Libro Core

August 1, 2017 | Author: Cristhian G. Cruz Manzano | Category: Psychotherapy, Psychoanalysis, Love, Psychology & Cognitive Science, Homo Sapiens
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Descripción: Maravilla...

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CORE ENERGÉTICA Una psicoterapia corporal y espiritual

Mirna Luz Molina Ramos

Elaboración de Libro de texto para IUCR. Responsable: Ma. Julia Serrano V. Directora de Investigación. Elaborado por Mirna Luz Molina Ramos. Edición: DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, Puebla. Este material ha sido elaborado con propósitos didácticos, sin fines lucrativos. Se reservan los derechos de uso para IUCR, Puebla. D.R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

I Índice

Introducción

IX

Características del curso

X

Organización de los contenidos

XI

Relación con otras asignaturas

XII

Orientaciones didácticas

XIII

Sugerencias para la evaluación

XIV

Propósitos generales

XIV

Organización por capítulos

XV

Capítulo 1. Introducción a la Core Energética

XV

Objetivo general

XV

Objetivos específicos

XV

Contenido

XV

Bibliografía

XVI

Capítulo 2. Amor, Eros y Sexualidad

XVII

Objetivo general

XVII

Objetivos específicos

XVII

Contenido

XVII

Bibliografía

XVIII

Capítulo 3. Niveles de personalidad humana

XIX

Objetivo general

XIX

Objetivos específicos

XIX

Contenido

XIX

Bibliografía

XX

Capítulo 4. Niveles de conciencia

XXI

Objetivo general

XXI

Objetivos específicos

XXI

Contenido

XXI

Bibliografía

XXII

Capítulo 5. Caracterología Objetivo general

XXIII XXIII

II Objetivos específicos

XXIII

Contenido

XXIII

Bibliografía

XXIV

Capítulo 6. La intervención corporal en Core Energética

XXV

Objetivo general

XXV

Objetivos específicos

XXV

Contenido

XXV

Bibliografía

XXVI

Capítulo 7. El proceso en Core Energética

XXVII

Objetivo general

XXVII

Objetivos específicos

XXVII

Contenido

XXVIII

Bibliografía

XXVIII

1. Core Energética: Una psicoterapia corporal y espiritual

1

Introducción

1

Objetivo general

2

Objetivos específicos

2

Mapa conceptual

3

1.1 Core Energética

4

1.2 El Core

7

1.3 Antecedentes de la Core Energética

8

1.3.1 Psicoanálisis

8

1.3.2 Trabajo reichiano

9

1.3.3 Análisis bioenergético

10

1.3.4 Valores humanistas

12

1.3.5 Psicología transpersonal

13

1.3.6 Acerca de la energía

14

1.3.7 El método Pathwork

17

1.3.8 Energía y conciencia

19

1.3.9 Campo y centros de energía

27

1.3.10 La espiral

29

III 1.3.11 John C. Pierrakos

31

Conclusiones

35

Resumen

36

Cuestionario

37

Ejercicios reflexivos

37

Dinámicas corpo-energéticas

38

Ejercicio I

38

Ejercicio II

38

Sugerencias para el facilitador

38

Bibliografía

39

2. Amor, Eros y Sexualidad

40

Introducción

40

Objetivo general

40

Objetivos específicos

40

Mapa conceptual

41

2.1 Eros: La fuerza de la transformación

42

2.2 Sexualidad: la fuerza creativa

44

2.3 Amor: la fuerza unificadora

48

Conclusiones

51

Resumen

52

Cuestionario

53

Ejercicios reflexivos

53

Dinámicas corpo-energéticas

54

Ejercicio I

54

Sugerencias para el facilitador

53

Bibliografía

55

3. Niveles de personalidad humana

56

Introducción

56

Objetivo general

56

Objetivos específicos

57

Mapa conceptual

57

IV 3.1 Cuerpo

58

3.2 Emociones

61

3.3 Mente

62

3.4 Voluntad

65

3.5 Espiritualidad

66

Conclusiones

67

Resumen

67

Cuestionario

69

Ejercicios reflexivos

69

Dinámicas corpo-energéticas

70

Sugerencias para el facilitador

70

Bibliografía

72

4. Niveles de conciencia

73

Introducción

73

Objetivo general

73

Objetivos específicos

73

Mapa conceptual

74

4.1 Máscara

75

4.2 Ser Inferior

80

4.3 Ser Superior

88

Conclusiones

91

Resumen

91

Cuestionario

92

Ejercicios reflexivos

93

Dinámicas corpo-energéticas

94

Ejercicio I

94

Ejercicio II

94

Sugerencias para el facilitador

95

Bibliografía

96

5. Caracterología

97

Introducción

97

V Objetivo general

97

Objetivos específicos

97

Mapa conceptual

98

5.1 Caracterología 5.2 Carácter esquizoide

99 104

5.2.1 Etiología

104

5.2.2 Energía y conciencia

105

5.2.3 Cuerpo

106

5.2.4 Emociones

108

5.2.5 Mente

109

5.2.6. Voluntad

110

5.2.7 Espiritualidad

111

5.2.8 Máscara

111

5.2.9 Ser Inferior

111

5.2.10 Ser Superior

112

5.2.11 Core

112

5.2.12 Tarea de vida

112

5.3 Carácter oral

112

5.3.1 Etiología

112

5.3.2 Energía-conciencia

113

5.3.3 Cuerpo

114

5.3.4 Emociones

115

5.3.5 Mente

117

5.3.6 Voluntad

118

5.3.7 Espiritualidad

119

5.3.8 Máscara

119

5.3.9 Ser Inferior

120

5.3.10 Ser Superior

120

5.3.11 Core

120

5.3.12 Tarea de vida

120

5.4 Carácter masoquista

121

VI 5.4.1 Etiología

121

5.4.2 Energía y conciencia

121

5.4.3 Cuerpo

122

5.4.4 Emociones

123

5.4.5 Mente

124

5.4.6 Voluntad

126

5.4.7 Espiritualidad

126

5.4.8 Máscara

126

5.4.9 Ser Inferior

127

5.4.10 Ser Superior

127

5.4.11 Core

127

5.4.12 Tarea de vida

127

5.5 Carácter psicopático

127

5.5.1 Etiología

127

5.5.2 Energía y conciencia

128

5.5.3 Cuerpo

129

5.5.4 Emociones

130

5.5.5 Mente

131

5.5.6 Voluntad

132

5.5.7 Espiritualidad

133

5.5.8 Máscara

133

5.5.9 Ser Inferior

133

5.5.10 Ser Superior

134

5.5.11 Core

134

5.5.12 Tarea de vida

134

5.6 Carácter rígido

134

5.6.1 Etiología

134

5.6.2 Energía y conciencia

135

5.6.3 Cuerpo

137

5.6.4 Emociones

138

5.6.5 Mente

140

VII 5.6.6 Voluntad

141

5.6.7 Espiritualidad

141

5.6.8 Máscara

142

5.6.9 Ser Inferior

142

5.6.10 Ser Superior

143

5.6.11 Core

143

5.6.12 Tarea de vida

143

5.7 Core Energética y caracterología

144

Conclusiones

145

Resumen

146

Cuestionario

146

Ejercicios reflexivos

147

Dinámicas corpo-energéticas

147

Sugerencias para el facilitador

148

Bibliografía

149

6. La intervención corporal en Core Energética

150

Introducción

150

Objetivo general

150

Objetivos específicos

150

Mapa conceptual

151

6.1 Lectura corporal

152

6.2 Movimiento

154

6.3 Respiración

155

6.4 La respiración de staccato

157

6.5 Arraigo

158

6.6 Rodillo

161

6.7 Masaje

163

6.8 Raqueteo

164

6.9 Meditación

165

6.10 Sanación espiritual

166

Conclusiones

166

VIII Resumen

167

Cuestionario

169

Ejercicios reflexivos

169

Ejercicios corpo-energéticas

170

Sugerencias para el facilitador

170

Bibliografía

171

7. El proceso en Core Energética

172

Introducción

172

Objetivo general

173

Objetivos específicos

174

Mapa conceptual

174

7.1 Etapas del proceso

174

7.1.1 Penetrando la máscara

175

7.1.2 Liberando al Ser Inferior

177

7.1.3 Centrándose en el Ser Superior

180

7.1.4 Plan de vida

181

Conclusiones

182

Resumen

183

Cuestionario

183

Ejercicios reflexivos

184

Sugerencias para el facilitador

184

Bibliografía

184

IX Introducción La Core Energética, método psicoterapéutico con enfoque corporal y transpersonal, es un sistema de enseñanza-aprendizaje que abarca al ser humano en su totalidad: su cuerpo físico, su mente, su alma y su espíritu, en lo más interno de su esencia. Esta propuesta, desarrollada en Estados Unidos a partir de los años 70 por el Dr. John C. Pierrakos, se ha expandido a diferentes países del mundo en un proceso de evolución constante. Es así como en 1989 Pierrakos inicia en México el primer grupo de entrenamiento, coordinado por la Mtra. Ilse Kretzschmar, quien más tarde se convirtió en la Directora del Instituto Core Energética de México. Las tesis fundamentales que dan soporte a la Core Energética son: 1. La persona es una unidad, una entidad psicosomática y espiritual. 2. La fuente de curación y la capacidad de amar están dentro del ser y no en agentes externos. 3. Toda existencia forma una unidad que se dirige hacia una evolución creativa. En la entidad humana, dicha evolución consiste en la transformación profunda de los aspectos negativos de la personalidad hacia una totalidad creativa, a ser uno con su propio Ser interno. En un movimiento de trascendencia que parte de lo individual para, finalmente, abarcar la conciencia de unicidad con el todo. Por otra parte, es preciso destacar que la Core Energética es un proceso profundo que trabaja a través de las dimensiones de energía y conciencia en constante movimiento, con el fin de desarmar y transformar el sistema de defensa individual y llegar al núcleo esencial o core, que es el nivel de conciencia más profundo del corazón. Es más que una psicoterapia, es una filosofía y un camino de trabajo personal, que fomenta la expansión de la conciencia y la Verdad, el Amor y la Compasión, cualidades a desarrollar todos los días, y que ayudan a descubrir el propósito principal de nuestra vida. De este modo, el mérito de la Core Energética es el trabajo intenso y profundo a nivel corporal y energético de nuestros aspectos oscuros, negativos y destructivos, para así descubrir el potencial creativo de nuestra verdadera naturaleza, a través del sentir, de la vivencia, de pulsar en ello. De este modo, representa una de las principales propuestas de la Psicoterapia Humanista, privilegiando el trabajo con el cuerpo y la energía y fomentando los valores de libertad, responsabilidad, respeto y amor por la vida, trabajando para la expansión de la conciencia y la conexión con el Ser interior, para así crear un mundo mejor,

X centrado en la intención positiva de cultivar el amor a nosotros mismos, al conocimiento, a lo que nos rodea.

Características del curso La clase Psicocorporal III (o Core Energética) pretende servir de modelo introductorio para dar a conocer al estudiante este enfoque psicoterapéutico corporal, sus bases, fundamentos teóricos e históricos y su filosofía, así como lograr relacionar los conceptos y principios teóricos de las asignaturas precedentes, para vincularlos con las innovaciones metodológicas de dicho enfoque. A partir de la lectura del libro de texto, el análisis de los contenidos, la discusión abierta intergrupal y la práctica vivencial, se intenta que los alumnos pueda incorporar los conceptos, familiarizarse con los objetivos del proceso psicoterapéutico e integrar la noción de conciencia y energía al trabajo psicocorporal y espiritual. El curso se orienta a ofrecer una experiencia teórico vivencial del proceso individual y grupal en Core Energética, utilizando como punto de referencia los trabajos personales que se lleven a cabo durante la sesión para ejemplificar la práctica y el método. Así mismo, se modelará el uso de los recursos físicos terapéuticos para el trabajo integrativo corporal, tomando como apoyo la demostración a partir del uso del colchón, la raqueta y en su caso, del rodillo. Los contenidos y las actividades que forman parte de la materia están diseñados para brindar la posibilidad al estudiante de asimilar, comprender y analizar los fundamentos y principios de la Core Energética. Durante la presentación de los temas (explicados en los capítulos de este libro) se revisarán todos los aspectos técnicos y teóricos que están relacionados con el cómo del proceso en Core Energética, que a su vez serán integrados como herramientas de trabajo, muy útiles en la conformación profesional del futuro psicoterapeuta humanista. En esta materia, los estudiantes analizarán, en sus dimensiones teóricas y vivenciales, cada uno de los temas descritos. Se pretende involucrarlos terapéuticamente para que reconozcan en su propio proceso la veracidad de la propuesta de la Core Energética. A través de este trabajo terapéutico profundo, se intenta contribuir a depurar su historia de conflictos y asuntos inconclusos, apoyando el desarrollo de su potencial humano.

XI Organización de los contenidos El presente libro abarca, desde los orígenes y eventos históricos que precedieron a la creación de la Core Energética, hasta la forma en que se lleva a cabo el proceso en Core, todo esto dividido en siete capítulos. En el capítulo 1, “Introducción a la Core Energética”, se expone cada uno de los enfoques psicológicos y psicoterapéuticos que antecedieron, influyeron y aportaron sustento epistemológico al desarrollo del tema de estudio, y que son las bases de trabajo, con el fin de que el alumno cuente con un marco teórico sólido de referencia. Para ello, se revisa el Psicoanálisis, el trabajo Reichiano, el análisis Bioenergético, los valores humanistas, la psicoterapia transpersonal, temas relacionados con la energía y la conciencia, el Pathwork y se presenta una breve biografía de John C. Pierrakos. En el capítulo 2, “Amor, Eros y Sexualidad”, se presenta y se amplía la información sobre las dimensiones de la fuerza de la vida, que se manifiesta en estos tres aspectos diferentes, conociendo su valía y riqueza, las formas en que el individuo se defiende de experimentarlas (o cómo las bloquea) y las consecuencias de esta situación. En el capítulo 3, “Los niveles de la personalidad humana”, se profundiza en el estudio de los cinco niveles descritos por John C. Pierrakos, que incluyen el conocimiento de la manifestación y expresión corporal, la importancia del trabajo con las emociones, tanto negativas como positivas, el sistema de creencias y las formas recurrentes de pensamiento, así como la discriminación entre la voluntad activa o del ego versus la voluntad receptiva o del corazón, la relevancia de la conexión espiritual y la trascendencia de conocer el sentido de la propia vida. Las apariencias y falsedades de la personalidad se verán enfrentadas con la verdad asumida y abierta de los alumnos, en la medida que también puedan aceptarse, expresarse y manifestarse los aspectos más oscuros de sí mismos y con ello poder experimentar la realidad más sublime, amorosa y profunda del ser superior, todo ello revisado, analizado y comprendido en el capítulo 4: “Los niveles de conciencia”, diseñado para confrontar a los alumnos de manera que perciban cómo se relacionan consigo mismos, con los seres humanos que les rodean, con el mundo espiritual, con la naturaleza y con todo lo vivo, y al mismo tiempo, que reflexionen sobre los posibles efectos o consecuencias de vivir instalados en un determinado nivel de conciencia. De igual manera, conocer los mapas caracteriales de la personalidad, descritos en el capítulo 5, “Caracterología”, es un aspecto de vital importancia para poder realizar la intervención psicoterapéutica corporal. Aquí se exponen las

XII implicaciones etiológicas, el manejo de la energía y la conciencia, las manifestaciones físicas, emocionales y mentales del ego y la espiritualidad, así como las formas específicas de la máscara del Ser Inferior y la tarea de vida del Ser Superior. Se estudian, además, las cinco caracterologías descritas por el trabajo psicocorporal de W. Reich, de la Bioenergética y los aportes de la Core Energética. Dichos patrones, o sistemas de defensa caracterial, corresponden a un determinado tipo de estructura (esquizoide, oral, masoquista, psicopática o rígida). En el capítulo 6, “Intervención psicocorporal y energética”, se ahonda en los aspectos importantes del manejo del arraigo, la respiración, el uso del rodillo, los beneficios del masaje y la guía y práctica de la meditación. Se pretende que el alumno pueda reflexionar que es una entidad integrada, de manera que al momento de trabajar energéticamente con su cuerpo, tenga la posibilidad de hacerse más consciente su respiración y también de reconocer emociones y pensamientos inconscientes. Al salir a la luz estos aspectos, se liberará del pasado y podrá vivir con más plenitud en su presente y con mayor conciencia. Aquí se detallarán, además, los usos, precauciones y pertinencias para realizar la intervención corporal. El capítulo siete, “El proceso en Core Energética”, busca que los alumnos integren, incorporen y asimilen toda la información recibida y puedan contar con pistas, estrategias y recomendaciones para conocer paso a paso el proceso en Core Energética. Es importante resaltar que esto no les autoriza a ser llamados terapeutas en Core, pero sí les permite que conozcan el procedimiento que se sigue durante el trabajo corporal.

Relación con otras asignaturas Como parte de la currícula de la Maestría en Psicoterapia Humanista, existen tres asignaturas previas que dan sustento, fundamentación y secuencia a la materia que nos compete en esta ocasión: Psicología de Gestalt, Vegetoterapia Caracteroanalítica o Psicocorporal I y Bioenergética o Psicocorporal II. La Gestalt le aporta a los alumnos datos importantes, como la autoregulación organísmica, la teoría de figura-fondo, el ciclo de satisfacción de las necesidades, los mecanismos defensivos, el revivir en el presente para resolver el pasado, el privilegiar la experiencia en lugar de la mente y la confianza en el ser interno para salir de sus atolladeros, neurosis o juegos falsos. La Vegetoterapia Caracteroanalítica permite que los alumnos estudien la relación mente -cuerpo, la conexión psicosomática, la bioenergía, el análisis de las

XIII resistencias, los segmentos del cuerpo, la conformación de la coraza muscular y su correspondiente psicológica; los actings neuromusculares, sus cuidados y precauciones. La Bioenergética contribuye al estudio de temas relevantes como son el principio del placer, el principio de realidad, las estructuras de carácter y sus implicaciones físicas, etiológicas, psicológicas y emocionales, así como el arraigo, la respiración, el contacto y los ejercicios bioenergéticos. Con base en estas tres materias, el alumno podrá tener un panorama amplio de cómo ha ido evolucionando el método psicocorporal, sus orígenes, sus principales autores, conceptos y teorías, así como sus métodos innovadores y estrategias terapéuticas. Además, le permitirá familiarizarse con un lenguaje común, así como revisar la importancia del papel que juegan los terapeutas y las destrezas a desarrollar para realizar el análisis del carácter o neurosis, siendo todo esto la finalidad de dichos enfoques.

Orientaciones didácticas El curso se apoya en el presente libro de texto, que al final de cada capítulo ofrece las respectivas referencias bibliográficas que pueden servir de guías, tanto para el facilitador como para los participantes, para lograr profundizar en cada uno de los temas. Incluye, además, cuestionarios, actividades reflexivas y ejercicios vivenciales, que favorecen la apropiación de los conceptos y prácticas de la Core Energética. Asimismo, el propósito de esta asignatura es que el estudiante de la Maestría en Psicoterapia Humanista: 1. Se introduzca en el conocimiento de esta propuesta psicoterapéutica. 2. Conozca y aplique algunos de los recursos terapéuticos que se enseñan durante el curso. 3. Desarrolle habilidades para trabajar con el cuerpo y realice el análisis caracterológico y de los niveles de conciencia humanos para enriquecer su práctica terapéutica. 4. Asimile y evalúe las aportaciones específicas de la Core Energética a la Psicoterapia Humanista.

XIV 5. Considere esta contribución psicoterapéutica en el alivio del sufrimiento humano y en el desarrollo trascendente de la persona a diversos niveles: individual, en familia, 1en su sociedad, con la naturaleza y el universo.

Sugerencias para la evaluación Los criterios y procedimientos de evaluación del curso serán los descritos en la planeación didáctica de esta materia, considerando si el estudiante ha adquirido los conocimientos teórico-prácticos que fundamenten el enfoque de la Core Energética, así como si han desarrollado las habilidades de comprensión y análisis de las distintas temáticas desarrolladas. Es pertinente aclarar que este un curso da a conocer a los estudiantes la propuesta de la Core Energética como psicoterapia corporal y espiritual dentro del programa de la Maestría en Psicoterapia Humanista, pero que bajo ninguna circunstancia los capacita para desarrollar el trabajo de un psicoterapeuta corporal deliberadamente entrenado para ejercer la práctica clínica.

Propósitos generales A partir del desarrollo de los temas y los ejercicios propuestos en el contenido del presente trabajo, se pretende que los estudiantes: 1. Se introduzcan en el conocimiento de la teoría de la personalidad propuesta por la Core Energética. 2. Comprendan y evalúen el aporte específico de la Core Energética a la Psicoterapia Humanista. 3. Desarrollen habilidades para trabajar con el cuerpo para enriquecer su práctica psicoterapéutica.

XV Organización por capítulos Capítulo 1. Introducción a la Core Energética Objetivo general Dar a conocer los antecedentes, fundamentos teóricos y los conceptos básicos de la propuesta psicoterapéutica corporal y espiritual de la Core Energética.

Objetivos específicos Que el estudiante: 1.1 Se introduzca en el nuevo paradigma que ofrece la visión psicocorporal y espiritual de la Core Energética y en su enfoque, integrador de todos los niveles de existencia. 1.2 Reconozca el trabajo corpo-energético de la Core Energética y que clarifique el proceso psicológico, somático y transpersonal del enfoque. 1.3 Estudie, aprenda y diferencie el enfoque psicoterapéutico de la Core Energética de otras formas de psicoterapia. 1.4 Conozca que la intervención psicoterapéutica se da a niveles psicodinámicos, de análisis caracterológicos, de trabajo corporal, energético y espiritual en la búsqueda de soluciones, de salud, bienestar y realización de la persona que desea sanación y crecimiento personal. 1.5 Descubra en sí mismo, a través de ejercicios vivenciales y prácticas psicocorporales, su ser energía, su pulsación de vida y las corrientes de vida. Contenido • • • • • • • • • • •

Introducción Core Energética El Core Antecedentes John. C. Pierrakos Conclusiones Resumen Cuestionario Ejercicios reflexivos Dinámicas corpo-energéticas Sugerencias para el facilitador

XVI Bibliografía Boyesen, G. (1984). Entre psyché et soma. Francia: Payot. Brennan, B. A. (1993). Manos que curan. México: Roca. Chopra, D. (2007). Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo. México: B. DeMeo, J. (1996). Manual del acumulador de Orgón. España: Publicaciones Orgón. Gaueko, B. (2004). http://www.druidnetwork.net Gribbin (2004). Física cuántica. México: Planeta. Grof, S. (1994). La mente holotrópica. España: Kairos. Kretzschmar, I. (2007). “Comunicación personal”. Primer Congreso Nacional de Core Energética. Lowen, A. (1987). Bioenergética. México: Diana. Lowen, A. (1993). La espiritualidad del cuerpo. México: Paidós. Molina, M. L. (2007). Sí a la vida tal como es. México: ACD. Pearls, F. (1986). El enfoque gestáltico y testimonios de terapia. Chile: Cuatro Vientos. Pierrakos, E. y Thesenga, D. (2000). Encontrando a Dios en mi interior. México: Pax. Pierrakos, J. (1990). Core Energetics. U.S.A: Life Rhythm. Pierrakos, J. (1992). Comunicación personal en la formación de Core Energética. México. Pierrakos, J. (1997). Eros, Love & Sexuality. USA : Life Rhythm. Raknes, O. (1991). Wilhelm Reich y la ergonomía. España: Publicaciones Orgón. Reich, W. (1991). La función del orgasmo. México: Paidós. Reich, W. (2001). Análisis del carácter. (2da. ed.). México: Pax. Serrano, X. (2001). Al alba del siglo XXI. España: Publicaciones Orgón. Vaughan, F. (1997). Sombras de lo sagrado. España: Gaia.

XVII Capítulo 2. Amor, Eros y Sexualidad Objetivo general Contribuir a la reflexión, comprensión y reconocimiento de las fuerzas del Amor, el Eros y la Sexualidad.

Objetivos específicos Que el estudiante: 2.1 Discrimine cada una de estas tres fuerzas de vida. 2.2 Tenga conocimiento y claridad de las consecuencias de reprimir, negar y distorsionar estas fuerzas, así como las consecuencias positivas de permitirse descubrirlas, vivirlas e integrarlas como parte de sí mismo y de su sentido de vida. 2.4 Establezca la diferencia que hace el ser consciente de la influencia de estas tres fuerzas durante el trabajo de acompañamiento psicoterapéutico.

Contenido • • • • • • • • •

Eros: la fuerza de la transformación Sexualidad: La fuerza creativa Amor: La fuerza unificadora Conclusión Resumen Cuestionario Ejercicios reflexivos Dinámicas corpo-energéticas Sugerencias para el facilitador

XVIII Bibliografía Buber, M. (2002). Yo y tú. Argentina: Nueva Visión. Osho. (1992). Tantra: la suprema sabiduría. España: Tomo II. Pierrakos, E. (1993). Del miedo al amor. México: Pax. Pierrakos, J. (1986) Core Energetics. U.S.A.: Life Rhythm. Pierrakos, J. (1997). Eros, Love & Sexuality. U.S.A.: Life Rhythm. Reich, W. (1991). La función del orgasmo. México: Paidós. Sartre, J.P. (2007). El existencialismo es un humanismo. México: Quinto sol. Vaughan, F. (1997). Sombras de lo sagrado. España: Gaia. Wilber, K. (1997). El proyecto Atman. España: Kairos.

XIX Capítulo 3. Niveles de personalidad humana Objetivo general Conocer, aprender e integrar al conocimiento previo la visión holística en los fundamentos y la intervención psicoterapéutica de la Core Energética.

Objetivos específicos Que el estudiante: 3.1 Discrimine y reconozca cada nivel de personalidad en el ser humano, en su humanidad. 3.2 Descubra (intelectual y vivencialmente) la unicidad psicosomática que cada ser humano es. 3.3 Aprenda a identificar las perturbaciones y necesidades de cada nivel de personalidad.

Contenido • • • • • • • • • • • •

Introducción Cuerpo Emociones Mente Voluntad Espiritualidad Conclusiones Resumen Cuestionario Ejercicios reflexivos Dinámicas corpo-energéticas Sugerencias para el facilitador

XX Bibliografía Reich, E. (1999). Bioenergética suave. España: Abraxas. Shapiro, D. (1991). Cuerpo-mente: la conexión curativa. España: Robin Book. Baumgardner, P. (1982). Terapia Gestalt. México: Pax. Brennan, B. A. (1994). Hágase la luz. México: Roca. Dalai Lama. (2006). El universo en un solo átomo. México: Grijalbo. Pierrakos, J. (1990). Core Energetics. U.S.A.: Life Rhythm Publication.

XXI Capítulo 4. Niveles de conciencia Objetivo general Obtener, a partir de este mapa de la conciencia, los elementos teóricos y la guía para lo vivencial y terapéutico, que permitan reconocer y trabajar la falsedad, la negatividad y asumir la belleza y poder interior.

Objetivos específicos Que el alumno: 4.1 Discrimine correctamente y trabaje sobre el efecto de su máscara en su vida diaria. 4.2 Reconozca su ser inferior a nivel mental, emocional y vivencial. 4.3 Redescubra y vivencie el potencial de sanación, realización y trascendencia que vive dentro de sí mismo en su ser superior. 4.4 Conozca las formas de trabajo del método terapéutico en Core, para acompañar a otros en su autoconocimiento, sanación y transformación.

Contenido • • • • • • • • • •

Introducción Máscara Ser Inferior Ser Superior Conclusión Resumen Cuestionario Ejercicios reflexivos Dinámicas corpo-energéticas Sugerencias para el facilitador

XXII Bibliografía Baumgardner, P. (1982). Terapia Gestalt: teoría y práctica. México: Árbol. Dethlwefsen, T. (1983). La enfermedad como camino. España: Plaza & Janés. Jung, C.G. (1984). El hombre y sus símbolos. España: Coralt Editor. Kretzschmar, I. (2007). Memorias del Primer Congreso Nacional de Core Energética. México. Molina, M. (2007). Sí a la vida tal como es. México. ACD. Naranjo, C. (2004). Cambiar la educación para cambiar el mundo. España: La Llave. Pathwork. “Del ser y la imagen idealizada”. Conferencia No. 83. Pathwork. “La conexión entre el ego y el poder universal”. Conferencia No. 152. Pierrakos, J. (1996). Comunicación personal. Formación de Core Energética. México. Pierrakos, J. (1990). Core Energetics. U.S.A.: Life Rhythm Publication. Pierrakos, J. (1997). Eros, love and sexuality. U.S.A.: Life Rhythm Publication. Thesenga, S. (1994). Vivir sin máscaras. México: Pax. Tuby, M. (1984).The shadow. U.S.A: Guild of Pastoral Psychology. Vaughan, F. (1997). Sombras de lo sagrado. España: Gaia. Zweig, C. (1999). Vivir con la sombra. España: Kairos.

XXIII Capítulo 5. Caracterología Objetivo general Ofrecer una guía de caracteres que permita, desde el exterior de la persona, introducirlo en los patrones de vida que se han observado desde el trabajo psicocorporal de W. Reich, de la Bioenergética y las aportaciones de la Core Energética.

Objetivos específicos Que el estudiante: 5.1 Conozca, a partir de la exposición y explicación, la teoría de la formación del carácter según la Bioenergética. 5.2 Profundice en la conformación psicodinámica de cada estructura de carácter o patrón defensivo. 5.3 Describa la etiología, las emociones, la mente, la voluntad, la máscara, el Ser Inferior y el Ser Superior de cada estructura defensiva.

Contenido • • • • • • • • • • • •

Introducción Carácter esquizoide Carácter oral Carácter masoquista Carácter psicopático Carácter rígido Conclusiones Resumen Cuestionario Ejercicios reflexivos Dinámicas corpo-energéticas Sugerencias para el facilitador

XXIV Bibliografía Brennan, B. A. (1993). Manos que curan. México: Roca. Fisher, R. (2006). El caballero de la armadura oxidada. México: Obelisco. Jhonson, S. (1994). Character Styles. U.S.A.: Norton New York. Lowen, A. (1985). El lenguaje del cuerpo. España: Herder. Lowen, A. (1987). Bioenergética. México: Diana. Lowen, A. (1993). La espiritualidad del cuerpo. España: Paidós. Molina, M. (2007). Sí a la vida tal como es. México: ACD. Pierrakos, J. (1990). Core Energetics. U.S.A.: Life Rhythm Publication. Pierrakos, J. (1994). Comunicación personal; entrenamiento de Core Energética. México. Reich, W. (1987). Análisis del carácter. México: Paidós.

XXV Capítulo 6. La intervención corporal en Core Energética Objetivo general Dar a conocer los recursos básicos corporales y energéticos que se utilizan en el contexto psicoterapéutico de la Core Energética.

Objetivos específicos Que el estudiante: 6.1 Conozca y experimente algunas de la técnicas psicocorporales de la Core Energética. 6.2 Valore el potencial de sensibilización, depuración, liberación y sanación de este proceso. 6.3 Aprenda cómo usar las técnicas a través del modelaje que realice el maestrofacilitador de la materia. 6.4 Practique en parejas y/o subgrupos los ejercicios y la lectura corporal, con el fin de desarrollar estas habilidades para su trabajo como psicoterapeuta.

Contenido • • • • • • • • • • • • • • • •

Introducción Lectura corporal Movimiento Respiración Repiración de stacatto Arraigo Rodillo Masaje Raqueteo Meditación Sanación espiritual Conclusiones Resumen Ejercicios reflexivos Dinámicas corpo-energéticas Sugerencias para el facilitador

XXVI Bibliografía Lowen, A. (1983). Bioenergética. México: Diana. Boadaella, D. (1993). Corrientes de vida. México: Paidós. Domínguez, A. (1996). Rebirthing. España: Libsa. Grof, S. (1994). La mente holotrópica. España: Kairós. Molina, M. (2007). Sí a la vida tal como es. México: ACD. Navarro, F. (1993). La somatosicodinámica. Valencia, España: Publicaciones Orgón. Escuela Española de Terapia Reichiana. Kretzchmar, I. (2001). “Comunicación personal. Arraigarse en el ser superior”. Conferencia Magistral en el Congreso Internacional de Core Energética, Konocti Harbor, California, 2001. Lowen, A. (2000). Ejercicios de bioenergética. México: Sirio. Reich, W. (1987). Análisis del carácter. México: Paidós. Rolf, I. (1994) Rolfing. España: Urano. Rimpoché, Y. M. (2008). La alegría de vivir. Colombia: Grupo Editorial Norma. Frank, V. (1999). El hombre en busca del sentido. España: Herder.

XXVII Capítulo 7. El proceso en Core Energética Objetivo general Que el estudiante de la Maestría en Psicoterapia Humanista conozca e incorpore a su formación las fases del proceso psicoterapéutico de Core Energética.

Objetivos específicos Que el estudiante: 7.1 Conozca los aspectos que involucran cada fase del proceso y el compromiso del terapeuta involucrado en ello. 7.2 Dentro del tiempo correspondiente a la materia, atraviese vivencialmente cada fase, para que así tenga más claro el proceso. 7.3 Realice un reporte personal que integre tanto lo teórico como lo vivencial y dé cuenta en él de los conocimientos teórico-prácticos que haya adquirido.

Contenido • Introducción • Penetrando la máscara • Liberando el Ser Inferior • Centrándose en el Ser Superior • Plan de vida • Conclusiones • Resumen • Cuestionario • Ejercicios reflexivos • Dinámicas corpo-energéticas • Sugerencias para el facilitador

Bibliografía Horney, K. (2003). El proceso terapéutico. España: La Llave. Molina, M. (2007). Sí a la vida tal como es. México: ACD. Pierrakos, J. (1986). Core Energetics. U.S.A: Life Rhythm Publication.

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1. Core Energética: Una psicoterapia corporal y espiritual Introducción A lo largo de la historia, la humanidad ha buscado los medios que le ayuden a evitar, eliminar o suprimir el sufrimiento, para alcanzar el bienestar, la salud, la felicidad y así entender el sentido de la vida y de la conexión con el todo; de este modo, el siglo pasado ha sido relevante en el desarrollo de diversas corrientes psicológicas como el conductismo, el psicoanálisis, el humanismo, el análisis transpersonal, etcétera. El trabajo creativo e integrador de John C. Pierrakos M.D. da como resultado, durante la década de los 70, la creación de la Core Energética, disciplina que nace con el objetivo de desarrollar la capacidad de sanar y trascender todo aquello que nos hace sufrir, y así comprender el sentido que tiene estar en este mundo. El origen de la Core Energética nos remonta a tradiciones de autoconocimiento y medicina muy antiguas, al psicoanálisis, al trabajo de Wilhelm Reich, a la Bioenergética, al Pathwork y a variados caminos de autoconocimiento y sanación. Su tesis básica es que somos energía y que nos movemos en el mundo como una unidad somato-psicológica-espiritual, pero los desafíos de la vida y las circunstancias adversas contribuyen a nuestra fragmentación interna, y por ende, a nuestra separación del exterior. Las corrientes de vida pueden verse detenidas, obstruidas, dificultando el desarrollo adecuado y sano, bloqueando la expresión de las capacidades inteligentes, sensibles y sabias que poseemos para enfrentar las adversidades, inhibiendo la expresión genuina, natural, espontánea y creativa del core, de nuestro ser. El objetivo de la Core Energética es desarmar los obstáculos, ayudar a corregir las distorsiones mentales acerca de nosotros mismos y del mundo, transformar nuestra negatividad en energía vital, conectar con los valores de nuestra esencia y recuperar la capacidad de amar, en un cuerpo arraigado, vibrante, que manifiesta la verdad de sus sentimientos, de sus pensamientos y que es uno con su campo de energía. El ser humano es cuerpo-emociones-mentey espíritu con un core, que es el centro esencial de donde emana toda su fuerza de vida y desde donde se conecta y es uno con el todo.

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Objetivo general Dar a conocer al estudiante los antecedentes, fundamentos teóricos y conceptos básicos de la propuesta psicoterapéutica corporal y espiritual de la Core Energética.

Objetivos específicos Que el estudiante: 1.1 Se introduzca en el paradigma que ofrece la visión psicocorporal y espiritual de la Core Energética y en su enfoque, que integra todos los niveles de la existencia. 1.2 Reconozca el trabajo de la Core Energética y lo clarifique como un proceso psicológico, somático y transpersonal. 1.3 Estudie, aprenda y diferencie el enfoque psicoterapéutico de la Core Energética de otras formas de psicoterapia. 1.4 Reflexione que esta intervención psicoterapéutica se da a niveles psicodinámicos, de análisis caracterológicos, de trabajo corporal, energético y espiritual, y que se encamina a la búsqueda de soluciones, de salud, bienestar y realización de la persona que desea sanación y crecimiento personal. 1.5 Descubra, a partir de ejercicios vivenciales y prácticas psicocorporales, su ser- energía, su pulsación y sus corrientes de vida.

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Mapa conceptual

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1.1 Core Energética La Core Energética es una psicoterapia corporal y espiritual. Como psicoterapia corporal posee un sustento teórico que proviene del psicoanálisis, la teoría y metodología psicocorporal reichiana y las aportaciones teóricas y metodológicas de la bioenergética. Su propósito espiritual se sustenta en los valores humanistas, en la psicología transpersonal, en el proceso Pathwork, en las enseñanzas de culturas antiguas, en consistentes investigaciones acerca de la energía y en las propuestas de la física cuántica. La Core propone un tratamiento y un proceso psicológico emocional que busca apoyar al individuo a resolver su angustia interna, que involucra desde los conflictos de su infancia hasta los problemas del presente, de manera que éste logre liberar y aprender a manejar sus emociones reprimidas, así como trascender pautas o patrones neuróticos que le impiden tener una existencia satisfactoria y realizada consigo mismo y en su relaciones familiares, interpersonales y sociales, además de fortalecer su Yo y aprender a vivir ubicado en el principio de realidad. El aspecto corporal tiene qué ver con la visión de la unidad mente-cuerpo de los seres humanos; de este modo, el Yo se concibe como corporal. La intervención psicoterapéutica se realiza en el cuerpo y en la movilización de la bioenergía que corresponde a cada individuo: la manera en que cada persona ha manejado su energía en las diferentes circunstancias de su vida se revela en su cuerpo. La historia asimilada y los asuntos no concluidos se pueden leer en él. El trabajo corporal suave o fuerte estará enfocado a movilizar la energíasentimientos-emociones-impulsos-expresiones que han sido reprimidos y retenidos en tensiones-bloqueos corporales. Lo valioso del trabajo psicocorporal es que este llega a recuperar y resolver memorias más allá de lo verbal, memorias celulares, corporales (desde la concepción) que afectan la existencia del individuo. El contacto ha de ser puro e impecable para llegar a ello. El proceso psico-emocional tiene el propósito de integrar aquellos aspectos excluidos de la conciencia que “hacen ruido” en la existencia, que perturban y enferman al individuo y sus relaciones con el mundo. Integrar sus demonios y sus bondades negadas. Ser uno con su ser interior, asumiendo que somos cielo y tierra, lo mundano y sagrado, oscuridad y luz: Nosotros mismos creamos nuestras vidas a través del uso que le damos a nuestra energía: hacia dónde queremos ir con ella, hacia dónde la dirigimos. Una persona es vulnerable a las circunstancias únicamente cuando la sobrevivencia dependa de ella, como durante la infancia. En la madurez, tenemos la capacidad de elegir entre fusionar nuestra energía internamente o bloquearla o moverla desde adentro u obtenerla del mundo externo (Pierrakos, 1986, p.246).

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La visión espiritual nos conduce a ir más allá de la resolución de nuestros conflictos internos y de nuestra neurosis, de resolver nuestra existencia personal, nos lleva a reconocer que somos parte de un proceso evolutivo humano, colectivo y cósmico. Al descubrir que somos vibración energética visible e invisible, que somos cuerpo, centros y campos de energía, con un núcleo central que llamamos Core, que pulsa y es uno con el corazón del universo, podemos reconocer que estamos interconectados con todos y con el todo, en una comunicación intersistémica, verbal, no verbal, sutil, interdependiente de todas nuestras acciones, co-creadores en intención y acción de todo lo que nos sucede. Alineados en nuestro Core, la conciencia se expande para percibir y conectar con dimensiones más sutiles de la existencia y con los valores espirituales esenciales del amor en todas sus expresiones, que nos integran, incluyen, unifican, dan paz, armonía, belleza y permiten la realización y evolución de todos hacia un mundo mejor: “La paz en nosotros mismos, en nuestras relaciones, en nuestra sociedad y en el mundo, vendrá no de reglas, leyes, tratados y armamentos defensivos, sino del deseo de alcanzar una paz vibrante en nosotros mismos” (Pierrakos, 1986, p. 249). Es claro que la Core Energética es un proceso que se propone dar alivio al sufrimiento humano a través del autoconocimiento, así como ofrecer un camino evolutivo de aceptación de nuestra naturaleza buena, de poderes intrínsecos ilimitados que yacen en nuestro interior, que estamos destinados a realizar a través de la misión de nuestra alma. El concepto de hombre o ser humano se entreteje en las tres tesis base de la Core Energética, las cuales indican que: 1) el ser humano es una unidad psicosomática; 2) la fuente de sanación está dentro del ser, no en un agente externo o en un médico, Dios o las fuerzas del cosmos y 3) que la existencia forma una unidad que se mueve hacia la evolución creativa, tanto en el todo como en cada uno de sus incontables componentes (Pierrakos,1986). Ahora bien, la Core Energética es de naturaleza holística, porque nos ofrece una visión de la totalidad de la persona, de su unidad en sus diferentes dimensiones, con todo lo que le rodea. Es optimista porque confía profundamente en las fuerzas internas del Core y en las posibilidades de transformar la negatividad en el mundo: “Lo que bloquea nuestra vida no es la fuerza negativa, sino la negación del ser creativo, del ser superior. El estancamiento se produce no por rechazar una específica pulsación de energía, sino por negarse a reconocer las energías positivas” (Pierrakos, 1986, p. 258). Un ejemplo es el del asesino, que apegado a su rencor y deseo de venganza, se niega a reconocer y conectar con el

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amor que yace en su interior, lo cual fue posible para algunos transgresores de la antigüedad, que se convirtieron en santos posteriormente. Asimismo, La Core Energética es fenomenológica, ya que trabaja con lo que sucede, tal como aparece en el aquí y ahora, arraigando al presente al individuo que participa en el proceso. Tal como diría Fritz Perls: “Ktrabajando con el pasado continuado, encarnado en el cuerpo, expresado en los patrones defensivos, en creencias y actitudes viejas” (1986, p.47). Se explora la psiquis humana no sólo a través de lo que se dice, sino de cómo se dice. La exploración busca descubrir los bloqueos físicos y emocionales como aparecen expresados en la apariencia externa de la persona. Por ejemplo, la expresión facial, la forma de la mandíbula, que pueden indicar coraje o sentimientos reprimidos: El color y el tono de la piel, la rigidez de las articulaciones y la flexibilidad de los músculos proporcionan al ojo experto las claves del estado interno de la persona. Más importante aún, la observación y el diagnóstico de la pulsación de la energía del aura, que indican el tipo y la vitalidad de los movimientos energéticos de la persona (Pierrakos, 1986, p.265).

La salud es el resultado de que la corriente de energía vital fluye sin obstáculos, del Core hacia el exterior y del exterior hacia el interior del Core, manifestándose en la persona de una manera relajada, espontánea, natural, vivaz, con sentido de vida, presente y confiada. La enfermedad, entonces, es el estancamiento de la fuerza vital, el bloqueo, la desconexión del Core, del ser interno y de las fuerzas sanadoras que allí residen. El estancamiento de las expresiones naturales del ser interno, con el tiempo, degenera en enfermedades físicas, emocionales y mentales, así como en una desconexión espiritual. El significado inherente de la enfermedad es aceptar y trascender la desconexión que existe con nosotros mismos, con nuestra verdad, con nuestro Core. La enfermedad nos dice: “Recupera la conexión con tu interior, con lo que necesitas recibir o dar, con el amor”. Enfermedades graves como el cáncer están relacionadas con el resentimiento y rencor que una persona puede haber retenido en su interior. Si bien esto puede ser cierto, lo lamentable es que el individuo se niegue a conectar con el amor abriendo su corazón al perdón y a la compresión profunda de lo que ha vivido. Es el amor detenido lo que realmente nos enferma. Un amor no expresado a nosotros mismos y a los que son significativos para nosotros.

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El amor es la fuerza vibratoria más poderosa que nos ayuda a sanar y se traduce en un estado de compasión, ternura, comprensión, calidez, generosidad, paciencia, empatía, respeto, cuidado. Imaginemos las aguas contaminadas o sucias de un estanque o lago a las que ciertos técnicos aplican un método científico para purificarla y lo logran. La tendencia de nosotros será decir que es muy útil el procedimiento. Lo real es que si esa agua no tuviera inherentemente la capacidad de purificarse, ningún tratamiento lo lograría. De la misma manera, ningún tratamiento médico sería efectivo si no existiera el poder de sanación en el interior de la persona enferma. El propósito en Core Energética es justamente despertar, liberar las fuerzas sanadoras que todos poseemos en nuestro interior. Como personas que acompañamos a otros en su proceso de autoconocimiento, sanación y trascendencia, debemos transmitir el amor por la salud.

1.2 El Core Aquello que pulsa expansiva y concentradamente en nuestro interior es más que un “yo” interno, un sí mismo, es lo que los budistas llaman la naturaleza intrínseca de la mente, la mente natural, la naturaleza profunda y vacía de la mente, es lo que llamamos Core, núcleo, centro esencial del que fluye nuestro misterioso potencial, el vacío de totalidad desde donde emergen todas las posibilidades para ser, es el lugar del Ser. Es lo que los físicos cuánticos, con sus estudios microscópicos, llaman el vacío fértil de infinitas posibilidades (Gribbin, 2004). Deepack Chopra (2007) expone que este vacío está misteriosamente impreso con información, aún antes que se exprese información alguna. Así como en la memoria existen, silenciosamente, miles de palabras sin que se pronuncien, así el campo cuántico contiene el universo entero de forma inexpresada. La materia esencial del universo, incluido el cuerpo, es no-materia pensante. El vacío que existe dentro de cada átomo palpita con inteligencia invisible. En la experiencia nuclear del core no hay división, fragmentación, exclusión, escisión, polaridades, todo allí es integración, todo allí es Unidad, es Totalidad. La aspiración de la Core Energética, al igual que la de la psicoterapia humanista y transpersonal, es que el ser humano recupere la conexión y la expresión del Ser en todas sus manifestaciones, físicas-mentales-espirituales, que trascienda a través de vivir la experiencia de su ser superior o la expresión de los valores esenciales de sabiduría, belleza, libertad, poder interno, creatividad, amor, gozo, confianza, vitalidad, compasión. D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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Ahora bien, lo que Core Energética llama Ser Superior es uno de los conceptos del Pathwork con el que se designa la expresión positiva e inherentemente buena de nuestra esencia, de nuestro core: las expresiones generosas, sanadoras, bondadosas, de inteligencia emocional e intelectual, la fuerza y capacidad de poder mirar y tratar las fuerzas negativas de nuestro interior y las fuerzas amenazantes del exterior, la capacidad de asimilar las experiencias de la vida, dolorosas y gratas; es conciencia expandida, la expresión de sentido de vida que se manifiesta en un sí a la vida tal como viene. Cuando permitimos la expresión de las fuerzas del core, cuando fluimos y somos uno con nuestra esencia, estamos en salud, armonía, amor. Es hermoso ver a los niños, porque ellos manifiestan la viveza, la luz, el juego y la belleza del amor. El proceso de la Core Energética trabaja para recordar y reintegrar estas cualidades a nuestra vida de adultos o prevenir que los jóvenes o menores la extravíen: Entre tú y yo hay un proceso de humanizarnos nosotros mismos, que consiste en contribuir en lo que podamos con el otro. Tengo un ser inferior y tengo una máscara y a veces te uso o te rebajo, o me alejo de ti y rechazo tus dones. Pero no es por eso que estamos aquí, en el mismo universo y en nuestra específica relación. La afirmación de tu core es la recepción de mi core, de modo que literalmente, tú eres sustancia vital para mí y yo para ti (Pierrakos, 1986, p. 262).

1.3 Antecedentes de la Core Energética 1.3.1 Psicoanálisis Esta disciplina es difundida por Wilhelm Reich, expsicoanalista, quien fuera uno de los más jóvenes colaboradores de Freud, promotor importante del Primer Movimiento Psicoanálitico de Viena y de Berlín y presidente de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Su visión e intervención psicoterapéutica unificadora del ser humano como mente-cuerpo lo llevan a ser considerado el Padre de la psicoterapia corporal. En este aspecto, será importante reconocer la dimensión consciente e inconsciente de las experiencias de vida, destacar la importancia de hacer consciente lo inconsciente, de llevar la luz de la conciencia a los aspectos oscuros, ocultos, rechazados, que yacen en nuestro interior. Observar las resistencias del paciente durante el proceso de su vida y durante la terapia, así como a través de las diferentes etapas psicosexuales, reconocer las heridas narcisistas que este ha padecido y que son origen del desarrollo de sistemas defensivos, que más tarde se configuraron en su personalidad como estructuras de carácter. D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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1.3.2 Trabajo reichiano Wilhelm Reich nos hereda una visión unitaria mente-cuerpo, en la que el individuo es reconocido como una unidad psicosomática. El teórico afirma que existe una energía universal y cósmica (el orgón) que en el ser humano se manifiesta como bioenergía. Si esta energía no fluye de manera correcta, se detiene crónicamente en forma de bloqueos horizontales en el cuerpo, creando subdesarrollo y alteraciones funcionales orgánicas, distorsiones en la percepción, distorsiones mentales, complejos emocionales e incapacidad para fluir en el placer orgiástico y el placer de vivir. La manera en que el individuo aprenda a manejar su energía desde pequeño en un orden social, moral, económico, político, religioso, que domestica la fuerza vital y la utiliza al servicio del poder, determinará su forma de vivir, que se verá reflejada en patrones defensivos caracterológicos, que se observarán en su expresión psicológica y en su expresión somática o coraza muscular. El ser humano acorazado no puede fluir y necesitará desactivar esas defensas también en su correspondiente mental. En este caso, es necesaria y valiosa la fina observación de las resistencias del paciente al cambio, a madurar, a confiar en su fuerza vital y espontaneidad, a confiar en sí mismo, a ser más consciente y responsable, de reconocer los aspectos que le llevan a vivir de manera infantil y subdesarrollada en sus capacidades y potencialidades: Reich fervientemente defendió que la miseria humana y la enfermedad mental eran, en parte, la consecuencia de las condiciones sociales, y que estas debían ser cambiadas si se quería prevenir la neurosis. Defendió la necesidad de reformar las leyes concernientes al tratamiento abusivo de los niños y la condición económica de las mujeres. Formó un movimiento social y político que impulsó reformas en las leyes que restringían el divorcio y el acceso a la contracepción, los cuales eran por entonces ilegales. Defendió el derecho de los jóvenes a una vida sexual sana fuera del matrimonio y abogó por la debilitación del poder de la figura del padre en el seno de la familia. A causa de sus escritos sobre la genitalidad y sus actividades anti-fascistas, Reich fue expulsado del Círculo de Freud y también de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Finalmente, fue incluido en las listas de muerte de Hitler y de Stalin en los años 30 y tuvo que huir a Escandinavia y más tarde a los Estados Unidos. Sus escritos fueron condenados a las llamas, tanto en Alemania como en Rusia (De Meo, 1996, p.3).

En Estados Unidos, la actividad experimental de Reich fue muy productiva. Realiza sus investigaciones sobre la energía orgónica, la cual, considera, existe tanto en seres vivos, plantas, animales, en lo inorgánico, en la atmósfera, en el cosmos; explicó que dicha energía podía ser acumulada en aparatos especiales

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donde se podía observar, sentir y medir, y posteriormente, ser usada en beneficio de los seres humanos y de la vida. Reich considera que no sólo es importante liberar las fuerzas reprimidas en la persona, sino también reeducar el proceso de autorregulación organísmica del paciente. Crea un método terapéutico cara a cara. Más allá de escuchar la historia del paciente, lee esa historia en el cuerpo, e interviene no sólo interpretando y confrontando la resistencia, sino también trabajando con la respiración, con mano en cuerpo y proponiendo posturas y ejercicios neuromusculares para abrir los bloqueos y permitir la abreacción de sentimientos y afectos reprimidos, procesando con ello escenas de vida congeladas o bloqueadas en el cuerpomente del individuo. El objetivo de su terapia es que la persona en proceso recupere la capacidad orgiástica y desarrolle la habilidad de entregarse plenamente a los movimientos involuntarios y espontáneos de su cuerpo. Del psicoanálisis al análisis de la resistencia del carácter, pasa al proceso vegetoterapéutico y más tarde a la orgonterapia, esto es, va de un proceso psicoterapéutico muy mental a otro psicosomático. El Yo no es sólo entidad psicológica, sino también corporal. El ser humano, arraigado y fluyendo en su propia energía vital, sexual, amorosa, productiva, será un ser que se autorregule a sí mismo, difícil de domesticar y libre para ser quien es, responsable de construir su vida y desarrollar su placer de vivir: “W. Reich fue pionero del cambio de paradigma. Su perspectiva cósmica y su concepción holística y dinámica del mundo superaban con mucho la ciencia de su tiempo y no fueron apreciadas por su contemporáneos. El funcionalismo orgonómico coincide perfectamente con el pensamiento de procesos de nuestra moderna visión de sistemas” (Serrano, 2001, p. 10). Los principios, teorías y metodologías psicoterapéuticas desarrolladas por Reich son sustento y base para la Core Energética, que se considera una propuesta neoreichiana. John Pierrakos, como discípulo y paciente de Reich, queda profundamente impactado e influenciado por él.

1.3.3 Análisis bioenergético La Bioenergética es creada inicialmente por Alexander Lowen y John Pierrakos (después de la muerte de W. Reich) y desarrollada más tarde sólo por A. Lowen. Es la forma de psicoterapia corporal más conocida en el mundo.

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Tanto Lowen como Pierrakos fueron discípulos de W. Reich. Lowen, de manera sencilla, explica nuestra naturaleza primaria y secundaria, que es una alteración de la primera. La gracia, la flexibilidad, la naturalidad, la espontaneidad, la belleza y la armonía de una persona están inhibidas, bloqueadas en tensiones crónicas distribuidas a lo largo del cuerpo, según la etapa en que haya sido herida. El Yo es un yo corporal prisionero de sus propias ataduras. Se configuran entonces cinco diferentes estructuras de carácter (las analizaremos a detalle más adelante), que son patrones mentales, emocionales y conductuales defensivos que el individuo crea para sobrevivir y que lo enajenan de su ser interior, de su naturaleza primaria, la cual necesita recordar y recuperar para poder ser feliz. En este sentido, para A. Lowen: Kel objeto de la bioenergética es ayudar al hombre a reconquistar su naturaleza primaria, que es la condición de la libertad, el estado de gracia y la calidad de la hermosura. Libertad, gracia y belleza son los atributos naturales de todo organismo animal. La primera consiste en la ausencia de trabas internas a la expansión, y la belleza es la manifestación de la armonía interior que engendra dicha expansión. Son valores que denotan y evidencian un cuerpo sano, y por tanto, una mente sana también (1987, p. 42).

El proceso corporal y energético tiene como objetivo central desarrollar el arraigo; a través de éste se tendrá la fuerza para sostenerse y abrir experiencias dolorosas o enojosas que han quedado sin asimilar en el cuerpo, emociones que necesitan ser aceptadas, liberadas e integradas al sí mismo. El arraigo, desarrollado por Alexander Lowen (1993) se relaciona con la capacidad de tener bien plantados los pies en la tierra, estar en el presente, enraizado en el sentir corporal, sensible, en contacto con una sexualidad sana, consciente, en contacto con la realidad interna y externa, en el aquí y ahora. Para lograr el arraigo, Lowen desarrolla una serie de ejercicios respiratorios, ejercicios físicos, masaje y posturas corporales de stress, aunados al análisis caracterológico y la lectura corporal. Ahora bien, en Core Energética es esencial, antes de un proceso profundo emocional y de transformación, trabajar y conectar con el arraigo personal, el cual permitirá sensibilizar el cuerpo al movimiento energético y a la fuerza de la vida que hay en su interior, que da la capacidad de aceptar la realidad tal como es, abre la conciencia a las posibilidades de cambio y permite sentir la carga de energía suficiente para orientarse en la intención de transformar lo que está provocando el sufrimiento, tanto mental como corporal y espiritual.

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Las cinco estructuras caracterológicas serán también las guías básicas en el proceso que ofrece la Core Energética a las personas que buscan la sanación y recordar quiénes son en realidad, cuáles son los anhelos de su alma, qué necesitan para aceptarse, amarse y volver a amar. La respiración, el movimiento, el sonido, son las vías para movilizar la energía, crear más conciencia y sentir la vida. Se trata, por un lado, de recuperar la nobleza de ser un yo cuerpo, y al mismo tiempo, de prepararse físicamente para las experiencias de vida excluidas y la experiencias infinitas de ser que fluyen naturalmente desde el interior, desde el core, y sentir la fuerza para relacionarse con las circunstancias de la vida y con aquellos que forman parte de la persona en proceso de autoconocimiento.

1.3.4 Valores humanistas Tras la Segunda Guerra Mundial, el individuo gira sobre sus propios pies hacia sí mismo y centra su mirada en la manera en que vive su existencia, en recuperar su capacidad de auto-dirigirse, auto-determinarse, trascenderse y auto realizarse en una constante auto-actualización de su sí mismo. Según la postura humanista, todo individuo tiene la capacidad de resolver sus existencia, haciéndose presente, consciente en el aquí y ahora. Se trata entonces de vivir en el presente de manera profunda, libre y responsable de sí mismo y de sus actos con los demás, de construir un mundo diferente, más humano. Las psicoterapias que emergen con Carls Rogers, Fritz Perls y Maslow, propusieron, como base del trabajo psicoterapéutico, la relación entre terapeutapaciente como un encuentro muy vivencial que privilegia el trabajo emocional de las personas, el sentir humano y la expansión de la conciencia, recuperando valores universales y espirituales de amor y aceptación incondicional, empatía, compasión, confianza en la humanidad, en su ser esencial. Cada uno de los conceptos y valores mencionados son parte y todo de la filosofía y metodología de la Core Energética. De esta manera, podemos decir que ésta también es una psicoterapia existencial, que contribuye a que el individuo recupere la dignificación de su existencia y la fe en su capacidad de lograr una vida plena. Así, como una psicoterapia fenomenológica y holística, centrada en el presente, en los recursos del paciente en el aquí y ahora: “Kel terapeuta es llamado a servir de maestro y guía más que como clínico, sabe que cada persona posee dones únicos y está destinada a una vida única. El terapeuta ha de entrar en contacto con el paciente desde su propio core” (Pierrakos, 1986, p. 189). En D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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este sentido, puede afirmarse que la relación terapéutica viene a ser, en realidad, un encuentro de almas. Asimismo, el arraigo, vital en el trabajo de Core Energética, implica vivir en el aquí y el ahora, así como expandir la conciencia. Es la posición vertical y radicada en la vida, que aspira a la evolución y trascendencia de nuestro ser sin despegar los pies de la tierra. Tanto la Core Energética como la psicoterapia humanista (de la psicoterapia Gestalt), con sus diferentes métodos de intervención, implican un viaje hacia la totalidad de la persona, que supone el restablecimiento del equilibrio perdido y la expansión de la conciencia a través de la reintegración de lo que haya sido negado, reprimido o excluido. Implican una integración de las polaridades y una unificación con el Ser.

1.3.5 Psicología transpersonal La psicología transpersonal integra dimensiones que trascienden los puntos de vista habituales del conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista. Es transpersonal (más allá de la persona) y transhumana, pues va más allá de las necesidades y los intereses humanos, de lo psicodinámico, de la identidad, de la individualidad, del ego (la identificación de la persona con una imagen idealizada, simbólica de sí misma, que contrapone a su cuerpo mortal, a la conciencia de la muerte inevitable). Su estudio se centra en las metanecesidades, experiencias cumbres, el éxtasis, la conciencia de unicidad, experiencias místicas, los estados alterados de conciencia, de reverencia y trascendencia del sí mismo, de espiritualidad, de reconocer que somos parte y uno con el todo, que somos todo y nada. Stanislav Grof (1994) formula una definición práctica de las experiencias transpersonales: “Kson aquellas en que se da una expansión de la conciencia más allá de los límites habituales del ego y de las limitaciones ordinarias del espacio; experiencias que representan un aspecto esencial del ser”. La psicología transpersonal es una con el camino espiritual. A través de los tiempos, en las diferentes culturas, se han señalado senderos, experiencias chamánicas y disciplinas para el desarrollo espiritual de nuestra humanidad. Una de las prácticas más generalizadas es la meditación, que proviene del Oriente y actualmente es muy difundida (aunque poco entendida) en Occidente.

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El camino lleva a la expansión de la conciencia y da cuenta de que la espiritualidad existe, tanto dentro como fuera de las tradiciones religiosas, en la mente y el corazón de todo hombre y de toda mujer: La auténtica espiritualidad implica tomar conciencia de quiénes somos como seres humanos integrales –algo que incluye al cuerpo, las emociones, la mente, el alma y el espíritu- insertos en una red de relaciones interdependientes con la tierra y con el cosmos. La auténtica espiritualidad nos proporciona una sensación de libertad, paz interior, amor, servicio y responsabilidad con el mundoK constituye un factor decisivo en el proceso de curación y cambio social (Vaughan, 1997, p. 25).

Asimismo, Vaughan afirma que la conciencia es: Una vivencia de lo transpersonal, una sensación del Misterio profundo, algo que trasciende la sensación de identidad separada, que nos afecta a todos y a cada uno de nosotros y que nos libera de nuestro yo angustiado y perecedero, de nuestra reducida espiral; que nos emancipa de nosotros mismos y nos deposita amablemente en las manos de lo atemporal y lo Divino, un lugar en el que la apertura funde las defensas y las relaciones se asientan en la cordura, en donde la compasión enternece el corazón endurecido y el cuidado eclipsa la esperanza (1997, p. 32).

El camino profundo de autoconocimiento de la Core Energética va más allá del trabajo con el ego y con nuestras neurosis, es un camino espiritual para descubrir los dones y las joyas del alma para lograr transitar por la vida, el transitar del héroe, que al atravesar las pruebas que se le presentan, descubre la misión de su alma más verdadera, que es abrir el corazón, trascenderse a través del amor y descubrir que “Yo soy tú y tú eres yo”; que en estado amoroso, mi bien es el bien de los demás. Ya no hay separación.

1.3.6 Acerca de la energía John Pierrakos fue un estudioso de la energía universal y la bioenergía. Para apoyar sus investigaciones se basó en la Teoría energética de los chinos (1000 años a. de C.), que introducen el principio del Yin y del Yang como fuerzas polares con que se expresa la energía universal y el organismo humano, las cuales se encuentran en constante conflicto, y al mismo tiempo, forman un todo que simboliza armonía y equilibrio. Ying y Yang representan la ley del cielo y la tierra, de todas las cosas vivientes, y son la base del cambio. Están expresadas en la inhalación y exhalación, en el dormir y el despertar, en la buena o mala salud, según sean las

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fluctuaciones de estas dos fuerzas, que, balanceadas, indican que el organismo está sano, que la energía chi fluye adecuadamente. El Tao, o ley de la naturaleza, indica cuál es el balance de estas fuerzas, y al mismo tiempo, regula el desarrollo de todos los fenómenos de la vida. Al principio se recurrió a cambios estratégicos en el ritmo de la respiración para tensar o aflojar los músculos y también para producir cambios en el organismo, luego se descubrió que el chi, la energía básica del organismo, fluía por meridianos e interconectaba los órganos, y que la alteración de ese fluir, en excesos o deficiencias, produce enfermedad. Los sanadores chinos descubrieron además que presionando o punzando algunos puntos del cuerpo se logra aliviar el dolor. En este sentido, su intención profunda fue la de recuperar el balance, fluir, dar salud y armonía, de acuerdo a la naturaleza y equilibrio del universo. Así mismo, Pierrakos se apoyó en la teoría energética de los hindúes, la cual desarrolló, entre otras, el ayurveda o la ciencia de la longevidad, la teoría del prana y el sistema del yoga. Todas las escuelas de yoga consideran al prana como una energía universal, más básica que la energía atómica: todo lo que se mueve, trabaja o tiene vida, es una expresión del prana. El prana está alrededor de nosotros, en envolturas sutiles y en nuestro cuerpo físico. Inhalamos y exhalamos prana, circula por medio de la respiración y está presente en cada célula y molécula de los organismos vivientes. La envoltura sutil posee siete chakras, a través de los cuales se intercambia la energía entre la persona y la esfera cósmica: Kserá importante mantener este intercambio energético, así como despertar la energía especial de la kundalini, asentada en la base de la columna vertebral, y que se eleve hasta la parte alta de la cabeza, para así tener salud, beneficios psíquicos y fundirse con la conciencia universal. En el tantrismo hindú la unión sexual es considerada un acto religioso, ya que une los principios de energía estática femenina y dinámica masculina. La experiencia de la piel conduce a lo divino. El hombre que descubre la verdad del cuerpo puede entonces conocer la verdad del universo (Pierrakos, 1987, p. 29).

Desde esta perspectiva, puede asegurarse que: “Core Energética tiene bases que datan de hace más de 3000 años” (Pierrakos, 1987 p. 23). El guía fue muy claro en reconocer y honrar lo que otras culturas realizaron y hereda dicho conocimiento a las presentes generaciones interesadas en aliviar el sufrimiento humano y en conocer su naturaleza. Si consideramos el tiempo lineal, tendríamos que decir que avanzamos lentamente en la expansión de nuestra conciencia y en la conexión con nuestra espiritualidad.

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Las escuelas orientales de tradiciones antiguas mantienen una visión de unidad, mientras en occidente la visión es dualista, la cual desune y polariza el conocimiento del ser. Pierrakos estudia el pensamiento antiguo de los griegos acerca de la unidad de todas las cosas, como el de los pitagóricos, que consideraron que la unión de los opuestos es el Universo. La “Y” para ellos significa elección, el lado izquierdo representa la parte baja, que llevaría a la locura y el lado derecho el camino del trabajo, la sinceridad y la integridad. Hipócrates sostenía que es la naturaleza y no el médico el que cura al paciente, por lo que el médico debe aliarse con esas energías internas todo-sanadoras. Por otro lado, para realizar sus trabajos con auras, Pierrakos emplea algunas de las técnicas de Walter J. Kilner (1847-1920) para lograr mirar las emanaciones de energía del cuerpo, el color, la textura, el volumen y apariencia general del campo energético, hasta que pudo observarlos sin ayudas visuales. Asimismo, estudia el trabajo de Eeman, referido a la curación de grupos, que evidencia el movimiento de la energía vital de una persona a otra. Analiza el trabajo de Edgar Cayce, que era capaz de leer la naturaleza de la enfermedad, basándose en la apariencia del aura. Revisa los trabajos de Pierre Teilhard de Cardín, que sostiene que el movimiento de la materia es espiral en todas las etapas de la evolución y que la masa cósmica, agitándose en un vórtice, ha reproducido cada cosa viviente y considera que la torsión involutiva da por resultado el despertar de la conciencia (la conciencia es co-extensiva con la vida). Cardín concluye además (lógica y empíricamente) que la energía universal debe ser una energía pensante. Con Wilhelm Reich aprendió y encontró el ritmo y la presencia del orgón. Reich dedujo que el orgón está presente no sólo en todos los seres vivientes, sino en todo el cosmos, incluyendo el vacío, como una energía preatómica universal que forma toda la materia y es el medio o sustratum para las fuerzas magnéticas o gravitacionales. Su movimiento es continuo y contrario a la ley de la entropía. El orgón no se dispersa, sino que es atraído en concentraciones de sí mismo. La forma de espiral del movimiento del orgón es visible en las auras humanas y en la envoltura azul que se encuentra alrededor del planeta. Reich considera que el intercambio de energía se da en cualquier lugar donde se encuentre un organismo, en el espacio galáctico o dentro de una persona, en una pareja, familia, en las unidades sociales, culturales, que también crean su propia armadura. Basó su tratamiento en la convicción de que: K la salud de toda la masa energética, ya sea de una entidad cósmica o una persona o una diminuta partícula de vida, se encuentra en la liberación de su bloqueoK seguidores psiquiátricos y muchos enfoques del movimiento del

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potencial humano deben su orientación básica a la orgonomíaK todos nosotros nos seguimos enfocando en el sistema nervioso autónomo, guiando al paciente tanto con técnicas psicoanalíticas como a través del movimiento físico, para liberar la energía y resolver las actitudes del carácter congeladas en el cuerpo y la personalidad (Pierrakos,1987, p. 47).

Pierrakos (1987) realiza diversos experimentos y filtros para observar el campo áurico y los niveles de pulsación energética en vegetales, plantas, cristales, objetos, lugares como el mar y la playa, diferentes ambientes físicos, en personas, revisa también el impacto del clima en el aura. Observa que los organismos vivientes son sistemas de resonancia que responden a las vibraciones de otros y que los patrones rítmicos de una persona afectan a quienes están a su alrededor; de este modo, en sesiones donde se expresa mucho coraje (u otras poderosas emociones negativas), el campo de la planta cercana a la cabeza de la persona se encogerá y permanecerá contraído hasta que la persona se haya ido, entonces se abrirá y volverá a pulsar normalmente. Imaginemos el impacto de una violenta pelea de los padres sobre un niño o niña. Si esta acción se repite frecuentemente, ya no habrá posibilidad de abrirse, el o la menor quedará crónicamente contraído (a). Un aspecto muy significativo que Pierrakos descubrió, es que se necesita dejar a un lado la incredulidad para poder ver el campo de energía únicamente con los ojos. Las emanaciones de energía no pueden ser detectadas por unos ojos de mirada dura y sometidos a stress, o cuando el cuerpo está tenso y en actitud de reserva.

1.3.7 El método Pathwork Este método aborda el aspecto espiritual que interviene en el crecimiento personal. Es un proceso que nos ayuda a penetrar en nuestro ser interior y nos lleva a descubrir nuestro centro divino, asumiendo que el proceso implica atravesar capas, conceptos erróneos, imágenes falsas, ilusiones, negatividades y defensas, así como experimentar lo no experimentado para llegar a nuestro ser real y así transitar el camino de regreso a casa, a la verdad de nuestro ser en nuestro cotidiano vivir. Para el path (al igual que para la visión transpersonal), cada experiencia de vida tiene un sentido en la dinámica de aprendizaje del ego y del alma, que nos lleva a descubrir nuestra tarea del alma. De este modo, se asegura que el Pathwork es: Kun camino que va de lo conocido hacia las regiones desconocidas del ámbito del alma humana en una búsqueda similar a la que se narra en los cuentos de hadas. El héroe o heroína abandona ingenuamente el mundo familiar de todos los días

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motivado por el anhelo de encontrar una vida más rica que la rutina ordinaria de una existencia limitada. En el camino se encuentra con situaciones amenazantes y pruebas de todos los tipos. Si pasa las pruebas encuentra la felicidad. La búsqueda interior, si se toma de manera seria, requiere de valor, ya que atraviesa regiones oscuras y lleva a la madurez (“El guía”. Comunicación personal. Conferencia No. 204).

Los niveles de conciencia con los que solemos relacionarnos en la vida -la máscara, el ser inferior y el ser superior, así como la esencia divina- son los fundamentos elementales que provienen del proceso Pathwork y se aplican también en Core Energética. El método Pathwork da a la Core Energética su sustento espiritual más importante. Pierrakos nos lo explica a partir del siguiente testimonio: Después de muchos años de trabajo bioenergético, llegué a la conclusión de que algo estaba faltando. Aunque la bioenergética dio un hermoso enfoque clínico para resolver los bloqueos, dificultades y síntomas neuróticos, carecía de una filosofía fundamental debido a que no incluía la naturaleza espiritual del ser humano. En este punto, conocí a mi ahora difunta esposa Eva Broch Pierrakos, quien estaba haciendo un trabajo específico llamado “El Pathwork”. Este trabajo estaba basado en 258 lecturas que fueron transmitidas a través de Eva por un guía espiritual. Las lecturas presentan una visión cósmica de la psicología, la medicina y la religión. Por sí mismas, las lecturas proporcionan una fusión conceptual de energía y conciencia; incorporan y unifican todos los aspectos de la energía vital y la conciencia a la mayor profundidad posible para los seres humanos en esta etapa nuestra evolución. De esta fusión he desarrollado el enfoque de la Core Energética (1986).

La tarea principal, tanto del Pathwork como de la Core Energética, es vencer la motivación del pequeño ego de dominar, distorsionar la verdad, la realidad, de mantener una intencionalidad negativa y fomentar una división en nuestra percepción y experiencia de vida. Se trata de realizar un proceso profundo de conocimiento de nuestras máscaras, de nuestro ser inferior y nuestro ser superior, donde el ego recuerde y se alinee para estar al servicio del ser, de la naturaleza sabia que yace en nuestro interior, y pase de una conciencia infantil a una conciencia madura, que viva en el eterno presente. La Core Energética, a través del movimiento, el trabajo y la lectura corpoenergética, potencializa el proceso profundo que ofrece el Pathwork; la psicoterapia en Core fusiona los recursos de todos los enfoques antes mencionados. La diferencia es que comenzamos a partir de una psicoterapia muy

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corporal y concluimos con un proceso muy espiritual o transpersonal. Es relevante en el proceso sanar las heridas y fortalecer el “yo” hasta acceder a ser una instancia que contribuya a transformar y recuperar en forma vital los aspectos inferiores y oscuros de nuestro actuar y que sirva de puente a la expresión de nuestro Ser. El proceso continúa para abrir la conciencia a las dimensiones energéticas y a la comunicación intersistémica que se da a través de ella; para reconocer un centro esencial, fuente de donde emerge todo lo visible y lo invisible, cada uno de nosotros y de todos los demás, de donde surgen las sensaciones, sentimientos, emociones, impulsos, acciones. Es necesario descubrir esa fuerza superior dentro y fuera de nosotros, que es Dios. La intención es regresar a casa, distinguir lo mundano y lo sagrado, o mejor aún, reconocer que somos cielo y tierra, lo mundano y sagrado, lo terrenal y espiritual; que como esencia espiritual, nos manifestamos de forma visible y macro en nuestro cuerpo, y de modo invisible y micro en las vibraciones elevadas del amor. Uno de los principales objetivos es ayudar a los pacientes a conectar con su realidad espiritual, en un estado de amorosa presencia, de paz y tranquilidad, de confianza profunda, de armonía. Se realiza de manera práctica, subiendo por la escalera cuyos peldaños inician desde la realidad básica, a partir de una humanidad física, pasando por los niveles de la personalidad, el campo de energía, la intencionalidad, hasta llegar a la divinidad presente en cada uno, el ser esencial.

1.3.8 Energía y conciencia En Core Energética se asume la premisa de que somos energía y conciencia, sabiendo que ambos son expresión de nuestro ser individual, de nuestra esencia, que es la misma del universo y de la naturaleza. Toda la creación procede de dicha condición: el cosmos, nuestro planeta, la naturaleza, nuestro cuerpo físico, nuestro campo de energía, nuestras emociones, sentimientos, intenciones, pensamientos, cada órgano, cada célula y cada átomo de nuestro ser. De manera que todos, a través de esta realidad básica de energía y conciencia, estamos interconectados, somos interdependientes unos a otros, conformando una realidad holística: La energía es la materia prima de nuestra constitución. A un nivel microscópico, a los científicos les ha resultado imposible distinguir entre materia y energía. Dependiendo de la perspectiva que se tome, las cosas parecen ser ondas de energía o partículas de materia. Nuestro cuerpo, y todo nuestro ser están

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compuestos por una energía radiante, una energía tan poderosa que emana un aura visible alrededor del cuerpo. Esta energía no se puede destruir, pero se puede acelerar, desacelerar, alterar o distorsionar (Pierrakos, 1997, p.18).

Los seres vivos experimentamos la vida a través de un movimiento constante de energía y conciencia. La energía, como ya nos decía Reich, es universal y está por todas partes, ocupa todo el espacio, pero se manifiesta en concentraciones diferentes, según su naturaleza vibratoria; en el organismo es sustancia y fuerza vital en constante movimiento, y se evidencia tanto en nuestro campo de energía como en nuestro cuerpo físico. Las principales características de la energía son la pulsación, la movilidad, el ritmo, la abundancia y la flexibilidad que poseemos en nuestro interior, pero que también existen en el mundo externo. Recordemos que, siendo energía, compartimos un tejido interconectado, creando con ello la vida, según la visión holística; en este sentido, las características mencionadas se consideran dones: poderes internos y posibilidades que todos poseemos. La conciencia (la propia y la que reside en todos los organismos vivos), desde lo microcósmico hasta lo macrocósmico, es escultora de las energías plásticas y abundantes de los campos energéticos, de nuestro cuerpo, de nuestras vivencias, de nuestras experiencias: “Es un saber esencial que moldea y da dirección a la energía” (Molina, 2007, p. 22). Podemos observar esta inteligencia implícita en el movimiento asertivo del espermatozoide, en el desarrollo del óvulo fecundado por el espermatozoide, en cada célula de la mórula, que guarda la misma información, que de forma individual crea las diferentes partes del cuerpo; lo vemos en el desarrollo preciso de cada semilla que se convierte en un árbol particular: si se siembra mango, se obtendrá mango y no otro fruto. Hay una intención clara y precisa, ya sea de manera consciente o inconsciente, también, en cada uno de nosotros, y dará un resultado preciso, que puede ser de salud o enfermedad, de relaciones gratas o ingratas: La conciencia es prácticamente infinita, pero nosotros le imponemos límites al relegarla únicamente a la mente. El cuerpo tiene su propia conciencia, su propia sabiduría, cuando corremos peligro respondemos instintivamente con un ritmo natural autorregulado. Los sentimientos también tienen conciencia, surgen y fluyen espontáneamente, conscientes de la naturaleza de nuestra realidad interna. Nuestro ser espiritual posee la mayor conciencia (por su elevada vibración energética); puede elegir entre miles de posibilidades, es expansión sin límites, es amor (Pierrakos, 1997, p. 20).

De este modo, necesitamos preparar nuestro cuerpo físico para una experiencia de un gran nivel de conciencia. Sólo así podremos sostenerla por más

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tiempo en el nivel terrenal. Asimismo, se debe considerar que energía y conciencia no están separadas, y que aunque son una sola, pueden distorsionarse. Cuando somos niños, esta energía-conciencia se manifiesta unida, congruente, espontánea en nuestra vida, entonces vamos aprendiendo (a través de lo que experimentamos en nosotros mismos y con los otros) quiénes somos. Pero este conocimiento de nosotros mismos se distorsiona por la influencia de la conciencia distorsionada de quienes nos rodean y no pueden leer cuál es la misión característica de nuestra energía, ya que por lo regular no la entienden, les asusta e intentan cambiarla. Nuestra conciencia (influida y distorsionada) trata de dar forma a nuestra energía según los requerimientos de los demás. Es lo que llamamos perder contacto con lo que realmente somos, vivir separados –separación energía y conciencia- de nosotros mismos, la mente separada del cuerpo; vivimos separados de nuestros propios órganos, de las partes de nuestro cuerpo físico y de su significado primordial, separados de nuestras emociones, sentimientos, pensamientos, de nuestro campo de energía y del sentido de nuestra presencia en este mundo. Podemos vivir como entes aislados, separados del mundo, de la naturaleza, y por supuesto, enajenados de lo profundo de nosotros (en cuerpo y mente), pero no ser sólidos, y desde esta condición estar muy conectados con todo y todos los demás. Así las cosas, contribuimos a nuestro daño personal y al de nuestro medio ambiente; entonces la enfermedad aparece como un ente externo que penetra en nuestro cuerpo. Difícilmente asumiríamos que nosotros la hemos creado y que es una llamada urgente para unificarnos como órganos, como sentimiento, como acto, como presencia física, energética y espiritual. Al respecto, Pierrakos comenta cómo los científicos y los filósofos tienden a limitar la conciencia a la mente y la energía al cuerpo. Esta creencia estrecha el entendimiento y restringe la creatividad. Las religiones occidentales atienden al espíritu, pero ignoran al cuerpo y subestiman los sentimientos, mientras que las disciplinas orientales, como el yoga, se enfocan más en el cuerpo y la espiritualidad, pero niegan los sentimientos. Estas fisuras no sólo fragmentan nuestra vida personal, sino también nuestra percepción de la realidad. La tendencia general es separar, fragmentar, excluir grupos sociales, étnicos, costumbres. Por género, por opción sexual, por educación, por color, por creencias. Es importante resaltar que esta conciencia-energía, que es nuestra totalidad, no será totalmente afectada, ni siquiera en medio de las crisis, las enfermedades, la neurosis, la fragmentación, la locura o el mundo ilusorio. Tenemos como ejemplo a aquél que cree que por irse lejos de la casa de sus

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padres ya no pertenece a esa familia, o nada de ella le afectará, o la ilusión de aquellos padres que abandonan o no reconocen a los hijos, y por ello creen que estos dejan de ser sus hijos, o aquellos que piensan que olvidar o negar un evento traumático les evita efectos negativos en su manera de vivir, o aquel que cambia su apariencia y su posición social creyendo que así borra las huellas de su origen, que inevitablemente se reflejan en su presencia y movimientos corporales. Aún con esas distorsiones, en el interior permanecen las semillas de lo que realmente somos y lo que estamos destinados a ser y hacer, esperando por las condiciones que nosotros percibiremos y estamos destinados a buscar o tomar para florecer. Cuando una persona (consciente o inconscientemente) se considera bella, su movimiento y expresión se verán bellas, su presencia se percibirá agradable. Cuando logramos experimentar que merecemos amor, aunque los padres hayan sido poco o nada amorosos, se transmitirá el mensaje: “Puedes amarme”, pero cuando no estamos en paz mentalmente, nuestro cuerpo mostrará desesperación, nerviosismo, falta de sueño, temor. Si alguien se rechaza por su color, manifestará, de forma no verbal y vibracional, corrientes negativas que invitarán a los demás a rechazarle. En pocas palabras: “Cuando te amas y crees en ti, los demás creen en ti”. El proceso vivencial de los diversos enfoques humanistas y de la Core Energética están orientados a recuperar la unificación de ser energía-conciencia, la unificación mente-cuerpo, comenzando con la nosotros mismos en todos los niveles, integrándonos en nuestra individualidad, para luego recuperar la conciencia de unificación con todo y todos los que nos rodean, los que han estado antes y los que vendrán, esto es, la conciencia expandida de ser uno con el cosmos y el universo, de ser uno en el tiempo. Sólo de esta manera podremos salir de este egocentrismo fragmentado de la totalidad de nuestro ser: “La autoconciencia y autodirección holística es innata en todos, sólo necesitas empezar a descubrirlo, puedes ser capaz de saber momento a momento quién eres y tener la capacidad de elegir y dirigir tus pasos a lo que necesites o desees” (Molina, 2007, p. 23). La conciencia es un recipiente vacío para toda nuestra experiencia vital. Cuando asumimos a través de esa experiencia que somos energía y conciencia, que tenemos el poder de dirigir, moldear nuestra energía, crear nuestra existencia, podemos hacernos responsables de lo que surge de nosotros, podemos confiar nuestra salud y nuestra prosperidad a las capacidades que tenemos en nuestro interior; podemos asumir nuestra individualidad, singularidad y tarea de vida, como un color dentro del prisma que todos juntos componemos:

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Hoy en día, continuamente vemos cómo numerosos grupos e individuos buscan unificar energía y conciencia en diferentes tipos de prácticas terapéuticas y espirituales. Muchos seres humanos están tratando de encontrar la fuente de sanación de sus enfermedades y malestares dentro de ellos mismos, aunque muchos buscan quién los ayude: gurús, médicos, guías, maestros, compañeros de búsqueda. También la fuerza de los acontecimientos va paralela y forma parte de los cambios de la conciencia humana. Necesitamos, desde una energía-conciencia integrada, dar la cara a las manifestaciones fragmentadas y oscuras de nuestra humanidad: la violencia, el miedo, los crímenes a nuestros compañeros de viaje y a la tierra. Necesitamos recuperar el centro unificador de nuestro corazón para cuidar, respetar y amar lo que somos (Pierrakos, 1986, p. 263).

De este modo, podemos resumir que: 1. La conciencia y la energía se estimulan mutuamente. 2. La conciencia sin energía se vuelve abstracta. 3. La energía sin conciencia se vuelve mecánica. 4. La vida es forma y movimiento, es energía y conciencia. Bárbara Brennan (1993), tomando como base su propio trabajo e investigaciones, asegura que la influencia más importante en nuestra salud es nuestra conciencia, expresada en intenciones (tanto conscientes como inconscientes) que se expresan en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. De este modo, cualquier problema físico no es más que una manifestación somática de la auténtica enfermedad que se halla dentro de la conciencia, que establece el planteamiento materializado de la enfermedad. Ahora bien, la intencionalidad positiva fluye del ser superior, que es una corriente correcta de las fuerzas del core, y nos da la posibilidad de un estado de bienestar físico y mental. En contraparte, la intencionalidad negativa es una corriente de energías distorsionadas del core, que al estancarse en el organismo, termina por desembocar en enfermedad. La salud está en nuestras manos, nuestra intención de vida debe alinearse a la fuente de la vida, del amor y la sabiduría. La Ley de reciprocidad se manifiesta tanto en nuestro organismo como en el cosmos. Cada ser vivo existe a través de grandes movimientos de expansión y contracción, de la misma manera que el movimiento pulsatorio del universo: centrífugo (hacia fuera) y centrípeto (hacia adentro). La vida pulsa en nosotros de adentro hacia fuera y de afuera hacia adentro. Este movimiento (o ciclo de pulsación) tiene tres fases: 1. Receptividad.

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2. Expresión o asertividad. 3. Asimilación de la experiencia. Tres aspectos naturales que nos remiten a la Fórmula de la economía energética de Reich: tensión mecánica-carga bioeléctrica (contracción)-descarga bioeléctrica y relajación mecánica -expansión (Raknes, 1991); o el ciclo vasomotor de Gerda Boyesen (1984) impulso-tensión-carga (energía roja)-descargarelajación-recuperación -energía azul- o el ciclo de la experiencia de la psicoterapia Gestalt: sensación-formación de figura- movilización de energíaacción-contacto-postcontacto- reposo. Cada uno, a su manera, expresa lo que es un ciclo natural y autorregulador en nuestro organismo, que de cumplirlo, nos lleva a un estado de armonía y bienestar, conectándonos con el impulso natural para sanar y expresarnos por nosotros mismos, tarea nada fácil en el mundo contemporáneo. Ahora bien, este ciclo natural se altera, generalmente: Kcuando suprimimos o reprimimos nuestra vida emocional, hasta llegar al punto de inhibir la sensibilidad del cuerpo físico, o al mantener las experiencias traumáticas en el campo de energía. Casi todos los individuos experimentan la expansión como placer y la contracción como incomodidad. En alto grado la contracción es experimentada como dolor –sobre todo cuando nos resistimos a lo que ocurre-. Sin embargo, la contracción es un movimiento natural. El dolor es producido por la lucha del organismo por rechazar la contracción, para mantener la expansión placentera. Pero una expansión continua finalmente conduciría a la fragmentación, ya que el organismo necesita la contracción para consolidad las ventajas y aprendizajes de la expansión (Pierrakos, 1986, p.267).

Cuando tenemos experiencias muy gratas, generalmente queremos perpetuarlas y es entonces cuando empezamos a falsearlas. Debemos reconocer, en este caso, que cada experiencia tiene un principio y un fin, que luego dará inicio a otra experiencia, tal como el movimiento natural pulsatorio. Si nos oponemos a esta realidad, que no está bajo nuestro control, comenzamos a dar espacio al sufrimiento. La energía (que se mueve en forma de 8 en el interior) queda atrapada, ya sea en la parte superior, inferior o en todo el cuerpo. La prisión, creada por la misma energía estancada, se transforma en bloqueos mentales y corporales; el corazón tiende a cerrarse, a no confiar, a no recibir o expresar, todo esto en contra del placer natural de permitir el ciclo de cada experiencia, donde uno recibe y da, da y recibe, dentro de un orden natural.

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En cada encuentro terapéutico seguramente descubriremos ciclos no terminados, alterados, que se perpetúan, a los que terminamos adaptándonos o volviéndonos adictos, porque es lo único que, por el momento, conocemos. No sabemos dar o no sabemos recibir, o hay confusión entre ambos. Estos ciclos se evidencian en la respiración, en la cualidad del inhalar y exhalar, en el movimiento peristáltico, en la alimentación, en los procesos de defecación, en el latido del corazón, en los ciclos de vigilia y sueño, en las experiencias que vivimos y no queremos abandonar, en las relaciones humanas a las que nos apegamos. En contraparte, el ciclo pulsatorio nos recuerda que todo es temporal, la impermanencia de la vida, nuestra mortalidad. Si permitiéramos el paso de la sensación, de la emoción, del pensamiento asociado a nuestras experiencias, estaríamos fluyendo, sin oponernos a la vida. Comenzamos la resistencia desde muy pequeños, por ello por nuestra pequeñez y vulnerabilidad, pero nos quedamos trabados en el impulso, fijados en una conciencia infantil y reaccionando al mundo de forma inmadura, porque lo percibimos desde una mente-energía inmadura. El trabajo del psicoterapeuta core consiste en apoyar con nuestra presencia y recursos a desbloquear y destrabar la pulsación de la vida. Estar atento a observar el balance o desbalance en el cuerpo, la respiración, la energía, lo no verbal, la actitud, el cómo dice, lo que dice, lo que se transmite a un nivel más sutil. Todo trastorno (mental, físico, emocional, espiritual) estará determinado por un desbalance en la pulsación, en terminar una experiencia, en asimilar una experiencia de vida: el resentimiento, conflictos con la autoridad, desamor de los padres, crisis de ansiedad, depresiones, violencia, enfermedades crónicas, dificultades de pareja, en el trabajo, etc. Cuando uno conecta los movimientos de las emociones a través del cuerpo puede restablecer la realidad interna, esto es, liberar las emociones percibidas como negativas (coraje, rabia, hostilidad) que resultan en llanto y dolor. Este dolor liberado se encarga de restaurar el movimiento pulsatorio de la fuerza vital. El llanto y la liberación del dolor llevan a la expansión, y la expansión lleva al placer de vivir. Para lograrlo, hemos de pasar por encima de creencias introyectadas del mundo, que se oponen a la vida real y natural, hemos de cambiar las conclusiones distorsionadas a las que alguna vez llegamos. Concluir un ciclo de contracción- expansión, es fluir amorosamente en la vida. ¿Qué reprimes? ¿Qué ocultas? ¿Qué detienes? ¿Qué guardas? Más allá del dolor, seguramente el impulso vital y amoroso que alguna vez tuviste.

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Recuperar este impulso, este ritmo vital, es recuperar la verdad de quiénes somos. El proceso enfocado a recuperar la pulsación de la vida da lugar a integrar tanto las funciones voluntarias como involuntarias del organismo, que son movimientos pulsatorios de energía de vida que corren por todo el cuerpo, como sensaciones de calidez y hormigueo. Dejarlas fluir, como en el orgasmo, da la experiencia de vibración y resonancia en todo nuestro organismo, permitiendo integrar lo consciente con lo inconsciente, cuerpo y mente: Nuestros movimientos pulsatorios internos y nuestras percepciones dieron a nuestros ancestros y nos dan a nosotros experiencias del ser y la conciencia de nuestra persona. Estos movimientos pulsatorios son la suma total del proceso de la vida humana, de todas las energías metabolizadas interna y externamente. Estas energías crean un campo energético y el cuerpo vive dentro de ese campo (Pierrakos, 1986, p. 127).

Las fases del movimiento de pulsación están relacionadas directamente con la expresión asertiva o expansiva y a la actitud receptiva o restrictiva; la asertividad es el uso deliberado de las fuerzas internas, es un hacer activamente hacia una condición de cambio. Es también llamada el principio masculino. Por su parte, la receptividad consiste en permitir a las fuerzas internas tomar su curso, es moverse dentro de las condiciones existentes y recibir el cambio. Es llamada el principio femenino. Comenzamos la vida en brazos de nuestra madre en una actitud receptiva y confiada. Durante las primeras etapas de desarrollo humano, la vida se trata sólo de recibir, nutrirnos, fortalecernos para después dar de nosotros, hasta encontrar el equilibrio maduro de dar y recibir en el encuentro con otros. Todo hombre y toda mujer tienen la tarea de tomar conciencia de su feminidad y su masculinidad e integrarlas como parte de su ser. De no hacerlo, se polarizan los principios en los géneros de hombre o mujer: Nuestra cultura contiene ejemplos tanto de hombres como de mujeres con patrones idénticos de falsa actividad (agresión, hostilidad, violencia) y de falsa receptividad (pasividad, servilismo, sumisión). La primera atrapa demasiado poder y responsabilidad, la segunda niega la auto-responsabilidad. La auto-realización no es posible a menos que cada persona se convierta en un hombre o una mujer completos en el más profundo sentido posible (Pierrakos, 1987, p. 148).

Los conflictos entre hombres y mujeres, según Pierrakos, son la causa de las guerras en el mundo, ya que hay fuertes distorsiones en la manera en que se expresan los principios femeninos y masculinos. Estos principios se ven mejor expresados en la vida sexual del hombre y la mujer, donde puede darse la entrega mutua: “La autoentrega del hombre se da al

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entregar verdaderamente a la mujer su acción y su hombría, lo que da a ella la libertad de sentir y expresar su femineidad y su propia fuerza sin sojuzgarse al hombre” (Pierrakos, 1987, p.149). Lo cierto es que existen muchos conflictos debido a una falta de conocimiento profundo y real de estos principios femeninosmasculinos que yacen dentro de nosotros. Necesitamos integrar y asumir dichos aspectos para comprender y reconciliarnos con el sexo opuesto. Se debe reconocer que representa una labor profunda e intensa trabajar los temas en grupo, pero cuando cada integrante ha podido dar movimiento, expresión y voz a todo lo negativo y distorsionado que hay en él, llega la vulnerabilidad y el anhelo de respeto, de compartir sus vidas.

1.3.9 Campo y centros de energía Como hemos mencionado anteriormente, el cuerpo físico se encuentra dentro de un campo de energía, de adentro hacia fuera y de afuera hacia adentro. Cuerpo físico y campo de energía están interconectados y al mismo tiempo son uno, somos nosotros mismos, desde las vibraciones de energía densas de lo físico hasta las formas sutiles de energía del aura. Para John Pierrakos, apasionado en el estudio del campo energético -y poseedor de una gran sensibilidad para verlo y leer a través de él-, la historia de la persona es importante, ya que la fuerza vital básica que compone el cuerpo físico de un individuo, el aura y la energía absorbida, son una misma sustancia, aunque difirieren en las frecuencias vibratorias y formas de cohesión, ya que la velocidad de las pulsaciones del aura es muchísimo más rápida que la del cuerpo, telegrafiando con precisión todo lo que está pasando dentro del organismo en todos sus planos de funcionamiento: el fisiológico, el emocional, el mental y el espiritual. También proveen con mayor claridad el movimiento recíproco de la energía: cómo se contrae y expande el campo áurico. La severa contracción, palidez y oscuridad del aura cuando la persona tiene miedo, y la esplendorosa expansión, matizada de vivos colores, cuando siente placer y amor. Asimismo, el campo energético puede mostrar la historia de privación o satisfacción de la persona, la enfermedad física o salud, el conflicto emocional o la armonía interna o en sus relaciones, la pobreza espiritual o la plenitud amorosa. Así también, es posible mirar sus dones, talentos, capacidades y fuerza especial. De este modo se asegura que: La vida está llena de descubrimientos y retos estimulantes para el alma. El proceso de encarnación dura toda la vida. Es un movimiento del alma orgánica por el cual se irradian en dirección descendentes vibraciones o aspectos espirituales

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más elevados de campos aurales sutiles hasta el cuerpo físico. Estas energías son utilizadas por el individuo para crecer, realizando elecciones espontáneas en su proceso vital y de crecimiento. Al crecer, el individuo amplía su capacidad a niveles más altos de vibraciones/energía/conciencia hacia y a través de sus vehículos, sus cuerpos aurales y sus chakras (Brennan, 1993, p.89).

Por lo regular, cada nueva generación es capaz de soportar vibraciones más altas que las precedentes, de manera que la humanidad se desplaza en un plano evolutivo hacia vibraciones más altas y realidades más expandidas. Eva Pierrakos (2000) afirma que el alma que se va a encarnar se reúne con sus guías espirituales para planificar la vida futura. En esta reunión, el alma y sus guías estudian las tareas que necesita la primera para lograr el crecimiento, el karma que debe encontrar para asociarse y los sistemas de creencias negativas que requiere para pasar por la experiencia. Por ejemplo, alguien puede necesitar desarrollar su liderazgo, otro su capacidad de ayudar. Al cumplir la tarea personal, uno está preparado para hacer lo propio con la tarea en el mundo. Así, la tarea personal libera el alma, dejando escapar las energías que se emplean para realizar la tarea en el mundo. El campo energético humano (o aura) se compone de siete niveles de energía. Cada nivel presenta pautas de energía variables, que vibran con la fuerza vital. Cada nivel está integrado por vibraciones más altas que aquél que rodea e interpenetra, y cambia, además, con la salud, la enfermedad y el proceso de la muerte. El campo energético humano no es sólo un campo de energía. Es la persona. De hecho, es más la persona que el cuerpo físico. Los niveles del campo energético humano son, en realidad, cuerpos de energía. Nosotros somos energía. Los tres niveles inferiores del aura son los que mantienen el cuerpo físico en su lugar y se disuelven en el proceso de la muerte. Chakra es una voz sánscrita que significa rueda, los chakras son vórtices y conductos de energía. Funcionan como órganos de toma de energía vital universal. La energía absorbida y metabolizada por estos centros es enviada a las distintas partes del cuerpo. En la tradición oriental, esa energía recibe el nombre de prana o chî. Si un chakra deja de funcionar correctamente, la toma de energía se resiente, debido a que los órganos no reciben un suministro necesario. En el primer chakra, la conciencia está fundamentalmente ligada a la supervivencia. En el segundo, la conciencia está orientada hacia el sexo y las relaciones personales. En el tercero, ubicado en el plexo solar, está asociada al poder. Estos tres niveles, que implican niveles de realidad cada vez más abarcadores, pueden concebirse respectivamente como conciencia “yo”, conciencia “tú y yo” y conciencia “nosotros”. D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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En términos psicológicos, el despertar de los tres primeros chakras se corresponde con las distintas etapas de desarrollo del ego. Por ello, es probable que la persona o cultura que sólo haya evolucionado hasta el nivel del tercer chakra, no se preocupe por otra cosa que no sea el dinero, el sexo y el poder. El cuarto chakra, ubicado a la altura del corazón, está asociado con el amor y el despertar de los valores espirituales; en este: La conciencia alcanza el nivel del corazón, el amor se convierte en un impulso ineludible y en la más poderosa de las motivaciones, y en este punto el interés por el bienestar ajeno puede llegar a predominar sobre los deseos personales. En el quinto y sexto, la conciencia se expresa a través de la creatividad y la visión espiritual. Finalmente, en el séptimo chakra, ubicado en la coronilla y más allá de ella, la conciencia individual se disuelve en el Espíritu o conciencia universal (Vaughan,1997, p.34).

Los centros (o chakras mentales) son: el 7º, ubicado en el centro de la corona, el 6º en la frente (el tercer ojo) y en la parte posterior, que dan la posibilidad de desarrollar las ideas. Los centros o chakras volitivos son: el 5º, ubicado en la base del cuello (el yo social), el 4º, entre los omóplatos (la voluntad hacia el mundo), el 3º, posterior al diafragma (de curación), el 2º en el sacro (es energía sexual), el 1º, coccígeo, es la energía física y la voluntad de vivir. Los centros sensibles son: 5º, al frente (tomar-asimilar), 4º, ubicado en el centro del corazón (amor a los seres humanos, a la vida), 3º, en el plexo solar, (placer, fuerza, poder personal en conciencia universal), 2º, púbico (calidad del amor y sexo, dando y recibiendo a todos los niveles). Como se podrá observar, el tema es extenso, por lo que en este texto se concretará a revisar aquellos aspectos relevantes que van de la mano de la Core Energética.

1.3.10 La espiral Cuando nos adentramos en el mundo espiritual nos encontramos con elementos que lo representan: los símbolos. Del latín simbolum, el símbolo es la forma de exteriorizar un pensamiento, concepto o idea más o menos abstracta, que es perceptible por medio de al menos uno de los sentidos. En las religiones semíticas, asirias, fenicias, hindúes, grecolatinas, prehispánicas, impera el símbolo como representación de los fenómenos de la naturaleza, que muchas veces terminan encarnando los valores morales de la sociedad: la estatua de la

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independencia, la de la libertad, etc. Cualquier objeto, natural o no natural, podemos revestirlo de un valor simbólico, como piedras, frutos, animales, formas geométricas, números. De este modo, los símbolos representan aspectos recónditos de nuestro subconsciente o inconsciente, conceptos arquetípicos. Según Jung (1984): K el símbolo no es ni una alegoría ni un simple signo, sino más bien una imagen para designar lo mejor posible la oscura naturaleza, apenas sospechada del espíritu, una imagen que concentra las producciones religiosas, éticas y estéticas del hombre, y que confiere vivacidad y dinamismo a las actividades intelectuales, imaginativas y emotivas del individuoK el símbolo no explica, sino que se proyecta mas allá de sí mismo, hacia un sentido aún en el más allá, inasible, apenas presentido, que ninguna palabra de la lengua que hablamos lo expresar de forma satisfactoria (p. 48).

El símbolo que toma John Pierrakos para representar a la Core Energética es la espiral. Este símbolo no es obra humana, pertenece a la naturaleza; podemos observarla en los fósiles, moluscos prehistóricos, tornados. Las fuerzas gravitatorias giran sobre un centro, al cual llegan y del cual emergen. La espiral es uno de los tres símbolos que definen al druidismo, y es importante mencionarla para comprender el sentido profundo en el trabajo que se realiza el el proceso de la Core Energética. Para los druidas: Kel triple camino druídico, el camino de la ascensión celta, viene dado por estos elementos: Naturaleza, Verdad y Conocimiento. A través de estas tres nociones podemos acercarnos al corazón del camino druídico, cada uno de esos conceptos se relaciona con un símbolo, así pues, podemos relacionar a la Naturaleza con la espiral, el Laberinto con la verdad y el conocimiento con la triple espiral, con el Triskel (Bele, 2006, párr. 4).

La naturaleza, entonces, es una espiral, desde lo más grande que conocemos, las galaxias, nuestra Vía Láctea, hasta el ADN, con su triple espiral. Lo macrocósmico, lo microcósmico, lo atómico, es una espiral. La manera de descubrir la naturaleza es conocer el universo y lo intrínseco del ser humano. Es a través de la espiral como un druida se acerca a la naturaleza y a través de esta naturaleza a la misma esencia del Todo, del Increado. La Fuente de Todo está representada en esa espiral. La vida, la existencia del hombre, no son fenómenos tan simples, son como una espiral, se retuercen y se complican, formando un laberinto. Para recorrer el laberinto, comprender nuestra vida y llegar al centro de nuestra esencia, se necesita estar en la Verdad, alejados de artificios, de apariencias. A través de la Verdad uno desentraña el Laberinto de la Vida. Se

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camina a veces alejándose y otras acercándose al centro, siempre alrededor, observando y anhelando estar en ese centro de la Verdad, del Todo: El Triskel es la sublimación de la espiral, donde no hay una realidad sino tres: el mundo físico, el mundo psíquico y el mundo espiritual. Para llegar al centro han de recorrerse los caminos de estos tres mundos. Sólo así se adentra a un conocimiento completo, a un conocimiento holístico de la existencia de sí mismo y el Todo (Bele, 2006, párr.12).

La espiral, en Core Energética, representa las curvas de un camino, un proceso evolutivo, atravesando y transformando las formas aparentes y retorcidas de nuestra existencia, expandiendo nuestra conciencia hasta el reconocimiento de que somos una unidad cuerpo-mente- espíritu. La base del trabajo, a través del conocimiento, la verdad y la compasión, es reconocer, sanar, depurar, preparar nuestra dimensión finita, nuestro cuerpo físico, para abrir corazón y mente al conocimiento y experiencia más profundas y sutiles, en la Verdad de que somos totalidad, que somos uno con todo, que nuestra esencia es infinita y es la fuente de todas las posibilidades, para poder ser felices; es darnos cuenta que es posible aliviar el sufrimiento humano, que es posible vivir en el presente.

1.3.11 John C. Pierrakos La Core Energética fue creada y desarrollada por John C. Pierrakos a finales de los años 60 en Estados Unidos. De origen griego, el guía nace en la pequeña población de Neón Oitylon, a las orillas del Mediterráneo, el 8 de febrero de 1921. Crece entre mujeres: sus hermanas, su madre, primas y tías. Su padre viajaba constantemente, por lo que la relación de ambos era distante. Al respecto Pierrakos relata: Él era un patriarca, muy serio y muy disciplinado; nunca jugó conmigo, nunca me dijo que me quería. Yo le tenía miedo, temía que se diera cuenta de mi creciente interés por el sexo con algunas de las chicas que me rodeaban. En cambio mi madre era totalmente lo opuesto, me abrazaba y expresaba su amor (1997, p.139).

En Atenas, a los 15 años de edad, lee por primera vez un artículo de W. Reich y se pregunta ¿Qué significa “energía de vida”? Posteriormente, en 1939, viaja a Norteamérica, a instancias de una de sus hermanas, poniendo distancia a la guerra que se avecinaba en Europa. Ahí estudió medicina y psiquiatría. En los años 40 lee el libro La función del orgasmo, quedando fascinado por el trabajo de Reich. Apoyado por una amiga, y reuniendo coraje, contacta a Reich e inicia su aprendizaje con él:

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Kme sentí intimidado por su autoridad, por su gran cara y su gran voz –era como la de mi padre-. Me sentí inferior y esto provocó que sacara mi enojo y todos mis problemas con la autoridad masculina. Durante las sesiones, él hacía que estuviera sólo en shorts y acostado en el sillón y me decía “¡No estás respirando!” Claro que no respiraba, estaba muerto de miedo. Luego me preguntaba de mi vida sexual mientras observaba mi cuerpo. De vez en cuando ponía su mano sobre alguna zona de bloqueo –en el abdomen o en el pecho- y me decía que respirara rápido o me hacía mover la energía poniéndome a patear o sacudir los brazos (Pierrakos, 1997, p. 140).

A finales de los años 40 se separa de Reich, pues se siente amenazado por la falta de cuidado de sus seguidores y por las dificultades de este con la Ley y la Administración de Alimentos y Medicinas (FDA). Comenta Pierrakos (1997): “Kyo no quería poner en riesgo mi licencia médica por un motivo que se estaba haciendo insoportable, así que decidí retirarme. Me afectó mucho irme en ese momento, porque Reich había sido una parte crucial en mi vida; era muy apasionado, eso fue lo que me conectó con él” (p. 141). En 1953, ya casado y con dos hijas, termina su residencia psiquiátrica en el Kings County Hospital. Cuando decide renunciar, establece su consultorio en Greenwich Village y se asocia con Alexander Lowen. Partiendo de su aprendizaje con Reich, ambos desarrollan nuevos conceptos y técnicas para el trabajo psicocorporal. En 1956 surge formalmente el Instituto de Análisis Bioenergético: Durante los siguientes 12 años Lowen y yo desarrollamos lo que sería conocido como Bioenergética, que estaba basada en lo que habíamos aprendido acerca de las defensas de la energía y del carácter durante nuestro trabajo con Reich. Fue muy emocionante experimentar con nuevas técnicas y conceptos. Trabajamos de pies a cabeza, fundamentando la personalidad en lo energético y mental. Sin embargo, al paso de los años, yo empecé a sentir que algo estaba faltando en el trabajo y en mi vida (Pierrakos, 1997, p. 142).

En su último libro, que es su autobiografía, Alexander Lowen menciona algunos aspectos de su relación con John Pierrakos: Mi terapia con Pierrakos duró casi tres años. Su calidad era completamente distinta de mi trabajo con Reich. En la primera mitad de la sesión trabajaba yo conmigo mismo, describiendo a Pierrakos mis sensaciones corporales. En la segunda, él operaba con sus manos calientes sobre mis músculos tensos, masajeándolos y relajándolos para que pudiesen producirse las corrientesK Él y yo teníamos similitudes, pero nuestras personalidades eran opuestas de muchas maneras. Aunque éramos de la misma altura, él tenía un cuerpo más fuerte y sólido, característico del hombre griego. Yo necesitaba estar más arraigado y procuré alcanzar una conexión con la tierra. Él necesitaba una

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conexión con la luz y los aspectos del aire en la vida y alcanzar el cielo (2004, p. 38).

La relación con Lowen no prospera. Pierrakos, separado de su esposa y en proceso de divorcio, insatisfecho con su trabajo, continúa en su búsqueda personal. Le recomiendan contactar a Eva Broch, canal espiritual desde 1957. Lee las conferencias que Broch dicta y se acerca a ella: “Ksupe que tenía que conocerla porque ella estaba transmitiendo lo elementos que yo sentía que hacían falta en mi trabajo (K) Su guía evaluaría mis esfuerzos creativos. A través de ella, se me hablaba de formas para integrar y personalizar mi lucha, mi trabajo” (Pierrakos, Comunicación personal, 1992). El encuentro con Eva Broch y con el trabajo que desarrollaba contribuyeron profundamente en la creación una nueva forma de psicoterapia: Kella despertó mi interés por la dimensión espiritual de la conciencia y yo le di al Pathwork la dimensión de la energía, como es que ésta conecta el cuerpo y la personalidad con el ser espiritual. A partir de la Psiquiatría, de Reich, de la Bioenergética, de la guía de Eva, del Pathwork, surgió la Core Energética. El trabajar con Eva me hizo cambiar el énfasis de mi trabajo, de las defensas a lo creativo, al ser espiritual. Ahora, puesto que tengo profundo respeto y amor hacia la gente, mis intervenciones pueden traspasar sus defensas de una manera rápida y precisa. En mi corazón sé lo que estoy haciendo y porqué lo estoy haciendo. Mi ego no está presente en el trabajo como estaba antes y sigo trabajando en mis propios conflictos. Cuando nos conocimos, sus ojos oscuros mandaron rayos de alma hacia la mía; era vibrante, hermosa, era un ser magnífico (K). Los años con Eva fueron los más felices de mi vida. Ella era artista y bailarina (K). Nuestro trabajo nos unió mucho. Esta integración dio pie a que nuestro trabajo floreciera y lo realizamos hasta que Eva murió en 1979. Nuestro amor era precioso, era hermosa la forma en la que nos preocupábamos por el otro. Había una conexión profunda, nos rendimos totalmente. Ella era mi alma gemela y yo la suya (Pierrakos, 1992, p. 144).

De este modo, el encuentro con Broch fue mucho más profundo. Ambos se casaron, no tuvieron hijos. Junto con sus seguidores fundaron el Centro de Pathwork en Phoenicia, cerca de la ciudad de Nueva York. En los 70, Pierrakos es fundador y director del Institute for New Age Man, que más tarde se convierte en el Institute of Core Energetics de Nueva York, el primero en establecerse. Viaja por todo el mundo enseñando su terapia y poco a poco se van creando más institutos que transmiten las enseñanzas de Core Energética.

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En 1987, Ilse Kretzschmar conoce a John Pierrakos en uno de sus talleres al sur de Francia. En el mismo año, Pierrakos viaja a México para asistir al Congreso Internacional de Psicoterapia Corporal, y un año después, Kretzschmar, junto con Patricia Estrada, organizan el taller “Amor, Eros y Sexualidad”. Para el año siguiente se inicia el Primer Entrenamiento Internacional en Core Energética de México. Ilse Kretzschmar relata: “Kme impactó su manera de trabajar, fuerte y suave a la vez, yendo al grano del asunto y sin rodeos; su impecable don de confrontación desde una actitud profundamente amorosa y comprensiva” (2007). En septiembre de 1993, Pierrakos asiste muy entusiasmado a la inauguración del Instituto de Core Energética de México y el Centro Yollocalli, dirigido por la Mtra. Kretzschmar. Posteriormente, en 1998, durante la graduación del postgrado, Pierrakos (con ayuda de Kretzschmar y otros maestros del entrenamiento) autoriza inaugurar el Centro de Core Energética en la ciudad de Puebla: Qué sorpresa, qué felicidad, qué responsabilidad, que bien tomé, asumí y sigo asumiendo. Después de un ir y venir apasionado en el amor y desamor, en el encuentro y desencuentro, en cerrarme y abrirme, entre la transferencia y la contratransferencia, la negatividad y el ser superior, la verdad amorosa nos reconcilió. Pude atravesar mi idealización hacia él y ver su humanidad, su ser real, su ser sólo mi maestro.

El 24 de septiembre de 1999, Ilse Kretzschmar realiza en Casa Tonalli (ubicada en el Estado de México), una entrevista acerca de la vida de John Pierrakos, y el 20 de septiembre del 2000, Pierrakos ofrece su última conferencia en México en el Centro Yollocalli, organizada por Kretzschmar, en la Cd. de México, de la que se recupera el ideal del maestro: “Anhelo ver que la Core energética florezca para ayudar a unificar la separación que hay entre la psicología, la religión, la ciencia y la vida personal. Mi trabajo es alcanzar la profundidad de la entidad de una persona, ayudar a esa persona a abrirse, a transformarse, ¡a moverse!” (p. 145). Aunque la sociedad entre Pierrakos y Lowen no termina bien y durante muchos años pierden contacto, ambos intentan en varias ocasiones reconciliarse. En palabras de Pierrakos: “Kfaltaba asumir muchas verdades, aún había dolor y resentimiento” (Comunicación personal, 1992). Afortunadamente, uno o dos años antes de morir, Pierrakos comparte contento y conmovido que habían resuelto su conflicto, se habían encontrado. Su corazón estaba tranquilo y en paz por ello. El 1 de febrero del 2001, fallece John Pierrakos, en la Cd. de Nueva York, dejando un importante legado para nuestro proceso de vida, para transmitirlo a quienes nos rodean y a las futuras generaciones. Lowen asiste al funeral y ofrece las palabras de despedida. D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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Por su parte, Kretzschmar, en honor al maestro, al guía, al ser humano que aporta a sus semejantes un camino hacia la Verdad y el Amor, comenta: John nos inspiró y nos sigue inspirando con su incansable vitalidad, con su constante empuje a entrar en el ser inferior y con su voluntad amorosa de no dejarse vencer por las negatividades más escondidas y espantosas. Su lema era el amor, que prende el fuego en el corazón, que confronta las diferencias, que pelea por los más altos valores y que es compasivo donde hay inconsciencia, ignorancia e inmadurez (Comunicación personal, 2007).

Pierrakos sólo escribió dos libros; el primero: Core Energética. Desarrollando la capacidad de amar y sanar, y el segundo: Amor Eros y Sexualidad. Las fuerzas que unifican al hombre y a la mujer. Su don y su placer fue transmitir su conocimiento, su sabiduría a través de su trabajo y su presencia. Su interés se centró en ver, revelar y energetizar los pensamientos, las actitudes y las acciones negativas para poder transformarlas y reintegrar la energía al flujo natural de la vida, que a su vez son los ejes temáticos del enfoque coreenergético.

Conclusiones La Core energética es una forma de psicoterapia que tiene antecedentes históricos lejanos y cercanos a nuestra época, y si bien atiende el proceso psicodinámico de una persona, pareja o familia, en orden de atender una problemática existencial y ayudarlas a fortalecerse e identificarse con ella (os) misma (os); va más allá, proponiendo una filosofía y un camino de encuentro espiritual con la propia esencia y con la de otros seres humanos, la naturaleza y el cosmos. Su tarea es apoyar la expansión de la conciencia de un individuo, reconociendo que es energía, una unidad psicosomática espiritual, una vida sana que pulsa armoniosamente en un ritmo de expansión-contracción-asimilación, respetando la ley de mutualidad de dar y recibir en todas las experiencias de vida y en todos los encuentros humanos. La realidad es que vamos librando desafíos de vida, perdiendo en muchos momentos la conexión con nosotros mismos, entonces necesitamos recuperar esa conexión y responsabilizarnos de la manera en que manejamos nuestra energía, la vida que fluye en nosotros y trascender la victimización y falsedad, que sólo son autoengaños. Reconocer nuestro core es reconocer la fuerza, la sabiduría para enfrentar y disfrutar la vida. Cada ser humano tiene el poder interno para resolver su existencia y descubrir y expresar su esencia.

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Resumen La Core Energética es una psicoterapia corporal y espiritual que se enfoca en el core del individuo, en sus cualidades únicas y positivas. Es un proceso evolutivo que nos permite, a través de una labor profunda y energética, reconocer nuestra individualidad y nuestra unicidad con el todo. Los fundamentos teóricos y prácticos de la Core Energética provienen de disciplinas milenarias que indagan en el autoconocimiento; del psicoanálisis, del trabajo reichiano, del análisis bioenegético, de la psicoterapia humanista, de la psicología transpersonal, de trabajos e investigaciones energéticas, del pathwork. Evidencian que somos una unidad energía-conciencia. La energía como sustancia esencial y la conciencia como el escultor de esa energía. Nosotros mismos tenemos la posibilidad de hacernos responsables de nuestra existencia, de vivirla y disfrutarla con todos los desafíos y experiencia que se nos presenten. Asimismo, existe un movimiento pulsatorio en nuestro interior, una capacidad para autorregularnos, un ritmo personal. Todo el tiempo fluimos en un movimiento masculino-femenino de expansión-contracción, de dar y recibir. Cuando el movimiento, el fluir de la energía dentro del cuerpo y en las relaciones, se estanca o se bloquea, se crean patrones rígidos para vivir y aparece la enfermedad. Nuestro campo de energía, nuestro cuerpo, nuestra mente son uno, somos nosotros mismos. Vivimos en un constante intercambio energético, de contacto físico, de emociones, sentimientos, ideas, pensamientos. A través de nuestros chakras nos abrimos para recibir la energía circundante del universo. Es importante recordar que somos una unidad psicosomática, que poseemos en nuestro interior la capacidad para sanarnos; los agentes externos sólo son catalizadores que despiertan ese potencial si transitamos por el camino evolutivo del despertar de nuestra conciencia, de trascendernos a través de ser uno con nuestra esencia. El proceso de la Core Energética es profundo, trabajando a todo los niveles de nuestra existencia. El proceso terapéutico conlleva que el individuo trabaje psicodinámicamente, observando sus pautas y reacciones caracterológicas, para que descubra cómo se enmascara y se vuelve un ser negativo y vengativo, y así reconozca cómo puede transformarse y descubrir su poder para crear una nueva vida, más consciente, más creativa, más plena. El ser humano necesita moverse, física, energética, emocional y mentalmente, pues como dijo Einstein:”Si quieres tener una vida diferente, entonces debes hacer cosas diferentes y positivas”.

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Cuestionario 1. ¿Qué es la Core energética? 2. ¿Qué es el Core? 3. Explica las tres tesis de la Core Energética. 4. ¿Cuáles son las influencias de la Core Energética? 5. Explica qué es el movimiento pulsatorio de la vida y anota algunos ejemplos. 6. ¿De qué manera impacta en ti la propuesta de que somos energía? 7. ¿Cuál es el objetivo psicoterapéutico de la Core Energética?

Ejercicios reflexivos Haz una pausa en silencio y reflexiona mirando hacia atrás cómo has ido desarrollando tu individualidad, cómo has pretendido verte como alguien separado de los demás, desde cuando y qué y a quienes has necesitado para ello. Haz una pausa en silencio, mira cómo es tu experiencia como un ser individual, con una identidad personal y separada y observa si has tenido alguna experiencia de unicidad o de estar conectado con el todo y ser uno con todos. Reflexiona si has tenido, en momentos de enfermedad, de conflicto, de dificultades en diferentes áreas de tu vida, la experiencia de sentir que la fuerza de sanación o de búsqueda de soluciones está dentro de ti o si esto es nuevo para ti, crea un nuevo paradigma para responder a la vida. Permítete unos momentos en silencio, cierra los ojos y sé un buen observador de ti mismo, de tus pensamientos, de tus sensaciones, de tus emociones, de tu cuerpo. Tú eres tu cuerpo y tu mente, no hay división, lo que ocurre en tu mente ocurre en tu cuerpo al mismo tiempo. Eres unidad mente-cuerpo-espíritu, tu verdadera y profunda naturaleza es espiritual, en la conciencia del ser, de tu profunda esencia, que es inconmensurable, es algo más grande de lo que crees que es y que te conecta con la esencia de todas las cosas. En esa identidad profunda no estás separado de nada, ni de ti mismo ni del mundo.

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Dinámicas corpo-energéticas Ejercicio I Camina por el espacio lentamente, tomando conciencia de tu cuerpo, qué siente, cómo camina, cómo se siente energéticamente, anímicamente. A continuación, camina más rápido, corre, brinca, detente y sacude el cuerpo, con menos control, sin control, con los pies bien pegados a la tierra, liberando la voz. Luego debes irte deteniendo. Ya de pie, arraigado a la tierra, percibe cómo pulsa tu cuerpo, cómo pulsa la vida. Luego, observa tus sentimientos, cómo fluye su energía, qué cambió en tu ánimo, cómo está tu mente. Acércate a otro u otra compañera, ponte de frente, cierra los ojos y recibe la presencia física de esa otra persona, abre los ojos y recibe en su mirada la expresión de su alma, aquí y ahora, reconociéndose, percibiendo cómo es la energía entre ambos. Al final, permítanse expresar lo que sientan o piensen en ese momento. Por último, agradece la experiencia a tu compañero (a).

Ejercicio II En parejas: A) Permanece de pie, cierra los ojos y mantente quieto y en silencio. B) Imagina el campo de energía de tu compañero (a) y mueve sus manos alrededor percibiendo su campo de energía, acariciándolo suavemente, de la cabeza a los pies, atrás y adelante. C) Abre los ojos y comenta a tu compañero lo que sentiste. D) Escucha lo que tu compañero percibió en ti. E) Compartan en ronda general la experiencia.

Sugerencias para el facilitador El facilitador necesita estar entrenado en Core Energética, y además, debe haber participado en un proceso personal semejante. De esta manera, podrá reconocer que la enseñanza no sólo es teórica, sino vivencial, además de que realizará ejemplos y modelaje de cómo se trabaja en Core Energética.

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2. Amor, Eros y Sexualidad Introducción En Core Energética, energía y conciencia son dimensiones de la fuerza de la vida que se manifiestan en tres corrientes diferentes: Amor, Eros y Sexualidad; cuando estas fluyen libremente se experimentan como si fuera una sola y conducen inevitablemente al placer. El placer, el bienestar son nuestros derechos, los merecemos como legado natural. Cuando fuimos pequeños, durante algún tiempo disfrutamos el placer de vivir sin muchas restricciones, cuando estas aparecieron, entramos en el principio de realidad, que involucra aprender a posponer la satisfacción y el placer. No fue fácil aceptarlo ni comprenderlo con las guías que tuvimos. Heridos en nuestro movimiento expansivo, surgió el dolor, y con ello, el miedo al placer, erigimos defensas para protegernos de estas fuerzas internas y del rechazo externo. El proceso psicoterapéutico y evolutivo se enfoca a recuperar la capacidad de expresar estas tres corrientes de vida que hay en nuestro interior: nuestro eros, nuestra sexualidad y nuestro amor.

Objetivo general Contribuir a que los estudiantes reflexionen, comprendan y reconozcan las fuerzas del amor, el eros y la sexualidad.

Objetivos específicos Que el estudiante: 2.1 Discrimine cada una de estas tres fuerzas de vida. 2.2 Reconozca las consecuencias de reprimir, negar y distorsionar estas fuerzas de vida, así como las consecuencias positivas de permitirse descubrirlas, vivirlas e integrarlas como parte de sí mismo y de su sentido de vida. 2.3 Establezca la relación dinámica del amor, el eros y la sexualidad en su individualidad e interacción con los demás. 2.4 Integre en su práctica terapéutica estas tres dimensiones de las fuerzas de vida para acompañar a sus pacientes/consultantes y ayudar a liberarlas en ellos.

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Mapa conceptual

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2.1 Eros: La fuerza de la transformación El eros es una fuerza poderosa que le da vivacidad a nuestro cuerpo y a nuestra existencia. Exalta con vivos colores nuestras emociones y los campos energéticos; estimula y abre nuestra conciencia hacia la expansión, nos despierta a la vida. Eros es una fuerza que nos impulsa a la creatividad, a reinventarnos, a disfrutar la experiencia de sentirnos dignos, que nos amamos y merecemos ser amados tal como somos. Promueve nuevas formas de ir hacia la vida, ya que nos brinda un sentimiento eufórico de que ésta vale la pena, con todo y las contradicciones y dificultades que presenta. Da la sensación de estar bien, de que podemos amar. Impulsa nuestra curiosidad hacia los misterios. Es juego, es espontaneidad, es coquetería, es atracción. Todo en los niños es eros, pues están descubriéndose y descubriendo el mundo. Eros es una fuerza que hace vibrar nuestro cuerpo. La sangre fluye, los movimientos son gráciles, los ojos brillantes. Cambia las imágenes del pasado, los pensamientos rígidos. Llegan nuevas ideas, nuevas percepciones, para, por algún tiempo, contar nuestra historia de otra manera; es la chispa, las llamaradas de la fogata que ilumina momentáneamente la posibilidad de cambios importantes y de abrirnos al amor. Es el puente entre el amor y la sexualidad donde el encuentro íntimo se potencializa en éxtasis. Nos inspira a revelar nuestra verdad y escuchar la del otro. Es alegría y gratitud de existir: Eros entra con tal fuerza que rompe las defensas más rígidas. De repente, sin aviso, sacude las defensas y proporciona movimiento, vida y esperanza; la manifestación última, fundamental del eros es la de ponernos en contacto con la fuerza de la creación (sentimos a Dios en nosotros). El eros nos transforma de débiles a fuertes, de duros a suaves (Pierrakos, 1997, p. 52).

Cuando esta fuerza erótica ha sido inhibida, criticada y rechazada en la infancia –porque asusta a nuestros padres, que han perdido la capacidad de vivirla y saber canalizarla y expresarla- se crean defensas a todos los niveles para no ser heridos, para no vivir el dolor de dejar de ser quienes somos. Cuando eros vuelve a sacudir la existencia, también emergerá el dolor original, el miedo y el enojo. Es el momento de trabajar con estos pendientes, revisar los condicionamientos, las viejas creencias acerca de la alegría de vivir, de expresar nuestra sensualidad, revisar los patrones culturales de lo que es ser hombre y lo que es ser mujer, de lo que es ser uno con el otro, de lo que es ser femenino y masculino, de cómo vivir el placer y el amor y hacer cambios fundamentales, unificando lo femenino y masculino en nosotros para así relacionarnos con la

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pareja y con otras relaciones interpersonales, con más claridad de qué es lo que nos toca dar y qué merecemos recibir. Ahora bien: Las diferentes personalidades o tipos de carácter se relacionan con Eros de distintas maneras. Cada manera es una forma de esquivar a las poderosas fuerzas unificadoras del amor, eros y sexualidad. La gente que teme a las emociones se resiste a Eros porque no quieren sentir las emociones asociadas con la soledad, el dolor y el aislamiento. Luchan con la fuerza erótica porque no quieren dar. La gente que es muy emotiva, por otro lado, busca la belleza de hombres y mujeresKsólo quiere la excitación de Eros, pero no el trabajo que representa cruzar su fuente hacia el amorK Eros debe contar con la voluntad de la persona para moverse hacia el amor (Pierrakos, 1986, p. 238).

El problema es que eros tiene corta duración; para que no se apague hay que mantener un actitud de aventura y curiosidad, una intención de ir hacia el amor, una apertura a aprender a amar y a revelarse al otro. Cuando falta el eros, la relación sexual sufre eventualmente, y eso ocurre frecuentemente en los matrimonios. ¿Cómo desaparece? La respuesta son los hábitos, la familiaridad, que se han convertido en un círculo vicioso: “En el momento en que piensas que ya has descubierto todo lo que se puede encontrar, y que has revelado todo lo que tienes que revelar, el eros se irá” (Pierrakos, 1993, p. 50). Lo real es que somos un enigma para nosotros mismos y para el otro. La pareja es un misterio a descubrir día con día, pero podemos confundirnos por los patrones repetitivos de ser. Vivir en pareja es una gran oportunidad para mirarnos en un espejo que día a día revela algo nuevo de nosotros. Una oportunidad para ser espejo del otro y reflejar aspectos de uno mismo. Es una experiencia para purificarse juntos y aprender a mirar en las profundidades del alma del otro, ayudarse a madurar, a salir de los patrones infantiles que nos mantienen unidos al sistema familiar, nos permite caminar como adultos hacia el misterio, la impermanencia de la vida. Cuando no se ha aprendido a vivir el eros como un puente, como una experiencia que ilumina la posibilidad de unión, de amar, entonces éste se distorsiona en una búsqueda de excitación constante, por lo que no será posible establecer una relación profunda y perdurable; se transitará por la vida de pareja en pareja. Una vez consumada la excitación y el entusiasmo por una persona, el individuo se dirigirá a la conquista de otra, sin embargo, se debe reconocer que: Detrás de la institución del matrimonio se encuentra una intención divina y su propósito no es únicamente la procreación, ese no es más que un detalle. La meta espiritual de matrimonio es permitir que el alma se revele y que pueda estar siempre en la búsqueda del otro para poder eternamente descubrir nuevos

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paisajes en él o ella. Mientras más suceda esto, más feliz será el matrimonio (Pierrakos, 1997, p .61).

Mantener el eros es un compromiso personal de apertura, algo que surge momento a momento en el ser, a mantenerse despierto y dispuesto a descubrir quién soy en esta vida; es un compromiso de transformar formas viejas, oscuras, rígidas y hasta enfermas de vivir, en expresiones más apasionadas del sentir. Transformar la rabia en coraje para vivir, la tristeza en alegría, la crítica destructiva en retroalimentación asertiva, el sadismo en un contacto amoroso, descongelar el odio y transformarlo en cálida ternura y amor. Por su parte, Ken Wilber (1998) resume que Eros: “Kopera en el dominio de lo biológico como responsable de la unión de los cuerpos; en el dominio de la mente como responsable de la unión de las personas y las ideas mediante la comunicación y en el ámbito de lo espiritual como responsable de la búsqueda de la unidad con el universo” (p.58).

2.2 Sexualidad: la fuerza creativa La sexualidad es una fuerza tremenda que lleva al individuo a un estado de unificación con otro ser humano. Ejerce una fuerza de atracción irresistible. Sexualidad y vida son lo mismo, la especie se ha perpetuado a través de ellas y nos ofrecen el legado de todas las generaciones que han existido antes que nosotros. Somos sexualidad. La energía sexual que fluye crea una vibración de placer, desde la periferia de nuestra piel hasta la sinapsis celular, así entonces, somos estimulados por ella todo el tiempo. Tiene el poder, a través del orgasmo, de hacernos trascender en el tiempo, el espacio y la dualidad. Reich (1991) afirma que abandonarse a los movimientos involuntarios y ondulantes en el reflejo del orgasmo, y mejor aún, en el orgasmo mismo, nos mantiene en salud. Todos mantenemos un anhelo de fusión, a través de la sexualidad, como el que vivimos con nuestra madre, y anhelamos ser uno con la pareja. Desde la niñez persiste un impulso natural que nos empuja a explorar nuestro cuerpo, a experimentar con diversas sensaciones y descubrir nuevo placer. La adolescencia transforma el cuerpo de niño (a) a hombre o a mujer; explota con fuegos artificiales y es necesario expresarla, compartirla, vivirla, pero en el camino del desarrollo de nuestra sexualidad recibimos restricciones y creencias negativas acerca de ella. Los padres, la familia, la sociedad (a través de los siglos transcurridos y a la fecha) dificultan aceptarla e integrarla como parte de nuestro ser, con la misión de vivirla, no sólo para la continuación de la especie, sino también como la experiencia de fusión, de placer y de encuentro profundo de

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dos almas que se permiten vibrar en el cuerpo, en su emoción, en su corazón, y vivir un momento de éxtasis, de realización espiritual, como bien lo ha señalado el tantra (Osho,1992). La consecuencia de esta falta de contención y guía es vivir en la ignorancia, con miedo a los misterios de la fuerza sexual, con rechazo a impulsos que aparecen, con negación, culpa, miedo al castigo, vergüenza retenida, acumulada, reprimida en el interior, pero que no se destruye, sino que busca salidas a través de fantasías o acciones perversas y dañinas. Pero no hay expresión grotesca que no contenga en su interior un impulso genuino, auténtico. Por lo tanto, el psicoterapeuta ha de dar la bienvenida a estos aspectos de la persona, que necesitan ser reconocidos y trabajados a profundidad, para descubrir el dolor de no haber sido recibidos en el impulso original, para luego dar paso al mismo impulso con conciencia, con un sentido de posesión de nuestra sexualidad. Las investigaciones y descubrimientos científicos, así como los cambios sociales al respecto, han favorecido y permitido una vida sexual más abierta. Vemos en diversos espacio de nuestro entorno más expresiones sexuales o amoroso-sexuales entre hombres y mujeres, que aún siguen asustando al interior de la familia y a aquellos que han frenado o bloqueado su sexualidad; pero el que parezca que hay una sexualidad más abierta no significa que en la intimidad haya realmente un abandono y entrega a la excitación y a las potentes corrientes de la energía sexual; qué decir del orgasmo y de la entrega en la relación con la pareja. Consciente o inconscientemente, siguen apareciendo imágenes, mandatos, juicios, exigencias de lealtad a la familia o a una cultura. En el colectivo persisten las conclusiones distorsionadas a las que llega el niño cuando le castigaron por explorar su cuerpo o por sus juegos eróticosexuales con otros niños. La ignorancia de unos lleva a la ignorancia de otros. Pero con decía Reich (1991), al orden social le interesa que vivamos sin conocimiento y sin conexión con nosotros mismos. En Core Energética se da énfasis al trabajo psicocorporal, relacionado con los bloqueos a todos los niveles, con el fin de permitir el redescubrimiento y la conexión, no sólo instintiva sino espiritual, de esta potente fuerza sexual, que es la vida misma, así como reconocer e integrar la manifestación femenina y masculina de la sexualidad. Todos hemos llegado a esta existencia a través de la sexualidad. No le pertenece a nadie, es nuestra para compartirla no sólo a través de la intimidad, sino en cada encuentro con otros y con lo que hacemos, es expresar que hay vida en nosotros.

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La fuerza sexual reprimida o bloqueada se ubica principalmente en la pelvis y las piernas. Esta éstasis sexual es una fuerza poderosa, la podemos observar en nuestro afán de posesividad, nuestro control, desconfianza, frialdad, en los celos, en la demanda excesiva, en el placer de sentir poder sobre el otro, en el abuso, en la violación, en la crítica destructiva, en la exclusión, en la negación y el miedo al amor, en la vergüenza de nosotros mismos, en la amargura, en el deseo de venganza, en la culpa. Entonces hay guerra, competencia, sumisión, arrogancia, crueldad, no hay perdón. La ignorancia y la mala fe, advierte Sartre (2007), llevan a no tomar responsabilidad de las enfermedades que se adquieren, así como de los hijos que por uno o muchos encuentros sexuales sin amor llegaron a este mundo; hombres y mujeres que, irresponsables, no aman, no cuidan, no protegen, no respetan su creación. En todo esto persiste el odio, no se quiere abrir el corazón, no se quieren expresar los mejores sentimientos, no se quiere dar amor: El nivel emocional expresa “no quiero amar”, lo cual indica la presencia de un odio negado. El nivel mental puede decir “debo amar, y si no lo hago soy malo y no obtengo placer. Así que debo forzarme a amar”. Otro nivel mental puede estar diciendo al mismo tiempo “no me sirves para nada, eres malo”. El nivel físicosexual puede decir: “quiero poseerte para obtener placer” (Pierrakos, 1990, p. 243).

Se habla, pues, de nuestro lado oscuro, nuestro ser inferior de la sexualidad. Aspectos de inmadurez, de apego a imágenes del pasado, de una conciencia infantil que se niega a crecer. Hay necesidades primarias insatisfechas, frustraciones tremendas, dolor y rabia profunda. Más allá de todo ello hay un anhelo de encuentro y fusión, de amor a nosotros mismos como seres sexuales, que pueden respetar a los otros: “La frustración sexual puede contribuir a aumentar nuestra ira y nuestra agresividad, mientras que la represión puede propiciar el embotamiento emocional o la muerte psíquica, que hace que la persona se sienta muerta internamente” (Vaughan, 1997, p.82). Una sexualidad infantil demanda satisfacciones a nivel de un bebé, de una niña, de un niño; queremos sólo recibir mimos, afecto, ternura, amor y atención exclusiva; que todo sea a nuestra manera y en el momento que queremos. Controlamos el encuentro sexual-genital, lo evadimos, lo usamos para sentir poder sobre otros o usamos al otro para descargar nuestra tensión o conectar un poco con nuestro cuerpo; hacemos responsables a los demás de nuestra salud y bienestar, de nuestra felicidad e infelicidad, pasamos factura por lo que no recibimos de nuestros padres en casa. Vivir así nuestras relaciones, es vivir en los azares de una frustración perpetua. Necesitamos hacernos cargo de ello, con la intención de madurar. D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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Una sexualidad madura está conectada no sólo con la ternura, con lo suave, sino también con la aceptación y disfrute de la sexualidad genital, que sostiene la fuerza vibratoria y excitación de la energía sexual, que atraviesa todo el cuerpo y permite la descarga completa. El sentimiento aquí es el de ser un adulto que puede con la sensibilidad y vulnerabilidad de la experiencia íntima y las consecuencias de ello: “Para el adulto la cercanía puede ser consumada de manera satisfactoria sólo cuando la experiencia es mutua, cuando los dos participantes van de manera activa en busca del otro, dan, sostienen, alimentan, reciben y toman” (Pierrakos, 1990, p. 223). Se ha de estar dispuesto a trabajar a profundidad, de manera física, emocional y mental; reconocer si vivimos aparentando una sexualidad que no es, transformar nuestras negatividades, atravesar las resistencias internas que aparecen en el camino y permitirnos sentir y dejar ir el dolor guardado, estar dispuestos a perdonar y perdonarnos y a retomar el poder de nuestra propia vida. De este modo, según Pierrakos (1986), la expresión positiva de nuestro ser superior en el aspecto sexual significa: • • • • • • •



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Reconocer que la fuerza de la sexualidad es. Asimilarla como parte de nuestra naturaleza. Comprender que es una en nuestro cuerpo físico, emociones, mente y espiritualidad. Mostrarnos como seres sexuales con dignidad y honrar la de los demás. Asumir el deseo y encuentro con el otro, en apertura para ser descubierto físicamente y a recibir físicamente al otro tal como es. Estar dispuesto (a) al intercambio emocional real con el compañero o compañera, disolviendo fantasías o expectativas acerca de ellos. Permanecer mentalmente abierto a la comprensión y entendimiento de la pareja con sus propias ideas y pensamientos, buscando el intercambio de ello y la creación de intereses mutuos. Arriesgarse a revelar las secretas fantasías que se tienen y apoyar a realizarlas o transformarlas (si ponen en riesgo la relación o dañan a la pareja). Tener la voluntad de caminar hacia el amor. Aceptar tanto lo positivo como lo negativo de la otra persona, que de esta manera se convierte en alguien real. Es necesario dejar de idealizar y de idealizarse. Con la chispa del eros, distinguir que cada momento es único, nada puede repetirse, y que esto es una promesa de descubrir algo nuevo en nuestra pareja y en nosotros mismos.

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Reflexionar que hemos nacido de la sexualidad, y que la sexualidad, siendo vida, nos conecta con la muerte, la cual es inevitable.

El mejor retrato-espejo de cómo nos manejamos en la vida se refleja en nuestra intimidad, observémonos en ella: ¿Nos permitimos abandonarnos a la exquisita experiencia de compartir nuestro cuerpo y nuestra alma con el otro?

2.3 Amor: la fuerza unificadora El amor es la fuerza vibratoria más elevada del universo que fluye en nosotros. El amor incluye, no niega nada, abre la conciencia. Es la expresión de un corazón abierto. Es la fuerza que une cada célula, cada órgano, cada tejido de nuestro organismo, une a la pareja, a la familia, a los pueblos, nos une a todos con la naturaleza y con el cosmos. Martín Buber afirma que lo que media entre el Yo y el Tú o el Yo con Dios es el amor. Que el ser humano habita en el amor (2002). El amor es el motor del universo, es la fuerza suprema de Dios que mantiene todo unido, la chispa divina que todos llevamos en nuestro corazón. Cuando fluye, penetra nuestras defensas, contiene y transforma nuestra negatividad, ilumina nuestras sombras, nuestra oscuridad. Produce una vibración muy luminosa cuando estamos en el vientre materno, es lo que nos permite crearnos, crecer y manifestar el milagro de la vida en nosotros. El amor nos hace humildes para aceptar lo que ocurra, superar los momentos difíciles y comprender el sentido que tienen en nuestra existencia, aunque generalmente olvidamos esos momentos y no concentramos en los sucesos negativos. Ahora mismo, rememora algún momento en que, contento y amoroso, pudiste atravesar una experiencia difícil. O recuerda a alguien a quien amas y con quien no tienes ninguna complicación. Seguramente tu ánimo cambia, tu respiración cambia, tu sensación de fuerza cambia, tus pensamientos cambian positivamente, aunque no lo percibas de manera consciente. A continuación, desde este estado, analiza lo que tienes que hacer y con toda seguridad tendrás una actitud más amable contigo y con la circunstancia que estás viviendo, resistiéndote menos a la situación. Se debe considerar, con base en este ejemplo-experiencia, que si pudiéramos permanecer más tiempo en ese estado, enfrentaríamos la vida de una manera diferente, aceptándola y haciendo lo mejor posible en cada momento.

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El amor une las dualidades; al no sentirnos polarizados, no hay ambigüedades, dilemas o conflictos, si aparecen posibilidades de elección, podemos elegir con más confianza. En amor nos sentimos más inteligentes, con una conciencia más expandida, más intuitiva y segura. En amor no sentimos amados y amando, sin condiciones, sin garantías, abundantes y queriendo dar, compartir. El eros fulgurante nos da una visión de posibilidades, el amor crea y realiza con esas posibilidades (Pierrakos, 1997). El eros permite vernos, reconocernos, redescubrirnos y observar que hay alguien más con quien compartir, unirse, el amor consolida, cultiva el proceso de la revelación mutua, para decir quiénes somos, qué sentimos, dejarnos ver y ver, descubrir al otro. El eros nos hace reconocer momentáneamente las cualidades de nuestra pareja, el amor nos permite ver sus aspectos positivos, lindos y sus aspectos negativos (e incluso crueles) y aceptarla imperfecta, en proceso de desarrollo, y compartir juntos el camino para aprender y realizarnos. El eros nos conecta con las heridas del pasado, nos hace ver los anhelos de nuestra alma, de cuando éramos niños, que aún no hemos realizado, el amor nos contiene y da la fuerza para atravesar el dolor, sanar, perdonar y perdonarnos, dirigirnos a la realización de nuestros anhelos o soltar sueños irrealizables. El eros nos despierta repentinamente y quiere mantenernos en vigilia, el amor nos mantiene en conciencia. El eros nos hace recordar que somos cuerpo y podemos vibrar de emoción y de vida, el amor integra al cuerpo como uno solo con la mente y el espíritu, lo reconoce como su templo en la tierra, a través del cual va a expresarse, lo toma con sus limitaciones y capacidades. El eros hace cimbrar los condicionamientos del sistema simpático, los estados de hiperstress y los bloqueos físicos y emocionales, el amor fluye con la actividad del sistema parasimpático, en la relajación profunda. El eros despierta y estimula generosamente la sexualidad, el amor fusiona y consume el momento sexual de forma plena y profunda, en un encuentro de almas. El eros pone luz en asuntos pendientes de trauma y violencia sexual, el amor drena el profundo dolor, apoya el regreso al cuerpo, a arraigarse y reactivar las fuerzas instintivas que habían estado frenadas y que devuelven la confianza y la paz en la persona. El eros, por un tiempo, rompe con esquemas, con creencias que ya no sirven, el amor ofrece nuevas percepciones, conclusiones en el continuum de la experiencia que acontece, fluye con el momento presente. Mueve un sentido de celebración por la vida, de entrega, el amor da un sentido profundo a la vida y a la muerte, nos invita a conocernos y conocer al otro, nos da la fuerza para seguir conociéndonos, dar nuestra verdad y recibir la del otro. Una verdad que va apareciendo mientras se avanza en el misterio de quiénes somos, en el

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desconocido que somos. El eros saca de control al ego, el amor lo rinde a sí mismo. En el camino, la expresión de nuestro amor ha sido lastimada, el estado de amor ha sido alterado, y cerramos el corazón con la intención de protegernos para no volver a ser heridos. Al mismo tiempo, estrechamos nuestra conciencia, pues la creencia de que volveremos a ser lastimados si nos mostramos como somos es poderosa. El ego pone condiciones imposibles para abrir el corazón. Hay dolor en el interior, no se quiere volver a sentir, al mismo tiempo hay resentimiento, se recrean una y otra vez las imágenes de haber sido herido. El cuerpo bloqueado, desenergetizado, congelado, entumido, acorazado, se protege y anula la posibilidad de sentir confianza y mostrarse amoroso una vez más. Las pseudo-expresiones amorosas son muy controladas, planeadas, estratégicas y convenientes. Si bien no se tuvieron las condiciones para ser libre de expresar el amor por estar vivo, expresarlo a los padres como emergía, lo que enferma no es el haber carecido de esas condiciones, sino el amor que esta atrapado aún sin expresar. Generalmente, en este proceso de sanación y búsqueda, giramos en círculos viciosos alrededor de la imagen de lo que no fue, o de la condición excesiva: “lo que me hicieron”, “lo que no me hicieron”, “lo que dejaron de hacer”; pero tanto terapeutas como pacientes pierden de vista que el mal está en no expresar el amor que guardamos en nuestro interior. No sólo se trata de disolver las corazas y defensas para dejar salir lo reprimido, sino para abrir los canales que permitan el amor, lo auténtico, lo espontáneo, la generosidad, la dulzura, la palabra sabia, los abrazos, los besos, el movimiento vibrante, la mirada viva, amorosa, el cuidado. Se necesita voluntad para volver a amar. Tomar el valor de mirar nuestro desamor, nuestro odio o rencor a los demás, a la vida, a Dios. Revisar que en ese desamor-defensa impedimos que nos puedan amar, y que, paradójicamente pretendamos alcanzar el amor a través de nuestras máscaras, de una manera inauténtica de vivir. La fuerza amorosa está estancada en el bloqueo de nuestro pecho, inhibiendo la expresión de los brazos, la boca, la palabra y nuestros ojos. La rigidez, sobrecarga o debilitamiento de esa área parece decir: “no quiero amarte”, “no creo que me ames”, “no merezco que me ames ni merezco amar”. El rechazo severo a nuestro impulso amoroso, que fluía hacia la periferia de nuestro cuerpo, dice Lowen (1997), puede crear graves problemas en el corazón, pues el impulso regresa violentamente hacia sí mismo.

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Por otra parte, la fuerza del amor, de acuerdo a Pierrakos (1997): Kes tan poderosa, que una persona que ama, permanece en un estado de salud, excitación, vibración. Los músculos están entonados y la respiración se abre, las mejillas están sonrosadas, la circulación sanguínea corre sin obstáculos, el corazón late armoniosamente. Todas estas reacciones biológicas son obviamente diferentes en un rostro con odio. La persona que odia luce pálida, ojerosa, sin energía, gris, acobardada o contrafóbica (p. 239).

Hay personas egocéntricas que dicen amarse mucho, cuando en realidad tratan de compensar el desamor hacia sí mismos y hacia los demás. Otros se disminuyen a sí mismos, presentan una estima baja, se autoagreden, son adictos a la conmiseración y a provocar el rechazo de los demás. Para recobrar el sentimiento amoroso hay que ser honestos con nosotros mismos, mirar el patrón de desamor, la coraza, las máscaras que usamos para protegernos y trabajar el oscuro ser inferior que se resiste a confiar en el amor; sanar el dolor de haber sido heridos para conectar con el anhelo de amar, con la fuerza del core. Se necesita creer que la fuente de sanación y amor está dentro de nosotros. A través de Core Energética activamos profunda y enérgicamente el cuerpo, para conectar al final con las sensaciones y emociones cálidas que yacen en nuestro interior. Trabajar los recuerdos negativos, las imágenes del pasado, las creencias que vienen de una conciencia infantil, es darnos cuenta de que percibimos el mundo distorsionadamente, a través de los filtros que otros dejaron o que nosotros creamos en el pasado. Vivimos apegados a creencias negativas acerca de los hombres y de las mujeres, del mundo, adictos a la lucha y al conflicto, con dificultades para mirar profundamente quiénes somos como hombres, como mujeres, cómo son los otros como hombres y mujeres, cómo es el mundo. El amor sólo puede fluir en la verdad de lo que es, en la aceptación de lo que es aquí y ahora. Vivir en el pasado, recordando una y otra vez lo difícil y doloroso, es vivir en el infierno. Despedirse de ello y vivir en el presente, es el paraíso en la tierra.

Conclusiones Recuperar las tres fuerzas vitales: amor, eros y sexualidad, es un compromiso existencial, personal, familiar, social, con la naturaleza y el planeta. Compromiso con nuestros niños, con las generaciones presentes y con las que vienen. Si podemos reflejar la alegría de nuestro eros, el placer de nuestra sexualidad y la comunión y compasión de nuestro amor, nuestros niños sabrán que estamos con ellos, con la verdad de su ser erótico, sexual y amoroso, y no tendrán que buscar

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otro tipo de compensación artificial para obtener satisfacción y realización; vivirán y transmitirán el placer de ser lo que son en sus circunstancias. Con esas fuerzas cada individuo podrá enfrentar mucho mejor la vida. Al mantener estas tres fuerzas en expresión y desarrollo constante, podemos transmitir los principios femeninos y masculinos inherentes en nosotros, lo que es ser hombre y lo que es ser mujer, que la fuerza para vivir está en su interior, el sentido de vida profundo está en ser lo que realmente se es, que la vida se vive en nuestras relaciones. El facilitador o psicoterapeuta ha de manejar bien el tema, para impartir la enseñanza y transmitir a los estudiantes o los pacientes, con su sola presencia, que practica estas fuerzas de vida en él o ella, sus aspectos oscuros y luminosos, que reconoce que el camino de autoconocimiento y transformación es un proceso que dura toda la vida.

Resumen En Core Energética, energía y conciencia son dimensiones de la fuerza de la vida, que se manifiestan en tres corrientes diferentes: amor, eros y sexualidad. El eros es una fuerza poderosa que le da vivacidad a nuestra existencia, es la chispa de la vida; le da vivacidad a nuestro cuerpo, exalta con vivos colores nuestras emociones y nuestros campos energéticos. La sexualidad es una fuerza tremenda que lleva al individuo a un estado de unificación con otro ser humano. Ejerce una fuerza de atracción irresistible. Sexualidad y vida son lo mismo, la especie se ha perpetuado a través de ellas y nos ofrecen el legado de todas las generaciones que han existido antes que nosotros. El amor es la fuerza vibratoria más elevada del universo que fluye en nosotros. Esta fuerza incluye, no niega nada, abre la conciencia. Es la expresión de un corazón abierto. Une cada célula, cada órgano, cada tejido de nuestro organismo, a la pareja, a la familia, a los pueblos, nos une a todos con la naturaleza y con el cosmos. Martín Buber afirma que lo que media entre el Yo y el Tú o el Yo con Dios es el amor. Que el ser humano habita en el amor. El amor es estimarnos y confiar en nosotros mismos. Si estimamos, cuidamos las relaciones con los demás. Nos da la conciencia más elevada de que no estamos solos en este mundo y que necesitamos cuidar de nuestro entorno.

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Cuestionario 1. ¿Cuáles son las fuerzas internas de una persona, que integran su fuerza de vida? Describe cada una de ellas. 2. Explica cómo se relacionan estas fuerzas en la vida cotidiana. 3. ¿Qué efectos puede producir en la vida individual, familiar y social permitirse vivir libremente estas fuerzas de vida? 4. ¿Qué efectos individuales, familiares y sociales puede ocasionar reprimir, bloquear e inhibir la expresión de estas fuerzas de vida? 5. ¿Qué dificultades y facilidades observas hoy en día en lo familiar y social para expresar la vida y nuestro ser, tan libre e intensamente como es? 6. Anota ejemplos de problemas o trastornos emocionales, conductuales, cognitivos y corporales ocasionados por de la represión del eros, del amor y de la sexualidad.

Ejercicios reflexivos Analiza qué tanto conoces tu eros, qué tanto te permites vivirlo, expresarlo. ¿Cómo lo sientes en tu cuerpo? ¿Hacia qué cosas, personas o experiencias lo diriges? ¿Recibes el eros de los demás? ¿Recuerdas si en algún momento dejaste de expresarlo o a no reconocerlo en ti? ¿Admites algún dolor o resistencia a vivirlo? Revisa cómo te sientes como un ser sexual, desde cuándo tienes conciencia de la fuerza de tu sexualidad y si recibiste apoyo y guía para expresar esto libremente. ¿Te has sentido herido (a) en tu sexualidad, tu género, tu identidad psicosexual, en tu integridad física sexual? ¿Guardas resentimientos hacia alguien o temores al respecto? ¿Te castigas o tienes deseos de venganza? ¿Estás dispuesto (a) a perdonar y perdonarte por lo que hayas creído que fue tu responsabilidad? Si has experimentado la intensidad de tu fuerza sexual ¿Le temes o te reconoces en ella? Recuerda que la vida surge de la sexualidad, la sexualidad es la vida y quien la niega o reprime no vive, no puede sentir el placer y la gratitud de estar vivo (a). Por otra parte, ¿has experimentado las vibraciones elevadas del amor? Recuerda cuando eras pequeño (a): ¿A quién amabas tan libremente que podías expresar con tu cuerpo, tus abrazos, tus palabras, tus canciones, tu amor? ¿Sientes amor por ti? ¿Permites que te amen? ¿Sientes amor por alguien?

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¿Expresas tu amor? ¿Recibes el amor que se te da? ¿Das amor sin poner condiciones para ello? ¿Crees en el amor? ¿Puedes reconocer que el amor sana y nos une?

Dinámicas corpo-energéticas Ejercicio I Para el grupo: A partir del empleo de música de tambores, invitar al grupo al movimiento libre, siguiendo la música, luego comenzar a golpear con los pies el suelo, con la música, ir creando su propia danza, fluyendo con todo el cuerpo, luego ir con otra persona crear juntos una danza-juego, luego con otra persona y luego con otra. A manera de reflexión, compartir en ronda: ¿Qué tan fácil o difícil es moverse, expresarse con todo el cuerpo, con su sensualidad, con la alegría, con su creatividad? ¿Qué tan fácil o difícil fue sentir el contacto cercano o físico de los compañeros? Relacionar con la expresión del eros. ¿Qué cambios observaron en su respiración? ¿Hubo cambios de sensaciones en su cuerpo? ¿Era agradable o desagradable sentirse? ¿Hasta dónde se permitieron moverse, expresarse? ¿Había algún juez mental? ¿Qué descubrieron sobre su capacidad de jugar, disfrutar, acercarse, alejarse, mirarse?

Sugerencias para el facilitador Se sugiere un trabajo corpo-energético intenso, sobre todo en los primeros tres chakras inferiores, arraigar profundamente, enfatizando un movimiento fuerte y suave en la pelvis, y luego avanzar a los segmentos superiores, abriendo el sonido, de manera que los estudiantes tomen conciencia de lo que ocurre en su cuerpo y se permitan expresarse. Por su parte, el facilitador debe dar contención, seguridad y estar listo a auxiliar al grupo cuando sea necesario, también debe retroalimentar la experiencia de cada uno de sus miembros. Al final, se le recomienda organizar rondas para revisar el tema, considerando experiencias para comentarlas con los participantes, de modo que todos puedan trascender o aclarar asuntos pendientes en relación con su sexualidad, amor y eros.

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Bibliografía Buber, M. (2002). Yo y tú. Argentina: Nueva Visión. Osho. (1992). Tantra: la suprema sabiduría. España: Tomo II. Pierrakos, E. (1993). Del miedo al amor. México: Pax. Pierrakos, J. (1986). Core Energetics. U.S.A .: Life Rhythm. Pierrakos, J. (1997). Eros, Love & Sexuality. U.S.A.: Life Rhythm. Reich, W. (1991). La función del orgasmo. México: Paidós. Sartre, J.P. (2007).El existencialismo es un humanismo. México: Quinto Sol. Vaughan, F. (1997). Sombras de lo sagrado. España: Gaia. Wilber, K. (1997). El proyecto Atman. España: Kairos.

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3. Niveles de personalidad humana Introducción La Core Energética, en su postura holística, abarca la totalidad del ser humano en sus dimensiones de cuerpo físico, emocional, mental, de voluntad y espiritualidad. Promueve una visión y un tratamiento integrador en los aspectos biológico, psicológico y espiritual. No se trata de dar sólo espacio a la palabra, al proceso mental, a lo que se dice y cómo se dice consciente o inconscientemente, o de privilegiar lo emocional, lo vivencial, lo existencial o de sólo desarrollar una disciplina espiritual desconectada de lo emocional y mental, o relacionarlo con uno u otro: se trata de sumar a todo lo anterior el trabajo profundo con el cuerpo y la energía. Asimismo, en Core Energética se considera que la movilización de la energía en el cuerpo, el arraigo en nuestra propia carne-cuerpo físico, poner los pies sobre la tierra y desbloquear o liberar las tensiones crónicas que hay en el cuerpo físico, dan la base energética y vegetativa para trabajar con todo lo que está estancado, detenido, oculto, guardado. Al mismo tiempo, se están moviendo emociones, sentimientos, confrontando creencias y distorsiones mentales que han permanecido en un status quo. Sabemos que estamos abriendo el camino para sanar experiencias dolorosas y también experiencias sensibles y espirituales, experiencias de espontaneidad, autenticidad y naturalidad. El trabajo corporal es delicado y contra todo tabú. En él, se reconoce que cada mínimo territorio físico guarda toda la historia de la persona y también su potencial a liberar; es reeducativo; trata de fortalecer el yo corporal para sanar lo pendiente y sentir el poder de dar la cara y disfrutar la vida. Implica un proceso analítico, emocional, espiritual, inherente en todo momento. De este modo, el psicoterapeuta en Core Energética ha de prepararse para observar y acompañar a sus pacientes a todos los niveles desde su corazón, su cuerpo físico, su energía, sus emociones, su voluntad y su espiritualidad, por lo que el encuentro con su (s) consultante (s) será profundamente humano, un encuentro de almas.

Objetivo general Que el estudiante conozca, aprenda e integre a su conocimiento, la visión holística en los fundamentos y la intervención psicoterapéutica de la Core Energética.

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Objetivos específicos Que el estudiante: 3.1 Discrimine y reconozca cada nivel de personalidad en el ser humano. 3.2 Descubra, intelectual y vivencialmente, la unicidad psicosomática que cada ser humano tiene. 3.3 Avance en la identificación de las perturbaciones y necesidades de cada nivel de personalidad.

Mapa conceptual

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3.1 Cuerpo Toda nuestra existencia se manifiesta en nuestro cuerpo, vehículo a través del cual se expresa el alma y la mente, espacio por donde discurren las emociones y pulsan las sensaciones, donde se observan nuestras integraciones biológicas. En él se refleja toda nuestra historia, la heredada, la captada, la vivida para bien o mal; ningún momento está fuera de su registro, cada una de sus células posee toda esta información. En él habitan nuestras más grandes satisfacciones, y en él podemos perpetuar nuestras carencias. Puede ocultar nuestras más excelsas virtudes y nuestras más tremendas aberraciones. Con el cuerpo podemos tocar a nuestros padres, nuestra familia, a otros y dejarnos tocar para confirmar que existimos, para nutrir nuestras necesidades físicas o afectivas; podemos avanzar y alcanzar lo que queremos o mantenernos en una postura ante la vida o ante un desafío; podemos retroceder, o huir cuando nuestra integridad está en peligro real o imaginario; podemos abrazar, golpear o mantenernos estoicos para soportar una agresión física, mental o emocional; podemos, de la piel para adentro, llevar a cabo una extraordinaria odisea de funciones, interconexiones, relaciones, integraciones biológicas para vivir o sobrevivir; allí adentro, bajan y se cultivan, en carne y movimiento, los impulsos de la fuerza vital. A través de él damos voz, signo, escritura, arte o expresión directa a nuestra psique, a lo inconsciente y lo consciente. Nuestro cuerpo da forma a nuestras intenciones, a pensamientos positivos, bellos, negativos o tortuosos, a nuestro de deseo de dar amor o a nuestro deseo de venganza; muestra, a pesar de nuestro esfuerzo por aparentar, nuestro amor o nuestra culpa, nuestro rechazo u odio a nosotros mismos. Se pone de todos tonos y colores para evidenciar la verdad emocional o afectiva que se genera en el interior. Responde a todos los estímulos, más o menos sensibles, más o menos intensos, nos demos cuenta o no. Refleja, con una precisión impresionante, nuestro nivel de conciencia, si insistimos en aparentar algo que no está surgiendo del interior. El cuerpo es nuestro templo, visible, presente, expuesto a todas las vicisitudes de la vida. Se expresa en todos los lenguajes, los verbales, no verbales, energéticos, actitudinales, metafóricos. Es imposible no comunicar y es imposible no ser impactados por lo que sucede dentro y fuera de él. Podemos no lograr integrar todo lo que ocurre y anestesiar nuestra conciencia, no sólo para no percibir lo que pasa, sino para alterar nuestra percepción y enajenarnos de ser cuerpo.

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Por lo general, a causa de experiencias traumáticas, se bloquean las corrientes de vida en el interior; por rechazo a ellas, por castigo de poseerlas, por prohibiciones familiares, morales, religiosas, ocurre que el cuerpo físico se contrae, pues entra la alerta del sistema nervioso simpático. Surge el miedo, aparecen tensiones musculares como protección, se crean los bloqueos físicos (hay que bloquear la expresión de las corrientes del amor, el eros y la sexualidad), se crea la coraza, se crea la estructura caracterológica. El movimiento natural es detenido, algunas funciones corporales, como las sensaciones, son alteradas, el desarrollo del organismo, la capacidad de autorregulación y la percepción se alteran, los pensamientos repetitivos, el ego-mente controlador toma lugar, tratando de dominar el instinto natural y el medio ambiente. Ahora bien, es importante resaltar que: K las sensaciones son expresión de la energía vital que fluye en el cuerpo. Músculos tensos y con ello acorazados hacen que la energía vital se interrumpa y deje de fluir: la percepción y la experiencia del cuerpo se pierden entonces, la conciencia ya no está en el “aquí y ahora”. Esto ocasiona una disociación, una escisión entre la conciencia y el cuerpo (Reich, 1999, p. 36).

En nuestro organismo existe un flujo de energía, una circulación. Nuestra energía vital circulante nos vincula o conecta a la tierra y a la energía cósmica. Por ello, una sensación no es una idea o una representación mental, es un suceso energético en el cuerpo. Hay algo que fluye en nosotros. Cuando nos alegramos, nos extendemos hacia el mundo, por lo contrario, cuando tenemos miedo, nos contraemos hacia nosotros mismos. El cuerpo físico puede enfermar, puede manifestar síntomas; desde la visión psicosomática, encontramos una conexión entre los síntomas y conflictos internos no resueltos, estados emocionales ocultos, sentimientos y pensamientos negativos, que pueden estar en nosotros desde la infancia, o conflictos, presiones, experiencias más o menos recientes que giran en nuestro interior. Médicos de la antigüedad, al igual que recientes investigadores, muestran que el stress, la desesperación, la ira, la desesperanza, la depresión, la preocupación y el miedo son factores que afectan al sistema inmunológico, que terminan desencadenando la enfermedad física, que en realidad es también del alma, pues, como afirma Debbie Shapiro (1991): “Kel pensamiento, que es intencional en su propósito, dirige la energía; por consiguiente, la energía sigue al pensamiento. Donde quiera que se fije el pensamiento, en ese punto empezará a concentrarse la energía” (p. 21). Cuando experimentamos negatividad, la energía asociada a esta debilita la zona del cuerpo que la refleja y la hace vulnerable y susceptible de sufrir daño o enfermedad. Las enfermedades físicas son, en realidad, una advertencia de que D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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tenemos un conflicto de emociones y pensamientos que amenazan la sobrevivencia, por lo que se convierten en tremendos desafíos y oportunidades de crecimiento; son mensajes a los que debemos prestar atención, para corregir el camino e intentar regresar a nuestro centro. Será muy importante hacernos preguntas: ¿Algo cambió recientemente? ¿Hubo alguna desgracia inesperada? ¿Hay acumulación de ira o de frustración? Lo que sea que fuese, lejano o cercano, se debe trabajar aquí y ahora. Cada uno de nosotros, en nuestro cuerpo, poseemos cualidades internas, cualidades del core, de plasticidad, transformación, recuperación, flexibilidad y belleza; sólo necesitamos convencernos de que la sanación está en nuestro interior, que la salud es posible. En Core Energética, como en toda psicoterapia corporal, sabemos que necesitamos aceptar la situación en la que estamos, liberar nuestros bloqueos físicos y mentales, abrir espacio para la liberación emocional, para la toma de conciencia, y recuperar la libre circulación de nuestra energía, decir sí a la vida que se nos ha dado. Se trata de cuidar nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, y atrevernos a tener fe en el poder de sanación que hay dentro de nosotros. Debemos, pues, reconocer que no estamos en nuestro cuerpo físico; nuestro cuerpo físico es nosotros; por lo tanto, la base de nuestro trabajo es lo más denso: nuestro cuerpo. Es preciso para ello: • • • •



Analizar lo que sí se recibió de los padres, del ambiente. Reconocer lo que no se recibió. Las carencias, las heridas y la respectiva resistencia, no consciente, a resolverlas. En su conjunto, visualizar la contrapartida corporal del carácter que desarrollamos. Permitir la expresión de lo reprimido, de lo misterioso y natural del ser respirando, movilizando, tocando, masajeando, en posturas de stress, en un espacio seguro de liberación, integración, experimentación y descubrimiento, dando límites y contención amorosa. A partir del conocimiento de que somos una unidad psicosomática y espiritual, traducir lo que el cuerpo, en sus formas, movimientos, posturas, sonidos, colores, energía, síntomas agudos o crónicos, nos dice de sí mismo físicamente y de lo que hay en nuestra mente y lo que ocurre con nuestras emociones y nuestro espíritu. Observar que cuando decimos sí a la vida, nuestro cuerpo luce vibrante, cálido, con buen color, flexible, con brillo, presente, despierto.

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3.2 Emociones Los sentimientos negativos son los que provocan más problemas en nuestra existencia. La energía y la conciencia, asociadas y apegadas a dichos sentimientos, poseen una naturaleza opuesta a la vida. Empeoramos las cosas manteniendo esa energía-conciencia inmóvil, al no permitir el flujo de nuestras emociones negativas –patrón que aprendimos de pequeños-. Esto rebaja la frecuencia vibratoria a una vibración inferior a la que sostiene la salud, provocando un estancamiento de energía en los primeros niveles áuricos, bloqueando más tarde el flujo de energía vital del cuerpo físico. Lo que generalmente hacemos al inmovilizar, reprimir o negar estas energías negativas, es transferir parte de su energía-conciencia al nivel de la mente, convirtiéndolos en autocrítica, que contribuye a detener más los sentimientos. La energía en movimientos cargará y brindará conciencia y una experiencia emocional que permitirá a la persona profundizar más en sí misma, llegar a la raíz del problema y finalmente, a la esencia del ser. Es necesario incitar y apoyar a expresar los sentimientos, pues son necesarios, ya que el sentir disuelve lo estancado. El hecho de fluir energéticamente recarga el campo de energía saludable. Si vivimos experiencias de hostilidad durante las etapas primarias de desarrollo, nos contraemos como mecanismo de protección. La motilidad natural de una criatura puede ser una de las primeras expresiones afectadas, y con ello su emocionalidad y sensibilidad, pues al empezar a inhibir y cancelar emociones, como el llanto (asociado al dolor), el enojo o la tristeza (asociado a la frustración), se inhibe la conciencia del miedo y el placer. Cuando perdemos la conexión con nuestras emociones o sentimientos, con nuestra sensibilidad, perdemos la brújula que nos guía, con mayor efectividad, por el camino de la vida, la cual, sin emociones ni afectos, es una existencia más bien muerta, carente de sensibilidad en las relaciones humanas. La expresión emocional devuelve al cuerpo y al campo de energía su estado natural, experimentando las vibraciones sutiles de la aceptación del amor: Las emociones son uno mismo, nuestra energía básica y las motivadoras de nuestra conducta. Los sentimientos estimulan el movimiento corporal, las emociones tienen componentes musculares. Cuando se permite el proceso natural, la experiencia interna y la emoción ocurre y moviliza los músculos, lo que lleva es a una conducta observable. Ese movimiento se vuelve parte de la experiencia de otros y conduce a tomar elementos del mundo (Baumgardner, 1982, p. 41).

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Desde pequeños llegamos a diversas conclusiones, como la de que debemos esforzarnos por ser “perfectos”, “muy buenos” o “razonables” para obtener amor. Este esfuerzo se enfocó en mostrar una imagen ideal para merecer amor. Al tomar conciencia de ello, es inevitable sentir dolor de tanto esfuerzo realizado para “comprar amor”, mientras internamente se sentía no merecerlo, anhelando obtenerlo sin tener que hacer nada en especial. Hay dolor no sólo por lo que otros nos hicieron, sino por lo que nos hemos hecho a nosotros mismos, tratándonos cruelmente, con la exigencia de ser lo que no somos y en criticarnos por no lograrlo. Crecer significa aceptarnos, permitir la expresión de lo que realmente somos y sentimos, crecer significa aceptar nuestro niño (a) interno (a) y abrir el camino para que este exprese sus emociones, sus sentimientos, su vitalidad, su capacidad de asombro y su alegría de vivir. Implica llevarlo de la mano por el camino del principio de realidad: importa él, ella e importan los demás, importa el mundo en que vive. Respecto a las emociones, el guía Eyoan nos propone: Dejad que el miedo sea vuestro aliado. El miedo tiene mucho que enseñaros. El miedo es la experiencia de estar desconectado de quiénes sois en realidad; es lo contrario del amorK “tengo miedo” se convierte en “siento miedo”. Esos sentimientos se basan en un gran número de supuestos de lo que podría ocurrir. La mayor parte del miedo no procede de lo que ocurre ahora. Así pues, cuando vosotros tenéis miedo no estáis en la realidad. Si sois capaces de permanecer en el momento presente, el miedo no os encontrará (citado en Brennan, 1994, p.69).

Tres emociones primarias: • • •

Rabia. Fluye a los músculos (nos defiende). Miedo. Fluye a los órganos internos (nos avisa). Placer. Fluye a la piel (nos relaja).

3.3 Mente A medida que vamos creciendo, nuestra psique se va desarrollando. Las experiencias vividas, que son lo que vamos mirando y escuchando, así como la demandas de quienes nos dicen cómo debemos de ser, van configurando nuestro pensamiento, nuestras creencias acerca de nosotros mismos, del mundo, de nuestra relación con él, de lo que merecemos o no merecemos, de lo que

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debemos ser, hacer, de lo que debemos o podemos recibir y dar, de qué aspectos vitales podemos a manifestar y cuáles no. La psique, en su aspecto consciente, representa, en mayor medida, lo que debemos de ser, según lo que nos dijeron o lo que concluimos correcta o distorsionadamente; en su dimensión inconsciente, oculta aspectos rechazados, que fueron difíciles de asimilar en el momento de vida que sucedió (estamos hablando de cuando fuimos pequeños), que fueron inaceptables para la conciencia individual o familiar, como dolor, rabia, miedo, placer en sus diferentes matices. Desde entonces, la capacidad inherente de protegernos ante el peligro y la amenaza levantó defensas mentales y corporales para sobrevivir. El ego, que estaba creándose, distorsionó su función, y en lugar de ser el mediador entre la expresión de lo espontáneo y auténtico de nuestro ser, de nuestro instinto, de la energía natural y el medio ambiente, cede a cancelar mucho de lo interno, controlando y falseando lo real y tratando de manipular, dominar, complacer el ambiente, a través de ser lo que el mundo externo quiere que se sea. Cuando el instinto, lo intuitivo, la sensibilidad, se suprime, se exacerba entonces el pensamiento. Conclusiones mentales que se hicieron cuando éramos pequeños pueden seguir dominando nuestra existencia y nuestra relación con el mundo. Es un ego infantil que ha perdido contacto con las necesidades internas, necesidades de recepción y necesidades de expresión. En palabras de John Pierrakos: “Kes ver cómo el niño, que está fabricando su máscara de fingimiento (parte de su ego), está generalizando todos los sucesos de la vida, desde el punto de vista infantil” (1990, p. 121). Esta generalización, que con frecuencia se efectúa muy temprano en la vida, es hecha y rápidamente enterrada en la mente inconsciente. En cierto modo, el niño crea impresiones, representaciones mentales o imágenes de situaciones donde no están permitidos ciertos sentimientos, por lo tanto, estas impresiones o imágenes enterradas siguen reproduciéndose una y otra vez en la vida adulta. Hay una compulsión inconsciente por recrear el trauma originado en la niñez. Se ha formado un ego no sano. Cuando se ha generalizado que el mundo es hostil, el ego toma un cauce negativo, disminuyéndose, evidenciándose temeroso o contrafóbico, actuando contra el mundo, desconectándose de la energía y conciencia del core, así como de los buenos sentimientos, como la confianza y el amoroso interés por descubrir el mundo.

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Cuando el ego se alía al ser inferior, a las emociones negativas primarias de rabia, miedo, deseo de venganza, se fortalecen las defensas y estas dejan encerrada la fuerza del core y la persona queda más atrapada en la máscara. El ego idealizado que presentamos al mundo teme la interacción con la fuerza vital, individual y universal; evitará rendirse a la fuerza de la gravedad, se inflará, pues teme que la personalidad se derrumbe por lo suelos y sea convertida en nada. En la entrega sexual, al fluir en el orgasmo pierde su poder controlador y cede a la voluntad de la energía vital sexual, o de la misma manera, siente que pierde cuando reabre su corazón al perdón, a la compasión, al amor. El ego se apega a su individualidad, se separa del todo, perpetúa el aislamiento, la desconfianza y la lucha, va por el logro por encima de sí mismo y de los otros: El ego en un estado de salud se convierte en el ojo del core, percibe, sintetiza y dirige el flujo de energía de y hacia el core. Como servidor del core, el ego se hace a un lado y permite que toda fuerza del core emerja. Si ignora el core y se convierte en amo, el ego funciona negativamente, distorsionando en fluir de la energía (Pierrakos, 1990, p. 107).

Los bloqueos físicos y emocionales tienen qué ver con creencias que son parte de un ego desconfiado, no sano. Una persona puede pensar que la vida es injusta, quejarse, pelear, provocando reacciones agresivas, que le servirán para confirmar sus falsas creencias. Otra persona puede pensar que tiene que esforzarse mucho para prosperar, pues así es como se mueve el mundo; su percepción de la realidad está alterada y no recibirá nada fácilmente, ya que su ego se adapta de forma negativa. Pierrakos (1990) propone contemplar al ego tan sólo como una partícula de la gigantesca conciencia del universo de la persona, a menos que se integre con la gran conciencia. Convirtiéndose en sirviente en vez de amo, el ego perdería su grandiosidad excelsa, quedando disminuido, sin dar lugar a su ser interno, a sus necesidades. En ese cambio, se reconoce que no se trata de forzarse a amar, sino que cuando surja el afecto, el amor, el ego oriente su voluntad hacia acciones positivas que le beneficien. Cada estructura de carácter, que se llega a configurar a partir de las conclusiones y de una dinámica familiar y social, ha desarrollado un ego particular, una visión estrecha de sí mismo y del mundo, que en un proceso de desarrollo, sanación y transformación, habrá de ser trascendido hacia una conciencia más amplia de sí y del mundo material y espiritual. El ego no sano es un paradigma viejo, caduco, una posición muy controladora sobre la biología, lo instintivo, lo emocional, lo espiritual.

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De este modo, los pensamientos generalizados llevarán siempre a las mismas experiencias. Pensar diferente lleva a prácticas diferentes. De este modo, si pensamos positivamente sobre nuestras relaciones, estas irán mejor, pero dichos pensamientos tienen que ser genuinos. La felicidad comienza por pensar que la felicidad es posible para nosotros y para los otros. Se requiere de disciplina para centrarse en el interior, para descubrir y acceder a algo mucho más grande y profundo dentro y fuera de nosotros. Esto requiere no sólo un trabajo profundo y sanador de viejos dolores, heridas y creencias, sino también de una reeducación que nos permita comenzar a pensar con el corazón. En Core Energética se invita a desarrollar al observador interno y separar los apegos de la individualidad, se confronta esta parte egoísta y se conduce a movilizar y trabajar profundamente para recuperar la verdad de nuestro niño (a) interno (a), de nuestro hombre y mujer, de nuestra sabiduría interna, e integrar en nuestro saber, cada vez más, lo que fue rechazado, encubierto, excluido de esa conciencia, descubrir posibilidades donde se creía que nos las había, así como nuevas y mejores maneras de vivir.

3.4 Voluntad Cuando hablamos de voluntad, nos referimos a la dirección de nuestras intenciones, hacia dónde dirigimos nuestras energías y qué pretendemos lograr con ello. Las intenciones del corazón o intenciones del ego no miran al interior, pues el ego es voluntarioso, y ha de querer que las cosas se hagan a su manera: “Que me ame, como yo quiero que me ame, quien yo quiera que me ame, cuando yo quiera que me ame”. Va por sobre el logro que mantenga en alto la imagen idealizada de sí mismo. La voluntad del ego usa en exceso las energías masculinas y tiende a negar las energías femeninas. En este movimiento voluntarioso están implícitos sentimientos y pensamientos negativos. Podemos creer o sentir que no lograremos cambiar, pero nos falta reconocer el apego a la negatividad; esto se llama intencionalidad negativa, y se traduce en: vivir con miedo, desconfiar del mundo, tener adicción a drogas, mantener relaciones de violencia, no prosperar, no realizarse, mantenerse en la queja constante, dominar a otros, ser codependiente, no creer en el amor. Por lo contrario, la intencionalidad positiva tiene qué ver con la conexión interna, con los valores esenciales de la vida y la relación armoniosa con los demás y la naturaleza. Está relacionada con moverse en la vida con la voluntad del corazón, pues en este caso, el ego está al servicio de la empatía, de la unión, del bienestar, del fluir de lo espontáneo, verdadero y genuino de nuestro ser.

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Obviamente, es una expresión del ser superior, que dirige su movimiento en pro de la vida, de la búsqueda de los recursos que nutran al organismo, de los afectos que alegren el alma, de los pensamientos que den entendimiento, significado y sentido profundo a nuestra existencia, en todas las circunstancias, gratas y no gratas. En la intencionalidad positiva prevalece la intención de amar, de cultivar relaciones de amor con otros y todo lo que nos rodea. Cuando nuestra voluntad emerge del corazón, podemos dar y podemos recibir, entonces es fácil respetar la ley de mutualidad, ser asertivos y receptivos. Nuestro trabajo se enfoca en descubrir nuestras negatividades, nuestros apegos a ella, ver qué podemos cambiar, transformar esas pautas internas y externas, descubrir que tenemos otros saberes, otros poderes que nos pueden llevar a la felicidad y a la capacidad de vivir la vida como es.

3.5 Espiritualidad La espiritualidad es un paso más allá de la individualidad que nos conecta con lo divino, con lo sagrado, y al mismo tiempo con lo más simple de la vida. Nos permite descubrir lo más sutil de nuestra existencia, la esencia espiritual que nos circunda y está en el interior de nosotros: Kes un viaje hacia los recursos internos del ser humano, que se propone comprender quiénes somos en el sentido más profundo de nuestra existencia y descubrir cómo debemos vivir de acuerdo con el ideal más elevado posible. Aquí también se trata de la unión de la sabiduría con la compasión (Dalai Lama, 2006, p.243).

La motivación del pequeño ego es la de dominar y distorsionar la verdad, de crear intencionalidad negativa y de fomentar la división en nuestra percepción, en nuestras relaciones y experiencias de vida. El camino espiritual conduce a vivir en la verdad de lo que somos realmente, en la verdad de nuestro potencial y nuestros dones para enfrentar la vida y hacer algo bueno con ella. El camino espiritual implica reconocer y cultivar el amor, pero puede ser un camino difícil cuando nos hemos alejado de nuestro ser interno. Cuando entablamos conexión, nuestra sensibilidad se abre y podemos percibir más profundamente otras dimensiones energéticas y la certeza de que existe el Gran ego, ante el cual no tenemos que ser nada en especial, sólo ser. El camino espiritual es un camino de amor. El proceso de Core tiene el propósito de abrir paso al corazón, al perdón, a la reconciliación, a la unificación.

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Conclusiones La Core Energética trabaja de forma sistemática con los cinco niveles de personalidad del ser humano, que son el cuerpo, las emociones, la mente, la voluntad y la espiritualidad. Cada nivel representa un espectro del conocimiento sobre el uso de la energía y la toma de conciencia; el proceso psicoterapéutico comienza trabajando intensamente con el cuerpo, a partir de ejercicios corporales y musculares que ayudan a poner en evidencia la estructura de carácter o sistema de defensa. Al trabajar con el cuerpo, las emociones reprimidas saldrán a la superficie, haciendo manifiestas las distorsiones mentales que las sostienen y que han reforzado la estructura defensiva. Es importante reflexionar sobre la forma de pensar, sentir y actuar, pues con ello se podrá conocer la capacidad de elección, es decir, por lo que el individuo está optando y si sus decisiones tienen qué ver con la voluntad de su ego o con la voluntad de su corazón. En este sentido, es importante destacar que para la Core Energética es de suma importancia reconciliar a la persona con lo supremo, con lo espiritual, con lo divino, pues de esta manera logrará sentir su trascendencia y podrá hallar el sentido y misión de su vida.

Resumen Las cinco dimensiones de la personalidad que nos plantea la Core Energética permiten llegar a una comprensión más amplia de todo lo que interactúa en cada individuo, y que hace que cada persona sea única e irrepetible. Mente, cuerpo, emociones, alma y voluntad se conjugan e interrelacionan para conformar la identidad total del ser humano. No sólo somos cuerpo, no sólo somos mente, no sólo somos espíritu: somos un todo que se armoniza y que nos sirve de vehículo para manifestarnos como alguien que siente, anhela, sueña y ama. El cuerpo es nuestra morada, nuestro lugar personal, nuestro espacio terreno. Gracias a él podemos ser vistos, reconocidos, sentidos, tocados y percibidos. Nos permite materializarnos y con ello gozar de dichas y placeres, pero también de dolencias e incomodidades. A través de él tenemos un límite o frontera de contacto, mientras que a la vez, puede hacernos experimentar la total fusión con otros seres humanos y con el universo. Es un templo sagrado donde se acumulan las experiencias de vida, los aprendizajes, las enseñanzas, las fortalezas, así como las debilidades, las flaquezas y las carencias. Es un archivo histórico de todo lo que nos ha sucedido a lo largo de nuestra vida.

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Las emociones, tanto positivas como negativas, dan vida y vitalidad al cuerpo. Sólo quien ha muerto deja de experimentar las tremendas corrientes energéticas que acarrean las emociones, y aunque hagamos muchos esfuerzos por no experimentarlas, sin ellas nuestras vidas carecerían de sentido, armonía y vivacidad; nos volveríamos acartonados, tiesos, secos, inamovibles e inaccesibles. Sólo cuando recuperamos el río de las emociones y nos confiamos a ellas, la vida puede tomar un nuevo curso, una nueva esperanza, una nueva fe, una nueva sabiduría. Al dejarnos llevar sólo por lo que creemos que es ”lo correcto”, nuestra conciencia queda muy reducida, y con ello la capacidad de deleite y placer en nuestra vida. La mente, que tiene como aliado al ego, tiene una función esencial: discriminar; puede decir: “esto en negro”, “esto es blanco”. Sin embargo, cuando se emplea para afirmar que una categoría es mejor que la otra, se hace un mal uso de ella y de su función divina. En todas las creencias que se van construyendo a lo largo de la vida se han realizado distorsiones, las cuales han surgido de las limitaciones de la conciencia infantil del niño (a) que fuimos y que siguen, en el momento presente, queriéndonos explicar, con argumentos viejos, el por qué de los acontecimientos o sucesos de nuestras vidas. Entonces intentamos explicar de una forma lineal la consecuencia de nuestros actos, perdiendo la visión holística de que somos una entidad psicosocial, emocional y espiritual. Es la mente quien tiende a separar, a calificar, a desunir; utilizarla para su fin divino: comprender, conciliar, unificar, integrar, es la mejor forma de sacarle provecho. Al mantener como aliada a la mente, se favorece la sabiduría del cuerpo y la fuerza de las emociones. El ego aprenderá a fortalecerse para dirigir el actuar hacia conductas llenas de sensibilidad e inteligencia, a despertar la voluntad del corazón, que no desea actividades egocéntricas y fatuas, es aprender a dirigir la energía hacia comportamientos más perceptivos, cálidos, intuitivos y espirituales. Todo este proceso y camino se emprende con el fin de abandonar el egocentrismo y recordar lo esencial del ser espiritual, que es nada, pero a la vez es todo. Es recordar que así como somos, está bien, que no hay a quién demostrarle nada y que no se tiene que aparentar nada. No se tiene que ser ni el mejor, ni el peor; ni el más exitoso ni el más fracasado, ni el más bueno ni el más malo; simplemente hay que ser, estar. A nivel espiritual, nadie ni nada podrá herirnos y tampoco se tendrá deseos de dañar. Se sabrá, con plena conciencia, que la vida nos sostiene, que simplemente se tiene que estar, vivir y respirar. Se sentirá que el universo está satisfecho con uno, porque se es parte de su creación, y que se está hecho de

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cierta manera, porque así es como se necesita, pues todo corresponde a un plano superior y divino.

Cuestionario 1. ¿A que se refieren los niveles de la personalidad según la Core-Energética? 2. ¿Qué implica hacer un trabajo sistemático y por niveles? 3. Explica por qué se dice que somos una entidad psicosomática. 4. ¿Por qué es importante trabajar con las emociones negativas? 5. Explica cómo las creencias distorsionadas afectan la forma de conducirse o comportarse. 6. Describe cuándo un ego es sano y cuándo no. 7. Enlista ejemplos de cómo y cuando actúa la voluntad del corazón. 8. ¿Qué tiene que sucederle al ego para poder acceder a lo espiritual? 9. ¿Qué sucede cuando una persona reconecta su saber espiritual?

Ejercicios reflexivos Toma un tiempo para considerar: ¿En qué momentos sientes más presente tu cuerpo? ¿Qué sensaciones puedes experimentar con claridad en tu cuerpo? ¿Puedes notar temperaturas, vibraciones o espasmos? ¿Hay partes de tu cuerpo que no puedes percibir o que necesitas tocar para reconocer que ahí están? Elabora una lista de cuáles son las emociones que más frecuentemente experimentas en tu vida diaria. Menciona qué tipo de emociones rechazas, desapruebas o niegas en ti. ¿Has podido establecer una relación o conexión entre los mensajes de tu cuerpo y sus estados emocionales? Reflexiona cuáles son tus creencias sobre el mundo, sobre la humanidad, sobre los hombres, sobre las mujeres, sobre la naturaleza y sobre Dios. Analiza cómo afectan estas creencias la forma en que te relacionas con los demás, como usas tus emociones para recrear estas ideas y cómo terminas actuando conforme a ellas, sin darte un espacio para pensar diferente.

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Desarrolla al observador interno y desde fuera, permítete hacer un análisis de: ¿Cuántas cosas eliges desde tu ego inflado, para demostrar algo tuyo y cuántas cosas haces desde tu corazón? ¿Cuántas cosas haces porque te conviene y cuántas por impulso natural? ¿Cuántas veces tus deseos de unión, cercanía y reconciliación, son detenidos por tu ego negativo que dice: “no voy a perdonar”? Permítete respirar hondo y profundo, adopta una postura cómoda y desde ahí, con los ojos cerrados, imagina a Dios ¿Qué imagen te viene? ¿Es un Dios amoroso, dulce y comprensivo? ¿Es un Dios duro, castigador e injusto? Si puedes, dibuja esa imagen. Después analiza cómo, dependiendo de la imagen que de él tienes, existe una correspondencia con tus creencias y forma de actuar en el mundo.

Dinámicas corpo-energéticas Retoma las frases más comunes con que te críticas o recriminas, tales como: “No debería haberK” o “Debería haber hechoK.” De pie, mueve tu cuerpo enérgicamente, abre tu boca y garganta y expresa algunos sonidos. Ahora, intenta expresar el sentimiento que está debajo de esas expresiones como “estoy enojado”, “te odio”. Estás movilizando sentimientos estancados, al permitirlos, estos inevitablemente te llevarán a decir “me duele”; permite que fluya tu dolor y tus lágrimas. Estás haciendo una limpieza que te llevará a sentir cuánto amor necesitas; termina abrazándote en un acto amoroso. Prueba a decir: “me quiero”. No es necesario que lo digas, ya lo estás sintiendo.

Sugerencias para el facilitador Se recomienda que se inicie con un trabajo de arraigo corporal, de suave y lento a intenso y fuerte, con el fin de ayudar a distinguir los beneficios particulares de cada estilo de movimiento. Al trabajar físicamente, pedir a sus alumnos que vayan

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expresando en voz alta todas aquellas ideas que les vengan a la mente, para así ir escuchando las falsas creencias, distorsiones, negaciones o ideas locas, que el facilitador pondrá a trabajar corporalmente para ajustarlas con el principio de realidad, verdad y sabiduría. Durante todo el trabajo psicoterapéutico, el facilitador deberá incluir la conciencia de todos los niveles de la personalidad y ayudará de forma compasiva y comprensiva a sus alumnos a identificarlos.

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Bibliografía Reich, E. (1999). Bioenergética suave. España: Abraxas. Shapiro, D. (1991). Cuerpo-mente: la conexión curativa. España: Robin Book. Baumgardner, P. (1982). Terapia Gestalt. México: Pax. Brennan, B. A. (1994). Hágase la luz. México: Roca. Dalai Lama. (2006). El universo en un solo átomo. México: Grijalbo. Pierrakos, J. (1990). Core Energetics. U.S.A: Life Rhythm Publication.

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4. Niveles de conciencia Introducción El fundamento teórico de los niveles de conciencia de la Core Energética nos ofrece una guía para comprender desde qué perspectiva se relacionan los seres humanos con ellos mismos, con el mundo físico y el mundo espiritual, con la naturaleza y con el cosmos, y al mismo tiempo establecer las consecuencia o efectos de vivir desde esa conciencia. Los niveles de conciencia son tres: la máscara, el ser inferior y el ser superior, que en su centro pulsa el corazón del mismo Core, mencionados de afuera hacia adentro. La conciencia de la periferia puede estar muy enfocada al exterior y poco conectada con el interior. La conciencia del ser inferior, como energía reprimida, se ha distorsionado; tiene que ver con lo rechazado, oculto, sentimientos, emociones, conductas grotescas y dañinas. Conserva una conexión con el centro interior, impidiéndole salir, y una conexión con la conciencia externa, que puede usar a su conveniencia para ocultarse. El ser superior recibe directamente impulsos de vida del core y se manifiesta como lo bueno y positivo que tiene la persona, es una expresión espiritual, amorosa de la vida. Se habla y se escribe de ellas como si tuvieran vida propia, pero no es así, son maneras en que una persona piensa, siente y actúa. Será necesario desarrollar a un observador interno que apoye nuestro proceso psicológico y espiritual y que nos permita reconocer nuestra falsedad y negatividad, para su transformación, que permita la salida de los rayos de nuestro ser superior, de valores humanos y espirituales que velen por la paz y el bienestar de todos.

Objetivo general Que el estudiante obtenga, a través de este mapa de la conciencia, los elementos teóricos y la guía para lo vivencial y terapéutico, los cuales le permitirán reconocer y trabajar su falsedad y negatividad, para lograr asumir su belleza y poder interior.

Objetivos específicos Que el estudiante: 4.1 Discrimine correctamente y trabaje el efecto de su máscara en su vida diaria. 4.2 Reconozca su ser inferior a nivel mental, emocional y vivencial.

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4.3 Redescubra y vivencie el potencial de sanación, realización y trascendencia que vive dentro de sí mismo, en su ser superior. 4.4 Aprenda las formas de trabajo del método terapéutico Core, para poder acompañar a otros en su proceso de autoconocimiento, sanación y transformación.

Mapa conceptual

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4.1 Máscara Es la periferia de nuestro ser, la cara que generalmente mostramos al mundo, que esconde aspectos positivos y negativos, conscientes e inconscientes de nuestra personalidad, de nuestra psique y cuerpo. Es nuestro ser falso, exageración de lo que alguna vez fue natural y se perpetuó en sonrisas, gestos, actitudes, pensamientos, conductas caducas ante situaciones nuevas de la vida, que sabotean las expresiones auténticas y frescas de nuestro ser real, y que se va conformando desde que somos pequeños: El niño o niña vulnerable se siente herida por agresiones directas o indirectas por el ambiente conflictivo en el que vive, se siente herido en su autoestima y si intenta rebelarse es rechazado. Concluye, distorsionadamente, que hay alguna falla en él o ella y, así, para evitar vivir el dolor y el rechazo busca una pseudo-solución, se construye una imagen ideal, perfecta de sí mismo, una manera de ser que le brinde una pseudo-confianza y pseudo-autoestima que presenta ante los demás (Pierrakos, 1990, p. 83).

A través de esta pseudo-solución, el individuo se niega a ver sus fallas, sus errores y su simple humanidad, además de que vive con el miedo de que ésta emerja y sea descubierta. Esta situación generalmente tiene qué ver con la máscara de la familia ante el mundo; la máscara individual es un movimiento colusivo: no ver, no atender, no integrar todo aquello que por generaciones ha sido rechazado en el sistema familiar. Con la máscara que va desarrollando el niño (a) cree que no será lastimado y podrá ganar aceptación, aprobación y amor. Su energía estará enfocada a no cometer errores, a evitar a toda costa las expresiones espontáneas; puede actuarlas, pero no sentirlas. Su objetivo es estar en control, ser perfecto, pues cree que sólo así puede evitar el sufrimiento, ese que vivió en algún momento o que percibió a su alrededor: “El miedo al dolor crea un problema básico. El método más importante al cual recurre la gente en la falsa creencia de que podrá evitar la infelicidad, el dolor e incluso la muerte, es la creación de una imagen idealizada de uno mismo” (Pierrakos,1990; p. 43). Se ha necesitado escuchar las demandas verbales y no verbales de los padres para ser y no ser de una manera; ver una realidad desagradable, que decepciona y se rechaza; sufrir el dolor de no ser aceptado a pesar de la necesidad que se tiene de ello; concluir tempranamente que como se es, no es bueno y ser influenciado por el medio social para ir construyendo una imagen “perfecta”, ideal e inconsciente, que supere la realidad interna y logre la felicidad, el amor, la aprobación de ser; hay un “deber ser” introyectado y asumido.

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Los sentimientos, emociones, impulsos naturales, pensamientos y necesidades reales, son negados, excluidos, reprimidos en la psique y en el cuerpo. El pequeño yo va adaptándose a lo que cree que es conveniente para salvarse, para no sufrir; ya sea agradando o coludiéndose con la máscara familiar y social. De ese momento en adelante, la energía y conciencia -ya distorsionadasvan tomando forma corporal. Los músculos son forzados a reprimir, contener y ofrecer una cierta apariencia. Las tensiones frenan los impulsos y someten a los huesos a crear una estructura que presente una imagen de lo que no se es. La necesidad real ya no es percibida, se superponen las necesidades falsas de la máscara de impresionar a los demás, de ser especial, de reconocimiento, de éxito, de aprobación y de ser glorioso, con las necesidades adquiridas y compradas a la sociedad que nos rige y que nos promete gloria, placer y felicidad. La imagen idealizada nos exige con tiranía alcanzar esas metas; las cuales, con esfuerzo, es posible que se consigan, lo que no podría conseguirse es la satisfacción y la paz real. ¿Por qué? Porque no se están satisfaciendo las necesidades verdaderas. Al vivir en la máscara, lo hacemos predominantemente en un plano dualista: somos de una manera, pero no somos lo otro. Vivimos en un polo de la existencia, el polo que reconocemos apropiado para evitar el sufrimiento y el dolor; así nos aferramos o apegamos a esa imagen que tenemos de nosotros y del mundo. A partir de ello, creamos nuestros propios valores, los que son sintónicos con nuestro ego, nuestra imagen y nuestra personalidad. De este modo, excluimos todo lo que no sea afín, lo diferente se convierte en nuestro enemigo, motivo por el cual viviremos en un conflicto interno, donde corrientes forzantes tironean constantemente. Las defensas nos protegen de tomar conciencia del conflicto, de modo que vivimos entumecidos, anestesiados. Por ejemplo, la persona que dice: “Mi forma de ser es la mejor”, necesita que así sea; de otra manera, se derrumbaría su torre existencial. Y por supuesto que la vida, como es, confrontará nuestras máscaras. Aparecerán personas que no caerán seducidas, que no permitirán que las controlemos, las que nos negarán su aprobación. El resultado será un berrinche fenomenal, trataremos de exigir, los criticaremos o los ignoraremos, los responsabilizaremos de nuestro sufrimiento. La máscara que empleamos es nuestra identidad, que depende absolutamente de los demás, su sentido de vida es lograr que los otros le den lo que necesita. Y dependemos de ellos porque estamos separados de nuestra esencia, que nos da el real y profundo sentido de existir.

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Cada vez más, las personas que llegan a consulta, por el problema que sea, invocan la frase: “Quiero ser yo mismo”; esto es porque intuyen, saben que hay algo, alguien más adentro. Dentro de esa máquina hay un ser vivo, que anhela emerger. Y por supuesto que lo hemos visto, con aspectos luminosos y también oscuros, que cuando se asoman asustan, y cuando se dejan ver, liberan parte de la verdad del ser. Sí, porque ocultamos aquello que consideramos indeseable para nuestro egocentrismo. Asimismo, la máscara: Oculta a nuestra conciencia, la sombra no forma parte de la imagen de nosotros mismos. Pero, aunque parezca irrumpir de la nada – evidenciamos un abanico de conductas que van desde los chistes groseros hasta la agresividad abiertamente destructiva- su presencia nos recuerda a un visitante inesperado cuya visión nos avergüenza y nos llena de humillación (Zweig, 1999; p. 15).

La ansiedad, el miedo, la vergüenza, son señales de que está funcionando nuestra imagen idealizada. Mostrándonos desde la máscara, somos repetitivos, creamos hábitos, somos compulsivos. La máscara es lo predecible, el ser condicionado que se resiste a ir a su interior y conocer al desconocido que es y espera por él. El ego no quiere perder el control ante la verdad interior. Puede servir más a la negatividad que ha estado encubriendo. En nuestras relaciones vivimos siendo lo que no somos, dando lo que no tenemos a quien no es y no se lo merece, lo que damos y recibimos es tan poco auténtico y real, tan falso, que no es posible gozar de una profunda satisfacción en nuestros encuentros humanos, detrás hay miedo de ser lo que realmente somos. Por lo general, las personas se sienten insatisfechas, frustradas, enojadas, estresadas, cansadas sin saber por qué. Y es que se agota la energía de tanto aparentar, tratando de vivir en control, de controlar, de agradar, de ganar, impresionar, seducir, manipular; queda poco vigor para ser. Es común desde nuestra máscara acusar, culpar a otros o al exterior por nuestra insatisfacción, que se manifiesta en frases como: “me exigen demasiado”, “no me dejan ser”, “me critican”, “no me apoyan”. John Pierrakos (1986) enfatiza que aunque la máscara puede distorsionar de forma tanto positiva como negativa, con frecuencia incorpora más fácilmente lo negativo que lo positivo. Hay muchas razones para esto. Una es que los movimientos del core son mucho más intensos; su energía tiene el ritmo pulsatorio más alto del organismo. Por lo tanto, la persona percibe que las emociones del ser superior son mucho más amenazantes que las del ser inferior. Al vivir desde la máscara nos negamos a enfrentar la realidad tal como es. A través de una imagen idealizada pretendemos perpetuar la vida en el principio del placer, con la fuerza del ser inferior, tratamos de forzar a la vida a que nos dé

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lo que queremos. Esta imagen (máscara) ha sido una adaptación que de momento salvó la situación, pero que en otro, se convertirá en una prisión. La publicidad, la mercadotecnia, nos incitan constantemente a alimentar la vanidad de nuestras máscaras y a la enajenación de nuestro verdadero ser. En realidad, nuestras máscaras son exageraciones de nuestras cualidades divinas de amor, de poder y serenidad. Las lecturas del Pathwork nos ofrecen esta tipología, que nos sirve en el proceso de la Core Energética. Pierrakos (1990) señala que, desde la máscara, no se quiere escuchar al amor ni a la verdad del core, y se mantiene el ser superior encadenado en su calabozo, como si fuese un dictador que teme que su régimen sea derribado por esta fuerza unificadora; el dictador puede escuchar a su prisionero rogando por ser liberado, o quizá las paredes del calabozo sean tan gruesas, que la voz del core no le llegan, y puede fingir a sí mismo y al mundo que ahí no hay nadie. La armadura aparece originalmente en respuesta a eventos externos, pero en la edad adulta, éstos ya no configuran nuestras vidas, y aceptamos nuestras propias percepciones sin ninguna base real. La capacidad de arriesgarse está contenida, o simplemente la persona es incapaz de concebir alguna otra forma de reaccionar, entonces selecciona sus acciones equivocadamente. Necesitamos, por tanto, reconocer que no somos víctimas de nadie, aunque invertimos gran cantidad de energía en sostener esta convicción. Nos victimizamos a nosotros mismos, mantenemos prisionero a nuestro propio core y nos aferramos desesperadamente a esa idea. Desde la conciencia estrecha que da la imagen idealizada o máscara, nos resistimos al cambio, preferimos lo conocido. Jung (1984) señala que la conciencia de un individuo se resiste a todo lo inconsciente y desconocido: “El hombre civilizado reacciona ante las ideas nuevas, levantando barreras psicológicas para protegerse de la conmoción que le produce enfrentarse a algo nuevo” (p. 27). Por su parte, Susan Thesenga (1994) describe tres tipos de máscaras: a) La máscara del amor. A través de ella intentamos obtener amor aparentando ser amorosos, forzando a los demás a satisfacer nuestras necesidades de amor, aprobación, seguridad y autoestima. Con esta máscara, la persona cree que siendo débil, desamparada o sumisa, más de lo que en realidad es, se logrará lo que quiere. b) La máscara del poder. Es un intento por controlar la vida y a los demás. La seguridad y la autoestima dependen de ser el ganador en todas las situaciones, negando las necesidades y debilidades humanas. Se idealiza el poder, se rechaza el amor y el contacto. La vida se traduce en una lucha por alcanzar el dominio y

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escapar de la vulnerabilidad de la infancia. Se basa en la apariencia de ser completamente competentes, agresivos, controladores, independientes, pero incapaces de relajarse, de aceptarse y de aceptar a la vida tal cual es. c) La máscara de la serenidad. Es la apariencia de ser absolutamente serenos. Con ella se trata de escapar a las dificultades y a la vulnerabilidad de la vida. Esta máscara se escoge cuando no funcionaron ni la del “amor” ni la del “poder”. La distorsión de la serenidad es el retraimiento, la indiferencia, evasión de la vida, falta de compromiso; es un cínico y falso desapego espiritual que trata de ocultar que, en el fondo, el individuo se siente desgarrado e inseguro. Ni el amor ni la autoafirmación están a su disposición, por lo que busca retirarse por encima de su tormenta interior. Cree que los problemas desaparecerán si los niega. En general todas las personas, de acuerdo a nuestra circunstancia de vida, hemos desarrollado una de las tres máscaras como protección. Asimismo, en un individuo puede haber una combinación de las tres, lo que, generalmente, le crea más confusión: se somete, se vuelve dependiente, tranquilizador y negador de sí mismo, con la esperanza de garantizar y comprar amor. Suprime el resentimiento y la amargura. Esconde sus imperfecciones originales y sus fuerzas. Claudio Naranjo (2004) analiza los falsos amores y cómo estos representan una interferencia para el amor verdadero, pues constituyen una malversación de la energía psíquica, comparable al fenómeno que ocurre en la nutrición y la energía biológica: el de un organismo alimenta a un parásito, pues el que “ama” sólo a costa de permanecer ciego a su autoengaño, perpetúa su propia mentira y su inconsciencia, que son obstáculos para que goce una vida amorosa auténtica. Si a través de la máscara se busca el triunfo, se está condenado al fracaso, pues es falsa. Podríamos obtener muchos bienes materiales, reconocimientos, que serían compensaciones a la “falla” de no haber sido perfectos y no haber obtenido lo que necesitábamos de pequeños. Vivir en la máscara es vivir en el efecto, pues es el resultado de las experiencias penosas que se tuvieron en el pasado. Su base prejuiciosa es: “Si muestro mis sentimientos me van a lastimar”, “si muestro mi poder me van a aniquilar”, “si digo lo que pienso se burlarán de mí”. Nuestra imagen ideal está también enfocada al futuro: “si logro tener éxito mi padre me amará”, “si soy amable me van tratar bien”, “si comprendo lo que pasa estaré tranquilo”. Todo en términos de totalidad; la vida, los otros tienen que darme esto, al cien. Y qué terrible ansiedad si no estoy teniendo éxito, si hoy no quiero ser amable, si no entiendo lo que pasa. Están de por medio expectativas muy elevadas, perfeccionistas, imposibles de llenar.

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Para salir de esta situación necesitamos ir a las causas, sanar las heridas del pasado, enfrentar nuestro ser inferior, permitirnos sentir el dolor y aceptarlo, no aferrarnos a obtener a cualquier precio todo lo que deseamos, reconocer que la vida tiene un 50/50 de dolor y de placer, de felicidad y de infelicidad, que morimos a cada momento en lo que hemos sido y que renacemos en el siguiente instante. Cuando la imagen idealizada se activa, nos exige perfección, reaccionamos con vergüenza, culpa, enojo, tristeza, confusión. Debemos darnos cuenta de la prisión y tortura que representa nuestro perfeccionismo: “Una sensación de fracaso, de frustración o de compulsión, así como de culpa y vergüenza, son los indicadores más sobresalientes de que su ser idealizado está trabajando. Estas emociones de todas las que yacen escondidas, son las que se sienten conscientemente” (Pathwork. Conferencia no. 83). Las vibraciones energéticas, producto de vivir con máscaras, oscurecen la luz, son más indirectas y difíciles de detectar, se manifiestan en medias verdades o verdades aparentes, que suenan bien, pero que evidencian que algo anda mal, son dobles mensajes, una verdad pervertida que no da real seguridad. La curación consiste en apartar el velo entre nuestra personalidad y nuestro núcleo divino interno; entre quiénes creemos que somos y quiénes somos en realidad, entre la vida y la muerte. La persona mejora a través de ampliar su conciencia de quién es, no importa si muere o no. Por supuesto que en esta dimensión terrenal y humana es imposible no crear máscaras, pero lo que sí es posible es reconocer que las usamos, desde cuándo y para qué, tomar conciencia de con qué hemos estado identificados, en la creencia de que sólo somos aquello que se asoma desde nuestra apariencia externa. Es importante disolverlas a través de la aceptación, movilizarlas y permitir desvelar la expresión de lo que ocultan, y a través de ello, transitar en un camino de constante autodescubrimiento y evolución.

4.2 Ser Inferior A través del tiempo hemos escondido sentimientos, emociones, pensamientos y acciones negativas: odio, rencor, crueldad, celos, egoísmo, envidia, miedo, desprecio, arrogancia, sadismo, lujuria, ira, ambición, codicia, culpa, venganza, deseos de dañar a otros. Tratamos de ocultarlos no sólo de los demás, sino de nosotros mismos, para ello nos enfrascamos en presentar una fachada totalmente opuesta a estos sentimientos. Nos engañamos y engañamos a los demás. Lo que ponemos a la sombra de la máscara es una parte de nuestra verdad.

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Cuando entramos a esta fase del trabajo, estamos levantando la cortina de nuestras defensas y descubriendo la verdadera gran resistencia de ir hacia la vida, de recibir el amor. Desde este nivel, que es mucho más inconsciente, vivimos en soledad, separados de la fuente de nuestro ser y separados del mundo. En la negación del amor, no confiamos en nadie ni en nada, sólo nos crecemos en nuestra negatividad como una manera de tener poder sobre todo lo demás. La sustancia del ser inferior (o nuestra negatividad) es la misma de nuestro core o nuestro ser, pero profundamente distorsionada, es todo lo que fuimos reprimiendo. Nos sentimos heridos y prometimos que nadie volvería a hacerlo. Es una promesa tan antigua que la hemos olvidado. ¿Qué juramento pudimos habernos hecho? Que nadie volvería a abandonarnos y ahora abandonamos a los demás o los torturamos con sentimientos de culpa. Que nadie volvería a burlarse de nosotros, y nos convertimos en seres que se dedican a aplastar a los otros. Prometimos que nadie nos subestimaría y nos hemos preparado intelectualmente para ofender a los demás con nuestros conocimientos. Que nadie nos insultaría nunca más y entonces ahora ignoramos, castigamos con desprecio: “No me escucharon cuando los necesitaba, ahora nunca van a saber nada de mí. No comprendiste mi dolor, ahora no me conmuevo con nadie, porque nadie lo hizo conmigo” (Molina, 2007). Y ¿qué observamos? que actuamos esta negatividad no sólo con quien nos lastimó, sino con otros, principalmente con los que están más cerca de nosotros. Vivimos detrás de la máscara defendiéndonos, desconfiando en la vida y de los demás, en una resistencia a aceptar el mundo espiritual, empeñados en no creer que existe realmente algo bueno en el interior. Por medio de las máscaras podemos evitar complicaciones con el ambiente que nos rodea. Cuántas personas hay que van a la iglesia, hacen oración y colaboran con acciones humanitarias tratando de creer en lo que escuchan, pero en el fondo, hay dolor y desesperación en su alma porque no logran sentir a Dios. Más aún, no logran creer que Dios pueda existir realmente; su cabeza gira y gira en racionalizaciones que no les llevan a nada, porque siempre terminan en el mismo lugar, sintiéndose solos en su humanidad; quieren ser buenos pero en el fondo sienten que no lo son. Y es que muchos no han intentado preguntarse quiénes creen que son. Para los que se han atrevido, la respuesta es contundente: son personas malas. Cuando declaran esto, con todo el dolor y la ansiedad que les provoca, están atreviéndose a mirar de frente esa ilusión, se sienten malos porque desde pequeños sintieron enojo, rabia, deseos de muerte hacia sus padres y hermanos, envidia y egoísmo; sentían gusto cuando a los demás les iba mal, porque tuvieron

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ganas de golpearlos, porque les hicieron algún daño confesado o no confesado, se sienten malos y no se pueden perdonar; se sienten malos porque no saben cómo acallar esos sentimientos. Lo anterior se da en un nivel consciente. Cuando es inconsciente, ni siquiera pueden decir que se sienten malos, pero no se sienten en paz, no experimentan sentimientos amorosos ni compasivos, y si hay una búsqueda por tratar de verse buenos, se pueden dar unas y otras racionalizaciones de que algún día lo sentirán. Pueden ser hombres y mujeres que han alcanzado logros importantes o una posición socioeconómica muy buena, pero no están en paz. Internamente se sienten separados del mundo espiritual, de la dimensión del amor, son como almas en pena que no encuentran cobijo aunque se los ofrezcan. De una manera u otra, este estado de desesperación interna es un grito del alma, que clama por sentirse unida y contenida amorosamente, perdonada por haber blasfemado en contra de Dios, del amor, de los padres que le dieron la vida. Es difícil emprender el camino a solas. Hay quienes buscarán la confesión en la iglesia, en terapia de Alcohólicos Anónimos u otras corporaciones o grupos. Cuando llegan a psicoterapia, si tienen identificadas sus “culpas” ya hay un cierto avance; pero ¿Qué ocurre, por qué no se sienten en paz? Parece que hay más, hay algo más inconfesable que tendrá que irse develando. Cuando sólo llegan con su desesperación, hay que empezar a cavar hacia abajo, al interior. Revelar y tomar conciencia de tantos sentimientos negativos que pueden surgir hacia sí mismo y hacia otros puede dar una cierta liberación; lo que tiene que hacerse a continuación es trabajar el perdón. La semilla, aunque descubierta, aún no ha sido cultivada, se necesita darle espacio y contención para revelar la sustancia de la que está hecha, conocer de frente los fantasmas y los pensamientos distorsionados que la activan, darles voz y movimiento, permitirles la expresión -sin dañar a nadie, sin dañarse a sí mismo, sólo para abrir el sistema y permitir la descarga de lo reprimido. En cada persona, la cualidad del trabajo será única, conociendo sus motivaciones y deseos en un ambiente seguro sin mostrarles miedo, sino el amor que da firmeza, contención, aceptación y guía. Tarde que temprano, según sean las resistencias a soltar el apego a esta negatividad, que ha sido compañera en su soledad, el individuo tocará la herida original, el dolor primario que originó su falta la fe en el amor de los que cuidaban de él, y su llanto y sus lágrimas irán limpiando sus pecados, su enajenación de sí mismo, del daño que hizo y se hizo; le dolerá el dolor no dolido que ha traído a su

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presente, irá sanando sus heridas; enfrentará el duelo de la ilusión de ser alguien despreciable, de seguir en ese pasado. Acompañar, estar, hacer presencia, ser testigo de un momento sagrado de sanación, no hay más qué hacer que estar en el silencio que nos contiene a ambos, a nuestra humanidad, a la humanidad entera. La elaboración vendrá después. El proceso de tomar conciencia y profundizar en nuestro ser inferior no es fácil, vamos sanando, despertando poco a poco a la realidad espiritual que incluye y transforma esta parte de nosotros mismos. ¿Y qué más puede haber para no liberar nuestro ser inferior? Porque todos los sentimientos y pensamientos negativos nos dan la sensación del poder que no sentimos cuando fuimos heridos, cuando confiábamos en nuestros padres o quienes cuidaron de nosotros. Esa vulnerabilidad no se quiere volver a sentir, aunque el precio sea muy alto. Soltarlo es como la muerte, hay miedo, sí, en este demonio hay miedo, ¿Cómo quedarse sin protección, sin ser nadie? Porque la ilusión es que nadie estará allí para acompañarlo, así como lo percibió y lo vivió la primera o las primeras veces. Se da entonces la sobre-identificación; nuestro ego está identificado con esa parte oscura de nosotros, esa es la razón de ser tan negativos todo el tiempo. ¿Cómo podrían tener poder afirmaciones positivas si se ciernen sobre capas del infierno? Porque vivir en el pasado es vivir en el infierno, repasando consciente o inconscientemente los daños recibidos, para dar fuerza al rencor, para alimentar la venganza que quizá ni siquiera hemos reconocido. ¿Por qué estoy mal? ¿Por qué me va mal? ¿No es acaso el resultado de vibraciones, energías densas y oscuras en nuestro interior que atraen las personas y aspectos negativas a nuestra vida? Y no sólo se trata de energía; decimos, hacemos, expresamos negatividad y esa negatividad es una enorme resistencia a que las cosas vayan bien, aunque conscientemente se diga lo contrario: Kahí donde hay orgullo, donde hay voluntarismo y donde hay miedo, tiene que haber un estado de tensión. La estructura del ego se aprieta y se vuelve rígidaKel ego no tendría tanta importancia si no existiera la falsa creencia de que el ser aniquilado en cuanto deja de ser el único gobernante de la vida humanaKdice sólo mi ego cuenta. Es todo lo que tengo, así que no puedo abandonarlo, pues si lo hago dejaré de existir (Pierrakos, 1986, p. 106).

La esencia de la intención negativa es permanecer separado, no volver a confiar, no necesitar y erigirse como dueño y señor de la vida. El demonio no está afuera de nosotros, está adentro. La defensa contra el gran dolor es este ser D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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inferior que adormece sus emociones y se desconecta de la esencia del ser, y como no lo asumimos, lo proyectamos en los demás y ese otro se convierte en un enemigo para nosotros, pues ante nuestras máscaras, nos reflejan nuestras fallas, lo que nos ocultamos a nosotros mismos y que tiene un gran poder de destructividad. La creencia es que podemos vivir escindidos, separados de los demás, de la familia, de la pareja, de los hijos, de los amigos, de los compañeros de trabajo, de los compañeros de la escuela, separados de la totalidad, de lo que somos realmente, sin reconocer aspectos de nuestro ser superior y eso es, también, una ilusión. Mientras no asumamos que el ser inferior es nuestro y lo rechacemos como bastardo de nuestra imagen, mientras nos enojemos porque nos enojamos, nos odiemos por odiar, nos lastimemos por lastimar, nos insultemos por insultar a los demás, el círculo se potencializa. Necesitamos tomar estos aspectos negativos como lo que son: hijos nuestros, que necesitan amor: “Nos cuesta mucho trabajo dejar ver y expresar los sentimientos negativos de nuestro ser inferior sin juzgarnos y culparnos porque nos sentimos avergonzados de él, sentimos que si mostramos ese lado acabaremos con nuestros atributos positivos dejando solamente la negatividad del ser inferior” (Thesenga, 1994, p. 234). En el inicio del proceso de terapia, la mayoría de los pacientes se niegan a ver y asumir su negatividad, aún cuando sus conflictos tengan la carga oscura, insisten en proyectar; los responsables de su infelicidad son otros, tienen miedo de su propio rencor y odio. Cuando se permiten trabajarlo, es una liberación, ya que les permite comprender por qué se han repetido sus dificultades. Lo reprimido necesita emerger, pero si nuestra conciencia no accede a ello, nos lo hará patente de otra manera, a través de la enfermedad. Y hay quien puede odiarse por enfermarse en lugar de escuchar que es lo que la enfermedad tiene qué decirle. La sombra produce la enfermedad, y el encararse con la sombra cura. Esta es la clave para la comprensión de la enfermedad y la curación. Un síntoma siempre es una parte de la sombra que se ha introducido en la materia. Por el síntoma se manifiesta aquello que falta al ser humano; a través del síntoma se experimenta aquello que no ha querido enfrentar conscientemente. Al respecto, Pierrakos (1996) nos dice que se debe transformar el ser inferior para que podamos desarrollarnos. Cuando logramos estar conscientes del ser inferior, de aceptarlo como parte de nosotros, cuando tenemos el valor de decir: “soy cruel, quiero lastimarte, quiero castigarte”, entonces ha empezado gran parte del proceso de transformación.

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Por su parte, Dethlefsen (1983) afirma que: Parsifal, en su viaje, se ha enfrentado valerosamente con su sombra y ha descendido a las oscuras profundidades de su alma hasta maldecir a Dios. El que no tenga miedo a este viaje por la oscuridad será finalmente un auténtico salvador, un redentor. Por ello, todos los héroes míticos han tenido que luchar contra monstruos, dragones o demonios y hasta contra el mismo infierno, para ser salvos y salvadores (p.157).

Sólo enfrentando cara a cara a nuestra sombra, sin dejarnos hechizar por la sensación de poder que nos ofrece, al darle voz y movimiento, sacarla a la luz de la conciencia en un espacio seguro, es posible transformarla y regresarla a su naturaleza original, recuperando la enorme cantidad de energía vital que posee y dirigirla hacia la vida. Originalmente fue un sentimiento, un impulso, una emoción que no fue bien vista por quienes nos cuidaban. Fue enojo, frustración, dolor, placer, alegría, fue la rebeldía a entrar en el principio de realidad, reconocer que el mundo era imperfecto. Esa imperfección es la que aún en el presente nos resistimos a tolerar, crecidos en la arrogancia, nos resistimos a reconocer que la vida es un camino de desengaños; construimos ilusiones que se tendrán que eliminar hasta que seamos capaces de soportar la verdad de nosotros mismos. Los patrones de negación según Thesenga (1994) son el orgullo, el voluntarismo y el miedo: Cuando el orgullo dice: “yo soy mejor que tú” puede haber un individualismo extremo. En el caso contrario: “soy peor que todos, no valgo”, crea un abismo entre el individuo y los demás y hay una elevada importancia personal, sentirse muy especiales, a través de la razón, ponerse por encima de los otros manifestando prejuicios y discriminaciones severas. El voluntarismo dice: “quiero tener lo que quiero cuando lo quiero”. No hay libre albedrío, se trata de controlar a los demás y a la vida. Hay impaciencia, exigencia, irritabilidad, asusta a los que lo rodean. Exige obtener lo que se desea, en el momento que se quiere y como se quiere. Se justifica el egoísmo. El miedo dice: “no voy a confiar”, “si no soy especial y no logro que las cosas se hagan a mi modo, entonces, algo terrible sucederá”. Como el individuo quiere protegerse, justifica defenderse, no puede confiar en nadie y no puede abandonarse y disfrutar. El odio, la culpa, el rencor, el desprecio, la crueldad y nuestras acciones llenas de maldad absorben mucha de nuestra energía. Este ser inferior se expresa indirectamente en nuestra personalidad, a través de la máscara, y lo hace

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directamente en momentos de crisis, cuando nos sentimos amenazados y fuera de control. El ser inferior es un aspecto de nuestra dualidad, el otro es nuestro ser superior. El ser inferior es peligroso, emocionante y repulsivo. Es el lado oscuro de la fuerza vital. Es energía esencial, poderosa y creativa. Crea el sufrimiento y la negatividad que sentimos en la vida. Se proyecta en nuestros sueños, en nuestras fantasías sexuales, en la lectura amarillista, en las películas de violencia y pornografía, en la crítica a los demás, en nuestras bromas pesadas, en síntomas físicos, en tensiones terribles y a través del arte y de nuestros secretos personales y familiares. Porque la cualidad de nuestro ser inferior se relaciona con el ser inferior de nuestra familia. El ser inferior hace todo lo posible por que nada salga a la luz. En el ser inferior hay un niño herido, profundamente resentido, hay un adulto que quiere venganza. Trabajar con el ser inferior es trabajar con las voces que hemos silenciado, con lo reprimido, con lo inconsciente y hacerlo consciente, es energetizarlo para su liberación, es confrontar la intencionalidad negativa, porque un aspecto es reconocer que existe la negatividad en mí, y, otro, no querer cambiarla; allí es donde se encuentra el mal, en el apego a la negatividad. Con regularidad, los pacientes o alumnos se enojan porque no cambian, no avanzan, porque no logran reconocer su intencionalidad negativa. El trabajo con el ser inferior es un proceso profundo; implica que el facilitador ya ha trabajado estos aspectos en sí mismo. Vamos tan lejos con nuestros pacientes como nosotros mismos hemos llegado. De este modo, el trabajo con las fuerzas destructivas es esencial en el proceso con Core Energética, pues como nos explica Ilse Kretzschmar: Ksi no asumimos, energetizamos y expresamos todos nuestros sentimientos y pensamientos negativos, no se abre el camino hacia el amor y las demás virtudes, porque la energía tan grande retenida del ser inferior en el cuerpo no permite que la luz divina entre y se expanda. Para que el ser superior pueda crecer y tomar su lugar dentro de nosotros, tenemos que “limpiar la casa”, crear transparencia, dar salida a la sombra, llevar la conciencia hacia los rincones más oscuros de nuestra alma creando espacio y disponibilidad para que se hagan presentes nuestras cualidades más bellas y más deseadas. Muy en el fondo de nuestro ser inferior se descubren las heridas, protegidas por él y por la máscara, que nos dejan vulnerables, sensibles y abiertos a nuestro ser superior y nuestro core (2007).

El proceso comienza con aprender a identificar la intencionalidad negativa cuando aparece en nuestra cotidianidad, sin juzgarnos ni culparnos, relacionándonos amorosamente con ese aspecto de nosotros; se trata de llevar D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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todo lo negativo a la luz de la conciencia, donde inevitablemente pierde poder. Es tolerar el dolor de darnos cuenta de que hemos hecho daño, para que ese dolor en la conciencia de nuestro ser superior nos indique cuál es el camino para encontrar el perdón y la paz con aquellos que hemos lastimado. Este proceso es tarea de una vida, necesitaremos mantenernos en la intención positiva de estar en la verdad, de gran paciencia, de un instinto agudo, de una discriminación sutil y de seguir el modelo de compasión del Buda. Tolerar que no somos perfectos, tolerar nuestras fallas y aprender a vivir en el misterio, en el aquí y ahora eterno. En el proceso de parar de hacernos daño y hacer daño, necesitamos desarrollar el observador interno, que es una cualidad de nuestro ser superior, para vernos sin crear juicios de nosotros mismos. “La verdad os hará libres”, dijo Jesús. Y nuestro ser inferior es parte de esta verdad, que necesita ser iluminada. Existen seis modalidades descritas por la psicoanalista inglesa Molly Tuby (1984) para descubrir la sombra en nuestra vida cotidiana: 1. En los sentimientos exagerados respecto de los demás. “¡No puedo creer que hicieras tal cosa!” “¡No comprendo cómo puedes llevar esa ropa!” 2. En el feedback negativo de quienes nos sirven de espejo: “Es la tercera vez que llegas tarde sin decírmelo”. 3. En aquellas relaciones en las que provocamos de continuo el mismo efecto perturbador sobre diferentes personas: “Luis y yo creemos que no has sido sincero con nosotros”. 4. En las acciones impulsivas o inadvertidas: “No quería decir eso”. 5. En aquellas situaciones en las que nos sentimos humillados: “Me avergüenza su modo de tratarme”. 6. En los enfados desproporcionados por los errores cometidos por los demás: “¡Nunca haces las cosas a su debido tiempo!” “Realmente no controlas para nada tu peso”. Asimismo, existen tres niveles de maldad: a) Realmente ser destructivo y matar. b) Materialismo sin Dios. c) Confusión.

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Estos niveles, como vibraciones energéticas, son energías activas, confusas y ásperas, lacerantes, dolorosas. Son pasividad, dependencia, estancamiento y negación de la vida. Sus colores son oscuros y siniestros, pero dan más alivio que el que ofrece la máscara. La transformación requiere tiempo, ya que más que una experiencia súbita de conversión, suele tratarse de un proceso de reorientación gradual. De este modo, para convertir, por ejemplo, el impulso destructivo de la ira en un compromiso creativo, o el dolor y el sufrimiento en acción compasiva, debemos cultivar y ejercitar la paciencia. La transformación duradera del temor en amor o del egocentrismo en altruismo, exige por lo general esfuerzo y práctica.

4.3 Ser Superior El Ser Superior es nuestra verdadera identidad, es nuestro ser compasivo, amoroso, creador, poderoso y sabio, de donde surgen los impulsos de ir hacia la vida, los afectos cálidos, las emociones suaves y apasionadas, los pensamientos positivos, la sexualidad vivida, las acciones que nos realizan y dan servicio a los demás, es la real confianza: Es el centro donde se integra lo falso y lo oscuro de nosotros mismos, es el corazón que no excluye nada de su conciencia, es la fuerza que nos sana, que nos permite mirar sin miedo y con seguridad; es aquello que nos acompaña en las batallas de cada día, en la celebración de cada momento. Podemos experienciarlo cuando arrullamos a nuestros hijos, cuando acariciamos a nuestra madre y a nuestro padre, cuando damos una mirada amorosa a nuestro compañero de amor, aceptándolo como es, sabiendo que lo que sea que haga y pueda no gustarnos, no es personal, cuando sonreímos al que cuida los autos en la calle, cuando aceptamos nuestro enojo o miedo y respetamos el de los demás, cuando asentimos a la verdad de los demás y respetamos la manera en que quieren vivir, cuando nadie es menos ni más que nosotros, cuando reconocemos que todos somos hijos de la espiritualidad, todos somos hijos de Dios. Y Dios es eso que es más grande dentro y fuera de nosotros que está Aquí y Ahora (Molina, 2007, p. 80).

Por su parte, Vaughan (1997) relata la experiencia de Stephen Mitchell, reconocido traductor de textos espirituales, a quien su maestro zen le enseñó una serie de pasos para su crecimiento personal. El primero consiste en matar a Buda; esto significa dejar de lado todo concepto acerca de un ser iluminado superior, separado y ajeno a sí mismo. La segunda enseñanza consiste en matar a los padres, lo cual significa que estos se deben aceptar tal como son, sin pedirles

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nada en especial. “Tu tercer trabajo –agregó el maestro- consiste en matarme a mí” (p.49). Matar parece ser una metáfora un tanto violenta; alude al hecho de renunciar a cualquier tipo de identificación. Sin embargo, matar el deseo egocéntrico de que los demás respondan de una determinada manera, posibilita la renuncia a todo sufrimiento personal innecesario. Por muy sublime que pueda parecernos, cualquier idealización de una imagen, de los padres, de los maestros, constituye un serio obstáculo para la liberación. El ser espiritual reconoce que la única realidad es este presente, tal como es, tal como somos en este momento. La espiritualidad es el Eterno Presente que acoge para su transformación las ilusiones del pasado y el futuro. Cuando el alma despierta, se abre paso hasta la culminación del camino, regresa al mundo con una nueva percepción que se hace transparente al Espíritu, entonces no hay lugar alguno dónde ir y tampoco hay otra cosa qué hacer sino asistir a los demás a su propio viaje. En este punto, es preciso reconocer que el Core es nuestro centro espiritual: Kes el centro del amor. Todas las manifestaciones del amor se pueden percibir como la conexión con nuestra espiritualidad. Cuando le abrimos las puertas, el ritmo y la energía ilimitada del Core impregnan nuestro ser por completo. Aquí en nuestro ser radiante, es donde se lleva a cabo la unificación completa de la dualidad de la vida; aquí es donde residen la omnisciencia, la continuidad y la sabiduría. Nuestro trabajo en Core Energética es transformar y superar los obstáculos que nos impiden experimentar nuestro Core (Pierrakos, 1997, p. 22).

Cuando logramos experimentarlo, porque hemos superado algún dolor o cerrado algún asunto esencial, sentimos que algo grande y a la vez simple ha sucedido, hay una renovación de energías y de sentido de vida. Todo aquél que empieza a reconocer estas fuerzas y energías también comienza a percibir cada vez más claramente la presencia de una inteligencia inspiradora, que parece ser mucho más vasta de lo que jamás ha conocido con su intelecto exterior, esa inteligencia, esencialmente es su “mejor yo”; se manifiesta como inspiración, guía y como una forma nueva de intuición, que llega no como una sensación vaga, sino, en palabras concisas, en un conocimiento preciso, aprehensible y traducible a la vida diaria (Pathwork. Conferencia no. 152).

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Las tres cualidades esenciales del Ser Superior son: 1. El Amor (emoción con corazón). 2. El Poder interno (ego sano que sirve a la voluntad del corazón). 3. La Sabiduría y Serenidad (la razón con corazón). Cada persona desarrolla (en especial) uno de estos tres poderes esenciales, de acuerdo a sus experiencias de vida. Ahora bien, el proceso de despertar es una experiencia superior, de nuestro Ser Superior; se ilumina y expande nuestra conciencia, es recordar quiénes somos, es recobrar la libertad de ser dentro del principio de realidad de lo que se es, es lo que llamamos “el camino de regreso a casa”, es regresar a nuestra verdad interna, donde bien y mal, masculino y femenino, luz y oscuridad, vida y muerte son uno, de reconocer que desde nuestro ser real, podemos decidir ser negativos y dañarnos y dañar a otros, o decidir ser más amables, positivos, compasivos y amarnos y ayudar a otros, respetando su camino. Es trascender nuestro ego individual. De este modo, se nos explica que: Todos los opuestos, todas las alternativas mutuamente excluyentes que causan tanto sufrimiento al hombre empiezan a tomar su legítimo lugar cuando el ego se conecta con la vida universal. Cuando hablo de soltar el ego, no me refiero a su aniquilamiento, restarle importancia o desecharlo. Lo que quiero decir es que aquello que se ha formado como parte separada de esa vida universal que ha de encontrarse en lo más profundo del ser, se conecta ahora con su origen. Cuando el ego se vuelve lo suficientemente fuerte para correr el riesgo de confiar en otras facultades y no sólo en las conscientes y limitadas, encuentra una nueva seguridad que hasta ahora ni siquiera había soñado (Pathwork. Conferencia no. 152).

Podemos reconocer entre tantas tres de las capacidades más significativas de nuestro Ser Superior: Crear, Amar y Ser Libre. Cuando estas capacidades se expresan, es inevitable dejar ver la belleza que reside en nuestro interior y de reconocer la expresión de la belleza de todos los seres humanos. La fealdad que podamos ser capaces de mostrar se convierte entonces en una defensa para ocultar lo bello que hay en nosotros. A nivel personal, es apertura al amor y la verdad, a nivel transpersonal es el maestro interior, guía espiritual o alma inmortal; a nivel del ego es observador y compasivo. En el cuerpo, es placentero flujo de energía, como el aliento y la circulación sanguínea, que pulsan en los ritmos vitales. En la intimidad, es una expresión singular de la conciencia humana universal, de unicidad.

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En la naturaleza es unidad con la vida, que se crea en movimiento eterno; en meditación, o momentos de inspiración, es percibir la esencia de nuestro ser superior como seres arquetípicos de la sabiduría, el amor, la serenidad y la belleza. En un nivel más profundo, es la sensación de que nuestro ser superior se disuelve en la Conciencia cósmica y que somos uno con ella. A nivel de vibraciones energéticas, son sensaciones placenteras, tranquilas y reales. Nos vigorizamos, revitalizamos y renovamos. Es un movimiento armonioso, de confianza, amoroso, que da calma y seguridad personal, que no pone en duda nuestra bondad; así, al participar en ceremonias rituales podemos reconocer que todos los seres humanos son nuestras hermanas y hermanos.

Conclusiones De acuerdo al nivel de conciencia con el que nos relacionemos con el mundo, será nuestro estado de satisfacción, de bienestar o sufrimiento en la vida. La conciencia de la máscara, de la imagen idealizada, es estrecha; se mueve en el mundo de la ilusión, del samsara, desde una conciencia infantil, se evalúa la vida interna y externamente con creencias y respuestas viejas. El ego aquí ilusamente quiere controlar la naturaleza humana y la del mundo. Lleva tiempo (a veces mucho) mirar, reconocer, trascender las corazas, las resistencias, las fijaciones mentales y los torbellinos o congelamientos emocionales. Lo real y auténtico detrás de las máscaras conlleva lo que mucho habita en la sombra, lo oscuro y nefasto de nosotros, así como muchos aspectos luminosos, generosos e inteligentes. La Core Energética ofrece un contexto y una presencia psicoterapéutica que permite ir desactivando los patrones defensivos de nuestra falsedad, iluminándonos hacia la aceptación y transformación del ser inferior, de nuestra conciencia infantil, trabajando profundamente en las heridas, apoyando en la sanación y la apertura a fuerzas inteligentes, amorosas, sabias, para hacer la vida más plena, satisfactoria, ubicada en el aquí y ahora, en el principio de realidad, desde lo más auténtico y real de nuestro ser.

Resumen El fundamento teórico de los niveles de conciencia de la Core Energética nos propone una guía para comprender desde qué nivel de conciencia se relacionan los seres humanos con ellos mismos, con el mundo físico y el mundo espiritual, con la naturaleza y el cosmos, y al mismo tiempo, reconocer las consecuencias o

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efectos de vivir en alguno de los niveles de conciencia, que son: la máscara, el ser inferior y el ser superior. La máscara es exactamente nuestro ser falso, que sabotea las expresiones auténticas de nuestro ser real y se va conformando desde que somos pequeños. Existen tres tipos: • • •

Máscara de amor. Máscara de poder. Máscara de serenidad.

En el Ser Inferior es donde hemos ocultado sentimientos, emociones, pensamientos y acciones negativas: odio, rencor, crueldad, celos, egoísmo, envidia, miedo, desprecio, arrogancia, sadismo, lujuria, ira, ambición, codicia, culpa, venganza, deseos de dañar a otros. El Ser Superior es nuestra verdadera identidad, es nuestro ser compasivo, amoroso, creador, poderoso y sabio, de donde surgen los impulsos de ir hacia la vida, los afectos cálidos, las emociones suaves y apasionadas, los pensamientos positivos, la sexualidad vivida, las acciones que nos realizan y dan servicio a los demás, es la real confianza. Estos niveles de conciencia son similares a las capas de la neurosis que propone Fritz Perls: “Kel lugar común, el cómo si, impasse, implosión, explosión y vida” (citado en Baumgardner,1994, p. 48), donde analítica, emocional, corporal y energéticamente, realizamos el proceso personal de transformación desde los aspectos periféricos y rígidos de nuestra personalidad; disolvemos introyecciones familiares, generacionales, sociales, los “como siK” de nuestra existencia, atravesando muchas veces la llamada noche oscura del alma, hacia la afirmación de la vida, que encontramos en aquello que podemos llamar el potencial amoroso original, que tiene relación con el potencial amoroso de nuestro ser superior, de nuestro core.

Cuestionario 1. Con base en lo aprendido explica qué es un nivel de conciencia. 2. ¿Cuáles son los niveles de conciencia con los que trabaja la Core Energética? Define cada uno de ellos. 3. Ofrece ejemplos de cómo se vive en cada uno de esos niveles de conciencia. 4. Describe cuál es el origen de la máscara y del ser inferior.

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5. ¿De qué manera este conocimiento te ayudará a acompañar a otros en su proceso de autoconocimiento, sanación y transformación? 6. ¿De qué manera el trabajo corporal y energético puede ayudar a atravesar el nivel de la máscara, transformar el ser inferior y hacer conexión con nuestro ser superior?

Ejercicios reflexivos 1. Escribe quince demandas perfeccionistas que cotidianamente te haces, iniciando la frase con “tengo queK” o “debería deK”. Escoge de esa lista cinco demandas que sean similares y luego busca un título que las represente y dé una idea de qué personaje vas representando en la vida. Revisa qué esperas lograr con ello y qué evitas vivir. Observa cuando fallas cómo te tratas, cómo te sientes y cómo impacta esto en tus relaciones. Observa más profundamente qué ocultas detrás de estas pretensiones. Analiza si esas demandas son las mismas que te exigieron tus padres. Observa tu dificultad para ser espontáneo. 2. Busca entre tus relaciones una en la que padezcas dificultades, conflictos, crisis, enfermedad física o mental. Encuentra y reconoce tus sentimientos, actitudes, pensamientos y conductas negativas, cómo surgen en ti el miedo, la rabia, la hostilidad, la crítica, la crueldad, la actitud arrogante y despreciativa, la indiferencia o el deseo de venganza hacia la persona con quien tienes el conflicto. Revisa cuánta energía está implicada y el placer negativo que llegas a sentir por ello. Cuando eso sucede es más difícil cambiar, pues hay apego a cierta experiencia excitante de vida. Observa cómo te provocas y provocas sufrimiento por eso. Hacer esto ya es conectar con parte de tu ser superior, atreverte a mirar ese aspecto de ti. Descubre qué hay detrás de la defensa dominante de tu ser inferior, qué necesidad no se atreve a admitir y busca si puedes sentir el potencial de transformación e ir a sanar lo que duele y salvar la cualidad oculta de tu ser superior. 3. Recuerda una ocasión en la que hayas experimentado tu ser superior (no hay nadie que no lo haya hecho). Ya que lo reconozcas, puedes buscar en tu interior y hacer una lista de cualidades y virtudes y los momentos y personas con quienes los has vivido. Descubre el placer que has experimentado en ello, probablemente una sensación de expansión y de paz o alegría. Revisa si aparece en ti alguna dificultad o vergüenza de aceptar esas cualidades de tu ser superior y observa la traición que te haces a ti mismo negándolas como parte de ti. Sigue observando si ello tiene qué ver con el rechazo, crítica o falta de amor a esa D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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expresión tuya, de alguno de tus padres y ve qué tan dispuesto estás a abrir tu corazón, a aceptarte con esas cualidades y a compartirlas con los que te rodean. Observa los momentos y contextos en que a solas o acompañado (con personas de tu mismo sexo o el opuesto) te sientes en apertura, relajado, confiado, real, espiritualmente bien, conectado con tu corazón y descubre que tienes el potencial dentro de ti, para ti y con otros. En meditación, oración o ritual invita a tu ser superior a que te guíe hacia la sanación de lo que duele, la comprensión a lo que te resistes, a liberar lo que esta bloqueado dentro de ti, a tener más compasión, dejar atrás del pasado y vivir en el presente. O sólo guarda silencio en quietud y permítete sólo estar. Pequeños momentos de iluminación son pasitos valiosos en el camino de regreso a casa, a nuestra sencilla, natural y real casa.

Dinámicas corpo-energéticas Ejercicio I Haz una lista de por lo menos diez demandas perfeccionistas. Ahora ve leyéndotelas en voz alta, de manera exigente y demandante, poniendo al principio la frase “debo o tengo que”. Siente qué experimentas en tu cuerpo, tu respiración, tus sentimientos. Ahora repite la demanda exigente hacia ti mismo con mayor énfasis y mayor volumen en tu voz. Revisa otra vez qué experimentas en todos los niveles. Ahora ponte de pie, empieza a caminar e imagina que a cada paso te vas convirtiendo en todas esas demandas perfeccionistas. Observa como caminas ahora, que postura muestras y empieza a establecer contacto visual con los compañeros. Empieza a caminar más rápido mientras vas repitiendo en voz alta las demandas. Ve haciendo pruebas de ir aumentando la velocidad y el ritmo hasta que corras por todo el salón persiguiéndote a ti mismo para cumplir con el “deber”. En cada pausa, date tiempo para observar que va sucediendo en tu cuerpo, tu respiración, tus emociones, tus emociones, tus pensamientos. Reflexiona cómo es vivir intentando satisfacer siempre estas exigencias.

Ejercicio II Con base en la experiencia del ejercicio anterior, a continuación, sobre una hoja de cartulina, plasma la representación de tu imagen idealizada o tu máscara. Píntala, dale color, forma y diséñala para que puedas colocártela en la cara. Ya con la máscara elaborada y puesta, interactúa con los demás y contesten en pares las siguientes preguntas: ¿Qué aparento? ¿Qué pretendo lograr? ¿Qué oculto? D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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¿Qué sentimientos o acciones no me permito mostrar? ¿Cuál es mi sufrimiento? Compartan la experiencia.

Sugerencias para el facilitador Será esencial que el facilitador reconozca en sí mismo estos tres niveles de conciencia o maneras de estar en la vida, y no sólo que maneje el discurso teórico, para que pueda acompañar eficazmente a los estudiantes en la vivencia y el probable trabajo personal que se atrevan a vivir. Del mismo modo, ha de promover un fuerte e intenso trabajo corporal con ejercicios en parejas o pequeños grupos, no sólo para movilizar la energía y el cuerpo, sino con la intención de reconocer inicialmente sus máscaras. Se sugiere que los estudiantes compartan al grupo con qué tipo de máscara se identifican, que la hagan y revisen cómo viven con ella en su cotidianidad. De la misma manera, se ha de promover el movimiento corporal, con el fin de que este ayude a desbloquear los segmentos o áreas bloqueadas, para luego intencionar el movimiento hacia la expresión de sentimientos, emociones y pensamientos negativos reprimidos. No se trata sólo de catarsis, se necesita saber qué retroalimentar cuando están tocando realmente su ser inferior y trabajar con ello. De la misma manera, es necesario saber retroalimentar, recibir y dar espacio a la expresión del dolor, del anhelo y del ser superior, promoviendo afirmaciones que den solución, luz y una nueva manera de mirarse y de mirar y tratar el mundo. Asimismo, se recomienda promover experiencias intergrupo, de contacto y conexión amorosa, después de un buen trabajo de limpieza y depuración emocional, corporal y energética. Estas generalmente pueden visualizarse como una continuidad de las que ya se han trabajado.

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5. Caracterología Introducción El estudio de las estructuras caracterológicas es una importante guía en toda intervención terapéutica que se precie de ser psicocorporal, y por ende, esta guía le compete a la Core Energética. A principios del siglo pasado, Sigmund Freud, con base en sus estudios de psicoanálisis, venía configurando algunas clasificaciones caracterológicas, pero es a través de W. Reich que estas se van definiendo más claramente en su contrapartida psicológica y corporal. Posteriormente, Alexander Lowen y John Pierrakos aportan observaciones y puntos de vista que enriquecen la visión y comprensión de estos patrones defensivos caracterológicos que todos creamos en nosotros mismos para defendernos del dolor, de la angustia, y que nos hacen pagar un precio muy alto: vivir alejados de nuestra verdad, de nuestro ser interno, de nuestra esencia. Este capítulo pretende llevar de la mano al lector para que conozca de forma básica dichas estructuras caracterológicas con base en el esquema de la Core Energética, que es un método, una filosofía, un proceso evolutivo que nos invita a trascender, a ir más allá de las pautas de sufrimiento y acceder a conectar con nuestro core, con la fuente de sanación, fuerza, alegría y conciencia. El propósito primordial de este apartado es el de reconocer el carácter y coraza que cada uno ha creado, las ventajas y desventajas de ello, y sobre todo, revisar por dónde comenzar un proceso de profundo autoconocimiento de uno mismo y de quienes acompañemos en su proceso en psicoterapia. Recorrer ese terreno será siempre una aventura, un misterio a descubrir momento a momento, en cada encuentro que vivimos.

Objetivo general Ofrecer una guía de caracteres que permita, desde el exterior de la persona, introducirla en los patrones de vida que se han observado a partir del trabajo psicocorporal de W. Reich, la Bioenergética y de la Core Energética.

Objetivos específicos 5.1 Explicar, exponer y detallar la formación del carácter según la teoría del análisis bioenergético.

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5.2 Ahondar en la conformación psicodinámica de cada estructura de carácter o patrón defensivo. 5.3 Conceder espacio para la descripción de la etiología, las emociones, la mente, la voluntad, la máscara, el ser inferior y el ser superior de cada estructura defensiva.

Mapa conceptual

Que el alumno pueda descubrir los rasgos de carácter con los cuales se identifica mejor y así conocer y ampliar la conciencia de sí mismo.

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5.1 Caracterología John Pierrakos (1990) explica que durante la infancia y la niñez cada ser humano desarrolla estrategias para evitar el dolor y el sufrimiento y ejercer su voluntad, esto para tratar de lograr lo que considera que no puede obtener siendo lo que realmente es. Desarrollamos un carácter, una manera fija de ser en el mundo. El carácter es una estructura organizada por el sí mismo de la persona, que se inició con una respuesta natural e instintiva del organismo para protegerse del dolor y terminó configurándose como un patrón defensivo psicológico, un sistema de creencias, un complejo de imágenes del pasado y una coraza muscular, que terminan siendo contraproducentes para la libre expresión de la energía vital del organismo, la expresión de la esencia. Del mismo modo, Lowen (1985) afirma que: Freud en 1908 postulaba que en cierto modo es posible dar una composición de un carácter dado a partir de sus rasgos constitutivos. Los rasgos de carácter son la perpetuación inalterada de los impulsos originales, la sublimación de estos o bien las reacciones contra ellos. Más tarde, Reich, como psicoanalista dentro de la Sociedad Psicoanalista de Viena, investiga profundamente las resistencias del paciente en el proceso psicoanalítico, descubriendo que además de las resistencias al material inconsciente estaban las resistencias constantes y formales del carácter, llamándoles “resistencias caracterológicas”, es decir, repetidas expresiones de cordialidad, sonrisas, complacencia, excesiva educación, altanería y seriedad entre otras (p. 25).

Ante la negación, el rechazo, el abandono, el daño al organismo, al yo en formación, Reich (1987) comenta que: Kla defensa narcisista encuentra en la coraza caracterial su expresión concreta crónica, con la cual se identificará enajenándose de la expresión vital de su ser, de sus corrientes de vida, que quedan bloqueadas y reprimidas en su interiorK La función del carácter es la de evitar el displacer, de establecer y mantener un equilibrio psíquico –por neurótico que sea- y por último, absorber la angustia y las energías reprimidas. El carácter representa el modo de ser de un individuo. Una expresión de la totalidad de su pasado, de tal manera que cada rasgo individual del carácter requeriría de años para su formación. Se constituye como un mecanismo de protección psíquica y una coraza protectora del yo contra el mundo y contra los impulsos inconscientes en la vida cotidiana y en la terapia. Los patrones caracterológicos, construidos como un sólido muro protector contra la experiencia de la angustia infantil ante las circunstancias adversas de su expresión vital, han ayudado al individuo a sobrevivir pero también se ha pagado un precio, pues se han desarrollado a expensas de gran parte de felicidad (pp. 70 y 95).

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Es importante resaltar la aportación de Reich al enfatizar que lo específico de la resistencia caracterial no es lo que el paciente dice o hace, sino cómo habla y actúa. Contribución que vemos manifestada claramente en la psicoterapia Gestalt, desarrollada por Fritz Perls, que fue paciente de Reich. Para Reich, el ser humano es un sistema de energía unificado mentecuerpo. El patrón defensivo caracterológico tendría su contrapartida psicológica y su contrapartida corporal –tensiones y rigideces musculares-. La represión del impulso sexual (o energía vital) crearía una éstasis energética que conformaría entonces una serie de bloqueos en forma horizontal que impedirían el libre flujo de la energía en vertical. De este modo, según Reich, la fuente de los síntomas neuróticos es la éstasis o energía sexual acumulada y reprimida en el interior. El impulso sexual busca ser liberado mediante la descarga hacia el exterior y lo hace en forma de perversión o enojo, que es el resultado de la represión y de la coraza formada por dicha energía, que no pudo salir de forma natural y sana. La intervención terapéutica psicoanalítica se transforma, así, en una intervención analítica del carácter y una intervención somática basada en una relación cara a cara, con ejercicios respiratorios, posturales, de mano en cuerpo y ejercicios neuromusculares, de la Vegetoterapia y más tarde de la Orgonterapia, para recuperar el funcionamiento adecuado del sistema nervioso vegetativo, que permitan la emergencia inicial de emociones e impulsos reprimidos y después la expresión natural de la energía vital del individuo, para recuperar así la capacidad orgiástica, la espontaneidad, la confianza en los movimientos voluntarios e involuntarios, la capacidad de autorregularse y manifestarse como un ser libre. Para Reich, lo ideal es desarrollar un carácter genital, que implica un carácter permeable a las energías que fluyen en el interior y la energía del exterior, que se orienta al placer dentro del principio de realidad, donde motivo, objetivo y acción guarden armonía, que sea enfocada a la realización social. Más allá del egocentrismo, se lucha por un mejoramiento de las condiciones de vida de uno mismo y de los demás: “El objetivo de una futura prevención de las neurosis sólo podrá cumplirse creando estructuras de carácter que permitan la movilidad social y sexual necesaria para una buena economía psíquicaKdebemos tratar de comprender los resultados de toda negación instintiva en el niño (Reich, 1987, p. 140). La constitución física, la herencia, el orden familiar, socioeconómico, moral y educativo contribuyen a la formación específica del carácter de cada persona.

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Los siguientes factores, tomando en cuenta el conflicto implícito esencial entre los padres y el niño (a), determinarán el resultado de la formación caracterológica: 1) El momento en el cual se frustró un impulso (desde el vientre de la madre, la etapa oral, anal y fálica principalmente). 2) El alcance y la intensidad de la frustración. 3) Contra qué impulsos se dirigió la frustración central. 4) La relación entre la tolerancia y la frustración. 5) El sexo de la principal persona frustrante. 6) Las contradicciones de las frustraciones mismas (Reich, 1987, p. 163).

De este modo, Reich nos hereda una línea de trabajo respecto a la génesis, dinámica y clínica del análisis del carácter y de la intervención terapéutica psicosomática, así como una visión clara de que somos una entidad mentecuerpo. Es claro que los cambios sociales, climatológicos, tecnológicos, científicos, etc., que actualmente vivimos están aportando nuevas características a los patrones caracterológicos y hemos de estar atentos a observarlos para acompañar de mejor manera a las personas a recuperarse a sí mismas. Para Lowen, discípulo de Reich: “Kel carácter es la expresión unitaria del funcionamiento del individuo, tanto a nivel psicológico como somático. Su comprensión requiere un conocimiento detallado del la psicología del yo y del concepto de energía” (1985, p. 30). Lowen observa cómo los niños, a lo largo de su desarrollo, van perdiendo la gracia, flexibilidad, espontaneidad y armonía de sus impulsos cuando se les obliga a amoldarse a las expectativas externas, a los mandatos paternos. Mientras el niño llore o exprese su enojo aún no ha reprimido sus impulsos, cuando lo haga tendría que ejercer un control sobre sí mismo. El teórico afirma que: “Kmuchas veces lo que se toma en cuenta no es lo mejor para el niño, sino lo mejor para el progenitor. A menudo el conflicto se convierte en una lucha de poderes. Ya se someta o se rebele el chico, la unión afectuosa entre padre e hijo se rompe” (1993, p. 30). El carácter es un modelo de comportamiento o una tendencia habitual, respuestas fijas, congeladas o estructuradas que se configuran en una cualidad característica, en un sello distintivo de la persona. De acuerdo con Lowen, toda estructura de carácter es patológica. Observa que mientras no le represente conflictos, el individuo no se cuestionará, si fracasara en su actuación, este seguramente desconfiaría de las exigencias del medio ambiente.

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Pero cuando los fracasos son reiterados y se vive una profunda insatisfacción, esta situación nos lleva a dudar sobre nuestra manera de actuar. La naturaleza secundaria que encubre la naturaleza primaria de nuestro ser entra en cuestionamiento: “¿Qué he hecho yo para que esto me suceda?” Se abre un portal al camino interior, a la búsqueda personal, a la satisfacción verdadera. Asimismo, Lowen (1985) opina que el carácter es una actitud psíquica protegida por un sistema de negaciones, racionalizaciones, proyecciones, polarizado hacia el ego ideal; una formación neurótica que limita e interfiere en las funciones vitales del yo, es un endurecimiento del yo; es un patrón económicoenergético que describe el manejo y funcionamiento energético del individuo; es una actitud fundamental con una significación existencial para enfrentar la vida. En su aspecto somático, se conforma de tensiones musculares crónicas e inconscientes, que bloquean y limitan los impulsos hacia fuera, son bloqueos en el centro y sobre todo en la periferia del cuerpo, que actúan inhibiendo la posibilidad de alcanzar lo que se necesita y la capacidad de contactar de manera más realista con el mundo. Por su parte, Stephen Johnson (1994), quien integra el conocimiento de la psicología del “yo” y la teoría de las relaciones objetales, observa el paso de la relación narcisista de la niña hacia la relación objetal con la madre o con ambos padres, y concluye que entonces el carácter es un intento de resolución de un tema o reto existencial básico que queda congelado y estructurado como una estrategia de reacción frente a una respuesta traumática del medio ambiente parental. Pierrakos (1986) añade a dichas estructuras caracterológicas la dimensión espiritual. Propone que el ser humano crea un carácter y una coraza muscular, inicialmente como un mecanismo de protección, que se contrae ante un peligro externo, y más tarde se convierte en un patrón defensivo para evitar vivir el dolor que se ha recibido en las diferentes etapas de formación y desarrollo, así como también evitar volver a ser herido. A nivel físico, Los bloqueos se forman de rigideces esqueleto-musculares, a nivel mental, son conclusiones distorsionadas que el individuo hace desde niño, a partir de los mandatos de los padres y de sus experiencias dolorosas, que se convierten en creencias a través de las cuales evaluará su vida y determinará su manera de percibir y actuar en el mundo. A nivel energético se crean perturbaciones en el funcionamiento de los centros de energía o chakras y del campo áurico, que reproducen exactamente las condiciones restrictivas del organismo. A nivel espiritual, al estar separado de la

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esencia, el ser humano vive enajenado del amor real y profundo hacia sí mismo y hacia el mundo. Hay trastornos en la pulsación de vida, por lo que el intercambio energético con el ambiente se ve afectado, el movimiento natural de la energía de vida es trastocado, así como la manera de relacionarse consigo mismo y con el mundo. A nivel espiritual, el carácter señala la tarea del alma de cada individuo, lo que ha de aprender y la misión que ha de realizar, ya que: “La persona no es un tipo de carácter o estructura, es un ser humano cuyo funcionamiento se ha desviado y cuya alma tiene una belleza y una brillantez sin nacer y la terapia ha sido creada para liberarla” (Pierrakos, 1986, p. 93). La liberación implica una confrontación al carácter, al patrón defensivo, trabajar con la resistencia y abrir los bloqueos que permitan la aceptación, expresión y reeducación del potencial reprimido y destructivo que hay en el interior, permitir que la energía congelada o estancada fluya para dar paso a lo más hermoso del ser humano, a sus fuerzas sanadoras de amor y de realización. El ser humano es mucho más que una manera fija de pensar, más que un comportamiento habitual o compulsivo, que una manera estereotipada de reaccionar emocionalmente, mucho más que una configuración de bloqueos y tensiones en su cuerpo. Hay mucho más que un ¡no! a las corrientes plasmáticas y amorosas de la vida. Hay un misterioso potencial de ser, que existe para ser descubierto. Nuestro cuerpo somos nosotros mismos, es nuestro yo corporal que conserva y refleja todas las experiencias de vida que hemos tenido, es nuestra memoria corporal. Lo consciente y lo inconsciente viven en él, sin olvidar que somos una unidad psicosomática mente-cuerpo. El grado de bloqueo y acorazamiento reflejará el grado de vida y salud que tenga una persona, así como su capacidad para el placer y para experimentar un amor maduro y abierto. Es importante puntualizar las cinco necesidades que se reconocen en las diferentes etapas de desarrollo del niño, las cuales permitirán entender mejor hacia dónde se dirige el trabajo de Core Energética: La primera necesidad. De ser bienvenido: “Te amo porque existes”, dando la seguridad de que se tiene un lugar y se pertenece a este mundo, a una familia. La segunda necesidad. De ser nutrido, cuidado. Significa que está bien necesitar y que el mundo sí tiene para darle a él, a ella.

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La tercera necesidad. De ser reconocido y aceptado de manera esencial, personal, como se es. Ser aceptados y respetados los talentos y características del niño(a). La cuarta necesidad. De separación-autonomía. Respetar el proceso de libertad y de la manera de fluir del niño(a). La quinta necesidad. De desarrollar una identidad sexual propia. Es recibir el apoyo y la aceptación para desarrollarse como mujer u hombre. A partir de estas necesidades surgen, naturalmente, los siguientes derechos, que en el proceso de sanación y afirmación en la vida necesitan ser integrados de manera experiencial en la persona: 1. 2. 3. 4. 5.

El derecho a vivir, a existir y ser bienvenido. El derecho a necesitar ser nutrido, cuidado y atendido. El derecho a ser visto como un individuo, a ser respetado tal como es. El derecho a ser libre. El derecho a amar y ser amado. A poder expresar su amor-sexual.

A continuación se presentan las principales características de las estructuras de carácter que se estudian en Core Energética, identificadas como guías o mapas que pretenden acercarnos al territorio personal y existencial del paciente. Es importante reconocer que la persona no es un carácter, es un ser humano con un gran potencial por desarrollar.

5.2 Carácter esquizoide 5.2.1 Etiología La reacción defensiva puede surgir antes del nacimiento, en el vientre materno, durante el parto o poco después del nacimiento. El niño (a) vive una experiencia primaria de miedo, inseguridad, amenaza a su integridad física, una experiencia de muerte, ya sea porque la madre no lo deseaba, porque intentó impedir que naciera, porque tuvo sentimientos de odio hacia la criatura, por un nacimiento traumático en el que estuvo entre la vida y la muerte, porque fue separado violentamente de la madre o puesto en una incubadora o por nacer en circunstancias externas de gran violencia. La madre pudo ser muy hostil, fría, abusiva, cruel: “El mundo entonces es percibido peligrosoK el bebé, que espera ser acogido en un ambiente simbiótico,

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sentirse unido cálidamente con su madre, lo que recibe es un rechazo a su existencia” (Molina, 2007, p. 79). Queda una memoria corporal y energética que parece decir “Hay algo malo en mí”, “no soy bienvenido, no quiero estar aquí”. El vínculo energético madre-hijo no se establece. La experiencia de sentirse odiado, rechazado, rompe con su unidad mente=cuerpo. El yo biológico no encuentra apoyos para crear una identidad psicosomática, por lo que el individuo se fragmenta, su yo es muy débil, entonces se mantiene junto a sí mismo, protegiéndose del quiebre a todos los niveles. Se defiende primitivamente contrayendo y congelando su energía vital en el centro de su ser, negando con ello su necesidad de contacto, desde la mirada hasta el abrazo, el toque que nos lleva a reconocer nuestra corporeidad y la del otro. Su tema de vida será la seguridad, encontrar sentido a su presencia en este mundo, a pertenecer a la familia humana.

5.2.2 Energía y conciencia La energía-conciencia, en el caso del temperamento esquizoide, va a ser desplazada fuera del cuerpo. Es un carácter que se está subcargado energéticamente, que parece decir: “No es seguro estar en este mundo”. “Es mejor permanecer frío que sintiendo”. “Sentirme vital es exponer mi vida”. “Con poca energía no soy visible”. Retirada la energía vital hacia el núcleo de su ser, el campo energético de la persona con defensa esquizoide presenta discontinuidades y rupturas. Fluye mínima energía hacia la periferia de su cuerpo (cara, brazos, piernas), que se mantiene con un color pálido, frío y con poca energía para el movimiento y la expresividad. Castiga su propia energía vital para evitar ser aniquilado. Usa toda su energía para conservar su identidad y mantener el autosostén a costa de una mínima interacción con el ambiente: “Sólo yo puedo cuidarme” “Mantenerme lejos es mantenerme a salvo”. Los centros de energía abiertos son el 7º. de la coronilla, el 6º, que le da una brillante visión interna e

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intuición, el 3º. del plexo solar, de la voluntad y el 2º, posterior a la sexualidad, pero estos no funcionan de forma equilibrada (Brennan, 1993). La energíaconciencia, con los tres centros inferiores cerrados, parece decir: “No quiero arraigarme a esta tierra”. “No confío en este mundo”. “No voy a vincularme con la madre tierra”. Con los dos superiores abiertos, su energía se desplaza hacia el cielo, al mundo espiritual o intelectual, de esa manera, la posibilidad de fusión cósmica es excesiva. Con los centros de energía cerrados, drena más energía hacia el exterior y se resiste a tomar energía de entorno. Tiene un bloqueo energético en el cuello, cerca de la base del cráneo, por donde la energía se escapa a chorros. También sufre fugas de energía en la espina dorsal, en la parte baja del diafragma y las articulaciones: Kla baja energía del aura frontal se puede ver por el aspecto inexpresivo y “huidizo” que frecuentemente se aprecia en el esquizoide. Por lo general dirige su energía hacia arriba de la espina dorsal para salir por la parte posterior de la cabeza, en la región occipital, creando el bulto energético hacia la parte posterior de ésta. Es una forma de evitar el contacto aquí y ahora en el plano físico (Brennan, 1993, p. 114).

Con la energía-conciencia distorsionada, el temperamento esquizoide niega y rechaza la realidad física en sí mismo y la realidad material del mundo. “Existir significa morir”, el mundo puede hacerle daño, sentir es tocar un dolor muy primario, el dolor de entrar a esta vida, donde percibe los aspectos más oscuros de la madre y el entorno que le rodea. Aunque parece querer escapar de las energías muy negativas, oscuras, destructivas que le acompañan, termina absorbiéndolas e identificándose con ellas. Si bien hay una reacción hostil, con su precario desarrollo al ambiente agresivo, por esta vulnerabilidad, termina tomando energías oscuras que no son suyas y que pertenecen a la madre y a su ambiente. Será esencial trabajar con los tres primeros chakras, en trabajo corporal de arraigo, ejercicios, con danza, respiración y sanación espiritual.

5.2.3 Cuerpo Estas personas tienden a ser delgadas y altas, con un cuerpo estrecho y contraído, aunque algunas pueden tener cuerpos gruesos. El tono muscular es pobre y el tejido conectivo es flácido. La musculatura tiende a compactarse, tensarse y hacerse fibrosa, manteniendo un estado de entumecimiento y congelamiento del cuerpo para evitar sentir sus sensaciones.

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Los principales bloqueos están en los ojos, sacro y articulaciones. Su cuello, largo y tenso, tiene un fuerte bloqueo, su cabeza (de lado) da la impresión de estar separada de la línea central del flujo energético del cuerpo. La base del cráneo posee tensiones profundas y aisladas. Los ojos permanecen carentes de vitalidad y vivacidad, en estado de ausencia, de vacío, de frialdad. Alrededor de los ojos persiste una fuerte tensión que impide ver la realidad con claridad; la expresión facial como máscara, pálida y sin emotividad. Su lenguaje es despersonalizado. La persona es débil en su estructura física genera. El cuerpo, visto en totalidad o por segmentos, es asimétrico. Por lo general, presenta desviación en la columna vertebral, la cual no se mueve con libertad. Sus movimientos son rígidos y poco coordinados, aunque puede haber personas muy elásticas y coordinadas, pero sin una conexión sensible con su cuerpo. Las articulaciones son rojas, débiles, con falta de vitalidad; no unen las partes del cuerpo con eficiencia ni permiten la conducción adecuada de energía entre el tronco y la periferia. La piel es fría, sin vida, opaca, con falta de calor. Los hombros tienden a estar uno más arriba que el otro y parecen estar pegados hacia adentro del cuerpo. Los brazos están colgados y no se mecen libremente, tienen fuerza, pero el movimiento para golpear se haya escindido. Las manos están frías. El cuerpo no interviene en la acción. Hay una profunda contracción en el pecho que está expandido en la garganta. Tienden a tener voz aguda e infantil. El diafragma tiene una fuerte contracción, así como severa tensión alrededor del abdomen, que crea una escisión en el cuerpo, superior e inferior. La pelvis esta contraída e inmóvil. La sexualidad se usa para hacer un poco de contacto. Generalmente las piernas son largas y flacas. Las muñecas, tobillos y pantorrillas son débiles. Los pies también, con arcos altos, fríos y contraídos, con poco arraigo y contacto con el suelo. Viven en un estado de entumecimiento corporal, desconectados de sus sensaciones. Cuando las perciben, lo cual hacen muy sensiblemente, les da temor. El apoyo terapéutico estará basado en acompañarles con gran sensibilidad y conocimiento a que poco a poco las toleren y las integren como parte de sí mismos. Debido a la fuerte contracción en el diafragma y abdomen, la respiración es superficial, mínima y más bien torácica. Levantan el tórax y meten el abdomen al inhalar y se observa un jadeo, que recuerda el estado de pánico. Habitualmente no se paran de frente, temen exponerse y esconden el cuerpo. El arraigo, que debió darse en la primera etapa de la vida de manera horizontal, no se da, afectando el posterior arraigo de pie en la tierra, que es casi

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nulo, pues cualquier intercambio energético con la tierra amenaza con desintegrar al individuo. Con todo y la presión de la gravedad, jala hacia arriba, como aspirando ir hacia el cielo. Al caminar, sus pies parecen estar despegados del suelo.

5.2.4 Emociones Las personas con defensa esquizoide son seres hipersensibles, con una fuerza vital emocional intensa, genuina, brillante guardada en su interior. Poseen sentimientos primorosos de amor y de ternura que no encuentran caminos de seguridad para ser expresados. Sus emociones, tanto negativas como positivas, están congeladas dentro de sí mismos. No saben cómo manejarlas, no las conocen bien. Cuando irrumpen en algún momento de su vida, entran en terror, se fragmentan en medio de estallidos emocionales. Luego regresan a su retraimiento, desde donde se vigilan y vigilan su ambiente: “Los límites del ego se tornan frágiles y se colapsan fácilmente bajo el estrés de la vida, entonces hay discordancia y discontinuidad en todo los niveles de operación de su vida” (Pierrakos, 1990, p. 123). El entorno familiar rígido y con dobles mensajes ha herido y castigado profundamente las expresiones espontáneas, vitales, emocionales del niño (a), que no entiende para qué existe, cuál es el sentido de su existencia. Le son negadas las vibraciones amorosas de su madre o de su familia. El exterior no le refleja el amor, la ternura, el cariño, el permiso para ser, mostrar su eros, su amor, más bien parece decirle: “No tienes derecho a existir”. “No tienes derecho a sentir”. El individuo crece entonces desconectado de su sabiduría emocional, de la expresión sana de su agresión, de su amor y su sexualidad. Se muestran con un aplanamiento, congelamiento y desapego afectivo. En su interior persiste el terror, furia, resentimiento, odio hacia la madre y más adentro, un gran anhelo de vinculación con ella. Rechazan el pánico y el miedo primario que sintieron. La represión- negación de sus sentimientos y emociones se vuelven retroflexivos, en contra de sí mismos, entonces se deprimen y llegan a protagonizar actos autodestructivos. Un ejemplo son las tribus contemporáneas denominadas “Darks”, “Emos”, etcétera, las cuales, como una metáfora viva, reflejan no sólo la oscuridad anidada en su interior, sino la de una sociedad que se niega a mirar lo que ella misma ha creado a través de la familia, que cada vez se desvincula más del maternaje necesario para los niños que vienen a este mundo.

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Su defensa principal ante el mundo es el miedo. Se protegen del tremendo dolor que yace en su interior y no están seguros de poder tolerar: “Prefiero morir antes que sentir dolor”. Temen tremendamente contextos o circunstancias donde hay fuertes conflictos, agresividad o mucho dolor. Prefieren vivir alejados de espacios donde se expresen muchas emociones, incluso las de alegría y placer, pues también les asusta. Ahora bien, este carácter generalmente es empático al miedo y al dolor del otro: “Su capacidad para los sentimientos espirituales, para la ternura y para la simpatía es muy grande. Desgraciadamente, le resulta difícil concentrar todo eso en un objeto del mundo material. Su falta de identificación del yo y de control sobre su coordinación motora constituye un obstáculo (Lowen, 1985, p. 374). Su queja al llegar a terapia es: “Me siento con miedo y ansiedad”. Vienen en estado de depresión, con incapacidad de sentir a profundidad su cuerpo y sus sentimientos, con dificultades para manejar la intimidad en la relación de pareja. No se sienten unidos e integrados. No sienten seguridad básica y temen al fracaso, a “no hacerla en la vida”. Esta crisis representa un camino de conexión consigo mismo, de trabajar para aterrizar, arraigarse en sí mismo y en el mundo, de paulatinamente experimentar, integrar, arraigar en su yo sus sentimientos y emociones negativas y positivas. Aceptarse como un ser muy sensible. Aprender a tocar y ser tocado.

5.2.5 Mente Las personas con carácter esquizoide han desarrollado el “yo” más débil de todas las estructuras. La herida temprana afecta el desarrollo biológico, fisiológico, energético y psíquico del niño y no le permite configurar un ego que integre las experiencias vividas en la infancia, las expresiones de su ser, sus sensaciones, emociones, sentimientos, impulsos, su presencia en el espacio cotidiano y las interacciones con su mundo. No logra una identidad biológica adecuada. La experiencia de sentirse odiado rompe con la unidad mente-cuerpo, entonces vive fragmentado, escindido en sí mismo. Para evitar la ruptura emocional psicológica se mantiene junto a sí mismo, se retira, se disocia y proyecta. El cuerpo es sólo una morada para su yo pensante. Al no tener un buen contacto con la realidad, crea su propio mundo, en el nivel intelectual o espiritual. Con un gran talento imaginativo y pensante, y con la negación de los valores de la realidad material, no tienen obstáculos en su creatividad y pueden desarrollar proyectos innovadores artísticos que les es difícil capitalizar en la realidad, donde no están arraigados.

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La defensa principal de su ego es una fría superioridad, que los protege de que otros se acerquen demasiado a ellos: “En situaciones de convivencia, se mantienen fuera, les es difícil integrarse, tener un sentido de pertenencia e incluir a los demás en su interior” (Molina, 2007, p. 85). En los grupos sociales suelen ser percibidos como raros, ya que los demás no saben cómo acercarse, comunicarse o relacionarse con ellos, pues por un lado, se siente su fragilidad y por otro, se rechaza el aire de superioridad con que se presentan. Su conflicto básico media entre la existencia y la necesidad. Necesitan, y al mismo tiempo, temen ser aceptados, vistos, ser bienvenidos y tener un sentido de pertenencia. Sus conclusiones distorsionadas o creencias son: “Puedo existir si no siento”, “algo está mal conmigo”, “si permito sacar mi fuerza de vivir voy a ser destruido”, “no tengo derecho a existir”, “el mundo es peligroso”, “no necesito de nadie”, “yo estoy solo”. El ego dice que retirarse es mejor que atreverse: “El adulto con esta defensa se protege de ser rechazado y del fracaso: “Si no te acercas, no serás rechazado”, “si no pides no serás molestado”, “si no aspiras a nada no fracasarás” (Molina, 2007 p. 81). El proceso psicocorporal para mejorar la respiración, el contacto con el suelo, el descongelamiento gradual de las sensaciones corporales y conectar con el cuerpo, van contribuyendo a un proceso de contención, a integrar y fortalecer su “yo”, para luego confrontar y drenar la rabia, el odio, el terror y el dolor. Es necesario ayudarles a mirar su sensibilidad, intuición y gran creatividad, a favorecer el proceso de transformación de los contenidos de su mente hacia pensamientos positivos de sí mismos y del mundo.

5.2.6. Voluntad En este carácter, la voluntad o fuerza del ego para ir hacia lo que se quiere en el mundo terrenal, es precaria. Aunque estas personas pueden ser constructivas y creativas, la falta de contención de su yo, así como la dificultad de mirar la realidad como es, les impide alcanzar lo que quieren: “A veces el esquizoide actúa con gran determinación, pero no es un comportamiento duradero. La agresividad no queda atrapada en un atolladero emocional, simplemente desaparece” (Lowen, 1985, p. 373). La voluntad o fuerza de su corazón, que son las fuerzas amorosas para recibir y dar amor, también se inhiben, cortando el flujo de interacción y comunicación con otras personas que son necesarias para realizar proyectos humanos, materiales, intelectuales. El rechazo a las relaciones humanas y al mundo material es una intención negativa que los deja solos y aislados, con lo

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cual recrean su herida. Tomar su responsabilidad no será fácil, mas cuando lo hacen, el proceso de abrirse a la verdad de su vida es hermoso y gratificador. Prevalece a este nivel la intencionalidad negativa de no dar al mundo y no recibirlo. Hay una decisión negativa de fragmentarse antes que unificarse. Será un proceso profundo consigo mismo el que le ayude a observar cómo se niegan y se apegan a la identificación negativa que tienen con el lado oscuro de este mundo. Necesitan experimentar lo amoroso, el cuidado, la mirada, la bienvenida de su ser, para reconocer que tienen un gran corazón y que está bien vibrar con los sentimientos del amor.

5.2.7 Espiritualidad La experiencia de no querer pertenecer a su propio cuerpo y su rechazo a pertenecer al grupo humano es un ¡no! a ser uno con todo y todos. El afán común, dado los dones que poseen, es que buscan integrarse a las grandes fuerzas de la intelectualidad o espiritualidad, a Dios, sin haber aceptado su humanidad y su camino por el mundo con humildad. Necesita recuperar la fe, la confianza en su humanidad y la de los demás. No traicionar su encarnación, encontrar y aceptar su lugar en este mundo, descubrir su misión y ser leal a ella, aceptar la realidad material y terrenal, honrar la vida.

5.2.8 Máscara La máscara o apariencia con la que se presentan es la de seres aislados, miedosos, que no se relacionan, la de superioridad moral, intelectual o espiritual. Imagen idealizada de estar más allá del bien y del mal que prevalece en este mundo, de recato y timidez. Acentúan su presentación ante el mundo como alguien raro. Su ideal del yo o imagen idealizada es Ser Especial, que espera ser descubierto por sus talentos. Se identifica con la máscara de la serenidad. Desde el aspecto culpabilizador de la máscara, la persona dice: “Te rechazaré antes de que me rechaces”.

5.2.9 Ser Inferior Arrogancia y miedo. Negación del dolor y anhelo de ser sentido y amado. Rabia asesina, odio, desprecio por lo humano. Miedo de aniquilación y deseos de destrucción, de matar. Su intención negativa es a seguir experimentando el mundo D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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únicamente hostil. Pensamientos de autodestrucción, con intentos suicidas y homicidas en casos extremos. Expresiones del ser inferior: “Tú tampoco existes”. “No me vas a tocar”. “No te recibo ni estoy para ti”.

5.2.10 Ser Superior Muy sensible internamente, intuitivo, creativo, genial, brillante pensador, innovador, imaginativo, artístico, perceptivos de la energías sutiles. Con gran espiritualidad, bondadosos. Tienen un sentido profundo de la existencia. Su afirmación: “Soy real” “Me rindo a ser humano” “Soy un ser humano”.

5.2.11 Core La sabiduría, la razón con corazón.

5.2.12 Tarea de vida Aterrizar su humanidad en la tierra. Integrar su espiritualidad al mundo material. Abrirse a dar y recibir. Transformar su ser inferior en energía, en fuerza vital para decir sí a la vida y aprender de ella. Arraigarse a la tierra, a la vida, a su cuerpo. Afirmar: “Tengo derecho a existir” “Es bueno sentir” “Me doy la bienvenida y le doy la bienvenida a los demás”. Liberar su core y los dones espirituales que posee para realizar su misión.

5.3 Carácter oral 5.3.1 Etiología Es posterior al nacimiento, hasta los dos años, cuando el bebé necesita ser nutrido física, emocional y energéticamente. Son los brazos, el calor, la mirada, la leche materna, los aspectos esenciales para la nutrición y el crecimiento de una criatura. La persona con carácter oral no recibió lo que necesitaba, o no recibió lo suficiente de su mamá porque ella falleció, porque trabajaba, porque había otros hermanos que atender, etc. La simbiosis necesaria en esta etapa se da insatisfactoriamente, el vínculo con la madre se establece débilmente. La necesidad del individuo de ser cuidado, atendido en sus necesidades, no fue cubierta. Lo deja con una memoria de carencia, de vacío, de soledad, con una herida de abandono y privación. La ansiedad más grande es de separación: ha conocido el paraíso y lo ha perdido. Queda en un duelo que puede arrastrar toda la vida, una desilusión y frustración D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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oculta en la memoria del cuerpo. Para protegerse del dolor y no volver a ser herido, toma la decisión, en un nivel muy infantil, de no necesitar.

5.3.2 Energía-conciencia Con base en la experiencia de haber sido privado de la satisfacción y placer de llenar sus necesidades físicas y emocionales, la persona parece desarrollar la concienciaenergía de que este mundo (madre) no tiene para él, para ella. “El mundo es un lugar donde no se recibe lo que se necesita” “No hay suficiente para mí, para que logre madurar”. La persona con este carácter presenta una energía baja, su cuerpo y su campo de energía están subcargados, débiles. La energía principal está en la cabeza, inflando la energía 8 en la parte superior. El centro energético de la corona y la frente están abiertos, lo que le da claridad mental y espiritual: “El campo deprimido, el cuerpo restringido, la energía late activamente alrededor de la cara y los lóbulos frontales. El centro de energía de la frente está bien desarrollado y los ojos son brillantes y con fuerza, con facultades intelectuales y de compresión” (Pierrakos, 1990, p. 123). El centro sexual delantero puede estar abierto, mostrándose receptivo a las relaciones y al contacto sexual y sensual, a través del cual intenta compensar sus necesidades de contacto emocional. El resto de los chakras se encuentran cerrados o desactivados.Se resisten a recibir alimento del entorno energético visible y sutil y en todo él o ella hay una fuga considerable de energía. No metabolizan bien la energía que reciben, de manera que no se nutren. Absorben energía de los demás a través de los ojos y verborrea, cuando les prestan atención, pero no la metaboliza en su interior. En sus relaciones, sobre todo de pareja, se pegan al otro con excesivas demandas de amor, de cariño, de atención, de contacto, que no ven ni reconocen. Su aspiración es ser el centro de la vida del otro, tal como sintieron que no lo fueron para su madre: “Kel compañero o la pareja suelen sentirse “chupados” energéticamente por ellos, ya que aún en sus actitudes y conductas amorosas y

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cálidas toman energía de la pareja, a la cual asustan por su gran necesidad de afecto” (Molina, 2007 p. 98). Necesitan activar los centros de energía cerrados y aprender a metabolizar y cargar energía, para que puedan sentirse energetizados y con recursos para crecer. Se consideran dos tipos de caracteres orales: el oral compensado y el oral colapsado. El primero define su energía-conciencia como “No necesito” y el segundo declara “Yo necesito”. Ambos niegan la necesidad real, por lo que no la satisfacen.

5.3.3 Cuerpo La persona con carácter oral tiene un cuerpo poco desarrollado, con rasgos infantiles, delgado, con una musculatura con poco tono y flacidez, como dejándose llevar por la debilidad. La energía fluye débilmente a lo largo del cuerpo. El principal segmento bloqueado es el oral, que comprende la musculatura del mentón, garganta, zona occipital, boca y lengua, a través del cual se recibe el alimento, que carga de energía y es el medio para expresar y recibir la verdad de otros. Habla mucho y no recibe. La cabeza, muy desarrollada, está echada hacia adelante, buscando el alimento. El cuello es largo y tiene fuertes tensiones. Los ojos del oral colapsado son de anhelo y súplica; en el oral compensado la mirada vuelve a decir: “No te necesito”. La mandíbula tiende a ir hacia adelante. La boca entreabierta, como en anhelo. Labios grandes, llenos, que quieren alcanzar, labios delgados, resignados, que ya no demandan. Los hombros, redondos hacia adelante, avanzan los brazos largos y delgados subdesarrollados y débiles. Manos pequeñas. El tórax frío y deprimido, es paralelo al hundimiento entre los omóplatos. Hay un bloqueo fuerte en el diafragma, creado durante la lactancia. El abdomen hacia adelante, con un estómago flácido. Hay bloqueo en la baja espalda. La pelvis es pequeña, con poca excitación sexual, usa la sexualidad para establecer relaciones simbióticas. Las piernas largas, de niña, con rodillas tensas y estiradas para atrás. Muy necesario fortalecerlas y enseñar el arraigo. Los pies son planos y colapsados. El peso del cuerpo está en los talones y hacia fuera. Al caminar parecen flotar. Su piel es muy suave. Se paran de manera infantil, sin estar bien asentados en el suelo. La respiración es entrecortada y pobre, no inhalan lo suficiente y con ello evitan cargarse de energía, toman poco de la vida. Tienen poco arraigo, no toman energía de la tierra, se estiran hacia arriba, en actitud de príncipe o princesa, que flotan al caminar, de la misma manera que se separan de su principio de realidad.

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El carácter oral compensado tiende a tener un cuerpo más fuerte, arrogante, dispuesto a pelear. El proceso corporal de la Core Energética es valiosísimo y estará enfocado a aumentar la capacidad respiratoria, movilizar y energetizar el cuerpo, bajarlo al arraigo para promover fuerza y empoderamiento, que le permita expresar la rabia y el dolor retenido en su interior y despierte el potencial de crecimiento y maduración física y emocional. La contención ha de ser firme y la vez muy amorosa, muy suave en algunos momentos. Hay que dar reeducación en cuanto a la alimentación y el cuidado para sí mismos.

5.3.4 Emociones La persona con defensa oral vive con desilusión y frustración, con dolor por la privación y el abandono vividos. El vacío y la soledad son muy profundos, por lo que trata de evitar experimentarlo acercándose a otras personas. Vive con mucho miedo a ser abandonado. El oral colapsado se apega a la pareja y el oral compensado mejor no se involucra. Guardan un profundo resentimiento y amargura en su interior. Como no fueron ayudados en la expresión de su agresión, ni cultivaron energía para ello, tienen un sentimiento de poco poder personal e impotencia para alcanzar lo que quieren, y pueden ser envidiosos de aquellos que lo logran. Buscan a otras personas para que les den la fuerza que necesitan. El oral colapsado se hace dependiente, demandando del otro la atención que necesita, y aunque se la dé, no la toma, el oral compensado, que no quiere necesitar, también es codependiente, aún cuando no lo acepte, pues al no soporta el vacío y soledad, busca apoyar a otras personas, incluyendo a los padres. Han suprimido sentimientos de furia, de rabia, de insatisfacción. “El mundo, la madre le deben”, y mientras más sienta que no es satisfecho, más crece su rabia. La demanda narcisista de amor, cariño, ternura es una expresión de su enojo. No saben pedir, se lo tienen que dar: “La persona oral ha sufrido muchos desengaños en la vida, muchos rechazos en sus intentos de tender la mano. Por lo tanto, se convierte en un ser amargado y piensa que lo que consigue nunca es bastante. No puede sentirse satisfecho, pues trata de satisfacer un añoranza interior que él mismo niega, compensándola con otras cosas” (Brennan, 1993, p. 114). El carácter oral es muy sensible, en el oral colapsado puede utilizar esta sensibilidad para manipular los sentimientos de los que están cerca y demandar el amor que siente que le deben. Cuando no logra que sus demandas narcisistas D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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sean satisfechas, arremete con ira hacia los demás y también lo hace contra sí mismo, devaluándose y viéndose más incapaz de lo que es, se hace más triste y amargo. Por su parte, el oral compensado se agota cuando pretende aparentar más fuerza de la que tiene, le enoja sentirse cansado, siente rabia de necesitar, se retira, se agrede y retroflecta contra sí mismo, exigiéndose más. Hay un berrinche narcisista, un voluntarismo duro, al interior, de que tienen que ser nutridos, reconocidos, acompañados, mimados (como ellos dicen). Desarrollan el arte de culpabilizar a los otros por lo que no les dan, por no ser sensibles a su persona, por no reconocerles el apoyo que dan. Se alegran hasta la euforia cuando algunas de sus necesidades son satisfechas, idealizando a la persona comprometida con esa satisfacción. Como toda euforia, están despegados de la realidad. Llegan a la terapia generalmente porque sienten crisis de ansiedad, desajustes emocionales, inestabilidad anímica, fatiga, depresión, miedo a no poder con la vida, soledad, vacío interior, conflictos con la pareja, trastornos alimenticios. A causa de la poca energía que metabolizan, sus emociones duran poco, por intensas o tenues que sean. La expresión de su amor, eros y sexualidad tiene buen arranque, pero pierden fuerza en poco tiempo, entonces tratan de tomar energía del otro para continuar. Pueden ser cálidos y amorosos, empáticos a las necesidades de las otras personas. Son individuos más bien tristes, como el oral colapsado, o pueden tener chispa de alegría, como en los orales compensados. Ambos necesitan integrar en su ser la tristeza y la alegría. Es necesario cargarlos energética y físicamente para que se sientan más fuertes y puedan enfrentar su rabia, su resentimiento, su amargura, su vacío, su soledad, el miedo a ser abandonados, su dolor por lo que vivieron, que asuman qué es lo que necesitan, y que al tomar, recibir y llevar a su interior lo que les dan, puedan digerirlo, nutrirse, asimilarlo. Deben aprender a reconocer que lo que se asimila empodera y ayuda a crecer y a madurar, y que madurar significa atender sus necesidades reales, apoyando al niño interno y a las necesidades del presente, implica también aprender a calibrar su expresión emocional.

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5.3.5 Mente En el ego del carácter oral: K los límites tenues se colapsan o se inflan fácilmente a los largo del organismo. El core está debilitado debido a las privaciones de la infancia. El ego oscila violentamente entre la grandiosidad y el colapso. Como le falta habilidad para movilizar el core, esta persona cae con frecuencia en la rabia culpable o en el optimismo sin límites. El ego no está suficientemente desarrollado para lidiar con la energía del interior y las del exterior (Pierrakos, 1990, p.122).

La frustrada experiencia primaria de simbiosis, de ser el centro de atención de la madre y de la familia, o de continuar siendo el centro de atención, el “reyecito o la reinita” de la casa donde creció, lo conduce a fantasías compensatorias de grandiosidad, mirándose como “príncipes” o “princesas”. Cuando circunstancias de la vida los desinflan, caen en verdaderos vacíos y depresiones. No hay puntos medios, o están arriba o están abajo. Viven enajenados de una visión realista de sí mismos. Por supuesto que el ambiente contribuyó a esto. Son familias con muchas carencias económicas y/o afectivas, que se quejan de no recibir lo suficiente de la vida, que Dios o el universo no es abundante para ellos. O en el que para los padres, en un tiempo, el individuo era alguien maravilloso y en otro fue olvidado, descalificado o lastimado, en el seno familiar de un progenitor que elogiaba y el otro disminuía o en el que uno de los padres vivía engrandecido y el otro disminuido. La niña, el niño internaliza en su psique esta dinámica y se identifica con ella. Esta representa, a su vez, el desafío a trascender. Fortalecer el ego implica ir más allá de la obsesiva persecución del placer (porque el paraíso perdido está asociado al placer que se sintió al contacto con la madre o quien haya dado el abrazo maternal) y aceptar el principio de realidad, al cual el niño fue forzado a entrar muy tempranamente, cuando tenía los mínimos recursos para enfrentarlo, al que tanto se ha resistido. Es preciso que observe que ese principio de realidad también le ofrece placer, pero tiene que aprender a posponer y a tolerar la frustración. Para el oral colapsado, lo difícil será que comprenda que no sabe pedir, y que su demanda es una acción agresiva exagerada, que provoca que los otros le abandonen. Que está tan enfocado en exigir, que no ve cuáles son sus necesidades reales, y que por lo tanto, lo que demanda generalmente no es lo que necesita en el presente. Que es el niño interno necesitado y rabioso que exige que le salden la cuenta pendiente.

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Para el oral compensado será complicado que reconozca que a través de apoyar a otros está tratando de obtener amor, de satisfacer sus necesidades afectivas, que por más que se niegue a necesitar, sí necesita, y mucho, que tiene una deuda consigo mismo, la de atender sus verdaderas necesidades, que no puede solo, que está bien pedir lo que realmente necesita. Su arrogancia no le permite recibir, rechaza lo que otros le dan, pues se siente agredido en su autosuficiencia e independencia. Provoca con ello que los demás se retiren, lo dejen solo, que no lo apoyen. En el trabajo no sabría delegar, haciendo “apoyando” lo que toca a los otros. El mensaje que envía es “Yo puedo solo (a)”. El ego se prende en la búsqueda de relaciones para establecerse en simbiosis. Aquel o aquella que llega a satisfacer una necesidad es glorificado, mitificado, lo que le permite mitificarse a sí mismo (a), el ideal del yo o la imagen idealizada es de ser alguien especial, realzar la ilusión narcisista y mirarse como un ser amoroso y dadivoso. En el carácter oral hay una negación a aceptar las experiencias de carencia y abandono que se tuvieron y la necesidad de hacer un duelo por ello, de aceptar lo que fue y no continuar recreando esas experiencias. La persona adulta con carácter oral vive dominada por una conciencia infantil, no mira la realidad presente, se mueve con la conciencia de un pasado continuado, la de un niño con carencias, tan resentido que no sabe pedir, demanda que le sean satisfechas sus necesidades infantiles, entonces no puede ser llenado, satisfecho, porque está enganchado en una ilusión del pasado y el pasado no puede ser cambiado, sino aceptado. Sólo pueden ser cubiertas las necesidades del presente. El dolor de lo que fue o no fue puede ser tratado, sanado con el amor del presente. Hay que fortalecer al adulto para se haga cargo de nutrir, cuidar, sanar su niño (a) interior.

5.3.6 Voluntad El ego de estos individuos no tiene una fuerza sostenida para lograr lo que quieren, para pedir con claridad lo que necesitan. Aunque son competitivos, les cuesta sostenerse en la batalla. Viven con miedo de no poder y de fracasar. Su conciencia y energía se mueven hacia el contacto humano, que les ayude a evitar conectar con su vacío, su soledad y su necesidad real, para que les refuerce su imagen idealizada. El temperamento oral: “Tiene más abierto el corazón y por lo tanto está más abierto a la relación y al intercambio amoroso. Promete una conexión más sensible consigo mismo y con los demás. Los límites de autoconciencia y

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autodirección son muy tenues y se colapsan o inflan con facilidad” (Pierrakos, 1990, p. 95). El movimiento asertivo-receptivo, aunque tenue, fluye un poco más. El proceso de asimilación e integración es el más afectado, por lo que necesitarán trabajar más en ello. Deberán rendirse a sus necesidades, recibir, crecer, empoderarse y ver que también pueden dar sin condiciones, también pueden nutrir. Su intencionalidad negativa radica en no permitirse recibir más de la vida, perpetuando el abandono y la carencia de sí mismos. Se niegan a crecer y persisten en mantenerse en estado infantil, apegados a las imágenes de la infancia. Se aferran a ideas malsanas tales como: “El mundo me lo debe”. “Haré que me lo den”. “El mundo-madre no me lo dio, ahora no lo quiero”. “No te necesitaré”. “No recibiré lo que me dan”. “No me nutriré y no creceré”.

5.3.7 Espiritualidad Está más abierto a su corazón, a las fuerzas de su core, sabe, intuye el poder de sanación del amor; es más sensible a sí mismo que el carácter esquizoide, pero debe mirar que la vida es abundancia y que puede tomar lo que necesite de ella. Despertar la conciencia de que no está solo en el presente. Es necesario que no se abandone y aprenda a acompañarse con el espíritu cálido que lleva en su interior, a acercarse a la esencia amorosa que lleva en su interior, que aprenda a dar sin esperar.

5.3.8 Máscara En este aspecto, Molina (2007) explica que: En el oral compensado presenta aires de grandeza y superioridad, aparenta que tiene y es más de lo que realmente es y tiene. Es competitivo, generoso, sonriente, complaciente, habla mucho y tiene sentido de autonomía. Exagera su sensibilidad y la actitud de apoyo para los demás. En el oral colapsado se manifiesta con pasividad, seudotristeza, impotencia, como víctima. Su plática vacía es un intento de ganar afecto. La máscara dice: “No puedo, hazlo por mí” (p. 100).

El ideal del yo, o imagen idealizada, en el primer caso es: “Soy amoroso y generoso”; en el segundo caso es: “Soy un ser muy sensible y necesitado”.

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5.3.9 Ser Inferior En el oral colapsado persiste el: “Kmiedo y arrogancia, rencor, rabia insaciable, voracidad: “Me lo debes”, “dame más”, “no dejaré de quejarme”. Hace sentir culpable y deficiente al otro porque no le da suficiente” (Molina, 2007, p. 100). Es como un precipicio sin fondo que quiere tragarse al otro. Envidia, se enferma, padece, habla y se queja de su infelicidad para torturar a los demás. Se niega a soltar el pasado doloroso. En el carácter oral compensado hay más soberbia externa, el miedo está más oculto. Se coloca por encima de los demás, los desprecia desde su pedestal y los usa para sus necesidades no reconocidas. Hay una rabia ocultar por necesitar: “No te necesito”. “Lo que me das no sirve”. ”Eres insuficiente, no vales nada”. “Quiero que quieras quererme como yo quiero que me quieras, de otra manera no me sirves”, ese es su voluntarismo.

5.3.10 Ser Superior Son seres muy sensibles, humanitarios, empáticos y cálidos ante las necesidades y carencias de los demás, son capaces de dar ternura, dulzura, cariño, ser fraternales, poseen el don de servicio a los demás. Pueden ser intuitivos, creativos, juguetones, espirituales, con una mente brillante: “La persona de carácter oral puede hacer buen uso de su inteligencia en trabajos de tipo creativo, siempre puede conectar lo que sabe con el amor directo del corazón” (Pierrakos, 1990, p. 95).

5.3.11 Core Traducen la esencia de su ser en un amor-razón con corazón, inteligencia y compasión.

5.3.12 Tarea de vida Sanar sus heridas y no perpetuar más el abandono y la privación; amar su cuerpo y empoderarse; integrar la energía agresiva a su vida. Liberar y transformar su negatividad: su rabia, su sadismo oral, su rencor. Trascender el apego a la carencia y aceptar la abundancia de la vida que hay dentro y fuera de sí mismo; aceptar que la soledad, el vacío, el sufrimiento también son parte de la vida. Poner los pies sobre la tierra y descubrir que puede hacerse cargo de sí mismo (a), ser

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responsable de su vida, crecer y florecer sin separarse de los demás; liberar su core y los dones espirituales que posee.

5.4 Carácter masoquista 5.4.1 Etiología El carácter masoquista se crea alrededor de los dos y tres años, cuando el niño está en la fase de separación e individuación y requiere autoafirmarse e independizarse. Es un periodo trascendente, pues está desarrollando el ejercicio de su voluntad, decidiendo qué hace, cómo, cuándo, con quién, según lo que necesita. Es también el tiempo en que los padres introducen el control de esfínteres, normas, reglas, pautas de comportamiento y creencias, tanto familiares como sociales. La herida se produce cuando el niño, la niña es humillado en la expresión de su libertad y espontaneidad, así como cuando es sometida su capacidad autorreguladora y de autodeterminación de su ser. Su reacción agresiva de defensa también es controlada y reprimida. El sometimiento del impulso vital se da de forma violenta, insultando o golpeando su integridad física o a través del chantaje amoroso y la culpa. La madre es dominante, inflexible, aplastante y el padre apoya su postura o está ausente. El niño (a) se enajena de su ser y se alinea al deber para no perder el amor. El vínculo con la madre está muy presente y desde allí se hace difícil la individuación. La persona se somete externamente y resiste internamente: “K uno debe tener una identidad suficientemente desarrollada y el orgullo correspondiente para producir la respuesta masoquista, tiene que haber una sensación consciente de la integridad del ser, que necesita ser defendido de manera masoquista” (Johnson, 1985, p. 96).

5.4.2 Energía y conciencia La energía-conciencia del niño (a) construye una pared interna y externa para resistir las tensiones de dentro y fuera, para contener la fuerza de la vida que quiere emerger y para aguantar la invasión del exterior. Se crea entonces una estructura defensiva sobrecargada. Un fuerte surgimiento de energía desde el interior es percibido como una amenaza catastrófica. La energía-conciencia del ser queda encerrada, la determinación ahora es mantenerla protegida y a la vez

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encarcelada. La sobrecarga sofoca al core. La energía al moverse, del core a la periferia, está continuamente retorciéndose (Pierrakos, 1990; Brennan, 1993). La energía interiorizada se halla en ebullición, y atrapada adentro produce ansia, pero dejarla salir significaría la muerte. Es preferible retroflectar el movimiento energético que ser dañado por el exterior. Y el mayor daño es perder el amor de la madre. El objetivo es aguantar y mantener su autonomía en el interior. La persona con carácter masoquista deja salir hilos de energía a través de una quejumbrosa voz, por la cual sabemos que existe alguien en el interior que parece pedir auxilio. El campo de energía del carácter masoquista está totalmente hinchado. Los centros de energía que suelen estar abiertos son el de la frente y el plexo solar, en ocasiones parcialmente abierto el centro sexual posterior, de manera que los aspectos mentales, emocionales y volitivos de la personalidad funcionan. El resto están básicamente colapsados. Si ocurre una invasión a su persona, el tercer chakra se cierra: El centro del corazón está activo pero ocluido, porque el centro de la garganta está cerrado. Este último es el canal superior por donde podría liberarse el movimiento interno y no es posible. Todos los centros de voluntad, el primero de arraigo a la vida, tres receptivos y el séptimo de conexión espiritual están cerrados. Reflejan con claridad cómo la persona ha rendido su voluntad y cerrado su sexualidad, su corazón y su verdad. La tarea es abrirlos a través del trabajo corporal, emocional y energético principalmente (Brennan, 1993 p. 119).

En el sometimiento impuesto, la persona está controlada en su carga y descarga de energía.

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5.4.3 Cuerpo Físicamente, la persona con defensa masoquista tiene una musculatura compacta, sobre-desarrollada, generalmente con sobrepeso, con piel morena y con vellocidad, baja de estatura, con hombros y espalda superior anchos y redondeados, como cargando un peso. El cuello es corto, ancho y muy tenso. Es común que tenga jiba. El rostro mantiene una expresión de inocencia o sonrisa forzada y los ojos generalmente evidencian dolor y sufrimiento suavemente disimulados. Sus principales bloqueos están ubicados en el cuello-garganta, diafragmaabdomen y el segmento pélvico. La cintura es corta y ancha, el abdomen generalmente voluminoso. Los brazos gruesos, tensos y muy cargados, cuelgan pesadamente. Se presentan fuertes tensiones en la cintura escapular y entre los omóplatos, que contienen rabia y odio hacia quien somete. El pecho es abultado y encogido. Hay tensión en las nalgas, que se mantienen comprimidas, frías y jaladas hacia adentro, así como tensión en las pantorrillas para frenar el elevador del ano, controlando la descarga. El individuo se encuentra encerrado en dos tapones: la garganta y el anogenitales. La pelvis va ligeramente hacia adelante. El masoquista usa generalmente la sexualidad para descargar su tensión o complacer al otro, pero no se abandona al orgasmo. Es tal su energía sexual contenida, que suele sentirse atraída por la pornografía. Su estructura corpórea es pesada, con arraigo de plomo. Los pies parecen enterrados, pegados a la madre-tierra, metidos en una ciénaga. Corporalmente reflejan la aparente entrega y sometimiento a la madre. Asimismo, el cuerpo está muy entumecido, para no sentir. Se necesita un movimiento intenso, enérgico para que puedan recuperar las sensaciones. Se necesita mucha presión para hacerlos estallar. La respiración es abdominal, corta y en ocasiones suspira con desesperación. El movimiento es pesado, lento, apretando las nalgas, desanimado, colgando de sí mismos. Su cuerpo expresa un constante ¡No! dentro de sí, que va convirtiéndose en un ¡No! a vivir. Es básico movilizar fuertemente su energía a través del movimiento, la danza, sacar la voz, estiramiento, golpear, patear, cargar y descargar. Que conecten con la sensación de liberación y relajación, con su capacidad de aprender a contener y expresar su coraje, lograr descubrir en su cuerpo las sensaciones de la risa y el placer.

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5.4.4 Emociones La vivacidad, la creatividad, el placer y la expresión de la emoción de vivir están suprimidas (o más bien enterradas) en una capa de negatividad y sometimiento, capa donde se encuentran bloqueados fuertes sentimientos de rencor, hostilidad, ira, furia asesina y miedo de estallar y destruirlo todo a su alrededor. Los mecanismos defensivos más importantes son la negación, represión y retroflexión. Todas las emociones negativas que tendrían que ir hacia el exterior las encauzan contra sí mismos, de manera que se dañan emocional y físicamente, provocándose muchas enfermedades psicosomáticas. La persona masoquista, voluntariosa y orgullosamente, aguanta y aguanta hasta que su organismo, si no explota emocionalmente, lo hace a través de síntomas físicos, los cuales le permiten entrar en contacto con su cuerpo y sentir que algo está pasando en su interior. Ha desarrollado la estrategia de resistencia pasiva: nadie como él o ella en este tipo de lucha, que generalmente enoja a los demás. Los provoca, acepta la agresión para luego permitirse expresar y desahogar su ira acumulada y relajar un poco los músculos. Claro que no es consciente de su provocación. La persona con carácter masoquista vive una sensación subjetiva y real de sufrimiento y desesperanza, la vida es dura para ella, es un valle de lágrimas y obstáculos: “Siempre me ocurre lo peor”, “no valgo nada”, “nadie sufre como yo”, por lo cual “lleva su cruz” con humildad, una humildad no real, pues debajo de ella borbotea la ira. Trata de ser muy bueno, lo cual provoca que otros, igual que sus progenitores, saquen ventaja, confirmando con esto la creencia de que este mundo no es confiable y abusa de él. Hay un dolor y un sufrimiento real que sólo podrá ser atendido cuando explote su rabia, su furia y su odio. Tienen que ir más allá de este sometimiento a su objeto amoroso, para dejar salir de forma genuina su cariño, su generosidad, sus sentimientos de solidaridad. En este proceso, es esencial movilizar su energía una y otra vez, para promover la reconciliación e integración de su fuerza agresiva, con una fuerza constructiva que les permita poner límites y hacerse respetar, para sentirse dignos y libres.

5.4.5 Mente Pierrakos (1990) comenta que: “El ego constantemente lucha, hace esfuerzos por tener espacio para liberarse de sus propias defensas” (p. 90). Del mismo modo, se afirma que el ego encerrado en sí mismo, sofocado por tanta sobrecarga: K vive en el infierno de imágenes del pasado, de introyectos, de conclusiones distorsionadas y de creencias negativas, de emociones que se retuercen en su

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abdomen, sentimientos negativos, apego a esos sentimientos negativos. Acorazado como está, física, emocional, mental y espiritualmente no puede mirar a su interior (Molina, 2007, p. 111).

El ambiente familiar seguramente sigue el mismo patrón masoquista, la expresión de la vitalidad, la agresividad constructiva, la alegría y el placer son negados. La persona masoquista confluye y se colude con la cultura de sufrimiento que prevalece. “Dios está con los que sufre”. “Hay que sufrir para merecer el cielo”. La experiencia de vida transcurre desde un solo polo, el del sufrimiento. El “deber” está por encima de su experiencia emocional y espiritual. La autodeterminación y autodirección se extravían, son entregadas al poder del otro. Entregados, inhibiendo su saber personal, necesitarán que el otro les diga qué hacer y cómo hacerlo. En el conflicto de voluntades “ganaron” sus padres y él, ella fue “derrotado”. Su actitud dice: “Me rindo, pero no me tendrás”. De acuerdo a Molina (2007), el carácter masoquista: “Crea un patrón de auto-derrota como pseudo solución para preservar la voluntad y como un intento de rescatar cierto grado de individualidad e integridad en un ambiente de abuso” (p. 109). La autoridad, que ha humillado y aplastado, ya sea de manera violenta o sutil, es interiorizada. La persona aprende a someterse de la misma manera por el resto de su vida. Encontrarán personas que actúen como sus progenitores y recrearán la dinámica, considerando que es mejor aceptar los malos tratos que perder a la persona que se ama. Se muestran serviles, inofensivos, quejosos, víctimas, con tal de obtener cercanía. En este carácter prevalece la inconsciencia auto-restringiéndose, autotorturándose y auto-saboteándose. El conflicto básico es el de la necesidad de cercanía vs. la de libertad. Si es libre, perderá a los que ama, y si está con los que ama, ha de perder su libertad y autonomía. Es la distorsión más importante para mantener este patrón de resistencia perpetua, donde ni es ni no es. Ha creado un patrón de miedo y desconfianza del mundo, de la realidad. Cubre sus sentimientos y emociones negativas con culpa y angustia. El proceso terapéutico en Core Energética incluye trabajar con las creencias que vienen de los padres, del ambiente y el linaje familiar, tomar conciencia que con su actitud de autoderrota y resistencia pasiva, provoca y recrea el abuso, confrontar su servilismo y victimización. El trabajo energético y corporal ayudará a liberar lo que se ha bloqueado, ofreciendo un espacio de contención y expresión del dolor por su herida. Hay que tener firmeza, compasión y paciencia. No dejarse jalar hacia abajo, a la densidad del pantano que crea en su vida: D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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Hay que obligar al paciente a afrontar sus deseos insatisfechos, su tristeza, su dolor, nos arriesgamos a que se hunda en la desesperanza, sin embargo, la aceptación de esa desesperanza es lo único capaz de romper el esquema de esfuerzo, provocación, frustración y fracaso. Hay que reconocer que bajo la desesperanza hay fe, bajo el dolor hay alegría y que bajo la base espástica de la pelvis está el aparato genital y el camino a la libertad (Lowen, 1985, p. 243).

Mientras una persona pueda sentir y expresar su llanto, su enojo, su risa, su miedo, su gozo, quiere decir que está viva y fluye.

5.4.6 Voluntad La intencionalidad negativa es tremenda aquí. Su cuerpo, su actitud y sus pensamientos parecen decir: “No me moveré”. “No me moverás”. Es un ¡No! al cambio, un cierre de posibilidades, una conciencia estrecha para considerar que hay otras maneras de vivir, que puede saltar su propia barrera y lograr su libertad. No se da cuenta que auto-derrotarse, manteniéndose abajo, rumiando su rabia y su dolor como una manera de sobrevivir, es más bien morir por no vivir; que no puede derrotar a nadie derrotándose, se hunde cada vez más. Actitudes negativas de duda y desconfianza se hayan profundamente arraigadas. Hay una receptividad distorsionada, donde pretende aguantar y aguantar. No sabe recibir el amor sin temer el sufrimiento. Hay un dar también distorsionado, en el acto amoroso de someterse se traiciona a sí mismo. La pared que ha creado lo mantiene separado de su ser interior.

5.4.7 Espiritualidad Estar separado de su ser interior es estar separado de su espiritualidad. De la misma manera que se sintió desprotegido, siente que Dios no lo mira, no es un Dios compasivo, como tampoco lo fueron sus padres. Cultivar la compasión para sí mismo es el mejor bálsamo para su sanación. Necesita reconectarse con su ser interior, con experiencias que le lleven hacia adentro y hacia la apertura de su conciencia, que observe que hay algo más grande dentro y fuera de él o ella, que lo acepta sin condiciones y que le da la libertad de ser.

5.4.8 Máscara Está representada por características de dependencia, docilidad, sumisión. Se muestran complacientes, humildes, serviles, pasivos, resistentes, fuertes. A veces

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bonachones. A través de estas actitudes intentan tener control de cercanía y distancia en sus relaciones: “Estaré seguro sólo si te controlo”. “Yo te dejaré, si no, tú me dejarás”. “No quiero tener contacto contigo, es demasiado”.

5.4.9 Ser Inferior Respecto al ser inferior, Molina (2007) afirma que el temperamento masoquista: Guarda una gran rabia y furia asesina, que se desplaza en la intención negativa de profunda desconfianza, resentimiento, testarudez y soberbia oculta que sostiene un sentimiento de superioridad, de desprecio y denigración hacia los demás. Hay miedo, duda, vacilación interna, sadismo contra sí mismo, se daña y desprecia a sí mismo; obsesión inconsciente de hacer sufrir a otros a través de quejarse de su sufrimiento. Agresión pasiva (p. 112).

5.4.10 Ser Superior En este aspecto, se afirma que: Son personas de buen corazón, llenas de cariño hacia los demás, con capacidad para comprender el sufrimiento de los otros, son cooperativos, confiables, perseverantes, trabajadores, leales, maternales. Negociadores o conciliadores naturales, capaces de profunda compasión y a la vez de diversión, alegría y travesuras. Capacidad de dar contención y ternura (Molina, 2007 p. 113).

5.4.11 Core “Soy libre”. “Tengo derecho a ser libre”. “Puedo amar y ser amado sin condiciones”.

5.4.12 Tarea de vida Auto-liberarse de la humillación y el sometimiento, dando rienda suelta a su agresividad para ser, crear y disfrutar la vida. Establecer la conexión y expresión de su fuerza vital, transformando sus patrones negativos corporales, emocionales y mentales, así como sus distorsiones en el amar. Recuperar la confianza en sí mismo, la confianza de que puede ser amado en libertad.

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5.5 Carácter psicopático 5.5.1 Etiología Se configura entre los dos y cuatro años de edad. Cuando somos niños estamos en la etapa de crecimiento y florecimiento de nuestro ser, por lo que necesitamos del apoyo y la guía de nuestros padres, pues somos vulnerables y dependientes de ellos. Su mirada de aprobación, la alegría y el respeto que puedan transmitir a la expresión de nuestro ser y nuestros dones, la aceptación de nuestra grandeza y vulnerabilidad, es esencial para la formación de nuestro yo, para la aceptación de nosotros mismos tal como somos, para diferenciarnos de los demás. Es en esta etapa cuando ocurre la herida narcisista. La madre, el padre o ambos, actúan con sobrepoder y seducción, empujan hacia abajo al niño (a), controlándole y haciéndole sentir muy pequeño. Le dicen: “No está bien que seas quien eres”. “Si eres como quiero que seas, te amaré”. Los padres, por un lado, le piden al niño (a) que sea más de lo que es, lo seducen para que se engrandezca, pero por otro lado lo humillan y descalifican por lo que es. El niño (a) sin poder es usado para las necesidades narcisistas de los padres; se le ha engañado y traicionado por uno de ellos o ambos, en la promesa de amor que se le hiciera, si se mostraba como ellos querían. Se abusa en sus dones y se le abandona en su vulnerabilidad, como en el caso del el niño (a) que cuida a los hermanitos, pero no es cuidado y protegido en su vulnerabilidad como hijo (a) (Johnson, 1985; Pierrakos, 1990).

5.5.2 Energía y conciencia La energía-conciencia renuncia al yo real y se esfuerza por crear una imagen, un yo-imagen, un yo-concepto. Se desconecta de sus emociones y sentimientos dolorosos y amorosos. La persona lastimada, traicionada, se jura no volver a ser humillada ni usada; la energía-conciencia se mueve hacia la búsqueda del poder, ahora es él, ella quien controlará, quién “ganará” usando sus propios dones y atributos: “Nunca voy a enseñarte cuán lastimado estoy”. “Yo soy quien tiene el poder”. “Ahora es a mi manera”. Su nivel energético es hiperactivo, lleno de energía y brillantez en la parte superior y agotado en el fondo, deformando el campo energético. Es significativo el abultamiento del cuerpo emocional en el centro de voluntad a nivel de los omóplatos, que generalmente están muy agrandados. Los centros de energía abiertos son el frontal y el de la coronilla, muy abierto y sobre-utilizado el centro volitivo, en la espalda, paralelo al corazón. El

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resto de los centros volitivos y todos los sensitivos están cerrados. El centro sexual posterior puede estar parcialmente abierto en ocasiones. Tienen una extraordinaria fuerza mental e intelectual por la gran actividad de sus lóbulos frontales (Brennan, 1993; Pierrakos, 1990). Se han encontrado dos tipos de psicopatías: el impositivo y el seductor. El primero muestra, tanto en su campo de energía como en su cuerpo, el desplazamiento de su energía hacia arriba y muy disminuido abajo, débil en su conexión sensible y con la tierra. En el segundo, su cuerpo se ve más proporcionado, pero de igual manera tienen debilidad inferior y poco arraigo. En ambos hay bloqueo energético entre la parte superior e inferior del cuerpo. Están más conectados con la fuerza agresiva del padre y desvinculados con la parte sensible de la madre, quien no les nutrió lo suficiente. Con este desplazamiento energético en la parte superior se expresa su afán de poder, dominio y control, así como sus dones para guiar y enseñar.

5.5.3 Cuerpo El cuerpo del psicopático impositivo es asimétrico, más ancho y fuerte en la parte superior y estrecho y débil en la parte inferior. La cabeza puede verse grande, está muy tensa y sobrecargada energéticamente. Sufre un bloqueo ocular importante, por lo que se mantiene con los ojos tensos, despiertos, con los que vigila desconfiado, penetrante, invasivo, en control y dominio de todo. El cuello, que está bloqueado, provoca un corte energético. La espalda superior y los hombros son tensos, anchos y fuertes, con fuerza agresiva y rabia asesina reprimida. El pecho inflado y cargado hacia adelante. El diafragma contraído y el abdomen apretado mandan la energía hacia arriba y bloquean la circulación abajo. La pelvis estrecha, delgada, fría y subcargada, igual que las piernas y los pies (orales) débiles, inseguros, parece que flotan. Este carácter es más duro (Lowen, 1987; Pierrakos, 1990).

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Por su parte, el cuerpo del psicopático seductor es más proporcionado, regular, suave, no da la impresión de estar ampliado. La cabeza, más congruente con el cuerpo, tiene una expresión plástica suave. Los ojos son más y seductores. Los hombros, cuello, diafragma, abdomen también fuertes, tensos, se ven más suaves, igual que las manos, la espalda es muy flexible. La pelvis permanece un poco más amplia, sobrecargada, pero sin conexión sensible. Las piernas y los pies también son débiles e inseguros (Lowen, 1987; Pierrakos, 1990). En ambos, la tensión y bloqueo relevante se ubican del diafragma hacia abajo, región inguinal, intestino, región lumbar; las rodillas están muy apretadas, así como las nalgas. Hay obstrucción en codos y muslos. Las mujeres pueden presentar desplazamiento hacia arriba, aunque generalmente es hacia abajo, con una pelvis muy cargada y voluminosa y muslos hiperdesarrollados. Hay bloqueo para descargar la energía sexual. Las relaciones sexuales se usan para controlar a la pareja, son oportunidades para practicar su poder y control, aunque no obtiene gran satisfacción con ellas: “Tú eres un objeto para mí y yo soy un objeto para ti”. “No conectamos, no sentimos, no amamos. Somos máquinas en el proceso mecánico de vivir” (Molina, 2007 p. 123). Con la contracción en el diafragma, la respiración es torácica: inflan el pecho y exhalan poco. Desconectados de la sensibilidad de su cuerpo, generalmente abusan de él, pasando por encima de sus límites, lo que provoca que se lastimen o enfermen. Asimismo, lo importante es la apariencia; cuando ponen atención a su cuerpo es porque quieren impresionar con él. Pretenden dar la imagen de ser más fuertes y más sexual-amorosos de lo que son, la imagen de ser poderosos. Su arraigo es precario, dando la impresión de que flotan. Se paran inflándose, elevándose, mirando desde arriba, como diciendo: “Yo tengo el poder”. El trabajo corporal y energético puede ayudarles a recobrar las sensaciones de su cuerpo. Es importante trabajar inicialmente con la parte inferior, de manera que logren más arraigo y puedan comenzar a abrir la coraza que mantienen en la parte superior. Se debe también apoyar el movimiento fuerte para que expresen la rabia y furia que guardan en la parte superior y posterior, entre los omóplatos. Ayudarlos a relajarse, promover la confianza para que vayan abriendo el centro de su corazón. Es esencial que conecten la respiración más abajo.

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5.5.4 Emociones Su mayor temor es sentir y dejar ver su vulnerabilidad, pues teme que podría ser derrotado y controlado otra vez. La negación de sus sentimientos tiene como objetivo principal alejarse del dolor y de la tristeza originada por la traición de sus padres. Aguanta el llanto, frenando todo su cuerpo. Disocia su vida emocional. La negación del sentimiento es básicamente la negación de su necesidad. Hace que los demás lo necesiten a él para no tener que expresar su necesidad y no ser vulnerable. El ego está en contra de su cuerpo y de sus sentimientos. En el interior se siente poco importante, vulnerable, con baja autoestima y sentido de valor personal, atrapado en la culpa en ocasiones, con dudas sobre sí mismo, inseguro. Reprime y bloquea en su interior el miedo y la rabia profunda. Se vuelve contrafóbico. En estados de inestabilidad emocional, se caracteriza por expresiones de pánico y furia. Puede llegar a la terapia con un sentimiento de derrota y crisis de ansiedad, con dificultades para dormir y ordenar sus pensamientos. Es dependiente de que lo necesiten, las separaciones o pérdidas también le producen ansiedad, pues siente que no tiene control sobre ello. Puede sentir desintegración, sentimientos de desamparo y caída al vacío interno. El carácter psicopático impositivo niega el dolor, se impone con agresividad, intimida y somete. Vive creyendo que el mundo es sólo hostil y agresivo. Puede ser cruel, lo cual provoca hostilidad del ambiente hacia él o ella: “Mejor te asusto yo, que tú a mí”. En contraparte, el carácter psicopático seductor es “camaleónico”, niega la agresión, usa su energía sexual.

5.5.5 Mente El tema de su vida es el poder. Se levanta de la humillación, el miedo y la traición con una actitud poderosa- agresiva o sensual-amorosa. Cree que sólo dominando y controlando a los demás está a salvo. “Tengo que controlar y dominar todas mis relaciones”. “Te controlaré y lo haré a mi modo”. “Nunca me humillarás, yo lo haré antes”. El ego permanece inflado y sobrecontrolado. Al mismo tiempo es duro, quebradizo y amenazante. Se encuentra en posición de ataque para impedir que la defensa sea derribada y miren su vulnerabilidad. Se observa, sobre todo en la parte inferior del cuerpo, sus sentimientos, su miedo y su dolor. Siguiendo la exigencia de su ego puede abusar de sí mismo. Niega los límites de su cuerpo no sintiendo. También puede abusar de otros como lo hicieron de él. Desconfía de todo y de todos. Siente que no ha tenido una D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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autoridad real a quién respetar ni límites o normas precisas para seguir. Crea su propia ley. Generalmente provoca problemas con la autoridad, la desafía y suele mostrar conductas antisociales, agrede con cinismo, es poco sensible, manipulador, miente, es fraudulento. Suele actuar impulsivamente, no toma, arrebata. Para admirar a una autoridad tiene que idealizarla. La persona psicopática está centrada en presentar una imagen ante los demás. Es un yo imagen. Con una excesiva actividad mental que gira alrededor de crear y vender su mejor apariencia, pasando por encima de su yo real, demanda ser visto (a) y admirado (a). Depende mucho de la opinión de la gente, por lo que procura crear dependencia hacia él o ella. Se mantiene en el mundo como un pulpo que lanza sus tentáculos a su alrededor para tomar apoyo y seguridad. Necesita sostenerse de las personas, pues en su origen, sus bases son débiles. Realiza un rígido control de la gente y las situaciones para asegurar su identidad poderosa y seductora y así autosostenerse. Si llegara a relajar su ego, conectaría con sus necesidades orales y simbióticas, lo cual significaría el fracaso y la muerte, contra la cual lucha desesperadamente. Hay en su interior un profundo sentimiento de inferioridad, que cubre con una actitud de superioridad y desprecio. El ego dice: “No sentiré”, “no me rendiré”, “estaré con otros sólo si me necesitan”, “yo puedo con todo”. Se ve a sí mismo poseyendo un gran poder secreto. En la relación humana lo importante es conquistar. Es característico de él o ella la agresividad, la seducción, la prepotencia, el control, la egolatría, el cinismo. Son desconfiados, endurecidos, camaleónicos, posesivos, invasores, defraudadores, mentirosos, omnipotentes, temerarios, confrontadores, chantajistas, rebeldes, sádicos, competitivos, sarcásticos, vengativos, voluntariosos, carismáticos, aduladores, emprendedores, generosos, solidarios con sus iguales. El psicopático seductor suele caer bien por suave y amoroso. En el pasado se le ofreció un amor muy condicionado, se le hicieron promesas que no le cumplieron, fue humillado en su ser real, se le exigió ser lo que no era, se sintió pequeño y vulnerable. Se juró no volver a ser humillado ni controlado. Se resiste a rendirse y mostrar sus sentimientos. Los individuos de temperamento psicopático se mueven con desconfianza de su propio proceso vital y con miedo de volver a ser indefensos como en la niñez. No es fácil que lleguen a terapia. Será esencial en el proceso establecer una relación de confianza y seguridad.

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5.5.6 Voluntad Son, evidentemente, muy voluntariosos. Su intención negativa es mantenerse apegados al control, al dominio, a la venganza, a destruir lo que creen que quiere destruirlos: “Se hará mi voluntad”. “Tengo que tener la razón o me muero”. Persiste la desconfianza hacia el mundo y a entrar en contacto con sus necesidades. Su creencia negativa es que no hay nadie que pueda apoyarlos y no lastimarlos. Se cierran a recibir, no creen en la bondad del mundo. Necesitarán rendir su ego a la voluntad de su corazón y conectar con la fuerza del amor que hay dentro de sí mismos para reconocer el amor en los otros.

5.5.7 Espiritualidad Al estar enajenado de su propia esencia, permanece separado de lo divino que hay en él. Identificado con el lado oscuro de sí mismo y de su ambiente, le dice ¡No! al amor. Necesitará desarrollar el perdón y la compasión, para sí mismo y para los demás; en el proceso de autoconocimiento ha de descubrir que debajo de su escudo y acorazado pecho está su gran corazón, su core.

5.5.8 Máscara De acuerdo a Molina (2007), a través de la máscara: Se muestran poderosos, protectores, encantadores y seductores. Pueden actuar de forma camaleónica, ser lo que tú quieres que sean, así estás en sus manos. Dominan el ego en su personalidad, muy racional, centrada en sí mismos, idealizados. La máscara dice “yo tengo razón, tú estás equivocado”. En la relación humana se manifiestan como “el que todo lo puede”, “el que salva”, “el héroe”. Su imagen idealizada es ser poderosos, estar por encima de las debilidades humanas, con poder para controlarlo todo (p. 125).

5.5.9 Ser Inferior Aquí el poder está por encima del amor, no hay Dios, no hay autoridad, es arrogante y voluntarioso. Vive para la venganza. Tiene rabia destructiva, odio, desprecio y usa a los demás. No confía en el mundo y es indulgente con su voluntarismo cruel. Le place lastimar. Hay negación de la conciencia, está sobreidentificado con su negatividad y la negatividad del mundo, con la negatividad de aquél o aquella que lo controló; se justifica con las siguientes falacias: “En este mundo hay que controlar, someter, dominar”. “El uso del poder sobre otros es necesario”. “Te doy lo que quieres y me perteneces, tu alma es mía”.

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5.5.10 Ser Superior Siguiendo a Molina (2007), este se manifiesta si: Posee un corazón grande y pletórico de amor, con grandes habilidades de liderazgo, don de gentes, capacidad para convocar y dirigir gente, con excelentes habilidades verbales y ejecutivas. Son carismáticos, creativos, generosos, versátiles, sensibles a temas de injusticia, les inspira luchar por causas justas (Molina, 2007, p. 126).

La expresión de su ser superior es: “Me rindo”. “Soy uno con Dios”. Liberado su ser superior, muestra gran honradez e integridad, lo que le permite ayudar a otros a encontrar su verdad y autoridad interna.

5.5.11 Core Su esencia se manifiesta en la valentía y la autoridad de su corazón: “Su core es poderoso, dotado de abundante energía, habilidad ejecutiva y maravillosos dones de innovación y creatividad” (Pierrakos, 1990, p. 98).

5.5.12 Tarea de vida Deberá rendir y desinflar la parte superior de su cuerpo y la tendencia a controlar a otros, entregarse a sus sentimientos sexuales más profundos y trascender la sobre-identificación con su negatividad. Mirar, reconocer e integrar su ser superior. Fluir con la verdad de su ser y guiar a otros a través de la verdad sin ser ni más ni menos que los demás. Rendirse a la voluntad de su corazón y a aquello que es más grande que él mismo diciendo: “Hágase tu voluntad”.

5.6 Carácter rígido 5.6.1 Etiología Desde el nacimiento, y durante el crecimiento, vamos madurando y creando nuestra identidad biológica y nuestro Yo. La energía vital y sexual va anclándose y desarrollándose poco a poco, de forma longitudinal, desde la cabeza hasta nuestros genitales, entre los tres y siete años. Entonces es cuando el amor, el eros y la sexualidad se expresan fusionados, con una fuerza apasionada, vivaz, curiosa de nuestro cuerpo y de los otros, excitantes, vitales. Si en los caracteres anteriores el progenitor más importante era la madre, en el carácter rígido es más significativa la presencia, la energía del padre dentro

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del triángulo amoroso. Los niños, niñas van hacia sus padres con toda intensidad, en busca del encuentro, exploración y juego, sobre todo buscan al del sexo opuesto, esperando ser apoyado (a) por el progenitor del mismo sexo. Es interesante que en esta etapa: “Kel niño entra en la tríada amorosa a competir y rivalizar por el amor, como parte de su crecimiento, pues en la vida tendrá que luchar por lo que quiere. La contención de ambos padres sería de gran beneficio para su desarrollo. Un buen manejo del conflicto le ayudaría en sus futuras relaciones como joven y adulto” (Molina, 2007, p. 133). Lo que comúnmente ocurre es que el padre o madre, que antes recibía tan amorosamente al niño (a), se asusta con este acercamiento apasionado y lo (la) rechaza. El niño, la niña lo interpreta como una traición, pues no lo entiende. Para compensar este rechazo, decide controlar los sentimientos implicados (dolor, furia y buenos sentimientos) a base de contenerlos. En su herida, el dolor es profundo, la rabia de frustración es enorme, no quiere más rechazo y no acepta que ha sido derrotado (a). Rompe con la expresión total de sus sentimientos y divide el corazón de su sexualidad. Tratará de recuperar el amor comportándose como él cree que sus padres quieren que sea: “Seré como papá o mamá quieren y así no me rechazarán”. “Seré para él o ella lo que quiere y así seré “especial”. Su tema será evitar el rechazo, negando su autenticidad, la verdad de su ser (Johnson, 1994; Lowen, 1987; Pierrakos, 1990).

5.6.2 Energía y conciencia La energía-conciencia de las fuerzas del amor, eros y sexualidad, que se manifestaban naturalmente, se escindirán por un lado, y por otro, se pondrán al servicio de portarse bien, tener logros, ser exitosos: “Si no me quieren de una

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manera, me querrán de otra”, “no voy a rendirme”, “seré perfecto”. Todo ello dentro de la dinámica triangular, lidiando con los pros y contras de uno y otro progenitor, identificándose y aliándose con las necesidades y expectativas de un progenitor en relación a su pareja, en lo que crea que es conveniente en el conflicto que puedan tener sus padres (el denominado conflicto edípico): “La dificultad o facilidad en la expresión de la sexualidad-amor y la agresiónasertividad que los padres experimenten en el triángulo amoroso determinarán las variantes defensivas” (Molina, 2007, p. 136). La conciencia-energía se configurará en los siguientes subtipos de esta estructura de carácter (Johnson, 1994; Pierrakos,1990; Pierrakos, 1996): En la mujer: 1) El carácter histérico. Madre distante, autoritaria, competitiva. Rivaliza con la hija y le niega la expresión de su agresión. El padre, antes seductor, rechaza la sexualidad de la niña, que se inhibe. 2) El carácter masculino-agresivo. Madre compulsiva y severa, atiende a la hija, pero le manifiesta pocos sentimientos. Insatisfecha en su relación de pareja, favorece la agresión de la hija para que la defienda. Piensa que el padre seductor que la rechaza, genuinamente la ama, pero tiene miedo. Inhibe su sexualidad. En el hombre: 1) El carácter pasivo-femenino. Padre autoritario, distante y ausente o, por lo contrario, débil, que no promueve la agresión, por lo que no hay identificación masculina. La madre, por ausencia del padre o porque su personalidad es poderosa, fría, seductora, se apoya en el niño, el cual se identifica con ella e inhibe su sexualidad. 2) El carácter fálico-narcisista. Padre autoritario y compulsivo. Se compara con el hijo, haciéndolo reaccionar en competencia, permite la agresión. La madre seduce y luego inhibe la sexualidad del niño, que busca recuperar a la madre perdida y demostrar que es tan poderoso como el padre. La estructura rígida: “Kes el tipo de carácter menos desunificado y también el más resistente para el movimiento total recíproco, su core no ha sufrido la reducción de otras estructuras” (Pierrakos, 1990, p. 99). La persona rígida es hiperactiva, con gran carga energética, pues la energía de vida, sexual, fluye de la cabeza a los genitales.

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Pero aún cuando su estructura se caracteriza por su equilibrio e integración, su gran dificultad es la descarga energética de sentimientos, emociones, expresiones verdaderas de su ser. Su aura es fuerte, brillante, distribuida por todo el cuerpo, tiene forma de cuña que apunta hacia atrás, se interrumpe en las lumbares y se condensa en la región inguinal y caderas. Los chakras posteriores, mental, volitivo y sexual están abiertos. Vive con su mente y su voluntad. La corona y el plexo pueden estar abiertos o no. El resto de los centros sensitivos están cerrados. Su dificultad será la receptividad.

5.6.3 Cuerpo De acuerdo con Molina (2007) este carácter está representado por una estructura corporal: K bien proporcionada, con armonía. La cabeza se sostiene hacia arriba, con tensión en la frente y mandíbula fuerte y poderosa, contraída por rabia. La cara es más bien dura y a la vez con mucha energía. Cuello tieso y recto, nuca rígida y tensa. Ojos generalmente con brillantez, aunque con cierta tristeza en ocasiones. Espalda rígida y tensa, que jala un poco hacia adelante, en algunos más suave y angosta. Los hombros tienden a ser rectos y anchos. Los brazos bien formados, en algunos más bien débiles, delgados y torpes. El pecho y la caja torácica tienden a estar bien formados, endurecidos, no se mueven. El abdomen, generalmente plano, en algunas personas es suave y redondo. La pelvis cargada, espástica, jalada hacia atrás, y arriba, glúteos bien formados. Piernas fuertes, bien formadas, pantorrillas tensas y duras. Espasticidad en casi todos los músculos. Los pies son más fuertes, se plantan con más firmeza, pero sin sentir. Puede tener dos tipos de bloques: la armadura en planchas de acero o la cota de mallas, como un traje de tejido con cadenas (Molina, 2007, p. 139).

La característica más significativa de este carácter es la rigidez. Se protege endureciendo toda la periferia de su cuerpo, creando con ello una armadura. Físicamente se observa inflexible y tieso, falto de gracia, espontaneidad. Mantiene la cabeza alta y la espina dorsal recta. Su postura es digna, erguida. La gran tensión de los músculos, que se extiende por todo el cuerpo, les dificulta la vida. Tienden a hacer ejercicios para cuidar su imagen corporal y para tratar de eliminar las tensiones, que siempre regresan mientras mantenga su sistema de creencias de sí mismos y del mundo rígido, mientras sigan creyendo que sentir emocionalmente no es conveniente. Se protegen con el endurecimiento, principalmente de sus sentimientos suaves y amorosos.

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El hombre con carácter fálico-narcisista tiende a apoyar todo su cuerpo hacia adelante, a tirar los hombros hacia atrás y a ahuecar la espalda. Mantiene una presión constante en su cuerpo. La mujer con carácter histérico se siente más empujada hacia atrás, a lo que responde contrayendo el pecho y compensando con la pelvis. Su cuerpo se manifiesta en una separación entre la pelvis y el tronco; la pelvis suele estar desarrollada con formas adultas y femeninas, pero el tronco se ha quedado más estrecho, oral, infantil. Ahí arriba está la pequeña niña herida que recibió poco de mamá, que ha buscado compensarse con papá y que busca proteger su corazón. La mujer con carácter masculino-agresivo se ve más armoniosa, fuerte, con más estabilidad, firmeza, yendo hacia delante. El hombre pasivo-agresivo se ve un poco más suave, con fuerte tensión interna, con ciertos rasgos e inclinación postural masoquista. Existe también el carácter obsesivo-compulsivo, mucho más duro, rígido, tieso, con movimientos más mecánicos, expresiones verbales y corporales de robot y mucho menos conectado con sus sensaciones. Aquí la respiración es reducida y más bien abdominal. El arraigo es mejor que en los otros caracteres, de nivel medio, mantienen una mayor conexión con la realidad. Se paran de forma estética y con buena coordinación. Su cuerpo está cargado y en buena forma, sin embargo, la persona con estructura rígida vive atrapada en su propia red.

5.6.5 Emociones Ante el sentimiento de daño, el niño (a) crea un progresivo endurecimiento para protegerse de la vulnerabilidad y de sus sentimientos, atrapando con ello la intensidad de su fuerza amorosa, erótica y sexual, sus expresiones tiernas y cálidas, su llanto, su temor, así como su fuerza agresiva. Por supuesto que en los diferentes subtipos, algunos inhiben más lo amoroso, la capacidad de sentir profundamente sensaciones, emociones, y otros inhiben más la expresión de su agresividad o fuerza productiva, su capacidad de avanzar a lo que quieren, de poner límites. El niño (a) de cuatro a siete años de edad, más despierto y vital, está expuesto a la dinámica afectiva-emocional de sus padres. Por un lado, experimentando emociones y sentimientos hacia ellos y las circunstancias, y por otro, teniendo que frenarlas, provocando con ello una enorme frustración en la expresión natural, pues la “tuerce” con el efecto de complacer o controlar a los padres. Esta frustración conlleva un gran dolor inicial, y posteriormente, un gran

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rencor y odio por no sentirse visto y recibido. Internamente vive una ambivalencia amor-odio a sus padres. De este modo: Ante la frustración y el abuso, no se retira, más bien se endurece y resiste. Sufre profunda y dolorosamente en soledad, y desde allí cultiva su odio y su rencor, que niega en su conciencia. Él no se va, se queda, se portará bien y les demostrará que es mejor que ellos, que puede con todo, que tiene todo para obtener lo que quiera. El dolor y la pena permanecen en su interior, en desconexión con la esencia de su ser, con la tristeza de una vida no vivida en sus sentimientos y emociones auténticas. Los logros no sustituyen a la gratificación de sus necesidades reales de contacto, de amor, de ternura, de suavidad, de sexualidad, de sensualidad, de intimidad, de encuentro interno y profundo con otro ser (Molina, 2007, p. 140).

Ni la sexualidad ni la agresión están profundamente inhibidas o reprimidas, lo que están enterrado es el dolor y la desesperanza, que se niegan a reexperimentar, o a experimentar en nuevas relaciones de compromiso: “Te daré muchas cosas que quieras, pero no mi corazón, no volverán a lastimarme”. Se niegan a recuperar su sensibilidad, suavidad, a ser receptivos. Ellos, ellas llevan el control, dicen cómo, cuándo, dónde. La persona con estructura rígida está más aterrizada en la realidad, la cual usa como una defensa contra su búsqueda de placer. Se afana en tener éxito y lo logra, pero no tiene satisfacción a nivel profesional, tampoco la obtiene en la relación sexual, pues al participar en ella evita abandonarse a los movimientos involuntarios y a los sentimientos de su corazón: Detrás de su estructura defensiva, de su máscara, viven con miedo de ser rechazados, de ser agredidos, de que los hagan sentir pequeños, con miedo al abuso sexual, a depender de otros, a ser aplastados, a estar fuera de control, miedo a que otros los controlen, a que les vuelvan a romper el corazón, miedo a rendirse a su corazón, a dejarse ir en sus sentimientos. Se defienden de volver a experimentar el anhelo de su corazón para no volver a sufrir. Más que una hostilidad abierta es un desprecio narcisista por los otros, acompañado de una actitud de aislamiento. El individuo sufre, se siente vacío, con falta de significado, inadecuado, árido (Pierrakos, 1990, p.123).

Como se identifican tanto con su dureza, el proceso conlleva desestructurar su defensa para que logre liberar tantas emociones negativas reprimidas, su dolor original y se permita fluir con sus intensos sentimientos amorosos, suaves, de juego y de gozo que posee. En todos los casos será importante acompañar sin empujar, pues se endurecería más. Al mismo tiempo movilizar intensamente su cuerpo, su energía, ejercicios de descarga, flexibilidad, de soltarse, abandonarse, jugar, bailar, así como dar aceptación y paciencia a su ritmo en el proceso.

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5.6.5 Mente En este temperamento, el ego: “K parece fuerte, pero aislado de los sentimientos del corazón, del core. Externamente fuerte, el corazón no está abierto y las relaciones con el sexo opuesto están llenas de egoísmo más que de verdadero calor. Bajo la máscara de capacidad y satisfacción está una sensación de incapacidad, sequedad y vacío” (Pierrakos, 1986, p. 123). El ego dice: “Viviré sin amor”, “haré contacto con el mundo haciéndome atractivo”. El ideal del yo dice: “Quiero más logros y ser más atractivo, así nadie me rechazará”. Constantemente está activo: construye algo, soluciona problemas. No hay descanso, no hay relajación, no hay un dejarse llevar, todo ha de estar bajo control. La vida aquí es estar en el esfuerzo, la tensión y la consecución de algo. El individuo nunca está satisfecho, no se puede sentar y disfrutar de su trabajo, persisten en su mente ideas del tipo: “Tengo que hacer más”, “puede hacerse mejor”, “puedo y debo rendir más”. Quieren ser reconocidos, quieren ser el, la primera, quieren agradar al padre, al mundo. Y es que seguramente el padre nunca se mostró del todo satisfecho con ellos. La frase interna es: “No estoy bien tal y como soy”. Han sido rechazados y se rechazan internamente a sí mismos, a su niño interior. Su vida es un esfuerzo para ser ese alguien que no son, para ser amados (as). No aprendieron a amarse a sí mismos y no lo ven. Todos sus esfuerzos se encauzan a llenar las expectativas de los otros: “Yo sí puedo hacerlo”. El ego está identificado con las demandas y exigencias recibidas en la infancia y enajenado de su niño (a) interna, de su ser interno. Con la estrategia de dar más y más desde pequeños, han intentado demasiado pronto ser un pequeño, pequeña adulta y ser reconocidos como tales. Se exigen ser perfectos para compensar su derrota sentimental. La ilusión común es que son personas amorosas, cuyo amor no es apreciado (lo era cuando fueron pequeños). Tienden a no sentirse suficientemente reconocidos - principalmente por sí mismos-, aunque lo sean, sobre todo laboral y socialmente. Los subtipos fálico-narcisista y masculino-agresivo son más tenaces, y por lo tanto más productivos, lo cual les sirve como defensa para no abrir los sentimientos suaves. Quieren, pero no aman. Proveen, pero no entregan. Están, pero no hacen contacto profundo. La rigidez e inflexibilidad corporal y mental son defensas para no rendirse a sus sentimientos. Piensan, de forma distorsionada, que si lo hacen van a perder su estabilidad, su poder. Tienen control sobre todo lo que sucede. Pueden captar sensaciones, pero la cabeza controla todo. Siempre pretenden tener la razón y para ello ha desarrollado una gran habilidad para crear argumentos. Desarrollan

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una lógica que generalmente es una pared que se interpone en la relación con los otros. Les es difícil reconocer que alguien haga las cosas mejor que ellos. En estos casos, el ego se identifica con la razón y lo voluntarioso, una combinación que les permite ser estratégicos y actuar con asertividad, tanto en lo positivo como lo negativo, así que no actuarán impulsivamente en lo cotidiano, aunque pueden llegar a explotar, sobre todo ante los errores de los demás. Este ego duro puede rechazar lo sensible, como una polaridad negada que no saben manejar y en muchos momentos les asusta, cuando aparece en ellos o en otros. Las aguas de la emoción pueden fluir en su interior, pero su percepción está bloqueada. La mente, los pensamientos dominan sus movimientos, sus relaciones interpersonales y amorosas. Las parejas suelen quejarse de que todo está muy bien, pero que falta más pasión, más sentimiento, sentir más su corazón. El conflicto interno con ambos padres (principalmente con el padre), así como involucrarse en los conflictos que como pareja presentan estos, les impide separarse de ellos adecuadamente y avanzar hacia su propia individuación. En varios casos recrean estos conflictos, generalmente en sus relaciones amorosas y con la autoridad.

5.6.6 Voluntad El ego sirve a la expectativa de su imagen ideal y no a su ser interno. Su intencionalidad negativa es no confiar en el amor incondicional, su creencia es que el amor sólo puede darse si se controlan y controlan a los otros y a las circunstancias. Viven en un ambiente de acción muy tensa, perfeccionista, estresante para sí y los demás. Hacer, hacer, teniendo que ser mejor cada vez. El sentido de la vida para ellos está en los logros, el éxito, el reconocimiento. Necesitan abrir sus centros sensibles para conectar su corazón con su sexualidad y así experimentar la vida con más sentimientos, dejar fluir su dolor, su suavidad y su ternura. También para abrirse a recibir y sentir el amor de los otros hacia ellos para entonces trascender el miedo al rechazo y fluir en la intimidad.

5.6.7 Espiritualidad Suelen tener este aspecto muy presente en la cabeza, a través de la razón. Por lo regular, son personas bien intencionadas, que al llegar a ofrecer discursos de carácter espiritual no transmiten vibraciones amorosas, por lo que no llegan al corazón de los otros. En realidad, tienen fuertes dificultades iniciales para darse cuenta de que no están teniendo una experiencia sensible de la vivencia y del D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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amor. Cuando se dan cuenta de ello, suelen perseguir la conexión espiritual como si fuera un objetivo material, puramente físico, comercial o académico. El camino espiritual, en estos casos, consiste en desarmar la armadura, como nos muestra Fisher en su relato El caballero de la armadura oxidada. A partir de abrir sus emociones y sus lágrimas, necesitan descubrir que la verdad es sensible dentro de su ser, y que sólo a través de ella pueden experimentar el amor a sí mismos, a los otros, al mundo, la naturaleza y al universo que les rodean, en el presente mismo que viven.

5.6.8 Máscara Está formada por expresiones de orgullo y voluntarismo. La persona sufre de vacío, falta de significado, de inadecuación, la máscara niega todo esto y dice “Tengo todo”. “Soy mejor que otros, puedo concluir acertadamente todo lo que emprenda”. La actitud es de superioridad, protegiéndose de su vulnerabilidad. Su imagen idealizada es de perfección. En el carácter histérico, la persona enfatiza sus logros. Trata de presentar una apariencia atractiva, sexy, coqueta, de llamar la atención, impresionar a los hombres para que la admiren. Posee una sobre emotividad. En el carácter masculino-agresivo, la persona se muestra competitiva, como alguien que puede lograr lo que quiera, exitosa, dominante, que tiene el poder y la fuerza, capaz de confrontar a quien sea. Se expresa de manera agresiva y con confianza. En el carácter fálico-narcisista, el individuo se muestra con gran confianza en sí mismo, competitivo, rey, dominante, agresivo, seductor, conquistador, alardea su potencia sexual. Busca ser admirado por las mujeres. Su imagen es de ganador, determinado, “perfecto”. En el carácter pasivo-femenino, el individuo que se muestra como un niño bueno, que tiene excesiva cortesía, complaciente, elegante, obsequioso, suave, se disculpa constantemente, tímido, amistoso y humilde. Trabajador, cumplido, constante, responsable.

5.6.9 Ser Inferior Todos los subtipos suelen mostrar arrogancia, desprecio hacia los otros, descalificación: “tú no sabes”, “tú no entiendes”. Pueden ser muy crueles, actuar

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con frialdad, sin sentimientos. No muestran empatía hacia los sentimientos de los otros. Ocultan mucho odio y miedo en su interior. Hay en ellos gran cantidad de rabia por el rechazo y la traición. Pueden experimentar envidia por no sentir. Sexo sí, pero amor no. Amor sí, pero sexo no. Negación a la entrega, terror a la intimidad. Son personas hábiles para ver los errores de los otros, señalárselos y criticarlos hasta hacerlos sentir miserables. Están por encima de los demás. La expresión más oscura de su persona es mantener cerrado el corazón. La intención negativa desde su soberbia y voluntarismo es: “No me rendiré”. “No te amaré”.

5.6.10 Ser Superior Más allá del carácter rígido de la persona, su ser superior contiene aventura, pasión y amor. Su amor y su pasión por la vida pueden inspirar a los demás. Tienen todo para ser líderes naturales en cualquier actividad que elijan, siendo excelentes guías, líderes muy creativos que pueden apoyar a otros a realizar sus proyectos y su misión. Son eficientes, disciplinados, responsables, confiables, capaces de logros y habilidades ejecutivas excepcionales. Pueden ser empáticos, nobles, comprensivos, capaces de ser leales, de establecer profundos contactos con otras personas y con el universo, seres que disfruten plenamente la vida.

5.6.11 Core Su esencia divina es manifestar el amor y la sexualidad integrados, en una profunda entrega. Darse a sí mismos verdaderamente.

5.6.12 Tarea de vida Recuperar su sensibilidad y rendirse a su corazón. Conectar con el amor y con todos sus sentimientos. Unificar su corazón con su sexualidad. Encarar y transformar su miedo, su rabia, su crueldad. Trascender el miedo de ser rechazados y traicionados. Conectar profundamente con su esencia divina y confiar en que está bien como son y no necesitan ninguna forma especial para ser aceptados y amados. Comprometerse con su autenticidad, con la verdad de su ser real. Aceptar su imperfección. Compartir sus sentimientos y abrirse a recibir el apoyo, el afecto, el amor, fluir en la intimidad. Crear profundos contactos con otras personas. Manifestar sus dones con corazón, con amor. Contactar con su espiritualidad y las dimensiones sutiles de la energía amorosa dentro y fuera de sí mismos, y así descubrir con humildad que son uno con toda la humanidad.

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5.7 Core Energética y caracterología Como seres humanos somos mucho más de lo que nos hicieron creer, mucho más de lo que hemos creído, mucho más que cualquier carácter que hayamos desarrollado. De hecho, aunque hemos creado expresiones fijas, habituales, crónicas, también día a día estamos mostrando dinámicamente expresiones de nuestro verdadero ser. La guía caracterológica es semejante al mapa de un territorio, que como psicoterapeutas o acompañantes de un proceso de autoconocimiento, apenas empezaremos a conocer. Con los ojos y el corazón abierto, desde nuestro ser superior, hemos de mirar el ser superior de nuestro consultante, por muy mal que llegue; si no lo hiciéramos, seducidos en su enredada existencia, no podríamos acompañarle a ver las salidas, los caminos, sus enormes posibilidades de sanar y amarse. Será entonces importante establecer una relación terapéutica humana, basada en un encuentro de almas y corazones que persiguen el bien mutuo y humano. En cada expresión física, emocional, mental, espiritual del carácter, podemos leer la victimización, la intención negativa de perpetuar el sufrimiento, el ¡No! a la vida, la conciencia infantil inherente a estos patrones defensivos, los dones y el anhelo profundo del alma de esa persona. Y ese anhelo profundo es nuestra mejor guía, si sabemos percibirlo: deseos de sentir amor, confianza, estar en paz consigo mismos, con sus familias, con el mundo. Saber que está bien estar y que sí pueden con la vida tal como es. No hay caracteres puros. Atravesando las diferentes fases de nuestro desarrollo puede haber heridas, afectaciones, interrupciones en una o dos etapas más que en otras. Si las heridas fueron muy primarias, las siguientes etapas se verán afectadas. Una persona puede tener un carácter rígido con rasgos significativamente masoquistas, otra un carácter oral y rasgos esquizoides, u otra carácter psicopático y rasgos de temperamento oral y esquizoide. Se trata de ver las heridas, el desarrollo detenido, el movimiento que fue interrumpido, la carencia real a atender, las fortalezas que hay que crear en el aquí y ahora, en el contexto, las circunstancias y las relaciones que tiene en el presente, que son las que desencadenan la crisis, que son la vía para resolver esos asuntos pendientes de su existencia. La guía caracterológica que revela el pasado inconcluso del individuo se trabaja siempre en el presente y con la presencia del consultante. El proceso de Core Energética ha de realizarse analítica e intensamente, a nivel corporal y energético, de manera diferente, según cada estructura de carácter.

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De este modo, podemos ver que para una persona con carácter esquizoide el trabajo analítico y corpo-energético será gradual, mientras va aceptando sus sensaciones, sus emociones, configurando su yo, integrándose, uniendo su cuerpo, a su mente y su espíritu, mientras que para el carácter oral será esencial aterrizarlo en la realidad, con respiración y mucho trabajo corporal suave y fuerte, pero sin llevarlo al colapso, con la finalidad de arraigarlo y empoderarlo para que asuma aprender a cuidarse, madurar y crecer. Por otra parte, para la persona con carácter masoquista es preciso cuidar no activar su resistencia, pues con mucho trabajo corporal y emocional se le apoya a explotar, expresar, liberarse. Para el carácter psicopático se trabaja corporal y energéticamente con la parte inferior de su cuerpo, para arraigarlo y fortalecerlo, de manera que logre desinflar la parte superior y poco a poco gane confianza para rendirse a sus sentimientos suaves. Con la persona de carácter rígido, si bien hay que moverlo mucho, también se trabaja de forma suave, con la finalidad de “romperle el esquema” amorosamente y apoyarlo a centrarse en sus vibraciones sensibles cuando surjan, pues hay que sacarlo de la dureza y el control mental. El objetivo primordial de este trabajo es que cada consultante reconozca que en el presente posee capacidades y poderes internos para vivir y resolver su existencia de manera más creativa, espontánea, libre, auténtica, consciente, responsable; que puede realmente parar el sufrimiento y ser más feliz.

Conclusiones Las variadas circunstancias adversas presentes en nuestro desarrollo primario nos crearon dolor. Ante la dificultad infantil de enfrentar e integrar esas experiencias, configuramos defensas a nivel psicológico, somático y espiritual, para evitar el dolor y pretendidamente evitar volver a ser heridos, sin embargo, esta pseudo-solución defensiva caracterológica resulta contradictoria, porque a través de ella recreamos las heridas, permanecemos fijos en una conciencia inmadura y vivimos en el pasado. Esta situación nos impide, además, ver la realidad y nuestras relaciones tal como son, nos impide vivir en el presente, de forma consciente y con responsabilidad de nuestros actos, de nuestra vida. La Core Energética es un proceso psicoterapéutico que trabaja con la totalidad de la persona, para contribuir a la transformación del sentimiento de victimización implícita o explicita presente en cada carácter, para la liberación a todos los niveles de la personalidad, de la negatividad reprimida, y transformarlas en energía vital, abriendo el espacio para la sanación de las heridas, trascender el

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dolor, el sufrimiento y conectar con sentimientos amorosos profundos que sanen el alma y el cuerpo.

Resumen La caracterología se refiere a los patrones conductuales repetitivos que sirven de guía para hacer la intervención psicoterapéutica corporal, y que corresponden a la estructura esquizoide, oral, masoquista, psicopática y rígida. Los patrones defensivos permiten reconocer el carácter de la persona y la coraza muscular que ha creado como medio de sobrevivencia. El carácter es una estructura organizada por la persona, quien en su infancia intentó con ella protegerse del dolor, y terminó conformando para sí misma un patrón defensivo psicológico que ha venido empleando cotidianamente a lo largo de su vida. El carácter, según Reich, representa el modo de ser de un individuo. A través de él se expresa todo su pasado, por ello, el teórico afirma que cada rasgo caracterial lleva años de construcción. Estos rasgos, se conforman como un mecanismo de protección psíquica y una barrera protectora del yo contra el mundo y contra los impulsos inconscientes; en gran medida, el carácter se ha desarrollado a expensas de la felicidad de la persona. Para John C. Pierrakos, el carácter es la expresión unitaria del funcionamiento del individuo, tanto a nivel psicológico como somático; también señala cuál es la tarea de vida y la misión de la persona de acuerdo a la configuración de su carácter. La estructura del carácter resulta ser una pseudosolución, pues debido a esta constantemente recreamos las heridas de la infancia, perpetuamos la conciencia infantil, el pasado y nos impedimos vivir en el aquí y ahora, en la realidad y en nuestras relaciones tal como son. Core Energética, como proceso psicoterapéutico, contribuye con la totalidad de la persona, trabajando con sus lados oscuros, ayudándole a transformar su victimez, su negatividad reprimida y a pulir sus lados luminosos, para sacar a flote sus virtudes y reconectarlo con la energía vital.

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Cuestionario 1. Explica qué es el carácter y cómo se forma (con base en los autores mencionados al inicio de este capítulo). 2. Menciona cuáles son las cinco necesidades inherentes al desarrollo del ser humano y los cinco derechos de la persona. Relaciónalos con sus caracteres respectivos. 4. Explica cada estructura de carácter en los diferentes niveles en que fueron expuestos. 5. Redacta tus reflexiones personales acerca de lo que es el carácter y de cada estructura de carácter.

Ejercicios reflexivos Revisa, tomando en cuenta la relación con tus padres, si no te sentiste bienvenido, que pertenecías a las familia, si no te sentiste nutrido o abandonado por ellos, si confiaste y sentiste que te traicionaron o te sentiste humillado, aplastado, controlado, o no te sentiste aceptado tal como eras, o si te violentaron y lastimaron amorosa y/o sexualmente. Lee cuidadosamente cada estructura de carácter y ve señalando aquello que pueda relacionarse con tu manera de ser y tu historia infantil. Mírate al espejo desnudo e intenta reconocer en ti los rasgos de algunos de esos caracteres. Analiza: ¿Cuál es el rasgo de carácter que más te representa? ¿Que guía recibes para tu proceso personal? ¿Qué necesitas sanar y qué necesitas liberar?

Dinámicas corpo-energéticas 1. Se pide al grupo que se reúna en pares y que escojan su turno de trabajo. Uno será A y el otro B. A continuación se describen las diferentes opciones para trabajar: a) A empezará a colocar sus manos por las diferentes partes del cuerpo de B, mientras B en voz alta expresa: “no estoy”, “no siento”, “no existo”. Después de 15 minutos, deberán invertir el turno para que ahora sea A quien exprese. Se da tiempo para que ambos expresen su “darse cuenta” de la experiencia.

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b) A se aferrará a una de las piernas de B, mientras le pide que no lo abandone, que no lo deje, que no puede sin él/ella. B Intentará dejar a A inventando pretextos. c) A y B se mirarán a los ojos. A intentará convencer a B de “algo” utilizando todas sus habilidades y destrezas, mencionará todo lo que puede ofrecerle, intentará seducirlo por todos los medios para conseguir lo que A quiere. B se resistirá al principio y accederá cuando así lo considere. d) Con A en cuclillas y B de pie frente a A, B empezará a dar órdenes a A de todo lo que “debe hacer”. B debe emplear un estilo autoritario, estricto y rígido, impidiendo la espontaneidad o la rebeldía de A. A intentará rebelarse. e) Con A mirando a B, B da la espalda a A. A le dice: “mírame, mírame, mírame”, pero B intenta dar la espalda siempre. Se permite la interacción de la pareja por 10 minutos y luego se solicita que cambien de turno. f) A y B permanecen frente a frente. A va a arraigar golpeando al piso, mientras expresa abiertamente a B que no lo amará, que nunca entregará su corazón y que seguirá siendo autosuficiente. En cada una de las opciones sugeridas, se recomienda auxiliar a los alumnos para que identifiquen con qué persona o cuál situación de su vida se relaciona la experiencia vivida con el compañero(a). Es importante la reflexión de los sentimientos experimentados y las acciones realizadas durante la interacción. 2. Se realizarán lecturas corporales para identificar el carácter (guiados por el maestro). 3. Se trabajará profundamente en parejas ejercicios de respiración, arraigo, movimiento, con la intención de identificar el carácter, ablandar la coraza y conectar con emociones, para reconocer que hay un espacio sensible y profundo en el interior.

Sugerencias para el facilitador Se le recomienda dirigir los trabajos psicocorporales con mucho cuidado y poner énfasis en observar que la persona pueda ver más allá de las limitaciones de su carácter, que pueda sentir compasión por sí misma y comprensión para su sistema defensivo. El facilitador deberá hallar el sí en el no de la defensa y trabajar para la unificación e integración de la persona. Se recomienda una actitud sensible.a acompañar a los alumnos cuando toquen el dolor, ubicado atrás de la defensa. D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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Bibliografía Brennan, B. A. (1993). Manos que curan. México: Roca. Fisher, R. (2006). El caballero de la armadura oxidada. México: Obelisco. Jhonson, S. (1994). Character Styles. U.S.A.: Norton New York. Lowen, A. (1985). El lenguaje del cuerpo. España: Herder. Lowen, A. (1987). Bioenergética. México: Diana. Lowen, A. (1993) La espiritualidad del cuerpo. España: Paidós. Molina, M. (2007). Sí a la vida tal como es. México: ACD Pierrakos, J. (1990). Core Energetics. U.S.A . Life Rhythm Publication. Pierrakos, J. (1994). Comunicación personal. Entrenamiento de Core Energética. México. Reich, W. (1987). Análisis del carácter. México: Paidós.

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6. La intervención corporal en Core Energética Introducción En Core Energética, como en toda psicoterapia corporal, la mirada al cuerpo y al movimiento corpóreo es esencial para emprender el proceso de transformación de la persona. A través de la lectura corporal podemos conocer su historia cristalizada, lo que recibió, sus carencias, su actitud ante la vida, sus dones y los recursos que ha desarrollado. Podemos ver cómo usa su energía, podemos ver quién es. La propuesta psicocorporal y energética sostiene como tesis que el movimiento genera energía y que la energía genera vida. Los ejercicios, posturas, la intervención de mano en cuerpo y respiración, tienen como afán liberarnos de las ataduras de los bloqueos físicos, fijaciones mentales y de nuestros complejos emocionales, para lograr ampliar nuestra conciencia y asumir que somos cuerpo-mente-espíritu, con un enorme potencial interior para enfrentar la vicisitudes de la vida, con una gran fuerza y sensibilidad para decir sí a la vida con todo nuestro ser, apreciando que estamos vivos y de paso por el mundo. La invitación es a estar despiertos en cuerpo y alma, profundamente conectados a la fuente de nuestro core y ubicados en el principio de realidad en cada circunstancia que nos rodea. En este capítulo se exponen algunos recursos de la lectura corporal y del trabajo corporal y energético, que son de gran apoyo en la terapia individual y una potencia impresionante dentro de los grupos de enseñanza y/o procesos terapéuticos.

Objetivo general Dar a conocer los recursos básicos corporales y energéticos que se utilizan en el contexto psicoterapéutico de la Core Energética.

Objetivos específicos Que el estudiante: 6.1 Conozca y experimente algunas de la técnicas psicocorporales de la Core Energética, valorando con ello su potencial de sensibilización, depuración, liberación y sanación. 6.2 Aprenda a usar las técnicas de Core Energética a través del modelaje que realice el maestro-facilitador de la materia.

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6.3 Practique en parejas y/o subgrupos los ejercicios y la lectura corporal, que le permitan desarrollar algunas habilidades para su trabajo como psicoterapeuta.

Mapa conceptual

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6.1 Lectura corporal Alexander Lowen (1983) asegura: “Soy mi cuerpo y mi cuerpo soy yo”. Esto indica que no existe una sola experiencia que hayamos vivido que nuestro cuerpo no tenga registrada, impresa. El cuerpo manifiesta en cada curva, en la forma, en cada músculo, herencias generacionales, nuestra historia con sus carencias, heridas, pseudo-soluciones, bloqueos, recursos, talentos y capacidades. Evidencia cómo enfrentamos las circunstancias de la vida pasada y presente. Su aspecto físico, su forma y expresión revelan lo que está en nuestra mente y la manera en que manejamos nuestras emociones, las decisiones que hemos tomado, cómo usamos nuestra energía y cómo vivimos nuestra espiritualidad. Nuestro cuerpo revela lo consciente y lo inconsciente. La lectura corporal se define como la capacidad de leer en el cuerpo físico la historia del individuo y la manera en que este maneja su energía en el presente. Es a través de lo no verbal del cuerpo que el terapeuta realiza un diagnóstico físico y psicológico de la persona. La lectura corporal es profundamente reveladora, puede ayudar al consultante a descubrir aspectos de sí mismo que han estado fuera de su conciencia: de carencias, de apoyos que recibió, de recursos que ha desarrollado, por lo que puede ser muy confrontante para “el cuento que se ha contado”, sobre todo cuando es de victimización. Resulta una experiencia muy sensible y delicada, por lo que será necesario ofrecer un contexto de seguridad, calidez, contención, aceptación y empatía, así como también establecer una relación terapéutica de confianza, que nos ayude a ser suficientemente receptivos a lo que nos dice el cuerpo de la persona en sesión, y así ayudarle de manera eficaz a recibir la retroalimentación a partir de la lectura corporal. Ahora bien, al ir haciendo la lectura, hay que observar el impacto que produce en la persona lo que vamos diciendo, así como cuidar y no rebasar los límites de su fuerza yoica, para ayudarle a integrar adecuadamente los sentimientos y comprensiones que va teniendo. Recordemos que desde el inicio de nuestra vida hemos tomado decisiones (soluciones que en la etapa primaria fueron muy sensoriales y corporales, y a las que en las siguientes etapas se sumó lo cognitivo) a partir de las circunstancias que hemos enfrentado, y que estas se ven reflejadas en el cuerpo: encorvado, doblegado para evitar más agresión frontal; una espalda y un cuerpo sobredesarrollados para aguantar las cargas emocionales de otros y detener las propias; unos ojos asustados y hechizados por una experiencia aterradora, pueden ser ejemplos relevantes. Del mismo modo, los principales factores que influyen en la configuración psicocomática del cuerpo son: la herencia, la actividad física, la nutrición, el ámbito

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social, la dinámica familiar, el carácter de los padres, las experiencias o eventos de vida, las conclusiones y las creencias que tenemos. El estudio de las estructuras caracterológicas nos aclara en mucho acerca del por qué de las decisiones, soluciones o pseudo-soluciones que hemos ido tomando. Para el propósito de esta materia, el capítulo cinco, que aborda las estructuras caracterológicas, es la guía para realizar y practicar lecturas corporales. Para realizar una lectura corporal es importante considerar detalladamente los siguientes puntos: 1. Hacer una impresión general del cuerpo físico: estrecho, contraído, sobrecargado, armonioso, etc. 2. Considerar las asimetrías corporales: izquierdo-derecho, cabeza-cuerpo, arribaabajo, etc. 3. Detectar zonas de bloqueo muscular, debilidad y subdesarrollo físico y áreas de fortaleza física. 4. Describir el patrón de movimiento: espontáneo, mecánico, desarticulado, etc. 5. Conocer el patrón general de respiración. 6. Detectar el patrón de arraigo. 7. Considerar el patrón de energía. 8. Proponer posturas (pueden ser de stress) y ver cómo responde el consultante. 9. Observar la actitud general y emocional de este durante la lectura. 10. Hacer partícipe del proceso a la persona que consulta; revisar con ella lo que retroalimentamos. Es necesario tomar en cuenta que al realizar la lectura estamos acompañando a un ser humano sensiblemente, dándole contención. La mejor manera es ir haciendo la historia de esa persona. En Core Energética es nuclear leer las fuerzas de la personalidad, del ser superior, lo que necesita el alma y la tarea de vida que cada individuo trae a este mundo.

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6.2 Movimiento Movimiento es energía, energía es movimiento, movimiento-energía es vida. La conciencia da dirección a esta energía de vida. Energía y conciencia alineadas son vida con sentido, son sentidos de vida. Por lo tanto, el proceso de la Core Energética es de gran movimiento corporal. Si hemos acorazado, bloqueado nuestro cuerpo (que es quedarnos fijados mentalmente en el pasado) a través de rigidizar el movimiento, necesitamos movernos, liberar el cuerpo y el alma, realizar nuevas conexiones neuronales, bioquímicas, recuperar conciencia corporal, funciones, recuperar la salud emocional, la creatividad para movernos y desplazarnos mental y físicamente por el mundo, conectar con nuestro yo interno, abrirnos al misterio interior, al desconocido potencial interior para tener una mejor actitud ante la vida, más abiertos al derecho natural de ser felices. Ejercicios de respiración con movimiento, sacudir el cuerpo, saltar, correr, girar, mover las extremidades sin coordinación o coordinadamente, abriendo y cerrando el cuerpo, de pie o acostados, jugando como niños, estirando el cuerpo, caminando hacia atrás, hacia adelante, a los lados, abriendo la voz, gritando, cantando, haciendo ruidos, tocando a otros, dejándonos tocar, bailando, danzando, etc. En todo caso, es cuestión de creatividad con conocimiento del cuerpo, del impacto del movimiento, de la intención de movimiento, para obtener conciencia corporal, energetizar, sensibilizar, mover la máscara, liberar tensiones, hacer conciencia, estimular y expresar el ser inferior o para sensibilizar o dar el espacio para la conexión con el ser superior, para abrir nuestro corazón y reconocer los nobles sentimientos que hay en nosotros. Para lograr este movimiento podemos apoyarnos en los recursos creados por disciplinas de ejercicios físicos, artes marciales, gimnasia, disciplinas orientales, danza, movimientos tribales, movimiento auténtico, juegos de niños y adultos, etc., los cuales se realizan a partir de un patrón establecido o de la improvisación basada en la situación, el grupo o la persona. Es importante no olvidar la intención: recuperar la vida del cuerpo, expandir la conciencia, lograr la conexión interna para abrir el camino que permita expresar el alma aquí y ahora. Los ejercicios se realizan de manera individual, en pareja, en grupos, según sea la intención, las

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emociones que necesitan expresarse, por lo que es necesario indicar los movimientos isomórficos convenientes. Cuando estos ejercicios logran atravesar las resistencias individuales o grupales puede haber una gran liberación emocional. Por supuesto que la liberación más profunda es la que se da cuando se detienen después de haber movilizado intensamente el cuerpo, entonces no hay que indicar nada, sólo permitir, acompañar, contener (dando maternaje o sólo con presencia y el silencio sagrado, que honra el momento de reconciliación y conexión de la persona con ella misma) y confiar en el poder de sanación de la persona. Uno está allí como testigoacompañante, en sintonía y asombro del regreso del alma a su propio corazón. Hay que conocer de caracterología, pero es más importante estar allí, presente, consciente, arraigado, para saber cuál o cuáles son los movimientos que proceden en ese momento o hasta dónde realizarlos. No se trata de mover los cuerpos como si fueran cosas, sino de invitar a seres humanos a centrarse en ellos, a recuperar el amor por su persona. Para energetizar, sensibilizar, invitar al movimiento y recordar que somos cuerpo, se sugiere movimientos o técnicas libres. Para centrar más en la conciencia de bloqueos e ir abriendo segmentos se recomienda hacer el trabajo corporal de abajo hacia arriba o de arriba hacia abajo.

6.3 Respiración Respirar fue el primer acto individual y autosuficiente que realizamos al nacer; entonces hicimos funcionar nuestros pulmones y expresamos un ¡Sí a la vida! ¡Sí a vivir! El oxígeno entró, la sangre fluyó, la vida en nuestra pequeña individualidad continuó, todo siguió funcionando, seguimos pulsando en la densa energía de nuestro cuerpo respirando, dando alimento de vida, dando sensibilidad a nuestra existencia a través de sensaciones, sentimientos, emociones, respuestas vegetativas, color de vida. Lo primero que hicimos sabiamente cuando fuimos

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pequeños, buscando defendernos del dolor y del miedo, fue contraer nuestra respiración y nuestro diafragma, y esto fue separándonos momentáneamente de la totalidad de la experiencia interna circunscrita a la circunstancia hostil que pudimos vivir. Al quedarnos fijos en esa acción perpetuamos la defensa – escondido el dolor y el miedo pasados-. De este modo, la respiración contraída y la falta de confianza en la vida interna y externa se volvieron crónicas. Se trata de no sentir, así, podemos inhalar y exhalar poquito, inhalar poco, exhalar más, exhalar poquito; pueden ser respiraciones clasificadas como paradójicas, atáxicas o temblorosas, todas ellas al servicio de nuestra neurosis: no tomar suficiente de la vida, no respirar bien para no sentir, vivir insatisfechos, no percibir las necesidades reales ni dónde se halla la satisfacción, no percibir que estamos perdidos tratando de satisfacer necesidades de nuestra imagen idealizada. La forma en que respira una persona evidencia su estado emocional. El cuerpo físico refleja los hoyos de la contracción diafragmática. La función de los tres primeros chakras se ve afectada. Si seguimos respirando, seguimos vivos y la calidad de vida puede mejorar si mejoramos nuestra respiración, desde nuestro sistema inmunológico y la capacidad de disfrutar, hasta la posibilidad de entablar una conexión espiritual con nosotros mismos y con el todo. Durante el proceso de terapia individual o grupal es esencial tomar conciencia de cómo estamos respirando y el efecto que ello tiene en nosotros; el siguiente paso puede ser promover ejercicios de respiración, generalmente suaves, respiraciones más profundas, posturas y movimientos en diferentes segmentos (adecuados al bloqueo de la persona) para abrir la respiración, para tomar más de la vida, para expresar la vida interna, para cargarnos de energía, para cultivar la vida en el interior, para nutrir el core y dar energía al ritmo pulsatorio del universo en nosotros: recibiendo-dando-integrando, realizando las fases de la respiración adecuada. Cuando inhalamos nos llenamos, contenemos, nos preparamos para la acción y creamos la fuerza para expresar nuestras emociones. Al exhalar, nos vaciamos, soltamos, nos rendimos, expresamos y vivimos el placer de la descarga. Tenemos dos centros importantes a llenar y vaciar: uno es el torácico, que tiene que ver con nuestros afectos, sentimientos y emociones, es el centro del amor. El otro centro, es el abdominal, como centro energético de emociones, de fuerza y de poder. Cuando el diafragma se tensa, la conexión entre ambos se interrumpe y con ello la fluidez emocional; de este modo, puede quedar bloqueado el centro del amor o el centro del poder. En esa escisión tenemos amor sin poder o poder sin amor (Boadella, 1993).

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Es inevitable que al abrir la respiración también se abran las emociones que han estado reprimidas, pues la respiración permite que emerjan las defensas y que cedan las resistencias. Se abre el camino a lo que se ha ocultado en el interior. Cuando estas emociones fluyen, dan paso a las expresiones espontáneas del ser, a los sentimientos reales que están en sintonía con el momento presente; se está sanando el pasado encarnado, se está despertando a la experiencia del aquí y ahora. El trabajo con la respiración permite que la persona se arraigue en su cuerpo, le ayuda a cargar más energía, y al mismo tiempo, a soltar, a rendirse y a dar. El renacimiento (Domínguez, 1996) y la respiración holotrópica (Grof, 1994) son poderosas herramientas que se han descubierto a partir del proceso de respiración a nivel de limpieza profunda. Esta, en combinación con la voz, es valiosísima para liberar expresiones de enojo, de llanto, el grito y la carcajada atrapadas, los sonidos del placer, el ¡No! afirmativo o el ¡Sí! a la vida.

6.4 La respiración de staccato Es la preferida por Pierrakos y de las más usadas en nuestro trabajo. Se puede practicar permaneciendo acostado (como siempre lo hacía el maestro) o de pie (Molina, 2007). Acostado, con las rodillas flexionadas y los pies bien apoyados en el suelo, se respira libremente. Después, hacer inhalaciones más profundas como preparación, luego inhalar en 4 ó 5 tiempos, arqueando la cintura, con la pelvis y los hombros pegados al suelo, sosteniendo la respiración; y luego se exhala bajando la cintura-espalda, despegando y girando la pelvis hacia arriba, al mismo tiempo que se saca la voz y se descansa. Luego se vuelve a empezar una y otra vez. Una de sus variantes es que en una de las exhalaciones se golpea un rato con los pies en el suelo; en un momento con las manos, y en otro con los pies y las manos, explorando; hacerlo cada vez más fuerte. Finalmente se descansa y se permite que fluyan los sentimientos. Existen diferentes ejercicios de respiración que pueden ir acompañados de movimientos de elasticidad, de fuerza o de expresión; en los de fuerza, sobre todo, se exhala por la boca y se acompañan con el sonido “¡Aaaah!” u “¡Ooooh!”.

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Los ejercicios se realizan con movimientos femeninos y masculinos, suaves, vigorosos o intensos. Algunos van de afuera hacia adentro y otros van de adentro hacia afuera; estos tienden a ser más lentos y centrados en sí mismos; van conectándose con el movimiento involuntario y la expresión emocional espontánea. En algunos ejercicios se promueve trabajar con ciertas emociones, enfocándonos en los segmentos correspondientes, con sonidos y a veces frases que nos ayuden a conectar con la experiencia de determinada emoción; particularmente con la hostilidad y la rabia.

6.5 Arraigo Trabajar con el arraigo es esencial en la psicoterapia corporal, sin ello es como arrancar en el proceso de transformación sin bases, sin cimientos, sin crear la conexión de la persona con su propia fuerza. El arraigo permite confiar en que se puede con la experiencia del propio ser. Implica, junto con la respiración, comenzar a tomar conciencia de que somos un cuerpo físico, que somos espíritu materializado. Al conectar con nuestra materia podemos conectar con nuestra esencia espiritual. Es a través del arraigo, de sentir y ser nuestro cuerpo, que nos podremos dar cuenta de que en la vida hay experiencias dolorosas y placenteras, agradables y desagradables, de gran estrés y profunda relajación, etc. Nos abre a la conciencia del principio de realidad, al que tanto nos resistimos, pues tendemos a desear sólo obtener placer inmediato. Si bien es necesario desarrollar el arraigo en posición supina, tal y como se practica en Vegetoterapia (Navarro, 1993), en Core Energética enfatizamos, como en Bioenergética (Lowen, 1983), el arraigo de pie. La vertical del arraigo implica estar en el presente, en el momento inmediato, entre el cielo y la tierra; es la posición que permite la integración del pasado y la visualización del futuro; implica la respuesta natural al instante que ocurre, en el Aquí y Ahora, en contacto con el mundo interno y el mundo externo. El arraigo permite el desarrollo de un ego sano, que funciona en las fronteras del contacto, que facilita el encuentro de lo interno con lo externo, que en una experiencia más profunda reconoce que pertenecemos a una red energética, que somos uno con todo: El arraigo es encontrarse sobre este planeta en un intercambio energético con él, pararse y moverse en constante conexión con la tierra y con lo que nos rodea, tener tierra debajo de nuestros pies y sentir que pertenecemos a ella, a este mundo, estar “con los pies en la tierra” “bien parado en la tierra”K el arraigo

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espiritual significa estar completo, conseguir totalidad, tener el valor de confrontarnos a nosotros mismos, confiar en nuestro ser interno, ser capaces de mostrarnos a nosotros mismos, alcanzar la parte divina que está dentro de nosotros (Kretzschmar, 2001) .

Sin un trabajo importante con el arraigo, no confrontaríamos a la máscara ni le daríamos espacio a la expresión, liberación y transformación del ser inferior. El arraigo ofrece la fuerza del “yo” para sostener corrientes de sentimientos y emociones profundas y nos posibilita para enfrentar los conflictos que se nos presenten. Pierrakos expresa: “Tomen fuerza de sus emociones”, y para ello tenemos que arraigarnos a nuestro propio cuerpo, aceptando, viviendo, siendo nuestro cuerpo, fluyendo con lo que surge de él, con lo que surge de nosotros. Arraigarnos a nuestra capacidad de pensar, de llegar a conclusiones importantes sobre quiénes somos, cómo hemos vivido y qué pensamientos queremos cultivar. Arraigarnos a nuestra voluntad interior, a lograr un equilibrio entre la voluntad del corazón y la voluntad del ego. Se trata de enraizarnos a nuestro origen espiritual, a nuestro origen terrenal, que son nuestros padres. Trabajar para dejar de pelearnos con sus imperfecciones, aceptarlos como son, para soltarlos y pararnos en nuestros propios pies, arraigarnos a la familia que pertenecemos, a nuestra comunidad, a nuestra cultura, a nuestra historia, a sabernos parte de la raza humana, lo cual significa que, más allá del arraigo individual, está el arraigo social, con la naturaleza y del ser uno con todos y con todo. El arraigo abre la conciencia para reconocer que tenemos recursos para pararnos en nuestros propios pies y avanzar con ellos hacia el mundo, que podemos ser responsables de nosotros mismos, de hacer con la energía-vida algo bueno para nosotros y para los demás; despierta la conciencia de que somos energía y podemos estar conscientes de nosotros mismos y de nuestra existencia. Asimismo, podemos utilizar todos los ejercicios de bioenergética a través de posturas, caminatas, correr, golpear. Con ellos se estimula la circulación, la sensación, la vibración en toda la parte baja del cuerpo, lo que, inevitablemente, impactará al resto del cuerpo y nos permitirá experimentarnos de una pieza (Lowen, 2000). Lograr más arraigo es fortalecer nuestro “yo” para:

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1. Movilizar la energía y recuperar la conciencia del poder personal en el cuerpo. 2. Confrontar e ir diluyendo la máscara. 3. Permitir el reconocimiento de nuestro ser inferior, de nuestras intenciones autodestructivas y destructivas, darle movimiento y expresión para su transformación. 4. Tolerar y permitir la liberación del dolor real, original negado, reprimido, para su sanación. 5. Permitir la conexión y el reconocimiento de nuestros sentimientos positivos, de nuestro ser superior. 6. Tener la experiencia de nuestro ser real; la conciencia de nuestra oscuridad y nuestra luz.

La posición de arraigo es de pie, con las rodillas flexionadas, alineados los talones, pelvis, hombros y cabeza, los brazos a los lados, mirando al frente y con los ojos abiertos. El arraigo en movimiento implica que se avanza con las rodillas ligeramente flexionadas, con suave cadencia de la pelvis y los brazos con movimiento gracioso, desde los hombros y el tronco, con ojos abiertos. Como ejercicio, podemos trabajar con nuestros arraigo comenzando por sentir los pies sobre la tierra; imaginar que somos un árbol y salen de nuestros pies raíces que entran a la tierra, que firmes en ella nos elevamos, crecemos, nos salen ramas, la copa de nuestro árbol se expande, se eleva al cielo, luego damos flores y frutos. Es importante registrar la experiencia en nuestro cuerpo. También podemos bajar y subir con el ritmo de la respiración, con la atención en nuestros pies y piernas. Podemos caminar por el espacio en puntas, en talones, con la parte externa del pie, con la parte interna del pie, con la consiguiente flexión de las rodillas. De igual manera, podemos caminar con las rodillas flexionadas con pasos largos, lo cual estimula el pie, la pantorrilla, los muslos y la pelvis. Se puede caminar golpeando con los pies, expresando sonidos o ruidos. Una de las mejores formas para estimular el arraigo (que lleva a la expresión de fuertes emociones) es trabajar con música de tambores, tal cual lo han practicado desde épocas muy antiguas los grupos tribales, que arraigándose a la tierra conectaron con lo espiritual. Los tambores llevan a esa conexión necesaria con la tierra en nuestro cuerpo, y permiten cargar más energía, al

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fortalecer las piernas para erguirse en una posición digna ante la vida o para rendirse a la tierra, al mundo interior. Ya sea en terapia individual o grupal, primero se invita a asentar los pies sobre la tierra (pueden crearse visualizaciones que ayuden a ello); luego se invita a ir golpeando suavemente y de muchas maneras con los pies, hasta que se golpee con más fuerza, al tiempo que se abre la expresión de la voz, de la queja por el malestar que provoca la resistencia a soltar las tensiones, palabras, emociones, sentimientos. En la medida que se sienta más arraigo (obviamente de la parte inferior) se invita a dar más movimiento a la parte superior del cuerpo (tronco, brazos, cuello, cara, cabeza). Detenerse permitirá enfocar la percepción de las sensaciones, drenar emociones y los líquidos del cuerpo físico, así como sentir la vibración de la fuerza pulsatoria de la vida y el coraje para vivir. De acuerdo al tipo de carácter que se ha desarrollado será la facilidad o dificultad para experimentar el arraigo, por lo tanto, como todo en la vida, este proceso lleva tiempo. Si tomamos conciencia de cuándo estamos arraigados y cuándo no, así como de la experiencia iluminadora que representa, seremos capaces de estar más dispuestos y ser más disciplinados en trabajar para ello, al mismo tiempo que podremos acceder al derecho de estar bien parados en la tierra.

6.6 Rodillo El rodillo es un cilindro de aproximadamente 24 pulgadas de diámetro. Se considera una de las herramientas más importantes en Core Energética (Molina, 2007). Es utilizado para trabajar con todos los segmentos del cuerpo, de pies a cabeza, siempre coordinando con la respiración. La persona se sienta en el rodillo y puede comenzar rodando suavemente la pelvis hacia atrás y hacia adelante; aún cuando no se está atento a la respiración, esta se modifica. Se continúa deslizando el cuerpo sobre el rodillo, apoyando los pies, con las rodillas en escuadra y las manos sosteniendo la cabeza y luego deslizando el rodillo de la pelvis a la parte superior de la espalda, inhalando y exhalando en el ir y venir, estirando y recogiendo las rodillas. Este movimiento no sólo va abriendo y extendiendo los músculos, sino que ayuda a abrir y alinear los chakras, y a hacernos receptivos a la energía del universo.

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Hay muchas variantes del trabajo con el rodillo. Este ayuda a arraigarnos, a liberar bloqueos, a abrir la respiración y los chakras. Para cada defensa caracterológica existen ejercicios específicos. Cuando se ha trabajado cuidadosa y efectivamente con él, es posible ver cómo se expande el campo de energía de la persona, en congruencia con su viveza y presencia corporal. Es hermoso ver cuando la persona fluye sin obstáculos, cuando dice sí a la vida sin pretensiones. El proceso energético siempre comienza con cargar energía, poder contener la carga y posteriormente darle una salida asertiva a través de la descarga, que permita la liberación con una sensación natural de goce. En esto siempre confluyen el placer de la carga de energía y el de la descarga, que deja un espacio para la integración de la experiencia y luego el vacío para volver a la tensión-carga-descarga-relajación. Cuando se realizan ejercicios intensos que movilizan las energías del interior, es común para la descarga ponerse de pie, flexionando la cintura, con los brazos y la cabeza colgando, las rodillas ligeramente flexionadas, inhalando por la nariz y exhalando por la boca, o acostarse con las piernas y brazos un poco abiertos y la mandíbula relajada, entreabierta (para exhalar). Otra posición es permanecer acostado, con las piernas y brazos hacia arriba, con los codos y rodillas ligeramente flexionados y la planta del pie en dirección al techo, exhalando por la boca con la mandíbula relajada. A partir del intenso movimiento corporal y energético que representan estas posturas de descarga, generalmente surge la expresión de sentimientos, llanto y vibraciones, que pueden atravesar todo el cuerpo, acompañados de una sensación de placer. Cuando los bloqueos son muy severos y crónicos será clara la batalla entre el impulso que quiere emerger y la defensa que dice ¡No! Se trata de una guerra de músculos, ya que hay unos que pugnan por dejar salir y otros que luchan por frenar el impulso, apoyados por la mente que no quiere ceder. En esos casos hay un dolor inevitable, que implica atravesar o transformar la defensa y la resistencia, hasta lograr un probable sí a las corrientes de vida que hay en el interior. Uno puede observar en estas posiciones (que no deberían causar gran esfuerzo), los gestos de la batalla interna, la rabia, el miedo, el dolor, la fuerza, el placer, la batalla del no y el sí a la vida, que es lo que cotidianamente experimentamos. No se tiene que llegar al sí. Al relajar la posición, puede que D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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surjan más sentimientos y alcanzar cierta relajación, soltarse más a la tierra, en cómo estamos fluyendo en ese instante. No hay análisis, hay experiencia de la vida en curso, sólo estar como se está. Hay que ser sensibles, creativos, para dar espacio a la descarga y el espacio a la integración.

6.7 Masaje Como tempranamente lo señaló Reich (1987), hoy sabemos que al presionar algunos segmentos del cuerpo con severa tensión emergen sentimientos y emociones reprimidas. En Core Energética la terapia consiste en dar masaje a todo el cuerpo, de pies a cabeza, de la cabeza a los pies o a algunos segmentos del cuerpo. Es común masajear los pómulos, a los lados de la mandíbula, a los lados y atrás del cuello, los hombros, la parte superior de la espalda, entre los omóplatos, el área diafragmática, a los lados del abdomen, el vientre, a los lados de los muslos y donde veamos que es necesario; siempre, recordemos, cuidando la manera de hacerlo, la presión y el tiempo. El propósito es diluir la tensión y liberar el contenido emocional e histórico que la persona guarda en su interior, ya que el tacto suave o fuerte puede despertar imágenes de asuntos del pasado y provocar abreacciones de cargas emocionales que han estado reprimidas. Ida Rolf (1994) nos explica que los traumas emocionales vuelven rígidos los tejidos aponeuróticos del cuerpo, por lo que al lograr liberar los traumas crónicos de toda una vida y volver a reconectar los flujos y equilibrios naturales del organismo se incrementan la salud, la vitalidad y se alivian las tensiones y el funcionamiento del organismo.

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6.8 Raqueteo El raqueteo (Molina, 2007) es quizá el movimiento por el cual la mayoría de las personas identifican la terapia de Core Energética, a veces correctamente y otras de manera distorsionada. Como siempre, se necesita estar allí, conocer el proceso e involucrarse para descubrir más de él. Muchos también han copiado esta práctica sin saber realmente cómo hacerlo y qué aspectos hay que cuidar, sin saber que no estamos reforzando el berrinche ni el acting-out, que no sólo se trata de relajarse, soltar por soltar. La manera en que cada persona golpea nos habla de su carácter, de sus miedos y la necesidad que tiene de recuperar la fuerza de su agresión o de manejar su agresión. El raqueteo va vinculado a tomar carga y por supuesto a expresar el ser inferior. Es un movimiento que, si se entrega a él con energía y conciencia adecuada, logra desmantelar más a la máscara, ablanda la defensa; permite trabajar con el miedo (la hostilidad negada retorna a la conciencia como miedo) la hostilidad como tal, la rabia, la furia, el rencor y la venganza. El movimiento desnuda al ser inferior, le da espacio para decir: “No quiero”, “no”, “me resisto”, “te odio”, “haré que sufras”, “no creo en Dios” o “aquí mando yo”. También da curso a experiencias de indignación y afirmación del yo, de quién se es y lo que se quiere. En la liberación se van eliminando obstáculos, expresando verdades reprimidas, vociferando, gritando, gesticulando, todo esto abre el camino para conectar con los sentimientos dolorosos, de vulnerabilidad, de vibración, y estos terminan dando paso a los sentimientos compasivos y amorosos que han estado detenidos y también en la sombra de la conciencia. Recordemos que ningún impulso es originalmente negativo, sino que en la represión, la negación, la exclusión de la conciencia, éste se distorsionó. Es importante cuidar la posición de arraigo, golpeando en vertical, de atrás hacia adelante, no de lado para no lastimar el cuerpo. Es necesario exhalar y emitir sonidos, permitir la expresión de la voz, que también fue suprimida, primero por los mandatos externos y luego por la misma persona. Se trata de recuperar el

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derecho a expresar y reposeer la fuerza vital que ha habido en el ser inferior, y al hacerlo, ganar fortaleza para sanar las heridas, para asumir el presente, dar la cara a la vida y enfrentar de forma positiva la responsabilidad que se tiene por ella: La energía de su core está a disposición del paciente en cualquier etapa de la terapia para ayudarlo en los momentos difíciles y dolorosos de su crecimiento. Aprende que nadie más que él o ella puede mover su energía. Que nadie provoca sus emociones, éstas surgen de sus propias percepciones. Nadie, incluido el terapeuta, puede integrarlo; esa es su tarea (Pierrakos, 1986, p. 219).

6.9 Meditación La meditación es parte del camino. Más que una práctica, es un espacio necesario para detenerse y mirar hacia el corazón, para escuchar a Dios en nuestro interior y luego darnos cuenta que está dentro y fuera de nosotros (Molina, 2007). Hemos movilizado lo estancado, expresado nuestra frustración, nuestros reclamos, derramado nuestro dolor y nuestro llanto infantil, nuestro llanto de arrepentimiento por lo que hemos hecho y nos hemos hecho. En el remanso, en la quietud, en la receptividad podemos escuchar a Dios de las mil y una formas que se manifiesta en nosotros. Partimos del aspecto humano hacia la dimensión más espiritual del ser. Para estar y para ser. Aprender a estar en lo que se está: “Se necesita encontrar un caminoK para poder llegar cada vez más profundo como ser humano, para escucharse internamente y para dejarse encontrar por el ser interno en una actitud de serenidad, de placer, de amor y de paz” (Kretzschmar, 2001). En Core Energética se utiliza la meditación de las tres voces, que son las voces del ego sano, ser inferior y ser superior. Usando tres cojines, cada aspecto se expresa y al final se ubica en la posición del ego sano, que integra estas realidades humanas y accede a nuestro ser real en este mundo. La meditación puede ser activa (como la que utilizamos para el arraigo), con el fin de conectar con la vibración de vida; también puede ser pasiva. El propósito de esta última es abrir un espacio de quietud, sentados en posición de loto, digna, arraigados a la tierra y con dirección hacia el cielo o acostados boca arriba,

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arraigados en la parte posterior de nuestro cuerpo (como en el útero) y abiertos en nuestro corazón y vientre a las energías divinas del cielo. La posición pasiva podemos realizarla sin ninguna pretensión, sólo parar y permitir que fluya, o con cierta pretensión guiando una visualización, con un tema para meditar, ir de la conexión del cuerpo hacia la conexión del ser, reflexionar sobre lo trabajado. Consideremos las palabras de Rinpoché (2008) al respecto de esta práctica sanadora: Durante tres días me quedé meditando en mi habitación, utilizando muchas técnicas. Gradualmente, comencé a darme cuenta de cuán débiles y transitorios eran en realidad los pensamientos y las emociones que me habían atribulado por años, y cómo el dejarse obsesionar por problemas pequeños, los había convertido en problemas mayores. Sólo con sentarme tranquilamente y observar cuán rápido y en muchos sentidos ilógicamente mis pensamientos y emociones iban y venían, me comencé a dar cuenta, de manera directa, de que no eran ni tan sólidos ni tan reales como parecían. Y una vez que comencé a dejar de creer en el cuento que parecían contar, empecé a ver al “autor” que hay más allá de estos pensamientos y emociones: la consciencia infinitamente vasta e infinitamente abierta que constituye la naturaleza de la mente (p. 22).

La meditación nos invita a rendirnos, a rendir nuestro ego, sólo así se amplía nuestra conciencia, más allá de lo conocido, a una nueva comprensión del misterio de la vida. Desde el arraigo podemos acceder mejor a esas nuevas percepciones.

6.10 Sanación espiritual Es la capacidad de canalizar energía amorosa para la sanación de las heridas emocionales, las cuales provocan debilidad, desgaste físico y energético en el ser humano. Cuando fluye el dolor original y hacemos presencia dando contención, dando el abrazo sanador o poniendo nuestras manos en esa parte del cuerpo que durante tanto tiempo ocultó la carga emocional negada, la energía amorosa puede ayudar a sanar (liberando la historia congelada) y cicatrizar las heridas, de manera que la vida vuelva a fluir. La sanación espiritual sólo puede darse cuando estamos alineados con los sentimientos amorosos de nuestro corazón y deseamos el bien para la persona.

Conclusiones Es claro que los objetivos de Core y muchas otras prácticas corpo-energéticas (por ejemplo la danza) son limpiar, drenar, purificar, recuperar lo más vivo que hay D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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en nosotros, expandir nuestra conciencia, permitir liberar la energía en nuestro interior, fluir con el ambiente y con la vida. No se trata de dirigir ejercicios, sino de compartir un camino que hemos recorrido y nos ha servido. Ahora bien, para poder cuidar y enseñar o guiar adecuadamente en los ejercicios y los procesos individuales, también es necesario aprender anatomía, fisiología y aspectos de la integración postural, así como conocer líneas de cuidado y otros tratamientos que podrían ser convenientes para el proceso de búsqueda de salud, de amor a sí mismo y de la verdad del ser. Una persona que ha logrado recuperar la libre pulsación energética muestra una comunión de lo involuntario y voluntario, una expresión vivaz, su piel es cálida, rosa, suavemente vibrante; tiene una respiración libre y completa, abdominal y torácica, con un tono firme, cómodamente estirada, los ojos se ven brillantes, con una actitud de confianza, una presencia bella y amorosa. Estar vivo es sentir la vida, las vibraciones del alma. Entre más encerrada y aislada sea la prisión del cuerpo, más tendremos que cavar para lograr la libertad de ser lo que realmente somos. El camino a la sanación y la felicidad requiere de trabajo personal, disciplina, paciencia y confianza en el proceso, para que después de habernos alejado tanto, regresemos a nuestro centro interior. Como E. Frank y Pierrakos nos proponen, se deben tener esperanzas para vivir, no basadas en la llegada de una solución mágica, sino en la confianza en nosotros mismos, considerando que tenemos una misión que descubrir. En el primero y último de los casos, honrar el privilegio de la vida que se nos ha dado.

Resumen Esencialmente, la intervención psicocorporal en Core Energética incluye: La lectura corporal. Un recurso sensibilizador y diagnóstico que nos revela la historia de la persona impresa en su cuerpo: heridas, carencias, fortalezas, recursos y dones. El estudio de las estructuras caracterológicas es la guía más eficaz para realizarla. El movimiento. El sustento del trabajo psicológico, corporal y espiritual está en la movilización de la energía en el cuerpo físico, pues desde allí se trabaja con las emociones reprimidas, dando paso a los sentimientos reales, a la transformación de conceptos equivocados, de creencias inútiles, a abrir y conectar con la fuerza amorosa del corazón, que es la única capaz de dar un verdadero sustento al sentido de vivir. Core Energética es energía en movimiento.

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La respiración. Es necesario tomar conciencia de cómo se respira y el efecto positivo y negativo que ello tiene en nuestro cuerpo, en nuestra sensación de vida. La intervención promueve ejercicios respiratorios con movimientos corporales que ayudan a cargar energía, tomar conciencia corporal y emocional, movilizar el cuerpo, apoyar la descarga emocional que se haya acumulado, disolviendo tensiones agudas o crónicas. Este aspecto es esencial para recuperar la conciencia de estar vivos, conectar con la fuerza vital que hay en nuestro interior y asumir el deseo de vivir. Sólo respirando podemos seguir en la vida, y entre mejor lo hagamos, más posibilidades tenemos de atravesar el dolor y disfrutar el placer de la existencia. El arraigo. Implica hacernos uno con nuestro cuerpo, sentirnos cuerpo y carne, echar raíces hacia la tierra, sentir la fuerza de nuestros pies y piernas para sostenernos, darnos seguridad y elevarnos hacia el cielo. Arraigarnos significa estar entre el cielo y la tierra, estar en el presente, aquí y ahora. El rodillo. Es un cilindro de aproximadamente 24 pulgadas de diámetro; una de las herramientas más importantes en Core. Es utilizado para trabajar con todos los segmentos del cuerpo, de pies a cabeza, siempre coordinando con la respiración. El trabajo con el rodillo ayuda a arraigarnos, a liberar bloqueos, a abrir la respiración, a abrir y alinear nuestros chakras. El masaje. Reich descubrió que al mover con presión algunos segmentos del cuerpo que presentan gran tensión, emergen sentimientos y emociones reprimidas. Con conocimiento de lo que cada bloqueo corporal significa, aplicar el masaje completo puede ser revelador, purificador y liberador de emociones. El masaje contribuye a la disolución de imágenes negativas del pasado. Podemos aplicarlo de manera fuerte o suave para movilizar la tensión, trabajar la resistencia, apoyar la expresión. Es un recurso indispensable para Core Energética. El raqueteo. Es quizá el movimiento por el cual nos identifican más personas. Se utiliza para llevar a cabo la liberación. Mediante este se van eliminando obstáculos, se expresan verdades reprimidas vociferando, gritando, gesticulando. El raqueteo abre el camino para conectar los sentimientos dolorosos, de vulnerabilidad, de vibración, dando paso a los sentimientos compasivos y amorosos que han estado detenidos en la sombra de la conciencia. La meditación. Es parte del camino. Más que una práctica, es un espacio necesario para detenerse y mirar hacia el corazón, para escuchar a Dios en nuestro interior y luego darnos cuenta de que está dentro y fuera de nosotros.

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Sanación espiritual. Es transmitir la fuerza amorosa que permite la transformación de la persona, particularmente a partir de la contención corporal y la imposición de manos, allí donde se necesita ayuda para sanar las heridas de la batalla de vivir. La intención ha de ser canalizar amor para renacer a la vida.

Cuestionario 1. ¿Qué es la lectura corporal y para qué puede servir en un proceso terapéutico? 2. ¿Por qué es importante trabajar con la respiración? 3. ¿Qué es el arraigo y por qué es tan importante en Core Energética? 4. ¿Cómo se relaciona la respiración y el arraigo? 5. ¿Qué otros recursos son importantes en el trabajo psicocorporal de la Core Energética? 6. ¿Cuáles son los recursos fuertes y cuáles son los recursos suaves y sutiles en Core Energética? 7. Menciona cuáles son las técnicas masculinas y cuáles las femeninas. 8. Al revisar los recursos que utiliza la Core Energética, ¿qué diferencias encuentras con otras formas de terapia que conozcas?

Ejercicios reflexivos 1. ¿Cuál consideras que es tu compromiso personal y profesional al trabajar con el cuerpo físico de personas que solicitarán tus servicios como psicoterapeuta? 2. Analiza cuáles son los recursos que consideras te serían más complicados de realizar entre todos los que se te proponen para utilizar en una sesión individual y grupal de Core Energética. ¿Qué es lo que más necesitas trabajar? 3. De acuerdo a tu caracterología, haz una lista de actividades que podrían ayudarte a mejorar tu respiración, tu arraigo, a sentir más tu energía, a sentir quién eres. Proponte un tiempo para realizarlas y luego revisa cuál ha sido el beneficio obtenido.

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Ejercicios corpo-energéticos Practica acostado, sentado o de pie, la respiración completa, llenando abdomen y tórax lentamente y vaciando pecho y abdomen de igual manera, con la pausa natural que necesites. Te ayudará a tomar más conciencia de tu respiración. Al final del día, date un tiempo para recordar cuántas veces estuviste atento (a) a tu respiración y cuál fue el efecto. Haz ejercicios de arraigo con música de tambores; deja que la música te guíe poniendo atención a la parte inferior de tu cuerpo, particularmente pies, piernas, pelvis. Estarás trabajando con ello los tres primeros chakras. Observa el efecto inmediato durante la actividad y principalmente cuando te detengas. Considera al final del día en qué te benefició esta actividad. Dentro del grupo, reúnanse en parejas para movilizar energía empujándose con la espalda y de frente con las manos. Tomados de las manos, apóyense para bajar y ponerse en cuclillas y luego suban lentamente, quitándose un cojín, etc. Dentro del grupo cada participante puede golpear con la raqueta respetando la posición de arraigo. Observa qué tan fácil o difícil es para ti permitir la descarga, el golpe y qué sensaciones o emociones experimentas. Lo que fluya de ti, es tuyo, quizá te sorprenda, pero es tuyo. Permite o permítanse parar y permanecer en silencio a través de la meditación. Descubre qué fluye en tu interior.

Sugerencias para el facilitador Con base en el proceso y conocimiento formativo que has obtenido, se te sugiere guiar con claridad al practicar cada uno de los recursos mencionados aquí, mostrando los detalles que sólo en la vivencia se pueden enseñar, tomando en cuenta al individuo y al grupo de enseñanza.

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Bibliografía Lowen, A. (1983). Bioenergética. México: Diana. Boadaella, D. (1993). Corrientes de vida. México: Paidós. Domínguez, A. (1996). Rebirthing. España: Libsa. Grof, S. (1994). La mente holotrópica. España: Kairós. Molina, M. (2007). Sí a la vida tal como es. México: ACD. Navarro, F. (1993). La somatosicodinámica. Valencia, España: Publicaciones Orgón. Escuela Española de terapia Reichiana. Kretzchmar, I. (2001). “Comunicación personal. Arraigarse en el Ser Superior”. Conferencia Magistral del Congreso internacional de Core Energética, Konocti Harbor, California, 2001. Lowen, A. (2000). Ejercicios de bioenergética. México: Sirio. Reich, W. (1987). Análisis del carácter. México: Paidós. Rolf, I. (1994). Rolfing. España: Urano. Rimpoché, Y. M. (2008). La alegría de vivir. Colombia: Grupo Editorial Norma. Frank, V. (1999). El hombre en busca del sentido. España: Herder.

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7. El proceso en Core Energética Introducción Como todas las terapias humanistas, Core Energética es un encuentro de almas cara a cara, donde una de ellas, el psicoterapeuta, ha caminado en su búsqueda personal y se ha preparado para acompañar con conocimiento y ética a la otra persona (paciente, cliente, consultante) que llega con un síntoma, una queja, un problema, un sufrimiento que quiere resolver. Es un encuentro donde ambos van a crecer. Desde ese primer encuentro y las subsecuentes entrevistas (o la sesión individual en un grupo), sabemos que nuestros campos de energía entran en contacto, que podemos resonar con lo que pasa en la persona que consulta, y que será indispensable la empatía corporal, emocional y mental para apoyar su proceso de profundo autoconocimiento, curación o búsqueda de soluciones que hagan mejor su existencia; si estamos bien arraigados no habrá confusiones. El objetivo (cualquiera que sea su problemática) se dirige a conectar con las fuerzas de su core, que son las que le darán la sanación, la solución y el conocimiento de quién es. El proceso estará todo el tiempo enfocado en atender todos los niveles de la personalidad: cuerpo-emociones-mente-voluntad-espiritualidad. El mapa para el proceso de terapia es muy claro: 1) Establecer la relación terapéutica, abiertos a recibir las impresiones del ser superior de la persona que llegue a consulta. 2) Penetrar la máscara. 3) Sacar a la luz y liberar el Ser Inferior. 4) Asumir y centrarse en el Ser Superior. 5) Desarrollar un plan de vida. A lo largo del proceso tendremos claro que el camino de trabajo personal estará consciente y/o inconscientemente sostenido por las fuerzas del Ser Superior.

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Mapa conceptual

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Objetivo general Que el estudiante de la Maestría en Psicoterapia Humanista conozca e incorpore a su formación las fases del proceso psicoterapéutico utilizado en Core Energética.

Objetivos específicos Que el estudiante: 7.1 Conozca los aspectos que intervienen en las fases de Core Energética y el compromiso del terapeuta involucrado en dicho proceso. 7.2 Atraviese vivencialmente cada fase dentro del tiempo correspondiente a la materia de manera que le sea más claro el proceso. 7.3 Elabore un reporte personal donde integre tanto lo teórico como lo vivencial y dé cuenta de los conocimientos y experiencias que haya adquirido.

7.1 Etapas del proceso El establecimiento de la relación psicoterapéutica es esencial en el inicio del proceso de terapia. En Core Energética esta relación es un encuentro de almas, de la humanidad del terapeuta core (que ha llevado un proceso personal y formativo) y la humanidad de la persona que acude por guía para su transformación. El proceso implicará tres aspectos esenciales: la sanación de heridas que ha sufrido en el camino; el encuentro de soluciones para su vida presente y que yacen en su interior y la transformación de aquellas pautas mentales, emocionales, corporales, crónicas, que abran camino a la reconexión con el misterioso Ser interior, con la verdad interior, para a ir de regreso a casa, y vivir desde su ser real. El psicoterapeuta, desde el inicio de la relación psicoterapéutica, ha de ver las cualidades del core de la persona-paciente a través de los conflictos, problemática individual, familiar, social, económica, de las enfermedades físicas (psicosomáticas), mentales, de aprendizaje, del sufrimiento humano. Reconocer estas cualidades es reconocer las fuerzas internas de la persona para resolver su existencia y encontrar un sentido profundo en su vida. Es importante destacar que a lo largo del proceso emprendemos un viaje en retrospectiva para así reconocer el pasado detenido y continuado en los patrones

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de vida actuales de la persona: su conciencia infantil, el estado de inmadurez emocional en que se encuentra (sin importar la edad que tenga), sus apegos, sus motivos para responder a la vida de determinada manera y su resistencia al cambio, a madurar, a asumir una actitud responsable y comprometida con su propia vida. El objetivo primordial será ayudar a la persona-paciente a vivir en el Aquí y Ahora, acorde con lo que es, enriqueciéndola con los recursos que ha desarrollado a lo largo de su vida y con los que yacen en su interior, en su centro esencial, en su core. El análisis del carácter y el trabajo corporal, energético y espiritual son herramientas compañeras del recurso más importante del terapeuta: su propio ser, su presencia y acompañamiento en el proceso que fluye del interior de la persona-paciente y en la relación que ambos crean. El psicoterapeuta core va a desarrollar empatía corporal, emocional y mental, firmeza y suavidad para contener el proceso de la persona-paciente, por lo que cada sesión individual o grupal se acompañará del tema que trae la persona; a partir de este vamos observando su personalidad, la dinámica explícita u oculta que la conduce a sus conflictos, a recrear asuntos del pasado y a crear su sufrimiento, y al mismo tiempo la acompañamos a iluminar el camino a su placer y felicidad centrada en el principio de realidad. Los materiales que se utilizan frecuentemente en las sesiones de terapia son: una cama o un colchón, raquetas, rodillo, toallas, cojines fuertes, música, un cesto de basura y pañuelos desechables. Asimismo, Las fases del proceso en Core Energética son las siguientes:

7.1.1 Penetrando la máscara Esta etapa se enfoca a lograr que la persona observe y reconozca sus creencias, introyectos y conclusiones distorsionadas de sí mismo y del mundo, sus valores rígidos y su conciencia estrecha para ver su problemática. Para ello tenemos que observar sus patrones de comportamiento y sus hábitos, así como la manera en que repite el círculo vicioso en el que se mueve (para mantener una imagen que no le resuelve sus conflictos, sino que le crea sentimientos distorsionados) y sus reacciones emocionales, que se relacionan con eventos del pasado y afectan sus relaciones del presente. Es necesario que la persona vea que a un nivel profundo no confía en sí misma, y que por más que se enmascare o aparente no puede tener una seguridad real, ya que su vida está basada en una falsedad. Lo que exige del mundo no es lo que realmente necesita. Sus necesidades reales están eclipsadas D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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por la imagen ideal que da al mundo, por lo tanto, aunque parece satisfacer las necesidades secundarias de su máscara, no satisface sus necesidades reales, por lo que vive insatisfecho (a). En el miedo de ser descubierta, se mantiene a la defensiva. Cuando esta manera de vivir y de resolver su existencia ya no le funciona, necesita reforzar la desilusión que tiene de su máscara y apoyar la visión de que dentro de sí está su verdad y las posibilidades de su core. Como la persona se niega a escuchar la voz interior y se guía por una conciencia auto-impuesta, voces externas que ha internalizado (“deberías”) dominan su actuación en las relaciones y contextos donde se mueve. Hace crítica, proyecta y se victimiza, negándose a ver que eso que rechaza es una parte de ella misma que mantiene en la sombra, entonces no se hace responsable de sí y de lo que crea. Por supuesto, todo este proceso es inconsciente. El resultado es que no se hace cargo de las consecuencias de sus actos, de sus actitudes negativas, de su resistencia a recibir o a dar, a sentir mutuamente, a compartir realmente y con esto sólo recrea lo que quiere evitar: sus heridas. Es necesario entonces que a través del intenso trabajo corporal y de respiración se confronte a sí mismo, sienta y observe sus bloqueos y la estructura defensiva con que se mueve en el mundo, que observe qué provoca en los demás y cómo los provoca para no obtener lo que necesita. A más trabajo corporal y análisis de su carácter, más va adentrándose en sí mismo, experimentando emociones y sentimientos, experimentando el arraigo y la expansión de su respiración; con ello se va dando cuenta de que hay otra manera de estar en el mundo, empieza a descubrir quién es, a sentir su cuerpo y a escuchar su alma. Como desde su máscara la persona no sabe lo que realmente necesita, aparece el miedo de dejar de ser quien es, de perder su “identidad”, así que requiere ser testigo de la resistencia de sí mismo, de la resistencia de su ego a cambiar. Quiere hacerlo sin pagar el precio, sin darse cuenta de que está pagando otro mucho más alto, el precio de no ser. Necesita apoyarse en lo positivo que ha ido experimentando y asumiendo, necesita atreverse, ir de manera un poco más intensa y adentro, apoyando la conciencia de cómo se enmascara, cómo oculta su real insatisfacción y lo que más rechaza de sí mismo y cómo proyecta todo esto en los demás. El proceso deberá seguir siendo muy corporal y energético para que el individuo realmente pueda ir reconociendo y expresando emociones, sentimientos y pensamientos inaceptables para su ego y para su imagen ideal. Por medio de él, va experimentando mayor flexibilidad y vigor, realizando descargas emocionales

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más intensas y expresando un poco más lo que realmente piensa, atreviéndose a hacer movimientos que antes no se permitía. Adquiere mayor conciencia de su sistema defensivo, de cómo se frena a ir más allá, de sus patrones comunes ante la vida. Dependiendo de cada estructura de carácter, de sus circunstancias presentes, de la manera en que percibe esa realidad y la entrega y el compromiso con su proceso es como avanzará. La lectura corporal no sólo retroalimentará sus defensas, sus heridas, la manera en que ve su realidad, sino también le hará ver las cosas que se niega a aceptar. Cada persona es única, y su unicidad se observa a partir de cómo se mueve su energía y conciencia, los pasos que se atreve a dar. Diluir la coraza de las máscaras que poseemos lleva tiempo. Dos cualidades básicas a desarrollar son la paciencia y la confianza en lograr la liberación interna y el autoconocimiento: El trabajo en el perímetro defensivo cambia completamente a la persona, que comienza a mirar hacia adentro, en vez de hacia fuera; a mirar que sus crisis están localizadas en este límite de contacto con el exterior. El requisito en Core Energética es que la persona vea cómo es su vida, no en términos acusatorios y de culpar a otros, sino en términos de auto-negación de la realidad interior. En este primer paso, se prepara a la persona para cambiar la negación de la vida por una afirmación por la vida (Pierrakos, 1986, p. 279).

Es significativo observar que en la medida que se va disolviendo la ilusión de ser lo que no se es, se entra en una crisis de identidad: “Entonces, ¿quién soy, si no soy eso que he creído que soy?” La reacción que aparece es de miedo a perder la identidad falsa mientras no se reconoce la verdadera identidad interna.

7.1.2 Liberando al Ser Inferior Reconocer nuestro Ser Inferior es admitir que tenemos el corazón cerrado, que insistimos en la intención de permanecer con el corazón obstruido. Es negarse a dar lo más bello de nosotros a nosotros mismos, a los demás y al mundo. El rencor, el resentimiento, el odio, la culpa, el miedo, la venganza, son expresiones de vivir en el pasado rechazado, expresiones de un corazón cerrado que no confía en la vida presente. Cuando intensificamos el trabajo fuerte y suave del cuerpo se mueve más la energía, se va expandiendo la conciencia y con ello se van aceptando sentimientos cada vez más negativos. Se enfocan y evocan las negatividades

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primarias: la rabia y el miedo. Se trabaja más vigorosa e intensamente para que haya suficiente energía y fuerza para conectar con el ser inferior. Es común que al hacer descarga golpeando aparezcan expresiones histéricas, berrinches o enojos reales, que no representan al ser inferior. Enojarse, indignarse es una expresión natural que nos sirve para afirmarnos, para poner límites, y expresarlo es justamente sano, no reprimimos, no negamos, expresamos una verdad (Molina, 2007). El ser inferior es una carga de rabia y de furia acumulada, escondida, que da vergüenza y se encubre con la máscara. El ser inferior es una fuerza oscura, poderosa y muy vital que sostiene una intencionalidad negativa de no cambiar, porque nos ofrece la experiencia de sentir poder. Con conciencia y trabajo corporal nos energetizamos para reconocerlo, experimentarlo y le damos espacio para que se exprese. Sólo de esa manera podemos darnos cuenta del poder destructivo y auto-destructivo que posee, del poder para crear sufrimiento y sabotear nuestra felicidad. La aceptación y contención para no temer al ser inferior es esencial. Hay que cargar para descargar, destapar, liberar lo que permanece en el bloqueo, la resistencia. La resistencia es el mismo mal, pues quiere negar su negatividad. El trabajo con cada persona y su estructura caracterológica será diferente a este nivel de liberación del ser inferior. A medida que la fuerza crece, también lo hace la conciencia y entonces se está listo para tocar lo destructivo que hay en el interior. El movimiento intenso y la intención positiva apoyan el momento de expresar lo reprimido y trabajar la represión, la fuerza interna que se opone, la resistencia a rendirse al corazón: Lo que el paciente necesita es ayuda para ir sacando a los animales de su reclusión y para domesticarlos. Es necesario que el paciente admita en su conciencia instintos hasta entonces desconocidos con el fin de que pueda afirmarlos, rechazarlos o sublimarlos. El muro que le impide el acceso a sus deseos inconsciente es la resistencia, una resistencia que debemos ir desarticulando ladrillo a ladrillo a través de un laborioso análisis al que el paciente se resiste tanto con el yo consciente (que no desea admitir estos deseos infantiles primordiales) como con el inconsciente (que no quiere abandonar la gratificación derivada de la actividad de su vida instintiva (Horney, 2003, p.69).

Cuando se libera el ser inferior la gente puede vociferar el deseo de hacer daño, de matar, destruir, de crear sufrimiento, se puede mirar la locura, el enorme placer de destrucción, el poder diabólico que se manifiesta en la venganza, para que los otros paguen por las heridas sufridas. Es un momento brutal, que D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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desactiva bloqueos y muestra una parte de la verdad de la persona. Se drena el miedo y el mal reprimidos y se quitan los obstáculos para que fluya la energía. Se expande la conciencia, se acepta que se es capaz de hacer daño, que hemos hecho daño, que nos hemos hecho daño, incluso mucho más que lo que nos hicieron. La liberación del ser inferior es un momento sagrado, profundamente espiritual, donde nos permitimos mostrar lo más vil, inhumano e insensible de nosotros, para después sentir lo más sublime y amoroso del ser. Es exorcizar el pecado de alejarnos de nosotros mismos a través del mal. Es un momento de revelación y transformación primordial. El espacio-tiempo que ofrece la Core Energética para trabajar con estos aspectos oscuros y terribles de nosotros mismos es único –analítica, corporal y energéticamente hablando-, dentro de las formas de psicoterapia. Para ello, se requerirá como facilitador haber atravesado el nauseabundo territorio de nuestro propio infierno, conocer las fuerzas de nuestro ser inferior, y en manos de nuestro ego sano, respaldado por la conciencia de nuestro Ser Superior, para acompañar y dar contención a otros para reconocer y trabajar su Ser Inferior. Trabajar y liberar el ser inferior es conducirnos a recuperar la enorme energía vital que poseemos para encontrar el coraje de vivir. El reconocimiento y la vivencia a todos los niveles suele llevar a un dolor de arrepentimiento real, que nos lleva a reconocer que no podemos solos, que necesitamos ayuda de aquello que es más grande dentro y fuera de nosotros, que necesitamos la ayuda espiritual, la ayuda de otros; que necesitamos recibir la guía, recibir amor; así es como se inicia la verdadera transformación. Liberar el ser inferior es liberar la energía estancada y putrefacta que yace en nuestro interior, en nuestras tensiones crónicas, en nuestras enfermedades físicas y mentales. Como toda enfermedad, es una señal de que necesitamos cambiar nuestra manera de vivir y de amar. La sesión en la que se libera el ser inferior nos acerca a conectar con nuestra herida. La energía que fluye es el dolor no dolido que había quedado enterrado en la psique y en el cuerpo, con la emoción congelada. Es sólo dolor y la necesidad de ser acompañado, contenido, para dejar ir el dolor infrigido por otros y por nosotros mismos. La liberación de energías de nuestro ser inferior y del dolor original contribuyen a trascender diversos aspectos de nuestro carácter. Cuando fluye el dolor se da paso al anhelo original de ir hacia el amor, la conciliación, la unión. Es de nuevo abrir el corazón. Es recuperar en el más profundo de los procesos la fortaleza de nuestra vulnerabilidad, es recordar la

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intención original de confiar en el amor, que inevitablemente nos acerca unos a otros, es recuperar la capacidad de amar.

7.1.3 Centrándose en el Ser Superior Durante una sesión individual o grupal, la experiencia del ser superior se ha manifestado en la persona al permitirse atravesar el camino descrito, y puede mirarse en su expresión cálida, suave, amorosa, compasiva consigo misma y con lo vivido, abierta a su Verdad de necesitar amor, de necesitar estar en paz; en el cuerpo es visible la circulación sanguínea, en un color rosa del rostro, con ojos brillantes, en un estado de relajación y paz, de integración de todo su cuerpo, con una presencia notable, luminosa, arraigada, viva, que parece reflejar su expandido campo de energía. En algunas ocasiones es llegar al punto donde esta se rinde al dolor de su corazón y se abre a recibir el afecto, el contacto, la contención del terapeuta o de los compañeros del grupo, se rinde a nutrirse de lo que en ese momento la vida le da. Entonces hay consuelo en el corazón, el llanto se va calmando y el alma se va colmando de confianza y de amor. Internamente se va creando una red neuronal, se liberan las sustancias bioquímicas que dejan impresa una nueva experiencia. La energía fluye y los sentimientos surgen naturalmente en el momento presente. Una imagen del pasado, la carga emocional reprimida, elaborada, son absorbidas por el ser. Centrarse en el Ser Superior es centrarse en las fuerzas y bondades de nuestro interior, reconocer la parte luminosa, amable, bella, suave, agradecida, gratificante, valiente, sabia, amorosa que poseemos. Es esa fuerza personal que nos permite mirar y confrontar nuestras falsedades, enfrentar y reconocer nuestro ser inferior y aliviar nuestro dolor. Por lo general, las personas con máscaras en realidad están secretamente identificadas con su ser inferior, sintiendo que son sólo negatividad. Se llevan su tiempo para genuinamente aceptar que hay algo bueno y bello dentro de ellos, de ellas. Es importante apoyar y ayudar a la persona que viene a terapia a reconocer lo genuinamente bueno, natural, espontáneo y amoroso que hay en ella. La máscara siempre se hace propaganda, habla o pretende hablar bien de nosotros mismos. La expresión de nuestro Ser Superior como manifestación de nuestro core sólo se trasmite con nuestra presencia amorosa; entonces deja sentir, muestra nuestro poder interno, nuestra sabiduría, nuestro amor. En esta dimensión terrenal existe una conciencia superior que nos orienta a vivir a través de nuestro Ser Real, aquél que desde nuestro ego sano comprende D. R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.

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e integra el aspecto oscuro de nuestro ser inferior y el aspecto luminoso de nuestro ser superior. Esta conciencia nos implica de manera diferente en el mundo, sabemos que podemos hacer daño y hacer bien, podemos elegir, sin negar ningún aspecto. Aun cuando hacia el exterior vivimos esta dualidad, podemos integrar ambos aspectos en el núcleo de nuestro corazón. Centrarnos en nuestro Ser Superior es centrarnos en una Conciencia expandida que lo abarca todo. La experiencia de nuestro Ser Superior es de pulsación de vida, que confía en lo involuntario, que acepta la vida como es, haciendo lo mejor, es un despertar al equilibrio de dar y recibir, de ser en lo femenino y masculino, es asumir la responsabilidad por nuestra existencia, nuestras relaciones y nuestro gozo por vivir. Es necesario saber que cuando se caen tantas máscaras se descubre y se va transformando la auto-destructividad del ser inferior, por lo que habrá un proceso de crisis, de duelo, de muerte, de falta de identidad. El renacimiento llega cuando se reconoce el movimiento interno que fluye en el interior e ilumina una nueva y mejor posibilidad de vivir. Lo real es que todo pasa y algún nuevo desafío llegará. Al respecto del proceso de evolución, Pierrakos (1986) opina que: K es igualmente cierto que la autorrealización duradera es algo difícil de conseguir. Creo que esto se debe a que no captamos que movimiento constante significa cambio constante, tanto cualitativamente como cuantitativamente. Cada entrada de energía puede expandir nuestra conciencia. Cada salida de energía puede enriquecer nuestro contexto. No hay ningún misterio en el proceso de unir el mundo interno con el externo, la pulsación asertiva y receptiva de un proceso de vida. Las últimas etapas del tratamiento core energética, emplean numerosos y concretos métodos de exploración y aprendizaje que llevan a la persona a centrarse en su ser superior y a moverse en él. En esta tercera etapa, la práctica fundamental es la meditación, la cual ayuda a reorientar la conciencia y la intencionalidad de negativa a positiva (p. 278).

7.1.4 Plan de vida La sanación que vamos logrando de muchos asuntos de nuestra vida nos devuelve la confianza en nosotros mismos y en el mundo, es recibir un nuevo impulso para vivir, y mucho más cuando cada vez confirmamos más que las energías que nos sanan fluyen de nuestro interior, vienen de nuestro core. El plan de vida esencial es el camino de regreso a casa, a nuestra Verdad interior, que se refleja y se transmite a través de nuestra corporalidad. La fortaleza

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personal que vamos adquiriendo tiene que ver con las lecciones que vamos aprendiendo, y estas facilitan realizar nuestra misión en esta vida: vivir y transmitir con nuestros dones que vale la pena vivir y estamos comprometidos a desarrollarnos en beneficio personal y de todas nuestras relaciones, de la manera que cada uno elija. Es tarea de vida cuidar de nuestro cuerpo físico, depurar y mejorar nuestras relaciones, caminar hacia nuestro mundo interno y ser uno con él, de encontrar a Dios en nuestro interior. Este es un camino de revelación de nuestra verdad, de quiénes somos genuinamente, de autoconocimiento, de limpieza, depuración, integración y unificación. Las fases del proceso en Core Energética pueden realizarse dentro y para un grupo, tal como se pretende mostrar en esta asignatura. En el movimiento corporal grupal, y sobre todo cuando se anima a experimentar y expresar el ser inferior, se crea un movimiento sinérgico que Pierrakos llama ciclotrón, en el que el movimiento intenso del grupo jala a todos los participantes a hacerse uno en la expresión y conexión emocional. El ejercicio de mandala –todo el grupo en círculos con la cabeza al centro- era también uno de los preferidos del guía.

Conclusiones La felicidad y la infelicidad en buena medida están en nuestras manos. Como individuo, pareja, familia, sociedad, somos corresponsables del mundo de apariencias en que vivimos y del mundo subterráneo de nuestras negatividades, con las cuales creamos tanta violencia y sufrimiento. No podemos confiar en una solución mágica para ello, es necesario un camino de trabajo personal con nuestro ser inferior, escuchar y atender nuestras necesidades reales para vivir más satisfechos. Debemos reconocer que el proceso de transformación y conexión espiritual lleva tiempo. El mapa de trabajo es una guía que ha de ajustarse al momento de la persona y del grupo. El compromiso del terapeuta en esta forma de psicoterapia es promover la salud y el bienestar de quienes asisten a terapia, así como apoyarles a abandonar el estado de victimización y a asumir el poder interno para lograrlo. Se necesita tener abierto el corazón para abrir otro corazón.

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Resumen Core Energética, como las terapias humanistas, busca un encuentro cara a cara, un encuentro de almas. El terapeuta core ha caminado en su búsqueda personal, se ha preparado para acompañar con responsabilidad y ética a la otra personapaciente que llega con una queja, problemática y/o sufrimiento que quiere resolver. Es un encuentro donde ambos van a crecer. Las etapas del Proceso de Core Energética son: 1. 2. 3. 4.

Penetrar la máscara Liberar el Ser Inferior. Centrarse en el Ser Superior. Plan de Vida.

Es tarea del terapeuta Core tener el conocimiento, la firmeza y la suavidad para guiar, confrontar, apoyar, contener la fuerte expresión del ser inferior y del dolor que pueda surgir, así como apoyar las manifestaciones de su ser superior.

Cuestionario 1. ¿Cuáles son las fases del proceso terapéutico en Core Energética? 2. ¿Para qué sirve el establecimiento de la relación terapéutica? 3. ¿Cuáles son los puntos importantes a trabajar en la etapa de penetración de la máscara? 4. Del capítulo anterior ¿Qué recursos utilizarías para movilizar la máscara? 5. ¿Qué aspectos se deben cuidar cuando se trabaja con el Ser Inferior? 6. ¿Hacia dónde conduce a la persona tocar y liberar su Ser Inferior? 7. ¿Qué necesita el psicoterapeuta core para trabajar con el Ser Inferior? 8. ¿En qué consiste la fase o etapa del Ser Superior? 9. ¿Qué recursos materiales se necesitan para realizar la terapia en Core Energética?

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Ejercicios reflexivos 1. Después de leer con atención cada capítulo de este libro-guía anota todo lo que necesitarías para ser un terapeuta en Core Energética. 2. De todas las fases del proceso ¿Cuál es la que más necesitarías trabajar? 3. ¿A qué reflexiones te lleva conocer estas cuatro fases o camino de transformación en Core Energética?

Sugerencias para el facilitador Se sugiere modelar con el grupo las cuatro fases del proceso, conduciendo a cada uno de sus integrantes a reconocer y trabajar con sus máscaras, animándolos a conocer esa parte de la verdad de su ser inferior, a partir de reflexiones y dinámicas corporales en pareja, triadas o grupos pequeños. De la misma manera, se les invita a trabajar con su Ser Superior. También se sugiere que se modele con trabajos individuales frente al grupo.

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Bibliografía Horney, K. (2003). El proceso terapéutico. España: La Llave. Molina, M. (2007). Sí a la vida tal como es. México: ACD. Pierrakos, J. (1986). Core Energetics. U.S.A: Life Rhythm Publication.

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