LA VERDAD

September 20, 2017 | Author: maria_5206 | Category: Love, Truth, Soul, Philosophical Science, Science
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Descripción: xena gabby...

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Por : Shyara Era una noche espectacular, de esas que no se ven muchas veces, las estrellas brillaban en el oscuro cielo como muy pocas veces lo hacía. Xena y Gabrielle se encontraban tumbadas sobre la fresca hierba, observando, supuestamente, las estrellas. Estaban un poco separadas, sumidas en sus pensamientos. Xena observaba a su pequeña bardo, que ya era toda una mujer, y pensaba lo importante que era para ella, mientras admiraba su belleza. " ¿Cómo puede ser tan bella? Tan pura, tan sincera, tan perfecta....Pero...tengo tantas preguntas...tantos porqués... ¿Porqué se me eriza la piel cuando me roza? ¿Porqué tiemblo cuando me mira fijamente? ¿porqué creo que me voy a morir cuando me abraza? ¿Porqué mi corazón galopa cuando me coge de la mano?...ha despertado en mi interior sentimientos que jamás había sentido...¿Me estaré enamorando? ¿o sólo estoy confundiendo nuestra fuerte amistad? Eso es, ella tan sólo es mi amiga, y nada más ( trató de convencerse) además no creo que ella sienta lo mismo por mi, tan sólo me ve como su hermana mayor. Creo que lo único que puedo hacer es estar junto a ella y disfrutar de su maravillosa compañía". Gabrielle, por su parte, también estaba preocupada por lo mismo: Se estaba enamorando de la guerrera, bueno, en realidad estaba reconociendo sus sentimientos, pues se había enamorado de ella desde el primer día en que la vio entrar en su vida. " ¿Cómo decirle que la quiero no sólo como amiga? Es que no puedo evitarlo, no puedo dejar de amarla. Pero seguramente la espantaré y no será lo mismo, perderé su amistad. No, está claro que no se lo diré, ella no me ve como yo a ella, al menos eso creo...¡ si ni siquiera hizo nada para detener mi boda con Pérdicas! ¿Pero cómo decirle que yo estuve con él sólo por olvidarme de ella? que realmente no lo amaba, que estaba tan afligida que no usé mi corazón que sólo a ti te pertenece, mi princesa

guerrera. La primera...y última noche que pasé con él...fue maravillosa, pero...realmente cerraba mis ojos para poder ver la cara de Xena, deseaba que esas fueran sus manos, esos sus labios, ese su cuerpo...¡No sé qué hacer! No sé si podré ocultar por mucho tiempo este amor en secreto" - ¿En qué piensas Gabrielle?- interrumpió Xena al ver la cara de Gabrielle. - En nada...será mejor que vayamos a dormir ya- Xena notó lo extraña que estaba Gabrielle últimamente, pues casi no hablaba con ella tanto como normalmente lo hacía, pero pensó que tal vez serían cosas sin importancia. Las dos se acercaron más y se taparon bien, pues la noche era bastante fría. Xena estaba de espaldas a Gabrielle, la cual se acercó por detrás y la abrazó con mucha ternura, susurrando – sólo busco tu calor -. Se "acurrucó" a ella, poniendo su brazo sobre la cintura y apretando con fuerza su pecho contra la espalda de Xena, haciendo que muchos sentimientos se dispararan en sus cuerpos. Xena optó por no darle dobles sentidos al comentario, e intentó olvidar la situación. Al cabo de un rato, Xena se dio la vuelta para encontrar la postura perfecta y se encontró con la hermosa cara de Gabrielle a muy escasa distancia de la suya. Al sentir su leve respiración en la cara, y al ver sus jugosos labios tan cerca de ella, una oleada de deseo se adueñó de Xena. Estaba tentada completamente a probar la miel de esos labios. No podía soportar más el tener así de cerca, en todos los sentidos a Gabrielle, su Gabrielle, y no poder tenerla. Se acercó a ellos lentamente, y rozó dulcemente sus labios contra los de Gabrielle. Xena creía que se iba a desmayar, era la sensación más dulce y pura que había sentido nunca, y fue ahí cuando Xena se dio cuenta de que estaba perdidamente enamoraba de Gabrielle, y ahora ya no le importaba reconocerlo ante sí misma. Lo que Xena no sabía es que Gabrielle aún no se había dormido. Ésta primero pensó que seguramente estaría soñando con otra persona y se confundió, pero luego, al ver la suavidad del beso...hizo que una pequeña esperanza se cobijara en el corazón de Gabrielle. Al día siguiente, se despertaron y desayunaron. Gabrielle, después del beso de anoche, no sabía que decir, tan sólo se limitaba a comer sin mirar un punto fijo. Luego, Xena rompió ese silencio. - ¿Te pasa algo Gabby? Es decir...¿algo conmigo?-.

- Ehh...no, por supuesto que no....solo estaba pensando en una nueva historia que voy a escribir -. - ¿Y de qué trata? Debe ser algo muy importante como para que no hables en todo el desayuno...- se burló Xena. - Pues...- Gabrielle pensó rápido en algo, y sólo se le ocurrió decir -Trata de una mujer que está enamorada, que lo demuestra en sus miradas, en sus palabras...pero que no obtiene respuesta -. - ¿Y esa mujer tiene que ver algo contigo?- dijo Xena con curiosidad. Pero no hubo respuesta.- En fin, voy a entrenar por ahí, no sé porqué pero tengo ganas de luchar, para evadirme de mis pensamientos -. - ¿Tus pensamientos? ¿Evadirte de ellos? ¿Porqué?-. - Por nada...¿Vienes conmigo?- intentó escaparse de la pregunta. Las dos se alejaron un poco del campamento y se adentraron en el denso bosque para comenzar a luchar, Xena con su cuerpo, y Gabrielle con un palo, después de su antiguo cayado, tenía bastante experiencia. Sin embargo, y a pesar de estar esquivando los golpes de Xena, no podía dejar de pensar en aquel beso. " ¿Pero porqué me besó? ¿Es que siente algo por mi? Sólo sé, que fue maravilloso, que sentí algo que nunca antes había sentido...esos labios...son deliciosos." La lucha era perfecta para Xena, hasta ahora siempre le había hecho olvidar, pero sin duda esa mañana era la excepción. No dejaba de pensar en su bardo. " ¿Pero qué le pasa a Gabrielle? No sé si va conmigo o no, pero pasarle, le pasa algo. Es que no lo entiendo. Y...¿porqué no me ha contestado antes a lo de su historia?¿ Eso significa que se trata de ella? ¿Gabrielle está enamorada? ¿De quién? Y qué es eso de las miradas...las palabras...¿con quién está normalmente? ¿eh? Conmigo, pero no creo que se refiera a eso, vamos guerrera tonta, no te hagas ilusiones, seguramente se referirá a otra persona". Pensaba Xena. Xena se desconcentró por un momento y, sin querer, le dio una buena patada en la boca de Gabrielle.

- ¡¡¡ Lo siento!!! Perdóname, yo...no quería...- gritó Xena, acudiendo rápido a su labio que sangraba un poco. - Tranquila Xena, no te preocupes, no es nada, ya se que no te gustan mis labios- dijo con ironía. - No...o sea...sí, claro que me gustan, de hecho me encantan- Xena se dio cuenta de lo que acababa de decir, y se maldijo mil veces por haber hecho ese comentario. - ¿Te encantan mis labios?-. - Bueno, me refería en general, me gustan ese tipo de labios -. Gabrielle se desilusionó un poco por la respuesta, sin embargo, tenía el don de notar cuando Xena estaba tensa, y sabía que ahora realmente lo estaba. De repente, cuando aún le estaba curando la herida, Xena percibió una mala sensación del lugar, un inmenso hedor que al parecer sólo cataba ella. Un hedor muy particular del dios de la guerra. - Gabrielle, aquí pasa algo raro, vámonos de aquí, rápido, recojamos nuestras cosas y vayámonos a un lugar más seguro. Gabrielle obedeció inmediatamente, y a los pocos minutos ya se encontraban sobre Argo. - ¿Qué ha pasado Xena? - No lo sé, tuve un mal presentimiento, pero ya no lo noto, aquí estamos a salvo, mejor nos vamos a una cueva que conozco, hace años...- Hace años la usabas como refugio para ti o para tus hombres…¿me equivoco?- interrumpió Gabrielle. - Pues no, no te equivocas, así es -. Xena, le ordenó a su yegua que fuera al galope, y ésta la obedeció. Gabrielle, que iba detrás suya, se abrazó a su cintura con fuerza para no caerse, con la esperanza de que Xena lo hubiera hecho adrede. Cuando llegaron a la cueva, ya era medio día, así que Xena salió a cazar mientras Gabrielle hacía fuego. Al poco tiempo, Xena llegó con comida en sus manos, lo cocinaron y comieron tranquilas. Luego descansaron un poco, sin dejar de pensar la una en la otra, y Gabrielle salió a dar un paseo, indicando que quería hacerlo sola, para escribir uno de sus pergaminos,

los fieles y únicos testigos de sus sentimientos. Al cabo de las horas, Xena empezó a preocuparse porque Gabrielle aún no había vuelto de su paseo, y estaba ya atardeciendo, así que decidió salir a buscarla. Cuando la encontró, vio a su compañera, que estaba sentada en una roca llorando, pues ya no aguantaba más esta situación, el sentimiento crecía cada vez más fuerte, y se había decidido a decírselo hoy mismo. Pero sus lágrimas Xena no las podía ver, pues estaba de espaldas a ella, así que se acercó suavemente por detrás suya. Le tapó los ojos con sus manos y Gabrielle rápidamente las cogió. Entonces supo que era ella, pues esas manos tan suaves y a la vez heridas de las batallas sólo podían ser de su guerrera. Se quedaron así unos segundos, disfrutando el leve contacto, hasta que Gabrielle empujó las manos de Xena, bajándolas, rozando su nariz, sus labios...hasta tirar de ellas para acercar el pecho de Xena a su espalda, uniéndose así las dos en un hermoso abrazo ante el atardecer. Se estremecían con cada movimiento. Cuando la postura terminó, Xena vio las lágrimas de Gabrielle y trató de secárselas. - ¿Qué te pasa Gabrielle? Estas últimamente muy rara conmigo, ya casi no me hablas, casi ni me miras a los ojos- subió la mirada de Gabrielle para que ahora lo hiciera- ni siquiera quieres pasear conmigo...cuando antes siempre lo hacías...-. - Antes no sabía lo que quería...-. - ¿Y qué es lo que quieres?-. - Esto...- susurró mientras se acercaba sutilmente a los labios de Xena, cuando esta, de pronto notó como alguien les observaba, y sacando rápidamente su espada, dijo amenazadora: - Sal de ahí seas quien seas – lanzó al aire en posición de ataque. Las dos podrían matar con su mirada a quien fuera. - Tú como siempre, ¿no Xena? Sin saludar bien a tus amigos - . Aquel era un hombre fuerte, alto, de pelo largo y marrón, acompañado de un hombre un poco más bajo, rubio y apuesto. Sí, sin duda aquellos eran Hércules e Iolus. Los cuatro se saludaron amistosamente, incluso demasiado amistosamente, y se unieron a ellas. Herc le pasó el brazo por encima de los hombros de Xena, y ésta le abrazó por la cintura. Era la típica imagen de una pareja de enamorados, cosa que a Gabrielle no le gustó nada, ahora que por fin iba a probar los labios de su amada...

- He oído que estáis muy bien, ¿no? Me alegro, mirad, por aquí hay una casita donde yo y mi madre solíamos venir, podríamos pasar allí aunque solo sea por un día, ¿no? Nos apetece mucho estar un poco con vosotras, ya que estáis muy ocupadas y no tenéis tiempo para nosotros - dijo Iolus con "carita de pena". Ante esas caras de súplica por parte de Herc e Iolus, no pudieron decir que no y aceptaron la invitación, y, después de un corto viaje, los cuatro amigos llegaron a una hermosa casa, con un balcón, una chimenea, dos únicas habitaciones...y se pusieron a arreglarla un poco, a encender la chimenea, a hacer las camas y a preparar las habitaciones. - En fin, vamos a cenar.- todos asintieron- Por cierto, ¿cómo vamos a dormir? es para soltar mis cosas- dijo Iolus. - Gabrielle y yo en una y vosotros dos en otra, ¿no?- se adelantó a decir Xena. Todos estaban de acuerdo, y no había ninguna sospecha...era muy normal que "las amigas" duerman juntas, como siempre lo hacen... Al fin, se sentaron a la mesa, Xena y Gabrielle en frente la una de la otra y los hombres del mismo modo. Iolus se percataba de las miradas que se lanzaban sus invitadas, incluso estuvo a punto de mirar bajo la mesa para ver que pasaba... - Hércules, ¿me pasas la sal?- dijo Xena. - Por supuesto cariño - Cuando Xena cojió el salero, recibió una suave caricia por parte de Herc en su mano, y quedaron mirándose, a lo que Xena le añadió una sonrisa. Gabrielle, molesta y, sobre todo, celosa, le preguntó a Xena que si le estaba gustando la comida, unos celos que en seguida notaron sus amigos, a los cuales, les resultaba gracioso. Cuando terminaron de cenar, se sentaron en la chimenea a hablar. Gabrielle decidió leer una de sus historias, mientras todos la miraban maravillados, sobre todo Xena, que notaba cómo le brillaban sus verdes ojos cada vez que relataba uno de sus pergaminos. Más tarde, cuando Gabrielle terminó, pensando que se iba ya con Xena, Hercules le ofreció a ésta una dulce y...tentadora invitación a su habitación, quien aceptó encantada. Gabrielle simplemente moría de celos, así que se fue a dormir a su habitación, dejando a Iolus solo en el salón. Gabrielle se acostó. Ella se lo pasaba muy bien con sus amigos, pero si no fuera por ellos, tal vez ahora estaría un poco mejor, liberada del peso de

su amor secreto. De repente comenzó a escuchar en la habitación de al lado a Xena reírse sin parar, y a Hercules también, quienes no hacían otra cosa que jugar y bromear, además de tomar unas copas. Gabrielle se quedó con los ojos de par en par, hasta que al rato, se levantó y se dirigió a la puerta para irse, cuando por suerte o por desgracia, se encontró a Xena salir de la habitación. - ¿A dónde vas?- dijo muy alegre después de tanta risa con Herc. - Fuera, no me apetece estar aquí sola- Gabrielle creía plenamente que Xena y Herc no sólo habían estado riendo precisamente. - ¿Te ocurre algo?- no dejó que Gabrielle contestase- Venga anda, vamos a darnos un baño juntas, ¿te apetece?-. Gabrielle no se podía resistir ante tal ofrecimiento, así que aceptó y se dirigieron a su habitación, la cual, tenía una tina preparada con sales y velas por Gabrielle al llegar. Cuando entraron, Xena se desnudó y se introdujo en el agua, y Gabrielle, después de admirar el cuerpo de su compañera, se quitó la ropa también, y se metió junto a ella. Las dos difrutaron del agua cliente individualmente, y luego Xena se puso a frotar la espalda de Gabrielle, como siempre hacía, pero con la excepción de que no había esponja...lo hizo con la mano, acompañado de un suculento masaje. Gabrielle se estaba muriendo de placer...sentir sus manos masajear y acariciar su espalda...sentir su suave aliento en la nuca...eran demasiadas sensaciones en una sola noche. Xena sin querer rozó con la punta de su dedo corazón parte del pecho de Gabrielle, la que, sin poder contenerlo, gimió en bajo. Xena lo oyó y para salir de esa tensa situación (para Gabrielle), comenzó a hacerle cosquillas a ésta, quien también participó. Las dos "amigas" reían sin parar, hasta que ese juego se convirtió en otro...La situación empeoró, bueno en realidad mejoró bastante, pues en vez de cosquillas, eran oportunidades de tocarse...y la excitación subía cada vez más. Las cosas se ponían altas, incluso había cierta presión entre la piel y sus manos. De pronto se quedaron muy cerca la una de la otra, mirándose a los ojos. Xena se mordió en labio inferior al tener a Gabrielle tan cerca de ella, y su mirada se convirtió en puro deseo, deseo de tenerla, una mirada que sólo ella sabía poner...y ante tales gestos Gabrielle suspiró mirando su boca. Le entraron ganas de besarla, pero se le vino a la mente el sonido de antes en la habitación y salió del

baño pensando que antes de que pudiera pasar algo, quería saber la verdad, y, ya que era tan bocazas, dijo: .- ¿Te has liado con Herc?- Xena salió del baño. - No sé, soy capaz de lo que tú quieras, pero creo que debo saberlo. Es que como se os oía tan bien...y ahora para compensar me haces esto- sin duda lo había estropeado, ya no había vuelta atrás. - ¿Esto? ¿Qué es esto Gabrielle? Si ni siquiera sé lo que estamos haciendo. Mira, de veras que siento mucho haberte dejado sola, pero es que hace tanto tiempo que no estaba con Herc...- Así que decides aprovechar el tiempo cien por cien con él, ¿no? Y luego...esto- dijo dolida. - ¿Celosa?- ya estaba claro que la bardo sentía más o menos lo mismo que ella. - Claro que no, puedes hacer lo que quieras con tu vida, como si te lías con los dos a la vez, me da igual...me das igual -. - Pues para tu información, entre Herc y yo no ha pasado nada, sólo estabamos hablando- Xena se acercó más a Gabrielle. - Dime la verdad- dijo muy seria. A Xena le costó contestar, y, ante esto, Gabrielle se dio la vuelta para irse, pues lo había estropeado todo, además que había confesado todos sus sentimientos. Xena sabía que era muy orgullosa, realmente estaba celosa, y por primera vez en la vida había visto amor en Gabrielle, en sus ojos, amor hacia ella, así que, con más fuerza que nunca, se decidió. Agarró del brazo a Gabrielle, la giró, y tras mirarla unos segundos a los ojos asegurándose de que era lo correcto, dijo: - La verdad es que te amo. ¿Y sabes porqué no ha pasado nada con Herc? Porque no puedo pensar en otra persona que no seas tú, esa es la verdady la besó apasionadamente, como nunca pensó Gabrielle que haría. Ésta, al principio se sorprendió por la respuesta de Xena, pero luego correspondió al beso y lo disfrutó. Después de unos intensos momentos, se separaron. - Tan sólo le dije que estaba mal por ti, porque ya no podía esconder más mis sentimientos, y él sólo se limitó a ayudarme y hacerme reír. Gabrielle, si supieras cuanto tiempo he estado esperando para que pasara esto, creí que jamás ocurriría. Todo lo que he hecho hoy ha sido

porque no podía verte tan cerca y no poder decirte cuánto te amo...porque sí Gabrielle, que te quede muy claro...¡¡¡TE AMO!!! estoy muy enamorada de ti, como nunca lo estuve de nadie, desde que te conocí lo estoy, y esa es la verdad más grande que sé. Tú me has enseñado lo que es el amor. Me haces tan feliz... - Yo también te amo Xena, he soñado tantas veces con estas palabras...Eres lo más importante de mi vida, simplemente eres mi vida. Creí que si te decía mis sentimientos, me rechazarías y perdería tu amistad. He estado intentando decírtelo, pero tenía miedo. Si estos días he estado así es porque te amo tanto que no se si es bueno, pero ahora sé que tu eres mi camino en todos los sentidos. Las dos se volvieron a besar, con más suavidad y dulzura. Luego, Xena se acercó a la puerta y cerró el pestillo para estar más en la intimidad, pues ahora ya no importaban los demás, las leyes, los comentarios, tan sólo estaban ellas dos, queriéndose amar, queriéndose demostrar todo su amor y sacar todo lo que llevaban reprimido durante tanto tiempo en su interior. Y así, las dos amantes se demostraron todos sus sentimientos en esa larga noche. En la habitación de al lado, Herc e Iolus habían estado oyendo la "fiesta" que tenían montada sus amigas, y se alegraron muchísimo al ver cómo al fin se demostraban su amor, un amor que ya conocían. A la mañana siguiente los cuerpos desnudos de dos jóvenes amantes yacían abrazados entre las sábanas. Xena, como siempre, se despertó antes, y disfrutando de la belleza de su amada, se acercó a su oído y le susurró: "Del mundo nada quiero, pues todo en ti lo tengo". Gabrielle se despertó con aquella dulce voz de la que emanaban melodiosas palabras. - Buenos días mi amor, ¿qué tal dormiste?- dijo con una amplia sonrisa. - Lo poco que he dormido a sido maravilloso. No sabes lo feliz que me haces Xena, te quiero -. - Yo también te quiero - la besó levemente- Bueno, ¿vamos a desayunar?-. Las dos se vistieron, y, cogidas de las manos, pues no le importaban demostrarle a los demás su amor, bajaron para reunirse con sus amigos, que estaban preparando el desayuno.

- Parece que ayer fue un día muy importante, ¿no?- dijo sonriente Iolus. - Digamos que no desaprovechamos el tiempo- dijo aún más sonriente Gabrielle. - En serio, nos alegramos mucho de que al fin os lo confeséis, seréis muy felices, seguro- a Herc le dolía un poco ver a su amada Xena con otra persona, pero realmente ellas se amaban y Gabrielle le podía dar a Xena algo que él no podía hiciera lo que hiciera- eres una persona muy afortunada- dijo dirigiéndose a Gabrielle. - Lo sé- dijo mirando a Xena para luego besarla ligeramente. - Bueno, he pensado que nosotros deberíamos seguir nuestros caminos, y que podríais quedaros aquí en mi casa vosotras solas, la verdad es que sacarían mucho más provecho que los cuatro juntos, además ya nos volveremos a ver, ¿no?- dijo Iolus guiñándoles el ojo. Las chicas al principio se negaron, pero luego, después de mucha insistencia, aceptaron. Desayunaron los cuatro juntos y luego se despidieron para irse pronto. Y así, se quedaron las dos solitas en la casa. Allí pasaron muchos intensos días, amándose y demostrándoselo la una a la otra, enamoradas como el primer día. Una noche, Gabrielle salió al pozo a recoger agua para la cena, mientras Xena la preparaba, cuando se encontró con el dios de la guerra, Ares. - ¿Qué es lo que quieres?- dijo seria. No sabía porqué pero tenía la corazonada de que ahora que estaban juntas, este dios enamorado les iba a traer problemas. - Lo que quiero es muy fácil, quiero que os separéis, que te alejes de Xena. - Eso jamás pasará- sonrió. - ¿Estas segura Gabrielle? Mira, te digo mi plan, y si te resistes, te mato, ¿ok?- dijo con sarcasmo- A ver, es sencillo, tú te alejas de Xena después de decirle que ya no la amas y asegurándote de que ella no te seguirá, y tal vez así no os toque -. - ¿Porqué haces esto? ¿Por amor a Xena? Está claro que no sabes lo que es el amor. Si tanto la amas deja que sea feliz junto a mi -.

- ¿Que la amo? Estoy empezando a odiarla. Estoy harto de veros tan juntitas. Quiero que vea lo que me está haciendo, que sufra como yo lo hago, y ya que tú eres su debilidad, la única que rompe esa coraza dura, deseo que desaparezcas de su vida y punto -. - Tendrás que matarme aquí mismo porque jamás lo haré -. - Sí, tal vez lo haga, pero aún mejor sería que siguiera a tu querida guerrera, la torturara y la matara de la peor forma que pueda...¿te gusta más esa idea?- dijo Ares cínicamente y desapareció. Gabrielle se quedó pensando, y tras mucho hacerlo, aceptó, no quería que le pasara nada a Xena, tal vez sufriera mucho si se lo dijera, pero se olvidaría de ella. El miedo a perderla o que le pasara algo era mayor que la propia razón. - ¡ Ares! - en seguida apareció - Esta bien Ares, tú ganas, pero antes debes hacerme un juramento que nunca romperás, ¿de acuerdo? Júrame que jamás la tocaras de ningún modo, pase lo que pase. Siempre se ha dicho que los dioses sois leales y honorables, pues bien, quiero que me lo jures por lo que más quieras, y luego haré lo que me has dicho -. - Muy bien, así será. Juro que no le haré daño. Tienes esta noche para alejarte de ella, sino haré yo mi propio plan contra ella, ¿de acuerdo?- Dijo y luego desapareció de nuevo. JUICIOS DE AMOR ( continuación de "La verdad") By: Shyara Una tarde, Gabrielle salió al pozo a recoger agua para la cena, mientras Xena la preparaba, cuando se encontró con el dios de la guerra, Ares. - ¿Qué es lo que quieres?- dijo seria. No sabía porqué pero tenía la corazonada de que ahora que estaban juntas, este dios enamorado les iba a facilitar problemas. - Lo que quiero es muy fácil, quiero que os separéis, que te alejes de Xenasonrió con malicia. - Eso jamás pasará- dijo muy segura.

- ¿Estas segura Gabrielle? Mira, te digo mi plan, y si te resistes, te mato, ¿ok?- dijo con sarcasmo- A ver, es sencillo, tú te alejas de Xena después de decirle que ya no la amas y asegurándote de que ella no te seguirá, y tal vez así no os toque -. - ¿Porqué haces esto? ¿Por amor a Xena? Está claro que no sabes lo que es el amor. Si tanto la amas deja que sea feliz junto a mi -. - ¿Que la amo? Estoy empezando a odiarla. Estoy harto de veros tan juntitas. Quiero que vea lo que me está haciendo, que sufra como yo lo hago, y ya que tú eres su debilidad, la única que rompe esa coraza dura, deseo que desaparezcas de su vida y punto -. - Tendrás que matarme aquí mismo porque jamás lo haré -. - Sí, tal vez lo haga, pero aún mejor sería que siguiera a tu querida guerrera, la torturara y la matara de la peor forma que pueda...¿te gusta más esa idea?- dijo Ares cínicamente y desapareció. Gabrielle se quedó pensando, y tras mucho hacerlo, aceptó, no quería que le pasara nada a Xena, tal vez sufriera mucho si se lo dijera, pero se olvidaría de ella. El miedo a perderla o que le pasara algo era mayor que la propia razón. - ¡ Ares! – y en seguida apareció - Esta bien Ares, tú ganas, pero antes debes hacerme un juramento que nunca romperás, ¿está bien? Júrame que jamás la tocaras de ningún modo, pase lo que pase. Siempre se ha dicho que los dioses sois leales y honorables, pues bien, quiero que me lo jures por lo que más quieras, y luego haré todo lo que me digas -. - Muy bien, así será. Tienes mi palabra de que no le haré daño, lo juro. Tienes esta noche para alejarte de ella, sino haré yo mi propio plan contra ella, ¿de acuerdo? Llámame siempre que me necesites, si un día no aparezco, es que mi plan ha terminado- Luego desapareció de nuevo. Gabrielle se quedó un rato fuera, reflexionando sobre lo que acababa de hacer, había “vendido” su alma a Ares. Al rato, volvió a la casa. Cuando entró, dejó el cubo de agua en la mesa. Xena se acercó a Gabrielle para besarla cuando ésta apartó la cara y se fue rápidamente a la habitación. Xena se quedó muy extrañada, y un miedo se apoderó de ella. Al ver que tardaba un poco, decidió subir a ver qué le pasaba. Una vez arriba, frente a la puerta, la llamó, y al no obtener ninguna respuesta, abrió de golpe la

puerta para encontrarse a Gabrielle llorando en la cama. Se acercó rápidamente a ella, y acariciando su pelo, comenzó a hablar: - ¿Porqué lloras Gabrielle? ¿Que es lo que pasó allá fuera?- dijo muy preocupada. - No pasó nada, sólo que no tengo hambre -. - Te tiene que pasar algo para no tener hambre - se burló Xena, pero al no obtener ningún éxito en su broma, se puso más seria - Vamos Gabrielle, sabes que puedes contar conmigo, nunca has dudado en confiar en mi, dime qué es lo que pasa por tu cabeza e intentaré ayudarte -. - Xena, es que me he dado cuenta de que...- cerró los ojos para no encontrarse con esa mirada, y se llenó de fuerzas -…no te amo, en realidad creo que nunca te amé en serio, supongo que confundí mis sentimientos de cariño, pues me he dado cuenta de que mi corazón no te pertenece - Xena se quedó paralizada. No se creyó ninguna palabra. - ¿Cómo? No, Gabrielle, eso no puede ser cierto, dime lo que te pasa, no puede ser eso. Vamos, no has confundido nada, tú me amas, nos amamos y nos pertenecemos. Sé que no es cierto, he visto amor en tus miradas, en tus caricias, en tus besos...- dijo con lágrimas en los ojos. - Supongo que para mi lo nuestro ha sido simple diversión, o sencillamente estaba en busca de experiencias nuevas. Lo siento Xena, sé que esto te duele, pero he descubierto que estoy enamorada de otra persona, y creo que debes saberlo - Gabrielle ni siquiera la miraba a los ojos, pues temía ver el dolor de su Xena, no podría soportarlo.- Así que lo mejor creo que será que nos alejemos para siempre….adiós Xena-. Xena, después de sus palabras, sintió cómo una estaca le atravesaba el corazón y se lo arrancaba. No entendía la reacción de Gabrielle, pues hace tan sólo un día estaba perfectamente a su lado. De repente, el sonido de cerrar la puerta la sacó de sus pensamientos y la hizo reaccionar. Se levantó y salió corriendo tras ella. - ¡¡¡Gabrielle!!! - gritó Xena - ¡¡¡ Sé que me amas, ME AMAS!!!!- Cuando la alcanzó, la agarró del brazo y la giró.- Mírame a los ojos y dime que todos estos días no han significado nada para ti -. - Xena, ya no te amo, asúmelo. Olvídate de mi - y salió corriendo hacia el interior del bosque.

- Puedes apartarme de tu vida, pero no puedes apartarte de la mía – gritó. Xena sencillamente se dejó caer al suelo y, amargamente, comenzó a llorar. Lloró sin parar, como nunca en su vida lo había hecho. Eran lágrimas de angustia, de auténtico dolor. Había perdido para siempre a Gabrielle, su pequeña bardo la había abandonado por otra persona. La odiaba y la amaba a la vez. Su dolor calaba su alma, y sus amargos gemidos de dolor resonaban en todo el bosque. Una vez que ya no le quedaban más lágrimas, se levantó y fue en busca de Gabrielle, no se podía rendirse. Había encontrado a la persona que comparte su alma y su corazón, y no la iba a perderla tan fácilmente. Por otra parte, cuando las fuerzas de Gabrielle se agotaron, se apoyó en una roca y empezó a llorar. Seguramente ella se sentía peor, pues había sido muy dura con Xena y la había apartado de su alma, un alma ahora sin sentido. De pronto apareció el dios de la guerra. - Perfecto. Te has dado prisa, ¿eh? En realidad no pensé que fueras capaz . - ¿Porqué haces esto Ares? ¿Es que te divierte ver cómo destruyes las vidas de dos mujeres? Bueno, que pregunta al dios de la guerra….-. - Mira Gabrielle, si es muy sencillo, al final me lo agradeceréis y todo. Tan sólo quiero demostraros que vuestro amor no es tan puro como decís. Seguro que ella se olvidará de ti -. - Ella jamás se olvidará de mi, y pase lo que pase al final sé que acabaremos juntas- dijo auto - convenciéndose. - Eso lo dirás tú - Ares ya había visto a Xena traicionada por amor, y sabía que esa parte muy fácil de estimular, es decir, su lado oscuro, florecería de nuevo en cuando se diera cuenta de que Gabrielle la había engañado, y así, el odio y la ira volvería a su alma. Xena, que se encontraba cerca, oía voces pero no percibía lo que éstas decían, así que se acercó. - ¿Y ya ha terminado tu jueguecito?- pronunció Gabrielle con desprecio. - ¿Mi jueguecito?…acaba de empezar...-. Fue lo que dijo antes de acercarse a ella y besarla. Ares notaba la presencia de Xena, y sabía que ese beso iba a despertar su odio. Ésta, que

estaba apoyada detrás de unos arbustos, no se podía percatar de que Gabrielle no correspondía al beso, y eso ya fue la gota que calmó el vaso. Le entraron ganas de acercarse y matar al que se osaba a probar los labios de Gabrielle, pero comprendió que ella la había dejado voluntariamente. Luego, Ares desapareció llevándose Gabrielle. Xena simplemente salió corriendo a la casa, y muy convencida, montó en Argo y cabalgó a la aldea más cercana. Cuando llegó, ya era de día, así que después de dejar a su yegua atada en los establos de la aldea, entró a la posada para pedir asilo. Una vez que ya tenía habitación, se quedó allí toda la mañana, pensando y llorando. Pero cuando su estómago le empezó rugir en señal necesidad, salió del cuarto y se dirigió a la taberna. Cuando llegó, abrió la puerta, y andó hacia la barra con el fin de saciar su hambre y ahogar sus penas. Tenía los ojos llorosos y mirada perdida, y todo el alboroto de la gente desapareció de golpe al ver el aspecto de la gran princesa guerrera. Se sentó en un banquito y esperó a que el tabernero se acercara. Al pasar varios minutos y ver que nadie aparecía, gritó para que alguien la atendiera. La verdad es que Xena esperaba al típico tabernero viejo y desagradable, sin embargo, en su lugar, apareció una preciosa mujer. Era alta, pelo oscuro, ojos negros y rasgados y piel morena. No es de aquí, pensaba Xena. La joven le indicó con la mirada que qué es lo que le quería, pero Xena aún estaba mirándola de arriba a abajo, embobada. - ¿Qué desea? - repitió la chica. Le parecía muy paródico ver una dura guerrera fijándose en una mujer como ella. En realidad Xena no quería ser así, pues amaba a Gabrielle, pero la había estado engañando, y ya no podía hacer más que olvidarse de ella. Estaba destrozada, y su alma ya casi no tenía luz, pues su fuente era Gabrielle, que ya no estaba. Así que, siendo consciente de su éxito con hombres y mujeres cuando se lo proponía, se aprovechó de ello, y empezó a coquetear con esa mujer. - Deseo saber tu nombre...- dijo con mirada seductora. - Mi nombre es Kashey ¿Y el tuyo?- Xena reafirmó que no era de Grecia al oír su acento egipcio. - Xena- dijo perdida en sus labios. - ¿La princesa guerrera?- dijo emocionada por su reputación.

Muchos de los hombres que se encontraban en la barra la estaban llamando sólo para coquetear con ella, pero a Kashey le parecía muchísimo más interesante su conversación con Xena. - Algunos me llaman así, aunque prefiero Xena asecas - sonrió- pero bueno, hablemos de otra cosa...- Se apoyó con las codos en la barra, mostrándole su escote a Kashey y con sonrisa jugetona continuó - ¿Donde te alojas? Es por si al acabar aquí me enseñas tu habitación...-. - Sería un placer pasar un buen rato contigo, pero esta noche tengo planes. Si quieres puedes venir, es en el templo de Ares, se ha organizado una bacanal, y así cuando termine, vamos a mi habitación…- A Xena se le cambió la cara y volvió a ser la de antes al oír ese nombre, volvió a pensar en lo cruel que había sido Gabrielle con ella, y la frase " ya no te amo" volvió a martillear su cabeza. Entonces Kashey se dio cuenta de que algo le pasaba, que seguramente estaba sufriendo por amor, y dedució que por eso estaba coqueteando con ella, seduciéndola para olvidar y disfrutar, cosa que, ya siendo adultas, no le parecía tan mal. - En fin, tengo que atender a los demás. Esta noche estaré allí, esperándote, no faltes, que quiero conocerte a fondo...- le guiñó el ojo y se fue. Al rato, Xena volvió a llamar a Kashey para pedirle comida, y cuando terminó, salió de la taberna dispuesta a arreglarse lo mejor posible para la noche. Para ello, se fue de nuevo a la posada para que le facilitaran las cosas necesarias para arreglarse... Una vez de noche, Ares llegó al templo con Gabrielle, la cual estaba muy ligera de ropa. En sólo chasquear los dedos, ya estaba todo listo para que empezara la fiesta. Ya estaba la comida, la bebida, la música, etc. Los dos se colocaron en el altar echados en mantas y cojines, desde donde podían observar todo. La gente empezó a entrar. Todos venían muy pintados y brevemente vestidos, dispuesto a disfrutar de la noche lo mejor posible. En cuestión de minutos, el ambiente se fue caldeando, y algunas personas bebían, comían, danzaban, e incluso algunas comenzaron a saciar sus más preciados deseos. Gabrielle no dejaba de pensar en Xena, en todo lo que le estaba haciendo pasar. Tal vez tomó la decisión equivocada y ahora podrías estar juntas luchando contra Ares, pero ya era todo demasiado tarde, ya la había alejado para siempre, y ahora tendría que estar con Ares durante mucho tiempo. De repente se abrieron las puertas para dejar ver a una

espectacular Xena. A Gabrielle, que la cogió por sorpresa, le dio un vuelco el corazón, y comenzó a latirle muy deprisa. Xena también sintió algo muy extraño, una mezcla de alegría por volver a verla y a la vez odio al verla agarrada de la mano de su supuestamente verdadero amor, Ares. Xena iba muy pintada, con los ojos de negros y labios oscuros. Su ropa era muy escasa y provocativa, no enseñaba nada, tan sólo insinuaba. Sin duda era el centro de atención, y sobre todo para Gabrielle, que no le quitaba ojo de encima. Xena se acercó a la parte donde todos bailaban, situada justo en medio de la sala. Era una melodía lenta y sensual. Fue allí donde se encontró a Kashey de nuevo, que inmediatamente se alejó de la mujer con la que bailaba para hacerlo ahora con Xena. - Creí que ya no venías, Xena. Sin duda estás perfecta...-. - Gracias, tú también estas estupenda -. Kashey llevaba como vestuario varios velos que cubrían su cuerpo, los justos y necesarios para no enseñarlo. Gabrielle no alcanzaba a oír sobre lo que hablaban, pero sí veía que lo hacían demasiado cerca. Ares lo notó, y aprovechó un momento en el que Xena les miraba para acercarse a Gabrielle. - Bésame, como si yo fuese ella -. - No, Ares, no. Por favor, te ruego que no me hagas eso- susurró con mirada de súplica. - ¡Hazlo! - ordenó. Gabrielle no tenía otra opción, así que se acercó a sus labios y los besó, a duras penas. Xena lo vio y se murió de celos. Kashey lo notó, y comprendió que era esa rubia la que hacía que Xena sufriese y se “desahogase” con ella, pero no dijo nada. Entonces Xena se acercó más a ella, y continuó bailando. Estaban a muy escasa distancia la una de la otra, y empezaron a acariciarse. Sus cuerpos, al compás de la música, se rozaban. Tan sólo se dejaban llevar por la melodía. La mirada de Xena se convirtió en lujuria, y la acarició de forma más intensa, a lo que ésta la imitó. Xena quitó el velo que escondía la mitad del rostro de Kashey para ver mejor sus jugosos labios. Ésta era más joven que Xena, pero no por eso era menos experta, así que se ocupó de mostrar mejor el escote de Xena, acariciando todo su cuerpo. Todas las personas que antes estaba

bailando, se habían ido apartando para que lo demás pudiesen ver la especie de espectáculo erótico que estaban montando. Gabrielle cerraba los ojos de vez en cuando para no ver lo que había hecho, aunque aún así, no la culpaba. Xena, llena de celos, hacía todo esto para que Gabrielle viera que ya no la necesitaba, pero en su interior ardía de dolor. Elevó su mano izquierda y acarició la comisura de los labios de Kashey, haciendo que ésta sacara la lengua. Xena sonrió, acercándose a sus labios para besarla. Gabrielle ya no podía más, se levantó de las mantas, y, directa hacia Xena, la agarró del brazo, evitando el contacto entre ambas bocas, se la llevó a otra habitación. Todos, incluida Kashey, siguieron con la fiesta. Ares sabía que una discusión estaba asegurada, así que decidió no intervenir. - ¡¡¡¿Se puede saber que estás haciendo?!!!! - dijo Xena soltándose de las fuertes manos de Gabrielle. - No, Xena, ¿Qué estás haciendo tú? Mira, comprendo por lo que estás pasando, pero creo que ese no es el modo de evitarlo. ¿Es que ya te has olvidado de mi? - Gabrielle no debía decir todo eso, pero tenía que hacerlo, estaba sufriendo como nunca. Ni la muerte de Pédicas fue tan duro. - ¿Pero tú te estás oyendo?¿crees que puedes tratarme a tu antojo?¿crees que puedes venir y decirme lo que tengo que hacer después de haberme abandonado por Ares? Gabrielle, ¿es que no lo entiendes?- su voz se suavizó- Tú eras lo más importante para mi, eras mi vida. Mi alma está vacía, no puedo seguir sin ti... -. Xena, que ya no podía soportar el dolor, se acercó a Gabrielle y la besó con todo el amor que pudo. Tenía que volver a probar esos labios que tanto anhelaba. Gabrielle se olvidó de todo, del plan de Ares, de la gente, de la fiesta: tan sólo estaban Xena y ella, flotando en el aire; un aire que no debía existir. Poco a poco, Xena se fue alejando de ella, y, mirándola a los ojos, dijo: - Dime que no has sentido nada - su mirada inspiraba temor ante la respuesta. Gabrielle aún sentía los labios de su adorada guerrera en los suyos, los había sellado y no podía reaccionar. Tan sólo deseaba guardar esa sensación en su alma para siempre. Al ver esa mirada azul, estuvo a punto

de rendirse, de decirle que lo que había sentido era amor y que siempre había sido así, pero para eso estaba ahí Ares. Éste se encontraba detrás de Xena, la cual no podía notarlo, pues sólo era visible ante los ojos de Gabrielle. Llevaba en su mano una espada desenvainada, apuntando el cuello de Xena, recordándole a Gabrielle por qué estaban allí, la cual, se armó de fuerzas y contestó: - Lo siento, no he sentido nada - susurró sin expresión alguna en su rostro - Xena, asúmelo, no siento nada por ti. Amo a Ares- éste desapareció. Xena sintió como la oscuridad invadió su alma de nuevo, y enloqueció. Y, llena de dolor, odio, celos, e ira, empujó a Gabrielle hasta la sala donde se encontraba toda la gente. - ¡¡¡Escuchad!!! - todos pararon en sus "tareas" y prestaron atención a Xena - Aquí os presento a Gabrielle, la nueva fulana del dios de la guerra, y mi antigua bardo. Era famosa la relación que teníamos, pero lo que ustedes no saben, es que éramos amantes. Yo la amaba y hacía todo por ella, pero al parecer ella prefería disfrutar de Ares mientras me decía que me amaba. ¡¡¡Ahora dice que nunca me amó!!! ¿Qué opinan?- Xena se sacó del escote una bolsita con dinero - Aquí tienes...por tus servicios....-. Xena abandonó el templo, y Gabrielle se marchó a la habitación donde antes había vuelto a sentir los labios de su amor. Ares se sentía muy orgulloso, su plan había dado resultado y ya había acabado, así que desapareció de la fiesta, que aún continuaba. Gabrielle creía que se iba a morir allí mismo, había conseguido lo único que no quería, que Xena la odiara, pero ya no podía hacer nada más. Sin duda, debería haberla dejado con Kashey y no haber seguido su instinto. Ya no había nada, no había futuro, la había perdido, y lo peor de todo: por su culpa, el lado oscuro de Xena había vuelto aunque sólo fuese un momento, y sin más se puso a llorar. Cuando Xena recobró el sentido, se dio cuenta de lo que acababa de hacer. Se sentía fatal, su odio se había apoderado de ella otra vez, y tenía miedo a que volviese a pasar. Aún sentía el engaño de Gabrielle, pero sólo de pensar en lo que había hecho.... No comprendía el porqué, ni el cómo había sido capaz de decirle eso a Gabrielle, a su Gabrielle. No tenía motivos, pues aunque había sido engañada, ella no tenía derecho a juzgar a nadie por sus sentimientos, y mucho menos si se trataba de Gabrielle. Se sentía tan arrepentida que rompió en un llanto amargo. Ya sí que no podía

hacer nada, Gabrielle la odiaría para siempre. Cuando ya no le quedaban más lágrimas, Gabrielle llamó a Ares, pero nadie apareció. Insistió para asegurarse, y al ver que éste no respondió a sus voces, comprendió que su plan había acabado. En realidad, Ares había conseguido lo que quería, pues aunque ya hubiera terminado su "juego", no sabía qué hacer. Se tumbó en una cama que había en la habitación. De repente le vino un recuerdo del pasado, donde Xena le decía: - Eres una persona muy fuerte, que nunca te rindes ante nada, ni ante nadie. Es algo que me encanta de ti. Eres muy luchadora...no te rindas jamás...Te amo -. Gabrielle se quedó quieta un momento, pero reaccionó a tiempo. Se levantó del suelo, se secó las lágrimas, y llena de ánimos, salió corriendo en busca del paradero Xena, para explicarle todo. No le importaba la reacción que pudiera tener Xena, la cual seguro que iba a ser una mala reacción, tan sólo quería recuperar lo que era suyo y que le había arrebatado, y así, poderse sentir un poco mejor. Eran altas horas de la madrugada, y ya llevaba horas corriendo, pero no se cansaba. La especie de visión era todo lo que necesitaba. Ante la velocidad que llevaba, se resbaló y cayó al suelo de boca. Al levantarse, se topó con Argo, lo que significaba que Xena tenía que estar cerca. Intentó no hacer mucho ruido, y sigilosamente se fue moviendo por el lugar, cuando de pronto oyó la inconfundible voz de la guerrera, que pensaba en voz alta sentada en un tronco. - Mi alma nació el día que te conocí, y murió el día que te perdí…-. Gabrielle sintió verdadero miedo, no estaba segura si hablar o callar y salir corriendo. Pero la visión volvió a su mente, y se acercó a sus espaldas. - Xena...- ésta se dio la vuelta- un momento, sé que no quieres ni oírme ni verme, y no te culpo, de hecho nunca te he culpado de nada. Crees que te he engañado, pero debes escucharme...-. - Gabrielle, de verdad, debes olvidarme. Me he dado cuenta de que yo tampoco debí culparte por lo que sentías. Tan sólo tengo que hacerme a la idea. Adiós Gabrielle - Xena le dio la espalda para irse. - ¡¡¡ Xena yo te amo !!!! - Xena se paró, estaba aún de espaldas. Gabrielle no había pensado esas palabras, simplemente su corazón había hablado.

Entonces se acercó más a ella y le dio la vuelta para mirarla a los ojos. Siempre te he amado. Nunca me digas adiós - y muy sutilmente la besó. - ¿Porqué me haces esto? ¿Es que quieres volverte loca?-. - Lo hago porque te amo. Todo ha sido por Ares y su maldito plan, Xena debes creerme, te amo, y lo sabes. Si estoy loca soy la loca más feliz del mundo -. - Lo has tenido que pasar fatal, y yo encima haciéndote sufrir, no te merezco Gabrielle, debes odiarme, lo siento, por favor perdóname, el dolor que sentía se adueñó de mi -. - No te odio, ¿cómo voy a odiarte? Todo ha sido culpa mía, debí decirte todo lo que pasaba y haber luchado juntas, a partir de ahora siempre juntas….Te amo -. - Yo también mi amor, olvidemos estos últimos días, ¿Qué puedo hacer para que me perdones todo lo que te he estado haciendo pasar?-. - Perdonarme es lo que puedes hacer. Y besarme...-. Sus labios ansiaban el momento de volver a unirse desde la ultima vez, y en ese momento, las dos mujeres salieron de eso oscuro pozo negro en el que habían caído. Después del breve contacto se abrazaron, y varias lágrimas corrieron por sus mejillas. - Juntas por siempre, nada ni nadie nos volverá a separar- le susurró al oído de Gabrielle. Ares, desde el Monte Olimpo, estaba asombrado ante la reacción de las chicas. No pensaba que después de todo lo que había pasado entre ellas quedara algo de amor. Estaba lleno de ira, su plan había sido un fracaso y no había servido de nada. - Ares creía que podía separarnos -. - Siempre has dicho que el amor puede con todo, y nunca lo comprendí. Ahora lo entiendo. El amor triunfará por siempre - dijo Xena muy feliz. - ¿Estáis seguras?- sonó la voz de Ares. Xena se puso instintivamente delante Gabrielle, defendiéndola. De repente, Ares apareció con un arco armado, apuntando directamente al corazón de Xena.

- A ver si el amor puede con esto…- Antes de que Ares lanzara la flecha, Gabrielle se puso delante de ella. - ¡¡¡ Nooo Ares !!!! ¿Recuerdas tu juramento? Me juraste que jamás harías daño a Xena- gritó muy alterada. - Tienes razón, pero eso se puede arreglar...- Antes de desaparecer, una flecha a toda velocidad atravesó el corazón de Gabrielle, y el alma de Xena. Gabrielle cayó al suelo apoyándose en el pecho de Xena, la cual, la agarró con fuerza. - ¡¡¡ Noooo!!!! ¡¡¡ Gabrielle !!! – gritó llorando - ¡¡¡ Gabrielle !!! ¡¡¡ Noooo por favor !!!! No puedes dejarme, no me abandones !!! Se fuerte, Gabrielle, por mi, ¡¡¡ lucha !!! se fuerte -. TU AMOR ME MANTIENE VIVA ( continuación de "Juicios de amor") By: Shyara Ares, desde el Monte Olimpo, estaba asombrado ante la reacción de las chicas. No pensaba que después de todo lo que había pasado entre ellas quedara algo de amor. Estaba lleno de ira, su plan había sido un fracaso y no había servido de nada. - Ares creía que podía separarnos – reía Gabrielle. - Siempre has dicho que el amor puede con todo, y nunca lo comprendí. Ahora lo entiendo. El amor triunfará por siempre - dijo Xena muy feliz. - ¿Estáis seguras?- sonó la voz de Ares. Xena se puso instintivamente delante Gabrielle, defendiéndola. De repente, Ares apareció con un arco armado, apuntando directamente al corazón de Xena. - A ver si el amor puede con esto…- Antes de que Ares lanzara la flecha, Gabrielle se puso delante de ella. - ¡¡¡ Nooo Ares !!!! ¿Recuerdas tu juramento? Me juraste que jamás harías daño a Xena- gritó muy alterada. - Tienes razón, pero eso se puede arreglar...- Antes de desaparecer, una flecha a toda velocidad atravesó el corazón de Gabrielle, y el alma de

Xena. Gabrielle cayó al suelo apoyándose en el pecho de Xena, la cual, la agarró con fuerza. - ¡¡¡ Noooo!!!! ¡¡¡ Gabrielle !!! – gritó llorando. - Xena, si estos son mis últimos momentos, quiero vivirlos así, junto a tisusurró casi sin fuerza. - No Gabrielle, estos no son tus últimos momentos. Vamos…se fuerte, lucha -. - Debes ser fuerte tú. Prométeme que jamás te rendirás, pase lo que pase, ni que vuelvas a ser la despiadada Xena que transformé. Lucha por mi. Nunca olvides que te amo con toda mi alma -. Esas fueron sus últimas palabras. Xena notó como la vida de Gabrielle abandonaba su cuerpo, y como el dolor y la desesperación visitaba su alma. - ¡¡¡ Gabrielle !!! ¡¡¡ Noooo por favor !!!! No puedes dejarme, no me abandones !!! Se fuerte, Gabrielle, por mi, ¡¡¡ lucha !!! se fuerte. No me abandones!!!- repetía una y otra vez. No podía hacerse a la idea, no podía creer que Gabrielle había muerto. No, no podía consentirlo, siempre habían dicho que aún en la muerte jamás se abandonarían, así que lucharía por volver a tenerla en sus brazos. Después de que su alma se desgarrara de dolor ante los amargos llantos de Xena, ésta se acercó a Gabrielle. - Te amo Gabrielle, y juro por todos los dioses que volveré a verte. Nunca me rendiré - y depositó un suave beso en sus labios. Xena la levantó y la montó en Argo, detrás suya, para llevarla a una cueva. Cuando llegó a la más cercana, ya era de día. Había estado toda la noche cargando con Gabrielle, pero no se cansaba. Tumbó el cuerpo de Gabrielle sobre el suelo, y se aseguró de que nadie pudiera encontrarla. - Aquí estas a salvo mi amor, voy a buscar una solución, ya vuelvo -. Mientras tanto, el alma de Gabrielle se dirigía a los Campos Elíseos. Andaba lentamente, y cuando estaba casi en ellos, chocó con un cristal de repente. No podía pasar a los campos, pero tampoco al Tártaro. Estaba perdida en la nada, lo que significaba que no había muerto del todo y podía volver a la Tierra, siendo sólo un espectro.

Xena cabalgó sobre Argo toda la mañana, sin saber si quiera a dónde iba, tan sólo quería encontrar un milagro que trajese de vuelta a su adorada bardo. De pronto se topó con Ares. Xena tan sólo bajó del caballo, desenvainó su espada y se la clavó en el pecho. - No puedes matarme, pero si te desahoga clavarme tu espada...-. - Serás hijo de...- gritó Xena antes de que Ares la interrumpiera. - Tranquila Xena. Te he hecho un favor, tan sólo te he librado de esa irritante rubita -. - Estas loco Ares, ya no sabes qué hacer para arruinarme la vida. Si fueras mortal...-. - Pero no lo soy, soy un dios con un gran poder. El suficiente para hacer lo que me apetezca con vuestras vidas- alzó la voz. -¿Porqué me haces esto Ares? ¿Cómo has sido capaz? - gritaba histérica mientras le golpeaba sin fuerzas en el pecho - ¡¡¡Te odio!!! -. - Mira Xena, hay algo que sí puedes hacer para salvar a Gabrielle-. - Dime qué es. Haré todo lo que sea -. - Unirte a mi. Como siempre te he pedido. Quiero que luchemos codo a codo como en los viejos tiempo. Haciendo el mal allá donde estemos, ¡gobernando el mundo! Es la única forma de que te olvides de Gabrielle -. - ¡Eso jamás! He hecho una promesa y no voy a romperla -. - Muy bien Xena, como quieras- luego desapareció. Xena, desesperada, rompió a llorar de nuevo. Pasadas las horas, siendo ya por la tarde y aún sin haber terminado de llorar, montó en Argo y se dirigió a un templo dedicado a Eli que se encontraba detrás de la colina. Una vez que llegó, entró secándose las lágrimas y se acercó al altar. El interior estaba vacío así que se arrodilló y comenzó a “rezar”. - Eli, ya sé que me ayudaste una vez, pero estoy desesperada. Ya sabes cuanto amo a Gabrielle y cuánto la necesito. Ahora que me la han arrebatado, el anhelo por volver a tenerla cerca corrompe mi alma. Si es verdad que el amor es el camino, déjame demostrárselo cada día -.

Al ver que sus palabras no causaban ningún efecto, se levantó, salió al patio del templo y comenzó a gritar mirando al cielo. - ¡¡¡Por favor Eli ayúdame!!!! ¡¡¡¡ Gabrielle no merecía morir y tú lo sabes!!!!-. Xena cayó al suelo y comenzó a llorar de nuevo, no podía parar de hacerlo, le dolía el alma, toda su vida se había acabado. No encontraba razones por las que vivir, pues su vida era Gabrielle. De pronto, la sensación de una mano acariciando su mejilla la sorprendió. Xena se levantó del frío suelo y pudo contemplar la imagen de Gabrielle y de Eli rodeadas de una luminosa aura. Xena corrió hacia Gabrielle para abrazarla, pero en su lugar, simplemente la atravesó. - No puedes tocarnos, y en realidad tampoco deberías verla, pero puedo ver el sufrimiento de tu corazón y os he concebido otra oportunidad para que os veáis- dijo Eli. Xena no le echó mucho caso a las palabras de Eli, tan sólo quería admirar la belleza de Gabrielle. - Xena, si estoy aquí es por que no estoy muerta...al menos no del todo, pues el amor que siento por ti mantiene viva mi alma -. - ¿Como que no estas muerta del todo? ¿Hay algo que se pueda hacer para que estés físicamente viva? Gabrielle, no sabes cuanto te hecho de menos -. - Verás Xena - volvió a intervenir Eli - Ella está aquí porque sois el ejemplo más puro de amor que ha existido en el mundo, y eso os mantiene unidas. Sólo hay una forma de que Gabrielle vuelva a su estado normal -. - ¿Y como sabemos que ahora los dioses no nos vigilan? - susurró. - Este templo es sagrado, y los dioses no pueden ni vernos ni oírnos, así que escucha: debes hacer un conjuro que yo te facilitaré. Para ello, debes conseguir la sangre de Gabrielle y la del ser que la mató, pero recuerda, sin matarle. Luego debes llamarme y te diré el resto del plan -. - ¿Pero cómo voy a obtener la sangre de Ares si es un dios? Los dioses no sangran -. - En el Tártaro hay escondida, en la barca de Taronte, una daga, la daga de la deidad. Después de destruir la daga de Elios, sólo queda esa forma de

matar a un dios. Es lo único que lo hará sangrar...y lo único que hará que Gabrielle vuelva -. - Xena, no hay ninguna opción. Déjalo, asume que el momento de mi fin ha llegado. Debes olvidarme- dijo muy entristecida. - No encuentro forma alguna de olvidarte porque seguir amándote es inevitable. Además, sí que hay una opción -. - No, Xena, escúchame, no puedes ir al Tártaro, eso es rendirse, y me prometiste que no lo harías. Además ¿te has fijado en tu aspecto? Te ves sucia y casi sin vida. Debes comer algo -. - Tranquila Gabrielle. Yo tengo mis métodos, confía en mi, por favor. Te quiero - intentó acariciar el rostro de Gabrielle y dirigiéndose a Eli dijoPronto volveré a este lugar con la sangre -. Xena se alejó. Una pequeña esperanza se había alojado en su alma y le daba fuerzas para seguir. Decidió volver a la cueva. Cuando llegó, ya estaba oscureciendo, y lo primero que hizo fue comprobar si aún estaba el cuerpo de Gabrielle ahí. Luego, prendió fuego para calentar el lugar. Acercó el cuerpo a ella, para que el fuego la iluminase y pudiera sacarle la flecha de su pecho. Cuando lo hizo, tomó la prueba de sangre de la flecha y la metió en un pequeño frasco. Ya sólo quedaba Ares. Más tarde, después de pensar mucho en el plan que tenía en mente, decidió hacerle caso a Gabrielle y salir a cazar para alimentarse un poco. Cuando ya comió, volvió a esconder el cuerpo de Gabrielle y se tumbó un rato a dormir. Xena se acerca a Gabrielle y la besa. " Te quiero Xena", " Yo también a ti Gabrielle, eres toda mi vida". Ares aparece. Una flecha atraviesa el pecho de Gabrielle. - ¡¡¡¡Nooooo!!!! - se despertó Xena gritando. Estaba soñando, eran imágenes rápidas y abstractas. Su cuerpo sudaba, y sus ojos desprendían lágrimas sin cesar. No podía olvidar esas imágenes, aún era todo muy reciente, y sus ojos no daban para más lágrimas. Eran altas horas de la noche, y no podía dormir, así que se levantó y se dirigió a las alforjas de Argo. De allí cogió todas las cosas pertenecientes a Gabrielle. Xena sabía que a su bardo no le importaba que ella leyera o viera sus cosas, pues compartían todo, así que decidió recordarla.

Entonces, contempló su pluma, sus pergaminos y aquellas cosas inservibles que a Gabrielle le gustaba comprar en los mercados, sólo por el mero afán de comprar algo. De repente se le vinieron muchos recuerdos de su Gabrielle a la mente. Aún se podía percibir la esencia de su cuerpo plasmadas en sus cosas. Cuando decidió no pensar en ella y comenzar el plan, un pergamino se cayó abierto al suelo. Xena, recordando lo cuidadosa que Gabrielle era con sus pertenencias, inmediatamente lo recogió. Una inmensa curiosidad de saber lo que a Gabrielle la inspiraba a escribir la invadió, pues siempre decía que ya leería sus historias, pero nunca lo hacía. Este era el momento, entonces comenzó a leer: " Tu mirada es azul, y cuando ríes su claridad suave me recuerda a la hermosa luz de la mañana que en el mar se refleja. Tu mirada es tan clara y suave que cuando lloras, las transparentes lágrimas en ella me parecen pequeñas gotas de rocío deslizándose sobre un pétalo de la más hermosa flor. Tu mirada es tan expresiva que si en su fondo parece haber escrito un sentimiento, su profundidad me permite leerlo. Tu mirada es tan hermosa que cuando me miras siento como mi corazón cabalga entre las nubes del cielo. Tu mirada es azul, y ya que es el espejo del alma, tu alma debe ser preciosa, pues fueron tus ojos azules los que se grabaron en lo más profundo de mi ser y me enamoraron". Unas lágrimas se deslizaron inevitablemente sobre la mejilla de Xena, pero se contuvo y comprendió que había llegado la hora de comenzar el plan.

- ¡ Ares ! Lo he pensado mejor- gritó mirando hacia arriba. - ¿El que has pensado mejor? - dijo apareciendo delante de ella. - Me he decidido. He comprendido que el único modo de sentir algo y de que pueda seguir hacia adelante es volviendo a ser la misma que antes. Estoy enamorada de Gabrielle, pero no hay forma de que ella vuelva, por eso quiero que me ayudes...- entonces se acercó a él - haz olvidarme de Gabrielle....- susurró mientras acariciaba sus labios para luego besarlo intensamente. Gabrielle, que la observaba desde lo alto, se quedó sorprendida por la acción de Xena. No sabía nada del plan, y su alma oscureció al ver a su amada rendirse. - Desde ahora considérame tu reina guerrera -. - No sabes cuánto tiempo he estado esperando esas palabras de tu boca. Xena, ¡¡¡ vas a gobernar el mundo a mi lado !!! Despídete de tu rubita, que ahora vas a saber lo que es sentir...-. Ares cubrió los ojos de la guerrera con su mano derecha, y cuando la apartó, Xena pudo ver una hermosa habitación alejada de cualquier persona. La tenue luz de las velas le permitía ver una gran mesa colocada al fondo de la habitación, y una cama hermosamente decorada con pétalos de rosas rojas. Cuando aún estaba asombrada y sumidas en sus pensamientos, Ares la sacó de ellos. - Mírate, eres hermosa- pronunció Ares mirándola de arriba a abajo. Xena se acercó a un espejo que se encontraba cerca, y vio el reflejo de una alta guerrera, perfectamente maquillada, con la mitad de su negro cabello recogido, dejando a la vista todo su rostro, a excepción de algunos rebeldes mechones que caían por su frente, con bellas alajas doradas y vestida con un ajustado vestido rojo. Éste tenía las mangas muy acampanadas y una raja en la zona lateral del provocativo vestido, que le llegaba casi hasta la cadera, enseñando así parte de su pierna. - ¿Y esto?- dijo con una sonrisa forzada, fingiendo alegría. - Quiero hacerte ver que has tomado la decisión correctaAres inclinó su cabeza hacia el cuello de Xena para besarlo. Ésta, que aún se encontraba ante el espejo, se limitó a apretar la mandíbula y cerrar los

ojos para no ver aquella desagradable imagen. No podía negar que alguna vez sintió atracción sexual por el dios de la guerra, pero ahora era distinto, le repugnaba el estar con el dios de la guerra, pero no había otra alternativa. - Supongo que esa decorada mesa está para algo, ¿no? -. - ¿Tienes hambre? Yo también la tengo, pero supongo que de otra forma... Bien, saciemos tu hambre para luego saciar la mía...- sonrió. Los dos se acercaron a una mesa larga, llena de velas y de todo tipo de comida. Ares, caballerosamente accedió paso para que la "señorita" se sentara primero a un extremo de la mesa, y luego el se sentó al otro. Los dos se sirvieron vino en unas copas doradas, y brindaron. - Por mi reina guerrera - dijo Ares. - Y por que juntos logremos que el mundo se rija a nuestra manera y se rinda ante nosotros - Xena se sentía muy mal al decir estas cosas, pero tenía que reconocer que eso era parte de ella y le excitaba mucho hablar así. De ese modo, los dos comieron hablando de sus planes sobre su futuro de gobernadores del mundo. Xena bebía mucho vino para no ser consciente de lo que pudiera pasar esa noche, pero Ares la frenó un poco y se levantó acercándose a ella. Le bajó un poco la parte de arriba del vestido para masajear sus hombros. - Nunca nos ha gustado las formalidades, así que vayamos de una vez al grano...-. Ares la hizo levarse del sillón y le dio la vuelta para que quedaran cara a cara. - ¿Quieres olvidarte de Gabrielle? Muy bien...- se disponía a besarla cuando ésta lo frenó. - Antes de nada hay cosas que me gustaría que quedaran claras ¿Puedo confiar en que estamos juntos y si me pasara algo tu me salvarías?-. - Por supuesto, ¿acaso lo dudabas? No es la primera vez que estamos unidos, así que no temas a nada de lo que pueda hacerte...-.

Entonces la besó y la empujó a la cama. Xena, que por fuera parecía un auténtica lujuriosa mujer, por dentro sentía verdadero temor por lo que tendría que hacer, pero todo era por Gabrielle, y merecía la pena. Ya conocían sus manos, sus caricias, sus besos, pues ya habían estado juntos, sin embargo, esta vez Xena no quería tener sexo con él, porque si algo tenía claro era que ella nunca había hecho el amor con Ares, tan sólo habían practicado sexo para pasar el rato y saciar algunos deseos humanos. Ares desenvainó su espada y apuntó justo al cuello de Xena, quien por un momento dudó si Ares la mataría o no. Sin embargo, éste tan sólo corto el vestido en pedazos, dejando al descubierto la desnudez de Xena. - Así estás mucho más hermosa -. Entonces, Ares se tumbó encima de ella y se desnudó. A Xena siempre le había gustado tener los ojos abiertos cuando hacía el amor para poder perderse en el verde de los ojos de Gabrielle, y así poder verla disfrutando, pero esta vez, optó por cerrar los ojos y trasladar su mente a otro sitio. Y así, poco a poco, Ares fue satisfaciendo sus más preciados y anhelados deseos. Gabrielle, por su parte, "moría" de dolor al ver a Xena acostándose con nada menos que Ares, su peor pesadilla. Pasaron los días, preparando todo para el primer ataque: planeando los ataques, trayendo las catapultas, reclutando hombres y guardando las mejores armas, fabricadas por el metal de Efesto, el herrero y dios del fuego. Cuando llegó el día fechado para ganar territorio atacando la aldea Dactus, Ares despertó a Xena, que yacía echada entre las sábanas, desnuda. - Llegó el día del fin del libre albedrío. El día en que todo nuestro destino comienza. El día en el que te demuestras a ti misma cual es tu naturaleza y qué es lo que quieres. Esta noche todo empezará…-. Xena, que tenía todo preparado para su propio plan, sonrió y se levantó andando hacia el baño para vestirse con una atuendo especial de guerrera y señora de la guerra. Cuando ya estaba preparada, se dirigió al establo para afilar su espada, cosa que normalmente hacía. Cuando se sentó en un montón de paja, una flecha que se encontraba escondida en la pared alcanzó su corazón. Xena podía haber hecho algo como por ejemplo

intentar sacarla o emplear los métodos de medicina que conocía. Sin embargo, se limitó a tirarse al suelo, pues fue ella la que puso esa trampa allí. Xena necesitaba morir de una manera no muy sospechosa ¿y qué mejor que poner una trampa para que Ares pensase que provenía de los aldeanos de Dactus?. Fue entonces cuando comprendió la expresión de dolor en el rostro de Gabrielle días antes, pues realmente dolía mucho. Tan sólo se limitó a presionar la herida. Al poco tiempo, sintió como la vida abandonaba su cuerpo. Su alma se elevó levemente, y en un abrir y cerrar de ojos, ya se encontraba en la entrada del Tártaro. Ya conocía el camino, pues había estado allí cuando fue en busca de Marcus, así que se dirigió rápido a la barca de Taronte, el cual la llevaría hacía el interior del Inframundo. Ares, al ver que Xena tardaba mucho en regresar del establo, fue en su busca. - Cariño, hoy es el gran día, no querrás perderte el panorama de tantos guerreros esperando tu señal esta noch...- decía antes de tragarse sus palabras al ver el cuerpo sin vida de Xena sobre el suelo. Corrió hacia ella deprisa para ver si podía hacer algo o ya estaba todo perdido. Por desgracia la última opción era la correcta, Xena estaba muerta. Ares se percató de la trampa que había en la pared, así que se dirigió hacia la puerta para comenzar el ataque y matar por venganza a los aldeanos que osaban a acabar con la vida de su guerrera. Pero luego pensó que, con el consentimiento de Atenea, podría traerla de nuevo a la vida, así que desapareció hacia el Monte Olimpo. Xena, fue corriendo hacia la barca, pues tenía que aprovechar su tiempo. - ¡Vaya! otra vez tú por aquí. ¿Esta vez estás muerta o no?- dijo con sarcasmo. - Pues sí, una flecha me alcanzó -. - ¿Porqué tanta prisa por montarte? Parece que te alegra haber muerto -. Xena no se molestó en contestar. Una vez montada, buscó desesperada a espalda de Taronte la daga, apurando el tiempo que tardaría Ares en salvarla, si la salvaba... pero no la encontraba.

- ¿Se puede saber qué estas haciendo?- gritó el viejo barquero. Xena percibió cómo su alma iba desapareciendo. - Estoy buscando…….....- Xena vio que era él quien poseía la daga de la deidad- ¡¡¡esto!!!!- gritó desenvainando la daga de la funda que se encontraba en el cinturón de Taronte. Xena desapareció por completo justo a tiempo, librándose de un buen golpe por parte de un remo. Abrió lentamente los ojos para encontrarse con la sonrisa de Ares. Su mano recorrió lentamente el suelo en busca de un lugar donde esconder la daga, hasta dejarla bajo las pajas. - Ya estás aquí de nuevo, Xena. Esos malditos aldeanos...¡debes ejecutar tu venganza! saciar tu sed de odio...y harás que todo el mundo vuelva a temer a la gran princesa guerrera...- dijo orgulloso. Xena se levantó del suelo mientras Ares aún hablaba y selló sus labios besándolo apasionadamente interrumpiéndolo. El largo beso terminó en una sonrisa por parte de Xena. - Esa es mi forma de agradecer cuando me salvan...- dijo de manera seductora. - Voy a tener que hacerte más favores... En fin, salgamos ya fuerapronunció antes de darse la vuelta y dirigirse a la puerta. - Un momento...-. Ares se volvió a Xena de nuevo, y pudo ver por un instante un puño dirigido a su cara, dejándolo inconsciente. Xena con cautela sacó de las pajas la daga de la deidad, y se acercó a Ares. Se vio tentada a acabar con la vida del ser que había matado a Gabrielle, sin embargo recordó el consejo de Eli, y tan sólo le hizo una pequeña raja en el brazo para meter en otro frasco su sangre. - Y esta es la forma de agradecer cuando hacen daño a mi bardo -. Y ASÍ...EL VERDADERO AMOR TRIUNFÓ... ( continuación de "Tu amor me mantiene viva") Por: Shyara

Xena abrió lentamente los ojos para encontrarse con la sonrisa del dios de la guerra. Su mano recorrió lentamente el suelo en busca de un lugar donde esconder la daga de la deidad, hasta dejarla bajo las pajas. - Ya estás aquí de nuevo, mi reina guerrera. Esos malditos aldeanos…¡debes ejecutar tu venganza! saciar tu sed de odio...y harás que todo el mundo vuelva a temer a la gran princesa guerrera...- alzó el tono de voz, orgulloso de tener lo que siempre había querido. Xena se levantó del suelo mientras Ares aún hablaba y selló sus labios besándolo apasionadamente e interrumpiéndolo. El largo beso terminó con una sonrisa en los labios de Xena. - Esa es mi forma de agradecer cuando me salvan...- dijo de manera seductora. - Voy a tener que hacerte más favores... En fin, salgamos ya fuera y acabemos lo que hemos empezado- pronunció antes de darse la vuelta y dirigirse a la puerta. - Un momento...-. Ares se giró hacia Xena de nuevo, y pudo ver por un instante el puño de la guerrera dirigiéndose hacia su cara, dejándolo inconsciente. Xena con cautela y sigilo sacó de las pajas la daga de la deidad, y se acercó a Ares. En ese momento se vio tentada a acabar con la vida del ser que osaba a hacer daño a su rubia, sin embargo recordó el consejo de Eli, y tan sólo le hizo un pequeño tajo en el brazo para introducir en otro frasco su sangre inmortal. - Y esta es mi forma de agradecer cuando hacen daño a mi bardo – dijo con cierto sarcasmo. Xena corrió hacia el exterior deprisa para que cuando el muy enojado dios despertara no pudiera disfrutar de su presencia. Una vez fuera, sustituyó la prisa por el gesto de poder absoluto. Al verla, los soldados creyeron que iba a ordenar el ataque, sin embargo, alzó el brazo para obtener toda la atención por su parte. - El ataque se aplazará para otro momento, hasta entonces, descansad e iros- gritó con total autoridad la guerrera –.

Todos obedecieron y se marcharon, al igual que ella, que montó en Argo guardando el pequeño frasco y la daga en las alforjas de Argo. Salió hacia el templo de Eli a todo galope, adentrándose en el denso bosque. Fue entonces cuando Gabrielle, que la había estado observando todos estos días comprendió parte del plan de Xena. Su negra melena danzaba al compás del viento, y sus gritos desesperados para indicarle a la yegua que tenía prisa se adueñaban del silencio del bosque. Ya sólo quedaba la mitad del plan que aún no conocía, sin embargo sonría, pues una pequeña esperanza se cobijaba en su interior. Ya era de noche, así que decidió parar para descansar un poco en un claro del bosque. Entonces, preparó una fogata y salió a cazar. Cuando volvió, llevaba en su mano un desafortunado conejo, y se puso a cocinarlo. "Como te echo de menos amor mío, ojalá que estuvieses junto a mi..." pensaba en voz alta. - Siempre estoy junto a ti...- pronunció una voz flotante en el aire . Xena alzó la vista para ver de donde provenía ese sonido, pero tan sólo se encontró el oscuro cielo de la noche. Gabrielle, por su parte, la observaba desde lo alto. " Yo también te echo de menos Xena, si pudiera volver a hablarte como acabo de hacerlo...te diría cuanto te amo...pero no sé cómo lo he hecho...Ahora te veo más hermosa que nunca...esa sumisión en tus pensamientos ahora frente al fuego me vuelve loca...Anhelo ese reflejo azul en tu mirada en el que tantas veces me he perdido...esa melena negra azabache que tanto me gustaba acariciar...esos labios que saciaban mi sed de ti...esa manía de guiñarme el ojo cuando quiero más de ti...esa ironía que sólo tú sabes usar...esa pura sonrisa que hace tiempo que no enseñas...No sabes lo grande que es mi anhelo por tu amor..." pensaba Gabrielle intentando acariciar el rostro de Xena, aunque sin éxito. Xena, después de intentar saciar su sueño, se levantó, recogió todas las cosas y partió de nuevo hacia su objetivo. Una vez que llegó al templo de Eli, se sentó en el patio a meditar, llamando así a su amigo. De repente, éste apareció frente a ella, sin Gabrielle. - ¿Y Gabrielle?- preguntó angustiada creyendo que ya era demasiado tarde. - Tranquila, ella también está aquí, lo que ocurre es que no la puedes ver porque sus fuerzas se van perdiendo y cada vez el tiempo es más escaso. Dentro de dos días...estará todo perdido...- dijo muy apenado.

- Dentro de dos días estaré junto a Gabrielle...de un modo u otro...Aún así, ya nos salvaste una vez ¿recuerdas? ¿Es que no puedes volver a hacerlo?-. - Ya lo he intentado, pero no puedo, antes Gabrielle estaba rendida a mi y al camino del amor, pero ahora ella está rendida a ti, y tú eres la única que puedes salvarla... la única manera ya sabes cual es...-. - No, no lo sé...Ya tengo la sangre de los dos, así que dime el resto del plan y empezaré hoy mismo. - No estés tan segura...siento decirte que es bastante difícil y que...- paró de hablar. - ¡¡¡ Dilo ya !!! - rompió el silencio, perdiendo la poca paciencia que poseía - por favor- dijo entre dientes suavizando un poco el tono de voz. - Verás...ahora lo que tienes que hacer es entrar en la cueva de la diosa Proserpina, hija de Ceres. ¿Sabes cual es?-. - ¿ Proserpina? ¿La diosa de la resurrección? Claro que lo sé...cuenta la leyenda que allí se encontraba el conjuro para resucitar a un muerto...y que sólo se llega a ella con un mapa que nadie sabe donde se encuentra...pero nunca pensé que esa historia fuera verdad -. - Pues lo es, y yo te daré el mapa. Tienes que ir, conseguir el papel del conjuro y, mezclando la sangre de Gabrielle y de Ares en el cuenco sagrado que se encuentra allí también, recitar lo que está escrito -. - ¿Y cual es la dificultad?- dijo con una ceja levantada y tono de autosuficiencia. - Pues mira...tres básicamente: la cueva está llena de puertas cerradas hasta llegar a el altar donde se encuentra lo que necesitamos...también está llena de bestias y seres despiadados e inhumanos...y lo peor de todo: el conjuro debe ser leído en luna llena, y la próxima luna llena es dentro de cinco días...-. Xena bajo su rostro preocupado, por un momento perdió toda su esperanza, pero luego pensó que Gabrielle jamás se rendiría, ni mucho menos por ella, así que alzó su mirada y, armada de coraje, dijo: - No sé cómo pero lo conseguiré...- y salió corriendo para no perder más tiempo.

Las dos primeras dificultades las tenía solucionadas así que decidió dejar la tercera para más tarde y ponerse en marcha. Se dirigía hacia el palacio de Taskashi, una joven y bella princesa japonesa que habitaba en Grecia, con el fin de poder encontrar al maestro de los disfraces y más conocido como el rey de los ladrones, Autólicus. La última vez que lo vio le dijo que tenía planeado robar la joya que le había regalado el rey a su hija y princesa Taskashi. Allí lo encontraría y lo convencería para que le ayudase y, junto a ella, pudieran ser capaces de pasar por todas las puertas cerradas que guardaban el conjuro. Cuando los primeros hilos de luz de la aurora se asomaban por horizonte, las puertas de la aldea se abrieron para recibir a una hermosa guerrera de cabello negro montada en una yegua. Ésta, caminó hacia lo alto de la colina, pasando por todas las casas y puestos de la aldea. Cuando llegó al palacio, el cual lucía muy lujoso, desmotó de Argo. Se dispuso a esconderlo detrás de algunos arbustos cuando fue sorprendida al ver al rey de los ladrones discutir con un aldeano y un pobre frente a unos guardias. - No se preocupen guardias, el príncipe Agor solucionará este mal entendido. Tan sólo robó una barra de pan...- dijo el rey de los ladrones. - ¿Tan sólo?- dijo enojado un el panadero. - Bueno...no pasa nada...yo se lo pagaré...Tome- dijo apurado dándole unas monedas al aldeano - Ya podéis marcharos de aquí -. El guardia volvió a la puerta del palacio, el pobre se marchó, y el panadero se fue a su tienda, quedando Autólicus solo. La princesa guerrera, que observaba desde lo lejos, se acercó hacia él. - Conque el príncipe Agor...- sorprendió a Autólicus con su típica ceja elevada. - ¡Xena! - exclamó con asombro - ¿Qué haces aquí?-. - Necesito tu ayuda, así que deberás dejar lo que estés tramando para otro momento...vamos -. - No Xena, llevo mucho tiempo detrás de la joya de la princesa y ahora que tengo su confianza...-. - ¿Su confianza? - interrumpió Xena.

- El rey quiere casar a su hija, y para ello ha llamado a algunos príncipes para que ella pueda elegir entre los pretendientes y celebrar la boda. Yo me he hecho pasar por el príncipe Agor, y así puedo pasearme libremente por el palacio para poder entrar en la cámara que guarda la joya... robarla... e irme…-. - Me parece excelente...pero necesito tu ayuda ¡¡¡ YA !!! - gritó Xena. - Hagamos un trato...tú me ayudas a robar la joya y yo haré todo lo que tú me pidas...-. - Gabrielle ha muerto...- dijo con rostro serio y sin expresión alguna, tan sólo mirando fijamente a su amigo. - ¿Qué?...¿Cómo?...¿Gabrielle?...Es una broma ¿no?...No puedo creerlo...dijo exaltado. - Pues créelo porque es verdad...pero aún le queda una oportunidad...una oportunidad que no puedo dejar pasar....y una oportunidad que me vas a facilitar...-. - Por supuesto...permíteme unos minutos que solucione una cosa y en dos marcas de vela partiremos ¿sí?- dijo muy preocupado. - No tardes mucho más...me encontraré a las afueras de la aldea. Te espero- y se marchó. Autólicus, haciendo de el príncipe Agor, comunicó al rey que su reino le necesitaba y que se retiraría del palacio por unos días hasta aclarar todo. Recogió sus cosas y se marchó hacia las puertas de la aldea, donde Xena se encontraba. - ¿Me cuentas que es lo que ha pasado y cual es tu plan?-. Autólicus se sentó en una roca, al lado de Xena, la cual, se abrazó a él llorando. Autólicus se quedó sorprendido al ver a la guerrera hacer eso, pues nunca la había visto así, y le correspondió al abrazo compartiendo su dolor. Tras un buen rato, Xena le contó todo lo ocurrido y todo lo que había que hacer, incluyendo que sólo tenían dos días como mucho. Los dos se secaron las lágrimas y partieron para llegar lo antes posible. Xena montaba en Argo y Autólicus en una caballo que le había sido facilitado por el rey local de la aldea. Ambos seguían el mapa para llegar a la cueva de la resurrección.

Llegó la hora en que el sol se iba escondiendo llevándose su luz y calor, justo cuando los dos amigos al fin llegaron a la entrada de la cueva. - Wow...nunca pensé que esto existiría...- suspiró Autólicus observando cada detalle de la entrada. - Ya sabes qué hacer. Yo me encargo de patearles el culo a esas criaturas y tu abres las puertas. Eli me dijo que habría más o menos tres puertas ¿Estás preparado? - dijo apoyando su mano en el hombro del apuesto hombre. - Claro que sí...Vamos- dijo exteriormente decidido. Ambos se adentraron sigilosamente en la cueva, intentando no despertar a nadie ni a nada... Todo estaba muy oscuro y casi no se podía ver nada cuando Autólicus tropezó con una roca del suelo, cayendo de boca. De repente, una antorcha se encendió sola, siguiéndole otra y otra...hasta quedar todas encendidas y la cueva iluminada. Al no pasar nada más, Autólicus miró a Xena con cara de inocente y se levantó. - ¿Qué es lo que pasa Xena?- dijo acercándose a la primera puerta que se encontraba frente a ellos y sacando sus artilugios para poder abrirla. - No lo sé...pero estáte atento porque de momento todo es demasiado fácil...seguro que pasa algo...-. Acto seguido, un mechón del cabello de Xena se movió hacia adelante, la cual se dio la vuelta casi instintivamente. No había nada, y lo peor de todo, no había ninguna brisa por la cual el pelo se pudiera mover. - Autólicus...rápido...ve abriendo la puerta- susurró desenvainando su espada. Al decir eso, otra vez el mechón volvió a moverse, con la salvedad de que esta vez el aliento que lo movía fue acompañado por un pequeño gruñido. Xena se volvió y se encontró con la cara al revés de una desagradable criatura que se encontraba colgada del techo. Xena hizo amago de atacarle pero este se movió rápido y se puso de pie frente a ella. Xena vaciló por un momento...en toda su vida había visto de todo: bestias, fantasmas, muertos, demonios, etcétera...pero esta vez era distinto...por un momento la guerrera sintió miedo. La demacrada criatura tenía pelos por su cuerpo, a excepción de su rostro. El cual, de color colorado, tenía puntiagudos colmillos que sobresalían de su boca, un hocico grande, ojos

negros y orejas terminadas en pico. El animal era muy grande y alto, y sus manos eran del tamaño de una cabeza humana...esas manos desgastadas de dedos gordos y largos acabados en grandes garras... - ¡¡¡ Autólicus ábrela ya !!! - gritó Xena esquivando los golpes de aquella bestia. - ¡¡¡ Xena, yo hago lo que puedo. No trabajo bien con tanta presión !!!-. - ¡¡¡ RÁPIDOOOO !!!- gritó desesperada. Xena recibió un buen golpe en la cabeza, haciéndola retroceder algunos pasos. Cada vez la guerrera se enfurecía más...y, aprovechando un despiste del monstruo, le clavó su espada en el corazón pero...éste ni se inmutó y se quitó la espada del pecho, tirándola atrás. Xena estaba tan sorprendida que se quedó paralizada. El monstruo se acercó a ella para matarla cuando Autólicus gritó. - ¡¡¡ Ya está !!! Vamos Xena - dijo sacando a la guerrera de su estado de "shock" y jalándola hacia la otra habitación. Xena reaccionó y cerró la puerta tras sí para que la criatura no pudiera entrar. - ¿ Has visto que le he clavado mi espada y no le ha afectado? Tengo que practicar más...- Su sorpresa fue grande cuando vio a dos monstruos idénticos al anterior. - Pues aquí tienes dos para hacerlo...- dijo con humor corriendo hacia la puerta para abrirla. La mano de Xena buscó su espada en la funda cuando se dio cuenta que se encontraba en la otra habitación, así que cogió su chackram. Se movía con mucha rapidez y agilidad...propia de la princesa guerrera. Sus gritos de batalla resonaban en toda la cueva, y sus saltos mareaban a aquellos monstruos. Esquivaba la mayor parte de los golpes que iban dirigidos tanto a Autólicus como a ella, a excepción de varios rasguños en brazos y piernas provocado por las garras de los animales. Una de las criaturas la empujó con fuerza, haciendo que ésta cayera al suelo. La otra criatura se acercó despacio a ella con la mano alzada para arañarla cuando ella, justo a tiempo, le cortó la mano. A él pareció no dolerle, pero Xena ya se dio cuenta de la forma de vencerlos. Entonces fue cuando se dirigió hacia uno de ellos y, tras recibir algunas heridas, consiguió cortarle la cabeza.

- Ya os cojo el tranquillo amigos...no podréis morir…pero a ver cómo me vencéis sin vuestras cabezas...-. Autólicus terminó de abrir el segundo cerrojo de la puerta. Los dos entraron rápido a la siguiente y última habitación, que se encontraba oscura, como al principio. - Xena, ¿porqué está todo apagado?- susurró el rey de los ladrones. - No lo sé, pero prepárate....porque ahora habrá tres bestias...y no tengo armas...-. Xena se agachó buscando algunas piedras en el suelo y cuando las encontró, se levantó. Palpó la rocosa pared en busca de alguna antorcha para poder encenderla por métodos de fricción. Cuando iluminó un poco el lugar, se encontró con una habitación vacía. Miró al techo para asegurarse de que no se encontraba ningún ser y no encontró a nadie. - No hay nadie...- dijo algo sorprendido. - Probablemente no pensarían que alguien pudiera llegar hasta aquí, y no pusieron guardias. Aunque aún así, ten cuidado – dijo preocupándose por la vida de aquel joven que la arriesgaba desinteresadamente. - Nadie contaba con la astucia del rey de los ladrones...- dijo con su tono orgulloso acercándose a la puerta - Xena, esta puerta no tiene cerrojo…ni tampoco tiene ningún picaporte…ni nada para abrirla...está estancada...-. - Muy bien, deja tus acciones de rey de los ladrones y déjame con mi acción de guerrera...- dijo corriendo con carrerilla hacia la puerta, derribándola. - Eres asombrosa...- dijo embobado. - Lo sé...- dijo guiñándole un ojo de broma y dirigiéndose a el altar. Cuando el polvo de la puerta derribada que no les permitía ver más allá de la entrada al altar cesó, los dos entraron para encontrarse con una sala oscura. De repente un foco de luz iluminó un pequeño altar donde se encontraba el pergamino y el cuenco sagrado. Xena, cegada por las ganas de salvar a su gran amor, salió corriendo a cogerlo. - ¡¡¡ Xena no !!!-

Dijo abalanzándose sobre Xena, cayendo los dos al suelo. Unas flechas volaron a través de la habitación, en todas direcciones. Por suerte, al estar en el suelo, ninguna los alcanzó. - Autólicus...gracias...¿cómo sabias...?- dijo levantándose del frío suelo. - Me subestimas morena...soy el rey de los ladrones -. - Ya...ya sé- dijo mostrando indiferencia. Xena hizo amago de coger el pergamino con todos sus sentidos alerta y al ver que no pasaba nada, relajó los músculos....cuando....de repente todo comenzó a temblar. - ¡¡¡¿Qué está pasando Xena?!!! - gritó Autólicus tratando de mantener el equilibrio. - ¡¡¡¡¡ La cueva se está derrumbando !!!!! ¡¡¡¡ Corre hacia la salida!!!! -. Xena cogió el pergamino y el cuenco, y salió corriendo detrás de Autólicus. Al ir pasando por las habitaciones de nuevo, Xena fue recogiendo sus armas y huyendo de las bestias que aún quedaban vivas, las cuales ya no tenían tanta fuerza debido a que el pergamino no estaba en el altar. Al llegar a la salida, la cueva explotó, haciendo volar por los aires a los dos guerreros. Éstos se levantaron y vieron que eran altas horas de la noche. - ¡¡¡ Bien !!! Ya todo ha acabado y Gabrielle volverá - dijo Autólicus muy contento abrazando a Xena. - Te equivocas...- dijo con una triste expresión en su rostro - En realidad aún queda un problema... el conjuro debe ser leído una noche de luna llena y la próxima luna llena es dentro de cuatro días...-. - ¿ Y cuando pensabas contar con ello?-. - Autólicus si mi muerte trajera a Gabrielle de vuelta lo aceptaría sin dudar…-. - ¿Entonces? ¿Todo para nada? - Tenía que intentarlo, ¿no? No podía quedarme cruzada de brazos mientras el amor de mi vida se pierde...-. - ¿El amor de tu vida?- preguntó sorprendido.

- Sí Autólicus, yo amo a Gabrielle y ella me ama a mi, por eso aún no ha muerto del todo, porque nuestro amor le mantiene viva -. Autólicus no dijo nada, tan sólo se limitó a abrazar a la guerrera que volvía a llorar desconsoladamente. Ahora comprendía más que nunca su dolor. Xena se secó las lágrimas y se levantó andando hacia Argo. - ¿A donde vas?-. - No lo sé, pero no puedo quedarme quieta, tengo que hacer algo. Si quieres me acompañas, si no pues nada- dijo seriamente. - No te voy a dejar sola, así que voy contigo - dijo poniéndose de pie. - Bien, se me ha ocurrido una idea... ¡¡¡ Afrodita !!! - gritó dirigiendo su mirada hacia el cielo. Una bella diosa rubia y alta apareció frente a ellos. Su mirada y la del rey de los ladrones se cruzó y se quedaron así un buen momento. Xena, incómoda por la indiferencia que mostraba la diosa hacia ella, interrumpió. - Afrodita, necesito tu ayuda...Afrodita...¡ Afrodita puedes mirarme! - gritó la guerrera. - ¿Qué es lo que ocurre?- pronunció con todo fastidioso. - Necesito tu ayuda -. - Yo también, dime quién es este atractivo mortal- lanzó una seductora mirada a Autólicus. - Me llamo Autólicus, y soy el rey de los ladrones- dijo besando la mano derecha de la diosa. - ¿El rey de los ladrones? Así que eres tu el que se dedica a robar en mis templo- dijo furiosa, retirando su mano de los labios del joven. - Ejem...yo....- balbuceó. - ¡¡¡¡ Bueno ya está bien !!!! Afrodita no tengo ni tiempo ni ganas de discutir, así que presta atención. Gabrielle ha muerto, y puede volver a la vida si tu me hacer un pequeño favor- resumió Xena. - ¿Qué? Pero...- al ver la cara de Xena, dejó las explicaciones para más tarde- ¿ Qué tengo que hacer?-.

- Tienes que decirle a tu hermano Apolo, el encargado de traer el sol todos los días y la luna todas las noches, que traiga la luna llena en la próxima noche, no hay tiempo para nada, debe ser mañana, por un momento y luego que todo vuelva a la normalidad -. - Sabes que me encantaría pero no sé si lo podré convencer - al ver la cara descompuesta de la morena continuó - No te preocupes que seguro que lo consigo, si hace falta hablaré con mi padre...pero cómo...-. - Cuando todo termine te lo explicaré ¿vale?- evitó la pregunta. La diosa del amor desapareció y Xena se abrazó a Autólicus en señal de alegría. Eran demasiadas emociones y Xena no daba crédito a todo lo que ocurría. - Autólicus, ha llegado el momento de despedirnos, esto lo tengo que hacer sola. Muchas gracias por todo, te debo la vida. A ver si todo va bien...- dijo aún abrazada. - No hay de qué. Sois mis amigas, ¿no? No me debes nada, ha sido un placer ayudarte. Mucha suerte Xena, ojalá todo salga bien y podáis estar juntas de nuevo -. Autólicus besó la mejilla de Xena y ambos se sonrieron. El hombre montó en su caballo y se marchó, sin más. Xena guardó todo en las alforjas de Argo, averiguando que la daga de la deidad continuaba allí. Luego hizo una fogata y se sentó en el suelo, mirando el fuego y enfrentando sus dudas. Sincerándose con su alma, estaba muerta de miedo, mas intentó evitarlo, pues el miedo la descentraba y tenía que estar bien concentrada en todo lo que estaba haciendo...no podía dejar que su miedo la dominara...no ahora. Tras varias horas, el alba la sacó de sus pensamientos y decidió darse un baño, no sin antes viajar al templo de Eli donde pensaba hacer el conjuro, pues los demás dioses no podían pisar la tierra sagrada del difusor del camino del amor.. El sol se encontraba cerca del horizonte, apunto de esconderse. El delicado cuerpo de la guerrera ya estaba limpio y relajado, preparado para lo que pudiera venir. La morena de ojos azules se asomó de nuevo a las alforjas de Gabrielle para coger su pluma y un pergamino. Se acomodó en una roca y comenzó a escribir.

" Mi amor...mi querida bardo...mi pequeña rubia...mi luz...Como sabes lo de escribir nunca ha sido mi punto fuerte, pero trataré de desahogarme de la misma forma que has estado haciendo tú tantos años...No sé si todo lo que he hecho ha sido en vano, pero no puedo quedarme quieta. Tal vez no sirva de nada, pero quiero que sepas que, aunque te prometí que no me rendiría...no sé si podré vivir sin ti. Eres la luz que ilumina mi corazón y sin ti mi alma no aguanta. Tú eras la bondad en persona y la encargada de traerme alegría y la felicidad cada mañana. Te hecho tanto de menos...Deseo tanto volver a abrazarte...sentir tu cuerpo contra el mío...sentir tu aliento en mi cuello...Gabrielle...ese nombre que tanto he nombrado...que tantas veces he suspirado...gemido...ese precioso nombre que suena en mi corazón a una dulce melodía...No puedo olvidar tu mirada verde, color esmeralda...tus besos sublimes...la calidez de tu sonrisa...la suavidad de tu cuerpo...la claridad de tu alma...Te amo como jamás amé a nadie y nunca me cansaré de decírtelo. Me gustas tal y como eres, desde el primer momento…me gusta cuando ríes…cuando lloras…me gusta cada gesto que haces…Siempre me has dado las gracias por salvarte la vida, pero realmente tú eres la heroína…me has salvado de la oscuridad tantas veces que no sé si ahora podré yo sola...Tú crees que me enseñaste a andar tras la caída...pero creo que no...creo que me levantaste del suelo y me agarraste tan fuerte que no pude soltarme de ti...y ahora...vuelvo a estar sola...A veces te oigo y no sé si es que tu recuerdo me está martirizando el alma y me está volviendo loca... Nuestra primera noche...recuerdo que nuestro amor se convirtió en deseo...mil veces practiqué el sexo pero jamás hice el amor hasta esa noche...Cada vez que hacíamos el amor era como la primera vez...tú...tan pura y sincera...tan delicada...Me acuerdo de nuestro primer beso...fue tan dulce que cada vez que besaba tus labios volvía a sentir esa magia que elevaba mi alma hacia el cielo... Debo decirte gracias mi bardo…gracias por ser como eres y por devolverme la vida y la ilusión cada día...gracias por permitirme compartir mi vida junto a la tuya…gracias por escucharme y apoyarme en todo momento…y sobre todo gracias por darme la oportunidad de amarte… Todo mi alma...mi corazón...mi ser...te pertenece Gabrielle. Nunca olvides que te amé desde que nuestras miradas se cruzaron por primera vez...que te amo...y que te amaré durante toda mi vida y todas las vidas que nos toquen vivir..."

Xena evitó derramar las amargas lágrimas que corrompían su alma, pero no lo consiguió. Gabrielle, que se encontraba a su lado, leyó el pergamino y trató de abrazar a Xena pero la atravesó. Ésta se secó las lágrimas y guardó el pergamino. Dirigió su mirada hacia el estrellado cielo y vio una hermosa luna llena. Su corazón le dio un vuelco y comenzó a latir con fuerza. Rápidamente sacó el conjuro, los frascos, y el cuenco. Se arrodilló y mezcló la sangre en el cuenco. Luego abrió el pergamino y comenzó a recitar el conjuro con voz serena: "Llamo a todos los espíritus... que en el cielo e infierno aguardan... Llamo a todos los dioses... que a los mortales calman... Devolvedle la vida a quien se le arrebató... Haced que esta sangre por sus venas fluya... Que todo el mal que se provocó... a partir de ahora no influya... Que todo lo que se hizo se deshaga... Que el tiempo que vuela se detenga Que el mundo se unan en una sola energía... Para que el cielo y la tierra...el presente y el futuro… hagan justicia a quien morir no se merecía... Aquí y ahora... donde la luna llena a la noche ilumina... con la sangre de quien dio y quien recibió... hago que venga a mi la magia de la diosa Proserpina..." Una intensa luz iluminó todo el lugar, haciendo que la noche se convirtiera aún más luminosa que la luz del día. Xena se tapó los ojos, pues le cegaba aquella luz. Tras unos instantes la luz cesó y Xena, lentamente, fue bajando sus manos del rostro para encontrarse con la monotonía del lugar. Todo estaba como antes...la guerrera desesperada, inspeccionó el lugar para ver qué había pasado pero, aparentemente, nada había cambiado. La desesperación se apoderó de Xena, que se tiró al suelo y comenzó a llorar amargamente...como la primera vez. De repente, una cálida mano se posó en el hombro de la guerrera. Ésta alzó la vista hacia atrás y se encontró con aquella profunda mirada que tanto anhelaba.

- No llores mi amor – dijo acariciando la mejilla de Xena para secarle las lágrimas- Xena se levantó y se abrazó a la bardo, que comenzó a llorar. La guerrera, nerviosa, atrapó con sus dos manos su cabeza. - ¡¡¡ Mi Gabrielle !!! - la besó y, entre sollozos, continuó - No sabes cómo te he echado de menos...- la volvió a abrazar. - Xena, me has salvado la vida - ahora fue ella la que, levemente, rozó sus labios- Te amo tanto...-. - Yo también te amo mi vida...Estos días la desesperación y el dolor han visitado mi alma...Pero ahora estamos juntas de nuevo y no importa nada más...-. - Xena...- lloraba la bardo - Anhelaba tanto perderme otra vez en tus ojos azules...- dijo con su mirada fija en la de su amada. - Aún no creo que estés aquí, abrazada a mi...Creí que no volvería verte nunca más...-. - Yo nunca perdí la fe en ti...-. - Deseaba tanto volver a probar tus labios...- dijo mostrando una sonrisa que desde que la bardo la abandonó no mostraba a nadie. La felicidad volvió a su rostro, y la luz a su alma. - Son tuyos mi dulce guerrera...-. Las chicas se besaron intensamente, como si fuera el último beso...demostrando cuánto amor se inspiraban la una a la otra. Después de unos segundos, sus labios abandonaron el contacto y tras sonreírse, se volvieron a abrazar con fuerza. De repente, Eli apareció ante ellas. - Enhorabuena, lo habéis logrado. Realmente me alegro mucho de que un amor tan puro como el vuestro pueda demostrase cada día -. - Eli debo darte las gracias pues sino Gabrielle no estaría aquí. Te debo la vida- dijo Xena. - Soy el mensajero de la paz y el difusor del amor...no podía veros separadas. Además, todo el mérito es tuyo Xena. No sabéis lo afortunadas que sois de teneros la una a la otra- se dirigió a Gabrielle - ¿has visto todo lo que ha hecho la guerrera por ti? Nunca la pierdas. Ni tú tampoco a ella, Xena -.

- Tranquilo Eli, ya le devolveré el favor a mi guerrera...- dijo regalándole a Xena una pícara mirada. - Bueno, mi presencia es requerida en otro lugar. Nunca olvidéis amigas mías que el amor es el camino...- dijo antes de desaparecer. - Xena, quiero que sepas que en ningún momento me separé de ti...te sentía tan cerca de mi y a la vez tan lejos…- apoyó su cabeza en el hombro de su guerrera...- Xena...-. - ¿mmm?-. - Te quiero -. - Yo también te quiero, Gabrielle- Te escribí un pergamino, ¿sabes?- las dos jóvenes amantes se encaminaron hacia el bosque agarradas de la mano, con la misma ilusión del primer día. Su amor venció al odio del dios de la guerra, que, furioso observaba desde el Monte Olimpo. Y así...el verdadero amor triunfó...y ,triunfará por toda la eternidad… DEBES SABER QUE... By: Shyara En una humilde tarde de otoño, cuando las últimas hojas de los árboles abandonan su morada para cubrir el frío suelo y los rayos de luz traspasaban la tenue niebla, dos hermosas mujeres montadas a caballo se encaminaban hacia un claro del bosque. Los brazos de la rubia, que montaba atrás, rodeaban la delicada cintura de la morena, como una manta cubre la piel de un bebé en la noche. Desde la lejanía se percibían dos cuerpos asidos en un abrazo, fundiéndose en uno solo, mas frente a ellas se podía escuchar una leve discusión... - ¡¡¡ No, no y no !!! - negó con su envolvente voz la guerrera. - ¿Porqué no Xena?- preguntó una rubia bardo de estatura media. - Porque no...- concluyó ésta. - Eso no es una respuesta...¿Tan mala idea te parece?-. - Gabrielle, cariño, me niego a visitar la posada del viejo Joxer-. - ¿Pero porqué no?- insistió Gabrielle. - Verás...allí se encuentra Eva...- dijo frenando a la yegua Argo y bajándose de ella.

- ¿ Sí? ¡¡¡ Eso es estupendo !!! ¡¡¡ Así podremos ver a tu hija !!!- gritó emocionada desmontando al igual que su compañera. - A nuestra hija...y ese es el problema...-. - ¿A qué te refieres?-. - Pues…la última vez que la vimos éramos tan sólo amigas... y ahora...-. - Ahora tienes miedo de que sepa que estamos juntas ¿cierto?interrumpió una molesta bardo. - Pues sí, Gabrielle, no es que me avergüence de nuestra relación, y lo sabes, pero es que no sé...no todos los días se le dice a una hija todo esto . - Xena, es tu hija y supongo que debe saberlo...- dijo la comprensiva bardo. - Sí ¿y cómo se lo digo?- comenzó a bromear sarcásticamente ayudándose con sus propias manos - Verás Eva, hija mía, cuando me viste besar tantas veces a Ares no era de verdad porque a mi me gustan las mujeres, de hecho tengo pareja ¿sabes? Esa mujer a la que llamas tía...en la que siempre has confiado... y a la que siempre consideraste mi amiga...Ella es mi novia y mi amante...-. - ¿Y no es la verdad? Amor, se lo comentaremos las dos juntas, ¿vale? Y así podremos visitar la tumba de Joxer y ver a Virgil. Además ¿la fuerte princesa guerrera con miedo a hablar con su hija? ¿Y tu valentía?-. - No sé Gabrielle, hasta ahora sólo la perdía contigo pero…creo que no me siento preparada para decírselo -. - Xena...por favor...me apetece mucho ir - dijo poniendo cara inocente. - No Gabrielle, no me pongas esa cara, sabes que puede conmigo -. - Mi guerrera...- dijo la bardo acercándose a la morena. - No Gabrielle no hagas eso...- susurró. - A veces puedo ser muy persuasiva, ¿sabes?- dijo intentando seducirla con su juego - Y seductora...- susurró acercándose más a la guerrera hasta estar a una escasa distancia, casi rozando sus labios y notando su respiración – No paro hasta conseguir lo que deseo -. - Que mala eres...- pronunció antes de ser atrapada y devorada por los labios de la bardo - Ohhh...pequeña no sé que tienes pero siempre logras que caiga en la tentación...-. - Lo sé...Me encanta que te...rindas...ante mi - bromeó. - Siempre. Pero ya sé tu técnica, primero la carita de inocente y después ese tono seductor... Yo también puedo hacerlo -. - ¿Sí? Me encantaría verlo...-.

- Cuando quieras...-. - Tendrá que ser en la posada de Joxer -. - Está bien - dijo a duras penas - He tomado la decisión de decírselo, tengo que ser valiente, pero que sepas que no voy a cargar yo sola con toda la responsabilidad ¿eh? Me ayudarás -. - Por supuesto -. La guerrera subió a su yegua y tendió la mano para ayudar a que la bardo también lo hiciera. Una vez montadas, siguieron el amplio camino que les llevaría al destino elegido. Cuando el que el sol huye de la luna para dar paso a la noche, las dos compañeras llegaron. A la vista parecía no haber ni un alma. Todos los aldeanos debía acostarse temprano y madrugar mucho, pues el silencio reinaba el lugar, que permanecía sombrío y solitario a esas horas. Mas al entrar en la taberna de la posada, dedicada por completo a la princesa guerrera y su compañera, oyeron unas voces provenientes de la cocina. - Vámonos a la cama...ya va a oscurecer...- sonó la voz de Eva. - ¿Y no piensas cenar? De eso nada, llevas unos días sin comer...- ésta de Virgil. - Pues dame de comer...-. - Eso intento pero no es en vano...-. - Eso es porque no me ofreces lo que quiero comer...- susurró de forma insinuante. - ¿Y que quieres comer amor mío?- dijo siguiéndole el juego. - A ti, quiero comerte "enterito"...- dijo antes de abalanzarse sobre los labios del joven apuesto. - ¿Eva?- gritó Xena, la cual, junto a su amada, habían escuchado la breve plática. - ¿Madre?...¿ Tía Gabrielle? ¿Qué...qué hacéis aquí? ¿Porqué no avisasteis? – titubeó avergonzada con sus brazos extendidos hacia las paralizadas mujeres. - ¿Virgil? ¿tú...y mi hija ahí...?Pero...¿amor mío? Pero…¿ustedes son?…trabó Xena sin emitir las palabras exactas. - Hola Virgil, ¿qué tal están ustedes dos? - dijo Gabrielle abrazando al hombre para suavizar la situación. - Hola Gabrielle, hola Xena, nosotros nos encontramos estupendamente, ustedes también parecéis muy bien...tenéis un gran aspecto...¿cómo...es que estáis...ustedes, quiero decir....aquí?- pronunció empeorando su tono

a medida que su pulso aumentaba de velocidad. - Pues queríamos visitaros...y pasaremos aquí algunos días...¿no Xena?preguntó Gabby. - Sí - dijo secamente con mirada asesina hacia Virgil. - Bueno, entonces esta noche hay que a preparar una cena espectacularintervino Eva. - Muy bien, yo le ayudaré a cocinar mientras vosotras, madre e hija, preparáis la mesa, ¿de acuerdo?- dijo la rubia. - Está bien...tenemos mucho de que hablar hija mía - dijo Xena llevándose a Eva al salón. Los jóvenes bardos permanecieron en la cocina haciendo un sabroso cordero. Mientras, las otras dos, decoraban una larga mesa llena de frutas y bebidas acompañadas de altas sillas de maderas. Eva sacó su mejor vajilla de cerámica con bordes de oro. Las copas eran de plata, al igual que la cubertería. Todo yacía hermoso: la vieja casa de Joxer, el magnífico, a la tenue luz de las velas. Una vez que acabaron su tarea, salieron a pasear hasta que la comida estuviera lista. - ¿Y qué tal llevas el mensaje de Eli?-. - Muy bien, antes viajaba por ahí en busca de más respuestas e inculcando el mensaje junto a los demás seguidores, pero ahora sé cual es mi camino y he decidido quedarme -. - ¿Y cual es tu camino cariño? - Madre, bueno, como habrás podido comprobar, Virgil y yo estamos juntos...-. - Sí, lo sé...- dijo con la mirada perdida. - Y lo amo con todo mi corazón...así que no te preocupes mamá que no me hará daño. Bueno ¿y de qué tienes que hablarme? - dijo rápidamente para evitar hablar del tema al ver la cara de su madre. - Pues...de que Gabrielle y yo...-. - ¿Gabrielle y tú? - preguntó al percibir el silencio de su madre. - Que...se nos está pasando la hora de la cena y tenemos hambre, ¿entramos ya?- recurrió Xena. Eva asintió no muy convencida, pero prefirió no volver a cuestionar. Una vez dentro, Gabrielle salió de la cocina y Eva corrió junto a su novio. Las secretas amantes se alejaron un poco de la puerta.

- ¿Y?- preguntó la bardo. - ¿Y qué?-. - ¿Se lo dijiste ya ?-. - No, no puedo, además, se supone que lo haríamos juntas -. - Tienes razón mi amor, no debí dejarte sola. Y bien ¿de qué habéis hablado?- preguntó cogiendo las suaves manos de su guerrera. - Pues que ellos dos están juntos...- dijo molesta. - ¿Pero porqué te molestas? Sabes que es un buen chico...-. - Sí pero no sé qué pretende con mi Eva...-. - Jajajaja - comenzó a reírse sin parar. - ¿Qué es lo que tiene tanta gracia?-. - Pues tú, mamá, quién se iba a imaginar que la gran princesa guerrera se comporte como la popular madre preocupada, jajajaja-. - Gabrielle, es la primera vez que me pasa esto, nunca antes ningún hijo mío me había dicho que tenía novio o novia...-. - Vamos, pero no es para tanto -. - ¿Que no es para tanto? Primero se te declara a ti, mi pequeña, y ahora a mi hija ¿pero qué pretende?-. - Bueno, tal vez se haya dado cuenta de quién es su verdadero amor -. - No sé, si en realidad es un buen tipo...es guapo...atractivo...musculoso...y en la cama debe ser...- dijo dejando volar su imaginación. - ¡¡¡ Xena !!! - gritó visiblemente molesta Gabrielle. - Tranquila...lo digo por ella, donde se ponga una hermosa bardo ya se puede quitar cualquiera...además, no debo preocuparme, se les ve muy felices...- dijo asomándose a la cocina y verlos reír. - ¿Ves? Si en realidad eres una suegra estupenda -. - Ni se te ocurra volver repetir eso- gritó haciéndole cosquillas a Gabrielle. - La princesa y suegra guerrera, jajaja - bromeaba entre risas mientras penetraban en el salón. Una vez dentro, los cuatro amigos y ahora familia se sentaron en la mesa. Una pareja a una lado de ella y la otra en el otro lado. Las huéspedes se dispusieron a comer, pero Eva las frenó para bendecir la comida que sus cuerpos iban a ingerir sin querer incomodar a nadie. Cuando terminó, todos se sirvieron cordero y verduras, y comenzaron a cenar. - Mmmm, este cordero está exquisito, os felicito - dijo Eva mirando a los escritores. - Es que mi Gabrielle, tiene unas manos...- dijo sonriendo antes de

descubrir cómo la duda inundaba el lugar - para hacer comida...quiero decir- intentó arreglarlo, pero ya era demasiado tarde: los dos se habían quedado con los ojos abiertos de par en par, y a Gabrielle comenzó a reír. - De qué te ríes tía -. - Es que, bueno, nosotras...- comenzó a decir. - De nada, no se ríe de nada- interrumpió la guerrera con cara significativa. - Sí, eso- dijo molesta. - Bueno, ¿y que habéis estado haciendo todo este tiempo?-. - Pues nada en especial, visitamos a Hércules e Iolus, Gabrielle y yo tuvimos una gran pelea, luego murió a manos del dios de la guerra, pero por suerte yo la salvé y aquí está. Teníais que ver aquellos monstruos que cubrían la cueva...eran enormes. En fin, nada importante - dijo con total naturalidad llevándose un trozo de pan a la boca y produciendo una perplejidad en los demás. - Es muy largo, ya os lo contaremos...- aumentó Gabrielle. - Tock, tock - sonó la puerta interrumpiendo a la bardo y haciendo que todas las miradas se dirigieran a quien iba a entrar. - ¿Se puede entrar o interrumpo la pequeña fiesta?- sonó la voz de detrás de la puerta de madera. - Claro que no interrumpes, entra - dijo Eva - Madre, Gabrielle, os presento a mi mejor amiga Yarika, se me olvidó comentaros que ella también convive junto a nosotros -. - Hola - se limitó a decir la princesa guerrera. - Hola, ¿qué tal? Por cierto, encantada - dijo la efusiva bardo abrazando a la bella joven de ojos marrones y dando fuerza a los celos de Xena. - Lo mismo digo. Eva me ha hablado mucho de las dos y al parecer eres una espléndida bardo. ¿Serías tan amable de darnos el placer de escucharte y compartir contigo un relato?-. - Bueno, todos ya hemos cenado, así que Gabrielle y yo nos retiramos a nuestros aposentos, pues el camino ha sido largo y nos encontramos algo cansadas- interrumpió Xena. - Deja que Gabrielle hable por sí sola - protestó Yakira. Ese fue el justo momento en que a Xena le cayó mal la chica. - Ella me conoce bien, será mejor que nos retiremos, os prometo que mañana os contaré la historia. Buenas noches a todos – dijo la bardo produciendo en el rostro de Xena una sonrisa orgullosa.

Xena y Gabrielle subieron a su gran habitación. Las escaleras estaban oscuras, tan sólo se podía agradecer la luz a la luna. Mientras subían, unas manos rodearon la cintura de Xena y no le permitieron seguir andando. Luego, Gabrielle comenzó a besar su cuello suavemente. - Gabrielle, nos van a ver- susurró la guerrera. - No te preocupes, todos están abajo...- dijo continuando sus caricias. - Por favor - suplicó quitándose las manos de su cintura. - Muy bien, tú lo has querido. Si sólo soy tu amiga para los demás, también seré tu amiga en el cuarto, me voy abajo para...- El dedo índice de Xena selló los labios de la bardo para mantener el silencio. - Gabrielle, sabes que no es por eso, no seas así. Mañana se lo diremos, ¿vale?-. - Está bien, ya sabía que no podías estar sin mi...- dijo con cara engreída. - No me tientes...- bromeó. - Anda, vamos ya a la habitación -. Las dos amantes se encaminaron hacia la puerta deseosas por entrar y olvidarse del tiempo. Al traspasarla, contemplaron una hermosa habitación con una exigua luminosidad causada por varias velas. La guerrera, nada más entrar, cogió a la bardo de la mano y con gran perspicacia la giró y la besó dejándola asombrada. Luego, se dirigió hacia la tina de agua caliente para tomar un relajante baño. Para ello se despojó su armadura y su traje, y se introdujo en el agua. Gabrielle, por su parte, se vistió con un suave camisón y se sentó a los pies de la cama, acompañada por uno de sus fieles pergaminos y su pluma. Su imaginación volaba, y su mano danzaba letras sobre el papel. Gabrielle, con la punta de su lengua asomada al exterior, fue interrumpida al notar la presencia de su amada guerrera. Alzó la vista y su respiración se entrecortó al ver tal hermoso cuerpo levemente cubierto con una toalla blanca, resaltando su piel morena. Xena, al notar el estado de su compañera, bromeó andando hacia ella, moviendo sus caderas y tarareando una melodía. Gabrielle se ruborizó y continuó escribiendo. Xena se tumbó a un lado de la cama, apoyando su cabeza en el brazo y éste sobre el codo. La guerrera quedó sumida en la bardo, admirando su belleza y suspirando por su amor. La bardo levantaba la vista y al encontrarse con la mirada azul de Xena, la volvía a bajar y seguía escribiendo. Un suspiro escapó de los labios de la bardo cuando Xena rompió el silencio que reinaba en aquel momento.

- Eres hermosa...¿sabes?-. - Me gusta serlo para ti...sólo para ti - dijo sonriendo. Después de un breve silencio habló- Es increíble -. - ¿El qué?-. - Mirarte...y ver que frente a los demás eres la ruda mujer, con carácter duro y sin la ausencia de tu instinto guerrero ni un momento. Sin embargo frente a mi eres tan dulce, tan delicada, tan suave…-. - ¿Quieres decirme que tengo dos caras?- dijo preocupada. - Claro que no, a eso no me refiero, pues eso no me gusta. Quiero decir que con los demás muestras parte de ti, pero conmigo te muestras entera, salvaje pero cálida -. - Tu presencia hace que me muestre tal y como soy, mi alma se desnuda ante ti…-. - Siempre dices que no se te dan bien las palabras, pero no es así -. - Yo a veces también me sorprendo de cómo hablo, pero eso es porque sólo me salen las palabras contigo, sólo a ti puedo hablarte así, y es sólo a ti a quien quiero decirle todo lo que siento, pues no habla mi mente...sino mi corazón -. - Xena, ¿porqué siempre sabes cómo ruborizarme?- dijo con cierto rubor en sus mejillas. - Sólo digo lo que me inspiras...-. - ¿Y qué más te inspiro? - dijo enseñando su cuello y estirando su espalda de broma. - Amor - susurró Xena haciendo que Gabrielle sustituyera su gesto de broma por una bella sonrisa llena de ternura. - ¿Quieres que te lea lo que estoy escribiendo?-. - Claro, me gustaría saber a quien dedicas aquel suspiro que en el aire flota -. - "Ahora me miras, sé que lo haces, pues puedo sentir tu mirada azul sobre mis labios. Respiro hondo...ya que tu esencia me embriaga y hace que me cueste respirar... Aún puedo sentir tus manos en mi piel...tu cálido beso aún roza mis labios...tu sonrisa aún se clava en mi corazón...tu profunda voz suena una y otra vez en mi mente…Me gustas toda tú, cada gesto que dibujas en tu rostro… cada movimiento que en tu cuerpo danza…cada palabra que pronuncias…cada susurro que me dedicas…Anoche me hiciste mujer de nuevo y en el momento en que hacemos el amor puedo ver en tus ojos el mismo fuego que el primer día...Es tan maravilloso el amor que me das que no me detengo a pensar si

esto es correcto o no lo es…No sé pensar en otra cosa…Siento que nací sólo para amarte…"-. - No sé que decir...tú también sabes cómo ruborizarme -. - Es lo que me inspiras- dijo sonriente imitando a la guerrera - Bueno, eso sólo es el principio, aún debo acabar -. - No ahora...-. Xena se acercó a Gabrielle andando hacia los pies de la cama, apoyando su peso entre sus manos y sus dos rodillas, lenta y sensualmente. Cuando llegaron a su punto de encuentro, sus labios se entreabrieron y sus lenguas se saludaron salvajemente, descargando la pasión en él. - ¿Y quién diría que la princesa guerrera besara así a su compañera de viajes?- rió. - Me vuelves loca Gabrielle…-. Xena agarró a Gabrielle por su cintura, y comenzó a hacerle cosquillas. Gabrielle la imitó y entre risas, jugaron inocentemente. Sus manos recorrieron libremente el cuerpo de la otra. Sus mejillas aumentaron de color y el deseo, inevitablemente, también aumentó. Gabrielle se tumbó encima de Xena haciéndole cosquillas en su costado, pero Xena, en un ágil movimiento, logró ponerse encima de la bardo. Se sentó a horcajadas en su cadera y agarró con sus manos las de Gabrielle. - ¿Te rindes?- sedujo a la bardo. - Nunca -. - Sabes que te tengo y puedo hacer contigo lo que quiera… -. - Entonces…hazme tuya…- dijo en un susurro. Xena agachó su cuerpo, y con una tierna sonrisa, fue acercando muy lentamente sus labios para unirlos a los de Gabrielle. Cuando tan sólo les separaba escasos milímetros, la bardo puso su mano en el cuello de Xena y la atrajo a sus labios. Fue lento, cálido...suave...lleno de ternura y amor...Más tarde unas sonrisas se adueñaron de sus bocas. - ¿No sientes como si este hubiera sido el...- comenzó Gabrielle. - ¿El mejor beso que te han dado jamás? Sí, es eso lo que he sentido terminó Xena. - ¡ Sí ! Jamás había sentido tanto en un beso...Siento que acabo de hacer el amor contigo a través de él - exclamó con emoción.

- Contigo puedo traspasar todo mi amor a través de un beso. Para mi siempre un beso era sólo eso, una forma de empezar, pero contigo…es mucho mas que eso. - Aún tiemblas cuando te beso...- susurró al oído de su amada guerrera. - Al igual que tú...-. Las dos se sonrieron y se quedaron ahogadas en sus propias miradas, lanzándose miradas llenas de amor y pasión a la vez. Xena introdujo sus manos en el camisón de Gabrielle y comenzó a subirlas para desnudarla. De repente, unos gemidos de la habitación de al lado la descentró, y se separó de Gabrielle. - ¿Qué pasa?-. - ¿Cómo que qué pasa? ¿Es que no los oyes?-. - Xena, son mayorcitos y saben lo que hacen -. - ¡¡¡ Virgil se está acostando con mi hija !!! - exclamó. - No seas tan protectora...-. - Es que no tuve ocasión de advertirle cuando era pequeña...-. - Eva sabe muy bien lo que hace...realmente quieren estar juntos, y seguro que lo estarán para siempre...ahora ven aquí- dijo deseosa de reencontrarse con sus labios. - ¿Y si se casan?- dijo con preocupación haciendo que Gabrielle también se sentara. - Pues muy bien por ellos, ¿no? Ellos se aman...al igual que nosotras ¿Qué pasaría si nosotras nos casáramos? Nada malo ¿verdad?- preguntó Gabrielle interesada en la respuesta. Xena se quedó pensativa y tras ese silencio, la bardo insistió - ¿Verdad?-. - Pues...- realmente no sabía que contestar, nunca se había planteado eso. - No quieres...porque eso no es para ti. Lo sé...- dijo desilusionada. - No es para mi pero debes saber que...- comenzó cuando fue interrumpida. - No te preocupes, eres así y debo aceptarlo, te amo tal y como eres -. - Gabrielle...-. - Buenas noches - pronunció con tono molesto. Gabrielle sopló apagando las velas para ser iluminada por la luz de la luna llena. Luego se introdujo entre las sábanas y, dándole la espalda Xena, se dispuso a dormir. Xena la imitó y se puso a pasear por su mente. Lo que había empezado como una conversación sobre mi hija y Virgil se había

convertido en una absurda discusión, pensaba Xena. Tras unas marcas de velas, la guerrera, aún despierta, se volteó para ver a Gabrielle, quien parecía sumida en sus sueños. Ésta se encontraba destapada y con frío en su cuerpo así que Xena se acercó más a ella, cubriendo su cintura con el brazo y sintiendo la esencia que rociaba su cuello. Al notarla así de hermosa, tomó una decisión, probablemente la más grande de su vida y continuó lo que antes no dijo: - Debes saber que por tu felicidad me casaría contigo mil veces si fuera necesario, pues tú me preparas para hacerlo. Sea para mi o no, no quiero separarme de ti nunca, y si eso significa casarme contigo, acepto sin dudar. Mañana te lo diré - susurró al oído de la bardo. CONTINÚA EN "DECISIÓN ACERTADA" Mensaje de Paz : Este mensaje de paz va dirigido a las personas que justifican la guerra, y a través de ellas, a todo el mundo: Muchas personas dicen que no quieren la violencia en el mundo, pero pocas personas tienen el privilegio de guardar en su corazón el deseo de la paz y el amor. Sé que es difícil y que a veces sientes el deseo de paz pero no sabes cómo lograrla, ni siquiera sabes si las causas para una guerra existen, pero debemos ser conscientes de que ni los fines justifican los medios, ni los medios justifican los fines, porque no hay atenuante para la máxima expresión de la violencia, la guerra. Pues si la defensa de un objetivo obliga a cometer demasiados daños, habría que empezar a dudar si ese objetivo es realmente justo. Siendo realistas, somos humanos, y como tales, somos violentos y ansiamos el poder, pero hay que recordar que todo humano nace con dos naturalezas, el bien y el mal, el lado que elegimos nutre y nos define. Así que podríamos crear un mundo nuevo, lleno de paz, amor, justicia, igualdad, diálogo, libertad, etc... De hecho, los que provocan las guerras deben ser conscientes de que toda acción conlleva una reacción...todo lo que hacemos tiene un precio. Y realmente creo que aún hay tiempo, siempre hay tiempo para decir "NO A LAS GUERRAS, LA GUERRA ES LA MUERTE, EL FIN"...para amar...y para vivir. Y nosotros, los que sufrimos las guerras y el dolor de sus consecuencias tenemos que poseer esperanza y fuerza espiritual, pues en el mañana conoceremos un mundo de paz. Como dijo una vez alguien, no

es que esperemos porque creemos, sino más bien creemos porque esperamos. Entonces, debemos ser sensatos y unir el coraje a la sabiduría para erradicar la violencia y el dolor pues en una guerra nadie gana...todos somos vencidos por el odio y tras él tan sólo queda una cosa: el vacío. Así que no busquemos la respuesta en el filo de una espada o de un rifle, pues no es la solución, es lo que los cobardes hacen para no enfrentarse a la verdad, una verdad absoluta que hasta un ciego observaría: SIEMPRE HAY OTRO CAMINO. De acuerdo con Shakira: Cuando el poder del amor supere al amor por el poder, el mundo conocerá la paz... DECISIÓN ACERTADA By: Shyara A la mañana siguiente, una bella rubia yacía sobre la cama, acurrucada entre las sábanas. Xena, tras haber meditado toda la noche de cómo pedirle matrimonio al amor de su vida, se acercó a ella y se sentó a su lado. Un suave beso en la comisura de los labios de Gabrielle fue el causante de su despertar. - Buenos días mi dormilona -. - Buenos días- dijo estirando su cuerpo y bostezando. - Te he traído el desayuno -. - ¿Tu? ¿Quién eres y qué has hecho con Xena?-. - Tu asombro me ofende -. - Es broma, muchas gracias. ¿Tú ya has desayunado?-. - No, aún no, ni siquiera me he bañado, te estaba esperando -. - Ven, acuéstate aquí conmigo y después de desayunar nos damos un baño juntas, ¿de acuerdo?-. - Está bien -. Las dos mujeres desayunaron amenamente, sin volver a sacar el tema de su boda. Cuando terminaron, se metieron en la tina, se asearon, se vistieron con su rutinaria vestimenta y salieron de la habitación. Cuando bajaron se encontraron la casa vacía. - ¿Donde está la gente?-. - Pues no sé, supongo que aún duermen -.

- No creo...-. - Buenos días - dijo Yarika desde la puerta - estamos fuera en el patio, hace una estupenda mañana, ¿venís?-. - Claro, vamos - dijo Gabrielle tirando de la mano de Xena hacia la puerta. - Buenos días chicas- dijo Virgil. - ¿Durmieron bien?- preguntó Eva. - De maravilla - se adelantó Gabrielle. - Me alegro mucho -. - Virgil, me gustaría hablar contigo - dijo Xena. - Claro, dime- Xena se apartó de donde estaban todos y se ubicaron a la sombra de un bello sauce llorón. - Verás, ya sé que tú y mi hija estáis juntos, y me alegro mucho por los dos, pero quiero que sepas algo: Como le hagas daño juro que te perseguiré y te mataré, así que cuídala bien y hazla feliz, que sé que eres un buen chico -. Terminó de decir Xena dándole una palmada en la espalda y yéndose al lado de Eva. Virgil, tragó saliva con dificultad, y sonrió por la forma de preocupación de Xena. - No te preocupes Xena, yo la amo - gritó el joven a las espaldas de ésta, quien se dio la vuelta y le regaló una buena sonrisa. Luego, siguió andando hacia su hija. - A ver, ¿qué le has dicho? - Nada, sólo le advertí para que nada le pase a mi niña -. - No lo soy, mamá, pero gracias, necesitaba eso de ti -. - Sabes que te quiero mucho, ¿no? - Claro...¿a qué viene esa pregunta?-. - Es que...doy por hecho que lo sabes pero me cuesta mucho decírtelo -. - Yo también te quiero mucho mamá -. - Me encanta que me llames así, de mis dos hijos siempre he querido oírlo...- dijo abrazándola. Tras unos instantes de profundo silencio, Xena decidió erradicarlo. - Eva, tengo que hablar contigo -. - Pues habla mamá -. - Verás...Gabrielle y yo...por cierto, ¿donde está Gabrielle?- dijo al notar su ausencia mirando a todos lados sin encontrarla. - Yarika ha aprovechado que no estabas y se ha ido a pasear con Gabrielle.

- ¿Ha aprovechado que no estaba? ¿A qué te refieres? - al no obtener respuesta alguna, salió en su busca. - ¿Y a qué te dedicas?- preguntó Gabrielle mientras andaban por un estrecho camino en medio del bosque. - A tejer...me encanta hacerlo, así, hago lo que me gusta y después las vendo. Tengo que regalarte alguna prenda -. - Me encantaría -. - ¿Y a ti qué te gusta hacer?-. - " Hacer el amor con Xena y estar con ella"- pensó la bardo - Escribir las aventuras que vivo con Xena -. - Cuéntame alguna -. - Pues...¿ has oído hablar de las hordas?-. - Por supuesto, son amigos nuestros -. - Ahora lo son, gracias a Xena hace más de 25 años. Pero siempre fueron los invencibles enemigos de las personas, pero Xena y yo descubrimos que también eran humanos como todos nosotros...-. - Cuéntame más, me encanta oírte hablar- Gabrielle bajó la mirada en señal de ser modesta frente al comentario. - Pues...sabes quién es Prometeo, ¿no?-. - ¡ Claro ! - exclamó Yarika. - Pues Hera, la mujer de Zeus, encadenó a Prometeo para quitarnos todas sus enseñanzas: la medicina y el fuego, entre otras cosas. Pero nosotras, con ayuda de nuestros amigos Hércules e Iolus, conseguimos liberarlo. Fue fantástico- Justo ahí Xena las encontró y se paró detrás de unos arbustos. - Debe ser maravilloso vivir esas cosas...-. - Lo es -. - Sobre todo para Xena...al estar cerca de ti... ¿sabes que eres muy bella?-. - No lo creo -. - Pues créetelo, ¿es qué Xena nunca te lo ha dicho? - Sí que lo ha hecho muchas veces -. - Hola – interrumpió Xena. - Hola – contestaron las otras dos. - Yarika, ya es hora de comer, ¿porqué no vas a casa? - Claro…-. - De acuerdo, hasta ahora – habló Gabrielle al alejarse Yarika. - ¿ A qué ha venido eso? -. - No me gusta Gabrielle -.

- Tu como siempre tan desconfiada…-. - Me dio mala espina desde el primer momento que la vi. Está más que claro que quiere algo contigo…Te está tirando los tejos…-. - ¿Yarika? ¿Porqué piensas eso? Tan sólo nos llevamos bien -. - Tal vez porque te lanza las mismas miradas que a mi -. - ¿Estás celosa? -. - No, sólo trato de advertirte -. - Muy bien, ya lo has hecho. Ahora voy a por ella para disculpar la forma en la que la has echado - Gabrielle corrió hasta llegar al paradero de Yarika, siendo seguida por Xena. - Yarika, perdona la forma en que te ha tratado Xena, sólo quería hablar conmigo. - No pasa nada, es normal que quiera estar junto a ti…-. - ¿Porqué?-. - Gabrielle, tengo que confesarte algo…-. - Desde anoche he sentido algo por ti muy extraño, es como si estuviéramos destinadas a conocernos…-. - No creo…- interrumpió la bardo pero fue recíprocamente interrumpida. - Gabrielle, me siento muy atraída por ti. Seguro que estarías de maravilla junto a mi, mejor que con Xena, que hasta ahora sólo la he visto mandándote – soltó de golpe. Yarika se acercó a Gabrielle e intentó besarla. Xena, muy furiosa, que miraba desde un árbol, hizo amago de correr hacia ella para descargar su ira contra ella, pero vio la reacción de Gabrielle. Ésta se apartó de ella. - No hables así de Xena, porque no la conoces...-. - Yo creo que te gusto, lo noté en tu saludo de anoche -. - Yarika, seguro que eres una persona estupenda, así que mejor será que dejemos el tema...no puedo sentir nada por ti -. - ¿Porqué no?-. - Porque mi corazón ya está ocupado. Y no creo que estuviéramos destinadas a nada -. - ¿Ahh sí?¿ Y porqué?-. - Porque yo estoy destinada a estar con Xena, y la amo con todo mi corazón -. - Lo sabía, pero yo no estoy hablando de corazones, sino de cuerpos...intentó volver a besarla.

- ¡ Déjala en paz ! - gritó Xena - ¿Es que no oyes que no quiere nada de ti?. - Lo siento - dijo antes de salir corriendo mientras lloraba. - ¿Estas bien?- preguntó Xena acariciando con su mano izquierda el rostro de Gabrielle. - Sí, ¿cuánto tiempo llevas acechándonos?-. - El suficiente- Las dos se abrazaron. - ¿ A qué esperas? ¿ No me vas ha decir : "te lo advertí " o algo parecido? . - No Gabrielle, ya eres mayorcita para aprender de tus errores -. - Pero Xena, era tan amable, y mírala ahora, es una cría…algo le pasa…-. - Seguro que es muy buena persona pero a osado a intentar besar a mi chica – dijo en broma - debe aprender a controlar sus instintos -. - ¿Cómo tú? – dijo con ironía. - Gabrielle, me gustaría hablar contigo – dijo seriamente ignorando el comentario. - Claro ¿Qué pasa Xena? no me asustes -. - No es nada malo, al menos eso creo...mira Gabrielle...ayer estuve pensando y he tomado una decisión con respecto a nuestra relación...-. - ¿Vas a dejarme? ¿Porqué? - balbuceó Gabrielle. - No Gabrielle, ¿realmente crees que haría eso? Déjame continuar -. - De acuerdo, perdona -. - ...cuando empezamos nuestra relación...-. - ¿Gabrielle?- sonó una voz desde atrás interrumpiendo a Xena. - ¿Sarah?- gritó antes de salir corriendo al abrazo de su sobrina - ¿qué estás haciendo aquí?- dijo alegremente aunque preocupada por la interrupción. - Pues quería visitar a Eva, lo hago cada semana, y me ha dicho que estabais aquí. Que alegría me da verte – exclamó volviendo a abrazar a su tía. - A nosotras también. Hola Sarah - intervino Xena abrazándola. - Tenemos mucho de que hablar- pronunció Sarah dirigiéndose a Gabrielle. - Sí, nosotras también te tenemos que decir una cosa - contestó Gabrielle. - Bueno Gabrielle, yo...hace tiempo que no me ejercito ni cazo nada...y sabes lo tensa que me pongo en esos momento...así que será mejor que pase el día por ahí -. - ¿Quieres que te acompañe y seguimos hablando?-.

- No, tú quédate con tu sobrina. Vuelvo para cenar - se acercó al rostro de Gabrielle pero al acordarse de la presencia de Sarah, se limitó a besarle la mejilla a su bardo y luego a Sarah. - Ten cuidado...-. - Bien, vamos a pasear - habló las más joven. Tía y sobrina decidieron pasar el día juntas en el bosque para hablar de todo lo que había pasado desde la última vez que se vieron, y así, dejarles la casa sola a Eva y Virgil. Cuando el sol moría en el horizonte para dejar que la luna iluminara la noche, Xena se encontró con la bardo y su sobrina. Las tres se dirigieron a la taberna del difunto Joxer mientras hablaban. Cuando llegaron, Eva y Virgil estaban preparando la comida. - ¿Ya estáis aquí? ¡Que tarde! pensé que algo os había ocurrido -. - Os hemos dejado la casa sola para vosotros...- dijo Gabrielle. - ¿Y Yarika?- preguntó Xena. - No lo sé, este medio día se fue y no ha vuelto todavía- contestó su hija. - Mal de amores...-. - ¿Qué? - preguntó Sarah. - Un rechazo...- dijo la guerrera riendo. - ¿Un rechazo? ¿Que mi Yarika quiere algo con otra persona?- dijo la indignada Sarah. - No me lo digas, ¿Gabrielle? - dijo Vigil. - Pues sí... - Esto es increíble, después de tanto tiempo juntas y ahora prefiere a mi tía…-. - ¿Estabais juntas? – preguntó Xena. - Pues sí, pero lo dejamos hace poco, parece ser que no ha perdido el tiempo. ¿Bueno y tú que le has dicho tía ? - Pues que lo siento pero mi corazón ya está ocupado...- " bien bardo estúpida, como siempre, una bocazas" pensó Gabrielle al hablar de más. - ¿Sí? ¿porqué no me lo has contado?- dijo Eva. - Pues...-. - ¿Quién es el afortunado? ¿Tú lo conoces mamá?- Gabrielle pensó que había llegado el momento de decir de una vez por todas la verdad pero... -...No...no sé...¿quién es Gabrielle?- todo el valor de la guerrera se esfumó haciendo que Gabrielle se enfadara. - Pues...Virgil-. - ¿Qué? - exclamaron todos al unísono.

- Que no...es broma- dijo al ver la reacción de todos, incluida la de su amada guerrera. - Será mejor que comamos, ¿no?- interrumpió Xena. - Vamos Gabrielle, acompáñame a la cocina -. - Sí yo iré al pozo a por agua para cocer las patatas - dijo Sarah. Mientras Gabrielle y Xena discutían sobre el tema en la cocina, Virgil y Eva, permanecientes en el salón, hablaban.. - ¿Qué se creen? ¿Qué somos tontos? Está claro que están enamoradasdijo riéndose Virgil. - ¿Y quién no lo notaría? Esas miradas, esas sonrisas...tan sólo con observar la forma en la que mi madre habla a los demás y la forma en que lo hace a su amor...hasta un ciego lo notaría ¿Tanto les cuesta reconocer que se aman?- se preguntó su novia. - Tenemos que hacer algo. Yo las aprecio mucho y no quiero que sigan así, sin expresar lo que llevan dentro -. - Sí, y se me ha ocurrido una cosa...-. - Dime cariño -. - Para que por fin expresen sus sentimientos...vamos a intervenir...-. - ¿A qué te refieres?-. - A que tu seducirás a mi madre y así tal vez se decida a decirle a Gabrielle lo que siente. - De acuerdo, esta situación va ha ser muy graciosa...-. - ¿Tan rápido aceptas a mi plan?- dijo molesta y a la vez en broma. - Es que me parece un buen plan -. - No estarás interesado en Xena, ¿no?-. - Que tonta eres, ¿tu que crees?-. - Que me amas - susurró acercándose a sus labios. - Pues no te equivocas...-. - Ya verás la que se va a liar...- dijo en voz baja con una sonrisa burlona. Sarah llegó acompañada de un cubo de agua y las dos mujeres salieron de la cocina. Todos en el salón, se sentaron en la mesa y tras ser bendecida por Eva, comenzaron a comer. Xena se encontraba entre Gabrielle y Virgil, y Eva y Sarah estaban al otro lado de la mesa. Mientras conversaban felizmente, una mano de Gabrielle se posó en la pierna de Xena por debajo de la mesa, la cual sonrió y continuó comiendo. De repente, otra mano se apoyó en el otro muslo de la guerrera, quien pegó un brinco al

descubrir que era de Virgil y ni siquiera se dignó a mirarle. Todos continuaban hablando a excepción de Xena, que comía de forma rápida. La mano de Virgil comenzó a acariciarla, subiendo lentamente por debajo de la corta falda de Xena. Justo cuando estaba llegando al sitio concreto donde se dirigía, la guerrera se levantó de golpe. - ¿Qué pasa Xena?¿Estás bien?- preguntó Gabrielle mostrando preocupación. - No, no me pasa nada, sólo que no tengo más hambre, me voy a la cama . - No, por favor, sin tu presencia aquí no es lo mismo - Gabrielle se quedó sorprendida al oír a Virgil. - Lo siento, pero no me encuentro bien. Quedaros aquí todos...hasta mañana -. - ¿No te encuentras bien? Xena, yo te acompaño -. - No tía Gabrielle, quédate aquí con nosotras, prometiste que ibas a relatar una de tus historias- dijo Eva. - Además yo te acompañaré Xena, no te importa, ¿no?- completó Virgil. Xena asintió sin saber porqué. - Está bien - aceptó inocentemente Gabrielle, quien se levantó y le susurró a Xena al oído descaradamente: - Espérame despierta- Xena aún perpleja por lo sucedido asintió de nuevo y subió acompañada por el apuesto Virgil. Cuando llegaron a la puerta Xena entró y tras ella la cerró en la cara a Virgil. Éste la volvió a abrir. - ¿Qué te ocurre Xena?- preguntó inocentemente. - No, ¿qué te ocurre a ti?-. - ¿Te ha incomodado lo de la mesa?- dijo cínicamente. - ¡ Bastante !- exclamó. - Lo siento Xena, no tenía ningún significado, mejor será olvidarlo, no quiero que por esa tontería perdamos nuestra relación -. - Sí, será lo mejor -. Los dos se sentaron en la cama y comenzaron a hablar sobre todo lo que había pasado desde que no se veían. Poco a poco Virgil se acercaba más a Xena.

- Aquí hace mucho calor, ¿no te parece?-. - Pues sí, yo voy a ponerme el camisón. Espérame un momento -. Xena se levantó y entró en el baño. Virgil, mientras ésta se ponía algo más cómodo, bajó a por algo de vino y subió rápidamente. Gabrielle por su parte, se encontraba de pie en el salón, y a su alrededor estaban Eva y Sarah escuchando con mucha atención su historia. La bardo relataba la historia sobre el día en que Callisto se introdujo en el cuerpo de Xena y viceversa, mientras sus manos y todo su cuerpo le ayudaban a expresarse mejor. Ella cerraba los ojos para que las imágenes volvieran a su mente, y los ojos de las dos chicas, admiraban el talento de la aquella rubia. Xena salió del baño levemente cubierta por un suave camisón de seda blanco y transparente. Virgil, como hombre que es, se quedó sumido en la belleza de Xena y de su cuerpo. - Ya estoy aquí -. - Mira, he traído vino, ¿te apetece?-. - No gracias -. - De acuerdo. Bueno, yo también tengo calor, ayúdame a quitarme la camiseta, por favor- Xena se acercó a él y lentamente le quitó la camiseta negra que vestía para mostrar su musculoso pectoral - Uff, mucho mejor. Gracias -. - De nada...Virgil...- el rostro de Virgil se acercó al de Xena, la cual cerró los ojos - Bueno, tengo un poco de sueño así que mejor será que nos veamos mañana, ¿de acuerdo?- dijo apartándose de él. - Claro, como quieras, me lo he pasado de fábula platicando contigo. Dulces sueños Xena -. - Virgil…-. - ¿Sí?-. - Muchas gracias -. - De nada – contestó sin saber del todo el porqué. Xena penetró en la cama, sospechando lo evidente. Fue entonces cuando se dio cuenta que jamás podría amar o sentir por nadie lo que siente por Gabrielle, pues al cerrar los ojos cuando estuvo a punto de besar al Virgil, tan sólo se le vino una imagen: el rostro de su bardo. Intentó no dormirse y esperarla despierta, pero el sueño la venció al sentir su ausencia. Cuando a ésta le permitieron retirarse de una vez por todas, subió corriendo

deseando ver a Xena. Entró sigilosamente al cuarto y se encontró a la guerrera acostada en la cama. - Xena, ¿estás dormida? – decir eso era despertarla pues tenía la increíble capacidad de mantener todos sus sentidos alerta, y su agudeza siempre estaba presente. - No…ya no- dijo abriendo los ojos . Se destapó y se sentó al lado de Gabrielle. - Lo siento, pero no me dejaban tranquila, pueden llegar a ser bastante persuasivas -. - Oye, de mañana no pasa…-. - ¿El qué?-. - Decirle a todos lo nuestro, ¿de acuerdo?-. - Sí, totalmente de acuerdo...por cierto…¿ de qué se trataba eso que intentaste decirme esta mañana?-. - Ahhh…de eso quería hablarte ahora mismo -. - Soy toda oídos -. - Como te dije he tomado una decisión sobre nuestra relación…-. - Vuelves a asustarme -. - Gabrielle…cada día que pasa caigo más enamorada de ti…Cuando no estás a mi lado mi corazón se resiente y la luz que ilumina mi rostro se apaga, inundada por las amargas lágrimas de soledad. Eres la razón de mi ser y no puedo imaginarme la vida sin ti…Contigo aprendí lo que es hacer el amor. Te quiero con toda mi alma. Gabrielle…- dijo con la voz entre cortada. - ¿Qué mi amor?- dijo Gabrielle derramando alegres lágrimas mientras Xena se arrodillaba frente a ella. La guerrera sacó de entre sus pechos un anillo y se agarró de su mano. - Cuando empezamos nuestra relación me prometía mi misma que te haría la persona más feliz del mundo y eso es lo que más deseo en este mundo: ver cada mañana tu sonrisa durante el resto de mi vida…Gabrielle - se detuvo para coger aire - …¿Quieres ser mi esposa?-. - Xena…- dijo llorando y acunándose en los fuertes brazos del amor de su vida. - ¿Qué pasa Gabrielle? ¿Te ha molestado algo de lo que te he dicho?- dijo muy preocupada. - No – sollozó – es sólo que…he estado esperando toda mi vida a que alguien como tu me dijera eso. Te amo tanto que lloro de alegría al oír tu

voz serena y profunda…Xena, claro que seré tu esposa…seré mucho más que eso, eres lo mejor que me podía regalar la vida -. - ¡¡¡ ¿Sí? !!!- Xena soltó el anillo en la cama, se puso de pie y cogió a Gabrielle en un abrazo, dándole vueltas – No sabes lo feliz que me haces…- dijo llorando también. Gabrielle besó las lágrimas de Xena y luego cogió entre sus manos la cabeza de Xena y la atrajo hacia así. Sus labios se rozaron levemente, para luego dar rienda suelta tanto a su pasión como a la emoción. Sus bocas se entreabrieron y saborearon el beso como si fuese el último…o el primero… - Mi pequeña, aquí tienes mi anillo -. - ¿De donde lo has sacado?-. - Cuando salí a cazar en verdad me fui a la aldea a comprártelo -. - Xena, eres tan detallista…-. - Lo que sea por ti…- Xena cogió el anillo y se lo puso en el dedo anular de Gabrielle. - Xena, te das cuenta que eres mi prometida…-. - ¡¡¡ Sí !!! Suena hermoso…La verdad es que equivoqué…-. - ¿En qué?-. - En que esto de casarme no es para mi, porque nunca me había sentido tan feliz -. - Yo tampoco. Xena, ¿porqué no bajamos a anunciamos nuestro amor?-. - Tienes razón, ahora más que nunca deseo que todo el mundo sepa que te amo…TE AMO GABRIELLE – gritó Xena efusivamente. CONTINÚA EN "NUESTRA PERFECTA UNIÓN" NUESTRA PERFECTA UNIÓN By: Shyara Las dos amantes, ahora prometidas, bajaron las escaleras muy alegremente cogidas de la mano. Los demás, que reposaban en el suelo frente a la chimenea, dirigieron todas sus miradas, incluida la de Yarika, hacia la sorprendente escena. - Tenemos que deciros algo muy importante – dijo Xena. - Sí, veréis, es algo que nos ha costado deciros pero que ya nos hemos decidido…Xena y yo nos amamos -. - ¿Sí? Es algo maravilloso, estaba claro que algo había…¿ Y desde cuando?-

dijo Sarah. - Desde nos vimos por primera vez – contestó Xena regalándole una sonrisa repleta de ternura a su bardo. - Pero estamos concretamente juntas desde hace unos meses – incluyó Gabrielle. - ¿Qué?- se precipitó a decir Eva levantándose del suelo. - Eva, hija, no estaba preparada para decirte que...bueno que…Gabrielle y yo estamos perdidamente enamoradas y que estamos juntas…He intentado decírtelo varias veces pero no encontraba el valor suficiente porque eres la persona de la que más me importa la opinión…-. - Pero mamá…¿Ya estabais juntas cuando llegasteis?-. - Sí…- dijo con extrañeza. - Jajaja – rieron Virgil y Eva al unísono. - ¿Qué os hace gracia? – intervino Gabrielle. - Estaba claro que se amaban…Todos lo sabíamos -. - ¿Qué?- dudaron las dos. - Verás mamá, Virgil y yo creíamos que se amaban pero que no se atrevían a decírselo la una a la otra, entonces…Virgil intentó seducirte para que te dieras cuenta de que tenías que confesarle a Gabrielle tus sentimientos… - Ya lo he hecho muchas veces…Y ya sabía yo que Virgil lo hacía adrede, al principio pensé que era un juego, pero luego empecé a creerme realmente que Virgil me deseaba. De todos modos, muchas gracias, me habéis ayudado mucho- interrumpió Xena. - Un momento ¿Qué Virgil qué…?- dijo la perpleja bardo. - Luego te lo cuento Gabrielle-. - Pues bien… ya que estamos de confesiones…Yarika y yo estamos juntas de nuevo…hemos estado hablando y hemos descubierto que debemos estar juntas -. - ¿Qué? Bueno, eso es estupendo también. Pero la cosa importante que teníamos que deciros no era sólo que estamos juntas…- dijo Xena. - Sip, Xena y yo vamos a casarnos…-. - ¿Qué? – gritaron todos de emoción. - Así es…y creo que es la mejor decisión que hemos tomado jamás – dijo Xena. -¡¡¡ Eso es fabuloso !!! Enhorabuena – gritó Eva.

Ésta se abalanzó hacia el abrazo de su madre. Luego hizo lo mismo con Gabrielle y pronto todos hicieron igual con ambas. Gabrielle había apreciado el silencio de Yarika, así que decidió acercarse a ella. - ¿Qué tal Yarika?-. - No muy bien. Gabrielle…-. - Dime -. - Verás…me gustaría pedirte que olvidemos todo nuestro pasado y que empecemos de nuevo. No sé que me paso y si cuando volvisteis yo no estaba aquí era porque me sentía avergonzada. Perdóname Gabrielle, no sé qué se me pasó por la cabeza. Supongo que fue la desesperación de querer olvidar a quien realmente amo…tu sobrina. Llevábamos juntas años, pero nos separamos hace poco y mi corazón afligido no podía más. Yo la amo, y desde ayer volvemos a estar juntas…ya le he dicho todo lo ocurrido contigo. - No te preocupes Yarika, todos cometemos errores. Estás perdonada -. - Gracias. Por cierto, enhorabuena. Xena realmente tiene mucha suerte -. - Sí, soy muy afortunada de tenerla. A mi también me gustaría que empezáramos de cero, pero esta vez no intentes nada con mi prometida…- dijo en broma pero con cierto tono real. - Claro que no -. - Bueno ya son altas horas de la madrugada, Xena y yo nos retiramos ya que tenemos muchas cosas que hacer…-. - Sí, y nosotros…-. - Nosotras también… -. Cada pareja regresó a su respectiva habitación para saciar su sed de amor o placer. Nuestras protagonistas llegaron a la suya y se tumbaron en la cama. - Xena, estoy tan contenta que aún no me lo creo. Debo confesarte algo…. - Cuéntame -. - Cuando creía estar en el borde por amarte tanto y no poder tenerte estuve a punto de hacer una locura. Y realmente doy gracias a los dioses de que el miedo de no verte más me inundara porque sino ahora no estaría aquí disfrutando de tu amor y tu compañía -. - Es increíble -. - ¿Qué?-.

- Yo también estuve a punto de hacerlo Gabrielle, pero en ese momento llegaste tu y con tu sonrisa me diste valor para confesarte mis sentimientos…-. - Y ahora estamos aquí…cerca de nuestra boda -. - Sí…Por cierto, ¿cuando será? -. - Cuando tú quieras, con que tú seas mi mujer, me da igual cuando y donde -. - Mientras antes mejor…¿Qué te parece la semana que viene?-. - Me parece estupendo -. - Está bien, mañana comenzamos a preparar las cosas, ¿vale?-. - Vale, hasta mañana hay muchas horas…Y no tengo el mínimo sueño…dijo sensualmente. - Yo tampoco…que casualidad…- bromeó Xena. - Hay algo que deseo hacer desde hace rato…-. - ¿Pasear?- dijo cínicamente. - No precisamente…-. Fue lo último que dijo Gabrielle antes de acercarse y atrapar dulcemente los labios de Xena, la cual se acomodó encima del pecho de Gabrielle. Poco a poco se desnudaron la una a la otra y así se demostraron su amor manejando sus cuerpos como el vehículo de su pasión durante toda la noche a la luz de la luna llena. Al día siguiente, la mañana cubrió con su luz dos cuerpo desnudos asidos en un abrazo. Gabrielle abrió los ojos y volvió su cuello hacia Xena. Ya era tarde y al verla dormida, decidió despertarla con un suave beso. Xena poco a poco abrió sus ojos. - Adoro que me despiertes así -. - A partir de hoy lo haré todas las mañanas -. - Bueno, vamos a bañarnos y desayunemos rápido que hoy hay muchas cosas que hacer -. - Verdad, vamos -. Las dos se tomaron un baño, se vistieron y bajaron a desayunar. Todos prepararon la comida juntos y desayunaron en la mesa mientras platicaban sobre la gran boda. - Hemos decidido que nos casaremos la semana que viene. Y después, no iremos ya, no queremos molestar y debemos seguir por ahí – dijo Gabrielle.

- De acuerdo, ¿y qué hay en cuanto a los invitados?- preguntó Eva. - No está muy seguro pero será poca gente, los familiares y amigos nada más- contestó Xena. - Hemos pensado que Eli será el que nos casará. Y también que nos encantaría que tú Eva y Virgil seáis nuestros padrinos, ¿ qué os parece?-. - A mi me parece perfecto- dijo el muchacho. - A mi también, ¿qué mejor que ser la madrina de mi madre?-. - Resulta muy irónico- dijo riendo Xena. - Y vosotras dos junto con Hércules e Iolus, que pensamos llamarlos seréis de momento los únicos invitados – dijo Gabrielle dirigiéndose a Sarah y Yarika. - Bueno, hoy saldremos todos al mercado, que hay mucho que comprar: los vestidos de novias, la ropa de todos los demás, la tarta, el banquete, los decorados, las palomas que enviaremos a Hércules e Iolus, el ramo de la…las novias, los…-. - ¡ Eva ! – interrumpió Virgil – las estás atemorizando -. Así pasaron la semana entera: comprando, decorando, cocinando, etc… Los nervios previos a la boda invadieron el lugar . Cuando llegó la noche anterior de la boda, todos, incluidos Hércules y su compañero, estaban en el salón recogiendo la mesa tras haber cenado. - Seguro que todo está listo, ¿no?-. - Sí, Gabrielle, no te preocupes que mañana todo saldrá bien – contestó Eva. - Mira están los anillos, la comida, los invitados, los vestidos y todos los decorados, no falta nada – incluyó Xena. - De acuerdo, es sólo que quiero que mañana sea todo perfecto -. - Lo será…Ahora acostémonos todos que mañana hay que madrugar -. - Xena, es por la tarde…-. - ¿Y? Yo también quiero que todo salga perfecto…-. Las dos nerviosas mujeres subieron a su cuarto. Allí se desnudaron , se pusieron sus camisones se seda para dormir y se tumbaron abrazadas sobre la cama. - ¿Eres consciente de que mañana estaremos casadas?- preguntó Gabrielle. - Creo que no -. - Yo tampoco, era algo tan inalcanzable para mi que ahora…-.

- ¿Tienes miedo?-. - Un poco… - Yo también. Sin embargo me siento la mujer más feliz del mundo a tu lado y eso es lo que quiero -. - Te quiero -. - Yo también te quiero mi amor -. Ambas de desearon los dulces sueños con un beso. Más tarde fueron vencidas por el sueño y se acunaron en los brazos de Morfeo. Cuando llegó el gran día, las dos novias junto a los demás hicieron los últimos preparativos. A la hora de almorzar, todos comieron rápido para empezar a arreglarse. Cuando terminaron, apareció Eli, el cual tan sólo podía estar allí hasta media noche. Todos se levantaron de la mesa y se dispusieron a empezar la fiesta. Eva se encargó de su madre y Sarah de su tía mientras que los tres hombres y Yarika prepararon la mesa. Madre e hija ya terminaron de arreglarse y se disponían a salir. - Un momento madre -. - ¿Qué pasa Eva?-. - Las cinco cosas que dan buena suerte para el matrimonio -. - Nunca pensé que haría esto -. - Venga madre, no seas así…-. - Está bien…estoy tan nerviosa que haría cualquier cosa porque todo salga bien. A ver…algo azul -. - Aparte de tus ojos, esta pulsera…tiene zafiros -. - Bien, algo prestado – dijo colocándosela en su muñeca izquierda. - Este anillo mío, póntelo en la mano derecha porque el de la boda será la izquierda -. - Perfecto, está a mi medida, mañana te lo devuelvo. Algún objeto regalado -. - Este colgante de diamante, de hecho ese es mi regalo de boda -. - Eva es precioso…muchas gracias…Es toda una reliquia para mi -. - Continuemos, algo viejo -. - Los zapatos que llevo, son de tu abuela Cyrene -. - Y por último algo nuevo -. - Esta liga roja que compré ayer…-. - Para la noche de bodas…¿eh?- se burló dándole un codazo a su madre. - ¡ Eva ! - regañó.

Ya pasadas varias marcas de vela, Xena, agarrando un ramo de tulipanes, y Eva salieron de la habitación dejando a todos asombrados por tanta hermosura. Virgil se limitó a mirar a su amante novia, mientras que los demás admiraban la belleza de Xena, la cual lucía un espléndida. Levaba un escotado vestido blanco, para resaltar su piel morena, y unas hermosas sandalias con tacón brillantes. Era muy ajustado, con finas tirantas y enseñando su hermosa espalda, es decir, marcando cada uno de los detalles del cuerpo de Xena, la cual tenía pintados los labios y una larga raya negra se asomaba en sus ojos, resaltando el azul de ellos. Su negra melena caían sobre sus hombros y un diamante brillaba en el colgante de plata. - Estás hermosa – dijo Hércules. - Muchas gracias -. - Ya es la hora de empezar -. - Sí, ¿y Gabrielle?-. - Aún se está preparando…Deseas verla ¿eh?-. - Uff…me muero hacerlo…-. - Bueno, yo voy a avisar que baje ya, vosotros salid afuera que ya está todo preparado, es un hermoso atardecer…Xena, ponte en el altar que ya ha llegado la hora. Eli ya está allí, y los encargados de la música también están preparados, vamos – tomó la iniciativa Virgil. Todos salieron y quedaron conmovidos por la escena. Se podía observar todo preparado en un bello anochecer con el bosque de fondo. Había varias sillas a rededor de un pasillo con una alfombra roja hasta llegar a un altar, donde se encontraba Eli. Las velas levitaban gracias a él y muchas cintas de colores colgaban por todas partes. Todos se sentaron en sus respectivas sillas y Xena se colocó en el altar junto a su hija Eva. De repente Sarah salió y se sentó en su asiento, lo cual indicó que Gabrielle ya estaba lista. Los aldeanos hicieron que la música comenzara a sonar. Los nervios se apoderaron de Xena, pero todos ellos desaparecieron al ver a su verdadero amor andar, agarrada del brazo de Virgil, hacia ella. Agarraba un ramo de tulipanes blancos, la flor de la pareja, y lucía un hermoso vestido blanco sin tirantas junto con un elegante chal sobre sus hombros. Su melena rubia lucía brillante, y su rostro estaba lleno de luz y alegría. Cuando llegó al altar, Virgil se echó a un lado y ellas dos se acercaron agarradas de las manos.

- Estas perfecta- susurró Xena. - Tú también lo estás…ese vestido te queda excelente -. - Estoy temblando -. - Bien – empezó Eli - Hoy estamos aquí todos reunidos para unir a estas dos bellas mujeres en el sagrado matrimonio. Es para mi un honor el poder casaros, pues sois, aparte de mis amigas, el ejemplo más puro y profundo del amor. Habéis pasado muchas cosas y seguís juntas, así que estoy aquí para que os améis cada día por el resto de vuestras días. Los anillos – Eva y le dio a los anillos a cada una- Gabrielle, ¿quieres a Xena como tu legítima esposa para andar a su lado por el camino del amor durante el resto de tu vida?-. - Sí, quiero – dijo poniéndole la alianza. - Y tú Xena, ¿quieres a Gabrielle como tu legítima esposa para andar a su lado por el camino del amor durante el resto de tu vida?-. - Claro que quiero- dijo también poniéndole la alianza. - Entonces, no me queda más remedio que nombraros mujer y mujer. Enhorabuena chicas, estáis unidas e iniciadas en el camino de mi amor. Las dos se miraron con lágrimas en los ojos y se sonrieron por un instante. Tras unos segundos, se abrazaron fuerte y al separarse, se besaron. - Estamos casadas -. - Te amo Xena, mi esposa -. - Te amo Gabrielle -. - ¡ Hoy es el día más feliz de mi vida ! -. Todos se levantaron y corrieron hacia ellas para abrazarlas y desearles le enhorabuena. Sentados en una mesa, todos fueron servidos con todo tipo de comida y bebida. Tras el gran banquete, la fiesta se desató y los pocos aldeanos y amigos, participaron en la fiesta. Los músicos, que también eran los propios aldeanos, comenzaron a tocar. Todos reían y bailaban sin parar. En el momento en que sonaba un melodía lenta, todas las parejas se unían, y las alegres las bailaban todos juntos entre risas. Minutos antes de media noche, Eli de despidió de todos y les deseó suerte a las recién casadas para luego desaparecer. Poco a poco todos se fueron retirando a su vil morada, pues ya era tarde, y tenían que madrugar la mañana siguiente para seguir con sus tareas. Los ocho amigos se entraron en la casa y se sentaron frente a la chimenea para seguir riendo y bebiendo.

Hércules, Iolus y Yarika seguían danzando aún sin música, pues el vino les había dejado algo ebrios. - Bueno, nosotras nos acostamos ya, ¿no Gabrielle?-. - Sí, Xena-. - Por favor, encargaos de que estos se acuesten ya, o prepararles un café para que asienten el estómago -. - De acuerdo, ustedes dos no se preocupen por nada, que es vuestra noche…disfrutad…- dijo Eva. - Dulces sueño a todos- dijo Gabrielle. Las recién casadas subieron cogidas de la mano hacia su habitación. Al entrar en ella, vieron que yacía hermosa, llenas de pétalos de rosas rojas sobre toda la cama, sándalos y velas por todas partes . Se acercaron a la mesilla de noche y observaron una pequeña nota: " Este es nuestro regalo de bodas. Relajaros y disfrutad del día más feliz de vuestras vidas. Esta es vuestra noche y el tiempo se parará sólo para vosotras…" Ambas sonrientes, se miraron sorprendidas al descubrir la deferencia de los chicos. Luego, anduvieron hacia el baño, el cual, tenía la tina preparada con el agua caliente, acompañado de velas, sales relajantes, espuma y esencia de melocotón… Xena se acercó a Gabrielle para besarla apasionadamente. Tras aquel beso que las dejó sin respiración, comenzaron a quitarse la ropa lentamente, dedicándose cada movimiento que elaboraban y sin apartar ni un momento sus miradas . Entonces, cuando ya se encontraban al natural, se introdujeron en el enorme baño. - Al final todo ha salido perfecto – dijo Gabrielle. - Eres mi esposa…¿eres feliz de serlo?-. - Soy la persona más feliz del mundo al compartir este amor contigo…-. - Yo también lo soy, cariño -. - ¿Sabes? Esta paz de haberme casado nunca la había sentido, ni siquiera cuando me casé con Pérdicas -. - ¿No? -. - No, Xena yo nunca lo amé, era sólo el reflejo de un amor imposible que no podía tener…tú. La única noche que estuve con él no sentí nada…tan sólo pensaba en ti y en cómo estabas sin mi…-.

- Estaba fatal, odiándome a mi misma por no haberte confesado mi amor. Creía que era demasiado tarde -. - Y ahora aquí estamos casadas. Estaba escrito que acabáramos así -. Allí, entre besos y caricias, conversaron sobre ellas, sobre su relación, sobre su actual situación, sobre lo que iba a hacer después…El tema era lo de menos mientras hablaran ellas dos solas, incluso a veces platicaban sobre absurdos temas sólo por el mero hecho de escuchar esa voz. Luego, salieron de la tina y se tumbaron sobre la decorada cama, desnudas y mojadas, y se estuvieron besando durante varias marcas de velas, las dos asidas en un dulce beso. A lo largo del tiempo sus manos recorrieron lentamente el cuerpo de la otra. La dulzura…la delicadeza…la felicidad…la pasión…la delicia…el placer…el deseo…y sobre todo, el amor de estas dos mujeres…se adueñaron de su noche de boda, una larga noche, testigo de susurros y caricias como demostración del más puro ejemplo de todos los amores… SINCERIDAD (8ª parte) By: Shyara En la noche de estrellas infinitas, donde los susurros de la nueva unión cubrían su silencio y adornaban la calidez del entorno, dos hermosas amantes se fundían en un solo ser, entregándose todo su corazón una vez más. Suspiros, besos, caricias...eran la mera demostración y entrega de su amor eterno originados por la pasión y el deseo de conocer y explorar cada uno de los rincones que escondían sus cuerpos. Cuando la luna alcanzó su mayor auge, estas dos recién casadas se asieron en un abrazo, sumidas en el sabor exquisito del cansancio tras aquel puro y delicioso acto de amor. Xena se encontraba tumbada encima de su adorada Gabrielle, apoyando la cabeza en su pecho desnudo y sintiendo el palpitar de su bardo aún acelerado, del mismo modo en que el suyo galopaba a rienda suelta. Gabrielle acariciaba el sedoso cabello de su guerrera, entrelazando sus dedos y adentrándose en la espesura, para luego bajar a la espalda y dibujar en ella, con la yema, figuras abstractas, produciendo en Xena espasmos y escalofríos. Mientras, ambos cuerpos sudorosos yacían en su silencio, tan sólo percibiendo el apacible crujir de los leños de la chimenea

y oyendo la coqueta brisa nocturna que resonaba desde la ventana abierta, calando sus pieles con su frescura. - Te...quiero - dijo Xena con la voz entrecortada. - Yo también - pronunció exhausta sellando con sus labios una gota rebelde de sudor a la que se le había antojado recorrer la frente de su amada. - Mi esposa....- suspiró besando el pecho al no encontrar otro lugar para plasmar la suavidad de sus labios. - Es todo tan hermoso...no me canso de admitir lo feliz que me siento junto a ti...Contigo la vida es tan fácil...- una sonrisa se dibujó inevitable en sus labios. Tras un momento de parcial silencio, debido al sonido de su respiración aún agitada, Xena decidió romperlo - Es increíble -. - ¿El qué?-. - Que yo, la princesa guerrera, después de todo el mal que he causado al mundo, después de tantos baños de sangre, de tanto dolor...-. - Xena...- susurró al oír las hirientes palabras de Xena que aún no se perdonaba a si misma. - Tenga el placer de poder experimentar lo que es el amor, tenerte a mi lado, y ser tan feliz como en este momento me siento - continuó haciendo caso omiso a la detención de la bardo. Clavó sus codos a ambos lados de la cintura de Gabrielle, apoyando su cara en las manos y mirándola a los ojos para ver su reacción. - ¿Es que crees que no me mereces?-. - No lo sé.cuando me sentía perdida pensé que sólo la muerte era lo que me merecía, pero apareciste tú con tu sonrisa, enamorándome y a la vez volviéndome loca. Entonces, comprendí que tal vez no merecía una persona tan especial como tú a mi lado, pero ambas queríamos estar juntas, y, créeme, si se me ha otorgado esta oportunidad es por algo.y no pienso desaprovecharla -. - Reconozco que yo al principio pensaba que...- se detuvo. - ¿Qué pensabas? Vamos dime- dijo curiosa mientras llevaba su cuerpo hasta alcanzar el rostro de Gabrielle a la misma altura que el suyo. - Que tu me considerabas una niña tonta que no servía para nada, y que jamás podrías sentir nada por aquella cría infantil. Y por ende, me sorprendió tanto que me cuidaras y me protegieras como lo hiciste. Me costaba entender como una gran guerrera como tú se podía estar

preocupando por alguien tan insignificante como yo, al menos así me sentía. Pero fuiste tú la que verdaderamente descubrió lo mejor de mi, y fue cuando entendí que debía estar contigo -. - Tenemos suerte de habernos encontrado, ¿eh? -. - Mucha...- sentenció con semblante apacible. Xena, con una hermosa sonrisa, acercó sus labios a los de Gabrielle y los unió en uno solo. ¿Sabes? Para mi hacer el amor contigo siempre es como la primera vez; es perder la virginidad de nuevo y renacer en esta relación -. - Para mi también es así...Aunque no lo creas haber hecho el amor contigo ha sido como perder mi virginidad -. - ¿Pero qué dices? ¿Tú? ¡Ja! Cuando te conocí eras de todo menos virgen sonrió con sarcasmo y burla. - Sí, pero hasta entonces sólo había tenido sexo...Quizás con Marcus fue lo más peculiar hasta entonces , pero contigo...uff - suspiró hundiendo su mirada azul en las esmeraldas de Gabrielle - fue lo mejor que jamás he hecho nunca, fue diferente...especial. Contigo fue ternura, entrega, pasión. y sentí cosas que con nadie había sentido. Era demostrarte todo mi amor con cuidado de no hacerte daño. Y estoy segura de que esa fue la primera vez que hice verdaderamente el amor -. Después de regalarle una de sus mejores sonrisas, una duda cruzó la alocada mente de la bardo. - ¿Te puedo hacer una pregunta?-. - Claro -. - ¿Qué pasaba por tu mente en nuestra primera vez?-. - ¡ Ja !...no tuve tiempo para pensar ni siquiera en el resto del mundo...tan sólo sentía...Sentía tu cuerpo...sentía que era la mujer más feliz del mundo...que aquella niña que conocí en Potedaia ahora mismo me estaba haciendo completamente suya...sentí muchas cosas inexplicables -. - Pero venga Xena...vamos a ser sinceras y digamos lo que pensábamos, no sobre lo que comenzaba a ser una relación, sino explícitamente sobre lo que la otra hacía y el estímulo que nos causaba físicamente -. - Esta bien...Empieza tú - Xena rodó hasta colocarse al lado izquierdo de la menuda mujer rubia, apoyando la cabeza en su mano derecha y posando su brazo en la cintura de la bardo. - A ver...fue algo.......- buscó la palabra adecuada con ambas cejas extremadamente elevadas mientras inspiraba hondamente - nuevo confesó al fin - algo que jamás había sentido. Pensé que eras toda una

experta. Cada beso y caricia que hacías y haces, me excita. La primera vez me trataste con mucho cuidado, y eso me gustó. Realmente fue algo muy bonito. Aunque sinceramente, las primeras veces eras delicada...y yo...necesitaba ver a esa Xena famosa por su fuego y pasión desenfrenada. Pronto te lo hice saber y me diste justo lo que quería Gabrielle había estado con los ojos cerrados y con la cabeza hacia el techo, intentando describir la imagen que en su mente aparecía mientras Xena había estado escuchado muy atenta cada una de las palabras que emanaban de sus sedosos labios - Muy bien, te toca - sentenció girando su cabeza para mirarla divertida e intrigada. - Pues yo me sorprendí bastante contigo, ¿eh? - dijo a la vez que jugaba con el ombligo de la bardo. - ¿Ah sí? ¿A qué te refieres?-. - Pues a que ahí donde la gente ve a una dulce y delicada bardo, yo pude ver a una ardiente mujer que me excitaba con cada uno de sus movimientos. Me diste un placer distinto a todos los demás -. - ¿Pero se notaba mucho que era una principiante?-. - Bueno...algo se notaba, se te veía algo poco decidida en tus primeros movimientos, incluso algo...torpe - susurró la última palabra intentando acallar lo dicho, siendo en vano, pues en la mente de la bardo resonaban las letras que unidas formaban la palabra torpe - Pero eso era lo que más me gustaba de ti - intentó defenderse. - Ahhh - Gabrielle implantó exageradamente aire hasta sus pulmones con los ojos bien abiertos y con la boca abierta, llevándose las manos al pecho - ¿Has dicho torpe? - preguntó incrédula. - Ehh...- Xena recapacitó: "O ser sincera, o intentar borrar la torpeza de mis palabras" - NO - ese "no" fingido sonó rotundo. - ¿Cómo que no? Te he oído Xena -. - Has oído mal - dijo en su defensa. - He oído bien - replicó. Gabrielle empezó a enrojecer a causa de su rabia. - Bueno vale, lo he dicho pero me refería...-. - Me da igual al lo que te refirieras, me has dicho torpe - interrumpió aún sorprendida. - No, Gabrielle, no saques las cosas de quicio -. - ¿Que no saques las cosas de quicio? ME HAS DICHO TORPE - repitió alzando el tono de voz - Buenas noches - gruñó metiéndose entre las sábanas. - Gabrielle, está amaneciendo -.

- Pues...buenos días - pronunció con el orgullo herido alzando su cabeza. Salió de la cama y se dirigió firme al baño, dando grandes zancadas y acentuando el movimiento de brazos que la ayudaban a ir más rápido, para vestirse mientras bufaba en voz alta para sí misma - ¡¿Torpe?! ¡Será posible! -. Xena intentó en vano ahogar la risa que le producía el orgullo y la manera fingida en que Gabrielle intentaba hacerse la víctima por esa minucia. - Te estoy oyendo Xena - sonó la voz de Gabrielle desde el baño. - Jajajaja - esa risa...esa era la risa que Gabrielle no podía resistir, le encantaba la forma en la que Xena reía, a carcajadas limpias, entrecerrando sus ojos y haciendo bajar y subir su pecho.era una risa magnífica.a sabiendas que eran más las veces que no la regalaba que las que sí lo hacía. "Esta vez no será igual, guerrera mía, voy hacerte pagar tu error" pensó Gabrielle. Cuando Gabrielle bajó al comedor, Xena ya estaba desayunando. Se acercó entonces a Eva, que se encontraba en la cocina preparando el almuerzo. - Buenos días tía Gabrielle, ¿te importaría mover la comida mientras voy al pozo por agua?-. - Mmm, huele de maravilla ¿Qué es? -. - Guiso de conejo. Lo ha cazado Virgil. Muévelo, ¿de acuerdo? Ahora vengo -. - No sé si sabré hacerlo, ¿sabes? Por que es la primera vez que me enfrento a este guiso y tal vez te pueda parecer algo.torpe - dijo con sarcasmo lo suficientemente alto para que Xena la oyera. Ésta no pudo evitar que media sonrisilla, que ya bailaba en sus labios, se le asomara, mientras revolvía los ojos y los ponía en blanco. - ¿Qué tal después de vuestra primera noche de bodas? -. - ¿Yo? Estoy a la perfección, ¿y tú Xena? También esta perfecta - dijo enfatizando sus movimientos tanto, que parecía que le estaba dando una paliza el pobre conejo con la cuchara en vez de moverlo.Eva frunció ceño. - Me voy por agua - intentó evadirse de la evidente situación de enfado. - Ya está bien - se quejó Xena levantándose de su asiento en cuanto Eva salió por la puerta. - ¿He dicho algo que te moleste? - ironizó cínicamente. - Gabrielle...- suavizó el tono de voz mientras se acercaba por detrás y la

abrazaba por la espalda, rodeando con sus musculosos brazos la cintura de Gabrielle. Antes de empezar a hablar besó su cuello para tranquilizar a lo que parecía una enfadada bardo. Mas ésta reía para sus entrañas al ver que Xena se había rendido ante sus pies - Eso era lo que más me gustaba de ti, que aprendiste conmigo y de mi, acometida tras acometida. Me excitaba ver como me mirabas llena de deseo y a la vez interrogando si me satisfacía lo que hacías. Y sí, me encantaba. Cariño, es una forma de decir que se te veía algo nerviosa, y era normal, yo también lo estaba, era nuestra primera vez. Y mírame - andó a su alrededor hasta situar su rostro frente al de Gabrielle, casi obligándola a mirarla - lo que sentí esa primera y todas las veces que he hecho el amor contigo no lo cambiaría por nada en este mundo - luego se acercó a ella y besó levemente sus labios Además, sólo dije los primeros movimientos. Recuerdo que la segunda vez te vi mucho más suelta y a paso decidido. Aprendes rápido, ¿eh?Gabrielle sólo sonrió - ¿Una tregua mosqueona? -. - De acuerdo, pero ya pensaré en el castigo adecuado para sentenciar tu delito, ¿eh? - dijo con un tono de voz ronco y seductor "Adoro ese tono de voz." se confesó a sí misma Xena. - ¿Sí? Dame una pista - Gabrielle se acercó a ella y la besó con pasión Wow, definitivamente me condeno culpable... -. Eva entró con un cubo lleno de agua en su mano derecha y al ver la escena, carraspeó su garganta para que percibieran su rotunda presencia. - Ahh, Eva, bueno, ya estás aquí - sonrió Gabrielle. - ¿Sabes que cuando te mosqueas te encuentro extremadamente guapa? susurró juguetona en el oído de la bardo sin que Eva oyera lo que había dicho pero ésta evidentemente se lo imaginó. - Bueno, tortolitas, ¿os importa babear en otra parte que no sea mi cocina? -. - Vale, vale...- corearon al unísono. Ambas salieron de aquella cocina inundada por el olor a conejo y se dirigieron hacia el exterior de la taberna. Xena se apoyó en la pared entrecruzando sus brazos mientras Gabrielle recogía un jazmín del arbusto. Lo pegó a si nariz e inspiró hondamente, queriendo absorber la agradable esencia de la flor que rozaba casi la perfección. - ¿Qué vamos a hacer hoy?-. - Quedamos en que tras la boda nos iríamos de aquí, ¿no?-.

- No sé, Xena...aquí se está de maravilla. Mira, no tenemos que ir por allí vagando sin saber donde y qué comer, ¿me entiendes? Sin embargo, aquí podemos estar tranquilas y olvidarnos de peligros, dioses y demás preocupaciones. Podemos vivir las dos juntas y en paz -. - Gabrielle...- dijo esperando que la interrumpiera. - Lo sé, lo sé. Te conozco y sé que los peligros, dioses y demás aventuras son las que a ti te gustan - intervino devolviendo la mirada al jazmín. - Pues sí. Alojarme en un sitio durante un largo periodo de tiempo no es para mi. Siempre hemos permanecido juntas en la vida de los caminos, y hemos estado bien, ¿no? Además, el mundo sigue necesitándonos, ¿no crees?-. - Sí, supongo que tienes razón. Al fin y al cabo te he conocido, deseado y amado en el campo. Todo por lo que hemos pasado ha sido viajando...Además, aún tengo ganas de aventuras -. - Perfecto. Por cierto, hablando de aventuras y de la vida en los caminos, hace mucho tiempo que no escribes...-. - Lo sé, es que he encontrado mejores cosas que hacer, ¿sabes?- dijo posando su mano en el trasero de Xena. - Gabrielle...- exclamó sorprendida. - Pues ¿sabes qué?- dijo poniendo sus brazos en jarra. - Qué -. - Que me gustaría volver a hacerlo...-. - Anoche lo hicimos...eres demasiado insaciable...-. - Me refiero a escribir mal pensada -. - Ahhh...- tras un breve silencio, ambas rompieron en carcajadas. Una vez que recuperaron el aliento, retomaron la conversación - Pues vuelve a hacerlo, eres una persona muy creativa, y no te costará mucho trabajo, ¿no?-. - O tal vez deba dedicarme a otra cosa. Si soy tan creativa como dices, debería apreciar alguno de los muchos otros matices que presenta el arte, ¿no crees?-. - ¿Como cuales?-. - No sé...contigo puedo aprender otro tipo de arte...- susurró al oído insinuante y seductora, para luego voltearse, dándole la espalda, y alejándose para entrar en la casa, enfatizando el vaivén de lo que se había convertido casi en una danza de caderas. - ¿Ves? eres insaciable...Después dices que soy yo una mal pensada - gritó justo antes de que Gabrielle desapareciera por la puerta. Xena sonrió y se

mordió el labio inferior "Ay mi Gabrielle...cuanto te quiero...si supieras todo lo que me está costando ocultarte lo que me en realidad me pasa..." habló para sus adentros. Todos se sentaron en la mesa para almorzar el guiso de conejo que Eva había preparado. Tras degustarlo a las mil maravillas, Xena y Gabrielle se pusieron a recoger las pocas pertenencias que poseían. Cuando todo estaba sobre Argo, la familia se despidió entre besos y abrazos, y quedaron en verse lo más pronto posible. Lo sorprendente fue ver a la gran princesa guerrera llorar ante la despedida de su hija Eva. " En cualquier madre eso sería normal pero...¿en Xena? He visto muy pocas veces llorar a Xena debido a ese mundo interior profundo, el cual, le costaba tanto mostrar ante los demás. O Xena estaba cambiando, cosa que dudo, o últimamente se ha vuelto más sentimental" meditó Gabrielle. Todos decidieron olvidarlo y entrar en la casa. Ambas mujeres subieron en la yegua y se pusieron en marcha hacía la espesura del denso bosque que rodeaba la villa donde se encontraba la posada de su ya fallecido amigo Joxer. Al estar una hora cabalgando y no encontrar ni rastro del camino dirigido a la próxima aldea, Xena descendió la velocidad. - Si te digo la verdad...creo que estamos perdidas. Si seguimos un par de marcas de velas más, estoy segura que encontraremos el camino para ir a la aldea que se encuentra detrás de aquella colina - la cual se encontraba en la lejanía. - Xena, ¿porque no paramos un rato para reposar la comida? Hace tan sólo una hora que hemos almorzado y hace mucho calor. Me va a dar algo malo como sigamos cabalgando -. - Está bien, pero no podemos tardar mucho que dentro de cinco horas oscurece y no me gustaría montar en Argo de noche -. - Sólo será un par de horas, no te preocupes - dijo bajando de la yegua. Acto seguido, Xena la imitó y soltó a Argo para que pastara por el campo, "Al fin y al cabo ella también se merecía descansar, ¿no?". Gabrielle se tumbó en la fresca hierba e invitó a Xena a hacerlo a su lado. Así permanecieron unos minutos, las dos boca arriba percibiendo los sonidos de la naturaleza. Aquello era un lugar precioso, un perfecto paraíso eterno que parecía ser recién encontrado. Un sinfín de flores decoraban el entorno, todas ellas de casi todos los colores, formando un arco iris perfecto, y regalando sus esencias al más vil olfato humano. Árboles,

arbustos y demás plantas elementaban el paisaje y daba sombra a aquel soleado día. Todo ello conjuntado de la suave brisa que chocaba con las hojas de los árboles, formando un apacible sonido de paz. Xena, que estaba con sus manos debajo de su cabeza, inspiró hondamente, deseando parar el tiempo y disfrutar toda la eternidad con aquella esencia en sus pulmones para así poder olvidar todo lo que la perturbaba...todo lo que inevitablemente le ocultaba a la bardo. Ésta tenía sus brazos encima de su estómago, intentando digerir toda la comida que había ingerido. Cerró los ojos, intentando apreciar el sonido de la cascada que probablemente se encontraría cerca de ellas, ya que sus ojos no alcanzaban a verla. La guerrera le sorprendió con una inesperada pregunta. - Gabrielle, ¿has pensado en volver a ser madre? Es decir, que dirías si ambas tuviéramos un bebé -. - Pues, a pesar de mi fracaso como madre en el pasado, sería maravilloso que la naturaleza y los dioses nos dieran la oportunidad de tener un hijo que saliera de nuestro amor ¿no sería bonito cuidarlo las dos? -. - Sí, supongo que sí...-. - Pero eso no es humanamente posible, a no ser que una de las dos se quedara embarazada de un hombre -. - O también se le puede pedir al ángel de Callisto que nos preste otra hija, como hizo con Eva - bromeó. - Esa alternativa ya no existe, pues con Eva ya tuvimos suficiente y ni Callisto ni Eli nos va a otorgar otro bebé. Tan sólo queda la mía, y la verdad, no me satisface pensar en esa idea. ¿Porqué me preguntas eso?-. - Por hablar de algo.-. - ¿Es que acaso quieres tener otro hijo? -. - ¡No! Por todos los dioses, con la experiencia que poseo como madre, no me apetece traer otro hijo a mi vida, la verdad - el semblante de Xena se oscureció de repente. Tras un buen rato de silencio, Gabrielle, para variar, rompió el hielo con otro tema. A Xena siempre le había gustado como Gabrielle sabía siempre cuando una conversación le estaba haciendo daño, y el modo en que ésta intentaba evitarlo, y esta vez, no iba a ser la excepción. Xena agradeció que no siguiera con más preguntas.

- Que hermosura, Xena...¿es que estamos en los Campos Elíseos?-. - Ojalá, sería todo tan fácil...-. - ¿Es que tienes alguna dificultad?- se oyó decir con un tono de voz algo extraño comparado con el normal. - No...- "no quiero mirarte Gabrielle...no puedo...Claro que tengo una dificultad...y no puedo decírtela...pero no quiero ocultártelo...además esta mentira no puede durar mucho más tiempo" pensaba Xena. - Xena, tenemos que ver algún día de estos las estrellas...- Antes de volver a hablar, carraspeó su garganta para volver a pronunciar su auténtica voz y no la de antes, e intentó cambiar de tema. Ambas quedaron en silencio, pero al cabo de unos instantes la bardo continuó - Prométeme que tenemos que verlas juntas...otra vez...ahora más unidas que nunca...Y buscarle formas como siempre hacíamos...Añoro esos momentos...suplicó mirando al celeste cielo. Xena, con semblante casi austero, permaneció callada...Se encontraba a escasos centímetros de la bardo, pero su mente viajaba a mil años luz de ella. Ni siquiera la estaba escuchando...y no porque no quisiera, claro. Desde hacía unos días andaba preocupada por un tema que no quería mencionar frente a Gabrielle. - ¿Qué pasa? Estás muy seria de repente -. - No pasa nada - intentó sonreír de forma forzada pero Gabrielle se percató de ello. "Estás ausente, ¿te pasará algo? Ohh Xena ¿porqué tienes siempre la dificultad de contarme lo que te preocupa?" discurría Gabrielle. - ¿Entonces me lo prometes? - ésta seguía sin mirarla. - Que si te prometo el qué - Gabrielle entrecerró sus ojos para luego fruncir sus cejas. - Que me podré acostar con todos aquellos hombres que quiera - lanzó el anzuelo. - Ohh sí, te lo prometo - evidentemente Xena picó. - ¡ Xena ! - gritó sacándola del trance de sumisión absoluta. - ¡¿Qué?!- Xena parpadeó varias veces antes de mirar a los ojos a Gabrielle. - Que qué te pasa. ¿En qué mundo estás? Desde que has empezado la conversación de tener un bebé te has quedado como ensimismada ¿Es por el recuerdo de tus hijos?- Xena, al cruzar su mirada con la profunda de Gabrielle, optó por retirarla e incorporarse, apoyando sus brazos en las piernas flexionadas y enterrando, por un momento, su rostro en ellos.

- Claro que no, ese tema está ya superado - Gabrielle sabía que Xena decía la verdad, pero entonces qué era lo que le perturbaba. - Sé que te cuesta pero al final siempre sabes contarme lo que te preocupa. ¿Porqué ahora no lo haces? ¿Es que no confías es mi?-. - Gabrielle, no me preocupa nada, solo estoy un poco distraída pensando sobre - se atoró -...nada en especial - Gabrielle volvió a entrecerrar los ojos pero, frustrada y herida por la desconfianza, prefirió dejar el tema para otro momento. Algo pasaba, sí, eso lo sabía Gabrielle, pero al parecer a Xena le dolía, y no estaba dispuesta a hacer sangrar las heridas abiertas. Ya se lo sacaría en otro momento. - Bueno, pues será mejor que retomemos el camino, ¿no te parece? -. - Sí -. Gabrielle silbó a Argo para que se acercara y ésta, como era de costumbre, la ignoró. Xena se dirigió a la yegua y montó en ella. Luego, la llevó hasta donde estaba Gabrielle y le ofreció su mano para subir. Gabrielle se agarró fuerte a la cintura de Xena y apoyó la cabeza en su espalda. Una vez más, Xena se puso a pensar en lo que sucedía...había intentado ocultarlo durante ya dos semanas y no podía seguir haciéndolo. Sin duda había conseguido que Gabrielle creyera que todo andaba a la perfección, pero ésta debía saber la verdad, una verdad que cada vez se hacía más rotunda y evidente. Una vez que salieron de aquel hermoso lugar, cruzaron el bosque hasta llegar a la aldea que se situaba tras la colina. Cuando llegaron, ya era de noche. Xena le propuso a Gabrielle que llevara a Argo al establo mientras ella se encargaba de revisar la aldea para estar fuera de cualquier peligro y de alquilar una habitación en la posada. Gabrielle entró en la taberna y se sentó en la barra esperando a que alguien le atendiera. Cuando el tabernero llegó, ésta le pidió comida y bebida para cenar, y una vez que se la sirvieron, buscó una mesa donde sentarse. A ella nunca le había importado estar en medio de la multitud, pero a Xena...no le agradaba en absoluto estar con mucha gente a su alrededor, por eso, ocupó la mesa más apartada y marginada de la taberna a esperar a Xena. Las puertas se abrieron para recibir a la princesa guerrera, y mirando por encima de la gente, cosa que no le suponía demasiado esfuerzo, encontró a su bardo. - ¿Está todo bien?- preguntó la bardo. - Todo en orden -. - ¿Ya tenemos habitación?-.

- Sí, descuida. Ahora vamos a centrarnos en cenar...mmmm - inspiró el olor a comida - muero de hambre. Ambas comieron en silencio, como rara vez hacían, cada una pensando en sus propios demonios mentales. Gabrielle seguía pensando en el extraño comportamiento que últimamente mostraba Xena. "¿En que estás pensando, Xena? ¿Tan tremendo es que no puedes contárselo ni a tu esposa?" Mientras tanto, a Xena se le antojó mirar la mesa de al lado. Era una familia de cinco componentes que conversaban de forma amena mientras cenaban. "Parecen felices pero...¿que hace una familia cenando en una taberna? ¿Es que acaso no cenan normalmente en su propio hogar como los demás aldeanos? La verdad es que no me parece adecuando que unos niños tan pequeños estén en un lugar como este, lleno de viejos borrachos babeando por cualquier muchacha que se le pasa por delante. Pero bueno.a pesar de eso...parecen felices...¿Cómo tendría que ser la familia de la pequeña Gabrielle? Me la imagino jugando por ahí muy feliz con su hermana Lila, radiante por su luminosa sonrisa y ayudando a los demás. Supongo que la educación que te inculcan tus padres y el ambiente en que te desenvuelves contribuye a criarte y formarte como persona. Yo no tuve padre, pero aún así fui feliz y me alegro de tener a mi madre y mis hermanos. Recuerdo que en mi casa cuando era pequeña, cenábamos todos, a excepción de mi padre, claro. Y lo hacíamos muy temprano...para luego irnos fuera a jugar los tres. Aunque por desgracia yo, por el hecho de ser la única mujer entre mis hermanos, tenía que quedarme, junto con mi madre, a recoger la mesa. A pesar de todo eso añoro con todo mi corazón aquellos momentos con mis dos hermanos y mi madre..." - Cinco dinares por tus pensamientos - dijo Gabrielle, interrumpiendo de forma tan brusca los pensamientos de Xena que hasta pegó un brinco. - Pensaba en mi infancia -. - Xena, estamos casadas...- pronunció de repente ignorando la respuesta que la guerrera le había dado. Volviendo a la realidad y a la ¿afirmación? de Gabrielle, Xena se limitó a enarcar una de sus cejas para saber a donde quería llegar su bardo - por lo tanto...nuestra relación se basa en la confianza y en la sinceridad, ¿verdad?- "Gabrielle, te ruego que no vayas por ese camino" suplicó en su mente Xena. - Verdad - se oyó decir no muy confiada. - ¿Y no hay nada que quieras contarme?-.

Xena se atoró con la bebida junto cuando Gabrielle terminó la frase, la cual se quedó esperando una respuesta. En su lugar, Xena, con la cara descompuesta en plena arcada, se levantó y salió corriendo a fuera, buscando un sitio para vomitar. Gabrielle salió extrañada de la taberna en su busca y cuando la encontró apoyada en un barril vacío, posó su mano en la frente de Xena para auxiliarla. Cuando la guerrera expulsó todo lo que había cenado, se incorporó. - ¿Te encuentras mejor?-. - Sí...supongo que algo de la cena me habrá sentado mal -. - Entonces vamos ya a la habitación, ¿no crees? - Sí... le he dicho a la posadera que prepare la tina con agua caliente, creo que no me sentará mal -. Gabrielle, bastante preocupada, la agarró por la cintura para ayudarla a subir las escaleras de la posada. Cuando encontraron su habitación, introdujeron la llave y abrieron la puerta. Xena se desvistió nada más entrar, y se introdujo en la tina. La bardo se encargó de limpiar el traje de la guerrera que, inevitablemente, se había manchado, a pesar de que Xena le dijo que no lo limpiara. - ¿Te apetece bañarte conmigo?-. - No, voy a ponerme a escribir -. - De acuerdo -. Gabrielle sacó de su especie de mochila su pluma y un pergamino nuevo. Había mucho que escribir desde la última vez que lo hizo, así que se sentó en la cama y, con las piernas cruzadas entre si, apoyó el pergamino en su regazo y se dispuso a escribir. Justo antes de empezar a hacerlo, miró de reojo a Xena, que se enjabonaba el cuerpo despreocupadamente. Se quedó mirándola detenidamente, intentando traducir lo que sus expresiones y su mirada perdida quería decir. "Bueno, si no me lo quiere contar será por algo, yo confío en ella y sé que pronto o tarde me lo contará, así que deja de pensar en ello" se regañó a si misma. Xena terminó su baño y se relió en una toalla y Gabrielle aún no había empezado a escribir en su pergamino "Dioses, ¿tanto tiempo he estado mirándola?" se preguntó a su yo interior. - ¿Has escrito mucho?-. - Pues...sí...Ya he escrito o que quería escribir. Mañana continuaré -

mintió. - Vale - murmuró casi sin importancia, retomando su intento de secarse y vestirse. La simple pero bella imagen de Xena desnuda entre la toalla...con su pelo recogido a excepción de algunos mechones rebeldes que se habían escapado de moño...y las gotas deslizándose lentamente por la sedosa piel morena de Xena...se estampó contra la mirada de Gabrielle. - ¡Se me ha ocurrido una idea! - exclamó de repente casi en un grito la bardo, poniéndose de un salto de pie encima de la cama. - Ay que susto, Gabrielle - "tú y tus avenates". - Ven -. - ¿Qué? -. - Tú hazme caso que se me ha ocurrido una genial idea - saltó de la cama y se dirigió a la mesa que se encontraba al lado de ésta. - Miedo me dais tú y tus ingeniosas ideas -. Gabrielle sonrió y arrastró la mesa para ponerla en frente de la cama. Después quitó el jarrón que descansaba tranquilamente sobre ella y finalmente se acercó a Xena. Ésta, con los ojos abiertos como platos cuestionándose qué era lo que pretendía la Gabrielle y a la vez, ahogando la risa y aguantando para no estallar a carcajadas debido a los sorprendentes arrebatos de la bardo. Ésta le quitó rápido la toalla que posaba tranquilamente sobre Xena para mirar lenta y detalladamente su cuerpo desnudo de arriba a abajo. - ¿Esa es tu idea? -. - Noooo...- alargó la "o" pesadamente. - ¿Entonces me puedes decir que es lo que se te pasa por esa cabezita loca tuya?- Gabrielle la empujó delicadamente hasta la mesa. - Tú siéntate -. Y por último, Gabrielle, se sentó en la cama con la misma postura anterior. Cogió el pergamino y sostuvo su misma pluma. - ¿Y bien? -. - ¿Es que no lo ves? Este va a ser el nuevo matiz del arte que quiero experimentar -. - ¿Así que además de bardo quieres ser pintora?-. - Dibujante - corrigió. - Bueno...perdona dibujante...- enfatizó en tono burlón. - Es que lo he pensando y me he dicho: voy a intentarlo con el dibujo. ¿Y

qué mejor modelo que una hermosa guerrera desnuda posando solo y exclusivamente para mi?- dijo casi ordenándole, incluso incitándola a posar para ella a la vez que le regalaba una encantadora sonrisa. - De modo que quieres que pose solo y exclusivamente para ti ¿eh?- le devolvió la sonrisa un poco mas risueña. - Así es - le guiñó un ojo. - Eres tremenda Gabrielle -. - ¿Debo suponer que eso es un halago?-. - Claro que sí -. - A ver, pon la postura que tu quieras, incluso la expresión que quieras, pero no te muevas ¿vale? Quiero expresar bien tus...encantos...- Xena elevó una de sus cejas. Xena se acomodó más adentro en la mesa. Su pierna derecha colgaba de la mesa despreocupadamente, y la izquierda estaba flexionada, apoyando su pie en la mesa, mientras que sus brazos rodeaban esta pierna, de modo que impregnaba una postura perfecta, que no permitía ver sus pechos pero que sí insinuaba su desnudez. Finalmente, la guerrera miró profundamente a su rubia, incluso intimidándola, e intensificó la mirada sólo como ella sabía hacer. Gabrielle se quedó pasmada observando semejante cuadro. Xena enarcó su ceja esperando la concreción de la bardo. - ¿No hace falta usar tinta y papel para dibujarme?- preguntó con sarcasmo. - Ahhh sí - brincó abandonando el trance. Gabrielle mojó la punta de su pluma con la lengua para que se deslizara con mayor facilidad para luego comenzar a trazar líneas curvas sobre el pergamino. Xena frunció el ceño intentando averiguar como estaba haciendo el dibujo, pero cuando ella le devolvía la mirada para absorber más su rostro, si eso era posible después de haberlo memorizado millares de veces, volvía a poner la penetrante mirada que intentaba dibujar Gabrielle. La guerrera optó por mirarse la pierna que colgaba y observó como una pequeña gota se deslizaba traviesa por el muslo hasta encontrarse con otra y unirse rápidamente a ella para juntas seguir bajando con más facilidad."Esas gotas somos nosotras.pues el destino decidió que debíamos encontrarnos y fundirnos en una sola.para recorrer el camino juntas con mayor facilidad." pensó Xena. Una vez más, pasó su

lengua por los labios para humedecerlos debido a la inerte postura. Sonrió al ver lo inundada que estaba Gabrielle en el dibujo y se mordió el labio inferior al verla, muy concentrada ella, asomando la punta de su lengua inconscientemente, cosa que a Xena le pareció de lo más encantador. - No me contestaste - sentenció de repente sin apartar la mirada del pergamino. - ¿Qué?-. - Lo que te pregunté en la taberna antes de que salieras corriendo a vomitar...no me contestaste - ya era bastante sacar el tema como para encima tener que cruzar la mirada. No lo hizo. - Pues no sé...no sé que quieres que te cuente -. - Vamos a hacer una cosa, primero yo te diré algo que no sepas...algún secretillo sin importancia que aún desconozcas...y luego lo harás tú, ¿de acuerdo?-. - Tú y tus jueguecitos...- "sé perfectamente a donde quieres llegar. De todos modos te lo tengo que decir algún día, y a lo mejor así hasta me entero de algún secreto oculto tuyo ". - A ver...yo empiezo. Déjame pensar - "a ver si con este jueguecito me cuentas de una vez por todas lo que te pasa..." discurrió la bardo - Cuando perdí mi virginidad con Pérdicas...pensé en ti...sólo en ti. Es decir, que me casé con Pérdicas porque lo que sentía por ti era demasiado fuerte y me estaba volviendo loca...Lo consideraba un amor prohibido e imposible...una amor tabú.y como le tenía tanto cariño...creí que alejarnos era lo mejor para las dos -. - Eso no es un secreto mona, esa ya me la sé -. - Bueno, pues no sé que más contarte...no hay nada que te oculte.De todos modos...te toca a ti...Dime princesa guerrera...algo que nunca me hayas dicho-. - Pues...verás...Debes comprender que esto es muy difícil para mi, ¿vale? Y que aún existe una duda de cómo pudo suceder, pero es algo cierto...totalmente comprobado y seguro -. - Me estás asustando - " Ohh.dioses.¿es que acaso estás enferma?". - Gabrielle yo...- se atoró. Por un momento pensó decirle todo pero en el momento de la verdad se rindió. A pesar de la ruda y fuerte impresión que la guerrera presentaba ante los demás, en ese momento le entró tanto miedo de decir la verdad que se sintió la persona más débil y absurda de todo el universo. Pensó en otro secreto que poder contarle y rápidamente

lo encontró, al fin y al cabo, no le guardaba muchos más - Yo.me acosté con Callisto -. - ¡¡¡¿Qué?!!! - la bardo agrandó sus ojos incrédula a más no poder. "Que tu qué.". - Como lo oyes, pero.-. - ¿Cómo lo oigo? ¿Y lo dices así de tranquila? - interrumpió las vanas explicaciones de la guerrera "Será posible." La bardo se llevó ambas manos a la boca para que no se percataran nadie de su inevitable apertura. - Déjame explicarme, ¿vale? - replicó. Gabrielle asintió frustrada - Fue cuando te casaste con Pérdicas.justo en tu noche de bodas -. - Ahhh.- intentó tranquilizarse al saber que no le había engañado, y fue entonces cuando comprendió realmente lo que le había confesado y trató de imaginárselas - Dioses que asco.ella es.en fin.es.una loca asesina, arrogante, odiosa, rencorosa, egoísta, es repugnante.- no encontraba las palabras apropiadas para definir a la lunática de Callisto. La peor de las palabras no expresaban ni la mitad de lo que era ella, una de las personas a las que más odiaba la bardo. - Es Callisto -. - ¡Exacto! ¿Cómo pudiste hacer eso? Bueno.después de todo lo que pasó.después del odio que siempre le has guardado.No sé, me es bastante difícil de creer.Pero bueno, yo estaba en ese momento casada y no soy quien para preguntarte el porqué - la radiante mirada esmeralda se apagó de repente sin saber muy bien porqué al ver que Xena había tenido otras relaciones a sus espaldas. - Gabrielle.estaba ebria -. - ¿Ebria?-. - Así es, y no era consciente de lo que hacía. Créeme, si pudiera haber hecho cualquier otra cosa en vez de acostarme con ella lo hubiera hecho.volvió los ojos poniéndolos en blanco al pensar en los pocos recuerdos que tenía de esa corta noche. - ¿Y porqué estabas ebria.en fin, tú no sueles estarlo desde hace ya tiempo -. - Pues.verás.- comenzó a relatar - Como sabes siempre he estado enamorada de ti. Y tú.ese día me demostraste que no sentías lo mismo por mi, o al menos eso pensaba yo. Estaba contenta por ti, porque eras feliz casándote con él, pero tu ausencia se incrementó con el paso de las milésimas de segundos, de modo que me fui a la taberna más cercana y

allí pedí lo más fuerte para.ahogar las penas.como se suele decir. Estaba destrozada al saber que en ese momento tu estarías entregándole todo tu cuerpo y alma a otro.Ahora sé que ambas hicimos lo que hicimos porque nos amábamos, pero ninguna de las dos se atrevía a confesar su amor por miedo a perdernos la una a la otra - Gabrielle estaba allí pasmada, prestando toda su atención en cada una de las palabras de Xena. Le pareció ver un mohín de tristeza al recordar esos momentos por parte de Xena, al fin y al cabo parecía que ella lo había pasado tan mal como la bardo. " Y yo como una imbécil, voy y le hago más daño cuando Pérdicas murió. Y encima luego tuvo que matarla ella para que la culpa se adueñara de su corazón para.siempre. Perdóname Xena por favor " el semblante de Gabrielle se ablandó - Y bueno.tras la primera copa, cayeron la segunda, la tercera.Y no me pude controlar. Fue ahí cuando Callisto apareció, y no me acuerdo muy bien, pero supongo que me llevaría a una habitación y se aprovechó de mi estado -. - Lógico.-. - ¿Cómo que lógico?-. - Está muy claro, ¿la.excitante y fogosa.princesa guerrera con sus defensas desactivadas? Ja! Cualquier persona se hubiera aprovechado de tu estado, Xena. Todo ello sin contar la debilidad de Callisto hacia ti - dijo con ambas cejas elevadas y con una sonrisilla difícil de clasificar. - ¿A qué te refieres? - tan sólo se limitó a elevar una de las suyas. - Pues a esa atracción sexual que sentía cada ver que te veía. Aunque.tú tampoco te quedabas corta, ¿eh?-. - ¿Disculpa? Jamás he sentido nada por Callisto -. - No te engañes, Xena, siempre habéis tenido esa vinculación sexual. Cada ver que os enfrentabais me daba la impresión de que ibais a.liaros allí en medio - elevó el tono de voz. - Gabrielle - le regañó. - Es verdad, esas miradas insinuantes.esa ironía malévola.esa seducción.En fin, supongo que será esa fiebre guerrera -. - No digas tonterías Gabrielle, quizás había una leve atracción pero todo eso acabó en cuanto fue a por ti y a por Pérdicas.a partir de entonces el fastidio se convirtió en odio y pena por ella -. Gabrielle devolvió la mirada al pergamino que había descansado en su regazo y continuó dibujando el torso de Xena.

- ¿Y qué tal? - pronunció la experta en preguntas inesperadas. Xena izó las dos cejas y empujó su propio cuello hacia delante. - No entiendo -. - ¿Qué tal era ella en al cama? ¿Te lo pasaste bien? - preguntó con cierto tono quisquilloso. - Pues.mis recuerdos son algo borrosos pero.no estuvo nada mal.-. Gabrielle hendió exageradamente su boca, y a pesar de ordenarle su cierre, ésta pareció tener vida propia y permanecer abierta. Xena soltó una descomunal carcajada a la que le siguieron unas cuantas otras. Gabrielle arrugó su frente " ahora la que no entiende soy yo.¿qué es lo que te hace tanta gracia?" pensó Gabrielle. La guerrera se levantó de la mesa donde había permanecido ya largo rato, y se sentó en la cama, junto a Gabrielle. Alzó su mano y se dispuso a encajar la mandíbula de la bardo que aún estaba abierta. Luego, sin quitar la mano que reposaba en su rostro, fue acariciando con la yema de sus dedos la barbilla de Gabrielle.sus labios.sus pómulos.sus ojos. Gabrielle los cerró "¿porqué posees esa habilidad de hacerme olvidar cualquier pena con tan sólo un roce tuyo? Tan sólo quemándome la piel." Entonces Xena acercó sus labios al oído izquierdo. - Es broma tonta.- Gabrielle abrió los ojos bruscamente mientras Xena se alejaba de su oreja para fijar su mirada en los verdes esmeraldas de la bardo - Sólo de pensarlo me entra fatiga. Cuando me desperté desnuda bajo las sábanas, ella ya se había ido. El dolor martilleaba mi cabeza pero de repente unas imágenes volvieron a mi mente al ver mis vestimentas esparcidas por el suelo de aquella habitación. Me maldije una y otra vez por lo ocurrido, y justo antes de salir, me percaté de que una nota suya descansaba en una mesilla -. - ¿Qué ponía? - pregunté interesada. - "Eres tan excitante en la cama como dicen por ahí, pero tu sentimentalismo es tu debilidad y yo acabaré con ella ". Entonces comprendí a qué se refería y salí corriendo. Me encontré con Theodorus, él me contó los planes de Callisto y corrí en tu busca -. - ¿Cómo sabía ella lo que sentías por mi? -. - El alcohol hace mucho -. - ¿Y porqué nunca me has contado nada de eso? -. - ¿Cómo iba a hacerlo? No te podía confesar mis sentimientos después de todo lo ocurrido con Pérdicas -.

- Me alegro de haber ideado este especia de juego de preguntas. ¿Hay algo más que me quieras contar?- "me estás poniendo unos morritos? Pensó la morena. - Mmmm - "Sí" - No -. - ¿Seguro?-. - Seguro - una vez más oscureció su rostro, pero esta vez lo disimuló. - ¿Ya has terminado el dibujo? -. - Más o menos - Gabrielle le mostró aquel garabato abstracto con un sinfín de líneas y trazados, donde si te quedabas largo rato mirándolo, parecía una extraña y leve figura humana. Xena rió sin parar. - ¿Para eso me has tenido tanto tiempo quieta?-. - ¡Oye! Tan sólo quería probar, pero está claro que se me da mucho mejor el arte de la escritura -. - De la escritura y de la lengua - concluyó. - Tienes razón - murmuró de forma seductora mientras se acercaba lentamente a la guerrera para besar sus labios suavemente. El primer beso fue corto y breve, pero Gabrielle, casi sin dejar respirar a Xena, presionó sus labios fuertemente en un segundo beso. Entreabrió sus labios para hacer del beso algo más rico y profundo, entrelazando sus lenguas y marcando ella el propio ritmo, el cual, era demasiado rápido. Xena intentó sobrellevarlo. - Me refería a hablar -. - Dejémonos de hablar - propuso con mohín seductor. Gabrielle, poco recatada ella, desde el lateral de la cama, la empujó para que cayera en ella. Se quitó con vehemencia la ropa y se tiró encima suya. Comenzó a besar desmesuradamente los labios de Xena "¿Gabrielle?" pensó. Normalmente le gustaba que la bardo tomara la iniciativa, incluso le encantaban esos arrebatos de pasión, pero esta vez algo fallaba."Dile la verdad, dile la verdad, dísela de una vez." se repetía una y otra vez mientras Gabrielle succionaba su cuello dejando, probablemente una marca. "Ella tiene que saberlo.". Gabrielle bajó hasta sus pecho. "Prácticamente le estás engañando.". Siguió bajando entre besos hasta situarse entre sus piernas. "No se merece que le mientas.ella te ama y tú sólo le ocultas la verdad." gritó su mente. - ¡¡¡Bueno ya basta!!! - vociferó para sus otro yo. - ¿Qué?- Gabrielle se apartó de un brinco de ella y se sentó. Con el corazón galopando por su pecho, y asustada, a la vez que preocupada, por

su amor. "¿Porque esos cambios de humor Xena?" pensó Gabrielle. - ¿Qué?- "Nooo, lo he dicho en voz alta." - O sea.- las palabras se borraron de su mente por unos segundos y por mucho que intentó recuperarlas, no lo consiguió hasta unos instantes después. Se incorporó - No era a ti - se defendió. Gabrielle entrecerró los ojos. - Por si no te has percatado sólo estamos tú y yo en esta habitación -. - Gabrielle.no me encuentro bien.será mejor dejarlo para otro día. Ahora no es el momento más oportuno - Xena agachó su mirada hasta el suelo, no era capaz de mirarla, ahora no podía hacerlo. - Bien.- se limitó a decir con semblante apagado y frustrado, parpadeando varias veces para no dejar escapar ni una lágrima. " Jamás me habías dado un NO para hacer el amor conmigo.¿es que ya no quieres?". - Voy a dar un paseo - declaró con mohín afligido levantándose de la cama y dirigiéndose a la puerta con la toalla otra vez enrollada. - ¿Porqué no me dices lo que perturba tu mente y te atormenta, Xena? preguntó con semblante serio, mirando a los pequeños azulejos del suelo, en forma de mosaico, justo antes de que la morena cruzara la puerta. Su tono de voz sonó ronco, aguantando el llanto - Y no me digas que nada porque te conozco - Entonces Gabrielle se levantó de la cama y se volteó para observa la espalda de la guerrera, que permanecía ahí parada bajo el marco de madera de la puerta - Xena, por favor, sabes que puedes confiar en mi, siempre lo has hecho. Y no creas que me interesa sólo por curiosidad, no es así, sino porque te amo con todo mi corazón y tengo miedo de que algo o alguien le haga daño a mi mujer. Quiero ayudarte, no sabes cuánto, pero si no te abres a mi no puedo hacerlo- las lágrimas de la bardo se asomaron desobedientes a sus ojos verde azulados - ¿Es que padeces de alguna enfermedad?- "Primero el llanto, luego los cambios de humor, después el vómito.¿Y si ha ido al médico y le ha dicho que tiene alguna enfermedad? Por favor que no sea eso, que no esté enferma.Ohh dioses todo poderosos, concederme a mi cualquier enfermedad.cualquier castigo.incluso la muerte.pero que a ella no le pase nada, por favor, ya ha pagado de sobra sus errores pasados, no merece que la atormentéis más.os lo ruego" comenzó a rezar Gabrielle. - No - susurró con el nudo e la garganta que pronto se deshizo en un llanto bajo. Aún estando de espaldas, Gabrielle se pudo percatar a través de ese murmuro, que estaba llorando. "O tus hormonas están algo revoloteadas,

o realmente lo que ocurre es de seria gravedad.". Entonces se acercó casi corriendo hasta llegar a su espalda y abrazarla con fuerza. Apoyó la cabeza a la altura de sus omoplatos y los besó tan suavemente, que parecía que se le fuera la vida en ello. Rodeó con sus brazos la cintura de la guerrera y, con la yemas de los dedos, empezó a juguetear con los vellos de los antebrazos de la morena, delineando círculos y figuras abstractas y acercándose a las muñecas. Finalmente, decidió entrelazar sus dedos con los de Xena sobre su vientre, y lentamente ese abrazo se convirtió, sin ser a propósito, en un delicado vaivén de izquierda a derecha como modo de consolación. Tras esa hermosa postura, sostenida durante varios minutos, Xena se dio la vuelta y pasó sus brazos por debajo de los de Gabrielle, pegando sus cuerpos aún más. - Tranquila cariño.estoy aquí.no llores.estoy aquí y siempre lo estaré.No estás sola.siempre te apoyaré.Te quiero Xena.- repetía una y otra vez Gabrielle mientras acariciaba el pelo de Xena. "Me siento tan segura y protegida contigo Gabrielle.siento haberte ocultado la verdad todo este tiempo.sé que puedo confiar en ti.te amo tanto.". - Gabrielle.- mustió llena de valor antes de levantar la cabeza y clavar sus ojos azules como el mar en los de la bardo. - Dime Xena -. - Siento habértelo ocultado durante este tiempo, pero me daba miedo a tu reacción, y sobre todo creérmelo yo misma después de mi propia experiencia.Sé que la sinceridad es la base de una relación, y yo la he quebrantado, pero quiero que sepas que esto es muy duro para mi, y que aún no sé cómo ha podido suceder.prometo que jamás volveré a ocultarte nada.-. - ...-. - ESTOY EMBARAZADA- confesó al fin. "¡¡¡¿Qué?!!!." pensó Gabrielle. EL ÚLTIMO OBSTÁCULO By: Shyara "Ya han pasado tres meses desde que abandonó la aldea. Desde que me abandonó...con ello todos mis sueños...y sobre todo, mi vida. No sé cómo ni porqué, pero lo cierto es que la vida da muchas vueltas, y en sólo un segundo, puedes ganarte la gloria o perder todo cuanto posees. Como era de esperar a mi me ha pasado lo segundo. De un día para otro he arrojado al vacío toda mi felicidad para ser sustituida por el dolor y el desconsuelo.

La soledad se ha hecho mi amiga y única compañera, mientras que las pocas esperanzas que me quedan para poder seguir adelante se van alejando más y más hasta casi perderlas de vista. Después de todo he aprendido a no confiar en la felicidad, ni siquiera en la vida. No existe bien que no traiga mal, ese es el equilibrio...Miro al vacío una vez más y mi único punto de referencia es el anhelo de una casi ya inalcanzable felicidad que se aleja de mi lentamente con una sonrisa bailando en sus labios. Me hace creer que puedo aferrarme a su mano tendida, pero justo cuando estoy apunto de alcanzarla, la aparta sin más. La vida no es sueño, es una cruel e infame pesadilla; un juego al azar sin ninguna garantía. Una simple broma que desenlaza en el muy bien trazado y estudiado a la perfección plan de la muerte. Supongo que una mujer como yo no puede esperar mucho más de su suerte, ¿no?. Ha salido de mi vida, sin más. Y no la culpo. No puedo hacerlo a pesar de que no me ha permitido darle una existente explicación de lo realmente ocurrido. Y algo me dice que no quiere escucharme, que no quiere saber nada sobre la princesa guerrera. Cree que la he engañado, que la he defraudado. Y ahora me odia; es normal que lo haga, le oculté la verdad...Todo por una maldita confusión...una maldita mentira que en realidad nunca ha existido.un error del que mi conciencia se encarga de recordármelo cada día. La he buscado. ¡Por todos los dioses que lo he hecho! Llevo haciéndolo durante todos estos infernales meses, pero no ha servido de nada. Ya no sé donde puedo encontrarla. La persona a la que más quiero en este y en todos los mundos está huyendo de mi porque ni siquiera quiere verme. Una vez más la vida me abofetea la cara para luego darme la espalda. Este es mi fatídico destino." Una lágrima incontenible inundó la mirada perdida de Xena. Rápidamente se pasó la mano por la mejilla para apartarla sin dejarla caer siquiera. No podía creer que justo cuando se sentía más feliz que nunca...justo cuando por fin creía que la vida tenía mucho sentido junto a su bardo, y que ya no iba a pasar nada malo, pues junto a ella estaba segura...todo se desvaneciera en un mar de confusión y dolor. Un dolor que ya casi ni molestaba. Se sentía culpable aún sin serlo, pero ya no importaba, si no estaba junto a ella nada importaba. Se aferró más al abrazo de sus piernas

flexionadas y hundió la cabeza en sus brazos por un momento. Al instante levantó la cabeza, y se miró la mano que portaba el anillo de bodas. "Nunca pensé que yo llevaría un de estos.¿Lo sigues llevando puesto, Gabrielle?" Por un momento pensó en quitárselo, pero reflexionó y no lo hizo, pues ese era el recuerdo material que más le unía a su amada desaparecida. - Tengo que encontrarte, Gabrielle - habló esta vez en voz alta - No puedo permitir que salgas de mi vida y de mi mundo, sin darte al menos una explicación. Y mucho menos sin que sepas que lo que crees que es verdad, ya no lo es. No debo rendirme tan fácilmente viendo como tú, mi alma gemela...el amor de mi vida. - y añadió - .se escapa ante mis ojos -. Se levantó del suelo, donde, apoyada a un árbol, había pasado toda la noche. Miró hacia la izquierda y a la derecha, y a ambos lados sólo estaban la penumbra, árboles por doquier, algunos animales y lo desconocido, sobre todo lo desconocido. Ni rastro de camino alguno. - Esto es una estupidez. ¿Cómo voy a encontrarte si ni siquiera sé donde estoy?-. - Tal vez escuchando tu corazón - contestó una alegre jovencita de pelo muy largo, liso y castaño, luciendo una dulce sonrisa. - ¿Quién eres tú?- preguntó asustada al tiempo que fruncía su ceño. - Sólo una Doncella que se limita a guiarte - su voz era tan suave que casi era una melodía capaz de acariciar el oído de cualquier persona. - No te había visto -. - Eso es porque antes no estaba aquí - respondió la misteriosa mujer. - ¿Cómo te llamas?-. - Dafne -. - No sé lo que quieres, pero... -. - La cuestión es que yo sí sé qué es lo que tú quieres, Xena - interrumpió Y no voy a permitir que un amor como el vuestro se extinga por un mal entendido -. - ¿Cómo sabes mi nombre?-. - Sé mucho más de lo que crees. Por ejemplo que no confías en cualquiera, pero aún así, te diré que Gabrielle está mucho más cerca de lo que piensas...-. - ¿La has visto? ¿Cómo está? - preguntó alarmada. - En lo más hondo de su corazón está esperando que la encuentres -.

- ¿Y cómo lo hago? -. - Confía en las ninfas sagradas de la Diosa Dafne...ellas serán tu guía...-. - ¿Las tres ninfas sagradas? La leyenda dice que inducen a las almas gemelas a encontrarse...pero que nadie logra encontrarlas nunca, ni siquiera invocarlas...-. - No es sólo una leyenda. Sólo tienes que pensar en tu alma gemela. Intenta oírla, sentirla...- "No me van los acertijos" pensó Xena. - Pero...- replicó. - Es todo cuanto debes saber. Y por cierto, ella aún lleva puesto el anillo dijo mientras desaparecía de un abrir y cerrar de ojos, en un mar de flores blancas, que luego acabarían por difuminarse - Te deseo mucha suerte susurró desde el viento... "¿Qué se supone que ha pasado? Una doncella, que al parecer es diosa o qué sé yo, se me presenta, me suelta que confíe en las ninfas sagradas de la Diosa Dafne para encontrar a Gabrielle, y luego desaparece sin más. Vale. ¿Me estoy volviendo loca? A ver, reflexionemos" se dijo a si misma mientras cerraba los ojos. "¿Pero cómo voy a reconocer a una ninfa de esas, si ni siquiera las he visto?" Al abrirlos, la respuesta se le estampó en la cara de forma rotunda. Frente a ella se encontraba una estatua de un extraño color blanco, luminosa, más blanca que el propio blanco rodeado de una especie de aura resplandeciente. Ésta tenía el brazo extendido hacia la izquierda, acompañado de su dedo índice. Su rostro también se miraba hacia esa dirección. " Sí, definitivamente me estoy volviendo loca". Un tanto perpleja, subió en su fiel yegua dorada de crin blanca, y partió de inmediato al galope, decidida a obedecer a aquella estatua que parecía indicarle el camino hacia Gabrielle. Una vez más lo iba a intentar. No tenía nada que perder. Por lo pronto no estaba embarazada, y por ende Gabrielle no tenía aparente motivo alguno de su huida. Pronto encontró un sendero por donde conducir a Argo. Mientras paseaba por el bosque, a la mente regresaron los dolorosos recuerdos de hacía varias semanas. "Al principio no me lo tomé de forma demasiado alarmante, pues pensé que Gabrielle iba a escucharme tal y como lo hizo la última vez que me quede embarazada de Eva. Pero no, debí pensar que en ese entonces ella y yo no éramos pareja y que por tanto ahora le iba a doler mucho más. Lógico. En cuanto se lo dije se quedó inmóvil, y yo simplemente esperé a que ella dijera o preguntara algo. Pero no lo hizo. Tan sólo se limitó a

despreciarme con la mirada, para luego retirármela y salir corriendo de la habitación furiosa. Mi reacción fue la de seguirla, pero por un momento me despistó. Al parecer se introdujo en el bosque hasta llegar incansable a un claro, pero yo, montada a caballo, llegué justo cuando Ares apareció delante de Gabrielle...de mi Gabrielle. Ella estaba llorando y yo me quede observando desde los matorrales para ver qué era lo que sentía ella al respecto, ya que a mi parecía no querer contármelo. - Vaya, vaya, vaya. Así que por fin te has dado cuenta de que en realidad no significas nada para Xena. Tan sólo te utilizaba, siempre lo ha hecho. Debías haberte dado cuenta antes de que una princesa guerrera no puede enamorarse nunca de una niña como tú, y haber evitado este mal trago dijo entonces el maldito dios de la guerra, al cual, justo en ese momento, le deseé como miles de veces lo he hecho que llegara un rayo y lo partiera en varios pedazos. Pero aún así permanecí oculta entre las ramas. - Eso no es así, Ares - Gabrielle sabía que todas mis promesas de amor siempre habían sido de corazón. - ¿Sí? ¿Y entonces porqué porta en su interior a mi hijo?-. - ¿Qué? - preguntó incrédula levándose una mano al pecho y comenzó a llorar de nuevo. - Así es, estúpida rubita. Xena se acostó conmigo mientras supuestamente estabais juntas. Al parecer no le proporcionabas la satisfacción que le puede dar el Dios de la Guerra...- Salí de los matorrales, me armé de valor y le planté cara a la verdad, dispuesta a explicársela a Gabrielle. - Gabrielle - el tono de mi voz no salió exactamente como lo deseé, pero continué - Te está mintiendo, no es verdad lo que dice -. - Ah, ¿no? Xena, ¿porqué mientes tú a tu propia esposa? Vamos, dile la verdad...¿acaso ese bebe del que estás embarazada no es hijo mío? - Ese fue el momento, uno de los peores de mi vida. Ante esa mirada cálida llena de lágrimas...cuestionándome...tuve que decir la verdad. - Sí...- confesé al fin - pero...-. Pero nada, Gabrielle llena de dolor salió corriendo entre llantos y gimoteos una vez más, apartándose y huyendo de mi por primera vez. Esa fue la última vez que la vi...y en su mirada pude ver decepción y dolor. La destrocé, tanto como la situación a mi. Recuerdo que el odio me quemó. La furia nubló mi mente. Mi mirada fulminó al Dios de la Guerra...Y el dolor partió mi alma al ver a Gabrielle huir de mi y mis explicaciones. Todo cuanto tenía...lo perdí sin más dilación. Y de repente, todo mi mundo cayó

de bruces al vacío ante mis propios ojos, todo se hizo silencio, vacío...sólo podía percibir el sonido de mi despedazado corazón caer al suelo. Para más desgracia, Ares rompió ese silencio en carcajadas para luego desaparecer. Lo odié. Una vez más lo hice. Realmente se había propuesto destruir mi vida, y por consiguiente, la de Gabrielle. Todo parecía un despiadado plan del destino para hacerme tropezar cada vez que parecía retomarme de la anterior caída. Tal vez, una guerrera que ha cometido tantas atrocidades como yo no merezca ser feliz..." Xena parpadeó varias veces, intentando no dejar caer de nuevo las amargas lágrimas que tantas veces había derramado en lo que llevaba de día, y vio que, sin darse cuenta, había detenido el paso. Cabeceó de lado a lado intentando, en vano, borrar esos nocivos pensamientos de su mente y reanudó su viaje. " La encontraré y le diré que todo ha sido un mal entendido, que me acosté con Ares por una fuerza mayor, y que aunque en su tiempo lo creí verdad, no estoy embarazada; todo fue una falsa y maldita alarma". Gabrielle, sin embargo, estaba quieta...parada en todos los sentidos...apartada del mundo...y alejada lo más posible del ser del que en realidad más cerca quería estar. Casi no comía, no dormía, ni siquiera hablaba, tan sólo pensaba, y en varias ocasiones, lloraba a causa de esos pensamientos. Llevaba ya tres meses encerrada en uno de los pocos templos abandonados de Afrodita, justo a en un claro del bosque de las ninfas blancas del norte. No quería ver a nadie, no quería confiar en nadie, ni tan siquiera oír a nadie. La bardo, sentada en el suelo, se llevó las manos a la cara, apoyando sus codos en las piernas cruzadas. Su aspecto físico, junto con esa mirada que se había vuelto oscura y opaca, demostraban el dolor que Gabrielle llevaba en su interior. Sacó los sais de su funda y se puso de pie con rabia. Los miró cuestionándolos, como si éstos tuvieran alguna respuesta, y los lanzó cual rápido es un rayo hacia una columna. - ¡¿Porqué?! -. De repente, un brillo casi cegador deslumbró el lugar y obligaron a la bardo a girar su rostro a otro lado. Cuando la intensa luz cesó, Gabrielle volvió a girar su cuello hacia la procedencia de aquella interrupción. Una

joven mujer de mediana estatura , de cabellos largos y brillantes, y ojos cual madera, se acercó hacia ella. - Hola...- pronunció con un hilo de voz tenue. - ¿Quién eres y qué quieres?-. - Soy la Doncella Dafne, diosa única de las almas gemelas. Y quiero hablar contigo...creo que lo necesitas -. - Lo que necesito es estar sola - dijo con semblante serio, sin mirarla. - No lo creo. Realmente me preocupas, llevas aislada en este templo abandonado tres meses. Ni siquiera sales por comida -. -¿Para qué salir a cazar pudiendo alimentarme de los frutos del patio? -. - Da igual, no he venido a eso, sólo ha decirte que esta no es manera de vivir, Gabrielle -. - ¿Cómo sabes como me llamo? -. - ¿Tan difícil de creer es que la diosa de las almas gemelas sepa el nombre de los mortales a los que une? - preguntó desesperada al ver cuan increíble parecía ser que la diosa supiera de sus mortales. - Supongo que no -. - Pues bien, no eres aquella persona que conocí, la que siempre le hacía frente a cualquier problema -. - Esta vez no quiero hacerle frente - dijo encontrando, por primera vez desde que la diosa apareció, el contacto visual. - A Xena...-. - Sí...- susurró. - No has dejado que se explicara -. - No era necesario. Me engañó...Y ahora está embarazada del Dios de la Guerra...¿qué tiene que explicar al respecto? -. - Lo suficiente como para que sepas la verdad. Xena lo está pasando mal, incluso peor que tú. Está sola, confusa...y embarazada - dijo aún sabiendo perfectamente que Xena no estaba encinta. - Así que soy yo la mala, ¿no? -. - No, Gabrielle, no estés tan a la defensiva. Escúchame. Ya he mandado a mis tres ninfas sagradas a que la guíen hasta ti. Habla con Xena y aclarara todo. Pronto te encontrará. Una vez que te haya dicho lo que tiene que decirte, puedes elegir si seguir huyendo de ella o afrontar los problemas...juntas -. - No lo entiendes, Dafne. No quiero hablar con ella porque sé que va a convencerme. No quiero verla porque sé que voy a olvidar todo y voy a

perdonarla. Y no quiero, no quiero que siempre sea así. No quiero amarla tanto...-. - ¿Aún la amas...?- preguntó sabiendo perfectamente la respuesta. - La amo con locura, no puedo dejar de hacerlo, y supongo que nunca dejaré de amarla. Por eso mismo quiero alejarme de ella - confesó Gabrielle. - Te comprendo Gabrielle. Es más fácil huir de los problemas que afrontarlos, pero debes saber que si siempre la perdonas no tiene porqué ser por el hecho de amarla. Quizás la perdonas porque sabes que tiene razón -. - No siempre la tiene -. - Créeme, esta vez sí -. - Así que tu sabes la verdad -. - Sí, pero es ella la que debe decírtela -. - ¡Es todo tan difícil! - gritó golpeando el suelo con demasía - ¿Porqué todo acaba saliendo mal? Cuando al fin parece que estamos alejada de los problemas, éstos acuden a nosotras. ¿Y si son señales? Siempre se nos oponen muchos obstáculos, y creo que sólo cesarán cuando hagamos lo que éstos quieren: separarnos. Todo lo que puede ocurrirnos nos ocurre. Todo el mal, las mentiras, el dolor, los celos, incluso la muerte...todo está en nuestra contra. La quiero más que a nadie en el mundo, pero lo hemos intentado de las miles maneras posibles y no ha funcionado...Ya sé que toda relación es difícil, y más cuando quizás somos dos mujeres, pero esto es demasiado. Ya estoy harta. No puedo luchar más contra algo que es mucho más fuerte que nosotras...-. - ¿Más fuerte que el amor? - preguntó significativamente la diosa tras escuchar atenta el argumento de Gabrielle. - Tal vez sí...- sentenció bajando su húmeda mirada - Ya no puedo más...¿y si ya es la hora de abandonar?-. Mientras tanto, Xena continuaba su viaje hacia lo desconocido. De pronto se le presentó una duda. Dos direcciones. Dos caminos. Una sola decisión. ¿Cual debía tomar? "Sólo tienes que pensar en Gabrielle. Intenta oírla, sentirla..." recordó. Entonces la guerrera cerró lentamente los ojos y puso su mente en blanco. De repente un sinfín de imágenes de su relación empezó a brotar en su cabeza. Desde el primer día en que la conoció, hasta el fatídico día en que la vio alejarse de su vida. "Puedo notar tu

presencia...tu corazón...". Sin más abrió los ojos y se encontró con la segunda ninfa entre los dos caminos, justo en la separación de éstos. Esta vez señalaba a la derecha. Y hacia esa dirección se dirigió Xena. - Xena no acepta la derrota...Ella te ama y tú a ella, y eso es lo único que importa. Juntas podréis superar todos los obstáculos Gabrielle, créeme...no sólo soy la diosa del Amor, soy mucho más que eso, soy la diosa del amor verdadero, del que une a las personas que no sólo se aman, sino que sus almas se pertenecen para toda la eternidad. Como las vuestras...- dijo Dafne. - Eso creía yo. Creía que el amor era suficiente para mover el mundo, y no era así. ¿Merece la pena seguir luchando por algo imposible? -. - Gabrielle, haz una cosa. Cierra los ojos - la bardo asintió y ocultó sus esmeraldas dejando rodar una lágrima por sus sonrojadas mejillas - Y ahora piensa en ella. Piensa en sus ojos azules...piensa en su sonrisa...en su voz, en su profunda mirada mostrándote todo el amor que siente por ti...en su fuego...en las lágrimas que ahora derrama por ti...- Gabrielle hizo amago de levantarse pero Dafne la detuvo. La bardo comenzó a llorar, aún sin abrir los ojos, y siguió escuchando - Piensa en las veces que te ha salvado por miedo a perderte...en su piel...en sus brazos que te envuelven y te abrazan...en su hombro que no duda en prestártelo para llorar cuando es necesario...en su carácter y forma de ser contigo...en su protección y preocupación dedicadas a ti...en su oscuridad y luz combinadas...en su cuerpo...en su risa...en su pelo...en sus "te quiero"...en su pasión, ternura, delicadeza, amor, suavidad...Piensa en sus manos...en su olor...en su tacto...en sus caricias...en sus besos...en sus palabras de amor...Piensa en Xena, Gabrielle...y dime: ¿Realmente no merece la pena seguir luchando por su amor? - preguntó sinceramente. Gabrielle abrió sus empapados ojos y miró expectante a la diosa, que la miraba con infinita ternura. No esperó a que la bardo contestara, pues era evidente su respuesta. - Entonces ya sabes lo que hacer. Encuéntrala y dile que la amas. Ambas sois lo que más necesitáis. Ella te explicará todo y juntas podréis con todo. No te engañes Gabrielle, ella es el amor de tu vida. Lucha por ella, nunca dejes de hacerlo por muy complicado que parezca todo. Y recuerda, sólo hace falta una mirada para poder salvarte -.

Xena, cada vez más esperanzadora, llegó a la cumbre de su encuentro. Otra vez la misma situación. En frente había dos senderos. Por lo que se podía apreciar a la lejanía, el de la izquierda la conducía hasta las afueras del bosque, y el de la derecha a una rivera, la cual, lucía realmente hermosa. Ya acostumbrada a la manera de hallar a la ninfa, repitió el mismo procedimiento que antes. Cuando abrió esos mares azules, apareció la tercera y última ninfa que aquella Doncella le indicó. Pero esta ninfa era diferente. Miraba intensamente, a pesar de ser una estatua, intimidando a la guerrera, tarea difícil para cualquier dios o mortal. Y ambos brazos señalaban los dos caminos, el izquierdo y el derecho. "¿Cómo? Al parecer esta no se anima a colaborar. Tendré que tomar mi propia decisión basada en mi instinto". Con un sublime beso en la mejilla, aún mojada, la diosa Dafne desapareció dejando a una más que confusa bardo. Tras esa palabras de ánimo y coraje, comprendió que ella tenía razón y que no podía rendirse, mucho menos ahora. - Prefiero vivir luchando a tu lado contra todos los obstáculos que se nos presenten, que pasar toda una vida sin ti -. - Lástima que no puedas vivir lo suficiente como para cumplir esa afirmación - Gabrielle giró su cabeza de un brinco hasta descubrir al ser más repugnante de la faz de la tierra montado a su negro caballo: Ares. - ¿Qué es lo que quieres? ¿Aún no es suficiente el daño que estás causando?-. - Mmmm...No - contestó - Todavía tengo algunos planes para ti -. - ¿Ahh sí? ¿Cuáles? -. - Venderte como esclava al mejor postor antes de que Xena pueda encontrarte - Gabrielle abrió con vehemencia los ojos escandalizada - Algo tenía que hacer contigo, ¿no? - dijo agarrándola del brazo y subiéndola con él al caballo. Al salir del templo, la luz del día cegó a la bardo después de tanto tiempo. Casi no recordaba ya el calor del sol sobre su piel, ni el puro aroma de la mañana impregnada en el aire. Eran algunas de las cosas que realmente había añorado. De pronto vio a lo lejos a la hermosa Argo pastando la fresca hierba, y

supo que Xena estaba cerca. Dio gracias a la diosa por haberla traído hasta allí. - ¡Xena! - gritó a medida que se alejaba de ella a una velocidad inalcanzable. El corazón de Xena, la cual estaba sentada sobre una roca descansando y pensando el camino que debía tomar, se disparó al oír la voz de Gabrielle gritar su nombre. Se levantó de un salto y salió corriendo hacia el frente, donde le había parecido escuchar a la bardo. No había tiempo de buscar a Argo. El tono de Gabrielle le indicaban que estaba en peligro y necesitaba su ayuda. Un miedo insostenible se apoderó del alma de Xena al pensar en ello. Por fin entró en el claro, y encontró uno de los pocos templo de Afrodita que quedaban fuera de Grecia, donde solían honrar culto, antes de ser abandonado, los adoradores de la diosa griega del Amor, pertenecientes a la aldea de Voltaris, situada a no más de una marca de vela. Fue velozmente al interior de dicho templo creyendo que Gabrielle se encontraba allí. Cuando penetró en él, buscó desesperada a la bardo por todas y cada una de las habitaciones y salas que éste contenía. Cuando finalizó su vana búsqueda, se apoyó en la pared, pensando que tal vez todo era una treta de aquella Doncella para divertirse con la desesperación de la princesa guerrera. Pero hubo unos objetos que antes no había visto. Los sais de Gabrielle clavados en la columna construida en frente de donde Xena estaba. Un ápice de alegría iluminó su rostro, mientras extraía las armas de Gabrielle y salía corriendo hacía el exterior. Por suerte encontró a su yegua justo a las puertas del templo, y acercándose a ella, vio unas pisadas en el suelo. Eran las huellas de un caballo. - Demasiado despreocupado...- Montó en Argo rápidamente y decidió seguirlas. Al cabo de trece amaneceres, día y noche viajando casi sin descanso, las huellas fueron a parar en la pomposa y elegante Rowelf, lejana ciudad del norte, y muy famosa por sus muchos palacios y por el alto linaje que en ella residía. Rowelf era una ciudad muy importante reinada por el rey viudo Harich. Una ciudad entonces desconocida para Xena.

Mientras tanto, Balkho, el señor de la guerra nórdico más despiadado y temido de la ciudad, se encontraba en su castillo, situado justo en medio del frío bosque. Con un significativo gesto, dio la orden de que dejaran pasar a un aparente guerrero, de pelo trigueño y mirada demasiado oscura. - Así que se supone que tú eres el mejor caza recompensas que existe en estas tierras -. - Se supone, sí -. - ¿Sabes? Me gusta tu carácter. Eres bueno -. - Eso suelen decir los que también lo son -. - Sí, pero dudo que tu descarada elocuencia y esa alagancia te vayan a servir conmigo -. - Vayamos al grano -. - Ofrezco cincuenta mil dinares griegos como recompensa por mi sobrina, la princesa Helena -. - Por los dioses, ¿cincuenta mil dinares?-. - Tentador, ¿eh? -. - ¿Y porqué la princesa Helena, si se puede saber? -. - Veo que tus dotes de curioso caza recompensas son merecidos -. - Ya ves -. - Pues porque es el ojito derecho de mi único hermano, el rey Harich. Helena, la hermana pequeña de las seis hijas del rey, cumple veinte años mañana. Si en dicha fiesta, no aparece, todo el mundo se alarmará y llegará el pánico. Ahí será cuando se enteren de que ha sido raptada por un señor de la guerra, pero nadie sospechará que ese señor de la guerra es su propio tío. Por ella pediré una gran suma de dinero. Estoy seguro que su papá pagará lo que fuera necesario por su hija preferida -. - Comprendo. Así que pedirás dinero por un rescate -. - Con el dinero que se gastará en recuperar a Helena, yo podré comprar un gran ejército, destruir el reino, y hacerme con el trono total. Ahora márchate, y procura hacer bien tu trabajo. Seré Balkho, el rey y señor de la guerra con el ejército más grande no de Rowelf, sino de todo el mundo pronunció con una malévola sonrisa, mientras el caza recompensas salía del castillo. Por fortuna, la princesa guerrera paso desapercibida por la ciudad, lo que le permitió poder andar a sus anchas, a excepción de lo que lo

consideraban la zona privilegiada: un enorme terreno dedicado al gran palacio real, separado del resto de la ciudad mediante un foso. El puente levadizo, que se encargaba de unir ambas tierras, sólo era traspasado por los de alto linaje, como eran los leales guerreros al servicio de éstos, y los propios campesinos, sólo si éstos habían solicitado ver al rey. Xena decidió ir al bosque que se encontraba al lado de la ciudad. Antes de iniciar su búsqueda sobre el paradero de la bardo, dejó atada en el establo a su yegua. Mientras se dirigía al bosque, con su particular paso firme, muchas jóvenes unidas las unas con las otras mediante unas cadenas de duro acero, que sostenían sus muñecas, le cortaron el paso. A éstas las dirigía un enorme guerrero, que por sus vestimentas parecía un soldado leal del palacio. Entrecerrando sus ojos, Xena se puso a mirar detenidamente las muchachas que entraban a palacio. Fue entonces cuando alma y corazón se quebrantaron al ver a su amada Gabrielle de Potedaia caminar al final de la fila. Con la mirada perdida en el suelo y llena de lágrimas, fue arrastrando los pies hacia donde le conducirían para esclavizarla. Después de tanto tiempo.de tanto dolor.la tenía delante suya y ni siquiera podía correr a abrazarla. Xena estuvo al borde de gritarle que estaba ahí, que no se preocupara que la iba a sacar de allí, y que por supuesto aún la amaba con locura. Pero por suerte o por desgracia, se contuvo para no llamar una atención que no deseaba en absoluto. Apretando su mandíbula con fuerza y derramando una lágrimas de inmenso dolor, unió la sabiduría con el coraje y se marchó al bosque. Cuando llegó, se planteó por un momento qué es lo que iba a hacer. No se le ocurría ningún plan. No podía entrar en el palacio. Aunque lo hiciera no encontraría a Gabrielle y mucho menos saldría viva de allí. Cualquier plan era descabellado o peligroso. De pronto, una carroza a velocidad desconsiderable paró en seco detrás de Xena, quien se escondió tras un árbol. Del asiento de delante cayó al suelo el probable cochero herido y atado de manos a pies, incluida la boca que también la tenía tapada. Luego del mismo lugar, salió un hombre de no más de treinta años, de pelo trigueño, que entró en la parte cubierta de la carroza y tiró del brazo de una mujer, cuyo vestido, joyas y peinado advertía su alta situación económica. Los gritos incesantes de aquella mujer resonaban en aquel inhabitado bosque, haciendo que el hombre golpeara su mandíbula con fuerza, y por ende, acallando la histérica joven, que entonces yacía tendida sobre el suelo.

- Realmente no me gusta hacer el trabajo sucio, pero el precio que pagan por ti es demasiado tentador, así que...espero que tu padre te quiera lo suficiente como para dar todo por ti - declaró desenvainando su espada. - En eso estamos de acuerdo - pronunció Xena, haciendo que cuatro sorprendido ojos se clavaran en ella - A mi tampoco me gusta hacer el trabajo sucio con escorias como tú - proclamó con su típica sonrisa sarcástica, al tiempo que imitaba el acto que el hombre anteriormente había efectuado con su espada. Ambos desencadenaron una lucha. Corta, pero intensa. Aquel caza recompensas era también un buen guerrero, pero estaba claro que no lo suficiente como para enfrentarse a la princesa guerrera, así que tras la danza de espadas, la pelea terminó con aquel malaventurado hombre interfecto sobre el suelo. - Oh, que los dioses te bendigan - gritó la muchacha. - ¿Por quién pediría alguien tanto dinero?- preguntó Xena ayudando a aquella joven a levantarse del suelo. - Soy la princesa Helena, hija del rey Harich -. - Entiendo - dijo pensando quién podría haber sido el que mandara a ese hombre a por la princesa. - Quiero saber el nombre de quien me ha salvado la vida - interrumpió aquella entusiasta joven los pensamientos de Xena. - Me llamo Xena -. - Xena, te debo mi vida. Muchas gracias -. - De nada, no te preocupes -. - ¿Hay algo que pueda hacer por ti?-. - No -. - ¿Seguro? -. - Bueno - la imagen de Gabrielle hacía unos segundos le vino a la mente Tal vez sí. Háblame de las jóvenes esclavas que entran a palacio -. - Son bien tratadas para ser lo que son. Tienen una comunal habitación, buena comida, curanderos...Es decir, que a pesar de tener que hacer absolutamente todo lo que les sea encomendado, más que esclavas son sirvientas que viven en palacio, ¿qué más pueden pedir? -. - Su libertad - afirmó. - Bueno pero.-. - Nunca pensé que un rey aprobara la esclavitud en su reino y que los ciudadanos no se revelaran - interrumpió.

- Es que ellas son.-. - Ya sé lo que son las esclavas - volvió a interrumpir - Lo que me gustaría saber es si una princesa puede liberarlas -. - Pues no, no puede. Las princesas no nos encargamos de eso -. - Ya...- murmuró Xena con desprecio. Tras mucho transitar, una idea cruzó su mente y le iluminó el rostro - Pues ya sé lo que puedes hacer por mi -. - Te escucho -. La princesa y Xena subieron a la carroza después de haber desatado y curado al cochero. Helena ordenó a éste que volvieran a palacio, no sin antes advertirle que no hablara sobre lo ocurrido hacía unos instantes con la excusa de no preocupar a los demás. A medida que los tres atravesaban el foso, Gabrielle, junto con las demás esclavas, era conducida al palacio de enfrente, uno de los más grandes y lujosos a simple vista. Se sorprendió al ver tantas casas lujosas, probablemente de los soldados al servicio real, a su alrededor. Cuando entró, se fijó en las paredes y en el techo de la antesala, percibiendo detenidamente la sutileza que habían empleado al construir tal hermosa estructura. Pronto llegaron a un largo pasillo, aparentemente interminable. Al presentarse el soldado frente a una puerta de madera, sacó una llave dorada para abrirla. Todas pasaron a enorme sala, la cual contenía varias camas, más de la necesarias, y una gran tina al fondo. Todo parecía bastante limpio y ordenado, sin embargo los rostros y expresiones de las demás, incluida la de Gabrielle, mostraban la indiferencia de aquellos detalles. De repente, una bella mujer, que no aparentaba más de veinticinco inviernos, de pelo largo y rubio, ojos claros y esbelto contorno corporal, entró en la sala, se puso en frente de todas ellas y se dispuso a hablarles. - Soy la princesa Roana, esta noche se hará una gran fiesta en honor al cumpleaños de la princesa, y mi hermana pequeña Helena. Todo saldrá perfecto. Vosotras - dijo señalando a un grupo de jóvenes sentadas en cojines del suelo - Os encargareis de servir la comida. Aquellas del fondo os encargareis de servir vino - esta vez señalo a otras tres muchachas, entre ellas Gabrielle - Y todas las demás bailaréis para los invitados. Al finalizar la fiesta limpiaréis todo. Después podréis comer. Vuestra ropa está en aquel vestíbulo de la derecha. No tengáis miedo, no os pasará nada malo - dijo con una cómplice sonrisa para tranquilizar aquellas miradas de pánico a lo desconocido.

A pesar de ser una princesa ordenando a sus esclavas, a Gabrielle no le pareció una mala persona, de hecho hasta le pareció una joven emprendedora, simpática, y entusiasmada por organizar la fiesta de cumpleaños de su hermana. Cuando la luna menguante apareció espléndida sobre el frío y oscuro cielo de la noche, todos los invitados comenzaron a entrar a la sala donde en unos instantes se celebraría la fiesta. Quedaban pocos minutos para que dicha celebración comenzara, así que todos se limitaron a esperar la entrada del viudo rey y sus hijas. De repente, varias bailarinas salieron de una pequeña puerta de la parte derecha del salón, moviéndose al son de la música que había empezado a sonar, y sorprendiendo a todos los que estaban allí, que quedaron maravillados por la soltura que estas jóvenes poseían al seguir el ritmo que la melodía les marcaba. A pesar de la ausencia de la realeza, la fiesta ya había comenzado. Justo entonces, entraron las demás esclavas, que parecían leales sirvientas, y comenzaron a servir vino y varios entremeses. Gabrielle quedó asombrada por la lujosidad y belleza que lucía aquella estancia. En el centro de la enorme sala, se encontraba un largo banquete, con todo un mangar de fruta, bebida, carne, verduras, etc...Cada una de las sillas eran de cobre, a excepción de las tres primeras de la derecha y las otras tres primeras de la izquierda eran de plata. Y por supuesto, una gran silla de oro precedía aquel banquete. Supuestamente ahí se sentaría el rey. Cubiertos, copas y platos estaban también elaborados con plata. Todo el salón estaba rodeado de columnas de las cuales colgaban antorchas, dándole una peculiar luminosidad para hacer de la fiesta algo más elegante. Entre columna y columna estaban los soldados, vigilando que todo estuviera en orden. Y al final de toda la sala, se encontraba la puerta real; una enorme puerta de madera acabada en pico. Las personas, de varias edades, mostraban todas sus joyas y vestidos caros, haciendo gala de su posición social. La bardo lucía un vestido blanco y ajustado, agarrado solamente por un hombro y haciendo juego con su clara piel. Su cabello dorado ya le caía justo hasta ambos hombros. Obedeciendo a la princesa Roana, que le encomendó su tarea, agarró una jarra y, paseando a lo largo de la sala, fue sirviendo vino a quién se lo pedía con un gesto. De pronto, las bailarinas, junto con la melodía se detuvo. Las trompetas comenzaron a sonar en señal de que el rey iba a entrar, lo que hizo que el murmullo de la gente cesara hasta quedarse mudo. Dos soldados abrieron la puerta real y entonces entró el rey Harich, que tenía agarrada del brazo a su hija

Helena, la principal protagonista de la fiesta. Ésta iba vestida con un lujoso vestido azul, con adornos y decorados dorados. Era bastante ajustado hasta la cintura, y bien escotado. "Por lo visto a Helena le gusta hacer gala de su cuerpo". El color de su vestido resaltaba aún más, si eso era posible, los ojos de quien lo portaba. En su cabeza tenía posada la corona, que a su vez sostenía un velo dorado, casi transparente, pero no lo suficiente para poder ser identificada. - ¿Estás segura de que lo harás bien Xena? - susurró a medida que avanzaban por la alfombra. - No os preocupéis alteza, ya me he hecho pasar por princesa - "Aunque nunca por una de veinte años". - Recuerda que la gente te conoce, así que no te desprendas nunca del velo -. - ¿Y mi voz? -. - No creo que se den cuenta de eso. Aparte de que se parece mucho a la suya, los invitados no notaran nada raro. Además Helena no suele asistir a las demás fiestas así que no la oyen mucho, y no hay nadie aquí que te conozca -. - Bien - "aunque sí hay alguien aquí que me conoce". - Tampoco olvides que no debes levantarte. Permanecerás todo el tiempo a mi lado para no levantar sospechas -. - Creo que levantaré más sospechas si no me muevo, ¿no creéis? -. - No hay que arriesgarse. Lo triste es que Helena se esta perdiendo su propia fiesta de cumpleaños -. - No os preocupéis por eso, lo importante es que vuestra hija esté a salvo. Ya le haréis otra. Seguro que el que quería raptarla está en esta fiesta -. A medida que el rey y la princesa andaban tranquilos y despreocupados, todos los invitados, haciéndole un camino hasta la mesa, les iban haciendo una leve reverencia bajando sus cabezas. El rey, seguido de sus otras cinco hijas, se sentó en el extremo de una gran mesa. Xena se sentó a la derecha del rey, y las demás princesas se fueron sentando en las otras sillas plateadas. Harich se puso de pie y habló con voz firme. - Escuchad mis queridos invitados, nobles ciudadanos, admirables amigos, nuevos conocidos y reyes de otras provincias: Esta fiesta es en honor a mi hija pequeña Helena, quien hoy cumple veinte años. ¡Brindemos por sus veinte primaveras! - todos alzaron sus copas al cielo y al rato bebieron a la

salud de Helena - Todo lo que aquí se ofrece es vuestro. Espero que disfrutéis de esta fiesta tanto como espero que lo hagan mis hijas - gritó el rey mirando a sus descendientes. En un momento ya estaba todos comiendo y bebiendo en la mesa. Cada uno hablaba de sus cosas, mientras que otros se divertían bailando o viendo danzar a las bailarinas. La música subía cada vez más su volumen después de haber cenado y brindado por la anfitriona, así que se levantaron de la mesa y se dividieron en distintos grupos según el tema del que hablaban. El rey no tenía más remedio que permanecer en el trono, sin embargo, las cinco princesas estaban por ahí hablando con los distintos invitados. Xena quedó sorprendentemente fascinada por la supuesta fiesta real, que más que eso parecía una bacanal. "¿Y se supone que así son todas las fiestas reales? Ay, esta ciudad no hay quien la comprenda" pensó la guerrera. Ya habían pasado tres marcas de velas desde que la fiesta comenzó y Xena aún permanecía en su asiento. Pasó la mirada por encima de todos, a ver si encontraba de una vez por todas a ese ser que la había traído a tan lejanas tierras. Su corazón se detuvo por un momento al percibir una mirada verde fija en ella. El aire no parecía ser importante hasta que le faltó el oxígeno y inhaló bruscamente . "Gabrielle..." La guerrera se levantó en el instante, pero el rey intentó detenerla. - ¿Qué haces? No debes levantarte, podrían descubrirte -. - Recuerda que salvé la vida de vuestra hija, mi alteza. No estoy aquí porque quiera saber lo que es ser una princesa, ¿sabéis?-. - Tienes, razón. No me has dicho porqué estás haciendo esto. No es por mantener a salvo a mi hija, lo sé -. - También es por eso -. - No te arriesgues -. - Debo hacerlo, tengo que hablar con una persona -. Xena hizo caso omiso a las advertencias del rey y se dirigió hacia donde se encontraba Gabrielle. Cuando estuvo justo detrás de ella, carraspeó en señal de su presencia. Ella se dio la vuelta y quiso mirarla a los ojos, pero el velo ocultaba su rostro y se lo impedía. Xena elevó su copa y Gabrielle rápidamente captó y el mensaje. - Sé que no debería hablar una esclava con una princesa, pero aún así te diré Feliz cumpleaños - dijo mientras le servía un poco de vino.

Gabrielle sólo recibió un leve asentimiento en señal de agradecimiento. Al ver que eso era todo y que al parecer no podía esperar mucho más de la princesa, se giró y se dispuso a continuar su trabajo. - Gracias - murmuró. La bardo detuvo su paso en seco mientras cogía aire bruscamente al ver que el oxígeno simplemente parecía no llegar a sus pulmones. El corazón se le heló al oír de nuevo esa voz inconfundible, después de tanto tiempo. Aquella palabra retumbó, haciendo un eco casi doloroso en las paredes de su cráneo. Todo su cuerpo empezó a temblar. No podía creerlo. "Esa voz..." De nuevo se dio la vuelta lentamente para ver, con los ojos exageradamente abiertos, a Xena, la cual tenía la esperanza de ser reconocida y por supuesto de no ser rechazada. - ¿Xena?- susurró aún incrédula. - Gabrielle - ésta la miró de arriba a abajo, y se llevó la mano a la boca. - Pero...Tú...Yo...O sea.- no sabía que decir, al parecer sus dotes como bardo se habían volatilizado. Tenía tantas preguntas sin respuestas, necesitaba tantos porqués. Era lo último que se podía esperar - ¿Qué haces aquí? Eres...Helena...-. - He venido a por ti. A sacarte de aquí y a darte una explicación. Me da igual que luego te vuelvas a ir, pero antes tengo que dártela -. De pronto un joven y aparentemente apuesto hombre que no sobrepasaba los treinta años se acercó por detrás. - ¿Qué hace una princesa con tal hermoso rostro como el vuestro perdiendo su valioso tiempo con una esclava?-. - ¿Cómo decís eso si ni siquiera me lo habéis visto? - el hombre levantó una ceja -. - Me encantaría verlo - dijo con doble interpretación. - El rostro - cortó la guerrera "No soporto este tipo de hombre, si es que se les puede llamar así". - A eso me refería - dijo dejando notar su mentira. - Estoy segura de ello - dijo sarcásticamente. - Soy el príncipe Leonardo. Es la primera vez que visito esta ciudad, pero ya veo que hay una joven y bella mujer que hoy cumple años en ella - dijo haciendo una reverencia - Así que veinte maravillosas primaveras...Vos sois ya toda una mujer - "No sabes cuánto" rió en su interior Xena -

Felicidades -. - Gracias - a pesar de que sus labios no se le veían, en la voz se notó que una sonrisa se dibujaba en ellos -. - ¿Y cómo es que aún no os habéis casado? Si mal no recuerdo ni siquiera estáis prometida - "De hecho sí que estoy casada, justamente de esta esclava que está detrás mía ". - Aún no he encontrado a la persona idónea para ello -. - En fin ¿Os gustaría platicar un rato conmigo?- La furia que empezaba a emanar del interior de Gabrielle por ese asqueroso joven era casi insoportable y descaradamente notable. - Por supuesto. Estoy segura de que un príncipe como vos tiene mucho que contar -. - Así es - dijo con aire engreído "¿Pero quién se cree que es éste?" pensó Gabrielle. - Pero antes permitidme -. Leonardo se alejó un momento mientras le pedía vino a otra sirvienta que pasaba por allí, mientras que Xena se volvió hacia Gabrielle. - Te espero en mis aposentos después de la fiesta. Si pasa algo si que la princesa Helena te he solicitado para algún tipo de trabajo y te dejarán entrar en mi cuarto. Tú y yo tenemos muchas cosas de las que hablar afirmó sintiendo la suavidad de la piel de Gabrielle entre sus dedos mientras acariciaba su mejilla. Xena le regaló una mirada llena de ternura y amor indefinido, pero Gabrielle aún no podía mirarla a los ojos debido al velo que ocultaba su identidad. Aquella caricia propició un tremendo escalofrío que recorrió el cuerpo de Gabrielle cual carga eléctrica al sentir una vez más y después de estos largos meses el contacto de la piel de su amada guerrera sobre la suya. Tras lo que les pareció una pequeña eternidad, apareció de nuevo el prepotente y arrogante Leonardo, interrumpiendo aquel momento tan especial. - ¿Vamos?- Xena asintió elevando su mano, que la agarró delicadamente Leonardo. Gabrielle vio cómo se alejaba su guerrera, siendo conducida hasta uno de los rincones del salón. El resto de la fiesta transcurrió con la absoluta atención de Gabrielle en cada uno de los movimiento que Xena articulaba. Y ésta soportando a duras penas mediante falsos argumentos y disimuladas evasiones a Leonardo y a todos los demás que, de vez en

cuando, se acercaban para felicitarla personalmente. Por suerte, la falsa identidad de Helena no levantó ninguna sospecha y todo surgió tal y como fue planeado. La media noche llamó a la puerta del palacio y cual joven Cenicienta, todos los invitados parieron a su morada en carros y carrozas particulares. Rey e hijas también se retirando a sus aposentos a dormir. Y mientras tanto, todas las esclavas se quedaron a limpiar y recoger el salón hasta que quedara perfecta, tal y como antes permanecía. Y por ende, si ello suponía no dormir y ni siquiera cenar, que así fuera, según el rey. Intentaron apresurarse como humanamente pudieron para no demorar demasiado, pues deseaban estar en su habitación lo antes posible. Al acabar por fin su tarea, y después de revisar bien que la sala estaba totalmente recogida, todas se marcharon al cuarto a comer, tomas un baño y dormir. Todas a excepción de Gabrielle, que se encaminó a los aposentos de la princesa Helena. Perdida en un inmenso corredor que no parecía llegar a un final alcanzable, y frustrada por la aceptación de que su orientación no era precisamente envidiable, optó por volver a la antesala por donde había venido y volver a empezar. Sorprendentemente, mientras volvía, y doblando una esquina, su paso se atoró al ver justo en frente a dos soldados, cual estatuas inmóviles, a los lados de una enorme puerta. - He sido solicitada por la princesa Helena pero no encuentro sus aposentos - dijo con aire seguro pero a la vez, y sin querer, cuestionarlos. Ambos soldados ni se dignaron a mirarla, continuaron con la mirada al frente sin parecer tener un punto fijo al que mirar. "¿Es que no me oyen?" se preguntó Gabrielle al ver que ni un solo músculo de sus cuerpos se movieron. - Perdónenme, ¿seríais tan amables de mostrarme el camino hacia los aposentos de la princesa Helena? - cuestionó Gabrielle con ambas cejas elevadas. -............- "Eeeeeeooooo". Al ver la ignorancia e indiferencia que provenía de aquellos soldados, Gabrielle hizo amago de volverse con mohín irritado, pero el sonido de las dos lanzas que tenían en cruz ambos hombres al separarse la detuvo y se giró. La bardo supuso que eso quería decir que tal vez ahí estaba los aposentos que buscaba. Avanzó lentamente, con miedo de ser atravesada

por una de esas lanzas hasta la puerta. Al ver que los soldados seguían en su posición y no presentaban ninguna amenaza, Gabrielle abrió la puerta con osadía. Ahora sí que tenía miedo...pues lo que venía ahora le inspiraba mucho más miedo del que miles de soldados como aquellos podrían inspirarle. Cerró la puerta aún sin darse la vuelta. Sin embargo pudo percibir la presencia de alguien detrás suya. La luz que había provenía de la mezcla de la luna y de las muchas antorchas que había. El aroma era extraño, similar al de una habitación que se mantiene normalmente cerrada durante un largo periodo de tiempo. Su manos comenzaron a temblar. Una vez más. Mas el coraje t la curiosidad se aliaron y se volteó. La habitación era mucho más amplia de lo que parecía. Metros y metros la recorrían. Esto no era una simple habitación, era todo un salón que al parecer daba con una habitación más y con el baño. En frente y a lo lejos, divisó una figura de espaldas. Un atuendo de color blanco, probablemente un camisón, cubría parte de su cuerpo, a excepción de la espalda, que la lucía con clase y elegancia. Esa mezcla de curvas y esa piel tersa, morena, suave y dulce eran una tentación inconfundible. Su cabello negro caía alegre y despreocupado por sus hombros. - Xena...-. Los latidos de su corazón aumentaban su velocidad a medida que Xena se giraba lentamente para verla. Su mandíbula se desencajó desmesuradamente al fijarse en que el vientre de la guerrera no era notablemente voluminoso como había imaginado. Xena miraba el suelo...Había llegado el momento de la verdad...El momento que había estado esperando durante este tiempo parecía ahora algo mucho más difícil que la propia búsqueda de Gabrielle. - Mírame - sonó más a súplica que a orden, y ambas lo percibieron. Xena fue alzando la mirada poco a poco hasta posarse en el punto esmeralda que estaba en frente. Duelo verde azulado empató en el mar de sentimientos y demostraciones que había irradiado a través de esa mirada. No sabían qué decir, pero ambas sabían lo que sentía la otra. Esa mirada contenía aún la llama de un amor y una devoción que nunca se había disipado, y eso era lo único que les importaba en ese momento. Lágrimas incontenibles surgieron de ambas miradas. Todo el muro de piedra que Gabrielle había construido al rededor de su corazón durante

esos meses, simplemente se desmoronó en aquella mirada azul. "Sólo hace falta una mirada para poder salvarte" recordó la bardo las ciertas palabras de la diosa. Presa de la confusión y del anhelo de volver a perderse en esos brazos, corrió a ello en busca de amparo, calor y consolación. El silencio se apoderó de la habitación. Toda palabra sencillamente desapareció. Sólo por un momento el mundo, el tiempo, el espacio, los demás, los abismos que las separaban, los obstáculos, el miedo...Todo ello dejó de existir. Tan sólo estaban ellas dos, aferrándose una a otra, fundiendo sus cuerpos...Tan sólo por un momento... El llanto amargo de ambas amantes retumbó en la habitación. Era lo único que osaba a romper el silencio que se había creado. Xena sumergió su cabeza en el cuello de Gabrielle, inhalando ese perfume que tanto había anhelado. Una vez más pudieron sentir sus corazones pegados como uno solo. El contacto de la unión de pieles hizo que sus almas se elevaran como solían hacer hasta el cielo y así poder tocar las estrellas... Los gemidos de llanto de Gabrielle se hacían cada vez más intensos a medida que apretaba más el cuerpo de Xena contra el suyo. Acariciando el pelo de la guerrera, y sorprendida por el sufrimiento que parecía haber guardado durante este tiempo, por fin pudo articular palabras. - Lo siento Xena - murmuró entre sollozos. Fue lo único capaz de decir, aún sin soltar su cuerpo. Xena no podía hablar, pues un amargo nudo atorado en su garganta se lo impedía. Tan sólo cerró los ojos con fuerza y se aferró aún más al cuerpo de Gabrielle, como indicio de su incapacidad para hablar en ese momento. - La diosa Dafne me hizo ver la verdad. Me ayudó, cuando mis fuerzas se quebrantaban, a comprender que te culpaba de algo de lo que no eras culpable. Tenía miedo de los obstáculos, de que siempre hubiera algo a lo que superar. Huí de ti...cuando en realidad estaba huyendo de mi misma. Y por mi culpa te he hecho sufrir tanto...- el llanto aún continuaba impreso en cada una de aquellas palabras - Lo siento, lo siento tanto...-. - Yo también siento todo lo ocurrido....- . - Xena, escúchame bien...- dijo separándose por primera vez del abrazo para mirarle de cerca a los ojos. Pasaron varios segundos así, en silencio, tan sólo se mantenían perdidas en el profundo océano azul y en la

hermosa piedra esmeralda...- Ya no me importa que te acostaras con Ares, te he perdonado. Creo que hace tiempo que te perdone, pero lo mantuve como excusa. Lo más importante es que te amo como jamás pensé que amaría a nadie en este mundo y sé que tú también me amas de igual modo. No podemos abandonar ahora, mucho menos después de todo lo que hemos vivido - "Juntas..." pensaron las dos. - Gabrielle...Debes saber algo de aquella noche con Ares - sentenció. - No. Mejor será olvidarnos de ese tema -. - Pero yo...- intentó explicar. - Da igual Xena - interrumpió la bardo. - Eso no ocurrió Gabrielle, yo te engañe...- logró decir al fin. - ¿Qué?-. - Cuando te resucité...- "Ya ni suena irónico" - tuve que hacer muchas cosas para lograrlo, entre ellas hacerle creer al Dios de la guerra que había vuelto a ser la que era antes para gobernar el mundo a su lado, su reina guerrera...Y eso supuso acostarme con él -. El recuerdo de esa noche, que la había observado desde el cielo, junto con la culpabilidad abofeteó el alma de Gabrielle. - Cuando me di cuenta de que estaba embarazada me sorprendió tanto como a ti, pues sabía bien que nunca podría engañarte. Pero luego caí en cuenta de que aquel supuesto hijo era de Ares y eso fue cuando os vi en el bosque hablar -. - Xena...- Gabrielle no sabía qué decir. - Intenté explicártelo, pero...-. Xena no continuó la frase al ver que Gabrielle se arrodillaba en el suelo, con ambas manos en su rostro y comenzó a llorar de nuevo. La morena se agachó hasta quedar a la altura de Gabrielle, y tan simple como confortador la abrazó como modo de consuelo y preocupación. El llanto de la bardo era aún más intenso que el anterior, el cual parecía haberse apaciguado, pero que evidentemente no había acabado de hacerlo. Xena la mecía, y aún sin entender el porqué de su llanto, la consolaba en lo que se había convertido en un lento vaivén. "No puedo creerlo. Casi pierdo al amor de mi vida por el rencor, el miedo, la furia...la inminente duda... No sabes cuánto lo siento Xena. Hiciste algo por mi; te tragaste todos tus escrúpulos entregando algo muy especial a alguien que no lo era para ti, que de hecho hasta te repugnaba. Todo ello

por mi, y mi forma de agradecértelo es haciendo te sufrir más y dejándote sola cuando más me necesitabas. Jamás me lo perdonaré. Te he fallado, Xena. Una vez más en la vida te he fallado". - Me siento tan avergonzada - es lo que de pronto Xena logró entender entre gemidos y sollozos. - No te preocupes ahora Gabrielle. Ambas hemos sufrido mucho, pero lo importante es que una vez más nuestro amor ha sido más fuerte que todo - confesó mientras, desde arriba, cogía las manos Gabrielle y la ayudaba a ponerse también de pie. - ¿Cómo no me di cuenta de que fue esa noche? -. - Estabas confusa -. - No, estaba ciega por el rencor -. - Ahora ya no importa, Gabrielle , de todos modos no.- intento decir antes de que la bardo la interrumpiera. - Claro que importa, Xena. Realmente llegué a pensar que me habías engañado. He dudado de ti. De tu amor -. - No te culpes más...-. - Por favor perdóname...-. - Te perdono Gabrielle...No puedo hacer otra cosa más que perdonarte. Por favor no llores más -. Xena la había perdonado sinceramente. Ni un ápice de rencor quedaba en su interior, pero era la bardo la que no consentía perdonarse a si misma. Después de todo aquel tiempo resultaba que la guerrera, "mi guerrera", no era la culpable, sino la víctima. "¿Cómo habría estado Xena durante estos meses?". No quería ni imaginárselo. - De todas formas no notas que mi vientre no ha aumentado su volumen ni un solo milímetro - La bardo frunció el ceño al no entender el significado de sus palabras. - ¿A qué te refieres?- " Pues no es muy difícil de entender". - Gabrielle.¡pues que no estoy embarazada! -. - ¿Cómo? -. - Todo fue una falsa alarma. Por fortuna no me quedé embarazada de Ares. Hubiera sido terrible tener que portar algo en mi interior perteneciente al asqueroso Dios de la guerra -. - Entonces todo lo que hemos pasado estos últimos meses.-. - Gabrielle - le riñó.

- ¿Qué?-. - No lo pienses más, ¿vale?-. - Vale -. - Tenemos mucho que contarnos...-. - Sí -. - No lo haces -. - ¿Qué no hago qué?-. - Dejar de pensarlo -. - Es que no puedo -. - Sí que puedes, lo que pasa es que no quieres. Deja de torturarte -. - Pero yo...- quería decirte tanto y a la vez tan poco...- Te quiero.- y tras una breve pausa trató de seguir hablando - Y no sabes lo que es sentirse.... Su frase se vio interrumpida por el índice de Xena posado en sus labios. Fue uno de los gestos más bonitos y a la vez sensuales que había articulado hasta entonces. Esa mirada intensa desnudó el alma de la bardo que cual discípulo obediente, calló. El azul de sus ojos y el verde de los de Gabrielle se fundieron en un profundo mar de amor verde azulado. En los labios de Xena bailaba una sonrisa leve pero sensual. Más consciente que inconscientemente, al tiempo que se perdían en la mirada, se acercaron la una a la otra hasta quedar a escasos milímetros la una de la otra. Podían sentir el aliento la de una en la boca de la otra, mientras que sus corazones latían más fuerte que nunca al mismo ritmo, como si se tratase de uno solo. Sus labios se unieron sedientos de amor, de un amor que únicamente podía darse ellas. Al principio solo fue un leve contacto sin movimiento, pero se vio precedido de uno mucho más intenso pero incapaz de ser más sentido. Sus lenguas se buscaban desesperadas después de tanto tiempo. Casi no recordaban la sensación tan especial de sentir tanto amor en un solo beso. Tras unos eternos segundos se separaron. - Yo también te quiero Gabrielle. Y sí se lo que es sentirse enamorada y correspondida al mismo tiempo, y realmente es lo más maravilloso que te puede pasar en la vida. Es algo tan difícil de explicar con palabras.Es algo que quiero sentir siempre contigo, durante toda la eternidad, pase lo que pase.-. - Te quiero Xena -. - Y yo ti mi pequeña bardo -.

Ambas, cogidas de la mano, se dirigieron a la cama. Con una indefinida sonrisa, se recostaron en ella sin dejar de mirarse la una a la otra. Xena se tumbó encima de Gabrielle, la cual suspiró al volver a sentir todo el peso del cuerpo de su amada guerrera sobre el suyo. Al mismo tiempo que intensificaban sus miradas, si eso era posible, se abrazaron con fuerza, al igual que hicieron sus corazones y sus almas. Fundidas en un solo ser permanecieron un largo rato, lo que pareció un rápido segundo. Una vez más se prometieron amor eterno y, entre caricias, susurros y besos, lenta pero no por ello menos apasionadamente, ambos cuerpos desnudos se entregaron toda la devoción y amor que se inspiraban, como si fuese la primera y ultima vez. "¿Qué es el amor? Una pregunta tan simple y tan difícil. Una cuestión que pocas personas se dignan a contestar ciertamente. El amor es la única y exclusiva fuerza que nos hace humanos con alma. La inexplicable energía que me mantiene viva. Es un sueño viviente, es el todo. Una palabra a la vez es todo el vocabulario. Tan insignificante y tan complejo. Tan profundo pero tan simple. Imposible de entender con palabras, y únicamente capaz de ser comprendido al rozar tu piel con la suya. Tan fácil como dar una caricia y tan exquisita como recibirla. Dos corazones y un solo ser. Dos personas y una sola alma. El amor es puro sentimiento, pura devoción. Es vivir por y para esa persona. Es sentirte viva, llena de pureza. Es reír y llorar sin quedarte nunca ronca. Es mi fuerza y mi debilidad; mi valor y mi cobardía; mi premio y mi condena; mi claridad y mi duda; mi miedo y mi valentía; mi camino y mi obstáculo; mi esclavitud y mi libertad; el aire que inspiro y la asfixia que no me deja respirar...El amor no es sólo amar, es amar y ser amada, saber que es un sentimiento mutuo, sentir de una vez por todas que no te has equivocado en la vida, y que por fin le encuentras sentido a ésta. Es darte cuenta de lo que significa verdaderamente un o una simple caricia. Es mi calor, mi guía, mi luz.El amor es la razón de vivir. Es la misma vida..." estaba escrito en el corazón de bardo y guerrera. Abrazadas y unidas en todos los sentidos en que se pueden unir las almas gemelas, permanecieron en silencio, pues los latidos de su corazones agitados, mezclados con el canto de los pájaros que libres y alegres cantaban al amanecer, era lo único que querían oír. Al menos por un momento.

- Llegué a pensar que nunca volvería a sentir esto - rompió el silencio Xena. - Y yo -. - Gabrielle, estuve a punto de creer que mi vida ya no tenía sentido. Y todo ello por pensar que te perdía. Nunca antes había tenido tanto temor a estar sin ti - "Cuan equivocada he estado estos mese.cuan perdida.La vida es un sueño si comprendes lo que es el amor.". - Xena, ya has sentido antes ese miedo -. - Nunca de este modo, de verdad. Esta vez creí que te perdía porque así lo habías decidido -. - En este tiempo e comprendido muchas cosas, entre ellas que jamás te dejaré, mi amor, pase lo que pase. Te lo prometo - dijo besando su frente. - Al final todo termina bien -. De repente, unos guerreros que por sus vestimentas más que pertenecer al ejército real, parecían bárbaros, irrumpieron en la habitación. Éstos empuñaban amenazadoras espadas, que apuntaban justo a Xena y a Gabrielle. Entraron alrededor de veinte hombres, seguidos por Balkho, el señor de la guerra más temido por aquellas tierras. - Así que la princesa Helena ahora es Xena. Sí.mientras la verdadera princesa está por ahí escondida temiendo su muerte aquí está su impostora montándoselo con una esclava. Jamás pensé algo así de Xena. Me dais asco.sois unas blasfemas.-. - Desafortunadamente las personas como tú nunca comprenderán el verdadero significado del amor - defendió Gabrielle, que se encontraba entonces de sentada sobre la cama alarmada, al igual que Xena. - Habéis profanado la religión -. - Nuestra única religión es el amor.- dijo agarrando la mano de Xena y entrelazando sus dedos. - Ya basta de tonterías - pronunció desenvainando su espada y la acercaba bruscamente al cuello de la bardo, sabiendo pues, que ésta sería el gran punto débil de Xena - ¿No sabes quien soy Xena?-. - ¿Debería saberlo? - la guerrera decidió no realizar ninguna acometida que pudiera tener como consecuencia la muerte de Gabrielle, así que de momento no actuó. - Soy el señor de la guerra Balkho - Xena había oído hablar de él pero nunca lo había visto y por ende no lo había reconocido- Fui yo quien

mandó a aquel desgraciado muchacho a por Helena. Pero al ver que me has fastidiado los planes, supongo que cualquier otro señor de la guerra, de los muchos que te odian, pagarán por la cabeza de la legendaria princesa guerrera aún mejor de lo que me pagarían jamás por la princesa Helena -. - No creas que este plan te saldrá bien - dijo con su característica ceja elevada. - Por si no lo sabes ahora mismo estoy amenazando la vida de tu rubia, así que yo me dejaría de sarcasmos -. - No era un sarcasmo - afirmó. Balkho, levemente enfurecido, alzó su espada con el propósito de dirigirla hacia Xena, pero se detuvo. - No vas a matarme , te valgo más viva - dijo con desprecio en las labios. - Tienes razón, pero cuando se está vivo es cuando más capacidad tenemos los humanos para sufrir ¿ no es cierto? - y entonces se dirigió a sus guerreros - Cogedlas y llevadlas a las mazmorras del castillo -. A pesar de todo lo que habían vivido, era inevitable sentir miedo ante tales circunstancias. Los guerreros, leales a su señor, agarraron de forma brusca y ruda a las dos mujeres, y las arrastraron como pudieron hacia el exterior de la habitación. Al salir de esta, observaron los dos soldados que en la puerta se encontraban desparramados por el suelo al intentar detener aquel asalto. Por un pasadizo secreto antes desconocido por las guerreras, salieron a las afueras del castillo. Al llegar al patio encerrado por el puente levadizo Xena se cuestionó cómo habían logrado entrar estos guerreras. Pregunta que fue respondida al instante al ver que un desleal soldado real les abría el puente para traspasar el foso y así, atadas y montadas junto a un hombre de Balkho pasar por el bosque hasta llegar a un pequeño pero complejo castillo. Rápidamente fueron conducidas hasta las mazmorras. Justo antes de entrar en ellas, fue el momento esperado que había planeado Xena, y fue entonces cuando la guerrera con sus preciados dotes como tal, comenzó de improviso a repartir golpes a los guerreros. Balkho sabía que Xena haría eso en cualquier momento, aunque se sorprendió que hubiera tardado tanto. Gabrielle la ayudo y juntas comenzaron a intentar escapar de allí de la única forma aparente. Muchos guerreros salieron malaventurados por la fuerza de ambas guerreras que, aunque permanecían maniatadas, nada les impedía seguir

luchando y defendiendo sus vidas. Pero en un momento de distracción por la vida de Gabrielle, Xena recibió un fuerte golpe, tirándola al suelo. Balkho se acercó a ellas junto con muchos hombres más, lo cuales imposibles de vencer debido a su gran cantidad. Volvió a desenvainar la espada, pero esta vez dirigida hacia Xena, que se estaba levantando del suelo, posándose frente al señor de la guerra y, siempre protectora, delante de Gabrielle para cubrirla. - Me da igual si vales más viva o muerta, pero estoy empezando a perder mi paciencia - dijo gritando y golpeando ferozmente el rostro de Xena, volviendo a ser lanzada hacia el suelo, aunque esta vez con el labio roto y la mandíbula casi desencajada. Una vez más fueron agarradas y llevadas hacia el interior de aquella especie de prisión, donde más tarde recibirían una gran paliza nunca antes recibida al menos por Gabrielle. En todo el proceso de tortura la una sólo y exclusivamente miraba por la otra. Golpeadas, encadenadas de pies y manos, malheridas, arañadas, dolidas y al borde de la muerte las dejaron encerradas en aquellas solitarias mazmorras. Tan sólo tenían al carcelero con las llaves en la puerta vigilándolas. Tras varias marcas de vela medio inconsciente s, Gabrielle se atrevió a romper el silencio. - ¿Estás bien? -. - He estado peor estos meses -. - Al final no todo termina bien -. - Esto no es el final -. - Xena - gimió ante el fuerte dolor que sentía en la mayor parte de su cuerpo. - Que -. - Si muero quiero que sepas que lo hago feliz, porque al fin he comprendido que pase lo que pase siempre voy a amarte, y que más vale perderse en el bosque que nunca entrar en él -. - No vas a morir - dijo arrastrándose por el suelo, incapaz de andar, para estar al lado de Gabrielle - Nuestro amor nos salvará en cualquiera de los casos - sentenció mientras se abrazaba fuerte al cuerpo de Gabrielle buscando calor para pasar la noche, ya que lo único que vestían era unos trapos sucios que cubrían menos de la mitad de sus cuerpos. - Intentemos descansar -. - Sí, mañana saldremos de aquí - dijo casi en un susurro.

- ¿Y cómo? -. - Ya te he dicho que con nuestro amor -. Gabrielle, perpleja y con el ceño fruncido, insistió en saberla treta que a Xena se le cruzaba por la cabeza, y ésta se lo explicó detalladamente. Más tarde la bardo se recostó sobre las piernas de Xena y, mientras que ésta le acariciaba todo el rostro, pasando las yemas de sus dedos por sus labios, sus párpados, sus mejillas, por cada poro de su piel.Gabrielle fue cayendo lentamente sobre el regazo de Morfeo. La noche transcurrió tranquila, y mientras que Gabrielle dormía, Xena la observaba maravillada, admirando la belleza y la dulzura de cada uno de los gestos que bailaban alegres en el rostro de su bardo. A la mañana siguiente, la luminosidad del sol que se colaba por la ventada abarrotada despertó a la guerrera, que se había dormido apoyada en la dura pared de piedra. Vio que Gabrielle, en la misma postura en la que se había dormido, aún seguía dormida. Era hermoso ver la placidez que la acompañaba siempre, una cualidad que había enseñado con el paso de los años a la propia guerrera. Ésta se agachó para besar la frente de Gabrielle, causando como efecto una oleada de color verde esmeralda inundada en sus ojos. Ambas se sonrieron al verse una mañana más después de todas las mañanas solitarias en este último periodo de tiempo, pero a Gabrielle pronto le vino la realidad a la mente al encontrarse en aquellas frías mazmorras. - Buenos días -. - ¿Buenos?-. - Los mejores - dijo sarcásticamente Xena. - Perdona, pero me he despertado mucho mejor en otras ocasiones - dijo sonriendo pícaramente. - Y aún te quedan muchas mañanas mejores -. - No estaría yo tan segura -. - ¿Quién sabe?-. - Yo lo sé Xena, y tú también. Estamos en las mazmorras de un señor, si se le puede llamar así, que o nos mate él, o nos vende para que otros lo hagan. Creo que intentas negar la verdad -. - ¿Qué verdad? -. - Que vamos a morir -. - ¿Acaso no lo hemos sabido siempre? -. - Parece que aún no lo has aceptado -.

- No me van a matar aquí -. - Por los dioses, para de afirmar algo que sabes que no es cierto. Afróntalo -. - No hay nada que afrontar - gritó, llamando la atención al carcelero que dirigió, interesado, su mirada hacia aquella conversación. - No me grites - pronunció poniéndose de pie. - ¿Cómo que no te grite? ¡ Siempre con la negatividad por delante !- dijo aún con el tono de voz elevado, e imitando a Gabrielle. - Xena, tu plan no da resultado - murmuró en un hilo de voz. - Plan B -. - Lo siento -. - Sí, yo también lo siento. Además tienes razón, nos van a ejecutar de un momento a otro y nosotras aquí perdiendo el tiempo con una discusión de crías -. - Deberíamos aprovechar nuestro tiempo juntas.- dijo pícara enjarrando sus brazos. - Creo que sí.-. Xena se lanzó cual tigre apasionado sobre Gabrielle, enterrando casi agresivamente su lengua en la boca de la bardo. Sus manos corrieron libre, apresurada e intensivamente por cada parte del cuerpo de la otra. Guturales gemidos partían desde la garganta de una a la boca de la otra. Casi sin poder respirar debido a la pasión con la que atacaba su guerrera, Gabrielle intentó desamarrar el nudo de lo que parecía un top, que llevaba Xena. La curiosidad y morbosidad hicieron esclavo al carcelero, que, hombre hasta la médula, se levantó y se acercó a los barrotes de la puerta de la mazmorra para tener mejor visión. La guerrera notó eso y, disimulando no haber visto nada, estampó a Gabrielle contra los barrotes, devorando como una fiera su cuello, incluso dejando varias marcas que indicaban su paso por allí. La bardo estaba disfrutando bastante, y el placer a pesar de todo se incrementaba cada vez más. Subió su pierna rodeando a Xena, que la agarró con su mano derecha. Con la misma pierna y siguiendo el plan, lanzó una patada, entre barrote y barrote, a la entre pierna del carcelero, que se había estado acercando cada vez más. Ese gesto hizo que éste se agachara dolorido, y acto seguido, Xena dio un golpe seco con ambas manos en las dos partes del cuello, dejando a aquel hombre inconsciente. - No se puede ser tan morboso -.

Gabrielle alargó su brazo entre los barrotes hasta llegar a manojo de llaves que estaba enganchado en la hebilla del cinturón que sostenía su pantalón. Fue entonces cuando abrieron la puerta y salieron de la prisión. - ¿Ves como nuestro amor nos iba a sacar? - preguntó Xena. - He sido fuertemente tentada a olvidar tu plan y seguir con el mío propio -. Ambas rieron en voz baja, para no alarmar a los guerreros que se encontrarían cerca. Unieron sus labios por un momento, y, asidas de las manos, se dispusieron a salir del castillo. Cual expertas en huidas, después de todos los años que han pasado juntas, lograron pasar desapercibidas por el castillo hasta llegar a una ventana que les llevaría al exterior. Había guerreros por doquier, mas eso no fue ningún impedimento para salir. Una vez fuera, montaron en un caballo que se encontraba a las puertas del castillo, y se dirigieron a la aldea que se encontraba al norte de la ciudad Rowelf. Aún no se habían bajado del caballo cuando Balkho y sus hombres se presentaron justo enfrente. Al parecer al momento de salir del castillo, el señor de la guerra salió para concretar la compra de Xena a un romano, y al ver que su caballo preparado no estaba, descubrió la escapada. Ambas desmontaron del animal rápidamente y sacaron dos espadas que se encontraba envainadas a ambos lados de la silla de montar. Pronto se desató una pelea que no duraría mucho más de cinco minutos, pues en un momento de distracción de Xena, una vez más, Balkho se acercó por detrás empuñando una espada con el propósito de matarla, pero Gabrielle, que se encontraba detrás de él, se adelantó y, enterrando una espada en su espalda, que había lanzado desde la lejanía, acabó con su vida. Al instante todos los guerreros se retiraron vencidos. Tanto los aldeanos que había peleado como los que se habían mantenido fuera de la lucha, gritaron victoriosos porque al fin nunca más serían atacados, vendidos o esclavizados en secreto por el maldito señor de la guerra Balkho. Todos ellos les dieron mil gracias a las heroínas e incluso le invitaron a una fiesta que organizarían esa misma noche en su honor por haberles ayudado a salvar sus vidas. Al principio se negaron, modestas, pero al final accedieron a la proposición y se fueron a la posada hasta la noche. Allí se prepararon para la fiesta, no sin antes curarse las feas heridas que tenían las dos. Llegada la noche, salieron de su habitación, vistiendo las dos al fin su ropa

de viaje, pues ya la empezaban a añorar después de todo. Los aldeanos se habían esmerado en la fiesta e hicieron de la plaza de la aldea un lugar alegre y luminoso, lleno de mesas con comida y bebida, de colores por todas partes, de risas, de bailes, de música, de luces de velas y antorchas y por supuesto lleno de piropos y agradecimientos a las guerreras. - Que alegres están - dijo Gabrielle. - Casi tanto como yo - dijo abrazándola y pegando su cara a la de Gabrielle - Por cierto, hay algo que quiero preguntarte -. - Dime -. - ¿Algún lugar en especial donde pasar el próximo mes? - ¿A qué te refieres? - Pues a.que aún no hemos tenido nuestra famosa luna de miel - dijo luciendo una hermosa, romántica y cálida sonrisa mientras que a Gabrielle se le iluminaba el rostro. - Me encanta lo detallista que eres.-. - A mi me encanta todo de ti. En fin, ¿dónde quieres pasar conmigo los próximos días? - Mientras sea contigo me da igual.-. - Tienes razón.Mmm ya me estoy imaginando un lugar romántico con vistas al mar, buen vino, velas, típico pero precioso, una cama, tu y yo a solas.- dijo con una sonrisa en los labios, incapaz de desaparecer, antes de besarla. - ¿Sin aventuras?-. - Las únicas bajo las sábanas.- susurró al oído, lo que propició un enorme escalofrío a la bardo. - Xena.- dijo ruborizada al tiempo que la guerrera rompía a carcajadas. - Estoy en el cielo... Por fin todo acaba bien -. - ¿Crees que Ares se ha rendido?-. - Claro que no, pero creo que después de todo no va a poder con nosotras -. - Allá donde vayamos surgirán problemas y obstáculos -. - Yo creo que este ha sido el último obstáculo -. - ¿Y eso?-. - Pues porque ambas hemos comprendido que mientras estemos juntas, ahora más que nunca, no va a pasar nada malo. Gabrielle, los obstáculos los ponemos nosotras, los obstáculos no existen ya, porque sabemos que nuestro amor es más grande que todo y que pasara lo que pasara siempre

nos vamos a amar de tal forma que será nuestra salvación.siempre. Ya hemos vencido nuestros temores.hemos unido los últimos abismos que nos separaban. -. - Ella tiene razón - sonó una tercera voz que provenía de una aparente joven aldeana, la cual, después de decir eso se dio la vuelta y se dispuso a marcharse. - ¿Y tú quién eres? - preguntó la bardo. - Mi nombre es Dafne -. - ¿¿Dafne?? - exclamaron ambas al unísono mirándose la una a la otra, para que cuando volvieran la vista a la diosa, ya había desaparecido. - Voy a empezar rendir culto a la diosa - bromeó Xena. - Cariño.¿bailas? -. - Gabrielle.no sé.-. - Vamos, es divertido, no seas así. Esta noche es muy especial.-. - De acuerdo. Bailemos -. - Te amo Xena -. - Y yo a ti mi amor - confesó una vez más mientras sus miradas, esta vez más especiales que nunca, se fundían en un profundo mar de sentimientos, expresando a través de ella toda la felicidad, vida y amor que sentían la una por la otra. FIN

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