La Mujer Habitada.

April 9, 2023 | Author: Anonymous | Category: N/A
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  Revolución Sandinista y Literatura: “La mujer Habitada”. 

Ramírez Sofía. Historia Americana S. XX. Profesor: Pisnoy, Alejandro. I.S.F.D N°82.

 

Ramírez Sofía. H. Americana S.XX.

“La mujer Habitada”: Gioconda Belli.  Belli.  Introducción:

En el transcurso de este trabajo, se hará un análisis de la novela “La mujer habitada”, de la autora nicaragüense Gioconda Belli, publicada en el año 1988. A partir de esto, se lo relacionará con el contexto histórico en el cual se sitúa dicha novela, sus metáforas y su mirada reflexiva a la sociedad de ese entonces. Intentando leer “entre  líneas”, los mensajes que se pretenden dejar al lector en esta obra.  Para ir

adentrándonos en esta historia, es preciso contextualizarnos a través de algunos datos que serán de suma importancia para comprender el desenlace de la historia central de la novela. La mujer habitada, se sitúa en el año 1972, en la ciudad ficticia llamada “Faguas” (que en esta historia sería el equivalente a Nicaragua), de donde era originaria la protagonista de nombre “Lavinia”. Lavinia, era una joven arquitecta proveniente de una familia aristocrática, tiene veintitrés años, y regresa a Faguas, luego de concluir sus estudios universitarios en Alemania. Al regresar a Faguas, vive un tiempo con sus padres y luego decide independizarse e ir a vivir a una casa heredada por su tía paterna, Inés, quien fue la persona que realmente la crió y cumplió el rol de figura materna durante su infancia. Luego de independizarse, Lavinia consigue trabajo en una importante firma de arquitectos, allí conoce a Felipe, un compañero de trabajo del cual se enamora y comienzan una relación amorosa. A Lavinia le resultaban sospechosas algunas llamadas que Felipe recibía y que él no las atendía frente a ella, pero al no tener una relación consolidada, ella no se animaba a preguntarle de quien eran esas llamadas que recibía. En cuanto a la relación con sus padres, ella siempre había detestado esa vida ostentosa que ellos llevaban, argumentando que por culpa de vivir esa e sa vida de “ricos” la descuidaron a ella, dejándola a cuidado de su tía t ía Inés, que le brindó todo el amor que sus padres no le habían dado. Por esta razón, ella amaba esa casa heredada por su tía Inés, porque allí había crecido. Además, en el patio de esta casa, había un árbol de naranjo que todavía no había dado frutos y al cual ella le hablaba para contarle lo que le sucedía en el tr transcurso anscurso de sus días. Lavinia tiene un carácter muy fuerte y decidido. Durante el transcurso de la novela se expone la clara impronta feminista del personaje, y además la empatía que Lavinia tiene ante las desigualdades sociales producidas por la dictadura del Gran General. Aunque a decir verdad, en un principio, veía a estas desigualdades como lejanas a ella, y sin darles demasiada importancia veía a los guerrilleros que luchaban en contra de la dictadura, como valientes, pero al mismo tiempo “utópicos”. Cuando Lavinia se independizó, pensó que iba a comenzar a escribir su historia, pero lo que no imaginaba es que al pasar el tiempo iba a tener la oportunidad de escribir “La historia”. 

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Desarrollo: Contexto histórico:  La novela tiene como eje principal la historia de Lavinia, alrededor de los años 70’, en la ciudad de Faguas en donde se estaba dando la dictadura del “Gran General” (así se lo llama indirectamente a Somoza en la novela) .

Asociándolo con Nicaragua, entendemos que en ese contexto histórico se estaba dando la dictadura de Anastasio “Tachito” Somoza, (hijo del primer Somoza), desde el año 1967. Su gobierno como el de su padre, se

caracterizó por beneficiar a sus amigos, mal gastar el dinero del Estado y reprimir a los opositores. Esto llevó a que, “Hacia 1970, la crisis política detonó diversas fuerzas de resistencia a la dictadura: las fuerzas políticas tradicionales, esto es, el Partido Conservador y los grupos de izquierda” (Ansaldi y Giordano, 2012, p.

328). En la novela, se llama “Partido verde” a toda la burguesía opositora al gobierno del Gran General, que estaba en contra de la dictadura, pero que no era parte de la guerrilla ni de los grupos de izquierda, entre ellos se encontraba la familia de Lavinia. En Nicaragua, hubo una gran oposición o posición al gobierno de Somoza, tanto es así que “En la Udel participaban nada menos que nueve organizaciones de tipo sindical y político. Las principales eran el Partido Social Cristiano, la Central de Trabajadores de Nicaragua (CTN), el Partido Socialista Nicaragüense, la Confederación General del Trabajo Independiente (CGT-I) y la Acción Nacional Conservadora. En el fondo se trataba de una alianza entre sectores disidentes del somocismo, grupos empresariales y fracciones de la débil clase obrera” (Mires, 1989, p.

415). La UDEL, estaba dirigida por Pedro Joaquín Chamorro, director del diario La Prensa  Prensa  e integrante de una familia muy tradicional en Nicaragua. “La alianza era, básicamente, la expresión política de la: burguesía, posicionada, si no en la oposición franca al dictador, al menos diferenciada de él” (Ansald i y Giordano, 2012, p. 330). También, en 1961, había surgido el Frente de Liberación Nacional, fundado por un grupo de estudiantes universitarios encabezados por Carlos Fonseca, Silvio Mayorga y Tomás Borge. En 1963, pasaría a llamarse el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en honor al General Sandino. Sus principios eran antimperialistas, antioligárquicos y nacionalistas. Es claro que luego del asesinato de Chamorro se desencadenaron una serie de huelgas y manifestaciones, con un pueblo muy unido. Hasta que el 16 de julio de 1979, triunfa la revolución. r evolución. Postura hacia las desigualdades desigualdades socio-económicas y al feminismo:

La historia gira en torno a Lavinia y como ella va haciendo una transformación de su persona a partir de las situaciones que le toca enfrentar y a partir de su relación amorosa con Felipe, a quién conoce en el trabajo. Cuando Lavinia comienza trabajar en la firma de arquitectos comienza a ver con mucha más claridad las desigualdades sociales que había. En una primera situación, le toca ir a ver el lugar donde se construiría un centro comercial, y se trataba de un asentamiento donde había muchas casas precarias y familias que vivían allí, las cuales serían desalojadas.

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“Al menos cinco mil personas debían vivir allí, se  dijo. La barriada lucía tranquila. Tranquilidad de la pobreza.

Niños desnudos. Niños de pantaloncitos cortos llenando baldes de agua en un grifo común. Mujeres descalzas tendiendo ropas de telas delgadas y curtidas en los alambres. Allá una mujer molía maíz. En la esquina, un hombre atendía un taller de vulcanización. Según los planos, la esquina del Centro Comercial, hipotéticamente, aplastaría el taller de vulcanización. Lo sustituiría por una sorbetería. Las paredes de la nueva construcción atravesarían los pequeños jardines con matas de plátanos y almendros. ¿Y la gente? ¿Qué pasaría con la gente?, se preguntó. Más de alguna vez había leído de desalojos en el periódico. Jamás pensó que le tocaría participar en uno” (Belli, 1988, p.26).  En otra de las tantas situaciones que se presentan en la novela, sucede que “Lucrecia”, la empleada doméstica de Lavinia, no se presentaba a trabajar desde hace días, hasta que Lavinia decide ir a buscarla a su casa, para ver lo que le sucedía. Cuando llega a la vivienda humilde de Lucrecia, la encuentra en una habitación que compartía con su hermana y su sobrina. Ella estaba muy enferma, y con mucha vergüenza de que Lavinia la encontrara así. Luego de llorar un rato le comenta lo que le había pasado. Lucrecia se había realizado un aborto que había salido mal, y por miedo a los prejuicios no se animaba a ir a un hospital. Lavinia, lejos de juzgarla la convence y la lleva a un hospital en donde trabaja una amiga. “Por fin, Lucrecia, interrumpiéndose de rato en rato  para llorar, le contó con detalles a Lavinia, lo del aborto.

No quería tener el niño —Dijo— , el hombre había dicho que no contara con él y ella no podía pensar en dejar de trabajar. No tendría quién lo cuidara. Además quería estudiar. No podía mantener un hijo. No quería un hijo para tener que dejarlo solo, mal cuidado, mal comido. Lo había pensado bien. No había sido fácil decidir. Pero por fin, una amiga le recomendó una enfermera que cobraba barato. Se lo hizo. El problema era que la hemorragia no se le contenía. Era un castigo de Dios, decía Lucrecia. Ahora tendría que morirse. No quería que la viera nadie. Si la veía un médico, le preguntaría quién se lo había practicado y la mujer la amenazó si la denunciaba. Los médicos sabían que era prohibido. Hasta presa podía caer si iba a un hospital, dijo” (Belli, 1988, p.159).  Por otra parte, Lavinia cuenta con su mejor amiga Sara, quién estaba casada con Adrián, ambos de la clase aristocrática, priorizaban siempre a la familia y a los valores tradicionales. Ellos eran opositores al gobierno del Gran General, eran parte del “Partido verde”, veían como valientes a los guerrilleros, pero creían que nunca lograrían ganarle a la Guardia Nacional. En una de las escenas, Sara le plantea a Lavinia, que el hecho de ser solo ama de casa y que su vida girara en torno a eso, a ella le agradaba, y que no tenía que ver con “ atender solo a su marido” sino que a ella hacer la tareas domésticas la complacían. Ahí, hay un intercambio de opiniones entre

ambas. “ -No -No sé si me explico —decía Sara— para la gente como vos, la vida doméstica es un desierto. Así también la

ven los hombres. El asunto es que uno se inventa el oasis. Uno se divierte con lo que hace. A mí me gusta hablar con el carnicero, me divierte discutir precios en el mercado, arreglar el jardín, ver crecer las begonias. Disfruto la cotidianidad. -Bueno —dijo Lavinia— de eso se trata precisamente. A las mujeres se les asigna la cotidianidad, mientras los hombres se reservan para ellos el ámbito de los grandes acontecimientos. Lo que se hace es un trabajo sin salario, ni reconocimiento social” (Belli, 1988, p .165.

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Historia principal y desenlace:

Al poco tiempo de que Lavinia conoce a Felipe, ambos se enamoran, y comienzan una relación sin ningún tipo de rótulos. Todos los días a cierta hora Felipe recibía llamadas telefónicas que él atendía, pero lejos de Lavinia. Un domingo quedaron en verse en la casa de Lavinia, pero él no llegó. “Dieron las nueve. Era evidente que Felipe no llegaría, se dijo una vez más. La tía Inés decía que los hombres eran caprichosos e impenetrables” (Belli, 1988, p.57).  

Cuando Lavinia ya se estaba quedando dormida, golpean fuertemente su puerta, ella va a abrir y era Felipe, con un hombre herido, pidiéndole que los deje entrar a su casa, que cierre y trabe las puertas, sin prender las luces ni hacer ruido. “— Abrí, rápido, abrí —  decía. Descorrió los cerrojos, pensando: Felipe aparecerse a esta hora, el apuro, el

sonido sofocado de la voz... ¿qué podría ser? Tuvo que apartarse porque la puerta ya sin trabas, se abrió empujada desde afuera por el peso de un cuerpo. Un hombre, encorvado sobre sí mismo, avanzaba apoyado del brazo de Felipe. No tuvo tiempo de preguntar qué sucedía. Apenas registró la expresión alterada de Felipe cuando pasó a su lado, conduciendo al extraño hacia el dormitorio, sin titubear, sin mirar para atrás. —Cerrá bien. Poné todas las trancas, apaga las luces —le dijo” (Belli, 1988, p.59). Lavinia no entendía nada de lo que estaba sucediendo, hasta que por fin Felipe le contó a que se debían esas llamadas extrañas que recibía. Era parte del Movimiento de Liberación Nacional. “—Somos del Movimiento de Liberación Nacional —dijo, confirmando las suposiciones de Lavinia—. ¿Vos sabes

lo que es eso, verdad? — preguntó. —Sí —dijo Lavinia—. Sí —repitió— la lucha armada. —Sí —dijo Felipe—. Exactamente. La lucha armada.

No podíamos seguir sólo en las montañas. Estamos creciendo, empezando a operar en las ciudades. No nos van a  poder detener. La resignación no es el camino, Lavinia. No podemos seguir dejando que la guardia imponga la  fuerza. ¿Te acordás de los precaristas que iban a desalojar a esas familias? No podemos seguir dejando que eso suceda. Contra la violencia no queda más que la violencia”.

Era una locura, pensó Lavinia, que lo hubieran convencido de que la única salida era la lucha armada. —Pero no tienen futuro, Felipe —dijo—. Los van a matar a todos. Es irreal. Y vos sos una persona racional. Nunca

me imaginé que vos creyeras en esas cosas... Felipe se volvió hacia ella a punto de decir algo. Nunca olvidaría esa mirada de Zeus tronante a punto de descargar el relámpago. Debió haber visto el miedo en los ojos de ella porque se contuvo. (Belli, 1988, p.65). Lo que había sucedido en ese episodio fue que Felipe había faltado a su cita con Lavinia, porque tenía una reunión con algunos compañeros del movimiento. Él, se fue antes de esa reunión, quedaron solo sus compañeros, los cuales fueron atacados por la Guardia Nacional. Dos de sus compañeros murieron, el único que I.S.F.D N°82.

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pudo escapar fue Sebastián quien fue a pedir la ayuda de Felipe ya que estaba herido en un brazo. Tras eso, Felipe lo llevó a la casa de Lavinia ya que ella al no pertenecer al movimiento y al ser parte de la aristocracia estaba “limpia”, y allí no irían a buscarlos.  Felipe le pide a Lavinia que deje que Sebastián se quede allí y le pidió que al otro día fuese a trabajar y que averiguara si alguien sabía algo sobre el episodio. “En los diarios titulaban “Se descubre nido de terroristas. G. N. en exitosa acción de limpieza" y más abajo, la

 foto d e los tres guerrilleros muertos” (Belli, 1988, p. 76).  Por otra parte, Doña Nico, la secretaria de los arquitectos, le comentó a Lavinia que había sucedido cerca de su casa, pero que no sabía mucho sobre el tema. “Eso era la dictadura, pensó Lavinia, el miedo; la mujer diciendo que no sabía nada. Ella dicie ndo que no

quería involucrarse. No saber nada era lo mejor, lo más seguro. Ignorar el lado oscuro de Faguas. Salir como salía doña Nico, claramente indicando que no quería hablar del tema. Más fuerte la necesidad de sobrevivencia”

(Belli, 1988, p. 77). Luego al llegar del trabajo, Felipe y Sebastián le pidieron a Lavinia que fuera a buscar a una compañera del movimiento que era enfermera, Flor, para que atendiera a Sebastián. Ella accede, lo único que quería es que todo terminara, no quería tener nada que ver con el movimiento. “— ¿Sí? ¿A quién busca? — preguntó la mujer, aproximándose aproximándose a ella. — A Flor —dijo Lavinia. —Soy yo —dijo la mujer —. ¿Qué se le ofrece? Lavinia extendió el papel que Felipe redactara sobre la mesa del

comedor y luego doblara en forma curiosa. Él había dicho que, con sólo ver la forma del doblaje, Flor entendería. (…)—Pasa —dijo, iniciando una sonrisa que suavizó sus facciones casi módicamente. La cancela se abrió con un

ruido de sarro, de goznes clamando por aceite. —Perdoná que te hiciera esperar —dijo Flor — En estos días, hay que redoblar las precauciones. —Espérame un momento. Sólo me pongo los zapatos, recojo mis cosas y nos vamos” (Belli, 1988, p. 89).  Flor, finalmente curó a Sebastián, y a los días Sebastián se va de la casa de Lavinia. Lo que empieza a suceder

a partir de ese momento es que entre Lavinia y Felipe, el tema del “Movimiento” era algo tabú, él no quería ni

mencionarlo, cuando ella le preguntaba él evadía la respuesta, como si no quisiera involucrarla. Él quería que Lavinia sea “su hogar”, su lugar para volver después de cada reunión, porque ella le daba paz, ttranquilidad. ranquilidad.  “—Sé que no podemos nadar juntos —había dicho él por fin —. Vos sos la ribera de mi río. Si nadáramos

 juntos, ¿qué orilla nos recibiría? Admitió Admitió — para sorpresa de Lavinia— necesitar el oasis de su casa, de su sonrisa, de la tranquila certeza de sus días. "Lo de Sebastián fue una emergencia. No lo hice para involucrarte. Créemelo", le decía. Era evidente que Felipe no deseaba en lo absoluto verla involucrada a ella, y sin sospecharlo, le había allanado el camino” (Belli, 1988, p. 100). “No era lógico, pensaba Lavinia. Lo lógico habría sido que él intentara compartir con ella lo que daba sentido y

 propósito a su vida. Que lo intentara, aun cuando ella insistiera en negarse. En el fondo, culpaba a Felipe de su I.S.F.D N°82.

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 propio miedo, de que no la ayudara a luchar contra el agudo temor que la posibilidad de involucrarse le producía producía (aunque Sebastián había dicho que era valiente, y a ella le hubiera gustado creer aquello) y que más bien lo atizara con relatos terribles de torturas y persecuciones” (Belli, 1988, p. 100).  Ante esta situación Lavinia no podía parar de pensar en el Movimiento, en Flor, en Sebastián, en la angustia que le daba saber que tantos morían por luchar en contra de las injusticias de la dictadura. “La ciudad estaba alborotada de protestas. El Gran General había ordenado el alza de los precios del

transporte colectivo y la leche. La población, azuzada por grupos de estudiantes y obreros, se lanzaba en manifestaciones, mítines nocturnos en los barrios. Además de protestar por los nuevos precios, la gente exigía la liberación de un profesor acusado de colaborar con el Movimiento, quien había iniciado una huelga de hambre en la prisión. En la universidad se quemaban buses, se organizaban fogatas por la noche; el Gran General había ordenado la censura de prensa: el clima de las calles era bélico y fogoso” (Belli, 1988, p. 101). Se sentía sola, quería hablar con alguien, con su mejor amiga Sara no podía, ella no sabía nada de esta situación, pensó con quien podía hablar y desahogarse, y se acordó de Flor. Fue a su casa pensando que quizás a Flor le molestaría, ya que solo se habían visto una vez, pero Flor la recibió y charlaron por un tiempo largo. Flor, le contó sobre los abusos que había sufrido por parte de un tío que la crió, y cómo llegó a formar parte del Movimiento de Liberación Nacional, luego de conocer a Sebastián en la universidad. Lavinia, le contó sobre el hecho de que Felipe no quería hablar sobre el movimiento con ella. “Obviamente, lo que él quiere es el "reposo del guerrero" — dijo Flor —  la mujer que lo espere y le caliente la

cama, feliz de que su hombre luche por causas justas; apoyándolo en silencio. Si hasta el Che Guevara decía, al  principio, que las mujeres eran maravillosas cocineras y correos de la guerrilla, que ese era su papel: "Esta lucha es larga”. —Pero yo no quiero ser solamente la ribera de su río... —dijo Lavinia. —Pues, si querés, yo te puedo dar algunos materiales para que conozcas mejor qué es y qué pretende el

Movimiento —dijo Flor —. Así no tendrás que recurrir a él, si eso es lo que te inquieta; así vas a poder tomar tus  propias decisiones. Así Así lo podrás esperar en la tal "ribera "ribera de su río", con un arco y una flecha” (Belli, 1988, p.109).   Unos días después de esto, Lavinia, decidió formar parte del movimiento, sin contarle nada a Felipe, sentía que tenía que hacerlo por ella y no por él. Flor le hizo una lista de todas las medidas de precaución que tenía que tomar, por ejemplo, no hablar de eso con nadie, llamarse entre ellos a través de seudónimos, no llegar tarde a las reuniones. En una discusión, Lavinia le reclama a Felipe el hecho de que no quisiera compartir esa parte de su vida (la guerrilla) con ella, que solo la buscara para sentir “La normalidad del hogar” a lo que él le respondió, que ella misma había dicho que lo que hacían en el movimiento m ovimiento era un “suicidio heroico”.  Posteriormente, a Lavinia se le presenta la primera oportunidad de hacer algo por el movimiento, la esposa y la cuñada del “General Vela”, la mano derecha del Gran General, elijen a la firma de arquitectos donde ella

trabaja para que diseñen su casa, y ella es la elegida para hacerlo. “¡El general Vela! se dijo Lavinia. Por eso el nombre le había resultado familiar !¡Era nada menos que el recién

ascendido Jefe del Estado Mayor del Ejército! El periódico había resaltado su lealtad incondicional al Gran I.S.F.D N°82.

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General. Antes de ser ascendido, el general Vela fue jefe de la policía —estímulo que el Gran General brindaba a sus leales antes de elevarlos en el escalafón militar, para permitirles acumular grandes sumas en el negocio de las placas, multas y licencias. ¡Y ahora a ella le tocaría diseñar su casa! pensó. ¡Justo ahora!” (Belli, 1988, p. 145).  En un principio dudó, no quería tener que acceder a diseñar la casa de un asesino, una casa que seguramente estaría llena de ostentaciones mientras otros no tenían nada. Pero luego de una charla con Felipe se dió cuenta, de la gran cantidad de información que podría sacarle al General Vela y a su familia si diseñaba su casa. A todo esto, Felipe sin saber que ella ya era parte del movimiento, le dice que era muy importante que ella le de toda la información que consiga a él, hasta que ella le cuenta que no era necesario, que ella ya era parte del movimiento. Él, reaccionó enojándose por no habérselo contado antes, pero sin aceptarlo del todo, prefirió no discutir. Además de todo esto, Lavinia sigue rodeándose de la gente de la “alta sociedad”, ya que Flor y Sebastián la convencieron de que siga frecuentando lugares pertenecientes a la elite, ya que nadie sospecharía de “la hija de una familia rica”. Por estas razones ella va a una fiesta del “social club”, donde se reencuentra con sus padres,

de los cuales estaba distanciada porque no habían visto con buenos ojos, que ella se haya ido a vivir sola. En esa misma fiesta, su padre le comenta de las dificultades de sus negocios, debido a los frenos que les ponía el Gran General. Esto quiere decir, que el Gran General se estaba poniendo a la ar aristocracia istocracia en su contra. “Y la fábrica, ¿cómo va? — Preguntó Lavinia a su padre—  — Ahí va. Necesito conseguir un buen gerente que me releve casi ttotalmente. otalmente. Ya estoy muy viejo y cansado. Pero

el negocio sigue produciendo, aunque no sé cómo cambiarán las cosas ahora que abran la fábrica nueva que están montando varios oficiales del Gran General. — ¿Están montando una fábrica? —Sí. Están introduciéndose en varios sectores de la industria, la banca y el

negocio de bienes raíces. ¿Has oído del Banco Unido? bueno, pues lo están montando con capital del Gran General y varios de sus generales. Se están metiendo a competir con nosotros en todo lo que pueden. Y es una competencia desleal porque ellos consiguen exención de impuestos "libres", construyen los edificios con maquinaria estatal... nos quieren arruinar” (Belli, 1988, p. 208).  Lavinia, tiene varias reuniones con la esposa y la cuñada del general Vela, donde ellas le comentan el tipo de casa que quieren. Buscan que sea bien amplia, con varios pisos, una sala de villar para el general Vela, una habitación bien amplia para su hija, y para su hijo varón una habitación que esté decorada con aviones, ya que al  joven le gustaban los pájaros, pero el general decía que eso eran solo tonterías que lo que al joven realmente le gustaban eran los aviones. Luego de estas reuniones, por fin le llega el momento de tener una entrevista directamente con el general Vela. “—¿Así que usted es la famosa arquitecta? —dijo, a la vez socarrón y halagador. Lavinia asintió con la cabeza,

sonriendo su mejor sonrisa enigmática. El general estrechó su mano con fuerza. La mano era grande y tosca como toda su figura. Era un hombre a quien el apelativo de "gorila" le caía como anillo al dedo. Las facciones aindiadas casi escultóricas, podrían haber sido hermosas, si no estuvieran distorsionadas por la gordura y la expresión de blanco pedante. Renegado de su pasado y su origen, el general Vela olía a colonia cara usada con  profusión y vestía impecable uniforme militar caqui —el color que usaban los altos oficiales — ; el pelo rizado, I.S.F.D N°82.

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 producto de mezclas de razas, había sido trabajosamente domado por el aceite, la brillantina y un corte inclemente que lo fijaba contra su cabeza. Era de mediana estatura y el estómago protuberante daba testimonio de su afición por la abundante comida” (Belli, 1988, p. 235).   Lavinia, fue invitada por el General Vela para quedarse a almorzar, terminó por ganarse la confianza de él, cuando le contó la idea de tener en su despacho una pared giratoria, que de un lado tuviera todas sus armas expuestas como si fueran trofeos, y que del otro lado fuera una pared “normal” de madera.  “Obviamente él no había previsto nada semejante a los detalles rrefinados efinados que Lavinia, esmeradamente, había

incorporado —las hermanas se miraron y sonrieron con satisfacción cómplice —. Notó la fascinación del hombre cuando ella explicó la idea fantasiosa de la pared movible en la armería —Es usted muy inteligente, señorita —dijo Vela, bajando significativamente la voz— debo reconocer que es una

idea excelente y novedosa... En cierto momento del almuerzo, el general Vela había hecho una referencia socarrona a la afiliación de su  familia con el Partido Verde. "Nuestra arquitecta tiene sangre verde" —dijo— ; "Es una tradición familiar —había respondido ella—  yo no creo en la política; prefiero no meterme." El general afirmó su convicción de que hacía bien: en todo caso la política era "un asunto de hombres"” (Belli, 1988, p. 236).  Final de la historia:

La casa del General Vela tenía que estar terminada para diciembre, él iba a invitar al Gran General y a varios oficiales más, para hacer una gran fiesta de fin de año y estrenarla. En todos los meses previos a la inauguración, Lavinia tuvo distintos entrenamientos para la guerrilla, aprendió a usar armas, todo esto en un descampado, en el medio de las montañas. Además le había contado a Adrián, (el marido de Sara su amiga) que había entrado en el movimiento, y le pidió que una vez a la semana le prestara su auto a unos compañeros para que lleven alimento a otros compañeros que eran “clandestinos”, Adrián aceptó. Hasta que llegó el día en que la casa del general Vela ya estaba terminada. t erminada. “Era el 15 de diciembre de 1973. El calendario de trabajo había sido cumplido con exactitud suiza. La casa, ya

construida, ocupaba un área de seiscientos cincuenta metros cuadrados de construcción, distribuidos en cuatro niveles, al esti  llo o de terrazas babilónicas, con grandes ventanales en los tres niveles superiores” (Belli, 1988, p. 305). Además ella también había sido invitada a la fiesta de inauguración. En una oportunidad se lo comenta a Felipe: “—Los Vela decidieron hacer su fiesta de inauguración el veinte —dijo, sentándose en la silla frente al escritorio

de Felipe, después de darle un beso largo, mientras buscaba la invitación horrible en su bolso. —Esta es la invitación —añadió, poniéndola sobre la mesa. Felipe la tomó sin decir nada. La L a leyó y se la devolvió. —¿Y por qué harían eso? ¿No sabes? — Porque quieren que el Gran General asista. Y como él se va a pasar Navidad con su familia a Suiza, tuvieron que adelantarla” (Belli, 1988, p.311). 

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A todo esto Felipe seguía teniendo comportamientos extraños, salía sin decirle a ella donde iba, le cancelaba planes que tenían. Hasta que el día anterior a la inauguración de la casa del general Vela, él aparece en su casa herido. “—¡Felipe, Felipe! —casi gritó— ¿qué pasa? Aún de bruces, hablando con la voz ronca, como si hiciera un gran

esfuerzo, Felipe dijo: —Salí afuera, mira bien si no hay manchas en la entrada —y cerró los ojos.

 Atolondrada, salió hacia la vereda. ¿Manchas? No había nada en los baldosas. Cerca de la puerta, vio las manchas de sangre. Entró de nuevo a la casa. Se arrodilló a su lado. —  Limpia las manchas —dijo Felipe—  limpia las manchas primero —dijo desde el suelo, sin levantar siquiera la cabeza. Corrió a la cocina y buscó un trapo cualquiera. Lo mojó y salió, otra vez, corriendo. No supo ni cómo limpió las manchas. Caminó rápidamente por el jardín, mirando a todos lados, pasando el pie sobre la grama húmeda donde había caído también sangre de Felipe. No se veía nada en la calle. Era casi medianoche. Entró y cerró con llave. Cerró también las ventanas, mirando una y otra vez a Felipe en el suelo, con un brazo doblado bajo el cuerpo, pálido. No se había movido. Se arrodilló, de nuevo, a su lado” (Belli, 1988, p. 320).  

Felipe le pidió que lo escuchara con atención: —Escúchame bien. Mañana es la acción. La acción es en la casa de Vela. Nos vamos a tomar la casa de Vela.

Es un comando de trece personas. Yo soy parte de ese comando... era... —dijo con una media sonrisa; hablaba con firmeza, como si hubiese acumulado fuerzas para hablarle, las últimas fuerzas que le quedaban — , cada  persona es imprescindible. imprescindible. "Quiero que tomes mi lugar. Vos conocés bien la casa. Ya no hay tiempo para que nadie más la conozca tan bien como es necesario. Quiero que seas vos quien tome mi lugar. Nadie más. Sé que podes hacerlo. Además, te lo debo, porque fui yo quien me opuse a tu participación... —respiró, cerrando los ojos; los abrió de nuevo — , te lo debo. Vos podés hacerlo. Lo has demostrado” (Belli, 1988, p.322).   Al rato Felipe murió, ella llamó a Adrián para que lo lleve al hospital. Antes de morir Felipe le contó que había sido un taxista el que le había disparado, cuando él trató de robarle el taxi para trasladarse él y otros compañeros más en el operativo en la casa del general Vela. Luego de la muerte de Felipe, Lavinia fue a la casa en donde se reunían los compañeros del movimiento. Allí se encontró con Flor y Sebastián y les comunicó sobre la muerte de Felipe, y su pedido de que la incorporaran al operativo de secuestro del general Vela. Después de que Flor y Sebastián lo discutieran ella se los preguntó: “—¿Ya decidieron sobre mi participación? —preguntó, haciendo un esfuerzo para sonar ecuánime. —Sí —dijo él—. Está aprobada. Vas a participar. Creemos que, en efecto, tu conocimiento de la casa es valioso.

Sin embargo, tenemos que darte una preparación acelerada. Contamos con poco tiempo. Diez horas aproximadamente” (Belli, 1988, p. 338).  I.S.F.D N°82.

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Luego le explicaron cómo iban a proceder, debían usar pasamontañas, tenían que llegar después de que el gran general se haya ido, se tenían que dividir en grupos para entrar por las distintas puertas, y que reducirían a los guardias, retendrían a los invitados en la sala principal, y robarían las armas que estaba expuestas en la pared giratoria que ella misma había diseñado. También le comentaron a Lavinia que es lo que le pedirían al gobierno para liberar a Vela: “Finalmente explicó las demandas que se harían: la libertad de los presos políticos; la dif usión usión en todos los

medios de comunicados explicando a la población los motivos de la acción: los requerimientos innegociables del comando. Era una operación, dijo, "Patria Libre o Morir". Sin retirada. O salían victoriosos, o morían. "Vencemos o Morimos" —dijo y luego, en voz alta y resonante, la consigna: "Patria libre... —¡O Morir!—respondieron todos a coro” (Belli, 1988, p. 341).   Unas horas después se dirigieron a la casa de Vela: “Instantes después descendían de los vehículos frente a la casa de Vela. Tomaron por sorpresa a los agentes

de seguridad que, como dijo Sebastián, jugaban naipes y apenas ahora, al acelerar ellos y cruzar el límite proscrito, se habían alertado empezando a correr en desorden”.  Después de un tiroteo con algunos guardias, uno de ellos salió herido, hasta que finalmente llegaron a la sala principal: “La escena habría sido jocosa, a no ser por el contexto y la tensión extinguiendo el humor y la risa: Hombres y

mujeres de trajes brillantes y planchados, estaban contra la pared con las manos en alto. Lavinia vio también a varios con uniforme de altos oficiales. Uno de ellos, yacía muerto en el suelo. No pudo evitar que un escalofrío le recorriera la espalda. "Siete" y "Seis" se movían por entre los invitados, cateándolos, cuidadosamente acercándose a los militares, a los tobillos de donde salieron dos o tres pistolas, mientras Sebastián y René mantenían vigilancia con las armas en posición de tiro. Lavinia vio a la señora Vela y la hermana. Pálidas. Los ojos redondos en las órbitas. Y los hijos de Vela. La niña lloraba desconsolada. Al muchacho le castañeteaban los dientes. Se pegaba a la madre como venado asustado” (Belli, 1988, p.360).  Lavinia después se da cuenta que Vela no estaba entre los secuestrados. Todos estaban muy asustados, al poco tiempo llama por teléfono el mismísimo Gran General, al cual se le pide que envíe a un mediador, al que le iban a decir todo lo que debían comunicarle a la prensa, para que lo difundieran. A todo esto, Lavinia notó que el hijo de Vela no paraba de mirarla a los ojos, aun teniendo el pasamontañas ella sentía que la había descubierto. “El muchacho la seguía mirando. Lo miró. Los ojos se encontraron reconociéndose. Lavinia estuvo a punto de

sonreírle, darle seguridad. No debía temer, no le pasaría nada, quería decirle. Pero continuó seria. Una vez que captó su atención, el muchacho lanzó su mirada detrás de ella insistentemente. Parecía querer indicar algo de espaldas de Lavinia. Ella no se movió. Quizás era un truco. Querría distraerla. Después de todo, era hijo de Vela. El muchacho insistía. De vez en cuando, casi imperceptiblemente, acompañaba la dirección de su vista con un movimiento de la barbilla. La señora Vela, a su lado, no le prestaba atención, sumida en su propio miedo;

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ocupánd o ose se de la niña que lloraba a intervalos. El muchacho insistía en que ella mirara para atrás” (Belli, 1988,  p.366).    p.366). “Mientras se encaminaba nuevamente a ocupar su lugar, Lavinia vio de frente a ella, la pared de madera

 jaspeada del estudio, formada por varios paneles. El cuarto secreto. ¡Qué extraño!, pensó. ¡Ahora se daba cuenta! ¡Eso era lo que el muchacho insistía que ella mirara! Pero, ¿por qué?, pensó. Las armas ya no estaban en su lugar. Sebastián y "Uno" las habían repartido... Pero, ¿Y si no habían abierto el cuarto secreto?, pensó de  pronto. Quizás no siendo arquitectos, sólo se habían preocupado por ver si las armas estaban sobre la pared giratoria...”   “(…) Y entonces ella se dio cuenta. Lo supo. La certeza la invadió dejándola paralizada.  El adolescente vio su

expresión, la vio tensarse, enderezarse como si la pared quemara; y le hizo un gesto de asentimiento. Inclinó la cabeza simulando mirar al suelo, en un "sí" sólo perceptible para ella. Nadie se había percatado de aquel intercambio. Ella y él estaban solos en el mundo, hablándose un lenguaje de señas. Vela estaba allí. ¡Escondido en el cuarto secreto! ¡Cómo no haberlo sospechado antes!”   Lavinia nunca supo por qué el hijo de Vela le hizo saber que su padre estaba escondido allí, si fue porque lo odiaba, si fue porque quería que ella lo cubriera, pero Lavinia sabía una cosa, sería ella quién lo enfrentaría. “Con sigilo, para no alertar a Vela, soltó el mecanismo del panel en el extremo izquierdo. No hizo ruido. Empujó la primera hoja con el pie. —Ese niño que no se mueva —oyó la voz de Flor en la sala. Y luego, en el

 preciso momento en que los ojos de Lavinia, adivinaron la figura de Vela agazapado se escuchó el alarido de horror del muchacho, el "Nooooooo" largo y desgarrado, retumbando. (…) Los disparos atronaron apagando los gritos quebrados del niño. La ráfaga de su Madzen rompió el aire un

segundo antes de que Vela disparara, pensándose vencedor, descargando el oscuro odio de su casta, entrenada  por años para matar. Lavinia sintió el golpe en su pecho, el calor inundándole. Vio al general Vela aún de pie  frente a ella, sosteniéndose, disparando, salpicado de sangre su uniforme; la mirada, agua regia, r egia, veneno. Aún bajo los disparos de Vela, ella recuperó el equilibrio, y firme, sin pensar en nada, viendo imágenes dispersas de su vida empezar a correr como venados desbocados ante sus ojos, sintiendo los impactos, el calor almacenarse en su cuerpo, apretó el arma contra sí y terminó de descargar todo el magazine. Vio a Vela caer doblado, derrumbado, y sólo entonces permitió que la muerte la alcanzara. (…) Instantes después apareció Sebastián. El mediador se había llevado la propuesta. Se negociaría. "Eureka" había salido bien. Mañana todo habría terminado” (Belli, 1988, p. 370, 371, 372) . Historia paralela: 

Paralelamente a la historia principal, se cuenta la historia de Itza, una originaria que había luchado contra los conquistadores españoles, y que tiene un amor muy profundo por su compañero Yarince, al igual que a Lavinia, todos la juzgaban porque no era el prototipo de mujer “tranquila”. Ella muere en una emboscada de los conquistadores, y renace en un árbol de naranjos, que es justamente el árbol que tiene en su patio Lavinia. Cada vez que Lavinia comía de sus frutos, una parte de Itza vivía en Lavinia.

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Metáforas de la mujer habitada:

La novela se nutre de muchas historias verídicas. Este libro es dedicado por Gioconda Belli a su compañera Nora Astorga. Al igual que Lavinia, Nora Astorga en la vida real, tiene contacto con el General Pérez Vega (que en la historia vendría a ser el General Vela) este señor también es la mano mano derecha de Somoza y jefe del Estado mayor presidencial de la Guardia Nacional de Nicaragua, él, tenía una gran debilidad: las mujeres. La señora Astorga fingió aceptar las propuestas galantes del general y lo invitó a su casa del barrio Altamira de Managua, la noche del 8 de marzo de 1978. Allí lo estaban esperando los comandos del Frente. Luego, “lo ajusticiaron” en palabras más simples, lo asesinaron. El cuerpo del colaborador de Somoza apareció tendido boca abajo en una cama. El cadáver estaba envuelto en una bandera roja y negra, colores que usa el Frente Sandinista, y presentaba varios impactos de bala en la cabeza. Otra de la historia de la novela novela que se vincula con con la realidad, tiene que ver con el ataque de la Guardia Guardia Nacional, a la reunión que estaban teniendo los amigos de Felipe, esa historia se relaciona a un ataque de la Guardia somocista en donde mueren tres militantes del Frente de Liberación Nacional, entre ellos, el poeta sandinista, Leonel sandinista,  Leonel Rugama en 1970. Lo que llama la atención, es que la lucha de Lavinia está más vinculada con la lucha de los originarios en contra de los conquistadores, que en la lucha anti-imperialista de Augusto Cesar Sandino y esto podría interpretarse, como un gesto de rebeldía de Gioconda Belli, ante el culto a la personalidad histórica de un héroe masculino. La autora, Gioconda Belli:

Gioconda Belli, poeta y novelista, nació en 1948 en Managua, Nicaragua. A los 14 años abandonó Nicaragua para acabar su carrera escolar en Europa, en el Real Colegio Santa Isabel de Madrid. Al tener 17 años, Belli regresó a Nicaragua, y empezó a trabajar en publicidad. En 1970 se unió al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización que quería derrumbar el sistema político somocista. Tomó parte en entrenamientos, robó los documentos que pudo encontrar y arriesgó su vida con el contrabando de armas. Sin embargo, fue descubierta, fue perseguida y obligada a exiliarse en México y Costa Rica. En 1979 volvió, desempeñó varios cargos en el nuevo gobierno del FSLN, específicamente en el Departamento de Propaganda, pero también como periodista o en la asociación feminista. Continuó este modo de vivir hasta 1994, fecha en que renunció definitivamente a sus actividades políticas y decidió dedicarse completamente a la escritura. Muralismo y la representación de la l a mujer:

Las mujeres nicaragüenses fueron miembros clave del ejército revolucionario. Lucharon en el frente de batalla, fueron líderes de unidades y hacia finales de los años setenta, conformaban el treinta por ciento del ejército Sandinista. Sin embargo, a pesar de que el Manifiesto del Partido Sandinista declaraba la igualdad de género, el rol de la mujer en la nueva sociedad revolucionaria representado en la mayoría de los murales respondía a los roles arquetipales ar quetipales de la maternidad y feminidad.

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“El encuentro”. Fuente: David  Kunzle “The Murals of Revolutionary Nicaragua”. 

El Encuentro, un mural pintado por Manuel Cerrato en Parque Velázquez en 1980, es una clara muestra de esto. Se representa el regreso de los soldados revolucionarios a sus hogares y sus familias luego del triunfo. El mural está densamente poblado, claramente dividido en dos mitades enfrentadas. A la izquierda, los soldados —azul y blanca— y la bandera rojinegra del fsln. A la derecha, las victoriosos izando la bandera izando de deyNicaragua familias que dejaron atrás conformadas principalmente de mujeres y niños, llevando carteles con frases e íconos revolucionarios. Quienes sí, se encargaron de comisionar distintos murales que representen a la “Mujer Nueva” fue el grupo

AMLAE (Asociación de Mujeres Nicaragüenses “Luisa Amanda Espinoza”). La foto “modelo” que se siguió, fue una fotografía tomada en Matagalpa en 1984 por el fotógrafo nicaragüense Orlando Valenzuela a una combatiente Sandinista titulada “Miliciana de Waswalito” o “Madre armada y niño” llegó a ser conocida

internacionalmente. Esta imagen se convirtió en un ícono internacional de la Mujer Nueva de la revolución, como proclamaban grupos feministas nicaragüenses.

“Madre armada y niño” Fuente: David  Kunzle “The Murals of Revolutionary Nicaragua”. 

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Así como en los murales de amnlae la imagen de la madre guerrillera es recurrente, en los murales de David Fichter. Hay uno en particular del año 1984 titulado “La luz de la Revolución” ubicado en la Escuela Rigoberto

Pérez en Managua.

“La luz de la revolución” Fuente: David  Kunzle “The Murals of Revolutionary Nicaragua 

Esta imagen muestra una inexpresiva inexpresiva mujer indígena llevando un vestido vestido y el cabello suelto, suelto, sosteniendo en alto con su mano derecha la “luz” de la revolución, y en su izquierda un libro en alegoría a la alfabetización. A su

izquierda, el pasado: Somoza y la insurrección, desde las montañas Sandino emerge apuntando el dedo acusatorio hacia la cabeza de de águila que representa a los Estados Unidos, mientras los hombres empu empuñan ñan machete y una mujer enarbola la bandera Sandinista. A su derecha, el fu futuro: turo: paz, reconstrucción, alfabeti alfabetismo smo y prosperidad. En el análisis de esta representación de la “Mujer Nueva” en los murales en Nicaragua será esencial el apoyo bibliográfico en el catálogo de David Kunzle “The Murals of Revolutionary Nicaragua, 1979 -1992”, el único en

documentar los murales producidos en Nicaragua a partir de la revolución sandinista, así como la narrativa de la historia del arte desde el punto d e vista feminista de las obras, entendiendo que “La Mujer Nueva” que surge a partir de la revolución sandinista puede conciliar exitosamente la feminidad y la maternidad con la fuerza y el poder de luchar. Conclusión:

La mujer habitada es un libro para reflexionar, para pensar y para re-pensarse así mismo. Las distintas situaciones donde se marcan las desigualdades sociales y las opresiones, generan en el lector un sentimiento de empatía. Donde uno comprende que no todos corren con la misma suerte, con las mismas posibilidades, y que nunca está demás ponerse en el lugar del otro.

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Bibliografía: Giordano.  América América Latina. La Construcción del Orden. De las sociedades en   Ansaldi, Waldo y Verónica Giordano.   procesos de reestructuración. reestructuración. Ed. Ariel. Buenos Aires. 2012. Tomo Tomo II. Cap. 6.



   Azuaje, Penélope.  Representación de la Mujer Nueva en los murales de la Revolución Sandinista en Nicaragua. SD. 2016.



Gioconda. La mujer habitada. Ed. Seix Barral (reedición). Buenos Aires. 2006.     Belli, Gioconda.



Pedro. ¿A Dónde va Nicaragua? pg. 105 a 167.   Brieger, Pedro.



  De Frenne, kristien. El juego de paralelismos y contrastes en La mujer habitada de Gioconda Belli. SD. 2009. A ngeles Mastretta. Ed. Cuarto   Lagos, Ramona. Metáforas de lo indecible: Gioconda Belli, Lucía Guerra y Angeles  propio. Chile. 2003.    Mires, Fernando. La Rebelión Permanentes. Las Revoluciones Sociales en América Latina. Ed. Siglo XXI. XX I. México. 2001. Cap 7.







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