. Nosotros le damos al término lucha de clases la acepción leninista, y nos oponemos a quienes en nombre de la lucha sindical, desprecian el alma de la actividad revolucionaria: la lucha política y se autocastran para cumplir la tarea de los revolucionarios que es transformar la lucha sindical en lucha de clases político-revolucionaria. Nuestros oportunistas nos dirán que somos sectarios y ultraizquierdistas, que queremos apartarnos de las masas en nombre de la “lucha política”, que no entendemos que en esta etapa lo fundamental es la lucha económica y que luego, cuando el Partido penetre lo suficiente en la clase y cambie la situación de la misma, tendrá recién importancia la lucha política que será realizada por y desde la clase. No harán con eso otra cosa que repetir los argumentos que usaban los economistas contra Lenin. Veamos como respondía Lenin a esos ataques: “Algunos social-demócratas rusos consideran incomparablemente más importante la lucha económica, llegando casi a aplazar la lucha política por un porvenir más o menos lejano. Semejante opinión es profundamente equivocada. Todos los socialdemócratas están de acuerdo en que se debe organizar la lucha económica de la clase obrera, en que en este terreno hay que ayudarles en su lucha diaria contra los patronos, llamar su atención sobre todos los aspectos y casos de opresión y explicarle de este modo la necesidad de unificarse. Pero olvidar la lucha política a causa de la lucha económica, significaría renegar del principio fundamental de la socialdemocracia del mundo entero, significaría olvidar todas las enseñanzas que nos proporciona la historia del movimiento obrero”. (el subrayado es nuestro). ¡He aquí la respuesta leninista a los que subordinan la propaganda y agitación política a la lucha sindical! Luego Lenin dice: “La socialdemocracia no se limita simplemente a servir al movimiento obrero; ella es ‘la unión del socialismo en el movimiento obrero’ (según la definición de Kautsky, quien reproduce las ideas básicas del Manifiesto Comunista); su tarea es introducir en el movimiento obrero espontáneo determinados ideales socialistas, ligar este movimiento con las convicciones socialistas, que deben estar al nivel de la ciencia contemporánea, ligarlo con la sistemática lucha política por la democracia, como medio de realizar el socialismo; en una palabra fundir este movimiento espontáneo en un todo indivisible con la actividad del partido revolucionario”. En la “Protesta de los Socialdemócratas de Rusia”, uno de sus primeros trabajos propagandísticos, Lenin nos dice: “El marxismo ligó en un solo haz inseparable la lucha económica y política de la clase obrera; y el afán de los au159

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tores del ‘credo’ de separar esas formas de lucha constituyen una de sus desviaciones del marxismo menos felices y más deplorables”. Y luego: “la convicción de que la lucha de clases única debe abarcar necesariamente la lucha política y económica, se ha hecho carne en la socialdemocracia internacional. Además, la experiencia histórica testimonia de un modo irrefutable que la falta de libertad o la restricción de los derechos políticos del proletariado conduce siempre a la necesidad de plantear la lucha política en el primer plano”. ¡Qué aire vivificante! Qué olor putrefacto a economismo han destilado durante los últimos tiempos en el Partido las “opiniones” de Moreno y su tendencia: los campeones del “enganche” a través de la peinada sindical, con un programa sindical, los que se enojan cuando un compañero le pide a un obrero sin partido su opinión sobre la lucha armada; los que se lamentan porque la burocracia sindical no se elevó a planteos de poder; los que distinguen artificialmente propaganda de agitación, reservando esta última sólo para los “reanimamientos” de la “lucha de clases” (sindical, por supuesto), y la primera para reducidos grupos de obreros “enganchados” previamente en la actividad sindical. Todos ellos, presionados por nuestra tendencia, como buenos oportunistas se han visto obligados a reconocer la importancia de la propaganda política; pero inventan todo tipo de justificaciones sobre su cambio de posición: descubren que ahora está bien hacer propaganda política “porque ha cambiado la etapa”, que antes, debido a las grandes luchas sindicales, no hubiera sido correcto hacerlo. ¡Pero señores! La misión de un partido revolucionario es hacer siempre propaganda y agitación política, independientemente del “estado de ánimo” de la clase obrera, en las distintas etapas lo que varía es el contenido de las consignas, pero no la actividad. Las desviaciones y concepciones economistas del Partido Socialdemócrata Ruso, tuvieron un origen similar a las de nuestro Partido. En “Una tendencia regresiva”, escrito en 1899, Lenin describe su surgimiento histórico y vemos la notable coincidencia con la concepción economista de la tendencia Moreno, Lenin nos dice que en la década del 80 “luchando contra la concepción estrecha de los que reducían la política a las conspiraciones, los social demócratas podían pronunciare y se pronunciaban a veces, en general, contra la política (porque predominaba una concepción determinada y estrecha de la política)” y luego, “Como es natural, los socialdemócratas se impregnaron de odio hacia esas gentes y hacia sus bellas frases y se consagraron a una labor más menuda, pero también más seria, de propaganda en el proletariado fabril. El carácter estrecho de este trabajo, fue inevitable en un principio y se manifestaba también en las estrechas manifestaciones de algunos socialdemócratas”. Lenin sostiene que ellos no se alarmaban demasiado ante esas manifestaciones estrechas (concepciones economistas) porque confiaban en que irían desapareciendo a medida 160

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que se ampliara la propaganda y la agitación socialdemócratas. Como vemos, hasta aquí la interpretación histórica guarda una similitud asombrosa con lo ocurrido hasta ahora en nuestro Partido: la lucha contra las concepciones putchistas de la izquierda pequeño-burguesa, nos llevó a trabajar en un movimiento obrero dominado por la larga tradición reformista-economista, esa es la explicación de la “estrechez” de los compañeros, sobre todo de los compañeros pequeño-burgueses, que siguen las concepciones economistas de Moreno -no es, por supuesto, la explicación del origen del carácter oportunista y economista de Moreno que reconoce otro origen social e histórico-. Como dijimos, Lenin esperaba que la difusión de la propaganda y agitación social-demócratas en el proletariado, eliminaría las concepciones economistas. “Pero ocurrió de otra manera -nos dice Lenin-: [la difusión de la propaganda puso a los socialdemócratas en contacto con las capas atrasadas y menos desarrolladas del proletariado]; la incorporación [de estas] exigió de los propagandistas que se adaptaran al más bajo nivel de comprensión; los fue habituando a colocar en primer plano las reivindicaciones y los intereses del momento y postergar los altos ideales del socialismo y de la lucha política”. La falta de firmeza política para resistir las presiones de los sectores más atrasados del proletariado, el carácter todavía minúsculo de la vanguardia obrera en nuestro país, es la explicación de que las concepciones economistas sembradas por el oportunismo, hayan fructificado en muchos compañeros provenientes de la pequeña burguesía, y que, por su extracción de clase, son incapaces de sobreponerse a las presiones reformistas del proletariado. Esta es, también, la explicación del nivel deplorable de nuestra propaganda, sobretodo de nuestro periódico, que no es agitativo sin duda, pero que tampoco sirve para educar en la teoría del socialismo científico a la vanguardia obrera. Nosotros hemos venido bregando por cambiar este estado de cosas en el Partido, planteando la necesidad de que este incorpore la lucha armada, la propaganda y la agitación al conjunto de su actividad cotidiana. Los economistas sólo han sabido respondernos con pueriles acusaciones de “putchismo”, “propagandismo”, “aventurerismo de elementos desligados de la clase obrera”. Poco a poco nuestras concepciones políticas han ido penetrando en los obreros de vanguardia del Partido y en los cuadros de mayor experiencia, que ya han superado el sarampión que les ataca a los pequeño-burgueses cuando comienzan a militar en la clase obrera y ceden, por su inferioridad de clase, a todas las presiones reformistas de los elementos más atrasados del proletariado. Este cambio en la conciencia de los mejores elementos del Partido, ha obligado al teórico del ala economista a elaborar una teoría que justifique el porqué del carácter economista de nuestra actividad en los últimos años, el porqué del desprecio a la actividad política que siempre fue tildada de “propagandismo”. La teoría es 161

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tan original como infantil: ahora es correcto hacer propaganda política porque no hay grandes luchas sindicales (!?). Para superar su carácter de círculo propagandista que actúa en la lucha sindical nuestro Partido debe considerar, juntamente con la preparación para la lucha armada, como sus principales tareas la propaganda y la agitación. Para encarar esta tarea como uno de los ejes centrales de nuestra actividad, debemos comenzar por estudiar las relaciones entre las capas más avanzadas y las capas inferiores del proletariado, establecer la importancia de nuestra labor en unas y otras, los medios de propaganda que usamos para llegar a ellas, y las consignas fundamentales. Nuestro Partido, como un subproducto de las concepciones economistas ha acuñado el término “vanguardia sindical”. Este es uno de los tantos términos confusos que andan en boga y que es necesario precisar porque en él se esconde una valorización de nuestro lugar fundamental de trabajo. El marxismo siempre usó el término de vanguardia obrera para señalar a aquel sector del movimiento obrero con conciencia política, que se había elevado a la concepción leninista de la lucha de clases. Nuestros economistas con el aditamento de la palabra “sindical”, nos han tendido una trampa en la que hemos caído durante años. Han tergiversado el sentido marxista de la expresión “vanguardia”, utilizando su prestigio, para orientar el trabajo central del Partido hacia las actividades sindicales casi exclusivamente. Así, durante años, nuestros cuadros y militantes consideraron que la vanguardia en una fábrica o un gremio estaba constituida por los activistas sindicales que se planteaban luchar por reivindicaciones mínimas o contra la burocracia (aunque a veces ni se exigía ese requisito), con prescindencia de su conciencia política. Un obrero podía ser gorila, vandorista, anticomunista furibundo, estar a favor de los yanquis en Vietnam, pero si era capaz de movilizar una sección para exigir papel higiénico en el baño, ese era un obrero de vanguardia. Nosotros creemos que el Partido debe terminar con esa caracterización economista de la “vanguardia”, para tomar la concepción marxista. Los obreros de vanguardia son aquellos que tiene conciencia de que la misión histórica de su clase es luchar políticamente para derrocar al gobierno de la burguesía; aun cuando estos compañeros tengan una concepción estrecha de la política que los haga despreciar las luchas económicas. El Partido deberá, si ese es el caso, educarlos en la necesidad de que los revolucionarios prestemos atención a todas las formas de lucha. A los activistas sindicales que aún no se han elevado a una concepción política de la lucha de clases, deberemos acompañarlos en sus luchas económicas, pero siendo bien conscientes de que no son obreros de vanguardia, y que nuestro deber es transformarlos en obreros de vanguardia, sin hacer la menor 162

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concesión a sus concepciones reformistas. Hecha esta aclaración que consideramos indispensable, veamos cómo debemos trabajar en las distintas capas del proletariado. Una vez mas, tomaremos de Lenin las indicaciones generales. “La historia del movimiento obrero de todos los países demuestra que la capas mejor organizadas de los obreros son las que más rápida y fácilmente asimilan las ideas del socialismo. En ella se recluta principalmente a los obreros de vanguardia que destaca todo movimiento obrero, aquellos que saben ganar la confianza absoluta de las masas obreras, aquellos que se consagran enteramente a la causa de la educación y organización del proletariado, aquellos que asimilan bien a conciencia el socialismo y que incluso por propia iniciativa, elaboran teorías socialistas”. (El subrayado es nuestro). “El periódico que quiera convertirse en el órgano representativo de todos los social demócratas rusos debe colocarse al nivel de los obreros de vanguardia; no sólo no debe rebajar su nivel artificialmente, sino que, por el contrario, debe elevarlo constantemente y estar al día en todas las cuestiones tácticas y teóricas de la socialdemocracia mundial. Solamente así serán satisfechos los intereses de la intelectualidad obrera y ella tomará en sus manos la causa obrera rusa y por consiguiente la causa revolucionaria rusa”. (El subrayado es de Lenin). Como vemos Lenin despeja toda la confusión de nuestros economistas acerca de qué es la vanguardia obrera. En segundo lugar nos indica el carácter que debe tener el periódico dirigido a esa vanguardia. Nuestro periódico -a pesar de todos los esfuerzos que hemos hecho por mejorarlo a partir de las duras críticas del CC del 8 de octubre- estuvo siempre, y aún lo está, muy lejos de ser el órgano que exigía Lenin para educar a la vanguardia obrera. En él nunca se hace una seria propaganda socialista y no “refleja todas las cuestiones tácticas, políticas y teóricas” del marxismo revolucionario mundial. La mayor parte de sus artículos se refieren a problemas sindicales o internacionales, siendo notoria la falta de elaboración teórica y política en sus páginas. Tiene el carácter de un semanario superficial, que está a mitad del camino entre la propaganda y la agitación, entre el sindicalismo y la política revolucionaria o, más precisamente, es economista en los problemas nacionales y “revolucionario” en los internacionales. Lenin distingue luego una capa de obreros medios “que no pueden convertirse en dirigentes totalmente independientes del movimiento obrero social demócrata”. Para la educación de este sector, sostiene que el diario “debe vincular, imprescindiblemente, el socialismo y la lucha política con cualquier problema local limitado”. Esta capa sería la de nuestros “activistas”. “Finalmente, -continúa Lenin- detrás de la capa media sigue la masa de las capas inferiores del proletariado. Es muy probable que el diario socialista le sea a esa masa total o casi totalmente inaccesible; pero sería absurdo deducir de allí, 163

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que el diario de los socialdemócratas debe adaptarse al nivel más bajo posible de los obreros. De esto surge solamente que es necesario someter a dichas capas a otros medios de agitación y propaganda: folletos escritos en la forma más popular posible, propaganda oral y fundamentalmente, volantes relacionados con los acontecimientos locales”. Y luego: “Sólo un partido organizado puede realizar una amplia agitación, puede dar la dirección necesaria (así como los materiales) a los agitadores sobre las cuestiones económicas y políticas...”. “Esto pone en evidencia que, cuando en la lucha económica se olvida la agitación y la propaganda políticas, cuando se olvida la necesidad de organizar el movimiento obrero para la lucha, en su carácter de partido político, se priva hasta de la posibilidad de organizar con éxito y de manera sólida la incorporación de las capas más inferiores del proletariado a la causa obrera”. Como vemos, Lenin considera la agitación entre las capas más atrasadas del proletariado como una actividad permanente del partido revolucionario y sumamente necesaria. Él definió la agitación como “el arte de explicar una cantidad reducida de ideas políticas a un grupo numeroso de personas”, al contrario de la propaganda que sería “el arte de explicar una gran cantidad de ideas políticas a un número reducido de personas” y la condicionó, no al estado de las masas, sino a la capacidad de los círculos de propagandistas, de transformarse en agitadores. Moreno, en su manía conservadora y economista de supeditar toda la actividad del Partido a las fluctuaciones de las luchas económicas de la clase obrera, ha inventado también una curiosa distinción entre propaganda y agitación. Para él, la propaganda es la actividad propia del partido en épocas del “retroceso” y la agitación la de las épocas del “reanimamiento” cuando pueden ser tomadas para la acción las consignas que lanza el agitador. Confunde así el carácter de las consignas con el carácter de la actividad: si la situación de las masas indica que no tomarán consignas “para la acción” eso no indica que la agitación como actividad del partido no deba hacerse, sólo indica que debe hacerse con consignas propagandísticas y agitativas. En su rechazo a la agitación como actividad permanente del partido, y en la supeditación que establece entre la actividad de agitación política y el estado de la clase; los minoritarios coinciden una vez mas con los economistas de todos los tiempos, y, como ellos, causan un gran daño en el movimiento obrero. Como decía Lenin: “Bajo la influencia de la prédica de los economistas, las capas inferiores del proletariado, los obreros no desarrollados en absoluto, pueden ser ganados por las convicciones burguesas y profundamente reaccionarias, de que, fuera del aumento de salario y del restablecimiento de feriados (“los intereses del momento”) el obrero no puede, ni debe interesarse por nada, 164

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que los obreros, en general, pueden y deben, por su sólo esfuerzo, por su propia “iniciativa” defender la causa obrera, sin tratar de fundirse con el socialismo, sin pretender convertir la causa esencial y progresista de toda la humanidad”. “Reducir todo el movimiento a la defensa de los intereses momentáneos, significa especular con la falta de desarrollo de los obreros, dar rienda suelta a sus peores pasiones. Significa romper artificialmente los lazos entre el movimiento obrero y el socialismo, entre las aspiraciones políticas bien definidas de los obreros de vanguardia y las manifestaciones espontáneas de protesta de las masas”. Suponemos que a todo esto Moreno podrá responder que su tendencia no es economista porque, a diferencia de los economistas rusos, ellos plantean la necesidad del partido revolucionario. A esta objeción respondemos que, por supuesto, su economismo no es idéntico al de los economistas rusos. Ese economismo, en su forma grosera y primitiva de manifestarse, ya fue arrojado fuera del marxismo por Lenin. Es un economismo de nuevo cuño, que no plantea que el partido revolucionario es innecesario, sino que plantea el “partido obrero de Vandor” o la CGT “partido político”, es un economismo que toma la fraseología del marxismo revolucionario y la vierte sobre un grupo de “iniciados”, pero en su actividad cotidiana procura “adaptarse” al nivel de las capas más atrasadas del proletariado y plantea solamente o casi solamente consignas y propaganda economista. Su original invento de que la agitación es para el “reanimamiento” y la propaganda para el “retroceso”, es una forma de hacer el más alevoso economismo por omisión, ya que deja el campo libre a la burocracia sindical, para que inculque en las amplias capas del proletariado las más podridas ideas economistas, sin que el partido revolucionario haga nada por difundir entre ellas las ideas del socialismo y la revolución. Nosotros consideramos que, -juntamente con la preparación e iniciación de la lucha armada- el segundo gran salto que debe pegar nuestro Partido es el de transformarse de círculo de propaganda que hace actividad sindical, en partido revolucionario que hace propaganda de alto nivel político sobre la vanguardia política del movimiento obrero, y una permanente agitación política, sobre las más amplias capas del proletariado. El pasar de círculo de propaganda a la agitación, es un salto político que exigirá profundos reacomodamientos en nuestro Partido y debe dar surgimiento a un nuevo tipo de especialista: el agitador. No todos los militantes pueden desempañar con éxito esa tarea y deberemos tener especial cuidado en cometer el error que otras veces hemos cometido bajo la influencia de las concepciones economistas: el desarrollo unilateral de un tipo parcial de tarea en detrimento de las demás. Esta es también una característica típica del economismo que también fuera exhaustivamente analizada por Lenin (ver “¿Qué hacer?”) y tie165

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nen como origen la raíz ideológica y de clase de los economistas -al menos de los que pululan en el campo del marxismo- el impresionismo de los intelectuales pequeño burgueses, que -según Lenin- “no saben o no tienen la posibilidad de ligar el trabajo revolucionario al movimiento obrero para formar un todo”; y que, por lo tanto, en lugar de tener una política que abarque todos los aspectos de la actividad revolucionaria, cambian diariamente la “línea” impresionados por los acontecimientos de último momento -ahora la “línea” es el trabajo sindical, mañana la propaganda sobre la “guerra civil continental”, ayer el problema del poder debíamos plantearlo a través de los organismos sindicales, hoy a través del “foco” (1961-62), etc.- y de caracterización sobre el lugar fundamental de trabajo -ayer la “vanguardia” eran los metalúrgicos, ahora son los bancarios o los bolivianos (¡?), mañana podrán serlo los verduleros, “cualquier país y cualquier región es apto para la revolución permanente”, “la clase media urbana, en un momento dado puede ser la vanguardia” (Moreno, “La Revolución Latinoamericana”) -y todo este embrollo, toda esta falta de firmeza teórica, todos estos vaivenes oportunistas en nombre de la “dialéctica”. ¡Pobre y tan manoseada dialéctica! Al pasar de círculo de propaganda a la agitación política, no debemos olvidar que la tarea de un partido revolucionario es desarrollar todos los aspectos de la política revolucionaria, y en primer lugar, los fundamentales, es decir, la preparación y la iniciación de la lucha armada y la propaganda y la agitación políticas sobre los más amplios sectores del proletariado. Para cumplir estas múltiples tareas y no caer en el desarrollo unilateral de un aspecto parcial en detrimento de los otros, el Partido deberá terminar con los métodos artesanales de trabajo, que existen en su seno, pero no por razones metafísicas, sino porque los métodos artesanales son también propios del economismo (Lenin: “¿Qué Hacer?”). Como producto de las concepciones economistas imperantes, nuestro Partido llegó a tener cuatrocientos noventa y nueve especialistas en cuestiones sindicales y un especialista en cuestiones “teóricas”. Debemos hacer trizas esta monstruosa relación, todo el Partido, desde la dirección nacional hasta el más pequeño equipo de base, deben tender a la especialización. Por supuesto que el grado de especialización deberá ser mayor a medida que ascendemos en la “jerarquía” partidaria. La formación de agitadores capaces es un difícil trabajo que, por ser nuevo exigirá mucho tacto y paciencia. No debemos forzar a todos los compañeros a que intenten este tipo de actividad, sino que debemos seleccionar a aquellos que tengan más inclinación hacia ella; debemos elegir preferiblemente a compañeros obreros con experiencia de trabajo en su clase y capacitarles teórica y prácticamente para esta tarea. La dirección nacional, deberá, semana a semana, elegir los grandes temas 166

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de agitación, nacionales e internacionales, elaborar minutas donde se den las líneas generales que orienten la agitación e indicar el sector social y la región donde sea más importante llevarla a cabo. Las direcciones regionales y zonales, juntamente con las de equipo y los especialistas de defensa, deberán seleccionar los lugares y momentos adecuados para llevar a cabo la agitación política, oral y escrita y los compañeros que se irán especializando en esta tarea. Cada acción agitativa debido a la ilegalidad imperante deberá ser encarnada como una acción militar, con todos los resguardos posibles a nuestros militantes. La elección del lugar y el momento adecuado para la agitación política es un problema que la propia experiencia colectiva irá indicando. Podemos hacer pequeños actos agitativos -siempre en nombre del Partido, claro está- a la entrada de personal de determinadas fábricas (muy raramente a la salida); en los medios de transporte colectivo en que viajan gran cantidad de obreros y en las horas en que el peligro de represión sea menor; las “pintadas” deberán hacerse economizando esfuerzos, solamente en los lugares elegidos por las direcciones; etc. Nuestro Partido ha permanecido ausente, como partido político, de la mayoría de los grandes hechos políticos de los últimos tiempos. No le hemos hecho ver a las amplias capas del proletariado la existencia de una organización revolucionaria que tiene una política para responder a las mil arbitrariedades que la dictadura y la patronal cometen todos los días contra el movimiento obrero y el pueblo, que el imperialismo comete todos los días contra los pueblos que luchan por su libertad. Hemos dejado el campo libre, para que esas amplias capas reciban exclusivamente el martilleo cotidiano de la propaganda de la burguesía, el imperialismo y la burocracia. De hoy en adelante, no debe pasar ningún conflicto sindical de importancia, ningún hecho político nacional o internacional de trascendencia, sin que nuestro Partido haga llegar su voz mediante pintadas, pequeños volantes y actos agitativos, a las más amplias capas del proletariado. Así, desentumeceremos los miembros del Partido, adormecidos en la rutina del círculo propagandístico y la actividad exclusivamente sindical; le daremos a nuestra actividad otra dinámica, crearemos en cada militante una actitud más aguerrida. En síntesis: transformar al PRT de círculo de propaganda formado en la actividad sindical, en Partido Revolucionario nos exige incorporar las siguientes tareas fundamentales: 1. Una consecuente labor de propaganda política sobre la vanguardia consciente de la clase obrera y una consecuente labor de agitación política sobre las capas más atrasadas de la clase obrera y el pueblo. 2. Preparar e iniciar la lucha armada bajo la forma de lucha armada parcial 167

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ligada al movimiento obrero en todo el país, en la perspectiva de crear un ejército en el campo y de impulsar la guerrillera urbana, tanto en apoyo a la guerrilla rural, como acompañando las luchas de masas. NUESTROS LUGARES FUNDAMENTALES DE TRABAJO Los economistas han acuñado un término nuevo para designar el lugar fundamental de trabajo de un partido revolucionario: “estructural”. He aquí otro ejemplo de las confusiones que introducen en la teoría más precisa y científica de la sociedad. El término estructura fue establecido por Marx y Engels para indicar las relaciones que se establecían entre los grupos humanos en el proceso de la producción (las relaciones entre el trabajo asalariado y capital, o entre proletarios y burgueses en la sociedad capitalista, por ej.). Tomando en cuenta esta definición clásica de estructura, trabajo “estructural” es uno de los tantos términos ambiguos inventados por nuestros economistas, que puede significar cualquier cosa. Ellos, así como han utilizado el término “concreto” para indicar lo sindical o lo inmediato, han utilizado con frecuencia el término “trabajo estructural” como sinónimo de trabajo sindical. Así, lo que era una pésima definición teórica de nuestro lugar de trabajo, han tendido a convertirlo en una oportunista definición de nuestra “actividad” fundamental. Lo cual es otra forma sutil de llevar agua al molino del economismo. Consideramos que en nuestro Partido debe terminarse con el mal uso de la teoría marxista y que debemos utilizar cada término en el sentido que le asignaron los grandes teóricos del marxismo revolucionario. Por eso precisamos que el lugar fundamental de trabajo para el Partido es el proletariado fabril y, en especial, el de las fábricas y ramas industriales de mayor concentración (metalúrgicos, carne, textiles, azucareros, automotores). A este criterio central, que debe orientar la concentración de fuerzas del Partido le agregamos dos que se combinan: uno objetivo, debemos trabajar constante y consecuentemente en los sectores más explotados, y otro subjetivo, debemos volcar parte de nuestras fuerzas en los sectores donde surjan elementos de vanguardia y activistas sindicales, aun cuando no sean los más concentrados o los más súper explotados. Para el Norte, consideramos lugar fundamental de trabajo, además del proletariado fabril, el proletariado rural y el campesinado pobre. Otro lugar muy importante de trabajo es el movimiento estudiantil antiimperialista y sus organismos: centros y agrupaciones social-cristianas antiimperialistas. Lugares secundarios de trabajo, son los siguientes: 168

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a) superestructura del movimiento obrero, del movimiento estudiantil y las agrupaciones de frente único de la izquierda. La militancia en estos sectores debe perseguir el fin de penetrar aún más en la base del proletariado fabril o del movimiento estudiantil antiimperialista o de establecer tareas comunes con las organizaciones de izquierda en vista del frente único revolucionario; b) los gremios no obreros (bancarios, empleados públicos) y los sectores privilegiados de la clase obrera (fábricas privilegiadas, algunos estatales, etcétera); c) los intelectuales de izquierda que pueden integrarse a la actividad revolucionaria prestando singular colaboración desde el punto de vista militar, y llevando a cabo una labor de creación intelectual en su campo específico, orientada en los principios científicos del marxismo; d) los barrios obreros, en especial las villas de emergencia atacada por el plan semi-fascista de la dictadura, en donde pueden desarrollarse formas político-militares de resistencia, y en las cuales podemos ganar a obreros conscientes para luego volcarlos al trabajo fabril. Consideramos a las comisiones internas y cuerpos de delegados, como parte integrante del trabajo en la base del proletariado fabril. Establecido nuestro lugar fundamental de trabajo, el Partido debe volcar el grueso de sus fuerzas hacia él. Nuestro objetivo central es penetrar en profundidad en la clase obrera. Penetrar en profundidad quiere decir formar equipos políticos partidarios en las fábricas, hacer que esos equipos sean reconocidos como real dirección política y económica en su sector de trabajo. Esto lo lograremos con nuestra actividad política, económica y militar. Pero fundamentalmente con la primera y la tercera. El problema es resolver a que fábricas prestamos más importancia y cómo nos vinculamos a ellas. En el apartado anterior hemos fijado los criterios que deben mover a todas las direcciones para elegir las fábricas y gremios sobre los cuales debe llevarse a cabo un trabajo constante, prolongado y sistemático. A ello debemos agregar, como es obvio, las fábricas en conflicto, a las cuales es posible vincularse con relativa facilidad. La “penetración” se torna más difícil cuando no existen conflictos. Para ella hay varias vías, una fundamental y las otras secundarias. La fundamental es la proletarización de nuestros militantes. Las otras -inclusive la famosa “peinada”deben estarle subordinadas. La “peinada”, que es una forma táctica de vincularse al movimiento obrero, ha sido elevada al carácter de rito religioso por los economistas. Eso es acorde con su carácter social y político: la “peinada” posibilita el trabajo “sobre” el movimiento obrero sin necesidad de proletarizarse, lo cual viene muy bien a 169

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su base pequeño burguesa; la “peinada” por su carácter de contacto superficial, cuantitativo, no exige un trabajo político intenso y puede quedar a nivel de charla sobre problemas económicos. Consideramos que este método presta utilidad solamente para vincular a algunos obreros conscientes aislados a nuestro Partido y para extender el trabajo en un gremio a partir de la consolidación de un equipo y una corriente fuertes en alguna fábrica importante. En esta etapa consideramos fundamental la penetración en profundidad. Para ella deben concentrarse esfuerzos en las fábricas más importantes, y de ellas, en las que tengamos compañeros obreros o proletarizados. Los militantes estudiantiles que no logren proletarizarse deben ayudar al trabajo de estos compañeros concentrando sus esfuerzos sobre esas fábricas. Haciendo permanentemente propaganda y agitación desde afuera, para posibilitar el trabajo político desde adentro. Deben colocarse al servicio de los militantes obreros para visitar contactos, editado un boletín de fábrica, y prestar todo tipo de colaboración. Este “bloqueo” constante y sistemático, dará a corto plazo, mucho más resultado que la “peinada” meramente cuantitativa y superficial. La “peinada” debe colocarse al nivel de cualquier otra forma táctica de vincularse al movimiento obrero, no más importante que el convivir en un barrio con los obreros, asistiendo a sus lugares de reunión y diversión, o que el organizar la defensa de una villa de emergencia atacada por la policía. LAS LUCHAS ECONÓMICAS Y LAS CONSIGNAS El “retroceso” de nuestra clase obrera luego de la derrota del plan de lucha, trajo aparejado un descenso brutal de sus luchas económicas. Desde allí nuestros impresionistas sacan la conclusión de que es prácticamente imposible el triunfo -en las presentes circunstancias- de las luchas económicas. Nosotros, en cambio, apoyándonos en la experiencia de todo el proletariado mundial, estamos convencidos de que al surgir una dirección revolucionaria que inicie la lucha armada -o, incluso, sin la existencia de esa dirección-, la clase obrera, lentamente, comenzará a librar batallas por problemas económicos. La dinámica de esas luchas, gracias al régimen político imperante, y a la existencia de un partido revolucionario, las llevará a transformarse en luchas políticas. Que las batallas económicas se ganen o se pierdan es una cuestión que se decidirá en el terreno de la lucha. En última instancia dependerá de la firmeza y capacidad de lucha del proletariado. A esta forma de lucha, tras la cual aún en épocas revolucionarias, se movilizaron las capas más atrasadas del proletariado, debemos prestarle fundamental importancia. La orientación general que deben seguir nuestros militantes para dirigir ese 170

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tipo de luchas, y para iniciar todo trabajo sindical es la establecida en el Anexo a las Tesis de nuestro 3er. Congreso, que consideramos vigente. Nuestro Partido tiene un programa compuesto por consignas mínimas, de transición y máximas; el carácter de estas consignas ha sido correctamente definido por el Partido en varias oportunidades por lo que consideramos superfluo insistir sobre el tema. Agregaremos que, según la oportunidad en que son lanzadas y las posibilidades de que sean tomadas o no por la vanguardia obrera, por los activistas sindicales o por sectores amplios de la clase distinguimos entre consignas propagandísticas, agitativas y para la acción. De todas las consignas de nuestro programa, el predominio de las concepciones economistas, ha mandado al anaquel para su uso entre sectores reducidísimos de obreros o para los días de fiesta (cuando discutimos con el stalinismo, por ej.) a las consignas máximas, de transición y políticas; y a determinado que en la práctica cotidiana del Partido sobre la clase obrera, nuestros cuadros y militantes se dediquen casi exclusivamente a propagandizar las consignas mínimas. Esta relación también debe cambiar. Todos nuestros militantes deben prestar atención a los mínimos problemas fabriles y a las múltiples consignas mínimas que estos imponen, pero el arte de la propaganda revolucionaria consiste en vincular estas consignas mínimas con consignas políticas, en hacer ver permanentemente a los obreros la vinculación existente entre los problemas mínimos y particulares que tienen diariamente como producto de la explotación capitalista, con los problemas políticos generales, la vinculación que existe entre la forma particular de explotación en su lugar de trabajo con la forma general de explotación de una sobre otra clase, y la necesidad de la lucha de clases -en el sentido leninista- contra toda la burguesía y su gobierno, por la instauración de un Gobierno Revolucionario Obrero y Popular, y la construcción de una sociedad socialista. Todo compañero, que en su propaganda cotidiana, se queda al principio del camino, en el planteo de los problemas mínimos sin ligarlos a la lucha general política de clases, no se distingue en nada de un economista consecuente. Nuestro programa contiene varias consignas relacionadas al problema de las organizaciones del movimiento obrero: defensa y reorganización de las comisiones internas, defensa y recuperación de los sindicatos, organicemos oposiciones clasistas a la burocracia sindical, organicemos comisiones de resistencia y destacamentos armados y, recientemente, comités de base de la OLAS. Nosotros consideramos a todas esas consignas útiles y correctas para un aspecto de nuestra actividad. Desde hace un año venimos luchando para que nuestro Partido incorpore consignas organizativas de transición, de lo sindical a lo político, como ser: 171

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comisiones de resistencia fabriles y destacamentos armados. Los economistas, primero se opusieron con uñas y dientes a estas consignas que podían llevarlos, ¡oh, terror! a una actividad armada y política. Levantaron todo tipo de infundios contra nuestros mejores militantes de la clase y haciendo gala del mejor terrorismo ideológico los caracterizaron como “elementos pequeño-burgueses desesperados que quieren alejarse del movimiento obrero”, nos acusaron -como los economistas a Lenin- de querer abandonar la lucha sindical y los organismos de la clase obrera: nosotros -como Lenin a los economistas- les respondíamos pacientemente: “Esa ‘actividad’ nuestra, de los obreros, que todos vosotros queréis sostener presentando reivindicaciones concretas que prometen resultar tangibles, ya existe entre nosotros, y en nuestro trabajo cotidiano, pequeño, sindical, nosotros mismos estamos lanzando esas reivindicaciones concretas, a menudo sin ayuda alguna de los intelectuales. Pero esa actividad no nos basta; no somos niños a los que se puede alimentar sólo con la papilla de la política ‘económica’; queremos saber todo lo que saben los demás, queremos conocer detalladamente todos los aspectos de la vida política y tomar parte activa en todos y cada uno de los acontecimientos políticos”. (“¿Qué hacer?”). Luego, ante la presión de un sector numeroso del Partido, cedieron y aceptaron “a título exploratorio” esas consignas organizativas. Más tarde, en el curso de todo un año de actividad, impidieron que el Partido centrara su actividad en la organización de las comisiones de resistencia y los destacamentos armados. Ahora, en otra curiosa cabriola teórica, sin el menor rigor autocrítico, las consideran tarea fundamental del Partido. Cómo no pensar que se trata de confundir a la base del Partido para que no aprecie las diferencias entre una auténtica política revolucionaria y una política sindicalista-reformista. Para terminar de una vez para siempre esta enredada polémica, con los pequeño-burgueses que viven del culto a la espontaneidad de la clase, a la cual son incapaces de dirigir, y a la que sólo pueden seguir, nosotros decimos de un modo claro y tajante, siguiendo el ejemplo de los grandes marxistas revolucionarios: Queremos elevar a la Clase Obrera a nuevas formas de Lucha y Organización. Queremos que de la fusión de la ideología y la práctica revolucionaria con las formas espontáneas de lucha y organización de la clase obrera, surjan nuevas formas de lucha y organizaciones que superen el pasado reformista de nuestra clase y la eleven a la toma del poder político, por medio de la lucha política y armada. Uds. olvidan que el primer deber de los revolucionarios es “imponerle” a la clase obrera una nueva forma de organización que ella, por sí sola, no puede darse: El Partido Revolucionario. Para nosotros las comisiones de resistencia y los destacamentos armados, son un escalón intermedio entre las organizaciones sindicales de la clase obrera y la forma organizativa más elevada de la misma: el Partido Revolucionario. Por eso también sostenemos, que la necesidad de cons172

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trucción de ese partido, cuya base es el nuestro, debe ser una de las consignas centrales de nuestra propaganda y agitación. Como es notorio, en nuestro país no existen organismos obreros que luchen por el poder contra la dictadura, ni siquiera existe un partido revolucionario con influencia de masas, y mucho menos órganos de poder dual o un ejército de liberación. Siendo así las cosas, nuestra consigna de poder, no puede tener otro carácter que el propagandístico, ya que no se pueden indicar organismos concretos para los cuales reclamamos el poder. Por eso la fórmula debe tener carácter “algebraico” indicando el tipo de gobierno que queremos imponer y las tareas fundamentales que deberá encarar. La consigna Gobierno Revolucionario Obrero y Popular es la única realmente adecuada. De ella debemos retirar el aditamento “que llame a una Asamblea Constituyente”, calcado de la experiencia de la revolución rusa, en la cual, sectores numerosos de la burguesía luchaban por la asamblea constituyente que se había convertido en su principal objetivo político. Esta situación no tiene nada que ver con la de nuestro país, en el cual la asamblea constituyente no moviliza sectores ni siquiera reducidos de la pequeña burguesía. Su reivindicación es: 1. Una concesión ineficaz e innecesaria a la pequeña burguesía, 2. Una consigna abstracta que puede ser reemplazada con consignas democráticas de contenido, 3. Una consigna ambigua que ha sido utilizada por nuestros economistas para darle un carácter confuso y liberal a nuestra consigna de poder alrededor del problema de quién llama a la asamblea constituyente. En lugar de ella, en nuestra propaganda y agitación, se deben indicar -según las circunstancias y el lugar en que se lleve a cabo la agitación- las tareas revolucionarias que debe encarar nuestro gobierno; algunas de carácter nacional y que deben ser planteadas permanentemente: “que rompa con el imperialismo”, “que construya el socialismo”, “que nacionalice la tierra”, “que expropie a los monopolios y los bancos”, etcétera; y otras de carácter local o que deben ser planteadas en coyunturas políticas favorables: “que expropie a los ingenios”, “que haga la reforma urbana”, “que expropie al comercio mayorista y solucione el problema de la carestía”, etcétera. LOS “CENTRÍFUGOS” Toda nuestra autocrítica a la actividad y concepciones del Partido, nos mereció otra original acusación que han inventado los economistas: de “fuer173

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zas centrífugas”. Se dio así el caso curioso de que ellos, la minoría pequeño burguesa del Partido, se consideraran sus dueños, y todos aquellos que quisieran someter a su política a las armas de la autocrítica, aun siendo mayoría, fueran “centrífugos”. Los hechos recientes, demostraron palpablemente que los centrífugos, los que provocaron la ruptura para no enfrentar las tareas revolucionarias, son los integrantes del círculo pequeño-burgués y aparatistas de Moreno y Cía. En el Anexo que sigue a este trabajo haremos un análisis detallado de lo que ellos, los verdaderos centrífugos, han bautizado “la crisis del Partido”. Pero desde ya quede bien claro, que los únicos centrífugos fueron quienes nos chantajearon con la ruptura para impedir la lucha teórica que armara al Partido para sus tareas históricas. La inmensa mayoría del Partido repudio estas actitudes y exigió “la máxima democracia en la discusión, con la máxima disciplina a los organismos de dirección”. La camarilla rupturista, primero hizo denodados esfuerzos por llegar a un frente sin principios en el Comité Central. Luego, acorralados y puestos ante la obligación de discutir políticamente, han preferido irse y constituir una secta pequeño-burguesa separada del Partido. Nosotros hemos mantenido una permanente política unitaria pero hemos encarado la lucha teórica convencidos de que es la única forma de depurar al Partido de las concepciones erróneas que traban su desarrollo y de hacerlo avanzar por la senda de la lucha revolucionaria. Queremos terminar este trabajo, entonces, con la misma cita a Lasalle con que Lenin encabezó el “¿Qué Hacer?”. “La lucha partidaria da al partido fuerza y vitalidad; la prueba más grande de la debilidad de un partido es el amorfismo y la ausencia de fronteras netamente delimitadas: El Partido se fortalece depurándose”.

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3. Fundación del Ejército Revolucionario del Pueblo 29 y 30 de julio de 1970

RESOLUCIONES DEL V CONGRESO1 [Delta del Paraná, 29 y 30 de julio de 1970] PRÓLOGO Mario Roberto Santucho Junio de 1973 Esta nueva edición de las resoluciones del V Congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores tiene una importancia singular por el marco político en que es lanzada, por los objetivos que nos proponemos alcanzar con ella. El IV Congreso de nuestro Partido (marzo de 1968), fue la culminación de un proceso de construcción revolucionaria muy embrionario que dio como fruto una pequeña organización revolucionaria en vías de proletarización, liberada en lo fundamental de la presión dominante de las clases hostiles, no proletarias. El IV Congreso del PRT caracterizó científicamente la situación del país, entendió el carácter de la crisis del capitalismo, de su régimen de dominación política y apreció correctamente las potencialidades de la clase obrera y el pueblo argentino, lo que permitió vislumbrar la perspectiva de guerra revolucionaria que a partir del Cordobazo (mayo de 1969) comenzó a vivir nuestra patria. Esa comprensión armó políticamente a la organización y le permitió desarrollar ricas experiencias revolucionarias en el curso de una creciente actividad combativa de la clase obrera y el pueblo argentino. Entre esas experiencias sobresale la participación del Partido en el rosariazo de setiembre de 1969 en el cual la organización intervino de lleno en Empalme Graneros, en la toma de una Radio y en el curso de la lucha, con las masas en la calle, una unidad de 1. Resoluciones del V Congreso y de los Comité Central y Comité Ejecutivo Posteriores. Ediciones El Combatiente. Impreso en los talleres del PRT. Agosto de 1973. [nota de esta edición] 175

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combate del PRT tomó un puesto de la Gendarmería recuperando dos fusiles FAL y pistolas. Mientras en todo el país la organización fue incrementando su participación vanguardizando la aplicación de métodos violentos, los sectores con influencia pequeño burguesa aún subsistentes, principalmente en la dirección, se resistían a la transformación de la organización que llevaba aparejado el cumplimiento fiel de las resoluciones del IV Congreso y esa resistencia se transformó en lucha de clases abierta en el interior del Partido a partir de octubre de 1969. La crisis que esa lucha provocó fue resuelta precisamente en el V Congreso (julio de 1970) que constituyó un nuevo salto cualitativo en la vida de la organización y el punto de partida en la construcción efectiva del Partido Revolucionario marxista-leninista en nuestro país. Desde el V Congreso en adelante, con prácticamente todos los problemas teóricos y políticos de nuestra revolución resueltos, débil aún en su organización pero ya con una primera estructura nacional de cuadros sólidos y lo que es fundamental, con un aceptable peso proletario en su estructura y en su dirección, el Partido se lanza firme y organizadamente a asumir sus grandes responsabilidades revolucionarias; se desembaraza de los elementos no proletarios que aún conservaban peso importante en la dirección; se reorganiza bajo sólidos y explícitos lineamientos principistas marxistas-leninistas, proletarios; crea el ERP en correspondencia ortodoxa con la concepción marxista-leninista de la guerra revolucionaria prestando especial atención al modelo vietnamita y se prepara para desarrollar operaciones de propaganda armada. Las resoluciones del V Congreso han tenido una influencia decisiva en la formación de nuestra organización y la seguirán teniendo porque encaran y resuelven los problemas fundamentales, dominantes, de la construcción de la organización revolucionaria propias de la estructura económico-social argentina, a saber: 1) La lucha de clases en el seno del Partido marxista leninista. 2) El tipo de fuerza militar necesaria para librar la guerra popular y prolongada, urbana y rural, de masas, que desarrolla y desarrollará en Argentina y la imprescindible necesidad de la dirección del Partido marxista-leninista sobre esa fuerza militar. 3) La comprensión y explicitación de que la lucha armada y no armada de las masas, pacífica y violenta, en todas sus variadas y complejas manifestaciones es parte inseparable de la guerra popular revolucionaria; que tiene carácter decisivo la permanente vinculación y convergencia, mutuo apoyo, interinfluencia, de la lucha armada y no armada, de las operaciones militares con las manifestaciones, huelgas, ocupaciones de fábricas, ocupaciones villeras de tierras, intervención electoral y otras formas de lucha no armada, violenta y pacífica, de las masas obreras y populares. 176

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4) Que esa convergencia, interrelación, ha de lograrse por medio de la hábil intervención dirigente del Partido marxista-leninista y los dos tipos de organizaciones revolucionarias fundamentales por él creadas y dirigidas, el Ejército Revolucionario del Pueblo y el Frente de Liberación Nacional. Desde el V Congreso hasta ahora, en casi tres años de dura lucha, el PRT, aplicando las resoluciones votadas, ha logrado grandes avances, ha dado sólidos pasos en el cabal cumplimiento de sus responsabilidades revolucionarias. Militantes y cuadros, entre ellos miembros del Comité Central, han dado su vida con honor, cayendo algunos en combate, otros asesinados en la cámara de tortura, otros ejecutados fría y premeditadamente por el enemigo. Pero su sacrificio no ha sido vano, su ejemplo y su sangre se han convertido en formidable aliciente que galvaniza y une cada vez más a los mejores elementos revolucionarios de nuestro pueblo en torno al PRT, bajo la bandera y la estrella que simbolizan al Ejército Revolucionario del Pueblo. La autoridad que ha ido adquiriendo con su consecuente lucha ha rodeado a nuestro Partido del aprecio y el interés de la vanguardia, así como la actividad guerrillera del ERP le ha ganado el cariño y la admiración de amplios sectores de masas. Este interés de la vanguardia se ha acrecentado ante el avance del GAN, la concreción de la elección y la proximidad del establecimiento del gobierno parlamentario del Frejuli que se propone detener y desviar el proceso revolucionario en marcha. Agotado el intento de la burguesía de aplastar la lucha de las masas y consolidar el capitalismo en Argentina mediante una bárbara Dictadura Militar, los políticos burgueses y la casta militar deciden recurrir a la alternativa parlamentaria. Conscientes de la potencia que han adquirido las fuerzas revolucionarias se ven obligados a echar mano, en este nuevo intento de revitalización del agonizante capitalismo, a todas sus cartas, a la proclamada unidad entre todos los políticos burgueses, a un nuevo gobierno de “unidad nacional” que “pacifique” el país, que aniquile las fuerzas revolucionarias actualmente en desarrollo, que aleje el peligro de una revolución socialista. Ese plan llamado GAN se ha concretado corporizándose en el nuevo gobierno parlamentario de Cámpora-Solano Lima que entró en escena agitando la bandera de la tregua. Frente a él se alza el ERP dirigido por nuestro Partido como clara y sólida opción revolucionaria, aunque con fuerzas insuficientes y distintos déficits relacionados con su pequeñez y juventud. Así, la vanguardia obrera y la intelectualidad revolucionaria visualizan cada vez más al PRT como consistente organización marxista-leninista que permite y necesita canalizar la energía de los miles de elementos revolucionarios proletarios y no proletarios, que han hecho sus primeras y muy ricas experiencias en el reciente período de lucha antidictatorial de nuestro pueblo. Como uno de los medios de satisfacer ese interés, de hacer conocer nuestra 177

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línea, de mostrar la estrategia, la táctica y los métodos de acción revolucionaria que nuestro Partido ha aplicado en el logro de sus avances, reeditamos hoy el folleto del V Congreso y una selección de documentos y resoluciones posteriores. Nuestra esperanza es que esta edición contribuya a consolidar nuestros lazos con el proletariado, a fortalecer al PRT y colocarlo en las mejores condiciones posibles para afrontar exitosamente las grandes y complejas tareas de la revolución socialista argentina. INTRODUCCIÓN Julio de 1971 Entre los días 29 y 30 de julio de 1970 se reunió clandestinamente el V Congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Desde su IV Congreso, en marzo de 1968, el Partido había vivido accidentadas alternativas en sus esfuerzos por transformarse en un partido proletario y de combate, alternativas que entre noviembre de 1969 y julio de 1970 se manifestaron como una profunda crisis, producto de la eclosión abierta de la lucha de las clases en su interior. Este proceso culminó justamente en el V Congreso, que marcó un viraje fundamental en la vida de la organización. Protagonistas de esta importante reunión fueron compañeros representantes de las células de la organización diseminadas en distintos puntos del país. El V Congreso se caracterizó por la firme determinación en asumir las complejas y variadas tareas propias del proceso de guerra revolucionaria que comenzaba a vivir nuestra patria y nuestro pueblo, por su buena composición social y por la seria, responsable, entusiasta y afanosa discusión que terminó por definir con precisión la línea del Partido e iluminar así, mediante la aplicación correcta de los principios generales de la ciencia marxista leninista a las condiciones concretas de la revolución argentina, el largo y victorioso camino a recorrer. El folleto que ahora presentamos a la vanguardia obrera y a los intelectuales revolucionarios contiene como material fundamental las resoluciones del V Congreso de nuestro Partido. Saldamos con esta edición una deuda revolucionaria: la demora excesiva en la publicación de estos materiales. Si bien se habían adelantado impresiones mimeografiadas y una edición parcial y muy defectuosa técnicamente, su circulación fue escasa. La presente edición completa, con el agregado de algunas resoluciones posteriores del Partido y del programa del ERP, constituye un material que expone adecuadamente la línea general de la organización. La importancia dirigente fundamental del Partido surge nítidamente del 178

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análisis de este material que muestra el carácter consciente de la actividad desarrollada por nuestra organización y la discusión y elaboración permanente de la línea. Los pocos meses de experiencia vividos por nosotros a partir del V Congreso nos han permitido comprobar cotidianamente y comprender más claramente la corrección de la concepción marxista leninista sobre el papel del Partido en un proceso de guerra revolucionaria, concepción que nos esforzamos por aplicar consecuentemente, conscientes de que ello constituye uno de nuestros aportes fundamentales a los problemas de la revolución argentina y latinoamericana. LA LUCHA DE CLASES EN EL SENO DEL PARTIDO El siguiente análisis de la lucha de clases en el Partido utiliza como punto de referencia polémico un proyecto de resolución del Comité Central, de autocrítica y convocatoria al V Congreso, presentado por Candela, Polo, Bernardo, Alonso y Matías, en abril del presente año. Este documento es una de las primeras exposiciones oficiales del Centrismo, y pese a su carácter elemental, las tergiversaciones y graves faltas a la clandestinidad que contiene, resulta útil su respuesta, por cuanto expone algunos de los principales argumentos que el Centrismo utilizó en la lucha interna. Debido a la estructura del documento centrista, que constituye no un análisis objetivo, una crítica revolucionaria, un aporte a la línea del Partido, sino que es un alegato fraccional, con contenido de clase dirigido a minar la moral del Partido, a confundir a los sectores más débiles en base a tergiversaciones, exageraciones y mentiras. El primer paso de la crítica a dicho documento es, necesariamente, un análisis de la lucha de clases en el seno del Partido, una recapitulación de la situación interna del Partido, del contexto en que el documento ha sido elaborado, de las fuerzas sociales que representan las tendencias en lucha. Naturalmente que los teóricos del centro, pese a su nueva preocupación crítica, no tienen ningún interés en desentrañar esta vital cuestión. Nosotros, con el interés superior de hacer de nuestra organización un Partido Proletario Revolucionario, lo hemos venido haciendo desde la época del morenismo e insistiremos una vez más conscientes de que la importancia fundamental de esta batalla radica en que de ella puede emerger el Partido inmunizado del virus morenista, principal forma en que la pequeña burguesía se introduce en nuestro Partido para actuar negativamente en su seno como agentes de las clases hostiles a la Revolución Socialista. La teoría marxista del Partido Revolucionario enseña que en todo momento tal organización está expuesta a la manifestación de la lucha de clases en su seno. Ello es inevitable en su primera etapa, en el período del nacimiento de 179

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tal organización; muy probable en el período de formación y desarrollo y aún posible su retorno en un Partido Proletario maduro. Mientras subsista el capitalismo en el mundo, mientras se desarrolle la lucha de clases en la sociedad, todo partido revolucionario sufrirá su influencia, la presión de las clases en pugna. Ello puede permanecer latente, oculto, desenvolviéndose en forma subterránea, solucionándose en parte por el ejercicio de la crítica y de la autocrítica, o puede hacer eclosión transformándose en manifiesta con el surgimiento de tendencias, tal como ha ocurrido en nuestro Partido. La lucha de clases en el Partido se corresponde con la lucha de clases en el seno de la sociedad. La exacerbación de los antagonismos de clase, la maduración de la situación, agudizan la lucha de clases en el seno del Partido, clarificado sus distintas tendencias y preparando un desenlace que -de resultar un triunfo del ala proletaria- acelera la maduración del Partido Proletario Revolucionario, poniéndolo en condiciones de jugar su papel dirigente y creador. La lucha de clases en el seno del Partido tiene una importancia fundamental porque el triunfo del proletariado en esta lucha interior, apunta a la resolución de uno de los problemas fundamentales de toda revolución: a) la creación por el proletariado y la intelectualidad revolucionaria del Partido Revolucionario, herramienta principal y decisiva que hará posible el triunfo posterior de la revolución, b) la adopción de una línea correcta para un determinado período. Las manifestaciones de la lucha de clases acarrean graves trastornos al Partido y suelen darse con suma dureza e intensidad. Todos recordamos las históricas batallas de Lenin en el seno de la socialdemocracia rusa. El Partido Comunista chino también soportó fuertes luchas e importantes desgarramientos. En el caso de estos dos partidos fueron varias las divisiones y rupturas irreversibles. El Partido Comunista vietnamita, en cambio, culminó sus lucha interiores con la unificación del grueso de los tres partidos preexistentes, merced a la autoridad política de Ho Chi-Minh y el criterio proletario de la amplia mayoría de los cuadros dirigentes vietnamitas. El agente introductor de las concepciones y métodos burgueses y pequeñoburgueses en el seno de las organizaciones revolucionarias es, principalmente, la intelectualidad revolucionaria, constituida por elementos provenientes de esas clases. El basamento proletario de un partido revolucionario, lo constituyen sus cuadros y militantes obreros. Como explicaba Lenin, ambos elementos son imprescindibles para el Partido, desde que éste es la fusión de la vanguardia obrera con la teoría revolucionaria. La vanguardia obrera, hasta lograr en el curso de la lucha revolucionaria el dominio de la teoría, precisa de la intelectualidad revolucionaria de origen burgués y pequeñoburgués. Pero esta fusión, esta unión obrero-intelectual, debe realizarse como una elevación recíproca en el seno del Partido: los obreros de vanguardia elevándose en su compresión de la teoría y los intelectuales revolucionarios, ele180

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vándose en la adopción del punto de vista, características y métodos proletarios. Aquellos intelectuales que al no ejercer la autocrítica para corregirse y superarse persisten en sus limitaciones de clase, se convierten en virus pequeñoburgueses y burgueses, pasan a constituir tendencias con la agudización de la lucha de clases, convirtiéndose en agentes de las clases enemigas en el seno del Partido Revolucionario. Lo mismo ocurre con aquellos obreros que adoptan las características, métodos y punto de vista pequeñoburgueses y burgueses o se burocratizan. Todo intelectual revolucionario no proletarizado, todo obrero aburguesado o burocratizado, puede orientarse correctamente en el curso de la lucha interna, comprender sus errores y corregirse en el ejercicio de la crítica y la autocrítica. A ocurrido incluso en la historia, particularmente en el caso de León Trotsky, Lunarcharski y otros revolucionarios rusos, que la preeminencia circunstancial del individualismo, la pedantería intelectual y otras limitaciones pequeñoburguesas, los han apartado durante años de la corriente proletaria. Pero con su consecuencia revolucionaria, su contacto con las masas obreras, terminaron por reintegrarlos al ala proletaria en una etapa posterior, cuando comprendiendo sus errores pasados y la causa de ellos y autocriticándose sinceramente, pudieron reintegrarse al Partido, contándose desde entonces entre los más firmes revolucionarios. Hechas estas puntualizaciones, que aunque están muy lejos de agotar la cuestión de clase en el seno del Partido nos ayudarán a orientarnos y comprender la prehistoria de nuestro Partido y la situación por la que actualmente atraviesa, pasaremos a una recapitulación del pasado partidario. Durante 20 años vegetó en el seno del movimiento obrero una secta que adoptó diversos nombres resumibles en el de “morenismo”, por su líder N. Moreno. Surgido de los grupos intelectuales burgueses que se reivindicaban trotskistas (Quebracho, Justo y Cía.), el morenismo se caracterizó al nacer por el criterio correcto de ir a las masas como primer paso para la construcción de un Partido Revolucionario. La extrema juventud de sus cuadros, su distanciamiento de la teoría y el método leninista, en esa época de difícil acceso, y poco simpáticos por la contrapropaganda stalinista, el egocentrismo propio ha todo esfuerzo juvenil, llevaron al grupo de Moreno a sucumbir desde sus comienzos ante la enorme presión del movimiento de sindicalización masiva que vivía el país (1944-45), le imprimieron el sello sindicalista y espontaneísta del que no saldría jamás, que constituyó su característica más saliente y lo estimularon a desarrollar sobre esa base una concepción y un método ajenos y hostiles al marxismo leninismo, que aún hoy ejerce su influencia nociva en la vanguardia y la ejerció en nuestro Partido hasta este V Congreso. La estrategia morenista suponía que el proceso revolucionario, comenza181

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ría por una huelga triunfante o una serie de huelgas triunfantes (un alza) que seguidas por una huelga general, culminaría en una insurrección de masas para cuya victoria al menor costo posible y con garantía de revolución profunda era necesaria la dirección del Partido Proletario Revolucionario. Suponía que las masas espontáneamente se orientarían hacia el programa del Partido y aceptarían su liderazgo. Que las Fuerzas Armadas de la burguesía se disgregarían al embate de las masas y que el triunfo de la revolución sería un proceso rápido e incruento. Soñaba con una revolución “antiséptica”, sin ese ingrediente horrible de muertes y heridos, triunfante en base a habilidad política. Para él, el ejemplo era la Revolución Rusa (octubre), con menos muertos y sin la guerra civil que le siguió. La Revolución China era condenada y también su dirección por el alto costo en vidas. Esta ingenua y aristocrática pretensión empañó durante años al Partido y es la causante de la ausencia total de moral de combate, de la alergia a los riesgos más mínimos, característica de la mayoría de los dirigentes del morenismo. Señala, asimismo, que en la Argentina los sindicatos son elementos principalísimos de aglutinamiento y dirigentes de las masas (como los Soviets rusos), que el papel fundamental de motor y dirección de la revolución correspondía a un puñado de fábricas de mayor concentración, lo que permitiría a un pequeño partido encaramarse en ese proletariado y vía las organizaciones sindicales de masas (CGT) ejercer su liderazgo en todo el país. De esa estratégica extraía la táctica de centrar los esfuerzos en las organizaciones sindicales, especialmente de las grandes fábricas, donde el Partido debía estar, prenderse, en espera de las alzas, de la huelga general y la insurrección victoriosa. De ahí que la obligación principal de la dirección era mantener el Partido, “conservarlo”, sin comprender que detener, conservar, es morir. Ese es el motivo del enormemente nocivo conservadurismo que se expandía como un gas venenoso, como un somnífero sobre el Partido, matando la iniciativa, reduciendo los objetivos a dimensiones ridículas, convirtiendo la actividad en intrascendente artesanía, reemplazando el rugido del león de los revolucionarios por tímidos y esporádicos maullidos gatunos. Esta idea originó la mentalidad tímida que en todo ve grandes peligros, retrocede ante los riesgos, considera al menor movimiento positivo una aventura y al magnificar los golpes recibidos no atina a contestarlos y es apabullado por ellos. Esta mentalidad como sabemos, caracterizó a la mayoría de los dirigentes de raíz morenista. Todo el Partido debe gravarse con letras de fuego el principio revolucionario de que no se puede destruir al capitalismo sin “audacia y más audacia”, que una de las características más esenciales de un revolucionario es su decisión, que un revolucionario es un hombre de acción. De su concepción sindicalista viene también el fetichismo de las comisiones internas y cuerpos de delegados como vanguardia obrera natural, la concepción de que la actividad central del Partido consistía en la lucha por las 182

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reivindicaciones inmediatas de fábricas y que dirigir el proletariado era tener la mayoría en la comisión interna y cuerpo de delegados y orientar desde allí la “lucha de clases concreta”, “estructural”, es decir, la lucha sindical de los guantes y los aumentos. Para lograrlo los militantes tenían necesariamente que ocultar su carácter de revolucionarios. La eficacia de esta militancia sindical hacía de los militantes, tácticos, “oficiales” de la lucha de clases, de acuerdo al criterio morenista. Cada conflicto sindical se transformaba en eje de todo del Partido y su triunfo era una cuestión de honor. En cambio, la propaganda y la agitación revolucionaria era “propagandismo”. El morenismo inventó ese término en el que quería señalar como errónea toda actividad política no dependiente del sindicalismo “concreto”. Intentar llevar las concepciones marxistas, el socialismo, a las masas, constituía una actividad superestructural y por ende de segundo orden, cuando no “provocadora”. Es claro que esta táctica no podía sino mantener al morenismo a la zaga (a veces del brazo) de la burocracia sindical, y los esfuerzos por diferenciarse (con un porcentaje mayor de aumento) no hacían sino hacerlo marchar detrás de los burócratas protestando y gesticulando. Es claro también que al omitirse la actividad independiente, propia del Partido, cuyo eje es la propaganda y la agitación revolucionaria entre las masas, se ahogaba todo desarrollo cuantitativo y cualitativo. Esta estrategia, esta táctica y los métodos que de ellas se desprenden, en vez de unir el morenismo a las masas (objetivos que perseguía sinceramente) lo fueron, paradójicamente, alejando de ellas. Su composición se fue haciendo más y más pequeñoburguesa, hasta llegar a ser en el período previo a la unificación FRIP-Palabra Obrera, casi totalmente pequeñoburguesa. No podía ocurrir de otra manera porque el sindicalismo y el espontaneísmo corresponden al punto de vista de esa clase social, cuando, influida por la lucha obrera y/o atraída por el marxismo, adopta un obrerismo elemental de adoración de los elementos más visibles de la lucha de clases. Ese mismo alejamiento de la clase obrera produjo la proletarización indiscriminada y formal que todos conocimos, paralelamente a su pequeñoaburguesamiento, la secta morenista, ya sin vitalidad, sufrió un proceso de burocratización (a la altura de la ruptura con Bengochea) con el ascenso a la dirección de hombres sin formación ni trayectoria, con las características típicas de los funcionarios arribistas. Creemos que con lo dicho es suficiente para traer a la memoria del partido los rasgos fundamentales del morenismo y su carácter social. Vayamos ahora a la historia del Partido para encontrar los gérmenes de la transformación de la organización, los orígenes del ala leninista y proletaria que al penetrar en el tronco pequeñoburgués y ya senil del morenismo, comenzó por revitalizarlo 183

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para iniciar enseguida su transformación superadora, en un proceso dialéctico cuyo motor fue la lucha de clases interna expresada por la contradicción antagónica pequeña burguesía-proletariado2 y cuyo resultado es para beneficio de la revolución socialista argentina un nuevo triunfo leninista y proletario y consecuentemente un sustancial y posiblemente definitivo paso en la transformación del PRT en la organización proletaria marxista leninista que dirigirá la lucha revolucionaria en nuestro país. En el invierno de 1963 se firmó un acuerdo de Frente Único entre Palabra Obrera (representada por N. Moreno) y el FRIP (representado por 5 de sus miembros). Dicho acuerdo tenía como base ideológica la aceptación del marxismo y como fundamento político la perspectiva de la construcción de un Partido Revolucionario Obrero. Contribuyó al acuerdo el punto de vista similar de ambos grupos de que para encarar la lucha armada -considerada como única vía para la toma del poder- era necesario construir previamente un pequeño partido revolucionario. Este acuerdo correspondía a la situación del momento en que la vanguardia discutía como comenzar la lucha armada y proliferaban las corrientes putchistas. Palabra Obrera había sufrido recientemente una escisión en esta dirección (grupo Bengochea). Subsistían, sin embargo, dos grandes diferencias que se acordó resolver en los meses siguientes: a) Las relaciones con el peronismo. Palabra Obrera se reivindicaba peronista de acuerdo a la táctica del entrismo y el FRIP consideraba ello incorrecto. Esta diferencia se solucionó enseguida con el abandono del entrismo. b) Las relaciones con la Cuarta Internacional y el trotskismo. Palabra Obrera se reivindicaba trotskista y estaba adherida a la Cuarta Internacional; el FRIP no estaba de acuerdo con ello. Esto se resolvió más de un año después por mayoría, en un comité central ampliado, con la incorporación plena a la Internacional. El FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano Popular), del que estamos hablando, era un pequeño grupo pequeñoburgués nacido en 1961 con una concepción populista y que, merced al trabajo de masas que había encarado en Santiago y Tucumán, entre sectores del proletariado azucarero y forestal y en las barriadas pobres, había ido adoptando progresivamente el método y las concepciones marxistas. Al tiempo del Frente Único con Palabra Obrera continuaba siendo una corriente pequeñoburguesa cuyo mérito fundamental consistía en su orientación hacia el trabajo de masas. Al poco tiempo de la firma de este acuerdo y en cumplimiento de una de sus cláusulas, el Frente FRIP-Palabra Obrera inicia un trabajo orgánico en Tucumán, en base a trabajos anteriores de ambos grupos. Esa actividad tiene como 2. Antagónica dentro del Partido. 184

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eje una orientación hacia el proletariado azucarero y es el punto de partida del ala leninista y proletaria del Partido. En efecto, el proletariado azucarero vivía desde 1961 una etapa de grandes movilizaciones, de enérgicas luchas provocadas por la profunda crisis de la industria azucarera. Esa lucha lo convirtió en la vanguardia indiscutida de la clase obrera argentina, y a partir de un eje sindical fue trascendiendo, entre otras cosas, gracias al esfuerzo de nuestro Partido, hacia el terreno político. En esta época es cuando irrumpe en el Partido un grupo de obreros que al tiempo que se van formando como revolucionarios, adhiriendo al marxismo, incorporan a la organización puntos de vista de clase, métodos y características proletarias (solidez, decisión, energía, estrecha relación con las masas). Influyen decisivamente sobre los intelectuales revolucionarios que se forman con ellos y hacen predominar en la Regional Tucumán su influencia de clase, convirtiéndola en una regional proletaria. Este hecho, decisivo para el futuro del Partido, lleva en germen, la batalla de clases interna. Mientras la burguesía mantiene su régimen de dominación democrático-burgués, parlamentario, esta contradicción permanece larvada3 y emerge en toda su intensidad cuando la burguesía necesita recurrir a la Dictadura Militar de Onganía e incorpora la violencia abierta contra las masas como el método dominante para continuar su ofensiva antiobrera y antipopular. Es así que la elaboración de la línea partidaria para enfrentar la nueva etapa abierta con el golpe de junio del 66, es el terreno en que ha de manifestarse en forma abierta la lucha de clases en el seno del PRT 4. En los últimos meses de 1966, la base obrera de la Regional Tucumán comienza a plantear la necesidad de pasar a la lucha armada. Los compañeros que hacían este planteo venían de varios años de lucha pacífica, predominantemente sindical: habían dirigido importantes movilizaciones obreras y sufrido finalmente una brutal derrota en ese terreno, pese a haber comenzado a utilizar métodos crecientemente violentos. El planteo de la lucha armada irrumpe en el PRT entonces no a través de estudiantes o intelectuales revolucionarios influidos por la experiencia revolucionaria de otros países. Surge de la experiencia directa de las masas obreras argentinas y es incorporada al Partido por su vanguardia, que ha recorrido previamente el camino de la lucha pacífica, que ha comenzado por las huelgas corrientes, por la participación en elecciones, que ha pasado a la ocupación de fábricas con rehenes, a la manifestaciones callejeras violentas, hasta que, cerradas todas las posibilidades legales con la asunción de Onganía, se orienta 3. Manifestándose en forma sorda y parcial en cuestiones como la relación Partido-CGT. (La naciente corriente proletaria se opuso a la consigna morenista CGT-Partido Obrero). 4. La organización había adoptado tal nombre en su Primer Congreso (1965). 185

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correctamente hacia la guerra revolucionaria 5. En estos momentos vienen a nuestra memoria numerosos recuerdos de esas luchas y nos decidimos a referir una anécdota, a modo de ejemplo: 12 de enero de 1967. Como parte del Plan de Lucha Azucarero Nacional, la FOTIA llama a 4 concentraciones en otras tantas ciudades pequeñas del interior de la provincia. Bella Vista es una de ellas. Allí deben convergir los obreros de San Pablo, San José, Amalia, Bella Vista y Santa Lucía. Nuestro Partido dirige en ese momento al Sindicato de San José y participa por esa vía en esa concentración. El gobierno ha dado ya amplias muestras de sus nuevos métodos y prohibió las concentraciones. Los obreros de San José recorren los 45 kilómetros hasta Bella Vista, en vehículos, por camino laterales previamente reconocidos. De Santa Lucía parten grupos a pie, para cubrir caminando los 20 kilómetros que hay hasta el sitio de concentración. Ello se debe al dispositivo policial que controla las rutas para evitar el paso de los obreros. A las 13 horas, hay alrededor de 200 obreros en Bella Vista. La mayoría son de San José y Santa Lucía y esperan en la cercanía del Sindicato la hora de la concentración citada para las 17. En la policía, a 4 cuadras, están acuartelados unos 40 policías de la Guardia de Infantería Provincial llegados de San Miguel de Tucumán. Un incidente insignificante es aprovechado por la policía para provocar a los trabajadores deteniendo a un dirigente de San José. En pocos momentos comienza la lucha. Los obreros, encabezados por unos 100 activistas de San José, emplean hondas con recortes y cuentan con una veintena de molotovs de las que se utilizan 3 ó 4. La policía comienza con gases lacrimógenos y carga contra el local sindical. Posteriormente, fuertemente acosada, emplea pistolas 45. El enfrentamiento dura media hora. Su resultado es la retirada de los soldados que abandonan la zona y se refugian en el local policial dejando al pueblo en manos de los obreros (a las 17 se hizo la concentración con alrededor de 1000 obreros presentes y el único detenido fue liberado inmediatamente). En las filas obreras hay un muerto y 3 heridos. La heroica y enérgica tucumana Hilda Guerrero de Molina ha pasado a ser una bandera y un ejemplo. De los heridos 2 son de bala y uno con fuertes golpes de garrote. La policía tiene 8 heridos por recortes y piedras, y 3 de ellos son hospitalizados. Al día siguiente, en el Ingenio San José, el ambiente entre los obreros es de satisfacción por la enérgica actitud asumida y plantean reiteradamente a los militantes del Partido que hay que armarse, conseguir ametralladoras e ir a la lucha a muerte contra la dictadura6. 5. Es importante conocer esos hechos para poner en su lugar el intento centrista de remontar los orígenes del ala leninista al grupo Bengochea y por esa vía emparentarnos con su posición putchista. 6. Esta conclusión se estaba generalizando a esta altura entre los trabajadores azucareros y en amplios de los sectores de la vanguardia obrera en todo el país. 186

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Es en ese enero de 1967 que los dirigentes de la Regional Tucumán llevan verbalmente a la Dirección Nacional el planteo formal de adoptar una línea armada centrada en una guerrilla rural en Tucumán. La mayoría de los actuales dirigentes del Centro y Derecha, más papistas que el Papa, se oponen inicialmente a esta línea, pero como Moreno la acepta, e incluso se encarga de preparar un primer documento en este sentido, optan también por adoptarla. Moreno no rechazaba en teoría a la guerrilla, pero en lugar de concebirla como el inicio de una guerra revolucionaria prolongada, la ubicaba como un elemento de presión en el marco de la concepción estratégica espontaneísta de que ya hemos hablado, y sobre todo, no estaba dispuesto a protagonizarla. A lo largo de 1967, mientras la corriente leninista adopta progresivamente una correcta óptica de guerra revolucionaria comienza a manifestarse la lucha de clases en el seno del Partido. La agudización de las contradicciones sociales en el país influye favorablemente en el Partido facilitando que la presión proletaria en la Regional Tucumán, con su punto de vista de clase, comience a repercutir en el conjunto del Partido. Los militantes y los cuadros obreros, en distintas regionales, adoptan posiciones más activas y parte de la intelectualidad revolucionaria, en especial los cuadros y militantes jóvenes, encabezan lo que se dio en llamar “la revolución ideológica en el Partido”, que no es otra cosa que los aspectos ideológicos de la proletarización partidaria. Moreno, con certero golpe de vista, comprendió que se estaba iniciando un proceso irreversible, antagónico en relación al morenismo. Pero, cegado por la preocupación y el temor, forzó la ruptura echando mano a toda clase de maniobras, uno de cuyos resultados fue la incorporación momentánea al sector leninista y proletario de numerosos elementos política e ideológicamente morenistas. Esta primera etapa de la lucha de clases en el Partido culminó con la ruptura de Moreno y su grupo que, desconociendo los organismos partidarios, rompió con el Partido, usurpó su nombre y retornó a su sindicalismo pequeño-burgués. El entusiasmo provocado por este triunfo, que al liberarlo del más pesado lastre morenista y concretarse bajo la Bandera de la Guerra Revolucionaria permitió de inmediato al Partido abocarse a los primeros pasos prácticos en la dirección de la preparación de la guerra, disimuló brevemente la lucha de clases en el seno del Partido. Ella retornó al poco tiempo, a 2 o 3 meses del IV Congreso y se manifestó en la persistencia del morenismo en la dirección partidaria, que comenzó a ser enfrentado desde las zonas y regiones principalmente Córdoba y Chaco. Esta lucha se desarrolló subterráneamente, en los meses siguientes, circunscribiéndose a enfrentamientos en los máximos niveles dirigentes, sin conocimiento ni participación de las bases partidarias. La crónica de estos acontecimientos está contenida en diversas cartas y documentos elaborados en 187

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el curso de la lucha interna, que no consideramos necesario reproducir aquí. Sí es necesario transcribir una autocrítica del compañero Carlos formulada ante el Congreso, que dice: “Numerosos compañeros me han planteado una crítica por no haber recurrido a la base del Partido, ante las primeras manifestaciones de la lucha interna en los niveles dirigentes. De primera intención creí que esa crítica no era justa, por cuanto se había llevado adelante una lucha contra el morenismo como corriente, una de cuyas expresiones son las resoluciones del Comité Central de marzo y pensé que había sido correcto no reaccionar ante los distintos indicios de resistencia a la línea del Partido por cuanto ello se daba en forma poco clara y no convenía lanzar al Partido a una discusión tan importante sin claras pruebas. Pero luego, analizando mejor esta cuestión, ante la insistencia de los compañeros, me he dado cuenta de que hubo varias oportunidades en que se podía y se debía denunciar ante la base al morenismo y comprendí que ante esos casos actué dominado por el espíritu de camarilla en que nos habíamos acostumbrado a trabajar en vez de recurrir inmediatamente al Partido y llamarlo a ejercer la vigilancia revolucionaria sobre la dirección y a participar de lleno en la lucha interna desde sus primeros esbozos. Ello desarmó a la base y a los cuadros y posibilitó un transitorio predominio del morenismo (diciembre a febrero) que se prolongó hasta la carta de Mariano, primera reacción del ala leninista. Teniendo en cuenta que hay que delimitar responsabilidades, señalamos que también en esto los cuadros y la base tienen responsabilidades, porque si bien reaccionaron ante algunas manifestaciones (ejemplo: artículo sobre la CGT de los argentinos, agrupaciones revolucionarias, etc.), no actuaron con la energía suficiente para el desarrollo de las contradicciones. Debiendo quedar claro que las bases reaccionan hasta donde el método que venía usando la dirección se lo permite”. La lucha de clases en el Partido, cuyo núcleo es la contradicción antagónica pequeña burguesía-proletariado, la lucha por la consolidación del Partido como organización proletaria revolucionaria superando definitivamente su pasado pequeñoburgués, sale abruptamente a la superficie ante la represión en Tucumán, en los meses de octubre y noviembre de 1969. Dicha represión costó al Partido, la muerte de un militante la detención de 7 militantes, un contacto y 4 elementos ajenos al Partido, el secuestro de algunas armas y el allanamiento de varias casas. Estos hechos fueron considerados por el “morenismo” “el desastre de Tucumán”, y constituyeron el pretexto con el que intentó apartar al Partido de la Guerra Revolucionaria. Comienza la lucha política y se dibujan la Derecha, el Centro y la Izquierda. Inicialmente el morenismo de derecha y centro permanecen unidos en su condición de ala derecha y se aprestan a culminar su ofensiva con el abandono de la línea del IV Congreso y la sepultura del ala proletaria, lo que creen lograr 188

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con facilidad. La reacción del Partido, que no esperaban, los obliga a delimitarse tajantemente entre sí y a afrontar una batalla que no entraba en sus cálculos. La Derecha prefiere desenmascarase francamente, retorna plenamente al morenismo y prácticamente abandona el Partido. El Centro en cambio, después de un período de vacilaciones, acepta la lucha en el marco de una concepción estratégica de guerra revolucionaria. La manifiesta inferioridad política en que quedan al tomar esta posición los lleva a basar su argumentación en tergiversaciones y mentiras, adoptan la actitud pequeñoburguesa, de sembrar la desorientación, provocar la duda, maniatar la actividad cotidiana so pretexto de la necesidad de “estudiar”. Este es el contexto en que se presenta el proyecto autocrítico que hemos nombrado. Así ubicados pasamos a su análisis. CRÍTICAS AL IV CONGRESO El proyecto de resolución comienza señalando: “Que la profundidad de esta crisis partidaria tiene origen histórico en el carácter oportunista que tuvo nuestro Partido desde 1955 hasta 1968, ya que durante toda esta etapa careció de un análisis de la estructura de nuestro país y del carácter de nuestra revolución, de una estrategia de poder, de un programa, de una táctica y metodología de organización y de una política militar correcta. Durante todo ese período el Partido utilizó el método positivista de la ciencia social burguesa, partiendo del reconocimiento empírico de las fuerzas políticas dominantes y del establecimiento de la política oportunista de plegarse a esa fuerza sin programa, estrategia y tácticas propias. Por consiguiente, tuvo una política oportunista frente al peronismo desde 1955 hasta 1964 (etapa del “entrismo” en el peronismo ), ante el castrismo de 1960 a 1962 (etapa del frente único castrista), ante las organizaciones sindicales y las masas más atrasadas de 1963 a 1968 (etapa sindicalista)7. Ya comenzamos a ver cómo estos compañeros no han comprendido aún la trayectoria de nuestra organización, aunque se ven obligados, por el despertar irreversible del Partido, a volver los ojos al período morenista cuyos últimos resabios estamos superando. Tanto el Centro como la Derecha se han negado sistemáticamente a aceptar la caracterización crítica del morenismo como una corriente perfectamente diferenciada, de carácter pequeñoburgués y burocrático. Si se ha logrado incluir en algunos documentos, como El único Camino y las resoluciones del Comité Central de marzo de 1969, esa caracterización crítica y tajante, fue únicamente por la firme determinación del ala proletaria que 7. Proyecto autocrítico, pág. 1. 189

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redactó esas caracterizaciones y obligó a su inclusión. Pero para los morenistas de Centro y Derecha ello constituía letra muerta, sólo una concesión formal al “militarismo”. Sin embargo, nunca aceptaron esas caracterizaciones, y consecuentemente nunca se esforzaron por abandonar las concepciones y métodos morenistas. Es más, cuando el ala proletaria desde la base como la dirección insistía en su lucha contra esas supervivencias, la Derecha y el Centro se oponían con indignación. Si en la dirección se atacaba al morenismo, era “terrorismo ideológico”, y si desde la base se elevaban documentos en el mismo sentido, partía el contraataque airado, como ocurrió con una minuta preparada por la Regional Córdoba a principios de 1969 (esa minuta se rechazó por irrespetuosa, no se contestó y se negó su publicación interna solicitada por Córdoba). Ahora, cuando no les queda más recurso que volver los ojos al pasado, reconocen algunas de las principales características del morenismo, pero evitan cuidadosamente nombrarlo, no señalan su carácter social y tratan de reducirlo a un simple “carácter oportunista” producto de la carencia de una línea correcta. ¡Ejemplar análisis de 13 años de vida del Partido! Después de lavarse las manos con ese párrafo crítico de la historia del Partido y de reconocer que el IV Congreso fue un gran paso adelante en la vida de nuestro Partido 8, lejos de analizar como corresponde al método marxista, las fuerzas de clase que impulsan esa transformación y las resistencias de clase que había que vencer, utilizan la metodología cientificista, idealista, propia de la sociología burguesa y del morenismo, buscan la causa de la crisis de dirección que vivimos en errores teóricos y hacen aparecer posteriormente una tendencia foquista, que por lo que se puede sacar en limpio entre la madeja de tergiversaciones y mentiras, está representada por un tal Carlos, origen de todos los males y errores, quien gradualmente, y favorecido por el bajo nivel político y militar de la Dirección y la ausencia de la mitad del Comité Ejecutivo..., fue imponiendo su concepción foquista 9. El redactor de este proyecto de resolución se confundió. Debió escribir un análisis de hechos políticos reales, se dejó tentar por su imaginación y pese a sus afeites terminológicas no es difícil encontrar en ese proyecto un mediocre folletín de aventuras con sus héroes y villanos. Como decimos, el redactor del proyecto señala lo evidente: el IV Congreso es nada menos que el comienzo y sólo un comienzo. Numerosos problemas quedaron por solucionar en la vía abierta de transformación del PRT. No tenemos a mano las resoluciones para precisarlos y ordenarlos, pero nos parece que 8. Proyecto autocrítico, pág. 2. 9. Proyecto autocrítico, pág. 1. 190

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el proyecto tampoco lo hace. Incluye puntos que habían sido tratados satisfactoriamente, como el 3º (“Carácter de nuestra revolución, fundado en un análisis del desarrollo desigual y combinado del capitalismo en el país y en cada una de las regiones”10); 5º (características fundamentales de la etapa presente de nuestra revolución y de la etapa de construcción del Partido y su fuerza militar)11 y primera parte del 7º: (“Política para la clase obrera y sus diferentes sectores”)12 y olvida el que se reveló fundamental: la lucha contra los resabios morenistas y la subsistencia del morenismo, sobre todo en la dirección partidaria. Al estar ausente toda intención crítica constructiva, revolucionaria, las observaciones que el proyecto hace en seguida son señalamientos tendenciosos, insustanciales, falaces, que sólo nos corresponde rebatir. Dice el proyecto: “1º) en la resolución sobre la situación nacional, el segundo punto resolutivo dice: “la lucha armada debe iniciarse cuanto antes en la forma de autodefensa del movimiento obrero de todo el país, encarando la autodefensa de militantes y activistas y la represalia contra los agentes de la patronal, la burocracia y el gobierno”. “Con lo que el IV Congreso desestimó la actividad militar independiente en las ciudades y condenó la lucha armada al mero papel de autodefensa de carácter fundamentalmente sindical”13 . Una tergiversación verdaderamente infantil. En primer lugar porque del mismo texto transcripto surge que se planteaba la autodefensa en todo el país. Nadie puede entender cómo de una cita que propone la autodefensa en todo el país puede el redactor sacar la conclusión de que condena la lucha armada en las ciudades al mero papel de autodefensa sindical. En segundo lugar porque el documento del IV Congreso plantea claramente la actividad militar independiente en todas las ciudades. Una cita bastará para demostrarlo: “Por todos esos motivos, por una etapa de varios años la formación de un Ejército en el Campo es nuestra estrategia para la creación del Ejército Revolucionario, y la creación de centenares de destacamentos armados obreros y populares que actúan en la ciudad, 1) apoyando las movilizaciones de masas, 2) llevando a cabo una acción militar independiente; es nuestra táctica fundamental que debe estar subordinada a aquella estrategia”14. En 3er. lugar porque desde los primeros planes tácticos se propuso la preparación de unidades militares independientes para actuar en las ciudades, precisándose su tamaño, objetivos, etc. A tal punto es así que las primeras unidades que el Partido preparó fueron urbanas. Asimismo en los planes de entrenamiento y formación de responsables se tuvieron en cuenta tanto las 10. Proyecto autocrítico, pág. 1. 11. Proyecto autocrítico, pág. 1. 12. Ídem 13. Ídem 14. El Único Camino, pág. 61. 191

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necesidades rurales como las urbanas. Es posible que en los documentos del IV Congreso no se emplee el término “Guerrilla Urbana”. Como tampoco encontramos esos términos en los textos del Che, ni en los de Giap, ni Mao, sencillamente porque los clásicos nunca diferenciaron entre guerrilla urbana y rural y al hablar de guerrilla entendían la rural. A los combatientes urbanos se los denominó “clandestinidad” en Cuba, “unidades tácticas de combate” en Venezuela, nombres similares en Vietnam (ver Burchett). La actividad de los revolucionarios negros en EEUU y de los Tupamaros en Uruguay hizo acuñar el término que ahora utilizamos corrientemente y con precisión. Por otra parte, es conocida por todo el Partido la clara diferenciación que se hizo entre guerrilla urbana y autodefensa de masas, señalándose que las unidades guerrilleras de las ciudades, actuaban de acuerdo a una táctica relativamente independiente de los avatares cotidianos de la lucha de clases. Es decir, elaboran planes tácticos independientes de la lucha inmediata de las masas, consistentes en acciones dirigidas a obtener armamento, a propagandizar el nombre y la línea de nuestra fuerza militar y a hostilizar al enemigo. En cambio, la autodefensa era cuestión del conjunto del partido, de sus células no especializadas y consistían en todo tipo de acciones violentas ligadas directamente a la lucha cotidiana de las masas. Dice en seguida el proyecto: “2º) En la misma resolución del punto 3 dice: debemos preparar a corto plazo la guerrilla en el norte, para una próxima etapa, inevitable, provocada por la represión en las ciudades, por el conjunto de la situación en el Norte, y las necesidades estratégicas de construir un embrión del Ejército Revolucionario”. “Con lo que el Congreso incurrió en una desviación voluntarista al determinar un corto plazo sin tener en cuenta el principio marxista de que la lucha armada no es cuestión de plazos sino de desarrollo político de una lucha de clases y de las fuerzas del Partido”15. Esto parece una broma. Nadie niega que la lucha armada no es cuestión de plazos y la resolución citada tampoco lo hace. Todo el Partido sabe que la resolución de preparar la guerrilla en el Norte ha surgido de un profundo análisis político del país que precisamente el IV Congreso votó. Pero también corresponde a todo Partido leninista, dispuesto no sólo a recetar soluciones, sino a ponerlas en práctica, determinar los plazos y ritmos de la línea que adopta. Para recordar más que un solo episodio histórico: los entonces “voluntaristas” o quien “no tuvo en cuenta el principio marxista de que la lucha armada no es cuestión de plazos”. Vladimir Ilich Lenin, cuando planteaba insistentemente en septiembre y octubre de 1917, en reiteradas cartas a la dirección del Partido y luego personalmente, la necesidad inmediata de organizar la insurrección armada; llegando a señalar 15. Proyecto autocrítico, pág. 1 y 2. 192

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incluso que una demora de días podía llegar a ser fatal y dar a la burguesía la oportunidad de rehacerse. Igual ocurre en nuestro caso. Rompimos con Moreno porque obstruía la aplicación inmediata de la línea de guerra revolucionaria, y somos conscientes de que si permitimos indefinidamente a la burguesía experimentar la solución desesperada que constituye el Onganiato que nos da la oportunidad de iniciar la resistencia armada en condiciones muy favorables, el enemigo puede terminar por encontrar otro camino y dificultar por años la posibilidad revolucionaria en nuestro país. Sigue diciendo el proyecto: “3º) El punto 4 dice: “En el Norte nuestra política debe estar ya subordinada a nuestra estrategia militar, y en el resto del país nuestra actividad militar debe estar subordinada a la penetración política del Partido en el movimiento de masas, en la forma de autodefensa”. “Con esta resolución el Congreso incurrió en un error militarista para el Norte al no tener en cuenta el principio marxista reiteradamente expresado por Giap, según el cual siempre y en todas partes, al comienzo de la lucha armada, la actividad militar se subordina a la penetración política del Partido en el movimiento de masas. E incurrió en un error de derecha, conservador, al reiterar que la actividad militar en las ciudades debía reducirse a la autodefensa, negando la actividad militar independiente”16. Al revés de los anteriores, esta observación crítica tiene un aspecto verdadero. Se apoya en una formulación errónea de un pensamiento correcto. Lo que se quería significar con ese párrafo, como puede desprenderse del conjunto del documento del IV Congreso, era que desde una primera etapa en el Norte el centro de la política de masas del Partido, es la guerra y que a sus necesidades y objetivos debían subordinarse y confluir los otros aspectos de la actividad revolucionaria (reivindicaciones económicas, políticas, agitación y propaganda, etc.). Mientras que en el resto del país las movilizaciones reivindicativas económicas y políticas violentas y pacíficas primarían en nuestra política de masas, constituyendo la actividad militar un aspecto complementario y secundario. Esta formulación correspondía a un análisis realista, marxista, del desarrollo desigual de la situación prerrevolucionaria argentina, en la que, mientras que para las masas empobrecidas del Norte la guerra revolucionaria es un problema inmediato, una necesidad y una preocupación advertida por las masas, en el resto del país, principalmente en el Gran Buenos Aires y otras regiones de economía relativamente estable y no golpeadas tan duramente por la crisis, la guerra revolucionaria es considerada como una salida inmediata sólo para la vanguardia obrera y la intelectualidad revolucionaria, mientras que el conjunto de las masas tienden a orientarse principalmente a la resistencia y otras formas similares de oposición y lucha, aunque incorporando a esas formas métodos cre16. Proyecto autocrítico 193

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cientemente violentos. Todo lector honesto del documento comprende esto. Los redactores del proyecto autocrítico, en su afán polémico, se apresuran a rescatar esta perla, tergiversarla a conciencia, para “demostrar” al Partido los orígenes del “militarismo”. AUTOCRÍTICA, CONCEPCIÓN MILITAR, ETC. Pasa en seguida el “proyecto autocrítico” a proponer autocríticas. Veamos lo que dice: “la primera autocrítica que se formula es del Comité Central ante el Partido; es la de haber tenido una actitud superficial e irresponsable, al no llamar la atención al conjunto del Partido sobre las omisiones y errores del IV Congreso. Al no haber encarado seriamente la elaboración política necesaria para superarlos y al haber difundido su irresponsable actitud política por todo el Partido, pretendiendo que con el IV Congreso teníamos todos los problemas resueltos”17. Los dirigentes del Centro tienen muy frágil memoria. Se olvidan que el Comité Central de marzo del 69 votó un conjunto de resoluciones sobre táctica y organización, cuya introducción decía: “Parte esencial para la preparación de la guerra son la adecuación organizativa del Partido para afrontar las nuevas tareas; la penetración en el movimiento de masas, la capacitación de los cuadros partidarios, una creciente eficacia en todas las tareas. Diversos motivos, de los cuales el más importante es la herencia reformista-sindical artesanal del morenismo, han determinado que nuestro Partido sufra aún importantes limitaciones en el terreno de la organización y la táctica, limitaciones que es necesario superar para lograr resultados satisfactorios en los objetivos que hemos señalado. Esta tarea, esta necesaria superación, puede definirse globalmente como un abandono de la metodología sindicalista del pasado y la impregnación de todo el Partido en el método de organización y en la táctica leninista”. “Nuestro Partido es un robusto infante que se aproxima a la pubertad. Ha dejado de lado el juguete del sindicalismo reformista y se encamina aún tímidamente a una experiencia completamente nueva: su fusión revolucionaria con las masas por el único camino que ello es posible, la iniciación y desarrollo de la guerra revolucionaría. Pero ocurre que este niño que hoy es nuestro Partido ha sido criado como una persona mayor, se ha considerado un niño prodigio que todo lo sabe y todo lo ha experimentado. Y hoy que debe lanzarse a torrente de la vida, al torrente de la revolución, para allí crecer y ser hombre, hoy que su cuerpo, sus brazos, sus piernas y su corazón tienden a lanzarse en ese torrente, son detenidos, desviados, limitados, por su cabeza que no termina por 17. Proyecto autocrítico. 194

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orientarse, que sigue creyendo en la seriedad de sus juegos, que no se resigna a desecharlos, a aceptar la nueva realidad, la necesidad de reformarse, de aprender ávidamente todo lo nuevo, para así impulsar y dirigir acertadamente todo su cuerpo a adueñarse del torrente, de la nueva situación”. “Debemos ser conscientes de esta realidad de nuestro Partido, de su falta de madurez, de su juventud, ser conscientes de los importantes defectos y limitaciones que debemos superar. Con respecto a esto último consideramos de gran utilidad recordar esos defectos y limitaciones, algunos de los más notorios.” “Empecemos por la autosuficiencia, una injustificada autosuficiencia, una falta absoluta de noción de la propia pequeñez, una ridícula sobreestimación propia y del líder. Había compañeros en el Partido (y no eran pocos) que creían a Moreno un genio superior a Lenin. Para qué hablar de los empíricos Mao, Ho, Fidel. Y todo ello sin ninguna justificación -salvo si lo consideramos un defecto de la infancia-, dado que Moreno fue siempre lo mismo que hoy: el mismo charlatán, el mismo vivillo y una muestra viva de la mayor inconsecuencia política y personal”. “Trataremos de definir la metodología del pasado. Ello es necesario para que todos los compañeros hagan memoria, comparen los avances logrados, y tomen conciencia cada vez más acabada de las limitaciones que debemos esforzarnos por superar.” “Se clasificaba el trabajo en estructural y superestructural. Se consideraba básico al primero, que en realidad consistía en un sindicalismo estrecho al que se subordinaban todas las tareas que verdaderamente debe realizar un partido revolucionario.” “El trabajo de masas de un equipo -excepto que fuese estudiantil- consistía en lo siguiente: visitar todas las fábricas de la zona, peinarlas, en busca de contacto por la vía sindical. Se conversaba con los obreros de los problemas más intranscendentes y se buscaba impulsar, desarrollar o crear la lucha sindical. Era la táctica de pelear por los guantes. Ni una palabra del gobierno, algunos ataques a la burocracia sindical y a cuidarse especialmente de que los obreros no vayan a sospecharnos de marxismo, comunismo, esas cosas raras. Cuando se lograba ganar un delegado o miembro de la comisión interna o se enganchaba un conflicto importante, dábamos el gran salto: La lucha contra la patronal y la burocracia. Del gobierno ni una palabra, del sistema capitalista menos, por supuesto, menos que menos del socialismo.” “Este era el 90 % ó 99 % de la actividad de los equipos y se consideraba a este ramplón sindicalismo denominado ‘Trabajo estructural’ (?) como el único verdaderamente revolucionario. Hablar del socialismo, hacer pintadas, era hacer ‘propagandismo’. ¿Actos públicos o cualquier otra actividad independiente del Partido? Ni soñarlo.” “Hoy, que el partido se encamina aceleradamente a una nueva etapa, debe195

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mos acabar definitivamente con esas limitaciones y hacia ese objetivo apuntan las presentes resoluciones sobre táctica y organización. No debemos olvidar que para que ellas se apliquen como corresponde se necesitan cuadros y dirigentes cada vez más capaces, y de formación leninista.” Es natural que los morenistas olviden estas resoluciones tan fácilmente como las ocultaron. Es natural que intenten ocultar, asimismo, que el problema real del Partido no eran los errores y omisiones del IV Congreso, sino algo previo: la subsistencia del morenismo pequeñoburgués y burocrático. El ala proletaria siempre luchó abiertamente contra él y con suficiente eficacia como para que el Partido pudiera ahogar con relativa facilidad el actual intento de resurrección del morenismo. Los morenistas de Centro y de Derecha deben autocriticarse de haber aprobado formalmente y resistido sordamente los esfuerzos del ala proletaria en esta y otras direcciones. No es casual que ahora aún quieran borrar conquistas leninistas, como esas resoluciones, por el método de una autocrítica falaz y diversionista. Para muestra basta un botón. Sería cansar y distraer demasiado a los camaradas continuar con la crítica detallada a la argumentación centrista. La mayor parte de los párrafos siguientes que se refieren a la vida del Partido desde el IV Congreso a la fecha han sido contestados por anticipado en la carta del 24 de febrero, que los centristas fingen ignorar. Otros aspectos son fácilmente rebatibles por los cuadros y militantes que han participado activamente en la vida partidaria de ese período. Sin embargo, nos interesa destacar críticamente las siguientes cuestiones del proyecto: 1) en página 5, punto 9, dice: “en el terreno de la lucha teórica interna, tan necesaria para depurar el Partido, este Comité Central permitió que un sector de la Derecha oportunista presentara un documento en octubre que no se bajó a la base ni se rebatió como merecía, que atacaba todas las posiciones fundamentales del Partido”. Más abajo: “Este documento, confuso, contradictorio, oportunista, no fue rebatido por el Comité Central por la natural subestimación foquista a la lucha teórica y porque foquistas y oportunistas de Derecha tenían en común su irresponsable aventurerismo, ya que el documento de la Derecha proponía con grandes letras “iniciar ya la guerra en las ciudades y acelerar la preparación en el campo”18. B., P. y A. mienten deliberadamente. Ellos estaban presentes en el Comité Ejecutivo realizado a principios de noviembre del 69 (el documento fue conocido en el Comité Central de fines de octubre) cuando los miembros del ala leninista manifestaron que el documento de la Derecha debía servir para iniciar la discusión, que sería contestado polémicamente y a su pedido se votó 18. Proyecto autocrítico, pág., 5. Proyecto autocrítico, pág., 5. 196

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enviarlo a la base, previas modificaciones secundarias que I. pidió incorporar. Por otra parte, en la carta de Mariano del 24 de febrero, se mencionó dicho documento y se propuso a todo el Partido solicitar ejemplares del mismo. Si no se rebatió en el Comité Central, fue porque la Derecha no lo sostuvo, bajo la impresión de fuertes críticas que recibió en conversaciones previas. Si la base no lo conoció es por culpa exclusiva de B., P. y A., que constituían entonces el secretariado y no cumplieron la resolución del Comité Ejecutivo. 2) El proyecto pone en evidencia la óptica idealista, burocrática, paternalista y autosuficiente de los dirigentes centristas a circunscribir la lucha interna a los niveles dirigentes. Para ellos la base no jugó ningún papel, no participó en esta lucha. Cierran así los ojos ante la realidad tan evidente, palpable, señalada por nosotros, explícitamente en el Comité Central de marzo de 1969, de que el principal agente de transformación de nuestro Partido en una organización proletaria y leninista fue y es la base del Partido. Y no sólo eso. Las únicas referencias a los militantes y cuadros del Partido que contiene el proyecto expresan desembozadamente el profundo desprecio pequeñoburgués, la hostilidad intelectualoide de estos señores hacia la base y hacia el Partido. Dicen: “al realizarse ese Comité Central las fuerzas del Partido eran aproximadamente X militantes en el Norte, con mayoría obrera, militantes cuyas características y método de trabajo han quedado revelados de octubre a hoy. X en Córdoba, de los cuales X son obreros...” (sigue la serie). “Veamos para qué partido este Comité Central vota la guerra revolucionaria a 5 meses: en su conjunto tenemos bastante menos de X militantes, incluyendo a todos los que revisten como tales y de los mismos ni siquiera la mitad se aproxima a lo que debe ser un militante revolucionario profesional. Excepto el Norte, las distintas zonas casi no tienen obreros”19. 3) El proyecto contiene gravísimas infracciones a las normas de clandestinidad, casi lindantes con la delación. ¿Qué significa esto? ¿Qué razón hay para revelar los planes operativo-militares que debían mantenerse en el más estricto secreto? Es hora ya que suspendan el parloteo insustancial e irresponsable, midan sus palabras y se abstengan absolutamente de continuar revelando cuestiones secretas de la organización. 4)Particular mención como expresión máxima de ignorancia elemental, intelectualismo y desvergonzado charlatanismo con disfraz erudito, merecen los argumentos “Militares” del proyecto. Vamos a la cita: “la concepción de los chinos y los vietnamitas: la guerrilla surge de un proceso de organización del proletariado rural y el campesinado pobre en centenares de grupos de autodefensa que actúan en las más rigurosa clandestinidad, moviéndose entre las ma19. Proyecto autocrítico, pág. 9 (por razones de seguridad reemplazamos las cifras por X). 197

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sas, ‘como pez en el agua’, sólo cuando el partido se ha desarrollado en el seno de las masas, dispone de grupos de autodefensa ligados a la población y fogueados en cientos de acciones, cuando ya la represión le exige pasar a formas de acción superior y cuando está en condiciones de hacerlo porque dispone del apoyo de las masas y la experiencia y potencia de fuego necesaria, pasa a una segunda etapa que es la creación de la ‘guerrilla regular’, es decir, de destacamentos móviles desligados de la producción. El foquismo, en cambio, no realiza esa labor previa de carácter político y de organización de núcleos armados y pretende crearlo todo ‘desde arriba’, con un foco X de hombres, exactamente como ha intentado hacer este Comité Central. La unidad de X hombres que votó el Comité Central de Octubre constituye otro error de carácter específicamente militar: con modernas técnicas de lucha antiguerrillera que utilizan los ejércitos latinoamericanos, y moviéndose con numerosas unidades poderosamente armadas y de las cuales la menor es el pelotón, una unidad guerrillera de X tamaño se ve condenada a huir permanentemente y prácticamente no puede realizar acciones de aniquilamiento, salvo raras excepciones. Sólo unidades mayores, que cuentan con el apoyo organizado de la población para sostenerse logísticamente, que pueden movilizar como fuerza de apoyo a numerosos grupos de autodefensa y que cuentan con la potencia de fuego de una columna poderosamente armada, pueden realizar acciones militares de aniquilamiento.” “Por no contar con esas condiciones fue liquidada la guerrilla del Che y la guatemalteca de Cesar Montes, la peruana del MIR y el ELN, etc., las venezolanas y colombianas lograron sobrevivir disolviendo frentes enteros y reagrupando sus fuerzas en lo que llaman “columnas estratégicas”. Ese es el motivo militar por el cual los últimos foquistas que quedan en América latina son los integrantes de este Comité Central, hasta esta autocrítica”20. Casi tantos párrafos como errores. No es exacto que la concepción de los chinos y vietnamitas sea que la guerrilla surge de centenares de grupos de autodefensa que se mueven entre las masas. Para ellos y también para nosotros la guerrilla brota de la lucha de las masas que han agotado la experiencia de otras formas inferiores de lucha y deciden apelar a la lucha armada; lo que actúa entre las masas como pez en el agua es justamente la guerrilla. Es intelectualismo puro pretender grupos de autodefensa fogueados en cientos de acciones como pase previo a la guerrilla. Excepto Colombia, ningún país del mundo, en ninguna guerra revolucionaria de la historia, comenzó una guerrilla de esa manera. Giap no había combatido nunca hasta tomar la Jefatura del Destacamento de Propaganda Armada de 33 hombres que inició la guerra revolucionaria en Vietnam. Fidel y sus hombres sólo conocían la experiencia del Moncada 20. Proyecto autocrítico, pág. 9. 198

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(algunos) y en su totalidad no integraron antes nada parecido a un grupo de autodefensa. Yon Sosa era militar de carrera y ninguno de sus hombres provino de grupos de autodefensa, ni nada parecido. Tampoco ocurrió nada similar en China, ni en Corea, ni en Chipre, ni en Yugoslavia, ni en Survietnam, ni en Venezuela. Sólo en Colombia el Partido Comunista logró frenar un tiempo la necesidad de fundar esa guerrilla y mantuvo el armamento campesino en los límites de la autodefensa, con resultados lamentables. Lo que es insustituible para iniciar una guerrilla rural es un partido revolucionario, con penetración en las masas de la región, que esté en condiciones de proveer hombres, asegurar la información, parte del abastecimiento, trabajar políticamente entre las masas e incluso brindar apoyo operativo. Los centristas, con su inalterable amor por la artesanía, han dividido la primera de las tres famosas etapas de la guerra revolucionaria (1. Guerra de guerrillas o defensiva estratégica, 2. Equilibrio de fuerzas, 3. Ofensiva estratégica, estas dos últimas, con predominio de la guerra regular) en dos minietapas: 1) autodefensa, 2) guerrilla regular. En cuanto a lo de la determinación de foquismo por el tamaño de la unidad con que se empieza a combatir, es francamente ridículo. La cuestión del foquismo o guerra revolucionaria es un problema de política, no de número de combatientes. Si se pretende iniciar la lucha basada únicamente en la geografía, se evita el contacto con la población y se pretende enfrentar al enemigo con sólo la fuerza militar con que se cuenta; si se ignoran las necesidades del Partido Revolucionario, estamos en presencia de una desviación foquista. Si en cambio se comprende claramente que la fuerza fundamental de la guerrilla es el apoyo de la población y la geografía sólo un auxiliar; si se permanece lo más ligado posible a las masas; si se cuenta con una política de masas correcta; si se orienta la actividad militar con un punto de vista de masas; si se comprende que lo principal es el Partido, se garantiza su dirección de la guerrilla y se trabaja firmemente por construirlo y desarrollarlo, estamos en presencia de una línea leninista de guerra revolucionaria. La cuestión del número depende de la situación concreta, de las características de la zona, de la realidad política inmediata, de las fuerzas del Partido, de la disposición de las fuerzas del enemigo y de consideraciones tácticas de carácter militar. Precisamente a cuestiones de táctica militar se refiere el párrafo siguiente de la cita. Francamente ya no sabemos qué pensar del redactor de estos párrafos. ¿Olvidó, compañero, que la principal arma de la guerrilla es su movilidad, su independencia logística? ¿Qué lo que caracteriza militarmente a una guerrilla y le otorga posibilidades de triunfo es “morder y huir”, golpear o desaparecer? A las modernas tácticas de lucha antiguerrillera debemos responder con las viejas armas de la guerrilla: movilidad, ayuda de la población, eficacia técnica y elevada moral de combate. No vamos a caer en la discusión del número, porque significa entrar en vuestro terreno, donde la norma es la 199

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irresponsable divulgación de datos y planes prácticos, que ya hemos criticado. Sí tocaremos vuestros ejemplos históricos que el más charlatán de los “izquierdistas” dudaría en emplear con idéntica desaprensión. Primero, la guerrilla del Che, la más conocida. El Che, con 35 hombres iniciales, ganó más de 10 combates, despojó de 200 armas al enemigo, transitó triunfalmente durante 9 meses con un puñado de combatientes por una zona totalmente desconocida, sin el más mínimo apoyo de la población y perseguido por más de tres mil hombres. Si sucumbió, de ningún modo fue por error militar. Al contrario, militarmente resultó una verdadera epopeya. Como todos sabemos, su derrota se debió a la hostilidad de la población que terminó denunciando su posición y movimientos al Ejército burgués. Sobre Guatemala, no estamos interiorizados de la liquidación de Montes. Sabemos que ese frente sufría gravísimos problemas de línea y de dirección. En cambio, debemos recordarles que la guerrilla de Yon Sosa controlaba una zona campesina sin ninguna de las condiciones militares que ustedes nombran. La guerrilla del MIR tampoco sirve como ejemplo. Dividida en tres frentes, sufrió el mortal error militar de aceptar batalla de posiciones a un ejército inmensamente superior. Es decir, su error militar fue olvidar que la movilidad es arma esencial de la guerrilla. En cuanto al ELN peruano, no conocemos suficientemente esa experiencia, pero creemos que su caso fue parecido al del MIR en cuanto se estacionó en una zona muy pequeña y fue cercado. Lo de Colombia y Venezuela es otra cuestión. Las columnas estratégicas son producto del desarrollo de la lucha. Es claro que cuando una guerrilla logra asentarse sólidamente en la población, constituyendo efectivas bases de apoyo, debe pasar de inmediato a la formación de columnas, compañías, batallones con armamentos pesados, para poder continuar eficazmente la guerra. En Colombia está también la experiencia del ELN, que ha combatido exitosamente hasta hace muy poco tiempo con 40 ó 50 hombres. ¡Dejen de inventar foquismo, señores! Suspendan el intento de justificar teóricamente vuestro creciente alejamiento de la línea del IV Congreso. Si no están dispuestos a compartir con el Partido los riesgos de su línea, díganlo francamente, no inventen pretextos “militares”. FUERZA Y COMPOSICIÓN SOCIAL DE LAS ACTUALES TENDENCIAS21 A 6 meses de la detonación de la crisis partidaria, el Partido ha ido toman21. Esta estadística fue preparada antes del V Congreso, en el mes de junio. Posteriormente la relación de fuerzas se hizo más favorable el ala leninista con incorporación de indefinidos y otros compañeros. Finalmente, concretada ya la ruptura del Centro, siguen en el Partido el 95 % de los compañeros obreros y el 85 % del total de militantes 200

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do posiciones. Estamos en condiciones de ofrecer una estadística aproximada de la fuerza y composición social de las distintas tendencias, zona por zona, regional por regional, y en total incluiremos también las cifras correspondientes al Comité Central. Por razones de seguridad utilizaremos el siguiente método porcentual: en cada zona o regional que numeraremos de 1 a 11, se trabajará con porcentajes basados en el número de militantes obreros y no obreros respectivos. En la columna de total, el % de los militantes del Partido. Indefinido Izquierda 85

1 2 3

60

4

70

100

82 94

100

Derecha 15

obrero

40

no obrero obrero

35

no obrero obrero

no obrero

12

obrero

6

no obrero obrero

no obrero obrero

100 100

9,5 25

6,2 6,5

no obrero

80

20

80

20

28,5

24

37,2

31

100

10

90,5 50

76,7

no obrero no obrero

100

9

obrero obrero

100

8

Total

30

100

7

Comité Central

70

100

6

11

30

65

5

Centro

12,71

obrero

no obrero obrero 9,5 19 25

24,8 3,72

no obrero obrero

no obrero obrero

no obrero

[Los datos son en Por ciento] 201

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Este es el panorama estadístico de las fuerzas y composición social de las tres tendencias. Allí se ve con toda claridad el carácter de clase de cada una de ellas. Las cifras revelan, asimismo, que la actual crisis es una crisis de dirección, ya que en el Comité Central se da el mayor equilibrio y tensión de fuerzas. Surge inequívocamente el carácter predominante burocrático de la Derecha, la mitad de cuyos elementos son miembros del Comité Central; el predominio pequeñoburgués del centro, que cuenta con sólo el 0,31 % de los obreros del Partido; mientras que la corriente leninista comprende el 76 % del Partido y el 97 % de sus obreros, es decir, su casi totalidad. Ex profeso hemos dejado para tocar ahora una importante cuestión referente a la lucha de clases en un partido revolucionario. Se trata del criterio de verdad que un marxista debe emplear para orientarse objetivamente en esa lucha. Los teóricos centristas se reivindican marxistas y hacen alarde de la necesidad de análisis científicos de todas las cuestiones. Hablan y hablan de esa necesidad. La crisis del partido es el terreno inmediato en que deberían poner en práctica esa preocupación científica. Ya hemos visto cómo en el estudio de las corrientes internas, de la historia del partido y de la crisis actual, se olvidan del marxismo, del análisis de clases. Ahora veremos cómo en la determinación del error o la verdad de las actuales posiciones partidarias vuelven a ignorar otra cuestión principista: el criterio de verdad de la teoría del conocimiento marxista. Nosotros ya hemos dado nuestra interpretación científica de la lucha de clases interna, ahora ofrecemos nuestra determinación científica de la verdad o el error de las posiciones internas, tomando un claro criterio práctico de verdad. En lugar del parloteo abstracto y la duda permanente, los teóricos centristas deberían contraponer a nuestros criterios otros, claros, sencillos y contundentes. Como no los tienen y no los podrán encontrar, es que siguen amenazando con el “análisis marxista”, mientras aplican una metodología cientificista y subjetivista, opuesta al materialismo dialéctico en todas las cuestiones que tenemos por delante. Como sabemos, “es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y la fuerza, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento, aislado de la práctica, es un problema puramente escolástico”22. Marx enseñó aquí que la verdad o error de todo pensamiento surge de esa confrontación con la práctica. Este principio marxista tiene plena validez y aplicación para el caso de la lucha interna en un partido. Todo teórico y militante de un partido revolucionario puede estar equivocado, puede sufrir de una óptica subjetivista que lo suma francamente en el error, que limite su comprensión de la situación. Si tal teórico o militante es un marxista, se apresurará en utilizar 22. Carlos Marx, Tesis sobre Feuerbach. 202

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un criterio práctico de verdad para confirmar la justeza de su punto de vista, con ánimo de ejercer la autocrítica, si está equivocado. El criterio práctico de verdad para determinar la corrección y contenido proletario de una línea en el seno del partido revolucionario, en especial cuando se manifiesta abiertamente la lucha de clases en él, es la orientación de la base obrera en esa lucha. Así lo enseñó Lenin en “Un paso adelante, dos atrás”. Así lo enseñó Trotsky en su análisis de la lucha del Socialist Worker Party (ver “En defensa del marxismo”). Así lo enseñó Mao en sus trabajos sobre la Revolución Cultural. En lugar de persistir en el error, profundizarlo, acentuar sus rasgos pequeñoburgueses y refugiarse en la pedantería y la suficiencia, deben esforzarse por objetivar la actual situación, adoptar un sano criterio proletario, abandonar sus rasgos negativos y estar dispuestos a escuchar y observar, con espíritu autocrítico, a la militancia obrera del partido. Si son capaces de hacerlo sinceramente, ahorrarán desgarramientos a nuestra organización, serán útiles en el futuro, ocuparán un lugar de vanguardia en nuestro partido proletario, canalizarán su aporte personal en la preparación para la guerra y se elevarán notablemente como revolucionarios. Si en cambio persisten en el error, continúan acentuando sus rasgos pequeñoburgueses, se niegan a escuchar a la militancia obrera, terminarán indefectiblemente rompiendo con el Partido. ¿A DÓNDE VA EL CENTRISMO? Estas son las dos posibilidades, los dos caminos entre los que pueden optar los centristas en la encrucijada actual; salvar su “personalidad”, su amor propio, su “prestigio”, indisciplinarse al Partido y separarse de él antes o durante el Congreso, procurando hacerle el mayor daño posible o reconocer la posibilidad de estar equivocados, prestar oídos a las opiniones de la base obrera, aceptar las resoluciones de la mayoría y adoptar una clara disposición a integrarse al nuevo partido, esforzándose por liquidar todo resabio morenista. La adopción de una u otra de las posiciones antedichas será para el Partido el criterio objetivo que nos permitirá determinar si priman en los elementos del Centro sus limitaciones de clase, definiéndose como corriente pequeñoburguesa cristalizada, hostil a la guerra revolucionaria o triunfa en ellos un criterio proletario. Los informes que nos llegan del Partido muestran una clara y marcada tendencia rupturista y antipartido por parte del Centro. Las actividades últimas de estos compañeros acrecientan su grado de coherencia, marcando día a día más claramente una orientación general a renegar de todas las posiciones del IV Congreso, desviar la polémica de los aspectos esenciales con el consabido 203

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método pequeñoburgués de poner en duda hasta las posibilidades mismas del conocimiento y trasladarla a infinidad de cuestiones mínimas, “historias de 5 guitas”, en su mayoría falsedades y que en caso de que fueran ciertas no hacen a las cuestiones estratégicas y tácticas más generales, sino serían motivo de correcciones prácticas. De esta manera, eludiendo el tratamiento serio, la polémica marxista de los aspectos centrales que interesan a la organización (crisis partidaria y demás problemas relativos a la proletarización del Partido y a la preparación de la guerra) y desatando paralelamente un infernal barullo en torno a cuestiones secundarias y de carácter meramente práctico, cumplen su papel pequeñoburgués de sembrar la desorientación, la duda, el temor, la inseguridad. El que esta dinámica se desarrolle y confirme o no, dependerá fundamentalmente de la evolución interna del grupo centrista. Pero jugará un papel auxiliar importante la táctica que el Partido emplee en relación a ellos. El principio táctico que debe guiar nuestra actitud frente a los centristas es el que tan bien resumiera Mao al utilizar la expresión “matar la enfermedad para curar al enfermo”. Es decir, debemos atacar unánime y constantemente la enfermedad “morenismo pequeñoburgués” que sufren los elementos del Centro. Debemos extremar nuestra dureza e intransigencia en mostrarles las cuestiones centrales, la necesidad de no debilitar al Partido que se prepara para llevarlas adelante. Hacerles ver cómo una actitud rupturista de su parte es objetivamente favorable a nuestros enemigos y aun en el caso de tener razón, cosa que se determinará por la evolución posterior de los hechos, su lugar está en el Partido, al que pueden servir con el ejercicio de una crítica constructiva. Esta táctica general, debe ir acompañada de los siguientes criterios frente al Centro: a) evitar actitudes violentas y de carácter personal; b) impedir las trabas a la actividad, obligando firmemente a los centristas a cumplir con las tareas y respetar la disciplina partidaria. Toda indisciplina debe ser registrada como antecedente y comunicada al Partido; d) proponer a los militantes de base del Centro, previa cuidadosa selección, períodos de militancia en equipos obreros; e) mostrar con el ejemplo el respeto leninista, a las opiniones constructivas, la disposición de escuchar y asegurar así a los centristas que nuestro Partido no es ni será nunca un aparato stalinista; f ) acelerar los trabajos del V Congreso y realizarlo lo más pronto posible. Este en un aspecto fundamental. Es necesario terminar con la indefinición, la ambigüedad que está trabando y distrayendo al Partido. No podemos perder ni un solo día más en el cumplimiento de nuestras tareas de preparación. Por eso necesitamos un inmediato Congreso que dé solución a la crisis partidaria y nos permita lanzarnos de lleno a las luchas que nos esperan. El partido ya ha tomado posición en su casi totalidad. Si no podemos elaborar los documentos exhaustivos que son necesarios, principalmente para dirigirnos a la vanguardia 204

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de las masas, reemplacémoslos con claros grupos de resoluciones; la definición de la crisis partidaria, es un problema organizativo. Démosle urgente solución en el V Congreso. Camaradas: el Partido ha vivido casi 7 meses de lucha interna, abierta, el Congreso ha puesto fin a esta experiencia y de él nuestro Partido sale fortalecido y depurado. La experiencia que acabamos de vivir debe grabarse a fuego en la memoria del Partido y en adelante debemos prever cotidianamente y matar de raíz, con el ejercicio de la crítica, la autocrítica y la vigilancia proletaria, cualquier resurgimiento de la hierba venenosa del morenismo pequeñoburgués y burocrático. Del mismo modo debemos prevenir y matar en su nacimiento cualquier otra nueva forma en que las clases enemigas logren penetrar en el seno del Partido. No será la última vez que tengamos estos problemas. No debemos desesperarnos ni desanimarnos, si, pese a todo, resurgen. Pero de esta crisis tenemos que salir perfectamente alertas y armados para prevenir otra futura. Hemos comprendido el tratamiento a seguir. El no es otro que la creciente proletarización del Partido, el aumento constante del porcentaje de obreros en la organización, la participación activa y consciente de la base y de los cuadros. La más estricta intransigencia ante todo tipo de desviaciones. El ejercicio constante de la crítica y de la autocrítica. La más estrecha relación con las masas. El estudio serio del marxismo leninismo. El creciente grado de efectividad en el cumplimiento de la línea y de las tareas. RESOLUCIONES SOBRE DINÁMICA Y RELACIONES DE NUESTRA GUERRA REVOLUCIONARIA CARÁCTER DE LA GUERRA REVOLUCIONARIA De acuerdo a las características que señalamos que tendrá la revolución en nuestro país, debemos definir nuestra guerra como guerra civil revolucionaria, la cual desde el comienzo tendrá consignas antiimperialistas, dado el carácter de semicolonia de nuestro país. La guerra civil revolucionaria se irá transformando en guerra nacional antiimperialista, tanto porque lucharemos contra la burguesía y contra un enemigo invasor, como porque la librará el conjunto de la clase obrera y el pueblo. En este momento nuestras consignas tenderán a neutralizar a sectores de las capas superiores de la pequeña burguesía y mediana burguesía e incluso sectores de las fuerzas represivas, entonces nuestra guerra adquirirá un sentido patriótico. Si bien es necesario señalar las características del desarrollo de nuestra guerra, debe quedar claro que ésta será dirigida permanentemente por el proletariado, que su esencia de guerra civil revolucionaria se mantiene a 205

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todo lo largo del proceso. En este sentido podemos decir que la guerra civil revolucionaria ha comenzado en nuestro país desarrollada por sectores de la vanguardia; que continuarán librándola la vanguardia obrera y sectores del proletariado y el pueblo y que, por último, será la lucha de la vanguardia obrera, la clase obrera y el pueblo, contra la burguesía y el imperialismo. Por muchos motivos, desarrollados ya en El Único Camino..., nuestra guerra tendrá un carácter prolongado. Nuestro Partido no debe olvidar ni por un momento la experiencia vietnamita, que nos indica que, en el actual grado de desarrollo de la revolución mundial, es imposible tomar y mantener el poder en un país aisladamente. Esto sólo se logrará ante la crisis del imperialismo a escala mundial. De aquí se desprende el carácter continental e internacionalista de nuestra guerra revolucionaria. Por todo lo que dijimos anteriormente, el Ejército Revolucionario debe desarrollarse de lo pequeño a lo grande, de las acciones más simples a las más complejas, procurando la ligazón permanente con las masas, templando seriamente nuestras fuerzas y educando en mil acciones a nuestros destacamentos armados. DINÁMICA DE LA GUERRA REVOLUCIONARIA Si tenemos en cuenta que el sector de vanguardia de la clase está constituido por el proletariado industrial, que éste se concentra en Tucumán, Córdoba, Rosario y Buenos Aires, que su vanguardia es crecientemente permeable a posiciones revolucionarias y que en conjunto está inspirado por su profundo odio a la Dictadura, éstas son las regiones donde fundamentalmente se desarrollará la lucha armada tanto en su forma rural como urbana. Esta situación de conjunto tiene un desarrollo particular en cada región, y también el grado de radicalización de la vanguardia y la clase tiene niveles distintos. Dentro de este marco, el proletariado azucarero mantiene su puesto de vanguardia, pero con menos diferenciaciones con el resto que en años anteriores, por lo extensión de la crisis económica y social. Estas situaciones particulares, regionales, afectan las formas de desarrollo de la lucha armada; por ejemplo, en Tucumán el sector de vanguardia lo constituyen los obreros azucareros directamente ligados al proletariado rural y a través de éste al campesino pobre; esto, sumado a la situación geográfica de Tucumán, hace que el eje estratégico de la lucha armada pase allí por las formas iniciales de la guerrilla rural, con una etapa previa de acciones tácticas y operativas de lucha urbana y suburbana, las que se convertirán en secundarias al iniciarse la 206

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etapa estratégica (guerrilla rural); las características de la ciudad de Tucumán no hacen posible la formación de unidades militares estratégicas y muy difícil la de unidades militares operativas. Podríamos prever para Tucumán, en el aspecto de la lucha urbana, la actividad de unidades militares tácticas, subordinadas totalmente a las necesidades operativas y estratégicas del campo. Es evidente que la tarea fundamental estará dada por la construcción de aparatos logísticos: reclutamiento, inteligencia, comunicaciones y enlace, abastecimientos, etc. La mayoría de las acciones armadas se darán en el terreno de las defensas de esos aparatos (por ejemplo, la protección de la vías de comunicaciones guerrilleras, a personas refugiadas en la ciudad, talleres, hospitales clandestinos, etc.), y en la agitación de masas, sin descartar algunas acciones de distracción de fuerzas o de apoyo a la guerrilla, como el sabotaje, la destrucción de vías de comunicación, los ajusticiamientos de represores, o el hostigamiento de unidades en descanso o acuarteladas. En las otras tres regiones, la lucha armada será urbana y suburbana, y tanto las acciones militares como las fuerzas armadas del Partido se desarrollarán a los niveles táctico, operativo y estratégico: cumpliendo además tareas, tanto militares como logísticas, destinadas al fortalecimiento de la lucha armada en zonas rurales. Que en esta primera etapa se reducirán a Tucumán, pero que posteriormente se irán extendiendo por todo el Norte hasta llegar a enlazar geográficamente con áreas cercanas a regiones urbanas, como Córdoba y Rosario (Santiago del Estero, Catamarca, Chaco, Formosa, norte de Santa Fe, etc.). RELACIÓN CAMPO-CIUDAD El método de encasillar la realidad a través de esquemas subjetivos, a partir de los cuales se elabora una “estrategia” en la cual la realidad adquiere la dinámica de una mole de granito y la dialéctica es sólo algo que se desarrolla dentro de nuestras mentes, es algo común a toda la Izquierda, aquí y en todas partes. Nosotros no somos una excepción. Despojarse de estos hábitos es dar un gran paso hacia la Revolución y creemos que nuestro Partido está dando ese paso; pero aún subsisten en él rémoras de ese esquematismo. El manoseado problema de la relación campo-ciudad es un aspecto que aún nos queda por aclarar en el seno del Partido. Expulsada la Derecha, aislado y en vías de irse el Centro, el Partido actual representa la consolidación de los sectores proletarios y combativos y el fin de la batalla que desde el IV Congreso se libró contra las excrecencias morenistas. Pero este Partido que hoy somos, no es una aparición espontánea, sino el fruto de un proceso, cuyos aciertos y errores conforman nuestra realidad subjetiva; es así que el problema campo-ciudad, en vez de ser analizado como 207

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lo que realmente es: la interrelación dialéctica entre dos aspectos de una misma situación, se transforma en una contradicción con dos polos antagónicos. Fue quizás la minimización del carácter de la lucha en el campo por el centrismo donde su temor de clase a la decisión de combatir se ocultaba en una vaga fraseología teórica y con la formulación del concepto “seguidista”, según el cual la crisis se “habría trasladado” a los centros urbanos, uno de los elementos que contribuyeron a aumentar la confusión y crear susceptibilidades en el seno del Partido. La vulgarización de dos experiencias de guerra revolucionaria importantes, la china y la cubana, unidas a la falta de información a veces deliberada, ha creado en el seno del movimiento revolucionario continental situaciones como las que estamos tratando. No vale la pena en este trabajo (aunque habría que hacerlo en otros) precisar las tergiversaciones más vulgares de las experiencias de China y Cuba, sino que trataremos de precisar nuestra realidad, adaptando a ella y no al revés la experiencia de lucha del proletariado mundial. Además, por lógicas razones de incomunicación, hemos tenido acceso parcial a las experiencias renovadoras de los camaradas survietnamitas. El IV Congreso señaló que la Argentina en su conjunto estaba en una situación prerrevolucionaria: la realidad lo fue confirmando día a día y hoy asistimos a algo más concreto: la guerra civil revolucionaria ha comenzado. A partir de esta realidad, es inútil que nos pongamos a discutir en qué lugar geográfico, vamos a comenzar una guerra que ya empezó hace más de un año y en la que estamos metidos hasta el pescuezo; o dónde empezará a combatir el Partido cuando ya tenemos más de medio Partido en la clandestinidad y combatiendo, amén de un montón de presos y torturados. Este hecho no puede ser ignorado por el Partido. El problema que debemos plantearnos es el siguiente: en primer lugar, ¿por qué el Partido desarrolla su actividad militar en forma desigual y qué hay que hacer para que se comience a combatir en todas partes? En segundo lugar, ¿qué tipo de estructura militar debemos adoptar en cada región del país donde existe el Partido, adecuada a nuestra fuerza real y a las condiciones sociales? Y por último, ¿cómo coordinamos toda la actividad militar del Partido para superar los desniveles actuales e incorporar a todo el Partido a la guerra? De la misma manera que no se concibe un militante revolucionario separado de las masas, del trabajo político, en una situación de guerra no pueden existir sectores o militantes del Partido que no estén incorporados a la tarea de la guerra en el nivel que la realidad de su región o frente de trabajo lo permita. Un Partido de combate se caracteriza por eso mismo, porque combate, y en esta Argentina en guerra, la política se hace en lo fundamental armada, por lo tanto, en cada lugar donde el Partido esté presente en las masas se deben impulsar las 208

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tareas militares. Combatir, formar el ejército en la práctica de la lucha armada: quién no pelea no existe. Nuestra guerra revolucionaria no será, no es (ya que ha comenzado) una guerra regional; es una guerra nacional, es una guerra popular de masas que se desarrollará donde quiera que existan las masas adaptándose a las formas concretas que la realidad de cada región exija. Lo que podemos prever es que la guerra revolucionaria se asentará sobre dos elementos militares principales; la lucha armada en el campo, con sus características de guerra de guerrillas primero y de movimientos después y la lucha armada en las grandes ciudades, con un desarrollo que a partir de acciones de recuperación y resistencia llega a operaciones de aniquilamiento. Esto en cuanto a características particulares; en lo general, ambos procesos desarrollan una lucha de desgaste de la fuerza enemiga (moral, humano y material, en este orden) quebrando su capacidad ofensiva en el campo mediante su dispersión y aferrándolas al terreno en la ciudad: movilizando a las masas e incorporando a todo el pueblo a la guerra; creando tanto en el campo como en la ciudad unidades militares estratégicas, con un número y potencia de fuego que les permita dar combates de aniquilamiento; hasta desembocar en la insurrección general urbana con el cerco y liberación de las ciudades medianas, cercanas a la zona de operaciones rurales. Ambos procesos son coincidentes, interrelacionados e inseparables. Otro ejemplo fundamental de esta interrelación campo-ciudad está dado por el decisivo apoyo que, en su etapa inicial, recibe la guerrilla de los organismos de combate urbano, el cual se traduce no sólo en el apoyo logístico, por cierto muy importante, sino que el accionar de unidades operativas en las áreas urbanas determina la concentración en estas de sectores importantes de las fuerzas represivas y de su fijación en el terreno; esta situación, que consideramos que es de vital importancia, no ha sido analizada plenamente. Como ejemplo de su importancia señalaremos dos casos concretos: en Brasil, el desarrollo de las operaciones urbanas ha obligado a la represión a concentrar en el área Río-San Pablo-Bello Horizonte, a 40 mil hombres de sus mejores tropas antiguerrilleras (paracaidistas, infantes de marina, etc.). En nuestro país, importantes contingentes de gendarmería están ya aferrados al terreno en las grandes ciudades (Córdoba, Rosario, Buenos Aires) y su empleo en acciones antiguerrilleras rurales es poco probable. Creemos por último que el Partido deberá dar solución práctica al problema muy concreto de que, teniendo la región (que desde el punto de vista del desarrollo de la lucha de masas, de la fuerza de Partido y su prestigio e incluso de las características del terreno, constituye el eslabón más débil del dominio burgués) todas las condiciones para iniciar allí la guerra, el Partido no haya 209

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logrado aún concretar esta tarea fundamental, lo cual nos permitirá dar un salto en la calidad del Partido y su prestigio ante las masas y las demás fuerzas revolucionarias. La guerra revolucionaria, guerra popular, se asienta sobre dos concepciones básicas: el desarrollo de lo pequeño a lo grande y la incorporación de las masas a la guerra en un proceso dialéctico. Nada ilustra mejor este carácter que estas dos concepciones. Cada etapa de este proceso las muestras interrelacionadas, la intensidad y extensión de la guerra están en relación directa con la incorporación de sectores cada vez más amplios de las masas a su dinámica; el objetivo militar de la lucha es secundario frente a los objetivos políticos, se busca en cada acción armada movilizar y educar a las masas, organizarlas e incorporarlas a la lucha e incluso defenderlas cuando el enemigo las reprime si estamos en condiciones de operar. La ciencia militar proletaria reconoce tres niveles militares: el táctico, el operativo y el estratégico. A diferencia de la ciencia militar burguesa, estos niveles guardan muy relativa relación con ellas: lo determinante es el contenido político y la incidencia que tienen las acciones en el desarrollo del proceso; por ejemplo, una unidad del ejército revolucionario de 5 a 6 combatientes (la cual por su número y poder de fuego es objetivamente una unidad militar táctica) al realizar una expropiación de gran cantidad de dinero, o recuperar armas de gran potencia o golpear a un cuerpo represivo está realizando una acción de importancia estratégica. Un destacamento guerrillero de apenas 15 a 20 combatientes que al operar en una zona determinada obliga a dispersar en cercos, peines, patrullas y vigilancia a 2 ó 3 mil soldados de la represión, minando su moral y deteriorando su capacidad combativa, sin ni siquiera combatirlos, está cumpliendo un papel estratégico, a pesar de ser sólo una unidad operativa a nuestra escala y aun cuando en una escala de un ejército clásico, este destacamento es apenas por su número y poder de fuego, la menor de las unidades tácticas. Esta relación de fuerzas está dada en función del aspecto político de la guerra, pero si nos guiáramos por términos puramente militares, un destacamento guerrillero enfrentando a un pelotón o sección del ejército represor en combate frontal sería posiblemente derrotado por la superioridad técnica del enemigo. De la misma manera, el aniquilamiento de una patrulla del ejército opresor, que en una guerra convencional es un hecho muy menor, se convierte en la guerra revolucionaria en acontecimiento nacional que, al ser conocido por las masas, las conmueve y moviliza y el golpe que recibe el prestigio del enemigo no guarda relación con sus pérdidas en hombres y equipos, que son minúsculas: relación que en términos materiales se invierte cualitativamente para la guerrilla: perder 15 FAL no afectó materialmente al ejército represor, pues puede equivaler al 1/10.000 de su potencia de fuego, pero para la guerrilla puede significar un 100 210

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por ciento de aumento en su poder de fuego. Otro ejemplo interesante lo tenemos en el accionar de los comandos urbanos, que compuestos en su primer etapa de algunas decenas de combatientes, fijan al terreno a decenas de miles de soldados y policías enemigos. Pero en estos tres niveles se da también un grado de desarrollo, de elevación cuantitativa, que no sólo pasa por los cambios de un nivel a otro superior, sino que determina una progresión de cada nivel, o multiplicación de acciones a ese nivel que inciden en la magnitud del proceso, del desarrollo continuo de esta progresión donde se interrelacionan los conceptos de desarrollo de lo pequeño a lo grande y la incorporación de las masas a la guerra, resultando un cambio en [la] relación de fuerzas. Por ejemplo, una columna guerrillera de 30 a 40 combatientes es, en la primera etapa, una unidad militar estratégica, lo mismo que una brigada en la ciudad; pero en las etapas finales de la guerra, en el momento del cerco y liberación de las ciudades y de la insurrección general, las unidades estratégicas militares de la revolución cuentan, cada una de ellas, con varios miles de combatientes. La primera unidad militar estratégica del Ejército Popular del Vietnam fue un destacamento de propaganda de 40 hombres más o menos; 10 años después, en la campaña de Dien Bien Phu, en una acción de nivel operativo con resultados político-militares estratégicos, participaron 4 divisiones con fuerzas auxiliares: unos 80.000 hombres en total. La guerra popular no admite ser aprisionada en esquemas, todos los moldes tradicionales se rompen ante sus métodos revolucionarios. Hemos visto cómo las relaciones clásicas, número, fuego, estrategia, táctica, son transformadas; pero hay aún otro elemento que tenemos que contemplar por cuanto no desarrollarlo se presta a incomprensión y error. Se trata del problema del aniquilamiento. El concepto clásico del aniquilamiento está expresado en la ciencia militar burguesa con claridad por Clausewitz. Su frase “la sangre es el precio de la victoria” indica que el aniquilamiento sólo se lograría a través del choque sangriento entre los contendientes y la utilización de todas las armas disponibles. Para los clásicos, pues, aniquilar significa matar o capturar a las fuerzas enemigas; pero la ciencia militar moderna y en mucho mayor grado la ciencia militar proletaria, han superado este concepto de aniquilamiento físico. Una fuerza militar no sólo puede ser aniquilada mediante el choque, es evidente que es perfectamente posible su destrucción a través de acciones menores de hostigamiento, o de estrangularlas cortándoles su abastecimiento. Pero sostenemos que su aniquilamiento por medios políticos es aún más eficaz que los anteriores: en la guerra revolucionaria lo que se busca no es la destrucción física de la masa enemiga: en todo caso podría interesarnos destruir una parte de sus cuadros de dirección, pues la fuerza en su totalidad está compuesta por una mayoría de reclutas de igual origen de clase que nuestras propias fuerzas. Lo que se busca 211

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es su destrucción moral a través de acciones político-militares y su paralización, negándoles capacidad operativa, ya sea fijándolas al terreno o dispersándolas. Esto nos permite afirmar: Tropa que no combate es como si no existiera. Esto no significa que en la guerra civil revolucionaria no se produzca el choque de fuerzas, la destrucción física del enemigo y la utilización de medios masivos de destrucción, pero sostenemos que adquiere características secundarias frente a la utilización de la política, de la ideología. Estas armas son las que nos permiten, al cambiar el sentido clásico del aniquilamiento, conjugar en la guerra toda las fuerzas de las masas y utilizar en todos los terrenos y con distinto tipo de unidades militares nuestro concepto proletario revolucionario del aniquilamiento. RESOLUCIONES SOBRE EL TRABAJO DENTRO DEL MOVIMIENTO DE MASAS Y SINDICAL Considerando: Que los marxistas-leninistas deben utilizar todas las formas de lucha (ideológicas, económicas, políticas, militares) simultáneamente, sabiendo en cada etapa de la lucha de clases distinguir cuál de ellas es preponderante sobre las demás y en qué medida. Que la actual etapa de la lucha de clases, definida por nuestro Partido como de preparación para la guerra, se caracteriza por la existencia de condiciones prerrevolucionarias, coincidentes con un auge de las luchas espontáneas reivindicativas del proletariado. Que estas condiciones extremadamente favorables para comenzar la lucha armada se hallan limitadas por la debilidad de nuestro Partido y su escasa influencia en el proletariado, el retraso de la clase obrera del conjunto del país en relación a los sectores más avanzados, y los poderosos resabios sindicalistas y nacionalistas que aún subsisten dentro de los sectores más avanzados. Que la propaganda y la agitación política de las masas constituyen la herramienta fundamental de esta etapa preparatoria para hacer avanzar al proletariado y al pueblo hacia la necesidad de la guerra revolucionaria contra el régimen, la que debe ser combinada con la lucha ideológica contra el nacionalismo burgués, el populismo y el reformismo, la autodefensa en amplia escala y la propaganda armada, el desarrollo y la generalización de la lucha económica y la construcción del Partido. Que la participación de los revolucionarios en la lucha económica debe realizarse con los objetivos de vincularse a las capas más atrasadas del proletariado, movilizar al conjunto del proletariado contra el régimen y ayudar a la penetra212

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ción de la agitación y la propaganda política. La lucha económica no debe verse como opuesta a la política, sino como un nivel inferior de la lucha proletaria, que los revolucionarios debemos utilizar para nuestros objetivos estratégicos, sin dejar de esforzarnos en todo momento para elevar cada una de sus fases en el plano político. Que para tal fin el Partido debe darse una clara política para actuar en los movimientos de masas y en particular en las luchas sindicales del proletariado, dentro del movimiento estudiantil y de los demás sectores que consideramos aliados del proletariado. Que nuestra política de masas para el movimiento obrero debe combinar su forma esencial, la propaganda y agitación política y el desarrollo del Partido, con el cuidado de las condiciones de vida de las masas y una gran atención a las reivindicaciones inmediatas, teniendo en cuenta los elementos fundamentales de la situación actual; caída catastrófica del nivel de vida, opresión política, régimen semimilitar en el trabajo, intento de la dictadura de estatizar completamente el movimiento sindical, represión policial indiscriminada, etc. Que no hay otra garantía para un movimiento sindical consecuentemente enfrentado a la dictadura y estratégicamente incorporado a la perspectiva de la guerra revolucionaria que la dirección revolucionaria del Partido. Resuelve: 1°- La tarea esencial de los revolucionarios en el seno de las masas es la propaganda y la agitación política y la construcción y desarrollo del Partido. Consecuentemente, toda Regional, toda Zona, todo equipo y cada militante del Partido deben ligarse estrechamente a las masas con la preocupación central de desarrollar el Partido audazmente, llevar su nombre, su línea, el socialismo revolucionario y la concepción de la guerra revolucionaria a los más amplios sectores vía la enérgica propaganda y la agitación revolucionaria. 2°- En su actividad cotidiana en el seno de las masas, el Partido debe prestar gran atención a todas las reivindicaciones inmediatas, sean ellas económicas, políticas, culturales, etc. Cada militante del Partido debe ganarse el cariño y el respeto de las masas, no sólo por señalar el camino revolucionario sino asimismo por hacer frente a todas las injusticias y postergaciones. No sólo por denunciar la opresión y la explotación y explicarlas desde un punto de vista político revolucionario, sino asimismo por organizar las masas para luchar inmediatamente contra dichas injusticias. 3°- La construcción de organizaciones de masas para luchar por sus reivindicaciones inmediatas lo más amplias y menos clandestinas posibles (sindicatos, comisiones de fábricas, agrupaciones clasistas, comisiones barriales, etc.) y la lucha por la dirección de las existentes, constituyen una necesidad estratégica 213

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del Partido para reforzar su influencia sobre las capas más atrasadas del proletariado, extender y generalizar la lucha económica y facilitar el tránsito hacia la compresión del socialismo revolucionario entre las amplias masas. Esta tarea está estrechamente vinculada al desarrollo del Partido entre la clase obrera y subordinada a él y bajo ningún aspecto podrá dejar de desarrollarse. 4°- Ratificar que la lucha económica frente a la política estatizante de la dictadura, requiere canales clandestinos o semiclandestinos. Nuestro Partido debe alentar e impulsar la multiplicación de agrupaciones clasistas amplias, de comisiones de resistencias fabriles allí donde haya condiciones y la extensión y generalización de las luchas del proletariado, cuidando que ello no afecte sino que favorezca en el sentido más amplio la actividad político revolucionaria del Partido. Esto no excluye la defensa de la legalidad de los sindicatos y la lucha por su recuperación para la clase obrera de los ya semiestatizados, lo que será en esta etapa un objetivo secundario. 5°- El Partido debe luchar firme y consecuentemente por la dirección del movimiento sindical antidictatorial, evitando caer tanto en el sectarismo como en el oportunismo, oscilaciones permanentes de la etapa sindicalista de la Organización que hemos desterrado definitivamente. RESOLUCIÓN DE FUNDACIÓN DEL EJÉRCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO Considerando: Que en el proceso de guerra revolucionaria iniciado en nuestro país, nuestro Partido ha comenzado a combatir con el objetivo de desorganizar a las Fuerzas Armadas del régimen para hacer posible la insurrección victoriosa del proletariado y el pueblo. Que las Fuerzas Armadas del régimen sólo pueden ser derrotadas oponiéndoseles un ejército revolucionario, el que por su naturaleza otorga a la fuerza militar revolucionaria un carácter distinto al del Partido, debiendo reclutar aquella personal tanto dentro como fuera del Partido. Que la constitución de un ejército revolucionario en las presentes condiciones (debilidad de nuestro Partido, inexistencia de un Estado Obrero fronterizo, carencia de Fuerzas Armadas importantes) será un proceso político, social, técnico y militar prolongado que se desarrollará de lo pequeño a lo grande. Que durante toda una larga etapa, nuestra guerra revolucionaria adquirirá formas guerrilleras, urbanas y rurales, extendida a distintas ciudades y zonas campesinas, con radios operativos locales, sobre la base de cuya ampliación y extensión política y militar será posible pasar a la guerra de movimientos en el 214

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campo y a la constitución de importantes unidades estratégicas en las ciudades. Que las Fuerzas Armadas tendrán un carácter obrero y popular y serán férreamente dirigidas por el Partido, garantizándose en todo momento el funcionamiento de sus células y la educación política ideológica de sus cuadros. Que la experiencia vietnamita aconseja el principio de “dirección por el Comité del Partido y responsabilidad por los jefes de unidad, lo que garantiza la aplicación del principio de la dirección colectiva y además, aprovecha la sabiduría de las masas, fortalece más la unidad y la cohesión, coordina los diferentes aspectos del trabajo en el ejército realizando la unidad del pensamiento y la acción” (Giap). Que el otro principio fundamental de guerra revolucionaria a aplicar por nuestra fuerza militar es la ejecución de las operaciones militares con una línea de masas, es decir, orientada hacia la movilización de las masas y su participación directa o indirecta en la guerra. El V Congreso del PRT resuelve: 1°- Fundar el Ejército Revolucionario del Pueblo y dotarlo de una bandera. 2°- Considerar al Ejército Revolucionario del Pueblo y sus distintos destacamentos armados como los instrumentos militares del Partido para su política en la presente etapa de la lucha de clases y el embrión del futuro Ejército revolucionario obrero y popular. 3°- Construir un Ejército Revolucionario del Pueblo incorporando a él a todos aquellos elementos dispuestos a combatir contra la dictadura militar y el imperialismo (que acepten el programa del Ejército) y utilizando en la estricta selección necesaria criterios de seguridad, decisión, coraje, moral y odio de clase a la dictadura. 4°- El reclutamiento para las unidades del Ejército Revolucionario del Pueblo será controlado por la célula del Partido, los responsables del Partido, los responsables militares y los Comisarios Políticos correspondientes, los que cuidarán no se alteren negativamente la moral, la disciplina y la composición social de las unidades, ni se debilite el papel dirigente del Partido. 5°- En la primera etapa de la guerra revolucionaria, el Ejército Revolucionario del Pueblo estará compuesto por las siguientes fuerzas: a) unidades urbanas constituidas por los comandos armados organizados por el Partido y por los comandos armados extrapartidarios que acepten la disciplina del Ejército Revolucionario del Pueblo. En estos últimos casos deberá garantizarse de inmediato la constitución de la célula dirigente partidaria; b) unidades suburbanas de igual constitución; c) unidades guerrilleras rurales. 6°- Las células básicas del Partido tendrán como preocupación fundamental en el terreno militar la aplicación de una línea de masas por el Ejército 215

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Revolucionario del Pueblo y contribuirán a ella mediante un estrecho contacto con dicha organización, aportando informes y transmitiendo la opinión y estado de ánimo de las masas a fin de lograr su movilización con operaciones de propaganda armada. Realizarán, asimismo, tareas de resistencia e información: a) de acuerdo a las necesidades y posibilidades de su frente de masas; b) como auxiliares del Ejército Revolucionario del Pueblo. En este último caso recibirán directivas y orientaciones de los Comités Zonales, Regionales o del Comité Ejecutivo del Partido. 7°- El Comité Central y el Comité Ejecutivo del Partido constituirán la dirección colectiva de la guerra y a éste corresponderá designar al secretario militar nacional, los responsables militares de las distintas unidades, los comisarios políticos respectivos y el comité militar del Partido. En el campo, estos responsables militares integrarán los comités zonales y regionales del Partido. A todos los niveles las células del Partido en el Ejército garantizarán y controlarán la aplicación firme y correcta de las directivas militares impartidas por el Comité Central y el Comité Ejecutivo. 8°- Para los grupos y personas extrapartidarios que ingresen al Ejército Revolucionario del Pueblo será condición aceptar la jefatura militar y los comisarios políticos que el Partido designe. 9°- Organismos intermedios. Forman además parte del Ejército Revolucionario del Pueblo los Comandos Armados del Pueblo: estos organismos son los que el Partido y el Ejército Revolucionario crean de la resistencia activa de las masas. Sus acciones de un nivel mínimo de especialización, van elevándose de lo pequeño a lo grande. Se organizan con un máximo de iniciativa en su funcionamiento y sus objetivos son: en defensa de una lucha concreta de las masas, alentar la lucha de clases y de apoyo táctico y selección de combatientes al Ejército Revolucionario. Su constitución es de suma importancia, pues ello servirá para introducir la lucha armada en el seno de las masas. RESOLUCIÓN SOBRE RELACIÓN PARTIDO-EJÉRCITO 1°- “¿Por qué razones nuestro ejército, pese a su creación bastante reciente, ha escrito gloriosas páginas históricas, realizado brillantes hechos de armas y contribuido en alto grado al éxito de la obra revolucionaria de nuestro pueblo? Porque es un ejército del pueblo dirigido por nuestro Partido. Esta dirección es el factor que ha decidido todos sus éxitos.” “... es un ejército popular, el ejército del pueblo trabajador, en su esencia el ejército de los obreros y los campesinos, dirigido por el Partido de la clase obrera.” 216

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“El primer principio fundamental en la organización de nuestro ejército es la necesidad imperiosa de colocar el ejército bajo la dirección del Partido y fortalecer sin cesar la dirección del Partido. El Partido es el fundador, el organizador y el educador del ejército” (Partido y Ejército en la Guerra del Pueblo, Giap, páginas 66, 67, 71-72). Esta cita de Giap, que se corresponde con la concepción expresa de Lenin y Trotsky para el Ejército Rojo y de Mao Tsé tung para el caso de China, expone claramente la concepción marxista del Ejército Revolucionario y sus relaciones con el Partido. Para el marxismo, Ejército y Partido son dos organizaciones diferentes, con tareas distintas y complementarias. El Ejército es el brazo armado, la fuerza militar de la clase obrera y el pueblo, del que se sirve el pueblo revolucionario en la lucha armada contra el ejército burgués. El Partido, en cambio, es una organización exclusivamente proletaria, cualitativamente superior que se constituye en la dirección política revolucionaria de todo el pueblo, en todos los terrenos de lucha, tanto en el terreno militar como en el económico, político, etcétera. 2°- La crisis del marxismo en Europa y Latinoamérica, cuya dimensión y causas no es del caso analizar aquí, permitió el auge de una concepción militarista cuyo teórico es Debray, ajena por completo al marxismo. Esa concepción basada en una exaltación de las deficiencias y particularidades del proceso cubano, sostiene que el Partido es la guerrilla y que ella debe dirigir la política. Los cubanos llevaron adelante la guerra sin partido marxista. En el curso de las hostilidades la dirección adoptó el marxismo y después del triunfo de la Revolución pasó recién a la construcción del Partido. De modo que durante la guerra el Ejército Rebelde actuó relacionado con corrientes políticas pequeñoburguesas y burguesas y necesitó subordinarlas a sus objetivos revolucionarios, de esta experiencia saca Debray la conclusión de que siempre el Ejército debe dirigir al Partido, porque el monte es proletario y el llano burgués. Esta concepción militarista ha causado mucho daño al movimiento revolucionario latinoamericano, entre otras cosas, porque ha servido magníficamente al reformismo para utilizar argumentos “marxistas” en su oposición a la lucha armada. El punto de vista de que el Partido y el Ejército deben ser idénticos, emparentado con el debraysmo, aparte de no tener ningún sentido práctico inmediato y llevar la confusión al seno de la organización, encierra el doble peligro de una línea sectaria y oportunista. Sectaria, en cuanto al considerar iguales al Partido y al Ejército, tendería a una rígida selección de los combatientes, cerrándonos la posibilidad de incorporar a elementos no marxistas. Oportunista en cuanto traería al Partido elementos buenos para el combate, pero políticamente inmaduros. Nuestra corta experiencia nos indica que teniendo clara esta 217

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cuestión y planteándola con claridad a todo el mundo, logramos una relación más definida con los nuevos elementos de combate, que pronto aprenden que la cuestión no es sólo combatir, sino que en la guerra revolucionaria es dominante la política, que “el Partido manda el fusil” y a partir de esa comprobación evolucionan políticamente para ganarse un lugar en el Partido. 3°- A partir del Comité Central de marzo de 1969 nuestro Partido adoptó y comenzó a aplicar la concepción marxista en esta cuestión. Las Regionales de Rosario y Córdoba, que lo hicieron más firme y consecuentemente, han logrado resultados ampliamente satisfactorios. Se ha visto de esa manera cómo se logra incorporar a acciones a todos aquellos elementos que están dispuestos a empuñar las armas contra el régimen, cualquiera sea su grado de maduración política y, al mismo tiempo que se canaliza a esa gente a lucha revolucionaria con la línea del Partido, se mantiene y aún eleva la calidad de la organización partidaria. Continuar con la concepción adoptada en el Comité Central de marzo de 1969 es una cuestión de principios y de una importancia capital. Es fundamental la firme e intransigente defensa y aplicación del punto de vista marxista sobre la cuestión que nos ocupa, no sólo por razones prácticas inmediatas, sino además por un problema de educación partidaria. 4°- Una vez clara la diferencia entre Partido y Ejército, pasamos a la cuestión fundamental en las relaciones entre ambos organismos. Nos referimos a la dirección del Ejército por el Partido y la forma de garantizarla. Ella se ejerce en todos los niveles. En la unidades menores, básicas, mediante las células de combate que se constituyen en el núcleo dirigente de dichas unidades. A nivel dirigente por los responsables militares y el comité militar del Partido que son nombrados y controlados por el Comité Central y el Comité Ejecutivo partidarios y se constituyen en el núcleo dirigente de los Estados Mayores del Ejército. En los organismos dirigentes de las fuerzas armadas (Estados Mayores), pueden también incorporarse elementos extrapartidarios a condición que el número de ellos no supere un 20 por ciento de los miembros de cada organismo. Finalmente, el sistema de comisarios instituidos en todas las unidades de las fuerzas armadas, garantizará la educación política del Ejército y la aplicación de una línea de masas en las operaciones militares. RESOLUCIÓN SOBRE EL CENTRALISMO DEMOCRÁTICO EN EL EJÉRCITO I- Como explica con toda precisión el camarada Giap (ver páginas 87 y siguientes Guerra del pueblo, ejército del pueblo), son dos los aspectos que hacen a un funcionamiento correcto de la organización militar revolucionaria, aspectos 218

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que se corresponden con el centralismo democrático del Partido. En primer lugar, el ejercicio efectivo de la democracia interna, consiste en la aplicación de estos principios: a) democracia política, asambleas periódicas, para lograr la participación de todos los combatientes y cuadros en el tratamiento de los distintos problemas del Ejército; b) democracia militar, consistente en comunicar con antelación los planes de operaciones al conjunto, siempre que las condiciones lo permitan, para facilitar las iniciativas y aportes; c) democracia económica, estableciendo el sistema de “finanzas abiertas” para permitir la intervención y control de combatientes y cuadros en la administración. En segundo lugar, el ejercicio de “una disciplina, libremente aceptada, de las más severas”; un ejército revolucionario “para garantizar su unidad de voluntad y acción, indispensable para la conservación de sus fuerzas y el aniquilamiento del enemigo, tiene que estar centralizado en el más alto grado y apoyarse en una disciplina severa”. Señala finalmente Giap los dos peligros de desviaciones: la que influida por la ideología burguesa exagera la disciplina y “pretende dirigir las tropas sobre la base de órdenes y sanciones”, y la que reflejando la ideología pequeñoburguesa, tiende a la disgregación, al “dispersionismo”, da poca importancia a la disciplina, trata de evitar el control y presta insuficiente atención a las órdenes recibidas. II- Nuestro Partido arrastra ambas tendencias erróneas que son trasladadas insensiblemente a las unidades militares con perjuicios aún mayores en este terreno. Es necesario erradicar el método de “ordeno y mando”, por una parte y acostumbrar a mandar y obedecer por la otra. Es necesario consolidar incesantemente la democracia interna, la educación ideológica proletaria y, sobre la base del convencimiento, establecer una disciplina estricta. Es necesario dejar de lado el individualismo y la timidez, apreciar la disciplina militar aprendiendo a mandar y a obedecer. El funcionamiento de las pocas unidades militares que ha tenido el Partido ha visto perjudicada su eficacia por ambos defectos, pero fundamentalmente por el segundo. A nuestros responsables les ha faltado, en general, firmeza en el ejercicio del mando y a nuestros militantes disposición a obedecer. III- Es necesario entonces esforzarnos por la aplicación correcta de los principios del centralismo democrático en el Ejército: a) Por el ejercicio de la democracia estableciendo la participación de todos los combatientes en la elaboración de la línea de construcción del Ejército, en el control delas finanzas y, en la medida de lo posible, en la discusión de los planes de operaciones. b) Por una disciplina de hierro en el Ejército, por el ejercicio correcto y eficaz del mando por los responsables y el cumplimiento estricto y eficiente de las órdenes por los subordinados.

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MINUTA SOBRE INTERNACIONAL INTRODUCCIÓN Por encargo del Comité Central he preparado la presente minuta, que es, sencillamente, una exposición de los puntos de vista que sostuve en mis intervenciones en el V Congreso sobre la Internacional. Esto no es un trabajo sistemático ni cuenta con la necesaria precisión en las citas históricas. Ello se debe a que el Comité Central ha preferido adelantar los puntos de vista expuestos en el Congreso, que considera en general correcto, para que el Partido tenga clara su posición ante la Internacional, consciente de que el trabajo sistemático, que es necesario, es ahora una tarea secundaria en la que no podemos distraernos. 1.- EL INTERNACIONALISMO MARXISTA Desde Marx y Engels, el marxismo ha considerado la lucha anticapitalista, la revolución socialista, desde una óptica internacionalista. Marx dijo que la revolución socialista es nacional por su forma e internacional por su contenido y que la lucha del proletariado contra la burguesía es una lucha internacional. Consecuentes con este principio, Marx y Engels dieron una organización internacional al Partido Revolucionario de la época (primero la Asociación Internacional de Trabajadores y luego sucesivas organizaciones que le siguieron hasta la Segunda Internacional de Engels). Lenin y los bolcheviques compartieron absolutamente este punto de vista y militaron en la Segunda Internacional pese a las enormes limitaciones y al contenido reformista que esta Internacional había adquirido después de la muerte de Engels, bajo la dirección de alemanes y austríacos (Kautsky y Adler entre ellos). Ante la traición de la Internacional frente a la guerra interimperialista europea, los bolcheviques, con un puñado de revolucionarios (izquierda zimerwaldiana), rompen con la Segunda Internacional y a posteriori del triunfo de la Revolución Rusa fundan la Tercera Internacional con sede en Moscú. Esta Internacional revolucionaria impulsa sensiblemente, con sus primeros cuatro congresos y su actividad y orientación, el movimiento revolucionario mundial. Bajo su inspiración se forman partidos comunistas revolucionarios en numerosos países y la Internacional, con aciertos y errores tiene una intervención directa en la revolución europea de la época. Este corto período que abarca desde la fundación de la Internacional (1918) hasta poco antes de la muerte de Lenin (1923), es el modelo de Partido Internacional que más se acerca a la concepción marxista. La Tercera Internacional en vida de Lenin centralizó 220

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prácticamente la lucha revolucionaria del proletariado internacional contra el capitalismo e incluso logró unir en estrecha alianza con la lucha del proletariado a algunos sectores populares (campesinado, pequeño-burguesía y burguesía nacional de países coloniales) enfrentados antagónicamente con el imperialismo (nos referimos al movimiento nacional anticolonialista de los pueblos asiáticos principalmente). Pero luego de un período de transición, durante el cual la Tercera Internacional pasó a jugar un papel centrista, manteniendo una línea general de desarrollo de la revolución mundial con graves deformaciones reformistas, populistas y de anteposición de los intereses nacionales de la URSS a los de la revolución mundial, el stalinismo degeneró la Internacional, subordinándola a los intereses nacionales inmediatos de la Unión Soviética y consecuentemente convirtiéndola en un freno de la revolución internacional, hasta que la disolvió como parte del acuerdo postguerra con Churchill y Roosevelt. Esta experiencia, el recuerdo de los últimos años de la Internacional stalinista, debe haber sido uno de los elementos más importantes que llevaron a los revolucionarios asiáticos -que por su desarrollo de la guerra revolucionaria se habían convertido en la vanguardia de la revolución mundial (vietnamitas, chinos y coreanos)- a sacar la conclusión de que no era necesaria la Internacional, sino que constituía un estorbo para la lucha revolucionaria en cada país, que expresamente debía establecerse como principio la no intervención, la independencia absoluta de cada partido nacional y convertir organizativamente el internacionalismo en el simple cambio de experiencias y apoyo moral y material. Nuestro punto de vista es que desde la experiencia leninista de la Tercera Internacional quedó más clara que nunca la necesidad de un Partido Revolucionario Internacional que centralizara mundialmente la lucha contra el capitalismo y el imperialismo, necesidad día a día más apremiante por las características dominantes de la época en que vivimos, con el capitalismo férreamente centralizado bajo la égida del imperialismo yanqui, la lucha revolucionaria desenvolviéndose en algunos teatros con contenido y forma internacional (sudeste asiático) y la notoria interinfluencia de los distintos procesos revolucionarios, anticapitalistas y antiimperialistas que se desarrollan en cada país, en cada región y en cada continente. Esta Internacional Revolucionaria que preconizamos, a más de unificar y centralizar la lucha revolucionaria mundial, tiene también una importancia vital para la construcción del socialismo. Como explicó Lenin, la lucha contra el capitalismo no termina con el triunfo de la revolución, con la toma del poder en un determinado país, sino que se continúa, contra las supervivencias del capitalismo, contra “la fuerza de la costumbre, la fuerza de la pequeña producción, que cotidianamente produce y reproduce capitalismo”. Esta lucha cuya dureza y dificultades predijo Lenin en 1920, se ha revelado 221

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en la experiencia de los Estados Obreros como verdaderamente titánica. Una internacional revolucionaria tiene un destacado papel en el llamado período de transición del capitalismo al socialismo, centralizando a nivel internacional la lucha por la construcción del socialismo en camino de la sociedad comunista. Finalmente, es una necesidad política para todo revolucionario proletario, para todo partido leninista, mantener una activa militancia, una vida política internacional, participar en forma directa o indirecta en las experiencias revolucionarias de los distintos países, conservar prácticamente una visión internacional de la lucha por el socialismo. Ello revierte inmediatamente en una mayor comprensión de las tareas nacionales, en una creciente eficacia en la dirección de la lucha revolucionaria, gracias a la asimilación de la experiencia internacional, siempre más rica, más completa, más variada. Estos objetivos, estas necesidades revolucionarias nos hacen adherir firmemente como cuestión fundamental de principios a la concepción internacionalista de Marx y Lenin. Este punto de vista que reivindicamos fue sostenido y desarrollado en los momentos más difíciles por Trotsky y por la Cuarta Internacional que él fundara en 1938. Como parte de su lucha contra el stalinismo, León Trotsky mantuvo en alto la bandera marxista-leninista del internacionalismo revolucionario, bandera que hoy heredamos, que mantiene la IV Internacional y que debemos levantar y agitar sin tapujos, sin temores, como cuadra a revolucionarios proletarios. La dirección cubana aportó en los últimos años al movimiento revolucionario un internacionalismo práctico ejemplar, simbolizado en el ejemplo del comandante Guevara, internacionalismo práctico que apreciamos altamente y que debemos esforzarnos en imitar. Intentó a si mismo fundar organizaciones revolucionarias internacionales (Tricontinental y OLAS), sin lograr, por distintos motivos, resultados similares a los de la internacional leninista. 2.- LA REALIDAD ACTUAL DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO INTERNACIONAL Hoy, la situación concreta con que se encuentra toda organización revolucionaria como la nuestra, que comprende la necesidad de ser fiel a los principios internacionalistas de Marx y Lenin, es la siguiente: Por un lado, en la extrema derecha, el revisionismo acaudillado por el Partido Comunista de la Unión Soviética e integrado por los partidos comunistas de los Estados Obreros Europeos, (con la sola excepción de Albania) y los partidos comunistas línea Moscú existentes en casi todos los países del mundo. Esta corriente, hija directa del burocratismo reformista, stalinista, ha abandonado 222

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la lucha revolucionaria contra el capitalismo y el imperialismo. Objetivamente, los países socialistas europeos y la URSS están en contradicción antagónica con el capitalismo. Más: la línea de la burocracia revisionista gobernante, que ellos llaman “Coexistencia Pacífica” y que en realidad busca la conciliación, el reparto del mundo y está basado en la suicida y utópica creencia idealista de que el socialismo terminará imponiéndose universalmente por el sólo peso de su ejemplo, ha ido creando condiciones favorables al capitalismo, ha estimulado su agresividad, lo ha envalentonado, hasta el extremo de pasar a pesar, a influir reaccionariamente en el propio seno de los Estados obreros, acentuando su degeneración, encontrando causes para reintroducir el capitalismo, abriendo la posibilidad de una restauración capitalista, como lo demuestra la situación actual en Checoslovaquia, Rumania, Polonia y principalmente Yugoslavia. Por otro lado, los partidos comunistas y obreros de los Estados obreros revolucionarios, el Partido Comunista chino, el Partido Comunista cubano, el Partido del Trabajo albanés, el Partido de los Trabajadores del Vietnam, el Partido Comunista coreano, son las corrientes revolucionarias que llevan adelante una línea revolucionaria, que combaten o están por hacerlo, en estrecha relación con alguno de estos partidos. Estos partidos han desarrollado y desarrollan, con diferencia de grado, la lucha revolucionaria más implacable y decidida contra el capitalismo y el imperialismo. Constituyen la vanguardia real del movimiento revolucionario mundial y resulta claro que una Internacional revolucionaria que centralice mundialmente la lucha anticapitalista y antiimperialista sólo es posible sobre la base de dichos partidos. Pero este tipo de Internacional no es momentáneamente viable por la expresa posición de los partidos chino, vietnamita, coreano y albanés, que no consideran necesario, sino perjudicial, la organización de una nueva Internacional revolucionaria, y por las dificultades insalvables que la dirección cubana ha encontrado para concretar en términos de organización el consecuente internacionalismo a que ya nos hemos referido. Finalmente, es también parte de la realidad de nuestra época la existencia en el seno de los países capitalistas, del movimiento trotskista y de otras corrientes revolucionarias internacionalistas que al mismo tiempo que no se alinean en los dos sectores a que hemos hecho referencia, se esfuerzan por aplicar creadoramente el marxismo a la situación concreta de su país, luchan con las armas en la mano, y en su proceso de maduración revolucionaria comienzan a rescatar la bandera internacionalista del marxismo-leninismo bajo el estímulo singular del pensamiento y la acción del comandante Guevara. Es evidente entonces, para una organización como la nuestra, que no queda otra alternativa que luchar firmemente por la construcción de una nueva Internacional revolucionaria, y que para lograr que esa lucha fructifique, antes que nada es necesario ganar el respeto de los sectores obreros revolucionarios me223

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diante el más amplio y sólido desarrollo de la guerra revolucionaria en nuestro país y la más estrecha vinculación con los movimientos revolucionarios latinoamericanos y mundial. 3.- LA IV INTERNACIONAL El movimiento trotskista, es necesario aclararlo, agrupa a sectores heterogéneos. Desde aventureros contrarrevolucionarios que se sirven de su bandera prostituyéndola hasta consecuentes revolucionarios. El resurgimiento del trotskismo a partir de la defenestración de Stalin en la URSS se ha polarizado en la IV Internacional a que pertenecemos, quedando al margen la casi totalidad de los grupos aventureros y contrarrevolucionarios que se reivindican trotskistas. Reconocidos por el propio Partido Comunista de la Unión Soviética los aspectos negativos de Stalin, ello constituyó una dramática confirmación de las raíces sanas y correctas del movimiento trotskista y favoreció dos procesos simultáneos: a) la reunificación de la mayor parte del movimiento trotskista, entonces muy atomizado, debilitado y desprestigiado, concretado en el Congreso de Reunificación de la IV Internacional de 1963; b) la revitalización del trotskismo por la doble vía de un nuevo y más amplio prestigio que posibilitó el ingreso a sus filas de la juventud revolucionaria y del traslado del eje de lucha desde el enfrentamiento y denuncia del stalinismo, eje estéril que había sectarizado, inducido a error y castrado el movimiento contemporáneo, que permite la comprensión del proceso revolucionario cubano, la apertura a la teoría y la práctica de la guerra revolucionaria y a un replanteo de la caracterización de las revoluciones asiáticas. Algunos compañeros, que se oponen a nuestra adhesión a la IV Internacional, argumentan que se trata de una organización burocrática desprestigiada que en lugar de facilitar la lucha revolucionaria la obstruye por las resistencias que crea nuestra adhesión a ella, tanto a nivel internacional como frente a la vanguardia obrera de nuestro país. Veamos estas cuestiones: en primer lugar, es necesario tener claro que efectivamente la IV Internacional tiene enormes limitaciones y una tradición escasamente reivindicable. Podemos resumirla diciendo, que la histórica tarea de mantener vivo el internacionalismo leninista, de conservar y desarrollar la teoría y la práctica de la revolución permanente, hubo de ser asumida en las condiciones de predominio absoluto del stalinismo, por pequeños círculos de intelectuales revolucionarios cuya marginación real de la vanguardia proletaria y de las masas -pese a importantes esfuerzos por penetrar en ellas- impidió su proletarización y otorgó un carácter pequeñoburgués al movimiento trotskista. Esta realidad determinó que el aporte de la IV Internacional al movimiento revolucionario mundial se limi224

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tara al nada despreciable de custodio de aspectos esenciales del marxismo-leninismo abandonados y pisoteados por el stalinismo, y lejos de jugar un papel práctico revolucionario de importancia, cayera en numerosas oportunidades en puntos de vista reformistas, ultraizquierdistas e incluso sirviera de refugio a toda clase de aventureros contrarrevolucionarios, consecuencia y a su vez causa de la marginación de que habláramos. Más, el proceso de renovación y desarrollo a que nos referimos, que demuestra suma pujanza, implica necesariamente una transformación de la Internacional y de sus partidos en una dirección proletaria. Implica un cambio radical en su composición social, el abandono progresivo de las características pequeñoburguesas todavía dominantes, una participación plena y protagónica en distintas revoluciones nacionales. El futuro del movimiento trotskista depende de la capacidad de la Internacional, de sus partidos nacionales, para asimilar esta transformación, realizarla consciente y ordenadamente. Para resumir: a los aspectos negativos de la IV Internacional que debemos reconocer y comprender críticamente, corresponde oponer el hecho real y determinante que la Internacional se renueva, que la vida bulle en ella, y que camina hacia un rico proceso de transformación revolucionaria, proceso del que somos parte y protagonistas. Es necesario reiterar, para no dar lugar a equívocos, exageraciones ni falsas ilusiones, el punto de vista realista que sostuvimos en nuestra intervención en el Congreso que no creemos en la posibilidad que la IV Internacional se convierta en el partido revolucionario internacional cuya necesidad sostenemos. Pensamos que ello es ya históricamente imposible y que el papel de la Internacional, en el supuesto favorable de que se convierta en una organización proletaria revolucionaria, será lograr la construcción de una nueva Internacional Revolucionaria, al modelo de la III Internacional leninista, en base a los partidos vietnamita, chino, cubano, coreano y albanés. En segundo lugar, es necesario dejar en claro que pese a sus graves errores y limitaciones no existe tal desprestigio de la Internacional. Por el contrario, merced a la orientación de guerra revolucionaria adoptada por un sector de la Internacional, actualmente cuenta con la simpatía de importantes sectores de la vanguardia revolucionaria mundial, y mantiene excelentes relaciones. Es necesario que el Partido sepa que prácticamente la totalidad de nuestros contactos internacionales, incluidos los latinoamericanos, han sido logrados o consolidados por la Internacional, principalmente por el Secretariado Internacional, la Liga Comunista de Francia y el POR boliviano. En cuanto a la vanguardia obrera de nuestro país, es falso, y lo hemos experimentado prácticamente, que existe rechazo hacia el trotskismo. En general, podemos afirmar que es escasamente conocido entre las masas, y salvo en la militancia codovilista, la propaganda macartista antitrotskista 225

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del Partido Comunista argentino no ha prendido en ningún sector de la vanguardia. El conjunto de la vanguardia revolucionaria argentina, por otra parte, tiene la suficiente madurez política como para diferenciar los distintos matices de la izquierda, y nuestro Partido, que no oculta su pertenencia a la IV Internacional, ha sabido hacerse reconocer y respetar como organización revolucionaria de combate, ideológicamente marxista-leninista, y reivindicando públicamente tanto su adhesión a la teoría de la Revolución Permanente y al análisis trotskista de la burocracia soviética, como su aceptación calurosa de la teoría de la guerra revolucionaria desarrollada por Mao Tsé Tung, Giap, etc. 4.- CONCLUSIÓN Nuestro Partido ratifica su adhesión a la IV Internacional, consciente de su importancia, su necesidad y sus limitaciones. Lo guía no un endiosamiento de la Internacional, sino una valoración crítica de ella y el convencimiento principista internacionalista, tanto como la comprensión de la importancia de una activa vida política internacional para la participación más correcta en la revolución argentina. Ratificamos nuestra adhesión consciente, asimismo, de que no debemos ilusionarnos en el sentido que la IV Internacional puede convertirse en la dirección revolucionaria mundial que consideramos necesaria. Ratificamos nuestra adhesión con el ánimo de aportar a la proletarización de la Internacional, a su transformación revolucionaria y luchar porque ella se oriente a la formación del nuevo partido revolucionario internacional, basado en los partidos chino, cubano, coreano, vietnamita y albanés, y en las organizaciones hermanas que combaten revolucionariamente contra el capitalismo y el imperialismo en cada país. Esto no debe obstruir, sino, por el contrario, facilitar la más estrecha relación con las corrientes revolucionarias no trotskistas de todo el mundo, especialmente con las organizaciones combatientes de América Latina a cuyo lado, y sobre la base de un importante desarrollo de nuestra guerra, podremos lograr ser escuchados por los partidos comunistas de los Estados Obreros Revolucionarios. Una última cuestión. El hecho de que nos esforcemos por adoptar puntos de vista marxistas consecuentes y por lo tanto críticos ante el movimiento revolucionario internacional, no debe hacernos caer en la pedantería y la autosuficiencia. Por el contrario, debemos considerar las definiciones que anteceden como hipótesis de trabajo para nuestra organización, necesariamente limitados y sujetos a sucesivas verificaciones. Debemos comprender que sólo podemos hablar abogando por estas concepciones y/u otras más desarrolladas cuando nos 226

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encontremos dirigiendo prácticamente nuestra guerra revolucionaria. Debemos por lo tanto adoptar una actitud humilde, respetuosa, aunque no por eso menos crítica y alerta, ante los partidos revolucionarios que han jugado y siguen jugando un papel revolucionario. Lo peor que podría pasarnos es caer en la charlatanería morenista de sentirnos con derecho a aconsejar a todo el mundo en lugar de cumplir silenciosamente con nuestras responsabilidades revolucionarias. MIGUEL23 ESTATUTO DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO DE LOS TRABAJADORES TITULO 1. Miembros del Partido. Art. 1.- Son miembros del Partido sus militantes y aspirantes. Militante del Partido es una persona entregada en cuerpo y alma a la lucha revolucionaria, cuya preocupación central cotidiana es el desarrollo del Partido, de la lucha armada y de todo otro avance de la Revolución. Art. 2.- Para ser militante se deben cumplir las siguientes obligaciones: a) formar parte de un organismo permanente del Partido; b) asistir puntualmente a las reuniones; c) llevar a cabo el trabajo cotidiano que le fije su organismo permanente; d) cotizar puntualmente la cuota mensual extraordinaria que le fije la dirección del Partido y que no podrá excederse del importe de un jornal; e) acatar fielmente la línea del Partido, las resoluciones de su equipo y de las direcciones partidarias. Art. 3.- Por ser militante se tiene los siguientes derechos: a) participar en la elaboración de la línea partidaria, aportando sus puntos de vista y su experiencia de acuerdo a los principios del centralismo democrático; b) formar fracción o tendencia dentro del Partido para defender sus posiciones en el período previo anterior al Congreso; c) escribir en el Boletín Interno de Discusión; d) elegir y ser elegido para responsabilidades de dirección. Art. 4.- Se considera aspirante del Partido con voz y sin voto en las reuniones, y con todas las obligaciones de los militantes, a todo compañero que haya sido presentado por otro militante del Partido y aprobado por el organismo de base al cual fue presentado, durante el lapso que la célula determine. Cuando 23. Seudónimo usado por Mario Roberto Santucho en están oportunidad. [nota de esta edición] 227

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haya cumplido satisfactoriamente sus tareas de militancia, demostrando cualidades y moral revolucionaria, la célula le dará categoría de militante, revistando como tal para la dirección zonal y nacional del Partido. Art. 5.- Se considera simpatizante del Partido a todo compañero que apoye fielmente la línea del Partido en su lugar de trabajo, cotiza y colabora con la organización, aunque no concurra a reuniones ni haga un trabajo consecuente con algunos de los organismos partidarios. No tiene ninguno de los derechos y obligaciones de los militantes. Art. 6.- El militante del Partido debe: a) estudiar y aplicar de manera viva el marxismo-leninismo; b) prepararse y estar dispuesto a combatir en todo momento; c) ligarse estrechamente, trabajar, convivir y luchar con las masas; d) no hacer ninguna crítica al Partido fuera de él y a espaldas de los compañeros; e) utilizar valientemente la crítica y la autocrítica para contribuir al fortalecimiento y desarrollo del Partido; f ) observar un correcto comportamiento moral; g) ser discreto, no informar a otros compañeros actividades o cualquier otra cosa que atente contra la seguridad del Partido. TITULO II. Las células. Art. 7.- La organización básica del Partido es la célula. Se compone de 3 a 6 compañeros y su constitución responde a las necesidades de coordinar y organizar el trabajo cotidiano de los militantes, aplicando la línea y las resoluciones políticas y organizativas del Partido. Debe reunirse una vez por semana como mínimo. Art. 8.- La célula es dirigida por un responsable político y un representante militar elegidos en el equipo por mayoría de votos. El responsable político es el enlace con la Dirección Regional. Dirige la discusión y la formación política, lleva el control de la correcta aplicación de la línea del Partido y ordena el trabajo político de las células; el responsable militar se encarga de los planes de instrucción y dirige los planes militares. Art. 9.- El crecimiento de la organización se hará en pirámide hacia abajo. Las nuevas incorporaciones significarán la constitución de nuevos equipos, desde el comienzo totalmente tabicados. Art. 10.- Existen tres tipos de células: básicas, técnicas y de combate. Art. 11.- Las células básicas son el organismo de militancia de todos los militantes y aspirantes que no están directamente incorporados a las tareas técnicas o militares en forma exclusiva. Son los organismos a través de los cuales el Partido actúa en las organizaciones de masas, los frentes de trabajo, la clase, agrupaciones, barrios, etc. Aplican la línea política del Partido, realizan propa228

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ganda y agitación de las posiciones partidarias, reclutan militantes y simpatizantes. Son también instrumentos de combate en la medida que realizan tareas de resistencia o autodefensa, y prestan apoyo logístico. Debe tenderse a elevar su nivel militar a través de entrenamientos, pequeñas acciones, etc., para ir convirtiéndolas en semilleros de combatientes. Art. 12.- Las células técnicas son aquellas que se relacionan con una o más tareas de ese carácter: taller, armamento, laboratorio, documentación, imprenta, inteligencia, etc. Tienen por su importancia total compartimentación y su núcleo debe estar compuesto por militantes probados del Partido. Pueden trabajar con simpatizantes o elementos extrapartidarios, por razones técnicas, previo estricto examen de los aspectos de seguridad. Art. 13.- Las células de combate son los núcleos partidarios en todas las unidades del Ejército Revolucionario del Pueblo. En ellas la compartimentación es absoluta. Art. 14.- Las organizaciones de base del Partido deben mantener en alto la gran bandera roja del marxismo-leninismo, dar prioridad a la política proletaria y poner en pleno juego el estilo de integrar la teoría con la guerra revolucionaria, forjar estrechos vínculos con las masas y en especial con la clase obrera, de practicar la crítica y la autocrítica y de estar atento y salirles al paso a las posiciones no proletarias y el oportunismo de derecha e izquierda. Art. 15.- Las tareas principales de las células partidarias son: a) dirigir a sus miembros y a las masas en el camino de la guerra revolucionaria y la aplicación viva del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario; b) prepararse constantemente para combatir y educar a los miembros del Partido y las masas en el espíritu de la guerra revolucionaria y la lucha contra el oportunismo de derecha e izquierda y conducirlas a luchar resueltamente contra el enemigo de clase; c) difundir y cumplir la política del Partido vía la enérgica agitación y propaganda política, aplicar las resoluciones y realizar todas las tareas asignadas por el Partido y el Ejército Revolucionario del Pueblo. Prepararse constantemente y estar dispuesto a combatir en todo momento; d) vincularse estrechamente con las masas, aprender de ellas, escuchar constantemente sus opiniones y deseos y desplegar en el seno del Partido una activa lucha ideológica para que la vida del Partido se mantenga llena de vigor; e) reclutar nuevos militantes, aplicar la disciplina del Partido, consolidar constantemente sus organizaciones, desechar las concepciones erróneas que se arrastran del pasado y asimilar lo nuevo para mantener la pureza en las filas del Partido; f ) ser modestos en sus vidas y prudentes, trabajar duro, prevenirse contra la pedantería pequeñoburguesa, cuidar de los prejuicios pequeñoburgueses que 229

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niegan que las compañeras puedan elevar al máximo el nivel de militancia, ser valientes pero no apresurados, inspirar respeto, ser realmente los primeros y los mejores en todo, convivir, participar de todos los problemas, acudir con cariño tanto ante los compañeros del Partido como ante las masas. Sólo de esta manera el Partido podrá conducir a la clase obrera y al pueblo al triunfo de la guerra revolucionaria; g) ser respetuoso y fraternal con aquellos que tienen credos religiosos u otra ideología, pero que luchan contra nuestro enemigo, tratando siempre de llevarlos a las tareas que concordemos. TITULO III. Frentes y Zonas. Art. 16.- Si dos o más células se encuentran en un mismo campo de tareas (empresa, zona, universidad, rama de producción, profesión, etc.), constituyen un Frente (por ejemplo, las células formadas por estudiantes constituyen el Frente Estudiantil). Entre las células del Frente debe mantenerse la compartimentación, estableciéndose la necesaria coordinación mediante contactos periódicos entre los responsables de cada célula. Art. 17.- Zona Partidaria es toda unidad geográfica que abarque un mínimo de 3 y un máximo de 6 equipos o células. Depende inmediatamente de las direcciones nacional o regional. Art. 18.- Las Zonas están dirigidas por un Comité Zonal de hasta 6 miembros, con su respectivo responsable político y responsable militar. Teniendo en cuenta las condiciones de seguridad, las Zonas realizan plenarios periódicos con representantes de un militante por cada 3 o fracción de 2. En esos plenarios se elige semestralmente la dirección zonal y se discute la aplicación de la línea partidaria en la zona. TITULO IV. Regionales. Art. 19.- Regional es la dirección partidaria a nivel provincial, siempre que cuente con un mínimo de tres zonas. Es la más importante organización partidaria después del Partido Nacional en su conjunto y por tanto tiene cierta autonomía y una estructura organizativa semejante a la del Partido. Art. 20.- Las Regiones están dirigidas por un Comité Regional de 6 miembros, encabezados por un Responsable Político y un Responsable Militar elegidos por el Comité Ejecutivo. Teniendo en cuenta las condiciones de seguridad, las Regionales realizarán plenarios periódicos con representación de un militante por cada 6 o fracción de 3. En esos plenarios se elige anualmente parte de la Dirección Regional (excepto al Responsable Político y al Responsable Militar elegidos por el Comité Ejecutivo) y se discute la aplicación de la línea partidaria en la Regional. 230

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TITULO V. Fuerza militar. Art. 21.- El Ejército Revolucionario del Pueblo y sus destacamentos armados son la fuerza militar del Partido. Es obligación de todos los miembros del Partido luchar por el desarrollo del Ejército Revolucionario del Pueblo y velar por la consolidación creciente del papel dirigente partidario en él, mediante la educación política permanente y la hegemonía exclusiva de la ideología proletaria en su seno. Art. 22.- El organismo fundamental para garantizar el papel dirigente del Partido en el Ejército Revolucionario del Pueblo es la célula de combate partidaria que debe ser organizada a nivel de unidad básica. Art. 23.- Se establecerá en el Ejército Revolucionario del Pueblo el sistema de Comisarios Políticos a nivel de unidad de base y de organismos dirigentes. Los Comisarios Políticos se encargarán de la educación política de su unidad, de la aplicación de una línea de masas en la actividad militar y hará de secretario de la célula de combate u organismo partidario respectivo. Art. 24.- El Ejército Revolucionario del Pueblo estará dirigido por un Comité Militar partidario designado por el Comité Ejecutivo del Partido y responsable ante ese organismo y el Comité Central de la aplicación correcta de las directivas militares. TITULO VI. Dirección Nacional. Art. 25.- Los organismos de dirección nacional del Partido son: Congreso Nacional, Comité Central, Comité Ejecutivo, Buró Político y Comité Militar. TITULO VII. Congreso Nacional. Art. 26.- El Congreso Nacional es el órgano de dirección máximo del Partido. Se reúne cada tres años, si las condiciones de seguridad lo permiten, con delegados elegidos en las células y/o plenarios zonales regionales, a razón de 1 cada 7 militantes o fracción de 5. Sus funciones son: a) fijar la línea política y militar del Partido hasta el Congreso siguiente; b) juzga lo actuado por el Comité Central elegido en el Congreso anterior; c) elegir el Comité Central. Art. 27.- Seis meses antes de la realización del Congreso se abrirá el período pre-Congreso. Durante ese período los militantes quedan autorizados a organizar tendencias y fracciones para impulsar la discusión partidaria y la defensa de sus posiciones. Las discusiones pre-Congreso deben ser llevadas adelante con un criterio proletario, serio y constructivo. TITULO VIII. Comité Central. Art. 28.- El Comité Central está compuesto por 18 miembros titulares y 7 suplentes, elegidos por el Congreso. Es el máximo organismo partidario 231

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entre Congreso y Congreso; se reúne ordinariamente cada 6 meses y extraordinariamente cuando lo considere conveniente el Comité Ejecutivo o un tercio de sus miembros. Las funciones del Comité Central son: a) juzgar la actividad del Partido y del Comité Ejecutivo; b) elaborar la línea partidaria para todas las cuestiones dentro de los lineamientos dados por el Congreso; c) elegir al Comité Ejecutivo. Art. 29.- En situaciones excepcionales podrá convocarse a Comité Central Ampliado, con la participación de delegados elegidos por los Comités Regionales, en el número que el Comité Ejecutivo o el propio Comité Central determine. Art. 30.- Si surge alguna situación grave para la marcha del Partido, los comités regionales o el Comité Central podrán solicitar la opinión de las bases por intermedio de plebiscitos; se podrán también solicitar por decisión de los Congresos Regionales. TITULO IX.- Órganos ejecutivos. Art. 31.- El Comité Ejecutivo está compuesto por 11 miembros elegidos por el Comité Central. Es la máxima organización partidaria entre los Comités Centrales. Se reúne ordinariamente cada mes y extraordinariamente cuando lo sostienen 4 de sus miembros. Las funciones del Comité Ejecutivo son: a) conducción práctica del Partido, aplicando fielmente las resoluciones políticas y militares del Congreso y el Comité Central; b) dirección de la prensa, finanzas, escuela de cuadros y organización del Partido; c) preparar las órdenes del día y resoluciones a discutir por el Comité Central y el Congreso y garantizar la organización y seguridad de las reuniones de dichos órganos; d) designar el Buró Político y el Comité Militar del Partido y los Responsables Militares y Comisarios Políticos del Ejército Revolucionario del Pueblo. Art. 32.- El Buró Político está integrado por 5 miembros elegidos por el Comité Ejecutivo y ejerce el control diario de la organización en los aspectos de prensa, propaganda y agitación, finanzas, organización, cursos, sindical, etc. Debe reunirse semanalmente. Art. 33.- El Comité Militar está integrado por 5 miembros elegidos por el Comité Ejecutivo y constituye el núcleo dirigente del Estado Mayor del Ejército Revolucionario del Pueblo. Sus funciones son: a) ejecutar las resoluciones militares del Comité Ejecutivo, Comité Central y Congreso; b) dirigir el Ejército Revolucionario del Pueblo de acuerdo a la línea militar del Partido; 232

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c) asegurar el papel dirigente partidario en el Ejército Revolucionario del Pueblo por medio de la política, el control de la composición de combatientes y cuadros y la aplicación de una línea de masas. TITULO X. Centralismo Democrático. Art. 34.- El régimen interno del Partido es el centralismo democrático caracterizado por: a) la participación democrática de todo el Partido en la elaboración de la línea a todos los niveles; el control permanente de la base en todas las cuestiones administrativas, finanzas, etc.; las relaciones fraternales e igualitarias entre todos los miembros del Partido; b) la subordinación de la minoría a la mayoría y de la base a la dirección en la aplicación de las resoluciones adoptadas; la observación de la más estricta disciplina consciente en el cumplimiento de las tareas; el método de la educación y la persuasión, la crítica fraterna y la autocrítica como fundamentos de esa disciplina. TITULO XI. Tribunal Partidario. Art. 35.- El Tribunal Partidario es el organismo partidario que entiende en las cuestiones de moral proletaria y partidaria y administra la justicia revolucionaria en los casos de traición, delación, deserción y otros crímenes revolucionarios, sean estos cometidos por elementos miembros o ajenos a la organización. Art. 36.- El Comité Ejecutivo preparará la reglamentación y normas de funcionamiento del Tribunal Partidario, designando comisiones especiales colaboradas en las zonas o regionales donde haya graves faltas a la moral o delitos contrarrevolucionarios que juzgar. TITULO XII. Cooptaciones y reuniones. Art. 37.- Todo organismos de dirección partidaria tiene derecho a cooptar para el mejor desarrollo de sus actividades hasta un 40 por ciento del número de sus miembros mediante la aprobación del 75 por ciento de sus integrantes. Art. 38- Todas las reuniones de los diferentes organismos partidarios deberán ser estrictamente garantizadas desde el punto de vista de la seguridad utilizando minutos legales cuando esto es posible u organizando su protección y defensa en caso contrario. Art. 39.- Los organismos enumerados en los presentes estatutos deberán reunirse con la mitad más uno de sus miembros. Para todas las resoluciones y revisión de resoluciones anteriores basta el veto de la mitad más uno de los miembros presentes.

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TITULO XIII- Consideraciones generales. Art. 40.- Este Estatuto y las Resoluciones de los Congresos pueden ser modificados cuando lo decidan las tres cuartas partes del Comité Central o las tres cuartas partes de los militantes de la organización, ad referéndum del próximo Congreso. PROGRAMA DEL EJÉRCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO Queremos la liberación nacional y social de nuestra patria. Queremos: 1°- En lo político. a) Ruptura con los pactos que nos comprometen con EEUU y otros países extranjeros, su publicación y su denuncia. b) Establecimiento de un sistema de gobierno de Democracia Social, Gobierno Revolucionario del Pueblo, dirigido por la clase obrera. c) Juzgamiento de los delincuentes políticos, usurpadores del poder, etc. d) Plena participación en el poder de todo el pueblo, a través de sus organismos de masas. 2°- En lo económico. a) Ruptura de los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo y todo otro organismo de control y penetración imperialista. b) Expropiación sin pago y nacionalización de todas las empresas de capital imperialista y de los capitales nacionales que lo apoyen. c) Nacionalización de la Banca y el Crédito. d) Nacionalización del Comercio Exterior. e) Reforma Agraria. f ) Administración obrero-estatal de todas las empresas nacionalizadas. 3°- En lo social. a) Reforma Urbana. Expropiación de todas las viviendas alquiladas, propiedad de grandes capitalistas, y entrega en propiedad a sus inquilinos. b) Alfabetización de todo el pueblo, establecimiento posterior de la enseñanza secundaria obligatoria y apertura de las universidades al pueblo mediante programas masivos de becas. c) Eliminación de la desocupación y reapertura de las fábricas cerradas en la última década por el interés de las grandes empresas, en perjuicio de obreros y poblaciones. d) jornales, pensiones y jubilaciones dignas que eliminen la miseria popular. 234

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e) Absoluta libertad de cultos religiosos. 4° En lo militar. a) Supresión del ejército burgués, la policía y todo otro organismo represivo y su reemplazo por el Ejército Revolucionario del Pueblo y las Milicias Armadas Populares, es decir, por el pueblo en armas. b) Todo militar o funcionario patriota que abandone los órganos represivos tiene su puesto de lucha en la fuerza militar popular. ARGENTINOS: El Ejército Revolucionario del Pueblo convoca a todos los patriotas a asumir sus responsabilidades, a ocupar su puesto de lucha en nuestra guerra revolucionaria del Pueblo, en esta guerra de la Segunda Independencia. El General San Martín y el Comandante Guevara son nuestros máximos ejemplos: a seguir e imitar su pensamiento y acción y el de nuestros héroes y mártires del pasado y el presente es la tarea de la hora. ¡A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA!

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4. Todo el Partido al Combate1 de agosto de 1970 a mayo de 1973

RESOLUCIONES DEL COMITÉ CENTRAL de OCTUBRE de 1970 LA SITUACIÓN DEL PAÍS La Dictadura Militar, después de los devaneos de Levingston que encendieron ilusiones populistas entre los políticos burgueses, principalmente los peronistas, se afirma en la continuidad de la política del onganiato. En efecto, distintos indicios -la designación de gobernadores populistas como Bas e Imbaud, la apertura Gilardi Novaro hacia los políticos tradicionales, los rumores de la vuelta de Perón y de la devolución del cadáver de Evita- despertaron las ilusiones de los políticos burgueses, de la llamada burguesía nacional y de sus más fieles representantes, la burocracia sindical. Hoy esas ilusiones han sido momentáneamente aventadas por la clara definición de Lanusse y del propio Levingston que anunciaron elecciones a cinco años más y condiciones extremadamente duras para la aceptación de la participación de los políticos. Mientras tanto la política económica de la dictadura golpea cada vez más duramente a las masas, creando una situación insostenible en el conjunto de la clase obrera y el pueblo. El alza espectacular y constante del costo de la vida, la práctica congelación de los salarios, la crisis coyuntural de la industria frigorífica, el fracaso de la cosecha de trigo, son todos elementos que se trasladan a las espaldas de la clase obrera, la pequeña burguesía, el campesinado pobre e incluso sectores de la burguesía media, golpeando con especial dureza a las masas 1. Todas las notas de este capítulo, al igual que las Resoluciones del V Congreso, fueron publicadas, en agosto de 1973, por Ediciones El Combatiente, bajo el título: Resoluciones del V Congreso y de los Comité Central y los Comité Ejecutivos posteriores, con prólogo y supervisión de Mario Roberto Santucho. Sólo hemos agregado un fragmento de una carta a su compañera Ana María Villareal del 22 de septiembre de 1971 y el Editorial “El Triunfo electoral peronista y las tareas de los revolucionario” de El Combatiente Nº 76, de la segunda quincena de marzo de 1973. [nota de esta edición] 237

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urbanas de las grandes ciudades. En este marco la situación actual del gobierno y las clases puede ser resumida como sigue: 1°- La Dictadura Militar se encuentra tan aislada como en sus peores momentos. Imposibilitada de solucionar ningún problema, sin lograr ampliar en lo mínimo su base social, se debate prisionera de sus contradicciones. Si intenta lograr un apoyo populista, y piensa en buscar algún acuerdo con los partidos burgueses y la burocracia sindical recibe un tirón de orejas de los sectores monopolistas y de los Comandantes en Jefe; tiene entonces que resignar sus pretensiones de lograr alguna base de sustentación militar y se gana los denuestos y amenazas de burócratas y políticos burgueses. A la vez los resultados de su política económica provocan el repudio y el odio del pueblo. Como denunció el ministro Moyano Llerena, la dictadura carece de una definida política económica, mejor dicho, sobre la base de la persistente ofensiva contra el nivel de vida obrero y popular, se debate entre las distintas alternativas burguesas, ninguna de las cuales puede ofrecer una salida a la crisis económica. Ahora ha optado por una versión del desarrollismo, que si creemos en las palabras del ministro Ferrer, intentará dar aire a la economía en base a gigantescos planes de obras públicas. Sin embargo, esta nueva línea anticipa nuevos problemas para la clase obrera y el pueblo. Si hay tales inversiones estatales masivas, llevará a la iliquidez al Estado y hará retornar los atrasos de sueldos a obreros y empleados estatales. En cuanto a la posible solución sólo puede llegar a ser un pálido paliativo. Levingston últimamente habla de la formación de un sólido sector burgués monopolista, una gran burguesía “nacional”. Pareciera responder a un nuevo intento gubernamental, esta vez aparentemente más serio, de encontrar una salida estructural que supere el estancamiento de la economía, posibilite un nuevo desarrollo, un crecimiento económico significativo que aleje la crisis revolucionaria. Esta posibilidad, que no debemos descartar históricamente, está aún en pañales y el desarrollo de la guerra revolucionaria la impedirá. En la Fuerzas Armadas y su periferia cunde el desánimo. Acaban de “relevar” a Onganía por incapaz y encuentran inmediatamente problemas con su sustituto. Sacan la cuenta y ven que no han podido resolver ningún problema. Les irrita comprobar la vitalidad del peronismo, a quien después de 15 años no han podido aplastar y hoy ven como el viejo enemigo, al que casi seguramente tendrán que recurrir para salvar el capitalismo, [se ha convertido en su aliado]. Observan con preocupación el incipiente desarrollo de la actividad de la vanguardia armada y la creciente divulgación de las ideas socialistas entre las masas. No saben cómo asimilar los duros golpes inesperados que constituyen el triunfo de la Unidad Popular en Chile y la ascensión de Allende, la subsistencia del 238

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gobierno nacionalista peruano, la crisis del Uruguay y la derrota de su pupilo Miranda frente a los militares nacionalistas bolivianos a su vez arrinconados por la movilización revolucionaria de las masas. Podemos concluir entonces que la Dictadura de Levingston es la continuación directa de la de Onganía, que gobierna apoyada exclusivamente en las Fuerzas Armadas. La Junta de Comandantes en Jefe ha reiterado su aval al Presidente en base a un acuerdo transitorio. Por otra parte, las Fuerzas Armadas están sometidas a grandes presiones, germen de futuras crisis. La imposibilidad de soluciones capitalistas para el país, la evolución de la situación de los países limítrofes y el comienzo de la guerra revolucionaria en la Argentina, constituyen elementos que favorecerán el desarrollo de corrientes antiimperialistas y socialistas entre la oficialidad y suboficialidad joven de las Fuerzas Armadas. 2°- El imperialismo y el capital monopolista apoyan sin reservas a la Dictadura Militar. 3°- La burguesía media y “nacional”, sus partidos y la burocracia sindical, se han colocado nuevamente en la oposición, desde que Levingston dijera no, a sus humillantes ofrecimientos de colaboración. Se esfuerzan en constituir un Frente Burgués de oposición que busca, antes que el apoyo popular, el consentimiento del imperialismo y de un sector del ejército, para buscar una salida electoral que ofrecen como receta infalible para salvar el capitalismo y eliminar la violencia. En este intento naturalmente se busca movilizar sectores obreros y populares para dar cierta seriedad a sus proposiciones. Pero lo hacen en extremo tímidamente y con la preocupación de evitar luchas enérgicas. Nada tan elocuente en este sentido como el acto peronista del 17 de octubre en Córdoba, donde políticos burgueses y burócratas organizaron un acto “ordenado” cuya característica fundamental fue la pugna de los burócratas contra los jóvenes de izquierda a quienes se acusó desde las tribunas como infiltrados castristas. Los organizadores intentaron una pacífica demostración, ofrecieron su solución al imperialismo y al ejército y se esforzaron por hacer pública su firme oposición a la violencia revolucionaria y al comunismo. Este carácter del Frente Burgués nos plantea una clara y firme línea independiente frente a él. Debemos denunciar el contenido traidor y contrarrevolucionario de su línea y oponer nuestra línea de guerra revolucionaria. La fragilidad de las posiciones de los políticos burgueses y de la burocracia, su larga cadena de traiciones y la corrección de la línea que les oponemos, nos dan una significativa ventaja que debemos aprovechar enfrentando con decisión las tácticas electorales y golpistas y difundiendo por todos los medios la estrategia y la táctica de la guerra revolucionaria. Excelente ocasión para exponer ante las masas las posiciones de los marxistas revolucionarios. 239

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4°- La pequeña burguesía vive un período de radicalización importante. Agredida por la implacabilidad de la dictadura y el sistema, sufriendo casi tanto como la clase obrera dificultades económicas, rumia su odio a la dictadura, lo manifiesta apoyando a la clase obrera en sus movilizaciones y proporcionando combatientes y militantes a las organizaciones revolucionarias. De su seno surgen elementos de desorientación, expresados en dos formas: a) En la línea de los partidos y grupos marxistas pequeño-burgueses como el PC, PSIN, “La Verdad”, Política Obrera, etc., que al carecer de una línea revolucionaria sucumben una vez más ante los políticos burgueses y los acompañan como furgón de cola con las consignas de Asamblea Constituyente y otras similares de contenido electoral y con su oposición a la línea de guerra revolucionaria, que taimadamente insisten en identificar con foquismo. b) En el sin-partidismo y “grupismo”. En las presiones oportunistas de la derecha y militaristas que se manifiestan en el seno de la vanguardia armada y que se manifestaron abiertamente en nuestro Partido. 5°- La clase obrera continúa su resistencia a la Dictadura. La masividad de los paros del 9 y 22 de octubre son claro índice del estado de ánimo de las masas. Odio sordo, rabia acumulada, repudio total a la dictadura. Distintos elementos objetivos indican que estamos ante una coyuntura especialmente explosiva. El espectacular alza del costo de la vida golpea brutalmente a toda la clase obrera y el pueblo; nada más gráfico que las estadísticas de consumo del Gran Buenos Aires publicada por los diarios burgueses que indican una reducción del 30 % en el consumo del último mes; la magra cosecha triguera, que según los cálculos sufrirá una reducción del 30 % o más, la crisis ganadera que ya ha provocado el cierre temporario del frigorífico Swift de La Plata (Rosario, Berisso). Esta situación crítica de la economía, que golpea duramente a las masas populares, se une al aislamiento del gobierno y del estado de ánimo de las masas para configurar una situación crítica. El país es de nuevo un polvorín pronto a estallar a la primera chispa. Debemos prepararnos para esta posibilidad, ponernos en estado de alerta y organizar nuestras pequeñas fuerzas para actuar ordenada y eficazmente en eventuales movilizaciones de masas. Es claro que si ellas se dan, todas las posibilidades estarán del lado de las fuerzas revolucionarias. Actuaremos con absoluta ventaja frente a los partidos burgueses y pequeño-burgueses que se ilusionan con el golpe y sus elecciones. 6°- El proceso de desarrollo de la guerra revolucionaria continúa su actual etapa de ascenso sostenido: podemos afirmar que desde el principio de año esta característica no ha variado, lo cual es altamente promisorio: podemos también señalar un ritmo (no deliberado) de una acción de importancia nacional por mes y una serie de pequeñas acciones que se suceden en forma cotidiana. Todo esto, como es lógico, ha incidido en forma muy aguda sobre el conjunto del 240

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país, al punto que nadie es ya ajeno al hecho de la guerra; esto no significa de manera alguna que el conjunto de la sociedad se siente parte activa del proceso, a favor o en contra, pero sí que los efectos de la guerra afectan cada día más la vida cotidiana de la población, en especial en los centros urbanos importantes y en bastantes casos en poblaciones menores. En cuanto a la participación activa, el proceso sigue siendo un enfrentamiento entre vanguardias; la vanguardia revolucionaria y lo que podríamos llamar la “vanguardia reaccionaria”. Sobre la base de esta situación, previos informes de zonas, dirección y redacción y siguiendo las orientaciones del IV y V Congreso, el Comité Central del Partido formula un plan político-militar que abarca los tres problemas fundamentales del momento, a saber: Trabajo de Masas, Plan Operativo Militar y Construcción del Partido y el Ejército. PRIMER PLAN OPERATIVO MILITAR En las condiciones actuales todo plan debe estar basado en nuestra realidad concreta y no en nuestros deseos subjetivos. Nuestra etapa actual de desarrollo nos presenta dos tareas principales: Propaganda armada y Creación de una estructura militar eficaz y sólida, lo cual incluye conseguir dinero, armamentos y capacitar militarmente al conjunto del Partido. Dentro de la propaganda armada se incluye, como punto principal, la propagandización de nuestra sigla militar y el programa del Ejército, a través de acciones militares de gran repercusión, continuidad y realizadas a escala nacional, ya que una acción aislada, por grande que sea, si no se da en un marco de acciones similares, en tres o cuatro regiones del país y con un cierto ritmo, carece de sentido, ya que la nuestra sería otra sigla más entre cinco o seis. Dentro de la creación de una estructura militar consideramos las siguientes prioridades: a) Obtener fondos y armamentos. b) Foguear masivamente a las células militares y al conjunto del Partido en acciones militares y de resistencia. Destacamos la conveniencia de realizar la mayor cantidad posible de desarmes de policías aislados, acción esta que permite, junto con la recuperación de armas necesarias, el entrenamiento de compañeros y repercute políticamente en el seno de la represión; este tipo de acciones debe ser llevada a cabo por todas las células. Tal es el marco de nuestro primer Plan Operativo, a desarrollarse durante los próximos meses, consistente en las siguientes acciones: 1°- Un conjunto de acciones militares que incluyen expropiaciones de dinero, recuperación de dinero, recuperación de armamentos, toma de pueblos, li241

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beración de presos, secuestros, a realizarse escalonadamente en distintos puntos del país, en un orden que no podemos prever en estos momentos. 2°- Entre ellas, la continuidad de acciones de resistencia menores realizadas por todas las células. Las más importantes de ellas son las acciones de recuperación y distribución de alimentos. 3°- En el curso de manifestaciones y movilizaciones de masas las células militares del Ejército actuarán, realizando en forma simultánea y complementaria de la movilización, acciones militares paralelas. 4°- Punto fundamental para un correcto rendimiento político en este plan es su aprovechamiento propagandístico. Este consistirá en planteamiento y realización inteligente de la propaganda de cada acción concreta y de la sigla y el programa del Ejército. Tenemos que medir políticamente cada acción, evitar cuidadosamente acciones dudosas, y elegir siempre aquellas más nítidamente populares; tenemos que preparar buenos comunicados, sobrios, estrictamente veraces y con claro contenido político dentro de los lineamientos del programa del Ejército. Tenemos que realizar nuestra propia propaganda con pintadas, cajas, volanteadas, etc., cosa muy importante para lograr que la gente note la proximidad física de nuestra fuerza militar, se dé cuenta de que los combatientes están cerca, que puede ser cualquiera de ellos, que no se trata de una vanguardia aislada. Como orientación general señalamos que se garantizará una excelente propaganda armada en la medida en que las acciones, comunicados, volantes, etc., se hagan con la mirada puesta en las masas, con una línea de masas y se observen perfectamente las reacciones de la gente, su estado de ánimo. 5°- Las recomendaciones tácticas fundamentales de este plan son: a) Preparar cuidadosamente las acciones, asegurando al máximo su éxito. Arriesgar lo mínimo posible, previendo las posibles derivaciones. Limitar los riesgos de cada acción, preservando cuidadosamente al resto de la organización. En la acción todos los detalles son fundamentales. b) Actuar con decisión, audacia y serenidad. La timidez, la duda, el nerviosismo, etc., son los mayores enemigos del éxito y multiplican los riesgos propios del combate. c) Ante las dificultades comportarse heroicamente. Ir dispuesto a matar o morir. La moral revolucionaria, base de nuestro heroísmo, es nuestra superioridad fundamental en el combate. El comportamiento heroico hiere la imaginación de las masas despertando admiración, solidaridad y sentimiento de emulación.

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EL PARTIDO Y EL EJÉRCITO El tercer aspecto fundamental del presente Plan Político-Militar es la solución correcta de los problemas de construcción proletaria del Partido y del Ejército. La orientación fundamental, será avanzar correctamente en una dirección, es la aceleración del proceso de transformación del Partido en una organización verdaderamente proletaria y de combate. Ello se logrará acentuando los avances ya logrados en la proletarización: ubicando militantes y cuadros en la producción, incrementando la relación con las masas. En este sentido son ejemplos a seguir tres regionales: En una de ellas, militantes estudiantiles, de la cultura y células militares se han ido a vivir o están por hacerlo en barriadas obreras, estableciendo relación política con la población. En otra, la casi totalidad de los cuadros, incluida la dirección, está ubicada en la producción. En la tercera se ha iniciado un proceso de saneamiento y delimitación tajante, aplicándose estrictamente las exigencias estatutarias a los militantes. Cada vez más, nuestros militantes deben ser lo mejor de la vanguardia y es necesario aumentar las exigencias hasta lograr en la militancia una homogeneidad proletaria de profesionales revolucionarios. Se lo logrará, asimismo, incrementando la actividad militar, haciendo que todas las células actúen, que las células militares aumenten su capacidad operativa y las células básicas se encarguen de acciones superiores a los caños, pasando a desarmes, recuperación y distribución de alimentos, etc. Se lo logrará aplicando en tales acciones una clara línea de masas. Simultáneamente debemos superar las limitaciones actuales en los siguientes aspectos fundamentales: a) Publicaciones. b) Agitación y Propaganda. c) Escuela de Cuadros. d) Entrenamiento Militar. El más amplio y eficaz desarrollo del Ejército, en su capacidad operativa y su influencia de masas, y el crecimiento cualitativo, cuantitativo y en influencia del Partido, logrados equilibradamente, son los objetivos de este Primer Plan Político-Militar. SOBRE LA DISCIPLINA EN EL EJÉRCITO Las resoluciones del V Congreso sobre Centralismo Democrático en el Ejército establece en su punto 3, inciso b: “Por una disciplina de hierro en el Ejército, por el ejercicio correcto y eficaz del mando por los responsables y el 243

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cumplimiento estricto y eficiente de las órdenes por los subordinados”. El aspecto de la disciplina, tan importante para el eficaz funcionamiento de las unidades militares, se basa en un ejército revolucionario, en la conciencia, preparación política y moral revolucionaria de los combatientes. Ello no anula la necesidad de recurrir excepcionalmente a medidas disciplinarias que contribuyen a fortalecerla. Esas medidas deben aplicarse en todos aquellos casos en que la irresponsabilidad, la desidia, nerviosismo, etc., provoquen errores graves o faltas que perjudiquen el funcionamiento eficaz de las unidades. Los casos en que exista mala fe, daño consciente o traición, escapan de las medidas disciplinarias motivo de esta resolución y deben ser tratados ante el Tribunal de Justicia Revolucionario establecido en el artículo 35 del Estatuto. Por lo antedicho, el Comité Central resuelve: 1°- La disciplina de las células militares del Partido y de la unidades militares del Ejército se caracterizará por ser una disciplina consciente basada en la conciencia, preparación política y moral revolucionaria de los combatientes. 2°- Excepcionalmente se recurrirá a medidas disciplinarias consistentes en arrestos y otras sanciones que se aplicarán en todos aquellos casos en que la irresponsabilidad, la desidia, nerviosismo, etc., provoquen errores graves o faltas que perjudiquen el funcionamiento eficaz de las unidades. 3°- Estas sanciones serán aplicadas equilibradamente por el responsable militar de la célula o unidad, pudiendo éstas, en caso de disconformidad, recurrir en reclamo, después del cumplimiento de la sanción, a los Comités Regionales y Comité Central del Partido. RESOLUCIÓN SOBRE MORAL ANTE EL ENEMIGO Nuestro Partido no ha definido aún con precisión cuál debe ser la actitud de un militante y de un combatiente en el supuesto de caer en manos del enemigo. Peor aún, la única vez que se discutió esta cuestión, en el Comité Ejecutivo anterior, en enero de 1969, primó la concepción de que ante las torturas nadie aguanta. Es asimismo muy conocido en el Partido -nunca ha sido rebatido críticamente- el erróneo sistema argelino de permitir la confesión 24 horas después de la detención. Por ello es muy necesario dejar perfectamente claro que un militante o combatiente de nuestro Partido y de nuestra fuerza militar nunca canta, nunca da datos a la policía que puedan ser usados contra la organización. Ello no significa que no deben utilizarse las más estrictas medidas de clandestinidad y que al producirse detenciones no se tomen medidas preventivas. Siempre es posible 244

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que un detenido se entregue al enemigo. Pero el que lo hiciere será considerado un traidor y juzgado como tal. El movimiento revolucionario proletario se ha manejado siempre con este criterio. Por todo lo antedicho el Comité Central resuelve: 1°- Un militante del Partido y un combatiente del Ejército nunca proporcionan al enemigo datos perjudiciales a la organización. El que lo hace será considerado un traidor y juzgado como tal. 2°- La norma antedicha no debe disminuir la aplicación permanente de las más estrictas medidas de seguridad y la utilización permanente de sólidos métodos conspirativos. SOBRE CRITERIO FINANCIERO En la necesidad de establecer claros criterios financieros que contribuyan al sano funcionamiento del Partido, el Comité Central resuelve: 1°- Los gastos normales del Partido serán sufragados con los ingresos provenientes de las cotizaciones de militantes y simpatizantes y del trabajo entre las masas. 2°- Los déficits que resulten para un buen funcionamiento serán sufragados con fondos provenientes de expropiaciones. 3°- En caso de necesidad los organismos podrán recurrir a préstamos de fondos provenientes de expropiaciones.

RESOLUCIONES DEL COMITÉ CENTRAL de MARZO de 1971 1. LA SITUACIÓN INTERNACIONAL Nuestro país vive una situación prerrevolucionaria enmarcada en una situación internacional particularmente favorable. El desarrollo de la revolución mundial, los avances significativos de los Estado Obreros, en especial de los asiáticos, el vertiginoso avance de la revolución en el sudoeste asiático, la creciente ola antiburocrática que parte de las masas en los Estados Obreros del Este europeo, la lucha constante de la clase obrera y el pueblo de los países 245

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coloniales y semicoloniales y el crecimiente despertar de las masas metropolitanas, tanto en la Europa capitalista como en los Estados Unidos, han reducido a la impotencia al otrora gallardo y prepotente imperialismo yanqui. Es así que en su propio continente de reserva, Latinoamericana, los Estados Unidos han debido resignarse a observar lívidos de rabia el surgimiento de un gobierno popular de tinte socialista en Chile, y se ven impedidos de intervenir abiertamente ante los inquietantes procesos peruano y boliviano, donde la presión de las masas obligó a la burguesía, vía sus castas militares, a recurrir al intento de última instancia: gobiernos populistas encargados de frenar y desviar la lucha revolucionaria en base a concesiones secundarias. Esta lucha mundial de las masas populares, dirigidas por el proletariado revolucionario, por los distintos partidos marxistas-leninistas y en particular el heroico y ejemplar esfuerzo del pueblo vietnamita, que han obligado al imperialismo a concentrar allí el grueso y lo mejor de su poderío militar, es el más importante aliado, el sólido respaldo que los revolucionarios argentinos y latinoamericanos encuentran en su lucha. El establecimiento del gobierno popular chileno, con más de 3. 000 kilómetros de frontera con nuestro país, dota a nuestra guerra revolucionaria de una frontera amiga, importante necesidad político-militar, antes ausente. Pese a las recientes derrotas y el retroceso relativo de la vanguardia armada en todos los países latinoamericanos, con la honrosa excepción del Uruguay, la guerra revolucionaria ha ganado carta de ciudadanía latinoamericana y sectores cada vez más amplios de la clase obrera y el pueblo se orienta a ese camino y preparan el futuro salto cualitativo de la revolución continental, el surgimiento impetuoso del segundo Vietnam que previó el Che. 2. LA SITUACIÓN NACIONAL: LEVINGSTON, FIEL CONTINUADOR DEL ONGANIATO El gobierno de Levingston se ha manifestado como fiel continuador de la política del onganiato. Como se señala en El Combatiente (“Nacionalismo de vidriera”, N° 52), los aparatosos anuncios gubernamentales de “nacionalizar la economía” son pura demagogia. La realidad es la opuesta: las medidas concretas de la dictadura tienden a fortalecer el dominio imperialista y a acentuar el proceso de monopolización, esfuerzo central de la política económica durante Onganía. El ejemplo más reciente es el tratamiento del problema de las carnes, cuestión en que luego de volcar la crisis sobre las espaldas obreras, es ahora aprovechada para atacar a un nuevo sector pequeño burgués. Ante las dificultades del mercado que restringe sus ganancias, las empresas monopolistas han 246

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echado mano, con la complacencia de la dictadura, al cierre temporario de los frigoríficos, una manera clásica de hacer pagar la crisis a los trabajadores. Este hecho ni siquiera mereció la consideración del gobierno, que hace unos días, recién después de meses de cierre, de meses de hambre y miseria obrera, encara el problema de las carnes para “salvar la industria”. Uno de los puntos de la “solución” gubernamental es el aliento a la comercialización directa por parte de los frigoríficos mediante la instalación de supermercados de carne. Ya sabemos lo que esto significa: los supermercados reducirán transitoriamente los precios, colocarán al borde de la quiebra a los minoristas y posteriormente, logrado ya el control de mercado, manejarán a su antojo los precios. En una palabra, ante la crisis de la industria de la carne, la dictadura toma las típicas medidas destinadas a salvar y favorecer los monopolios permitiendo el cierre temporario, otorgando créditos liberales e incrementando su margen de ganancia en la comercialización, es decir, haciendo subvencionar a los monopolios con el hambre y la miseria obrera, la pauperización de los minoristas y el encarecimiento del producto para los consumidores. En relación al movimiento de masas, luego de los devaneos populistas de los primeros meses, resulta claro que la única línea de la dictadura es la represión. Continúa sus aprestos en ese sentido: aumento del personal, mejoras salariales y reequipamiento policial; entrenamiento y equipamiento de las Fuerzas Armadas para la lucha antiguerrillera y antidisturbios, demostraciones de fuerza, preparación y ensayo de operativos rastrillos en las ciudades, organización del MANO, etc. Pero existe una diferencia sustancial entre el ejército de la represión durante el onganiato y la actualidad. Diferencia que se debe a la situación de las masas. Mientras durante el onganiato la clase obrera vivía un pronunciado retroceso, se había retraído sorprendida por la violenta represión de la dictadura que en un momento logró un férreo control de la situación, a partir del Cordobazo se ha iniciado un proceso de sostenido ascenso de las masas, que ambientadas en la nueva situación se han rehecho y encaran la lucha por doquier buscando no sólo resistir la ofensiva gubernamental patronal, sino recuperar antiguas conquistas. La dictadura se encuentra impotente ante este ascenso y debe resignarse a rodear con un cordón represivo a los trabajadores y el pueblo en lucha, sin animarse a intervenir contra las masas en la forma aplastante que acostumbraba durante el onganiato. Es que la dictadura ha aprendido a respetar a las masas, sabe que a la represión violenta habrá respuesta violenta y una canalización más activa y enérgica del odio popular antidictatorial.

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ENSANCHAMIENTO DE LAS POSIBILIDADES DE LUCHAS LEGALES Y SEMILEGALES Este fenómeno de la movilización creciente obrera y popular y de la impotencia dictatorial para reprimirla, ha abierto nuevas posibilidades para las luchas y actividades legales y semilegales de las masas y de la vanguardia. Al tiempo que el proletariado fabril levanta la cabeza, va a la lucha y obtiene algunos triunfos reivindicativos, nuevas capas obreras y populares salen a las calles por sus propias reivindicaciones. Telefónicos, empleados públicos, municipales, Fatum, etc., se movilizan, lo mismo que los estudiantes universitarios. La ola de huelgas crece. En las barriadas pobres las masas buscan reorganizarse y luchar, aunque sin registrarse aun auténticos movimientos vecinales por el freno y control del PC reformista y de los organismos gubernamentales. El campesinado pobre no permanece ajeno a este proceso como lo demuestra la amplia movilización en el Chaco, con la marcha de 5.000 campesinos desde Sáenz Peña a Resistencia. Este despertar de las masas en todo el país, sacudidas en su apatía por el Cordobazo, por las grandes luchas de Rosario, Tucumán y alentadas por la creciente actividad de la vanguardia armada, parte del mismo fenómeno, lleva a la desorientación y la crisis al campo enemigo. Las fuerzas represivas no encuentran la manera de enfrentar con eficacia la nueva situación y vuelcan su histeria contra la gente, obteniendo sólo odio, repudio, generando en las masas renovada decisión de luchar. El gobierno se tambalea, se suceden los funcionarios “ineficaces”, crecen las perspectivas golpistas. Esta situación, el embate de las masas y la crisis y desorientación de la dictadura, se traducen en un ensanchamiento de las posibilidades de luchas legales y semilegales. Por primera vez desde la instauración de la dictadura, se abren posibilidades de obtener éxitos parciales en luchas reivindicativas, que han de obrar acumulativamente como estimulantes de nuevas y nuevas luchas, favoreciendo la ampliación del movimiento de masas, el paso a la ofensiva allí donde los trabajadores están mejor organizados y dirigidos y la incorporación de sectores hasta ahora poco dinámicos. La ola de huelgas se extiende, la burocracia tiende a perder el control del movimiento, emerge una amplia y dinámica vanguardia sedienta de una orientación revolucionaria, dispuesta a tomar en sus manos la lucha, a ocupar revolucionariamente su puesto de combate. Este proceso masivo, imposible de controlar por el enemigo en estos momentos, requiere una atención especial de nuestro Partido. Debemos aprovechar audazmente, al máximo, toda posibilidad legal y semilegal para desarrollar la organización, ampliar su influencia, llegar con nuestro programa, nuestras consignas y nuestra bandera a las más amplias masas.

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LEVINGSTON EN LA CUERDA FLOJA A nueve meses de su ascensión al poder el virrey Levingston tiene las horas contadas. La movilización obrera y popular ha resultado incontrolable y como de costumbre, el ejército burgués atribuye en su ceguera todo fracaso a la ineptitud de tal o cual persona, esta vez al dictador de turno. Fracasada al nacer la absurda maniobra demagógica de los “gobernadores populares”, ésta ha hecho crisis; en nueve meses el equipo Levingston no ha conseguido delinear plan político alguno. Los comandantes en Jefe, impacientes, al tiempo que se esfuerzan en asegurar sus intereses inmediatos, han abandonado al virrey a su suerte y buen entendimiento. Es el preludio del golpe. Las masas nada esperan de tal cambio y nuestro Partido sólo necesita reafirmar su clara posición ante el recambio de Onganía: somos ajenos a los golpes palaciegos. Sabemos su falta total de significación; conocemos la seguridad del continuismo dictatorial y sabemos que hay que eludir también la trampa electoral. Como en el caso anterior levantamos la justa consigna: ni golpe ni elección, desarrollar la guerra revolucionaria. EL MOVIMIENTO DE MASAS Cerca ya de cumplirse los 5 años de la dictadura militar, el nivel de vida de las masas ha caído verticalmente y ha superado los cálculos más pesimistas. Sectores cada vez más amplios de la clase obrera y el pueblo ven multiplicados sus sufrimientos, crecen en su odio a la dictadura, encuentran imposible de prolongarse esta situación y han manifestado su decisión de lucha en las explosivas movilizaciones de Córdoba, Rosario y Tucumán. A partir de ellas las masas buscan el camino para una continuidad mayor en la lucha. En cuanto al proletariado, encuentra ese camino dificultado por la estatización de los sindicatos -tradicionales vías en nuestro país-, que en la mayor parte de las empresas están controladas por burócratas vendidos al gobierno y a las empresas o directamente por las intervenciones gubernamentales. En Córdoba, Buenos Aires y el Chocón se han logrado recuperar de una manera u otra algunos sindicatos y sobre todo en la primera con excelentes resultados. En la situación actual, de ensanchamiento de las posibilidades legales y semilegales, la tendencia a recuperar los sindicatos y encauzar por ellos las luchas reivindicativas y transformarlas en políticas, como ocurre en el caso cordobés, tiene perspectivas de generalizarse. Este fenómeno, singularmente positivo, como todos sabemos, engendra el riesgo del sindicalismo, el reformismo político y aventurerismo sindical, dos caras de la misma moneda. La manera de contrarrestar ambos, de lograr una 249

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orientación firmemente antidictatorial en los sindicatos y movilizar tras ellos a las más amplias masas, es con la presencia y desarrollo de nuestro Partido, con la acción armada del ERP dentro de la fábrica y en relación con la lucha sindical, en la fundación de células de nuestro Partido en las fábricas y otros lugares de trabajo y la incorporación creciente de obreros fabriles al ERP. La recuperación, el resurgimiento del movimiento sindical, brindará posibilidades excepcionales para jaquear a la burguesía, movilizar a las más amplias masas obreras y populares y fortalecer el trabajo del Partido y el accionar del ERP. Naturalmente que una posibilidad como la que hablamos depende directamente del desarrollo de la guerra revolucionaria, del fortalecimiento de la vanguardia armada con orientación de masas y de la intensificación de las luchas reivindicativas. No significa tampoco ilusionarnos con obtener la dirección de la CGT legal. Que quede claro que las posibilidades de recuperar los sindicatos para la lucha revolucionaria guarda estrecha relación con la consolidación de un fuerte partido marxista-leninista, y que de darse será esencialmente en el terreno semilegal y clandestino en directo enfrentamiento con la dictadura, formando parte de la guerra revolucionaria, con todo lo que ello significa. Pero es necesario señalar la tendencia de las masas a encauzar sus luchas por la vía sindical para estar perfectamente armados, participar de lleno en ese proceso y luchar por su dirección y darle una tónica socialista y de guerra revolucionaria. Favorecerá, asimismo, la fusión de la vanguardia obrera con la teoría revolucionaria, la aceleración del proceso de proletarización de nuestro Partido y Ejército. El punto de partida para nuestra participación plena, dirigente, en el frente fabril y sindical, es la consolidación de las células del Partido que ya están trabajando, la formación de unidades del ERP en fábricas y la distribución de fuerzas, dando mayor importancia a este sector. Simultáneamente con el proceso de masas que analizamos, la lucha armada ha experimentado un salto cualitativo. Desde sus comienzos el año pasado, se han multiplicado las acciones y lo más importante: el ERP fundado en julio por nuestro Partido, al aplicar una consecuente línea de masas en las operaciones, logra llegar a las masas, romper el aislamiento de la vanguardia armada, hecho de decisiva importancia. A partir de la intensificación de la propaganda armada comienzan a encararse operaciones de alguna envergadura y a prefigurarse la aparición de unidades militares mayores, por ahora de nivel de compañía. La experiencia nos está confirmando que la aplicación consecuente de la línea del V Congreso lleva a la participación de nuevos sectores sociales en la lucha armada, al apoyo activo del conjunto del pueblo explotado y al nacimiento de una fuerza militar respetable. No hay que dejar de considerar a este respecto que un desarrollo sostenido se verá sensiblemente dificultado por la creciente respuesta de la represión, que 250

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aumenta sus esfuerzos y perfecciona sus métodos. Es necesario para conjurar este peligro elevar nuestras relaciones con las masas y adoptar estrictas medidas de seguridad, mejorar substancialmente nuestros métodos de trabajo, erradicar el liberalismo, fortalecer política y moralmente las células, aumentar constantemente su eficacia y aplicar celosamente estrictas medidas de seguridad. NUESTRAS TAREAS En esta situación, el Partido pasa a actuar en un nuevo marco. El cumplimiento de las resoluciones del V Congreso y en particular la concreción exitosa del Primer Plan Operativo Militar, elaborado por el CC, han colocado a nuestra organización ante una nueva situación. Hemos comenzado a ganar “el corazón y la mente” de importantes sectores de masas; nuestro prestigio es grande y contamos con singulares posibilidades de alcanzar un papel hegemónico en la vanguardia obrera, estudiantil y popular. El objetivo inmediato al que debe dirigirse el Partido es precisamente conquistar esa hegemonía, concretar en el terreno organizativo y práctico el prestigio del ERP. Ello nos abrirá la posibilidad de jugar un papel dirigente real en la lucha de clases del país, orientar firmemente a los sectores de la vanguardia en la aplicación de la línea proletaria de guerra revolucionaria, y aparecer ante las masas como una nueva opción, como la opción revolucionaria ausente en el país desde 1938. ¿Cómo lograrlo? La ampliación y profundización del trabajo del Partido y del Ejército entre las masas, el fortalecimiento incesante de las células y regionales y la concreción del nuevo plan operativo que ha votado este CC son los pilares en que basaremos nuestro crecimiento, los eslabones que debemos asir firmemente para conquistar la hegemonía y canalizar los nuevos y cada vez más amplios contingentes de obreros e intelectuales de vanguardia. La ampliación y profundización del trabajo del Partido y el Ejército entre las masas serán logradas acentuando la tendencia a la proletarización, a vivir y trabajar entre las masas, elevando cualitativamente y cuantitativamente la propaganda y la agitación, multiplicando las ediciones de propaganda, divulgando ampliamente entre las masas la literatura socialista y la línea de nuestra organización, incrementando las acciones agitativas (volanteadas y pintadas), realizando periódicamente actos agitativos en los barrios y en el centro, en la ciudad y en el campo, aprendiendo a dirigir manifestaciones espontáneas y a organizar manifestaciones reivindicativas y políticas, acentuando la línea de masas de la propaganda armada. Se lo logrará asimismo prestando adecuada atención a la multitud de problemas reivindicativos de las masas, participando y tratando de dirigir las luchas reivindicativas, para elevar sus objetivos y acelerar la politiza251

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ción de huelguistas y luchadores callejeros. El fortalecimiento incesante de las células y regionales es sin dudas el motor que impulsará al Partido al cumplimiento de sus formidables tareas y responsabilidades. Nada se puede hacer sino contamos con células fuertes y homogéneas, constituidas por profesionales de la revolución, por compañeros entregados en alma y vida a la lucha revolucionaria, por elementos preparados política, militar y moralmente. Células fuertes disciplinadas, dedicadas a la lucha y al estudio, homogéneas, serán las escuelas fundamentales en que nuestro Partido forjará millares de revolucionarios, insustituible estado mayor de la revolución argentina. La concreción del nuevo Plan Operativo constituirá un salto cualitativo en la vida de la organización y al tiempo que elevará nuestro prestigio creará problemas más difíciles al enemigo, agudizando sus contradicciones internas y constituirá un nuevo y más firme paso en la constitución de la fuerza militar del poderoso Ejército Revolucionario del Pueblo, destinado a respaldar la futura insurrección victoriosa de la clase obrera y el pueblo. Compañeros: a trabajar firmemente, asumir cada uno sus responsabilidades, asir firmemente las tareas señaladas.

RESOLUCIONES DEL COMITÉ EJECUTIVO de ABRIL de 1971 SITUACIÓN NACIONAL El golpe militar que destituyó a Levingston señala los últimos pasos de la dictadura militar. La aventura emprendida en 1966 por los militares llega a su término en medio de la más profunda crisis. En el transcurso de los casi cinco años de vida que lleva, el gobierno militar ha sido incapaz de estabilizar la economía burguesa y sus medidas pro monopolistas le han valido no sólo el odio de los trabajadores y el pueblo, sino también constantes roces con otros sectores de la burguesía. El estallido popular de Córdoba fue el golpe de gracia para la deteriorada imagen de la dictadura. La movilización obrera y popular del quince de marzo tuvo como características especiales la inocultable simpatía demostrada por las masas hacia los movimientos armados, la existencia de direcciones clasistas en importantes gremios, el desprestigio de la burocracia y su evidente incapacidad para canalizar la protesta popular por caminos pacíficos. La creciente actividad 252

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de la vanguardia armada, que empalmó en ese proceso, donde las masas tomaron como suyo sus emblemas, fue otra característica, tal vez la más importante, del segundo Cordobazo. La posibilidad de la concreción en un futuro inmediato de un vuelco masivo del proletariado a la guerra revolucionaria, liderada por esa vanguardia forzaron a las Fuerzas Armadas a dar el golpe que liquidara la política de Levingston, simple continuación de la de Onganía, para intentar una nueva salida. Este golpe de timón de la dictadura militar, ahora materializada en la figura de Lanusse, es un retroceso de parte de la misma. Jaqueada por las explosivas protestas masivas de la clase obrera y el pueblo y por el desarrollo de la guerra revolucionaria, la dictadura se repliega y comienza a hacer concesiones. Con ello se abre un nuevo panorama en el proceso de las luchas populares. A esta altura de los acontecimientos es posible formular algunas apreciaciones sobre la posible orientación futura del gobierno militar. Es indudable, por algunos hechos concretos, como la rehabilitación de los partidos políticos, el nombramiento de Mor Roig, las declaraciones de los políticos que lo han entrevistado por invitación del gobierno, que se prepara una farsa electoral. La dictadura, consciente de su desprestigio y expresando su temor ante el avance de la guerra revolucionaria, se ve obligada a pactar con los políticos que hasta ayer repudiaba, a intentar junto con ellos la salida de las elecciones, para poner un freno a las movilizaciones de las masas y aislar de éstas a la vanguardia armada. Esta maniobra trata de ser lo más amplia posible, como se desprende de los rumores que aseguran que el PC también será invitado a las conversaciones políticas con Mor Roig; incluso sería intención de Lanusse llegar a un acuerdo con el mismo Perón, que tendría como base la formación de un gran movimiento político donde se unificarían el peronismo y el radicalismo a cambio del retorno de Perón. Un artículo que desarrolla este plan y donde el pacto sería la base para la normalización institucional, apareció en la publicación yanqui The New York Times. Los funcionarios de la Secretaría de Prensa de la Presidencia tradujeron prontamente este artículo y lo distribuyeron de inmediato a todos los periodistas que se encontraban en la Casa de Gobierno. Está claro que esto se hizo porque tal artículo coincide con los lineamientos generales de la política de Lanusse. El evidente destinatario de una operación de esta índole sería el movimiento La Hora del Pueblo, donde se concretaría la alianza de la burguesía con el visto bueno del imperialismo, permitiendo el retorno de los militares a los cuarteles, asegurada la estabilidad del régimen a través de la fachada populista de La Hora del Pueblo. Sin embargo, sería ilusorio creer que la burguesía en su conjunto acepte este plan y se encamine a cumplirlo sin conflictos. Las recientes declaraciones de Onganía son un toque de atención sobre ese problema. Onganía no habla 253

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por sí solo. Detrás de sus opiniones está el pensamiento de algunos sectores de las Fuerzas Armadas que no aprueban la perspectiva electoral de Lanusse y los planes sobre el retorno de Perón. Esto indica que el proceso de normalización no se verá libre de los conflictos que a causa de los roces inter burgueses pueden perturbar su desenvolvimiento. Todos estos esfuerzos de la burguesía no deben hacernos creer que el proceso electoral en caso de darse ganará indefectiblemente a las masas, permitiendo la consolidación del gobierno burgués y una relativa tranquilidad para el mismo. La crisis de la dictadura es también la crisis de la burguesía, que es incapaz de solucionar ni uno solo de los grandes problemas de las masas. La liberalización en el plano político no puede por sí sola dar una salida a los salarios de hambre, a la superexplotación, a la miseria crónica, al subdesarrollo del país. Las medidas que puede tomar la burguesía remedian un mal para dejar otro al descubierto. Así lo demuestra un hecho reciente. La supresión del tope a las paritarias, con la posibilidad de un aumento en los salarios más alto que el que estaba previsto, ha desatado ya las expectativas inflacionarias. Por otro lado, esa misma liberalización alentará la lucha de las masas por sus reivindicaciones. El cuadro que se presenta es por lo tanto prometedor de una agitada actividad de las masas y muy favorable para el desarrollo de una organización revolucionaria. Esta perspectiva se ve favorecida en nuestro caso por las brillantes posibilidades que nos ha abierto entre las masas la correcta política aplicada hasta el presente, especialmente en la actividad militar. El exitoso cumplimiento del primer plan operativo, la destacada participación de nuestros militantes en las luchas obreras y populares, sobre todo en Córdoba, los estrechos vínculos con las masas que se han creado en todo el país, el fortalecimiento político y militar de nuestros militantes, nos permiten considerar que esta etapa del proceso político debe marcar el momento de un gran desarrollo del Partido y el Ejército. Para concretar en la práctica esa posibilidad, aprovechando al máximo las condiciones favorables que se presentan, todos los militantes deben lanzarse audazmente a la actividad entre las masas, multiplicando nuestro contacto con las mismas, creando nuevas células partidarias, comandos de apoyo al ERP, organizando a las masas allí donde se encuentren y realizando una profusa y constante propaganda y agitación política entre las mismas. Esta tarea debe llevarse a cabo de una manera incesante, multiplicando los medios a nuestro alcance, mediante publicaciones burguesas en las cuales lograremos infiltrarnos, con ediciones que publiquen en forma masiva literatura marxista clásica. El máximo aprovechamiento de todas las posibilidades legales debe ser encarado seriamente por el Partido. Es necesario aclarar que ninguna de estas tareas, de manera alguna, debe afectar a la organización clandestina del Partido y el Ejército, que debe ser mantenida a toda costa. Todo lo contrario, este período de relativa legalidad, 254

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si sabemos utilizarlo, fortalecerá nuestra estructura clandestina al multiplicarse nuestros lazos con las masas, afianzando nuestra relación política con las mismas, que es la base de la verdadera clandestinidad. Una cuestión en la cual la correcta utilización de las posibilidades legales puede brindar resultados satisfactorios es la de los presos. Debemos extremar nuestros esfuerzos para formar o integrarnos en las comisiones ya formadas de solidaridad y en defensa de los presos políticos, impulsando a través de ellas una intensa campaña por la libertad de los presos políticos; debemos tratar de comprometer la más amplia participación popular posible impulsando la realización de manifestaciones, actos, etc. Esta misma actividad significará insospechadas posibilidades políticas, porque nos abre a través de una actividad legal o semilegal un amplio campo de actividades entre los sectores de la población a los que no siempre podemos llegar con facilidad. Un párrafo aparte merece la consideración de la actividad del Partido frente a las elecciones: la madurez de un partido, su capacidad para convertirse en dirección real de las masas teniendo una respuesta adecuada ante cada eventualidad, se demuestra en su capacidad para hallar siempre la respuesta táctica correcta a cada uno de esos acontecimientos sin dejar de mantener una posición de principios consecuente. Negar las elecciones, mantener ante ellas una actitud pasiva, no significa ninguna respuesta real al problema. Si bien es cierto que nuestra estrategia es romper las elecciones, demostrar que son sólo una farsa, denunciar su carácter de engañifa de la burguesía, cosa que lograremos desarrollando sin descanso la actividad militar y política, manteniendo el aparato clandestino y cumpliendo todas las etapas previstas en nuestra estrategia general, debemos también combinar esta actividad con las posibilidades legales del proceso eleccionario. La manera de hacer fracasar la farsa electoral es producto de la situación concreta que se presente en ese momento. En relación a esa situación concreta es que podemos utilizar a ese fin dos métodos distintos: el boicot o la participación. Pero, como decía Lenin: “ningún socialdemócrata que pise el terreno del marxismo deduce la medida del boicot del grado de reaccionismo de tal o cual institución, sino de determinadas condiciones especiales de la lucha”. En determinada circunstancia, si se vive un período de agitada movilización de las masas, si su grado de combatividad es alto y si mantiene su decisión de luchar sin que el espejismo electoral haga mella en sectores importantes de las mismas, el boicot a las elecciones realizado en forma activa puede ser correcto. Pero ello debe hacerse siempre cuando es posible la participación combativa de las masas, cuando se puede encauzar la lucha de las mismas detrás de ese objetivo. Sin embargo, no debemos excluir la posibilidad de un intento de participación si aquellas condiciones no se dan, es decir, si la táctica del boicot no se pue255

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de apoyar en una verdadera movilización masiva de la clase obrera y el pueblo, en un estado de gran combatividad de las masas. En ese sentido puede existir la posibilidad, en algunos sectores, de presentar listas con candidatos obreros y un programa clasista que obligue a la burguesía, que no puede aceptar tal situación, a descubrir el engaño de las elecciones sin proscripción. Esta posibilidad, que aparece como la más remota, es sin embargo necesario recalcarla ya que dada la situación actual existe el peligro de una desviación ultraizquierdista, que tienda a realizar una negación abstracta de todo el proceso electoral, sin tener en cuenta la situación concreta de las masas, que debe servirnos, como el termómetro más eficaz para decidir nuestra política. Estudiar detenidamente y con seriedad las situaciones concretas en cada lugar, en el momento que sea necesario, permitirá tomar la decisión más correcta. Toda esta perspectiva no modifica en forma alguna el desarrollo de nuestra línea estratégica; todo lo contrario. En este momento, como nunca, es necesario aumentar tanto en la cantidad como en la calidad las acciones militares, incrementando la capacidad operativa del ERP y poniendo en práctica los planes votados oportunamente. Esta creciente y continuada actividad militar contribuirá en grado muy importante a lograr el objetivo de hacer fracasar la farsa electoral, cualquiera sea el método que se utilice: boicot o participación. Junto con esto, como no puede ser de otro modo, la organización clandestina del Partido no debe sufrir modificación alguna. Debemos proseguir firmemente en la tarea de fortalecer las formas organizativas clandestinas, sin olvidar un instante que estamos en guerra, haya o no elecciones y que por lo tanto el mantenimiento del aparato clandestino es y seguirá siendo una cuestión vital para la organización. Todas estas tareas parciales convergirán a la tarea central de esta etapa, que será la construcción del Partido y el Ejército. El estado de ánimo de las masas, el prestigio alcanzado entre las mismas por el Ejército, los vínculos que hemos concretado con el proletariado y los sectores populares, la experiencia acumulada por nuestros combatientes, unidos a las posibilidades que abre la relativa legalidad, permiten considerar que esta etapa debe ser aprovechada al máximo para las tareas de construcción del Partido y el Ejército. Las perspectivas son brillantes y si nos lanzamos con audacia y decisión a la tarea de organizar y politizar a las masas, mientras desarrollamos nuestro segundo Plan Operativo Militar, podemos en el corto plazo de algunos meses aumentar considerablemente las fuerzas del Partido y el Ejército. Eso nos demandará además una intensa tarea de educación partidaria que nos permita formar nuevos cuadros y/o fortalecer los existentes, con vistas a las necesidades que de los mismos tendremos. Aumentar considerablemente los integrantes del Partido y el Ejército requiere 256

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necesariamente una gran cantidad de cuadros para el eficiente aprovechamiento de las futuras captaciones. Por eso las tareas de la escuela de cuadros, actualmente en función, deben fortalecerse, como asimismo es fundamental la pronta concreción de la escuela de cuadros militar. Esto, unido a la persistencia de la política de proletarización del Partido y del Ejército, permitirá la captación de importantes núcleos de obreros, que serán la garantía de la construcción de un sólido Partido proletario y un Ejército revolucionario. PRECISIONES SOBRE PARTIDO Y EJÉRCITO Siguiendo las justas orientaciones del V Congreso y del CC de noviembre2, nuestro Partido se ha lanzado al combate y al trabajo de masas. Numerosos interrogantes se plantean a cuadros y militantes en el esfuerzo de lograr una aplicación práctica correcta de dichas resoluciones. Trataremos de responder algunos de ellos. Partido y Ejército: La definición justa del Partido y el Ejército como organismos diferentes y de la relación entre ambos no se resolvió correctamente en las resoluciones del Congreso: 1) el carácter de los miembros de ambas organizaciones, ni expresó adecuadamente; 2) cómo debían funcionar los distintos tipos de células. En efecto, respecto al primer problema, el carácter de los miembros de la organización, se deslizó un error de concepción que diferenciaba al militante partidario del combatiente del Ejército, tendiendo a diferenciar a ambos más o menos tajantemente. Eso se ha ido corrigiendo en la práctica y es necesario ya dejar claro que cada miembro del Partido es también un combatiente del Ejército, independientemente del frente que tenga asignado. Todos los miembros del Partido deben entrenarse y combatir, y estar en condiciones de pasar de un frente de masas a uno militar cuando la organización lo necesite. Hay en el Ejército, además, combatientes extrapartidarios que funcionan en las células militares sin pertenecer al PRT. A este respecto es además necesario corregir también la teoría errónea que sostienen algunos compañeros de que para entrar al Partido antes hay que pasar por el Ejército, punto de vista que ignora la importancia de la lucha política y reivindicativa, fuente también de experiencias y formación que pone en condiciones de pasar a formar parte del Partido. Naturalmente 2. Se refiere al CC de octubre de 1970. [nota de esta edición] 257

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que una vez incorporado aquel elemento surgido de luchas reivindicativas, por ejemplo, ya en el seno de la organización recibe el entrenamiento correspondiente y combate como miembro del ERP. Veamos ahora el segundo punto, es decir, el funcionamiento de los distintos tipos de células. El Partido cuenta en la actualidad con células de masas, células militares y células de aparato. Las células de masas tienen por principal tarea penetrar en el frente de masas que atiende (fabril, barrial, estudiantil, etc.). A ello dedican sus principales esfuerzos. Al mismo tiempo se entrenan militarmente y realizan acciones, con la particularidad que esas acciones son menores (repartos, desarmes, etc.) y tratan de concretarlas de manera tal que sirva a su trabajo en el frente de masas correspondiente. Las células militares, por su parte, tienen como principal tarea combatir y a ello dedican sus principales esfuerzos, realizando naturalmente acciones de mayor envergadura. Al mismo tiempo cada célula militar atiende contactos y se le asigna un frente de masas (barrio, fábrica, etc.), que debe atender en forma complementaria. El otro frente de trabajo o masas de estas células es la propia fuerza militar, el ERP que debe mantenerse absolutamente bajo la dirección del Partido. Por último, las células de aparato (redacción, etc.) tienen como tarea central cumplir eficazmente su misión y lograr buenas y abundantes publicaciones, por ejemplo. También combaten, porque como ya dijimos ningún miembro de la organización puede dejar de combatir, realizando acciones menores (repartos, desarmes) y buscando proveerse mediante expropiaciones de los elementos que necesita para cumplir eficazmente con sus tareas. Estas células atienden asimismo frentes de masas.

Fragmento de la carta de Mario Roberto Santucho a su compañera Ana María Villarreal del 22 de septiembre de 1971 Ante una eventual participación el PRT había resuelto iniciar la construcción de los Comités de Base, los cuales tendrían carácter legal y serían los organismos de base de un partido con personería electoral. Ampliando el concepto de boicot o participación le decía: “La adopción de una u otra táctica deberá hacerse en los próximos meses y dependerá del grado de concesiones democráticas que debe aflojar la dictadura y fundamentalmente del Estado de Animo de las masas. Si se opta por el boicot, este debe ser activo y 258

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si se opta por la participación debe encararse desde la independencia política del proletariado y tratar de que en su torno se nucleen otros sectores populares, bajo la clara hegemonía política de la clase obrera. Rechazar en principio la elección y adoptar el boicot antes de que estén definidas las situaciones concretas es un punto de vista anarquista, ultraizquierdista, típicamente pequeño burgués que nuestro Partido en este momento está expuesto a sufrir”. (el subrayado es de la carta).

RESOLUCIONES DEL COMITÉ EJECUTIVO de ENERO de 1972 RESOLUCIÓN SOBRE SITUACIÓN NACIONAL 1.- En las últimas semanas los planes de la dictadura militar no han sufrido variantes. El plan electoral, el GAN con el que pretenden distraer a las masas, ampliar su base social para aislar a la guerrilla y atacarla con más eficacia, continúa su marcha. La disminución del ritmo de crecimiento de la actividad guerrillera ha dado cierta tranquilidad a la dictadura en este flanco, lo mismo que la derrota sufrida por la instancia sindical clasista con la intervención de SITRAC-SITRAM en Córdoba. La principal preocupación actual del gobierno es la situación económica que pretende encarar en base a los préstamos del imperialismo y al fortalecimiento, enriquecimiento, de los grandes monopolios. En una palabra, la DM ha conseguido algunos éxitos inmediatos frente a su principal enemigo: las fuerzas revolucionarias y se dispone a encarar la situación económica. Pese a estos pequeños éxitos la estabilidad del gobierno no ha crecido y sigue planteada la posibilidad de un golpe militar. 2.- Los problemas fundamentales para las fuerzas reaccionarias en el camino de coherentizarse y unirse en una perspectiva contrarrevolucionaria choca con grandes dificultades. En primer lugar, la resistencia de los mandos militares a confiar plenamente en los políticos burgueses y populistas, en la burocracia sindical, a quienes necesita, pero en quienes no confían. De tal manera la Dictadura carece de un programa que despierte el entusiasmo de políticos y burócratas. En segundo lugar el plan gubernamental encuentra la resistencia de los políticos burgueses que necesariamente deben dar una imagen renovadora para mantener prédica popular. Tanto el radicalismo como el peronismo, principalmente este último, se resisten a llegar a acuerdos condicionados. De esa manera la dictadura no atina a coherentizarse, no logra, no puede lograr la formulación de 259

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una política de largo alcance que dé un mínimo de satisfacción a las necesidades populares. Por el contrario, encerrado en sus contradicciones utiliza el respiro para incrementar la explotación de las masas, dar rienda suelta al aumento de los precios, del costo de la vida, impedir la realización de las paritarias, estableciendo por decreto un aumento sin duda insuficiente. 3.- El imperialismo se prepara para volver a controlar estrechamente a nuestros países, para volcar en la represión contrarrevolucionaria en América Latina, las fuerzas que le quedan libres a medida que se retira derrotado de Vietnam. Por ahora ha prometido su apoyo a Lanusse, materializado en los préstamos que se están tramitando, con condiciones naturalmente. Ese apoyo se da en un nuevo marco de apertura de una política más directamente intervencionista y tiene en este momento un significado de apoyo general a la política contrarrevolucionaria de la DM como asimismo lograr un sostén diplomático y político a la apertura intervencionista que prepara en Chile, primero y principal blanco del imperialismo norteamericano. 4.- Lanusse continúa con su GAN, piensa que logrará dominar a los políticos en las negociaciones y que impondrá condiciones tanto al radicalismo como al peronismo, para ir a un proceso electoral donde se obtengan los objetivos militares de ampliar la base social de su dominación sin arriesgar la pérdida de control del proceso. Este plan incluye la legalización de la izquierda no combatiente para aislar a la guerrilla. En general este plan es compartido por los mandos del Ejército, aunque discrepan con la forma en que Lanusse intenta su realización, por entrañar riesgos según la opinión de los mandos. En cambio subsisten otros sectores en las Fuerzas Armadas, disconformes en general con la conducción gubernamental y que se preparan para nuevos intentos golpistas cuyo fin es basar la lucha política contrarrevolucionaria en mayor mano dura, una represión más aguda y generalizada. 5.- Pero ninguna de estas variantes contrarrevolucionarias tiene posibilidades de ofrecer resultados a la DM. Ni el movimiento de masas ni la guerrilla seguirán relativamente poco activos. Es de esperar que en las próximas semanas y meses la acumulación de odios y tensiones a nivel de las masas se exprese en nuevas y violentas luchas y que las organizaciones armadas den nuevos e importantes frutos. El pueblo redoblará su resistencia en los próximos meses, recrudecerá la lucha guerrillera y ambos factores distorsionarán los planes dictatoriales, los modificarán y agudizarán las contradicciones internas a que ligeramente nos hemos referido. Si se llega a las elecciones ello ocurrirá con grandes concesiones o con inaceptable condicionamiento. En el primero de los casos la represión deberá aflojar necesariamente y las organizaciones revolucionarias aprovecharán para desarrollarse ampliamente, y en el caso de un condicionamiento extremo, las masas se retraerán y el proceso electoral resultará completamente intrascendente. 260

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NUESTRAS TAREAS Esta situación crítica es por demás favorable a nuestro desarrollo y consolidación. Ello nos obliga a ser lo más precisos posible en la formulación de nuestros planes y en su cumplimiento. Frente al GAN, frente a un posible proceso electoral, nuestra línea concreta estará orientada a dos objetivos estratégicos cuya concreción, como señaláramos oportunamente, significará un punto de viraje en la historia de nuestro Partido y en el desarrollo de la guerra revolucionaria en nuestra Patria. Estos objetivos estratégicos son: a) ampliar al máximo nuestra ligazón con las masas, aprovechando audazmente los resquicios legales; b) ofrecer claramente la opción de la guerra revolucionaria en la política nacional, frente a la opción electoral del GAN. El primero de estos objetivos se logrará aplicando con decisión la línea de los comités de base, poniendo en marcha todas las fuerzas posibles, los simpatizantes y contactos, los aliados, etc. Se lo logrará combinando sabiamente en el curso de la práctica, la lucha reivindicativa (sindical, campesina, estudiantil, barrial, etc.) con la actividad política clandestina del Partido, las operaciones militares y los comités de base. El secreto de éxitos inmediatos sólidos, base de triunfos futuros de trascendencia, reside precisamente en que nuestro Partido, nuestra dirección, nuestros cuadros y militantes, sepan resolver creadoramente con serenidad, audacia, responsabilidad y decisión los complejos problemas de la práctica política, que sepamos combinar acertadamente los diferentes aspectos que estamos señalando. Se lo logrará poniendo definitivamente en pie un bien organizado aparato de propaganda que garantice la puntualidad de las ediciones, su calidad y distribución amplia e inmediata. Fortaleciendo la dirección nacional y las regionales, para garantizar un crecimiento homogéneo, la circulación del material interno, la educación de cuadros y militantes, el cumplimento estricto de las resoluciones y planes de la organización, que controle e impulse la incorporación de militantes, la constitución de numerosos círculos de simpatizantes. Se lo logrará multiplicando la acción, las pintadas, las volanteadas, los piqueteos, los actos y las acciones de agitación (tomas de fábricas, alimentos, etc.). El segundo de los objetivos estratégicos que nos plantea la actual realidad política es ofrecer con toda claridad ante la masa del pueblo la opción de la guerra revolucionaria frente a la salida electoral con que la dictadura pretende engañarnos. Ello lo lograremos con nuestra presencia combatiente, con un conjunto de acciones importantes que deje claro que la guerrilla crece, se fortalece incesantemente y persistirá en su lucha hasta la victoria. En esta perspectiva tiene una importancia estratégica fundamental lograr una campaña operativa 261

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conjunta de todas las fuerzas guerrilleras, que muestre claramente que todas las organizaciones armadas obreras y populares, los marxistas-leninistas y los peronistas, estamos unidos frente al GAN en una estrategia de guerra revolucionaria popular. De esta manera, nuestros pasos prácticos en el cumplimento de este segundo objetivo estratégico, consistirán en la elaboración y cumplimiento de un nuevo plan operativo de mayor envergadura que el anterior, por una parte, y por la otra hacer todo lo posible para lograr un acuerdo operativo con todas las demás organizaciones armadas.

Editorial de El Combatiente N° 67 del 28 de febrero de 1972 Órgano del Partido Revolucionario de los Trabajadores Por la Revolución Obrera, Latinoamericana y Socialista UNA DEFINICIÓN CONTRARREVOLUCIONARIA El martes 15 se conoció en Argentina el texto de la declaración de Juan Perón “La única verdad es la realidad”. Esta declaración se enmarca en la estructura lanussista del GAN, le da nueva fuerza, asegurando tácticamente su concreción. Por ello, para definir, con claridad el significado del pronunciamiento de Perón y sus consecuencias, se hace necesario una breve recapitulación del GAN, reiteradamente analizado por nuestro Partido. Como sabemos, el GAN es un recurso de la dictadura con que ésta pretende lograr una amplia base popular, reconciliarse con los partidos burgueses populares, con el objetivo contrarrevolucionario de aislar a la guerrilla y a la vanguardia clasista, para reprimirla con mayor eficacia e intentar detener así el naciente proceso de guerra revolucionaria. En otras palabras, conscientes de la gravedad de la crisis del capitalismo argentino, temerosos ante la enérgica reacción popular y el surgimiento de organizaciones guerrilleras íntimamente unidas a las masas, la camarilla militar gobernante recurrió al GAN, a una propuesta de acuerdo con los distintos partidos políticos burgueses y pequeño-burgueses, para asentar en esta base social amplia, su política contrarrevolucionaria de represión brutal a los brotes guerrilleros y a la vanguardia clasista, a los elementos principales de la guerra popular de larga duración iniciada en nuestra patria. En artículos anteriores analizamos con detenimiento los fundamentos de la táctica revolucionaria frente al GAN, consistente en la consolidación y crecimiento del accionar armado, la intervención activa e inteligente en 262

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el proceso electoral vía los Comités de Base, pasos firmes en la política de alianzas y especialmente en la unidad estratégica con las demás organizaciones armadas. Por ello, ahora no nos referiremos a este aspecto y nos ocuparemos de la evolución del GAN en el campo burgués, principalmente entorno a la definición de Perón, y las perspectivas que esta forma de concreción del GAN abren para la política nacional. Cuando en abril pasado Lanusse formuló su plan lanzando la propuesta acuerdista, la aplastante mayoría del país la vio con marcado escepticismo; desconfió con justa razón por el carácter tramposo de la propuesta dictatorial, descreyó de la flexibilidad de los militares, de las posibilidades de maniobra de la dictadura y hasta hubo sectores que se ilusionaron con un franco rechazo de algunos sectores burgueses populistas, como el peronismo, porque la proposición gubernamental encerraba la contradicción entre los objetivos de la dictadura de lograr la ampliación de la base social con concesiones mínimas y las aspiraciones de los políticos burgueses de obtener las mayores garantías y perspectivas posibles para su accionar. Oportunamente nuestro Partido analizó con justeza el carácter y perspectiva del proyecto dictatorial. Decía la declaración del Comité Ejecutivo del PRT del 28 de julio de 1971: “La política del acuerdo nacional que proclama Lanusse es entonces un desesperado intento de la burguesía, de su partido político, la casta militar, para detener el avance de la guerra revolucionaria, para aislar a la vanguardia armada, a la vanguardia sindical clasista, a las corrientes revolucionarias del estudiantado y demás fuerzas revolucionarias. La camarilla de Lanusse comprende que para que esa maniobra cuaje, necesita de la participación, del apoyo, de todos los sectores con arraigo popular, principalmente el peronismo. De ahí los coqueteos con La Hora del Pueblo y el ofrecimiento a Perón de permitir su retorno, devolver el cadáver de Evita y otras concesiones con las que pretenden llegar a un acuerdo, incorporar al peronismo a su política contrarrevolucionaria. La camarilla burocrática y burguesa de Paladino, Rucci y Cía., aceptan entusiasmados los ofrecimientos gubernamentales que ven con toda razón como su propia tabla de salvación. En efecto, la guerra revolucionaria que ha comenzado a librar nuestro pueblo, destinada a terminar con el capitalismo injusto y expoliador, barrerá necesariamente en su camino a parásitos y burócratas del estilo de los nombrados. El general Perón, manifiesta que no se prestará a las maniobras dictatoriales, pero al mismo tiempo, en los hechos, con el apoyo abierto brindado al paladinismo y a Rucci, a la Hora del Pueblo y a la burocracia sindical traidora, entra en esa maniobra, favorece objetivamente los planes de la dictadura, contribuyendo a confundir a amplios sectores populares que, hartos de los militares, están dispuestos a aceptar un nuevo gobierno parlamentario burgués, el retorno a escena de los politiqueros que hace 5 años repudiara masivamente. Si 263

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el general Perón quiere prestar un efectivo servicio a la causa popular es necesario que se pronuncie claramente, denunciando la farsa electoral, desautorizando a los politiqueros y burócratas del movimiento peronista y apoyando sin tapujos, como corresponde a todo patriota, a las corrientes revolucionarias que luchan por el socialismo desde el sindicato, la fábrica, la facultad, y la actividad guerrillera. La nueva generación revolucionaria que combate en todos los terrenos a la dictadura, incluida la que se reivindica peronista, observa críticamente los tejes y manejes de la “mesa de negociaciones” y no aceptará nunca más que se negocie la lucha popular, que se trafique el sacrificio, los muertos y las victorias del pueblo revolucionario para obtener ventajas de camarilla. La lucha de clases ha dividido clara y definitivamente las aguas en la Argentina. Por la subsistencia del capitalismo, de la dominación imperialista, la injusticia y el atraso, o por la revolución socialista, por el desarrollo de la guerra revolucionaria hacia la conquista de la independencia nacional y el socialismo. No hay lugar para ninguna tercera posición. Señala también acertadamente nuestro Partido que el factor determinante en la evolución del GAN, en las concesiones de la dictadura y los militares, en la “buena voluntad” de los políticos burgueses en sus negociaciones, estaba constituido por el avance de la guerra revolucionaria, por las movilizaciones de masas, la crisis económica y el desarrollo de la actividad guerrillera. Así bajo el signo de la continuidad de la lucha de las masas, principalmente del incremento operativo de las unidades armadas, el GAN ha ido perfilándose, avanzando el acuerdo interburgués, en cuyo marco se integra el reciente llamamiento de Perón. CONTENIDO Y SIGNIFICADO DEL DOCUMENTO En el mes de diciembre nuestro Partido decía; “Perón, que se postula nuevamente con energía como el salvador del capitalismo argentino, ve un poco más lejos y trata de jugar varias cartas. Participa en el GAN, mantiene activos y estrechos lazos con el gobierno, pero no se limita a eso, también busca relacionarse con los golpistas a fin de ensayar un proyecto de más largo alcance; basado en su prestigio, en la burocracia sindical, en todo el peronismo populista y en acuerdo con el grueso de las FFAA, piensa reverdecer un peronismo gaullista con el que confía remozar el caduco capitalismo argentino. Vana esperanza”. A partir de esa fecha, ante el debilitamiento de las posibilidades golpistas y el incremento de la actividad guerrillera, que en el mes de enero fue particularmente notable, Perón fortaleció sus lazos con la dictadura militar y se resolvió a entrar de lleno en la aceptación del proyecto lanussista, tratando de conservar al máximo su campo de maniobra. En su llamamiento expone Perón con toda claridad los motivos que lo impulsan a responder positivamente al llamado de 264

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la clase militar. Dice Perón al analizar “críticamente” la situación del país: “No me asusta tanto el desastre ya provocado como la hecatombe que ha de ocurrir si esos designios siguen imperando, porque mientras viene corriendo la situación política antes mencionada, la nación ha sido llevada a una postración económica que se ha caracterizado por una creciente dependencia del exterior, por el empobrecimiento de los sectores del trabajo, por la desarticulación de la industria y el riesgo cada día más cierto de una desintegración nacional”. Y más adelante: “Nadie puede permanecer inactivo y menos indiferente ante la amenaza que pesa sobre el destino nacional. Se trata de salvar al país, y en ese empeño, nadie que comparta esta idea puede faltar a la cita”. Es cierto que el peligro que tanto preocupa a Perón, al igual que a la casta militar, es el avance de la revolución socialista, el comienzo irreversible de la guerra revolucionaria del pueblo; esa es la “amenaza”, el “riesgo de desintegración nacional” que impulsan a Perón a ofrecerse nuevamente como el salvador del capitalismo argentino, a proponer el contrarrevolucionario Frente Cívico de Liberación Nacional. Así es como verdaderamente opina Perón sobre la guerrilla y la violencia: “Si no se le ofrece al país una salida objetiva hacia su liberación y desarrollo complementados con una genuina democracia y una auténtica justicia social, basada en el aumento de la riqueza nacional, el proceso de desintegración seguirá irremisiblemente y en su curso se liberarán crecientemente fuerzas que irán oponiéndose en forma violenta. No hay duda que la acción directa como sustituto de la acción política es una tentación que ya tiene comienzo profuso en el país. La crónica que registra los hechos de terrorismo y guerrilla urbana, corresponde a la acción de las fuerzas sociales privadas de otros medios de acción por la fuerza activa de la dictadura, pero también por la inactividad para canalizarlas hacia una acción colectiva, fecunda y pacífica”. En este párrafo se muestra claramente la ideología de Perón: “La guerrilla, la violencia en nuestro país existe porque hay causas reales que la motivan”, es decir, que Perón explica y justifica de este modo el origen de la guerrilla. Pero la comprensión del origen de la violencia es usada por Perón para esgrimir los mejores argumentos para rechazarla. Es como decir, la guerrilla existe porque la Dictadura Militar nos oprime, pero si el gobierno se diera una política correcta y pudiera canalizar la acción de las organizaciones guerrilleras en forma pacífica, entonces, la guerrilla desaparecería integrándose en “una acción colectiva fecunda y pacífica”. Perón ve con lucidez el peligro que entraña la violencia y es por eso mismo que brinda una forma de combatirla: integrarla pacíficamente a la política burguesa. Naturalmente que Perón, al tiempo que acepta incorporarse a la maniobra estratégica contrarrevolucionaria de Lanusse, trata de hacerlo con la mayor base 265

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posible para negociar y equilibrar la presión militar. Más aún, se ofrece como candidato para liderar las fuerzas burguesas frente al peligro revolucionario y en esa condición exige intervenir con peso propio equilibrado al de los militares. El Frente Cívico de Liberación Nacional consiste en un acuerdo entre prácticamente todos los partidos burgueses y pequeño-burgueses reformistas con el propósito de ensayar una salida para la crisis capitalista, por la vía parlamentaria, electoral, en acuerdo con la dictadura militar, aceptando el condicionamiento del proceso electoral mediante la presentación de candidatos potables, es decir haciéndose cargo liso y llanamente del papel que los militares vienen ofreciendo. Tal acuerdo comprenderá: 1. - Garantizar la realización del proceso electoral siempre sobre la base de “gobierno de transición” acordado con la casta militar, es decir de candidatos presidenciales condicionados. 2. - Asegurar el apoyo post electoral de todos los partidos burgueses al candidato y partido triunfante para lograr cierto margen de independencia frente al partido militar. 3. - La propuesta incluye asimismo, la “exigencia” de que un ministro del interior militar garantice la limpieza de las elecciones. Posiblemente el propio Lanusse y su camarilla hayan sido los primeros sorprendidos agradablemente por el llamamiento de Perón. Ni ellos esperaban una actitud tan “constructiva”, una incorporación tan plena y decidida a la estrategia de la dictadura. Ni que decir del alborozo del frondicismo, la UIA, los monopolistas, los sectores políticos y empresarios más ligados al imperialismo yanqui. No esperaban, salvo Frondizi y Frigerio, que lo conocen mejor, que Perón se mostrara tan dispuesto a colaborar, tan dúctil y poco exigente, que se ofreciera como activo luchador contra el peligro de la revolución socialista, de la guerra revolucionaria. En cuanto al programa es revelador de la política económica que piensa aplicar el peronismo en el gobierno, con el pleno consentimiento del capital imperialista y del partido militar. En efecto, entre unos cuantos puntos, reivindicaciones elementales, incluidos en los programas de todos los partidos burgueses y de la burocracia sindical, se destaca el que reclama “créditos colectivos para las industrias prioritarias, que son aquellas de mayor capacidad productiva”. Es decir, créditos para los grandes monopolios. Para Fíat, Ford, Propulsora, Alpargatas, etc. Este es el programa de Perón frente a los explotadores del pueblo argentino, las grandes empresas imperialistas: créditos. Nuestro Partido, como hemos visto, señaló oportunamente la posibilidad del acuerdo contrarrevolucionario entre Perón y la dictadura militar. Este pronóstico surgía de un análisis concreto de la situación nacional. La dictadura militar completamente desprestigiada, odiada por el pueblo, veía surgir con pre266

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ocupación los primeros elementos de la guerra revolucionaria. De los partidos burgueses, el único que conservaba influencia popular y podía ser levantado como alternativa de la revolución socialista era el peronismo. Por eso se concretaban las condiciones para una reconciliación entre el peronismo, los militares y la gran burguesía, con la bendición del imperialismo yanki que nunca dejó de considerar a Perón como carta de recambio para una situación difícil como la actual. “A grandes males, grandes remedios”, fue la receta que necesitaban aplicar las clases dominantes en esta situación. En cuanto a Perón, no resultaba difícil contar con su asentimiento en tal acuerdo. El análisis de su trayectoria, lo muestra claramente como un líder burgués, preocupado por contener el desarrollo de la revolución socialista. En nuestro folleto sobre el peronismo, hemos citado palabras reveladoras de Perón, como el siguiente párrafo: “Se ha dicho señores, que soy un enemigo de los capitales y si Uds. observan lo que les acabo de decir, no encontrarán ningún defensor, diríamos, más decidido que yo, porque la defensa de los intereses de los hombres de negocios, de los industriales, de los comerciantes, es la defensa misma del estado”. Y más adelante: “Si nosotros no hacemos la revolución pacífica, el pueblo hará la revolución violenta. Piensen en España, en Grecia y en todos los países por los que ha pasado la revolución... Se imaginan Uds. que yo no soy comunista ni mucho menos... Y la solución de este problema hay que llevarla adelante haciendo justicia social a las masas. Ese es el remedio que al suprimir la causa suprime también el efecto. Hay que organizar las agrupaciones populares y tener las fuerzas necesarias para mantener el equilibrio del Estado. La obra social no se hace más que de una manera: quitándole al que tiene mucho para darle al que tiene poco. Es indudable que eso levantará la reacción y la resistencia de esos señores que son los peores enemigos de su propia felicidad, porque por no dar un 30% van a perder dentro de varios años o de varios meses todo lo que tienen y además las orejas”. Esto fue dicho en 1944 y 1945. Los diez años de gobierno peronista en los cuales no se atacó ninguna de las bases del sistema capitalista y los 16 años posteriores, durante los cuales la dirección burocrática y burguesa del peronismo eslabonó un rosario de traiciones a la lucha antiimperialista y anticapitalista de las masas, desde el pacto con Frondizi hasta la aceptación del GAN, pasando por la candidatura de Solano Lima, el apoyo a Onganía, etc., la residencia de Perón en España, uno de los países más reaccionarios de Europa sometido a la dominación imperialista yanqui, fueron corroboraciones de la orientación capitalista del peronismo.

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PERSPECTIVAS Como sostuvo públicamente el ERP, “El GAN es el abrazo final de toda la vieja Argentina que se hunde para dar paso a la nueva Argentina socialista que surge potente e impetuosa” (Nuevo Hombre: “Conversaciones con el ERP”). En efecto, los objetivos contrarrevolucionarios no tienen posibilidad alguna de concreción. Esta es la perspectiva general, pero debemos observar también otros aspectos. Veamos: a) Intento irrealizable de aislamiento de las fuerzas revolucionarias. El Gran Acuerdo está condenado al fracaso en su objetivo central, el aislamiento y destrucción de las fuerzas revolucionarias. El desarrollo de las organizaciones armadas y de las corrientes clasistas íntimamente ligadas a las masas, ha llegado a un punto en que su destrucción es imposible. Particularmente el ERP, nuestra fuerza militar, bajo la dirección de nuestro Partido, ha logrado un grado de organización y de ligazón con las masas que lo hacen indestructible. Por otra parte, la continuidad de la lucha armada y no armada de las masas no se interrumpirá ni por este proceso electoral ni por el Gobierno que surja de él. El proceso electoral no presenta opción progresista alguna, sino que se perfila en su condicionamiento como limitado a distintas variantes burguesas “autorizadas” por el Partido Militar. No es ésta la situación de Chile o Uruguay con elecciones democráticas, donde el proceso electoral incluía una polarización auténtica, incluía la posibilidad del triunfo de fuerzas auténticamente progresistas, antiimperialistas, ya que ninguno de los partidos con posibilidades de triunfo, ni el peronismo, ni el radicalismo del pueblo, ni el frondizismo, tienen intenciones ni posibilidades de aplicar una política revolucionaria. La táctica correcta, de intervenir activamente -con el boicot o la participación- en el proceso electoral, permitirá a nuestra organización mantener un estrecho contacto con las masas y en lugar de ser aislada, aprovechar los resquicios legales para ampliar vínculos y extender la propaganda y agitación, lo que se verá singularmente favorecido por la falta absoluta de perspectivas favorables a los intereses obreros y populares que caracterizan la próxima elección. b) Intento reformista imposible. La crisis actual de la Argentina capitalista no tiene ninguna posibilidad de ser superada a corto o mediano plazo, por ningún gobierno burgués. El gobierno que surja del proceso electoral próximo, lo mismo si es o no peronista, estará incapacitado para concretar ni siquiera soluciones mínimas. Porque la única forma de solucionar los problemas actuales es mediante una revolución profunda, socialista, proletaria, que expropie sin hesitar el capital imperialista y monopolistas, independice el país y movilice revolucionariamente al pueblo, tareas que de ninguna manera piensa ni puede llevar adelante el peronismo burgués, ni ninguna otra de las grandes fuerzas 268

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políticas burguesas. De manera que a un plazo relativamente breve, el gobierno parlamentario que surja de las elecciones estará completamente desprestigiado, las masas no esperarán más de él y se orientarán hacia la guerra popular. En el caso de un gobierno peronista, este proceso no será más lento porque la posibilidad de maniobra, producto de la confianza de las masas, será contrarrestada porque ésta confianza favorecerá también la movilización obrera y popular por reivindicaciones inmediatas. Así, un nuevo gobierno parlamentario se encontrará con las masas en la calle, con la ampliación de la lucha de masas, obligado desde bambalinas por las FFAA a reprimir violentamente. c) Posibilidad cierta de alguna esperanza popular. Esto no significa desconocer que la participación de Perón en el proceso electoral despertará expectativas de amplios sectores de las masas, los más atrasados, que aún viven bajo la engañosa esperanza de que el peronismo pueda ser una solución para los problemas de nuestro pueblo. Esa esperanza será limitada porque todo el mundo desconfiará al ver el acuerdo con el frondicismo. La propaganda de los revolucionarios anticipando incansablemente que la clase obrera y el pueblo nada pueden esperar del gobierno que surja del comicio, aun cuando ese gobierno sea peronista y esté apadrinado por el propio Perón, hará visible posteriormente a las más amplias masas la corrección de la línea revolucionaria, acercándolas a la nueva y correcta perspectiva de la guerra revolucionaria por el socialismo. d) Finalmente, hay que tener en cuenta la posibilidad de un ataque abierto a las fuerzas revolucionarias, particularmente a las organizaciones armadas de orientación marxista como el ERP dirigido por nuestro Partido, por parte de los líderes y partidos burgueses, entre ellos Perón. Ello, aunque nos cause algunas dificultades mínimas inmediatas en el arraigo entre las masas, a la larga nos favorecerá, sabremos contestar adecuadamente, con firmeza y claridad, sin entrar en provocaciones, y los hechos nos darán la más plena razón desnudando el carácter contrarrevolucionario de esos ataques y de su autores. LA SITUACIÓN ECONÓMICA Todas estas cuestiones políticas, el proceso electoral, se dan sobre el trasfondo de una crisis económica profunda. El control de nuestra economía por los monopolios imperialistas ha pauperizado a tal punto al país, que no sólo los trabajadores y el pueblo ven multiplicadas sus penurias, sino que también las arcas estatales tambalean y los gobiernos burgueses se ven en la imposibilidad de instrumentar otra política económica que no sea la impuesta por las grandes empresas de capital imperialista. Como señala el informe oficial anual, las re269

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servas totales en divisas han bajado a menos de 400 millones de dólares, que no alcanzan siquiera para hacer frente a las deudas ya vencidas de este año ¿y qué puede hacer ante esto un gobierno burgués? Lo que está haciendo: mendigar préstamos que endeudarán aún más al estado, para ser destinados al pago de la deuda y el posible remanente, destinarloa nuevos créditos y facilidades para el gran capital. No hay perspectiva alguna de desarrollo armónico, de crecimiento de conjunto de la economía del país sino de un estancamiento provocado por la dominación del capital extranjero que incrementará sí sus ganancias en perjuicios de la economía. Como han declarado reiteradamente los funcionarios gubernamentales y los voceros de las grandes empresas, el plan que quieren continuar aplicando se basa en un aumento de la productividad o sea de la explotación de la clase obrera. Es decir, mientras desde el punto de vista del desarrollo económico del país no hay ninguna perspectiva favorable a corto ni a mediano plazo, desde el punto de vista de las condiciones de vida de las masas la situación es aún peor: la burguesía y sus gobiernos acentuarán su presión para aumentar la explotación, para extraer mayores dividendos del trabajo obrero. LA ESTRELLA ROJA SE IMPONDRÁ La evolución de la situación nacional, es cada vez más favorable para las fuerzas socialistas revolucionarias, para la ampliación y desarrollo de la guerra del pueblo de las organizaciones revolucionarias políticas y militares. La estrella roja del socialismo que se asomó en el horizonte de la política nacional durante las históricas jornadas del viborazo, continuará su marcha ascendente. La crisis del capitalismo, el desarrollo de la lucha revolucionaria, las nuevas experiencias de las masas y la clara alineación de Perón en el campo burgués, son factores que se unen dando como resultado la apertura de la situación más favorable de los últimos 30 años para el desarrollo impetuoso de las organizaciones revolucionarias, entre ellas la fundamental, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, el partido marxista leninista que garantizará una dirección correcta, auténticamente revolucionaria, de la lucha revolucionaria obrera y popular. Vivimos un período decisivo. Las condiciones objetivas y subjetivas ponen sobre el tapete la constitución de un poderoso movimiento socialista revolucionario en nuestro país. Nuestra organización y los numerosos grupos de activistas revolucionarios tienen por delante la histórica misión de construir un fuerte y maduro PRT que sepa lanzarse decidida y organizadamente a la conquista de las masas. Esta es la condición inmediata, el eslabón principal que tenemos que asir para que la estrella roja del socialismo crezca, se agigante, en el curso 270

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de nuestra hoy incipiente guerra revolucionaria, hasta cubrir victoriosamente todo nuestro cielo. Ninguna maniobra, ningún plan contrarrevolucionario de la burguesía, será capaz de detener este proceso. El camino hacia el socialismo está abierto en nuestra patria y los revolucionarios, en torno a nuestro Partido sabrán transitarlo triunfalmente.

Editorial de El Combatiente N° 70 del 30 de julio de 1972 NUESTRA POSICIÓN EN LA SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL La Dictadura Militar se encuentra en serias dificultades para concretar su proyecto contrarrevolucionario del GAN. El Mendozazo y las acciones del 10 de abril, con su secuela, constituyeron el golpe de muerte para la perspectiva acuerdista. Ante los acontecimientos la Dictadura se vio obligada a tomar medidas excepcionales bajo la presión del descontento en las propias filas de las FFAA. Así, intentó forzar un pronunciamiento de Perón contra el accionar guerrillero, lo que llevó a un distanciamiento, al deterioro de las relaciones peronismo-Dictadura Militar y consecuentemente al deterioro de la base de maniobra en la perspectiva acuerdista. Patente ya el fracaso del GAN el gobierno de Lanusse intentó, con su discurso de San Nicolás, avanzar de todas maneras hacia el proceso electoral, aún sin el peronismo para llegar a una salida abiertamente condicionada, con el radicalismo, los partidos provinciales, y un desgarramiento del peronismo acaudillado por Paladino. Esta última carta también les fracasó abruptamente. El radicalismo se negó y Paladino fue completamente derrotado dentro del peronismo. La Dictadura ya completamente aislada, tendrá que modificar su política. [En] el propio seno del Partido Militar cunde el convencimiento de que hay que volver a negociar con Perón y llegar de cualquier manera a acuerdos. Pero, ¿puede hacerlo el actual gobierno? Pensamos que no. Perón ha expresado claramente en su mensaje al Congreso Justicialista, que ellos negociarán, llegarán a acuerdos pero con las Fuerzas Armadas directamente, no con el actual gobierno. Lanusse y su gabinete penden de un hilo. Objetivamente está planteado un nuevo golpe militar, que es alentado prácticamente por todos los partidos burgueses. Sólo queda una salida a Lanusse para mantenerse: cambiar su gabinete y hacer grandes concesiones a los políticos. Un golpe derechista o un endurecimiento del gobierno es en estos momentos lo menos probable. Por el contrario, los cambios en la dictadura, por golpe o 271

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cambio de gabinete, previsiblemente ofrecerán condiciones nuevas y aceptables para un acuerdo con los políticos. Como decía Lenin: “La experiencia de los gobiernos burgueses y terratenientes del mundo entero ha creado dos métodos para mantener al pueblo en la opresión. El primero es la violencia. Pero hay, además, otro método perfeccionado sobre todo por las burguesías inglesa y francesa aleccionadas por una serie de grandes revoluciones y movimientos revolucionarios de masas. Me refiero al engaño, a la adulación, a las frases, a las promesas sin número, a las limosnas miserables, a concesiones en cosas insignificantes para conservar lo esencial”. (Las tareas del proletariado en nuestra revolución). Hoy en la Argentina, ante el embate de las masas, la persistencia de la guerrilla, la agudización de la crisis económica, le es imperioso a la burguesía y a su dirigente el Partido Militar, recurrir al engaño para reorganizarse, centrar sus esfuerzos en una preparación adecuada que le permita hacer frente al irreversible proceso de guerra revolucionaria abierto en nuestra Patria desde el Cordobazo de mayo de 1969. En marzo de 1971 el Partido Militar destituyó a Levingston y resolvió abrir un proceso electoral, buscar reacomodarse pactando con los partidos burgueses, para poder hacer frente al proceso de guerra revolucionaria, a las enérgicas movilizaciones de masas y al desarrollo de las unidades guerrilleras. El Víborazo, esa magnífica movilización de las masas cordobesas, que se caracterizó por la presencia viva en su curso de la Estrella Roja del ERP, la Estrella Roja símbolo de la guerra revolucionaria y el socialismo, fue el argumento categórico que convenció definitivamente al Partido Militar de la necesidad imperiosa de actuar rápidamente buscando engañar a las masas, para apartarlas de la vanguardia armada, distraerla con algunas concesiones, aislar a la guerrilla, dificultar su desarrollo y contener de alguna manera el creciente empuje y radicalización de la clase obrera y todo el pueblo Argentino. Lanusse, con su nuevo gabinete (Mor Roig) tuvo a su cargo la aplicación de esa política, tan difícil de concretar en la situación actual del país. Difícil por los estrechos límites, los escasos recursos con que cuenta el Partido Militar para sus maniobras. Para cumplir el ambicioso objetivo Lanusse necesitaba como lo dijo “llegar muy lejos” en sus concesiones a los políticos burgueses y principalmente a Perón. Pero ello en sí mismo ya constituía un escollo difícil de superar. Perón pretende la rehabilitación oficial más completa, el reconocimiento abierto de que su política fue correcta, que tuvo razón, que fue un patriota. Sobre esta base está dispuesto a actuar decididamente, a socorrer al Partido Militar y presentarse como el salvador del capitalismo argentino así como lo indica en su documento “La única verdad es la realidad”. Estas condiciones son aún inaceptables para importantes sectores de la burguesía que temen que la reivindicación de Perón estimule a las masas, que un gobierno peronista abra cauces a la lucha reivindicativa, a la 272

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disputa de un mayor porcentaje en la renta nacional por parte de la clase obrera. Los planes del Partido Militar en abril de 1971 perseguían llegar a una elección muy condicionada, a un nuevo régimen con los partidos burgueses como mascarón de proa y los resortes del poder, el timón, como siempre en manos del Partido Militar. Los políticos burgueses, por su parte, conscientes del camino que se veía obligada a tomar la Dictadura Militar, perseguían lo contrario: llegar a un nuevo régimen parlamentario lo más independiente posible de los militares. De ahí la unión en “La Hora del Pueblo” de radicales, peronistas y otros partidos menores. Esta contradicción entre los militares y los políticos es una contradicción no antagónica, en el seno de las clases dominantes, que puede resolverse pacíficamente. En efecto tanto los militares como los políticos estaban y están dispuestos a llegar a acuerdos en la mesa de negociaciones y dieron ya importantes pasos en esa dirección. Pero como señaló oportunamente nuestro Partido cualquier negociación, la política acuerdista de la Dictadura Militar está sometida a la lucha de clases, presionada, delimitada, condicionada, al desarrollo de la lucha violenta de las masas, a las movilizaciones obreras y populares, a la evaluación de la actividad guerrillera. Fracaso confeso del intento corporativista del Onganiato, iniciación del proceso de guerra revolucionaria en Argentina como respuesta de las masas a la violencia dictatorial, política de retirada “en orden” del Partido Militar basado en el acuerdo con los políticos burgueses para utilizarlos como escudo y como freno del peligro revolucionario, intención de los partidos burgueses de lograr la mayor independencia posible del Partido Militar, para jugar con márgenes de maniobra lo más amplios posible en su rol de bomberos del incendio revolucionario. Y tal es la madeja de contradicciones en que se desenvuelve la actual política nacional. ¿ES VIABLE UN GOBIERNO POPULISTA? Las perspectivas de la situación económica no dan tampoco margen para ningún intento populista de fondo. La crisis estructural se ve agravada por las malas cosechas del presente año, la crisis de superproducción amenaza a la industria automotriz, la más importante del país, el dólar llega ya a $1. 200 (pesos viejos), la Dictadura se ha visto obligada a solucionar problemas financieros con préstamos del Fondo Monetario Internacional, particularmente exigentes, que obligan a incrementar la explotación de nuestro pueblo. Las concesiones con que el Partido Militar como líder de la burguesía intentará engañar al pueblo sólo pueden ser de carácter político y por lo tanto no significarán paliativo alguno a los sufrimientos de las masas. Esto determinará la corta y azarosa vida 273

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que espera a cualquier gobierno parlamentario. La asunción de cualquier gobierno de este tipo, incluso peronista, si bien puede ser factor inmediato de desorientación, alentará la lucha de las masas por sus reivindicaciones inmediatas. Roto el dique de contención de la Dictadura, las masas se lanzarán decididamente por la brecha abierta a recuperar sus conquistas, a mejorar su nivel de vida. Pero la situación económica impedirá concesiones importantes y el choque violento entre las masas y el nuevo gobierno parlamentario será inmediato, los políticos burgueses deberán recurrir a corto plazo a la represión, a la intervención de los militares. Este es el círculo de hierro de la situación económica que impide en la actualidad un respiro efectivo al capitalismo argentino, que condiciona la continuidad y profundización de la crisis prerrevolucionaria. EL MOVIMIENTO DE MASAS Y LA GUERRILLA La semana del sexto aniversario del régimen militar, fue una clara muestra del combativo estado de ánimo de las masas. Miles de manifestantes, motorizados por el estudiantado, ganaron las calles de las principales ciudades del país. La movilización estudiantil en Tucumán, fue el detonante y las principales ciudades, pese al amplio despliegue policial y militar expresaron con energía su repudio a la Dictadura. Bahía Blanca, La Plata, Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Paraná, Corrientes, Córdoba, Mendoza, San Juan, Santiago del Estero, Concepción (Tucumán) y Salta fueron escenario de enérgicas manifestaciones, actos, barricadas, ocupación de facultades, etc. Las energías que despliegan las masas y las que están hoy día en condiciones de desplegar, son inmensas. Respuesta a la opresión dictatorial producto de los sufrimientos, la tradición de lucha, el descubrimiento de nuevos y más contundentes métodos de acción y el estímulo que significa la presencia de dinámicas organizaciones guerrilleras surgidas de su propio seno. La clase obrera y el pueblo van tomando acelerada conciencia de su fuerza, van despertando políticamente por saltos y aceleradamente, van sintiendo crecer en su seno la conciencia Socialista, la conciencia revolucionaria, el convencimiento de que es el momento de encaminarse con firmeza y haciendo los esfuerzos y sacrificios necesarios, hacia una salida de fondo, socialista y revolucionaria. Este despertar de las masas se manifiesta en todos los terrenos, aunque en forma confusa, desigual, poco nítida. El terreno está magníficamente abonado para la germinación de la conciencia revolucionaria, y aquí y allá, muy diseminada pero ya existentes, se han ido sembrando y fructificando las primeras semillas marxistas leninistas. 274

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DESPRECIAR AL ENEMIGO ESTRATÉGICAMENTE Y TENERLO EN CUENTA TÁCTICAMENTE Las organizaciones armadas, la guerrilla, ha surgido irreversible, se ha convertido en una realidad cotidiana de la lucha de clases, de la política nacional. En los más amplios sectores de las masas prende y crece la simpatía y solidaridad con las organizaciones armadas y estas han avanzado importantes pasos en su consolidación militar. Poco más de dos años de combate han aportado experiencia, organización, formación de cuadros. Es cierto que se han sufrido serios golpes y que en estos momentos el accionar guerrillero no se amplía, pero el balance es completamente favorable, las principales organizaciones han acrecentado significativamente su fuerza, su ligazón con las masas, su vitalidad y se nutren incesantemente de la generosa cantera de militantes revolucionarios que es hoy la clase obrera y el pueblo argentino. Hoy más que nunca es una realidad práctica en nuestro país que por cada compañero caído hay diez pares de brazos que se extienden a recoger su fusil. En el terreno de la lucha legal y semilegal, el movimiento sindical manifiesta síntomas de reanimamiento. El desprestigio de la burocracia es total y emerge cada vez con más fuerza su contrario las corrientes clasistas, antipatronales, anti-dictatoriales y antiimperialistas. El triunfo en las elecciones del SMATA, la situación en general del movimiento sindical cordobés y el surgimiento de tendencias clasistas en distintos gremios y zonas abre posibilidades más concretas de disputar a la burocracia la dirección del movimiento sindical, o cuando menos arrancar de su influencia conciliadora y frenadora pro capitalista a importantes sectores de las masas y servir de elemento centralizador de esos sectores. La lucha contra la represión y la tortura por la libertad de los presos políticos y por la derogación de la legislación represiva adquiere día a día mayor envergadura. Así mismo las condiciones para un importante movimiento político legal anti-GAN, por la más amplia libertad electoral se hacen más y más favorables. El despertar político de las masas, la comprensión creciente de que hay que derrotar en la calle los intentos fraudulentos de la dictadura, orientan a miles de jóvenes en todo el país hacia la lucha en sus más diversas formas. La formación de Comités de Base y de un amplio movimiento democrático y antiimperialista dirigido por la clase obrera, está a la orden del día. La crisis prerrevolucionaria del país se profundiza y extiende. La “Revolución Argentina” el intento de la Dictadura Militar de reorganizar la Argentina y darle estabilidad, ha fracasado rotundamente. Asistimos hoy a su agonía y a la búsqueda por parte de las clases dominantes de alguna solución para prolongar y reforzar el sistema capitalista, hostigadas las masas por el proceso de guerra 275

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revolucionaria que se desarrolla en nuestra Patria. Desde nuestro punto de vista, desde el punto de vista del proletariado revolucionario y del pueblo, las perspectivas son completamente favorables. A corto o mediano plazo la burguesía argentina no tiene ninguna posibilidad de estabilización. Las variantes posibles, las tres formas que teóricamente puede asumir la dictadura de la burguesía en los próximos meses, serán ineficaces, en distintos grados, para frenar o atemperar la lucha de las masas. Examinemos estas tres formas comenzando por la menos probable: la dictadura a la brasileña, es decir, una repetición más represiva y totalitaria aún que los primeros meses del onganiato. El carácter de la crisis económica y social, el hecho de que se viene de un régimen de ese tipo, fracasado, la existencia de un movimiento democrático y fundamentalmente el estado de ánimo de las masas, el nivel a que ha llegado la lucha de las masas hace muy improbable un golpe militar derechista. La segunda variante de recambio es el golpe “populista” a la peruana, el que agitando un programa demagógico intente neutralizar a las masas, aislar a la guerrilla. Pero este intento está condenado al fracaso porque para llevar adelante esa política deberían hacer concesiones fundamentales a las masas y enfrentar parcialmente al imperialismo, pasos que hoy son imposibles de realizar por un Partido Militar atado a los intereses imperialistas, desgastado por seis años de Dictadura y con síntomas de crisis interna. Lo que pueden hacer es prometer un programa populista, pero ello solo distraerá mínimamente a las masas que exigirán a corto plazo, concreciones. Llegamos así a la tercera variante: un golpe acuerdista o cambios en el actual gobierno que favorece el acuerdismo. Esta es la más probable, la única que -con la participación de Perón desde la presidencia del Partido Justicialista- tiene posibilidades de despertar, en lo inmediato, genuinas esperanzas de las masas. Pero la situación económica y social del país no presenta margen para el populismo. Como dijimos más arriba, un gobierno de este tipo, al tiempo que despertará esperanzas en el pueblo, alentará la lucha reivindicativa y consecuentemente llevará nuevamente a violentos enfrentamientos. Pero la comprensión del encuadre y los límites de cualquiera de los posibles intentos de la burguesía no debe llevarnos a la subestimación, a la igualación de las tres variantes, a no darnos una política clara frente a ellos. Es que las perspectivas del proletariado revolucionario dependen en forma directa de la adopción de una táctica correcta frente a las distintas variantes que puede ensayar el enemigo. Es responsabilidad de nuestro Partido y del conjunto de la vanguardia obrera y popular ordenar y orientar la lucha de las masas en esto momentos álgidos y de viraje de la política Nacional. La enseñanza marxista de despreciar al enemigo estratégicamente y tenerlo muy en cuenta tácticamente es aplicable 276

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plenamente a nuestra situación actual. La táctica y la actividad de los revolucionarios debe estar teñida hoy día de la más firme confianza estratégica, de la seguridad estratégica de que el proceso de guerra revolucionaria abierto es irreversible, profundo, de enorme vitalidad y que la burguesía carece de medios para detenerlo o desviarlo. Grave error estratégico sería considerar que el enemigo tiene posibilidades de estabilización, que la crisis puede ser amortiguada, que la burguesía cuenta con posibilidades de conjugar o atemperar por un período la crisis económica y social. Ese error de sobre-estimar al enemigo estratégicamente llevará sin duda al oportunismo, al seguidismo de las corrientes burguesas, al descuido del accionar militar. Simétricamente, no tener en cuenta al enemigo tácticamente, dejarlo maniobrar en su política acuerdista, darle la espalda y continuar en el desarrollo de las unidades armadas y las operaciones unilateralmente, sin tener en cuenta los intentos y cambios en el enemigo llevará al sectarismo, al aislamiento, reforzará la influencia del enemigo en amplios sectores de las masas y consecuentemente resultará una contribución estratégica inapreciable para un ulterior reacomodamiento de la [contra]revolución burguesa. Si los revolucionarios no aplicamos consecuentemente una política justa, las masas tenderán al agotamiento, los márgenes de maniobra de la burguesía crecerán y la situación pre revolucionaria puede terminar por diluirse. En situaciones críticas como la actual la importancia de una política y de una dirección revolucionaria se agiganta, la responsabilidad de los marxistas-leninistas crece enormemente, lo mismo que su fuerza y posibilidades. ¿Significa esto que debemos caer en el voluntarismo, en tratar de hacer mil cosas simultáneamente más allá de lo que den nuestras posibilidades? De ninguna manera, significa que debemos aferrarnos con firmeza a la línea trazada por el Partido, cumplirla consecuentemente, cotidianamente, serenamente, siempre en el marco de lo posible y real. Asumir nuestras responsabilidades revolucionarias y aplicarlas paso a paso organizadamente, con avances firmes y seguros, con un estilo al mismo tiempo que entusiasta y enérgico, sólido y práctico, con un estilo proletario y leninista. NUESTRAS TAREAS La táctica correcta para hacer frente a la farsa electoral en esta etapa preparatoria consiste en movilizar a los más amplios sectores de masas con un programa democrático, por las libertades democráticas, contra la represión y la tortura, contra la legislación represiva, contra las proscripciones. En cada barrio, en cada población, es necesario organizar Comités de Base contra la farsa electoral que con un programa democrático, antidictatorial y antiimperialista, 277

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canalice la inquietud política de las masas, organice al pueblo para que haga oír su voz en esta emergencia. Que a partir de los Comités de Base las masas elijan sus propios candidatos, elijan en barrios y pueblos los mejores compañeros para representarlos. La construcción de un amplio movimiento en esta dirección, que partiendo de la base se desarrolle en actos, reuniones, concentraciones, propaganda y agitación, que aliente la inquietud política y lleve la discusión sobre el GAN, el Frente Cívico, el carácter de ambos, los planes tramposos de la Dictadura Militar y el engaño que preparan los políticos burgueses, que toque el tema de los límites del parlamentarismo, de la imposibilidad de llegar por tal camino a una solución de fondo y cómo debe servirse de él el pueblo para acrecentar su fuerza y su conciencia, que indique el socialismo como única salida capaz de liberar a nuestro pueblo y nuestra Patria de la explotación, el sufrimiento, la injusticia y abrir las puertas de la felicidad colectiva, que señale la necesidad y viabilidad de la guerra revolucionaria. Es necesario desarrollar dentro de los Comités de Base la educación práctica de las masas en la violencia y en los métodos clandestinos, en forma progresiva desde los niveles inferiores; tratar de introducir la autodefensa colectiva, grupos de compañeros de barrio que se ocupen organizadamente de la vigilancia de ciertas personas y del movimiento general del barrio; explicar a la gente la necesidad de cuidar la clandestinidad, de proteger a los luchadores antidictatoriales en especial a los guerrilleros, de ser prudentes en los comentarios y desinformar al enemigo. Sin olvidar el trabajo independiente del PRT y del ERP a través de la propaganda, la agitación, los cursos, las acciones menores ligadas a las necesidades del barrio, etc., pero cuidando en este último aspecto la necesidad de no llamar la atención de la represión sobre el barrio prematuramente. El ultraizquierdismo rechaza la farsa electoral y le da la espalda. El reformismo se prende de ella y si consigue participar la visualiza como posible salida “pacífica”. Lo correcto es enfrentarla, desbaratarla, y la mejor forma de lograrlo es movilizando y organizando al pueblo en Comités de Base. Partiendo de estos Comités en barrios y pueblos, extenderse a más y más barriadas y poblaciones, organizando actos conjuntos de distintos barrios, movilizando más gente, hasta llegar a unificar provincial y nacionalmente, sin olvidar en ningún momento, al mismo tiempo que las enormes posibilidades que abren las perspectivas de la guerra revolucionaria, los límites de esta tarea. El trabajo de los Comités de Base debe combinarse en un mismo plano con la movilización por los presos, contra la represión y la tortura, por la derogación de la legislación represiva, todas consignas sentidas por las masas en estos momentos y de un contenido político muy definido ya que constituye esencialmente la defensa de los guerrilleros y de lo mejor de la vanguardia sindical. Nuestro Partido sostiene que todo el proceso electoral está condicionado 278

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por la presión de la lucha de las masas y de la actividad guerrillera. Enérgicas movilizaciones como el Víborazo y acciones armadas de envergadura zarandearán la política acuerdista favoreciendo en general la posibilidad de una elección con participación amplia y un intento populista como el que indicamos como tercer variante. Porque el temor a las masas y a la guerrilla obligará a más concesiones a la Dictadura Militar y hará a los políticos burgueses más proclives a los acuerdos. El estado de ánimo de las masas es muy combativo, excelente. Debemos prever entonces la posibilidad de nuevos estallidos violentos, debemos alentarlos y ponernos a la cabeza, desarrollando en su curso enérgica tarea de propaganda y agitación. El movimiento sindical del interior especialmente en Córdoba, a partir de la elección del SMATA, torna a constituirse en un buen punto de partida que es necesario tener en cuenta, como detonante, lo mismo que el movimiento estudiantil. Es necesario asimismo prepararse a nivel fabril alentando a los activistas a organizarse con tiempo para una posible movilización. Volantes llamando a la gente a estar lista, a tener elementos fabricados y guardados, a planificar con tiempo sus movimientos para enfrentar exitosamente a la represión. Debemos prepararnos para las manifestaciones, tener listas las banderas del ERP para distribuir entre las masas, tener elementos para pintar centenares de estrellas rojas, símbolos del socialismo, en todas las ciudades del país y debemos contar con tiempo con carteles con consignas por los presos, con la foto del Che, de nuestros combatientes, de Pujals, Olmedo, Navarro, Lescano, Maestre, Gómez, etc. Debemos seguir el ejemplo del estudiantado tucumano y tener centenares de molotov listas. Cada manifestación debe ser mejor que la anterior, más amplia, más combativa, más definida, mejor organizada. Las organizaciones armadas están en condiciones de aplicar certeros golpes. La realización de un plan operativo conjunto de todas las organizaciones armadas dirigido contra la Dictadura y en repudio a la farsa electoral, puede ser un elemento determinante en la evolución actual del proceso. Si ello no se logra, se logrará al menos la concreción de unas pocas acciones grandes y decenas de pequeñas acciones, un recrudecimiento de la actividad guerrillera. CONCLUSIÓN En los últimos años en los países vecinos de Chile y Uruguay, se han dado situaciones, procesos electorales sin proscripciones, con participación de fuertes corrientes populares y antiimperialistas reformistas, procesos que al mismo tiempo de ser progresivos quitaban coherencia a la continuidad guerrillera, planteaban la necesidad de una tregua y obligaron al MIR y a los Tupamaros a 279

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suspender momentáneamente las operaciones. La particularidad de la situación argentina en este sentido, es que al no darse posibilidad alguna de una elección verdaderamente limpia y al no encabezar a las masas en este terreno ninguna corriente antiimperialista (el Partido Justicialista, el radicalismo y la burocracia sindical no lo son) el desarrollo del proceso electoral no obliga a la tregua, hace posible y necesario el entrelazamiento y simultaneidad de la lucha armada con la lucha democrática, hace posible y necesario intervenir en el proceso electoral al mismo tiempo que se continúa ininterrumpidamente con el accionar militar guerrillero. Fracasada la “Revolución Argentina” y acosados por la lucha popular el Partido Militar y los partidos burgueses se aprestan a cambios tácticos en su política, con el ánimo de contener el desarrollo del naciente proceso de guerra revolucionaria. Para ello se barajan las tres opciones que hemos analizado. Los revolucionarios y todo el pueblo debemos salir al cruce de esas tácticas, prepararnos para actuar eficazmente. Ante un golpe militar derechista, muy improbable, la respuesta obrera y popular debe consistir en la más enérgica e inmediata movilización para dificultar o impedir su consolidación, uniendo al conjunto de la oposición, incluida la burguesa, tras consignas democráticas consecuentes. Ante un intento populista militar “peruanista”, la línea de los revolucionarios debe ser continuar y ampliar la lucha por la reivindicaciones fundamentales, por el mejoramiento de las condiciones de vida, por la libertad de los presos políticos y demás consignas democráticas, continuar con la acción armada de las unidades guerrilleras, haciéndolas más selectivas aún y más claras políticamente, conscientes de que todo intento populista tiene corta vida. Ante un proceso electoral intervenir en él, participando con sus propios candidatos en el caso de que se logre arrancar concesiones fundamentales lo que es muy difícil, u organizando un boicot activo con la participación lo más amplia posible de las masas y las organizaciones populares, en el caso muy probable de un acto electoral completamente condicionado. La más intensa intervención con el boicot activo o la participación por medio de los Comités de Base permitirá un amplio aprovechamiento de los resquicios legales, el desarrollo de una amplia propaganda revolucionaria y el entrelazamiento de la lucha democrática con las movilizaciones de las masas y el combate guerrillero. Del período de inestabilidad que atraviesa el país, las organizaciones revolucionarias, aplicando una táctica correcta y muy flexible y aferrándose con firmeza a la orientación estratégica de la guerra revolucionaria, hemos de salir en condiciones de influir a importantes sectores de las masas, acumulando fuerzas y pasar a una nueva y superior etapa de nuestra guerra revolucionaria.

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RESOLUCIONES DEL COMITÉ CENTRAL de DICIEMBRE de 1972 SITUACIÓN NACIONAL Los hechos recientes, la vuelta de Perón y el avance de los acuerdos pre-electorales, entre los partidos burgueses, la complacencia del Partido Militar, la propaganda amplia de la burguesía en favor de la reconstrucción pacífica del país, son todos la confirmación absoluta de la corrección de los análisis y de la línea del Partido. Ateniéndonos a ella, que no precisa ser modificada en lo más mínimo, podemos ubicarnos en la perspectiva política y determinar más precisamente nuestros objetivos y movimientos tácticos de los próximos meses. La política de la burguesía avanza a la concreción del GAN, del acuerdo interburgués. Aún éste no está concretado pero lo sustancial está hecho; solo circunstancias especiales podrán hacerlo variar. Pero esas circunstancias especiales no son imposibles en el marco de la señalada inestabilidad que caracteriza hoy día a nuestro país. De ahí que debemos mantenernos a la expectativa atentos al desarrollo del último round del tongo Perón-Lanusse. El último mes, con la participación activa de Perón en la escena, como primera figura de la farsa electoral, el enemigo ha logrado ciertos éxitos. Ha despertado expectativas en el pueblo y ha asumido en la confusión y el desconcierto al grueso de la pequeña-burguesía y sus organizaciones. Mas estos pequeños éxitos son efímeros y estratégicamente los pasos que vienen dando con buenos resultados tácticos, son otros tantos pilares de su derrota estratégica. Estamos presenciando el abrazo final de toda la vieja Argentina que se hunde, de la Argentina capitalista, que con su espada y su mentira, su garrote y su zanahoria, comienza a colocarse claramente frente a la clase obrera y el pueblo, en la perspectiva de la guerra “frente al caos que se avecina”. Tal como previó nuestro Partido, los hechos de Rawson y Trelew y las movilizaciones de masas que le siguieron, es decir la actividad revolucionaria de las masas y su vanguardia armada, constituyeron un nuevo y decisivo llamado de atención para el conjunto de la burguesía, para el Partido Militar y los políticos burgueses, que se apresuraron a dar pasos espectaculares, a avanzar en la concreción del GAN, esta vez con substanciales concesiones de ambas partes, con el otorgamiento de un mayor margen de legalidad por parte de la Dictadura y un apoyo más activo de los políticos burgueses a la línea acuerdista. Ahora bien, faltan algunos meses hasta la concreción de la farsa, y deben esperarse nuevas intervenciones clasistas y revolucionarias. La clase obrera y el pueblo, con su vanguardia revolucionaria, harán oír aún su potente voz que presionará sobre la 281

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configuración final de la línea acuerdista. De todas formas, las previsiones de nuestro Partido siguen vigentes, y a grandes rasgos debemos basarnos en que las elecciones se concretarán y que se instalará un gobierno populista controlado desde bambalinas por el ejército. Que hasta entonces, las masas no se lanzarán a la ofensiva y que sí lo harán no bien instalado el gobierno populista. Dada la situación económico-social y el estado de ánimo de las masas, objetivamente se plantean grandes luchas reivindicativas, el desencadenamiento de movilizaciones importantes por aumento de jornales, por el mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo de las masas. La burguesía no puede en este momento dar solución a estas demandas, sino que por el contrario tiende a incrementar la explotación para avanzar en su política de estabilización capitalista y de estímulo a las inversiones imperialistas. De ahí que la previsión correcta es la lucha reivindicativa de las masas, una vez desencadenada, será enfrentada con una dura represión gubernamental y se encausará hacia enfrentamientos masivos y violentos a un nivel superior al hasta ahora conocido, constituyendo una formidable base de masas para el desarrollo de la guerra revolucionaria, para el paso a una nueva y superior etapa. LOS PRÓXIMOS MESES SON DE PREPARACIÓN La perspectiva de la política nacional sintéticamente resumida en las líneas anteriores y señaladas retiradamente por nuestro Partido, llevan a caracterizar los próximos meses como un período de preparación, de alistamiento de la organización, que le permita jugar un rol protagónico de primera magnitud en la próxima ofensiva de las masas. Pero esta preparación ha de darse necesariamente en la más intensa intervención en las luchas cotidianas, legales e ilegales, reivindicativas y políticas, armadas y no armadas, de la clase obrera y el pueblo en el momento presente. Queremos con esto aclarar que cuando se habla de preparación de ninguna manera se debe entender ello como un repliegue sino de armarnos, prepararnos, en el curso de la más intensa intervención de los problemas del momento, para pasar a jugar un rol superior en la etapa post-electoral. De ahí que estos meses de preparación para afrontar responsabilidades mayores, serán también de intervención activa contra el GAN y que la actividad de nuestro Partido en los próximos meses será parte de la “potente voz” que aún hará oír el pueblo argentino antes de las elecciones de marzo durante el último round del acuerdo. Esta, nuestra preparación e intervención de los próximos meses, ha de asentarse sobre cinco pilares fundamentales: 1) La táctica electoral, 2) la actividad 282

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en el frente sindical, 3) frente único, 4) las operaciones militares y la construcción del ERP, 5) la edificación y consolidación del Partido. 1) La táctica electoral Pese a los retrasos conocidos, aún contamos con algunas posibilidades de lograr una intervención positiva que dificulte la concreción de planes de la burguesía. Estas posibilidades y la táctica que el CC resolvió ensayar, serán comunicadas verbalmente por razones de seguridad que siempre tienen que ser tenidas en cuenta en nuestra actividad legal y semilegal. Saber enmascarar nuestra presencia y la de nuestros colaboradores es un principio metodológico que debemos aferrar con firmeza, forma parte del arte de la combinación del trabajo legal e ilegal, y tiene importancia estratégica en esta etapa de preparación. La próxima etapa de la guerra revolucionaria, aunque de un nivel cualitativamente superior deberá desarrollarse aun fundamentalmente en territorio ocupado por el enemigo y nuestras bases de apoyo deben estar cuidadosamente enmascaradas y protegidas. Si la táctica votada por el CC logra concretarse, nuestra intervención electoral podrá ser muy amplia, si ello no es así lo más probable es que debamos ir al boicot, aunque con pocas perspectivas. De todas maneras en todos estos meses, hasta la farsa electoral y más allá de ella, debemos intensificar el trabajo legal con la línea de los C. de Base, ampliar de esa manera nuestra relación con las masas, combinar este trabajo con la propaganda armada, obtener centenares y miles de contactos, colaboradores, simpatizantes, amigos, principalmente, en las barriadas pobres de las ciudades, zona suburbanas y el campo. La continuidad y amplitud de este trabajo será uno de los pilares que otorgará a la organización fuerza, infraestructura y ligazón con las masas, que decidirán nuestro desarrollo o nuestro estancamiento en la próxima etapa de enfrentamiento abierto de agudización de la represión, de combates cada vez más intensos con el ejército enemigo. La corta experiencia del Partido en la aplicación de la línea e idear la manera de darle una continuidad aún después de la elección, de lograr que los C. de Base se prolonguen de alguna manera como organismos legales. No debemos olvidar que los vietnamitas aún en los momentos más difíciles de la represión han sabido conservar “periscopios” legales llegando a organizar clubes de fútbol incluso para mantenerse estrechamente ligados a las más amplias masas. Naturalmente que esta recomendación no es un llamado a las elucubraciones ni al reformismo, sino a mantenernos bien atentos para observar con seriedad la manera más correcta de resolver este problema a nivel local y nacional. 2) Frente Sindical 283

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El cálculo del Partido es que el desencadenamiento de las futuras movilizaciones de masas partirá fundamentalmente de la lucha reivindicativa, de la lucha por aumentos; de ahí la gran importancia de lograr buenos puntos de apoyo en el movimiento sindical a nivel local y nacional para estar en condiciones de actuar como detonante de movilizaciones y de poder ofrecer a la vanguardia y a las masas una clara alternativa antiburocrática. Todo lo que avancemos para ganar influencia sindical a nivel fabril (delegados) y sindical (sindicatos), todos nuestros avances en la construcción de nuestra corriente clasista por la guerra y el socialismo, todos nuestros avances en el frente antiburocrático, serán decisivos, para influir directamente en las movilizaciones como para darnos una estrategia realista de lucha contra la burocracia. 3) Frente Único Las condiciones extremadamente favorables en este terreno que se dan en la actualidad y se mantendrán en los próximos meses deben ser explotadas al máximo por nuestro Partido con audacia y prudencia, al mismo tiempo. En el campo de las organizaciones armadas, del clasismo y en general de las corrientes revolucionarias, nuestra organización ha adquirido prestigio y tiende a convertirse en la organización dominante. Al mismo tiempo las OAP están a la puerta de una gravísima crisis producto de la bancarrota de su errónea política. El campo es muy fértil para nuestra organización y debemos actuar con audacia desarrollando una amplia ofensiva política en base a nuestras posiciones, acompañada por una gran prudencia y seriedad en el terreno de la organización. Es decir, debemos ser más amplios e interesados posible en discutir con toda la vanguardia, exponer nuestras posiciones y combatir las ideas erróneas en forma fraternal y constructiva, dar y ganar la batalla política, y al mismo tiempo mostrarnos extremadamente prudentes en la concreción de acuerdos y avances organizativos. La experiencia de la organización, el rol de la ideología y metodología pequeño-burguesa en el seno de la vanguardia que nuestro Partido aún continúa sintiendo, debe mantenernos siempre alertas y no apresurarnos a avanzar en el terreno de la organización más de lo que estamos en condiciones de asimilar, lo que sea asimilable, y aún estos avances realizarlos prudentemente. En cuanto a la política de alianzas con el reformismo, con el PC, peronismo progresista y otras corrientes similares, es poco lo que se ha avanzado y no hay grandes perspectivas, pero debemos mantener con firmeza nuestra línea y luchas permanentemente por la neutralización del reformismo, como primer paso de acuerdos posteriores. El PC acaba de fracasar ruidosamente con su política del ENA. El sector burgués peronista no vaciló un instante en intentar la utilización de ese frente pese a la resistencia del PC. Si es que logramos algunos éxitos tácticos en la 284

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perspectiva de intervención electoral habrá buena base para un mayor acercamiento para neutralizar el reformismo y atraerlo momentáneamente a nuestro lado. 4) Las operaciones militares y la construcción del ERP Como ya anticipó reiteradamente nuestro Partido, la situación nacional se caracteriza, en este terreno, porque el condicionamiento del GAN y la ausencia total de una opción genuinamente popular exige la continuidad del accionar armado. Este accionar debe ser intensificado en el próximo período de preparación por nuestra organización, poniendo especial acento en las acciones de masas y realizado también acciones de envergadura. Este tipo de propaganda armada servirá para foguear más compañeros, ampliar la influencia de masas del ERP, construir bases de apoyo en las ciudades, en los suburbios y en el campo. Las operaciones de envergadura servirán para demostrar al pueblo la fuerza y la decisión de la guerrilla de colocar en forma destacada ante los ojos de las masas, en momentos previos a la farsa electoral, la verdadera salida, la salida de la guerra revolucionaria, para recordar a las masas que su lucha trasciende por completo el episodio electoral. 5) La edificación y consolidación del Partido Este es sin duda el punto fundamental y el que influirá decisivamente sobre la aplicación de la línea en los próximos meses y determinará la fuerza, la solidez, la consistencia del Partido frente a una ampliación e intensificación de la guerra, y consecuentemente garantizará la continuidad y desarrollo impetuoso de la lucha revolucionaria socialista en Argentina. Como aprendió teórica y prácticamente el Partido a partir de la experiencia del V Congreso y de su vida posterior, la edificación y consolidación del Partido pasa por su proletarización, por su más amplia ligazón con las masas explotadas, proletarias y no proletarias, por la incorporación en su seno y en su dirección de los mejores elementos, de los obreros de vanguardia. La edificación y consolidación del Partido requiere asimismo de todos los aspectos de la línea partidaria, en forma homogénea, de la solución justa, sin desviaciones de derecha ni a izquierda, y a la luz de la estrategia y la táctica del Partido, de todos y cada uno de los problemas concretos que deben resolver los militantes y cuadros en la lucha de masas, en la vida del Partido, en las operaciones militares, en la construcción del ERP. La edificación y consolidación del Partido se logra a partir de células fuertes y dinámicas, estrechamente unidas a las masas, preocupadas en la aplicación seria y responsable de la línea del Partido, en la elevación incesante del nivel teórico y político de cada uno de sus militantes, en la lucha implacable contra las ideas erróneas, contra la influencia de la ideología pequeñoburguesa 285

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en el seno del Partido, en la cada vez más pronunciada y elevada proletarización de sus miembros y periferia. Se logra en los avances continuos en el grado de preparación y eficacia de los cuadros, estructura, esqueleto del Partido. Sin cuadros sólidos y preparados y maduros no es posible aplicar con certeza y eficacia una línea por más precisa que ella sea. El cuadro debe saber comprender claramente la esencia, el contenido de la línea del Partido y aplicarla creadoramente, adecuándola a las circunstancias concretas, a las particularidades. La edificación y consolidación del Partido se logra finalmente elevando la preparación de la dirección, del CC y CE, tanto en el terreno teórico, como político y militar. Fortaleciendo la centralización, reforzando el centro político y militar y garantizando el funcionamiento de los aparatos y un gran dinamismo en la respuesta de la dirección a los distintos problemas políticos. Al hacer este sintético análisis de la situación nacional y de las tareas del Partido, el CC evaluó sus propias posibilidades que fueron encontradas como satisfactorias unánimemente. En el curso de las reuniones.

Editorial de El Combatiente Nº 76, segunda quincena de marzo de 1973 EL TRIUNFO ELECTORAL PERONISTA Y LAS TAREAS DE LOS REVOLUCIONARIOS [Mario Roberto Santucho] Conocido el desarrollo y resultado de las elecciones del 11 de marzo, que dieron un claro triunfo al FREJULI, el conjunto de la burguesía nacional dio inmediatas muestras de júbilo. “El triunfo ya no pertenece a un sector sino a todos los argentinos, que ante el mundo, podemos exhibir con orgullo el ejemplo cívico de los comicios. De ahora en más se abren nuevas oportunidades para poner todos en evidencia nuestra vocación de servicio al país”, (Lanusse). “La satisfacción es mayor aún al comprobar que las Fuerzas Armadas han interpretado y han sido a su vez interpretadas por la población, que ha demostrado con su ejemplar comportamiento que es amante del orden, de la comprensión y de la concordia y ha dado una inequívoca muestra de repudio a los agentes del caos y la violencia... El pueblo ha votado, las fuerzas armadas han garantizado la pureza del comicio y seguirán empeñadas en hacer respetar la 286

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voluntad soberana de la población, por ser el arma más efectiva para lograr el destino de grandeza que nuestra patria se merece”, (López Aufranc). “Ha triunfado la alianza de clases y sectores sociales utilizando un instrumento ya histórico como el Frente”, (Frondizi). “El pueblo acaba de sellar en las urnas la alianza de clases y sectores sociales que expresa el frente”, (Frigerio). “Los gobernantes electos cuentan, desde ya, con la colaboración de la UIA, la que formula el ferviente anhelo para que la etapa que se inicia posibilite el encuentro definitivo de los argentinos y la grandeza nacional en paz y justicia” (Declaración pública de la Unión Industrial Argentina). “El país ha empezando a transitar el camino de la industrialización, gracias al libre ejercicio del sufragio. Ello implica la garantía de estabilidad que la Nación requiere indispensablemente para marcar en forma definitiva el rumbo hacia sus grandes realizaciones” (Asociación de Industriales Metalúrgicos). Es natural que así sea, porque la elección y el surgimiento de un gobierno peronista-frondizista, resulta la culminación del GAN, el proyecto de la Dictadura Militar y de los políticos burgueses de “La Hora del Pueblo”, dirigido a detener el proceso revolucionario en curso, a engañar a las masas, aislar a la vanguardia sindical clasista y a la guerrilla para poder reprimirlas exitosamente, para poder destruirlas, con la fuerza militar y/o el engaño. Sin embargo, hay también algunos sectores revolucionarios que, paradójicamente, se sienten partícipes del triunfo del peronismo y amplios sectores de masas que han contribuido al éxito del FREJULI con su voto. ¿Quién tiene razón en su alegría? ¿Los que esperan -como Frondizi- un gobierno peronista que haga la “revolución nacional”, es decir, que salve al capitalismo de su crisis? ¿O los que creen -como las organizaciones armadas peronistas- en una verdadera revolución, en la revolución socialista? Sin duda que es Frondizi el que está en lo cierto. En cuanto al voto popular al peronismo no tiene contenido revolucionario o progresista sino que refleja al tiempo que el repudio a la Dictadura Militar, la persistencia de la influencia ideológica de la burguesía. Para ubicar en su verdadera dimensión el pronunciamiento electoral del 11, es necesario recordar que las masas indiferentes en el curso del proceso electoral fueron obligadas a elegir entre distintas variantes burguesas por el hábil condicionamiento del acto electoral, que estructuró la Dictadura, y la debilidad y errores de las fuerzas revolucionarias que impidió la presentación de algunas listas verdaderamente representativas, auténticamente antiimperialistas. Entre las candidaturas burguesas la mayoría de la clase obrera y el pueblo optó por volcarse a las listas del FREJULI que basaron su demagógica campaña en un furioso y productivo enfrentamiento con el gobierno y en argumentos 287

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pro-guerrilleros. El proyecto burgués de engañar a las masas para apartarlas de la revolución tuvo así un primer paso exitoso. Pero el mismo no tiene realmente trascendencia y las ilusiones de los burgueses de detener el proceso revolucionario repitiendo los años del “Justicialismo”, ahora más “responsable”, saltarán en pedazos poco después del 25 de Mayo al embate de la redoblada lucha de las masas y de la continuidad de la actividad guerrillera. Cuando el 28 de junio Onganía derrocó a Illia y prometió una “Revolución Argentina”, amplios sectores de las masas cayeron también en el engaño. Como índice el 9 de julio, una verdadera multitud, decenas de miles de hombres y mujeres, muchos de los cuales vinieron a pie de largas distancias, aclamó a Onganía en su visita a Tucumán. Pocos meses necesitó el pueblo para comprender su error y enfrentar con fiera energía a la “Revolución Argentina”. EL RESULTADO DEL GAN Decía nuestro Partido en diciembre de 1971: “Como dijimos el GAN es un intento del Ejército, más concretamente del grupo que responde a Lanusse, de ampliar la base social de su dominio y aislar así a la guerrilla y a la vanguardia clasista y estudiantil que ellos visualizan con justeza como el verdadero y peligroso enemigo. Comprobado el fracaso y desprestigio de la Dictadura Militar, los militares descubren con preocupación que por detrás de sus viejos adversarios, los políticos burgueses, entra en el campo de batalla una nueva fuerza muy diferente, las fuerzas revolucionarias, que se anuncian como los enterradores del régimen capitalista. La casta militar estaba acostumbrada a disputar el poder en términos no antagónicos dentro del mismo campo burgués, con los políticos burgueses o entre distintos sectores militares, pero siempre respetando el capitalismo, la dominación burguesa e imperialista. Hoy, en cambio, entra en batalla la clase obrera y el pueblo, manifestando en los Cordobazos su unidad, decisión y su odio a la Dictadura, al capitalismo y al imperialismo y en las unidades guerrilleras y en las organizaciones clasistas la capacidad de librar la lucha organizadamente, con eficacia, continuidad y elevada moral. Esto ha ejercido un efecto mágico en el campo enemigo, convenciendo al sector Lanusse de la necesidad de buscar nuevamente el apoyo de los sectores burgueses. Así, los antiguos ‘enemigos’ se han convertido en ‘adversarios’ y ha surgido la estrategia del GAN”. “El sueño de Lanusse es lograr el máximo acuerdo con el peronismo y el radicalismo, principalmente, con las mínimas concesiones, es decir, llevar a buen término su plan, desembocando en un nuevo gobierno Parlamentario proimperialista controlado desde bambalinas por el Ejército, cediendo lo mínimo posible... ”. 288

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“Entre los políticos burgueses que trabajan activamente junto al gobierno en la perspectiva del GAN, sin duda corresponde el principal papel al peronismo y al radicalismo, fundamentalmente el primero.” “Estos deben negociar los términos finales del proceso electoral y necesariamente deberán imponer ciertas garantías, principalmente el peronismo. Los políticos son conscientes de que se trata de utilizarlos y sueñan con dar vuelta la tortilla desde el gobierno, por lo que tratan de lograr las máximas garantías posibles tanto para el proceso electoral como para una relativa independencia en un futuro gobierno...”. “El mayor o menor grado de legalidad con que se arriba al probable proceso electoral, y si efectivamente se llega a él, dependerá de las presiones de derecha e izquierda a que está sometido el sector Lanusse. Desde la izquierda la movilización de las masas y la actividad guerrillera logran arrancar concesiones, favorecer un mayor margen de legalidad; desde la derecha los amagos golpistas la presión de otros sectores militares ponen límites a tales concesiones”. Todo el curso de los acontecimientos posteriores confirmaron la justeza de este análisis. Constantemente, a medida que la lucha de las masas y el accionar guerrillero ponían en serias dificultades a la Dictadura, ésta se mostraba proclive al acuerdo y acrecentaba sus concesiones. En cambio, en cuanto decrecían momentáneamente ambas expresiones de lucha la Dictadura volvía a la intransigencia. En las últimas semanas pre-electorales, las intenciones proscriptivas de la Dictadura, molesta por la posibilidad muy cierta del triunfo peronista, se desvanecieron bruscamente ante la toma del Batallón 141 por el ERP. Este nuevo y fundamental golpe de la guerrilla decidió la aceptación por la cúpula militar de la instauración de un gobierno peronista como mal necesario para contener la lucha revolucionaria del pueblo combinando el engaño demagógico desde el gobierno con la más violenta represión selectiva que se haya conocido, ejercitada directamente por los militares. Un balance objetivo del GAN muestra, en síntesis, que la elección del 11 de marzo fue su culminación, su concreción como estrategia contrarrevolucionaria de la burguesía argentina, y que ella se dio con el triunfo táctico relativo del peronismo, que terminó logrando importantes concesiones aunque insuficientes para gobernar con total independencia de la casta militar. PROPÓSITOS DEL GOBIERNO PERONISTA ¿Qué se propone el FREJULI desde el gobierno? Sus líderes y voceros lo han explicado claramente. Reconstruir el país, pacificarlo, mediante la revolución nacional justicialista, llamada también socialismo nacional. Esto con el mantenimiento de “nuestro” estilo cristiano de vida, el sistema parlamentario, 289

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la empresa privada y el concurso del capital extranjero. La Reforma Agraria, la expropiación y nacionalización del gran capital, la Reforma Urbana, un Gobierno Revolucionario Socialista, todas medidas elementales para una verdadera revolución, están totalmente ausentes de los planes y propósitos del FREJULI. Podemos concluir entonces que el programa del FREJULI es reactivar el capitalismo y mediante la llamada “pacificación” detener el proceso de guerra revolucionaria que se desarrolla en nuestra patria. Reafirma esta consideración, el análisis de los candidatos triunfantes. Los candidatos a la presidencia y vice, casi la totalidad de los gobernantes electos y la amplia mayoría de los senadores y diputados nacionales, son elementos perfectamente definidos como miembros del sector burgués y burocrático del peronismo, de su corriente derechista, reaccionaria. Tanto Bidegain-Calabró de Buenos Aires, como Silvestre Begnis-Cuello de Santa Fe, Juri de Tucumán, Carlos Juárez de Santiago del Estero, Bittel del Chaco, entre otros gobernadores, como la totalidad de los senadores y la amplia mayoría de los diputados nacionales son conocidos contrarrevolucionarios burgueses y burócratas, en muchos casos francamente fascistas. Pese a ello, que es lo esencial de las intenciones y proyectos frentistas, es necesario tener presente, asimismo, que en su demagógica campaña el FREJULI ha levantado banderas muy sentidas por el pueblo, en primer lugar la libertad de los combatientes, cuyo cumplimiento será activamente exigido por las masas, incluidos amplios sectores del peronismo progresista y revolucionario, que aunque en minoría, lucharán, sin duda, firme y consecuentemente por su cumplimiento. Este es un aspecto, de la contradicción que es necesario también tener en cuenta como veremos más adelante, para la determinación de la posible evolución del gobierno peronista, de sus perspectivas y su relación con la casta militar. En febrero de 1972 nuestro Partido sostenía: “La crisis actual de la Argentina capitalista no tiene ninguna posibilidad de ser superada a corto o mediano plazo, por ningún gobierno burgués. El gobierno que surja del proceso electoral próximo, lo mismo si es o no peronista, estará incapacitado para concretar, siquiera, soluciones mínimas. Porque la única forma de solucionar los problemas actuales es mediante una revolución profunda, socialista, proletaria, que expropie sin hesitar el capital imperialista y monopolista, independice el país, y movilice revolucionariamente al pueblo, tareas que de ninguna manera piensa ni puede llevar adelante el peronismo burgués, ni ninguna otra de las grandes fuerzas políticas burguesas. De manera que a un plazo relativamente breve, el gobierno parlamentario que surja de las elecciones estará completamente desprestigiado, las masas no esperarán más de él y se orientarán hacia la guerra popular. En el caso de un gobierno peronista, 290

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este proceso no será más lento porque la posibilidad de maniobra, producto de la confianza de las masas, será contrarrestada porque esta confianza favorecerá también la movilización obrera y popular por reivindicaciones inmediatas. Así, un nuevo gobierno parlamentario se encontrará con las masas en la calle con la ampliación de la lucha de masas, obligado desde bambalinas por las FFAA a reprimir violentamente”.3 Esto es enteramente justo. Una política como la que se propone aplicar el peronismo, ceñida a los marcos del sistema capitalista, está imposibilitada para dar pasos ciertos en dirección a la recuperación nacional. En la situación actual de nuestro país, con una gravísima crisis estructural de la economía capitalista, con la industria y la banca en manos del capital imperialista, con un sólido y homogéneo ejército contrarrevolucionario, es inaplicable ninguna política reformista. A partir del 26 de mayo el gobierno peronista estará entre la espada y la pared, entre la enorme presión del movimiento de masas movilizado por sus reivindicaciones y la burguesía y el ejército opuestos al otorgamiento de conquistas y presionando constantemente por reprimir. Sin otra salida para mantenerse que ceder a las exigencias represivas, sin posibilidades de aplicar una política reformista, de tercera posición, de conciliación entre el capital y el trabajo. Todo esto no significa desconocer que el reemplazo de la Dictadura Militar por un gobierno peronista disimulará en un primer momento el enfrentamiento masas populares-estado capitalista. En un primer período, la movilización de masas no estará dirigida contra el estado, sino que se circunscribirá al ataque a las empresas o grupos de empresas. Ante la represión por fascistización del gobierno o por una Dictadura Militar surgida de un nuevo golpe, la clase obrera y el pueblo reorientarán su lucha enfilando recién contra el gobierno burgués, contra el estado capitalista. EL EJÉRCITO CONTRARREVOLUCIONARIO FRENTE LAS MASAS Y LA GUERRILLA Las FFAA contrarrevolucionarias se disponen a intensificar hasta límites inimaginables la represión contra las fuerzas revolucionarias en primer lugar contra las organizaciones guerrilleras. Cederán momentáneamente el gobierno al peronismo y se lanzarán a una furiosa ofensiva selectiva. Se prepararán activamente para ello como lo demuestra su última medida de reorganización que incluye la creación de la Central Nacional de Inteligencia, una especie de CIA que los gobiernos sólo crean para graves situaciones de 3. El Combatiente N° 67, febrero de 1972. 291

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guerra. Esta Central Nacional de Inteligencia reunirá todos los recursos de los distintos servicios de inteligencia e información y contará con un más activo asesoramiento imperialista, para lograr la máxima eficiencia en la detección e infiltración de las fuerzas revolucionarias y progresistas, principalmente en las organizaciones armadas. La reorganización del Ejército incluye también la formación de pequeñas unidades de antiguerrilla en condiciones de buscar y enfrentar a los guerrilleros con sus mismos métodos. Simultáneamente las FFAA se encargarán de controlar entre bambalinas todos los pasos del gobierno peronista, jaqueándolo, obligándolo a cumplir las reglas del juego. Pero lo que dominará el escenario de los próximos meses en la política argentina será el papel de las masas obreras y populares y de sus expresiones de vanguardia. Estimulado por las posibilidades legales abiertas, el pueblo argentino se lanzará decididamente a la calle por sus reivindicaciones inmediatas, por los aumentos de salarios, contra el alza del costo de la vida, contra los despidos, contra los atrasos de jornales, por la libertad de los combatientes, contra la burocracia sindical. Y esa nueva alza de la lucha reivindicativa y política de las masas adoptará formas y métodos surgidos tanto del actual contenido de sus luchas como de su más reciente experiencia combativa. En un primer momento, con un contenido antipatronal, enfrentará a las empresas o grupos de empresas, con la ocupación de fábrica, ocupación de fábrica con rehenes, paro activo con enérgicas movilizaciones callejeras, utilización de métodos guerrilleros, tomas de guardia, represalias a verdugos, secuestro de capitalistas. Ante la fascistización del gobierno o una nueva Dictadura Militar, a estos métodos se agregará la huelga general semiinsurreccional, nuevos Cordobazos y Viborazos que harán tambalear al régimen y otorgarán enorme impulso a la lucha armada, inscribiéndose en el contexto del desarrollo renovado y generalizado de la guerra revolucionaria. La guerrilla y la vanguardia clasista a su vez, no cejarán en sus empeños y continuarán enérgicamente su accionar armado, antiburocrático y antipatronal, a cuyo calor se consolidará y desarrollará la vanguardia revolucionaria de nuestro pueblo. Todos los renovados esfuerzos del enemigo por destruir los sólidos embriones revolucionarios fracasarán; la vanguardia marxistaleninista florecerá, se fortalecerá, tenderá a reunificarse, se pondrá -en una palabra- en condiciones de asumir exitosamente, sus responsabilidades en el próximo período, las fuerzas progresistas asimismo, tenderán a colaborar y participar cada vez más activamente en las tareas armadas y no armadas de la guerra revolucionaria popular. 292

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PERSPECTIVAS El análisis de las fuerzas y tendencias de la política nacional hacen prever que el nuevo gobierno parlamentario se verá a corto plazo enfrentado a insolubles problemas entre la movilización de las masas y la presión burguesa y militar. En esa situación deberá optar por aceptar las exigencias militares y reprimir a las masas tomando el camino de la fascistización, convirtiéndose en un gobierno fascista represor, o intentar resistir la presión reaccionaria e impulsar algunas medidas progresistas lo que llevará a su derrocamiento por un golpe militar. Estas son las dos grandes posibilidades y excluimos deliberadamente una tercera en base a la movilización de las masas, porque esta es por completo ajena a las características, historia y composición del peronismo burgués que manejará las riendas del gobierno de Cámpora. En ambos casos, ante un peronismo burgués represor o una nueva dictadura militar, corresponderá a la vanguardia revolucionaria levantar bien alto sus banderas, las banderas de la revolución socialista y de la guerra popular, y con ellas desplegadas acaudillar la resistencia obrera y popular que en un proceso prolongado se convertirá en irresistible y victoriosa ofensiva. LAS TAREAS DE LOS REVOLUCIONARIOS Para los revolucionarios no hay tiempo que perder. La actividad, energía y resolución en el cumplimiento de nuestras tareas preparatorias, adquiere en estos momentos importancia estratégica. El grado de preparación, la consistencia, unidad y claridad de objetivos que logren las fuerzas revolucionarias y progresistas en los próximos meses de preparación, será determinante en el curso posterior de los acontecimientos. Esas tareas de preparación comprenden los siguientes aspectos: 1. Impulsar una amplia movilización por la libertad de los combatientes y demás presos políticos y sociales, por la derogación de toda la legislación represiva, por una amplia legalidad para todos los partidos y la prensa de izquierda, por la investigación de los hechos de Trelew y el juzgamiento de los responsables de los fusilamientos. 2. Luchar por las reivindicaciones inmediatas de las masas por aumentos de jornales, contra el alza del costo de la vida, contra la desocupación y los despidos, contra las camarillas sindicales burocráticas. 3. Fortalecer y ampliar las unidades guerrilleras mediante la multiplicación de las acciones pequeñas y medianas íntimamente ligadas a la lucha de las masas, y el estrechamiento de vínculos entre las distintas organizaciones armadas, 293

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en camino hacia la unidad. 4. Establecer y ampliar estrechos vínculos fraternales entre todas las organizaciones políticas obreras, populares y progresistas. Eliminar roces e impulsar un trabajo unitario en torno a los puntos de convergencia frente al enemigo común. 5. Contrarrestar la propaganda contrarrevolucionaria en el seno de las FFAA dirigiéndose fundamentalmente a los soldados conscriptos. 6. Promover y desarrollar la total independencia de la clase obrera respecto a todo intento burgués de integración y/o conciliación de clases, y permanecer abiertos al apoyo crítico activo a cualquier medida progresista que pudiera insinuar el gobierno peronista. Avanzar prioritariamente en la construcción y desarrollo del partido marxista-leninista en torno a nuestro Partido.

RESOLUCIONES DEL COMITÉ EJECUTIVO de ABRIL de 1973 RESOLUCIÓN SOBRE ACTITUD FRENTE AL GOBIERNO 1. - Tanto por su programa, como por los intereses de clases que representan los partidos del FREJULI y la mayor parte de los candidatos electos por ellos, el próximo gobierno parlamentario Cámpora-Solano Lima representará los intereses de la burguesía y del régimen capitalista argentino y orientará sus esfuerzos, en una primera etapa, a calmar con engaños a las masas y su vanguardia con el fin de detener el profundo proceso revolucionario en marcha en nuestra patria. 2. - Los sectores burgueses del FREJULI, hegemónicos en el gobierno, centrarán su política contrarrevolucionaria en el intento de dividir y aislar a las fuerzas revolucionarias y progresistas para abrir la posibilidad de su destrucción física por los militares. En ese plan se servirán como caballito de batalla de las consignas burguesas: “unidad del peronismo y demás fuerzas nacionales”; “toda organización de vanguardia de izquierda o de derecha que no apoye al gobierno o que critique a sectores del movimiento nacional es de hecho contrarrevolucionaria” y otras consignas similares. Emprenderán en esta dirección una activísima campaña maccarthista, anticomunista, dirigida en primer lugar contra nuestra organización y otras organizaciones marxistas independientes frente al gobierno. 3. - Sin embargo, este gobierno parlamentario no gozará de la total con294

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fianza de los militares, que lo han aceptado como mal menor y como transición para intentar detener el avance de las fuerzas revolucionarias principalmente de las organizaciones guerrilleras. El golpe militar permanecerá latente incrementándose las intenciones golpistas en proporción directa con la ampliación de la movilización de las masas. 4. - En su campaña electoral el FEJULI levantó puntos muy sentidos por las masas, en primer lugar la libertad a los combatientes y demás presos políticos, reapertura de relaciones con Cuba y Vietnam del Norte y Corea del Norte y algunos de sus candidatos anunciaron veladamente la posibilidad de la adopción de algunas medidas progresistas que aunque no tienen un contenido revolucionario, pueden perjudicar los intereses del imperialismo (nacionalización de la banca y del comercio exterior, por ej.). Los revolucionarios deben luchar en primera fila por la concreción de esas medidas apoyando activamente y alentando las iniciativas progresistas que puedan surgir de sectores del gobierno. 5. - Para frenar la enérgica lucha reivindicativa de las masas y constreñirlas a los límites del sistema, ensayarán una política gremial de conciliación de clases, combinando concesiones con represión y buscando canalizar y resolver todos los conflictos vía el Ministerio de Trabajo. Necesitarán para ello reforzar considerablemente la fuerza efectiva de la burocracia sindical en el seno del movimiento obrero. 6. - El gobierno Cámpora-Solano Lima contará en una primera etapa con la relativa confianza de las masas, sometidas circunstancialmente a la engañosa esperanza de una solución a los graves problemas del país. Es obligatorio para los revolucionarios una intensa prédica educativa que explique incansablemente los límites de los programas burgueses y abra a importantes sectores hacia expectativas socialistas revolucionarias. 7. - En el seno del gobierno peronista-frondizista y de los partidos que lo integran ha de desarrollarse una intensa lucha interna protagonizada fundamentalmente por los sectores revolucionarios y progresistas del peronismo, que aunque en minoría, batallarán consecuentemente por un programa y medidas verdaderamente antiimperialistas y revolucionarias. Los marxistas-leninistas debemos apoyar activamente estos sectores en su lucha insistiendo en la unidad de las organizaciones y sectores progresistas y revolucionarios peronistas y no peronistas, tanto en la movilización de las masas por sus reivindicaciones como en la preparación para la próxima e inevitable etapa de nuevos y más serios enfrentamientos entre el pueblo y la burguesía. Por todas estas consideraciones el Comité Ejecutivo del PRT resuelve: 1°- Mantener una total independencia ante el próximo gobierno parlamentario. Desenmascarar todos sus esfuerzos por aislar a las corrientes progresistas 295

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y revolucionarias. Recordar y explicar el carácter capitalista del gobierno y la imposibilidad de llegar sin salirse del capitalismo a verdaderas soluciones a los problemas de nuestra Patria y nuestro pueblo. Explicar pacientemente a las masas, que creen engañosamente en la posibilidad de una solución peronista, de tercera posición, que ella es imposible como lo señala la experiencia y que no hay otra salida para nuestro país que una revolución verdadera, profunda, socialista, que acabe con el capitalismo en la Argentina, liquide el ejército opresor y elimine la explotación del hombre por el hombre. 2°- Alentar y apoyar y participar en primera línea en la movilización obrera y popular por el cumplimiento de las promesas gubernamentales, por la libertad de los combatientes, el establecimiento de relaciones con Cuba, Vietnam del Norte y Corea del Norte y fundamentalmente por las reivindicaciones inmediatas de las masas, por la elevación de su nivel de vida, etc. 3°- Apoyar activamente y alentar todos los esfuerzos del peronismo progresista y revolucionario por imponer la realización de un programa avanzado por el gobierno; establecer en el curso de la lucha estrechos vínculos entre todos los sectores progresistas y revolucionarios de nuestro pueblo, incluidos los peronistas. En caso de golpe militar, colocarse hombro con hombro con el peronismo progresista y revolucionario para enfrentar cualquier intento de restablecer la Dictadura Militar. RESOLUCIÓN SOBRE SINDICAL Considerando Que la instauración del gobierno parlamentario Cámpora-Solano Lima alentará las luchas de las masas por sus reivindicaciones inmediatas, en primer lugar por aumentos de jornales, contra la represión y superexplotación en fábrica, en una palabra por la mejoría de sus condiciones de vida y de trabajo. Que dicho gobierno con la colaboración de la burocracia sindical intentará detener esas movilizaciones, desviarlas hacia tratativas, hacia la “conciliación del capital y el trabajo”, una política de engaño en perjuicio de los trabajadores. Que con ese objeto la burocracia sindical apoyada por las empresas y por el gobierno y utilizando la “camiseta” peronista desarrollará una agresiva campaña ideológica, política y represiva contra las corrientes clasistas y revolucionarias del movimiento obrero y contra todo activismo progresista. Que la existencia de diputados progresistas y de una tendencia progresista y revolucionaria en el seno del peronismo y del gobierno ofrecerá por otra parte condiciones para luchar por la más amplia democracia sindical, contra la burocracia y encontrar puntos de apoyo en el seno del mismo gobierno para el 296

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impulso a la movilización de las masas. Que de esta manera debe preverse como característica fundamental del movimiento sindical durante los primeros meses del nuevo gobierno la compleja combinación y coexistencia entre la ofensiva burocrática y gubernamental contra la vanguardia clasista y la movilización de masas y la existencia de condiciones favorables para defenderse de esa ofensiva con puntos de apoyo en el propio gobierno, todo enmarcado por una poderosa tendencia de las masas hacia la movilización enérgica contra las patronales y la burocracia sindical. El CE del PRT resuelve: 1°- Luchar por la independencia del movimiento sindical frente al gobierno parlamentario Cámpora-Solano Lima y su Ministerio de Trabajo. 2°- Impulsar y apoyar enérgicamente la lucha y movilización de los trabajadores por sus reivindicaciones inmediatas. 3°- Hacer frente con firmeza e inteligencia a la ofensiva ideológica y propagandística de la burocracia, cuyo carácter maccarthista, anticomunista debe ser enfrentada con la más amplia y eficiente propaganda socialista. 4°- Promover un amplio frente antiburocrático legal, que aproveche al máximo las posibilidades legales y ofrezca nacionalmente firme resistencia a la ofensiva burocrática y gubernamental contra el clasismo. 5°- Mantener y continuar desarrollando, en frente con otras corrientes afines, la Tendencia Obrera Revolucionaria, de carácter clandestino, con un programa por la guerra y el socialismo, a nivel fabril, local, provincial y nacional. RESOLUCIÓN SOBRE TRABAJO LEGAL Considerando: Que el triunfo del FREJULI y el compromiso público hecho por la Dictadura Militar de entregar el gobierno a la vez que confirma plenamente las previsiones de nuestro Partido, amplía las posibilidades del trabajo legal. Que los candidatos del FREJULI han basado su demagógica campaña en distintas promesas entre las que están las reivindicaciones democráticas. Que un amplio movimiento legal es una organización de carácter estratégico e imprescindible para el desarrollo y triunfo de la guerra revolucionaria. Dicho movimiento legal debe nuclear en su seno a más amplias masas antiimperialistas. Que nuestra actividad legal realizada hasta el momento se caracterizó por el sectarismo, salvo excepciones, lo que perjudicó la masividad de los Comités. Que esos errores han sido comprendidos y que la organización avanza con 297

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firmeza hacia su superación, lo que nos coloca en condiciones de impulsar correctamente la tarea. El CE del PRT resuelve: 1°- Luchar enérgicamente por la consolidación y desarrollo del frente antiimperialista en común con los sectores progresistas y revolucionarios pertenecientes a otras organizaciones e independientes sobre la base de la lucha por las libertades democráticas y el socialismo. 2°- Impulsar en el seno del Frente la participación activa en los problemas inmediatos de los trabajadores ayudando desde la primera fila a la solución de los mismos. 3°- Centrar la actividad en el período que se abre en la movilización popular por: a) Libertad de todos los combatientes y demás presos políticos; b) Derogación de las leyes represivas; c) Legalidad a todas las organizaciones políticas de izquierda y a la prensa de izquierda; d) Aumento del salario real; 4°- Encarar la actividad a través de la plena identificación de los activistas del Frente con los sectores donde existen los Comités; 5°- Tener en cuenta en forma permanente la realización de esfuerzos por integrar como activistas a los mejores representantes de las barriadas y fábricas y no impresionarse con los acuerdos hechos a nivel de superestructura con otros grupos u organizaciones, los cuales corresponden, pero sobre la base de la participación de las masas en el frente. 6°- Ser extremadamente cuidadosos con las críticas a personas de otras organizaciones o partidos, haciéndolas en el momento oportuno y cuando no signifique la ruptura de la unidad por la base, a la vez que sirva para elevar la conciencia de la gente. RESOLUCIÓN SOBRE OPERACIONES MILITARES 1. - La asunción del gobierno parlamentario, que no será un gobierno antiimperialista consecuente, no constituye un cambio cualitativo en la situación política nacional. El gran capital imperialista y nacional mantendrá su predominio de clase y continuará explotando a los trabajadores. El Ejército opresor conservará la hegemonía militar; los burócratas sindicales continuarán traicionando a la clase obrera; los campesinos y el pueblo en general permanecerán en la postergación, el sufrimiento, sometidos a la injusticia cotidiana del sistema, 298

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pasando hambre y toda clase de necesidades, mientras la burguesía derrocha a manos llenas y los empresarios políticos y burócratas llenan sus bolsillos. 2. - No se debe desconocer, sin embargo, que Cámpora-Solano Lima fueron elegidos por el voto popular y representan en consecuencia la voluntad de amplios sectores de las masas. 3. - Debe ser considerado así mismo el caso particular de los policías que teóricamente estarían subordinados al Ministerio del Interior y a los Ministerios de Gobierno provinciales, es decir, que deberían depender del gobierno parlamentario, pero vienen actuando bajo la dirección del Ejército en los ataques contra las unidades guerrilleras. Por todo ello el CE del PRT resuelve: 1°- En las condiciones del nuevo gobierno parlamentario las unidades guerrilleras del ERP continuarán operando activamente en defensa del nivel de vida y las reivindicaciones de la clase obrera y el pueblo y contra el ejército opresor y sus agentes. 2°- En consideración a que el gobierno de Cámpora es un gobierno elegido por el voto popular, las operaciones de propaganda armada del ERP no estarán dirigidas contra él sino contra los pilares del régimen reaccionario, las empresas y el ejército opresor. 3°- Respecto a la policía federal y provincial, el ERP suspenderá todo ataque a sus miembros, a sus unidades y locales, siempre y cuando la policía no colabore con el ejército opresor en los ataques a las movilizaciones de masas, ni a las organizaciones guerrilleras. 4°- Se exceptúa de la anterior disposición a los torturadores, los que no serán amnistiados por la justicia popular. RESOLUCIÓN SOBRE TRABAJO EN EL EJÉRCITO 1. El mando militar enemigo se apresta activamente a incrementar su actividad contraguerrillera. Como parte de ese esfuerzo desarrolla una constante campaña anticomunista y antiguerrillera de carácter política y psicológica entre los miles de soldados conscriptos que año a año se incorporan a cumplir el servicio militar obligatorio. 2. El sistema de conscripción anual es un verdadero talón de Aquiles del ejército enemigo, porque año a año se incorporan decenas de miles de jóvenes obreros, campesinos y estudiantes que vienen de una reciente experiencia de sufrimiento y en algunos casos de lucha que los hace permeables a ideas y posiciones progresistas y revolucionarias. La mayoría de ese per299

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sonal proviene del campo y su grado de politización es en general bajo, por lo que puede caer con facilidad bajo una fuerte influencia ideológica, moral y disciplinaria del enemigo que cuenta para ello con efectivos recursos psicológicos y orgánicos. 3. En la perspectiva de la agudización de la lucha revolucionaria de nuestro pueblo adquiere importancia excepcional, estratégica, el desarrollo de un amplio trabajo propagandístico y agitativo dirigido a los soldados conscriptos, que combata la propaganda enemiga y tienda a neutralizar y ganar a los soldados, anulándolos como fuerza represiva en un primer momento y convirtiéndolos después en activos elementos revolucionarios. Por estas consideraciones el CE del PRT resuelve: 1°- Desarrollar una activa campaña de propaganda y agitación entre los soldados conscriptos, llamándolos a no tirar contra el pueblo ni participar en ningún tipo de agresión contra él. 2°- Llamar a todos los sectores progresistas y revolucionarios a realizar una amplia campaña de ese tipo para abarcar los más amplios sectores de soldados posibles. 3°- Alentar la deserción de soldados llamándolos a incorporarse en las filas del ERP. RESOLUCIÓN SOBRE FRENTE ÚNICO 1. La concreción del GAN, con el gobierno parlamentario sometido al condicionamiento militar, constituye un claro plan de la burguesía para frenar y/o desviar al proceso revolucionario en marcha en nuestra Patria. La esencia de dicho plan es el de ganar aliados para la política burguesa y aislar de las masas a la vanguardia revolucionaria. En la base de ese plan se ubica el acuerdo tácito entre los políticos burgueses y la casta militar, la convergencia de su política de salvación del capitalismo mediante el retorno al parlamentarismo. Ya instalado el gobierno parlamentario el paso siguiente es la combinación entre una peligrosa campaña anticomunista por parte del gobierno y el recrudecimiento de la actividad antiguerrillera de las FFAA contrarrevolucionarias. Así se intentará aislar a la vanguardia revolucionaria y a la izquierda en general para poder destruirla con golpes represivos. 2. A esa política de la burguesía las fuerzas revolucionarias y progresistas, el conjunto de la izquierda, peronistas y no peronistas, debe oponer su unidad, el estrechamiento de lazos, un frente común para luchar eficazmente contra la ofensiva político ideológica y contra la represión, evitar el 300

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aislamiento y garantizar la continuidad de la lucha revolucionaria de la clase obrera y el pueblo argentino. Por ello el CE del PRT resuelve: 1. Llamar a toda la izquierda, a todas las organizaciones obreras y populares, progresistas y revolucionarias a estrechar filas, apoyarse mutuamente, ofrecer un organizado frente común a la ofensiva política ideológica y militar de la burguesía. 2. Declarar que nuestro Partido está abierto para desarrollar activas relaciones fraternales, a nivel de base y de dirección, con todas las organizaciones políticas, obreras y populares, progresistas y revolucionarias, para librar en común la lucha contra el maccarthismo y contra la represión.

RESPUESTA AL PRESIDENTE CÁMPORA. Mayo de 1973 Porqué el EJÉRCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO No Dejará de Combatir El gobierno que el Dr. Cámpora presidirá representa la voluntad popular. Respetuosos de esa voluntad, nuestra organización no atacará al nuevo gobierno mientras éste no ataque al pueblo ni a la guerrilla. Nuestra organización seguirá combatiendo militarmente a las empresas y a las fuerzas armadas contrarrevolucionarias. Pero no dirigirá sus ataques contra las instituciones gubernamentales ni contra ningún miembro del gobierno del Presidente Cámpora. En cuanto a la policía, que supuestamente depende del Poder Ejecutivo, aunque estos últimos años ha actuado como activo auxiliar del ejército opresor, el ERP suspenderá los ataques contra ella a partir del 25 de mayo y no la atacará mientras ella permanezca neutral, mientras no colabore con el ejército en la persecución de la guerrilla y en la represión a las manifestaciones populares. Tal es la posición de nuestra organización, que ahora anunciamos públicamente y que difiere de las expectativas del Presidente electo. En efecto, el Presidente Cámpora en recientes declaraciones a pedido a la guerrilla una tregua para “comprobar o no si estamos en la senda de la liberación y vamos a lograr nuestras objetivos”. Este pedido surgió como con301

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secuencia de varias acciones de la guerrilla, entre ellas el secuestro de Áleman y el ajusticiamiento de Iribarren. Se entiende entonces que el pedido del Presidente Cámpora implica la suspensión total del accionar guerrillero, incluidas las acciones contra el ejército y contra las grandes empresas explotadoras. ALGUNOS ANTECEDENTES HISTÓRICOS Para dar nuestra respuesta a ésta declaración, para comprender la actitud que nuestra organización ha resuelto adoptar a partir del 25 de mayo, necesitamos recordar al Presidente Cámpora algunos antecedentes de la política nacional. En setiembre de 1955 la dirección del movimiento político que el Presidente Cámpora representa aconsejó al pueblo “no derramar sangre”, “evitar la guerra civil”, “esperar”. Los militares aprovecharon la desorganización y desorientación de la clase obrera y el pueblo para golpear duro, avasallar las organizaciones populares. La única sangre que no se derramó fue la de los oligarcas y de los capitalistas. El pueblo, en cambio, vio morir masacrados y fusilados a decenas y decenas de sus mejores hijos. En 1958 la dirección de la organización política que el Presidente Cámpora representa aconsejó al pueblo votar a la fórmula radical de Frondizi y dar un crédito a este gobernante y su equipo para cumplir con su programa de “liberación nacional”. El pueblo siguió este consejo y el resultado es por todos conocidos. Frondizi prometió terminar con la dependencia y en realidad dio vía libre al ejército para con el plan CONINTES aplastar la heroica resistencia peronista. Frondizi prometió entregar democráticamente las organizaciones obreras intervenidas a sus verdaderos dirigentes y en realidad las entregó a la burocracia traidora y lanzó una bárbara represión contra el activismo clasista y antipatronal en fábrica, barriendo a gran parte de los dirigentes combativos en gran medida con la ayuda de la “camiseta peronista” agitada por Vandor como ahora lo hace Rucci, para engañar a las masas y desplazar a los dirigentes y activistas leales a su clase. En 1966, poco después del 28 de junio la dirección del movimiento político que el Presidente Cámpora representa pidió al pueblo “desensillar hasta que aclare”, dejar accionar al nuevo gobierno militar de Onganía para ver si cumplía con la “Revolución Nacional” anunciada. Los Rucci de aquella época, Vandor, Alonso, Taccone y Cía, no vacilaron en apoyar abiertamente a la Dictadura Militar, acompañaron a Onganía en su viaje a Tucumán, el 9 de julio de 1966, despertando y alentando esperanzas en amplios sectores de las masas. Onganía, el Ejército y las patronales aprovecharon esta tregua para 302

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lanzarse bárbaramente a reprimir al pueblo, a descabezarlo, a liquidar la nueva dirección revolucionaria que comenzaba a surgir. Hoy, de la misma manera, Ud., Presidente Cámpora, pide a la guerrilla una tregua. La experiencia nos indica que no puede haber tregua con los enemigos de la Patria, con los explotadores, con el ejército opresor y las empresas capitalistas expoliadoras. Que detener o disminuir la lucha es permitirles reorganizarse y pasar a la ofensiva. Hoy, ya no estamos dispuestos a ser engañados una vez más, ni estamos dispuestos a contribuir con el engaño que se prepara contra nuestro pueblo. Ud. Presidente Cámpora, habla en su discurso del 8 del corriente de “unidad nacional”. Entre otros conceptos habla de constituir entre “pueblo y FFAA una unidad indestructible ante cualquier asechanza”. Hablar de unidad nacional entre el ejército opresor y los oprimidos, entre los empresarios explotadores y los obreros y empleados explotados, entre los oligarcas dueños de campos y hacienda y los peones desposeídos, es como encerrar en una misma pieza al lobo y las ovejas recomendándoles a ambos mantener buena conducta. Si Ud. Presidente Cámpora quiere verdaderamente la liberación debería sumarse valientemente a la lucha popular: en el terreno militar armar el brazo del pueblo, favorecer el desarrollo del ejército popular revolucionario que está naciendo a partir de la guerrilla y alejarse de los López Aufranc, los Carcagno y Cía., que lo están rodeando para utilizarlo contra el pueblo, en el terreno sindical debe enfrentar a los burócratas traidores que tiene a su lado y favorecer decididamente el desarrollo de la nueva dirección sindical clasista y combativa que surgió en estos años de heroica lucha antipatronal y antidictatorial, enfrentada a la burocracia cegetista; en el terreno económico realizar la reforma agraria, expropiar a la oligarquía terrateniente y poner las estancias en manos del Estado y de los trabajadores agrarios; expropiar para el Estado toda gran industria, tanto la de capital norteamericano como europeo y también el gran capital argentino, colocando las empresas bajo administración obrero-estatal, estatizar todos los bancos de capital privado, tanto los de capital imperialista como de la gran burguesía argentina. Pero este programa está muy lejos de las intenciones y posibilidades de vuestro gobierno. Tanto por quienes lo integran, como por el programa y los métodos, vuestro gobierno no podrá dar ningún paso efectivo hacia la liberación nacional y social de nuestra Patria y de nuestro Pueblo. Eso lo sabe Ud. tan bien como nosotros. Ud. sabe que no entra en los propósitos del nuevo gobierno parlamentario ni desarmar al ejército opresor, ni terminar con la oligarquía terrateniente, ni con el gran capital explotador tanto imperialista como nacional. Al contrario, en este último aspecto, por 303

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ejemplo, se habla de grandes radicaciones de capitales europeos. Nadie que quiera verdaderamente la liberación de nuestra Patria puede pensar en seguir hipotecándola y entregándola a la voracidad del capital imperialista. Frondizi, sin ir más lejos, anunció también que grandes “radicaciones” de capital serían beneficiosas para la economía nacional y ya conocemos los resultados. ¿O acaso el Presidente Cámpora ignora lo que los obreros de Fíat han señalado reiteradamente, que el capital imperialista italiano es tanto o más explotador que el yanki? ¿Acaso el Presidente Cámpora ignora que debido al alto grado de entrelazamiento del capitalismo mundial, las palancas de las grandes empresas europeas se mueven en general desde Norteamérica? En estas circunstancias, llamar a la tregua a las fuerzas revolucionarias es, por lo menos, un gran error. Por el contrario, los verdaderos intereses de la clase obrera y el pueblo exigen redoblar la lucha en todos los terrenos, intensificar la movilización de las masas, intensificar las operaciones guerrilleras, incorporar a la lucha a sectores cada vez más amplios de las masas. Dar tregua en estos momentos al enemigo es darle tiempo para preparar una contraofensiva que entre otras cosas, en cuanto deje de convenirle, barrerá sin contemplaciones el nuevo gobierno parlamentario. Es necesario, más necesario que nunca, continuar hostigando al gran capital expoliador y al ejército opresor, sostén del injusto régimen capitalista, desarrollando al máximo todo el inmenso potencial combativo de nuestro pueblo. La batalla por la liberación que ha comenzado, está muy lejos de terminar. Sólo hemos dado nuestros primeros pasos y así lo entiende nuestro pueblo. Los elementos antipopulares con López Aufranc y Lanusse a la cabeza, incluidos dirigentes peronistas burgueses, pretenden confundir dando a la elección del 11 de marzo un carácter de culminación de un proceso y sostienen la mentira de que el pueblo votó por la pacificación. Todos sabemos que eso es falso, que el pueblo votó por la liberación de los combatientes, contra la Dictadura Militar opresora. NO DAR TREGUA AL ENEMIGO Por lo antedicho, el ERP hace un llamado al Presidente Cámpora, a los miembros del nuevo gobierno y a la clase obrera y el pueblo en general a no dar tregua al enemigo. Todo aquel que manifestándose parte del campo popular intente detener o desviar la lucha obrera y popular en sus distintas manifestaciones armadas y no armadas con el pretexto de la tregua y otras argumentaciones, debe ser considerado un agente del enemigo, traidor a la lucha popular, negociador de la sangre derramada.

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¡Ninguna tregua al ejército opresor! ¡Ninguna tregua a las empresas explotadoras! ¡Libertad inmediata a los combatientes de la Libertad! ¡Fuera la legislación represiva y total libertad a la expresión y organización del pueblo! ¡Por la unidad de las organizaciones armadas! ¡A vencer o morir por la Argentina! EJÉRCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO Comité Militar Nacional

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S E G U N DA PA RT E

Los editoriales firmados por Santucho

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La casi totalidad de esta segunda parte está compuesta por los editoriales de El Combatiente firmados por Santucho. No podemos establecer con exactitud el primero de ellos pero, estimamos, ha sido en el número 80 aparecido los primeros días de julio de 1973. El último corresponde al número 225, del 21 de julio de 1976, y como no existió el número 177, suman un total de 145 números. Nos faltan 15 ejemplares. De los 130 editoriales que tenemos, Santucho firmó 76, es decir, el 58 %. Por estos datos estimamos que faltan alrededor de 9 editoriales del período considerado. Esos 76 editoriales, tres cartas, Poder Burgués y Poder Revolucionario y “Las tareas centrales del Partido” ambos Resoluciones del CC de septiembre de 1974, las Resoluciones de los otros dos CC del período, una Declaración del CE, una nota teórica y dos notas informativas, consideramos, son ampliamente representativos del pensamiento del Secretario General del PRT y Comandante Jefe del ERP.

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5. Santucho rompe con las escrituras… y acierta desde el 25 de mayo al 5 de septiembre de 1973

Editorial de El Combatiente N° 81. Lunes 16 de julio de 1973 UNIDAD OBRERA Y POPULAR CONTRA EL IMPERIALISMO Y SUS AGENTES Texto leído en la Conferencia de prensa del PRT por Mario Roberto Santucho La aspiración de nuestro pueblo y la necesidad de nuestra patria es avanzar en el proceso revolucionario iniciado en el Cordobazo antidictatorial del 29 de mayo de 1969, hacia la liberación nacional de nuestra patria y la liberación social de nuestro pueblo trabajador. En ese sentido se pronunció la clase obrera y el pueblo argentino en años de enérgica lucha contra la Dictadura Militar, en el Cordobazo, en el Rosariazo, en el Viborazo, en el Mendozazo, en el Tucumanazo, en centenares de huelgas y manifestaciones, en centenares de acciones guerrilleras. Incluso, deformadamente, en las condicionadas elecciones del 11 de Marzo, y más recientemente en la jornada de liberación de los combatientes frente a Villa Devoto, en las centenares de ocupaciones de fábricas y decenas de acciones guerrilleras de las últimas semanas, en la tónica de la gran movilización del 20 de Junio. Avanzar en el proceso revolucionario bajo el actual gobierno parlamentario, avanzar hacia la liberación nacional y social, es movilizar ampliamente a las masas, continuar la lucha contra las empresas imperialistas y del gran capital, atacar las raíces de la dependencia estatizando las grandes empresas, realizando una profunda reforma agraria, desarmando al ejército opresor y armando al pueblo. ¿Cumple el gobierno parlamentario con el pueblo? ¿Satisface las aspiraciones de la clase obrera y todo el pueblo argentino? Cada día es más evidente 311

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que no. Por el contrario, el gobierno del Presidente Cámpora se coloca cada vez más claramente al lado de los explotadores y los opresores, junto a los enemigos del pueblo y de la nación argentina, y se apresta a reprimir más aún, ya ha comenzado a organizar la represión sangrienta contra el pueblo. En el terreno de la economía, en lugar de elevar el nivel de vida de las masas trabajadoras, y hacer pagar la crisis a los capitalistas y reorganizar la economía bajo el control y administración de los trabajadores, intenta a través del “pacto social” maniatar a los obreros y dar vía libre a los empresarios para un enriquecimiento más rápido. El plan de la CGE, calurosamente apoyado por la UIA y demás organizaciones del gran capital por el imperialismo yanki que lo considera el mejor plan de los últimos gobiernos, por el imperialismo europeo, es un plan abiertamente antiobrero que intenta “reconstruir” los bolsillos capitalistas multiplicando el esfuerzo de los trabajadores. En el terreno político, desde el Ministerio de Bienestar Social, convertido en cuartel general de la CIA, el gobierno organiza bandas fascistas para reprimir a las fuerzas revolucionarias. En este sentido es nuestro deber de revolucionarios denunciar que el sorpresivo y feroz ataque perpetrado contra los sectores revolucionarios del peronismo el 20 de junio en el acto de la Avda. Richieri, con un mínimo de 25 muertos, fue perfectamente planificado, organizado y ejecutado desde el Ministerio de Bienestar Social, bajo la inmediata dirección del torturador Osinde y otros notorios agentes del imperialismo yanki. Por estas medidas económicas y políticas el gobierno del FREJULI ha recibido el entusiasta respaldo de todo lo antinacional y antipopular, de la UIA, del imperialismo yanki y europeo, de personajes tan nefastos como Álvaro Alsogaray, de los militares opresores, y ha dejado sorprendidas y preocupadas a las amplias masas que lo apoyaron con su voto. Los recientes pronunciamientos gubernamentales, en especial el mensaje de Cámpora del 25 de Junio y la decisión de reprimir las ocupaciones de fábricas y la tenencia de armas y explosivos, sumados a los planes económicos y políticos del gobierno significan una traición a la voluntad popular, al mandato recibido, y colocan al nuevo gobierno a sólo un mes de su instalación a un paso de la “ilegalidad revolucionaria”. Este gobierno, mientras arma hasta los dientes a los fascistas, se atreve a intentar desarmar a los revolucionarios; mientras favorece sin rubores al gran capital intenta mantener a la clase obrera en la explotación, en el sufrimiento y el sacrificio, difundiendo la consigna contrarrevolucionaria “de la casa al trabajo y del trabajo a casa”, para impedir la participación del pueblo argentino en la política nacional; mientras se abraza con los militares contrarrevolucionarios, se prepara a atacar junto con ellos a la guerrilla y al pueblo. Alentados por las medidas del Gobierno, las 312

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FFAA contrarrevolucionarias y las bandas fascistas que ellos contribuyen a armar y organizar, se preparan activamente, se fortalecen y reorganizan y ya han comenzado su contraofensiva antipopular y antiguerrillera. El Presidente Cámpora pide tiempo y tranquilidad y es claro hoy día cómo utiliza este gobierno su tiempo, para unirse más a los explotadores y opresores y prepara el engaño y la represión del pueblo. Pero todos los intentos, todas las traiciones de estos enemigos del pueblo argentino y de la patria, fracasarán, encontrarán en su camino el infranqueable obstáculo de nuestro heroico y valiente pueblo que sabrá enfrentar a sus enemigos con energía e inteligencia, con mayor fuerza y eficacia aún que en el período de la Dictadura Militar. Las decenas y decenas de héroes del pueblo que dieron generosamente su vida en la dura lucha antidictatorial y las decenas de héroes populares que cayeron bajo las balas militares y fascistas en este primer mes de gobierno parlamentario, no serán olvidados, y su ejemplo alentará y guiará a los miles y miles de revolucionarios que nuestro pueblo destacará a las primeras filas del combate actual, por el camino de la guerra revolucionaria hacia el poder obrero y popular, socialista, hacia la verdadera liberación nacional y social. No hemos temido a la Dictadura Militar, no tememos a las bandas fascistas, no tememos al ejército contrarrevolucionario, ni tememos a los políticos traidores y farsantes que se ocultaron en el momento de la lucha y hoy quieren engañar, dividir y destruir las fuerzas revolucionarias del pueblo argentino. El gobierno del Presidente Cámpora está dando un paso trascendental, el de pasar a la represión popular. Si se atreve a hacerlo, cediendo a las presiones reaccionarias, se colocará sin duda en completa ilegalidad, constituyendo esa medida un verdadero golpe de estado contra la voluntad popular. Desde ese mismo momento encontrará a la clase obrera y al pueblo argentinos, a su frente en la fábrica y en el parlamento, en el barrio y en el campo y en la Universidad unido y organizado, y en primera fila estará nuestro Partido, el Partido Revolucionario de los Trabajadores y nuestra organización guerrillera el Ejército Revolucionario del Pueblo, junto a las demás organizaciones de vanguardia. ¡GLORIA A LOS HÉROES DE TRELEW! ¡UNIDAD OBRERA Y POPULAR CONTRA EL IMPERIALISMO Y SUS AGENTES! ¡A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA!

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Editoriales de El Combatiente N° 82 a 85, del 20 de julio al 10 de agosto de 1973 LAS DEFINICIONES DEL PERONISMO Y LAS TAREAS DE LOS REVOLUCIONARIOS Mario Roberto Santucho INTRODUCCIÓN El 13 de julio de 1973, a sólo 48 días de haber asumido el gobierno después de un largo y conflictivo proceso electoral, el Presidente Héctor J. Cámpora y el Vicepresidente Solano Lima, renunciaron sorpresivamente a sus respectivos cargos. Este hecho, caracterizado con justeza por el Partido Revolucionario de los Trabajadores como un autogolpe contrarrevolucionario, marcó el decidido viraje a la derecha del gobierno peronista, viraje que ya se venía insinuando dramáticamente desde el 20 de junio. El presente folleto analiza la política nacional a partir del autogolpe y está integrado por una serie de artículos publicados como editoriales, por el autor, en los números 82, 83, 84 y 85 del semanario El Combatiente, órgano oficial del PRT a los que se agrega el capítulo “La Unidad Obrera y Popular”. Buenos Aires, agosto de 1973 El Autogolpe Contrarrevolucionario del 13 de Julio El Rol del General Perón La Unidad de la Burguesía La Unidad Obrera y Popular Las Últimas Definiciones EL AUTOGOLPE CONTRARREVOLUCIONARIO DEL 13 DE JULIO A menos de tres meses de la instalación del Gobierno Parlamentario, el pueblo argentino ve con preocupación y asombro que no se resuelven ni encaran los problemas fundamentales del país y que por el contrario, se afianza en el Gobierno y en el peronismo una línea contrarrevolucionaria, continuista, 314

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que sigue con la política antipopular y antinacional de la Dictadura Militar. El pueblo argentino ve con sorpresa y asombro que el presidente Cámpora, el Ministro Righi, todo un sector que tímidamente tendió a ceder a los reclamos y cumplir aunque sea en mínima parte con las promesas electorales, que se resistió, que se opuso, a los intentos represivos de la camarilla fascista de López Rega, es desplazado de un plumazo por un repentino autogolpe organizado en “palacio” sin la más mínima participación popular. La clase obrera y el pueblo argentino ve con indignación que los gestores de este autogolpe reaccionario son los odiados enemigos del pueblo, los Comandantes en Jefe con Carcagno a la cabeza, los burócratas sindicales traidores Rucci, Calabró y compañía, el siniestro personaje López Rega. La clase obrera y el pueblo argentino ven con asombro y preocupación que el General Perón avanza hacia el poder de la mano de los Carcagno, los Rucci, los López Rega, apartando de su lado los elementos menos corrompidos e ignorando por completo a las organizaciones armadas peronistas, al peronismo progresista y revolucionario, a las bases obreras y populares. Los trabajadores y el pueblo en general, que en su mayoría votó las listas del Frejuli en las recientes elecciones, pronunciándose contra la Dictadura Militar y albergando esperanzas en cambios revolucionarios, se pregunta qué pasa, a qué se debe la repentina amistad entre los militares y la dirección del movimiento peronista que hasta días antes de la elección parecían enemigos irreconciliables, a qué se debe la renuncia de Cámpora, de Righi, de Puig, a qué se debe el ataque abierto al Gobierno y la CGT de Córdoba, a qué se debe este nuevo llamado a elecciones. Desconfía de los teje y manejes, de las trenzas de la cúpula, pero no encuentra una clara respuesta. Quiere creer en Perón, en su disposición revolucionaria, en su patriotismo y amor al pueblo, pero los hechos obligan a dudar, a reflexionar, a plantearse cruciales interrogantes. Pero aún, trabado en su acción por la confusión, por las dudas y preocupaciones, por la sorpresa y el asombro, el pueblo argentino adquiere día a día más conciencia política, se esfuerza por comprender y actuar, por tomar en sus firmes manos los destinos de la patria, por encarar los gravísimos problemas del pueblo y del país, continúa su lucha y se orienta inexorablemente hacia la revolución, hacia la conciencia y la acción revolucionaria, hacia la realización de la verdadera revolución que salvará a nuestra patria y a nuestro pueblo, hacia la revolución socialista de liberación nacional y social que hará la dicha del pueblo argentino y conquistará un futuro de completa felicidad colectiva para las futuras generaciones. Verdaderas causas y características del autogolpe Nuestro partido, el PRT, dirección político-militar del ERP, consciente de sus responsabilidades revolucionarias, se ve en la necesidad de responder a las 315

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inquietudes e interrogantes, plantear con toda crudeza y objetividad el verdadero significado del autogolpe y remontarse para ello a sus raíces. Aunque sabemos que hay muchos compañeros que aún no compartirán nuestros puntos de vista, se negarán a reconocer los hechos y conservarán esperanzas en Perón y el peronismo, asumimos la responsabilidad de plantear francamente los problemas de fondo y entre ellos el rol del General Perón en la actual política nacional. No queremos herir sentimientos, pero tampoco podemos ocultar cuestiones que son fundamentales para entender los actuales acontecimientos y guiar la acción obrera y popular en la dura lucha que afrontamos contra los enemigos del pueblo y de la patria. Como parte sustancial del Gran Acuerdo Nacional, el peronismo burgués y burocrático, se proponía defender hábilmente el sistema capitalista argentino de los embates del pueblo revolucionario, reorganizarlo y reconstruirlo, estabilizarlo y lograr un desarrollo capitalista que diera larga vida a este injusto sistema en nuestra patria. La forma de llevar adelante esa política fue claramente explicitada por Perón, Cámpora y otros dirigentes y consistía en lograr una tregua social, política y militar, que eliminara con engaños del escenario la lucha armada y no armada de la clase obrera y el pueblo, diera la ansiada estabilidad social que le permitiera reorganizar el capitalismo, atraer capital imperialista, mejorar parcialmente la situación económica, ganar así mayor crédito en las masas con algunas concesiones y pasar recién entonces al aislamiento y represión, a la destrucción de las fuerzas revolucionarias de nuestro pueblo, todo lo cual les permitiría lograr su objetivo de salvar el capitalismo. De ahí el llamado de Cámpora a la tregua, a la paz social, formulado poco después del 11 de Marzo y reiterado en varias oportunidades. Pero ese plan fracasó estrepitosamente antes de poder iniciarse su aplicación. La dirección peronista confiaba en que la clase obrera y el pueblo se dejaran engañar fácilmente y colaboraran en su propia infelicidad, en el fortalecimiento del poder de los capitalistas. Nuestro Partido en cambio confiaba en la decisión de lucha del pueblo, en su conciencia y combatividad, en su experiencia, y llamó a rechazar la tregua y continuar la lucha sin dejar de respetar el pronunciamiento popular. Ya desde el 11 de Marzo la dirección peronista esperaba la tregua; esa ilusión se disipó muy pronto. Confiaba en que a raíz del triunfo electoral, la guerrilla peronista suspendería sus operaciones, que las masas postergarían sus aspiraciones y aportarían sacrificadamente a la pacificación. Las cosas ocurrieron de otro modo y en lugar de suspensión hubo intensificación de las operaciones guerrilleras, la clase obrera y el pueblo dieron continuidad a su movilización y la dirección peronista por boca de Cámpora llamó nuevamente a la tregua y anunció que ella se concretaría sin falta a partir de la asunción del poder. 316

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La esperanza de la dirección peronista de lograrlo fueron bruscamente aventadas por las masas el mismo 25 de Mayo. Las masas en la calle chocaron con contingentes de las FFAA contrarrevolucionarias que intentaban desfilar para “santificar” el GAN y al costo de numerosos muertos y heridos abatidos por las balas de la represión, las masas obligaron a los odiados militares a volver y encerrarse en sus cuarteles. Ese mismo histórico día un importante contingente popular de 40.000 compañeros, rodeó la cárcel de Villa Devoto y exigió y obtuvo la inmediata libertad de todos los combatientes. Esta gloriosa conquista de las masas resultó un golpe mortal para el plan inicial del peronismo. Una carta importante que pensaban utilizar como elemento de negociación con nuestra organización, con el ERP, para lograr la suspensión de las operaciones guerrilleras, era precisamente la liberación de nuestros combatientes. Pero el pueblo movilizado destruyó ese plan y liberó, sin dar lugar a negociación alguna, a todos los combatientes de la libertad. Este histórico hecho y la ola de ocupaciones de fábrica, centros de trabajo y sindicatos, que siguió a la asunción del mando por Cámpora, convencieron a Perón que el engaño era imposible y debía cambiar de táctica para lograr los objetivos contrarrevolucionarios de reconstrucción nacional. Ese cambio de política está anunciado en sus declaraciones del día 29 de Mayo cuando comenta los hechos del 25 frente a Villa Devoto y dice: “Estamos cumpliendo un operativo que simplemente busca dejar sin razón de ser a algunos sectores de provocación que están todavía refugiados tanto en los centros gorilas como en los centros trotskIstas” y más adelante, comentando un telex de la Juventud Peronista que informa sobre los hechos de Devoto “aunque se hayan producido hechos como los que mencionan sin embargo es una buena experiencia para el futuro pues el control de esos grupos en nuevas concentraciones debe ser un objetivo a tener en cuenta”. (Declaraciones a periodistas de EFE publicadas en Clarín el 30 de Mayo de 1973). La movilización de las masas, el rotundo no a la propuesta de tregua, obliga pues a la dirección peronista a reelaborar sus planes, a archivar el proyecto de lograr la estabilización con el engaño, y pasar a la planificación de una ofensiva represiva y maccarthista inmediata contra las fuerzas progresistas y revolucionarias, consolidando simultáneamente sus ya estrechos lazos con las FFAA y los demás políticos burgueses. Esa ofensiva se inició con declaraciones maccarthistas y pasó brutalmente al terreno militar el 20 de Junio en la emboscada preparada por los hombres de Osinde contra las columnas de manifestantes encabezadas por las organizaciones armadas peronistas FAR y Montoneros. El torturador Osinde, Brito Lima y Norma Kennedy, responsables visibles de la agresión armada al pueblo, estuvieron con Perón días antes. Osinde regresó de Madrid después de largas 317

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conversaciones con su líder, López Rega e inmediatamente se dedicó a organizar, apresuradamente, los grupos de choque, viéndose en la necesidad de reclutar policías en las comisarías de Capital Federal y Gran Buenos Aires. Se supo que Osinde se movió abiertamente con vehículos de la Municipalidad de Bs. As. y del Ministerio de Bienestar Social, que pagó $ 150.000 por la “tarea” a los jefes de grupos reclutados, y que dispuso, entre otro armamento, de las armas de la Policía Federal pertenecientes a DIPA. Iniciada la ofensiva, los sectores más recalcitrantes de la derecha peronista intentaron extenderla rápidamente atacando al Ministro Righi -ajeno a la matanza- mediante el montaje de una serie de mentiras entre ellas que Righi estaba en combinación con el ERP. Pero esta línea no cuajó inmediatamente porque se encontró con fuerte resistencia de la izquierda peronista, que indignada por los hechos de Ezeiza, se movilizó enérgicamente y se dispuso a dar batalla. La dirección del peronismo presionó de inmediato a Cámpora y a Righi exigiendo y logrando un par de disposiciones represivas sobre ocupaciones de fábricas y tenencia de armas, a las que nuestra organización se opuso enérgicamente indicando que si el gobierno se atrevía a pasar a la represión contra el pueblo y la guerrilla, el pueblo y la guerrilla pasarían a la resistencia y se cancelaría también la tregua con el gobierno y la policía. La ofensiva de la derecha en el seno del gobierno fue resistida parcialmente dando lugar a una lucha sorda en distintos niveles gubernamentales, en el gabinete, en el parlamento, en el Partido Justicialista, en algunas gobernaciones provinciales. El Ministro Righi cedió sólo parcialmente y si bien promulgó la ley contra el armamento popular por cuya aplicación hay ya como mínimo seis combatientes prisioneros, cuatro de ellos del ERP, dio posteriormente una enérgica batalla en relación a la investigación de los hechos de Ezeiza, salió al paso en una conferencia de prensa a la crítica fascista defendiendo con firmeza la democracia y la libertad, en una palabra, mostró claramente su disposición a luchar, a no prestarse a una política represiva. El Presidente Cámpora a su vez, que venía también cediendo, dio una tónica correcta a su discurso del 9 de Julio ante las FFAA, dejando también bien claro que no sería fácil de manejar para una política de represión al pueblo. El Gobernador Ragone en Salta, motorizado y apoyado por el peronismo revolucionario, muy activo y claro en esa provincia, tuvo la valentía de aprobar la detención de 19 torturadores y someterlos a juicio criminal. Algunos compañeros nos han criticado diciendo que hemos atacado a Cámpora y a Righi y ahora los defendemos, que no los hemos diferenciado del peronismo reaccionario. No es así, nosotros diferenciamos siempre al peronismo progresista del contrarrevolucionario y precisamente nuestras críticas a Cámpora y a Righi, diferentes a las formuladas contra López Rega, Osinde, 318

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etc., se han producido en la medida que ellos cedían a las presiones derechistas y llamándolos siempre a no ceder y sumarse a la lucha obrera y popular. Por otra parte, nosotros como revolucionarios marxistas-leninistas que nos debemos a la clase obrera, no podemos apoyar sectores vacilantes, no podemos despertar esperanzas en políticos que no realicen una práctica revolucionaria. Coincidimos sí, con ellos en la defensa de la democracia y la libertad, pero no los defendemos ni apoyamos, siguiendo las enseñanzas leninistas de que un pilar de la educación revolucionaria es confiar únicamente en las auténticas fuerzas revolucionarias del proletariado y el pueblo y no confundirse por ningún demagogo, ningún vacilante, ningún partido ni dirigente que sólo prometa y ceda ante presiones y esté en todo momento bajo la influencia del enemigo. En tanto, al amparo de la democracia y la libertad conquistadas por la lucha popular, las fuerzas progresistas y revolucionarias iniciaron un vigoroso movimiento de desarrollo ganando numerosas batallas, recuperando sindicatos y comisiones internas, comenzando la coordinación y centralización nacional de las corrientes antiburocráticas, lanzándose hacia las masas con la propaganda, la agitación y la organización con resultados en extremo exitosos. El estado de ánimo de las masas, de inquietud e interés de apertura hacia las ideas socialistas, de elevada disposición combativa, facilitó el impetuoso progreso de las ideas y la organización progresista y revolucionaria en amplios sectores de las masas, en primer lugar en importantes sectores del proletariado fabril. Fue particularmente notable el avance del sindicalismo clasista que ganó rápidamente posiciones en sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados de importantes fábricas, vía la movilización de las bases, avance que se reflejó, en parte, en el entusiasta y combativo plenario nacional antiburocrático realizado el 8 de Julio en Córdoba. Asimismo, el rápido desarrollo organizativo del PRT y el ERP y el notable crecimiento de su influencia en amplias masas, no pasó desapercibido para la dirección burguesa del movimiento peronista ni para el ejército opresor. La crisis económica a la vez, no muestra síntomas de superación sino que por el contrario distintos indicadores como el déficit presupuestario, la crisis de los combustibles, el estancamiento de la producción automotriz, la carencia total de nuevas inversiones imperialistas, las dificultades en la comercialización de la excelente cosecha triguera, la presión de las masas por sustanciales mejoras en su nivel de vida, ponen en evidencia una vez más la imposibilidad de lograr bases económicas a corto y mediano plazo, para una política de conciliación de clases como la que aplicara el peronismo en 1945. Todos estos factores de inestabilidad, toda esta seria amenaza al capitalismo que constituye el comienzo del impetuoso despliegue de las poderosas fuerzas progresistas y revolucionarias de nuestro pueblo, es la causa inmediata del autogolpe contrarrevolucionario. Podemos por ello caracterizarlo como un 319

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golpe del conjunto de la burguesía dirigido a frenar, a impedir, la acumulación de fuerzas en el campo revolucionario. EL ROL DEL GENERAL PERÓN Los compañeros de la izquierda peronista, principalmente de las organizaciones hermanas FAR y Montoneros, sostienen la tesis de que el General Perón es en realidad un líder revolucionario que en estos momentos es ajeno al autogolpe apoyado por la CIA, que los verdaderos responsables de la eliminación de Cámpora, Righi, etc., de los hechos de Ezeiza, en una palabra, de la actual ofensiva contrarrevolucionaria, son López Rega, Osinde y Rucci que tienen rodeado y engañado, desinformado al general, que prácticamente lo han encarcelado y lo obligan a avalar una política reaccionaria que él no comparte. Amplios sectores de las masas que quieren al General Perón, que lo consideran un genuino defensor de los intereses obreros, piensan también que el jefe del justicialismo no tiene nada que ver con lo que está pasando. Todo ello es producto de una gigantesca equivocación que tiene su origen en las grandes concesiones que se hicieron a las masas en los primeros años del anterior gobierno peronista, lo que permitió una sustancial mejora en las condiciones de vida de las masas, hecho que pervive en la memoria colectiva de los argentinos y genera un profundo sentimiento de respeto y esperanza hacia Perón, sentimiento que llega a suponer en él propósitos que no tiene, a despertar expectativas irreales. En las actuales circunstancias de crisis prerrevolucionaria, en estos momentos de maduración de históricos cambios en la vida de nuestro pueblo y nuestra patria, cuando el capitalismo argentino, régimen injusto, inhumano y retrogrado, se debate en una profunda crisis sin salida inmediata, cuando maduran aceleradamente en el seno de nuestro pueblo poderosas fuerzas revolucionarias, cuando nuestro pueblo se prepara para tomar el destino del país en sus manos, para llevar adelante una profunda revolución, resulta necesario echar luz sobre el papel y propósitos del General Perón, personalidad de singular peso en la política nacional. Aún a costa de desagradar a muchos y tratando por todos los medios de no herir los sentimientos de nadie, nos vemos en la necesidad política e ideológica de referirnos a Perón que se ha convertido en una seria traba para el desarrollo de la conciencia revolucionaria en un importante sector de la vanguardia. Perón ha sido y es un apasionado defensor del sistema capitalista, que intentó e intenta convertir a la Argentina en una gran potencia capitalista. El mismo lo ha explicado en distintas oportunidades desde 1944 a 1973. Veamos 320

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algunas de sus afirmaciones. “Se ha dicho señores, que soy un enemigo de los capitales y si Uds. observan lo que les acabo de decir, no encontraran ningún defensor, diríamos, más decidido que yo, porque sé que la defensa de los intereses de los hombres de negocios, de los industriales, de los comerciantes, es la defensa misma del Estado”. “No se asusten de mi sindicalismo; nunca mejor que ahora estará seguro el capitalismo, ya que yo también lo soy, porque tengo estancia y en ella operarios. Lo que quiero es organizar estatalmente a los trabajadores para que el Estado los dirija y les marque rumbo, de esa manera se neutralizarán en su seno las corrientes ideológicas y revolucionarias que pueden poner en peligro nuestra sociedad capitalista en la postguerra”. “Por eso creo que si yo fuera dueño de una fábrica, no me costaría ganarme el afecto de mis obreros con una obra social realizada con inteligencia. Muchas veces ello se logra con el médico que va a la casa de un obrero que tiene un hijo enfermo; con un pequeño regalo en un día particular, el patrón que pasa y palmea amablemente a sus hombres y les habla de cuando en cuando, así como nosotros lo hacemos con nuestros soldados”. “Con nosotros funcionará en la casa la Confederación General del Trabajo y no tendremos ningún inconveniente cuando queramos que los gremios equis o zeta procedan bien, a darles nuestros consejos, nosotros se los transmitiremos por su comando natural; le diremos a la Confederación General: hay que hacer tal cosa por tal gremio y ellos se encargarán de hacerlo. Les garantizo que son disciplinados y tienen buena voluntad para hacer las cosas”. “Eso sería el seguro, la organización de las masas. Ya el estado organizaría el reaseguro, que es la autoridad necesaria para que cuando esté en su lugar, nadie pueda salirse de él, porque el organismo estatal tiene el instrumento que, si es necesario por la fuerza, ponga las cosas en su quicio y no permitan que salgan de su curso”1. “Tanto en la industria como en el comercio y la producción, la actividad privada seguirá siendo la base de la economía argentina. Muchas fuerzas económicas que nos fueron hostiles, apoyan hoy al peronismo, seguramente porque recuerdan la serenidad y el orden con que actuamos en ya lejanos años”2. Las concesiones a las masas que Perón promovió han tenido siempre por objetivo consolidar el capitalismo. Esto constituye una política burguesa hábil pero que de ninguna manera soluciona verdaderamente los problemas del pueblo, sino por el contrario tiende a agravarlos y llevar a las masas de un cierto consumo en un período a una gran miseria en otro. Lo único que se mantiene creciendo ininterrumpidamente son la ganancias de las empresas. Esta característica del peronismo debe ser hoy tenida en cuenta para no dejarse engañar con concesiones, con “palmeadas de hombros”, y luchar siempre consecuentemente por el 1. Discurso en la Bolsa de Comercio, 25 de agosto de 1944. 2 Declaraciones a la prensa publicadas en los diarios argentinos el 28 de Marzo de 1973. 321

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cambio de fondo del sistema de explotación que padecemos. El Cordobazo moviliza a la burguesía Cuando el 29 de Mayo de 1969, la clase obrera y el pueblo de Córdoba se levantan masivamente contra la Dictadura Militar de Onganía y tienen en jaque a las fuerzas represivas durante varios días, el conjunto de la burguesía tiembla y se alarma. Contempla con preocupación el total fracaso de la “Revolución Argentina”, y lo que es más grave, ve con verdadero pavor surgir tras de ella el terrible fantasma de la revolución social. Desde ese mismo momento todas las fuerzas de la burguesía argentina, todos sus recursos, comienzan a movilizarse para encontrar una solución que aleje el peligro revolucionario, que frene la lucha de las masas y su toma de conciencia, que encuentre una vía de recuperación del sistema capitalista en crisis. En primera fila entre los interesados por contribuir al freno de la revolución y “salvar el país”, se encuentra el General Perón que propone y logra organizar por medio de Paladino “La Hora del Pueblo”, nucleamiento de políticos burgueses basado en la unidad peronismo-radicalismo, cuyo objetivo es reclamar elecciones inmediatas, terminar con la Dictadura Militar y retornar al parlamentarismo como sistema de dominación burguesa. Este proyecto -como sabemos- es coincidente con el pensamiento de los mandos de las FFAA contrarrevolucionarias que a partir de Lanusse anuncia públicamente el llamado a elecciones, la estrategia contrarrevolucionaria del GAN. A partir de entonces Perón y el peronismo burgués comienzan a llevar a la práctica un plan de recuperación del gobierno con fines de reflotamiento del capitalismo y anulación del profundo proceso revolucionario en marcha. Ese plan tiene como línea principal lograr las elecciones y llegar al establecimiento de un gobierno parlamentario de amplio frente nacional basado en la unidad peronismo-radicalismo del pueblo, con amplia base de sustentación, con acuerdo de los militares y por tanto con fuerza y recursos para detener el avance de la revolución socialista. Esta estrategia está claramente expuesta por Perón en su documento “La Única Verdad es la Realidad” que esencialmente dice “no me asusta tanto el desastre ya provocado como la hecatombe que ha de ocurrir si esos designios siguen imperando, porque mientras viene corriendo la situación política antes mencionada, la nación ha sido llevada a una postración económica que se ha caracterizado por una creciente dependencia del exterior, por el empobrecimiento de los sectores del trabajo, por la desarticulación de la industria y el riesgo cada día más cierto de una desintegración nacional”. “Nadie puede permanecer inactivo y menos indiferente ante la amenaza que pesa sobre el destino nacional. Se trata de salvar al país, y en ese empeño nadie que comparta esta idea puede faltar a la cita”. 322

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“Si no se le ofrece al país una salida objetiva hacia su liberación y desarrollo complementados con una genuina democracia y una auténtica justicia social basada en el aumento de la riqueza nacional, el proceso de desintegración seguirá irreversiblemente y en su curso se liberarán crecientemente fuerzas que irán oponiéndose en forma violenta. No hay duda que la acción directa como sustituto de la acción política es una tentación que ya tiene comienzo profundo en el país. La crónica que registra los hechos de terrorismo y de guerrilla urbana, corresponde a la acción de las fuerzas sociales privadas de otros medios de acción por la fuerza coactiva de la dictadura, pero también por la inactividad para canalizarlas hacia una acción colectiva fecunda y pacífica”. ¿Es Perón un traidor? La dialéctica de las contradicciones con la Dictadura Militar y con el resto de los partidos burgueses, principalmente con el radicalismo, hace necesario y útil a Perón apoyarse también en la guerrilla, alentarla, y jugarla como carta de negociación, de presión, en sus enfrentamientos no antagónicos con los militares. Porque si bien tanto la camarilla de Lanusse con su GAN, como el peronismo y el radicalismo perseguían el mismo objetivo de ampliar la base social de la dominación política burguesa para lograr éxito en la lucha contra la revolución, existían entre ellos contradicciones no antagónicas que pueden sintetizarse a riesgo de simplificar demasiado, como la disputa por liderar la lucha contrarrevolucionaria con el más amplio margen de maniobra posible. Los militares perseguían entregar el Gobierno con grandes condicionamientos y con un amplio control desde bambalinas; los políticos burgueses buscaban llegar al poder con el mayor margen de maniobras posibles, sin condicionamientos ni controles militares. Para imponer su táctica y su influencia dominante Perón contaba con la fuerza inestimable que le brindaba la lucha de las masas y la enérgica presencia de la guerrilla peronista. De ahí que Perón alentara y aprobara la actividad de las organizaciones armadas peronistas salvo -naturalmente- cuando esa actividad las ligó al ERP. En cuanto al proceso electoral en sí, está fuera de toda duda que gran parte del éxito peronista en la elección de Marzo se debe a la tónica socialista y revolucionaria aportada por FAR y Montoneros y en ese caso naturalmente también se los dejó actuar, se los alentó, aunque se bloqueó todo lo posible su peso en las listas de candidatos. Perón abrigó además la idea no sólo de neutralizar inmediatamente a los combatientes peronistas, sino de utilizarlos como correa de transmisión para influir sobre nosotros y sectores de la vanguardia clasista en la perspectiva de la tregua. Todos estos elementos nos permiten comprender por qué Perón se apoya 323

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en Rucci, en López Rega, en Osinde, en Gelbard, que son sus más fieles colaboradores en la tarea de “Reconstrucción Nacional”, es decir de la reconstrucción del capitalismo explotador en Argentina. No podemos entonces obviamente esperar de Perón la Revolución Social, ni podemos tampoco esperar su neutralidad entre los revolucionarios y los capitalistas. Por el contrario, de los hechos expuestos surge con claridad meridiana que el verdadero jefe de la contrarrevolución, el verdadero jefe del actual autogolpe contrarrevolucionario, y el verdadero jefe de la política represiva, que es la línea inmediata más probable del nuevo gobierno, es precisamente el General Juan Domingo Perón. Y no porque él sea un traidor sino porque es un consecuente defensor de su clase, la burguesía, a la que permanece completamente fiel a pesar de no haber sido comprendido un tiempo por gran parte de sus hermanos de clase, por sectores de los capitalistas nacionales y extranjeros. Cuando la burguesía podía y necesitaba hacer concesiones a las masas, Perón materializó generosamente esas concesiones. Hoy, que la burguesía se encuentra en una profunda crisis, necesita reprimir duramente al pueblo y Perón materializa y materializará sin vacilaciones esa represión. Identificar claramente los amigos y los enemigos de las fuerzas populares es un punto de partida indispensable para una política revolucionaria. Toda confusión, la confianza en los enemigos y el alejamiento de los amigos constituye un debilitamiento enorme para la clase obrera y el pueblo. Todo trabajador sabe por experiencia que no debe tener la más mínima confianza en las promesas y palabras de los capitalistas, menos aún si ellas se pronuncian frente a un conflicto, frente a la lucha obrera. Y sabe también que debe unirse estrechamente a sus compañeros de clase, más aún en los momentos de lucha. Confiar en el General Perón, que actúa como jefe reconocido de toda la patronal, es poner en riesgo todo el potencial revolucionario de nuestro pueblo. Nosotros comprendemos y respetamos los sentimientos de los compañeros peronistas y nos parecería lógico el silencio del peronismo revolucionario en una situación como la actual, nos parecería lógico y aceptable que no se pronunciaran claramente sobre el verdadero papel de su líder. Pero llamar hoy al pueblo a confiar ciegamente en un dirigente de la burguesía que es precisamente el que está dirigiendo a su clase en el intento de aplastar la revolución, es francamente una línea suicida, que causaría enorme daño al campo obrero y popular. La energía y el potencial revolucionario de todo el pueblo trabajador argentino y de su motor dirigente, la clase obrera, es hoy poderosísimo. Liberado de confusiones, unido y claro en sus objetivos, organizado adecuadamente en lo político y lo militar, y orientado por la ideología de la clase obrera, el 324

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marxismo-leninismo, nuestro pueblo transitará victoriosamente el camino de su liberación nacional y social, el camino de la revolución socialista. LA UNIDAD DE LA BURGUESÍA Ante el peligro de la revolución socialista que como hemos visto la burguesía percibe claramente, todos los sectores de las clases contrarrevolucionarias tienden a unirse, proclaman su disposición a la “unión nacional”, al acuerdo, a la convergencia. Es así que los políticos burgueses, los peronistas, los radicales y demás, los mandos de las FFAA contrarrevolucionarias, los grandes empresarios nacionales y extranjeros, proclaman su buena voluntad, su predisposición a colaborar con el Gran Acuerdo Nacional y a permitir también que se sienten a la mesa de ese acuerdo, los “adversarios”, todos aquellos, incluso provenientes de las clases explotadas, que estén dispuestos a contribuir a la “reconstrucción nacional”. En épocas de crisis como las que actualmente vive la Argentina, la burguesía debe recurrir a un régimen de dominación que Carlos Marx denominó bonapartismo. El creador del marxismo y principal ideólogo de la clase obrera, que desnudó el injusto y explotador sistema capitalista y elaboró sobre bases científicas la teoría socialista de la emancipación de los trabajadores y de los pueblos oprimidos, explicó que la burguesía se sirve de dos regímenes fundamentales para mantener su dominación. Uno de ellos, el más conocido, es el régimen parlamentario, consiste en el libre juego de los distintos partidos burgueses que representan distintas capas de la burguesía y que puede aceptar incluso participación de partidos y líderes pequeño burgueses, campesinos y obreros, siempre que estén en minoría y no creen riesgos graves para la dominación de la burguesía. Decía Marx, refiriéndose a Francia, “La República Parlamentaria era algo más que el terreno neutral en que podían convivir con derechos iguales las dos fracciones de la burguesía francesa, los legitimistas y los orleanistas, la gran propiedad territorial y la industria. Era la condición inevitable para su dominación en común, la única forma de gobierno en que su interés general de clase podía someter a la par las pretensiones de sus distintas fracciones y las de las otras clases de la sociedad”3. El régimen parlamentario es, digamos, la forma de dominación normal de la clase capitalista. Ella lo utiliza permanentemente y le es perfectamente útil en épocas normales, de desarrollo y estabilidad económico-social. Merced al régimen parlamentario al mismo tiempo que conserva el poder por el poder del dinero, la burguesía monta una aparente democracia, 3. Carlos Marx “El Dieciocho Brumario” página 103. 325

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permite aparentemente la participación de las clases explotadas en el gobierno llamándolas a votar periódicamente por candidatos que la burguesía misma elige. A la vez las luchas intestinas, los conflictos entre los distintos sectores burgueses por un mayor enriquecimiento, se resuelven y solucionan por la vía parlamentaria. Allí los políticos burgueses, voceros de esos distintos sectores, ventilan los problemas, discuten, se “enfrentan”, y van dando solución a las divergencias de interés. Naturalmente siempre se imponen los deseos y necesidad de la burguesía y los trabajadores sólo pueden recoger allí migajas. Pero el sistema parlamentario tiene su flanco débil. Y él es la ficción de legalidad que se ve obligado a mantener y defender. Así cuando los trabajadores luchan con firmeza, cuando se produce un auge de la lucha de las masas, el parlamento se convierte en caja de resonancia y las maniobras de los patrones van quedando rápidamente al descubierto. La legalidad parlamentaria, la libertad de prensa y reunión, en una palabra las libertades democráticas que en épocas normales, bajo el reinado total del dios dinero, son herramientas que la burguesía emplea para engañar y embrutecer a las masas, en épocas de crisis, en épocas de auge de la lucha obrera y popular, se convierten en formidables instrumentos utilizables por el proletariado y el pueblo para decir la verdad revolucionaria, para desnudar la injusticia capitalista, para educar a las masas en las ideas revolucionarias para despertar y movilizar al pueblo. Así es que frente a la crisis económico-social, ante la movilización obrera y popular, la burguesía abandona el régimen parlamentario y pasa a la Dictadura Militar, a la dominación franca y abierta, se arranca la careta democrática y muestra su verdadero rostro opresivo y criminal. Como esa dictadura abierta no se sostendría frente a las masas movilizadas sin un cierto apoyo social, la burguesía trata de disfrazarla, configurándose así el otro régimen de dominación, el que hemos nombrado hace un momento, el bonapartismo. A este respecto decía Lenin: “para poder ser un guardián seguro hoy no bastan los cañones, las bayonetas y el látigo: hace falta convencer a los explotados de que el gobierno se halla sobre las clases, de que no sirve los intereses de los nobles y de la burguesía sino los intereses de la justicia, de que se preocupa por la defensa de los débiles y de los pobres contra los ricos y poderosos”4. Este otro régimen de dominación burguesa se basa en un líder reconocido por el conjunto de la burguesía, con influencias en las masas y apoyo en la fuerza militar, que actúa como árbitro de los distintos sectores burgueses defendiendo los intereses históricos del capitalismo, pero sin responder directamente a los intereses específicos de ningún sector de las clases dominantes, representándolos a todos sin defender en especial a ninguno, buscando engañar a las masas 4. Lenin “Una Confesión Valiosa” -Tomo V página 80. 326

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con concesiones y ejerciendo un férreo control militar represivo en primer lugar de las masas trabajadoras, pero también de aquellos sectores de la burguesía que se resistan a colaborar con el bonapartismo. En todo bonapartismo hay ya elementos, métodos, síntomas, de fascismo, sistema totalmente bárbaro e irracional que es, podríamos decir, una degeneración extrema del bonapartismo, al que se llega por el aplastamiento sangriento de la resistencia de las masas y la creación de un formidable aparato represivo que utilizando métodos de guerra civil contra las masas resulta incontrolable a la propia burguesía que lo creó. En la Argentina, ante el peligro de la revolución y debido al total desprestigio de la FFAA contrarrevolucionarias, la burguesía debió recurrir en primer lugar a las elecciones de marzo, condicionadas, sin verdadera democracia. Encerrada en la contradicción de tener que entreabrir las compuertas de la legalidad para engañar a las masas, aplacarlas y desviarlas, pero evitar al mismo tiempo que esa apertura haga llegar a las masas las ideas revolucionarias, debió recurrir a la farsa electoral. Porque para intentar detener el profundo proceso revolucionario en marcha, las clases dominantes necesitan ampliar la base social de su dominación, lograr el apoyo y la neutralidad de amplios sectores para poder intentar su política de reconstrucción. Y ampliar la base social significa hacer ciertas concesiones a las masas que no pueden darse en el terreno económico por la gravedad de la crisis y sólo es posible conceder en el terreno político de las libertades democráticas. Así se llegó al proceso electoral del 11 donde no se logró, por la debilidad de las fuerzas progresistas y por el hábil condicionamiento preparado por la burguesía, ofrecer una opción auténticamente representativa de los intereses obreros y populares, una lista de candidatos que representaran fielmente los intereses progresistas y revolucionarios de la mayoría del pueblo argentino. De esa manera en la elección del 11 de marzo el pueblo argentino se vio en la necesidad de elegir entre distintos candidatos todos ellos representantes de distintos sectores burgueses con el agravante de que la demagógica campaña de Frejuli y la errónea política de la organizaciones armadas peronistas FAR y Montoneros que lo apoyaron presentándolo como una verdadera solución popular y revolucionaria, despertó ciertas esperanzas en importantes sectores de las masas que aparentemente otorgó un mayor margen de maniobra a los planes de la burguesía. Nuestro partido resolvió abstenerse en las recientes elecciones porque fiel a la clase obrera y al pueblo no se prestó al engaño instrumentado por la burguesía sino que asumió valientemente su responsabilidad de señalar claramente que no debía esperarse ningún tipo de cambios profundos y positivos del Frejuli, sino por el contrario debíamos mantener la guardia en alto y continuar con la misma firmeza la lucha revolucionaria, alertando sobre la maniobra acuerdista de la burguesía. Esta posición, que en su momento fue pretexto para 327

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críticas virulentas por parte de las fuerzas enemigas e incluso por algunos sectores progresistas y revolucionarios que colaboraron por su errónea política con la burguesía en el engaño a las masas, se muestra hoy completamente correcta. Alentada por el éxito del GAN, la burguesía bajo la dirección del peronismo burgués y burocrático, comenzó sus aprestos para contener y desviar el proceso revolucionario en marcha en nuestra patria, levantando como consignas centrales la “Tregua” y la “reconstrucción nacional”. Fue avanzando en su unidad en torno al parlamento, en la unidad de los políticos burgueses, el acuerdo con los militares para su participación en la reconstrucción nacional, estudiando la mejor forma de aislar y destruir a la guerrilla y al movimiento clasista. De estos malignos planes participó el presidente Cámpora y buena parte de los sectores liberales que hoy han sido desplazados por el autogolpe derechista. Pero el poderío de las fuerzas progresistas y revolucionarias argentinas es tal, la orientación de las masas argentinas hacia la lucha revolucionaria, es tan profunda y caudalosa, que el pequeño resquicio de legalidad abierto, fue ensanchado de tal forma por la presión de las masas que ya en el primer día del nuevo gobierno amplios sectores de masas irrumpieron tempestuosamente en la política nacional, liberando a los presos, imponiendo una amplísima democracia, conquistando la libertad, presionando a los sectores liberales y progresistas del gobierno y obteniendo algunas reivindicaciones. La intensificación de la movilización de masas a partir del 25 de mayo desbarató el intento burgués de paralizar la revolución por el engaño y alrededor del parlamento, provocó una profunda crisis del parlamentarismo que no llegó a renacer y llevó a la burguesía a cambiar de planes, a comenzar a orientarse hacia una forma de bonapartismo, de unidad nacional en torno a las FFAA y bajo la jefatura incuestionada de Perón. La situación del campo burgués en estos momentos es de una decidida orientación hacia la represión y el bonapartismo, una clara orientación a barrer con la democracia y la libertad conquistada por las masas y pasar a la represión activa y abierta de las fuerzas progresistas y revolucionarias. Pero en ese marco de orientación general represiva y de aparatosa “unidad nacional” de la burguesía se cobijan elementos de crisis que han de hacer explosión a corto plazo ante la presión del embate de las masas. El ala fascista encabezada por López Rega, variante principal a la que se inclina Perón como recambio ante el posible fracaso del bonapartismo, encontrará fuerte resistencia en el propio seno de las fuerzas burguesas, principalmente en la burguesía liberal, en el radicalismo y en sectores del propio peronismo. Porque la burguesía tiene experiencia sobre el carácter del fascismo y sólo lo aceptaría después de importantes desgarramientos y ante la necesidad de optar tajantemente entre el fascismo y la revolución socialista. Por otra parte importantes sectores burgueses, principalmente la ofi328

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cialidad de las FFAA contrarrevolucionarias exigen soluciones inmediatas, no están dispuestas a esperar pacientemente un ensayo burgués a largo plazo y se inquietarán inmediatamente sin duda ante la continuación y agudización de la lucha de clases, de la crisis social, ante el deterioro y desprestigio del ensayo parlamentario-bonapartista, replanteándose nuevamente el golpe militar como recambio a la dominación burguesa. La nueva línea represiva del gobierno peronista encuentra firme resistencia en las masas como lo demuestra claramente la situación en la provincia de Córdoba donde todos los intentos de anular o debilitar la resistencia obrera y popular, de frenar el impetuoso desarrollo de las fuerzas progresistas y revolucionarias por la fuerza, han fracasado estrepitosamente. La burguesía sabe que esa resistencia obrera y popular a los intentos represivos, que se manifiesta en todo el país, llevará a grandes enfrentamientos inmediatos. Por eso la línea esencialmente represiva del nuevo bonapartismo deberá vestirse con un ropaje “democrático”, deberá aparentar respeto a las libertades democráticas y a la voluntad popular. Esta es la razón por la que de inmediato la burguesía, bajo la jefatura de Perón, tiende a disimular su verdadera política tras el llamado a elecciones, el “acatamiento” de las disposiciones constitucionales, la búsqueda de caminos laterales para hostigar y debilitar al clasismo en Córdoba; el mascarón de proa de Ricardo Balbín para el proceso electoral. La táctica contrarrevolucionaria de la burguesía es muy clara. Ha resuelto golpear duro y pronto al campo del pueblo, pero se prepara a hacerlo con el aval de la “voluntad popular” expresada en millones de votos, en la unidad, el consenso, de las principales fuerzas “nacionales”, el peronismo, el radicalismo del pueblo, las FFAA, las organizaciones empresarias y la burocracia sindical. Sintetizando podemos afirmar que las clases dominantes se orientan hacia un gobierno de tipo bonapartista represivo, que intentará anular de hecho las libertades democráticas y perseguir a las fuerzas revolucionarias, basados en un pronunciamiento electoral y en el consenso de las fuerzas “nacionales”. Que en el seno del gobierno se fortalece el ala fascista, como primer recambio ante el posible fracaso del bonapartismo y que las FFAA contrarrevolucionarias permanecen vigilantes, como pilar del bonapartismo primero y dispuestas a volver al primer plano de la política nacional con sus propias soluciones si el bonapartismo fracasa. La resistencia obrera y popular hará impracticable la solución bonapartista. Si se logra amplio movimiento unitario que movilice a todas las fuerzas progresistas y revolucionarias peronistas y no peronistas hay serias posibilidades de obligar al gobierno peronista a mantener la democracia y la libertad conquistada por las masas, por un cierto tiempo. Esto es lo más favorable para el pueblo, sería una victoria táctica completa que haría posible un considerable 329

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reforzamiento de las fuerzas revolucionarias, una gran acumulación de fuerzas, un grado de preparación óptimo para los inevitables enfrentamientos que sobrevendrán tarde o temprano, inevitablemente. Si el movimiento obrero y popular no logra unir y desplegar sus poderosas fuerzas, los grandes enfrentamientos se producirán en plazos más cortos porque el enemigo los buscará preventivamente, pasándose a la represión fascistoide y/o dictatorial por parte de la burguesía y a la generalización de la resistencia armada por parte del pueblo, es decir se entrará rápidamente en una nueva etapa de generalización de la guerra revolucionaria. Cualquiera que sea el curso futuro de la lucha de clases argentina, las condiciones son sensiblemente favorables a la clase obrera y el pueblo y reiteramos que los argentinos contamos con recursos suficientes para avanzar con firmeza y victoriosamente hacia la revolución nacional y social, hacia el poder obrero y popular socialista que solucionará definitivamente los problemas de nuestro pueblo y nuestra patria. LA UNIDAD OBRERA Y POPULAR El avance de la revolución, el crecimiento de las fuerzas revolucionarias del pueblo argentino, plantea nuevos problemas, acrecienta las responsabilidades de los revolucionarios, obliga a la vanguardia de nuestra clase obrera a enfrentar la compleja situación política actual con una clara línea revolucionaria, a precisar los ejes fundamentales de actividad revolucionaria y dar solución a todos los problemas planteados. Hoy nuestro pueblo cuenta con recursos apropiados, con un grado de experiencia y organización tal que abre posibilidades, por primera vez desde la década del ’30, para una solución verdaderamente revolucionaria a la crisis del país, para el amplio desarrollo de las fuerzas revolucionarias, para el triunfo definitivo de la revolución socialista argentina. En los siete años de lucha contra la Dictadura Militar, nuestro pueblo promovió de su seno una amplia vanguardia que se orientó hacia la resistencia antidictatorial y anticapitalista, desenvolviéndose ésta en torno a la lucha armada como eje principal, desarrollándose en todos los frentes y con los más variados métodos de lucha armada y no armada, pacífica y violenta, desde la clandestinidad y utilizando los resquicios legales, en las fábricas, los sindicatos, los barrios, el campo y las concentraciones estudiantiles, expresándose masivamente en gigantescas explosiones sociales, en levantamientos parciales del pueblo en numerosas e importantes ciudades del país, en Córdoba, Tucumán, Rosario, Mendoza, Corrientes, Salta, General Roca, etc. Toda la experiencia acumulada, la experiencia política y militar vivida por la vanguardia revolucionaria y amplios sectores populares 330

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fue cristalizando en la construcción y desarrollo de distintas organizaciones revolucionarias político-militares, entre ellas nuestro Partido y nuestro Ejército guerrillero, que con su íntima ligazón con las masas, su ideología marxista-leninista y sus métodos proletarios de construcción revolucionaria, se van erigiendo en la herramienta político-militar adecuada para canalizar la indomable combatividad, el silencioso heroísmo, las más altas virtudes revolucionarias que la clase obrera y el pueblo argentino han heredado del luminoso ejemplo del Comandante Guevara, el General San Martín, del General Güemes, de los Héroes de Trelew y de las decenas de combatientes que han entregado conscientemente sus valiosas vidas para la salvación de nuestro pueblo y de nuestra patria, y que se expresa hoy en los miles de hombres y mujeres que han entregado todas las horas de su vida a la sagrada causa de la Revolución Socialista, en los miles y decenas de miles de hombres y mujeres que están dispuestos a sumarse a esa justa lucha. Sin embargo, hay cruciales problemas aún sin solución. Y entre ellos como uno de los fundamentales la unidad obrera y popular, muy deficitaria hoy, por lo que debemos luchar enérgicamente por avanzar en su constitución y fortalecimiento. La burguesía dirige importantes esfuerzos a mantener confundida y dividida a la clase obrera y al pueblo consciente que una sólida unidad obrera-popular es uno de los pilares estratégicos para el triunfo de la Revolución. Así alienta todos los puntos de vista y actitudes divisionistas, se esfuerza en producir el divisionismo en las filas revolucionarias y para ello no ahorra recurso. Principalmente se vale de la prensa, la radio y la TV y de los líderes y partidos burgueses con influencia de masas, de la enseñanza universitaria, etc. Los Revolucionarios debemos enfrentar y desbaratar el divisionismo y buscar incesantemente el estrechamiento de vínculos entre todos los sectores y organizaciones progresistas y revolucionarias. Pero para que la unidad beneficie la causa revolucionaria del pueblo debe darse sobre la base de la unidad clase obrera-pequeña burguesía urbana y campesinado pobre. Esto es necesario dejarlo muy en claro, porque hay organizaciones que plantean como prioritaria la unidad con sectores de políticos burgueses y fuerzas empresarias representativas de la burguesía mediana, llamada nacional, aún antes de lograr y consolidar la unidad entre la clase obrera y sus aliados revolucionarios (pequeña burguesía urbana y campesinado pobre). El Partido Comunista, por ejemplo, orienta su política desde hace tiempo hacia la unidad, pero poniendo el acento en la unidad con la burguesía mediana, táctica errónea que lleva a una subordinación constante de ese Partido a la política de distintos sectores burgueses, pese a su carácter e intenciones sanamente antiimperialistas. Una parte del peronismo progresista y revolucionario prisionero de su errónea tesis del revolucionarismo de Perón cae, a su vez, en un error aún más 331

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grave al aceptar el punto de vista burgués de que el Movimiento Justicialista es ya un Frente Antiimperialista de Liberación Nacional, posición que coloca a importantes sectores del peronismo progresista y revolucionario al lado y bajo la dirección del peronismo burgués y burocrático, avalando su estrategia contrarrevolucionaria, embelleciéndolo a los ojos de las masas, contribuyendo poderosamente a engañar y confundir a la clase obrera y al pueblo, y alejándose simultáneamente de sus verdaderos aliados, las corrientes progresistas y revolucionarias del pueblo argentino. Nuestro Partido sostiene que la lucha de clases ha dividido definitivamente los campos enfrentados. De un lado el imperialismo yanki y europeo, la Gran Burguesía Monopolista, la Oligarquía Terrateniente, las Fuerzas Armadas contrarrevolucionarias, los partidos contrarrevolucionarios de Nueva Fuerza y el Manriquismo, el Peronismo burgués y burocrático, el Frondizismo, el Radicalismo balbinista, el Alendismo, la UIA, la CGE y la burocracia sindical. Del otro lado en el campo obrero y popular, la clase obrera, la pequeña burguesía urbana, el campesinado pobre, sus expresiones políticas y sindicales, el peronismo progresista y revolucionario, las organizaciones armadas, el Partido Comunista, la Juventud Radical y sus corrientes afines, la amplia gama de las organizaciones de izquierda, el PRT, el Sindicalismo Clasista y las Ligas Agrarias. Pero esta tajante división que se da cotidianamente en las luchas obreras y populares, está muy lejos de manifestarse en el terreno superestructura. La falta de unidad entre las organizaciones progresistas y revolucionarias y peor aún, la unidad de algunas organizaciones progresistas y revolucionarias con sectores de la burguesía, es la debilidad fundamental del campo popular y la fuente de mayor poderío del enemigo capitalista. Consciente de esta situación, nuestro Partido ha llamado y llama al peronismo progresista y revolucionario, a las organizaciones armadas peronistas y no peronistas, al Partido Comunista, a las demás organizaciones de izquierda, a la Juventud Radical, al Sindicalismo Clasista y a las Ligas Agrarias, a estrechar relaciones, a defenderse mutuamente, avanzar en el conocimiento mutuo en relaciones políticas fraternales, hacia la unidad obrera y popular. A partir de ella, las fuerzas populares podemos darnos después una política de Frente Popular más amplio y dirigido a neutralizar y después ganar a sectores de la burguesía media o nacional uniéndolos al pueblo bajo la firme dirección Antiimperialista y Revolucionaria del Proletariado. LAS ÚLTIMAS DEFINICIONES Las declaraciones de Perón en la CGT, el discurso de Lastiri del 30 de julio 332

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y el mensaje de Perón a los gobernadores, han sido pronunciamientos categóricos del gobierno contra las fuerzas revolucionarias y progresistas, principalmente contra las guerrillas, el Partido Comunista y la Juventud Peronista. El cambio de táctica gubernamental se siguió materializando en el desplazamiento de la Juventud Peronista de la Dirección del Movimiento Justicialista y su reemplazo por la Juventud Sindical Peronista, afín a la burocracia sindical y a López Rega y en los ataques verbales a las fuerzas revolucionarias, nuevas medidas contra la libertad de expresión, vía libre a la represión policial y anuncio de una futura legislación represiva. Lastiri y Cía. insultan y amenazan a la guerrilla, tal como solían hacerlo Onganía, Levingston y Lanusse. Anuncian la más violenta represión con idéntica argumentación que los anteriores enemigos del pueblo, consiguiendo así el aplauso de los explotadores y de los militares. Pero no deben ilusionarse ni confundirse; en poco tiempo aprenderán que a nuestro pueblo ya no se le atemoriza fácilmente y que la guerrilla sabe luchar, sabe defenderse y también sabe atacar cuando es necesario hacerlo. Pueden estar seguros que las organizaciones de vanguardia permanecerán fieles a su pueblo y a su patria y aceptarán la lucha en el terreno que se dé y con el enemigo que se presente. Lastiri, que según la prensa, fue elegido presidente por once personas, tiene la desvergüenza de hablar de representatividad, lo mismo que el general Iñiguez, reconocido agente de los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas contrarrevolucionarias. Acusan a las organizaciones guerrilleras de constituir pequeños grupos marginados del proceso, que se oponen a la voluntad popular. Todo ello es profundamente falso. Las organizaciones revolucionarias están hondamente arraigadas en el pueblo y representan fielmente las profundas e insatisfechas aspiraciones de justicia que estremecen a las más amplias masas explotadas de nuestro pueblo, a los obreros, a los empleados, a los campesinos pobres, a los pobres de la ciudad, en una palabra a todo el pueblo trabajador argentino y a todos aquellos ciudadanos honrados de otras clases, capaces de pensar en los demás y conmoverse por las injusticias del sistema de explotación capitalista que oprime a los argentinos, sistema de explotación que Lastiri y su camarilla defienden y representan en este momento. Cuando que hubo que luchar contra la Dictadura Militar, la mayoría de los políticos “representativos” de hoy brillaron por su ausencia, peor aún, algunos como López Rega, suegro y superministro de Lastiri, desautorizaron expresamente las movilizaciones de masas y las acciones de guerrilla antidictatoriales, la violencia popular revolucionaria. Cuando la Dictadura inicio su retirada acosada por la lucha armada y no armada de las masas, estos mismos políticos aparecieron como la “oposición” preparándose sin rubores para apropiarse del triunfo antidictatorial para sus intereses de camarilla, para engañar al pueblo 333

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antes, durante y después del proceso electoral, al mismo tiempo que se ofrecían secretamente a los militares como los salvadores del capitalismo y enterradores de la revolución. Entre tales políticos estaba Lastiri, que fue elegido diputado entre gallos y medianoche, sumándose silenciosamente, taimadamente, mentirosamente a una campaña centrada en la propaganda guerrillera y socialista. Las masas continúan movilizadas En el extremo opuesto la clase obrera y el pueblo continúan con firmeza su lucha que va adquiriendo día a día mayor fuerza y amplitud. Es evidente que el gobierno peronista no encara los acuciantes problemas del pueblo y el pueblo no está dispuesto a esperar eternamente soluciones con los brazos cruzados. Así lo demostró especialmente la clase obrera y todo el pueblo de San Francisco, provincia de Córdoba, que protagonizó una justa y formidable movilización reprimida a balazos por la policía. Diez mil trabajadores salieron a la calle, en esa ciudad, en solidaridad con los obreros de la fábrica Tampieri y descargaron su odio de clase, el odio acumulado en decenas de años de explotación, de sufrimientos y estrecheces en beneficio de los patrones capitalistas. Se adueñaron de las calles y atacaron las lujosas residencias y automóviles de los explotadores, custodiados y defendidos éstos por la policía del régimen. El choque fue inevitable. Las descargas contra la multitud desarmada segaron la valiosa vida del joven obrero de 16 años Rubén Molina e hirieron a otros cuatro compañeros. Pero el pueblo no se atemorizó, cuatro policías fueron hospitalizados por las pedradas recibidas, se levantaron barricadas y prácticamente fue tomada por su pueblo la ciudad de San Francisco. Inmediatamente el gobierno provincial mandó la represión. Varios carros de asalto de la guardia de infantería de la capital cordobesa atacaron a los trabajadores con gases lacrimógenos desalojándolos, después de duros enfrentamientos y destruyeron las barricadas. El pueblo, en su retirada, ocupó dos armerías, expropió armamento y lo guardó. Al día siguiente, un paro de 24 horas paralizó completamente la ciudad en una muestra del total y absoluto respaldo a la movilización del día anterior, por parte de todo el pueblo sanfrancisqueño y de repudio a la bárbara represión policial-gubernamental. La movilización se detuvo allí porque logró su objetivo: el inmediato pago de todo lo adeudado a los obreros de Tampieri, pago que efectivizó el gobierno provincial por medio de un crédito a la patronal. La experiencia de San Francisco muestra claramente que con el gobierno peronista no hay cambios favorables a los trabajadores, que se mantienen en toda su vigencia el régimen de explotación capitalista que oprime al pueblo argentino y que la salvaje represión policial está tan dispuesta a actuar como en épocas de la Dictadura. Muestra además, y esto es lo fundamental, el poderío la clase obrera y el pueblo que, unidos y movilizados, superan el poder de la 334

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burguesía y sus órganos represivos, son capaces de adueñarse a nivel local de la situación, aún sin armas como en esta ocasión, obligando al enemigo a recurrir a refuerzos para retomar el control. Se agudiza la represión El baleamiento del pueblo de San Francisco, el asesinato de nuestro compañero Eduardo Giménez por la policía de Córdoba, varias detenciones y allanamientos a militantes revolucionarios, los amenazantes anuncios de Lastiri y Perón que dan vía libre a los organismos represivos y paramilitares, son claros indicios de un significativo incremento de la represión. Los organismos de seguridad se reúnen públicamente para planificar la lucha contra la “subversión”, es decir contra los revolucionarios, tal como se hacía en tiempos muy cercanos. Nuestro pueblo conoce el significado de todo esto, la argumentación de los capitalistas, siempre tan dispuestos a defender las leyes que protegen su sistema; conoce también a los revolucionarios y sabe discernir correctamente. Sabe que el actual gobierno es el continuismo, la defensa del orden burgués que el pueblo repudia. Sabe que las trenzas de alto nivel entre Balbín, Perón, Frondizi, López Rega, Rucci y Carcagno están dirigidas en su totalidad contra el pueblo revolucionario, contra los ardientes deseos de cambios profundos que siente la gran mayoría del pueblo argentino. Sabe que es imprescindible desarrollar la lucha de masas para obtener impostergables reivindicaciones y sabe también que el accionar guerrillero sigue siendo justo y necesario. Por eso, por la comprensión y decisión del pueblo, los intentos represivos del gobierno fracasarán, como fracasó la represión dictatorial. Por cada combatiente encarcelado o asesinado habrá no ya diez sino veinte que correrán a ocupar su puesto de combate. Formas de la resistencia popular La línea represiva gubernamental apuntará a dos blancos fundamentales: el movimiento sindical clasista, especialmente el activismo de fábrica y las organizaciones guerrilleras. Estos objetivos deben ser inteligentemente defendidos por los revolucionarios y a la vez hostigar por distintas partes al enemigo obligándolo a dispersar sus fuerzas. Los argentinos hemos adquirido ya experiencia, en los años de lucha contra la Dictadura Militar, para enfrentar exitosamente la represión, pero no debemos dejar de tener en cuenta que si bien estamos esencialmente frente al mismo enemigo, su ferocidad y peligrosidad será mayor aún por que mayor es su miedo ante los avances de la revolución y porque con el disfraz bonapartista, asentado en partidos burgueses con influencia de masas como el peronismo y el radicalismo, contará con mayores posibilidades represivas apoyándose en delatores 335

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de dentro de esos partidos que aunque serán escasos, le prestarán importante colaboración. Otra característica de la represión bonapartista que es necesario tener muy en cuenta es el montaje de provocaciones como la de Ezeiza. La actual camarilla gobernante carece en absoluto de escrúpulos y utilizará todos los medios para intentar engañar al pueblo y para golpear a las fuerzas progresistas y revolucionarias. Es de prever entonces los intentos de montar falsas operaciones muy impopulares, supuestamente realizadas por las organizaciones guerrilleras; como también la producción de ciertos hechos que inciten a los sectores más combativos, a los sectores de vanguardia, a movilizarse aisladamente, tendiéndoles de esa manera una trampa para masacrar decenas o centenares de obreros de vanguardia, descabezar el movimiento y atemorizar a las masas. La actitud de los revolucionarios frente a esto no puede ser otra que estar muy alertas para explicar rápidamente a las masas la verdad en el caso de acciones simuladas y ante posibles provocaciones, mantener la cabeza fría y proceder con inteligencia no ofreciendo blanco al enemigo, eludiendo o desbaratando las provocaciones y golpearlo allí donde no lo espera. El eje de la resistencia obrera y popular será nuevamente la movilización de las masas y el accionar guerrillero. La organización progresista, clasista y revolucionaria de las masas ha continuado desarrollándose y cada día es más amplia y consistente. El movimiento clasista adquiere día a día más peso en el campo fabril y sindical y puede convertirse localmente en algunas ciudades, a corto plazo, en una opción de masas frente a la burocracia traidora, en la medida que el auge de las luchas obreras se mantenga y desarrolle. El surgimiento y consolidación de las Ligas Agrarias como organizaciones de masas de los campesinos pobres es otro factor organizacional de peso, como también los Frentes Villeros que se están formando en distintas ciudades del país, uniendo y organizando, con características combativas a los pobres de la ciudad. El movimiento sindical clasista, las Ligas Agrarias y los Frentes Villeros constituyen excelentes herramientas para el desarrollo de la movilización de las masas obreras, campesinas y de pobres de la ciudad, que tenderán a unirse, a apoyarse mutuamente por la similitud de sus problemas, ante el enemigo común. El accionar guerrillero, a su vez, se desarrollará en el marco de posibilidades anteriormente desconocidas, por la potencialidad creciente de la guerrilla. Hoy no es la época de Onganía, cuando la represión se ejerció contra masas prácticamente desarmadas y sin experiencia militar. La orientación represiva del gobierno recibirá ahora contundentes respuestas producto de operaciones de unidades guerrilleras relativamente poderosas, bien armadas y experimentadas, con iniciativa táctica y estratégica considerables. 336

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La movilización de las masas y el accionar guerrillero se entrelazarán en un grado más elevado que durante el período anterior, tendiendo incesantemente a convergir -como ocurrió en San Francisco- en nuevos Cordobazos, Rosariazos, etc., en verdaderos levantamientos populares que con las fuerzas que actualmente tiene nuestro pueblo, pueden convertirse en insurrecciones parciales muy difíciles de controlar por las fuerzas represivas, que constituirán pasos fundamentales en el desarrollo, generalización, masificación de la guerra revolucionaria popular que ha comenzado a librar nuestro pueblo. El peronismo progresista y revolucionario Amplios sectores del peronismo progresista y revolucionario que creían sinceramente a Perón un revolucionario, se encuentran es estos momentos desorientados. Nuestro Partido y nuestro Ejército guerrillero han llamado constantemente a la unidad a estos compañeros y sus organizaciones. Hoy tenemos que reiterar ese llamado recordando además, puntualizando, que la línea que adopte el conjunto del peronismo progresista y revolucionario en la actual situación tiene una importancia enorme para la revolución, para el desarrollo de las poderosas energías combativas de nuestro pueblo. Las organizaciones armadas FAR y Montoneros y parte de la Tendencia Peronista Revolucionaria han cometido un grave error, muy notable y perjudicial para el campo popular, especialmente a partir del 25 de mayo: confiar ciegamente en Perón y basar toda su política en esa confianza. Hoy que se ve claramente ese error puede ser subsanado por el peronismo progresista y revolucionario y retomar una línea independiente del peronismo burgués y burocrático que encabeza Perón, una orientación independiente y combatiente que los aproxime y una a sus verdaderos compañeros, a sus verdaderos aliados, las organizaciones armadas no peronistas y el resto del campo popular. Como decía Lenin, no es grave cometer un error. Todo el mundo lo comete. Lo grave es persistir en él, agrandarlo y justificarlo. Muchos compañeros y organizaciones del peronismo revolucionario han caído en el error y lo han agrandado induciendo a error y confundiendo a la vanguardia de las masas. Pero ese error puede ser corregido si se pasa ahora con decisión a una línea correcta, unitaria, combativa e independiente. La lucha en que está empeñado nuestro pueblo exige de su vanguardia fidelidad a la causa revolucionaria, fortaleza moral, decisión, energía y consistencia. No hay lugar para indefiniciones ni indecisiones, ni tampoco para el decaimiento ni la desmoralización. Conocimos en las cárceles de la Dictadura Militar y en el transcurso de la lucha numerosos peronistas revolucionarios y sabemos de su temple y su amor al pueblo y a la patria; confiamos por eso en que gran parte de ellos sabrán seguir con honor el camino que indicara el inolvidable y ejemplar Montonero Mariano Pujadas, 337

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héroe popular peronista, cuando dijo en Trelew: “Aquí hay compañeros de tres organizaciones. Esta acción es significativa de nuestra voluntad de unión. Estamos juntos en esto y vamos a luchar juntos por la liberación de nuestro pueblo”. La nueva maniobra electoral La nueva maniobra electoral que prepara la burguesía tiene por objeto reforzar el aval “popular” a su política represiva. Su intención es llegar a un plebiscito que sumado al expreso apoyo de las FFAA, la UIA y la CGE, la CGT de Rucci y los demás partidos políticos burgueses, otorgue un gran respaldo político al próximo gobierno. Perón trata de comprometer y atar a toda la posible oposición con una argumentación legalista que le proporcione razones a su política represiva. Lo dice con toda claridad en su mensaje a los gobernadores: “No admitimos la guerrilla porque yo conozco perfectamente el origen de esa guerrilla. Los partidos comunistas que en otros países se ha visto que han ido a su destrucción dentro de la ley, han querido salirse de la ley para defenderse mejor. Eso no es posible. No es posible dentro de un país donde la ley ha de imponerse, porque la única manera de no ser esclavos es siendo esclavos de la ley”... “Cuidado con sacar los pies del plato, porque entonces tendremos el derecho de darles con todo”. Esgrimiendo la “legalidad”, el conjunto de leyes capitalistas elaboradas por los gobiernos anteriores, por la Dictadura Militar y demás, esgrimiendo leyes como la 20429 que obliga al desarme del pueblo y prescribe que los únicos que pueden tener armas en la Argentina son las fuerzas represivas militares y policiales; como la ley que prohíbe las ocupaciones de fábricas; como la que impide la difusión de las ideas revolucionarias, pretende enchalecar a toda la oposición y justificar la represión que prepara contra el armamento popular, contra la movilización de las masas, contra la libertad de expresión. Pero nuestro pueblo ya ha demostrado que no acepta imposiciones contrarrevolucionarias, que no acepta el “orden” burgués y por el contrario va estableciendo su propio orden, su propia legislación revolucionaria que responde directamente a las aspiraciones y necesidad de los trabajadores, a los objetivos de su liberación nacional y social por los que luchamos y que está en constante y cotidiana contradicción con las leyes de defensa del capitalismo. El pueblo argentino no admitirá el desarme de las guerrillas, no admitirá la represión a la movilización de masas, no admitirá la prohibición de las ideas revolucionarias. El proyecto de ilegalizar con respaldo político a las fuerzas revolucionarias, se asienta en forma inmediata en la maniobra electoral. Este es un terreno de lucha que, aunque favorable al enemigo, no debe ser abandonado por los revolucionarios. Objetivamente se da la posibilidad y necesidad de unificar al conjunto de 338

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las fuerzas progresistas y revolucionarias de nuestro pueblo, peronistas y no peronistas, que la burguesía intenta marginar de este proceso, para adoptar una táctica común que dificulte, cuando menos, la maniobra del enemigo, dé orientación a las masas y sea punto de partida para una actividad posterior unificada en el terreno democrático, en defensa de las libertades, en el esfuerzo de frenar, dificultar y combatir con la denuncia y la lucha, todos los pasos represivos del gobierno, de los organismos de represión y de los grupos fascistas paramilitares que organizan y arman sectores del propio gobierno y las FFAA con la colaboración activa de la CIA norteamericana. Nuestras tareas La libertad y la democracia conquistadas por el pueblo, están a punto de ser conculcadas. De allí que todas nuestras tareas en los próximos meses deberán desarrollarse en el marco de un aumento constante de la represión por lo que debemos basar la militancia cotidiana en un redoblamiento de la vigilancia revolucionaria, en el cumplimiento estricto de los métodos conspirativos y de seguridad. Las perspectivas revolucionarias existentes, enteramente favorables, nos obligan a multiplicar esfuerzos, hacen necesario una nueva aceleración del ritmo de construcción de las organizaciones revolucionarias, hacen necesario un incremento de las operaciones de guerrilla. La garantía básica para lograr éxito y eficiencia en el cumplimiento de estas y todas las tareas revolucionarias del momento, es el crecimiento y el fortalecimiento incesante de nuestro Partido y nuestro Ejército guerrillero. Nuestra organización necesita decenas y centenares de nuevos cuadros para acometer y cumplir exitosamente sus complejas responsabilidades revolucionarias. Este es el momento en que cada compañero progresista y revolucionario, dejando de lado dudas y vacilaciones, debe rodear a su partido proletario, el PRT y a su organización guerrillera, el ERP, incorporarse, unirse o colaborar con ellos, dar lo mejor de sí a la justa causa socialista canalizando sus energías en el PRT y el ERP. Un fuerte y maduro partido proletario con influencia de masas y un ejército guerrillero activo, eficiente, estrechamente ligado a la clase obrera y al pueblo, son los pilares de granito sobre los que se edificará la victoriosa resistencia revolucionaria del pueblo argentino.

Editorial de El Combatiente N° 86. Viernes 17 de agosto de 1973

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22 DE AGOSTO: DIA DEL COMBATIENTE HEROICO Mario Roberto Santucho Varias ocupaciones de fábricas y huelgas obreras en todo el país, principalmente en el Gran Buenos Aires; combativas movilizaciones de pueblos enteros en Villa Carmela y Los Ralos en Tucumán; enérgicas luchas del campesinado por la tierra como las de Aminga, Depto. La Costa, provincia de La Rioja; numerosas acciones guerrilleras entre las que se destaca el ajusticiamiento del torturador Tamagnini en Tucumán, son todas expresiones de la continuidad de la lucha del pueblo argentino, que se desenvuelve con vigor renovado, con amplitud creciente y con objetivos reivindicativos y políticos cada vez más definidos y profundos. Por ejemplo, en Villa Carmela, población rural de alrededor de mil habitantes, ubicada a pocos kilómetros de la ciudad de Tucumán, una Asamblea del pueblo resolvió entre otras cosas calificar de “pequeño triunfo” la respuesta oficial al petitorio y dijeron que la asamblea vecinal dispuso también “repudiar la intimidación policial”. Destacaron que los logros fueron “alcanzados por medio de la lucha y no por la sensibilidad del gobierno”. En la concentración -agregaron- se acordó también continuar organizándose para propiciar la concreción de la “patria socialista”. Manifestaron que la única comisión reconocida es la movilizadora “a la que se someterán todas las entidades de la localidad”. Se resolvió además denominar a la estación “Héroes de Trelew”. Todas estas luchas de la clase obrera y el pueblo han sido en general silenciadas por la prensa burguesa que colabora de esa manera con el gobierno y se esfuerza por centrar la atención del pueblo en el proceso electoral, por crear expectativas en las candidaturas. Pero todas estas movilizaciones son verdadera expresión de las profundas aspiraciones de cambios revolucionarios de nuestro pueblo, de su decisión de lucha, de su convencimiento de que es necesario continuar combatiendo más enérgicamente aun para enfrentar y derrotar a los enemigos del pueblo argentino, a los enemigos abiertos y a los enemigos embozados. La semana pasada en San Francisco los trabajadores coparon dos armerías y obtuvieron algunas armas; esta semana en Los Ralos, jóvenes combativos empuñaban machetes y revólveres, y en Villa Carmela el pueblo desarmó a dos policías ferroviarios devolviéndoles las armas pero expropiándoles las balas “para la causa del pueblo”. No son sólo las elecciones la forma de expresión, la forma de expresión popular, por el contrario ellas se dan generalmente de manera tal, que la verdadera voluntad popular es deformada, distorsionada. Más fielmente que en las elecciones el pueblo expresa su voluntad mediante la lucha, voluntad que no acepta los llamados a la tregua, a la conciliación nacional, a la unidad entre 340

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explotadores y explotados que la burguesía propone para que los obreros y todo el pueblo trabajador se sacrifiquen aún más y capitalistas y burócratas puedan gozar, despilfarrar el producto del trabajo de las masas, darse la gran vida y continuar acumulando riquezas y fuerzas para mejor explotar y oprimir al pueblo, para mantener eternamente el sistema capitalista de explotación del hombre por el hombre, cuyos privilegios disfrutan. LOS PREPARATIVOS ELECTORALES La burguesía ya [designó] sus candidatos: Manrique-Raimonda, Perón-Isabel y Balbín-De la Rúa, ninguno de los cuales ofrece posibilidades de una política revolucionaria, ni siquiera progresista, que satisfaga aunque sea parcialmente las manifiestas aspiraciones de cambio de nuestro pueblo. Por el contrario, el objetivo que persiguen las clases dominantes, como sostuvimos en nuestro artículo de la semana pasada, es intentar convertir las elecciones en punto de apoyo para legalizar la represión, para avalar la línea represiva adoptada por el peronismo burgués en conjunto con los mandos militares, con el asentimiento de los grandes empresarios y el resto de los partidos burgueses. Cualquiera de estos candidatos, tanto Manrique como Perón y Balbín, proponen una política muy simular de “reconstrucción nacional” una política dirigida a detener por todos los medios la revolución que nuestro pueblo impulsa, y crear bases de recuperación del capitalismo, de fortalecimiento del sistema de dominación imperialista que sufre nuestra patria y nuestro pueblo. Naturalmente que estos políticos hablan de revolución, de libertad, de independencia nacional, de justicia social, porque saben que de otra manera no obtendrían votos, no lograrían engañar a nadie. Pero esas son sólo falsas promesas, demagogia. La verdad es que todos ellos no se proponen hacer una revolución, sino que intentan e intentarán evitarla, desbaratarla. No se proponen terminar con la explotación del hombre por el hombre, sino prolongar su vigencia. No se proponen independizar el país de la garra imperialista, sino llegar a acuerdos con él, respetar la estructura dependiente, la dominación yanki y europea, y cuando mucho lograr mejores condiciones en algunos negocios. Aún en este terreno, que es el más favorable para el enemigo, la maniobra de la burguesía amenaza verse dificultada por la posible presentación de una candidatura auténticamente representativa: la de Tosco-Jaime, que ha comenzado a agitarse en estos días. Aún cuando esta es sólo una posibilidad, ya despertó entusiasmo en amplios sectores de nuestro pueblo. No puede ser de otra manera, porque tanto Agustín Tosco como Armando Jaime han estado a la cabeza de las luchas antidictatoriales y han sufrido persecuciones 341

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y encarcelamientos. RAWSON Y TRELEW La próxima semana nuestro pueblo recuerda y conmemora el bárbaro fusilamiento de 16 de sus mejores hijos en la base aeronaval de Trelew, asesinato que marcó eternamente a las FFAA opresores como verdugos de patriotas, con el estigma infamante de criminales de guerra. El 15 de Agosto después de arduos y complicados preparativos que llevaron varios meses, 116 guerrilleros, miembros de las organizaciones armadas, Montoneros, FAR y ERP, lograron copar desde adentro la cárcel de Rawson para intentar una fuga masiva cuya dificultad principal residía en las largas distancias a recorrer hasta lugar seguro. El enemigo nos tenía recluidos en medio de grandes medidas de seguridad. Aparte del personal del penal, de la Gendarmería, la policía provincial y federal, y de la Base Aeronaval cercana, el ejército estableció una unidad especial anti guerrillera de 60 hombres, a tres cuadras del penal, cuya misión consistía en recorrer permanentemente la zona, detectar y reprimir cualquier intento de fuga y fundamentalmente, actuar contra cualquier intento de toma del penal. Se controlaban también las rutas, el mar y los aeropuertos. Pero la decisión de lucha de los combatientes, el sentido de la responsabilidad revolucionaria, el ansia de volver al servicio “activo”, al servicio del pueblo argentino, de su justa causa revolucionaria, fue más fuerte que todas las previsiones de la Dictadura. Un comité de fuga integrado por compañeros de FAR, Montoneros y ERP fue formado dentro de la cárcel y se encargó de centralizar y organizar el esfuerzo y las ideas colectivas. Pronto se encontró el camino, vía el aeropuerto comercial y se planificó en todos sus detalles la operación. Conociendo la brutalidad dictatorial, se cuidó disponer que en caso de fracaso total o parcial en cualquiera de los pasos de la operación todos debíamos hacernos fuertes en el lugar en que nos encontráramos y mediante la intervención inmediata de la prensa, radio y TV y de personalidades de la zona rendir nuestras armas bajo garantía de integridad física. Los pasos más difíciles de la operación fueron cubiertos exitosamente y se falló en uno de los más sencillos: el ingreso al penal después de su toma, de dos camiones, una camioneta y un auto, que esperaban en la zona, y que debían trasladar a los 116 combatientes hasta el aeropuerto de Trelew. Sólo entró el automóvil y en él salió un primer grupo a tomar el aeropuerto y el avión e intentar previamente la localización de los demás vehículos. Esto no fue posible porque esos vehículos ya estaban camino a Trelew. Diecinueve compañeros de un segundo grupo logró partir del penal en 342

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taxis llamados telefónicamente y salió hacia el aeropuerto. Pero la diferencia de tiempo era ya grande y se vio aumentada por un extravío en el trayecto. Los primeros seis compañeros tuvimos que retirarnos en el avión sin saber si venían más compañeros y sin la posibilidad de continuar la espera por más tiempo. Con elevado heroísmo, los 19 compañeros del aeropuerto y los 91 de la cárcel se mantuvieron en sus puestos durante horas, llamaron a periodistas, a personalidades y jueces, y entregaron sus armas bajo el formal compromiso militar de la Marina contrarrevolucionaria, de asegurar la integridad física de todos los compañeros. Pero como todos sabemos, ese compromiso no se cumplió. Un pelotón de oficiales y suboficiales mandados por el criminal de guerra Luis E. Sosa, cumpliendo órdenes de los criminales de guerra Lanusse, Coda, Rey y Hermes Quijada, asesinó fríamente a 16 combatientes y baleó gravemente a otros tres. Es que el ejército opresor carece de honor; la justicia de la causa que defiende hace bárbaros e irracionales a los oficiales y jefes enemigos, hasta un grado que nosotros no previmos. Pero estos criminales están condenados por la historia y sus nombres, símbolo de los más bajos sentimientos, quedarán grabados en la mente y en el corazón de nuestro pueblo, alimentando el justo odio de clase de los oprimidos, recordándonos a cada instante que debemos terminar con esta casta, realizar la revolución social y de independencia nacional que hará desaparecer para siempre de nuestra Argentina toda esa escoria. Los 116 compañeros que participaron en el intento, los 91 combatientes que quedaron en la cárcel, los 19 que se sostuvieron en el aeropuerto, dieron en esta operación una alta lección de organización, de disciplina, de moral combativa, de serenidad. Recordar la actitud de ese centenar y pico de guerrilleros nos hace confiar ciegamente en nuestro pueblo, en sus elevadas virtudes, que estuvieron magníficamente evidenciadas en el heroico comportamiento de los combatientes de Rawson. Un pueblo que tiene hijos de ese calibre, de ese coraje, de esa sencillez y entrega ilimitada no puede ser derrotado por ninguna fuerza contrarrevolucionaria, ni por el número ni por el armamento superior, ni por el engaño ni por la fuerza. CONMEMOREMOS EL 22 DE AGOSTO El 22 de Agosto es ya una fecha histórica para los argentinos. Ese día conmemoramos nuestro día Combatiente Heroico. El recuerdo de los héroes de Trelew, que supieron seguir el ejemplo del Comandante Guevara llama a la unión y a la lucha de todo lo mejor de nuestro pueblo, a las masas obreras y populares, a los sectores progresistas, a la vanguardia revolucionaria. El miércoles 343

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22 convocados por la Comisión de Familiares de los patriotas asesinados, los argentinos hemos de rendir en distintas ciudades el silencioso homenaje que los pueblos brindan a sus héroes. Y renovados en nuestro vigor revolucionario por ese pequeño alto que haremos para recordar aquellos queridos compañeros, a Mariano, Susana, Carlitos, María Angélica, Alfredo, Cachito, Lobo, Fauno, Frichu, Indio, Sayito, Ricardo, Pucho, Clarisa, Jorge y Adrián, renovados en nuestra decisión combativa decimos: Continuaremos en la lucha de todos los días edificando las organizaciones revolucionarias íntimamente unidos a nuestro pueblo enfrentando con firmeza al enemigo ofreciendo como ellos todo lo que tenemos a la sagrada causa revolucionaria de la liberación nacional y social de nuestra Patria y nuestro Pueblo. Momentos antes de iniciada la acción en el almuerzo colectivo y poco después, conversamos y nos despedimos de nuestros queridos compañeros conscientes de los riesgos del combate. La imagen de confianza y seguridad, de desprendimiento personal, de serenidad y fe, de conciencia revolucionaria y moral proletaria, que nos dejaron en esa despedida es la que conservamos en nuestra memoria y en nuestro corazón. Por eso, el recuerdo que sus compañeros tenemos de los combatientes caídos en Trelew, no es un recuerdo triste, sino es simplemente el de una separación física, circunstancial, producto de las necesidades de la lucha, que aceptamos y sobrellevamos con la felicidad de sentirnos transitando firmemente el camino que ellos nos señalaron. “Morir por la Patria y el Pueblo, es vivir” fue sin duda la idea que nos acompañó en el último momento. Nuestro Pueblo lo sabe, sabe el valor de los hijos que perdió y les brinda y brindará siempre su homenaje.

El Combatiente Nº 86. Viernes 17 agosto de 1973 POR QUÉ NOS SEPARAMOS DE LA CUARTA INTERNACIONAL [Equipo de redacción5 de El Combatiente] En su reunión de julio, el Comité Ejecutivo del Partido Revolucionario de 5. El equipo estaba integrado por César Cervato, Luis Ortolani, Pablo Pavich, miembros del Comité Central [nota de esta edición] 344

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los Trabajadores, votó ad-referéndum de nuestro VI Congreso, la resolución de separarse de la IV Internacional. Para la mejor comprensión por parte de los compañeros lectores sobre esta importante decisión, queremos reunir en esta nota los principales antecedentes de la misma. El V Congreso de nuestra organización votó, entre otras resoluciones, el mantenimiento de la adhesión a la IV Internacional, contra el cual se habían pronunciado varios Congresistas. Posteriormente, para una mejor comprensión del sentido de este voto, el Comité Central encargó al compañero Miguel6 que resumiera en una minuta los puntos de vista sostenidos por la mayoría en el debate del Congreso, incluyéndose la misma en el folleto de divulgación de sus resoluciones. Tomamos de esa minuta algunos párrafos centrales: “Nuestro punto de vista es que desde la experiencia leninista de la Tercera Internacional, quedó más claro que nunca la necesidad de un Partido Revolucionario Internacional que centralizara mundialmente la lucha contra el capitalismo y el imperialismo, necesidad cada día más apremiante por las características de la época en que vivimos, con el capitalismo férreamente centralizado bajo la égida del imperialismo yanki, la lucha revolucionaria desenvolviéndose en algunos teatros con contenido y forma internacional (sudeste asiático) y la notoria interinfluencia de los distintos procesos revolucionarios, anticapitalistas y antiimperialistas que se desarrollan en cada país, en cada región y en cada continente”. “El movimiento trotskista, es necesario aclararlo, agrupa a sectores heterogéneos. Desde aventureros contrarrevolucionarios que se sirven de su bandera prostituyéndola hasta consecuentes revolucionarios”. “... es necesario tener claro que, efectivamente, la IV Internacional tiene enormes limitaciones y una tradición escasamente reivindicable”. “Podemos resumirla diciendo que la histórica tarea de mantener vivo el internacionalismo leninista, de conservar y desarrollar la teoría y la práctica de la revolución permanente, hubo de ser asumida en las condiciones de predominio absoluto del stalinismo, por pequeños círculos de intelectuales revolucionarios cuya marginación real de la vanguardia proletaria y de las masas -pese a importantes esfuerzos por penetrar en ellas- impidió su proletarización y otorgó un carácter pequeño-burgués al movimiento trotskista. Esta realidad determinó que el aporte de la IV Internacional al movimiento revolucionario mundial se limitara al nada despreciable de custodio de aspectos esenciales del marxis6. Seudónimo usado por Mario Roberto Santucho para firmar esa minuta.[nota de esta edición] 345

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mo-leninismo abandonados y pisoteados por el stalinismo, y lejos de jugar un rol práctico revolucionario de importancia, cayera en numerosas oportunidades en puntos de vista reformistas, ultraizquierdistas e incluso, sirviera de refugio a toda clase de aventureros contrarrevolucionarios, consecuencia y, a su vez, causa de la marginación de la que habláramos”. “Más, el proceso de renovación y desarrollo a que nos referimos, que demuestra suma pujanza, implica necesariamente una transformación de la Internacional y de sus partidos en una dirección proletaria. Implica un cambio radical en su composición social, el abandono progresivo de las características pequeño burguesas todavía dominantes, una participación plena y protagónica en distintas revoluciones nacionales. El futuro del movimiento trotskista depende de la capacidad de la Internacional, de sus Partidos nacionales, para asimilar esta transformación, realizarla consciente y ordenadamente”7. Corresponde ahora analizar si la Internacional y sus partidos han sido capaces de asimilar y desarrollar esta transformación. Pero antes nos remitiremos brevemente a los antecedentes de la Internacional. EL SURGIMIENTO DE LA IV INTERNACIONAL Después de la expulsión de la Unión Soviética en 1929, León Trotsky comenzó a dar forma internacional a la oposición que venía desarrollando contra el stalinismo. A esta tarea desarrollada por el gran luchador revolucionario, corresponde atribuirle el mérito de haber mantenido vivas las banderas leninistas del internacionalismo revolucionario y de la democracia proletaria, de haber desarrollado una crítica consecuente y generalmente acertada de los graves errores del stalinismo que contribuyeron a la frustración de la Revolución en Europa y de haber tratado tesoneramente de construir una nueva vanguardia proletaria. Pero también cabe señalar en ella un error capital, que contribuye decisivamente a la frustración de ese proyecto de desarrollar una nueva vanguardia revolucionaria a escala mundial. León Trotsky, aferrado a las tradiciones revolucionarias del marxismo en Europa, no advirtió todo el profundo sentido de la definición de Lenin, acerca de que “la cadena imperialista se rompe por su eslabón más débil” y no sacó todas las consecuencias de su propia teoría de la Revolución Permanente. No comprendió, en suma, que el eje de la revolución mundial se había desplazado a los países coloniales y dependientes. 7. Subrayado nuestro. 346

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No comprendió que, mientras en Europa la Revolución se estancaba y retrocedía, en Asia, en cambio, continuaba en vigoroso ascenso, dirigida por partidos y hombres que, a pesar de militar formalmente en la III Internacional stalinista, supieron mantener viva la teoría y la práctica del marxismo-leninismo, construir sólidas organizaciones proletarias de vanguardia, y ponerse a la cabeza de las masas oprimidas de sus países y conducirlas finalmente a la victoria sobre el capitalismo imperialista. Sus discípulos chinos, por ejemplo, llamaron varias veces su atención sobre la correcta dirección de la guerra revolucionaria por Mao-Tsé-Tung, apoyada sobre las masas campesinas oprimidas. Pero Trotsky lo esperaba todo de los obreros urbanos y desconfiaba de los ejércitos campesinos dirigidos por el Partido Comunista Chino. En Vietnam, existió un partido trotskysta, relativamente fuerte y prestigiado entre las masas, que en 1936 concurrió a elecciones en Frente Único con el Partido Comunista Indochino. Sin embargo, poco después se produce la ruptura y los trotskistas vietnamitas llegaron a enfrentarse abiertamente con el Partido de Ho-Chi-Minh justamente cuando éste comienza a desarrollar la guerrilla. Trotsky apenas prestó atención a estos importantes hechos, mientras dedicaba un tiempo desmedido a las pequeñas disputas y problemas de sus partidarios europeos, especialmente franceses. “Los grupos minúsculos que no pueden ligarse a ningún movimiento de masas no tardan en ser presa de la frustración. No importa cuánta inteligencia y vigor puedan poseer, si no encuentran aplicación práctica para una y otra cosa están condenados a malgastar su fuerza en disputas escolásticas e intensas animosidades personales que desembocan en interminables escisiones y anatemas mutuos. Una cierta dosis de tales riñas entre sectas ha caracterizado, por supuesto, el progreso de todo movimiento revolucionario. Pero lo que distingue al movimiento vital de la secta árida es que el primero encuentra a tiempo, y la segunda no, la saludable transición de las disputas y las escisiones a la auténtica acción política de masas”. “Las disensiones similares a ésta, en las que prácticamente es imposible separar lo personal de lo político, vinieron a ser una dolencia crónica de la mayoría, si no de la totalidad de los grupos trotskistas; el ejemplo francés fue infeccioso porque, aparte de otras razones, París era ahora el centro del trotskismo internacional. Las personalidades, por regla general, tenían tan poco peso, los motivos de disensión eran tan insignificantes y las disputas tan tediosas, que ni siquiera la participación de Trotsky le confieren suficiente importancia para que

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merezcan un lugar en su biografía”8. El principal biógrafo de Trotsky refleja así, con toda precisión, las características del trotskismo en la época de su surgimiento y que constituiría en él un mal endémico. Lo que le falta precisar a Deutscher, aunque se desprende claramente de sus palabras, es la raíz de clase de estas características. Ellas constituyen una manifestación clarísima del individualismo pequeño-burgués, propio de los intelectuales revolucionarios no proletarizados por el desarrollo del partido. Por esta razón encontramos, como señala acertadamente Deutscher, tales características en los comienzos de todo movimiento revolucionario, cuando los intelectuales constituyen la mayoría o la totalidad de la militancia. Pero cuando la vanguardia obrera penetra en sus filas, imprimiéndole su sello de clase, la organización y sus componentes no obreros se proletarizan y se produce la “saludable transición a la acción política de masas”. El trotskismo no pudo concretar tal transición por las razones antes apuntadas. Mientras Trotsky concentraba sus esfuerzos en Europa y “tales fruslerías devoraban gran parte de su tiempo y de sus nervios”, en China, en Vietnam, en Corea, las masas se batían firmemente contra el imperialismo, forjando en la guerra sus organizaciones proletarias. ¡Cuánto más útil hubiera sido allí el aporte de Trotsky, su invalorable experiencia, atesorada en años de militancia revolucionaria, templada en la Revolución de Octubre y la Guerra Civil! Así, agobiado por el triple peso del retroceso de las masas en Europa, la persecución stalinista y sus propios errores, el trotskismo siguió desarrollándose al margen de la práctica real de la lucha de clases. Y en esas circunstancias surge, precisamente, la IV Internacional, fundada en 1938. Dejemos hablar otra vez a Deutscher: “Durante todo el verano de 1938 Trotsky se mantuvo ocupado en la preparación del “Proyecto de Programa” y de las resoluciones para el “Congreso Constituyente” de la Internacional. En realidad esta fue sólo una pequeña conferencia de trotskistas celebrada en la casa de Alfred Rosiner en Perigny, una aldea cercana a París, el 3 de septiembre de 1938. Estuvieron presentes 21 delegados que decían representar a las organizaciones de 11 países. “Naville rindió el ‘informe sobre los progresos realizados’ que debían justificar la decisión de los organizadores en el sentido de proclamar la fundación de la Cuarta Internacional. Sin proponérselo, sin embargo, Naville reveló que la Internacional era poco más que una ficción: ninguno de sus llamados Ejecutivos y Buros Internacionales había sido capaz de trabajar durante los últimos años. Las ‘secciones’ de la Internacional contaban con unas cuantas docenas o, a

8. Isaac Deutscher El Profeta Desterrado, páginas 65/66. 348

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lo sumo, unos cuantos centenares de miembros cada una”9. Mientras vivió Trotsky, la IV logró mantener cierta unidad de acción. Después de su asesinato, el 20 de agosto de 1940, las disputas y escisiones se hicieron interminables y atomizaron a la organización. No obstante, tras el XX Congreso del P.C. soviético, en el que el propio Khruschev denunció los crímenes de Stalin, el trotskismo experimentó un cierto reflorecimiento. En nuestro V Congreso decíamos: “El resurgimiento del trotskismo a partir de la defenestración de Stalin en la URSS se ha polarizado en la IV Internacional a que pertenecemos, quedando al margen la casi totalidad de los grupos aventureros y contrarrevolucionarios que se reivindican trotskystas. Reconocidos por el propio Partido Comunista de la Unión Soviética los aspectos negativos de Stalin, ello constituyó una dramática confirmación de las raíces sanas y correctas del movimiento trotskysta y favoreció dos procesos simultáneos: a) la reunificación de la mayoría del movimiento trotskista, entonces muy atomizado, debilitado y desprestigiado, concretada en el Congreso de Reunificación de la IV Internacional de 1963; b) La revitalización del trotskismo por la doble vía de un más nuevo y amplio prestigio, que posibilitó el ingreso a sus filas de la juventud revolucionaria y del traslado del eje de lucha desde el enfrentamiento y denuncia del stalinismo (...) hacia la problemática revolucionaria contemporánea”. (Minuta citada). Las esperanzas que entonces poníamos en la proletarización y renovación del trotskismo se han visto frustradas. Las manifestaciones más claras de esta frustración son tres: la composición de clase de la IV, la actividad fraccional desarrollada contra nuestro Partido y el sostenimiento de posiciones teóricas que se apartan del marxismo-leninismo. PEQUEÑA-BURGUESÍA Y FRACCIONALISMO La composición de clase de la IV se puede medir con facilidad por la composición y orientación política de sus dos partidos más numerosos: el Socialist Worker’s Party (SWP-Partido Socialista de los Trabajadores) norteamericano y la Liga Comunista de Francia (LCF). El SWP es un partido que cuenta en sus filas con algunos miles de militantes de origen pequeño-burgués, intelectuales, profesionales y estudiantes. Su vinculación a la clase obrera es escasa o nula y su actividad principal se 9. Isaac Deutscher, obra citada, páginas 379/380. El autor ha tomado los datos de Los Archivos de Trotsky. 349

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desarrolla en los círculos intelectuaes y en los movimientos “marginales”, como el movimiento de liberación femenina. Constituyen desde hace muchos años el ala derecha de la Internacional. Por otra por parte, no deja de ser significativo en sí el hecho de que el Partido más fuerte de la Internacional se haya desarrollado en el país más reaccionario del mundo, mientras sus fuerzas son insignificantes en todos los países coloniales y dependientes. La LCF es una organización de alrededor de 2.300 miembros, un 10% de ellos obreros, otro 20% empleados o profesionales y el 70% estudiantes. Su única intervención significativa en la lucha de clases en Francia se registró en las movilizaciones de 1968. Un sector de la dirección de este Partido es precisamente el que desarrolló contra nuestra organización un trabajo fraccional en 1971 y 1972. Sobre esta última cuestión no nos extendemos aquí, puesto que ya hemos publicado un folleto explicativo sobre el tema. Baste señalar que este culminó con la formación del grupo que actualmente trata de usurpar el nombre de nuestro Partido y del Ejército Revolucionario del Pueblo, añadiéndoles el aditamento “Fracción Roja”. Más importante es tratar aquí las profundas diferencias ideológicas que reflejan el carácter pequeño-burgués de la IV Internacional y constituyen el trasfondo de las actividades contra nuestro Partido, al mismo tiempo que marcan la imposibilidad de continuar trabajando por la construcción de una organización proletaria internacional en el marco de la Cuarta. A. DEFINICIÓN IDEOLÓGICA Para nosotros el socialismo científico, la teoría revolucionaria del proletariado, ha sido elaborada en lo fundamental por Marx y Engels. Lenin ha realizado a esta teoría aportes esenciales, especialmente la teoría científica del partido revolucionario, que justifican plenamente la designación del socialismo científico como marxismo-leninismo. Mao-Tsé-Tung, Ho-Chi-Minh, Giap, Le Duan, Kim-Il-Sung, Fidel Castro y el Che Guevara han realizado grandes aportes al marxismo-leninismo, en el curso de su experiencia como dirigentes de la revolución en sus países, sobre todo en lo que hace a la teoría de la guerra revolucionaria y a la construcción del socialismo. León Trotsky, también ha hecho aportes valiosos, especialmente la teoría de la revolución permanente y la caracterización de la burocracia y el fascismo. Otros aportes menores podemos encontrar en Antonio Gramsci y otros y todos los que con aciertos o errores han luchado y luchamos por el triunfo de la revolución socialista. Pero ninguno de estos aportes justifica ya el cambio de 350

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designación a la teoría científica de la clase obrera. Esta no es una mera cuestión de nombres, sino que la IV Internacional, al sostener que “el trotskismo es el leninismo de nuestro tiempo”, desvaloriza el aporte de otros revolucionarios y maneja el pensamiento de Trotsky en bloque, negando sus errores. Carecen así de orientaciones correctas para una serie de cuestiones, especialmente aquellas relacionadas con la lucha armada. B. CARACTERIZACIÓN DE LOS REVOLUCIONARIOS VIETNAMITAS Y CUBANOS La IV niega el carácter de verdaderos y completos partidos marxistas-leninistas a los compañeros vietnamitas y cubanos. Nuestros fraccionistas llegaron al extremo de caracterizarlos como “partidos de base amplia” al estilo del Partido Socialista Alemán (!), mientras ponían como modelo de construcción de partido en nuestro tiempo a la Liga Comunista de Francia. Esto es evidentemente desconocer el ABC del marxismo, que basa en la práctica toda caracterización. Y a nadie puede caber duda alguna sobre lo que vietnamitas y cubanos han hecho en el terreno de la práctica revolucionaria. C. LUCHA DE CLASES EN EL PARTIDO Este es un punto complejo e importante, en el que se entremezclan en un sólo haz, los métodos de construcción de una organización verdaderamente proletaria, el centralismo democrático y los medios de conocimiento del Partido. Empecemos por esto últimos. Un Partido revolucionario, para ser tal, debe conocer la realidad en la que se mueve. La fuente de ese conocimiento, como lo han enseñado reiteradamente Marx, Lenin y todos los revolucionarios, es la propia práctica, la actividad transformadora del mundo. O sea, en el caso de los revolucionarios, la actividad destinada a transformar las estructuras de la sociedad. La práctica está, a su vez, orientada por la teoría, por el marxismo-leninismo, que no es otra cosa que la acumulación del conjunto de las experiencias prácticas de la Revolución y de los elementos de análisis científicos de la sociedad, que surgen del conjunto de la práctica social. Pero, a su vez, la teoría, el marxismo-leninismo, no es un método abstracto, una herramienta que sirva para cualquier uso, al modo en que por ejemplo, se utilizan las notas musicales indistintamente para escribir un tango o una zamba. La utilización correcta de la teoría depende del “punto de vista” con que se 351

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lo aplica. Sólo ubicándose en el punto de vista del proletariado la clase a que corresponde tal ideología y teoría científica de la revolución, se puede obtener el resultado correcto. Ahora bien, en el curso de la actividad revolucionaria, ante una cuestión cualquiera, surgirán entre los compañeros opiniones diferentes. Esto es lógico y justo. Esas diferencias de opinión reflejan las diferentes experiencias de cada compañero. Es muy natural que frente a un determinado problema no opinen lo mismo un obrero tucumano que uno cordobés, un compañero que trabaja en una gran fábrica, que el que lo hace en un pequeño taller, el de un frigorífico que el de una planta química. La confrontación de esas diferencias de opinión, a través de una discusión franca, amplia, sin trabas de ningún tipo, permitirá entonces captar la realidad en todos sus matices, arribar a una opinión común más justa, más correcta, más rica. Por eso se dice que el Partido es el “intelectual colectivo” de la Revolución. Este es el polo de la democracia en el centralismo democrático, el aspecto que permita la elaboración justa de la línea partidaria con el aporte de todos los compañeros. Pero esto es a condición de que realmente “se quiera” llegar a una opinión común, que todos los que participan en la discusión lo hagan desde “el punto de vista proletario”, atendiendo al interés superior de hacer avanzar a la Revolución. Cuando la discusión “se empantana”, cuando las diferencias se vuelven irreductibles y devienen en duros enfrentamientos de tipo personal, entonces esto quiere decir que alguna de las partes “no quiere” realmente llegar al acuerdo. Y si no quiere llegar al acuerdo, esto refleja un “interés social”, un punto de vista “no proletario”, que tiene su base material en intereses burocráticos o pequeño-burgueses, que son introducidos en la organización por sus elementos no proletarios o, excepcionalmente, por elementos obreros que se han desclasado. De esta manera esos elementos se transforman en correa de transmisión de las presiones de clases hostiles sobre la organización del proletariado, de esa manera la lucha de clases en el conjunto de la sociedad se refleja como lucha de clases en el seno del Partido. Cuando se llega a este punto, las contradicciones en el seno de la organización ya no pueden resolverse por la vía habitual, la discusión, la autocrítica y la crítica, sino que es necesario resolverlas mediante una enérgica liquidación de estas corrientes no proletarias: primero derrotándolas ideológica y políticamente, para así “curado el mal, tratar de salvar al enfermo”, y en caso de persistir en sus posiciones anti-obreras, expulsadas sin contemplaciones del seno de la organización como se extirpa un tumor para que no infecte a la mayoría sana del organismo. No es siempre fácil detectar acertadamente y a tiempo, cuándo las diferencias de opinión se transforman en lucha de clases en el seno del Partido. Es 352

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necesario orientarse permanentemente por la opinión de los obreros, consultar el mayor número de opiniones posible para tener una visión más amplia y justa de la realidad. Y la piedra de toque para diferenciar las corrientes de opinión sanas, de las tendencias fraccionistas y anti partidarias, es precisamente la práctica, el respeto del centralismo democrático en sus dos aspectos: amplia libertad de discusión en la elaboración, rigurosa disciplina centralizada en la acción. Si ante un problema más complejo que otros una minoría no tiene argumentos suficientes para convencer de sus posiciones a la mayoría, y no está a su vez convencida de las posiciones de ésta, la actitud correcta es acatar la disciplina de la organización, continuar desarrollando la militancia tenazmente con la línea que en ese momento detenta la mayoría. En la práctica, entonces, los compañeros de la minoría podrán comprobar la validez de las opiniones y si fuera acertada la opinión de la mayoría, rectificar la propia suya. Si, por el contrario, en la práctica se demostrara como justa la opinión de la minoría -lo que ha sucedido a veces en la historia de la revolución- será entonces en esa misma práctica, ejercida de una manera leal y respetuosa de la disciplina partidaria, como la minoría tendrá oportunidad de demostrar la corrección de sus posiciones y logrará oportunamente la rectificación de la línea. Esto es posible, precisamente sobre la base, como hemos señalado, de un común punto de vista proletario, de la intención de todos, mayoría y minoría, de servir únicamente a los intereses de la revolución. Cuando una de las partes tiene un interés social ajeno al interés de la clase obrera, cuando está situada en un punto de vista no-obrero, sólo entonces cristalizan las diferencias en tendencias fraccionistas, se viola la disciplina y la legalidad partidaria y se desata la lucha de clases en la organización. Hasta aquí, en apretada síntesis, la posición leninista sobre la lucha de clases en el seno del partido, que nuestra organización ha mantenido teórica y prácticamente de manera consecuente. La IV Internacional, por el contrario, opina que esta posición es “burocrática”, “stalinista”, que se utiliza el rótulo “pequeño-burgués”, para perseguir a los compañeros dentro del Partido. Reclaman, en consecuencia, la libertad de constituir permanentes tendencias diferenciadas en el seno de la organización, que discutirán sus distintas opiniones de manera permanente ante la “opinión pública” del partido. La piedra de toque para caracterizar estas corrientes no es ya para ellos la práctica misma de la organización, sino el debate permanente, la “continua discusión de ideas” con la única salvedad de un formal acatamiento de la minoría a la mayoría, llegando incluso a expresar públicamente las diferencias. Consecuentemente, nuestros fraccionistas exigían como condición para 353

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ingresar al partido, un elevado nivel teórico, a fin de poder participar en sus permanentes debates internos. Trababan así el ingreso de cuadros obreros, que, aunque conozcan perfectamente por su práctica sus intereses de clase y estén dispuestos a luchar por ellos, a causa de su explotación no pueden tener grandes conocimientos teóricos antes de ingresar al partido y sólo en su seno pueden adquirirlos. Esta posición no es marxista, no es materialista dialéctica, sino idealista y tiene una raíz de clase claramente pequeño-burguesa. El intelectual pequeño-burgués, que no sufre en carne propia la explotación y se acerca a la revolución a partir de una posición humanista, moviéndose por ideas, tiene una fuerte tendencia a enamorarse de las ideas por las ideas mismas, a manejarlas de una manera abstracta en la discusión permanente. Al obrero, en cambio, que experimenta día a día la explotación, le interesan la discusión y las ideas, si, pero de una manera concreta, como forma de mejorar su práctica para acabar más pronta y eficazmente con la explotación de su clase y de toda la humanidad. D. ELABORACIÓN TEÓRICA Para nosotros, como para todo marxista serio, la teoría, en cualquier terreno, sólo puede surgir de la práctica. Ya Marx señalaba, en sus “Tesis sobre Feuerbach”: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.”10 La teoría revolucionaria, en consecuencia, sólo puede surgir de la práctica revolucionaria y su elaboración sólo se puede realizar en el partido revolucionario. La IV Internacional, por el contrario enfatiza el aspecto del análisis, sosteniendo que se puede conocer y elaborar teoría al margen de la práctica y que esa es precisamente la función de una dirección revolucionaria internacional. Por cierto que nosotros, también sostenemos como un deber de internacionalismo revolucionario conocer, opinar e “intervenir” en las revoluciones de otros países, intercambiando experiencias y apoyo moral y material, coordinando la lucha contra el enemigo común. Pero esto sólo puede hacerse sobre la práctica de la revolución en el otro país. O sea que, mal podemos opinar nosotros sobre el Congo, por ejemplo, si no existe un partido hermano congolés en cuya práctica podamos basarnos para conocer y opinar. 10. Tesis XI. Publicadas como apéndice al libro de Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. 354

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CONCLUSIÓN Como vemos, todas las importantes diferencias apuntadas hacen a aspectos capitales de la lucha revolucionaria. Por otra parte, todas ellas están íntimamente relacionadas y tienen una única raíz de clase: el carácter pequeño burgués de la IV Internacional, su negativa a proletarizarse. Teniendo en cuenta esto y todos los demás aspectos que hemos resumido aquí, nuestro Partido ha tomado la resolución que mencionamos al comienzo de esta nota. Esta ruptura no debilita sino que fortalece nuestra inquebrantable decisión de luchar por la construcción de una nueva Internacional revolucionaria, aportando a esa tarea todo lo que esté dentro de nuestras modestas fuerzas.

Editorial de El Combatiente N° 87. Viernes 24 de agosto de 1973 UNIDAD NACIONAL O UNIDAD OBRERA Y POPULAR Mario Roberto Santucho Los distintos sectores de la burguesía coinciden en levantar hoy día, la consigna de unidad nacional, coinciden en una política de unificar todas las fuerzas interesadas en mantener el régimen capitalista e influir con esa política a sectores de las masas. Naturalmente que la propaganda burguesa trata de teñir el acuerdo burgués, la unidad contrarrevolucionaria, con un tinte nacionalista, de independencia nacional, de enfrentamiento o resistencia frente al imperialismo. Pero la esencia, los objetivos de la unidad nacional que persiguen las distintas corrientes burguesas es la lucha contra la revolución socialista, la salvación del capitalismo argentino y por consiguiente implica la aceptación de la dominación imperialista. Hay corrientes de la burguesía hábiles como el frondicismo y el peronismo que dan una formulación más acabada al mismo proyecto estratégico contrarrevolucionario, sosteniendo la necesidad de una revolución nacional antiimperialista protagonizada, dicen, por un Frente Nacional formado por la burguesía nacional, la clase obrera y demás sectores populares. Ellos parten del falso planteo de que el único y/o principal enemigo del pueblo argentino es el imperialismo yanki, y de que en consecuencia todo el pueblo debe unirse en un movimiento nacional dirigido por la burguesía nacionalista. Como sabemos todo este plan355

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teo es profundamente falso y es levantado precisamente por los mejores agentes y socios del capital imperialista yanki; ya que su objetivo es engañar a las masas, canalizar su antiimperialismo y sus ansias revolucionarias hacia la vía muerta de un frente con dirección burguesa, de un gobierno “popular” de un sector de la burguesía proimperialista. Los verdaderos enemigos de la clase obrera y el pueblo argentino son todas las clases dominantes, tanto el imperialismo ya sea yanki o europeo, como la oligarquía terrateniente y la gran burguesía nacional. Todas esas fuerzas son las que gozan de los privilegios del sistema capitalista, las que se aprovechan de la explotación del hombre por el hombre, y en consecuencia no tienen el menor interés en la revolución, sino por el contrario están profundamente interesados en mantener eternamente sus privilegios y el régimen capitalista que se los otorga. Todas esas fuerzas lucharan activamente contra la revolución, utilizando tanto el engaño como la fuerza, hasta el momento mismo de su derrocamiento. La argumentación frondizista y peronista de separar la lucha por la liberación nacional de la lucha por el socialismo, por la revolución social, es completamente equivocada e interesada. De ninguna manera pueden separarse la liberación de la patria de la liberación social del pueblo trabajador. Porque todos los explotadores, ya sean nacionales o extranjeros están unidos entre sí, porque la estructura económico-social de la Argentina capitalista es la de un capitalismo semicolonial en el que comparten el dominio, como viejos e inseparables socios, la oligarquía terrateniente, la gran burguesía nacional y el capital imperialista. Siguen a estos grandes explotadores una masa de capitalistas medianos que viven cómodamente y defienden también con uñas y dientes el sistema, aunque por su menor peso y sus roces con los grandes capitalistas y el imperialismo, pueden ser neutralizados por el momento. No se puede confiar en ellos ni confundirlos con amigos. Simplemente diferenciarlos para centrar los ataques contra el enemigo principal y tratar en lo posible de neutralizarlos. Las únicas clases interesadas en expulsar al imperialismo e independizar al país y al mismo tiempo terminar con los sufrimientos del pueblo, con el injusto sistema capitalista, son la clase obrera, el campesinado pobre, la clase media o pequeño-burguesía pobre y los pobres de la ciudad (villeros). Por eso los falsos interesados llamados de la burguesía a la unidad nacional, a la unidad entre explotados y explotadores, a la tregua, deben ser rechazados por el pueblo trabajador y por todas las corrientes políticas que lo representan, oponiendo a la unidad nacional de la burguesía, la unidad obrera y popular de los trabajadores.

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EL FRENTE ANTIIMPERIALISTA Las fuerzas del pueblo son extraordinariamente poderosas. Millones de obreros, campesinos, empleados, artesanos, trabajadores independientes, changueros, desocupados, constituyen el enorme e imbatible potencial revolucionario del pueblo argentino. Cuando los millones de explotados y desposeídos que constituyen la inmensa mayoría de nuestro pueblo, se pongan en marcha, unidos y organizados, libres de toda influencia burguesa de toda trampa, de todo engaño, no habrá fuerza en la tierra capaz de detener su impetuosa y victoriosa marcha hacia la liberación y el socialismo, hacia el derrocamiento de los explotadores y la construcción de una Argentina libre, justa y socialista. Pero para lograr la unión y movilización de todos los trabajadores argentinos, será necesario recorrer un largo camino lleno de dificultades. Y al comenzar a transitar ese camino es necesario aclarar con la mayor exactitud posible a quiénes debemos unir, a quiénes debemos enfrentar y de qué forma. Porque dentro del campo popular hay sectores que rechazan la unión, sectores sectarios, y sectores que confunden enemigos con amigos pretendiendo la unión con parte de aquellos a los que debemos combatir. Algunos grupos de izquierda sostienen que en este momento sólo es posible y necesario unir a los obreros, formar un gran frente de obreros y organizaciones obreras, políticas y reivindicativas. Sostienen esta posición argumentando que la clase obrera para unirse a otras clases debe primero contar con la fuerza necesaria como para dirigir cualquier frente con otras clases explotadas como los campesinos pobres, por ejemplo. Esta tesis es errónea porque aísla a la clase obrera de grandes masas populares que son sus aliados y las deja a merced de la burguesía. Lenin enseñó que el campesinado pobre, la pequeño-burguesía y otras clases que no tienen proyecto político propio, deben seguir a la clase obrera o a la burguesía y que si la clase obrera no se preocupa por acercarse a ellas, por ganarlas a la causa de la revolución nacional y social que traerá también la solución de sus problemas, serán indefectiblemente engañadas por la burguesía, influenciadas por ella y lanzadas contra la revolución como fuerza de choque. En cuanto al problema de la dirección, un frente obrero y popular, necesariamente debe ser dirigido por el proletariado que es la única clase capaz de acaudillar a todos los explotados y dirigirlos exitosamente en la lucha contra el imperialismo y el capitalismo. Pero esa dirección se logra y se garantiza en el curso de la lucha, gracias al rol activo y organizador del partido marxista-leninista proletario por cuya vía la clase obrera se expresará fielmente y obtendrá el respeto, el cariño, la adhesión a la causa socialista, de las más amplias masas. Ese partido se construye y se construirá en el curso de la lucha revolucionaria, uno de cuyos aspectos estratégicos fundamentales es precisamente la unidad 357

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obrera y popular. Otra concepción errónea de la unidad que debemos combatir es la del Partido Comunista y otras corrientes, que sostienen que la unidad debe hacerse con la burguesía mediana o “nacional” en un Amplio Frente Popular antiimperialista y antioligarquico. Esta posición parte de una sobreestimación de la burguesía mediana, de quien se espera erróneamente un enfrentamiento consecuente con el imperialismo, la oligarquía terrateniente y el gran capital nacional. Debido a esta sobreestimación, en el Frente Popular que propone el Partido Comunista aparecen constantemente encabezándolo líderes notorios de la burguesía y del imperialismo. Si bien el Partido Comunista sostiene teóricamente la necesidad de la dirección obrera en el Frente Popular que propone, el hecho de hacer eje de ese frente a la burguesía mediana, lo desnaturaliza como expresión de las masas populares y lleva constantemente al Partido Comunista a subordinarse tácticamente a uno u otro sector burgués, renunciando en los hechos a la formulación de la táctica independiente del proletariado. Sin ir más lejos, en estos meses, el Partido Comunista formó parte de un frente con dirección burguesa, la Alianza Popular Revolucionaria, siguiendo entusiastamente a Alende dirigente burgués proimperialista, contribuyendo así a confundir al pueblo. En estos días, frente al proceso electoral, permanece indiferente en cambio ante la posibilidad de levantar una candidatura como la de Tosco/Jaime, auténticamente popular y representativa de las profundas aspiraciones progresistas y revolucionarias de nuestro pueblo. En la práctica cotidiana, el Partido Comunista muestra constantemente una gran disposición al diálogo y la unidad con distintos sectores de la burguesía, con el radicalismo y peronismo burgués, con el frondicismo, etc., actitud que contrasta con la frialdad y el escaso interés por las corrientes obreras y populares, por la construcción de un frente que una a la clase obrera con el campesinado pobre, los pobres de la ciudad y la pequeño-burguesía urbana. La participación con peso dirigente de sectores burgueses en el movimiento popular es germen de derrotas, lleva a desviar la energía de las masas de sus objetivos revolucionarios, enfriarlas y canalizarlas hacia reformas intrascendentes. EL PLAN REPRESIVO DEL GOBIERNO El proyecto represivo del actual gobierno, que analizamos en el Nº 85 de El Combatiente, se asienta en estos momentos en la base de maniobra que le otorga la vacilación, capitulación o tendencia al compromiso, de algunas organizaciones populares con influencia de masas. La Juventud Peronista abandona 358

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sus banderas revolucionarias capitulando y conciliando con el gobierno burgués como lo demuestra palmariamente la actitud ante la conmemoración del día del combatiente heroico, el 22 de agosto, donde coincide sintomáticamente la prohibición policial de los actos preparados por los familiares, actitud provocadora del gobierno, que intenta dificultar las honras populares a los Héroes de Trelew, con la programación por la dirección de la JP de un acto sectario en un estadio de fútbol, tratando de aislar a los militantes del ERP, caídos el 22 de Agosto, de esas conmemoraciones. ¡Qué agravio absurdo e inútil! ¡Nunca lograrán ese indigno objetivo! Porque los 16 Héroes de Trelew están unidos en el gran corazón de la clase obrera y el pueblo y nadie ni nada podrá arrancarlos de ese santuario ni separarlos de él. Tampoco obtendría resultado en su colaboración con el gobierno para aislar al ERP de las masas, porque nuestro pueblo rodea cada vez con más cariño y conciencia a su ejército guerrillero. Puede ser sí que consigan con su capitulación reubicarse en el aparato partidario y gubernamental del peronismo burgués, pero a costo de renegar de las banderas revolucionarias. Ese es un triste destino que no deseamos a nadie, el de colocarse junto a Rucci y sus compinches, en la galería de los traidores al pueblo. Contrastando con el retroceso de la JP porteña y bonaerense, importantes sectores del peronismo revolucionario, mantienen en alto el programa de la revolución nacional y social, continúan fieles a su pueblo y a la causa revolucionaria y anteponen el programa y la lucha a cualquier consideración sobre personalidades. El Partido Comunista a su vez “deja hacer” al gobierno y parece orientarse a los acuerdos por arriba para conservar su legalidad, táctica errónea que se volverá violentamente contra el propio PC cuando intente “sacar los pies del plato”. Estas debilidades del campo popular son la base de maniobra fundamental con que cuenta el gobierno para la política represiva que prepara. Pero aún con las mayores posibilidades que esto le otorga, el intento represivo gubernamental fracasará porque no hay base económico-social para la tregua, para la estabilidad, para el aislamiento y destrucción de las fuerzas revolucionarias. ¡UNIR LA CLASE OBRERA Y EL PUEBLO! Las dificultades que estamos reseñando, no nos desaniman en el esfuerzo estratégico de unir a la clase obrera y al pueblo, como cuestión fundamental en el desarrollo victorioso de la lucha revolucionaria de nuestro pueblo. Frente a las flaquezas del campo popular a la que nos hemos referido, es necesario señalar el paso positivo qué significó la excelente reunión obrera y popular del 18 de Agosto en Tucumán. El plenario de Tucumán señala con claridad y grá359

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ficamente el camino correcto de la construcción del Frente Antiimperialista, el camino correcto para llegar a unir y movilizar los millones de compatriotas explotados que forman la inagotable reserva revolucionaria de nuestro pueblo. Obreros, campesinos pobres, empleados, estudiantes, trabajadores independientes, changueros, desocupados, hombres y mujeres de distintos orígenes políticos, peronistas, comunistas, radicales, cristianos, etc. unidos en un sólo as, como producto de un trabajo de base, de una amplia movilización de base que arranque de las fábricas, de los barrios, de los pueblos y el campo, de las colonias y lotes, de los obrajes, de las escuelas y facultades, en una palabra que hunda sus raíces orgánicas, profundamente en los centros de trabajo y de vida de las más amplias masas populares. Combatiendo el sectarismo y la influencia burguesa, colocando siempre por delante la unidad en la lucha, fomentando la camaradería, la solidaridad, el espíritu de lucha y sacrificio, todas las virtudes de nuestro pueblo, se irá construyendo desde la clase, con sólidos cimientos el poderoso Frente Antiimperialista, que junto al Ejército del Pueblo y al Partido Revolucionario, son las tres herramientas fundamentales de que se valdrá el pueblo argentino para llevar al triunfo la guerra popular.

Editorial de El Combatiente N° 88. Viernes 31 de Agosto de 1973 LOS OBREROS Y LA LUCHA REVOLUCIONARIA Mario Roberto Santucho Los siete años de lucha contra la Dictadura Militar, especialmente a partir del Cordobazo de mayo de 1969, fueron años de grandes experiencias y aprendizajes para la clase obrera y el pueblo argentino. En esos siete años nuestro pueblo debió enfrentar a un enemigo poderoso y sanguinario y aprendió como nunca antes, a organizarse y combatir. La lucha de masas se desarrolló con nuevos métodos, aumentando su fuerza para poder enfrentar con éxito a una represión también fuerte; insurrecciones espontáneas hicieron explosión en distintas ciudades amenazando superar con su enorme energía, todos los diques represivos. Del seno de las masas surgió la guerrilla, que con su movilidad y combatividad, su correcto accionar político-militar de propaganda armada, comenzó 360

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a hostilizar, a jaquear a las fuerzas represivas, creándoles difíciles problemas y golpeándoles con dureza. Frente a la Dictadura Militar que defendió desembozada y violentamente los interesas de la burguesía y del imperialismo, la conciencia de nuestro pueblo se desarrolló, comenzó a cuestionar masivamente el régimen capitalista ofreciendo terreno fértil para la siembra y germinación de las ideas revolucionarias. EL AUGE DE LAS MASAS Al ponerse en movimiento en el 69 las formidables energías de las masas, la burguesía y su aparato represivo debieron pasar bruscamente a la defensiva, abandonar sus planes corporativistas y tratar de contener el alza de la marea popular de cualquier manera, haciendo concesiones y comenzando a ensayar un retorno al régimen parlamentario como forma de engañar a las masas, enfriarlas, para después golpear y destruir su vanguardia. Pero ese plan no dio resultado. Por el contrario, la apertura de resquicios legales sirvió para que las masas irrumpieran por ellos y conquistaran rápidamente la democracia y la libertad. Y apoyándose en ellas, desencadenaron movilizaciones en todo el país incrementando notablemente su actividad revolucionaria. No podía ser de otra manera porque la clase obrera y el pueblo perseguían soluciones inmediatas a sus problemas, y en los marcos del capitalismo no hay posibilidades hoy día de hacer concesiones suficientes en lo económico-social. La única manera de ofrecer a las masas verdaderas soluciones es con una política realmente revolucionaria que ataque de raíz el sistema capitalista dependiente culpable del estancamiento de nuestra economía pese a la superexplotacion a que está sometido nuestro pueblo trabajador; la única manera de ofrecer soluciones a las demandas populares es hoy día mediante el inicio de la transformación socialista de nuestra patria. Sin destruir el régimen capitalista dependiente y comenzar la edificación del socialismo, no es posible ofrecer verdaderas soluciones a los tremendos problemas de nuestra patria y de nuestro pueblo. Así lo comprendió la clase obrera y el pueblo argentino que a partir del 25 de mayo, redoblaron su accionar, con características muy combativas y programáticamente claras, acordes con el aprendizaje de los últimos años de lucha. Lejos de aceptar la tregua como esperaba la burguesía las masas continuaron con energía su lucha, configurando un poderoso auge de la movilización obrera y popular, que crece y se profundiza semana a semana. Se trata de un auge revolucionario porque no sólo encara los problemas reivindicativos sino que está impregnado de cuestionamientos al capitalismo, de un enorme interés de 361

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intervención político-revolucionario de las masas, y de una amplísima vanguardia obrera y popular, con eje en las fábricas, que pugna por tomar el toro por las astas, por asumir un papel protagónico en la política nacional. LOS AVANCES DE LAS FUERZAS REVOLUCIONARIAS Este auge de las masas ha permitido la consolidación y desarrollo de las fuerzas políticas y militares de la revolución, ha permitido el fortalecimiento e impetuoso crecimiento de nuestro Partido, ha hecho posible consistentes y acelerados avances en el trabajo de masas legal y semilegal en todos los frentes, ha favorecido un considerable aumento en el poderío de las unidades guerrilleras. Pero al mismo tiempo que ha llenado de recursos humanos y materiales a las organizaciones revolucionarias, el auge de las masas crea nuevos y más serios problemas a esas mismas organizaciones planteando exigencias mayores; la solución correcta de importantes problemas de organización que permita el eficiente encauzamiento de todas las posibilidades, de todos los recursos existentes, la preparación de las diversas herramientas de lucha, la elaboración y ejecución de una sabia línea táctica, audaz y prudente, principista y flexible, al mismo tiempo. El grado de desarrollo y de influencia que han alcanzado ya las organizaciones revolucionarias relacionado con el auge de las masas, hace que los problemas de la construcción de esas organizaciones aparezca como un problema crucial de cuya solución correcta dependerá en gran medida el desarrollo futuro e inmediato de la lucha de clases argentina. Hoy profundizaremos sobre la organización revolucionaria principal, eje y dirigente de las demás organizaciones revolucionarias: El Partido marxista-leninista del proletariado. LA CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO TIENE SU EJE EN LAS FÁBRICAS El marxismo-leninismo en la única teoría revolucionaria que señala con claridad el papel dirigente del proletariado en la lucha de clases contemporánea, en la lucha de los pueblos contra el capitalismo y el imperialismo, contra todas las injusticias del sistema, por el establecimiento de un régimen justo e independiente, socialista. Esa aseveración del marxismo-leninismo indicando que la clase obrera es la única capaz de llevar consecuentemente la lucha revolucionaria hasta su triunfo definitivo, ha sido comprobada reiteradamente por la experiencia internacional. Todos los países en que la revolución socialista ha 362

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triunfado y ofrece hoy día una vida feliz, digna y creadora a las más amplias masas, sin miserias ni explotación, sin opresión política, han sido países en los que la clase obrera ocupó y ocupa un rol dirigente en la lucha revolucionaria. En cambio, en aquellos países en que otras clases, principalmente la burguesía, lograron la dirección del proceso revolucionario, nada cambió en lo fundamental, sólo se consiguieron algunas mejoras inmediatas que al poco tiempo se perdieron también, y después de varios años de “revolución” dirigida por la burguesía, los problemas son los mismos, las masas populares siguen sumidas en toda clase de sufrimientos. Hay numerosos ejemplos como los de la India, Egipto, Indonesia, México, etc., etc., pero nos detendremos un instante en uno de los más dolorosos, el del hermano pueblo boliviano. Hace poco más de 20 años, tuvo lugar en Bolivia un formidable auge de las masas, que culminó en la revolución de abril de 1952. En esa revolución, las masas obreras y campesinas, levantando un programa correcto se enfrentaron a las clases dominantes y a su ejército. Derrocaron el poder de la vieja burguesía, derrotaron y desarmaron completamente al ejército opresor, pero un sector “revolucionario” de la burguesía y pequeño-burguesía, el Movimiento Nacionalista Revolucionario, logró ganar una influencia dominante sobre la clase obrera y el campesinado, con el engaño y las promesas, y se colocó al frente de la revolución, para finalmente traicionarla. El MNR no sólo no solucionó los problemas del pueblo y del país, sino que en cuanto pudo enfriar a las masas, se dio a la tarea de reorganizar el ejército, de fortalecer nuevamente a la burguesía derrotada, de retomar los lazos de Bolivia con el imperialismo yanki. En nuestra patria también tenemos ejemplos anteriores. Si bien en Argentina no se produjeron aún procesos tan profundos como el boliviano, hubo sí dos grandes períodos de auge de las masas que abrieron el camino a la revolución 1914 a 1921 y 1935 a 1944. En ambos casos, la burguesía logró mantener el control, contener la lucha revolucionaria y evitar riesgos al sistema capitalista, con el engaño y la represión, sirviéndose de partidos nacionalistas de masas que supieron con habilidad colocarse a la cabeza del pueblo para desviarlo de su lucha. En el primer período ese papel fue jugado por el radicalismo irigoyenista y en el segundo periodo por el peronismo. El irigoyenismo prometió mucho e hizo algunas concesiones, utilizó el engaño como su arma principal pero recurrió a la más brutal represión cuando lo consideró necesario, mandando a asesinar por el ejército a centenares de obreros [en] las matanzas de la Patagonia y en la Semana Trágica. El peronismo actuó en forma muy similar, con la particularidad de encontrarse en 1944 con una excelente situación económica coyuntural que hizo posible mayores concesiones; pero no dejó de utilizar con dureza la represión contra las huelgas obreras, como la metalúrgica, ferroviaria y azucarera. Ni el irigoyenismo ni el peronismo solucionaron los problemas de 363

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fondo, nuestro pueblo siguió explotado, en la miseria, el sufrimiento y la injusticia, y la burguesía en cuanto pudo se desembarazó de los líderes populistas que la salvaron y que no necesitaba por el momento. Hoy, nuestra Patria vive nuevamente una situación pre-revolucionaria, una gran crisis económico-social del capitalismo, un poderoso auge revolucionario de las masas. Pero la situación es más profunda que las dos anteriores, mayores las energías desplegadas por las masas, más fuerte y experimentada su vanguardia, más poderosas las potencialidades revolucionarias que es posible movilizar. Ante el peligro de la revolución, el peronismo burgués maniobra hábilmente para colocarse a la cabezada de la movilización obrera y popular, desviarla y detenerla. El resultado del presente auge de las masas dependerá de quien logre asumir finalmente la dirección, dependerá de si el peronismo burgués logra imponerse y controlar o si por el contrario, el proletariado revolucionario, organizado en partido marxista-leninista, es capaz de librarse del canto del cisne de la burguesía, de sus engaños, desarrollar una política independiente de clase y acaudillar, movilizar tras de sí a las amplias capas populares, al campesinado pobre, los pobres de la ciudad y la pequeño-burguesía urbana. La clave para lograr que la clase obrera se coloque a la cabeza de la lucha revolucionaria, conquistando la dirección del proceso, es la influencia, madurez y consistencia de su Partido Revolucionario. Esto se logra básicamente centrando el esfuerzo de construcción en las fábricas, incorporando al Partido centenares y miles de obreros fabriles, canalizándolos a asumir un papel activo, dirigente, a convertirse en militantes, cuadros y dirigentes de su Partido. La experiencia del PRT nos ha enseñado prácticamente la exactitud del punto de vista leninista de que los obreros de vanguardia son los mejores organizados, los mejores arquitectos y constructores de la armazón partidaria, de su estructura. Las características del trabajo fabril y la concentración de trabajadores que allí se da forman a los obreros en un estilo de trabajo concreto y efectivo, práctico, organizador, sensible al estado de ánimo de las masas. Cuando el obrero fabril se convierte en revolucionario, en dirigente político-militar, encara la actividad revolucionaria con ese estilo, impregnando de él al Partido, dando como resultado un desarrollo de la organización consistente, sistemático y estrechamente unido a las masas. Nuestro Partido ha comprobado en su corta vida que en general allí donde han dirigido el trabajo revolucionario cuadros obreros, éste ha sido notoriamente eficaz, no solo en el seno del mismo proletariado fabril, sino aún más cuando ha sido posible destacar cuadros obreros a clases no proletarias. Pero no sólo es un problema de efectividad y consistencia, sino que a si mismo nuestra experiencia de Partido indica que es esencial para la correcta elaboración de la línea, la intervención dominante de cuadros y dirigentes de origen proletario. 364

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El auge revolucionario de las masas y los avances y prestigio de las organizaciones revolucionarias atraen al Partido una amplia vanguardia, no solamente obrera, sino mayoritariamente de otras clases populares, del estudiantado, de los pobres de la ciudad, de los campesinos pobres. Ello es enormemente positivo pero incluye también el riesgo de un desarrollo desordenado, heterogéneo, inconsistente, que conlleva el peligro de un creciente peso en la organización de sectores no proletarios. Esto implica el peligro de construir una organización numerosa pero frágil, con presiones de las clases hostiles, que inevitablemente tendera a la vacilación, el desaliento y la dispersión ante los golpes del enemigo, ante las dificultades de la lucha revolucionaria. Por eso hoy más que nunca el eje de la construcción del Partido está en las fábricas y allí debemos dirigir nuestros principales esfuerzos. Por eso también los obreros deben asumir sin dilación su rol de clase, incorporándose a nuestro Partido, convertirse rápidamente en militantes, cuadros y dirigentes del PRT. FORMAR CENTENARES DE CÉLULAS FABRILES, ELEVAR LA COMPOSICIÓN DEL PRT Nuestro Partido tiene actualmente una composición de clase aceptable; un 40 por ciento de obreros en el conjunto, un 50 por ciento en su Comité Central. Pero esto es aún insuficiente y no es una base sólida que permita crecer ya sin temores, incorporando los numerosos contingentes revolucionarios que proporcionan todas las clases explotadas de nuestra sociedad. Para llevar adelante exitosamente la tarea de construir un Partido proletario poderoso, es necesario aun dar importantes pasos, lograr sustanciales avances en la construcción de células de partido en las fábricas, células que proporcionen los centenares y miles de obreros fabriles necesarios para la edificación del indestructible partido que necesitamos. De ahí nuestra afirmación de que el eje de la construcción del Partido pasa por las fábricas, por la formación de centenares de células fabriles, por la incorporación activa y organizada a la política de centenares y miles de obreros fabriles, futuros militantes, cuadros y dirigentes de nuestra organización. La lucha por la dirección del proceso revolucionario para así por las fábricas. La efectividad del trabajo de partido en ellas; la lucha sin cuartel contra los enemigos infiltrados, la burocracia sindical, el matonaje fascista, la ideología nacionalista burguesa; la polémica franca y fraternal, la lucha ideológica y política en el seno de la clase obrera con las distintas corrientes que expresan puntos de vista no proletarios como el espontaneísmo, el ultraizquierdísmo y el reformismo, son todos aspectos de la gran batalla por la consolidación y 365

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desarrollo del Partido, que es necesario afrontar victoriosamente para movilizar todo el potencial revolucionario del proletariado y conquistar la dirección efectiva de todo el pueblo. De la abnegación, decisión de lucha y toma de conciencia del proletariado dependen los avances en la construcción del Partido. Solamente si los elementos de vanguardia de la clase obrera asumen con firmeza y conciencia las responsabilidades revolucionarias de su clase, podrá garantizarse en Argentina que el actual auge de las masas culmine en la victoria de la revolución socialista. Nuestro Partido multiplicará sus esfuerzos para contribuir a ello con absoluta confianza en nuestra clase obrera, con la seguridad que la batalla por la construcción de un sólido partido proletario se ganará, y que el proletariado argentino representado por ese Partido será el caudillo de todas las clases explotadas de nuestro pueblo y las guiará con firmeza por el duro y victorioso camino de la guerra revolucionaria, hacia la revolución socialista.

Editorial de El Combatiente N° 89. Viernes 7 de septiembre de 1973 Septiembre: PREPARARSE PARA DERROTAR LA REPRESIÓN Mario Roberto Santucho Poco más de 3 meses han transcurrido desde el 25 de Mayo. El balance de esos tres meses es una clara muestra de las limitaciones del programa populista que levantara el FREJULI y que está siendo aplicado, e indica también la orientación de fondo del peronismo empeñado en detener el avance de la revolución con el engaño o con la fuerza. Estos tres meses de experiencia gubernamental no han proporcionado ninguna mejora significativa de la situación económico-social de nuestro pueblo, no han satisfecho las legítimas aspiraciones de los argentinos. En el terreno económico la tan cacareada detención del alza de los precios no significó ninguna mejoría para la situación de la familia trabajadora porque fue precedida por la congelación de los salarios, y en sí misma es una medida parcial constantemente violada por comerciantes y empresarios. Cuando mucho puede decirse que el nivel de vida de las masas no ha empeorado en relación a la época de la Dictadura. Pero las medidas económicas gubernamentales, medidas conserva366

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doras, burguesas, sin ningún contenido revolucionario, amenazan con llevar a una nueva alza de los precios, agravada por la recesión general de la economía, por la disminución general de la producción. El gobierno peronista no dio un sólo paso para atacar las bases del sistema de explotación y dependencia que asfixia nuestra economía, por eso las medidas adoptadas, simples “genioles” para curar una enfermedad que requiere una seria operación quirúrgica, no sólo no abren posibilidades de solución sino que permiten la agravación de la situación y amenazan llevar a nuevas crisis. Las declaraciones de Revestido de que serán revisados los precios máximos y las de Taccone requiriendo aumentos en las tarifas eléctricas son anticipos significativos. Es que los planes económicos y los ejecutores designados para llevarlos adelante, planes burgueses y ejecutores burgueses, están incapacitados para solucionar los problemas de nuestro pueblo y de nuestra patria, tal como lo previera nuestro Partido. La propaganda preelectoral del FREJULI anunciaba que con las formidables cosechas y su buen precio internacional con las grandes posibilidades en la colocación de las carnes y la colaboración del capital extranjero, especialmente el europeo, la economía entraría rápidamente en un desarrollo sostenido que haría posible elevar el nivel de vida de las masas. Veamos los resultados: el capital extranjero no invirtió un peso ni piensa hacerlo si no se le garantiza grandes e inmediatas ganancias; las ventas de la cosecha triguera fue un gigantesco negociado y produjo grandes ingresos para un grupo de grandes capitalistas extranjeros y nacionales, con graves perjuicios para el Estado. La demagogia gubernamental intentó presentar ese negociado como responsabilidad exclusiva de la Dictadura. No obstante, un minucioso proyecto de interpelación al Ministro Gelbard presentado por la bancada radical mostraba en principio la responsabilidad del actual equipo económico en tales maniobras. El hecho de que el presidente del bloque del FREJULI, diputado Pedrini, haya anunciado a la prensa el entierro en archivos de dicho proyecto demuestra que efectivamente el gobierno tiene responsabilidades que ocultar. En cuanto a las carnes, los precios máximos, resistidos por los grandes ganaderos, elevaron el consumo popular, lo que disminuyó las posibilidades exportadoras. Ahora el gobierno ha puesto topes al faenamiento y se anuncian nuevas vedas. La ausencia total de medidas progresistas y antiimperialistas que caracterizaron estos tres meses de gobierno peronista muestran a las claras las intenciones conservadoras de ese movimiento. Pero las perspectivas son aún peores: la desocupación creció pasando de 5,4 por ciento a 6,1 porciento, hay síntomas importantes de bajas en la producción industrial, el área sembrada de trigo, disminuyó sensiblemente, en una palabra crece el desaprovechamiento de las fuerzas productivas y la economía comienza a encaminarse hacia una nueva crisis. 367

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EL FRACASO DEL 31 Como parte de su campaña electoral, de su intento de lograr una base de masas para la represión gubernamental que prepara, el peronismo organizó el 31 un paro general y una gran manifestación de apoyo a la candidatura de Perón. El descontento por el paro fue muy marcado en las fábricas y la manifestación en lugar de fortalecer las intenciones represivas con un apoyo de masas sustancial, resultó un doble fiasco. La burocracia sindical y política -poniendo en juego todo su aparato- no alcanzó a movilizar 100.000 personas, la gran mayoría de las cuales asistió pasivamente, sin entusiasmo. La JP movilizó otro tanto pero bajo consignas combativas, pro-guerrilleras que en lugar de avalarlos dicen no a los proyectos represivos. En el interior el fracaso aún fue mayor. El peronismo burgués mostró su separación de las masas. Aquellas provincias como Mendoza, Chaco, Tucumán y Entre Ríos, donde se concentraron algunos miles de manifestantes fue obra del peronismo revolucionario y bajo consignas combativas. El acto de Córdoba, reflejo de los sectores más radicalizados de nuestro pueblo, indica más fielmente que ningún otro la carencia total de base para su política represiva. Sólo 400 personas, en su mayoría fascistas, asistieron al acto central organizado frente a la CGT. Pero la burguesía no se desanima. Cada vez está más convencida de que debe reprimir urgentemente a las fuerzas progresistas y revolucionarias que crecen vertiginosamente, y se prepara activamente para ello. Las fábricas automotrices de Córdoba donde se concentran sectores fundamentales de la vanguardia obrera, se preparan para pasar a la ofensiva incrementando la producción para acumular stock y entrenando nuevo personal. La burocracia sindical presiona por la rápida aprobación de la nueva Ley de Asociaciones Profesionales y busca desesperadamente contener en lo inmediato el avance del clasismo. En el seno del peronismo, después de la exitosa ofensiva que eliminó los sectores progresistas del gobierno provincial bonaerense y controló al legalismo obrero cordobés, la limpieza de la izquierda se detuvo momentáneamente para no perjudicar la performance electoral, pero se desatará sin duda inmediatamente después, de acuerdo a planes ya elaborados por el Ministro Llambí. El gobierno de Mendoza es un blanco que ya está en la mira, lo mismo que las autoridades de la Universidad de Buenos Aires.

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PERÓN ANUNCIA LA REPRESIÓN Fue Perón quien expuso más claramente que nadie, en estos días, las intenciones de su movimiento. Preguntado en un reportaje televisivo sobre la actitud que adoptará frente a la guerrilla contestó: “La gente que quiere emplear la metralleta para hacerse rico –porque la emplean también para eso- o para imponer también una voluntad que no es la voluntad que fija la ley, eso tiene una sola cosa: es un delincuente que hay que hacerlo tomar con la policía para eso está la policía”… … ”Es claro (que no ha tenido fuerza la policía.) Bueno, la policía, pobre, ha pasado las de Caín, yendo para un lado y para el otro. Todo eso ha perjudicado mucho la disciplina y el orden. Por otra parte, está mal paga; es una policía pobre que está con sueldos de hambre, por lo menos hasta que se resuelva un poco la situación económica del país y se pueda servir a esa gente de una manera lógica y natural. Debe estar bien paga porque se trata de hombres que exponen la vida, y la vida no se vende barato en ninguna parte del mundo.”… … ”Entonces, a esta gente hay que pagarle bien, exigirle y verá Ud. cómo el organismo empieza a funcionar. También hay que tenerla en cantidad suficiente”… No es casualidad que Osinde, siniestro personaje muy conocido por nuestro pueblo se haya trasladado en estos días a vivir a la casa de Perón en Gaspar Campos. Ciertos asesores del general deben estar muy ocupados en la preparación de los futuros planes gubernamentales. LA RESPUESTA DE LAS MASAS En el Ingenio Concepción, el más grande de Tucumán, gano las elecciones sindicales una lista combativa por 3.450 votos a 350 de la burocracia que dirigía anteriormente el sindicato. Docenas de ocupaciones de fábricas, centros de trabajo y barrios se sucedieron en todo el país. Una combativa concentración de campesinos en Goya, Corrientes, denuncio los intentos divisionistas del gobierno y manifestó su decisión de continuar la lucha. Numerosas acciones guerrilleras se efectivizaron en distintos puntos del país, contando con la abierta simpatía y en algunos casos el decidido apoyo de la población. Todo esto son manifestaciones del formidable auge de las masas que no se detiene, que se amplia y profundiza.

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PREPARARSE PARA DERROTAR LA REPRESIÓN Esta poderosa actividad de las masas es una base formidable para preparar las fuerzas del pueblo, para organizar adecuadamente el poderío político de las masas y el ejército guerrillero revolucionario, capaces de hacer frente y derrotar la ofensiva político-militar que prepara aceleradamente la burguesía. El presente mes de septiembre es especialmente favorable para acumular fuerzas y ganar posiciones. El gobierno, que necesita el aval electoral, se verá en graves dificultades para reprimir antes del 23 de septiembre. Continuando con firmeza las luchas, organizando febrilmente, fortaleciendo, consolidando las fuerzas revolucionaras, en primer lugar el Partido, la clase obrera y el pueblo en dura lucha harán fracasar estrepitosamente los planes represivos como hicieron fracasar los de la Dictadura y avanzará victoriosamente por el camino de la guerra revolucionaria, hacia la auténtica liberación nacional y social de nuestra patria y de nuestro pueblo, hacia el socialismo, hacia la felicidad colectiva.

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6. Perón al Poder y la Respuesta del Pueblo y del Partido desde el 6 de septiembre de 1973 al 18 de enero de 1974

Editorial de El Combatiente N° 90. Viernes 14 de septiembre de 1973 EL COPAMIENTO DEL COMANDO DE SANIDAD Mario Roberto Santucho La toma del Comando de Sanidad por una unidad de la compañía José Luis Castrogiovani del ERP, y el combate que le siguió, fue uno de los hechos políticos más significativos de la semana. Pese a la falta de éxito militar, la acción fue un importante triunfo político de las fuerzas revolucionarias, porque mostró la vulnerabilidad del ejército contrarrevolucionario y la fuerza, el desarrollo de la guerrilla, porque mostró la superior moral combativa de los combatientes del pueblo, porque mostró que de un lado, en el ejército opresor, forman filas elementos como el Teniente Coronel Duarte Ardoy, proveniente de la oligarquía, condecorado por la potencia imperialista extranjera que más explota a nuestro pueblo y domina a nuestra patria: los EE.UU. de Norteamérica, y del otro lado, en el Ejército Revolucionario del Pueblo, militan compañeros como Gómez, Suárez y Debenedetti, obreros y estudiantes, surgidos del pueblo y comprometidos únicamente con la causa revolucionaria de nuestra liberación nacional y social. Tal como ocurrió cuando los ajusticiamientos de Sánchez e Iribarren, las organizaciones y personalidades más representativas de la burguesía, de la contrarrevolución se pronunciaron inmediatamente, con gran energía, contra las guerrillas y en defensa del ejército contrarrevolucionario. La declaración del ERP titulada “La toma del Comando de Sanidad”, que se reproduce en estas páginas, y que está siendo difundida ampliamente en todo el país, se refiere a estas reacciones y a las del pueblo. Nos remitimos a esa declaración.

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PERÓN Y LA JUVENTUD A partir de los actos del 22 de agosto que reflejaron la creciente fuerza de la guerrilla socialista, el peronismo burgués y burocrático y los servicios de informaciones de las FF. AA. contrarrevolucionarias coincidieron en preocuparse seriamente por esta situación. Consecuencia de ello fue la intervención del propio Perón que tomó la iniciativa citando a FAR y Montoneros con el objetivo de alejarlos completamente del ERP, controlarlos estrechamente, e intentar utilizarlos contra nuestra organización. Para lograr ese objetivo Perón se apoyó en la confusión introducida por la influencia ideológica burguesa y cuenta con la colaboración de algunos elementos burgueses y arribistas que por distintas razones han logrado infiltrarse en la dirección del peronismo revolucionario. Perón ha dado hasta ahora ciertos pasos exitosos: logró sentar a las direcciones de la Juventud Peronista, FAR y Montoneros en la misma mesa que Brito Lima, agente de la CIA y asesino de decenas de peronistas revolucionarios, llevándolos a un paso de la traición. Pero ésta es una maniobra que fracasará. Conseguirá cuando mucho ganar un pequeño grupo, aquellos de la misma calaña que Iñiguez, Osinde y sus secuaces, agentes infiltrados y traidores de la heroica Resistencia Peronista; pero todo lo mejor, lo sano y aplastantemente mayoritario del peronismo revolucionario no capitulará, no se entregará ni negociará la sangre derramada, rechazará las propuestas e insinuaciones contrarrevolucionarias y encontrará la manera adecuada de mantenerse fieles a su pueblo y a su patria, de continuar con firmeza la lucha por el socialismo. EL PROCESO ELECTORAL En el nuevo proceso electoral, la clase obrera y el pueblo no tienen ninguna candidatura que los represente, que pueda significar la posibilidad de algún cambio progresista y revolucionario favorable a las masas. Por el contrario, el peronismo burgués y burocrático, persigue la obtención de una elevada cantidad de votos que le permita llevar después adelante, con justificación “política”, la campaña represiva que está preparando. Consciente de esta situación, nuestro Partido llama a los trabajadores y al pueblo a abstenerse entre los distintos candidatos y colocar en la urna un voto con consignas como la siguiente: “Voto por los Héroes de Trelew, por la investigación de los hechos de Trelew, Ezeiza y demás crímenes, por la vigencia de las libertades democráticas, por el socialismo”. Esto no será una 372

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firme resistencia a la maniobra electoral, será sólo una débil expresión de las verdaderas aspiraciones de nuestro pueblo, pero es lo único que puede hacerse en estos momentos. ¿CARCAGNO ANTIIMPERIALISTA? Las FF. AA. contrarrevolucionarias siguen de cerca la evolución de la situación política e intervienen directamente en ciertas oportunidades concurrió con la renuncia de Cámpora. Ven la fragilidad del intento populista y no confían totalmente en la efectividad del proyecto bonapartista de Perón, aunque lo apoyan. Por eso se preparan desde ya para un posible recambio, intentan cambiar su imagen opresora y comenzando la promoción de un nuevo líder militar. Esa es la razón estratégica del mando militar contrarrevolucionario que determina las actitudes “antiimperialistas” del Gral. Carcagno, ampliamente propagandizadas por la prensa. Pero nuestro pueblo no olvida al represor del Cordobazo y está hoy menos propenso que nunca a hacer nuevamente engañado. No está lejano el caso de Onganía, general también “preparado” como caudillo nacionalista, que en base a una hábil campaña propagandística logró engañar por unos meses a amplios sectores de las masas para caer enseguida en el desprestigio más absoluto. A Carcagno le resultará infinitamente más difícil engañar al pueblo argentino, porque hoy el pueblo está notoriamente más politizado, en condiciones de ver claro tras la maraña de la mentira burguesa propagandizada por la prensa a su servicio. PREPARARSE A CONCIENCIA Las fuerzas revolucionarias y progresistas siguen avanzando, ampliando su lucha, mejorando su organización. Los claros producidos en las filas revolucionarais como la detención de trece combatientes del ERP en el combate del Comando de Sanidad serán llenados rápidamente por los nuevos contingentes de revolucionarios que la clase obrera y el pueblo argentino destacan cada vez en mayor número a las primeras filas del combate. Ello es parte de la febril preparación de las fuerzas revolucionarias que debe colocarnos en las mejores condiciones posibles para los próximos e importantes combates contra la represión que se prepara desde el gobierno, las FFAA y las grandes empresas. La próxima ofensiva contrarrevolucionaria que anuncian con su accionar las avanzadas fascistas del Comando de Organización y otras organizaciones similares, debe recibir la respuesta adecuada y es necesario prepararse a conciencia para ello. 373

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Editorial de El Combatiente N° 91. Viernes 21 de septiembre de 1973 LAS ENSEÑANZAS DEL PROCESO CHILENO Mario Roberto Santucho El 11 de septiembre el imperialismo yanki y la burguesía chilena, con su columna vertebral, las FFAA contrarrevolucionarias, derribaron al Gobierno Popular de Chile, asesinaron a Salvador Allende y a 5 de sus colaboradores y desataron una bárbara represión a la clase obrera y el pueblo chileno con el declarado objetivo de “extirpar el marxismo”, es decir de destruir, aniquilar a las fuerzas progresistas y revolucionarias del pueblo hermano. La clase obrera y el pueblo chileno resistieron el golpe contrarrevolucionario y hasta una semana de producido, siguió la lucha, con bajas por ambos bandos, pero con un mayor desgaste de las fuerzas revolucionarias, inferiores en armamento y preparación militar. El golpe del 11 de septiembre marca un viraje estratégico en la lucha de clases en Chile, con singular influencia sobre el desarrollo de la lucha revolucionaria en todos los países latinoamericanos y en especial Argentina y Uruguay. La utopía de una revolución en paz, de un tráfico pacifico del capitalismo al socialismo en Latinoamérica quedo una vez más al desnudo. Pero no solo el problema de los principios y métodos de acción revolucionaria fueron puestos a prueba confirmando dramáticamente que la única vía del derrocamiento del capitalismo es en nuestro continente la vía armada. También quedó evidenciado a dónde conducen el reformismo y el nacionalismo burgués, a donde lleva la conciliación con las clases dominantes, la “unidad del ejército con el pueblo” que preconizara tozudamente el valeroso Presidente Allende. Todas estas cuestiones son de vital actualidad para los revolucionarios argentinos y el movimiento progresista de nuestro país en general, por la importante batalla ideológica y política que está liberando contra el nacionalismo burgués populista y el reformismo que presionan en sectores de la vanguardia y el pueblo vía el peronismo burgués y burocrático. ¿REFORMA O REVOLUCIÓN? En el país hermano dos tesis fundamentales se enfrentaron en el campo popular: las tesis del Presidente Allende, del PC y de la mayoría de la dirección 374

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del PS de que existía una vía chilena al socialismo, pacifica, posible por las particularidades del país, principalmente por la características de sus FFAA “profesionales”, marginadas tradicionalmente de las grandes empresas, con un origen de clase no oligárquico. Esta tesis sostenía que actuando con habilidad en base al “muñequeo” (la “muñeca” de Allende) y aislando al enemigo principal, se lograría avanzar progresivamente, fortaleciendo el campo popular y debilitando el campo de la contrarrevolución hasta terminar imponiéndose, siempre pacíficamente, legalmente. Opuesto a esta posición el MIR y sectores afines, sostenía firmemente que no hay otro camino que la lucha armada que debía dejarse de lado conciliación y avanzar sin dilaciones en la movilización del pueblo, el desarrollo del doble poder y la preparación político-militar para grandes enfrentamientos que inevitablemente habrían de producirse. El MIR llamaba a no confiar en las FFAA contrarrevolucionarias, a buscar apoyo en su base, en las clases y soldados, a basar la estrategia y la táctica revolucionaria en la movilización y organización del pueblo, a organizar un ejército popular, a desarrollar el doble poder a partir de los comandos comunales dejando de lado el parlamento burgués. Allende, el PC y la mayoría de la dirección del PS aplicaron su línea reformista, e intentaron por todos los medios aislar al MIR, de contener la movilización obrera y popular, de impedir el desarrollo de los comandos comunales, de impedir el armamento y la preparación militar de las unidades del MIR. Al mismo tiempo buscaban apoyarse en la jerarquía militar, haciéndoles concesiones, manteniendo y mejorando su armamento, mejorando sus sueldos y dándoles participación clave en el gobierno, buscaban también acuerdo con la Democracia Cristiana. En una palabra, la línea reformista llevó al gobierno de la Unidad Popular a combatir a sus aliados, las fuerzas revolucionarias y apoyarse y confiar en sus enemigos, las FFAA contrarrevolucionarias y la Democracia Cristiana. La línea reformista aplicada por la UP tuvo su quiebre definitivo en Chile el 11 de septiembre; los nacionalistas populistas de la burguesía chilena, las FFAA y la DC mostraron ese mismo día su verdadero y horrible rostro contrarrevolucionario. Ahora, la clase obrera y el pueblo chileno deberán enfrentar un duro y prolongado combate, partiendo de una situación de inferioridad, con parte de sus recursos dilapidados por la irresponsabilidad reformista. Al frente de la lucha estará ahora el MIR, que sabrá responder correctamente a las nuevas exigencias, organizar adecuadamente el gigantesco potencial revolucionario del pueblo chileno, desplegar en todo su poderío político-militar la energía y combatividad de las masas chilenas, desarrollando paralelamente la lucha armada y la lucha política, conduciendo victoriosamente al pueblo hermano, por la vía de la guerra revolucionaria, hacia el aplastamiento definitivo del enemigo de las 375

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FFAA contrarrevolucionarias y de las empresas explotadoras, hacia la verdadera instauración del socialismo chileno, hacia la conquista de la felicidad que el pueblo chileno merece. CHILE Y ARGENTINA Con otras características y en un grado diferente, la misma lucha entre reformismo y revolución se está librando en nuestro país. En la Argentina no hay un gobierno popular pero hay sectores populares que apoyan el gobierno e intentan participar de él. Se trata principalmente del PC y de la dirección de la JP y de las organizaciones armadas FAR y Montoneros. El reformismo y el populismo llevan a estas corrientes populares, principalmente a las peronistas recién nombradas, a atacar a sus aliados y unirse a sus enemigos. Con motivo del copamiento del Comando de Sanidad uno de los dirigentes de Montoneros Firmenich ataco públicamente esa acción uniéndose al coro de la contrarrevolución, uniéndose al ejército burgués, uniéndose a la CGE y la UIA, a los diarios La Prensa y La Nación, a la burocracia sindical. El reformismo y el populismo sostienen hoy día la absurda tesis que para avanzar en la lucha antiimperialista y revolucionaria es necesario defender al gobierno de Lastiri y unirse al balbinismo, al frondizismo y al ejército contrarrevolucionario. Atacan a nuestra organización y a otras corrientes revolucionarias porque insistimos en la movilización popular, en la continuidad de la lucha armada y no armada, porque nos negamos a negociar con los Carcagno y los Betti la sangre derramada, porque no damos tregua al enemigo a las empresas explotadoras y a las fuerzas armadas contrarrevolucionarias. Sostienen en una palabra el absurdo de que para avanzar en la lucha antiimperialista y revolucionaria es necesario unirse a los agentes del imperialismo y personeros de la burguesía. Estos compañeros al igual que los reformistas y populistas chilenos, saben que el ejército prepara activamente la represión, que se multiplican los comandos paramilitares organizados por ellos, Osinde e Iñiguez cuentan con todos los recursos del Estado para organizar bandas fascistas, conocen las declaraciones categóricas de Balbín y Perón de que todos deben unirse para extirpar la guerrilla, ven diariamente como los pequeños islotes progresistas que se lograron colocar en el gobierno de Cámpora son barridos de acuerdo a un plan. Y ante todo ello no encuentran otra manera de resolverlo que llamando a la “unidad nacional”, a la unión entre ejército y pueblo. Ese es el camino más directo para fortalecer al enemigo: ceder constantemente, vacilar, protestar quejosamente, justificar y aplastarse ante los golpes, embellecer ante los ojos de las masas a 376

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todos los reaccionarios, presentándolos como amigos del pueblo. Así presentó la UP a Pinochet, y hoy estamos ante los resultados. ACERCA DEL EJÉRCITO OPRESOR El marxismo-leninismo entre sus enseñanzas elementales y fundamentales, desnuda el carácter del Estado y especialmente de las FFAA organizadas por la burguesía, mostrándolos como órganos de opresión, como la fuerza material que asegura la dominación de la burguesía y demás clases explotadoras, que mantiene sojuzgado a la clase obrera y al pueblo. Ese carácter opresor y contrarrevolucionario de las FFAA burguesas se ha mantenido, consolidado y perfeccionado en la época contemporánea. Hoy día todos los ejércitos de los países capitalistas tienen como razón de ser la lucha contra la revolución social. Los ejércitos latinoamericanos no sólo no son una excepción sino que están entre los más unidos y subordinados al ejército norteamericano. Sin ir más lejos el ejército argentino tiene su fuente fundamental de formación en las escuelas norteamericanas, y no solamente eso sino que hasta tienen el descaro de tener instructores yankes en nuestro propio país como es el caso de la Brigada de Infantería de Monte (antiguerrilla) cuya jefatura es ejercida en la práctica por oficiales norteamericanos instalados en Tartagal y Formosa. El ejército chileno, el ejército peruano, el ejército argentino y el uruguayo están muy lejos de ser una excepción. Precisamente fueron las FFAA chilenas las que supieron cuidar más la forma que aparentaban tradicionalmente un cierto grado de independencia, de profesionalismo, de apoliticismo, mostrándose tal cual son el 11 de septiembre últimos. Todos estos ejércitos forman parte del TIAR, entrenan sus oficios y suboficiales en EE.UU., reciben instructores y armamento yanke y orientan toda su preparación hacia la guerra contrarrevolucionaria, hacia la represión de manifestaciones y en la lucha contra la guerrilla. Teniendo en cuenta esto el Comandante Ernesto Guevara, destacado marxista-leninista de nuestro continente, reafirmo la tesis marxista ya sostenida por Marx, Engels, Lenin y demás revolucionarios, y señalo “la derrota del ejército con las fuerzas populares y su posterior aniquilamiento como condición imprescindible a toda revolución verdadera” (Obras, Tomo 2, Pág. 411). Nuestro pueblo sintetizo la misma idea en las recientes manifestaciones contra el golpe de Chile cantando masivamente la consigna: “uruguayos, chilenos y argentinos, los militares son todos asesinos”. En realidad sobran argumentaciones para demostrar esta verdad marxista-leninista. Lo sorprendente es que haya compañeros que pueden sostener la 377

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tesis contraria: la de la progresividad y antiimperialismo de los ejércitos opresores. Lo sorprendente es que haya gente que sostenga el punto de vista reformista-populista de que puede ganarse pacíficamente al ejército y traerlo progresivamente al campo del pueblo. Lo sorprendente es que haya compañeros que esperan y confían que el ejército realice la obra revolucionaria, que el ejército sostenga y defienda políticas populares y antiimperialistas. Es como encargar a un león la custodia de un trozo de carne o esperar que ese animal dé a luz, críe y amamante a un corderito. La naturaleza, misión y formación de todos los ejércitos burgueses latinoamericanos los constituyen en la columna vertebral del sistema imperialista y capitalista que oprime a nuestros pueblos, en el más sólido de los partidos políticos de la burguesía, ultimo y fundamental sostén del régimen explotador. Este carácter no excluye, como es natural, la posible aparición y desarrollo de corrientes progresistas y revolucionarias en el seno de esos ejércitos, fundamentalmente entre los soldados y clase y también aunque en mucha menor medida en la oficialidad. El ejército es parte de la sociedad y siente sus contradicciones. La influencia de la revolución, la justicia de la causa revolucionaria actúa sobre el personal militar, especialmente sobre el soldado conscripto y suboficiales, haciéndolo permeables a las ideas revolucionarias. Los revolucionarios deben darse una activa política de alentar y desarrollar las tendencias de izquierda que pueden y deben existir clandestinamente allí y que se irán ampliando con el desarrollo de la guerra revolucionaria. Nuestra organización se preocupa por este aspecto como lo demuestran los casos de los soldados Giménez, Provenzano e Invernizzi. Hoy los soldados se pasan de a uno al Ejército del Pueblo, el día de mañana se incorporaran por unidades completas, pero ello no modificara el carecer del ejército contrarrevolucionario y la necesidad de aniquilarlo militarmente. LA SITUACIÓN EN EL CONO SUR El golpe de la CIA de Chile convierte al cono sur de América Latina en un volcán en ebullición. En Uruguay, Argentina y Chile como en la mayoría de los pueblos latinoamericano la guerra revolucionaria, la combinación de la lucha armada como forma principal de lucha con la lucha política de las masas, es sin duda alguna la única vía para la toma del poder, para la realización de la revolución socialista que reclaman cada vez con mayor insistencia, conciencia y combatividad, la masas uruguayas, chilenas y argentinas. Si algunas dudas pudieran haber quedado, el golpe del 11 de septiembre las aclaro totalmente. El aprendizaje de nuestros pueblos se hace día a día más rápido y su vanguardia revolucionaria une y multiplica sus esfuerzos por estar a la altura de 378

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la circunstancias. El cono sur de América Latina apunta a constituirse en un importante campo de batalla de la lucha de clases internacional. Las masas muestran una energía sorprenderte y creciente, el imperialismo y la burguesía se defienden y atacan con toda su furia, la vanguardia revolucionaria político-militar surge y se desarrolla con paso firme y acelerado, acumulando valiosas experiencias, madurando en la acción consciente. Es el principio de realización de la previsión del Che de un nuevo Vietnam que contribuyera en gran escala a la liquidación definitiva del imperialismo y el capitalismo. SOLIDARIDAD CON CHILE Movidos por el sentimiento internacionalista y socialista, amplios sectores de nuestro pueblo se movilizaron en solidaridad con la lucha del pueblo chileno. Esta revolucionaria actitud del pueblo argentino contrasta con las intenciones de la camarilla de Lastiri que pretende mantener relaciones diplomáticas con la Dictadura Militar de Pinochet. Lastiri y compañía, por sus estrechos lazos con el imperialismo yanki, estaban al tanto de la situación en Chile, conocían los preparativos golpistas. No los denunciaron ni se opusieron a ellos. El ejército de Carcagno a su vez contribuyó con entrenamiento y armas. En síntesis el pueblo exige la ruptura inmediata de relaciones, el gobierno y los militares piensan en mantenerlas. La lucha del pueblo chileno es nuestra lucha. El moviendo progresista y revolucionario argentino se solidariza y solidarizará activamente con nuestros hermanos trasandinos, repudiando el golpe fascista, exigiendo la ruptura de relaciones con la Dictadura de Pinochet, colaborando prácticamente de todas las formas posibles con los revolucionarios chilenos, principalmente el MIR, uniendo cada vez más la fuerza frente al enemigo común el imperialismo yanke, los ejércitos contrarrevolucionarios, las empresas explotadoras. La gigantesca y querida figura del Comandante Ernesto Guevara, modelo, ejemplo de internacionalismo proletario, preside la creciente unión y convergencia de nuestros pueblos y sus vanguardias revolucionarias, está presente en la colaboración mutua, la solidaridad internacionalista señalando el camino con su histórica orientación: “Crear dos, tres, muchos Vietnam, es la consigna”.

Editorial de El Combatiente N° 92. Viernes 28 de setiembre de 1973

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Mario Roberto Santucho

EL GOBIERNO INICIA EL ATAQUE Mario Roberto Santucho La realización del acto electoral, con el esperado triunfo peronista, fue acompañado de una serie de declaraciones y medidas contrarrevolucionarias del peronismo y del gobierno. Tanto Lastiri como Perón, centraron sus discursos y declaraciones en atacar a la guerrilla, a los luchadores populares que ellos llaman ahora “apresurados”, “delincuentes”, etc. El nombramiento de Iñiguez como Jefe de la Policía Federal y el decreto de ilegalización de nuestro ERP son las medidas más graves, que constituyen una verdadera declaración de guerra a la guerrilla, colocándose el gobierno así, decididamente, en el campo de los enemigos del pueblo, junto al ejército opresor y las empresas explotadoras. La iniciación de este ataque confirma plenamente las caracterizaciones de nuestro Partido que supo comprender y alertar sobre la esencia de este gobierno supuestamente popular, sobre el carácter contrarrevolucionario de la política del peronismo, sobre el rol contrarrevolucionario de su líder el General Perón. Durante el proceso del GAN ya fue claro -y nuestro Partido lo advirtió- que Perón se postulaba como el salvador del capitalismo, se perfilaba para colocarse al frente de las fuerzas contrarrevolucionarias en la desesperada lucha que libra la clase capitalista para contener el auge revolucionario de las masas argentinas. Era claro aquel entonces que Perón pensaba emplear la represión, la violencia contrarrevolucionaria, contra las fuerzas de la revolución, contra la guerrilla y el movimiento clasista. INTENTO PARLAMENTARIO FRACASADO La intención inicial del peronismo era lograr en forma inmediata la contención de la lucha de masas combinando el engaño con la represión selectiva en el marco de un parlamentarismo relativamente democrático. Confiaban en que las masas aceptarían la propuesta de tregua, aceptarían el consejo “del trabajo a la casa y de la casa al trabajo” y darían el tiempo necesario para organizarse, planificar con tranquilidad una ofensiva contra las fuerzas progresistas y revolucionarias, llevada a cabo exitosamente, y a partir de allí pasar a la reorganización de la economía capitalista en base a sustanciales inversiones de capital imperialista. El fracaso de este intento fue fulminante. Las masas incrementaron su movilización y su lucha, la guerrilla mantuvo la continuidad operativa y la vanguardia clasista ganó posiciones a nivel fabril y sindical. 380

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A menos de dos meses de su asunción, Cámpora fue desplazado, y comenzó la preparación de un nuevo intento de lograr la estabilidad burguesa, esta vez de características bonapartistas, marcadamente represivo, con Perón a la cabeza. LA SITUACIÓN ESTRATÉGICA Observado desde un punto de vista estratégico, el ataque que está iniciando la burguesía contra las fuerzas revolucionarias constituye un intento desesperado de recuperar la iniciativa, de salir de la situación de defensiva estratégica en que están empantanados desde el Cordobazo y lograr pasar a una ofensiva que les permita actuar inteligente y eficazmente. El marxismo-leninismo enseña que uno de los pilares estratégicos fundamentales de una guerra revolucionaria es su carácter ofensivo. Las fuerzas revolucionarias cuando logran pasar a una lucha armada activa en el curso de un auge de masas, inician una ofensiva que les permite mantener la iniciativa, trabajar con planes, crecer paso a paso, aprovechar satisfactoriamente sus fuerzas, organizar las fuerzas del pueblo y suplir con la organización, la sorpresa, la moral y la política, las debilidades materiales en hombres y armamento frente a un enemigo numeroso poderosamente armado. Tomar y mantener la iniciativa en una posición de ofensiva ininterrumpida, al tiempo que aprovecha al máximo las fuerzas y potencialidades revolucionarias, condena a la pasividad, a la desorganización, a las fuerzas de la contrarrevolución impidiéndoles emplear su inmenso poderío material. Desde el Cordobazo de mayo de 1969, las fuerzas revolucionarias argentinas han iniciado una ofensiva político-militar, de guerra revolucionaria llevando a las fuerzas de la burguesía a la defensiva estratégica. Esta debilidad fundamental no ha podido ser superada en estos 4 años por el enemigo que ha ensayado distintos planes y recambios con Levingston, con Lanusse, con el GAN, con Cámpora. Por el contrario, la ofensiva obrera y popular se ha consolidado, se ha ampliado, y profundizado, dotándose de puntos de apoyo sólidos, de una fuerza guerrillera cada día más efectiva, de una poderosa movilización de masas, de un partido marxista-leninista en vías de consistente desarrollo. Apoyado en la votación masiva y en la vacilación de ciertas corrientes populares, el gobierno peronista inicia un furibundo y desorganizado ataque, lanzando todas sus fuerzas contra el núcleo principal de las fuerzas revolucionarias, en la esperanza de lograr con algunos golpes de suerte, causar grave daño, anular y si es posible aniquilar la guerrilla, para retomar así la iniciativa y preparar inmediatamente después de una ofensiva general bien planificada contra el con381

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junto de las fuerzas progresistas y revolucionarias. ALERTA Y MOVILIZACIÓN La importancia estratégica de esta batalla que se ha iniciado, hace necesario colocar a las fuerzas progresistas y revolucionarias en estado de alerta y movilización. No subestimar al enemigo, evaluarlo correctamente en su peligrosidad irracional, tener en cuenta que actuará con una ferocidad mayor que la Dictadura Militar, que lanzará golpes de todo tipo, es un principio táctico que hay que tener en cuenta. Eludir sus golpes y a la vez golpearlo; no ofrecerle blanco en situación de inferioridad y afrontarlo valientemente en condiciones favorables, en una palabra, desconfiar del enemigo, cuidarse ante él y golpearlo claramente en las oportunidades favorables son los lemas tácticos del momento, a los que debemos agregar la consigna de mantener y ampliar la movilización de masas con decisión y audacia, sin achicarnos ante el despliegue enemigo. LA EJECUCIÓN DE RUCCI Nuestra organización no ha ejecutado ningún burócrata sindical. Consideramos que la ejecución de algunos de estos traidores solo debería realizarse en casos extremos muy especiales. Por eso no habríamos encarado acciones como la que dio fin a la carrera de traidor de José Ignacio Rucci. Pero tampoco condenamos esa acción porque la consideramos una expresión aunque deformada del sentimiento de las masas El gobierno peronista se apresurado a buscar en esta acción nuevos elementos para fundamentar políticamente su línea represiva con el cinismo que es habitual a la burguesía. Días atrás los burócratas asesinaron en Córdoba al obrero peronista Damiani, el 20 de junio Osinde dirigió el asesinato de numerosos compañeros en Ezeiza, el 29 de julio la policía cordobesa asesinó a nuestro combatiente Eduardo Giménez y el 30 del mismo mes al joven obrero Molina en San Francisco. Todos estos hechos fueron silenciados, premiados sus responsables, justificados por el mismo gobierno que hoy escandaliza al país por la muerte de Rucci. DAR LA BATALLA A LA CONTRARREVOLUCIÓN El peligroso ataque contrarrevolucionario de la burguesía gobernante, pue382

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de y debe ser derrotado estrepitosamente. Para ello es necesario que las fuerzas revolucionarias se unan en torno al PRT y al ERP, aumentando sus recursos y posibilitando así un eficaz enfrentamiento de ese ataque, para convertirlos en una importante victoria revolucionaria. Eludir los desesperados golpes del enemigo y responder con eficacia saliendo al paso simultáneamente a la propaganda demagógica y contrarrevolucionaria, son los elementos tácticos que nos permitirán sortear victoriosamente la situación, lograr un triunfo de proyecciones estratégicas en la batalla que ha comenzado a librarse y que se desarrollará en los próximos meses.

Editorial de El Combatiente N° 93. Viernes 5 de octubre de 1973 ¡UNIDAD ANTIFASCISTA Y ANTIIMPERIALISTA! Mario Roberto Santucho El gobierno de Lastiri y el peronismo burgués y burocrático en su conjunto están lanzados desenfrenadamente en la escalada represiva. El asesinato del compañero Grinberg, la clausura del diario El Mundo y la sanción a Canal 9, una ola de atentados dinamiteros realizados por grupos paramilitares y parapoliciales, las declaraciones de Perón y otros dirigentes peronistas llamando a una cruzada contra el marxismo y en primer lugar contra la izquierda peronista, son elementos de esa notoria escalada, en el que el blanco principal de la burguesía contrarrevolucionaria es el ERP. De ahí que la Policía Federal y la prensa burguesa intentaron involucrar burdamente a nuestro ejército guerrillero en la ejecución de Rucci, para basar en esa mentira los ataques a nuestra organización. Pero el pueblo explotado no se dejó confundir, intuyó la maniobra y puso inmediatamente en duda las afirmaciones policiales. Sectores de vanguardia observaron con perspicacia que nunca antes ninguna organización guerrillera había comunicado telefónicamente a la policía sus acciones. La desconfianza se vio confirmada por la información de Canal 9 de televisión y diario “El Mundo”, que por ajustarse a la verdad, sufrieron las iras represivas del gobierno. Paralelamente la burocracia sindical como parte del gobierno en unión con las empresas explotadoras ha iniciado una activa campaña contra el activismo fabril clasista, haciendo echar compañeros, preparando listas de gente combativa para pasar después a reprimirla, etc. etc. 383

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El peronismo durante la campaña electoral desplegó una mentirosa verborragia “antiimperialista” para ganar votos populares y en cuanto triunfó trocó bruscamente su antiimperialismo por antimarxismo. Todos estos hechos son la más completa confirmación de los análisis de nuestro Partido que supo mantener una correcta posición marxista-leninista frente a este nuevo intento burgués contrarrevolucionario, señalando su esencia, alertando sobre sus verdaderas intenciones, diferenciando en la crítica a las corrientes progresistas y revolucionarias del peronismo estrechando filas con lo mejor de ese sector. LOS ERRORES DEL PERONISMO REVOLUCIONARIO Y DEL PARTIDO COMUNISTA Presos de sus concepciones populistas y reformistas, sectores del peronismo revolucionario y el PC cometieron el serio error de llamar al pueblo a votar por la fórmula del FREJULI. Cada día se ve más claro que su errónea posición los llevó a contribuir a engañar a la clase obrera y al pueblo, a fortalecer al enemigo que se preparaba para atacar, a prestarle armas involuntariamente a la reacción contrarrevolucionaria. Como decía Lenin, no es grave cometer errores, todos pueden cometerlos, lo grave es no corregirlos, lo grave es persistir en el error, profundizarlo. Fernando Nadra hace oídos sordos a este sano consejo de Lenin. En una lamentable conferencia de prensa citada por él y otros dos dirigentes del PC, en lugar de reconocer el grave error cometido y llamar a hacer frente con firmeza y valentía la campaña antimarxista se postra ante sus verdugos, los llena de elogios, ataca solapadamente a la guerrilla para quedar bien con la burguesía y taimadamente repite el falso argumento de que el marxismo-leninismo rechaza la guerrilla, un correcto accionar armado como el que practica el ERP. Nuestra organización criticó duramente la capitulación de estos sectores populares en el reciente proceso electoral. Hoy reiteramos fraternalmente esa crítica, no con ánimo de mostrar nuestra razón, sino con el sano espíritu de contribuir a la reflexión, de reiterar nuestro llamado a la unidad obrera y popular, de insistir a éstas y otras organizaciones del campo popular en la necesidad de eludir la trampa contrarrevolucionaria, de alejarse de los falsos aliados burgueses y acercarse a sus verdaderos aliados, en primer lugar a nuestro Partido, para construir en conjunto una poderosa fuerza unitaria basada en la unidad obrero-popular, en la unidad del proletariado con el campesinado pobre, con los pobres de la ciudad y la pequeño-burguesía urbana.

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EVOLUCIÓN DEL GOBIERNO PERONISTA El intento bonapartista del peronismo muestra desde ya serias fisuras, gran dificultad de concreción, por lo que va ganado terreno en el seno de ese movimiento la tendencia a la fascistización que tiene clara expresión en el desesperado ataque que acaba de lanzar contra las fuerzas revolucionarias. Cuando nuestro Partido pronosticó en marzo de 1973 (ver El Combatiente N° 76 de marzo de 1973), basado en un análisis objetivo, marxista, de la política nacional, que “... el análisis de las fuerzas y tendencias de la política nacional hacen prever que el nuevo gobierno parlamentario se verá a corto plazo enfrentado a insolubles problemas entre la movilización de las masas y la presión burguesa y militar. En esa situación deberá optar por aceptar las exigencias militares y reprimir a las masas tomando el camino de la fascistización, convirtiéndose en un gobierno fascista represor, o intentar resistir la presión reaccionaria e impulsar algunas medidas progresistas lo que llevará a su derrocamiento por un golpe militar”, ese cálculo parecía completamente abstracto. Hoy es posible comprobar su acierto y comprender el porqué de los rápidos cambios en el gobierno y en el peronismo. La evolución hacia el fascismo, la fascistización del gobierno tenderá a acentuarse en los próximos meses, aunque esa tendencia será contenida por la unidad y movilización del pueblo y el accionar militar de la guerrilla. Indefectiblemente el intento fascistoide del sector más reaccionario del peronismo terminará en un completo fracaso, como fracasó ya el intento parlamentario y está fracasando a poco de iniciarse el intento bonapartista. Es que la pujanza de la lucha popular, la energía y combatividad de las masas y de su vanguardia obliga a la burguesía a desechar intempestivamente uno tras otro sus planes contrarrevolucionarios. El llamamiento del gobierno y de Perón a la cruzada antimarxista pone en movimiento las fuerzas más reaccionarias de la burguesía, las que tienden poderosamente a una dinámica incontrolable de corte fascista que introducirá fisuras en el campo burgués, favorecerá el acercamiento de las fuerzas progresistas y revolucionarias, acentuará en una palabra la crisis e inestabilidad del gobierno. Las FFAA opresoras en tanto, se mantienen a la expectativa, apoyan y controlan al gobierno, pero al mismo tiempo se preparan para un recambio frente al posible fracaso del intento peronista. Para ello hacen y harán todo lo posible para no intervenir directamente en la actual represión y llevar adelante una activa y demagógica campaña “antiimperialista”, que con palabras y triquiñuelas intenta remozar la desprestigiada imagen del ejército. El gobierno peronista no logrará detener el proceso revolucionario en curso en Argentina, ni logrará derrotar a la guerrilla. Sólo podrá mantenerse uniéndo385

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se a los militares, formando una única fuerza contrarrevolucionaria cívico-militar de orientación fascista. Si el gobierno peronista no acepta someterse a los militares, si no les sirve para reprimir, ellos lo derribarán sin contemplaciones para encargarse directamente de la represión. ¡UNIDAD PARA LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA! Detener el ataque contrarrevolucionario es el imperativo de la hora. Para ello es urgente tejer alianzas permanentes, a nivel de base y a nivel de dirección de organizaciones. Arrancando desde las fábricas, el campo, los barrios, etc. debemos construir un poderoso Frente Único Antifascista y Antiimperialista que movilice a las más amplias masas contra la represión, contra los grupos paramilitares y parapoliciales. El peronismo progresista y revolucionario, el Partido Comunista, el Frente Antiimperialista por el Socialismo, el Sindicalismo Clasista, las Ligas Agrarias, las organizaciones villeras, el conjunto de la izquierda, las organizaciones armadas peronistas y no peronistas, uniéndose, confluyendo en un poderoso Frente Antifascista y Antiimperialista, están en condiciones de parar en seco la cruzada antimarxista, antiobrera y antipopular, obligar al mantenimiento y la ampliación de la democracia y la libertad que nuestro pueblo conquistara tras dura lucha antidictatorial y que hoy están siendo arrasadas por el gobierno contrarrevolucionario de Lastiri. Las corrientes populistas y reformistas del campo popular vuelven sus ojos en esta encrucijada al balbinismo y otras expresiones burguesas reaccionarias, buscando apoyarse allí para la lucha democrática. Es necesario por ello reiterar con firmeza que como enseñara Lenin y toda la experiencia teórica y práctica revolucionaria internacional, todo frente antifascista, antiimperialista, democrático, debe basarse en la unidad de la clase obrera con los sectores populares explotados que son en nuestro país el campesinado pobre, los pobres de la ciudad y la pequeña burguesía urbana. Sólo sobre la base de un amplio movimiento de masas de un carácter de clase auténticamente obrero y popular puede pensarse en buscar convergencias con sectores de la burguesía. Incluir en un primer momento, con las fuerzas obreras y populares aún débiles, a sectores burgueses en el Frente, es colocar a los trabajadores y al pueblo a la cola de la burguesía. DEFENDERSE CON EFICACIA Y GOLPEAR CON ESPÍRITU DE OFENSIVA Como decíamos la semana anterior, el ataque desesperado de la contrarre386

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volución no debe ser subestimado. Los revolucionarios y el campo progresista en general tienen la obligación de defenderse eficazmente, de eludir los irracionales golpes del enemigo, conscientes de su ferocidad y peligrosidad. No ofrecer blanco ni pretexto, movilizarse con valentía, y ejercitar activamente la solidaridad con las víctimas de la represión son los lemas tácticos que deben guiar nuestra defensa. Al propio tiempo es necesario dificultar los movimientos del enemigo con audaces y efectivos ataques armados y no armados, con acciones guerrilleras y movilizaciones combativas y violentas, manteniendo un elevado espíritu de ofensiva basado en la justicia de nuestra causa y en la confianza estratégica en el poderoso potencial revolucionario del pueblo argentino. La importante batalla que hoy ha comenzado a librarse, tiene características estratégicas. Es el preludio de la generalización de la guerra revolucionaria en nuestro país, del ensanchamiento de la senda de la guerra revolucionaria ya abierta por las luchas antidictatoriales de nuestro pueblo y su transformación en un amplio, despejado y firme camino revolucionario, hacia la conquista de la independencia y la liberación de nuestra patria, nuestro pueblo, hacia la revolución socialista argentina, que entrelazada con la lucha similar de los pueblos chileno, uruguayo y demás pueblos latinoamericanos, conquistará la felicidad, la libertad y el bienestar para los oprimidos, explotados, vilipendiados de nuestra sufrida patria latinoamericana.

Editorial de El Combatiente N° 94. Viernes 19 de octubre de 1973 ¿ADONDE VA EL NUEVO GOBIERNO? Mario Roberto Santucho Con la asunción del gobierno por el General Perón se inició el 12 de octubre una nueva y decisiva etapa del proceso revolucionario argentino. La burguesía se esfuerza en reforzar con una intensa propaganda el sentimiento de amplios sectores de masas que mantienen esperanzas en el General Perón, que no se resignan a aceptar que en realidad Perón está íntimamente unido a los enemigos del pueblo, que esperan cambios de último momento, la ruptura de Perón con Gelbard, con la burocracia sindical, con los militares y un gobierno que satisfaga las aspiraciones de cambios profundos sustentadas por las masas, 387

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que lleve adelante con energía una política revolucionaria enteramente favorable a los intereses de los humildes, de los explotados. Pero todos los síntomas indican lo contrario. Indican por una parte que el nuevo gobierno se apoyará en la burguesía industrial, en la burocracia sindical, en el ejército y en una policía cada vez más poderosa y represiva. Indican por otra parte que el nuevo gobierno cuenta con el apoyo del imperialismo norteamericano y europeo. En efecto, Perón se preocupó por simbolizar su programa, con una serie de entrevistas previas a la asunción del mando. Visitó el Congreso de la CGE y así no sólo ratificó el “pacto social” sino que anunció la posibilidad de que pasarán a manos privadas algunas empresas estatales. Visitó la CGT en respaldo de la burocracia sindical. Recibió a los Comandantes en Jefe y posteriormente se hizo acompañar por ellos a la Casa Rosada, dando muestras de su buena disposición hacia los militares. Colocó al General Iñiguez al frente de la policía federal como expresión de su decisión de reprimir con la máxima energía al movimiento progresista y revolucionario. El día de la asunción del mando Perón apareció en el balcón de la Casa Rosada rodeado de sus colaboradores más allegados, de Isabel, López Rega, Frondizi, Gelbard, todos conocidos elementos de la contrarrevolución. Inmediatamente después recibió a la delegación italiana evidenciando los propósitos gubernamentales de estrechar vínculos con el capital imperialista europeo. Pocos días más tarde intercambió mensajes de salutación con el Presidente Nixon en una muestra de la buena disposición mutua para las futuras relaciones. Está claro cuál es el rumbo que se propone tomar el nuevo gobierno: el rumbo ya señalado por el interinato de Lastiri, la reconstrucción nacional, la defensa del capitalismo argentino, el intento de aplastamiento de las fuerzas argentinas revolucionarias como paso previo a la reorganización y estabilización del sistema capitalista imperialista actualmente en profunda crisis. Hay sin embargo amplios sectores de masas que esperan lo contrario, que creen en la posibilidad de una política revolucionaria o cuando menos progresista con Perón al timón del Estado. Ello subsiste aunque es indudable que no ya de la manera entusiasta que se presentaba a principios de año y que creció notoriamente hasta el 20 de junio. Ya la manifestación del 31 de agosto, con alrededor de 200.000 manifestantes mostró un enfriamiento. Ahora, pese a todos los esfuerzos gubernamentales, sólo lograron reunir el 12 de octubre unos 100.000 manifestantes, con la particularidad además que el grueso pertenecía a la izquierda peronista, que no avalará una política contrarrevolucionaria como la que se propone continuar realizando el gobierno peronista.

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DURO REVES DEL ALA FASCISTA EN TUCUMAN En el editorial anterior de El Combatiente al referirnos a la orientación gubernamental de apoyarse en el ala fascista del peronismo sosteníamos que “la evolución hacia el fascismo, la fascistización del gobierno tenderá a acentuarse en los próximos meses, aunque esa tendencia será contenida por la unidad y movilización del pueblo y el accionar militar de la guerrilla”. Los recientes hechos de Tucumán confirman este pronóstico y constituyen un ejemplo a tener muy en cuenta para las próximas luchas. García Rey, jefe de policía declaradamente fascista y represor, colocado allí por el propio Osinde, intentó llevar adelante una línea agresiva contra la movilización de las masas y la vanguardia revolucionaria. Atacó con dureza varias manifestaciones, amenazó al pueblo y a la guerrilla, y contestando a un enfrentamiento entre un policía y un comando del ERP que dejó como saldo al policía gravemente herido y un combatiente con una herida leve de bala, García Rey movilizó la policía y sectores civiles fascistas acaudillados por los senadores peronistas Figueroa y Valenzuela, agredió sin contemplaciones a varios pueblos y barrios, (San José, San Pablo, barrios urbanos), allanó sin autorización judicial deteniendo alrededor de 30 personas, la mayoría conocidos activistas entre ellos 5 compañeros liberados el 25 de mayo. La enérgica reacción popular no se hizo esperar. Se organizaron varias manifestaciones contra García Rey y distintos sectores, la Juventud Peronista, el Frente Antiimperialista por el Socialismo, la Liga de los Derechos del Hombre y sectores de la izquierda exigieron su renuncia. García Rey perdió la paciencia, dijo que no renunciaría, acusó al gobierno de pro-marxista, tuvo finalmente que renunciar a las pocas horas. Tal fue la corta carrera del hombre de Osinde que se proponía “poner en vereda” a las masas tucumanas. Naturalmente que este cuadro contrarrevolucionario pasará a otras tareas represivas y continuará volcando su odio al pueblo y a la revolución desde la función pública, pero ya fue echado por el pueblo tucumano, por su movilización unitaria y enérgica. El gobierno de Juri, gobierno burgués muy decidido a reprimir, recibe así un severo llamado de atención de las masas y deberá controlar más su agresividad en adelante. Las masas argentinas tienen en el pueblo tucumano un excelente ejemplo de cómo contener la represión y el fascismo, con la continuidad guerrillera y la enérgica y valiente movilización. SE ACENTUA LA TENDENCIA REPRESIVA La prohibición de los actos del 8, en homenaje al Che, el fortalecimiento de las policías provinciales, la reaparición de espectaculares controles po389

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liciales y patrullajes en las ciudades, la persecución ideológica antimarxista, el encarcelamiento de decenas de combatientes populares entre los cuales hay ya prisioneros 28 miembros del ERP, y sobre todo la actividad de las bandas fascistas paramilitares y parapoliciales que en los últimos días han asesinado salvajemente tres personas vinculadas a sectores progresistas, el militante villero Nemesio Aquino, el periodista Colombo en San Nicolás y el dirigente peronista Razzetti en Rosario, torturado al dirigente sindical Area, realizado numerosos atentados contra elementos progresistas en todo el país. Los fascistas aumentan su agresividad al sentirse respaldados desde el gobierno. Todos estos elementos constituyen una acentuación de la orientación represiva del gobierno peronista que persigue atemorizar a las masas y golpear a la vanguardia. PROPÓSITOS DE LOS MILITARES Los jefes militares están muy conformes y trabajan febrilmente en sus preparativos contrarrevolucionarios. Tienen la intención de dejar al gobierno peronista que reprima en lo inmediato al pueblo, que se enfrente a las masas, al sindicalismo clasista, a la guerrilla, en una palabra a los sectores progresistas y revolucionarios de nuestro pueblo. Mientras tanto ellos pretenden permanecer al margen, reorganizarse, prepararse para enfrentar a los revolucionarios y estar listos para un recambio de gobierno burgués, para un nuevo golpe militar que deje en sus manos todos los resortes del poder. Según sus cálculos piensan que dentro de unos meses o un año será necesario “salvar a Perón” derrocando los ministros y el parlamento al estilo uruguayo, y establecer un gobierno cívico-militar manteniendo a Perón como Presidente. Calculan que a esta época ellos ya habrán logrado recomponer su imagen gracias a la demagógica campaña que han iniciado a partir de la reunión del TIAR en Venezuela, continuando con la pantomima del retiro de las misiones militares francesa y yanki, siguiendo con el operativo Dorrego. Todos estos planes les fracasarán; la lucha de nuestro pueblo y su guerrilla los obligará a participar de la represión y suspender su demagogia e indefectiblemente tendrán que echar mano a todas sus armas para enfrentar la creciente movilización revolucionaria del pueblo argentino.

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NUESTRA RESPUESTA: LUCHA Y MOVILIZACIÓN La campaña antimarxista del gobierno y sus ataques al ERP sirven para despertar a la política nuevos sectores de masas, anteriormente no politizados, que comienzan a plantearse los problemas políticos, a interesarse por la política nacional. Amplios sectores de las masas peronistas que creían sinceramente en Perón, en que realizaría una política revolucionaria, comienzan a plantearse preguntas fundamentales al ver que nada cambia, que los explotadores siguen a sus anchas, que los luchadores populares son perseguidos, reprimidos y asesinados. Es necesario responder a esa inquietud con una efectiva propaganda revolucionaria que explique con claridad la verdadera situación del país, que ayude a las masas a orientarse hacia la lucha revolucionaria, a tomar con decisión en sus manos los destinos del país. La movilización popular que continúa y continuará con energía correrá paralela los próximos meses con grandes avances ideológicos de sectores importantes de las masas, que cada vez más conscientemente se alejaran de la influencia burguesa y se orientarán con decisión hacia una política revolucionaria. La unidad del campo popular, de los sectores progresistas y revolucionarios de nuestro pueblo y la fuerza de las organizaciones revolucionarias, en primer lugar nuestro Partido y nuestro Ejército guerrillero, son las herramientas que permitirán canalizar correctamente el despertar revolucionario del pueblo argentino hacia un accionar revolucionario eficaz, hacia la multiplicación de las fuerzas, el despliegue de las enormes potencialidades revolucionarias de nuestro pueblo. Grandes jornadas revolucionarias se aproximan, debemos prepararnos concienzudamente para ellas. El fervor revolucionario de nuestra clase obrera y todo nuestro pueblo debe encontrar en la fidelidad sin límites a la causa de la revolución de su vanguardia proletaria, en su elevada preparación combativa, buen armamento y capacidad táctica, las herramientas efectivas para liberar victoriosamente los próximos combates, derrotar los grupos fascistas contener la represión y pasar a una generalización y masificación de la lucha antiimperialista y revolucionaria por el camino de la guerra revolucionaria, único que nos conducirá al triunfo de la “revolución verdadera” de que hablara el Che, la auténtica revolución socialista argentina.

Editorial El Combatiente Nº 95. Viernes 26 de octubre de 1973

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FRACASA LA POLÍTICA REPRESIVA Mario Roberto Santucho A un mes de iniciado el desesperado ataque represivo lanzado por el gobierno peronista el mismo ya ha cubierto una primera etapa caracterizada por la proliferación de intensas ofensivas propagandísticas contrarrevolucionarias, de agresiones militares, policiales y fascistas. Esa primera etapa ha fracasado totalmente en su objetivo de golpear duramente a las fuerzas revolucionarias y aunque ha llevado el dolor y el sufrimiento a distintas familias trabajadoras quedó empantanada en la activa desaprobación popular y engendró enérgicas respuestas volviéndose como boomerang a golpear a sus organizadores. Los propósitos gubernamentales de atacar y golpear a las fuerzas revolucionarias inmediatamente después del 23 de septiembre, apoyándose en los siete millones de votos, en el supuesto aislamiento de los revolucionarios, la persecución policial y la actividad criminal de las bandas fascistas organizadas desde el gobierno, ha resultado un completo fracaso. Las intenciones del peronismo burgués de movilizar al peronismo revolucionario contra el ERP, como era de prever, no tuvo la menor concreción; por el contrario, la izquierda peronista siguió combatiendo con energía a la burocracia sindical y otros sectores contrarrevolucionarios del justicialismo. Lanzada la represión, el peronismo burgués se encontró con que no lograba ubicar a su principal blanco, el ERP, que sus bandas fascistas se ensañaban con el peronismo progresista y revolucionario, con el Partido Comunista y hasta con el grupo oportunista de derecha FIP, provocando toda clase de reacciones. La peor experiencia de la actividad represiva gubernamental fue la de Tucumán donde el fascista García Rey encontró a su frente al pueblo movilizado. García Rey se lanzó a la caza del ERP creyendo contar con la colaboración popular. No encontró nada, detuvo arbitrariamente a 30 personas supuestamente vinculadas a nuestra organización, y al día siguiente se encontró con una amplia movilización en defensa de los presos que llevó a su dimisión y a la liberación de todos los detenidos. La rebeldía del peronismo revolucionario, la actitud del pueblo de defensa y colaboración con los guerrilleros, el caso García Rey en Tucumán, son los elementos que determinan el total fracaso de la primera etapa de los planes represivos gubernamentales, sumiendo al gobierno peronista en la desorientación y la deliberación. Estas primeras escaramuzas han terminado con el fácil optimismo del peronismo burgués, los ha llamado a la reflexión. Se dan cuenta que no les resultará fácil llevar adelante sus planes represivos y comienzan a dudar, a vacilar, a preguntarse si es más conveniente seguir con la represión o suspen392

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derla momentáneamente. Están en la necesidad de optar entre continuar con la represión abierta, política cuyas debilidades han comenzado a experimentar, o ceder en el terreno democrático temporalmente para mejorar su preparación y su aparato y lanzarse más adelante, en condiciones más favorables, a la bárbara represión que de todas maneras deberán realizar para intentar la destrucción y neutralización de las fuerzas revolucionarias, como paso previo indispensable a sus planes de reconstrucción capitalista. La intensificación de la lucha de las masas y de su vanguardia guerrillera presionará efectivamente para obtener concesiones en el terreno democrático, porque el gobierno comienza a apreciar su debilidad y es posible que opte por ceder parcialmente para organizar mejor su próxima ofensiva. EL APARATO REPRESIVO ES REFORZADO Pero las vacilaciones gubernamentales que señalamos no obstan para que su ala fascista continúe febrilmente su actividad. Últimamente han avanzado en la reorganización y re-equipamiento policial, en la intensificación del accionar terrorista de las bandas fascistas, en la organización del aparato parapolicial del Ministerio de Bienestar Social. Conocedores de los métodos nazis, el ala fascista del peronismo que encabezan López Rega, Osinde e Iñiguez se esfuerza por crear su propia fuerza militar basada en la policía y en los grupos de choque del partido y del gobierno. El ejército, en tanto, sigue preocupado en su “misión específica”: la lucha contra la guerrilla. Las maniobras de Tafí del Valle realizadas contra una supuesta guerrilla rural han recibido gran atención. El propio comandante en Jefe Gral. Carcagno las presenció. Es que el ejército contrarrevolucionario es muy consciente que la lucha del pueblo argentino se ampliará, se extenderá y quiere estar en condiciones para enfrentarla. CRECEN LAS FUERZAS REVOLUCIONARIAS Nuestra organización aumenta sus fuerzas incesantemente y a un ritmo más elevado que nunca. Somos conscientes que ese considerable fortalecimiento del PRT y del ERP es expresión de un fenómeno más general, el impetuoso crecimiento de las fuerzas revolucionarias de nuestro pueblo. Con celeridad sorprendente la clase obrera y el pueblo aumentan su movilización y organización en todo el país. Los peones rurales y los campesinos por ejemplo, se muestran muy dinámicos en distintas provincias y aún en las poblaciones más apartadas, van constituyendo sus ligas y sindicatos, partiendo de la lucha rei393

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vindicativa pero con una marcada orientación política, teñida de un profundo interés por la política, con una gran apertura a construir simultáneamente la organización reivindicativa y la organización política revolucionaria. En su incesante movilización y creciente politización la clase obrera y el pueblo chocan diariamente con el peronismo burgués que es dueño de los resortes fundamentales del poder. Esa es una experiencia muy instructiva que enfrenta a amplias capas populares con el nuevo gobierno, dejando en evidencia su esencia antipopular, contribuyendo así a liberar a las masas de la influencia de la burguesía e impulsarlas a movilizarse y organizarse independientemente en defensa de sus propios intereses de clase, de los intereses de los obreros, de los campesinos pobres, de los villeros, de todos los explotados de nuestra patria. EL ROL DE LA VANGUARDIA En circunstancias como la presente, de rápida evolución de una situación prerrevolucionaria, de despertar político de amplias masas, el papel de la vanguardia revolucionaria adquiere un peso y una significación enormes. De la claridad, seriedad, energía e iniciativa política y militar de la vanguardia revolucionaria, dependen en forma directa el contenido y los ritmos de desarrollo de una nueva conciencia en amplias masas. La avidez política de las masas las pone en contacto constantemente con la hábil propaganda burguesa contrarrevolucionaria. Los militantes revolucionarias y en primer lugar los militantes de nuestro Partido deben desplegar una ininterrumpida y eficiente actividad propagandística y agitativa que enfrentando la propaganda burguesa lleve a las masas las ideas revolucionarias en forma clara y penetrante. La iniciativa inteligente y creadora de los cuadros militantes y activistas revolucionarios, la preocupación, ingenio y efectividad para llevar a las masas la propaganda oral, escrita y armada, juega un papel determinante en el esfuerzo por ganar la mente de las masas, batalla principal en la actual situación prerrevolucionaria que vive nuestra patria. Las ideas revolucionarias cuando prenden en las masas se convierten en el arma más poderosa del pueblo revolucionario; ellas movilizan las inagotables energías revolucionarias de los pueblos haciéndolos imbatibles. En cada situación, ante cada problema o inquietud, en respuesta a los argumentos del enemigo, a nivel local, regional y nacional, utilizando tanto el volante como las armas y la palabra, debemos desplegar una constante actividad agitativa y propagandística que lleve a las más amplias masas en forma variada y por todos los medios, las ideas revolucionarias socialistas, la explicación del momento político que vive el país y la forma de darle una salida revolucionaria que lleve soluciones y justicia a nuestro sufrido pueblo. 394

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PERSPECTIVAS En el marco de una situación económica en constante deterioro, la lucha de clases en Argentina evoluciona aceleradamente hacia grandes enfrentamientos. Las fuerzas revolucionarias mantienen su vigor y aún lo acrecientan intensificando su ofensiva mientras la burguesía multiplica sus preparativos y ha comenzado a golpear desesperadamente y a ciegas por medio de sus bandas fascistas. En la situación actual ninguno de los intentos burgueses, ni el parlamentarismo, ni el bonapartismo ni el fascismo tienen posibilidades de lograr estabilizar el capitalismo y alejar el fantasma de la revolución. Ello se debe tanto a la crisis económico-social, como principalmente a la existencia de un poderoso movimiento de masas y de una vigorosa vanguardia armada. Todas las posibilidades están entonces de nuestra parte pero su aprovechamiento requiere un gran esfuerzo, con constancia, energía e inteligencia debemos extremar nuestros esfuerzos por consolidar y desarrollar las organizaciones revolucionarias, en primer lugar el Partido, unirlas cada vez más estrechamente a las masas y colocarlas efectivamente a su vanguardia, participar de lleno y cada día más efectivamente en el mar de la lucha obrera y popular. Un fuerte y enraizado Partido y un activo y poderoso ejército guerrillero, rodeados de las más diversas organizaciones de masas legales, semilegales y clandestinas unidas en un Frente Obrero y Popular de masas son las herramientas determinantes que permitirán aprovechar adecuadamente las inmensas posibilidades con que los argentinos contamos, movilizar todas las energías de nuestro valiente pueblo y llevarlo a la victoria por el imbatible camino de la guerra revolucionaria.

El Editorial de El Combatiente N° 96. Viernes 7 de noviembre de 1973 GOBIERNO: NO HAY SOLUCIONES PARA EL PUEBLO Mario Roberto Santucho Entramos en el sexto mes de gobierno peronista, en el sexto mes del pacto social, de la economía nacional dirigida por el proimperialista Gelbard y su equipo, en el sexto mes de los problemas del trabajo y sociales en manos del bu395

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rócrata sindical Otero y el policía López Rega, de la reorganización del ejército contrarrevolucionario y el fortalecimiento de las policías represivas. La práctica de estos meses, confirmando totalmente los análisis marxista-leninistas de nuestro Partido, ha demostrado que el peronismo burgués no tiene la menor intención de luchar por la liberación nacional y social de nuestra patria y nuestro pueblo. Que por el contrario se esfuerza por contener el proceso revolucionario en marcha, por impedir los avances revolucionarios, el despertar de nuestro pueblo, por salvar al