Los Ideales de La Arquitectura Moderna

June 5, 2019 | Author: Oscar Arsonist | Category: Evolution, Charles Darwin, Analogy, Ciencias de la vida y de la tierra, Biology
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Rowe, los ideales de la arquitectura moderna...

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COLLINS, P (2001). Los ideales de la arquitectura moderna: su evolución 1750 - 1950 ( sexta edición). Gustavo Gili , Barcelona.

Propone Collins (2001, pp. 151) que la metáfora biológica acogida por los teóricos de la arquitectura empezó a formularse alrededor del año 1750 con los trabajos de, por una parte, Linneo en  Species Plantarum (1753)  y por otra Buffon con  Histoire Naturelle (1749); acuñándole , entendida como el conjunto de funciones vegetativas que posee todo ser viviente. Comenta Collins (op. cit.; p. 158) que para F. Lloyd Wright la analogía biológica corresponde al ideal de Perret de  L’Architecture Vivante ; cuyas “formas inútiles eran desechadas cómo parte de un proceso del crecimiento de la la nación, y en la que toda composición, todo elemento y todo detalle tenía la forma propia del trabajo que debían realizar”.

No obstante, comenta Collins (op. cit.; p. 159) que a pesar de que el ideal de progreso suscrito en la  Arquitectura Orgánica se ha sustituido por el criterio de evolución del juicio estético, sometiendo las obras a una crítica sistemática acerca de su posible progreso. Escribe Collins (op. cit., p. 109) [sobre la idea de que la arquitectura es un instrumento de reforma social] “Formulada por vez primera en la época de la Revolución Francesa por C. N.

Ledoux en sus escritos y diseños, esta idea llegaría a ser de importancia fundamental en el siglo XX. El slogan popularizado por Le Corbusier en 1920  L’esprit nouveau corresponde el mismo ideal. En el primer número de la  Revue Générale de l’Architucture   aparecido en Francia poco después de la revolución liberal de 1848, el editor escribe varios proyectos utilitarios diciendo: .” CAPÍTULO DECIMOCUARTO DECIMOCUARTO La analogía biológica (pp. 151 – 160)

La analogía biológica, como tantas ideas que han influido en las doctrinas arquitectónicas modernas, puede decirse que empezó a formularse también alrededor del año 1750. En aquel tiempo, se publicaron libros científicos que marcaron época:  Species  Plantarum, de Linneo (1753), en el que todo el reino vegetal se clasificaba con pares de nombres o estilos de acuerdo con la disposición de los órganos reproductivos de la hembra, y la  Historie Naturelle  de Buffon (1749), vasto compendio que intentaba incorporar todos los fenómenos biológicos a una interpretación general de las leyes que gobiernan el universo. El trabajo de Linneo no está inmediatamente relacionado con esta cuestión, aunque es significativo que su manía por la clasificación fuese contemporánea al comienzo de la obsesión arqueológica. Losa puntos de vista de Buffon, de todos modos, son mucho más importantes, ya que no estaba de acuerdo ni con las especies inmutables de Linneo, ni con su doctrina de clasificación por características elegidas arbitrariamente. Por el contrario, creía que esta clasificación oscurecía el hecho de que todas las especies procedían de una clase única. Sus ideas sobre el tema, tanto por evidencia de fósiles, como por referencia a mamuts descubiertos recientemente en Siberia (a los que se refiere c omo ) antiguos>>)

Commented [OW1]: En este aspecto sería bueno

recalcar que el estado jacobino de la revolucion es el inicio del Estado moderno, el cual, evidentemente es el enemigo del ideal anarquista

le llevaron a una cosmología en la que la idea de evolución la entendía como proceso de degeneración, no de progreso, ya que sus creencias religiosas (o su respeto por las de sus contemporáneos) le impedían aplicar el proceso evolutivo a todo lo que no fueron animales inferiores. Fue el primer científico que distinguió correctamente entre lo vegetativo y lo específicamente animal, según lo cual un animal puede considerarse simplemente como un organismo vegetal capaz de desplazarse. La ha significado, al menos para los teóricos de la arquitectura, el conjunto de funciones vegetativas; pues todo el organismo  viviente, tanto planta como animal, las posee en mayor o menor grado. El primer científico que expresó el significado de lo orgánico fue Xavier Bichat, que publicó en 1800  Physiological  Researches on Life and Death. Hasta entonces era normal, especialmente en la cultura humanística de la época, que la analogía biológica se refiriera más a los animales que a las plantas. Lord Kames, por ejemplo, a quien disgustaba la simetría en los jardines, sostenía que, a pesar de todo, . A principios del siglo XIX, era una cualidad más propia de la vida sedentaria que de . Por tanto, las [p. 151] estructuras orgánicas eran más la asimetría de las plantas y vísceras, que la simetría del esqueleto humano , por lo cual la  biología aún podía aducir que soportaba las modas arquitectónicas de la época. Los enunciados más importantes de la teoría evolucionista en este momento, fueron las publicadas por Lamarck, el cual era un botánico de la escuela de Buffon. Cuando tenía más de 50 años, fue nombrado profesor de Zoología por la Convención Nacional. Al no tener ninguna experiencia previa, se vio obligado a estudiar anatomía. El estudio de ambas disciplinas, le llevó a la conclusión de que las formas vivientes no habían evolucionado regresivamente, como creía a Buffon, sino progresivamente. Este cambio era de esperar. Buffon, viviendo en la época de Rousseau, y en un tiempo en que el Génesis se acepta literalmente, favoreció la hipótesis de una que llevó a la imperfección. Lamarck, en la época de la Revolución, y en un tiempo en el que se aceptaba literalmente la idea del Progreso, apoyó la idea contraria. Ambas teorías estaban muy de acuerdo con el espíritu de sus épocas respectivas. Tampoco puede todo extraño que Lamarck sugiera que la evolución se debía al ambiente. La influencia de esta idea en el arte, en las leyes o en la sociedad, había sido ya  vencida por Winckelmann, Montesquieu y Goguet, aunque no fueron tan lejos como para decir que era la causa directa de la evolución. Esto era lo esencial el argumento de Lamarck. . La palabra o ciencia de la vida, la inventó Lamarck en 1800, Goethe, que en sus tiempos era tan famoso científico como poeta, inventó en la misma época la palabra . Siendo poeta, entendió el término morfología con un sentido mucho más amplio que el que le damos hoy (cuando los temas a estudiar se limitan a la comparación y relación de estructuras vivientes y su desarrollo), incluyendo las formas inanimadas como los minerales. Esto, como veremos, fue un elementos de confusión en la analogía biológica, pues, desde sus inicios, no se sabía si la morfología se refería a estructuras vivientes, o a estructuras de crecimiento. Félix Vicq d’Azyr por ejemplo, a finales del siglo XVIII, despareció la vieja comparación entre el crecimiento de organismos y crecimiento de cristales, sosteniendo que 2

los cristales eran matemáticamente regulares en forma y homogéneos en estructura, Mientras que los organismos eran de formas irregulares y composición compleja. Por otro lado, Jacob Schleiden, 50 años más tarde, considero que la vida no era más que una , y consideraba que el crecimiento de cristales y organismos pertenecía a la misma clase de fenómenos.[p. 152] En 1898, Hebert Spencer podía afirmar todavía que el crecimiento de los cristales y los organismos era . Al ser los trabajos de Spencer los que más influyeron en Frank Lloyd Wright los posibles efectos de esta ambigüedad son del todo obvios. En cuanto se estableció la nueva ciencia de la morfología, y se hicieron estudios metálicos de anatomía comparada, surgieron dos dilemas sobre la interpretación de los hechos: ¿la forma sigue a la función, o la función sigue a la forma? Para el lego, esta adivinanza parece tan fútil e insoluble como la de la gallina y el huevo, pero, para los conozcan las teorías arquitectónicas modernas, su importancia no necesitará justificación. Entre los  biólogos, la distinción se consideró lo suficientemente importante como para tener una larga polémica durante medio siglo, siendo el portavoz de la escuela de > Georges Cuvier, siéndolo Geoffrey Saint-Hilaire, de la idea contraria. Cuvier, Tiempo amigo de arquitecto A. T. Brogniart, que le ayudaba a examinar piedras de construcción fosilizadas, afirmó que toda modificación de una función traía consigo la modificación de un órgano. Geoffrey Saint-Hilaire protestó diciendo que el paso de la función a la estructura era un abuso de causas finales. La polémica hubiera durado eternamente si los progresos en la teoría de la célula no hubieran distraído la atención de la morfología, acabando con la visión del organismo como un mecanismo inteligente, y mostrándolo como un conjunto de células. La perfección de los microscopios llevó el interés de los científicos del bosque a los árboles… Cuando se aplicó la analogía biológica a la teoría del arte, el problema de la se dejó de lado, centrándose el interés en el modo de crecimiento de las formas, más que en la manera cómo trabajan. Desde el momento en que la estética se asoció la psicología, a mediados del siglo XVIII, los filósofos intentan explicar el nacimiento de la inspiración (o como a veces se le llamaba) en el pensamiento humano. El mismo Buffon, en su discurso sobre en la Academia Francesa (1753) fue quizás el primero en insinuar una analogía biológica cual observó que . Más tarde Young, en su Conjectures on Original Composition (1759), declaró que . Pero fue Samuel Taylor Coleridge quien expresó la idea como teoría artística completa, y despertó interés por la analogía biológica en la cultura inglesa. No cabe duda de que Coleridge adquirió sus ideas en Alemania, en donde estudió en su  juventud, y en donde tales ideas habían circulado ya desde hacía bastante tiempo. Las Conjectures de Young aunque ignoradas en Inglaterra, se habían traducido al alemán dos [p. 153] veces a los dos años de su publicación convirtiéndose en un elemento importante del evangelio del Sturm und Drang, J. G. Herder, en su ensayo sobre  El Conocimiento y el  Sentimiento en el alma humana (1778 ), había empleado analogías vegetales para explicar el desarrollo de las formas de arte de su propio tiempo. Goethe, esos famosos ensayos sobre la  Arquitectura alemana, había descrito el gótico como producto del crecimiento orgánico en la mente del ingenio. Pero Coleridge, que era un biólogo , no sólo tradujo esas 3

ideas al inglés, sino que organizó el ataque contra toda la filosofía de la creación . , escribió, . . Esto puede compararse a la observación de Frank Lloyd Wright eso ensayo titulado  In the Cause of Architecture (1914): . Pueden hacerse varias críticas a propósito de las ideas de Coleridge. Una es que el proceso de creación artística se explica como un proceso involuntario e inconsciente. La segunda es que a pesar de sus violetas críticas a la teoría , ésta ha sido frecuentemente usada por los biólogos para explicar cómo trabajan los organismos animados. No sólo eran los filósofos como Descartes los que consideraban el cuerpo animal como una máquina. Uno de los discípulos más famoso de Cuvier, Henri Milne-Edwards, declaró que . Finalmente, vale la pena notar que ninguna explicación de desarrollo morfológico fue más mecanicista que la teoría de la , de Darwin.  Ya se ha dicho que, hacia 1859, no había habido cambios en la idea de la evolución aplicada a la teoría de la vida, aunque el término no se empleara en este sentido hasta 1831. Esto también es verdad con respecto a la teoría de la arquitectura. Los arquitectos clásicos de principios del siglo XVIII cr eían implícitamente en la evolución, ya que suponían que los modernos habían superado a los romanos, igual que los romanos superaron a los griegos. Incluso los que escribieron sobre arquitectura a mediados del siglo XIX como Fergusson, que criticó explícitamente las teorías de Lamarck, creían en la evolución arquitectónica porque creían en el progreso. Para los biólogos, la novedad de la teoría de Darwin fue que atribuía la evolución a una selección de formas existentes (o para decirlo de otra manera, a una eliminación de formas anti- [p. 154] cuadas) por obra de la misma Naturaleza. Esto inevitablemente desequilibró la balanza a favor de la escuela que proclamaba: , presuponiendo que primero existían las formas. Lamarck dijo que un cambio de ambiente modifica la forma de los animales, y que estos cambios se transmiten hereditariamente. Darwin decía lo contrario; que los cambios eran arbitrarios y accidentales, y que las especies sólo cambiaban porque las formas sin función nunca sobrevivían. Comparaba la acción de la selección natural a la de un hombre que construyese una casa con piedras del campo, de formas diversas. Las formas de estas piedras, decía, se debían a causas diferentes, pero los usos a que se destinaban en el edifico no eran explicables por tales causas. Sin embargo, como ha dicho Charles Singer, cuando un hombre construye una casa, interviene un propósito definido, dirigido a un fin y gobernado por una idea claramente concebida. . Pero los actos de una selección –hechos mentales en el pensamiento del constructor– no tiene ninguna relación con las que produjeron las piedras. Por tanto, no pueden compararse con la acción de la selección natural. Los teóricos de la arquitectura que admitieron analogías inexactas entre construcción y botánica pueden consolarse pensando que el mayor precedente clásico lo tenemos en la obra del Creador. Sí, de hecho, miramos los fenómenos considerados como biológicos por los científicos,  veremos que el número de fenómenos paralelos que podemos encontrar es pequeño, Vicq 4

d’Azyr clasificó las funciones orgánicas en 9 categorías: digestión, nutrición, circulación,

respiración, secreción, osificación, generación, irritabilidad y sensibilidad, y de éstas sólo la circulación parece tener alguna analogía con una de las funciones de los edificios.  Análogamente, si examinamos sistemas morfológicos de clasificación, tanto el sistema de Linneo (basado en una característica seleccionada), o el sistema de Cuvier (basado en la estructura total en relación con los elementos internos), o el sistema de Von Baer (basado en lo que llamó , por ejemplo, radial, longitudinal, masiva y vertebrada), en realidad, sugieren muy poco los edificios y su diseño. Parece como si la analogía tuviera siempre que ser general y poética, y realmente las características comunes que se mantienen parecen ser cuatro solamente: la relación del organismo con su ambiente, la correlación entre órganos, la relación de forma y función y el principio de vitalidad. La analogía más comprensible es la de la influencia del ambiente en el diseño, idea que indudablemente recibió su principal estímulo por parte de Darwin, aunque nació como teoría  biológica en la obra de Alexander von Humboldt se oponía a los métodos académicos de Linneo, y sugirió una clasificación de las plantas de acuerdo con el clima en el que se encontraban, más que de acuerdo con características determinables en el museo. Siendo ro[p. 155] mántico y esteta, buscó un modo de clasificación a través de la impresión obtenida por el observador normal con sólo contemplar el paisaje. Al defender que cada latitud posee su propia fisonomía natural característica, estableció una diferencia entre ciertos tipos de  vegetales de acuerdo con la impresión dada por su forma. La arquitectura le interesaba grandemente y describió con detalle los edificios precolombinos de América Central. En ningún sitio parece haber sugerido, de todos modos, que el diseño de edificios tuviera gran relación con la topografía y la vegetación, aunque creía que las pirámides eran más adecuadas para terrenos montañosos. Sólo en ingeniería el terreno ejerce influencia en la construcción, ya que sus descripciones de puentes colgantes peruanos sugirieron experimentos modernos en este campo. Darwin amplió considerablemente la teoría de Humboldt sosteniendo que la Naturaleza había seleccionado las formas más adecuadas para el ambiente en que estaban situadas, pero no dio ninguna sugerencia de cómo la Naturaleza creaba tales formas al principio. En realidad, sentía escaso interés por la mera morfología, y en lo que su trabajo afectaba los estudios morfológicos, hizo que sus lectores considerasen los organismos históricamente. En un primer borrador de Origen of Species, escrito en 1842, . Si juzgaba o no la historia de la arquitectura como análoga a la selección natural es algo que ignoramos. Pero caben pocas dudas en lo que se refiere a su teoría biológica de la relación de la forma con el ambiente; la influencia de Darwin en la arquitectura ha ido en disminución. Los progresos en equipos de acondicionamiento de aire, están haciendo de la forma arquitectónica sea cada vez más independiente de las consideraciones climáticas. Paredes acristaladas están de moda tanto en el Canadá como en climas moderados, mientras que la construcción de la estructura tradicional del Japón se usan más frecuentemente fuera de éste que en el propio país. Sólo en las zonas donde se pueden usar materiales locales distintivos para la arquitectura doméstica existe cierta semejanza de características regionales que influyen en la forma, e incluso en pequeñas áreas recientemente desarrolladas donde se ha hecho un ensayo, como en Arizona, parecen haber pocos deseos de ampliar este proyecto. En lo concerniente a la (que podemos comparar con la relación entre las diferentes partes del edificio), este hecho se enunció por vez primera como 5

principio biológico por Vicq d’Azyr, quien señaló que cierta forma de dientes presupone cierto

tipo de estructura en las extremidades y el canal digestivo, porque las partes del animal están adaptadas a su manera de vivir. Esta idea fue ampliada por Cauvier, quien, con fragmentos de pequeños fósiles, demostró que se podían reconstruir animales [p. 156] extinguidos por una secuencia de deducciones basada en la i nterdependencia de cada parte orgánica. Sin embargo, este descubrimiento solamente se relaciona con la teoría arquitectónica, sugiriendo un curioso paralelo con la teoría renacentista de las proporciones moduladas. Los humanistas afirmaban que al estar estandarizadas las proporciones del cuerpo humano, era factible reconstruir una estatua antigua, por ejemplo, con sólo poseer un dedo (trabajo intentado con los grandes forjadores de la época). En general, el único hecho que lo importante que parece tener analogía con la arquitectura moderna en la relación de forma y función, pero, como hemos visto, la teoría de que fue atacada por los que creían que . Es curioso señalar que este dilema fue específicamente observados por Herbert Spencer, de cuyos escritos (según nos dice Frank Lloyd Wright) Louis Sullivan sacó muchas de sus ideas biológicas. De todos modos, ya que nadie ha negado nunca hecho obvio de que la forma y la función se relacionan sea como fuere, vale la pena considerar cómo se adapta esta relación a la teoría del diseño arquitectónico. Hay que notar que este tema es menos importante en las teorías orgánicas que en las . Mientras que, en la analogía funcional, la relación entre forma y función se considera como necesaria para la belleza, en la analogía biológica, se considera como necesaria para la vida. Los historiadores generalmente están de acuerdo en que el mérito de esta nueva interpretación debe otorgarse, en lo que se refiere a teoría arquitectónica, a Louis Sullivan, aunque puede decirse que nunca la expresó o aplicó antes de conocer a Wright. Ese principio había sido ya denunciado por Baudelaire en 1855, el cual, tal vez pensando en von Humboldt, sugirió que los mejores críticos eran los que habían viajado solos por bosques y praderas, contemplando, dibujando y escribiendo: . Igualmente Viollet-le-Duc, como Ruskin con anterioridad, prestó atención al modo cómo los escultores medievales habían estudiado la morfología de la vegetación y cómo entendían que . De todos modos, no extrajo ninguna conclusión filosófica importante de esta observación. Sólo dijo que los constructores . De hecho, los nacionalistas franceses estaban más interesados en la de que la forma sigue a la estructura (que consideraban bastante inteligible sin usar analogías elaboradas), por lo que no hay duda de que Sullivan fue el primero que hizo de las analogías  biológicas la base de un credo arquitectónico.  A pesar de su época de estudio Francia, Sullivan no parece influido por las teorías de E.E. Viollet-le-Duc, ya que su principal interés era la composición más que la construcción (que dejó [p. 157] a Adler). Sin embargo, siguiendo la moda antiacadémica de la época, se opuso al término , aunque, en tales circunstancias, difícil es saber exactamente la causa de ello. Al ser la la principal característica de los organismos muertos, cabe pensar que la es la principal característica de los organi smos  vivos. Pero, así como muchos teóricos han encontrado estimulante esta analogía biológica, él nunca la analizó hondamente, sin distinguir demasiado entre el objeto creado y el proceso de diseño. Mientras que muchos de sus escritos sugieren una interpretación lamarckiana de la evolución (como cuando escribió que ), sin embargo, la mayoría de ellos sugieren la analogía de Coleridge entre biología y visión poética. Es significativo que la primera formulación de su doctrina arquitectónica –conferencia sobre  La inspiración pronunciada en la – fue como un gran poema inteligible tan sólo para tres de sus oyentes. En nuestro siglo, la analogía biológica se ha asociado sobretodo a Frank Lloyd Wright, en cuyos juveniles manos puso Sullivan, entusiásticamente, un ejemplar las obras biológicas de Spencer. Lo que Wright entendió por no siempre resulta claro; Siegfried Giedion sostiene, justificadamente, que el mismo Wright era incapaz de explicar este término. La dificultad está en que, para Wright, significaba demasiadas cosas: formas de plantas, cristales, la posibilidad de crecimiento por suma asimétrica, la relación entre el lugar  y el cliente, el uso de materiales locales, la indi vidualidad de toda cosa creada, la necesidad d e todo artista de imbuir en su trabajo la integridad de su ser más profundo, etc., etc. Pero, sobretodo, significaba para él ; una arquitectura en la que las formas inútiles eran desechadas como parte de un proceso del crecimiento de la nación, y en la que toda composición, todo elemento y todo detalle tenía la forma propia del trabajo que debían realizar. Con esta interpretación su intención resulta comprensible, en general, y tal  vez pueda decirse que, simplemente, es una expresión más poética del ideal de Perret de  L’Architecture Vivante .  Ahora se cumple un siglo desde que la  Revue Générale de l’Architecture  utilizó el slogan de en este sentido, aunque entonces fue prematuro. , escribir el editor en 1863, porque es, con relación a las Escuelas historicistas y eclécticas, lo que la vida organizada de animales y vegetales con relación a la existencia desorganizada de las rocas que forman los substratos del Cosmos. Desde entonces, las teorías biológicas se han desarrollado mucho, y también ha adelantado la arquitectura. Pero todavía es posible un paralelismo entre aquéllas y ésta. Los descubrimientos de Claude Bernard sobre la adaptabilidad del cuerpo a los cambios de condiciones (o meca- [p. 158] nismo vasomotor) sugieren planos paralelismos con la flexibilidad de las actuales plantas de edificios. Similarmente, la ley de economía de Milme Edwards, que declara que la naturaleza no siempre crea un órgano nuevo para una función nueva, sino que, frecuentemente, adapta una parte indiferenciada para funciones especiales, e incluso emplea para casos distintos órganos ya especializados, sugiere muchos paralelismos interesantes, con la utilización actual de formas estandarizadas. El descubrimiento de Wilhelm Roux sobre la determinación de sistema sanguíneo vascular, por adaptación directa a existencias funcionales muestra que la forma ocasionalmente sigue a la función. Pero, en general, las analogías detalladas son tan peligrosas hoy como cuando el slogan fue formulado por vez primera. Así, aparte de sostener que la arquitectura es un arte viviente, nos debemos ir demasiado lejos en su analogía con el misterio de la vida. La naturaleza nos ha dado ejemplos de cómo deshacernos de formas que fueron apropiadas a culturas anteriores; pero el estudio de las plantas y los animales no nos puede ayudar demasiado a hacer evolucionar las formas para adecuarlas a las condiciones actuales. En los últimos años, ha tenido lugar un cambio sorprendente en la filosofía de la arquitectura, que proporcionar un curioso final al estudio de la analogía biológica. La fe del siglo XIX en el progreso evolutivo hoy se pone seriamente en duda y cabe sospechar que las proposiciones de Buffon no eran del todo equivocadas. Eso no significa que el pesimismo haya subsistido al optimismo, sino simplemente que ya no aceptamos, como los seguidores de 7

Darwin, la idea de que todo cambio significa un progreso. De acuerdo con Geoffrey Scott, el daño causado por la analogía biológica fue substituir por el criterio de evolución el juicio estético, por lo cual los historiadores de la arquitectura ya no juzgaban si un edificio era bueno o malo, sino simplemente como debía clasificarse cronológicamente. Recientemente se ha  visto, tanto en Europa como en América, que las revistas arquitectónicas más importantes no se contenta ya con dividir los edificios nuevos en dos categorías: y , sino que someten las obras de la arquitectura contemporánea a una crítica sistemática para determinar cómo podría lograrse el progreso. Esto es lo opuesto a la selección natural, pero ha llegado a ser necesario porque no podemos permitirnos por más tiempo ver en todo edificio contemporáneo, por el mero hecho de serlo, un avance sobre los demás. En los primeros años del estilo internacional, era necesario aceptar toda manifestación del nuevo espíritu sin críticas, ya que un menosprecio prematuro hubiera impedido su crecimiento. Hoy, cuando las formas funcionales de los grandes arquitectos son aceptadas, hay un peligro obvio de que se empleen erróneamente, y nada puede ayudar más a un avance en la arquitectura que el dar a conocer estos ejemplos. [p. 159] Otra razón convincente para esta nueva actitud de crítica, es que así como los biológos han llegado a ser conscientes del ambiente (por ejemplo, la influencia de unos organismos libres en otros), también nosotros hemos llegado al conocimiento de que el no sólo comprende el escenario natural, sino también los edificios que ya existen en las ciudades. Hasta hace poco, para cualquier arquitecto de vanguardia la mayoría de edificios de la ciudad eran y por lo tanto indignos de ser tomados en cuenta. Los miraba como , lo cual significaba que cualquier forma que tuviera su edificio, produciría un sorprendente contraste con los edificios cercanos. Estos puntos de vista ya no se justifican. Las ciudades, sobre todo en América, son en muchos distritos predominantemente , por lo que la arquitectura moderna ya no tiene excusa para ignorar sus vecinos. Por otro lado, con la aceptación general del funcionalismo, no hay necesidad de perpetuar el desperdicio agresivo de los primeros revolucionarios contra los edificios . Tales edificios, yuxtapuestos a los nuestros, son el testimonio de la victoria de los más adecuado, pero también el recuerdo de que, en arquitectura, lo que sobrevive no es sólo lo más adecuado. [p. 160]

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