Kousmine, Catherine - Salve Su Cuerpo

July 22, 2017 | Author: campeon_total4829 | Category: Oil, Foods, Sugar, Nutrition, Cancer
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Descripción: salud natural...

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DRA. KOUSMINE

¡SALVE SU CUERPO!

Javier Vergara Editor S.A. Buenos Aires / Madrid México / Santiago de Chile Bogotá / Caracas / Montevideo

Título original SAUVEZ VOTRE CORPS

Edición original Éditions Robert Laffont

Traducción Floreal Mazía

1987 by Éditions Robert Laffont S A. 1988 by Javier Vergara Editor S A. Buenos Aires / Argentina.

ISBN 950-15-0873-0

Impreso en la Argentina / Printed in Argentine. Depositado de acuerdo a la Ley 11.723.

Esta edición terminó de imprimirse en VERLAP S.A. - Producciones Gráficas Vieytes 1534 - Buenos Aires – Argentina en el mes de julio de 1994

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"La verdad nunca triunfa, pero los defensores del error terminan por morir." Luden Israel Profesor de Cancerología en París

"El destino de todas las verdades es el de ser ridiculizadas antes que se las reconozca." Albert Schweitzer

"Todos los investigadores que descubren un principio que se aparta del conformismo se ven en la imposibilidad de hacer aceptar sus ideas. Sin embargo encuentran incomparables satisfacciones en los testimonios de gratitud que reciben de los enfermos curados por sus métodos." Auguste Lumiére

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In memoriam

Esta obra está dedicada a la memoria de mi madre, cuya valentía y esfuerzos me permitieron estudiar medicina.

Deseo expresar aquí todo mi agradecimiento a las personas que, al secundarme, me hicieron posible llevar esta obra a buen fin, y en especial a las señoras Brigitte Favre, Geneviéve Pijoan, Raymonde Pilet y Solange Guisolan

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PREFACIO En esta obra deseo convencer al lector: 1. De la gravedad de la evolución actual de nuestra salud; si no hacemos nada, ésta sólo podrá deteriorarse aún más a causa de enfermedades degenerativas graves, que afectan a personas cada vez más jóvenes y hacen de ellas individuos de mala salud mediana y aun inválidos. 2. De la posibilidad de escapar a ese destino desastroso si se siguen los métodos descritos. Estos han sido sumamente beneficiosos para gran número de enfermos muy graves. Aplicados a tiempo, pueden conservar la salud de cada uno. Han permitido traer al mundo individuos resistentes, equilibrados, normales.

INTRODUCCIÓN ¡Sin salud no existe la alegría de vivir, ni la felicidad verdadera! La medicina actual no se ocupa de la salud. Sólo le interesan las enfermedades. En el dominio del diagnóstico ha realizado progresos asombrosos. Se encuentra en condiciones de reconocer, de identificar enfermedades complejas, y de hacerlo con una precisión notable y en una fase cada vez más temprana. Nuevas técnicas de examen (ecografía, centellografía, resonancia nuclear magnética, etc.) permiten obtener imágenes de lesiones cada vez más pequeñas, ocultas en la profundidad del cuerpo. La cirugía se ha beneficiado con esos progresos: en la actualidad puede intervenir más tempranamente y eliminar las lesiones antes que hayan adquirido un desarrollo peligroso. Hoy domina la técnica de los injertos, que permite una supervivencia inesperada a pacientes aquejados de enfermedades, antes mortales, del corazón y los riñones. La medicina interna ha aprendido a tratar infecciones graves. Todos estos progresos nos permiten vivir más tiempo y superar muchas crisis de salud a lo largo de nuestra existencia, pero no disminuyen el número de enfermos. En efecto, nuestra época conoce una creciente multiplicidad de afecciones llamadas degenerativas, que pueden localizarse en cualquier órgano, tejido, célula o fragmento de éstas -enzima o gen-, y alterar sus funciones. Todos somos afectados por tales enfermedades. ¿Quién de nosotros tiene todavía, a los 40 años, todos los dientes intactos, no presenta anomalías visuales (¡la mitad de los alemanes usan en la actualidad lentes correctoras!), no padece de várices ni de problemas digestivos, no se ha visto aquejado, sobre todo en invierno y desde su primera juventud, de infecciones repetidas de las vías respiratorias o urinarias? Estas se curan gracias a la administración de antibióticos y después vuelven, infatigablemente. ¿Por qué? Para defendernos de los ataques microbianos poseemos un sistema inmunitario. En la actualidad, éste ya no funciona en forma correcta: o bien es deficiente, y entonces aparecen las enfermedades infecciosas, fastidiosas, triviales, que se repiten con breves intervalos o se vuelven crónicas; o bien es exuberante, lo cual culmina en fenómenos alérgicos (asma, urticaria, eccema, etc.) o bien en enfermedades autoinmunes, en las cuales el organismo ataca a sus propias células y tiende a destruirlas (lupus eritematoso, esclerosis en placas, etc.). Arteriosclerosis, arteritis, trombosis, embolias, infartos de miocardio, mastopatías (alteración estructural de la glándula mamaria, que hoy afecta a una mujer de cada dos), trastornos 5

metabólicos y glandulares (entre ellos la obesidad y la diabetes, cada vez más frecuentes), afecciones del sistema nervioso central (enfermedad de Parkinson, esquizofrenia): todas estas dolencias han sido designadas como enfermedades de la civilización. Y la lista es incompleta. Resulta inquietante, en especial, para el futuro de nuestra raza, la multiplicación de los casos de esterilidad en las parejas jóvenes y la frecuencia cada vez mayor de malformaciones congénitas. La juventud actual es menos vigorosa de lo que lo fuimos nosotros, los mayores. Aunque los médicos de las fuerzas armadas han reducido las exigencias y las normas, el 52 por ciento de los norteamericanos son declarados hoy ineptos para el servicio militar. Y el mismo fenómeno se produce en otros países industrializados. -¿Por qué ya no puedo hacer correr a mis alumnos? ¡No tienen fuerzas para hacerlo! ¿Qué les pasa? -me preguntaba hace poco el profesor de cultura física de un colegio secundario francés, de unos 50 años de edad. Los servicios de salud se han desarrollado en todas partes al máximo: seguros mutuales, seguridad social y otros organismos garantizan la atención médica a todos los ciudadanos... La atención, pero no la salud. El perfeccionamiento de los métodos de investigación del organismo humano ha provocado un aumento del costo de la medicina, con una relación costo/utilidad en ocasiones tan elevada que la situación se vuelve inquietante, dado que, por medio de nuestras cotizaciones a las sociedades de seguros y el pago de nuestros impuestos, debemos asumir su carga. Además, las grandes enfermedades invalidantes de nuestra civilización -cáncer, artritis y artrosis, esclerosis en placas... - afectan a un número cada vez mayor de personas, y la medicina no logra detener esa progresión. Sólo les opone medidas aleatorias, sintomáticas, y paliativos, prótesis químicas de eficacia temporaria o medios agresivos y mutilantes. En el camino que ha elegido la medicina parece haber llegado a sus límites, o casi. Sería urgente hacer algo más, ¿pero cómo? Cuando su cuerpo ya no funciona como debería, el hombre de hoy confía en la medicina, tal como confía en el mecánico cuando su coche ya no funciona, en el electricista cuando uno de sus artefactos sufre algún desperfecto. No cabe duda de que la medicina seguirá siendo útil para reparar tal o cual deterioro. Pero nuestro futuro no depende del perfeccionamiento de los medios de reparación. La salud del hombre del siglo XX se deteriora con un ritmo tal que si queremos evitar el desastre todos debemos tomar el problema entre nuestras manos, aprender, no a cuidar enfermedades, sino a no tenerlas, a administrar correctamente nuestro cuerpo. Existe la técnica para ello. Da excelentes resultados. Se trata de adquirirla y de mantenerse fieles a ella. ¡Ciudadanos y ciudadanas del mundo, ocúpense de ustedes para conquistar la salud, háganlo por amor a sí mismos, a sus seres más próximos, a sus hijos actuales y a los futuros! ¡Hoy están en condiciones de hacerlo!

Primera Parte

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LA MALNUTRICIÓN Y LAS ENFERMEDADES DEGENERATIVAS

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La formación de los médicos y nuestros conocimientos en materia de nutrición Hemos adquirido la costumbre de confiar nuestra salud a profesionales que han estudiado la estructura y el funcionamiento del cuerpo humano normal y enfermo. Como la ciencia médica ha realizado enormes progresos, el cerebro humano ya no puede asimilar todas las nociones que aquélla nos aporta. Nuestra época ha presenciado la aparición de numerosos especialistas, cada uno de los cuales, ha dicho un espíritu disgustado, sabe "cada vez más cosas en un dominio cada vez más limitado”. Para adquirir las nociones básicas, y antes de pensar en especializarse, el futuro médico tiene que dedicar seis años a la adquisición de nociones teóricas y luego realizar prácticas en hospitales con el fin de aprender a aplicarlas. La especialización se adquiere en ese segundo período de formación. Cuando ha recorrido ese largo camino, el joven médico ya está en condiciones de encarar la práctica. ¿Cómo advertiría, durante tan largos estudios, que un dominio de la ciencia de la salud, fundamental, ha sido descuidado por completo: el que se refiere a la forma racional de alimentarse? Los cabezas de fila de la enseñanza, todos especialistas, no tenían siquiera conciencia de que existía este problema. Sin embargo, esa enorme laguna sorprendió a quienes no eran médicos, y esta época presenció el florecimiento de una nueva profesión, la de los naturópatas, cada vez más numerosos. No poseen la formación de los médicos, pero por su parte éstos no tienen la de aquéllos. Estas dos profesiones, a pesar de ser complementarias, caminan juntas sin colaborar, en detrimento del paciente. En los hospitales, por cierto, los problemas de la nutrición son confiados a dietistas, pero éstos no tienen acceso a los datos fundamentales referidos a la alimentación sana; por otra parte, tampoco pueden recetar a los enfermos otra cosa que lo que se prepara en la cocina de los establecimientos. Yo he recibido en visita, en mi consultorio, a más de ochenta jóvenes médicos, médicos generales o especialistas en medicina interna, llegados de Suiza, Francia, Alemania, Bélgica y también del Canadá. Durante sus estudios, ninguno de ellos había aprendido a interesarse en la forma en que el paciente se alimenta: preguntarle si come en su casa, en familia, en el restaurante, en la cantina, en el snack-bar; dicho de otra manera, en efectuar una anamnesis alimentaria. Cuando un paciente pregunta al especialista que lo atiende en relación con un cáncer de mama o de un pulmón si debe adoptar medidas en el plano dietético, recibe como respuesta, en forma invariable: "¡Pero no, coma lo que le cause placer!" Pero, como veremos más adelante, la alimentación representa un factor determinante tanto en la formación como en la evolución del

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cáncer. Por lo tanto, no es extraño que, a pesar de las grandes sumas invertidas en investigación, los progresos obtenidos en el dominio de esta enfermedad sigan siendo modestos. Nuestros profesores universitarios consideran que vivimos en países en los cuales reina la abundancia, que no carecemos de nada. "Cada uno puede elegir los alimentos que le plazcan. El problema alimentario no existe entre nosotros", dicen. Ninguno de los docentes -o casi ningunoha adquirido conciencia de la enorme y rápida evolución de nuestras costumbres alimentarias, de su desastroso impacto sobre nuestra salud. Como lo compruebo todos los días, sea cual fuere su país de origen, la ignorancia de los médicos jóvenes en materia de alimentación es total, tal como lo era la mía en la época de mis estudios (1922-1928). No se les ha enseñado. Por cierto, yo aprendí, lo mismo , que ellos, que el cuerpo humano debía reemplazar las proteínas, los hidratos de carbono y las grasas de las cuales está formado, así como las vitaminas y principios minerales, a medida que fueran utilizados. Y que el valor de los alimentos se expresaba en calorías o, dicho de otro modo, en cantidad de calor proporcionado por su combustión, así como que ésta se produce en el interior de nuestro cuerpo: 4 calorías por gramo de hidratos de carbono y proteínas, 9 calorías por gramo de lípidos. Exceptuados los pediatras, los médicos jóvenes no han aprendido aún a interesarse en lo que propone el mercado en productos alimenticios y en lo que consumen sus pacientes. Nada saben de las técnicas industriales ni de la repercusión que éstas podrían tener sobre la salud. Sólo conocen muy poco, inclusive, acerca de los modos de preparación culinaria y del deterioro que pueden sufrir nuestros alimentos como consecuencia de ellos. En realidad, nuestros conocimientos en materia de alimentación son muy limitados. Sabemos qué ocurre con una molécula de almidón bajo la influencia de los jugos digestivos, cómo se convierte en azúcar simple y cómo atraviesa la pared intestinal antes de ser asimilada; sabemos cómo se reducen las proteínas en sus constituyentes, los aminoácidos, "ladrillos" a partir de los cuales reconstruimos nuestras propias proteínas. También sabemos de qué manera las moléculas de lípidos son simplificadas y luego absorbidas. Pero los alimentos que comemos, y que provienen de la naturaleza, presentan una estructura tan compleja como nosotros mismos, que estamos constituidos por millares de moléculas diferentes. Las que no pertenecen a ninguna de las categorías mencionadas, y que determinan en particular el sabor y el perfume de los alimentos, ¿en qué se convierten en nuestro cuerpo? Nuestra ignorancia en este terreno es mayúscula. La escuela de alimentación natural alemana me ha enseñado que, con el consumo regular de cereales recién molidos y crudos, la salud de nuestras encías mejora. En esa época -yo tenía unos 45 años-, mi dentista me había prevenido que no podría conservar mis dientes durante mucho tiempo, porque estaban todos flojos. Después de haber consumido con regularidad, durante dos meses, cereales crudos, recién molidos, ¡mis dientes volvieron a ser firmes! ¿Por qué? ¿Por cuál mecanismo? Esta acción podría atribuirse a la influencia benéfica de las hormonas vegetales llamadas auxinas, presentes en los cereales crudos y destruidas por la cocción. ¿Qué otra cosa se sabe respecto de las auxinas y de su papel nutricional?

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La cocción, por un lado, aumenta la gama de las sustancias comestibles, volviéndolas más blandas y más fáciles de masticar y luego de digerir; por el otro, empobrece el contenido vitamínico de nuestros alimentos. Ignoramos en qué medida, y si ello es importante. Además, no sabemos si el arte culinario, como algunos lo pretenden, no hace aparecer moléculas ajenas a la naturaleza, y a las cuales nuestro organismo, nuestros fermentos, no se encuentran adaptados, y, si eso es así, qué ocurre con esas moléculas. Hasta hace poco tiempo, aún se pensaba que las grasas sólo aportaban calorías, y que se podía prescindir muy bien de ellas. Luego se reconoció que algunas eran indispensables para la vida; se las denominó esenciales. Otras son necesarias para el transporte de las vitaminas liposolubles. Por último, hoy se sabe que ninguna célula puede prescindir de los lípidos, que son una parte constituyente de todas las membranas celulares y que se unen a sus proteínas para formar sustancias complejas llamadas lipoproteínas. Y sabiendo todo esto, nos permitimos consumir grasas artificiales, con moléculas por completo ajenas a la naturaleza. Al consumir granos integrales, que conservan todavía su poder de germinación, comemos algo viviente. ¿Qué significa esto para nuestro organismo, para nuestra salud? ¿Cuál es su repercusión sobre nuestra resistencia física, nuestra inmunidad, nuestro equilibrio psíquico, y en términos generales, sobre todas las funciones de nuestro cuerpo? Un día tuve que resolver un problema delicado concerniente a un niño de un año y medio de edad, que padecía de insuficiencia pancreática, atribuible a la mucoviscidosis, enfermedad en la cual esa glándula degenera. Este niño reaccionaba con diarrea a todas las harinas que se le ofrecían, en cajas para bebé o sueltas, y no mejoraba. Le hice dar biberones de trigo sarraceno recién molido y crudo. La planta, que debe transformar el almidón del grano en azúcar en el momento de la germinación para utilizar su energía, posee necesariamente todas las enzimas que aseguran esa transformación. Colocadas a 37ºC en un medio húmedo, estas moléculas, todavía vivas en la harina recién molida y cruda, debían poder realizar el trabajo de digestión previsto por la naturaleza en el interior del tubo digestivo del niño, y compensar la insuficiencia pancreática. Mi especulación resultó ser exacta: el niño ya no tuvo más diarreas y se recuperó rápidamente de su retraso pondural. ¿Cuáles son las consecuencias del consumo de los frutos recogidos antes de su maduración, tales como nos lo ofrecen en los mercados? De ese modo, comprobamos que tal melocotón de soberbia apariencia no llega a madurar, que no tiene el sabor que le conocemos a ese fruto, y que apreciamos, y que conserva durante un tiempo indefinido la consistencia de un pepino. En la actualidad es difícil, e incluso imposible, procurarse, fuera del propio hogar frutas normales, sabrosas, dulces y tiernas. ¿Cuál es la influencia de esta evolución sobre nuestra salud? Se ha advertido que las legumbres cultivadas en suelos trata dos con abonos artificiales perdían su sabor normal. Este fenómeno es lo bastante notable como para provocar el desarrollo de cultivos denominados biológicos. Estos conservan la fecundidad del suelo, ya que emplean como abono materias vegetales estercoladas, piedras molidas, algas marinas, guano y estiércol; dicho de otro modo, nada artificial.

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¿Cuál es la importancia de esta evolución de la agricultura para nuestra salud? Para formarnos una opinión sólo contamos con nociones empíricas, por lo demás significativas, ¿pero por qué motivo la ciencia, que únicamente reconoce lo que está establecido en la forma debida no investiga estos problemas fundamentales? Como nuestros alimentos no le han interesado, nos hemos mantenido ignorantes en ese aspecto. Todos sabemos que la investigación es sumamente costosa, pero el precio de los errores que engendran las enfermedades degenerativas y el debilitamiento de la raza es más elevado aún. No somos países pobres, y existen fondos para las investigaciones. Por ejemplo, se podría reservar una parte de la suma destinada a la investigación anticancerosa y dedicarla al estudio de nuestra alimentación y, con ello, realizar importantes progresos en el tema del cáncer. 2 Las enfermedades degenerativas Degenerar significa perder cualidades propias de la raza. Se denominan enfermedades crónicas degenerativas las afecciones en las cuales se producen a nivel de los órganos o de los tejidos, sin causa aparente, lesiones que alteran su funcionamiento. Cuando no se las trata, por lo general son progresivas. Pueden aparecer en una etapa avanzada de la vida, y también pueden ser congénitas. En la actualidad, todos somos portadores de enfermedades degenerativas, cuyas consecuencias son a veces benignas, funcionales, fáciles de corregir y relativamente poco molestas (caries dentales, várices, eccema, urticaria, etc.); otras son importantes, graves, invalidantes o mortales. Todos los médicos deben tratar estas afecciones en uno u otro momento. Cuando son graves, resultan a menudo difíciles de corregir y sólo responden a medidas paliativas, porque no se conoce su causa o porque su origen es congénito y en ocasiones hasta hereditario. Con el tiempo, la acción algunas veces benéfica de estas medidas se agota y la enfermedad se agrava. En efecto, el método paliativo sólo apunta a detener los síntomas, pero no busca la fuente de la dolencia. La degradación mayor de nuestra salud a consecuencia de las enfermedades degenerativas no es antigua. Apenas data del siglo pasado. Se aceleró a partir de la Segunda Guerra Mundial. Lo que llama la atención en cuanto se estudia este fenómeno en los países industrializados es su generalización. Casi todos nos encontramos afectados. Las enfermedades degenerativas se encuentran, en nuestros días, en una u otra forma, en todas las clases sociales; en los campesinos tal como en los ciudadanos, en el obrero lo mismo que en el director de banco. Por lo tanto, la causa debe buscarse, por lógica, en factores que nos conciernen a todos, con independencia de nuestro medio, rural o urbano, y de nuestra profesión, sedentaria o no. Es frecuente que hoy se inculpe a las modificaciones producidas en nuestro ambiente, como la polución atmosférica, pero también ésta tiene una distribución desigual: muy intensa en los centros industriales y en el apiñamiento de las ciudades, afecta mucho menos a los ambientes rurales.

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Sólo la modificación de las costumbres alimentarias, es común a todos, sea cual fuere el medio al que pertenezcamos y en el cual vivimos. Por lo tanto, es legítimo preguntarse si no existe una relación de causa a efecto entre nuestra alimentación moderna y esa inquietante y reciente evolución, que se ha desarrollado en forma progresiva, a lo largo de los 100 a 150 últimos años. Y tenemos derecho a formularnos la pregunta: ¿no hemos modificado todos, de manera inconsciente, algo esencial en la manera de alimentarnos, y provocado a causa de ello un empeoramiento considerable de nuestra salud? Dicho de otra manera, ¿no ha habido hace poco una falla en la fiel transmisión de las tradiciones alimentarias? ¿Cuándo, dónde y bajo qué influencias se produjo eso? ¿Este estado de cosas es reversible? El habitante de la ciudad actual, sea cual fuere su manera de alimentarse, se encuentra convencido de que se alimenta "en forma normal". No se hace preguntas en relación con sus alimentos; no tiene tiempo para ello, le corre prisa. Come con premura platos que se preparan rápida y fácilmente. Según parece, esa es su primera exigencia en materia de alimentos. A menudo se ve obligado a comer en la cantina, y cuando puede, lo hace en el restaurante. En esas condiciones está muy poco informado acerca de la calidad y el modo de preparación de lo que ingiere. A lo largo de los siglos pasados, los habitantes "demasiado bien alimentados" de las grandes ciudades han degenerado. Sus familias se han extinguido y fueron reemplazadas por las llegadas del campo, de costumbres mucho más frugales. Lo nuevo y muy importante es que el campesinado, que durante mucho tiempo representó la reserva de salud de los pueblos, se encuentra tan afectado por las enfermedades degenerativas como las otras clases sociales. El campesino, que realiza trabajos que exigen esfuerzo, cree en la actualidad que la grasa le proporciona más energía. Su alimentación es mucho más rica en estos alimentos que otrora, pero su salud se ha alterado. Hoy ya no existe una categoría social protegida, y asistimos a una degeneración de la raza. Así es como por la influencia de las industrias alimentarias, pero también a causa del progreso del nivel de vida, el hombre moderno, en su manera de alimentarse, se ha apartado demasiado de la naturaleza. A pesar de sus grandes capacidades de adaptación, la suma de los errores cometidos se le ha vuelto insoportable, incompatible con una buena salud, y no le permite una vida equilibrada y feliz.

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Degradación reciente de la salud. Aparición de familias cancerosas A partir de la década de 1960, la situación se ha deteriorado en medida considerable. Tomemos el ejemplo del cáncer. En tanto que hace dos generaciones afectaba principalmente a individuos de más de 60 años, en nuestros días ataca a personas cada vez más jóvenes. 11

Los métodos de tratamiento, no cabe duda, se han vuelto más eficaces, pero como no se hace nada, en términos preventivos, para aumentar la resistencia del enfermo y con ello suprimir la razón misma de su enfermedad, es muy frecuente que ésta se vuelva a manifestar después de un período más o menos prolongado, ya sea en forma de metástasis provenientes de la primera afección o como un tumor maligno de otra naturaleza. En el caso de una niña de 15 años, por ejemplo, un miembro en el cual se había desarrollado un osteosarcoma maligno tuvo que ser sacrificado para salvarle la vida, pero como no se produjo modificación alguna de su manera de vivir, fue atacada por un cáncer de mama a los 24 años (véase fig. 3, fuera de texto). De la abuela a la nieta hubo una antelación de 47 años en la aparición del cáncer. En la generación intermedia, la madre padeció una artritis reumatoide grave (= PCE), otra respuesta a los mismos errores, a los mismos factores toxiinfeceiosos, que son los que intervienen en la génesis del cáncer. En 1980, yo afirmaba que la probabilidad de contraer un cáncer, en el caso de determinada persona, si uno de sus parientes cercanos se encontraba afectado de él, no era mayor que para el conjunto de la población. Esto ya no es así en la actualidad. Son cada vez más numerosas las familias de cancerosos Nuestra raza degenera. De una generación a otra, en las familias, el cáncer se presenta cada vez más temprano en la vida. Se dice que existe anticipación de la enfermedad, y que ésta llega a 10, 20, 30 años y más. Hecho nuevo: en esas mismas familias, y bajo el efecto probable de las mismas agresiones, aparecen a menudo entre los 20 y los 40 años casos de deterioro grave del sistema nervioso (enfermedad llamada esclerosis en placas). En las publicaciones médicas (Technical Report of the WHO- Expert Committee and Disability Prevention and Rehabilitation, 668.1981), se puede leer que, según todas las probabilidades, la Tierra contará, en el curso de aproximadamente 20 años, ¡con tres mil millones de habitantes, de los cuales el 10 por ciento, o sea, 300 millones, serán inválidos! Evaluación optimista, pues supone que el índice de personas sin invalideces se mantendrá estable. Pero nada es menos seguro mientras la proporción de niños deficientes o deformados y la frecuencia de las enfermedades crónicas invalidantes, como la esclerosis en placas, aumenten año tras año. Los científicos afirman unánimemente que este aumento inquietante está relacionado con nuestra civilización y que sería necesario adoptar medidas enérgicas de prevención, pero quienes nos gobiernan -y de ellos depende nuestro destino no han propuesto ningún plan preciso. A lo largo de esta obra se presentarán las historias médicas de familias que ejemplifican lo que acabo de enunciar, y ello con el fin de incitar a cada uno a adoptar medidas preventivas y muy especialmente a normalizar su alimentación. He aquí un primer ejemplo: dos futuros cancerosos se casan. Como han vivido juntos y comido a la misma mesa, y cometieron, por lo tanto, los mismos errores alimentarios, fallecen los dos a los 12

75 años, uno de un cáncer de pulmón y la otra de un cáncer de mama. Han traído al mundo tres hijos, que heredaron las mismas costumbres alimentarias. Los tres varones fallecen entre los 54 y los 56 años de cáncer (de la vejiga y del intestino), 20 años más jóvenes que sus padres. Las tres mujeres escapan al cáncer, pero se ven al cáncer, pero se ven afectadas de artrosis invalidante, otra enfermedad degenerativa de la civilización. De tres hijos nacidos de uno de los cancerosos, una mujer es afectada de esclerosis en placas a los 31 años y queda inválida a los 38. Esta gravísima enfermedad degenerativa se manifiesta, por lo tanto, 20 años antes que el cáncer del padre y 40 años antes que el de los abuelos. En una cuarta generación, el hijo presenta desde el primer año de vida un eccema denominado atópico, enfermedad degenerativa que la medicina oficial no sabe curar, pero que desaparece en cuanto la alimentación se equilibra, y muy en particular cuando se suprime la mantequilla, de influencia permeabilizante sobre la mucosa intestinal, y se la reemplaza por aceites prensados en frío y ricos en ácidos grasos poliinsaturados (vitaminas F). Otro ejemplo (figura 6, fuera de texto): en una primera generación un solo padre de cada cuatro muere de cáncer a los 73 años. En la generación siguiente, tres de los siete descendientes de estas dos familias fallecen de cáncer, los tres pasados los 70 años: por lo tanto, el cáncer se ha mantenido entre ellos como una enfermedad de la vejez. En la tercera generación hay un debilitamiento de la raza: una de las mujeres, nacidas de un padre muerto de cáncer a los 71 años y de una madre fallecida de un infarto de miocardio a los 83, enferma de esclerosis en placas a los 42 años, es decir, en la flor de la edad, en el momento del máximo rendimiento social. Todos sabemos que la esclerosis en placas o multilocular (EM) provoca una invalidez progresiva. El suegro de esta mujer, descendiente a su vez de un canceroso, fallece a los 70 años de un cáncer de esófago. Productos de esta unión, los tres hijos, nacidos entre 1950 y 1959, deben ser considerados individuos de alto riesgo. Su madre, mi paciente, ha perdido la salud porque se alimentó en forma moderna, altamente desvitalizada, malsana. Transmitió estos hábitos alimentarios a sus hijos. En la actualidad, mi paciente ha corregido su alimentación, así como la de su esposo, pero los hijos, hoy adultos e inconscientes de lo que los amenaza, ¿actuarán como lo exigiría el simple sentido común?

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La modificación de las costumbres alimentarias por la influencia de las técnicas industriales y el aumento del nivel de vida ¿Cuáles son, entonces, los cambios importantes que aporta la civilización a los hábitos alimentarios? ¿Por qué a finales del siglo pasado se ha producido este deterioro tan notable de la salud pública? ¿Por qué, a partir de esa época, ciertas enfermedades, conocidas como las de las personas adineradas, se han difundido y afectado a todas las capas sociales y en especial a la de los campesinos?

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En el siglo XIX dos hechos de suma importancia modificaron las tradiciones alimentarias: el primero, que el azúcar blanco refinado fuese puesto al alcance de todos; el segundo, el reemplazo progresivo de los antiguos molinos de mano, de viento y de agua por la molinería moderna. Hace menos de dos siglos sólo se encontraba en los mercados el azúcar de caña importado de los trópicos y, por lo tanto, caro. Su técnica de preparación es sencilla: la caña de azúcar es macerada y fragmentada. El zumo obtenido se evapora hasta su cristalización. Este azúcar poco refinado tiene un color moreno. En el momento de las guerras napoleónicas y del bloqueo continental, el azúcar ya no llegó a Europa. Napoleón estimuló en gran medida la producción del azúcar que los químicos alemanes habían obtenido de la remolacha. Sin embargo, con el empleo del mismo procedimiento de extracción que para la caña de azúcar el producto obtenido era de un sabor desagradable. Fue necesario purificarlo hasta conseguir el hermoso azúcar blanco que conocemos. Pero, como consecuencia de esas sucesivas purificaciones, todas las sustancias minerales, todas las vitaminas que acompañan al azúcar y permiten su empleo por la planta, en particular el factor de utilización de la glucosa con base de cromo (véase pág. 114), fueron eliminados. Se obtuvo una sustancia químicamente pura, y por ende muerta, de un sabor agradable, sin duda, pero sólo portadora de lo que hoy se denominan calorías vacías. Con la aparición de la molinería, la producción de harina blanca se convirtió en cosa fácil, y el pan blanco, considerado el símbolo de la vida acomodada y de la dicha, reservado sólo para las clases adineradas, reemplazó al pan basto y negro, hecho de harina integral. "Tener ante todo pan blanco", ¿no quiere decir que la vida ha sido hermosa y fácil desde el comienzo? Sin embargo, la harina blanca, tal como el azúcar blanco, es un alimento hecho de calorías , vacías. Alexis Carrel escribió en 1935 que "molineros y panaderos han hecho creer al público que el pan blanco es superior al pan negro. Por medio de la máquina, la harina es cernida y privada de principios vitales. Pero se conserva mejor, y el pan se hace con más facilidad. Los molineros y los panaderos ganan más dinero. Los consumidores comen, sin darse cuenta, un producto inferior, y en todos los países en los cuales el pan es una parte esencial de su alimentación las poblaciones degeneran". El profesor de psicología A. Fleisch, en su libro La alimentación y sus errores, publicado en 1937, afirma que la harina blanca y las pastas, que representan hasta la tercera parte de nuestra alimentación, son deficientes en vitaminas y sales minerales, eliminadas por el tamizado. Pero estas prevenciones han tenido muy pocos ecos. ¡En Francia todavía se prefiere el pan muy blanco, que se vuelve insípido y duro al día siguiente de su cocción, y que pasa entonces al recipiente de los desperdicios! Todos deben saber que cada grano de cereal se encuentra formado normalmente por una cáscara, un germen y una parte central. El germen y la cáscara son ricos en minerales, en oligoelementos indispensables para la vida (manganeso, cobalto, cobre, cinc, cromo, selenio), enzimas y vitaminas. El germen contiene las vitaminas A y E, y la cáscara las distintas vitaminas B, de la cual es una de las principales fuentes alimenticias. También esas partes del grano son las que contienen los aceites y la vitamina F. Por su parte, el centro está formado, en esencia, por

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almidón. En la producción de la harina blanca, el germen y las capas exteriores del grano son separados de la parte central, y servirán de alimento al ganado, que se beneficia con ello. El hombre sólo reserva para sí la porción del grano rica en almidón, y a causa de ello pierde más o menos el 70 por ciento de las sustancias más preciosas contenidas en los cereales. ¡La harina blanca, alimento muerto, se conserva bien, porque los roedores no se alimentan de ella: su instinto les dice que se le han quitado las sustancias indispensables para su supervivencia; no la consideran comestible, y no la tocan! El uso del azúcar refinado y de la harina blanca ha reemplazado la complejísima armonía de una nutrición natural por la pobreza de una alimentación privada de los factores vitales importantes. Estas prácticas reducen hasta en diez veces el tenor de la alimentación del hombre civilizado en lo que se refiere a ciertas vitaminas indispensables. Permite vivir, pero no disfrutar de buena salud, ni trasmitir a los hijos, antes de su nacimiento, un capital de salud intacto. El advenimiento de los grandes molinos ha quebrado la interdependencia estrecha que existía entre el trabajo del molinero y el del panadero. Antes se sabía que era importante alimentarse con harinas recién molidas. Hoy ya nadie se interesa en ello. Antes el trigo era llevado al molino, y la harina se empleaba en el acto. En 1967, aún ocurría así en Cerdeña, por ejemplo. A esta práctica corresponde la conservación de un estado de salud y de resistencia notables. Los pueblos civilizados antiguos y los pueblos primitivos de hoy preparaban y preparan sus harinas todos los días. Los ejércitos romanos de antaño, cuyas hazañas nos asombran todavía, salían de campaña llevando consigo trigo y mijo en grano, así como una muela por unidad de ejército, llamada cohorte. La molienda se efectuaba todos los días. Cada soldado romano recibía setecientos cincuenta gramos de cereales por día, una tercera parte de los cuales era consumida en potaje, por la mañana, y los dos tercios restantes en forma de galletas, durante la noche. ¡Cuando por falta de granos tenían que conformarse con carne, se sentían mal alimentados! ¡Las mujeres del África negra todavía trituran todas las mañanas el mijo para el día, pero en los poblados africanos modernos, mal aislados, los vecinos se quejan del ruido, y esta costumbre se perderá! En cuanto a nosotros, ya no sabemos qué es la harina recién molida. Ignoramos cuándo se molió el grano de trigo que sirvió para la elaboración del pan, de la sémola o de las pastas, cuándo fueron abrillantados, aplastados y "muertos" los granos de cebada perlada y de arroz blanco o los copos de avena que comemos. Esto no se menciona en los envases. Ningún consumidor se interesa en ello. Pero el grano de trigo, en la perfección de su estructura, está construido para conservarse vivo. Inclusive es posible, se nos dice, guardarlo durante millares de años en ciertas condiciones. ¿Acaso no se ha hecho germinar y reproducir el trigo hallado en las tumbas egipcias? El grano de trigo, triturado y transformado en harina, deja de estar vivo. Muere y se convierte en cadáver. Incapaz de conservar su estado primitivo, ve alterarse progresivamente, en contacto con el aire, sus elementos más inestables, los más nobles, los más preciosos para nosotros, entre ellos las vitaminas. Se oxida: desaparecen ciertas sustancias sabrosas. Para ello hacen falta de ocho a catorce días. Pero es común que exista un plazo de tres semanas entre el momento en que se 15

produce la harina y el de la confección del pan. Semanas y meses trascurren entre el abrillantado del arroz y su consumo, entre el instante en que el grano de trigo o de avena es triturado y aquel en el cual comemos la sémola, las pastas o los postres que derivan de ellos. De tal modo, aceptamos alimentarnos con viejos cadáveres de granos desvitalizados. Una experiencia de laboratorio ha demostrado la pérdida de factores vitales importantes en la harina. Resulta fácil criar ratones con trigo en grano o recién molido. Pero si la harina tiene data de seis semanas, esos animales se desarrollan mal y son raquíticos: el envejecimiento les ha quitado factores vitales importantes. Del mismo modo, es imposible criar pollos dándoles harina vieja. Para convencerse de la superioridad de las harinas frescas basta con moler uno mismo el trigo y preparar en seguida el pan como se hacía en otros tiempos. ¡Cuán delicioso es el sabor de ese pan, y cómo resulta insípido, en comparación, el pan blanco de panadería! Ese sabor delicioso se lo otorgan a la harina las sustancias químicas que desaparecen por el tamizado y el almacenado. ¿Esta desaparición carece de importancia o, por el contrario, perdemos con ella algo esencial para nuestra salud? A fuerza de verse privado de esas sustancias presentes en los alimentos naturales y frescos, el hombre moderno descubre su importancia. A partir de mediados del siglo XIX y del desarrollo de las industrias, se producen las primeras y más profundas modificaciones de nuestra manera de alimentarnos: en ese momento comienza la introducción, que luego fue acrecentándose por la reducción de su costo, del azúcar refinado y de la harina blanca. Pero a estas primeras desviaciones alimentarias se han agregado poco a poco otras, que redujeron aún más y en forma sensible nuestra ración cotidiana de vitaminas. Grasas vegetales y margarinas De tal modo se lanzaron al mercado las grasas denominadas vegetales. Pero todos saben que los vegetales no producen grasas sólidas a la temperatura común de 20 grados, sino sólo aceites. Para transformar un aceite en grasa sólida hace falta la intervención del químico. A partir de materias primas baratas (aceite de palma y de palmito, por ejemplo) logra, calentándolas en presencia de níquel y de hidrógeno, elevar el punto de fusión de esos aceites y obtener grasas sólidas a 20 grados. Este proceso se denomina hidrogenación. Las moléculas obtenidas son artificiales y por completo ajenas a la naturaleza (Dr. J. Budwig). El químico elimina, además de los productos naturales, el color y el sabor considerados desagradables, y los reemplaza por productos artificiales de su elección. Esas sustancias grasas, aportan sin duda, calorías y pueden impedirnos morir de hambre, pero no sirven para reconstruir las estructuras celulares finas gastadas, y de tal manera contribuyen a nuestra desnutrición. Las margarinas son esas mismas grasas vegetales, a las cuales se ha incorporado un 16 por ciento de agua para otorgarles la agradable consistencia de la mantequilla.

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Según trabajos recientes, el consumo de estos cuerpos grasos artificiales, así como el de los aceites desnaturalizados, aumenta la necesidad de vitaminas F biológicamente activas y agrava su carencia. Desempeñan el papel de antimetabolitos. Aceites extraídos en caliente y consumo abusivo de la mantequilla Alrededor de 1940, la técnica de extracción de nuestros aceites alimentarios sufrió una importante modificación. Se advirtió que con el prensado en frío sólo era posible obtener la mitad, como término medio, de los aceites contenidos en los granos; el prensado en caliente (160 a 200 grados) proporciona un rendimiento igual al doble, tal como la extracción por medio del hexano (¡solvente orgánico relacionado con el benceno, y que es imposible eliminar luego por completo!). A partir de entonces, ya no se pudo encontrar en las tiendas de comestibles otra cosa que aceites refinados. El hábito ancestral de agregar un poco de aceite crudo natural a los alimentos en el momento de la comida se perdió. ¿Dónde están las aceiteras de cristal que todavía se encontraban en la mesa a principios de este siglo en todas las comidas principales? Estos aceites modernos son estables; se conservan y se almacenan muy bien; han perdido su sabor específico y la propiedad de enranciarse, pero al mismo tiempo se han convertido en alimentos muertos, desprovistos de los factores necesarios para el buen funcionamiento de nuestro organismo y el desarrollo de nuestros tejidos. Las vitaminas F, o ácidos grasos poliinsaturados, que contienen esos aceites y que nos son indispensables, se deforman bajo la influencia del calor y se vuelven biológicamente inactivos (véase pág. 285). La introducción cada vez más amplia de las grasas artificiales en nuestra alimentación, de la extracción de los aceites vegetales en caliente y de su refinamiento extremo han modificado una vez más, en forma importante, nuestras tradiciones alimentarias. Otro factor se ha agregado a todos los que acabamos de citar. En tanto que en la antigüedad la mantequilla era un producto de lujo, que sólo aparecía en la mesa de la mayoría de las personas una o dos veces por semana, en la actualidad se consume dos o tres veces por día. La ración cotidiana varía, según los individuos, de 10 a 200 gramos, pero todos, tanto el que consume 10 gramos como el que ingiere 200, se encuentran persuadidos de que se alimentan "en forma normal". Pero, si bien 10, 20 o 30 gramos de mantequilla por día son tolerados muy bien, más de 50, 100 o 200 gramos diarios ocasionan o favorecen graves trastornos de la salud, precisamente aquellos qué agrupamos bajo el nombre de enfermedades degenerativas. La mantequilla no es un alimento que el hombre pueda ingerir en forma indefinida, con cualquier frecuencia y en cualquier cantidad. Una cocina que sólo utiliza mantequilla no es una cocina ideal, como piensan las que "cocinan todo con mantequilla". Al contrario de los aceites extraídos de los granos vivos y crudos, es muy pobre en vitaminas F, que nos son indispensables. La mantequilla es una grasa provista por la naturaleza, no para nosotros, sino para el ternero. Este animal debe realizar en seis meses una hazaña que consiste en pasar del estado de recién nacido, en que pesa 35 kilos, al de independiente de 225 a 250 kilos, capaz de ir al prado a buscar por su cuenta alimentos. Durante 180 días su peso debe aumentar en promedio un kilogramo por día. Esta tarea le es facilitada por la presencia de la mantequilla en la leche, que entre otras propiedades contiene un permeabilizante (H. Sinclair), tal vez destinado 17

a acelerar la asimilación, y con ello el aumento de peso. El ternero consume hasta 400 gramos de manteca por día. A la edad de seis meses es destetado, y no volverá a recibir leche, y por lo tanto, tampoco manteca. Existe una gran diferencia entre la tarea biológica de un ser humano adulto y la de un ternero. El adulto que se alimenta en forma abundante con manteca comete un error: se enferma, se esclerosan sus arterias, se deteriora su piel, que se vuelve anormalmente seca y escamosa, y se acelera su envejecimiento. La manteca de la leche de mujer y la de la leche de vaca tienen una composición química muy diferente (véase pág. 450). El bebé humano soporta mal la manteca de vaca y crece mejor cuando se le da leche parcialmente descremada. El abuso de conservas Si bien las conservas industriales pueden prestarnos servicios ocasionalmente, su abuso es perjudicial para nuestra salud. Una mujer de 37 años, que vivía en el África Ecuatorial y se alimentaba, en esencia, de conservas que hacía llegar de Estados Unidos, comprobó la aparición en sus mamas de múltiples nódulos, cuyo volumen variaba desde el de una arveja hasta el de una nuez. ¡Este proceso (mastopatía) afecta, en nuestros días, a una mujer de cada dos! En el caso de mi paciente, el estado de sus mamas pareció tan alarmante a los cirujanos consultados que le propusieron a esta mujer joven y bella la ablación pura y simple de las dos glándulas mamarias y ello con el fin de protegerla de un cáncer cuya aparición en un futuro cercano les parecía inevitable. Me hizo una visita. Le expliqué las relaciones de causa y efecto entre una alimentación artificial, desnaturalizada, y la aparición de tumores en sus mamas. Normalizó su alimentación, y a partir del segundo mes pude advertir una reducción de las lesiones. ¡Al cabo de un año de una alimentación correcta sus mamas se habían vuelto otra vez normales, y el control practicado al cabo de once años (en 1976) por medios modernos no reveló anomalía alguna!

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La cola del cerdo, o las fechorías de la alimentación moderna Todos saben que en los animales la cola es un órgano de expresión. El perro contento agita la suya; descontento, se va con ella entre las patas. El gato excitado enrosca y agita los cinco últimos centímetros de su cola; amenazado, mantiene la cola vertical, con los pelos erizados, lo cual duplica su volumen. Cuando el cordero mama, expresa su alborozo moviendo su minúscula cola de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, como un metrónomo, pero a un ritmo asombroso. ¿Y qué pasa con el cerdo? Todos conocemos la cola del cerdo, en forma de tirabuzón. Pero he aquí lo que nos ha relatado Jean-Jacques Besuchet, de Mathod (Suiza), quien alimenta a sus cerdos en forma normal, es 18

decir, exclusivamente con productos crudos, tal como se alimentan los animales salvajes, por ejemplo, los jabalíes. ¡Sus cerdos, como los otros animales, tienen la cola recta! He visitado sus pocilgas. Nueve compartimientos que miden 2 metros por 3,50 metros se encontraban ocupados por animales alimentados "en crudo”, y un décimo, perteneciente a un campesino de Siena, por cerdos alimentados de manera tradicional, con desechos de cocidos ("la sopa de los cerdos") y alimentos elaborados por las industrias agroalimentarias. ¡Todos los que recibían una alimentación cruda, viva, tenían la cola recta y manifestaban su alegría moviéndola como los perros! Eran muy limpios, hacían sus necesidades en un lugar determinado de su chiquero y no ensuciaban sus camas. Eran apacibles. Se podía dejar al marrano y a la cerda juntos en un mismo compartimiento, lo cual es impracticable en la cría habitual, con animales que se han vuelto hipernerviosos a raíz de una mala alimentación, que son sexualmente hiperactivos y se agotan. Los cerdos alimentados en la forma tradicional son ruidosos, pestilentes, nerviosos y agresivos. Sus colas tienen forma de tirabuzón, si no han sido cortadas a 6 u 8 centímetros de su implantación, a fin de impedir mutilaciones recíprocas. Los criadores liman los dientes delanteros de los lechones para impedir las mordeduras, cosa que no es necesaria cuando se les suministra alimentos crudos. Alimentados en crudo, los cerdos ya no necesitan antibióticos ni tranquilizantes, y después de las primeras semanas de vida no hay entre ellos enfermedades ni muertes (de cada diez recién nacidos, hay que contar uno nacido muerto y un animal demasiado débil que muere en la primera semana). He aquí el programa de cría de estos animales. Durante las dos primeras semanas de vida, la regla es la lactancia exclusiva. Durante la tercera semana, además de leche, reciben forraje verde, y avena en grano remojada en agua. A partir de la cuarta semana, a la alimentación básica se le agrega humus forestal, con raicillas. El humus, lo mismo que el mantillo, es rico en bacterias que producen la vitamina B12, antianémica. Si se omite este aporte, y a pesar de su aspecto lozano, la mitad de los lechones muere en forma brusca de anemia. En la sexta semana reciben habas, además de la avena, y un poco de fruta. El 70 por ciento del aporte alimentario sigue siendo proporcionado por la leche materna. Cuando llega a su séptima semana, el lechón utiliza el comedero del adulto. Consume pescado de mar crudo, frutas y legumbres (zanahorias, etc.). La leche representa el 50 por ciento de la alimentación. El destete ocurre a los cuatro meses. El adulto recibe dos comidas: por la mañana, frutas crudas (manzanas, ciruelas caídas del árbol, etc.), habas, zanahorias, remolachas y patatas, y forraje verde dos o tres veces por semana; por la noche, pescado crudo o algarrobas. La carne del cerdo alimentado de esa manera es deliciosa. Se la puede comer cruda, sin preparación ni adiciones. De tal manera, la torsión permanente en tirabuzón de la cola del cerdo no es un hecho normal, sino que expresa su tensión nerviosa. Es la consecuencia de su régimen alimenticio contrario a la naturaleza. La cola es recta en el animal contento y bien alimentado, así como también en el animal extenuado por una enfermedad. 19

Entre todos los animales, el cerdo es el que más se nos asemeja; es omnívoro, sensible y emotivo como nosotros. Su ejemplo demuestra en forma evidente la influencia de la alimentación sobre los fenómenos de tensión, agitación, angustia y agresividad. Recordemos, asimismo, la experiencia de los veterinarios, que han descubierto que la angustia provocada en un cerdo por el hecho de oír los gritos de sus congéneres, llevados al matadero, y registrados en un disco, ha provocado en él el pasaje de colibacilos del intestino a la sangre y los músculos, hecho que torna inadecuada la carne para el consumo. Un fenómeno análogo se observa en el hombre bajo el efecto del estrés. Nuestra alimentación, lo mismo que la del cerdo, se ha vuelto cada vez más artificial, cocida, desvitalizada. Ello comienza con los biberones y los alimentos preparados para los bebés. Nuestros jóvenes son cada vez más desconcentrados, agresivos y agitados. Una cantidad cada vez mayor de ellos busca una escapatoria en la droga. ¿Cuándo protegeremos de manera sistemática a nuestros hijos, antes de su nacimiento, para que se inicien bien en la vida y adquieran esa alegría de vivir que es la única que permite un desarrollo armonioso? He aquí algunos ejemplos de los beneficios de una alimentación sana. CASO 1. F. (1960) Esta mujer, perteneciente a una familia de cancerosos, tiene hoy 26 años y acaba de dar a luz su primer hijo "Budwig" [Capítulo 7, "La crema Budwig”]. Yo he atendido a su madre, operada de un cáncer de ovario, cuando la niña tenía apenas dos años. Desde entonces ésta tuvo una alimentación sana, y en veintiséis años contrajo una sola enfermedad, la parotiditis, durante la cual tuvo que guardar cama durante cuatro días. Es una soberbia criatura. Dos de sus primos hermanos, en cambio, continuaron consumiendo la alimentación moderna, malsana, y fueron operados, a los 36 y 32 años, de un cáncer digestivo, como sus padres, pero 20 años más jóvenes que éstos (véanse págs. 398-403, casos 66, 67 y 68). CASO 2. F. (1967) Estéril durante nueve años, después de su primer hijo, una pareja me visitó el 12 de septiembre de 1966. La concepción se produjo al mes siguiente de la normalización de la alimentación. Una niña nació el 27 de junio de 1967. Hoy tiene 20 años. Es una mujer resplandeciente de salud y respira alegría de vivir. Hasta ahora ha tenido una sola enfermedad: parotiditis, como en el caso precedente, y sólo debió guardar cama cuatro días. CASO 3. M. (1981) Bro ha recibido una alimentación sana del pecho de su madre, de 41 años. Durante su primer año no tuvo enfermedad alguna, a pesar del contacto con dos hermanos mayores que asistían a la escuela. Es un niño que sólo ha proporcionado alegría a sus padres. Desborda de vida, es sonriente, jamás tiene grandes crisis de lágrimas y de gritos.

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Lo vigilé durante tres semanas, cuando tenía 12-13 meses. Era espléndido verlo hacer el aprendizaje de sus primeros pasos, partir a la conquista del mundo y de la libertad con una vivacidad y un vigor ejemplares. A los 12 meses trotaba con una distancia de 15 cm entre un pie y el otro. Tres semanas después podía correr sobre la arena mojada de la playa. No lloraba cuando se caía, aunque ello le causara dolor; esperaba con tranquilidad a que éste pasara. Después de un viaje de 600 kilómetros en automóvil, en pleno verano, tuvo un acceso de fiebre de 39 grados. Todo volvió a la normalidad en 24 horas, el tiempo necesario para producir los anticuerpos indispensables para neutralizar el virus "gripal" que lo atacaba. ¿Quién no quisiera tener un niño tan robusto y agradable para criar? Jóvenes madres, al practicar la reforma alimentaria antes de la concepción, al regresar a la alimentación tal como ha sido prevista para nosotros por la naturaleza, ustedes trabajan para la creación de una raza nueva, vigorosa y sana. ¡El esfuerzo vale la pena! *** Alimentos demasiado refinados, a menudo demasiado viejos, exentos de factores vitales, tales como la harina y el azúcar blancos, falta de cereales en forma de granos enteros y vivos, aceites extraídos en caliente, sobreabundancia de cuerpos grasos inadecuados, insuficiencia de cuerpos grasos indispensables, exceso de carnes, abuso de conservas, pobreza de las raciones, en cuanto a frutas crudas, que nos aportan vitaminas, minerales y fibras vegetales indispensables para una función intestinal regular y normal: tales son los errores más corrientes que cometemos diariamente en la composición de nuestras comidas y que son todos fáciles de corregir. Las más diversas alteraciones de la salud, funcionales y orgánicas, tienen por causa inicial un debilitamiento de nuestro organismo, de su inmunidad, a causa de nuestra desnutrición. El factor causal, la carencia precisa en tal o cual estado de enfermedad, es casi siempre oscuro para nosotros. Es probable que, según la constitución de la persona, un mismo error pueda causar síntomas diferentes, y que manifestaciones mórbidas idénticas puedan tener por origen diversas deficiencias. Lo seguro es que diversas alteraciones responden de manera favorable a la normalización de la alimentación, tal como yo la practico (reforzada, en los casos graves, con abundantes vitaminas y minerales). Y ello, porque se trata, precisamente, no de una dieta restrictiva, sino del aporte completo y equilibrado de todos los principios nutritivos indispensables para la salud. No cabe duda de que el progreso hará posible un análisis cada vez más profundo de los numerosos componentes de nuestro organismo y la comprensión de las leyes que rigen sus respectivos equilibrios, pero estos constituyentes son innumerables. Ciertamente que semejante desarrollo sería apasionante, pero al mismo tiempo complejo, aleatorio y costoso. ¿Los conocimientos así adquiridos podrán ser aplicados alguna vez al conjunto de una población? Es posible dudarlo, y por cierto que resulta más fácil volver al equilibrio alimentario de nuestros antepasados, que ya han pasado la prueba del tiempo, y no contar con problemáticos progresos científicos.

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El ejemplo de los hunzas Es probable que resulte utópico poder crear una nueva raza de individuos que jamás estén enfermos. Por el momento, se trataría, en cambio, de recrear un arca de Noé, a fin de que algunos, por lo menos, escapen al desastre sanitario. En momentos en que surge una nueva afección, denominada SIDA y atribuida al parecer a una deficiencia adquirida del sistema inmunitario, en la cual, en respuesta al ataque de un virus, aparece una enfermedad contagiosa de mortalidad elevada, es urgente reforzar el estado inmunitario de la población, y ningún método más efectivo que la normalización de la alimentación, como he tenido ocasión de comprobar en numerosas oportunidades. Y sin embargo ha existido una raza sin enfermedades: los hunzas. Se trata de un pueblo que vive en el Himalaya, en el extremo norte de Pakistán. Su región forma un enclave entre el Pamir ruso, Afganistán y el Tibet chino, tres países de los cuales se encuentra separado por montañas que llegan hasta los 7.000 metros de altura. Varias tribus habitan en esa región. Han vivido ignoradas durante mucho tiempo: todavía en 1935 había que hacer, desde esa región, un viaje de un mes y recorrer 500 km para encontrar un europeo. Alrededor de 1910 pudimos hablar por primera vez de ellos. Cuando los ingleses colonizaron la India, enviaron a todas las provincias médicos encargados de examinar el estado sanitario de los habitantes y de ofrecerles ayuda. Así fue como un escocés, Mac Carrison, aceptó, muy joven, el puesto de médico de Estado en la India. Se lanzó con ardor a una investigación relacionada con las enfermedades que prevalecían en el norte de Cachemira. Sus funciones lo llevaron con regularidad, durante 14 años, entre 1904 y 1918, a las numerosas y reducidas poblaciones más o menos autónomas de las regiones fronterizas, y los hunzas eran una de ellas. Estos individuos hicieron impacto en su subconsciente por su hermosa conformación física, su gran capacidad de trabajo y su magnífica salud, pero como su curiosidad de médico se orientaba por completo a las enfermedades, ese pueblo le pareció el más insignificante, el menos interesante de todos. ¡Aparte de algunas fracturas, en efecto, jamás hubo nada que examinar o curar entre ellos! En tiempos de Mac Carrison se ignoraba lo referente a los diversos grados de la salud y de sus manifestaciones características, así como respecto de las condiciones precisas de las cuales depende (y las cosas no han cambiado mucho en la actualidad). Sus estudios, como los de los médicos actuales, sólo lo habían preparado para conocer enfermedades, y la salud era algo así como un estado sin alteraciones pronunciadas o perceptibles. Muchos años después, sus trabajos científicos llevaron a Mac Carrison a preguntarse qué era la salud. Entonces recordó a los hunzas y se dedicó a investigar las razones de su salud tan excepcional. Como conocía a los otros pueblos de esas mismas regiones y de esas mismas altitudes, y las enfermedades que imperaban entre ellos, podía hacerlo en condiciones especialmente favorables.

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Su estudio lo llevó a comprobar que los hunzas representaban el ideal de la salud humana. Se encuentran exentos de enfermedades crónicas y oponen a sus infecciones una poderosa fuerza de reacción y defensa. Aparte de algunos accesos de fiebre, breves y violentos, y de vez en cuando algunas inflamaciones oculares, que aparecen al final del invierno pasado en viviendas repletas de humo, Mac Carrison no pudo descubrir entre ellos enfermedad alguna. La vejez no debilitaba su visión ni su audición, sus dientes se conservaban intactos, el corazón seguía siendo capaz de esfuerzos. La vida sólo se extingue a una edad avanzada, a los 120 y aun a los 140 años, semejante a una llama apacible que toca suavemente a su fin. Los hombres procrean hasta los 75 años, y se ve a muchos centenarios labrar sus campos. La capacidad de los hunzas para el esfuerzo es notable. Ni la fatiga ni el miedo dan la impresión de existir para ellos. En la montaña son cargadores y corredores incomparables. Para un hunza, 230 kilómetros de un solo envión no representan nada extraordinario ni ocasiona ninguna fatiga visible. Este pueblo muestra un estado de ánimo siempre igual, siempre tendiente a la risa jubilosa, aun en períodos de frío, hambre y privaciones; no presentan señal alguna de irritabilidad, de susceptibilidad, de ansiedad ni de impaciencia, y son conciliadores. Las enfermedades mentales tampoco existen entre ellos. Del estudio de Mac Carrison resulta que entre la salud real y lo que consideramos como tal existe una gran distancia y hay múltiples estados intermedios. Si nuestra concepción de la salud es correcta, habría que inventar para los hunzas una noción de hipersalud. Si su salud representa la norma para el género humano, lo que llamamos de esa manera no corresponde a la salud verdadera; es sólo un estado estadístico, un promedio de quienes no se consideran enfermos. Es, por lo tanto, un estado variable, en constante descenso en la actualidad. Mac Carrison define ese estado como la zona crepuscular de una salud que empeora cada vez más, y vivimos en ese estado de crepúsculo sanitario sin siquiera darnos cuenta. Tras un estudio profundo de todos los factores que pueden determinar ese estado de salud asombroso de los hunzas, herencia, raza, higiene, etc., Mac Carrison llegó a la conclusión de que el factor decisivo de la salud, el factor clave, debía ser buscado en la alimentación. Al regresar a Inglaterra verificó durante varios años sus conclusiones por medio de vastos experimentos con ratas. Dio a 1.200 de éstas la alimentación típica de los barrios bajos de Londres: pan blanco, platos dulces a base de harina blanca, confituras, carne, arenques, conservas, golosinas y de vez en cuando un poco de legumbres cocidas. Encontró en estas ratas, después de un plazo más o menos prolongado, casi todas las enfermedades que existían en el hombre. Esos animales sometidos a la influencia de un régimen urbano se volvían poco a poco irritables, agitados y agresivos. Algunos de ellos terminaron por devorarse entre sí. A otro grupo de ratas Mac Carrison les suministró la alimentación típica de los hunzas. Estas ratas se mantuvieron exentas de enfermedades y entre ellas reinaba la paz y el entendimiento. En 1934-1935 otro sabio, David Lorimer, se interesó por los hunzas. Era lingüista, y fue con su esposa a habitar durante quince meses con los hunzas para estudiar su idioma y sus costumbres. He aquí lo que informó:

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"Los hunzas son unos 10.000 individuos distribuidos en seis tribus y ciento cincuenta aldeas situadas en altitudes de 1.600 a 2.450 metros. La capital es Baltit. Las aldeas se encuentran escalonadas en salientes montañosos que se suceden a lo largo de una quincena de kilómetros, en pendientes soleadas que dominan gargantas de 600 a 900 metros de profundidad. Lo que hace que este pequeño pueblo perdido nos resulte extraordinariamente próximo y simpático es que no pertenece a la raza amarilla, sino a la blanca, es decir, a nuestra propia raza. "Sería muy fácil imaginarlos circulando, vestidos al estilo europeo, por alguna de nuestras ciudades, sin atraer en modo alguno la atención por su condición de extranjeros. Son de estatura mediana, de belleza regular, y en nada se parecen a los pueblos asiáticos que los rodean. "Una leyenda afirma que son descendientes de guerreros del Sikandro [Alejandro Magno] que permanecieron en esa región. Su lengua no se emparenta con ninguna otra conocida. A lo largo de los siglos supieron conservar su identidad, y los matrimonios sólo se hacían entre individuos de las distintas tribus, con exclusión de los pueblos vecinos. "Viven de la agricultura y la ganadería. Su suelo es pobre; la región está desprovista de bosques. Para cultivar las cuestas que caen casi a pico han debido disponer terrazas. Las lluvias son raras en esa región, y para irrigar los cultivos fue necesario, lo mismo que en Suiza, en el Valais, llevar el agua del deshielo de los glaciares, construyendo acueductos y canales de piedras, el más largo de los cuales mide 20 kilómetros. "Los hunzas disponen de muy poco dinero. Lo reservan para la adquisición de herramientas, de telas de algodón para la confección de sus ropas, de seda para sus fiestas. "Han rechazado en forma obstinada la importación de productos alimenticios industriales, y se alimentan con exclusividad de productos de su suelo. Para mantener la fecundidad de éste, recogen con cuidado los excrementos de los hombres y de los animales, a fin de devolverlos a la tierra, y de tal manera aseguran el ciclo de materia orgánica y mineral, que pasa de la tierra a la planta, de la planta al animal y al hombre, para volver luego a la tierra. "Aun las hierbas son raras en el país de los hunzas. Por lo tanto, los álamos que bordean sus campos deben completar la alimentación de los herbívoros, y gracias a su follaje puede sobrevivir el ganado. Este se alimenta en junio de las ramas secundarias cortadas y recogidas con cuidado. Y estos mismos álamos son los que proporcionan la madera para la construcción. "Ningún desecho orgánico es eliminado, hasta tal punto es grande la escasez de forraje, y a partir del comienzo del otoño los niños van a buscar por todas partes briznas de hierba y de hojas olvidadas, y recogen los menores vestigios de plantas o de estiércol. Por lo tanto, no existe alimentación alguna para engordar el ganado, nada que permita criar cerdos. Las gallinas y los huevos son raros por la misma razón. "La frugalidad de este pueblo es muy grande. Su régimen alimenticio se compone en esencia de cereales y frutas, y en ocasiones de legumbres. La carne es magra y rara, los productos lácteos

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poco abundantes. Los cereales que cultivan son el mijo, el trigo sarraceno, la cebada y el trigo candeal. "El sol de esta región es lo bastante fuerte como para permitir dos cosechas por año, aun en las tierras más altas, siempre que se sepan alternar los cultivos. De tal modo, se siembra en un mismo terreno, primero la cebada de verano y después el mijo. El trigo sarraceno, dejado sin recoger después de la cosecha del trigo candeal, puede llegar a su madurez antes de los grandes fríos. "Los cereales se conservan en granos, y se muelen a medida que hacen falta, en molinos de agua, cuya muela inferior de piedra, llamada yacente, es fija. Su altura es regulable, y permite obtener moliendas más o menos finas. La muela superior, o corriente, es movida por una rueda de madera, impulsada por una corriente de agua. Una vez molidos, los cereales se consumen en seguida. "Los hunzas disponen de uvas, manzanas, moras blancas, muy azucaradas, análogas a las uvas sultanas, y que crecen en grandes árboles, pero su fruta principal es el albaricoque. Es más pequeño que el de nuestras regiones. Su carozo es comestible. Proporciona un excelente aceite. Todos los frutos son secados para la temporada fría. Los hunzas disponen de patatas, de lentejas y de las mismas variedades de legumbres que nosotros, pero en cantidad limitada. "El invierno dura entre ellos de cuatro a seis semanas. Al comienzo de la primavera sus reservas alimentarias se encuentran casi agotadas; el trigo, las patatas y las lentejas comienzan a faltar. La familia se alimenta entonces de brotes y de jóvenes plantas del huerto, y de hierbas silvestres arrancadas en los trigales. Este período de privaciones de primavera coincide con la época de los grandes trabajos agrícolas, y dura hasta el final del mes de junio. Las caras enflaquecen, las facciones se vuelven angulosas, y sin embargo, las personas se muestran activas, limpias, ordenadas, plenas de atenciones, cordiales y gozosas. Esta subalimentación periódica y pasajera, ese ayuno relativo, no produce perjuicio alguno en la salud de este pueblo, sino todo lo contrario." Los ejemplos que siguen muestran los efectos nefastos de nuestra alimentación moderna, muy alejada de la de los hunzas, pág. 306 y siguientes.

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La manera racional y óptima de alimentarse Ejemplos de menúes inadecuados Cuando en nuestros países se le pregunta a cualquier ciudadano de cualquier medio (inclusive a un médico): "¿Cómo se alimenta?", se muestra asombrado, hasta tal punto le parece ociosa y absurda semejante pregunta, y responde de manera uniforme: "¡Con normalidad, por supuesto!" Cuando se trata de precisar la cantidad y la calidad de las grasas consumidas, si se habla con personas que realizan por sí mismas las compras y la cocina, se llega a obtener una respuesta 25

válida. Pero cuando se interroga a quienes frecuentan con regularidad los restaurantes o las cantinas, o a personas que pertenecen a las clases adineradas, se advierte que no se dan cuenta en absoluto de lo que comen. Para estas últimas, las compras y la preparación de los platos son hechas por otros; el consumo de grasas no es vigilada en modo alguno, con total desconocimiento de su influencia sobre la salud, y ello hasta que se produce una catástrofe mayor, por ejemplo, un infarto de miocardio. He aquí lo que se considera en Suiza como una alimentación normal: Por la mañana: té o café con leche y azúcar, pan, mantequilla, dulce. Esta comida, llamada "té" o "café completo", no contiene alimento crudo alguno, tal como nos lo proporciona la naturaleza. Es muy pobre en diversas vitaminas. Al mediodía-, potaje de legumbres o de harinas prefabricadas; carne o embutidos, pastas o arroz descascarado, patatas, diversas legumbres crudas o cocidas en forma de ensaladas; frutas crudas o cocidas o postres diversos (cremas, helados, pasteles, tartas, etcétera). Esta comida mixta es relativamente satisfactoria si contiene ensaladas, preparadas con aceite extraído en frío y frutas crudas, pero por lo general se le agregan grasas inadecuadas, cuya presencia aumenta la necesidad de vitaminas F y acentúa su carencia (véase pág. 285). Alas 16 horas: nada, o té y pasteles. Los pasteles no aportan otra cosa que calorías vacías y muy a menudo grasas inadecuadas. Por la noche', sobras de la comida del mediodía, con embutidos o quesos, o bien café con leche completo, con flan con crema, tarta o compota. Esta comida aporta una segunda ración de carne, que es superflua, sobre todo para quienes hacen una vida sedentaria. Es demasiado pobre en vitaminas. El ejercicio al aire libre permite una mejor oxigenación, y por lo tanto, una mejor combustión de los alimentos, y estimula la actividad de nuestros tejidos. Gracias a las comodidades modernas (automóviles, máquinas agrícolas, etc.) nos volvemos cada vez más sedentarios y rehuimos el esfuerzo físico. Si deseamos mantenernos en buena salud es indispensable hacernos más sobrios, modificar la relación entre los catalizadores (vitaminas, oligoelementos) y las calorías (azúcares, grasas) en favor de los primeros y reintroducir en nuestros hábitos un esfuerzo físico mínimo de siete horas por semana, en forma de deporte, de preferencia al aire libre. El azúcar y las harinas refinados, las grasas saturadas, reemplazan a otros alimentos más valiosos, más aptos para satisfacer nuestro apetito, y favorecen el desarrollo de la obesidad, actual mente tan difundida (el 40 por ciento de los norteamericanos tienen un peso excesivo). Yo propongo un tipo de alimentación que se inspira en el de los campesinos del siglo pasado, cuando las enfermedades degenerativas -denominadas de civilización- eran todavía raras entre

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ellos. Será de observancia estricta cuando se trate de eliminar o de atenuar con rapidez las alteraciones degenerativas mayores. Será más amplio para aquellos que, aunque no se consideran enfermos, desean sentirse en mejor forma. Es una alimentación normal, con poca grasa, compuesta por productos naturales y frescos, con una proporción importante de alimentos crudos, vivos. Debe ser adoptada para toda la vida. REGLAS GENERALES DE ALIMENTACIÓN Estas reglas son válidas para quienes gozan de buena salud, y en ellas los "no” son reemplazados por los "poco". Nada de huevos cocinados (tortillas, cremas, mayonesas, tortas, etc.). Nada de chocolate, nada de grasas sólidas (incluida la mantequilla), nada de alcohol, leche descremada, poco azúcar y poca sal. Los únicos lípidos permitidos e indispensables son, cada veinticuatro horas, una o dos cucharadas soperas de aceites extraídos en frío, que deben consumirse crudos en los alimentos (aceites de girasol, lino o de germen de trigo). He aquí las comidas cotidianas que preconizo para todos, y cuyas variantes permiten una adaptación al gusto y a las tolerancias de cada uno. Por la mañana: En lugar de los tradicionales café con leche, pan, mantequilla y dulce: té liviano y crema Budwig, según la receta que sigue (ración para una persona). Batir con un tenedor en un bol, o si la familia es grande, en una batidora, hasta el punto crema 4 cucharadas de café de queso blanco magro y dos cucharadas de café de aceite de lino. Agregar el zumo de medio limón, una banana bien madura pisada o miel, una o dos cucharadas de café de granos oleaginosos recién molidos (a elegir entre lino, girasol, sésamo, almendras, nueces o avellanas, etc.), dos cucharadas de café de cereales recién molidos y crudos (a elegir entre avena, cebada descascarada, arroz integral, trigo sarraceno) [El trigo y el centeno crudos son con frecuencia mal tolerados ] y frutas frescas variadas. Para moler los granos oleaginosos y los cereales hace falta un molinillo de café eléctrico, y el recipiente que contiene la cuchilla rotativa tiene que ser lo bastante sólido como para soportar el impacto de los cereales (metal o plástico grueso). El aceite de lino tiene que ser batido con suficiente vigor como para quedar emulsionado y desaparecer por completo en el queso blanco. De tal modo pierde su sabor, ya no es perceptible y resulta asimilable con facilidad. A falta de aceite de lino, se empleará aceite de girasol o de germen de trigo. Al mediodía: Recomiendo comer legumbres crudas en ensalada mixta, con el agregado de aceites vírgenes, ricos en ácidos grasos poliinsaturados, y zumo de limón o vinagre de manzana, legumbres y patatas cocidas al vapor, el menor tiempo posible, hígado, carne o pescados magros. Para los vegetarianos: quesos, de preferencia queso blanco magro, o un huevo en su cáscara.

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Lo más importante, y lo que nuestras poblaciones descuidan por completo, porque han perdido el hábito, es consumir todos los días una buena ración de cereales integrales, completos o triturados, o recién molidos, cocidos en potajes o platos, en forma de guisados o asados (se puede elegir entre el trigo, el centeno, la avena, la cebada, el mijo, el maíz, el trigo sarraceno o el arroz integral). En la merienda: Quienes tienen sed o hambre pueden consumir frutos crudos, y dado el caso, frutas secas o nueces, y beber zumos de frutas recién exprimidas. Es importante recordar que los pasteles del comercio están por lo general hechos con grasas denominadas vegetales, y por lo tanto artificiales, con azúcar refinado y harina blanca, carentes de sus vitaminas naturales: estas materias primas sólo nos ofrecen calorías vacías. Por la noche: La comida de la noche debe ser tomada lo más temprano que se pueda. Tiene que ser ligera, sin carne, consumida según los mismos principios que la del mediodía. Si por la mañana falta el apetito, es porque la comida de la noche ha sido demasiado abundante o se la ingirió demasiado tarde. No hay que perder de vista que el aporte alimentario sólo es útil y nos proporciona energía después de su digestión y asimilación, o dicho de otro modo, después de realizar un trabajo. Este último es tanto o más importante cuanto más copiosa ha sido la comida, o más rica o con mayor contenido graso. Se calcula en dos litros la cantidad de líquidos digestivos necesarios para una comida abundante. Por la noche estamos fatigados de nuestro día de trabajo y en malas condiciones para realizar ese esfuerzo suplementario, y ello en menor medida aún cuanto más avanzada es nuestra edad. A partir de los cincuenta años, la última comida debe ser muy liviana. Si se come demasiado, o demasiado tarde por la noche, la digestión se torna lenta e imperfecta. Hay discordancias entre esa digestión lenta y la propulsión de los alimentos por el tubo digestivo, demasiado rápida respecto de la digestión. Una parte de ellos escapa, de tal modo, a la asimilación, y se convierte en presa de las bacterias intestinales. Estas, demasiado bien alimentadas, se multiplican, lo cual se traduce en malestar, distensión abdominal, formación excesiva de gases, trastornos del sueño, poblado de pesadillas, y por la mañana, la lengua cubierta con una capa de saburra, mal aliento y falta de apetito. Estas alteraciones persisten mientras continúe vigente el error de comportamiento que las engendra. A partir de las carnes no digeridas se forman en el intestino las sustancias más tóxicas. La ración de carne tiene que mantenerse en un nivel moderado. Este alimento debe suprimirse temporariamente en los períodos de crisis de salud. El ser humano sedentario, o sea, la mayoría de los habitantes de la ciudad, necesita dos comidas importantes por día, por la mañana y al mediodía. Los complementos de las 16 horas y de la noche deben ser mesurados. Sólo las personas que realizan trabajos de fuerza constituyen la excepción a esta regla. Las personas de sesenta años y más saben, por experiencia propia, que para mantenerse en buen estado de salud no deben comer por la noche o conformarse con una alimentación muy frugal, un potaje de cereales, por ejemplo, o una fruta y un yogur.

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Los comercios dietéticos y los aceites El buen sentido popular se adelanta a menudo a las investigaciones científicas. De tal manera, el deterioro de nuestra alimentación ha provocado la aparición de almacenes dietéticos, primero en Alemania (Reformháuser) y luego en los países de habla francesa. Hoy nos permiten obtener lo necesario para volver a la alimentación ancestral y reconquistar nuestra salud. Las dos categorías principales de productos que han desaparecido del mercado y que ellas nos ofrecen son los cereales integrales, no tratados, y los aceites extraídos en frío, es decir, a una temperatura inferior a 45º. Desde hace mucho tiempo se admite que los diabéticos necesitan una alimentación especial, tal como, por ejemplo, los niños con intolerancia a la lactosa (azúcar de leche) o al gluten (proteína alergizante del trigo). Para ellos resulta claro que los comercios dietéticos son indispensables. ¡Pero hoy se advierte que todos tenemos necesidad de ellos! Los términos dieta o régimen no son, por lo demás, sinónimos de limitación, sino que sólo significan una manera de proceder. Aquí podemos rendir homenaje a hombres tales como Schweizer, muerto pasados los 90 años, productor de aceite de girasol en Thoune, Suiza. En momentos en que las otras aceiterías modificaban sus técnicas con el fin de aumentar sus rendimientos e ingresos y se dedicaban a proporcionarnos aceites desvitalizados, Schweizer, contrariamente a su interés financiero, se mantuvo fiel a su procedimiento de fabricación ancestral, persuadido de que debía actuar en favor de la salud y el bien públicos. Como lo he mencionado más arriba, los aceites del comercio corriente se obtienen por extracción en caliente, entre 160 y 200ºC. Son refinados y estabilizados. Gracias a estos métodos el rendimiento de los granos se duplica y los aceites pueden venderse más baratos. Su conservación queda facilitada. Los aceites modernos, contenidos en botellas incoloras, pueden ser expuestos en los escaparates de los comercios, a pleno sol, sin sufrir perjuicios. No se alteran, porque ya no contienen los elementos vitales inestables. Pero si sólo consumimos esos aceites, nos exponemos a carencias. Los aceites extraídos en frío se enrancian con facilidad; a causa de su riqueza en vitaminas -cuerpos muy reactivos, y que son preciosos para nosotros-, se oxidan al aire, a la luz y al calor. Cuanto más ricos son en vitaminas F, con más rapidez se alteran los aceites. Se los vende en recipientes metálicos, herméticamente cerrados, lo cual asegura su buena conservación. Cuando se abre este recipiente es importante ponerlo en la heladera, es decir, en un lugar frío y oscuro. Por lo tanto, no hay que adquirir latas grandes. La extracción del aceite de girasol en frío se hace en forma muy sencilla y casera. En Thoune, por ejemplo, en el establecimiento de Schweizer, cuyas instalaciones he tenido el privilegio de visitar, los granos de girasol, ligeramente descortezados, pasan a una prensa. El aceite sale de la prensa apenas tibio, a 36 grados. Se lo recoge en tinas, es sedimentado durante 24 horas, decantado, filtrado y colocado en envases metálicos herméticos. Todo el procedimiento es notablemente rápido y limpio. El producto obtenido es impecable.

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Algunos industriales pretenden que entre los aceites extraídos en frío y los extraídos en caliente la única diferencia es el precio. Nada de eso. Para afirmarlo se basan en la no destrucción de la insaturación (dobles valencias), hecho que es exacto. Pero investigadores especializados en el estudio de las sustancias grasas de los alimentos explican que el calentamiento deforma la molécula de ácido graso poliinsaturado; convierte la forma cis-cis fisiológica e inestable en la forma cis trans (véase vitamina F, pág. 285). Esta molécula puede aún servir de combustible, pero pierde su papel vitamínico y ya no es capaz de incorporarse a las ultraestructuras de nuestros tejidos (H. Sinclair, de Oxford). La diferencia entre las dos estructuras, antes y después del calentamiento, es análoga a la que existe entre el almidón y la celulosa: el primero es comestible para nosotros y la segunda no, o bien a la transformación física que sufriría un suéter de buena lana que fuese hervido en agua durante una hora: conservaría su peso y tal vez su color, ¡pero trate de ponérselo! De tal modo, pues, se juzgará si el rótulo de un aceite "extraído en frío" es verdadero, yendo a la aceitería con un termómetro de laboratorio que pueda medir hasta 100 grados, y controlando a qué temperatura sale el aceite de la prensa. ¡En efecto, basta con aumentar la presión para hacer subir la temperatura a 60 grados, y alterar la vitamina F! Algunos granos, por ejemplo, el de cártamo, no pueden ser prensados a menos de 58-60 grados. La necesidad cotidiana de esta vitamina F fue calculada primero en 5 gramos y luego entre 12 y 25 gramos. Hace falta más cuando existe carencia o aumento del desgaste... y en los climas fríos. Esa necesidad es cubierta por dos cucharadas soperas de aceites ricos en ácidos grasos poliinsaturados y consumidos crudos. Pero no todos los aceites vegetales son igualmente ricos en ácidos grasos poliinsaturados: los de girasol, de lino y de germen de trigo contienen de un 50 a un 70 por ciento según las cosechas; normalmente, el aceite de oliva sólo contiene de 2,5 a 8 por ciento. Si bien el consumo regular de aceite de oliva no refinado no provoca deficiencia de vitamina F, no es capaz de corregir la carencia de ésta. En el comercio existen mezclas de aceites prensados en caliente, y por lo tanto baratos, y de aceites prensados en frío, y en consecuencia caros. Estos aceites, por supuesto, son menos ricos en vitaminas que los aceites prensados en frío y no mezclados. Además, la fracción prensada en caliente aumenta con su presencia la necesidad de vitamina F biológicamente activa, que en esa mezcla no puede ya cumplir su función correctamente (véase pág. 285 y siguientes). N.B. Para freír, se puede muy bien emplear aceites prensados en caliente, por ejemplo, el de maní. Sólo importa que la cantidad de aceite así utilizado sea moderada. La crema Budwig Cuando me vi impulsada a practicar la reforma alimentaria comprobé, después de numerosos ensayos, que es más fácil hacer cumplir de manera puntual una receta culinaria que obtener el empleo regular de ciertos alimentos portadores de vitaminas que nos son indispensables. La introducción de la crema Budwig en el desayuno ha sido la treta de guerra eficaz, que permitió obtener en la mayoría de mis pacientes la modificación nutricional que se buscaba.

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La crema Budwig es un alimento crudo, natural, compuesto sólo por productos frescos. La relación de la cantidad de vitaminas y oligoelementos con la de las calorías es muy favorable en ella. Este alimento "se mantiene en el cuerpo" durante mucho más tiempo que el desayuno tradicional y vuelve superfluas la colación de las 10 horas. En un experimento personal, hecho durante un ascenso a la montaña, en lugar de sentir una necesidad imperiosa de alimentos dos horas después de un desayuno habitual, rico en calorías vacías, tras ingerir crema Budwig por la mañana pude hacer con facilidad una ascensión de seis horas, sin más refuerzos. Bien preparada, es una comida considerada deliciosa, apetecida por los niños y muy especialmente apreciada por las personas de edad, que declaran que ya no pueden prescindir de ella. Se trata de un plato muy digestivo y bien aceptado, inclusive por los enfermos graves. Se puede variar su gusto y su presentación incorporándole frutas de estación, mezcladas con la masa si se trata de bayas (frambuesas, moras, etc.), o depositadas en la superficie, si son peras, naranjas, melocotones, etcétera. Es preciso saber que quienes padecen de estreñimiento deben preferir el lino a las otras oleaginosas y la avena a los otros cereales. Las personas propensas a sufrir diarreas elegirán los granos de girasol y las almendras entre las oleaginosas, y el arroz integral y el sarraceno, entre los cereales. Algunas personas prefieren dividir la crema Budwig: ingieren las frutas, las nueces, los cereales crudos y los granos oleaginosos por la mañana, y la emulsión de aceite de lino en queso blanco, untado en pan con extracto de levadura, por ejemplo, en otra comida. Este procedimiento no presenta inconveniente alguno. Precisemos, por último, que no basta con introducir la crema Budwig en un régimen, que por otro lado es erróneo, para recuperar la salud. Los cereales El término cereales proviene de Ceres, diosa de las cosechas. Abarca al conjunto de los granos que el hombre siembra y cosecha cada año para alimentarse. La mayoría de los vegetales que los producen son gramíneas. Desde hace milenios el hombre se dio cuenta de cuán beneficiosos le eran estos granos. Hizo pan con ellos y convirtió a ese pan en un símbolo de la alimentación, indispensable para su supervivencia. "¡Señor, el pan nuestro de cada día dánoslo hoy!", aprenden a decir los jóvenes de hoy. Y he aquí que en la actualidad muchos de nuestros contemporáneos han olvidado lo que son los cereales. A la pregunta de: "¿Usted consume cereales?", responden: "¡Pero sí, comemos legumbres todos los días!" El pan ha degenerado. Ya no se lo hace con harinas recién molidas ni con granos enteros, y su consumo se reduce cada vez más. Pero los cereales constituyen nuestra fuente principal de vitaminas B. Su uso regular es un importante factor de salud. Por lo tanto interesa que el ama de casa aprenda de nuevo su empleo y mi experiencia muestra que esto es lo más difícil de obtener. Los cereales integrales reemplazarán en parte al pan, que hoy ya no cumple con su papel. Por supuesto, si tiene posibilidad de hacerlo, la madre de familia puede preparar el pan por sí misma, con harina recién molida, a partir de granos integrales de trigo, 31

centeno o avena. Ese pan es delicioso, incomparablemente más sabroso que el adquirido en las panaderías. Pero también se pueden emplear los cereales en forma de potajes o de sopa. Las personas motivadas por la aparición de enfermedades graves en el seno de su familia no encuentran dificultades en volver a la alimentación sana, practicada por los campesinos del siglo pasado. Al cabo de dos meses de prueba se sienten cada vez más convencidos del efecto benéfico de tal régimen, y declaran, en forma espontánea, que ya no pueden prescindir de él. Por supuesto, que no basta con alimentarse bien para sentirse bien. Es indispensable, además, permanecer al aire libre con regularidad y emplear los músculos. Una estada al aire libre de siete horas semanales es un mínimo que se debe respetar en todas las edades y en cualquier estación. Cuanto más, mejor. CUADRO DE RECAPITULACION

COMER

EVITAR

Cereales enteros

Harinas refinadas y viejas;

Harinas recién molidas,

granos pulidos, decorticados. integrales, crudas o cocidas.

Galletas untadas de miel

Pastelería hecha de harina con nueces o almendras. vieja, con azúcar blanco y hasta un 30 por ciento de margarina o de grasas llamadas vegetales.

Granos oleaginosos recién descascarados.

Aceites cocidos, extraídos salvo para cocinar y en poca cantidad.

Aceites crudos, prensados en frío, ricos enExceso de grasas, desde 50 a 150 y 200 gramos ácidos grasos poliinsaturados (girasol, germenpor día. de trigo, lino), una o dos cucharadas soperas por día. Pocas grasas, de 30 a 50 gramos, por día en total.Grasas denominadas vegetales en realidad ajenas a la naturaleza, y margarina que deriva de ellas por adición de agua.

Poca mantequilla.

Grasas animales abundantes.

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En el desayuno COMER

EVITAR

Crema Budwig, preparada sólo con alimentosCafé negro o con leche, con medias lunas, pan frescos, naturales y crudos, que contiene toda la blanco untado con mantequilla, dulces gama de las vitaminas indispensables para laindustriales conservación de la salud.

En las otras comidas COMER

EVITAR

Por lo menos 10 por ciento de los alimentos en Comidas totalmente cocidas, conservas. estado crudo (legumbres y frutas) y de preferencia al comienzo de la comida.

Legumbres abundantes, cocidas al vapor. PocaLegumbres cocidas demasiado tiempo, carne magra. Poca sal. Miel. debilitadas. Mucha carne grasa. Azúcar blanco. Mucha sal.

ALTERACIONES MENORES DE LA SALUD He aquí algunos ejemplos de la influencia que puede ejercer la forma de alimentarnos sobre las alteraciones existentes, aunque menores, de nuestra salud: CASO 4. M. (1926) 42 AÑOS. Hemicrania Este hombre tiene problemas hepáticos desde los 30 años de edad. Muy nervioso y angustiado, sufre de catarro en forma casi constante. Si come después de las 19 horas, se despierta al día siguiente con dolor de cabeza y vomita bilis. La fatiga le provoca hemicranias insoportables, con vómitos, que se reiteran hasta dos veces por semana. Ha sido atendido por medio de analgésicos, que atenúan los dolores de cabeza, pero que no impiden su repetición.

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Su alimentación es la siguiente: por la mañana, café negro sin cafeína, pan, mantequilla; al mediodía: potaje, asado, legumbres, ensaladas, arroz blanco, pastas; a la noche: café completo o restos del mediodía. Su consumo de grasas es de 15 gramos de mantequilla, 8 gramos de margarina, 36 gramos de aceite de girasol barato, o sea, en total, 59 gramos por día. Lo recibo por primera vez el 29 de septiembre de 1967. La concentración de bilirrubina en la sangre es de 1,4 miligramos por ciento, es decir, más del doble de la normal (nivel normal = 0,25 - 0,6 miligramos por ciento). La tasa de hierro sérico es de 67 gammas por ciento (tasa normal = 120). Es un hombre de constitución atlética, pero que parece 10 años mayor. Su lengua está saburral y tiene mal aliento. Lo que caracteriza su alimentación es, en esencia, la falta de vitamina F. Se la corrige. Seis semanas después su digestión ya ha mejorado y su lengua está casi limpia. El mal aliento ha desaparecido. Ya no está angustiado y prescinde de los analgésicos. Al cabo de cuatro meses se muestra muy contento: no ha tenido más hemicranias. La tasa de bilirrubina en su sangre es de 0,4 miligramos por ciento, o sea que ha vuelto a la normal, tal como la del hierro (157 gammas por ciento). Este caso ejemplifica la estrecha relación que existe entre la alimentación y el psiquismo. Este ejerce una influencia sobre las funciones fisiológicas y puede trastornarlas. De tal modo, puede llegar a establecer un círculo vicioso, que sólo será quebrado por el retorno a una alimentación equilibrada y sana, ya que la simple ingestión de calmantes no resuelve en modo alguno el problema. CASO 5. F. (1963) 7 AÑOS. Eccema Esta niña, que no ha recibido leche materna, padeció desde el primer año de vida, de un eccema seco, rebelde, llamado atópico, en las mejillas y el pliegue de los antebrazos. Tiene 7 años cuando la veo por primera vez. La piel es en todas partes anormalmente seca, rugosa. Corrijo su alimentación y todo se normaliza. El eccema desaparece, la piel se vuelve suave. Sin embargo, en enero de 1973, a los 10 años, participa en un campamento de esquí durante dos semanas. Allí recibe una alimentación moderna típica: leche, pastas, pan blanco, conservas diversas, entrañas, embutidos, todo ello preparado con las grasas corrientes. No recibe cereales integrales, ni aceites prensados en frío, ni alimentos crudos. Vuelve a su casa con una intensa erupción, especialmente en el cuero cabelludo, que está agrietado y cubierto de escamas. Con la reanudación de la alimentación normal de su familia y un ligero tratamiento local, todo vuelve al orden en doce días. CASO 6. M. (1971). Eccema atópico desde el primer año y luego asma Caso análogo, el de un joven de 13 años afectado de asma desde los 2 años y medio, que desaparece en cuanto la familia adopta la alimentación sana que le recomiendo. Durante su concurrencia a un campamento de esquí, el asma se repite, para desaparecer después de reanudar la alimentación sana. El padre, que tenía la posibilidad de hacerlo, se interesó por la alimentación de los escolares en los campamentos de esquí y por su estado de salud. Comprobó 34

que los niños eran incapaces de esquiar toda una mañana porque se encontraban fatigados y tenían hambre y que la mitad de ellos estaban estreñidos. ¡Todos estos trastornos desaparecieron con la introducción de la crema Budwig en el desayuno! Este caso, lo mismo que el precedente, constituye un ejemplo del grado en que la alimentación suministrada a nuestros escolares es poco normal y hasta qué punto sería necesario corregirla. Hemos abandonado las costumbres alimenticias sanas de antaño. Y sin embargo es importante para la salud ingerir productos frescos y, muy en especial, harinas recién molidas. No lo hacemos ya por comodidad y no conocemos la edad de las harinas que comemos. ¡Con desconocimiento total del efecto beneficioso del consumo de harinas recién molidas, desde la década de 1960, prescripciones federales, con otorgamiento de primas, han llegado a estimular las moliendas hechas con meses de anticipación! CASO 7. M. (1912) 60 AÑOS He aquí lo que me ha relatado este paciente: su padre era campesino y molinero en un valle de montaña (Ementhal en el cantón de Berna). Ya decía a los suyos que él les daba lo mejor de los granos (es decir, el orujo y el afrecho) a los cerdos. Para su familia, se tomaba el trabajo de moler el trigo cada tres o cuatro semanas como máximo, y el pan de la familia se hacía con harina integral y fresca. Se mantuvo fiel a esta manera de proceder hasta los 73 años, edad en la cual se jubiló. En la actualidad vive, es sabido, con buena salud, a los 89 años. Su hijo sólo se benefició de ese régimen hasta los 18 años; luego dejó a su familia y el campo para ir a la ciudad, y comenzó a fumar, desde los 23 años, 20 cigarrillos por día. A los 58 años desarrolló un cáncer pulmonar y falleció dos años después. CASO 8. M. (1911) 54 AÑOS. Trastornos digestivos e infección urinaria crónica. Este hombre nació en una familia de campesinos de buena salud, que habitaba al pie del Jura. La molienda de la harina se hacía por tradición cada dos semanas, y el pan se confeccionaba con harina integral, recién molida, y ello hasta 1934. Mi paciente tenía entonces 23 años. A los 46 años sufre de inapetencia y de dolores en la región hepática. A los 50 años comienza una infección urinaria, con fiebre elevada (pielitis), que se vuelve crónica. La infección ha sido tratada sin éxito con antibióticos. Este tratamiento fue seguido de forúnculos y eccema, que persistió durante tres años. Una radiografía del tubo digestivo demostró una secuela de úlcera duodenal. Lo recibo por primera vez el 15 de noviembre de 1965. Tiene 54 años. Su peso es de 86 kilos y su talla de 1,87 metros. La piel de la espalda está "sucia”, con manchas de color rubí y pústulas seniles. La orina está infectada. Su alimentación, moderna, es demasiado rica en grasas. Cinco meses antes de consultarme por primera vez había agregado la crema Budwig a su desayuno habitual, sin obtener mejoría alguna de su salud. Corrijo su régimen alimenticio mediante la reintroducción de los cereales integrales, tales como los consumían sus padres. Reduzco su ración cotidiana de grasas a 30 gramos y reemplazo el 35

aceite de colza extraído en caliente por el aceite de girasol prensado en frío. La infección desaparece de la orina durante cinco días. Dos meses después el apetito, ausente desde hacía años, ha vuelto. Los dolores abdominales ya no se manifiestan. En diciembre de 1965 la orina está limpia y la infección ha quedado vencida. La piel, menos seca, recupera un aspecto más saludable. CASO 9. F. (1945) 21 AÑOS. Cálculos renales e infección urinaria Esta joven, quien ha viajado a Norteamérica a los 17 años, permanece allí durante dos años. En ese tiempo, elimina en dos ocasiones, de manera espontánea, cálculos renales. Una radiografía muestra que no hay otros, pero a partir de entonces es víctima de infecciones urinarias, que se producen en ocasión de un parto tardío, de un abandono de régimen, de un esfuerzo físico, de la aparición de los períodos menstruales, etc. Es interna en una universidad norteamericana, y he aquí su régimen alimenticio: por la mañana, una taza de té y una tostada con mantequilla, a veces un huevo con tocino, o una naranja; al mediodía, emparedados de margarina con carne o salchicha, o queso incorporado a un panecillo blanco; por la noche: legumbres en caja (guisadas, por ejemplo), fideos, carne, un vaso de té frío o una bebida gaseosa. ¡Un médico había afirmado a la joven que la cuarta parte de los norteamericanos padecen de cálculos urinarios! Los cálculos renales sólo se forman cuando la proporción de agua es insuficiente para mantener las sales urinarias en solución. Al parecer, en Norteamérica la carencia de vitamina F biológicamente activa está más difundida que entre nosotros. Ello produce una pérdida exagerada de agua con la transpiración y por la piel y los pulmones. En esas condiciones, hay menos agua disponible para los riñones, y de ahí la orina demasiado concentrada y la formación de cálculos. Al regresar al país, la joven ha vuelto a nuestra alimentación "normal" actual, con 30 a 50 gramos de mantequilla y 15 gramos de aceite de maní refinado por día. Los accesos de colibacilosis continúan, acompañados primero con una fiebre de 40 grados, y luego afebriles, pero siguen siendo muy frecuentes. Casi continuamente es medicada con antibióticos. La recibo el 16 de septiembre de 1966', tiene 21 años. Su piel es ajada, veteada, cubierta de manchas y de pequeños abscesos, muy seca, sobre todo en las piernas. Las uñas tienen manchas blancas y las piernas presentan manchas violáceas. En las mamas se palpan nódulos de la dimensión de lentejas grandes y de almendras. Los dientes tienen una implantación irregular y se superponen; ¡un canino es todavía un diente de leche , que no ha caído nunca! Uno de los incisivos tiene la mitad del largo normal. Dos meses después de la corrección del régimen alimentario, se siente mucho mejor. La piel ha quedado limpia, las mamas se han normalizado. Ya no necesita antibióticos. En cinco meses tiene apenas dos accesos de cistitis, durante sendos viajes, cuando abandona la alimentación sana, que desaparecen en dos días, sin medicamentos. No cabe duda de que si se recrean las condiciones de la instalación de una enfermedad, ésta reaparecerá. 36

CASO 10. M. (1958) 13 AÑOS Y MEDIO. Influencia de la alimentación sana sobre el comportamiento físico Este joven pesa 50 kilos para una talla de 1,75 metros. Su crecimiento es demasiado rápido, con un adelanto sobre el promedio de 11 centímetros a los 5 años, de 21 centímetros a los 10 años y de 26 centímetros a los 13 años. Es el más alto de su clase. Su alimentación es normalizada cuando tiene 13 años, en junio de 1971, a raíz de uno de mis cursos en la Universidad Popular de Lausana, seguido por la madre del adolescente. Su crecimiento queda frenado por la administración de cerebrósidos, a razón de 50 mg por día. Dos o tres meses después, sus familiares se muestran asombrados ante su vivacidad y su falta de fatiga y de las pequeñas infecciones habituales. Su madre encuentra notable el contraste entre el comportamiento de su hijo y el de los compañeros de éste, que se quejan constantemente de lasitud y de "sentirse mal". El joven se encuentra en la edad de los cuestionamientos; protesta contra la alimentación corregida, y la madre debe esforzarse para que la acepte. En la primavera de 1972, a los 14 años, se realiza un concurso de gimnasia en la escuela y el joven sale primero en él. Ese mismo verano, en un campamento de vacaciones, se alimenta como los demás, padece como los demás de anginas y de catarro, y ya no puede realizar los mismos esfuerzos físicos. Al regresar a la casa sigue el régimen sano sin discusiones y vuelve a colocarse en primer lugar en un concurso de gimnasia: a partir de entonces se siente convencido de la utilidad de la alimentación correcta. Ni en el servicio militar, ni en las cantinas, ni en la mayoría de los restaurantes, ni siquiera en las clínicas y los hospitales, la alimentación ofrecida puede considerarse sana (en esencia, a causa del empleo de sustancias grasas desnaturalizadas). Esa alimentación provoca recaídas entre mis pacientes, quienes sin embargo se encuentran bien estabilizados. He aquí dos ejemplos: CASO 11. M. (1950) 18 AÑOS. Alimentación militar Este joven ebanista mide 1,78 metros y pesa 77,9 kilos. Se alimenta, desde marzo de 1968, según los principios que yo enseño y se siente bien. El 2 de febrero de 1970 entra en la escuela de reclutas sanitarios por un período de cuatro meses. Durante este lapso su peso disminuye en 3,2 kilos y se vuelve muy nervioso. El régimen alimenticio en esa escuela era el siguiente: Por la mañana, pan, mantequilla, dulces, quesos, café con leche o cacao. Durante las excursiones, bizcochos militares y Ovomaltina. Al mediodía, guisado en lata, huevos o carne o pastas, patatas hervidas, ensalada verde (muy poca). Durante las excursiones (de 10 a 15 kilómetros), galletas militares, corned beef.

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A las 16 horas, nada o galletas militares (más o menos uno o dos paquetes de 12 galletas por semana, grandes y alimenticias). Por la noche, tostadas azucaradas o con queso, té o café con leche. A ello se agrega, dos o tres veces por semana, una naranja; una vez por mes, ensalada de verduras verdes, de zanahoria o de atún. Las legumbres faltan (tres veces en cuatro meses). Es necesario criticar con severidad este régimen, que contiene escasas legumbres y frutas, un exceso de conservas, nada de cereales integrales y vitamina F en cantidad insuficiente. CASO 12. F. (1951) 22 AÑOS. Alimentación hospitalaria Durante su infancia esta joven ha sufrido enormemente a causa del alcoholismo paterno. A los 15 años, depresión y anorexia psíquica. De los 15 a los 24 años se interna varias veces en casas de salud e ingiere tranquilizantes en forma permanente. Un intento de supresión de estos medicamentos a los 21 años provoca una recaída, con dos o tres accesos de "histeria” por día, en cuyo transcurso se debate y después de los cuales queda cubierta de equimosis. No ha podido seguir ninguna formación profesional. En los dos últimos años ha estado estreñida, y sólo movía el vientre tres a cuatro veces por semana, y se vio afectada de cistitis dos a tres veces por año. Fumó veinte cigarrillos por día entre los 19 y los 21 años. A esta última edad pesa 60 kilos para una talla de 1,63 metros, y luego vuelve a alimentarse en forma insuficiente y adelgaza 17 kilos. La recibo por primera vez el 13 de junio de 1973. Tiene 22 años. Su piel está acribillada de acné, su tez es pálida; su orina contiene numerosas bacterias. Sus dientes están descarnados y con caries. Ha vuelto a pasar un año en una clínica, al cabo del cual, a los 24 años, sufre la extracción de todos los dientes por una paradentosis grave. Sigue viviendo en la clínica como empleada, y no resiste bien las infecciones triviales. ¡De esta historia surge la conclusión de que las largas estadías de esta paciente en los diversos medios hospitalarios no le enseñó la forma de alimentarse para conservar sus dientes más allá de los 24 años!

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Equilibrio psíquico y alimentación En otro lugar he descrito el caso de una esquizofrenia curada por la normalización de la alimentación y el aporte abundante de vitaminas, algunos minerales y fosfolípidos cerebrales. La paciente había sido seguida por psiquiatras entre sus 19 y sus 23 años. En dos ocasiones tuvo una prolongada internación en una clínica psiquiátrica, para recibir allí curas de sueño, choque insulínico y electrochoque. Me visitó en busca de trabajo, en un estado de embotamiento pronunciado. Los especialistas que la seguían desde hacía cuatro años no habían encontrado otro remedio que una dosis masiva de tranquilizantes, prescritos para una duración indeterminada. ¡Sus siete píldoras por día la volvían incapaz de ejercer un oficio! Le propuse un camino muy distinto: dejar todos los calmantes, alimentarse con corrección y reemplazar los 38

medicamentos psicotrópicos por vitaminas, algunos minerales, en particular magnesio, y fosfolípidos cerebrales. Ese mismo tratamiento me había permitido equilibrar a numerosos enfermos graves, entre los cuales había casos de esclerosis en placas, otra enfermedad del sistema nervioso central. El éxito resultó total: dos meses después fue contratada por un colega como ayudante médica, cubrió esa función durante dos años, se casó y dio a luz tres niños normales. A lo largo de los diez años que la seguí no presentó ninguna alteración psíquica. Hoy vive feliz y cumple a la perfección sus papeles de madre y esposa. "¿Por qué no fui tratada desde el comienzo de esta forma?", me preguntó. Para ello habría sido preciso que conociera al psiquiatra norteamericano Cari Pfeiffer (del Brain Bio Center de Princeton), quien desde hace años cura sus casos de esquizofrenia según los principios de la medicina ortomolecular, es decir, recurriendo sólo a las moléculas normalmente presentes en el cuerpo humano. Lo mismo que yo, trata de restablecer la salud modulando la concentración de éstas en el organismo. Ha expuesto sus métodos en una obra titulada Equilibrio psicobiológico y oligoalimentos, escrita en colaboración con Pierre Gonthier, profesor de medicina natural en Evian. El profesor Pfeiffer es, por lo que sé, el primer psiquiatra que ha buscado y encontrado en las alteraciones metabólicas del cerebro la causa de las diversas dolencias psíquicas, entre ellas la esquizofrenia. En esta enfermedad, escribe, el metabolismo de la histamina, medio trasmisor esencial, se encuentra perturbado, lo cual produce un estado permanente de hipertensión nerviosa. La concentración de esta sustancia en la sangre es demasiado baja, lo cual corresponde en el enfermo a la aparición de alucinaciones y de delirios de persecución, o bien anormalmente elevada, y ello provoca obsesiones, insomnios pertinaces y una tendencia al suicidio. Tal era, en efecto, el caso de mi paciente. El profesor Pfeiffer ha establecido que estas desviaciones del metabolismo de la histamina van acompañadas por una elevación del nivel sanguíneo de cobre, que puede ser normalizado por medio de una medicación a base de cinc y manganeso; la concentración de histamina se vuelve entonces normal y desaparecen al mismo tiempo los trastornos de la conducta. Los caminos seguidos por este eminente psiquiatra y por mí no son idénticos, pero sí muy similares. Tal como yo, él insiste en la necesidad de eliminar los errores alimentarios. El empleo de cereales integrales acrecienta en forma automática el aporte de cinc y de manganeso, elementos en apariencia indispensables para nuestro equilibrio nervioso, y eliminados de nuestra alimentación por el cernido de las harinas. Este aporte alimentario parece haber sido suficiente para la curación de mi paciente. Las otras medidas adoptadas contribuyeron, sin duda, al rápido restablecimiento de su equilibrio nervioso; algún día, futuros estudios emprendidos por especialistas aclararán estos puntos. Los casos de esquizofrenia con déficit de histamina fueron tratados por Pfeiffer con la ayuda de vitaminas C (2 g por día), PP y B,2, ácido fólico y ácido pantoténico. Los de pirroluria fueron tratados con vitamina B6 en altas dosis, hasta de 2.000 miligramos por día, es decir, de 50 a 100 veces más de lo que yo prescribo, y por medio de cinc. En ocasiones utilizaba los tranquilizantes

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clásicos, pero durante tiempos muy limitados y en dosis reducidas en más de la mitad y perfectamente bien toleradas. Esperemos que estos trabajos tan interesantes pongan fin al empleo en psiquiatría de tranquilizantes en grandes dosis, incompatibles con una vida social normal. De tal modo, y en la actualidad tenemos la prueba de ello, la alimentación correcta, constituida por productos naturales y frescos, es una condición esencial para la conservación del equilibrio nervioso. Cuando las futuras madres se benefician con esta alimentación, tal como la he descrito, con la crema Budwig todos los días durante el desayuno, etc., no sólo el embarazo y el parto son más fáciles y más normales, sino que además ese régimen es valioso para los recién nacidos, y luego estos niños asombran por su equilibrio físico y mental. Sus madres acuden en forma espontánea a hacerme conocer la alegría que les trasmiten estos pequeños tan vigorosos, siempre sanos, alegres y confiados, activos y vivaces al máximo. Yo los denomino "niños Budwig". Examinado por un pediatra desconocido, un niño "normal", desde la edad de 6 meses y hasta los 3 años, grita de angustia; no es tal el caso de un bebé "Budwig". Este se conserva apacible y sonriente: sabe que nadie desea hacerle daño, es confiado, y esto asombra como un milagro. Más adelante, estos niños llaman la atención de sus maestros por su poder de concentración y sus excelentes resultados escolares, obtenidos sin ayuda de los padres. Al contrario de sus compañeros, alimentados en forma convencional, "moderna", que no pueden concentrarse más de 15 o 20 minutos por hora de enseñanza, siguen la lección de 45 minutos de cabo a rabo. Por lo tanto, no tienen problema alguno en ponerse a la cabeza de la clase. Gozan de una excelente memoria y todavía encuentran tiempo después de la escuela, para estudiar música y practicar deportes; dicho de otra manera, vivir una infancia normal y jubilosa, en modo alguno abrumada por las exigencias escolares. Se sienten bien, están felices de vivir y encuentran con facilidad su lugar en nuestra sociedad. ¡Qué contraste con los jóvenes tristes, fatigados, a menudo enfermos, eternamente descontentos, discutidores, provocadores de desórdenes, tabáquicos y drogadictos, que caracterizan a nuestra sociedad decadente! ¡Cuando se está inundado por la alegría de vivir, no se siente necesidad alguna de drogarse! Uno de mis discípulos, ginecólogo y obstetra, fue a instruirse a mi consultorio hace dos años y medio, y ha asistido a la desaparición de los nacimientos de niños prematuros entre sus pacientes. Madres, aliméntense y alimenten a sus hijos en forma correcta, a fin de construir una sociedad normal

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Lo cocido y lo crudo La naturaleza no ha previsto, por cierto, la cocción, y los hombres son los únicos seres vivientes que modifican o alteran su alimentación por ese procedimiento. La cocción esteriliza, o dicho de otro modo, mata bacterias y otros parásitos que pueden encontrarse en los alimentos. Por otro lado, aumenta la gama de las sustancias utilizables, pero al mismo tiempo destruye elementos frágiles y beneficiosos, tales como ciertas vitaminas, hormonas vegetales, enzimas, sustancia > aromáticas y lisozimas, desinfectantes naturales presentes en todas las células vivas. La alteración de estas sustancias preciosas por el calentamiento depende, por una parte, de la duración de la cocción, y por la otra, de la temperatura a la cual ésta se efectúa. Una cocción muy breve en una olla de presión a ' 10-120 grados, es preferible a la cocción demasiado prolongada en una olla común. Si la cocción es prolongada, debe hacerse a una temperatura más baja. Acerca de lo correcto del procedimiento empleado nos informa el mejor sabor, más aromático, de los alimentos preparados. Las legumbres deben ser cocidas al vapor. La peor manera de prepararlas es hervirlas durante mucho tiempo en abundante agua y luego desechar esta agua junto con los minerales disueltos y que son preciosos para nosotros. Los crudistas y el crudismo ¿Es posible vivir alimentándose únicamente de alimentos crudos? No cabe duda. Los hombres de las cavernas, de los cuales descendemos, lo hacían antes de la invención del fuego. En nuestros días, ciertas personas, gravemente afectadas en su salud, han buscado salvación convirtiéndose en crudívoras, y para algunas de ellas, con éxito. Lograron adeptos, pero no resulta fácil seguir su ejemplo. Para determinar la elección de los alimentos, algunos promotores de este método recomiendan remitirse al instinto, y hablan de instintoterapia. Para practicar el crudismo, entonces, se trata de volver a encontrar y reeducar el instinto, aguzar ese sentido olfativo que usan con éxito todos los seres vivientes salvajes para la elección de sus alimentos. Ello parece ser más fácil para los niños que para los adultos, y sobre todo para las personas de edad avanzada. Estas no llegan a asimilar en grado suficiente los alimentos crudos y a menudo no pueden realizar el gran esfuerzo de masticación que exigen. En todos, y en este modo de alimentación, la sensación de saciedad aparece mucho antes que con los alimentos cocidos, y al comienzo se produce un adelgazamiento de 2 a 3 kilos. Pero entre las personas de edad ese adelgazamiento continúa, a veces en forma catastrófica y peligrosa, sin que desaparezcan, sin embargo, sus trastornos de la salud. Resulta innegable que los crudistas han logrado la remisión en ciertos casos de leucemia considerados perdidos por la medicina oficial o hacer regresar tumores malignos, pero ello está lejos de constituir la regla. Mi método, menos radical, es más fácil de seguir; sin embargo recomiendo a mis pacientes que ingieran la mayor cantidad de alimentos crudos posible. El desayuno que propongo se compone de alimentos naturales frescos y crudos. Las otras comidas deben contener por lo menos un 10 por ciento de elementos crudos (nueces, frutas, legumbres, aceites, carne).

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Lo que hace que el método de los crudistas sea tan difícil de seguir es el hecho de que se oponen a cualquier mezcla de alimentos, y no instruyen lo suficiente a sus adeptos respecto de las necesidades fundamentales del organismo y de la naturaleza complementaria de los distintos alimentos. Además, eliminan de sus comidas por completo o casi por completo los cereales, las leguminosas y los productos lácteos. Me parece que nuestro camino es el del justo medio. Por temor a la intolerancia intestinal, los médicos suprimen en forma permanente todos los alimentos crudos en los regímenes prescritos para los casos de diarrea crónica, de colitis ulcerosa, de enfermedad de Crohn, etc., ¡procedimiento que desvitaliza el organismo y dificulta la curación! La alimentación que preconizo da mejores resultados, con algunas enmiendas adaptadas al estado particular de cada paciente. La crema Budwig, tan rica en vitaminas, es perfectamente tolerada por ellos. Sin embargo, hacer una cura de desintoxicación de una a tres semanas siguiendo los principios de Burger puede ser muy saludable, sobre todo para aquellos que necesitan reducir de peso. Burger cita en su libro (pág. 194) el caso de un teratoma trofoblástico del testículo -tumor sumamente maligno- tratado en forma clásica y recidivado, después de un año en un pulmón. Este paciente se convirtió en uno de sus discípulos más fieles: gracias a la instintoterapia, las metástasis pulmonares desaparecieron y tuvo una remisión de siete años; la enfermedad reapareció luego, con culminación mortal en seis meses. La estabilización que yo he obtenido en casos análogos fue más perdurable (véase pág. 391, casos 61 y 62). Me parece erróneo confiar sólo en el instinto, sin recurrir a la inteligencia ni a los aportes de la ciencia actual. Lo que llama la atención en las observaciones descritas por Burger es la fragilidad de quienes se alimentan como él. En cuanto realizan el menor desvío y comen algunos emparedados, por ejemplo, aparecen en ellos infecciones triviales, como si su sistema inmunitario no recibiera lo necesario para volverse resistente. No es este el caso con la técnica que yo empleo. Es posible que los crudistas padezcan de un déficit de vitamina F y de sus derivados vitales. Sin duda, se podrían obtener mejores resultados con menos fanatismo, mostrándose menos absolutos en la aplicación del crudismo. He aquí dos casos que constituyen un buen ejemplo de lo que acabamos de afirmar. CASO 13. F. (1910) 62 AÑOS Desde la infancia, ha padecido de catarros muy frecuentes, a menudo acompañados de bronquitis y otitis. Su estreñimiento era crónico, y luego, á los 13 años, tuvo una apendicitis complicada con peritonitis; dos amigdalectomías a los 19 y 21 años; a los 22 años, urticaria; a los 30 años, dolores en todas las articulaciones; de los 29 a los 61 años, cistitis de repetición y continuo dolor de cabeza. A los 60 años se siente siempre "floja", con dolores de estómago y de cabeza; se acatarra con facilidad... Entonces se atiene al régimen totalmente crudo preconizado por Burger. Los dolores de cabeza y de vientre así como la constipación se atenúan, pero comienza a adelgazar. En dos años pierde 6 kilos y se siente débil. Los dolores reumáticos persisten. 42

La recibo por primera vez el 7 de junio de 1972. Pesa 39,5 kilos para una talla de 1,57 metros. La tasa de bilirrubina sérica es de 1,7 miligramos por ciento (normal = 0,6), la de hierro sérico 28 gammas por ciento (normal = 120) y la de hemoglobina 102 por ciento. Corrijo su régimen alimenticio, prescribo inyecciones intravenosas de vitaminas, de extracto de hígado y de hierro, y un anabolizante. Tres semanas después, por primera vez desde hace años, sus deposiciones son espontáneas, ¡en tanto que, aun con el régimen Burger, debía provocarlas con supositorios de glicerina! En agosto el hierro sérico es normal (139 gammas por ciento). El peso ha aumentado en 2 kilos. Se siente cada vez mejor. El 12 de octubre de 1973 está muy bien. Su peso llega a los 43,5 kilos. Encuentra inaudito que sus intestinos, que se negaban a funcionar desde hacía decenas de años, se hayan normalizado a partir del momento en que aceptó la alimentación que consideramos perfecta. No cabe duda de que el aporte de aceites ricos en vitaminas F contribuyó mucho. El régimen de Burger contiene muy pocos de ellos. CASO 14. F. (1922) 48 AÑOS. Melanoma Dos tías maternas y su madre fallecieron de cáncer, esta última a los 73 años. Casada a los 22 años, dio a luz tres niños: el primero murió a los 10 meses de neumonía y el segundo a los 4 años como consecuencia de una anomalía cardíaca. Sólo el tercero, nacido en 1953, logró sobrevivir. Padece -es una niña- en forma crónica de estreñimiento, aerofagia, inflamaciones, urticaria, hemicránea, várices y hemorroides. Sus mamas presentan numerosos nodulos duros. Fuma alrededor de cinco cigarrillos por día. En febrero de 1969, es decir, a los 47 años, es operada de un melanoma en la pantorrilla izquierda, tumor altamente maligno. Se le administra radioterapia en los ganglios inguinales y la región operada. En diciembre de 1969, inquietada por la presencia de ganglios palpables en las ingles, adopta el régimen preconizado por Burger. Come por la mañana frutas crudas, miel, arroz integral crudo y granos de girasol; al mediodía y por la noche, legumbres, carne (ternero, cordero, cerdo), huevos crudos, oleaginosas, frutos exóticos (aguacates, ananás, naranjas). Yo la recibo por primera vez el 8 de abril de 1970. Su concentración de hierro sérico es de 77 gammas por ciento (normal = 120) y la de hemoglobina de 94 por ciento. Desde el comienzo del régimen totalmente crudo, la aerofagia, que duraba desde hacía cuatro años, así como los otros trastornos, han desaparecido. A partir del tercer mes abandonó sus cinco cigarrillos cotidianos, porque ya no sentía deseos de ellos. Las deposiciones, antes malolientes, han perdido esta característica. El 16 de octubre de 1970 se siente muy bien. Sus períodos menstruales se han espaciado a seis semanas. Come crema Budwig todas las mañanas; al mediodía, atún, pejesapo o almejas, alternados con carnes, todo ello crudo; por la noche, consume tres yemas de huevo; no emplea azúcar, ni sal, ni especias, y declara que ya no le sería posible alimentarse de otro modo, hasta tal punto le sienta esa alimentación cruda. Una vez ingirió pasas tratadas y reaccionó con vómitos y dolores en las mamas. El 11 de noviembre de 1970 su hierro sérico está en 67 gammas por ciento; se eleva a 116 gammas por ciento el 25 de marzo de 1971, sin medicamento alguno, sino gracias 43

al consumo de 20 yemas de huevos crudos por semana. Se encuentra en perfecto estado de salud tres años después de la extirpación de su melanoma. Su hija, de 17 años, era fláccida y demasiado obesa, y sigue muy bien con el mismo régimen que ella; sus reglas, antes muy abundantes, dolorosas y acompañadas de náuseas, cesaron durante cinco meses, pero luego se reanudaron normalmente. La técnica alimenticia empleada en estos dos casos fue, pues, la de Burger, atenuada con un aporte de crema Budwig rica en vitamina F.

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Papel primordial de las mujeres en el futuro de nuestra sociedad Existen factores nocivos que el individuo aislado no podría controlar, pero si hay un dominio en el cual cada uno es su propio amo y en el que puede desempeñar un papel determinante en su futuro, el de su familia y el de sus hijos es, por suerte, el de la alimentación. El hombre está hecho de lo que come, y en este terreno las mujeres desempeñan el papel principal, pues lo más frecuente es que sean ellas quienes realizan las compras y deciden las comidas. También ellas son las que inculcan buenos hábitos a sus hijos, forman sus gustos y determinan sus preferencias. Los estadísticos nos previenen hasta el hartazgo de que si no se adoptan medidas enérgicas de prevención a corto plazo, nos estará reservado un destino social muy grave, lo mismo que a nuestros hijos. Por lo tanto, es preciso que las mujeres se movilicen e impongan las reformas alimentarias indispensables. En otras páginas he demostrado hasta qué punto el retorno a una alimentación natural, fresca y sana resultó beneficiosa para numerosos pacientes considerados incurables por la medicina oficial. Este mismo método no podía dejar de ser saludable para quienes se encuentran en un estado de salud semibueno y que somos todos. Las reglas de alimentación sana deberían enseñarse en la totalidad de las escuelas y en todas las clases de economía doméstica, practicadas en los comedores escolares, en todos los servicios hospitalarios y en los cuarteles. Mujeres de todos los países, ¡únanse, primero para instruirse y luego para enseñar los conocimientos indispensables para la conservación de la salud, fuente de la alegría de vivir, de todas las dichas y de todas las riquezas! ¡Ya es hora! A causa de nuestros errores, nuestra raza se debilita y degenera, y sin embargo, la naturaleza es generosa, siempre que se respeten sus leyes. El organismo enfermo tiene maravillosas capacidades de regeneración. He aquí un ejemplo:

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CASO 15. F. (1965) 12 AÑOS. Osteoblastoma maligno o disostosis fibroquística benigna A los 10 años esta niña desarrolla un hematoma bajo un aparato dental en el maxilar superior derecho. En ese lugar aparece una tumefacción: la encía aumenta de grosor. La mejilla derecha sobresale en un centímetro, aproximadamente, más que la izquierda. El rostro de la niña se deforma. Se practica una biopsia y es examinada por tres laboratorios universitarios diferentes. Dos opinan que se trata de un tumor maligno; un tercero, de un tumor benigno. Dada su localización, según los médicos, resulta imposible hacer nada antes que finalice el crecimiento. La madre se desespera al ver que la cara de su hija se deforma cada vez más, sin poder hacer nada. Si laboratorios de igual competencia no se ponen de acuerdo en cuanto a la malignidad de una proliferación, ello significa, que aunque el tumor no sea todavía canceroso, lo es en potencia y sería urgente hacer lo necesario para que no llegue a ese punto. Como la evolución nos lo demostró, tal cosa pudo realizarse. Recibo a la niña por primera vez el 15 de febrero de 1977. Su peso es de 27 kilos (- 1 kilo) y su talla de 1,31 metros (-16 centímetros). En el año trascurrido el tumor ha duplicado su volumen. La alimentación de la niña es de tipo moderno: carenciada, rica en mantequilla y en aceites refinados. La corrijo y prescribo una polivitaminoterapia. Tres meses después, la masa tumoral se encuentra en regresión. La encía, que a la derecha sobresalía en 1 centímetro, ya no es otra cosa que una bolsa floja, vacía de su contenido. Las aftas constantemente presentes en la cavidad bucal han desaparecido y las anginas continuas han cesado. Nueve meses después de la normalización de la alimentación, la niña se encuentra resplandeciente. Su peso ha aumentado en 4 kilos. En 1982, cinco años después de la primera consulta, la mejilla derecha sobresale apenas un poco más que la izquierda. Todavía es visible una huella de la tumefacción bajo la encía, pero no molesta ni evoluciona. No hará falta una operación.

Segunda parte

FUNCIONES DIGESTIVAS NOCIONES DE BIOQUÍMICA CATÁLISIS Y CATALIZADORES

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La digestión, la asimilación y la evacuación Nuestra salud depende, no sólo de lo que ingerimos, sino también de la manera en que nuestro tubo digestivo sabe sacarle provecho. Entre nuestro cuerpo y el contenido de nuestro tubo digestivo, entre una planta y el suelo que la alimenta existe una misma relación fundamental. El hombre puede adaptarse a raciones alimenticias cuantitativa y cualitativamente muy distintas. En el curso de su célebre expedición al Polo Norte, en 1894, Nansen y su compañero sobrevivieron varios meses alimentándose sólo de carne y de grasa de osos polares y focas. Este es un notable ejemplo de adaptación temporaria a un régimen exclusivamente cárneo, al cual no se encontraban habituados. Un vegetariano convencido, que elimina por completo la carne de su alimentación, tolera cantidades mayores de legumbres que un hombre habituado a un régimen mixto. La digestibilidad de los alimentos, primera condición para su buena utilización por el organismo, no depende sólo de su naturaleza, sino también de la habituación del tubo digestivo. En distintas provincias de un mismo país los hábitos alimenticios son muy diferentes; tales comidas a las cuales no se está acostumbrado pueden provocar una indigestión y rechazo por falta de adaptación: un alioli de Marsella, un potaje flamenco a la cerveza o el pescado seco de los pescadores del norte no son tolerados por todos. Para que un alimento nos resulte beneficioso debemos poder digerirlo y asimilarlo. Se denomina digestión a la solubilización del alimento, vinculada en general con una escisión de las moléculas que lo constituyen. De tal modo, el almidón es hidrolizado y convertido en azúcar, las proteínas en aminoácidos y las grasas neutras son transformadas en parte en glicerol y ácidos grasos. Luego es preciso que la molécula simplificada pueda atravesar la pared digestiva. Tanto en la digestión como en la asimilación intervienen numerosas enzimas, también denominadas fermentos o diastasas, que son moléculas proteicas aceleradoras en general de las reacciones químicas (véase pág. 101) Para que un alimento pueda sufrir con facilidad la acción de los jugos digestivos, tiene que ser fragmentado y triturado por la masticación. En su transcurso queda embebido en saliva, lo cual facilita su deglución, al tiempo que es sometido a la acción de la tialina, enzima que actúa sobre el almidón y lo convierte en moléculas más pequeñas (dextrinas). Además, por vía refleja, la masticación desencadena la secreción de jugos digestivos en el aparato digestivo. El estómago secreta pepsina, bajo la acción de la cual las proteínas de los alimentos se degradan en complejos más simples denominados peptonas; éstas son disociadas en el intestino en partículas elementales, los aminoácidos, que penetran en la sangre y a partir de los cuales se reconstituyen las proteínas humanas. El intestino y el páncreas secretan fermentos digestivos que actúan sobre el almidón, las proteínas y las grasas, denominados amilasa, tripsina, lipasa, etc. Por último, la bilis secretada por el hígado en el tubo digestivo tiene como función emulsionar las grasas y aumentar, duplicándola, la eficacia de las enzimas pancreáticas (amilasa y tripsina). La masa líquida de los 46

jugos digestivos llega a un volumen cotidiano de unos seis litros, o sea, unos dos litros por comida; la de la bilis es de alrededor de un litro por día. Cuando las moléculas de los alimentos han sido disueltas y sus estructuras simplificadas, pueden atravesar la pared intestinal y quedar a disposición de nuestro organismo para alimentarlo, o dicho de otra forma, para proporcionarle la energía que le es indispensable y la materia prima necesaria para su crecimiento y su reparación. Para que todo se desarrolle en forma correcta, es preciso, entonces, que en el momento en que comemos los órganos digestivos secreten enzimas en cantidad suficiente. Ciertas alteraciones de la salud se deben a una insuficiencia enzimática y pueden mejorar con el aporte de fermentos digestivos extraídos de plantas (papaya, ananá, etc.) o de órganos animales (páncreas). Pero para que la nutrición resulte asegurada, es además indispensable que exista armonía entre la velocidad de la digestión y la del transporte de los alimentos a través del tubo digestivo. El estómago desempeña el papel de reservorio, bate los alimentos para someterlos a la acción del jugo gástrico y luego los evacúa poco a poco hacia el intestino delgado. En este último, el bolo alimenticio es impulsado en un movimiento pendular de vaivén, que favorece su contacto con los jugos destinados a trasformarlo y con las paredes que deben absorberlo. Estas últimas se encuentran recubiertas de válvulas y de vellosidades, que aumentan en considerable medida su superficie. Cuando los alimentos han atravesado el intestino delgado, cuya longitud es de unos 7 metros y cuya superficie desarrollada, en general, se calcula en unos 43 metros cuadrados (Policard), los desechos no asimilados penetran en el intestino grueso en forma líquida. Si el transporte a través del intestino delgado es demasiado rápido, la digestión y la asimilación no tienen tiempo de terminar. Las sustancias no asimiladas penetran en el intestino grueso y se constituyen en el sustrato de las bacterias que lo pueblan. Mientras éstas se nutren de desechos alimenticios todo va bien. Por el contrario, si a causa de una aceleración del tránsito, una lentificación anormal del proceso de digestión, una ingestión excesiva de alimentos o una masticación defectuosa se alimentan en exceso, proliferan, se vuelven agresivas, ascienden hacia el intestino delgado y dan lugar a fermentaciones anormales, inflamaciones y diarreas. Las deposiciones Primero en el estómago y después en el intestino delgado, los alimentos son digeridos y luego absorbidos. Las sustancias que penetran en el intestino grueso, el cual mide alrededor de 1,65 metros, son todavía líquidas. La parte derecha, denominada colon ascendente, contiene restos de alimentos utilizables y celulosa. Los primeros todavía pueden ser absorbidos. En cuanto a la celulosa, bajo la acción de las bacterias se degrada en forma parcial en glucosa absorbible. Los microorganismos abundan en el intestino grueso y sintetizan allí muchas vitaminas útiles para el organismo (complejo B, vitamina K). Al recorrer el colon transverso y luego el colon descendente (a la izquierda del abdomen), se recuperan el agua y una parte de la bilis. Los residuos se concentran en el colon sigmoide, asa del intestino grueso que se encuentra por encima del recto y que sirve de reservorio para las deposiciones, las cuales serán evacuadas luego al exterior. El mecanismo de concentración de las materias fecales es de una precisión asombrosa. Es necesario que el 86 por 47

ciento del agua sea absorbida para que la materia fecal tenga una consistencia normal. Si se absorbe el 88 por ciento del agua, se vuelve demasiado dura, con una absorción del 82 por ciento es demasiado fluida. La materia fecal normal del hombre debe tener la forma de una salchicha de 4 centímetros de grosor y 15 a 20 cm. de longitud. Su color, pardo claro u oscuro, es determinado en esencia por su tenor en pigmentos biliares y en forma accesoria por ciertos alimentos (espinacas, cacao, arándanos, zanahorias y remolachas, etc.). En el régimen lactovegetariano el color es más claro; en el régimen cárneo, más oscuro. La primera parte del excremento normal presenta abultamientos y el resto es liso; se encuentra revestido de escaso moco transparente. Su olor es débil, determinado por la presencia de escatol e indol, sustancias químicas producidas por las bacterias a partir del aminoácido triptófano no asimilado. Un olor fuerte o ácido es anormal. En el hombre, tal como en el caballo, el perro, el gato, etc., las deposiciones normales no ensucian el ano al pasar. Jamás debería hacer falta emplear más de una hoja de papel higiénico para limpiarse, y éste último tendría que quedar limpio, o, cuando mucho, recoger rastros de mucus. Si la alimentación es mixta y la comida principal se toma al mediodía, la evacuación intestinal se hace al día siguiente por la mañana, después del desayuno. De tal manera, hacen falta de 18 a 20 horas para completar el recorrido del tubo digestivo. Sólo se emplean de 4 a 5 horas para el tránsito a través del estómago y del intestino delgado, y el resto del tiempo para el trayecto del intestino grueso. Doce horas después de una ingestión de alimentos, los desechos que provienen de éstos comienzan a acumularse en la última parte del intestino grueso. La materia fecal evacuada por la mañana contiene los restos de las tres comidas del día precedente; la segunda parte de la deposición, de menor calibre y más blanda, contiene los residuos de la comida vespertina. Son raras las personas que tienen dos deposiciones normales por día, tal como son raros aquellos en quienes las deposiciones se mantienen" normales y sólo son evacuadas cada dos días. Una deposición normal está formada principalmente por la descamación del epitelio intestinal, por una masa más o menos importante de bacterias y por sustancias de las cuales el organismo se libera por intermedio de la bilis, por el jugo pancreático y por la excreción a través de la mucosa intestinal. Contiene, además, fibras vegetales formadas por celulosa (polímero de la glucosa), hemicelulosa (polímero de otros azúcares) y lignina, muy resistente a la acción de las bacterias. Es homogénea, exceptuadas algunas partes duras y no comestibles, tales como el hollejo de las uvas y la cáscara de las almendras, restos vegetales mal masticados, etcétera. Quienes están sujetos a un ayuno total prolongado continúan efectuando sus deposiciones. Los excrementos se vuelven, sencillamente, menos abundantes y ya no contienen otra cosa que elementos provenientes del propio organismo. Las deposiciones de la persona que se nutre de alimentos totalmente asimilables (carne, huevos, azúcar, almidón, harina blanca, pan blanco, grasas, etc.) tienen la misma composición que las del 48

individuo que ayuna. Sólo aumenta la masa de las materias fecales. La celulosa y las otras fibras vegetales acrecientan el volumen de las deposiciones con su presencia y su capacidad de retener agua, pero también como consecuencia del aumento de la descamación intestinal y de la proliferación bacteriana que ocasionan. El peso de una deposición normal es de 100 a 250 gramos; llega a 370 gramos como término medio en los vegetarianos. Cuando existe una enfermedad del tubo digestivo, la masa de las deposiciones puede aumentar por hipersecreción o hiperdescamación, así como en la diarrea aguda. También puede disminuir, y ello en forma considerable, a pesar de una alimentación rica en celulosa, cuando los aportes del hígado, del páncreas y de la mucosa intestinal se vuelven menos abundantes. El horario de las comidas Otro punto importante es el horario de las comidas. Todos saben que "picotear" a cualquier hora del día y de la noche es malsano. Para que la digestión sea normal, es preciso que los órganos digestivos tengan reposo, a fin de poder preparar las enzimas que secretarán en la próxima ingestión de alimentos. Pero hay más. La digestión exige un esfuerzo considerable (¡dos litros de jugos digestivos por comida!); por lo tanto, no se realiza en forma correcta cuando el organismo está fatigado. Los pueblos del Norte han comprendido que la digestión se cumple particularmente bien por la mañana, después del reposo nocturno: el desayuno es en ellos una comida opulenta. Entre nosotros, por el contrario, es una comida a menudo muy poco abundante, y muchos se conforman con una taza de café, con una medialuna o no, pues no tienen apetito por la mañana. Comieron tarde en la víspera, han tenido un sueño agitado. Su lengua está cargada. Y por la noche su organismo se ha negado a secretar los jugos digestivos inmediatamente después de la comida; primero necesitaba algunas horas de reposo. La digestión así postergada no es buena y trastorna el sueño. Este fenómeno se acentúa cada vez más a medida que avanza la edad, y las personas que envejecen saben que la comida de la noche debe ser muy ligera o nula, porque de lo contrario se presentan alteraciones digestivas crónicas; sólo desaparecerán cuando la causa del trastorno, es decir, la comida demasiado tardía y demasiado copiosa, sea suprimida o reemplazada por un desayuno más abundante. El método más rápido para suprimir estas alteraciones consiste en hacer un enema de infusión de manzanilla, de uno a dos litros, por la noche, para eliminar la mayor cantidad posible de población microbiana, y luego, durante un día, alimentarse con exclusividad de bananas maduras o de otros frutos crudos, lo cual modifica y normaliza la flora intestinal. La recuperación del equilibrio por medio de un horario adecuado se convierte entonces en cosa fácil. El contenido intestinal, parte esencial de nuestro medio Durante toda nuestra vida debemos defender la integridad de nuestro organismo contra las influencias deletéreas del ambiente. Es fundamental comprender que el contenido de nuestro tubo digestivo forma también parte de ese ambiente; en su nivel somos más frágiles, estamos 49

menos protegidos. En efecto, en el intestino, la mucosa de revestimiento, cuya superficie desarrollada mide aproximadamente unos 43 metros cuadrados, está constituida por una sola capa celular de un espesor de 25 a 30 micrones (es decir, de 25 a 30 milésimas de milímetro). Por debajo de ese revestimiento, y en contacto íntimo con él, se encuentran los capilares sanguíneos y linfáticos, cuya pared es más delgada aun, y cuya superficie desarrollada es igual, respectivamente, a 11 y 5 metros cuadrados. Por lo tanto, el contenido del intestino delgado sólo se encuentra separado de la sangre de los capilares por una membrana más fina que el papel de seda. En las alteraciones digestivas ocurre que los microorganismos que colonizan el intestino grueso, revestido a su vez por una capa celular única, ascienden al intestino delgado. La vida de estas bacterias está vinculada con la producción de gases y de sustancias tóxicas. Cuando la delgada mucosa del intestino tiene una estructura normal nos encontramos lo bastante protegidos contra la absorción eventual de microbios y de toxinas, pero cuando nos alimentamos mal, esa mucosa delicada se vuelve anormalmente permeable y deja pasar numerosas bacterias y toxinas. El hígado, que recoge la sangre, y los ganglios linfáticos, en los cuales se vierte la linfa procedente del intestino, funcionan a manera de filtros. Si pueden detener y neutralizar los gérmenes y las toxinas y nada ocurre, pero si son desbordados en forma crónica, aparecen enfermedades graves (véase pág. 368 y siguientes). La digestión se acompaña de una dilatación de los capilares, y por lo tanto, de un aumento de su permeabilidad. La migración de las bacterias y de las toxinas del intestino a la sangre aumenta en ese momento. Los veterinarios conocen bien este fenómeno, que denominan "microbismo", por oposición a infección o septicemia. Los animales domésticos hacen en general una vida mucho menos sana que los animales salvajes y presentan deficiencias análogas a las nuestras. Los veterinarios han aprendido que es preciso, en el momento de sacrificarlos, que los animales para consumo se encuentren en ayunas a fin de obtener una carne que se conserve bien. En plena digestión, ésta se coloniza de microbios intestinales y no se conserva.

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El equilibrio ácido-base y el pH urinario La unidad de medida del grado de acidez o de alcalinidad de un líquido es el pH. Los valores del pH se escalonan entre 0 y 14. De 0 a 7, el pH indica un grado decreciente de acidez; en el pH 7 se encuentra el punto de neutralidad; de 7 a 14 el pH indica un grado creciente de alcalinidad. Los procesos vitales sólo pueden desarrollarse de manera normal en nuestro organismo si el pH sanguíneo es estable, ligeramente alcalino (pH normal de la sangre venosa = 7,32-7,42). Diferentes sistemas reguladores, denominados tampones o "buffers" (bicarbonatos, fosfatos, proteinatos, etc.), permiten neutralizar, hasta cierto punto, tanto un exceso de ácidos como un exceso de bases. La mayoría de las trasformaciones que sufren las sustancias químicas de nuestro cuerpo se hacen en cadenas, por etapas sucesivas. En cada una de ellas interviene un catalizador particular, que

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asegura tal trasformación. Las sustancias intermediarias formadas son a menudo ácidos orgánicos. Cuando falta una enzima o es activada en forma insuficiente por carencia de oligoelementos o de vitaminas, la reacción en la cual interviene se bloquea o se hace más lenta. Entonces puede producirse una acumulación anormal de ácidos metabólicos, por encima del eslabón que trabaja con lentitud. Los ácidos, producidos en exceso, son eliminados luego por los riñones, lo cual otorga a la orina un pH ácido. Determinar el pH urinario resulta fácil ahora, y se hace con la ayuda de una tira reactiva, que se humedece con una gota de orina. El color del papel indica en el acto el pH. Adquiere color amarillo en un medio ácido, con un pH de 5 o menos. En un líquido neutro se vuelve verde (pH 7). Cuanto más alcalino es el medio, más vira hacia el azul su color (pH 9). Si el cuerpo está sano, bien nutrido y bien equilibrado, recibe suficientes bases de origen alimentario y el pH es más o menos el mismo que el de la sangre, entre 7 y 7,5, desde la segunda orina de la mañana. En la orina formada durante la noche y emitida al despertar puede tener un valor de 5 o menos, ya que el reposo nocturno sirve para la eliminación, por los riñones, de los productos de desecho ácidos. En una experiencia personal he podido comprobar un pH urinario de 5 a las 3 de la madrugada y de 7,5 a las 7 de la mañana, en el momento de levantarme y antes de ingerir cualquier alimento: los ácidos metabólicos de la sangre habían sido eliminados desde antes de las 3 y el pH urinario había retomado más o menos el valor del pH sanguíneo. También efectué la siguiente observación: después de 5 horas de trabajo sedentario intenso, en un local cerrado, el pH urinario tenía un valor de 5; pasó a 7 tras una hora de paseo por el bosque (sin ingestión alguna). En estas condiciones, la mejor oxigenación había hecho quemar los ácidos orgánicos, los había convertido en dióxido de carbono, eliminado por los pulmones. A esa mejor oxigenación y eliminación de la hiperacidez corresponde una sensación de bienestar. De tal manera, en tanto que es normal que el pH tenga el valor 5 (color amarillo canario del papel) en la orina producida durante la noche o también después de un gran esfuerzo físico, en el cual hay superproducción de ácido láctico por la musculatura, es en todo sentido anormal que se mantenga en forma permanente en 5 o por debajo. En esta última situación, la vigilancia del cuerpo es insuficiente y ocurre una acumulación de ácidos en el organismo con pérdida de bases, esencialmente de sodio y calcio. En estos casos, puede manifestarse una gran palidez, a causa de la constricción de los capilares (la concentración de hemoglobina es normal), dolores de cabeza, dolores migratorios, llamados reumáticos y neuralgias, que desaparecen en poco tiempo y sin calmante alguno, gracias a un aporte de alcalinos (citratos o bicarbonatos). La permanencia de un pH urinario en 5 o por debajo de esta cifra está vinculada con una constante sensación de fatiga "inexplicable" o con la aparición de bruscos accesos de debilidad, suprimidos por un aporte de bases. En nuestro modo de vida actual, en el que somos demasiado sedentarios, estamos mal oxigenados y nos nutrimos con alimentos muy empobrecidos en diversos

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catalizadores, es corriente comprobar trastornos de la salud causados por una acumulación de ácidos. Erik Rucka, científico húngaro, fue uno de los precursores en el reconocimiento de la importancia, para cada uno, del control del equilibrio ácido-base por la determinación del pH urinario. Para asegurar ese equilibrio ha propuesto el empleo de una mezcla de citratos. El ácido cítrico de los citratos se metaboliza con facilidad y es eliminado por los pulmones en forma de dióxido de carbono; las bases a las cuales está unido quedan de tal modo liberadas y puestas a disposición del organismo. Los citratos son sales alcalinas que se encuentran en las frutas y las legumbres. En una persona en buen estado de salud, que vive sanamente, ese aporte natural basta para asegurar el equilibrio ácido-básico. ¿Pero cuántos de nosotros vivimos en forma sana en estos días? Cuando hemos estado sometidos durante un período prolongado a un exceso de trabajo, o como consecuencia de enfermedades graves y prolongadas, acumulamos muchos ácidos en nuestro organismo y hace falta largo tiempo para eliminarlos. En una experiencia personal, después de un extenso período de trabajo excesivo, debí tomar citratos alcalinos durante unos dos años para llevar el pH urinario a valores normales. El control del pH urinario y su normalización deben formar parte de cualquier plan de tratamiento de una enfermedad crónica, que puede ir acompañada de trastornos metabólicos capaces de originar una acidificación anormal del organismo. En la defensa del organismo contra una acidificación anormal, el sistema tampón en el que interviene el cloruro de sodio es particularmente potente y eficaz. Esta sal neutra es el resultado de la combinación de un ácido fuerte (HCL) y de una base fuerte (NaOH). Es muy estable en el mundo mineral. Las cosas son muy distintas en los seres vivos. Cuando la acidez del medio aumenta, el cloro de la sal de cocina contenido en la sangre pasa del líquido extracelular al compartimiento intracelular, donde es captado por las proteínas. Se concentra en el tejido conjuntivo (colágeno) distribuido en casi todo el organismo y abundante, entre otros tejidos, en el tejido celular subcutáneo. En el esqueleto, el cloro se fija al fosfato de calcio para formar la cloroapatita, y esta capacidad de fijación es considerable. El sodio que permanece en el líquido extracelular queda entonces disponible para neutralizar los ácidos excedentes y facilitar su eliminación (cfr. Kousmine, Helv. Ped. Acta, vol. 2, 1945, fase. 1). En estas condiciones surgen las sales alcalinas formadas por una base fuerte (Na) y un ácido orgánico débil, que lleva al pH sanguíneo hacia el lado alcalino. ¡De tal modo se produce una situación paradójica: un exceso de ácido provoca una modificación del pH sanguíneo en el sentido alcalino! Esta situación será corregida por un aporte de álcalis, y agravada por un aporte de ácidos, que a primera vista parecería lo indicado. Semejante situación ocurre en los enfermos graves, por ejemplo, los cancerosos.

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La célula Cuando comemos, la partícula fundamental que se trata de nutrir es la célula, unidad de la materia viviente. Nuestro organismo está formado por miles de millares de células por kilo de peso, que viven en interdependencia recíproca. Estas células nacen, respiran, se nutren, trabajan, se reproducen y mueren. En los tejidos a los cuales pertenecen son muy diferentes unas de otras, por sus estructuras y sus necesidades. Estas necesidades diferentes son las que deben ser cubiertas por la alimentación. Pero en tanto que el conjunto de nuestro organismo ya se nos aparece como una sociedad celular muy compleja en sus estructuras y sus funciones, la célula representa a su vez el mundo molecular móvil y complicado, organizado con una asombrosa precisión. De tal modo puede ser considerado como una sociedad, un estado, con un poder legislativo, el núcleo, un poder ejecutivo, los microsomas o ribosomas, y una frontera, la membrana celular, provista de aduaneros, las prostaglandinas (véase pág. 289, vitamina F). Y todas ellas, pertenezcan al mundo vegetal o animal, están constituidas según el mismo modelo básico. Por lo tanto, todas las células vivientes están formadas por un núcleo, rodeado por un protoplasma, rodeado a su vez por una membrana. El núcleo y el protoplasma El núcleo es el elemento noble de la célula y tiene el protoplasma a su servicio. Ambos elementos son indisociables: el núcleo no puede existir sin el protoplasma, y la vida del protoplasma es muy breve sin el núcleo. Este contiene, aparte de las proteínas enzimáticas, los filamentos de cromatina, en los cuales se encuentran codificadas todas las informaciones hereditarias, que permiten la reproducción definitiva de una unidad viviente dada, y ello en forma inmutable en nuestra escala del tiempo. La partícula de ese filamento, portadora de una información única, se denomina gen. Su número por célula ha sido evaluado en algunos millones en el colibacilo y en diez mil millones por lo menos en el hombre. Cada gen gobierna una síntesis precisa, la de una enzima, por ejemplo. Al principio, como consecuencia de la división de un óvulo fecundado, cada célula recibe en herencia el código completo de las informaciones necesarias para producir cualquier célula adulta, mientras todas las células sean semejantes e indiferenciadas. Durante el desarrollo embrionario, las células se especializan poco a poco a fin de asumir diferentes funciones. Una parte de las informaciones recibidas al comienzo es bloqueada por sustancias denominadas histonas, y así pueden desarrollarse células llamadas diferenciadas, de formas y funciones diferentes. Los filamentos cromosómicos continúan sin embargo reproduciéndose durante sus divisiones, mientras los segmentos útiles y funcionales se encuentran bloqueados. Cuando esos segmentos se desbloquean - lo cual ocurre en los cánceresla célula pierde sus capacidades funcionales especializadas y retoma sus propiedades embrionarias de crecimiento rápido: vuelve a hacerse indiferenciada.

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En un espacio minúsculo, del orden de la diez millonésima de milímetro cúbico, se encuentran memorizadas y codificadas todas las informaciones necesarias para la realización de nuestro destino, y esa memoria ha sido comparada con la de un conjunto de cincuenta calculadoras electrónicas. En todos los seres vivientes, las informaciones son recibidas por el huevo o el grano gracias a un código químico formado por seis elementos solamente. Según el orden en el cual se encuentren dispuestos cuatro de esos elementos, las informaciones que ofrecen difieren, y el huevo dará nacimiento a una planta, un gusano, una anémona de mar o un ser humano. Estos elementos se encuentran unidos en largas cadenas que constituyen moléculas filamentosas muy gruesas, de ácido desoxirribonucleico (ADN). En un núcleo en reposo, esos filamentos permanecen en un estado monomolecular. Durante la división celular se condensan, se unen unos a otros, y constituyen los cromosomas, cuyo número es fijo y característico para cada especie. En efecto, todas las células humanas normales contienen 46 cromosomas. Según las concepciones actuales, la molécula de ADN tendría la forma de una escala enrollada en espiral. Los largueros están representados por la sucesión regular y alternada de dos elementos, un hidrato de carbono de cinco átomos de carbono y el ácido fosfórico, unidos entre sí. Los peldaños de la escala, fijados a las moléculas de azúcar, se hallan formados por cuatro bases, siempre unidas dos a dos (adenina-timina o guanina-citosina), y de las cuales las dos primeras son purinas y las dos últimas pirimidinas. El orden de sucesión de peldaños de los dos tipos, el sentido en el que se encuentran ubicados unos respecto de los otros, parece constituir el código de información para la construcción de las moléculas proteicas del protoplasma. Se denomina triplete al conjunto de tres escalones sucesivos en la escala del ácido nucleico. Cada triplete de bases corresponde a un aminoácido determinado. Existen 64 tripletes posibles, y de 61 de ellos se conoce en la actualidad el aminoácido correspondiente. En la división celular, los largueros de las escalas portadoras de semipeldaños se apartan uno del otro. En cada uno de ellos se agregan entonces los materiales necesarios para reconstituir una espiral completa, idéntica a aquella de la cual derivan. Este es el fenómeno de la duplicación. Para que un poder legislativo sea eficaz, es preciso que pueda trasmitir sus órdenes a un poder ejecutivo. Este último tiene su sede en corpúsculos protoplasmáticos denominados microsomas. El protoplasma celular contiene ácidos nucleicos de estructura análoga a los del núcleo, y que se designan por medio de las letras ARN (ácido ribonucleico). Estos ácidos nucleicos se encuentran por una parte libres en el protoplasma celular (ARN mensajeros) y por la otra unidos a los cromosomas. Se puede concebir de la siguiente manera la interrelación ADN del núcleo - ARN mensajeroARN de los microsomas. Estos tres filamentos son muy parecidos, y llevan el mismo código de tripletes. Cuando falta una proteína en el protoplasma y debe ser sintetizada, el lugar correspondiente del ARN mensajero es previsto. En contacto con el núcleo, ese lugar se carga de energía, lo cual permite al ARN mensajero captar en el protoplasma los aminoácidos indispensables para la síntesis, ubicarlos en el orden deseado y trasportarlos al molde 54

microsómico donde se efectúa, gracias a la acción de las enzimas correspondientes, la unión de los aminoácidos en una cadena proteica. Para que sea posible la síntesis proteica, es preciso que los diversos aminoácidos necesarios para su construcción estén presentes de manera simultánea en el mecanismo sintetizante. Las proteínas recién formadas abandonan luego el microsoma y pasan al protoplasma celular, donde están sometidas a un batido constante. Las moléculas de proteína formadas por largas cadenas de átomos, cuyos grupos se encuentran unidos por valencias muy resistentes, no son inertes ni rígidas. Son capaces de trasformaciones morfológicas asombrosas: la cadena puede extenderse o desplegarse. Los distintos eslabones de los cuales está formada pueden girar unos respecto de los otros. Estas cadenas moleculares tan largas son, sin embargo, capaces de deslizarse unas sobre las otras, tan libremente como las moléculas de un líquido. Una proporción muy grande de estas proteínas celulares son enzimas. La actividad del protoplasma es más o menos intensa según los tejidos: todos los días, de 60 a 90 gramos de las proteínas de un hombre adulto se destruyen y deben ser reemplazadas. Las síntesis protoplasmáticas se hacen a velocidades diferentes según los tejidos. La vida media de las proteínas humanas es de 80 días, es decir, que al cabo de ese período la mitad de las proteínas celulares ha sido destruida y resintetizada. Para las proteínas hepáticas y plasmáticas es de sólo 10 días, y para las musculares y óseas, de 158 días. Otros dos elementos muy importantes se encuentran en el protoplasma de todas las células. Se trata de las mitocondrias y los lisosomas. Las primeras son portadoras de enzimas, responsables de los procesos de oxidación y de fosforilación, o dicho de otra manera, de la respiración celular y de la producción de energía indispensable para cualquier síntesis. Los segundos son pequeñas vesículas limitadas por una membrana, que contienen un sistema digestivo en miniatura. Cuando una célula ya no es viable y funciona mal, su medio se acidifica, la membrana del lisosoma se rompe, las enzimas digestivas son vertidas en el protoplasma y la célula se licúa bajo la acción de esos fermentos. A este fenómeno se lo denomina autólisis. El protoplasma es atravesado, además, por una red de finas membranas (retículo endoplasmático), tubos o sacos aplanados, algunos de los cuales llegan a la superficie celular, en tanto que otros se abren en las cercanías del núcleo. Estas formaciones dejan entre sí espacios en los cuales se introduce el citoplasma. Las mallas de esa red pueden recibir cantidades variables de agua, dilatarse, distenderse. Estas membranas condicionan y dirigen los movimientos que sufre la parte fluida del citoplasma en el interior de la célula y que han podido ser visualizados en microcinematografía. En esta red se fijan los granos de ribonucleína que forman los microsomas. La membrana celular La parte superficial de la célula, denominada membrana plasmática, es de una gran importancia funcional. Se encuentra dotada de permeabilidad selectiva, gracias a la actividad, -entre otras, de las prostaglandinas (véase pág. 289), que cumplen la función de aduaneros. Esta membrana es 55

móvil. Algunas células cuyos intercambios son muy intensos (intestino, tubos uriníferos) pliegan su superficie a fin de aumentar su extensión, o emiten hilos muy finos y apretados, que miden de 0,1 a 5 micrones, y que dan a la superficie el aspecto de un cepillo. ¡En el intestino humano estos filamentos aumentan catorce veces la superficie absorbente de la mucosa y llevan su dimensión de 43 a 600 metros cuadrados! Otras células se encuentran revestidas de cilios vibrátiles, otras emiten prolongaciones en forma de dedos (seudópodos) o parecidas a velos, membranas ondulantes de movimientos lentos. Por medio de los movimientos constantes de su membrana, la célula efectúa captaciones en el medio ambiente: bebe y come. La superficie celular se pliega, se invagina, crea pequeños sacos en los cuales penetra el líquido extracelular. La entrada de uno de esos sacos se cierra, su contenido se vuelve intracelular y forma lo que se llama una vacuola. La gota de líquido que bebe de esta manera la célula tiene un diámetro de 1 a 2,5 micrones. ¡En microcinematografía ha sido posible observar de qué modo una sola célula conjuntiva muy activa había bebido en una hora ochenta gotas, cuyo volumen total era la tercera parte del suyo! Otras células sólo efectuarán ocho tomas de líquido por hora. Por lo tanto, esta actividad es muy variable. Las vacuolas, formadas por las captaciones de líquido en el medio circundante son arrastradas por el batido protoplásmico: se las ve disminuir de volumen y luego desaparecer. La célula también es capaz de ingerir, o sea, de absorber partículas sólidas. Estas se adhieren a su superficie; en ese lugar, como ocurre con el líquido, la membrana se invagina, el pliegue se corta desde el exterior y la partícula se vuelve intracelular. También pueden pasar elementos insolubles a través de los poros de la membrana. Emisiones laminares, partes de células endoteliales que revisten el interior de los vasos sanguíneos, pueden rodear los corpúsculos que se deben destruir, tales como los glóbulos rojos viejos o los microorganismos. Esas láminas se retraen hacia el interior de la célula, que digiere a las partículas sólidas. Este fenómeno se llama fagocitosis. Jamás hay un contacto total entre las células de un tejido. Existen espacios intercelulares, de los cuales las células toman las sustancias nutricias y en los que vuelcan sus desechos. El contenido de estos espacios es lo bastante fluido como para permitirles desplazarse mientras conservan su contacto con los vecinos, y ello aún en los parénquimas densos. Ciertas células están muy plegadas, como las de los revestimientos epiteliales. Se encuentran engranadas unas en las otras, y esos engranajes se deshacen bajo el impulso de un elemento migrador, para volver a formarse detrás de él. Esa movilidad relativa de las células entre sí otorga a nuestro cuerpo su notable plasticidad.

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La catálisis Si se acerca a una llama un trozo de azúcar, éste se enciende y se quema. El carbono que contiene se une al oxígeno del aire: se forma dióxido de carbono (CO2), y ese fenómeno de combustión es acompañado por producción de energía en forma de calor. Esta reacción en el medio externo sólo puede producirse a una temperatura muy elevada, incompatible con la vida. Las plantas y los animales cuentan en sus organismos con las condiciones necesarias para esa combustión productora de la energía vital que les es indispensable. En el hombre esa reacción se produce a unos 36º o 37º y en las plantas a temperaturas aun más bajas. Para que tal fenómeno sea posible, es indispensable la presencia de inductores de reacción. A estos facilitadores de las reacciones químicas más diversas se les ha dado el nombre de catalizadores. En los organismos vivientes, los catalizadores son moléculas proteicas sintetizadas por las células y que para ser activas deben unirse a vitaminas o a oligoelementos. Las plantas sintetizan las vitaminas y toman los oligoelementos del suelo. El hombre debe absorberlos con los alimentos. ¡Precisamente estas sustancias preciosas son las que estimulan, facilitan y aceleran las reacciones químicas en el interior de nuestro organismo y que nosotros hemos adquirido la costumbre de destruir o eliminar de nuestros alimentos! No es extraño, entonces, que nuestra vitalidad disminuya y que nos volvamos cada vez más frágiles y propensos a la fatiga. Como lo veremos a lo largo de toda esta obra, numerosas alteraciones de la salud son el resultado de esta manera de actuar. Muchas de ellas son reversibles por medio de una maniobra a la inversa: un retorno a la alimentación prevista para nosotros por la naturaleza y un enriquecimiento del organismo por medio de suplementos de vitaminas y minerales, precisamente aquellos que hemos eliminado o destruido antes. Las enzimas, fermentos o diastasas No es posible la vida sin catalizadores, y en una proporción muy grande las proteínas celulares son catalizadoras de reacciones biológicas. Se las denomina enzimas, fermentos o diastasas. Las enzimas se unen en forma temporaria a la sustancia que activarán y de esa manera la vuelven inestable. En nuestro organismo existen dos tipos de enzimas: 1) Las enzimas intracelulares, que se encuentran en el interior de las células y aseguran su vida. 2) Las enzimas exocelulares, que después de haber sido sintetizadas, son excretadas por las células al servicio del conjunto del organismo, tales como las que se vierten en el tubo digestivo. La forma geométrica compleja de la molécula proteica de la enzima elige entre las moléculas presentes aquellas que pueden ensamblarse con ella. La acción de la enzima es ejercida, por lo tanto, en forma muy selectiva: facilita una reacción dada y ninguna otra. Las enzimas están adaptadas a la estructura química del sustrato; son inactivas respecto de moléculas casi 57

idénticas. De tal modo, un moho, el Penicillium glaucum, destruye el ácido tartárico dextrófilo y deja intacto el isómero levógiro, de constitución química idéntica, pero que es su imagen invertida, como vista en un espejo. Una enzima puede comportarse como una llave que sólo sirve para una única cerradura y abre una sola puerta, o como una llave maestra, que se adapta a todas las puertas de la casa, pero de ninguna otra. Algunas enzimas actúan sobre un grupo determinado de átomos de una molécula, y no les importa cómo está construido el resto. Otras trasportan átomos o grupos de átomos al interior de una molécula. Una misma enzima, según las condiciones de acidez o alcalinidad del medio (pH) en las cuales se encuentra, puede invertir su acción; de tal manera, puede construir o destruir una misma molécula. La actividad de las enzimas mantiene un equilibrio indispensable. Esta propiedad del justo medio constituye uno de los fenómenos generales de la vida celular. La velocidad de la reacción enzimática aumenta con la concentración de la materia que se trasformará y con la temperatura: se sabe que el frío hace más lento el quimismo vital. Una proteína, denominada apoenzima, gran molécula sintetizada por el organismo y que sirve como catalizador, tiene generalmente necesidad de ser activada por una sustancia de dimensión mucho más modesta y tomada de los alimentos. Según su naturaleza, puede ser una vitamina o un oligoelemento, o a veces ambos. Entonces es frecuente que no necesite más que una molécula de vitamina o un átomo de oligoelemento para volverse eficiente. De tal manera, un solo átomo de hierro, cuyo peso atómico es de 56, basta para activar una enzima respiratoria cuyo peso molecular es de alrededor de 50.000. En tal enzima, el peso del hierro es apenas la milésima parte del peso total del fermento, y ello constituye un fenómeno general: el oligoelemento sólo representa en peso una muy reducida proporción de la molécula global del catalizador, y de ahí su nombre (oligo significa poco). Vitaminas y oligoelementos son, por lo tanto, catalizadores de catalizadores.

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Los oligoelementos La dietética y la medicina protectora sólo progresarán cuando se recuerde que el suelo hace el alimento del hombre. André VOISIN

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La Tierra existe desde hace unos 4.500 millones de años. Dos mil o 3.000 millones de años atrás, la composición de la atmósfera y del agua se estableció tal como la conocemos, y no parece haber variado mucho. Las primeras formas vivientes surgieron en esa época en el mar, y disponían de los elementos químicos disueltos en éste, es decir, la mitad, más o menos, de todos los elementos existentes. Muchos de ellos los conocemos desde hace tiempo por su toxicidad, pero ya Paracelso (1493-1541) había advertido que "sólo la dosis hace que una sustancia sea un veneno o no". Para compensar las pérdidas que sufre su cuerpo y mantener su equilibrio, y por lo tanto su salud, el hombre debe proporcionar constantemente a su organismo unas cincuenta sustancias químicas diferentes. Tiene que recibir, como término medio, para un peso de 70 kilos:

400 gramos de glúcidos

1.600 calorías

70 gramos de lípidos, con 12 a 25 gramos 630 calorías de ácidos grasos poliinsaturados (vitamina F) 70 gramos de proteínas

280 calorías

TOTAL

2.510 calorías

10 gramos de sales minerales (sodio, cloro, potasio, fósforo, calcio, magnesio, silicio); 100 miligramos por lo menos de las trece vitaminas aparte de la F, de las cuales cinco, las vitaminas C, E, P, la niacina y el ácido pantoténico, representan en peso 7/8, o sea, 87,5 miligramos, y el conjunto de las otras ocho forman los 12,5 miligramos restantes. 60 miligramos por día representan la necesidad global de oligoelementos (más de veinte), a saber: 20 miligramos de cinc, 12 miligramos de hierro, 10 miligramos de aluminio, 5 miligramos de manganeso, 3 miligramos de cobre y 10 miligramos para el conjunto de los otros quince oligoelementos (yodo, flúor, cromo, níquel, molibdeno, vanadio, selenio, cobalto, níquel, estaño, bromo, boro, aluminio, arsénico y plata). Todavía a principios del siglo conocíamos de manera muy imperfecta la composición elemental de nuestro cuerpo y, en consecuencia sus necesidades. Los procedimientos analíticos existentes entonces no lo permitían. Con el mejoramiento de estas técnicas fue posible dosificar cantidades de sustancias cada vez más reducidas: de 1 miligramo, luego de 1 milésimo de miligramo, unidad denominada microgramo o gamma. Gracias a la "espectroscopia de absorción atómica" y "al análisis de los neutrones por activación", el técnico puede hoy detectar concentraciones mínimas del orden de 0,01 p.p.b. (parte por billón = mil millones) o menos; ¡puede advertir la

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presencia de un gramo de metal distribuido en 10.000 toneladas de producto por analizar (por ejemplo, en 10.000 metros cúbicos de agua)! A partir de entonces se ha dado cuenta de que las sustancias que sus predecesores consideraban "absolutamente puras" en el plano químico no existen. Cien gramos de un cuerpo considerado como tal, según las nociones antiguas, pueden contener, en efecto, 100.000 millares de millones de átomos extraños, detectables por análisis de suma precisión. Esta cifra corresponde más o menos al número de células en el cuerpo humano. Aunque éste pesa de 60 a 70 kilos y sólo contiene de 3 a 5 miligramos de cromo, de cobalto o de molibdeno, cantidades mínimas, en apariencia, dispone, sin embargo, de 10 a la potencia 19 (1019) de átomos de cada uno de ellos. De tal modo, cada célula recibe 100.000 átomos de cada uno de esos elementos, uno de los cuales es suficiente y necesario para la activación de una molécula de enzima. En tales condiciones, la célula puede elaborar, con toda tranquilidad, los principios biológicos que le son necesarios. Por lo tanto, en las experiencias de carencia es absolutamente imposible garantizar en un alimento dado la ausencia total de cierto oligoelemento, sino sólo una deficiencia relativa. Por consiguiente, un elemento es considerado útil para el organismo e indispensable para su salud si esa deficiencia relativa en el aporte detiene el crecimiento y disminuye las capacidades vitales de una población dada de hombres o de animales. El conocimiento de un aporte es insuficiente para saber si un organismo sufre carencia o no, pues sólo una parte de los oligoelementos presentes en la alimentación en forma soluble es absorbida por el intestino. Esta tasa de absorción varía de un elemento al otro. Es de 0,5 a 1 por ciento para el cromo, de 10 por ciento para el hierro, de 70 a 80 por ciento para el molibdeno, etcétera. Después de haber abandonado el intestino y pasado a la sangre, los oligoelementos se unen con frecuencia a una proteína portadora específica. Esta puede luego liberar el metal, bien en el punto en el cual el cuerpo lo necesita, bien en un órgano como el hígado o el tejido óseo, en el que queda como reserva. Un excedente del metal puede ser eliminado con la bilis y en su momento absorbido por el intestino o evacuado junto con las deposiciones. La alimentación normal de 2.500 gramos por día (incluida el agua) puede proporcionar a cada célula 25 átomos de tal o cual metal indetectable en el análisis, ni siquiera por los métodos actuales más perfeccionados. Es posible que muchos oligoelementos estén concentrados en diversos órganos, donde serían susceptibles de ejercer funciones fisiológicas todavía desconocidas. Como en el caso de las vitaminas, hoy se admite que el aporte deseable de oligoelementos en el hombre es el que permite equilibrar las pérdidas. Es un cálculo que sólo puede ser muy aproximado. No tiene en cuenta el grado óptimo de saturación de los tejidos y de los órganos, que en la actualidad sigue siendo totalmente desconocido. No conocemos las distintas funciones de todos esos elementos en los fenómenos vitales. Sólo sabemos que la presencia en forma vestigial de algunos de ellos es indispensable para el funcionamiento normal de las cadenas enzimáticas. Se los denomina esenciales. La presencia de otros oligoelementos es favorable, pero parece ser facultativa o fortuita. ¡Hace todavía muy poco 60

tiempo se consideraba que todos los oligoelementos eran "impurezas"! Es probable que los próximos años nos hagan conocer el papel indispensable, y aun vital, de cantidades mínimas de otras sustancias. Los oligoelementos son catalizadores y reguladores de procesos vitales. Al igual que las vitaminas, pueden ser catalizadores directos de enzimas, o bien catalizadores de catalizadores. Su acción favorable sobre los fenómenos vitales sólo se ejerce en concentraciones definidas. Demasiado poco puede ser tan perjudicial como una cantidad excesiva. La concentración hística de la mayor parte de ellos es de 10-6 (1 miligramo por kilogramo) a 10'14 (una cien millonésima de miligramo por kilogramo). Sin ellos no puede existir vida alguna. La ausencia de un solo elemento esencial conduce a la muerte. A una enzima dada corresponde un oligoelemento preciso. A veces puede ser sustituido por otro, si tiene propiedades análogas en cuanto a su valencia y a su peso atómico. De tal manera, el magnesio, el manganeso y el cinc, pueden reemplazarse más o menos en la activación de diferentes fosfatasas, función que sólo ejercen después de haber formado complejos con los aminoácidos esenciales alanina o cisteína. La amilasa salival y la pancreática pueden ser activadas por el cobalto, el níquel, el calcio y el cinc. Otros oligoelementos tienen propiedades análogas a las de los macroelementos minerales; en ciertas circunstancias compiten con ellos, y por esa causa son reguladores de reacciones químicas. De tal modo, el magnesio puede ejercer una acción antagónica a la del calcio; el litio, a la del sodio, y el rubidio, a la del potasio. Según la reacción ácida o básica del medio, los oligoelementos pueden formar complejos con las bases excedentes y mantener la reacción normal de los tejidos (pH): tal es la acción del aluminio y del cinc. Por lo general, los oligoelementos activan a las enzimas, pero también pueden inhibirlas: esto depende, entre otros factores, de su concentración o del pH del medio en el cual se encuentran. He aquí un buen ejemplo: La carpa tiene una enzima que destruye a la vitamina Durante la Segunda Guerra Mundial, a consecuencia del bloqueo del Japón, este pez, muy abundante en ese país, se convirtió en un alimento de importancia. Las personas que lo habían comido en exceso se vieron afectados de beriberi por avitaminosis B1 Pudieron ser curadas mediante la administración de vitamina B1 y consumir carpas sin peligro a condición de tomar al mismo tiempo compuestos de cobre, de hierro o de manganeso, ya que estos oligoelementos tienen la propiedad de inactivar la enzima destructora de la vitamina B1 de la carpa. La mayoría de los oligoelementos aceleran las reacciones enzimáticas, y gracias a ello aumentan nuestra vitalidad. Cuando sufrimos alguna deficiencia de ellos, enfermamos o tenemos una

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salud a medias, y no empleamos en forma óptima las posibilidades de vida y de salud que la naturaleza pone a nuestra disposición. Todos saben hasta qué punto un "cambio de aire" puede ser benéfico y en qué medida el organismo puede quedarle agradecido. Es probable que no sea el aire el que proporciona ese beneficio, sino los oligoelementos que, en otro suelo, son diferentes de los de la región que habitamos. Nos los aportan el agua y los alimentos que consumimos. En ocasiones, también el aire se carga de ellos: este hecho es evidente al borde del mar, donde la bruma nos baña de yodo y de magnesio. Sepamos que en la actualidad el hombre, al tamizar y refinar las harinas, elimina en forma peligrosa de su alimentación precisamente las partes del grano ricas en oligoelementos. El cobalto, el cobre, el manganeso, el cinc, el cromo y el selenio se encuentran, sobre todo, contenidos en el germen y en la parte exterior de los granos de cereales. El uso exclusivo o preponderante de alimentos refinados conduce a un déficit permanente de oligoelementos. Sólo los alimentos naturales (cereales integrales, frutas, miel, nueces, legumbres crudas, carnes y pescados frescos, huevos, leche) aseguran un aporte suficiente de estas sustancias. Al cocinar los alimentos, al hacer conservas de ellos, el hombre desnaturaliza las proteínas enzimáticas, solubiliza los metales. Al desechar el agua de la cocción de las legumbres disminuye el aporte de muchos minerales, entre ellos los oligoelementos. Diversas enfermedades de las plantas se deben a una carencia de oligoelementos. La riqueza del suelo no es el único factor que determina o no las carencias. La absorción de un elemento puede ser dificultada por la presencia de otras sustancias o porque se encuentra en forma insoluble. Conocemos de manera muy imperfecta las sustancias químicas contenidas en los vegetales, que tomamos de un suelo dado y que, si se quiere conservar la fertilidad de éste, es preciso restituirle en forma de abono. Al intensificar en demasía los cultivos y al emplear abonos artificiales, incompletos forzosamente, el hombre altera el equilibrio mineral de los suelos. Este desequilibrio lo trasmite de modo insidioso a las plantas, a los animales que viven de ellas y, por último, a él mismo. En su orgullo, el hombre está hasta tal punto seguro de lo que hace, que se han autorizado distintos tipos de procedimientos de refinación de alimentos, sin restricción legal alguna. Se da conformidad así a los deseos de los especialistas de las técnicas de alimentación, que no se preocupan por los problemas de la salud, sino sólo por las exigencias comerciales del almacenamiento y la venta. ¡Estas prácticas traducen con fidelidad la incompetencia de las autoridades responsables, que en cambio prohíben restituir a los alimentos básicos los oligoelementos eliminados por la refinación!... Y el público cree, por error, que lo que se ha prohibido sólo puede ser malo (Félix Kieffer). La mayoría de los oligoelementos esenciales son metales; los metaloides -yodo, flúor, cromo- son la excepción de esta regla. LOS METALOIDES

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El yodo. Efectos de su carencia: bocio, cretinismo Es uno de los constituyentes de la hormona tiroidea El yodo ha sido uno de los primeros oligoelementos cuya importancia capital se reconoció, y ello muy en especial en países montañosos, aislados del mar, como Suiza, algunas regiones del Medio Oriente, sudeste de Asia, del Himalaya, América Latina y América Central, etcétera. En efecto, el suelo de estas regiones es en determinados lugares muy pobre en yodo, elemento indispensable para el buen funcionamiento de la glándula tiroides y cuya carencia provoca la aparición de bocio. En Suiza, por ejemplo, la distribución del bocio, considerada endémica, ha coincidido con las zonas en las cuales la intensa erosión, producida después de la glaciación del cuaternario (hace diez millones de años), empobreció el suelo en yodo, elemento muy soluble y que es arrastrado con facilidad por las aguas del deshielo. Como los habitantes de ciertos valles poco accesibles han vivido de manera casi exclusiva de los productos de su suelo, se vieron sometidos a la influencia directa de la composición de éste. En las regiones en las cuales la tierra era particularmente pobre en yodo, aparecía el bocio en un niño de cada cinco. El bocio es un aumento del volumen de la tiroides, vinculado con una insuficiencia de su función. Las personas afectadas por esta enfermedad experimentan una falta de crecimiento óseo y sufren por lo tanto de enanismo. Su piel es seca y edematosa y las facciones de su rostro son abultadas. Se parecen todos como hermanos, y tienen el aspecto de pertenecer a una raza particular. Se encuentran afectados de cretinismo. La deficiencia tiroidea se caracteriza por una reducción del metabolismo basal, y por ende, del conjunto de las combustiones corporales, así como de todas las funciones vitales, entre ellas la inteligencia. De tal manera, un suelo pobre en yodo y una existencia vinculada en forma demasiado estrecha con ese suelo provocan una alteración profunda del organismo. Ha bastado con dar a los niños de esas regiones un miligramo de yodo por semana para que su crecimiento y su desarrollo se realizaran en forma normal y el bocio no apareciera. El yodo es un metaloide presente en todos los vegetales. Las algas marinas contienen hasta 1 gramo por cada 100 gramos de peso seco. ¡De tal modo, 100 gramos de algas secas proporcionan 1.000 miligramos de yodo, cantidad suficiente para cubrir las necesidades de un hombre durante 20 años! Las plantas terrestres, en cambio, contienen un máximo de 0,04 miligramos por cada 100 gramos de peso fresco, o sea, 0,2 miligramos por cada 100 gramos de peso seco. Las más ricas contienen, por lo tanto, 5.000 veces menos, y las más pobres, 200.000 veces menos yodo que las algas marinas. Una ración cotidiana normal de 2 kilogramos de frutas y legumbres no cubre, entonces, la necesidad del organismo. En los animales, el yodo está presente en todas las células. Nuestro cuerpo contiene, normalmente, de 20 a 50 miligramos, de los cuales el 20 al 40 por ciento se encuentran en la tiroides, que apenas pesa 20 gramos. En tanto que en el resto del organismo la concentración de yodo es de 0,05 miligramos por kilogramo, en la tiroides, es de 500 miligramos por kilogramo, o sea, 10.000 veces mayor.

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El yodo forma parte de las hormonas tiroideas que controlan las oxidaciones celulares, el crecimiento y el desarrollo físico y mental. Sin hormonas tiroideas, todas las funciones se tornan más lentas. Un aporte de 0,1 a 0,2 miligramos (100 a 200 gammas) de yodo por día es necesario para la producción normal de esas hormonas. Se ha calculado que en una región del cantón de Berna, donde el bocio es frecuente, la ración alimenticia cotidiana sólo contiene 13 gammas de yodo, es decir, la décima parte, en promedio, del aporte normal. Un suplemento moderado de yodo aumenta la vitalidad. Un exceso de yodo se vuelve tóxico por sobreactivación de la tiroides. Los veterinarios han comprobado que un pequeño aumento de yodo en el forraje de la vaca provoca un aumento de la producción de leche en un 50 por ciento, y que las gallinas que recibían algo de yodo, producían, con muy poco alimento, huevos más grandes. Las mejores fuentes alimenticias de yodo son los frutos y los pescados de mar, el aceite de hígado de bacalao y las algas marinas. El flúor. Efecto de su carencia: osteoporosis Desempeña un papel en la mineralización de los tejidos duros. El flúor (F) figura en el decimoséptimo lugar en el orden de abundancia de los constituyentes de la corteza terrestre. Se encuentra en todas las rocas volcánicas. El agua de mar lo contiene en la proporción de 1 miligramo por litro. Es un elemento de elevada toxicidad, del cual, sin embargo, algunos vestigios resultan indispensables para la vida. El flúor es detectable en todos los tejidos y líquidos de los seres vivientes. El plasma sanguíneo contiene 28 gammas por 100 mililitros, y el cuerpo humano, 800 miligramos en total. Su presencia en forma de vestigios es necesaria para la mineralización normal de los tejidos duros. En los animales, su concentración es muy elevada, en particular en los huesos y los dientes, que contienen el 95 por ciento de todo el flúor del organismo. Lo mismo que el plomo, este elemento tiene la propiedad de depositarse de manera más o menos definitiva en esos órganos, que a lo largo de los años se enriquecen cada vez más con él. Si se suprime el aporte de flúor, los huesos, a pesar de ello, conservan durante mucho tiempo una concentración elevada. El flúor activa la síntesis del colágeno, o dicho de otro modo, de la trama fibrosa cuya formación precede a la calcificación y que constituye la primera etapa de la reparación de las fracturas. La osteoporosis senil es una afección causada por el empobrecimiento paulatino del esqueleto en colágeno y en calcio; se traduce por una gran fragilidad ósea y ocasiona la clásica fractura del cuello del fémur como consecuencia de traumatismos mínimos y deslizamientos vertebrales con disminución de la talla. Se observa con mucha más frecuencia en las regiones pobres en flúor que en las que son ricas en este elemento. Por lo tanto, se ha llegado a tratar esa afección mediante el aporte de fluoruro de sodio (40 miligramos por día, de los cuales es retenido alrededor del 30 por ciento).

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La calcificación de la aorta, más frecuente en el hombre que en la mujer, es testimonio de una aterosclerosis grave. Entre los habitantes de las regiones ricas en flúor, esta calcificación es menos frecuente. Parecería, pues, que el flúor contribuye a conservar el calcio en los tejidos duros del organismo -dientes y huesos-, e impide su fijación en los tejidos blandos. Por otra parte, tiene la propiedad de acumularse en esas calcificaciones patológicas, donde su tasa puede llegar hasta diez veces más que el tenor tisular normal. Bajo la influencia de un aporte de flúor, la pérdida de calcio con la orina disminuye y el nivel de fosfatasa alcalina aumenta como testimonio del predominio de la fijación del calcio sobre su absorción. La neoformación ósea, provocada por un aporte importante de flúor, no es, sin embargo, fisiológica. De 20 a 30 miligramos de flúor ingeridos todos los días durante diez a veinte años alteran el esqueleto en el cual se fija: la densidad ósea aumenta, las inserciones tendinosas y los ligamentos articulares se osifican y los cartílagos se calcifican. El resultado de ello son rigideces, compresiones nerviosas y deformaciones invalidantes y dolorosas a nivel de las vértebras. Los huesos contienen entonces más de 0,6 por ciento de flúor (concentración normal: entre 18 y 35 años: 0,094 a 0,27 gramos por 100 gramos de sustancia fresca). Esas intoxicaciones crónicas han sido observadas en obreros que trabajaban en acerías y en fábricas de aluminio, de fertilizantes y de tejas, pero también en ciertas regiones de la India y de América, bajo la acción combinada de una tasa elevada de flúor en el agua de la bebida, el calor del clima, la desnutrición general y el consumo de sal marina y de grandes cantidades de té, producto rico en flúor (10 miligramos por 100 gramos). El hombre lo recibe principalmente con el agua, los pescados y los frutos de mar, el té, la cerveza, las menudencias, las espinacas, el perejil y la zanahoria. Se concentra en la cáscara de las patatas, que contiene 100 veces más que la carne. A principios de este siglo, el fluoruro de sodio se utilizó para la conservación de los productos alimenticios y luego esta práctica se abandonó a causa de la toxicidad de esa sustancia. Necesidad: en Suiza, el aporte alimentario promedio del flúor se calcula en 0,5 miligramos por día. La ingestión de magnesio acrecienta la excreción fecal del flúor. En la rata, la administración de flúor aumenta la biosíntesis de la vitamina C. Este elemento ejerce, además, una acción sobre la hipófisis, y la carencia de flúor provoca una disminución de la reproducción. Toxicidad: de 5 a 10 gramos de fluoruro de sodio tomados de una vez provocan una intoxicación aguda mortal, con gastroenteritis hemorrágica y nefritis tóxica, pero tales envenenamientos han sido observados también después de la absorción de sólo 0,2 a 0,7 gramos. Dosis menos elevadas, pero todavía muy altas, provocan una alteración del metabolismo de los hidratos de carbono, al bloquear la actividad enzimática, y daño miocárdico y hepático. En dosis fisiológicas, entre tanto, el flúor activa a la adenilciclasa, enzima indispensable para el desarrollo normal de diversos metabolismos hormonales.

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Se sabe que la caries dental es una enfermedad degenerativa que adquiere proporciones catastróficas entre los pueblos denominados civilizados. Se observó que la absorción de agua que contiene una parte de flúor por millón, es decir, un miligramo por litro, hace que la caries dental en los niños pequeños, resulte menos frecuente. A los cinco años la protección puede llegar del 50 al 60 por ciento, pero por desgracia esa proporción disminuye con la edad y es sólo del 20 al 50 por ciento en los niños de diez años y aún menor en la adolescencia. Según Ch. Leimgruber, en Norteamérica, el flúor no hace otra cosa que retardar la aparición de las caries. Diez a quince años después, los niños tratados tienen tantas caries como los otros: todavía se discute acerca de la utilidad de la administración sistemática de flúor a los niños. Es necesario que el flúor no sea aportado en dosis excesivas. La primera señal de sobredosificación es la aparición en los dientes de manchas blancas opacas, como de porcelana, que se producen cuando el aporte cotidiano llega a los 2 miligramos. Después, estas manchas empalidecen y se forman en su lugar excavaciones. La mejor protección contra la caries (60 por ciento) parece haberse obtenido con 1 miligramo de flúor por día. En el esmalte forma la fluoroapatita, más resistente a la acción disolvente de los ácidos que la hidroxiapatita, a la cual reemplaza. El esmalte normal contiene 0,01 por ciento y la dentina 0.02 por ciento de flúor. Entre los niños tratados en forma óptima ese valor se duplica, y el esmalte se vuelve más duro, pero también más quebradizo. Para luchar contra la caries dental, el cantón de Zurich introdujo en el mercado, en 1955, sal que contenía 200 miligramos por kilogramo de fluoruro de sodio (es decir, 90 miligramos de flúor), y ello además de los 10 miligramos de yoduro de potasio destinados a la prevención del bocio. El cantón de Vaud agrega desde 1968, en forma de fluoruro de potasio, flúor a la totalidad de la sal de cocina proporcionada a la población, y esto a razón de 100 miligramos por kilogramo de sal. De tal modo se obtiene un enriquecimiento del pan en flúor: 1 kilogramo de pan contiene normalmente 20 gramos de sal, es decir, 2 miligramos de flúor. De tal modo se espera asegurar un suplemento alimenticio de 1 miligramo de flúor por habitante. En Basilea se practica una fluoración del agua con silicofluoruros. Esta práctica parece no influir en el tenor de flúor en las legumbres: en efecto, un riego intensivo no aporta más de 200 litros de agua por metro cuadrado y por año; además, se produce un lavado de arrastre por la lluvia. El esmalte dental tiene también la propiedad de enriquecerse en flúor a partir de la saliva, a pesar del muy débil tenor de ésta última en flúor, y de ahí el empleo de pastas dentífricas fluoradas. En lo que se refiere a la caries dental, remitimos al lector a los trabajos de Weston Price, quien comprobó que la vuelta a la alimentación sana y equilibrada detenía la formación de nuevas caries entre sus pacientes. Estos trabajos fueron reanudados en nuestros días, en Alemania, por el odontólogo Johann Georg Schnitzer, con el mismo resultado. Mis pacientes que adoptaron la alimentación que les recomiendo también pudieron comprobar, por sus odontólogos, una estabilización de su dentadura.

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Es posible pensar que, bajo la influencia de nuestra alimentación moderna, deficiente, rica en azúcar refinado, la composición de la saliva se modifica. Un precipitado calcáreo -el tártaro- se forma alrededor de los dientes y alberga los microbios destructores del tejido dental. La saliva normal es rica en lisosima, sustancia que ataca y destruye a los microorganismos. ¿Qué ocurre con la saliva de quienes se alimentan mal? El cromo. Efectos de su carencia: diabetes del hombre de edad. Cataratas. Arteriosclerosis Activa la insulina El cromo (Cr) es un oligoelemento esencial. Por un lado el organismo contiene de 10 a 20 miligramos en forma inorgánica de iones trivalentes en los núcleos celulares, y por el otro, el cromo se halla incorporado a una molécula orgánica muy activa, denominada "factor de tolerancia a la glucosa", o FTG. Una misma estructura cíclica, llamada "núcleo de porfirina", forma parte de la clorofila verde, si tiene magnesio y de la hemoglobina roja si tiene hierro en su centro; de la vitamina B12 si tiene cobalto en su centro, y del FTG si tiene en su centro cromo, sustancias biológicas todas ellas de primerísima importancia. Fórmula del núcleo de porfirina

El cromo se deposita en el hígado en forma de FTG. Después de la absorción de hidratos de carbono, el nivel de cromo aumenta en la sangre paralelamente al de la insulina y disminuye con ella. Este aumento no ocurre en el diabético. El FTG no puede reemplazar a la insulina, pero ésta es en todo sentido ineficaz en su presencia sobre los receptores insulínicos de las superficies celulares. En esos lugares, la molécula de insulina reacciona con el cromo (por medio de sus puentes de disulfuro) y se vuelve activa. El cromo acentúa, además, el efecto de la insulina sobre la conversión de la glucosa en grasa, dado que la deja en reserva. Algunas diabetes de las personas de edad avanzada se caracterizan por un exceso de insulina inactiva en la sangre y por una disminución de la tolerancia a la glucosa, acompañados a menudo por un peso superior al normal. Se debería a una falta de cromo activo (FTG) en el organismo. 67

La carencia de cromo activo no favorece sólo a la diabetes del anciano, sino también la arteriosclerosis vinculada con la hiperinsulinemia. Según todas las probabilidades es un factor esencial en la génesis de esas enfermedades. En efecto, las ratas que reciben una alimentación artificialmente empobrecida en cromo presentan trastornos del metabolismo muy semejantes a los de una diabetes. El cristalino necesita glucosa para mantenerse normal. Para que pueda hacerlo, es indispensable la insulina activada por el cromo. Los estudios han revelado una insuficiencia de cromo en las personas aquejadas de cataratas, y los experimentos en animales demostraron que una carencia de cromo provoca a largo plazo la aparición de opacidad del cristalino y en ocasiones de la córnea. El FTG es indispensable para el crecimiento normal del feto; este factor atraviesa la placenta, no así las sales de cromo inorgánicas. La ingestión de hidratos de carbono va acompañada de una liberación de FTG a partir del hígado. Luego es metabolizado por los riñones, y el cromo se elimina en forma de sales inorgánicas con la orina. La pérdida de cromo es de 10 a 40 gammas por día; debe ser compensada en forma de FTG (presente en la pimienta negra, el germen de trigo, el queso, el hígado, los riñones, los cereales integrales, el azúcar de remolacha o de caña, la melaza). El FTG es absorbido en un 20-25 por ciento en el intestino y el cromo inorgánico sólo en un 9,5 por ciento. La levadura de cerveza es muy rica en cromo biológicamente activo (FTG). Sería una fuente ideal, a no ser por su tenor elevado de ácidos nucleicos; 10 a 20 gramos de levadura de cerveza por día bastan para elevar en proporciones indebidas la concentración de ácido úrico en sangre, con el riesgo consiguiente de gota. La necesidad global de cromo -entre 0,1 y 0,3 miligramos por día- sería cubierta con facilidad por una alimentación equilibrada, excepto por la práctica desmedida de la refinación de nuestros alimentos básicos. La harina integral y el azúcar de caña o de remolacha son los únicos alimentos vegetales que contienen cantidades importantes de FTG activa. La harina blanca y el azúcar refinado casi no lo contienen. Su consumo favorece, pues, la aparición de la diabetes y de las cataratas. LOS METALES El hierro. Efectos de su carencia: anemia, tendencia a la fatiga Es un constituyente de la hemoglobina. El hierro (Fe) está muy extendido en la naturaleza. Desempeña un papel considerable en la conservación de la vida. Actúa en las moléculas de oxígeno, de hidrógeno y de nitrógeno. Interviene en la fijación del oxígeno a la hemoglobina, pigmento rojo de la sangre al cual se encuentra incorporado en el interior de un núcleo porfírico denominado "hem" (tal como el magnesio lo está en la clorofila, el cobalto en la vitamina B12 y el cromo en el FTG, véase pág. 68

114). Asociado a grupos proteicos diferentes, forma, aparte de la hemoglobina que trasporta el oxígeno de los pulmones a los tejidos, la mioglobina, también roja, que acumula el oxígeno en el músculo; los citocromos, que aseguran la respiración celular y la catalasa, que participa en la defensa antimicrobiana y la degradación de los peróxidos nocivos. Tanto la hemoglobina como la mioglobina exigen enormes cantidades de hierro. El hierro es, por lo tanto, un mineral tan esencial para nosotros como el magnesio lo es para las plantas verdes, que por otra parte utilizan para efectuar la fotosíntesis, además de la clorofila, una enzima ferrosa. El hierro existe en la naturaleza en forma bivalente y trivalente. En el suelo, el hierro trivalente es trasportado y cedido a las células que lo necesitan por una proteína, de la cual una molécula puede cargarse de dos átomos de hierro. Esta proteína sintetizada en el hígado es una glicoproteína del grupo de las betaglobulinas, denominada transferrina. Impide la precipitación del hierro. Los glóbulos rojos presentan en sus membranas receptores específicos para este metal. ¡Un glóbulo rojo joven, llamado reticulocito, puede aceptar un millón de átomos de hierro por minuto! La transferrina proporciona el hierro que trasporta al glóbulo rojo; descargada, vuelve a la circulación y se recarga al contacto con la ferritina, otra proteína que asegura la acumulación de hierro en el organismo. Está formada por una cubierta proteica (la apoferritina) en el interior de la cual se introducen los átomos de hierro. La ferritina acepta el hierro en forma de agregados. Una molécula de ferritina puede contener hasta 4.500 átomos de hierro trivalente, que quedan disponibles. La ferritina existe en las plantas, los hongos, los invertebrados y los mamíferos. Poco abundante en el plasma, se concentra en la médula ósea, el hígado, el corazón, el páncreas, los riñones y la mucosa intestinal. La carga de hierro de las ferritinas séricas es menos importante que la de las ferritinas hísticas. En el intestino, la ferritina capta el hierro alimentario. Es capaz de trasformar el hierro bivalente en hierro trivalente activo. El hierro de los alimentos se absorbe sobre todo en el duodeno y la primera parte del yeyuno. El que no se utiliza después de la absorción abandona el organismo con la descamación intestinal. Una persona normal sólo retiene del 5 al 10 por ciento del hierro ingerido (quien sufre una deficiencia de hierro, el 20 por ciento). Necesidad: como la pérdida diaria habitual es de 0,5 a 1,3 miligramos, es preciso ingerir por lo menos 10 veces más hierro para compensarla. La presencia de cobalto, ácido succínico, sorbitol y vitamina C favorece la absorción del hierro. El hierro está muy difundido en la naturaleza, y a pesar de ello su carencia es frecuente. Sin hierro, no hay hemoglobina; la sangre se vuelve pálida: existe anemia. Pero, además, por la disminución de las concentraciones de fermentos respiratorios, se establece un sufrimiento 69

tisular, que se manifiesta por un descenso de la vitalidad, gran lasitud, debilitamiento de la musculatura, alteración de todas las estructuras epiteliales, atrofia de las mucosas del estómago y de la lengua, con sensación de ardor, inapetencia y diarreas, piel seca y agrietada, formación de fisuras en las comisuras de los labios, trastornos de la deglución, nerviosismo con disminución de la capacidad de concentración, alteraciones de las uñas, que se vuelven frágiles y deprimidas en el centro y caída y encanecimiento prematuro del cabello, que se torna quebradizo. Las personas con carencia de hierro parecen tener más edad de la que en realidad tienen. La anemia por carencia de hierro es muy conocida en los bebés que reciben durante mucho tiempo una alimentación láctea exclusiva, muy pobre en hierro. Esta anemia es más notable aún en los prematuros, pues la mayor parte del hierro sólo es extraída por el feto del organismo materno durante los últimos meses de embarazo. El recién nacido normal tiene una reserva de 0,25 gramos de hierro. A continuación, para asegurar las necesidades de crecimiento, debe recibir un excedente, respecto de sus pérdidas, de 0,5 miligramos por día. Se ha observado que los niños pequeños con carencia de hierro tienden a comer tierra, y ya no lo hacen en cuanto reciben este elemento. Cuando falta el hierro, el apetito disminuye, la resistencia a las infecciones es mala, y éstas se acompañan de fiebre elevada. El cuerpo humano contiene de 3,5 a 5 gramos de hierro, el 60 por ciento del cual se encuentra en la hemoglobina circulante (tasa normal de hemoglobina: 14 gramos por 100 mililitros de sangre en el hombre, 12 gramos en la mujer). El 16 por ciento está contenido en el hem celular y el 8 por ciento en la mioglobina, en tanto que el 16 por ciento existe como reserva en los depósitos. El hierro, liberado por la destrucción de la hemoglobina y de las enzimas que lo contienen, es restituido a esas reservas para su reutilización. El hierro plasmático sólo representa el 0,1 por ciento del hierro total. Una mujer adulta pierde unos 30 miligramos de hierro todos los meses durante sus períodos menstruales. Además, la tasa de hierro sérico desciende en ella a 90 gammas después de la menstruación, para elevarse de nuevo a 120 gammas antes de la regla siguiente (se calcula que el embarazo le provoca a la mujer una expoliación de 600 miligramos de hierro, 250 de los cuales se pierden durante el parto.) En los varones la tasa de hierro sérico es más elevada y mucho más estable (140 gammas por 100 mililitros, es decir, 1,4 miligramos por litro). Lo mismo ocurre con el hierro de los tejidos: en el hombre, el hígado contiene 0,4 gramos de hierro, en la mujer menopáusica 0,23 gramos y en la mujer que menstrua solamente 0,13 gramos. La tasa normal de transferrina en el suero sanguíneo es de 204 a 360 miligramos por decilitro. En cuanto a la ferritinemia, es de 100 gramos por litro en el momento del nacimiento, aumenta a 350 gramos por litro durante el primer mes de vida y se reduce a los 6 meses a valores comprendidos entre 30 y 50 gammas por litro, tasa que se mantiene estable hasta la pubertad. En el hombre adulto, la concentración es de 50 a 250 gammas por litro; en las mujeres es más baja: 30 a 80 gammas antes de la menopausia y hasta 180 gammas por litro a continuación (Vernet-Nyssen).

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¡Un microgramo de ferritina puede acumular 8 miligramos de hierro! En las carencias marciales comprobadas existen menos de 10 gammas por litro. En las anemias es el parámetro más sensible, el que más tempranamente se modifica. Una disminución de las reservas de hierro, con mantenimiento del hierro sérico en una concentración normal, se comprueba en el 32 por ciento de las mujeres durante el período menstrual y en el 45 por ciento de los donantes de sangre: los 400 gramos de sangre que se toman cada vez a un donante contienen 200 miligramos de hierro, es decir, 50 miligramos por cada 100 gramos. La pérdida cotidiana de hierro a consecuencia de la descamación intestinal es de 1,3 miligramos, o sea, de 500 miligramos por año. ¡Si la extracción de sangre tiene lugar cuatro veces por año, el donante pierde en total 1.300 miligramos (800 + 500 miligramos), lo cual corresponde a la totalidad del depósito de hierro en el hombre sano! El aporte cotidiano por la alimentación es de alrededor de 17 miligramos, de manera que sólo una décima parte es absorbida, o sea, más o menos 600 miligramos por año. Por lo tanto, hay un déficit anual de 700 miligramos, que sería normal devolver al donante por medio de un aporte de hierro suplementario. La talla promedio de los escolares ha aumentado en 6 centímetros en quince años en Europa Occidental y en los Estados Unidos. La necesidad de hierro se ha incrementado, y el niño que crece demasiado y con demasiada rapidez, no logra cubrirla. En el sexo femenino, el período nubil se reduce cada diez años en cuatro a seis meses, y la menopausia se ha retardado, lo cual eleva las pérdidas de hierro en la mujer. Esta evolución se advierte sobre todo en las clases sociales elevadas. Las adolescentes que pertenecen a este medio tienen una necesidad de hierro especialmente elevada. La anemia ferropriva del adulto se conoce desde hace tiempo. En otras épocas aparecía en particular en las mujeres jóvenes. Entonces se hablaba de clorosis, a causa del tinte verdoso de la piel (chlóros = verde en griego). Algunas de estas anemias eran atribuibles a trastornos de la asimilación producidas por el uso de corsés demasiado apretados, que otorgaban a las muchachas un elegante "talle de avispa" y una palidez "aristocrática". Las menstruaciones demasiado abundantes, las hemorragias digestivas crónicas por hemorroides o abuso de ácido acetilsalicílico (base de la aspirina y de medicamentos análogos), las diarreas frecuentes o la gastrectomía pueden culminar en una deficiencia de hierro. En nuestros días, sin embargo, las carencias de hierro se observan sin que sea posible adjudicarles una causa precisa. Se encuentran tan difundidas, aun en países prósperos como Suecia, que ahora se las achaca al régimen alimenticio. En Alemania, Seibold y colaboradores han comprobado, por una parte, una deficiencia de hierro en el 65 por ciento de las personas examinadas y en el 100 por ciento de las mujeres embarazadas, y por otra parte, un contenido de hierro en las comidas corrientes del 30 al 50 por ciento inferior a los valores deseables. En términos generales, la ración cotidiana era de 6,5 a 8,5 miligramos por día, en lugar de los 10 a 15 miligramos recomendados. Para elevar el aporte del hierro alimenticio es preciso reducir el consumo de grasas, de harinas blancas y de azúcar refinado, muy pobres en hierro. El reemplazo 71

de los utensilios de hierro o de fundición por recipientes de acero inoxidable o de aluminio también ha contribuido a la carencia de hierro de la cual padecemos. En gran parte del mundo, la deficiencia marcial es uno de los problemas nutricionales más difundidos, y el grupo más vulnerable es el de las mujeres en edad de procrear y el de los ancianos. El hierro se acumula en los focos inflamatorios, lo cual provoca una reducción de la tasa de hierro sérico. Desempeña en ellos una función antiinfecciosa e inactiva ciertas toxinas. Por la reducción de la resistencia a las infecciones y por la alteración de las estructuras epiteliales, la falta de hierro favorecería el desarrollo del cáncer. La carencia marcial no afecta la síntesis de la hemoglobina sino en períodos tardíos. Cuando existe anemia clínica, los depósitos de hierro ya se han agotado en gran medida. Por lo tanto, no existe paralelismo entre la tasa de la hemoglobina y la del hierro sérico: la tasa de hemoglobina puede seguir siendo normal, en tanto que la del hierro sérico desciende en un 75 por ciento. Una carencia de hierro se caracteriza por una tasa elevada de transferrina, un hierro sérico disminuye y una ferritinemia baja. En momentos de una ascensión a la montaña, con esfuerzos físicos, el organismo reacciona al déficit de oxígeno por medio de una fuerte y rápida disminución del hierro sérico, a partir del cual sintetiza la mioglobina, la oxidasa y el citocromo C, es decir, enzimas hísticas. Esta necesidad de hierro puede ser tan intensa que la hemoglobina es sacrificada para ponerla a disposición de los tejidos, y sólo al cabo de algunos días su concentración aumenta para compensar la falta relativa de oxígeno en la atmósfera. Pero mientras esa tasa se eleva del 30 al 50 por ciento, la de la mioglobina aumenta del 50 al 70 por ciento y la del citocromo C de 100 a 200 por ciento (Delachaux). El desarrollo de estos procesos exige un mínimo de tres a siete días, lo cual explica la acentuación de la fatiga en ese momento y la extraordinaria frecuencia de accidentes deportivos al tercer día de permanencia en la montaña. ¡Es preferible reposar en seguida! Un suplemento de hierro acelera y facilita esta adaptación. Entre nuestros alimentos, la sangre es el que más hierro contiene (alrededor de 50 miligramos por 100 gramos). ¡Los cereales integrales son ricos en hierro (de 15 a 23 miligramos por cada 100 gramos), pero el cernido y la refinación los empobrecen (en el 86 por ciento para la harina blanca y el arroz pulido, y en un 96 por ciento para los copos de avena)! Ello ha conducido a algunos países a agregar artificialmente hierro a la harina tamizada. Las espinacas, el perejil, los puerros, las coles, las patatas (1,4 miligramos por cada 100 gramos), las zanahorias, las cerezas y los espárragos contienen una elevada proporción de hierro por unidad enérgetica, pero no podemos consumirlos en la cantidad suficiente como para cubrir nuestras necesidades. La leche sólo aporta 1,15 miligramos de hierro por litro; 100 gramos de carne magra contienen 1,8 miligramos y 100 gramos de hígado o riñón de 0,9 a 1,8 miligramos.

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Las grasas son muy pobres en hierro. El azúcar no refinado contiene 2,6 miligramos por 100 gramos, que desaparecen completamente durante la refinación. La melaza contiene 6,7 miligramos por 100 gramos. Una yema de huevo sólo contiene 1,2 miligramos de hierro. El agregado diario de dos yemas de huevo crudo a los alimentos puede, sin embargo, elevar la tasa de hierro sérico en forma notable (por ejemplo, de 46 gammas a 140 gammas por cada 100 mililitros en seis semanas), aumento que sólo se obtiene con dificultad apelando a los suplementos de hierro. Para reconstituir las reservas de los tejidos, el aporte de hierro debe continuar durante meses (Hallberg), y en ocasiones, en las mujeres, durante todo el período fértil. Tiene que ser el equivalente de un gramo de sulfato de hierro por día durante el embarazo. Si el cianuro de potasio (KCN) es tan rápidamente mortal para nosotros, lo es porque se combina con celeridad y firmeza al hierro de los citocromos -enzimas celulares respiratorias- y las bloquea. Ello hace imposible la utilización del oxígeno a nivel celular y el organismo sucumbe por asfixia. Los citocromos, fermentos sumamente activos, sólo existen en cantidad muy escasa. He ahí por qué una dosis ínfima de cianuro resulta mortal. El mantenimiento de la movilidad intestinal normal exige la presencia de vestigios de ácido sulfhídrico (H2S, de olor de huevos podridos), formado a partir de proteínas por la flora intestinal. Las sales ferrosas farmacéuticas fijan ese hidrógeno y producen con ello pereza intestinal. Se trasforman en sulfuros que colorean las deposiciones de negro. Para paliar este efecto, es preciso tomar el hierro antes de las comidas, y consumir salvado o mucílago. Toxicidad: no obstante, si bien el déficit de hierro es muy perjudicial para nosotros, su exceso resulta nocivo. Es necesario un páncreas sano para el control de la absorción del hierro alimentario. El jugo pancreático contiene un factor inhibidor de esa absorción. De tal manera, una función pancreática insuficiente puede producir una sobrecarga anormal de hierro. La hemocromatosis es una acumulación exagerada de hierro en los órganos ricos en ferritina (hígado, corazón, páncreas, testículos), como consecuencia de una falla del mecanismo regulador de la absorción intestinal del hierro. Los órganos sobrecargados evolucionan hacia la fibrosis. Estos estados se curan por medio de sangrías o administrando agentes quelantes. La ferritina sérica de la hemocromatosis es muy pobre en yodo, ya que éste se encuentra depositado en los órganos. En los estados de sobrecarga de hierro (hemocromatosis, hemosiderosis postransfusionales), la tasa de ferritina puede elevarse a 1.000-10.000 gammas por litro (en lugar de 50-250, la normal). En resumen, la importancia nutricional del hierro reside en el hecho de que desempeña un papel central en el metabolismo energético de todas las células. La oxidación de las sustancias alimentarias es la que proporciona la energía requerida a los tejidos. Para que tales oxidaciones puedan producirse, el oxígeno tiene que ser trasportado de los pulmones a los tejidos por la 73

hemoglobina, y luego, en el nivel tisular, sólo puede ser utilizado gracias a la actividad de enzimas que contienen hierro. El hierro no es el único oligoelemento cuyo déficit provoca anemia. Para que la síntesis normal de la hemoglobina sea posible, es indispensable la presencia de vestigios de cobre, y para que el glóbulo rojo portador de la hemoglobina pueda formarse en la médula ósea, hace falta que la alimentación contenga cobalto. El cobre. Efectos de su carencia: problemas nerviosos, aneurismas, anemia Cataliza la desaturación de los ácidos grasos. El cobre (Cu) es uno de los metales catalíticos más importantes. Forma parte de numerosas enzimas, una de las cuales, la citocromo-oxidasa, activa los procesos respiratorios de las células animales y vegetales, las levaduras y algunas bacterias. Desempeña un papel en la formación de la clorofila de las plantas, de la hemoglobina y de otras sustancias porfíricas en los animales, al facilitar la penetración del ion metálico en el núcleo porfírico. La ceruloplasmina de la sangre, proteína portadora de cobre, transforma el hierro bivalente absorbido en el intestino en hierro trivalente, transformación indispensable para la producción de hemoglobina. Una carencia de cobre hace, pues, que el hierro no pueda ser empleado para esa síntesis y provoca anemia de la misma manera que el déficit de hierro. El cobre, al igual que el magnesio y el manganeso, es indispensable para la actividad de la vitamina C, cuya oxidación facilita. Cataliza la desaturación de los ácidos grasos, o sea, la síntesis de los lípidos nobles del cerebro. La carencia de cobre en los animales eleva el punto de fusión de las grasas corporales (o dicho de otra forma, los vuelve más saturados), produce una hipercolesterolemia con arteriosclerosis y lesiones cerebrales, osteoporosis, encanecimiento y caída del pelo. La tirosinasa es un fermento que contiene cobre. Transforma el aminoácido tirosina en 3,4 dihidroxifenilalanina (= DOPA), precursor de la melanina, pigmento que colorea la piel y los cabellos. Una carencia de cobre produce el encanecimiento y la caída del cabello. Los albinos, incapaces de producir el pigmento, lo son por ausencia genética de tirosinasa o bien por falta de cobre. La presencia de este metal es indispensable para la formación de un tejido conjuntivo normal. Se ha podido producir cupropenia en los animales de crecimiento rápido, como los cerdos, sometiéndolos desde el nacimiento a un régimen a base de leche exclusivamente, la cual contiene menos de una parte por millón de cobre. A partir del trigésimo día de tal alimentación, la tasa de cobre en la sangre cayó a la quinta parte de la concentración normal. Apareció una anemia grave. A pesar del aporte suficiente, la tasa de hierro disminuyó por mala absorción. La inyección parenteral de hierro llevó nuevamente esa tasa a la normal, pero no corrigió la anemia, que sólo desapareció con la adición de cobre. Si se continúa administrando a los animales jóvenes una alimentación deficiente en cobre aparecen anomalías esqueléticas de tipo 74

escorbútico - a pesar de un aporte normal de vitamina C- con retardo del crecimiento epifisario, incurvación de las piernas y fracturas patológicas. Los pelos se despigmentan y la queratinización de la piel es deficiente. La elastina del tejido conjuntivo defectuoso produce graves lesiones a nivel del corazón y de los vasos sanguíneos, y provoca la muerte alrededor de los cien días por ruptura de aneurismas disecantes, infartos de miocardio, etcétera. La cupropenia reviste una importancia económica considerable en ciertas zonas del sudoeste australiano, donde el suelo tiene un escaso contenido de cobre. Los animales con carencias presentan lesiones arteriales y mueren bruscamente de apoplejía. La falta de cobre en el suelo provoca, en efecto, la pobreza en la hierba de este elemento, lo cual ocasiona a su vez la carencia de cobre del herbívoro. Para que un cordero tenga un buen rendimiento es preciso que llegue con rapidez a un peso de 100 kilos. A fin de lograr este resultado se le hace comer, no la hierba corta de los pastizales alpestres, sino la buena hierba verde, que crece con rapidez en los pastizales abonados con nitratos. Los animales para faena tienen un hermoso aspecto, pero cuando paren las hembras así criadas, se comprueba que sus corderos nacen paralíticos o experimentan parálisis inmediatamente después del nacimiento y mueren. Las lesiones nerviosas y los síntomas que presentan -rigidez de los miembros, falta de equilibrio - se parecen a las de los pacientes humanos afectados de esclerosis en placas. Las investigaciones han demostrado que esta enfermedad se debe a una falta de cobre. Si el suelo de las pasturas donde nacen esos corderos es tratado al mismo tiempo por medio de nitratos y de cobre, o si se inyecta sales de cobre a las hembras preñadas, los corderos nacen sanos, pero el cobre no ejerce acción alguna sobre el animal enfermo. De tal modo, el fertilizante demasiado unilateral hace crecer una hierba en apariencia vigorosa, a pesar del agotamiento del suelo en cobre. El animal adulto que la consume no parece padecer por ello, pero se crea un desequilibrio, y la generación siguiente ya no es viable (Bourrand). La razón de esta enfermedad de los corderos deberá buscarse, tal vez, en la disfunción de enzimas cúpricas, indispensables para la síntesis de lípidos cerebrales. Una carencia de cobre, inclusive moderada, disminuye la síntesis de los fosfolípidos del hígado, altera el metabolismo y provoca anomalías en la estructura de la elastina y el colágeno. En los ovinos, la lana pierde su rizado al estar trastornada la queratinización y adopta un aspecto denominado “de alambre”. Es despigmentada, menos abundante y menos resistente que la lana normal. La presencia del cobre es indispensable para la fertilización de los huevos. La carencia de cobre de los árboles frutales es frecuente, y provoca una decoloración de las hojas denominada clorosis y un retardo de la floración en los manzanos y perales. Para que las plantas prosperen, el suelo debe contener por lo menos 2 gramos de cobre por 100 kilogramos en forma de sales solubles. La necesidad del hombre ha sido calculada por algunos autores en 0,6 miligramos de cobre diarios, por otros en 2-5 miligramos, o inclusive, en 0,03 miligramos por kilogramo de peso.

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El cuerpo humano contiene de 100 a 125 miligramos de cobre, la mayor parte del cual se encuentra incorporada a las enzimas. El suero humano contiene alrededor de 0,1 miligramo por 100 mililitros. Esta concentración aumenta en las infecciones y a consecuencia de las vacunaciones, paralelamente con la formación de los anticuerpos. El cobre desempeña una función importante en los fenómenos de curación. Potencia de diez a veinte veces la acción antiinflamatoria del ácido acetilsalicílico (aspirina) y protege a la mucosa gástrica contra el efecto irritante de éste. El exceso de cobre es eliminado con la bilis. El cobre proveniente de los alimentos se absorbe en el intestino, llega al hígado en estado de "cobre libre” y se incorpora allí a una proteína portadora específica, la ceruloplasmina, cada una de cuyas moléculas trasporta ocho átomos. Esta proteína, vertida a la sangre, contiene el 95 por ciento del cobre circulante y queda libre un 5 por ciento. La ceruloplasmina facilita la incorporación del hierro a la transferrina y con ello, la utilización de ese metal. Como en el caso del hierro, el niño nace con una reserva de cobre que debe bastarle para unos meses, hasta que su alimentación se vuelva mixta, porque la leche es muy pobre en ese elemento. La concentración de cobre en la piel del recién nacido es de cinco a diez veces la del adulto. El cobre se acumula en los órganos muy activos de los vegetales, como las hojas jóvenes y los retoños. Los cereales integrales son ricos en él (granos, germen, salvado, 100 gramos de los cuales cubren en gran medida nuestra necesidad cotidiana). ¡El arroz integral contiene 35 miligramos de cobre por kilo y la crema de arroz solamente 3 miligramos! Los gérmenes de trigo candeal nos proporcionan 30 miligramos y las lentejas 20 miligramos por kilo. Otros alimentos ricos en cobre son las legumbres verdes, las frutas de pepita y las frutas secas, las nueces, el hígado, los pescados, los crustáceos, los hongos, el chocolate y la pimienta. El queso preparado en calderos de cobre contiene hasta 14 miligramos por kilo. La leche de mujer es tres veces más rica en cobre y dos veces más rica en hierro que la leche de vaca, que es muy pobre en estos elementos. Las leches en polvo también lo son, y su uso puede provocar anemia en los bebés. Toxicidad: 10 miligramos de cobre y más por día, en forma de sales inorgánicas, son tóxicos y desencadenan diarreas y vómitos. La plata es el principal antagonista del cobre, así como el calcio, el molibdeno, el cinc y los sulfatos, en orden decreciente. ¡Las legumbres en conserva fueron reverdecidas, hasta 1941, por el agregado de cobre, práctica hoy prohibida, salvo en el caso de la espinaca, en la que el tenor tolerado es de 100 miligramos por kilogramo! En el hombre, las enfermedades por carencia de cobre no son tan bien conocidas como en los animales. Sin embargo, se sabe que ciertos trastornos digestivos en las personas de edad y algunas anemias sólo se corrigen mediante un aporte de cobre. Ese aporte puede ser útil en ciertos pacientes reumáticos. Un exceso de cinc o de molibdeno dificulta la absorción del cobre.

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En el hombre existe una enfermedad hereditaria recesiva (enfermedad de Wilson), que se caracteriza por un déficit de la proteína portadora de cobre, la ceruloplasmina. Como ya no puede ser trasportado, el cobre se deposita en las arterias y otros tejidos. En los ojos, alrededor de la córnea, se forma un anillo verde característico. La estructura del cristalino se altera. Puede aparecer osteomalacia y producirse fracturas espontáneas. Las lesiones del hígado provocan crisis de dolor abdominal, diarreas, vómitos, ictericia y cirrosis; la de los riñones, una excreción en masa de aminoácidos y glucosuria; y las del sistema nervioso, temblores, epilepsia y alteraciones psíquicas. El manganeso. Efectos de su carencia: trastornos de la mineralización, esterilidad Desempeña un papel importante en la fotosíntesis y la reproducción. Como los otros oligometales esenciales, el manganeso (Mn) se encuentra en todas las plantas, allí donde la vida es más intensa, es decir, en los órganos de la reproducción (estambres, granos) y en las hojas verdes. La madera es diez veces más pobre en manganeso. Este metal desempeña una importante función en la fotosíntesis: la carencia de manganeso reduce la absorción por la planta del dióxido de carbono atmosférico; los nitratos del suelo ascienden a las hojas, pero no son transformados allí en ácidos aminoácidos y proteínas. En los animales, la carencia de manganeso da lugar a un defecto en la mineralización ósea con descalcificación. Vinculada a la vitamina K, una enzima que contiene manganeso contribuye a la coagulación sanguínea. Junto con el cromo, el manganeso es necesario para la formación de la insulina y para la utilización normal de la glucosa. Una enzima responsable de la síntesis del colesterol contiene manganeso. Pero el colesterol es la materia prima a partir de la cual son elaboradas las hormonas sexuales; ello podría explicar la esterilidad por carencia de manganeso. El cuerpo humano contiene de 11 a 20 miligramos de manganeso, y entre el 10 y el 25 por ciento de esta cantidad se pierde todos los días y debe ser reemplazado. Este metal se concentra en el hígado, el páncreas, los riñones y el intestino. Localizado en las mitocondrias participa en los procesos de fosforilación oxidativa y en la síntesis de los lípidos. Favorece el metabolismo de las grasas en el hígado e incorporado a la arginasa, interviene en la síntesis de la urea. Activa a la fosfatasa alcalina, la arginasa, la pepsina y la tripsina, y facilita con ello la digestión. Se excreta por la bilis. El adulto necesita 5 miligramos diarios de manganeso, que se encuentra fácilmente en las legumbres verdes, las frutas frescas, las nueces, los cereales integrales, el cacao y el té. La grosella negra es particularmente rica en él. El manganeso es muy poco abundante en los alimentos de origen animal. El tratamiento industrial de los cereales (tamizado, pulido) les hace perder la mayor parte de este oligoelemento. La utilización demasiado amplia de alimentos 77

refinados permite presumir que el mundo civilizado padece de una carencia de manganeso. La necesidad del niño es de 0,2 miligramos por kilo de peso. Esta ración no se la aporta ni la leche de vaca ni la harina blanca. Este metal no es tóxico. Su carencia puede deberse a un déficit de absorción. En experiencias de laboratorio, se demostró que la deficiencia de manganeso en la ración de las ratas hembras produce en sus descendientes la aparición de una ataxia irreversible, es decir, una falta de coordinación de los movimientos voluntarios, con alteración del equilibrio. Basta una sola provisión alimentaria de manganeso antes del decimocuarto día de gestación, pero no después, para impedir la aparición de la ataxia (Medical Tribune, Nº 30, 1968, L. S. Hurley). El manganeso, en efecto, es indispensable para la formación de los órganos del equilibrio: conductos semicirculares y otolitos del oído interno. El cobalto. Efectos de su carencia: anemia perniciosa El cobalto (Co) forma parte de la vitamina antianémica B1 descubierta entre 1930 y 1940; que volvió eficaz el tratamiento de la anemia llamada perniciosa. En presencia de cobalto, los microorganismos del tubo digestivo sintetizan esa vitamina, indispensable para su desarrollo. De tal modo, el animal, lo mismo que el hombre, debe recibir ese oligoelemento en su alimentación para que las bacterias puedan desarrollarse en forma normal en su tracto digestivo. Cuando la flora intestinal es patológica, esta síntesis disminuye. Los rumiantes tienen una necesidad elevada de cobalto. Son muy sensibles a su déficit y a la avitaminosis B12 que esa carencia produce. Cuando está presente el cobalto, la flora bacteriana del rumen es más abundante y variada, y asegura la digestión de la celulosa y su transformación en azúcar. Bacterias y rumiantes, entonces, viven en simbiosis y se prestan un servicio mutuo. En Nueva Zelanda, Australia e Inglaterra rebaños enteros de ovinos cayeron enfermos porque pastaron durante todo el año en tierras pobres en cobalto. La enfermedad, que aqueja sobre todo a los animales más jóvenes, cuya necesidad vitamínica es mayor como consecuencia del crecimiento, se caracteriza por la palidez de las mucosas a causa de la anemia, el adelgazamiento y la inapetencia. Las hembras no producen suficiente leche. El aporte de 0,5 miligramos de cobalto por animal y por día lleva a la curación. En caso de avitaminosis B12 por déficit de cobalto, la vitamina B12 produce curaciones notables, pero transitorias. El cobalto es indispensable para el desarrollo de los microorganismos del suelo. El mantillo, particularmente rico en bacterias, lo es también en vitamina B12 (cfr. pág. 41). El cobalto se acumula en los granos y favorece la formación de caroteno (provitamina A) en la germinación.

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En el ser humano, el cobalto, lo mismo que la vitamina B12, se concentra en el hígado. La necesidad de vitamina B12 es de 1 a 2 gammas por día, lo cual corresponde a 0,0045-0,009 gamma de cobalto puro. Esta necesidad es cubierta fácilmente por la alimentación natural. Toxicidad: el exceso de cobalto favorece la aparición de bocio. El cinc. Efectos de su carencia: esterilidad, deformaciones fetales, enanismo, retardo en la curación de las heridas Desempeña un papel en la división celular y en los intercambios gaseosos pulmonares. Oligoelemento esencial, el cinc (Zn) es, después del hierro, el más abundante de ese grupo de sustancias: el cuerpo humano contiene de 1,5 a 2,3 gramos. Las faneras y los huesos son ricos en cinc. Forma parte de por lo menos veinte enzimas, algunas de las cuales participan en la síntesis de proteínas y de ácidos nucleicos (ADN y ARN) y son indispensables para la división celular y, por lo tanto, para el crecimiento. Las deshidrogenasas y la fosfatasa alcalina son enzimas que contienen cinc. Este cataliza las oxidaciones y activa la enzima que permite la liberación rápida del dióxido de carbono en los pulmones: la sangre se detiene no más de un segundo en los capilares pulmonares, tiempo durante el cual el ácido carbónico (H2CO3), que allí se disuelve, debe descomponerse en agua (H2O) y en dióxido de carbono (CO2), para que éste pueda ser eliminado con la espiración; sin catalizador, esa reacción llevaría 100 segundos y no podríamos existir: quedaríamos asfixiados; el cinc cataliza la reacción y la acelera 5.000 veces, haciendo posible la vida. Pero hace falta un átomo de cinc por cada molécula de enzima para que se produzca la catálisis. Si la concentración del cinc aumenta, el efecto se invierte y la enzima queda inhibida. El cinc desempeña un papel en el metabolismo de la glucosa. Su presencia es indispensable para la reserva de insulina. En estado de carencia, la tolerancia a la glucosa disminuye (como en la diabetes). Cuando los ratones recién nacidos son privados de cinc, se comprueba un retardo del crecimiento, la osificación y la erupción de los dientes. La administración de cinc hace desaparecer esas anomalías. Si el aporte de cinc es insuficiente las hembras se vuelven estériles. En las ratas y los ratones, un déficit de cinc durante la gestación produce, en el 90 por ciento de los fetos, deformaciones que pueden localizarse en el esqueleto, los ojos, el cerebro, el corazón, los pulmones o el sistema urogenital. El organismo carece de depósitos de cinc. Las ratas privadas de cinc desde la fecundación dieron a luz crías no viables. El parto duró 24 horas en lugar de 2, y las hembras murieron de agotamiento o de hemorragia. La carencia de cinc se había manifestado de ese modo en los veintiún días de gestación (Apgar). Aun si en el transcurso de ésta la privación de cinc dura apenas una semana, la mitad de los animales recién nacidos presentan un déficit de la talla y deformaciones. En ausencia de un aporte exterior, la reserva de cinc presente en el cuerpo materno no basta, entonces, para cubrir las necesidades de los fetos. A partir de 1958 se demostró una carencia de cinc en los diversos animales domésticos. En el cerdo provoca inflamación de la piel, diarrea y vómitos, inapetencia y pérdida de peso, y puede ser mortal al cabo de 14 a 23 días. 79

El plasma humano contiene normalmente de 80 a 100 gammas de cinc por 100 mililitros. La necesidad es de 15 a 20 miligramos, que el hombre recibe con los cereales, los huevos, la carne, las arvejas y las habas. El que se encuentra contenido en las proteínas animales es mejor absorbido que el de los vegetales. En los períodos de ayuno y de restricción calórica hay una pérdida mayor de cinc primario, que puede llegar del 10 al 15 por ciento de la cantidad corporal total. El cinc abunda en el mundo vegetal, sobre todo en las hojas verdes y en los granos. En los cereales se encuentra en el germen y el salvado, es decir, en las partes que se eliminan. La leche contiene de 3 a 4 miligramos, el jugo de uva 48 miligramos y el vino 61 miligramos por litro. El crecimiento vegetal exige la presencia de cinc. Las plantas pueden carecer de este elemento, ya por empobrecimiento del suelo o bien por el enriquecimiento demasiado acentuado de fósforo de las tierras arables. La deficiencia del suelo repercute en el vegetal y luego en el consumidor de éste. La tierra que contiene menos de 2 miligramos de cinc por kilo da malas cosechas de trigo candeal, de cebada y de centeno. Las judías y los tomates exigen un suelo rico en cinc. Este metal aumenta la resistencia de los árboles al frío. Sin cinc, los pinos mueren: necesitan 0,2 gramos por metro cúbico de tierra. Es muy probable que bajo el efecto de las tecnologías alimenticias modernas, el hombre padezca en la actualidad de carencia o de subcarencia de este oligoelemento. De tal modo, el control de ciertos regímenes hospitalarios, que presuntamente deben favorecer la curación de los enfermos, ha demostrado un aporte cotidiano de cinc de 7 a 16 miligramos, es decir, inferior o apenas suficiente para cubrir la necesidad del hombre en buen estado de salud. La concentración de cinc en el cabello se considera un buen indicador de su presencia en el organismo. En el recién nacido y el adulto es de 174 a 180 p.p.m. Durante el crecimiento, se reduce a 74 p.p.m. hasta los 4 años, y luego se eleva en forma progresiva. En los niños con carencia de cinc (concentración en el cabello de 30 a 70 p.p.m.), se comprueba un retraso del crecimiento de más del 10 por ciento, con descenso de la tasa de proteínas séricas, anorexia y percepción deficiente del sabor. La capacidad de aprendizaje de las ratas es superior si su ración alimentaria es rica en cinc, y se ha observado que los cabellos de los mejores estudiantes contenían más cinc que los de aquellos alumnos cuyo trabajos dejaban que desear. El cinc está concentrado en la parte externa del esmalte dental, así como en las zonas cariadas. Es poco soluble en los ácidos. Su acumulación relativa en las caries es tal vez una barrera opuesta por la naturaleza a la progresión de éstas. Se ha encontrado un déficit de cinc en la anemia perniciosa, la talasemia, las enfermedades malignas, las infecciones crónicas, la psoriasis generalizada y la diabetes, así como en los alcohólicos y los esquizofrénicos y las mujeres embarazadas que han tomado píldoras anticonceptivas. El mismo fenómeno se observa en la subalimentación, en particular después de traumatismos y operaciones importantes, en los pacientes alimentados por vía parenteral y en 80

los que han sufrido quemaduras graves, cuya exudación contiene de dos a cuatro veces más de cinc que el plasma. El cinc plasmático es anormalmente bajo en la tuberculosis pulmonar, el mongolismo, el infarto de miocardio, la cirrosis hepática y la insuficiencia renal crónica, y en pacientes con úlceras de los miembros inferiores. La cincopenia debería ser considerada como un factor de retardo del crecimiento en los niños afectados de enfermedades crónicas graves, tales como la ileítis regional (o enfermedad de Crohn), la mucoviscidosis, la enfermedad celíaca y el síndrome nefrótico. Un déficit de cinc retarda y un aporte de sulfato de cinc (tres veces por día, 220 miligramos en cápsulas después de las comidas) acelera hasta tres veces la cicatrización de las heridas, y también la de las úlceras varicosas vinculadas con una carencia de ese elemento. Se atribuye la acción favorable del cinc en la curación de heridas y fracturas y en la evolución favorable de los injertos a un estímulo de la síntesis de las proteínas. Administrando radio-cinc a animales heridos, se ha podido poner en evidencia la acumulación de este elemento a nivel de las lesiones cutáneas, óseas y musculares. Una única enfermedad humana ha podido ser atribuida con certidumbre a un déficit importante de cinc. Se trata del enanismo que se observa en Egipto y en otras regiones áridas y cálidas de Estados Unidos y del Medio Oriente (Irán). Esta enfermedad se caracteriza por un notable déficit de crecimiento, y el desarrollo de ciertos individuos adultos puede llegar no más allá del de niños normales de ocho a diez años de edad, con una disminución de la talla del 20 por ciento y una reducción del peso del 45 por ciento. Este enanismo se acompaña por un retraso del desarrollo sexual, apatía, aumento de tamaño del hígado y el bazo, un trastorno de la absorción de la glucosa, rugosidad anormal de la piel y pérdida del sentido del gusto. Se encuentra en individuos que no reciben prácticamente proteínas animales y se alimentan de pan blanco y habas, donde el cinc es poco absorbible. La transpiración excesiva en esos países secos y cálidos produce una pérdida de 2 a 5 miligramos por día de cinc, que no resulta compensada por la alimentación. Estas pérdidas son a menudo agravadas por hemorragias crónicas como consecuencia de parasitosis intestinales. Estos enfermos son siempre geófagos, es decir, comedores de tierra; tal vez buscan, por instinto, compensar con ello su carencia. El aporte de proteínas animales, relativamente ricas en cinc, acelera un tanto el crecimiento de esos niños. Pero éste no resulta rápido, ni se acompaña de la normalización del desarrollo sexual y de la desaparición de los otros síntomas, si no se administra un suplemento de 25 a 75 miligramos de cinc por día (110 miligramos de sulfato de cinc una a tres veces diarias). La carencia de cinc sólo se compensa en forma muy lenta. Puede ser útil prolongar el aporte durante seis meses. El conocimiento del papel que desempeña el cinc en el crecimiento ha sido aprovechado en la cría de ciertos animales. De tal manera, agregando 60 p.p.m. de cinc al alimento de las gallinas, aumentó la síntesis proteica en un 25 por ciento, lo cual permitió reducir en grado considerable el precio de costo. Toxicidad: si bien una pequeña cantidad de cinc es indispensable para la vida, un exceso de cinc es tóxico y provoca alteraciones digestivas y nerviosas (paresia, ataxia, somnolencia). Estos 81

síntomas han sido descritos después de la ingestión de 12 gramos de cinc en dos días, así como en el caso de personas cuyos alimentos se habían contaminado, a razón de 0,2 a 5 miligramos por gramo, durante su preparación en utensilios culinarios galvanizados. Una sobrecarga prolongada de cinc puede provocar carencias secundarias de otros metales. A la inversa, un exceso de cadmio, cobre o manganeso inhibe la acción biológica del cinc y puede provocar síntomas de carencia de este elemento en el hombre. Se trata, pues, de sutiles equilibrios biológicos. El magnesio. Efectos de su carencia: envejecimiento prematuro, tetania, nerviosidad Aumenta la resistencia a las infecciones y al cáncer. El magnesio (Mg) se encuentra incorporado a numerosas enzimas. Su metabolismo se vincula con el del potasio: la deficiencia de estos dos cationes es casi siempre simultánea. Es un oligoelemento importante. En las plantas forma parte de la molécula de clorofila; su insuficiencia produce una disminución de ese pigmento, así como del caroteno. En el hombre, el magnesio está presente en todas las células, a razón de 10 a 20 miligramos por 100 gramos de sustancia fresca. El suero contiene 2,5 miligramos por 100 mililitros. La reserva global del organismo es de 35 gramos, y la mitad se halla en el esqueleto. El aporte cotidiano indispensable es de 300 a 400 miligramos. Los iones de magnesio participan casi en la totalidad de las reacciones enzimáticas que producen energía. Sin magnesio, no habría contracción muscular posible, y por lo tanto, ninguna forma superior de vida. Este metal controla la permeabilidad celular y la excitabilidad neuromuscular; su ausencia relativa, como la del calcio, causa la aparición de calambres musculares. Cuando el nivel de magnesio en sangre cae por debajo de 1,75 miligramos por 100 mililitros, puede aparecer tetania, que se manifiesta por espasmos musculares, viscerales y vasculares, dolores de cabeza, vértigos, angustia y sensación de nudo en la garganta. Estos síntomas desaparecen mediante el aporte de sales de magnesio (1,5 gramos diarios de nitrato o de cloruro de magnesio, por ejemplo). Si la mujer carece de magnesio durante el embarazo, ese déficit se trasmite al hijo, quien puede presentar contracciones musculares y convulsiones. La tetania por carencia de magnesio puede ser mortal. Más de diez mil bóvidos perecieron de tal forma en California y en Nevada, por falta de magnesio en la hierba. Semejante déficit puede provenir del empleo de fertilizantes incompletos. Como ocurre con el cinc, una deficiencia de magnesio, aun de corta duración, en la dieta de una mujer embarazada puede provocar la aparición de deformaciones graves en el feto. El magnesio acelera hasta tres mil veces la actividad de las fosfatasas, enzimas que intervienen en la absorción intestinal y en la utilización de los hidratos de carbono, en la excreción renal de los fosfatos, en la osificación y en la recarga de ATP (adenosintrifosfato), sustancia energética fundamental.

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El magnesio es indispensable para la actividad normal de la vitamina B1 y para la de la properdina, fuente de defensa antiviral; por lo tanto, debería emplearse en la lucha contra las virosis. Las causas del déficit de magnesio se deben a un aporte insuficiente, a un aporte exagerado (por ejemplo, durante la lactancia) o, incluso, a pérdidas excesivas por mala absorción intestinal o por el uso prolongado de diuréticos. Es frecuente en el alcoholismo. En el alcohólico, la falta de ingresos puede combinarse con un exceso de salidas, lo cual lleva a la aparición de alteraciones nerviosas (temblores, ataxia, trastornos psiquiátricos, delirium tremens). El estrés, las heridas graves o una operación quirúrgica extensa pueden acompañarse de un déficit agudo de magnesio. Algunos casos de hipocalcemia sólo se corrigen mediante el aporte de magnesio, tal como ciertos déficit de potasio. La deficiencia de magnesio puede ser el origen de astenia o nerviosidad excesiva, arritmia o trastornos del sueño. Delbet, en Francia, comprobó, por una parte, que el magnesio frena el desarrollo del colibacilo, y por la otra, que la frecuencia del cáncer era mucho más elevada en las regiones donde el suelo es pobre en magnesio. Como expondremos más adelante, pensamos que existe una relación de causa a efecto entre estos dos fenómenos (véanse págs. 365 y 498). Delbet propuso la administración de sales de magnesio para aumentar la resistencia al cáncer. En confirmación de las conclusiones de este autor, los estudios efectuados en la URSS por K. L. Barikian demostraron la escasa frecuencia del cáncer gástrico en las regiones donde el suelo era rico en magnesio y el agua de la bebida contenía más de 30 miligramos de sales de magnesio por litro. La mayoría de los portadores de esta enfermedad provenían de regiones donde el suelo era pobre en ese elemento y donde el agua de bebida sólo contenía de 5 a 8 miligramos por litro. Los mismos datos surgen de un estudio estadístico realizado en cien grandes ciudades de Norteamérica (Herbert Sauer, Missouri Medical Tribune, NQ 46, 13.11.1970). En las ciudades donde el agua potable es dura, o sea, relativamente rica en calcio y magnesio, la tasa de adultos muertos en forma prematura por enfermedades tumorales y cardiovasculares es más baja que en aquellas donde el agua es pobre en esos minerales. Por último, las ratas que recibieron un suplemento de magnesio antes de la aplicación de un cancerígeno se vieron protegidas en parte de la acción de éste: sólo un 33 por ciento desarrolló un cáncer, en lugar del 85 por ciento en las ratas testigos. En los enfermos fallecidos de infarto, el músculo cardíaco se encuentra empobrecido en magnesio. En casos de carencia magnesiana, el aporte de ese metal hace desaparecer los dolores precordiales; es de sospechar esa carencia cuando tales dolores existen sin que se registre una alteración en el electrocardiograma. Se sabe que la tensión nerviosa, por un lado, y los excesos alimenticios por el otro, facilitan la aparición del infarto de miocardio. Los estudios estadísticos revelan, sin embargo, que ni los habitantes de edad avanzada de Berlín Oriental, que sufrieron grandes tensiones, ni la población sobrealimentada de Estados Unidos presentan las tasas más elevadas de enfermedades 83

cardiovasculares mortales, sino los escoceses, los irlandeses y los australianos, que viven en suelos pobres en magnesio y que a causa de ello tienen un nivel reducido de ese elemento en su sangre. Algunas razas humanas son refractarias al infarto: se ha comprobado en ellas la existencia de una tasa elevada de magnesio sanguíneo (A. Hugues y R. S. Tonks, Lancet, 1965.1, pág. 1044). Este metal atenúa la sobrexcitación neuromuscular, impide la tromboembolia, prolonga el punto de coagulación de la sangre, reduce la tasa de colesterol sanguíneo y protege de la esclerosis a las paredes vasculares. Una deficiencia de magnesio acelera los procesos de envejecimiento: caída de los cabellos, descamación de la piel, atrofia de los tejidos conjuntivos, debilitamiento del esqueleto, etc. Estas alteraciones son detenidas en el anciano por medio de un aporte diario de 0,4 a 0,6 gramos de magnesio. Se calcula que en la actualidad el 13 por ciento de la población, como término medio, sufre carencia de magnesio. El calcio y el magnesio son antagonistas. Algunos casos de raquitismo resistente a la vitamina D han podido ser curados mediante la administración de magnesio. El empobrecimiento en magnesio de los alimentos se encuentra vinculado con la sobrexplotación de las tierras de cultivo, y el del organismo, a la disminución del consumo de pan integral y de legumbres. La ingestión de alcohol y de un exceso de proteínas aumenta el consumo de magnesio. Es lamentable que más del 60 por ciento de la energía que necesitamos sea cubierto por el azúcar refinado, el alcohol, la harina blanca y las grasas, prácticamente carentes de magnesio. En el animal, una carencia de magnesio durante la preñez, provoca deformaciones en la progenie, reduce la vida y dificulta la formación de anticuerpos, es decir, disminuye los medios de defensa contra la infección. Resulta interesante mencionar que durante el sueño invernal la tasa de magnesio aumenta en el plasma sanguíneo del erizo. Ha sido posible provocar artificialmente en este animal, mediante la inyección de magnesio, un estado de hibernación con reducción de la temperatura corporal. En los gatos, el magnesio influye en el amor maternal. La gata con carencia de magnesio se desinteresa de su prole; su comportamiento se normaliza en cuanto se le hace ingerir una sal de ese metal. Si se presenta a una gata con tal carencia sus propias crías deficientes en magnesio, y las de otra madre que no lo son, adopta a los gatos normales y rechaza a los suyos. La autora llevó estas experiencias más lejos: privó de magnesio a una gata y mezcló entre sus gatitos carenciados cachorros cargados de magnesio. ¡Contrariamente al instinto materno, la gata testimonió su afecto a los cachorros y quiso adoptarlos! Al lamerlos obtenía, según parece, el magnesio que le faltaba. El silicio. Efecto de su carencia: envejecimiento acelerado Mantiene la elasticidad de los tejidos conjuntivos. 84

El silicio (Si) es, junto con el oxígeno, el elemento más difundido en la corteza terrestre (en un promedio del 28 por ciento). Se encuentra en la mayoría de las rocas: cuarzo, arenas, etc. Pertenece a la misma familia química que el carbono. Numerosas plantas contienen silicatos o sílice, lo cual aumenta la resistencia de sus tallos (cola de caballo). Es posible que lo mismo suceda con los cabellos y las uñas, que son relativamente ricos en él (5 por mil). El cuerpo humano contiene 1,4 gramos (0,02 por mil) de silicio y la sangre 8,3 miligramos de sílice por litro (SiO2). El ácido silícico favorece el crecimiento de las ratas y de los pollos. Durante este crecimiento, se concentra en la zona de calcificación de los huesos, e interviene de manera activa en ese proceso. Está presente en los tejidos conjuntivos y los cartílagos, en los cuales cumple importantes funciones (formación de mucopolisacáridos). Con la edad, la proporción de silicio en la piel y las arterias disminuye. Una disminución del tenor de silicio en la pared de la aorta coincide con la aparición de lesiones arterioscleróticas. El proceso de envejecimiento de los tejidos conjuntivos de las articulaciones y de los vasos sanguíneos estaría vinculado con un aporte insuficiente de silicio o con un trastorno de su utilización. Un nivel elevado de silicio en el agua potable sería un factor de protección contra el infarto. El mantenimiento de la elasticidad de los tejidos conjuntivos exige un aporte suficiente de silicio y de cobre. La alimentación proporciona en forma cotidiana de 5 a 30 miligramos de ácido silícico. La excreción de silicio tiene lugar con la orina. El salvado contiene silicio en abundancia, como todas las fibras vegetales. El tamizado de los cereales elimina ese precioso oligoelemento, cuya presencia hace más lento el envejecimiento. Un aporte de vitamina D y de calcio aumenta la dureza de las uñas y hace desaparecer las manchas blancas que pueden presentar, en tanto que las uñas parecen no contener calcio. Nada se sabe de las relaciones exactas del metabolismo del calcio que otorga solidez al esqueleto, y el del silicio, que probablemente desempeñe el mismo papel en las uñas, las cuales lo contienen en elevada proporción (170 a 540 miligramos por cada 100 gramos). Toxicidad: se conoce el efecto nocivo de la impregnación de los pulmones por el polvo de sílice (silicosis o asbestosis de los mineros), que alteran su estructura y disminuyen su resistencia al bacilo de la tuberculosis y al cáncer. El selenio. Efecto de su carencia: distrofia muscular Antioxidante análogo a la vitamina E, pero más poderoso. El selenio (Se) es un elemento ubicuo, de origen volcánico. Acompaña al azufre y se encuentra en los terrenos arcillosos. Es un subproducto de la fabricación industrial del azufre y del ácido sulfúrico. Químicamente está relacionado con este elemento, y forma con el hidrógeno y el oxígeno los mismos compuestos que el azufre (H2Se04), (H2Se03), (H2Se, Se02, etc.).Puede ocupar el lugar de éste en ciertos ácidos aminoácidos (cistina, metionina). También es afín al arsénico, cuya toxicidad comparte. 85

El selenio es uno de los "recién nacidos" entre los oligoelementos. Lo mismo que el flúor, fue conocido primero por su toxicidad. Algunos suelos de Estados Unidos, Australia, en África del Sur, Turkestán, etc., son ricos en selenio (60 miligramos por kilogramo de tierra). Los vegetales lo concentran entonces hasta mil veces. El ganado mayor que se alimenta de aquellos llega a enfermar. Pierde el pelo y las pezuñas, presenta lesiones hepáticas (cirrosis), anemia y parálisis, y termina por morir. Las intoxicaciones agudas se manifiestan por necrosis de las células hepáticas, hemorragias y ceguera. La muerte sobreviene por asfixia atribuible a lesiones pulmonares. Sin embargo, como en el caso del flúor, mínimas cantidades de selenio son indispensables para la vida. Las ratas que reciben alimentos demasiado refinados se vieron afectadas de necrosis del hígado y del páncreas. En 1957 se descubrió que 0,1 miligramo de selenio por kilogramo de alimento bastaba para proteger a los animales de esas lesiones (=0,1 parte por millón). Se había comprobado desde hacía tiempo que el ganado que pastaba en ciertas praderas de Estados Unidos, Escocia y Nueva Zelanda era afectado de atrofias musculares y de astenia. Lo mismo ocurría en un criadero de pavos y se descubrió que estos animales carecían de selenio. El agregado de pequeñas cantidades de selenio, 0,3 gramos por tonelada de forraje (= 0,3 partes por millón), permitió prevenir la enfermedad y curar a los animales atacados por ella. Un déficit de selenio provoca distrofias musculares en los pollos y corderos. El agregado de 0,2 p.p.m. en los alimentos en forma de selenito de sodio basta para prevenir esos trastornos. En China se observaron cardiomiopatías graves, en ocasiones mortales, por falta de selenio. Sólo en 1973 se esclareció la función fisiológica del selenio. Forma parte de una enzima, la glutatión-peroxidasa, en la cual se encuentra en forma de selenocisteína. Esa enzima asegura la destrución del peróxido de hidrógeno (H2O2, factor bactericida del agua oxigenada de las farmacias), que se forma en las reacciones oxidativas respiratorias y que es tóxico. Sin tal eliminación, las células musculares, pancreáticas y hepáticas y los glóbulos rojos de la sangre serían destruidos con rapidez. Esta acción protectora explica los síntomas de la carencia de selenio. Un déficit congénito de glutatión-peroxidasa se expresa por anemia hemolítica, necrosis hepática, cataratas, alteración de la agregación plaquetaria con tendencia a las hemorragias y falta de resistencia a las infecciones, que tienden a hacerse crónicas. A causa de ello, se descubrieron otras enzimas que contenían selenio (glicina-reductasa, formiato-deshidrogenasa), y sin duda, todavía no se conocen todas. El selenio es un antioxidante como la vitamina E. En tanto que ésta es liposoluble, lo cual limita y hace más lenta su acción, el selenio es soluble en agua y, como consecuencia, por lo menos mil veces más activo que la vitamina E. Protege de la peroxidación tóxica a los lípidos de las membranas celulares.

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En tanto que en dosis tóxicas el selenio favorece el desarrollo del cáncer, en dosis fisiológicas ocurriría lo contrario. En efecto, se ha descubierto una correlación inversa entre la riqueza de la sangre en selenio de una población y su mortalidad por cáncer. Entre los animales de laboratorio, el aporte de selenio inhibe el crecimiento tumoral, sea el tumor de origen químico o viral, tras plantado o espontáneo. Sería capaz de proteger a los fumadores contra el cáncer, al impedir la trasformación de ciertos productos potencialmente cancerígenos (benzopireno del humo del tabaco) en su forma activa. Se ha encontrado que la frecuencia de los cánceres de mama y de colon es más grande en Estados Unidos en las regiones pobres en selenio. Entre los asiáticos que consumen de dos a cuatro veces más selenio que los occidentales, el cáncer es menos frecuente. ¿Sería este uno de los factores en la aparición de esta enfermedad? El selenio se concentra en los músculos, y muy especialmente en el miocardio, donde existe un citocromo que contiene selenio, enzima que interviene en las cadenas respiratorias de las mitocondrias. También se atribuye al selenio un papel inmunitario de estimulación de anticuerpos (IgG e IgM), así como un papel de protección contra la toxicidad de los metales pesados (mercurio, arsénico, cadmio). Existe carencia de selenio en los casos de malnutrición grave (Kwashiorkor), así como también ocurrió con la alimentación parenteral prolongada, ya que los líquidos nutritivos empleados no tenían el agregado de selenio, por desconocimiento de su importancia vital; ello traía como resultado adelgazamiento, distrofias musculares, trastornos cardíacos y artritis reumatoidea. La mucoviscidosis ha sido considerada, hasta hoy, como una enfermedad congénita e incurable. Como su nombre lo indica, los niños que la presentan tienen secreciones mucosas anormalmente espesas, lo cual impide su excreción y su evacuación. Aparecen entonces lesiones, sobre todo a nivel del páncreas (fibrosis quística) y en los bronquios (bronquectasia), incompatibles con una larga supervivencia. Se ha descubierto que esta enfermedad tiene tal vez relación con una carencia materna de selenio durante los tres primeros meses del embarazo. El cuerpo humano contiene en total 6 miligramos de selenio en las regiones de suelos pobres (Nueva Zelanda, Escocia, Finlandia, etc.), 12 a 20 miligramos en Estados Unidos. Su necesidad es de 0,03 miligramos por día (bajo la forma de selenito de sodio). Su tasa plasmática es de 50 a 200 microgramos por ciento. Su aporte cotidiano es del mismo orden de magnitud. Como los otros oligoelementos, el selenio es susceptible de demorar el envejecimiento. Los alimentos que nos proporcionan el selenio indispensable son la carne, el atún, los tomates y los cereales integrales. De la misma manera que los otros oligoelementos, es eliminado por el cernido de las harinas. Algunos cereales trasforman el selenio del suelo en selenometionina, aminoácido especialmente bien absorbido por el hombre. El nivel de selenio tanto en la carne como en los vegetales depende de la riqueza del suelo que proporciona su alimento al herbívoro o en el cual crecen los cereales.

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Toxicidad: el selenio es utilizado en gran escala en la industria, en las fábricas de pigmentos, de pinturas y de tintas, en la metalurgia, la fotografía y los instrumentos de óptica (célula fotoeléctrica). Se conocen casos de intoxicación profesional. Forma compuestos solubles y volátiles (H2Se, SeO2), que pueden penetrar a través de la piel o ser inhalados y provocar trastornos pulmonares, cardíacos, o gastrointestinales. La intoxicación con selenio otorga al aliento un olor aliáceo característico. Esta sustancia es empleada en farmacia contra las micosis y la seborrea del cuero cabelludo, en forma de champú. La absorción puede ser excesiva si la piel presenta excoriaciones y provocar entonces una intoxicación. Se han encontrado niveles de selenio demasiado bajos en la sangre, después de quemaduras extensas, en las hepatitis y cirrosis, y en las personas aquejadas de esclerosis en placas, distrofias musculares y cánceres digestivos. El molibdeno. Efectos de su carencia: ciertas anemias El molibdeno (Mo) es un elemento clave de los procesos vitales. Cataliza la captación del nitrógeno atmosférico por las algas marinas y las bacterias del suelo: sin esta reacción fundamental, que permite la elaboración de las proteínas, no sería posible la vida. El molibdeno forma parte de gran cantidad de enzimas, entre ellas la xantinooxidasa, de importancia vital. Los constituyentes del núcleo celular (purinas), que provienen de los alimentos o del desgaste de los tejidos, deben ser degradados en ácido úrico para su eliminación urinaria. La xantinooxidasa asegura esta transformación. De faltar la enzima, la hipoxantina, producto intermediario de la degradación, al acumularse destruiría con rapidez a los riñones. El cuerpo humano contiene 5 miligramos de molibdeno. Este metal se concentra en los huesos, el hígado, los riñones y el bazo. La necesidad alimentaria es de 0,1 a 0,3 miligramos diarios. El molibdeno está presente en la leche a razón de 30 a 47 gammas por litro, en forma de xantinooxidasa. Se ha comprobado que la caries dental es poco frecuente cuando el agua potable es rica en molibdeno; éste favorecería la fijación del flúor en el esmalte y mejora con ello su calidad. Algunas anemias sólo se curan con un aporte simultáneo de molibdeno y hierro. La carencia de molibdeno provoca alteraciones de crecimiento en los pollos y las ratas. El molibdeno es indispensable para la mayoría de los vegetales. Se concentra en los granos y los bulbos; las fresas contienen 3 miligramos por kilogramo. Toxicidad: los campesinos saben desde hace tiempo que algunas pasturas deben ser reservadas a los caballos y a los cerdos, pues los bovinos enferman en ellas con rapidez. La causa es la excesiva abundancia de molibdeno, que provoca en esos animales una carencia de cobre por pérdida exagerada de este metal, y de ahí la anemia y las lesiones musculares y óseas. La acción tóxica del exceso de molibdeno puede neutralizarse mediante el aporte de cobre y azufre. Los caballos y los cerdos son menos sensibles a este exceso de molibdeno. Existen, por lo tanto, diferencias importantes de una especie animal a otra en cuanto a la tolerancia de los oligoelementos. Aquí, una vez más, la presencia de una cantidad mínima de molibdeno es de importancia vital; en exceso resulta tóxico.

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El estaño La experimentación con animales ha demostrado que la ausencia total de estaño (Sn) en la alimentación detiene el crecimiento. Se ha descubierto, por otra parte, que la gastrina, hormona producida por el estómago y que pasa a la sangre cuando se ingieren alimentos, contiene estaño. Este metal participa, quizás, en otros procesos vitales. El estaño, por lo tanto, en cantidades mínimas (la 3 miligramos por día) es necesario para la vida. El cuerpo contiene en total unos 30 miligramos, aunque su ingestión sea relativamente elevada. Cada 100 gramos, el hígado contiene 0,6 miligramos, el pulmón 0,045, el riñón y el corazón entre 0,02 y 0,22 y la piel entre 0,5 y 1, mientras que la concentración en el suero sanguíneo es de 0,002 miligramos por 100 mililitros. El consumo de conservas esterilizadas en recipientes de hojalata ha aumentado en considerable proporción el aporte de estaño alimenticio. El estaño es absorbido dificultosamente en el intestino; se elimina con las heces, y por esa causa es poco tóxico. Sin embargo, se ha fijado en 250 miligramos por kilo la dosis de estaño admisible en los alimentos. El vanadio. Efectos de su carencia: ¿hipercolesterinemia? Tiene una acción antianémica. El vanadio (V) se encuentra muy difundido en la naturaleza. Es un factor de crecimiento en las plantas verdes, que lo contienen en una proporción de alrededor de 1 miligramo por kilogramo. Interviene en la fijación del nitrógeno atmosférico por los nódulos de las raíces de las leguminosas. Se considera que este metal es un principio nutritivo esencial del hombre, que interviene en el metabolismo de los lípidos. El cuerpo humano contiene 20 miligramos, localizados sobre todo en el hígado, los riñones, la tiroides, los testículos y el bazo. Este elemento se halla concentrado en los núcleos celulares y en las mitocondrias. Participa en la actividad de enzimas de importancia vital (adenilciclasa, a la cual activa; adenosintrifosfato = ATP, al cual inhibe). Se pudo demostrar que en un medio carente de vanadio el crecimiento de las ratas y los pollos se reducía en un 40 por ciento. El agregado de 0,5 a 2 miligramos de vanadato de sodio por kilo de alimento restablece el crecimiento normal. Este metal interviene en los metabolismos del fósforo, el calcio y la vitamina D, o, dicho de otra manera, en la mineralización de los dientes y los huesos. Ejerce un efecto preventivo de la caries dental. Asociado al cobalto, al cobre y al hierro, activa la hematopoyesis. Favorece la acción de la vitamina B12 y prolonga la vida de los animales con deficiencia de vitamina C. Inhibe la formación de colesterol en el hombre y reduce su nivel en la sangre. En el hombre, el aporte óptimo sería de 1 a 2 miligramos por día. Es excretado con la orina. Se encuentra en abundancia en las manzanas, los granos oleaginosos y la pimienta negra. Los aceites ricos en ácido linoleico lo son igualmente en vanadio (0,5 a 4 miligramos por cada 100 gramos). 89

Toxicidad: un exceso de vanadio es nocivo, y se cree que hay una probable relación de causa a efecto entre la gran riqueza en vanadio del agua potable y los alimentos, y la aparición anormalmente frecuente de bocio en ciertas regiones de Rusia. El níquel El papel del níquel (Ni) en el organismo se conoce desde hace muy poco. El cuerpo humano contiene unos 10 miligramos, distribuidos en casi todos los órganos. Este metal se concentra en los huesos y la aorta. El aporte alimentario actual de níquel oscila entre 0,2 y 0,5 miligramos por día, pero se ignora si es suficiente. Se encuentran vestigios de níquel en la orina. El níquel desempeña una función en la utilización de los hidratos de carbono. Así, después de la ingestión de glucosa, la tasa de níquel aumenta en forma transitoria, en la sangre, paralelamente con la de la insulina y el cromo, y disminuye con éstos. En ausencia de níquel, el hígado ya no acumula en forma normal el glucógeno; la estructura histológica de este órgano en la rata se encuentra entonces profundamente alterada. El níquel es un activador de enzimas. Influye sobre la acción de las hormonas. Parece ser indispensable para el mantenimiento de la estructura de los ácidos nucleicos. En ausencia de níquel, los pollos, las ratas y los cerdos presentan trastornos del crecimiento, anemia y pérdida del pelo. Los vegetales contienen 0,01 a 2 miligramos de níquel por kilogramo (es decir, 5 a 10 veces más que cobalto). Las plantas, las semillas y los animales inferiores poseen una enzima que contiene níquel, la ureasa, la cual transforma a la urea en carbonato de amonio utilizable para su nutrición. El níquel cataliza las oxidaciones y activa la germinación de los granos y la síntesis de las vitaminas A, B, C por las plantas. Un exceso de níquel (0,2 gramos por kilo) es tóxico. La fermentación alcohólica -transformación del azúcar en alcohol y dióxido de carbono- es favorecida por el níquel cuando está en una concentración de un diez milésimo a un milésimo de la masa. En concentraciones mayores, la fermentación queda inhibida. El níquel se emplea como catalizador en la hidrogenación industrial de los aceites, y esta operación los vuelve sólidos a la temperatura ordinaria (20°C) y suprime las dobles valencias que caracterizan a los ácidos grasos no saturados. Los tres oligoelementos siguientes: litio, bromo y aluminio, en esencia parecen ser activos en el nivel del sistema nervioso. El litio. Efecto de su carencia: inestabilidad psíquica Es un equilibrante de importancia en los enfermos afectados de psicosis maniacodepresivas. El litio (Li) se encuentra en pequeñas cantidades en el agua potable. En los vegetales, se acumula en las raíces. Existe en forma de vestigios en la mayoría de los órganos animales. En la sangre, se lo encuentra a razón de 1,9 microgramos por cien mililitros.

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Este metal tiene un efecto calmante sobre el hombre, tal vez a causa de su acción sobre la permeabilidad celular del sistema nervioso y, por ello, sobre las entradas y salidas de calcio y de magnesio. Estabiliza, por otro lado, ciertas enzimas cerebrales que intervienen en el metabolismo de las catecolaminas, sustancias mediadoras de las transmisiones nerviosas. La concentración de litio en el agua potable tiene relación directa con la abundancia de las lluvias, que reducen su nivel por dilución. Se ha comprobado en ciertas regiones de Texas, por ejemplo en El Paso, donde el agua potable proveniente de pozos profundos es particularmente rica en litio (más de 70 gammas por litro), que ciertas enfermedades psíquicas son casi inexistentes. ¡En Dallas, en cambio, donde el agua es superficial, diluida por las lluvias y pobre en litio, esas enfermedades son siete veces más frecuentes! En 1949, un psiquiatra australiano, J. F. Cade, investigaba la supuesta presencia de sustancias tóxicas en la orina de pacientes con psicosis maniacodepresivas. Durante esas experiencias, y por pura casualidad, administró una sal de litio a sus animales de laboratorio, y para gran sorpresa suya, comprobó que se volvían anormalmente apacibles y hasta letárgicos. Entonces se le ocurrió la idea de tranquilizar a uno de sus pacientes maníacos administrándole dosis débiles de litio. Se trataba de un enfermo recluido en su hospital desde hacía años, agitado, sucio, insoportable. Cuando recibió citrato de litio, su comportamiento cambió en forma radical: se volvió apacible, conciliador y cortés. Cuando su personal de enfermería le señaló ese cambio de actitud, un 1º de abril, Cade no quiso creer en él al comienzo, pero muy pronto debió rendirse ante la evidencia de que la administración de litio había provocado una remisión espectacular en ese enfermo considerado incurable. La supresión temporaria del medicamento fue seguida de una recaída, y la curación sólo se logró mediante un tratamiento a largo plazo. De tal modo hizo el litio su entrada en la psiquiatría; a partir de entonces, ésta no podría prescindir de él en el tratamiento de las psicosis maniacodepresivas. Toxicidad: como los otros oligoelementos, el litio, ingerido en exceso (o mal tolerado), puede tener efectos adversos: sed intensa, náuseas, vértigo, crisis de sueño intempestivas, temblor de los dedos que puede impedir la escritura y emisión de enormes cantidades de orina (hasta 10 litros por día, como en la diabetes insípida, por insuficiencia funcional de la hipófisis posterior). Sin embargo, este trastorno no es corregido con la administración de extracto hipofisario, como en la diabetes insípida verdadera. El litio actúa a nivel del riñón, donde suprime la acción de la hormona antidiurética de la hipófisis. El litio disminuye además la secreción de la hormona tiroidea y reduce la concentración de yodo en la tiroides; este efecto puede llegar hasta la aparición de bocio y de mixedema (véase pág. 104). En la mitad de los pacientes afectados de psicosis maniacodepresiva existe, como en los diabéticos, una alteración de la regulación de la glucosa sanguínea. Tal como la insulina y el FTG (véase pág. 114), el litio mejora la tolerancia a los hidratos de carbono (por activación de la hexoquinasa, enzima que asegura la conversión de la glucosa en glucosa 6-P asimilable). ¿Existe tal vez una relación entre este mejoramiento del metabolismo de la glucosa y el aumento de

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peso, a veces excesivo, que se observa en la mitad de los pacientes tratados con litio? Se sabe, por otra parte, que el sistema nervioso representa un papel en la regulación del peso. El bromo Al igual que el agua de mar, nuestra sangre contiene normalmente pequeñas cantidades de bromo (Br). Está presente en la mayoría de los órganos, en dosis infinitesimales (por kilogramo de órgano: 5,7 miligramos en el hígado, 8,4 miligramos en los ovarios, 16,4 miligramos en el mesencéfalo, 67 miligramos en la tiroides, 87 miligramos en la hipófisis anterior: Damiens, Jacobson, Czerniak). La concentración de bromo en la sangre es de 1 miligramo por 100 mililitros (Zondeck, Bier). Disminuye en un 40 a un 60 por ciento en las psicosis maniacodepresivas. Las sales de bromo se emplean como sedantes e hipnógenos. En el sueño, la hipófisis cede bromo al mesencéfalo, tal vez en forma de una hormona que lo contiene. El nivel de bromo en la hipófisis disminuye en la vejez. Este fenómeno podría explicar ciertos insomnios del anciano. El bromuro de sodio es una sal muy soluble, higroscópica, que tiene el mismo sabor que la sal de cocina (cloruro de sodio). En las personas hipernerviosas, puede emplearse ocasionalmente en pequeñas dosis (la punta de un cuchillo una o dos veces por día) para salar los alimentos. De tal modo suprime el exceso de tensión nerviosa. El aluminio. Efectos de su carencia: nerviosidad e insomnio El aluminio (Al), muy difundido en la naturaleza, se encuentra en los suelos de reacción alcalina. Todas las plantas lo contienen. Los rosales y la planta de té sólo prosperan en un terreno que lo contenga en abundancia. El sabor del té, que tanto nos agrada, tiene relación con su contenido de aluminio. El sulfato de aluminio en una concentración débil (2 miligramos por kilogramo de tierra) favorece el crecimiento de la cebada, el trigo, la avena y el rábano. Cuando su concentración es demasiado grande, se vuelve nocivo e inhibe en la planta la asimilación del calcio, el fósforo, el magnesio y el potasio. La sangre normal contiene 14 microgramos de aluminio por 100 mililitros. Este elemento se encuentra en mayor concentración en los tejidos del niño. Sería necesario para el buen funcionamiento de la respiración celular. Podría ser un equilibrante del psiquismo y del sueño, y parece activar las vitaminas del grupo B. La administración de éstas provoca, por otro lado, una elevación del nivel de aluminio en la sangre. El cuerpo humano contiene 100 miligramos de aluminio. El aporte alimentario varía entre 10 y 100 miligramos por día. Sólo es absorbido en cantidades ínfimas en el intestino, y a causa de ello no presenta toxicidad.

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Los vestigios de aluminio inhiben el crecimiento del estafilococo dorado, parásito muy importante del hombre. El aluminio de los utensilios de cocina pasa a los alimentos durante la cocción y favorecería el estreñimiento. Por lo tanto, es mejor emplear cacerolas de acero inoxidable o esmaltadas. El arsénico Las propiedades tóxicas del arsénico (As) -constituyente del veneno para ratas- son conocidas desde hace tiempo, pero se ignora su carácter ubicuo: el suelo, el aire, el agua, las plantas y los animales lo contienen en forma de vestigios. El cuerpo humano posee en total unos 14 miligramos, y en la sangre se halla a razón de 2,4 gammas por litro. El hombre recibe hasta 1 miligramo de arsénico por día con sus alimentos no refinados. Las patatas, los pescados de mar, los crustáceos, los cereales integrales, las legumbres y la carne son relativamente ricos en arsénico (3 a 100 p.p.m.). Este elemento favorece el crecimiento y tiene una función vital en el animal, que sufre en cuanto la concentración de arsénico alimentario es inferior a 0,05 miligramos por kilo. Ejerce efectos tóxicos con niveles de 10 a 50 miligramos por kilogramo de alimento y es lentamente mortal en dosis que superen los 100 miligramos por día. El arsénico, como el fósforo, puede tener tres o cinco valencias. Estos dos elementos presentan, por esta circunstancia, propiedades comunes, y es posible que el arsénico, al igual que el fósforo, participe en los procesos de transferencia de energía. Fenómeno curioso y excepcional, el arsénico tiene la capacidad de neutralizar parcialmente la toxicidad del selenio, y a la inversa. La manipulación profesional de minerales arsenicados ha provocado la aparición de cánceres cutáneos, pero se trata de la acción crónica de cantidades masivas. El estroncio El estroncio (Sr), elemento relacionado con el calcio, tiene una afinidad con el esqueleto. El cuerpo humano contiene, en forma normal, entre 100 y 200 miligramos. El aporte cotidiano es de 1 a 4 miligramos. Su función biológica es desconocida. Sólo se sabe que, en precipitaciones radiactivas, el estroncio se fija en las plantas, pasa a la leche de las vacas que las comen, y luego a los huesos del hombre que consume esa leche. El estroncio puede emitir radiaciones nocivas durante muy largo tiempo y provocar así transformaciones cancerosas. El rubidio El rubidio (Rb) es un elemento muy raro. El cuerpo contiene 1 gramo, lo cual representa una concentración relativamente elevada. Si el aporte cotidiano no excede de más de 1 a 3 miligramos, ciertos órganos deberían poder acumularlo.

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Sus propiedades químicas son análogas a las del potasio, al cual puede reemplazar en los sistemas enzimáticos. Es probable que ejerza funciones importantes que todavía no se han podido dilucidar. Ocurre lo mismo con el circonio (Zr) y el niobio (Nb), de los cuales el cuerpo contiene, respectivamente, 300 y 400 miligramos. El boro El boro (B) es indispensable para el crecimiento vegetal e interviene en la biosíntesis de las flavonas, sustancias emparentadas con la vitamina B2 y que sólo se encuentran en las plantas. Se desconoce la función que cumple el boro en el cuerpo humano, que contiene 10 miligramos. El aporte alimentario es de 5 a 30 miligramos por día, los cuales se eliminan con la orina. Un litro de vino contiene 10 miligramos de boro. Toxicidad: si el aporte es elevado, se produce en los animales una acumulación tóxica de boro, que provoca trastornos del crecimiento, cólicos y atrofia de los órganos internos, en especial de los testículos. El agua boricada, que contiene 3 por ciento de ácido bórico, ha sido empleada durante mucho tiempo como desinfectante, en particular de los ojos. Hoy es reemplazada por sustancias más activas. La plata La plata (Ag) se encuentra en forma de vestigios en el cerebro, el hígado, el intestino y los pulmones (0,002 a 0,005 miligramos por 100 gramos de tejido). Con una concentración del orden de 1/106 (= 1 miligramo por kilogramo), aumenta en un 200 por ciento la respiración de las mitocondrias (véase pág. 97). La plata metálica es bacteriostática: la cantidad ínfima de metal cedida por un anillo de plata introducido en un caño de agua basta para impedir el desarrollo de microorganismos y, sobre todo, el del colibacilo. El cobre y el oro refuerzan aún más este efecto.

OLIGOELEMENTOS TÓXICOS Existen elementos presentes en cantidades vestigiales en el organismo, cuyas propiedades nocivas no se conocen por el momento. Tales son el plomo, el mercurio y el cadmio. El plomo El plomo (Pb) es un veneno enzimático que lesiona en primer lugar al sistema nervioso y la médula ósea. Este metal se conoce desde la antigüedad. Ya lo utilizaban hace 5.000 años los egipcios para fabricar recipientes y conductos de agua. En nuestros días se emplea, pero cada

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vez menos, la cerusa (carbonato de plomo básico) para las pinturas blancas, el minio (óxido de plomo) como agente antióxido, el plomo metálico para marcos de vitrales, etcétera. El de uso más difundido en la actualidad, y sin duda alguna el más nocivo, es el tetraetilo de plomo, agregado como antidetonante a la nafta. Es así como en Suiza, 1,4 millones de kilogramos de plomo se han introducido en 1972 en 2,7 mil millones de litros de carburante. De ese plomo, el 75 por ciento es volcado a la atmósfera con los gases de los escapes de los vehículos y se deposita en los campos y en los cultivos que bordean las carreteras. Ingerido, el plomo sólo es absorbido en una proporción del 5 al 10 por ciento. En cambio, la mitad del plomo inhalado vuelve a encontrarse en la sangre. El cuerpo humano contiene entre 80 y 100 miligramos de plomo, el 90 por ciento de los cuales se fija en los huesos. En el suero sanguíneo existen de 0,15 a 0,25 miligramos por litro. Eliminamos con la orina, en promedio, 0,5 miligramos por día. Un adulto sólo tolera 0,4 miligramos de plomo por litro de suero sanguíneo. Pero esta concentración llega a 0,5 miligramos por litro en las personas que habitan en las proximidades de las carreteras. Por lo tanto supera el límite de tolerancia. Ello produce agresividad, dolores de cabeza, nerviosidad, agitación, inapetencia, diarrea y lesiones cerebrales. En 1973 se midió el nivel de plomo sérico en los delincuentes suizos, ¡y se encontraron tasas superiores a 0,4 miligramos por litro! Es posible entonces preguntarse si existe una relación entre la intoxicación con plomo y el comportamiento asocial de esos individuos. El mercurio El mercurio (Hg), que es el único metal líquido, se separa de su mineral por calentamiento y destilación. Lo mismo que el plomo, ya era conocido por los egipcios hace 5.000 años. El empleo del mercurio ha ido en aumento desde el comienzo de la era industrial. Conocemos muy bien su utilización para la fabricación de termómetros, barómetros, amalgamas dentales y desinfectantes, pero no tanto como la que se destina a la conservación del papel, de la madera, de las semillas de trigo, etcétera. En todos los tiempos el agua de mar ha contenido vestigios de mercurio, como lo revelan los análisis practicados en los fósiles. El tenor normal del agua de mar es de 0,02 miligramos por 1.000 litros. En esa concentración, el mercurio no produce perjuicio alguno a los seres vivientes. El sedimento marino contiene diez mil veces más, pero en forma insoluble y por ende inerte. Toda la corteza terrestre contiene otro tanto (0,2 miligramos por kilo). Las fábricas de papel son las que vuelcan todos los años, desde hace decenios, millares de toneladas de mercurio en los ríos y lagos, a partir de los cuales llega al mar. Bajo la acción de bacterias, este mercurio se convierte en mercurio metílico, muy tóxico, que se disuelve en los tejidos grasos de los peces, de los que pasa al organismo de quienes los consumen. Sin embargo, es excepcional que en el mar la concentración de productos mercuriales resulte peligrosa. Que fue, no obstante, el caso en Minamata, en Japón, donde 50 personas murieron por intoxicación mercurial y otras 200 quedaron inválidas de por vida por haber consumido pescado contaminado. 95

El mercurio metílico actúa principalmente sobre los nervios, a los que paraliza, y sobre el cerebro. Un aporte cotidiano de 0,01 miligramos de mercurio no es tóxico para el hombre. Nunca ha sido más escaso en la historia de la humanidad. En la década de 1970 se manifestó un temor pánico por el desconocimiento de la tasa normal del mercurio contenido en todo lo que vive en el mar; ¡ello produjo la destrucción indebida de grandes cantidades de atún y de pez espada, medida excesiva, pues la concentración del mercurio en la carne de estos animales (0,5 miligramos por kilo) era la misma que en la de los pescados conservados desde hacía mucho tiempo en los museos! El cadmio Otro participante en la polución tóxica de nuestro medio es el cadmio (Cd). Se lo utiliza como fungicida, como anticorrosivo en las tuberías, en las fábricas de grifos, etc. Las hojas de envolver plásticas y las cajas de conservas pueden cederlo a su contenido; del mismo modo, los recipientes galvanizados pueden contaminar los aceites vegetales o la mantequilla. Las bebidas de cola y el café en polvo instantáneo pueden presentarlo, proveniente de las máquinas que sirvieron para su fabricación. Se lo encuentra en pequeñas cantidades en muchos alimentos, como en las ostras (hasta 7 miligramos por kilogramo), en los riñones de los herbívoros, donde se concentra el cadmio contenido en los forrajes. También lo hay en los desechos galvanoplásticos. En Nueva York, ciento cincuenta instalaciones galvanoplásticas vuelcan al Hudson sus desechos ricos en cadmio, en cantidades tales que los peces se tornan incomibles. Sin embargo, fueron pescados, reducidos a harina y suministrados como alimento a las aves de corral. De esta manera, ese cadmio penetró en la cadena alimentaria del hombre. El cadmio es un veneno lento para el hombre. Su absorción crónica y fortuita puede ser peligrosa, tanto más cuanto que es difícil de detectar. Este metal se concentra en los riñones, donde desplaza al cinc incorporado a las enzimas vitales, con lo cual bloquea las funciones de éstas. Este trastorno del funcionamiento renal conduce a la hipertensión, con todas sus consecuencias. El humo de un cigarrillo contiene 0,01 miligramo de cadmio. Los grandes fumadores inhalan hasta 5 miligramos por año, lo cual basta para provocar en diez a veinte años una hipertensión grave. Se conocen intoxicaciones agudas por cadmio, pero son raras. Una de ellas se produjo en Japón, en 1960, provocada por la polución en masa de las aguas fluviales por los desechos de una fundición. Hubo casos mortales. Estos envenenamientos se caracterizan por descalcificaciones óseas muy dolorosas. Es posible neutralizar las lesiones del cadmio mediante un aporte mayor de cinc, de cobre y de selenio.

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CONCLUSIÓN ¿Qué habría que recordar de este capítulo de los oligoelementos, que se prolonga a medida que aumentan nuestros conocimientos y que, por cierto, no se encuentra cerrado todavía? Hoy sabemos lo suficiente como para haber comprendido el papel primordial que desempeñan en el desarrollo normal de las innumerables y complejas reacciones químicas que ocurren en el interior de nuestro cuerpo. Sea cuales fueren, su carencia acarrea un debilitamiento del organismo, un descenso de la vitalidad, una aceleración de los procesos de envejecimiento, una fatiga anormal que se traduce en alteraciones metabólicas. En la actualidad favorecemos esas carencias, sometidos como nos encontramos a un condicionamiento sumamente eficaz, orquestado por las industrias alimentarias, cuya única preocupación es de orden comercial. Estas industrias destruyen los complejos vitales producidos por la naturaleza y ofrecen al consumidor demasiados productos muy estables, de una gran pureza, con desconocimiento total del papel vital de los oligoelementos que eliminan. Esta situación tiene graves inconvenientes. Muchos procedimientos de fabricación son sometidos a leyes y a prescripciones dictadas en una época en la cual la ciencia de los oligoelementos era rudimentaria. Ninguna ley se opone a los procedimientos de refinación. ¡Algunos reglamentos anticuados, en cambio, prohíben la restitución a los alimentos de los oligoelementos extraídos o destruidos por la refinación! De ello se sigue que el hombre, en forma legal, es privado de un aporte suficiente de esas sustancias y que padece a causa de estos. Los estados producidos por la carencia de oligoelementos corresponden a las enfermedades más diversas, algunas de las cuales han sido consideradas hasta hoy como genéticas e incurables. Por medio de una alimentación normal y sana, es posible prevenir, en cierta medida, los grandes flagelos de nuestra vida: la arteriosclerosis, gracias a un aporte normal de magnesio, cromo, manganeso, cobre, cinc, selenio, silicio y vanadio; el cáncer, por un aporte de selenio, magnesio, cobre y vitaminas A, B, C, E y F, etcétera. El empleo de alimentos empobrecidos en oligoelementos no deja de aumentar. Es bien sabido que sólo la experiencia sirve de lección. Esta experiencia se ha realizado ya, y los ejemplos que proporcionamos en esta obra dan fe de ello. Sin embargo, no existe una cantidad suficiente de personas prevenidas para poner en práctica este conocimiento en gran escala, y como nos dice tan bien Félix Kieffer, especialista en el problema, los esfuerzos intelectuales que es preciso realizar para suprimir las carencias en oligoelementos sólo podrán ser llevados a cabo por personas que los hayan recibido en cantidad suficiente y mantengan de tal modo intactas su vitalidad y su inteligencia. Según las investigaciones realizadas hasta hoy, el cociente intelectual parece estar vinculado en forma directa con el aporte de selenio en particular, y sin duda también con el de muchos otros oligoelementos. Con la ausencia o la insuficiencia de este aporte, las capacidades intelectuales disminuyen cada vez más y aumenta la agresividad. Nuestros conocimientos no se encuentran todavía lo bastante avanzados como para conocer las cantidades ideales de los distintos oligoelementos que nos son necesarios. Será preciso investigarlas. Los alimentos naturales los contienen en proporciones no sólo diversas según su

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naturaleza, sino también variables de acuerdo con la composición del suelo que los proporciona. Por eso una alimentación variada es preferible a una alimentación uniforme. ”En la medida en que se levanten los obstáculos legales que no tienen objeto y que hoy prohíben todavía en numerosos países la práctica de los conocimientos adquiridos en los oligoelementos, su utilización en el dominio de la nutrición llegará a ser un día tan beneficiosa como la de las trece vitaminas conocidas en la actualidad.” (Félix Kieffer.)

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Las vitaminas Cuando el fisiólogo entendió el valor energético de los alimentos, clasificó a las sustancias nutritivas en proteínas, grasas y glúcidos y estableció la importancia particular de las proteínas y la imposibilidad de prescindir de ellas, así como el papel capital de ciertos minerales, le pareció que el conocimiento de las sustancias necesarias y suficientes para la conservación de la vida humana y animal era completo y que el capítulo estaba cerrado. Fue una revolución en la ciencia tradicional cuando, a comienzos de siglo, Stepp mostró que una mezcla alimentaria de proteínas, hidratos de carbono y sales minerales, cuantitativa y cualitativamente suficientes, si era purificada por un tratamiento con alcohol o éter, perdía su capacidad de asegurar el crecimiento y la vida de las ratas. El agregado de grasas neutras no modificaba en nada las cosas. En cambio, si la pequeña cantidad de sustancias extraídas por el alcohol o el éter se agregaba a los alimentos tratados, los animales volvían a progresar. De esta observación fundamental derivó la noción de la existencia de sustancias que el organismo animal es incapaz de elaborar y que, en dosis mínimas, del orden de la millonésima y aun de la diez millonésima del peso de la ración alimentaria cotidiana (algunos miligramos, décimas de miligramos, y en ocasiones menos aun), son indispensables para la vida. Por tal razón fueron denominadas vitaminas. Su ausencia determina alternativas y lesiones más o menos características para cada una de ellas. Es bien sabido que todas las especies animales necesitan para vivir vitamina o tiamina, en su régimen alimenticio, en tanto que todas las especies vegetales sintetizan esta sustancia en sus células. Se ha llegado a pensar que los animales derivan de vegetales, los primeros en aparecer en la Tierra. El primer animal, antepasado de todos los otros, había heredado sin duda el gene que permitía la síntesis de la tiamina. Al alimentarse de plantas, el animal introduce en su organismo la cantidad necesaria de esta vitamina, sin necesidad de recurrir al mecanismo productor. Con el tiempo, perdió por mutación los genes responsables de esa síntesis. Este mutante ya no se vio entorpecido por un mecanismo que se había vuelto inútil. A partir de entonces sus descendientes necesitan para vivir tiamina exógena. Es probable que lo mismo haya ocurrido con las otras vitaminas.

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Para todas las vitaminas se ha establecido el aporte mínimo vital. En lo referente a la mayoría de ellas, la dosis óptima es más o menos cinco veces superior. Aumenta en condiciones de vida difíciles, en el embarazo, el estrés y las enfermedades. Las vitaminas, lo mismo que los oligoelementos, forman parte de enzimas, catalizadores de reacciones vitales. La ausencia de una vitamina dada vuelve inoperante a esa enzima. Una cantidad insuficiente hace más lenta la reacción enzimática afectada. Como cada enzima cumple con una función bien definida, la falta de una vitamina se traduce por el trastorno de la función de la enzima correspondiente. Las vitaminas han sido subdivididas en dos grandes grupos, según su solubilidad. Las vitaminas liposolubles, o solubles en grasas, son la A, D, E, F y K. Las otras vitaminas (B, C, etc.) son hidrosolubles, es decir, solubles en agua. Las primeras pueden acumularse en cantidad bastante grande en el organismo, e ingeridas en exceso son tóxicas. Las del segundo grupo se eliminan con facilidad; gracias a ello, pueden ser absorbidas en cantidades importantes y se acumulan en escasa proporción. Es necesario, por lo tanto, un aporte regular. En este capítulo describimos la vitamina C y la F se trata en la pág. 285, en relación con numerosas enfermedades degenerativas provocadas por su carencia. A continuación resumimos en un cuadro sinóptico las propiedades esenciales de esas sustancias, tan importantes para la conservación de nuestra salud. CUADRO SINÓPTICO DE LAS VITAMINAS Nombre

Asegu ra

A Retinol

D Calciferol

Efectos Necesi de carencia dad mínimas por día en mg

La integridad demía los tegumentos y de la visión

Xeroftal

La asimilación mo. del calcio

Raquitis

0,9 Ceguera

Fuente

0,75 a Hígad o, leche yema de huevo vegetales verdes y amarillos

0,0025 Aceites = 100de pescados, Unidades hongos, Osteomainternacional huevos, lacia. es mantequilla Osteopo rosis

99

E Tocoferol

F Acidos grasos poliinsaturados

Esterili

Esterilid

10 a 15

dad, ad. normalidad Endurecimient de los tejidoso de las vainas conjuntivos, de los cicatrización tendones de de laslas manos heridas. (enfermedad Antioxidante de Dupuytren)

es integra les, aceites vegetal es

Integri Desequil ¡12 a Granos dad de losibrios 25 gramos! oleaginosos, tegumentos, aceites inmunit producción crudos arios. de extraídos en prostaglandi frío Trombos nas, lecitinas, is mielina

K

nas

Cereal

Coagu Hemorr labilidad deagias Naftoquino la sangre

4

Produ cida por las bacterias intestinales

sintéticas

Vitaminas hidrosoiubies, no son tóxicas Nombre

Aneurina

Asegura

La transformación de los alimentos en energía

Efectos Necesid de carencia ad mínima pors día en mg Beri-beri

0,6 a 2,3

Fuente

Cereal es integr ales, algas, levadu ra

100

B2 Lactoflavina B6 Piridoxina

PP-B3

a

Metabol Detenci ismo de losón del aminoácidos ycrecimiento. ácidos Alteraciones nucleicos. nerviosas. Integridad deArteriosclerosi las membranas s. Descenso de la inmunidad. Sordera Respirac

Pelagra ión (intolerancia a Nicotinamid la exposición celular, solar, inflamación de metaboli las mucosas smo digestivas, demencia) hormon al

2a4

Cereal es integrales, yema de huevo, hígado, levadura.

10 a 20

Coraz ón, riñone s, hígad o, levadu ra, hongo s, legum inosas

B5 Acido pantoténico

Degrada Fatiga, ción de loshipotensión, alimentos endescenso de CO2 y H2,los anticuerpos forma parte de la coenzima A

101

6 a 10

Legu mbres, frutas, yema de huevo, cereales integrales, jalea real

B12

Síntesis de los ácidos Cobalamina nucleicos (ADN) y consa ello el crecimiento

Nombre

Ase gura

Anemia

0,003

pernicio

Efectos de Necesida carencia d mínima por día en mg

B8

Co Como B12 mplement Insuficiencia de Acido fólico ario de lalos glóbulos en B^ losblancos y de las cromosom plaquetas en la as sangre

Hígad o, bazo. Producido por la flora del colon

Fuentes

0,1 a 0,3

Como B12‘ Además, hongos, levadura, espinaca cruda

Colina Inositol

Cre Calvicie cimiento masculina de los vegetales inferiores y de las levaduras

1 gramo

Soja, cereales integrales, hígado, germen de trigo, seso

P-

Inte gridad de los capilares, aumenta su resistencia y disminuye la permeabil idad

30

Acompa ña a la vitamina C. Grosellas negras, paprika, frutos agrios

Flavonas

102

H Biotina

Inte Eritroder gridad demia descamativa la piel ydel lactante de la musculatu ra

H1

Cre cimiento Acido para-de las aminobenzoico bacterias

0,1 a 0,3

¿VitÍligo?

Produci da por las bacterias del colon; granos germinados, nueces Gérmen es de trigo, hígado, levadura

LA VITAMINA C, O ACIDO ASCÓRBICO AVITAMINOSIS C = ESCORBUTO Es un catalizador ubicuo. El escorbuto, enfermedad causada por la carencia de vitamina C (ascórbico significa que se opone al escorbuto), se conoce desde la antigüedad. Se produce cuando las frutas y las legumbres crudas faltan en la alimentación durante un tiempo prolongado (de 90 a 180 días). Ya descrito por los romanos, posteriormente fue designado con el nombre de "peste", después de la séptima cruzada (1248- 1254). En las plazas fuertes asediadas o en las tripulaciones de los navíos durante los viajes prolongados aparecía en forma epidémica, y el agotamiento de las reservas fisiológicas se producía de manera perceptible, en el mismo plazo, en la mayoría de los individuos sometidos al mismo régimen. En el pasado, el escorbuto afectaba con predilección a los soldados y a los marinos, es decir, a personas del sexo masculino sujetos, durante largas campañas, a todo tipo de esfuerzos físicos y psíquicos, durante los cuales la necesidad de vitamina C se acrecienta. En el curso de su viaje de Lisboa a las Indias contorneando el cabo de Buena Esperanza, viaje que duró del 9 de julio de 1497 al 20 de mayo de 1498, Vasco da Gama perdió, a causa del escorbuto, a cien de sus ciento sesenta marinos. Una vez agotado el aprovisionamiento de frutas y legumbres, los marinos se alimentaban de galletas y de carne de vaca y de cerdo saladas, que casi no contenían vitamina C. Durante algunos meses quedaron todavía protegidos por la reserva de ascorbatos de los tejidos, en especial de la médula ósea y de las glándulas suprarrenales. Una vez agotada esta reserva, el escorbuto se instaló en ellos. Las heridas y las infecciones, que aumentan la necesidad de vitamina C, aceleraban la aparición de la carencia. Esta enfermedad era frecuente a causa de la dificultad de conservar y trasportar alimentos que contuvieran vitamina C. La acción saludable de los vegetales, y en especial, del jugo del escaramujo, del perejil, de las bayas silvestres, del limón, de la raíz de rábano silvestre, etc., fue reconocida desde la Edad Media. En 1536, habiendo perdido varios de los hombres de su tripulación a causa del escorbuto, el explorador francés Jacques Cartier se enteró por los indios 103

del Canadá que era posible prevenir y curar esa enfermedad con la ayuda de una infusión de brotes jóvenes de coníferas. Según las antiguas descripciones, el escorbuto se manifestaba a partir del cuarto mes en alta mar: encías tumefactas y sangrantes, aflojamiento y después caída de los dientes, hematomas subperiósticos, musculares y subcutáneos, piernas hinchadas y ulceradas, diarreas y letargo que culminaba en la muerte. Muchos de estos síntomas aparecen también en la etapa terminal del cáncer, en especial en las leucemias. En 1747, el médico escocés James Lind estableció el valor de los frutos cítricos en la prevención del escorbuto. El mérito de James Cook, en la segunda mitad del siglo XVIII, consistió en haber sabido proteger del escorbuto a la mayor parte de su tripulación, a lo largo de un viaje de tres años, durante el cual sólo cinco hombres fueron afectados por él. Este resultado fue obtenido, no sólo por la administración regular de "choucroute" crudo o de jarabe a base de limones y naranjas, sino, además, gracias a una higiene que permitió evitar las infecciones y disminuir con ello la utilización por el organismo de la vitamina C. Si bien el conocimiento de la avitaminosis C es antiguo, el descubrimiento de la sustancia activa y su síntesis son recientes (1928, Albert Szent Gyórgi). La vitamina C fue aislada primero a partir de las suprarrenales y luego de la paprika verde. Hoy sabemos que se trata de un ácido cuya estructura recuerda a la de un azúcar simple, como la glucosa, que contiene seis átomos de carbono y seis de oxígeno, pero sólo seis u ocho átomos de hidrógeno (en lugar de los doce del azúcar), dos de los cuales pueden ser tomados de otras sustancias o cedidos a ellas. Por lo tanto, el ácido ascórbico sirve, al igual que muchos de los otros catalizadores biológicos, como transportador de hidrógeno y participa por ende en los fenómenos de respiración celular. Fórmula de la vitamina C

Glucosa (forma furanosa) 12 átomos de hidrógeno.

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Acido ascórbico: forma reducida, 8 átomos de hidrógeno, doble valencia entre 2 carbonos.

Acido ascórbico: forma oxidada, 6 átomos de hidrógeno, sin doble valencia entre los carbonos, 2 hidrógenos han sido cedidos a otra sustancia. El ácido ascórbico no es una vitamina para todos los animales. En efecto, la casi totalidad de las especies animales puede realizar su síntesis en el hígado a partir de la glucosa. Según los conocimientos actuales, sólo el hombre, los otros primates, el cobayo, un murciélago vegetariano, algunos tipos de saltamontes, la trucha y otros salmónidos han tenido la desgracia de perder esa facultad. Su supervivencia depende, desde entonces, de su aptitud para encontrar en los alimentos la cantidad suficiente de esta sustancia indispensable. El mono y el hombre primitivo habitaban en los trópicos, donde la alimentación es muy rica en vitamina C (aporte de 12 gramos por una ración alimentaria de 2.500 calorías). La necesidad de sintetizar la vitamina C no existía y desapareció la facultad de hacerlo. Después el hombre emigró a regiones donde su alimentación se hizo mucho menos rica en ácido ascórbico y su cuerpo se empobreció de este principio vitamínico. Los herbívoros continúan sintetizando la vitamina C, en tanto que la alimentación se la proporciona en abundancia. El contenido medio de ácido ascórbico de los vegetales que consumen es de 2,3 gramos para una ración de 2.500 calorías. En apariencia, tal aporte no les basta. Una cabra de 70 kilogramos sintetiza 13 gramos de vitamina C por día. En cuanto a los otros animales, lauchas, ratas, perros, gatos, vacas, ardillas, moscas domésticas (!), la cantidad de vitamina C sintetizada es proporcional al peso del cuerpo, con un promedio de 10 gramos (entre 10 y 20 gramos) por día para un peso de 70 kilogramos. Como la bioquímica humana se asemeja a la de los animales, puede admitirse que la necesidad de vitamina C también lo es en lo referente a asegurar al organismo la salud y el rendimiento óptimos, y no sólo la supervivencia.

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Según Irving Stone (The Healing Factor: Vitamin C against Disease, 1972, Grosset y Dunlap, Nueva York), todos los seres humanos padecen de una enfermedad genética: "la hipoascorbia", corregida mediante el aporte de 2 a 12 gramos de ácido ascórbico por día. Aunque en la actualidad el escorbuto declarado es excepcional en el hombre (excepto entre los prisioneros de los campos de concentración), los estados preescorbúticos siguen siendo frecuentes; se traducen por tendencia a la fatiga, falta de apetito, hemorragias subcutáneas y gingivales, un estado depresivo que aparece sobre todo en la primavera, una resistencia disminuida a las infecciones, trastornos digestivos, reumatismo, aflojamiento de los dientes, abortos o esterilidad. La necesidad de vitamina C es muy variable. Se eleva en el embarazo y la senectud. Aumenta con el trabajo físico. Medida entre los soldados, ha pasado de 18 miligramos por día durante la actividad normal a 211 miligramos después de un trabajo fatigoso. Siendo indispensable para numerosas funciones, esta necesidad aumenta mucho en numerosas enfermedades, en las cuales su aporte abrevia la convalecencia y permite que el metabolismo celular se normalice más rápidamente. La vitamina C es tan indispensable para los vegetales como para los animales. Condiciona y acelera el crecimiento de las plantas y se concentra en los brotes y las hojas, donde participa en los fenómenos de la fotosíntesis. Cataliza la formación de los azúcares. Los tejidos ricos en caroteno también tienen un elevado tenor de ácido ascórbico. El ácido ascórbico abunda en especial en las coles, las espinacas, los pimientos, los tomates, las fresas, las grosellas y los frutos cítricos. El hígado contiene 20 miligramos por cada 100 gramos, el perejil 150 miligramos, la mayoría de las frutas y las bayas 50 miligramos y las patatas 30 miligramos. La leche de mujer es más rica en vitamina C (44 miligramos por litro) que la leche de vaca, un litro de la cual sólo contiene, en crudo, de 5 a 28 miligramos (Schweigart). Los alimentos de origen animal (carne, leche), la mayoría de las legumbres y los cereales son pobres en ella. Vitamina del metabolismo intracelular, el ácido ascórbico desaparece en los organismos en reposo, tales como las semillas, y reaparece en abundancia después de la germinación. De tal modo, para provocar la aparición de escorbuto en los cobayos basta alimentarlos exclusivamente con cereales. Como cualquier sustancia vital muy reactiva, la vitamina C es inestable. En solución acuosa, al contacto del aire, se degrada con rapidez por oxidación. Esta destrucción es acelerada por el calor. Desaparece en forma más o menos total de la leche por la pasterización, de la carne por la conservación y de las legumbres por la cocción. En cambio, las patatas cocidas con su cáscara y protegidas así del contacto del aire conservan su contenido de ácido ascórbico. La ventaja de la vitamina C natural sobre el ácido ascórbico sintético reside en su asociación constante con el principio P, llamado de permeabilidad. La vitamina C es un catalizador ubicuo, indispensable para la vida. En apariencia, el hombre ha perdido, por lo menos en parte, la facultad de formarla a partir de la glucosa, por ausencia o debilidad del gen responsable de la síntesis de una única enzima hepática. Es un regulador 106

metabólico sin par. Los tejidos de los animales que pueden sintetizarlo son más ricos en esta vitamina que los nuestros, hecho del cual no es posible extraer la conclusión de que nuestras necesidades sean inferiores a las de aquéllos. Algunos autores piensan que estas tasas halladas en los animales capaces de sintetizar vitamina C serían las deseables para el hombre a fin de tener una eficacia metabólica óptima. Calculan que, si se asegurase a la población un aporte abundante de vitamina C, sería posible mejorar la salud pública y el rendimiento del trabajo en una proporción muy superior a los costos en que se incurra. Las mitocondrias y los microsomas extraídos del hígado de rata transforman in vitro la glucosa en ácido ascórbico, gracias a la acción sucesiva de dos enzimas, una de las cuales no existe en los animales incapaces de llevar a cabo esta síntesis. En esas especies hay, pues, un error congénito adquirido que las ha vuelto dependientes de un aporte exterior de esta sustancia vital. Las siguientes observaciones, llenas de enseñanzas, se hicieron en cobayos. La necesidad de vitamina C varía en gran medida de un individuo a otro en estos animales (¡en una relación de uno a veinte!), lo cual permite suponer que algunos de ellos son capaces de formarla, pero, en general, en cantidad insuficiente. Su comportamiento, por otra parte, fue muy diferente según el sexo: en tanto que ningún macho resistió más de veintiocho días a la ausencia total de vitamina C alimentaria, de cincuenta hembras, sólo diez (es decir, el 20 por ciento) perecieron antes de los treinta y seis días; tres hembras que habían sobrevivido ochenta y ocho días fueron sacrificadas, y se encontró en sus hígados una concentración de ácido ascórbico más elevada de la que existía en ninguno de los machos muertos al cabo de un tiempo de carencia mucho menor. Lina hembra continúa viviendo sin aporte alguno de vitamina C. Sometidas a un déficit normalmente mortal, algunas hembras pueden, entonces, producir ácido ascórbico en cantidad suficiente para sobrevivir. Un régimen rico en proteínas activa ese proceso metabólico, y los maníes lo hacen mejor que la caseína de la leche. En el género humano, también se comprobó, ya en el pasado, que las mujeres se encontraban menos expuestas al escorbuto que los hombres. En un grupo de voluntarios sometidos a un régimen carente de vitamina C, la única mujer presentó un escorbuto manifiestamente menos grave que los hombres (Bartley). Algunos estudios (Wilson y Nolan) demostraron que el 36 por ciento de las mujeres de edad tienen un régimen pobre en vitamina C, sin presentar por ello manifestaciones escorbúticas evidentes, a la inversa de lo que se observa en los hombres en las mismas condiciones. Por lo tanto, las mujeres, gracias a su metabolismo particular, al parecer pueden compensar en parte la falta genética responsable de la hipoascorbinemia (Stone). Esta posibilidad de adaptación explica la diferencia en las necesidades de ácido ascórbico de un individuo a otro. La vitamina C se encuentra en todos los órganos, pero en distintas concentraciones. Son especialmente ricas en ácido ascórbico ciertas glándulas de secreción interna (hipófisis, suprarrenales, cuerpo amarillo del ovario), así como también el hígado, el cristalino, los glóbulos blancos de la sangre; estos últimos son portadores de una reserva movilizable que desciende a

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cero cuando la alimentación no contiene vitamina C. En el cobayo, el ácido ascórbico ingerido se concentra en la mucosa intestinal, tejido cuya renovación es especialmente rápida. El plasma sanguíneo en ayunas contiene 1 miligramo de vitamina C por 100 mililitros. Al cabo de cuarenta días de privación de esta vitamina, la tasa desciende a 0,1 miligramo y se eleva a 1,5 miligramos por 100 mililitros por saturación. El cuerpo humano contendría en total 1,5 gramos de vitamina C. La necesidad cotidiana mínima sería de 6,5 miligramos, y el aporte recomendado por la Organización Mundial de la Salud es de 30 miligramos, cantidad muy grande respecto de la mayor parte de las otras vitaminas. La estimación de esta necesidad, sin embargo, varía según los autores de 15 a 100 miligramos diarios. El 65 por ciento del ácido ascórbico es excretado por los riñones, en distintas formas, en particular como oxalatos, de los cuales sería la fuente principal. La vitamina C es un regulador metabólico de primer orden. Activa numerosas enzimas y ejerce un efecto protector contra las carencias de otras vitaminas (A, B1 B2, D, E, K, ácido pantoténico, biotina, ácido fólico). Según una imagen de Hójer, es un "carburante" del metabolismo celular. Cuando las células disponen de ella en cantidad necesaria, su funcionamiento es normal. Si existe hipovitaminosis C, su actividad se torna más lenta y ponen en circulación productos no suficientemente degradados, lo cual resulta nocivo para el organismo. La supresión de la hipovitaminosis C vuelve el metabolismo celular a su nivel fisiológico, lo cual es percibido por el paciente en forma de bienestar. El hombre normal sintetiza en su hígado alrededor de 1 gramo de colesterol por día. El aporte de vitamina C estimula la producción de moléculas lipoproteicas transportadoras de alta densidad (HDL), lo cual favorece la prevención de las enfermedades cardiovasculares. En la glándula suprarrenal, la vitamina C es necesaria para la transformación del colesterol en hormonas (cortisona, desoxicorticosterona, etc.). Interviene en esa glándula, también, en la síntesis de la noradrenalina (hormona ergotrópica y simpaticotónica, es decir, que facilita el trabajo) cuya destrucción hace más lenta a continuación. Su importancia es primordial en todos los estados de estrés -heridas, quemaduras, hemorragias, operaciones quirúrgicas, fatiga por exceso de trabajo, infecciones-, que aumentan su consumo. Acrecienta la tolerancia al calor. Los animales escorbúticos muestran hiperglucemia con disminución de la tolerancia a los azúcares, escasa concentración de glicógeno hepático y resistencia a la insulina. La vitamina C interviene en la formación de la sustancia fundamental intercelular, y de los mucopolisacáridos presentes en las membranas celulares, y asegura su impermeabilidad normal. Favorece la acción de la catalasa, enzima indispensable para la defensa antinfecciosa (así, la gingivitis escorbútica es el producto de un debilitamiento de la resistencia de las encías a las toxinas y bacterias normalmente presentes en la boca). Abrevia la duración de las enfermedades triviales (gripe, anginas) y evita sus complicaciones (pulmonía, reumatismo agudo, etcétera). Se denomina inmunoglobulinas o anticuerpos a las proteínas que tienen la capacidad de reconocer las sustancias extrañas al organismo y de combinarse con ellas. Los seres humanos que realizan un fuerte consumo de vitamina C elaboran más anticuerpos de los tipos IgG e IgM 108

(1977, Vallance), lo cual les permite resistir mejor a las infecciones, en especial a las infecciones virales. Esta vitamina aumenta también la producción de interferón. La eficacia fagocitaria de los linfocitos sólo es ejercida cuando contienen suficientes ascorbatos. Un aporte cotidiano de vitamina C aumenta su número, que resulta multiplicado por 3 para 10 gramos y por 4 para un consumo de 18 gramos de vitamina C por día. Es bien sabido que para que un injerto de órgano sea aceptado resulta necesario debilitar las reacciones inmunitarias del receptor por medio de drogas inmunosupresoras. Los conejillos de Indias toleran los heteroinjertos de piel, tolerancia vinculada con las tasas muy bajas de ascorbatos linfocitarios; un aporte de ácido ascórbico provoca en ellos el rechazo de los injertos mediante un estímulo de los procesos inmunitarios. Un gramo de vitamina C por día reduce la duración de la gripe en un 30 por ciento (profesor Andersen, MecL Tri., 1974, NQ 45). Tomada en forma preventiva, disminuye la frecuencia de esta enfermedad. La vitamina C destruye al bacilo de Koch in vitro y atenúa la acción del virus del herpes en el conejo. En el cobayo, la infección por estreptococo hemolítico sólo produce lesiones miocárdicas en animales con deficiencia de vitamina C. El ácido ascórbico aumenta la tolerancia a ciertas sustancias más o menos tóxicas, como las sulfamidas (Jürg Bar). Si se administra vitamina C a un primer grupo de cobayos en dosis apenas suficientes para impedir la aparición del escorbuto, y a un segundo grupo en cantidades mucho mayores, que llegan a la saturación, se comprueba que los animales del segundo grupo son infinitamente más resistentes y soportan una cantidad de veneno mortal para los cobayos con subcarencias. Sus propiedades desintoxicantes son ejercidas contra el tabaco y los agentes cancerígenos. La vitamina C acelera el tránsito intestinal y es un excelente laxante. Junto con la vitamina E, la vitamina C protege a los ácidos grasos poliinsaturados contra la oxidación que los inactiva. Atenúa el shock anafiláctico (alérgico) del conejo, acelera la coagulación sanguínea, condiciona la absorción del hierro alimentario, asegura su incorporación a la ferritina, proteína que lo almacena, y favorece de tal manera la formación de la hemoglobina. La falta de hierro, por otro lado, facilita la aparición del escorbuto. Además, el ácido ascórbico es indispensable para el mantenimiento del crecimiento y la estructura normal de los huesos, de los cartílagos y de los dientes. Es necesario para la síntesis del colágeno e interviene en todos los fenómenos de cicatrización y producción de buenas cicatrices. Es indispensable para la renovación del tejido conjuntivo; en su ausencia, este último

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desaparece y la matriz ósea se reabsorbe, fenómeno que se observa, por ejemplo, en la osteoporosis de los ancianos. Se ha sostenido que el consumo de altas dosis de ácido ascórbico provocaba la formación de cálculos renales constituidos de oxalatos. La conversión de ascorbatos en oxalatos sólo se produce, en realidad, en personas de un genotipo raro. La hipervitaminosis C es desconocida. La saturación tisular de vitamina C no produce efectos secundarios indeseables, ni reacciones tóxicas (Lowey). En ocasiones ocurre que ingerida en dosis elevadas produce trastornos digestivos (diarrea, nauseas), agitación, insomnio, y dolor de cabeza, pero esto es excepcional y de corta duración, y el excedente eventual de ácido ascórbico es excretado con rapidez por los riñones. Muy pocas veces hemos observado estos fenómenos de intolerancia cuando la vitamina C es tomada por la mañana, disuelta en agua azucarada. Las facultades intelectuales y corporales y los esfuerzos deportivos son exaltados por el ácido ascórbico, que disminuye el cansancio muscular consecutivo a la actividad física. Las enfermedades triviales, bacterianas o virósicas, son particularmente nocivas para los enfermos crónicos y pueden ser el origen de una recaída. Como hemos señalado, la vitamina C protege contra tales infecciones. Teniendo en cuenta estos hechos, he protegido a tales pacientes -cancerosos, poliartríticos, paralíticos, etc.- dándoles 1 gramo de ácido ascórbico por día. Casi siempre acuden a decirme, durante las epidemias invernales de gripe, que, aunque expuestos al contagio en el seno de sus familias, ellos, los más frágiles, los menos protegidos, habían quedado indemnes o fueron muy ligeramente afectados por dos o tres días, mientras que los otros habían estado enfermos durante una a tres semanas. El hombre tolera la ingestión de 10 a 20 gramos diarios de vitamina C durante años; tales son las cantidades que sintetizan los animales que pueden hacerlo. En Estados Unidos y Francia, la vitamina C es de venta libre, pero no así en Suiza. La polémica que se desarrolló al respecto hizo que una de mis pacientes, mujer de edad y cancerosa antigua, abandonase su consumo diario de 1 gramo de vitamina C a título de protección invernal. En tanto que había pasado muchos inviernos sin participar de las epidemias de gripe, el abandono de la vitamina C le hizo contraer una que duró varias semanas, como ocurre a menudo en los ancianos. La reanudación de la protección por el ácido ascórbico durante los inviernos siguientes la puso de nuevo al amparo de las infecciones gripales. Destino de la vitamina C en el organismo (según Linus Pauling) El aporte de 150 miligramos de ácido ascórbico por vía bucal produce una concentración de 1,5 miligramos por ciento de vitamina C en el plasma. Si se aumenta el aporte, la concentración se eleva, en forma pasajera, a 2,5 miligramos, y luego vuelve a 1,5 miligramos por ciento. Existen enzimas que favorecen la conversión de la mayor parte de los ascorbatos en productos de oxidación útiles. Si el aporte se mantiene elevado, el cuerpo aumenta la cantidad de enzimas de conversión. Si se reduce en forma brusca, durante algunos días hay un exceso de enzimas de conversión y, a causa de ello, un nivel demasiado bajo de vitamina C en la sangre, lo cual se 110

acompaña de ciertas alteraciones, por ejemplo, de una mayor susceptibilidad a las infecciones. Después, la adaptación a un aporte menor se logra por medio de una disminución de la tasa de las enzimas de conversión. Por lo tanto, no hay que disminuir la dosis de vitamina C en forma demasiado brusca. Con un aporte de 100 miligramos por día y una concentración plasmática de 1,0 miligramos por ciento, no pasa prácticamente nada de ácido ascórbico a la orina y todo es reabsorbido en los túbulos renales. Cuando el consumo es superior a los 100 miligramos, 1 a 2 gramos por día, por ejemplo, alrededor de 25 por ciento pasa a la orina, en tanto que el resto es retenido por el organismo. En personas con buena salud privadas de vitamina C durante varios meses, un aporte de 4 gramos basta para provocar su eliminación urinaria. En cambio, en un canceroso que antes había ingerido grandes dosis de ácido ascórbico, después de una interrupción del aporte por varios días fue necesaria la ingestión de 50 gramos de vitamina C para que ésta apareciese en la orina (véase pág. 439). Algunos enfermos, tales como los esquizofrénicos, eliminan muy poco ácido ascórbico y necesitan ingerir de 20 a 100 gramos para que aparezca en la orina.

Tercera Parte LAS POLUCIONES

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Las cadenas alimenticias Todos los seres vivientes tienen necesidad de alimentarse, es decir, de tomar del mundo exterior las sustancias que les permitan vivir. En tanto que las plantas son capaces de construir sus tejidos a partir de materia mineral inerte, los animales están reducidos a alimentarse de tejidos vivos preformados, de origen vegetal o animal. Todos forman parte de lo que se denomina las cadenas, cuyo punto de partida más importante, desde el punto de vista cuantitativo, es el fitoplancton, o sea, la enorme masa de algas minúsculas que flotan en el mar. Estas algas son los alimentos básicos de los peces vegetarianos, que son devorados por los peces carnívoros y éstos a su vez por aves piscívoras. Así se constituyen las cadenas alimentarias más o menos largas que llevan del fitoplancton al hombre. Cualquier vegetal comestible puede convertirse en el punto de partida de esa cadena. Si tomamos el ejemplo de la hierba, ésta es ingerida por un rumiante, que a su vez es consumido por el hombre. Si el animal que se alimenta de hierba es la liebre, el eslabón siguiente podrá ser el zorro. Si el zorro muere en la naturaleza, su cadáver será devorado por aves de presa y por larvas de moscas o bacterias. En este caso se dirá que la carne se pudre o se descompone: se licúa, se digiere; los productos de esta digestión (sales amoniacales) pasan al suelo y servirán de alimento a las hierbas que crecen en él. De tal manera termina un ciclo; la cadena alimenticia se ha cerrado en sí misma.

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LA ASIMILACIÓN CLOROFÍLICA La planta puede formar sus tejidos a partir del agua, del aire y de las sustancias minerales. Pero, todas las moléculas orgánicas contienen carbono. La planta verde lo obtiene a partir del dióxido de carbono presente en la atmósfera. Bajo la acción de los rayos solares, el pigmento verde de las plantas, la clorofila, permite a éstas absorber el dióxido de carbono, al tiempo que libera el oxígeno en la atmósfera. Un animal muere en un medio rico en dióxido de carbono; una planta prospera en esas condiciones siempre que disponga de luz. Si se coloca a un ratón bajo una campana de vidrio muere al poco tiempo por falta de oxígeno, tal como se extingue una vela; si en ese ambiente incapaz de asegurar la vida animal se ubica una planta verde, ésta se desarrolla con vigor siempre que reciba luz. Al cabo de cierto tiempo, el aire de la campana se vuelve lo bastante rico en oxígeno como para poder mantener la vida animal. Durante mucho tiempo se pensó que el oxígeno emitido por la planta provenía del dióxido de carbono. Hoy se sabe que la planta puede descomponer el agua. En efecto, si el agua absorbida por una planta contiene en su molécula oxígeno radiactivo, se comprueba que, bajo la acción de la luz, ese oxígeno marcado pasa al aire del ambiente, lo cual no se produciría si proviniese del dióxido de carbono. La planta verde descompone, pues, el agua, elimina el oxígeno y retiene el hidrógeno. Capta el dióxido de carbono y lo combina con el hidrógeno para formar azúcar. Esta reacción fundamental de vida se cumple con absorción de calor y acumulación de energía, que puede quedar en reserva y ser liberada luego por combustión (oxidación) del carbono y el hidrógeno acumulados. La asimilación clorofílica se interrumpe en la oscuridad. Lo mismo que los animales, la planta respira, es decir absorbe oxígeno y desprende dióxido de carbono. De noche, éste es el único fenómeno observable. Durante el día, la liberación de oxígeno por la planta verde es, en términos cuantitativos, muy superior a su absorción. De tal modo, una sola hoja de nenúfar da en un día de verano cerca de 300 litros de oxígeno (La plante, por J. H. Fabre, 1923, pág. 228). Las partes de la planta desprovistas de clorofila absorben el oxígeno y desprenden dióxido de carbono tanto de día como de noche: un grano que germina y una flor que se abre producen ese gas y desprenden calor. Así, en el momento de la fecundación la temperatura de ciertas flores (aro) puede elevarse en 15 grados por encima de la del medio. Entre las diversas radiaciones solares, el rojo es el que excita en mayor medida la actividad del pigmento verde de las hojas (colores complementarios). Si se descompone la luz solar con la ayuda de un prisma y se ilumina a las plantas con el espectro así obtenido (es decir, con los diferentes colores del arco iris), en la región que recibe la luz roja se forman, gracias a la actividad clorofílica, los granos de almidón más abundantes. La propiedad de la planta verde de tomar de la atmósfera el carbono indispensable, le otorga una gran superioridad sobre los animales. Y no es la única. Los tejidos vivos contienen nitrógeno en sus proteínas. Los vegetales, a la inversa de los animales, pueden obtener ese nitrógeno en el suelo. Por lo general, se encuentra en éste en tres formas: nitrógeno orgánico, nitrógeno 112

amoniacal y nitrógeno nítrico. El nitrógeno orgánico proviene de los residuos animales y vegetales que sufren, bajo la influencia de los microorganismos del suelo, una transformación en sales amoniacales que pueden ser absorbidas por las plantas. Pero los vegetales toman su nitrógeno sobre todo de los nitratos. Con ese nitrógeno y el azufre y el fósforo que extraen respectivamente de los sulfatos y los fosfatos del suelo, el hidrógeno del agua y el oxígeno y el carbono extraídos de la atmósfera tiene lugar la síntesis de los elementos celulares esenciales de la planta. Los vegetales aprovechan además el nitrógeno del aire, oxidado por los efluvios eléctricos de las tormentas, y de ahí la influencia fertilizante de éstas. Para la vida orgánica de la Tierra las tormentas tienen una importancia considerable. Las nubes se electrizan bajo la influencia de los rayos ultravioletas solares, y las descargas eléctricas hacen que se combinen entre sí el nitrógeno, el hidrógeno y el oxígeno contenidos en el aire. De esta combinación nacen los compuestos amoniacales, los nitratos y los nitritos, cuya función es fundamental para la vegetación. En el Observatorio de Montsouris, en París, se ha comprobado que un solo litro de agua de lluvia contiene 2 miligramos de nitrógeno amoniacal y dos tercios de miligramo de nitrógeno nitroso de origen atmosférico. En una región de Francia en la cual caen, como término medio, 750 milímetros de lluvia por año, estas precipitaciones aportan, por hectárea y por año, una cantidad de nitrógeno igual a 20 kilos, lo cual equivale a la utilización de 120 kilos de salitre, mezcla natural de nitratos y sodio, que sirve de abono. Esto da la medida de la importancia del agua de lluvia y la dificultad para reemplazarla por el agua de irrigación. Además, en algunas plantas como las leguminosas (arvejas, habas, alubias, lentejas, soja, etc.), bacterias denominadas nitrificantes se adhieren a las raíces, en las cuales su presencia provoca la formación de pequeños nódulos. Estas bacterias entregan a la planta el nitrógeno que han fijado y toman en cambio el azúcar. Es este un ejemplo de simbiosis, asociación de dos organismos que colaboran para una vida común. A la inversa de la planta verde, el animal es incapaz de sintetizar, a partir de sustancias inorgánicas minerales, las múltiples sustancias de las cuales está compuesto. Las moléculas más complejas (azúcares, almidones, grasas, proteínas) elaboradas por las plantas le son indispensables. Lo mismo ocurre, por otro lado, en mayor o menor medida, en los vegetales desprovistos de clorofila, tales como los hongos, las levaduras, etc., que pueden tomar el nitrógeno a partir de compuestos minerales, pero a los cuales las moléculas carbonadas complejas -como el azúcar para las levaduras- les son indispensables para construir sus tejidos y vivir. Por lo tanto, la vida animal es imposible sin las plantas verdes, que por un lado regeneran el oxígeno que el animal consume, y por el otro, gracias a su síntesis clorofílica, les proporcionan los alimentos que necesitan. Los intercambios entre los dos reinos -vegetal y animal- no se producen, sin embargo, únicamente para beneficio de los animales. Los desechos de estos últimos fecundan la tierra: la urea, elemento nitrogenado de la orina, es transformada por los microorganismos del suelo en amoníaco y en ácidos nitrosos y nítricos útiles para la planta. Las materias fecales y los cadáveres de los animales sufren, bajo la acción de las bacterias, transformaciones análogas. De

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tal modo se cierra el circuito por el cual la materia inorgánica vuelve a su punto de partida, después de haber servido para constituir la materia viva. Las plantas superiores pueden igualmente beneficiarse del aporte de moléculas complejas, hormonas o vitaminas provenientes de la orina de los animales y contenidas, por ejemplo, en la purina. La estructura de ciertas hormonas vegetales es muy similar a la de las hormonas animales, y el crecimiento de la planta se acelera cuando se le suministran estas sustancias. De tal modo, toda la vida en la Tierra se encuentra en estrecha dependencia respecto de otras vidas. Las bacterias del suelo simplifican las estructuras orgánicas, captan el nitrógeno del aire y hacen fértil el suelo para la planta verde. El grano de ésta germina con la humedad y el calor. Se liberan fermentos: el primer impulso de crecimiento ocurre bajo su acción a partir de las sustancias nutritivas, grasas y almidón, contenidos en ella, y que proporcionan la energía necesaria para las síntesis iniciales. Aparece la primera hoja verde. Capta el dióxido de carbono exhalado por los animales y los vegetales. La planta crece, efectúa numerosas síntesis: azúcares, almidones, grasas, proteínas, vitaminas, sustancias todas indispensables para la vida animal. El animal las consume y devuelve a la tierra los desechos fecundantes. Estos, transformados por las bacterias que viven en ella, vuelven como alimento a la planta. Y he aquí cerrado el maravilloso ciclo, en el cual todo es armoniosa cooperación para el mantenimiento de la vida. Esta interdependencia de las bacterias, los vegetales y los animales existe en el mar y en la tierra desde que apareció la vida, desde que aparecieron criaturas cada vez más complejas. Las relaciones que vinculan a los seres son a veces muy estrechas. De tal modo, en las playas arenosas de la costa norte de Bretaña existe un gusano muy pequeño, chato y translúcido, en cuyo cuerpo habita un alga verde que le otorga su color. Para que el alga pueda realizar su trabajo de fotosíntesis, el gusano sale de la arena con la marea baja y las playas se cubren entonces de grandes manchas verdes formadas por millares de gusanos. Expuesta al sol, el alga produce las sustancias alimenticias para sí misma y para el gusano que la transporta. Este se sustenta en forma directa de los materiales producidos por la planta gracias a su clorofila: su tubo digestivo, que resulta inútil, ha desaparecido. Cuando la marea vuelve a subir, el gusano se hunde en la arena para no ser arrastrado a aguas profundas. ¡Si una colonia de estos gusanos es colocada en un acuario, éstos continúan, lo mismo que al borde del mar, hundiéndose en la arena y volviendo a salir con el ritmo de las mareas! En esta asociación denominada simbiosis, la planta verde, el alga, aporta su capacidad de síntesis; el animal, el gusano, su capacidad de movimiento. Cada uno de estos dos socios conoce las necesidades del otro y las respeta. El hombre se encuentra incluido en un ciclo biológico muy complejo. Su vida no es independiente, sino que está relacionada en forma íntima con otras vidas -bacterias, plantas y animales-, y constituye con ellas una vasta y rica simbiosis. Desde hace milenios el hombre ha tratado de influir sobre esa simbiosis en su favor, cultivando las plantas y criando los animales que le son útiles en particular. Primero lo hizo en forma modesta, en pequeña escala, imitando a la naturaleza, y los ciclos biológicos se desarrollaron según el ordenamiento previsto por aquélla desde tiempos inmemoriales. En esta pequeña granja aislada, al comienzo del siglo, los ciclos biológicos continuaron todavía según sus leyes normales, en un circuito más o menos cerrado; el

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campesino que vivía del producto de su suelo le devolvía, en forma de desechos y excrementos, casi todo lo que le sacaba. Sin embargo, durante el siglo XX las condiciones cambiaron: las ciudades florecieron. Se volvieron cada vez más grandes, y reagruparon a un número mayor de individuos en un espacio limitado. Estas ciudades devoran los alimentos producidos por suelos a menudo muy alejados y a los cuales no devuelven nada. Han solucionado el problema de la evacuación de sus residuos por la incineración y la de sus excrementos creando el sistema de "todo al albañal". A causa de ello, los suelos productores quedan despojados en forma definitiva de una cantidad enorme de fertilizantes naturales. Ha sido necesario reemplazarlos. Ello se hizo primero por medio de abonos químicos, artificiales, que desgraciadamente contienen la huella de la imperfección humana y desequilibran los suelos. ¿Acaso no se denominó, hace todavía pocos años, "abonos completos" a mezclas de sustancias minerales que sólo contenían potasio, nitrógeno, fósforo y tal vez azufre, y ello para reemplazar la infinita variedad de las sustancias sustraídas?

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Los fertilizantes El hombre toma continuamente alimentos del suelo que cultiva. Si quiere conservar la fertilidad de éste, debe devolverle aquello que le extrae. El objetivo de los abonos es conservar, y en lo posible mejorar, la fertilidad de la tierra. El agricultor trata de cosechar productos cuyas cualidades biológicas permitan la conservación y aun el mejoramiento de la salud del consumidor, pero al mismo tiempo procura obtener rendimientos interesantes desde el punto de vista económico. Existen dos grandes categorías de fertilizantes: los químicos y los orgánicos. Los fertilizantes químicos son productos artificiales de síntesis. Para utilizarlos y hacer de ellos su propia sustancia, los seres vivientes deben transformarlos. Ciertas bacterias se alimentan sólo de sustancias minerales (azufre, manganeso, hierro, etc.), provocando reacciones cuya energía pueden explotar (bacterias nitrificantes). Se las denomina quimiotróficas. Otras bacterias y todas las plantas verdes utilizan la luz como fuente de energía para sus síntesis orgánicas. Se las llama fototróficas. Es posible cultivar vegetales en soluciones de productos químicos de síntesis, pero pierden su vitalidad, se debilitan; no mantienen los mismos poderes de defensa, ni los mismos poderes de reproducción que si crecieran en su medio natural. Han degenerado. Otro tanto ocurre con las plantas que crecen en un suelo sobrealimentado de sustancias minerales o químicas de síntesis, pues ciertos factores vitales eluden al químico. A la inversa, cuanto más se enriquece una tierra en sustancias orgánicas, más fértil se vuelve y más capaces son los vegetales que ella alimenta de defenderse contra las enfermedades y los parásitos. El poder reproductor de tales plantas se mantiene y aun se mejora. Los fertilizantes orgánicos alimentan a los microorganismos del suelo 115

que elaboran y proporcionan a las plantas los elementos que necesitan. La agricultura llamada química se opone, por lo tanto, en los distintos países a la agricultura biológica (denominada orgánica en Inglaterra y Estados Unidos). Los fertilizantes químicos penetran en los vegetales en forma directa, por un proceso de ósmosis, y las concentraciones salinas en el interior y el exterior de las raíces tienden a igualarse por difusión a través de las paredes de éstas. Algunos autores afirman que los abonos químicos no ejercen un efecto notable en la composición de las plantas: esto es inexacto. De tal manera, el aporte de 120 kilos de nitrógeno por hectárea produjo un aumento de la concentración de nitratos en las hojas de espinaca de 23 a 600 p.p.m. y se han podido observar varios casos de intoxicación de lactantes por espinacas a causa de su riqueza en nitritos, derivados de los nitratos. Al multiplicar por 8 el aporte de nitrato de amonio a un cultivo de raygrás, se comprobó una disminución de su contenido en cobre en más de la mitad. Graves carencias de cobre se produjeron en bovinos y ovinos que pastaban esta hierba (véase pág. 123). El abono con 254 kilos de cloruro de potasio por hectárea de cultivo redujo el nivel de manganeso de las plantas en una relación de 85 a 41. Al mismo tiempo, la relación del potasio con el magnesio ha pasado de 1,18 a 7,30. Las carencias de magnesio como consecuencia de la aplicación de abonos potásicos elevados favorecerían el cáncer (Delbet), así como las carencias de cobre provocadas por dosis excesivas de abonos nitrogenados o fosfatados (Voisin). Sin embargo, algunos abonos artificiales pueden ser benéficos. De tal manera, un aporte de fosfato de 240 kilos (en P2O5) por hectárea ha elevado la concentración de ácido ascórbico (= vitamina C) en la lechuga de 70 a 210 miligramos por 100 gramos de materia seca, ¡pero al mismo tiempo redujo la de caroteno ( = provitamina A) de 9 a 2,5 miligramos! Una de las razones de las carencias de oligoelementos cada vez más frecuentes en el hombre y los animales de cría debe buscarse en el uso de abonos químicos que carecen de ellos. En Europa, la generalización de su empleo ha conducido al consumo de productos vegetales que contienen cuatro veces más potasio, dos veces más ácido fosfórico, la mitad menos de magnesio, seis veces menos de sodio y tres veces menos de cobre que hace 100 años, sin hablar de las modificaciones orgánicas sufridas por esos productos. Estas alteraciones no pueden dejar de ejercer una acción notable y profunda en la salud del hombre (A. Voisin). Todas estas informaciones deben ser consideradas todavía como fragmentarias y puntuales. Lo que ignoramos sigue siendo inconmensurable. El equilibrio y la salud de los seres vivientes se encuentran, sin duda, mejor protegidos por los fertilizantes orgánicos, cuya composición está mucho más próxima de lo que el hombre ha sustraído al suelo. En la actualidad existe una mejor comprensión de estos fenómenos, y es posible procurarse en los comercios agrícolas todo tipo de fertilizantes minerales y orgánicos: rocas reducidas a polvo, polvo de algas o de huesos, guano, estiércol bovino seco, mantillo,

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turba, etc. Además, los agricultores se toman cada vez más trabajo para estercolar los desperdicios de sus campos, a fin de devolverlos al suelo explotado.

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Los pesticidas

Lo que hoy más nos amenaza es la intrusión de la química en la intimidad de nuestro medio y de nuestro cuerpo. Prof. KÜNNING

En el campo, el hombre ha tratado de producir cada vez más, cada vez con mayor facilidad y en forma cada vez más rentable. Se ha dedicado a cultivar los suelos con la ayuda de máquinas. Los setos, que constituían un obstáculo para el paso de éstas, fueron destruidos, al mismo tiempo que las moradas de aves insectívoras y de abejas, con las cuales los árboles frutales y las plantas silvestres cuentan para su polinización. Vastas extensiones fueron dedicadas a monocultivos, en total oposición a las leyes naturales. Esto no demoró en provocar nuevos problemas. En sus planes, el hombre no tuvo en cuenta la existencia de insectos. De ellos se conocen más de 500.000 especies, pero sólo algunas familias han entrado en conflicto con el hombre, competidoras en el consumo de los productos del suelo. La naturaleza introduce en el medio una gran cantidad de plantas, y esto constituye un freno natural para el desarrollo de cada especie de insecto. Al dedicar inmensas superficies a una sola y la misma especie vegetal, el hombre ha creado condiciones favorables para una multiplicación vertiginosa de ciertas especies. El gorgojo del trigo, por ejemplo, se propaga cien veces más en una granja dedicada exclusivamente al cultivo del trigo que en otra en la cual este cereal se encuentra próximo a cultivos a los que el insecto no está adaptado. Lo que complica el problema planteado por los insectos es la dispersión de éstos fuera de su territorio de origen, al azar de los transportes. De tal modo, en Estados Unidos se han hecho llegar de los cuatro rincones del mundo cerca de 200.000 variedades vegetales. De las 180 especies de insectos nocivos, la mitad, como término medio, ha sido importada con estas plantas. Cuando los animales o los vegetales penetran en un nuevo territorio, se encuentran al amparo de

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los agentes naturales que limitan su expansión en su país de origen. A partir de entonces, si el clima les resulta conveniente, pueden multiplicarse sin freno. Para proteger sus cultivos de la invasión de los insectos, de las malezas y los hongos, el hombre se ha dedicado a combatirlos. Por medio de los plaguicidas o pesticidas - insecticidas, herbicidas, fungicidas-, inició una guerra química contra sus enemigos, pero al mismo tiempo, en forma involuntaria, contra sus auxiliares. Las investigaciones efectuadas durante la Segunda Guerra Mundial, con vistas a una eventual guerra química contra los hombres, permitieron el descubrimiento de sustancias orgánicas mortales para los insectos. El DDT (dicloro-difenil-tricloretano), primer representante de todo un grupo de sustancias, había sido ya sintetizado en 1874, pero sus propiedades insecticidas sólo fueron advertidas en 1939 por un suizo, Paul Müller, quien recibió por ello el premio Nobel. La utilización de este producto fue al comienzo en alto grado benéfica. Empleada en polvo, destruyó los piojos que infestaban a millares de soldados y refugiados, y que los ponían en un gran peligro de contaminación por el tifus exantemático, enfermedad a menudo mortal, transmitida por esos parásitos. Otra acción trascendente, imputable al DDT, fue la de liberar a ciertas regiones del globo de la malaria y de la enfermedad del sueño, al destruir respectivamente al mosquito anofeles y a la mosca tsé-tsé, agentes vectores de tales enfermedades. Por lo tanto, al DDT se le debe la conservación de muchas vidas humanas. No obstante, entusiasmado por esos primeros éxitos, y ante la aparente inocuidad del producto, el hombre se dedicó a emplearlo en forma irrazonable en la lucha contra todos los insectos de la Tierra. Pero el DDT y los otros insecticidas sintetizados son muy distintos de los que se utilizaban tradicionalmente y cuya naturaleza es mineral y vegetal, como el sulfato de cobre empleado para las viñas o el extracto de tabaco usado contra los pulgones. Los insecticidas modernos actúan destruyendo enzimas indispensables para la respiración celular y, por ende, para la vida, enzimas también presentes tanto en los insectos como en las aves y los mamíferos. Aplicado primero al hombre en forma de polvo, el DDT pareció inofensivo porque, en esta forma, se mantiene en el exterior del cuerpo. Pero otra cosa ocurre cuando se encuentra disuelto en aceite. Al ser ingerido, se absorbe en el tracto digestivo; al ser respirado, se absorbe en los pulmones. El DDT es un tóxico potente en una dosis de 3 partes por millón (3 p.p.m. =3 miligramos por kilo), anula el efecto de una enzima esencial para la función del músculo cardíaco; 5 p.p.m. bastan para destruir las células del hígado. El desarrollo normal de las oxidaciones, o dicho de otra manera, de la respiración celular, consiste en una sucesión de degradaciones que liberan de energía. Se producen por etapas, comparables con el descenso de una escalera, en el que el paso de un peldaño al otro sólo es posible gracias a la actividad de una enzima especializada. Si falta un fermento de la cadena, poco importa cuál, toda la función queda frenada. Los insecticidas (DDT, malatión, etc.) actúan bloqueando las enzimas respiratorias. La vida celular es alterada. Cuando se trata de embriones, pueden producirse trastornos del desarrollo, deformaciones.

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Estas sustancias ejercen además otro efecto tóxico. Existe en todos los seres vivientes, una sustancia que energía, necesaria para el cumplimiento de los fenómenos vitales: el adenosintrifosfato (ATP). Se asemeja a un acumulador. Cuando se encuentra descargado, ha perdido una molécula de fósforo y se denomina adenosin- difosfato (ADP). La energía necesaria para su recarga y su reconversión en ATP, proceso denominado fosforilación, es proporcionada por los fenómenos de oxidación, y, en consecuencia, de respiración celular. La fosforilación se encuentra así vinculada, en forma normal, a una oxidación, y esta reacción es fundamental y esencial para la vida. Si el acoplamiento se quiebra, las oxidaciones continúan, pero queda detenida la producción de otra energía que no sea el calor: el músculo ya no se contrae, el nervio no transmite el impulso nervioso, el óvulo fecundado no se divide, etc. Si esta ruptura se prolonga, provoca la muerte celular, la de los tejidos, o la del organismo entero. Los rayos X pueden producir esos desacoplamientos, y también los productos químicos, entre los cuales se encuentran los insecticidas y los herbicidas. De tal manera, algunos de ellos hacen que se eleve en forma peligrosa la temperatura del cuerpo: es el efecto de calentamiento de un motor acelerado. Para conocer los efectos de la intoxicación con DDT, algunos voluntarios se sometieron a un contacto cutáneo con una solución oleosa. Las consecuencias fueron fatiga, dolor y pesadez de los miembros (músculos y articulaciones), depresión nerviosa, irritabilidad, sensación de incompetencia intelectual, tensión nerviosa, ansiedad, insomnio. ¡Necesitaron más de un año para reponerse! Liposolubles, los insecticidas se acumulan en todas las grasas corporales y en particular en las grasas de depósito. Pero existen pequeñas cantidades de lípidos en todas las células, sobre todo en las nobles del hígado, los riñones, las suprarrenales y el sistema nervioso, así como en las reproductoras: los insecticidas tienen, pues, tendencia a fijarse también en ellas. La acumulación del DDT en el organismo comienza a partir de la penetración de la dosis menor. Después del consumo de alimentos que sólo contienen una parte de DDT por cada 10 millones ( = 0,1 miligramo por kilo), se encontraron concentraciones cien veces más elevadas en el tejido adiposo. Este insecticida vuelve tóxicas las grasas corporales en el momento de su utilización, por ejemplo, en el caso de una enfermedad febril, cuando el individuo necesita recurrir a sus reservas. De tal manera, los técnicos que han manipulado el dieldrin, insecticida muy eficaz, análogo al DDT y más tóxico aún que éste, presentaron convulsiones, en ocasiones mortales, consecuencia de infecciones febriles triviales, producidas cuatro años después de una campaña contra la malaria: la liberación del insecticida depositado había provocado una intoxicación aguda del sistema nervioso. Las personas medianamente expuestas al DDT, como ocurre con la gran mayoría, presentan en su cuerpo alrededor de 6 p.p.m. (= 6 miligramos por kilo). Esta concentración se eleva al triple en los agricultores y al céntuplo en los de las fábricas de insecticidas. Las mujeres y los niños son más sensibles a esos tóxicos que los hombres. ¡Hoy se recomienda a las mujeres jóvenes en lactación no disminuir de peso por temor a que el pesticida acumulado en sus tejidos grasos se movilice, pase a la leche e intoxique al lactante!

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Una de las características más perjudiciales del DDT y de los productos similares, muy poco degradables, es que pasan de un ser vivo a otro siguiendo las cadenas alimenticias. Un campo de alfalfa es tratado con DDT y esa alfalfa, dada como alimento a las gallinas, hace que los huevos puestos contengan DDT. Si el nivel de DDT en el heno es de 7 p.p.m., el de la leche proveniente de las vacas que lo consumen es de 3 p.p.m., pero la mantequilla de esa leche contiene veinte veces más. El aldrin, un sucesor del DDT, fue prohibido en la agricultura, en 1973, porque era demasiado tóxico. Ningún residuo del aldrin debe encontrarse en los frutos y legumbres (cuando mucho, 0,01 p.p.m.). Pero la persistencia de esta sustancia en los suelos tratados es tal que los vegetales provenientes de esa tierra se encontrarán todavía contaminados unos quince años después de la interrupción de su empleo; 15 miligramos de aldrin ingeridos por el hombre provocan la aparición de albúmina y de sangre en la orina. En la intoxicación aguda aparecen síntomas nerviosos: temblores, ataxia y convulsiones, que pueden llegar incluso, a la muerte por paro respiratorio. En las intoxicaciones crónicas, se descubre en la autopsia un edema en los pulmones, los riñones y el cerebro y una degeneración hepática y tubular renal. El aldrin se encuentra transformado en dieldrin en la carne y la leche de las vacas que consumieron alimentos (henos, harinas) contaminados. Se denomina insecticida sistémico a un producto que, al penetrar en los jugos de la planta, los vuelve tóxicos para el insecto que los succiona. Cuando se tratan los granos (arvejas, habas, algodón, etc.) con un producto semejante, la planta resulta venenosa para los pulgones y otros insectos chupadores. ¡Pero he aquí que en Estados Unidos veinticinco agricultores enfermaron después de haber manipulado sacos de granos tratados con insecticidas sistémicos! ¡Y el polen de las flores provenientes de plantas tratadas antes de su floración volvió tóxica la miel de las abejas que lo habían recogido! La transmisión del influjo nervioso es asegurada por la aparición de una sustancia en las sinapsis (puntos de unión entre las neuronas): la acetilcolina, que debe desaparecer una vez cumplida su función. Esta destrucción la realiza una enzima, la colinesterasa. El paratión, insecticida organofosforado, destruye a esa enzima. La acetilcolina ya no puede ser eliminada, y ello produce alteraciones nerviosas incompatibles con la vida. El veneno de ciertos hongos actúa de la misma manera. ¡Y sin embargo, en California se han esparcido en los campos y los huertos cantidades de paratión suficientes como para aniquilar una población cinco a diez veces mayor que la del globo terrestre! Por fortuna, este insecticida se degrada con bastante rapidez. Las glándulas reproductoras, testículos y ovarios, son ricas en lípidos y concentran los insecticidas. En gallos jóvenes alimentados con productos contaminados, los caracteres sexuales secundarios, cresta y barba, sólo llegan a un tercio de su desarrollo normal y los testículos, solamente a una quinta parte. Las gallinas, ratas y perras que habían ingerido débiles dosis de insecticidas se volvieron estériles, o parieron crías que no vivieron. Los aviadores que habían participado en las campañas insecticidas sufrieron oligospermia. Este ataque contra los órganos de reproducción es singularmente grave. En mayor medida que una vida individual, la herencia genética, ese vínculo del pasado con el futuro, resulta precioso para todas las especies vivas. Modelados a lo largo de una evolución milenaria, los genes del hombre hacen de él lo que es, y contienen todo el futuro de su raza. El peligro moderno consiste precisamente en la destrucción

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de los genes, su debilitamiento o su mutación, por agentes químicos fabricados por la mano humana y completamente extraños a la naturaleza. A partir de 1950, ya hecho el daño, las autoridades norteamericanas declararon que se había subestimado la nocividad del DDT. En Suiza fue necesario devolver, en 1968, quesos exportados de Estados Unidos y que contenían demasiado DDT como para que las autoridades se alarmasen. En todos los tiempos el hombre ha destruido plantas y animales. Las talas indiscriminadas han convertido en desiertos regiones otrora prósperas. Ciertas especies animales, de aves y mamíferos, se encuentran en vías de desaparición. Nuestra época agrega a estas matanzas de siempre las hecatombes causadas por la guerra atómica. Apuntamos a los insectos y destruimos a los peces, las aves y los mamíferos. En su libro Primavera silenciosa, cuya lectura recomiendo vivamente, Rachel Carson escribía en 1963 que Estados Unidos producía 300.000 toneladas de insecticidas por año, DDT y derivados más tóxicos aún. Estos productos fueron empleados en todo y por todos: contra el gorgojo del trigo y otros grandes destructores de los monocultivos, pero también contra las polillas, las moscas de los establos, el mosquito de las regiones templadas, los abejorros, los parásitos de la zanahoria, etc. En el estado de Michigan, las autoridades decidieron en 1959 tratar por pulverización 11.000 hectáreas para combatir a un escarabajo moderadamente nocivo. ¡Los aviones lanzaron sobre la región una nevada de escamas de aldrin, insecticida considerado inofensivo! Estaba en todas partes: en el campo y las ciudades y en los techos de las casas. Varios días después, las larvas de insectos, y las lombrices envenenadas y que salían a morir a la superficie del suelo fueron presa de aves insectívoras (petirrojos, estorninos, paros, etc.), que perecieron en masa, paralizados por el insecticida. Los sobrevivientes quedaron estériles. Las liebres, las ardillas, los gatos, desaparecieron. Los perros y los hombres experimentaron diarreas, vómitos, tos y convulsiones. Una vez hecha la experiencia, hoy nos encontramos más o menos protegidos de catástrofes tan brutales; sin embargo, el hombre moderno, sea cual fuere, sigue constante y solapadamente expuesto a estos venenos. ¿Quién de nosotros no ha utilizado productos antipollillas, antimosquitos, antimoscas, antipulgas, etc.? ¿Qué propietario de jardín no ha pulverizado sus flores con un insecticida? En Norteamérica, el papel de los estantes de cocina se encuentra impregnado, tal como las ceras de los pisos, y estos productos contaminan nuestros alimentos. Hace unos años se analizaron platos servidos en restaurantes: todos contenían DDT. Lo que favorece la intoxicación por los insecticidas y los vuelve tan poderosos es el hecho de que los granjeros aumentan las dosis, efectúan los tratamientos demasiado cerca de las cosechas, emplean varias clases al mismo tiempo y no leen las advertencias impresas en letra pequeña en los envases. Una dosis de tolerancia de insecticidas en los alimentos ha sido establecida por las autoridades, cuando ninguna dosis de un veneno que se acumula puede ser considerada tolerable. ¡Para obtener un menor precio de venta de los productos alimenticios se autoriza el empleo de venenos y se paga a los inspectores encargados de vigilar que la población no sea demasiado

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intoxicada! Pero el empleo de estas sustancias se encuentra difundido hasta tal punto que esos controles son ilusorios. Los tratamientos denominados "normales" se efectúan a una concentración de una parte por 50 millones (= 1 miligramo por 50 kilos). ¡Pero en el pan se comprobó una concentración 15.000 veces superior! Se comprobó que la tercera parte de los productos lácteos examinados se hallaba contaminada. Los frutos y las legumbres tratados son menos nocivos cuando se les quita sus hollejos y sus hojas exteriores. El lavado no elimina los insecticidas modernos: las verduras de hoja tratadas no pueden ser ya despojadas de aquéllos. En los depósitos, los sacos de harina y las cajas de productos alimenticios son sometidos con frecuencia a aerosoles de insecticidas, los cuales podrían atravesar los envases. Los insecticidas son tóxicos para el sistema nervioso. En las intoxicaciones importantes con DDT aparecen convulsiones y temblores. El malatión destruye las vainas de los nervios. Otros insecticidas causan pérdida de la memoria o psicosis. De tal modo, el hombre de hoy vive en contacto permanente con productos químicos tóxicos. Durante sus cuarenta años, más o menos, de existencia, los pesticidas han sido distribuidos con tanta generosidad que se los encuentra en casi todas partes. Se los puede detectar en las aguas de los ríos, en los suelos en los cuales han sido depositados diez a veinte años antes, en el cuerpo de los peces, de las aves, de los reptiles, de las lombrices y de los animales domésticos y salvajes. Se los ha encontrado en los huevos de aves, en el cuerpo de los osos polares, en el del hombre y en la leche materna, a veces en concentraciones superiores a las consideradas admisibles para la leche de vaca, y es probable que se los halle en los tejidos de los niños por nacer. De tal manera, la polución por el DDT y sus análogos ha invadido el globo terrestre en su totalidad. Ningún animal escapa al envenenamiento desencadenado por el hombre. ¡Ninguno, salvo el insecto! Como su ciclo reproductivo es muy rápido, los individuos resistentes se seleccionan y forman una nueva cepa. El hombre reacciona inventando otras sustancias más tóxicas aun, siempre con el mismo resultado. ¡Y se comprueba que en los campos no tratados, las enfermedades causadas por los insectos se difunden con menos rapidez que en las regiones tratadas, ya que sus enemigos naturales han sido respetados! Al lado de los insecticidas, nuestro siglo ha visto aparecer los herbicidas, pero entre éstos "exterminadores de "malas hierbas" se encuentran productos químicos que actúan también sobre los tejidos animales. Unos provocan un envenenamiento general, otros elevan la temperatura, otros provocan mutaciones de genes y tumores malignos. El pentaclorofenol es un herbicida empleado con frecuencia a los costados de los caminos. También se lo usa para desfoliar el algodón. Un obrero que preparaba una solución con este fin dejó caer en él una herramienta; para recuperarla, introdujo la mano en el líquido y la lavó enseguida, pero enfermó y murió al día siguiente.

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Muchos herbicidas son derivados del arsénico. Esparcidos al borde de las carreteras, han causado muertes de vacas; vertidos en lagos y depósitos de agua para destruir las plantas acuáticas, hicieron que estas aguas resultaran inaptas para el consumo y en ocasiones para bañarse en ellas. Por lo demás, los herbicidas sólo destruyen ciertas malezas, y con ello favorecen el desarrollo de otras especies resistentes y el problema, lisa y llanamente, se desplaza de un punto a otro. No conocemos bien las relaciones entre las plantas y el suelo, e ignoramos si ciertas hierbas, consideradas dañinas, no tienen una función útil. Por ejemplo, un suelo puede quedar liberado de gusanos nocivos cuando se plantan en ellos caléndulas, que exudan por sus raíces sustancias tóxicas para esos parásitos.

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Polución del agua y del suelo POLUCIÓN DEL AGUA El agua es el más importante de nuestros alimentos. Sin ella no sería posible la vida. Desde que los químicos sintetizan numerosas sustancias que la naturaleza no ha inventado, los consumidores de agua se encuentran sujetos a un nuevo peligro. La elaboración de productos de síntesis en gran escala sólo comenzó en 1940: a partir de esa fecha, una masa de residuos químicos penetra todos los días en los cursos de agua. Es así como, en la actualidad, la contaminación de las aguas adquiere creciente importancia. Tiene múltiples orígenes: agua de albañal, aguas domésticas, ya servidas, que contienen detergentes, residuos químicos de las fábricas, residuos radiactivos de los reactores nucleares, precipitaciones radiactivas de las explosiones atómicas, etcétera. A todo ello se agrega la polución por los pesticidas, difundidos con amplitud en los cultivos, los jardines, los campos, los bosques, y a veces dispersados por avión sobre centenares de miles de hectáreas. En ocasiones, insecticidas y herbicidas son arrojados a las aguas para destruir en ellas las larvas, algunos peces perjudiciales o hierbas. En estas condiciones, se excede a menudo el objetivo buscado. En efecto, esos venenos tienen la propiedad de concentrarse en las cadenas alimenticias: plancton, peces vegetarianos, peces carnívoros, aves piscívoras. El cuerpo de estas últimas puede contener 175.000 veces más veneno que el agua. Dos años después del tratamiento de un lago con DDD, producto afín al DDT, el plancton, que se ha renovado varias veces, aun contenía tanto insecticida como al principio. Seis años después del tratamiento, sobre mil parejas de somormujos, sólo quedaban treinta, y éstas parecían ser estériles. De tal modo, el DDD puede ser consumido por el hombre con el producto de su pesca. Este veneno destruye las glándulas suprarrenales, en las cuales se concentra. Gracias a esa

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propiedad, ha sido inclusive empleado en el hombre para el tratamiento de una forma de cáncer de la glándula. Una parte importante de los millones de toneladas de pesticidas utilizados para destruir insectos y roedores resulta disuelta por las lluvias y arrastrada con las aguas hacia los océanos. La polución de las aguas fluviales se pone de manifiesto en ocasiones por la mortandad de peces. Esas mismas aguas sirven, sin embargo, para la alimentación humana. Las costas marítimas, su fauna y su flora, no escapan a la contaminación. Los herbicidas destruyen el plancton. Los insecticidas matan a los peces jóvenes y a los camarones. Los moluscos concentran los pesticidas y pueden ser tóxicos para el hombre que los come. En California, las aguas de irrigación de vastas regiones cultivadas y tratadas se vierten en el lago de una reserva natural que frecuentan numerosas aves acuáticas piscívoras. En 1960 murieron centenares de somormujos, gaviotas, garzas, y pelícanos. Los cadáveres de estas aves, los de los peces del lago y el plancton contenían insecticida. Las diversas sustancias contaminantes pueden combinarse, además, en el agua que las transporta, de manera inquietante y todavía mal conocida. He aquí un ejemplo. En 1944, se estableció una fábrica de productos químicos en las Montañas Rocosas. Ocho años después, en granjas que distaban 5 kilómetros aparecieron extrañas enfermedades en el ganado y el follaje de los árboles se volvió amarillento. En los pozos de irrigación de esas granjas se encontraron sustancias químicas que, transportadas por el agua a partir de los toneles de desechos de la fábrica, habían pasado al suelo y franqueado, en ocho años, los 5 kilómetros que separaban esos toneles de los pozos. Se descubrió, tanto en los toneles como en los pozos, un insecticida muy tóxico, jamás producido por el establecimiento, pero que había nacido, de manera espontánea, por la acción del sol, el aire y el agua. ¡De tal manera, la libre combinación de desechos considerados inofensivos había dado origen a un veneno violento! Este peligro resulta agravado por la presencia de sustancias radiactivas que aumentan su reactividad. El agua no sólo se encuentra cada vez más contaminada, sino que, además, escasea cada vez más. A causa de la explosión demográfica, el número de habitantes ha aumentado sin duda en el mundo, pero el consumo de agua por habitante se incrementó en forma desproporcionada y extravagante, en particular a causa de las enormes necesidades de las industrias. Las napas freáticas se han vaciado, las fuentes se agotaron, y se ha debido recurrir cada vez más al agua de los lagos y de los ríos. Se la vuelve potable filtrándola y desinfectándola (por adición de cloro), pero no es posible limpiarla de todos los contaminantes modernos, como los detergentes y los pesticidas. Se ha llevado a cabo un esfuerzo considerable para purificar las aguas servidas antes de volcarlas en los ríos y los lagos, y en todas partes han surgido plantas depuradoras. A partir de entonces, el agua del lago Leman, por ejemplo, se ha vuelto más limpia y es posible de nuevo distinguir las piedras que reposan en el fondo, lo cual ya no era posible desde hacía años. En verano, el lago ya no está cubierto de algas verdes y viscosas. Estas habían prosperado gracias a los fosfatos de los detergentes, cuya presencia a lo largo de las orillas se revela por la espuma blanca traída por las olas, semejante a la de nuestros lavarropas. La 124

polución era tal, tiempo atrás, que los baños en el agua fueron prohibidos, y pescados muertos flotaban en la superficie. La situación ha mejorado: ahora es posible bañarse, pero la depuración está lejos de ser perfecta. La población desconfía del agua de los grifos, y el consumo de las aguas minerales, vendidas en botella, ha aumentado considerablemente. El agua ya no se nos ofrece en forma gratuita como antes. Es preciso pagarla y usarla con sentido de la economía. ¡Cuan delicioso es el sabor del agua de las fuentes de montaña! Ya no lo conocemos. ¿Qué se puede hacer frente a esta situación alarmante? No malgastar el agua inútilmente; recoger, para el riego, el agua de lluvia; emplear productos no contaminantes para el lavado de la ropa; reducir lo más posible el empleo de los pesticidas en las casas, los jardines, los huertos y los campos. POLUCIÓN DEL SUELO La existencia de todos los huéspedes terrestres, incluido el hombre, depende de la delgada capa de suelo arable que cubre la Tierra. Sin ella las plantas no pueden crecer, y sin las plantas, los animales no pueden existir. Pero si la vida depende del suelo, el suelo a su vez depende de la vida. Los liqúenes son los primeros revestimientos de las rocas, cuya disolución favorecen por medio de sus secreciones ácidas. Los residuos de los liqúenes, mezclados con los de las rocas, permiten primero la nutrición de las algas y después la de otros vegetales. El suelo así creado por la vida contiene una abundancia y una diversidad de cuerpos vivientes, sin los cuales se mantiene estéril. Se encuentra en constante evolución, enriquecido por la desintegración de nuevas rocas, por las materias orgánicas en descomposición, por el nitrógeno oxidado que cae con las lluvias de las tormentas; empobrecido a causa de las sustracciones realizadas por las plantas que crecen en él. Los pobladores más importantes del suelo son las miríadas de bacterias y de hongos filiformes que hacen asimilables sus componentes para los vegetales superiores, reduciéndolos a sus constituyentes minerales. Una cucharada de mantillo contiene miles de millones de bacterias. Los 30 centímetros de la capa superior de una hectárea de tierra fértil pueden contener una tonelada de bacterias, lo mismo que una tonelada de hongos y protozoarios. Los vastos movimientos cíclicos de elementos tales como el carbono, el nitrógeno, el oxígeno y el hidrógeno, entre el aire, el sol y los tejidos vivientes no podrían desarrollarse sin las bacterias. Una vez más, los microbios del suelo son los que hacen que resulten utilizables por las plantas minerales tales como el hierro, el manganeso, el azufre. El suelo contiene además, una cantidad prodigiosa de ácaros e insectos ápteros primitivos. Ellos son quienes desmenuzan las hojas caídas de los árboles, las digieren y forman el humus. Otros animales más grandes, como la lombriz de tierra, horadan el suelo con sus galerías, lo labran, lo airean y permiten la penetración del agua. Las lombrices llevan a la superficie los 125

elementos de las capas profundas y conducen la materia orgánica superficial al contacto con las raíces (hasta 11 kilos por metro cuadrado en seis meses, según Darwin). Por lo tanto, el suelo es la sede de una vida intensa, y es preciso preguntarse si los insecticidas creados para destruir los insectos nocivos que se encuentran en él, en estado larval, no destruirán también a los que lo fertilizan. ¿El fungicida previsto para matar todos los hongos perdonará la vida de los que ayudan a los árboles a nutrirse? En la lucha contra las plagas, este problema no ha sido planteado, como si el suelo fuese algo inerte. De tal modo, hoy se comprueba que el DDT disminuye la nitrificación del suelo; el DDD, producto similar, impide la formación en las raíces de las leguminosas de los nódulos indispensables para su prosperidad. Algunos insecticidas retardan el desarrollo de las judías, así como también el del trigo y el centeno. Sin embargo, estos venenos pueden persistir durante quince años o más en el suelo, y esa es una de sus características más perjudiciales. Las aplicaciones repetidas se suman, año tras año, y culminan en un envenenamiento crónico. El hombre actual no vacila en emplear sustancias tóxicas para facilitarse el trabajo, para economizar tiempo: los productos vertidos en los campos de patatas para desfoliar las plantas y hacer más fácil la cosecha provocan vómitos y diarrea en los trabajadores. EJEMPLOS CONOCIDOS DE TRASTORNOS DE LA SALUD POR POLUCIÓN El peligro de polución por las sustancias químicas es muy real. Por ejemplo, una de mis pacientes, después de haber hecho un día de dieta de zanahorias, experimentó dolores abdominales y náuseas. Acudió a quejarse de ello al campesino que se las había vendido. "¡Eso no me asombra -replicó este último-, se las dimos a nuestros conejos y reventaron todos (sic)!" La zanahoria tiene la propiedad de concentrar los insecticidas, y los campesinos no observan siempre con exactitud el modo de empleo de éste; acentúan la dosis para estar seguros de obtener una legumbre de hermoso aspecto y, por lo tanto, fácil de vender. Según una información personal, proporcionada por un miembro de un centro de estudios agrícolas, el zumo de zanahorias extraído de raíces importadas de África del Norte fue mortal para las moscas que lo absorbieron. El viñatero, nuestro vecino, había tratado su viñedo por me dio de un herbicida; y vimos que un hermoso melocotonero, plantado a 2,50 metros del límite de las dos propiedades dejaba caer sus frutos verdes varios días después, y perecía, al igual que dos plantas de moras. Por lo tanto, cada uno de nosotros debe evitar en lo posible el contacto directo o indirecto con estas sustancias peligrosas. Si queremos tratar la ropa contra la polilla, no conviene hacerlo en la cocina. Es preciso buscar en el mercado, frutas y legumbres quizá menos hermosas, menos seleccionadas, pero no tratadas con insecticidas. Los campesinos cultivan por separado las soberbias zanahorias para la venta y las otras, menos bonitas, pero más sanas porque no han 126

sido tratadas, para uso de sus propias familias. Es preferible aceptar pequeñas manchas en las manzanas o algunos gusanos en las cerezas y no frutas tratadas. El ideal consiste en cultivar en el propio huerto las legumbres delicadas, acelga, lechuga, espinaca, sin tratarlas, pero, para embellecerlas, alimentarlas con abonos naturales: productos estercolados, estiércol, guano, etcétera. Pero aunque le dedique toda su atención, el hombre ya no puede hoy día protegerse por completo de la penetración en su organismo de diversas sustancias tóxicas que han llegado a contaminar su universo. Por lo tanto es vital que adquiera más resistencia a esos venenos. El hígado es el principal órgano encargado de la destrucción de las sustancias tóxicas. Esta función será tanto más eficaz cuanto mejor alimentado esté este órgano y menos debilitado por un aflujo de alimentos inadecuados y de sustancias nocivas. En efecto, basta que las enzimas desintoxicantes hayan sido empleadas para la destrucción de cuerpos tóxicos, bacterianos o medicamentosos, por ejemplo, para que la absorción suplementaria de dosis muy pequeñas de otros tóxicos, como los insecticidas, resulte nociva. Al adoptar una alimentación sana y bien equilibrada -tal como la hemos descrito-, el hombre moderno tiene, de acuerdo con lo demostrado en la última parte de este libro, un excelente medio para defenderse, pero debe entenderlo así y hacer el esfuerzo necesario.

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Polución del aire y muerte de los bosques El hombre depende en forma muy estrecha de su ambiente: privado de su alimentación, su supervivencia es de unas tres semanas; privado de agua, de tres días; privado de aire, de tres minutos. El aire es, por lo tanto, un "alimento" muy importante para el hombre. La composición de nuestra atmósfera se ha modificado de manera considerable desde que existe la Tierra. La atmósfera primitiva de hace unos tres mil millones de años estaba, en esencia, compuesta de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), hidrógeno (H) y amoníaco (NH3), y por lo tanto era impropia para la conservación de la vida. En la actualidad, sus constituyentes principales son el nitrógeno (N) en sus cuatro quintas partes y el oxígeno (02) en la quinta parte restante. La parte de los gases primitivos se ha vuelto imperceptible. El enriquecimiento progresivo de la atmósfera en oxígeno, sin el cual no podemos vivir, es el resultado de la aparición de la vida vegetal y de la actividad de la clorofila, la cual, bajo la acción de la luz solar, absorbe el dióxido de carbono (CO2) y libera el oxígeno (02). Poco a poco, a lo largo de millones de años, la atmósfera se ha empobrecido en dióxido de carbono y se ha enriquecido en oxígeno. La composición del aire continúa modificándose en nuestros días, pero en sentido inverso. En efecto, la mayoría de los procesos liberadores de energía se basan en una combustión, es decir, en un consumo de oxígeno con producción de dióxido de carbono. Así ocurre con el trabajo humano, el de una máquina de vapor, un motor de automóvil o de avión, o aun con la calefacción en nuestras casas. Si se piensa que un automóvil que recorre 1.000 kilómetros emplea 127

tanto oxígeno como un hombre que realiza un trabajo físico durante un año y que un avión mediano consume cien veces más que un coche en el mismo trayecto, se entiende que en nuestros días el equilibrio logrado después de millares de años entre la producción de dióxido de carbono por los vegetales y los animales entre ellos el hombre, y la regeneración del oxígeno por las plantas verdes se encuentra comprometido, y ello cada vez más desde hace cincuenta años. De tal modo, los 100 millones de vehículos de motor que circulan en Estados Unidos consumen alrededor de dos veces más oxígeno del que puede regenerar el conjunto de las plantas verdes de toda Norteamérica. La concentración de dióxido de carbono aumenta, pues, en forma constante. Se ha acrecentado más o menos en un 10 por ciento desde el comienzo del siglo, y se piensa que aumentará todavía al 25 por ciento en el año 2000. Sin embargo, esta situación no es todavía crítica en sí misma, porque el margen de seguridad parece suficiente por el momento. La polución de la atmósfera por otros productos cuantitativamente menos importantes sería mucho más inquietante. Se trata del hollín, del monóxido de carbono (CO), del dióxido de azufre o anhídrido sulfuroso (SO2), de los hidrocarburos aromáticos policíclicos, de los aldehídos, de los óxidos de nitrógeno, del plomo, etcétera Nuestra civilización se caracteriza por el derroche y el consumo de lujo. Consideramos como un progreso el hecho de crear objetos de uso único. Somos una sociedad de utilizadores de tachos de desperdicios (en alemán: Wegwerfergesellschaft). Para ello, producimos cada vez más materias sintéticas (180.000 toneladas durante el año 1968, para Suiza). Estos diferentes plásticos son muy cómodos, pero su empleo excesivo crea el problema de su eliminación. Una parte de estos plásticos está formada por cloruro de polivinilo, cuya destrucción engendra ácido clorhídrico (HCL) en estado de vapor, y ello a razón de una libra por kilo de plástico. De tal modo, Suiza lanza al aire, todos los años, 10.000 toneladas de ácido clorhídrico, que se agregan a las 100.000 toneladas de anhídrido sulfuroso provenientes en particular de la combustión del petróleo. Estas sustancias son agresivas para los materiales de construcción, las obras de arte, los bosques, el hombre... Desde hace unos cincuenta años, la nafta que utilizamos para los automóviles contiene como catalizador de combustión el tetraetilo de plomo. A causa de ello, la concentración de plomo dispersado en forma de minúsculas partículas flotantes (aerosoles) aumenta en forma constante en la atmósfera. El aire lo contiene en escasa proporción : 10 gammas (0,01 miligramo) por metro cúbico, aun en las grandes ciudades, pero la lluvia precipita ese plomo que se concentra en el suelo y se introduce y penetra en las plantas. Las que crecen al borde de las carreteras pueden contener hasta 0,5 miligramos por kilogramo. El plomo es un elemento tóxico y esta polución progresiva de la atmósfera, agregada al enriquecimiento de las plantas en plomo, representa un peligro. He ahí por qué un esfuerzo de investigación importante se lleva a cabo para sacarnos de la era de la nafta con plomo y proporcionarnos vehículos menos contaminantes. Desde el punto de vista de la contaminación del aire, Suiza parece privilegiada en comparación con los países en los cuales las inmensas aglomeraciones padecen de lo que se denomina "smog": en invierno, las condensaciones de humo -smoke- y la neblina- fog- provocan una polución

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atmosférica (en Londres, por ejemplo) de tal magnitud que el aire se vuelve tóxico y se producen fallecimientos por asfixia. En Japón y en Norteamérica, la polución de las grandes ciudades llega a un grado tan peligroso, sobre todo para los niños, que se han debido crear dispositivos de alarma para prevenir a la población del peligro. ¡En los grandes centros urbanos japoneses se ha llegado a instalar inclusive distribuidores automáticos de oxígeno que cada uno puede accionar, así como en otros países existen distribuidores de cigarrillos o golosinas! Por lo demás, la seguridad local en Suiza es muy relativa, pues la polución no se detiene en la frontera y los vientos se encargan de difundirla. LA MUERTE DE LOS BOSQUES Una de las consecuencias más nefastas de la polución atmosférica producida por el hombre es en la actualidad la muerte de los bosques. Las coníferas han sido las primeras víctimas, seguidas por otros árboles y luego por los frutales. El bosque representa un conjunto ecológico al cual pertenecen las malezas, los hongos, los gusanos, las algas y las bacterias (200 mil millones por gramo de humus). Las raicillas de los árboles secretan en sus extremos, sustancias denominadas fitoalexinas, por las cuales se defienden contra las bacterias patógenas de la putrefacción, así como un gel del que se nutren las bacterias beneficiosas que proporcionan al árbol el nitrógeno, el fósforo, el hierro, el manganeso, vitaminas y enzimas. Para ciertas especies de árboles, ese mismo papel lo desempeñan los hongos. El líquido alimenticio es transportado por ósmosis de las raíces a la copa del árbol, por finos vasos situados en la periferia del tronco, y la corriente se mantiene gracias a la evaporación que se produce a nivel de las hojas. En una capa más superficial, situada directamente bajo la corteza, un líquido que contiene las sustancias elaboradas por las hojas desciende hacia las raíces. En la cara inferior de las hojas se encuentran los orificios, los llamados estomas, por los cuales penetra el aire portador del dióxido de carbono , y de los que salen a la atmósfera el oxígeno y el vapor de agua. Los contaminantes atmosféricos gaseosos pueden penetrar en las hojas por los estomas, y disueltos por el agua de la lluvia, se introducen en la planta por las raíces. Las fuentes de polución son los gases de escape de los automóviles (NO2), las chimeneas de las fábricas, las instalaciones para la combustión de los desechos y las de calefacción a petróleo de las casas (SO2). Las altísimas chimeneas de las fábricas son fuentes de polución a distancia, en ocasiones a centenares de kilómetros. La lluvia, la nieve y la neblina transforman los gases, después de la disolución, en sulfatos, nitratos, cloruros y fluoruros, por combinación con el amoníaco, el magnesio, el sodio, el potasio y los metales pesados (arsénico, plomo, cadmio, mercurio) presentes en el polvo atmosférico. De ello resulta lo que se ha denominado las "lluvias ácidas".

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El pH normal del agua de lluvia es aproximadamente de 5,6. En la actualidad, ese pH, en las regiones habitadas, es de 4,1, e inclusive puede descender a 2,8 (el del zumo de limón es de 2,4 y el del vinagre es de 2,7). En invierno, el agua que cae de los árboles puede tener un pH de 2,7. El pH normal del suelo del bosque oscila entre 4,5 y 7,5. Cuando desciende a 4,3 o menos, las plantas padecen por ello. Esta acidificación produce la circulación de metales pesados tales como el aluminio, contenidos en forma natural en la arcilla y tóxicos en estado ionizado. Los distintos metales pesados que penetran en los tejidos del árbol ejercen acciones deletéreas que les son propias: el plomo y el cadmio detienen los procesos de crecimiento y de transporte de agua; el aluminio interfiere con la germinación y destruye las raicillas. Un suelo acidificado se empobrece en magnesio y calcio, indispensables para el árbol. La lluvia ácida destruye además la capa de cera protectora que reviste la cara superior de las hojas y luego su parénquima. Aparecen entonces pequeñas manchas necróticas blancas, que se agrandan y provocan la muerte de la hoja. El anhídrido sulfuroso (SO2) se introduce por los estomas, se disuelve en el jugo de la hoja y suprime en ésta la síntesis de las proteínas. Paraliza los estomas, que se mantienen abiertos en forma constante: a causa de ello, el árbol ya no puede defenderse contra la sequía. El flúor, especialmente agresivo , provoca las necrosis características en el borde de las hojas. Impide la polinización. La acidificación del suelo lo empobrece en las sustancias orgánicas que forman el humus. Bacterias, hongos, gusanos, insectos y arañas se vuelven menos numerosos. Las raicillas dejan de producir sustancias defensivas contra las bacterias patógenas de la putrefacción, que invaden las raíces y después el tronco de los árboles. Esta alteración priva al árbol de agua y sustancias nutritivas: las hojas amarillean en forma prematura y la fotosíntesis disminuye. Debilitado, el árbol ya no resiste a la tempestad ni a la sequía. Es atacado por un coleóptero depredador, el bóstrico, y muere. ¡Las lluvias ácidas contaminan además el agua de las napas freáticas, de las fuentes y de los lagos... en los cuales mueren los peces! Algunos radares, de emisiones energéticas particularmente potentes, y las líneas de alta tensión, parecen también contribuir a la enfermedad de los bosques en las regiones poco polucionadas. Los bosques siguen representando, sin embargo, una riqueza considerable. Purifican nuestra atmósfera, la liberan del dióxido de carbono y la enriquecen en oxígeno. Retienen el agua cuya evaporación excesiva impiden, y regulan así el clima. Protegen al suelo contra la erosión y a las aldeas de las montañas contra los aludes. Son lugares privilegiados para el descanso. Y por último, los bosques son acumuladores de energía solar. En cuanto a la masa de madera, materia preciosa producida por un bosque, se duplica en veinte años. En Suiza, más del 50 por ciento de las coníferas han sido atacadas. La pérdida de los bosques representa un grave deterioro de nuestra calidad de vida.

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Polución de nuestros alimentos POLUCIÓN DE NUESTROS ALIMENTOS POR LOS ANTIBIÓTICOS Los antibióticos son sustancias que impiden el desarrollo de los microorganismos, a través de la alteración de su metabolismo por inhibición, de un principio nutritivo esencial o de un factor de crecimiento. Su empleo en la lucha contra las enfermedades infecciosas del ganado está, por supuesto, perfectamente justificado. ¡Pero muy pronto se comprobó que los animales enfermos y tratados prosperaban más que los otros! De ahí a incluir antibióticos en el forraje no había más que un paso, que se dio muy pronto. Los antibióticos fueron considerados, a partir de ese momento, como factores de crecimiento y por lo tanto de ganancias. Su empleo generalizado se acompañó del desarrollo de cepas microbianas resistentes. Se han autorizado en la alimentación animal, como factores de eficacia nutricional, para aumentar el rendimiento, o bien como factor antiestrés, de adaptación a las condiciones de cría en confinamiento (véase pág. 263), los siguientes antibióticos, todos ellos empleados también en el hombre: aureomicina, bacitracina, neomicina, penicilina, terramicina y cloranfenicol. Este último antibiótico ha sido prohibido luego en la alimentación animal por las autoridades sanitarias, pero se lo vende en las ferias, y los laboratorios lo entregan en forma directa a los criadores. ¡Como ejerce un efecto tóxico sobre la médula ósea, se lo utiliza para blanquear la carne de ternero para consumo volviéndola anémica! Todos los antibióticos empleados corrientemente en la alimentación animal aparecen en la carne que consumimos. Su uso prolongado causa la formación de cepas bacterianas resistentes y destruye la flora intestinal normal, lo cual puede causar, entre otras cosas, una carencia de vitaminas B y K. Los médicos desearían prohibir el uso en el animal de cría de los antibióticos empleados en el hombre, así como los que se acumulan en los tejidos, pero ello resultaría muy difícil. Un agregado de antibióticos a los alimentos se ha propuesto también para prolongar la duración de su conservación: no es posible tolerar semejante práctica. POLUCIÓN DE NUESTROS ALIMENTOS POR LAS HORMONAS Los criadores saben que las hormonas, y muy en especial las que producen las glándulas sexuales femeninas (estrógenos), son importantes factores de crecimiento. Por lo tanto han tratado de utilizar hormonas sintéticas para aumentar el rendimiento del ganado. Sin embargo, se sabe que tal vez no sea inocuo para el hombre ingerir hormonas introducidas en el cuerpo de un animal de carnicería. Como los estrógenos aceleran el crecimiento de los pollos, se los introdujo en la cabeza, con la idea de que, como ésta es descartada, el consumidor no corría riesgo alguno, pues, "la cantidad ingerida con la carne es insignificante". ¡Y sin embargo, en una familia de carniceros donde se empleaban cabezas con estrógenos para la preparación de

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caldos, un adolescente, que los había consumido con regularidad, comprobó que sus pechos se desarrollaban como los de una muchacha! Se trata de un caso particular, pero en nuestros días, cuando nos paseamos por las playas, nos llama la atención la cantidad de hombres afectados de hipertrofia de las glándulas mamarias (ginecomastia). En California, en 1980, se encontró que entre el 30 y el 40 por ciento de los hombres presentaban ginecomastia. En Europa, la situación no es diferente, sobre todo en el hombre maduro, y el fenómeno es favorecido aun más por el alcoholismo (véase también pág. 277, anabolizantes y frenadores de la tiroides). 7

Los aditivos alimenticios

Todos nuestros productos alimenticios son alterados para facilitar su venta... Nuestra época será llamada: "la era de la falsificación", tal como las primeras épocas de la humanidad recibieron los nombres de edad de piedra, edad de bronce, por el carácter de su producción. Paul LAFARGUE Los aditivos de los alimentos son sustancias que modifican en forma intencional las propiedades de éstos a fin de procurar ventajas a quien los elabora y seducir al consumidor por un sabor y un color agradables. Hacen que los productos permanezcan estables, y por lo tanto, sean más fáciles de comercializar. Para evitar el ennegrecimiento de las conservas de frutas, legumbres, carnes y pescados, el de los zumos de frutas, así como el enranciamiento de los aceites y las grasas, se les agrega antioxidantes. De tal modo, se emplean vitaminas C y E naturales y de síntesis, o bien productos químicos. La vitamina C se agrega a las conservas de frutas, legumbres, carnes y pescados, a las grasas, a las salsas y condimentos, a las cervezas, jarabes, sodas, limonadas y bebidas sin alcohol, a los huevos crudos congelados y a las leches concentradas y en polvo. La vitamina E (tocoferol) se emplea como antioxidante de los aceites, las grasas y las margarinas. 132

ANTIOXIDANTES DE SÍNTESIS 1. El BHA (butilhidroxianisol) se usa para la conservación de los copos de patatas. Está autorizado en la alimentación de todos los animales de cría, sin limitación de empleo antes de su sacrificio. Estudios hechos en ratas no permitieron precisar efectos tóxicos, ni siquiera a largo plazo. 2. El BHT (butilhidroxitolueno) es utilizado como antioxidante de las grasas, los aceites y las bebidas y en los alimentos de los animales. Estudios efectuados en animales de laboratorio demostraron, sin embargo, que este producto retarda el crecimiento, provoca una hepatomegalia y eleva el nivel sanguíneo de los lípidos y del colesterol, efecto que se acentúa con la cantidad de grasas consumidas. Administrado a una mujer embarazada, hace aparecer una malformación en el 10 por ciento de los descendientes (anoftalmía unilateral o bilateral), según el Prof. Lederer (Encyclopédie modeme de l’hygiéne alimentaire). 3. Los galatos (de dodecilo, de octilo, de propilo). Agregado a la alimentación de ratas jóvenes después del destete, en una concentración del 2,5 y 5 por ciento, el galato de dodecilo causó la muerte de todos los animales en 7 a 10 días; en una concentración del 0,5 por ciento, hubo retraso del crecimiento. Por lo tanto, los galatos no carecen de toxicidad. En la actualidad están prohibidos en la alimentación animal en todos los países del Mercado Común Europeo, salvo Francia. AROMATIZANTES Y COLORANTES Las sustancias aromáticas pueden ser naturales o artificiales. Las artificiales son sustancias químicas definidas o bien mezclas, con productos naturales o no y con colorantes o no. Sólo se utilizan sustancias artificiales cuya inocuidad ha sido reconocida "por un largo uso o por la experiencia". La polución más absurda de nuestros alimentos es la que proviene de los colorantes, utilizados sólo con fines comerciales. La destilación fraccionada del petróleo es el origen de la mayoría de los colorantes de los alimentos. Se calcula que los franceses en conjunto ingieren 150 toneladas de colorantes todos los años. Están autorizados seis colorantes amarillos, dos anaranjados, ocho rojos, tres azules, tres verdes, un castaño, tres negros... Como la mantequilla de verano amarilla, gracias a su riqueza en vitamina A, se vendía mejor que la mantequilla de invierno blanca, se agregó a ésta un colorante químico derivado de la anilina, denominado "amarillo de manteca". Pero las experiencias demostraron que, administrado a ratas, este colorante da lugar a la aparición de cáncer de hígado. ¡Los sabios necesitaron diez años de lucha para obtener su exclusión de la alimentación humana! El amaranto es un colorante rojo púrpura, cuyo empleo se encuentra muy difundido en las conservas de fresas, frambuesas, cerezas y ciruelas, en los bombones, los rellenos de chocolate, los helados, el caviar, los camarones, las bebidas sin alcohol, los licores, las envolturas de los embutidos y las cáscaras de queso. Según los experimentos realizados en Rusia, esta sustancia

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sería cancerígena y provocaría malformaciones embrionarias. Su uso en los alimentos ha sido prohibido en ese país, pero no en Estados Unidos ni en Francia. La eritrosina, otro colorante rojo, ocasiona en el perro vómitos y albuminuria y en la rata hemólisis, es decir, destrucción de los glóbulos rojos. Los bombones que damos a nuestros niños no son otra cosa que azúcar cocido, coloreado, perfumado, aromatizado y en ocasiones acidulado. ¡Para la coloración se recurre a toda una gama de colorantes sintéticos, entre ellos el amaranto, la eritrosina roja, la tartracina amarilla, etc., en total unos treinta (en 1973), a los cuales se añaden otras tantas sustancias aromáticas artificiales! A los colorantes artificiales se han agregado los aromatizantes. La industria química de síntesis pone constantemente nuevos productos a disposición de la industria de la alimentación, productos para los cuales "el largo uso y la experiencia" no existen, en consecuencia. Tales son, por ejemplo: - El acetato de amilo, de olor de banana, para los licores y confituras. - El diacetilo agregado a las grasas vegetales y margarinas para darles el olor atrayente de la mantequilla. - La vainillina (aldehído metilprotocatético), sustancia sintética con aroma de vainilla, que se agrega a los chocolates, bizcochos, masas, etcétera. La aromatización artificial está autorizada, además, en los jarabes, las confituras, los bombones y las golosinas. Se concede la mayor libertad al comercio para la utilización de estos productos. A raíz de la elaboración de las conservas por calentamiento o esterilización, desaparece con frecuencia una parte del sabor. Entonces se emplean incitadores del gusto, productos químicos de síntesis que excitan la receptividad de las células gustativas y amplifican de tal manera la intensidad de las informaciones recibidas en el centro gustativo del cerebro. Los productos utilizados son los ácidos guanílico e inósico y el glutamato de sodio. Esto debe ponerse reglamentariamente en conocimiento del consumidor por la mención: "sabor reforzado artificialmente por el agregado de..." En la naturaleza existen colorantes tales como los antocianos, que confieren su color natural a las fresas, moras, cerezas, ciruelas, coles rojas, cebollas rojas, etc. Pueden ser extraídos de estos productos para colorear otros. Pero los antocianos también pueden obtenerse por síntesis... lo cual suele ser más simple y barato. La inocuidad absoluta de sustancias extrañas al cuerpo humano es difícil de demostrar. Hace muy poco tiempo se recurría para ello a experiencias de corta duración en animales. En lo que se refiere a su poder cancerígeno o teratógeno, estos estudios resultan en gran medida insuficientes. Respecto del primero, es preciso administrar el producto durante largos meses a ratas, por ejemplo, y en cuanto al segundo, a hembras en gestación. Los resultados obtenidos sólo tienen 134

un valor relativo para el hombre. Fuera del hecho de que existen diferencias de una especie animal a otra, hoy se admite que el cáncer es el resultado de la suma de las acciones de diversas sustancias nocivas. La que es investigada y encontrada inofensiva puede muy bien ser la gota que hace desbordar al vaso. ¿Por qué no suprimir lisa y llanamente el empleo de estas sustancias, que sólo sirven para halagar la vista y hacer vender, y ocultar el color natural de los alimentos? LIGANTES Para preparar salsas, realizar las emulsiones, facilitar la unión de los trozos de carne, el buen aspecto de lo magro y lo graso en los embutidos, la industria alimenticia recurre a ligantes, que son el almidón o los alginatos. Estos derivan de la algina, sustancia nitrogenada viscosa, extraída de las algas pardas. SOLVENTES Los solventes se emplean en la industria alimenticia, para facilitar la dispersión de los colorantes, los perfumes, los emulsionantes y otras sustancias agregadas a los alimentos, o bien para desgrasar el pescado y otros productos que sirven en la preparación de los concentrados de proteínas, para descafeinar el café y para la extracción de aceites a partir de los granos. Los principales solventes empleados son: la acetona, el alcohol etílico, el cloroformo, el ciclohexano (derivado hidrogenado del benceno), la esencia de petróleo, el tricloroetileno, etc. Este último, utilizado en gran proporción, reacciona con la cisteína de las proteínas y da lugar a un producto tóxico. Un solvente nunca puede ser eliminado por completo. Los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) consideran, sin embargo, que "las buenas técnicas de elaboración deben permitir reducir los residuos del solvente a un nivel insignificante" ¡La expresión "buenas técnicas de fabricación" permite una gran libertad de interpretación! Los productos de refinamiento del petróleo, como el ciclohexano, pueden contener hidrocarburos aromáticos cancerígenos, a modo de impurezas. Estos últimos pueden concentrarse en el aceite extraído, y una vez eliminada la mayor parte del solvente, persistir en el alimento tratado. La OMS ha decidido que, teniendo en cuenta lo que se sabe acerca de su toxicidad, el empleo de ciertos solventes "sólo podría tolerarse en forma provisional". CONSERVADORES En todas las épocas, el hombre ha tratado de conservar los alimentos para la mala estación, secándolos (frutas, legumbres, pescados y carnes), esterilizándolos por ebullición o pasterización en recipientes cerrados, cociéndolos con azúcar (confituras), salándolos, agregándoles vinagre (cebollas, pepinillos) o haciéndoles sufrir la fermentación láctica (choucroute). A estos procedimientos se agregaron hace poco la liofilización (desecación en el vacío de productos 135

previamente congelados). Muchos hogares tienen ahora la posibilidad de congelar las frutas y legumbres recogidas en su propio huerto, lo cual es uno de los mejores métodos de conservación. Uno de los procedimientos más modernos consiste en someter los alimentos a las radiaciones ionizantes (véase página siguiente). Se da el nombre de conservadores a antibióticos, antienzimas, antisépticos, bactericidas, bacteriostáticos, etc., sustancias todas que la industria alimentaria agrega a nuestros alimentos. Entre ellos figuran los sorbatos, que se introducen en los yogures (el ácido sórbico natural se encuentra en los frutos del serbal), el ácido benzoico (que existe naturalmente en las fresas y las grosellas) y los benzoatos que derivan de éste. El bisulfito de sodio se utiliza para la conservación de la sidra, para blanquear el bacalao y el azúcar blanco, y en la elaboración del vino y la cerveza. Los sulfitos inactivan la vitamina Br Reaccionan con las proteínas y las desnaturalizan. Son irritantes del tubo digestivo; favorecen en él el desarrollo de gérmenes anaerobios, agentes de la putrefacción generadores de productos tóxicos. Además, se emplean como conservadores los nitratos y los nitritos, que permiten mantener el color rojo de las carnes embutidas y las diversas conservas de carne y de pescado. ¿Cuál es el efecto sobre el organismo de los distintos aditivos consumidos simultáneamente? ¡Nada sabemos, y sin embargo, continúan siendo utilizados! ADITIVOS EN LOS ALIMENTOS PARA BEBES Los niños muy pequeños son particularmente vulnerables a las sustancias químicas extrañas. Los mecanismos que protegen de éstas al adulto están todavía ausentes en aquéllos o no se han desarrollado por completo. Las consecuencias nocivas de ciertos aditivos alimenticios podrían manifestarse con un retraso importante. Nuestros conocimientos en este terreno son parciales, tanto en lo que se refiere a los animales recién nacidos como al hombre. Por lo tanto, es preciso evitar el empleo de aditivos químicos, sean cuales fueren, en los niños de corta edad y muy especialmente en los tres primeros meses de vida. Si es imposible prescindir de ellos (países tropicales), se debe observar la mayor prudencia en cuanto a su elección y su concentración. Los niños de corta edad consumen hasta tres veces más calorías por kilo de peso que los adultos: este es un dato que se debe tener en cuenta para determinar la cantidad de aditivos admisibles en los alimentos que se les ofrecen. Sería preferible que los alimentos destinados a niños menores de 12 semanas (papillas y leches artificiales, alimentos para bebés con base de cereales, alimentos homogeneizados y jugos de fruta) no contengan aditivo alguno. Después de los seis meses, el niño de hoy consume menos cereales naturales que otrora, y más alimentos preparados y envasados, "homogeneizados", los cuales se utilizan a causa de su comodidad. Esto no constituye un progreso, sino todo lo contrario.

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No se ha establecido dosis tolerable alguna de plaguicidas en las leches, sea cual fuere la calificación de éstas. Es muy probable que residuos de esas sustancias aparezcan también en la alimentación de los niños de corta edad. IRRADIACIÓN DE LOS ALIMENTOS La irradiación de los productos alimenticios representa la técnica más moderna de conservación de los alimentos. Se emplea como medio de esterilización o para impedir la germinación. Utiliza los rayos gamma emitidos por una fuente de cobalto 60 o de cesio 137. La dosis de irradiación absorbida por un objeto irradiado se mide en rads. Un rad es la dosis que corresponde a la absorción de 100 ergios por gramo de sustancia irradiada (1 ergio = 10"7 joules). A menudo se utiliza el megarad (1 Mrad = 106). En las instalaciones industriales, las placas de cobalto 60 se guardan bajo 6 metros de agua, en el interior de una casamata de hormigón. Se las saca del agua en el momento de su empleo. Los efectos de las radiaciones ionizantes dependen de la dosis empleada. Con dosis crecientes, se obtiene primero una detención del crecimiento de las células vegetales (gérmenes de patatas) y luego una esterilización de los insectos parásitos; una irradiación débil sólo destruye sus células sexuales, y a causa de ello, ya no pueden multiplicarse. Esto basta para proteger en forma eficaz los acopios de cereales. Una dosis más fuerte mata a los insectos. Una más elevada aún es necesaria para eliminar las bacterias. Este procedimiento modifica en menor medida que el calor la consistencia, el sabor y el color de los alimentos. Sin embargo, como ocurre con el calor, una parte de los microorganismos escapa a la destrucción. Esta resistencia a los rayos, sin embargo, no es idéntica a la termorresistencia. Por ejemplo, los virus son eliminados fácilmente mediante el calor, pero presentan una radiorresistencia elevada. Si se emplean en forma repetida dosis de rayos muy débiles (subletales) aparecen mutantes radiorresistentes, tanto bacterianos como virales. Para prolongar la duración de la conservación del pescado fresco, las carnes frescas preenvasadas, las frutas muy frágiles, las semiconservas de jamón, los filetes de arenque ahumado, los platos precocidos, etc., se usan de 80.000 a 5.000.000 de rads, solos o combinados con la refrigeración. Se requieren dosis de 1,7 a 5 megarrads para obtener una radioesterilización, pero la aplicación de tales dosis altera la estructura química de los alimentos y hace aparecer sabores indeseables. RADIACTIVIDAD INDUCIDA Se sabe que la irradiación intensa puede determinar que la sustancia irradiada resulte radiactiva a su vez. Por lo tanto, para excluir esta posibilidad se efectuaron numerosos controles, ante todo en Estados Unidos y en Gran Bretaña, en mamíferos: ratas, ratones, perros, monos (a corto plazo, de cuatro a seis meses, y a largo plazo, de seis meses a dos años). Los alimentos sometidos a prueba fueron irradiados (2,8 a 5,6 rads en los Estados Unidos), envasados y almacenados como lo son para el uso humano. Los animales los recibían en una proporción que variaba del 35 por 137

ciento del peso seco de la ración alimentaria hasta el 100 por ciento. Se examinó su comportamiento desde el punto de vista del crecimiento, la fertilidad, la mortalidad, las constantes hematológicas y los efectos cancerígenos. El estudio de estos distintos criterios durante varios años y con millares de animales dio resultados favorables. Por otro lado, no se pudo detectar alteración alguna de la salud en setenta voluntarios alimentados durante 15 días con el 35 al 100 por ciento de alimentos irradiados (período demasiado corto como para extraer conclusiones valederas). Por lo tanto, los alimentos irradiados no se vuelven radiactivos: las técnicas empleadas en la actualidad no lo permiten. Pero dejan de ser vivos. ¿A qué corresponde, para nuestra salud, esta pérdida del elemento vida? Lo ignoramos en parte, pero sabemos que es preferible no alimentarse de manera exclusiva con alimentos muertos. Como todos los métodos de conservación, la irradiación provoca alteraciones, pero son fáciles de compensar, y la ventaja obtenida excede a este inconveniente. Así, ciertas vitaminas son sensibles a la irradiación. En tanto que las vitaminas B2 y D no resultan influidas, las vitamina C, B1, B12, A, E y K sufren por la irradiación, y en una medida menor la vitamina B6. El caroteno de los tomates y las zanahorias pierde, asimismo, gran parte de su actividad vitamínica. La irradiación no afecta la digestibilidad de las distintas proteínas. Pero las desnaturaliza, al atacar los aminoácidos azufrados que contienen; ello confiere al producto irradiado un olor característico, desagradable, y disminuye su valor biológico. Esta modificación aumenta con la dosis de irradiación. Sería muy ligera en las carnes y los pescados que han recibido entre 0,5 y 1 Mrad y para los huevos enteros que recibieron entre 0,5 y 5 Mrads. El trigo, rico en metionina, después de una irradiación de 5 Mrads pierde, en cambio, el 26 por ciento de su valor proteico por alteración de ese aminoácido azufrado. También se ha formulado la pregunta de si la irradiación podía hacer aparecer en los alimentos compuestos químicos nuevos, potencialmente tóxicos, y tal vez cancerígenos o mutágenos (o dicho de otro modo, nocivos para el embrión). Las pruebas practicadas en los animales no revelaron actividad alguna de ese tipo. Todos estos estudios fueron realizados en un plano internacional bastante amplio y con una duración de varios años. En Estados Unidos se irradiaron primero patatas, con 5.000 y 10.000 rads; el tocino, con 4,5 y 5,5 rads, el trigo y la harina, con 20.000 a 50.000 rads. Después: las carnes de cerdo, de pollo y de vaca, los camarones, la carne enlatada, las hamburguesas, las salchichas de cerdo, las pastas de bacalao. La irradiación permite una prolongación del tiempo de venta de los mariscos y los pollos. Impide el desarrollo de mohos y la putrefacción, y permite la desinfección de los mangos, higos, cerezas, ciruelas, etcétera. Las cabinas espaciales Apolo son esterilizadas mediante el calor y la irradiación. La alimentación de los astronautas se compone sólo de alimentos irradiados. 138

En el plano industrial se emplean radiaciones ionizantes para tratar las patatas (8.000 rads), lo cual permite su almacenamiento a 20 grados sin germinación. Se las trata en sacos de 5 a 10 kilos con la ayuda de una fuente móvil de cobalto 60, que se coloca cerca de los depósitos. La capacidad de tratamiento con semejante fuente es de una tonelada por hora. La pérdida de peso de los tubérculos se reduce, de tal manera, al 1 por ciento (en lugar de 12 por ciento) y la germinación queda anulada por completo. Los resultados obtenidos en Suiza con 9.600 rads han sido superiores a los logrados antes por medio de inhibidores químicos: ¡el clorofamo, derivado del uretano, veneno empleado también como herbicida, el profamo -isopropilpenilcarbamato-, cancerígeno multipotencial para la rata, y algunos otros productos cuya composición se conserva en secreto! En Francia, las patatas irradiadas deben ser rotuladas para que el consumidor quede informado. Los bulbos (ajo, cebolla) también son irradiados para impedir su germinación (12.000 rads), y ello inmediatamente después de la cosecha. La irradiación fue empleada para aumentar la conservación de frutos delicados, tales como los tomates, los albaricoques, las fresas y los melocotones, en dosis que varían de 40.000 a 150.000 rads. La irradiación del pescado con 0,3 Mrad permite conservarlo durante 20 días, siempre que se lo refrigere, lo cual da el tiempo necesario para su distribución y su comercialización. Dosis más elevadas, esterilizantes, decoloran al pescado y le confieren un olor anormal. Las carnes precocidas a 70 grados, irradiadas con 4,5 Mrad, pueden ser luego almacenadas durante veintidós meses (ejército de Estados Unidos). Una irradiación a 0,2 Mrad mata o impide la evolución de la triquina (verme parásito de la carne). En la cría de gallinas en batería, los huevos cascados son recuperados, puestos en recipientes y congelados. Las cáscaras de estos huevos son contaminadas a menudo por salmonelas. Estos microorganismos han provocado intoxicaciones con gastroenteritis después del consumo de postres preparados con esos huevos. La irradiación (0,5 Mrad) de los huevos en estado de congelamiento ha resultado ser un buen método para evitar tales incidentes. Los países productores de arroz y especias se muestran muy interesados por la irradiación de esos productos a fin de protegerlos de los predadores (0,5 a 0,8 Mrad). Otros alimentos tratados son los espárragos frescos, los hongos y los camarones hervidos. Las radiaciones ionizantes representan a veces el único método utilizable. Empleadas en dosis débiles y asociadas con otras técnicas (salazón, calor, refrigeración), permiten obtener buenos resultados. La técnica de la radioconservación de los alimentos tiene la ventaja de mantener el aspecto inicial del producto, y hacerlo estable a la temperatura ordinaria, con un envasado liviano que evita cualquier contaminación posterior. 139

No existe método alguno para reconocer si un producto alimenticio ha sido irradiado o no, siempre que esto se haga con las dosis débiles autorizadas.

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Los agentes teratógenos Se califica como teratógeno cualquier agente mecánico, químico, físico o microbiano que, al atacar al huevo o al embrión en desarrollo, determina formas anormales, en ocasiones monstruosas, denominadas anomalías congénitas. Una muy amplia gama de agentes químicos y de factores ambientales es capaz de inducir en los animales esas malformaciones. Sólo existe para un reducido número de ellos una fuerte sospecha o la prueba de semejante nocividad para el embrión humano. Se trata, entre los medicamentos, de los antimitóticos, agentes tóxicos empleados en el tratamiento de los cánceres, de ciertas hormonas como la cortisona y el estilbestrol (estrógeno de síntesis), ¡pero también de la aspirina! El más tristemente célebre es la talidomida, tranquilizante derivado del ácido glutámico. Consumido por mujeres embarazas en las primeras semanas de la gestación ha demostrado ser un potente teratógeno. ¡Provoca una malformación característica de los miembros, la focomelia, en la cual manos y pies se insertan directamente en el tronco, como en las focas! También se sabe que una carencia de vitamina A o de yodo, las radiaciones ionizantes, el virus de la rubéola y el treponema pálido, agente de la sífilis, tienen una actividad teratógena en el ser humano. Otro tanto ocurre con los derivados del mercurio, tales como el acetato de fenilmercurio y el silicato de metoxietilmercurio, empleados para el tratamiento de las semillas de cereales (trigo, arroz, cebada, avena), las patatas y la remolacha azucarera, de las cuales se utilizan todos los años en el mundo, 2.000 toneladas. Varios centenares de personas han resultado envenenadas y algunas de ellas fallecieron por haber ingerido cereales tratados o pan elaborado con estas semillas, tanto en Guatemala, Irak y Paquistán, como en Francia. El acetato de fenilmercurio provoca también deformaciones fetales en la rata. El consumo por mujeres embarazadas, de derivados mercuriales provenientes de fábricas y contenidos en los pescados y frutos de mar contaminados (mejillones, ostras, cangrejos, camarones, langostas, etc.) ha determinado una elevada incidencia de casos de parálisis cerebral en el feto (enfermedad de Minamata en el Japón). ¡Estos derivados mercuriales son los mismos que se utilizan en agricultura! Los herbicidas también han revelado ser teratógenos en la rata y el ratón. ¡Se trata pues de sustancias teratógenas en el animal, que se utilizan en las prácticas agrícolas oficialmente preconizadas! El ejemplo de la talidomida demuestra que cualquier producto químico nuevo, tanto si se emplea en terapéutica, como aditivo alimenticio o en las técnicas agrícolas, debe ser puesto a prueba desde el punto de vista de su poder teratógeno. Los investigadores admiten no conocer otra cosa que los rudimentos de los mecanismos complejos que terminan en la 140

teratogénesis. Los técnicos y los tecnócratas, autorizan y preconizan, sin embargo, el empleo de sustancias y métodos acerca de los cuales nadie puede decir hoy si son o no perjudiciales para la salud humana. Sólo se sabe que la proporción de niños deformados aumenta en nuestra sociedad. Por simple prudencia y salvo una necesidad vital, las futuras madres deben abstenerse de consumir productos químicos de síntesis, fuesen cuales fueren, y deben alimentarse desde antes de la concepción con productos naturales y frescos, excluyendo los que contienen cualquier tipo de aditivos químicos potencialmente nocivos, las grasas vegetales y las margarinas, y emplearán aceites extraídos en frío, de primera calidad, comprados en una tienda de comestibles dietéticos. Para cada uno de nosotros, cuanto menos uso se haga de conservas, mejor será para la salud.

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La iluminación artificial ¿La iluminación artificial puede reemplazar a la luz solar? ¿Puede causarnos daño? Con el desarrollo de la civilización, el hombre ha olvidado de levantarse con el día y de acostarse poco después de la puesta del sol. Ha tenido cada vez más necesidad de luz artificial. Ha inventado medios de iluminación cada vez más perfeccionados: bujía, lámpara de petróleo, lamparilla eléctrica, y luego el recién nacido, el tubo de neón. Partió de la idea de que cualquier iluminación es buena, dado que permite ver con claridad. Todo anduvo bien mientras no trató de sustituir por completo la iluminación solar. Pero hoy en día muchas personas trabajan durante toda su jornada en locales -oficinas, talleres, grandes tiendas, etc.- iluminados con tubos de neón que dan una luz deslumbrante, equivalente en intensidad a la del sol. De tal manera quedan privados de éste. Han aparecido entre ellos trastornos de la salud: tendencia a la fatiga, dolores de cabeza, febrícula, ardor en los ojos, y a veces, también, disminución de la visión y dificultad para distinguir los detalles finos de estructura. ¿De dónde provienen estas alteraciones? ¿Al alejarse de tal modo de la naturaleza el hombre ha sido, una vez más, demasiado presuntuoso? Desde que existe, se ha adaptado a la luz solar, tal como los otros seres vivientes. Esa luz es la base de numerosos ciclos biológicos: formación de círculos anuales concéntricos en los troncos de árboles, desarrollo y caída periódica de los cuernos de los cérvidos, períodos de fecundidad cíclicos en numerosas especies animales, etc., dependen de la irradiación solar. ¿En qué difiere, pues, esta luz solar de la del neón? Sabemos que la primera es el resultado de la fusión de todos los colores del arco iris. Con la ayuda de un prisma podemos descomponerla en sus elementos y obtener lo que se denomina espectro solar. Si procedemos de igual modo con la luz de un tubo de neón, también obtenemos un espectro, pero es incompleto: le falta el rojo. En el animal primitivo, el "ojo" no estaba destinado a distinguir las formas y los colores, sino sólo, a la manera de la célula fotoeléctrica, a diferenciar la sombra de la luz. El papel de este ojo 141

primitivo consistía en transmitir la excitación nerviosa a los organizadores centrales, estimularlos y permitirles regular el trabajo metabólico del organismo en función de esa presencia luminosa. Luego, con el transcurso de los tiempos, el órgano visual se perfeccionó. Pero hoy todavía existen en nuestros ojos, aparte de las fibras ópticas, fibras nerviosas energéticas. Van hacia las vías ópticas y llegan al cerebro, más exactamente al hipotálamo, centro encargado de las regulaciones hormonales y metabólicas. El trabajo de este centro determina las variaciones circadianas normales de la concentración de las distintas sustancias en la sangre (cortisona: tasa máxima por la mañana, mínima por la noche; glucemia, etc.). Sufre la influencia directa de la luz solar. La ceguera priva al organismo de esos mecanismos reguladores, lo mismo que las cataratas. En este último caso, la operación los restablece. La curva de glucemia del ciego es superponible con la del diabético. ¡En voluntarios privados de luz durante 14 días se han comprobado las mismas disregulaciones, hormonales y vegetativas, que en los ciegos, y otro tanto ocurre en las personas que trabajan durante todo el día con la luz de neón! ¡Estas fibras energéticas, en efecto, no pueden funcionar en ausencia del rojo! Sin embargo, el agregado a la luz del tubo de neón de la emitida por una lámpara incandescente completa su espectro, hace desaparecer las alteraciones visuales, y permite percibir de nuevo las estructuras finas. La luz solar constituye, pues, por intermedio de la visión, un alimente energético (Prof. F. Hollwich, Dr. Horst Günther Weber, de Hannover). Pero el sol es además fuente de otra energía, cuya naturaleza exacta todavía no conocemos bien. La experiencia siguiente da prueba de ello. El agua químicamente pura, proveniente de la combustión del hidrógeno, es un agua muerta, incapaz de mantener con vida a un renacuajo. Si en esta agua se hace borbotear aire y se coloca a un renacuajo, muere lo mismo que el primero. Si se deja esta agua durante un mes al sol en un balón de vidrio sellado y luego se introducen varios renacuajos en ella, se conservan con vida. ¡El agua de "muerta" se ha vuelto "vital”, capaz de mantener la vida! Esta capacidad se pierde con un calentamiento por encima de los 65 grados. Por consiguiente, las radiaciones solares nos aportan energía, energía vibratoria que atraviesa el vidrio (al contrario de los rayos ultravioletas) y puede ser captada por el agua, energía, sin duda, como lo testimonian los renacuajos, fundamental para la conservación de la vida. El futuro nos mostrará un día cuál es su naturaleza exacta. Por instinto, los hombres buscan la exposición a la luz solar. ¿En qué piensan, entonces, nuestros arquitectos modernos, cuando crean inmuebles desmesurados, en el interior de los cuales se encuentran los locales de trabajo, los laboratorios, donde los profesionales se verán condenados a pasar todas sus horas de actividad privados de las radiaciones solares?

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Polución del cuerpo humano por el tabaco

Nos han llegado de América dos plantas. Una planta bendita, la patata, y una planta maldita, el tabaco. Alejandro Von HUMBOLDT En el siglo XVI, un diplomático francés, el provenzal Jean Nicot, introdujo en Europa desde América esa hierba nefasta, el tabaco. A finales del siglo XIX, había invadido todo el continente, para convertirse en un flagelo social. En efecto, el humo de tabaco es uno de los más graves contaminantes de nuestro cuerpo, y el fumador aspira, durante su tiempo de vigilia, es decir, los dos tercios de su existencia, un aire que él mismo ha viciado voluntariamente. En el momento de la Primera Guerra Mundial, el 46 por ciento de los norteamericanos fumaban. El 40 por ciento de las mujeres los imitaron veinte años después, en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. La frecuencia del cáncer pulmonar sigue esa evolución con una diferencia de unos veinte años. De tal modo, la proporción de los cánceres pulmonares femeninos aumentó, entre 1960 y 1970, del 13 al 30 por ciento del total de los cánceres. ¡Las guerras favorecen el abuso del tabaco y el ejército francés, por ejemplo, procura a cada militar, todos los meses, 16 paquetes de 20 cigarrillos cada uno! Todo el mundo sabe que el tabaco es nocivo, y sin embargo son pocos aquellos que, cuando han adquirido el hábito, renuncian a él. ¿Por qué fuma el hombre? Ante todo para consolarse. Necesita ocupar su boca. Tal como el bebé se succiona el pulgar y el escolar su caramelo o su bombón, el adulto succiona su cigarrillo: busca una satisfacción oral, infantil. Luego, durante un breve instante, de veinte a treinta minutos, el fumador tiene la impresión ilusoria de sentirse estimulado y desarrollar con más facilidad su trabajo. ¡Como este efecto es fugaz, enciende otro cigarrillo, y después otro, y llega, con facilidad, a consumir veinte por día, cuando no treinta, cuarenta, ochenta o cien! El hábito de fumar traduce la tensión nerviosa. El adulto huye de tal modo de su ansiedad, su sentimiento de insatisfacción y de inseguridad y su malestar psíquico. El consumo en masa de tabaco es testimonio del desconcierto interior, de la falta de adaptación a las tensiones sociales e individuales de la actualidad, de la creciente debilidad nerviosa de los individuos. Un 50 a un 60 por ciento de los fumadores son de humor inestable, depresivos, melancólicos. Son incapaces de alegría y goce espontáneos; no aceptan la realidad, o bien tratan de engañar su aburrimiento. ¡A cada inhalación de humo el cerebro de un fumador promedio recibe una dosis de veneno que corresponde a la administración de 50.000 a 70.000 dosis por año! Ninguna otra droga se administra con semejante ritmo y con tal regularidad. 143

La habituación al tabaco y el atractivo que ejerce son tan fuertes que sólo un 20 a un 25 por ciento de los fumadores pueden liberarse de él, inclusive con ayuda médica, y ello corresponde a lo que se sabe sobre las otras drogas, tales como el alcohol, la heroína, etc. ¡Aun los animales, cuando se los ha habituado a la nicotina y tienen la posibilidad de obtenerla, se la administran con regularidad! Los psiquiatras norteamericanos consideran al tabaquismo como una enfermedad que corresponde a su especialidad, que presenta todas las características de las otras enfermedades provocadas por abuso de drogas. El humo es irritante; la mucosa normal reacciona a él con inflamación, hipersecreción y tos, reacciones tendientes a eliminar el tóxico. En el no fumador expuesto al humo, se produce ardor de los ojos y la voz se vuelve ronca; lo mismo ocurre con el fumador que se inicia. Pero éste aprende muy pronto a tolerar y luego a hacer caso omiso de estas reacciones de alarma, que sin embargo persisten, y la mucosa de la boca y la faringe permanecen inyectadas de sangre en forma constante. Al principio, el fumador experimenta náuseas y mareos, pero la habituación se establece muy pronto y esos síntomas desaparecen. Las vías respiratorias normales se hallan tapizadas de células provistas de cilias vibrátiles destinadas a expulsar los cuerpos extraños que penetran en ellas. Bajo la acción del humo del tabaco, estas cilias se paralizan, se atrofian y desaparecen; la mucosa primero se inflama y después se espesa. La expulsión de los productos nocivos es defectuosa o ya no se realiza. El polvo y el alquitrán penetran en los pulmones y permanecen en ellos. Aparece el deterioro lento, insidioso y progresivo de la salud. Los pulmones alquitranados ya no pueden absorber el oxígeno en cantidades suficientes. Los jóvenes que fuman veinte cigarrillos y más por día reducen su capacidad pulmonar a la de los adultos con veinte años más de edad. Durante mucho tiempo, años, la irritación puede mantenerse localizada en las vías respiratorias superiores. Cuando se inhala el humo, un ligero barniz se deposita sobre las superficies respiratorias, y entonces aparece la tos matinal del fumador, que traduce su esfuerzo por expulsar el alquitrán introducido en la laringe, los bronquios y los pulmones. A esta altura disminuye el olfato y el aliento está constantemente impregnado de tabaco. Después la mucosa engrosada adquiere un aspecto blancuzco (leucoplasia); se ha llegado al estado precanceroso. Si se unta con alquitrán la piel de la rata blanca aparece un cáncer cutáneo al cabo de seis semanas. La impregnación con alquitrán por veinte cigarrillos cotidianos conduce al cáncer en diez a veinte años. Pero el cáncer, cuya aparición parece tan alejada a los ojos de los jóvenes, representa apenas una débil proporción de los inconvenientes de los cuales es responsable el tabaco. Antes aparecen trastornos a los que no escapa ningún fumador: dolores de cabeza, pérdida de la memoria, en especial de las palabras, insomnio, neuralgias, ardor de los ojos y moscas volantes, tos, fatiga, sudores fríos y constipación y disminución de todas las facultades y posibilidades. Los dientes se vuelven pardos, el esmalte se destruye, la tendencia a la caries aumenta y las encías se inflaman y degeneran. El cáncer pulmonar va precedido siempre por una bronquitis crónica y enfisema, como resultado de la inflamación crónica de los alvéolos pulmonares, que ora se espesan, se fibrosan, 144

pierden su elasticidad, y ora estallan. La eliminación deficiente del dióxido de carbono, es uno de los resultados, tanto como el déficit de la absorción de oxígeno. El enfisematoso padece cada vez más de asfixia. Una vez constituidas, estas lesiones son irreversibles. En los jóvenes fumadores muertos por accidente a los 25 años ya se han encontrado las alteraciones características del enfisema pulmonar. Las úlceras de estómago y de duodeno, la arteriosclerosis, en especial de las coronarias, y el infarto de miocardio se producen con una frecuencia cinco a siete veces mayor en los fumadores entre los 35 y los 44 años y, como término medio, diecinueve años antes que en los no fumadores. El 99 por ciento de las personas de edad mediana que sufrieron un infarto de miocardio y fueron examinados por un consejo de revisión del ejército de los Estados Unidos eran fumadores. Entre los pacientes de menos de 35 años con infarto de miocardio, el 80 por ciento son grandes fumadores. Estos infartos son a menudo súbitos, sin señales premonitorias tales como dolores precordiales; en apariencia se deben a la obliteración de los vasos coronarios, atribuible a la producción exagerada de catecolaminas que provocan su espasmo, la tumescencia del endotelio la agregación de las plaquetas sanguíneas, seguida por la formación de un trombo. Entre las fumadoras, la ingestión de píldoras anticonceptivas aumenta aún más este riesgo. Es posible extraer de las hojas de tabaco una glucoproteína que contiene rutina y acelera la coagulación de la sangre. Esta sustancia es alergizante y sería la responsable de la inflamación del revestimiento interno de las arterias, enfermedad denominada endarteritis tabáquica. Esta inflamación es seguida por un adelgazamiento progresivo del vaso que, si corresponde a los miembros inferiores, puede conducir a la amputación; esta afección muy dolorosa sólo afecta a los fumadores (98 por ciento). CASO 17. F. 1957 (25 AÑOS). Ejemplo de endarteritis tabáquica en una asistente hospitalaria Desde los 17 años, esta joven fuma treinta cigarrillos por día. Desde los 19 (1976), padece de tensiones y contracciones dolorosas en los cuatro miembros, en ocasión de movimientos repetidos tales como la marcha, el tejido y la limpieza; aparecen después de la sexta flexión. La detención del movimiento hace ceder los dolores en 30 segundos, más o menos, pero reaparecen con la reanudación del esfuerzo. ¡De tal modo, para efectuar una ascención de diez minutos, debe detenerse dos o tres veces, "como los viejos"! Estos dolores han aumentado en frecuencia e intensidad a lo largo de los años y le han impedido la natación y la equitación. Las investigaciones de los músculos (electromiograma, biopsia, exámenes bioquímicos) no revelaron nada anormal. ¡En seis años, los niveles universitarios no efectuaron diagnóstico alguno y no propusieron ningún tratamiento! Acude a consultarme por primera vez el 8 de junio de 1982, porque desde hace dos semanas transpira mucho y se siente mal. Es una hermosa joven, de apariencia floreciente. Su peso es de 60 kilos para una talla de 1,70 metros.

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La función hepática es insuficiente (urobilinogenuria excesiva) y la orina es hiperácida (pH 5). La concentración de hemoglobina es de 90 por ciento, pero la del hierro sérico de sólo 54 gammas por ciento (normal 120). El recuento de leucocitos es de 10.000 a 12.000 por centímetro cúbico (normal = 4.000 a 6.000, cfr. pág. 232). A la palpación, las mamas se perciben granulosas y la lengua es saburral. La tensión arterial es de 125/65 milímetros de mercurio. Su alimentación es de tipo moderno, muy deficiente. Por la mañana toma té con una medialuna y al mediodía almuerza en el comedor del hospital donde trabaja. Sus treinta cigarrillos cotidianos hacen inutilizable el 15 por ciento de la hemoglobina para el transporte de oxígeno de los pulmones a la periferia, y ello por fijación perdurable del monóxido de carbono (CO) proveniente del humo sobre el pigmento sanguíneo. La tasa de hemoglobina disponible queda así reducida a no más del 76 por ciento. El calibre de las arterias, estrechado, las torna impalpables en los pies y poco palpables en las muñecas, a causa de la acción tóxica, repetida treinta veces por día, de la nicotina absorbida (el efecto constrictivo, mensurable en las piernas, de un solo cigarrillo, persiste durante seis horas ). Por oxigenación deficiente, los músculos de esta joven se han vuelto ineptos para el esfuerzo. La tasa de hierro sérico, demasiado baja, constituye otro factor de asfixia tisular. Mi tratamiento es el siguiente: suprimo el tabaco y normalizo la alimentación, agregando un aporte abundante de vitaminas y hierro. El pH urinario queda normalizado en 7-7,5, lo cual disminuye la tendencia a los calambres. En pocos meses, estas perturbaciones, de seis años de antigüedad desaparecieron por completo y se normalizó la capacidad de esfuerzo muscular. El tabaquismo es una de las causas principales del cáncer pulmonar. Ha sido posible provocar su aparición, en forma experimental, entre los hamsters, por inhalación del humo de tabaco. Este cáncer no está reservado sólo a los fumadores, pero es, en promedio, diez veces más frecuente entre ellos que entre el conjunto de la población. En cambio, sólo se encuentran entre los fumadores y quienes mascan tabaco (99 por ciento) los cánceres de la boca, la faringe, la laringe y el esófago, que privan a los enfermos de la capacidad de deglutir y hablar, cánceres extraordinariamente dolorosos, mutilantes, degradantes desde los puntos de vista físico y social. Son de un costo muy elevado, tanto en padecimiento como en gastos de tratamiento, en pérdidas de ingresos, rentas de invalidez, subsidios a las viudas y a los huérfanos, y esfuerzos infligidos a quienes rodean al enfermo y al personal que lo atiende. El efecto corrosivo del abuso del tabaco queda bien ejemplificado en el siguiente caso. CASO 18. M. 1913 (46 AÑOS) Este hombre pertenece a una familia en la cual se muere a edad avanzada: el padre, tres tíos y tías fallecieron entre los 74 y los 93 años; la madre y otra tía viven, con edades respectivas de 78 y 90 años. Sus hijos, en cambio (dos niñas de 16 y 15 años y un varón de 10 años), que durante años fueron fumadores pasivos, son enclenques, poco resistentes a las infecciones triviales, que en una de las mujeres siguió un curso crónico y culminó en el varón en un reumatismo articular. Su esposa, reumática y eccematosa, experimentará un cáncer del útero varios años después. Ha padecido hasta los 20 años anginas frecuentes, una de ellas diftérica a los 8 años, a pesar de la ablación sucesiva de las vegetaciones adenoides y de las amígdalas a los 9 y 12 años. A los 30 146

años sufre una infección gripal grave, a los 32 una bronconeumonía. Padece de alteraciones digestivas crónicas, con alternancia de constipación y diarrea, y caídas de la presión con pérdida del conocimiento. Desde hace muchos años se siente abrumado por la fatiga. ¡Trabaja a menudo por la noche, y desde los 36 años se ha dedicado a fumar en cadena, y poco a poco ha llegado su consumo de cigarrillos a cien por día! Su régimen alimenticio abarca 45 gramos de mantequilla, 10 gramos de grasas hidrogenadas y 15 gramos de aceites refinados por día; es muy pobre en vitamina F. ¡Este paciente gusta en especial de la carne y de los huevos; puede ingerir en una sola comida casi medio kilo de pastas, un biftec grueso y seis huevos! Bebe 2 decilitros de vino por día y varios cócteles. La afección actual se inicia cuando tiene 46 años, es decir, en enero de 1959, con una angina acompañada de fiebre elevada, semejante, según parece, a todas aquellas que ha sufrido durante su vida en forma periódica. Es tratado con dosis importantes de antibióticos (cuarenta inyecciones), pero la angina no se cura. Cinco meses después se formula el diagnóstico de cáncer bilateral de las amígdalas, que son extirpadas, así como los ganglios linfáticos cervicales izquierdos. Deja de fumar en ese momento. ¡Demasiado tarde! A mediados de septiembre, la enfermedad se ha repetido en los ganglios cervicales derechos, que son extirpados a su vez. Visito al paciente, por primera vez el 12 de octubre de 1959, y me llama la atención, en seguida, la extraordinaria impregnación de todo el ambiente por el humo del tabaco; ¡las cortinas de su despacho están quemadas por el humo y se caen a pedazos! Su hígado es deficiente, su lengua es saburral, sus dientes están cariados e impregnados de tabaco. Presenta, además, una forunculosis en el mentón y una infección de la última cicatriz operatoria. Aunque ya no fuma desde hace nueve meses, la faringe se encuentra inyectada de sangre; el cáncer se ha repetido en la fosa amigdalina izquierda. La corrección de la alimentación y un aporte abundante de vitaminas mejoran el estado general y hacen desaparecer las infecciones cutáneas. La lengua aparece limpia y la inflamación general de la garganta se atenúa, pero el cáncer se extiende. El 7 de diciembre de 1959 el paciente es operado nuevamente: se extirpa una masa tumoral faríngea de la dimensión de una ciruela, y se practica una ligadura en la carótida externa. Seis semanas después, reaparecen ganglios indurados por encima de las dos clavículas. Una primera radioterapia, practicada durante dos meses, resulta insuficiente. Se la reanuda al cabo de quince días y se la lleva al máximo soportable durante un mes. Los ganglios desaparecen, pero sólo durante dos meses. Luego el cáncer vuelve a aparecer. A partir de la fosa amigdalina izquierda llega a la rama horizontal del maxilar inferior y reaparece por encima de la clavícula izquierda. La alimentación se vuelve muy difícil, y sólo puede efectuarse con la ayuda de una pajilla y después de una sonda. De septiembre a diciembre, el tumor invade en forma progresiva el seno maxilar y la órbita izquierda, lo cual provoca una pérdida de la visión de ese lado. Se propaga más adelante al maxilar superior y provoca el desprendimiento sucesivo de los dientes. Ataca el paladar óseo y perfora el piso bucal. El 16 de diciembre la ceguera es total. El paciente fallece el 21 de diciembre de 1960, tras dieciocho meses de calvario. Tiene 47 años.

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Nuestro tratamiento sólo pudo atenuar el martirio alucinante de este hombre, y permitió la supresión casi total de los estupefacientes y de todos los efectos secundarios que éstos provocan. La impregnación de toda la cavidad bucal, durante años, por el alquitrán del tabaco, altamente cancerígeno, hizo inoperantes en este paciente todos los intentos, sin embargo enérgicos, hechos para prestarle ayuda, y muy a menudo ocurre lo mismo entre los tabáquicos. La desnutrición y las alteraciones digestivas crónicas, la mala resistencia a las infecciones triviales, la fatiga y el tabaquismo sellaron la suerte de este hombre. El humo del cigarrillo contiene diversos cancerígenos liberados por la combustión lenta del tabaco y del papel, tales como los hidrocarburos (alquitrán, 3,4 benzopireno) y los precursores de las nitrosaminas. Estos productos se introducen en la boca, en los órganos respiratorios, y a menudo, también, en el esófago. De ahí pasan a la sangre, se distribuyen por todo el organismo y durante su eliminación se concentran en la vejiga. El cáncer de la vejiga es seis veces más frecuente entre los fumadores. El tabaco hace aparecer en la orina un cancerígeno, el ortaminofenol. Al depositar tabaco en la mucosa bucal de los ratones, se ha obtenido la aparición de tumores vesicales en el 75 por ciento de ellos. El hecho de fumar duplica, por lo demás, la frecuencia de los cánceres de cualquier localización. La del cáncer pulmonar ha aumentado en cuarenta años, entre los hombres, en un 1.059 por ciento, y en las mujeres en un 490 por ciento, en tanto que la frecuencia de todos los cánceres para el mismo período se acrecentó en un 96 por ciento en los hombres y en un 62 por ciento en las mujeres. Un cáncer de la sangre, la policitemia, también parece guardar una relación de causa a efecto con el abuso del tabaco. ¿Por qué motivo algunas personas fuman toda la vida sin sufrir, aparentemente, las consecuencias desastrosas? En lo que se refiere al cáncer, parecería que ello depende de la presencia en el individuo de una enzima particular que transforma al benzopireno en un cancerígeno agresivo, presencia determinada en forma hereditaria. Además de los efectos de irritación causados por el contacto directo de las mucosas con el alquitrán y los productos similares contenidos en el tabaco, la acción de fumar ocasiona efectos a distancia por la nicotina y el monóxido de carbono que introduce en el organismo. La nicotina (C10H14N2) es un tóxico potente. Es un líquido oleoso que se volatiliza a 250 grados. Es muy soluble en el agua, penetra en la sangre y se difunde en todo el organismo. Una dosis de 0,1 gramo de nicotina es mortal para un perro de talla mediana; 2 a 3 miligramos absorbidos de una vez provocan en el hombre vómitos, convulsiones y a veces la muerte. Un cigarrillo contiene 1,6 a 1,8 miligramos de nicotina y los cigarros entre 0,7 y 0,8 miligramos. Por fortuna, una parte de ella es destruida por la combustión del cigarrillo. Es preciso saber, sin embargo, que al encender de nuevo un cigarrillo apagado se duplica, por un instante, la absorción de este tóxico. El efecto de la nicotina es casi inmediato. Su entrada en el organismo desencadena una reacción de alarma, que se traduce por la liberación de catecolaminas (adrenalinas, etc.), tanto por la suprarrenal como en las terminaciones nerviosas. De ello resulta una aceleración del ritmo 148

cardíaco y la elevación de la presión sanguínea por constricción de los vasos. ¡Esta constricción disminuye el aporte sanguíneo a los miembros inferiores, reacción tóxica mensurable con facilidad y que persiste seis horas después de fumar un solo cigarrillo! El cigarrillo permite la absorción de las nueve décimas partes de la nicotina que contiene; a causa de ello es más peligroso que el cigarro o la pipa, en los cuales esta absorción sólo llega a la mitad o a la cuarta parte. ¡Esto no significa que fumar cigarros o pipa sea inofensivo! Cuando se fuma en pipa, el chorro de humo se dirige siempre al mismo lugar de la boca y produce en ella la aparición de la leucoplasia precancerosa. La liberación de catecolaminas aumenta el nivel de los ácidos grasos y del colesterol en la sangre, cuya fracción HDL, estabilizante, resulta disminuida. Ello facilita la formación de cálculos biliares y el desarrollo de arteriosclerosis, la cual, si se localiza en el miocardio, lleva al infarto, y si ocurre en los riñones puede generar una hipertensión grave e incluso mortal. El segundo factor nocivo para todo el organismo del fumador es el tenor elevado en monóxido de carbono del aire que inspira. Este gas (CO) se origina en cualquier combustión lenta, cuando el aporte de oxígeno es insuficiente para permitir la formación de dióxido de carbono (CO2). Contrariamente a éste, el óxido de carbono tiene la propiedad de formar con la hemoglobina un compuesto estable, la carboxihemoglobina, hecho que, desde el punto de vista funcional, corresponde a la supresión pura y simple de la hemoglobina así fijada. En una intoxicación aguda con óxido de carbono, la proporción de carboxihemoglobina puede ser tal que produzca una asfixia mortal. En el fumador corriente, la proporción de hemoglobina transformada llega más o menos a la quinta parte de lo que es incompatible con la vida, es decir, del 10 al 15 por ciento. La oxigenación de todos los tejidos disminuye en la misma proporción. El consumo diario de ocho cigarrillos, de dos pipas o de un cigarro basta para que no pueda disponer del 20 por ciento del oxígeno inhalado, y esta proporción puede llegar al 40 o 50 por ciento en consumos más elevados (véase caso 17, pág. 225). En los conejos y los monos, un aporte constante de óxido de carbono, correspondiente al de los fumadores, causa arteriosclerosis (observable en la aorta desde el decimocuarto día de aplicación, con formación de trombosis), y lo mismo ocurre en el hombre, en quien el óxido de carbono determina, además, un aumento de la permeabilidad capilar. De tal modo, los efectos nocivos del monóxido de carbono y de la nicotina se refuerzan entre sí. A igualdad de peso, el cerebro es el órgano que más necesidad tiene de oxígeno (20 veces más que el hígado). A partir de ello, no resulta asombroso que los fumadores padezcan de alteraciones nerviosas: temblores, vértigo, falta de concentración, pérdida de la memoria y disminución de los reflejos, que, entre otras, agrava el riesgo de accidentes de automóvil. Se ha estudiado el efecto del tabaco sobre la inteligencia de las ratas: se demostró que, si bien existe cierta facilitación de los actos automáticos bajo el efecto de la nicotina, los actos que exigen reflexión resultan inhibidos. Tal sería el caso también en el hombre. Entre los tóxicos contenidos en el tabaco cabe citar todavía una pequeña cantidad de cianuros, neutralizada por la vitamina B1, cuya necesidad aumenta en el tabáquico y puede no ser cubierta. Se atribuye a los cianuros las alteraciones oculares, una disminución de la visión a

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causa de la inflamación del nervio óptico (neuritis retrobular), anomalías de la acomodación y la visión de los colores, sobre todo del verde y del rojo, que son parcialmente reversibles mediante el aporte de vitamina B12. La abstención de fumar, aunque sólo sea durante cuarenta y ocho horas, antes de una anestesia o un parto es sumamente recomendable. Se ha comprobado que esta supresión, a pesar de ser de corta duración, aumenta en un 8 por ciento el oxígeno disponible en la sangre de la madre y del feto. En ciertos casos, esta diferencia puede ser de importancia vital, sobre todo en anémicos. Los fumadores y las fumadoras envejecen con más rapidez que los no fumadores. Su piel presenta manchas desde los treinta años y se advierte la formación de arrugas con un anticipo de veinte años respecto de lo habitual. ¡Arrugas prematuras, dientes negros, dedos amarillos, aliento fétido, mirada lacrimosa: fumar afea! En las mujeres que fuman un atado de cigarrillos o más por día la menopausia aparece antes. Fumar, por último, disminuye la resistencia a las infecciones, y muy en especial, a la tuberculosis. La concentración de vitamina C en la sangre disminuye en relación con la cantidad de cigarrillos fumados: en un 25 por ciento para veinte cigarrillos, en un 40 por ciento para cuarenta cigarrillos diarios. Por falta de oxígeno, el tabaco retrasa la curación de las heridas, fracturas y quemaduras. El hecho de fumar aumenta el riesgo del infarto de miocardio. Pero este riesgo depende aun más de la forma en que se fuma que del número de cigarrillos. Puede ser determinado, en cualquier persona, por la disminución de los leucocitos en la sangre. En efecto, el organismo reacciona a la inhalación de humo, como ante una infección, por medio del aumento del número de leucocitos, que en el caso del fumador no desciende nunca por debajo de 7.000 por milímetro cúbico (la norma es de 4.000 a 6.000) (véase caso 17, pág. 225). En un grupo de 7.200 personas de 43 a 53 años, la leucocitosis no superó nunca los 6.000 por milímetro cúbico entre los no fumadores, y fue de 6.000 y más en todos los fumadores. Entre quienes inhalan el humo, en ningún momento fue inferior a 7.000. Entre estas 7.200 personas, hubo 104 infartos en cuatro años, y ello sólo entre los fumadores que habían inhalado el humo y que tenían más de 9.000 leucocitos por milímetro cúbico en su sangre. Los fumadores entre los cuales el número de glóbulos blancos supera los 9.000 corren cuatro veces más riesgo de infarto que los otros. Se han introducido en el mercado cigarrillos de los denominados suaves. Cuando se fuma uno de estos cigarrillos, la ventaja obtenida es del 15 por ciento en la absorción de nicotina y de monóxido de carbono respecto de los otros cigarrillos, en tanto que se los anuncia como dos veces menos tóxicos. A la inversa, cuando se fuma un cigarrillo más fuerte en un 30 a un 40 por ciento, la proporción de sustancias tóxicas absorbidas por la sangre sólo se eleva en un 10 por ciento. Por lo tanto, las diferencias medidas no son las que se anuncian. Lo que es determinante para el fumador no es la calidad del cigarrillo, sino la forma en que se lo fuma, Quien lo fuma por completo y de prisa, aspirando catorce o quince veces ese cigarrillo suave, inhala más alquitrán, nicotina y se perjudica más que quien fuma un cigarrillo fuerte, con tranquilidad, en seis a ocho aspiraciones, lanzando el humo y sus toxinas a la atmósfera. Como el cigarrillo es más tóxico que el cigarro, ciertos fumadores piensan que

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hacen bien al reemplazar el uno por el otro. Pero los fumadores de cigarrillos que pasan al cigarro continúan inhalando el humo y se intoxican tanto como antes. Es preciso señalar que los pequeños cigarros negros son más tóxicos aún que los cigarrillos. El fumador de pipa absorbe muy poca nicotina y monóxido de carbono. El que pasa de la pipa al cigarrillo continúa no inhalando el humo. Los fumadores pasivos El humo de tabaco es el contaminante más importante de los lugares cerrados: lugares de trabajo o de descanso, cafés y salas de conferencias. El monóxido de carbono puede llegar a ellos desde las calles muy contaminadas de las grandes ciudades y consideradas peligrosas para los agentes de tránsito y los niños. Ha quedado demostrado en forma irrefutable que las personas obligadas a trabajar en locales repletos de humo resultan afectadas en su salud: el 69 por ciento presentan conjuntivitis, el 29 por ciento irritación nasal, el 31 por ciento dolores de cabeza, el 25 por ciento tos y el 6 por ciento náuseas. Son llevadas a inhalar un aerosol que contiene benzopireno, fenoles, nicotina y óxido de carbono, tres cuartas partes de los cuales penetran profundamente en sus pulmones y son retenidas por sus organismos. Ello reduce la capacidad de esfuerzo intelectual y disminuye el poder de concentración indispensable para la ejecución de ciertos trabajos de alta responsabilidad. Goethe ya había reconocido la nocividad del humo de lo que fumaban los demás: "El humo atonta, lo vuelve a uno incapaz de pensar y de crear", decía. En un gran fumador, la concentración urinaria de nicotina llega a 1,2 gramos por litro; en un fumador pasivo que sólo ha estado a su lado, en un local cerrado, 80 minutos, llega a 0,2 gramos de nicotina por litro de orina, es decir, apenas seis veces menos. Si ha trabajado en un ambiente con humo durante veinte años o más, el fumador pasivo se vuelve enfisematoso: disminuye la capacidad de espiración pulmonar. Se calcula que, cuando se fuman de tres a ocho cigarrillos en un local pequeño y mal ventilado, ello equivale para el no fumador al consumo personal de un cigarrillo. ¡La vida media de las esposas no fumadoras de los grandes fumadores disminuye en cuatro años! Los más amenazados son sus hijos. Son afectados reiteradamente por infecciones de las vías respiratorias, pues el humo del cigarrillo tiene la propiedad de inhibir la destrucción de las bacterias. Primero aparece en ellos tos matinal y disnea de esfuerzo y luego asma. El 66 por ciento de los niños asmáticos viven en medios cargados de humo y lo respiran. La inconsciencia de los fumadores, que así perjudican la salud de sus conciudadanos y de sus hijos, es enorme. Son más frágiles aún y están más expuestos los niños en gestación de las mujeres que continúan fumando durante su embarazo, con lo cual los privan de sus posibilidades de desarrollo normal. En Estados Unidos, el uso del tabaco causa la muerte prenatal de 4.600 niños por año. En Gran Bretaña, el 30 por ciento de las madres fuman; a causa de ello, todos los años mueren 1.500 niños en los días que siguen a su nacimiento. El riesgo de mortalidad perinatal es de cerca del 20 por ciento en los hijos de las mujeres que fuman menos de 20 cigarrillos por día y se eleva al 35 por ciento cuando consumen más de esa cantidad. Por otro lado, existe el peligro para la madre de 151

un desprendimiento prematuro de la placenta o de una inserción demasiado baja, que dificulta el parto. Este aumento de la mortalidad afecta también a los niños cuyo padre es el único gran fumador, y convierte a la madre y al niño del cual está embarazada en fumadores pasivos. Los nacimientos prematuros (peso del recién nacido inferior a 2.500 gramos) son dos veces más frecuentes entre las fumadoras. El crecimiento del feto disminuye en relación con el número de cigarrillos. Cuando una mujer grávida fuma, la acción de la nicotina, muy difusible a través de la placenta, provoca una aceleración de 20 pulsaciones por minuto en el corazón fetal, observable a partir del primer cigarrillo encendido. La contracción de los vasos disminuye el flujo sanguíneo a la placenta y, en consecuencia, el aporte de sustancias nutritivas. Además, como consecuencia de la carboxihemoglobina que se forma en la madre, la oxigenación placentaria del feto se reduce y su crecimiento se retrasa. Este fenómeno se acentúa aún más en casos de anemia: un solo cigarrillo, en efecto, eleva el nivel de óxido de carbono en la sangre en un 5 por ciento y disminuye en esa medida su saturación de oxígeno. Tanto el aporte del óxido de carbono, que provoca una falta de oxígeno, como la intoxicación por la nicotina pueden provocar lesiones perdurables en el corazón fetal. Los cancerígenos del humo del cigarrillo también llegan a la placenta y son susceptibles de afectar al feto. El cordón umbilical y la vena y la arteria umbilicales, así como los capilares placentarios, sufren, bajo el efecto del tabaco, lesiones irreversibles. La alteración de la placenta se reconoce con facilidad por su consistencia anormalmente firme, a causa de la induración fibrosa del órgano. Su peso tiene un déficit de 80 a 120 gramos. ¡También es preciso saber que la nicotina pasa a la leche materna y la contamina! Los recién nacidos de término de las fumadoras tienen un peso inferior en 150 a 450 gramos que los recién nacidos normales, y ello en mayor medida cuanto más fuma la madre. En estos niños, el desarrollo cefálico es inferior a lo normal. El daño causado por el humo puede persistir más allá del nacimiento: a los 7 años, los niños son más pequeños que el promedio; tienen un retraso escolar por la dificultad de aprendizaje de la lectura, del cálculo y de la coordinación de la información visual respecto de la respuesta manual. Presentan, además, un trastorno de la adaptación social más o menos perdurable. Otro tanto ocurre cuando sólo fuma el padre. Entre los grandes fumadores se han encontrado, por otra parte, espermogramas anormales. El índice de malformaciones en los hijos de padres fumadores es del doble. Las malformaciones más frecuentes son el labio leporino y el paladar hendido. El tabaco, flagelo social Evolución social catastrófica: los niños son habituados al tabaco, principalmente los varones jóvenes, primero por juego, para imitar a los adultos y sobre todo al padre, para sentirse hombres. El primer cigarrillo es fumado por los niños entre los 6 y los 10 años, y por las niñas, entre los 12 y los 13. A los 15 años, la cuarta parte de los adolescentes fuman. En 1968, en Glasgow, una encuesta demostró que fumaban el 40 por ciento de los varones de 16 a 17 años y el 23 por ciento de las mujeres. Los niños comienzan a fumar porque sus padres fuman o porque son habituados por sus compañeros.

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En Alemania, en 1980, el 57 por ciento de los jóvenes y 25 por ciento de las niñas habían comenzado a fumar antes de los 10 años. Según una encuesta referida a 10.000 escolares, el 3 por ciento ya eran fumadores regulares. Desde los 14 años, algunos de ellos habían llegado al consumo de veinte cigarrillos o más por día. Los malos alumnos fuman más y hay más fumadores entre los malos alumnos: ¿causa o consecuencia de su escaso rendimiento? El uso del tabaco perjudica los resultados escolares por el déficit de la memoria y la concentración. En efecto, se registró un 67 por ciento de fracasos en los exámenes entre los fumadores y un 36 por ciento entre los no fumadores. Del mismo modo, entre los fumadores hubo un descenso del rendimiento en las actividades atléticas. En 1978, la tercera parte de los norteamericanos de más de 17 años eran fumadores, y más de la mitad habían comenzado antes de los 18 años. Sólo un 2 por ciento de ellos eran fumadores ocasionales. El 85 por ciento de quienes comienzan a fumar a los 17 años se convierten en fumadores para toda la vida. El consumo medio era de treinta cigarrillos por día. En ocasiones, los médicos se enfrentan con casos tremendos, pero por fortuna todavía son excepcionales. Por ejemplo, una encantadora niña de 2 años presentó una hemorragia vaginal; se le extirpó el útero, asiento de un tumor maligno. Su madre, gran fumadora, había "disminuido ligeramente la cantidad de cigarillos" durante su embarazo... En agosto de 1964, un joven de 16 años, que fumaba 20 cigarrillos por día desde los 14 años, escupe sangre y experimenta dificultad para respirar. La mitad del pulmón izquierdo, donde hay un cáncer, le es extirpada. En septiembre aparece una metástasis muy dolorosa en el húmero derecho; en diciembre muere por invasión cancerosa del pulmón derecho y de lo que restaba del pulmón izquierdo. La muerte se produjo apenas cuatro meses después del diagnóstico. En 1976, 100.000 ingleses murieron prematuramente por abuso del tabaco. Dicho de otra manera, el tabaco suprime tantos individuos todos los años como la cantidad de civiles que fueron muertos durante toda la Segunda Guerra Mundial. En Inglaterra, donde las huelgas son frecuentes, la cantidad de jornales perdidos en 1969 como consecuencia de enfermedades producidas por el tabaco fue veinte veces superior a la ocasionada por las huelgas. Sin embargo, Inglaterra ocupa el duodécimo lugar entre los países occidentales por su consumo de tabaco, y Suiza el séptimo lugar. La vida se acortaría, como término medio, en 20 minutos por cada cigarrillo fumado, según Linus Pauling, premio Nobel de medicina, o sea, en ocho años para un consumo de cuarenta cigarrillos por día. El tabaquismo le cuesta muy caro a la sociedad. Se calcula que mata tres veces más personas que la tuberculosis. Los alemanes occidentales fumaron en 1974 128 mil millones de cigarrillos; 140.000 de ellos mueren todos los años a consecuencia del tabaquismo, y 100.000 cobran subsidios de invalidez. Los perjuicios causados por el tabaco cuestan, en inversiones a la sociedad alemana, 20 millones de marcos anuales. De cada 100.000 muertes ocurridas entre los 30 y los 60 años, hubo 20.000 fumadores más que no fumadores, y de ahí la considerable pérdida de años productivos. Entre los médicos fumadores, el 50 por ciento no llegan a los 70 años. El 153

déficit de producción ocasionado por el tabaco se calcula en más de 30 mil millones por año. Un no fumador ahorra en 40 años un promedio de 200.000 marcos. El 93 por ciento de los fumadores prefieren el cigarrillo, es decir, la forma de tabaquismo más peligrosa. Otro tanto sucede en todos los países industriales, y los que se encuentran en vías de desarrollo siguen su ejemplo. En 1968, en todo el mundo se vendieron 3 billones de cigarrillos en todo el mundo. La polución del aire causada por los fumadores en los locales cerrados es la más grave de las contaminaciones atmosféricas a las que está expuesto el hombre. Es dable preguntarse, en consecuencia, por qué el Estado que lucha contra el abuso de otras drogas, no lo hace en la misma medida contra el tabaco, tan pernicioso. Talleyrand había respondido de esta manera a esa pregunta: "El uso del tabaco es sin duda un vicio, pero hay en él una virtud: la de producir tanto dinero para las cajas del Estado". En efecto, el impuesto sobre el tabaco representa un promedio del 5 por ciento de los ingresos fiscales en todos los países industrializados de Occidente, donde, en 1969, del 75 al 85 por ciento de los hombres y del 20 al 40 por ciento de las mujeres se entregaban al tabaquismo. En 1974, en Alemania Federal, los fumadores gastaron 14,4 mil millones de marcos para adquirir su tabaco, lo cual rindió 9 mil millones a las cajas del Estado. El 90 por ciento de las muertes por cáncer de pulmón, el 25 por ciento de las provocadas por enfermedades cardiovasculares y el 75 por ciento de las causadas por bronquitis crónicas, son imputables al tabaquismo, y por lo menos el 10 por ciento de las muertes de hombres y mujeres se deben al tabaco. Si se lo introdujese hoy, sería rechazado como excesivamente peligroso. Una mujer que fuma y toma anticonceptivos corre un riesgo importante de morir de una crisis cardíaca alrededor de los 50 años. El tabaco ocasiona en Francia más muertes al año que los accidentes de tránsito. Por ejemplo, en 1981: 13.000 muertos por accidentes contra 25.000 muertos por infartos de miocardio y otras enfermedades vasculares y 13.500 muertos por cáncer de pulmón a consecuencia del tabaco. Los ingresos aportados por el tabaco al Estado fueron en 1976 de 10 mil millones; el costo de todas sus consecuencias, 26 mil millones. ¡De tal modo, aunque la salud sea el mayor bien, la más grande riqueza de cada uno y, por lo tanto, de todos, y que la acción nociva del tabaco esté hoy debidamente establecida, los estados tratan de enriquecerse en perjuicio de la salud de sus ciudadanos aprovechando la debilidad de éstos! ¿Se enriquecen, en verdad, al negarse a ver los desastrosos perjuicios causados por este flagelo? ¿O bien, dado que los dirigentes son fumadores a su vez, no hay nada que esperar de ellos? La lucha necesaria contra el tabaquismo Desde hace treinta años, todos los países son sometidos a campañas publicitarias que se pueden calificar como subversivas y que deberían prohibirse. Miles de millones de francos se invierten todos los años, para asociar, por reflejo condicionado, el tabaco con todo lo que es agradable. Esta propaganda es muy eficaz, y el consumo mundial ha llegado a un billón (¡ = 1012 = un millón de millones!) de cigarrillos por año, a un precio de 100 mil millones de dólares (= 220 mil millones de DM).

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También el Tercer Mundo se ha puesto a fumar, viendo en ello el símbolo de cierta prosperidad. El abuso del tabaco se ha convertido en un flagelo público. Por lo tanto, es indispensable que la sociedad se defienda, que cree institutos de desintoxicación (WHO) y que esa acción sea sostenida por las cajas de seguros. Sería necesario aumentar las cotizaciones del seguro de los fumadores, ya que no es equitativo que el conjunto de la nación pague por los que perjudican su salud a conciencia. En 1978, en relación con un fumador inveterado convertido en un inválido, el subsidio por invalidez fue reducido en un 10 por ciento por el tribunal federal de seguros, puesto que tal abuso del tabaco era considerado una falta grave. Según la Organización Mundial de la Salud, el tabaquismo y el alcoholismo son los flagelos sanitarios más importantes del mundo occidental. Es indispensable un esfuerzo de prevención, en particular por medio de la enseñanza en las escuelas. Un filme educativo rodado en el hospital y la sala de autopsia, que mostrara la decadencia del ser humano provocada por el tabaco, podrían apartar a los escolares de esta droga. Algunos jóvenes de 15 a 24 años (15 por ciento) llegan ya a consumir cien cigarrillos por día. Son numerosos aquellos que quisieran liberarse de la tiranía del tabaco. ¡Un folleto editado en Maguncia, con una tirada de 320.000 ejemplares y que daba consejos para liberarse del hábito de fumar, se agotó en un día! Dejar de fumar no es fácil, pues el tabaco es una droga y el tabaquismo una enfermedad que produce la habituación y la necesidad. La interrupción brusca del empleo del tabaco provoca la aparición de fenómenos de carencia caracterizados por bradicardia, disminución de la tensión arterial y de la secreción de noradrenalina, trastornos gastrointestinales y del sueño, irritabilidad, agresividad y falta de concentración. Estos síntomas alcanzan su máxima intensidad en las primeras 24 horas y luego desaparecen. Se han propuesto diversos métodos para propiciar el abandono del hábito de fumar. Se ha tratado de provocar una aversión de los fumadores por el tabaco sometiéndolos a sesiones de excesivo consumo: durante treinta minutos se los invitaba a fumar la mayor cantidad posible de cigarrillos, en tanto que se les proyectaba al rostro el aire cálido cargado de humo, y debían remover con las manos y los antebrazos 4 kilos de colillas. Al cabo de seis semanas de ese tratamiento, 5/12 de los fumadores había dejado de fumar y los otros habían reducido su consumo, pero este efecto no fue perdurable, y nueve meses después las dos terceras partes fumaban tanto como antes. Sería necesario repetir con regularidad estas curas. En ciertos casos ha resultado útil la hipnosis. El tabaquismo es un vicio. Según nuestra experiencia, el retorno a una alimentación equilibrada y sana ayuda a quienes desean liberarse de él. La Cruz Roja suiza ha encarado este problema y organizado sesiones de grupo antitabaco desde hace varios años, dirigidos por un médico especializado. En estas sesiones, doce a quince fumadores se reúnen los fines de semana, una vez por mes, durante períodos prolongados a fin de recibir informaciones y hablar del tabaquismo y de la salud en general. Los resultados son alentadores, positivos en un 67 por ciento en seis meses. En estas sesiones de descondicionamiento, el médico trata de hacer nacer una nueva corriente de reflexión en el sentido de un desarrollo de la responsabilidad y la autonomía del individuo. El método vincula

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una psicoterapia con el relajamiento y la dinámica de grupo. Según parece, es lo mejor que se puede proponer a quienes no son capaces de dejar de fumar por sí solos. Esta lucha contra el tabaquismo es animada por la liga "Vida y Salud" en Francia y Suiza.

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La polución del cuerpo humano por el alcohol El uso de bebidas fermentadas, alcohólicas, es antiguo como el mundo. La historia dice que Noé fue el iniciador. Ese uso forma parte integrante de nuestras costumbres. Todos conocen la ebriedad alcohólica aguda y la consideran reprensible. Sin embargo, se busca una ligera ebriedad en las comidas en común: es euforizante, anula las inhibiciones y hace más alegres las reuniones; forma parte de cierto ritual social, y a causa de ello, los que se abstienen son tratados de aguafiestas. Si el hombre fuera razonable, no habría motivo para hablar del alcohol. Pero se habla mucho de él porque los perjuicios del abuso del alcohol van en aumento, y el alcohol puede ser considerado como un agente de decadencia de nuestra sociedad. Si el alcohol hubiera sido descubierto en nuestros días, probablemente hubiera estado sometido, como otras drogas, a la prescripción médica, a causa de sus propiedades inductoras de dependencia, de toxicomanía (Wartburg). Pero al contrario de las otras drogas, resulta fácil obtenerlo y ello no es en modo alguno ilegal. Lo que hoy hace que el problema del alcohol resulte inquietante en los países industrializados, con independencia de sus regímenes políticos, es el aumento regular de los daños atribuibles a su empleo abusivo. En la actualidad, el alcoholismo crónico es la enfermedad masculina más difundida. Así como en ciertas ciudades, hasta el 60 por ciento de los hombres de 30 a 60 años y hasta el 16 por ciento de las mujeres internadas en las salas de clínica médica son alcohólicos. Lo mismo ocurre con el 22 por ciento en las divisiones de psiquiatría. ¡La cuarta parte de los alcohólicos hospitalizados tienen menos de 30 años! Del 40 al 50 por ciento de los accidentados en las rutas deben sus desdichas al abuso del alcohol, y a éste deben atribuirse la casi totalidad de los accidentes graves de tránsito que se producen después de las 20 horas. El consumo de bebidas alcohólicas por habitante aumenta regularmente año tras año. En Europa, Francia y Suiza ocupan respectivamente el primero y el décimo lugar en ese aspecto. El francés bebe 16 litros y el suizo 11 litros de alcohol puro por año y por habitante (Bulletin des Médecins Suisses, t. 62, 33, 1981), pero en Suiza, el 4 por ciento de la población (de 15 [!] a 74 años) consume el 30 por ciento de la cantidad global, y el contingente de los hombres es tres veces mayor que el de las mujeres. Los perjuicios debidos al alcohol e indemnizados por los seguros se han calculado, en 1980, en 5 mil millones de francos franceses (Bulletin des Médecins Suisses, t. 62, 42, 1981). En Francia, 156

todos los años, 50.000 enfermos, 5.000 accidentados en las carreteras, más de 5.000 suicidios y crímenes y 1.000 accidentes de trabajo son imputables al abuso del alcohol. El alcoholismo cuesta en Suiza a la economía pública 1,6 mil millones de francos por año. Gran parte de estos gastos es soportada por el conjunto de los contribuyentes y no resulta agradable pagar impuestos por el vicio de los demás. Sobre una población de 6 millones de habitantes, hay en la actualidad 250.000 alcohólicos en Suiza. ¡Este país gasta todos los años 4,2 millones de francos por las bebidas alcohólicas y 1,4 mil millones por el tabaco, es decir, una suma dos veces superior para perjudicar la salud de la que los seguros de enfermedad pueden invertir para restaurarla! La totalidad de los gastos ocasionados en 1972 por las enfermedades, los accidentes, la disminución de la productividad y la delincuencia a causa del alcohol se elevaron a 1,2 mil millones de francos. A ese monto corresponde un ingreso percibido por el Estado de 0,48 mil millones solamente. Lo mismo ocurre en todos los países industrializados. El alcohol constituye, por lo tanto, una verdadera plaga social. Aunque ataca sobre todo a los hombres, no perdona ni a las mujeres ni a los niños. En Alemania, el consumo de alcohol se triplicó entre 1958 y 1978, y ello gracias a las mujeres, en particular a las que desarrollan una actividad profesional y a las adolescentes. En Estados Unidos, el 19 por ciento de los jóvenes de 14 a 19 años están hoy afectados de alcoholismo. Se calcula que las pérdidas anuales ocasionadas por el alcohol ascienden allí a 25 mil millones de dólares. En Australia, llegan a 1,1 mil millones. En Chile, el 30 por ciento del presupuesto sanitario es devorado por el alcoholismo; en Brasil, el número de hospitalizaciones dependientes de este flagelo se triplicó entre 1960 y 1970; la mitad de los enfermos internados en los servicios de psiquiatría en Yugoslavia lo son por el alcoholismo. El precio global que se debe pagar por el alcoholismo es de los más elevados. El alcohólico carece de concentración y ello aumenta la frecuencia de los accidentes de trabajo, de los cuales es frecuente que él no sea la única víctima, pues pone en peligro a quienes forman parte del mismo grupo que él. La salud del alcoholista se encuentra alterada; resiste mal a las infecciones, y como resultado, falta al trabajo con una frecuencia dos o tres veces mayor y durante más tiempo que sus colegas. Debe internarse a menudo, envejece rápido y muere prematuramente. La edad promedio alcanzada por el alcoholista es de apenas 52 años. Quienes la superan, se jubilan a menudo en forma anticipada (a los 55 años, como promedio). La mayoría de los alcoholistas fuman, lo cual potencia los efectos nocivos de ambas drogas. La mortalidad excesiva de los alcoholistas se debe a los accidentes en estado de intoxicación aguda, a la cirrosis hepática, al cáncer (hepático, digestivo y pulmonar), a la tuberculosis, a afecciones cardiovasculares, a alteraciones nerviosas y al suicidio. Un consumo de 80 gramos de alcohol por día o más es muy peligroso. Corresponde a un litro de vino común (8 por ciento de alcohol) o a medio litro de vino "seco”, o bien a dos decilitros de licor (al 40 por ciento) o a 2 litros de cerveza (4 por ciento de alcohol). La fórmula química del alcohol etílico es CH3CH2OH. Se quema en nuestro cuerpo, tal como se quema al aire, transformándose en dióxido de carbono y agua, y con desprendimiento de calor. 157

Mientras que un gramo de azúcar y un gramo de proteína proporcionan 4 calorías cada uno y un gramo de grasa 9 calorías, uno de alcohol, siendo más rico en oxígeno que el azúcar y las grasas, aporta 7 calorías a condición de que sea metabolizado. Eso corresponde a 700 calorías para un litro de vino con 10 por ciento de alcohol. Este aporte calórico no es insignificante, y quienes deben perder peso deben tenerlo en cuenta. Sin embargo, lo mismo que el azúcar refinado, el alcohol sólo suministra al organismo calorías vacías, que el hígado puede utilizar como fuente de energía, pero menos bien de lo que ocurre con el azúcar. Esas calorías vacías ocupan el lugar de otros alimentos de mayor valor. La nocividad del alcohol está relacionada, por un lado, con la cantidad consumida, y por el otro, con su concentración. Cuanto más concentrado, más perjudicial. La ingestión de una bebida alcohólica fuerte en ayunas es más nefasta que la de un vaso de vino durante la comida. Mezclado con los alimentos, éste se diluye. Introducido en el cuerpo en pequeña cantidad, y en dilución inferior al 5 por ciento, el alcohol consumido durante las comidas es absorbido y oxidado con rapidez. Ingerido en cantidad importante y en concentraciones más elevadas -y por lo tanto, introducido en el tubo digestivo en ayunas-, el alcohol ya no puede ser destruido con bastante rapidez como para que sea inofensivo. Es un tóxico. Irrita e inflama las mucosas digestivas, provocando hipersecreción gástrica, vómitos matinales e inapetencia. Aumenta la concentración de las grasas en la sangre y favorece así el desarrollo de la arteriosclerosis. El alcohol es un tóxico hepático. Consumido fuera de las comidas, es absorbido con rapidez por el intestino y pasa a ese órgano en una concentración intolerable: la célula hepática sufre y luego muere; puede regenerarse, pero en forma anárquica, o bien es reemplazada por tejido cicatricial, que se vuelve cada vez más abundante a medida que se agrava la enfermedad alcohólica. Se constituye, de tal modo, la conocida y mal afamada cirrosis hepática que, en el 7 por ciento de los enfermos lleva a un cáncer de hígado rápidamente mortal. Las mujeres toleran el alcohol menos bien que los hombres. El uso de la píldora anticonceptiva, que recarga el hígado, acentúa aún más esa diferencia. ”La píldora" hace aparecer la embriaguez mucho antes y la hace más perdurable. En la mujer, la cirrosis es un tercio más temprana y aparece con dosis más débiles que en el hombre. Es también más rápidamente mortal. Más de 100 gramos de alcohol puro por día (= 3 litros de cerveza o un litro de vino) proporcionan en tres años, en el 86 por ciento de las mujeres y en el 65 por ciento de los hombres, lesiones hepáticas graves. Veinte gramos de alcohol cotidiano son tolerados por la mujer, y 40 gramos constituyen una cantidad peligrosa. En los hombres, este límite se sitúa en 60 gramos por día. Si una mujer bebe 60 a 80 gramos de alcohol por día, es decir, 6 a 8 decilitros de vino, su riesgo de adquirir una cirrosis hepática es 35 veces mayor que para el hombre. Si las mujeres continúan bebiendo después de aparecer la cirrosis, el 30 por ciento sólo sobreviven 5 años, en tanto que esa supervivencia es del 72 por ciento para los hombres. Desde que se instala la cirrosis alcohólica, la tasa de proteinemia desciende y la de la bilirrubina sérica se eleva, lo cual entraña un déficit de la memoria visual y de la atención, y una prolongación del tiempo de reacción. El 80 por ciento de los cirróticos alcohólicos son inaptos 158

para conducir vehículos; en cambio, sólo el 20 por ciento de los cirróticos no alcohólicos lo son: su metabolismo intermediario es mejor. Hace 20 años, la cirrosis hepática era una enfermedad del hombre de edad. En Estados Unidos, en la actualidad, ocupa el tercer lugar entre las causas de muerte de ciudadanos de 25 a 65 años. En el 45 por ciento de éstos, la muerte sobreviene por hemorragia masiva proveniente de várices esofágicas que se forman porque la sangre ya no puede circular con normalidad a través del hígado fibrosado. Hace 20 años, había cinco veces más hombres cirróticos que mujeres. En la actualidad, esa relación es de 2 a 1. A nivel de la mucosa digestiva, el alcohol concentrado provoca una sensación de quemadura provocada por la inflamación, que se vuelve persistente si las ingestiones de alcohol son reiteradas. En el esófago esta inflamación crónica puede culminar en un cáncer, que en Europa sólo se encuentra entre los alcohólicos. En la mitad de éstos, el páncreas exocrino (el encargado de la secreción de las enzimas digestivas) está dañado, lo cual provoca alteraciones digestivas crónicas y una desnutrición. Los islotes celulares, productores de insulina, resisten, en cambio, mejor: de tal modo, la diabetes no complica el alcoholismo. La pancreatitis crónica es una enfermedad grave. En los focos inflamatorios, las células del páncreas liberan su enzima digestiva y se produce una autodigestión dolorosa del tejido glandular. Este proceso es señalado por el paso a la sangre de enzimas producidas por la glándula y que normalmente se vuelcan en el intestino. El dosaje de uno de estos fermentos -la amilasa- permite seguir la evolución de la enfermedad, en el curso de la cual pueden formarse quistes y abscesos. La medicina clásica sólo sabe proponer a estos pacientes la supresión definitiva del alcohol y un aporte de extractos pancreáticos para facilitar la digestión. He aquí la historia de uno de estos casos. CASO 19. M: 1924 (53 AÑOS) Fuera de una nefritis pasajera a los 43 años, este hombre parece gozar de buena salud. A los 49 años se produce, en forma brutal, una crisis de intenso dolor abdominal, el cual hace sospechar una perforación del estómago (vientre en tabla), que lo conduce con rapidez a manos de un cirujano. Al abrir el abdomen, se comprueba la presencia de una inflamación aguda y hemorrágica de la cabeza del páncreas. Después de esa operación, el paciente reduce su consumo de alcohol: los dolores se atenúan. Pero luego aparecen crisis dolorosas de corta duración, menos violentas que la primera. Se siente bastante bien. En un control realizado al cabo de cuatro años se observa que la cabeza del páncreas ha aumentado de tamaño y presenta microcalcificaciones, testimonio de la persistencia del proceso inflamatorio; el nivel de la amilasa sanguínea es de seis a siete veces la normal o, dicho de otra manera, se ha instalado una pancreatitis crónica, que poco a poco destruirá el órgano. Se prescriben enzimas pancreáticas para compensar la deficiencia de la glándula.

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Lo recibo por primera vez el 8 de diciembre de 1977. Pesa 82 kilos para una talla de 1,76 metros. ¡Es un gran comilón que se permite todavía beber 2 a 3 decilitros de vino por día! Desde su enfermedad ha reducido su ración cotidiana de mantequilla de 120 a 50 gramos. Su lengua está saburral, su aliento es fétido y su piel seca. La corrección de su alimentación, la supresión total del alcohol y el aporte abundante de vitaminas A, B, C, E, F por vía oral e intravenosa determinan una disminución rápida (a 2-3 veces la normal) de la concentración de amilasa. Durante el año siguiente, el peso se estabiliza en 76 kilos (= normal). El enfermo se siente mejor. Durante las vacaciones del verano de 1978 abandona parcialmente la alimentación sana: se reproduce una crisis muy dolorosa. En 1980, o sea, dos años y medio después de la normalización de la alimentación, el paciente se siente "en su mejor forma". Su nivel de amilasa sérica es normal: la pancreatitis se ha estabilizado. En 1981 aparece el cáncer de páncreas, al cual el enfermo sucumbe ese mismo año, es decir, a los 57 años. El alcohol ingerido es transportado al hígado, que se encarga de metabolizarlo. Para ello dispone de dos enzimas (la deshidrogenasa alcohólica y el fermento microsómico de oxidación alcohólica), que preexisten, pero cuya síntesis es aumentada por el aporte regular de alcohol. De tal manera se puede establecer una mejor tolerancia a este tóxico. Esas enzimas transforman al alcohol en acetaldehído (Ch3-COH), con el aporte de 2 átomos de hidrógeno por molécula de alcohol para el metabolismo. Si esta producción es excesiva, provoca un exceso de ácido láctico, que debe ser eliminado por los riñones. Esta excreción interfiere la del ácido úrico, cuya concentración en la sangre se eleva. A partir de cierto nivel (9 miligramos por ciento; normal = 2 a 4 miligramos por ciento), se depositan cristales de ácido úrico en las articulaciones, lo cual provoca el conocido acceso de gota que sigue a las libaciones alcohólicas. El aporte de alcohol hace que el ciclo del ácido cítrico, que rige la combustión de las grasas, sea menos solicitado; los lípidos (triglicéridos) se acumulan en el tejido hepático y en la sangre, lo cual favorece el desarrollo de la arteriosclerosis. El alcohol absorbido abandona el tubo digestivo y atraviesa el hígado y luego los pulmones antes de ser diluido en el conjunto del organismo. Al pasar, ataca las delicadas células de los alvéolos pulmonares, las irrita, las destruye y provoca, también allí, la formación de cicatrices fibrosas. El resultado es la disminución de la elasticidad pulmonar que conduce al enfisema con un déficit de oxigenación de la sangre, tos crónica y expectoración, y tendencia a las neumonías. Estos síntomas se agravan por el tabaquismo concomitante, pero existen en los alcohólicos no fumadores. Por último, el alcoholismo crónico en el hombre provoca un déficit de testosterona y la aparición de una tasa de estrógenos exagerada, que ocasiona hipertrofia de las glándulas mamarias (ginecomastia). El bebedor sólo se convierte en alcóholico desde el momento en que la cantidad de alcohol absorbido es superior a la que puede degradar con facilidad. A partir de entonces su salud se altera, y ello tanto en el plano físico como en el psíquico. Algunos bebedores privilegiados están protegidos contra el abuso del alcohol por fuertes cefaleas que aparecen en cuanto superan la dosis permitida, aunque por desgracia no ocurre así en la mayoría de los casos.

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El bebedor trata de consolarse, aturdirse, olvidar sus frustraciones y escapar al aburrimiento, a la monotonía de su trabajo y a sus dificultades psíquicas. En las fábricas, la automatización favorece el alcoholismo: a fuerza de hacer movimientos mecánicos, el obrero también se dedica a beber como un autómata. El alcohol es un tóxico del sistema nervioso. Penetra en la sangre, llega al cerebro y, con suma rapidez, hace más lentos los reflejos, reduce el poder de atención y el raciocinio. El cerebelo es en especial sensible al alcohol, y de ahí la falta de equilibrio, la marcha vacilante, el nistagmo. Hay mala evaluación de las distancias, alteraciones de la coordinación, torpeza y lentitud de los reflejos. Estos signos aparecen ya en la mitad de los individuos con una tasa de alcohol sanguíneo del 0,5 por ciento. La experiencia ha determinado en 0,8 gramos por litro de sangre la tasa de alcohol peligrosa e incompatible con la capacidad de conducir un vehículo de motor. Una tasa de 0,5 gramos por mil puede, sin embargo, ya ser peligrosa. Esto depende de la sensibilidad individual del sistema nervioso a ese tóxico. La tasa de 0,8 por mil es alcanzada con mucha menos bebida cuanto menor es el peso del bebedor. Para ello basta consumir aproximadamente: Para una persona de 50 kg

Para una persona de 70 kg

cerveza

8

decilitros

12

decilitros

vino comun

4

decilitros

5.3

decilitros

2

decilitros

2.6

decilitros

espirituoso

0.8

decilitros

1.3

decilitros

whisy

0.8

decilitros

1.1

decilitros

aperitivo ligero

Hay que contar de 7 a 10 horas para eliminar 1 por mil de alcohol. Si la tasa es del 2 por mil a medianoche, por ejemplo, o dicho de otra manera, si el hombre de 70 kilos ha consumido 3 litros de vino en la noche, esa tasa sigue siendo de 1 por mil a las 7 de la mañana, y el conductor no ha recuperado aun su facultad normal de conducir. El alcohol tiene un efecto tóxico sobre la retina. A causa de ello, el efecto de encandilamiento de los focos en el momento de los cruces persiste más tiempo que el normal. Además, en cuanto a su tasa en la sangre llega al 5 por mil, el campo visual se reduce. Se admite que la ración de alcohol cotidiana no debe superar los 20 gramos por día para las mujeres y los 70 gramos para los hombres, es decir, respectivamente, 2 y 7 decilitros de vino en promedio. Por lo tanto, es preciso saber que el alcohol contenido en un litro es de 75 a 120 gramos para el vino, de 30 a 50 gramos para la cerveza y de 400 a 500 gramos para los licores. 161

Efecto favorable en el anciano Un aporte de 12 a 25 gramos de alcohol por día (1 a 2 decilitros de vino) puede disminuir la tensión nerviosa y aumentar la capacidad de atención de las personas de edad, mejorar su contacto social, su sueño y su afabilidad. Estarían menos sujetos al infarto de miocardio que quienes se abstienen de beber. Es posible que, en dosis reducidas, el alcohol frene el desarrollo de la arteriosclerosis, pues se eleva la proporción de lipoproteínas de alta densidad (HDL) que estabilizan al colesterol. Un consumo moderado de alcohol, además, mejora la continencia urinaria del anciano. El vino contiene pequeñas cantidades de oligoelementos (magnesio, hierro manganeso, cobre y fósforo) y complejo vitamínico B, lo cual, de todos modos, no justificaría un consumo excesivo. Efectos nefastos en el niño El niño es mucho más sensible al alcohol que el adulto, aun en pequeñas cantidades. Por lo tanto, es totalmente aberrante dar a los niños bebidas alcohólicas, como lo hacen algunos padres, que les permiten beber, por ejemplo, la cerveza de su propio vaso. Se han producido fallecimientos de niños por cantidades mínimas de alcohol, algunas cucharadas de licor, un vaso de vino dulce, o incluso después de la aplicación de compresas de alcohol en grandes superficies de piel herida. Cuanto menor sea el niño, más peligroso es el alcohol para él. El adulto tolera una concentración de 0,5 por mil de alcohol en su sangre; en el niño, esa misma concentración puede producir la pérdida de la conciencia; una alcoholemia del 2 por mil puede ser mortal para un niño en edad escolar,. Un niño de 6 años murió tras la ingestión de 1 decilitro de licor bebido con rapidez. Para el adulto, en las mismas condiciones, la dosis mortal es 10 veces mayor, o sea, 1 litro de licor. Nuestros niños comienzan a beber bebidas alcohólicas a los 12 años, en ocasiones, incluso antes. Sería preciso instruirlos en la escuela acerca de los peligros del alcoholismo, valorizándolos, ofreciéndoles bebidas no alcohólicas y sanas: jugos de legumbres y frutas. Los jóvenes no gustan de las bebidas alcohólicas; si las prueban, es para imitar a los adultos. Una encuesta que abarcó a 4.000 escolares del ciclo secundario demostró que sus preferencias se centran en la leche, el agua mineral, las bebidas gaseosas y los jugos de frutas. Por encima de los 16 años, sólo un 15 por ciento preferían las bebidas alcohólicas. Entre ellos se reclutarán luego los alcohólicos más inveterados, los más difíciles de desintoxicar. Son los mismos que en la edad escolar consumen a veces varios medicamentos por día: analgésicos, tranquilizantes, somníferos, etcétera. Los bebedores de leche no necesitan preparados farmacéuticos.

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EL ALCOHOLISMO ¿Cuáles son las señales de un alcoholismo incipiente, es decir, de la instalación de una enfermedad y una dependencia en el organismo? Los primeros síntomas son nerviosos: febrícula, tensión excesiva, nerviosidad, irritabilidad, agresividad, distracción, pérdida de la memoria y de la capacidad de aprender, angustia, depresión. El sueño resulta alterado, lleno de pesadillas. Después de haberse dormido con facilidad -el alcohol es un narcótico- el bebedor despierta muy pronto, empapado en sudor. El sueño sólo se vuelve reparador desde la eliminación, por lo menos parcial, del alcohol ingerido, o sea, con varias horas de retraso. En cuanto se ha establecido el estado de "necesidad" o de "falta", comienza el infierno en la Tierra. La personalidad se modifica: el individuo se vuelve influenciable, carente de voluntad. Hace bromas a destiempo, subestima sus dificultades. El alcohólico se torna anormalmente sentimental, ya no le interesa nada, descuida las reglas de higiene. A continuación aparece un temblor, primero discreto y luego cada vez más notable, de los dedos, los miembros y la cabeza. El abuso crónico del alcohol altera las funciones intelectuales y afectivas. Después de años de consumo excesivo pueden aparecer trastornos nerviosos graves: polineuritis, delirium tremens con temblores intensos, desorientación, pérdida de la memoria, alucinaciones, en ocasiones demencia... y la muerte. La frecuencia de las alteraciones psíquicas en el bebedor es veinte veces superior a las que rigen para el resto de la población, y se han registrado casos de delirium tremens aun en muchachas jóvenes (1971). Al comienzo, el alcohólico engorda a causa del mayor aporte de calorías. El bebedor medio obtiene del alcohol 300 calorías por día. Después, al progresar la intoxicación, pierde el apetito. Se instalan trastornos digestivos y carencias, acompañadas de parestesia, de ardor en los pies, a veces debilidad e inclusive parálisis fláccida de los miembros por el daño nervioso. El alcoholismo acarrea desnutrición, con deficiencia de vitaminas hidrosolubles, en especial vitaminas B1 y C, cuya necesidad aumenta. La combinación del abuso de alcohol y de tabaco puede traer aparejado una neuritis óptica con disminución de la visión e incluso ceguera. El alcohólico llega al estado de la decadencia. Está maduro para el hospital. Es estigmatizado y rechazado por la sociedad. Un aporte abundante y prolongado de vitaminas B1 B6 y B12 y ácido fólico puede revertir las alteraciones nerviosas, sobre todo el delirium tremens que a menudo aparece al comienzo de la cura de desintoxicación. La cantidad de alcohólicos hospitalizados, y por lo tanto, gravemente afectados, son decenas de millares. El alcoholista es a menudo depresivo, suicida; se calcula que un alcoholista de cada dos es un suicida en potencia, y que un tercio de los suicidios serían imputables al alcohol. Estos suicidios son a menudo provocados por el rechazo de la familia o del cónyuge, que se niegan a cargar por más tiempo el peso que representa el alcoholismo del sujeto. La tentativa de suicidio realizada en estado de ebriedad es a menudo torpe y fracasa a causa de ello. Las recidivas son particularmente frecuentes entre los alcohólicos. La única salida es una cura eficaz de desintoxicación.

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Durante mucho tiempo, el alcoholismo crónico estuvo reservado para los hombres de edad madura, pero hoy atrae a la juventud y el sexo femenino se encuentra cada vez menos respetado. La proporción de mujeres alcohólicas se habría triplicado en los últimos veinte años, como resultado probablemente de la soledad, de la falta de contactos sociales que caracteriza a nuestra sociedad, de conflictos íntimos, de la decepción de no haber podido realizarse. El alcoholismo femenino encuentra una reprobación social más acentuada que el del hombre, lo cual provoca un sentimiento de vergüenza y de culpabilidad. Las mujeres alcohólicas son introvertidas. Ello vuelve más difíciles las curas de desintoxicación, que deben ser continuadas por lo menos durante seis meses. El niño en gestación es especialmente vulnerable y está expuesto a los estragos del alcohol: en efecto, el alcohol atraviesa la placenta y ataca al embrión, cuyo crecimiento entorpece. ¡Es la causa más difundida de las malformaciones infantiles! Todos los años nacen en Alemania Occidental de madres alcohólicas 1.800 recién nacidos con malformaciones. Se habla de "embriopatía alcohólica", que llega a ser un rasgo familiar si la madre continúa abusando del alcohol en cada embarazo. Este síndrome del niño nacido alcohólico ha sido reconocido hace muy poco. Puede aparecer cuando la madre consume desde hace años, todos los días, 50 gramos de alcohol... es decir, medio litro de vino o un litro y medio de cerveza. Si este consumo es del orden de 0,3 litros de whisky, que contiene 50 por ciento de alcohol, o de 2 litros de vino por día, las tres cuartas partes de los niños nacen alcohólicos: presentan retardo del desarrollo, temblor, microcefalia y estrechez de las hendiduras palpebrales. En una tercera parte de ellos, el paladar se encuentra hendido y el mentón es demasiado pequeño. A veces existe también una malformación del corazón y de los órganos genitales. El recién nacido de madre alcohólica sólo pesa, al término, 2.260 gramos en promedio (en lugar de 3.300 gramos). Su mortalidad antes del nacimiento es del 20 por ciento (es decir, diez veces mayor que el promedio), y después de ésta, del 17 por ciento. En los que sobreviven el crecimiento se reduce en un tercio y la mitad de ellos tienen un cociente intelectual bajo. El niño es retardado, torpe, agitado; existen a menudo fallas auditivas. La principal deficiencia es el comportamiento asocial, la incapacidad de concentración, lo cual hace que la escolaridad resulte problemática, aunque el cociente intelectual sea satisfactorio. El resultado de ello son pesadas cargas sociales. El alcohol es especialmente nocivo para el embrión durante el primer trimestre del embarazo: un abuso descubierto a tiempo justifica una interrupción de éste. Una reducción significativa del consumo de alcohol, inclusive tardía, pero antes del último trimestre del embarazo, puede todavía atenuar en alguna medida los daños. Lucha contra el alcoholismo ¡Por supuesto, podríamos muy bien prescindir de las bebidas alcohólicas, pero el alcohol se ha incorporado hasta tal punto a nuestras costumbres que no consumirlo en sociedad parece una extravagancia y aun una impropiedad o marginalidad! Todas las familias, o casi todas, lo tienen en sus reservas, tal como tienen pastas, harina, arroz y aceite, como provisiones básicas para tiempos difíciles. Después del alimento, el vestido y la vivienda, el alcohol ocupa un lugar en la

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lista de nuestras necesidades y debe ser considerado por lo tanto como una droga, a igual título que el haschich, la cocaína, la heroína, etcétera. Lo mismo que estas sustancias, el alcohol crea la habituación y, en consecuencia, la "necesidad"; dicho de otra manera, causa la aparición de trastornos en caso de abstinencia, que sólo se disipan con la ingestión de una nueva dosis de alcohol. ¿A qué se puede atribuir el abuso del alcohol? Los fisiólogos de la nutrición consideran que su causa profunda primordial, debe buscarse en una alimentación deficiente, exenta de las sustancias vitales indispensables para el equilibrio psíquico, y cuya ausencia disminuye la vitalidad y la alegría de vivir. La mejor prevención del alcoholismo sería, pues, el retorno a una alimentación sana y por ende a una función cerebral normal, que por definición excluye las toxicomanías. En la lucha emprendida hoy por los Estados, no se tiene en cuenta estas nociones. Se conforman con medidas legales y fiscales: elevación del precio, prohibición de la publicidad, represión de las infracciones de tránsito, prohibición de la venta de bebidas alcohólicas en el trabajo, en la calle, por las máquinas automáticas y en las instituciones públicas, y prohibición de una colaboración entre los elaboradores de bebidas alcohólicas y las sociedades deportivas de jóvenes. El trabajador que realiza esfuerzos físicos en ambientes calurosos traspira mucho y compensa esa pérdida de líquido bebiendo de 3 a 5 litros en ocho horas de trabajo. Si para ello recurre al vino o a la cerveza, llega a ingerir 90 a 500 gramos de alcohol puro por día, lo cual lo enferma y culmina en su despido. Es importante prohibir el alcohol en el trabajo y poner a disposición de estos obreros otras bebidas: aguas minerales, jugos de fruta, etc. Se han creado restaurantes para los trabajadores donde se ofrecen cinco bebidas de reemplazo más baratas que el alcohol. De tal modo, en Suiza, la organización "SV", que sirve 60.000 bebidas por día, bien presentadas, en una atmósfera simpática y sin alcohol, constituye un ejemplo que se debe seguir. En la lucha contra el alcoholismo es indispensable proteger a los jóvenes por medio de una amplia información. Es necesario que el público conozca muy bien el peligro de las bebidas alcohólicas, pues existen personas que se intoxican por ignorancia. De tal modo, un obrero soldador bebía todos los días desde hacía tres años tres litros de cerveza, con 3 por ciento de alcohol, y se había vuelto alcoholista sin sospecharlo. No se sintió frustrado en modo alguno por el paso a otras bebidas. El abuso del alcohol se ha convertido hoy en una carga demasiado pesada y en un peligro para el porvenir de nuestra sociedad. Desde hace unos años ya no se considera al alcoholismo como un vicio sino como una verdadera enfermedad. ¡El alcohólico no consulta al médico por su alcoholismo, sino que por el contrario lo disimula de manera más o menos consciente, y ha sido necesario rendirse ante la evidencia de que, lo mismo que la familia, el médico y el psicólogo no pueden ayudar con eficacia al alcohólico a salir de su desgracia! Se ha tratado de combatir al alcoholismo por medio de medicamentos. Es así como fue introducido el Antabus, que, en ausencia de alcohol, es perfectamente tolerado. En cambio, cuando se bebe alcohol, la transformación acelerada de éste en aldehídos provoca malestares 165

muy desagradables. Si el alcohólico no sabe que ello se debe a una droga, deja de beber pensando que ya no soporta más el alcohol. Si lo sabe, abandona el medicamento y recae en su vicio, a menos que tenga poderosos motivos para aceptar esa "muleta" química. Hace poco se descubrió el ácido levoglutámico, un nutrimento del cerebro, que lleva a desinteresarse del alcohol por normalización de la función cerebral. Tomado en una dosis de 500 miligramos cuatro veces por día, nos ha dado en dos ocasiones un excelente resultado, en particular en lo que respecta a un paciente que había sufrido dos curas de desintoxicación y que después de la primera había vuelto a beber enseguida. Gracias al ácido levoglutámico pudo comportarse normalmente después de la segunda cura de desintoxicación. En 1935, en Estados Unidos, surgió un nuevo método de lucha, por la ayuda mutua de los alcoholistas decididos a combatir su inclinación. Cuando Bob, un cirujano, y Bill, un corredor de Bolsa, se encontraron, habían pasado a lo largo de los años por cuarenta y una curas de desintoxicacion en medios hospitalarios. Comprobaron, juntos, que su vida terminaría muy pronto si no abandonaban el alcohol. Su intercambio de experiencias, el relato de sus desdichas y la confesión de su debilidad frente al alcohol y de su incapacidad de vencer por sí solos esta toxicomanía les resultaron una gran ayuda. Se comprometieron entre sí a no beber más alcohol, y lo lograron. Había nacido el movimiento de "alcohólicos anónimos" o "AA". Todos los esfuerzos humanos resultan más difíciles a causa de la soledad. El contacto con otros seres enfrentados a las mismas dificultades resulta particularmente beneficioso. Durante la ocupación norteamericana esta idea pasó a Alemania y resultó fecunda allí. En el plano psicológico, AA parece ser el mejor medio de transformar a un alcohólico solitario, desdichado, aniquilado, en un hombre optimista, activo y útil. Para tener alguna posibilidad de curación, la abstinencia del alcohólico debe ser absoluta. Esto es mucho más fácil en grupo. La AA forma una sociedad que se financia por sí misma mediante contribuciones voluntarias. Médicos que conocen bien el problema del alcoholismo se ponen a disposición de estos grupos. La asociación organiza congresos que tienen como objetivos la ayuda mutua y la curación de los nuevos alcohólicos. A menudo se forman allí amistades para toda la vida, hasta tal punto se ha comprobado que nadie puede entender tan bien, ayudar y sostener a un alcohólico como otro alcoholista. Por haber vivido y conquistado su curación, cada uno se encuentra en condiciones de ayudar a otros a curarse. En el congreso internacional de 1980, la presencia de 36.000 participantes muestra muy bien el éxito y también la eficiencia de ese movimiento. El abuso del tabaco y del alcohol es mucho más antiguo que la invasión de nuestro planeta por la química. La recuperación de la salud de pacientes aquejados de enfermedades degenerativas graves se encuentra impedida, por supuesto, por el uso del alcohol y del tabaco, así como por el de cualquier otra droga. Puede lograrse si estos tóxicos son abandonados, pero el resultado es aleatorio.

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Si he presentado en forma detallada las numerosas agresiones químicas a las cuales nuestro organismo se encuentra sometido hoy es porque tales agresiones coinciden en el tiempo con nuestra degradación sanitaria. El hombre es ciertamente adaptable, pero para ello hace falta tiempo, generaciones. La evolución que nos ha impuesto el desarrollo de la química ha sido demasiado rápido como para permitirnos una adaptación cualquiera. En la pág. 183 hemos mencionado, en un caso preciso, que el encuentro en la naturaleza de dos sustancias consideradas inofensivas había originado un tóxico potente. ¿Quién nos dice que semejante encuentro no pueda producirse en el interior de nuestro organismo, inundado todos los días de sustancias sintetizadas por la química, ajenas a la naturaleza, y cuya inocuidad sólo ha sido establecida, cuando se las emplea individualmente y no en forma simultánea? En este mundo, que se nos ha vuelto potencialmente tan hostil y en apariencia nefasto para nuestra salud, lo más asombroso es que una corrección de la situación sigue siendo posible. En esta obra daremos numerosas pruebas al respecto.

Cuarta Parte

Los efectos desastrosos de la evolución de la agricultura

Introducción

En ninguna otra época de la historia ha existido una interdependencia entre los distintos pueblos de la Tierra comparable con la que existe en la actualidad. Por medio de las cadenas alimenticias, el hombre no sólo se ha vinculado a todas las otras formas de vida, sino que su manera de alimentarse, su opción por tal o cual alimento, cuando se ejerce en forma amplia, tiene consecuencias alejadas difíciles de prever. He aquí lo que nos enseña la historia de estos últimos cuarenta años. Después de la Segunda Guerra Mundial se aplicó el plan Marshall de ayuda a la reconstrucción de Europa. Esta política de créditos favoreció la introducción en masa de tractores, lo cual revolucionó la vida del campo: en Francia su número era de 137.000 en 1950; en 1960 había seis veces más. Sin embargo, para pagar los tractores hubo que aprender a producir más. Se desarrolló una política de enseñanza agrícola proveniente de Estados Unidos, que preconizaba la utilización de fertilizantes químicos, la intensificación y diversificación de la producción de forrajes (habas, alfalfa, guisantes), la introduccción de monocultivos, etcétera. Hasta entonces, los productos de cultivo provenían de pequeñas explotaciones familiares. En éstas, la ganadería había sido un eslabón esencial de la valorización de los suelos gracias a la

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posibilidad de utilizar la hierba de las praderas y de las pasturas de montaña, y por su aporte de estiércol fertilizados Además, el caballo y el buey eran los principales medios de tracción. Francia dispone de vastos territorios fértiles y de buenas condiciones climáticas; gracias a los métodos actuales, la producción de cereales aumentó un 32 por ciento en seis años, y llegó a 18 millones de toneladas al año. Pero para producir en esa proporción y satisfacer la voracidad de los vegetales de alto rendimiento fue necesario importar fertilizantes. Francia debió comprar varios millones de toneladas de fosfatos todos los años, provenientes de Marruecos, de Túnez y de Senegal. Tuvo que importar petróleo para construir y para hacer funcionar los motores. Dados los precios demasiado bajos pagados por sus productos, la explotación familiar se volvió poco rentable, desalentadora: el nivel de vida de una familia de agricultores seguía siendo inferior al de una familia obrera, y esta diferencia se acentuó cada vez más. Por lo tanto, una cuarta parte de la población del campo abandonó la tierra entre 1950 y 1960 para trabajar en la ciudad. Sólo el crecimiento económico de Francia, muy rápido en este período, permitió reabsorber este excedente de mano de obra. Para frenar ese éxodo rural, se decidió en 1960-1962 un crédito del Estado para sostener a las pequeñas y medianas explotaciones. ¡A partir de esa época el endeudamiento global de la agricultura se duplicó cada cinco años, y llegó a 130 mil millones de francos en 1978! Para aumentar cada vez más el rendimiento fue necesario comprar cada vez más máquinas, fertilizantes, alimentos para el ganado y productos fitosanitarios. Así, a lo largo de los últimos treinta años, la agricultura realizó la más notable mutación de todos los tiempos.

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El hambre en el mundo Se nos habla constantemente del hambre en el mundo. Sin embargo, en el nivel planetario, no existe en términos globales ni escasez ni penuria de alimentos. La producción de cereales, por sí sola, podría proporcionar a cada uno 65 gramos de proteínas y más de 3.000 calorías por día, es decir, más de lo estrictamente necesario. A los cereales se agregan las preciosas leguminosas. Las proteínas vegetales pueden aportar al hombre, en forma complementaria, toda la gama de aminoácidos indispensables. La experiencia milenaria de numerosos países así lo testimonia. Por ejemplo, en la India se asocia tradicionalmente el arroz con las lentejas; en el norte de África, el alcuzcuz (sémola de sorgo) con los garbanzos; en México, el maíz con las judías; en China, el arroz con la soja, etcétera. La carne, artículo de lujo, es consumida por la mayor parte de la humanidad como complemento, una o dos veces por semana, o por mes, o aun menos, y sólo en determinadas ocasiones. Entre los occidentales, se ha convertido en el plato de resistencia cotidiana o bicotidiana, y las compras de carne representan por lo general la tercera parte de los gastos de alimentación. Ello es nocivo para el individuo y empobrece a la humanidad en proteínas vegetales. Los campesinos pobres del Tercer Mundo pagan los gastos, y a veces en forma catastrófica.

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Tomemos el ejemplo de Francia, válido con muy pocas diferencias para toda Europa Occidental y Estados Unidos. ¡Para cubrir su consumo de carne y huevos cada francés necesita, como término medio, el equivalente de 1.400 kilogramos de trigo por año, es decir, unos 3,8 kilogramos por día! El ganado de los países ricos consume tantos cereales como los indios y los chinos juntos. En efecto, la producción de un kilogramo de carne de vaca o de huevos exige 16 a 18 kilogramos de una mezcla de cereales y soja. Se necesitan 6 kilos para obtener uno de carne de cerdo, 4 para un kilo de pavo y 2 a 3 para un kilo de pollo, es decir, en promedio, 7 a 10 kilos de productos alimenticios consumibles en forma directa por el hombre para un kilo de alimento de origen animal. El consumo exagerado de carne corresponde, de tal manera, a un enorme derroche de alimentos vegetales, cuya utilización directa es sin embargo favorable para la conservación de la salud. Algunas causas del hambre crónico que padecen los países del Tercer Mundo son inherentes a sus sociedades; otras tienen sus raíces en nosotros, y son la consecuencia de nuestra manera de alimentarnos, de nuestras técnicas de sobreproducción, que favorecen una importación exagerada de alimentos, perjudicial para los campesinos y trabajadores agrícolas de las regiones pobres del globo. La carne es un alimento costoso. El aumento del nivel de vida ha llevado su consumo en Francia, por año y por habitante de 40 kilos en 1900 a 108 kilos en 1981. En el plano individual, ese consumo excesivo provoca un desgaste prematuro del organismo. Veamos ahora cuáles han sido las consecuencias de esta evolución en el plano social.

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La ganadería "fuera del suelo" En nuestros países industrializados y ricos cualquier aumento de la demanda provoca, ipso facto, un esfuerzo para satisfacerla. Son posibles dos caminos: la importación o el aumento de la producción. Nosotros utilizamos los dos medios. Como las explotaciones pequeñas y medianas se han mostrado incapaces con los métodos de cría tradicionales, de satisfacer la demanda, nacieron las industrias agroalimentarias que inventaron la cría acelerada "fuera del suelo". El criador trata de producir mucha carne en poco tiempo a partir de un mínimo de alimentación. Para ello selecciona los animales, los priva de movimiento y a menudo también de luz, y les da una alimentación artificial. Esta técnica fue utilizada primero para las gallinas. Los pollos de un día son confinados a razón de 25 por metro cuadrado. Se los nutre con alimentos industriales, y llegan al peso de 2 kilos en 45 días; 40.000 cabezas o más se encuentran agrupadas en baterías. Un criadero de 40.000 pollos puede, de tal modo, proporcionar entre 200.000 y 300.000 pollos por año. Todos sabemos que los muslos de los pollos criados a campo tienen una carne oscura y particularmente sabrosa. Los de los pollos criados "fuera del suelo" son casi blancos. ¡Estos animales han sido privados del espacio necesario para correr! 169

La cría fuera del suelo de los cerdos siguió muy pronto a la de los pollos. Alimentados otrora con los subproductos de la granja, hoy se los cría a centenares, confinados a razón de dos cerdos por metro cuadrado y llevados al matadero a los seis meses. Son seleccionados genéticamente con vistas a la máxima producción de lomo y nalgas. Estos animales sedentarios, privados de luz, tienen una hipófisis que secreta mucha hormona somatotrópica, lo cual desarrolla el estómago y el intestino en detrimento de la caja torácica, los pulmones y el corazón. Ello favorece el aumento de peso, pero se opone a una oxigenación y una nutrición normales de los tejidos. En estos cerdos, al contrario de lo que ocurre con el jabalí, el tórax es pequeño y el vientre grueso. Y no es posible dejar de señalar algunos paralelos entre el producto de estas crías en gran escala y lo que el hombre hace sufrir cada vez más a su propio cuerpo. La cría del ternero, también fuera del suelo, se hace por lotes de 200 a 300 animales. Cada ternero dispone de un corral que mide 1,20 metros por 0,65 metros. Muy pronto, el animal ya no podrá moverse en él. Se lo confina a los ocho días y sale de él a los cien días para ser llevado al matadero. Se lo alimenta de polvo de leche descremada (!) con el agregado de almidón, grasas y proteínas vegetales. ¡Se lo mantiene voluntariamente en estado de anemia por falta de aporte alimentario de hierro, luz y ejercicio, y ello para que la carne se mantenga "muy blanca"! En la actualidad, el 80 por ciento de los terneros para consumo son criados en confinamiento. Otras producciones siguen el mismo proceso: de esa manera se obtienen corderos para consumo en 100 días y novillos en 18 meses (sin embargo, en Francia, la mitad de la carne bovina proviene todavía de vacas lecheras que han llegado a una edad muy avanzada). Aun la producción lechera se hace cada vez más "fuera de la tierra", y el animal es considerado nada más que como un medio de transformación. La cría intensiva ha vuelto más accesible para los bolsillos modestos la carne de cerdo y de ave, y ésta última se ha convertido en la más ventajosa, en tanto que hace 50 años era un artículo de lujo. Por lo tanto, su consumo ha aumentado en un 78 por ciento en veinte años. La investigación genética ha permitido mejorar aún más el rendimiento y producir un kilo de pollo sólo con dos kilos de alimento. A pesar del aumento de la demanda, la producción ha superado las necesidades, y en 1979, por ejemplo, el 20 por ciento de los pollos franceses fueron exportados a Suiza y también a Arabia Saudita, a Yemen del Norte y Rusia. Sin embargo, la gran concentración de los animales en un espacio mínimo, los vuelve frágiles. Las simples medidas de higiene, inclusive draconianas, no bastan para protegerlos. Para luchar contra las enfermedades y acelerar el crecimiento, el criador utiliza cada vez más medicamentos: vitaminas, antibióticos y hormonas, así como también tranquilizantes, etcétera. Es frecuente que esos productos sean agregados de pronto a los alimentos industriales. En la actualidad, la biología dirigida a la cual han sido sometidos los animales produce en ellos alteraciones metabólicas que rayan en la enfermedad. En las crías intensivas industriales de terneros, corderos y sobre todo cerdos ha aparecido una nueva enfermedad, caracterizada por una modificación de la musculatura y por parálisis. El animal así debilitado se infecta fácilmente. La evolución de esta enfermedad es con frecuencia mortal. Si uno de esos animales es 170

sacrificado antes que la enfermedad se manifieste, llama la atención la palidez de su carne, a veces localizada sólo en ciertos músculos, lo cual le otorga un aspecto marmóreo. El músculo fláccido, tumefacto, exuda líquido de manera anormal. Los huesos se vuelven frágiles y el valor nutricional de tales carnes se perjudica en la misma proporción. En Dinamarca, en 1948, se estudiaron estas enfermedades del cerdo. Lo característico de esos estados es que al principio el animal tiene un aspecto muy próspero. Es frecuente que no se descubra que su carne es anormal hasta después de ser sacrificado. La cría industrial del cerdo se basa en una alimentación artificial constituida, en esencia, por suero y harina. En estos animales se desarrolla un estado de labilidad de las membranas celulares, de los sistemas enzimático, hormonal y nervioso. La cría intensiva recurre a alimentos que son consumidos directamente por el hombre, tales como los cereales, que reemplazan a la hierba y el heno de las pasturas naturales, que entonces se pierden. Para producir un kilo de novillo en forma intensiva, se necesitan de 17 a 18 kilos de cereales. Como éstos son costosos, las industrias de la cría recurren a alimentos importados del Tercer mundo: la soja del Brasil y de la Argentina, la mandioca de Tailandia e Indonesia, la torta de cacahuete de Senegal y la India. También se agregan a los alimentos para el ganado leche en polvo y harina de carne o de pescado, ésta última procedente del Perú. De tal modo, 800 gramos de mandioca (rica en almidón) agregados a 200 gramos de soja (rica en proteínas) reemplazan a un kilo de cebada. La cría "fuera del suelo" presenta otro peligro: como se dispone de poco espacio, el estiércol es excesivo y puede degradar localmente el suelo y contaminar las aguas, a menos que se lo deseque, se lo embolse y se lo utilice en otra parte como fertilizante. La mandioca La mandioca es producida por un árbol de raíz comestible. Desempeña en la alimentación de los pueblos de las regiones tropicales el mismo papel que en otros lugares el trigo, la cebada y el maíz. Cultivada en muchos países cálidos, es en general consumida directamente por el hombre. Puede desarrollarse en tierras mediocres y produce siempre, sea cual fuere el grado de sequía. Su cultivo exige escaso trabajo y poco o nada de abono. Muy pobre en proteínas y rica en almidón, la mandioca es la planta que proporciona más calorías por hectárea. Ha evitado a numerosas poblaciones padecer hambre. A la inversa de lo que ocurre en los países habituados a consumir mandioca, Tailandia la destina a la exportación, y la orienta hacia las crías industriales de Europa. El gobierno de Bangkok percibe, de paso, impuestos de exportación para su presupuesto militar... ¡Tailandia se priva así de grandes cantidades de alimentos, en tanto que el aporte nutricional diario es inferior a las 2.000 calorías por habitante y en 1973, según un informe oficial, 50.000 niños murieron allí de hambre! La mandioca era casi desconocida en Tailandia hace treinta años. En la actualidad, este país proporciona el 7 por ciento de la producción mundial, y en 1978 ese 7 por ciento representaba, 171

por sí sólo, el 95 por ciento del mercado mundial de importación. Para lograr semejante producción, Tailandia ha talado, en treinta años, el 15 por ciento de los bosques de su suelo. Esta explotación forzada provocó una deforestación acelerada, con todos los problemas irreversibles que ello implica. Un bosque tropical, más todavía que un bosque de las regiones templadas, ejerce una gran influencia reguladora sobre el clima. Es un reservorio natural de agua de lluvia, que retiene oponiéndose de tal modo a la erosión. El almacenamiento de esa agua en el suelo del bosque y en la vegetación corresponde a 5.000 toneladas por hectárea: la influencia climática de las zonas de bosques tropicales es, entonces, comparable con la de un lago de la misma extensión y de 50 centímetros de profundidad. En Tailandia, los bosques cubrían en 1964 el 53 por ciento de su superficie. Como consecuencia del cultivo intensivo, la extensión forestal sólo representaba, en 1979, el 38 por ciento del territorio. Las consecuencias sobre el ciclo del agua y la fertilidad del suelo han sido dramáticas. A partir de la tala masiva del nordeste del país, donde el cultivo de la mandioca había sido alentado en forma especial. los ríos ya no logran alimentar las presas durante la estación seca, mientras que en la temporada de las lluvias torrentes de barro invaden los reservorios. El aporte masivo de mandioca tailandesa, más barata que los cereales, hizo que reemplazara en gran proporción a éstos últimos en la composición de los alimentos para el ganado. Esta evolución provocó inclusive la cólera de los cerealeros franceses, que ya no lograban colocar sus cosechas. Se vieron obligados a exportarlos fuera de la Comunidad europea, en forma desventajosa, y la diferencia de precio fue compensada por subvenciones del Estado, es decir, por nosotros, los contribuyentes. De tal manera, la mandioca destruye los suelos en Tailandia, en tanto que desalienta en Europa la producción de alimentos de granja. En cuanto al contribuyente europeo, a causa del costo de la subvención al mercado cerealero, pierde lo que cree ganar en el precio de la carne. Sólo reciben beneficios de estos circuitos comerciales los intermediarios, propietarios terratenientes del Tercer Mundo, comerciantes, transportadores e importadores agroindustriales. El aporte de la mandioca a Francia sólo representa un sobrante para la alimentación de los cerdos. En Tailandia implica para el hombre consecuencias graves y difícilmente reversibles. El cacahuete Lo que ha pasado en Tailandia en relación con la mandioca se produjo en otra forma en Senegal. En la región del Sahara, la sequía devastadora ha existido siempre. ¡En el siglo XVIII, para hacer frente a esa calamidad regional, los aldeanos aseguraban tradicionalmente su alimentación acumulando víveres para un período de siete años! La colonización francesa trastornó esa organización. El cacahuete, que sólo se cultivaba para el uso de la familia, se convirtió en un cultivo industrial para la exportación, en forma de aceite para la alimentación humana y de torta para el ganado. Para obligar al campesino a cultivar y vender el cacahuete, el gobierno creó impuestos pagaderos en efectivo. El campesino debió entonces cultivar más cacahuete, y ello a expensas del mijo. Ya no tuvo la posibilidad de acumular reservas. Al comienzo de esa explotación, el campesino ganaba dos veces más cultivando el maní que el mijo. Redujo el cultivo de éste último por debajo del mínimo vital. Por lo tanto tuvo que comprar, 172

a precio elevado, un mínimo de alimentos para sobrevivir. De esta manera, se vio obligado a dedicar el 83 por ciento de su ingreso a la compra de 1.500 calorías por día de los alimentos menos caros, lo cual para un trabajador en tareas que exigen esfuerzo constituye una ración de hambre. De tal modo, el Estado y los comerciantes expoliaron al campesino. La costumbre en este país consistía en dejar que el suelo descansara tres años por cada seis años de cultivo (sistema de barbecho), único medio natural de recuperar su fertilidad. La extensión forzada del cultivo del cacahuete suprimió los barbechos, empobreció el suelo y disminuyó su capacidad de retener el agua. Se hicieron necesarios los fertilizantes, y el cultivo del maní dejó de ser rentable para el campesino, quien por su producción recibía un precio dos veces y media menor que el de los mercados mundiales. Desalentado, se niega ahora a cultivar excedentes de maní y vuelve al cultivo del mijo y el sorgo, pero en un suelo muy empobrecido. ¿Por qué razón estas sustancias alimenticias procedentes del Tercer Mundo son tan ventajosas para el criador europeo, a pesar de los gastos de transporte? Porque, por un lado, el precio que se paga al trabajador agrícola del Tercer Mundo es anormalmente bajo (por ejemplo, en África, 180 francos franceses por mes). Por otro lado, a su llegada al mercado europeo, esos productos no pagan derechos aduaneros comparables con los que gravan a los cereales. A causa del establecimiento de convenciones de importación que regulan el funcionamiento del Mercado Común Europeo, en efecto, éstos fueron "olvidados". La soja La soja es una leguminosa de gran valor alimenticio. Su grano, redondo o en forma de poroto, es muy rico en proteínas (40 por ciento). También se puede extraer de ella aceite por presión en caliente. Con el arroz, que aporta el almidón, constituye la base de la alimentación de los chinos. Un kilo de soja utilizada directamente proporciona tantas proteínas como diez litros de leche o dos kilos de carne bovina. La mandioca importada de Tailandia para la alimentación del ganado es rica en almidón pero muy pobre en proteínas. El mejor complemento ha resultado ser la soja, cuya importación a Europa llegó en 1970 a 14 millones de toneladas, el 40 por ciento de las cuales provenían de Brasil y el resto de Estados Unidos. En Europa, la soja representa el 12 por ciento de la alimentación del ganado y del 20 al 25 por ciento de la alimentación de las aves de corral y los cerdos. Como en el caso de la mandioca, la demanda estimuló la producción. Entre 1968 y 1977, es decir, en nueve años, la superficie destinada al cultivo de la soja en Brasil se decuplicó y abarcó la quinta parte de las tierras cultivables de ese vasto país. El volumen de venta se multiplicó por 70. Al mismo tiempo, la producción de aceite de soja se multiplicó por 10 y la exportación de este aceite por 500. Este desarrollo ha sido nefasto para el brasileño pobre. Su trabajo es pagado cuatro veces menos que el del productor norteamericano. Ello no le permite comprar la soja que cultiva y debe conformarse con frijoles negros, menos caros, menos ricos en proteínas, y por lo tanto, de menor 173

valor nutritivo. La intensificación del cultivo de soja se ha hecho, además, a expensas de la cría local y de otros cultivos: arroz, porotos, mandioca, patatas, cebollas, plátanos. Estos artículos se volvieron más raros, y por lo tanto más caros, lo cual agravó las carencias que padece la clase pobre de ese país.

3

Una explotación en escala planetaria La Superproduccion La cría intensiva, no limitada, ha conducido a la superproducción. Dicho de otro modo, el país productor dispone de un excedente que no puede consumir por sí mismo. Los Países Bajos, pobres en tierra y superpoblados, para alimentar a los cerdos, los terneros, los ovinos y las aves de corral importan en masa la mandioca, la soja, los cereales y la melaza. Pero los holandeses son sobrios, y su consumo de carne y leche podría quedar asegurado por lo que proporciona su propio suelo. El 53 por ciento de su producción está destinado a la exportación, en particular hacia Francia (!) que, ávida sobre todo de biftec, importa en masa los cuartos traseros de carne bovina y exporta la carne para guisar dos veces más barata. Los países densamente poblados y de escasa superficie agrícola (Inglaterra, Alemania occidental, Irlanda, etcétera) proceden como los Países Bajos: han instalado en su territorio crías ultraintensivas. ¡Según los cálculos, Europa absorbe los recursos alimentarios de una superficie de tierras cultivadas igual a la de toda América del Sur, es decir, 84 millones de hectáreas (G. Borgstrom)! Francia es un país rico en posibilidades agrícolas y, sin embargo, la cría de ganado y de aves, y la producción de leche y de huevos han seguido allí la misma evolución. Existe superproducción, y esta forma de proceder tiene consecuencias aberrantes. Cuando hay exceso de leche, ésta es descremada y deshidratada; esta operación exige un litro de combustible para un kilo de leche en polvo. Pero, para el uso humano, la leche en polvo no encuentra suficientes compradores en los países del mundo industrializado, todos super- productores. Entonces es vendida con pérdida a las industrias de alimentos para el ganado a fin de proporcionarla a los terneros y los cerdos. Así, Bretaña, la primera región lechera de Francia, transforma un 56 por ciento de su producción en leche en polvo, y para ello importa anualmente un millón de toneladas de soja procedente del Brasil, la Argentina y Estados Unidos, 440.000 toneladas de mandioca de Tailandia y 160.000 toneladas de torta de maní del Senegal y de la India. La Europa de los Nueve utiliza, de tal manera, cada vez más las tierras y el fruto del trabajo de los campesinos mal pagados del Tercer Mundo para producir cada vez más proteínas animales. Sin saberlo, el campesino tailandés o brasileño se encuentra integrado a los talleres de cría franceses, alemanes, belgas y holandeses. Ello equivale a una nueva forma de colonialismo, de explotación de los países pobres por los países ricos. El consumo de carne en Francia ha aumentado hasta tal punto que, a pesar del enorme crecimiento de la producción, este país importa 266.000 toneladas por año. En lo que se refiere al 174

cerdo, el déficit de producción representa el 20 por ciento del consumo francés. Sin embargo, el ganado francés no es alimentado en forma exclusiva con productos importados: Francia utiliza para la alimentación animal el 44 por ciento de los cereales que cosecha, lo cual, dado el débil rendimiento de la transformación de los vegetales en carne, representa un importante derroche. Este caracteriza nuestro sistema agroalimentario, que trata a la naturaleza y todas las formas de vida como instrumentos de ganancia. Puesto que una enorme proporción de los huevos, las aves de corral, los cerdos y los terneros son producidos hoy "fuera del suelo", la elaboración de los alimentos para el ganado se ha convertido en una industria de suma importancia. En 1977, la C.E.E. ha proporcionado 70 millones de toneladas de mandioca, es decir, diecisiete veces más que en 1968. Para aumentar la producción de leche se han seleccionado razas especiales. En 1955, una vaca francesa proporcionaba 2.000 litros de leche por año y cubría sus necesidades alimenticias con la hierba de las praderas y el heno. Hoy, una vaca Holstein puede dar, todos los años, 6.000 litros de leche, pero para ello no debe prescindir de cereales y de torta de soja. ¡Una explotación gigante de California, que agrupa 100.000 bovinos, consume todos los días 850.000 kilos de maíz, que bastarían para alimentar a 1,7 millones de africanos del este! La presión de los países ricos sobre las producciones de los países pobres se ejerce además en una forma excesiva y nefasta para productos tales como el té, el café, el cacao y la caña de azúcar. ¡El cultivo de ésta se ha intensificado a partir del momento en que sirve de carburante para automóviles! La extensión de estas plantaciones se logra en detrimento de las tierras que hasta ahora proporcionaban los víveres indispensables a los campesinos o bien por deforestación masiva. La evolución de los precios pagados a los productores refleja el espíritu de explotación de los países ricos. De tal manera, el productor de cacao de Ghana recibía en 1962 el 66 por ciento del precio que regía en el mercado de Londres, y en 1977 percibía apenas el 16 por ciento. Con el desarrollo de los medios de transporte, el consumidor de los países desarrollados se ha vuelto cada vez más exigente; desea procurarse todo tipo de productos fuera de temporada, en pleno invierno: judías verdes, melones, calabazas, berenjenas importadas del Alto Volta, de Kenia o de Senegal, fresas importadas de México. Mientras el mercado local desborda de frutas en invierno y en otoño, pretende tener ananás, cuyo cultivo de exportación es, una vez más, impulsado en perjuicio de los cultivos vitales. Paralelamente a esas exportaciones de lujo, los países pobres deben importar cereales para sobrevivir, con lo cual entran en el ciclo de dependencia de "el arma alimentaria" norteamericana y europea. La Interdependencia De Los Pueblos Resulta difícil imaginar que el comportamiento alimenticio de cada uno de nosotros pueda tener repercusiones nefastas en las antípodas de nuestro país. Y sin embargo es así, puesto que nuestras sociedades buscan, no un punto de equilibrio económico equitativo, sino la satisfacción de sus caprichos culinarios y una ganancia económica máxima.

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En todos los países exportadores de productos alimenticios debería existir una prioridad absoluta: cubrir primero sus propias necesidades. Pero, bajo la presión de las empresas locales de explotación, comercio y exportación, que encuentran su interés en satisfacer las necesidades industriales de los países ricos, las poblaciones del Tercer Mundo están desguarnecidas y reducidas a una subalimentación crónica, que mina sus fuerzas y hace que su trabajo sea menos eficaz y, por lo tanto, peor retribuido. El poder adquisitivo de la vaca europea es, de tal modo, superior al del hombre que produce su alimentación. Alarmados por este estado de cosas, los países industrializados han tratado de remediarlo mediante el envío de productos alimenticios (trigo, leche en polvo) provenientes de sus excedentes de producción. Por desgracia, esta ayuda sólo llega en una débil proporción a quienes tienen más necesidad de ella. Esos productos son desviados en el trayecto y vendidos en el mercado negro, lo cual, por el juego de la oferta y la demanda, reduce aún más los precios de las mercancías proporcionadas por los campesinos y hace todavía más difícil su colocación. Esa ayuda directa solo es útil en casos de catástrofe, para aliviar una situación aguda, pero no puede resolver un mal crónico. Las Sociedades Industriales Multinacionales Interpuestas entre nosotros, los consumidores, y los proveedores de productos agrícolas o de trabajo a muy bajo precio, se encuentran las sociedades industriales multinacionales, cuyas inversiones aumentan en forma paralela con la agravación de los problemas en el mundo. Se rigen por la ley de la máxima ganancia. Por un mismo trabajo, en 1974, un asalariado ganaba en Europa en un mes lo que un nativo de la India recibía en un año. En Europa y Estados Unidos, el ingreso promedio es de 100 francos franceses por día, en tanto que un habitante de la India sólo gana 2,50 francos, es decir, el precio de un kilo de arroz de su país. Para explotar esa mano de obra anormalmente barata, las multinacionales han considerado ventajoso desplazar sus instalaciones hacia el Tercer Mundo. Instalaron, por ejemplo, fábricas de conservas a bajo precio proveniente de los países ricos; esa carne, destinada a los animales domésticos, hace así un camino de ida y vuelta, ya que, una vez preparada, vuelve a los países ricos. ¡Representa, en Estados Unidos, la tercera parte del consumo global de carne! En Ghana, una filial norteamericana produce conservas de atún para los gatos norteamericanos, atún demasiado caro para el africano pobre del país de producción. Los europeos poseen entre 6 y 10 millones de gatos y de perros. Cuatro firmas agroalimentarias se distribuyen este mercado. Esos millones de animales domésticos, lo mismo que la vaca y el cerdo europeos, tienen un poder adquisitivo superior al de los campesinos del Tercer Mundo. Por medio de su publicidad, las multinacionales orientan nuestras compras. Nos condicionan. ¡Es así como, en las zonas más remotas de América del Sur, se encuentran carteles publicitarios de Nescafé, leche en polvo y Coca-Cola!

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En la filosofía de las firmas multinacionales gigantes y tentaculares hay una pretensión a la uniformación de nuestro consumo y nuestro modo de vida. Prosperan y dirigen el supermercado internacional. Su objetivo consiste en apartar al individuo de la satisfacción autónoma de sus necesidades para convertirlo en su cliente, y ello en escala planetaria.

4

Las consecuencias sobre la salud Carne Industrial y Salud Es posible preguntarse cuál es la influencia de la cría "fuera del suelo" sobre nuestra salud. En la actualidad sólo tenemos conciencia de algunas consecuencias flagrantes. Resulta claro que la musculatura de los animales privados de movimiento no puede ser idéntica a la de los animales que viven en forma normal, en libertad inclusive relativa. Aquí la regla es la misma que para el ser humano: si ejercemos un oficio sedentario y no compensamos esa falta de utilización de nuestros músculos por la práctica de un deporte, se debilitan y su contenido de grasa aumenta. Pero en todos los países, las autoridades sanitarias insisten actualmente en la nocividad para el hombre de un exceso de grasas animales. Contenido de grasa de las carnes por 100 gramos de peso.

Caballo

En 1935, según H. Schall

En 1982

Cría tradicional

Cría en confinamiento

2.5-5

Caza

01-Abr

Pollo

4.5

10

Conejo

8

10

Cordero

6.5

20

8

25

Cerdo

6.3 (en libertad)

40

Jamon

14

Vaca

177

Jamon ahumado Pescados*

4 1

* Bacalao, merluza, dorado, pescadillas, salmonetes, platijas, trucha, lenguado. En nuestras comidas, las grasas se encuentran en la carne, los quesos, los productos lácteos no descremados, los embutidos y los granos oleaginosos. Estas grasas ocultas, incluidas las de los lácteos, representan cerca del 60 por ciento de los lípidos que ingerimos. Proporcionaban el 18 por ciento de la ración alimenticia a fines del siglo pasado y el 42 por ciento en 1980. La privación total de libertad de los animales de cría es, desde el punto de vista ético, una injuria contra la naturaleza. No podría dejar de tener una repercusión nociva para nosotros. Una cría "fuera del suelo" produce animales frágiles, poco resistentes a las infecciones. Resultaría imposible sin los antibióticos utilizados en forma preventiva, en gran escala. Nosotros los consumimos con la carne, sin saberlo. A causa de ello se vuelven inoperantes en las enfermedades humanas, tal como ha ocurrido con ese medicamento maravilloso y tan poco tóxico que es la penicilina. La ingestión involuntaria de hormonas, de estrógenos o de anabolizantes, con los cuales se atiborra a esos animales, tiene como consecuencia visible un desarrollo inoportuno y poco estético de las glándulas mamarias en general, acompañado de obesidad en muchos hombres, a veces jóvenes. Una vez reconocido el efecto ventajoso sobre el rendimiento de las crías del empleo de los antibióticos y de las hormonas, su utilización se generalizó. Advertida la nocividad de esta práctica, los servicios sanitarios trataron de limitar su utilización mediante reglamentos. Pero el control de su aplicación resultó muy difícil, y los abusos continúan. De tal modo, en un periódico francés del 31 de julio de 1982 leemos que 16.000 animales para consumo fueron "contaminados" por el metiltiouracilo y anabolizantes. Cinco toneladas (!) del primero de estos productos fueron vendidas por un farmacéutico del norte de Francia a lo largo de estos tres últimos años a un centenar de criaderos. El metiltiouracilo es un producto que frena la actividad de la glándula tiroides, hace más lentas las combustiones, reduce el metabolismo basal, provoca la aparición de un empastamiento de los tejidos denominado mixedema y, a causa de ello, favorece el aumento de peso. Las tres cuartas partes de los animales así tratados habían sido ya sacrificados y vendidos en las carnicerías antes que se descubriese esta infracción a los reglamentos. Se trata aquí del resultado de una investigación policial puntual, ¿pero qué se sabe en verdad de la amplitud y la frecuencia de tales prácticas? La suspensión del empleo de las hormonas para la cría de terneros se obtuvo en 1980 por una acción del público que boicoteó esa carne, ¿pero será duradera?

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¿Como Protegerse? La única forma segura de defenderse contra estas prácticas perniciosas consiste en limitar el consumo de carne: no comerla dos veces por día, ni todos los días de la semana; preferir el pescado a la carne una o dos veces por semana. Por lo menos el 85 por ciento de nuestra alimentación debería ser de origen vegetal, y el 15 por ciento, cuando mucho, de origen animal, según Oshawa (principios denominados "macrobióticos"). La observancia de estas reglas sólo podría mejorar nuestra salud. La FAO (Food American Organization) considera que la necesidad de un adulto que desarrolla una actividad normal es de 10 kilos de carne por año, es decir, en promedio, unos 30 gramos por día. En Suecia, Hammarskjóld propone limitar el consumo a un máximo de 15 kilogramos de carne vacuna y 22 kilogramos de carne porcina por año. En Francia, este consumo fue en 1980 de 108 kilos al año, de los cuales 32 a 37 kilos correspondieron a la carne de vaca. Nuestros biftec nos cuestan muy caros porque los pagamos varias veces. Primero, en el presupuesto energético: hace falta energía para elaborar los fertilizantes y construir y hacer funcionar los tractores para los cultivos que sirven de alimento a las vacas. En segundo lugar, en el balance económico del país, porque es preciso comprar cacahuete, soja y mandioca para su alimentación. En tercer término, en el presupuesto sanitario: la multiplicación de las enfermedades de civilización causadas por el abuso de la ingestión de carne y de grasas animales hace que los seguros sociales resulten deficitarios y se eleve el precio de las cotizaciones. En todas partes, los métodos de fertilización practicados por el gran cultivo conducen al empobrecimiento de los suelos y las plantas, en especial de magnesio y otros oligoelementos. La refinación de nuestros alimentos les hace perder una veintena de factores vitales importantes, de los cuales las carnes se encuentran empobrecidas. Entonces los médicos prescriben a sus pacientes lo que éstos ya no encuentran en su alimentación: vitaminas, oligoelementos, hierro, magnesio, calcio, y hasta fibras vegetales en forma de salvado a fin de asegurar la evacuación cotidiana del intestino. Así, un imperio medicamentoso se ha procurado un lugar de enorme importancia. ¿Quién de nosotros no tiene su pildorita, su prótesis química? Pedimos a las recetas lo que nuestros alimentos ya no son capaces de ofrecernos. Los gastos de salud aumentan. En el conjunto de los países industrializados son de dos billones de francos franceses por año, es decir, el equivalente del producto bruto nacional de la mitad, más o menos, de la población pobre del globo. Y sin embargo, esta política tan costosa dedica muy poco lugar a la lucha, que hoy se ha vuelto tan necesaria, contra los factores alimentarios que favorecen la enfermedad. ¡En cuanto a la dietética esclarecida, sigue siendo la parienta pobrísima de la medicina! El exceso de azúcar se debe, entre otras cosas, al uso abundante de productos industriales preazucarados: yogur, leches congeladas y aromatizadas, jarabes y otras bebidas. El azúcar es un 179

"disfraz" de nuestra alimentación. Se lo agrega a ciertos embutidos baratos, a fin de encubrir el sabor desagradable de las grasas. ¡El azúcar incorporado a los alimentos prefabricados, en particular el contenido en las bebidas, representaba en 1974 el 47 por ciento del consumo global! Los productos elaborados por las fábricas de alimentos: bizcochos, chips, aperitivos, postres, platos precocidos, comidas envasadas, permiten a éstas realizar ganancias sustanciales. El valor agregado representa hasta el 60 por ciento del costo de nuestro plato. El uso de esos productos contribuye de tal modo a la vida cara. En Estados Unidos se considera que los desarreglos alimenticios, muy análogos a los nuestros, son responsables de las seis causas de fallecimiento más frecuentes, entre ellas las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y los trastornos provocados por la obesidad. Representan un peligro tan grande como el tabaquismo y aún lo agravan. Demasiadas grasas, demasiada carne, demasiado azúcar, demasiada sal de cocina (3 gramos por día deberían bastar), demasiadas conservas, demasiados pocos productos naturales y frescos, etc., caracterizan las costumbres alimenticias modernas. La corrección de nuestra alimentación, declaran los médicos norteamericanos, podría prolongar la vida en cinco años y produciría una economía directa de 35 mil millones de dólares por año, a lo cual se agregaría una economía indirecta del orden de los 100 mil millones por una disminución de los gastos de salud. Somos canalizados y condicionados desde la edad de las comiditas para los bebes. Sufrimos los métodos de producción en lugar de orientarlos. Por cada producto lanzado al mercado es preciso provocar una demanda... y esta demanda la determinamos nosotros. La Cultura Biológica En reacción contra la alta tecnología agrícola, sus excesos y sus errores, ha nacido lo que hoy se denomina la cultura biológica. Se llaman "biológicos" los productos proporcionados por agricultores opuestos al empleo de los plaguicidas de síntesis y de los fertilizantes químicos que desequilibran los suelos. El campesino "naturista" conserva la fecundidad de su tierra devolviéndole gran parte de lo que ésta le ofrece. Le incorpora los detritos estercolados y los excrementos de los animales de su granja. Produce proteínas vegetales de valor: leguminosas (habas, soja, lentejas, etc.) y cereales (trigo sarraceno, cebada, trigo, etc.), legumbres y frutas. La energía que necesita le es proporcionada por la tracción animal, por la combustión de la madera y por el bio-gas, producido por la descomposición de los residuos de su granja. Los animales son fuente permanente de abonos naturales. Para defenderse contra la invasión de insectos predadores practica cultivos mixtos (arveja y avena para los forrajes, por ejemplo), que dan resultados mucho mejores que el monocultivo. Algunos trabajos han demostrado que las plantas que se desarrollan en un suelo bien equilibrado y fecundo atraen menos a los predadores que los debilitados por un suelo desequilibrado.

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Cierta élite de consumidores, cansados de productos agrícolas que son baratijas nocivas (frutas recogidas antes de su maduración, legumbres acuosas que han perdido su sabor y aroma normales, huevos de cáscara ultrafrágil de gallinas de confinamiento, frutas y legumbres contaminadas por residuos tóxicos de pesticidas) compran a esos campesinos el excedente de su producción. Están dispuestos a pagar más en relación con la calidad ofrecida. Los Pequeños Arroyos Hacen Los Grandes Rios En materia comercial siempre existe una estrecha relación entre la demanda y la oferta. Nuestra demanda es la que tiene como consecuencia la producción, y luego la oferta correspondiente de carne y de cualquier otro alimento industrial. Así, la suma de millones de comportamientos individuales erróneos ha llegado por un lado a una grave alteración de la salud pública, y ello hasta el nivel de nuestro capital genético; y por otro lado, a una agravación de la miseria y el hambre en el Tercer Mundo. En la actualidad es urgente corregir nuestro comportamiento alimenticio. Nuestra degradación sanitaria se convierte en un problema de salvación pública. Un occidental de cada dos es constipado, lo cual le provoca una intoxicación crónica que es fuente de muchos otros trastornos; una persona de cada cinco es hipertensa o alérgica, una de cada tres o cuatro es o será cancerosa; una de cada dos será obesa; una de cada veinticinco es diabética; la proporción de niños deformados, de parejas estériles, aumenta, etc., a lo cual viene a agregarse todavía la amenaza del SIDA, nueva manifestación de nuestra debilidad inmunitaria. El equilibrio alimentario del mundo comienza en el plato de cada uno. Las proteínas vegetales necesarias para la producción de un biftec (porción de 200 gramos) son suficientes para una comida de 30 personas. Lo que ha sido posible en una dirección debería serlo en sentido contrario, para el mayor bien de todos. Por supuesto, el resultado no puede ser ni rápido ni extraordinario, pero un alivio siquiera modesto de la explotación de los países pobres se va a percibir con rapidez en éstos, porque esta explotación influye sobre bienes alimenticios de importancia vital. Nos hundimos en un diluvio de bienes. Quienes acepten la reforma alimentaria, cuyos principios se exponen en esta obra, formarán con sus familias islotes de personas de buena salud y habrán contribuido al mismo tiempo a una mejor equidad en la distribución de los bienes fundamentales de nuestro planeta. Tal es el mérito de las instituciones "Tierra de los hombres" y "Hermanos de los hombres" por haber empleado equipos de campo para estudiar el problema del hambre en el Tercer Mundo y hacer que cobremos conciencia de esta expoliación de la cual todos somos responsables.

Quinta Parte

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LAS ENFERMEDADES DEGENERATIVAS Y SU TRATAMIENTO

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La vitamina F, sus propiedades y su papel en las enfermedades degenerativas Se denomina vitaminas F a un grupo de sustancias, ácidos graos poliinsaturados, que tienen dos o tres dobles valencias en su molécula. Se los llama esenciales porque son indispensables para la ida y sólo pueden ser sintetizados por el organismo humano. Se rata de los ácidos linoleico y linolénico, de los cuales existen varios isómeros. Otro ácido graso de la misma categoría, el ácido araquiónico, tiene cuatro enlaces dobles. Es una sustancia muy importante para las funciones de las estructuras cerebrales. El organismo humano puede obtenerla del ácido linoleico, que puede ser proporcionado completamente por los alimentos. El ácido linoleico entra en las estructuras de las membranas y ;s asegura su estabilidad normal. Es la materia prima a partir de la cual se sintetizan otros ácidos grasos poliinsaturados, las prostaglandinas, las lecitinas, la mielina, las vainas de los nervios, etc. Desempeñan un papel determinante en el equilibrio inmunitario. Las vitaminas F biológicamente activas están en el primer plano de importancia: esencialmente, su carencia es la que padecen hoy todas las sociedades industrializadas. La necesidad de vitamina F activa ha sido calculada entre 10 y 20 gramos por día (contenida, por ejemplo, en una a dos cucharadas y media soperas de aceite de girasol extraído en frío), y a menudo no es cubierta (Schweigart). Estos ácidos grasos poliinsaturados se concentran en los granos de girasol, lino, sésamo, cártamo, algodón, amapola, onagra, etc., que son sumamente ricas en ellos. Los aceites extraídos de estas semillas contienen del 50 al 70 por ciento de ácidos linoleico y linolénico. El aceite de oliva, en cambio, sólo contiene del 2 al 8 por ciento. Las gramíneas contienen vitamina F, y una vaca consume más o menos unos 300 gramos en veinticuatro horas. Pero esta vitamina es destruida en gran parte por las bacterias del rumen, y a causa de ello, la leche de vaca la contiene en muy escasa proporción. Es 3 veces más pobre en vitamina F que la leche de mujer. Desde mediados del siglo XX, es decir, después de la Segunda Guerra Mundial, muchas enfermedades en apariencia muy distintas se han vuelto más frecuentes, y se manifiestan en individuos cada vez más jóvenes (enfermedades auto-inmunitarias, cáncer, alergias, etc.). Un hecho curioso se produjo en esa época: en tanto que todos los productos alimenticios, a consecuencia de la devaluación permanente del dinero, se volvían cada vez más caros, los precios de los aceites usados en la alimentación descendieron. Ello fue recibido con placer por el consumidor, quien no se preguntó acerca del por qué de este fenómeno poco común y favorable a su presupuesto. ¿Qué había ocurrido? Durante la guerra hubo racionamiento de los productos 182

alimenticios, ya que la disponibilidad de alimentos que aportaran calorías, y muy en especial la de las grasas, parecía insuficiente. Los técnicos trabajaron para procurar más grasas al mercado y extraer más aceite a partir de los granos oleaginosos disponibles: hicieron las extracciones en caliente, es decir, entre 160 y 200 grados. El aceite así obtenido fue refinado, despojado de su sabor y aroma originales, y se convirtió en un aceite de uso muy práctico, inalterable, estable al calor y al contacto con el oxígeno del aire y la luz, factores que alteran, haciéndolos enranciar, a los aceites naturales extraídos en frío. El rendimiento casi se duplicó y el precio se redujo. El público considera a los aceites sólo como un alimento agregado, portador de calorías, que proporciona energía para su combustión en el interior del organismo. ¡Lo que está destinado a consumirse importa poco que sea muerto o vivo! Pero cuanto más avanza la ciencia, más advierte que esa evolución ha tenido consecuencias catastróficas. Los ácidos grasos poliinsaturados son sustancias lábiles que se transforman con facilidad en isómeros más estables. Así sucede por el calentamiento a temperatura elevada en el momento de la extracción o de la preparación culinaria. Algunas bacterias intestinales anormales también pueden provocar esa transformación. Las formas cis-cis COOH biológicamente activas se convierten, en esas condiciones, por una rotación de fragmentos moleculares a nivel de los dobles enlaces, en formas cis-trans, inactivas COOH (H. Sinclair). El ácido cis-cis linoleico natural (=vitamina F1) desempeña distintos papeles en nuestro organismo. Se incorpora a la estructura de las membranas celulares, cuya estabilidad normal asegura y nos protege con ello de las agresiones del mundo exterior. Un déficit de vitamina F origina una pérdida de agua por evaporación: la consecuencia es una sed exagerada. Este fenómeno resulta demostrable con facilidad en la rata. Si una rata con tal carencia es colocada bajo una campana de vidrio, ésta se empaña en el acto, hecho que no ocurre si la rata está alimentada en forma normal. Un niño pequeño con carencia de vitamina F es presa de la sed, chupa los trapos húmedos, bebe el agua del baño, se pega en todo momento al grifo. Un aporte de vitamina F suprime en pocos días esa sed anormal. La carencia de vitamina F también se manifiesta en el niño pequeño o el escolar por infecciones triviales, recidivantes o crónicas, que un organismo sano y alimentado en forma normal no tiene dificultad alguna en superar: catarros que se prolongan, sinusitis que se instala en forma permanente, primero en invierno y después también en el verano. Se desarrollan asimismo alergias sobre esa base, localizadas en la piel (eccema, urticaria) o en las vías aéreas (catarro del heno, asma bronquial), cambiando en ocasiones en forma periódica del órgano convertido en blanco. La medicina oficial dispone de medios poderosos para combatir esas afecciones: antibióticos, antihistamínicos, cortisona, que dominan en forma temporaria la enfermedad. Pero con mucha frecuencia se advierte que esa mejoría es pasajera, pues la causa del trastorno sigue en pie. Otra señal de alarma: la piel se modifica; en ausencia de un aporte de vitamina F biológicamente activa, se vuelve muy seca, primero en los pies y en las piernas, y luego en todo el cuerpo. La piel se torna áspera, se descama en forma exagerada y en ocasiones en partículas muy finas, y el individuo da la impresión de haber sido espolvoreado con harina. Cuando las mujeres se quitan sus medias de nailon, las escamas forman una nubecilla de polvo. Estos síntomas son constantes

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en los enfermos que van a verme, y su piel parece unos 10 a 20 años más vieja de lo que corresponde a su edad. ¡Lectores, controlen su piel! Vean si es lisa y sedosa, agradable al contacto, como debe serlo la piel humana, independientemente de la edad. Si se descama y detiene la mano que la roza, no es normal. Sepan que la Naturaleza les envía con ello una advertencia: su cuerpo no está contento con la forma en que lo tratan. Ustedes dan a su piel grasas con las cuales no sabe qué hacer, tal vez grasas artificiales, llamadas vegetales, o aceites que sólo contienen vitamina F muerta, o inclusive aceites pobres en esa vitamina por su naturaleza. Supriman esos lípidos inadecuados y reemplácenlos en las comidas por aceite de girasol extraído en frío, rico en vitamina F. Incorpórenlo a las ensaladas, a los guisados de cereales integrales o a las patatas hervidas al vapor pisadas en el plato, y verán que en pocos meses la piel se normaliza. Y ese saneamiento no sólo se advertirá en la piel, sino también en las mucosas, y en particular, la más importante por su extensión y sus funciones, la mucosa digestiva. Extendida en forma aproximada, esa mucosa mide unos 40 metros cuadrados, pero bien estirada, aun en sus menores pliegues y vellosidades, su superficie ha sido calculada entre 400 y 600 metros cuadrados. Es ultrafina, está revestida sólo por una capa celular única, de dos centésimas de milímetros de espesor; muy frágil, se reconstruye por completo cada dos días. Lo mismo que la piel, se descama, y para reconstruirse en forma normal necesita un aporte suficiente de vitamina F viva. De lo contrario se vuelve anormalmente permeable y ya no desempeña en forma correcta su función protectora respecto de las sustancias tóxicas siempre presentes, en forma periódica, en la luz intestinal. Cuando éstas son demasiado abundantes y no pueden ser neutralizadas por la actividad del hígado y de los ganglios linfáticos, intoxican al organismo. Tal intoxicación está señalada por una sensación persistente e inexplicable de fatiga, que anuncia la próxima llegada de una de esas grandes enfermedades crónicas invalidantes, que aparecen en más de un tercio de la población. Según la constitución del individuo, se tratará de cáncer, poliartritis crónica evolutiva, esclerosis en placas u otra enfermedad autoinmune. Una deficiencia crónica de vitamina F se traduce además en enfermedades vasculares (arteriosclerosis, flebitis y trombosis, infarto de miocardio), trastornos hepáticos y digestivos crónicos (diarreas y sobre todo constipación), disminución de la resistencia a los virus y las bacterias, aparición de tumores, etcétera. El colesterol, preciosa materia prima a partir de la cual el organismo sintetiza la vitamina D y las hormonas sexuales y suprarrenales, forma sales muy solubles con los ácidos grasos poliinsaturados. A falta de éstos, se une a los ácidos grasos saturados. Las sales resultantes son poco solubles y se precipitan para formar depósitos amarillos en el interior de los vasos, la piel y las mucosas (xantelasmas), y cálculos en la vesícula biliar. Es un fenómeno actualmente común en las personas que consumen cantidades excesivas de grasas y muy pocos aceites. Prostaglandinas - Aceite De Onagra Otra función esencial: la vitamina F sirve como materia prima para la elaboración de prostaglandinas, sustancias vitales de primera importancia que regulan el metabolismo de cada célula. (Véanse fórmulas en pág. 293).

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Las prostaglandinas - mal denominadas así, ya que la próstata las contiene en proporción muy escasa- son sustancias biológicamente muy activas e importantes, presentes en todas las células y elaboradas por éstas a partir de los ácidos grasos poliinsaturados. Fueron aisladas en 1935 (von Euler) y algunas pueden ser sintetizadas en la actualidad. Son reguladores metabólicos, liberados a partir de los fosfolípidos de las membranas celulares, a las cuales se incorporan sus precursores. En la actualidad se conocen 14 prostaglandinas derivadas de ácidos grasos insaturados, en las cuales el centro de la cadena, entre los carbones 9 y 13, forma un bucle que abarca cinco carbonos. Sólo se diferencian unas de otras por el nombre y la posición de los dobles enlaces (25) y el número y la posición de algunos raros grupos O y OH en la cadena. El descubrimiento de las prostaglandinas nos ha permitido comprender la multiplicidad de los síntomas causados por la carencia de vitamina F, su escasa especificidad, las mejorías de la salud, a menudo notables, obtenidas por el reemplazo de las grasas saturadas por los aceites no saturados, extraídos en frío. Digo "reemplazo" y no ‘'agregado”: en presencia de un exceso de grasas saturadas -mantequilla, por ejemplo- no se produce la mejoría de la salud mediante el aporte de vitaminas F. Cualquier alteración de la membrana celular provoca una liberación de prostaglandinas. Tienen una acción local de protección y nutrición. Regulan la penetración en las células, según las necesidades individuales y momentáneas de éstas, de las hormonas que las glándulas de secreción interna vierten en la corriente sanguínea. De tal manera desempeñan un importante papel en la regulación de los procesos químicos intracelulares. Se las ha denominado hormonas celulares. Estas sustancias ya ejercen su acción en dosis de una milésima de miligramo. Un cambio mínimo en su estructura modifica su acción, que puede invertirse, y que difiere de un órgano al otro y de una especie animal a la otra. Muy activas localmente, la mayoría de las prostaglandinas introducidas en el plasma tienen una media vida de uno a tres minutos. Dicho de otra manera, después de este lapso, la mitad de ellas queda inactivada. Son sustancias producidas con suma rapidez y degradadas con mucha celeridad, lo cual las hace poco manejables en el plano farmacéutico. He aquí un ejemplo de la actividad de la prostaglandina PGE1: para que un coágulo sanguíneo anormal, denominado trombo, se forme en el interior de un vaso hace falta, al principio, que las células denominadas plaquetas sanguíneas o trombocitos se aglutinen. La PGE1 se opone a esa aglutinación. En la actualidad, la trombosis (formación de trombos) es una complicación posoperatoria frecuente y en ocasiones grave, ya que el coágulo formado puede desplazarse y ocluir vasos vitales (embolias). Un déficit de PGE1 como resultado de la carencia en los alimentos de ácidos grasos poliinsaturados biológicamente activos podría explicar esta anomalía. Es habitual prevenir la trombosis licuando artificialmente la sangre por medio de drogas anticoagulantes, lo cual puede provocar importantes hemorragias. Por lo tanto, este 185

procedimiento es peligroso y exige continuos controles de la sangre en el laboratorio. En la rata, la trombosis experimental puede ser prevenida mediante un régimen rico en ácido linoleico o con la administración de PGE1 (Owien, Hellem y Odegaard). Elevando la cantidad de ácido linoleico alimenticio, por el aporte de 2 mililitros diarios de aceite de lino, ha sido posible reducir en forma experimental la agregación plaquetaria y, por consiguiente, la tendencia a las trombosis. La naturaleza de las grasas alimenticias puede desempeñar de tal manera un papel determinante en la aparición de estos fenómenos patológicos. En mis pacientes, cuyo régimen alimenticio había sido corregido desde hacía más de dos meses mediante una reducción de la ración de grasas saturadas y la introducción de aceites prensados en frío, ricos en vitaminas F, no hubo, en treinta años de observaciones ninguna trombosis posoperatoria, y ello sin anticoagulantes. Este hecho ha sido comprobado por los cirujanos y los asombró. Se puede pensar que el aporte abundante y regular de ácido linoleico ha permitido una producción normal de prostaglandinas protectoras y evitado las trombosis, por medio de un método más racional y menos dispendioso que la administración de anticoagulantes. La prostaglandina que se opone a la trombosis proviene del ácido linoleico: otra, derivada del ácido araquidónico, ejerce una función inversa. En efecto, si bien es útil impedir una coagulación intravascular, en caso de hemorragia es necesario activar la agregación de los trombocitos y favorecer de tal modo la formación del coágulo. De ello se encarga una prostaglandina denominada PGE2Las acciones biológicas de las prostaglandinas son múltiples y variadas. Estas sustancias regulan la actividad de la musculatura lisa y la de las glándulas. Como activan la secreción del agua y de los electrólitos en el intestino y estimulan su movilidad, su liberación excesiva puede provocar diarrea. Estimulan la secreción de hormonas suprarrenales (aldosterona y cortisona), tal vez por su acción sobre la hipófisis, e intervienen así en la regulación del metabolismo del agua y de las sales minerales. Un déficit de prostaglandinas sería uno de los factores responsables de la hipertensión arterial. En el momento de una estimulación nerviosa, el cerebro y la médula espinal liberan prostaglandinas y desempeñan un papel en la transmisión del influjo nervioso. Estos cuerpos son necesarios para la procreación. Facilitan la penetración del espermatozoide en el óvulo. El esperma, que normalmente es muy rico en prostaglandina, contiene trece especies diferentes. Se ha comprobado una disminución del nivel de prostaglandinas en el líquido espermático en el 8 por ciento de los casos de esterilidad masculina. La estimulación del útero durante el parto se atribuye a una liberación de prostaglandinas, cuyo tenor aumenta en ese momento en el líquido amniótico. Al tiempo de la menstruación, la tasa de estas sustancias se eleva en la sangre circulante. La inyección de prostaglandina puede provocar violentas y dolorosas inflamaciones acompañadas de fiebre. Los medicamentos antiinflamatorios del tipo de la aspirina bloquean la síntesis de ciertas prostaglandinas y ejercen un efecto antagónico sobre otras. Se oponen a su efecto estimulante sobre los receptores sensitivos del dolor (PGE2).

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En la rata, la administración de prostaglandinas impide la formación de úlceras gástricas provocadas por fuertes dosis de cortisona. En mis enfermos graves, provistos ampliamente de ácido linoleico, nunca observé esa complicación, a pesar de las curas prolongadas con cortisona. Al intensificar o reducir los procesos metabólicos intracelulares, modulando la síntesis de los nucleóticos intracelulares (AMP y GMP cíclicos), las prostaglandinas intervienen en las regulaciones biológicas más importantes, y cada una desempeña su propio papel en la multiplicidad de mecanismos de autodefensa celular. La producción insuficiente de prostaglandinas, por falta de aporte de materia prima para su síntesis, sólo puede producir un descenso de la vitalidad y diversas alteraciones de la salud, en esencia trastornos de la inmunidad. Etapas de transformación del ácido linoleico en prostaglandina PGE1

Fórmula de la prostaglandina PGE2, derivada del ácido araquidónico, de acción inversa a la de la PGE1 la única diferencia es un doble enlace de más. 187

La alimentación actual es, por una parte, deficiente en ácido linoleico biológicamente activo, es decir, en la materia prima de la cual derivan las prostaglandinas, y por otra parte, en los países occidentales es demasiado rica en calorías. Entre un 30 y un 45 por ciento de éstas provienen de las grasas animales saturadas. La necesidad de vitaminas F del hombre se encuentra aumentada, ya que es proporcional a la cantidad de calorías y de grasas saturadas consumidas. Un individuo normal reacciona a un aporte alimentario de grasas con una sobreproducción de lecitina y un aumento de su tasa en la bilis y la sangre. Pero cada molécula de lecitina contiene de uno a dos ácidos grasos poliinsaturados. Algunos investigadores han formulado la esperanza de que la síntesis de prostaglandinas de vida más prolongada nos permitiera curar todo tipo de dolencias en forma más eficaz, más "natural". Si la naturaleza ha asignado a estos potentes reguladores una diversidad tan grande, una vida tan breve, y funciones tan diferentes en el nivel celular, ¿es dable esperar efectos benéficos de sustancias sintéticas de vida prolongada, a las cuales estarían sometidas todas las células -aquéllas que los necesitan y las otras- y no serían de prever diversos efectos colaterales indeseables? ¿No es mucho más lógico y prudente proporcionar al organismo un aporte óptimo en materia prima en forma de ácido linoleico natural, y dejar que produzca él mismo esas delicadas síntesis? Como hemos visto, entre las numerosas prostaglandinas hay dos: una derivada del ácido cis-cis linoleico, la PGE1 que tiene propiedades antiinflamatorias y la otra derivada del ácido araquidónico, que es proinflamatorio. La salud exige un equilibrio entre ambas prostaglandinas. Algunos trabajos han demostrado, sin embargo, que para que el ácido cis-cis-linoleico pueda convertirse en PGE1 debe sufrir antes varias transformaciones químicas. La primera de ellas culmina en la producción del ácido graso gammalinolénico. En esta etapa, la molécula de ácido linoleico ha adquirido un doble enlace suplementario (el número de éstos pasó de dos a tres). Esta transformación química resulta difícil: para que pueda efectuarse se requiere la presencia de una enzima específica (la delta-6-desaturasa) y de vitamina B1, de magnesio, de cinc y de ácido nicotínico (vitamina que forma parte del complejo B). Las transformaciones subsiguientes en ácido dihomogammalinolénico de 20 carbonos (facilitada por la vitamina C) y después en prostaglandina PGE1 son más fáciles. La primera de esas reacciones es deficiente en la senectud y ello provoca un estado de fatiga, un descenso de la vitalidad y las diversas alteraciones (entre ellas el cáncer) que la caracterizan. Pero esos mismos trastornos pueden aparecer mucho antes en la vida, por falta de materia prima, es decir, por falta de ácido cis-cis-linoleico, hecho que se ha generalizado en la actualidad a causa del empleo de las grasas industriales.

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En la naturaleza, el ácido linoleico sólo existe en la forma cis-cis; su isómero, el ácido cis-translinoleico, es un producto de la actividad humana. En las grasas vendidas en los comercios corrientes y manipuladas por las industrias, la forma cis-cis es reemplazada por la forma cistrans, que no sólo no puede transformarse por sí misma en prostaglandina PGE2 sino que, además, bloquea la forma cis-cis presente y aumenta su carencia. Las mismas alteraciones pueden también aparecer por deficiencia de la enzima de transformación (delta-6-desaturasa) o por falta de vitamina B6, de magnesio o de cinc. De tal manera, una carencia de piridoxina ( = vitamina B6) se traduce en parte por los mismos síntomas que los de la deficiencia de vitamina F. Una vez producido el ácido gammalinolénico, la continuación de las transformaciones que culminan primero en la producción de ácido dihomogammalinolénico y luego en la de PGE1 se realiza con facilidad en presencia de vitamina C (nicotinamida). Por lo tanto podría resultar de gran importancia proporcionar al organismo que envejece, así como a ciertos enfermos (los atópicos, por ejemplo), ácido gammalinolénico preformado. Este es raro en la naturaleza. Dos vegetales lo contienen en sus granos: la onagra bianual y la borraja. La primera, muy difundida en América del Norte, ya era conocida por los indígenas como una planta medicinal desde tiempos muy lejanos ¡Le fueron dados varios nombres, entre ellos los de "primavera de la noche" y "King’s Cure all"! El aceite extraído de los granos de onagra contiene del 7 al 9 por ciento y el de los granos de borraja el 23 por ciento de ácido gammalinolénico. Son granos minúsculos, de escaso rendimiento. El precio de esos aceites es por lo tanto elevado. El influjo benéfico sobre nuestra salud de esas sustancias puede ser extraordinario y en las dolencias más diversas. En el comercio se presentan en forma de cápsulas con 500 miligramos de aceite rico en ácido linoleico y que contienen de 7 a 11 por ciento de ácido gammalinolénico: la dosis recomendada es de dos cápsulas dos a tres veces por día. La capacidad de cada una de las células de nuestro cuerpo para producir normalmente y según la necesidad la prostaglandina PGE1 es fundamental para el equilibrio y la salud de todo el organismo. De ella depende el desarrollo normal de los fenómenos inmunitarios, y de su falta, sus deficiencias y alteraciones. La PGE1 se opone a las inflamaciones patológicas por la vía fisiológica normal. Los corticosteroides y los antiinflamatorios, por su parte, se oponen a la producción de la prostaglandina PGE2 proinflamatoria, nociva e indeseable cuando es producida en exceso. Por desgracia, estos medicamentos bloquean simultáneamente la producción de PGE1 su antagonista natural, y hacen imposible entonces la curación: sólo son paliativos. La PGE1 controla la circulación sanguínea: previene la hipertensión arterial, las alteraciones cardíacas y la arteriosclerosis. Las enfermedades coronarias sólo se volvieron inquietantes por su creciente frecuencia a partir del siglo XX, cuando los procedimientos de cultivo y refinamiento empobrecieron nuestros alimentos en magnesio y en vitaminas B6, F y E. Estas enfermedades se volvieron casi epidémicas y afectaron inclusive a adultos jóvenes cuando se acrecentó el consumo de las 189

sustancias grasas y el uso de las grasas denominadas vegetales, margarinas, aceites tratados, calentados y refinados. Las células cancerosas producen PGE2 en abundancia, pero no PGE1. En los cultivo de tejidos, las células humanas pueden ser transformadas en células cancerosas por irradiación o acción de sustancias cancerígenas. Las células pierden entonces su capacidad de transformar el ácido ciscis-linoleico en ácido gammalinolénico y de formar la PGE1 Un aporte de ácido gammalinolénico es útil para el canceroso. Actúa en el mismo sentido, e intensifica la acción benéfica de la vitamina C. Nuestra primera línea de defensa anticancerosa es la mucosa intestinal; la segunda línea es el hígado; la tercera línea es la membrana celular, que protege a la célula contra la penetración de agentes toxiinfecciosos cancerígenos. La PGE1 es el agente natural anticanceroso más potente. ¡Sólo en fecha muy próxima se descubrió que una prostaglandina derivada del ácido gammalinolénico estimula a los linfocitos T (T= tímicos o asesinos) del sistema inmunitario y sería capaz, in vitro, de transformar las células cancerosas en células normales! Parece, pues, que la vitamina F viva, biológicamente activa, es indispensable para nosotros. Se encuentra en todos los granos oleaginosos y en los aceites prensados en frío. Sólo pueden ser prensados en frío, sin agregado de solventes, y sólo son muy ricos en estas sustancias los aceites de girasol, de lino y de germen de trigo. El aceite de nuez debe ser calentado por lo menos a 40 grados, lo cual no debería alterar durante su extracción a la vitamina F, pero introduce un factor de inseguridad. El aceite de oliva, por su naturaleza, es pobre en vitamina F, y sólo contiene de un 2 a un 8 por ciento en lugar del 50 al 70 por ciento de los otros aceites (véase pág. 459). Los granos de cártamo, muy resistentes, deben ser prensados con más energía, lo cual eleva la temperatura del aceite a 58-60 grados a su salida del prensado, demasiado cerca del límite de preservación de las cualidades biológicas de la vitamina F. Otras indicaciones del aceite de onagra Los efectos benéficos del aceite de onagra son numerosos y variados. Puede aliviar los dolores premenstruales y regularizar los períodos. Asociado al cinc, permite combatir el acné. El síndrome de Sjórgen (sequedad de la boca y de las conjuntivas) responde también de manera favorable a un aporte de aceite de onagra. El organismo dispone de un tejido graso especial, de color pardo, localizado en la nuca y a lo largo de la columna vertebral. Las células que lo forman, particularmente ricas en mitocondrias, están especializadas para la producción de calor. Por un lado, sirven para la protección contra el frío, y por el otro, para la destrucción, por combustión, de las calorías superfluas. En ciertos pacientes obesos esa grasa parda funciona mal. Un aporte de ácido gammalinolénico estimula, por intermedio de las prostaglandinas, las mitocondrias de la grasa parda y produce una normalización progresiva de peso, sin medidas dietéticas draconianas. También se ha observado que en los diabéticos que reciben una alimentación rica en ácidos grasos poliinsaturados la frecuencia de las complicaciones oculares y cardíacas es menor.

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Las dos funciones del ácido cis-cis-linoleico y como factor que asegura la estabilidad normal de las membranas celulares y de los tejidos de revestimiento y como sustancia primordial para la formación de la prostaglandina PGE1, son muy claras y tan indispensables para la salud una como otra. El ácido gammalinolénico, precursor de la PGE1 y derivado del ácido linoleico, no puede reemplazar a éste en la primera de sus dos funciones. Hemos tenido la demostración al respecto en el siguiente caso: CASO 16. F. 1960 (25 AÑOS) Una joven norteamericana, después de una cura de adelgazamiento, se ve aquejada de esclerosis en placas. En 1981 se produce un primer acceso ligero y fugaz, y luego, a partir de 1982, se suceden las crisis, que dejan cada vez más secuelas. Durante dos años, de 1983 a 1985, toma con regularidad aceite de onagra en cápsulas, seis por día hasta 500 miligramos. Ello corresponde a 0,2 gramos de ácido gammalinolénico, lo cual es mucho, y a menos de 2 gramos de ácido linoleico, lo cual es muy poco y no cubre su necesidad de esa vitamina. La veo por primera vez el 18 de junio de 1985. Presenta los síntomas típicos de la carencia de ácido linoleico: su piel, muy seca en todo en el cuerpo, en la espalda y los muslos, frena la mano que la roza; en la parte superior de los pies presenta un aspecto muy anormal, acartonado, como un cuero viejo de finas arrugas (¡delante de los maléolos externos existen 23 arrugas!). Las dos mamas presentan numerosos nódulos del tamaño de una lenteja (mastopatía), lo cual es testimonio de un flujo de factores toxiinfecciosos por permeabilidad exagerada del revestimiento intestinal. Son características de la esclerosis en placas: la marcha asimétrica, por debilidad de la pierna izquierda, la falta de equilibrio; la incapacidad para mantenerse erguida con los pies juntos y los ojos cerrados (prueba de Romberg positiva). La marcha con los ojos cerrados sólo puede efectuarse con un fuerte apoyo. El clonus es positivo a la flexión dorsal del pie izquierdo. En la prueba de la colocación del talón sobre la rodilla del lado opuesto con los ojos cerrados supera el objetivo en 10 centímetros (hipermetría). Se queja de gran lasitud y de gran debilidad muscular. Se inicia el tratamiento habitual, con corrección del régimen alimenticio, aporte de 30 mililitros de aceites ricos en ácidos grasos poliinsaturados y prensados en frío (aceites de girasol y de lino), cantidad que corresponde a 15 gramos, como término medio, de ácido linoleico, además de 2 gramos contenidos en el aceite de onagra. Habitualmente, se necesita en tales enfermos por lo menos dos meses para que aparezca una mejoría de las deficiencias. Veo de nuevo a la enferma el 1º de julio, es decir, trece días después de la primera consulta. A nivel del revestimiento cutáneo el progreso es extraordinario: ¡la piel se ha vuelto sedosa, normal en todas partes, salvo en el empeine de los pies, donde, sin embargo, ya no está tan arrugada y ha perdido su consistencia acartonada! En el aspecto neurológico, el signo Romberg, el clonus y la hipermetría han desaparecido. Ya necesita sólo un muy ligero apoyo para efectuar la marcha con los ojos cerrados o, dicho de otro modo, su equilibrio y el 191

control de la posición de sus miembros inferiores han mejorado. Un progreso tan rápido es en todo sentido desusado. Se puede extraer de esta observación la conclusión de que la saturación previa por el ácido gammalinolénico -precursor de la PGE1 - ha sido insuficiente para equilibrar el organismo y suprimir la permeabilidad demasiado grande de la pared intestinal y la consiguiente agresión de los productos toxiinfecciosos, pero permitió una reubicación acelerada de ese reparador de membranas que es el ácido cis-cis-linoleico.

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Mi tratamiento básico de las (Enfermedades de la inmunidad)

enfermedades

degenerativas

crónicas

Hace siete años me había llamado la atención un parentesco entre el cáncer, la esclerosis en placas y la poliartritis crónica evolutiva (PCE) o reumatoidea, y ello porque pacientes aquejados de una de estas tres afecciones eran especialmente numerosos en mi consultorio. Desde entonces he podido convencerme de que ese vínculo existe en la mayoría de las enfermedades degenerativas. Por ello un mismo tratamiento, tal como lo practico, les resulta benéfico a todos. Todas esas enfermedades son consecuencia de un trastorno inmunitario. Por lo tanto, sea cual fuere la forma en que se expresa esa alteración, es preciso suprimir lo antes posible lo que considero un factor esencial de la enfermedad, es decir, la intoxicación o la infección de origen intestinal. Luego, equilibrando la alimentación, proporcionando abundantes vitaminas y corrigiendo las habituales deficiencias minerales (hierro, calcio, magnesio, etc.), se eliminan las carencias que padece el enfermo a fin de permitirle defenderse mejor. Si la enfermedad es grave, y sobre todo si se encuentra en su fase aguda, comienzo por someter al paciente a un ayuno parcial, más o menos prolongado (de uno a tres días, por norma), a base de jugos de legumbres y de frutas, y luego de frutas crudas. Practico enemas evacuadoras de un litro y medio por la noche, durante diez a quince días, seguidas de la instilación rectal de 60 mililitros (4 cucharadas soperas) de aceite de girasol tibio, prensado en frío (que se debe retener, durante la noche). El organismo del enfermo con carencia es en general tan ávido de la vitamina F, constituyente de más de la mitad del aceite empleado, que éste es absorbido casi por completo durante la noche. Después de diez días, estos enemas se espacian a dos por semana y luego a uno por semana, según el bienestar que provocan en el paciente, y después son suprimidos hasta una eventual recaída. Al cabo de unos pocos días de ayuno relativo, que permiten reducir y normalizar con rapidez la flora intestinal, se corrige, y ello para toda la vida, la alimentación del paciente según los principios expuestos en este trabajo. En los casos graves, es deseable una revitaminización F. La realizo inyectando esa vitamina por vía intramuscular profunda (unas diez inyecciones en total, a razón de dos por semana, y a veces más) [En la actualidad, la vitamina F inyectable ha desaparecido del comercio. Ha sido altamente beneficiosa en gran número de enfermos muy graves, cancerosos y aquejados de SM. Un laboratorio farmacéutico se ocupa de su reintroducción en el mercado]. Luego, esta revitaminización es asegurada por los aceites comestibles, prensados en frío, cuyo tenor en ácidos grasos poliinsaturados biológicamente activos llega al 50 por ciento y lo supera [Pero las 192

investigaciones han demostrado que ciertas floras intestinales patológicas pueden convertir la vitamina F activa de forma cis-cis en forma cis-trans inactiva: la normalización de la flora intestinal es, por lo tanto, esencial] (el aceite de oliva, mucho más pobre en vitaminas F, no se presta para ese tratamiento). Llegado el caso, no desdeño el uso moderado y temporario de los medicamentos clásicos, ACTH, cortisona, etcétera. Los pacientes con esclerosis en placas y poliartritis reciben, además, dos veces por semana inyecciones intravenosas de bromuro de calcio, vitamina C y vitaminas del complejo B. Este tratamiento es continuado hasta la estabilización. En los cancerosos empleo una preparación vitamínica análoga, pero que contiene diez veces menos vitamina B1 y un complemento de metionina. Este aminoácido tiene un poder desintoxicante elevado; aumenta la tolerancia a las irradiaciones y a los antimitóticos. Por vía oral, mis pacientes han recibido con regularidad un gramo de vitamina C como mínimo; un complejo vitamínico con agregados de extractos de hígado y de páncreas le receté a los cancerosos, y vitaminas A, E y complejo B a los otros; 15 miligramos de vitamina D2, una a dos veces por mes, a los poliartríticos. Todos recibieron un complemento de magnesio. Basándome en los trabajos de Éric Rucka, enseño a mis enfermos a controlar su pH urinario con tiras reactivas, y en caso de hiperacidez constante (pH igual o inferior a 5,5), a regular su pH en 7-7,5, tomando citratos. De acuerdo con el autor precitado, comprobé que en caso de enfermedad crónica y grave el organismo se vuelve hiperácido, y que esa hiperacidez es nefasta. Aumenta los dolores de los reumáticos y los cancerosos, crea una sensación de fatiga permanente y acelera el desarrollo de la enfermedad. El pH sanguíneo venoso normal es de 7,4. Cuando hay sobreproducción de ácidos metabólicos, el cuerpo trata de neutralizarlos recurriendo a los sistemas tampones CLNa-proteínas del tejido conjuntivo o apatita del tejido óseo. El cloro se une a las proteínas o a la apatita, y la base fuerte (Na) es liberada. Entonces puede unirse a los ácidos orgánicos débiles y facilitar con ello su excreción renal. Dada la presencia en la sangre de sales formadas por una base fuerte (Na) y un ácido débil, el pH sanguíneo se vuelve un tanto alcalino. Como esa desviación alcalina es la consecuencia de un exceso de ácido, será corregida -en apariencia en forma paradójica-, no por un aporte de ácido, sino por el de citratos alcalinos (véase pág. 91). Adopto igualmente otras medidas según el estado del paciente. Es en especial importante dosificar el hierro sérico y corregir su tasa si es deficiente (por un aporte de hierro, unido en ocasiones al cobre). En algunos casos resulta necesaria una transfusión sanguínea. Además, trato la poliartritis crónica evolutiva por medio de vacunas cuidadosamente elegidas y dosificadas. En mi opinión es el mejor medio para obtener una estabilización durable en buen número de afecciones reumáticas. La duración de la cura de vacuna puede ser muy prolongada (meses, y aun años).

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Entre todas las medidas aplicadas, y no podría insistir demasiado en ello, la normalización de la alimentación es la más importante y deberá ser definitiva, so pena de una recaída. Como he señalado, no confío en los medicamentos paliativos habituales que, aunque insuficientes, siguen siendo preciosos al comienzo, hasta que no se ha obtenido la estabilización. ¿Cómo explicarse que un tratamiento casi idéntico de un caso al otro pueda estabilizar distintas enfermedades progresivas, a menudo hacerlas regresar, en ocasiones curar a quienes han sido aquejados por ellas, cuando se manifiestan en formas tan disímiles y son designadas por nombres diferentes? Por lo tanto, estas enfermedades degenerativas deben tener en su origen un factor común. ¿El método que empleo para combatirlas actúa precisamente por ese factor? Si se considera el conjunto de las enfermedades degenerativas, se llega a la conclusión de que la gran mayoría de ellas es provocada por errores inmunitarios. Para tener buena salud es indispensable disponer de una inmunidad normal. El equilibrio inmunitario depende de tres factores esenciales: 1. En primer lugar, del buen funcionamiento de las células especializadas en la realización de esa tarea, presentes en la sangre, la médula ósea, los diversos órganos linfáticos: bazo, ganglios, placas de Peyer, etc. Es preciso que los linfocitos B productores de gammaglobulina, anticuerpos circulantes, y que los linfocitos T, macrófagos, polinucleares, etc., encargados de la defensa del cuerpo, trabajen en forma correcta. La medicina oficial recurre a distintas vacunas para estimular estas funciones (últimamente, a moduladores inmunitarios obtenidos por manipulaciones genéticas y denominados linfoquinas, interleucinas, etc.). 2. Pero el equilibrio inmunitario no depende sólo de las posibilidades de defensa. Está determinado además por la intensidad del ataque. Si éste es masivo, repetido o prolongado, la capacidad de defensa será desbordada. Pero la primera defensa contra un ataque que proviene del mundo exterior está condicionada por la estabilidad de nuestros tejidos de revestimiento. 3. Por último, la capacidad de defensa depende de la presencia, en la membrana de cada célula del organismo, de precursores de los reguladores hormonales celulares. Uno de ellos lleva el nombre de prostaglandina PGE1 que yo denominaré "prostaglandina de paz", y en oposición a la PGE2 o "prostaglandina de guerra". Esta aparece en cuanto el organismo es atacado, e induce los fenómenos de defensa. Para que éstos se desarrollen de manera correcta, deben ser frenados y adaptados cuando haga falta; la PGE1 se encarga de ello. Si consideramos al conjunto de los enfermos en los cuales obtenemos éxitos notables, es posible subdividirlos en grupos según su comportamiento inmunitario. Grupo I: Inmunidad deficiente en los niños o los adultos que pasan de una infección trivial a otra, casi siempre de las vías respiratorias superiores o de las vías urinarias (rinitis, faringitis, sinusitis, anginas, bronquitis, cistitis recidivantes). Grupo II: Inmunidad exuberante en los alérgicos y los reumáticos.

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Grupo III: Inmunidad desviada o perversa en los fenómenos tumorales, primero benignos y luego malignos. Grupo IV: Inmunidad aberrante en los enfermos autoinmunes, en las cuales cuando un tejido ha fijado una toxina o un virus es considerado como extraño al organismo y se lo debe destruir (esclerosis en placas, esclerodermia, lupus renal y cerebral, miopatías, ciertas diabetes, etc.). Grupo V: Inmunidad perdida: el SIDA. Para cada una de estas enfermedades la medicina oficial propone un paliativo: antibiótico que resuelve el problema de la infección, pero no impide la recaída; antihistamínico que alivia al alérgico sin curarlo; antiinflamatorio, que impide la producción de PGE2 y alivia en forma momentánea al reumático; antimitótico, que frena temporariamente la multiplicación celular de los tumores malignos; inmunosupresores, pero también antimitóticos que tratan de paliar las enfermedades autoinmunes y, en todas estas enfermedades, la cortisona cuando los otros medios fracasan. Desprecio de la ciencia por los fenómenos vitales no mensurables La medicina oficial se considera científica. Sólo admite como verdadero y demostrable lo que es mensurable, cuantificable, "estadificable". Pero se ocupa de fenómenos vitales, y no todos se dejan delimitar de esa manera. Algunos que no son mensurables ni cuantificables se le escapan, aunque existen. Por lo tanto, una ciencia así es incompleta; presenta importantes lagunas que es necesario cegar. Cuando nuestro género humano fue creado, una potencia, que podemos llamar Dios o Naturaleza, puso en la Tierra todo lo que es necesario para asegurar nuestra existencia, nuestra vida y nuestra salud. Si no fuese así, no existiríamos. Y sin embargo existimos. ¡Si todos los alimentos necesarios para la conservación de nuestra salud existen y todos estamos enfermos, es que ya no sabemos emplearlos! Al estudiar las modificaciones que nuestra sociedad industrial aportó a lo largo de los años a su manera de alimentarse, tropezamos con un error monumental: la preponderancia otorgada en sus comidas a las grasas industriales sólidas o líquidas, artificiales y muertas. Estas grasas no pueden en modo alguno reparar las células gastadas y son incapaces de asegurar una estructura y una estabilidad normales a nuestros tejidos, como lo hacen las grasas naturales, nobles o esenciales, cuya importancia es vital para nosotros. Perdida la estabilidad normal de los tejidos, se ha abierto el camino para los ataques toxiinfecciosos o alergizantes. Las defensas inmunitarias han resultado desbordadas, el equilibrio inmunitario se quebró. Pero, como vimos, una sola y la misma sustancia, el ácido ciscis-linoleico, o vitamina F1, asegura la estabilidad normal de las membranas, y muy especialmente, la del revestimiento intestinal, y constituye la materia prima a partir de la cual el organismo sintetiza la prostaglandina de paz PGE1

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La supresión de los causantes de problemas - es decir, de las grasas industriales-, y su reemplazo por los aceites ricos en vitamina F1, biológicamente activos porque son prensados en frío, podría restablecer al mismo tiempo la estabilidad normal de los tejidos y proveer a la producción normal de la PGE1. Esto es susceptible de restablecer un equilibrio inmunitario normal, sea cual fuere la forma en que se exprese la alteración de tal equilibrio. Y eso es, precisamente, lo que observamos en nuestros distintos enfermos. Es preciso señalar que la reparación ocurre más pronto en ausencia de cualquier otra sustancia grasa que sea cual fuere, aumenta la necesidad de vitamina F, y por lo tanto, también su carencia.

Grupo I

Inmunidad deficiente Nuestra desnutrición debilita nuestra inmunidad, nuestra capacidad de resistir el ataque de las bacterias más triviales, que se encuentran en la nariz, la boca, la garganta y el intestino. Nos vuelve susceptibles, sobre todo en invierno, a los virus que pueblan nuestro universo y que todos los años provocan la aparición de infecciones denominadas gripales. La corrección de la alimentación permite restablecer una resistencia normal. Infección otorrinolaringológica CASO 20. M. 1966 (6 AÑOS). Infecciones triviales continuas Un flemón umbilical aparece cinco días después del nacimiento de este niño. Desde los 18 meses, los dolores articulares reumáticos son frecuentes (!). Tiene pulmonía a los 2 y 4 años. Las administraciones de antibióticos son seguidas de fuertes diarreas por alteración de la flora intestinal. Raquitismo. Eccema en las mejillas y en las manos. Las vegetaciones adenoides y las amígdalas son extirpadas cuando tiene 4 años. Desde su nacimiento, tanto en verano como en invierno, el niño está constantemente acatarrado. Las operaciones no han mejorado su estado. La alimentación es grasa, muy pobre en vitamina F biológicamente activa. Manteca y aceites refinados: 70 gramos por día y por ración de adulto. Primera consulta el 19 de marzo de 1971. El niño pesa 18,7 kilos para una talla de 1,11 metros (déficit respectivos de 0,8 kilos y de 3 centímetros). El pH urinario es de 5. Tratamiento: La alimentación se normaliza con un aporte de vitamina C: 0,5 gramos por día; de vitamina D 300.000 UI, con 2, 4 y después 6 semanas de intervalo durante dos inviernos, y de calcio: 2 por día. El pH urinario, demasiado ácido, es reducido a 7-7,5 con la administración de citratos.

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El niño tiene sarampión a principios de abril de 1971. A principios de mayo prescribo cloruro de magnesio: 0,2 gramos por día. En los 180 días que siguen al cambio de alimentación, el niño es atacado sólo tres veces de rinofaringitis con una duración total de 50 días, lo cual constituye ya un progreso muy grande, pues antes había sólo dos o tres días de tregua entre dos catarros. Las crisis de dolores reumáticos se espacian. A partir del otoño de 1971 recibe vacuna antigripal mixta en inyecciones una vez por mes. Pasa un excelente invierno por primera vez en su vida. ¡De septiembre de 1971 a octubre de 1972 tiene un solo catarro de una semana en julio, después de un baño! El aumento de peso es de 3,3 kilos. En octubre de 1972, es decir, después de un año y medio de tratamiento, el niño se encuentra bien. "Magnífico resultado", reconoce la madre. CASO 21. M. 1965 (6 AÑOS Y MEDIO). Infecciones triviales y crisis de acetonemia durante cuatro años Desde la edad de un año y medio, este niño tiene frecuentes catarros acompañados de otitis. Se le realiza una amigdalectomía. Constantemente constipado, se pasa hasta cuatro días sin defecar. Los dolores de vientre son frecuentes. Después de una primera crisis de acetonemia con vómitos a la edad de dos años, los episodios se repiten y desde los 6 años se vuelven violentos; duran de 3 a 8 días. La deshidratación es tal que en cada oportunidad es necesaria la hospitalización para practicarle perfusiones. Padece de sinusitis en abril de 1971 y luego, a partir de septiembre, de continuos catarros durante dos meses; se le efectúan diez lavados de los senos paranasales. Tiene nuevas crisis de acetonemia entre el 15 y el 20 de noviembre y el 1º al 10 de diciembre de 1971. La alimentación que recibe el niño es demasiado rica en grasas y carente de otros principios nutritivos. En enero de 1972, una tía del niño sigue mi curso sobre alimentación sana en la Universidad Popular y corrige la del niño. Introduce los cereales integrales en las comidas cotidianas. La ración de manteca queda reducida a 5 gramos por día y la margarina es suprimida. El aceite de girasol y el aceite de lino prensados en frío reemplazan a los aceites comunes extraídos a altas temperaturas. A partir de ese momento, y hasta mayo de 1972, cuando lo veo por primera vez, el niño se encuentra mucho mejor. La constipación ha desaparecido y ya no tuvo infecciones ni crisis de acetonemia. Todavía se fatiga. Su pH urinario es de 5. Le duelen las piernas. Estos dolores, llamados de crecimiento, serán suprimidos por un aporte de vitamina D, calcio y citratos. De tal modo, la primera gran mejoría de la salud de este niño se obtuvo por la corrección de la forma de alimentación, sin ayuda médica y sin medicamentos. ¡Habría podido hacerse mucho antes, en ocasión de una de sus internaciones hospitalarias! ¡Alteraciones de la salud comparables con las descritas en estos dos niños se encuentran a menudo en la anamnesis de jóvenes leucémicos! ¡Con estos ejemplos puede medirse hasta qué punto resultaría beneficiosa una instrucción general de la población sobre la forma racional de alimentarse!

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Infecciones recidivantes de las vías urinarias Estas infecciones son la consecuencia de la migración de los gérmenes intestinales a través de una mucosa que se ha vuelto demasiado permeable como consecuencia de la alimentación inadecuada; desaparecen cuando la alimentación se corrige. Las flebitis concomitantes, así como los dolores reumáticos que acompañan a estas infecciones, tienen el mismo origen. CASO 22. F. 1916 (55 AÑOS) En junio de 1971, esta mujer de 55 años es afectada por una diarrea que persiste durante un mes. A consecuencia de ella aparece una infección tenaz de la vejiga. Durante cinco meses toma desinfectantes urinarios sin resultado alguno. Las micciones siguen siendo dolorosas, demasiado frecuentes y difíciles. En el sedimento urinario se encuentran bacterias, leucocitos y glóbulos rojos. La examino por primera vez el 18 de octubre de 1971. La alimentación es corregida y completada mediante un aporte abundante de vitaminas (intravenosas dos veces por semana; 1 gramo de vitamina C por día) y de citratos destinados a corregir el pH urinario y llevar su valor a 7,5. Tres semanas después, se siente mejor. La orina se ha normalizado sin desinfectantes. En 1982 se mantiene la curación. Gracias a la alimentación correcta, la mucosa intestinal, vuelta a la normalidad, no deja filtrar ya los microorganismos e infectar las vías urinarias. CASO 22 BIS. F.1910 (62 AÑOS) Desde hace diez años esta mujer sufre una inflamación vesical que cede cuando toma desinfectantes y reaparece varias semanas después. En pocos meses presenta cuatro episodios de flebitis. Desde hace tres meses experimenta diarrea, dolores reumáticos y diabetes. La corrección del régimen alimenticio, con una severa disminución de la ración de mantequilla y la supresión del azúcar, equilibra la diabetes y hace desaparecer la colibacilosis y la diarrea. La cistitis sólo reaparece cuando se aloja en un hotel, lo cual provoca el abandono de la alimentación normal. CASO 22. F. 1904 (61 AÑOS) ¡Esta enferma tiene una prótesis dental superior desde los 27 años y una inferior desde los 45 años! Desde hace seis años padece de constipación y de infecciones urinarias recidivantes. Estas reaccionan bien a los antibióticos, pero reaparecen poco después de interrumpida la medicación. La veo por primera vez el 3 de septiembre de 1965. La piel de las piernas es anormalmente seca y se descama. La alimentación es deficiente en vitamina F. Se la corrige por medio de la introducción de cereales integrales, aceites prensados en frío y crema Budwig. Prescribo enemas, seguidos de una instilación por la noche de 60 mililitros ( = cuatro cucharadas soperas) de aceite de girasol virgen, entibiado, durante diez días, luego cada dos días durante una semana y, por

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último, una vez por semana. Un aporte abundante de vitaminas por vías intravenosa y oral completa el tratamiento. Al cabo de cinco meses, se siente mucho mejor. La descamación anormal de la piel de las piernas ha desaparecido. La constipación y la colibacilosis están curadas.

Grupo II

Inmunidad exagerada en los alérgicos y los reumáticos A menudo, los trastornos causados por la alergia sólo se corrigen rectificando la alimentación. CASO 23. F. 1956 (12 AÑOS). Urticaria rebelde. Error de la supresión medicamentosa de la fiebre durante las infecciones gripales Desde la más tierna infancia, los catarros son numerosos. Cistitis a los 8 años. Desde los 9 años sufre de erupciones periódicas, pruriginosas, en la cara y los miembros superiores, a menudo infectados por el rascado (estrófula = urticaria infantil). Cada acceso es precedido de violentas cefaleas. Las pruebas para determinar la causa no han dado resultado alguno. La alimentación es demasiado rica en grasas y deficiente. La primera consulta se lleva a cabo el 20 de marzo de 1969. Se corrige la alimentación, lo cual produce, sin medicamentos, la desaparición de la urticaria. Los accesos sólo aparecen después, con un año de intervalo, durante las vacaciones, como consecuencia del abandono de la alimentación sana. Desde el 15 de enero hasta el 15 de febrero de 1970, esta niña tiene cuatro accesos febriles sucesivos provocados por infecciones gripales. La fiebre es cortada en cada oportunidad por la administración de un medicamento antipirético del tipo de la aspirina. Este "tratamiento" interrumpe el proceso normal de destrucción del virus y la inmunización. Favorece y prepara la recaída. N. B. Pequeñas dosis fraccionadas de aspirina sólo se justifican cuando la fiebre llega a los 40 grados o la supera, a fin de reducirla a 39 grados. CASO 24. F. 1946 (33 AÑOS). Urticaria gigante con edema de Quincke Desde la edad de 18 años esta mujer padece de cistitis dos o tres veces al año, por última vez en septiembre de 1979. Operada a los 31 años de una hernia hiatal, tiene dolores en la región operada y sólo evacúa el intestino dos veces por semana. Viene a consultarme porque desde hace 7 meses (abril de 1979) sufre de urticaria gigante y de edemas migratorios que se reproducen con intervalos que no superan los cinco a siete días. Un tratamiento clásico, con antihistamínicos, calcio y ACTH, fracasó. Como se considera excedida de peso, ha practicado

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desde hace 14 meses, seis días por semana, un régimen dietético, que sólo autoriza al mediodía una única especie de alimento, distinto de un día al otro: el lunes, legumbres; el martes, carne; el miércoles, huevos; el jueves, productos lácteos; el viernes, pescado; el sábado, fruta. Este sistema limita en forma automática la cantidad de calorías ingeridas. Por la mañana consume café con leche y por la noche un yogur o nada. Su alimentación incluye 10 gramos de mantequilla y 16 gramos de aceite refinado por día. La veo por primera vez el 7 de noviembre de 1979. Desde hace diez días su piel está cubierta de grandes placas pruriginosas en los muslos, las piernas y las plantas de los pies, lo cual hace difícil la marcha. La base de los dos pulgares se encontraba muy hinchada y no podía cerrar las manos. Presenta buen estado general, pero su lengua es espesa y del color de la arpillera. Sus mamas son nodulosas. La nariz, los pies y las manos tienen un tinte violáceo; su piel es seca. El hierro sérico es de 58 gammas por 100 mililitros (normal: 120 gammas). Se siente muy fatigada. Se corrige su alimentación y se reduce a la que considero normal, con exclusión de la carne y de las grasas, excepto los aceites prensados en frío. Recibe inyecciones de hierro y de vitaminas C, B y D, y hueso en polvo por boca. Toma salvado de trigo, y sus deposiciones se regularizan. Al cabo de un mes, los accesos de urticaria se han espaciado. Al apartarse del régimen durante su permanencia en un hotel, la erupción se repite, y después, desde el 26 de diciembre hasta el 11 de febrero, pasa por primera vez seis semanas sin molestias. El 19 de febrero de 1980 la lengua está limpia. A partir de entonces, la urticaria, los edemas y la cistitis ya no vuelven a manifestarse. Desaparecen el color violáceo de las extremidades y las granulaciones de las mamas (= mastopatía). En resumen, una mujer joven se encuentra muy afectada por la aparición de una urticaria gigante con grandes hinchazones locales (edema de Quincke), que durante 7 meses resisten a los tratamientos medicamentosos clásicos. La normalización de la alimentación y de la función intestinal elimina en tres meses esta afección. En 1987 la curación se ha mantenido. CASO 25. F. 1944 (37 AÑOS). Asma bronquial Desde los dos años y medio ha sufrido de asma, que se instaló a consecuencia de una tos ferina. Durante las crisis sólo podía dormir sentada. Cuando tuvo 26 años se le practicaron análisis, que demostraron alergia a los polvos domésticos, al polen de gramíneas y a los pelos de gato y de perro. Una cura de desensibilización, continuada durante dos años y terminada a los 28, sólo fue seguida por un éxito parcial. La veo por primera vez el 18 de mayo de 1981. Su peso es de 66,7 kilos para una talla de 1,50 metros. A menudo tiene dificultades para respirar y se alivia varias veces por día con nebulizaciones de broncodilatadores. Su tiempo de espiración forzada es de sólo 7 segundos. Tiene una alimentación moderna deficiente, con 77 gramos de grasas adicionales por día (margarina: 8 gramos; mantequilla: 54 gramos; aceite de cacahuete: 6 gramos; aceite de cardo o de cártamo: 9 gramos).

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Se corrige la alimentación y el pH urinario diurno se lleva a 7- 7,5 por medio de tomas de citratos. Cinco meses después, ha tenido una sola crisis de asma en ocasión de un catarro. El tiempo de espiración forzada se ha prolongado a 16 segundos. A partir del otoño recibe complemento de vitaminas A, B, C y E y una vacuna contra la gripe en nebulización (aplicada dos veces por día, diez días por mes durante todo el invierno), así como oligoelementos (oligosol de cobre, oro y plata, una vez por día, diez días por mes). Desde septiembre de 1982 el asma ha desaparecido. El 5 de noviembre de 1982 la tasa de hierro sérico es de 60 gammas por ciento (normal = 120 gammas). En marzo de 1983, es decir, unos dos años después del comienzo del tratamiento, el tiempo de espiración forzada se ha prolongado a 22 segundos. Puede volver, a los 39 años, a la práctica del esquí, que había abandonado a los 20 años porque la agotaba demasiado. En marzo de 1985 reanudará el esquí de pista. En octubre de 1984 tiene, por primera vez desde su infancia, un catarro sin que ello desencadene una crisis de asma. Nada con facilidad durante 30 minutos. ¡De tal modo, un asma que había durado 35 años, que disminuía la calidad de vida e impedía la práctica de deportes, mejoró a partir del quinto mes para desaparecer al tercer año de tratamiento! Había sido mantenido por la alimentación moderna, malsana. CASO 26. M. 1906 (60 AÑOS). Asma profesional de panadero El asma comienza en este hombre cuando tiene 28 años y lo obliga a abandonar su oficio a los 44. A pesar de ello, el asma se agrava; los tratamientos homeopáticos, activos al comienzo, se vuelven inoperantes. Lo examino por primera vez el 26 de noviembre de 1966. Tiene 60 años. Al principio, y luego durante tres meses, sólo se corrige la alimentación, con introducción de cereales integrales y aceites de girasol y de lino prensados en frío. Pasa un excelente invierno, en tanto que antes tenía una crisis de asma todos los meses. En la primavera, el tratamiento se completa con la administración de vitaminas A, B, C, E y D. En abril de 1967, los análisis intradérmicos son positivos, moderadamente a los distintos polvos y muy positivos a los extractos bacterianos. Prescribo una vacunoterapia de dosis lentamente crecientes a partir de la dilución D6 en inyecciones subcutáneas dos veces por semana. La enfermedad, aunque inveterada, responde muy bien. En el último control, dos años después de la primera consulta, el asma ha desaparecido. Inmunidad exagerada en los poliartríticos (PCE) o aberrante, autoinmune CASO 27. F. 1960 (9 AÑOS) A esta niña le fue practicada una amigdalectomía a los 5 años como consecuencia de anginas repetidas. El 12 de febrero de 1969 comienza una erupción generalizada en placas que aparecen y desaparecen con accesos de fiebre de 39 grados, dos a tres veces por semana, y acompañada de dolores en todas las articulaciones, inflamación en los tobillos y dolor intenso en el talón derecho. Hospitalizada del 19 al 28 de febrero de 1969, es tratada con cortisona (10 mg por día) y 201

penicilina. La fiebre desciende, las artralgias desaparecen y el eritema se atenúa. Esta mejoría no es duradera, y la niña vuelve a ser hospitalizada en la clínica universitaria, desde el 11 hasta el 21 de marzo de 1969. El diagnóstico formulado entonces es el de eritema exudativo polimorfo y poliartritis evolutiva en su comienzo. Después de una tregua de tres meses, en junio se repite un nuevo acceso de la enfermedad. En agosto, con una semana de intervalo, recibe cuatro inyecciones de sales de oro (alocrisina) sin efectos visibles. La veo por primera vez el 17 de noviembre de 1969. ¡Su peso es de 36,6 kilos para una talla de 1,51 metros, es decir, un progreso en el crecimiento de 32 cm!, y un déficit de peso respecto de la talla de sólo 3,4 kilos. Las piernas en X y una mala implantación de los incisivos y los caninos inferiores, que se superponen, son testimonio de malos hábitos alimentarios de la madre durante el embarazo. Vuelve a sufrir una erupción papulomaculosa en el tronco, los muslos y los brazos. Hinchazón dolorosa en las dos articulaciones del pulgar derecho. La reacción de Chvostek positiva traduce un déficit de calcio. La alimentación es de tipo moderno, deficiente, con carne dos veces por día, aceites refinados y mantequilla como únicas fuentes de grasas adicionales. Sólo se corrige la alimentación. Cuatro días después se empieza a ver a la niña mucho mejor. En tanto que de febrero a noviembre la erupción estaba presente en forma casi continuada, ahora sólo reaparece de manera fugitiva cada tres días. A partir del 12 de diciembre recibe un complemento de vitaminas A, B, C, D y E. A fines de diciembre, las articulaciones ya no están inflamadas ni son dolorosas. El 2 de marzo de 1970 los análisis intradérmicos son positivos al estafilococo. Receto una vacuna antimicrobiana mixta en inyecciones subcutáneas dos veces por semana, que sólo sigue durante un mes. Su estado se estabiliza. En septiembre de 1971 ya no tiene recaída alguna y ese resultado se mantiene, en 1985, es decir, 16 años después. Los factores esenciales de curación han sido aquí la normalización de la alimentación y un aporte abundante de vitaminas. CASO 28. F. 1963 (2 AÑOS). Padres dueños de restaurante. PCE infantil, que en 15 años recidiva dos veces por abandono de la alimentación sana y retomo a la alimentación moderna, con carencias Esta niña tiene frecuentes catarros; por lo demás, se encuentra en buena salud hasta la afección actual. Una gripe con fiebre (38 grados) en junio de 1965: tose durante dos meses. Cuatro semanas después, en julio de 1965, es decir, a los dos años y dos meses, las articulaciones de los tobillos, las muñecas y las rodillas se inflaman y se tornan muy dolorosas. Cumple una internación de tres meses en un servicio universitario de pediatría. El diagnóstico es entonces el de poliartritis. Recibe aspirinas a razón de un gramo por día. La inflamación persiste.

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Su régimen alimenticio es el siguiente: por la mañana, potaje de harina de leche de conserva; al mediodía, comida en la casa cuna con carne; a las 16 horas, un yogur y una banana; por la noche, pescado, carne o huevo, legumbres cocidas, compota y leche. ¡Muy aficionada a la mantequilla, la come en abundancia! La veo por primera vez el 4 de noviembre de 1965, después de tres meses y medio de enfermedad. El estado general es satisfactorio (13,150 kilos de peso, para una talla de 91 cm). El tobillo y la rodilla izquierdas y la muñeca derecha se encuentran inflamados y dolorosos. El bazo se halla agrandado. La garganta está roja y las amígdalas están inflamadas. Su hemoglobina es de 75 por ciento. La velocidad de sedimentación de los glóbulos rojos es muy acelerada (20,5 mm/hora en micrométodo). Mi tratamiento es el siguiente: corrección de la alimentación; prescripción de gotas desinfectantes para la nariz, penicilina, vitaminas A, B, C, D y E y calcio, y luego, desde diciembre, 5 miligramos de prednisona por día. Dos meses después, en enero de 1966, se encuentra mucho mejor: la anemia ha desaparecido, el peso ha aumentado en unos 500 gramos y la talla en 2 centímetros; el bazo se ha normalizado. Todavía existe una ligera inflamación en la muñeca derecha. Desde finales de febrero receto oligoelementos (oligosoles de cobre, oro, magnesio y hierro). En marzo, la eritrosedimentación es normal (4,5 mm/hora). La administración de penicilina y de prednisona se interrumpe entonces. En junio de 1966 las inflamaciones articulares han desaparecido. La estabilización de la poliartritis se obtuvo en siete meses. La ablación de las vegetaciones adenoideas se efectúa en marzo de 1967. La niña pasa cuatro años excelentes, pero en septiembre de 1971 (tiene entonces ocho años) sufre una recaída. La alimentación sana prescrita fue abandonada poco a poco, completamente, y fue reemplazada por la alimentación del restaurante de sus padres: por la mañana, Ovomaltina y copos de trigo con 400 mililitros de leche entera; carne dos veces por día; mantequilla en pequeña cantidad; grasas vegetales y aceites prensados en caliente; un queso petit suisse doble crema por día; ningún cereal fresco e integral. El 22 de noviembre de 1971, las dos rodillas se encuentran tumefactas, dolorosas y rígidas; la niña está constipada; tiene amígdalas grandes. La velocidad de sedimentación es de 16 mm/hora; el peso es de 27 kilos (- 3 kilos de peso de lo normal) y la talla de 1,35 metros (10 centímetros por encima del promedio para su edad). Mi tratamiento es el siguiente: reanudación de la cura de penicilina y prednisona 10 miligramos por día; vitaminas A, B, C, D y E; retorno a la alimentación sana. Al cabo de dos meses (mediados de enero de 1972), el peso llega a 28,7 kilos. La inflamación ha desaparecido en la rodilla izquierda y se encuentra muy disminuida en la derecha. Los análisis microbianos son positivos para el colibacilo y el bacilo de Neisser. Receto una vacuna microbiana mixta en inyecciones subcutáneas, en dosis lentamente crecientes, comenzando por la dilución D6 (es decir diluida en 1 en un millón), dos veces por semana. En marzo de 1972 se encuentra muy bien. El pH urinario ha vuelto a ser de 5 a 7 por la absorción de citratos. La estabilización de la poliartritis se ha obtenido en cuatro meses. La ablación de las amígdalas se lleva a cabo en julio de 1972. 203

La alimentación sana es respetada hasta 1978 (15 años) y se siente muy bien. Con la adolescencia viene la edad de la rebelión. La joven se considera grande y decide que puede muy bien comer "como todo el mundo": leche y pan por la mañana, restaurante para las dos comidas principales, con carne dos veces por día; aceites prensados en caliente en los platos, en la ensalada, aceite de oliva prensado en frío, una cucharada de café por día (el aceite de oliva contiene 2 por ciento de vitamina F y el aceite de girasol 50 por ciento o más). A los 17 años, en 1980, la poliartritis reaparece, primero en las manos y en los hombros, y luego en todas las articulaciones, que se hinchan y se vuelven dolorosas. Fuma de 5 a 10 cigarrillos por día. Se hace atender por reumatólogos y no mejora. De octubre a diciembre de 1980 es hospitalizada en un servicio universitario de reumatología: recibe aspirina con infiltraciones locales de cortisona en las rodillas y los hombros. Una cura de sales de oro durante dos meses no produce el efecto deseado y termina, inclusive, por exacerbar los dolores. Exasperada por los meses de tratamiento ineficaces, la enferma renuncia a los tratamientos clásicos y me visita, trayendo una bolsa de medicamentos (del volumen de una pelota de fútbol), entre ellos diez antiinflamatorios diferentes, todos probados sin resultados... ¡que me regala! El 6 de mayo de 1981, a los 18 años, su peso es de 61 kilos y su talla de 1,65 metros. Es una joven hinchada, que se fatiga fácilmente, con dientes superpuestos, mal implantados, aliento fétido e hipoplasia de ambas mamas. Su piel es seca y áspera por falta de vitaminas F biológicamente activas. Siente dolores en todas partes: en los hombros, los codos, las manos, las rodillas y los tobillos; le resulta difícil salir de la cama por la mañana, porque los codos, las muñecas y las rodillas están rígidos; su movilización es dolorosa y limitada; las piernas están endurecidas y pesadas. Mi tratamiento: prescribo el retomo a la alimentación sana; durante una semana, una limpieza cotidiana del intestino mediante enemas seguidos por una instilación en éstos, durante la noche, de 4 cucharadas soperas (=60 mililitros) de aceite de girasol prensado en frío; vitaminización intensa A, B, C, D y E. Seis semanas después, el 19 de junio de 1981, se encuentra mejor. Ha rebajado 2 kilos y ya no está hinchada. El 5 de septiembre de 1981 los dolores están en regresión. Se siente menos fatigada, ha hecho más progresos en cuatro meses, dice, que antes en ocho meses con todos los medicamentos antirreumáticos. Sólo las muñecas y los dedos siguen todavía dolorosos. Los análisis microbianos son positivos al estafilococo. Receto una vacuna mixta en dosis crecientes, comenzando con la dilución D6, dos veces por semana. En la cara dorsal de la muñeca izquierda persiste todavía la inflamación. A partir del 1º de diciembre de 1981 recibe una inyección intramuscular de cobre una vez por semana durante doce semanas. El 2 de marzo de 1982 todos los dolores articulares han desaparecido, pero la muñeca izquierda está un poco rígida por la mañana. No fuma desde enero de 1982. La poliartritis se ha estabilizado tras diez meses de alimentación sana. 204

En 1985 se mantiene fiel a la alimentación sana y se siente bien. El tiempo de observación de esta enferma ha sido de 20 años. Véase también, abreviados, a modo de ejemplos, tres casos típicos de poliartritis reumatoidea en el adulto. CASO 29. M. 1948 (24 AÑOS). Agricultor La enfermedad se ha manifestado en junio de 1970, cuando tiene 22 años: afecta las tres grandes articulaciones de los miembros inferiores, así como las muñecas, las mandíbulas y la nuca. Un tratamiento con cortisona, durante una hospitalización, produce una ligera mejoría. En marzo de 1971, puede reanudar su trabajo en medias jornadas, pero continúa con dolores. Toma 5 miligramos de prednisona por día. Lo examino por primera vez el 28 de enero de 1972. Su alimentación es corregida y completada con vitaminas A, B, C y E por vía oral y con vitamina D una vez por mes. La prednisona cotidiana es reemplazada por una inyección intramuscular mensual. Los análisis efectuados al cabo de dos meses y medio de tratamiento son positivos a los estafilococos, al colibacilo y al CCB. A partir de abril de 1972 comienza la vacunoterapia en dilución D8. A partir de septiembre se encuentra en franca mejoría, y en enero de 1973 se interrumpe la cortisona. En junio de 1973, las muñecas están totalmente anquilosadas e indoloras; las otras articulaciones lo dejan tranquilo. Trabaja todo el verano, hasta trece horas por día. El 31 de agosto de 1976 se halla muy bien y puede efectuar casi con normalidad sus tareas de agricultor. CASO 30. F. 1927 (47 AÑOS) En enero de 1973, cuando tiene 46 años, esta mujer, constipada "desde siempre", tiene una poliartritis que afecta los tobillos, los hombros, los codos y las manos. Un tratamiento con antiinflamatorios la alivia durante un mes. El ACTH en inyecciones intramusculares hebdomadarias no da ningún resultado. Me consulta por primera vez el 26 de abril de 1974, es decir, quince meses después del comienzo de su enfermedad. Su lengua es saburral y sus mamas son nodulosas (mastopatía). Receto el tratamiento habitual: corrección de la alimentación, lo cual suprime la constipación; vitaminas A, B, C, E y D . Los análisis efectuados el 26 de junio de 1974, dos meses después del comienzo de nuestro tratamiento, cuando la enferma ya se siente mejor, resultan positivos al gonococo, a los estreptococos, al CCB, al colibacilo y a los estafilococos. En veinticuatro horas provocan una ligera reacción dolorosa a nivel de las articulaciones digitales enfermas. La vacunoterapia se inicia con la dilución D8. A partir del tercer mes de tratamiento la paciente se siente más fuerte. ¡Disminuye la dosis de los antiinflamatorios, que pasa de 11 a 6 comprimidos cada 24 horas, y a 13 en seis meses! En marzo de 1975 se encuentra muy bien CASO 31. F. 1908 (58 AÑOS) 205

Esta mujer tiene la piel muy seca "desde siempre"; ha sufrido fiebre del heno desde la edad de 18 años y de asma a partir de los 45 años. A los 51 años es afectada por un eccema generalizado y por poliartritis en las manos y los pies, lo cual dificulta su marcha. A los 54 años es tratada con cortisona; las inyecciones de sales de oro agravan su eccema. La veo el 28 de noviembre de 1966. Tiene 58 años y se encuentra en su séptimo año de poliartritis, que nunca ha podido estabilizarse. Presenta un eccema pruriginoso y supurante detrás de las orejas, en las axilas y en las regiones laterales del cuello. Los tobillos y las rodillas se hallan tumefactos y dolorosos. Los dedos están deformados. La normalización de la alimentación, con reemplazo de la mantequilla y la margarina por aceites prensados en frío (girasol y Uno), mejora en un mes el estado de la piel y hace desaparecer los dolores. Desde el segundo mes receto inyecciones intramusculares de vitamina F, dos veces por semana, así como vitaminas A, B, C, D y E y calcio por vía oral. En enero de 1968, después de catorce meses de tratamiento, la paciente se encuentra muy bien. Esta situación permanece estable durante los seis años de observación. Según estos ejemplos, en los poliartríticos la vacunoterapia parece restablecer los mecanismos inmunitarios normales. Espondilartritis anquilosante progresiva (Enfermedad de Bechterev) Esta enfermedad se caracteriza por una inflamación dolorosa de los ligamentos que unen las vértebras entre sí. En el proceso de curación estos ligamentos se endurecen, se calcifican, y la columna pierde su movilidad. A veces se inflaman otras articulaciones y se vuelven dolorosas. CASO 32. M. 1941 (37 AÑOS). Ingeniero Desde los 19 hasta los 22 años, trabajando en el mar, este hombre se alimentó, en lo esencial, de picadillos de carne, productos en conserva y congelados. Se produce un primer acceso doloroso cuando tiene 28 años (1969), localizado primero en las caderas y después en la columna. El diagnóstico de enfermedad de Bechterev se formula a la edad de 30 años. En ese momento es tratado con antiinflamatorios y pasa por un buen período entre los 34 y los 36 años. A esta edad se extenúa trabajando en su profesión y los dolores reaparecen. En 1978 tiene problemas oculares: se trata de una uveítis (inflamación del iris y de la coroides), que es tratada con éxito por medio de inyecciones de cortisona. A mediados de abril siente dolores muy fuertes en la nuca que son tratados con antiinflamatorios y calmantes para la noche. Lo veo por primera vez el 7 de junio de 1978 (tiene 37 años). Su peso es de 68 kilos para una talla de 1,80 metros. Tiene hiposideremia de 54-65 gammas por ciento (mínima normal para los hombres = 120 gammas). Su alimentación es irregular: come a menudo en el restaurante o en la cantina. Por la mañana bebe café y una medialuna o jugo de naranja.

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La nuca está rígida y dolorosa: ya no puede girar la cabeza. Tiene una paradentosis muy acentuada. El pH urinario, hiperácido se mantiene en forma constante en 5. Se normaliza la alimentación. El paciente recibe abundantes vitaminas, hierro por vía oral y en inyecciones endovenosas, citratos para llevar el pH urinario a 7. El 4 de octubre de 1978 los análisis microbianos muestran una reacción repentina, hiperérgica, a la tuberculina, con inflamación y necrosis en el punto de inyección intradérmica. Durante tres meses sigue un tratamiento antituberculoso. Un mes después del comienzo de la cura los dolores se agudizan: la destrucción de bacilos por el antibiótico ha liberado toxinas microbianas. El 17 de enero de 1979 comienza un tratamiento con inyecciones subcutáneas, dos veces por semana, de vacuna antimicrobiana mixta, comenzando por la dilución D8 y manteniéndola por debajo del umbral de reacción. El 23 de febrero de 1979 la nuca tiene más movilidad y los dolores disminuyen. Puede volver a correr. Las uñas presentan manchas blancas. Recibe vitamina D (15 miligramos dos veces por mes) y hueso en polvo. En mayo de 1979 el déficit de rotación de la cabeza es apenas de 10 a 20 grados. En septiembre, es decir, ocho meses después del comienzo de la vacunoterapia, se siente mucho mejor. Durante las vacaciones puede hacer reposo y nadar. Abandona los antiinflamatorios. La sideremia se ha normalizado (130 gammas por ciento). En febrero de 1981, la espalda está a menudo un poco rígida y dolorosa por la mañana, pero estas molestias desaparecen después de algunos ejercicios físicos. En abril de 1981 se encuentra fatigado: la tasa de hierro ha descendido a 70 gammas por ciento. Recibe una inyección intravenosa de hierro por mes. A fines de enero de 1982, un ligero acceso de uveítis izquierda desaparece en tres semanas gracias a la cortisona. En mayo de 1982 se siente muy bien. La nuca está flexible e indolora, y la región lumbar se halla un poco rígida al levantarse. Recibe una inyección de la vacuna: un mililitro en dilución D2 dos veces por mes. Prescinde por completo de medicamentos antirreumáticos. En 1987 se siente bien. Para evitar el desempleo ha soportado durante dos años y medio un trabajo nocturno, un trabajo de obrero, sin recaídas. El tiempo de observación ha sido de nueve años. En resumen: este paciente es afectado, desde los 28 años de enfermedad de Bechterev progresiva, complicada con uveítis, que evoluciona en accesos sucesivos durante nueve años. La normalización de la alimentación y del pH urinario con vitaminoterapia y un tratamiento antituberculoso de 3 meses, seguido de vacunoterapia microbiana mixta, en dosis progresivas,

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producen en tres años la restauración de la salud, de la movilidad normal de la columna y de los miembros y de la capacidad normal de trabajo. CASO 33. F. 1941 (40 AÑOS). Enfermedad de Bechterev y cáncer de la mama izquierda en la descendiente de una familia de grandes tuberculosos Esta mujer pertenece a una familia de tuberculosos: por el lado materno, un abuelo falleció a los 39 años de tisis galopante; una tía abuela y tres tíos abuelos, muertos jóvenes de tuberculosis pulmonar; la madre fallecida a los 68 años de una angina de pecho. La abuela paterna, así como la hija de ésta, medio hermana del padre, murieron en forma prematura, a los 42 y 18 años, respectivamente, de tuberculosis pulmonar, contagiadas las dos por el esposo y el padre fallecido de tuberculosis a la edad de 30 años. Un tío paterno murió de cáncer intestinal a los 60 años. El padre vive con buena salud a los 67 años. Mi paciente nunca tuvo contacto con los miembros tuberculosos de su familia. Durante su infancia y su adolescencia, padeció innumerables infecciones triviales (catarros, bronquitis, anginas). Una vecina de banco en la escuela debió abandonar ésta por tuberculosis pulmonar, después de lo cual, a los 9 años, la reacción a la tuberculina se hizo fuertemente positiva en mi enferma. A partir de los 22 años, infecciones urinarias repetidas durante varios años. La orina es a menudo maloliente. Desde los 23 años tiene crisis de dolores en la espalda. El diagnóstico de poliartritis anquilosante de la columna y de la pelvis (Bechterev) es formulado por un reumatólogo en 1977, cuando tiene 36 años. La causa, según el médico, habría que buscarla en infecciones urinarias recidivantes. La columna vertebral se vuelve cada vez más rígida y dolorosa, a pesar de los tratamientos clásicos realizados. La marcha es difícil, sobre todo al descender. Los dolores sólo se calman estando acostada. La paciente tiene fatiga crónica. La enfermedad evoluciona por crisis más o menos violentas, que se producen varias veces por año. En 1980, cuando tiene 39 años, aparece un nódulo en la mama izquierda, que persiste y aumenta de tamaño; extirpado el 26 de mayo de 1981, es un carcinoma canalicular invasivo, sin ramificaciones ganglionares. La paciente se niega a la amputación de la mama. Recibe irradiaciones de cobalto y con el betatrón durante seis semanas. Los dolores de la columna aumentan y se extienden a la región del esternón. Desde enero de 1981, es decir, 4 meses antes de la operación, la enferma había corregido su alimentación. Me consulta por primera vez el 3 de agosto de 1981, en plena radioterapia. Receto el tratamiento habitual: vitaminoterapia. El 14 de septiembre de 1981: la anemia es del orden del 71 por ciento; sin embargo, se siente mejor después de la vitaminoterapia; ya no tuvo crisis reumática ninguna. Los dolores en las manos y la hinchazón en los pies han desaparecido. La espalda sigue demasiado rígida: no puede tocar el suelo cuando se inclina con los pies juntos y las rodillas rígidas; le faltan 27 centímetros; siente dolores en los talones. 208

El 26 de abril de 1982, se encuentra mejor y la espalda está más flexible. El 19 de mayo de 1982: los análisis microbianos intradérmicos son positivos al colibacilo, al estafilococo y a la tuberculina (al cabo de 48 horas, enrojecimiento de 10 a 12 centímetros con hemorragia central). Después de los análisis tiene muchos dolores en la espalda durante las primeras veinticuatro horas (reacción focal). Durante tres meses recibe un tratamiento antituberculoso de rifampicina + isoniazida, en dosis de 150 miligramos tres veces por día, con 40 miligramos de vitamina B6. Los dolores reumáticos aumentan durante las tres primeras semanas (por liberación de productos tóxicos a partir de los bacilos muertos) y después se calman. A partir de julio receto inyecciones dos veces por semana de vacuna microbiana polivalente, enriquecida con colivacuna y tuberculina en dosis crecientes a partir de la dilución D6, manteniéndose constantemente por debajo de la dosis de reacción. En septiembre de 1982 (un mes y medio después del comienzo del tratamiento) se siente mucho mejor. La nuca no está dolorosa y ha recuperado su movilidad normal. La columna dorsal se encuentra todavía un poco rígida, pero indolora. Sólo la columna lumbar sigue estando algo dolorosa. Por sí misma, la paciente ha dejado de tomar todos sus medicamentos antiinflamatorios, que usaba con regularidad desde hacía más de cuatro años. En 1987 se siente "magníficamente bien". Puede efectuar grandes marchas sin problemas. Recibe todavía, dos veces por mes, una inyección de la vacuna con dilución D2. Desde nuestro tratamiento no ha tenido más infecciones urinarias. El tiempo de observación ha sido de seis años.

Grupo III

Inmunidad desviada, e inclusive perversa, tumores benignos primero y malignos luego

CASO 34. F. 1955 (29 AÑOS). Lipomatosis familiar Se han desarrollado lipomas (tumores adiposos, por lo general benignos) en dos tíos y una tía materna; psoriasis en dos tíos maternos. El abuelo paterno falleció a los 57 años de apoplejía y la abuela a los 79 años de paro cardíaco. El abuelo materno, asmático, falleció a los 79 años de apoplejía, la abuela murió a los 69 años de edema pulmonar. Los dos padres están operados de cálculos biliares. Un hermano sufre de psoriasis. En mi paciente, desde los 12 años aparece una tumefacción blanda en la ingle izquierda. A los 17 años, esta hinchazón inguinal se vuelve antiestética. Es operada. Se trata de un lipoma. A consecuencia de la operación se forma un edema importante, transitorio, de la pierna izquierda, por la lesión de los vasos linfáticos. Casada a los 22 años, dos años después da a luz un niño por cesárea, pues un importante lipoma intraabdominal representa un obstáculo para el nacimiento por la vía natural: este tumor muy blando parte del polo inferior del riñón izquierdo y ocupa el retroperitoneo hasta el esfínter anal; una masa del volumen de una naranja se puede palpar en la 209

pelvis; se extiende a lo largo de 25 centímetros y tiene de 5 a 8 centímetros de diámetro; es extirpada. En 1981, la enferma introduce la crema Budwig en su desayuno: es la única corrección realizada en el régimen alimenticio. En noviembre de 1983 sufre una segunda cesárea. El lipoma intraabdominal se ha vuelto a formar. Se lo deja en su lugar. Durante el embarazo la pierna izquierda adquiere un tamaño enorme. El peso de la joven aumentó en 20 kilos. Los lipomas se han endurecido. Veo a la enferma por primera vez el 2 de octubre de 1982. Su peso es de 68,8 kilos para una talla de 1,77 metros. Desde la infancia y hasta ahora ha presentado una mala resistencia a las infecciones triviales: rinitis, traqueítis, sinusitis crónica. Desde los 17 años padeció de eccema localizado en las orejas, y de migraña. Ha fumado desde los 16 años y hasta los 23 diez cigarrillos por día. Dispuestas en forma oblicua unas respecto de las otras, tres masas adiposas, cada una del volumen de un melón, ocupan el cuadrante inferior izquierdo del abdomen y el muslo izquierdo. Miden, respectivamente, 34/13, 25/11 y 26/14 centímetros. La piel que las recubre es totalmente equimótica. A su nivel, 25 centímetros por encima de la rótula, el muslo izquierdo mide 10 centímetros más que el derecho.

La alimentación se normaliza por la supresión de la margarina, la reducción de la ración de aceite prensado en caliente y la de mantequilla, y la introducción de cereales integrales con un aporte de vitamina C, 3 gramos por día, y de vitaminas A y E. En noviembre de 1984, comienzo de un tercer embarazo. El 18 de febrero de 1985, es decir, después de cuatro meses y medio de tratamiento, y en el tercer mes de embarazo, por primera vez desde su formación los tumores retroceden y se vuelven más blandos, más deprimidos. Miden 23/12, 18/11 y 18/11 centímetros. El 15 de mayo de 1985, es decir, a seis meses del embarazo, en lugar de adquirir una consistencia dura, los tumores son blandos y chatos. El

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tumor inferior del muslo está en vías de desaparición: sus límites se han vuelto borrosos. El perímetro del muslo izquierdo, a 25 centímetros de la rótula, es apenas 6 centímetros mayor que el del derecho. El 17 de julio de 1985 sufre su tercera cesárea. El 1° de octubre de 1985 su peso es de 72,500 kilos; vuelve a los 67 kilos tres semanas después. Se siente muy bien. El 29 de enero de 1986 el lipoma inferior ha desaparecido. En resumen, paciente con lipomas que aparecieron a los 12 años de edad, fueron extirpados a los 17 y 24 años y se volvieron a formar. Son cuatro, uno de ellos intraabdominal, que impide el parto por la vía natural. Durante el segundo embarazo adquirieron dimensiones monstruosas. La alimentación sana y el aporte de vitaminas A, E, etc., detienen su crecimiento, y ello a pesar del tercer embarazo. La regresión continúa durante 15 meses de observación. El lipoma inferior del muslo izquierdo ha desaparecido. Esta madre nos relata que el primer hijo, de los 7 años, es muy susceptible, difícil, y padece de sinusitis crónica. El segundo, que es un "bebé Budwig" (c/. pág. 71), tiene a los 3 años, un carácter alegre. CASO 35. M. 1909 (58 AÑOS). Lipoma gigante intraabdominal retroperitoneai En 1973 tuvimos ocasión de observar un caso análogo en un enfermo sometido periódicamente a grandes tensiones nerviosas. Un lipoma gigante que pesaba 4,5 kilos fue extirpado cuando el enfermo tenía 58 años, en 1967. Cuatro años y medio después, en el mismo lugar, volvieron a formarse dos tumores de la dimensión de una mandarina. Se trataba de liposarcomas malignos, extirpados en noviembre de 1971. Irradiación. Al cabo de trece meses, en diciembre de 1972, recidiva de dos tumores de la dimensión de una naranja: uno benigno, otro maligno. Son extirpados. Veo al enfermo el 2 de febrero de 1973 y obtengo una tregua relativa de 4 años y 10 meses, con sensación de bienestar, pero otra vez, un fibrolipoma benigno de 3 kilos se forma en el mismo lugar. Es extirpado en octubre de 1977. A ello le sigue el intento, por un cancerólogo, de estimulación inmunológica. Se lleva a cabo una nueva operación el 24 de abril de 1980: se extraen dos masas de un peso total de 7,2 kilos (!): se trata de liposarcomas retroperitoneales bilaterales. A partir de entonces, el paciente presenta dolores abdominales constantes y trastornos digestivos; adelgaza. Muere el 5 de julio de 1980. De tal modo, el intento de estimulación de los mecanismos inmunitarios, no sólo ha sido un fracaso, sino que parece haber activado los mecanismos tumorales: antes de la estimulación inmunológica se comprueba la producción de una masa tumoral benigna de 3 kilos en cuatro años y ocho meses; después de la estimulación, la formación de una masa tumoral maligna de 7,2 kilos en dos años y seis meses. ¡El lipoma gigante no debe ser considerado, entonces, como un proceso inofensivo!

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Cánceres cutáneos basocelulares recidivantes Cuando envejece, la piel de las personas de edad se cubre de manchas y de pequeñas excrecencias llamadas "grasa senil". Estas pueden crecer, causar prurito y sangrar. Entonces se han convertido en pequeños cánceres relativamente benignos denominados basocelulares, que es mejor eliminar. El dermatólogo los destruye con facilidad. Sin embargo, si no se cuida el estado general del paciente, pueden recidivar en forma fastidiosa. He aquí un ejemplo: CASO 36. F. 1903 (63 AÑOS) Una mujer, en apariencia de buena salud pero fatigada después de haber ejercido el oficio de portera durante 30 años, ve que una de esas pequeñas excrecencias aumenta de tamaño en 1957. Se la extirpa. No pasa nada durante nueve años. Pero en abril de 1966 el tumor reaparece en el mismo lugar. Esta vez, la extirpación es seguida de una recidiva seis meses después. Veo a la enferma por primera vez el 21 de noviembre de 1966. Su régimen alimenticio es deficiente, sobre todo en vitamina F. Consume 70 gramos de grasas adicionales por día: 30 gramos de mantequilla, 25 gramos de margarina y 15 gramos de aceite de maní refinado. Corrige su alimentación y ese tercer tumor es extirpado el 28 de noviembre, al cabo de una semana. ¡En esta oportunidad vuelve a formarse con suma rapidez y debe ser reoperado por cuarta vez, el 19 de diciembre! Se necesitan dos meses, por lo menos, para que el cuerpo perciba que está mejor cuidado. A continuación, la enferma hace controlar su salud y su hipertensión durante catorce años, es decir, hasta junio de 1980. En ese momento tiene 79 años. El cáncer recidivante ha sido curado en forma definitiva por la normalización del régimen alimenticio. Enfermedad de Hodgkin Se trata de una enfermedad tumoral particularmente maligna de los ganglios linfáticos. CASO 37. M. 1951 (11 AÑOS) En una familia en la cual se multiplican los casos de apoplejía, arteriosclerosis y reumatismo, y en la que una tía materna falleció a los 43 años de cáncer pulmonar y un primo hermano fue operado a los 5 años de un tumor abdominal, el paciente contrae fiebre paratifoidea a los 7 años. A partir de entonces, las trastornos digestivos son crónicos, con deposiciones constantemente pastosas y a menudo diarreicas. Su alimentación es rica en grasas saturadas, aceites refinados, carnes, huevos y leche. A los 11 años se declara una enfermedad de Hodgkin, con focos subclavicular y mediastínico derechos de la dimensión de un huevo de gallina. En el hospital, el niño es tratado con prednisolona; se le aplica radioterapia, seguida de la administración de ciclofosfamida durante ocho días y de vitaminas en dosis débiles. El niño abandona el hospital sin lesiones perceptibles, con una velocidad de sedimentación considerablemente mejor, pero debilitado e inapetente.

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Una semana después, es decir, el 2 de enero de 1962, se muestra febril y presenta bronconeumonía bilateral, que cura con la administración de un antibiótico de amplio espectro (cloromicetina 750 miligramos por día), pero que es reemplazada por un infiltrado de contornos policíclicos, a partir del foco hodgkiniano antes tratado, y que llega con rapidez al volumen de una naranja grande. Veo al niño por primera vez el 22 de enero de 1962. Su peso es de 33,6 kilos (- 5) y su talla de 1,48 metros. Su aspecto es muy inquietante: tinte lívido, disnea, adelgazamiento. Sometido a nuestro tratamiento, complementado con 20 miligramos de prednisolona y 750 miligramos de tetraciclina por día, así como por inyecciones de vitamina F intramusculares, su aspecto cambia y se normaliza. Trascurrido un mes, recuperó 5 kilos. Una interrupción prematura del tratamiento en marzo de 1963 es seguida por un último acceso de la enfermedad. En 1985, es decir, treinta y cuatro años después, no hay recaídas. Ha formado una familia y tenido hijos. No fue sometido a esplenectomía, ni radiaciones fuera de las zonas afectadas, ni a quimioterapia intensa y prolongada, medidas todas que disminuyen la resistencia inmunitaria y pueden producir esterilidad. CASO 38. M. 1898. Reticulosarcoma generalizado. Relación entre alteraciones intestinales y accesos sarcomatosos. Sobrevida de 40 años en 1987 Este hombre ha sufrido la ablación de las amígdalas a los 24 años por anginas repetidas. A los 45 años, forunculosis, que dura un año, y por lo tanto, mala resistencia a los microorganismos triviales. Desde los 49 años tiene diarreas muy frecuentes, y renuncia a las frutas. A consecuencia de una escarlatina contraída a los 18 años, se forman constantemente en la nariz costras sanguinolentas. A partir de estas lesiones se desarrolla un pequeño pólipo en la fosa nasal derecha. Es extirpado y el lugar se cauteriza en enero de 1947. El análisis histológico muestra que se trata de un tumor maligno (sarcoma retrotetial o reticulosarcoma). El enfermo tiene 49 años. La primera remisión dura once meses y luego el tumor vuelve a formarse en la nariz. Se practica una segunda operación, más amplia. La tregua siguiente es de diez meses. Aparece un nuevo foco tumoral en la clavícula izquierda. Es extirpado y luego irradiado en noviembre de 1948. Veo a este enfermo por primera vez el 12 de febrero de 1949. Es portador de un sarcoma ya generalizado. La sobrevida habitual, en estos casos, no pasa de los dos años. Se trata de un sujeto deportista y delgado. La piel de su espalda está constelada de pústulas y de cicatrices de acné; es demasiado seca en las piernas, donde existen várices importantes . En las fosas nasales se advierten costras sanguinolentas. El hígado es insuficiente. Se corrige su régimen alimentario. Recibe además vitamina A, complejo B y vitaminas C, E y F. Cuatro meses después mi paciente se siente muy bien. Las costras nasales han desaparecido. Comienza entonces una lucha épica contra la enfermedad, durante la cual mi esfuerzo fracasa en forma periódica por la indisciplina del paciente. Esta lucha ingrata continúa durante nueve años. 213

El enfermo, en efecto, sólo sigue mis consejos de manera esporádica. Acepta tomar las píldoras de vitaminas, pero, muy aficionado a las bebidas alcohólicas y a las comidas grasas (salchichas, crema batida, patatas fritas, manteca, etc.), abandona periódicamente toda la prudencia alimentaria, reacciona con diarrea, una tasa de bilirrubina del doble de la normal y formación de costras en la nariz. Estas aventuras son seguidas, con regularidad, de proliferaciones tumorales que exigen la participación del cirujano o del radioterapeuta. De pronto, y por dos veces, se produce, sin embargo, una prolongación de las remisiones hasta más de dos años, y luego los accesos de sarcoma se acercan entre sí. Las treguas obtenidas después de la sexta, séptima y octava recaída duran poco más de un año. La novena aparece en noviembre de 1956, apenas seis meses después de la octava. Es grave: numerosos focos óseos sucesivos; fractura espontánea de un codo. Radioterapia prolongada. Y después de cada acceso, el enfermo mantiene la disciplina durante algún tiempo, para volver luego a sus errores alimenticios, siempre con el mismo resultado. El acceso de prudencia es más prolongado después de esta novena recaída y las desviaciones del régimen son menos importantes y más espaciadas. En febrero de 1958 el hígado todavía es insuficiente y las costras siguen presentes en la nariz, pero no ha habido una nueva manifestación tumoral. En esa fecha, quince meses después del noveno acceso, visita a un colega, quien le habla con energía y le dice: "Ahora debe elegir, en forma decidida, entre la mantequilla y la vida.” Por fin, el enfermo se somete. Abandona el abuso periódico de bebidas alcohólicas y de grasas animales, toma con regularidad aceites ricos en vitaminas F, hace germinar trigo y lo consume todos los días; aumenta su ración de alimentos crudos. Dos meses después las deposiciones tienen forma y son regulares, la nariz ya no sangra y queda limpia. El acné se cura. Las costras nasales vuelven a formarse sólo durante los viajes, en los cuales no puede procurarse una alimentación sana. Su sarcoma no se ha vuelto a manifestar jamás. En 1987 tiene 89 años: ha sobrevivido cuarenta años a la aparición del sarcoma, y de ellos, treinta sin recaída. Sin embargo, durante el verano de 1975, pasa tres semanas en Rumania, donde come abundante carne de cordero y grasas animales. A su regreso, un grano pequeño en una pierna, ha aumentado de tamaño y sangra. Es un cáncer cutáneo (epitelioma espinocelular), que puede ser extirpado sin consecuencias. La naturaleza de este tumor es muy distinta de la del sarcoma, del cual parece haberse curado de modo definitivo. (Otros casos de tumores malignos, págs. 371 y siguientes.)

Grupo IV

Inmunidad aberrante: Enfermedades autoinmunes

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Un tejido que ha fijado una toxina o un virus es considerado ajeno al organismo, y éste debe rechazarlo. Esclerosis en placas Se trata de una enfermedad autoinmune, en la cual el tejido elegido como blanco es la vaina aislante de mielina de las fibras nerviosas. La frecuencia de esta afección no deja de aumentar en las sociedades industriales, y les proporciona el mayor contingente de enfermos y de inválidos jóvenes. Esta enfermedad tiene relación directa con nuestra alimentación abusivamente desvitalizada. Se corrige mediante el regreso a la alimentación sana y la supresión, gracias a ello, de las alteraciones digestivas, generadoras de factores tóxicos. Atacada desde un comienzo, antes de los grandes daños, es decir, en los dos o tres primeros años posteriores al establecimiento del diagnóstico, se cura por lo menos en un 75 por ciento de los casos. Esta afirmación se basa en la observación de centenares de pacientes, algunos de ellos durante más de veinte años. Si la enfermedad es antigua y avanzada, se estabiliza. Las mejorías espectaculares son posibles, pero no muy frecuentes. He aquí algunos casos particularmente notables. CASO 39. F. 1923. CAMPESINA La esclerosis en placas comienza en ella a los 38 años, en las últimas semanas de un embarazo, por una neuritis óptica, con debilidad general y trastornos del equilibrio. La cortisona la mejora en parte. A los 43 años se produce un empeoramiento, que se acentúa a lo largo de los dos años siguientes. A los 45 años, cuando recibo a la enferma, está débil, desequilibrada. Sentada, puede trabajar un poco en la casa, pero no logra mantenerse más de un cuarto de hora de pie. Su piel está increíblemente seca en todo el cuerpo; se la ve vieja y arrugada como una mujer de más de 70 años. La tasa de hierro sérico es la cuarta parte de la normal. Mi tratamiento estabiliza en forma progresiva la enfermedad. Luego comienza una lenta recuperación de las funciones perdidas. Hoy tiene 60 años, lleva una vida normal, activa y dirige por sí sola su hogar de campesina. Gracias al uso permanente de aceites ricos en ácidos grasos poliinsaturados y prensados en frío, su piel se ha vuelto normal, sedosa. En resumen: empeoramiento durante los siete primeros años, de los 38 a los 45. Quince años después del comienzo de mi tratamiento: desaparición de todos los síntomas de esa enfermedad nerviosa. Ha pasado en quince años del estadio IV-V al estadio cero. Está curada. CASO 40. F. 1934 En esta madre de familia y esposa de un pastor de Lille, se inicia a los 31 años una esclerosis en placas. Ha dado a luz cinco niños en siete años. Se encuentra agotada por esos partos demasiado

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próximos uno al otro y por los cuidados que exigen sus hijos, constantemente enfermos. De pronto pierde la visión del ojo izquierdo. La cortisona se la devuelve, pero muy pronto la paciente tiene en cada período menstrual una crisis de gran debilidad acompañada de pérdida del equilibrio, de la cual ya no se repone. En menos de un año queda postrada. La veo en el segundo año de su enfermedad, el 4 de julio de 1966. Catorce meses después el progreso es enorme. Por lo demás, toda la familia se siente mejor después de la normalización de la alimentación: ya no hubo en ninguno de los cinco niños una sola caries dental; ninguno de ellos ha estado enfermo. Al cabo de dos años y medio de tratamiento, la situación nerviosa es normal, y ese estado se mantiene después de diecisiete años. Ha pasado de la etapa VI de la enfermedad a la etapa cero. Está curada. CASO 41. F. 1926. SECRETARIA La esclerosis en placas se manifiesta en esta joven de 25 años por trastornos de la visión y pérdida del equilibrio. Ello ocurre en tres meses. Tres meses después, recaída grave e incapacidad para el trabajo durante un año. Durante dos años, la enferma come alimentos crudos según el método preconizado por Evers. Se repone, pero ese régimen es difícil de seguir, y cada desviación da lugar a una recaída. La enfermedad se agrava por etapas hasta los 31 años. Veo a la paciente en el sexto año de su enfermedad (1957). La alimentación que prescribo es normal y mucho más fácil de aceptar que la recetada por Evers. La enfermedad se estabiliza. Las alteraciones del equilibrio desaparecen y cinco años después el estado del sistema nervioso es normal. La paciente se casa y da a luz un niño a los 38 años. En 1986, treinta y cinco años después del comienzo de su enfermedad, desarrolla una vida profesional normal. Está curada. Ha pasado de la etapa II/III a la etapa 0. Tiempo de observación: veintinueve años. CASO 42. F. 1940. CAMPESINA DE AUVERGNE La esclerosis en placas comienza en esta mujer a los 32 años, con una pérdida de visión del ojo derecho, por neuritis óptica. La cortisona mejora a la paciente, pero persiste una secuela que será definitiva. Tres meses más adelante, hemiparesia, que desaparece en parte con siete meses de hospitalización. Ocho meses después, en julio de 1973, tiene una recaída acentuada. Las inyecciones de ACTH no producen efecto alguno. Veo a la paciente en el segundo año de su enfermedad, el 8 de octubre de 1973. Al cabo de tres meses mejora: recupera el equilibrio y ya no se cae. Después de dos años de tratamiento, de su enfermedad sólo queda un ligero déficit de la visión en el ojo derecho, que data del primer acceso. La capacidad de trabajo ha sido recuperada, y ese estado de curación se mantiene en 1986, es decir, trece años después. Ha pasado de la etapa III/IV a la etapa 1/0.

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CASO 43. F. 1915. PARISIENSE La esclerosis en placas se inicia en esta mujer a los 42 años, por una neuritis óptica del lado izquierdo, seguida cinco años después de parálisis general y de una neuritis óptica derecha. Su estado se deteriora. Veo a la paciente en 1965, en el octavo año de su enfermedad. Está rígida y su marcha es desequilibrada, difícil. No puede descender las escaleras o caminar por la calle sin ser sostenida. Tiembla. Veintidós años más tarde vive sola, se desplaza sin bastón por la calle. Le molesta una artrosis de la columna, pero su enfermedad nerviosa ya no se manifiesta. El estado se mantiene estable en 1986. Ha pasado de la etapa III/IV a la etapa I/II. CASO 44. M. 1931. EMPRESARIO Una esclerosis en placas, progresiva desde el comienzo, y por lo tanto de mal pronóstico, se inicia en este hombre a los 24 años. Empeora durante nueve años y culmina en una invalidez y una dependencia totales. Las dos piernas y el brazo derecho son afectados. El paciente no puede vestirse ni bañarse solo; se desplaza en silla de ruedas o con dobles bastones ingleses. Lo atiendo en 1965. Tiene 34 años. Le explico el mecanismo de su enfermedad, que entiende. Sigue fielmente su tratamiento y a partir de entonces no deja de realizar progresos. En la actualidad, a los 55 años, se desplaza libremente y bebe apenas. Ha reanudado en parte su trabajo de empresario. En veintiún años no ha tenido en momento alguno una agravación de la enfermedad, antes regularmente progresiva. Ha pasado de la etapa V a la etapa 1/0. CASO 45. M. 1935. CORREDOR DE COMERCIO La esclerosis en placas, progresiva desde el comienzo, se inicia en este hombre a los 37 años. Un año después las piernas están rígidas y la marcha resulta difícil, se tambalea y tiembla. Su profesión lo obliga a comer en restaurantes. Un tratamiento con ACTH y con vitamina B12 no aporta mejoría alguna. Lo veo el 21 de septiembre de 1974, en el tercer año de su enfermedad. Dos meses después del comienzo de mi tratamiento, y por primera vez, se produce una mejoría que va acentuándose. En 1986 sólo queda como secuela de su esclerosis en placas una ligera falta de equilibrio, ptosis palpebral, y debilidad relativa de la pierna izquierda, que no le impiden realizar una marcha de cuatro horas por la montaña o de 13 kilómetros en esquí. El tiempo de observación ha sido de doce años. Ha pasado de la etapa III de su enfermedad a la etapa I.

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Esclerodermia Enfermedad autoinmune del tejido conectivo CASO 46. F. 1908 (64 AÑOS) La enfermedad se inició en esta mujer cuando tenía 57 años y se agravó de manera progresiva. Veo a la paciente por primera vez el 1° de septiembre de 1972; tiene 64 años. Experimenta problemas para deglutir y se queja de trastornos digestivos. Su piel es gruesa, adherida a los planos profundos en la nuca, en el rostro, en los antebrazos y en forma cada vez más notable a medida que se desciende hacia las manos, en la cara dorsal de las cuales no se pliega. La palma de las manos es gruesa, violácea, tirante. Los dedos están rígidos y su movilidad se encuentra reducida a 30 grados en todas las articulaciones. El tejido subcutáneo del abdomen es pastoso. Callosidades grandes y dolorosas se observan en los cinco dedos y la planta del pie derecho. La alimentación es la "habitual", con 53 gramos de grasas (13 gramos de grasa vegetal, 16 gramos de aceite de girasol refinado y 24 gramos de manteca) y muy pobre en vitaminas E, F y B. Seis semanas después de la normalización de la alimentación, la nuca, el abdomen, los antebrazos, la espalda y la palma de las manos comienzan a normalizarse. A partir de entonces, prescribo una revitaminización intensa A, B, C, E y F (esta última en inyecciones intramusculares). La enferma pasa un excelente invierno, sin las ulceraciones habituales en las yemas de los dedos. Después de siete meses de tratamiento, es irreconocible. La piel de la cara, que se ha vuelto fina, puede deslizarse sobre los planos subyacentes. Los pliegues radiales de alrededor de la boca desaparecen. Las manos han perdido la infiltración. La movilidad de las articulaciones aumenta en un 50%. Cuatro de las seis callosidades desaparecieron, y las otras dos retroceden. Lupus eritematoso de localización renal (Afección glomerular) Esta enfermedad autoinmune es considerada incurable por las autoridades universitarias. CASO 47. F. 1949 (35 AÑOS) El padre de esta mujer es cardíaco. Una tía paterna falleció a los 45 años de un cáncer generalizado. La madre, de 67 años, diabética, padece de angina de pecho. Cuatro tíos maternos son también cardíacos; dos de ellos han muerto de infarto de miocardio. Todo esto es testimonio de los malos hábitos alimenticios familiares. Mi paciente experimentó crisis epilépticas desde los seis meses hasta los 28 años; todavía se encuentra bajo medicación anticonvulsivante permanente. A los 28 años sufrió la ablación total de las trompas y la parcial de los ovarios, asiento de formaciones quísticas. La enfermedad actual se inició cuando tenía 23 años, con dolores articulares generalizados. Cuando estaba sentada no podía ponerse de pie (febrero de 1972). Hospitalizada por primera vez en junio de 1972, fue tratada con cortisona en dosis variables hasta el presente, es decir,

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durante doce años. De 1972 a 1984 tiene numerosas hospitalizaciones por flebitis, embolias pulmonares, bronconeumonías, pericarditis y luego lupus eritematoso renal. Desde 1977 se encuentra constantemente bajo la administración de un anticoagulante. Toma de 5 a 10 miligramos de prednisona por día. La veo por primera vez el 12 de marzo de 1984. Su peso es de 67 kilogramos para una talla de 1,71 metros; su tensión arterial es de 145/90 milímetros de mercurio. En el suero sanguíneo, los niveles de colesterol (363 miligramos por ciento; normal máximo: 220), de ácido úrico (465 milimoles por litro, normal máximo: 260) y de urea (10,6 milimoles por litro, normal máximo: 8) son demasiado elevados y testimonian una insuficiencia renal. En cambio, la tasa de hierro sérico es muy baja (33 gammas por ciento, normal: 120). Además, presenta una intensa albuminuria; la presencia de glóbulos rojos y blancos y de cilindros granulosos en el sedimento urinario, pone de manifiesto la inflamación renal. El pH urinario es de 5. La paciente presenta facies de luna llena, atribuible al trata miento cortisónico. La piel es seca y está cubierta de manchas pardas, producto de pequeñas hemorragias cutáneas antiguas, por fragilidad capilar, y favorecidas por la anticoagulación. Sus uñas son papiráceas. La tasa de hemoglobina es de 60 por ciento y la velocidad de sedimentación de los glóbulos rojos de 18 milímetros en una hora con el micrométodo (normal = 6). Como el único consejo dietético que se le dio en el hospital era el de abstenerse de la sal de mesa, su alimentación sigue siendo de tipo moderno y muy deficiente en vitaminas F. Sin embargo, desde hace tres semanas ha introducido la crema Budwig en su desayuno. La alimentación es corregida con el agregado de vitaminas A, B, C y E por vía oral e intravenosa y de extracto de hígado adicionado de oligoelementos para combatir la anemia, de fitosterol para normalizar la tasa de colesterol por fijación del excretado por la bilis con el medicamento y su eliminación por las deposiciones. Dos meses después se siente mucho mejor. La fatiga permanente ha desaparecido. Está menos abotagada y la orina casi se ha normalizado. La dosis de cortisona (prednisona) fue reducida a 5 miligramos, día por medio. La sequedad de la piel desapareció. En agosto- septiembre un pequeño acceso de albuminuria, con artralgias, cede en seis días, después de un enema, de dos días de frutas crudas y de un breve aumento de la dosis de cortisona a 15 miligramos y luego a 10 miligramos dos veces por día durante dos días, y finalmente, a 5 miligramos diarios. El 26 de noviembre de 1984 la orina es normal, las articulaciones ya no duelen, el peso ha disminuido a 62,5 kilos. La dosis de cortisona se redujo a 2,5 miligramos cada dos días. La hinchazón ha desaparecido. El 5 de febrero de 1985 se siente muy bien. En el sedimento urinario sólo persisten muy pocos glóbulos rojos. El 11 de abril de 1985 se extirpa por conización un pequeño cáncer del cuello del útero. ¡Desde el 25 de junio de 1985, ya no toma más anticoagulantes, un tratamiento de ocho años! Las menstruaciones, que habían desaparecido a los 28 años, como ocurre habitualmente en las 219

enfermedades muy graves, reaparecen después de una interrupción de siete años y medio, lo cual indica la curación. ¡Ya no necesita cortisona! Durante el invierno de 1984-1985 queda protegida contra las infecciones gripales, susceptibles de reactivar la enfermedad, por medio de vacunas inyectable y oral (administrada diez días por mes durante todo el invierno). En el último control, el 6 de junio de 1985, se encuentra muy bien. Todas las anomalías urinarias y sanguíneas que caracterizan su enfermedad han desaparecido. La tasa de colesterol es de 155 miligramos por ciento. Sólo la concentración de hierro sérico (77 gammas por ciento, normal = 120) y la de hemoglobina (77 por ciento) son un poco bajas. Como ha entendido muy bien el papel que desempeña la alimentación en su enfermedad, ingiere alimentos crudos en verano, y según las ideas que preconizo, durante las otras estaciones también. En resumen: una joven gravemente afectada desde los 23 años por una enfermedad que empeora progresivamente y que culmina en una insuficiencia renal por lupus renal, a pesar de los numerosos tratamientos con cortisona. La enfermedad es considerada incurable por la medicina oficial, pero todos los síntomas desaparecen en quince meses de nuestro tratamiento. La reaparición de las menstruaciones después de una amenorrea de siete años y medio señala, en apariencia, la curación. Esta se mantuvo hasta julio de 1986, momento en el cual tiene un acceso de lupus, seguido por otro en noviembre. La veo nuevamente en diciembre y descubro que desde hace un año, más o menos, cambió de proveedor de aceite de girasol y lo compra en un gran establecimiento, en lugar de hacerlo en la tienda de productos dietéticos. Ha empobrecido su organismo en vitamina F biológicamente activa, y de ahí la alteración de su equilibrio inmunitario. Nefrosis lipoídica Enfermedad autoinmune de los túbulos renales CASO 48. F. 1951 (28 AÑOS) Su madre, diabética, sufrió un infarto de miocardio a los 57 años. Su padre padece de cálculos renales. Su hijo, nacido en 1976, presentó desde el primer año de vida ese eccema "atópico" que la medicina oficial no sabe curar, pero que desaparece tras meses de alimentación normalizada con supresión de la mantequilla. Ella misma, "desde siempre" tiene cuatro o cinco resfriados por año, a menudo complicados con sinusitis, y padece de estreñimiento crónico, casi permanente. Desde los 19 años ha tenido hemorroides externas, tratadas en varias oportunidades con inyecciones esclerosantes. Casada a los 22 años, su primer hijo nace cuando tiene 25 años, en 1976. A fines de 1978, su peso aumenta bruscamente más de 3 kilos, aparece hinchazón de la cara, sobre todo a nivel de los párpados, y albuminuria importante (4,6 gramos por litro). Diagnóstico: nefrosis lipoídica. Es tratada con cortisona, en forma casi continuada, desde septiembre de 1978 hasta junio de 1979. El resultado de ello es la desaparición temporaria de la albuminuria en marzo, pero su reaparición a cada intento de interrupción del tratamiento. Muy fatigable, ha debido suspender su trabajo desde septiembre de 1978. El 31 de octubre de ese año, la eritrosedimentación es de 42 milímetros en una hora, la colesterinemia de 452 miligramos por ciento (normal máxima: 220), los lípidos 220

totales de 112 miligramos por ciento (normal 50-70), la concentración de proteínas séricas de 4,7 gramos por ciento (normal: 6-7), la relación albúminas/globulinas = 61/39. En junio de 1979 la cortisona fue reemplazada por un antiinflamatorio. La veo por primera vez el 26 de junio de 1979. Su peso es de 48,7 kilos para una talla de 1,64 metros, su albuminuria de 2.8 gramos en 24 horas y su tensión arterial de 140/80 milímetros de mercurio. Su piel es seca y su lengua saburral. Ha perdido mucho cabello desde los tratamientos cortisónicos. Come sin sal, una alimentación moderna con grasas denominadas vegetales y aceites prensados en caliente. Su alimentación es corregida y completada con vitaminoterapia A, B, C y E por vía oral y en inyecciones intravenosas, y con extracto de hígado antitóxico. A partir de entonces ya no tiene más edemas. Después de seis meses de tratamiento, se siente mucho mejor. El estreñimiento y los dolores de cabeza han desaparecido y el peso ha aumentado en 2 kilos. Desde junio de 1980 la albuminuria se repite, por primera vez sin cortisona. El antiinflamatorio se suprime en octubre de 1980. Reanuda su trabajo en un 50 por ciento en septiembre de 1980, después de una interrupción de dos años. Pero la tasa sanguínea de colesterol sigue siendo muy elevada: 441 miligramos por ciento (normal: menos de 200 miligramos por ciento). A partir de entonces toma con regularidad, dos veces por día, dos gramos de fitosterol y elimina ese exceso de colesterol con la materia fecal. En septiembre de 1981 la colesterinemia es de 205 gramos, normal. En octubre de 1981 la albuminuria desaparece en forma definitiva. Concibe un niño en diciembre de 1982 y se siente mejor durante ese segundo embarazo que a lo largo del primero. El niño nace el 25 de septiembre de 1983; pesa 3,380 kilos, es normal y vigoroso, agradable y alegre como todos los "bebés Budwig", en tanto que el mayor, que se había visto afectado de eccema atópico, es de carácter muy inestable. En diciembre de 1985, es decir, seis años después del comienzo de mi tratamiento, sigue bien. En resumen: mujer joven aquejada de nefrosis lipoídica a los 27 años. Se trata de una enfermedad grave, autoinmune, de los túbulos renales y de pronóstico dudoso, que causa la aparición de edemas y de albuminuria acentuada, con disminución del nivel de proteínas sanguíneas y elevación de las concentraciones de colesterol y de lípidos en el suero sanguíneo. Es tratada con cortisona durante diez meses, sin que se lograra una estabilización de la enfermedad. La alimentación es corregida en 1979 con el aporte abundante de vitaminas. La paciente se siente mucho mejor y reanuda su trabajo en un 50 por ciento al cabo de quince meses de tratamiento. Todo se normaliza después de dos años, como ocurre en forma habitual con las enfermedades crónicas graves sometidas a mi tratamiento. Comienza un embarazo a fines de 1982, que culmina sin complicación alguna. Miopatía Enfermedad autoinmune del músculo estriado CASO 49. M. 1919 (62 AÑOS)

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Su padre, bebedor y fumador, tuvo un cáncer de la lengua, causado por el contacto de la boquilla de la pipa, y luego un cáncer intestinal propagado al hígado. El hermano, dos años menor, nacido prematuramente de siete meses, siempre fue melancólico, trabajó de payaso y se suicidó a los 58 años. Por su parte, él sufrió siempre de hipotensión y fue tratado, entre los 30 y los 33 años, con hormona suprarrenal. Tuvo mala salud desde la infancia: infecciones gripales muy frecuentes, anginas, otitis; mastoiditis operada a los 7 años; apendicectomía con peritonitis a los 13 años; amigdalectomía a los 17 años. A los 17 y 27 años, presentó dos episodios de ictericia. La mala resistencia a las enfermedades triviales persiste hasta los 40 años, momento en que adopta un régimen vegetariano. A los 29 años, un traumatismo craneano grave, con coma durante cinco días, le exigió seis meses para reponerse. En 1964, a los 45 años, experimenta por tercera vez una hepatitis viral, después de la cual queda en un estado de gran debilidad. En febrero de 1976, tras minuciosos exámenes en dos servicios universitarios y de una biopsia muscular, se formuló el diagnóstico de miopatía atípica con una tasa de creatinfosfoquinasa normal. No se le propone tratamiento alguno. Por su cuenta, el paciente intenta primero la fisioterapia y luego diversos vigorizantes, pero sin éxito. Pierde sus fuerzas en etapas cada vez más próximas entre sí, a veces en ocasión de infecciones gripales, y permanece postrado y somnoliento gran parte del día (16 horas sobre las 24). Ya sólo puede efectuar marchas de 500 a 600 metros en terreno llano y apoyándose en un bastón. Desde los 60 años de edad no le ha sido posible ya ninguna relación sexual. Ha recibido todo tipo de "fortificantes": cortisona, vitaminas B12, B6, nicotinamida, adenosintrifosfato, extractos embrionarios, magnesio, vitaminas A y E, gammaglobulina en inyecciones de 5 mililitros, una vez por mes; todo ello sin beneficio evidente. Lo veo por primera vez el 1º de mayo de 1981. Su peso es de 47 kilos para una talla de 1,73 metros (déficit de peso de 15 kilos en relación con el mínimo normal de 62 kilos). La tensión arterial es de 120/70 milímetros de mercurio. Su lengua es saburral. La próstata, hipertrofiada desde los 52 años, tiene la dimensión de una naranja e impide la micción. Debe orinar cinco a seis veces en la noche. La orina es hiperácida (pH 4,5 - 5). La marcha es lenta, con el anadeo del pato y con una separación de 20 centímetros entre los talones; tiene los pies desviados 30 grados hacia afuera. Asciende los peldaños de una escalera apoyando las manos en las rodillas. Acostado, puede levantar las piernas hasta la vertical y pedalear en el aire, pero con un esfuerzo desproporcionado. No se puede sentar, a partir de la posición acostado, sin tomarse de los muslos. Los reflejos tendinosos son normales. La fuerza muscular basta apenas para vencer el peso de los miembros inferiores; no puede superar la menor resistencia; le cuesta demasiado esfuerzo trasponer el umbral de una puerta. Los miembros superiores son apenas más vigorosos. Para escribir debe sostener la mano derecha con la izquierda; tiembla con el esfuerzo desmesurado. Su alimentación es vegetariana desde hace veinte años. Por la mañana, come frutas secas y frescas; al mediodía y a la noche: tres huevos por semana, legumbres crudas y cocidas, patatas, pastas y arroz blanco, distintos quesos, dos yogures por día. Las grasas adicionales, industriales, son la margarina y aceites comprados en grandes tiendas.

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Este régimen es corregido por la introducción de granos oleaginosos, cereales integrales y aceites prensados en frío, con exclusión de cualquier producto refinado. Receto inyecciones intravenosas de vitaminas dos veces por semana, 1 gramo de vitamina C por día, hormona masculina a razón de 5 miligramos dos veces por semana, vitaminas A y E y un alcalinizante de la orina para la corrección del pHA principios de mayo es hospitalizado por una crisis de angina de pecho. El 24 de junio de 1981, es decir, siete semanas después del comienzo de mi tratamiento, se siente mejor, más fuerte, menos somnoliento. Dice haber ganado dos horas de vigilia por día: se mantiene en pie seis horas en lugar de cuatro. El peso ha aumentado en un kilo. La marcha es todavía un poco rígida, pero la separación de los pies se ha reducido a 5-10 centímetros. Continúa cansándose con los esfuerzos. Le receto digital. Cuando lo vuelvo a ver el 10 de marzo de 1982, ha pasado el mejor invierno desde hace siete años. Antes no tenía fuerzas para limpiarse los pies en un felpudo. Ahora ello no le causa problema alguno. Puede caminar 1 kilómetro en lugar de los 200 metros de antes. Ya sólo orina dos o tres veces por noche, en vez de cinco o seis. Le prescribo un anabolizante por vía intramuscular, dos veces por mes. El 15 de junio de 1982, al cabo de trece meses de mi tratamiento, su peso es de 50 kilos. "Es espléndido", dice. Sus fuerzas aumentan con regularidad. ¡En septiembre de 1982 ha rejuvenecido 10 años! ¡Por primera vez en mucho tiempo pudo visitar una feria durante tres horas! En marzo de 1983 abandona su bastón. En junio de 1985 soporta muy bien una operación de la próstata. Su peso es de 54 kilos. Su marcha se ha vuelto suelta y rápida. Puede subir con facilidad un taburete de una altura de 45 centímetros. Parte para España a pasar el invierno. En resumen: hombre de 45 años afectado de miopatía, enfermedad progresiva, que a los 63 años llega a un estado de debilidad extrema. Los servicios universitarios que hicieron el diagnóstico después de la biopsia no propusieron tratamiento alguno. Nuestro tratamiento mejora su estado en forma notable y lo devuelve a la vida normal. La ganancia de peso es de siete kilogramos en cuatro años, por la recuperación previa de la musculatura. Miopatía seudohipertrófica progresiva de Duchenne No se sabe si se trata de una enfermedad genética o autoinmune, o bien de una enfermedad genética con alteración inmunitaria. CASO 50. M. 1970 (5 AÑOS) El niño no presenta nada de anormal hasta los 4 años de edad, y luego la madre observa que se fatiga con facilidad, que trata de tenderse durante el día, que juega acostado. En la primavera de 1975 es hospitalizado en la clínica infantil de la Universidad de Zurich. La biopsia muscular, la electromiografía y el análisis de sangre -creatinfosfoquinasa: 1.353 U por milímetro (normal = 173 de máximo), desoxihidrogenasa láctica: 1.144 (normal = máximo 1040 U), transaminasa GOT 223

98 U (máximo normal = 45), deshidrogenasa hidroxiláctica (HBDH): 666 U (máximo normal = 140 U)- confirman el diagnóstico de distrofia seudohipertrófica de Duchenne. Es una enfermedad progresiva, que evoluciona hacia la parálisis y la incapacidad total para la marcha, en la adolescencia, y luego la muerte entre los 20 y los 30 años, por parálisis del diafragma o infecciones intercurrentes. No se conoce ningún tratamiento eficaz. La fisioterapia intensiva tiende a aumentar la eficacia de los músculos todavía no afectados. Veo por primera vez a este paciente el 5 de diciembre de 1975. Su peso es de 18,8 kilos (= + 0,3) para una talla de 1,08 metros (= - 2 cm). La fuerza muscular de los cuatro miembros se encuentra disminuida claramente, sobre todo con la extensión. Las pantorrillas son muy voluminosas por aumento del tejido graso (seudohipertrofia). El niño se acuesta cuatro a cinco veces al día por agotamiento, y sólo puede marchar a su ritmo anormalmente lento de 2 a 3 horas. Su alimentación se compone de leche o chocolate, rebanadas de pan con manteca y dulce por la mañana; al mediodía pastas o arroz blanco, polenta, patatas, carne cuatro veces por semana; leche con pan y chocolate a las 4 de la tarde; café con leche completo por la noche. La ración de mantequilla es de 60 gramos por día y por persona; para el aceite de girasol refinado y las grasas vegetales es de 11 y 4 gramos, respectivamente, en total, 75 gramos por día y por persona, ración de la cual el niño tiene su parte. Este régimen se caracteriza por un aporte en gran medida insuficiente de vitamina F biológicamente activa. Se corrige la alimentación. Recibe un suplemento de vitaminas y oligoelementos, polvo de hueso y citrocolina para llevar su pH urinario de 5 a 7-7,5. En octubre de 1977 se siente mejor, ya no se acuesta durante el día y puede recorrer 8 kilómetros. La enfermedad deja de evolucionar y permite una escolaridad normal con la única dispensa de las clases de gimnasia. Al cabo de tres años y cuatro meses de tratamiento, el 9 de marzo de 1979, el peso es de 26 kilos y la talla de 1,26 metros (normal). La enfermedad se ha estabilizado. Corre menos que sus compañeros, pero ha podido descender por un sendero de montaña de 1.500 a 400 metros de altura. Por la noche usa tablillas para mantener los pies en ángulo recto. En 1980 todavía continúan sus progresos, y se puede sentar en el suelo y levantarse sin apoyarse en las rodillas, como lo hacen clásicamente los miópatas. En 1983, a los trece años, es más resistente. Esquía en pista. Es cierto que sólo realiza de cuatro a cinco descensos de 800 metros, en tanto que su hermano de 10 años hace el doble. La tasa de creatinfosfoquinasa (CPK) se mantiene siempre demasiado elevada : en el otoño de 1983 es de 1.300 U; en el invierno de ese año, de 2.700 U; en el otoño de 1984, de 1.300 U; en la primavera de 1985, de 750 U; el 13 de octubre de 1986, de 864 U. A lo largo de los años ha seguido con regularidad una sesión de fisioterapia hebdomadaria. En mayo de 1985 tiene 15 años; presenta un extenso acné en el rostro, el tórax y la espalda, tratado con el aporte de 2 gramos de aceite de onagra, rico en ácido gammalinolénico, y con un desinfectante local. El 3 de septiembre de 1985 el acné mejora. La fuerza muscular es excelente. Camina y corre con normalidad; puede ascender por las escaleras y bajarlas saltando un 224

peldaño; se trepa con facilidad a un taburete de 55 centímetros de altura, apoyándose apenas en la rodilla flexionada. Sentado en el suelo, se pone de pie normalmente, con facilidad. Este resultado es espectacular. El tiempo de observación ha sido de 11 años. Nuestro miópata, tomado por fortuna en la infancia, reaccionó a la normalización de la alimentación tal como los enfermos afectados de esclerosis en placas. Todo permite creer que, fuera de cierta debilidad genética, que explica la multiplicidad de los casos en algunas familias, se trata de una enfermedad autoinmune que ataca a las células musculares. La normalización de la alimentación establece una inmunidad normal y suprime los procesos de autoinmunización.

Grupo V

Inmunidad perdida: el SIDA Desde hace unos años ha aparecido una nueva enfermedad, el SIDA, sigla del síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Esta enfermedad es provocada por un virus que destruye a los linfocitos T. En nuestra opinión, es apenas una forma complementaria de trastorno inmunitario. Por lo tanto, esta enfermedad debería reaccionar de manera favorable a: 1. Una normalización de la alimentación con aporte abundante de vitamina F y supresión de cualquier otra sustancia grasa. 2. Un aporte abundante de otras vitaminas, como lo hacemos de manera sistemática con todos nuestros enfermos (vitaminas A, B, C y E, por vía oral y en inyecciones intravenosas al menos dos veces por semana), y la supresión de las carencias eventuales, muy en especial las de hierro, magnesio y otros oligoelementos. 3. Un aporte generoso del precursor de la PGA1 indispensable en todas las células para asegurar su nutrición y sus funciones normales, y por lo tanto, también para los linfocitos T y B, encargados de la inmunidad (proponemos por lo menos seis cápsulas de aceite de onagra de 500 miligramos por día. 4. Una normalización del pH urinario mediante la administración de citratos alcalinos. Un caso de SIDA congénito, en una niña, de dos años y medio de edad, cuando se la consideraba perdida a los 6-12 meses de fracaso por el servicio universitario, reaccionó de manera muy favorable a este tratamiento. La rinofaringitis y la enterocolitis persistieron a pesar del aporte regular de antibióticos y de gamma-globulina en perfusión; el estado febril, la hepatoesplenomegalia, las erupciones papulosas en todo el cuerpo y piel arrugada y seca, sobre todo en los pies, desaparecieron en pocas semanas de tratamiento. La niña, vivaz y alegre, se recuperó con rapidez de su retardo de crecimiento y de peso. La duración actual de la observación es de un año y medio. 225

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Enfermedades heredodegenerativas La alimentación domina la vida. Muchas cosas anotadas en la cuenta de la herencia deberían ser atribuidas a la alimentación defectuosa... KATASO, autor japonés Las enfermedades genéticas pueden ser agravadas por las carencias inherentes a nuestra alimentación modernas y mejoran por la supresión de ésta. Es dable tratarlas con eficacia, contrariamente a las ideas admitidas en general. Como los genes son partículas vivas, necesitan ser nutridos al igual que el resto del organismo: un gen bien alimentado trabaja mejor que uno mal alimentado. Condrodistrofia epifisaria familiar La condrodistrofia epifisaria es una enfermedad en la cual la estructuración de las extremidades óseas, muy especialmente en los codos y en las rodillas, es anormal por deficiencia del gen correspondiente; ello provoca una deformación y una disfunción, y luego un desgaste prematuro de las articulaciones afectadas. CASO 51. F. 1937 (30 AÑOS) Esta mujer pertenece a una familia en la cual nueve miembros son portadores de la anomalía; en las dos últimas generaciones, todos, es decir, siete en total, se encuentran más o menos afectados por ella, y esto con independencia del sexo. La enfermedad apareció por primera vez en el abuelo paterno. En las generaciones precedentes parece no haber existido. Nuestra paciente presenta una mala resistencia a las infecciones triviales hasta la edad de 25 años y manifestaciones alérgicas: bronquitis asmática de los 25 a los 27 años, edemas de Quincke, que se repiten cada dos a tres semanas y se manifiestan por una brusca inflamación localizada y pasajera que aparece en cualquier parte, sin razón aparente. En las rodillas, los cartílagos se fragmentan: pequeños restos móviles se introducen como cuñas y bloquean la articulación. A los 25 y 29 años se extirpan el menisco y muchos de esos restos de la rodilla derecha. La veo por primera vez el 31 de enero de 1967. Pesa 55 kilos para una talla de 1,68 metros. Las piernas están deformadas en X y presenta gran debilidad muscular. Muy limitada, no puede hacer la limpieza de su casa, ni transportar pesos, así como tampoco caminar más de 30 minutos sin tomar un calmante. Le resulta imposible saltar. Después de un esfuerzo excesivo aparecen dolores nocturnos. Un fragmento de cartílago se desplaza en el codo derecho, que no puede extenderse. La tez es amarillenta y la piel de la espalda seca. Se le cae el cabello y sufre de

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gingivitis. Su estado nervioso es inestable. Su lengua aparece saburral. Su hierro sérico es de 78 gammas por ciento (normal = 120). Prescribo la corrección de la alimentación, vitaminoterapia y aporte de calcio, hierro, citratos. Seis meses después se muestra menos fatigable. Los accesos de edema alérgico han desaparecido. En la esperanza de mejorar la nutrición de los cartílagos articulares enfermos, y con ello la función de los genes deficientes, le practico, a partir de octubre de 1970, inyecciones de extracto de cartílagos, a razón de 2 milímetros por vía intramuscular dos veces por semana, durante tres meses, con otros tres de intervalo. Después de la primera sesión, los dolores nocturnos desaparecen; la enferma desciende por las escaleras con más facilidad. El segundo tratamiento se lleva a cabo de mayo a septiembre de 1971. La enferma se encuentra mucho mejor a partir de la tercera semana; se fatiga menos, puede caminar dos horas en lugar de media hora y ya no tiene dolor alguno cuando camina a su propio ritmo. "Es magnífico", nos dice. En octubre de 1971 la rodilla derecha puede ser flexionada con normalidad, en lugar del déficit de 100 grados del principio. Ahora le resulta posible saltar. Un año después, las rodillas ya no se han vuelto a inflamar. Han desaparecido los dolores musculares y la rigidez, de los cuales la enferma padecía desde los 13 años. El progreso es enorme. En 1973 todavía se extraen dos restos móviles de la rodilla derecha. Por primera vez desde hace mucho tiempo no aparece en tres años ninguna caries dental nueva. Sus dos hijos, nacidos en 1958 y 1964, tienen como ella condrodistrofia epifisaria, con compromiso preferente de las rodillas. CASO 52. M. 1958. HIJO MAYOR DEL CASO PRECEDENTE Este niño padece, desde los 8 años, de migraña, con vómitos. Lo veo por primera vez el 30 de noviembre de 1970. Tiene 12 años. Su peso es de 28,9 kilos para una talla de 1,39 (-3); sus piernas están incurvadas en X y son demasiado cortas en relación con el tronco, mientras que las rodillas son globulosas, sobresalientes hacia adentro; debe caminar apartando las piernas para no chocarlas a cada paso. En la flexión, la rótula de la rodilla izquierda se luxa hacia el exterior, lo cual exigirá una operación correctiva a los 13 años. La fuerza muscular está muy disminuida en los miembros inferiores. Las mandíbulas son hipoplásicas. Después de la normalización de la alimentación, las cefaleas desaparecen. Receto extracto de cartílago (1 mililitro dos veces por semana, en inyecciones intramusculares durante tres meses, dos veces al año). En 1972 camina mejor, se fatiga menos. En 1974, a los 16 años, puede seguir la clase de gimnasia; hace el recorrido en torno del lago Leman en bicicleta (¡más de 200 kilómetros!). Emprende un aprendizaje normal de mecánico electrónico con largas horas de trabajo de pie. Desde el cambio de alimentación no ha aparecido ninguna caries dental nueva. CASO 53. M. HERMANO DEL CASO PRECEDENTE 227

A los 4 años, carece de flexibilidad, le cuesta trabajo ponerse de pie cuando está sentado y le duelen las rodillas después de una marcha de 20 minutos. La alimentación se ha normalizado en 1967, es decir, a los 3 años de edad. Lo veo por primera vez el 30 de noviembre de 1970. Tiene 6 años. Su marcha es pesada y rígida. Prescribo extracto de cartílago (1 mililitro dos veces por semana, en inyecciones intramusculares durante tres meses, dos veces al año). A partir de la finalización del primer tratamiento, la rigidez desaparece. Se encuentra en franco progreso, camina y corre con normalidad. Un año después ya no tiene dolores articulares. En 1974, a los 10 años, se vuelve ágil; sus articulaciones son más flexibles. En mayo de 1975, "la vida ha cambiado", nos dice con una gran sonrisa. En 1976 está mejor proporcionado que su hermano; las rodillas son menos deformes, pero todavía le falta flexibilidad. El tratamiento con extracto de cartílago continuado dos veces por año, resulta ser muy beneficioso. La acción saludable en la madre de la alimentación normalizada, con el agregado de vitaminoterapia y de la inyección de extracto de cartílago, fue muy evidente. Es dable admitir la misma influencia favorable del tratamiento sobre la evolución de la enfermedad en los hijos. Por consiguiente, parece posible mejorar la actividad de los genes deficientes.

Sexta Parte

EL CANCEROSO Y SU TRATAMIENTO

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El cáncer, Críticas de las nociones clásicas Se denomina cáncer a un tejido de crecimiento aparentemente desordenado, maligno, que se hace a expensas de los tejidos sanos, a los cuales rechaza o destruye. Por una razón que a menudo se nos escapa, tal o cual célula del organismo prolifera de pronto y da lugar a gran número de células semejantes cuyo conjunto forma una masa denominada tumor. Las células cancerosas tienen la propiedad de penetrar en las corrientes linfática y sanguínea y ser transportadas por éstas, como lo son normalmente los glóbulos rojos y blancos liberados de la médula. La gran mayoría de las células cancerosas migratorias mueren (y es probable que éste sea su destino normal), pero otras se fijan al azar en su trayectoria. Se anidan, por ejemplo, en los huesos o en los pulmones, y proliferan formando tumores denominados metástasis. Según la localización del tumor primitivo y de los tumores hijos, pueden aparecer alteraciones muy diversas. Si algún incidente agudo, por ejemplo, una hemorragia masiva, no detiene bruscamente el curso de la enfermedad, el crecimiento de los tumores provoca un agotamiento progresivo, que culmina en la muerte del paciente. Un parásito, el muérdago, por ejemplo, agota de la misma manera al árbol que lo sustenta. 228

Las investigaciones efectuadas en animales permitieron des cubrir sustancias químicas productoras de cáncer, denominadas cancerígenas. El alquitrán es una de ellas. Si en forma sistemática se aplica en la piel rasurada de una rata blanca un poco de alquitrán, al cabo de algunas semanas ésta se irrita, se vuelve escamosa y luego se forma un tumor de crecimiento más o menos rápido en el lugar untado, que termina por matar al animal. Si durante veinte años, día tras día, se deposita alquitrán en los bronquios de un fumador de cigarrillos, la mucosa de éstos se irrita y se inflama. El bronquio trata de liberarse del alquitrán que lo invade y secreta mucus, que es expectorado con la tos. Pero no logra expulsarlo del todo: a partir de la mucosa crónicamente irritada surge un tumor canceroso. Existen en nuestro medio cancerígenos naturales, tales como los rayos ultravioletas del espectro solar, las emanaciones de las rocas radiactivas y los rayos cósmicos, el arsénico del suelo que pasa a los alimentos o al agua potable, etc. Han existido en la Tierra desde antes que apareciera la vida y no impidieron el desarrollo prodigioso de ésta. Esos cancerígenos naturales son escasos y poco nocivos. El trabajo humano, en cambio, ha producido en nuestros días una cantidad muy grande y cada vez mayor de cancerígenos. Algunos de ellos son sustancias nuevas sintetizadas por los químicos con objetivos precisos. No existen en la naturaleza y ha sido imposible reconocer de antemano su efecto nocivo sobre el hombre. Otras son sustancias de desecho emitidas por las fábricas, distintas combustiones, etcétera. La influencia nefasta de las actividades humana, industrial y otras sobre la frecuencia de los cánceres comenzó a manifestarse durante el último cuarto del siglo XIX. En 1900 sólo se habían descubierto una media docena de cancerígenos. Hoy son innumerables. Estos productos químicos, difundidos en gran escala en el medio en el cual vivimos, amenazan no sólo a los obreros que los producen, sino a todo el mundo, inclusive a los niños por nacer. De ahí la inquietante multiplicación de los tumores malignos. La proporción de muertes por cáncer ha aumentado del 4 por ciento en 1900 al 20 por ciento, por lo menos, hoy día. Es decir que un individuo de cada quince muere de cáncer. Algunos enfermos se curan, y se considera que una persona de cada cuatro y dos familias de cada tres están o serán afectados por la enfermedad. La situación parece peligrosa, en particular para los jóvenes. A comienzos del siglo, el cáncer era excepcional en ellos. Actualmente, en Estados Unidos, mata a más niños en edad escolar que cualquier otra enfermedad: el 12 por ciento de las muertes entre uno y catorce años se deben a afecciones tumorales malignas. Las grandes ciudades han debido crear hospitales destinados especialmente a los niños cancerosos. Se sabe que a menudo pasan años entre la intoxicación por un cancerígeno y el desarrollo de un tumor. En ocasiones, obreros expuestos a algunos de esos agentes no desarrollan tumores hasta quince a treinta años después del contacto inicial. Este tiempo de latencia es más breve en el caso de la leucemia, que se considera un cáncer de la sangre. Los sobrevivientes de Hiroshima,

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sometidos a las radiaciones cancerígenas emitidas por la bomba atómica, comenzaron a presentar leucemia ya tres años después de su estallido. En dosis muy pequeñas, ningún contacto con un cancerígeno, hoy inevitable, es peligroso. Pero bastará una sola de esas "dosis anodinas" para hacer que algún día el vaso desborde, colmado ya de millares de otras dosis de cancerígenos denominados "inofensivos". La moraleja que se puede extraer de estos hechos es que el hombre, por un lado, debe limitar a toda costa el número y la variedad de los tóxicos potenciales que emplea (insecticidas, herbicidas, colorantes alimentarios, etc.), y por otra parte, aumentar su resistencia; de lo contrario, prepara el camino para un desastre sin precedentes, que ya se anuncia y que la terapéutica será impotente para frenar. Críticas de las nociones clásicas Hoy conocemos centenares de sustancias cancerígenas. Pero dos cosas siguen siendo inquietantes. Primero, el contacto con tal sustancia no hace aparecer tumores malignos en forma regular, ni en cualquier condición. Por ejemplo, existe un colorante denominado "amarillo de manteca", porque durante mucho tiempo se lo empleó para colorear la manteca de invierno a fin de favorecer su venta, que si se lo administra a ratas alimentadas con comprimidos nutritivos o con arroz pulido, se provoca la aparición de tumores en el hígado. Si se alimenta a estos animales con arroz integral, o aun con los mismos comprimidos más un complemento de vitaminas, los tumores son más raros o no se forman. Existe un cancerígeno poderoso, denominado metilcolantreno, que aplicado a la rata produce un cáncer con gran regularidad. Yo disponía de una cepa de ratas de raza pura, el 90 por ciento de las cuales desarrollaron espontáneamente un tumor mamario canceroso en un laboratorio especializado de París, donde se las alimentaba con comprimidos nutritivos que contenían presuntamente "todo lo que necesitaban". Alimenté a las mismas ratas con trigo, pan negro, zanahorias y levadura de cerveza. La tasa de su cáncer descendió a menos del 50 por ciento. Por otra parte, me resultó imposible obtener en ellas un solo cáncer por aplicación de metilcolantreno según los métodos habituales. Segundo hecho inquietante: el progreso de las técnicas de producción de tumores en los animales de laboratorio y el conocimiento de numerosas sustancias cancerígenas no permiten, en la inmensa mayoría de los casos, descubrir en un paciente dado el cancerígeno responsable y eliminarlo.

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Prevención del cáncer Por lo general, la lucha contra una enfermedad sólo progresa realmente a partir del momento en que es posible adoptar medidas de prevención, y esta prevención o profilaxis (dejando a un lado algunos cánceres profesionales) no se ha realizado todavía para el cáncer. En la actualidad se busca, con enormes costos y con cierto éxito, que el diagnóstico del tumor maligno sea cada vez más temprano. En efecto, la ablación de un pequeño tumor bien localizado es a menudo seguida de la curación, pero se trata de un procedimiento efectuado lo más cerca posible del comienzo de la enfermedad, y no de su prevención. Ahora bien, ninguna alteración, ningún síntoma característico revela la presencia de cánceres iniciales. Para que sea factible el tratamiento temprano, es preciso que el médico los busque incansablemente. Eso es lo que hoy hace, en gran escala, en lo que respecta a los tumores de mama y del útero, los más frecuentes en la mujer, por medio de controles periódicos, en ocasiones anuales. De tal modo se efectúan millares de investigaciones de preventivas, que implican inversiones considerables, para descubrir ocasionalmente un comienzo de formación tumoral y salvar una vida. Sin embargo, al investigar un cáncer de útero o de mama no se excluye de manera alguna la presencia de un tumor maligno en cualquier otro órgano, el ovario o el intestino, por ejemplo. Muy perfeccionados y precisos en cuanto al órgano examinado, estos métodos no sólo son costosos, sino también aleatorios. Sin embargo, las observaciones realizadas en poblaciones primitivas, que supieron protegerse del cáncer y en las cuales los tumores malignos son desconocidos (las de Mac Carrison con los Hunzas, las citadas por Weston Price con los indios de Canadá, etc.), los hechos descritos más arriba y los relativos a los animales de experimentación nos hacen presumir que es posible una prevención real del cáncer y que podría ser practicada con éxito en nuestra sociedad. Si una cuarta parte de la población actual, y tal vez más en el futuro, está destinada a desarrollar un cáncer, sería importantísimo poder reconocer de antemano a las personas especialmente amenazadas a fin de protegerlas de esa enfermedad. ¿O bien sería mejor -ya que un riesgo de un 25 a un 30 por ciento es muy elevado- proteger a todo el mundo? Nuestra vida está condicionada por el equilibrio entre nuestro medio interior y el que nos rodea. De nuestro ambiente tomamos las sustancias indispensables para la conservación de la vida, pero ello implica también factores que nos son perjudiciales, y contra los cuates debemos defendernos. Algunos de esos elementos son químicos o físicos, otros son vivos (bacterias, virus, parásitos) y susceptibles de atacarnos. Esas agresiones se producen en las superficies que delimitan nuestro cuerpo, y una de las más importantes es la mucosa digestiva (véase pág. 88/89). Es esencial recordar que la capa celular que reviste la pared intestinal es extraordinariamente delgada. En su nivel, el medio externo no está separado de nuestro mundo interior, es decir, de nuestra sangre y nuestra linfa, más que por una membrana ultrafina, formada por una capa única de células epiteliales, que tiene un grosor de 0,02 a 0,03 milímetros, perteneciente a la mucosa, con un revestimiento endotelial más fino aún de capilares. En esa vasta región de nuestro cuerpo nos encontramos, pues, mal protegidos del ambiente exterior, y somos muy frágiles.

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Es de gran importancia para nuestra salud y nuestra supervivencia que esta membrana se encuentre organizada de manera correcta y sea normalmente permeable. Cualquier aumento de la permeabilidad o de la porosidad de ese revestimiento provocará, de manera automática, un paso exagerado del contenido intestinal al interior de nuestro organismo, contenido que encierra, fuera de la alimentación que nos es indispensable, sustancias tóxicas, bacterias y virus. Para corregir la fragilidad de esa zona, el organismo la reconstruye cada dos días, es decir, a un ritmo que es el más rápido de todos nuestros tejidos (incluido el cáncer). Pero para poder construir una membrana normal, es preciso que nuestro cuerpo disponga de materiales normales, y por lo tanto, de alimentos también normales. Antes de llegar a la circulación general, la sangre que proviene del intestino atraviesa el hígado, donde pasa por una red capilar (sistema porta). La linfa, recogida por los quilíferos, atraviesa también los ganglios linfáticos. En condiciones normales, la sangre y la linfa son filtradas y desintoxicadas durante ese pasaje. ¿Qué ocurre cuando la estructura de la mucosa intestinal es anormal, su porosidad es excesiva y demasiado elevado el paso de los microorganismos y las sustancias indeseables, y cuando está desbordado el poder desintoxicante del hígado y el poder filtrante de los ganglios? En la vida actual, esas condiciones se presentan con demasiada frecuencia y provocan cualquier tipo de alteraciones, entre ellas el cáncer (señalemos, de paso, que los diversos cancerígenos, de estructuras químicas muy diversas, tienen precisamente en común la propiedad de aumentar la permeabilidad de nuestros tejidos). A una irrupción anormal de sustancias tóxicas, virales o bacterianas, el organismo responde por medio de mecanismos de defensa destinados a neutralizarlas. Yo he emitido la hipótesis de que los tumores, primero benignos y luego malignos, no son otra cosa que una forma particular de esos mecanismos de defensa. De tal manera, la formación de tumores cancerosos, que aparece en la cuarta parte, por lo menos, de las poblaciones de los países industrializados, no sería un fenómeno aberrante, incomprensible y gratuito, sino una reacción a un estado de alarma. Una vez emitida esta hipótesis, me dediqué a demostrar su exactitud. En varios pacientes, a consecuencia de operaciones quirúrgicas, hice extracciones asépticas de tejido tumoral. En los cultivos, en ocasiones difíciles y que exigieron reiterar las extracciones, el laboratorio especializado que se encargó de ello encontró con regularidad bacterias, huéspedes habituales del intestino: colibacilos, corinebacterias, etc. (véase pág. 398, casos 66 y 76, pág. 416). Un solo tumor resultó estéril: había sido irradiado antes de su extirpación, y hoy se conoce y se emplea el poder esterilizante de las radiaciones ionizantes (véase pág. 213). El pus proveniente de los tumores cancerosos abiertos contiene esas mismas bacterias. En un paciente con un linfosarcoma generalizado, que tenía frecuentes accesos febriles, practiqué por casualidad un hemocultivo veinticuatro horas antes de un acceso de fiebre de 39 grados: la sangre extraída estaba invadida por colibacilos.

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Un tejido canceroso es capaz de captar los microorganismos y las toxinas en circulación en la sangre. Mis experiencias con ratas cancerosas me permitieron demostrar esa propiedad.

Mis experiencias con las ratas cancerosas Como animales de experimentación tomé a ratas blancas de raza pura (RIII), el 90 por ciento de las cuales presentan, a partir de los cuatro meses de edad, un cáncer mamario espontáneo. Elegí en forma arbitraria la toxina hemolítica producida por Welchia perfringens, microorganismo ubicuo que existe normalmente como saprófito en el intestino (véase caso 76, pág. 416), así como en otras cavidades naturales de todos los mamíferos. Estudié el comportamiento de mis ratas respecto de esa toxina y comprobé los siguientes hechos. 1. Los animales RIII, todavía en buena salud, pero precancerosos, eran mucho más sensibles a la inyección intravenosa de esa toxina que los pertenecientes a cualquier otra raza. En efecto, en tanto que en estos últimos bastó con reducir en un 25 por ciento la dosis de la toxina inyectada para hacer pasar la tasa de supervivencia de 0 a 100 por ciento, a fin de obtener el mismo resultado en las ratas precancerosas fue necesario reducir la dosis de toxinas en un 66 por ciento. 2. Las ratas RIII portadoras de tumores espontáneos son, en cambio, más resistentes a la toxina de Welchia perfringens que los animales de la misma raza y todavía con buena salud. El 50 por ciento de los portadores de grandes tumores espontáneos, enfermos y llegados casi al final de su vida, resistieron a la dosis de toxina que provocaba la muerte de todos los animales sanos. Inclusive comprobé sobrevidas del 100 por ciento en las ratas cancerosas después de la inyección de dosis una vez y media y dos veces superiores a la letal para la rata normal. 3. Por último, encontré que aun las ratas portadoras de tumores infectados, resisten mejor a la toxina del Welchia perfringens que los mismos animales no infectados, y menos bien, por lo tanto, que los que se volvieron cancerosos en forma espontánea (C. Kousmine y M. StrojewskiGuex, Oncología, 1959, volumen 12, págs. 70-78.) Estos experimentos demostraron que la presencia de un tumor canceroso había aumentado la resistencia de mis animales a la toxina empleada. Luego incubé un gramo de tumor con la toxina y comprobé que este tejido canceroso era capaz de neutralizar unas quince dosis letales. Como un tumor de rata llega con facilidad a un peso de tres a seis gramos, contiene lo necesario para inactivar por lo menos cuarenta y cinco dosis mortales de toxina. Este poder desintoxicante se duplica casi con una vacunación previa. De todos los órganos examinados, sólo el hígado tiene un poder comparable o ligeramente superior. El poder neutralizante del bazo, de los músculos y del miocardio es insignificante. De todas estas experiencias resulta que, en el caso particular de la rata, el tumor canceroso protegió al animal contra la acción nociva de la toxina hemolítica de origen microbiano inyectada en su corriente sanguínea, en consonancia con nuestra hipótesis de trabajo.

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Al llegar a ese punto de mis investigaciones sabía que el cáncer se forma, con predilección, en personas afectadas de otras enfermedades degenerativas (como alteraciones digestivas crónicas, diversas alergias, infecciones triviales recidivantes, esterilidad, tumores benignos, cálculos biliares, etc.), cuya aparición se vincula con carencias alimenticias. Sabía que esas carencias provocan un deterioro de la función y la flora intestinales, susceptibles de representar un papel en la génesis del cáncer. En otro estudio sometí a las ratas cancerosas a la acción de sustancias biológicas diversas, a fin de ver cuáles influían sobre la proliferación de las células tumorales, y encontré que las vitaminas B1 y B12 en altas dosis que en el hombre correspondían respectivamente a 100 miligramos y 1 gramo, el ácido fólico y los extractos embrionarios y placentarios aceleran el crecimiento del cáncer. Por consiguiente, es prudente desconfiar de ellos en medicina humana, en los cancerosos, tal como se desconfía de cualquier sustancia química cuyo poder cancerígeno quede demostrado en el animal. Además comprobé que las ratas cancerosas son muy ávidas de grasas denominadas vegetales, pero que el consumo de éstas acelera el desarrollo de sus tumores. A partir de entonces, en la continuación lógica de mi investigación, necesitaba equilibrar la alimentación de mis ratas cancerosas, proporcionarles en abundancia los oligoelementos y las vitaminas de los cuales su alimentación habitual carecía, suprimir la agresión de origen intestinal, que supuestamente era el motor de la proliferación cancerosa, y observar qué ocurría. No podríamos insistir demasiado en la importancia del contenido del intestino, que constituye una parte esencial de nuestro ambiente. Ello ha sido reconocido por los sabios desde tiempos muy antiguos. ¿Acaso no leemos en el Evangelio de la Paz de Jesucristo, por San Juan, traducido del arameo y del eslavón por E. Szekély, estas palabras del Gran Maestro?: "No imaginéis que sea suficiente limpiaros sólo por fuera. La impureza interior es más grande aún que la impureza exterior. Para limpiaros interiormente procuraos una gran calabaza que tenga un tallo hueco de la longitud de un hombre: vaciad la calabaza de su contenido y llenadla con el agua del río que el sol ha calentado. Colgad la calabaza de la rama de un árbol, arrodillaos en el suelo y permitid que el extremo del tallo de la calabaza penetre en vuestro trasero a fin de que el agua pueda derramarse por vuestras entrañas. Luego dejad que el agua salga de vuestro cuerpo, de modo que con ello sea eliminado de vuestro interior todo lo que es impuro y pestilente. Cada día de vuestro ayuno, renovad este bautismo de agua y persistid hasta el día en que veáis que el agua que sale de vuestro cuerpo se ha vuelto pura". Profilaxis de la recaída cancerosa Mis observaciones me llevan a pensar que es pura casualidad que la ablación o la destrucción de un tumor restablezca el equilibrio en el organismo del enfermo y lleve por sí sola a la curación, puesto que no modifica las condiciones en las cuales ha surgido el cáncer. Por lo tanto podrá reaparecer, ello es bien conocido, y justifica los controles periódicos a los que son sometidos los pacientes y durante los cuales se buscan las señales de recidiva. Pero, para favorecer la curación, es preciso que se supriman lo antes posible las intoxicaciones y las carencias existentes, cosa que hoy estamos en condiciones de hacer. Por supuesto, sería preferible para todos nosotros vivir y 234

alimentarnos de manera que estas deficiencias tan nefastas no se produzcan. Es preciso recordar que la suma de innumerables errores repetidos de manera indefinida se convierte en insoportable para nuestro cuerpo y termina por provocar la aparición de un tumor, y que muchos de esos errores pueden ser evitados. Para hacer que los trasplantes de órganos sean aceptados y no se produzca su rechazo, se recurre a medicamentos inmunodepresores. Se ha comprobado que el uso de estas sustancias aumenta la frecuencia del cáncer en un 80 a un 100 por ciento (Lucien Israel). Ello no me asombra, y se inscribe de manera lógica en mi forma de pensar: cuando se suprime, en forma artificial un mecanismo de defensa normal, el organismo crea necesariamente otro patológico. Si se considera al tejido tumoral como una reacción de defensa, ello permite entender por qué es tan raro encontrar en el mismo individuo la coexistencia de dos cánceres de naturaleza diferente: cuando un tumor asegura el trabajo de defensa, el organismo no necesita formar otro. Sólo lo hace cuando el primer tumor es curado y las condiciones de carencia, de intoxicación o de infección aparecen de nuevo (véase caso 38, págs. 331-333). Se entiende que el tratamiento que propongo no es nada más que un complemento beneficioso de las medidas clásicas. Cuando se ha formulado el diagnóstico de cáncer, significa que el tumor es clínicamente detectable. Cuando es todavía pequeño, y sólo mide, por ejemplo, 1 centímetro cúbico, ya contiene una cantidad considerable de células malignas (del orden de los mil millones) y, en ocasiones, esas células se multiplican a un ritmo rápido, quizá determinado por la intensidad de la agresión. Para equilibrar al enfermo, para aumentar su resistencia, no contra el cáncer, sino contra lo que lo produce y provoca su expansión, hace falta tiempo. En el momento en que la presencia de un cáncer es reconocida, se establece una carrera entre la rapidez del desarrollo tumoral y la entrada en acción de la ayuda que se aporta. Las medidas que recomiendo sólo comienzan, por lo general, a ser eficientes después de dos meses, más o menos, y sólo ejercen todo su efecto al cabo de dos años. Cuando un canceroso operado e irradiado queda abandonado a su suerte, clásicamente se lo considera como más o menos estabilizado después de un plazo de cinco años. Según mis observaciones, este mismo resultado lo logran en dos años mis pacientes, tiempo después del cual las recaídas son raras. Si el cáncer diagnosticado debe ser objeto de cirugía y el estado del enfermo es lo bastante bueno, se lo debe operar, y llegado el caso, irradiarlo a fin de obtener la demora necesaria para lo que se ha convenido en denominar su estado general o su terreno, medidas propias para prevenir una recaída. Si el paciente se encuentra en mal estado, es preferible prepararlo para la operación durante varias semanas o meses aplicando las medidas descritas, "desembragando el motor del cáncer". Entonces se comprueba que el tumor deja de crecer y en ocasiones disminuye de volumen, el estado general mejora y el resultado alejado de la operación o de la radioterapia puede ser excelente. Si el paciente que me visita tiene sólo dos meses de esperanza de vida, es demasiado tarde. Por cierto, se puede atenuar sus sufrimientos, y a veces en forma espectacular, pero no modificar el rumbo de su enfermedad.

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Si un método de tratamiento sencillo y lógico como el mío resulta ser tan beneficioso en casos muy graves y que escapan a los tratamientos corrientes, es porque su concepción se basa en una realidad. Si logra influir de manera favorable en el curso de la enfermedad, en los casos graves, también debe lograrlo, y aun mejor, en los enfermos que, tratados de su tumor maligno, corren el peligro de una recidiva y deben ser protegidos de ella. La alimentación de todos los cancerosos debería normalizarse, entonces, cuando mucho después de la operación, y sus carencias vitamínicas, sus desequilibrios minerales (hierro, calcio, magnesio, alcalinos, etc.) deben ser corregidos. Lo mismo ocurre con todos los pacientes de alto riesgo. En cuanto al conjunto de la población, el simple retorno a la alimentación natural, la única normal, debería bastar para reducir en grado considerable la frecuencia de los tumores. A lo largo de los años he practicado la profilaxis de la recaída en numerosos cancerosos con resultados muy alentadores. Hay un grupo de enfermos especialmente difíciles de tratar. Se trata de los hipernerviosos, de los hipersensibles. En estos pacientes, la tensión excesiva de su sistema nervioso central produce, por contigüidad de las vías conductoras en el cerebro, alteraciones neurovegetativas a nivel intestinal y un desajuste de su función. El resultado es la constipación o la diarrea nerviosa, acompañada de gases, que aumenta la permeabilidad de la pared intestinal y el paso de los gérmenes. A poco que la flora intestinal sea patógena y los trastornos reiterados, las condiciones de la aparición de un cáncer o de la recaída cancerosa se encuentran ya presentes. La ayuda de un psicoterapeuta puede ser preciosa en tales enfermos.

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Ejemplos de casos tratados A continuación expondré la historia de casos notables que he tenido la ocasión de atender a lo largo de mi carrera: el lector deberá juzgar si valía la pena. Una vez más recordaré que soy sólo una médica general, y que los cancerosos representan una proporción muy escasa de los pacientes que me consultan, tal vez un 20 por ciento, y cuando mucho, en algunos períodos, un 30 por ciento, a la inversa de lo que ocurre con los cancerólogos especializados. Un caso de curación espontánea del cáncer Según todos los autores, la curación espontánea del cáncer existe. Es muy rara: un caso en 30.000 para unos, un caso en 100.000 para otros. Se considera que se han curado en forma espontánea todos los enfermos con los cuales ha fracasado la medicina clásica, que son vistos como irremediablemente perdidos y que de todos modos se curan, o bien aquellos que rechazan cualquier intervención terapéutica agresiva y se curan.

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Un médico aislado y, por añadidura, un médico general, no tiene la posibilidad de encontrar en toda su carrera más de un caso, y tal vez, por la mayor de las casualidades dos, pero no más. He aquí uno: CASO 54. M. 1870 Un anciano de 90 años, que se alimentaba en forma muy poco variada, con mucha mantequilla, café con leche y pastelería, ve aparecer en el pabellón de su oreja derecha costras sanguinolentas.

Esto comienza en la primavera de 1960 y no muestra tendencia alguna a curarse. En octubre se forma en ese lugar un tumor que crece y sangra. Un ganglio satélite adquiere el volumen de una nuez. A partir del 15 de octubre comienza un tratamiento de antibióticos cuyo efecto es nulo. Se trata de un cáncer cutáneo espinocelular. El 24 de octubre un infarto de miocardio muy grave está a punto de terminar con la vida del enfermo. Considerado éste perdido a corto plazo, no puede aplicarse ninguna terapia anticancerosa, según el especialista. Del 24 de octubre al 14 de diciembre, el paciente sólo se alimenta de jugos de fruta. A partir del 13 de diciembre se le administra con regularidad un factor antitóxico hepático en forma de supositorios. El efecto es asombroso. El anciano, por completo inapetente y cuya existencia parecía pender de un hilo, recupera el gusto por la vida. Se sienta a la mesa, vuelve a alimentarse. Sigue con exactitud los 237

principios de alimentación que recomiendo, con un aporte regular de vitamina F bajo la forma de aceites prensados en frío y ricos en ácidos grasos poliinsaturados. Recupera las fuerzas. El cáncer, que había llegado a la dimensión de una ciruela, retrocede. Al cabo de tres semanas y media el progreso es enorme: el 60 por ciento del tumor se ha reabsorbido. ¡Dos meses después, el enfermo es irreconocible: se siente mucho mejor que antes de su infarto! Se muestra vivaz, alegre, enérgico, y el cáncer de la oreja, bajo la mirada asombrada del médico que lo trata y del especialista, ha desaparecido (véase fig. pág. anterior). Hasta octubre de 1962,es decir, durante veintidós meses, el estado de salud se m. atiene excelente. Luego aparece un episodio de cálculos biliares, seguido por un segundo infarto. El fallecimiento se produce el 13 de noviembre de 1962, a los 92 años. Al ayunar durante 52 días, el enfermo suprimió toda fuente de intoxicación intestinal, y como consecuencia, desconectó el motor de su cáncer. Este, que se había vuelto inútil, se reabsorbió. Como después se corrigió la alimentación, no hubo recaídas. Mi intervención se limitó a la normalización de su alimentación. Cancer Mamario Agudo En el otoño de 1980 uno de mis pacientes, afectado de una poliartritis reumatoide grave, perdió a su esposa a consecuencia de un cáncer agudo de mama. ¡"Era tan activa, tan robusta y valerosa", que no había considerado necesario corregir su forma de alimentarse y abandonar la alimentación que había vuelto inválido a su marido! Con una diferencia de dos años se desarrolló en ella, con una rapidez fulminante, un cáncer agudo de mama. Fue tratada en el acto, en forma clásica, por oncólogos especializados: irradiación antiinflamatoria primero y luego ablación de la mama enferma e irradiación posoperatoria. Estos tratamientos fueron seguidos, a continuación, por una generalización de su cáncer. El fallecimiento se produjo seis meses después del comienzo de la enfermedad. Tal es la evolución clásica de un cáncer mamario agudo. ¿Cómo podría ser de otro modo cuando se suprime la reacción de defensa y no la causa del cáncer? Las células cancerosas sólo se adhieren unas a otras en forma débil, y son arrastradas con regularidad por la corriente sanguínea y linfática, tal como las células de la médula ósea. La mayoría de estas células resultan destruidas. En un cáncer agudo, la circulación sanguínea local se encuentra muy aumentada; lo mismo ocurre con la migración de las células cancerosas. Si se ataca el tumor principal sin haber eliminado antes la causa del cáncer, surgen en el acto múltiples focos cancerosos a partir de las células migratorias y matan al paciente. Así ocurrió con la esposa de mi enfermo. Como veremos, es posible hacer las cosas mucho mejor. La ocasión de controlar si un concepto patogénico nuevo corresponde a la realidad no se presenta a menudo. Sin embargo, ese fue el caso, en lo que a mí respecta, en noviembre de 1980, cuando una mujer aquejada de un cáncer agudo fue a visitarme. Según mi tesis, a un cáncer agudo debe corresponder la existencia de una necesidad aguda, atribuible a una intoxicación intensa de origen gastrointestinal. Como el cáncer es, en mi opinión, una reacción de defensa, era necesario primero suprimir la necesidad y luego suprimir el cáncer. He aquí la historia tan instructiva de este caso:

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CASO 55. F. 1935 (45 AÑOS). Cáncer de mama bilateral, agudo a la izquierda La madre de esta mujer había muerto de cáncer de mama a los 56 años, su padre de un cáncer de la vejiga a los 68 años y una tía materna de un cáncer de huesos a los 60 años. ¡Mi paciente se volvió cancerosa a los 44 años! En el padre apareció una catarata a los 63 años, y en las dos abuelas, pasados los 60 años, en tanto que en ella se produjo a los 45 años. Dio a luz dos niños a los 27 y 28 años. Es constipada desde hace años y todos los días debe tomar un laxante. Sus deposiciones son malolientes. Tuvo una hepatitis a los 36 años. Se ve sometida al estrés de un divorcio, y en abril de 1979 aparece un nódulo en la mama derecha, considerado benigno en julio. Quince días después se forma una induración en la mama izquierda, más importante que la de la derecha. Se teme un cáncer, se practica una mamografía, pero la enferma se niega a la biopsia. En diciembre de 1979 se precisa el diagnóstico: los médicos aconsejan la resección de ambas mamas. Presa de pánico, y como no puede aceptar semejante mutilación, la enferma parte rumbo a Italia en marzo de 1980: recibe reconstituyentes y hormonas masculinas: su pilosidad aumenta, su voz se modifica y sus períodos desaparecen durante cuatro meses. A partir de mayo de 1980 abandona este tratamiento y recibe inyecciones de extractos de muérdago, estimulantes de la inmunidad y enzimas proteolíticas, que se supone que deben destruir las células cancerosas. Estos tratamientos no hacen retroceder los tumores mamarios. Entre diciembre de 1979 y noviembre de 1980 su peso aumenta en cuatro kilos (¡lo cual aumenta las carencias!). A principios de noviembre de 1980, la mama izquierda aumenta de tamaño, se edematiza y enrojece. Un médico consultado le dice que "si no se hace operar en forma urgente, se formará una úlcera cancerosa incurable y nauseabunda, y entonces se convertirá en un objeto de horror para su familia", lo cual es exacto respecto del cáncer agudo de mama no atendido de manera correcta. En septiembre de 1980 resulta afectada de cataratas bilaterales. La veo por primera vez el 20 de noviembre de 1980. Su peso es de 59 kilos para una talla de 1,66 metros. Su mama izquierda está al rojo vivo, tumefacta, tensa, dolorosa. Bajo una zona hiperémica de 5 centímetros de diámetro, se palpa en profundidad un tumor firme de la dimensión de una naranja grande. En la axila izquierda hay un ganglio del grosor de una aceituna. La mama derecha es asiento de una induración ovoide, móvil, de la dimensión de una ciruela (3x2 centímetros). El hígado es insuficiente. En las dos piernas, la piel es muy seca desde la mitad de los muslos hasta la punta de los pies, testimonio de una importante carencia de vitamina F. Su aliento es fétido y su lengua saburral. Fuma 10 cigarrillos por día, y desde 1979 toma tranquilizantes todos los días. Su alimentación es del tipo moderno habitual, con carne dos veces por día, pocas frutas, 2 mililitros de aceite de girasol refinado, 10 mililitros de aceite de oliva prensado en frío (que por naturaleza es pobre en vitamina F) y 43 gramos de mantequilla por día. Dicho de otro modo, se trata de una alimentación hipercárnea, pobre en vitaminas diversas y muy deficiente en ácidos grasos poliinsaturados y biológicamente activos. Está convencida de que "si la operan, la matarán": lo cual es exacto. En el estado actual es absolutamente inoperable. En medicina clásica, como acabamos de verlo, el pronóstico es muy sombrío a corto plazo.

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Veamos lo que se pudo obtener desembragando lo que considero el motor del cáncer. Prescribo un tratamiento enérgico centrado en el intestino: ayuno de siete días con jugos de fruta como única alimentación; enemas cotidianos con 1,5 litros de infusión de manzanilla, practicados por la noche, y seguidos de una instilación en el intestino, por la noche, de aceite de girasol prensado en frío (cuatro cucharadas soperas); aporte abundante de vitaminas por vía oral y en inyecciones intravenosas (cada dos días, en principio, y luego dos veces por semana). Los medicamentos empleados son vitamina C (1 gramo por día), vitaminas A, B y E, sales de magnesio, extracto hepático antitóxico (dos comprimidos por día) y carbón en caso de alteraciones intestinales. El pH urinario se regula en 7 a 7,5 con citratos alcalinos. A partir del octavo día se prescribe un régimen lactovegetariano según el esquema habitual (véase págs. 50/51) lo más crudo posible. Se prohíbe el tabaco y se suspenden los tratamientos de extractos de muérdago y las enzimas proteolíticas. El 3 de diciembre de 1980, es decir, trece días después del comienzo de esa terapéutica, la mama izquierda ya no está roja sino rosada; el dolor vinculado con la inflamación aguda ha desaparecido. En el lugar, antes hiperémico y tenso, aparece en una superficie que mide 3x4 centímetros una zona que tiene el aspecto de la piel de naranja, característica del cáncer que ha infiltrado la piel. La lengua se ha limpiado y la función hepática es mejor. La paciente fuma todavía 3 cigarrillos por día, pero ha suprimido los tranquilizantes. A partir de la tercera semana recibe un antimicótico (ciclofosfamida, 100 miligramos dos veces por semana) junto con las vitaminas inyectables. El 12 de diciembre acepta abandonar el tabaco, y a partir de entonces se siente cada vez mejor. El 21 de enero de 1981 se lleva la dosis de ciclofosfamida a 300 miligramos por semana. El 2 de marzo de 1981, es decir, al cabo de tres meses y medio de tratamiento, el tumor de la mama derecha se ha reducido del volumen de una ciruela al de un carozo de dátil; ya sólo se trata de un tramo fibroso palpable en la profundidad. El tumor de la mama izquierda ha perdido la mitad de su volumen. La piel de naranja sólo cubre una zona de 1,5 centímetros de diámetro. El ganglio axilar se ha reducido al volumen de un guisante pequeño. La enorme fatiga, así como la depresión psíquica, pertenecen al pasado. En mayo se restablece la erección del pezón izquierdo, antes retraído. En junio continúa la regresión; el volumen del tumor de la mama izquierda es apenas el de una mandarina pequeña; se encuentra centrado sobre una pequeña mancha de color rosado. La piel de naranja ha desaparecido. Habría sido muy posible continuar el tratamiento con la misma técnica. Pero el clima de inestabilidad psíquica en el cual vive la enferma (¡proceso de divorcio, hijo adolescente en plena crisis, que consume drogas!) la ubica en un continuo peligro de recaída. Decidimos, de común acuerdo, recurrir a la radioterapia complementaria. Esta se lleva a cabo en un servicio universitario. La paciente es examinada con los métodos modernos: mamografías, termografías, centellografía, radiografía torácica, punción-biopsia. Esta última confirma el diagnóstico de cáncer. No existe ninguna metástasis; el pequeño ganglio axilar izquierdo, presente al comienzo, ha desaparecido. La mama derecha es asiento de una mastopatía trivial: el tumor del mes de noviembre ya no existe.

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Las células cancerosas, migratorias por naturaleza, son frágiles; el organismo sabe eliminarlas: en cuanto la causa -el motor del cáncer- queda suprimida, las primeras células en desaparecer son las migratorias. El cáncer en regresión libera muchas menos o ninguna. Eso explica la ausencia de metástasis a distancia en nuestra paciente, en tanto que, según las normas habituales, habrían debido existir. La enferma continúa observando con exactitud las reglas de alimentación sana y, cada tres semanas, durante tres días, sólo se alimenta de frutas crudas y se hace enemas seguidos con una instilación de aceite. Es irradiada con cobalto desde el 2 de julio hasta el 27 de agosto de 1981: en la mama izquierda, 5.400 rads; en los huecos axilares y subclaviculares izquierdos 5.000 rads. Del 18 al 20 de septiembre se le practica, además, una curieterapia con la ayuda de agujas de iridio radiactivo, que se implantan bajo el tumor (9 agujas durante 50 horas, 2.500 rads). Del 2 al 11 de noviembre se efectúa, asimismo, una irradiación complementaria (con Asclepitron 45, 2.750 rads). ¡En total ha recibido 15.650 rads! Según el radiólogo, esta irradiación masiva es excepcionalmente bien soportada, casi sin irritación de la piel (el tratamiento general, tal como yo lo practico, mejora siempre la tolerancia a los tratamientos agresivos, sean cuales fueren). El 11 de diciembre de 1981, el estado general es excelente. Del cáncer sólo subsiste un minúsculo lugar, ligeramente excavado, de 1 centímetro cuadrado, por encima del pezón izquierdo, a nivel del cual el tejido subyacente es fibroso. El 18 de septiembre de 1982, la catarata izquierda es operada con colocación de una lente artificial. El 29 de marzo de 1983, la misma operación se practica a la derecha. La enferma lee a partir de entonces sin gafas. Durante el año 1982 el pecho irradiado aumenta de volumen y se vuelve indurado por la hiperplasia cicatrizal del tejido fibroso, como consecuencia de la irradiación. En marzo de 1983, tiene una infección gripal, con tos prolongada, irritativa. Una radiografía muestra una infiltración, que será pasajera, del lóbulo medio del pulmón izquierdo y una condensación parenquimatosa del ápice pulmonar, irradiado al mismo tiempo que el hueco subclavicular izquierdo, y que será definitiva. Durante un control, el 21 de mayo de 1984 la mamografía del lado derecho le parece sospechosa al especialista (discreta opacificación detrás del pezón, con microcalcificaciones), lo cual justifica la reanudación, durante ocho meses, del tratamiento con ciclofosfamida en dosis débiles (100 miligramos dos veces por semana). El 26 de noviembre de 1984 la mama derecha se ha normalizado y la mastopatía ha desaparecido. En diciembre de 1984, a causa de una infección gripal (siempre peligrosa en los cancerosos) la paciente toma dosis crecientes de vitamina C, entre 6 y 7 gramos por día. La vitamina C aumenta la resistencia a las infecciones y al cáncer (véase pág. 439), y ha resuelto de manera definitiva el problema de la regularidad de la evacuación de las deposiciones, crucial en esta enferma. Toma una vacuna oral antigripal diez días por mes y ya no tose. Pero aquí se detiene el "milagro". Este extraordinario período de paz de cinco años y medio permite a mi paciente realizar a la perfección sus deberes de madre: ha podido casar a su hija y encontrar un empleo para su hijo, asegurándole su subsistencia.

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Todos los médicos saben que en el caso de un canceroso es preferible hablar de remisión y no de curación, pues el canceroso mantiene durante toda su vida la capacidad de reconstruir un tumor maligno. Dado el pronóstico habitual, gravísimo a tan corto plazo, de un cáncer mamario agudo, en 1980 me resultó fácil suspender el proceso de divorcio, intentado por su marido, prueba siempre acompañada de un estrés muy perjudicial para un canceroso. Pero como mi paciente se había repuesto, ese proceso se reanudó en 1985. En marzo de 1986 seguía con buena salud. En junio sufrió una angina con fiebre elevada. Se instaló tos y luego aparecieron unos focos en el pulmón izquierdo, alcanzado en 1981 por las irradiaciones en masa; después siguió una pleuresía. En abril de 1987, la enfermedad se había reanudado, con generalización en el hígado y el esqueleto. Fue hospitalizada en un servicio de oncología y falleció en junio de 1987. En resumen: en una mujer cuyos dos padres y una tía murieron de tumores malignos aparece un cáncer de mama a los 44 años, es decir, 14 y 24 años antes que en la madre y el padre, respectivamente. La atiendo sola durante siete meses, suprimo la supuesta causa de su cáncer bilateral y obtengo la desaparición del tumor de su mama derecha y del hueco axilar izquierdo. El cáncer de la mama izquierda era de carácter agudo, casi siempre mortal por generalización en seis a veinticuatro meses. Mediante la supresión de la intoxicación intestinal, por una parte, y las carencias vitamínicas, por la otra, logré reducir el cáncer "inútil" y provocar su regresión. En esas condiciones no habrían debido existir metástasis. Los exámenes profundos demostraron la ausencia de éstas. Una irradiación muy agresiva, pero bien soportada, aseguró la regresión, que duró 5 años y medio. Los resultados de las terapéuticas agresivas son mejores si antes un tratamiento adecuado hace "inútil" el cáncer. Este caso de cáncer agudo, casi siempre rápidamente mortal, evolucionó hacia la remisión porque el tratamiento le fue aplicado en esencia, al paciente y no al cáncer. La medicina oficial considera que éste es algo agregado, inoportuno, que se debe suprimir lo antes posible. Es importante que los enfermos entiendan que su cáncer es generado por su organismo y querido por éste, y lo es como reacción inmunitaria de defensa, por lo menos transitoriamente útil y necesaria. Si el médico se concentra en el cáncer sin corregir el terreno en el cual éste se ha desarrollado, el organismo del enfermo se opone a ese tratamiento y el resultado obtenido corresponde a la diferencia entre los dos esfuerzos. Si se suprime la necesidad que el organismo tiene de su cáncer, éste tiende a reducirse en forma espontánea. El efecto obtenido es el resultado de la suma y no ya de la diferencia de los esfuerzos entre el enfermo y su médico: es mejor. Mientras exista un encarnizamiento en curar el cáncer y no al enfermo, se continuará teniendo una proporción elevada de fracasos. La mayoría de los enfermos graves de los cuales me pude ocupar antes de que sufriesen la medicina agresiva, dirigida sólo contra el cáncer, salieron bien parados. En un libro anterior he descrito dos casos de cáncer de mama descuidados por sus portadoras, cuya operación se retrasó en tres semanas para una y en seis meses para la otra. Al ocuparme de las enfermas, es decir, del terreno en el cual el cáncer se había desarrollado, vi que éste dejaba de crecer y luego retrocedía. Los tumores, atendidos por el cirujano y el radiólogo en esa etapa, no 242

se repitieron. Hace quince años pude demorar en un mes la operación de un cáncer pulmonar. Este ya no se agravó en cuanto traté el terreno. El enfermo vive curado. Prisioneros de la rigidez de sus dogmas, los profesores de quienes depende la evolución de los métodos de tratamiento muestran poca inclinación, o se oponen lisa y llanamente, a cambiar el método, y los enfermos continúan padeciendo y muriendo, en tanto que en muchos casos las cosas podrían ser distintas. Sin embargo, afirmar que el cáncer forma parte del enfermo, que es formado por éste, tiene todo el aspecto de una perogrullada. ¡Esto, sin duda, parece demasiado sencillo, demasiado lógico como para ser verdadero! Cancer De La Vejiga Entre todos los cánceres, el de la vejiga es uno de los más dolorosos, sangra con facilidad, obstruye la salida de la orina por la formación de coágulos, provoca pujos, falsas necesidades y micciones demasiado frecuentes y a menudo dolorosas. Es difícil de curar. En los pacientes jóvenes, el cirujano reseca el órgano enfermo y deriva la orina al intestino, pero es una operación grave, impracticable en una persona de edad. He aquí el caso que tuvimos oportunidad de observar. CASO 56. F. 1906 (73 AÑOS) Es una mujer que estuvo muy enferma a los 35 años; padeció de reumatismo articular agudo, que dejó como secuela una lesión cardíaca (insuficiencia mitral), y una primoinfección tuberculosa. Desde esa edad usó prótesis dental completa. Se repuso, y tuvo buena salud hasta los 70 años. Ha estado constipada durante toda su vida, y sólo evacúa el intestino tres veces por semana. En la primavera de 1976, por primera vez, su orina es sanguinolenta. En apariencia, todo se normaliza después de un tratamiento desinfectante de corta duración. En enero de 1977, a los 71 años, sufre un infarto de miocardio. En mayo de 1971, la sangre reaparece en la orina, esta vez de manera perdurable. En diciembre, una citoscopia muestra que la vejiga es asiento, a la derecha, de un voluminoso tumor en coliflor, que excede los límites del órgano e invade los tejidos vecinos. Dada la edad de la paciente (72 años), los especialistas se conforman con extirpar por medio de la cureta, una parte del tejido enfermo a fin de aumentar la capacidad vesical. No tienen otra cosa que proponer que calmantes. Se le practica un curetaje en enero y luego otro en febrero, y continúa sangrando todos los días. La veo por primera vez el 6 de marzo de 1979. Está delgada y pálida. Pesa 48 kilos para una talla de 1,62 metros. La orina contiene sangre y pus. La enferma tiene continuos dolores en el bajo vientre, así como en el muslo derecho. La concentración de hemoglobina es del 78 por ciento y la de hierro sérico de 28 gammas por ciento (normal 120). A la palpación por vía rectal se percibe a la derecha el cáncer, que forma un bloque duro, solidario con la pelvis. Las piernas están hinchadas. Como de costumbre, corrijo la alimentación, y durante doce días le hago hacer, todos los días, un enema evacuador, seguido de una instilación de aceite de girasol virgen y tibio (60 mililitros) por 243

la noche. Le doy abundantes vitaminas (por vía intravenosa dos veces por semana), 1 gramo de vitamina C, complejo B, cloruro de magnesio (dos comprimidos por día) y hierro por vía oral y por vía intravenosa dos veces por semana. ¡Al cuarto día de este tratamiento se siente hasta tal punto asombrada de estar mejor que me llama por teléfono: ya no tiene ninguna enfermedad, puede dormir sin calmantes, no sangra más! El 12 de marzo se le practica una transfusión sanguínea. Al cabo de un mes el estreñimiento ha desaparecido. El hierro sérico aumentó a fines de abril a 126 gammas, es decir, al nivel normal. El sedimento urinario es normal. Al tacto rectal, los tejidos son más elásticos. A partir del 29 de mayo recibe ciclofosfamida en dosis débiles (100 miligramos dos veces por semana). El tercer curetaje programado de la vejiga se efectúa el 29 de agosto de 1979. En un examen del 10 de octubre de 1979 el especialista comprueba: "Orina clara, mucosa desinflamada, nódulos tumorales no ulcerados que han disminuido de volumen desde el 29 de agosto. A la palpación bajo anestesia, las paredes vesicales son asombrosamente flexibles. Ya no se percibe extensión extravesical. En conclusión, ya no es posible negar el efecto beneficioso del tratamiento practicado por la doctora Kousmine." A consecuencia de la anestesia se declara una crisis de angina de pecho. El 25 de febrero de 1980 el urólogo encuentra estacionario el estado. Por desgracia, la constipación vuelve a instalarse, y con ella las condiciones de evolución del cáncer. En mayo, el tumor ha invadido los ganglios inguinales; en julio, la paciente es hospitalizada y el fallecimiento se produce en septiembre de 1980. Hecho realmente emocionante y excepcional, una semana antes de su deceso, y sintiendo próximo su fin, desde su aldea lejana me envía a la hermana para agradecerme por el "maravilloso año" de remisión que le había otorgado. Osteosarcoma De La Mandíbula Inferior De evolución Fulminante

CASO 57. F. 1923 (26 AÑOS) El padre de esta mujer falleció a los 66 años de un cáncer de estómago. Su nieto se encuentra afectado, a los 14 años, de un melanoma en un ojo. Sus padres, campesinos, siempre comieron comidas muy abundantes en grasas. En abril de 1949, el canino inferior izquierdo, muerto, es extraído a causa de una infección de la raíz. En agosto aparece una inflamación en ese mismo lugar; se realiza el diagnóstico erróneo de osteomielitis; después de la radioterapia, la inflamación retrocede, pero reaparece dos meses después. La veo por primera vez el 26 de agosto de 1949. Pesa 51,5 kilos para una talla de 1,57 metros. En el lugar del diente extraído, una formación dura cubre la cara externa e interna de la rama

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horizontal del maxilar inferior, y se extiende unos 3 centímetros. El diagnóstico clínico es de osteosarcoma, confirmado el 27 de agosto por una radiografía y el 30 de agosto por una biopsia. El 31 de agosto -en 5 días- el tumor ha duplicado con mucho su volumen y excede de la línea media. La infiltración toma casi toda la rama horizontal izquierda del maxilar inferior y la rama derecha hasta el primer premolar. La enferma sigue, desde el 26 de agosto nuestro tratamiento del terreno: corrección de la alimentación con supresión de las grasas, excepto los aceites prensados en frío, y vitaminoterapia A, B, C, D y E por vía oral y por vía intravenosa; ello, una semana antes de la operación que se realiza el 3 de septiembre de 1949: el maxilar inferior es seccionado a la izquierda, delante de la rama ascendente, a 12 centímetros por detrás del tejido tumoral, y a la derecha, por delante del último molar, a 5 milímetros del tejido invadido por el tumor. En la pieza anatómica el tumor mide 7 centímetros. La infiltración tumoral penetra en el tejido subcutáneo. La operación es bien soportada. Del 27 de septiembre al 12 de noviembre de 1949, radioterapia: 6.500 rads en 39 sesiones. El osteosarcoma es un tumor poco sensible a las radiaciones: el pronóstico parece muy sombrío a causa de la virulencia del tumor y de la invasión del tejido subcutáneo adyacente. Nuestro tratamiento de protección continúa. Todo sigue bien y se emprenden las operaciones plásticas de reconstrucción. De noviembre de 1950 a febrero de 1952, un fragmento de costilla, tomado de la parte inferior del tórax, es llevado, en tres operaciones sucesivas, hasta debajo de la clavícula izquierda, debajo de la mandíbula y luego en su lugar, en una longitud de 5 centímetros. Se efectúan injertos complementarios: óseos, tomados de la cresta ilíaca, y cutáneos, tomados de un muslo. Durante todo ese período la enferma tiene problemas para alimentarse y adelgaza, hasta la colocación de la prótesis dental en 1953. Desde diciembre de ese año sigue bien y aumenta de peso. Las inyecciones intravenosas de vitaminas son cada vez más espaciadas. La crema Budwig ha sido introducida desde 1952 en su desayuno. La paciente se mantiene fiel a la alimentación sana y sigue admirablemente bien a lo largo de los años. El hueso injertado para reemplazar el maxilar inferior es un poco móvil, pero eso no trastorna la masticación. En septiembre de 1962, se extrae el tercer molar inferior derecho. Un solo incidente para señalar en junio de 1977: la ruptura de un hilo que mantenía el injerto en su lugar; éste perfora la piel y provoca una infección. Es extraído; la enferma se repone. En enero de 1983 se encuentra bien. El tiempo de observación ha sido de 34 años. En resumen: a partir de un lugar traumatizado por una extracción dental, una joven de 26 años ve formarse un tumor de elevada malignidad y de evolución fulminante. Es un sarcoma osteoblástico. En una semana invade casi toda la rama horizontal del maxilar inferior. La operación mutilante es bien soportada, lo mismo que la reconstrucción del maxilar por medio de injertos óseos y cutáneos. Luego una prótesis dental permite la masticación satisfactoria. Se pudo realizar el tratamiento del terreno una semana antes de la intervención quirúrgica. Soportó admirablemente todas esas pruebas. Fiel a la alimentación sana, vivió en buena salud hasta el último control en 1983.

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CÁNCER DE PULMÓN Los pulmones se encuentran particularmente expuestos a las agresiones del polvo y de otros contaminantes externos, de los cuales el más importante es el humo del cigarrillo. Otra fuente de agresión es la de los gases de los automóviles y las diversas poluciones domésticas e industriales (véase Contaminaciones, pág. 199). Además, se encuentran particularmente expuestos a las sustancias tóxicas de procedencia intestinal, en la medida en que éstas no puedan ser neutralizadas en el hígado durante el paso de la sangre a través de los capilares del sistema porta. De tal modo, la célula pulmonar es atacada desde dos frentes, por el aire y por la sangre venosa en contacto con aquélla. Las agresiones de origen externo y las provenientes del intestino, aumentan en los países industrializados, y por lo tanto, no asombra ver que la frecuencia del cáncer pulmonar aumenta a lo largo de los años, incluso entre los no fumadores. Son cánceres graves. Algunos son operables, otros, mal ubicados, no lo son. Hemos observado muy pocos, pero parece que nuestro método de tratamiento también resulta beneficioso para estos enfermos. He aquí dos casos: CASO 58. M. 1913 (58 AÑOS) Atendido por mí dos meses antes de la operación: detención del crecimiento tumoral, resultado operatorio excelente. Se trata de un hombre oriundo de las Filipinas, cuya bisabuela y abuela maternas fallecieron centenarias; el abuelo materno murió a los 90 años, la madre, asmática, a los 70 años, de insuficiencia cardíaca, y el padre a los 77 años de un cáncer pulmonar. Un hijo de 10 años es de mal genio y ansioso. Por su parte, él vive en Suiza desde hace veinte años. Carece de vitalidad desde largo tiempo atrás y se fatiga con rapidez cuando realiza un esfuerzo. Ha fumado cuarenta cigarrillos por día desde la edad de 24 años. Por su actividad es sometido a controles médicos regulares. En enero de 1971, se descubre una sombra sospechosa en el lóbulo superior del pulmón izquierdo. Abandona el tabaco en febrero de 1971. De enero a marzo de 1971, la lesión pulmonar aumenta en un 10 a un 15 por ciento. Veo al enfermo por primera vez el 18 de marzo de 1971. Su peso es de 49 kilos para una talla de 1,58 metros. Tiene 58 años y parece de más edad. En la córnea ya existe un arco senil. Está constipado, su lengua es saburral, las encías están inflamadas y las glándulas parótidas hipertrofiadas. Tiene aspecto de extenuado. Tose desde hace años como todos los grandes fumadores. Su alimentación es la habitual, carenciada, con café y carne dos veces por día. Se la corrige. Recibe vitaminas A, B, C y E por vía oral y en inyecciones intravenosas (tres veces por semana), y sales de magnesio. Su pH urinario es llevado de 5 a 7-7,5 por medio de tomas de citratos. Viaja a una zona de montaña durante un mes. La tos desaparece, lo mismo que el estreñimiento. El 21 de abril se siente mejor. La lengua se ha limpiado. Debe tomar cinco cucharadas de citrato por día para que su pH urinario vuelva a 7, lo cual es mucho y testimonia una acumulación metabólica de ácidos en su cuerpo, que explica la fatiga crónica. 246

A lo largo de estos dos meses de tratamiento la lesión pulmonar no ha aumentado de tamaño, contrariamente a lo que había ocurrido de enero a marzo. Es operado el 14 de mayo de 1971 y se extirpa el tumor. Se trata de un "cáncer epidermoide de 2 centímetros de diámetro, bastante necrosado". Los ganglios examinados se encuentran cargados de partículas de carbón debidos al humo del tabaco, pero no contienen células cancerosas. El tejido pulmonar fuera del tumor se encuentra esclerosado: enfisema pulmonar, atribuible, lo mismo que el cáncer, al tabaquismo excesivo (véase pág. 222). A principios de septiembre reanuda su trabajo de oficina en un 100 por ciento. En octubre de 1972 es controlado por su cirujano, que considera su estado "espléndido”. En noviembre de 1972 presenta una hipertrofia moderada de la próstata. Se jubila a los 60 años (1973). En febrero de 1974 se siente fatigado. El hierro sérico está en 83 gammas por ciento. Con dos yemas de huevos crudos por día, batidos en los alimentos, esa tasa se eleva en un mes a 131 gammas por ciento. Aparte de un ligero eccema varicoso que aparece de vez en cuando y una lenta pérdida de la memoria, se mantiene bien en 1986, es decir, quince años después de la operación. En resumen: en este hombre de 58 años, la evolución de un cáncer pulmonar se observó durante cuatro meses antes de la operación. Con una alimentación carenciada, el tumor aumentó de un 10 a un 15 por ciento en dos meses. Después de nuestra intervención, dos meses antes de la operación, el estado general del paciente había mejorado; el motor del cáncer "se había desembragado" por normalización del régimen alimenticio y supresión de la constipación, y el crecimiento del tumor se detuvo. Por lo tanto, la operación se efectuó en excelentes condiciones y dio paso a la curación. El tiempo de observación ha sido de quince años. Este resultado corrobora todos los otros, en los cuales la corrección del estado general del enfermo precedió a la medicina agresiva y fue seguida de curación. Este método debería adoptarse en todos los casos de cáncer. CASO 59. M. 1903 (55 AÑOS). GINECÓLOGO. Cáncer pulmonar epidermoide con metástasis Su bisabuela y su madre murieron de cáncer de útero y un tío de cáncer pulmonar. En la infancia padeció anginas repetidas; le extirparon las amígdalas a los 20 años. A partir de los 19 años, diarreas frecuentes y violentas. De los 36 a los 41 años, su vida es difícil, con frecuentes servicios militares. A menudo su temperatura es subfebril. Las sombras pulmonares se han agrandado. A los 43 años padece de colitis ulcerosa; a los 44 años es operado de una apendicitis aguda. Una primera tromboflebitis posoperatoria es seguida de anginas y entre los 45 y 49 años de recaídas a nivel de las venas femorales e ilíacas, con una embolia pulmonar en una oportunidad. Entre los 47 y los 56 años tiene crisis de cálculos renales. También padece de espondiloartrosis. A los 49 años se forma un tumor benigno en la cicatriz de la apendicectomía. Gran fumador hasta 1947, renunció al tabaco a los 44 años. A los 51 años, una infiltración del lóbulo pulmonar izquierdo desaparece después de la antibioterapia. A los 55 años, en 1958, a consecuencia de una angina con fiebre elevada, experimenta una enorme lasitud. El 20 de junio de 1958 tiene una hemoptisis. Esta vez una infiltración pulmonar izquierda resiste a los antibióticos. La broncoscopia revela la presencia de un tumor hemorrágico de la dimensión de

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una avellana: es un cáncer epidermoide. El 29 de agosto de 1958 la ablación del lóbulo pulmonar izquierdo será seguida de una pleuresía. Del 30 de noviembre de 1958 al 13 de marzo de 1959 se le practica irradiación con cobalto. En diciembre de 1958 se siente más o menos bien, pero padece de diarrea y de edemas dolorosos. En julio de 1959 aparece una metástasis ganglionar por debajo de la clavícula izquierda. Se lleva a cabo una segunda irradiación de cobalto del 17 de julio al 9 de diciembre de 1959. Como se sabe gravemente aquejado y trata de salir de su estado, se pone en contacto conmigo el 14 de diciembre de 1959. Puesto que reside en un país del Este, es tratado por correspondencia. Corrige su alimentación, recibe vitaminas inyectables y por vía oral, y es objeto, durante trece días con un mes de intervalo, de tratamientos insulínicos a la manera de Leupold (shocks hipoglucémicos ligeros). En julio de 1960 se siente mejor. La fatiga ha desaparecido y su salud se ha estabilizado. Vuelve a dar noticias en 1980: se encuentra bien. Su cáncer pulmonar no ha recidivado. La remisión fue de 22 años. En resumen: este médico que durante años gozó de una salud precaria, caracterizada por innumerables infecciones, gran fumador hasta los 44 años, desarrolla a los 45 un cáncer pulmonar que, operado e irradiado, recidiva al cabo de un año en un ganglio. Adoptada la técnica para el tratamiento del terreno que practico, vive con buena salud veintidós años después. CÁNCER DE LAS GLÁNDULAS SEXUALES Los tumores malignos de los testículos tienen mala fama, pero al menos son fáciles de descubrir. No es este el caso de los cánceres de ovarios, oculto en la profundidad del abdomen. Además, estos cánceres sólo son descubiertos en forma tardía, sobre todo en las mujeres obesas, cuando ya han alcanzado cierto volumen y producido a menudo metástasis peritoneales. A causa de ello, su pronóstico es sombrío. Desde hace poco éste ha mejorado algo gracias a la quimioterapia agresiva y esterilizante. El pronóstico de estos tumores también puede mejorar por el método que yo empleo. TUMORES TESTICULARES CASO 60. M. 1923 (38 AÑOS). Seminoma atendido por mí tardíamente Este hombre pertenecía a una familia pobre de 13 hijos. Cuando era pequeño, a menudo sólo había pan, patatas y leche en la mesa. Después de las enfermedades infantiles, entre ellas una difteria grave a los 13 años, permanece bien hasta los 36 años. Robusto, trabaja hasta quince horas por día. Es un gran comedor, y realiza cinco comidas cotidianas. Fuma treinta cigarrillos por día. En diciembre de 1959, es decir, a los 36 años el volumen del testículo derecho se triplica en 24 horas. La antibioticoterapia no produce efecto alguno. El órgano enfermo es extirpado el 29 de febrero de 1960. Se trata de un cáncer (seminoma). La operación es seguida de radioterapia, que 248

concluye el 8 de abril de 1960. El enfermo se encuentra bien durante cuatro meses y vuelve a trabajar el 100 por ciento. En agosto aparece pesadez y luego una inflamación de las piernas, y dolores lumbares. En febrero y marzo de 1961 son irradiados los ganglios ilíacos y paraaórticos, en los cuales el tumor ha recidivado. En marzo hay una tromboflebitis masiva del miembro inferior izquierdo, así como metástasis pulmonares y hepáticas. El 5 de abril de 1961 modifica su régimen alimenticio, suprime el tabaco y todas las grasas animales y las reemplaza por los aceites prensados en frío. Ayuna desde el 19 hasta el 26 de abril. A partir de ese momento no se siente tan mal. Lo veo por primera vez el 26 de abril de 1961, es decir, 14 meses después de la operación. Su peso es de 68 kilos para una talla de 1,73 metros. Es un hombre extenuado, cianótico, disneico. El hígado, muy doloroso, enorme y duro, con gran número de metástasis tumorales, desciende hasta el nivel del ombligo. Hay un derrame pleural a la derecha, por encima del cual es visible una metástasis ovoide al lado del corazón, que emerge 6 centímetros por encima del líquido pleural. La pantorrilla izquierda está hinchada y dura. El enfermo expectora sangre. La dentición es muy mala: apenas existen tres dientes en el maxilar inferior. La exudación pleural aumenta con rapidez. ¡La esperanza de vida no parece ser mayor de 2 o 3 semanas! Se instituye un tratamiento enérgico: alimentación correcta; inyecciones intramusculares de vitamina F (2 mililitros dos veces por día = 2 gramos de vitamina F pura); instilaciones rectales cotidianas de 100 mililitros de aceite de girasol prensado en frío, precedidas de un enema evacuador; inyecciones cotidianas de vitaminas, con e! agregado de 2 miligramos de extracto de hígado; prednisona: 30 miligramos por día; ciclofosfamida (100 miligramos, y después, desde el tercer día, 200 miligramos diarios). El agravamiento rápido se detiene bruscamente. Después del séptimo día, el enfermo se siente mejor que durante todo el año anterior. El hígado ya no hace prominencia de manera uniforme. Es depresible, y una masa de 4 centímetros de diámetro se delimita a la derecha, por encima del ombligo. Al cabo de diez días, el derrame pleural y el tumor pulmonar han desaparecido. El 15 de mayo ya no se siente sin aliento, no tiene dolores, no escupe más sangre; ¡el hígado ya no va más allá del reborde costal! El 19 de mayo abandona la clínica con un peso de 69,7 kilos y continúa su tratamiento en el domicilio. El 30 de mayo se siente muy bien. Pesa 73,7 kilos. Es bulímico: ¡su peso ha aumentado 4 kilos en once días! Un aumento de peso tan rápido es peligroso para un canceroso. Puede alterar un equilibrio metabólico frágil. Esto es lo que se produce en mi paciente. El 7 de junio su aspecto es floreciente, pero un tumor redondeado vuelve a ser palpado en el abdomen, a la derecha del ombligo: el hígado ha aumentado de volumen. El 19 de junio la pierna izquierda se hincha; vuelve a quejarse de dolores lumbares. El 26 de junio, al cabo de una semana de ayuno y de perfusiones de levulosa al 5 por ciento, se siente mucho mejor. El hígado se ha desinflamado, pero el tumor paraumbilical siempre continúa en su sitio. En julio realiza esfuerzos para limitar su alimentación y mejora. El 1º de agosto la palpación abdominal y la radiografía pulmonar son normales. El peso es de 69,6 kilos. Reanuda su trabajo en un 50 por ciento. El 10 de agosto, tras una infección gripal, el tumor paraumbilical reaparece. En septiembre se observa la presencia de pus y sangre en el sedimento urinario. Se prepara un bacteriófago a partir de las heces. Bajo la influencia de este tratamiento, destinado a normalizar la flora intestinal, la pierna izquierda se

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deshincha y por primera vez en un año adquiere un aspecto normal. El 20 de septiembre el tumor paraumbilical todavía está presente. La orina es muy rica en bacterias. A principios de octubre se produce un gran choque psíquico: el hígado adquiere volumen con rapidez y vuelve a descender hasta el ombligo. Desde entonces, el tratamiento queda agotado. Los pulmones se mantienen exentos de metástasis, pero se establece una taquicardia permanente de 120 pulsaciones por minuto. El enfermo se vuelve caquéctico y fallece el 7 de noviembre de 1971. Este hombre de 38 años sobrevivió un año y nueve meses a su operación. En este caso es preciso destacar, ante todo, que un aumento de peso demasiado rápido trastorna un equilibrio todavía precario: es desfavorable desde el punto de vista de la flora intestinal normal, aumenta las carencias o reitera las preexistentes, provocando una recaída tumoral; este aumento de peso no debería ser superior a 1 kilogramo por mes. Se debe hacer notar también que la recaída terminal fue inducida por un shock psicológico que, en forma automática, altera la digestión, provoca problemas circulatorios a nivel de los capilares intestinales, aumenta la permeabilidad de éstos, favorece con ello el pasaje toxiinfeccioso a la corriente sanguínea y "acelera" de tal modo el motor del cáncer. La evolución de la enfermedad tumoral en este paciente puede ser considerada como habitual para un tumor testicular antes de la era de la quimioterapia. Mi intervención, demasiado tardía, prolongó tal vez la vida del enfermo en unos cinco meses. El resultado que obtengo es mucho mejor cuando intervengo precozmente, como lo demuestran los tres casos siguientes. CASO 61. M. 1941 (32 AÑOS). Disembiroma o teratoma testicular Hasta los 32 años este hombre gozó de una salud bastante buena y parecía robusto. Se le practica una apendicectomía a los 24 años; padece de catarros ligeros; fuma de diez a quince cigarrillos por día. En enero de 1973 advierte que su testículo izquierdo aumenta de tamaño y se vuelve duro. Es extirpado el 17 de febrero de 1973. Se trata de un cáncer a partir de restos embrionarios (disembrioma maligno). La operación es seguida de la irradiación con cobalto de las cadenas ganglionares ilíacas y aórticas, que finaliza el 11 de mayo. Como lo consideran perdido a corto plazo, y a fin de sostener su moral, los médicos le dicen que se encuentra afectado de tuberculosis y lo tratan con isoniazida (!), pero sabiendo que no se irradian las lesiones tuberculosas con cobalto, me visita el 9 de abril de 1973, es decir, dos meses después de la operación. Su lengua está sucia y su piel, muy seca, se descama. Pesa 84 kilos para una talla de 1,67 metros. Su régimen alimenticio es gravemente deficiente en vitamina F; contiene 17 mililitros de aceite refinado y 60 gramos de mantequilla por día. Prescribo el tratamiento de terreno: corrección de la alimentación, supresión del tabaco y del alcohol, vitaminoterapia habitual con aporte de magnesio y de citratos. Reanuda su trabajo plenamente en octubre de 1973. A lo largo de los años tiene tendencia a aumentar de peso, su hierro sérico es inestable y debe ser corregido en forma periódica.

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En enero de 1987 vive con buena salud y puede considerarse curado. Se han ganado 14 años. CASO 62. M. 1934 (21 AÑOS) Ya habíamos tratado, en abril de 1956, otro caso de disembrioma testicular. Este paciente es un joven estudiante de 21 años. En su familia, se pueden señalar dos casos de tuberculosis por el lado materno y un caso de poliartritis reumatoidea, dos casos de cáncer de estómago y un caso de diabetes por el lado paterno. En la primavera de 1955, la reacción a la tuberculosis se vuelve fuertemente positiva en el paciente, y varios meses después su testículo izquierdo aumenta de volumen con rapidez. Le es extirpado el 16 de septiembre de 1955. Es un cáncer embrionario de crecimiento rápido y, por lo tanto, muy maligno. La operación es seguida de radioterapia en las cadenas ganglionares. Lo veo por primera vez el 20 de abril de 1956, siete meses después de la operación y cinco meses después del final de la irradiación. Se siente muy fatigado y presenta señales de insuficiencia hepática. Restrinjo fuertemente las grasas alimenticias y le receto vitaminas A, B, C y E en inyecciones intravenosas y por vía oral, así como extracto de hígado, que serán administrados durante dos años, y un tratamiento antituberculoso durante tres meses. Su insuficiencia hepática todavía es perceptible en 1959: tasa de bilirrubina 2,1- 1,8 miligramos por ciento (normal: 0,250,6); urobilinógeno muy positivo en la orina. Sólo en ese momento los aceites prensados en frío y ricos en vitamina F son introducidos en su régimen. A partir de entonces se siente bien y funda su familia. En 1962 nace su primer hijo; en 1964, dos mellizos. Son niños "Budwig", que nunca tienen infecciones gripales. En 1980 veinticinco años después de su operación lleva una vida normal. CASO 63. M. 1924 (32 AÑOS). Colitis recidivante y luego seminoma Su abuelo paterno falleció de un cáncer de páncreas y dos tías abuelas de cánceres intestinales. El ha sufrido de apendicitis crónica, operada a los 20 años. A los 22 años reacciona con alteraciones digestivas a las comidas de restaurante. Una úlcera duodenal es curada con un tratamiento médico. ¡A los 23 años padece de crisis de diarrea, una de las cuales dura cinco meses! A los 30 años tiene una neumonía por virus. Los trastornos digestivos continúan en forma de accesos de diarrea de tres a cuatro semanas de duración, con otras tantas de intervalo. Sigue un régimen muy carenciado, sin ningún alimento crudo, y pierde varios kilos en cada recaída de la diarrea. Las alteraciones digestivas fueron seguidas por dolores reumáticos difusos y articulares, mejorados con inyecciones de vitamina Br Lo veo por primera vez el 24 de septiembre de 1956, en plena crisis de colitis desde hace quince días: doce deposiciones y más por día. Con enemas y una dieta de zanahorias en polvo la diarrea desaparece en una semana. Al cabo de varios días de ingerir suero de leche de vaca (80 gramos por día) y bananas, la función intestinal se normaliza. El régimen se equilibra a partir del 8 de 251

octubre de 1956. Comienza a recibir inyecciones intravenosas de vitaminas y de extracto de hígado (primero tres veces por semana y luego dos veces por semana). Los dolores reumáticos aparecen, como de costumbre, después de la interrupción de la diarrea. Los análisis microbianos son positivos al colibacilo y al bacilo de la tuberculosis. El 27 de octubre comienza un tratamiento con vacuna mixta en dosis crecientes a partir de la dilución D6, en inyecciones subcutáneas dos veces por semana. Después de un mes de tratamiento declara que desde hace diez años que no se siente tan bien. Soporta ahora las legumbres y los cereales integrales. A lo largo del año 1957 sólo dos veces tuvo diarrea. Su bulimia anterior ha desaparecido; come menos y aumenta de peso. ¡Una de las causas de la bulimia es la búsqueda instintiva y vana de factores vitales en una alimentación que no los contiene! Desde 1960 ya no presenta más alteraciones digestivas; tolera el aceite de lino y el germen de trigo. ¡En 1962, suprime las gafas, que le eran indispensables para el trabajo desde hacía casi quince años! Más resistente ahora, puede reanudar los deportes. Se siente muy bien hasta 1972, es decir, durante dieciséis años. ¡En esa época, se ve sometido a una enorme tensión nerviosa, cuando su hija, de 16 años, se fuga, roba y es expulsada de la escuela, se droga, tiene crisis de histeria y sufre varios días de arresto! Para el padre, es la época más difícil de su vida en el plano afectivo. Un pequeño quiste, comprobado en el testículo izquierdo en 1966, crece bruscamente de volumen. Es operado el 23 de febrero de 1973. Se trata de un cáncer de elevada malignidad (seminoma), es decir, el mismo cáncer que en el caso 60. La intervención quirúrgica complementada con radioterapia en las cadenas ganglionares y luego por nuestro tratamiento vitamínico habitual. La situación familiar se estabiliza. No se produce ninguna recaída hasta julio de 1985, o sea, en los trece años de observación siguientes. En resumen: desde los 22 años, mala resistencia a las infecciones triviales. Durante once años, trastornos digestivos refractarios a los tratamientos dietéticos y desinfectantes habituales. Normalización en cuatro años mediante una alimentación equilibrada y un aporte abundante de vitaminas. En cada crisis de diarrea, pasaje toxiinfeccioso al torrente circulatorio que provoca poliartritis. De los 45 a los 48 años, salud perfecta. A los 49 años, estrés emotivo violento y prolongado: aparición de un cáncer testicular de crecimiento rápido, a pesar de una alimentación correcta. Operación, radioterapia, aporte abundante de vitaminas. Una vez desaparecida la tensión emocional, se cura y vive con buena salud trece años después. Es bien sabido que cada vez que nos vemos sometidos a una tensión nerviosa excesiva "descargamos bilis", según la expresión de la sabiduría popular, y digerimos mal. En esas condiciones se instala en nuestro tubo digestivo una flora anormal. Un estado de angustia provoca, además, una dilatación de los vasos pequeños en las vísceras abdominales, lo cual aumenta la permeabilidad intestinal y, a causa de ello, el pasaje del contenido toxiinfeccioso del intestino a la sangre. Si la capacidad desintoxicante del hígado es excedida, las condiciones de aparición de una poliartritis o de un tumor maligno se hacen entonces presentes. Antes mi enfermo había elegido la reacción poliartrítica; esta vez genera un tumor maligno. Tal vez habría podido escapar de ese encadenamiento de fenómenos si durante el período de vida afectivamente tan difícil hubiese sido de una gran frugalidad, si hubiese intercalado días de ayuno y renunciado en forma temporaria al consumo de carne, cuyos residuos no digeridos son particularmente tóxicos. 252

TUMORES OVÁRICOS

CASO 64. F. 1897 (54 AÑOS) Un tío materno ha presentado múltiples tumores benignos de los nervios (neurofibromatosis de Recklinghausen). Su madre falleció a los 94 años de un cáncer de mama y su padre a los 87 años de una enfermedad ampollosa de la piel (pénfigo); una hermana fue operada de un cáncer de colon. Un hermano padeció una úlcera de estómago y luego un infarto de miocardio; otro hermano una hemorragia cerebral, y una hermana y ella misma son psíquicamente inestables. La paciente tuvo una pleuresía a los 6 años y adenitis a los 49; a los 50, un tumor lipomatoso en el hueco supraclavicular izquierdo; a los 54 años, una úlcera de la córnea. La veo por primera vez el 22 de mayo de 1951. Tiene 54 años. Pesa 74,2 kilos para una talla de 1,65 metros. Sufre de constipación crónica desde hace años. Tuvo su menopausia a los 51 años: desde entonces, su peso aumentó 16 kilos en tres años. Su abdomen es asiento de un voluminoso tumor, que asciende desde la pelvis hasta el ombligo, semejante a un embarazo de 6 meses. Se trata de un quiste muy voluminoso del ovario derecho, el cual es operado el 3 de julio de 1951. Estalla durante la operación e inunda la cavidad peritoneal de un líquido de color chocolate. Este color es atribuible a hemorragias provenientes de un tumor blando, papilomatoso, friable, presente en el fondo del quiste: es un cáncer. Es muy probable que el líquido del quiste contuviera células cancerosas y que la cavidad peritoneal fuese de tal modo contaminada, lo cual hace que el pronóstico lejano sea grave. La radioterapia posoperatoria durante cinco semanas se centra en el bajo vientre y la ingle derecha. Como después de la primera consulta la paciente se siente fatigada y en modo alguno dispuesta a sufrir una operación, ésta fue demorada seis semanas, durante las cuales la traté según el esquema habitual: corrección de la alimentación, supresión de la constipación, vitaminoterapia. Durante ese período el quiste había crecido. La radioterapia fue seguida por una inflamación de la vejiga y el intestino, con emisión de deposiciones hemorrágicas durante tres meses. A continuación, una induración cicatrizal de la ingle derecha provocó una importante estasis linfática del miembro inferior derecho, que se mantendría hinchado hasta el final de su vida. Su salud es endeble hasta 1960, con infecciones urinarias, recidiva de la úlcera de la córnea, sinusitis purulentas, insuficiencia hepática, infecciones gripales y depresión psíquica. Dejo de verla de 1967 a 1971. Vive en una ciudad, en condiciones muy difíciles, tanto desde el punto de vista psíquico como físico. Abandona todos los tratamientos, al igual que la prudencia alimentaria. Vuelvo a verla en 1971: padece de osteoporosis grave, pero sin relación con su cáncer ovárico. La tercera vértebra lumbar se ha colapsado. La talla disminuyó en 12 centímetros por acortamiento de la columna vertebral y cifosis. La cabeza del fémur derecho ha desaparecido y el miembro inferior derecho se ha acortado en 5 centímetros. La enferma cojea acentuadamente. Está muy impedida, muy dolorida, y le cuesta grandes esfuerzos desplazarse. Es de humor inestable y sufre de una hernia hiatal que la hace vomitar todos los días.

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La disciplina alimentaria y el tratamiento vitamínico se reanudan, complementados con un anabolizante (25 miligramos en inyecciones intramusculares dos veces y luego una vez por mes), vitamina D en altas dosis (15 miligramos por vía oral dos veces por mes), calcio y un calmante digestivo. Su estado mejora desde todo punto de vista. En 1976 se encuentra mucho mejor que cinco años antes: sonríe a la vida y puede pasearse sin dolores. Fallece en forma brusca a los 81 años, sin haber tenido que guardar cama. El cáncer de ovario ya no se manifestó. El tiempo de observación fue de 27 años. En resumen: una mujer que ha padecido una constipación rebelde, se ve afectada a los 54 años por un tumor maligno del ovario. El peritoneo, sin duda alguna, quedó sembrado de células cancerosas durante la operación. Puesta bajo protección antitumoral antes de la operación -lo cual es esencial y debería hacerse en todos los casos- la paciente sobrevive y fallece bruscamente al cabo de 27 años, de... vejez. Todo ello ocurrió antes de la era de la quimioterapia superagresiva moderna, cuando el pronóstico de los cánceres ováricos era muy malo. Es un poco más favorable en la actualidad, y podría ser mejorado considerablemente, según nuestra experiencia, mediante el tratamiento del terreno. He tenido otra ocasión de seguir la evolución de un cáncer de ovario "endometroide". CASO 65. F. 1906 (68 AÑOS) Esta mujer es una constipada crónica. Crisis abdominales dolorosas, en octubre de 1972, conducen a la ablación del ovario derecho. No se le hace radioterapia, sino tratamiento prolongado con un progestágeno a razón de 40 miligramos por día, al cual reacciona, en septiembre de 1973, con una ictericia tóxica. El tratamiento del terreno es introducido en julio de 1974 por un discípulo, a quien había consultado a causa de la reaparición de los dolores abdominales. Después de la corrección de la alimentación demasiado grasa y de la vitaminoterapia, los dolores abdominales desaparecieron en forma temporaria, pero el 6 de diciembre de 1974 una laparotomía pone de manifiesto una recidiva peritoneal en la pelvis, sobre el ciego y en el polo inferior del riñón derecho. Después de la escisión en la medida de lo posible, del tejido enfermo se le realiza quimioterapia. La veo por primera vez el 11 de octubre de 1974. Su peso es de 58 kilos para una talla de 1,47 metros. Su tensión arterial es de 220/120 milímetros de mercurio. La quimioterapia, proseguida durante veintidós meses, hasta septiembre de 1977, provocó en forma sucesiva trombopenia, anemia, sideropenia y diarrea, trastornos que se corrigieron con el tratamiento del terreno. La paciente sintió esto como muy beneficioso. Pudo reanudar su trabajo de vendedora ambulante y mantenerse todos los días de pie, en su puesto de venta, cuatro horas seguidas. Después de la interrupción de la quimioterapia, entre marzo de 1978 y mayo de 1979, sigue muy bien. El 9 de junio de 1978 su peso es excesivo: 65 kilos para una talla de 1,47 metros. Su tensión arterial es de 150/90. En mayo de 1979, como el extendido vaginal mostró una actividad estrogénica excesiva, es tratada por un oncólogo, a falta de otros síntomas, con fuertes dosis de progestágenos: el peso aumenta, lo mismo que la tensión arterial (200/120). Aparecen problemas circulatorios periféricos y acné. En abril de 1980, se advierte una disminución de la concentración y la memoria, pérdida del equilibrio, somnolencia y luego disminución de la 254

agudeza visual, como otras tantas manifestaciones de arteriosclerosis cerebral por senilidad acelerada (¿por exceso de progestágenos?). El 25 de septiembre de 1981 tiene 75 años. Su abdomen es elástico. No hay señal alguna de recidiva cancerosa, pero se encuentra al final de su existencia. El 21 de mayo de 1982 está un poco mejor. Su tensión arterial es de 170/100. La supervivencia a la recidiva peritoneal fue de ocho años y al cáncer ovárico primario de diez años. CÁNCER FAMILIAR CON LOCALIZACIÓN DIGESTIVA PREDOMINANTE La bisabuela paterna vivió hasta los 93 años. El padre fue operado dos veces de un cáncer de colon y de un cáncer de recto, con siete años de intervalo; murió a los 69 años. Un tío paterno falleció de un cáncer de estómago a los 54 años. Dos tías paternas mueren a los 36 y 40 años de tuberculosis. La madre vive con buena salud; sin embargo, ha sido operada de un quiste ovárico benigno. Se trata de tres hijos, una mujer y dos varones; los tres se vieron afectados por un cáncer intestinal, los dos hermanos a los 48 años y la hermana a los 56 años (ésta última después de haber tenido un cáncer ovárico con metástasis a los 37 años, ¿herencia materna de localización?). Dicho de otra manera, la enfermedad cancerosa se manifestó en la hija veinticinco años antes, y en los varones veinte años antes que en el padre. Hay que deducir de ello que, cuando uno u otro de los padres ha sido atacado de cáncer, los hijos deben considerarse amenazados por la misma enfermedad, a menudo en la misma localización y a una edad más temprana. Por lo tanto, sería racional que normalizaran su alimentación según los principios expuestos en esta obra. He aquí la historia de la hermana. CASO 66. F. 1923 (38 AÑOS). POSADERA. Cáncer de ovario a los 37 años, cáncer del ciego a los 56 años A los 37 años, catorce meses después del nacimiento de su primogénito, la paciente experimenta dolores en el abdomen inferior. El 6 de octubre de 1960, los ovarios son extirpados a consecuencia de un cáncer bilateral. La radioterapia finaliza en enero de 1961. La veo por primera vez el 1º de mayo de 1961, o sea, siete meses después de la operación. La paciente tiene un restaurante de campo. Su alimentación es abundante en grasas, preparada con aceites refinados de colza y de maní y con grasas hidrogenadas (llamadas vegetales), y el consumo complementario de mantequilla es de 33 gramos por día. Está constipada y su hígado es insuficiente. Se corrige su alimentación, se prescriben dos veces por semana inyecciones de vitaminas y de metionina, y por vía oral, un complemento de vitaminas A, B, C y E. En agosto y septiembre de 1961, a consecuencia de un gran shock psíquico ocasionado por el suicidio de una joven sobrina ocurrido en julio, siente por primera vez algunos dolores en la rodilla derecha, que desaparecen luego durante diez meses. A comienzos de 1961 hay un duelo 255

familiar, con un período de agotamiento físico y psíquico, durante el cual adelgaza 5 kilos. En marzo de 1962, la insuficiencia hepática persiste y se produce la eliminación espontánea de leche por el pezón. En julio de 1962 reaparece el dolor de la rodilla. En agosto y octubre de 1962 tiene cistitis hemorrágicas. La rodilla derecha se hincha y la extremidad superior de la tibia derecha es asiento de una metástasis cancerosa de unos 8x5 centímetros. El cirujano propone una amputación, pero la paciente no se resuelve a ello. A partir de noviembre es tratada con andrógenos y ciclofosfamida, además de vitaminas. Se produce una mejoría durante tres meses y después aumenta la hinchazón. El 14 de febrero de 1963, la paciente acepta la amputación en el tercio inferior del muslo, única medida capaz de suprimir la recidiva tumoral. ¡Un cultivo hecho a partir del tejido canceroso revela la presencia de estafilococos blancos hemolíticos y de colibacilos! Por lo tanto, esta segunda operación se ha realizado un año y nueve meses antes del comienzo del tratamiento del terreno. A partir de entonces, y durante dieciséis años, la evolución carece de historia. La paciente se adapta poco a poco a su prótesis. El estado general es excelente. Después de esa prueba severa, entiende el papel que representa para nuestra salud una alimentación correcta. Toda la familia se beneficia con ello. A partir del cambio de régimen, el esposo ya no está nunca enfermo, no tiene gripe ni catarro. Ella misma presenta una notable resistencia a las infecciones. Otro tanto ocurre con la hija, que en 1969, es decir, a los 10 años y medio de edad, es la única de su escuela que no ha tenido nunca un solo día de ausencia. Sólo a los 11 años y medio sufre su primera enfermedad infantil, adenitis, pero no está enferma más que dos días. A los 12 años no tiene ningún diente obturado, su salud es perfecta y es de buen carácter. A los 26 años goza de una salud floreciente. Mi paciente sigue bien hasta marzo de 1979 (56 años), cuando comienza a quejarse de mareos con dolores de cabeza y de nuca. Vuelve a estar constipada, su lengua está sucia y su hierro sérico ha descendido a 37 gammas por 100 mililitros (normal: 120); aparece sangre en las heces. Un enema de bario revela la presencia de un cáncer de ciego. El colon ascendente es resecado el 18 de abril de 1979. La operación no tiene secuelas. Los exámenes son normales el 16 de julio de 1980: antígeno carcinoembrionario = 0,3 nonagramos por mililitro; el 29 de mayo de 1985 ha descendido a 0. El 1º de octubre de 1985 se siente bien de salud, pero su concentración de colesterol es de 302 miligramos por ciento (normal: 220 por ciento). En junio de 1986 presenta un exceso de peso de 4 kilos. El tiempo de observación ha sido de veinticinco años; la supervivencia al cáncer de ovario, de veintiséis años, y al cáncer de colon, de siete años. Esta paciente niega haber realizado importantes transgresiones alimenticias. El cáncer de colon se produjo a los 48 años en los dos hermanos y a los 56 en ella. ¿Habrá que incriminar, además de los factores de predisposición hereditaria, al estrés físico y psíquico permanente al cual se ve sometida a causa de la pérdida de su miembro inferior derecho? Ese estrés es cada vez mayor a medida que avanza su edad y disminuyen sus fuerzas. ¿O bien habrá que inculpar a la acción cancerígena a largo plazo de la radioterapia practicada después de la ablación de los ovarios cancerosos, y que, forzosamente, afectó a la región en la cual apareció el nuevo cáncer?

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He aquí la historia del hermano mayor de esta paciente. CASO 67. M. 1922 (49 AÑOS). AGRICULTOR, CORPULENTO Este hombre ha gozado de buena salud hasta 1970. Se casó a los 21 años y tuvo dos hijos y una hija. A los 22 y 26 años de edad, los hijos abandonaron el campo. El padre quedó abrumado por la pena y a los 48 años tuvo una depresión nerviosa, adelgazó 10 kilos, y en noviembre de 1970 fue hospitalizado durante un mes. En diciembre de 1970 aparecen dolores abdominales. El 12 de enero de 1971 es operado de un voluminoso cáncer situado en la unión del colon transverso y el colon descendente, con absceso peritumoral, perforado en la pared abdominal. Se resecan la mitad del colon transverso y el colon descendente. Unas flebitis complican el posoperatorio. Lo veo por primera vez el 24 de marzo de 1971, dos meses después de la operación. Trato de normalizar su alimentación y le administro vitaminas por vía oral y en inyecciones, así como ciclofosfamida en dosis bajas (100 miligramos dos veces por semana en inyecciones intravenosas). En este momento su peso es de 68,5 kilos para una talla de 1,68 metros. ¡Es bulímico, no sigue las prescripciones de régimen, y seis semanas después ha aumentado 7 kilos de peso! Un aumento ponderal tan rápido aumenta las carencias; es peligroso y susceptible de provocar una recaída cancerosa (cfr. véase caso 60, pág. 388). Aparece una masa sospechosa en las costillas del lado derecho. La tasa de hierro sérico desciende a 28 gammas por 100 mililitros (normal: 120). La tumefacción aumenta de volumen con lentitud, y el 29 de septiembre de 1972, veinte meses después de la primera intervención quirúrgica, se lo vuelve a operar. El colon ascendente y el resto del colon transverso son asiento de un enorme tumor multicéntrico, y el conjunto forma una masa del tamaño de una cabeza de niño; este tumor ha perforado el yeyuno, es adherente al páncreas, e infiltra y perfora la última parte del íleon. Los tejidos enfermos son extirpados: 19 centímetros de yeyuno, 40 centímetros del colon ascendente y transverso y del íleon terminal, así como la anastomosis hecha durante la primera operación del colon en la sigmoides. La continuidad del intestino grueso queda restablecida. El íleon termina en el sigmoides. El 8 de noviembre de 1972 el enfermo pesa 63 kilos. Vuelve a mostrarse indisciplinado y bulímico. El 28 de febrero de 1973 su peso es de 77 kilos, es decir, aumentó 14 kilos en dieciséis semanas. El hígado aparece agrandado. La presencia de metástasis hepáticas múltiples es confirmada por centellografía el 2 de marzo de 1973. Desde el 28 de febrero recibe, además de ciclofosfamida, 250 miligramos semanales de fluorouracilo, por vía intravenosa (segundo antimitótico). Su peso se eleva aun más, llega a los 82,5 kilos en febrero de 1974, y luego se estabiliza. En junio de 1974 el abdomen es más elástico, el hígado disminuye de volumen. Del 24 de julio al 2 de septiembre de 1975 se suspenden los antimitóticos; a consecuencia de esa interrupción del tratamiento aparecen numerosas metástasis subcutáneas (unas quince), unas detrás de las otras. Reanudación del tratamiento antimitótico (200 miligramos de ciclofosfamida dos veces por semana y 250 miligramos de fluorouracilo por vía oral, cinco días por semana). A pesar de ello, el número y el volumen de los tumores subcutáneos aumentan en el curso de los doce meses siguientes. Son indoloros, móviles,

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esféricos, prominentes y duros. Sin embargo, el enfermo se disciplina y sigue por fin las reglas de alimentación sana. Su peso se estabiliza. En octubre de 1977, dos años después, los tumores subcutáneos se reducen de volumen y comienzan a desaparecer. En febrero de 1978 las metástasis hepáticas ya no son detectables por ultrasonografía. El hígado está apenas aumentado. El tratamiento antimitótico es suspendido el 2 de febrero de 1979. Sin embargo, como ocurre tan a menudo en los obesos, la tensión arterial es excesiva (220/110), tiene hiperglucemia (133 miligramos por 100 mililitros; normal: 100 miligramos), hiperuricemia y artrosis en las dos caderas. La derecha es operada el 25 de febrero de 1980 (colocación de una prótesis total). ¡En esa ocasión se eliminan dos restos de tumores subcutáneos: ya no contienen otra cosa que tejidos fibroso y adiposo, y nada de células cancerosas! En junio de 1979 pierde a su esposa: aquejada de enfermedad de Raynaud desde hace muchos años, fallece de uremia a los 57 años. Mi enfermo se vuelve otra vez indisciplinado y bulímico. El 17 de febrero de 1982 pesa 86 kilos. La lengua está sucia y la concentración de ácido úrico es elevada (7,4 miligramos por ciento; normal: 4). El 4 de diciembre de 1982 es atropellado por un automóvil cuando circulaba en ciclomotor; sufre conmoción cerebral y fracturas múltiples: hueso cigomático, piso de la órbita, clavícula y omóplato izquierdos, pelvis. El fémur derecho queda fracturado en cuatro fragmentos; la prótesis, dislocada. La reparación se hace en dos etapas: primero el fémur, dejando en su lugar la antigua prótesis; seis meses después se reemplaza a ésta por una prótesis de Lord, de superficie rugosa, sin adhesivo. El resultado es excelente. La movilidad es mejor que antes del accidente. El 13 de septiembre de 1983 camina sin bastón. El 10 de diciembre de 1982, seis días después del accidente, tiene una primera hematuria transitoria. El 19 de febrero de 1983 aparece una segunda hematuria. Se trata de un cáncer papilar de la vejiga, grado 1-2 no infiltrante, eliminado por raspado. La próstata es hipertrófica; se la reseca el 2 de marzo de 1983. Se le efectúa una aplicación endovesical de antimitóticos (tiotepa) durante tres días y luego una vez por semana durante seis semanas, hasta marzo de 1984. En dos ocasiones, el 24 de enero y el 12 de mayo de 1984, experimenta un infarto de miocardio, la segunda vez, tras la administración durante dos días de anticoagulantes para una extracción dental. Encuentra una compañera operada de un cáncer de mama y reanuda en su compañía la alimentación sana y se siente mejor. En septiembre de 1984 su peso es de 75 kilos, la glucemia de 75 miligramos por ciento, el colesterol de 232 miligramos por ciento, la tasa de hierro de 112 gammas por ciento y la tensión arterial de 165/90. El 10 de diciembre de 1984 se descubren dos pequeños papilomas en la vejiga. Según las indicaciones de Linus Pauling, prescribo 3 gramos y luego 5 gramos de vitamina C por día. Un

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papiloma desaparece en seis semanas y el segundo deja de crecer. Se efectúan instilaciones de antimitóticos (mitomicina) en junio y julio de 1985. En junio de 1987 se siente bien. El tiempo de observación ha sido de dieciséis años. En resumen: este enfermo poco disciplinado fue afectado por un cáncer gravísimo de colon que recidivó al cabo de veinte meses. Metástasis hepáticas y cutáneas. A consecuencia de un duelo abandona el régimen, se vuelve obeso, hipertenso, hiperglucémico e hiperuricémico. Coxartrosis bilateral. Dos infartos de miocardio. Cáncer de la vejiga. A partir de 1984, ayudado por una cancerosa con la cual convive, reanuda la alimentación sana, adelgaza, normaliza su química sanguínea y se equilibra. Vive con buena salud dieciséis años después de la primera operación. En este caso la combinación de nuestra terapéutica con una quimioterapia prudente, perfectamente tolerada, ha sido muy benéfica para el paciente, cuya suerte, en varias ocasiones, parecía sellada en forma inevitable. CASO 68. M. 1925 (48 AÑOS). HERMANO DEL CASO PRECEDENTE En apariencia, éste tiene buena salud hasta 1973. Es dador de sangre. En el control del 31 de agosto de 1973, en la Cruz Roja, su hemoglobina ha descendido al 50 por ciento. En un mes, con píldoras de hierro, se eleva a 85 por ciento. Se busca la causa de esa anemia y se descubre sangre en las deposiciones. El 31 de octubre de 1973, un enema de bario revela la presencia de un tumor canceroso. Durante la operación, el 6 de noviembre, se extirpan 35 centímetros de intestino delgado y 30 centímetros de intestino grueso; el tumor se encuentra en la unión del intestino delgado y el grueso, mide 7 centímetros, y es casi totalmente envolvente. Es ulcerado, prominente, en coliflor, y penetra más allá de la pared intestinal en la grasa mesentérica. Un pequeño pólipo de 1 centímetro se halla a 20 centímetros del tumor. Diagnóstico histológico: adenocarcinoma del ciego. Después de la operación, las heces son líquidas durante cinco semanas. Veo al paciente por primera vez el 14 de diciembre de 1973, cinco semanas después de la operación. Ha introducido bien la crema Budwig en su alimentación desde 1970, pero no redujo su consumo de 100 gramos de mantequilla por día, no toma suficiente aceite de girasol virgen (apenas una cucharada de café en lugar de cuatro por día) y no ingiere cereales integrales. Se corrige su alimentación, y le doy vitaminas A, B, C y E en inyecciones intravenosas y por vía oral, magnesio y, en algunos períodos, hierro. El antígeno carcinoembrionario (CEA), controlado periódicamente, se mantiene normal, pero el 4 de febrero de 1983 compruebo por primera vez la presencia de glóbulos rojos en la orina y lo envío a un urólogo. Sólo a principios de noviembre se formula el diagnóstico de tumor maligno obstructivo del uréter derecho, con hidronefrosis y nefritis intersticial. Operado el 7 de noviembre de 1983, se le extirpan el riñón y el uréter derecho. El 30 de enero de 1984, le receto 3 gramos de aceite de onagra por día. A partir de entonces sigue bien. Un control centellográfico el 13 de septiembre de 1984 no revela nada de anormal.

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El 7 de febrero de 1986 tiene muy buen aspecto y se siente muy bien. Desde el comienzo de la observación, su piel es anormalmente seca y existe una alteración del metabolismo del hierro, con hierro sérico y transferrina bajos, 50-78 gammas por ciento (normal: 120) y 2,5 gammas por ciento (normal: 20-45), respectivamente, y ferritina muy elevada: 2.000 (normal: inferior a 250); dicho de otro modo, demasiado poca proteína transportadora del hierro y sobreabundancia de la proteína de fijación. El tiempo de observación ha sido de trece años. En resumen: como en el caso de su hermano mayor, un tumor maligno del colon fue seguido, diez años después, por un tumor de las vías urinarias. De los tres hermanos, sólo la hermana (caso 66) ha transmitido las reglas de alimentación sana a su hija, quien hoy tiene 26 años y que sólo ha estado enferma cuatro días (adenitis) en toda su vida. Se casó a los 25 años y dio a luz, a término, un hermoso bebé "Budwig" a los 26 años, y después un segundo hijo en marzo de 1987: i el parto se hizo en cuarenta minutos, casi sin dolores! Los dos hermanos no instruyeron a sus hijos. El mayor tuvo una hija y dos hijos, uno de los cuales fue operado de un cáncer duodenoyeyunal a los 36 años y falleció de una embolia posoperatoria. El menor tiene una hija, que sigue estéril a los 26 años, y dos hijos, el mayor de los cuales fue operado de un cáncer de colon a los 31 años. De tal manera, la predisposición al cáncer fue transmitida en esta rama de la familia con una antelación de la enfermedad tumoral de 13 a 16 años. CÁNCER DE ESTOMAGO Esta localización de tumor maligno tiene un pronóstico muy malo. He atendido un solo caso, cuya historia es la siguiente. CASO 69.M. 1899 (62 AÑOS). ALBAÑIL En la familia de este hombre no se descubre cáncer, pero sí tuberculosis (pleuresía y coxalgia). La madre murió de neumonía y el padre de embolia, los dos a los 67 años. Un hijo murió a los 20 años de septicemia. La esposa, reumática y con migrañas, fue operada de un fibroma uterino a los 47 años. Aparte de una fiebre del heno aparecida a los 56 años, tuvo buena salud hasta los 57. En esa época fue tratado con éxito de una úlcera de estómago. En octubre de 1960 se vuelve hipernervioso, con la tez amarillenta y con calambres gástricos dolorosos. Se descubre un cáncer de estómago, del cual es operado el 10 de mayo de 1961, a los 62 años. El tumor ha infiltrado el tercio inferior del órgano hasta el píloro. Es un epitelioma glanduliforme mucoso, de la dimensión de la palma de una mano grande, a caballo sobre las dos caras gástricas. Resección amplia con anastomosis gastroyeyunal. Veo al paciente por primera vez el 31 de mayo de 1961. Su peso es de 73,4 kilos para una talla de 1,74 metros. Bebe con regularidad por lo menos un litro de leche sin descremar al día, consume

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todos los días 125 gramos de grasas, y entre ellos 25 gramos de aceite de oliva, es decir, todos los días más de 190 gramos en total de sustancias grasas. Después de la operación tiene deposiciones líquidas. Le receto el tratamiento habitual: corrección del régimen alimenticio; supresión de las grasas animales, reducción de la leche y el queso; introducción de aceites ricos en ácidos grasos poliinsaturados biológicamente activos; vitaminoterapia y enzimas pancreáticas. Las deposiciones se normalizan. De junio a noviembre de 1961 padece sucesivamente de fiebre del heno, dos gripes y una angina con fiebre alta. Es clásico que el estado general no mejore hasta dos meses de nuestro tratamiento. En agosto reanuda su trabajo en un 50 por ciento. Habitualmente, todos los inviernos tosía y tenía dolores de garganta. En octubre de 1961 se siente muy bien, mejor que antes de la operación. Desde el 15 de febrero de 1962 reanuda el trabajo en un 100 por ciento. Se mantiene, desde entonces, con buena salud. El último control se realiza en 1977, dieciséis años después de la operación. POLICITEMIA (Enfermedad de Vaquez) En esta enfermedad, contrariamente a lo que ocurre en las leucemias, son los glóbulos rojos los producidos en exceso. La sangre se vuelve muy densa; hay aumento del volumen del bazo y alteraciones circulatorias. He aquí un caso: CASO 70. M. 1924 (51 AÑOS). JARDINERO La madre de este hombre falleció de diabetes a los 77 años; su padre se conserva con buena salud a los 87 años. Padece de anginas frecuentes y de resfríos crónicos con sinusitis, acompañados de sordera. Tiene una cistitis a los 30 años; entre los 30 y los 32, cuatro bronconeumonías. Desde la edad de 31, su función digestiva es irregular, con alternancia de constipación y diarrea. No tolera los embutidos, los helados y los dulces. A menudo le duelen los hombros, los tobillos, las rodillas, la cabeza. A los 36 años se advierte una coloración violácea de los dedos y la cara. Ha sido exceptuado del servicio militar a los 41 años por forunculosis crónica. A los 46 se le coloca una prótesis dental superior completa y una inferior parcial. Hasta 1970 ha fumado 40 cigarrillos por día. En 1970 se siente anormalmente fatigado. Aumentan los problemas digestivos. En abril de 1975 (a los 51 años) su rostro está rojo violáceo. Su bazo es grande. Una ligera contusión provoca la formación de un hematoma muy grande en un muslo. Un examen de la sangre revela una policitemia. ¡Se propone una internación inmediata sobre la base del seguro por invalidez, que el enfermo rechaza! En abril de 1975 recibe una primera inyección de fósforo radiactivo para disminuir la producción de glóbulos rojos por la médula ósea. Eso le trae alivio. Se ha previsto que este tratamiento deberá repetirse cada seis a doce meses. El pronóstico es reservado, como en el caso de una leucemia. El 28 de mayo de 1975 la tasa de hemoglobina es de 124 por ciento (normal: 80-100), el recuento de glóbulos rojos es de 6,25 millones (normal: 4- 5 millones), y los trombocitos de 460.000 por milímetro cúbico (normal: 200.000 a 300.000).

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Me consulta por primera vez el 28 de junio de 1975. Su peso es de 69,6 kilos y su talla de 1,75 metros; la tensión arterial de 160/120 milímetros de mercurio; la hemoglobina de 135 por ciento y el número de glóbulos rojos de 6 millones (índice 1,1). La lengua está sucia y el bazo ligeramente agrandado. Se advierte un leve aumento del volumen de todos los ganglios linfáticos. Su alimentación es entonces la siguiente: por la mañana, pan, mantequilla, dulce, queso y té; al mediodía, legumbres, carne, pescado, frutas, ensaladas; a las 16 horas, frutas; por la noche, té, arroz descortezado, legumbres, pan, mantequilla y dulce. Esto representa, en sustancias grasas, 36 gramos de mantequilla y 25 gramos de aceites refinados. Ha reducido en forma espontánea el consumo de mantequilla desde 1974; antes la comía "enormemente". Le prescribo el tratamiento habitual: corrección de la alimentación; inyecciones endovenosas de vitaminas dos veces por semana, vitamina C, citratos y un desinfectante intestinal. Seis semanas después, la hemoglobina está en 93 por ciento y los glóbulos rojos en 4,9 millones por milímetro cúbico. El color de la tez se ha normalizado. El enfermo ya no presenta síntomas de policitemia, y esto en forma perdurable. Puede continuar trabajando al 100 por ciento. De agosto de 1975 a enero de 1980, la fórmula sanguínea se mantiene normal. Luego, la tasa de hemoglobina se eleva al 128 por ciento y el número de glóbulos rojos a 6 millones por milímetro cúbico (normal: 5 millones). El paciente se siente fatigado y oprimido. El 14 de abril de 1980 recibe por segunda vez una inyección de fósforo radiactivo (6,5 milicuries), es decir, cinco años después de la primera. El 30 de mayo de 1980 sufre una resección de la próstata por un adenoma benigno. A partir de junio de 1980 la sangre se normaliza y hasta hoy, 18 de mayo de 1986, la concentración de glóbulos rojos permanece en los límites normales. El número de glóbulos blancos era, en marzo de 1984, de 12.000 a 14.000 (normal: 6.000 a 8.000 por milímetro cúbico). A lo largo de los años sufre a menudo de diarrea. Un enema baritado muestra la presencia de un dolicocolon espástico, irritable. Como jardinero, trabaja casi siempre al aire libre y tiene infecciones gripales triviales en invierno. Padece de espondilartrosis y hace curas balnearias cada dos años más o menos. Reduce poco a poco su trabajo al 75 por ciento y luego al 50 por ciento. En 1985 tiene 61 años, pero trabaja todavía en un 50 por ciento, con interrupciones. En 1986 se jubila. En mayo de 1987 se mantiene la estabilización. En resumen: un enfermo afectado de policitemia, tratado en abril de 1975 con fósforo radiactivo, es considerado inválido en esa época. Puede ser mantenido en actividad, primero al 100 por ciento y luego en tiempo parcial durante siete años. Beneficiado con nuestro tratamiento, puede retardar en cinco años un segundo tratamiento radiactivo, antes previsto con intervalos de seis a doce meses. Hasta mayo de 1987 (fecha del último control) ya no lo necesita. El tiempo de observación ha sido de doce años. MIELOMA MÚLTIPLE CASO 71. M. 1895 (67 AÑOS). EBANISTA

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Su madre y su hermano fallecieron a los 69 y 66 años, respectivamente, de cánceres abdominales. El paciente tuvo enfermedades de la infancia benignas; lleva una prótesis dental superior desde los 20 años e inferior desde los 35. Se vio afectado de congestión pulmonar a los 44 años y luego se conservó en buena salud hasta los 63 años. A partir de esta edad se volvió poco resistente a las infecciones triviales y tuvo una bronconeumonía y múltiples bronquitis. Fuma diez cigarrillos por día. En el otoño de 1960, a los 65 años, un dolor en la nalga izquierda, irradiado a todo el miembro inferior, se agrava progresivamente. En diciembre de 1960, una radiografía revela un foco osteolítico en la cuarta vértebra lumbar, que se consolida a lo largo de febrero de 1961. Es operado el 18 de marzo de 1961. La médula espinal se encuentra comprimida por el tejido tumoral. Se trata de un mieloma, tumor maligno derivado déla médula ósea, que ha destruido en parte la cuarta vértebra lumbar. Se elimina el tejido enfermo en la medida de lo posible. Se aplica radioterapia posoperatoria, y no toma más antimitóticos, sino un anabolizante y cortisona. Los dolores desaparecen. Debe llevar un corsé ortopédico de sostén. Pero en abril de 1961 aparecen dolores en la región cervical, que se agravan durante el verano. El 5 de diciembre de 1961, estos dolores se irradian hacia los omóplatos y los dos brazos; siente hormigueos en los dedos. Una radiografía muestra la presencia de un foco tumoral en la sexta vértebra cervical. Después de una segunda sesión de radioterapia, finalizada el 15 de enero de 1962, los dolores empeoran aun más: el enfermo debe tomar muchos calmantes. Lo veo por primera vez el 5 de febrero de 1962. Es un hombre achacoso, totalmente impotente. De pie, tiembla y pierde el equilibrio. Presenta gran debilidad de los cuatro miembros, reflejo de Babinski positivo y clonus del pie izquierdo. Es incapaz de sostener una taza. Temblor fino de la lengua. Dicho de otra manera, se trata de un nuevo foco de mieloma que comprime la médula espinal. Se lo considera perdido a corto plazo. A pesar de los calmantes, los dolores constantes perturban su sueño. La piel es muy seca y se descama en el tronco y los miembros, como testimonio de una carencia importante de vitamina F. La tez es amarillenta, con depósitos seniles de lípidos, y arco senil bilateral. La bacteriuria es intensa. Prescribo la supresión del tabaco y el tratamiento habitual: corrección del régimen alimenticio (que comprendía queso y carne todos los días, leche dos veces por día, 51 gramos de grasas adicionales: 6 gramos de mantequilla, 19 gramos de margarina, 26 gramos de aceite de girasol ordinario), administración de vitaminas por vía intravenosa y por vía oral; inyecciones intramusculares cotidianas de vitamina F, durante diez días, luego espaciadas. El enfermo se siente mucho mejor. El 14 de febrero de 1962, es decir, después de nueve días, los dolores, atribuibles a la extensión de las lesiones, han desaparecido, así como el temblor de las piernas. El 18 de febrero se levanta. El 28 de marzo, después de siete semanas de tratamiento, ¡se pone su corsé, se mantiene levantado todo el día, sale y camina 3 kilómetros! A fines de mayo han desaparecido las parestesias en los miembros superiores. Desde fines de agosto recibe 100 miligramos de hormonas masculinas en inyecciones intramusculares tres veces por mes. Las lesiones de la columna vertebral son estacionarias según la radiografía de control.

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En octubre se siente mejor que desde hace muchos años, y esa mejoría persiste el 14 de octubre de 1963, un año después. Recordamos que el intervalo entre las dos irradiaciones ha sido de apenas nueve meses. La supresión del primer foco, sin tratamiento del estado general, activa, según nuestra lógica, la formación de otros cuerpos. Hemos obtenido una estabilización de la enfermedad en más de veintiún meses, con una excelente calidad de vida. Después, el enfermo se perdió de vista. Conviene destacar, en este ejemplo, el notable efecto benéfico de la vitamina F parenteral. LINFOSARCOMAS Los linfosarcomas son tumores malignos radiosensibles, pero recidivantes y de mal pronóstico. Sin embargo, la curación se ha logrado en los dos casos de los cuales nos ocupamos, respectivamente, seis meses y un día después del tratamiento hospitalario. CASO 72. M. 1966 (6 AÑOS). Linfosarcoma del páncreas Antes de la aparición del tumor, este niño sólo tuvo dos infecciones benignas, pero desde los 2 años, se encuentra crónicamente constipado y sólo evacúa el intestino dos o tres veces por semana. El 4 de noviembre de 1971, en forma brusca, aparecen violentos dolores en la región umbilical. El 15 de noviembre, la laparotomía revela la existencia de un voluminoso linfosarcoma inoperable de la cabeza del páncreas. Se le hace una irradiación paliativa de cobalto durante cinco semanas y luego quimioterapia con vincristina y ciclofosfamida, en inyecciones semanales, así como transfusiones sanguíneas. Lo veo por primera vez el 15 de mayo de 1972, seis meses después de la operación y la irradiación. A partir de ésta, las heces son informes y contienen alimentos mal digeridos. El niño es pálido, anémico (71 por ciento). En la región epigástrica se palpa una masa que llega hasta el ombligo. Su alimentación es del tipo moderno habitual: por la mañana, cacao con leche, pan blanco, mantequilla, dulce y en ocasiones copos de maíz con yogur; al mediodía, potaje, hígado, legumbres, pastas, ensalada; en la merienda, pan blanco; en la cena, pan, mantequilla, dulce, yogur. El consumo de grasas es de 35 gramos de mantequilla y 20 gramos de aceite de girasol refinado por adulto y por día. La alimentación es corregida y las deposiciones se normalizan a partir del cuarto día de ingerir crema Budwig. El niño recibe vitaminas A, B, C, E y D2, extracto de páncreas y de hígado, arginina, magnesio, calcio y citrocolina. La quimioterapia se continúa en forma alternativa con vincristina y ciclofosfamida. El 25 de mayo, una centellografía muestra que el tumor no ha aumentado. En junio, el abdomen se vuelve más elástico. En julio, el niño está mucho mejor, su tez es rosada y ya no se queja de fatiga. En septiembre su peso ha aumentado en 2 kilogramos. El abdomen es elástico. En enero de 1973 hace una vida normal y esquía.

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Después de diez meses de alimentación normal, la constipación ha desaparecido totalmente. Sin embargo, el 9 de febrero, vuelve a sentir dolores violentos en el epigastrio. Durante la operación se comprueba la presencia de un quiste benigno en el píloro, de la dimensión de una ciruela grande, que es extirpado. Ya no quedan rastros del tumor maligno, sino sólo del tejido cicatrizal. Se suspende el tratamiento antimitótico. Los médicos que siguen al niño en el hospital hablan de "milagro". En 1986, tiene 20 años. El tiempo de observación ha sido de catorce años. CASO 73. M. 1934 (27 AÑOS). Linfosarcoma de la amígdala Su padre, asmático, sufre en forma crónica del estómago. Su madre es de carácter difícil. Desde la infancia, él ha recibido una alimentación pesada y grasa. Su historia clínica está ya cargada: sarampión, tos ferina, adenitis, a corta edad; gripes todos los años; desde los 13-14 años, cansancio crónico, falta de vida al aire libre; conjuntivitis alérgica y fiebre del heno a partir de los 18 años; ictericia a los 23 años. Su juventud ha transcurrido en una atmósfera de conflictos familiares perpetuos y de tensión nerviosa insoportable. A los 23 años abandona de manera definitiva a su familia para tener paz. Se casa a los 25 años. El 28 de noviembre de 1960 (a los 26 años) aparece un pequeño tumor en la amígdala derecha, que aumenta de volumen con rapidez. En el hospital se le practica una biopsia: se trata de un sarcoma linfoblástico. La esperanza de vida es de sólo dos años con los medios de lucha habituales, es decir, la extirpación y la radioterapia local. Se realiza una amigdalectomía bilateral el 24 de diciembre de 1960. La radioterapia posoperatoria finaliza el 14 de febrero de 1961. El enfermo "arranca” la verdad al médico que lo trata, ”quien le confiesa que sólo le quedan dos años de vida y que sería bueno que los disfrutara lo mejor posible”. Me consulta por primera vez el 15 de febrero de 1961. Su peso es de 61,9 kilos (adelgazamiento de 7,5 kilos desde 1958) para una talla de 1,81 metros. La tensión arterial es de 130/60 milímetros de mercurio. Bajo la protección de un régimen alimenticio bien equilibrado y un aporte abundante de lecitina y de vitaminas A, B, C, D y E por vía oral y en inyecciones intravenosas, en los años que siguen llega a hacer una vida normal y acompaña a sus compañeros de trabajo a distintos países y continentes. A pesar de las dificultades inherentes a su vida nómada, observa de manera estricta las prescripciones alimenticias. Es el único del grupo que nunca está enfermo. Ello parece tan asombroso que muchos de sus compañeros lo imitan y se alimentan como él. En tanto que experimentaba una intolerancia notable a todas las grasas empleadas antes, se siente muy bien con los aceites ricos en ácidos grasos poliinsaturados, biológicamente activos, y los consume de buena gana. Persuadido de la enorme influencia de la alimentación en nuestra salud, cambia su modo de vida. En septiembre de 1964 se instala en una granja y realiza una experiencia única en su género. Elimina de su alimentación, por períodos, ora la carne, ora los huevos, el azúcar, la sal y las harinas molidas de antemano. Busca, con mucha paciencia, su equilibrio alimentario.

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A partir de 1964 se nutre cada vez más de alimentos crudos, que él mismo produce en su mayor parte. Por la mañana come frutas, oleaginosas y bebe agua caliente; al mediodía, legumbres crudas, queso, una yema de huevo fresca y cruda, levadura de cerveza, un poco de aceite prensado en frío; a la noche, potaje de mijo con agua y pan, que cuece él mismo, y queso. En 1967 abandona la leche y los huevos. En 1969 introduce en su alimentación frutas tropicales y crustáceos (camarones, langostinos) y sólo consume carne cruda de animales alimentados en forma normal (véase pág. 40). Toda su familia, compuesta por su esposa y cuatro hijos, sigue el mismo régimen. Los niños son amamantados durante varios meses por la madre y se les administra tantos alimentos crudos como deseen, y cuya elección determinan ellos mismos (alimentación instintiva). Viaja al Congo en 1969, tiene una enfermedad tropical grave y regresa en 1970. El último de los niños, recién nacido, muere en África. A continuación, nace un quinto hijo. El sarcoma linfoblástico no ha recidivado en 1985, es decir, veinticuatro años después. Visité a esta familia en 1965. Todos son delgados, pero lo más notable es el equilibrio psíquico de los niños. Reunidos en dos habitaciones cuatro adultos y cuatro chicos, en las horas que duró mi visita no hubo rencillas, ni disputas, ni gritos. Esos niños no se golpean, sino que se divierten en forma armoniosa. El perro, alimentado de manera análoga, tiene también un comportamiento apacible. Es vivaz y obedece a las órdenes del amo, pero en su exuberancia no molesta a nadie. El bebé recibe, aparte del pecho materno, alimentos crudos, premascados. En resumen: un hombre joven, hijo único, que conoció una infancia singularmente difícil entre dos padres en perpetuos conflictos, padece una nerviosidad anormal y manifestaciones alérgicas diversas. A los 26 años aparece un sarcoma linfoblástico de la amígdala derecha, que es operado y luego irradiado. Un cambio de la alimentación y la vitaminoterapia intensa estabilizan al enfermo. Ya no toleraba las grasas alimenticias habituales, pero soporta a la perfección los aceites ricos en ácidos grasos poliinsaturados. Los problemas alérgicos desaparecen. Lleva una vida profesional y familiar normal, y veinticuatro años después de su operación se mantiene en buena salud. Ha vuelto, con toda su familia, a una alimentación primitiva, de antes de la invención del fuego, alimentación que él denomina instintiva. SARCOMA MIOBLASTICO CASO 74. M. 1919 (35 AÑOS). JOVEN CHINO, ESTUDIANTE DE PSICOLOGÍA Cuando tiene 31 años, una tuberculosis pulmonar derecha es tratada con éxito mediante ácido paraaminosalicílico (PAS) e isoniazida. La enfermedad recidiva cuando tiene 34 años. Sufre una toracoplastia en mayo de 1953. En junio de 1953, un dolor y una induración del muslo derecho se agravan poco a poco. Es operado un año después: es un sarcoma mioblástico. Al cabo de tres semanas se produce una recidiva local. Una nueva operación, el 15 de agosto, es seguida de radioterapia durante dos meses, hasta fines de octubre de 1954 (el sarcoma mioblástico se considera poco sensible a las radiaciones).

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Lo veo por primera vez el 22 de diciembre de 1954. Pesa 65,4 kilos para una talla de 1,72 metros. Corrijo su alimentación y prescribo un aporte de vitaminas en inyecciones intravenosas y por vía oral, que prosigue durante un año y medio. En agosto de 1956 y en marzo y abril de 1957 recibe tratamientos de insulina, según Leupold. En 1980 se encuentra en buena salud. Ni el sarcoma ni la tuberculosis han recidivado. El tiempo transcurrido ha sido de veintiún años. MESOTELIOMA RECIDIVANTE DE LA PLEURA CASO 75. F. 1945 (29 AÑOS). Tumor maligno gravísimo originado en el revestimiento endotelial de la pleura Su madre fue afectada por pequeños cánceres cutáneos en la cara a los 62 años. Esta joven mujer sufre a los 26 años un grave accidente de automóvil, por colisión frontal con un conductor ebrio. El resultado de ello son fracturas múltiples de los miembros, traumatismo torácico y conmoción cerebral. Veinticuatro horas después del accidente se produce una embolia pulmonar grasosa que pone su vida en peligro. En esa época, sus pulmones fueron examinados y encontrados normales, pero quince meses después se observa una mancha en el ápice del pulmón derecho. Dos meses después aparece una segunda mancha. Se realiza una operación en enero de 1973. La parte enferma es extirpada. El examen histológico muestra que se trata de un mesotelioma con dos focos, tumor maligno de mal pronóstico. Durante algunos meses la paciente se mantiene bastante bien, pero siempre se queja de un punto doloroso por dentro del omóplato derecho. En septiembre de 1974, una recidiva difusa del tumor impone una nueva intervención. Gran parte de aquel es resecada, pero no tiene límites precisos. La situación es grave. Se sabe que la radioterapia es poco eficaz en este tipo de tumores, pero, con la esperanza de aumentar algo la sobrevida, se irradia la región operada (27 sesiones de cobalto). El efecto de este tratamiento sólo puede ser un paliativo. La enferma es considerada perdida. La veo por primera vez el 3 de diciembre de 1974, pocos días después de terminada la irradiación. Su peso es de 46 kilos para una talla de 1,60. Presenta la lengua sucia, las mamas granulosas y muchas verrugas en las manos; se queja de gran cansancio. Dos meses antes ya había corregido en parte su alimentación moderna carenciada reemplazando el desayuno clásico por la crema Budwig. La alimentación se normaliza con la introducción de cereales integrales, aumento de la ración de aceites prensados en frío y exclusión de las grasas inadecuadas. Se agrega a ello una vitaminoterapia según el esquema habitual, un aporte de citratos y de cloruro de magnesio e inyecciones de extracto de hígado y de alcachofas. Dos meses después, se siente mucho mejor, menos fatigada de lo que lo estuvo después de la primera operación. ¡El punto doloroso detrás del omóplato derecho (causado, sin duda, por una insuficiencia hepática) y las granulaciones anormales de las mamas han desaparecido! Reanuda su trabajo de fisioterapeuta en un 50 por ciento. En marzo de 1975, se le realiza una pequeña intervención en el útero: conización por lesión precancerosa. A partir de diciembre de 1975 se siente cada vez mejor. Hace con regularidad gimnasia respiratoria, lo cual restablece en 1978 una función pulmonar satisfactoria y hace 267

desaparecer todas las molestias cicatrizales desagradables. En mayo de 1980 se siente muy bien. En las radiografías, las secuelas cicatrizales son estables. Su cirujano la considera curada. Este estado se mantiene en 1987. En resumen: a continuación de un violento traumatismo torácico, se localiza un tumor maligno en la pleura derecha. Este es operado, pero recidiva quince meses después en forma difusa. El pronóstico a largo plazo es malo. Sometida a nuestro tratamiento, se cura. El tiempo de observación ha sido de trece años. Un traumatismo por sí sólo no provoca la aparición de un tumor, pero, en un organismo pronto a producirlo, o dicho de otra manera, "que lo necesita”, determina a menudo la localización. En su libro La vitamina C contra el cáncer, Linus Pauling describe un caso análogo, en el cual la curación fue inducida por dosis muy grandes de vitamina C. HISTIOCITOMA POR CLOSTRIDIUM CASO 76. M. 1930 (49 AÑOS) Su abuelo paterno, gran fumador, falleció a los 70 años de un cáncer de la laringe. La abuela vivió hasta los 86 años. Su padre, bulímico, diabético a los 25 años, murió de un cáncer intestinal a los 84 años. Por el lado materno, el abuelo había sido muerto en la guerra; la abuela, operada de un cáncer de estómago a los 75 años, falleció a los 86. Este hombre tiene cuatro hijos, de 13 a 25 años, que padecen de numerosas caries dentales y frecuentes infecciones de las vías respiratorias superiores. Por su parte, él ha tenido sarampión y tos ferina en la infancia y varicela y adenitis en la edad adulta, a los 22 y 29 años respectivamente, complicadas estas últimas con meningitis. Desde hace años padece de un flujo continuo, muy molesto, en el fondo de la nariz, que no le permite dormir de espaldas. Sus deposiciones son regulares, malolientes. Tiene migrañas con vómitos cuatro veces por año desde los 30 años de edad, y dolores crónicos de espalda. En octubre de 1978, a los 48 años, recibe un golpe en la cara interna del muslo izquierdo. Dos meses después aparece en ese lugar un nódulo doloroso. Ya sólo puede desplazarse con la ayuda de dos bastones ingleses. En la operación, practicada el 16 de enero de 1979, se encuentra un tumor quístico de la dimensión de una pera grande, de contenido hemorrágico, cuya pared está formada por tejido canceroso (histiocitoma maligno). El líquido del quiste contiene Clostridium perfringens, agente de la gangrena gaseosa. La escisión es seguida por un tratamiento con penicilina en perfusión durante diez días. En ese momento puede volver a caminar sin bastones. El lugar enfermo es irradiado durante cuatro semanas (cobalto, 4.800 rads) y luego con betatrón durante dos semanas (2.200 rads). Este tratamiento termina el 7 de junio de 1979. A partir del 25 de junio comienza quimioterapia con perfusiones, cinco días consecutivos por mes (el primer día cloxorrubicina, ciclofosfamida, vincristina y dacarbazina; los otros días deticene solo). Reacciona a esa terapéutica agresiva con grandes espasmos de estómago, difíciles de calmar. Lo veo por primera vez el 29 de agosto de 1979, después de cuatro sesiones de quimioterapia. Pesa 87 kilos para una talla de 1,77. 268

Se encuentra extenuado. Prescribo el tratamiento habitual, corrección de la alimentación y vitaminoterapia: por vía intravenosa y por vía oral; cloruro de magnesio 0,4 gramos por día; citratos. El 10 de septiembre de 1979 el bacilo perfringens, hasta entonces presente en las deposiciones, ha desaparecido. En noviembre soporta mejor la quimioterapia. Se la continúa hasta junio de 1980, es decir, durante un año. Tres meses después, el 1º de octubre de 1980, aparece un nódulo tumoral en el pulmón. Se reanuda la quimioterapia, esta vez con metotrexato (5 gramos en 6 horas, el 13 de octubre, el 18 de noviembre de 1980 y el 5 de enero de 1981), seguido de irradiación concentrada sobre la metástasis pulmonar. Contrariamente a lo que ocurre casi siempre con la quimioterapia prolongada, ha conservado su cabello intacto, lo cual es frecuente en los pacientes a quienes atiendo. En 1982 trabaja en forma normal y, en apariencia, se encuentra curado. El Clostridium perfringens, huésped ocasional del medio intestinal, produce una violenta toxina que provoca hemólisis y hemorragias. Hemos demostrado en las ratas que el tejido canceroso es capaz de neutralizarlo. Según nuestra lógica, este enfermo construyó su histiocitoma para defenderse contra esa toxina. En nuestra opinión, el tratamiento habría sido más eficaz y breve si, antes de dedicarse al mecanismo de defensa, se hubiese cuidado el intestino del paciente, como nosotros lo hacemos de manera sistemática. TRES CASOS DE TUMORES MALIGNOS DEL SISTEMA NERVIOSO – ASTROCITOMAS CASO 77. F. 1949 (23 AÑOS) Desde el comienzo de su escolaridad, y hasta los 17 años, tuvo resfriados muy frecuentes. En julio de 1972, a los 23 años, padece de dolores de cabeza y de una debilidad de los miembros inferiores. El 5 de agosto es operada de urgencia de un tumor cerebral gigante, mal delimitado. Es imposible la resección total. La operación es seguida, del 29 de agosto al 27 de octubre, de irradiación con betatrón. En el examen histológico, se trata de un astrocitoma en la etapa 3-4, tumor caracterizado por su tendencia a recidivar con rapidez. Dada la extensión del tumor, los neurocirujanos se muestran pesimistas en cuanto al futuro de la paciente. La veo por primera vez el 8 de octubre de 1972, un mes después de la operación. Su peso es de 50 kilos para una talla de 1,62 metros. Los dolores de cabeza y la debilidad de las piernas han desaparecido. Persiste una ligera alteración del equilibrio y la marcha es vacilante. El paralelismo ocular se encuentra perturbado. A la izquierda, el ojo está desviado hacia adentro por parálisis parcial de los músculos oculomotores externo y superior. Se mantiene en la horizontal cuando la enferma eleva la mirada; una línea recta se ve quebrada. La hendidura palpebral izquierda está disminuida en 1 milímetro. Las mamas presentan numerosos nódulos, del tamaño de lentejas y porotos. La lengua es saburra!, la piel de las piernas es muy seca y la paciente se fatiga mucho. Su alimentación es clásica, moderna, carenciada, con café con leche completo dos veces por día. Consume mantequilla (70 gramos por día) y aceites refinados (15 mililitros por día). Se corrige la 269

alimentación mediante la supresión de sustancias grasas que no sean aceites prensados en frío, de girasol y de lino, y la introducción de cereales integrales, completada con la vitaminoterapia habitual por vías oral e intravenosa. Dos meses después, la fatiga disminuye, los defectos oculomotores desaparecen y recupera las fuerzas. En octubre de 1973, quince meses después de la operación, el estrabismo casi ha desaparecido. Los objetos vistos por el ojo izquierdo son menos deformados. La sequedad anormal de la piel ha desaparecido. La enferma tiene muy buen aspecto y trabaja en un 50 por ciento. En septiembre de 1974, de los numerosos nódulos mamarios, sólo uno es palpable todavía. En abril de 1975, la visión a la izquierda se ha normalizado. En marzo de 1976 toma píldoras anticonceptivas: reaparecen nódulos en ambas manos. Se casa en junio de 1976. Concibe un hijo en enero de 1979. Después de un embarazo sin complicaciones, el 11 de octubre de 1979 nace una niña normal y vigorosa. El 7 de mayo de 1980 su peso es de 54 kilos; sus mamas son normales. De su enfermedad sólo persiste una ligera falta de paralelismo en los movimientos oculares extremos. En 1987 goza de buena salud. Se puede considerar que la curación ha sido lograda. El tiempo de observación fue de quince años. CASO 78. F. 1950 (26 AÑOS). Antelación del cáncer en 55 años respecto de la abuela y en 25 años respecto de la tía materna Anamnesis familiar. Su abuela paterna falleció a los 80 años de leucemia. Una tía materna falleció a los 50 años de un cáncer uterino. Su madre vive a los 61 años, operada dos veces a corazón abierto, por insuficiencia mitral (válvula artificial). Anamnesis personal: Desde la infancia ha debido luchar contra la constipación. Tuvo un ataque reumático a los 7 años. Desde los 14 años tiene dolores de cabeza más o menos intensos, que a los 25 años van acompañados por vómitos y se vuelven insoportables. El 19 de octubre de 1975 aparece un descenso notable de la visión a la izquierda. Una estasis papilar bilateral es testimonio de un proceso expansivo intracraneano. Se la opera, el 20 de noviembre de 1975, de un tumor del volumen de un huevo, localizado en el lóbulo frontal derecho. Se trata de un astrocitoma maligno en etapa 3. La operación es seguida de irradiaciones de cobalto (5.500 rads), tratamiento que finaliza el 7 de febrero de 1976. Aparte de algunos trastornos de la memoria, el posoperatorio carece de complicaciones. Se le receta, por prudencia, un medicamento antiepiléptico, así como cortisona (2 miligramos por día). La veo por primera vez el 2 de marzo de 1976, o sea, cuatro semanas después de la terminación de las irradiaciones. Su peso es de 48,3 kilogramos, su talla de 1,61 metros y su anemia del 75 por ciento. Aparte de un ligero nistagmo y una dificultad para invertir con rapidez los movimientos de las manos (adiadococinesis), no se detecta ningún problema neurológico. 270

Su régimen alimenticio convencional, pobre en vitaminas B, C y F, y rico en mantequilla (café completo por la mañana y la noche), se corrige y completa con aporte de vitaminas: en inyecciones intravenosas dos veces por semana, vitaminas A, B, C y E por vía oral y cloruro de magnesio 0,4 gramos por día; contra la anemia, extracto de hígado, de píloro, de levadura, lisina y oligoelementos: Fe, Mn, Co, Cu (dos ampollas de 10 mililitros por día), y citratos para ajustar el pH urinario a 7-7,5. Tres meses después, se siente bien. Desde el cambio de alimentación, el estreñimiento ha desaparecido. Las reglas se normalizaron y ya no son dolorosas. El cabello caído después de la irradiación ha vuelto a crecer a los costados de la cabeza. En septiembre de 1976 reanuda, en medias jornadas, su trabajo de educadora de niños diferenciales. En junio de 1977 realiza ocho horas de marcha durante una excursión de esquí, a 4.000 metros. Se siente mejor que antes de la operación, ya no tiene dolores de cabeza y no se ha levantado con tanta facilidad desde hace diez años. La capacidad visual es normal. Durante el invierno siguiente tuvo en tres ocasiones un resfrío durante el período menstrual (es bien sabido que en todas las mujeres el nivel de los anticuerpos circulantes -las gammaglobulinas- desciende en ese momento). Desde comienzos de 1981 se siente muy bien. El 24 de abril la tasa de hierro sérico, que antes era de 92 gammas por ciento, desciende a 42 como consecuencia de un aborto ocurrido en febrero, en el segundo mes de un primer embarazo. Recibe hierro en píldoras y en inyecciones intravenosas (una vez por semana). En julio de 1981 se produce una segunda concepción. Da a luz por fórceps, el 31 de mayo de 1982, a una niña normal de 3,290 kilos, a quien alimenta durante tres semanas y media. El embarazo, el parto y la lactancia, además del trabajo doméstico y profesional, la agota. El 28 de junio tiene dolores de cabeza. Aparecen alteraciones del equilibrio y una ligera parálisis facial izquierda. Estos trastornos se acentúan, y la paciente es operada de nuevo el 19 de julio de 1982. Un voluminoso tumor (etapa 2-3) se ha vuelto a formar en el mismo lugar que el primero. Se adhiere a la duramadre por reacción a la irradiación sufrida en 1976. Se lo extirpa. La paciente recibe en forma preventiva una medicación antiepiléptica. ¡Se repone muy bien de esta intervención, y el 20 de noviembre de 1982, al cabo de tres meses, esquía en el monte Fort, a 3.000 metros de altura! El 10 de junio de 1983 retoma su actividad profesional en jornada completa y trabaja hasta trece horas por día. Se siente muy fatigada. El 19 de noviembre de 1983, después de una violenta colisión en la pista con un esquiador, pierde la conciencia durante unos cuatro minutos y desaparece la sensibilidad en el hemicuerpo izquierdo. Al día siguiente no puede mantenerse de pie y pierde el equilibrio hacia la izquierda. Estas alteraciones cesan el 15 de diciembre de 1983, pero la hipoestesia del hemicuerpo izquierdo persiste. El 23 de junio de 1983 es operada una tercera vez, a causa de una segunda recidiva en la parte posterior de la zona de la operación precedente, que mide más o menos unos

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3 centímetros de diámetro. Después de esta intervención, el brazo y la mano izquierdos "están un poco muertos". En febrero de 1984 trabaja medio tiempo. El 24 de julio de 1984, aparece un edema de papila bilateral, con nueva pérdida de la visión a la izquierda desde el 28 de noviembre de 1984. En la tomografía se descubre la presencia de una tercera recidiva en el mismo lugar. Se la trata con cortisona (2 miligramos y luego 1 miligramo de dexametasona). A partir del 8 de septiembre de 1984 se emprende un tratamiento con dosis elevadas de vitamina C, según el método de Pauling. Se llega a la dosis de 10 gramos por día el 25 de septiembre. Se realiza una cuarta operación el 28 de diciembre de 1984: se extirpa un tumor frontal de la dimensión de una naranja. Está bien delimitado y es más fácil de extirpar que el de 1982. Después de esta nueva operación, ayuna durante varios días, y sólo ingiere jugos de legumbres, tisanas y miel. Se repone; interrumpe la ingestión de vitamina C en altas dosis del 27 de diciembre de 1984 al 10 de febrero de 1985. El 29 de mayo de 1985 un análisis de embarazo es positivo. Se practica la interrupción del embarazo y la esterilización el 4 de junio. A fin de mes puede realizar sus tareas domésticas, y se siente muy bien con la ingestión de 10 gramos de vitamina C por día. La tomografía practicada en mayo de 1985 indica que el tumor recidiva. En septiembre de 1985 no se percibe ningún síntoma inquietante. El tiempo de observación ha sido de diez años. En resumen: una joven de 25 años padece de un voluminoso tumor cerebral frontal maligno (astrocitoma). La atiendo a partir del segundo mes posterior al final de la irradiación. Tiene una remisión de cinco años, durante los cuales se siente muy bien. En 1981, después de un aborto, de un embarazo y del nacimiento de un niño normal, se encuentra agotada: primera recidiva y segunda operación seis años y ocho meses después de la primera. La tercera y cuarta operación, como consecuencia de recidivas, se producen once meses y un año y medio después. El trabajo tan tensionante con niños diferenciales, la carga de las tareas domésticas y los cuidados del bebé resultan demasiado fatigosos para ella. Abandona su empleo, y desde 1984 se siente bien. Nuestro tratamiento habitual fue completado a partir de septiembre de 1984 con un aporte de 10 gramos de vitamina C, según los preceptos de Pauling. Sin embargo, después de la tomografía aún se encuentra bajo la amenaza de recidiva en septiembre de 1985, sin señal clínica ninguna. Ultimo control el 12 de mayo de 1987: declina poco a poco. CASO 79. M. 1949 (17 AÑOS) Su madre fue afectada por un cáncer de mama a los 50 años y su padre por un infarto de miocardio a los 63. A los 7 años tuvo una escarlatina seguida de nefritis aguda. Siempre presentó una mala resistencia a las infecciones triviales: rinitis, sinusitis, bronquitis de repetición, aun en verano; asma entre los 4 y los 11 años, tratado por medio de curas termales; bronconeumonía a los 5 años. A lo largo de la infancia, las crisis de acetonemia son testimonio de una alimentación demasiado rica, mal tolerada. A los 16 años prepara su bachillerato; en noviembre de 1965 272

padece de dolores de cabeza, vómitos y dificultades visuales (estrechamiento del campo visual). Hospitalizado, operado el 1° de febrero de 1966: se descubre, en la base del cerebro, en las cercanías del nervio óptico, un tumor inoperable del volumen de una nuez, con límites difusos. Una biopsia muestra que se trata de un astrocitoma. Es irradiado con betatrón. Lo veo por primera vez el 26 de febrero de 1966, 25 días después de la intervención, en pleno tratamiento radiante. Su peso es de 56 kilos para una talla de 1,77 metros. Entonces advierto el acné en la cara, deposiciones malolientes y ligeras alteraciones del equilibrio: camina arrastrando los pies. Su alimentación es la siguiente: por la mañana, jamón, sardinas, aceite, huevos, queso, cacao con leche; a mediodía, embutidos, carne asada o mariscos, ensaladas, pastas, queso, frutas; por la noche, carne o embutidos, pescado, pastas, queso, frutas. Todo esto representa, en grasas adicionales: 18 gramos de mantequilla y 50 mililitros de aceite refinado. Se trata, por lo tanto, de un régimen hipercárneo, con muy pocas legumbres, ningún cereal integral y ningún aceite rico en vitamina F. Se corrige el régimen con aporte de vitaminas y oligoelementos (oro, magnesio, hierro, cobre). A partir de ese momento desaparecen los dolores de cabeza, recupera el apetito, el peso aumenta 4 kilos en seis semanas y las deposiciones se normalizan y pierden su mal olor. El 31 de marzo de 1966 su tasa de hierro sérico es de 49 gammas por ciento (normal: 120). Recibe hierro endovenoso y por vía oral. Después del tratamiento con betatrón, experimentó una pérdida pasajera del gusto y el olfato. El tumor está muy mal ubicado, en el centro regulador de las funciones hormonales. Antes de su enfermedad se encontraba entre los primeros de su clase. Su personalidad ha cambiado: se ha vuelto negligente. En abril de 1967, diecisiete meses después de la operación, se desarrolla un síndrome adiposogenital; se vuelve eunucoide y obeso. Surge a la vista una insuficiencia hipofisaria. Se la compensa con 10 miligramos de cortisona, 100 miligramos de extracto tiroideo por día y 100 miligramos de hormona masculina (testosterona) en inyección intramuscular una vez por mes. El 4 de junio de 1968 la capacidad visual es de apenas 0,1 en un ojo y de 0,5 en el otro (normal: 1), secuelas probables de la irradiación. La capacidad auditiva, sobre todo a la izquierda, ha disminuido. En 1970 debe usar audífonos en los dos oídos. Persisten los trastornos del equilibrio. Una investigación practicada el 13 de julio de 1979 con los medios modernos demuestra una calcificación de los núcleos grises centrales y dilatación del cuarto ventrículo, pero ninguna recidiva tumoral. A los 31 años, quince años después del diagnóstico, está curado de su tumor, pero sigue siendo un inválido, incapaz de ganarse la vida.

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DOS CASOS DE SCHWANNOMAS MALIGNOS En estas afecciones, la proliferación maligna parte, no del tejido nervioso, sino de células que forman la vaina de los nervios periféricos. CASO 80. F. 1945 (4 AÑOS) La abuela paterna falleció a los 60 años de un cáncer de estómago, y el padre tiene un eccema crónico. El abuelo materno, de 73 años, padece de leucemia crónica desde hace siete años y la madre de urticaria. La niña sólo ha tenido antes dos enfermedades infantiles benignas, así como algunas infecciones gripales sin gravedad. En mayo de 1948 el ojo derecho hace protrusión en forma anormal. El examen revela la presencia de un tumor que se extiende desde el globo ocular hasta el quiasma óptico. En un primer momento, el 15 de agosto de 1948, se extirpa sólo la parte intracraneana de éste. Entre ese momento y el de la segunda intervención el 10 de septiembre, es decir, en 26 días, el tumor orbitario crece con rapidez y se vuelve tan voluminoso como el ojo. Se extirpa el conjunto, pero en la cavidad orbitaria quedan masas de tejido imposibles de extirpar. El examen histológico muestra que se trata de un schwannoma maligno del nervio óptico. Veo a la niña por primera vez el 13 de mayo de 1949, nueve meses después de la primera operación. El régimen alimenticio se corrige, primero sólo con la supresión de grasas animales y luego con la introducción de abundantes alimentos crudos. La vitaminoterapia prolongada completa el tratamiento. Según las últimas noticias, el 13 de abril de 1970, sigue bien. No ha tenido ninguna recidiva. El tiempo transcurrido ha sido de veintidós años. CASO 81. F. 1913 (63 AÑOS). Schwannoma maligno gravísimo Su madre falleció de un cáncer de páncreas a los 47 años y su padre de neumonía a los 61 años. La paciente tuvo una apendicitis a los 18 años e ictericia a los 30 años. Constipada crónica, sólo evacúa el intestino dos o tres veces por semana. A los 56 años se le extirpa el útero a causa de un cáncer inicial. En febrero de 1976, a los 63 años, aparece un abultamiento en la parte anterior del muslo derecho. Le es extraído, y tiene el volumen de una naranja (I). Se trata de un schwannoma maligno. Siete meses después, la paciente tiene la sensación de la presencia de un cuerpo extraño en la parte posterior del mismo muslo. El tumor ha vuelto a formarse, con límites imprecisos y con el mismo volumen que la primera vez. Es extirpado en forma incompleta el 22 de noviembre de 1976 (II).

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Veo a la paciente por primera vez el 8 de diciembre de 1976. Es una mujer delgada (peso 48,8 kilos, talla 1,64 metros) de hígado insuficiente, lengua sucia, espesa y piel demasiado seca que se descama en los miembros inferiores. La anemia es del 65 por ciento de hemoglobina; el hierro sérico de 55 gammas por ciento (normal 120). En la región operada se encuentra un gran empastamiento, que hace sospechar una recidiva. Su régimen alimenticio es muy rico: consume 110 gramos de grasas por día, o sea, 78 gramos de mantequilla y 32 gramos de aceites prensados en caliente. Corrijo su alimentación, la completo con vitaminoterapia A, B, C, D y F, magnesio, hierro en inyecciones endovenosas y por vía oral, y cobre en oligosol. Su pH urinario se corrige con citratos. En febrero de 1977, la constipación es menor y el empastamiento de la zona operada ha desaparecido, ¡pero en marzo aparece un tumor de crecimiento rápido en la nalga derecha (III), que duplica su volumen en quince días! El 28 de abril de 1977, tercera operación: se le amputa el miembro inferior derecho, incluida la mitad derecha de la pelvis a la cual se adhiere el tumor. La ablación es macroscópicamente completa. La paciente se cree curada, ya que la pierna afectada ha sido sacrificada, y sólo vuelvo a verla dos años después, el 29 de abril de 1979. Se ha mantenido bien hasta el otoño de 1978, se ha adaptado maravillosamente bien a su invalidez: camina dos horas por día con dos bastones ingleses. Mi sacrificio de la pierna no es nada", me dice, "pero tengo el estómago alterado, digiero mal y no tolero los alimentos crudos.” Al examinarla, le encuentro un hígado enorme (IV), que desciende por debajo del ombligo y sube en forma exagerada, hacia la caja torácica. Se encuentra invadido de tejido tumoral, cuya presencia es objetivada por una centellografía. Se reanuda la medicación habitual con el agregado de un antimitótico en dosis débiles (100 miligramos de ciclofosfamida en inyecciones endovenosas dos veces por semana, en la misma aguja que las vitaminas), y extracto de hígado antitóxico (Toxipan). Durante ocho meses come exclusivamente alimentos crudos. Estoy convencida de la inutilidad de este esfuerzo terapéutico, y considero que sus posibilidades de sobrevida se reducen a pocos meses, pero a partir de octubre, es decir, seis meses después, su hígado disminuye de volumen, y en noviembre ya no supera el reborde costal más que en 5,5 milímetros, en lugar de 9. Tiene un buen aspecto asombroso; su peso ha aumentado en 1,8 kilos en seis semanas. En septiembre de 1980 continúa el milagro: muy positiva y sonriente, vive, pasea a pie todos los días, hace largas excursiones en automóvil y disfruta de la existencia. No experimenta dolor alguno. Pero el 7 de noviembre de 1984 es operada nuevamente de una recidiva tumoral que asienta en el labio mayor derecho (V) y se ha formado en unos dos meses. Al mismo tiempo, se comprueba la existencia de una metástasis redonda en el ápice del pulmón izquierdo, que en la película mide 1,7 centímetros de diámetro. Después de esta operación, la paciente recibe, según el método de Linus Pauling, vitamina C en cantidades crecientes (aumento de la dosis en 1 gramo, dos veces por semana, si es bien tolerada, neutralizando el exceso de acidez con bicarbonato de sodio; véase pág. 439). Llega a la dosis terapéutica de 10 gramos por día el 17 de diciembre. En el control del 22 de abril de 1985 se siente muy bien. La metástasis pulmonar se encuentra en regresión y el hígado es menos voluminoso. El 4 de junio "me siento demasiado bien", me dice.

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El hígado ha recuperado su volumen normal. Pero, en mayo de 1986, vuelve a formarse un nuevo tumor en el mismo lugar que en 1984, en el labio mayor derecho. Es extirpado y se la irradia (VI). Fallece en junio de 1987 a los 74 años. En resumen: una mujer de 63 años es operada tres veces en catorce meses de un schwannoma muy maligno de crecimiento ultrarrápido. A la tercera vez debe sacrificarse el miembro inferior. Abandona todo tratamiento y al cabo de dos años su hígado es invadido por tejido tumoral. ¡Pronóstico de sobrevida probable: de seis a doce meses! La reanudación del tratamiento y una alimentación por el momento totalmente cruda estabilizan su estado durante cinco años, al cabo de los cuales se forma un nuevo tumor, mucho menos virulento que los precedentes. Hay un pequeño foco metastático en el ápice del pulmón izquierdo. Un tratamiento con vitamina C en dosis elevadas (10 gramos por día) la libera en seis meses de esa metástasis, hace regresar su hígado a un volumen normal, y le otorga a la vez una sensación de gran bienestar. El tiempo de observación ha sido de once años.

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Acumulación de enfermedades degenerativas En un libro anterior hemos defendido la idea de que las tres grandes afecciones degenerativas: el cáncer, la poliartritis reumatoidea y la esclerosis en placas, eran enfermedades del sistema inmunitario que surgían en respuesta a un mismo ataque toxiinfeccioso. Las dos primeras pueden ser consideradas como respuestas enérgicas y la última como una respuesta de debilidad. Para afirmar tal cosa nos hemos basado, por un lado en la aparición de estas enfermedades en varios miembros de una misma familia, y por lo tanto, en personas sometidas a la influencia de los mismos errores alimenticios; y por otro lado, en la combinación de dos o tres de estas manifestaciones mórbidas, de manera sucesiva o simultánea, en una misma persona. He aquí algunos ejemplos. En el primero de ellos nos vemos ante una esclerosis en placas que evoluciona por accesos a partir de los 23 años de edad. Cuando llega a los 45 años, este hombre se vuelve vegetariano: su flora intestinal se normaliza; la esclerosis en placas se estabiliza. ¿Por qué desarrolla entonces un cáncer de colon a los 54 años? CASO 82. M. 1925 (54 AÑOS). FUNCIONARIO Por la rama paterna, la abuela, de 80 años, se encuentra afectada de poliartritis; el padre y cuatro tíos han padecido cánceres digestivos; dos tías fallecieron de diabetes. Por el lado materno, una tía murió de leucemia y un tío de cáncer de estómago. La madre es víctima de diabetes. Por lo tanto, ha habido siete cancerosos entre los pacientes cercanos. El enfermo tuvo una pielitis a los 40 años.

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Se produce un primer acceso ligero de SM a los 23 años (1948), con una neuritis óptica del lado izquierdo, que cura en forma espontánea. De los 27 a los 45 años (1970) tuvo diez accesos, el último de los cuales, el más grave, provocó una interrupción del trabajo durante tres semanas, y dejó alteraciones del equilibrio y una fatiga exagerada. A partir de ese momento adoptó espontáneamente el régimen vegetariano y ya no tuvo más accesos. Sin embargo, nueve años después, en la primavera de 1979, siente dolores abdominales que se acentúan. En junio, un enema baritado muestra la presencia de un tumor del ciego. Me consulta el 2 de julio de 1979, once días antes de la operación. Su peso es de 61 kilos y su talla de 1,69 metros. La piel es seca y se descama, la lengua está sucia y el aliento es fétido. El hierro sérico está en 36 gammas por ciento (normal: 120). Estado nervioso: cojea del lado izquierdo y camina con marcha de segador. El andar es impreciso, sobre todo con los ojos cerrados. Puede saltar con los dos pies hasta 10 centímetros, pero tiembla del lado izquierdo. El salto en un solo pie es difícil, sobre todo con el izquierdo. Los movimientos de los dos miembros izquierdos son imprecisos. Nistagmo positivo. La fuerza muscular se encuentra muy reducida, del lado izquierdo. Sus reflejos tendinosos son exagerados. Babinski positivo a la izquierda. El régimen alimenticio es corregido por medio de la supresión de la margarina y de los aceites prensados en caliente que son reemplazados por aceites extraídos en frío. Es preparado para la operación con inyecciones endovenosas de hierro y de Dinaplex Chemedica, similar al Ascodine (excepto que contiene 6 miligramos de vitamina B1 en lugar de 60 miligramos, y 400 mg. de metionina en lugar de magnesio). Por lo demás, debe seguir el tratamiento habitual y, al comienzo, efectuarse enemas cotidianos e instilaciones de aceite de girasol prensado en frío (4 cucharadas soperas) por la noche. El 13 de julio de 1979, se procede a la resección del colon ascendente (22 centímetros) y de 10 centímetros de íleon por un cáncer cecal polipoide, que mide 8-4-1 centímetros y que infiltra el peritoneo (adenocarcinoma medianamente diferenciado Dukes B). Se restablece poco a poco y el estado nervioso mejora. El 25 de enero de 1980, reflejo de Babinski negativo, la fuerza muscular se ha recuperado. Se advierte un ligero desequilibrio en la marcha y el salto es todavía difícil con la pierna izquierda. Ha podido hacer un recorrido de 10 kilómetros en esquí de fondo. De 1981 a 1985, el CEA (antígeno carcinoembrionario secretado por las células cancerosas) se mantiene entre 0,2 y 0,4 nonagramo por mililitro, testimonio de una ausencia de recidiva tumoral. En marzo de 1983 los síntomas de la esclerosis en placas han desaparecido, y sólo queda un déficit de resistencia. Tiene tendencia a la sideropenia (hierro sérico: 50 gammas por ciento; normal: 120). Presenta ligeras coxartrosis y gonartritis del lado izquierdo, esta última como consecuencia de una lesión del menisco que impuso su extirpación en 1968. Recibe extracto de cartílago en tratamiento prolongado. Se jubila en 1984, a los 59 años, y después hace jardinería y corta madera. La última vez que lo vi, el 28 de febrero de 1985, se encontraba en buen estado.

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El tiempo de observación ha sido de seis años. En resumen: un hombre que pertenece a una familia donde los cánceres son frecuentes, sufre de esclerosis en placas desde los 23 años. Los ataques son frecuentes, pero leves, y regresan en forma espontánea. La enfermedad se agrava a los 45 años. A partir de entonces adopta por sí mismo el régimen vegetariano, pero con margarina y aceites prensados en caliente. Ya no tiene nuevos ataques, pero no repara las secuelas dejadas por los precedentes. A los 55 años es operado de un cáncer de ciego. Lo veo once días antes de la operación. Está muscularmente débil y presenta síntomas discretos de esclerosis en placas. Prescribo el tratamiento habitual, con supresión de sustancias grasas malsanas. Seis años después, sigue bien. Los trastornos neurológicos han desaparecido y el cáncer no ha recidivado. Mi experiencia me permite pensar que si este paciente hubiese empleado a partir de los 45 años las grasas naturales y sanas, ricas en vitamina F, no habría desarrollado el cáncer. Hemos podido observar un caso similar en una mujer afectada por una esclerosis en placas inveterada. La aparición del cáncer coincidió en ella con una recuperación de las fuerzas. CASO 83. F. 1940 (38 AÑOS) Esta mujer pertenece a un grupo de cuatro hermanos, de los cuales sólo uno tiene buena salud, en tanto que los otros tres padecen de enfermedades de civilización: cálculos renales, infarto de miocardio y esclerosis en placas. En ella, pielitis, anginas, migraña y estreñimiento pertinaz son testimonio de un mal estado de salud. La esclerosis en placas comienza a los 28 años con una neuritis óptica, que se cura. Después de una tregua de seis años, la evolución se vuelve cada vez más grave. Se producen dos ataques con un año de intervalo y luego se instala la enfermedad. La cortisona y un inmunosupresor tienen muy poco efecto. La veo por primera vez el 27 de septiembre de 1978. Se encuentra muy fatigada, camina a pasos cortos y sólo puede recorrer apenas 50 a 80 metros. Está desequilibrada y espástica. Existen factores agravantes: obesidad por bulimia (88 kilos y luego 93 kilos de peso para una talla de 1,61 metros), metrorragias que provocan anemia y carencia de hierro. No obstante, en las primeras semanas, durante las cuales se esmera en seguir el tratamiento de desintoxicación con enemas cotidianos, instilaciones por la noche con aceite de girasol prensado en frío, ayuno relativo y vitaminoterapia, puede abandonar el inmunosupresor, tomado durante más de tres años, y se siente transitoriamente bien. Sin embargo es inconstante: en varias ocasiones abandona la alimentación sana, suspende las inyecciones de vitaminas, experimenta infecciones. Luego vuelve a disciplinarse, y en mayo de 1980 puede caminar un kilómetro sin dolores y sin sostén, lo cual desde muchos años atrás no podía hacer. Pero le falta frugalidad y sigue siendo obesa y metrorrágica. En febrero de 1981 se siente mucho mejor, pero en el momento en que está más fuerte aparece un cáncer de mama. Es operada el 17 de marzo de 1981, y luego se la irradia con cobalto.

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El 24 de agosto de 1982, se le extirpa la vesícula biliar, repleta de cálculos. Sufre una embolia posoperatoria. Sólo en octubre de 1982 vuelve a tener un ataque de esclerosis en placas, por primera vez después de nuestro tratamiento y al cabo de una tregua de cuatro años. Si en los dos casos precedentes el cáncer sucedió a la esclerosis en placas cuando los enfermos, habiendo corregido su alimentación, se volvieron más robustos y se pudo adoptar una reacción más enérgica ante su estado de intoxicación, en el caso siguiente el debilitamiento considerable de los procesos inmunológicos a causa del tratamiento muy agresivo de su enfermedad cancerosa (de Hodgkin) culmina en una esclerosis en placas. En este caso, la terapéutica del terreno, tal como la practicamos, si hubiese sido posible antes, o por lo menos paralelamente al tratamiento oncológico, según todas las probabilidades habría podido impedir ese desastre. CASO 84. F. 1926 (55 AÑOS) Esta mujer pertenece a una familia seriamente afectada: por el lado paterno, la abuela murió de tuberculosis pulmonar; el padre, diabético desde los 40 años, murió de un cáncer de la laringe a los 74 años. Por el lado materno, el abuelo murió de un ataque de apoplejía a los 85 años y la abuela a los 60 años de un tumor mediastínico; la madre murió a los 67 años de un cáncer de ovario; una tía murió a los 59 años de una angina de pecho y un tío a los 65 de esclerosis en placas; una hermana de la paciente murió a los 40 años de un cáncer de mama y sus tres hijos padecen alergias respiratorias (por lo tanto, cuatro casos de tumores malignos y uno de esclerosis en placas entre los parientes cercanos). Fue operada de una estenosis del píloro a los tres meses de edad y se le hizo un raspado uterino por polimenorrea a los 43 años. La menopausia sobrevino a los 48 años. En octubre de 1977, cuando tenía desde hacía semanas una tos persistente, una radiofotografía de su tórax revela la presencia de una masa sospechosa en el mediastino. A mediados de diciembre, la biopsia efectuada en un ganglio cervical permite formular el diagnóstico de enfermedad de Hodgkin. Se emprende un tratamiento enérgico: el 27 de enero de 1978 se le extirpa el bazo (lo cual debilita los procesos inmunitarios). Ni éste ni los ganglios abdominales son atacados por la enfermedad. Desde el 15 de febrero hasta el 18 de mayo de 1978 se le practica una irradiación del mediastino, de la región cervical y, en forma preventiva, de la pelvis hasta el nivel de la tercera vértebra lumbar (esto no se puede hacer sin lesionar la mucosa intestinal). Los sucesivos tratamientos debilitan en forma considerable a la paciente; apenas pesa algo más de 43 kilos para una talla de 1,59 metros. El 13 de junio de 1978 se la declara curada de la enfermedad de Hodgkin por el servicio de oncología. En septiembre de 1978 una erupción se extiende por el flanco izquierdo. En marzo de 1979, diez meses después de terminada la irradiación, la paciente tiene una sensación de rigidez desde la cintura hasta los dedos de los pies, sobre todo del lado izquierdo. Incontinencia de materia fecal y de orina. Es tratada con fuertes dosis de cortisona (75 miligramos por día) durante tres semanas, y después con dosis cada vez menores. Su peso llega en forma transitoria a los 75 kilos. El estado nervioso mejora muy poco: la rigidez de las piernas persisten y el pie derecho cae. Sufre calambres en la espalda. La fisioterapia, un miorrelajante no la mejoran.

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Acude a consultarme el 29 de enero de 1981. Peso: 67 kilos; tensión arterial 180/100 milímetros de mercurio, bacteriuria intensa, pH urinario 5,5. Camina con ayuda de dos bastones ingleses, con una separación de los pies de 10 centímetros y arrastrando el pie derecho; sólo puede retroceder a pasos muy cortos, de 10 a 20 centímetros. El signo Romberg es muy positivo y la marcha con los pies juntos resulta imposible. Apenas puede levantar 2 centímetros el talón del suelo. Sube el peldaño de una escalera apoyándose y levantando la pierna derecha con una mano. Babinski muy positivo en los dos lados. En posición acostada, los movimientos de las piernas son oscilantes. La fuerza muscular de las piernas está muy disminuida, sobre todo en la izquierda; se mantiene en los miembros superiores. Además presenta adiadococinesis bilateral y nistagmo, del lado izquierdo. El servicio de oncología formula el diagnóstico de mielitis por irradiación, enfermedad muy rara cuyo pronóstico es malo: la parálisis será progresiva. Este diagnóstico no explica en modo alguno la presencia de la adiadococinesis y del nistagmo. Pienso que se trata más de una esclerosis en placas (como en el caso de su tío), a consecuencia del agotamiento provocado por el tratamiento hiperenérgico que ha sufrido. En ese caso el pronóstico sería menos malo, ya que esta afección puede estabilizarse. Prescribo la terapéutica habitual, con cortisona en inyecciones intramusculares, 40 miligramos una vez por mes; por su propia iniciativa, ha obtenido un alcaloide de la campanilla blanca o nevadilla, inhibidor de la colinesterasa, considerado como un facilitador de la transmisión del influjo nervioso (Nivalina en comprimidos del 5 miligramos a razón de 2 a 8 por día), y encuentra que sus piernas responden mejor. Se le receta un desinfectante urinario, determinado por antibioticograma. El 10 de diciembre de 1982, es decir, después de veintidós meses de tratamiento, su estado general es floreciente. Camina un poco mejor y ya no arrastra el pie derecho. En la marcha hacia atrás, los pasos son más largos. Del lado izquierdo, el signo de Babinski ha desaparecido; todavía se encuentra a la derecha. Los movimientos de las piernas han ganado en precisión y la fuerza muscular a la izquierda es satisfactoria. Los movimientos de los brazos son casi normales. El nistagmo ha desaparecido. La veo por última vez el 4 de febrero de 1986: ha interrumpido la protección vitamínica. Aparece una diabetes, como en su padre. En enero de 1987 se agrava su esclerosis en placas: presenta alteraciones del equilibrio, que provocan caídas. Fallecimiento súbito el 3 de marzo de 1987, a los 61 años. En resumen: una mujer de 51 años que pertenece a una familia en la cual se acumulan las enfermedades degenerativas graves (arteriosclerosis mortales, cánceres, un caso de esclerosis en placas), es afectada por una enfermedad cancerosa de los ganglios linfáticos (Hodgkin) con localización torácica y cervical. Es tratada en forma moderna, hiperenérgica: ablación del bazo, e irradiación de los focos, pero también, de manera preventiva, de las cadenas ganglionares abdominales. Nada se hace para mejorar su estado general. Adelgaza casi 20 kilos. La enfermedad cancerosa se cura, pero en su lugar se desarrolla, diez meses después de la terminación de la irradiación, una parálisis parcial de los dos miembros inferiores. ¿Se trata de una mielitis por las radiaciones, 280

progresiva, de pronóstico muy sombrío, o de una esclerosis en placas como en el caso de su tío? Opto por esta segunda hipótesis y la atiendo en consecuencia. El 10 de diciembre de 1982, después de veintitrés meses de tratamiento, los problemas nerviosos se han modificado un tanto (desaparición del Babinski y del nistagmo), pero persiste la infección urinaria, inatacable, como ocurre cuando el intestino es lesionado por los rayos. El cáncer ganglionar ha sido suprimido en esta paciente, sin que se eliminasen las causas (constipación por alimentación inadecuada, reabsorción de toxinas de origen intestinal). La paciente, debilitada, ha reemplazado la reacción de defensa "cáncer" por la reacción de debilidad "esclerosis en placas". La aparición de problemas cerebelosos en 1987 confirma el diagnóstico de esclerosis en placas. He aquí otro caso de cáncer de mama, que siguió inmediatamente a un tratamiento canceroso intenso, dirigido contra una enfermedad de Hodgkin. CASO 85. F. 1938 (41 AÑOS) Esta mujer pertenece a una familia de campesinos y montañeses, que gozan de excelente salud. Se apartó de su familia a los 17 años y se convirtió en vendedora de tienda, comió durante cinco años en cantinas y restaurantes, y se volvió anémica. Se casó a los 22 años y dio a luz dos niños a los 27 y a los 30 años. Entre los 36 y los 39 años, tiene sinusitis y cistitis repetidas: se siente cada vez más fatigada. En 1978, a los 39 años de edad aparece una primera tumefacción en el borde izquierdo del esternón, en el nivel de la segunda costilla, seguido de una segunda en abril de 1979. Se trata de un tumor maligno del timo con destrucción parcial de esternón (enfermedad de Hodgkin), el cual es extirpado el 5 de junio de 1979. La operación se completa con quimioterapia (en tres meses, tres ciclos de tratamiento combinado con metotrexato, vincristina, mercapopurina y prednisona, de dos semanas cada uno), que concluye en septiembre de 1979. En octubre de 1979, una laparotomía de control va acompañada de la ablación preventiva del bazo y de numerosos ganglios linfáticos que son normales. Durante un mes se le aplica radioterapia en las regiones cervical, axilar y mediastínica. En diciembre de 1979, seis meses después de la primera operación y un mes después de la finalización de los tratamientos tumorales dirigidos contra la enfermedad de Hodgkin, aparece un pequeño engrasamiento duro en la mama derecha. Una biopsia practicada el 29 de enero de 1980 revela un cáncer con pequeños focos múltiples. El 18 de abril de 1980 se resecan las dos glándulas mamarias; la mama derecha es asiento de una displasia precancerosa. Me consulta por primera vez el 24 de marzo de 1980, tres semanas y media antes de la operación. El peso es de 59 kilos, la talla de 1,71 metros. El pH urinario es de 5,5. La piel es muy seca por carencia de vitamina F y la lengua aparece saburral. Prescribo el tratamiento habitual, o sea, durante quince días enemas intestinales por la noche, seguidos de la instilación rectal de cuatro cucharadas soperas de aceite de girasol prensado en frío. Al cabo de cuatro días de ayuno relativo en base a jugos de frutas y frutas crudas, a fin de modificar y normalizar la flora intestinal, debe adoptar de por vida un régimen alimenticio equilibrado. Además, aporte habitual de vitaminas por vía oral y endovenosa, y minerales.

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Cinco años después, en marzo de 1985, la joven se encuentra muy bien. Ya no ha tenido cistitis ni otras infecciones. Se siente mejor que antes de su enfermedad. Pesa 63 kilos. Su piel es sedosa y su lengua húmeda y rosada. En resumen: una mujer desarrolla una enfermedad de Hodgkin grave a los 39 años. Se le practica un tratamiento antitumoral agresivo durante cinco meses, sin que se haga nada para mejorar su estado general, para modificar su higiene de vida, para suprimir la "necesidad" que tenía de su cáncer. Un mes (!) después de la finalización de los tratamientos dirigidos contra la primera enfermedad tumoral, que ya estaba curada, la enferma reconstruye un nuevo cáncer, esta vez localizado en la glándula mamaria. La naturaleza nunca hace nada sin razón. La destrucción de un cáncer sin la supresión de la causa que lo produjo, de nada sirve. El paciente, si tiene fuerzas para ello, reconstruye otro inmediatamente. Tratada por mí tres semanas y media antes de la resección de las mamas y suprimida la necesidad del cáncer, la paciente ya no reconstruye más tejidos tumorales. Seis años después, se encuentra libre de sus enfermedades tumorales, y se la puede considerar curada... en la medida en que continúe observando las reglas de higiene nutricional. ¡La lógica indica que, en cualquier cáncer, la "necesidad" que el paciente tiene de él sea suprimida primero, y luego el cáncer! Los resultados terapéuticos mejorarían en considerable medida. ¡Siempre que pude actuar así, y pude hacerlo por excepción, en casos especialmente graves, el resultado fue excelente! Hay personas, por fortuna raras, que acumulan enfermedades degenerativas. Este ha sido el caso de la enferma siguiente, quien fue afectada primero por un síndrome de Sjórgen y por psoriasis, luego por esclerosis en placas y de cáncer de mama. El síndrome de Sjórgen se caracteriza por una disminución de la secreción de las glándulas salivales y lacrimales, sequedad de las mucosas bucal y ocular, y poliartritis crónica. CASO 86. F. 1910 (64 AÑOS) En el plano psíquico tuvo una vida extraordinariamente difícil: sufrió persecuciones políticas en Alemania durante su juventud y luego se casó a los 26 años con un psicópata, cuyo estado se fue agravando a lo largo de los años, creando para la paciente un estado de estrés permanente. Se le practicó una amigdalectomía a los 28 años, como consecuencia de anginas repetidas. Durante determinados períodos estuvo constipada y evacuaba el intestino sólo dos veces por semana. El síndrome de Sjórgen apareció a los 28 años, con una participación conjunta de las articulaciones (hombros, codos, rodillas, columna vertebral y, sobre todo, las manos); una

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pancreatitis, vinculada al síndrome de Sjórgen, la ataca a los 40 años (se sabe que el páncreas es sensible a los mismos factores toxiinfecciosos que las glándulas salivales, por ejemplo, el virus de la adenitis). A los 44 años se descubrió una ligera diabetes, con una glucemia muy inestable. La esclerosis en placas se inicia a los 58 años con hemiplejía izquierda, que desaparece parcialmente mediante el tratamiento con cortisona y ACTH. Es una forma lentamente progresiva. Desde 1969 (59 años), cualquier roce de la mano izquierda provoca un dolor intolerable; se protege llevando en forma permanente un guante de cuero. La veo por primera vez el 27 de noviembre de 1974. Su peso es de 46,2 kilos para una talla de 1,60 metros. Exasperada y desestabilizada por los perpetuos conflictos con su marido, agresivo, mitómano, autista, desordenado, fuma entre 60 y 80 cigarrillos por día. Su marcha es rígida, con temblor de la pierna derecha. Arrastra el pie izquierdo y cojea. La marcha con los pies en una misma línea es imposible con los ojos cerrados. Clonus, Romberg, nistagmo, Babinski, todos son positivos. La piel es seca. Presenta una hinchazón en la base de los dedos; las articulaciones digitales y las muñecas están rígidas. Prescribo el tratamiento habitual: corrección de la alimentación, vitaminoterapia, fosfolípidos cerebrales y, por períodos, cortisona en dosis débiles, antiinflamatorios y tranquilizantes. En abril de 1975 sigue fumando 40 a 50 cigarrillos por día, lo cual hace que el tratamiento resulte menos eficaz. Sin embargo, su artritis se ha atenuado algo. Ayudada por el aporte beneficioso de vitaminas naturales y farmacéuticas, abandona el tabaco en mayo de 1976, pero continúa aspirando el humo de los 40 cigarrillos cotidianos de su marido. De junio a septiembre de 1977, las glándulas parótidas siguen hinchadas. Sin embargo, el reumatismo es menos doloroso. Vuelve a fumar en agosto de 1977, lo cual desencadena un acceso reumático en los pies, los tobillos y las rodillas. La función intestinal es aún irregular, con alternancia de constipación y diarrea. El peso es estable. En diciembre de 1978 puede renunciar al guante de cuero de la mano izquierda. La esclerosis en placas ya no evoluciona. En junio de 1979 se advierte un aumento pasajero de la debilidad de la pierna izquierda, que debe levantar con las manos para franquear un peldaño de escalera. Luego sigue un excelente período. La SM es estacionaria, con una sola inyección intramuscular de cortisona de 40 miligramos por mes. En diciembre de 1979, la tasa de colesterol es de 292 miligramos por ciento (máximo normal: 220). En septiembre de 1980 aparece una incontinencia de orina. La tasa de hierro sérico es de 53 gammas por ciento (normal: 120). En abril de 1981 la tasa de colesterol es normal (202 miligramos por ciento). A fines de 1980 percibe un pequeño nódulo mamario. Crece y es extirpado el 23 de marzo de 1982: se trata de cáncer poco agresivo, denominado in situ, de los canales galactóforos. Los ganglios se encuentran indemnes. No se considera necesaria ni la radioterapia ni la quimioterapia. Tuvo mucho miedo a la operación y el estrés le provocó un gran acceso de 283

psoriasis. Durante las tres semanas de hospitalización comió "como todo el mundo". La tasa de colesterol aumentó a 286 por ciento miligramos. Se le extrae un diente infectado en enero de 1983 y sufre un episodio de SM 3 semanas después. En marzo de 1985 tiene 75 años. Su peso es de 43,8 kilos y su talla de 1,57 metros (disminuyó 3 centímetros en once años). La secreción lacrimal, controlada por un especialista, se encuentra en el límite inferior de lo normal. En junio de 1986 su estado es estacionario. En resumen: una paciente afectada simultáneamente por psoriasis y síndrome de Sjórgen, con participación de las glándulas salivales y lacrimales, del páncreas y de múltiples articulaciones y luego de una esclerosis en placas y de un cáncer de mama, puede ser estabilizada de modo relativo con nuestro método de tratamiento durante doce años, a pesar de los factores de continuo estrés y del tabaquismo. Es preciso señalar que, no obstante la declaración sucesiva de estas tres enfermedades graves en una misma paciente, que vive en condiciones desastrosas, ninguna de ellas siguió, a lo largo de los doce años de observación, una evolución fatal. Una vez más, como en los casos precedentes, el cáncer de mama apareció cuando la paciente se sentía mejor y se había estabilizado (véanse casos 82 y 83).

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El tratamiento de los cancerosos con fuertes dosis de vitamina C por Linus Pauling En ciertos cánceres graves aparecen síntomas idénticos a los del escorbuto. Esta observación llevó a Linus Pauling a tratar a los cancerosos con dosis elevadas de vitamina C. En su libro, La vitamina C contra el cáncer, E. Cameron y Linus Pauling, ambos ganadores del premio Nobel, exponen los resultados obtenidos. Gracias a la absorción regular y prolongada de fuertes dosis de vitamina C, ciertos enfermos afectados de cáncer, en un estado desesperado, pudieron recuperar la salud; otros se estabilizaron y disfrutaron de una sobrevida más prolongada y de mejor calidad que lo previsto; y otros, por último, tuvieron un final más humano. Ciertos casos descritos son en todo sentido semejantes a los míos, pero con tiempos de observación más breves. La dosis de vitamina C empleada era a menudo de 10 gramos por día. Estos autores comprobaron que tras cinco a diez días de tratamiento, el paciente se siente mejor, menos fatigado; el crecimiento tumoral es más lento; los dolores causados por las metástasis óseas desaparecen; en los tumores pulmonares, las dificultades respiratorias se atenúan, la eritrosedimentación es menos acelerada. Esta fase de mejoría puede ser sólo transitoria, pero también puede prolongarse y el tumor regresar. Los pacientes que toman calmantes poderosos renuncian a ellos. Cuando, a pesar del aporte de 10 gramos de vitamina C diarios la dolencia continúa agravándose, estos autores aumentan la dosis hasta 100 gramos en un solo día y en ocasiones obtuvieron también una remisión. 284

¿Cómo explicar la acción beneficiosa de estas grandes dosis de ácido ascórbico? En la actualidad se sabe que en la sangre de los cancerosos la concentración de vitamina C es anormalmente baja. Siendo la tasa plasmática normal de 1 a 1,5 miligramos por 100 mililitros, se encuentran en ellos concentraciones que oscilan entre 0,1 y 0,4 miligramos por ciento. La concentración de vitamina C en los glóbulos blancos es más representativa de lo que sucede en los tejidos del organismo que de lo que ocurre en el plasma. Se expresa en microgramos por 1010 glóbulos blancos. En el individuo normal se encuentran 32 gammas, y en el canceroso sólo 18, y si el cáncer se generaliza, ese nivel puede descender a 11 gammas. Los tratamientos agresivos (operaciones, irradiaciones, quimioterapia) disminuyen aún más la concentración de ácido ascórbico (por ejemplo, ¡de 20 gammas antes de la operación, a 12 después de una mastectomía, a 8 tras la irradiación y a 2 o 3 gammas después de la quimioterapia!). Un aporte de 10 gramos de ácido ascórbico por día. a una persona de buena salud duplica en menos de dos semanas la concentración de vitamina C en los glóbulos blancos (60 a 70 gammas/100.108 leucocitos), pero no más: este valor corresponde, pues, a la tasa de saturación. En los cancerosos, la tasa de saturación no puede lograrse con la dosis de 10 gramos diarios: con esa dosis, se eleva a 40 gammas, a lo sumo, o sea, la tasa habitual de las personas con buena salud, y ello sólo al cabo de varios meses. Para llegar a la saturación es necesario emplear dosis más elevadas. El ácido ascórbico es absorbido en forma incompleta, y la pérdida aumenta con la dosis ingerida. Por lo tanto es preferible fraccionar la dosis. La vitamina C en inyecciones intravenosas es por lo menos dos veces más activa que la ingerida por boca. El ácido ascórbico prolonga la vida, lo cual no logra la quimioterapia en la mayor parte de los cánceres (excepto en la enfermedad de Hodgkin, el corioepitelioma, las leucemias y otros tumores del sistema linfático). Un tratamiento con vitamina C en altas dosis, aplicado a los enfermos en los cuales todos los otros métodos se habían agotado y a quienes estadísticamente sólo les quedaban unas semanas de vida, fue seguido, en el 20 por ciento de ellos, por una regresión tumoral y una sobrevida prolongada. En los que habían fallecido la autopsia demostró una regresión tumoral. ¡Un aporte masivo de ascorbatos en caso de tumores extendídos y de crecimiento rápido puede ocasionar, sin embargo, necrosis mortales! Los dos autores observaron este fenómeno seis veces en 500 casos. Cuando inician el tratamiento con 1 gramo y aumentan la dosis en 1 gramo por día, o cada dos días, hasta 10 y a veces 20 gramos por día, no se observan tales evoluciones. Los resultados obtenidos en enfermos muy graves en estado terminal, fueron los siguientes: - Ninguna respuesta al aporte de vitamina C en el 20 por ciento de los casos. - Respuesta modesta y transitoria, con sobrevida de mejor calidad (sin dolores, etc.) en el 25 por ciento de los casos.

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- Disminución del ritmo de crecimiento tumoral y sobrevida prolongada contra toda esperanza, en 150 a 258 días, en un 25 por ciento de los casos. - Estabilización del tumor con sobrevida prolongada de 3, 4 años y más, en buen estado, en el 20 por ciento de los casos. - Regresión evidente del tumor en el 9 por ciento de los casos. - Necrosis tumoral y muerte en el 1 por ciento de los casos. Algunos pacientes pusieron fin, en forma brusca, al aporte de vitamina C. En cada caso hubo empeoramiento de la enfermedad. La vitamina C debe ser tomada por estos pacientes durante meses o años. Cuando se desea comprobar si el paciente puede prescindir de ella, es aconsejable disminuir la dosis en forma muy progresiva y observar qué ocurre, a fin de poder reanudar el tratamiento frente a un eventual empeoramiento. Como la vitamina C no tiene toxicidad alguna, puede ser consumida, a razón de 10 gramos por día, por ejemplo, en forma indefinida. El tratamiento con vitamina C puede ser combinado con todos los tratamientos agresivos modernos, cuya eficacia es capaz de aumentar, al mismo tiempo que disminuye su toxicidad. Hace poco se emprendió un estudio de control en un hospital especializado norteamericano con respecto al tratamiento de los cancerosos según los principios de Pauling. El método utilizado, el único que en la actualidad se reconoce como válido, denominado "randomizado doble ciego", permite efectuar un análisis estadístico de los resultados obtenidos. Sólo un registro permite saber quién está curado y quién no, con vistas a eliminar cualquier factor de evaluación subjetiva. En esta forma de actuar, el enfermo no existe como persona, sino sólo como caso catalogado. En tales condiciones automatizadas, el análisis resultó negativo al cabo de dos meses. Pauling ha obtenido sus buenos resultados a partir de tres meses de tratamiento. En uno de mis pacientes, un efecto convincente sólo apareció al cabo de seis meses. El análisis del hospital norteamericano fue mal hecho, y no justifica en modo alguno la conclusión negativa. Como hemos explicado a lo largo de esta obra, el efecto terapéutico es influido en gran medida por la forma en que el paciente se alimenta. No se menciona una sola palabra en ese sentido en el trabajo del hospital norteamericano. De tal manera se construye en la actualidad la ciencia médica, excluyendo la inteligencia y reemplazándola por actos automáticos. No es extraño que en tales condiciones se puedan emplear sumas a pura pérdida. He aquí mi experiencia personal: En los casos de cáncer de evolución muy grave, cuando empleé el método de Pauling, aumenté la dosis de ácido ascórbico en un gramo dos veces por semana, siempre que no existiese signo de intolerancia alguna (aceleración desagradable del tránsito digestivo), volviendo entonces a la dosis bien tolerada, para aumentarla luego de manera más lenta, si hacía falta. Al principio empleé tabletas dosificadas en medio gramo, y luego, una vez establecida la dosis, receté ácido ascórbico en abundancia. El paciente solicitará a su farmacéutico una balancita para 286

que pueda controlar la dosis que toma. En cuanto la cantidad es superior a 2 gramos por día, es preciso neutralizar la solución de ácido ascórbico mediante la adición de bicarbonato de sodio o citrato, de modo que el sabor resulte agradable. Es probable que la combinación del tratamiento de Pauling con el que yo practico desde hace más de 30 años, permita obtener una estabilización perdurable de los cánceres avanzados, en una proporción superior al 20 por ciento anunciado por Pauling.

CONCLUSIÓN

"La Salud tiene su fuente fuera de la esfera de la Medicina. Depende de leyes inmutables. La enfermedad es la consecuencia de la violación de esas leyes" Sra. E.G. WHITE

"Al azar de las modas, los esnobismos, la publicidad que padece, los consejos emanados de los constructores de métodos, que por lo general no son otra cosa que ingeniosos comerciantes, el hombre se alimenta, ora de una manera, ora de otra, sin saber si el alimento que se le hace ingerir responde a una necesidad de su organismo, y constituye una alimentación en el sentido exacto de esta palabra." M. H. GEOFFROY

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En nuestro mundo moderno nos encontramos expuestos hasta tal punto a múltiples influencias nocivas, engendradas por la actividad humana, que nadie puede escapar hoy a ellas. La única manera de protegernos se encuentra en el único dominio en el cual cada uno es dueño de sí: el de la alimentación. Y ello con el fin de llegar a ser robusto y fuerte. Esto es todavía posible. Es preciso aprovecharlo. Se hizo muy claro para nosotros, desde la publicación de nuestro libro anterior, en 1980, que las carencias modernas provocan variados desequilibrios inmunitarios. Ya no sabemos defendernos contra el mundo exterior, contra la penetración en nuestro organismo de elementos ajenos, toxiinfecciosos o sencillamente pertenecientes al medio, tales como el polvo del hogar, la harina en el caso los panaderos, que la manipulan todos los días y se vuelven asmáticos, los pólenes, etc. La estabilidad normal de nuestro cuerpo a esos agentes ha desaparecido y ello... porque desde mediados de este siglo, hemos perdido cada vez más la costumbre ancestral de utilizar en nuestras ensaladas el mejor aceite posible, prensado en frío, y por lo tanto vivo, rico en ácidos grasos poliinsaturados (vitamina F), y porque hemos recurrido a los aceites industriales, muertos. También utilizamos, para la preparación de nuestros platos y nuestros emparedados, grasas hábilmente denominadas vegetales y por completo ajenas a la naturaleza, así como las margarinas que derivan de ellas por agregado de un 16 por ciento de agua. Estas sustancias grasas no pueden penetrar en las estructuras de las membranas celulares como lo hace la vitamina F, lo cual perjudica en forma insidiosa nuestra salud. Reemplazan en nuestras comidas a las grasas naturales ricas en vitamina F, aumentando la necesidad de ésta, y por lo tanto, también su carencia. El descubrimiento fundamental de que, sin el aporte regular y suficiente de vitamina F, enfermamos por diversos desequilibrios inmunitarios debe permitir a cada uno de nosotros mejorar su destino y el de sus hijos. El esfuerzo que se debe efectuar para lograr ese cambio sólo es percibido como tal durante los dos a tres primeros meses. Es corriente que quienes han hecho la modificación necesaria acudan a decirnos que no sólo se sienten mejor, sino que además no tienen deseo alguno de volver a la alimentación anterior, pues la corregida "es, en términos de sabor, mucho mejor". Es preciso decir que este retorno a las costumbres ancestrales no es en modo alguno privativa y puede satisfacer a los más exigentes una vez adquiridas algunas nociones técnicas. Que todos entiendan que sólo a ellos les concierne modificar su suerte. Si renuncian a los productos artificiales modernos, inertes y muertos, y si introducen en su organismo suficientes elementos vivos, previstos para ellos por la naturaleza, su vida se volverá más fácil: sus pequeños padecimientos, que es preciso considerar como timbres de alarma - fatiga anormal, física e intelectual, falta de concentración, falta de resistencia, problemas digestivos, entre ellos la tan fastidiosa constipación, erupciones cutáneas, sed anormal por evaporación exagerada del agua de los tejidos, etc.- se atenúan y luego desaparecen. El intento vale la pena, para que no se realice la profecía del profesor J. Fabre: "¡El hombre sucumbirá, exterminado por el exceso de lo que él llama civilización!”.

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"¡Tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen!" Una verdad tal como la que se ha expuesto en esta obra, tan conmovedora, "increíble", e inclusive, "inadmisible", a saber, que la causa esencial de nuestras enfermedades degenerativas reside en nuestros errores alimenticios, cuya suma supera nuestra capacidad de adaptación, y que es posible tratar nuestras dolencias con éxito, suprimiendo las diversas carencias mediante un retorno a una alimentación más natural y sana, sólo pueden imponerse por medio de la multiplicidad de los ejemplos. He proporcionado algunas decenas de ellos en mi primera obra, tantos como en la presente. Más de la mitad de los enfermos que recibo son, o bien fracasos de la medicina clásica, o casos cuyo pronóstico estadístico es sombrío e implica, en un plazo más o menos breve, un fracaso más o menos del 50 por ciento, y más fallecimientos o invalidez, a pesar de los tratamientos clásicos seguidos en forma escrupulosa, o inclusive en formas para las cuales la medicina tradicional no tiene ya nada que proponer (enfermedades genéticas). Por lo tanto, con los ejemplos que aporto tengo de sobra para elegir. De tal manera, los enfermos aquejados de esclerosis en placas se agrupan ante mí desde hace años. Recibo hasta veinte por semana y los controlo cada cuatro a doce meses. Como el rumor público ha hecho lo suyo, estos enfermos no vacilan en recorrer centenares de kilómetros en busca de un tratamiento eficaz. Por lo tanto, ya es hora de que mis colegas médicos generales se instruyan y se encarguen de ese trabajo. Es bien sabido que los más difíciles de convencer son los profesionales, y ello en mayor medida cuanto más alto sea el lugar que ocupan, más especializados y de edad más avanzada. Mi respetadísimo maestro, el extinto profesor Guido Fanconi, gran médico, profesor en la Universidad de Zurich y mundialmente conocido, ¿no decía acaso a sus discípulos que tenía "la locura de la duda"? La duda en sí es una cualidad científica, siempre que produzca un control objetivo, cosa que mi maestro nunca dejaba de hacer, sobre todo antes de emitir un juicio desfavorable en términos definitivos. Yo fui criticada a menudo, mi trabajo fue denigrado, incluso en abril de 1986 y marzo de 1987, pero mis detractores, que se jactan de ser científicos y no lo son, nunca hicieron el menor esfuerzo de control, ni trataron de aplicar mis métodos. Los cancerólogos son mis principales detractores. Estrechamente especializados, consideran al cáncer como un cuerpo extraño, que se debe suprimir. ¿No es esto un tanto primario y poco digno de nuestro siglo XX? Como nos lo dice Zabel, "¡la medicina actual trata el problema del cáncer como si un hombre en buena salud hubiera tenido la inconcebible desgracia de ver producirse una proliferación cancerosa en su cuerpo que, por lo demás, se encuentra en muy buen estado!” Pero a cualquier canceroso, sean cuales fueren su instrucción y su cultura, le resulta claro que es su organismo quien ha generado el tumor y que ello debe tener una causa que es preciso eliminar. Mis detractores afirman que mi obligación es aportar pruebas suficientes, aunque saben a la perfección que ningún médico general puede hacerlo según los criterios válidos en la actualidad. 289

Consideran que mis observaciones clínicas son "anecdóticas" o, dicho de otra manera, sin valor. Olvidan que toda la ciencia médica, hasta la segunda mitad del siglo XX, se basó esencialmente en observaciones clínicas. De tal manera crean un callejón sin salida sobre la base de la mala fe, que perjudica al progreso y a los enfermos. ¡Sin embargo es preferible, cuando la ciencia ya no encuentra medios, tratar de curar de cualquier manera, aunque sea en forma anecdótica! Sólo los médicos jóvenes, que acuden a mi consultorio para verme trabajar, tienen todavía el espíritu lo bastante abierto como para instruirse al lado de mis pacientes. Poseen "ojos que ven, oídos que oyen", y convencidos, tratan de imitarme. En cuanto lo hacen, obtienen los mismos resultados favorables que yo. En la actualidad son ochenta y uno, en Francia, Suiza, Alemania, Bélgica y Canadá. Son clínicos generales y especialistas en medicina interna, con consultorio propio, y pueden responder a los pedidos de los enfermos de su región que derivo a ellos. Mi primer libro llegó hasta el mundo médico y tengo una lista de espera de quienes todavía desean consultarme. Lo esencial de mi método consiste en enseñar al paciente a cuidar su cuerpo. El médico debe tomarse el trabajo de instruirlo, explicarle el origen de su enfermedad, convencerlo de que ésta no es una fatalidad, sino la consecuencia de su comportamiento hacia su cuerpo, que se trata de corregir. Si se conforma con dar órdenes, no obtiene resultado alguno. Ahora que llego al final de mi carrera, mi única preocupación consiste en transmitir al mayor número posible de médicos jóvenes las nociones adquiridas. Quienes han venido a aprender a mi consultorio tratan, en la actualidad, de agruparse de manera de reunir sus resultados y promover sus conocimientos. Han fundado en París una Asociación de Medicina Kousmine, y organizaron el 1º de mayo de 1987, en Francia, un primer congreso internacional. Me parece que es la mejor manera para mí de refutar a quienes me denigran, a fin de desmentir al profesor L. Israel y poder "hacer triunfar la verdad antes de la muerte de los equivocados”... y ello para beneficio de los enfermos. Insisto, además, en el hecho de que, cuando se ha instalado una enfermedad grave, no basta con normalizar la alimentación. Según la imagen de uno de mis discípulos, mi método se basa en cuatro pilares, como una silla reposa sobre cuatro patas: si se le quita una, la silla se inclina. La alimentación sana es uno de los pilares, la limpieza intestinal y la regeneración de la mucosa del intestino es el segundo, el tercero es el restablecimiento del equilibrio ácido-base, y el cuarto un amplio aporte de vitaminas y oligoelementos, o dicho de otra manera, la supresión de las carencias. En un libro anterior, publicado en 1980, ya describía algunos casos de cáncer cuya evolución fue extraordinariamente favorable en cuanto apliqué mis principios de tratamiento. También traté otras enfermedades: miastenia, mastopatías, esterilidad, amenorrea, colitis úlcero-hemorrágica, eccema rebelde, psoriasis, trombosis, disfunciones cerebrales, etc. Remito a él al lector interesado. En lo que concierne a la esclerosis en placas, puede recurrir al libro La esclerosis en placas es curable. Estos dos libros han sido traducidos al alemán.

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ANEXOS I

Los alimentos Los Alimentos De Origen Animal Leche y productos lácteos La leche es el alimento previsto por la naturaleza para el mamífero recién nacido, que debe succionarla del pezón, tibia y cruda. La composición de la leche difiere de una especie animal a la otra, según su ritmo de desarrollo. Es tanto más rica en proteínas cuanto más rápido es el crecimiento (10 gramos por litro en la leche de mujer, tres veces más que en la leche de vaca). La proporción de grasas que contiene la leche (manteca) es más o menos la misma en la leche de vaca que en la de mujer, pero su composición es muy diferente. De tal manera, la leche de vaca es siete veces más rica en ácido butírico, que aumenta la permeabilidad de la pared intestinal, y tres veces más pobre en ácido linoleico (vitamina F), que ejerce una acción inversa. La leche de mujer contiene 7 gramos por ciento de lactosa, la de vaca sólo 4,7, y existen diferencias semejantes en cuanto al tenor de ambas leches en minerales, vitaminas y oligoelementos. La leche de mujer, por ejemplo, es cinco veces más rica en vitamina C y en cobre que la leche de vaca. Como muchas mujeres no llegan a amamantar a sus bebés, ha sido preciso reemplazar a la leche materna por la de vaca. Dado que la composición de estas dos leches es tan diferente, se trató de "humanizar” la leche de vaca para adaptarla a las necesidades del niño, descremándola, diluyéndola, azucarándola. En el mercado existen numerosas leches envasadas para bebés, que imitan más o menos las propiedades de la leche materna, pero de manera alguna pueden proporcionarle al recién nacido los cuerpos protectores e inmunizantes (gammaglobulinas) que éste recibe en el seno materno. La leche de madre sigue siendo irreemplazable. Introducida en el tubo digestivo, la leche de mujer se coagula en finas partículas y la de vaca en gruesos grumos. Cuando se cuaja ésta última por el agregado de ácido láctico en frío (60 mililitros de ácido láctico en 500 mililitros de agua: una cucharada de café de esta solución por cada 100 gramos de leche), el precipitado formado es muy fino y ello facilita la digestión de la leche. Hoy sólo se pueden adquirir en el comercio leches en envases de cartón. Para aumentar su durabilidad de conservación se las pasteriza (por ejemplo, por calentamiento a 62 grados durante 30 minutos) o se las esteriliza (por calentamiento a 145 grados durante 2 segundos). La esterilización destruye los microorganismos; en un envase intacto, la leche así tratada se conserva tres meses. Este tratamiento otorga a la leche un "sabor particular". Se la homogeneiza para convertirla en una suspensión estable, en la cual la crema no asciende a la superficie. Todos estos tratamientos desnaturalizan a la leche. 291

Los yogures son leches coaguladas por el agregado de fermentos lácticos. Cuando se calienta ligeramente la leche coagulada, el suero se separa del coágulo: de esa manera se obtiene el queso blanco. Este puede prepararse a partir de la leche descremada (queso magro) o de la leche entera (queso graso). Contiene un 70 por ciento de agua, 15 por ciento de proteínas y 1,2 y 14 por ciento de mantequilla, respectivamente. Los quesos de pasta firme son excelentes alimentos, que contienen alrededor del 30 por ciento de proteínas, 35 a 40 por ciento de mantequilla y 35 por ciento de agua. Contienen una proporción más o menos importante de sal de mesa (un 2 por ciento). Carnes, pescados y mariscos Las carnes crudas contienen de 50 a 75 por ciento de agua, alrededor de un 20 por ciento de proteínas y 3 a 30 por ciento de grasas. La cocción reduce la proporción de agua; la tasa de proteínas se eleva un 25 o un 30 por ciento. En tanto que la carne roja de vaca y de ternera sólo contiene 3 a 4 por ciento de grasa cuando son criadas normalmente, la carne de cerdo en las mismas condiciones contiene del 20 al 30 por ciento. Según su riqueza en lípidos, 100 gramos de carne nos aportan de 110 a 410 calorías y 100 gramos de hígado nos proporcionan 17,5 gramos de proteínas, 3,5 gramos de grasa y 115 calorías. Las salchichas contienen un 25 por ciento de proteínas y hasta un 50 por ciento de lípidos. En la carne de pollo, la proporción de grasa varía del 4,5 al 19 por ciento. Esta grasa es menos saturada que la de los mamíferos. Contiene un 18 por ciento de ácido linoleico y un 34 por ciento de ácidos grasos totalmente saturados. El contenido de proteínas es similar al de las carnes de mamíferos. Cien gramos de pescado proporcionan de 12 a 20 gramos de proteínas. Los pescados grasos, como el salmón, el arenque y la anguila, contienen, respectivamente, de un 19 a un 25 por ciento de lípidos; los pescados magros, como el bacalao fresco o la trucha, sólo 0,1 a 1 por ciento. La producción actual de carnes "fuera del suelo" (véase pág. 263), que mantiene a los animales en la incapacidad de moverse y emplear sus músculos, altera la composición de aquéllas. La cantidad de grasas incorporadas a la carne en estas condiciones es de 40 gramos por ciento. 100 gramos de carne contienen: cordero: 15 gramos de proteínas 32 gramos de grasas conejo: 20 gramos de proteínas 8 gramos de grasas liebre: 22 gramos de proteínas 0,9 gramos de grasas Los crustáceos (ostras, almejas, langostas, etc.) contienen de un 78 aún 84 por ciento de agua; proporcionan de 11 a 17 por ciento de proteínas y 0,2 a 1,2 por ciento de lípidos. Son una excelente fuente de oligoelementos, entre ellos el cromo.

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100 gramos de crustáceos contienen: ostras: 17 gramos de proteínas 1,2 gramos de grasas 83 gramos de agua almejas: 17 gramos de proteínas 2 gramos de grasas 78 gramos de agua langostas: 11,7 gramos de proteínas 2 gramos de grasas 84 gramos de agua mejillones: 15 gramos de proteínas 0,2 gramos de grasas 80 gramos de agua Huevos El huevo de gallina es una excelente fuente de proteínas animales. Un huevo mediano pesa 48 gramos: la yema 17 gramos y la clara 31 gramos. Por cada 100 gramos, el huevo entero nos proporciona 13 gramos de proteínas y 11,5 gramos de lípidos, de los cuales 2,3 gramos son ácidos grasos poliinsaturados. La clara de huevo es un poco más rica en proteínas que la yema, pero ésta contiene casi la totalidad de la grasa, la totalidad de la vitamina A (3.400 UI; la UI de vitamina A equivale a 0,006 miligramos), la mayor parte de las vitaminas B1 B2, B6, ácido pantoténico, vitaminas B12, E, D (350 UI), biotina y ácido fólico. La yema de huevo crudo aporta 7,2 miligramos por 100 gramos de hierro asimilable con facilidad. Ya hemos visto que la tasa de hierro sérico se eleva de 46 gammas por ciento a 146 (normal: 120) en seis semanas por el consumo cotidiano de dos yemas de huevos crudos mezclados en los alimentos. Es también una excelente fuente de fósforo (569 miligramos por cada 100 gramos). El consumo de clara de huevo crudo ha sido desaconsejado. Un aminoácido, la alanina, falta en el huevo, en tanto que la totalidad de los aminoácidos se encuentra presente en los cereales. Grasas alimenticias Las grasas animales tienen puntos de fusión más elevados que las grasas vegetales naturales. Los ácidos grasos que contienen son, en su mayor parte, totalmente saturados o monoinsaturados, y éstos, a diferencia de los ácidos grasos poliinsaturados, pueden ser sintetizados por el animal. El tenor de vitamina F de las grasas de depósito varía de 2 a 10 por ciento. El punto de fusión de las grasas animales depende de la alimentación. Es tanto más elevado cuanto más pobres en vitaminas F sean las grasas de los alimentos. Las grasas sintetizadas por el animal a partir de los hidratos de carbono son singularmente firmes y saturadas. De tal manera, el tocino del cerdo alimentado con patatas es firme y blanco, y el de un animal engordado con maíz es más amarillo y fluido, más rico en vitamina A y en ácidos grasos insaturados. La temperatura de fusión de esta grasa varía entre 45 y 36 grados, según la alimentación que recibe el animal.

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La grasa de vaca y de cordero contiene 50 a 60 por ciento de ácidos grasos saturados y 2 y 5 por ciento de ácido linoleico, respectivamente. La mantequilla está constituida por 66 por ciento de ácidos grasos saturados y 30 por ciento de ácido oleico, monoinsaturado. La tercera parte de los ácidos grasos saturados es de cadenas más o menos cortas (4 a 16 átomos de carbono). La mantequilla es muy pobre en vitamina F, alrededor de 4 por ciento (véase en leche, pág. 450). Cuanto más saturada y abundante es una grasa alimentaria, más nociva nos resulta, y a la inversa. Las grasas animales deben ser consumidas en cantidad muy moderada. La costumbre de comer ensaladas crudas con el agregado de aceites ricos en ácidos grasos poliinsaturados y prensados en frío junto con las carnes más o menos grasas es muy sabia: disminuye la nocividad de las grasas saturadas que éstas contienen. El mercado se encuentra hoy invadido por las grasas denominadas vegetales y las margarinas que derivan de ellas por la simple adición de agua. He aquí lo que se nos dice acerca de su modo de preparación: Los granos oleaginosos descascarados son aplastados con cuidado para que sus materias grasas puedan entrar en contacto con el solvente que las extraerá. Por lo general, este solvente es el hexano, derivado barato del petróleo, que luego se recupera en gran parte, pero del cual queda en el aceite una pequeña cantidad. Este aceite en bruto contiene sustancias indeseables (mucílagos, fosfolípidos, etc.). Para eliminarlos, el aceite en bruto es calentado con agua, a veces con ácido fosfórico. Las sustancias que se quiere eliminar se hidratan y se eliminan con facilidad por centrifugación. El aceite en este estado contiene ácidos grasos "libres", que aceleran su enranciamiento; una adición de sodio y de bicarbonato de sodio y una nueva centrifugación eliminan esos ácidos grasos. El producto obtenido en esta etapa tiene una fuerte coloración (de amarillo oscuro a castaño) y presenta un sabor muy pronunciado, Una sustancia absorbente (carbón, arcilla, tierra gredosa), en ocasiones con el agregado de ácido sulfúrico o clorhídrico, y un calentamiento a más de 200 grados durante 30 a 60 minutos hacen desaparecer estos desechos, así como la actividad de la vitamina E, presente en el aceite de origen. Se la incorporará en forma artificial en el producto terminado. En la última etapa, el aceite es hidrogenado en presencia de hidrógeno bajo presión y de un catalizador, por ejemplo, el níquel. La reacción química se produce a altas temperaturas: entre 120 y 210 grados. El punto de fusión del aceite se eleva por modificación química del producto, que se mantiene sólido a la temperatura del ambiente. Se trata, por lo tanto, de un cuerpo saturado, artificial, impropio para la reconstrucción normal de nuestros tejidos y que aumenta su necesidad de vitamina F y, por lo tanto, su carencia. Aumentos De Origen Vegetal Los aceites Se denominan aceites a las grasas líquidas a la temperatura de nuestros climas templados y mantecas aquellos que son blandos a 18 grados y funden a los 36 grados. En el comercio sólo 294

existen a nuestra disposición dos mantequillas naturales vegetales: la de cacao y la de coco, y aun esta última está a menudo ligeramente endurecida. Es preciso saber que todos los aceites vegetales naturales son inestables en contacto con el aire, la luz y el calor. Los que han perdido esta inestabilidad, han sido tratados; ya no son naturales. Al resguardo de la luz y del aire, en una atmósfera nitrogenada, de dióxido de carbono, o, sencillamente, en recipientes bien llenos y bien cerrados, los aceites se conservan mucho tiempo. Expuestos al calor, fijan el oxígeno y se vuelven ácidos y rancios. Todos los aceites absorben el oxígeno en proporciones variables según su naturaleza y las sustancias que contienen. La vitamina E, liposoluble, tiene, por ejemplo, un poder antioxidante. La luz, tanto más cuanto más intensa es, favorece esta oxidación. Al oxidarse, ciertos aceites pierden su líquido y terminan por solidificarse. Se convierten entonces en resinas. Los aceites que sufren esta modificación de su estructura al aire y a la luz se llaman secantes. Tales son los aceites de nuez, de lino, de uva y de amapola. Son todos ricos en ácidos grasos poliinsaturados. Los aceites no secantes pierden también su fluidez al contacto con el aire. ¡La absorción de oxígeno por los aceites va acompañada de un desprendimiento de calor, que puede ser tal que produzca incendios por inflamación espontánea! La expresión en frío sólo es posible en los aceites muy fluidos. Para una expresión en caliente, los granos son prensados entre placas metálicas calentadas o triturados y cocidos en agua. El aceite sube a la superficie de la masa y se puede recoger con facilidad. Es importante saber que, en tanto que otros dos alimentos básicos, las proteínas y los almidones, son modificados y simplificados de manera profunda por los procesos de digestión, antes de ser asimilados, no ocurre lo mismo con las grasas. Sólo una débil proporción de éstas resulta disociada durante la digestión en ácidos grasos y glicerina, y el resto es emulsionado bajo la acción de la bilis, es decir, reducido al estado de gotas finas, y penetra en la sangre en su forma química primitiva. Una parte de esta grasa es quemada en el acto y sirve de fuente de energía; una parte pasa a los depósitos, y de tal modo, modifica la estructura química de nuestra grasa humana; por último, una parte se incorpora a las estructuras finas de las células. Por lo tanto, si comemos grasa de cordero, grasas vegetales o margarina, nuestra grasa de depósito será más consistente, y esta grasa, demasiado firme, es a menudo difícilmente modificada. El tejido subcutáneo de las personas que comen demasiada margarina adquiere una consistencia particular, anormal, pastosa. Si ingerimos aceite de oliva, nuestra grasa de depósito será más fluida. Y lo será más aún, y por lo tanto más disponible, si empleamos aceite de girasol o de lino: el tejido subcutáneo que lo contiene se vuelve más elástico y la superficie de la piel más sedosa. Normalmente, nuestra grasa humana se funde a 17 grados. Por lo tanto, es fluida a la temperatura del cuerpo. Este punto de fusión se eleva si comemos grasas sólidas. Esta dependencia de la estructura del tejido graso animal de la naturaleza de las grasas alimenticias es bien conocida por los criadores de cerdos. En efecto, éstos han comprobado que, en los animales criados con patatas y obligados a construir su grasa a partir del almidón, el tocino es blanco y firme. Se vuelve amarillo y fluido cuando los cerdos son alimentados con maíz o soja, que contienen aceites insaturados. Estos aceites se depositan en el tocino y modifican su

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composición química. Este tocino será mucho más sano para nosotros, pero en tanto que preferimos una manteca amarilla, nos hace falta un tocino blanco, tal como nos hace falta ropa de cama blanca, harina blanca y azúcar blanca: es más agradable a la vista. Los aceites nos son proporcionados por frutas o granos oleaginosos pertenecientes a distintas familias de vegetales, a árboles, arbustos y plantas herbáceas. Nueces Un primer grupo de granos oleaginosos está constituido por las nueces. Bajo ese nombre se designan todos los frutos con una envoltura exterior verde, que rodea a una cáscara leñosa, dentro de la cual hay una almendra. En cierto sentido, antes que los cereales hubiesen llegado a nosotros desde el Asia, las nueces y las castañas se encontraban, en nuestras regiones, en el primer plano de la alimentación. Incluso en la actualidad, en California, una parte de la población se alimenta en esencia de frutas y de nueces, y goza de buena salud. Para los vegetarianos, las nueces tienen una gran importancia, pues son ricas en cuerpos grasos, y tal como las leguminosas, constituyen una fuente esencial de proteínas. Las nueces y la soja son las que mejor pueden reemplazar la carne. El tenor en proteínas es del 6 por ciento en las castañas, del 17 al 23 por ciento en las nueces, del 49 por ciento en las piñas, y del 34 por ciento en la soja, en tanto que el de la carne de vaca es de sólo 20 por ciento. Cien gramos de nueces proporcionan 500 calorías, tanto como 7 decilitros de leche; 100 gramos de nueces corresponden, como fuente proteica, a 115 gramos de carne (de vaca, ternera o pollo), a 160 gramos de huevos o a 700 mililitros de leche. Las sustancias grasas que provienen de las nueces contienen proporciones muy variables de ácidos grasos poliinsaturados, según su naturaleza: hay, por ejemplo, un 76 por ciento en el aceite de nueces, y sólo un 5 por ciento en el aceite de avellanas. El nogal de nuestras regiones es oriundo de Asia. En el Himalaya todavía existen muchos bosques de nogales. Estos árboles también crecen en estado silvestre en Grecia. Poco exigentes en cuanto al suelo en el cual se desarrollan, se han difundido por todo el globo. En las regiones templadas y tropicales del hemisferio norte se conocen ciertas especies. En Persia y en Grecia la nuez sigue siendo un alimento importante. Nuestras nueces contienen 58 por ciento de aceite. Cien kilos de nueces proporcionan 50 litros, del cual un 73 por ciento es ácido linoleico y el 3 por ciento ácido linolénico. Para la extracción de! aceite hace falta un ligero calentamiento. La nuez de pecana, pariente cercana de nuestra nuez, contiene 72 por ciento de grasas. Es, entonces, más abundante en lípidos, pero la proporción de ácido linoleico es de sólo el 16 por ciento, y no contiene ácido linolénico. El avellano cubría otrora extensas regiones de Europa, Asia y América. La avellana fue un alimento importante. En la actualidad, en la mayoría de los países, sólo quedan algunos arbustos dispersos. Pero, en Italia, en la provincia de Avellino, cerca de Nápoles, todavía hoy se cultivan más de 700 hectáreas de excelentes avellanos llamada avelinos. El grano seco contiene 17 por 296

ciento de proteínas y 62 por ciento de grasas, de las cuales sólo el 5 por ciento son poliinsaturados. La composición del aceite de avellana se asemeja, de tal manera, a la del aceite de oliva. El almendro proviene del Asia central y de Turquestán, donde todavía hoy crece en estado silvestre. Existen otras ocho especies en Asia y en Europa meridional, donde el cultivo del almendro sigue siendo importante. En las bocas del Ródano, por ejemplo, hay 6.000 hectáreas plantadas con almendros, y cada hectárea produce 1.000 kilos de almendras por año. Las almendras contienen 13 por ciento de hidratos de carbono, 21 por ciento de proteínas y 53 por ciento de grasas, de los cuales 12 por ciento son poliinsaturadas. La leche de almendras, obtenida con almendras trituradas y el agregado de agua, ha permitido criar a bebés que no toleraban la leche de vaca. El aceite de almendras tiene la propiedad de no secarse con el aire: se lo emplea en relojería y para el cuidado de la piel. Existen almendras amargas, no comestibles y tóxicas, sesenta de las cuales proporcionan una dosis mortal de ácido cianhídrico, veneno de la respiración. El castaño es un árbol de gran porte que se desarrolla en los suelos graníticos y silicosos de las montañas poco elevadas. Es originario de Europa meridional y no tolera los suelos calcáreos (de más de un 4 por ciento). Atravesó los Alpes con los romanos. Su distribución es como la de la vid. Los grandes fríos le son funestos. Puede llegar a ser enorme, alcanzar hasta 30 metros de altura y 17 metros de diámetro, como el caso del célebre castaño del Etna, que tiene más de 1.000 años de vida. Pero un árbol común sólo vive 200 años, y proporciona, desde los 25 años, de 50 a 61 kilos de castañas. En Italia y en ciertas partes del sur y centro de Francia, la castaña representa un alimento esencial de las clases pobres. La castaña fresca contiene un 6 por ciento de proteínas y 4 por ciento de grasas, pero nada de vitamina F, 40 por ciento de féculas y azúcares y un 47 por ciento de agua. La composición de la harina de castaña se asemeja a la de los cereales. Las bellotas. Una especie de encina, denominada Quercus ballota, crece en el sur de Francia y de España y en África: su follaje es perenne y el borde de sus hojas es espinoso; produce bellotas grandes, suaves y azucaradas, que se comen asadas o cocidas bajo ceniza, como las castañas. Los hayucos. El hayuco es el fruto de la haya; es un alimento de elección para engordar a los cerdos, pero es tóxico para los caballos. El árbol, muy difundido en las regiones templadas y frías, crece hasta en terrenos de 2.000 metros de altura. En tiempos de guerra y de escasez, en la Alemania de la posguerra, por ejemplo, este fruto fue un factor de supervivencia importante. Contiene un 23 por ciento de proteínas, 32 a 42 por ciento de aceite (que encierra un 10 por ciento de ácido linoleico) y 28 por ciento de féculas. En Lorena, también en tiempos de paz, se recogen los hayucos para elaborar un aceite que es muy estimado. Pero los frutos frescos tienen un olor y un sabor desagradables, que se pierden con el envejecimiento. Este aceite puede tener una toxicidad que desaparece cuando se lo calienta.

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Las olivas. El olivo nos proporciona un fruto oleaginoso. Existen unas treinta y cinco especies. Este árbol, que se encuentra en Europa meridional, proviene de Siria y Turquía. Ha sido cultivado desde la antigüedad más lejana. Su abundante presencia permite definir una región climática donde la temperatura no desciende en invierno por debajo de -7 a -8 grados, y donde las primaveras y los veranos son particularmente secos. Se conforma con suelos ingratos, pero perece a temperaturas inferiores a -12 grados. La cercanía del mar le es favorable. La oliva es una drupa, es decir, un fruto de carozo como la cereza y la ciruela; nos da el aceite de su carne y no de su carozo. Se pueden comer las aceitunas inmaduras y verdes, o maduras y negras. En el momento de la cosecha los frutos tienen un sabor acre, que pierden cuando se los sumerge durante diez días en agua renovada cotidianamente. Las aceitunas son luego sumergidas en salmuera aromatizada con granos de hinojo y de palo de rosa. Las aceitunas contienen 14,3 por ciento de aceite, 9 por ciento de hidratos de carbono, 0,7 por ciento de proteínas y 74 por ciento de agua. El aceite de oliva Para obtener aceite de oliva virgen, el fruto debe ser tratado cuidadosamente. Se lo recoge a mano y no con pértigas, se lo selecciona con cuidado y se lleva a la prensa inmediatamente después de su reducción a pulpa. El aceite virgen es verdoso y tiene un sabor frutado. Es el único aceite de oliva que contiene vitamina F biológicamente activa. En efecto, el aceite de oliva corriente se obtiene diluyendo en agua hirviente la pulpa de las aceitunas que ya proporcionaron el aceite virgen, y sometiéndola a presión. Luego se lo neutraliza, estabiliza y refina: es un aceite desvitalizado, muerto. Existe además una tercera clase de aceite de oliva, llamada de boesa, que se extrae con el marco de segunda presión, mezclado con las aceitunas caídas, es decir, parasitadas, o con las apiladas, que han sufrido una fermentación prolongada. Este aceite sólo es bueno para la iluminación y la fabricación de jabón. El aceite de oliva, contrariamente a los aceites de cereales, de nueces y de otros granos oleaginosos, contiene muy poca (2,5 a 8 por ciento) vitamina F, y ello varía según la especie, las condiciones de maduración y de preparación. El aceite virgen no desequilibra nuestro organismo como lo hacen las grasas animales demasiado abundantes, las grasas llamadas vegetales y las margarinas, pero en las personas con carencia en vitaminas F no corrige ni repara nada. Algunas plantas herbáceas anuales son también excelentes fuertes de aceites. El girasol El girasol es una hermosa planta, que se encuentra en América del Norte, y que desde hace mucho tiempo se produce en gran cantidad en Rusia. Desde mediados de este siglo, su cultivo se difundió cada vez más, pues la ciencia reconoció la excelencia de su aceite. Pero los animalitos de dos y cuatro patas, abejarucos y ratones, no esperaron a los hombres de ciencia para reconocer el valor de esos granos. Si se pone al alcance de aves y roedores una mezcla de granos de cereales, de leguminosas y girasol, las semillas de girasol son las que primero desaparecen. 298

Los campesinos rusos también conocen el valor de estas semillas y realizan abundantes reservas de ellas. Como los granos son difíciles de descascarar, se llenan los bolsillos con ellos. Cuando llega la hora del descanso, se sientan y muerden sus granos, cuyas cáscaras tapizan el suelo. No existe una isba rica cuyo umbral no esté alfombrado de cáscaras. Es posible que hoy, época en que se pierden tantas tradiciones preciosas, el cigarrillo haya llegado a reemplazar este uso secular, para gran perjuicio de la salud. El pequeño grano negro del girasol contiene 30 por ciento de aceite, y éste 58 a 75 por ciento de vitamina F (el grano blanco grande lo contiene en menor cantidad). La presencia de semejante proporción de vitamina hace que este aceite sea delicado e inestable a la luz, al aire y al calor. Es preciso saber que sólo la extracción en frío, a menos de 40 grados, garantiza un aceite cuya composición corresponde a la del grano. Esta extracción sólo permite obtener un 50 por ciento, más o menos, del aceite contenido en él. Otro 50 por ciento queda en la torta, o sea, en la masa de granos prensados. Antes de la Segunda Guerra Mundial se dejaba esta torta al ganado, que se beneficiaba mucho con él. En la actualidad, se intenta aumentar el rendimiento de las extracciones por medio de vapor de agua a 200 grados o de solventes derivados de la bencina, que después ya no se pueden evaporar en forma total. De esa manera se obtiene casi el doble de un aceite barato, pero de calidad muy inferior, que ya sólo contiene calorías vacías. El almidón del girasol puede mezclarse con la harina, con la cual se hace el pan: aumenta su ligereza y su valor nutritivo. El lino Originario de Asia y del Cáucaso, donde se lo cultivó hace 4.000 o 5.000 años, el lino común ha recibido de los botánicos el superlativo de usitatissimum, es decir, la más útil de las plantas. Proporciona buenas fibras textiles, pero son explotadas sólo en los países fríos, como los del norte de Europa. Turquía lo cultiva únicamente por su precioso grano. Este da un aceite en extremo rico en vitamina F. Es uno de esos raros aceites cuyo tenor en vitamina F es tres veces insaturado y, por lo tanto, especialmente reactivo, supera el de vitamina F, dos veces insaturada. Esta es la razón por la cual se lo recomienda sobre todo a las personas con deficiencias vitamínicas. Con una alimentación que contiene aceite de lino, la sequedad, la descamación anormal de la piel, la sed excesiva, la constipación persistente y las distensiones abdominales posprandiales desaparecen mucho antes que con el aceite de girasol. Todo ocurre como si la vitamina del lino se ubicara con más facilidad y rapidez que la del girasol. Sin embargo, no hay que abusar de él. Este aceite debe extraerse con sumo cuidado; tiene que ser colocado con rapidez al abrigo del aire, porque se oxida con mucha facilidad y da lugar a productos agresivos, incluso tóxicos. Por lo tanto, Francia, como no podía contar con sus productores, prefirió prohibir su uso alimenticio, y Alemania es la que se lo proporciona y de excelente calidad. Sin embargo, es importante saber que, una vez abierto el recipiente, se lo debe conservar al resguardo del calor y de la luz. Para las familias reducidas, el uso de latas de 300 gramos es preferible al de recipientes más grandes.

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Otros aceites En nuestros países se producen además los aceites de colza y de amapola; en Norteamérica, el aceite de maíz, de cardo o de cártamo... planta de la familia de los alcauciles. La forma en que se realiza la extracción determina la calidad de estos aceites. El de cardo contiene un 51 por ciento de ácido linoleico y 1 por ciento de ácido linolénico. Tiene la ventaja de que su sabor es poco pronunciado, pero se calienta hasta 60 grados bajo presión. El aceite de pepitas de uva es proporcionado por los países viñateros. Las pepitas son secadas, molidas y calentadas en agua a 50 grados, de modo de formar una pasta, de la que se extrae por presión un aceite casi blanco. Este aceite es muy agradable, porque es inodoro e insípido. Bien preparado, contiene un 46 por ciento de ácido linoleico y un 2,4 por ciento de ácido linolénico. Mucho más importante que el de girasol y diez veces superior al del aceite de oliva, es en la actualidad la producción de aceite de maní. Planta tropical o subtropical, el maní o cacahuete es originario de Brasil. Es una leguminosa trepadora, de flores amarillas, parienta de las alubias y que tiene la curiosa propiedad, después de la floración, de enterrar sus vainas que contienen de uno a tres granos. La maduración continúa así bajo tierra. Esta planta se cultiva en grandes cantidades en Norteamérica, África y Asia. El tenor en aceite del maní aumenta con el calor de! clima y pasa del 20 por ciento en las zonas templadas al 50 por ciento en las zonas tropicales. El maní contiene 27 por ciento de proteínas y 16 por ciento de hidratos de carbono. Su aceite es bueno, siempre que se lo extraiga en frío. Entonces contiene 26 por ciento de ácido linoleico, pero carece de ácido linolénico. El aceite de maní prensado en frío tiene un sabor pronunciado. En la actualidad, sólo se encuentra en el mercado el aceite de maní refinado, insípido. Los países exóticos nos proporcionan además muchos otros granos oleaginosos y aceites. El algodón es una planta herbácea, cultivada por los largos filamentos textiles que los granos ostentan como un copo. Después de la cosecha, el algodón es desgranado. Este grano es por lo tanto, un subproducto, que antes se desechaba y del cual ahora se extrae un aceite alimentario que tiene gran difusión en Egipto. Contiene de 40 a 50 por ciento de ácido linoleico y nada de ácido linolénico. El cáñamo, cultivado por sus fibras textiles, proporciona un grano cuyo aceite contiene 46 por ciento de ácido linoleico y 28 por ciento de ácido linolénico. Cayú Los establecimientos dietéticos nos ofrecen hoy una curiosa nuececilla en forma de vírgula, llamada cayú. Esta nuez no es proporcionada, como se podría creer, por el árbol tropical de madera roja con la cual se fabrican algunos de nuestros muebles de lujo. Existe un árbol frutal, cultivado en todas las regiones tropicales, y que lleva el nombre de anacardo de Occidente. Su fruto es sostenido por un pedúnculo que se dilata en forma de pera, se vuelve carnoso y se come en compota. En la extremidad ensanchada de esta pera crece una vírgula que es nuestra nuez. Es menos grasa, más azucarada y más digestiva que la mayoría de las otras nueces. Su aceite contiene 7,7 de ácido linoleico.

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Pistacho El pistacho de almendra verde pertenece a la misma familia botánica de los anacardos, fruto de un árbol resinoso que crece en los suelos más áridos de Oriente y Sicilia. La nuez leñosa que conocemos se encuentra envuelta en una pulpa de color rojo intenso y del tamaño de una oliva. Los pistachos contienen 22 por ciento de proteínas, 14 por ciento de hidratos de carbono y 54 por ciento de grasas, y de éstas, un 10 por ciento de vitamina F. Nuez de Pará Una de las nueces más grasas es la de Pará, perteneciente a la misma familia que el eucalipto y el mirto. Su tenor en aceite llega al 68 por ciento, con un 18 por ciento de vitamina F, un 15 por ciento de proteínas y sólo un 4 por ciento de hidratos de carbono. Cien gramos de nuez de Pará, proporcionan 700 calorías, es decir, tanto como un litro de leche. Dos abastecedores exóticos importantes de grasas son el cocotero y el cacaotero. Coco La nuez de coco es el fruto de una palmera de la cual existen unas quince especies en las regiones tropicales de América y de Asia. Son árboles de 20 a 30 metros de alto, de tallo cilíndrico coronado por un ramillete de hojas. La nuez de coco es seca y fibrosa por fuera. Antes de su maduración contiene una cavidad con un líquido lechoso denominado leche de coco, bebida refrescante muy preciada. La almendra es oleaginosa. Desecada constituye la copra. Se extrae de ella un aceite abundante que casi no contiene vitamina F (1 por ciento) y que antes sólo se empleaba para la fabricación de jabones. Si se lo endurece un poco, es decir, modificando de modo artificial su composición química, se prepara una mantequilla vegetal llamada grasa de coco. Cacao El cacao es un árbol de 8 a 10 metros de altura, que crece en los países tropicales: América del Sur, México, Filipinas, Congo, Madagascar, etc. Necesita más de 24 grados de temperatura media y un clima húmedo. En estado fresco, el fruto es una gran baya carnosa, ovalada, amarilla, con el aspecto de un pequeño melón. En el interior de la cápsula se encuentran de 20 a 40 granos, llamados habas de cacao. Cuando el fruto del cacao, la baya, ha sido recogido, se lo entierra durante unos días para poder quitarle mejor la pulpa que rodea a los granos. Luego, éstos son secados al sol. La almendra no torrada contiene de un 48 a un 50 por ciento de manteca de cacao, 20 por ciento de albúmina, 10 por ciento de almidón y 3 por ciento de celulosa. Es muy nutritiva. Para la elaboración de cacao y de chocolate, los granos son torrados a 200 grados, a fin de desarrollar su aroma, volatilizar los principios amargos indeseables y hacer más frágiles las cáscaras que rodean a las almendras.

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Estas son luego descortezadas y molidas hasta formar una pasta homogénea. Se separa la manteca de cacao para preparar el cacao en polvo. Esta manteca se agrega luego a otras pastas de cacao, con el fin de hacer chocolates más o menos grasos. A la mezcla se le añade azúcar (50 a 60 por ciento) y en algunos casos leche en polvo, se calienta a 30 o 40 grados y se amasa largamente. El chocolate obtenido se vierte en moldes y se enfría a 10 grados. Un solo árbol proporciona 0,5 a 2 kilos de cacao seco del comercio, y a principios de siglo se producían alrededor de 200.000 toneladas por año. El cacao contiene, lo mismo que el café, algo de cafeína y 2 a 4 por ciento de teobromina (cuerpo púrico), diurético y estimulante cardíaco cuya degradación proporciona ácido úrico: a causa de ello está contraindicado en las personas afectadas de gota. El chocolate contiene un tercio de su peso en sustancias grasas y más de 1 gramo por ciento de purinas (frente a 0,05 gramos por ciento de la carne). Una sustancia -la feniletilamina -, producida en apariencia por el cerebro, fue descubierta en la orina humana. Pertenece a la clase de las anfetaminas, estimulantes del sistema nervioso, que permiten superarse durante un lapso limitado, por sobrexcitación seguida de agotamiento. Los soldados alemanes, en las campañas relámpago de la década del 40, se dopaban con ella. El estado de enamoramiento, según parece, aumenta la producción de feniletilamina, porque su tasa se eleva en la orina. Ello podría explicar la euforia, la pérdida del apetito y la capacidad de prescindir del sueño comprobadas en muchos enamorados. En aquellos que son desdichados en amor, a la euforia sigue un período de depresión con letargia, llanto y en ocasiones bulimia de compensación: se trata del "mal de amores” en el sentido real del término, cuyos síntomas son idénticos a los de los drogados en estado de privación de anfetaminas. Los depresivos graves experimentan a menudo dificultades sentimentales, y es plausible que exista en ellos una alteración hereditaria o adquirida del mecanismo regulador de la producción de la feniletilamina, que estaría sometida a fluctuaciones difíciles de soportar. Muchos de estos pacientes confiesan atiborrarse de chocolate cuando padecen. El chocolate es rico en feniletilamina. Podría ser que esta ansia de chocolate corresponda a la búsqueda del aporte alimenticio de una sustancia química que su cerebro no secreta en cantidad suficiente (Dres. M. R. Liebowitz y Donald F. Klein, Instituto Psiquiátrico del Columbia Presbyterian Medical Center). Aceites de palma y de palmito El aceite de palma proviene de la pulpa del fruto de cierta palmera y el de palmito del grano de ese mismo fruto. Los frutos son recogidos maduros, se dejan fermentar y luego se hierven durante largo tiempo con agua. El aceite proveniente de la pulpa es recogido después en la superficie. Los granos separados del fruto son entubados para extraer la almendra que, molida y prensada, da el aceite llamado de palmito. El aceite de palma es blancoverdoso; el de palmito, amarillo-anaranjado y se blanquea al aire. Su olor recuerda al del lirio. Estos aceites contienen un 9 por ciento de vitamina F, inactivada por los tratamientos a que son sometidos. En los países tropicales que los producen se los consume como tales. En los países industrializados, sirven para la fabricación de las grasas llamadas vegetales y de las margarinas (véase pág. 36).

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La industria química prepara grasas baratas, sólidas a la temperatura del ambiente, a partir de aceites de palma y de palmito, por ejemplo, tratándolos a altas temperaturas, en presencia de hidrógeno y de níquel: se suprimen los dobles enlaces, proceso que se denomina hidrogenación. Surgen sustancias grasas nuevas, artificiales, que no tienen equivalente natural y a las cuales nuestro organismo no se encuentra adaptado, y se los vende con el nombre de grasas vegetales (Schwitzer). El agregado de un 16 por ciento de agua hace que estas grasas sean aun más blandas. Adquieren entonces el aspecto de la mantequilla, y se las denomina margarinas (nombre derivado de margarita = perla). Se les agrega sustancias aromáticas sintéticas (véanse págs. 206 y 453). TENOR EN ÁCIDOS GRASOS POLIINSATURADOS DE LOS DISTINTOS GRANOS OLEAGINOSOS en porcentaje del total de los cuerpos grasos Nueces, 76 por ciento; Maní, 26 por ciento; Pacana, 16 por ciento; Almendras, 12 por ciento; Hayucos, 10 por ciento; Avellanas, 5 por ciento; Olivas, 2,5 por ciento; Cáñamo, 74 por ciento; Lino, 68 por ciento; Amapola, 62 por ciento; Girasol, 58 por ciento; Sésamo, 40 por ciento; Pepitas de uva, 48 por ciento; Algodón, 45 por ciento. SUSTANCIAS NUTRITIVAS DE LAS "NUECES" en gramos por cada 100 gramos Vit. Agua Nueces

Proteinas

Lípidos F

3.5

16

15

64

47.5

Avellanas

6

18

13

61

23

Almendras

5

19.5

19

54

11

48

45.5

3.5

2

5

29

17

46

38

5

11

14

67

18

Castañas Nueces

Nueces

-

de

Cayú

Pará

H.C.*

de

* HC = Hidratos de carbono = Azúcares y almidones

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LOS CEREALES El término cereales proviene de Ceres, diosa latina de la cosecha. Así se llaman los granos que sirven desde hace millares de años para la alimentación del hombre y de los animales, la mayor parte de los cuales pertenecen a la familia de las gramíneas, es decir, a la de la hierba de nuestros prados. Los cereales por sí solos proporcionan un tercio de la alimentación humana. Todas las especies de cereales, con la excepción del maíz que proviene de América del sur, proceden del Viejo Mundo, muy en especial de Asia, cuna de las civilizaciones más remotas. En Egipto se encontraron la cebada y el trigo en tumbas que datan de 4.000 años antes de Cristo. La cebada y el mijo, lo mismo que el arroz, fueron conocidos por los chinos 3.000 años antes de Cristo. Grande fue mi estupefacción al comprobar que los ciudadanos de hoy no saben qué se entiende por cereales. A la pregunta: "¿Ud. come cereales con regularidad?” responden:”¡Pero sí, como ensalada y frutas todos los días!” Los pueblos antiguos de Asia, por su parte, honraban en sus ritos religiosos a los cereales, y en especial al arroz. Unos 2.900 años antes de Cristo el emperador Chin-nung instauró una ceremonia anual de las simientes, durante la cual, el propio emperador, de manera simbólica, sembraba cinco granos de trigo, de mijo, de arroz y de soja. En Japón, todavía hoy el arroz es considerado como un alimento sagrado. En la religión japonesa existe un dios llamado Inari, encargado de la protección de la siembra, la maduración, el crecimiento y la cosecha del arroz. Los pecados japoneses difieren por completo de los nuestros y se refieren, no a la forma de comportarse respecto del prójimo, sino a la falta de cuidado que se debe destinar al arroz. En las religiones cristianas, el pan, producto cerealero, es también santificado, y sigue siendo el símbolo de la alimentación para el cual se pide la bendición en las oraciones. Los cereales se difundieron desde Asia en todo el mundo, en relación con las grandes migraciones humanas. En Europa, el mijo y la cebada son los cereales que aparecieron en primer lugar; en Dinamarca se los encuentra en la Edad de Bronce y la Edad de Piedra. Las primeras huellas del centeno fueron encontradas en Austria en la misma época, es decir, 1.000 a 1.800 años antes de Cristo. En la época de los romanos, tanto los soldados romanos como los germanos se alimentaban sobre todo de cereales, así como de legumbres y frutas. La carne era un elemento accesorio y la alimentación era en esencia vegetariana. Los egipcios de los tiempos antiguos se alimentaban ante todo de cereales. Estos también fueron, desde muy temprano, su producto de exportación, gracias a la extrema fertilidad de su suelo, fecundado por los aluviones del Nilo. A partir de la cebada, aprendieron a fabricar cerveza por fermentación. A los cereales se agregaba la leche, las legumbres, la cebolla, y tal vez, la fruta. Sólo había carne los días de fiesta. Todavía en el siglo XVI el trigo candeal sólo figuraba en la mesa de los ricos. 304

En Francia, el pueblo vivía de la cebada y el centeno. El trigo El nombre de trigo (blé) proviene de Blad, producto de un campo. En tanto que la mayoría de los cereales existen en la naturaleza en estado silvestre, parece que no es así en el caso del trigo. Se enfrentan dos teorías para explicar su origen. La primera afirma que un día de primavera en las llanuras de la Mesopotamia irrigadas por el Tigris y el Eúfrates, con buen tiempo, muy seco y un poco de viento, una gramínea denominada Triticum, en lugar de buscar matrimonio en su tribu, se enamoró de otra gramínea llamada Aegilops. Fue una unión ilegítima. El hijo bastardo que resultó de ella es precisamente el trigo, llamado también trigo candeal, cuyo destino deslumbrante superó, con mucho, al de sus antepasados. Un sabio moderno logró cruzar un Triticum con un Aegiiops. Con la ayuda de un pincel llevó el polen de una de las plantas al pistilo de la otra, y el grano resultante no fue ni el del Triticum ni el del Aegiiops, sino precisamente el trigo. La segunda teoría afirma que el trigo nació por mutación en las altas tierras de Asia. Se denomina así a una transformación de los caracteres hereditarios contenidos en los genes, que puede producirse bajo la acción de energías ionizantes, rayos X o rayos cósmicos. En las regiones subtropicales, la hierba brota a grandes alturas, bombardeada por abundantes radiaciones cósmicas. En general, esas mutaciones son desfavorables y hacen desaparecer la especie mutante. El trigo sería un éxito excepcional. Desde que el hombre aprendió a conocer el trigo, lo difundió por toda la Tierra y creó numerosas especies. Pero sería ventajoso para él descubrir otra que produjese más granos en la espiga, fuese más resistente a las enfermedades, a la sequedad y al frío, y tuviera tallos más firmes, que no se quebraran con las tempestades. En nuestros días se trata de producir nuevas especies provocando mutaciones por irradiación de las plantas. Como una mutación favorable sólo puede resultar del azar, se trata de un trabajo que exige mucho tiempo, mucha paciencia y gran obstinación. Resulta interesante comprobar, respecto del trigo, que cuanto más se cultivan las plantas según las técnicas modernas de alto cultivo y de alto rendimiento, menos resisten a las enfermedades. Las razas primitivas de las cuales derivan son más vigorosas. La razón de esta falta de resistencia a las enfermedades debe buscarse en el empobrecimiento progresivo del suelo, al cual no se le devuelve todo lo que le quitan las cosechas y al que no se le deja reposo por un barbecho prolongado, como se hacía otrora. En efecto, la agronomía moderna ha renunciado al sistema de barbecho, creyendo poder mantener la fecundidad del suelo y la calidad de los productos mediante el empleo de fertilizantes artificiales y la rotación de los cultivos. En apariencia, la salud del suelo y la de las plantas se pierde, como se pierde nuestra propia salud, por exceso de medidas artificiales. Existen cuatro especies principales de trigo:

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1. El trigo tierno se cultiva en Francia. Tiene espigas sin barba. Su paja es comida de buena gana por los animales, en lugar de los trigos barbudos que les hieren las fosas nasales. Los trigos con barbas son más rústicos, sufren menos con el viento y no se dejan despojar por las aves, pero se desgranan con menos facilidad (los sombreros de paja se hacen con un trigo particular, el trigo de Toscana, que se siembra muy apretado y se arranca inmediatamente después de la floración). 2. Los trigos duros son muy sensibles al frío, y se los cultiva sobre todo en Italia, España y África. Difíciles de moler, dan un pan excelente y se los emplea sobre todo para la fabricación de la sémola, a partir de la cual se hacen las pastas alimenticias. 3. El espelta, el más rústico de todos los trigos, se adapta a los suelos pobres y fríos. Proporciona una harina fina y blanca, muy preciada en pastelería. El grano se separa difícilmente. El cultivo sólo se hace en suelos poco productivos. 4. El escanda sólo se cultiva en tierras arenosas y calcáreas, donde los otros trigos no crecen. Su grano es muy pequeño. Para ser cultivado, el trigo exige una temperatura media de 15 a 18 grados. No se lo cultiva ya por encima de los 800 metros de altura y jamás supera los 1.600 metros de altura y los 64 grados de latitud. Crece mejor en los terrenos aluvionales y en los suelos arcilioso-calcáreos. Sufre los excesos de humedad de noviembre a marzo y el de sequedad de abril a junio. El trigo da 75 por ciento de harina, 100 kilos proporcionan de 130 a 140 kilos de pan. El gluten, proteína del trigo, es más abundante en los trigos duros que en los tiernos. La composición del trigo es muy variable en relación con el suelo y el clima. En Flandes, el trigo contiene 61 por ciento de almidón y 11 por ciento de gluten; en Egipto, 55 por ciento de almidón y 20 por ciento de gluten. La molienda artesanal suministra dos productos: la harina y el salvado. La harina contiene el almidón y el gluten. El salvado contiene el envoltorio del grano. Algunas partes de éste, próximas a la envoltura y ricas en gluten, se trituran con dificultad y se conservan en estado de pequeñas masas granulosas que, separadas y trituradas aparte, dan la harina de sémola, más nutritiva que la harina común, pero de color gris. El salvado contiene 2 a 3 por ciento de lípidos, 10 por ciento de proteínas y 4 por ciento de hidratos de carbono. Los molinos modernos perfeccionados permiten separar y eliminar el germen, rico en vitaminas A, E y F y en oligoelementos (manganeso, cobalto, cobre, cinc, selenio y cromo), mezclar la harina en diversos grados y obtener la harina flor, con la cual se elabora el pan blanco, tan indebidamente alabado. Los hombres primitivos comían en principio los granos tales como eran, lo cual exigía grandes esfuerzos de masticación y mucho tiempo. Más adelante hicieron potajes. Así, nos llegaron recetas culinarias provenientes de los Cárpatos, donde las poblaciones se alimentaban con potajes de avena, después de haber liberado los granos de sus glumos por trituración, para luego remojarlos en agua. Estos potajes eran consumidos en crudo. La salud de los hombres que de tal 306

modo se alimentaban era excelente, y tales potajes constituían la alimentación principal de las mujeres embarazadas. En Escocia se prepara un potaje similar vertiendo agua hirviente o leche sobre la sémola de avena (porridge). Un médico griego, Dickles von Karystos, escribió 400 años antes de Cristo: "Que quien quiera conservar su salud coma todas las mañanas un potaje de sémola de cebada”. La receta era la siguiente: moler toscamente una pequeña cantidad de cebada entre muelas de piedra, agregar agua para hacer una pasta y dejarla secar al sol. Tomar para las comidas un trozo de esta galleta, reducirla a trozos más pequeños y ablandarlos en agua o leche. Muy antigua y muy difundida era la costumbre de tostar los granos de cereales para facilitar la molienda. No se debe superar la temperatura de tostado de 160 a 180 grados. Las vitaminas B son destruidas a una temperatura más elevada. En otros tiempos, en Allgáu, al norte del lago de Constanza, era habitual poner en el horno caliente, después de haber retirado el pan, una capa de 10 centímetros de granos de cereales, que a continuación se empleaban para la confección de papillas. A partir de todos los cereales se pueden preparar pastas y hacer galletas, como lo practican todavía los beduinos del desierto. Los panes fermentados vinieron todavía más tardíamente a reemplazar en gran parte a los potajes y las galletas. Su elaboración sólo es posible a partir del centeno y el trigo candeal, pues únicamente estos granos contienen una cantidad suficiente de gluten, cuya consistencia viscosa no permite que se escapen las burbujas de gas que se forman, Estas burbujas que quedan en la pasta la elevan, la vuelven esponjosa y proporcionan a causa de ello un pan más voluminoso que las galletas y al mismo tiempo más digerible. Ese es el motivo por el cual poco a poco el trigo y el centeno reemplazaron a los otros cereales. La leyenda dice que el descubrimiento del pan fermentado se debió a una casualidad y a la negligencia de una criada egipcia, que dejó abandonada la pasta destinada a la confección de una galleta. Las levaduras, que se habían depositado en forma espontánea, hicieron que la pasta levara, y como la criada ya no tenía tiempo de preparar otra para su amo, quien estaba hambriento, hizo cocer la galleta fermentada. El amo la encontró deliciosa. A partir de entonces se aprendió a preparar el pan fermentado y a trasmitir la fermentación de un pan a otro mediante el agregado de una pequeña cantidad de la pasta antigua a la nueva (levadura). En Egipto nació el arte del panadero y el pastelero. En las tumbas egipcias, donde, no sólo se dejaban granos, sino también las recetas necesarias para su preparación culinaria, se encontró la descripción de la preparación de cuarenta especies de pan y de tortas diferentes, con agregado de miel, como en nuestros días, leche y huevos. De Egipto, esas recetas pasaron a Grecia, y luego a Roma. En Roma existe todavía en la actualidad, cerca de la Porta Maggiore, un curioso monumento para gloria de los panaderos: es una especie de torre formada por tres grandes recipientes en los cuales se dejaba fermentar el pan. Estos recipientes se encuentran dispuestos en forma vertical y horizontal unos respecto de los otros. El conjunto está coronado por un fresco que representa 307

todas ¡as operaciones que experimenta el grano, desde el momento de su compra hasta su transformación en pan. La molienda queda asegurada por el trabajo de un asno que al girar hace mover pesadas muelas de piedra de forma cónica. En la base del monumento se encuentra inscripto el nombre de Marcus Vergilius Eurysaces, panadero y proveedor oficial del pan. Entre los romanos, la harina proveniente de la molienda era convertida en el acto en pasta y luego cocida, y esta utilización rápida de la harina se vuelve a encontrar en todas partes, excepto en la era moderna. El arroz El arroz es un cereal de países cálidos. Es una planta acuática. Su cultivo se realiza en terrenos llanos, cerrados por pequeños diques de tierra y provistos de compuertas para la entrada y la salida del agua. Los arrozales, que sólo son alimentados por las aguas de lluvia, son improductivos durante los años de sequía. Los mejores arrozales se establecen en vastas llanuras expuestas a las inundaciones pasajeras de los ríos que las atraviesan. Se siembra el grano de arroz en un terreno anegadizo, a menudo en almácigas. Las plantas se arrancan cuando tienen alrededor de 20 centímetros de altura y se trasladan cada 5 a 6 vástagos, espaciados en 25 unos de otros. A continuación, se hace llegar el agua hasta ellas, y se debe mantener su nivel de manera que la parte superior de los tallos permanezca en el aire. Los indígenas, en China y Japón, tienen una habilidad extraordinaria para utilizar como arrozal el menor trozo de terreno, inclusive accidentado, y obtener la llegada del agua a él, de manera que el pie de la planta se encuentre siempre sumergido. Hacen siembras sucesivas para que las cosechas se sucedan una a la otra. También es posible sembrar el arroz en el mismo lugar, pero entonces se trata de aumentar la capa de agua de inmersión a medida que la planta se desarrolla, pero sin superar nunca los 14 a 16 centímetros. El agua que bañe el arroz tiene que ser corriente. Es preciso reducir su nivel en caso de viento violento que pueda formar olas. En el Tercer Mundo, la cosecha se hace con hoces (en los países industrializados, con la segadora-agavilladora). Las hierbas son secadas al sol y luego desgranadas por pisoteo de búfalos o con la ayuda de mayales. De tal manera se obtiene el palay, es decir, el grano con sus glumos, de los cuales es preciso liberarlo para obtener el arroz integral. Si además se le quita el tegumento, se obtiene el arroz blanco del comercio. Otra variedad importante es el arroz de las montañas. Menos exigente, no necesita la presencia constante de una capa de agua que bañe su pie. Prospera en las regiones lluviosas y se lo siembra en terrenos recién roturados. En la India y en China, de donde proviene, el cultivo del arroz está sumamente desarrollado. Su cosecha es inmensa, pero también su consumo. En Japón, Java, Indochina, Italia y Estados Unidos también es producido en grandes cantidades. En Europa su cultivo no va más allá de la latitud del Piamonte. En Francia se encuentra el arroz en Camargue.

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El arroz es, por excelencia, el cereal de los países cálidos y húmedos. En muchas regiones donde se lo cultiva constituye la base de la alimentación. Proporciona un grano muy rico en almidón (80 por ciento), pobre en lípidos (2 por ciento) y en sustancias nitrogenadas (7,5 por ciento), y desprovisto de gluten, lo cual lo hace impropio para la elaboración de pan. En ese sentido es inferior al trigo y al centeno. Sin embargo, en Asia existe un arroz llamado viscoso, rico en sustancias nitrogenadas y grasas, que es muy apreciado para la preparación de tortas. Ningún producto agrícola puede alimentar, para una misma superficie cultivada, tantas bocas como el arroz. Una espiga de arroz proporciona dos veces más granos que la del trigo. Respecto de este último hay que reservar del 10 al 15 por ciento de la cosecha para simiente; para el arroz, basta con un 3 a un 5 por ciento. El hombre, inclusive subalimentado, gusta del alcohol. Hace fermentar el arroz y obtiene de él bebidas alcohólicas: son el sake de los japoneses, el chum chum de los anamitas, el samsu de los chinos, el arak de los javaneses, el deguet de los negros. El consumo de estos alcoholes de arroz es considerable. El polvo de arroz se fabrica a partir de la molienda de los granos. El centeno El centeno tolera climas más rigurosos y necesita una cantidad de calor más baja para madurar que el trigo candeal. Es, por excelencia, el cereal de ¡os países subpolares y de elevadas altitudes. A igualdad de clima, el centeno siempre madura antes que el trigo candeal. Rinde unas dos veces menos que éste (20 hectolitros por hectárea representan una buena cosecha). La cebada La cebada es un cereal de desarrollo y de maduración particularmente rápidos, cuya área geográfica útil es la más considerable. Necesita poco calor solar para madurar. Por lo tanto, se la cultiva en Suecia, más allá del círculo polar (70 grados de latitud), y en los Alpes, hasta una altura de 1.800 metros. En Asia, en las zonas tropicales, los cultivos de cebada alcanzan hasta los 2.500 metros de altitud y más. Es una planta que resiste bien el calor y la sequía. Una hectárea proporciona de 30 a 40 hectolitros, es decir, de 1.800 a 2.600 kilos. La cebada se usa para la elaboración de cerveza. Cuando ha sufrido un comienzo de fermentación se la utiliza en la preparación de la malta. Se denomina cebada perlada al grano liberado de las envolturas florales y del tegumento y cebada mondada al grano más completo, desprovisto de las envolturas solamente. El mijo Entre nosotros sólo conocemos el mijo de espiga maciza de Italia meridional, cuyos granos empleamos como alimento para las aves.

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Mucho más importante es el mijo denominado pánico, cuyo nombre indica que otrora servía para la confección del pan. Tal es el caso en Arabia, Moldavia, Rumania e Italia. Su cultivo, que se remonta a la Edad de Hierro, está hoy casi abandonado en Alemania. Los pánicos se hallan muy difundidos en las regiones cálidas de ambos hemisferios. Son más raros en las regiones templadas. El mijo pánico es originario de las Indias, donde se lo encuentra en gran cantidad en las distintas regiones. Existe en África del Norte. En Europa es principalmente cultivado en las regiones central y meridional. Los panículos se cosechan en cuanto amarillean, a fin de sustraerlos a la voracidad de las aves. Los tallos sirven para confeccionar escobas. En Rumania, se hace un vino de mijo muy difundido en la población. La avena La avena ha sido cultivada en Oriente desde los tiempos más antiguos. Sólo crece en las regiones templadas. La avena se cultiva en los Alpes hasta los 1.000 a 1.600 metros de altitud. Su grano tiene la particularidad de germinar en el hielo que se derrite. El rendimiento de la avena puede alcanzar a 50-80 hectolitros por hectárea, es decir, de 2.500 a 4.000 kilos. La avena es particularmente rica en grasas. Según en qué suelo y en qué condiciones crece la planta, su composición es muy variable. Puede contener de 2,7 a 8 por ciento de grasas, entre ellas 3 por ciento de vitamina F, de 48 a 66 por ciento de almidón y de 9,6 a 14 por ciento de proteínas. Se denomina sémola de avena al grano desprovisto de su envoltura coriácea. La harina de avena se emplea a veces para elaborar pan; entonces se lo mezcla con la harina de trigo. La paja de avena es una de las mejores para la alimentación del ganado menor. El maíz El maíz es una gramínea originaria de América del Sur. Era el único cereal cultivado por los indígenas en el momento del descubrimiento. Se lo importó a España en 1520. Como una excepción entre las gramíneas, las flores masculinas y femeninas son diferentes. Las primeras están agrupadas en panículos y las segundas en espigas muy grandes . El maíz soporta la sequía, pero no las heladas. Para que prospere, la temperatura estival debe llegar por lo menos a 22 grados. El grano de maíz da una excelente harina que contiene de 67 a 77 por ciento de almidón, 8 a 10 por ciento de proteínas y 3 por ciento de grasas. Se hacen con él tortas y potajes. Por desgracia, la harina de maíz no se conserva, porque contiene de un 3 a un 4 por ciento de un aceite que se enrancia rápidamente. Si se le agrega un tercio de harina de trigo o de centeno, se puede hacer un muy buen pan.

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El maíz es empleado extensamente en América, sobre todo para el engorde de aves y cerdos. Las espatas secas sirven para rellenar jergones o tejer sombreros. El trigo sarraceno El sarraceno también se llama trigo negro, a causa del color de sus granos, o trigo rojo, por el tinte del tallo. No es una gramínea. Pertenece a la familia de las poligonáceas, como la acedera y el ruibarbo. Es probable que provenga de Persia. El sarraceno prospera en climas templados y se conforma con suelos poco fértiles. Su desarrollo es rápido. En nuestros climas se lo puede sembrar en junio o julio para ser cosechado en septiembre. Tiene el inconveniente de que sus granos no maduran todos al mismo tiempo, y su cosecha se hace cuando una parte de éstos todavía no ha madurado. Se lo cultiva en Bretaña y con abundancia en Rusia. Se lo emplea en la elaboración de galletas y de excelentes potajes. No contiene gluten. El sorgo El sorgo es una gramínea de los países cálidos, tal como la caña de azúcar, con la cual está relacionado. Acumula en su tallo una gran cantidad de jugo azucarado. Fue importado de América en 1880. El sorgo, común o de escoba, crece en las regiones cálidas y secas de Asia y África. Los granos globulosos, blancos o rojos que produce desempeñan allí un papel importante como producto alimenticio. A partir de estos granos se prepara el alcuzcuz. LAS LEGUMINOSAS Comprenden, entre otras, a la familia de las papilonáceas, es decir, plantas que tienen flores semejantes en su forma a una mariposa y cuyo prototipo es el guisante de olor. Esta familia nos da las lentejas, las habas, los guisantes, las judías y la soja. La lenteja La lenteja es originaria de Asia Occidental; se la cultiva desde la más remota antigüedad, como lo demuestra la historia de Esaú y Jacob. En efecto, se dice en el Génesis, capítulo 25, versículo 34, Mque Esaú, hijo de Isaac, un día que tenía mucha hambre vendió a Jacob, su hermano menor, su derecho de primogenitura por pan y potaje de lentejas". La lenteja prospera incluso en terrenos arenosos y áridos. En la actualidad, en África del norte y en Egipto se encuentran en el mercado lentejas preparadas, como ocurre entre nosotros con las castañas en otoño. La lenteja es rica en hierro y muy rica en fósforo. Existen verdes, pardas y negras, y hay unas exquisitas, de color anaranjado, provenientes de Chile. 311

Las habas Las habas, tan antiguas como las lentejas, son originarias de Persia. Prefieren los climas cálidos y húmedos. La habichuela, o haba pequeña, se cultiva masivamente para el ganado. Los guisantes Los guisantes son originarios del Cáucaso, de Persia y la India, donde se cultivan desde hace más de 2.000 años. Los garbanzos, menos digeribles, pero que soportan mejor la sequía, se cultivan en torno al Mediterráneo. Forman pequeñas vainas que sólo contienen un par de granos. Las judías Las judías fueron halladas en tumbas antiguas del Perú. Se comenzó a conocerlas en Europa después del descubrimiento de América. Crece en países templados y cálidos. La soja La soja es una especie de judía de origen japonés. Se cultiva en toda el Asia Oriental. Lo que hace que todos estos granos sean particularmente útiles para la alimentación humana es su riqueza en proteínas, cuya composición se asemeja a la de las proteínas animales. Su uso es precioso, e incluso indispensable para los vegetarianos. En tanto que la mayoría de los cereales proporcionan de un 10 a un 12 por ciento de proteínas (con excepción del arroz, que sólo contiene un 4 por ciento), y la carne un 20 por ciento de su peso, la mayoría de las leguminosas contienen un 23 a un 26 por ciento y la soja un 34 por ciento. Mientras que las leguminosas que se cultivan entre nosotros nos suministran un 2 por ciento de grasas, la soja produce un 19 por ciento de un aceite rico en ácidos grasos insaturados, pero que sólo puede extraerse en caliente. En cambio, nuestras leguminosas son más harinosas y dan de un 47 a un 56 por ciento de almidón, frente a un 27 por ciento contenido en la soja. ¡De tal modo, una libra de soja contiene tantas proteínas y lípidos como 28 y 17 huevos, respectivamente! Después del huevo, es el alimento más rico en lecitina, importante fosfolípido presente en todas nuestras células y, sobre todo, en el cerebro. Con el agregado de arroz, la soja tiene un valor alimenticio análogo al de la carne, y en China ha sido denominada "la carne del pobre". En Japón se extrae de ella una especie de manteca, el Mido, un queso blanco, Tofú, una salsa picante, el Tamarisco, empleada como condimento, y el Okara, con el cual se pueden elaborar pasteles. El Tofú, que ahora se puede comprar en nuestras tiendas de alimentos, se prepara según los mismos principios que el queso blanco. Los porotos de soja se ponen en remojo entre 10 y 16 horas (300 gramos en 3 litros y medio de agua). Liberadas de su película por lavado con agua, se las bate en una mezcladora. El batido se diluye en agua llevada hasta el punto de ebullición (atención, la leche de soja "sube” como la leche de vaca). Luego se prensa la masa para separar el

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líquido, que es la leche de soja. Esta, con jugo de limón, coagula y exuda un líquido análogo al suero. El coágulo separado del líquido es precisamente el Tofú. La leche de soja, tal como la leche de almendras, permite criar a los lactantes que no toleran la leche de vaca. En la actualidad existe en forma de polvo en el comercio. Las proteínas animales son aquellas cuya estructura se asemeja más a la de nuestros tejidos. Las proteínas vegetales están constituidas por los mismos aminoácidos, pero en proporciones diferentes; a algunas de ellas les falta tal o cual aminoácido esencial, lo cual hace que por sí solas no permitan satisfacer nuestras necesidades nutricionales. Mucho antes de que los hombres de ciencia se ocuparan de los problemas alimenticios, los diversos pueblos de la Tierra que carecían de proteínas animales habían descubierto la mejor manera de reemplazarlas: los de Asia unieron el arroz, pobre en proteínas, a la soja, que es rica en ellas; los de África complementaron los garbanzos con el sorgo; los de América, las judías con el maíz, etc.; dicho de otra manera, en cada caso un cereal fue asociado a una leguminosa. En la actualidad, se sabe que en estas combinaciones, la falta en el cereal de ciertos aminoácidos indispensables se corrige con la presencia de éstos en la leguminosa. Por lo tanto, esas asociaciones son excelentes y permiten prescindir de la carne sin sufrir perjuicios por ello. LAS FRUTAS Las frutas son una excelente fuente de vitamina C. La manzana El consumo exclusivo de manzanas crudas ralladas cura la diarrea y la disentería (1 a 1,5 kilos por día). Esta fruta absorbe las toxinas intestinales y las elimina. El tanino contenido en la manzana ejerce una acción astringente, antiinflamatoria. La cáscara de la manzana contiene pectina empleada en la preparación de helados y confituras. Ejerce una acción antihemorrágica. Constituye la base de los "días de fruta” que se recetan en caso de retención de agua en las enfermedades de los riñones o del corazón. La pera Fruto pobre en calorías y rico en potasio, es preconizado en los regímenes de adelgazamiento y diuréticos. La cereza Lina cura de cerezas en primavera se justifica tanto como una de uvas en otoño, en especial para los constipados y para quienes hayan abusado de los alimentos refinados y de la carne.

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El membrillo Cocido sin azúcar y al vapor, se vuelve rápidamente tierno. Contiene mucha pectina, tanino y mucílago, que atenúa la inflamación de las mucosas (intestinos, bronquios). Está indicado, en particular, en caso de diarrea. La piña Poco nutritiva y pobre en vitaminas, esta fruta contiene, en estado fresco, un fermento capaz de digerir las proteínas, análogo a los secretados por el tubo digestivo. El albaricoque Este fruto es rico en provitamina A, en hierro y en cobre. Los dátiles Alimento esencial de ciertas poblaciones tropicales, pueden contener hasta un 70 por ciento de azúcar (fructosa). Son ricos en hierro, manganeso y cobre, y están indicados en los pacientes hepáticos, inapetentes o anémicos. Las ciruelas Secas, cinco a diez ciruelas pasas remojadas durante la víspera y consumidas en ayunas con el agua del remojo tienen un buen efecto laxante. El higo Es abundante en celulosa; 150 a 250 gramos de higos remojados durante doce horas son también útiles para las personas constipadas. Es una fruta rica en vitamina B1, calcio y fósforo. Los cítricos (limones, naranjas, mandarinas) Abundan en vitamina C y aseguran un aporte precioso, sobre todo, al comienzo de la primavera; 100 a 200 gramos de jugo contienen 100 miligramos de ácido ascórbico. Los cítricos proporcionan otro ácido cítrico que, en el intestino, favorece la absorción del calcio y ejerce asimismo una acción análoga a la de la vitamina D. La uva La uva es pobre en calorías (670 por kilo) y en vitaminas (4 miligramos de vitamina C por cada 100 gramos). Durante una cura de uvas, se ingiere medio kilo a un kilo y medio, con exclusión de cualquier otro alimento, o alrededor de un litro de jugo recién exprimido.

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El aguacate Fruto de países cálidos, el aguacate se encuentra en nuestros mercados desde hace una decena de años. Contiene entre 5 y 20 por ciento de lípidos, según la variedad y el grado de madurez. En su mayor parte consisten en ácido oleico (monoinsaturado), y una décima parte en ácido linoleico (vitamina F). Es un fruto rico en potasio (600 miligramos por ciento), en vitamina A y complejo vitamínico B. Cien gramos de aguacates proporcionan alrededor de 210 calorías. Se lo consume, sobre todo, en entremés (con camarones, por ejemplo), en ensalada o en potaje. Enriquece nuestras comidas en oligoelementos de otras tierras. El plátano Tenemos la costumbre de clasificar al plátano entre las frutas. Pero en rigor, es la más voluminosa de las bayas comestibles. En efecto, el plátano es una monocotiledónea herbácea, provisto de un rizoma (como los lirios). Este sirve para la reproducción, que es fácil y rápida. La planta se cultiva desde la noche de los tiempos, y una leyenda que circula en Sri Lanka afirma que fue un plátano, y no una manzana, el que Eva dio a Adán para seducirlo. El plátano es originario del sudeste de Asia, de donde emigró primero a África, gracias a los traficantes de marfil, y luego llegó a las Canarias por intermedio de los portugueses; en 1516 apareció en América Central, que es hoy una de las principales regiones productoras. Entre los 20 grados de latitud norte y los 20 grados de latitud sur existen centenares de especies. Un 85 por ciento de la producción es consumida por los autóctonos: grandes plátanos-legumbres, ricos en almidón, son los que en esas regiones reemplazan a la patata. Sólo se exportan algunas especies de plátanos-frutos. El rizoma del bananero, colocado en la tierra, da brotes 3 a 4 semanas después. En nueve meses, la planta se vuelve adulta. El "tronco” está formado de hojas apretadamente enrolladas contra las otras, y llega a un espesor de 30 centímetros. Las grandes hojas se abren en una corona de 7 metros de diámetro, entre 5 a 8 metros por encima del suelo. De ese ramillete de hojas sale una inflorescencia, que en tres meses da frutos. Estos se encuentran implantados en grupos de 14 a 18 en un tallo central, que lleva de 10 a 12; el conjunto se denomina racimo, y pesa de 30 a 45 kilos. Después de una única cosecha, el plátano es cortado. Un mismo rizoma produce plantas durante veinte años. El cultivador permite que cada nueve meses se desarrolle un nuevo brote y dispone las cosas de modo de producir plátanos todo el año. El plátano gusta del sol y del terreno pantanoso. Necesita una temperatura media de 27 grados. Panamá, gran productor, es un país en el cual llueve de 7 a 9 de la mañana durante 300 días al año. Los plátanos se recogen verdes. Si se los deja madurar en la planta se pudren con suma facilidad, su cáscara se abre y son intransportables. Cuando está constituido el racimo, es protegido de los insectos y de las aves predadoras por medio de bolsas de plástico. Durante la cosecha, se lo suspende de un cable transportador; los "cachos” se separan y se lavan con abundante agua a fin de eliminar el látex presente en la piel del fruto. Embalados en cajas, los plátanos llegan hasta nosotros después de un viaje de dos semanas, en un medio refrigerado a 14 grados. La maduración final dura de 4 a 8 días. 315

Un plátano verde contiene 22 por ciento de almidón. De éste sólo queda un 2 por ciento cuando la maduración ha terminado; el resto se transforma en azúcar. Durante la maduración, la clorofila verde de la cáscara se convierte en caroteno, que le comunica el color amarillo. En este momento se desarrollan las sustancias aromáticas. Maduro, el plátano es muy digestiva. Tras un enema y un día de dieta líquida, detiene la diarrea aguda. Una dieta de plátanos junto con suero de leche de vaca ha permitido salvar la vida de niños que no toleraban las harinas (enfermedad de Herter) y hacerlos prosperar durante meses antes de saber que esa enfermedad se debía a una intolerancia al gluten. El plátano suministra 96 calorías por 100 gramos, que contienen 22 gramos de hidratos de carbono, 0,2 gramos de grasa, 1 gramo de proteínas y 75 gramos de agua. Es rico en potasio (382 miligramos por cada 100 gramos) y nos aporta oligoelementos de suelos diferentes a los nuestros. ALGUNAS BAYAS Las fresas Un kilo y medio de fresas por día durante varios días está indicado en enfermos con diarrea persistente, pero también en casos de constipación, de hemorroides y de reumatismo (estas bayas contienen 1 miligramo de ácido salicílico por kilo). Es preciso evitarlas si provocan urticaria. Las frambuesas Una cura puede ser útil contra el reumatismo y la constipación. Los arándanos Estas bayas contienen tanino y un colorante que posee acción antidiarreica. ¡El jugo de arándano mata los colibacilos en cultivo, tal como las sulfamidas! Estimula las secreciones gástrica, pancreática e intestinal. La ingestión durante tres días de arándanos crudos o poco cocidos elimina los áscaris y los oxiuros intestinales desde el primer día (Clínica Pediátrica de Helsingfors). El saúco Las raíces y la corteza verde en cocimiento son diuréticas; las flores, en tisana, también lo son. Gracias a sus aceites etéreos aumentan la transpiración y la secreción de leche. Las bayas son ricas en vitamina B. Contienen ácido tánico y colina. Diez bayas secas, tomadas tres veces por día y bien mascadas, tienen una acción antidiarreica. Cien gramos de grosellas (= uvas de marzo) contienen 155 miligramos de vitamina C; 100 gramos de grosellas negras nos proporcionan 200 miligramos, junto con vitamina P y rutina (que disminuye la permeabilidad capilar) y 2,8 gramos de ácido cítrico. La grosella negra es

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antidiarreica por el tanino y el colorante que contiene: varios vasos de jugo fresco por día, en ausencia de otros alimentos, detiene la diarrea. LAS LEGUMBRES Las legumbres son, en su mayor parte, pobres en calorías (13 a 40 por cada 100 gramos) y ricas en minerales (sobre todo en potasio: 0,2 a 0,4 gramos por ciento), oligoelementos, vitaminas y fibras. Con las frutas constituyen las principales fuentes de sustancias alcalinas preciosas. La patata (solanácea) Aporta 76 calorías, 20 miligramos de vitamina C, 400 miligramos de potasio por cada 100 gramos y sólo 3 miligramos de sodio. Contiene un 80 por ciento de agua y un 18 por ciento de hidratos de carbono. El aguaturma (compuesta emparentada con el girasol) Proporciona tubérculos comestibles semejantes a la patata y que pueden consumirse crudos. Contienen hidratos de carbono (inulina y fructosa), mejor tolerados por los diabéticos que el almidón. Estos enfermos pueden consumir dos veces más de ellas que de patatas. Las zanahorias (crucíferas) Son ricas en caroteno. Un vaso de jugo de zanahoria recién extraído cubre nuestra necesidad diaria de vitamina A. Esta legumbre contiene pectina (de acción antidiarreica muy eficaz, si se consume sola), así como aceites aromáticos de efecto vermífugo. La ingestión exclusiva de zanahorias ralladas (medio kilo a un kilo en 24 horas) elimina los áscaris. Una o dos zanahorias, por la mañana y la noche, eliminan los oxiuros. Los tomates (solanácea) El fruto maduro es uno de los más ricos en vitaminas A, B, C y E, en ácido cítrico y en potasio (0,27 gramos por ciento) Contiene numerosos oligoelementos que nos son indispensables (hierro, cobre, boro, níquel, cobalto, magnesio, manganeso). La tomatina de los tallos y las hojas es activa contra las micosis. La col verde (crucífera) Es rica en caroteno y en vitamina C Proporciona, además, vitaminas B y K. El jugo de col recién extraído tendría poder cicatrizante, por ejemplo, de la úlcera de estómago (200 mililitros de jugo cuatro veces por día). En las coles se encuentran dos sustancias que frenan la actividad de la tiroides: por lo tanto, el jugo de coles puede ser útil en casos de hiperactividad de esta glándula (enfermedad de Basedow). De todos modos, favorece también la formación del bocio, si existe hipofunción tiroidea.

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El choucroute es una de las primeras conservas de la historia. Contiene ácido láctico, que mejora la digestión y tiene cierto poder bactericida, y colina, que excita la movilidad intestinal. Es rico en vitamina C. Es sobre todo activo cuando se lo consume crudo. El puerro (liliácea) Contiene un aceite esencial azufrado, que frena la fermentación y la putrefacción intestinales. Las espinacas y las acelgas Estas legumbres ricas en clorofila, en vitaminas A, B y C, y en minerales, tienen un poder antianémico. Las alcachofas (compuestas) Proporcionan vitaminas A, B y C. Es uno de los alimentos más ricos en manganeso (sólo los granos oleaginosos contienen más). En las alcachofas se encuentra una sustancia que aumenta la formación y excreción de la bilis, favorece la eliminación del colesterol y disminuye los niveles de urea y de ácido úrico en la sangre. El pepino, la calabaza, el calabacín y el melón Estos vegetales pertenecen a una misma familia, las cucurbitáceas. Son ricos en agua (90 a 95 por ciento) y muy pobres en calorías (15 calorías por cada 100 gramos). Son diuréticos y laxantes. Proporcionan sustancias minerales alcalinas. Los granos de calabacín contienen una sustancia que debilita la adherencia de la cabeza de la tenia a la pared intestinal y han sido empleados como vermífugos (400 a 700 gramos de granos descascarados tomados en ayunas, en tres horas y tres tomas, y después una purga; la mitad de la dosis en los niños). Estos mismos granos contienen un principio que descongestiona la próstata y facilita la micción en el hombre de edad. El apio (umbelífera) Contiene aceites aromáticos y una sustancia de actividad análoga a la insulina. La cebolla (liliácea) La cebolla contiene un aceite esencial volátil que hace llorar, aumenta la diuresis, estimula la secreción de los jugos digestivos y favorece la flora intestinal normal. Es rica en aminoácidos azufrados, a partir de los cuales, bajo la acción de enzimas, surgen sustancias bacteriostáticas (según Virtanen). El jugo de las patatas y las cebollas son, en los países templados, las mejores fuentes de vitamina C en invierno. Una cura de cebollas (por ejemplo, 10 cebollas por día durante tres días, en ensalada, con limón, aceite y miel) estimula el corazón, reduce la tensión arterial y favorece la eliminación de edemas. La cebolla es rica en flúor (0,5 miligramos por kilo). Pisada y cruda tiene una acción hiperemiante, y de ahí su uso en cataplasmas para acelerar la maduración de forúnculos y la

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resorción de hematomas, y contra la caída del cabello. El aceite esencial se elimina por los pulmones y tiene una acción expectorante. El ajo El ajo, lo mismo que la cebolla, contiene un aceite esencial azufrado. Entero no tiene olor. Cuando la cáscara es herida, aparece, bajo la acción de una enzima, una sustancia llamada alicina, de olor característico y que tiene una acción vermífuga y bacteriostática. Esta sustancia destruye en el intestino a las bacterias nocivas y favorece el desarrollo del colibacilo normal. Según una antigua creencia popular, el ajo sería anticancerígeno (véanse págs. 366 y siguientes, nuestra teoría de la patogenia del cáncer). El aceite de ajo es revulsivo y vesicante para la piel. Estimula las secreciones digestivas, disminuye la tensión arterial y aumenta la resistencia a las infecciones. El aceite esencial se elimina por las vías respiratorias y sería útil en el tabaquismo. La lechuga Las hojas verdes son pobres en calorías y ricas en clorofila, enzimas, vitaminas, minerales y oligoelementos. Contienen 1 a 2 por ciento de proteínas de gran valor biológico, de las cuales derivan todas las otras proteínas de los animales y las plantas (Heupke). El jugo de lechuga contiene una sustancia análoga al opio y con el agregado de limón puede ser empleada como soporífero. Los hongos Pertenecen al mismo grupo que las algas, los mohos y los liqúenes. Lo que comemos son los órganos reproductores que brotan sobre una parte subterránea denominada micelio. Como no tienen clorofila, los hongos necesitan para vivir, al igual que los animales, materias orgánicas preformadas, tomadas de los vegetales (hongos saprofitos) o de los seres vivos (hongos parásitos). Nos sacian y nos dan muy pocas calorías (33 calorías por cada 100 gramos) y son útiles para los tratamientos de adelgazamiento. Las setas sólo contienen 6 por ciento de proteínas, 0,4 por ciento de grasas y 5 por ciento de glúcidos. Los hongos aportan minerales y vitaminas: A, complejo B, vitamina D (60 UI por ciento). El polvo de hongos es útil en los regímenes sin sal. Los japoneses habrían descubierto, en 700 especies de hongos, una sustancia anticancerosa extraíble (experimentada en ratas portadoras de tumor). LA MIEL Es el agente edulcorante natural utilizado desde la más remota antigüedad. Se conserva admirablemente bien. ¡Se la ha encontrado en las tumbas egipcias, en las cuales se mantuvo durante más de 3.000 años! Una colmena reúne hasta 50.000 insectos que viven en un espacio restringido. ¡Para que semejante promiscuidad no produzca enfermedades, la naturaleza ha dotado a la abeja de la facultad de sintetizar antibióticos! La superficie del cuerpo de la abeja se encuentra recubierta de 319

un antibiótico que destruye a las bacterias que entran en contacto con él. Un segundo antibiótico reviste los panales, un tercero se mezcla con el polen recogido, un cuarto con la alimentación de la reina, un quinto con la miel y un sexto con la cera. Este último impide la proliferación de los hongos y la germinación de los granos (Chauvin y Louvie). En tanto que nuestros antibióticos sintéticos pierden su poder bactericida, los antibióticos elaborados por las abejas conservan su eficacia desde los millones de años que tiene la existencia de estos insectos. ¡El insecto, pues, ha sabido producir antibióticos contra los cuales las bacterias no pudieron crear cepas resistentes! De tal manera, los microbios capaces de desarrollarse en los jarabes de azúcar concentrado no pueden subsistir en la miel. El calentamiento destruye estas sustancias bactericidas. La sacarosa del néctar floral se transforma en el esófago del insecto, en dextrosa y levulosa (primera etapa de su digestión en el cuerpo humano). También contiene otro azúcar, la maltosa. En la miel se distinguen, al microscopio, los granos de polen característicos de la planta visitada por la abeja, razón por la cual es posible hablar de miel de espliego, de tilo, de acacia, etc., todas las cuales tienen sabores diferentes. La miel contiene una cantidad insignificante de proteínas y lípidos (0,3 y 2 por ciento, respectivamente) y un 75 a un 82 por ciento de glúcidos. Es extraordinariamente rica en oligoelementos, entre ellos el cobre, el hierro, el magnesio, el yodo, el manganeso, el silicio, el boro, el cromo, etc. Esta riqueza está en relación con el suelo en el cual crecen las plantas saqueadas. Es superior en los terrenos vírgenes, montañosos, y en donde se encuentran en cantidades análogas a las existentes en la sangre humana. También se ha encontrado en la miel vitaminas A, E, C, B1, PP y B2. ES rica en diversas enzimas. La miel ha sido empleada para la desinfección de llagas. Aumenta la secreción de glutatión, sustancia que estimula la división celular, y favorece de esta manera la cicatrización. La miel contiene diversos ácidos orgánicos, entre ellos el ácido fórmico, que es antiséptico y antirreumático. ¡Los apicultores sufren muy poco de reumatismo! La miel ejerce una acción tónica sobre el músculo cardíaco y aumenta la circulación coronaria. Por lo general es un laxante ligero. La miel del castaño y del espliego tiene un efecto inverso. La abeja mezcla el polen, parte fecundante de la flor, para nutrir a las larvas. El polen es rico en proteínas. Contiene lactosa y rutina (17 miligramos por ciento), que disminuye la fragilidad capilar. Es muy rica en enzimas y vitaminas: caroteno, complejo B y vitaminas C, D, E y P. Contiene también sustancias hormonales, algunas de las cuales son factores de crecimiento. Una o dos cucharadas soperas de polen por día serían un buen vigorizante y equilibrante nervioso en tratamientos de tres semanas, por ejemplo, diluidas en agua de limón y en miel. Es un protector de la flora intestinal que se opone a las putrefacciones. Una "pelota" de polen transportada por la abeja pesa 20-25 miligramos y contiene 3 a 5 millones de granos de polen.

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LAS ESPECIAS Y LOS CONDIMENTOS

"En la buena cocina, los alimentos tienen el sabor de lo que son" (COURTINE)

Las especies y los condimentos actúan estimulando el olfato y el gusto, lo cual aumenta el apetito y la secreción de jugos salival, gástrico, intestinal, pancreático y hepático. Estimulan la movilidad intestinal. Jamás deben cubrir el sabor propio del alimento. Bien empleados disminuyen la necesidad de salar. En una concentración demasiado elevada son irritantes y su efecto se invierte. Desde que se perfeccionaron los medios de comunicación, las especias exóticas han sido introducidas en los países de clima templado. En las regiones tropicales, se justifica su empleo; en nuestros países es abusivo. Es necesario usar con mucha moderación el curry, el jengibre, la paprika, la canela, la mostaza, etcétera. En las zonas templadas, las distintas hierbas aromáticas, de acción menos violenta que las especias tropicales, son preferibles, pero también en estos casos son necesarias en muy escasa cantidad. Nos aportan aceites esenciales, terpenos, vitaminas y oligoelementos que estimulan la digestión y la diuresis. Así ocurre con el perejil, 7 gramos del cual contienen tanta vitamina C como 150 gramos de lechuga arrepollada (¿y cuyo jugo fresco alejaría los mosquitos?), el perifollo y la capuchina (contienen un bacteriostático eliminado por la orina), el berro (de sabor a pimienta), la acedera (rica en ácido oxálico), el anís, la albahaca, la borraja, el estragón (rico en yodo), el hinojo (cuyos brotes jóvenes son comidos en ensalada, en tanto que los granos y la verdura joven sirven de condimento), el apio en polvo, el comino (las coles sazonadas con comino después de la cocción no producen meteorismo), el romero (que hace desaparecer el olor desagradable del pescado), la cebolleta, la mostaza, etc. El enebro empleado para sazonar la carne y el choucroute es rico en diversos productos: azúcares, lípidos, resina, pectina, tanino, terpenos, alcanfor y aceites esenciales. Estos son bactericidas. Estimulan la mucosa gastrointestinal y se elimina en parte por los pulmones. Disminuyen las secreciones bronquiales y facilitan la expectoración. La mayor parte de estos aceites, sin embargo, es excretada por los riñones, para los cuales pueden ser irritantes. CAFE, TE, CACAO Y CHOCOLATE Estos productos contienen sustancias que tienen una acción estimulante y diurética y una estructura química análoga, llamadas respectivamente cafeína, teína y teobromina. Son muy solubles en agua; 100 gramos de café contienen entre 75 y 100 miligramos, 100 gramos de té

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entre 40 y 60 miligramos. En una taza preparada con quince granos de café, hay alrededor de 100 miligramos de cafeína. Esta sustancia es un excitante psíquico y cardiovascular, cuyo abuso resulta nocivo. Su absorción provoca un aumento de la secreción de hormonas de la médulosuprarrenal (catecolaminas), lo cual provoca contracción vascular y, en consecuencia, una elevación de la tensión arterial. La cafeína tiene un efecto estimulante: disminuye el tiempo de reacción y la sensación de fatiga. La absorción de 0,5 a 1 gramo de cafeína (es decir, de cinco a diez tazas de café) provoca una intoxicación caracterizada por excitación, insomnio, palpitaciones cardíacas y aumento de la secreción urinaria. Este estado de sobrexcitación es seguido de agotamiento. La ingestión regular de tres a cuatro tazas de café por día causa un estado de intoxicación crónica con disminución del apetito, trastornos digestivos, edemas, constipación alternada con despeños intestinales, alteraciones del sueño, hormigueo, pruritos e ideas de persecución. La cafeína es nociva para los niños, los hipertensos, que tienen enfermedades coronarias (dolores precordiales) e inflamaciones de la mucosa digestiva (gastritis, úlceras, etcétera). El cacao contiene 20 por ciento de proteínas, 25 por ciento de lípidos y 35 por ciento de hidratos de carbono y proporciona 452 calorías por 100 gramos. Es relativamente rico en potasio, calcio, fósforo y hierro, y contiene vitaminas B y E. El chocolate negro proporciona 5,5 por ciento de proteínas, 53 por ciento de lípidos, 18 por ciento de hidratos de carbono y 570 calorías por cada 100 gramos. El cacao y el chocolate son ricos en ácido oxálico y están contraindicados en las personas propensas a cálculos renales de oxalato de calcio. La cafeína, la teína y la teobromina se degradan en el organismo en ácido úrico; por lo tanto es preciso evitarlas en caso de gota (véase pág. 464).

II

Los medicamentos de uso habitual en todas las afecciones crónicas graves:

Becozym en grageas o en ampollas xx (dos por día) (2 mi) Vitamina B1 15 mg 10 mg Vitamina B2 15 mg 4 mg Nicotinamida 50 mg 40 mg Vitamina B6 10 mg 4 mg 322

Pantotenato de calcio 25 mg Pantenol 6 mg Biotina 0,15 mg 0,5 mg Vitamina B12 10 gammas 8 gammas Vita-C 0,5 g de ácido ascórbico en comprimidos. Para disolver en agua o té, por lo menos 2 por día; 6 en caso de gripe (véase pág. 439). Rovigon Vitamina A 30.000 U.I. (palmitato de axeroftol). Vitamina E 70 mg (acetato de DL alfatocoferol) por gragea (1 a 2 por día). Sterogyl 15 A: vitamina D2 cristalizada, dosificada en 15 mg y presentada en solución alcohólica bebible, 1 a 2 por mes, al mismo tiempo que: Ossopan 2 grageas por día, de las cuales cada una proporciona 0,2 gramos de extracto de hueso total, en los poliartríticos y los descalcificados (uñas papiráceas). En todos mis pacientes he compensado la hiperacidez metabólica y reducido la reacción urinaria a un pH de 7 a 7,5 dándoles: Erbasit W. (ácido silicílico 5,5 g, citrato de manganeso bivalente 4,1 g, citrato de hierro trivalente 16,4 g, citrato tripotásico 65,6, citrato tricálcico 123 g, citrato trimagnésico 37,3 g, citrato de sodio 742,6 g, correctivo 5,5 g) o bien: Citrocolina (citrato de colina, 10 g., citrato trisódico 5 g, citrato de magnesio 5 g, excipiente azucarado efervescente agregado 100 g) Este último preparado es mucho más agradable de tomar pero menos eficaz que el Erbasit. He enseñado a los pacientes el control del pH urinario con la ayuda del papel reactivo "Neutralit Merck", que da los valores del pH comprendidos entre 5,5 y 9. De tal manera pudieron regular la dosis de Erbasit o de Citrocolina necesaria para obtener un pH urinario de 7 y 7,5, lo cual atenúa los fenómenos dolorosos. Para suprimir con rapidez la carencia vitamínica F, en especial en los casos de esclerosis en placas o de cánceres muy evolutivos (sed intensa, piel muy seca), hemos empleado al comienzo del tratamiento: Chemedica 62, (axeroftol acético, 1.000 U, etilisolinólico 1,0 extr. hepático ol. solub. 0,2, extr. pancreático 0,02, exc. c. s. agregado 2 mi; en inyecciones intramusculares profundas 2 veces por semana durante 5 semanas). A continuación, la vitamina F se proporciona por medio de los aceites prensados en frío. La preparación F 99 Grémy contiene sólo 0,32 g de vitamina F por cápsula, de los cuales 2/3 son linoleato y 1/3 linolenato de etilo, y puede en su momento resultar útil. 323

Para la normalización de la tasa de hierro sérico, cuando ésta es inferior a 60 gammas por ciento, y sólo puede corregirse por medio de medicamentos tomados por boca, o cuando éstos son mal tolerados, hemos recurrido a: Ferrum Hausmann (5 mi contienen 100 mg de hierro trivalente bajo la forma de sacarato férrico) en inyecciones estrictamente endovenosas, una a dos veces por semana. La tasa de hierro sérico debe controlarse todos los meses, o cada dos meses, y por lo menos una semana después de la inyección de hierro, y entre las mujeres jóvenes, en vísperas de las menstruaciones (normal 120 gammas por ciento = 21,5 milimol por litro). En algunos casos, sólo es posible obtener la normalización por medio de una transfusión sanguínea o con una inyección intercalada de una preparación que contenga cobre. La yema de huevo cruda, batida con los alimentos (1 a 2 por día), mejora la absorción del hierro alimentario, y normaliza el hierro sérico. En los cancerosos he recetado en general inyecciones endovenosas dos veces por semana: Dinaplex Hidrosol polivitaminado con sales, minerales y aminoácidos azufrados (1 ampolla (18 mi) contiene: tiamina HCL 6 mg, riboflavina-5-fosfóricaódica 4 mg, piridoxina HCL 4 mg, ascorbato de sodio 560 mg, nicotinamida 40 mg, pantotenato de sodio 6 mg, metionina 400 mg, bromuro de sodio 278 mg, edetato cálcico disódico 510 mg. L ( + ) - cisteína 18 mg, alcohol bencílico 180 mg, agua dest. agregada 18 mi). Este medicamento es un precioso y poderoso revitalizante y protector hepático, que atenúa de manera asombrosa los efectos secundarios desagradables y, a veces nefastos, tanto de las irradiaciones como de la quimioterapia, de las cuales potencia los efectos. Su empleo prolongado ha permitido una sobrevida inesperada a enfermos agotados y considerados perdidos por las clínicas universitarias. En los casos graves, la cura debe continuarse por lo menos durante dos años. El Dinaplex también nos ha dado buenos resultados en los casos de hepatitis, cirrosis o pancreatitis alcohólicas, en el lupus eritematoso, etcétera. En los casos de alergias graves, es decir, rebeldes a los medicamentos habituales (véase caso 24, pág. 312) de poliartritis reumatoide y de esclerosis en placas (véanse casos 39 a 45 en la pág. 335) hemos recurrido a tratamientos prolongados, también en inyecciones endovenosas dos veces por semana: Ascodine tónico y neurosedante del sistema neurovegetativo (1 ampolla (18 mi) contiene: tiamina HCL 60 mg, riboflavina-5’-fosfato de sodio 4 mg, piridoxina HCL 4 mg, ascorbato de sodio 560 mg, nicotinamida 40 mg, pantotenato de sodio 6 mg, bromuro de sodio 278 mg, edetato cálcico disódico 510 mg, edetato de calcio y magnesio 310 mg, L ( +) - cisteína 18 mg, alcohol bencílico 180 mg, NaCL 98 mg, agua dest. agr. 18 mi. Unidos a la corrección del régimen alimenticio, estos dos medicamentos nos permitieron obtener estabilizaciones muy notables y perdurables, e incluso curaciones, en enfermedades difíciles de tratar, progresivas y a menudo incurables (como las miopatías). La presencia de aminoácidos azufrados y de calcio en estas dos preparaciones asegura una excelente tolerancia, en especial a 324

la inyección endovenosa de vitamina Br El efecto beneficioso tan evidente de estos dos medicamentos se debe tal vez a la brusca elevación en la sangre de la concentración de los catalizadores poderosos que contienen, elevación que es la única que permite llegar a las células enfermas. Nuestras observaciones coinciden con las de Linus Pauling, dos veces premio Nobel, quien afirma que el efecto de las inyecciones endovenosas de vitamina C es muy superior, en dosis iguales, a la obtenida por su administración oral (véase La vitamina C contra el cáncer, de Cameron y Pauling). Nuestros notables resultados, relatados en parte en la presente obra, sólo pudieron obtenerse desde la creación de estos dos medicamentos. En los casos de artritis reumatoide, el Ascodine permite obtener una mejoría y una estabilización del estado general del paciente. El agregado, en ese momento, de la vacunoterapia, según las indicaciones de la página 499, conduce a una remisión de la enfermedad a menudo tan prolongada que equivale a una curación. En algunos casos he recurrido al tratamiento clásico con sales de oro, durante cortos períodos, muy pocas veces repetido. He empleado: Alocrisina Lumiére Aurotiopropanoisulfonato de sodio, con título de 30 por ciento de oro metálico 0,025, 0,05, 0,1 g, en inyecciones intramusculares, 5 a 7 días, durante 3 meses. En nuestros enfermos correctamente alimentados y que recibían abundantes vitaminas, nunca hemos observado intolerancia (en más de cincuenta años). También hemos recurrido a diversos antiinflamatorios, que el enfermo suprime en cuanto se siente mejor: ácido acetilsalicílico, Indocid - indometacina, Irgapirina = fenilbutazona, Brufen = ibuprofeno, Arlef, ácido flufenámico, etcétera. En caso de necesidad de cortisona, prefiero recurrir a la: Monocortina - Dépot. Acetato de parametasona 40 mg, en solución microcristalina por vía intramuscular. Actúa durante 3 a 4 semanas, y carece de efectos secundarios. En caso de insuficiencia hepática particularmente acentuada, o de radioterapia o quimioterapia intensa, he agregado a la inyección endovenosa de Dinaplex: Ripason, en que 1 mi contiene 0,026 g de extracto de hígado y: Chofitol, 5 mi contienen 0,1 g, de extracto de Cynara scolimus. Hemos observado, durante una serie de inyecciones, de Dinaplex o de Ascodine bruscos ascensos térmicos, producidos durante epidemias de gripe, cuando diversos miembros de la familia del enfermo se veían aquejados de ésta. Esos accesos febriles duraban apenas unas horas, y el paciente no contraía la gripe. Es como si tales inyecciones intravenosas, durante la

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incubación de una infección gripal, aumentaran la resistencia del enfermo y provocaran una reacción de defensa intensa y de corta duración. En caso de falta de previsión, el Ascodine y el Dinaplex pueden ser reemplazados por una mezcla de: Calcibronat . Bromolactobionato de calcio 1,24 g, en 10 mi de solvente. Redoxon. Vitamina C 0,5 g en 5 mi de solvente. Becozim 2 mi (véase anteriormente). A todos mis enfermos crónicos y graves les he recetado magnesio, casi siempre en forma de grageas de Magnogéne, 2 por día. Composición: por unidad Cloruro de magnesio 0,20 g Bromuro de magnesio 0,008 g Fluoruro de magnesio 0,0004 g Yoduro de magnesio 0,00004 g Magnesio elemental 24 g Excipiente: goma arábiga, goma tragacanto, carbonato de magnesio, talco, estearato de magnesio, carbonato de calcio, fosfato de sodio, fécula de patata. Cubierta: carbonato de magnesio, carbonato de calcio, azúcar 225 mg, cera blanca, talco, óxido de titanio, gelatina, c.s.p, una gragea de 0,75. La razón de esta receta reside en el hecho de que todos los enfermos graves tienen estrés y éste aumenta la necesidad de magnesio. Por otra parte, la explotación excesiva de los suelos los empobrece en magnesio. Tengo en cuenta el hecho formulado por Delbet: la relación inversa entre la riqueza del suelo en magnesio y la frecuencia del cáncer entre los habitantes (véase pág. 133). En un suelo rico en magnesio la frecuencia del cáncer es menor. Como el cáncer no es más que una de las manifestaciones de la alteración del equilibrio inmunitario, es plausible pensar que un aporte de magnesio resultará igualmente favorable para el restablecimiento del equilibrio inmunitario en las otras enfermedades de la inmunidad (véase Magnesio, pág. 133). Extractos bacterianos y soluciones empleadas para los análisis intradérmicos en los enfermos reumáticos (PCA):

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CCB: vacuna antibronquítica polivalente. Contiene estreptococos A, D, G y K, Neisseria catarrhalis y N. mucosa, Neumococos (tipos 1 a 3). Colítica: vacuna anticolibacilar. Anexina: vacuna mixta (gonocócica, estreptocócica, estafilocócica y colítica). Estafipan: vacuna antiestafilocócica. Tuberculina: en solución a 1/1.000 =D3 Solución de Peptona al 5 por ciento. Uno de mis discípulos (el Dr. Ph. Besson) completó esta lista con: candidina en DI, Klebsiella pneumoniae en DI y Proteus morganii en DI. El objetivo de estos análisis no es, en general, encontrar un agente específico de la enfermedad, sino un alergeno lo bastante activo como para inducir después de la inyección subcutánea una defensa inmunitaria normal. Si la reacción a la tuberculina D3 es muy intensa, antes de comenzar la vacuna sometemos al enfermo a 3 meses de antibioterapia específica, lo cual a menudo le resulta muy beneficioso (véase pág. 321, casos 32 y 33). Sin embargo es preciso que el enfermo sea informado de que al comienzo de la antibioticoterapia puede haber un recrudecimiento pasajero de los dolores. He aquí el modo de empleo que recomiendo al paciente: Vacunoterapia (que bien conducida es el mejor estabilizador de las enfermedades reumáticas): Dos inyecciones subcutáneas por semana de 0,5 mi, 1 mi y 1,5 mi, comenzando por el frasco número 6, y luego proceder de la misma manera con los frascos Nº 5, 4, 3 y 2 (el número del frasco corresponde a la dilución decimal de la cepa; así, Nº 6 = diluido a la millonésima). ¡No vaciar necesariamente los frascos! Si la inyección produce una reacción cualquiera, si fatiga, si el lugar de la inyección enrojece o ésta desencadena una exacerbación de dolores, es preciso esperar que la reacción haya pasado y luego repetir la misma dosis o una más débil. En general, la dilución D6 es bien tolerada. En ocasiones es preciso comenzar por D8-D10. En cuanto se llega a la dosis de reacción, se aumenta las dosis con más lentitud, por ejemplo: 0,1 -0,25-0,5-0,75-1-1,25-1,5 mi. Para el frasco NQ 2, las dosis se aumentarán muy lentamente, en 1/10 mi, es decir: 0,1-0,2-0,3-0,4 mi, y etc., hasta 1,5 mi.

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Una dosis demasiado elevada de vacuna puede desencadenar una crisis reumática. Es preciso mantenerse por debajo de la dosis de reacción y no apresurarse a aumentar las dosis.

Glosario Acrocianosis Coloración violácea de las extremidades por trastornos de la circulación sanguínea. ACTHHormona corticotrópica, estimulante de la glándula suprarrenal y secretada por la hipófisis. Acufeno

Sensación auditiva anormal (zumbidos, silbidos, repiqueteos).

ADN Acido desoxirribonucleico (véase célula pág. 94). Aldehido

Compuesto derivado del alcohol por oxidación parcial.

Alergias Sensibilidad anormal del organismo a una sustancia, inofensiva para la mayoría de los individuos. Amnios

Saco que contiene líquido amniótico en el interior del cual flota el feto.

AMP Adenosina-5-monofosfato, catalizador fosforado importante. Anabolismo Transformación de los materiales nutritivos en tejidos vivos. Anabolizante

Que favorece el anabolismo y hace aumentar el peso.

Anamnesis Historia del enfermo anterior a la primera consulta. Anemia

Empobrecimiento de la sangre, en especial en hemoglobina.

Anquilosis

Disminución o supresión de la movilidad normal de una articulación.

Anticuerpos Sustancias proteicas (globulinas) que aparecen en el organismo después de la introducción de antígenos. Antígeno Sustancia ajena a un organismo que, introducida en éste, provoca la formación de anticuerpos. Antimitótico Que impide la multiplicación celular. Aptero

Sin alas.

Arginasa

Fermento que interviene en la transformación del aminoácido arginina en urea.

ARN Acido ribonucleico (véase pág. 94).

328

Ascitis

Acumulación de líquido en la cavidad peritoneal.

Asfixia

Dificultad o detención de la respiración.

AtaxiaIncoordinación de los movimientos voluntarios. Atetosis Movimientos ondulatorios.

involuntarios

incoordinados,

de

gran

amplitud,

lentos

y

Atomo (de indivisible). La menor parte de un cuerpo simple que puede existir en estado libre o combinarse para formar una molécula. Atopia

Ciertas formas de alergia crónica difíciles de curar.

Auricular

Relativo al oído.

AvitaminosisEnfermedad determinada por la falta de una vitamina. Babinski (reflejo de) Extensión del dedo gordo por estimulación de la planta del pie, que normalmente provoca su flexión. Este signo indica una lesión del haz piramidal de la médula espinal. Bacteriuria

Presencia de bacterias en la orina.

Bastoncillos y conos de la retina Células sensoriales que transforman las vibraciones luminosas en percepciones visuales. Los conos serían la sede de las percepciones coloreadas. Benzopireno Sustancia orgánica cancerígena que se forma con la combustión incompleta, por ejemplo, del humo. Bilirrubina

Pigmento biliar de color amarillo rojizo.

Blefaritis

Inflamación de los párpados.

Cancerígeno Que origina cáncer. Catálisis Fenómeno por el cual una reacción química se acelera en presencia de una sustancia denominada catalizador (véase pág. 100). Catecolaminas

Sustancias cuyo efecto imita la acción del sistema nervioso simpático.

Celíaca (enfermedad):

Diarrea crónica por intolerancia al gluten (proteína de los cereales).

CernirTamizar la harina para eliminar el salvado.

329

Cianosis:

Coloración violácea de los tegumentos por déficit de oxígeno en la sangre.

Cifosis: giba.

Desviación de la columna vertebral con convexidad posterior, que produce una

Clonus:

Temblor del pie provocado por la flexión dorsal brusca.

Colesterol (de colé: bilis, y esterol: alcohol policíclico, caracterizado por el núcleo pentanoenantrénico). Sustancia contenida en la bilis y a partir de la cual son sintetizados por el orga¬nismo los ácidos biliares, la vitamina D y las hormonas sexuales y corticosuprarrenales. Colibacilo:

Bacilo que vive en el intestino.

Complemento: Conjunto de proteínas dotadas de propiedades bactericidas que intervienen en las reacciones de inmunidad. Congénito:

Presente en el momento de nacimiento.

Corinebactena: Nombre dado a un grupo de bacterias al cual pertenece, entre otros, el bacilo de la difteria, así como especies que viven en el intestino. Cromosoma: bastoncillos visibles en el núcleo en el momento de la división celular, formados de sustancia nuclear condensada y en los cuales se localizan los genes. El número de cromosomas es fijo para cada especie animal. Cupropenia: Deficiencia de cobre en la sangre. Decurso:

Período de declinación de una enfermedad.

Degeneración:

Pérdida de cualidades que tenían los ascendientes; decadencia.

Descamación:

Exfoliación de la epidermis en forma de láminas.

Detumescencia:

Reducción de una tumefacción.

Diplopía:

En la visión binocular, percepción de dos imágenes para un único objeto.

Disnea:

Dificultad respiratoria.

Distrofia:

Trastorno de la nutrición.

Eclampsia: Enfermedad que aparece al final del embarazo, caracterizada por convulsiones con pérdida del conocimiento. Electroencefalograma (EEG):Curva que registra las variaciones del estado eléctrico del cerebro.

330

Encéfalo:

Conjunto de los centros nerviosos contenidos en el cráneo.

Encefalopatía:

Enfermedad del encéfalo, sin localización anatómica precisa.

Endémica: Se dice de una enfermedad propia de una región y que se manifiesta en ella de manera continua o periódica. Endotelio: Revestimiento del peritoneo, del pericardio, de la pleura y del interior de los vasos sanguíneos y del corazón. Enzima: (fermento, diastasa): Proteína que acelera o provoca ciertos procesos químicos sin sufrir ninguna modificación. Cada enzima se designa por su acción química, seguida del sufijo asa. Ejemplo: oxidasa = enzima oxidativa. Epidemia:

Enfermedad que afecta al mismo tiempo a gran número de personas.

Epitelio: Capa de células yuxtapuestas que tapizan el exterior del cuerpo y los órganos huecos, tales como el tubo digestivo o el sistema urinario, o que constituyen el parénquima de las glándulas. Los tumores malignos que derivan de él se denominan epiteliomas o carcinomas. Eritrocito:

Glóbulo rojo.

Escoliosis.

Desviación lateral de la columna vertebral.

Espástica (parálisis o espasticidad):

Acompañada de contracturas.

Espirogiro: Alga minúscula, provista de un filamento verde, enrollado en espiral, que vive en el aire húmedo, en el suelo, en las rocas, las cortezas. Esplenectomía:

Extirpación del bazo.

Esplenomegalia:

Agrandamiento del bazo.

Estrés:Esfuerzo brusco, no habitual, demandado a un organismo a raíz de una agresión. Etiología:

Conjunto de causas de una enfermedad.

Eunucoide: Aspecto que recuerda al eunuco, es decir, individuo castrado antes de la pubertad. Fagocito:

Célula capaz de englobar cuerpos extraños y microorganismos.

Fagocitosis: Actividad de los fagocitos: glóbulos blancos de la sangre, células endoteliales de los vasos. Ferroprivo: Provocado por la falta de hierro, sideropenia.

331

Fitosanitario: Que concierne a la salud de las plantas. Flebitis:

Inflamación de una vena.

Foliculitis:

Inflamación de la invaginación epidérmica que contiene la raíz de un pelo.

Fosfatasa: Enzima que libera fosfatos inorgánicos a partir de compuestos orgánicos (por ejemplo, depositándolos en los huesos). Fosforilación: Fotofobia:

Enlace con el fósforo. Introducción del fósforo en una molécula.

Intolerancia anormal a la luz, con sensación molesta y aun dolorosa.

Fotosíntesis: Formación de sustancias químicas por las plantas verdes bajo la acción de la luz. Freática:

Agua subterránea.

Gamma:

Un milésimo de miligramo = un microgramo.

Gen: Unidad de naturaleza nucleoproteica, presente en los cromosomas y portador de un carácter hereditario. Gerontoxon: Arco senil blanquecino visible en el contorno de la córnea en el anciano. Globulinas: Proteínas especiales presentes en particular en la sangre y la leche. Los anticuerpos son globulinas. Glucemia:

Concentración de glucosa en la sangre.

Glúcidos: Término genérico para denominar cualquier hidrato de carbono (azúcar simple, polisacáridos, glucósidos). Glucoproteína:

Proteína compuesta que contiene glucosa.

GMP: Guanosina-5-monofosfato, importante catalizador fosforado. Granuloma: Masa celular de origen inflamatorio, que se forma en torno de cuerpos extraños, focos infecciosos, etcétera. Hematopoyesis:

Formación de glóbulos sanguíneos.

Hematuria: Pérdida sanguínea por las vías urinarias. Hemiparesia:

Parálisis ligera o parcial de los miembros inferior y superior del mismo lado.

Hemiplejía: Parálisis de los miembros inferior y superior, del mismo lado. Hemoglobina:

Pigmento rojo de la sangre. 332

Hemolisis:

Desintegración de los glóbulos rojos con liberación de hemoglobina.

Herpes: Enfermedad infecciosa viral de la piel, que se manifiesta por la aparición de pequeñas vesículas. Hidrato de carbono:

Compuesto formado por carbono e hidrógeno.

Hiperestesia: Aumento o exageración de la sensibilidad general o local. Hipófisis: Glándula muy importante de secreción interna, unida por un tallo a la base del cerebro, y cuyas secreciones regulan la actividad de otras glándulas (sexuales, suprarrenales, tiroi¬des, mamaria). Hipoplasia: Desarrollo insuficiente. Hiposideremia:

Tasa de hierro demasiado baja en la sangre.

Histológico: Que tiene relación con la histología, es decir, con la estructura microscópica de los tejidos. Hormona: Sustancia química secretada por una glándula y que, vertida en la sangre, actúa a distancia sobre la actividad de órganos o tejidos. Ileítis regional (enfermedad de Crohn): delgado.

inflamación ulcerosa y estenosante de un segmento del intestino

Inmunidad: Capacidad de defensa de un organismo viviente respecto de factores toxiinfecciosos (equilibrio inmunitario: equilibrio entre el ataque y la defensa). Intravascular:

Situado en el interior de un vaso sanguíneo.

In vitro: En el vidrio (tubos, probetas, etc ); se dice de observaciones hechas fuera de un organismo viviente. Isómero: Se dice que dos o más cuerpos son isómeros cuando están constituidos por el mismo número de átomos, pero ubica¬dos en forma diferente en el interior de la molécula, cosa que les confiere propiedades diferentes. Jalea real:

Alimento especial proporcionado a la reina de las abejas.

Lagrimal:

Que tiene relación con las lágrimas o que las produce (glándula lagrimal).

Laparotomía:

Apertura quirúrgica de la cavidad abdominal.

333

Linfa: Líquido incoloro o ambarino que se asemeja al plasma sanguíneo y circula por los vasos linfáticos. Linfosarcoma: Lípido:

Tumor maligno que se desarrolla a partir de los ganglios linfáticos.

Sustancia grasa.

Lisosoma: Corpúsculo intracelular, que contiene enzimas capaces de disolver a la célula al final de su vida. Lisozima: Sustancia de defensa antibacteriana natural, presente en secreciones tales como las lágrimas, la saliva, etc.; está con¬tenida en el suero sanguíneo y la clara de huevo. Luz intestinal:

Espacio hueco del intestino.

Marcial: Dícese de los compuestos que contienen hierro o del tratamiento con tales compuestos. Margarina: Grasa alimenticia industrial que imita a la mantequilla, obtenida a partir de sustancias grasas más baratas que ella. Mediastino: Espacio comprendido entre ambos pulmones. Melanoma: Tumor pigmentado maligno de la piel. Mesencéfalo: Parte media de la base del cerebro. Metabolismo: Conjunto de las modificaciones químicas que sufre determinada sustancia orgánica en el cuerpo de un ser viviente. Metatarsiano: dedos.

Hueso largo de la parte dorsal del pie que se articula con las falanges de los

Metrorragia: Hemorragia uterina fuera de las menstruaciones. Microbismo: Penetración en el organismo de microbios, que primero no determina perturbación alguna, pero que puede culminar en la aparición de diversas enfermedades. Microcefalia: Pequeñez del cráneo y del cerebro, acompañada generalmente de idiocia. Microgramo: Un milésimo de miligramo (también designado gamma). Micrón:

Milésima de milímetro.

Micropoliadenitis: Agrandamiento inflamatorio de numerosos ganglios, que se mantienen relativamente pequeños e indoloros.

334

Mililitro (mi): Miocardio:

Milésima parte de un litro (1 centímetro cúbico = 1 cirf ).

Músculo del corazón.

Molécula: La parte más pequeña de un cuerpo puro, simple o compuesto que puede existir en estado libre. Una molécula está formada por dos o más átomos. Mucopolisacáridos: Variedad de glucoproteínas secretadas por las mucosas, pero también presentes en los cartílagos, etcétera. Mucoviscidosis: Enfermedad hereditaria en la cual el mucus secretado por las glándulas es demasiado viscoso. Ello da lugar a altera¬ciones digestivas e infecciones broncopulmonares crónicas. Nanograma: Cienmillonésimo de miligramo ( 1 ng). Necrosis:

Muerte tisular.

Nefrosis:

Enfermedad degenerativa de los riñones.

Nistagmo: Movimientos involuntarios, oscilatorios o rotatorios de los globos oculares, por una lesión de los centros nerviosos. Organela:

Estructura presente en la mayoría de las células.

Osteólisis:

Disolución del hueso.

Oxidación:

Combinación con el oxígeno (o sustración de hidrógeno); lo contrario de reducción.

Paliativo:

Medio para remediar por el momento.

Papiloma: Tumor benigno resultante del aumento de volumen de las papilas normales de la piel o de las mucosas. Paradentosis:Infección supurativa de las encías con inflamación del periostio del alvéolo dental. Parénquima: Tejido celular blando. Paresia:

Parálisis parcial.

Parestesia: etcétera.

Sensaciones que se producen sin causa aparente, tales como hormigueos, picazón,

Parkinson (enfermedad de): Parálisis agitante. Afección degenerativa de los núcleos basales del cerebro, con movimientos involuntarios de las manos, rigidez muscular y facies inexpresiva.

335

Patogénesis: Proceso por el cual una causa produce una enfermedad. Perennidad: Perpetuación. Petequias: Hemorragias cutáneas numerosas y de pequeña dimensión (entre la de una cabeza de alfiler y una lenteja). pH: Abreviatura de potencial de hidrógeno: medida de la acidez de una solución, expresada por el logaritmo inverso de la concentración de iones hidrógeno. Pirimidinas: Bases insertadas en las cadenas de ADN (uracilo, timina y citosina). Piuría:Presencia de pus en la orina. Poduro: Animalículo de 1 a 5 mm. de longitud, formado por 6 segmentos cubiertos de pelos, de los cuales el penúltimo lleva un órgano de salto; vive en el hongo, en la madera podrida; salta sobre la superficie del agua. Policíclico:

Formado por más de un anillo.

Polimenorrea: Polímero:

Aumento de la frecuencia de las menstruaciones.

Compuesto formado por la unión de muchas moléculas

idénticas. Pólipo:

Tumor benigno pediculado que se desarrolla en una cavidad natural.

Polisacárido: Glúcido formado por la condensación de azúcares simples (almidón, celulosa, etc.). Profilaxis:

Prevención.

Progestacional:

Hormona que prepara la mucosa uterina para recibir el óvulo fecundado.

Pronóstico: Previsión del curso que seguirá una enfermedad. Próstata:

Glándula que en el hombre rodea a la base de la uretra.

Provitamina: Sustancia que puede transformarse en vitamina. Psicosis:

Enfermedad mental grave.

Purinas:

Bases insertadas en las cadenas de ADN (adenina y guanina).

Queratina:

Proteína constitutiva de las sustancias córneas.

Queratinización:

Formación de queratina.

336

Quiasma

Cruzamiento de las fibras del nervio óptico.

Quilíferos:

Vasos linfáticos que absorben el quilo.

Quilo: Líquido contenido en el intestino delgado después de la digestión. Quiste:

Tumor redondeado de contenido líquido o sólido.

Reducción:

Operación química por la cual un cuerpo pierde oxígeno o gana hidrógeno.

Revulsión:

Irritación local de la piel a fin de descongestionar un lugar

enfermo. Revulsivo:

Que produce revulsión.

Rhesus (factor): Antígeno proteico existente en la sangre del 85 por ciento de los seres humanos, contra el cual una persona que no lo posee (madre rhesus negativa) puede formar anticuerpos (que destruyen a los glóbulos rojos del feto, rhesus positivo). Rumen:

Primer estómago de los rumiantes.

Saprofito.

Microorganismo viviente que vive a expensas de las materias muertas.

Saurio:

Clase de reptiles que abarca en especial a los lagartos y las serpientes.

Scheuermann (enfermedad de): Cifosis dolorosa de los adolescentes, con aplastamiento cuneiforme de los cuerpos vertebrales Seborrea:

Aumento de la secreción de las glándulas sebáceas de la piel.

Sideropenia: Falta de hierro. Simbiosis:

Asociación de dos organismos, que se benefician uno del otro.

Sinergia:

Asociación de varios órganos o factores para el cumplimiento de una función.

Sinovia!:

Membrana serosa, que reviste la cara interna de la cápsula

articular y produce un líquido (la sinovia) que lubrica los cartílagos en contacto entre sí. Síntesis:

En química, formación de una sustancia compleja a partir de otras más simples.

Sorbitol: Alcohol presente en los frutos del serbal, y del cual deriva un azúcar de 6 átomos de carbono llamado sorbita.

337

Subintrantes (accesos): no ha terminado. Tensión arterial:

Tan próximos entre sí que uno comienza cuando el anterior todavía

Presión ejercida por las paredes arteriales sobre el contenido sanguíneo.

Terapéutica: Método de tratamiento de las enfermedades. Teratogenia: Mecanismo de formación de las malformaciones. Tirotropo: Se dice de una hormona, secretada por la hipófisis, que estimula el funcionamiento de la glándula tiroides. Tumescencia:Aumento de volumen de una parte del cuerpo. Urea: Residuo proveniente de la combustión de materias nitrogenadas en el organismo y eliminada con la orina. Su fórmula química es CO Vasodilatación:

Dilatación de los vasos sanguíneos.

Vector: Portador, especialmente el animal huésped que transmite el agente de una enfermedad. Vesicante:

Que determina la formación de ampollas en la piel.

Xeroftalmía: Sequedad del ojo que provoca una opacificación de la córnea por avitaminosos A.

Esta hoja de instrucciones puede colocarse en el interior de una puerta del armario de la cocina y ser releída periódicamente.

REGLAS PARA CORREGIR ALIMENTACIÓN MODERNA

FUNDAMENTALMENTE

Se refieren: 1. A la naturaleza y la ración de las grasas. 2. A las raciones de azúcar y de carne que deben reducirse. 3. A la vuelta a los cereales integrales. Se deben seguir en forma tanto más estricta cuanto más deficiente sea la salud. 338

NUESTRA

Nada de grasas vegetales ni de margarinas. Pocas grasas animales, inclusive mantequilla. A la larga, soportamos mal 50 gramos de mantequilla por día y más = mantequilla consumida + mantequilla de leche ( = 40 gramos por litro) + mantequilla de queso (=40 gramos por ciento). Se toleran de 10 a 30 gramos por día. Nada de alcohol. Poco azúcar (se preferirá el azúcar moreno y la miel al azúcar blanco refinado). Poca sal (es preferible la sal marina). Unicas sustancias grasas indispensables cada 24 horas: 1 a 2 cucharadas soperas, es decir, 6 cucharadas de té de aceites prensados en frío y comprados en los comercios de productos dietéticos (aceites de girasol, de lino, de germen de trigo), para consumir crudos. DESAYUNO: Té ligero + crema Budwig, según la siguiente receta: 2 cucharadas de café de aceite de lino + 4 cucharadas de café de queso blanco magro; batir hasta el punto de crema con un tenedor en un bol o en una mezcladora, según la ración deseada. Las personas de buena salud pueden reemplazar el aceite de lino por el de girasol. El aceite debe desaparecer y la emulsión obtenida debe ser blanca. Se agregará el jugo de medio limón por ración, un plátano bien maduro, pisado, o miel, una o dos cucharadas de té de granos oleaginosos recién molidos en un molinillo de café eléctrico (se puede elegir lino, girasol o sésamo, almendras, nueces o avellanas, etc.), 2 cucharadas de café (o más) de cereales integrales recién molidos y crudos (se puede elegir entre el potaje de avena o de cebada descascarada, arroz integral, trigo sarraceno) y frutas frescas de la estación. Esta crema contiene en sus ingredientes crudos toda la gama de vitaminas indispensables. Si se toman los distintos alimentos por separado, el efecto es casi el mismo, siempre que no se omita nada. De tal modo es posible consumir la emulsión de aceite y queso blanco untada en el pan con algún extracto de levadura de cerveza, durante las comidas del mediodía, las nueces en la ensalada, los cereales crudos en el potaje, etcétera. Son muchos los que no toleran el trigo y el centeno recién molidos en la crema Budwig: digieren mal estos cereales crudos y se quejan de fermentaciones desagradables. El arroz integral, la cebada, la avena y el trigo sarraceno, no presentan este inconveniente. AL MEDIODIA: Frutas y legumbres crudas, de preferencia al comienzo de la comida. Distintas legumbres, cocidas al vapor. Carnes y pescados magros, hígado, quesos magros. Consumir TODOS LOS DIAS cereales integrales en potajes o en forma de papilla. Pueden emplearse enteros, triturados o recién molidos: trigo, centeno, avena, cebada, mijo, maíz, sarraceno y arroz integral, a elección. Los granos enteros deben remojarse en dos veces y media su volumen de agua o, mejor, ser llevados a la ebullición por la noche y dejados hasta el día siguiente en el recipiente cubierto con un lienzo blanco; los granos absorben el agua y se ablandan; luego pueden ser cocidos durante 10 a 15 minutos y servidos en potaje. También se recomienda picar los granos ablandados en un molinillo, agregándoles los sabores que se prefieran (aromatizantes, hierbas o un poco de queso), y luego asarlos con rapidez. El resultado es lo que se denomina "un biftec de cereales", sabroso, que se consume con la ensalada o una salsa de tomate, por ejemplo. 339

Las leguminosas son alimentos (indispensables para el vegetariano) un poco indigestos, que deben consumirse en cantidad moderada, junto con cereales y legumbres, dos veces por semana, por ejemplo (arvejas, habas, habichuelas, lentejas, soja). En forma periódica se seguirán curas de 4 semanas de trigo o de soja verde germinada (2 cucharadas de café por persona en la ensalada). La ración de aceite crudo se agregará a las ensaladas, a las patatas o a los cereales, y es mejor hacerlo a último momento en el plato. LA CENA: Comida ligera, sin carnes, según los mismos principios. Si no se siente apetito por la mañana, se reducirá la comida de la noche a una fruta, un yogur o un potaje de cereales recién molidos, por ejemplo. Es preciso saber que la avena, el trigo, el centeno, el grano de lino, el pan integral, la miel, los higos, las ciruelas, las manzanas cocidas y el jugo de naranja y de uva, son laxantes (que se deben evitar en caso de diarrea). En cambio, el arroz, el pan sentado, los plátanos, las manzanas crudas, los membrillos, los arándanos y las zanahorias constipan. La col, el coliflor, el pepino, el apio, el hinojo, la escarola, el tomate y el rábano, pueden consumirse crudos en ensalada. Las zanahorias ralladas se conjugan bien con las manzanas ralladas. Las legumbres de sabor áspero o amargo serán puestas en la salsa de ensalada con una hora de anticipación. Esta salsa se hace con aceite, limón o vinagre de manzana, un poco de agua si la legumbre es seca, queso blanco y los sabores deseados (mostaza, alcaparras, etc.). Las nueces y las almendras se combinan muy bien con las ensaladas. Para hacer las galletas de cereales, se tomará harina recién molida de centeno, avena, cebada o sarraceno: 1 parte; trigo (con el agregado eventual de una pequeña cantidad de harina flor): 1 parte; en algunos casos, soja o lentejas: 1 parte; sal marina, y si se quiere, hierbas aromáticas (comino, anís, etc.) o almendras y pasas de uva. Hacer una pasta muy líquida y cocer en homo eléctrico. Cuanto más finas y crocantes son las galletas, mejores resultan: El pan hecho en casa con harina recién molida es singularmente sabroso. Receta del pan: 500 gramos de harina de trigo recién molida, 50 gramos de levadura de cerveza, una cucharada de café de sal marina. Diluir la levadura en media taza de agua tibia y agregar un poco de harina, hasta la consistencia de una pasta espesa. Dejar en un lugar tibio (a unos 30 grados o, en su caso, al sol), hasta que la masa duplique su volumen. Se la mezcla con los 500 g de harina, la sal y el agua, y se la amasa durante veinte a treinta minutos. Dejar la pasta cubierta con un lienzo en un lugar tibio hasta que duplique su volumen. Volver a amasar durante diez minutos, poner en un molde de torta, recubrir con un lienzo y dejar que la pasta se eleve otros 30 minutos. Calentar el horno previamente a 250 grados y regular la temperatura a 175 grados en el momento de introducir la pasta. Hornear durante tres cuartos de

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hora. Al sacar el pan del homo, untar rápidamente la superficie con un pincel mojado en agua fría, a fin de que la costra no se vuelva demasiado dura.

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La Dra. Catherine Kousmine de Lutry nació en Suiza en 1903. Ha practicado la medicina durante más de 60 años y se ha dedicado especialmente a la investigación del cáncer y de la nutrición. En 1985 fue creada la Fundación Catherine Kousmine y trabajan en ella 85 discípulos suyos. Tiene por objeto la difusión, el mantenimiento, la salvaguarda y el desarrollo de los principios alimentarios y médicos para la salud, probados y aplicados con éxito durante años.

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