Llamame Eva - Monica Benitez

March 1, 2019 | Author: Sin Salida Tefelicitamos | Category: Ali, Woman, Lesbian, Truth, Coffee
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LLÁMAME EVA Mónica Benítez

LLÁMAME EVA Mónica Benítez

Copyright © 2017 Mónica Benítez Todos los derechos reservados.

 NDIC  NDICE E

1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9.

Arcoíris Nervios La entrevista ¿Una ¿U na infusión? infusió n? La famil familia ia Sentimientos Eva Confusión La realidad real idad de Ali

1 Arcoíris Desde que empecé a trabajar en la revista “Arcoíris para ellas” mi vida se había convert c onvertido ido en e n uunn au autén téntico tico caos, yo era licenciada li cenciada en periodismo period ismo pero en lugar de ejercer de periodista me dedicaba a editar, redactar y corregir  historias contadas por las lectoras de nuestra revista, en fin, cualquier cosa menos ponerme de cara al público. Lo de entrevistar a la gente quedaba para compañeras que no compartían mi torpeza ni mi habilidad para meter la pata.  No me importaba, importaba, me sentía sentía más cómoda cómoda detrás de la barrera. barrer a. Digo que mi vida se convirtió en un caos porque el lanzamiento de la revista tuvo una acogida mayor de la esperada, se recibieron miles de felicitaciones por email y todas ellas acompañadas de preguntas, de cosas que las chicas querían saber  sobre las chicas, que iban desde preguntas como ¿Cuándo sabe una que es lesbiana? hasta ¿Cómo salir del armario y no morir en el intento? ¿Cómo hacer  el amor con una mujer? ¿Cómo sé si la chica que me gusta también entiende? Ya sabéis de qué hablo… Todas las mujeres que leían nuestra revista tenían preguntas y querían respuestas, y mi jefa, Rebeca, una mujer que pierde los nervios con cierta facilidad estaba dispuesta a dárselas. Tras una reunión se decidió dedicar una sección de la revista para que las mujeres que así lo desearan pudieran contar  sus historias, ya fuera la típica historia de amor que acaba bien, la que acaba mal, la salida del armario, como se dieron cuenta de su tendencia sexual, en fin, cualquier experiencia que pudiera servir de apoyo a otras lectoras. Se habilitó una dirección de email para que todas las mujeres pudieran enviar sus historias, y en efecto, yo era la encargada de esa sección. Hicimos un anuncio en la revista para hablar de la nueva sección que estábamos  preparando  prepara ndo e invitarlas a contar contar y enviar e nviar sus historias, casi me da un infarto infarto cuando al día siguiente encontré más de treinta emails en la bandeja de entrada. Se dejó sitio para contar tres historias cortas o dos largas cada semana. Los emails fueron en aumento y no daba abasto para leerlos, después de tres meses tenía más de cuatrocientos acumulados sin leer, seguro que allí había historias increíbles pero yo no podía atenderlas todas (también había

otras que daban un poco de yuyu, ojo). Estaba harta de pedirle a Rebeca que

me pusiera a una ayudante pero siempre me ignoraba, ni siquiera se molestaba en decirme que no. Cada semana seleccionaba unas cuantas y después me reunía con Rebeca  para decidir con ella el Top Tres, después me encerraba en mi despacho y cumplía mi misión: editar, redactar y corregir. Había otra chica que se dedicaba en exclusiva a leer los comentarios que las chicas dejaban en Twitter  sobre las historias, de esa forma me ayudaba a saber cuáles les interesaban y cuáles no.  —¡Alicia!—escuché como me llamaba Rebeca con su característica y desagradable voz desde el otro lado del pasillo. ¿Es que no sabía utilizar el puto teléfono? Me levanté de un salto y crucé el pasillo lo más rápido que pude, Rebeca además de borde era impaciente, por no hablar de que por fin era viernes y quería pasar un fin de semana tranquilo, con tranquilo me refiero a no  pasármelo rayada tras una de sus broncas sin sentido. Me asomé en su despacho casi sin aliento.  —Pasa y cierra la puerta—ordenó sin mirarme. Rebeca acababa de cumplir los cincuenta, que no era nada malo oye, conocía a muchas mujeres de esa edad con las que no dudaría en acostarme,  pero ella, joder, no conocía a nadie más dejado que ella, siempre venía con el  pelo encrespado y mal peinado, las raíces negras ya debían alcanzar los cinco centímetros y se le mezclaban con unas canas tiesas como alambres. Tenía la  piel blanca como un muerto y se ponía maquillaje con colores tan intensos y llamativos que hacían que costara mantenerle la mirada, a mí personalmente me provocaba escalofríos, pero puede que eso se viera agravado por el hecho de que no me caía nada bien. Mira que llegaba a ser fea la cabrona. Pero ella pagaba, así que: jódete Ali…  —Siéntate—aquí más que hablar me ladró.  —¿Necesitas algo Rebeca?—pregunté un poco dubitativa. La revista se publicaba los jueves, digamos que el día más tranquilo de toda la semana para todas era el viernes, no es que hubiera menos trabajo pero ya no existía la tensión previa a la publicación, eso siempre volvía los lunes. Rebeca dejó lo que estaba haciendo, se quitó las gafas, se recostó en su silla y me miró como si se sorprendiera ella misma por haberme contratado, a veces ni yo misma lo comprendía…  —Supongo que sabes quién es Eva Dabán ¿No?—dijo como si una

negativa pudiera costarme el despido. Claro que lo sabía, no creo que existiera lesbiana alguna que no lo supiera, y no lesbianas también. Eva Dabán era una impresionante mujer que trabajaba como acompañante de lujo para mujeres con un bolsillo altamente abultado. Sus únicas apariciones públicas eran siempre en eventos y fiestas caras, en la compañía de alguna mujer poderosa y con suficiente dinero como  para pagar sus desorbitadas tasas. No es que yo supiera cuanto cobraba, pero se rumoreaba que una noche con ella te podía costar lo que yo cobraba en todo un año. Aparecer con Eva Dabán a tú lado no significaba que estuvieras desesperada y tuvieras que pagar por sexo, en aquel mundo significaba  prestigio, todas la deseaban pero solo unas pocas la tenían a su alcance. Si ella te acompañaba tú reputación se disparaba, era así de simple.  —¿La prostituta?  —Acompañante de lujo—matizó. «Por supuesto»

 —Perdón.  —Vamos a hacerle una entrevista Alicia—dijo muy seria.  —¿A sí?—pregunté sorprendida—Creía que no le interesaba ser  entrevistada… Desde que se publicó la revista por primera vez, el principal objetivo de Rebeca fue conseguir una entrevista con Eva Dabán, sabía de sobra el reclamo que esa mujer despertaba y una entrevista en exclusiva con ella catapultaría la reputación de la revista de inmediato. Pero por lo visto a Eva no le interesaban ese tipo de cosas, jamás había concedido entrevistas ni acudía a los múltiples eventos a los que era invitada salvo que fuera en compañía de alguien, se mostraba muy celosa de su intimidad.  —Digamos que ella y yo compartimos una amiga en común y gracias a eso, Eva ha accedido por fin a dejar que le hagamos la entrevista.  No me podía creer que hubiera una persona en el planeta que relacionara al orco que tenía delante con la preciosa y sexy Eva Dabán. Aunque me  preocupaba más saber por qué me lo estaba contando, ¿No querría que la ayudara a preparar las preguntas? Pasar más tiempo de la cuenta con Rebeca  podía ser un auténtico infierno.  —La vas a entrevistar tú Alicia—dijo clavando sus espeluznantes ojos sobre mí. Estuve a punto de reírme pensando que por primera vez en su vida había

decidido gastarme una broma pero su mirada mortificante me lo impidió. Suerte que estaba sentada cuando me lo dijo. ¿Estaba hablando en serio? ¿Quería que yo, el último de sus monos, entrevistara a Eva Dabán?  —Mira Alicia, te seré sincera, recurro a ti porque no tengo a nadie más. Eso ya me cuadraba más.  —Dabán ha aceptado ser entrevistada pero tiene sus propias condiciones, la entrevista se hará este domingo en su casa. O es el domingo o no hay entrevista, así de sencillo. Estamos en pleno agosto y la única reportera que tengo disponible es Lupe, pero Eva se ha negado a dejarse entrevistar por ella, así que solo me quedas tú. La verdad es que no me sorprendía que no quisiera que Lupe la entrevistara, la muchacha era famosa por sus preguntas impertinentes y poco apropiadas, era de las que escarbaban en la mierda y buscaban trapos sucios  para destacar. Nunca había entendido porque Rebeca se lo permitía hasta que me enteré de que era su sobrina. «Ay las sobris...»

 —¿Y no prefieres entrevistarla tú?—pregunté. Eva Dabán era lo más importante que nos había pasado ¿Y me la iba a dejar a mí? ¿A la torpe Ali?  —Te puedo asegurar que lo haría si pudiera Alicia. Como odiaba que me llamara así, ella sabía de sobra que no me gustaba  pero aun así lo hacía.  —Pero este fin de semana es el estreno de una importante película del género y no puedo faltar. Espero que no haga falta que te diga lo importante que es esta entrevista para nosotros, si la cagas no solo te despediré, sino que me encargaré personalmente de que no encuentres trabajo de reportera en la vida ¿Te queda claro? «Sin presión»

Menuda mierda, no solo me caía el marrón, sino que encima me caía en fin de semana porque a la guapa de Dabán le apetecía que fuera un domingo. Perfecto.  —¿Y las preguntas? ¿Ha pedido alguna censura?—pregunté con sorna.  —Podrás hacerle todas las preguntas que quieras y ella decidirá sobre la marcha si las contesta o no, no quiero que insistas ni des rodeos Alicia, si hay algo de lo que no quiera hablar cambias de tema y punto.  —¿No hay límite de preguntas?—eso me sorprendió un poco, este tipo de gente solía concederte un tiempo concreto o un número determinado de  preguntas, una vez llenado el cupo adiós muy buenas.

 —No hay límite para nada, ni de preguntas ni de tiempo. «Algo es algo»

Eso me beneficiaba, así no tenía que agobiarme seleccionando las  preguntas que podían ser más interesantes, simplemente le haría todas las que quisiera responderme y después ya me encargaría de seleccionar con Rebeca lo que se publicaba y lo que no.  —¿Hay algo en concreto que quieras que le pregunte?  —No, cualquier cosa que te diga ya es un regalo, lo único que no quiero es que la cagues. Toma, esta es su dirección, te estará esperando a las nueve de la mañana, ¡no llegues tarde por Dios! Genial, a madrugar un domingo y pasarme todo el puto sábado redactando  preguntas para la señorita.

2  Nervios Esa mañana me levanté muy temprano, no quería llegar tarde a la entrevista y sabía que me iba a tirar media hora escogiendo la ropa para al final acabar poniéndome unos pantalones piratas negros y ajustados, con una camiseta de tirantes de un verde clarito que resaltaba mi piel morena. Me recogí mi larga melena oscura en una cola alta, no soportaba que el pelo me rozara el cuello, y menos con el calor que hacía. Dudé mucho con el calzado  pero en cuanto abrí la ventana y el aire calentorro me golpeó en la cara decidí que iría en chanclas. Me daba igual que la elegante Eva Dabán no aprobara mi vestimenta, al fin y al cabo yo era así, informal por naturaleza y no iba a cambiarlo para ella. Cogí mi libreta, había escrito en ella más de cien preguntas, sabía que no me contestaría varias y que no habría tiempo para tantas, aunque no había  puesto límites en algún momento aquella mujer se cansaría y daría por zanjada la entrevista. Lo sé, podría haberlas escrito con ordenador, pero yo era una sentimental y había ciertas cosas a las que les tenía mucho cariño, entre ellas las libretas. Me aseguré de que la grabadora tenía batería suficiente, pero por  si acaso también me llevé el cargador. Ya estaba lista, lo tenía todo, todo menos la tranquilidad que debería mostrar para entrevistar a alguien. No podía evitarlo, supongo que por eso me gustaba más el trabajo de despacho, allí no me ponía nerviosa y me mostraba más segura de mí misma, en cambio ahora estaba hecha un flan, y ya de paso  podía reconocer que Eva Dabán me imponía mucho. Siempre mostraba una seguridad y un aplomo impresionantes, las pocas veces que había hablado en  público debido a la compañera que tenía siempre se mostraba decidida y elegía con cuidado sus palabras. Jamás había dicho nada que desentonara ni se le había conseguido sacar una palabra con respecto a sus acompañantes. ¿Sería yo capaz de estar a la altura? Lo dudo bastante… Parecía inteligente, muy inteligente y guapa, tenía una melena castaña que siempre brillaba intensamente, nunca la había visto con el pelo de otro color 

así que supongo que ese era el suyo natural, tenía los ojos a juego con su pelo y una sonrisa increíblemente sexy. Era alta y esbelta, tenía unos pechos medianos preciosos, solía vestir como una ejecutiva, al fin y al cabo lo era, dirigía un negocio altamente rentable en el que ella era la única empleada. Si no fuera porque yo ya sabía a lo que se dedicaba, jamás hubiese pensado que fuera posible que una mujer como aquella vendiera su cuerpo por dinero. Decidí ir en taxi, estaba demasiado nerviosa para coger el coche y el metro de Madrid no tenía parada cerca de la urbanización de lujo en la que ella vivía. Llegué a las nueve menos cinco. ¡Joder menos mal! Estuve un par de minutos parada frente a la casa, intenté relajarme, tomé un par de bocanadas enormes de aire e hice algunos estiramientos, pero nada funcionó, me temblaban las piernas y las manos, y notaba como el corazón me latía descontroladamente. Creo que jamás me había puesto tan nerviosa. Tras mi fracasado intento de relajarme me armé de valor y llamé al timbre de la  puerta blanca de hierro. Al cabo de unos segundos eternos la voz más dulce que había oído en mi vida me contestó.  —¿Sí?  —Soy Ali, Alicia, de la revista Arcoíris—me atraganté un poco y me aclaré la garganta—tengo que hacerle una entrevista, soy la que la entrevistará. Mierda… Me sentí gilipollas en la más alta de las categorías, Eva no dijo nada, solo abrió. Yo me había apoyado en la puerta y en cuanto el sonido característico ese que hacen las puertas cuando su dueño aprieta el botón para abrir liberó la cerradura, mi propio peso empujó la puerta y a mí tras ella. Por  suerte pude agarrarme a la maneta y evité estamparme en el suelo de su jardín. Su enorme jardín, joder que grande era. Caminé rápido a través del camino de piedra hasta la entrada de la casa, debí tardar dos minutos o así,  bueno puede que menos pero a mí se me hizo eterno. Justo cuando iba a llamar  a la puerta esta se abrió, supongo que ella ya tenía calculado lo que la gente tardaba en recorrer la distancia entre la puerta de la calle y la de su casa. Se me cortó la respiración cuando la vi, lejos de lo que yo imaginaba estaba vestida con un pantalón corto por encima de la rodilla y una camisa de manga larga blanca colocada de manera informal, dejaba a la vista un canalillo que yo no pude evitar mirar, fue lo primero que vi después de su cara, también se había recogido el pelo en una especie de moño desaliñado que le quedaba de maravilla con los mechones colgando, siempre la había

visto con el pelo suelto y ver su cuello al descubierto me hizo sentir un ligero y extraño escalofrío.  No me esperaba que me recibiera vestida tan informal, me descolocó y me puso más nerviosa todavía.  —¿Alicia no?—dijo extendiendo su mano para estrechar la mía.  —Ali, solo Ali porfa—dije avergonzada. ¿Porfa? ¿En serio? Mierda.  —Vale, solo Ali…—dijo con una sonrisa divertida—pasa por favor. Caminó descalza por el salón mientras yo la seguía sin dejar de mirarla, atravesamos la cocina que era más grande que mi apartamento y salimos a un ardín lateral, allí había una sombrilla enorme en medio del césped y dos sillones blancos de esos con el respaldo flexible pero que no llegan a ser  mecedoras. En medio había una mesa baja de cristal, a un lado había un columpio de esos en los que te puedes tumbar, un par de hamacas y una inmensa piscina.  —¿Te parece bien aquí?—dijo señalando los sillones—hace buen día y con la sombrilla se está muy bien aquí fuera.  —Sí, claro, donde quiera, usted manda—contesté acariciando la hierba con un pie como si dibujara un semicírculo.  —Llámame Eva—dijo en un tono adorable—y relájate Ali, no muerdo.  —Lo siento es que no estoy acostumbrada a estas cosas—dije tomando asiento. Ella sonrió.  —Tranquila yo tampoco ¿Te apetece beber agua? ¿Café? U otra cosa…—   preguntó.  —Agua está bien, gracias. Se fue a la cocina mientras yo la observaba alejarse, que bien le sentaba aquella ropa…Regresó con una jarra de agua fría y dos vasos, los llenó y yo cogí el mío y le di un trago largo, tenía la sensación continua de que la boca se me quedaba seca. No estaba segura de que hubiera agua suficiente en aquella casa para saciar mi sed.  —Bueno ¿Cómo quieres que lo hagamos?—dijo sentándose. En ese momento yo estaba bebiendo agua de nuevo y se me fue por el otro lado al escuchar su pregunta, me atraganté a lo bestia, de esas veces que empiezas a toser y te quedas sin aire, de esas que piensas que te vas a morir  vamos…Dejé el sillón y me arrodillé en el césped, los ojos me lloraban mientras tosía desesperadamente en un intento de coger aire, tenía un calor 

horrible. Eva se acercó a mí asustada, se agachó y colocó su cálida mano por  debajo de mi garganta, la otra la sentí en mi hombro y poco a poco empezó a llegarme el aire. Sabía que estaba roja, lo notaba, el corazón me latía con fuerza y no tenía claro si era porque había estado a punto de morirme asfixiada o porque ella me estaba tocando.  —¿Mejor?—preguntó cerca de mi oído. Yo asentí.  —Perdona, me refería a la entrevista—puntualizó consciente de que yo había entendido otra cosa.  —No, perdona tú—dije avergonzada.  —Tranquila, va con el trabajo…—dijo bastante seria. Volvió a llenar mi vaso sin mirarme y se sentó. En ese momento me sentí fatal, pequeña, inútil y miserable, todavía no habíamos empezado a hablar y yo y mis inseguridades ya le habíamos recordado que era una prostituta.  —Bebe despacio—sugirió cuando me vio coger el vaso de nuevo. Intenté hablarle pero no me salió la voz, empecé a aclararme la garganta  pero no había manera.  —Perdón—dije mientras seguía carraspeando. Al principio me miró sería, pero poco a poco se le empezó a dibujar una sonrisa en la cara hasta que al final empezó a reírse, apoyó el codo en el reposabrazos y se tapó la boca con la mano para no parecer tan descarada,  pero a mí me pareció la imagen más espectacular que había visto nunca. Tenía las piernas cruzadas y la camisa se le descolgaba hacía el lado en el que estaba apoyada, dejando ligeramente visible la curva de uno de sus pechos. Sin previo aviso tuve una contracción entre las piernas y se me escapó un suspiro ahogado, todo el cuerpo me temblaba y me costaba respirar. El corazón me latía hasta en los párpados, me sentía tremendamente excitada, noté como la humedad alcanzaba mí tanga, no me había pasado nunca con nadie y me asusté mucho al pensar que ella pudiera darse cuenta. Me retorcí en mi asiento, crucé las piernas apretando los muslos con fuerza para ahogar  aquel deseo que sentía entre ellas, suspiré hondo un par de veces y estiré los  brazos como si acabara de levantarme, sabía que era de muy mala educación  pero fue lo único que se me ocurrió para conseguir liberar algo de tensión. En aquel momento supe que yo también pagaría por estar con ella, porque me besara una sola vez, porque volviera a tocarme, por acostarme con ella…

 —Lo siento—susurré avergonzada.  —No te preocupes, nadie debería levantarse tan temprano un domingo. Volví a suspirar y ella sonrió de nuevo sin dejar de observarme.  —Perdona que me ría, es que me pareces tan frágil Ali—dijo recolocándose en su asiento.  —Soy un poco torpe lo siento—dije recuperando mi voz—Te explico un  poco esto ¿Vale?  —Tú dirás…—dijo entrelazando los dedos. Conseguí calmarme un poco, supe que lo mejor para quitarme aquellos  pensamientos o mejor dicho, aquellas sensaciones, era empezar la entrevista y centrarme en mi trabajo.  —Bueno, si te digo la verdad no he tenido mucho tiempo para preparar la entrevista—dije cabizbaja—normalmente ordeno las preguntas por temas pero me avisaron muy tarde y están mezcladas, no siguen ningún tipo de orden, las fui apuntando conforme me venían a la cabeza…  —No te preocupes, así será más ameno, ir saltando de un tema a otro  puede ser hasta divertido, tranquila. Además es culpa mía, fui yo la que exigió que fuera hoy.  —Gracias—sonreí—si te parece me confirmas algunos datos básicos  para cuando preparen la biografía y empezamos. También te haré algunas  preguntas aleatorias, quiero decir que tus propias respuestas provocaran  preguntas que a lo mejor no están aquí y…  —Tranquila Ali, me parece bien—dijo cuando vio que empezaba a liarme otra vez.  —Vale, según lo que he encontrado te llamas Eva Dabán, bueno eso está claro—dije contestándome yo sola mientras ella se reía. «Joder que hostia tengo»

 —Tienes treinta y tres años, naciste en Barcelona, actualmente vives en Madrid y tienes una licenciatura de Veterinaria ¿Es todo correcto?—dije alzando las cejas para mirarla.  —Sí—afirmó con sus ojos clavados en los míos. Carraspeé un poco de nuevo, bebí más agua y suspiré profundamente. Cogí mi boli para ir tachando las preguntas conforme se las hiciera y encendí la grabadora.

3 La entrevista  —Empiezo ¿vale?, si en cualquier momento quieres parar solo tienes que decírmelo—dije poniéndome las gafas para leer.  —Te quedan bien.  —¿Qué?  —Las gafas Ali, que te quedan bien—dijo sin dejar de mirarme. Joder que nerviosa me ponía, y ahora más, sabiendo que le gustaba como me quedaban las gafas.  —Gracias—contesté sonrojada.  —Ya no te interrumpo más lo prometo—dijo haciendo una señal con la mano para que empezara con la entrevista.  —Vale empezamos—me aclaré otra vez—¿Por qué alguien con una carrera universitaria acaba trabajando como acompañante de lujo para mujeres? Ella cogió aire, como si esa respuesta fuera complicada o larga.  —Pues si te digo la verdad, fue precisamente estando en la universidad donde me hicieron la primera propuesta.  —¿Te refieres a que alguien te ofreció dinero a cambio de sexo mientras estudiabas?  —A cambio de sexo propiamente dicho no, y tampoco fue dentro de la universidad si es lo que preguntas. Yo me la quedé mirando esperando su historia y ella empezó a contármela.  —A mí me apasionaba lo que estudiaba, bueno, y lo sigue haciendo, y por  ello siempre que podía acudía a cualquier seminario o conferencia que estuvieran relacionados. Cuando estaba en tercer año asistí a una conferencia de esas que duran dos días, era un fin de semana. Al acabar las primeras  ponencias se hizo un descanso y una de las ponentes se acercó a mí.  —¿Qué edad tenías entonces?—la interrumpí.  —Veintiséis, yo no tenía recursos económicos para pagarme la carrera y

cuando terminé el bachillerato tuve que ponerme a trabajar para ahorrar, así que empecé a estudiar más tarde.  —Gracias, continua por favor.  —Bueno pues aquella ponente…  —Supongo que no vas a decirme el nombre…—sonreí.  —No, no voy a hacerlo—contestó devolviéndome la sonrisa. Tenía que intentarlo…  —Aquella ponente—continuo—me invitó a que me tomara un café con ella, su ponencia me había parecido de lo más interesante, así que acepté. Tras estar charlando un rato me dijo que esa noche tenía una cena con unas amigas y que no le apetecía ir sola, que si quería acompañarla. Yo me negué, supongo que ese sexto sentido que tenemos las mujeres me decía el tipo de compañía que ella quería.  —¿Y qué pasó?  —Que me ofreció dinero—dijo encogiéndose de hombros.  —¿Así sin más?—pregunté sorprendida.  —Sí, era de aquellas mujeres que siempre conseguía lo que quería y no le importaba pagar por ello. Al principio me sentí muy ofendida pero me ofreció una cantidad que a mí entonces me suponía pagar el alquiler de cuatro meses. Yo me negué igualmente pero ella insistió y me garantizó que no me pondría una mano encima, que lo único que quería era que la acompañara, que charlara con ella para no sentirse tan sola, ya que todas sus amigas iban acompañadas. Se detuvo para beber agua unos instantes.  —Hacía apenas un año que me había independizado, hasta entonces vivía con mi hermana, yo estudiaba por las mañanas y trabajaba en una librería por  las tardes, pero mi sueldo no me daba para pagar el alquiler, los gastos, los estudios…así que prácticamente todos los meses mi hermana tenía que ayudarme. Yo estaba harta de ser una carga para ella y con aquel dinero podría estar unos meses sin pedirle nada…  —Y aceptaste—di por hecho.  —Sí. Al principio fue muy duro, me sentía sucia y degradada, pero conforme fue pasando la noche y comprobé que no me había mentido me empecé a sentir mejor, más cómoda, el resto de sus acompañantes me trató como a una más, aunque estoy segura de que sabían porque estaba yo allí.  —Entiendo que ella era mayor que tú…  —Sí, aunque tampoco una barbaridad, tenía cuarenta años y lo cierto es que era una mujer muy atractiva. No me desagradaba estar en su compañía,

tenía una conversación muy interesante, sobre todo para una cría catorce años menor que ella. Me trató muy bien, fue atenta y educada en todo momento, no me rozó ni una sola vez y cuando la cena terminó me preguntó si estaría dispuesta a repetir aquello alguna vez, yo le contesté que me lo pensaría—dijo sonriendo.  —¿Te acostaste con ella?—se me escapó—perdona esta pregunta esta fuera de lugar—dije abochornada. Aun así me respondió.  —No, no me acosté con ella aquel día, pero sí que lo hice más adelante. A raíz de aquel encuentro empezó a llamarme para otros, de forma esporádica, las condiciones eran las mismas y a mí me hacía falta el dinero. Cogimos cierta confianza, me sentía cómoda con ella y en una de esas ocasiones cuando me llamó para pedirme que la acompañara a un partido de futbol me preguntó si estaría dispuesta a hacer algo más por ella. Yo enmudecí, pero ella siguió hablando, me dejó claro que no esperaba ningún tipo de relación, que solo quería sexo y que si me negaba lo entendía. Que yo no tenía que hacer nada si no quería, que se conformaba con follarme ella a mí… Se me abrieron los ojos como platos mientras ella se colocaba unos mechones por detrás de las orejas y bebía un poco de agua antes de continuar. Me sorprendió la naturalidad con la que utilizó la palabra  follar . Noté como esa excitación descontrolada volvía a sacudir mis entrañas de nuevo, la humedad volvió a hacer acto de presencia y una ola de fuego recorrió mi cuerpo. Apreté las piernas de nuevo y agarré los reposabrazos con fuerza mientras intentaba controlarme. Por suerte Eva estaba absorta en su historia y no se dio cuenta del efecto que provocaba en mí con una palabra o un simple movimiento.  —En aquel momento no sabría explicarte como me sentí, pero no sé  porque, acepté. Yo siempre he tenido muy clara mi condición sexual y ella me  parecía atractiva así que no sé. Cuando acabó el partido fuimos a un hotel, yo estaba tan nerviosa que no era capaz ni de mirarla. Se quedó callada unos instantes, pensativa, yo no la interrumpí, le dejé su tiempo sin dejar de observarla y aproveché para relajarme un poco.  —Creo que de esa noche solo puedo contar hasta aquí Ali.  —De acuerdo.  No insistí, mi puesto dependía de ello y además sentía un tremendo respeto por aquella mujer que no dejaba de mirarme. Taché la pregunta y fui a  por la siguiente. Oh, esta era importante para mí, vaya que sí, y además no

tenía nada que ver con la palabra sexo.  —¿Por qué hoy? La entrevista digo—pregunté mientras hacía bailar el  boli a toda velocidad entre mi dedo pulgar y el índice—¿Por qué un domingo?  —¿Te he puteado no?—dijo sonriendo—Lo siento, tenía el día libre y quería quitarme este asunto de en medio cuanto antes, lamento que hayas tenido que pringar por mi culpa Ali.  —No te preocupes, reconozco que para mí los domingos son un día sagrado de sofá y libro, pero ha valido la pena el esfuerzo. Mierda, ¿Yo había dicho eso?  —Me alegra oír eso. Sonreí tímidamente, taché la pregunta y seguí moviendo el boli mientras  buscaba la siguiente. Justo cuando fui a abrir la boca el boli se me escapó de entre los dedos y salió disparado como una flecha contra Eva, por suerte tuvo reflejos y se cubrió la cara con los brazos porque el boli impactó de lleno en su brazo derecho.  —¡Mierda, lo siento!—dije mientras me levantaba corriendo en su dirección.  —Vaya, menuda puntería chica—dijo con una sonrisa—si no fuera porque lo he visto diría que me lo habías tirado a propósito.  —Lo siento Eva—dije completamente abochornada—¿Te he hecho daño? Ella se miró el brazo, tenía una pequeña raya azul pintada en la camisa. Después me miró a mí sin decir nada, me clavó la mirada mientras yo estaba agachada a su lado recogiendo el puto boli y me paralicé. Se me aceleró tanto el pulso que pensé que iba a salir andando como las muñecas de famosa al compás de mis latidos. Su mirada era apacible, como si estuviera disfrutando de la visión mientras yo solo podía pensar en cómo sería besarla, dejar que aquellos labios rozaran los míos, sentir el calor de su aliento y la humedad de su lengua. En esas décimas de segundo que ella pasó sin dejar de mirarme, empecé a sentir un tremendo cosquilleo en el estómago que tardó menos de lo que me hubiera gustado en colocarse de nuevo entre mis piernas. Mi respiración se aceleró y ella sonrió al darse cuenta. Entonces se puso en pie y me tendió una mano para que me levantara. Sabía que tocarla no me convenía en absoluto  pero hubiera sido muy grosero por mí parte rechazar su ayuda así que me armé de valor y cogí su mano. La excitación fue tan grande que me sentí un poco mareada y aturdida, clavé la mirada en el suelo y en cuanto estuve en pie solté su cálida mano, se dio la vuelta en dirección a mi silla y cogió mi libreta y la

grabadora. Yo me quedé como una estatua observándola, entonces volvió hacia mí y me dio la grabadora, ella se quedó con la libreta…  —Descálzate y ven—dijo invitándome a que la acompañara.  —¿Qué?  —Que te descalces Ali.  —¿A dónde vamos?—conseguí preguntar mientras obedecía.  —A pasear por el jardín—ahí me quedé loca—te veo muy nerviosa Ali. Cuando yo estoy así suelo salir al jardín a pasear descalza, el contacto de los  pies desnudos sobre la hierba me relaja—dijo alzando las cejas y los hombros. Creo que solo escuché  desnudos. Empezamos a caminar despacio, su ardín bordeaba toda la casa así que nos pusimos a dar vueltas. Ella miraba las preguntas de la primera hoja de la libreta sin decir nada mientras yo poco a  poco me daba cuenta de que Eva tenía razón, caminar descalza por la puta hierba me relajaba. Me concentré en mis pasos, en echar un pie delante del otro y en el sonido de los pájaros, del silencio. De vez en cuando la miraba de reojo, Eva parecía tranquila, relajada, en paz…Transmitía una serenidad inmensa, y de la misma forma que provocaba aquel tremendo descontrol en mi cuerpo también conseguía calmarme. No sé cuánto rato estuvimos caminando en silencio ni cuántas vueltas dimos a su casa, pero me gustó.  —Si quieres puedes continuar mientras andamos—dijo devolviéndome la libreta. Me sacó de mis pensamientos y entonces recordé el momento boli volador.  —No me has contestado Eva ¿Te he hecho daño?—atiné a decir.  —No, aunque dudo que consiga quitar esta mancha de tinta—dijo mirándome de reojo con una sonrisa divertida.  —Te pagaré la tintorería.  —No digas chorradas, anda sigue—dijo haciendo un gesto con la cabeza señalando la libreta.  —Lo siento—sonreí. Cogí la libreta y sin pensarlo lancé la siguiente  pregunta—¿Alguna vez has rechazado a alguna posible clienta?  —Sí, por supuesto. En varias ocasiones y por diferentes motivos—  contestó metiendo sus manos en los bolsillos mientras seguíamos andando.  —¿Cómo por ejemplo? Alzó las cejas antes de responder.

 —Pues depende, desde mujeres que sé que no pueden pagar mis tarifas hasta mujeres con una reputación que no me gusta o que simplemente no me atraen. Eso último ha sonado muy mal ¿No? ¿Puedes borrarlo?—dijo empequeñeciendo los ojos.  Hay que tierna ella coño…

 —Por supuesto—no pude evitar reír y ella sonrió de nuevo.  —¿Eres selectiva con tus clientas?  —Esa pregunta no está en la libreta…  —Solo has leído la primera página…  —¿Cuántas hay?—preguntó alarmada.  —Bastantes, pero tranquila, acabaremos cuando tú lo digas—me la quedé mirando esperando su respuesta.  —A sí, perdona, la pregunta. Pues…esto te va a sonar quizá un poco  presuntuoso Ali, pero por suerte, desde el principio me he podido permitir el lujo de decir sí o no, no me veo capaz de acompañar a alguien con quien no tenga un mínimo de feeling por decirlo de alguna manera, que como mínimo me caiga bien vamos, y sobre todo que me inspire confianza. Odio las situaciones incómodas, así que si alguna mujer no me entra por el rabillo del ojo no acepto, independientemente de la cantidad que me ofrezca.  —Tu respuesta me lleva un poco al principio otra vez—dije mirándola de soslayo—dices que la primera vez que hiciste esto fue con aquella ponente  pero ¿Cómo llegaron las demás? ¿De dónde salieron?  —De la primera, de “la ponente” —sonrió—como te he dicho la acompañaba a lugares en los que ella iba con otras amigas, y un buen día me comentó que una de sus amigas también quería mi compañía, como siempre era muy cordial, muy “pero solo si tú quieres, sin obligaciones”, yo sabía quién era su amiga, había hablado con ella algunas veces y me parecía una  persona muy correcta y amable. Acabé aceptando y digamos que a partir de ahí empezaron a aparecer más amigas de las amigas, mi tiempo empezó a ser  cada vez más escaso por lo que ellas mismas eran las que iban aumentando las ofertas, y poco más, así es como empecé.  —¿Te arrepientes?  —No—contestó tajante—poco a poco empezó a gustarme lo que hacía, me gustan las mujeres y me gusta complacerlas. Tengo un trabajo que me  permite hacerlo así que no, no me arrepiento. ¡Dios! aquella entrevista iba a acabar conmigo y con mi voluntad…

4 ¿Una infusión? Tras unas cuantas vueltas por el jardín en las que yo acabé más cansada que relajada, Eva decidió que era el momento de continuar la entrevista dentro de su casa, entre una cosa y otra eran las once y media de la mañana y el calor  empezaba a hacerse notar incluso en la sombra. Me senté en la mesa de la cocina (bueno en una silla no en la mesa claro) mientras ella preparaba café y sacaba una bandeja de pastitas de esas que compras en las pastelerías y te cuestan un pastón.  —¿Tienes alguna infusión?—pregunté consciente de que el café era lo último que necesitaba en mi estado. «Aunque un Valium estaría mucho mejor»

 —Claro, creo que hay té verde y manzanilla, ¿Qué prefieres?  —Una manzanilla por favor—respondí aliviada. Ella sonrió sin decirme nada y abrió un armario para coger la caja que contenía la infusión.  —Puedes continuar—dijo mientras yo la miraba danzar por la cocina.  —Sí, claro, perdona—miré la siguiente pregunta, esta era de esas que no seguían el hilo pero ahí estaba—¿Alguna vez has estado con alguna mujer  casada? Se le dibujó una sonrisilla mientras me miraba de reojo. Acabó de servir  el café y la infusión y se sentó frente a mí.  —Sí, varias—dijo antes de morder una pastita.  —¿Sabiéndolo?  —Unas veces lo sabía y otras me enteraba después, pero sí. Mira Ali, yo no soy partidaria de meterme en medio de una relación, pero cada mujer que me contrata lo hace para que la vean conmigo, por lo tanto entiendo que su marido o su mujer están al corriente de lo que hacen. Pero si además te lo tengo que decir desde un punto de vista más frívolo, la realidad para mí es muy simple, no es mi problema. Yo tengo un trabajo y unas tarifas, si las pagas y me interesa, tus problemas de pareja no son asunto mío.

Joder como me gustaba esta mujer y lo claro que lo tenía todo.  —¿Has tenido problemas alguna vez? Me refiero a parejas celosas que hayan ido a por ti… Suspiró profundamente y me miró, después se humedeció los labios para seguir hablando y yo sentí como se me humedecía otra cosa ¿Realmente eso me estaba pasando? ¿Es qué no iba a acabar nunca? ¿Era mi cuerpo una fuente inagotable de deseo y yo no lo sabía?  —Un par de veces, ambas con mujeres, quiero decir con parejas femeninas. La primera me envió una carta amenazándome, diciéndome todo lo que me iba a pasar si volvía a ver a su esposa conmigo y te aseguro que escribió cosas dignas de una auténtica psicópata. La segunda me amenazó en  persona, eso sí, con buenos modales, toda una señorita ella—dijo riendo.  —¿Y qué hiciste?  —Pues lo único que puedo hacer en estos casos, no volver a verme con esas clientas. Una cosa es que sea conocedora de que tienen pareja y otra es que vengan a amenazarme o me causen problemas, ya te he dicho que las situaciones incómodas no me gustan así que estos temas los zanjo de una forma  bastante radical.  —¿Qué es lo más raro que has tenido que hacer para una clienta?  —Yo creo que para mí lo más raro ha sido escuchar ciertas confesiones, hay algunas personas que me contratan porque tienen algún tipo de deseo sexual un tanto peculiar y no se atreven a contárselo a nadie, así que me pagan una auténtica burrada únicamente para que las escuche.  —¿Deseos de que tipo? Para que nos hagamos una idea… Pues mira…la que más me impactó fue una que me dijo que le excitaba masturbarse cuando estaba defecando—dijo haciendo una mueca.  —Oh, vaya—dije conteniendo las ganas de reír—¿Por qué crees que te contratan a ti para eso? ¿No les saldría más barato ir a un psicólogo? ¿O a un  psiquiatra…?  —Creo que para esas personas es más fácil contarle algo así a una puta que a un psicólogo, supongo que dan por hecho que yo habré hecho o visto cosas mucho peores que ellas y no me voy a sorprender de lo que me cuentan, en cambio un psicólogo que se supone que es alguien con una profesión más que decente podría alarmarse y decirles algo que no quieren escuchar, no sé… supongo que se sienten más a gusto explicándoselo a alguien a quien consideran inferior. Odié a esas mujeres…

 —¿Contratar a Eva Dabán tiene algún requisito? ¿Alguna cláusula?  —Sí, siempre exijo un certificado médico que demuestre que no padecen enfermedades contagiosas. Yo también lo entrego si es lo que vas a  preguntarme—dijo adivinando mi siguiente pregunta. Yo sonreí—también hago que me firmen un contrato en el que se especifica que es exactamente lo que  pueden esperar de mí y lo que no para que después no haya mal entendidos.  —¿El contrato es el mismo para todas?  —No, depende de cada mujer y de para que me contrate, tipo de evento me refiero.  —¿Unas tienen más privilegios que otras?  —Sí—contestó encogiéndose de hombros—esto tampoco quiero que lo  publiques.  —De acuerdo. ¿Por qué respondes a mis preguntas y después me pides que no las publique?—pregunté sin pensar mucho—sería mucho más fácil no responderme, pero aun así lo haces…  —Vaya, buena pregunta Ali, esta sí que no me la esperaba… Por primera vez desde que había cruzado la puerta de su casa vi en Eva un punto de vulnerabilidad, a ver si al final tras esa imagen de mujer decidida se escondía una mujer cargada de sentimientos…  —Supongo que son detalles que no le cuento nunca a nadie y que de algún modo necesito exteriorizarlos, compartirlos con alguien para que ciertas cosas no me consuman, pero sí, tienes razón, es más fácil no contestar, perdona.  —Noo, por favor, hazlo, es solo que me contrariaba un poco esa actitud,  pero de verdad, me encanta que lo hagas Eva. Con lo que me gustaba a mí escuchar a esa mujer y por una pregunta estúpida casi me quedo sin sus confesiones.  —Bien, gracias.  —Vale, siguiente pregunta. ¿Por qué has aceptado la entrevista? Me consta que llevamos meses persiguiéndote y siempre te has negado, ¿Por qué este cambio?  —No veo que interés puede tener esa pregunta para los lectores Ali…—  dijo con su adorable sonrisa. Mi corazón se encogía cada vez que mi nombre era pronunciado por sus labios. Carraspeé un poco para aclararme de nuevo.  —Bueno, en realidad es curiosidad personal, perdona—me estaba  poniendo colorada, lo notaba, lo sabía, ardía. Empecé a ruborizarme sin motivo, bueno sí, sí que tenía un motivo, hacía rato que no podía dejar de

 preguntarme si Rebeca estaría entre sus clientas, sabía que tenía pasta de sobra y solo de pensar en Eva y ella retozando se me revolvía el estómago—  es que mi jefa, Rebeca—puntualicé—dijo que teníais una amiga en común y yo…  —¿Tú qué Ali? ¡Dios, me estaba dando un infarto!  —Bueno, quería saber si era cierto, que ambas tenéis una amiga en común. Se recostó en la silla y suspiró tan profundamente que vi como sus pechos se elevaban sin que yo pudiera dejar de mirarlos. «Mierda, mierda, mierda»

Sabía que se había dado cuenta, su mirada me decía que era  perfectamente consciente de como la había mirado, mi corazón latía desbocado y ella no parecía inmutarse, solo me miraba fijamente, supongo que ese comportamiento formaba parte de su personalidad. Tal vez Eva fuera una conquistadora nata y ni siquiera lo sabía…  —Es cierto, compartimos una amiga en común, y si no hubiera sido por su insistencia te aseguro que tú y yo no estaríamos hablando ahora mismo. ¿Por  qué tienes tanto interés en saberlo? Creo que ese fue el momento en el que mi cara pasó del rojo al blanco, yo era la entrevistadora, yo era la que hacía las preguntas y por supuesto no estaba preparada para ser yo la que las respondiera.  —Esta entrevista no continuará si no me respondes—afirmó sin dejar de mirarme con esos ojos que se colaban en mí y me desarmaban, con esa actitud contundente y pasiva que hacía que me temblaran las piernas, con esos labios sensuales que hacían que mil mariposas danzaran por mi estómago en dirección descendente… Tomé una decisión bastante inusual en mí, necesitaba recuperar mi condición de persona adulta medianamente normal y dejar la de colegiala vergonzosa y cachonda, pero sobretodo necesitaba que aquella situación acabara cuanto antes, así que fui al grano.  —¿Te has acostado con Rebeca? ¿Está entre tus clientas?  No sabría muy bien como describir la expresión que se dibujó en su rostro, creo que era una mezcla entre asombro, enfado, ofensa e incomodidad, y eso último yo sabía que no le gustaba, ella me lo había dicho en dos ocasiones.  —Mira en un día normal te aseguro que esta entrevista se hubiera

acabado aquí, pero me pillas de buen humor, tanto que hasta voy a responderte  —dijo en tono severo—no sé muy bien qué tipo de interés tienes tú en conocer  esa respuesta Ali, pero no, Rebeca no está entre mis clientas, lo que te ha dicho es cierto, tenemos una amiga común, Laura, por si te interesa saberlo. Además, ya te he dicho que me tomo la libertad de escoger a mis clientas y desde luego Rebeca no encaja en mis requisitos por varios motivos que no te voy a mencionar…  —¿Pero alguna vez te ha pedido que…?—no me atreví a terminar la frase, no sabía que coño me pasaba en la boca, me había venido arriba, pero le bastó una mirada fulminante para que me entraran unas ganas tremendas de callarme, y entonces se levantó. Caminó hacia mí sin decir nada, se paró en frente, se inclinó y colocó sus manos en los reposabrazos de mi silla, acercó sus labios a mi oído dejando que sus mechones rozaran mi cara, me provocó una mezcla entre cosquillas externas e internas, no solo en la cara, también entre las piernas. Me quedé paralizada, creo que dejé de respirar, sí seguro, no respiraba.  —Contrólate Ali…—me susurró con sus preciosos pechos delante de mis ojos. Se levantó y se fue a por una cerveza dejándome al borde del infarto.  —¿Quieres?—preguntó con la cerveza en la mano. Solo pude negar con la cabeza, las palabras no me salían, solo me faltaba añadir alcohol a mi estado de gilipollez permanente. Creo que ya podía hacerlo oficial, en menos de cuatro horas me había enamorado de Eva Dabán ¿Porque eso tenía que ser amor no? Ese deseo tremendo que sentía por ella, ese cosquilleo en mí estómago…lo cierto es que no tenía con que compararlo  porque creo que no me había enamorado nunca, pero si no era amor ¿Qué era?. Esto no podía estar pasándome a mí, ¿Se podía ser más imbécil que yo? ¿Es que no había mujeres en el planeta que yo tenía que sentirme atraída por la única que no iba a corresponderme como yo quería? Volvió a sentarse, bebía directamente del botellín, sin vaso, yo siempre había opinado que no había nada más sexy que una mujer bebiendo cerveza directamente de la botella, llamarme rarita, pero yo soy así.  —¿Por qué te interesa tanto saber si me he acostado con tu jefa Ali? ¿Ya no me verías con los mismos ojos si lo hubiera hecho?  —Sí, no…no sé, es que no me cae bien, perdona…no sé qué me pasa, yo no soy así de impertinente Eva. Lo siento mucho.  —¿Qué te parece si volvemos a la entrevista y hacemos ver que esto no ha pasado?—dijo sonriendo.

 —Sí, por favor—supliqué agradecida. Esta parte de la entrevista la borraría en mi casa, aunque Eva no me lo había pedido a mí no me convenía que Rebeca la escuchara.

5 La familia Me recompuse un poco, durante un buen rato estuve haciendo algunas anotaciones en la libreta y descartando algunas preguntas, Eva aprovechó para mirar su móvil y me dejó unos minutos para hacer una llamada. Después de eso volvió a sentarse y me estudió para ver si ya me había convertido en una  persona normal otra vez.  —Ya estoy lista, perdona lo de antes, no volverá a pasar—dije con ojos de gata abandonada.  —Bien. Oye, he pedido que nos traigan algo de comida, veo que esto se alarga y ya empiezo a tener hambre, supongo que no te importa ¿no?  —No, claro que no, gracias—respondí rápidamente para que viera que estaba por la labor. La verdad es que me sorprendía que me permitiera seguir con la entrevista después de lo que había hecho.  —¿Te ayudo?—pregunté cuando vi que se levantaba para recoger la mesa.  —No, tú sigue con la entrevista y yo de mientras voy preparando todo esto para cuando llegue la comida, no te preocupes.  —De acuerdo—me giré un poco para poder verla mientras se movía por  la cocina—siguiente pregunta: ¿Qué opina tu familia sobre el trabajo que has elegido? Alzó las cejas y me miró mientras tiraba algo en la basura.  —Pues no es un problema la verdad, mi familia no es muy extensa. Mis  padres murieron en un accidente cuando yo tenía dieciocho años y nos quedamos solas mi hermana mayor y yo.  —Vaya, lo siento mucho Eva…  —Gracias.  —¿Y qué opina tu hermana? Eva se echó a reír como si acabara de recordar algo gracioso. Se apoyó en el mármol de la cocina con las dos manos para responderme, otra imagen

adorable para mi retina.  —La verdad es que cuando se lo conté pensé que iba a darle un paro cardiaco allí mismo, la cara se le descompuso, tuve que acercarle una silla corriendo para que se sentara—sonrió de nuevo al recordarlo—al principio no se lo tomó muy bien, no por lo que yo hacía sino porque en el fondo sé que se sentía culpable, como si no hubiera hecho algo bien. Es nueve años mayor  que yo, cuando murieron nuestros padres ella hacía poco que había terminado la carrera de medicina y en seguida se puso a trabajar, pero su sueldo por  aquel entonces solo daba para mantenernos a las dos, no podía pagar mis estudios y poco después es cuando yo empecé a trabajar para ahorrar. Ella llevaba tiempo saliendo con un chico, iban muy en serio y cuando a él le ofrecieron un puesto fijo en Madrid, a mí no me quedó otro remedio que venirme aquí con ellos. Conseguí el empleo en la librería y con mi sueldo y la ayuda de mi hermana y mi cuñado empecé a estudiar la carrera. Creo que ella  pensaba que yo lo había hecho para no depender de ella, y tal vez las primeras veces fue así, pero desde luego ella no fue el motivo por el que decidí dedicarme a esto.  —¿Pero al final lo comprendió?  —Me costó mucho tiempo conseguir que entendiera que había llegado un  punto en el que yo no lo estaba haciendo solo por dinero, me gustaba mi trabajo y también le expliqué algunos detalles que la ayudaron a tranquilizarse. Desde ese momento todo volvió a fluir con normalidad, de vez en cuando me  pega alguna charla para animarme a dejarlo pero jamás me ha juzgado, me respeta y yo la adoro por eso. Mi hermana es la única persona en la que confío ciegamente—murmuró con un tono de voz más bajo.  —¿Y a tu cuñado que le pareció?  —Él siempre fue un hombre de esos que todo le parecía bien, ni bueno ni malo, cuándo mi hermana se lo contó solo le dijo que si era lo que yo quería ellos no eran quien para oponerse. A mí nunca me dijo nada, me siguió tratando igual que siempre.  —¿Cuánto tardaste en contárselo a tu hermana?  —Buff…pues al menos un año o así, quería hacerlo, pero me sentía con el mismo miedo que cuando tuve que contarle que era lesbiana.  —¿Eso fue un problema para ella? ¿Lo de que fueras lesbiana?  —Que va, yo sola me monté mi propia película—dijo riendo—cuando se lo conté me dijo que ya era hora de que lo reconociera, que ella hacía tiempo que se había dado cuenta.

Las dos nos reímos.  —Entonces, cuando dejaste de pedirle dinero ¿Ella no sospechó nada? ¿No te preguntó de dónde salía?  —Sí claro, el primer mes que le dije que podía apañármelas sola me  preguntó que como era posible, entonces le dije que en la librería estaban contentos conmigo y además de dejarme hacer una hora más cada día me habían subido el sueldo. Hasta entonces creo que jamás le había mentido a mi hermana, así que ella me creyó y yo arrastré un tremendo sentimiento de culpa hasta que le conté la verdad.  —Lo que has dicho antes, sobre las charlas de tu hermana para animarte a dejarlo—dije haciéndola recordar—me lleva a otra pregunta que tengo por  aquí—dije buscando entre las hojas para tacharla—aquí está: ¿Te has  planteado dejarlo en algún momento o es algo que no contemplas? Suspiró muy hondo y arqueó las cejas mientras terminaba de colocar los  platos y los cubiertos en la mesa, entonces sonó el timbre.  —Perdona debe ser la comida, saca lo que quieras para beber, ahora vuelvo. Abrí la nevera y cogí una botella de vino, la descorché mientras ella volvía con las bolsas. Me sentía un poco más tranquila, así que una copa de vino no me sentaría mal.  —Como no sabía que te gustaba he pedido un poco de todo, hay pollo asado, ensalada, pasta y fruta.  —Muchas gracias pero podías haberme preguntado, ahora te sobrará comida…  —Tranquila, lo que sobre me lo como para cenar—dijo con una sonrisa fugaz. Llené las copas de vino mientras ella servía los platos. Nos sentamos a comer y Eva continuó respondiendo las preguntas.  —En cuanto a tu pregunta de antes, la respuesta es no—dijo tajante—no es que no me lo haya planteado, pero por ahora no tengo intención de dejarlo, tal vez más adelante, cuando mi cuerpo ya no resulte tan atractivo para las mujeres, no lo sé…No es algo en lo que piense mucho la verdad.  —¿Y si alguien te lo pidiera?  —¿Te refieres a una pareja?—dijo mientras se limpiaba con la servilleta  para después dar un sorbo de vino.  —Sí, supongo…—me ruboricé otra vez.  —Pues no me ha pasado, pero creo que no, yo no me escondo de lo que

soy, y quien me conoce sabe lo que hay, si decide ir un paso más allá conmigo tiene que ser aceptando mi trabajo, porque eso es lo que soy Ali, yo no concibo el amor si una de las dos partes no respeta y acepta todo lo que es la otra. Mi trabajo forma parte de mi personalidad, de quien soy ahora. Que alguien que se supone que me quiere me pidiera que lo dejara creo que me ofendería, pero ya te digo, por ahora no me ha pasado, así que tampoco voy a decir de esta agua no beberé… Se me partió el alma, porque en el fondo yo sabía que sí tuviera la más mínima posibilidad con Eva Dabán, yo sí que necesitaría la exclusiva, no estaría dispuesta a compartirla con nadie, yo sería esa persona que no aceptaría esa parte de su vida. Supongo que debió notar algo en mi mirada  porque decidió hacerme una pregunta que me descolocó un poco.  —¿Qué edad tienes Ali?  —Veinticuatro, casi veinticinco—contesté con la voz ronca, creo que volvía a estar rozando el infarto. Ella sonrió.  —Casi veinticinco—sonrió—que joven…supongo que con esa edad no entiendes lo que te acabo de decir, yo probablemente no lo hubiera hecho,  pero con el paso de los años y cuando tienes ciertas experiencias necesitas saber que la persona que está a tu lado lo está para todo, para lo mejor y para lo peor, pero sobre todo sin juzgar tus motivos. Necesitas a alguien que te acepte tal y como eres sin exigir ningún cambio, porque en el momento en que eso pasa, esa persona te está prohibiendo ser tu misma, anulando una parte de ti y de tu personalidad y eso no es amor Ali. Al menos no para mí.  —Puede que no sea amor, pero yo tampoco creo que sea amor permitir  que la persona que quieres se acueste con otras mujeres, perdona pero no estoy de acuerdo contigo Eva. Ella me sonrió complacida.  —¿Y si te dijera que no me acuesto con ellas, que solo las acompaño? ¿Cambiaría eso tu opinión? ¿Aceptarías una pareja en esas condiciones? Me quedé un poco desconcertada ante sus preguntas ¿Cambiaba eso mi forma de ver el amor? Puede, no era lo mismo saber que tu chica estaba acompañando a alguien que saber que se la estaba follando, evidentemente. Aun así, creo que yo sentiría celos igualmente. Pero lo que me descolocó más fue el hecho de lo que me planteó, ¿Era una metáfora o realmente no se acostaba con todas esas mujeres? Tenía que preguntárselo.  —Espera Eva ¿No te acuestas con tus clientas, es eso lo que me estás diciendo?

Se empezó a reír otra vez, y me encantaba que lo hiciera, tenía una sonrisa preciosa, pero ahora me cabreaba, quería que me respondiera.  —Yo no he dicho eso Ali…  —¿Pero es cierto?—tal vez esto me costara el fin de la entrevista, pero quería una respuesta—¡Joder Eva, ¿Te las follas o no?!—dije enfadada.  —Cuidado con el tonito Ali—me advirtió.  —Perdona—dije con la cabeza gacha. Ella se puso seria y guardó silencio un momento que se me hizo infinito.  —Es cierto y no lo es, es una verdad a medias. Apaga ese cacharro—dijo señalando la grabadora. La apagué de inmediato. Me entraron ganas de golpearme la cabeza contra la pared, Eva Dabán estaba a punto de confesarme algo que estaba segura de que sería una exclusiva y acababa de prohibirme publicarlo.  —Vamos a la sala de estar, estaremos más cómodas.  —¿Y esto?—dije refiriéndome a los platos.  —Ya lo recogeré luego, no te preocupes. La seguí hasta otra estancia de la casa, era enorme, con una cristalera que ocupaba gran parte de la pared, había dos sillones de piel de color negro que hacían juego con dos sofás que ocupaban dos de las paredes, en el centro había una mesita de madera del mismo color. Ocupamos los sillones, estaban uno en frente del otro, ligeramente ladeados para poder contemplar las vistas al enorme jardín trasero de la casa. En el medio había otra pequeña mesilla, allí colocó los cafés y se sentó de lado para seguir con la entrevista. Tuve la sensación de que no sabía muy bien cómo empezar a hablar así que la animé.  —Dices que es una verdad a medias, ¿A qué te refieres?  —Esto no puede salir de aquí ¿me oyes?  —Tranquila, he parado la grabadora—se la mostré y la dejé sobre la mesa para que la viera en todo momento—y no pienso decir nada, de verdad.  —Gracias—cogió aire por la nariz y lo soltó lentamente por la boca mientras yo babeaba al mirarla—¿Recuerdas las cláusulas de las que te he hablado antes? Los contratos que hago firmar…  —Sí claro, me acuerdo—afirmé.  —Bueno, pues una de esas cláusulas dice que dentro de mis servicios no entra la actividad sexual, tan solo se limitan a la compañía, nada más. Mis ojos se abrieron como dos platos, pero de esos más grandes, de los que te ponen con el segundo…  —Un momento, me estoy perdiendo Eva, dices que tus servicios no

incluyen sexo pero al principio de la entrevista dijiste que te habías acostado con tu primera clienta…  —Y es cierto, lo hice, pero no porque me pagara más, lo hice porque como te he dicho, era una mujer atractiva y a mí también me apetecía hacerlo. Aquel día no acepté el dinero extra que me ofreció, ni las siguientes veces tampoco. Le dejé claro que mis servicios solo incluían la compañía, lo demás era personal.  —¿Entonces entiendo que te acuestas con unas sí y con otras no? Uy que raro era todo esto…  —Así es. Como mujer tengo mis necesidades y además me gusta el sexo, y mucho—puntualizó haciendo que el hormigueo volviera a posarse entre mis  piernas y mis bragas se humedecieran más, porque creo que no había tenido tiempo de que se secaran.  —Pero ellas, la gente, todo el mundo Eva, todo el mundo cree que bueno, hablando claro eres una prostituta. Se supone que esas mujeres te contratan  para tener unos servicios que incluyen relaciones sexuales, no lo entiendo… Ella sonrió de nuevo. Joder como me gustaba.  —Como te he dicho tengo necesidades, pero para mí el sexo no es solo sexo, es algo a lo que le doy un valor muy importante, me gusta disfrutarlo al cien por cien y no puedo hacer eso si no siento una mínima atracción con la otra persona, así que no estoy dispuesta a vender esa parte de mí por dinero. Cuando solicitan mis servicios sí que es cierto que se sorprenden cuando les digo que no pueden esperar nada físico de mí, pero me contratan igualmente  porque al final lo que realmente quieren es que las vean conmigo, supongo que con eso les basta.  —¿Y cuándo las conoces que haces? Dices…contigo follo y contigo no… ¿Es algo así? Porque es un poco raro sabes…—Ella volvió a reírse, como si disfrutara volviéndome loca.  —Antes de aceptar cualquier servicio siempre les pido una reunión  previa, me gusta conocerlas un poco, por varios motivos, no solo por eso, independientemente del sexo también tiene que haber cierto feeling para que yo decida pasar cierta cantidad de horas con ellas. Si al final ese feeling existe, entonces les explico lo del sexo, sin rodeos. Si es alguien con quien tengo claro que no pienso hacer nada se lo digo, y si es alguien con quien hay  posibilidades pues se lo digo también. Aunque también creo que deberías saber que no todas me contratan esperando un polvo Ali, muchas lo hacen únicamente por la compañía, o para contarme cosas raras…—dijo divertida.

 —Entonces tus precios son solo por hacer de acompañante ¿no?  —Exacto, eso es así para todas, como te he dicho si después me apetece y ellas quieren, es un tema aparte, pero no tiene nada que ver con el trabajo. Yo estaba flipando, la impresionante Eva Dabán jamás se había  prostituido, follaba por placer no por negocios, joder: ¡Eva Dabán era la puta ama!  —¿Por qué dejas que la gente crea que vendes tu cuerpo Eva? Seguro que a lo largo de estos años has tenido que aguantar todo tipo de insultos, de miradas, de acusaciones y vete a saber que más, cuando podrías cortarlo de raíz ¿Por qué no dejas que el mundo sepa quién es realmente Eva Dabán?  —Porque cuando empecé a acompañar a más clientas, empecé a ser  conocida en ese círculo de mujeres adineradas muy rápido, yo entonces no lo veía como un trabajo, era simplemente algo que hacía, me gustaba y me generaba grandes ingresos, pero a raíz de una clienta, “Laura” este nombre te lo he dicho antes porque a ella no le importa—sonrió—empezaron a llamarme mucho, mi fama de acompañante de lujo se extendió como la pólvora casi de la noche a la mañana, esperaban el mismo trato que había tenido Laura…  —¿Con ella te acostaste?  —Sí, Laura fue la segunda mujer con la que me acosté. El caso es que yo les expliqué todo lo que te he dicho y les pareció bien, cuando se lo decía a las clientas lo aceptaban sin más, después me enteré a través de Laura que se había convertido en una especie de competición entre ellas, del rollo a ver  quién salía con premio, fue la propia Laura la que me aconsejó no decir nada,  poco a poco mi reputación fue creciendo y con ello mi caché, y hasta hoy.  —Entonces podemos resumirlo en que decirlo, sería malo para el negocio…  —Puede que sí o puede que no, pero no voy a arriesgarme. Además, si ahora decidiera revelar esa parte de mí ¿Quién crees que iba a creérselo?... Tal vez tenía razón, aunque yo la creía.  —¿Y no te da miedo que tus clientas lo acaben contando?  —Dentro de ese contrato hay también una cláusula de confidencialidad.  —¿Tú hermana lo sabe? Quiero decir, esta parte, la de que no te  prostituyes…  —Sí, ese detalle fue mano de santo para que no le diera un infarto—las dos nos reímos.

6 Sentimientos Estuvimos hablando un buen rato de su hermana y después de la confesión que acababa de hacerme, yo intenté convencerla de que debía decirle la verdad al mundo, eliminar la etiqueta de prostitución que arrastraba, pero ella se negó, no parecía importarle que la tacharan de algo que en realidad no era y a mí me molestaba.  —No lo entiendo—refunfuñé.  —¿Quieres que te diga otra razón de peso para no hacerlo?—dijo cambiando de posición.  —Por favor…  —Esa etiqueta como tú la llamas, me permite saber quién me respeta como persona y quien no, así de simple, tengo buenas amigas que no lo saben y a las que no les importa que las vean en mi compañía, quedamos para tomar  café, ir a la playa, al cine, lo que haga falta…en cambio conozco a otras  personas que sé que jamás permitirán que las vean conmigo, que se avergonzarían de tener una amiga como yo, y a ese tipo de personas prefiero tenerlas lejos.  —Pero si son tus amigas podrías decírselo, ahora que ya sabes que son eso, buenas amigas.  —Son amigas sí, pero cuanta más gente lo sepa más posibilidades hay de que se extienda el rumor.  —Pero a mí me lo has contado ¿Por qué?  —Porque creo que es necesario que lo sepas Ali, desde el principio he tenido la sensación de que saber a qué me dedico te estaba afectando de una forma diferente, y, no sé, he preferido contártelo—dijo encogiéndose de hombros como si nada. Me quedé sin habla, ¿A qué se refería? ¿Había notado que me gustaba? ¿El efecto que estaba provocando en mí? ¿Oía los latidos de mi corazón? ¿Presentía las ganas de besarla que tenía? ¿De quitarle la ropa? ¿De recorrer  con mi lengua hasta el último poro de su piel? ¿De hacerle el amor hasta

 perder el conocimiento? ¿A qué se refería Eva?  —¿Podemos continuar la entrevista?—dije para salir del paso.  —Claro. Encendí la grabadora de nuevo y vi la siguiente pregunta. «Mierda»

 —¿Es compatible tu trabajo con el amor?  —Buff—dijo riendo—difícil respuesta. Yo creo que sí, independientemente de lo que te he contado antes, esto último no lo pongas… Claro, ahora había un antes y un después, de cara a los lectores hablábamos de una prostituta, de una persona a la que si decidías amar ibas a tener que compartir, pero yo ahora sabía que eso no era así y suponía que si ella se liaba con alguien en ese plan también se lo contaría, ahora todo era más complicado.  —Sí das con una persona dispuesta a aceptar quien eres yo creo que sí que se puede, de hecho yo he estado en pareja algún tiempo y el motivo de la ruptura no fue mi trabajo, ni tampoco un impedimento. Creo que depende de la voluntad de las personas y de la intensidad del amor que sientan. Lo que yo digo, esta mujer en el fondo es una sentimental.  —¿Hay alguien en tu vida ahora?  —¿Eso lo pone ahí o lo quieres saber tú? Me retorcí en mi asiento, tanto que se me cayó la libreta y casi me caigo yo al intentar cogerla. Menuda cabrona la Eva esta, no se le escapaba ni una, efectivamente esa pregunta no estaba incluida, era yo la que quería saberlo y la anterior pregunta me lo había puesto en bandeja.  —Perdona, no es necesario que contestes—dije mientras notaba como me  ponía de todos los colores, sentí un tremendo calor y me ruboricé como nunca. Pero como siempre ella sonrió.  —No perdona tú, he sido un poco brusca—se levantó y trajo más agua fría, supuse que para ayudarme a bajar mis colores.  —¿Pero la hay?—volví a preguntar, total, ya me había pillado…  —Si te refieres a una pareja no, no la hay.  —¿Pero hay alguien no?  —Bueno, digamos que mi mejor amiga y yo nos ayudamos mutuamente—  dijo con una tímida sonrisa.  —¿Laura?  —Sí, ella está soltera y yo también, así que aliviamos tensiones de vez en cuando…—dijo con naturalidad.

 —¿Y por qué no salís juntas si tan bien os lleváis? —Volvió a sonreír  como si lo que le planteaba fuera una locura.  —¿Laura y yo? Que va, imposible, somos demasiado iguales, no funcionaría en la vida. Aunque nos acostemos de vez en cuando nuestra relación es puramente de amistad, más allá de eso creo que nos pasaríamos el día peleando. Ya lo hablamos en una ocasión y las dos estuvimos de acuerdo en que esto era lo mejor, ella hace su vida y yo la mía, si ella decide salir con otra persona lo dejamos en solo amistad y ya está, no es un problema.  —¿Hay alguna clienta a quien no le cobres?  —Si no le cobro no es clienta. Zas en toda la boca para mí.  —Perdona, a veces soy un poco tajante Ali—dijo riendo—Laura, ella es la única que solo fue clienta mía la primera vez, conectamos en seguida y la amistad surgió muy rápido, a partir de ahí empezamos a quedar para hacer  cosas que no tuvieran nada que ver con el trabajo y pasó de ser mi clienta a ser mi mejor amiga, así que si alguna vez la tengo que acompañar lo hago encantada. Y sin cobrar…  —¿Te ha pasado alguna vez que una de tus clientas se haya enamorado de ti?  —Buff, joder con la pregunta Ali—dijo acomodándose mejor. Yo la miré expectante, eso era que sí, y me moría de ganas por conocer la historia.  —Podría decir que me ha pasado dos veces, ambas muy diferentes—dijo frotándose las manos con cierto nerviosismo.  —¿Diferentes en qué sentido?  —Bueno, la primera yo siempre he pensado que confundió la compañía con el amor. Tenía seis años más que yo, y en el momento en que me contrató la primera vez digamos que ella estaba pasando por un momento en su vida en el que lo había perdido todo a nivel personal, se sentía tremendamente sola y me contrató únicamente para que le hiciera compañía. Pasé toda una tarde con ella, escuchando, hablando y paseando. Lo cierto es que conectamos bien y fue una velada agradable.  —¿Pero no hubo sexo?  —No, como te he dicho ella solo quería compañía, dejar de sentirse sola. Una semana después volvió a llamarme, repetimos y empezó a llamarme cada semana, yo en ningún momento sospeché nada, pensé que para ella era una especie de terapia pero supongo que en algún momento se olvidó de que yo

estaba allí porque ella me pagaba. Una tarde, mientras paseábamos por el Retiro me confesó que se había enamorado de mí, me quedé sin palabras, en ningún momento me había dado esa sensación, yo suelo notar esas cosas y no me pareció que ella tuviera ese tipo de sentimientos hacia mí, por eso te digo que creo que confundió la compañía con el amor, se sentía a gusto conmigo y  pensó que se había enamorado, no sé…  —¿Y tú que hiciste?  —Pues decirle lo que pensaba, le conté mi teoría y también le recordé el motivo por el que yo estaba allí, me sentí fatal por ello, pero yo no sentía nada  por ella y no quería que se hiciera una idea equivocada ni alimentar su confusión.  —¿Y ella qué te dijo?  —En un principio se ofendió. Andamos en silencio durante casi otra hora y después me dijo que tal vez tenía razón, ese día no le cobré y ella no me volvió a llamar más.  —Vaya, es una historia triste, habrás visto cosas de todo tipo ¿no?  —Ni te lo imaginas—contestó con un gesto de asombro.  —¿Y la otra historia? Suspiró hondo otra vez.  —Pues como te digo esta fue totalmente diferente y algo más complicada, me contrató para que la acompañara a una gala benéfica, su mujer no quería ir  y ella no quería ir sola, así que yo la acompañé.  —¿Su mujer lo sabía?  —Sí, claro, era un acto público, se hubiera enterado de todos modos. El caso es que ella era una de esas mujeres con las que yo sí que me hubiera acostado, no se lo dije porque tenía pareja y no quería líos, pero aquella noche lo pasamos muy bien juntas, era una mujer muy divertida que tras un par de copas de más me acabó confesando que su mujer tenía una aventura con un hombre. Tras aquello nos sentamos en una zona más privada para hablar y así  pasamos el resto de la noche. Esa misma semana me llamó otra vez, me dijo que le apetecía verme para tomar un café, nada de eventos ni de gente, algo tranquilo para charlar, yo acepté y cuando terminamos la charla me pidió que la acompañara a su apartamento a tomar una copa, su mujer estaba de viaje y no sé muy bien porque, pero accedí a ir con ella.  —Y os acostasteis—afirmé.  —Sí, no hubo copa ni conversaciones, solo sexo. Tras aquel día se convirtió en una rutina, pasábamos parte de la tarde charlando de cualquier 

cosa y después acabábamos en su casa o en un hotel, ella me decía que era una forma de vengarse de su mujer y a mí no me importaba porque me lo pasaba  bien con ella, y además era muy buena en la cama—dijo tímidamente.  —¿Pero entonces a ella le cobrabas?  —Solo la parte de la compañía, cuando nos acostamos la primera vez yo le expliqué mis condiciones y le parecieron bien, conforme fueron pasando los días en que nos encontrábamos le dije que no quería cobrar, al fin y al cabo era muy poco tiempo el que pasábamos hablando y no me parecía bien, pero ella insistió en que mi tiempo valía tanto como el suyo y siguió pagándome.  —¿Y cuándo supiste que se había enamorado de ti?  —Tras unos cuantos encuentros noté que su comportamiento empezaba a cambiar, se mostraba cariñosa y empezó a preocuparse por cómo eran mis días, por mi vida, por mi historia. Empezó a llamarme a diario y a decirme que me echaba de menos. Fue ahí cuando me di cuenta de que para ella no era solo sexo, supe que sentía algo más por mí. Al principio intenté engañarme a mí misma pensando que solo eran imaginaciones mías, creo que fui bastante egoísta en aquel momento, a mí me gustaban aquellas sesiones de sexo y supongo que no quería perderlas—dijo con cierto sentimiento de culpabilidad  —pero una tarde mientras paseábamos me cogió de la mano y entonces lo tuve claro y se lo pregunté.  —¿Y ella qué te dijo?  —Pues lo que yo llevaba días temiendo, confirmó mis sospechas. Me dijo que no sabía en que momento se había enamorado de mí pero que lo tenía claro, que no me había dicho nada por miedo a que me alejara de ella y que se encontraba en trámites de divorcio. Independientemente de lo que yo le dijera no quería continuar con su mujer, eso me alegró, no se merecía sufrir por una mujer que pasaba de ella, pero por otro lado me entristeció porque desde ese momento iba a sufrir por mi culpa, yo no sentía lo mismo por ella y tenía que decírselo.  —¿Cómo se lo tomó?  —Pues bastante bien la verdad, me dijo que ella ya sospechaba que el sentimiento no era mutuo así que no la cogió por sorpresa. Esa tarde nos abrazamos durante no sé cuánto rato y nos despedimos para siempre. Casi un año después me enteré de que tenía pareja y que por lo visto estaban muy bien, sentí un alivio tremendo al saber que por fin alguien la amaba como se merecía.  —¿Has vuelto a verla después de aquello?

 —Me la encontré hace poco en un supermercado—dijo con una sonrisa enorme—iba con su chica, me invitaron a tomar un café con ellas y la verdad es que pasé una tarde muy agradable. Me alegra saber que por fin es feliz.

7 Eva Disfruté mucho escuchando las historias de Eva, me hubiera gustado que tuviera más de aquel tipo, me hicieron ver que era una mujer que no solo tenía las ideas claras sino que también se preocupaba por la gente, no era de aquellas a las que les gustaba hacer sufrir de forma gratuita. Aquí iba yo con mis preguntas mezcladas.  —¿Cómo es Eva cuando no trabaja? Arqueó las cejas y me miró divertida.  —Pues supongo que como ves ahora, me gusta la tranquilidad, puedo  pasarme tres días seguidos en casa a base de libros, vino, paseos por el jardín,  piscina y siesta.  —¿Películas no?  —Las películas prefiero verlas en el cine o en buena compañía, si estoy sola no pongo mucho la tele la verdad.  —¿Y cuando no estás en casa?  —Fuera de casa me encanta viajar, si algún día me retiro tengo pensado dar la vuelta al mundo sin prisas—dijo en un tono dulce y adorable—también me gusta el teatro, pasear, la playa, tomarme una cerveza en una terraza, no sé, creo que me adapto a cualquier cosa, menos ir de compras, eso me pone de  bastante mal humor—dijo riendo—pero quizá con lo que más disfruto es con los animales, suelo ir bastante a menudo a las protectoras para pasear a los  perros, me transmiten una paz que no soy capaz de expresar.  —¿Cómo es que no tienes ninguno? Teniendo en cuenta lo mucho que te gustan y el terreno que tienes…  —Porque los perros necesitan atenciones y compañía, hay veces que estoy fuera toda la semana, tengo unos horarios que desconcertarían a un animal. Por supuesto que me encantaría tenerlo, de hecho tendría una docena,  pero no traeré a ninguno a mí casa hasta que no pueda darle las atenciones que se merece. Adorable, simplemente adorable.

 —¿Y carácter? ¿Cómo te describirías? Aquí se mordió los labios y yo sentí una pequeña contracción entre las  piernas acompañada de un tremendo hormigueo. Otra vez…  —Mi amiga Laura siempre dice que tengo un carácter fuerte pero controlado, que solo lo saco cuando realmente es necesario, ya sabes—dijo riendo—tengo bastante paciencia, a veces creo que demasiada, no soy nada tímida y me considero una persona bastante decidida y con las ideas muy claras, la verdad es que no sé que más decirte…  —¿Y en el amor? Está pregunta sí que está, mira—dije señalándola en mi libreta mientras las dos nos reíamos.  —En el amor creo que soy bastante cariñosa y atenta, yo soy de las que si va, va con todo, pongo toda la carne en el asador, así que cuando me parten el corazón lo hacen a lo bestia. Como contra, me gusta recibir lo mismo que doy y soy bastante activa sexualmente. Mis bragas empapadas.  —¿Ser muy activa sexualmente es un problema?  —Suele acabar siéndolo, porque si la persona con la que estoy no lo es, llego a un punto en el que empiezo a sentir que me falta algo, no me siento completa por decirlo de alguna manera—por primera vez fue ella la que se ruborizó—ya sé que suena un poco feo decirlo pero supongo que para quienes somos así, el sexo tiene un peso importante en la balanza de la relación. Yo necesito ciertas dosis y si no las tengo me empieza a cambiar el carácter, digamos que me empiezo a poner de mal humor y esas cosas—dijo sonriendo. En eso yo cumpliría sin problemas, estaba segura, si por mi fuera me  pasaría los días enteros haciendo el amor con Eva Dabán.  —¿Ha habido algún gran amor en tu vida? ¿Alguien que haya marcado un antes y un después? Suspiró profundamente, tanto que si hubiera decidido no contestar a la  pregunta yo ya hubiera sabido que la respuesta era que sí, su mirada se volvió dulce y melancólica a la vez.  —Digamos que marcó un después, porque antes de ella no hubo nadie, fue mi primera novia y la mujer a la que más he querido hasta la fecha—afirmó.  —¿Cuánto hace de eso?  —Mucho, yo aún vivía en Barcelona—contestó sin darme una fecha exacta.  —¿Y por qué acabó?  —Acabó cuando tuve que venirme a Madrid con mi hermana, yo no podía

 permitirme quedarme y ella no podía venirse, se encontraba acabando la carrera y su padre le hubiera hecho la vida imposible, a ella, a mí y a mi hermana, ella vivía una situación muy complicada en su casa por aquel entonces.  —¿No os planteasteis seguir la relación a distancia?  —Sí, pero lo descartamos de mutuo acuerdo, ninguna de las dos nos sentimos con fuerzas de hablar solo por teléfono y vernos un fin de semana cada dos o tres meses que era lo máximo que hubiéramos podido conseguir  entonces. Las relaciones a distancia al final siempre acaban muriendo, poco a  poco el amor se va apagando hasta que termina. Así que decidimos no alargar  nuestra agonía y zanjar aquello de golpe—dijo con los ojos vidriosos.  —¿No has vuelto a verla o a saber de ella en todo este tiempo?  —A verla no, pero sí que supe de ella hace poco, me consta que acabó la carrera y que se ha convertido en alguien excelente en su trabajo, tiene pareja y se la ve muy feliz, así que me alegro muchísimo por ella. No se merecía todo lo que sufrió cuando yo la conocí.  —¿Pero no has hablado con ella personalmente?  —No, digamos que sé de ella a través de terceros.  —¿Cómo os conocisteis? Si no es mucho preguntar…  —En una cafetería cercana a la universidad en la que ella estudiaba, fue un año después de que murieran mis padres, yo empecé a trabajar en esa cafetería en verano y cuando el curso académico empezó ella apareció por  allí, creo que me enamoré en cuanto la vi cruzar la puerta el primer día—dijo sonriendo—las dos nos conocimos en un momento de nuestras vidas que no era nada bueno para ninguna y eso nos unió muchísimo, encontramos un apoyo inmenso la una en la otra y además nos queríamos con locura, así que mientras duró fue una maravilla.  —Lamento que tuviera que acabar—dije con sinceridad.  —Y yo, pero la vida es como es y hay que seguir adelante, ¿Podemos cambiar de tema?  —Claro—tuve la sensación de que aquello le dolía así que no insistí y  busqué la siguiente pregunta.  —¿Te han acosado alguna vez? Sabemos que las lesbianas somos muy entregadas—dije riendo—además de tus clientas tienes un ejército de fans, ¿Alguna vez te ha causado problemas de ese tipo tu fama?  —Tanto como problemas no, al menos no hasta la fecha. Sí que es cierto

que en ocasiones he recibido cartas y correos que daban un poco de miedo la verdad, de personas que creo que de algún modo se han imaginado algún tipo de historia conmigo y la han llevado un poco más allá.  —¿Y en esos casos que haces?  —Pues mira, al principio ese tipo de correos los contestaba, les explicaba de la mejor manera que eso que pensaban no iba a pasar jamás, pero en una ocasión una de esas cartas la recibí directamente en mi buzón y sin sello, una cosa es que por algún motivo que desconozco sepan dónde vivo y otra que se presenten aquí. Eso sí que me asustó, acudí a la policía y ellos me recomendaron no responder a ese tipo de correos así que desde entonces no lo he hecho.  —¿Y qué pasó con la carta del buzón?  —Nada, no volví a recibir ninguna más, la policía cree que posiblemente esa persona me vigilaba y al ver que acudí a la policía debió asustarse.  —Que miedo, ¿Cuánto hace de eso?  —Unos tres años.  —¿Y no te asusta pensar que pueda volver a pasar, o que esa persona siga  por ahí obsesionada?  —Sí, claro que sí, pero intento no pensar demasiado en esas cosas, tampoco quiero obsesionarme. Tras aquello instalé sistemas de seguridad en toda la casa y la verdad es que vivo bastante tranquila, de vez en cuando recibo alguno de esos correos pero tampoco le doy mucha importancia.

8 Confusión  —¿Quieres dar por acabada la entrevista?—dije al ver que miraba el reloj. Yo también lo miré, ya eran casi las seis de la tarde, la verdad es que  para no querer la entrevista, Eva se estaba portando de maravilla. Se lo pensó un poco antes de contestarme.  —No voy a dejar que me hagas todas las preguntas que dices que tienes  porque entonces estaríamos aquí hasta la semana que viene—dijo con su adorable sonrisa—pero si aún te quedan algunas que quieras hacerme no me importa seguir un rato más, total no tengo nada mejor que hacer…  —Me alegra entretenerte—dije algo ofendida.  —No quería decir eso Ali, perdona, me refiero a que estoy a gusto, para mi está siendo un día diferente, si tú no estás cansada por mi adelante.  —Yo estoy bien, en realidad solo me quedan un par de preguntas importantes, si te parece te las hago y damos por cerrada la entrevista…  —Perfecto. Hay Dios mío la siguiente pregunta.  —¿Cuánto—me atraganté—perdón. Cuánto cuesta pasar una hora con Eva Dabán?—alcé la vista sin levantar la cabeza, para tantear su reacción. Me miró contrariada, como si estuviera debatiendo en su interior si esa  pregunta era relevante para la revista o era cosa mía, para mí era las dos cosas, me interesaba a partes iguales.  —Yo no cobró por horas Ali, tengo un precio cerrado que únicamente varía en función de la persona que me contrata.  —¿No le cobras lo mismo a todas?  —Sí y no, si son clientas nuevas tengo un precio y si son repetidoras otro. También puede verse aumentado si pasa de cierta cantidad de horas o del tipo de evento, para mí no es lo mismo acompañar a alguien a una simple cena que acudir a un acto benéfico lleno a rebosar de gente.  —Entiendo, ¿Y cuál es ese precio?

 —Entre 20.000 € y 30.000 € pero esto tampoco quiero que lo publiques. Creo que con mi cara de ese momento podían inventar un emoticono nuevo para WhatsApp. Me entró la risa floja y me subieron unos calores tremendos, me puse en pie y la miré alucinada.  —¿En serio? ¿Eso por cuanto, por cinco o seis horas?—pregunté con un tono un poco más alto de lo habitual. Ella sonrió antes de contestar, supongo que le divertía mi reacción.  —Sí—dijo. Así, sin más oye, como quien te dice que tiene que ir al  baño…  —¡Dios mío!—grité—eso son unos cuatro o cinco mil euros la hora Eva.  —Si lo miras así, sí, más o menos va por ahí la cosa…  —¿Cuántos días a la semana trabajas?—ella no paraba de reírse.  —Pues depende, algunas semanas trabajo un par de días, otras toda la semana y otras no trabajo nada…—dijo encogiéndose de hombros. Mi gozo en un pozo, me hundí, si en algún momento me había planteado  pagar por su compañía mis posibilidades acababan de irse al traste. Resultó que los rumores de sus desorbitadas tasas eran ciertos.  —Vaya, eso me deja sin opciones—bromeé, aunque en cierto modo ya me daba igual que entendiera que también iba en serio. Me miró extrañada, como si acabara de darse cuenta de algo y su mirada se entristeció.  —A ti no te cobraría Ali, te acompañaría a donde quisieras gratis, pero supongo que no es eso lo que quieres ¿Verdad?  —¿Cómo sabes que no es eso lo que quiero?—pregunté con un nudo en la garganta. Me quité las gafas y las dejé en la mesa antes de sentarme de nuevo. Esa conversación estaba tomando un camino en el que yo sabía que iba a acabar  llorando y era mejor no tenerlas puestas, para no tener que limpiarlas luego y eso…Yo era una llorica innata, la lágrima fácil era uno de mis defectos y yo lo odiaba.  —Hace rato que te lo estoy notando, quería pensar que te incomodaban algunas respuestas o incluso las propias preguntas, pero ya veo que la cosa no va por ahí.  —Ya ves, soy así de imbécil, ayer estaba cabreada por tener que madrugar el domingo y dieciocho horas más tarde creo estoy enamorada de una mujer que no puede darme lo que quiero—dije intentando contener las lágrimas.

En un principio me miró contrariada, como si algo no le cuadrara, como si yo me estuviera convirtiendo en su enamorada número tres y no tuviera claro si realmente lo estaba o solo estaba confundida. La verdad es que ni siquiera yo lo sabía, pero todas esas sensaciones tan placenteras y extrañas que había estado sintiendo con ella durante todo el día acababan de ganarme la  partida, habían derribado mi muro y yo caí con él. Aun así, pese a sus sospechas, Eva fue terriblemente comprensiva conmigo.  —Por Dios Ali…—su mirada y su voz fueron tan dulces en ese momento que no pude contener las lágrimas—mierda, no llores por favor—se levantó, desapareció y volvió con un paquete de clínex, se agachó a mi lado y me entregó uno. Me sequé las lágrimas y me soné los mocos con ella a mi lado.  —No sabes cuánto lo siento Ali, si me hubiera dado cuenta habría parado la entrevista hace rato. Sabía que te ponía nerviosa pero pensé que era por lo tímida que eres, en ningún momento he llegado a pensar que empezabas a sentir algo por mí…  No era lo que yo quería oír pero parecía afectada y al menos era sincera.  —Hubiera sido tarde igualmente, creo que me he enamorado de ti en cuanto me has abierto la puerta.  —Joder Ali…te diría que me halagas, pero no sabes lo mal que me siento ahora mismo.  —No pasa nada, las personas no pueden tener siempre lo que quieren ¿no?—pregunté.  —No, no pueden…—susurró.  —Aunque si tú en algún momento llegases a sentir lo mismo que yo, tal vez podría adaptarme… Lo sé, sonó muy desesperado, pero realmente lo estaba, sabía que en cuestión de minutos saldría de allí y no volvería a verla más y eso solo hacía que tuviera más ganas de llorar.  —Las dos sabemos que eso no es así Ali, tú querrías una exclusiva y sabes que yo no te la daría.  —¿Ni siquiera te gusto un poco?—lloriqueé como una cría, al fin y al cabo supongo que es lo que era para ella. Una chica demasiado joven como  para entender y aceptar el tipo de vida que llevaba ella. Sonrió dulcemente ante mi pregunta, me cogió una mano entre las suyas. Joder que suaves eran.  —No se trata de eso Ali, me pareces una chica muy atractiva y me caes

muy bien la verdad, tal vez si nos conociéramos mejor y tuvieras unos pocos años más acabara sintiendo algo por ti, no lo sé. Pero eso ya no vamos a comprobarlo, no sabiendo que sientes algo por mí. No sabes cuánto siento esto de verdad. Además eres demasiado joven para entender ciertas cosas que  pasan en mi vida.  —¿Si no te hubiera dicho lo que siento por ti te hubieras acostado conmigo? Ale, toma pregunta. Ella se ruborizó un poco, sacó media sonrisa y arqueó las cejas.  —¡Joder! ¿Eso es que sí?—dije alarmada ante mi desgracia.  —No lo sé Ali, puede, supongo que sí, sí, si se hubiera dado el caso es muy posible que hubiera pasado, ya te he dicho que me pareces muy atractiva…  —Diosss, soy una bocazas—me reprendí yo sola.  —No digas tonterías, eres valiente, has sido muy valiente al confesar lo que sentías, te admiro de verdad, no sé si yo hubiese sido capaz en tan poco tiempo…—sonrió.  —¿Me besarías Eva? Solo un beso, no te pido nada más, deja que me lleve eso de aquí. ¿Qué me pasaba? ¿Me había vuelto loca? Yo no era así, pero sentía una necesidad imperiosa de saber que sentiría al besarla.  —Ali…  —Por favor Eva…—le rogué.  —No puedo hacerlo Ali, eso no te hará ningún bien te lo aseguro, es mejor dejar las cosas como están. Dejé caer la cabeza hacia atrás y la apoyé en el sillón, me quedé en silencio, dejando que las lágrimas resbalaran por mis mejillas sin molestarme en secarlas, me frotaba las manos nerviosa, no sabía si salir corriendo o hacerme un ovillo y llorar hasta quedarme seca.  —Ven, paseemos un poco por el jardín—dijo cogiendo mis manos y tirando de mí.  —Nooo—le pedí mientras me sorbía los mocos.  —Por favor Ali, te irá bien hazme caso. Cedí. Me levanté y ella me cogió de la mano, empezamos a caminar  descalzas por el jardín igual que habíamos hecho tan solo unas horas antes. La diferencia era que ahora caminábamos extremadamente despacio, en silencio, escuchando como la hierba crujía bajo nuestros pasos, dejando que la leve

 brisa caliente acariciara nuestros cuerpos. Caminamos así mucho rato, dando vueltas a la casa, ella me soltó la mano y pasó su brazo por encima de mis hombros, me besó la cabeza y seguimos caminando… Yo me calmé, me sentía mejor, mucho mejor, esos paseos me reconfortaban. Ella me reconfortaba. No dejaba de sorprenderme la reacción de Eva, lo más fácil para ella habría sido pedirme que me fuera de su casa y olvidarse de la niñata que acababa de declararle su amor, pero no lo hizo, en lugar de eso paseó conmigo para que yo me calmara, me transmitió su paz y su dulzura, su cariño y su afecto, dedicó su tiempo a consolarme. Me entristecía saber que no podía contarle al mundo lo maravillosa que era Eva Dabán.  —¿Sabes lo que creo?—dijo sin que dejáramos de andar y sin quitar su  brazo de mis hombros.  —No—contesté sonriendo—¿Qué crees?  —Que no te has enamorado de mí—me besó la frente con ternura.  —¿A no?—pregunté con cara de póker.  —No—dijo con su sonrisa—creo que te has encaprichado, es parecido,  pero es diferente. Tal vez tuviera razón, Eva era objeto de deseo de muchas lesbianas, yo me incluía entre ellas, tal vez el hecho de haber tenido la oportunidad de conocerla mezclado con lo mucho que me había gustado su personalidad me estuvieran jugando una mala pasada, haciéndome confundir el amor con el deseo, porque eso sí que lo tenía claro, la deseaba, la deseaba muchísimo.  —Ojalá sea eso—sonreí aliviada, pasé mi brazo por detrás de su cintura y la besé en la mejilla. Ella me sonrió. Seguíamos caminando, hubiese caminado hasta el fin del mundo con ella, con aquella paz, aquella tranquilidad y aquella seguridad que Eva me transmitía.  —Ya verás como sí, esto te durará unos días y luego te reirás—nos reímos las dos.  —¿Te podré llamar algún día? Cuando se me pase digo, para tomar un café o una cerveza, no hace falta quedar aquí si te incomoda, podemos quedar  en un bar, me gustaría que fuéramos amigas Eva, te prometo que me comportaré como una adulta—bromeé.  —Me encantaría que lo hicieras Ali, y yo no he dicho que seas una cría, solo que eres muy joven, no es lo mismo—sonrió.  —Para no ser una cría menudo día te estoy dando…—dije agachando la cabeza.

Ella sonrió, se detuvo frente a mí y se metió las manos en los bolsillos del pantalón.  —Ojalá que todo lo malo que me pasase fuera que una chica preciosa viniera a mi casa a entrevistarme y acabara diciéndome que le gusto—dijo guiñándome un ojo. Las dos empezamos a reírnos y a caminar hacia el interior de la casa.

9 La realidad de Ali  —Aún me quedaba una pregunta para cerrar la entrevista Eva, ¿Te importa que te la haga?—dije mientras recogía mi libreta del sillón.  —No, claro que no, dime…  —Si volvieras atrás en el tiempo, a cuando tenías veintiséis años y tuvieses la oportunidad de elegir otra vez ¿Elegirías lo mismo? ¿Volverías a escoger esta vida? Volvió a arquear las cejas. Que sexy se ponía cuando hacía eso, joder.  —Pues no sé que contestarte chica—suspiró profundamente—pero supongo que sí…creo que sí que escogería esta vida Ali, tal vez no sea el trabajo más prestigioso del mundo pero a mí me ha dado muchas cosas buenas,  malas también —sonrió—pero creo que la balanza de las buenas compensa, he crecido mucho como persona y he conocido a gente increíble por el camino, he sido confidente de historias maravillosas y he disfrutado con lo que hacía.  No me arrepiento de la decisión que tomé, así que pienso que volvería a tomarla. Sonreí, apagué la grabadora y empecé a recoger mis cosas.  —¿Te puedo hacer yo una pregunta?—dijo curiosa.  —Claro que puedes, ¿Qué pregunta?—contesté intrigada.  —¿Por qué te cae mal tu jefa?  No pude evitar reírme antes de contestar.  —Bueno no sé—dije encogiéndome de hombros—me suele tratar como si fuera una inútil, me grita y no me respeta, a veces creo que me tiene allí por   pena, nunca valora mi trabajo, no sé Eva, a veces pienso que realmente no sirvo para esto.  —No digas gilipolleces Ali, a mí me has parecido una periodista estupenda, tímida, bonita y estupenda—dijo sonriendo—estoy segura de que en el fondo sí que te valora, esa mujer es sumamente desagradable pero es inteligente, por eso te tiene en su equipo, porque sabe lo mucho que vales.  —¿La conoces?—pregunté aun más intrigada.

 —Coincidí con ella una vez, a mí tampoco me cayó muy bien la verdad,  pero como te digo me pareció inteligente—dijo guiñándome un ojo. Caminamos juntas hasta la puerta de entrada, yo la abrí y ella apoyó la espalda en el marco y el culo en sus manos.  —Muchas gracias por todo Eva, supongo que Rebeca te llamará para las fotos y yo te pasaré una copia de la entrevista cuando la tenga maquetada, para que le des el visto bueno o corrijamos cualquier detalle que consideres oportuno—dije contemplando su rostro. El sol ya empezaba a caer y su figura se veía ligeramente ennegrecida, no  pude reprimir las ganas que tenía de besarla, así que lo hice, lo hice despacio, muy despacio, para que viera mis intenciones y me detuviera si deseaba hacerlo, yo no podía, mis labios tenían vida propia y mi cuerpo los seguía obediente, ella no se movió, Eva dejó que me acercara. Coloqué mi mano derecha en su cintura y la izquierda en su cara, paseé mis dedos por detrás de su oreja y la atraje despacio mientras yo me acercaba más, separé ligeramente los labios y ella me imitó justo antes de que mi lengua se colara por su abertura y mis labios sellaran el agujero. Sentí una excitación tremenda y su cuerpo reaccionó de la misma forma, agarró mi cara con las dos manos y me mantuvo pegada a sus labios mientras devoraba los míos, jugamos con nuestras lenguas, dejando que chocaran y resbalaran dentro de nuestras  bocas, nos dimos infinitos besos, saboreé sus labios hasta quedarme sin aire y casi sin sentido, y entonces pasó, Eva se separó y me besó en la frente.  —Gracias—susurré mientras me abrazaba a ella.  —A ti—contestó devolviéndome el abrazo—cuídate Ali.  —Tú también Eva… Le sonreí y me marché.

***

La entrevista se publicó dos semanas después, el éxito fue brutal, como  previsión por las ventas esperadas Rebeca lanzó casi el doble de ejemplares aquella semana, se agotaron en siete horas. Dos días después mi espeluznante efa me anunció que había decidido subirme el sueldo por el excelente trabajo

que había hecho con Eva y contratar a otra chica para que me ayudara con la sección. Me alegre mucho, no puedo negarlo, pero a la vez no puedo dejar de  pensar que tras ese aumento de sueldo y ese repentino cumplido acerca de mí trabajo se esconde la influencia de Eva, más que nada porque Rebeca además de fea y desagradable es una rácana. Creo que Eva tenía razón, confundí lo que sentía por ella, tras varios días encerrada en mí despacho trabajando como una posesa para que su entrevista tuviera el aspecto que merecía me di cuenta de una cosa, la echaba de menos,  pero no porque me hubiera enamorado de ella, la echaba de menos porqué me  pareció la persona más increíble que había conocido nunca, me había encantado hablar con ella y ser confidente de algunos de sus secretos más íntimos, echaba de menos su forma de afrontar la vida, su expresión siempre sonriente y calmada, pasear con ella por el jardín, su seguridad, sus  principios, su emotividad y su empatía. Creo que confundí el amor con la admiración, porque realmente la admiraba, ojala yo tuviese la mitad del coraje que tenía ella. Eva Dabán había marcado un antes y un después en mi vida, me dio un referente, un modelo a seguir, alguien en quien inspirarme cuando me fallaran las fuerzas y la motivación, alguien en quien apoyarme cuando me sentía perdida. Eva no me mintió, dos meses después de la publicación de la entrevista me armé de valor y la llamé, quería invitarla a comer como muestra de agradecimiento por todo lo que sin saberlo, ella había hecho por mí. Aceptó (aunque después no me dejó pagar), comimos en la terraza de un carísimo restaurante y pasamos el resto de la tarde charlando en el jardín de su casa. No volvimos a besarnos, nos hicimos amigas, no de esas que se ven cada día y hablan de cualquier cosa, amigas de esas que se ven de vez en cuando y aun así es como si se hubiesen visto el día anterior. Que nadie se equivoque, sexualmente la deseaba como una loca, pero no como una loca enamorada, sino como alguien que sabe reconocer un cuerpo atractivo y desea fundirse en él, la deseaba tanto como cualquier otra mujer  que tuviera ojos en la cara y supiera quien era Eva Dabán.

FIN

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