Lección 91 Himnología

February 14, 2018 | Author: cagemate | Category: Psalms, Hymns, Jesus, Bible, Poetry
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Descripción: Escuela Bíblica por Internet,Teología Sistemática,Himnología,Momento de Decisión...

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PREFACIO Desde los primeros tiempos del cristianismo el canto ha formado una parte importante del culto. En parte eso fue legado del judaísmo, y no es accidente que casi diez por ciento de la Biblia de Israel se da a su cancionero, el libro de los Salmos. Durante los siglos en que las Escrituras fueron quitadas del pueblo, también se les quitó el canto congregacional. Al devolverle la Biblia y la experiencia de la gracia de Dios en la salvación por la fe en Cristo, la gente tenía qué cantar. Los protestantes y evangélicos siempre han sido un pueblo del canto en conjunto. Cuando esta obra, La Historia del Himno en Castellano primero vio la luz en 1963, los evangélicos de los países de habla castellana cantaban. Cantaban cuando estaban contentos y cuando estaban tristes. Eso les parecía extraño a sus vecinos que eran de la iglesia dominante. En estos últimos años ha habido un cambio. Ahora los católicos romanos también cantan, y en castellano. Hace varios años, en Chile un dirigente laico católico me dijo: "Mandamos personas a los cultos de ustedes para aprender sus cantos." También mencionó su uso de nuestros libros para el estudio de la Biblia. Naturalmente, damos la bienvenida a tales cambios. ¡Que haya más! Ha llegado a tal situación que a veces es difícil saber si un canto nuevo es de origen evangélico o católico. También durante estos años hemos visto con gozo que el número de evangélicos ha crecido en casi todos nuestros países. Entre ellos hay más peritos en la música y más personas capaces de escribir buenos versos. Desde luego, no va a perdurar todo lo que se escribe, pero podemos dar gracias a Dios de que hay tal abundancia de cantos de los cuales escoger. Los escritores hemos de ofrecer nuestros cánticos al Señor, y que se utilicen los mejores. Al mismo tiempo, hemos visto una tendencia en muchas iglesias de usar estribillos, bajo el nombre de "coritos", en cantidades mayores que en épocas pasadas. Esto es bueno y malo. Estos cantitos son como una ensalada fresca, liviana y agradable. Muchos de éstos utilizan la repetición, son fáciles de recordar y tienen una melodía pegajosa. Pero cuando vienen a excluir del culto los himnos más formales y de contenido profundo, no es bueno; pues no se puede vivir únicamente de "ensalada". Felizmente, una buena porción de estos cánticos tiene letra que casi palabra por palabra viene de la Biblia. No será muy necesario que yo enfatice la importancia de cantar en los cultos. Esto se está haciendo con gusto. Pero debemos seguir llamando la atención a que hemos de cantar bien a un Salvador que merece lo mejor, que nuestras congregaciones se den cuenta de lo que están cantando y que el mensaje contenido en los buenos himnos penetre en nuestro ser y salga en nuestras acciones. Así creemos que la himnología merece más atención de la que hasta ahora ha recibido. Después de escribirse este libro, han salido algunos himnarios de importancia, entre los cuales destacamos: Cántico Nuevo (1962, 1969; Buenos Aires), Gracia y Devoción (1962; Kansas City, USA), Culto Cristiano (1964; Nueva York), El Himnario (1964; Albuquerque, USA), Cantos Bíblicos (1965; St. Louis, USA), Himnos de Fe y Alabanza (1966; Grand Rapids, USA), Himnario de las Iglesias Evangélicas de España, con música (1967; Barcelona), Himnos de la Vida Cristiana, revisado (Harrisburg, USA), Himnos de Luz (1968; San Antonio. TX., USA), Himnario Cristiano (1974, México), Himnario de la Iglesia de Dios (1975 ; Anderson, In., USA), e Himnario Bautista (también llamado Himnario de Alabanza Evangélica; 1978; El Paso, TX., USA). También, ha habido la publicación de cancioneros particulares, como Melodías de Gracia y Gratitud, por Abel P. Pierson Garza, alrededor del año 1979. Además de artículos ocasionales en diversos periódicos, hay a lo menos dos revistas que se dedican a nuestra música: Cantos Corales, de Puerto Rico, y Preludio: Música y Adoración, de El Paso. En el primer Prefacio de este libro mencionamos cuatro libros que trataban los himnos y sus autores: Diecinueve Siglos de Canto Cristiano, por Eduardo Ninde (1948) ; Historia de Grandes Himnos, por María E. Ewing (1956) ; Cantaré con Entendimiento, por Arnoldo Canclini (1957) e Himnos Famosos,

por Alfredo Rodríguez (1958). Durante estos últimos años han aparecido Himnología Popular, por Ricardo Peña; y los libros míos: Conozcamos Nuestro Himnario (1980) y Comentario sobre los Himnos que Cantamos (1985). El Comentario toma cada himno del Himnario Bautista y da datos sobre el himno, su autor, su compositor y, donde corresponde, su traductor. Fácilmente se puede usar también en relación con otros himnarios. Especialmente refiero a los lectores de esta Historia al Comentario para conseguir mayores datos sobre los himnos que actualmente se usan. La prestnte obra fue preparada basada en muchos años de enseñar en el Seminario Teológico Bautista en Chile, una nutrida correspondencia con muchas personas e investigaciones en bibliotecas de varios países. Salvo uno que otro error de imprenta, casi nadie ha señalado una equivocación en algún detalle. Me habría gustado actualizar estos datos en relación con algunos de los himnarios nuevos, pero mi tiempo comprometido en otras tareas no me lo ha permitido. Y creo que esta Historia combinada con mi Comentario suplirá muy bien una comprensión de nuestros himnos. Una palabra más en cuanto al vocabulario de este libro: Todos los ramos del conocimiento tienen vocablos propios. A veces un nuevo campo del saber tiene que formar palabras nuevas para expresar sus verdades. Ya que la himnología es un tema relativamente nuevo en castellano, tras mucho estudio y consultas con interesados en esta misma materia, me he atrevido a usar algunas palabras que aparecen sólo en diccionarios voluminosos, y a crear otras palabras que no han existido en diccionario alguno. Por lo general, no serán difíciles de entender. Un "himnista" es una persona que tiene que ver con los himnos, un "himnógrafo" es aquel que escribe; el "himnólogo" los estudia. La "himnodia" trata en términos generales de este campo de interés, mientras que la "himnología" es el estudio ordenado de los himnos. El vccablo "himnario" ya hace mucho tiempo se ha generalizado entre el pueblo evangélico. La palabra inglesa "anthem" se ha traducido con la voz "antífona". Las "gospel songs" las hemos querido llamar "canciones evangelísticas". Diríamos de nuestra obra himnológica lo que Juan Newton (en la traducción de J, B, Cabrera) decía de sus himnos: Si es pobre ahora mi cantar, cuando en la gloria esté y allá te pueda contemplar, mejor te alabaré. Cecilio McConnell M. INSTRUMENTOS MUSICALES Por Donald E. Demaray La música tanto vocal como instrumental, se menciona a menudo en la Biblia. En realidad, la Biblia refleja una gran sensibilidad hacia la música y su belleza. La tradición afirma que Jubal fue "padre de todos los que tocan arpa y flauta" (Génesis 4: 21). Ella era símbolo y expresión de gozo en las fiestas, días sagrados y bodas. Reyes y reinas se deleitaban con ella, y hasta los pastores tenían su lira. David organizó un coro y orquesta (1 Crónicas 15:16-24); había canto antifonal de los Salmos; y el libro de los Salmos (himnario de los antiguos hebreos) insta diciendo "Cantad alegres a Jehová". Y en las batallas también había música. ¿Cómo era esa música? En verdad nadie lo sabe, pero si en algo se parecía a la música del Cercano Oriente tal como hoy la conocemos, debe haber tenido un sonido extraño para los oídos occidentales, por basarse en una escala diferente a la nuestra. ¿Cómo eran los instrumentos? También los conocimien tos al respecto son oscuros, pero la etimología de los nombres de los instrumentos, los descubrimientos de instrumentos antiguos y de representaciones artísticas de los mismos en el Cercano Oriente, más una pizca de imaginación, ayudan en el intento de reconstrucción. ADUFE. 1 Samuel 10:5; 2 Samuel 6:5; Salmo 150:4, Reina Valera (R.V); Nácar Colunga (N.C.). Es una especie de pandero.

ARPA. Junto con la flauta, es el primer instrumento que se menciona en la Biblia (Génesis 4:21). Se hacía de madera de ciprés o sándalo. Era un pequeño instrumento de cuerdas. Se tocaba con los dedos o con un plectro. Probablemente tenía de ocho a diez cuerdas, y su tamaño y forma eran diversos. David tranquilizaba al rey Saúl al son del arpa (1 Samuel 16:16). Se empleaba en el culto en el Templo y en diversas fiestas. Algunos han sugerido que es de origen sirio. Los egipcios usaban arpas tan altas como un hombre. La lira era un instrumento semejante pero más pequeño, y se pulsaba con ambas manos. BOCINA (CUERNO DE CARNERO). La Biblia de Straubinger (Str.) la llama "cuerno". El cuernode carnero o de vaca era un sencillo instrumento de viento que producía una serie de notas empleadas como señales o floreos. Se menciona en Josué 6:4, 6, 8, 13. A veces se le llama "trompeta". CAMPANILLAS. Diversas clases de campanillas se empleaban en tiempos bíblicos. Las mujeres usaban campanillas o cascabeles como adorno en las muñecas y tobillos para atraer la atención y la admiración (Isaías 3:16-18). El borde del manto del sumo sacerdote tenía campanillas como adorno y para anunciar su entrada y su salida (Éxodo 28:33-35). Solía ponerse campanillas a los caballos como adorno y para ayudar al dueño a encontrar el animal extraviado.

CÍMBALO. Los címbalos, empleados especialmente en tiempos del Antiguo Testamento en las fiestas y ceremonias (1 Crónicas 15:19; Esdras 3:10), eran de diferentes clases (véanse ilustraciones). Algunos eran platillos de bronce que se golpeaban unos contra otros. Otros eran cónicos o casi cónicos, con agarraderas, y se entrechocaban verticalmente. Había otros que se raspaban uno con otro. David y los israelitas tocaron címbalos y otros instrumentos cuando llevaban el arca a Jerusalén (2 Samuel 6:5). La única vez que se mencionan los címbalos en el Nuevo Testamento es en el gran capítulo del amor, 1 Corintios 13 (versículo uno). Salmo 150:5. La versión Straubinger lo llama a veces "sistro". CÍTARA. 1 Samuel 16:23; Job 21:12 Str. La cítara es una lira antigua, con caja de resonancia. CASTAÑUELAS. 2 Samuel 6:5 posiblemente se refiera á las castañuelas, instrumento musical que David y sus músicos tocaban. El nombre de este instrumento se deriva de "castaña", pues en tiempos antiguos se pegaban dos castañas a los dedos y se golpeaban para hacer música. Más adelante las castañuelas se hicieron de pequeños címbalos en forma de cuchara. En Egipto se hacían de metal, hueso y madera. Salmo 150:5 puede referirse a las castañuelas. CUERNO. Ver Bocina. DECACORDIO. Se menciona en Salmo 33:2 y 144:9. Straubinger lo llama "salterio de diez cuerdas" y "arpa de diez cuerdas". La Biblia de Jerusalén lo llama "lira de diez cuerdas". DÚLCEMELE. Con este nombre se menciona en la versión "King James" inglesa el instrumento llamado zampoña (RVR) y sambuca (RV, Str.). Pero el dulcémele era una caja de resonancia con cuerdas tendidas de través, y se tocaba con una especie de martillitos. Daniel 3:5, 10, 15.

FLAUTA. Se menciona primero en Génesis. También en Daniel 3:5, 10,. 15, y en Job 30:31, etc. Algunas flautas eran de una sola caña con agujeros; otras, de dos cañas paralelas (una para la melodía y otra para la armonía); algunas eran parecidas a la gaita, y otras a la flauta moderna que se mueve sobre el labio inferior. Se hacían de madera, hueso o metal. Se empleaban en las orquestas, en los funerales, y especialmente en ocasiones festivas como las bodas. En el capítulo tres de Daniel, versión Reina Valera (RV) se la llama pífano. GAITA. La hallamos en Daniel 3:5, 10, 15, Nácar-Colunga (NC). La RV y la RVR la llaman zampoña; Str., sambuca. Es una flauta, al modo de chirimía, que se acompaña del tamboril. LIRA. Véase "Arpa".

ÓRGANO. Se menciona en Salmo 150:4, RV y NC. Es un instrumento de viento compuesto de muchos tubos, donde se produce el sonido mediante el aire impelido por un fuelle. PANDERO. El pandero o pandereta es un instrumento de madera cuyo vano está cubierto por una piel muy tirante. Era símbolo de alegría. Se parece al tambor, pero tiene sólo una piel estirada sobre el marco, y a veces lleva discos de metal en la parte de fuera. A1 golpear sobre la piel, los discos tintinean aumentando la alegría de la fiesta. Éxodo 15:20; 1 Samuel 10:5; Salmo 81:2; 150:4 lo mencionan. (Véase "tambor".) PÍFANO. Se menciona en el capítulo tres de Daniel, RV. Es un flautín de tono muy agudo. SALTERIO. El salterio del antiguo Israel era semejante al arpa (Str. a veces lo traduce "cítara") y se empleaba para el culto y para las fiestas. Se pulsaba con los dedos, y no con plectro. Algunos han sugerido que su nombre hebreo, que significa "botella", describe la forma del instrumento. Quizá haya sido de origen fenicio. 1 Samuel 10:5; 2 Crónicas 5:12; Salmo 71:22.

SAMBUCA. Algunos la llaman "trígono", y era un instrumento pórtátil semejante al arpa, que se ataba a la cintura del músico, el cual la mantenía vertical al tocar mientras caminaba. El número de sus cuerdas variaba; los griegos y los romanos la consideraban objeto de lujo entre los instrumentos musicales de Oriente. Sólo se menciona en Daniel 3:5, 7, 10, 15, versión de Straubinger. Era parte de la orquesta de Nabucodonosor. SISTRO. por un TAMBOR. estirada, y se

2 Samuel 6:5, Str. La palabra hebrea que se traduce sistro se deriva del verbo "sacudir". En un marco atravesado alambre, colgaban unos anillos de metal que producían un tintineo al sacudir el instrumento. 1 Samuel 10:5, Str. Es un instrumento de percusión, cilíndrico, hueco, cubierto en sus dos bases con piel_. toca golpeándolo con dos palillos o baquetas.

TAMBORIL. 1 Crónicas 13:8 (NC lo llama "tímpano", y Str., "pandereta") Daniel 3:5, 7, 10, 15; Job 21:12. Es un tambor pequeño que se toca con un palillo o baqueta. Acompaña comúnmente al pito y se usa en las danzas populares. En ocasiones, RV lo llama "pandero". Es un instrumento de alegría. TÍMPANO. Jueces 11:34, Str.; 1 Samuel 10:5; 1 Crónicas 13:8; Salmo 150:4, NC. La RVR lo llama a veces "pandero". Es un atabal o tamboril. TROMPETA. Solía hacerse de cuerno de carnero o cabra. A veces se le llama "cuerno". Se empleaba para señales en la guerra, como en el caso de Gedeón (Jueces 7: 16-23). Otra clase de trompeta era recta y metálica. Dios mandó a Moisés hacer dos trompetas de plata (Números 10:1-10). Se mencionan las trompetas en Apocalipsis 8:2. 1 Tesalonicenses 4:16 (v. Mateo 24:31 y 1 Corintios 15:52) menciona "la trompeta de Dios" en la segunda venida. ZAMPOÑA. Daniel 3:5, 7, 10, 15, RV y RVR. Es un instrumento rústico a modo de flauta, o compuesto de muchas flautas. ***

El Paso, Texas BIBLIOGRAFIA 1. Himnarios Mencionados Más Frecuentemente en esta Obra:

ABREVIATURA EH El Himnario para el Uso de las Iglesias Evangélicas de Habla Castellana en Todo el Mundo, Nueva York, Socie dad Americana de Tratados, 1931, 491 himnos. ENHP El Nuevo Himnario Popular, El Paso, Texas, Casa Bautista de Publicaciones, 1955, 389 himnos. HVC Himnos de la Vida Cristiana, Nueva York, Alianza Cristiana y Misionera, tercera edición, 1939, 317 himnos. HS Himnos Selectos Evangélicos, Buenos Aires, Junta Bautista de Publicaciones, segunda edición con música, 1953, 403 himnos. NHE El Nuevo Himnario Evangélico para el Uso de las Iglesias Evangélicas de Habla Española en Todo el Mundo, Nueva York, Sociedad Americana de Tratados, 1914, 349 himnos. ME

Melodías Evangélicas, El Paso, Texas, Casa Bautista de

Publicaciones, 1936, 258 himnos.

CES Cancionero del Ejército de Salvación, Buenos Aires, Cuar himnos y 91 coros (sin música).

tel Territorial, 1937, 473

HE Himnario Evangélico, Buenos Aires, Imprenta Metodista,1943, 419 himnos. HG Himnos de Gloria, San Antonio, Texas, H. C. Ball, segun da edición con música, 1933, 229 himnos. HCE Himnos y Cánticos del Evangelio, Lanús, F.C.N.G.R., Argentina, Depósito de Libros Evangélicos, tercera edición con música, 1940, 440 himnos y 49 coros. CI

Cantos Infantiles, El Paso, Texas, Casa Bautista de Publicaciones, 100 cantos.

2. Libros que son Especialmente Utiles en Este Estudio: Benson, Louis F., The Hymnody of the Christian Church, Richmond, Virginia, John Knox Press, 1956, 310 p. Brawley, Benjamín, History of the English Hymn, New York, Abingdon Press, 256 p. Breed, David R., The History and Use of Hymns and Hymn-Tunes, New York, Revell, 1903, 364 p. Burrage, Henry S., Baptist Hymn Writers and Their Hymn, Portland, Maine, Brown Thurston & Co., 1888, 682 p.

Canclini, Arnoldo, "Cantaré con Entendimiento", Buenos Aires, Junta Bautista de Publicaciones, 1957, 174 p. Ewing,María E., Historia de Grandes Himnos, México, D. F., Casa Unida de Publicaciones, 1956, 128 p. Gillman,Frederick John, The Evolution of the English Hymn, New p.

York, Macmillan, 1927, 312

Julian, John Dictionary of Hymnology (2 tomos), New York, Dover Publications, 1768 p. Libro Conmemorativo de las Bodas de Diamante de la Iglesia Metodista de México. 1873-1948, México, D. F., Imprenta Nueva Educación, 1948. Marks, Harvey B., The Rise and Growth of English Hymnody, New York, Revell, 288 p. Menéndez y Pelayo, Marcelino, Historia de los Heterodoxos Españoles ( 8 tomos), segunda edición refundida, Madrid, Librería (General de Victoriano Suárez, 1928 síg. Ninde, Eduardo S., Diecinueve Siglos de Canto Cristiano, Buenos Aires, Editorial La Aurora, 1948, 191 p. Rodríguez, Alfredo S., Himnos Famosos, El Paso, Texas, Casa Bautista de Publicaciones. Westrup, Enrique T., Principios: Relato de la Introducción del Evangelio en México, Escritos del Protagonista Principal en Dicha Obra, Tomás Martín Westrup. Monterrey, N. L. México, Enrique Westrup, 1948, 126 p. *** CAPITULO I INTRODUCCION Después de la Biblia, es, sin duda, el HIMNARIO el libro que más ha contribuido para confortar el alma, iluminar los ojos, sostener la fe y el amor de los hombres y mujeres cristianos a través del mundo. Un himnario, el Bay Psalm Book (1640), fue el primer libro que se publicó en las colonias inglesas del Nuevo Mundo. En verdad, una de las primeras impresiones en todas las Américas fue un Ordinarium, el cual contenía música, publicado en la ciudad de México en 1556. Es probable que el primer libro evangélico publicado en la España moderna fuera un librito de canto que vio la luz en Cádiz en 1835, unos meses antes que la Sociedad Bíblica imprimiera su primer Nuevo Testamento en suelo español. Que se haya hecho este énfasis sobre los himnarios no es ningún accidente. Tal como los salmos bíblicos eran un elemento esencial de adoración en la sinagoga judía y en el servicio de los cristianos primitivos, así lo es el canto sagrado en nuestra época. En las iglesias evangélicas que tienen largos años de desarrollo el canto espiritual juega un papel fundamental, y en las iglesias nuevas de los campos misioneros una de las primeras preocupaciones de los predicadores evangélicos es de proveer himnos en el idioma del pueblo para que los puedan cantar las personas que llegan a los cultos.

I. LA IMPORTANCIA DE LOS HIMNOS Los himnos son objeto de tanto interés a causa de su gran importancia en el desarrollo de las iglesias y de la vida cristiana. Los escritores sagrados reconocen esto. Hay un libro entero, los Salmos, que contiene cánticos religiosos del pueblo escogido, además de los tantos en otras partes de la Biblia. El Apóstol Pablo da recomendaciones explícitas sobre la música espiritual al escribir tanto a los efesios (5:19) como a los colosenses (3:16,17). En Colosenses, por ejemplo, dice: "La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos e himnos y canciones-espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor. Y todo lo que hacéis, sea de palabra, o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por él". En este texto paulino hay a lo menos cinco cosas que indican la importancia de los himnos. En primer lugar el apóstol relaciona el canto cristiano con la palabra de Cristo. El cantar himnos es la expresión exterior de una cara posesión interior; es la manifestación del evangelio. Esa palabra de fe que habita en abundancia en el corazón del creyente brota en expresiones líricas por medio de las canciones religiosas. Si el corazón siente algo con intensidad parece que casi de por sí éste encuentra expresión en los labios. El impulso lírico es innato en el corazón humano y es especialmente fuerte cuando está dirigido a Dios. En seguida, se nota el lugar del himno en la enseñanza. Pablo dice: "enseñándoos", reconociendo el valor didáctico del canto. En nuestros días los propagandistas por radio se afanan por encontrar algunos versos cantados por medio de los cuales puedan presentar las bondades de sus productos, pues se dan cuenta que un refrán cantado con una melodía agradable se recuerda con mayor facilidad. Muchos de los himnos, y especialmente los coritos que se enseñan durante las campañas evangelísticas, tienen el propósito de enseñar el evangelio en forma tal que la gente que canta encuentre fácil el aprendizaje de las verdades bíblicas, y también las lleve a sus relaciones. Los católicos romanos de su época decían de MARTIN LUTERO que "pervertía" más a la gente por medio de sus himnos que por sus sermones, pues el pueblo andaba en todas partes cantando el evangelio; así se esparcía la enseñanza protestante. Algunos han expresado que en Chile tantas personas se han ganado para Cristo por medio de los himnos, como por la predicación. A través de la América Latina este ha sido especialmente el testimonio acerca de la obra evangélica en los pueblecitos y en los campos. Probablemente la mayoría de nosotros ha formado más sus conceptos de doctrina a base de los himnos que cantan que de lo que se piensa. Por eso, el gran Apóstol escribe a los corintios (I Corintios 14:15) "Cantaré con el espíritu, mas cantaré también con entendimiento". En tercer lugar, al escribir a los colosenses, Pablo dice "exhortándoos". Esto se refiere al poder de los himnos y de la música sobre las personas para moverlas a ciertas actitudes o acciones. Tal como la música marcial y los himnos nacionales incitan a la valentía y al patriotismo, así los diferentes himnos, según su naturaleza, mueven a la consagración, a la oración, a la adoración, o a la decisión. El canto de medianoche de Pablo y Silas en la cárcel de Filipos les aumentó el valor y los estimuló a la propia exhortación. Los cristianos en la arena de Roma y en la hoguera de Sevilla, cantaron con gozo por el privilegio de sufrir por su Redentor y, a la vez, para alentarse mutuamente en la dura prueba que afrontaban. También en nuestros días millones de personas han cobrado nuevo ánimo para seguir en el bien hacer cantando himnos, ya sea en la congregación o particularmente. Una cuarta cosa en la recomendación del Apóstol que indica la importancia del canto cristiano tiene que ver con la acción de gracias. Todos los pueblos en todos los tiempos han usado los himnos para alabar a sus dioses, o, como es más corriente, para presentarles sus peticiones. Pablo también indica a los colosenses que debieran estar "...con gracia cantando en vuestros corazones al Señor. Y todo lo que hacéis... hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por él". Las peticiones al Altísimo tal vez sean las expresiones más comunes entre los seres humanos, pero la gratitud y el gozo representan un nivel incomparable en la relación entre el hombre y su Hacedor. La fe cristiana es por

excelencia una religión de gozo que naturalmente encuentra su expresión en el canto. De ahí, entonces, se ve la gran importancia de los himnos. En quinto lugar, se deja entrever otro mérito en los cánticos evangélicos. Pablo está dirigiéndose a los hermanos de Colosas en general y no a un grupo especial de ellos, y al decir "vosotros" y "vuestros" implícitamente está indicando que el canto es prerrogativa de todo el pueblo. El himno es un medio por el cual toda la congregación puede tomar parte activa en el culto. Se ha dicho de Lutero que dio al pueblo alemán en su propio idioma la Biblia, el catecismo y el himnario, de modo que Dios pudiera hablarle directamente en su Santa Palabra y que el pueblo pudiese responderle directamente con sus cánticos. Hay una relación directa entre lo que una persona contribuye al culto y el provecho que de él saca. El orador coopera con el canto, y el servicio tiene un significado más profundo que de otro modo no tendría. Además, la alabanza en esta forma debe de ser más agradable a Dios, pues ha provenido de un mayor número de sus criaturas. Pero, también, hay otras cosas que sugieren la importancia de los himnos, las que el escritor sagrado no se preocupó de mencionar. Por ejemplo, la música tiene la cualidad de ser más vaga e indefinida que otras formas de arte, de manera que ofrece un medio para que el hombre exprese sus inquietudes y su anhelo de aquello que no ha alcanzado. Muchas veces lá palabra o la vista no son capaces de encerrar las ideas y los sentimientos inefables del corazón. En la música sagrada el alma puede expresar las emociones religiosas que las meras palabras no pueden expresar. Por medio de la música el alma se libera. Además, la gente responde más favorablemente al evangelio cuando hay una música atrayente en los cultos. Los cantos evangélicos gustan, y muchos cantan alegremente sin pensar en su origen ni en su contenido. Sin embargo, en forma inconsciente, sus verdades penetran a los corazones donde germinan y brotan a veces inesperadamente. Se cuenta de una señora brasileña que escuchaba a su vecina evangélica tocar el piano. Un día le pidió el libro que contenta la música para tocar ella misma. Como era muy católica, cubrió la letra del himno para no leerla. Pero, tanto le gustó la música que tuvo una gran curiosidad por ver la letra. Por fin su impaciencia pudo más y descubrió la letra del himno, la que le impresionó favorablemente, y la guió más tarde a la conversión. El canto cristiano, como se puede ver, es una poderosa agencia evangelizadora. El himno evangélico tiene una importancia especial en los países que comúnmente se llaman católicos, pues estos pueblos no son del todo desconocedores de los himnos. Es interesante notar que en el famoso primer viaje de CRISTOBAL COLON al Nuevo Mundo, cuando el 25 de septiembre de 1492 uno de los marineros creta ver una luz, el antiguo cántico "Gloria in excelsis Deo" se elevó en los tres pequeños barcos. Entonces, cuando realmente vieron la luz el 12 de octubre, cantaron "Salve Regina". Tampoco podemos menos que observar que ambas canciones fueron en un idioma muerto y una se dirigía a la Virgen. Después, con el tiempo, algunos de los propagandistas católicos reconocieron la importancia de la música en el trabajo. BARTOLOME DE LAS CASAS tuvo gran éxito entre los indios de Guatemala con su catecismo acompañado de música. PEDRO DE GANTE estableció una escuela de música en México en 1524, la primera en las Américas. FRANCISCO SOLANO atraía a los indios del Gran Chaco por medio de su violín y los instruía con las doctrinas católicas acompañadas de música. Aunque estos casos son más bien la excepción que la regla, no obstante ilustran el valor de los himnos entre los pueblos de estas tierras. Los evangélicos con sus cantos en lenguaje usual y con la participación de casi toda la congregación tienen mucho más qué ofrecer que los católicos romanos. De consiguiente, se puede recalcar que el himno evangélico es de una importancia tal que merece ser tomado muy en cuenta. II. LAS CARACTERISTICAS DE LOS HIMNOS

A1 hablar de la importancia de los himnos, conviene detenerse un poco para indicar justamente lo que es un himno. El Apóstol nombró tres clases de cantos religiosos tanto en Efesios como en Colosenses. A1 escribir a los efesios (5:1&20) dice: ". . .sed llenos del Espíritu; hablando vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo". Para el servicio espiritual se mencionan salmos, himnos y canciones espirituales. No hay distinción absoluta entre estos términos, pero, en general, los salmos serían los cánticos bíblicos, y especialmente los del Libro de los Salmos, el que servía de base principal para el canto en la sinagoga y en las reuniones de los cristianos primitivos. Algunos comentaristas creen que también la palabra "salmos" implicaba un acompañamiento de instrumentos musicales. Otros "salmos" podrían ser cánticos de alabanzas creados por los cristianos, pero probablemente siguiendo el modelo de los salmos bíblicos. Los "himnos" eran cánticos de gozo y de alabanza, dirigidos a Cristo y a Dios, escritos por poetas creyentes. Probablemente los escritos del Nuevo Testamento tienen frases de estos himnos en tales pasajes como I Timoteo 3:16. "Aquel que fue manifestado en la carne, Justificado en el espíritu, Visto de ángeles, Predicado entre las naciones, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria". ( V. M. ). Las "canciones espirituales", como término más general, serían en especial los cánticos que no eran salmos ni himnos, pero que servían a los intereses espirituales de los creyentes. Es posible que un solo cántico sea tanto salmo como himno y canción espiritual. En la usanza de nuestros días la palabra corriente al referirse a los cánticos religiosos es "himno". Así, el famoso himnólogo Benson dice que esencialmente el himno es: "versos litúrgicos". El vocablg viene del griego hymnos y, según el diccionario: Nuevo Pequeño Larousse Ilustrado, es un "cántico en honor de la divinidad. Entre los antiguos, poema en hMor de los dioses o de los héroes. Canto nacional o popular". Una enciclopedia lo expresa así: "En sentido general, el himno es un poema lírico o religioso; más específicamente, es una composición métrica dividida en estrofas o versos, que se usa en la -adoración". Sin embargo, hay algunos himnos que no son métricos ni están divididos en estrofas, y antiguamente los más no lo eran. Ahora, no obstante, la composición métrica caracteriza casi todos los himnos fuera de los de la Iglesia Católicaromana, donde todavía los milenarios cánticos gregorianos son los modelos preferidos. El famoso AGUSTIN definió el himno cristiano como "un cántico de alabanza a Dios". Pero esta definición es demasiado limitada, ya que el propio apóstol Pablo, según los pasajes en Efesios y Colosenses ya citados, indica que un himno debe no sólo orar y alabar, sino también enseñar y edificar, tal como lo demuestra cualquier himnario moderno. Eso sí, para que sea verdadero himno, una poesía religiosa, además de ser lírica, debe, directa o indirectamente, dirigirse a Dios. Las canciones espirituales incluyen los salmos y los himnos; pero también incluyen una clase de cánticos que no son oraciones ni alabanzas ni se dirigen con preferencia a Dios. Hay cánticos religiosos cuya función principal es de instar a los hombres a ciertas actitudes o acciones espirituales. Por ejemplo: "Pecador, ven al dulce Jesús" trata de cosas fundamentales del cristianismo, pero está dirigido hacia la exhortación de los hombres, por cuya razón no es himno sino canción espiritual. Hay algunos cánticos que son difíciles de clasificar, y, de todos modos, muchas veces en la práctica para todos ellos se usa el término "himnos". Usando el vocablo "himno" en este sentido general, se puede decir que tiene algunas características que lo distinguen de otras fases del arte o del servicio de la iglesia. Otras clases de arte pueden existir por el valor del mismo arte, pero no el himno. Este tiene un propósito práctico: servir a la congregación en el culto de la iglesia. Idealmente tiene que pasar una prueba triple: ¿Suena bien el himno al leerlo? ¿Suena bien al cantarlo? ¿Tiene vida? El himno es lo único que tiene que ver con tres grandes campos de la inspiración y del arte, es decir, la religión, la literatura y la música. Si una poesía no presenta sana doctrina o ideas consecuentes con un culto al Omnipotente, no puede tomarse por himno, aunque su estilo literario sea superlativo. También, si el poema religioso no se ajusta a la música será poesía

devocional más bien que himno. Y sin una cierta cualidad literaria la lírica no será himno como debe serlo. Algunos de los himnos más conocidos tienen manifiestas faltas literarias; y muchas veces versos que tienen fuerza y popularidad con una melodía, son ineficaces con otra, y también ha pasado que una letra excelente se ha olvidado porque se ha asociado con música que no ha agradado, y una letra muy pobre ha sobrevivido gracias a una agradable melodía acompañante. Otra característica del himno es su universalidad. Esta se ve de varias maneras. Es universal en que apela a todas las personas de la congregación. No todas pueden predicar o enseñar; pocos son los que pueden pintar cuadros de Jesús o edificar templos hermosos, pero sí, casi todos pueden cantar. El cantar himnos es un arte popular. Es algo en que todos los asistentes pueden tomar parte. El himno es universal porque está al margen del sectarismo y de los diferentes credos cristianos. Las denominaciones tienden a parcelar el cristianismo, pero la canción sagrada franquea esas vallas para servir a todo el pueblo cristiano. La buena música no pertenece sólo a una sola secta, sino a todas; es un idioma universal. Además, la lírica religiosa suele tratar los conceptos generales de la vida cristiana en los que la gran mayoría de las iglesias cristianas están de acuerdo. Por eso cantamos "Cariñoso Salvador", escrito por un metodista y traducido al castellano por un bautista; "El mundo perdido en pecado se vio", escrito por un bautista y traducido por un presbiteriano; "Firmes y adelante" escrito por un anglicano y traducido por un obispo de la Iglesia Reformada Española; "Sal a sembrar, sembrador de paz", por un oficial del Ejército de Salvación; "Más cerca, oh Dios, de Ti", escrito por un unitario y traducido por un metodista; "Ante Pilato Jesús está", escrito por un aliancista y traducido por uno del grupo que generalmente es llamado los Hermanos de Plymouth; "Día feliz cuando escogí", escrito por un congregacional y traducido por un bautista; ete. Cantamos también "Noche de paz", que fue escrito por un católico romano y traducido por un luterano. La universalidad del himno se ve también en que las fronteras internacionales no tienen significado. "Castillo fuerte es nuestro Dios", fue escrito por un alemán; "Tal como soy", por una inglesa; "Cristo me ayuda por él a vivir", por un norteamericano; "Ven a nuestras almas, Paracleto Santo", por un francés; "Oh qué amigo nos es Cristo", por un irlandés; "Hay un lugar do quiero estar", por un mexicano; "Dad a Dios inmortal alabanza", por un español; "Como María en Bethania", por un argentino; etc. Muchos de los mejores himnos han sido traducidos a decenas dé idiomas y dan estímulo y consuelo a millares de fieles de todas las razas. Además, algunos aparecen en un gran número de lenguas. Un estudio de himnarios en más de trescientos idiomas demostró que el himno alemán "Castillo fuerte es nuestro Dios" estaba en ciento setenta y una lenguas diferentes. El himno inglés "Roca de la eternidad", aparecía en ciento treinta, y el himno latino "Adeste, jideles", ("Venid, fieles todos") se canta en ciento cuatro idiomas. "Tal como soy" y "Más cerca, oh Dios, de ti", salían en a lo menos cien lenguas. Catorce himnos más se encontraban, cuando menos, en cincuenta idiomas. Y al esparcirse el evangelio y los himnos en -otras áreas es probable que el número de estas lenguas vaya en aumento. Hay una universalidad también en cuanto a tiempo. Sin contar los cánticos bíblicos que tienen dos o tres mil años de existencia, hay himnos que son antiguos. "Vives triste y angustiado?" fue escrito en el siglo octavo. Algunos aparecieron en la edad medioeval, y más en la época de la Reforma. Sin embargo, la mayor parte de los himnos que usamos en nuestros cultos en castellano vieron la luz durante los dos últimos siglos. Otra marca de universalidad en los himnos es la diversidad de su origen, no sólo en cuanto a las nacionalidades de los autores, sino de su ocupación y puesto en la vida. La mayor parte ha sido escrita por miembros de ministerio religioso y sus familiares, pero también muchos oficios están representados. "Ven a nuestras almas, Paracleto Santo". fue escrito por un rey francés; "Salvo en los tiernos brazos" y muchos otros fueron escritos por una ciega norteamericana; "Dime la antigua historia", fue producto de una enfermiza, hija de un banquero inglés; un ingeniero civil español escribió "Pecador, Jesús te llama". Una ama de casa norteamericana ideó: "Te quiero, mi Señor", en medio de los quehaceres domésticos. "Dad a Dios inmortal alabanza", fue escrito por un reconocido literato y político español.

Un fenómeno interesante tocante a los himnos es el lugar de preferencia que algunos de ellos van tomando en la vida de los individuos. Muchas veces, a medida que la experiencia cristiana de una persona se desarrolla, ciertos himnos toman una importancia por encima de cualquier mérito literario, doctrinal o musical. Quizásun himno determinado traiga a una persona recuerdos de la noche en que se convirtió o de la niñez, o que haya sido favorito de la madre o de otro ser querido, o que le significara una gran ayuda en un período agudo de la vida. A la inversa, a veces una persona no quiere cantar ni oír cierto himno porque le trae un triste recuerdo. Todos estos valores personales se conjugan para valorar un himno. Estas características tienen que tomarse en cuenta al pensarse en la parte musical del culto. El himno es un medio por el cual los asistentes al servicio religioso pueden elevar sus pensamientos hacia Dios; su propósito es práctico más bien que literario; su alcance es universal; y en su valor para cada persona muchas veces entran factores personales. III. LA IMPORTANCIA DE LA HIMNOLOGIA Si el himno tiene un significado tan grande como ya se ha visto, entonces vale la pena estudiarlo. E1 estudio ordenado de los himnos se llama himnología. La himnología toma su lugar al lado de otras fases de la vida y doctrina cristianas, para recibir de parte de los dirigentes y miembros de la iglesia la atención que su importancia requiere, ya que está vitalmente relacionada con la tarea de ganar almas nuevas y de ayudarlas a que crezcan en la adoración y en el servicio. Lo que mejore el himno evangélico terminará mejorando la calidad de la vida eclesiástica. El estudio de himnología tiene tres propósitos prácticos: conocer mejor los himnos existentes y sus autores; poder seleccionar mejor los him-nos apropiados para las ocasiones deseadas; y crear himnos más autóctonos y de mejor calidad. Es demasiado común que la gente en el culto cante los himnos sin pensar en su significado. Cantan porque conocen el himno casi de memoria; porque les gusta la melodía; o sencillamente porque el que está dirigiendo el culto lo ha indicado. Una comprensión del período en que se escribió un himno y las circunstancias bajo las cuales llegó a producirse, o algún conocimiento de la vida y del trabajo del autor a menudo ayudan a que el himno tenga más significado. En el caso de otra índole de poesías se considera muy provechoso saber algo de la biografía de los autores. Por tanto, ese conocimiento debe ser tan importante en la educación religiosa como en otras formas de educación y como en cualquier otra fase de la enseñanza cristiana. Entre el pueblo cristiano, tomando en cuenta los diferentes cultos con sus himnos, se lee más poesía hímnica cada semana que cualquier otra clase. Es importante, pues, que nuestro pueblo comprenda los himnos que está usando. En seguida, resulta que si los himnos son comprendidos, será más fácil seleccionar los himnos para las diferentes ocasiones que.se presentan. Pensando en el mensaje del himno, un director no anunciará "Firmes y adelante" si quiere incitar a la oración. Pensando en el contenido y en la forma del himno, también se dará cuenta de que la calidad de los himnos no es uniforme, y vendrá a desear himnos que presenten las verdades que más vienen al caso y que las presenten en la mejor forma literaria. El estudio de la himnologia castellana también debe resultar un estímulo a los hermanos de las iglesias de habla castellana para que se preocupen de producir más himnos que expresen la propia alma del pueblo español o iberoamericano. Hasta ahora la mayoría de los himnos son traducciones. Aunque siempre habrá lugar para himnos traducidos, pues los hay en todos los idiomas, sin embargo debe haber más que sean originarios del castellano. La himnología enfoca una luz sobre este problema y da esperanza de mejores días en el porvenir.

La himnología aun entre los ingleses y norteamericanos no vino a tener importancia sino hasta mediados del siglo pasado; pero entre las iglesias evangélicas de habla castellana recién ahora empieza a recibir atención de los dirigentes de la obra. Así, se nos sugiere la necesidad de preocuparnos de nuestros cantos evangélicos. Primeramente haremos un estudio de cómo, a través de los siglos, se ha desarrollado el himno como factor sin igual de la literatura religiosa y como parte importante de la adoración que los hijos de Dios dan al Padre celestial. Empezaremos con los cánticos sagrados primitivos, y seguiremos hasta ver los himnarios de nuestros días. Y esto se hará con la esperanza de que sirva para poder mejorar la alabanza congregacional a Aquel quien es digno de recibir toda la alabanza por los siglos de los siglos. CAPITULO II EL HIMNO EN LA IGLESIA PRIMITIVA Desde los principios de la historia ha habido canto sagrado. Los salvajes con sus cánticos rústicos expresaron su relación para con la divinidad y en la literatura más antigua de las naciones hay indicaciones de que los pueblos usaban himnos de alabanza y de ruego a sus dioses. La observación y la experiencia indican que el cantar himnos a un ser, o seres sobrehumanos, parece ser instintivo para el género humano. Es lógico, entonces, que al aparecer la Iglesia de Jesucristo, ella también usara himnos al acercarse a su Señor y Dios.

I. LOS ANTECEDENTES EN EL HIIYIN0 PAGANO El himno cristiano tiene raíces en los cantos que dirigían a sus dioses paganos los griegos, romanos, y otros pueblos de los cuales salieron los creyentes primitivos. Es interesante observar que los caldeos cantaban himnos a sus dioses antes del tiempo de Abraham. Uno de los ladrillos grabados encontrados en el Cercano Oriente contenía un himno escrito en el caldeo antiguo, dirigido a Hurkis, el dios luna de los caldeos. El himno dice así: "Padre mío, de la vida el dador, apreciando, contemplándolo todo; Señor, cuyo poder bondadoso se extiende sobre todo lo que hay den el cielo y en la tierra. Tú haces salir del cielo las estaciones y las lluvias; Tú custodias la vida y produces los aguaceros. ¿Quién en los cielos es elevado y glorioso? Tú. Sublime es tu reino. ¡Tú revelas tu voluntad en los cielos y los espíritus celestes te alaban! ¡Tú revelas tu voluntad aquí abajo y sojuzgas los espíritus terrenales! Tu voluntad resplandece en el cielo como ascua brillante; En la tierra tus hechos me la declaran. Tu voluntad, ¿quién la sabe? ¿con qué la puede comparar el hombre? ¡Señor en cielo y tierra, tú, Señor de dioses, y ninguno te iguala!" Entre todas las- expresiones inadecuadas del paganismo había algunas como este himno que cabrían dentro de la adoración del Dios verdadero. Los egipcios también cantaban en la adoración de sus dioses. Los papiros conservan un himno muy antiguo dirigido al río sagrado, el Nilo. Cuatro veces al día los sacerdotes cantaban loores a sus

divinidades. Sin duda, MOISES era muy conocedor de estas alabanzas y algo aprendió de ellos para que, bajo la dirección divina, pudiera consagrar este conocimiento a la adoración de Jehová. El gran maestro de la literatura griega de antaño, HOMERO, tenía en sus obras muchos y hermosos himnos a sus dioses. Los escritores griegos que le siguieron también presentaron sus poesías como una adoración divina. Se puede decir que el contenido de sus himnos contribuyó muy poco a la adoración cristiana; pero sí el desarrollo poético del cántico griego tuvo una gran influencia en la forma de los primitivos himnos cristianos en griego. Al hablar del canto religioso entre los paganos, vale la pena recordar que la palabra encantar, que etimológicamente significa "cantar en", viene de los pueblos primitivos que creían que, mediante el canto, los adoradores podían lograr que un dios hiciese lo que los cantores deseaban. De consiguiente, cantaban y bailaban para mover a la divinidad a realizar una cierta acción. II. EL FONDO DEL HIMNO CRISTIANO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO Si es que el himno cristiano recibió algo de los cantos paganos, en cambio él tiene una deuda mucho más grande para con el Antiguo Testamento. Cuando los israelitas primero salieron de Egipto, el gozo de la liberación se expresó en canto (Éxodo 15), acompañado con instrumentos de música que llevaban consigo. Las cualidades literarias de este cántico indican que la poesía religiosa no era un arte nuevo, sino más bien algo ya establecido. La principal distinción entre los cánticos paganos y los hebraicos estriba en que los israelitas ocupaban la poesía casi exclusivamente en la religión, en su culto a Jehová. Debido a este alto ideal religioso y a la inspiración, la poesía hebrea alcanzó alturas muy superiores a la de otros géneros literarios producidos en países vecinos, y desarrolló características propias. No tiene compás ni ritmo en el sentido de la poesía moderna, pero si tiene un espíritu poético y un alto valor lírico. Esta literatura tiene su punto culminante en los Salmos, el libro que es, sin duda, el himnario más antiguo del mundo y el que ha tenido más influencias en toda la historia de la Iglesia. Desde la época de SAMUEL había escuelas de profetas que hicieron considerable uso de la música. Durante el tiempo de DAVID habla un coro numeroso, cuatro mil músicos, las voces bajo la dirección de CHENANIAS y los instrumentos dirigidos por ASAPH y otros (I Crón. 15:22; 16:5-7). Como se ve en los Salmos, estos no sólo eran directores, sino también compositores y escritores (Salmo 73, etc.). En el tiempo de SALOMON la obra coral era magnífica, la más grandiosa tal vez que se haya usado en la adoración divina. Después del cautiverio, el canto para el culto se extendió del templo a las sinagogas en dondequiera que había judíos. Durante el tiempo de Jesús, el ritual del pueblo era confeccionado a base de cantos especiales para los distintos días de la semana y otros para ocasiones especiales. El culto de alabanza era dirigido por un coro numeroso de levitas. Formaban el coro mayormente hombres y niños, aunque a veces las mujeres también cantaban en él. La alabanza alcanzaba su punto culminante del año, el último día de la fiesta de los Tabernáculos, en cuya ocasión el coro dirigía a la congregación el presentar en canto llano el Salmo 81. Al cantarlo, los sacerdotes tocaban trompetas a intervalos y el pueblo se inclinaba en adoración. Fue entonces, en un ambiente musical, que se educó el hijo de María de Nazaret. Y es casi seguro que el himno cantado por el Señor y los apóstoles en el aposento alto (Mateo 26:30) antes de salir para Gethsemaní, era uno de los salmos de la Pascua (113118), llamados el "Halle!". De esta palabra "Halle!", alabar, viene la palabra "Aleluya" (literalmente Hallalu-ya, Alabad a Jehová -Yahweh). III. EL HIMNO EN EL NUEVO TESTAMENTO

El mensajero del Antiguo Testamento había profetizado que con la llegada del Mesías prometido, "los rescatados de Jehová volverán, y vendrán a Sión con canciones; y regocijo eterno estará sobre sus cabezas; ¡alegría y regocijo recibirán, y huirán el dolor y el gemido!" (Isaías 35:10. V. M.). efectivamente, la venida al mundo del Salvador representó "una nueva de gran gozo", la que desde entonces ha dado razón sobrada para cantar en alabanza y gratitud al Padre celestial. Al principio, naturalmente, utilizaban los himnos del culto judío, pero al pasar los años se escribieron himnos con espíritu más netamente cristiano evangélico, aunque en el mismo Nuevo Testamento, y hasta en el Antiguo, encontramos también canciones personales (como las canciones de MARIA, hermana de Moisés, y la de DEBORA, etc.). En Lucas encontramos el principio de la himnología cristiana en la noble canción de MARIA, madre de Jesús (1:46- 55), comúnmente llamada el Magnificat, por ser ésta la primera palabra en la traducción latina; la canción de -ZACARIAS, el Benedictus (1:6879); la de LOS ANGELES, Gloria in excelsis (2:14); y la de SIMEON, el Nunc dimittis (2:29-32). Estos himnos se cantan todavía, especialmente en la Iglesia Católica Romana y en algunas otras. El regocijo de los discípulos tuvo su expresión en el cantar alabanzas: (Hechos 2:46,47). Pablo y Silas cantaron himnos a Dios en la cárcel de Filipos (Hechos 16:25). Pablo, al escribir a los colosenses (3:16) y a los efesios (5:18-20), les estimulaba a que fueran llenos del Espíritu y que se exhortasen los unos a los otros con salmos, himnos y canciones espirituales. También en I Cor. 14:26 se puede deducir que en el cantar había bastante libertad y espontaneidad. En el Nuevo Testamento hay varios pasajes que dan la impresión de ser porciones de himnos antiguos, tales como, por ejemplo: 1 Timoteo 3:16 y Santiago 1:17, y los cánticos inspiradores del Apocalipsis 4:8; 4:11; 7:12 y 15:3,4. IV. EL HIMNO EN LOS PRIMEROS SIGLOS Cuándo comenzó a usarse un himno determinado, o cuándo fue generalmente aceptado por los primeros cristianos, es difícil decirlo con certeza. El desarrollo fue lento, aunque hasta el cuarto siglo, salvo en algunas partes como en Antioquía donde se notaba más un espíritu de originalidad, es probable que la mayoría de los himnos para el culto tuvieran su origen en el Antiguo y Nuevo Testamento. El Gloria in excebis llegó a llamarse la Gran Doxología, y le fueron agregadas palabras e ideas por personas desconocidas, ampliando el texto angelical, hasta que durante el segundo siglo quedó como sigue: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres; Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias por tu gran gloria. Oh, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Omnipotente; Oh, Señor Dios, Hijo Unigénito, Jesucristo, Oh Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros; Tú que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros; Tú que quitas los pecados del mundo, recibe nuestro ruego; Tú que estás sentado a la diestra de Dios Padre, ten misericordia de nosotros. Porque Tú eres santo, Tú sólo eres el Señor. Tú sólo, oh Cristo, con el Espíritu Santo, eres Altísimo en la gloria de Dios Padre. Amén".

La Doxología Menor era el Gloria Patri. La primera parte fue basada en Mateo 28:19, y la última fue agregada después de la gran controversia sobre la persona de Cristo. Las palabras completas traducidas son las siguientes: "Gloria demos al Padre, Al Hijo y al Santo Espíritu; Como eran en el principio, Son hoy y habrán de ser, Eternamente. Amén". (ENHP, 388). El "tres veces santo" de Isaías 6:3 y Apocalipsis 4:8 nos dio el Ter Sanctus. E1 Benedicite fue basado en el supuesto canto (encontrado en el agregado apócrifo de "El cántico de los Tres Santos Niños") de los tres compañeros de Daniel, capítulo 3, e insertado entre los versículos 23 y 24. Es una paráfrasis del salmo 48. Fuera de estos, casi ninguno de los himnos del segundo siglo ha sido conservado, salvo el breve Aleluya en el cual el dirigente cantaba, "Alabad a Jehová" y la congregación respondía, "Sea alabado el nombre de Jehová". PLINIO EL MENOR, gobernador romano pagano de Bitinia durante la primera parte del segundo siglo, nos da un vistazo de las costumbres cristianas al escribir al emperador Trajano pidiendo saber qué hacer con esa gente. Le informó al Emperador que los cristianos acostumbraban reunirse muy de mañana y que cantaban himnos a Cristo como Dios, en canciones alternadas. También EUSEBIO obispo cristiano de Cesares durante el tercer siglo, escribió en su Historia: "Tantos salmos e himnos, escritos por los hermanos fieles desde el principio, celebran a Cristo el Verbo de Dios, jiablando de él como divino". Más adelante en su libro se refiere a un tal Pablo de Samosata, obispo hereje de Antioquía, quien trataba de "impedir el cantar sálenos a nuestro Señor Jesucristo por ser productos modernos de hombres modernos"; y en vez de cantar gloria a Cristo, hacia cantar salmos a sí mismo, "lo cual haría estremecerse a cualquier cristiano verdadero". Otro personaje del segundo siglo, CLEMENTE DE ALEJANDRIA, uno de los primeros escritores de himnos cristianos, testificó que los grupos cristianos cantaban a la hora de las comidas, aunque no dio una idea de cómo eran estas "bendiciones". Un himno con el cual él terminó su obra Pedagogo es el himno cristiano más antiguo en existencia (fuera de la Biblia), el que nos da una idea de cómo debían haber sido los himnos de la época. En parte, hélo aquí, en traducción del P. José Zamera:

"Freno de potros indómitos, alas de aves que no yerran el vuelo; timón verdadero de las naves, Pastor de corderos regios, a tus inocentes niños congrégalos para alabar santamente y cantar con espontaneidad, con labios puros a Cristo, guía de los niños. Rey de los Santos,

Oh Verbo! que domas todas las cosas, conductor de la Sabiduría del Padre del Altísimo, sostén de los trabajos. Tú gozas de la eternidad, Oh, Jesús, Salvador del género humano! Pastor, sembrador, timón del freno, a la celeste. Pescador de los hombres' de grey santísima, que se ven libres del vicio del mar; tú pecas con dulce vida a los castos peces librándolos de dañosa ola. Sé su guía, Pastor santo de las ovejas dotadas de razón, sé guía, Rey de los niños no mancillados, Huellas de Cristo camino del cielo, Verbo eterno, Evo infinito, luz sin fin, fuente de misericordia; obrador de la virtud, vida morigerada de los que alaban a Dios, Oh, Cristo Jesús, leche del cielo exprimida de los dulces pechos de la Ninfa de la gracia cual es tu Sabiduría, los pequeñuelas alimentados

con boca tierna y llenos del rocío del espíritu que emana del pecho racional, cantemos a una himnos de verdad a Cristo Rey en santa gratitud; por el don de su doctrina de vida entonemos sencillas loas al poderoso Niño". TERTULIANO también hace referencia a la costumbre de cantar Y testificar juntamente con la comida. Un Himno de Anochecer, con Ter Sanctus y Gloria in Excelsis, eran los himnos más conocidos de aquellos tiempos. Cabe recordar que el segundo siglo fue un período de persecución, cuando muchos de los que cantaban tuvieron que pagar su fe con su vida. V. EL HIMNO Y LOS SIGLOS DE CONTROVERSIA TEOLOGICA La gran controversia alrededor de las doctrinas de ARRIANO, no pudo menos de hacerse sentir en el canto religioso. Estas herejías de Arriano fueron escritas en himnos, llamados "ThaIia" y se acompañaban con cualquier melodía, muchas de las cuales habían sido canciones populares de cantinas. Los ortodoxos estaban escandalizados, mayormente al oír el pueblo cantarlas en su trabajo. Uno de los'; primeros en ver la necesidad de himnos populares que fuesen orto... doxos en doctrina fue EFRAIN DE SIRIA (m. 373), quien compuso ~ sus himnos con el mismo compás que los de los gnósticos. Logró una influencia grande. El primero de los escritores griegos de himnos fue GREGORIO NACIANCENO (328- 389), quien después de renunciar como obispo de Constantinopla, dedicó algún tiempo a esta tarea. Mientras tanto, en el Occidente, el canto de las iglesias siguió las normas de usar casi exclusivamente los versos bíblicos, o paráfrasis de los mismos, tal como había sido la costumbre anteriormente en el Oriente. HILARIO (m. 366), obispo de Poitiers, fue expatriado a Asia por defender a la Trinidad, y allí se impresionó de cómo cantaban no sólo los herejes, sino también los ortodoxos y, dándose cuenta de su valor propagandista, volvió después de cuatro años para escribir su Libro de Himnos, del cual desgraciadamente nada nos queda; sólo lo menciona Jerónimo. Hilario ha sido llamado "el padre del himno latino", aunque no hay evidencia terminante de que él haya . escrito algún himno. Abogaba por el cantar público y triunfante, el cual "da placer a Dios y seguridad a nuestra esperanza". AMBROSIO (m. 397) estableció firmemente la costumbre de cantar himnos en su gran iglesia de Milán. Sus composiciones, tanto de letra como de música, eran sencillas y vigorosas, expresando lacónicamente las grandes doctrinas cristianas. El canto ambrosiano era alternado. En una ocasión cuando el Emperador, quien favorecía a los arrianos, mandó expropiar el templo, Ambrosio y sus seguidores se encerraron dentro y cantaron himnos hasta que los soldados que los sitiaban se cansaron y se fueron. Ambrosio enseñaba a los hombres, y aun alas mujeres, melodías sencillas y fáciles de cantar, y se regocijaba al oir trozos de himnos de alabanza y confesión de pecado a la santa Trinidad... Decía él: "Cualquiera que tiene cinco sentidos debe enrojecerse de vergüenza si es que no empieza el día con un salmo, ya que los pajaritos más pequeñitos comienzan y terminan el día con dulces canciones de devoción".

AGUSTIN (m. 430) fue ganado para Cristo por las predicaciones de Ambrosio, y vez tras vez se refería a la gran ayuda que había recibido de los himnos. Sin embargo, reconocía el peligro de "sonidos dulces" que pueden hacer olvidar el significado de las palabras cantadas. Dijo: "Cuando sucede que me conmuevo más por el mismo cantar que por lo que se canta, confieso ser pecador criminal y entonces deseo no haber oído la música". Verdaderamente constituye un peligro tal que ha habido quienes, a través de los siglos, han suprimido totalmente del culto el cantar himnos por la razón a que Agustín alude. La tradición ha asociado el famoso himno en latín, el Te Deum, con los nombres de Ambrosio y Agustín, especialmente con el de Ambrosio; y puede ser que él haya ayudado a dar a este himno el lugar trascendental de prestigio que durante quince siglos ha gozado en las iglesias del Oeste. La leyenda dice que Ambrosio lo escribió cuando presentó a Agustín para el bautismo, aunque es posible que se haya basado en un himno en griego. Este himno pone alas al credo cristiano y vuela por todo el cielo de la alabanza. Es verdad que es único en la historia de la Iglesia y que ha servido como ningún otro himno como medio de alabanza a Dios. En la Iglesia Católica Romana y en otras hasta hoy se canta para celebrar ocasiones especiales. Se canta como parte de la coronación de todos los reyes británicos y en Chile se usa todos los años para celebrar el día de la Independencia. Su paternidad está en duda, pero es de un período cuando el salmo hebreo todavía servía de modelo para la alabanza cristiana. La primera línea en latín "Te Deum haudamus, Te Dominum confitemur", dio el nombre al himno. Se desconoce quien lo tradujo al castellano. "Oh Dios, a Ti Te loamos y confesamos que Tú eres el Señor. Toda la tierra Te adora, ¡Oh Padre Eterno!

Tú, habiendo vencido los dolores de la muerte, abriste el reino de los cielos a todos los creyentes.

A Ti los ángeles y los cielos y todas sus potestades levantan sus voces.

Tú estás sentado a la diestra de Dios, en la gloria del Padre.

A Ti los querubines y serafines claman sin cesar,

Nosotros creemos que vendrás a ser nuestro Juez.

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos,

Por tanto te suplicamos socorras a tus siervos, que redimiste con tu preciosa sangre.

Llenos están los cielos y la tierra de la majestad de tu gloria. La compañía gloriosa de los apóstoles Te alaba;

Haz que sean del número de tus santos en la gloria eterna. Señor, salva tu pueblo y bendice tu heredad.

La congregación excelente de los profetas Te celebra,

Gobiérnale y ensálzale perpetuamente.

El ejército triunfante de los mártires Te alaba,

Y honramos tu nombre eternamente.

La Santa Iglesia en todo el mundo Te confiesa.

Señor, dignate preservarnos en este día de todo pecado,

Padre de majestad infinita: A tu Hijo único, verdadero y venerable: También al Espíritu Santo, Consolador. Tú eres el Rey de la gloria, ¡Oh Cristo! Tú eres el Hijo eterno del Padre. Cuando Tú te dignaste redimirnos, no te desdeñaste nacer de una virgen.

Todos los días te bendecimos,

Oh Señor! apiádate de nosotros, apiádate de nosotros. ¡Oh Señor! resplandezca tu misericordia en nosotros, teniendo en Ti solo nuestra confianza. Señor, en Ti he esperado, no permitas que jamás sea confundido".

VI. EL PRIMITIVO HIMNO CRISTIANO EN HISPANIA El desarrollo del himno en la provincia de Hispania estaba íntimamente relacionado con el del resto del Imperio romano. Las iglesias hispanas compartían el general recelo primitivo de permitir que las materias no bíblicas llegasen a formar parte definida del culto corriente, a menos que el autor de los versos fuese muy destacado en los círculos cristianos. Sin embargo, esta unidad de pensamiento no fue por tener que responder a alguna autoridad central, sino más bien porque tenían una herencia y experiencia cristiana común. El primer poeta cristiano hispano a quien se hace referencia fue C. VETHIUS AQUILINUS JUVENCUS, un eclesiástico del siglo cuarto. Fuera de un obispo africano del siglo anterior, él fue el primer poeta cristiano que escribió en latín. Puso la historia de los Evangelios en verso, pero no se sabe si su poesía era cantada. Una de las grandes figuras de la época de Ambrosio y Agustín fue la de PRUDENCIO CLEMENTE (hacia 410). Hijo de una distinguida familia cristiana de Zaragoza, España, consiguió una buena educación especializándose en derecho. Dos veces fue gobernador de una provincia y finalmente ocupó un puesto elevado en la corte del Emperador Teodosio I. Cuando tenía cincuenta y cinco años comenzó a interesarse más en asuntos religiosos, y se retiró de la vida pública para entrar en un monasterio, donde se dedicó a la poesía religiosa. Aunque Prudencio era contemporáneo de Ambrosio, sus himnos aparecieron después y representaban una nueva clase de poesía religiosa; es decir, a la poesía que expresaba la devoción oficial y congregacional, se agregó la poesía de la edificación personal y doméstica. Escribió más de diez mil versos. Dos obras extensas de contenido lírico y épico Cathemerinon liber (El libro de los himnos), y Peristephanon, han dado a Prudencio un lugar destacado en la historia de la himnología. Aquella es una colección de himnos para las diferentes horas del día y para las diversas fiestas del año. Los hay para la hora del canto del gallo, para los maitines, para antes del almuerzo y después de él, para la hora de encenderse la lámpara y para la hora de acostarse. Hay himnos para los comienzos de un ayuno y para finalizarlo, para Navidad y Epifanía, para los funerales, y un himno para cualquier ocasión. Peristephanon consiste en una serie de narraciones poéticas celebrando los sufrimientos, los conflictos y las victorias de varios mártires, mayormente de España. Estas poesías son épicas más bien que líricas, pero algunas fueron adaptadas en el uso popular como himnos. Un tercer conjunto de: versos, llamado Psychomachia, o "Combate del Alma", representa la batalla entre la fe y la idolatria, entre la modestia y la concupiscencia, etc. Aunque Prudencio no tuvo tanta influencia duradera come Ambrosio, no obstante sus himnos fueron muy difundidos, y en algunas partes aún se usan, si bien aparentemente los himnarios evangélicos en castellano no incluyen ninguno. Un himno suyo de Navidad, traducido por F. J. PAGURA para el libro Diecinueve Siglos de Canto Cristiano por E. S. Ninde, es como sigue: Fruto de amor divino,

Vislumbraba en su visión,

Génesis de la creación:

Y encendiera en el salmista

El es Alfa y es Omega,

La más alta inspiración;

Es principio y conclusión,

Ahora brilla y es corona

De lo que es, de lo que ha sido,

De la antigua expectación.

De lo nuevo en formación.

Y por siempre así será.

Y por siempre así será. Las legiones celestiales Es el mismo que el Profeta

Ahora canten su loor;

Los dominios le adoren Como Rey y Redentor; Y los pueblos de la tierra Le proclamen su Señor, Por la eternidad. Amén.

Así se ve que el himno cristiano primitivo tenía algo de base en el canto religioso de los paganos, pero que dependía muchísimo más de los cánticos inspirados del Antiguo Testamento. Recibió un fuerte impulso al iniciarse el movimiento cristiano con su gloriosa buena nueva. Entonces los primitivos poetas cristianos comenzaron a escribir himnos, en el Oriente, en su gran mayoría, en griego y siríaco, y en el Occidente, en latín, por ser estos los idiomas más divulgados en estas áreas. Estos himnos en gran parte siguieron el modelo de los salmos y otros cánticos bíblicos. Al final del período empezaba a haber algunos cánticos religiosos, especialmente los de Prudencio, con tendencias populares y hogareñas para acompañar los himnos más dignificados y formales. *** ***CAPITULO III EL HIMNO EN LA IGLESIA MEDIOEVAL

En general, la Edad Media fue pobre en himnos. Algunas figuras se destacan, pero, tomándolo todo en cuenta, el período estuvo desprovisto de buenos himnos. $e desarrolló una lucha entre dos extremos: Limitar la música sagrada a formas rígidas y permitir el canto, hasta cierto punto, de cualquier cosa. El primer concepto parecía ganar cuando se llegó a tal estado de cosas que sólo los sacerdotes formaban los únicos coros. Sin embargo, hacia las postrimerías del período medioeval trovadores y hombres como FRANCISCO DE ASIS despertaron en el pueblo un interés por el canto. Entraron también en el canto las ideas supersticiosas, el culto a María y a las imágenes.

I. GREGORIO Y FORTUNATO Con GREGORIO I, obispo de Roma (590-604), y VENANCIO FORTUNATO (535, m. 609) se puede decir que empieza el período medioeval del himno latino. GREGORIO favorecía la misma sencillez y severidad en la música litúrgica que la que practicaba en su propia vida de asceta. Encontrando que la solemnidad en la adoración había sufrido varios embellecimientos que él estimaba mundanos, usó su gran influencia para eliminar esa música, transformándola en una clase de canto llano que mediaba entre canta y recitación. También, para mejor asegurar que sólo personas idóneas cantasen alabanzas al Santísimo y para vigilar la clase de música eclesiástica que se usaría en el canto, fijó que el canto litúrgico se haría únicamente por coros de sacerdotes, y que las congregaciones se limitarían a los responsorios. Gregorio hizo una colección de cantos llanos. Su influencia fue tal que la música ambrosiana cedió al canto gregoriano, pasando éste a ser la base de la música de las catedrales durante mil años. Además, durante nuestro siglo ha habido un fuerte movimiento, bajo la dirección papal, para que la música católica retorne a las formas gregorianas. FORTUNATO era un músico viajero que entró a la vida religiosa y, tras ascensos, llegó a ser nombrado obispo de Poitiers. Era escritor prolífico, primero de poesías de amor y de la naturaleza, y después, de temas religiosos. En una ocasión cuando la reina recibía un pedazo de la "verdadera cruz de Cristo", él compuso un himno en honor del acontecimiento, el Vexilla regís prodeunt (La real bandera al frente va), que tiene una grandeza rústica que le hace merecer un lugar entre los siete himnos latinos más famosos de la Edad Media. II. LA DEGENERACION DEL HIMNO

Después de Gregorio los himnos empezaron a sufrir la inclusión de embellecimientos artísticos en la música y fantasías legendarias en la letra. En especial, se reflejaba en él la tendencia creciente a adorar la cruz de Cristo, en vez de adorar al Cristo de la cruz. También se adoraban las imágenes de los supuestos mediadores Santos; y empezaron a aparecer himnos dedicados a la Virgen; algunos expresaban sentimientos personales y temas completamente ajenos a las Escrituras. Los escritores habían hecho bien, sin duda, en no seguir la completa objetividad de los himnos griegos, pero en su misticismo llevaban a un extremo el elemento personal. Además, los tonos gozosos y hasta jubilosos de los himnos ambrosianos cedieron ante los himnos de fervor místico de tonos bajos y suaves, productos de la celda contemplativa, lejos del mundo del diario vivir. Los cantantes se detenían mirando la cruz y sus sufrimientos en vez de respirar el aire puro de la mañana de la resurrección o celebrar la exaltación de Jesucristo y de su reino. En cuanto a la forma, durante esta época, se apartaban más de los rígidos modelos clásicos al permitir un compás más variado y al empezar el uso de la rima. Entretanto, en el Este, seguía su desarrollo el himno en griego. Uno de los escritores más importantes de este período fue ESTEBAN (725-794), del monasterio de San Sabas en el valle del Cedrón en Palestina. Era sobrino del famoso teólogo del Oriente, JUAN DE DAMASCO. Los dos después fueron canonizados. El himno de Esteban, "Vives triste y angustiado" es el que más ha conservado su memoria en la himnología. En el monasterio había otros himnógrafos también de mucha importancia en la Iglesia Griega, pero sus obras, al parecer, no han sido vertidas al castellano. NOTKER (m. 912), del monasterio de Saint Gall en Suiza, tiene importancia por haber inventado una nueva clase de himno, la "secuencia", el cual es una composición en prosa rítmica hablada o cantada. Se dice que recibió la idea de una rueda de molino. III. BERNARDO DE CLARAVAL Y BERNARDO DE CLUNY Representante de lo mejor de su época en la música fue BERNARDO DE CLARAVAL 0 CLAIRVAUX (1091-1153), cuya elocuente predicación inspiró la segunda Cruzada. Entre sus himnos que aún se cantan están Salve Caput Cruentatum; Jesu Dulcis Memoria; Jesu Dulcedo y Jesu Rex Admirabilis. Salve Caput fue traducido a1 alemán por PABLO GERHARDT (1607-1676), y de allí al inglés por J. W. ALEXANDER (1830), y de allí al castellano por G. P. SIMMONDS como "Cabeza ensangrentada". Jesu Dulcis Memoria, a través del inglés, llegó al castellano como "Con solo en ti pensar, Jesús", por la pluma de S. D. ATHANS. Laus Patrius Coelestis fue escrito por BERNARDO DE CLUNY, en el siglo XII, y trata de la felicidad en la nueva Jerusalem. Es parte de una poesía de tres mil líneas, una sátira acerca de la Iglesia en su época malvada: "De Contemplu Mundi", fue traducido al castellano por Cabrera como "Jernssalem Celeste". Una segunda traducción es "Jerusalem excelsa".

IV. FRANCISCO DE ASIS FRANCISCO DE ASIS (1182-1226), fundador de los franciscanos, vivía con sus hermanos espirituales en simplicidad, paz, gozo y loor. A menudo cantaban en sus labores y caminatas. Antes de su conversión, Francisco tenía mucho interés en los trovadores, y así, después en su vida cristiana, cantaba, no a una dama, sino a Dios. Hacia el fin de su corta vida, después de despedirse en el monte Verna, donde había vivido, de los monjes, las piedras, los árboles, las flores y los pájaros, en una hora de contemplación y éxtasis, compuso su famoso: "Cántico del hermano Sol". Algunas semanas después, al

saber que el obispo y el Gobernador de Asís, estaban en disputa y que el pueblo estaba en condiciones caóticas, agregó las líneas acerca del perdón. El resultado fue que los disputantes se hicieron amigos.

Las líneas acerca de la muerte fueron agregadas cuando ésta ya se le aproximaba. Este cántico es: 1. "Altísimo, omnipotente buen Señor, Tuyas las alabanzas son, la gloria„y el honor, Y toda bendición. A ti solo, Altísimo, te corresponden, Y ningún hombre es digno De pronunciar tu nombre. 2. Loado seas, mi Señor, Por todas las creaturas, Especialmente por el hermano sol, Que hace el día y por él nos alumbra, Y él es bello y radiante con gran esplendor: De Ti, ¡Oh Altísimo! lleva significación. 3. Loado seas, mi Señor, Por la hermana Luna y las Estrellas; En el cielo las formaste Claras, preciosas y bellas. 4. Loado seas, mi Señor, por el hermano Viento, Y por el aire y nublado y sereno tiempo, Por los cuales a tus creaturas das sustento. 5. Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana Agua, La cual es muy útil y humilde y preciosa y casta. 1

6. Loado seas, por el hermano Fuego. Por el cual nos das luz en la obscuridad, Y él es brillante y agradable y fuerte y potente.

NOTA: Estrofa sexta traducida de la versión inglesa por el autor el traductor de las otras estrofas es desconocido. 1

7. Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana Tierra, La cual nos sustenta y gobierna, Y produce diversos frutos, matizadas flores y hierbas. 8. Loado seas, mi Señor, por quienes perdonan por tu amor Y sufren enfermedades y tribulaciones. 9. Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana Muerte, De la que nadie puede escapar; ¡Ay! de aquellos que se mueren en pecado mortal! Dichosos aquellos que se hallan en tu santa voluntad, Porque la segunda muerte no les hará mal. 10. Load y bendecid a mi Señor, y dadle gracias, Y servidle siempre con grande humildad".

V. LOS DISCIPULOS DE FRANCISCO DE ASIS El Stabat Mater Dolorosa se considera el himno más patético de la Edad Media, y quizás de la historia del himno. Presenta el dolor de la Virgen Madre al contemplar a su hijo en la cruz. En un sentido, refleja la tristeza y sufrimiento de su autor, un franciscano, JACOBO DE BENEDICTUS, (Jacopone da Todi), (1240- 1306), cuando éste se rebeló contra la corrupción de la Iglesia, J. B. CABRERA ha vertido al castellano una parte del Stabat Mater: "Al pie de la Cruz llorando Está la Madre, mirando Clavado al Hijo y Señor". (El Himnario N° 94) Otro himno, Mater Speciosa, es parecido, pero trata del nacimiento de Jesús; probablemente es del mismo autor. Ambos himnos se dividen en dos partes. La primera describe el fondo general del nacimiento o de la crucifixión y la segunda trata de la Virgen como objeto de adoración. Exactamente por qué entró a la Iglesia la mariolatría es algo que no se sabe, pero ciertamente las canciones de amor de los trovadores la estimularon. Es un paso corto desde el cantar de la reina del mundo al de la Reina del Cielo.

Quizás el más notable de todos los himnos de este período sea el Dies Trae (Día de la Ira), comúnmente atribuido a TOMAS DE CELANO, amigo y biógrafo de Francisco de Asís. Nunca antes ni después se han presentado en himno tan vivamente los horrores del Día del Juicio. GOETHE utilizó esta forma en su Fausto. Otros himnos sobresalientes de la Edad Media, pero cuyos autores se desconocen son: Ven¡, Creator Spiritus, probablemente del siglo octavo, y Ven¡ Sancte Spirittrs. Este último a veces se ha atribuido a ROBERTO II, el Piadoso (rey de Francia, 996- 1031) pero es casi cierto que no apareció hasta el siglo XIII. El himno honra a la Tercera Persona de la Trinidad. En castellano es Ven a nuestras almas, Paracleto Santo (traductor desconocido). Este himno es muy usado por la Iglesia Católica Romana, y también algo por los evangélicos. Es notable que fue usado en la misa para el Primer Congreso Chileno.

VI. EL HIMNO MEDIOEVAL EN ESPAÑA Después de Prudencio las iglesias en España siguieron su desarrollo normal en relación íntima con las de las otras partes del Imperio. Compartían la idea general de que no debían usarse en el culto los cantos privados. En 561 el primer Concilio de Braga (en el Oeste de España), afirmando decisiones de Concilios anteriores, se pronunció en contra de los priscilianistas, por herejes, quienes hacían sus propios himnos. No obstante, esto no significaba que los españoles ortodoxos rechazaban del todo los himnos no bíblicos, sino, como lo declaró el Concilio de Tours (567), que debían de ser de autores reconocidos por su piedad. Como en otros sectores del antiguo mundo cristiano, las liturgias empezaron a formarse por la repetición constante de casi, las mismas formas de servicio durante un largo lapso. La primitiva liturgia española se desarrolló gradualmente, influida por, e influida en, el orden del culto en las iglesias cristianas de otras partes, a pesar de que no reconocían aun el derecho de los obispos romanos de intervenir con autoridad en los asuntos-internos de las iglesias hispanas. La liturgia española, o goda, prevaleció en España en la época de OSIO, obispo de Córdoba (c. 325), y en general durante todo el período godo, y fue revisada varias veces. Además de obras de AMBROSIO, PRUDENCIO, SEDULIO y otros, que también aparecían en la liturgia romana, había himnos importantes escritos por obispos tales como LEANDRO DE SEVILLA (c. 599), ISIDORO DE SEVILLA (m. 636), BRAULIO DE ZARAGOZA (m. 651), EUGENIO II DE TOLEDO (m. c. 783). QUIRICO DE BARCELONA (m. 666), Y CYXILA DE TOLEDO ( m. c. 783 ). La tradición indica que Leandro desempeñaba el mismo papel importante en el desarrollo de la liturgia española que jugaba Gregorio I en la romana. Leandro y Gregorio habían' estado juntos como embajadores eclesiásticos en Constantinopla, viviendo en la misma casa. Allí pudieron ver el esplendor musical implantado anteriormente por Justiniano. Hay mucho acerca de la antigua liturgia española de la cual no" se sabe. Fue reconocida por el sínodo de Toledo en el año 663 como! válida para toda España, antes de cuya fecha no se había establecido ningún servicio uniforme. Es muy difícil saber qué poetas escribieron' cuáles himnos. De las pocas melodías españolas existentes que datan de esa época, se supone que el canto era sencillo y más parecido al canto ambrosiano que al gregoriano. La mayor parte de los himnos están en el metro ambrosiano, y casi todos los himnos de Ambrosio se usan. Los conquistadores árabes permitían la continuación del culto cristiano, pero en gran parte las iglesias no podían mantener el contacto con el resto del mundo cristiano, por cuya razón retuvo características propias. En los territorios quitados posteriormente a los moros, los pobladores tenían que aceptar la liturgia romana y los partidarios de este cambio se referían despectivamente al antiguo culto español como "liturgia mozárabe" (nuevo árabe). Por lo general, los papas se sentían intranquilos, frente al carácter nacionalista de la liturgia. A instancia de Roma, en Francia CARLOMAGNO había abolido la liturgia galicana a principios del siglo noveno. No obstante, los papas, en referencia a la liturgia mozárabe, no encontrándole nada objetable, la toleraron hasta el siglo once, cuando GREGORIO VII realizó una gran campaña en favor de la unidad de la Iglesia, resultado de la cual fue que se perdió el carácter nacional de las iglesias, salvo en los

territorios aun dominados por los moros. De consiguiente cuando FRANCISCO JIMÉNEZ DE CISNEROS, confesor personal de la REINA ISABEL, llegó a ser arzobispo de Toledo en 1495, casi no encontró nada de la liturgia antigua. Bajo su dirección fueron preparadas ediciones del misal y del breviario mozárabe para que se usaran en algunas capillas seleccionadas de Toledo. Se cree que Jiménez de Cisneros cambió en algo la liturgia antigua para que se identificara más con la romana. Pero, el hecho mismo de que era tolerada por la jerarquía romana indica que no era muy diferente del servicio romano. Hubo más de doscientos himnos en la liturgia mozárabe sin contar los que se habían sacado de la romana. Sin embargo, aunque el OBISPO CABRERA de la Iglesia Reformada Española intentó volver al antiguo servicio español, al parecer no tradujo del latín al castellano moderno ningún himno de los cánticos mozárabes. Después que fue impuesta la liturgia romana, la forma del culto se consideró como algo determinado, de modo que no había para qué escribir nuevos himnos. De consiguiente el himno en España quedó casi sin cambio hasta los años de la Reforma.

VII. HIMNOS LATINOS POSTERIORES Había otros himnos en latín que llegaron a usarse en otras lenguas modernas. Por ejemplo "Oh célica Jerusalem" de T. M. WESTRUP se tradujo del inglés del himno latino "Beata Urbs Jerusa1em". Asimismo "Oh ven, oh ven, Emmanuel", llegó al castellano del latín a través del inglés. Se ha pensado que "Veni, Veni, Immanuel" vino del breviario mozárabe. Se sabe que era conocido alrededor del siglo doce. Hacia fines de la edad medioeval empezaron a desarrollarse los idiomas europeos modernos y el latín dejó de ser la lengua del pueblo. Sin embargo el lenguaje eclesiástico siguió siendo el latín con la consiguiente pérdida del valor práctico del culto y de los himnos para los adoradores. Los dirigentes de la Reforma volverían a insistir en un culto en el idioma del pueblo. *** CAPITULO IV LA REFORMA Y EL ORIGEN DEL HIMNO MODERNO Aunque tiene algo de base en los siglos anteriores, como lo hemos visto, nuestro himno evangélico es mayormente el resultado de la época que empezó con la Reforma. En la música sagrada, como en otras fases de la vida de la Iglesia, LUTERO y CALVINO pusieron en movimiento las tendencias democráticas. De 'consiguiente, tal como el himno latino cantado por el coro es símbolo del sistema medioeval, así el himno en el idioma del pueblo cantado por la congregación representa la Iglesia de la Reforma. Por lo tanto, en muchos sentidos el siglo XVI puede considerarse como un punto culminante en la historia del himno evangélico. I. LA PREPARACION PARA EL HIMNO DE LA REFORMA Por supuesto, la obra de Calvino y de Lutero tenía algo de base en los movimientos religiosos y musicales anteriores al suyo propio. En las Sagradas Escrituras había quedado un gran legado de himnos. También, la Iglesia Católica Romana acostumbraba a usar el canto religioso, si bien lo limitaba casi exclusivamente al clero y a coros eclesiásticos. Aún más, antes de la Reforma protestante se

produjeron algunos movimientos contra la Iglesia Romana y varios de ellos daban mayor o menor énfasis al canto religoso. Los franciscanos, con los labradores de Italia, cantaban canciones espirituales, aunque no podrían clasificarse estrictamente como himnos. Asimismo, los cánticos amorosos de los trovadores, tanto en el continente como en Inglaterra, de a poco iban adquiriendo un tono religioso. La verdad es que durante los siglos, y aunque la Iglesia desalentaba el canto congregacional, en Alemania éste persistia en parte, cuando no dentro del templo entonces fuera de él. Algunos poetas místicos, como ECKART, TAULER y SUSO, para quienes la religión no era meramente institucional y ritualista, sino una experiencia personal con Dios, escribieron algunas de sus poesías eg.el idioma del pueblo alemán. También los "heterodoxos" (los anabaptistas y menonitas) ejercieron alguna influencia en el desarrollo del canto religioso del pueblo. JUAN HUS y otros de los "Hermanos de Bohemia" escribieron himnos en alemán y los cantaban con melodías populares, difundiéndose por todas partes, de tal manera que las autoridades romanistas tuvieron miedo y prohibieron que se cantasen; pero tal orden tuvo poco éxito. En el año 1504 LUCAS DE PRAGA, el obispo bohemio, recolectó cuatrocientos de los mejores himnos alemanes y los publicó. Esa colección de himnos siguió de cerca al primer himnario que vio la luz en el año 1501 en el idioma checo. Después, viendo los bohemios la obra de Lutero, le enviaron un ejemplar, y el gran reformador quedó muy complacido, pues comprendió el inmenso valor que significaba para el pueblo. II. MARTIN LUTERO Sin embargo, el canto evangélico no habría llegado a ser como río caudaloso tan sólo con las gotas de las canciones de cuna y otras de Navidad y los cánticos de los franciscanos, ni con el raudal de los bohemios; si no hubiera sido por los arroyos salidos de Wittemberg y Ginebra. LUTERO, después de su experiencia de gracia divina y de su rompimiento con la Iglesia Romana, emprendió un gran movimiento a favor de un culto, ya no sólo para el pueblo como lo hacía la iglesia dominante, sino también por el pueblo en su propio idioma. Le dio la Biblia, el Catecismo y el himnario en alemán, de modo que Dios pudiera hablar directamente al pueblo por medio de su Palabra, y el pueblo contestarle directamente por medio de sus canciones. Lutero escribió su primer himno en 1523, después de saber de dos jóvenes que fueron quemados en Bruselas por la "herejía" de haber abrazado la fe reformada. Cuando la fogata fue prendida, a uno se le oyó decir: "Ahora parece que estoy en un lecho de rosas". Murieron valientemente cantando el Te Deum. El himno: "Un nuevo cántico de los dos mártires por Cristo, quemados en Bruselas por los sofistas de Lovaina", expresando fe, gozo y lealtad al Señor, se propagó por todas partes de Alemania y de los Países Bajos, y ayudó mucho a preparar la gente para las doctrinas de la Reforma. El primer himnario de Lutero, publicado en 1524, contenía ocho himnos, cuatro de los cuales eran propios y tres escritos por su amigo SPERATUS. Fue seguido este himnario por otros con más himnos de la pluma de Lutero. Sin embargo, mantenía un alto concepto de la calidad, de manera que en veinte años escribió como término medio un himno por año, en total unos veintiún himnos propios, y aproximadamente ese mismo número de traducciones del latín, y unas pocas modificaciones de himnos alemanes anteriores a su época. Lutero, como músico, rompió con la tradición milenaria de Gregorio y estableció una nueva. Pero, al hacerlo, tuvo la sabiduría suficiente para retener mucho de lo antiguo. Además de algunas traducciones del latín, retuvo como base de sus himnos el metro poético que era característica de una parte de los himnos romanistas. También, apreciaba las canciones populares alemanas, de modo que escribió la música para sus himnos en cuatro voces, para mejor alabar a Dios con dulce armonía y también a fin de que la juventud tuviera música para deleitarse e instruirse sin tener que recurrir a los cánticos amorosos y carnales. Lutero quería que sus himnos no sólo se usasen en el culto, sino también que la gente los cantara de preferencia en sus quehaceres cotidianos. Los nuevos himnos de Lutero eran aprendidos con gusto por el pueblo alemán. Después de la Biblia, casi no hubo otra influencia que hiciera tanto en pro

de la Reforma como el himno. Los sacerdotes romanistas se quejaban, que por el canto, Lutero estaba llevando al pueblo al protestantismo. El ejemplo de Lutero y su actitud hacia la música religiosa influyó poderosamente en los himnógrafos que vivieron después de él. Pero, también, algunos de los grandes maestros cristianos de la música le debieron mucho, sobre todo JUAN SEBASTIÁN BACH (16851750), quien recibió mucha inspiración de Lutero. Además de la influencia de Lutero en el desarrollo del himno, la que fue grande, aún suelen usarse dos de sus himnos, los que aparecen en castellano. Uno es "Castillo fuerte es nuestro Dios", que es probablemente el himno evangélico más conocido en todo el mundo. Fue inspirado ea el salmo 48, y refleja la confianza en Dios de su autor en un tiempo de grandes dificultades. Durante el movimiento religioso en Europa, uno de cuyos dirigentes fue Lutero, este himno tuvo una influencia tal que ahora a veces se llama "la Marsellesa de la Reforma Protestante". El otro himno es un canto para niños acerca del pesebre del Señor Jesús, si bien algunos han dudado que este himno venga de la pluma de Lutero. EPIGMENIO VELASCO lo ha traducido y ampliado en castellano como: "Escucha, mi niño, te voy a contar Del Niño más lindo que hubiera jamás". III. JUAN CALVINO CALVINO concordaba con Lutero en la importancia del canto congregacional en la lengua del pueblo. Si un hombre canta en un idioma desconocido, decía Calvino, es igual que un loro. No obstante, no estaban de acuerdo acerca de la naturaleza de estos himnos. Mientras que Lutero no rechazaba del todo el himno latino y utilizaba la canción popular alemana, Calvino, al contrario, estaba convencido de que el ritual romano elaborado no contenía otra cosa que una religión formal. Tampoco le impresionó favorablemente la frívola canción popular francesa. Por consiguiente no aprobaba las melodías livianas, ni el cantar a cuatro voces, ni el uso del órgano en las iglesias. Temía cualquier clase de canto que no fuese cantado al unísono, pues los consideraba causales de desviación de la simplicidad que debería caracterizar la adoración divina, y de una tendencia a pensar más en el placer de los sentidos que en las cosas profundas de Dios. Creía en la dignidad de la música en el culto hasta tal punto que llegaba a la severidad. Para preparar música apropiada, consiguió la ayuda de los mejores músicos disponibles. La melodía de LUIS BOURGEOIS (1551) , originalmente escrita para el salmo 134 con la que cantamos la Doxología Mayor "Al Padre, Hijo Redentor" (u otras versiones), comúnmente llamado El antiguo salmo 100, es una de las emanadas de Ginebra en aquel entonces, las que han influido profundamente en nuestra música evangélica por muchas generaciones. En cuanto a la letra de los himnos, Calvino trató de volver a los métodos de la iglesia primitiva, y rehusó cualquier otra cosa que no tuviera la autoridad de las Escrituras. No negaba que el Nuevo Testamento autorizara el cantar "salmos, y canciones espirituales", pero estaba convencido, juntamente con ZWINGLIO, que sería imposible encontrar himnos mejores que los contenidos en la misma Biblia, y estableció la costumbre de dar forma simétrica a los salmos cantados en el culto, de manera que donde se establecía el calvinismo, allí se cantaban los salmos. CLEMENTE MAROT (1495-1544), poeta de la corte de FRANCISCO I DE FRANCIA, llegó a ser hugonote y puso en verso varios salmos, los cuales eran cantados por el Rey y su corte con música popular. Pero, cuando éstos fueron publicados, él fue perseguido por las autoridades romanas y tuvo que huir a Ginebra donde amplió sus metrificados hasta publicar cincuenta de éstos (1543). Después de su muerte, Calvino pidió que TEODORO BEZA (1519-1605) metrificara los salmos restantes, obra completada en la publicación del Salterio Ginebrino en 1562. Luis Bourgeois contribuyó con muchas

melodías, algunas de las cuales, a pesar de las advertencias hechas por Calvino, eran adaptaciones de canciones populares. La insistencia de Calvino en usar únicamente himnos bíblicos se comprende al tomar en cuenta que muy recientemente se había vuelto a descubrir la riqueza de las Escrituras, las que proveían una seguridad en contra de un posible retorno al romanismo. IV. LOS SEGUIDORES DE CALVINO Y LUTERO Con el correr de los años, el sistema más amplio de himnos ha prevalecido, tal como lo había pensado Lutero. Pero a Calvino en gran parte le debemos el hecho de que la base de nuestros himnos es mayormente bíblica, aunque ya no se limita el canto al uso de la letra de las Escrituras. E1 Salterio Ginebrino durante breves años gozó de una popularidad única en Francia. Marot era un poeta favorito, y diferentes salmos fueron dedicados al Rey y otros personajes de la corte. La realeza a su vez, escogía ciertos salmos como favoritos individuales, y el cantarlos llegó a ser una diversión muy de moda, es decir, hasta que el clero romanista se pronunció enérgicamente en contra. Por lo menos mil ediciones se hicieron de este Salterio y fue traducido a muchos idiomas, entre ellos español. En Inglaterra aparecieron varias traducciones e influyó en muchas otras ediciones de salmos en inglés. Es dudoso que cualquier otro libro de alabanzas, fuera de los mismos salmos bíblicos, haya cumplido una misión tan importante o ejercido tanta influencia como este Salterio francés. Sin embargo, vale hacer notar, quizás, que después de la Reforma, Francia ha producido pocos escritores de himnos, probablemente en gran parte debido a que el movimiento protestante no se desarrolló ahí como en Alemania y en Gran Bretaña. CESAR MAZAN (1787-1864) ha sido el más importante, siendo pastor y evangelista de mucho éxito y autor de cerca de mil himnos. Se le ha llamado el padre de la himnología evangélica en Francia. Otros autores dignos de mencionarse son: Mme. GUYON (ardiente quietista que nunca dejó la iglesia Católica Romana), PAUL AMI BOST, HENRI LUTTEROTH y ALEXANDRE VINET. En Alemania, donde la Reforma tuvo más éxito, el himno también ha tenido mayor alcance. Desde la Reforma hasta nuestra época se han producido unos cien mil himnos alemanes. Los sufrimientos y terrores de la Guerra de Treinta Años hicieron vivificar el amor de muchos para con su religión y les instaron a buscar en Dios una paz no encontrada en el mundo. De ese período difícil salieron algunos de los mejores himnos alemanes. El principal de esos escritores fue PABLO GERHARDT (1807-1676), cuyos himnos en su mayoría tratan de la experiencia individual en una forma sencilla y tranquila. Uno de sus himnos fue una traducción del latín de Salve Caput Cruentaturn, la que después llegó al castellano como "Cabeza ensangrentada". En España, la Reforma protestante empezó un poco más tarde que en Alemania y en Francia, y luego fue reducida a cenizas en la hoguera de la Santa Inquisición. Durante la breve vida del movimiento evangélico en la Península, había viajeros que entre España y la parte alemana del Imperio de Carlos V y su hijo Felipe II, llevaban ideas reformadas. Sin embargo, la mayor parte de los libros protestantes que entraban de contrabando a España llegaban de los centros calvinistas. Las pocas referencias al canto entre los evangélicos iberos indican que cantaban salmos. Tanto en Valladolid como en Sevilla hubo mártires que cantaban salmos al marchar hacia el patíbulo. Se nos dice que en una ocasión el cántico fue el salmo 109. Sin embargo la primera posible mención de un cancionero evangélico en castellano tiene que ver con un Nuevo Testamento y Salmos con paráfrasis que publicaron los refugiados españoles en 1589 en Inglaterra. El primer himnario castellano aún existente es Los Psalmos de David Metrificados en Lengua Castellana, preparado por JEAN LE QUESNE y publicado en 1606 en Ginebra o en alguna parte de Francia. El nombre de Jean Le Quesne sería la forma francesa de JUAN DE ENZINAS, probablemente un hermano menor de FRANCISCO DE ENZINAS. Le Quesne cree que la obra suya es el primer

salterio evangélico en castellano; es posible que él lo haya preparado mucho antes de la edición publicada en 1606, pero es más probable que él no haya conocido obras publicadas en otras partes. Un salterio en latín publicado en 1596 indica que el salterio de Marot y de Beza había sido traducido a otros idiomas incluyendo el castellano. El Indice Expurgatorio, publicado en Madrid en 1583, menciona entre los libros prohibidos por la Inquisición a los siguientes: "Psalmos Refjense", "Psalterio de Raynerio" y "Harpa de David", uno o más de los cuales podría haber sido cancionero para los cultos evangélicos. No obstante, ya no existen ejemplares de estos salterios anteriores al de 1606. La obra de Le Quesne contenía setenta salmos metrificados como asimismo los Diez Mandamientos y el Cántico de Simeón. La versión del salmo 134 es así: "Vos todos siervos del Señor Vos que en las noches con loor Estays en la Casa de Dios Bendezidle con alta voz. Al santuario pues alead Vuestras manos, Dios alabad. Bendiga te desde Sión Dios, que tierra hizo y cielos aún". Después de esta obra no hay evidencia de un esfuerzo hímnico en castellano de parte de evangélicos hasta el siglo XIX, debido a la eficacia del sistema de la Inquisición. Incluso el histórico Salterio de Le Quesne se perdió de vista y es casi desconocido hasta el día de hoy 2. Pero, de todos modos es una evidencia patente del canto evangélico de habla castellana de casi cuatro siglos. En Gran Bretaña, cuando los reformadores de allí tuvieron que huir a Europa, cayeron bajo la influencia de Calvino. Entre éstos, está JUAN KNOX, fundador de la obra presbiteriana en Escocia, quien durante su destierro preparó un salterio para los protestantes británicos. A causa de esto, los comienzos bajo influencias más bien luteranas (en cuanto a la himnología), cambiaron su entusiasmo en favor de las ideas calvinistas. De modo que los himnos semi seculares cedieron ante los salmos. En Londres, por ejemplo, miles de personas se juntaron para cantar salmos, tanto en las calles como en los templos. Los salmos metrificados pasaron por muchas ediciones y revisiones. La Nueva Versión de los Salmos (1695), por NAHUM TATE y NICOLÁS BRADY, era una de las mejores, aunque no logró del todo reemplazar las anteriores. También parafrasearon otros pasajes de las Escrituras. "Pastores cerca de Belén", escrito por Tate en 1702, está basado en el relato del Evangelio según Lucas acerca de los ángeles de la natividad. Y pasaron ciento cincuenta años antes que los himnos empezaran de nuevo a reemplazar a los salmos y otros pasajes bíblicos metrificados. El primer libro publicado en las colonias inglesas, las cuales llegaron a formar los Estados Unidos de Norte América, fue un Salterio publicado en Boston en 1640. Los himnos que se originaron en el idioma inglés han tenido más influencia directa en la obra evangélica y en la himnología castellana que ninguna otra fuente. De consiguiente, será necesario que en este estudio de la himnología demos una mayor atención a los movimientos hímnicos en Gran Bretaña y en la América del Norte. Como hemos visto, el catolicismo romano ha producido muy pocos himnos, y

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Reimpreso en castellano por la Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, 1959.

los países angloamericanos, han sido, juntamente con Alemania, e1 baluarte del protestantismo, y más que esta última, aquellos han contribuido a la obra evangélica en los países hispanoamericanos. No obstante, aunque inmensa era la influencia del Salterio en los primeros siglos de la Reforma, el salmo iba a ceder mucho terreno al himno, hasta tal punto que en nuestros himnarios de hoy, tenemos muy pocos salmos que se cantan. Fuera de "Dicha grande es la del hombre" (Salmo 1), "Jehová es mi pastor" (Salmo 23) y "Cantad alegres al Señor" (Salmo 100), casi no hay otros que se usen mucho. Es tiempo ya de que volvamos a enriquecer nuestra alabanza con el uso de los cánticos bíblicos. ***

LOS HIMNOS EVANGELICOS ESPAÑOLES DEL SIGLO XIX Como ya hemos visto (véase págs. 42-13) , la himnología en idioma castellano fue casi inexistente hasta el siglo pasado. Sin embargo, en los primeros años del siglo XIX se iniciaron movimientos tanto políticos y sociales como religiosos que llegarían con el tiempo a significar un nuevo comienzo de la causa del evangelio y, por ende, del canto evangélico. Con la independencia de la mayor parte de las colonias españolas en el Nuevo Mundo y el aumento del interés misionero entre las iglesias protestantes, se abría una mejor posibilidad para que el evangelio de Cristo y con él el himno evangélico, volviera a tener una importancia que no había tenido desde el tiempo de la primitiva evangelización de la península.

I. LOS PRIMEROS HIMNARIOS EVANGELICOS ESPAÑOLES DE EPOCA MODERNA En el año 1835 se hicieron dos publicaciones que marcaron el comienzo en cuanto ahora se sabe, de la producción moderna de libros de canto evangélico. La Sociedad Americana de Tratados de Nueva York, en su informe de mayo de 1836, cuenta que había publicado un folleto de cuatro páginas con himnos y que los había donado para ser usados entre los niños de las escuelas en Nueva Granada. No hay mayor referencia al asunto, pero parece que antes de llegar estos a su destino, la época del primer liberalismo en Colombia había terminado y que la Iglesia Romana estaba de nuevo ejerciendo su firme dominio. En ese mismo tiempo algo se estaba haciendo en el viejo continente GUILLERMO (WILLIAM) HARRIS RULE (1802-1890) era pastor wesleyano en Gibraltar y en un viaje inicial de exploración y de evangelización que hizo a España en 1835, mandó a imprimir en Cádiz un pequeño himnario con la letra solamente. En cuanto se sabe, ese fue el primer himnario en castellano desde los tiempos de la Reforma. Rule era hijo de un marino inglés. Aunque no logró una buena educación durante su niñez, se ha dicho que durante su vida llegó a dominar diez idiomas diferentes y escribió dieciséis libros sobre diversos temas, además de folletos. Cuando tenía veinte años dejó la iglesia Anglicana. llegando a ser metodista. Intentó sin éxito ser misionero a los drusos del Líbano. Pasó un año como misionero en la isla de Malta donde fue apedreado varias veces por las turbas católicas romanas. Después, en representación de la Sociedad Misionera Wesleyana, estuvo por más de tres años en la isla San Vicente, de las Indias Occidentales Británicas. En 1832 fue nombrado pastor wesleyano en Gibraltar donde fundó escuelas y sirvió a congregaciones tanto de habla inglesa como castellana. Preparó una versión de los Evangelios en castellano, un Catecismo metodista y otras obras. En 1835 hizo el primer viaje misionero a España de parte de los evangélicos, arreglando la publicación de un pequeño himnario, como ya hemos indicado.

Dos años después se imprimió un suplemento a este himnario en Gibraltar. A causa de las persecuciones intensas la obra suya en España fue destruida casi por completo. Fueron cerradas las escuelas que él había abierto en Cádiz y también la capilla, pero la obra siguió en forma secreta aunque con grandes dificultades. En 1842, Rule volvió a Inglaterra donde desarrolló una labor pastoral y literaria. El agregó otros himnos a su colección y la Sociedad Americana de Tratados publicó en 1848 su “Himnos para el Uso de las Congregaciones Españolas de la Iglesia Cristiana”. En 1878 volvió a visitar España y en 1880 su último himnario fue publicado por la Sociedad de Tratados. Rule tradujo un número considerable de himnos ingleses y escribió algunos originales. De los trescientos cincuenta himnos en su edición de 1880, cincuenta y siete se indican como productos de su propia pluma. Otros compiladores de himnarios también han usado sus himnos, y, en nuestros días, la mayor parte de los cancioneros evangélicos incluyen dos o tres de los suyos. Uno de los más conocidos es “Jesús bendito ya no más en tierra te verán”, aunque no dejan de ser importantes algunos otros tales como “Ved del cielo descendiendo” y “Tocad trompeta ya”. No obstante, se podría hacer la pregunta: ¿De dónde sacó Rule (y otros de los primeros editores de himnarios) los demás himnos para su colección? Algunos venían de autores contemporáneos suyos, pero también muchos otros eran sacados o adaptados de las poesías devotas de los poetas místicos españoles y de las paráfrasis de los cánticos bíblicos, mayormente de los salmos, hechas por personas que jamás pensaron que sus obras llegarían- a usarse en cultos protestantes. Fueron usadas varias selecciones escogidas de las poesías de TERESA DE CESPEDA Y AHUMADA .. (1515-1582), conocida comúnmente como STA. TERESA DE dESUS. “Eleve el pensamiento”. aún usado en varias colecciones, es obra de ella. También en el himnario de 1848 hay cinco himnos sacados de las paráfrasis bíblicas de LUIS PONCE DE LEON (1528-1591). Entre sus muchas obras hay una traducción métrica de los Salmos y fragmentos de Job y Proverbios. Sin embargo, él no las preparó para cantarlas y después de 1900 poco se han usado en colecciones hímnicas evangélicas. Quizás quepa agregar que FRAY LUIS pasó más de cuatro años encarcelado por la Inquisición por haber hablado en contra de la Vulgata como la autoridad máxima de las Santas Escrituras. Algunos himnarios evangélicos del siglo XIX también incluían unas pocas selecciones del famoso dramaturgo y poeta LOPE DE VEGA CARPIO (1562-1635). Además eran usadas poesías de JUAN LOPEZ DE UBEDA (murió 1596), PEDRO DE PADILLA, quien era amigo del gran Cervantes, LUIS DE ULLOA Y PEREIRA (15841674), y de otros poetas del período clásico. MELCHOR FUSTER (1608-1661), sacerdote en la catedral de Valencia, contribuyó involuntariamente con varias poesías al canto evangélico y su “La vida es cual tierna y efímera flor” es usada todavía en algunos himnarios españoles. Antes de finalizar el siglo XVII, algo del espíritu liberal se hizo sentir en España. Varias de las personas afectadas, si bien no eran protestantes, tampoco eran muy católicas. PABLO OLAVIDE (17251804), quien nació en el Perú, era abogado y vivía en Madrid donde su casa era centro de reunión de los intelectuales de su época. A causa de sus tendencias filantrópicas fue nombrado para establecer una colonia, pero en 1775 fue acusado ante la Inquisición como hereje porque no había provisto sacerdotes para los colonos. El insistió que no era hereje, pero le fue quitado el puesto y fue sentenciado a que pasara ocho años en un monasterio del cual huyó a Francia. En Francia escribió en contra de los sacerdotes pero debido a la Revolución Francesa tuvo que volver a España, profesando ser buencatólico. El tradujo en verso los Salmos y todos los cántico de la Biblia Vulgata, los que publicó en dos obras: Salterio Español o Versión Parafrásica de los Salmos de David, de los Cánticos de Moisés, de Otros Cánticos, a fin de que se Puedan Cantar: Para uso de los que No Saben Latín, publicado en Madrid en 1800, y Poemas cristianos, en que Se Exponen con Sencillez las Verdades Más Importantes de la Religión. Aunque no fue un gran poeta, sus poesías fueron muy usadas en los primeros himnarios evangélicos y algunos se usan todavía. Uno de los himnos empieza:

“Alabad al Señor porque es tan bueno Porque es inmensa su bondad divina Y que excede el deseo y la esperanza Con sus misericordias infinitas”. FRANCISCO MARTINEZ DE LA ROSA (1787-1862), de Granada, recibió una influencia liberal de su maestro y amigo JOSÉ JOAQUIN DE MORA, de quien se tratará posteriormente. Después de desempeñar varios puestos políticos, MARTINEZ DE LA ROSA ocupó en 1861 la presidencia del Congreso español. Su himno de Navidad “Venid pastorcülos, venid a adorar” es muy apreciado. El “Señor, yo te conozco” de JOSÉ ZORRILLA Y MORAL (18171893), uno de los escritores españoles más populares del siglo XIX, se usaba en himnarios antiguos y perdura todavía en algunas colecciones. Una de las mayores contribuciones a los primeros himnarios evangélicos por persona no evangélica fue hecha por TOMAS JOSÉ GONZÁLEZ CARVAJAL (1753-1834). En el sentido político era liberal y, como tal, fue perseguido por los absolutistas. No fue un gran poeta, pero ha sido reconocido como un gran estilista. Fue miembro de la Real Academia Española y ministro de Estado. Su obra poética más importante fue una traducción en verso de los Salmos, en la cual se nota la influencia de PONCE DE LEON. Los Salmos Tradu cidos Nuevamente al Castellano en Verso y Prosa Conforme al Sentido Literal y a la Doctrina de los Santos Padres con Notas Sacadas de los Mejores Intérpretes y Algunas Disertaciones, fue publicado en Valencia en 1819, en cinco tomos. Estos Salmos fueron muy útiles para los evangélicos, y, alrededor del año 1855, la Sociedad Americana de Tratados (sin indicar publicadora para no despertar la sospecha católica) en Nueva York publicó esta paráfrasis métricas sin las traducciones en prosa y sin las notas, resumiendo así la obra a un solo tomo, bajo el título de Los Salmos Puestos en Verso Castellano, Reimpresos de la Edición de Valencia. Los primeros himnarios usaban mucho de la paráfrasis de González Carvajal, y todavía se usan aunque en menor escala. El muy conocido “Cantad alegres al Señor mortales todos por doquier” se ha atribuido a Carvajal, pero no es cosa segura el que él lo haya escrito, pues no aparecen estos versos en el Salterio publicado en Nueva York. Después de Rule,los primeros esfuerzos para producir himnos netamente evangélicos parecen corresponder a JOSÉ DE MORA, quien colaboró con TOMAS PARKER en Londres. Trabajaban en la revista El Alba. La secretaria en esa. época de la Sociedad Religiosa de Tratados, de Edimburgo, escribe acerca de “José de Mora, un distinguido expatriado protestante español residente en Londres” en 1856. Dice además que era “un célebre poeta español” cuya poesía hímnica se basaba en los modelos de Cowper, Watts, Newton, Addison, Montgomery y otros. En 1856 ó 1857 Mora y Parker publicaron un tomito de cincuenta himnos, varios de los cuales eran de Mora. Algunos años después otros cincuenta himnos fueron traducidos y publicados como un segundo tomo. Después fueron presentados en un solo tomo. Más adelante la misma señora escribe: “Mientras estaba en medio de sus arduas labores de cariño a favor de España, don José de Mora murió de repente en el mes de octubre, 1862. Fue muy lamentado como patriota español, obrero cristiano y amigo apreciado”. Parece una cosa segura el que este distinguido español que escribía excelente poesía religiosa fuera JOSÉ JOAQUIN DEMORA (1783-1864), abogado, maestro, poeta, escritor y estadista. Nació en Cádiz y estudió derecho en Granada donde después enseñó. A causa de sus ideas liberales y en especial por defender las colonias americanas en su esfuerzo por ganar la independencia, tuvo que salir de España, yendo a Londres en 1823, donde estuvo asociado con JOSÉ MARIA BLANCO, un sacerdote español que había llegado a ser pastor anglicano, en el trabajo de escribir y distribuir literatura para las nuevas repúblicas hispanoamericanas. En 1827 el PRESIDENTE BERNARDINO RIVADAVIA le pidió que fuera a la Argentina como consejero. A1 año siguiente hubo un cambio en el gobierno argentino, y Mora salió de allí, siendo sus servicios solicitados por el gobierno chileno. Estuvo en Chile durante más de

tres años y fue persona de gran influencia a quien fue encomendada la tarea de preparar el borrador de la Constitución política de 1828, la cual fue adoptada con pocos cambios. Sin embargo, un Congreso más conservador reemplazó ésta con una nueva Constitución dentro de pocos años. Mora fundó el Liceo de Chile en Santiago y enseñaba a los niños a repetir rezos bastante evangélicos en su tono. Aunque Mora no se daba a conocer como protestante, el clero sospechaba de sus enseñanzas y cuando los Conservadores asumieron el poder en 1831, Mora fue expulsado de Chile. Yéndose al Perú, donde también fue una figura destacada, sirvió como secretario al presidente SANTA CRUZ y le ayudó en sus planes para su Confederación Perú-Boliviana. Fue enviado a Londres en 1838 como cónsul. Después de que la guerra con Chile terminara con la Confederación y sus consulados, Mora permaneció en Londres hasta 1843, cuando volvió a España donde se dedicó a la obra literaria, editando y escribiendo tanto prosa como poesía. En 1848 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Su Meditaciones Poéticas, publicado en Londres en 1826, muestra en forma muy definida un espíritu evangélico, hablando de las Sagradas Escrituras y de la salvación mediante la fe en Cristo Jesús, de una manera como nunca se expresaría en una obra católica. En 1856 fue nombrado cónsul español en Londres. Esta actuación oficial. como asimismo el peligro personal al confesarse abiertamente como protestante, posiblemente explican por qué Mora prefirió no usar su nombre completo en sus escritos para las iglesias evangélicas, firmándolos únicamente como “Mora”. Como resultado, se le ha conocido a Mora como un liberal religioso y político pero no como “hereje”. Los originales y las traducciones de Mora vinieron a llenar una gran necesidad de las congregaciones evangélicas de habla castellana, y los himnarios del siglo XIX los incluían en número considerable. Todavía son muy apreciados. Algunos de sus himnos son: “Dad a Dios inmortal alabanza”; “Ni en la tierra ni en el cielo”; “Jesús mi Salvador, será posible?”; “Aparte del mundo, Señor, me retiro”; “Dios nuestro apoyo en los pasados siglos” (del famoso himno de Watts); “La diestra del Excelso”; pero tal vez el más conocido sea: “La vida es ficticia, efímera flor, Del sol a la tarde, la agosta el ardor. Antes que se mustie, la debes llevar Cual ofrenda grata, de Dios al altar”.

II. LOS HIMNOS EN LA SEGUNDA REFORMA ESPAÑOLA Felizmente, después que Rule, José de Mora y otros empezaron la preparación de una literatura hímnica en castellano, llegaron otros que, tras persecuciones y dificultades, lograron plantar la bandera del evangelio en el suelo hispano. Algunos de éstos también fueron creadores del canto cristiano. ANGEL HERREROS DE MORA, fue un sacerdote que huyó de la España intolerante de Isabel II y se naturalizó ciudadano de Estados Unidos. En su nueva patria se convirtió, y empezó a soñar y a planear cómo volver a España para evangelizar a sus hermanos de raza. Estuvo en Madrid en 1854 a 1856 donde mantenía correspondencia con la Sociedad Metodista Británica y con el doctor Rule. Fue echado a la cárcel a causa de su obra evangélica, pero el gobierno británico, bajo la presión popular de sus súbditos ingleses, consiguió que los dirigentes españoles lo libertasen. Herreros de Mora volvió a Nueva York, donde durante dos años pastoreó una iglesia episcopal de habla castellana. A la vez actuó como agente de la Sociedad Bíblica Americana y también de la Sociedad Americana de Tratados. En 1867 fue a Lisboa esperando una oportunidad para volver a entrar en España. Allí decidió dedicar sus esfuerzos a la naciente Iglesia Episcopal Portuguesa. Falleció en dicho país en 1876. Es difícil saber exactamente cuántos himnos escribió Herreros de Mora ya que muchas veces las obras suyas se confunden con las de José de Mora. En verdad, el famoso critico español MENENDEZ Y PELAYO quien de mala gana alabó su calidad literaria, creía que todos los himnos que llevaban el

nombre de “Mora” eran obra de Ángel Herreros de Mora. Pero parece más probable que sólo unos pocos hayan sido de la pluma de éste, aunque algunos son muy conocidos, tal como el himno fúnebre “¿Por qué lamentamos si se marcha el hermano?” Otro suyo es “Venid, nuestras voces alegres unamos”. Entre los primeros himnistas evangélicos se cuenta al exsacerdote MATEO COSIDO, quien se convirtió en el sur de Francia alrededor del año 1857. Después de trabajar allí con el evangelista MANUEL PINTO, partió de Burdeos para Madrid en 1870 para colaborar en la evangelización de su patria, la que recién había abierto sus puertas para las religiones no católicas. Sin embargo, sus labores no duraron mucho, pues falleció aproximadamente en 1874. No obstante, su pluma se había desempeñado bien y así pudo dejar tras sí un legado de importancia. Su Lira Sagrada, 1874, fue uno de los primeros himnarios en castellano que tuvieron música e incluía muchos de sus propios versos y composiciones. El Himnario de las Iglesias Evangélicas de España (1947) contiene cinco de sus himnos, Ip cual demuestra que aún se aprecian las obras de Cosidó. Entre los himnos suyos más conocidos están “Iglesia de Cristo, reanima tu amor” y “Hoy es día de reposo”. Una de las figuras más notables de la himnología española es la de JUAN BAUTISTA CABRERA (1837-1918). Nacido en la provincia de Alicante, entró como estudiante en la Orden de las Escuelas Pías en 1853. Después enseñó cursos para niños pequeños y también griego en uno de los colegios mantenidos por su congregación. A la vez, privadamente estudiaba la Biblia y aparentemente mantenía correspondencia secreta con algunos pastores evangélicos. Cuando éstos fueron encarcelados por su creencia en 1863, Cabrera huyó a Gibraltar, y allí se convirtió. Estuvo en el peñón cinco años. A principios de 1868 se formó una congregación evangélica de expatriados españoles que hizo planes para evangelizar a su patria tan pronto como se presentara la oportunidad. Ese mismo año cayó el gobierno de Isabel II y los evangelizadores entraron en España. Cabrera se fue a Sevilla donde pudo desarrollar grandemente una pequeña obrita que ya se había empezado. Durante los primeros meses y años, después del cambio de gobierno, no sólo en Sevilla sino 'a través de todo el país las reuniones protestantes se veían muy concurridas y reinaba gran entusiasmo. No obstante, con el tiempo, el privilegio de asistir a los cultos no católicos dejaba de ser novedoso, y a la vez, las nuevas libertades religiosas iban siendo quitadas. Cabrera y sus asociados trabajaban a base de principios y métodos que habían elaborado estando aún en Gibraltar, con el propósito de volver al sistema de la primitiva iglesia hispana, como ése se reflejaba en la liturgia mozárabe, sosteniendo la organización episcopal. En 1869 representantes de las iglesias evangélicas en España se reunieron y Cabrera fue elegido presidente. Sin embargo, no prosperó esa organización. En 1875 Cabrera se trasladó de Sevilla a Madrid, donde siguió sus labores y en 1880 se organizó la Iglesia Reformada Española, y Cabrera fue escogido como Obispo electo. A1 año siguiente, le acompañó en sus conferencias el DR. H. C. RILEY, obispo episcopal del Valle de México y representante de los episcopales irlandeses. En 1894 Cabrera fue ordenado como obispo por el Arzobispo de Dublín y ha sido el único obispo episcopal español hasta el presente. E1 obispo Cabrera siguió su labor destacada hasta su fallecimiento acaecido en 1916. Después de empezar sus labores evangélicas, Cabrera se dio cuenta del inmenso poder de la música y de la literatura. En el mismo año en que se estableció en Sevilla, sacó a luz la revista “El Cristiano”, la cual era enviada a la jerarquía católica romana en toda España, y a otras personalidades. Sus artículos eran muy discutidos y citados, ya que trataban con gran amplitud todos los asuntos relacionados con la regeneración social y religiosa de España. Después fundó la revista “La Luz” y también escribió varios libros. En cuanto a la música, desde el mismo comienzo de su ministerio celebraba clases de canto en su iglesia. Grande fue la labor pastoral de Cabrera y con su aporte ayudó a fijar el rumbo de la obra evangélica en España; sin embargo, su mayor contribución han sido sus himnos. Aunque unos pocos de estos aparecieron antes, su primer cancionero fue el Himnario para Uso de la Iglesia Española, Coleccionado y en Parte Compuesto por Juan B. Cabrera, Pastor de la Iglesia Evangélica del Redentor en Madrid, Madrid, 1878. Este himnario incluía trescientos himnos. Todos sus himnos y poesías que había escrito hasta esa fecha fueron publicados en 1904 bajo el título de Poesías Religiosas y Morales. Algunos de sus himnos son traducciones del inglés o del latín; otros se basan en conceptos encontrados en himnos en

inglés pero son tan diferentes de los originales que realmente no pueden ser considerados como traducciones; otros son completamente originales. Sus himnos todavía figuran entre los más apreciados del idioma castellano, y son pocos los himnarios evangélicos que no contienen por lo menos una docena de sus poesías. El Himnario, publicado en Nueva York en 1931, tiene sesenta y nueve de los himnos de Cabrera. ¿Quién, habiendo asistido a los cultos evangélicos, no conoce “Santo, Santo, Santo”, una traducción del famoso himno de HEBER, o quién no se ha conmovido al cantar los versos evangelísticos “A Jesucristo ven sin tardar”? Millares de corazones se han enternecido y rendido a Cristo mediante su “Yo escucho, buen Jesús, tu dulce voz de amor”, una traducción libre de un himno de HARTSOUGH. En cualquier cancionero evangélico uno no tendría que hojear mucho antes de hallar un himno cuyo autor es Juan B. Cabrera. SEBASTIAN CRUELLAS había sido sacerdote de la misma orden de las Escuelas Pías que Cabrera. Después de convertido, sirvió de profesor de escuela. Probablemente trabajó también como pastor, ya que muchos de los pastores de su época enseñaban en escuelas parroquiales relacionadas con sus iglesias. Creó muchos himnos y cantos para niños y también compuso melodías para algunos de éstos. En 1887 ayudó a Cabrera a editar Himnos y Canciones para las escuelas diarias y dominicales. Además, Cruellas preparó el Cancionero Escolar en 1888, el que contiene elementos de la teoría de música y cantitos sencillos para enseñar a los niños. Actualmente, “Cuando leo en la Biblia eórno Manea Je.,ás”, un himno para niños, su lírica más conocida. PEDRO CASTRO fue otro escritor de himnos íntimamente relacionado con Cabrera. De origen humilde y convertido tarde en la pida, formó parte en esa evangelización inicial que el grupo de Cara había planeado desde Gibraltar. En el año 1870 se encontraba instalado en Valladolid, ciudad en donde tres siglos antes los protestes habían sido quemados en la hoguera y donde todavía había rte oposición. No obstante, en medio del arduo trabajo pastoral y en los alrededores, se preocupó de escribir himnos y también raticos para los niños. Después de servir varios años como evangelista, fue ordenado como pastor de la Iglesia Reformada Española. Falleció en 1886 y fue enterrado en el Cementerio para Disidentes en Madrid, en el cual también descansarían después los restos mortales de sus amigos Cabrera y Cruellas. Como himnógrafo, Castro figura entre los mejores. Casi todos los cancioneros evangélicos contienen unos de sus himnos. Himnos Selectos Evangélicos, Buenos Aires, 1928, tiene diecisiete de los suyos. Pocos himnarios hay que no incluyen “Santa Biblia para mi, eres un tesoro aquí”, una traducción de un himno de JUAN BURTON. Otros apreciados himnos suyos son: “Solo a ti, Dios y Señor, adoramos”, “Dad loor a Dios, himnos elevad”, “Noventa y nueve ovejas son” (traducción de la conocida obra ELIZABETH C. CLEPHANE), y muchos otros. Cuando se logró la tolerancia religiosa en España en 1868, los lioneros empezaron a llegar de otras tierras. Entre los primeros misioneros se encontraba FRITZ FLIEDNER, hijo de un destacado pastor y educador alemán. Visitó España en 1869 para conocer la obra evangélica y, después de su ordenación al ministerio en Alemania, volvió a la península en 1870 para cooperar con las abrumadas inglecitas ticas de Madrid. Desarrolló actividades múltiples, trabajan entre las iglesias, dirigiendo un orfanato, y una escuela para la preparación de pastores, y diez escuelas primarias que él fundó en Madrid y en las provincias. Además, dirigía la Librería Nacional y era, la que publicaba y distribuía literatura evangélica, libros e himnarios. Fliedner trabajó mucho a favor de una federación las iglesias evangélicas en el país y, si bien no se logró unir todas las iglesias, muchas de éstas se unieron bajo un sistema presbiteriano de gobierno como la Iglesia Evangélica Española. Su destacada fue llevada a cabo hasta su muerte en 1901 y fue continuada después por sus tres hijos. Los himnos de Fliedner aún se usan, entre ellos “Oíd un son en alta esfera”, traducido de un famoso himno de Navidad de CARLOS WESLEY. Otro cántico suyo de Navidad “Oh, santísimo”. El suizo A. L. EMPAYTAZ llegó a España en los primeros años de la Segunda Reforma, sostenido por el Comité de Lausana. Todavía en 1903 -estaba trabajando en Cataluña. Su himno más conocido es “Ven, alma que lloras”. La obra bautista en España empezó en 1888 con la llegada a Madrid de W. I. KNAPP (nació en 1835). Organizó varias iglesias, pero renunció como misionero en 1875 para aceptar un puesto como

secretario en la legación norteamericana en Madrid. En 1879 volvió a Estados Unidos como profesor de la Universidad de Yale. Al comenzar sus labores misioneras preparó y publicó una pequeña colección de himnos para el culto cristiano. Posteriormente, ésta fue aumentada y en 1871 publicó su Himnos Cristianos, el que contenía sesenta y nueve himnos, siendo veintinueve de éstos obra de su pluma. Una segunda edición, publicada en 1875 en Madrid, con el título de Himnos para Uso de las Iglesias Cristianas Primitivas Establecidas en España, contenía algunos himnos nuevos del doctor Knapp. Uno de sus cánticos que aún se encuentran en varios himnarios actualmente en uso es “Alma, basta de gemir”. Una de las fases de la himnología española que honra poco a los evangélicos tiene que ver coN RAMON BON. Mientras servía como sacerdote católico cerca de Valladolid, se hizo protestante alrededor del año 1870. Durante periodos cortos estuvo relacionado con varias agrupaciones evangélicas, entre otras, con los bautistas. En 1878 abrió una capilla y escuela protestante en León. En noviembre del año siguiente volvió formalmente a la Iglesia Católica. Después escribió dos folletos en contra de los protestantes. Uno era Mi Convicción Católica: Examen de los Principios, Doctrinas, y Religión Teórica y Práctica de las Sectas Protestantes que Se Conocen en España, por Ramón Bon Rodríguez, expastor protestante, León, 1880. El otro que también trata de las flaquezas de los evangélicos y de sus pecados y desavenencias personales, era Historio de las Sociedades Bíblicas, de sus Jefes y Emisarios, Noticias de Varias Capillas Protestantes en España, de sus Pastores, Misioneros y Feligreses Escandalosos, Rencillas, Doctrinas, Vidas y Milagros, por Ramón Bon Rodríguez, expastor protestante, Madrid 1881. A pesar de esta actitud posterior, de sus años dentro del redil evangélico Bon dejó algunos himnos que han sido muy conocidos; dos de los cuales son: “Allí la puerta abierta está” y “Despide hoy tu grey”. JORGE LAWRENCE, de Nueva York, llegó a España en 1863, como integrante de la agrupación generalmente conocida con el nombre de “Hermanos de Plymouth”. Sin embargo, él y sus asociados no pudieron hacer una obra efectiva sino hasta después de La revolución de 1888. Trabajó mayormente en Barcelona y en sus alrededores, donde en 1893 publicó un librito de Cánticos populares de .p Amor. De los cuarenta y ocho himno (letra solamente), trece se indica como obra de “I.L.”, ISABEL LAWRENCE, posiblemente una hija suya. Entre sus himnos se encuentran “Ved que acercándose el día va”. “Promete a los suyos el Salvador un hogar”, “¿Sabes dónde hay una fuente?”, “Grata nueva Dios proclama” y “Jesús de los niños amante Pastor”. CARLOS E. FAITHFUL, también de los “Hermanos”, llegó de Inglaterra a Madrid en 1870. En 1873 publicó Himnario Evangélico, incluyendo algunos de sus propios himnos juntamente con otros sacados de varias colecciones anteriores. Después volvió a Inglaterra donde pastoreó una congregación. Ya que contaba con medios financieros propios, hacia viajes frecuentes a España. Este himnario era muy popular y su colega, el misionero ALBERTO R. FENN, publicó varias ediciones.. Faithful presentó la séptima edición en 1909 con doscientos setenta y seis himnos y algunos coros y doxologías. A la novena edición se le agregó un breve suplemento de himnos, lo mismo que caracterizó a la decimotercera edición en 1946. Se ha dicho que Fenn también incluyó algunas de sus propias traducciones, pero no se indican como tales. Faithful tampoco firmó las poesías suyas, pero en vista de que casi todos los primeros himnarios no identificaron a los autores de sus cánticos es prácticamente imposible saber en muchos casos cuáles himnos contribuyeron ellos y cuáles copiaron de otras fuentes. Hubo otros himnógrafos españoles en el siglo XIX, pero la lírica de algunos ya no se utiliza y otros autores son desconocidos. Aún otros empezaron su producción-a fines del siglo pasado. pero hicieron su mayor contribución durante el siglo XX, por cuya razón los trataremos en el capítulo próximo.

III. LA HIMNOLOGIA DE LOS COMIENZOS EVANGELICOS EN MEXICO Aunque la obra evangélica en Chile y en la Argentina empezó en la misma década que en México, no obstante desde un comienzo la tierra de los aztecas tuvo una mayor importancia evangélica e hímnica

que los demás países hispanoamericanos. Por ejemplo, antes de finalizar el siglo XIX los himnarios de España llevaban himnos evangélicos de México, pero casi ninguno de los países sudamericanos. El primer escritor de himnos evangélicos en México y uno de los más importantes fue TOMAS M. WESTRUP (1837-1909), quien nació en Londres. Al tener Tomás quince años de edad, su padre fue contratado para construir un molino para elaborar harina en México, hasta donde llegó a vivir con su familia. El joven no logró aprovechar muchos años de escuela pero era lector asiduo, por lo cual pudo mejorar su educación. Sus padres eran anglicanos piadosos. En el nuevo hogar acostumbraban celebrar el culto familiar y cuando JAMES (SANTIAGO) HICKEY llegó a la ciudad de Monterrey donde vivían, en 1862, la familia Westrup cooperó con sus esfuerzos evangelísticos. Sin embargo, cuando Hickey proyectaba bautizar a los nuevos creyentes por inmersión y enseñarles doctrina bautista, el señor Westrup se opuso. De todos modos, en 1864 fueron bautizados Tomás y otros dos y se organizó la primera iglesia evangélica en México. El joven Westrup fue escogido como pastor y Hickey le impuso las manos en una ordenación al ministerio cristiano. En 1867 Westrup fue nombrado agente de la Sociedad Bíblica Americana, pero en 1876 presentó su renuncia para llegar a ser el primer misionero en México de la Sociedad de Misiones Domésticas de los Bautistas Americanos, cuya sede estaba en Nueva York. Luego las seis iglesias que don Tomás había ayudado a organizar tomaron el nombre de bautistas. Al volver Westrup de Nueva York después de su nombramiento (y una nueva ordenación), trajo consigo una prensa y empezó a imprimir tratados y literatura bautista y también los himnos que él escribía o traducía para las iglesias. Trabajó entre las iglesias en el norte de México y dio atención personal a los pastores jóvenes que empezaban su ministerio. Tuvo una parte destacada en la obra bautista en la República, sirviendo como misionero hasta 1901, salvo desde 1876 hasta 1881 cuando la Sociedad suspendió provisionalmente sus labores en México por razones financieras. En 1901, Westrup y casi toda su familia dejaron a los bautistas para colaborar con la Misión Cristiana (los Discípulos) y él siguió su trabajo de predicación y publicaciones hasta su fallecimiento en 1909. Dos de sus hermanos también fueron de los primeros misioneros en México, pero los dos murieron cuando aún eran jóvenes, uno de ellos a manos de una turba fanática. Tomás Westrup se encontraba en México desde su mocedad, y contrajo matrimonio dos veces y en ambas oportunidades con damas mexicanas, de manera que su punto de vista y su lenguaje eran tan mexicanos como británicos. En su trabajo entre las iglesias, debido a que su voz no se prestaba mucho para el canto, él viajaba con una pequeña concertina con que tocar los himnos. Aún antes de ser bautizado, Westrup había traducido al castellano unos pocos himnos y salmos del inglés. Posteriormente, a causa de la necesidad de tener cantos para los cultos, redobló su esfuerzo. El mismo compuso el tipo e imprimió su primera colección de himnos en 1875. Una edición posterior de este himnario, impresa antes de 1889 con el título Incienso Cristiano, Colección de Himnos, contenía noventa y siete himnos, de los cuales setenta y dos, mayormente traducciones de himnos ingleses muy conocidos, fueron obra de su pluma. La Lira Evangélica, preparado por SAMUEL A. PURDIE (primera edición en 1881) en Matamoros (en la edición de 1885) contiene doscientos veinticuatro cánticos, setenta y seis de ellos pertenecían a Westrup. El Himnario Evangélico publicado en 1895 por la Sociedad Americana de Tratados, contiene quinientos trece himnos y de éstos unos ciento veinticinco eran obras de Westrup. No obstante, muchos de éstos fueron publicados con adaptaciones sin el acuerdo previo del señor Westrup y éste protestó enérgicamente por ello. La familia negó su permiso para variar los himnos de don Tomás al pedírselo el comité que preparaba El Himnario, que vio la luz en 1931 por cuenta de la misma Sociedad, y, por consiguiente, sólo cinco de los himnos de Westrup fueron incluidos. Sin embargo, la lírica de Westrup es abundante en muchos himnarios y hay algunas de sus poesías en casi todos. Un favorito general es su traducción del himno de TOPLADY “Roca de la eternidad”. Otro es “Dicha grande es la del hombre”, una composición métrica del primer salmo. Don ENRIQUE WESTRUP estima que su señor padre escribió más de quinientos himnos y los ha tratado de reunir, publicando unos trescientos de ellos en tres tomos con el nombré de Incienso Cristiano, números 1, 2, y 3, el tercero editado en 1947. El himnario de los bautistas de la Argentina (Himnos Selectos

Evangélicos) incluye treinta y tres de sus himnos, y El Nuevo Himnario Popular de la Casa Bautista de Publicaciones contiene sesenta y siete. HENRY (ENRIQUE) C. RILEY (1835-1904) nació en Santiago de Chile, educado en Estados Unidos y en Inglaterra y en 1866 fue ordenado al ministerio episcopal. Llegó a ser pastor de una congregación de habla castellana en Nueva York y ayudó a la Sociedad Americana de Tratados en sus publicaciones en castellano. En 1868, en un discurso pronunciado ante la reunión anual de la Sociedad, Riley hizo hincapié en la necesidad de obreros religiosos en México y ese año él mismo fue allá, para trabajar con un grupo de sacerdotes mexicanos que habían roto su vínculo con Roma y que le habían invitado. Riley sirvió en México, valiéndose de sus propios recursos económicos, pero bajo la dirección. general de la Junta de Misiones de la Iglesia Episcopal Americana. En 1874, un concilio de la “Iglesia de Jesús en México” pidió que el señor Riley fuese consagrado como su primer obispo. Así, en 1879, llegó a ser el Obispo Episcopal del Valle de México. En 1880 visitó Portugal, donde ayudó a fundar la Iglesia Episcopal Lusitana. Sin embargo, no todo marchó bien en México; hubo diferencias de parecer y dificultades económicas que causaron desaliento y retroceso. A causa de desacuerdos sobre la política a seguirse, en -1883 se le pidió la renuncia, presentándola al año siguiente en oportunidad de hacer un viaje a Nueva York. A causa del lugar de nacimiento y del ambiente que rodeó gran parte de su vida, el doctor Riley era hispanoamericano. Entre los trabajos que preparó para la Sociedad de Tratados, al parecer, se encontraba el folleto ilustrado de cuatro páginas, presentado en dieciséis números, llamados Estrella, de Belén, el que contenía himnos con música. No hay evidencia directa de que Riley lo haya preparado, pero vio la luz en la época de sus relaciones con la Sociedad en 1867. Durante los próximos treinta años estos folletos fueron muy usados en los cultos de habla castellana en las Americas. Ahora varios de los himnos que más se usan en los servicios evangélicos son atribuidos exclusivamente a “Estrella de Belén”. Dos de estos favoritos son “A nuestro Padre Dios” y “Confío yo en Cristo”. Sin duda unos cuantos serían obra de Riley. MENENDEZ Y PELAYO, en su Historia de los Heterodoxos Españoles, se refiere a él como uno que contribuyó al Himnario de Cabrera de 1878. “Habita en mí, Señor”, una traducción del himno de Lyte “Abide with me” se incluye en varias colecciones. Un miembro del primer grupo de misioneros presbiterianos que trabajó en México fue HENRY (ENRIQUE) C. THOMPSON, quien llegó en 1872. Abrió una escuela teológica en su casa en Monterrey. Entre sus obras se incluye una Armonía de los Evangelios. Durante los próximos veinte años hizo un aporte considerable como misionero y educador en México. Su producción hímnica no fue extensa, pero algunos himnos suyos aún se cantan con gusto, como, por ejemplo: “El mundo perdido en pecado se vio” y “De la ley libre”, los dos, traducciones de originales por FELIPE BLISS. En 1873 M. N. HUTCH1SON empezó la obra presbiteriana en la Ciudad de México. Tenía mucho interés en los himnos y en 1877 ya estaba publicando la cuarta edición de su Himnario de las Iglesias Evangélicas, con ciento ocho himnos, y de esta cantidad unos cuantos eran obra de él. Varios de sus cánticos aún se usan, aunque muchos comúnmente se publican sin indicar autor, como en el caso del cgnto de Navidad “Cantad, cantad, mortales” y del himno de la Cena ,Obediente a tu mandato”. Otro himno suyo es una versión del himno de COWPER “Hay una fuente sin igual”. Los metodistas también contribuyeron con himnos a los primeros cancioneros evangélicos en México, himnos que pronto llegaron a usarse también en la Madre Patria. El doctor WII,LIAM (GUILLERMO) BUTLER, después de haber fundado la obra metodista en la India en 1857, llegó a la ciudad de México en 1873, y como el ]primer superintendente es considerado como el padre del metodismo en México. Uno de sus primeros trabajos fue establecer una imprenta en 1876. Entre los primeros libros publicados habla un himnario con trescientos trece himnos, el Himnario de la Iglesia Metodista Episcopal. Ayudaron a Butler en esa tarea sus dos hijas JULIA Y CLEMENTINA. Después de un mayor trabajo, en 1881 se publicó una edición que también contenía música. Butler falleció en 18189. En escritos de esos años hay referencias a los himnos de Butler, pero evidentemente no los firmó, ya que ahora ninguno aparece con su nombre.

Otro de los primitivos obreros metodistas fue SAMUEL P. CRLAVER, quien llegó de Estados Unidos a México en 1876. Durante su primer año como misionero, en Guanajuato tres veces su familia y él tuvieron que trancar la puerta y reforzar la casa contra las turbas enfurecidas dirigidas por los sacerdotes. Escribió, entre otros, el himno “Oh, hermanos, dad a Cristo alabanzas mil”. Fue trasladado a .la misión del Río de la Plata en una fecha anterior a 1889 y estaba ten Montevideo en 1905. Como joven agrimensor, SANTIAGO PASCOE llegó de Inglaterra a México aproximadamente en el año 1871, para trabajar en lis minas. Tuvo que sufrir persecuciones como protestante activo, ya quie dedicó mucho de su tiempo a la obra religiosa de los metodistas. Entre otros cánticos suyos se encuentra “Jerusalén, hogar feliz”, traducción del reconocido himno de MONTGOMERY. PEDRO H. GOLDSMITH (186.5.1926) actuó durante algunos años como misionero bautista en México. Posteriormente enseñó en lda Universidad de Colombia en Nueva York. Se le recuerda por su traducción del himno de FRANCISCA CROSBY “Arpa a tus prójimos'“, Y por Cristo, guárdanos ahora”. Ignoramos mucho de la historia del himno del siglo XIX en México (al igual que la de otros países). Hay otros himnógrafos, se reapite, de fines del siglo, cuya obra más importante pertenece al siglo XX, y por consiguiente, se tratarán en el capítulo próximo. IV. LOS PRIMEROS HIMNOS EVANGELICOS EN EL RIO DE LA PLATA La obra evangélica del Río de la Plata empezó aproximadamente en la misma época que en España y México. En la Argentina, la primera predicación del evangelio en castellano fue en 1867. En el Uruguay, aconteció dos años más tarde. La contribución rioplatense al himno evangélico ha sido algo menos que la de las otras dos naciones y el porcentaje de escritores extranjeros ha sido mayor. No obstante, esa contribución ha sido considerable. Se logra un vistazo a los primeros cultos por el año 1870, y al uso de los himnos en éstos, leyendo un relato del agente de la Sociedad Bíblica ANDRES MILNE: “En esta época del esfuerzo evangélico en el Río de la Plata no había disponible ningún himnario en castellano y los folletos Estrella de Belén, publicados por la Sociedad Americana de Tratados, eran muy apreciados y sirvieron bien durante algunos meses. Los repartíamos entre la gente, y aunque los recogíamos al final del culto, muchos eran llevados por los asistentes, de tal manera que antes que estuviera listo el himnario, casi no quedaban ejemplares de folletos. No fue sino hasta 1876 que vio la luz la primera edición del himnario compilado por el DOCTOR H. G. JACKSON”. HENRY (ENRIQUE) G. JACKSON (1838-1914) pasó los primeros años de su ministerio en Nueva Orleans, pero en 1868 fue nombrado superintendente de las Misiones Metodistas en la América del Sur. Se trasladó a Buenos Aires donde permaneció diez años, predicando a congregaciones tanto en inglés como en castellano. Bajo su estímulo la tarea principal de la obra metodista llegó a ser la de alcanzar con el evangelio a los de habla castellana, en vez de limitarse principalmente a servir a los extranjeros en la Argentina. Durante la plaga de 1871, el señor Jackson se quedó en su puesto ministrando a los enfermos moribundos hasta que él mismo cayó enfermo del cólera. Su esposa lo atendió de suerte que volvió a recuperar la salud. Llevó a cabo un ministerio intenso. Además de atender las dos congregaciones y su superintendencia, con la necesaria correspondencia y teneduría de libros, también dirigía la construcción de algunos templos, escribía frecuentemente para la revista El Evangelista y dirigía un pequeño seminario teológico para la preparación de nuevos pastores. Enseñó durante tres años en una escuela diurna y recolectó himnos y publicó Himnos Evangélicos en 1876 en Buenos Aires. Después de regresar a los Estados Unidos en 1878, Jackson pastoreó iglesias importantes en Misurí y por espacio de cinco años fue rector de Lewis College. Posteriormente sirvió como supe, ;intendente de los metodistas del distrito de Chicago y como miembro de varios comités importantes, incluso el que tenía la responsabilidad de preparar el himnario oficial de las Iglesias Metodistas del norte y del sur.

El primer himnario de Jackson, en 1876, contenía ciento un himnos, de los cuales cincuenta y siete eran suyos; algunos eran traducciones, otros adaptaciones de himnos del inglés y otros eran originales de su pluma. Himnos Evangélicos gozó de muchas ediciones, tanto en la Argentina como en otros países. Varias aparecieron en Chile, en donde fue publicada la octava edición en 1912 habiendo sido aumentado el himnario hasta incluir doscientos sesenta cánticos. La primera edición con música fue preparada en Buenos Aires en 1881 por JUAN R. NAGHTON. Tomando en cuenta que el himnario de Jackson sirvió a los metodistas de la América del Sur durante más de cuarto de siglo bien dice S. P. CRAVER: “Ciertamente es una maravilla que el doctor Jackson con su contacto relativamente corto con el idioma y la literatura castellanos, pudiera producir himnos tan excelentes que contenían poesías adecuadas”. Himnario Evangélico, publicado en Buenos Aires en 1943 por los metodistas, discípulos y valdenses, contiene diecisiete cánticos de Jackson. Otros cancioneros evangélicos también incluyen himnos suyos, aunque comúnmente en menor número. Entre sus himnos más conocidos se pueden señalar: “Hay un mundo feliz más allá”; “Mirad al Salvador Jesús”; “No me olvides, Padre Eterno”; “Concédeme Jesús, poder”; “Ven, oh Todopoderoso”; y su conocida traducción de la Doxología Mayor de Ken “Al Padre, Hijo Redentor”. Las obras hímnicas en las naciones rioplatenses del siglo XIX fueron pocas, pasajeras y mayormente anónimas, te un mayor estudio himnológico. V. EL HIMNO EVANGÉLICO EN CHILE Se llamaba La Doctrina del Evangelio Enseñada en Cánticos e Himnos Sagrados. Este fue publicado en Valparaíso y era la reimpresión de una obra de P. SANCHEZ, de España. Esta edición fue preparada por DAVID TRUMBULL, el primer misionero evangélico en Chile, procedente de Estados Unidos. En 1869 Trumbull y otro misionero, ALEJANDRO M. MERWIN, llegado a Chile en 1866, publicaron otro himnario. Después, en 1875, Merwin y SAMUEL J. CHRISTEN, un suizo quien posteriormente hizo un trabajo notable en fundar escuelas para los presbiterianos, publicaron Himnos para Uso de las Iglesias Evangélicas de Chile, con cincuenta y nueve cánticos, sin indicar autor ni editor. En 1882, Merwin imprimió Cánticos Sagrados de la Iglesia Evangélica Chilena con ciento ochenta y tres himnos. Sin embargo, si estos primeros misioneros escribieron algunos de los himnos publicados, no lo indicaron. En verdad, muy pocos himnos tienen indicación alguna en cuanto a su origen. Merwin fue elegido en 1883 el primer Presidente del Presbiterio en Chile. WILLIAM (GUILLERMO) B. BOOMER llegó de los Estados Unidos en 1887 e invirtió casi treinta años a la obra presbiteriana en Chile y contribuyó al himno castellano. No obstante, la mayor parte de su actuación pertenece al siglo XX, por cuya razón se le considerará posteriormente. VI. EL HIMNO EN OTRAS NACIONES HISPANOAMERICANAS En el Perú se hizo algo en cuanto a la publicación de himnos en los últimos años del siglo XIX, obra que se continuó en el siglo presente, especialmente en la prensa de CARLOS H. BRIGHT. Ecuador, Bolivia, Paraguay, Venezuela y los países centroamericanos vieron muy poca obra evangélica antes del siglo XX y, por consiguiente, no había ocasión para mucha producción de himnos. La himnodia de Colombia tuvo su comienzo con CARLOS BRANSBY (n. 1848). Su padre había llegado a Colombia con la Legión Británica para luchar juntamente con Bolívar por la liberación de los países americanos. Se casó con una colombiana y permaneció en su segunda patria. Carlos, su hijo, fue uno de los primeros dos miembros colombianos de la iglesia evangélica en Bogotá, recibido en 1865 por un misionero presbiteriano. En 1870 partió a los Estados Unidos para estudiar y se quedó allá como pastor presbiteriano. Tradujo al castellano el Manual Bíblico y algunos himnos. Aparentemente no firmó

sus obras, de suerte que no sabemos cuáles son. Hay algunos himnos, tales como "Al cansado peregrino" que se atribuyen a "C. B.".Estos podrían ser suyos, aunque también existe la posibilidad de que pertenezcan a CLEMENTINA BUTLER, de México. Los dos cubanos del siglo XIX cuyos himnos se conocen son más famosos por su literatura secular que por sus cánticos. JOSE JOAQUIN DE PALMA (1844-1911) era poeta cubano. En 1873 emigró a Nueva York donde pastoreó una iglesia protestante de habla castellana. Posteriormente se trasladó a Honduras donde trabajó con el gobierno y recibió altos honores. En Tegucigalpa publicó Poesia en 1882, obra que no incluye su lírica religiosa. El Himnario Cristiano, segunda edición (1892), contiene nueve de sus cánticos; la tercera edición (1910) retiene siete. El himnario de 1880 de RULE incluye seis de las poesías de Palma. Entre éstas se encuentra su traducción de "Nearer, my God, to Thee", pero ahora la traducción de MENDOZA "Más cerca, oh Dios, de ti", la ha reemplazado. Un himno para las bodas, hallado en los tres himnarios mencionados y también en Himnario de las Iglesias Evangélicas de España (1949), comienza: "Oh, Señor, tú que al hombre criaste y un jardín de delicias le hiciste Sobre todas tus gracias le diste Por su compañera a la mujer". TRISTIAN MEDINA Y SÁNCHEZ, nacido en la isla de Cuba en 1833, era un sacerdote famoso quien en España fue atraído al protestantismo mediante el roce con FRITZ FLIEDNER, aproximadamente en 1870. Poeta reconocido, su contribución a la himnodia no fue extensa, pero sus obras hímnicas aún se usan. Entre éstas se encuentra "Valor, ya no me hiere la más grande aflicción". Como hemos visto, durante la primera mitad del siglo XIX hubo Poca producción hímnica evangélica en el mundo hispano y el pequeño esfuerzo en juntar himnos fue más bien anglosajón. Durante la segunda mitad del siglo empezaron a abrirse las puertas al evangelio en varios países y los himnos llegaron a ser usados. España y México produjeron más cánticos e himnarios que las demás naciones de habla castellana, pero aun allí mucho del estímulo provenía de los países protestantes. España empezó su movimiento protestante moderno con un cuantioso raudal de canto. Los países americanos comenzaron con menor caudal, pero al entrar al siglo XX seguían con una cantidad creciente la que va todavía en aumento al llegar a la segunda mitad del presente siglo. ***

EL HIMNO CASTELLANO EN EL SIGLO XX En el capítulo anterior pudimos ver algo del desarrollo del himno evangélico en el mundo hispano durante el siglo XIX. A1 llegar al siglo XX hay un aumento grande en el número de iglesias y de lugares donde hay obra evangélica, como asimismo de himnos e himnarios. Aunque la obra había empezado y crecido mucho durante la última mitad del siglo pasado, llegaría acrecer mucho más durante los primeros cincuenta años del siglo actual. Varias cosas caracterizaban los cambios obrados durante estos años, factores que influían en la clase de música sagrada en las iglesias. El evangelio entró a nuevas naciones, de modo que en la actualidad no

hay país de habla castellana donde no haya obra evangélica. En varias naciones ya se ha logrado la separación de la Iglesia Católica Romana y el Estado o, a lo menos, la tolerancia religiosa. Ala vez, el número de creyentes nacionales de los varios países ha aumentado y, con ello, el número de pastores y dirigentes cuya lengua natal es el castellano. Con el incremento de la cultura general y eclesiástica de estos dirigentes ha surgido la posibilidad de producir más y mejores himnos, con el fin de lograr un mejor canto en las iglesias. Durante este medio siglo el misionero extranjero ha tenido una influencia muy grande en muchas iglesias, influencia fielmente reflejada en los himnos, pero al llegar a la mitad del siglo, los elementos nacionales de los diferentes países han desempeñado un papel más importante. En cuanto a la clase de himnos, no parece haberse producido un cambio marcado. Posiblemente en los primeros años difíciles de persecución se cantaban algo más que ahora los himnos que hablaban del hogar celestial. Quizás en algunas denominaciones con tendencias al liberalismo teológico se omitieron algunos himnos que hablaban de la sangre de Cristo. Pero, en general, los himnos evangelísticos siguieron siendo los más comunes y populares. Algunos de los escritores mencionados anteriormente produjeron himnos después del año 1900 y algunos de los que trataremos aquí empezaron su trabajo antes de esa fecha, pero la división se hace tomando en cuenta su obra principal. I. EL SIGLO XX EN ESPAÑA Aunque los evangélicos de España han seguido su obra con dedicación durante este medio siglo, quizás sea necesario aclarar que su desarrollo no ha estado en proporción con lo que se había esperado al ver el gran impulso de la Segunda Reforma. Debido a las persecuciones, a las guerras y a la emigración, la obra evangélica ha crecido con menos rapidez. Muchos evangélicos españoles, a igual que muchos no evangélicos, han emigrado al Nuevo Mundo. En cuanto a los himnos, se puede decir que han surgido escritores, pero no han superado a Cabrera y a otros de su generación. HENRY (ENRIQUE) S. TURRALL (1867-1953), de los “Hermanos Ingleses”, llegó al noroeste de España en 1889, donde dedicó sus primeros años a la obra de colportaje. La obra creció lentamente debido a la oposición de los católicos fanáticos. Durante casi medio siglo vivió en Marín, Pontevedra, donde, como él lo expresara en una carta: “Encontré tantos jóvenes que empecé a escribir himnos que expresasen las diferentes emociones y experiencias de los creyentes e incrédulos: el arrepentimiento, la fe, la seguridad, el testimonio, el conflicto, las ocasiones especiales, las reuniones anuales, los casamientos, los entierros, etc. Era sorprendente como estos himnos pasaban de uno a otro, de hojas sueltas a pequeños cancioneros, y luego a los himnarios más grandes. No he tomado nota acerca de los incidentes que los inspiraba”. Turran y su esposa dieron más de vicio de Cristo en España. También don Enrique tenía un hermano EDUARDO en España y una hermana en África del Norte y entre los tres hermanos dieron más de ciento sesenta años a la obra misionera. En 1902 Enrique Turran publicó en Zaragoza Cánticos Evangélicos. De los setenta y cuatro cánticos, cincuenta y nueve son suyos. En la novena edición, en 1933, el número de himnos ha aumentado a doscientos treinta y siete y de éstos cincuenta y uno son obra de otras personas. Veinte fueron escritos por su hermano Eduardo (un sesenta años cada uno al ser año menor que él), nueve eran de LUIS DE WIRTZ~y ocho de BENJAMIN WHITE, un colega en la obra en España. En los himnarios actuales todavía el nombre de Enrique Turrall se ve a menudo en el encabezamiento de los himnos. Himnos Selectos Evangélicos de los bautistas, Buenos Aires, 1928, contiene veinticinco de sus poesías y los himnarios relacionados con los “Hermanos” llevan muchas más. Hay pocos himnistas que han

contribuido más a la himnodia evangélica española que Enrique Turran. Una de sus muchas traducciones populares es “¿Soy yo soldado de Jesús?”, del himno de Watts. Un cántico suyo “Con gran gozo y placer” se usa mucho para dar bienvenida a visitantes en iglesias en muchas naciones de habla castellana. Entre otros conocidos himnos suyos se incluyen: “Engrandecido sea Dios”; “Mirad el gran amor ¡Aleluya!”; “Desde los cielos el buen Salvador”; “Clavado en cruz Jesús murió”; “El buen pastor al verme”; “Hallé un buen Amigo”; “¿Cómo puedes pecar sin temor contra Dios?”: “A tu puerta Cristo está”: “Cristo está conmigo ¡qué consolación!”; “Paz, dulce paz que brota de 1a cruz”; “Del amor divino, ¿quién me apartará?”; “Cual pendón hermoso despleguemos hoy”; “Seguid a Jesús, andad en su luz”; “Contendamos, jóvenes por la fe”. LUIS DE WIRTZ (1858-1927), hijo de un general español de gran influencia, nació mientras su padre estaba prestando servicios en la colonia de Cuba. Se convirtió mientras era pequeño al leer una Biblia-que halló en la casa. Después de terminar sus estudios, y al estar trabajando como ingeniero civil en Galicia, se casó con una misionera de los “Hermanos Ingleses”. Los dos dieron mucho tiempo y energía a la obra religiosa; y muchas veces él pudo utilizar su influencia profesional y familiar para lograr que se reconocieran los derechos de los evangélicos, los que las autoridades católicas solían pasar por alto. Varios de sus himnos fueron publicados en diversos cancioneros. “Medita que has perdido por siempre un año más” y “Pecador, Jesús te llama” están en muchos himnarios. También, hay un número considerable de himnógrafos en España que aún están en sus años productivos. Algunos han publicado colecciones de himnos en tiempos recientes, de modo que queda por ver cuántas y cuáles de sus poesías hallarán cabida en himnarios preparados por otras personas o grupos ajenos a un interés personal. FRED H. GRAY, de los “Hermanos Ingleses”, ha dado medio siglo a la obra en España. Sus cánticos se han usado en la región de sus labores, pero en 1950 ayudó a editar el Himnario Evangélico, Cánticos de Fe. Amor y Esperanza, el cual es un esfuerzo por dar a los “Hermanos” de España un solo cancionero que una la nes de Faithful, Payne y Turrall y que agregue algunos nuevos. Entre los setecientos cincuenta cantos, veinticuatro son de Gray. Hasta este esfuerzo cada congregación local, o grupo regional de congregaciones, tendía a formar su propia colección. El otro editor de este Himnario de Gray era MARIANO SAN LEON, presbítero en la asamblea de los “Hermanos” en Valladolid, quien en años recientes ha escrito muchos himnos nuevos. Noventa y dos de los cánticos de este libro son de él. Su himno “Oh, riqueza de la vida”, se halla también en el Himnario de Las Iglesias Evangélicas de España (1949). ANTONIO ALMUDEVAR (1894 ), pastor de iglesias bautistas cerca de Barcelona, y profesor en el Seminario Teológico Bautista de esa ciudad, ha escrito muchos artículos, poesías y libros de programas especiales, y también ha editado revistas religiosas. Ha escrito unos cuarenta cánticos, de los cuales aproximadamente la mitad son trabajos originales suyos. El Himnario de las Iglesias Evangélicas de España contiene catorce de sus himnos. Hay cinco de los suyos en Himnos Selectos Evangélicos, todos en la sección del himnario que fue agregada en nuevas ediciones durante los últimos veinte años. El presidente del comité que publicó el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España alrededor del año 1949 (el libro no tiene fecha ni lugar de publicación, quizás por la situación reinante en la península) era SAMUEL VILA, quien durante varios años fue pastor bautista, pero después director en España de una Misión Interdenominacional. Su tío, JOAQUIN VILA también ha escrito algunos himnos, como asimismo su cuñado, JOSE MARIA MARTINEZ, quien después de haber sido pastor bautista, ahora pastorea una iglesia interdenominacional. Hasta su fallecimiento hace algunos años, AMBROSIO CELMA era pastor bautista en Cataluña y un dirigente de su denominación. AURELIO DEL CAMPO es pastor bautista. Hay otros escritores de himnos en España que, sin duda, merecerían que se les mencione aquí. Sin embargo, o carecemos de datos acerca de ellos o sus obras son de una fecha tan reciente que todavía es difícil apreciar debidamente su contribución al himnario evangélico.

II. EL HIMNO EN MEXICO EN EL SIGLO XX Al igual que en el siglo anterior, México ha seguido en el actual como el país hispanoamericano que más ha contribuido al himno evangélico castellano. Entre los escritores cuya labor principal o totalmente está dentro del siglo XX, podemos señalar a los siguientes: EPIGMENIO VELASCO (1880-1940) tuvo mucha influencia en el desarrollo de todos los aspectos de la música sagrada en la Iglesia Metodista, como escritor, compositor y director de coros. Además fue tenido en alta estima, en círculos académicos como músico por su capacidad de organizar y dirigir coros. Nació en el estado de Oaxaca e hizo estudios teológicos en Puebla. Después llegó a ser pastor ayudante en la influyente iglesia de la calle de Gante en la ciudad de México, donde secundó al doctor VICENTE MENDOZA durante cinco años, y siguió él mismo como pastor durante trece años más, lo cual constituye un récord entre los pastores metodistas mexicanos. Posteriormente regresó a Puebla como pastor. Velasco compuso la música para unos pocos himnos, los que ahora aparecen en algunos himnarios. Otras melodías suyas preparadas para la música especial de sus coros no han sido publicadas. Algunas de sus poesías se encuentran en casi todos los cancioneros evangélicos y El Himnario, de 1931, contiene ocho. himnos suyos. Dos de sus obras bien conocidas son: “Me guía EL, con cuánto amor” traducida de GILMORE, y “Pronto la noche viene”, de un himno de ANNIE WALKER. Uno de los nombres más destacados en la historia del himno evangélico en México y en todo el mundo hispano, es el del doctor VICENTE MENDOZA (1875-1955). Nació en Guadalajara en un hogar evangélico y empezó sus estudios teológicos en el Seminario Presbiteriano bajo la dirección de Ii. C. THOMPSON. Cuando ese establecimiento se cerró provisionalmente, Mendoza siguió sus estudios en el Instituto Metodista en Puebla y durante toda su larga vida se consagró al ministerio metodista. Trabajó en iglesias en México, salvo los años de 1915 a 1921, cuando desarrolló sus labores pastorales en el sur de California. Como predicador y orador era muy solicitado. También, dio mucho tiempo y esfuerzo al periodismo cristiano y sirvió sucesivamente como editor de El Mundo Cristiano, El Abogado Cristiano y El Evangelista Mexicano. Sus artículos han vuelto a aparecer en tratados y en muchas revistas evangélicas en la América hispana. Como profesor del Seminario Interdenominacional de la Ciudad de México logró influir en una buena parte de los jóvenes predicadores de la República. No obstante, fuera de México a lo menos, Mendoza es más conocido por sus himnos. Antes de 1901 había traducido varios himnos y publicó Himnos Selectos, el cual, grandemente aumentado, ahora está en su décima edición. Durante muchos años también ha aparecido con música. Varias de las melodías son obra de él. Después de sus primeros años la mayor parte de su lírica ha sido original más bien que traducida. Al fallecer tenía publicados unos trescientos himnos y algunos sin publicar. Sus poesías abundan en todos los himnarios modernos y el Himnario Evangélico, Buenos-Aires, 1942, contiene treinta y siete de éstas. El Nuevo Himnario Popular publicado en El Paso, Texas, incluye cuarenta y cinco de sus trabajos. Muchos de sus himnos son conocidos, pero casi universalmente apreciadas son sus traducciones de “Junto a la cruz” y “Oh, Cristo, tu ayuda yo quiero tener”. “Jesús es mi Rey soberano” es suyo, tanto la letra como la música. Otros incluyen: “Doquier el hombre esté, la nueva proclamad”; “En mi maldad busqué a Jesús”; “Hay un lugar do quiero estar”; “Yo quiero ser cual mi Jesús”; “¿Cómo podré estar triste?”; “Santo Espíritu desciende”; “Soy peregrino aquí”; “Mi Salvador en su bondad”; “Más cerca, oh Dios, de ti”; “Cerca, más cerca, oh Dios de ti”; “Dejo el mundo y sigo a Cristo”. Otro escritor y traductor popular de cánticos evangélicos fue PEDRO GRADO (1862-1923). Después de pasar su niñez en Durango, empezó a estudiar leyes, conocimiento que en años posteriores le ayudaron a aconsejar a los pobres en sus asuntos legales. Abandonó sus estudios de derecho para servir de pastor en diferentes partes de México y entre los mexicanos de Texas, EE. UU. de N. A. Durante la primera parte de su ministerio fue el medio humano en ganar para Cristo a un sacerdote católico y la fama de esta conversión resultó en una persecución severa y prolongada. Se hicieron varios intentos para envenenar o matar a Grado por distintos medios, pero sus amigos siempre lograron ponerle en guardia.

Durante un tiempo editó EL Evangelista Mexicano y enseñó en una escuela metodista. A pedido de los profesores misioneros hizo sus primeras traducciones de himnos en 1892: “Me hirió el pecado” del himno de WATTS y “Suene la trompeta”; estos dos himnos aún son populares. A1 principiar este siglo, Grado publicó sus obras hímnicas en un tomito llamado Pequeña Colección, el cual siguió agrandándose hasta la sexta y última edición publicada en 1908. Ya que las publicaciones evangélicas en castellano rara vez representan un éxito financiero y muchas veces no se hace ningún esfuerzo por lograr que lo sean, Grado careció de medios para imprimir otra edición. Contribuyó a la causa de Cristo por medio de su ministerio personal y un centenar de himnos. La mayoría de los cancioneros evangélicos contiene, a lo menos, una media docena de sus poesías, tales como: “Yo espero la mañana”; “Cuán tiernamente nos está llamando”; “Dulce comunión la que gozo ya”; “Guíame, oh Salvador”; etc. ERNESTO BAROCIO (1876-1948) era hijo de una de las primeras familias evangélicas mexicanas. A los once años fue bautizado por su cuñado TOMAS WESTRUP. Llegó a ser pastor bautista y dirigente destacado de su denominación en el país. Preparó para los bautistas en 1932 el Himnario Popular con trescientos treinta y nueve himnos. El Nuevo Himnario Popular, publicado en El Paso, Texas, en 1955, se basa en el trabajo de Barocio y contiene treinta y tres de sus himnos. Dos de sus traducciones son “Haz lo que quieras, de mí, Señor” del himno de ADELAIDA A. POLLARD y “Tu vida, oh Salvador” de versos de S. D. PHELPS. SEVERA EURESTI, hermana de un pastor presbiteriano, era profesora de la Escuela Normal de Saltillo. Escribió poesías y otras clases de literatura, pero no produjo muchos himnos. Sin embargo, El Himnario, Nueva York, 1931, incluye cuatro de sus traducciones e Himnario Evangélico, Buenos Aires, 1943, tiene cinco, entre ellas “Hosannas dieron a Jesús”. ELEAZAR Z. PEREZ es un reconocido pastor presbiteriano en México, quien ha producido una buena cantidad de cánticos sagrados. Sin embargo, puesto que la mayor parte de su obra ha sido realizada en los últimos años, sus himnos no se han usado mucho fuera de su circulo de actividad. Editó Cantos Evangélicos (1940) para su denominación, himnario que contiene un buen número de sus propios cantos. También ha publicado varios pequeños cancioneros en forma de tratados en los cuales aparecen muchas de sus traducciones. LEANDRO GARZA MORA pastor presbiteriano en el norte de México, fue quien tradujo el famoso himno de SCRIVEN “Oh, qué amigo nos es Cristo”. TOMAS GARCIA tradujo “Alguna vez ya no estaré” de un himno de CROSBY; era joven pastor metodista y educador de mucha promesa, pero fue asesinado en 1906 por un enviciado de drogas. Moribundo, llamó a los oficiales de la iglesia y exhortó a cada uno a que cumpliera con su deber para con su iglesia y su Cristo. MODESTO GONZÁLEZ era de los Amigos y tenía un negocio de música e instrumentos musicales en Matamoros y, después, en una ciudad cercana. Tocaba muy bien el piano y ayudaba en su iglesia. Tradujo “Cristo me ayuda por él a vivir” de un himno del MAYOR WHITIZ.E. También escribió música y letra de “Si estás tú triste”. CRISTOBAL E. MORALES (1898), pastor de la Iglesia del Nazareno, durante los últimos años ha estado desarrollando una obra nueva en Puebla. Tuvo una parte destacada en la preparación del cancionero Lluvias de Bendición, el cual lleva mucho de los himnos suyos. Esta colección también incluye varios cantos de E. ROSALES quien nació en México y se educó en el Instituto Bíblico Latinoamericano de Texas. Recientemente ha sido Superintendente de la obra de los Nazarenos en el norte de México. GUMERCINDO BALDERA, fin de esta vida fugaz”, fue un pastor quien dio la mayor parte de su ministerio a las iglesias presbiterianas mexicanas de Texas. Su hijo, ISABEL P. BALDERAS, también escribió varios cánticos como “Oh, Cristo mío” y “Yo consagro a ti mi vida”.

J. N. DE LOS SANTOS fue pastor metodista en Texas y escribió unos pocos himnos, tales como “Un mensaje del Señor, aleluya”. Además preparó muchos salmos métricos para Cantos Bíblicos de los Presbiterianos Asociados y Reformados, quienes mantienen obra en el norte de México. ABRAHAM FERNÁNDEZ, ahora pastor presbiteriano jubilado, es un poeta capacitado, pero como himnista es más conocido por “Sembraré la. simiente preciosa”. Hay otros en México que han escrito himnos que, sin lugar a dudas, futuras obras sobre los himnos tendrán que tomar en cuenta. Quizás no habrá otro que pronto tenga la importancia de Westrup o de Mendoza, pero sí los habrá quienes dejarán huella en el canto de nuestras iglesias evangélicas. III. LOS HIMNOS RIOPLATENSES EN EL SIGLO ACTUAL En los países hispanos de América del Sur ha sido la Argentina el país que más ha contribuido al himno evangélico en el siglo XX, al igual que en el siglo anterior. Sin embargo, aun allí su influencia hímnica ha sido menor que la de España o la de México; y dentro de su contribución, la parte que han llevado los misioneros extranjeros ha sido mayor que los otros países mencionados. JAMES (JAIME) C. CLIFFORD (1872-1936), escocés, muy temprano en su niñez perdió a sus padres y fue criado por su abuela. Ya joven, trabajó en las minas de carbón de piedra pero luego, después de su conversión, empezó a predicar. En-1896 llegó a la Argentina como misionero de los “Hermanos” (comúnmente llamados los de Plymouth o Ingleses). Debido a su capacidad poética literaria recibió ofertas tentadoras para que se dedicase a trabajos seculares, pero resistió y entregó su vida a la obra evangelística y literaria en la región norteña de la. Argentina, especialmente en Tucumán y Córdoba. Interrogada acerca de cómo su finado marido escribió sus himnos, la señora Clifford explicó: “Se le ocurrían, nada más, y los apuntaba en diversas partes y, a menudo, en pedacitos de papel que caían en sus manos”. Unos cuarenta y tres de sus cantos se incluyen en Himnos y Cánticos del Evangelio, himnario de la agrupación evangélica con la cual trabajaba. No obstante, Himnos Selectos Evangélicos, libro de los bautistas argentinos, contiene a lo menos seis de sus obras. “Estad por Cristo firmes” y “Un hombre llegóse de noche a Jesús” son muy difundidas traducciones de DUFFIELD y SLEEPER respectivamente. Otras suyas incluyen “Ante Pilato Jesús está” y “¿Por qué demoras, amigo?” GILBERTO M. J. LEAR (1884-1961), nacido y educado en Londres y convertido a temprana edad, fue a la Argentina en 1904, donde trabajó en un banco en el cual ascendió hasta llegar a ser contador. Sin embargo, aunque su servicio era apreciado, los jefes del banco se sentían comprometidos y molestos al ver a Lear tocando el armonio en cultos al aire libre. Al pedirsele que escogiera entre la predicación y la banca, éste renunció a su puesto en el banco. Desde 1905 hasta 1927 colaboró en el esfuerzo evangelístico en Córdoba. Posteriormente sirvió al Señor en Buenos Aires. Era colega de JAIME CLIFFORD y tenía treinta y tres himnos y una docena de coritos en Himnos y Cánticos del Evangelio, cancionero que él compiló juntamente con su suegro WILL PAYNE. También compuso algunas melodías para himnos. Durante una campaña evangelística del misionero ALFREDO JENKINS, éste deseaba usar el cántico “God is calling the prodigal”, el cual fue traducido por Lear como “Dios convídate, oh pródigo”. Esta fue una de las primeras de sus traducciones y también una de las mejores. LLEWELLYN (LUIS) M. ROBERTS, de la misma agrupación evangélica, trabajó en la Argentina desde 1905 hasta su muerte acaecida alrededor del año 1936. Escribió varios himnos, entre ellos “Cuando perdido anduve”, pero probablemente son más conocidos sus muchos coritos escritos especialmente para los niños. Millares de personas, grandes y jóvenes, convertidas o inconversas, han aprendido a cantar: “Dios de tal manera”; “Qué maravilla que Cristo”; y “Hay perdón por la sangre de Jesús”. Himnos y Cánticos del Evangelio tiene veintitrés de estos coritos y cinco de sus himnos. JAMES (JAIME) KIRK (n. 1873), era hijo de colonos escoceses en Nueva Zelandia. Se convirtió a los diecinueve años y, aunque no había gozado de mucha educación formal, empezó a compartir con otros la tarea de predicar a los vecinos que asistían a los cultos que se celebraban en la casa de su padre.

Convencido de que había predicadores suficientes para servir a ese pequeño grupo, intentó irse a la China con la Misión del Interior de la China. No obstante, esa puerta no se le abrió y se sintió dirigido divinamente para ir a la América del Sur en 1896. Ya que no contaba con ningún sostén, trabajó durante ocho meses en Buenos Aires en los ferrocarriles que pertenecían a los ingleses. Después, habiendo aprendido algo de castellano, renunció a ese puesto y trabajó como colportor de Biblias y literatura evangélica. Posteriormente, para sostener a su esposa e hijos, volvió a emplearse en los ferrocarriles. Dice él de su trabajo: “Durante los últimos veintisiete años en los ferrocarriles, yo era revisor de cuentas en las estaciones, de modo que viajaba mucho. De este modo, pude visitar las iglesias y los grupos de hermanos en muchas partes lejanas donde los misioneros rara vez alcanzaban a ir. Así, a menudo, después de terminar mis labores ferroviarias, repartía tratados y porciones bíblicas en los pueblos y villas, mientras esperaba el próximo tren para proseguir viaje”. Kirk también escribió varios libritos. Su himno más conocido es “La grata nueva suena”. Después de jubilarse de los ferrocarriles, ha dado todas sus energías a la obra entre los Hermanos. ALFREDO JENKINS fue criado en el orfanato de Müller en Bristol y trabajó con los Hermanos en la Argentina desde 1908 hasta su muerte en 1928. Himnos y Cánticos del Evangelio contiene dos de sus himnos. STUART MCNAIR era misionero de los Hermanos en el Brasil. Por consiguiente, sus himnos, entre ellos “Paz con Dios busqué ganarla”, fueron escritos en portugués. Con relativa facilidad fueron adaptados al castellano. HELEN (ELENA) EDITH VAN DOMSELAAR DE EDWARDS (1874-1955) nació en Montevideo de padre holandés y madre angloargentina. El padre era luterano y la madre metodista, y ayudaron a ANDRES MILNE a fundar la obra metodista en el Uruguay en 1869. La señorita Elena fue convertida siendo niña y fue educada en Montevideo y Buenos Aires. Ejerció el profesorado en el Chaco durante algunos años para luego regresar a Buenos Aires, donde enseñó en un colegio. También enseñaba castellano a algunos extranjeros, Y se casó con uno de éstos, FRANCISCO EDWAftDS, misionero inglés de los Hermanos. A través de los años seguía prestando su servicio a la causa de Cristo, juntamente con su marido. Crió su familia y preparó himnos, especialmente cantos para los niños. Sobre cómo escribió “Quiere Jesús que yo brille”, dice ella “Cuando fui a Inglaterra en mayo de 1902 me quedé encantada de cómo los niños, regresando de sus vacaciones en la costa, cantaban este cantito que acababan de aprender. Inmediatamente decidí que nuestros niños de la América del Sur debían poseerlo también. Lo probé con mi hijita. Al volver a la América del Sur, después de cinco meses, encontré a todos los niñitos de la Escuela Dominical cantándolo”. “Quiere Jesús que yo brille” es aún popular entre los niños de muchos países. La señora de Edwards preparó otros cantos y los publicó, juntamente con los de otros escritores, en su Canciones Argentinas para Nuestros Niños (tercera edición en 1921). Otra traducción suya es “Brillemos cual velita”. A pesar de sus muchas labores en la obra religiosa, crió ocho niños y vivió para ver a sus hijos y nietos activos en el servicio de Cristo. Falleció en Buenos Aires. LEMUEL C. QUARLES (1885- ) nació en Virginia, Estados Unidos, y ha servido como misionero a los Bautistas del Sur desde 1910. El y su hermano Jaime fueron los primeros obreros bautistas en el Uruguay, donde trabajó durante dieciséis años. En 1929 fue a Buenos Aires como profesor del Seminario Teológico Bautista, enAeñando, entre otras cosas, música. Es autor de Manual de Música para el Cantor Evangélico, en el cual trata teoría, solfeo y dirección. Para el cancionero bautista Himnos Selectos Evangélicos, preparado por su hermano JAIME y ROBERTO F. ELDER en 1923, escribió un himno “El coro angelical” y compuso la música para tres cantos. Tiene también otra lírica sin publicar. ALEJANDRO CATIVIELA, argentino, después de sus horas de oficina ha dado liberalmente de su tiempo y energía a la obra bautista en y alrededor de la ciudad de Rosario. Autopreparado, conoce inglés, francés, alemán, griego, etc., y tradujo del francés al castellano los comentarios Bonnet-Schroeder sobre el Nuevo Testamento, dando su propia traducción del texto griego. Fue pastor en Rosario durante varios años después de 1915. Su himno más conocido es “Aprisa, Sión”, aunque Himnos Selectos Evangélicos incluye dos más.

DANIEL HALL, autor del himno para casamientos “Dios bendiga a las almas unidas”, ha sido pastor metodista y también ha traducido muchos libros del inglés. JUANA RODRIGUEZ DE BALLOCH (1894- ) nació en Galicia, España. Habiendo quedado huérfana de madre siendo pequeñita, fue llevada a la Argentina por una pareja española, quienes habían sido ganados para Cristo por el Ejército de Salvación. Pasó su niñez en la Argentina y el Uruguay, pero después volvió a la ciudad de Buenos Aires. Fue pianista en una iglesia metodista y se casó con el pastor ayudante, don ENRIQUE C. BALLOCH, quien después llegó a ser pastor. El año 1911 les encontró en Asunción, Paraguay, donde él era pastor y ella profesora en la escuela metodista. Después de otros pastorados desempeñados en el Uruguay y la Argentina, el señor Balloch, en 1941, pasó a ser el Obispo Metodista de la Zona del Pacífico, con sede en Chile, pero sus labores también se extendían hasta Perú, Panamá y Costa Rica. Últimamente han vuelto a pastorear iglesias en el Uruguay. Reconociendo la capacidad de la señora de Balloch como himnista, la Cuarta Conferencia central Metodista para la América Latina, en 1936 la nombró para presidir un comité que debía preparar un nuevo himnario. Este fue publicado en 1943 en cooperación con los valdenses y los discípulos, bajo el título de Himnario Evangélico. Incluye diecinueve de los cánticos de la señora de Balloch. Uno de sus himnos más conocidos es “Seré leal', el que tradujo de “I would be true”, cuando urgentemente se lo pedían para incluirlo en el Himnario de la Escuela Dominical que estaba listo para la prensa en 1926. Como lo ha hecho con otras traducciones del inglés, idioma que ella no lee con facilidad, su marido le ayudó a entender bien el sentido del himno inglés y ella lo expresó en poesía castellana. Otra traducción suya viene de versos de OXENHAM, con el título de “Oriente ni occidente”. Ya que su poesía hímnica es de fecha relativamente reciente, no ha sido aún copiada en muchos otros himnarios. Entre otros que en las naciones ríoplatenses han escrito himnos, podemos mencionar al eminente pastor bautista JUAN C. VARETTO, el valdense SILVIO LONG y el misionero metodista ARTURO WESLEY. IV. EL HIMNO EN LA COSTA DEL PACIFICO En el siglo XX los evangélicos chilenos han seguido dependiendo en gran parte de sus hermanos de otras naciones para que les provean de himnarios, es decir, todos menos los pentecostales quienes han preparado sus propios cancioneros sin música. No han sido muchas las personas en Chile que han escrito himnos que han llegado a ser usados extensamente fuera de su propia denominación. WILLIAM (GUILLERMO) B. BOOMER llegó de los Estados Unidos en 1887 y dio casi treinta años a la obra presbiteriana en Chile como evangelista, organizador de iglesias y maestro de jóvenes predicadores. Ayudó a fundar el Seminario Teológico Metodista-Presbiteriano en Santiago, donde sirvió como profesor. Músico excelente, escribió algunos himnos y compuso unas pocas melodías. Quizás la traducción suya que más se canta sea “Cuando tema que la fe”, la que hizo en colaboración con su colega JAMES ( SANTIAGO ) H. McLEAN. Otro himno suyo es “Hay una fuente de amor divino” para el cual compuso también la tonada “Cariño” en 1891. Después de retirarse de la obra en Chile, y a pedido de la Sociedad Americana de Tratados, Boomer presidió un comité internacional e interdenominacional que preparó un nuevo cancionero para reemplazar EL Nuevo Himnario Evangélico, el que había visto la luz en 1914. El comité publicó EL Himnario para el Uso de las Iglesias Evangélicas de Habla Castellana en Todo el Mundo (comúnmente se le da el título más corto de El Himnario) en 1931. En esta colección hay tres de los himnos de Boomer y diecisiete de sus melodías. EL Himnario Evangélico, 1943, contiene uno de cada uno. Los primeros misioneros de la Alianza Misionera en 1908 publicaron en Temuco un librito sin música con cincuenta y dos cánticos llamado Himnos Escogidos por los Hermanos en Cristo. Algunos de los himnos llevan las iniciales de sus autores. Uno de éstos es “¿Quieres ser libre del vicio y del mal?” una traducción hecha .por M. P. ZOOK, superintendente de la obra aliancista en la Argentina y en Chile entre 1905 y 1925. Falleció en 1946. Hay otros cantos en el libro que llevan sus iniciales, pero éste es el único que se ha difundido en otras colecciones.

Otros en Chile han escrito himnos, tales como el pastor presbiteriano, EFRAIN MARTINEZ. En 1332 un pastor metodista, FEDERICO MUÑOZ QUINTANA, publicó Cantos del Corazón, Versos y Cantos Religiosos. A1 parecer no se han usado hasta ahora en los himnarios. En el Perú ha habido menos himnistas que en Chile, pero hay algunos. CARLOS H. BRIGHT (c. 1850-1952), un Hermano Inglés casado con una norteamericana, sirvió al Señor durante unos pocos años en México y entonces fue a Venezuela, llevando su imprenta, la que siempre le acompañaba. En 1893 se trasladó al Perú con la ayuda financiera de A. B. SIMPSON fundador de la Alianza Cristiana y Misionera. En Lima fundó lo que llegó a ser la Iglesia de Mandamientos, un centro de la Iglesia Evangélica Peruana que ha sido muy importante para la evangelización del Perú. Bright se fue al Ecuador donde perdió su imprenta en un incendio de la aduana. Después de unos pocos meses volvió al Perú donde sirvió durante un cuarto de siglo. Vivió sus últimos años en California. Su himno más usado probablemente es “Eternidad, qué grande eres”. Otro es “Cristo viene, esto es cierto”. Himnos y Cánticos del Evangelio contiene seis de sus cantos. H. W. CRAGIN fue un misionero independiente de los Estados Unidos que llegó al Perú en 1908. Después de Algunos años ahí, se fue á Bolivia para trabajar con los indígenas, llegando a usar los idiomas aimará y quichua. En 1917 se trasladó al Ecuador donde colaboró con la Alianza Cristiana y Misionera y en donde estableció una obra entre los aborígenes. Después de un viaje a Estados Unidos, dejó de cooperar con la Alianza y volvió a Huáraz, Perú, en forma independiente pero cooperando con las Asambleas de Dios. Falleció allí en 1947. Cragin ayudó a H. C. BALL en la preparación de Himnos de Gloria, en el cual se incluyeron nueve de sus cánticos. Quizás el himno más difundido de Cragin sea “¿Qué me puede dar perdón?” traducido de un cántico evangelístico de ROBERTO LOWRY. WILLIAM (GUILLERMO) T. T. MILHAM, bautista inglés, fue al Perú en 1908 con la Unión Evangélica Sudamericana. Después de servir muchos años en Cuzco, en 1925 se trasladó a la Argentina para restablecer su salud que se había resentido por las alturas de la cordillera peruana. Tradujo el himno de WATTS, “La cruz excelsa al contemplar”. El Himnario, 1931, contiene seis de sus poesías. EDUARDO PALACI (1884-1961), salvacionista, peruano, convertido cuando tenía ocho años, la única alma que ganara un misionero inglés que falleció después de un corto tiempo en el Perú. Después Palací trabajó con CRAGIN en su imprenta. Ha estado con el Ejército de Salvación desde 1911, mayormente en la Argentina, aunque ha predicado en casi todos los países hispanoamericanos. Fue el traductor principal del Cancionero del Ejército de Salvación. Posiblemente su traducción más conocida sea “Sal a sembrar” basado en un texto inglés del comisionado BOOTH-TUCKER. Palací se jubiló con el grado de Coronel del Ejército de Salvación. En el Ecuador la obra evangélica es más nueva que en algunas otras naciones, y el esfuerzo hímnico ha sido de los años recientes, mayormente en relación con la estación de radio “La Voz de los Andes”. ROBERTO SAVAGE y algunos asociados han preparado tres tomos de Adelante Juventud y Ecos de Ebenezer, libritos que presentan en gran parte coros evangelísticos e himnos para música especial. C. P. DENYER (1898), nacido en Londres, fue llevado por sus padres a Costa Rica en 1912. Convertido en 1917, estuvo haciendo trabajos seculares hasta 1946; desde entonces ha hecho traducciones para publicaciones de la Misión Latinoamericana. Ultimamente ha trabajado mucho en compilar los resultados del nuevo estudio que han hecho las Sociedades Bíblicas en la Versión de Valera de la Biblia. Varios de sus coritos están en Cadenas de Coritos y “Maravillosa gracia”, una traducción de un himno de HALDOR LILLENAS, es un favorito de muchos coros de iglesias. Ha hecho unas cuarenta o cincuenta traducciones. De Bolivia, Colombia, Venezuela y los países centroamericanos durante estos años no han salido muchos himnos por las siguientes razones: La obra allí es relativamente nueva y débil; o ha sufrido muchas persecuciones y la atención ha estado dividida entre la población española y la indígena; y los autores de himnos no han firmado sus obras.

En algunos casos hay escritores o traductores que consideraremos bajo el título de “Estados Unidos”, que han prestado servicio en estos países. V. EL HIMNO CASTELLANO EN ESTADOS UNIDOS Ya nos hemos referido a varios estadounidenses quienes rindieron servicio a Cristo principalmente en algún país hispanoamericano y allí escribieron himnos. Sin embargo, ha habido otros que han trabajado en los Estados Unidos entre la población de habla castellana, o cuyas labores se han desarrollado en varios países, de modo que es difícil identificarlos con una sola nación. HENRY (ENRIQUE) C. BALL (1896- ) nació en Iowa, pero la familia se trasladó al sur de Texas, donde el joven empezó su trabajo religioso entre los mexicanos. En 1914 se dedicó a la obra de Cristo en Texas y en el norte de México, viviendo en Texas. Antes de su matrimonio, la señora de Ball era misionera en Monterrey, Nuevo León. Durante varios años dirigieron el Instituto Bíblico Latinoamericano en Saspamco, Texas. Desde 1941 a 1943 estuvieron en Chile abriendo la obra en dicho lugar para las Asambleas de Dios. En 1943 el señor Ball fue nombrado Secretario para América Latina del Departamento de Misiones Foráneas de las Asambleas y regresaron para radicarse en Estados Unidos. Ball empezó siendo joven su obra de traducción. Encontró que pocos de los himnos que más le gustaban para la escuela dominical estaban en los himnarios en castellano, de modo que comenzó a traducirlos, pidiendo a sus colegas mexicanos que los criticasen y corrigieran. Luego hacía copias para que su congregación los pudiese cantar. En 1916 imprimió la primera edición, la letra solamente, de Himnos de Gloria. Después preparó una edición con música. Con y sin música han pasado por varias ediciones. No hay cálculo exacto, pero Ball cree que se han vendido más de medio millón de himnarios sin música y setenta y cinco mil ejemplares con música, y todavía es cancionero de mucha demanda. Después Ball ha preparado otros libros de canto, tales como Cantos de Triunfo, E! Cantor Evangelista y Arpa y Voz de Salmodia, pero no han sido tan populares como Himnos de Gloria. En este último hay treinta y siete cánticos de Ball. Pero S. D. ATHANS incluyó doce de los de Ball en su Cantos de Alabanza, Pureza y Poder. Entre sus himnos reconocidos generalmente podemos señalar “En pecados y tenor”, el que es original, y “Oh, yo quiero andar con Cristo”, una traducción. SPEROS DEMETRIUS ATHANS (1883- ) nació en la costa del Adriático y fue criado en la fe de la Iglesia Ortodoxa Griega. A causa de la muerte de su padre y de la pobreza resultante, dejó su hogar a los quince años de edad. Después de dos años en la isla de Corfu, Grecia, y dos más en Egipto, fue a Gran Bretaña, donde trabajó como marino. En 1903 se fue a Estados Unidos. En la sala de inmigraciones del puerto de llegada alguien le regaló un Nuevo Testamento en griego. Un año después se convirtió en una iglesia de los Nazarenos en Chicago. Entonces fue a un Instituto Bíblico y a la universidad. Mientras estaba en una escuela en California, empezó a estudiar el castellano y a trabajar entre los mexicanos. Desde 1910 se ha dedicado a la obra religiosa como misionero, pastor, evangelista y maestro. En 1931 se unió a la obra metodista entre los latinoamericanos, en la cual trabajó hasta jubilarse en 1949. Después ha enseñado castellano y griego en la Universidad de Arizona y en otras instituciones. Aun predica y hace giras evangelísticas durante el verano. Athans es muy conocido como autor y editor de música sagrada. Ha editado mucha música en hojas de música coral y tres cancioneros: Cantos de Alabanza, Pureza y Poder (1922); Melodías Evangélicas (1936) y Hosanna (1950). Este último es una colección para coros, dúos y solos. Ha traducido o escrito unos ciento setenta cánticos, entre ellos “Mi vida di por ti” de un original de FRANCISCA HAVERGAL, y “Abre mis ojos a 1a luz”, de CLARA SCOTT. En Melodías Evangélicas, ochenta y siete de los cantos, o sea, el 33%, llevan su nombre como autor, traductor o como adaptador de la letra de otro autor. EFFIE CHASTAIN DE NAYLOR, hija de misioneros bautistas en México, actuó con su marido, GEORGE NAYLOR, por varios años, como misioneros metodistas en la América Latina.

Posteriormente, han ocupado diversos pastorados en Estados Unidos. Pero la señora de Naylor ha continuado sus labores de escribir y traducir. Muchos de sus cánticos son para los niños o para ocasiones especiales. Ha escrito varios libros en castellano acerca de niños y también libros de programas. En 1950 publicó un cancionero para niños, Alegres Cantemos. LLOYD (FERNANDO) V. OLSON nació en Kansas y fue educado allí y en Manitoba, Canadá. Después de hacer estudios en un instituto Bíblico fue, en 1929 con la Misión Centroamericana, a Honduras, donde trabajó durante cinco años; luego estuvo en Costa Rica un año y medio. Problemas de salud hicieron necesaria una licencia de dos años en Estados Unidos. Después de seis años más transcurridos en Honduras, el estado de salud de la señora de Olson suspendió sus servicios en la América Central. Empezando con 1945 han trabajado con Gospel Recordings, Inc., preparando y enviando discos y grabaciones a todo el mundo en más de doscientos idiomas, de los cuales el castellano fue el primero y es aún el más importante en distribución. Ha ayudado en la preparación de los discos Buenas Nuevas que tanto se han usado en la obra de radiodifusión en la América Hispana. Durante su primer año de licencia en Estados Unidos, Olson publicó Cadena de Coritos, muchos de cuyos cantos fueron escritos por él. Lo llamó “cadenas” porque los coros fueron arreglados según la escala, de modo que se podía cantar uno tras otro, dentro de una sola escala. Estos coritos han sido populares en muchas partes. ERWIN D. DRESCH, de San Antonio, Texas, preparó el pequeño cancionero Himnos y Coros de Palabras Fieles. GEORGE (JORGE) P. SIMMONDS (1890- ) recibió su educación teológica con la Alianza Cristiana y Misionera y fue, en el año 1915, al Ecuador como misionero de esa agrupación. Después de unos siete años se trasladó al Perú como agente de la Sociedad Bíblica Americana. En 1929 volvió a Estados Unidos donde ha continuado sus servicios al pueblo de habla castellana con los presbiterianos, especialmente en literatura para el canto y servicios sagrados. Simmonds fue el que más contribuyó al himnario aliancista Himnos de la Vida Cristiana, publicado en 1939 por un comité cuyo secretario era HEN. RY (ENRIQUE) WAGONER, misionero veterano en Chile. Sesenta y tres himnos de esta colección llevan la firma de Simmonds, o sea, un 20%. Una de sus traducciones es “Te necesito ya”. Ha sido escritor y traductor muy esmerado. Su himnario más reciente es el librito Himnos de Aspiración. También ha publicado muchas traducciones nuevas en cuadernillos: Cantos para grupos corales; Cánticos Escogidos trimestrales; y otras colecciones tales como: “Cantos Corales” iniciados en 1935 y en calidad de Presidente de una comisión interdenominacional de música sagrada; Cánticos de Navidad; Cánticos para voces Femeniles; Cánticos para Voces Masculinas; etc. Hasta el presente, sus traducciones de himnos y números corales exceden los trescientos. Ha habido otros himnistas, pero el valor permanente de sus obras aún no se puede apreciar debido a que son de época más reciente. En muchos casos, también, carecemos de datos. Pero, sea esto como fuese, la obra evangélica en el mundo hispano va aumentando rápidamente y la música sagrada, en conjunto con otros aspectos de la vida de las iglesias, se va desarrollando. Mediante la inspiración y el esfuerzo, ya se van produciendo más himnos en castellano y así habrá mayor caudal del cual escoger sólo los mejores para nuestros cancioneros. La creciente cultura del pueblo evangélico y de sus personeros ya empieza a significar la producción de más cánticos que expresan el alma iberoamericana. Lo mejor que se pueda hacer será poco en comparación con aquello que merece nuestro Salvador, pues “el Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra, y gloria y alabanza” (Apocalipsis 5:12). ***

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