Hölderlin - Hiperión: Fragmento de Thalia

July 29, 2017 | Author: Fabio Barrera | Category: Friedrich Schiller, Immanuel Kant, Love, Novels, Poverty & Homelessness
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Hiperión: Fragmento de Thalia...

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F R I E D R I C H HÔLDERLIN

HIPERIÔN Cr ^ ^

(FRAGMENTO

THALIA)

1 raduccion, mtroduccion y notas: Anacleto Ferrer

] ^'^Û

© Copyright E D I C I O N E S HIPERIÔN, S . L . Salustiano Olôzaga, 14 28001 Madrid Tfno.; 401 02 34 I S B N : 84-7517-172-9 Depôsito légal: M-11143-1' Técnicas Grâficas, S . L . Las Matas, 5. Madrid. I M P R E S O E N E S P A N A - PRINTED IN SPAIN

INTRODUCCIÔN

Hiperiôn es un libro dificilmente calificable. N o es el resultauo de la entusiâstica improvisaciôn de un inspirado, ni el relato convencional de un narrador con destreza; es, por el contrario, el fruto aquilatado de casi siete aiios de un trabaju lebril, una aventura literaria en torno a la cual gira la vida de uno de los poetas mas originales de la modernidad. Todo comienza en la primavera de 1792, en la ciudad luaba de Tùbingen, cuando el estudiante de teologîa evanH^lica Friedrich Hôlderlin, que a la sazon acaba de cumplir vrintidôs aiios, comunica a un companero de estudios, con i|uicn ha sellado una alianza poética, la décision de escribir una novela. Magenau, que asi se llama su amigo, le escribe « principios de junio una carta en la que le advierte de los riciigos inhérentes a una empresa de tal envergadura: "Quierr» sicr novelista. Que Talîa te guie entre los abismos que en »ilc campo amenazan al caminante inexperto" '. Los anos i|uc separan este primer testimonio—oscilante entre la invocaciôn y el conjuro—del otono de 1799, en que verâ la luz f I ncgundo volumen de Hiperiôn o el eremita en Grecia, no iran.tcurren en balde, ni para el poeta ni para la dividida AIcmania, y Hôlderlin, atento siempre a la Uamada de la Moira, acometerâ sin dilaciôn, al compas de los tiempos, rrlormas sucesivas en el plan original de la novela. Entre lit« hcchos que condicionan la incesante actividad literaria 5

del poeta durante este dilatado periodo juvenil destacan: de un ado, sus estancias en Jena (1794-1795), donde asiste a las clases de Fichte y consolida la relaciôn con su venerado maestro Schiller, y en Frankfurt (1796-1798), donde conoce a Susette Gontard (Diôtima); del otro, la ûltima fase de la Revoluciôn Francesa (1793-1794) y la guerra de la Primera Coaliciôn (1792-1797). De Hiperiôn, cramez profunda y bella de aquellos afios de exaltaciôn y abatimiento, se conservan—en su totalidad o en parte—seis versiones distintas: 1. Version de Tiibingen (1792-1793). Inacabada. Se conserva un fragmento intitulado A Calias^. 2. Version de Waltershausen (1794). Fragmento de Hiperiôn. 3. Version métrica (finales de 1794-principios de 1795). Inacabada. 4. La juventud de Hiperiôn (1795). Inacabada. 5. Version penûltima (1795). Inacabada. 6. Version definitiva (1796-1798). Hiperiôn o el eremita en Grecia. Pero (por que se enciende con tal vehemencia en este "poeta del Poeta", cuya poesîa mantiene—en palabras de Heidegger— "la constante determinaciôn de poetizar sobre la esencia de la Poesîa", el deseo de escribir una novela? La respuesta a esta pregunta la da el propio Hôlderlin en una carta a su amigo Neuffer, correligionario poético suyo y de Magenau, en a que le adjunta un fragmento del incipiente Hiperiôn: "Pronto me di cuenta de que mis himnos dificilmente me granjearàn la adhésion del otro sexo, donde los corazones son mis bellos, y esto me ha confirmado en mi proyecto de escribir una novela griega."^ Con la novela no prétende otra cosa, pues, cuanto menos por ahora, que atraer sobre sî la complaciente mirada de las mujeres.

I 11 esta primera version, el autor prefiere, habida cuenta «Ici pûblico al que va dirigida la obra en ciernes, "hacer una ILinada al gusto, a través de la pintura de ideas y sentimientox, mâs que al entendimiento, a través de un desarroUo puicolôgico en régla"; a un tiempo que reconoce la necesitlad de remitir esta "mezcolanza de humores fortuitos ... al i aricter y a las circunstancias que sobre él actûan". El proy r i t o emprendido en Tùbingen zozobra, probablemente al i i o conseguir el poeta conferir las necesarias coherencia psilulogica e ilaciôn argumentai a esta contradictoria miscelânra de pensamientos y afectos. l'.l poeta suabo Stâudlin, a quien Hôlderlin ha remitido el mimno fragmento que a Neuffer, percibe con claridad las t «rrncias de que adolece la historia, a la par que elogia las Vi» rvidentes virtudes del texto: "De su novela—le dice—me l u Jtraîdo enormemente la belleza del lenguaje y la vivaciiliid d f l relato...! Pero no deje usted de insertar en esta obra (««ujcs encubiertos sobre el espîritu de los tiempos."^ 1,1 espîritu de los tiempos» es un eufemismo, en boga 1 aquel entonces, empleado para aludir al terremoto po îiiii) ([uc, teniendo en Francia su epicentro, sacude los quel i M t i i / o s pilares del ancien régime en el viejo continente. I I 20 de abril de 1792—semanas antes de que Hôlderlin i m i K i p c a Magenau el plan de Hiperiôn—Francia déclara It Km'rra a Austria, con la cual se alîa inmediatamente Pru' ( lomo consecuencia directa de esta guerra, una ola de Micstaciôn antifeudal invade las aulas del seminario de Tûliin^cn. Hôlderlin, miembro—al igual que sus amigos Hegel l Siliflling—de un club polîtico de estudiantes, en el que se • T i i y discuten los escritos de los enciclopedistas, las actas ilf \A Asamblea Nacional de Paris y los comentarios de la | t i r n \ francesa, no tarda en tomar partido a favor del ejérliancés, y asî se lo hace saber a su hermana: "Créeme, hermana, se avecinan malos tiempos si ganan los

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austriacos. El abuso del poder principesco sera terrible, iCréeme! y reza por los franceses, defensores de los derechos humanos."' jCômo iba a obviar este impetuoso afrancesado, atento como esta a los avatares polîticos que convulsionan su patria, la admoniciôn de Stâudlin? A u n antes de recibir el j u i cio de este sobre el primer fragmento de Hiperiôn, Hôlderlin habîa asegurado ya a Neuffer: "Te lo prometo solemnemente, si el conjunto de mi Hiperiôn no es très veces mejor que este fragmento, lo arrojaré sin compasiôn al fuego."' Y asî sucederâ. En septiembre de 1793 abandona Hôlderlin el seminario de Tiibingen y, tras superar el seis de diciembre el examen consistorial de teologîa, celebrado en Stuttgart, se emplea como preceptor del hijo de Charlotte von Kalb, trabajo que ha conseguido por mediaciôn de Schiller, de quien la seiiora von Kalb es amiga. El veintiocho de diciembre llega el poeta a Waltershausen,. a la que sera, durante poco mâs de un aiio, su nueva casa. Ya en Waltershausen reemprende Hôlderlin, incansable, los trabajos de su novela, "ahora—le escribe a Neuffer—me ocupo casi exclusivamente de mi novela. Creo tener mayor unidad en el plan"^ noticia que le confirma transcurridos apenas unos dîas: "De momento, tengo los ojos puesto: sôlo en m i novela ... Por lo demâs, regreso ahora poco ; poco de la région de lo abstracto en la que me habîa perdid( en cuerpo y aima."* Este retorno de «la région de lo abstracto» nada tiene que ver con la abjuraciôn de su compromiso filosôfico anterior; se trata, mâs bien, del définitive abandono de aquel prîstino proyecto del poeta de hacer coi Hiperiôn «una llamada al gusto, a través de la pintura d ideas y sentimientos.» Esto se hace mâs évidente cuand( leemos en la referida carta: " M i ûltima lectura ha sido e

irjtado de Schiller Sohre la gracia y la dignidad. N o recuer i.il uso, y tampoco tiene, por consiguiente, responsabilines esenciales, siempre idéntica a sî misma. i l i i i l innguna. Describir algunas de estas direcciones, asî como la: V 4SI correrîa el hombre peligro de hundirse como fenôcorrecciones de que~sean susceptibles, es lo que s< i i H ' i i i ) , justamente allî donde se éleva por el uso de su liberproponen las cartas, de las cuales las que siguen n< u i l iucia las inteligencias puras, y perder en el juicio del son sino un extracto." i M i i i o lo que gana ante el tribunal de la razôn. ... La naturaI 1 i|ue ama lo concorde, no incurre en una contradicciôn El Fragmento aparece ahora enhiesto sobre el campo con- I I I I ^ ' . i D s e r a , y lo que en el reino de la razôn es armônico no «< iiunilestarâ por una discordancia en el mundo sensible." ceptual de las filosofîas de la historia de Kant y Schille; segûn las cuales el hombre debe aprender a reencontrar pc I 4 orhita excéntrica es la que conduce al hombre desde sus propios medios y en uso de su libertad aquello que un rxircmo hasta el otro. La descripciôn de las direcciones extinto ya, originalmente la naturaleza le prodigô. Kant le '•lies de esta y de algunos de sus meandros sera, a partir explica asî en el tercer principio de su Idea de una historu ' I I - instante, el hilo de Ariadna de Hiperiôn. En este desde el punto de vista cosmopolita: "La naturaleza ha que I I • I, evadido al fin del laberinto en que se hallabà preso el rido que el hombre saque enteramente de sî mismo todo 1( l ' i i i i u i csbozo, se perfilan ya los contornos que caracterizaque lleva mâs alla de la ordenaciôn mecânica de la existenci; t i l i i la novela madura. animal, y que no participe de otra felicidad o perfecciôii fuera de la que él mismo, libre de instinto, se haya procura^ I I I fa^mento de Hiperiôn apareciô en noviembre de 1794 do mediante la razôn." Esta idea, aunque matizada, de uni ¥n lu rcvista dirigida por Schiller Neue Thalia, pasando sin identidad entre el estado primigenio cle la humanidad y m\* ni gloria ante la mirada indiferente de la crîtica oficial. estado posterior en que se cumple su desenvolvimiento vo 'M U primera visita que Hôlderlin hace a Schiller tras la luntario es también la que préside la filosofîa de la histori; | n i l i l i i aiiôn del relato, entre el dos y el seis de noviembre, latente en los primeros escritos de Schiller sobre teorîa esté ((»"nr l u ^ . l ^ un desventurado suceso que marcarâ de por vida tica, como lo muestran estos pârrafos de Sobre la gracia j « i i i | i i c l sensible joven: "También he estado algunas veces la dignidad: "La naturaleza por sî sola no puede preocupar; *M i AtA de Schiller—le cuenta a Neuffer a mediados de nose ... sino de la belleza de aquellos fenômenos que ella mis v u M i i b n , la primera vez, a decir verdad, sin suerte. Entré, ma tiene que determinar, sin limitaciôn, conforme a la le l u i Jiiublcmcnte saludado, y observé, al fondo casi, a un de la necesidad. Pero con el libre albedrîo se introduci >«ii4no ... Schiller me nombrô, también me dijo su nombre,

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pero yo no lo entendî. Le saludé fn'amente, sin apenas m i rarle, mientras estaba ûnicamente ocupado de Schiller, tanto interior como exteriormente. Durante un largo rato el ex traiio no profiriô palabra. Schiller trajo Thalia, donde esta impreso un fragmento de mi Hiperiôn y mi poema Al Des tino, y me la dio. Schiller se ausentô un instante después, e extrario tomô la revista de la mesa ... y la hojeô junto a m sin decir palabra. Senti como me iba sonrojando poco i poco. Si hubiese sabido lo que ahora sé, me hubiese puestt pâlido como un cadâver ... Schiller volviô, hablamos sobr el teatro en Weimar, el extrano dejô caer un par de palabra que eran lo suficientemente importantes como para hacerm sospechar algo. Pero no sospeché nada ... Me fui y me enti ré el mismo dîa en el Club de Profesores—^lo créeras?—c que Gœthe habîa estado ese mediodîa en casa de Schiller." ' Hasta tal punto afectô al poeta este efimero incident que, segûn nos narra su primer biôgrafo Wilhelm Waiblin ger en Friedrich Hôlderlins Leben, Dichtnng und Wahn sinn, cuando a Hôlderlin, anciano y démente, "empezaba hablarle de Gœthe, pretendîa él no conocerle en absoluto, l que, en su caso, es siempre expresiôn de un ânimo ad verso. El Fragmento es, no obstante, un texto de una fuerz extraordinaria y de una gran belleza. Asî lo reconoce e prestigioso comentarista de Hôlderlin, Pierre Bertaux cuando escribe: "Las cinco cartas, es decir, el texto conoci do como Fragmento de Thalia, debe ser la primera pane d una novela aûn en proceso de elaboraciôn; representan, sii embargo, una totalidad bastante cerrada que se mantien por sî misma y cuyo estado, aun no completamente fermen tado, avanza a algunos lectores avezados la posterior obi perfeccionada. Yo recomendarîa, también, a los jôvenes le< tores que comenzaran la lectura de Hiperiôn con la d Fragmento de Thalia. Tiene mâs fuego; arde."

l-.scudrinemos ahora los entresijos de esta historia. En la vini-simoquinta carta del primer volumen/libro segundo de Hiperiôn o el eremita en Grecia, describe el héroe el princil ' i o de su amorîo con Diôtima; un cierto halo de misterio I iivucive a esta carta desde el encabezamiento: "Antes de i | i i c lo supiéramos ninguno de los dos, ya nos pertenecîau i o s " , hasta el final: " j N o nos pertenecîamos ya desde hacîa imiiho tiempo?". Algo en ella parece indicarnos que un seI K i t ) se oculta tras la reiterada formula «nos pertenecîamos V M " , Una carta de Susette Gontard al poeta, en noviembre ili- 1799, nos pone sobre la pista que nos permitirâ desvelar »»ir aparente misterio: "Ayer—dice Susette—recibî a través tlp S. la inesperadîsima noticia de que Z. de Berna (el i i i i r hace cinco anos me transcribiô tu Fragmento), ha estaJ i i en su casa." 1 iitiwig Zeerleder, hijo de un prestigioso banquero ber•11'V lubia visitado en el verano de 1793, con ocasiôn de un •I lie negocios a Frankfurt, al comerciante Gontard, y ' "lo a su bella esposa, de la cual se enamorô. Volviô, lirvado por su amor, en dos ocasiones mâs a esta ciudad. iiitimientos hacia la seriora Gontard se fueron avivan' Il lada una de sus visitas, y asî, al regresar a Berna en I l ras la ûltima. de sus estancias en Frankfurt, enviô a I N - c l Fragmento de Hiperiôn, obra de un poeta novel I i i i l . u l o Hôlderlin. El joven banquero, que no era poeta. Ml finbargo, una persona de gustos refinados, y sirviôI 1.1 historia de amor entre Hiperiôn y Mélite para hacer Il 11 a a Susette de la profunda intensidad de su pasiôn. " i . l o un aiio después entra Hôlderlin al servicio del ma" O Ciontard como preceptor de sus hijos, no era ya l'vconocido para la senora de la casa—su Diôtima , era el poeta de Hiperiôn, aquel que pusiera, aun l i n I l . i . palabras a los sentimientos del joven Zeerleder. es, desde el Fragmento de Thalia, el heraldo de H.

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la desdichada existencia de su autor; sus paginas estân reple nliiras del Neckar; desde la ventana de su torre tubingue tas de premoniciones, mis aiin, de profecîas acerca del trâgî iiliorrva complacido la sublime Naturaleza, madré c|e toc co destine del poeta; Hôlderiin lo intuye, o quizâ lo sab lu vivo; lee Hiperiôn y espéra pacientemente el final, pui pero nada puede contra las veleidades de la insidiosa fort» • i i l i c que «todo nace del deseo y todo acaba en la pàz.» na. A l poco tiempo de aparecer el Fragmento, Neuffer escr A N A C L E T O FERRE be a Hôlderlin: " H e leîdo tu Hiperiôn en Thalia. jQueridi Buiiol - Xàtiva 198 Hôlderlin!, era como si te tuviese ante mî. Te encontrab întegramente en tu obra, tus sentimientos, tus mâximas." En efecto, allî estaba el poeta, y allî estaba, también, la p: figuraciôn casi mâgica de su future inmediato. Hôlderli continua trabajando sin descanso en Hiperiôn, la novela ha convertido para él en una obsesiôn. A fines de enero 1795, le comunica a Hegel: " M i actividad productiva concentra casi exclusivamente en la elaboraciôn de los mati riales de mi novela. El fragmento publicado en ThaUa todavîa una masa bruta. Pienso que acabaré la novela p( Pascua; permîteme que hasta entonces no te hable mas t e m a . " " Pero pasarâ esa Pascua, y très mâs, antes de que ûltimos de octubre de 1799 aparezca pubUcado el segun volumen de la novela. Hôlderlin acometerâ después otros proyectos que ja Uegarâ a acabar, trabajarâ en una tragedia inspirada en vida de Empédocles, el filôsofo de Acragas, y escribirâ pc sîa, mas Hiperiôn no le abandonarâ hasta el final de i dîas. En 1839 escribe W . Waiblinger: "Con lo que pue entretenerse jornadas complétas es con su Hiperiôn. Su tenerlo casi siempre abierto. Cientos de veces, cuando i yo a visitarle, ya desde afuera le oîa declamar en voz alta, lo hace con gran patetismo. Muchas veces me leîa fragme tos. Cuando terminaba un pârrafo comenzaba a decir ce mîmica exagerada: «jQué hermoso, que hermoso, Vuest Majestad!»." Ahora, HôlderUn, viejo y cansado, pasea solitario por 14

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NOTAS A LA INTRODUCCIÔN ' A Hôlderlin, desde Markgrôningen, el 3 de junio de 1792. ^ E l fragmente A Calias, que hasta ahora habîa sido considerado por los editores de Hôlderlin como un ensayo (Cf. Hôlderlin F . : Ensayos, en esta misma éditorial, en que Felipe Martînez Marzoa sigue la ediciôn de Beifiner), es tenido por su ûltimo editor alemân, D . E . Sattler, por un fragmento de la primera version de Hiperiôn (Cf. Friedrich Hôlderlin, Samtliche Werke, Krjtische Textausgabe, Band 10, Frankfurt am Main, 1982). ' A Neuffer, desde Tûbingen, entre el 21 y el 23 de julio de 1793. * A Hôlderlin, desde Stuttgart, el 4 de septiembre de 1793. * A su hermana, desde Tvibingen, el 19 o el 20 de junio de 1792. ' A Neuffer, desde Tûbingen, entre el 21 y el 23 de julio de 1793. ' A Neuffer, desde Waltershausen, probablemente a principios de abril de 1794. * A Neuffer, desde Waltershausen, a mediados de abril de 1794. ' A su hermano, desde Waltershausen, el 21 de mayo de 1794. A Neuffer, desde Waltershausen, el 10 de octubre de 1794. " A Neuffer, desde Jena, a mediados de noviembre de 1794. Margaretha Elisabeth Sômmering. " Ludwig Zeerleder. A Hôlderlin, el 4 de noviembre de 1799. A Hôlderlin, el 16 de enero de 1795. " A Hegel (en Berna), desde Jena, el 26 de enero de 1795.

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FRAGMENTO DE HIPERIÔN'

(Prôlogo)

ay dos estados idéales para nuestra existencia: el de la extrema simplicidad, en el que nuestras necesidades, en virtuel de la mera organizaciôn natural, sin nuestra intervenciôn, concuerdan consigo mismas, con nuestras energîas y con todo aquello con lo cual estâmes relacionados; y el de la extrema cultura, en el ue, gracias a la organizaciôn que somos capaces de arnos nosotros mismos, se obtiene el mismo resultado que antes, pero ahora con necesidades y energîas infinitamente mâs complejas y poderosas. La orbita exccntrica que el hombre, tanto la especie como el individuo, recorre desde un punto (e de la simplicidad mâs o menos pura) hasta el otro (el de la cultura mâs 0 menos consumada), parece ser, en sus direcciones esenciales, siempre idéntica a si misma. Describir algunas de estas direcciones, asi como las correcciones de que sean susceptibles, es lo que se proponen las cartas, de las cuales las que siguen no son sino un extracto. El hombre querria estar a un tiempo en todo y por encima de todo, y la sentencia grabada en el sepulcro

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de Loyola: "non cœrceri maximo, continere tamen a minimo"^ puede définir tanto la peligrosa tendencia del hombre a codiciarlo todo, como el mâs alto y bello estado que este pueda alcanzar. Cuâl de estos sentidos escoger, es algo que ha de decidir su libre voluntad. ?

Zante. Volveré, pues, a mi Jonia^: en vano abandoné mi pairia y busqué la verdad. ï erte y noble de mi ser, tal como ella la c o n o c î a ; que ^ irigiese mis ojos hacia aquello de libre, de incoercible y de ^ î v T n o , a i i e , çomo en todas las cosas, también | i a b î j _ e n m î ; - pues lo que no brota de esa fuente*' conduce a la muerte rnientras que lo que p r o c è d e de ella y a ella regresâ es eterno - ; la union de escasez e indigencia no es m â s duradera que la indigencia misma; mientras que la u n i é n realizada bajo e l j l î g i i i i d e lo ûnico grande, lo û n i c o santo, lo ûnico inconmovible I que existe, ha de ser necesariamente tan eterna como lo eterno mismo, mediante lo cual y por mor de lo ^ cual se produce y asî... A q u î hubo de acabar. L o s otros llegaron. j E n este momento habrîa dado mil vidas por escucharla hasta concluir! ; J a m â s he o î d o la conclusion! M â s alla de las estrellas q u i z â oiga el resto. E n los alrededores de la gruta, hacia la cual retroce. d î a m o s , c o m e n z é a hablarme de mi viaje, y me p i d i é que saludase de su parte a las riberas del Escamandro, al Ida y a toda la regién de la antigua T r o y a . L e insté a que nb hablase ni una palabra m â s de ese odioso

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viaje, y estuve a punto de pedirle a Adamas que me liberara de la palabra dada. Pero con toda su gracia me suplicô que no lo hiciese; que estaba segura de que nada como este viaje p o d r î a establecer paz y alegrîa entre nosotros; que por su parte era como si esta nuestra separaciôn temporal fuese una cuestiôn de vida o muerte y que me confesaba que ella misma nô tenîa claro por que me lo pedîa con tanta insistencia, pero que tenîa que hacerlo, que aunque le costase la vida, tenîa que hacerlo. L a miré con asombro y callé. E r a como si hubiese escuchado a la sacerdotisa de Dodona^'. Estaba decicido a partir, aunque me costase la vida. H a b î a oscurecido y las estrellas ascendîan cielo arriba. L a gruta estaba iluminada. Nubes de incienso subîan desde dentro de las rocas, y la mûsica, tras brèves disonancias, estallô con un jûbilo majestuoso. Entonamos cânticos sagrados a aquello que perdura, |ue sobrevive bajo mil formas cambiantes; a lo que ue, es y sera; a la union indisoluble de los espîritus, que son uno desde el origen y para siempre, pesé a que la noche y las nubes los separen; y os ojos de todos se anegaron de lâgrimas con el sentimiento de esta vinculaciôn y de esta inmortalidad. Y o habîa cambiado totalmente. E n medio de este grupo exaltado, exclamé: "jDejemos pasar lo pasajero, pasa para volver, envejece para rejuvenecer, se sépara para unirse m â s estrechamente, muere para vivir con mâs v i d a ! " "

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A s î , continuô el tiniota un momento d e s p u é s , es como deben desvanecerse los presentimientos de la ni44

nez para^volver hechps lealidad-fin el espîritu delJiombe maduro. A s î es como se marchitan los m i t o s " juvéniles y bellos del mundo antiguo, los poemas de H o mero y de sus c o e t â n e o s , las profecîas y las revelacioInes, pero el gerrnen que entraîiaban brotarâ^como fruito m a d u r o j g a - e L o t o â ë r L a simplicî3ad"y~Ia inocëncîa ïïe loi tiempos primigenios expira para retornar en la cultura consumada, y la santa paz del paraîso se desvanece para que aquello que s ô l o era un don de la natur i^leza vuelva a florecer £ o m o conquista y propiedad e la humanidad. i M a g n î f i c o ! j M a g n î f i c o ! , e x c l a m ô Notara. Sin embargo, la perfecciôn no se alcanzara sino en m paîs lejano, dijo Mélite, en el paîs del reencuentro ' de la eterna juventud. A q u î no queda m â s que pelumbra. Pero en algûn otro lugar, sin duda, se elevarâ »ara nosotros la aurora sagrada; pienso en ello con ruiciôn; allî, en la grandiosa union de lo que habrâ istado separado, volveremos a encontrarnos también odos nosotros. Mélite estaba insôlitamente conmovida. E n el camino de vuelta hablamos poco. Delante de la casa de Notara me tendiô la mano: " j A d i ô s , buen H i p e r i ô n ! " fueron sus ûltimas palabras, y desapareciô. j A d i ô s , Mélite, a d i ô s ! N o he de pensar con frecuencia en ti. Tengo que guardarme de los dolores y las alegrîas del recuerdo. Soy como una planta enferma que no soporta el sol. j A d i ô s también a ti, Belarmino m î o ! j T e has acercado mientras tanto al santuario de la verdad? jSi pudiese acometer mi b û s q u e d a con tanta calma como t û ! 45

j A h ! si un dia lo consigo, todo cambiarâ en m i . E n tonces la corriente del tiempo m u r m u r a r â profundamente bajo nuestros pies, con las ruinas que arrastre, y nosotros no suspiraremos m â s que cuancio el gemido de aquellos a quienes se engullô pénètre en las alturas silenciosas de lo Verdadero y lo Eterno. IV

Castri, en las faldas del Parnaso. el présente otra vez! jOtra vez también, q u i z â , de R i i viaje con Adamas î j ^ e c u e r d o sobre todo a noche *nterior a nuestra despedida, cuando en las riberas de la antigua Ihôn, entre t û m u l o s que quizâ fueron alzados para Aquiles Y Patroclo, para A n t î l o c o y para  y a x Telamonio^'','*iablamos de la Grecia antigua y de la futura, y de tantas otras cosas que brQia)bân.desde las profundidades de nuestro ser y a él retornaban. L a despedida cordial de Mélite, el espîritu de Adamas, las fantasias y pensamientos heroicos que, como las estrellas desde la noche, nos surgîan desde las tumbas y las ruinas del mundo antiguo, el jecreto poder de la naturaleza que se nos révéla allf JonHe Ta luz, l a tierra, el cielo y eririar nos envuelven, todo esto me habia fortalecido tanto que ahora se agitaba en mf algo mâs que este misero c o r a z ô n mio; i Mélite estarâ contenta de ti!, me repetîa con intima complacencia, y miles de esperanzas venïan a dorar estos pensamientos. Entonces, de nuevo, me sobrevino un n^gda singular. 46

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dudaba si volveria a encontrarla, pero considerando que no era sino un residuo de mi ensombrecida existencia lo expulsé de mi espiritu. E n el cabo Sirgeo habia encontrado un velero que partia precisamente hacia Esmirna, y senti un gran gozo de que el retorno por mar me permitiese costear Tenedos y Lesbos. ^ Plâcidamente navegamos rumbo al puerto de Esmirna. Encima de nosotros avanzaban, en la dulce paz nocturna, los héroes del cielo estrellado^*. A la luz de la luna, las olas del mar apenas se encrespaban. Eji^mi alma^no habia tanta calma. N o obstante, al amanecer me rindio un sueno ligero. L a exultaciôn de las golondrinas y el alboroto de abordo me despertaron. C o n todas sus esperanzas aclamaba mi corazôn las costas âmîgâs de mi patria y la luz del alba que se adivinaba sobre la cima del Pagos y de_iu_a\:ejentada ciudadela, sobre las puntas de as mezquitas y los oscuros bosques de cipreses; y yo sonrei'a confiado hacia las casitas de la orilla que, con las ventanas encendidas, tras las palmeras y los olivares, brillaban como castillos encantados. -

E l Inbat^* silbaba alegre entre mis bucles. Pequeiias olas brincaban alegres precediendo a la nave hasta la playa. L o veîa, lo sentîa y sonrefa. E s bello que el enfermo no adivine nada, cuando ya la muertele ha penetrado el corazôn. D e l puerto, corrî a casa de Notara. Mélite no estaba. Me dijo Notara que habia sido sûbitamente llevada, por orden de su padre, no se sabîa a dônde; que su 48

1 padre habia abandonado la région del Tmolos y que él no habîa podido enterarse ni de su actual paradero ni de la causa de su traslado; que era probable que Mélite misma lo ignorase y que, ademâs, el dîa de la despedida ella no nabîa hablado apenas. L e habîa encargado, eso sî, que me saludase. Pue como si hubiera sido pronunciada mi sentencia de muerte. A pesar de todo, no perdî la calma. Volvî a casa, ordené algunas bagatelas indispensables, y habrîase dicho que me encontraba como los demâs. E v i taba todo lo que pudiese recordarme el pasado; me mantenîa alejado del jardin de Notara y de las orillas del Mêles. Huîa de tôHo aquello que pudiese xonmoyerme el ànimo, y lo que me era indiferente se me volviô aûn mâs indiferente. Retraimiento respecta a todo lo viviente, eso era lo que yo buscaba. Dîa y noche meditaba sobre las vénérables realizaciones del genio profundo de la Grecia antigua. Su retraimiento respecto a todo lo viviente era mi refugio. Poco i poco, lo que tenîa ante los ojos se me habîa vuelto tan\ ajeno, que a menudo lo cQptemplaba con estupor. A , veces, cuando oîa voces humanas, era como si me exhortasen a fugarme de un paîs al que no pertenecîa, y ^ j yo me veîa como un fantasma que, habiéndose demorado tras la medianoche, oye el canto del gallo^^. t Durante todo este tiempo no salî nunca. Pero mi \ corazôn latîa aûn con demasiada juventud: la madré ! de toda vida, el incomprensible amor, aûn no estaba /*N muerto en mî. Impulsado por un enigmâtico anhelo, salî. E r a un apacible dîa de otoiio. L a dulzura del aire, ck> J e ««pe-'iov

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' que respetaba las hojas marchitas dejàndolas un rato mâs en la rama materna, me llenô de maravillosa alegri'a. Un cîrculo de plâtanos, desde donde se contemplaba el mar mâs alla de la costa rocosa, habi'a sido siempre un lugar sagrado para mi. Allî me sente y por allî vagué. Habia caido ya la tarde y no se escuchaba ruido alguno en los alrededores. Allî me transformé en lgj^e,alwra soy. Parecia que alguten me exhortase desde el interior de aquel hosquecillo, que alguien me gritase desde las profundidades de la tierra y del mar: "^por que no rne amas?"

Desde ese momento me fue imposible pensar nada de lo que antes pensaba, eljnurido.se me habîa vuelto rnâs sagrade, pero mâs l l e n o ^ misterio. Nuevos pensamientos, que estremecîan mi interior, me flameaban à~fravés del alma.'^MênFësultabà imposible retenerlos, rhe^itarlo^ t:on calma. »oc^c)-e- " ' Abandoné mi patria para encontrar la verdad mâs alla del mar. 1 jCômo latîa mi corazôn de grandiosas esperanzas juvéniles! Nada encontre, sino a ti. Te lo digo, jBelarmino mîo! Tampoco tu encontraste nada, sino a mî. Nada somos; lo que buscamos lo es todo.

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En lo alto del Citerôn. Aûn presiento, sin encontrar. • ( Interrogo a los astros y callan, interrogo al dîa y a la noche, pero no contestan. De mî mismo, cuando me interrogo, no salen mâs que sentencias mîsticas, sueîios sin interpretaciôn. ' " M i corazôn a menudo se encuentra bien en esta penumbra. No sé que me ocurre cuando contemplo esta insondable naturaleza; pero son lâgrimas venturosas y sàntas las que vierto ante la amada cubierta de vélos. Cuando me orea el soplo suave y misterioso de la tarde, todo mi ser enmudece y escucha. Perdido en el azul inmenso, elevo a menudo los ojos al Éter, y los bajo hacia el mar s,5grado; entonces, me parece ver abrirse ante mî el portaTde lo Ijiyisiblej^ y fenezco con todo lo que me rodearhasta que un rumor entre los matorrales me despierta de esta venturosa muerte y me devuelve, a pesar mîo, al sitio de donde he partido. Mi corazôn se encuentra bien en esta penumbra. j E s nuestro elemento, esta penumbra? jPor que no puedo 51

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reposar dentro? N o hace mucho, vi a un niiio tendido al borde del camino. L a madré que le velaba habia extendido solicita un cobertor sobre él, para que dormitase dulcemente a la sombra y el sol no le cegase. Pero el niiïo, no queriendo permanecer asi, arrancô el cobertor y le vi como intentaba mirar la luz amiga, hasta que los ojos le dolieron; entonces, volviô Uorando su rostro hacia la tierra. iPobre nino!, pensé, a otros no les va mejor, y estuve a punto de renunciar a esta curiosidad temeraria. jPero no puedo! jno debo! [ E s necesario que se révèle el misterio grandioso que me darâ la vida o la muerte.

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NOTAS

' Hiperiôn : Es el nombre de uno de los Titanes, hijo de Urano y de Gea. Casado con su hermana la titânide Tîa, engendré al sol (Helio), la Luna (Selene) y la Aurora (Eos). A vèces se aplica el nombre de Hiperiôn al mismo Sol. Este nombre significa «el que va por encima [de la Tierra]». Para una interpretaciôn del nombre en la obra de Hôlderlin Cf. Wolfgang Binder, "Hôlderlins Namenssymbolyk"; en: HôlderlinJahrbuch 1961/62, pâgs. 95-204. ^ Non cœrceri maximo, contineri tamen a minimo : no ser abarcado por lo mâs grande, sino ser contenido por lo mâs pequeiio. * Mijonia: La patria de Hiperiôn es en el Fragmento la ciudad de Esmirna, en las costas de Asia Menor; no como en Hiperiôn o el eremita en Grecia, donde es la isla de Tina, en la parte septentrional del archipiélago de las Ci'cladas. * Jttno: es una clara referencia al mito de Ixiôn: Ixiôn era un tesalio que reinaba sobre los lapitas. Casô con Dîa, hija del rey Deyoneo. A l pedir la mano de la joven formulé grandes promesas a su padre, pero cuando este, después de la boda, le réclamé los présentes ofrecidos, Ixiôn lo précipité traidoramente en un foso 1 eno de brasas. El horror suscitado por este asesinato fue tal que nadie consintié en purificar al criminal, como era costumbre hacer. Sôlo Zeus, entre los dioses, se apiadé de él y lo purificô, librândolo asî de la locura de que habi'a sido presa después de su delito. Sin embargo, Ixiôn se mostrô en extremo desagradecido para con su bienhechor, atreviéndose a enamorarse de Hera 0uno), a quien traté de violar. Zeus (o tal vez la propia Hera) formé una nube •semejante a la diosa; Ixiôn se unie a este fantasma y engendré con él un hijo, Centauro, el padre de los centauros, o tal vez engendré a los propios centauros. Ante este nuevo sacrilegio, Zeus decidié castigar a Ixiôn: atélo a una rueda encendida que giraba sin 53

césar y lo lanzô por los aires. Y como, al purificarle, Zeus le habia dado a probar la ambrosia que confiere la inmortalidad, Ixiôn ha de sufrir su castigo sin esperanza de que cese jamis. ' Corgonda Notara: Este nombre lo toma Hôlderlin de la obra de Richard Chandler: Travels in Asia Minor and Greece; or An Account of a Tour, Made at the Expense of the Society of Diletantt, Oxford 1775-76. Gracias a la lectura de este libro y del de Choiseul-Gouffrier: Voyage pittoresque de la Grèce, Paris 1782 y 1809, se familiariza Hôlderlin con el paisaje de Grecia; asi como con los sucesos revolucionarios de 1770, en los que esta ambientada la segunda parte de la version definitiva de Hiperiôn. De ambas obras existia traducciôn alemana: de la primera, publicada en Leipzig entre 1776 y 1777; de la segunda, publicada en Gotha entre 1780 y 1782. ' Eôn: Viene del griego aion, el tiempo, la eternidad. En el gnosticismo, cada una de las inteligencias eternas o entidades divinas de uno u otro sexo, emanadas de la divinidad suprema. ' Mélite: Entre las varias heroînas de este nombre se conoce una ninfa de Cercira que se uniô a Héraclès cuando el héroe se encontraba desterrado en el pais, después de la matanza de sus hijos. Este nombre es sustituido por el de Diôtima en La juventud de Hiperiôn. * Las imdgenes de Dédalo: Dédalo es un ateniense, perteneciente a la familia real que tiene su origen en Cécrope. Es el prototipo del artista universal, a la vez arquitecto, escultor e inventor de recursos mecânicos. Se le atribuyen, en la Antigûedad, las obras de arte arcaicas, incluso las que tienen un carâcter mâs mîtico que real, como las estatuas animadas a que se refiere Platon en el Menôn (97-d). ' Los Dioscuros: Son los «hijos de Zeus» Castor y Pôlux. Nacieron de los amores de Zeus y Leda, y son hermanos de Helena, asi como de Clitemnestra. Pero Leda estaba casada con Tindâreo, rey de Lacedemonia. La noche en que Zeus se uniô a Leda en forma de cisne, la mujer uniôse también a su marido humano, y los dos pares de gemelos que nacieron son atribuidos como sigue: Pôlux y Helena, a Zeus; Castor y Clitemnestra, a Tindâreo. Tindâreo ténia dos hermanos, Afareo y Leucipo. Afareo ténia dos hijos varones, llamados Idas y Linceo, los cuales estaban pro-

metidos con las hijas de Leucipo, Febe e Hilaîra. Castor y Pôlux fueron invitados a las bodas y raptaron a las muchachas, entablândose una lucha, en cuyo curso resultaron muertos Castor y L i n ceo. Zeus se Uevô a Pôlux al cielo, pero este no quiso aceptar la inmortalidad que el dios le ofrecîa si su hermano debîa continuar en los infiernos, en vista de lo cual Zeus permitiô que cada uno permaneciese entre los dioses en dîas alternos. '° Se intercambiaban las armas: En la Iliada (Canto v i , versos 230236) Glauco cambia sus armas de oro por las de bronce de Diomedes, renovando asî la hospitalidad de tiempos de sus padres: "Y ahora troquemos la armadura, a fin de que sepan todos que de ser huéspedes paternos nos gloriamos. "Dichas estas palabras, descendieron de los carros y se estrecharon la mano en prueba de amistad. Entonces Jupiter Saturnio hizo perder la razôn a Glauco; pues permutô sus armas por las de D i o medes Tidida, las de oro por las de bronce, las valoradas en cien bueyes por las que en nueve se apreciaban." (Trad.: Luis Segalâ.) " "/Vosotros los griegos seréis siempre adolescentes!": Reproche que, en el Timeo (22b) de Platon, un viejo sacerdote egipcio hace a Solôn. Ayax Mastigôforo: Hôlderlin se refiere a la tragedia sofôclea Ayax. La acciôn transcurre en el campo aqueo, ante Troya, tras la muerte de Aquiles, cuyas armas han sido concedidas al mejor de entre ellos, Ulises; Ayax se siente herido en su orguUo por tal décision y enloquece; en estas condiciones, Âyax crée tener prisioneros a los jefes aqueos que le han preterido y se ensaîia con ellos—en realidad con los animales del botîn comûn—, por eso se le Uama Mastigôforo (gr. portador del lâtigo). Cuando recobra el juicio, avergonzado por su deshonor, fijando en tierra su espada se arroja sobre ella. " Genio tutelar: En el original Genius. En la mitologîa romana, los Genii son unos seres inmanentes no sôlo a cada individiio, sino también a cada lugar, a cada persona moral (sociedad, colegio, ciudad, etc.), cuyo ser espiritual simbolizan. Nacen con la persona o la cosa a la que van ligados, y tienen por misiôn esencial conservar su existencia. Todo esto me traspasô, como una espada, el aima: Segûn el Nuevo Testamento, Lucas 2, 35: " Y una espada atravesarâ tu aima

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para que se descubran los pensamientos de muchos corazones." Un joven tiniota: Adamas, el amigo de Hiperiôn, a quien en la version definitiva llamarâ Alabanda, es oriundo de la is a de Tina, en el archipiélago de las Cîcladas. " El nacimiento de Homero: Mâs de siete ciudades se disputaron en la Antigiiedad el honor de haber sido el lugar de nacimiento de Homero, entre ellas estaban Esmirna, Qui'os, Argos y Atenas. " Meônida: Meôn es el epônimo de la familia a la que pertenece Homero, a quien se désigna con frecuencia en poesi'a con el epîteto de Meônida. Sus relaciones con el poeta varîan segûn los autores: a veces es su padre, casado con Criteida, y hermano de Dîo, padre este de Hesîodo; otras veces no es el marido, sino el tutor de Criteida; otras veces aûn es el abuelo de Homero o el padre adoptivo del poeta, el cual serîa hijo de un demonio. " Nenia: Es una composiciôn poética en alabanza a una persona después de muerta. " fA quién, sino a ti?: Con estas mismas palabras dedica Hôlderlin a Susette Gontard el ejemplar del segundo volumen de Hiperiôn o el eremita en Grecia que le envîa a principios de noviembre de 1799. ^° Ofrenda a los muertos: En la Iliada (Canto X X l i l , versos 138153) Aquiles, en las exequias de Patrocio, se corta la cabellera y la )one en manos de su amigo: "Cuando Uegaron al lugar que A q u i es les seiialô, dejaron el cadâver en el sue o, y en seguida amontonaron abundante leiia. Entonces, el divino Aquiles, el de los pies ligeros, tuvo otra idea: separândose de la pira, se cortô la rubia cabellera, que conservaba espléndida para ofrecerla al rîo Esperquio; y exclamô, apenado, fijando los ojos en el vinoso ponto: " j O h Esperquio! En vano m i padre Peleo te hizo el voto de que yo, al volver a la tierra patria, me cortarîa la cabellera en tu honor y te inmolarîa una sacra hécatombe de cincuenta carneros cerca de tus fuentes, donde estân el bosque y el perfumado altar a t i consagrados. Tal voto hizo el anciano, pero tû no has cumplido su deseo. Y ahora, como no he de volver a la tierra patria, daré mi cabellera al héroe Patrocio para que se la lleve consigo. " E n diciendo esto, puso la cabellera en manos del amigo, y a todos les excitô el deseo de llorar." (Trad.: Luis Segalâ.) ^' La sacerdotisa de Dodona: El de Dodona (en Epeiros, al norte 56

de Grecia) era, después del de Delfos, el segundo orâculo en i m portancia en la Antigûedad. " "jDejemos pasar lo pasajero, pasa para volver...!": En una carta a Neuffer, a mediados de julio de 1794, cita Hôlderlin el siguiente texto del Tithon und Aurora de Herder: " L o que Uamamos sobrevivir a nosotros mismos es, en las mejores aimas, sôlo un duerme[vela que précède a un nuevo despertar, una distension del arco en vistas a un nuevo uso. Asî reposa el campo para producir con mayor fertilidad; asî perece el ârbol en invierno para dar nuevas hojas y nuevos frutos en primavera. El destino no abandona al hombre de bien mientras é no se abandona y no désespéra indignamente de sî mismo. El genio tutelar, que parecîa haberse apartado de su vera, vuelve oportunamente, y con él nueva actividad, dicha y alegrîa. jA menudo es un amigo este genio tutelar!". " Mitos: En el texto original dice Myrthen (mirtos). D.E.Sattler, en el Emendierter Text de su ediciôn (Cf. Frankfurter HôlderlinAusgabe, Band 10, S.55), transcribe, sin embargo, Mythen (mitos). Las razones de este cambio las explica el editor en una nota a pie de pagina: "Ya en el final del segundo Phaëton-Segment parece reflejar el poeta la cualidad metafôrica de las erratas de impresiôn: Myrthen hay, ciertamente, en Grecia (Cf. Bd. 9; Dichtungen nach 1806). Por eso serîa autorizado, después de cometido, el fortuito desliz de impresiôn Myrthen en vez de Mythen." Friedrich Beifiner considéra también esta conjetura (Cf. Grofie Stuttgarter Ausgabe, Band 3, S.498). ^* Aquiles... Ayax Telamonio: Ayax, hijo de Telamôn, rey de Salamina. Es el mismo que en la pagina 13 aparece citado como Ayax Mastigôforo. La Rapsodia x x i v de la Odisea comienza presentândonos al «Pelida Aquiles» en la «pradera de asfôdelos donde residen las aimas, que son imâgenes de los difuntos», alrededor del cual andan Patrocio, el «intachable Antîloco» y Âyax (trad.: Luis Segalâ). ^' Los héroes del cielo estrellado: Como, por ejemplo, los Dioscuros Castor y Pôlux, a quienes se llegô a identificar en la Antigûedad con la constelaciôn de Géminis. El Inhat: Es un viento marino mencionado por Richard Chandler en su libro sobre Grecia. " El canto del gallo: A l final de57 la escena primera del primer acto

ÎNDICE

i iroducciôn Notas a la Introducciôn Fragmento de Hiperiôn Notas

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