La sociedad medieval (R. Fossier).pdf

October 27, 2018 | Author: theseus11 | Category: Late Middle Ages, Saxons, Roman Empire, Franks, Gaul
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m* ROBERT FOSSIER

LA SOCIEDAD MEDIEVAL Traducción castellana de

JUAN VIVANCO

0,fr.

A

INTRODUCCIÓN En el tímpano de San lázaro de Autun, en el de Bourges y en offo§, los resucitado| §e apresuran hacia el iuga, ad Juicio. como en

las sinfin a las que, más turde, t", oríirtro la Muerte, esiinLprr_ sentados todos los >, es un l" novelté iitlslitit 'áirZn¡rro erwiado de Dios o del Diablo? No fal' paso, que estd de

¿un

pero toi, ¿rta, iuego, el *árino áudaz ni el aventurero o el peregrino' que al mundo por un ¡os'd.emás viván sumidos en la angustia generada

ill' 10

LA socrEDAD MEDTEvAL

wrnooucclóN

no se sabe dominar No es que se trate de una sociedad inmutable, pero estos rasgos se manilenen durante mil años, ro m¡sma*qri""n liironomía ly estrecha dependencia ¿, to roiuioizo. Corwiene, por otra parte, hacer la siguinte salvedad: los grupos so_ ciales no viven al ma.rsen de lasÍuerzar"¿rlo naturaleza. Sin caer en un d rmi y x.m g e o g r áfic o q u u ák, i, i i*pl 7.e 2 ", o del cEmL. x n, h, b, i";- r;;;r-o t " n _ ción a la influencia der ririeve En suma, nuestra repión se div.ide en dos zonas, bien detimita¿o, ,¡ o orillas del mar latino, las lluvias, v¡otenias t

;

El camino a recorrer también esú determinado por las

observaciones anteriores. Si la «Edad Media» se disting-ue de la Antigüedad es por el desplazamiento del *orro g"ogr,i¡Árn' qu" ,e *u"ri, sus.fuerzas t:*r*_ uivas,

por

ti*bre

;

uini.

;;;¡;;;;;;;

no siempre- es lafni.gil

il

"niii,

"s*li. ri;:,:;;";r;;7:r" jiit,

i, íir'ii" ,rrrl*ir",

i

;

dicir;ción

cinco primeros sistos_yedigvale¡,

los

y-1tiri"¡r,r" i" ,;;";r;,;;;;:;

r; buscar un hito es purq teoría o fastidioro iiiino. Luego, en una lenta gestaiión _unos dos siglos_ entre 900 I0g0 según los lugares, se ua pefilando una ,o"¡r¿ad en la que las necesidades de la familia y ios interes^ ir, grupos.se

,r"

y

ii"ro

i" equilibran, en l2económíco prlaárii"11:iq* trlira¡"r, la retajación sobre et miedg' Tbdo lo que re da a ra Edad Medíaeuropea su rugar en ra aventura humana surge durante los tres o ,;;;; siglos que van de los normandos al lecho de muerte de san tu¡s: it aumento demogrdfico, la apropiación definitiva del suelo, la red de caminos, p,riÁ"flááln*_ mo, y también la victoria de la pareja "l una Europa y el despegue de con_ quistadora de los otros mundós. i"á" q;;í;;';;;;;;;r;; la

;rr;;;;;r;

ql-;;;;;"

oiii'

tó en su -y imperio. Un profundá ,i"r",io¿unsmo"ruoo,r-qllffrr#)un_ caracteriza, pues,

-."á

rii

_qy" u aárír"¿, ¿rZí_ "t ü r"ír"o*;T i""i"¿oriot que imponen los germanos

o recuperan los celtas. Esta lenta ósmosis á **porZl"'*¿o, -r: ffic an a, " * * ;, "*pirzo ; ri i{tí",,T *rr r, _ mente en er ru. En este sentido, nuestros'cortes " "i; "' académicos conducen a engaño' sobre todo si nos ceñimos ar timbito de ra historia social: una vez terminada rafusión d9 ros dos mundos subsiste trn"¿i*"liái"¿" to, suieciones ! los marcos here(ad:y qg Lo único que vuela en 9in-if*r. pedazos

,r" frecuencia el pastor trashimáwe, *ro i"Áiudo, que como er aldeano es poco dado al progreso.técnico y al desairollo social, y depende por etto det habitante de tas ciudades y ta riiíi. mrqiiiil,i í¡"lríZriirro_ ta, no sucede lo mkmo con el ma4 tan cercano: páís de mercaiiÁ, ii"r¡_ nos, pescadores, regióy de la.s ciudades griegai y de laÍJrbs, ,riii*¡o, naturales propicios al.espíriru emprend"edoi oi o¡,in d; ;;;;i;;;';, c.ontacto con los pueblos visitadoi, a la sutiieza,'la gentilezía, rlríu¿", ",

individuales que se combinan pu,"iri-"on los ;";;*_ les que forman la «verdadera,"o*o Edid g"¡ra para adaptarse a las irmei¡aa, o "iir"o-lirrpá:.#ra ,upri,Áriiíiñ¿, explicar el retraso en el_contingencias q.ue fieron qu",iinn regiones que habían dirigido el mundo. su debil¡dad *rál "rtus momento en que ra tierra lo ey ndg- ras reregó a ros dmbitos d"ia-")eoc¡¿n artística y las operaciones bancarias, prestigiosos p"ro ,""u*áo,rios. Mucho *aí ,ii;iiiá, y también más diversos apaiec"n los países ,ilr"r y gerrnanos, donde cre_ cen los robles y las espigas en la tiirra y un pueblo den_ faitii-y so de campesinos y guerreros sieüq "rp"ro, v;rdadáramente las bases de una sociedad nueva. No habrá dificu*a¿ tos m,atic"i determ.inados "" geognificos b; las etnias: el hom_ .r,,s,.os i;;;;gerían " á, riizr¡o, er pastor bre del boscaje bretón o rre ios montes de saboya, diferente del labrador.suabo o picardo,et lugar"comparable al que tienei más al srr.'ü r"rdad es que un vigoro_ so esÍuerzo de los historiadores del sol ha iaba¿o ,on ir-iriu";;7;;;, nórdico, antaño condescendiente con .u del sur», y mejor la originaridad y, a veces, ra precoíidad de mucüs mediterráneas. pero la'madera y el hierro, ,:llu"ro y la piel, el trigo y la leche, son típicarnente medievaíes, y irt suplantó a Roma, y "oi"."forís fue por alguna razón.

progreso

I o s h i s t o r i a d o re s c a l

del campo, frugal por

En la vida

et

bres hasta entonces considerados

ii Ár;;;;;;;;;'ioiifo'iro, danun,""t;;,-;;;;;;;;;;;;";;;;:,!"ri"Íi,,trT;i!,í:?j;:#; en los montes y la sequía en el llano. E;* i;, oüvos, bajo las encinas, el cultivo

da una producción escasa, prro necesidad, s9 aferra a su pequeño bien. "i

ll

.oye

í;;*" *"""di la línea ¿" t;sájr." eunqui-i-no r"r¡" de choques violen- ¡una,mutaciónfundamentar! tos, por acerca de las premisas, pero no acerca

lo demás sin graves consecuencias, aceleren su curso o acen_ túen sus rasgos, por lo menos después ¿, ii'so,

t,

fi""ráiLro antes del año m, orosigue su iarcha verdadero cambio hasta bien entrado el sigio xwil, pesar (una "" de la vieja herencia de ve7 más) -a los cortes universitarios debuizoi. ñ; 17;;;r',,s¿o¿ tendré que fingir que creo en su existencia, pero pr;;;;';;r";; bre que conoció a Diocleciano es el ,t qrl que su descendiente atemorizado por el *r, se parece mucho al campesino de Luis XV y que la articulaciin ¡unaam"ital ,, ,rZi"í"" entre ambos. Desde luego, se pasó a través de *rrnii'rtopo";;;,1r,

tii

i¡r*, ír, áli

«estados>>

"irirliil

;;

M:"dil,;;;;,, ü* ri-, ir";r;;;;rr,

a los «órden"ro, y á, éstos

a las- o,clasesr; el clima mental, s ufió alte racioiu-lir¿o 1!re. de spre ciable s ; la aüo_ rida d cambió de a so e cto,-y e.n la . ptoniiir,' i, fr";tr ríáu hay ilusión. Evidentemente, lo rcnáré ,n s

todo.e I re li gioso,

;;l;iiT.íri

"lrlio.

13

INTRODUCCIÓN

LA SOCIEDAD MEDIEVAL

t2

d'el ba' que el le-ctor tenga una idea También puede ser provechoso Dáscribir no es nada gaie documentat de ,í"Tü'"7'"'i-11-'111111"r la iusticia' los resortes tas fácil: las estrucruras políticás' los engranaies.de tos séieros titerarios v 'de ta economí', tt' estudio El tramd' iín" su

i"tii¡i"it' ';;;i;;;"""t formas estéticas o'n'íi'\iá'io '¡iíto'¡oty

delosgrupos'o'iot"i'""q"u'"'i-ouo'¿o'""::;:'3r;2::":;;i;.0'rrtf:, considera un an se aslectos, que a menudo

rcnemos q"""mos ceñimos a este terna' del

ááo7'í ?í;;;;'Tiol'o''io escrrsa' El historiador que La niu*"ito'¡ón es muy aue reconocer

que han legado los tiene que comentar lo iensamiento o del arte sólo y.el dereiho puede deshacer 'siglos medievales' El ¿i-ti' ¡"t¡ti'iones estdn vivas' digan lo que el ovillo ¿, ,o"'*o'íi v pi""t"'ii i"":":: El economista ya no lo los defensores-le'li' pero hov en tan

dlgan

ilane fdcil, sez de dabs escrito? t;" amueológicas o de la

se tiene

ti"*po'

modernos'

día incuentra una:ompensagiA\^1!1;¡ca-

; fu*rc desarrollo de las investigactones sociedad Pero el historiador de la "'oii'"oto' a los documentos' No hay que limitar iasii exclusivarnente de

sobre uno ;;;;iá'iin¡d".¿" tos hornbres como una claro poco '"ri; * d.e vida' tdn ellos, tan impreciso íiáo divergentes' Y en "¡'el

nada tan difícit de

ooiniines

v conciencia de clase,"r";;;;;;¡'i;'nL.cifras ayuda seria de ras ciencias niruguna ,rpiro, pu"ii este caso no ,, que estudia el comportaafrnes, en su estado"l'ít{i'lí mu'chas c'osas al «primitivas.»' poaitá a'urar miento de las soc¡ed'íiis científico que el es d"Áasiaito tenue; unas medievalista, p"o tZ*íin'[x¡'¿* historiador al superird

'i;'1"'iisá'

observa

las

,áu*"i i¡" audn le inútil'mente de ¿i lno' cambios "uyo'iífg"n trata un e que leto mero-

manchis

eau§as cósmicas

s l'qie ¿lo so i al. exhumar dcscntrañarcl una prueaportard cabaña' de "suní;i't el vlnglo eon ¿ artessnía; la "an'oií'náíi'á'il¡';áo o de la meaiic'ina áe ha fu la vlolencia de la époc^a

son' hlltorlodoraetarte.poaraofrecerparadistintasépocasunasrepresení;;;1i'i¿o't" del mundo''Pero todos ellos

Melonc§ flguradas ';;;;;,'-^;;i",n*i"o'"'*;;;*';tlYy-r?.'rry:;;r':';':,;r:.'*"

ulrt

u

que recurrtr'.p dlstinguen mal' Hay

imprecisión del vocabulario

Y;'7"; h'';;;ionado la en concep¿,Qué actas? uncts veces enzarzados galtdct dc la ptuna"iíe- ui'no' hombr"s comct unas realidades mal el que rcn Jurtdlcos ""¡*yod?: *'n'¡onado 'oauá1í'"áí'^ tlÁ';i"¡;"' Tambiéi-ii t'o prcndldas, po'qu''-io' de caso el en de la extrapolación 'hlstorlador ¿'a' v N nos ha llegado

;;;;;;*''¿'í' De lo.s '¡rtoi'"t p"" "iio'*io'"'il'ig"suficiefie para pííii¡i"'"r" yláriot mites ie actas. ¡.Es í"¡in¿' sobri todo en Áquitania' saionia' dar una ¡a'o los perbdos una veintena a"

'mío'fri"ít

Y todavfa que no sabemos absolutamente nada? Eseociay Brutaña, de las el siglo vn o con con'tparación en so ffata de un perlod'o bián conocido' r o' h a.s' a um e nt a' qu' p o' ái á"' l" ; ;il' " t to -b a g ai 1 e I x. E s v e rd a d -p-e variedad "" la a' lás'fuentes v m el final tropezamos

;; ,íí t'"liüi¡¿o¿

de los textos.

dificultades de la investigación es En efecto, una de las principales que háy que aoricar aros documentos. ra diversidad. a" u, tááínie,ntás ley e s bórbaras' c dnone s c onciliare s' IJ no s son texto s reglaiei:ntarios'^ señoriales y derechos de relaciones edictos, ordenanzas, 'or'¡'uto'"'' la intención del legislador campesinos, ,o,to' u'í'on";;: situar a tos

{;i" "*i'it* srupos ;;;;;;";;-irto'o'íJ'n- ie votuntád' pretenden en realidad' ¿qué eran? pero sociales en cateSorru'"¡u''la'i'o' ¡ormalis' Ótot son documentos contaLa mayoría a" m, ,'iii io lo íabe*ot' de los carolingios.a

fogaies

polípticos bles en el sentid.o o*píír,'á" bs ittoi t" encuentrqn los listados de cen' nnt'e Me¿¡a'' Edad' la finales de del si.gto nv' las listas de cuentas sos del siglo xu, to' oíii'it-"ito'¡ales de voluminosos' precisos y dignos det siglo xv, documen)i"ilÁ)'"t's' por ninguna de hecho no viciada crédito, pues reflejan" """"t¡'i"'¡An no dolosa' Pero estos documentos intención p'i"'¡pi"i irá"típíl¡* í, algunas aportan sólo grupos sociales' Drestan mucha atencián a los 'indicaciones yolumen: tt hs otras por su Hay una tercera categoría rnuy supenor testamendonaciones' arriendos' los documenn, a" u pii'i¡'o' "itot' « el p-a1^nuestro del rnedievalista»' tos, reconocimientos *¿t ¿"'5'000 carrularios' eclesiásticos Sólo para Francia de d" ortgina_les o copias, en total cerca o laicos, varios cientÁ";;;;k;; y 100' por 10 det *Znot millones de textoi,á''áti'i t" há.editado

cifradas'

1ii'Ñ's¡ot' t';;;;;;;

dos

las

nunca se non

los

terceras partes.

Allí

se

"rru¿ioáá"íriá'Áirr, nu"ttra investiSa'ción' porque a través encuentra t, *otrriofiín'¡p'oli'perciben los móviles y las segundas de estos textos tan de la riqueza o el poder se perfila, intenciones, ,, *¡¿rn"lo"i'iíir*"io, los «estados»' Sólo con la silueta ái lrt ir,ÁUres, y de todos

í;;;;;';;

en surna,

una explotacion c ue

st ione s

c

,i'ti*lt¿ii

ontrov

e

r tidas'

¿ii

"í''

*ina

se

podrtin dilucidar muchas

se basl ,"n"*oi lo, obras literarias' Su reputación I'os a diferencia de los otros textos' tudo en to que tienen ;"";;;;;;:;:o' orte c de balada de ge sta' in fabliaiu o una tip o s sociale s de una iái' ¡¿" una

por último,

sobre

prrr"lill i n¡i*in¿or de -ta sociedad -¡por fin!la sinceridad del poeta o calibrar p";;';;;'qi" imagen acabada; 'ou"' y los preiuicios

principesca t,

a un lado la moda el cronista, su inteti';;";ía'"iiiá"ao realizado para ct este caso' pes&r d'el esfuerzo sociales. Pero tambi-én en

I l ,l

14 ir

I

LA socIEDAD

MEDTEVAL

ryds allá del simple cornentario estétlco o «literarto» analizando las

palabras,y comparando las situaciones, con la ayuda del sóciólogo, estamos lejos de conseguir nuestro fin. En definitiva, la principal debitidad de la historia social de la Edad Media no es la imprecisión de los términos, el origen parcial de los documentos ni su desigual distribución, sino ta grin iisuficiencia de

las ir»estigaciones realizadas hasta ahora. Inclulo t" pu"á" decir que esta-historia está en pañales. Este retraso er-compaiación con oiros períodos históricos se explica en primer lugar poique el irwestigador

presta mds atención a otros sectores de estudio, mái favorecidos ior ta documentación o de contornos más craros. La economía, la sensibilidad relig-iosa y la política parecen ruis fiiciles de abordar, y lo social sólo es un decorado de fondo. Por otra parte, durante demasiado tiempo se ha presentado la sociedad a través det prisma del derecho: cudntas ,rcondición de personas>> y «condición de bienes» han servido para clasificar a pequeños grupos de hombres en los cajones imagiruados por los juristas. Pero ¿y la distancia que hay entre el anhelo clel príniipe y lá vida diarta? ¿Y los imperativos de ra psicología, corectivi o no,'frinte a las esperanzas del juez? No es que el derecho, aunque no se respete, carez_ ca de interés, pero el hábito no hace al monji. Ahora biei, no fartan elementos, todavía dispersos, que permitiríai al ohombre me"ono"", dieval» de carne y hueso. Resulta alentado4 ya que cabe esperar que con un empleo razonable de todas las posibilidadis que brindin las iéc, nicas modernas, pronto lleganí el día en que se puedan hacer estadísticas sistemáticas de los términos, comparándolos, aprecióndolos, para alcanzar, con todas las reservas que imponen las ineparables h§unas documentales, el estadio de una explotación cuantitaiva de las fientes económicas o sociales. Mientras la investigación histórica no ílrgu, o é1, todos los intentos serdn tímidos e incompretos, al nivel de las hípótesis de trabajo, como sucede con el que sigue.

I

I

I

l i

Primera parte

LA CONTRACCTóN @.320_c.

eIo)

f D , )

hubo períodos Durante más de cinco siglos en Europa occidental

con pausas intermeprolongados de conmociones-políticas o guerreras de apacigua' esfuerzo un a corresponde últimas dias. Cada una de estas

probablemerte implica unas- condic.iones w' finales del v' mediados económicas halagtienas. pánlipiot del siglo que realizaron.este p"ro generaciones a las á"i-rri,-ptir"ipiís aet ,i. Luis el Piadoso' Dagoberto.y esfuerzo, las de Const*tino, Teodorió' o revueltas y invasiones a frente i"r-ro."ái"ron hombÁ que hicieron que nosoi;;;il."paces de dominarlas' Los contemporáneos -igual mai 9ris.rn1; I tros- sólo eran ,"n.iÜt., u io inmediato' Unó de los rasgJs la imrpción O*{:,:l les de este tiempo queJó reflejado en sus relatos: I p* mart por.tierra' a caballo o a pie' u" n'"11"": y no"",

ñ;;;;l;

coaccián,

y

"ri", "itu t'grandes.invasiones>>' una expresió1 gue has; "ono"rá* ;Ñ;;ientes sirvié páa designar el comienzo del peúodo, Pero-i que vale Para el conjunto. '-- P, t* cinco siglos anteriores podemos señalar tantas por igual^cada I

"i nuevos o poco

lu, que

se

I

pioárj"ton

entonces,-

y desconocemos

pero se trá ¿ado en situar una ruptura his"orno uno de estos medios *ii"nior. a los siglos v y vI' con el paso de-las «sociedades antiguas» tá¡tu autorila de "nttt demrmbamiento el invoca la «Edad Media». unus íe"é, se militares destacaJad ro*unu central, otras se hace hincapié en sucesos caballeros' Pero los de preponderancia la o ná*u la toma ¿" áár, tampoc" "orno de estos *otiro, ,e basa en hechos sociales -ni ninguno "1,?" sus \ acertados .que ,árñi"or-. Los historiadores del siglo xvlu, más I el primer príncipe *tl; \ Sucesores del XX, consideraron a Carlomagno

rx"liif*":1ffiya*",Ti,:*:i11"'?i#:r::i'",1;xlT$:'F5j\ todas' no la historia social' cuando no qu" en

oue hacemos nuestra, "n existe un cambio radical entre Roma y el siglo tx' los de la historia europea que marca lo suficiente sigel considerar pueda que ie para orimeros siglos como J" color, cuando no de estrucrura: el peso cada vez

§T";;ñry;;;" . \ ffi;;;-;ilui" y el ,, ' rot pu"urot celtas y geffnanos en los usos' las técnicas \;""ñ;; l,

-

l,osslER

18

LA SOCIEDAD MEDIEVAL

pensamiento. El hecho esencial del medio milenio cuyo estudio voy a abordar es uu desplazamiento geográfico muy acusado del marco natu_ ral de la historia. Poco importa si su causa fueron las , al acelerar la mudanza del Bajo Imperio romano, como enseña la tradición, o si no sucedió nada decisivo antes de que el Islam rcchazara a-la Cristiandad lejos del mar, como afirmaba pirenne, ya que el problema que tenemos que debatir aquí no es el de las causas,-sino ei de las condiciones de este desplazamiento hacia el norte y hacia la masa del continente. En términos de historia social debo indagar más bien en la naturaleza de los grupos sociales que se movían en la >,

)

no

estos siglos? En muchos Entonces, ¿dónde viven los hombres de gxtrade la casa del amo' y no m€ casos, sin dudal agrupados alrededor les fuera [eg4os.d9 que fueran to¿os esc-favÁs' Unos hombres libres ñarla

;ñüár;;

t

ubujo.

e§-YuJt*

:

0v!Ú*Yr ,nrv t-*n'^-'*--46

LA SOCIEDAD MEDIEVAL

ApRoxrMACroNEs A LA vIDA

la de los polípticos, deros ribri traditionum, deros Brevium exempra, q.,e desdehace tanto tiempo ha centado la atención ¿e los eru¿itos dos. No me corresponde describir aquí su organización "áo"ionu,i ¿" momento escrutar su organización sociar. El probrema es""orá*i.u, que no ,uú"-o, nada de su estructura material: ¿madera?, ¿ii"a*t, ¿.iñ',ltrrf,-¿,á,uño?.E]ú-nico ejemplo suficientemente claro]'el del fiüo á" ca.de Lille, puede sugerir una disposición generar muy similar a iá Já unu villa galonomana. Las >,

terminados en -court, _ho¡y uoa,por eiámpto, ,ugi"r"uJa"*¡"t"n_

+S+rrlegle-q!9¿rr.u-a-ya§'y§:a-.1e-ey_u¡a"oerá"ián#itffisr* -ia, que no son restos digting¡11b191de. ningqlq._aiS¡4|Ur¡.11" eAé_e., parcelas rio sisüñéñ ábür;A u áirpá§ói* a" esra úttima. Los partidarios de la continuidad, que en su mayoía son hombres

v

D ¡ ¡ ¡

del sur, contraponen sólidos argumentos a estas observaciones diflciles dc rebatir. Pará empezar, sostienen que la construcción rural de la ribera mediterránea suelé ser de mampostería, lo que dificultaría mucho el desplazamiento. Luego, que numerosos topónimos' como en Francia los derivados de -iacum (-y, 'é, -ay, -ieu, -ac y algunos más), que indiscutiblemente estaban en uso entre el principio de la era cristiana y los siglos vl o vu, siguen designando hoy las aldeas. Por úlümo, recuerdan lfpersistencia de la centuriación. Aunque no es cierto que se hiciera uniatastro de todo el imperio, sí se realizó en los alrededores de las ciudades, colonias, municipios y lugares de retiro de los legionar,ios. Las lnvcstigaciones que se han realizado en Emilia, Languedoc y el Levante, y gon mcnos éxiio en Borgoña, Picardía, Apulia y otros lu€ares, revelan contempoluo la disposición de las parcelas posteriores, incluso de las y lotes de 700 m los caminos los lo largo de iúnoa¡, ¡e alinea siempre a y pico de frente que partían de ellas.

D D ) ) ) ) ,

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a p

LA SOCIEDAD MEDIEVAL

48

b

t ) I

.' ,,1 F t rtfn f1-i' i bo+§\t"* ApRoxrMACIoNEs A LA vrDA corrDrANA

tC{.^4 t1

vez admitida la distinta evolución, fácil de explicar, entre el sur +D- iruyUna romanizado y el norte que no lo estuvo apenas o nada, se pueden

CnC6ntfar algunos elementos estables. Para empezar, en lo concerniente a los p¡¿ónimos. Pese a una opinión müy anaigada,-npgggu'L9§!fu g

pj

e¡olalJfl_q-s-ob,re- tqdo- cuando se fogaaror¡r eq.!{

&L@ *y *

un tromUrá, uná geru, un-cian-compls§--,acrA rom4!9§'-q&l¿4ry lós -ing gérmánicos, que sólo tienen gn- se¡tido de*gq!99!vidad,-cqg9.curtis y hof. Por eso óréo que se desplazaron con el grupo humano que ,/" levanió §ü§" cabañas en otro lugar. Hay abundantes ejemplos de aldeas an -r, junto a los cuales el avión ha revelado las huellas delavilla que antaño tenfa ese nombre. Hay que descartar el argumento toponímico una I como prueba de perennidad. Pero tampoco creo que se produjera transferencia que una pensar hubo parece razonable \ rupturá completa.Me I ¿Oi hábitat. una redistribución de los centros rurales, abandono, reagru\ prmlonto, división, cuyas probables causas ya han sido mencionadas.

,

'

t I I |

La « agltación interior

»

Desde luego, no hay que perder de vista que incluso una sociedad paralizada como la que voy a describir a continuación no pudo pennaneiCr al margen de toda evolución durante cinco o seis siglos. Si le damos alguna importancia a la crucial inflexión de los siglos x y xI, es lógico btisCar sui premisas, su , y el que trabaja es

f

y

l-a voluntad de Dios...

il;ll".

sea para el espíritu esta visión del mundo, se olvida de otro factor, que consideramos fundamental: no todos disponen de los medios materiales suficientes para disfrutar plenamente de esta libertad, de modo que a los criterios anteriores se añade otro económico. Parece que los hombres de los primeros siglos medievales no vieron en ello un elemento de segregación, sino sólo un
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