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July 24, 2017 | Author: JosefinaRamos | Category: Bible, Biblical Canon, Jesus, Prophet, Moses
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esde que Atanasio, Obispo de Alejandría -uno de los hombres más ilustres y preclaros entre los llamados «Padres de la Iglesia»-, utilizó por primera vez, en el año 367, la palabra «canon» en una de sus cartas para referirse a la lista de libros reconocidos como dignos de ser considerados escritos sagrados de inspiración divina, el Canon de la Escritura ha sido uno de los puntos de mayor debate en el seno de la cristiandad.

D ■ ■ ■ ■

¿Qué libros son los que propiamente forman parte del texto bíblico? ¿Quién decidió qué libros debían aceptarse o rechazarse? ¿En qué se fundamentó tal decisión? ¿Continúan teniendo validez tales argumentos en el día de hoy?

Por otra lado, nuestra sociedad actual, tan aficionada a lo esotérico y fácilmente encandilada por todo aquello que tenga aureola de «misterio», se ve con frecuencia perturbada por un enjambre de escritores sensacionalistas que recurren a supuestos escritos «secretos» o escondidos atribuidos a escritores bíblicos para apoyar sus fantasías. ■ ¿Qué hay de cierto en todo esto? ■ ¿Es el Canon de la Sagrada Escritura un canon cerrado? ■ ¿Cabe pensar en la posibilidad de añadir otros textos originales en caso de ser actualmente descubiertos y probada su autenticidad?

F. F. Bruce, profesor emérito de la Universidad de Manchester en el área de Exégesis y Crítica bíblica, y una de las mayores autoridades mundiales en el tema, aporta en este libro el trabajo de investigación y estudio más serio y documentado que se conoce, dentro del campo conservador, analizando con microscopio los criterios utilizados en la forja del Canon de la Escritura a través de los siglos y las garantías sobre las que descansa el texto de nuestra Biblia. Una obra maestra, erudita y científicamente documentada: pero, a la vez, asequible a la comprensión de cualquier lector.

U colK d ón HERMENÉUTICA Y EXÉGESIS está cooipuesU por libros que, con fidelidad a la Palabra de Dios, analizan el texto biblico desde una perspectiva científica y con una aplicación p rá c tia al hombre de boy.

editorial clie

Publicaciones

an d am io

• CLASIFÍQUESE; 15 TEOLOGIA • INSPIRACIÓN DE LA BIBLIA • OTO 01-01-0015-09 • REF 224579 •

El canon de la Escritura

Otros libros de la colección: 1. ¿Com o llegó la B iblia hasta nosotros? Com pilado por Pedro Puigvert

224271 2. Las Cartas de Juan. Por H artm ut Beyer

Kef. 224199 3. Com entario exegético y herm enéuntíco al libro de Efesios. Por Jo sé M anuel Gori2ález Campa

B4- 224326 4. El canon de la Escritura. Por F. F. Bruce

Kef. 224372

El canon de la Escritura F. F. B ru c e

P u b lic a c io n e s

editorial clie

andam io

EDITORIAL CLIE Galvani, 113 08224 TERRASSA (Barcelona) E-mail: [email protected] Web: htrp://www.clie.es Publicaciones ANDAMIO C/ Alts forns, 68 Sor, 1“ 08038 Barcelona

Tel.ylk:(34)93 432 25 23 £-mail: [email protected]

Publicaciones Andamio es la sección editorial de los Grupos B élicos Universitarios de España (GBU)

ELCANON DE U ESCRITURA F.F. Bruce

© 1988 F. F. Bruce Publicado originalmente en inglés en 1988 por Chapter House Ltd, Glasgow, Escocia, con el título The Canon ofScripture.'XcÁos los derechos reservados. Esta traducción al español se publica a través de un acuerdo con Chapter House Ltd. © 2002 por Editorial CLIE para esta versión en español Traducido por: Elena Flores Sanz Depósito Legal: B-8.490-2002 ISBN: 84-8267-232-0 Impreso en los Talleres Gráficos de la M.C.E. Horeb, E.R. n“ 2.910 SE- Polígono Industrial Can Trias, C/Ramon Llull, 20—08232 VILADECAVALLS (Barcelona) P rinted in Spain Clasifíquese: 15 TEOLOGÍA: Inspiración de la Biblia C.T.C. 01-01-0015-09 Referencia: 22Á3.72

A los departamentos de Humanidades y Griego de la Universidad de Aberdeen. Fundados en 1497 Suprimidos en 1987 Con gratitud p or el pasado y con la esperanza de su pronta y vigorosa resurrección.

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Contenido Prefacio Abreviaturas

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Primera parte: Introducción

15

1. La Santa Escritura

17

Segunda parte: el Antiguo Testamento

25

2. 3. 4. 5.

27 43 55

La ley y los profetas El Antiguo Testamento griego El Antiguo Testamento se convierte en un nuevo libro El canon cristiano del Antiguo Testamento: A. Zona oriental 6. El canon cristiano del Antiguo Testamento: B. Zona occidental latina 7. Antes y después de la Reform a

67 83 99

Tercera Parte: El Nuevo Testamento

117

8. Escritos de la nueva era 9. M arción 10. Valentino y su escuela 11. La respuesta católica 12. El fragmento de M uratori 13. Ireneo, H ipólito, Novaciano

119 135 147 153 161 173

E l c a n o n d r la E sc r it u r a

14. Tertuliano, Cipriano y otros 15. Los padres alejandrinos 16. Ensebio de Cesárea 17. Atanasio y posteriores 18. Occidente en el siglo IV hasta Jerónim o 19. D e Agustín hasta el final de la Edad M edia 20. E l canon del Nuevo Testamento en la era de la im prenta

183 189 199 211 219 233 245

Cuarta parte: Conclusión 21. Criterios de canonicidad 22. ¿U n canon dentro del canon? 23. Canon, crítica e interpretación

257 259 275 289

Apéndice 1: E l Evangelio “secreto” de Marcos Apéndice 2: Sentido primario y sentido plenatio

303 321

Bibliografía índice

339 343

Prefacio Cuando enseñaba en la Universidad de M anchester daba conferencias en años alternos acerca del texto y el canon del Antiguo Testamento y el texto y el canon dcl Nuevo Testamento. Mis conferencias sobre el texto — espero— cubrían las necesidades de los estudiantes que las escuchaban, pero éstos no pidieron que se publicaran posteriormente. El contenido de mis conferencias sobre el canon, sin embargo, ha continuado recla­ mando m i atención en lo que se refiere tanto a su aspecto histórico como a su relevancia acmal. Quedará claro en lo que sigue que m e he volcado más en el canon del Nuevo Testamento que en el del Antiguo Testamento. La ruptura del con­ senso secular respecto al canon del Antiguo Testamento — es decir, que el proceso de elaboración del canon lo indica la tradicional división tripartita de los libros de la Biblia hebrea— ha sido subrayada en dos importantes obras recientes: la de Roger Beckwith — T he O íd T estam ent C anon o f

th e N ew T estam ent C hurch ¡E l canon del Antiguo Testamento en la iglesia del Nuevo Testamento]— y la de John Barton — O rneles o f G od ¡Vrofectas de Dios]— . Se han lanzado ataques contra el acuerdo consensuado acerca del canon del Nuevo Testamento, es decir, que su principal estructura quedó fijada sustancialmente a finales del siglo II. No obstante, resiste porque es apoyado por una poderosa evidencia, como se muestra en la magnífica obra de Bruce M etzger: The Canon o f the New Testament. Cuando se ataca algo consensuado, hay que estudiarlo de nuevo detenidamente, y eso es lo único que podemos hacer: no tiene sentido pretender que sabemos más de lo que sabemos.

E l c a n o n d e la E sc r it u r a

Con obras como las mencionadas ahora a nuestro alcance, uno puede preguntarse qué necesidad hay de escribir este libro. Quizá el autor nece­ site desahogarse, pero puede justificarlo como un intento de comunicar el estado actual de sus conocimientos a un público más amplio. Le estoy m uy agradecido a la Universidad de Londres por los permisos para reproducir mi conferencia en Ethel M. Wood (1974) como Apéndice 1 y a la Epworth Revien> y a su editor, el Reverendo John Stacey, por el permiso para reproducir mi conferencia en memoria de A.S. Peake (1976) como A péndice 2. Mis primeros pasos en este tema tuvieron lugar a través de la edición original de The Text and Canon ofth e New Testament ¡E l texto j canon del Nuevo Testamento], de mi preciado Profesor Alexander Souter, Catedrá­ tico de Humanidades en la Universidad de Aberdeen. M i gratitud a él y al departamento que presidió de manera sobresaliente, junto a su departa­ mento herm ano de Griego, se reconoce en la dedicatoria.

F. F. B.

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Abreviaturas G enerales ANF AV/KJV B J. BJRL CBQ CHB Cod (d). CSEL DB DCB

Los Padres de la Iglesia antes de Nicea (Eerdmans) Versión Autorizada/del Rey Jaim e (1611) Biblia de Jerusalén Boletín de la Biblioteca (de la Universidad) de John Rylands

EQ E.T. FGNTK

EvangelicalQuarterly

CathoHc BiblicalQuarterly Cambridge History oftheBibk, I-III (Cambridge, 1963-70) Codex (Códices) Corpus Scriptoruni Ecclesiasticonwi Eatinorum (Viena) Diccionario de la Biblia, I-IV, de. W. Smith (Londres, ^1893) Diccionario biográfico del cristianismo, I-IV, de. W. Smith y H. Wace (Londres, 1877-87). Traducción inglesa

Forschungen ^ r Geschichte des neutestamentíichen Kanons, I-IX, de. T. Zahn (Leipzig, 1881-1929)

GCS Flist. E cd. FITR JB L JB R JT S LXX

Die griechischen christlkhen Schriftsteller (Berlín) Historia Eclesiástica (Ensebio, Sozomen) Harvard Tbeological Revieiv Journal ofBibHcal Uterature Journal ofBible and Religión Journal ofTheohgical Studies Sepmaginta (versión griega del Antiguo Testamento anterior al cristianismo) 11

E l c a n o n d e la E sc r it u r a

Mart. Pal. MS(S) MT NCB NEB NIGTC N IV NovT Sup NPNF n.s. NTS PG PL RSV RV. 60

Strom. Sup. s.v. TB TD N T

TNTC TS TU UCCF VTSup ZNW ZTK

M ártires de Palestina (Eusebio) M anuscrito(s) Texto masorético (de la Biblia hebrea)

Neii> Century Bible N m Engfísh Bible (1961,1970) New International Greek Testament Commentary New International Versión (1978) Suplemento(s) del Novnm Testamentum Los Padres de la Iglesia de Nicea y posteriores (Eerdmans) Nuevas series

New Testament Studies Patrologia Graeca (ed. J.-P. Migne) Patrologia luitina (ed. J.-P. Migne) Revised Standard Versión (1952,1971) (Versión Reina-Valera de 1960, la versión utilizada en la traducción al castellano de este libro cuando no se indica lo contrario) Stromateis (Miscellaneas), de Clemente de Alejandría Suplemento(s) sub vocabulo —debajo de la palabra Talmud babilónico Theological Dictionary oh the New Testament, I-X, ed. G. Kittel y G. F ried rich , E.T. po r G.W .: B rom iley (E erdm ans, 1964-76) Comentarios Tyndale del Nuevo Testamento Texts and Studies (Cambridge University Press)

Texte und JJntersuchungen Universities and Colleges Christian Tellowship Suplemento(s) a Vetus Testamentum Zeitschriftfiir die neutestamentliche Wissenschaft Zeitschriftfiir Theologie und Kirche

M an uscritos A Aleph B

12

Códice Alejandrino (en el Museo británico, Londres) Códice Sinaítico (en el Museo Británico, Londres) Códice Vaticano (en la Biblioteca Vaticana, Roma)

A b r e v ia t u r a s

D

Códice Bezae (en la Biblioteca de la Universidad de Cam­ bridge) CP Códice Claromontano (en la Biblioteca Nacional de París) Códice Boerneriano (En la Sáchsische Landesbibliothek de GP Dresden) Papiro Códice de los Evangelios y Hechos de los papiros Chester Beatty p46 Códice de las Epístolas paulinas y Hebreos de los papiros Chester Beatty Códice de Apocalipsis de los papiros Chester Beatty f Fragmento de Juan 18 de los papiros de la Biblioteca Rylands Códice de 1 y 2 Pedro y Judas de los papiros Bodmer Códice de Lucas y Juan de los papiros Bodmer p. Fouad 266 Fragmento de Deuteronomio 31-32 (LXX) de los papiros de El Cairo p. 0>g. Papiros Oxirrinco p. Ryl. 458 Fragmento de Deuteronomio 23-28 (L>’X) de los papiros de la Biblioteca Rylands Qumram: El número que precede a la Q hace referencia al número de la cueva en que se encontratron los manuscritos 4QFlorilegio Antología bíblica de la Cueva 4 de Qumrán Fragmento de Levítico (LXX) de la cueva 4 de Qumrán 4Q,.xxLv^ Otro fragmento de Levítico (LXX) de la cueva 4 de Qumrán 4Qr.xxLv^ Fragmento de Números (LXX) de la cueva 4 de Qumrán Fragmento de Exodo (LXX) de la cueva 7 de Qumrán 7 Q ,.x x E x ■7Q,.xxEpJer Fragmento de la carta de Jerem ías de la cueva 7 de Qumrán Libro del Pacto de Damasco (los dos manuscritos principales CD en el Cairo; algunos fragmentos de la cueva 4 de Qumrán) S H ev X IIg r M anuscritos de P rofetas M enores en griego de W adi Hever

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Primera parte

I ntroducción

Capítulo 1

La Santa Escritura La palabra “canon” Cuando hablamos del canon de la Escritura, la palabra “canon” tiene un significado sencillo. Hace referencia a la lista de libros contenidos en la Escritura, la lista de libros reconocidos dignos de ser incluidos dentro de los escritos sagrados de una comunidad de culto. En un contexto cristia­ no, podem os definir la palabra como la lista de escritos reconocidosp o r la Iglesia como documentos revelados p o r Dios} A l parecer, fue Atanasio, obispo de A le­ jandría, quien utilizó por prim era vez esta palabra en dicho sentido, en una carta que circuló en el año 367 d.C.^ La palabra “canon” se ha introducido en nuestro lenguaje (a través del latín) a partir de la palabra griega kanonJ En griego significa caña, especial­ mente en referencia a la caña recta que se utiliza como rtfgla. De este uso procede el otro significado que suele tener en inglés: “regla” o “patrón de medida”. Hablamos, por ejemplo, de los “cánones” o las reglas de la Igle­ sia de Inglaterra. Pero una caña recta utilizada como regla puede ser divi­ dida en unidades de longitud (como una regla moderna en pulgadas o centímetros); de esta costumbre se deriva que la palabra griega kanon pasa­ ra a ser utilizada para referirse a una serie de estas marcas y después con el ' R.P.C. Hanson; O rigen 's D o ctrin e o flr a d i t i o n (Londres, 1954), pp. 93,133; cf. su T radition in th e E arly C hurch (Londres, 1962), p. 247. ^ Véanse las páginas 70, 77, 78, 211 ss. ^ La palabra griega procede probablemente de la palabra semítica que aparece en he­ breo como qaneh: “junco”, “caña”. Probablemente tenga el mismo origen la palabra latina canna y la inglesa cañe.

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E l c a n o n d e la E sc r it u r a

sentido general de “serie” o “lista”. Es este último uso el que se aplica al término “el canon de la Escritura”. Antes de que la palabra “canon” se utilizara con el significado de “lista”, la Iglesia la utilizó en otro sentido; como “regla de fe” o “regla de verdad”."* En los primeros siglos de cristianismo era un resumen de la enseñanza cris­ tiana que se creía que reproducía lo que enseñaron los apóstoles mismos y que se utilizaba para examinar todo sistema doctrinal o toda interpretación de los escritos bíblicos antes de ser aceptados por la cristiandad. Pero, una vez que los límites de la Sagrada Escritura quedaron generalmente acepta­ dos, la Escritura misma llegó a considerarse la regla de fe. Por ejemplo, Tomás de Aquino (c 1225-1274) dice que sólo la escritura canónica es la regla de fe. Desde otro punto de vista teológico, la Confesión de Fe de Westminster (1647), tras establecer la lista de los sesenta y seis libros del Antiguo y Nuevo Testamentos, añade; los cuales son proporcionadosp or la inspiración de Diospara ser la regla d efey condidcta.^ Estas palabras afirman la posición de la Sagrada Escri­ tura como el “canon” o “patrón de medida” por el cual regularla enseñanza y acmación cristianas. Mientras que “canon” de la Escrimra significa lista de libros aceptados como Sagrada Escritura, el otro sentido de “canon” — re g la o p atró n d e m e d id a— ha desaparecido, por lo que se entiende como “canon” de la Escritura únicamente la lista de libros que se reconocen como la re g la de fe y conducta. La cuestión que hay que examinar en las páginas siguientes es; ¿Cómo llegaron determinados documentos, y sólo esos, a recibir este reconoci­ miento? ¿Q uién, si es que hubo alguien, decidió que estos, y no otros, debían ser admitidos en la lista de las Sagradas Escrituras y cuáles fueron los criterios que influyeron en esta decisión?

El pueblo del libro M uchas religiones tienen libros sagrados asociados a sus tradiciones o a su culto. H ubo un tiempo en que se hizo famosa una serie de volúmenes titulada Los lib ro s sa gra d o s d e Oriente.^ Pero los judíos, cristianos y musulmanes han llegado a ser conocidos como “el pueblo del libro” en un sentido especial. Es una designación que se otorga repetidamente en el * Véanse pp. 153,181,182. ^ Tomás de Aquino: Del Evangelio de Juan, lección 6 sobre Juan 21 (sola canónica scripturaest regulafidei, quizá [...] “una regla de fe”); Confesión de Fe de Westminster, 1, § 2. Los 55 volúmenes, originalmente dentro de la edición general de Friedrich Max MüUer, aparecieron entre 1879 y 1924 (Oxford: Clarendon Press).

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L a S a n ta E sc r it u r a

Cocán a los judíos y a los cristianos. Para “el pueblo del libro”, el “libro” tiene una función reguladora: la conformidad a lo que el libro prescribe es la principal prueba de lealtad a su fe y práctica religiosas. Para los judíos, el “libro” es la Biblia hebrea, que comprende la Ley, los Profetas y los Escritos (debido a las iniciales de estas tres divisiones de la Biblia hebrea, los judíos suelen referirse a ella como la TeNaKJíjJ Para los cristianos se trata de la Biblia hebrea, a la que denominan Antiguo Testa­ mento (ampliado en determinadas denominaciones cristianas)® y el Nue­ vo Testamento. Los musulmanes reconocen la Biblia hebrea (la tamat, el equivalente árabe del hebreo tSrSh, “ley”) y el Nuevo Testamento cristiano (el injil, del griego euangelion, “evangelio”) como las revelaciones primitivas de Dios, pero éstos se completan con la revelación entregada al Profeta, el Qur'dii (literalmente “recitado” o “lectura”), el “libro” por excelencia.

Los dos Testamentos Lo que nos preocupa aquí es la Biblia cristiana, que comprende el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. La palabra “testamento” normalmente hace referencia a la última voluntad de alguien; pero no es en este sentido en el que se utiliza al hablar de las dos partes de la Biblia cristiana. Nuestra palabra “testamento” procede del término latino testamentum, que también tiene el sig­ nificado de última voluntad, pero en este contexto en concreto, la palabra latina se utiliza como traducción de la palabra griega diatheké. Este término griego puede significar “última voluntad”, ®pero se utiliza más habitualmente para referirse a las diversas partes de un pacto o acuerdo (no tanto del que se hace entre iguales, sino de aquel en el que una de las partes es superior en poder o dignidad y concede ciertos privilegios a alguien inferioi^ mientras que la parte inferior adquiere ciertas obligaciones hacia la superior). Se utiliza en repetidas ocasiones tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, tanto en la traducción griega como en la Biblia hebrea y en el original griego del Nuevo Testamento. Normalmente se traduce en nuestras versiones como “pac­ to” y su uso más significativo tiene que ver con un acuerdo entre Dios y los seres humanos. Aquí, por supuesto, no puede haber un acuerdo entre iguales.

’’ Esta palabra es un acróstico, formada por las letras niciales de Tórah (“ley”, “direc­ ción”), ISrbi'tm (“profetas”) y Ktfibím (“escritos”), los nombres de las tres divisiones (véase p.29) * Véanse las pp. 47 ss. 'Véase la p. 184.

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E l c a n o n d e la E sc r it u r a

En los primeros libros del Antiguo Testamento, Dios establece un pacto con Noé y sus descendientes (Génesis 9:8-17) y posteriormente con Abraham y sus descendientes (Génesis 15:18; 17:1-4). La señal externa del pacto con Noé file el arco iris; la señal externa del pacto con Abraham fiie el rito de la circuncisión. Posteriormente, cuando los descendientes de Abraham (o al menos un importante gpipo de ellos) emigraron a Egipto y fueron obligados a realizar allí trabajos forzados. Dios recordó su pacto con Abra­ ham y les proporcionó la liberación. Tras dejar Egipto bajo el liderazgo de Moisés, se constimyeron como nación en el desierto de Sinaí. Su constitu­ ción nacional tomó la forma de un pacto en el cual el Dios de sus padres entró con ellos, dándose a conocer a ellos por medio de su nombre: Yahvéh.'® Los términos de este pacto eran muy simples: Yo seré vuestro Diosy vosotros seréis mipueblo. Yahvéh se comprometió a proveer de diversas maneras para ellos; ellos se comprometieron a adorarle exclusivamente a él y a obedecer sus mandamientos. Estos compromisos se recogieron en un documento denominado “el libro del pacto”. Según la narración de Éxodo 24:4-8: y Moisés escribió todas las palabras de Yahvéh,y levantándose de mañana edificó un altar alpie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel Y envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustosy becerros como sacri­ ficios de pas^ a Yahvéh. Y Moisés tomó la mitad de la sangre,y la puso en tasines, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. Y tomó el libro delpacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Yahvéh ha dicho, y obedeceremos. Hntonces Moisés tomó la sangrey roció sobre elpueblo, y dijo: He aquí la sangre delpacto que Yahvéh ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas. E ste relato se resum e en el N uevo T estam en to , en H ebreos 9:18-20, donde el pacto así ratificado se califica como “el primer pacto” pro­ metido en Jeremías 31:31-34. Unos seiscientos años después de la ratificación del pacto de Moisés a los pies del Monte Sinaí, el profeta Jeremías anunció que, posteriormente, el Dios de Israel establecería un nuevo pacto con su pueblo para reemplazar aquel que había establecido con la generación del Éxodo el día que tomé su manopara sacarlos de la tierra de Efipto (Jeremías 31:31-34). El antiguo pacto les dejó clara la voluntad divina, pero no les impartió poder para llevarla a cabo. Debido a esa felta de poder, quebrantaron el pacto. En cambio, bajo el nuevo pacto no sólo se impartiría a su pueblo el deseo de hacer la voluntad de Dios, sino también el poder para ello: su ley sería puesta dentro de ellos y escrita en sus corazones. A l decir Nuevo pacto — dice el escritor de Véase Éxodo 3:7-15

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L a S a n ta E sc r it u r a

Hebreos— , ha dado por vigo al primero (Hebreos 8:13). Y deja a sus lectores seguros de que el nuevo pacto ya ha sido establecido, ratificado no por la sangre de animales sacrificados sino por la sangre de Cristo, un sacrificio que efectúa no una mera purificación externa de profanación ritual, sino la limpie2a interior de la conciencia culpable. Esta interpretación de la promesa del nuevo pacto está plenamente en línea con las propias palabras de Jesús. Durante la tarde antes de su muerte, sentado con sus discípulos alrededor de la mesa de la cena, les dio pan y vino en memoria suya. Cuando les entregó el vino, según el relato de Marcos, dijo: Pisto es mi sanppe del nuevo pacto (la sangre de mi pacto), que p or muchos es derramada (Marcos 14:24). Difícilmente se puede pasar por alto el eco de las palabras de Moisés: he aquí la sangre delpacto... Se sobreentiende que el pacto asociado a la sangre de Jesús (su ofrenda voluntaria de sí mismo a Dios) es el nuevo pacto de Jeremías; la consecuencia se explica en el relato de Pablo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre (1 Corintios 11:25).” Cada uno de estos pactos — el antiguo pacto del Sinaí y el nuevo pacto inaugurado por Jesús— originó un gran movimiento espiritual. Cada uno de esos movimientos dio lugar a un cuerpo especial de literatura y ambos llegaron a ser conocidos en la iglesia cristiana como “los libros del antiguo pacto” y “los libros del nuevo pacto”. La antigua colección se originó durante un período de m il años o más; la última tiene un carácter más inaugural. Sus diversas partes fueron escritas en el transcurso de un siglo desde el establecimiento del nuevo pacto; se pueden considerar como los documentos fundacionales del cristianismo. Sólo a finales del siglo II d.C., las dos colecciones comenxaron a describirse, en pocas palabras, como el Antiguo Pacto (o Testamento) y el Nuevo Pacto (o Testamento). De estos breves títulos hay testimonios tanto en griego como en latín casi simultá­ neos (en griego, en las obras de Clemente de Alejandría;'^ en latín, en las de Tertuliano de Cartago).'^ Se ha sugerido que la expresión “Nuevo Pacto” (o Testamento) se utilÍ2Ó por prim era vc 2 para hacer referencia a una colección de libros en el año 192 d.C., en una obra en griego contra los montañistas de un escri­ tor desconocido, dirigida al obispo frigio Avircio'"* Marcelino, de quien " El de Pablo es el escrito más antiguo que tenemos (del año 55 d.C.): mantiene las palabras institucionales tal como las aprendió poco después de su conversión. El relato de Marcos (escrito en el año c 65 d.Q reproduce las palabras tal como se transmitieron por otra vía. Véase p. 191. Véase p. 183. También llamado Abercio (en griego, Aberkioí)

21

El

canon de la

E scritura

Eusebio cita algunos extractos. Esta obra habla de la palabra del nuevo pacto del evangelio, a la que no puede añadir nada nadie que haya escondo vivir de acuerdo al evangelio mismoy de donde nada se puede quitarP Por tanto, es improbable que ésta fuera una referencia al Nuevo Testamento en nuestro sentido del tér­ mino; el escritor anónimo está algo molesto por la posibilidad de que su propia obra pueda ser considerada una adición a la palabra del nuevo pacto del evangelio.

Un canon cerrado Las palabras a las que no puede añadir nada nadie [.. .] y de donde nada sepuede quitar, cualquiera que fuere su significado en su contexto, parecen cierta­ mente indicar el principio de un canon cerrado. H ay algunos expertos que afirm an que la palabra “canon” se debe utilizar sólo cuando se ha cerrado la lista de libros con autoridad especial; y hay mucho que decir a favor de este uso restrictivo de la palabra (podría utilizarse una palabra más flexible para referirse a la colección en proceso de formación), aun­ que sería una pedantería insistir en ello de forma dogmática. Ese lenguaje referente a no añadir ni quitar nada se utiliza en relación a partes concretas de ambos Testamentos. Por ejemplo, la advertencia en cuanto a la ley de Deuteronomio se hace de la siguiente manera: fVo añadi­ réis a la pa la b ra que y o os mando, ni dism inuiréis de ella (D eu tero n o ­ mio 4:2; cf. 12:32). Se añade una advertencia más clara como apéndice al final del Apocalipsis del Nuevo Testamento: Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas. Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si al^ no quitare de las palabras del libro de esta profecía. Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro (Apocalipsis 22:18-19).'^ El autor de la D id a jé (un antiguo manual acerca del orden eclesiástico) se hace eco de la advertencia de Deuteronomio cuando dice: No dejarás de H U t.Eccl. 5.16.3. Hubo un tiempo en que W.C. van Unnik pensaba que esto podía verdaderamente ser el ejemplo superviviente más antiguo de la frase “Nuevo Pacto” o “Nuevo Testamen­ to” (en griego kaim diatheke) para denotar una colección de escritos (“De la régle mete prostbenaai mete aphektn dans l’histoire du canon”, Vigiliae Christianae 3 {1949}, pp. 1-36; posteriormente, no obstante, pasó a pensar de otra manera sobre esto (“Hé"kaine diatheke: un problema en la Historia Primitiva del Canon”, Studi Patrística —TU 19 {1961}, pp. 212­ 227, especialmente p. 218). No importa para nuestros propósitos si esta advertencia procede del profeta de Patmos o de un editor de su obra.

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L a S a n ta E sc r it u r a

cutTjplir los mandamientos del Señor, sino que guardarás las cosas que has recibido, "sin añadir ni quitar” Alrededor de esa misma época (a finales del primer siglo d.C.), Josefo utiliza un lenguaje similar acerca de las Escrituras he­ breas: Aunquej a hayapasado tanto tiempo, nadie debe atreverse a añadirles nada, ni a quitarles nada ni a cambiar nada en ellasJ^ Este lenguaje difícilmente puede significar otra cosa que no sea un canon cerrado.^®

Reconocimiento litúrgico El rango de las Escrituras se reconoce simbólicamente en diversas for­ mas de culto. En la sinagoga se veneraban de forma especial los rollos de la Ley cuando se trasladaban desde el arca santa, donde se guardaban, hasta el bimah, donde se colocaban para leerlos a la congregación. En la liturgia de la Iglesia Ortodoxa, el libro del evangelio se Ueva en procesión y la lectura del mismo va precedida por el llamamiento siguiente: ¡Sabidu­ ría! Todos en pie; escuchemos el santo evangelio. Esa veneración al libro del evan­ gelio no es a los materiales de que se compone ni a la tinta con la que se escribe, sino a la Santa Sabiduría que encuentra expresión en las palabras que se leen. En la liturgia católica, el evangelio se trata con una veneración com parable y la lectura del mismo va precedida y seguida de oraciones especiales. En el culto de comunión anglicano, las personas se ponen en pie mientras se lee el evangelio y, cuando se anuncia, normalmente dicen: Gloria a Cristo nuestro Salvador, mientras que, a su conclusión, cuando el lector dice: Tiste es el evangelio de Cristo, ellos responden: Alabado sea Cristo

nuestro Señor. En iglesias de carácter reformado (como la Iglesia de Escocia y otras iglesias presbiterianas de todo el mundo), el prim er acto form al en un culto público de adoración tiene lugar cuando la Biblia se traslada desde la sacristía y se coloca en el pulpito. Alguien, por supuesto, debe llevarla (el D id cgé, 4.13. ” C on tra A pián, 1.42. Véase p. 32. Aparece un lenguaje similar acerca de no añadir ni substtaer en la C arta d e A rista, 311 (véase p. 44) donde, tras la traducción del Pentateuco al griego, se pronun­ ció una maldición, de acuerdo a ta costumbre, sobre cualquiera que se atreviera a alterar de alguna manera, j a fu ere añadiendo algo, cambiando de algunaform a algo que se hubiera escrito o dejando algo fuera-, también dos veces en Ireneo {Contra la s h erejía s, 4.33.8; 5.30.1.), la última vez como una advertencia a aquellos que reducen el número de la bestia (cf. Apocalipsis 13:18) quitándole 50, diciendo que es 616 (quizás la primera, pero ciertamente no la última, mala interpretación de la advertencia de Apocalipsis 22:15 y ss. para impedir el adecuado ejerci­ cio de la crítica textual). Véase también lo que dice Atanasio (pp. 77, 78). 23

E l c a n o n d e la E sc r it u r a

“oficiante”), pero la persona
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