Manuel Gonzáles Prada

November 6, 2018 | Author: juankPais | Category: Anarchism, Peru, Lima, Chile, Politics
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Manuel Gonzáles Prada, cuyo nombre completo fue José Manuel de los Reyes Gonzáles de Prada y Álvarez de Ulloa, nació en Lima el 5 de enero de 1848. Su padre fue don Francisco Gonzáles de Prada Marrón y Lombera y su madre doña María Josefa Álvarez de Ulloa y Rodríguez de La Rosa.

Este escritor, filósofo y político, descendiente de una familia adinerada, también llamado "El sibarita" y "El apóstol de la muerte", fue el precursor del Modernismo americano.

Cursó sus estudios primarios en Valparaíso (Chile), ya en el Perú, continuó sus estudios en el Seminario de Santo Toribio de Mogrovejo, después ingresaría a la Universidad San Marcos (Convictorio de San Carlos) para estudiar Derecho y Humanidades.

Manuel Gonzales Prada, se caracterizó por ser rebelde, con ideología anarquista, librepensador, feminista, antiespañol, anticlerical e indigenista.

Luchó en la guerra contra Chile, participando en las batallas de San Juan y Miraflores. Fundó su partido político anarquista "La Unión Nacional". Se casó con una francesa llamada Adriana Adelayda de Vernuil.

Su discurso más famoso fue el Politeama donde proclama: "Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra". Estuvo en Europa 7 años y a su regreso fue nombrado director de la Biblioteca Nacional.

Murió en Lima, el 22 de julio de 1918, a los 70 años. Sus restos reposan en un mausoleo del cementerio Presbítero Matías Maestro.

BIOGRAFIA DE MANUEL GONZALEZ PRADA

Nació en lima en 1848, de padres aristocráticos y conservadores. Estudio en el colegio ingles de Valparaíso donde su padre se hallaba desterrado. Ya en lima, fue matriculado en el Seminario de Santo Toribio. Su carácter independiente se revelo contra la severidad del plantel, fugo y se presento en el convictorio de San Carlos, de ideas liberales. Fue in distinguidísimo alumno de química y matemática.

Abandono sus estudios de derecho y paso 8 años en su hacienda de Mala (Cañete) labrando la tierra y leyendo infatigablemente. Durante la guerra con Chile defendió el fuerte El Pino, en la línea de Miraflores. Los tres años que duro la ocupación de la capital por las tropas chilenas, don Manuel permaneció obstinado y voluntariamente recluido en su casa. De allí salio convertido en un censor. Acongojado por el desastre y la mutilación del territorio patrio, “va a exigir cuentas a los responsables del desastre, los va a denunciar ante el pueblo, y va a exhibir sus crímenes y pedir su castigo” (BELTROY). Un grupo de inte lectuales renovadores del “circulo literario” lo nombro su presidente. Inicio entonces su labor de apóstol. A través de discursos, artículos y conferencias lapido a los culpables de la derrota y puso al descubierto los vicios políticos y sociales del Perú.

Era miembro del partido político “Unión Nacional” cuando se ausento a Europa, donde siguió robusteciendo sus conocimientos asistiendo a museos, academias y bibliotecas. Siete años después regreso al Perú con su esposa Adriana Verneuil, y su hijo Alfredo. El maestro se separo de la “Unión Nacional” y oriento su predica social a favor de la segunda emancipación, la de los obreros y campesinos, proclamando la necesidad de cooperación entre el hombre de pluma y el proletario. Esta labor provocó la hostilidad de muchos. Acepto la dirección de la biblioteca nacional, en reemplazo de don Ricardo palma, con quien no tuvo relaciones muy cordiales. Murió en lima en 1918. OBRAS DE MANUEL GONZALEZ PRADA.

- Páginas Libres. - Minúsculas. - Horas de Lucha. - Presbiterianas. - Exóticas. - Poesías Selectas. - Informe sobre la Biblioteca Nacional. - Trozos de Vida. - Bajo el Oprobio. - Baladas Peruanas. - Anarquía. - Grafitos. - Nuevas Páginas Libres. - Libertarias. - Baladas. - Figuras y figurones. - Propaganda y Ataque. - Prosa Menuda. - Páginas escogidas. - Adoración. - Poesías escogidas por Carlos García Prada. - Letrillas. - Cantos de otro Siglo.

Escritor peruano, la figura más discutida e influyente en las letras y la política del Perú en el último tercio del siglo XIX. Su obra de poeta, pensador, ideólogo, periodista y reformador  radical en todos los frentes, lo convierte en una personalidad de relieve continental en un momento dominado por el modernismo, al que contribuye por su elevado sentido del arte y su severa crítica del academicismo y del ya lánguido romanticism Nace en Lima el 5 de enero de 1844, en el seno de una tradicional familia católica llegando su padre a ser Vicepresidente de la República por el partido conservador durante el gobierno del General Echenique. Abandona sus estudios en el Seminario de Santo Toribio y más tarde sus estudios de derecho en el Convictorio de San Carlos por enseñarse el derecho romano en latín, lengua de la iglesia, que González Prada rechazaba por ser parte esencial del clero. Se recluyó al campo donde se dedicó a la química y a la experimentación agrícola. Fue socio del Ateneo de Lima (el Club Literario de Ricardo Palma), pero poco a poco fue desilusionándose con la tradición literaria que predominaba allí. Participó en la fundación del Círculo literario, vehículo para proponer una literatura basada en la ciencia y orientada así hacia el futuro. Se alejó del partido Civilista para fundar con sus amigos del Círculo un partido radical, la Unión Nacional. Este partido lo nombró candidato presidencial, pero él negó su propio caudillaje, huyendo a Europa. En sus ensayos, divulgó las ideas positivistas de Auguste Comte. Sin embargo, terminó convirtiéndose en partidario del anarquismo, el elemento social más criticado por el filósofo francés.

Durante la guerra con Chile (1879-1883) promocionó la organización del Ejército de Reserva para defender Lima del ataque chileno[2] quedando totalmente decepcionado de la cobardía y oportunismo de los grupos de poder enquistados en el Perú, cuando siendo designado segundo jefe del batallón de Reserva durante la defensa de Lima recibió la orden expresa del Presidente de no disparar. Esta amarga experiencia lleva a González Prada a encerrarse en su casa por dos años y marcará toda su trabajo posterior. En 1886 es proclamado Presidente del "Círculo Literario", el cual según él debía convertirse en un "Partido Radical de la Literatura". González Prada siempre fue rebelde. Después de la Guerra del Pacífico, salió de su casa (donde había permanecido como signo de protesta contra los chilenos), y se puso a criticar  todo lo que fuera conservador, en discursos, en congresos y en el periódico de mayor  importancia, El Comercio. Después de poco tiempo, había ofendido a todos. El Comercio negó a publicarlo más, y el joven anarquista se frustró

En 1888 da su famoso Discurso del Politeama en el que en nombre de la ciencia y la libertad denuncia a los militares, al clero y al hispanismo como causantes de nuestra situación de opresión e ignorancia y de la consecuente derrota en la guerra. Esto le causaría la posterior  censura de todas sus apariciones públicas y de sus publicaciones. En 1891 González Prada funda el partido "Unión Radical" levantando las banderas del descentralismo, laicismo y del indigenismo. Ese mismo año viaja a Francia donde permanece hasta 1898. También viaja a España donde de relacionó con el anarquismo, que marcaría su pensamiento por el resto de sus días. A su regreso al Perú es silenciado por el gobierno por propagar ideas anarquistas, cerrando todo periódico donde apareciera alguna huella de González Prada y encarcelando a sus colaboradores.

Mauel González Prada

"La nobleza española dejó su descendencia dejenerada i despilfarradora: el vencedor de la Independencia legó su prole de militares i oficinistas. A sembrar el trigo i estraer el metal, la  juventud de la jeneración pasada prefirió atrofiar el cerebro en las cuadras de los cuarteles i  apergaminar la piel en las oficinas del Estado. Los hombres aptos para las rudas labores del campo i de la mina, buscaron el manjar caído del festín de los gobiernos, ejercieron una insaciable succión en los jugos del erario nacional i sobrepusieron el caudillo que daba el pan i los honores a la patria que exijía el oro i los sacrificios. Por eso, aunque siempre existieron en el Perú liberales i conservadores, nunca hubo un verdadero partido liberal ni un verdadero partido conservador, sino tres grandes divisiones: los gobiernistas, los conspiradores i los indiferentes por egoísmo, imbecilidad o desengaño. Por eso, en el momento supremo de la lucha, no fuimos contra el enemigo un coloso di bronce, sino una agrupación de limaduras de plomo; no una patria unida i fuerte, sino una serie de individuos atraídos por el interés particular y repelidos entre sí por el espíritu de bandería. Por  eso, cuando el más oscuro soldado del ejército invasor no tenía en sus labios más nombre que Chile, nosotros, desde el primer jeneral hasta el último recluta, repetíamos el nombre de un caudillo, éramos siervos de la Edad media que invocábamos al señor feudal. Indios de punas i serranías, mestizos de la costa, todos fuimos ignorantes i siervos; i no vencimos ni podíamos vencer. Si la ignorancia de los gobernantes i la servidumbre de los gobernados fueron nuestros vencedores, acudamos a la Ciencia, ese redentor que nos enseña a suavizar la tiranía de la Naturaleza, adoremos la Libertad, esa madre enjendradora de hombres fuertes. No hablo, señores, de la ciencia momificada que va reduciéndose a polvo en nuestras universidades retrógradas: hablo de la Ciencia robustecida con la sangre del siglo, de la Ciencia con ideas de radio jigantesco, de la Ciencia que trasciende a juventud i sabe a miel de panales griegos, de la Ciencia positiva que en sólo un siglo de aplicaciones industriales produjo más bienes a la Humanidad que milenios enteros de Teolojía i Metafísica. Hablo, señores, de la libertad para todos, i principalmente para los más desvalidos. No forman el verdadero Perú las agrupaciones de criollos i estranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico i los Andes; la nación está formada por las muchedumbres de indios diseminadas en la banda oriental de la cordillera. Trescientos años há que el indio rastrea en las capas inferiores de la civilización, siendo un híbrido con los vicios del bárbaro i sin las virtudes del europeo: enseñadle siquiera a leer i escribir, i veréis si en un cuarto de siglo se levanta o no a la dignidad de hombre. A vosotros, maestros d'escuela, toca galvanizar una raza que se adormece bajo la tiranía del juez de paz, del gobernador i del cura, esa trinidad embrutecedora del indio. Cuando tengamos pueblo sin espíritu de servidumbre, i militares i políticos a l'altura del siglo, recuperaremos Arica i Tacna, i entonces i sólo entonces marcharemos sobre Iquique i Tarapacá, daremos el golpe decisivo, primero i último. Para ese gran día, que al fin llegará porque el porvenir nos debe una victoria, fiemos sólo en la luz de nuestro cerebro i en la fuerza de nuestros brazos. Pasaron los tiempos en que únicamente el valor decidía de los combates: hoi la guerra es un, problema, la Ciencia resuelve la ecuación. Abandonemos el romanticismo internacional i la fe en los auxilios sobrehumanos: la Tierra escarnece a los vencidos, i el Cielo no tiene rayos para el verdugo.

En esta obra de reconstitución i venganza no contemos con los hombres del pasado: los troncos añosos i carcomidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo i sus frutas de sabor  amargo. ¡Que vengan árboles nuevos a dar flores nuevas i frutas nuevas! ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra"!

En 1907 González Prada publica "La anarquía" y Horas de lucha, una serie de ensayos críticos sobre la situación del indio, la iglesia católica y la situación social y política corru pta del Perú en todos los niveles. Como prosista, González Prada es recordado principalmente por Páginas libres (1894) y Horas de lucha (1908), obras en las que muestra una creciente radicalización de sus planteamientos. Defendió todas las libertades, incluidas la de culto, conciencia y pensamiento y se manifestó en favor de una educación laica. En el artículo Nuestros indios (1904), explicó la supuesta inferioridad de la población autóctona como un resultado del trato recibido, de la falta de educación. Como poeta, publicó Minúsculas (1901) y Exóticas (1911), que son verdaderos catálogos de innovaciones métricas y estróficas, como los delicados rondeles y triolets que adaptó del francés. Sus Baladas peruanas (1935), que recogen tradiciones indígenas y escenas de la conquista española, fueron escritas a partir de 1871

 Al final de su vida finalmente recibe el reconocimiento del Estado que lo nombra director de la Biblioteca Nacional de Lima cargo que mantuvo hasta el final de sus días, salvo durante el breve percance de un golpe de Estado de 1914 a 1915 en el que él mismo renuncia en protesta. Fallece en 1918. Su obra literaria, así como su prestigio como activista librepensador  son ampliamente reconocidos y difundidos por el sistema educativo peruano, aunque la difusión de su pensamiento filosófico y de la crítica a la influencia de Iglesia, que es central en su pensamiento, es mas bien restringida y poco promocionada.

Horas de Lucha "La República sigue las tradiciones del Virreinato. Los Presidentes en sus mensajes abogan  por la redención de los oprimidos y se llaman protectores de la raza indígena5; los congresos elaboran leyes que dejan atrás a la Declaración de los derechos del hombre; los ministros de Gobierno expiden decretos, pasan notas a los prefectos y nombran delegaciones investigadoras, todo con el noble propósito de asegurar las garantías de la clase desheredada;  pero mensajes, leyes, decretos, notas y delegaciones se reducen a jeremiadas hipócritas, a  palabras sin eco, a expedientes manoseados. Las autoridades que desde Lima imparten órdenes conminatorias a los departamentos, saben que no serán obedecidas; los prefectos que reciben las conminaciones de la Capital saben también que ningún mal les resulta de no cumplirlas. Lo que el año 1648 decía en su Memoria el Marqués de Mancera, debe repetirse hoy, leyendo gobernadores y hacendados en lugar de corregidores y caciques: Tienen por  enemigos estos pobres Indios la codicia de sus Corregidores, de sus Curas y de sus Caciques, todos atentos a enriquecer de su sudor; era menester el celo y autoridad de un Virrey para cada uno; en fe de la distancia, se trampea la obediencia, y ni hay fuerza ni perseverancia para  proponer segunda vez la quexaf. El trampear la obediencia vale mucho en boca de un virrey;  pero vale más la declaración escapada a los defensores de los indígenas de Chucuito. No faltan indiófilos que en sus iniciativas individuales o colectivas procedan como los Gobiernos en su acción oficial. Las agrupaciones formadas para libertar a la raza irredenta no han pasado de contrabandos políticos abrigados con bandera filantrópica. Defendiendo al indio

se ha explotado la conmiseración, como invocando a Tacna y Arica se negocia hoy con el patriotismo. Para que los redentores procedieran de buena fe, se necesitaría que de la noche a la mañana sufrieran una transformación moral, que se arrepintieran al medir el horror de sus iniquidades, que formaran el inviolable propósito de obedecer a la justicia, que de tigres se quisieran volver hombres. ¿Cabe en lo posible? Entre tanto, y por regla general, los dominadores se acercan al indio para engañarle, oprimirle o corromperle. Y debemos rememorar que no sólo el encastado nacional procede con inhumanidad o mala fe: cuando los europeos se hacen rescatadores de lana, mineros o hacendados, se muestran buenos exactores y magníficos torsionarios, rivalizan con los antiguos encomenderos y los actuales hacendados. El animal de pellejo blanco, nazca donde naciere, vive aquejado por el mal del oro6: al fin y al cabo cede al instinto de rapacidad."

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