f. Sherwood Taylor_los Alquimistas

March 27, 2018 | Author: DiegoCayuelas | Category: Alchemy, Soul, Matter, Gold, Science
Share Embed Donate


Short Description

Descripción: los Alquimistas...

Description

LOS ALQUIMISTAS Fundadores de la química moderna por F. SHERWOOD TAYLOR

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA México - Buenos Aires

Libera los Libros

Primera edición en inglés, 1949 Primera edición en español, 1957

La edición original de está obra fue registrada por Henry Schuman, Inc. de Nueva York, con el título de The Alchemists, Founders of Modern Chemistry. Derechos reservados conforme a la lev © Fondo de Cultura Económica, 1957 Avenida de la Universidad 975, México 12, D. F Impreso y hecho en México Printed and made in México

ÍNDICE GENERAL Prefacio ...............................................................

7

I. Introducción ............................................... II. Las ideas de los alquimistas ......................... III. El origen de la práctica alquimista.............. IV. Los primeros alquimistas ............................ V. Los primeros signos y símbolos alquimistas. VI. Alquimia china ............................................. VII. Alquimistas del Islam.................................... VIII. Los alquimistas en Europa .......................... IX. La alquimia en el siglo XIV.......................... X. Los alquimistas ingleses .............................. XI. Simbolismo alquimista ................................ XII. Relatos de transmutaciones...........................

9 14 25 32 56 71 79 97 110 123 144 160

1. El relato de Nicolás Flamel, 160; 2. El testimonio de Van Helmont, 170; 3. El testimonio de Helvetius, 175.

XIII. De la alquimia a la química......................... XIV. La filosofía hermética ................................ XV. Relaciones de la alquimia con la ciencia ..

185 207 225

Recomendaciones para lecturas de ampliación ..

232

PREFACIO El propósito de este libro es dar a sus lectores una breve y clara información sobre los alquimistas, su manera de pensar y su contribución a las conquistas de la humanidad. Es ésta una tarea no poco difícil; en primer lugar, porque no conocemos todo lo que los alquimistas hacían, ni todo aquello en lo que creían, a causa del deliberado misterio que hacían de lo que consideraban parte más importante de su trabajo. La segunda causa la constituye el hecho de que la manera de pensar de los alquimistas sea totalmente diferente a la del lector moderno; y la última, el existir tanto trabajo alquimista sin estudiar y ser gran parte de lo conocido un campo de controversias. Habiendo tantas dudas, el mejor proceder sería presentar los argumentos de los distintos puntos de vista; pero esto daría como resultado un trabajo sólo inteligible para aquellos entendidos en estas cuestiones; en vista de lo cual he decidido exponer aquí mis propias observaciones como resultado de unos veinte años de estudio; las que no considero sino aproximaciones a la verdad, como si se tratase de un informe provisional. Si, como ha dicho uno de sus historiadores, la alquimia es la historia de un error, ¿por qué estudiarla? Hay para ello tres razones según mi parecer. En primer lugar, la desesperanzada búsqueda de la transmutación práctica de los metales fue la causa principal de casi todo el desarrollo de la técnica química hasta mediados del siglo XIII, y además condujo al descubrimiento de materiales muy importantes. Ésta es la comúnmente reconocida contribución de la alquimia, cristalizada por John Donne en unos versos de su Love's Alchemy que vienen a decir más o menos lo siguiente: No hay químico que haya encontrado el elixir, / aunque 7

8

PREFACIO

glorifiquen su fértil olla, / si por casualidad se topan / con algo odorífero, o medicinal.1

En segundo lugar, hoy día sabemos que la ciencia no es solamente un cuadro del mundo presente, sino una actividad humana que ha de interpretarse como un organismo en crecimiento. Aquellos que hayan comprendido la idea del desarrollo de la química necesitarán rastrear hasta sus orígenes no sólo las ideas químicas fundamentales, sino el carácter y la sociedad de los químicos; y es en los laboratorios alquimistas donde se encuentran esos orígenes. En tercer y último lugar, el historiador actual tiene una visión más amplia que la de sus predecesores y no estudia exclusivamente los aspectos políticos y económicos de antiguas épocas. La historia de las ideas comienza a tener no menos importancia que esta otra, y la historia de las ideas del hombre respecto a sus relaciones con la materia será, estoy seguro, para el historiador futuro, un factor importante en la determinación de la historia de los últimos cinco siglos. La historia de la actitud del hombre hacia la materia en los años anteriores a 1600 apenas ha sido estudiada, y espero que este libro sea una pequeña contribución a dicho estudio. F. SHERWOOD TAYLOR Museo de Historia de la Ciencia, Oxford

1

And as no chemic yet th'elixir got, But glorifies his pregnant pot, If by the way to him befall Some odoriferous thing, or medicinal, (Love's Alchemy)

I INTRODUCCIÓN Durante 1,500 años y quizás más, hubo en los principales centros de civilización un considerable número de hombres que llevaban a cabo lo que hoy llamaríamos operaciones químicas con el ostensible propósito de transformar en oro los metales comunes. Estos hombres son los llamados alquimistas, aunque la denominación sea muy posterior a su existencia. Todos hemos oído hablar de los alquimistas y muchos de nosotros tenemos estampas de ellos vagamente confundidas con las de magos o brujos. Pero estamos en un completo error si como tales los consideramos, porque los alquimistas se esforzaban por realizar su trabajo mediante el descubrimiento y utilizando las leyes de la naturaleza, y nunca, o muy rara vez, intentaron obtener resultados mediante procedimientos "mágicos", por encantamientos, hechizos, invocaciones al demonio, etc. No tuvieron éxito en su intento de descubrir las leyes que gobiernan las transformaciones de las cosas; no llevaban a cabo sus experimentos en la misma forma que los modernos científicos; el verdadero alquimista era un hombre tranquilo, solitario y sincero investigador de la naturaleza de las cosas. El aparente propósito principal de la alquimia, la producción de oro, era tan enormemente atractivo que el camino del fraude estaba abierto; en consecuencia, hubo en la Edad Media y aun antes un gran número de charlatanes que sacaban el dinero a las gentes engañándolas con falsas demostraciones; y fueron éstos los que desacreditaron la alquimia. Nuestro interés va dirigido al alquimista verdadero y no a los fraudes, de los cuales nuestra época ofrece ejemplos excelentes para su estudio. La alquimia floreció, según hemos dicho, en los principales centros de civilización; y siguió la corriente 9

10

INTRODUCCIÓN

principal del saber. Existió en la China y en la India, pero ha sido imposible conectar estos alquimistas orientales con la tradición principal que surgió en el Cercano Oriente en época dudosa, no más tarde del año 100 d. c. En aquella época, la alquimia se practicaba en Alejandría y en Egipto, desde donde se extendió por todo el mundo de habla griega. Los nestorianos y los monofisitas desterrados de Bizancio tenían conocimiento de las doctrinas alquimistas y las llevaron a través de Siria y Persia (450-700 d. c.), de donde, después del auge del Islam, vinieron los sabios que tradujeron los textos y los divulgaron en el mundo arábigo. Los árabes resultaron alquimistas entusiastas. Después de 1100 fueron traducidos o parafraseados al latín algunos textos arábigos y durante los siglos XIII y XIV la alquimia se extendió por toda la Europa occidental, donde floreció de manera notable hasta que, a finales del siglo XVII, la aparición de los modernos métodos científicos la desacreditó por completo. Sin embargo, en el siglo XVIII aparecieron gran cantidad de textos alquimistas y la antigua tradición no quedó rota sino en los albores del siglo XIX. La palabra tradición está bien aplicada a la alquimia, porque era una disciplina que miraba más bien hacia atrás, mientras que la ciencia moderna mira siempre hacia adelante. El alquimista ponía todo su empeño en tratar de comprender los libros de los "antiguos", pues creía que ellos conocían el secreto de su trabajo y que mediante su estudio podrían llevarlo a cabo. Por el contrario, la ciencia moderna mira hacia adelante, hacia el tiempo en que sus esfuerzos sacarán a la luz cosas antes no conocidas. La ciencia vuelve la cara y considera dignos de honor y respeto a aquellos que la crearon, pero sin pensar de ninguna manera que sus trabajos contienen secretos ocultos que han de ser revelados para el esclarecimiento de la misma. Los alquimistas que vamos a estudiar se cuentan entre los creadores de la ciencia moderna. En una época en que a los hombres les era difícil interesarse

INTRODUCCIÓN

11

por cosas que no tuviesen un interés humano vivo, los alquimistas establecieron el ideal de querer conquistar la naturaleza mediante procesos naturales. No sólo trataban de hacer oro, sino de perfeccionarlo todo dentro de su propia naturaleza, y esto no está muy lejos del ideal de aquellos que hoy día apliquen la ciencia como debe ser aplicada. Como el científico moderno, trataban de conseguir esto mediante operaciones de laboratorio. Los primeros laboratorios que se conocen son laboratorios alquimistas. Los alquimistas fueron los primeros que sabemos llevaron a cabo la destilación y la sublimación y ellos inventaron casi todos los aparatos químicos que existían hasta mediados del siglo XVII. Si tuviésemos que valorar su posición en la historia de la ciencia, deberíamos llamarlos los "padres de la técnica de laboratorio". Sin embargo, si acudimos a un tratado alquimista con la esperanza de apreciar sus realizaciones, nos encontraremos en un caos. No existe literatura más deliberada y locamente oscura. Los propios autores nos dicen que sus libros fueron escritos de tal forma que, deliberadamente, ocultaran las prácticas a aquellos que no estuviesen iniciados en ciertos secretos que les permitirian entenderlos. Los aparatos suelen estar descritos con más o menos claridad, pero la naturaleza de las sustancias que han de ser tratadas está oculta bajo nombres falsos. Así, Sol (el rey) representa el oro. Pero ¿representa al metal que nosotros llamamos oro o alguna entidad desconocida que los alquimistas llamaban "nuestro oro"? Tomemos la palabra "magnesia". La ciencia moderna da esta denominación a una sustancia definida y bien conocida, el óxido de magnesio, pero los alquimistas denominaron así algo que si nosotros no hemos podido identificarlo, sus contemporáneos tampoco estaban seguros de saber lo que fuese. Digamos lo que dice Chaucer, que conocía bicu la alquimia:

12

INTRODUCCIÓN

Platón tuvo un discípulo / que una vez le preguntó / (si quieres lo puedes comprobar en la Chimica Senioris Zadith Tabula): / Dime señor el nombre de la piedra secreta. / Y Platón le contestó: / Las lenguas de los hombres la llaman Titanos.1 / Entonces el discípulo preguntó: ¿Y eso qué es? Magnesia, / respondió Platón. Si es así / es ignotum per ignotius; / te ruego, maestro, que me digas qué es la magnesia. / Yo diría que es el líquido compuesto / por los cuatro elementos. / ¿Y cuál es su principio? / ¿Podrías decirme cuál es su origen. / No, dijo Platón, es imposible. / Los filósofos han jurado no revelarlo nunca / a ser humano alguno, jamás escribirlo. / Es inapreciable, pues es un secreto caro a Cristo, / y su deseo es que no sea descubierto, / salvo cuando Él mismo lo revele a sus servidores. / Lo guarda oculto a quien le place.2 1 "Titanos", para los alquimistas griegos, significa simplemente "cal"; "magnesia" es aún más oscuro y parece que han sido lla mados así varios diferentes minerales. 2 Also ther was disciple of Plato That on a tyme seyde his maister to, As his book Senior wol be witnesse, And this was his demande, in soothfastnesse, 'Telle me the name of the privy stoon.' And Plato answerde unto hym anoon, Take the stoon that Titanos men name' 'Which is that?' quod he. 'Magnesia is the same.' Seyde Plato. 'Ye, sir, and is it thus? This is ignotum per ignotius. What is Magnesia, good sir, I yow preye?' 'It is a water that is maad, I seye, Of elementes foure', quod Plato. 'Telle me the rote, good sir' quod he tho, 'Of that water if it be your wille.' Nay, nay' quod Plato, 'certain, that I nille; The philosophres sworn were everichoon That they sholden discovere it unto noon, Ne in no book it wryte in no manere; For unto Crist it is so leef and dere, That he wol nat that it discovered be, But where it lyketh to his deitee Man for tenspyre, and eek for to defende Whom that hym liketh: lo, this is the ende, Geoffrey Chaucer, "Canterbury tales". Chanouns Yemannes Tale, in The complete works, ed. W. W. Skeat. Oxford, 1894. II. 1448-1471.

INTRODUCCIÓN

13

Este encubrimiento de la naturaleza de las materias estaba tan generalizado que sólo muy pocas recetas alquimistas pueden ser interpretadas de tal forma que sea posible repetirlas. En esto estriba el problema principal de la alquimia. Los alquimistas efectuaban, sin duda alguna, experimentos reales con aparatos bien diseñados, pero rara vez nos dicen qué ponían dentro de los aparatos, y describen efectos que, según conjeturas de la ciencia moderna, jamás pudieron tener lugar. Sin embargo, sus trabajos indican que eran hombres inteligentes y buscadores de la verdad. Los alquimistas no se dedicaban solamente al logro de un fin puramente material, hacer oro, sino que sus trabajos crearon y desarrollaron una teoría de la filosofía natural, una visión del mundo que ha sido desplazada por la ciencia moderna. No dejó de tener mérito en su amplitud e interpretación de la experiencia, pero no tuvo el poder de la ciencia para predecir los fenómenos físicos y las premisas en que estaba basada eran más que dudosas. No podemos entender la alquimia sin la filosofía alquimista natural, que llevará al lector a recorrer extrañas regiones del pensamiento.

II LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS El propósito ostensible de los alquimistas era la transmutación práctica de los metales en oro. En el siglo XIX los metales estaban considerados como elementos químicos, y los elementos químicos, a su vez, como completamente inalterables, salvo en el caso de combinación. Por lo tanto, se consideraba la transmutación como un absurdo. En el siglo xx sabemos que es posible, por lo menos en teoría, pero se consigue sólo mediante un gasto de energía que está muy lejos de los medios de que disponía el alquimista, quien trabajaba con la ayuda de los calores suaves producidos por la cama de estiércol o el baño de María. Pero, sin embargo, antes de Lavoisier incluso la palabra "elemento" no excluía la posibilidad de transmutación, y por lo tanto no había ninguna razón teórica para suponer imposible la conversión del mercurio en oro. Hasta mediados del siglo XVII fueron pocos los que dudaron que fuese posible, aunque muchos sí dudaban de que los alquimistas la hubiesen conseguido de hecho. Si hemos de penetrar en la mente del alquimista y demostrar que sus singulares procedimientos eran razonables, necesitamos comprender la ciencia de su tiempo. Los griegos fueron los iniciadores de la ciencia teórica; y sus hipótesis y conjeturas acerca de la naturaleza de la materia fueron paralelas a la alquimia. Así en Alejandría, en Bizancio, en el Islam y en Europa, antes del desarrollo de la química moderna, los intelectuales adoptaron las teorías sobre la materia y los cam bios químicos que habían sido sostenidas por los griegos, especialmente por Aristóteles y sus comentadores, así como por los escritos griegos sobre temas médicos. Semejantes teorías son, por supuesto, muy diferentes de las de la ciencia moderna; y sus dos principales doctrinas eran la de la materia y la forma y la del es14

LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS

15

píritu. Estas tres palabras tienen hoy día un significado completamente diferente. Hoy decimos que azufre y hierro son clases diferentes de materia, pero para Aristóteles eran la misma materia especificada por formas diferentes. Cuando hablamos de la forma de una cosa nos referimos a su contorno geométrico, mientras que para los aristotélicos ésta era sólo una clase de forma y la forma de un cuerpo era aquello que hoy día constituye lo que llamamos "propiedades". Espíritu significa hoy día un líquido volátil, una actitud de coraje o una vida incorpórea; pero la palabra spiritus o pneuma en la ciencia antigua significaba literalmente aliento y podía ser aplicada a un vapor, a un gas, a un espíritu separado del cuerpo o incluso al Espíritu Santo. Si logramos comprender el significado antiguo de estos términos y su empleo en la vieja ciencia nos acercaremos a la comprensión de la alquimia. Al considerar la antigua química, debemos olvidar gran parte de los aspectos de la química moderna. No debemos pensar para nada en ideas atómicas, elementos químicos, sustancias puras, conservación de la masa. Debemos volver atrás con el pensamiento hasta la posición del hombre inteligente que ve cambios en las cosas y en él mismo y que enfoca su mente hacia la idea del cambio en sí mismo más que hacia los cambios individuales. La primitiva concepción de la materia era antropomórfica. Las cosas son como nosotros mismos. Conocemos una parte espiritual y otra corporal controlada en cierta forma por la primera. Luego era natural analizar la materia como parte controladora y como parte controlada. Esta idea la encontraremos frecuentemente en la ciencia de épocas anteriores. El análisis de la materia mejor fundado y más penetrante siguiendo este camino fue hecho por Aristóteles en el siglo IV a. c. Hay una identidad que persiste a través de todo cambio; diciendo "el hierro se transforma en orín" afirmamos una relación entre el hierro y el orín. Es razonable decir que en semejante transformación algo cambia y

16

LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS

algo persiste. Aquello que persiste fue llamado materia, lo que cambia fue llamado forma. De cualquier manera no debemos pensar en la "materia" de Aristóteles como en algo que puede existir por sí mismo. En una estatua, el bronce fue la materia y, digamos, Apolo fue la forma; pero en el bronce mismo, tierra y agua fueron la materia y la "causa de las propiedades del bronce" fue la forma. Tierra y agua eran tenidos por elementos y considerados como materias primas esenciales que tenían forma de tierra o de agua. Así pues, cuando Aristóteles sistematizó su teoría supuso que en el último análisis había una sola materia esencial que podía tomar un número infinito de formas, de donde se deduce que no es imposible que haya cambio material, aunque algunos cambios no puedan tener lugar directamente. Aristóteles reconocía que muchos tipos de transformación no se verifican. Un caballo no se transforma en un león o en una piedra; sin embargo sucedía que, al morir un caballo, perdía su forma de tal y podía ser comido por un león; y así su materia podía recibir la forma de león. O bien, podía pudrirse, descomponiéndose así en tipos de materia de menor especificidad que, a su vez, podrían recibir otras formas como, por ejemplo, de gusanos. Así pues, la teoría de materia y forma parecía indicar que si alguna sustancia pudiese ser reducida a una materia suficientemente simple, podría darse a ésta la forma de cualquier otra sustancia, por lo que, en teoría, no había ninguna razón para suponer que cualquier sustancia era incapaz de ser transformada en cualquier otra. Los primeros alquimistas, que vivieron en una época considerablemente posterior a Aristóteles, pensaban en términos de materia y forma. Así, su empeño en transformar el cobre en oro, por ejemplo, estaba planeado como la eliminación de la forma del cobre, o dicho de una forma más pintoresca, como la muerte del cobre y su corrupción, que sería seguida de la introducción

LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS

17

de una nueva forma, la del oro (imaginando este proceso como una resurrección). Pero ¿cómo había que hacer esto? El tratamiento del cobre con ciertas soluciones (especialmente soluciones de sulfuros) o el calentarlo con azufre, le hacía perder su "forma metálica" quedando como una masa negra (sulfuro de cobre). Esto le parecía al alquimista que era la reducción del cobre a la materia sin la forma metálica. Pero ¿cómo iba a introducir la forma del oro? Ése era el problema, y la teoría de la materia y la forma no arrojaba ninguna luz sobre ello. Era necesario tratar de que un nuevo ser completo, el oro, surgiese de donde no existía oro anteriormente. En la experiencia diaria ¿dónde se encuentran casos semejantes? Casi en todas partes. Vemos la generación de nuevos animales por sus padres, de plantas a partir de una semilla y de algunas criaturas que aparentemente surgen de la materia muerta, pues entonces se suponía tranquilamente que los gusanos, moscas y ranas, e incluso criaturas de organismo tan complejo como el ratón, crecían simplemente, sin padres, de la materia en descomposición o del barro, y era creencia general que la tierra daba origen a plantas sin la presencia de semillas preexistentes en ella. Estas creencias tan simples de los pueblos primitivos, procedentes de la observación no confirmada por experimentos, fueron sistematizadas por los griegos. El cambio más obvio e importante de este tipo era el nacimiento de organismos vivos; y el primer problema consistía en encontrar las razones por las que nuevas criaturas con una organización (forma) completa hubiesen de surgir donde antes no existía criatura semejante. En un caso así es notable que se haya producido una nueva vida: de la misma manera que Dios introdujo el "aliento vital" en el hombre de la tierra, el "aliento vital" entraba a su vez en estas criaturas y las organizaba. Hacer esto constituía una función muy elevada: el crecimiento de la mies estaba en manos de los dioses, formaba parte de las creencias humanas

18

LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS

en los días del antiguo Egipto, tres mil años y aún más antes de que los griegos comenzasen a pensar sobre estas cosas. También las estrellas intervenían, porque la mies crecía de acuerdo con las épocas del año señaladas por la marcha de los cuerpos celestes. Si parecía obvio que el "aliento vital" viniese de los cielos y crease nuevas cosas ¿qué se necesita además, sin que provenga ni del cielo ni de la materia que ha de ser convertida en la nueva entidad? El calor. La gallina se ha de sentar sobre el huevo, el niño debe crecer al calor del seno materno, el sol ha de calentar la tierra y hacer bullir el légamo del río con la nueva vida. Éstos son los elementos primitivos de la idea de la generación: una semilla, un suelo, el aliento vital de los cielos y el calor suave. Éstas eran las condiciones que el alquimista se proponía imitar. Como quiere que el oro nazca, lo creará. Corrompe los otros metales para formar el suelo, puede tener el calor suave producido por la cama de estiércol o el baño de María, pero le hace falta la semilla y el aliento. El oro no debe surgir del oro, puesto que una col no surge de otra col sino de una semilla de col. Luego tenemos que conseguir la semilla del oro. Sólo así puede nacer el oro pues, como los alquimistas no se cansan de repetirnos, la semilla de cebada produce el pan de cebada; la de león, otro león; la del oro, oro. Entonces ¿cómo se podría fertilizar al oro? Los alquimistas reflexionaron profundamente sobre este problema y ya discutiremos sus soluciones en un capítulo posterior. Finalmente ¿cómo se podría hacer eficaz la influencia de los cielos? El alquimista podía trabajar bajo la influencia de cuerpos celestes adecuados, haciendo que las operaciones químicas coincidiesen con las horas planetarias o con las estaciones. Esta noción la encontramos especialmente en la primitiva alquimia, pero es menos común que el intento de obtener dicha influencia en forma que pudiese manejarse y, de hecho, usarse como agente químico. Esta

LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS

19

noción, que nos parece grotesca, está en la raíz de la mayor parte de las prácticas alquimistas y sólo puede ser comprendida por aquellos que hayan captado lo que los antiguos entendían por "aliento". Él griego pneuma, el latín spiritus, el indio prana, tienen un significado muy parecido, pero no hay una palabra con ese significado en el lenguaje moderno, puesto que la misma idea ha desaparecido. Conocemos la materia, de la que pensamos que es algo sin aspectos espirituales; conocemos la mente, a la que los más de nosotros, que no somos materialistas, consideramos sin aspectos materiales; pero no conocemos nada que, con las cualidades de la mente y la materia, constituya una sola cosa. Sin embargo, hasta el siglo XVII e incluso después, todo el mundo reconocía la existencia de materiales con diversos grados de sutileza. Había una materia burda que podía ser tocada y manejada, pero aun ésa, como vamos a ver, contenía un espíritu en su interior; existían después las nubes, el humo, el vapor, las exhalaciones, el aire, el éter, los espíritus naturales, vitales y animales, la materia de los seres espirituales; y sólo a Dios se le podía considerar como un ente puramente espiritual. De hecho, las citadas eran consideradas como materias de diversos grados de materialidad y de espiritualidad; aproximándose cada vez más a la noble naturaleza de la mente, de una manera proporcional a su sutileza. Así, los antiguos filósofos griegos podían decir con entera sencillez que el alma era aire. Por supuesto, no querían decir con esto que lo que nosotros llamamos un alma es una mezcla de oxígeno y nitrógeno, sino simplemente que el principio de la vida era una especie de aliento. Asimismo algunos consideraban la atmósfera como un receptáculo o depósito del alma del mundo, y pensaban que los seres vivientes existían inspirándose en este aire, como un aliento vital que sale del alma del mundo. Se creía que este aliento se distribuía por todo el cuerpo por medio de los pulmones y los vasos sanguíneos, que actuaban como mentes

20

LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS

subalternas, situadas cada una en uno de los órganos del cuerpo y regulando su acción. Sin embargo, este mismo aliento podía ser convertido en cosas; y Aristóteles, en un famoso pasaje que es seguramente una de las fuentes de la idea de la alquimia, supone que todos los metales están hechos de dos "exhalaciones", dos vapores, el uno húmedo, el otro seco o fuliginoso, que se exhalan a través de la tierra. He aquí el pasaje: Hemos dado alguna información sobre los efectos de la secreción sobre la superficie de la tierra, y estando ya terminada en las partes de la tierra, debemos proponernos describir su acción bajo dicha superficie. Así como su doble naturaleza da lugar a efectos varios en la región superior, aquí es causa de dos variedades de cuerpos, puesto que mantenemos que hay dos exhalaciones, una vaporosa, la otra fuliginosa; y que a ellas corresponden dos clases de cuerpos que se originan en la tierra, el fósil 1 y los metales. En lo que se refiere a la exhalación seca, es aquella que mediante la combustión da lugar a todos los cuerpos fósiles como las clases de piedras que no pueden ser fundidas; re-jalgar, ocre, limonita, azufre y otras cosas similares. 2 La mayor parte de los cuerpos fósiles son cenizas coloreadas o una piedra concretada a partir de ellas, como por ejemplo , el cinabrio. La exhalación vaporosa es causa de todos los metales; las cosas fusibles o dúctiles, como el hierro, el cobre, el oro. Todas estas cosas son producidas por la exhalación vaporosa cuando se encierra, especialmente, en recipientes de piedra. Habiéndose congelado y comprimido en una cosa, como el rocío o la escarcha, al separarse produce estas cosas por su sequedad. En consecuencia estas cosas son agua en un sentido y en otro no lo son. Porque la materia era potencialmente la del agua, pero ha dejado de serlo; no es tampoco la de ciertas aguas que han cambiado algunas propiedades, como son los jugos. No obstante que el oro y el cobre no están formados de esa manera, cada uno de ellos 1 El significado de la palabra es simplemente "algo desenterrado". Hasta épocas muy recientes la palabra significó sencillamente mineral o piedra. 2 Rejalgar es el sulfuro de arsénico; ocre y limonita son óxidos de hierro arcillosos; los tres eran empleados como pigmentos rojos.

LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS

21

se formó mediante la exhalación congelada antes de que se formase el agua. Por lo tanto todas son afectadas por el fuego y tienen algo de tierra, puesto que contienen la exhalación seca. Pero el oro solo no es afectado por el fuego. Ésta es la teoría general de todos esos cuerpos, pero debemos considerar a cada uno de ellos en particular. . .3

Nos damos cuenta de que estos vapores son tan sutiles que pueden atravesar las piedras; y sin embargo pueden condensarse hasta formar metales. Aristóteles consideraba evidentemente a los metales muy semejantes entre sí y los alquimistas que le siguieron sacaron de ahí el coraje suficiente para pensar en la posibilidad de la transmutación práctica. Los alquimistas posteriores identificaron el "vapor seco" con el azufre y el "vapor húmedo" con el mercurio; de ahí su teoría de que todos los metales están hechos de mercurio y azufre. En el período más antiguo de la alquimia, la filosofía de Aristóteles no era tan popular como la estoica y la hermética. Pero estas escuelas se apoyaban aún más que la aristotélica en la idea del aliento o espíritu, que para ellos era al mismo tiempo la raíz y el principio activo de todas las cosas. Así pues, se creía fácilmente que no sólo los metales podían hacerse de un "aliento" que surgiese de la tierra, sino que se pensaba que dicho "aliento" era un poder capaz de dirigir acontecimientos. Hemos visto que se pensaba que los cielos intervenían en la generación de nuevas cosas, haciendo surgir la nueva forma. Todo el mundo creía que los planetas influían constantemente en la formación de cada nuevo ser, lo cual es por supuesto la teoría que respalda la astrología. He aquí una cita de la Bibliotheca Historica de Diodoro Sículo (hacia 50 a. c.): Ellos (los egipcios) dicen que estos dioses (Isis y Osiris) contribuyen con su naturaleza a la generación de todas las cosas; siendo el uno de naturaleza cálida y activa y el otro 3 Aristóteles, Meteorológica, Libro III, cap. 6 (378 c).

22

LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS

húmedo y frío, pero formando parte de ambos algo de aire; y que han sido creados y alimentados por todas estas cosas; y que por eso todo ser particular en el universo es perfeccionado y completado por el sol y la luna, cuyas cualidades, como hemos declarado antes, son cinco: un aliento o eficacia vivificante; calor o fuego; sequedad o tierra; humedad o agua; y aire, del cual está formado el mundo, así como el hombre está hecho de cabeza, manos, pies y otras partes... Y por eso llaman al espíritu Zeus; porque según su interpretación, de él se deriva, en todas las criaturas, una influencia vivificante; como del principio original; y por esta razón se le estima como padre común de todas las cosas.4

Es evidente pues que, aun antes de que se tuviese noticia de la alquimia, se creía que el sol y la luna son agentes que producen nuevos seres y que el medio de producir estos cambios es un espíritu o aliento vital contenido en las criaturas terrenas. Ahora que la influencia del sol, la luna y los planetas sobre este espíritu vivificante en los cuerpos terrestres tenía que ser explicada. ¿Por qué medios el sol y la luna, las estrellas y los planetas, podían influir en la germinación de una planta, como parecía con certeza que lo hacían? Se creía que este medio era precisamente este aliento del espíritu, del que se pensaba que era una emanación original de Dios que animaba la materia muerta, idea que persistió a través de toda la historia de la alquimia. Hagamos otra cita, esta vez de Sinesio, último obispo de Ptolemais (hacia 400 d. c.): Y entonces vino el Bien / Fuente del espíritu humano, / Dividida sin división; / Una mente inmortal, efluvio / De padres divinos, / Descendida a la materia /; Escasa sí, pero entera y una en todas partes, / el todo difundido en el todo / Giró en el gran vacío de los cielos / Preservando este todo por completo. / Está distribuido de diferentes modos: / Parte en el curso de las estrellas, /Parte en los coros 4 Diodoro el Siciliano, The historical library, 15 tomos. Traducida al ingles por G. Booth, Londres, 1700, p. 4.

LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS

23

de ángeles. / Parte asimismo en el duro cautiverio /. Encontró forma terrena, / Y separada de sus padres /. Bebió el oscuro olvido, ciego en su inquietud /, Maravillándose de la infortunada tierra.5

Estas ideas concernientes al "espíritu" y sus funciones en la naturaleza eran muy familiares en la época en que se comienza a tener noticia de la alquimia. La filosofía estoica estaba entonces en su apogeo. Los estoicos sostenían que todas las cosas eran cuerpo, materia, en el sentido de ocupar lugar en el espacio. Concebían todos los cambios en el mundo como resultado de cambios en el cuerpo, logrados mediante el esfuerzo del primer fuego, que puso en acción las potencias, a manera de simientes de las cosas y fue causa de su desarrollo de acuerdo con el plan inherente a su naturaleza. El agente que efectuaba todos esos cambios era un "aliento", el pneuma. La filosofía hermética, que también prevalecía en el período primitivo de la alquimia, mantenía puntos de vista muy semejantes en lo concerniente a la universalidad y eficacia del espíritu. Luego la idea de una simiente en las cosas, desarrolla5

For then it was the Good

Source of the spirit of man Was divided without division; And immortal mind, efflux Of divine parents, Descended into matter Scanty indeed, but whole and one everywhere, The whole diffused into the whole Revolved the vast hollow of the heavens Preserving all this whole. It is distributed into different forms Part of it in the courses of the stars, Part of it in the choirs of angels, Part likewise in the heavy bondage Found an earthly form, And disjoined from its parents Drank dark oblivion, blind in its cares Wondering at the joyless earth. Synesius Episcopus, Hymnus I (Migne. Patrología Graeca, Paris, 1859. Vol. 66, col. 1589.)

24

LAS IDEAS DE LOS ALQUIMISTAS

da por el calor y activada por el "aliento", no era una primitiva noción revivida, sino los últimos dictados de la filosofía y la creencia más aceptada en la época. Para resumir todo esto, nos encontramos con que los filósofos y hombres de ciencia, en la época en que aparece la alquimia, consideraban los cambios del mundo natural como un drama en el que esta sutil materia — espíritu o aliento— representaba el papel principal. Tendremos en adelante numerosas ocasiones de aludir a ello, y puesto que las palabras aliento y espíritu tienen hoy otro significado, normalmente emplearemos su primitivo nombre griego, pneuma.6 Se puede afirmar desde luego que la alquimia permanece aún como un problema irresoluto, pero se puede descubrir algún sentido en los escritos alquimistas si se tienen en cuenta las tres ideas establecidas en este capítulo: 1) La posibilidad teórica de transformar cualquier tipo de materia en cualquier otra. 2) La necesidad de que dicha transformación tenga lugar medíante la corrupción del material que ha de ser transformado y la generación de una nueva forma en él. 3) El poder que tiene un ser sutil aunque no ente ramente inmaterial, pneuma, de convertirse en un me tal, impulsar y dirigir la generación y evocar nuevas formas.

6 Las palabras espíritu y alma tienen, ciertamente, significados teológicos, y no han sido sino vagamente definidas y propiamente traducidas. Los alquimistas hablaban tanto del espíritu como del alma en las cosas; en griego, son pneuma y psyche, en latín spiritus y anima. Espíritu y alma se consideran como macho y hembra; el alma, además, ha de serlo de algún cuerpo, y está separada como un todo y corresponde a un todo, siendo así que el espíritu no es necesariamente el espíritu de algo, sino una entidad, que puede ser subdividida y de la que puede haber más o menos.

III EL ORIGEN DE LA PRÁCTICA ALQUIMISTA Es interesante notar que aunque los griegos clásicos tenían ideas teóricas acerca del origen de los metales y la naturaleza del cambio, no hay razón alguna para suponer que practicaban la química o la alquimia. Es probable que el estímulo de un éxito parcial aparente en la transmutación fuese necesario para considerar que valía la pena continuar con el estudio de la ciencia o arte de la transmutación de los metales. Es casi seguro que antes de que hubiese ninguna teoría sobre esta materia, los técnicos prácticos habían ya preparado metales blancos semejantes a la plata y otros amarillos semejando oro. Es difícil saber lo antigua que era esta práctica. Campbell Thompson opina que en un fragmento de una tablilla asiria (s. VII a. c.) se hacía referencia a la manufactura de la "plata", pero los mismos alquimistas suponen el origen de su arte en Egipto. De modo que el alquimista Zósimo, que escribía, hay que recordarlo, por el año 300 d. c. cuando la ciencia y la mitología egipcias no eran ya una tradición viva, comienza uno de sus libros así: Aquí se establece el libro de la Verdad. Zósimo te saluda ¡oh Theosebeia! Todo el reino de Egipto, señora, depende de estas dos artes, la de las cosas estacionalesl y la de los minerales. En lo que se refiere a aquella que llaman arte divina, sea por su aspecto filosófico o dogmático o por sus fenómenos en general, fue dada a los que eran maestros en ella para que la custodiaran, y no sólo esta arte, sino también aquellas que son llamadas las cuatro artes liberales y los procedimientos técnicos, porque su capacidad creadora es propiedad de los reyes. Así pues, si los reyes lo permiten, uno que haya recibido el conocimiento como herencia de sus antepasados l Se refería probablemente a la astronomía o la astrología.

25

26

ORIGEN DE LA PRÁCTICA ALQUIMISTA

podría interpretarlo, ya sea en la tradición oral o en las columnas con inscripciones.2 Pero el que conoce estas cosas por completo no practica el Arte él mismo, pues sería castigado. De la misma manera, bajo los reyes egipcios, los trabajadores de las operaciones químicas y aquellos que conocen el procedimiento (?) no trabajaban por su cuenta, sino que servían a los reyes egipcios, trabajando para llenar las áreas de sus tesoros. Porque tenían una especie de capataces que ejercían una estricta vigilancia no sólo sobre las operaciones químicas, sino sobre las minas de oro. En consecuencia, si algún minero encontraba algo, era la ley entre los egipcios que debía entregarse para su ingreso en el registro público.3

Es un hecho indudable que la obtención y el trabajo del oro eran, en el antiguo Egipto, el dominio de un gremio sacerdotal que tenía su centro en el templo del dios Ptah en Menfis. El dios era "el patrón de los orfebres y fundidores de oro", su templo la "orfebrería" y sus sacerdotes se distinguían con títulos como "Gran esgrimidor del martillo", "El que conoce el secreto de los orfebres". El mismo alquimista Zó-simo, que escribe hacia el año 300 d. c., nos dice que "ha examinado en detalle un horno en el viejo templo de Menfis. . . " 4 y del contexto se deduce que era semejante a los empleados por los alquimistas. También en Egipto hay indicios de la manufactura de substitutos del oro. El bruñido en oro, así como el dorado con panes eran conocidos; y tenemos noticia del dorado a fuego, mediante el mercurio, en la época romana (después del año 30 a. c.). Los egipcios ejercían el arte de colorear el oro con barnices y líquidos corrosivos, artes que encontramos en los trabajos de los primeros alquimistas. Existe también alguna prueba de que "aumentaban el peso" del oro 2 Que se hallan en los templos, llamadas estelas. 3 "Primer libro de la consumación" § I. (Berthelot, Collection des anciens alchimistes grecs, texto griego, p. 239). 4 "Sobre aparatos y hornos", S I. (Berthelot, op. cit., p. 224).

ORIGEN DE LA PRÁCTICA ALQUIMISTA

27

rebajándolo con otros metales, práctica descrita por algunos de los primitivos alquimistas. Egipto es un país donde la humedad y sus consiguientes efectos destructivos no tienen ningún poder. Se han encontrado papiros escritos enterrados en sus arenas, en tumbas, en cajas de momias y en ruinas. El papiro fue la forma más antigua de papel, que se hacía pegando varias tiras de la corteza de la caña de papiro. Era un artículo de uso común, casi tan corriente como hoy día el papel. En el Egipto romano se usaba para libros, documentos legales, cartas e incluso como papel para envolver. Grandes cantidades de papiro han sido desenterradas y han arrojado un rayo de luz sobre la vida y costumbres de la época en que fueron escritos e incidentalmente nos dan alguna información acerca de los intentos para hacer metales preciosos. Dos papiros en extremo interesantes fueron desenterrados hace más de un siglo y se les conoce como los papiros de Leyden y de Estocolmo. 5 Son desconocidos los autores de estos papiros, pero tanto el formato como el tipo de escritura indican que fueron escritos hacia el final del siglo III d. c. Contienen algunos cientos de recetas para la preparación (o falsificación) del oro, la plata, el asemos,6 piedras preciosas y colorantes. Es interesante el que se hayan amontonado todas estas cosas en un solo tratado, y está claro que el colorear un metal para imitar el oro o la plata, o bien un cristal para imitar una piedra preciosa, era algo completamente análogo a teñir una pieza de tela. ¿Cómo trataban de hacer oro y plata los autores de este papiro? He aquí una receta del papiro de Leyden: 5 a) Papyri Graeci Musei Antiquarii Publici Lugduni Batavi, ed. C. Leemans. Leyden, 1885. b) Paprus Graecus Holmiensis, ed. O. Lagercrantz. Upsala, 1913. Berthelot da una traducción de las partes químicas del papiro de Leyden en su Introduction à l'étude de la chimie des anciens et du moyen âge. París, 1889, pp. 28 ss. 6 Metal blanco parecido a la plata. La palabra en griego moderno significa simplemente "plata"; en los trabajos de los alquimistas parece significar un "metal blanco como la plata".

28

ORIGEN DE LA PRÁCTICA ALQUIMISTA

56.—Un estáter7 de asemos o tres estáteres de cobre de Chipre: 4 estáteres de oro; fúndanse juntos.

En otras palabras, convertir oro de 24 quilates 8 en oro de 19 ó 10 quilates. Este tipo de receta es bastante común. Al parecer no se consideraba como una mera mezcla, digamos de oro y cobre, sino como un aumento de la cantidad de oro a expensas de su calidad. He aquí una receta menos tosca del mismo papiro: 87.—Para aumentar el peso del oro, fúndase éste con una cuarta parte de cadmia. Así resultará más pesado y más duro.

La cadmia era una mezcla impura de óxidos de metales comunes, cobre, zinc, arsénico, etc., obtenida de las paredes de las chimeneas en las fundiciones de cobre. El procedimiento consistiría en fundir estos óxidos transformándolos en metal que se mezclaría con el oro, rebajándolo y aumentando su peso. Estos papiros contenían gran variedad de recetas para hacer oro. El "oro" no se hace sólo rebajando el oro genuino como se indica arriba, sino también mediante el tratamiento de superficie. Así, objetos a base de oro se calientan al rojo con sulfato de hierro, alumbre y sal. Se desprenden ácidos sulfúrico y clorhídrico que separan los metales comunes del oro de la superficie, dejando una capa delgada de oro puro que, después de ser pulida, hace que todo el objeto parezca de oro puro. Otras recetas describen el sistema de dorar. Una receta antigua y muy interesante, también de los papiros de Leyden, dice: 7 Medida de peso. 7 El oro egipcio no estaba siempre refinado, así que el oro original podía contener plata y cobre y el producto final podía estar aún más rebajado de lo que índica la receta.

ORIGEN DE LA PRÁCTICA ALQUIMISTA

29

Para dar a los objetos de cobre la apariencia de oro, de tal manera que ni al tacto ni frotándolos en la piedra de to que9 se descubran; particularmente útil para hacer un anillo que parezca bueno. Éste es el método. Tritúrese oro y plomo hasta convertirlo en un polvo tan fino como la hari na: 2 partes de plomo por 1 de oro, mézclense e incorpóreseles goma, cúbrase el anillo con esta mezcla y caliéntese. Esto se repite varias veces hasta que el objeto ha tomado el color dorado. Es difícil de descubrir porque al frotamiento (esto es, en la piedra de toque) deja la señal de un objeto de oro y el calor consume el plomo 10 y no el oro. También se explica el dorado con una amalgama de mercurio y oro al estilo moderno. Un gran número de recetas mencionan gomas coloreadas, barnices o tinturas para teñir los metales superficialmente al estilo de una laca, y se dan numerosos métodos para hacer pinturas o tintas de color oro con varias lacas y pigmentos amarillos. Se concede también mucha importancia a la manufactura de la plata y el "asemos", una aleación blanca que se parece a la plata. He aquí una receta para hacer plata:11 Tómese cobre que haya sido preparado para usarlo y sumérjase en vinagre de tintorero y alumbre dejándolo en remojo durante tres días. Fúndase entonces una mina 12 de cobre, algo de tierra de Chian, de sal de Capadocia y de alumbre en escamas hasta completar 6 dracmas. Fúndase con cuidado y resultará excelente. Añádanse no más de 20 dracmas de plata buena y probada que hará la mezcla completa permanente (inmaculada). El proceso consiste, en primer lugar, en una limpieza superficial del cobre (la mezcla del alumbre y 9 Una piedra dura y negra en la que se frotaba el oro, de jando una raya de brillo metálico. El color y extensión de la raya hacía posible a un experto juzgar la calidad del oro. 10 Es decir lo oxida a litargirio que funde y se separa. 11 Papyrus Graecus Holmiensis (1a. receta). 12 1 mina = aprox. 1 libra — 100 dracmas.

30

ORIGEN DE LA PRÁCTICA ALQUIMISTA

vinagre es muy efectiva). Después se funde el cobre con una especie de tierra de batán, con sal y "alumbre en escamas", término que en los trabajos de los alquimistas parece aplicarse en ocasiones a una composición que contenía arsénico. Una fusión, llevada a cabo cuidadosamente con objeto de no dejar escapar todo el arsénico, da una aleación de cobre y arsénico blanca o amarillo blancuzca. Fundiendo esto con plata se obtendrá una aleación blanca brillante que contiene más o menos 77 % de cobre, 19 % de plata y 3 % de arsénico. Si el "alumbre en escamas" es simplemente alumbre, resultará una plata muy común. En estos papiros encontramos claros indicios de que antes del año 300 d. c. se llevaban a cabo en Egipto experiencias cuyo objeto era obtener oro y plata, bien fueran genuinos o fraudulentos. Se diría que en estos papiros está la labor de los alquimistas, aunque su manufactura del oro no ha sido considerada como una entera realidad y un proceso práctico. No hay en ellos ninguna teoría o filosofía de transmutación química, ni hay ningún indicio de revelación de los dioses, o tradiciones de antiguos filósofos, ni nada referente a métodos expresados por símbolos ni centones sobre el carácter divino de su arte. Tampoco estos papiros son los documentos más antiguos13 que revelen la idea de hacer metales preciosos, y además los métodos que usan son muy semejantes a los de uno de los grupos de antiguos alquimistas. No podemos considerar estos papiros como la fuente de donde surgió la verdadera alquimia, porque no son tan viejos como algunos otros textos alquimistas. Esto lo demuestra el que uno de ellos mencione al alquimista Demócrito. Pero sin embargo nos dan una valiosa información sobre el hecho de que los orfebres prácticos en Egipto trataban de hacer oro y plata, no 13 Los papiros son mucho más viejos que los manuscritos alquimistas existentes; pero los primeros escritores alquimistas vivieron probablemente dos siglos antes de que los papiros de Leyden y de Estocolmo fuesen escritos.

ORIGEN DE LA PRÁCTICA ALQUIMISTA

31

mucho después de los escritos de los primeros alquimistas. Es una deducción lógica decir que estos papiros nos revelan una antigua tradición del trabajo de los metales en Egipto, y que esta tradición contribuyó a la alquimia.

IV LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS El primer grupo de alquimistas de que se tiene noticia vivió en las regiones de habla griega del mundo, en una época que no puede determinarse con precisión. Se acepta generalmente que comenzó en alguna parte, en el gran período de la ciencia griega que se inicia hacia el año 300 a. c. en Alejandría y que decayó considerablemente hacia el año 200 d. c. Todo lo que queda de ellos es un cierto número de manuscritos que contienen fragmentos desordenados de algunos de sus trabajos. El manuscrito más antiguo no es de antes del año 100 d. c. aproximadamente. Pero, así como por el estilo, lenguaje y sentimientos, deberíamos saber si un poema se escribió en el siglo xvi, en el XVII o en el XVIII, en este caso podríamos aventurarnos a adivinar en que épocas fueron compuestos estos trabajos. Desgraciadamente no hemos podido encontrar referencias a la alquimia en los trabajos de escritores que podemos situar hasta el año 500 d. c. aproximadamente. De todos modos sabemos que Zó-simo menciona el templo de Serapis (en Alejandría) que fue destruido el año 390 d. c., y que por lo tanto él vivió antes de esa fecha; como también que tenía por autores antiguos a "Demócrito" y a "María la judía". De acuerdo con la opinión general, se llega a la evidencia de que los trabajos más antiguos fueron escritos hacia el año 100 d. c., aunque haya algunos autores que sitúen los escritos alquimistas atribuidos al llamado "Demócrito" en el año 250 a. c. aproximadamente. El hecho de que los más antiguos alquimistas no sean mencionados por sus contemporáneos no alquimistas nos índica que durante sus dos o tres primeros siglos la alquimia fue casi un secreto, aunque no se 32

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

33

interrumpiera la tradición escrita, continuada por unas pocas personas oscuras en la gran ciudad de Alejandría, hogar de exóticas ramas del saber y punto de reunión de los credos y prácticas de Oriente, Occidente y el antiguo Egipto. ¿Quiénes eran estos alquimistas? Su identidad, así como casi todo lo relativo al estudio de este asunto, es muy oscura. Figuran los nombres de los autores al frente de los tratados, pero casi siempre no son los verdaderos. Tenemos los nombres de quince llamados antiguos alquimistas, de los cuales nueve son ciertamente falsos: Demócrito (filósofo griego: nacido hacia 470 a. c.) Isis (diosa egipcia) Jámblico (filósofo neoplatónico: muerto hacia el año 300 d. c.) Moisés (profeta hebreo) Ostanes (sabio persa legendario) Cleopatra (reina egipcia) Hermes (un dios o sabio legendario) Agatodemón (deidad-serpiente fenicia) Pibechios (un dios = Apolo Bechis) No hay duda de lo dicho arriba en el caso de dioses y diosas; pero la falsedad de los nombres en los otros casos es tan patente como lo sería atribuir trabajos de química orgánica a un personaje como Shakespeare. En muchos casos los nombres parece que han sido añadidos mucho después de que el trabajo fuese escrito, probablemente con objeto de avalorar el manuscrito. Hay cinco nombres que no pueden ser seudónimos: Komarios, María la judía, Chymes, Petasios y Pammenes; y uno de éstos, María la judía, parece haber sido una persona real y una gran descubridora en la ciencia práctica (pp. 44-46). Posterior a éstos fue Zósimo de Panópolis quien, no muy lejos del año 300 d. c., escribió una enciclopedia de la alquimia de la cual se conservan algunas partes. En nuestra opinión se puede reconocer cierta

34

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

personalidad al autor del trabajo atribuido a "Demócrito", a María la judía y a Zósimo; mientras que el resto no es sino un gran número de nombres puestos delante de textos fragmentarios. Los alquimistas griegos posteriores, que escribieron después del 400 d. c., no son sino comentaristas que tratan de explicar lo que los viejos alquimistas se proponían y que al parecer sabían poco más sobre la materia de lo que sabemos hoy día. Al lector moderno le parecerá raro que los alquimistas adoptasen tan a menudo como seudónimos nombres más famosos que los suyos propios. Los alquimistas griegos que escribieron hacia el año 200 d. c. ponían a la cabeza de sus tratados nombres de personajes mitológicos tales como Hermes, Isis, Agatodemón; de grandes filósofos que vivieron muchos siglos antes, tales como Leucipo o Demócrito c incluso Moisés; de reyes y reinas como Cleopatra y Cheops; atribuciones que encontrarían un paralelo si Darwin, sin intención alguna de modificar su estilo, hubiese publicado el Origen de las especies como un trabajo perdido de Francis Bacon, Santo Tomás de Aquino, la reina Ana o Eduardo el Confesor. La razón de estas atribuciones era probablemente el enorme respeto que los antiguos profesaban a los aún más antiguos, y su creencia de que el mundo estaba degenerando de un estado de bondad y sabiduría a otro de impiedad y locura. Aquellos que aceptaban semejante visión de la historia lógicamente respetaban más un viejo libro que uno nuevo, y manuscrito con un importante nombre antiguo a la cabeza era de mucho más valor que uno en el que el autor apareciese como un desconocido contemporáneo del lector. El alquimista, a diferencia del químico, no buscaba el progreso de su arte mediante el descubrimiento de nuevos métodos, sino por el redescubrimiento y nueva interpretación de los antiguos escritores a los que creía poseedores del secreto. Por lo tanto, deseaba que sus libros apareciesen como antiguos. Esta tendencia per-

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

35

sistió en la historia de la alquimia en grado descendente. A Raimundo Lulio, Santo Tomás de Aquino, Roger Bacon y otros famosos filósofos medievales se les atribuyeron falsos tratados de alquimia, a veces poco después de su muerte. Estas viejas falsas atribuciones rara vez engañan. El alquimista cuyos trabajos llevan el nombre de Moisés no hace ningún esfuerzo por darles carácter y escribe exactamente igual cuando el autor que figura es Jámblico, un filósofo neoplatónico que vivió un par de milenios después que el profeta hebreo. Sin embargo, en la Edad Media el texto falso era escrito a menudo por un émulo del gran hombre, imitando su estilo; pero aun así no es fácil que nos engañemos. De todos modos, no hay que olvidar que en nuestro estudio de la primitiva alquimia deberemos investigar siempre la autoridad de cada texto, si bien el hecho de que la mayoría de estos textos griegos estén firmados con un seudónimo no les resta interés. De cualquier manera, fueron escritos por los primeros alquimistas y en ellos podemos aprender algo acerca de quienes eran sus autores y de los trabajos que realizaban. Podemos pues decir, desde luego, que aunque los primeros alquimistas escribieron en griego, no eran griegos, sino probablemente egipcios o judíos. No eran cristianos, puesto que hablaban en términos de la mitología egipcia: de Isis, Horus, Hermes (o Thoth). Estaban familiarizados con los nombres e ideas de la filosofía griega y al mismo tiempo eran prácticos en los trabajos de laboratorio. Algunos eran mujeres. Aparte Cleopatra, de la que no suponemos haya tenido relación con tales materias, tenemos los nombres de María la judía, Pafnucia y Theosebeia, hermana de Zó-simo. Evidentemente había cierto intercambio de información entre ellos. Un fragmento de una carta de Zósimo a su hermana dice: De la misma manera que vuestro sacerdote Nilus me

36

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

hizo reír quemando su aleación de plomo y cobre en un horno de panadero,1 como si estuviese haciendo pan, quemándolo con cobathia2 durante un día entero. Cegado en sus ojos corporales no pudo darse cuenta de que su método era malo, sino que sopló el fuego y después de enfriar y sacar su producto, os enseñó cenizas. Habiéndole preguntado donde estaba el blanqueo se encontró perdido y dijo que había penetrado al interior. Entonces añadió cobre y coloreó la ceniza pero por no encontrar nada sólido se salió y desapareció en el interior, lo mismo que pasa con el blanqueamiento de la magnesia. Habiendo oído esto por boca de sus oponentes, Pafnucia fue ridiculizada y tú lo serías también si hicieses lo mismo. El gran Nilus, quemador de cobathia.3

No tenemos sino una vaga noción de aquello a lo que Zósimo se refiere (probablemente un intento de dar una apariencia de plata a una aleación de plomo y cobre mediante los vapores arsénicos de algún mineral), pero el pasaje nos pinta un curioso cuadro de la sociedad de los manipuladores químicos en Egipto. ¿Qué trataban de hacer los primeros alquimistas? Todos y cada uno tenían relación con la manufactura artificial de algún material precioso, generalmente oro y plata, pero a veces piedras preciosas o la famosa púrpura de Tiro,* colorante de los antiguos. Aquí nos limitaremos a lo relacionado con sus intentos para transmutar los metales. Y ya hemos visto que pensaban razonablemente en la posibilidad de este asunto. El hombre de aquellos tiempos no tenía idea de 1 Recipiente de tierra donde se colocaba el pan cubierto con rescoldos. 2 Probablemente algún mineral arsenical y sulfuroso. 3 Berthelot, Collection des anciens alchimistes grecs, texto griego, p. 191. * La púrpura de Tiro, púrpura antigua o púrpura de los feni cios, con la que se teñían los mantos reales o sacerdotales, extraída de un caracol del Mar Mediterráneo, Murex brandaris, no es un colorante mineral como la inmensa mayoría de las sustancias que ocupaban la actividad de los alquimistas, sino un típico colorante orgánico de estructura compleja averiguada en el siglo actual. Se trata de un dibromo-índigo. [T.]

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

37

que existiese uno y solamente un individuo químico exactamente definido llamado oro. Había toda clase de oros, algunos excelentes, otros no tan buenos. De cualquier forma todos eran "oro" para los antiguos, y no mezclas de oro puro con proporciones varias de metales comunes. El oro era algo brillante, pesado, amarillo, que no se enmohecía y era resistente al fuego. ¿Cómo podrían los alquimistas saber si su producto final era de hecho oro o plata si, como es seguro, no había posibilidad de análisis químico? Sabemos de dos pruebas que se utilizaban indudablemente: la de la piedra de toque y la del fuego. El oro se frotaba en una piedra negra y dura y su calidad se juzgaba según el color y la extensión de la raya amarilla que dejaba. Además los orfebres profesionales tenían el delicado sentido del experto que les hacía sospechar de todo lo que no pareciese o fuese completamente bueno. La siguiente en importancia era la prueba del fuego. El oro puro, por mucho que se le caliente, permanece invariable. Esta prueba descartaba las aleaciones, compuestas, en su mayor parte, de metales comunes; sin embargo, una ligera oxidación a altas temperaturas, evidentemente, no se consideraba como incompatible con el oro. El oro de los modernos joyeros no hubiese soportado un calor prolongado sin cambiar, puesto que contiene siempre cobre. Asimismo, la mayor parte del oro nativo está contaminado de cobre, y esto ayudaría a reducir el número de los fracasos en la producción artificial del oro que satisficiese las condiciones de la prueba del fuego. Una tercera posibilidad era la medida del peso específico del metal. La elevada densidad del oro no puede ser imitada por ninguna aleación de los metales que conocían los antiguos y el hombre práctico rechazaría seguramente cualquier pieza de oro que sintiese demasiado ligera. Sin embargo, debemos dudar de que se hiciesen medidas numéricas del peso específico, puesto que, aunque dichas medidas eran empleadas por Arquímedes para descubrir las impurezas del oro, no

38

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

hay sino una pequeña evidencia de que esta prueba fuese aplicada en los primeros días de la alquimia. Así pues, para que un alquimista creyese que había preparado oro, tendría que hacer un metal que se acercara mucho al oro en cuanto a color y dureza, que fuese de gran densidad y que le afectase poco la acción atmosférica. Es evidente que era mucho más fácil producir una imitación plausible de la plata que una del oro, porque hay una buena cantidad de aleaciones blancas de aproximadamente la misma densidad que la plata, mientras que hay muy pocas aleaciones amarillas y todas ellas son mucho menos densas que el oro. Los primeros alquimistas ensayaron métodos para preparar aleaciones blancas y amarillas mediante la fusión y también coloreando la superficie de los metales. También intentaron métodos más elaborados que implicaban el uso de sustancias destiladas. Los dos primeros métodos son de mucho más fácil comprensión, pero el último es el que ha sido la fuente de la mayor parte de las técnicas alquimistas y químicas posteriores. El principio del más simple proceso alquimista parece haber sido el intento de introducir propiedades de las que el metal común carecía. Pensaba el alquimista que un metal podía volverse blanco o amarillo separando la propiedad de blancura o amarillez de otra sustancia e introduciéndola en el metal. El color era una especie de actividad y por tanto un pneuma o "espíritu". Nos dicen que "un pneuma colorante da color a los metales"; que el color de las plantas es su pneuma. Así pues, nos encontramos con que los primeros alquimistas usaban generalmente sustancias amarillas y blancas en sus esfuerzos por hacer metales blancos y amarillos. En la mayoría de los casos, este procedimiento no conducía a nada, pero nos encontramos con ciertos éxitos aparentes, coincidencias de color entre el reactivo

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

39

y el producto que parecían defender esta regla. La principal de éstas era el blanqueamiento del cobre mediante arsénico blanco y la coloración amarilla comunicada al cobre y la plata mediante soluciones débiles de polisulfuros amarillos obtenidos hirviendo cal con azufre o incluso mediante soluciones de colorantes amarillos. En caso de que el lector dude de que alguien tratase de imitar el oro tiñendo un metal blanco, puedo citar una línea de John Donne: Y como viles piedras en estaño azafranado

(Elegía VII, 1. 13) Consideremos primero el caso de la plata. Las recetas mediante las cuales los autores de los papiros técnicos hacían la operación ya han sido examinadas (pp. 29-30). En los verdaderos textos alquimistas las pocas recetas que se encuentran siguen líneas similares. Así, en algunos casos se preparaban aleaciones blancas de varios metales. Una interesante receta indica que si se "blanquea" el cobre, su aleación con plata no dará un color oscuro. Esto indica la preparación de una aleación de cobre, plata y arsénico. En una receta reciente, "Manufactura de la plata con Tutia", se prepara una aleación en la que la plata, el plomo, el zinc y el cobre toman parte. El método que era descrito con mayor frecuencia era el intento de blanquear el cobre con arsénico. El arsénico amarillo, es decir, el sulfuro arsenioso, se encuentra como el fino mineral amarillo oropimente, que era usado por los antiguos como pigmento. Esta sustancia era muy familiar a los alquimistas, que sabían cómo "blanquearla" sublimándola en presencia de aire, proceso que, desde luego, la oxidaba a óxido arsenioso blanco el cual hoy día recibe el nombre de "arsénico blanco". Si se limpiaba el cobre hirviéndolo con alumbres y ácidos y se fundía después con algún compuesto de arsénico, resultaban mezclas o aleaciones de cobre y

40

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

arseniuro de cobre que eran blancas, lustrosas y aparentemente iguales a la plata. Los compuestos de arsénico podían también ser untados sobre el cobre, que se calentaba después formándose sobre él una capa superficial de la aleación blanca de cobre y arsénico. Este blanqueado del cobre no era considerado, según parece, como un verdadero procedimiento para hacer plata por todos los alquimistas, pero era un ejemplo brillante de la posibilidad de alterar el color de un metal; y este cobre blanqueado se consideraba a veces como el primer paso en el intento de hacer oro. Para la obtención del oro seguíase un proceso en el que era mucho más difícil obtener incluso una apariencia de éxito. Hasta donde podemos interpretar las recetas, los primeros alquimistas empleaban cuatro métodos: 1) La manufactura de aleaciones amarillas de metales comunes semejantes al latón. 2) La preparación de oro rebajado. 3) El coloreado superficial de metales o aleaciones. 4) Una serie de procesos muy complejos en los que se empleaban líquidos destilados o en los que los me tales eran sometidos a la acción de vapores. Los tres primeros de estos métodos se parecen algo a los viejos métodos técnicos que aparecen en los papiros. Además se han usado en épocas modernas para hacer joyería artificial. El cuarto método, aunque muy oscuro, es el más importante para nuestros propósitos, por ser el antecesor de los procedimientos de los alquimistas posteriores. Las aleaciones semejantes al latón, incluyendo algunas de las aleaciones de cobre, estaño y zinc, usadas en épocas modernas bajo los nombres de ormolu, oroide, oro de Manheim, etc., fueron ciertamente preparadas por los alquimistas griegos. El zinc no era conocido por los antiguos en forma metálica y estas aleaciones semejantes al latón se preparaban fundiendo mezclas de otros metales o sus minerales con cadmia, que era una mezcla de óxidos metálicos que contienen una proper-

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

41

ción variable de zinc y que se encuentra como residuo en las chimeneas de los hornos de fusión. No era fácil obtener resultados reproducibles con este material impuro y variable, lo que se puede juzgar por la complejidad de las recetas para su uso. Estas recetas de ninguna manera son fáciles de comprender, pero parece ser que los alquimistas griegos preparaban un gran número de aleaciones del tipo del latón que contenían cobre como componente principal juntamente con estaño, plomo, zinc, hierro, plata, mercurio o algunos de éstos. Aunque debemos dudar de que ningún orfebre tomase por oro ninguna de estas cosas, su color amarillo debió de darles esperanzas sobre la proximidad del éxito. El proceso que más se acercó al éxito fue el doblado del oro, ya mencionado en la p. 28. En esta receta para hacer oro se emplea una considerable cantidad del metal precioso y los alquimistas griegos lo llaman di-plosis o "doblado", esto es, una duplicación del peso del oro. Esto depende, en gran parte, del hecho de que mientras la plata da un color verdoso al oro y el cobre un color rojizo, la mezcla de ambos apenas altera su color. No es necesario decir que el alquimista que fundía el oro con plata y cobre de ninguna manera se consideraba a sí mismo como falsificador de oro; puesto que lo que probablemente creía era que el oro actuaba como una semilla que, nutrida por el cobre y la plata, crecía a sus expensas hasta que toda la masa se convertía en oro. En dichas recetas se describe la preparación de aleaciones de muchos tipos (algunas de las cuales están hoy día legalizadas en el continente europeo, así como lo están en Gran Bretaña la del oro de 18 quilates y otras aleaciones de oro y cobre), a saber: 1) Aleaciones de oro y cobre con pequeñas cantidades de otros metales, principalmente zinc y arsénico. Esto corresponde a nuestro moderno oro de 14 ó 18

42

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

quilates, probablemente con color algo más brillante debido a la presencia del zinc. 2) Aleaciones de oro, cobre y plata, parecidas a las anteriores, pero que reproducen de manera más cercana el color del oro puro. 3) Aleaciones que contienen mucho cobre y algo de oro y plata. El color amarillo de éstas se deriva prin cipalmente del cobre, y la adición del metal precioso probablemente evita a la aleación un enmohecimiento rápido. He aquí un ejemplo para ver cómo los alquimistas establecían sus recetas: Doblado según Moisés Cobre de Calis, una onza; oropimente, azufre nativo, una onza y plomo nativo, una onza; rejalgar descompuesto (sulfuro de arsénico), una onza. Cuezase en aceite de rábano, con plomo, durante tres días. Póngase en una cubeta y coloqúese sobre las brasas, hasta que el azufre haya desaparecido, entonces retírese del fuego y se encontrará el producto. De este cobre tómese una parte y tres partes de oro. Fúndase a fuego fuerte y se encontrará convertido todo en oro, con la ayuda de Dios.4

El texto de la receta está alterado, pero el producto contendría aproximadamente 66 % de oro, 33 % de una aleación de cobre, plomo y arsénico y se parecería muy céreamente al oro puro en color y resistencia a la acción química. El alquimista que llevara a cabo esta receta, muy bien pudo haber pensado que el oro había convertido al plomo y al cobre en su propia sustancia con la ayuda del color amarillo-dorado del oropimente y resulta evidente leyendo los papiros técnicos, que así pensaban sus autores. Pero si el oro podía convertir una cantidad igual a su peso de cobre y plata en oro, ¿por qué no habría de poder convertir cantidades algo mayores, de metal común? 4 Berthelot, op. cit., p. 38.

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

43

Luego no era irrazonable suponer que el oro podía actuar como una semilla o fermento que creciese y transformase una masa de metal común, así como la levadura transforma la masa. Pero, en realidad, mientras que la receta del "doblado" daba un metal semejante al oro, una pequeña proporción de oro apenas afectaba las propiedades del cobre u otros metales comunes; así es que el uso de un poco de oro como semilla o fermento no pudo haber conducido al éxito en la producción de un metal amarillo. En un texto, probablemente del siglo tercero o cuarto,5 podemos leer que "esta agua (el 'agua divina', pp. 50-51) actúa como levadura produciendo lo mismo con lo mismo. Así como la levadura del pan, en muy pequeña proporción, fermenta una gran cantidad de masa, un poco de oro puede fermentar toda la materia seca". Parece que si había que hacer oro de metales con el "agua divina", un pan de oro se disolvía de antemano en dicha agua, "puesto que la cebada engendra cebada y un león, un león, y oro, oro". No se incluye información alguna acerca del procedimiento práctico. El "agua divina" tiene un significado tan amplio que no es posible descubrir en qué proceso se pensaba y sólo podemos descubrir la idea de usar un "fermento". Hay todavía otro proceso que usaban los alquimistas griegos y que es el coloreado superficial de los metales. Estos tratamientos superficiales no se consideraban como una verdadera manufactura del oro y para describirlos se emplea regularmente la palabra "tintura" en vez de "manufactura". También estos métodos encuentran su imagen en la práctica moderna. Entonces como ahora se empleaban tres métodos fundamentales para colorear los metales: 1) Cubrir el metal con una laca teñida compuesta de gomas, etc., como se trata hoy día el latón. 2) Teñir el metal con soluciones que forman una delgada capa superficial de sulfuros. 5 Ibid., p. 145, § 3.

44

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

3) El tratamiento del oro rebajado quitando el metal común de la superficie mediante el empleo de sustancias corrosivas, tales como el trióxido de azufre derivado de la calcinación de los sulfatos de hierro y cobre, dejando así una capa de oro casi puro en la superficie. En la época presente se usa ácido nítrico en vez de los sulfatos. Los métodos aquí descritos son procesos inteligibles mediante los cuales se podía hacer algo semejante al oro o la plata, pero dichos métodos no representan sino un pequeñísimo papel en la totalidad de la alquimia. El proceso típicamente alquimista incluye sustancias volátiles —"espíritus"— y se realiza mediante destilaciones y sublimaciones. Todos los grabados de aparatos o laboratorios alquimistas nos muestran aparatos para manejar sustancias volátiles. Hasta donde se sabe, el proceso de la destilación fue inventado por los alquimistas más antiguos, quienes empleaban gran cantidad de aparatos complejos y bien diseñados para preparar sustancias volátiles y tratar los metales con sus vapores. Antes de los alquimistas no se conocía nada que pudiese llamarse realmente destilación. Parece que, ocasionalmente, se verificaba una especie de sublimación de los líquidos. Por ejemplo, se calentaba el agua de mar en calderas cubiertas y se sacudían las gotas condensadas en las tapaderas usándolas como agua para beber; asimismo el "aceite de pez" se hacía calentando la pez y condensando el vapor en zaleas. El mercurio se hacía calentando el cinabrio sobre un plato de hierro dentro de una olla cubierta con un puchero llamado "ambix" en el que se condensaban los vapores de mercurio (fig. 1), pero ninguno de estos aparatos puede llamarse un alambique. Un alambique o des-

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

45

tilador está compuesto de tres partes: una vasija en la que se calienta el material que se destila; una parte fría para condensar el vapor y un recipiente. La forma tradicional del alambique es la de la figura 2; A se suele llamar la cabeza o capitel del alambique, B el cuerpo y C el recipiente, aunque se usaban muchos otros términos.

Este aparato fue inventado por los alquimistas griegos o, al menos, está descrito por vez primera en sus escritos y continúa apareciendo en la lista de los catálogos químicos ¡hasta 1860! La primera descripción es de María la judía, aunque no se sabe si ella lo inventó, y aparece en un escrito de Zósimo: He de describiros el tribikos. Porque así se llama el aparato hecho de cobre y descrito por María, la transmisora del Arte. Dice lo que sigue: Háganse tres tubos de cobre dúctil un poco más gruesos que los de una sartén de cobre de pastelero; su longitud ha de ser aproximadamente de un codo y medio. Háganse tres tubos así y también un tubo ancho del ancho de una mano y con una abertura proporcionada a la de la cabeza del alambique. Los tres tubos han de tener sus aberturas adaptadas en forma de uña al cuello de un recipiente ligero,

46

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

para que tengan el tubo-pulgar, y los dos tubos-dedo unidos lateralmente en cada mano. Hacia el fondo de la cabeza del alambique hay tres orificios ajustados a los tubos, y cuando se hayan encajado éstos se sueldan en su lugar, recibiendo el vapor el superior de una manera diferente. Entonces, colocando la cabeza del alambique sobre la olla de barro que contiene el azufre y tapando las juntas con pasta de harina, coloqúense frascos de cristal al final de los tubos, anchos y fuertes para que no se rompan con el calor que viene del agua del medio. He aquí la figura.6

Acompaña al texto la figura 3, pero sabemos que fue dibujada probablemente 700 años después de que Zósimo escribiera, y si consideramos lo que dice el texto y lo que significan las palabras griegas, llegamos a algo parecido a la figura 4. 6 Ibid., p. 60.

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

4 7

El tipo corriente de alambique lo describe un alquimista llamado Sinesio, al comentar un libro de Demócrito (hoy perdido), quien, según parece, fue el primero en describirlo: Lo que dice [Demócrito] ¡oh Dioscorus!, es como sigue. . ." "Y póngase dentro un frasco en el lecho de ceniza caliente, que es un kerotakis (p. 52). Durante la acción del calor, se tiene adaptado al frasco superior un aparato de cristal con un mastarion (un recipiente en forma de ubre) empalmado a él. Y póngase esto en su parte superior y recíbase el agua que viene a través de la ubre y guárdese y púdrase. Ésta es la llamada agua divina."7

La figura 5 está añadida al manuscrito y parece no haber razón para dudar de su precisión. Zósimo describe aún otra clase de alambique que fue popular hasta el siglo XVIII y que se llamaba un alambique frío, porque el líquido que se ponía en el 7 Ibid., p. 236.

48

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

cuerpo no hervía sino que sólo se calentaba suavemente. Éste no está ilustrado en el manuscrito pero puede ser reconstruido como la figura 6. El descubrimiento de la destilación puede resumirse en la figura 7. Primero tenemos a) la simple condensación del vapor del agua de mar en una tapadera de cazuela, como la describe Alejandro de Afrodisia, un comentarista sobre Aristóteles; luego b) la condensación del mercurio en una vasija como frasco, según la describe Dioscórides. Podemos suponer que el siguiente paso c) fue el doblar hacia adentro los bordes de la tapadera para hacer un recipiente para lo destilado; después d) la adición de una pipeta para conducirlo fuera. Semejante alambique acarrearía trastornos si el líquido hirviese súbitamente, porque herviría hasta la cabeza del alambique, por lo cual podemos suponer que María puso el tubo ancho vertical entre ésta y la olla de ebullición e) Demócrito logró el mismo efecto empleando un vaso de cuello largo f) mientras que Zósimo, que hervía el líquido, conservó el viejo tipo. Estos alambiques están bien para destilar líquidos medianamente volátiles, así como el agua, y naturalmente nos preguntamos qué destilaban los alquimistas. Aquí encontramos otra dificultad. Todo químico es-

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

49

tará de acuerdo en que no hay aparatos peores que esos para la destilación del azufre, que hierve a 444°C, y cuyos vapores se condensan en un líquido que se solidifica al enfriarse. Sin embargo, la sustancia colocada en el cuerpo del alambique está descrita generalmente como theion apuron, literalmente "azufre sin fuego". Éste es un término reconocido en los autores no alquimistas por "azufre nativo". Pero los informes de las destilaciones y aparatos son tales que parece

50

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

casi imposible creer que la sustancia que nosotros llamamos azufre sea lo que ellos destilaban. Sabemos que el producto de la destilación se llamaba theion hudor. En griego la palabra hudor quiere decir agua y theion significa sulfurosa o divina, una coincidencia de significado de la, que nuestros alquimistas sin duda se alegraban. Las descripciones del proceso indican ciertamente que el producto de la destilación era un "agua" y no un sólido como el azufre. De acuerdo con los textos había numerosos "azufres" distintos y no sabemos lo que los alquimistas querían decir con esa palabra. Pero hay dos recetas que nos dicen que hay que poner algo más que "azufre" en el cuerpo del alambique, y en ambos casos el material en cuestión son huevos. El líquido destilado se colectaba en tres fracciones; primero, un destilado claro llamado "agua de lluvia"; después, un líquido dorado pálido llamado "aceite de rábano" y luego un líquido oscuro verde amarillento llamado "aceite de ricino". Ahora bien, si en realidad se destilan huevos, obtenemos en primer lugar una gran cantidad de líquido transparente, débilmente alcalino; luego, un destilado amarillo dorado, algo aceitoso, que contiene sulfuro de amonio, amoníaco y bases piridínicas; por último, un líquido espeso amarillento muy oscuro que contiene bases piridínicas y productos breosos. Esto corresponde muy de cerca a la descripción del alquimista y los productos hacen lo que él dice que habían de hacer. Así, el segundo destilado da amarillo de arsénico, como nos informa, probablemente por razón de los sulfuros que contiene. ¿Por qué querrían destilar los huevos los alquimistas? Supongo que trataban de extraer el "aliento vital", el pneuma, presente en el huevo que, entre todas las cosas, tiene evidentemente la mayor potencia generatriz. Además, la yema del huevo tiene un prometedor color dorado y, como ya hemos visto, los líquidos sulfurosos que se obtienen destilando huevos tenían un color amarillo y podían conferir éste a ciertos mate-

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

51

riales del Arte, tales como el arsénico blanco y la plata. En los textos alquimistas griegos encontramos largas listas de "aguas" que pueden ser soluciones o productos destilados, y, parece ser que los alquimistas griegos destilaban toda clase de productos vegetales y animales, lo mismo que lo hacían después los alquimistas árabes. Yo sugeriría entonces que theion apuron, "azufre nativo", era un término general para algo de lo que se podía destilar el theion hudor, "un agua divina (o sulfurosa)" y con esto querían decir una clase de agua que tenía el poder de actuar sobre los metales corroyéndolos o coloreándolos. El nombre de "agua divina" se aplicaba evidentemente a la solución amarilla de polisulfuro de calcio obtenida cociendo cal, azufre y agua. También se aplicaba este nombre al mercurio y a las soluciones amarillas empleadas para teñir superficialmente. De hecho, Zósimo usa la palabra como término genérico para todos los líquidos útiles en el Arte. Así pues, a lo que podemos entender, la destilación se inventó simplemente como un medio para obtener un líquido capaz de atacar o colorear los metales y ciertamente no sabemos nada del uso de alambiques para propósitos no alquimistas hasta más o menos 700 años después de su primer empleo en la alquimia, cuando los encontramos en libros de recetas de taller. Los alquimistas mencionan unos ochenta aparatos diferentes. Hornos, lámparas, baños de agua, baños de ceniza, camas de estiércol, hornos de reverbero, ollas de escoria, crisoles, platos, vasos, jarras, frascos, redomas, morteros y manos, filtros, coladores, cazos, batidores, alambiques, sublimadores; todos hacen su primera aparición en sus trabajos como aparatos de laboratorio y han persistido algo modificados hasta nuestros días. Además de éstos, tenían curiosos aparatos de reflujo diseñados para tratar los metales con vapores. El más

52

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

importante de éstos se llamaba kerotakis, que era el nombre aplicado por los antiguos a la paleta de artista. Los artistas de la época pintaban con una mezcla de pigmentos y cera fundida y sus colores debían conservarse calientes durante su empleo sobre este kerotakis, que era una hoja de metal de la forma de una paleta de albañil y que se conservaba caliente encima de un hornillo de carbón. Los alquimistas tenían probablemente la intención de ablandar los metales de la misma manera que la cera del artista era reblandecida y mezclada con pigmentos. La paleta real, una placa de metal con forma triangular o rectangular, pronto fue reforzada con la adición de otras piezas. El primer paso en la evolución del aparato fue su adaptación a! tratamiento de los metales mediante vapores calentados. Una vasija colocada precisamente debajo de la paleta contenía una sustancia vaporizable capaz de atacar los metales, mientras que una copa invertida sobre la paleta lo condensaba en líquido que refluía. La analogía moderna más cercana al kerotakis desarrollado es el extractor a reflujo. Desarrollos posteriores del kerotakis estaban dirigidos a verificar arreglos en el calentamiento y la condensación y a proporcionar una especie de enrejado o colador, probablemente para evitar que cayesen en la base fragmentos sólidos grandes. No hay ninguna explicación clara de cómo había que usar el aparato, pero la siguiente es una de las posibles: se colocaba el azufre, a veces mezclado con sulfuros de arsénico, en la parte inferior del aparato (fig. 8), y en el kerotakis (P) se colocaban los metales que habían de ser sometidos al tratamiento: cobre, plomo, probablemente también oro y plata. Se colocaban entonces las cubiertas condensadoras y se cerraban herméticamente, dejando sólo un pequeño agujero, para permitir la salida del aire caliente, que era cubierto por una pequeña capa. Luego se encendía el fuego; el vapor del azufre atacaba el metal, y el sulfuro que se formaba se disolvía o mezclaba con el exceso de azu-

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

53

Fig. 8. El kerotakis o aparato de reflujo. Arriba: como aparece en un manuscrito griego; abajo: una reconstrucción basada en conjeturas (M = metales, P = plata).

54

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

fre líquido y corría a través del tamiz o enrejado hasta la base o "los infiernos". 8 La mezcla negra de azufre y sulfuros que allí quedaba era la "escoria' o "plomo negro". Esto era desulfurado calentándolo o tratándolo con cal o "aceite de nitro" y después fundido. El metal resultante era, por supuesto, una aleación de los metales usados originalmente, pero contenía también probablemente algo de azufre y de arsénico (si se usaba arsénico en la mezcla atacante). Parece ser que se introducía la cadmia (p. 28) o el arsénico ("la piedra etesia") en alguna fase del proceso. Durante la tosta-ción y fusión suaves que se verificaban a continuación, la cadmia añadía probablemente zinc a la aleación, produciendo así una especie de latón o bronce que contenía cobre, plomo y zinc. La aleación así obtenida se empleaba a veces en el "doblado del oro". El proceso delineado parece excesivamente complejo para la mera preparación de una aleación, pero debemos recordar que estos alquimistas no tenían medios para descubrir que estaban haciendo simplemente una aleación, ni para averiguar la composición de lo que habían hecho. Ellos trataban, por medios empíricos y guiados por una teoría incorrecta, de colorear los metales; y en caso de éxito no hubiesen sabido cuáles de las sustancias o procesos habían contribuido a ello. En casi todas las recetas antiguas, ya sean de la alquimia o de la práctica de taller, figuran y son conservadas durante siglos materias aparentemente inútiles y procedimientos cuya inutilidad no podía ser descubierta sin pruebas científicas. El tratamiento de los metales mediante el kerotakis es probablemente muy antiguo, deriva de fuentes egipcias y judías y (como se ve en las citas de las páginas 62 y 65-66, que se refieren a ello casi con certeza) era considerado con cierta reverencia mística. No era sólo una preparación química sino hasta cierto punto un rito simbólico. Algunos de los aparatos eran mucho más complicase Cf. p. 63.

LOS PRIMEROS ALQUIMISTAS

55

dos que los representados en las figuras, pero el principio parece haber sido el mismo. Se decía que los procesos llevados a cabo en el aparato kerotakis implicaban una serie continua de "ennegrecimiento, blanqueamiento y amarilleamiento" seguido algunas veces de iosis. La última palabra es de significado dudoso; puede significar "empurpurecimiento"; comunicando el color de una violeta (ion), pero puede significar simplemente "extirpación del orín y el moho" (ios). Este fenómeno es difícil de explicar. La conversión en sulfuros negros del cobre y los otros metales empleados se considera como el ennegrecimiento; y la fusión en un metal amarillo como el amarilleamiento. Explicar el blanqueamiento es mucho menos fácil. Si, como es probable, el producto negro se secaba antes de fundirse, podría ser que se blanquease a resultas de la eflorescencia de sales derivadas del "agua divina". Alternativamente, alguna materia blanca, como compuestos de mercurio, arsénico o antimonio, pudo haber sido añadida con objeto de conseguir la deseada blancura. La iosis no es probablemente más que un tinte final o quizás una limpieza del metal producido. No podemos interpretar estas recetas complicadas y fragmentarias lo suficientemente bien para decir definitivamente lo que ocurría, pero está claro que a los alquimistas que las estudiaban les parecían enormemente significativas, y que dieron lugar a impresionantes escritos simbólicos.

V

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS ALQUIMISTAS Las fórmulas y símbolos químicos son familiares a todo el mundo. Escribimos una H por un átomo de hidrógeno, K por un átomo de potasio, H2O por una molécula consistente de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Es al mismo tiempo una escritura abreviada conveniente y un medio de expresar la composición y estructura de los compuestos. Este tipo de representación se remonta hasta el período más primitivo de la alquimia, puesto que el papiro de Leyden (hacia 250 d. c.) contiene los símbolos del oro y la plata, y la página de figuras conocida como la Manufactura del oro de Cleopatra (fig. 9), que es probablemente tan vieja como la alquimia, contiene los símbolos del oro, la plata y el mercurio y probablemente también el de la aleación de plomo y cobre y el del arsénico. Tenemos listas considerables de los símbolos que aparecen en los más antiguos manuscritos griegos. Algunos de ellos se derivan de los símbolos de los planetas con que se asociaban los metales, otros de representaciones pictóricas de las cosas simbolizadas, otros de las letras iniciales del nombre. La conexión de los planetas y los metales es antigua y persiste a través de toda la alquimia. Todos los metales han recibido símbolos planetarios. El oro recibió el símboloque representa el sol; la plata el de la luna creciente ( ; el mercurio el de la luna menguante 5 (Hermes habla de "aquello que escurre de la luna menguante"); el cobre tiene el símbolo de Venus (AfroditaIsis-Hathor) 9 ; el plomo tiene el de Saturno ; el hierro tiene el símbolo de Marte  . Quedan los símbolos del electrum y el estaño. En estas viejas listas el estaño tiene el símbolo de Hermes  y el electrum el de Zeus Z. En épocas 56

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

57

posteriores (entre el año 500 y el 700 d. c.) el dicho símbolo de Hermes fue dado al mercurio en lugar del de la luna menguante. El electrum dejó de considerarse como un metal separado y se dio su símbolo al estaño. Este sistema de planetas y metales permaneció inalterable a lo largo del subsecuente desarrollo de la alqui-

58

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

mia y realmente hasta que Dalton sugirió sus nuevos símbolos químicos basados en la teoría atómica. Pero sin embargo se alteró la forma de algunos de los símbolos y los que se han encontrado en trabajos impresos son los siguientes:

El sistema podría extenderse para expresar la composición de las aleaciones poniendo juntos los símbolos de los metales que las componen, igual que se hace modernamente. Así, los siete símbolos reproducidos en la figura 10 representan : 1) Oro (Representado como el sol con un solo rayo). 2) Limaduras de oro. 3) Panes de oro. 4) Oro calcinado. 5) Electro (Símbolo del oro y la plata combinados). 6) Crisocola. Soldadura de oro (Dos símbolos de oro juntos). 7) Malagma de oro (Mezcla de oro). A la notación para la aleación de electro se llegó combinando los símbolos del oro y la plata, sus consti-

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

59

tuyentes; en ella está el germen del moderno simbolismo químico, aunque aún no se hacía, por supuesto, la distinción entre mezclas y composiciones. La conexión del oro con el sol es bien conocida y ha sido tema de discusión para Elliot Smith y otros. No parece un paso muy distante a éste el de conectar la plata, u "oro blanco" como la llamaban los egipcios, con la luna argentada. La conexión entre el cobre y Afrodita (IsisHathor) no aparece tan clara. Probablemente la relación de Afrodita con Chipre, la fuente del cobre (chalkos kuprios) es el origen de la asociación. Ares o Marte está asociado con el hierro como resultado obvio de su conexión común con la guerra. Los asirios y babilonios llamaban al hierro Nínip como a su dios de la guerra. Los egipcios asociaban al plomo con Osiris, según los textos alquimistas, y recibe el símbolo del planeta Saturno. Osiris no corresponde realmente a Saturno o Kronos, aunque el motivo de desmembración aparece en los mitos de ambos. La idea del plomo como un metal pesado relacionado con el planeta más lento es una posible explicación de su conexión con Saturno. Por otra parte Osiris representa en la mitología egipcia el agua y los líquidos en general y probablemente la fusibilidad del plomo proporciona la relación. Los asirios y babilonios llamaban al plomo Anu, según un rey celeste que tenía alguna semejanza con Saturno. La conexión del estaño con Hermes parece difícil de explicar así como la del electro con Zeus. Es posible que no hubiese nunca una conexión muy fuerte, sino que era necesaria la asociación con objeto de arreglar la asimilación de los siete metales con los siete planetas. Cuando hubo que encajar el mercurio en el esquema, no se pudo por menos que relacionarlo con Hermes o Mercurio, por razón de su movilidad y "sutileza". Otra explicación de esta asociación se cree que se remonta a los sabaeos, que heredaron gran parte del saber asirio sobre las estrellas, especialmente por el hecho de asociar el color del metal con el color del pla-

60

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

neta. El sol era dorado, la luna plateada, Saturno plomizo. . ., pero es difícil ajustar al hierro el color rojizo de Marte, a menos que se considerase el color de la herrumbre; así como tampoco se ajusta el brillo blanco azulado de Venus al cobre. Esta asociación de los metales y los planetas no es sólo alquimista, puesto que está mencionada por Celso (citado por Orígenes, Contra Celsum, VI. XXII) alrededor del 180 d. c., quien le atribuye un origen persa: Se alude oscuramente a estas cosas en los relatos de los persas y especialmente en los misterios de Mithra, muy celebrados entre ellos. Habiendo en el último una representación de las dos revoluciones celestes: la del movimiento, a saber, de las estrellas fijas y aquel que tiene lugar entre los planetas y la del tránsito del alma a través de éstos. La representación es de la naturaleza siguiente. Hay una escala con pórticos altísimos y en lo alto de ella un octavo pórtico. El primer pórtico es de plomo, el segundo de estaño, el tercero de cobre, el cuarto de hierro, el quinto de una mezcla de metales, el sexto de plata y el séptimo de oro. Asignan el primer pórtico a Saturno, indicando mediante el plomo la lentitud de su estrella; el segundo a Venus, comparándola al esplendor y la suavidad del estaño; el tercero a Júpiter, firme y sólido; el cuarto a Mercurio, puesto que tanto Mercurio como el hierro se emplean para endurecer las cosas y son laboriosos y hacedores de dinero; el quinto a Marte porque estando compuesto de una mezcla de metales es variado y desigual; el sexto, de plata, a la luna; el séptimo, de oro, al sol; imitando así los colores en los dos últimos.

Es pues evidente que no había en la Antigüedad un completo acuerdo acerca de la asociación de los metales con los planetas. La representación, por ejemplo, del metal mercurio mediante , símbolo del planeta Mercurio, no era un mero símbolo y nada más, como lo es la representación de un átomo de oxígeno mediante la letra O, puesto que encierra la idea, que existe tras esta asociación, de que los movimientos celestes de este planeta esta-

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

61

ban conectados causalmente con las actividades terrestres del metal. Esta noción aparece con frecuencia en los textos alquimistas, aunque no parece que hubiese comúnmente ningún intento de acomodar el tiempo de las operaciones alquimistas a conjunciones favorables en los cielos. Sin embargo, en los trabajos alquimistas de cualquier época encontramos que se empica un tipo de simbolismo totalmente diferente para exponer el significado de la operación al instruido a la vez que se oculta la práctica al ignorante. Los cambios que se producían en el contenido de las vasijas alquimistas causaban una honda impresión en la mente de los que los contemplaban. El metal brillante se convertía en una masa informe de color negro, una corrupción apestosa; luego otro proceso traía nuevamente al estado metálico esta masa muerta y, así les parecía, quizá porque así lo deseaban, que era un metal más glorioso y excelente. El proceso era de hecho un símbolo de lo que entonces se buscaba, a semejanza de lo que existía en la cristiandad y las religiones de misterio: muerte y resurrección. En esta vida uno debe sucumbir al pecado y volver a nacer; el cuerpo, ahora metal común, había de morir y corromperse hasta la negrura, pero se levantaría de su corrupción nuevo, glorioso e incorruptible como el oro. Esta analogía se encuentra en la alquimia desde sus primeros tiempos y los alquimistas de pensamiento más místico parecían considerar esto como su parte más importante. Ciertamente parece que algunos autores tomaron las apariencias físicas reales como el símbolo de un proceso más universal de muerte y regeneración, mientras que los más inclinados a la química tomaban muerte y regeneración como una explicación simbólica del proceso químico. De esta clase de simbolismo se hablará con más detalle en el capítulo XI, pero su carácter se expresará mejor citando dos famosos pasajes alegóricos, uno de El Diálogo de Cleopatra y los Filósofos, el otro de los trabajos de Zósimo.

62

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

El pasaje de El Diálogo de Cleopatra γ los Filósofos está considerado como uno de los primeros escritos alquimistas, probablemente del siglo u d. c. Se trata de un fragmento, del que sólo podemos citar aquí una parte; por ella, podrá darse cuenta el lector tanto de la dificultad de interpretar los textos alquimistas como de su singular expresividad. Existe también una página de dibujos simbólicos llamada la Manufactura del oro de Cleopatra, reproducida en la figura 9. Parece ilustrar sus temas principales, la unidad de todas las cosas, y la muerte y revivificación mediante un "agua". La Manufactura del oro de Cleopatra indica brevemente estas nociones. Consiste simplemente en una página de dibujos simbólicos. En el centro de la Serpiente Ouroboros, que se muerde la cola, se encuentran las palabras εν το πάν, "Uno es todo". Otro emblema contiene los símbolos del oro, la plata y el mercurio encerrados en dos círculos concéntricos, en los que aparecen las palabras Una es la serpiente que tiene su veneno de acuerdo con dos composiciones y Uno es Todo γ a través de este Todo γ mediante este Todo γ si no se tiene Todo, Todo es Nada. Aparece un aparato de destilación, hay también otros aparatos alquimistas y símbolos no muy claros. El Diálogo es muy largo para citarlo entero, pero los pasajes que siguen darán una idea de su carácter: ...Entonces Cleopatra dijo a los filósofos: "Mirad la naturaleza de las plantas, de dónde vienen. Porque algunas descienden de las montañas y crecen fuera de la tierra y otras crecen de los valles y otras vienen de los llanos. Pero mirad cómo se desarrollan, porque es en ciertas épocas y días cuando debéis recogerlas; y las tomáis de las islas del mar y del lugar más encumbrado. Y mirad el aire que las atiende y el círculo nutritivo que las rodea, que no perecen ni mueren. Mirad el agua divina que les da de beber y el aire que las gobierna después de que les ha sido dado un cuerpo en un simple ser." Ostanes y los que estaban con él respondieron a Cleopatra: "En ti se oculta un secreto terrible y extraño. Alúm-

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

63

branos arrojando tu luz sobre los elementos. Dínos cómo lo más alto desciende a lo más bajo y lo más bajo se eleva hasta lo más alto y cómo aquello que está en el medio se aproxima a lo más alto y está unido a ello y cuál es el elemento que cumple estas cosas. Y dínos cómo las aguas benditas visitan los cadáveres que yacen en los infiernos encadenados y afligidos en la oscuridad y cómo la medicina de la Vida los alcanza y los levanta como despertados del sueño por sus poseedores; y cómo las nuevas aguas, producidas en el féretro, surgen después de que la luz las penetra al prin cipio de su postración y cómo la nube que soporta las aguas surge del mar." Y los filósofos, considerando lo que les había sido revelado, se regocijaron. Cleopatra les dijo: "Las aguas, cuando vienen, despiertan los cuerpos y los espíritus débiles y prisioneros que sufren de nuevo la opresión y están encerrados en los infiernos, y sin embargo en un instante crecen y se levantan y se visten de diversos colores gloriosos como las flores en primavera y la misma primavera se regocija y se alegra con la belleza que lucen. Porque yo os digo esto a vosotros que sois sabios: cuando quitáis las plantas, elementos y piedras de sus sitios, os parecen maduras. Pero no están maduras hasta que el fuego las ha probado. Cuando están vestidas en la gloria del fuego y su color brillante, entonces os aparecerá mejor su oculta gloria, su búsqueda de la belleza, transformada al divino estado de la fusión. Porque se nutren en el fuego y el embrión crece poco a poco nutrido en el claustro materno y cuando se aproxima el mes señalado no se refrena su naci miento. Así es el procedimiento de este valioso arte. En el infierno los hieren las olas una tras otra en la tumba en que yacen. Cuando la tumba se abre surgen de los infiernos como el niño del vientre." 1

Es ésta una forma misteriosa de describir algunas operaciones y materias alquimistas y aparece como referida al tipo de proceso ya descrito en las páginas 51-55. El autor, al escribir en este estilo, oculta la naturaleza real del proceso y se debe pensar que escribía para 1 Berthelot, Collection des anciens alchimistes grecs, texto griego, pp. 289-299.

64

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

aquellos que ya lo conocían. ¿Por qué entonces escribirlo? La explicación está, probablemente, en que dicho trabajo es en realidad una especie de poema, que expresa las maravillosas analogías que ve el autor entre el mundo con sus estaciones y el crecimiento, la muerte y la regeneración, y el proceso del trabajo alquimista. Expresa sin duda este escrito, religioso y técnico, una especie de regocijo ante los maravillosos fenómenos de los cambios químicos y, al mismo tiempo, los hace aún más maravillosos asimilándolos a los grandes sucesos de la naturaleza que encuentran sin falla su respuesta en el corazón humano. El párrafo que sigue a esta cita compara al filósofo contemplando su trabajo con la madre contemplando el fruto de su vientre y compara las aguas químicas a su leche. El simbolismo en su forma más desarrollada llega a ser una alegoría, viéndose el proceso químico en los términos de una historia humana paralela. El ejemplo más completo lo constituyen las Visiones de Zósimo, contenidas en su tratado De la virtud. Lección I 1. La composición de las aguas, el movimiento, creci miento, eliminación y restitución de la naturaleza corpórea, la separación del espíritu del cuerpo y la fijación del espíritu en el cuerpo no son apropiados a naturalezas extrañas, sino a una sola naturaleza que reacciona sobre ella misma, una sola especie, así como los cuerpos duros de los metales y los húmedos jugos de las plantas. Y en este sistema, simple y de muchos colores, está comprendida mía investigación, múltiple y variada, subordinada a las influencias lunares y a la medida del tiempo, que regula el final y el aumento de acuerdo a aquello en lo que la sustancia misma se transforma. 2. Diciendo estas cosas me fui a dormir y vi un sacer dote del sacrificio de pie ante mí en la cumbre de un altar en forma de cuenco. Este altar tenía quince escalones que conducían a él. Entonces el sacerdote se levantó y oí una voz de arriba que me decía: "He logrado el descenso de los quince escalones de la oscuridad y el ascenso de los escalo-

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

65

nes de la luz y es él quien sacrifica, el que me renueva, desechando la vulgaridad del cuerpo; y habiendo sido consagrado como sacerdote por necesidad, me he convertido en espíritu." Y habiendo oído la voz de aquél que estaba en el altar con forma de cuenco le pregunté, deseando saber quien era. Me contestó con una débil voz, diciendo: "Soy Ion, el sacerdote del santuario y he sobrevivido a la violencia intolerable. Porque por la mañana vino de repente uno, que me descoyuntó con una espada separándome con violencia según el rigor de la armonía. Y desollando mi cabeza con la espada que sujetaba bien, mezcló mis huesos con mi carne y los quemó en el fuego del tratamiento, hasta que mediante la transformación del cuerpo aprendí a convertirme en espíritu." Y sin embargo mientras me decía estas palabras y le forcé a hablar de ello, sus ojos se volvieron sangre y vomitó toda su carne. Y le vi como la pequeña imagen mutilada de un hombre; desangrándose él mismo con sus propios dientes y cayendo. Y asustado me desperté y pensé: "¿No es ésta la situación de las aguas?" Creí que lo había comprendido bien y de nuevo me quedé dormido. Y vi el mismo altar en forma de cuenco y en su cumbre el agua burbujeando, y mucha gente perpetuamente en ella. Y no había nadie fuera del altar a quien pudiese preguntar. Entonces subí hacia el altar para ver el espectáculo. Y vi a un pequeño hombre, un barbero, blanqueado por los años, que me dijo: "¿Qué mi ras?" Le contesté que me maravillaba ante el hervor del agua y los hombres, quemados y sin embargo vivos. Y él me contestó diciendo: "Éste es el lugar del ejercicio llamado preservación, (embalsamamiento). Para aquellos hombres que desean obtener que la virtud venga acá y ser espíritu, huyendo del cuerpo." Por esto yo le dije: "¿Eres un espíritu?" Y él respondió y dijo: "Un espíritu y un guardián de espíritus." Y mientras él nos decía estas cosas y mientras el hervor aumentaba y la gente gemía, vi un hombre de cobre que tenía en la mano una tablilla de plomo para escribir. Y habló en alta voz, mirando a la tablilla: "Aconsejo a aquellos que sufren castigo que se calmen y que cada uno tome en su mano una tablilla de plomo para escribir y que escriban con sus propias manos. Les aconsejo que mantengan sus caras en alto y sus bocas abiertas hasta que crezcan sus

66

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

vides (sic)." El acto siguió a la palabra y el amo de la casa me dijo: "Has visto. Mas estirado tu cuello a lo alto y has visto lo que se hace". Y yo dije que había visto y me dije para mis adentros: "Este hombre de cobre que has visto es el sacerdote del sacrificio y el sacrificio y aquel que vomitó su propia carne. Y a él le han dado la autoridad sobre esta agua y los hombres que sufren castigo." Después de esta visión me desperté otra vez, y me dije: "¿Era ésta la ocasión para esta visión? ¿No es ésta el agua blanca y amarilla, hirviente, divina (sulfurosa)?" Y encontré que lo había entendido bien. Y dije que si era justo hablar y justo oír y justo dar y justo recibir y justo ser pobre y justo ser rico. ¿Cómo pues la naturaleza aprende a dar y a recibir? El hombre de cobre da y la piedra acuosa recibe; el metal da y la planta recibe; las estrellas dan y las flores reciben; el cielo da y la tierra recibe; los truenos dan el fuego que se precipita de ellos. Porque todas las cosas son entretejidas y separadas de nuevo y todas las cosas son confundidas y todas las cosas se combinan, todas las cosas se mezclan y se desmezclan, todas las cosas están húmedas y todas las cosas se secan y todas las cosas florecen y dan capullos en el altar con forma de vasija. Por cada una, según mi método, mediante la medida y el peso de los cuatro elementos se logra el entrelazado y disociación de todas. No se hace ningún vínculo sin método. Éste es un método natural, inspirando y expirando, conservando los arreglos del método, aumentándolos o disminuyéndolos. Cuando todas las cosas, en una palabra, llegan a la armonía mediante la división y la unión, sin, despreciar ninguno de los métodos, la naturaleza se transforma. Porque la naturaleza que se ha dado vuelta sobre sí misma está transformada; y es la naturaleza y el vínculo de la virtud de todo el mundo. Y que yo no puedo escribirte muchas cosas, amigo mío; construye un templo de una piedra, como cerusa en apariencia, como alabastro, como mármol de Proconeso, sin que haya principio ni fin en su construcción. Deja que tenga dentro de él un surtidor de agua relampagueante como el sol. Percátate del lado en que está la entrada del templo y, tomando tu espada en la mano, busca así la entrada, por estrecho que sea el lugar al que el templo se abre. Una serpiente está ante la entrada guardando el templo, cógela y sacrifícala. Desuéllala y, tomando su carne y huesos en la entrada del templo, haz un escalón con ellos, pasa sobre él

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

67

y entra. Allí encontrarás lo que buscas. En cuanto al sacerdote, el hombre de cobre, al que verás sentado en el surtidor y recogiendo su color, no lo mires como un hombre de cobre, porque ha cambiado el color de su naturaleza y se ha convertido en hombre de plata. Si quieres, después de algún tiempo lo tendrás como hombre de oro. Lección 2 1. Otra vez quise ascender los siete escalones y contem plar los siete castigos y he aquí lo que pasó; sólo en uno de los días efectué un ascenso. Volviendo sobre los pasos subí muchas veces. Y entonces al volver no pude encontrar el camino y caí en honda desesperación, sin ver cómo salir y me dormí. Y en mí sueño vi un hombre pequeño, un barbero, cubierto con un manto rojo y un traje real, de pie fuera del lugar de los castigos y me dijo: "Hombre ¿qué estás haciendo?" Y yo le dije: "Estoy aquí porque, habiendo per. dido todo camino, me encuentro sin saber qué hacer." Y él me dijo: "Sígneme". Y salí y le seguí. Y estando cerca del lugar de los castigos, vi al pequeño barbero que me dirigía caer en el lugar del castigo y el fuego consumió todo su cuerpo. 2. Viendo esto yo huí y temblé de miedo. Y desperté y me dije: "¿Qué es esto que he visto?" Y otra vez razoné y percibiendo que el pequeño barbero es el hombre de cobre vestido con traje rojo, dije: "He entendido bien; éste es el hombre de cobre; primero hay que arrojarlo en el lugar del castigo." Mi espíritu quiso ascender otra vez el tercer escalón también. Y otra vez me fui a lo largo del camino y según me acercaba al castigo otra vez perdí mi camino, perdiendo de vista el sendero, vagando desesperadamente. Y otra vez de la misma manera vi un viejo con el pelo blanco, de tal blancura que deslumhraba. Su nombre era Agatodemón, y el viejo blanco se volvió \ me miró durante una hora completa. Y le pedí: "Muéstrame el camino.' Pero no se volvió hacía mí, sino que se apresuró a seguir la ruta correcta. Y desde allí, yendo y viniendo pronto alcanzó el altar. Y al subir al altar vi al viejo blanqueado que era arrojado al castigo. ¡Oh diosa de la naturaleza divina! Inmediatamente todo el quedó rodeado por las llamas. ¡Qué terrible historia, hermano! Porque

68

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

de la dureza del castigo sus ojos se llenaron de sangre. Y yo le pregunté diciendo: "¿Por qué yaces ahí?" Pero él abrió la boca y me dijo: "Yo soy el hombre de piorno y estoy soportando una violencia intolerable." Así me desperté con gran susto y busque en mí la razón de este hecho. Reflexioné y dije: "Claramente comprendo que así uno tiene que arrojar el plomo y seguramente la visión es una de la combinación de los líquidos."

Trabajo del misino Zósimo Lección 3 I. Y otra vez vi el mismo altar divino y sagrado en forma de cuenco y vi un sacerdote vestido de blanco celebrando esos misterios tenebrosos y dije: "¿Quién es éste?" Y, contestando, me dijo: "Éste es el sacerdote del Santuario. Quiere poner sangre dentro de los cuerpos, para aclarar los ojos y para levantar al muerto." Y así, cayendo de nuevo, me dormí por breve espacio de tiempo, subí sobre el cuarto escalón y vi, viniendo del Este, a uno que tenía una espada en la mano. Y vi otro detrás de él llevando un objeto redondo blanco y brillante y precioso a la contemplación, cuyo nombre era el meridiano del sol -y cuando me arrastraba hacia el lugar de los castigos, el que llevaba la espada me dijo: "Corta su cabeza y sacrifica su carne y sus músculos por partes, hasta el final, que su carne se cueza de acuerdo al método y que soporte entonces ci castigo." Y así, despertando otra vez dije: "Bien compren do que estas cosas se refieren a los líquidos del arte de los metales." Y aquel que llevaba la espada dijo de nuevo: "Tú has cumplido los siete escalones de abajo." Y el otro dijo, al mismo tiempo que todos los líquidos arrojaban el plomo, "el trabajo está completo." 3

El proceso aquí simbolizado es probablemente el mismo que aquel sobre el que escribía "Cleopatra"; la reacción química entre los metales y un reactivo 2 3

O de Cinabrio. Berthelot, Collection

texto griego, pp. 107-112; 115-118.

des anciens alchimistes grecs,

LOS PRIMEROS SIGNOS Y SÍMBOLOS

69

químico y la subsecuente restauración a la condición metálica; Zósimo, nos parece, está más hondamente impresionado por la destrucción de los metales y la violencia que soportan en la acción química, y mirando de esta forma el proceso químico, se llena de significado. Así como el artista puede ver en un paisaje gracia, solemnidad, terror, así Zósimo ve el rigor de la muerte y las penas del purgatorio en las turbias visiones de la vasija alquimista. Así pues la alquimia griega, al menos hacia el año 300 d. c. y, probablemente, desde su período más primitivo, contiene los rasgos esenciales de la alquimia tal como la conocemos más tarde; su secreto, su carácter simbólico, la correspondencia de las operaciones en el interior de las vasijas con las del mundo más ancho, el espíritu universal que es el agente principal. El rasgo principal de que carece es el del elixir o la piedra filosofal. El alquimista medieval buscaba una sustancia de enorme potencia, de la cual una pequeña cantidad transformaría una cantidad mucho mayor de metal común en plata u oro y que tenía poderes sin igual para sanar el cuerpo humano y seguramente para perfeccionar todas las cosas en su género. La idea no se ha desarrollado, y probablemente ni siquiera está presente en los trabajos de los alquimistas griegos cuyo objeto parecía ser generalmente la manufactura del oro, no la de una sustancia maravillosa que tuviese el poder de transformar un metal en oro. Se ña discutido mucho sobre "la medicina" (pharmakon) y también sobre "la piedra que no es piedra", pero esto parece relacionarse con alguna sustancia útil en el Arte y no con la única y potente sustancia que fue llamada después "la piedra".

La corriente de la tradición alquimista hasta 1000 d. c. Las fechas son aproximadas.

VI ALQUIMIA CHINA1 Es notable el hecho de que, en una época dos o tres siglos anterior a los primeros escritos griegos sobre alquimia, aparecieron en China relaciones de creencias y procesos que debemos llamar alquimistas. Al mismo tiempo, justo es decir que no hay evidencia suficiente para decidir si la alquimia china se derivó de la occidental o viceversa, o si ambas surgieron de una misma fuente, aunque no hay que olvidar por completo ninguna de estas hipótesis acerca de su origen. En el estado presente de nuestros conocimientos trataremos de esta primitiva alquimia china considerando en ella un paralelismo notable con la alquimia occidental pero sin considerarla conectada con ésta por ningún vínculo conocido. Según veremos, la alquimia de China se preocupa principalmente de la prolongación de la vida. La idea de una droga que pueda actuar como un elixir de inmortalidad aparece en la literatura india antes del año 1000 a. c. y hay algunos indicios de la idea de la alquimia en el Atharva-veda- que pertenece al mismo período. Es posible, pero de ninguna manera seguro, que fuese ésta la fuente de la alquimia china. La primera evidencia de alquimia en China es una indicación de que era practicada por Dzou Yen ya en el siglo iv a. c. Es cierto que en el año 175 a. c. se promulgó una ley contra la práctica de la falsificación del oro por métodos alquimistas y es obvio que la al1 Esta sección debe mucho a un artículo del Prof. Homer H. Dubs, "Los principios de la Alquimia" (Isis, vol. 38, Partes 111112, p. 75) que el lector puede consultar. 2 Veda, la literatura sagrada más antigua de los hindúes, com prende más de 100 libros que se conservan; el Atharva-veda es el cuarto veda y el apócrifo, compuesto principalmente de encanta mientos que se conservan en dos versiones. 71

72

ALQUIMIA CHINA

quimia tiene que haber existido no poco tiempo antes de que pudiese convertirse en un escandalo que requiere una lev para ser reprimido. A pesar de esta ley existió, o al menos se discutió en la Corte Imperial, alrededor de los años 130-120 a. c. En el año 60 a. c. el Emperador designó a un conocido sabio, Liu Hsiang, como Maestro de Recetas con objeto de que preparase oro alquimista y prolongase así la Vida Imperial. Era-caso en hacer el oro y por ello cayó en desgracia. Estos hechos constituyen una completa evidencia de la primitiva práctica de la alquimia en China; evidencia mucho mejor que los nombres de autores a la cabeza de textos alquimistas de los que se puede pro bar son falsos. Hay una gran cantidad de encantadoras leyendas acerca de los primeros maestros de la alquimia china, que al menos sirven para mostrar la actitud de sus sucesores para con los orígenes de su Arte. Un ejemplo es la historia de Wei Po-yang, que vivió en la actual provincia de Kiangsu alrededor del 120 d. c. Una de las enciclopedias biográficas chinas nos dice que Wei Poyang "se internó en las montañas para preparar medicinas eficaces. Había con él tres discípulos, de dos de los cuales pensaba que carecían de toda fe. Cuando la medicina estuvo hecha, los sometió a una prueba diciéndoles: La medicina dorada está hecha, pero hay que probarla primero en el perro. Si no le hace ningún daño, podremos entonces tomarla nosotros; pero si el perro muere por su causa, no deberemos tomarla. (Po-yang llevó un perro blanco con él a la montaña. Si el número de tratamientos de la medicina no hubiese sido suficiente o si su armoniosa composición no hubiese alcanzado el patrón requerido, hubiera tenido un poco de veneno y causado así la muerte temporal)." "Po-yang administró la medicina al perro, y el perro murió instantáneamente. Después de lo cual dijo: 'La medicina no está aún lograda. El perro ha muerto por su causa. ¿No indica esto que aún no hemos alcanzado la luz divina? Si la tomamos nosotros, temo que

ALQUIMIA CHINA

73

sigamos el mismo camino que el perro. ¿Qué haremos?' Los discípulos preguntaron: '¿La tomaría Ud. mismo, Señor?' A lo que replicó Po-yang: 'Yo he abandonado la vida mundana y desamparado mi casa para venir aquí. Me avergonzaría volver sin haber alcanzado la lisien (inmortalidad). Luego, vivir sin tomar la medicina sería lo mismo que morir por ella. Yo debo tomarla.' Con estas palabras finales llevó la medicina a su boca y murió instantáneamente." "Viendo esto, uno de los discípulos dijo: 'Nuestro maestro no era un ser común. Tomó la medicina y murió por ella. Debe haber hecho esto con alguna intención especial.' A continuación también el discípulo tomó la medicina y murió. Entonces los dos restantes se dijeron uno al otro: 'El propósito al hacer la medicina es intentar alcanzar la longevidad. Pero el tomar la medicina ha causado muertes. Será mejor no tomarla y poder vivir unas décadas más.' Y dejaron la montaña juntos sin tomar la medicina, con el propósito de conseguir lo necesario para el funeral de su maestro y su condiscípulo." "Después de la partida de los dos alumnos, Po-yang revivió. Colocó parte de la bien confeccionada medicina en la boca del discípulo y en la del perro. En unos pocos minutos revivieron los dos. En unión del discípulo, cuyo nombre era Yü, y del perro, siguió el camino de los inmortales. Por medio de un leñador que encontraron en el camino mandó una carta de agradecimiento a los dos discípulos, quienes quedaron llenos de remordimientos al leerla." 3 Está claro que la alquimia, a pesar de todas las prohibiciones, floreció de gran manera en China durante los siglos posteriores y es muy probable que los alquimistas árabes recibiesen alguna información acerca de ella. Es ciertamente notable que la idea del elixir como una medicina que prolongase la vida se 3 Wu y Davis, "The Ts'an T'ung Ch'i of Wei Po-yang", his, vol. XVIII, 2, n° 53 (1932), p. 214.

74

ALQUIMIA CHINA

encuentra entre los árabes y no entre sus precursores de habla griega. En el siglo vi d. c. la alquimia china había comenzado a declinar. Nos encontramos con el mismo fenómeno que ocurrió después en Europa (siglo xiv), señaladamente el que la alquimia, de un arte práctico se transformara en un ejercicio místico y en la creencia de que los viejos textos, cuya intención era seguramente la de ser instrucciones prácticas, eran alegorías que ocultaban verdades espirituales. La alquimia china no está muy lejos de la identidad con la occidental. En ambas encontramos la idea de la transmutación y la obtención del oro; el oro para los chinos no tenía un valor de moneda; era una sustancia imperecedera y por lo tanto todo el interés de los alquimistas chinos se vierte sobre la confección del oro como una sustancia que ha de conferir longevidad o inmortalidad al cuerpo, idea que no parece introducirse en la alquimia occidental hasta el período islámico. Los versos que siguen expresan claramente las intenciones de los alquimistas chinos: Si hasta la hierba chü-sheng puede hacernos vivir más, / ¿Por qué no poner el Elixir en la boca? / El oro no se enmohece ni corroe por naturaleza; / Luego es la más preciada de todas las cosas. / Cuando el artista (es decir el alquimista) lo incluye en su dieta / La duración de su vida llega a ser eterna... / Cuando el polvo de oro penetra en las cinco entrañas, / Se disipa la niebla, como las nubes dispersadas por el viento. / Penetran en los cuatro limbos fragantes exhalaciones; / El semblante resplandece con bienestar y alegría. / Los caballos blancos se vuelven todos negros; / Los dientes caídos crecen en su antiguo sitio. / El viejo caduco vuelve a ser robusto joven; / La arrugada vieja es de nuevo una muchachita / Aquel cuya forma ha cambiado y ha escapado a los peligros de la vida, / Lleva por título el nombre de Hombre Verdadero.4 4

If even the herb chü-sheng can make one live longer, Why not try putting the Elixir into the mouth? Gold by nature does not rot or decay;

ALQUIMIA CHINA

75

Se creía que el oro artificial era una sustancia de tal poder que el comer en vasijas hechas de oro conduciría a la longevidad. Además se suponía que podía prepararse una "pildora de la inmortalidad". Así pues, vemos exteriormente una diferencia entre la alquimia china y la occidental. Los alquimistas chinos eran seguidores de Lao Tsé cuya profunda filosofía, el taoísmo, que se extiende en el siglo vi a. c., se asoció rápidamente a toda forma de magia y encantamiento. Su atención fue pronto enfocada al problema de la mortalidad. Si consiguiéramos que nuestro cuerpo llegara a una perfecta armonía con el Tao, el "camino del universo", adquiriría los atributos de Tao y así alcanzaría la inmortalidad. Esta armonía con el Tao se lograba mediante un proceso místico, sólo posible para los hombres con grandes dones espirituales. Podríamos conjeturar que aquellos que no poseían dichos dones, pero deseaban ardientemente prolongar su vida, estaban dispuestos a tomar el atajo ofrecido por Lien tan "la droga de la transmutación". ¿Cómo se hacía esta droga? En la teoría china sobre esta materia se proponen dos principios; Yang, el elemento activo o masculino y Yin, el elemento femenino y pasivo. Las sustancias ricas en Yang eran aquellas que proporcionaban la vida y causaban la longeTherefore it is of all things most precious. When the artist (i. e. alchemist) includes it in his diet The duration of his life becomes everlasting... When the golden powder enters the five entrails, A fog is dispelled, like rain-clouds scattered by wind. Fragrant exhalations pervade the four limbs; The countenance beams with well-being and joy. Hairs that were white all turn to blak; Theeth that had fallen grow in their former place. The old dotard is again a lusty youth; The decrepit crone is again a young girl. He whose form is changed and has escaped the perils of life, Has for his title the name of True Man. De la sección 52 de Pao P'u tzu (340 d. c.) citado por A. Waley en "Notes on Chinese Alchemy" Bulletin of the School of Oriental Studies. London Institution, vol. VI, Part. I, 1950, p. 11.

76

ALQUIMIA CHINA

vidad. La de más elevada reputación entre éstas era el cinabrio (sulfuro de mercurio rojo nativo); el oro era la siguiente en potencia. Podemos suponer que el color rojo del primero estaba relacionado con la sangre roja de la salud y que su poder de formar mercurio líquido (mercurio "vivo") también contribuía a ella. Debió llegarse gradualmente a la conclusión de que el cinabrio no confería la inmortalidad y, entonces, según la manera típica de los alquimistas, la virtud fue transferida a una droga o elixir divino o esotérico, o a un oro alquímicamente preparado. Las instrucciones para la preparación del elixir son oscuras, pero podemos notar que sufría los mismos cambios de color que la piedra filosofal del Occidente, señaladamente el primero a blanco y después a rojo. El proceso de la transmutación del cinabrio en oro que había de usarse para prolongar la vida parece que se remonta al siglo II a. c. Los chinos, como casi todos los hombres del período pre-científico, suponían que los minerales maduraban en las rocas volviéndose gradualmente más preciosos. Se suponía que el cinabrio se transformaba en plomo, el plomo en plata, la plata en oro. No parecía irrazonable que este proceso se pudiera realizar en el laboratorio. El método para intentar la transmutación difería del occidental. Los chinos empleaban cocimientos y fusiones principalmente; conocían ciertamente la sublimación, que empleaban para hacer el bermellón. Si las transcripciones son co rrectas, conocían también cierto tipo de destilación. Los relatos de sus procesos no nos llevan a descubrir el procedimiento que usaban. Así el siguiente, tomado del Ts'an T'ung Ch'i por Wei Po-yang (hacia el año 120 d. c.), describe evidentemente algún proceso en el que se evapora y cristalina una solución: Arriba tiene lugar el cocimiento y destilación en el caldero; debajo arde la rugiente llama. Delante va el Tigre Blanco indicando el camino; siguiéndole viene el Dragón Gris. El aturdido Chu-niao (pájaro escarlata) vuela con sus

ALQUIMIA CHINA

cinco colores. Encuentra una trampa en el nido y allí queda aprehendido, inmóvil y sin ayuda, y clama patéticamente como un niño por su madre. Se le pone quiera o no quiera en el caldero de líquido caliente con detrimento de sus plumas. Antes de que haya pasado la mitad del tiempo, aparecen dragones en gran número y con rapidez. Los cinco colores deslumbrantes cambian incesantemente. El líquido hierve de manera turbulenta en el ting (horno). Aparecen uno tras otro para hacer una formación tan irregular como una dentadura de perro. Las estalagmitas que son como los carámbanos en pleno invierno, son escupidas horizontal y verti-calmente. Hacen su aparición alturas rocosas de regularidad no aparente, soportándose unas a otras. Cuando yin (negatividad) y yang (positividad) están encajados con propiedad, prevalece la tranquilidad.5

La noción de la piedra filosofal, es decir, de una sustancia de la que una pequeña cantidad es capaz de transmutar una cantidad mucho mayor de metal común en oro o plata, aparece también por primera vez en los textos chinos. En un texto que dala de aproxima damente el principio de la era cristiana se nos dice que "un caballero cíe la Puerta Amarilla en el Han [corte imperial], Cheng Wei, amaba el arte de lo Amarillo y Blanco [alquimia]. Quiso tomar esposa y secuestró a una muchacha de una familia que conocía recetas. . . [Cheng] Wei [trató de] hacer oro de acuerdo con 'El Gran Tesoro (Hung-bao)' en la almohada [del rey de Huai-nan, pero] no le salió. Sin embargo vino su esposa y observó a [Cheng] Wei. [Cheng] Wei estaba entonces soplando las cenizas para calentar la vasija. En la vasija había azogue. Su esposa dijo: 'Quiero probar y enseñarte algo.' Entonces sacó una droga de una bolsa y arrojó un poquitito en [la retorta]. Se absorbió esto y rápidamente volcó ella |el contenido de la retorta]. Ya se había vuelto plata. [Cheng] Wei estaba muy asombrado y dijo: 'El camino (Dao) de la alquimia estaba cercano y lo poseías tú. Pero ¿por qué a Wu y Davis, op. cit., p. 258.

78

ALQUIMIA CHINA

no me lo dijiste antes?' Su mujer replicó; 'Para alcanzarlo es necesario que uno tenga el hado [propicio'." 6 El paralelo entre la alquimia china y la occidental es ciertamente notable, pero el hecho de que la primera buscase 'principalmente medios para prolongar la vida y la segunda medios para obtener la salud parece excluir la posibilidad de que la una derive de la otra. Que la tradición china contribuyó a la alquimia occidental por medio del Islam con su idea de un elixir de la vida es de todos modos muy probable; los contactos necesarios entre China y el Islam existieron seguramente, y sería muy sorprendente que los alquimistas posteriores no hubiesen sacado provecho de ello, lo que se discutirá en el siguiente capítulo.

6 Dubs, op. cit., p. 78.

VII ALQUIMISTAS DEL ISLAM Incluso cuando la ciencia griega estaba en su cenit, existieron otras culturas científicas en el Cercano y Medio Oriente. En India y en Persia, y entre los sabacos de las partes orientales de Siria, se prestaba mucha atención a la astronomía y a las matemáticas, de las que, sin embargo, no quedan más que escasos restos. Lo importante para la posteridad es que, durante los cinco siglos después del nacimiento de Cristo, había en estos países un cuerpo de filósofos de la naturaleza preparados para recibir y cultivar conocimientos nuevos. El centro más vital de éstos era Siria, un verdadero punto de confluencia de lenguas y culturas. Eran lenguas corrientes el latín, el griego, el sirio, el persa y. después del surgimiento del Islam, el árabe; así pues, el conocimiento griego podía echar raíces allí y esbozar una nueva vida partiendo de la mezcla fecunda de culturas y atravesar el Cercano Oriente. La causa inmediata fue la expulsión de Constantinopla del sector culto de los nestorianos en el año 431 d. c. Formaron una escuela activa del conocimiento griego en Edesa, al norte de Siria. De allí fueron expulsados por el emperador griego en 489. Entonces se trasladaron a Nisibis, en Mesopotamia y finalmente se instalaron, poco después del 500 d. c. en Jundai Shapur, la gran escuela médica persa, un poco al norte de Basora. Los ncstorianos conservaron durante mucho tiempo su conocimiento del griego y pronto comenzaron a traducir al sirio trabajos griegos. En el siglo siguiente los cristianos monofisitas fueron también expulsados de Constantinopla y emigraron a Siria y Persia. Por lo menos algunos de los trabajos griegos sobre alquimia fueron traducidos por ellos al sirio. Entre los años 622 y 750 d. c. los Estados y tribus errantes árabes se unieron en el entusiasmo religioso 79

80

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

del Islam. Conquistaron c impusieron sus normas de vida sobre Asia Menor, Siria, Persia, Egipto, África y España. Al principio, se mostraron hostiles a los conocimientos de los infieles, pero después del 750 d. c. bajo la dinastía de los califas Abasidas de Bagdad, desarrollaron un ansia de saber. Desde entonces los tra-

FIG.

11. El mundo islámico.

bajos griegos sobre filosofía, matemáticas y ciencia no fueron nunca traducidos con rapidez suficiente para satisfacerlos. Todavía no sabemos mucho sobre la actitud del Islam hacia la alquimia en el primer período, pero seguramente nos esperan muchos descubrimientos cuando se examinen más textos; desde luego sabemos que

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

81

hubo mucha actividad en ese campo poco después del 900 d. c. La gran figura entre los alquimistas del Islam — ciertamente uno de los pocos alquimistas de los que el hombre instruido tiene noticia— es Geber. Los escritores europeos lo han considerado como el fundador del Arte; sin embargo, el que figure como autor de muchos libros alquimistas es otro caso más de atribución de libros de distintos autores a una sola figura legendaria famosa.1 En una historia curiosa. Los Imam eran las cabezas espirituales y seculares del Islam. El sexto Imam fue Safari Mohamed al-Sadik, que fue exaltado a la posición de gran poseedor de las ciencias secretas, especialmente alquimia y astrología. Se le atribuyen numerosos trabajos, que no son en realidad sino falsificaciones de época posterior. Se suponía que tuvo un discípulo, AbuMussah-al-Sofi, o Geber, quien floreció alrededor del 760 d. c. Numerosos tratados aparecen con este nombre. La mayoría son de alquimia, pero otros tratan de medicina, astronomía, astrología, magia, matemáticas, música o filosofía y constituyen una verdadera enciclopedia de las ciencias. Este Geber es la figura que aparece en los escritos medievales (y en los trabajos de los primeros historiadores de la química) como "Geber, rey de los árabes". Recientemente se ha mantenido que ningún autor árabe menciona a Geber hasta dos siglos después de la época en que se supone que vivió. Ahora se considera como muy probable que este vasto conjunto de escrituras fuese compuesto por los miembros de un grupo parecido por sus inclinaciones religiosas a la secta secreta de los filósofos de la naturaleza que se llamaban a sí mismos Ikwan al-safa, que ha sido 1 Debemos decir que los puntos de vista del finado Paul Kraus indicados en esta sección, no son aceptados por algunos expertos, tales como H. E. Stapleton, que considera a Geber como una persona real practicante de la alquimia y supone que los trabajos que llevan su nombre fueron escritos por él, aunque reeditados con ampliaciones en el siglo IX.

82

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

traducido de varias maneras: "Hermandad de la pureza" o "Amigos fieles". La Hermandad de la pureza compuso una colección enciclopédica de cartas muy parecidas a los escritos geberianos. Podemos pues suponerla una secta con una fuerte creencia en el poder de la ciencia para purificar el alma, que atribuía los trabajos de sus miembros al legendario Geber; lo que equivaldría hoy día a que una sociedad comunista secreta escribiese una enciclopedia científica y se la atribuyese a Voltaire. La costumbre de atribuir los libros de una escuela a la mano del maestro era, sin embargo, muy común en la Antigüedad. Los autores de los tratados geberianos estaban hondamente impresionados por las posibilidades de la ciencia. Es verdad que incluían en la ciencia mucho de lo que llamaríamos mágico, pero debemos reconocerles una creencia en el poder, no meramente del conocimiento de los libros, sino de las operaciones prácticas del laboratorio. Es cierto que sus teorías y prácticas se alejaban mucho del camino de la verdad y la utilidad, aunque descubrieron cosas útiles sin darse bien cuenta de su valor. Es indudable que, a través de toda su historia, la alquimia siguió haciendo útiles descubrimientos físicos en su intento de llegar a lo físicamente imposible. Geber (conservaremos el nombre para referirnos a los autores de los escritos que se le atribuyen) conocía a fondo el trabajo de los alquimistas griegos, aunque sin duda alguna los leyó sólo en traducciones o paráfrasis. Los escritos de los alquimistas griegos, tal como hoy día los conocemos, son un montón de fragmentos y estamos seguros de que los árabes pudieron haber leído mucho que no ha llegado a nosotros. Por lo tanto, no podemos decir hasta dónde los trabajos de Geber son originales, pero podemos decir que en ellos encontramos muchas cosas que no contiene la alquimia griega que conocemos.

Como es corriente en los trabajos de los alquimistas, se encuentra una teoría de la forma en que ha de

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

83

hacerse el oro y un proceso basado en esa teoría, pero incapaz de dar los resultados pretendidos. Geber divi día las sustancias que conocía en: 1) Espíritus: cuerpos volátiles como el alcanfor, sal de amoníaco, mercurio, arsénico y azufre. 2) Cuerpos metálicos: los metales. 3) Cuerpos: sólidos pulverizables no volátiles, es decir, otras sustancias que no sean "espíritus" ni cuerpos metálicos. Esta clasificación procede de los griegos, que consideraban los metales como combinaciones de un cuerpo y un alma o espíritu. Sin embargo, había otros sistemas de clasificación en los que se clasificaba al mercurio como un metal. La teoría de Geber de la formación de los metales está claramente derivada de Aristóteles (págs. 20-21) cuyos vapores "húmedo" y "seco" se han convertido ahora en vapores de mercurio y azufre. Éstos se combinan en las rocas y producen los metales; los distintos metales difieren sólo en cualidades accidentales, y la causa de la diferencia es la cualidad variable del "azufre". El alquimista griego hablaba de varios azufres diferentes y la palabra, antes del período de la moderna química, era un termino muy amplio aplicado a un cuerpo fusible, volátil y combustible. Sin embargo, el azufre en el sentido moderno era también muy bien conocido; pero se enseñaba que había muchas variedades de él: azufre amarillo, azufre blanco, azufre verde, azufre negro, etc., que bien pudieran ser ejemplares del elemento decolorado por diversas impurezas, pero también podrían haber sido compuestos químicos que contuviesen, al menos aparentemente, azufre. Los mineros de ciertas localidades hablan de piritas de hierro como de "azufre" y no hay por qué tomar los azufres de Geber por algo más parecido al azufre que es este mineral. Esta noción de que los metales están compuestos

84

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

de mercurio y azufre permaneció formando parte de la alquimia, y de la química incluso, en el siglo xviii. La idea de la presencia de un "principio inflamable" — azufre— en los metales y lo mismo en casi todos los cuerpos es la progenitora de la noción del flogisto. 2 El capítulo XIII nos da algunos informes del significado que las palabras "azufre" y "mercurio" asumieron en el siglo xviii. Aunque Geber pensaba que los metales estaban hechos de azufre y mercurio, también suponía que estaban compuestos esencialmente de los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego y que tenían las cualidades de estos elementos —sequedad, frío, humedad y calor— en proporciones variables. Se suponía que un metal tenía un par de cualidades externas γ otro par de internas. Así tenemos: Cual. externas

Cual. internas

ORO

caliente-húmedo

frío-seco

PLATA

fría-seca

caliente-húmeda

Para convertir la plata en oro había que volver su naturaleza de dentro a fuera, por decido así. Con objeto de llevar a cabo una transmutación, el alquimista, de acuerdo con Geber, tenía que alterar las proporciones de estas cualidades de calor, humedad, frío y sequedad. Esto no parecía nada difícil o irrazonable, ya que la idea de alterarlos era muy común en medicina. Los griegos y especialmente Galeno, cuyos trabajos eran bien conocidos por los árabes, atribuían muchas enfermedades al exceso de una de estas cualidades. Si un paciente sufría de un exceso v.gr. del elemento caliente, se le daba una medicina hecha de sustancias en las que se suponía que preponderaban los elementos fríos. Geber trató de hacer lo mismo; curar la vileza de los metales con medicinas, a las que llamaba elixi2 Cf. p. 205.

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

85

res. De la misma manera, los alquimistas griegos hablaban de la "medicina" (pharmakon) que había de añadirse a una mezcla con objeto de causar transmutación. Geber desarrolló ampliamente la idea del "elixir supremo", la medicina de los metales, e inventó el método de la balanza, una forma muy sistemática de atacar el problema de la transmutación. Primero consideraba que el alquimista debía ser capaz de descubrir las proporciones de tierra, agua. aire y fuego en cualquier cuerpo y luego alterar esas proporciones hasta convertirlo en otro cuerpo, añadiendo un elixir hecho de los elementos puros combinados en la proporción adecuada para suplir y corregir las deficiencias o excesos del metal. Esta idea cuantitativa suena muy científica y moderna, pero no fue realmente encontrada en medidas de laboratorio, porque los metales no pueden descomponerse en nada parecido a la tierra, agua, aire y fuego y, por lo tanto, no podían medirse las proporciones de estos supuestos elementos. Por otra parte los cuerpos orgánicos podían analizarse mediante la destilación, y probablemente también ésta es una idea griega. Así como Zósimo destilaba huevos, Geber destilaba toda clase de productos animales y vegetales. Es así como probablemente pudo separarse la sal amoníaco del excremento seco de los animales. Destilando cualquiera de estos cuerpos orgánicos obtenía en cada caso: 1) un líquido, que era el elemento del agua (frío y húmedo); 2) una cosa que llamaba aceite o grasa, un cuerpo inflamable que identifica con el elemento del aire (caliente ν húmedo) y que probablemente era una mezcla de líquidos y gases orgánicos volátiles y combustibles; 3) una sustancia coloreada combustible llamada fuego o tintura (probablemente un cuerpo breoso) que identifica con el fuego (caliente y seco); 4) un residuo mineral seco, principalmente carbón vegetal, que identifica con el elemento de la tierra (frío y seco). Ahora bien, cada uno de estos supuestos elementos tiene dos cualidades y la idea de Geber es hacer

86

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

"elementos puros" con una sola cualidad, para poder así, por ejemplo, añadir frío a un metal que no lo tenga, añadiendo al mismo tiempo sequedad o humedad. Así pues, no quiere agua corriente que es fría y húmeda, sino un agua que sea fría pero no húmeda. Para obtener esto, destila y redestila repetidamente el agua corriente añadiendo sustancias que sabía muy secas y, por lo tanto, capaces de quitar al agua su cualidad húmeda. Después de cientos de redestilaciones, el agua —nos dice— se vuelve blanca y brillante y se solidifica como la sal. Éste, dice, es un elemento puro y es simplemente la cualidad del frío sobre la materia primaria. Se suponía que procesos similares aplicados a otros productos destilados daban los elementos caliente, húmedo y seco. Algunos de los procesos que describió implican hasta 700 destilaciones. ¿Qué podremos decir? Jamás hemos redestilado el agua 700 veces con la adición de los reactivos que menciona Geber, luego no podemos desaprobar su aseveración; pero ningún científico podría encontrar en ese proceder ninguna posibilidad de alterar el agua (excepto en su constitución isotópica). ¿Mentía Geber? ¿Describía lo que él pensaba que debía de suceder aunque no hubiese intentado jamás el experimento? ¿O se refería a algo completamente diferente y tan parecido a la química como la francmasonería lo es a la construcción? No se puede responder decisivamente a estas preguntas, aunque personalmente creo que la segunda explicación es la más probable. ¿Por qué —podemos preguntar— los alquimistas que le siguieron no descubrieron la inefectividad de estos procesos y los expusieron como fraudes? Imagino que porque apenas algún alquimista alcanzaría las 700 destilaciones. El vidrio no era de la calidad moderna, y me inclino a pensar que mucho antes de la septuagésima —dejemos ya la número 700— destilación, ocurría algún accidente; se rompía un alambique o se desplomaba un horno o algún otro incidente daba fin al trabajo prematuramente.

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

87

Luego Geber suponía que el alquimista podía hacer el elemento enteramente frío a partir de su "agua", el elemento completamente húmedo a partir de su "aceite", el elemento enteramente seco a partir de su "tierra" y el elemento enteramente caliente a partir de su "tintura". Esto último parece haber sido precursor de la piedra filosofal, descrita como un cuerpo transparente, brillante, lustroso y rojo. Era probablemente aquello de que carecen los metales corrientes y está presente en el oro. Una vez obtenidos estos "elementos puros", el alquimista había de mezclarlos en proporciones numéricas específicas para formar así un "elixir" conveniente que debía aplicarse al metal mediante un proceso algo complicado. Entonces había de tener lugar la transmutación. El sistema numeral de Geber nos parece muy peculiar. Los griegos habían señalado variaciones v. gr. de calor y frío, humedad y sequedad, mediante "grados", aunque no tenían medios para medirlos cuantitativamente. Así las amapolas eran una droga "fría en cuarto grado". Geber aplica esto de manera más elaborada, asignando un "valor" a cada sustancia. Así por ejemplo si el oro vale 1, el elixir vale 5. El poder de cada tratamiento se denota mediante una fracción especial. Una sublimación vale 1/50 y una fusión 1/200. Sobre estas bases Geber elabora ecuaciones, v. gr.: (oro) 1 X (fusión) 1/200 X 1.000 = (elixir) 5 La conclusión a que se llega es que 100 fusiones convertirían el oro en elixir. Pues bien, aunque no estimemos en mucho este razonamiento, no podemos negar su importancia en la historia de la química. Se llamaba el método de la balanza (mizan) y hacía resaltar la importancia de las consideraciones cuantitativas, ya que implicaba cuidadosas pesadas. Se puede decir que introdujo en la química la idea cuantitativa.

88

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

Los autores que escribieron bajo el nombre de Geber no eran sin duda los únicos alquimistas árabes de importancia. Indudablemente existían alquimistas antes de los escritores geberianos. El Libro de Crates que puede ser del 800 d. c. o un poco posterior, es algo más que una mera adaptación arábiga de la alquimia griega. Hay muchos trabajos árabes sobre alquimia, pero son pocos los que han sido traducidos. Algunos están llenos de significados místicos y secretos que no pueden discutirse aquí, si bien hemos de decir mucho sobre trabajos similares en el capítulo XI. Una figura sobresale como un terco y práctico hombre de ciencia; el conocido por el mundo latino con el nombre de Rhases. El nombre de Rhases es la forma latinizada de Mohamed-Abu-Bekr-Ibn-Zacarías al-Razi, cuyo último nombre es por el que se le conoce comúnmente y denota el hecho de que procedía de la ciudad de Rain en Persia. Era un persa y es notable que la mayoría de los científicos y letrados famosos del Islam no fuesen de origen árabe, siendo muchos de los primeros, indudablemente, cristianos nestorianos. Al-Razi fue el primero de los grandes enciclopedistas del Islam, hombres instruídos en casi todas las ramas de la ciencia y la filosofía. Escribió sobre toda clase de temas médicos y quirúrgicos, sobre filosofía, alquimia, matemáticas, lógica, ética, metafísica, religión, gramática, música, ajedrez y el juego de damas. Su profesión era la de médico, y sus escritos sobre esta materia eran más importantes que sus trabajos sobre alquimia. Su vida nos muestra a un hombre científico de los grandes días de la ciencia islámica. Nació en el año 864 d. c., época en la que el conocimiento europeo estaba en su punto más bajo y el árabe en su dorada juventud. Sus primeros estudios fueron de filosofía y, en sus años juveniles, escribió poesías. Como muchos hombres de ciencia —Galileo es otro ejemplo— era un experto ejecutante musical y compuso una enciclopedia de la música. Tenía alrede-

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

89

dor de los treinta años cuando fue a Bagdad, donde había un famoso hospital. Al parecer, su inclinación hacia la medicina tiene su origen en esa curiosidad intelectual que fue la pasión de su vida, y la encontró de tal interés que decidió dedicarse a ella. Su interés por la alquimia parece datar de su edad temprana y se le atribuye haber dicho que ''Ningún hombre merece el nombre de 'filósofo' mientras no sea un maestro en química teórica y aplicada". Parece que quedó ciego a causa de unas cataratas ya al final de su vida y que murió cuando tenía alrededor de sesenta años, en una fecha próxima al 923 d. c. El único cuarteto de su poesía que se conserva tiene una rima sonora: Esta débil forma que envejece día a día, Que en corto tiempo desapareceré me advierte. ¡Ay! yo no se a dónde se irá el alma mía Cuando abandone este cuerpo agotado e inerte.3

Infortunadamente ninguno de sus trabajos alquimistas ha sido traducido directamente del árabe e impreso, pero los sumarios y descripciones que de ellos han sido hechos por aquellos que han podido estudiar los manuscritos demuestran que era un químico extremadamente práctico y sensato. Cita los nombres de numerosos alquimistas griegos y probablemente los co nocía de primera o segunda mano. Su Libro de los secretos divide las sustancias químicas en clases bien delineadas: "espíritus", cuerpos metálicos, piedras, vitriolo, bórax y sales. Describe el equipo necesario para el Arte, incluyendo aparatos para destilación y subli3

This feeble form decaying day by day Warns me that I must shortly pass away. Alas! I know no whither wends the soul When it deserts his worn and wasted clay. Traducción (al inglés) por G. S. A. Ranking en "Life & works of Rhazes", XVII International Congress of Medicine, 191?, Sec. XXIII, p. 237.

90

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

mación, hornos, etc. Continúa con la disensión de un número considerable de operaciones químicas; la preparación de varias aguas "venenosas", que incluían aparentemente amoníaco y algunos de los ácidos fuertes; describe calcinaciones, sublimaciones, disoluciones, combustiones y, filialmente, aunque en términos oscuros, la confección de elixires y de oro y plata. En su trabajo, que no siempre puede entenderse claramente, no hay los ocultamientos deliberados, la alegoría y la retórica de otros muchos textos. Es realmente el trabajo de un hombre de ciencia, tratando de un asunto del que no entiende muy claramente la teoría. Otro alquimista árabe digno de mención es Abul Kasim al Iraqui, quien escribió, probablemente en el siglo XIII, un trabajo llamado Conocimientos adquiridos en lo concerniente al cultivo del oro. Hay una traducción inglesa por E. J. Holmyard. El afortunado poseedor de este libro, bastante raro, puede ciarse cuenta de cómo era la alquimia árabe. La teoría sobre la alquimia de Al 'Iraqui se parece mucho a la de Geber. Adopta la teoría aristotélica de la génesis de los metales y supone que los metales comunes son variedades imperfectas de oro y que sus propiedades pueden ser modificadas mediante el elixir rojo o el blanco para convertirse en oro o en plata verdaderos. Como una prueba de la posibilidad de semejante cambio expone el hecho real de que el plomo, calentado al fuego durante largo tiempo, deja una pequeña proporción de compuestos de plata que, según nosotros sabemos (los alquimistas árabes no lo sabían), se encuentra en todo mineral de plomo; Al 'Iraqui suponía que se había producido por transmutación. Su teoría es excelente, pero cuando llega al punto de explicar a sus lectores qué es necesario hacer, se expresa en fórmulas oscuras y alegorías y citas de los múltiples sabios alquimistas. En nuestra opinión, se trata de un hombre con un comprensión clara de

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

91

una teoría concerniente a la alquimia, pero sin ninguna experiencia práctica afortunada. Los alquimistas árabes traspasaron al inundo occidental no sólo sus conocimientos químicos y su técnica, sino también muchos otros conocimientos que, a nuestro entender, no tienen relación con la química. Es muy famoso el breve escrito llamado la Tabla de esmeralda de Hermes. Hermes es un nombre que se encuentra muy a menudo en la literatura griega posterior. En los escritos alquimistas más antiguos se encuentran fragmentos en los que figura este nombre. También se conserva en escritos árabes, algunos de los cuales derivan claramente de un original griego. La Tabla de esmeralda puede ser uno de éstos, aunque no se ha encontrado aún ninguna versión griega. Tuvo una gran influencia en los alquimistas posteriores y por lo tanto vale la pena transcribirla en su totalidad. La clave para este raro documento es la doctrina del pneuma y si el lector consulta las páginas 19-24 de este libro, verá lo que quiere decir el autor. He aquí una de las varias versiones de la Tabla: Las palabras de las cosas secretas de Hermes Trimegisto 1.—Verdadero, sin engaño, verdadero y muy cierto. 2.—Lo que hay abajo es como lo que hay arriba y lo que hay arriba es como lo que hay abajo, para la representación de las maravillas de la cosa única. 3.—Y como todas las cosas eran parte de una, mediante la meditación de una cosa; así todas las cosas nacieron de esta única cosa, por adaptación. 4.—Su padre es el sol, su madre es la luna; el viento la llevó en su vientre; su aya es la tierra. 5.—Éste es el padre de toda la perfección del mundo entero. 6.—Su poder es integral, si se transforma en tierra. 7.—Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo burdo, suavemente y con mucha inteligencia.

92

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

8.—Asciende de la tierra al cielo y de nuevo desciende. De tal manera tendrás la gloria del mundo entero. Asi toda la oscuridad huirá de ti. 9.—Ésta es la fuerte fortaleza de toda fortaleza: porque dominará cualquier cosa sutil y penetrará cualquier sólido. 10. —Así se creó la tierra. 11.—De aquí habrá adaptaciones maravillosas, de las que esto es el medio. 12.—Y así me llaman Hermes Trismegisto, que tiene tres partes de la filosofía del mundo entero. 13.—Lo que había de decir respecto a la operación del sol está terminado.

Este trabajo, enigmático evidentemente, da a entender al lector que la operación del sol (el símbolo del oro) era manejada por un "espíritu" universal, la fuente de todas las cosas, que tenía el poder de perfeccionarlas. Su virtud es integral (es decir, tiene el poder de convertir lo diverso en una sola sustancia), si se convirtiese en tierra (es decir, se solidificase). Esto da a entender que la "piedra" tenía que ser un pneuma solidificado. Pneuma era el enlace entre la tierra y el cielo, que tenía la virtud de las regiones celestiales y subterráneas; el poder de todo el cosmos desde las es trellas fijas hasta el centro de la tierra. Somete a toda naturaleza y penetra todo sólido. Es la fuente de todo el mundo y así puede servir para cambiar las cosas de manera maravillosa. Las tres partes de la filosofía del mundo entero son probablemente las de las regiones celestial, terrestre y subterránea. Este documento se tradujo al latín antes del 1200, y es una de las fuentes más importantes de la alquimia medieval. Las ideas que hay en él concuerdan con la ciencia de la época y aunque no dan una idea clara de cómo se fija el pneuma como sólido, lo consideran un triunfo. Gran parte de la alquimia medieval consistía de hecho en variaciones sobre este tema. No es fácil calcular lo que el mundo musulmán hizo por la alquimia y la química. No sabemos cuánto recibió de los alquimistas griegos, pero seguramente

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

93

fue mucho más de lo que aparece en los tratados griegos que han llegado hasta nosotros. No sabemos cuáles fueron los descubrimientos de los árabes, porque gran parte de sus trabajos permanecen sin estudiar y en este campo de. la historia de la ciencia se han hecho pocas investigaciones. No sabemos siquiera con cuánto contribuyeron al mundo occidental porque no estamos seguros de la autenticidad de muchos textos que pretenden ser traducciones del árabe. Pero sin embargo parece claro que durante el siglo xii los árabes, además de lo que los griegos les habían enseñado, conocían la preparación de la sal amoníaco, el amoníaco, los ácidos minerales y el bórax. Por lo tanto, el conocimiento químico total del mundo musulmán en el siglo xii era considerable. Los métodos de destilación y otras operaciones; un número considerable de importantes preparaciones químicas; la idea de la transmutación mediante una medicina o una "piedra"; la ciencia de los cuatro elementos; todo esto y mucho más había de ser revelado al mundo occidental de habla latina, que no sabía nada de alquimia y cuyas farmacia y metalurgia, según sabemos, consistían sólo en los más simples batidos, cocimientos y fusiones. Uno de los medios de transmisión más importante para estos conocimientos era la colección de trabajos atribuidos a Geber, "el más famoso príncipe o filósofo árabe", que se consideraba como una compilación hecha muchos años después de la época en que se supone que vivió. Pero estos trabajos árabes no son idénticos a los trabajos latinos que llevan el nombre de Geber. De éstos, el más importante es la Summa Perfectionis, que fue la fuente más importante de la alquimia y la química medievales. Este libro deriva seguramente de fuentes arábigas, pero no parece ser anterior al final del siglo xiii. No sabemos si es una traducción de un texto arábigo o un sumario de química árabe recopi lado por un escritor occidental. De todas formas, pues to que estos trabajos latinos de Geber contienen deriva-

94

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

ciones de los árabes, podemos considerarlos dentro de este capítulo. El autor de estos tratados era un alquimista, es decir, creía y apoyaba la posibilidad de la transmutación de los metales e indicaba métodos para realizar el trabajo. Los caracteres más notables de estos trabajos son su defensa de la teoría azufre-mercurio de los metales; su descripción de métodos químicos y el comienzo del análisis, señaladamente el establecimiento de numerosos métodos para probar un metal y descubrir si es oro legítimo. El trabajo de Geber transmitió el conocimiento de los ácidos minerales al mundo occidental y probablemente es ésta la única información química de importancia que contienen estos libros. Tómese vitriolo de Chipre (sulfato de cobre conteniendo probablemente sulfato ferroso) una libra; salitre, dos libras y alumbre de Yemen (sulfato de aluminio) una cuarta parte; extráigase el agua calentando al rojo el alambique. . . Se hace más sutil si se disuelve en él una cuarta parte de sal amoníaco; porque esto disuelve el oro, el azufre y la plata.

La receta es puramente química y produce ácido nítrico, que continuó haciéndose mediante este método de Geber durante cuatro siglos después de escribirse su texto. Disolviendo sal amoníaco (cloruro de amonio) en el ácido, se libera cierta cantidad de cloro; el ácido resultante atacará al oro, lo que no hace el ácido nítrico solo y atacará con más rapidez al azufre y la plata. Éste fue un descubrimiento de suma importancia, pero para los químicos y alquimistas de la Edad Media probablemente resultaban de mayor valor las descripciones e ilustraciones de hornos. La figura 12 está tomada de una edición de Geber impresa en el siglo XVII pero probablemente apenas se apegue a los dibujos de algún manuscrito anterior. Los trabajos de Geber eran el libro de texto y vademécum del alquimista medieval. Son muy claros

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

95

y están exentos de misterios, pero no capacitaban a sus lectores para hacer oro. Había sin embargo una especie de reacción contra ellos. El tipo de alquimista místico y filosófico despreciaba el intento de los labo-

FIG.

12. Destilación, tal como aparece en la traducción de Russell de The works of Geber (1678).

ratoristas de hacer oro a partir de los materiales ordinarios mediante procedimientos químicos y los apodaba "cocineros de Geber". Otros, sin embargo, fingían encontrar en Geber un autor que conocía el secreto y lo escondía bajo una masa de instrucciones prácticas que, interpretadas al pie de la letra, no conducían a nada. Aunque los trabajos de Geber están muy lejos de ser los primeros textos alquimistas asequibles a la Europa occidental y aunque la mayoría de ellos no han

96

ALQUIMISTAS DEL ISLAM

conocido el original árabe, pueden considerarse como las vías más importantes por las que el conocimiento químico árabe llegó a ser asequible a los alquimistas de la cristiandad medieval.

VIII LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA Pasamos al siglo XII. Rápidamente Europa se iba organizando y tranquilizando. Las ciudades se iban haciendo centros importantes; el aumento del comercio traía nueva riqueza y comodidad. En el mundo intelectual surgía la aurora de una era nueva. El Occidente, cuyos conocimientos y actividad intelectual habían sido casi en su totalidad teológicos, comenzaba a producir filósofos. Hombres tales como Berengario, Roscelino, Anselmo, Abelardo, Hugo de San Víctor, se ejercitaban en problemas filosóficos, principalmente a través de la tradición platónica que había decaído en el Occidente. Las universidades comenzaban a tomar forma; existía un apetito de conocimientos y una sed de material nuevo. Semejante material estaba en las manos de los árabes y los judíos que vivían en el mundo musulmán. Lo que el mundo occidental requería del Islam eran sus conocimientos de filosofía y ciencias; y es notable la gran proporción de libros científicos entre los primeros que se tradujeron. La Europa occidental apenas conocía nada de medicina; su astronomía y matemáticas eran rudimentarias; la química y la física apenas existían para ellos. Los únicos trabajos concernientes a algo semejante a la alquimia eran ciertos libros de recetas técnicas, tales como los Compuestos para colorear, La clave de la pintura y el Libro de los fuegos, que venían directamente, a través de la tradición bizantina, de las recetas de los papiros de Leyden y de Estocolmo. Proporcionaban información sobre toda suerte de asuntos prácticos, tales como el teñido, la confección de pigmentos, tratamiento de los metales, etc. No son exactamente alquimistas pero están relacionados con asuntos que interesaron a los primitivos alquimistas. 97

98

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

Era evidente para aquellos que estuvieron en contacto con las fronteras de los mundos arábigo y latino en Sicilia, el sur de Italia y España, que los árabes eran enormemente superiores a los "francos" en todo conocimiento y asuntos relacionados con la habilidad y destreza; y lo más sencillo era procurarse traducciones de sus libros. Los hombres de Occidente no conocían ni el griego ni el árabe, los árabes generalmente no conocían el latín; pero había muchos judíos instruidos que conocían cierta lengua que entendían los "francos". Mediante su ayuda se llegaron a hacer las traducciones. Había una escuela médica en Salerno, en el sur de Italia, donde se preparaban las traducciones o, quizá, eran empleadas ya en el siglo XI, pero la primera versión conocida de un trabajo alquimista se debe a un tal Roberto de Chester en 1144. Hacia 1200 habían sido traducidos una media docena de textos, incluyendo el Libro sobre alumbres atribuido a al-Razi y la Tabla de esmeralda. El interés por el asunto comenzó a crecer y en el siglo XIII ya se discutía seriamente sobre alquimia y se practicaba con intensidad. Las mejores cabezas de la época dudaban si la alquimia era realmente una ciencia o un fraude. San Alberto (Alberto el Magno), Rogerio Bacon y Santo Tomás de Aquino, todos discutían la cuestión. Alberto, quien escribió un excelente trabajo sobre minerales y había ido a los distritos mineros para ver él mismo los procesos, llevó a cabo el experimento práctico de probar un pretendido oro alquimista, pero encontró que 6 o 7 tratamientos en el horno lo reducían a cenizas. Un caso similar se relata de al-Razi; se dice que parte de su oro alquimista se enmoheció al cabo de muchos años y tuvo que reconocer que no lo era. Sin duda muchos de estos llamados oros eran aleaciones de latón como los modernos ormolú * y similor o probablemente mezclas de éstos con algo de oro. Alberto el Magno se inclinaba por lo tanto a pensar * Otra variedad de similor a base de cobre con 6 a 17 % de estaño y cantidades variables de zinc. [T.]

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

99

que los alquimistas con los que estaba relacionado no hacían verdadero oro. También Avicena (980-1036) repitió muchas veces lo mismo; que los alquimistas producían imitaciones de metales preciosos y no realizaban una transmutación real. Pero Alberto tomó muy. en serio la alquimia, porque había argumentos fuertes en su favor. Pensaba que la transmutación de los metales era posible, aunque muy difícil, porque si, como él creía, la naturaleza podía transformar el azufre y el mercurio en metales mediante la ayuda del sol y las estrellas, parecía razonable que el alquimista fuese capaz de hacer lo mismo en sus vasijas. Por la misma época (hacia 1250) Rogerio Bacon, quien era sin duda un trabajador práctico de laboratorio y un gran ejemplo de los méritos de la ciencia, discutía el mismo asunto. Creía también en el Arte. En su Opus Tertium 1 distingue la alquimia especulativa, un conocimiento de las propiedades de los cuerpos y su generación y cambios —muy cercana a lo que llamamos química— de la alquimia operativa o práctica que enseña al hombre "cómo hacer metales nobles, y colores y muchas otras cosas mejor y más copiosamente por arte que por naturaleza. Y esta ciencia es más importante que todo lo que la ha precedido porque es productora de mayores ventajas. No solamente produce dinero y otra infinidad de cosas para el Estado, sino que también enseña el descubrimiento de cosas tales como la manera de prolongar la vida humana hasta donde la naturaleza permite que sea prolongada". Además dice que muchos que intentan hacer alquimia lo hacen sin un conocimiento apropiado de la técnica —destilación, sublimación, calcinación, separación—; de donde se deduce que acaso no prestaba mucha atención a este arte. A muchos hombres famosos que no hicieron otra 1 Roger Bacon, Opera quaedam bactenus inedita, ed. J. S. Brewer. Rolls Series. Londres, 1859, vol. I, C. XII, p. 39-40. El asunto está también discutido en gran parte de sus otros trabajos.

100

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

cosa que mencionar la alquimia, se les atribuyeron trabajos alquimistas que nunca llegaron a escribir. Así a Aristóteles, a Avicena, a Alberto el Magno y a Santo Tomás de Aquino se les considera autores de tratados que nadie puede creer que fuesen suyos. Por esta razón necesitaríamos una completa evidencia para persuadirnos de que los tratados alquimistas atribuidos a Rogerio Bacon fueron realmente escritos por él. Además, sus trabajos auténticos muestran que no era comedido para hablar de su trabajo y observaciones de laboratorio. La alquimia, cuando él escribía, no estaba prohibida a los frailes. Si se hubiese enredado en la práctica del Arte, lo hubiese mencionado seguramente, como menciona la óptica, pero, de hecho, él sólo registra que existía tal ciencia, ensalza su dignidad y utilidad y transcribe alguna vez recetas alquimistas. Probablemente el mayor talento de aquella época era Santo Tomás de Aquino, quien menciona la alquimia sólo incidentalmente, pero nos da una información muy interesante que constituye la clave para la concepción medieval. Las teorías científicas fundamentales de la época eran las de Aristóteles, nuevamente aprendidas en traducciones de versiones arábigas. El pasaje traducido en las páginas 20-21 les parecía a los hombres del siglo XIII muy importante. Santo Tomás, que escribió poco después de 1250 d. c., nos dice: La función principal del alquimista es transmutar los metales, es decir los imperfectos, de manera real y no fraudu lenta.

En su comentario sobre el libro tercero de la Meteorológica (Lectio IX ad finem) de Aristóteles, hay una larga discusión sobre el punto de vista de Aristóteles respecto a la generación de los metales bajo tierra a partir de un vapor seco o fuliginoso y un vapor húmedo (o exhalación). Acepta este punto de vista pero le añade algo que no se encuentra en Aristóteles, es decir, que esta mezcla o combinación requiere una

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

101

virtud celestial que da al producto sus operaciones ocultas. La virtud celestial es el principio activo, el principio instrumental es el calor. Así los metales son agua, en cierto sentido, puesto que el vapor húmedo podría haberse convertido en agua si no lo hubiese hecho en metal. Sabe que los metales pueden ser calcinados en tierras mediante el fuego, pero el oro es tan puro que no hay nada en lo que el fuego pueda hacer presa. Entonces dice: El material remoto de tales cuerpos metálicos es el vapor incluido en las partes pétreas de la tierra, pero los materiales inmediatos (propinqua) de los metales son el azufre y el mercurio, como dicen los alquimistas: así, en los antedichos lugares pétreos de la tierra, por la virtud mineral son primero generados mercurio y azufre y luego a partir de ellos se generan metales de acuerdo a su mezcla diversa (commistio). Y así los alquimistas, a través del arte real de la alquimia (que es un arte difícil, a causa de las operaciones ocultas de la virtud celestial, es decir la virtud mineral, las que por estar escondidas son imitadas por nosotros sólo con dificultad), estos alquimistas, mediante los principios anteriores o mediante principios establecidos por ellos mismos hacen algunas veces una verdadera generación de metales, algunas veces ciertamente a partir de los dichos azufre y mercurio sin la ge neración de la exhalación, pero a veces haciendo exudar de ciertos cuerpos la dicha exhalación vaporosa mediante la aplicación de un calor proporcionado que es un agente natural.

Así, un alquimista que adoptara el punto de vista establecido por Santo Tomás trataría de obtener esta "exhalación vaporosa" por destilación y trataría de conseguir la "virtud celestial" para trabajar sobre ella. Nótese cuán cerca está esto de la idea de la Tabla de esmeralda. Todo ha de hacerse mediante una cosa. La exhalación vaporosa es un "espíritu" lo mismo que la virtud celestial que obra sobre él. No es sorprendente que, cuando los más grandes sabios estuvieron de acuerdo en que la alquimia era

102

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

posible, un gran número de hombres intentaran llevar a cabo un trabajo que era tan interesante, tan noble y tan provechoso. La alquimia fue corno una fiebre sobre la Europa del siglo XIII y permaneció durante tres siglos, por lo menos, siendo la principal preocupación de aquellos que querían descubrir los secretos de la naturaleza. Había una variedad abrumadora de prácticas alquimistas, pero antes de comenzar a exponer lo que los alquimistas hicieron y cómo vivieron, procuraremos trazar un cuadro del alquimista medieval. Los hombres de la Edad Medía no escatimaban la sátira. Algunos de sus escritos concernientes a los curas y frailes los pintaban como hombres de una santidad verdaderamente nazarena mientras en otros aparecían como criaturas de la más despreciable hipocresía y falsedad. Asimismo, de sus descripciones de los alquimistas podemos inferir por una parte la existencia de unos cuantos pacíficos investigadores filosóficos de los secretos de la materia y por otra la de una gran cantidad de estafadores mezquinos embaucando a los ricos crédulos con falsas demostraciones. En ambos cuadros hay algo de verdad. Raramente encontramos algo que no sea una breve biografía de un alquimista y muchas de éstas fueron escritas bastante después de su muerte. Sin embargo, atando cabos podemos figurarnos cómo era un verdadero alquimista. El alquimista medieval era casi siempre un clérigo, "escolar instruido", no tanto porque había alguna conexión entre la vida religiosa y la alquimia como porque la mayoría de aquellos que sabían leer y escribir con facilidad eran clérigos y la alquimia implicaba necesariamente el estudio de libros. Así pues, podemos pintar a nuestro alquimista como un monje y en muchos casos un canónigo, estando explicada la afección aparente de los canónigos a la alquimia por el hecho de que sus deberes eclesiásticos eran escasos y sus medios considerables. Debía tener una educación cabal,

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

103

lo que significaba que leía, escribía y hablaba latín, la lengua en la que todas las naciones escribían sus trabajos eruditos. Su educación complementaria debía incluir los elementos de la ciencia de la época y esto comprendería las ideas de Aristóteles sobre la generación y la corrupción. Podía haberse dedicado a la alquimia por varias razones. Un hombre de gustos científicos en la Edad Media podía seguir tres caminos: el de la medicina, el de la astronomía y el de la alquimia. Así pues, el tipo de mente que hoy día encuentra en la química un pasatiempo emocionante y satisfactorio, sin duda era atraído por la alquimia. Otros eran atraídos por el maravilloso proyecto de hacer oro, quizá para su propio enriquecimiento, quizá para financiar una cruzada o construir hospitales o iglesias. Tales construcciones eran costeadas a menudo por particulares, no sólo por pura caridad sino porque traían a los donantes gran renombre y la esperanza de oraciones de aquellos a quienes habían beneficiado, que los sacarían más rápidamente del purgatorio. Para algunos la alquimia atraía como un noble trabajo: la perfección de la naturaleza, porque, como Norton nos dice en su Ordinall,2 Era también un trabajo y cura divina Ensuciar cobre para hacer oro y plata fina

Nuestro posible alquimista podía muy bien haberse enseñado para estos trabajos en el monasterio. Las muchas y repetidas veces que se prohibió el ejercicio de la alquimia a los monjes, demuestran que era una ocupación común en los monasterios. No se pensaba que fuese nada malo la alquimia con fines honestos, pero no tenía, en general, buena reputación a causa de la gran cantidad de estafadores que se ocupaban en ella. De ellos, queda aún mucho que decir. Además, 2 En Elias Ashmole, Theatrum chemicum Britannicum. Londres, 1652.

104

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

la función de un fraile o monje era estimular los fines de la religión y la alquimia era considerada, a lo más, como una manera un tanto indirecta de hacer tal. Pero hubiera o no un alquimista en su propia comunidad, con seguridad él hubiera encontrado u oído de alguno que ejercía el Arte y que podía saber más o menos sobre éste. No habría podido salir a comprar las obras alquimistas porque el arte de imprimir no las había hecho aún fácilmente accesibles. Pero probablemente hubiera copiado o hecho que le copiaran uno o dos manuscritos alquimistas que alguien le hubiese prestado. Es probable que muchos alquimistas medievales conocieran sólo unos pocos de los escritos de aquellos que les precedieron. Suele decirse que, al comienzo, el principiante se encontraba en una confusión completa por la oscuridad de los libros alquimistas, y que gastaba gran parte de tiempo y dinero en falsos ensayos. Ciertamente, es probable que un gran número de alquimistas desistieran de la investigación, la mayoría con el bolsillo menguado. ¿Cómo establecería su laboratorio? Había muchas dificultades. Ante todo, no convenía ser conocido como alquimista. Los vecinos, que eran generalmente iletrados, le tomaban por brujo o nigromante. El superior eclesiástico podía pensar que empleaba el tiempo de manera improductiva. Si se trataba de un alquimista al que se le atribuía haber hecho oro, estaba en peligro de ser apresado por un potentado local o incluso por su soberano y obligado a hacer oro; lo cual no era cosa que cualquiera fuera capaz de hacer por encargo. Así pues, la alquimia era una ocupación un tanto clandestina en la Edad Media. Había también una dificultad económica, pues siempre se ha oído hablar de gente que dilapidó su fortuna por ella. No había "proveedores de laboratorio" entonces, pero los vidrieros y alfareros, que hacían los instrumentos para los boticarios y los médicos, podían

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

105

proporcionar los alambiques y vasos necesarios, algunos de los cuales necesitaban una técnica de soplado muy experimentada. No faltaban comerciantes de drogas y pigmentos, y aquellos que podían pagarlos obtenían mercurio, azufre, arsénico amarillo, alumbre, vitriolo, bórax, sin contar el vinagre, vino, miel, aceite, escamas de hierro8 y las distintas sustancias de que disponía aquel variado comercio. Hay que suponer que los aparatos y drogas no eran de muy buena calidad. No se ha conservado ningún aparato de vidrio medieval, pero se supone que no serían mejores que los del siglo XVIII, que eran de vidrio grueso y muy frágil al calor. Las pérdidas por fractura probablemente eran muy elevadas. Los primeros intentos para seguir las recetas contenidas en los manuscritos fueron, según parece, casi siempre infructuosos, y en la carrera de cada alquimista que pretendía haber hecho la piedra, había lo que podríamos llamar una iniciación en el secreto de la alquimia. En alguna etapa encontraría un alquimista más viejo que, cuando se convenciera de que era un hombre merecedor del secreto, le dijese algo que le capacitara para comprender los libros alquimistas y para comenzar el largo trabajo de preparación de la piedra con alguna confianza en el éxito. La razón alegada para guardar el secreto era el peligro de confiar un conocimiento de tales poderes a cualquier hombre indigno de poseerlo. Porque la piedra filosofal significaba disponer de un poder ilimitado, del remedio de males y la facultad de prolongar la vida indefinidamente. Sin duda ningún hombre bueno confiaría este secreto a nadie que no conociese bien, garantizando una seguridad posterior mediante el juramento. El verdadero alquimista no vendía nunca el secreto por dinero y sólo se lo comunicaba a un discípulo después de que éste hubiese jurado que no lo revelaría más que a un 3 Óxido ferroso-férrico.

106

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

hombre del que estuviera seguro que era merecedor de él y que deseara adquirir, no riquezas sino conocimientos. ¿Cuál era el secreto? De esto no sabemos nada. Que los trabajos alquimistas eran ininteligibles sin él, nadie que los haya leído lo dudará; pero lo que allí había que, dicho por un alquimista a otro, podía hacerlos inteligibles, no podemos adivinarlo. Sin embargo, que algo se comunicaba de esta manera es completamente cierto. Algunos alquimistas, tales como Charnock, parecen haber sido instruidos en una hora, otros en mucho más tiempo; así, Tomás Norton se encerró con su maestro durante cuarenta días, aprendiendo el Arte. A fecha tan avanzada como 1653, Elias Ashmole, el gran anticuario inglés (1617-1692), registra con regocijo en su diario que William Backhouse, "estando enfermo en Fleet Street, enfrente de la iglesia de San Dunstan y sin saber sí habría de vivir o de morir, hacia las once me dijo en sílabas la materia real de la piedra filosofal, lo que me transmitió como un legado". A costa de conseguir el secreto, el trabajo era lento, tedioso y difícil. Lo que sabemos de los procedimientos se reserva para el capítulo IX. Puede decirse aquí que el trabajo se dividía en dos partes: el trabajo grosero y el sutil. La primera parte era una operación importante y muy tediosa mediante la cual se juntaban y purificaban los materiales, mientras que la segunda, que era mucho más corta y fácil, convertía los materiales en la piedra. La elaboración, fuese la que fuese, necesitaba un calor continuo que no podía cesar y que tenía que variar de una suave tibieza a algo cercano al calor del rojo. El alquimista tenía que estar vigilante durante meses o incluso años enteros o bien confiar una parte del trabajo a sirvientes, que casi invariablemente o sobrecargaban el fuego o lo dejaban apagar.

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

107

Existe un interesante poema de Sir George Ripley (1471) "en donde el autor declara sus erróneos experimentos". Comenzó con los materiales que los libros parecían proponer de manera evidente; azufre y mercurio, que combinó para formar el pigmento rojo bermellón, pero no llegó a nada próximo a la piedra. Hizo "soluciones" de espíritus (es decir, líquidos destilados), fermentos, sales, hierro y acero; trabajó con "aguas corrosivas" (es decir, ácidos minerales) y "aguas ardientes" (a saber, líquidos combustibles tales como el alcohol). Trabajó con azufre, vitriolo verde (sulfato ferroso), arsénico y oropimente (trisulfuro de arsénico) y muchas clases de sales, tales como la sal amoníaco, carbonato de potasio, bórax, tártaro, sal común, salitre, sosa. Ensayó trabajando sobre orina, huevos, cabellos y sangre, según la moda de Geber y, de hecho, empleó todos los productos químicos disponibles entonces: De los que hice alegres tintes para ser mostrados Ambos rojo y blanco que no habían sido experimentados 4

Evidentemente debió haber observado una gran variedad de reacciones químicas al llevar a cabo la preparación de numerosas sustancias coloreadas, productos destilados y también sales cristalinas (porque nos dice: De Mercurio y Metales hice Piedras Cristales).

Sin embargo estaba interesado en una sola clase de conocimiento; cómo alcanzar los fines comunes de la alquimia, la piedra roja y la blanca. Todo el tiempo en el que "asó y coció como uno de los cocineros de Geber" fue tiempo perdido, porque no se registró ningún resultado. Ésta es la medida de la distancia entre la química y la alquimia. Todo esto en cuanto al alquimista contra el que no se alega ningún fraude, el hombre que empleó una 4

Of which gey tinctures I made to shew Both red and whyte which were untrew.

108

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

vida en la búsqueda de estos maravillosos materiales. Es muy difícil suponer que tales hombres obraran de mala fe o estuvieran engañados respecto a lo que hacían. Y es aún más difícil creer que triunfaron; sin embargo, hay escritores alquimistas aparentemente sinceros que reclaman el éxito y describen en un lenguaje detallado y bastante claro cómo obtuvieron la piedra roja y blanca y llevaron a cabo transmutaciones de las que queda alguna referencia escrita que discutiremos más adelante. Aquí, sin duda alguna, está el problema central de la alquimia. Con el alquimista fraudulento estamos en terreno más seguro. Las estafas que podían hacerse eran tan simples y atractivas que no es sorprendente que tuviesen que promulgarse bulas papales y leyes civiles contra los llamados "multiplicadores de metales". Los numerosos estafadores que, practicaban este medio de vida no tuvieron necesidad de procedimientos demasiado largos. Aseguraban que poseían la piedra o una simple y rápida receta para hacerla. Es notable que aun el oro actual, en forma de lingote, y la mina de oro sean materia para los estafadores corrientes; la pretendida transmutación de otros metales en oro era su equivalente medieval. El procedimiento corriente era interesar a un hombre poderoso, generalmente un clérigo (la clerecía es aún la presa favorita para el arte de los estafadores) y emplear la técnica inmemorial del charlatán para llevarlo a solicitar una demostración. El engañabobos se proveía de antemano con algo de oro y plata. Preparaba un horno, adquiría mercurio y un crisol, llenaba el crisol con mercurio y volcaba en él el polvo precioso (probablemente algo de cal o plomo rojo). Mientras tanto, se había introducido algo de oro o plata genui-nos en un pedazo de carbón de leña o en una hendidura en la punta de una varilla de agitar y sujeto con cera negra. Se calentaba el horno; se ponía en su sitio el carbón preparado sobre el crisol, o bien se usaba la varilla. La cera se derretía y el metal precioso caía

LOS ALQUIMISTAS EN EUROPA

109

dentro del mercurio; como aumentaba el calor el mercurio se volatilizaba y dejaba la plata o el oro derretido en el crisol. ¿Qué más hacía falta como prueba? El incauto se desprendía fácilmente de grandes sumas para la adquisición de materiales de laboratorio y mercurio, o pagaba una gran suma por la receta para hacer la piedra, después de lo cual no se veía más al fraudulento alquimista. Lo característico de un alquimista fraudulento era su vida errante y su verborrea. Los alquimistas auténticos pasaban al parecer largos años en sus laboratorios y, si creemos a aquellos que pretenden haber tenido experiencia, tenían gran cuidado en disponer de su oro en secreto y no deseaban ser conocidos como alquimistas. Podría redactarse un capítulo bastante divertido sobre los estafadores, pero es la alquimia lo que tratamos de comprender y no las extravagancias del engañabobos medieval. El lector que tenga más interés en esto puede leer el Cuento del criado del canónigo de Chaucer o esa obra deliciosa, El alquimista, de Ben Johnson. Ambos autores tenían buenos conocimientos de la alquimia y sin duda conocieron de visu muchos alquimistas o pretendientes a la alquimia.

IX LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV Los libros asequibles en el siglo XIII (traducciones y paráfrasis de los árabes) eran en su mayor parte muy oscuros y estaban llenos de una jerga innecesaria. Los mejores trabajos asequibles eran los de Geber (pp. 9395) cuya Summa perfectionis y otras obras eran versiones latinas de las mejores ideas prácticas de la alquimia árabe y contenían las preparaciones químicas y métodos tipo usados por autores posteriores. Pero éstos eran trabajos muy superiores a la mayor parte de las traducciones árabes, que generalmente son tediosas y confusas. El pensamiento de finales del siglo XIII y del XIV era excesivamente claro y racional y tenía el hábito escolástico de querer presentar cualquier asunto de una manera sistemática y lógica. Así, por esta razón, o por otras, encontramos en el siglo XIV una serie de libros alquimistas escritos por autores europeos y en un tono completamente diferente de las traducciones árabes. La dificultad común estriba en descubrir si estos libros tenían alguna conexión con los que figuraban como autores. Arnaldo de Villanova y Raimundo Lulio figuran como autores de los escritos alquimistas más importantes de principios del siglo XIV; pero es casi seguro que sólo unos pocos de los textos atribuidos a Arnaldo de Villanova fueron escritos por él y es probable que ninguno fuese escrito por Raimundo Lulio. Sin embargo, estos escritos, que pertenecen a los albores del siglo XIV, sus contemporáneos o la inmediata posteridad los creía genuinos. Por lo tanto, hablaremos de Arnaldo o Lulio refiriéndonos con el nombre a los tratados aceptados posteriormente como suyos. El grupo más interesante de escritos de esta época lo constituyen aquellos a los que va adscrito el nombre de Raimundo Lulio. Muchos de ellos están fechados 110

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

111

en los textos hacia 1330. Habiendo muerto Lulio en 1315, no podían venir directamente de su pluma, pero emanaron probablemente de sus continuadores. Raimundo Lulio era un hombre notable. Nació en Mallorca, entre 1232 y 1236 y llevó una vida cortesana, disipada hasta que se convirtió en 1266. Determinó consagrarse a la conversión de los musulmanes y pasó nueve años aprendiendo árabe. Creía que la conversión del Islam podía llevarse a cabo refutando a sus filósofos, especialmente a Averroes. Los puntos de vista de Lulio eran de un misticismo racionalista. Creía que la teología y la filosofía eran una y que las verdades más profundas de la revelación, tales como la existencia de tres personas en un Dios, podían ser probadas mediante la razón. Inventó un extraordinario esquema de un sistema mecánico de lógica mediante el cual las premisas de proposiciones teológicas podían ser arregladas mecánicamente en varios órdenes por medio de una máquina o de tablas complicadas y probar así su veracidad. Fue martirizado por los sarracenos en 1315, pero nunca fue canonizado como santo, es de presumir que por adolecer sus ideas sobre la fe y la razón de un serio error. Sus continuadores formaron una influyente escuela de filosofía y no hay razón para dudar que algunos de ellos escribieran trabajos alquimistas atribuyéndoselos al maestro. Probablemente el trabajo alquimista más importante de la Edad Media es el Testamento de Lulio, dividido en tres partes, la Teórica, la Práctica y el Codicilo. Estos libros son una reseña sistemática de una teoría y práctica de la alquimia que parece nueva, aunque bien podrían encontrársele antecedentes arábigos. Los trabajos lulianos se caracterizan por un gran número de láminas (lám. 1) en las que los principios, materiales y operaciones de alquimia están simbolizados por letras del alfabeto y los varios procedimientos indicados por distintas combinaciones de estas letras; método que no los hace de fácil lectura. Pero

112

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

lo más interesante de ellos es que no son, como la mayor parte de los trabajos alquimistas, un mosaico de citas de autores anteriores sino trabajos lógicos de consistencia, y que hay muy poco en ellos que sea alegórico o deliberadamente oscuro. La pintoresca formación de leones verdes y dragones mordiéndose la cola, el hombre rojo con su esposa blanca, el rey y la reina, los árboles de oro y plata, no desempeñan en él sino un pequeñísimo papel. La doctrina de Lulio estipula que la cosa que Dios creó fue lo que él llama "argent vive" (argentum vi-vum, plata líquida, mercurio) y que esta materia original dio lugar a todas las otras cosas. La parte más fina formó los cuerpos de los ángeles, una parte menos fina las esferas celestes, estrellas y planetas y la más basta formó los cuerpos terrestres.1 En los cuerpos terrestres parte de este "argent vive" se convirtió en los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, pero una parte permaneció como el quinto elemento, la quintaesencia. Así, en cada cuerpo había alguna sustancia emparentada con los cuerpos celestes y a través de este material los cuerpos celestes podían llevar a cabo los cambios de generación y corrupción. La actividad del cuerpo residía en la quintaesencia y la alquimia era un proceso que trataba con este quinto elemento y multiplicaba la actividad en él. Esta teoría, desarrollada en un centenar de páginas de texto, difiere bastante de otros tratados alquimistas puesto que no es deliberadamente misteriosa. La parte Práctica está descrita asimismo con bastante claridad, aunque no tanta que se pueda tomar un trozo corto y fácilmente inteligible para discutirlo. Se trata, pues, de un libro escrito con mucha claridad, atribuido a Lulio y fechado en 1330, que da numerosos resúmenes inteligibles de operaciones químicas o alquimistas, titulado Los experimentos de Raimundo Lulio de Mallorca, el filósofo más instruido, l Cf. cita de Sinesio, p. 22.

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

113

en el que las operaciones de la verdadera Filosofía Chy-mica están comunicadas con sencillez. El texto latino fue editado en 1572 por un tal Miguel Toxites, junto con algunos trabajos menores de Lulio. Lo tradujo

al inglés, aunque no lo publicó, un tal William Atherton

Fig. 13. Tabla de letras y materiales del Arte, de un manuscrito de los tratados lulianos del siglo xv. en 1558 y de este manuscrito2 transcribe una receta para hacer la piedra filosofal. Esta receta, extraordinariamente clara, es característica por muchos motivos. Comienza con oro, plata y "mercurio filosofal", un líquido volátil destilado que aquí parece ser ácido ní2 El manuscrito Ashmole, 1508, contenido en la Biblioteca Bodleiana.

114

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

trico; y siguen las operaciones más elaboradas y más claramente descritas en la página 141. Conviene que recordemos al lector que el símbolo  (sol) representa al oro,  (luna) a la plata y  mercurio: El trigésimo tercer experimento del Sol Tómese aqua fortis con su forma, como antes he enseñado, y disuélvase en ella tres onzas de Luna; luego purifiqúese veinte días, luego tómense tres onzas de  y disuélvase en dieciocho onzas de la misma aqua fortis con su forma en la que cuatro onzas de la sal fija de Orina tiene que haber sido ya disuelta, como se hizo en su Experimento. Entonces putrifíquense estos dos cuerpos por sí mismos repetidamente durante veinte días naturales. Entonces examínense (es decir elimínese el espíritu) ambos repetidamente por ellos mismos tanto la Luna como el , según la regla antes dada. Ahora, cuando cada uno sea desanimado por sí mismo y sus aguas resucitadas, deberán mantenerse en sí mismas varias veces, y cuando la tierra ya no produzca más humo, entonces habrá un signo de que el  y la  sufren eclipse. Bátase entonces la tierra de cada uno de ellos y de la misma manera mézclense entonces en una bolita de vidrio bien embarrada. Póngase al fuego de reverbero veinticuatro horas. Entonces saqúese y añádasele primero el agua de  reanimada y rectificada primero siete veces con cenizas. Y cuando haya bebido toda esta agua poco a poco, en el mismo orden en que se hizo en otros experimentos, entonces añádasele agua de  sin ninguna rectificación, poco a poco según el orden que se guardó embebiendo esa tierra con agua de . Entonces se fermentará de esta manera: tómese una parte de  y tres partes de  y una parte de la medicina, es decir, tanta como hubiese de oro. Póngase todo junto en una vasija de vidrio sobre cenizas tibias y en un corto tiempo se volverá polvo. Entonces lubríquese con el tercer aceite de . Ahora cuando esté todo bien lubricado y convertido a la forma de aceite, proyéctese una parte de él sobre 100 de mercurio; y todo se convertirá en medicina. De la cual tómese de nuevo una parte y proyéctese sobre 500 partes. Convertirá al mismo mercurio en  mejor y más puro que el oro mineral.

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

115

Siendo este lenguaje algo diferente del de la quí mica moderna, lo explicaré en el lenguaje de esta última. Se disuelven tres onzas de plata en ácido nítrico. Tres onzas de oro se disuelven en dieciocho onzas de ácido nítrico en el que se han disuelto cuatro onzas de un pro ducto consistente principalmente de sal común. Se obtienen soluciones a) de nitrato de plata y b) de cloruro de oro. Ambas soluciones se dejan durante veinte días y se destilan a sequedad. Se conservan los destilados que consisten a) de ácido nítrico bastante fuerte y b) de ácido nítrico con un poco de cloro. Las sales secas (tierra) se calientan hasta que no dan más vapores. Entonces se muelen, se mezclan y se calientan en una vasija de vidrio. El resultado será una mezcla de oro metálico y cloruro de plata finamente divididos, junto con sal derivada de la "sal fija de orina". El ácido nítrico (a) se destila siete veces al calor suave de las cenizas. Se añade entonces a la mezcla sólida (que es calentada probablemente para evaporar algo de líquido) y se añade el destilado (b), siendo probablemente el resultado una mezcla de cloruro de plata, cloruro de oro y los metales libres (pero las instrucciones no son suficientes para determinar esto). Una parte de esta mezcla se añade a una mezcla de tres partes de mercurio y una de oro. Calentando esto se obtiene un polvo, amalgama de oro con mezcla de sales de oro y plata. Ahora se hace una pasta con "aceite de oro", que ordinariamente quiere decir la solución de clo ruro de oro en ácidos nítrico y clorhídrico.* Gran parte del metal se disolverá y formará una espesa solución oleosa o pasta de mercurio, oro y sales de plata. Arrojando una parte de esto sobre 100 de mercurio resultará una amalgama de oro muy débil, la que al añadirse a quinientas partes de mercurio ... no producirá ningún efecto.

A semejante contradicción llegan todos los intentos de dar una interpretación química a hechos de transmutación. La anterior es una receta mucho más inteligible que la mayoría; describe procesos químicos * La mezcla de ácidos nítrico y clorhídrico se conoce con el nombre de agua regía, precisamente porque disuelve el oro. [T.]

116

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

que pueden ser identificados, pero termina con la aserción de una transmutación que no puede resultar posible con el empico de este material. ¿Cuál es la explicación de este fenómeno en que los alquimistas describen lo que, de acuerdo con la ciencia moderna, no puede haber ocurrido? El alquimista, si podemos tacharlo de tal, podría, desde luego, preguntarnos si nosotros habíamos probado la receta; y por cierto ningún científico moderno lo ha hecho. Antes de que nadie se decida a emplear semanas o meses en determinado trabajo debe tener alguna esperanza de que resulte algo de él. A menudo oímos historias de gente que dice que el arca de Noé está en la cumbre del monte Ararat; pero no se ha formado ninguna expedición para estudiar esta notable reliquia. El suceso de un diluvio, de 17,000 pies de profundidad, que habría sido necesario para que llegase allí, no parece lo suficientemente probable para inducir a nadie a gastar tiempo y dinero en investigar la cuestión. Así pasa con la alquimia. Estas recetas podrían ser probadas, pero nadie cree suficientemente en ellas para pensar que vale la pena hacerlo. Si creemos que estas recetas no son aprovechables para hacer oro, ¿qué habremos de pensar? ¿Inventaron acaso los alquimistas recetas de las que pensaban que darían resultado pero que no ensayaron por completo? Esto no es del todo improbable. Mucho después, en el siglo XVI, encontramos libros con ilustraciones de máquinas que no podían haber trabajado y que evidentemente nunca fueron construidas, y reseñas de experimentos físicos que, de haberse realizado, no hubieran tenido éxito. Por esto, no es ni mucho menos imposible que sobre la base de algunas señales de éxito (v. gr. el blanqueamiento o amarilleamiento de algún metal) ideasen métodos de los que supusiesen candidamente que debían tener éxito, pero que los frecuentes accidentes de laboratorio impidieron llevar a cabo.

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

117

Otra explicación de estas recetas es la que dan aquellos que sostienen que no eran químicas en absoluto, sino que representan de manera simbólica operaciones puramente mentales; que la verdadera alquimia no estaba en nada relacionada con reactivos y aparatos sino que era una especie de operación mística. Sobre esta cuestión nos extenderemos mucho más en el capítulo XIV. Probablemente la parte más importante de los tratados lulianos no es la teoría y práctica de la confección del oro, sino la descripción de la preparación de las "quintaesencias". Ya hemos visto cómo creían muchos autores alquimistas que existía un espíritu sutil difundido por todo el mundo. Este espíritu es descrito como una quinta essentia, un quinto ser, superior en todo a los cuatro elementos y, según hemos visto, se creía también que existía en todos los cuerpos terrestres y que constituía su principio activo. Para los alquimistas lulianos estaba claro que, si este principio activo pudiese ser extraído de un cuerpo, sería un reactivo mucho más activo que el propio cuerpo. Es cierto que los alquimistas habían estado durante miles de años extrayendo "espíritus" volátiles de los cuerpos mediante destilación y no habían logrado mucho. Algunos de estos "espíritus" carecían de interés, siendo principalmente agua, otros eran poderosos reactivos tales como los ácidos minerales y el amoníaco; pero un nuevo interés se suscitó con el descubrimiento del alcohol. El vino había sido destilado y una aqua ardens, un "agua que ardía", había sido extraída de él en fecha muy discutida, pero que es anterior al menos en un siglo y probablemente en varios a la escritura de los tratados lulianos. Sin embargo, este destilado no parece haber llamado mucho la atención y era, por decirlo así, una curiosidad química. En el siglo XIII comenzó a ser usado como medicina y hacia 1288 era evidentemente de uso general. En Rimini, el capítulo provincial dominicano prohibió en ese año a la hermandad poseer los "instrumentos mediante los cuales se hacía

118

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

el agua llamada "aqua vitae". Arnaldo de Villanova la describe en 1309-12 y exalta sus virtudes curativas. Pero los trabajos atribuidos a Raimundo Lulio parecen ser los primeros que tratan sobre esta aqua vitae como una forma impura de la quintaesencia, el espíritu activo. Da muchas recetas para prepararla. Primero se destila buen vino, a través de "conductos forrados de cobre" y es redestilado cuatro veces guardándose cuidadosamente tapado. Su fuerza era probada por un método muy sencillo. Una porción del espíritu se vertía en un terrón de azúcar o un trozo de tela y se le prendía fuego. Si el espíritu contenía mucha agua, la tela o el azúcar permanecían mojados mientras que el espíritu se quemaba sin que el fuego les tocase. Pero si el espíritu, cuando se vertía sobre el azúcar o la tela y se le prendía fuego, se inflamaba, se comprobaba que era suficientemente fuerte. El espíritu podía ser aún reforzado destilándolo con tártaro calcinado (principalmente carbonato de potasio anhidro) que absorbía parte del agua. El resultado era probablemente alcohol de una concentración de 90-95 %. Pero de manera característica el producto final de este proceso químico tan claramente descrito era considerado simplemente como un "agua ardiente", aqua ardens y no se pensaba que llegase a ser la quintaesencia real hasta que fuese "circulado". Con este fin una gran cantidad de materia en fermentación, como el estiércol, se amontonaba para formar una almajara, el aqua ardens se colocaba en un alambique ("pelícano") o una vasija semejante (lám. II) y bien cerrado. Entonces se encajaba a medias la vasija en la cama de estiércol. El calor volatilizaba el alcohol, que se condensaba en la parte saliente del alambique y corría abajo de nuevo estableciéndose una circulación (como en el moderno condensador a reflujo). Todo esto está claro; pero el resultado era algo sobre lo que la ciencia no sabe nada. Se decía que el aqua ardens se separaba en dos capas, una capa infe-

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

119

rior tuibia, que había que tirar, y una superior transparente y azul celeste que era la quintaesencia. Cuando se abría la vasija, exhalaba una maravillosa fragancia que atraía a los pájaros y hacía que la gente acudiera a montones a la casa. Por supuesto no podemos pensar en ningún cambio posible que la "circulación" pudiese verificar sobre el alcohol. Debemos clasificar esta parte del relato con el resto de las maravillas inexplicables de la alquimia, notando, sin embargo, la analogía con el ancho mundo en el que el "argent vive" original se dividía entre el azul del firmamento y la masa pesada y turbia de la tierra. Sin embargo, el resultado de esta circulación, aun sin llegar al patrón de la receta, con ser sólo un ejemplo de alcohol casi puro, era verdaderamente una maravilla. Sus efectos sobre el organismo humano eran muy evidentes. Aun hoy permanece en pie la reputación del aguardiente como un tonificante. Su efecto sobre los miembros congelados y las fuerzas decadentes del anciano era de lo más impresionante para los hombres de la época. Así lo encontramos en siglos sucesivos empleado como una medicina contra la vejez. Su poder de preservar la materia orgánica de la putrefacción probablemente ayudaba también a sostener la idea de que conservaría al cuerpo humano "hasta el término fijado por Dios". Además la noción de que esta medicina era la misma quintaesencia, el espíritu activo del mundo, apoyaba la presunción de que se revelaría como la más perfecta de las medicinas. Como quintaesencia constituía el enlace entre nuestros cuerpos terrestres y los celestes y podía transmitirnos su influencia benéfica. Pero este alcohol tenía también una propiedad química nueva para el mundo, puesto que era el primer disolvente líquido para muchos compuestos orgánicos insolubles en agua; tales como grasas, resinas y aceites esenciales. Era por tanto el primer líquido conocido que podía extraer las sustancias aromáticas volátiles de las plantas. Estos aceites esenciales volátiles con su

120

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

olor aromático y su gusto abrasador, parecían ser de manera evidente la "quintaesencia" de la planta. Cada planta tenía sus estrellas: "No hay hierba que no ten-

FIG.

14. Un alambique tal y como figura en un manuscrito del siglo xv. El alambique se calienta con un baño de aire, sobre un horno de carbón vegetal.

ga su estrella que la empuja con su rayo y le dice '¡Crece!' ". La influencia celestial de las estrellas en-

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

121

traba en la parte celestial de la planta, en su quintaesencia, y esta quintaesencia podía ser extraída mediante la quintaesencia del vino. Así los tratados lulianos y otros trabajos del siglo XVI sobre el mismo tema tratan, entre otras cosas, de la extracción de la quintaesencia de las plantas mediante solución o destilación con alcohol. El resultado desde luego difería sólo de un licor moderno en que no era dulce, y bien se le podía haber añadido azúcar o miel para hacer la medicina más grata al paladar. El licor más viejo que conocemos es el benedictino, inventado en 1510 por Dom Bernardo Vincelli, que se dedicaba a trabajos químicos. Este admirable licor se hace macerando un gran número de hierbas en alcohol, y es razonable suponer que era señalado como una quintaesencia extraída de una gran variedad de plantas, conteniendo todas las influencias celestes que las hacían crecer. Nosotros no podemos considerar que este licor, con sus excelencias, sea lo qué pretendían los alquimistas. Desde la época de los tratados lulianos esta "quintaesencia del vino" o "circulatum" era una sustancia importante tanto en medicina como en alquimia. No es necesario decir que pronto encontró el mundo que no era sólo una buena medicina sino una buena bebida. Miguel Savonarola, abuelo de Jerónimo Savonarola, el futuro reformador, escribió un libro (hacia 1430) sobre el tema, en el que nos habla de un amigo que bebía sus ocho onzas diarias y juraba que ésta era la única razón por la que había llegado a los ochenta. Savonarola, sin embargo, desaprueba por completo el que se hable con tanta ligereza de esta maravillosa medicina. Deberíamos tomarla, dice, como otro sacramento y no meramente como una panacea. Medio siglo después, cuando se utilizaba ya la imprenta, apareció una multitud de "libros de destilación" con recetas para hacer toda clase de licores destilados, pero tratan-

122

LA ALQUIMIA EN EL SIGLO XIV

dolos todavía como medicinales; el uso general de licores destilados con fines convivales parece datar del último cuarto del siglo XVI. Los tratados lulianos no son, desde luego, los únicos textos importantes de principios de la Edad Media. Tenemos el Espejo de la alquimia del que figura como autor Rogerio Bacon y La derecha senda, atribuido a Alberto el Magno, que siguen una línea de pensamiento algo diferente de la de los escritos lulia-nos. Pero la falta de espacio nos impide la discusión de muchos de estos textos. Creemos que la idea lulia-na de la alquimia fue históricamente la más significativa y fructífera, tanto para el desarrollo de la filosofía natural alquimista como para conducirnos, a través del trabajo de Paracelso y sus seguidores, a la química.

X LOS ALQUIMISTAS INGLESES No es posible en un libro como éste hacer la historia de la alquimia medieval en todos los países en que floreció. La historia de la alquimia inglesa es, sin embargo, bastante bien conocida y, aunque no es tan extensa como la de la francesa o la de la italiana, nos sirve bien para indicar algunos de los rasgos generales. Tenemos dos fuentes principales de conocimiento; los archivos públicos y los escritos de los alquimistas. Los primeros son escasos pero fehacientes, los últimos voluminosos pero de más dudosa veracidad. Ambas fuentes indican que la alquimia inglesa comenzó en el primer cuarto del siglo XIV. En los archivos públicos están las referencias al hombre práctico, honesto o falaz, que trataba de hacer oro o plata en cantidad, mientras que los escritos de los alquimistas nos dan las reflexiones y teorías de los que pudiéramos llamar filósofos alquimistas, los hombres que fueron conocidos por las generaciones posteriores como los grandes maestros del Arte. El primer archivo del primer tipo se encuentra en Patent Rolls (Registro de patentes)1 de 1329. Johan-nes de Rous y Willielmus de Dalby, de los que se decía que "sabían cómo hacer metal de plata y que habían hecho ya metal de esta clase", fueron convocados para presentarse ante el rey Eduardo III con sus instrumentos y otras cosas necesarias para demostrar un arte que claramente prometía tanto bien para el país. No se sabe más del asunto y, ciertamente, la alquimia desaparece de la escena inglesa hasta el final de siglo, época en la que fue claramente un motivo de escándalo. Geoffrey Chaucer, en la última década del siglo XIV, l Thomas Rymer, Foedera, Londres, 1727, vol. IV, p. 384. 123

124

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

satiriza crudamente a los estafadores alquimistas en su Cuento del criado del canónigo y lo hace en tales términos, que nos hace sentirnos seguros de que estaba bien enterado del asunto y probablemente en relación con él. El hecho de que la alquimia fuese entonces un serio problema se comprueba más adelante con la promulgación de un Estatuto en 1403-4 contra la multiplicación de los metales, en los términos siguientes: Se ordena y establece, que de aquí en adelante nadie se dedicará a multiplicar el Oro o la Plata, ni se ejercitará en el Arte de la Multiplicación; y si alguno hace tal y tiene esa tacha, incurrirá en el delito de Felonía. 9

El castigo a la felonía era la muerte y confiscación de bienes. Cierto que el estatuto no puso fin a la alquimia, puesto que más de veinte personas obtuvieron licencia del rey para practicarla durante el siglo xv. He aquí un ejemplo del Patent Roll de Enrique VI (1445): Sabido que, William Húrteles, Alexander Worsley, Thomas Bolton y George Hornby han significado a nosotros, por cuanto que quieren trabajar con el arte de la filosofía sobre ciertos materiales, a saber la transformación de los metales imperfectos a partir de su propia naturaleza; y luego mediante el dicho arte transustanciar en oro y plata perfectos de acuerdo con toda clase de prueba o examen, tal como cualquier oro o plata en su mineral hay que esperar a que crezca y endurecerlo, dicen, sin embargo, que ciertas personas malignas y malévolas suponen que ellos operan mediante un arte ilícito y que pueden estorbarles y molestarles con su desaprobación del dicho arte. Nosotros, considerando las cuestiones antedichas y deseando conocer la conclusión del dicho trabajo, hemos concedido a los mismos William, Alexander, Thomas y George que pueden trabajar en una prueba del antedicho arte sin ningún entorpecimiento por nuestra par2 The Stalutes of the Realm, ed. A. Luders et all., Londres, 1816, vol. II

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

125

te o bien la de ninguno de nuestros oficiales, quienquiera que sea. Siempre y cuando al hacer esto no ofenda nuestra ley.

Nótese que los peticionarios alegan que operan de una manera natural y legal. El Estatuto iba dirigido a los fraudes deliberados y el experimentador genuino no tenía dificultad en obtener una licencia, sobre todo estando los reyes de Inglaterra —en la época de la Guerra de las Rosas— muy escasos de dinero y, en consecuencia, prontos a estimular a los fabricantes de oro. Además, como aparece claro en la cita que sigue, los alquimistas se hallaban dispuestos a pagar por su licencia. Hay algunas referencias a estas licencias en los escritos de los alquimistas. Una de éstas está en el Liber Patris Sapientiae, que parece pertenecer a la última parte del siglo xv. Por lo tanto manten quieta tu lengua y tu mano, / Respecto a los oficiales y gobernadores de la región; / Y de otros hombres que nada saben de tu arte / Porque como testigos de él te colgarán y te arrastrarán. Y la gente te acusará de ello en las Sesiones, / Y escribirán contra ti grandes traiciones / Sin que tengas ya más la la gracia del rey, / Serás para siempre olvidado en este mundo. También asegúrate de otra cosa, / De adquirir la licencia de tu rey: / Así te librarás de toda clase de dudas, / así será como mejor trabajes; y podrás andar tanto a pie como a caballo. 3 3 Therefore keep close of thy tongue and of thy hand, From the officers and governors of the land; And from other men that they of thy craft nothing know For in witness thereof they will thee hang and draw. And thereof the people will thee at Sessions indict, And great treason against thee they will write Without that the King's grace be to thee more, Thou shalt for ever in this world be forlore. Also without thou be sure of another thing, To purchase the license of thy King:

126

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

A pesar de la posibilidad de obtener tales licencias muchos practicaban la multiplicación de los metales en contra de la ley. Así es que en 1452 el rey dio poderes a tres comisionados para detener a los multiplicadores de metales. Sin embargo, el expediente más interesante es el de William Morton, en el año de 1419. Fue acusado de hacer dicho que podía hacer un polvo rojo, llamado elixir, que, proyectado sobre cualquier "metal rojo", tal como el bronce, cobre o latón, podía convertirlo en oro y, proyectado sobre un metal blanco, lo convertiría en plata. Unió sus esfuerzos a los de un monje del priorato de Hatfield, llamado Peverel, y trabajaron con polvo mercurial, carbón vegetal, bermellón, verdigris, nitro, álcali, hiel de vidrio,4 vitriolo, arsénico y otros. Con ellos hizo una masa negra, la cuajó en una vasija redonda y mantuvo ante la condesa Juana de Hereford y dos jueces de paz que esto lo podía convertir en el plazo de diez semanas en el elixir, mediante el cual podía convertir los metales rojos y blancos en oro y plata verdaderos de los que se podía hacer y acuñar 5 el dinero del rey. Se le encontró culpable y después de un breve tiempo en la cárcel de Colchester fue perdonado. Parece pues que el Estatuto contra la multiplicación de los metales, aunque no era letra muerta en el siglo xv, era administrado con mucha indulgencia. Siguieron surgiendo licencias con intervalos más largos hasta los primeros años del siglo xvi. Tal es pues la idea que obtenemos de la alquimia a través de los papeles oficiales. Un cuadro muy diFor all manner of doubts thee shall betide, The better thou mayst work, and both go and ride. Elias Ashmole, Treatrum chemicum Britannicum, Londres, 1652, p. 196. * Una espuma salada que se forma durante la fusión de los ingredientes de un cierto vidrio. 5 Era costumbre llevar el oro a las casas de moneda para acufiarlo.

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

127

ferente, aunque no falto de consistencia, aparece en los trabajos de los escritores alquimistas. Los escritores alquimistas ingleses más antiguos, así como los más antiguos archivos públicos, datan de principios del siglo xiv. Los trabajos de John Dastin y el Ycocedron de Walter Odington pertenecen a este período. Además, de algunos de los tratados atribuidos a Lulio se asegura que tuvieron su origen en Inglaterra y son del año 1330. Sin embargo, no podemos estar seguros de que fuesen escritos tan pronto, y más bien puede negarse la posibilidad de que así fuera. Estos tratados lulianos son de particular interés para los lectores de habla inglesa porque son la fuente principal de la escuela de los alquimistas ingleses, sobre los cuales tenemos un ligero conocimiento derivado casi en su totalidad de sus propios trabajos. La mayoría de éstos están impresos en la colección de poesía alquimista inglesa hecha por Elias Ashmole en el siglo XVII, el Theatrum chemicum Britannicum. Este raro libro debería de reimprimirse puesto que es una fuente primaria de la información alquimista. La historia de la alquimia inglesa que recogemos de estos escritores sufre por supuesto de todos los errores a los que estaba sujeta la tradición en una época en que se cuidaba poco de la precisión histórica. Sin embargo, nos habla de mucha gente real y nos da un cuadro interesante del mundo de la alquimia a finales de la Edad Media. El primero de los alquimistas ingleses se supone que fue el abad Cremer de Westminster. Su Testamento, que contiene su historia, apareció por primera vez impreso en el Tripus Aureus de Michael Maier (1618) pero, como vamos a ver, hay muy pocas pruebas de su existencia real. He aquí su historia, según aparece en un manuscrito inglés (Ashmole, 1415): Y yo, siendo un fervoroso seguidor de este arte y facultad, estaba maravillosamente retenido por los medios de una materia a mí enseñada y declarada muy oscuramente en diversos y varios libros, que leí y ejercité, de acuerdo a las ins-

128

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

trucciones de allí, durante un espacio de treinta años a mi gran costo y pérdida de trabajo. Y cuanto más leía más erraba, hasta que al fin, por la Divina providencia, vine a Italia donde plugo al Dios más alto y poderoso, en compañía de un hombre no menos dotado de dignidad y toda clase de conocimientos, cuyo nombre era Raimundo, en cuya compañía y camaradería permanecí mucho tiempo hasta el fin que él habría de abrirme alguna parte de este gran misterio; y más aun lo traté con muchas súplicas para que viniese conmigo a esta isla y permaneciese conmigo dos años, en cuyo espacio de tiempo conseguí y obtuve todo el trabajo. Y más allá llevé a este hombre excelente ante la vista del más famoso rey Eduardo, por el cual fue lo más ricamente recibido y amablemente hospedado; y estando allí con muchas promesas, convenios y acuerdos promovidos y persuadidos por el rey, se resignó por el sufrimiento de Dios para enriquecer con su arte al rey, bajo la única condición de que el rey en persona pelearía contra los Turcos, los enemigos de Dios, y que concedería algo a la casa de Nuestro Señor y nada en absoluto en orgullo o guerrear contra cristianos, pero (¡oh! para nuestro pesar) su promesa fue rota y violada por el rey. Entonces este hombre santo, muy penosamente afligido en su espíritu y los secretos de su corazón, partió de allí más allá del mar, de la más miserable y lamentable manera, lo que laceró no poco mi corazón. Deseo de todo corazón estar con él diariamente con mi cuerpo, porque el comportamiento en esta vida diaria e integridad de sus modales llevarán con prontitud al arrepentimiento a los más obstinados pecadores. ¡Oh feliz y bendito Raimundo!, verteré por ti oraciones hacia el Dios más alto y poderoso, e igualmente harán mis hermanos.6

El rey en cuestión es evidentemente Eduardo III; y el nombre de Raimundo se refiere a Raimundo Lulio. La ruptura de la promesa del rey fue, presumiblemente, la guerra con Francia en 1337. Hay otras fuentes de esta historia, porque Ashmole, en el prefacio a su Theatmm chemicum Britannicum, da algunos detalles que no aparecen en el Testamento. Es cierto (p. 123) 6 Ésta es la versión del Testamento contenida en el manuscrito Ashmole, 1415, pero difiere de la impresa por Maier.

128

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

truccioncs de allí, durante un espacio de treinta años a mi gran costo y perdida de trabajo. Y cuanto más leía más erraba, hasta que al fin, por la Divina providencia, vine a Ita lia donde plugo al Dios más alto y poderoso, en compañía de un hombre no menos dotado de dignidad y toda clase de conocimientos, cuyo nombre era Raimundo, en cuya compañía y camaradería permanecí mucho tiempo hasta el fin que el habría de abrirme alguna parte de este gran misterio; y más aun lo traté con muchas súplicas para que viniese conmigo a esta isla y permaneciese conmigo dos años, en cuyo espacio de tiempo conseguí y obtuve todo el trabajo. Y más allá lleve a este hombre excelente ante la vista del más famoso rey Eduardo, por el cual fue lo más ricamente recibido y amablemente hospedado; y estando allí con muchas promesas, convenios y acuerdos promovidos y persuadidos por el rey, se resignó por el sufrimiento de Dios para enriquecer con su arte al rey, bajo la única condición de que el rey en persona pelearía contra los Turcos, los enemigos de Dios, y que concedería algo a la casa de Nuestro Señor y nada en absoluto en orgullo o guerrear contra cristianos, pero (¡oh! para nuestro pesar) su promesa fue rota y violada por el rey. Entonces este hombre santo, muy penosamente afligido en su espíritu y los secretos de su corazón, partió de allí más allá del mar, de la más miserable y lamentable manera, lo que laceró no poco mi corazón. Deseo de todo corazón estar con él diariamente con mi cuerpo, porque el comportamiento en esta vida diaria e integridad de sus modales llevarán con prontitud al arrepentimiento a los más obstinados pecadores. ¡Oh feliz y bendito Raimundo!, verteré por ti oraciones hacia el Dios más alto y poderoso, e igualmente harán mis hermanos.6

El rey en cuestión es evidentemente Eduardo III; y el nombre de Raimundo se refiere a Raimundo Lulio. La ruptura de la promesa del rey fue, presumiblemente, la guerra con F'rancia en 1337. Hay otras fuentes de esta historia, porque Ashmole, en el prefacio a su Theatrum chemicum Britannicum, da algunos detalles que no aparecen en el Testamento. Es cierto (p. 123) 6 Ésta es la versión del Testamento contenida en el manuscrito Ashmole, 1415, pero difiere de la impresa por Maier.

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

129

que Eduardo III trató, por esta época, de obtener plata por procedimientos alquimistas, pero hay razones evidentes para no creer la historia de Lulio y Cremer. Ante todo, Lulio murió en 1315, unos veinte años antes de estos sucesos; además no consta ningún Cremer entre los abades de Westminster y, lo que es más significativo aún, no está mencionado por Ripley ni Norton. Sin embargo, la historia debe ser bastante vieja, porque el copista del manuscrito Ashmole de 1415 nos dice que fue tomada de una copia de pergamino "muy vieja", que por lo tanto debe haber sido no muy posterior al año 1400. Ashmole hace notar en su manuscrito que el "Dr. Dee 7 pensaba que había sido escrito por el prior de Ramsey", y el nombre de Cremer no aparece en ninguna parte, salvo en una nota añadida por Ashmole. Algunos de los tratados lulianos constan en el texto como escritos en Inglaterra hacia el año 1330. Esto es completamente posible que sea cierto, pero su autor real no fue Lulio. Es muy posible, sin embargo, que la leyenda de Cremer fuese fabricada para dar cuenta de la aparente presencia de Lulio en Inglaterra. Que la alquimia florecía en la Inglaterra del siglo xiv es evidente por el Cuento del criado del canónigo, de Chaucer, escrito hacia 1390, pero en el siglo xv encontramos extensos archivos de los alquimistas ingleses y numerosos trabajos en verso y en prosa, tanto latinos como vernáculos. Podríamos compilar una lista bien larga de nombres de estudiantes de alquimia pertenecientes a los siglos xv y xvi en Inglaterra, pero hay una clara distinción entre ser de aquellos reputados maestros, es decir, haber hecho la piedra y de aquellos que simplemente escribieron sobre ello o lo practicaron sin ningún éxito. Entre estos maestros, el primer lugar corresponde a Sir George Ripley, canónigo regular de Bradlington, 7 John Dee, astrólogo, brujo, alquimista, matemático (1527-1608).

130

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

en Yorkshire, quien aprendió el Arte en Italia, como puede verse por sus trabajos, y parece haber estado trabajando entre 1450 y 1490. Hacia la misma época vivió Thomas Norton de Bristol, cuyo Ordinall fue comenzado en 1477. No parece haber aprendido el Arte de Ripley, como se desprende de su contenido y del testimonio de su biznieto, Samuel Norton, también alquimista. Ripley, al parecer, transmitió el Arte a un "canónigo de Lichfield", que se lo enseñó a Thomas Daulton, quien murió antes de 1471. Ripley parece haber transmitido el Arte también, a través de un intermediario desconocido, a William Holleweye, alias Gibbs, elegido prior de la Abadía de Bath en 1525, quien transmitió el secreto a Thomas Charnock. Este último tuvo otro maestro, al que se refiere como I, S. o Sir James y que era un "preste del convento de Sa-lisbury". Este I. S. no tuvo maestro, "habiendo puesto Dios el secreto en su cabeza" mientras yacía en la cama. Thomas Norton menciona también a tres maestros del Arte, uno de los cuales Ashmole lo cita con el nombre de Crosby, sin que se sepa más de él. Había por supuesto otros muchos alquimistas en esta época, honestos unos y otros no, pero aquellos que hemos mencionado eran reputados como honrados maestros del Arte, formaban un grupo compacto, y empleaban, por lo que se ha podido saber, métodos similares. No se conoce la fecha del nacimiento de Ripley, pero es seguro que escribía sobre alquimia entre 1450 y 1476 y que murió en 1490. Al parecer pertenecía a una familia del norte. Era un canónigo regular del famoso priorato agustino de Bridlington, en Yorkshire, una gran casa de instrucción donde William de New-bridge y otros historiadores habían trabajado y donde el último santo inglés que había de ser canonizado antes de la Reforma, John de Tweng, había sido prior hasta su muerte en 1379. El último prior, W. Wold, renunció a la vida antes que traicionar su fe. Ripley estaba, sin embargo, dispensado de observar las reglas

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

131

de su orden y puede pensarse que fue más bien un erudito que un monje. Los preliminares de su Compound of Alchemy muestran que aprendió el Arte en Italia, gran centro por entonces de las ciencias y filosofías menos ortodoxas; y también que permaneció en Lovaina y otros sitios en "lejanos países". Elias Ashmole (1625) nos dice, en una nota manuscrita, que visitó la isla de Rodas y residió allí durante algún tiempo con los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén. "Un conocido mío tenía bajo su custodia ciertas observaciones privadas de un distinguido caballero inglés de buen crédito que, en sus viajes al extranjero, vio (entre otras cosas) en la Isla de Malta un archivo donde consta que este Sir George Ripley daba anualmente a estos Caballeros de Rodas 100,000 libras esterlinas para mantener la guerra (entonces en pie) contra los turcos". No debemos prestar demasiada atención, sin embargo, a tales evidencias de segunda mano. Al final de su vida volvió a Inglaterra, se hizo carmelita y durante los dos años que precedieron a su muerte en 1490, vivió como un ermitaño en San Botolph's cerca de Bostón, en Lincolnshire. Thomas Norton procedía de una familia de Bris-tol de alguna importancia. Era consejero privado y es de suponer que fuera mucho más rico que la mayoría de los alquimistas. De su Ordinall podemos deducir que comenzó el estudio de la alquimia a una edad temprana; que recorrió más de cien millas para encontrarse con su maestro y que en cuarenta días pasados con él le enseñó todos los secretos de la alquimia, logrando la separación del elixir de oro a los veintiocho años. El elixir le fue robado, así como el elixir de la vida, que preparó a continuación. Su Ordinall es un largo poema ondulante en el que nos dice mucho acerca de los caminos de los alquimistas aunque sin grandes precisiones en relación con el trabajo. Uno de los alquimistas que menciona, Thomas Daulton, es una figura interesante. No parece que

132

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

haya dejado ningún escrito, porque aunque he encontrado los Daulton's Degrees of Fire como título, el texto que sigue era el séptimo capítulo del Ordinall de Norton. Pero los detalles que da Norton respecto a él son interesantes. Thomas Daulton, nos dice, era un buen hombre, que tenía un gran acopio de medicina roja. Uno de los escuderos de Eduardo IV, Thomas Herbert, lo encontró en una abadía en Gloucestershire y lo llevó ante el rey. Daulton había sido "amanuense" de Sir John Delves, que también era "escudero de confianza" del rey. Delves, a pesar de haber jurado guardar el secreto, dijo al rey que Daulton le había hecho 100 libras de buen oro en menos de medio día. Entonces Daulton dijo al rey que había tirado la medicina a un lago para evitar una repetición de los problemas que ya le había ocasionado. El rey lo dejó en libertad, pero Thomas Herbert que lo esperaba lo llevó al castillo de Gloucester y después a su propia sede en Troy, en Monmouthshire, donde lo retuvo durante cuatro años. Daulton se resistió a revelar el secreto aun ante la amenaza de que lo ajusticiaran inmediatamente y murió poco después de su liberación. Norton nos dice ciertamente que Herbert murió poco después y Delves perdió la vida en la batalla de Tewkesbury. Está muy claro en las fuentes históricas usuales que Sir John Delves y Lord Herbert of Troy fueron personas reales y puesto que el primero fue muerto en la batalla de Tewkesbury en 1471, Daulton debe haber muerto por aquella época. Norton escribe acerca de sucesos sobre los que no han pasado arriba de diez años y debemos presumir que se basan en hechos reales. Sobre Thomas Charnock sabemos muchísimo más, 8 porque su trabajo fue en parte autobiográfico y porque Elias Ashmole recogió un buen número de interesantes anotaciones de libros y manuscritos de su propie8 F. Sherwood Taylor, "Thomas Charnock", Ambix, vol. II, pp. 148 ss.

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

133

dad, algunos de los cuales se conservaban entonces. De estas fuentes podemos recoger una historia que en lo que concierne al mismo Charnock se puede considerar como cierta, aunque debe concederse menos crédito a lo que Charnock nos dice sobre otros, por ejemplo el prior de Bath. Thomas Charnock nació en 1524 o 1526. Era un hombre de cierta educación, que sabía leer y escribir y que tenía inclinación al verso inglés directo y vigoroso, pero con un conocimiento del latín bastante escaso. A los veintiuno o ventitrés años, comenzó a viajar por toda Inglaterra, tratando de encontrar alguien que le enseñase el secreto. A los veintiocho le fue revelado el secreto por "I. S.", el preste de Salisbury (p. 130), quien, creyéndose cercano a la muerte, dio también a Charnock el "trabajo" que había comenzado. Pero Charnock no debió aprender el secreto por completo, porque fue instruido de nuevo por "un monje de Bath de cuya casa era prior". Si creemos a Charnock, este monje, William Holleweye, fue el último prior de la Abadía de Bath; le llamaban también Gibbs, y el fue quien, al disolverse las órdenes religiosas, entregó la abadía a la Corona en 1525 y recibió una pensión de 80 libras esterlinas al año. Charnock le conoció casi treinta años después, cuando debía ser ya un hombre viejo. El prior le dijo, incidentalmente, que usaba el agua del famoso surtidor caliente de Bath para dar el calor suave requerido por el trabajo. El prior había poseído la piedra roja y, cuando la abadía fue suprimida, la escondió en un muro; pero cuando volvió al cabo de unos días a buscarla había desaparecido. A partir de entonces perdió la razón y erró por todo el país. Cuando Charnock le conoció estaba ciego y tenía que ser guiado por un muchacho. Ashmole corrobora esta historia con una nota manuscrita en su copia anotada de su Theatrum chemicum Britannicum (1652): Poco después de la disolución de la Abadía de Bath, al

134

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

tirar las paredes, se encontró en una de ellas un vaso en una pared, lleno de Tintura Roja, que habiendo sido arrojado a un estercolero inmediatamente lo coloreó de rojo. E) estiércol fue después transportado en una barca por hombres de Bathwicke y arrojado en el campo de Bathwicke; y en los sitios donde se había extendido, bastante tiempo después, el grano creció maravillosamente lozano, grueso, de tal manera que fue considerado como una maravilla. 9 Esto pueden recordarlo bien Belcher y Foster (dos zapateros de Bath que murieron unos 20 años después); así como también uno llamado Old Anthony, un carnicero que murió unos 12 años después. Esta relación la tomé de Mr. Rich; vigilante de la ciudad empleado en Bath (que había oído a menudo al dicho Old Anthony relatar la historia), en el día de San Miguel de 1651.

El prior dijo a Charnock todo el secreto, después de obligarle con un juramento de gran solemnidad; y es notable que fue capaz de decirlo en "tres o cuatro palabras". Presumiblemente esta notable brevedad fue sólo posible porque Charnock tenía ya mucho conocimiento del Arte. Charnock se ocupó de nuevo con el "trabajo" que su primer maestro le había dejado, pero sus aparatos se incendiaron y los perdió. Hizo dos intentos más, pero justo cuando el trabajo comenzaba a prometer éxito un caballero que "le tenía tirria" fue causa de que lo alistaran por la fuerza en el ejército y fuese enviado a defender Calais (1557-58). Debió de haber sido un hombre de escasos medios de fortuna. De lo contrario podría haberse recuperado, pero lo mucho que se queja de los gastos para el trabajo, en vasijas, fuego y otras cosas, hace pensar que su crédito estaba exhausto. Sería así, puesto que se puso furioso y destrozó todos sus aparatos con un hacha. El sitio de Calais parece haberle deparado algunos ratos de ocio, en los cuales escribió un poema muy divertido. Sólo 9 Se creía que la piedra filosofal perfeccionaba todo lo existente en su propio género; de aquí su supuesto efecto sobre el grano.

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

135

después, a su vuelta a Inglaterra, parece haberse dedicado por entero a largos trabajos para conseguir la piedra, que ocuparon la mayor parte de su vida. Si tuvo

Fig. 15. El aparato para hacer la piedra, de un manuscrito de los tratados lulianos del siglo xv.

algún éxito es cosa que no está clara: en 1584 redactó una nota de la que se deduce que creía haber hecho

136

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

la piedra blanca; pero en 1576 no había llegado todavía, al parecer, a ningún buen resultado y en 1581 murió. Es interesante a propósito de Charnock: primero, el hecho de que tenemos algún conocimiento sobre él aparte de su propio trabajo y en segundo lugar el humor que brilla a través de sus crudos versos. Nos habla de la dificultad de mantener secreto el trabajo para no ser conocido como alquimista. Los artesanos que hacían los instrumentos eran muy curiosos. Al alfarero, por ejemplo, había que enseñarle; era difícil conseguir que hiciese lo que no había visto nunca, así que el alquimista tenía que estar constantemente sobre él para decirle lo que tenía que hacer. Pero entonces era seguro que le intrigarían aquellas vasijas y el alquimista debía decir que su padre estaba enfermo de la vista y que iba a destilar un agua para curar sus ojos. Pedía luego al ebanista una caja de madera para el aparato, donde pudiese ser guardado bajo llave y así nadie lo viera ni lo tocara. Cuando el ebanista pretendiera saber para lo que serviría la caja, "le diría, en broma, que era para encerrar una zorra, con candado y llave para tenerla segura". El vidriero presentaba un gran problema, porque había pocos en Inglaterra. Charnock nos habla de uno en Chiddingfold, en Sussex, al que había que dirigirse "de manera humilde" y pedirle que soplase el vidrio de la forma deseada. Una jornada desde Somerset, donde vivía Charnock, a Chiddingfold no era empresa fácil en 1550. A los vecinos los eliminaba evidentemente de la misma manera humorista. Cien años después de la muerte de Charnock, un clérigo, llamado Pascal, oyó que se había encontrado un rollo manuscrito en una pared de la casa de Charnock en Combwich. Fue allí a hacer una encuesta y reseñó lo siguiente: Estuve en la casa de Mr. Charnock, en Comage, donde se encontró el Rollo y vi el lugar donde fue escondido. Vi

FIG.

16. Pintura de la puerta del laboratorio de Charnock.

138

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

un pequeño cuarto y el artefacto que tenía para guardar su trabajo y lo encontré ingeniosamente ordenado, tal como para prevenir un accidente semejante a aquel que le sucedió en el día de Año Nuevo en 1555; y este bonito lugar adosado como un armario a su cámara hacía innecesario un sirviente y le permitía dedicarse a su trabajo con mayor facilidad. Encontré también un pequeño instrumento de hierro del que hacía uso para el fuego. Vi en la puerta de su pequeño cuarto del Atanor (si puedo llamarlo así) dibujado por su propia mano, con colores y trabajo tosco pero ingeniosamente, un emblema del Trabajo al que di varias interpretaciones, así como lo que vi en las paredes de su cámara; creo que había en total cinco vasijas para sus trabajos, que diferían en algo unas de otras, algunas muy ennegrecidas y casi desgastadas por completo. Me dijeron que la gente no había querido habitar aquella casa, por su fama de incómoda, presumo que a causa de algunas consejas referentes a esta persona, que había sido mirada por sus vecinos como algo parecido a un brujo. Cuando me disponía a montar a caballo para volver a casa después de esta agradable distracción, vi a un hombre bastante anciano salir de la puerta contigua. Le pregunté cuánto tiempo llevaba viviendo allí, y me enteré de que era el lugar de su nacimiento; le pregunté si alguna vez había oído algo sobre ese Mr. Charnock. Me dijo que había oído a su madre (quien falleció unos doce o catorce años antes a los 80 años) hablar frecuentemente de él. Que mantuvo un fuego, durante varios años; que su hija vivía con él; que una vez salió y por negligencia de ella (habiéndoselo confiado en su ausencia) el fuego se apagó y se perdió todo su trabajo. La cabeza de latón estuvo muy próxima a hablar, pero el hombre se llevó un chasco. Supongo que aquel hombre afable (porque así aparece en su Breviario),10 aludiendo a la historia del fraile Bacon 11 rechazó así las preguntas de sus candorosos vecinos y de ahí ha venido por tradición hasta ahora.12 10 El título del poema de Charnock es "El breviario de la alquimia". U La leyenda de que Rogerlo Bacon hizo una cabeza de latón que era capaz de hablar, es bien conocida y es tema de muchas narraciones. 12 Ambix II, p. 153.

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

139

Fig. 17. Horno-lámpara de Charnock.

Una copia del rollo manuscrito aludido se conserva todavía y es simplemente una transcripción de algunas de las figuras y láminas de los manuscritos de los tratados lulianos, incluyendo los de la lám. I y la fig. 13. La operación de Charnock consistía en lo que llamaba

140

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

"circulaciones". Cada circulación duraba una semana; llevó a cabo al menos 610 de estas circulaciones y ni aun así obtuvo algún éxito. Estas "circulaciones" eran la parte más importante de las operaciones basadas en los tratados lulianos según eran practicadas por los alquimistas ingleses. No es posible descubrir la práctica exacta, pero al menos podemos descubrir algo de lo que se intentaba. "Circulación" en los tratados lulianos es una palabra que puede ser aplicada simplemente al proceso que hoy llamamos "reflujo", la evaporación y condensación de un líquido (p. 118), pero que se aplica también a la aparentemente sucesiva conversión del elemento tierra en agua, del agua en aire, del aire en fuego y del fuego nuevamente en tierra. Esto se conseguía mediante destilación ya en alambiques o ya en vasijas tales como el pelícano. Una solución colocada en la vasija era, podemos suponer, calentada para volatilizarla "en aire" que se condensaba en "agua" y probablemente en un producto oleoso, "fuego", dejando tras sí un sólido, "tierra", que podía ser redisuelto en los productos líquidos y repetir el proceso indefinidamente. Hay indicaciones que hacen suponer que se intentaba que estas circulaciones se efectuasen al tiempo que las circulaciones de los cuerpos celestes. Esto explicaría el período de una semana, asignándose un día a cada uno de los siete planetas. Ni Charnock ni Norton dan mucha información acerca de la esencia de las operaciones alquímicas —qué había que usar y qué había que hacer— aunque ambos dan muchos detalles interesantes sobre las necesidades y problemas incidentales del alquimista. Ripley, sin embargo, establece el trabajo completo, de manera muy sistemática, en doce pasos, aunque habla de cada uno tan oscuramente que nadie podría descubrir por este tratado en qué consiste todo esto. Además, es muy reservado sobre sus materiales. Pero no es difícil

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

141

ver una analogía general entre el procedimiento establecido en las pp. 114-115 y los doce pasos de Ripley, Así podemos intentar indicar los pasos siguientes en la teoría y en la práctica.

1) Calcinación La reducción de las materias empleadas a una condición no metálica. Esto puede corresponder a la primera reacción de los ácidos con el oro y la plata y la destilación a sequedad.

2) Solución La acción del licor destilado de ambas soluciones sobre las sustancias secas, disolviéndolas de nuevo.

3) Separación La destilación posterior del líquido de los residuos metálicos. Este líquido tiene que ser destilado siete veces (cf. p. 115). 4) Conjunción El compuesto de oro tiene tres partes de su "agua", el de plata nueve; se mezclan, se cierra la vasija y se calienta suavemente durante meses. 5) Putrefacción La materia se vuelve oscura y espesa, burbujea, se sedimenta y se "putrifica". Se desarrollan colores brillantes como el arco iris. 6) Coagulación Los colores desaparecen y la materia se vuelve seca y blanca; ésta es la piedra blanca y el fin de la primera etapa. 7-12) La confección de la piedra roja La segunda etapa está destinada a cambiar la piedra blanca en la roja y es mucho más difícil darle ninguna interpretación física. Puede decirse que el proceso es una repetición de los pasos anteriores (excepto la calcinación que no hace falta) terminando con la proyección, la adición de la piedra roja a mercurio caliente, transmutándolo así en oro.

142

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

El proceso no es, creo, susceptible de ninguna explicación física porque sólo los primeros pasos correspondían a cambios físicos. Creo que no deberíamos buscar ninguna explicación en términos de composición química, sino más bien el significado que las cosas que veía tenían para él alquimista. Los alquimistas, sin duda, llevaron a cabo una gran cantidad de operaciones químicas sobre la materia, porque, al parecer, cada uno de estos pasos comprendía un cierto número de "circulaciones". En estas operaciones, realizadas ciertamente con materiales químicamente impuros, deben haber visto gran cantidad de apariencias que el químico de hoy en día despreciaría. Así, el químico moderno, cuando destila una solución, no se interesa en las apariencias incidentales; si el vapor es transparente o turbio, si hay espuma en la superficie; o en los detalles exactos de la apariencia del lodo del residuo sólido. Pero esto parece haber sido lo que interesaba al alquimista; concentraba su atención en la forma, color y olor de la materia y se proponía observar todo lo que ocurría, relacionándolo, no con los cambios químicos (encontrándose aún lejos de una comprensión racional) sino con las analogías derivadas del mundo viviente que observaba y, especialmente, de la vida del hombre. La combinación de dos cuerpos era vista como un matrimonio; la pérdida de su actividad característica como una muerte; la producción de algo nuevo como un nacimiento; el desprendimiento de vapores como un espíritu abandonando el cadáver; la formación de un sólido volátil como la confección de un cuerpo espiritual. Estos conceptos influían en su idea de lo que había de ocurrir y por esto decidía que el fin de las sustancias con que operaba debía ser análogo al término del hombre: un alma en un nuevo cuerpo glorioso, con las cualidades de claridad, sutileza y agilidad. Podemos, creo, considerar la alquimia de esta época como la búsqueda práctica y el cultivo intelectual de la

LOS ALQUIMISTAS INGLESES

145

analogía entre los cambios químicos y la vida del hombre: De donde entre las criaturas sólo estas dos sean llamadas Microcosmus, Hombre y nuestra Piedra.13

Algunos hombres perseguían la renovación y glorificación de la materia, guiándose por esta analogía; otros, la renovación y glorificación del hombre usando la misma analogía. Nos encontramos, pues, con que la alquimia es a la vez un oficio y un credo. Además, puesto que las operaciones de la alquimia eran consideradas en términos de los fenómenos de la vida, podrían ser mejor simbolizadas en estos términos, cuya actividad inspira las numerosas c interesantes series de pinturas alquimistas.

13 Norton, "Ordinall", Theatrum chemicum Britannicum, p. 62, 1. 6.

XI SIMBOLISMO ALQUIMISTA El uso de dibujos o pinturas simbólicos en los textos alquimistas se remonta a los primeros tiempos de la alquimia, pero entonces no estaba muy desarrollado. La figura de la serpiente o dragón es el primer símbolo que encontramos, y representa la materia en su imperfecto estado, sin regenerar. Hay que matar al dragón, lo que significa que los metales que son el tema de la alquimia tienen que ser reducidos a una condición no metálica y hacerlos susceptibles de recibir un nuevo espíritu. Así, recordamos que Zósimo escribía ya en el siglo iv: Y que yo no puedo escribirte muchas cosas, amigo mío, construye un templo de una piedra, como cerusa en apariencia, como alabastro, como mármol del Proconeso, sin que haya principio ni fin en su construcción. Deja que tenga dentro de él un surtidor de agua relampagueante como el sol. Percátate del lado en que está la entrada del templo, y, tomando tu espada en la mano, busca así la entrada, por estrecho que sea el lugar al que el templo se abre. Una serpiente está ante la entrada guardando el templo, cógela y sacrifícala. Desuéllala y, tomando su carne y huesos en la entrada del templo, haz un escalón con ellos, pasa sobre él y entra. Allí encontrarás lo que buscas.1

Este símbolo se encuentra en trabajos alquimistas de cualquier época. Así Charnock, más de 1,000 años después, escribe: Éste es el dragón de los filósofos que se muerde su propia cola. / Muriendo de hambre en una celda de vidrio y todo en mi beneficio / Muchos años mantuve a este dragón en Fuerte prisión / Antes de que pudiese mortificarlo, me 1 Berthelot, Collections des anciens alchimistes grecs, texto griego p. 111. 144

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

145

Fig. 18. El matrimonio alquimista, del Rosario de los Filósofos. pareció mucho el tiempo. / Pero a la larga por la Gracia de Dios si crees mi palabra / Lo vencí con una flamígera espada. El dragón habló. —Soldados con brillante armadura / No debían haberme matado en campo de batalla / Ni tampoco Mr. Charnock con toda su filosofía / Si por prisión no me hubiese matado de hambre. / Ni Gyge de Warwick ni Bevys de Southamp-ton / Mataron nunca un dragón tan venenoso / Hércules peleó con Hidra la Serpiente / Y no obstante no pudo lograr su intento / El sabio Salomón, fue encerrado también en una

146

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

tumba de latón / Pero yo fui encerrado en una nía/morra de cristal. / Porque mi vida era tan rápida y mi veneno tan fuerte / Que antes que pudiesen matarme transcurrió mucho tiempo. / Muchos años me mantuvo en prisión día y noche / Y me dejó sin sustento para menguar mi poder / Pero cuando yo no vi otro remedio / Por pura hambre me comí mi propio cuerpo / Y así por corrupción me puse negro y rojo / Pero esa piedra preciosa que es mi cabeza / Valdrá un Millar para el que tuvo habilidad / Y por vida de esa piedra sabiamente me mató / Mi muerte le perdoné en el mismo momento / Considerando que sería benéfico para el pobre / Porque cuando estaba vivo no era sino fuerte veneno / E infructuoso para pocas cosas. En conclusión / A lo que soy ahora, muriendo en mi propia sangre / Porque ahora soy superior a cualquier bien mundano. / Y un nuevo nombre se me ha dado por aquellos sabios / Porque ahora me llamo el Elixir de gran precio. / Si quieres ponerme a prueba agrégame a mi hermana Mercurio / Y la coagularé en plata en un abrir y cerrar de ojos.. .2 - This is the philosophers dragon which eateth up his [own Taile Being famished in a doungell of glas and all for my [prevail Many yeres I kept this dragon in prison Strounge Before I could mortiffy him, I thought it lounge Yet at the lengthe by Gods grace yff ye beleve my worde I vanquished him wythe a fyrie sword. The dragón speaketh —Souldiers in armour bright Should not have kylled me in fyelde in fighte Nor Mr. Charnock neither for all his Philosophie Yff by prison and famyne he had not famysshed me. Gye of Warwick nor Bevys of Southampton Nere slew such a venemous dragón Hércules fought with Hidra the Serpent And yet he could not have his intent Salamon the wyse, inclose too in a toome of brasse But I was shutt upp in a doungeon off glass. For my liffe was so quick and my poyson soe stronge That ere he could kill me it was full lounge. Many (yeares) he hyld me in prison day and night And kept me from sustenance to mynish me myght But when I saw none other remedy

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

147

La hermana del dragón es Mercurio. Siendo el dragón materia, metal, cuerpo; su hermana es espíritu, mercurio metálico, alma. Continuamente oímos "que el dragón no murió sino con su hermana" que es el agente de la operación alquimista.

Fig. 19. La muerte alquimista, del Rosario de los Filósofos.

El segundo gran símbolo de la alquimia es el de un matrimonio. La combinación del Sol y la Luna, For very hunger I eate myne one bodye And soe by corruption I became black and redd But that precious stone that is in my hedd Wyll be worth a Mille to him that hath skylle And for that stone's sake he wysely dyd me kyll My death I dyd him forgyve even at the very hower Consydering that he wilbe beneficiall to the poore For when I was alyve I was but strong poyson And unprofitable for few things, in conclusión To that I am now, dying in myne owne blood For now I doe excell all other worldcly good. And a new name is given me of those that be wyse For now I am named the Elixir of grcat price. Which yff you will make prouffe, put to me my sister [Mercury and I will conjoyle (congeale) her into sylver in the [twinkling of an eye.. . F. Sherwood Taylor, op. cit., p. 154.

148

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

"nuestro oro" y "nuestra plata", se simboliza en estos términos, a menudo con un desenfado de simbolismo sexual inaceptable en un trabajo de publicación moderna. El Sol fecunda a la Luna para generar la piedra. Pero en la Edad Media la idea de la fecundación y generación era muy diferente de la presente y se simbolizaba como una muerte seguida de una resurrección. ¿Por qué es esto? En cualquier generación la forma de la semilla se pierde y un nuevo ser aparece. En la generación de criaturas más bajas, un ser se pudre visiblemente y nuevas criaturas se crean aparentemente sin semilla. Luego en toda generación el hecho que atraía incesantemente a la mente medieval es el expresado en los versículos: De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; más si muriere, mucho fruto lleva. (San Juan, 12-24)

Y de la misma manera: Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muriere antes. Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, o de otro grano: Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y a cada simiente su propio cuerpo. (I Cor. 15, 36-38) 3

Así el producto del matrimonio del Sol y la Luna que figuraba como un hermafrodita, porque contenía elementos de ambos, se simboliza por un cuerpo muerto, un cadáver hermafrodita en una tumba, volviéndose negro y putrefacto. Según dice F. M. Van Helmont, 4 el cementerio del gran mundo corresponde al vientre en el mundo menor, un lugar de renovación, no de destrucción. Luego, según parece la semi3 Las citas de la Biblia son traducciones de la Vulgata, con la que estaban familiarizados los alquimistas. 1. Cf. p. 175.

3

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

149

lla, "Dios le da el cuerpo como quiso". Ésta es la "virtud celestial" que evoca la nueva forma, la influencia o espíritu de arriba. El espíritu del muerto se eleva y la influencia celestial desciende. El símbolo más simple que se aplica especialmente a este paso es el del vuelo del alma, representada como una pequeña figura humana, alada o de otra forma, hacia el cielo.

Fig. 20. El desprendimiento del espíritu, del Rosario de los Filósofos.

La influencia celestial puede ser representada como rocío descendiendo, porque a menudo se identificaba el rocío con esta influencia celestial. El otro símbolo es el de los pájaros que vuelan hacia el firmamento y descienden de nuevo; éstos son un símbolo evidente de sublimación, destilación y todos los procesos en los

150

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

que un "espíritu" se desprende de un cuerpo. De manera similar la figura alada de un hermafrodita es el símbolo del cuerpo espiritual, el cuerpo en el que el espíritu tiene dominio sobre todos los elementos, la piedra blanca o roja. Otro símbolo del trabajo es el árbol, que crece fuera de la tierra, que es mineral, y lleva fruto, que es espiritual, teniendo el poder de convertirse en vino,

Fig. 21. El descenso del rocío, lavando y purificando el cuerpo, del Rosario de los Filósofos.

que produce un espíritu. Así vemos los árboles con frascos o pájaros, y también con frutos representando el sol y la luna, que permanecen como símbolos de la piedra roja y la blanca. Un número enorme de analogías aparecen en el escalonamiento. Se pensaba que la vasija alquimista era como un huevo en el que estaba empollando la mate-

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

151

ria; como una cámara en la que estaba el lecho de la madre encinta que iba a dar luz al hijo. El ácido corrosivo devorador era un león, el león verde, refiriéndose sin duda al color verde que tienen los compuestos de cobre siempre presentes como impurezas en la mezcla de oro y plata.

Fig. 22. El hermafrodita alado, simbolizando la piedra roja, del Rosario de los Filósofos.

Finalmente, el trabajo podía ser y era representado en términos religiosos, que siempre están en la mente medieval. Todo estaba empapado de religión, que era lo primario en la vida, y no sólo una rutina en las mañanas de domingo. No suponía ninguna irreverencia el aplicarla a los asuntos de cada día. Así, la muerte

152

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

de Nuestro Señor Jesucristo y su resurrección en un cuerpo glorificado, era comparable para el alquimista con la muerte de los metales y su resurrección como una piedra gloriosa. De la misma manera, la Asunción de Nuestra Señora, su elevación en cuerpo y alma al cielo, convirtiéndose en un cuerpo glorioso, para ser allí coronada por su Hijo, servía para explicar la glorifica-

FIG.

23. El león verde devorando al sol, del Rosario de los Filósofos.

ción de la materia. La Trinidad, las tres personas y un solo Dios era parangonada, en sus mentes, con la trinidad de la materia, v. gr., sal, azufre y mercurio en un solo cuerpo. A menudo encontramos el proceso completo establecido en cuadros simbólicos. A veces van acompañados de un texto, otras veces no. Los cinco grupos de cuatro láminas V, VI, VII, VIII, y IX, tomados de la Philosophia Reformata de Juan Daniel Mylius (1622) son un ejemplo. Vale la pena transcribir las notas que el autor redactó para los no iniciados:

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

153

.—He aquí una representación de la primera materia del trabajo. Los "dos vapores" se ven a cada lado. Las tres estatuas dan los "mercurios" animal, vegetal y mi-

FIG.

24. La resurrección alquimista, del Rosario de los Filósofos.

neral. Pueden observarse el sol, la luna y cuatro planetas; el quinto es Mercurio, que es el tema del cuadro. 2—El Sol y la Luna con el mercurio celestial encima y la sangre del león verde, el disolvente, brotando debajo.

1 54

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

3 y 4.—El Sol y la Luna entran en el baño en que han de ser disueltos. 5.—Están casados: a la izquierda los pájaros negros atacando al sol y la luna muestran el ennegrecimiento y putrefacción de los cuerpos.

Fig. 25. La asunción alquimista, del Rosario de los Filósofos. 6.—Los cuerpos pudriéndose en la tumba de vidrio. 7.—Sus almas parten, es decir comienza la volatilización. 8.—El Sol y la Luna se convierten en un cuerpo hermafrodita que es ungido por el rocío del cielo, la influencia celestial, identificado con las gotas condensadas que refluyen. 9.—El cuervo negro aparece, es decir, la masa ennegrecida se torna completamente volátil y el cuerpo hermafro-dita revive.

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

155

10.—Entonces se obtiene la piedra blanca que tiene poderes de curar y transmutar en plata, simbolizada por el árbol de la luna con su fruto de plata.

La segunda parte del proceso es más oscura, pero en líneas generales es una recapitulación de la primera. 11.—La piedra blanca se usa como semilla o fermento para iniciar el proceso de nuevo. 12.—Se disuelve el oro en el "mercurio" con la adición de la piedra blanca. 13.—El cuerpo así formado se nutre con "mercurio". 14.—El ave desciende al cuerpo, lo que significa que la parte volátil se ha fijado, se ha hecho no volátil. 15.—La adición de más mercurio y circulación reiterada aumenta el poder y la cantidad de la medicina. 16.—La piedra revive de nuevo. 17.—La piedra roja aparece en su perfección. El árbol del sol se ve con su fruto dorado. La serpiente está en su poder así como el león verde.

Éste es el fin del proceso. Los tres cuadros restantes parecen referirse al trabajo completo en general. 18.—El león verde devorando al sol. El león verde es "nuestro mercurio", que es el disolvente del oro. 19.—Recapitula el nacimiento del niño, que es la piedra, del Sol y de la Luna. 20.—El Rey se levanta de su tumba, cuya figura puede representar el oro hecho por transmutación a partir de un metal común mediante la ayuda de la piedra.

Estas interpretaciones son, desde luego, tentativas y se dan sólo con la idea de proporcionar una ayuda al mirar tales cuadros simbólicos. Hay muchísimas series como ésta, en las que se emplean muchos tipos de simbolismo. Un ejemplo son las Doce llaves de Basilio Valentín. Los trabajos de Michael Maier y Stolcius contienen una cantidad asombrosa de cuadros que dicen a aquellos que saben mirarlos muchas cosas sobre el mundo alquimista. Pero cualquier intento de Ínter-

156

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

pretarlos nos envolvería en un palabreo que seguramente sería inútil, porque estos cuadros son para vistos, más que para explicados. Nuestro propósito es, más bien, comprender la razón de esta forma pictórica de expresión. En primer lugar, estos símbolos alquimistas no pretenden, como los símbolos químicos de hoy día, ser un medio breve para expresar algo concerniente a los cuerpos simbolizados que puede también expresarse en palabras. Es cierto que Sol, o el Rey, puede ser interpretado confidencialmente como oro, Luna como plata y así sucesivamente, pero las pinturas alquimistas significaban mucho más que eso. Eran, desde luego, una forma de entender los cambios químicos, de tomarlos en un esquema mental. El moderno científico puede comprender un fenómeno químico considerándolo en términos de las clases de cuerpos a que se refiere y de su composición química; el fenómeno, por ejemplo, del oro disuelto en agua regia, encaja en el cuadro de la ciencia moderna y al mismo tiempo está ligado de mil maneras a otros fenómenos con puntos similares, incluso puede representarse en términos de movimientos de partículas. Nada de esto era asequible al alquimista, quien no había concebido la idea de una clasificación de las transformaciones químicas, ni poseía, a nuestro entender, asomos de lo que pudiera llamarse una ciencia química, en la que pudiese encajarlas. Tenía que explicar lo que veía encontrando analogías con sus propias ideas del mundo. Para el hombre de la Edad Media, las cosas importantes en la vida eran sus relaciones con Dios y el prójimo —relaciones de religión y humanas— y el proceso alquimista se le hacía inteligible cuando lo expresaba en tales términos. El dar a la combinación de dos sustancias, para hacer una tercera, el nombre o símbolo de un "matrimonio y nacimiento", era encajar el fenómeno en su mundo y darle así sentido. Entonces podría actuar partiendo del principio de que el fenómeno era un matrimonio y

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

157

nacimiento y podría proporcionar aquellas condiciones que a su modo de ver serían favorables a tal experimento. Además, el estudio y la práctica de la alquimia no eran retribuidos como en la ciencia moderna, por la satisfacción intelectual apropiada al que encuentra que las piezas del rompecabezas encajan admirablemente, sino por la satisfacción emocional y espiritual del que ve seres vivos cumpliendo maravillosamente con los fines que les ha señalado Dios. Las operaciones alquimistas tienen, por decirlo así, una significación espiritual; procuran un perfeccionamiento de la materia y se dirigen, con el consiguiente fervor, a la búsqueda de la perfección. El experimento alquimista era una pequeña muestra o ejemplo del general propósito de todas las cosas, impelidas a buscar la perfección con su esfuerzo por alcanzar las ideas perfectas de su especie en Dios; era como un símbolo del Hombre cuyo fin en la vida es encontrar perfección corporal en el cuerpo glorioso, y cumplimiento espiritual en la visión beatífica de Dios. Se puede decir que la estampa alquimista era una expresión más cierta de lo que era la alquimia que el libro o la receta alquimista. La estampa daba la esencia del proceso, expresando el significado que tenía para el alquimista en términos tocantes a lo que haya de más profundo en el hombre; pero no daba ninguna información química real. Por esto era necesario leer los textos, comparando unos con otros y sobre todo ser instruido por un maestro. La alquimia simbólica, en efecto, presupone que los cambios en la materia que ella simboliza son análogos a los cambios en los seres vivos y esencialmente en el hombre. Esto es de hecho una comprensión de la Naturaleza en términos de vida. Y ésta es la razón por la que los símbolos alquimistas son de aplicación tan amplia que algunos autores los han considerado

158

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

como una descripción enmascarada de algún sistema místico mediante el cual debía perfeccionarse, no los metales, sino el hombre. Es completamente cierto que algunos textos alquimistas pueden ser considerados como trabajos de misticismo práctico. El Suggestive Enquiry into the Hermetic Mystery de la Sra. Atwood (1850) es un noble intento de explicar toda la alquimia de esta forma, pero falla en lo que se refiere al carácter de los textos. Todos los antiguos nos dan la evidencia de una práctica de laboratorio y del conocimiento de la técnica química. C. G. Jung,5 en su reciente Psychologie und Alchimie, se acerca a la verdad cuando afirma que los alquimistas, estudiando simbólicamente la materia, simbolizaban también su propio contenido mental. Esto es cierto y es interesante para el psicólogo y para el historiador de la religión; es un tema que se ha desarrollado mucho recientemente. No es, sin embargo, un cuadro completo de la alquimia, puesto que se relaciona muy poco con lo que hacían los alquimistas en sus laboratorios y lo que era la naturaleza de los cambios físicos que registraban en sus escritos y simbolizaban en sus estampas. Las estampas alquimistas son un buen material para el psicólogo, pero al tratarlas como un material psicológico pierden su significado real, que es la expresión del perfeccionamiento de la materia en términos de la experiencia humana. Si es provechoso entender la naturaleza en términos humanos, la alquimia tiene un valor actual; si no, sólo puede interesarnos como historia. Considerando la representación simbólica del proceso alquimista, sin embargo, podemos entender cómo era necesario para el desarrollo de la alquimia tomar una de estas dos direcciones. La ciencia de la naturaleza, insignificante todavía en el siglo xvi, adquiere gran incremento después de 1650 aproximadamente, y, al conquistar todas las mentes en el siglo xviii, hace 5 Psychologie und Alchimie, Zurich, 1944.

SIMBOLISMO ALQUIMISTA

159

insostenible un paralelo entre la química de los metales y el curso de las relaciones humanas. Además, la publicidad del método científico hizo sospechar del carácter secreto de la alquimia. En consecuencia, la alquimia no podía mantener su posición medieval. En ciertas manos tendía a convertirse en química, concentrando su atención sobre el oro y, gradualmente, sobre las analogías del cambio alquimista con los fenómenos de la vida. Las preparaciones químicas, el arte de separar y combinar cuerpos, es la parte de la alquimia que persiste en ella. Este proceso lo vemos en el trabajo de Paracelso y su escuela, de Livabius y en muchos escritos químicos del siglo xvii. En otras manos la alquimia tendía a ligarse cada vez más con la religión y a proveer una filosofía religiosa de la Naturaleza y una aproximación mística a sus caminos. Así, la "Filosofía Hermética" fue muy cultivada en el siglo xvii por hombres tales como Robert Fludd y Thomas Vaughan.8 Su sistema era noble e impresionante, pero muy poco relacionado con los hechos físicos. Gozó de una gran popularidad en la Alemania del siglo xvii, pero en Inglaterra parece haber sido absorbido por la igualmente secreta confraternidad de los Masones. Éstos fueron los dos cambios principales en la alquimia, en el sentido práctico y en el místico. Sin embargo, se continuó practicando ocasionalmente la alquimia por los métodos antiguos hasta donde podían interpretarse; pero después de 1680, aproximadamente, los que la practicaban eran en su mayor parte charlatanes y, hacia 1850, la vieja tradición había muerto. Antes de que pasemos a considerar estos últimos desarrollos de la alquimia, será conveniente conocer algunas de las animadas y atractivas evidencias de su verdad que se ofrecían al público en el siglo xvii.

6 Cf. pp. 207-220.

XII RELATOS DE TRANSMUTACIONES En época posterior a 1600, cuando se había extendido el escepticismo respecto a la posibilidad de la transmutación mediante operaciones alquimistas, aparecieron un cierto número de relaciones acerca del experimento, que fortalecían grandemente la creencia de aquellos que se inclinaban favorablemente al Arte. Es difícil determinar el verdadero valor de tales relatos, especialmente cuando se trata de referir algo sin paralelo en la experiencia del lector. Si un moderno presidente de la Royal Society publicase el relato de una transformación conseguida mediante un ejemplar de la piedra filosofal, antes de aceptar la historia nos preocuparíamos por su salud mental. ¡Cuánto menos crédito concederemos a narraciones de unos trescientos años de antigüedad! Aun sin tener en cuenta su antigüedad, estos relatos no son extremadamente convincentes; pero sí son muy interesantes, aunque sólo sea porque nos enseñan lo que pensaban, aquellos que los escribieron, sobre la transmutación. Las tres relaciones incluidas en este capítulo se cuentan entre las más sólidas, es decir, son en parte confirmadas por sucesos externos o por la veracidad del autor. I. El relato de Nicolás Flamel La narración siguiente fue publicada primero en francés en 1612 y la versión inglesa aquí transcrita en una traducción hecha en 1624 por alguien que tomó el seudónimo de Eirenaeus Orandus. La ortografía y puntuación están algo modernizadas. Aunque yo, Nicholas Flamel, Notario, residiendo en París, en este año de] mil trescientos noventa y nueve y habitando en mi casa de la calle de los Notarios, cercana a la 160

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

161

capilla de Santiago de la Boucherie; a pesar de que, digo, no aprendí sino un poco de latín, por los escasos medios de mis padres, siendo sin embargo por ellos por lo que me envidiaban más, reputados como gente honesta; con todo, por la gracia de Dios y la intercesión de los benditos Santos de ambos sexos en el Paraíso y principalmente de Santiago de Galicia, no me he quedado sin comprender los Libros de los Filósofos y sin aprender en ellos secretos tan ocultos. Y por esta causa no habrá ningún momento de mi vida, cuando recuerde este gran bien, por el que sobre mis rodillas (si el lugar me lo permite) o de otra forma, en mi corazón con todo mi afecto, no rinda tributo a este Dios tan benigno, que nunca permite que el hijo del Justo mendigue de puerta en puerta, y no decepcione a aquellos que confían por entero en su bendición. Cuando yo, Nicholas Flamel, Notario, después del fallecimiento de mis padres, me sostenía con nuestro arte de escribir, haciendo inventarios, arreglando cuentas y sumando los gastos de tutores y pupilos, cayó en mis manos, por la suma de dos florines, un libro dorado, muy viejo y grande. No era de papel pergamino, como son otros libros, sino que estaba hecho sólo de delicadas cortezas (según me pareció) de jóvenes y tiernos árboles.1 Su cubierta era de latón, bien encuadernado, todo grabado con letras o extrañas figuras y por mi parte creo que bien podían ser caracteres griegos, o algo semejante al lenguaje antiguo. Seguro que no pude leerlos y sé bien que no eran notas ni letras del latín, ni del gálico, porque de ellos entiendo un poco. Y respecto a aquello que contenía, las hojas de corteza o pieles estaban grabadas y escritas con admirable diligencia, con una punta de hierro, en latín claro y neto con letras coloreadas. Contenía tres veces siete hojas, porque así estaban contadas en el encabezado de las páginas y siempre cada séptima hoja no tenía ninguna escritura, pero en vez de eso, sobre la primera séptima hoja había pintada una Virgen y serpien tes que la devoraban. En la segunda séptima una Cruz sobre la que una serpiente estaba crucificada; y en la última séptima había pintados desiertos o yermos en medio de los cuales corrían muchas fuentes claras, de las que brotaba un cierto número de serpientes, que corrían arriba y abajo, aquí y allí. Sobre la primera de las hojas, había escrito en letras 1 Probablemente un papiro.

162

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

mayúsculas de oro ABRAHAM EL JUDIO, PRINCIPE, PRESBÍTERO, LEVITA, ASTRÓLOGO, Y FILÓSOFO, A LA NACIÓN DE LOS JUDÍOS, DISPERSOS ENTRE LOS GALOS POR LA IRA DE DIOS, DESEO SALUD. Después de esto estaba llena de grandes execraciones y maldiciones (con esta palabra MARANATHA, que se repetía allí a menudo), contra cualquier persona que pusiese sus ojos sobre él, si no era Sacrificador o Escriba. El que me vendió este libro no sabía lo que valía, ni lo sabía yo cuando lo compré; creo que fue robado o tomado de los miserables Judíos; o se encontró escondido en algún sitio del antiguo lugar donde habitaban. Dentro del libro, en la segunda hoja, confortaba a su nación aconsejándole huir de los vicios y especialmente de la idolatría, esperando con dulce paciencia la llegada del Mesías, que vencería a todos los Reyes de la Tierra, y reinaría con su pueblo en gloria eterna. Sin duda, éste fue un hombre muy sabio y comprensivo. En la tercera hoja y en todos los otros escritos que seguían, para ayudar a su nación cautiva a pagar sus tributos a los emperadores romanos y para hacer otras cosas, de las que no hablaré, les enseñaba en palabras co muñes la transmutación de los metales. Pintaba las vasijas por todos lados y les aconsejaba sobre los colores y sobre todo lo demás, salvo el primer agente. del que no decía una palabra sino que (como él dice) en las hojas cuarta y quinta lo pintaba por entero y lo representaba con gran artificio y mano de obra, porque aunque estaba bien e inteligiblemente figurado y pintado ningún hombre podría ser capaz de entenderlo, sin estar bien instruido en su Cabala, que recibiría por tradición y después de haber estudiado bien sus libros. Después, las hojas cuarta y quinta no tenían ninguna escritura, llenas de hermosas figuras iluminadas, o como si estuviesen iluminadas, porque el trabajo era muy exquisito. Primero pintaba un hombre joven, con alas en sus tobi llos, que tenía en su mano un caduceo, rodeado de dos serpientes, con el cual golpeaba sobre un yelmo que cubría su cabeza. Pareció a mi escaso juicio que se trataba del Dios Mercurio de los paganos. Contra él venía corriendo y volando con alas abiertas un hombre muy viejo, quien tenía sujeto sobre su cabeza un reloj y en sus manos un gancho o guadaña como la Muerte, con el que de manera furiosa y terrible había cortado los pies de Mercurio. Del otro lado

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

163

de la cuarta hoja, pintó una bella flor en la cima de una alta montaña, que era agitada enconadamente por el viento norte: tenía el pie azul, las flores blancas y rojas, las hojas brillando como oro fino y —rodeándolas— los dragones y grifos del Norte hacían sus nidos y moraban allí. En la quinta hoja había un hermoso Rosal en flor en medio de un dulce jardín, trepando por un roble hueco, a cuyo pie brotaba una fuente del agua más blanca, que corría precipitada hacia las profundidades, no obstante lo cual pasaba primero entre las manos de infinita gente que escarbaba en la tierra buscándola, pero como eran ciegos, ninguno de ellos la reconocía, excepto aquí y allá alguno que consideraba el peso. En el último lado de la quinta hoja había un Rey con una gran cimitarra, que hacía matar en su presencia por algunos soldados una gran multitud de niños, cuyas madres lloraban a los pies de los despiadados soldados; la sangre de cuyos niños era recogida después por otros soldados y guardada en una gran vasija, en la que el Sol y la Luna venían a bañarse. Y por esto esta historia representaba la mayor parte de aquellos inocentes asesinados por Herodes; y aprendí en este libro la mayor parte del Arte, ésta era una de las Causas por las que coloqué en su Cementerio estos símbolos jeroglíficos de esta ciencia secreta. Y así veis aquello que estaba en las primeras cinco hojas. No os representaré aquello que estaba escrito en buen latín e inteligible en las otras hojas escritas, porque Dios me castigaría, porque cometería una debilidad mayor que aquel que (como dicen) deseó que todos los hombres del mundo no tuviesen más que una cabeza que él pudiese cortar de un solo tajo. Teniendo pues este bello libro conmigo, no hice nada más ni de día ni de noche, que estudiarlo, comprendiendo muy bien todas las operaciones que enseñaba, pero sin saber con qué asunto debía comenzar, lo que me hacía muy triste y solitario y fue causa de que suspirase muchas veces. Mi esposa Perrenela, a la que quería como a mí mismo y con la que me había casado tarde, estaba muy asombrada de esto, confortándome y pidiendo encarecidamente, si podía sacarme de este atolladero de alguna manera. Era imposible para mí sujetar mi lengua y le dije todo y le enseñé este hermoso libro, del que, desde el momento que lo vio, se enamoró tanto como yo, sintiendo un extremo placer al contemplar la bella cubierta, los grabados, imáge-

164

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

nes y figuras de los que, a pesar de que entendía tan poco como yo, era un gran consuelo para mí hablar con ella y entretenerme, de lo que debíamos hacer para interpretarlos. Por fin hice pintar en mi aposento, tan naturalmente como pude, todas las imágenes y figuras de las hojas cuarta y quinta y se las mostré a los mejores amanuenses de París, que no entendieron de ellas más que yo. Les dije que los había encontrado en un libro que enseñaba la piedra filosofal, pero la mayoría de ellos se burlaron tanto de mí como de semejante piedra bendita, excepto uno llamado Maese Anselmo, que era un Licenciado en Física y estudiaba a fondo esta ciencia. Tenía un gran deseo de ver mi libro y no había nada en el mundo que no hubiese hecho por verlo, pero siempre le dije que no lo tenía: sólo le luce una larga descripción del método. Me dijo que la primera figura representaba el Tiempo, que devoraba todo; y que de acuerdo con el número de las seis hojas escritas, se requería el espacio de seis años, para perfeccionar la piedra; y entonces, dijo, debíamos volverlo al vaso y no hervirlo más. Y cuando le dije que esto no estaba pintado sino sólo para mostrar y enseñar el primer agente (según se decía en el libro) me contestó que este cocimiento por espacio de seis años era, por decirlo así, un segundo agente y que seguramente el primer agente, que estaba pintado allí. era aquella Agua blanca y pesada que sin duda era plata líquida, que no podían fijar, ni cortar sus pies, es decir, quitarle su volatilidad, más que mediante una larga cocción en la más pura sangre de tiernos niños porque en ella, este azogue, juntado con oro y plata, se convertía primero en una hierba como la que estaba allí pintada y después por corrupción, en serpientes, las cuales, bien secadas y cocidas al fuego, se reducían a un polvo de oro que sería la piedra. Ésta fue la causa de que durante el espacio de veintiún años ensayara mil cocimientos, pero nunca con sangre, porque eso era cobarde y vil, pues encontré en mi libro que los filósofos llamaban sangre al espíritu mineral, que está en los metales, principalmente en el Sol, la Luna y Mercurio, cuya mezcla yo siempre guardé; sin embargo estas interpretaciones eran en su mayor parte más sutiles que ciertas. No encontrando en mis trabajos los signos que aparecían en mi libro, siempre tenía que empezar de nuevo. Al fin, habiendo perdido toda esperanza de comprender nunca aquellas figuras, por último recurso, hice un voto a

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

165

Dios y Santiago de Galicia, para pedir la interpretación de ellos a algún sacerdote judío, en alguna sinagoga de España: después de lo cual, con el consentimiento de Perrenela, llevando conmigo el extracto de las pinturas, tomé el hábito y el cayado de peregrino como podéis verme, fuera de este arco en el cementerio, en el que puse las figuras jeroglíficas, donde también he puesto, contra la pared, en un lado y otro, una procesión en la que están representados por su orden todos los colores de la piedra, así según vienen y van, con esta escritura en francés: Moult plaist a Dieu procession S'elle est faicte en devotion. es decir: Mucho place a Dios la procesión Si se hace con devoción. lo que es como si fuese el principio del Libro del Rey Hércules, que trata de los colores de la piedra, titulados Iris o el Arco Iris, en estos términos, Operis processio multum naturae placet, esto es La procesión del trabajo es muy placentera para la Naturaleza; lo cual he puesto allí expresamente para que los grandes clérigos comprendan la alusión. De esta misma forma, digo, me puse en camino e hic tanto, que llegué a Montjoy y después a Santiago, donde con gran devoción cumplí mi voto. Hecho esto me encontré en León, a mi vuelta, con un mercader de Bolonia que me hizo conocer a un médico, un judío de nacionalidad, que como era entonces un cristiano, que vivía en León, era muy entendido en ciencias sublimes, llamado Maese Canches. Tan pronto como le hube enseñado las figuras de mi extracto, encantado con gran admiración y gozo me preguntó al punto si podía darle alguna nueva del libro, de dónde los había dibujado. Le respondí en latín (en el que me había hecho la pregunta) que esperaba tener buenas noticias del libro, si alguien podía descifrarme los enigmas. En aquel instante, transportado de gran ardor y gozo, comenzó a descifrarme el principio. Pero, para abreviar, estando él muy contento de recibir nuevas del paradero de ese libro y yo de oírle hablar — y ciertamente había oído mucho sobre el libro, pero (como él decía) como de una cosa que se creía irremisiblemente perdida —, nos resolvimos a hacer un viaje y de León pasamos a Oviedo y de allí a Sansón, donde nos hicimos a la mar para venir a Francia.

166

RELATOS DE TRANSMUtACIONES

Nuestro viaje fue bastante afortunado y ya desde que cutíamos en este reino, me había interpretado lo más verazmente la mayor parte de mis figuras, donde, aun en los mismos puntos culminantes, encontraba grandes misterios, que me parecían maravillosos. Cuando llegamos a Orleans este hombre sabio cayó gravemente enfermo, afligido con excesivos vómitos, que le quedaban de aquellos que había sufrido en el mar; y estaba con un miedo tan continuo de que lo abandonase, que no podía imaginarse nada semejante. Y aunque yo estaba siempre a su lado, me llamaba incesantemente, pero por último murió, al fin del séptimo día de su enfermedad, por cuya razón yo estaba muy apenado, pero lo hice enterrar tan bien como pude en la iglesia de la Santa Cruz en Orleans, donde aún descansa; Dios tiene su alma, porque murió como buen cristiano. Y seguramente si no hubiésemos sido estorbados por la muerte yo hubiera dado a esa iglesia algún beneficio, para hacer decir algunas misas por su alma cada día. Aquel que haya visto la forma en que llegué y la alegría de Perrenela, dejadle que nos mire en esta ciudad de París, delante de la puerta de la capilla de Santiago de la Boucherie, cercana por una parte a mi casa, donde estamos ambos pintados, yo dando gracias a los pies de San Juan, al que ella había implorado tanto. Así era, que por la gracia de Dios y la intercesión de la agraciada y Santa Virgen y los benditos San Juan y Santiago, supe todo lo que deseaba, es decir, los primeros principios, si no su primera preparación, que es la cosa más difícil sobre todas las cosas del mundo. Pero al fin tenía qué, también después de largos errores de tres años, o algo así, durante el cual tiempo no hice nada más que estudiar y trabajar, tal como podéis verme fuera de este arco, en el que he colocado mis procesiones contra sus dos pilares, bajo los pies de Santiago y San Juan, rogando siempre a Dios, con mi rosario en la mano, leyendo atentamente en un libro y pensando en las palabras de los filósofos, y después ensayando y probando las diversas operaciones que me imaginaba, por sus solas palabras. Finalmente encontré aquello que deseaba, lo que también supe pronto por su fuerte esencia y olor. Teniendo esto, fácilmente conseguí la destreza, porque conociendo la preparación de los primeros agentes y siguiendo después mi libro al pie de la letra no podía haber fracasado, aunque lo hubiese querido. Entonces la primera vez que hice proyección

RELATOS DE TRANSMUTACIÓNES

167

fue sobre mercurio del cual saqué media libra, o algo así, de plata pura, mejor que aquella de la mina, según la ensayé yo mismo e hice otros ensayos muchas veces. Esto fue un lunes, el diecisiete de enero, hacia el mediodía, en mi casa, estando presente sólo Perrenela, en el año del Señor, 1382. Y, después, siguiendo siempre mi libro, palabra por palabra, hice proyección de la piedra roja sobre una cantidad semejante de mercurio, con la única presencia igualmente de Perrenela, en la misma casa, el vigésimoquinto día de abril siguiente, el mismo año, hacia las cinco de la tarde, lo que transmuté realmente en algo casi tan puro como el oro, más ciertamente que el oro común, más suave y maleable. Puedo decirlo con certeza, lo hice tres veces, con la ayuda de Perrenela, que lo comprendía tan bien como yo porque me ayudaba con mis operaciones y, sin duda, si se hubiese propuesto hacerlo sola, hubiese alcanzado el fin y la perfección de ello. Tenía ciertamente bastante cuando lo había hecho una vez, pero encontré extraordinario placer y gozo en ver y contemplar los admirables trabajos de la Naturaleza en las vasijas. Para expresártelo a ti entonces, como lo hice tres veces, verás en este Arco, si tienes alguna habilidad para reconocerlos, tres hornos, como aquellos que sirvieron a nuestras operaciones. Me temí durante algún tiempo, que Perrenela no pudiese ocultar el gozo extremo de su felicidad, que medía por la mía misma y menos que dejase caer alguna palabra entre su parentela, de los grandes tesoros que poseíamos, porque el gozo extremo quita el entendimiento tanto como la gran pesadumbre, pero la bondad del más gran Dios no sólo me llenó con esta bendición de darme una esposa casta y prudente (porque además no era sólo capaz de razonar, sino también de hacer todo lo que era razonable), y más discreta y secreta que lo son otras mujeres ordinarias. Sobre todo era extremadamente devota y viéndose sin esperanza de hijos y ahora bien entrada en años, comenzó, como yo, a pensar en Dios y nos entregamos a trabajos misericordiosos. Por esta época, cuando escribí este Comentario, en el año 1413, al final del año, después del fallecimiento de mi fiel compañera, que lamentaré todos los días de mi vida, ella y yo habíamos encontrado ya y dotado con beneficios, catorce hospitales en esta Ciudad de París, habíamos construido tres capillas nuevas, habíamos enriquecido con grandes presentes y buenas rentas siete iglesias, con muchas reparaciones en sus cementerios, además de aquella que habíamos hecho en Bo-

168

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

lonia, que no es menos que las que hemos hecho aquí. No hablaré del bien que ambos hemos hecho a pobres gentes particulares, principalmente a viudas y pobres huérfanos cuyos nombres, si los dijese y cómo lo hice, además de que me diesen mi recompensa en este mundo, de la misma forma disgustaría a estas buenas personas, a las que ruego a Dios que bendiga, lo que no haría por nada en el mundo. Por lo que, construyendo estas iglesias, cementerios y hospitales en esta Ciudad, me resolví a hacer pintar en el cuarto Arco del Cementerio de los Inocentes, según se entra por la gran puerta de la calle St. Denis y tomando hacia el lado

Fig. 26. La arcada, pintada por Flamel, según se ilustra en la edición de 1612. derecho, las señales más ciertas y esenciales del Arte, pero bajo velos y cubiertas jeroglíficas, a imitación de aquellos que están en el libro dorado de Abraham el judío, que puede representar dos cosas, de acuerdo al entendimiento y capacidad de aquel que las contemple. Primero, los misterios de nuestra futura e indudable Resurrección, el día del Juicio y, venida del buen Jesús (que tendrá misericordia con nosotros), una historia que bien conviene a un cementerio. Y en segundo lugar puede signi-

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

169

ficar, para aquellos que sean diestros en Filosofía Natural, todas las operaciones principales y necesarias de la maestría. Estas figuras jeroglíficas servirán de dos maneras: para guiar en la vida celestial: primero y más abierto sentido, enseñando los misterios sagrados de nuestra salvación (según mostraré después) el otro enseñando a cada hombre que tenga un ligero entendimiento de la piedra, la forma lineal del trabajo, que al ser perfeccionada por alguno, el cambio del mal en bien, aparta de él la raíz de todo pecado (que es avaricia) haciéndole agradable, gentil, piadoso, religioso y temeroso de Dios, así haya sido muy malo. Porque desde allí en adelante estará continuamente encantado con la gran gracia y merced que ha obtenido de Dios y con la profundidad de sus Divinos y admirables trabajos. Éstas son las razones que me movieron a establecer estas formas de esta manera y en este lugar, que es un cementerio, con el fin de que si algún hombre obtiene este bien inestimable de conquistar este rico vellocino de oro, pueda pensar para sí mismo (como yo hice) no guardar el talento de Dios enterrado en la tierra, comprando tierras y posesiones, que son las vanidades de este mundo, sino más bien trabajar caritativamente hacia su hermandad, recordando que aprendió su secreto entre los huesos del muerto, entre los cuales se encontrará pronto y que después de esta vida debe rendir cuentas, ante un Juez justo e irrefutable, que censurará incluso una ociosa y vana palabra. Por lo tanto, aquel que habiendo pesado bien mis palabras, y reconocido y comprendido bien mis figuras, haya adquirido primero en alguna otra parte el conocimiento de los primeros principios y agentes (porque ciertamente que en estas figuras y comentarios no encontrará un sólo paso de información sobre ello) podrá perfeccionar para la gloria de Dios la maestría de Hermes, acordándose de la Iglesia Católica Apostólica Romana y de todas las otras iglesias, cementerios y hospitales y sobre todo de la Iglesia de los Inocentes en esta ciudad (en el Cementerio donde habrá contemplado estas demostraciones ciertas), abriéndoles bonda dosamente su bolsillo a ellos que son pobre y honesta gente, desoladas y débiles mujeres, viudas y huérfanos desamparados. Así sea.2 2 Nicholas Flamel, his exposition of the ieroglyphicall figures, que hizo pintar sobre un arco en el cementerio de los Santos Inocentes en París, por Eirenaeus Orandus, Londres, 1624.

170

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

Gran parte de esta notable historia no puede, por supuesto, recibir ninguna confirmación, pero parece completamente cierto que hubo un Nicholas Flamel que vivió en la casa mencionada en el relato, dio una gran cantidad de dinero con propósitos caritativos y se interesó por la alquimia. Las figuras del arco, como están en la fig. 26, se conservaron desde 1407 hasta el siglo xviii y una loseta de mármol de su tumba, ahora en el Museo de Cluny,3 registra que Nicholas Flamel, primeramente un escribano, dejó para la iglesia (de St.Jacques-la-Boucherie) ciertas rentas y casas que había comprado en vida, y había hecho presentes a varias iglesias y hospitales en París. La tumba está tallada en bajorrelieve con figuras de Cristo, de San Pedro y San Pablo y, entre estas figuras, representaciones del sol y la luna, que, con las inscripciones del arco, atestiguan su conexión con la alquimia. Hubo una gran cantidad de suposiciones entre los incrédulos de la alquimia acerca de la forma en que Flamel hizo su gran fortuna de la que dan testimonio sus donaciones, pero no es extraño que hasta la fecha no se haya podido decir nada convincente sobre el asunto. Es cierto, sin embargo, que la historia de Flamel dio lugar a que se creyese en la alquimia, tanto en el siglo xv como nuevamente en el xvii, después de haber sido impresa la parte narrativa. 2. El testimonio de Van Helmont Juan Bautista van Helmont nació en 1557. Estaba ampliamente instruido en todas las ciencias, especialmente en química, fisiología y medicina, las que practicó desde 1599 hasta su muerte en 1644. Era discípulo de Paracelso y un creyente de la visión espiritual de la Naturaleza, si bien hizo también importantes descubrimientos químicos. Fue el primero en descubrir 3 Musée des Thermes et de l'Hótel de Cluny. Catalogue general, París, 1922, vol. I, p. 105, N° 574.

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

171

que había otros gases además del aire, y la misma palabra "gas" es de su invención. Probó experimentalmente que sólo una pequeña proporción de una planta en crecimiento provenía de la tierra, haciendo crecer un esqueje de sauce en una cantidad de tierra que pesó previamente y demostrando que la disminución del peso de la tierra era despreciable comparándola con el aumento de peso del sauce. Éste fue un estimable trabajo de experimentación, cuyo valor no disminuye por el hecho de que supusiera que la sustancia de la planta estaba constituida casi en su totalidad por agua, mediante una especie de transmutación, sin darse cuenta de la parte importante que tenía el aire en su formación. Sus trabajos fueron recopilados y publicados en 1648 por su hijo, Francis Mercurius van Helmont, que era mucho menos científico y más supersticioso que su padre. Por consiguiente no podemos estar seguros de que J. B. van Helmont escribiera este relato de transmutación tal y como ha llegado hasta nosotros, pero no puede decirse que no conserve en gran parte el carácter del escrito primitivo. Además, Francis Mercurius van Helmont declara su incredulidad en la alquimia en los Paradoxal Discourses concerning the Macrocosm and Microcosm (1685), y si ésta era su opinión en 1648, no es de creer que haya inventado la historia que sigue: Verdaderamente lo he visto varias veces y lo he manejado con mis manos; era de color, semejante al azafrán en polvo, pero pesado y brillante como vidrio pulverizado. Una vez me dieron la cuarta parte de un grano (entendiendo por un grano la sexacentésima parte de una onza): proyecté este cuarto de un grano, enrollado en un papel, sobre ocho onzas de azogue calentado en un crisol; y en seguida todo el azogue, produciendo un cierto ruido, se fijó y dejó de ser fluido y coagulándose, se quedó convertido en una masa amarilla: después de verterla, soplando con los fuelles, encontré allí ocho onzas y poco menos de once granos del más puro oro. Luego un solo grano de aquel polvo había

172

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

transmutado 19,186 partes de azogue, en la misma cantidad del mejor oro.4 El relato entraña una evidencia en su contra. Siendo la densidad del oro de 19.3 y la del mercurio 13.6, la rápida conversión del último en el primero debería ir acompañada de un encogimiento de un tercio aproximadamente, lo que era de notar pero aquí no se menciona. Pero lo más interesante y circunstancial se refiere al uso de la piedra como una medicina. Había cierto irlandés, cuyo nombre era Butler, que había tenido privanza en la corte de Jacobo, Rey de Inglaterra. Habiendo sido detenido en la prisión del castillo de Vilvord se apiadó de Belio, un monje franciscano, famoso predicador de Galo-Bretaña, que estaba también prisionero, y que tenía una formidable erisipela en el brazo. Cierta tarde, cuando el monje enfermo casi llegaba a la desesperación, mojó rápidamente cierta piedrecita en una cucharada de leche de alme-dras e inmediatamente la retiró de allí. Y le dijo al guardián de la prisión: dale éste remedio a ese monje y cuando tome bastante del mismo, se encontrará sano en unas cuantas horas; lo que ocurrió con gran admiración del guardián; y el enfermo, no sabía de dónde le había venido de repente la salud, pues no se había dado cuenta de haber tomado nada. Porque su brazo izquierdo, que antes estaba horriblemente hinchado, se adelgazó de tal manera que apenas podía distinguirlo del otro. A la mañana siguiente, habiéndomelo suplicado grandes hombres, fui a Vilvord como testigo de sus hechos: por lo que contraje amistad con Butler. Inmediatamente después vi una pobre vieja, una lavandera, que hacía unos dieciséis años trabajaba con una intolerable jaqueca, inmediatamente curada en mi presencia. Por cierto que él, de pasada o ligeramente, sumergía la misma pie-drecita en una cucharada de aceite de oliva y en seguida la limpiaba chupándola y la colocaba en una bolsita que llevaba en el seno; pero esa cucharada de aceite, la vertía en una botellita de aceite, de donde mandaba que se untase una sola 4 J. B. Van Helmont, Oriatrike or physik refined, Londres, 1662, pp. 751-752.

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

173

gota en la cabeza a la dicha viejecita, la que quedó inmedia tamente curada y permaneció sana durante algunos años, lo cual yo atestiguo. Yo estaba pasmado como si se hubiese convertido en otro Midas, pero sonriendo me dijo: "Mi más querido amigo, a menos que tú llegues a ser capaz con un solo remedio de curar cualquier mal, permanecerás en tus principios, por muy viejo que llegues a ser." Asentí fácilmente a esto, porque había aprendido eso de los Secretos de Paracelso y ahora estaba más convencido por lo que había visto y por lo que aún esperaba. Pero confieso de buena gana que esa nueva manera de curar era desconocida y desacostumbrada para mí. Y ahora diré que, un joven príncipe de nuestra Corte, el Vizconde de Gante, hermano del príncipe de Epifuoy, de una gran casa, estaba tan postrado por la Gota que en lo futuro yacería sobre un solo costado, siendo desdichado y deformado por muchos nudos; tomando mi mano derecha me dijo: "¿Quieres que yo cure eso buen hombre?, lo curaré por amor de Dios". Pero yo repliqué: "Pero él es tan obstinado que preferiría morir a beber una sola poción medicinal." "Así sea", dijo Butler, "Porque yo no quiero otra cosa, sino que todas las mañanas toque la pequeña Piedra, que tú ves, con la punta de la lengua. Durante tres semanas a partir de aquí, déjale lavar los nudos dolorosos y no dolorosos todos los días con su propia orina, y pronto lo verás curado, sigue seguro tu camino, y díle lo que he dicho." Alegrándome por esto, volví a Bruselas y le dije lo que Butler había dicho. Pero el Potentado respondió. "Ve a decir a Butler que si me sana, como has dicho, le daré tanto como pueda pedir, pregunta el precio y deseoso lo pondré en depósito para su seguridad." Y cuando declaré aquello a Butler, un día después, se enfadó y dijo: "Ese Príncipe está loco, o es necio y miserable y por esto no lo ayudaré nunca, puesto que no necesito su dinero, ni suplico ni soy inferior a él." Así, nunca pude inducirle a llevar a cabo lo que había prometido primero, por donde empecé a dudar menos que las cosas antedichas, que había visto, fuesen como si fueran sueños. Por el mismo tiempo sucedió que un amigo dueño y encargado del horno de vidrio de Amberes, que estaba excesivamente grueso, pidió a Butler con urgencia ser liberado del problema de su gordura. Butler le ofreció una pequeña parte

174

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

de la piedrecita, que debía chupar o tocar rápidamente con la punta de la lengua todas las mañanas. Y en el transcurso de tres semanas vi reducirse su pecho en un palmo, y a él vivir sin que esto le afectara. Por lo que comencé de nuevo a creer que lo mismo podía haber pasado con el precedente Príncipe gotoso, al que se lo había prometido. Mientras tanto, envié a Butler a Vilvord en busca de un remedio porque algún enemigo secreto me había administrado un veneno. Pues languidecía miserablemente, todas mis articulaciones estaban doloridas y mi pulso era agitado, siendo acompasado se había vuelto intermitente, lo que originaba los desvanecimientos de mi mente y la extinción de mi fuerza. Estando todavía Butler detenido en la prisión, mandó inmediatamente a mi criado, al que yo había ordenado que le llevase una botellita de aceite de oliva y habiendo sido sumergida en él (como otras veces) su antedicha piedrecita me envió aquel aceite; y le dijo que con una sola gota yo untase la parte dolorida o cada una de las partes, lo que hice y, sin embargo, no sentí ninguna ayuda por ello. . . Mi esposa llevaba varios meses oprimida por un dolor del músculo de su brazo derecho, tan agudo que no podía ni levantar la mano, ni mucho menos levantar alguna cosa. Y además, a causa de la aflicción y pena por mí, languidecía gradualmente de sus dos piernas, desde el pie hasta la ingle, con un cruel edema, cuyo hoyo mostraba la huella de un dedo que penetró hasta la segunda articulación. Puesto que ella había contraído estos edemas por razón de la pena de mi tribulación, la tal medicina era despreciada en tanto que su dolor no cesase. Por esto ella, viendo que la acción del aceite de Butler era nula sobre mí y queriendo burlarse de mi credulidad ante algunas gentiles damas, untó una sola gota de aquel aceite en su brazo derecho, e inmediatamente su libertad de movimiento fue recuperada en mayor grado que el que pudiese esperarse, a la vez que su primitiva fuerza: todos nos admiramos ante la maravilla de un suceso tan repentino: por lo que ella untó los tobillos de sus dos piernas con una sola gota en ambos lados, extendiéndolo alrededor del círculo del tobillo y en seguida, en menos de un cuarto de hora, todo el edema se desvaneció: también ella, mediante el favor de Dios, vive en buena salud y sin embargo hace ya diecinueve años de eso.6 6 Van Helmont, op. cit., pp. 587-589.

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

175

3. El testimonio de Helvetius Juan Federico Schweitzer,* quien, según era costumbre entonces, latinizó su nombre cambiándolo en Helvetius, nació en Kothen en el Ducado de Anhalt. Era un conocido médico de renombre, autor de uno o dos libros médicos y botánicos y médico del Príncipe de Orange. Parece no haber duda de que fue el autor del trabajo titulado El becerro de oro, del que fue tomado, en una traducción abreviada, el siguiente relato de una transmutación. Parece que en este relato no hay lugar a ninguna duda o ilusión: Helvetius, o transmutó plomo en oro, o ha mentido descaradamente: El ventisiete de diciembre de 1666, por la tarde, vino un extranjero a mi casa en La Haya, con aspecto plebeyo, ho nesta gravedad y seria autoridad; de mediana estatura, cara un poco larga, con unas cuantas señales de viruela y el pelo negro en su mayor parte, no rizado del todo; desprovisto de barba, de unos cuarenta y tres o cuarenta y cuatro años de edad (según supuse) y nacido en Holanda del Norte. Después de los saludos, me suplicó con gran reverencia que perdonase su inesperada visita; dijo que era un gran entusiasta del Arte Pirotécnico; añadió que primero trató de visitarme con un amigo suyo, y decirme que había leído algunos de mis pequeños tratados y, particularmente, aquél contra el Poder Simpático de Sir Kenelm Digby y que había observado mi duda sobre el misterio filosófico, lo que le llevó a aprovechar su oportunidad y me preguntó si yo no podía creer que se encontrase en la Naturaleza una tal medicina que curase todas las enfermedades, a menos que las partes principales (como por ejemplo los pulmones, el hígado, etc.) pereciesen, o llegase el tiempo predestinado para la muerte. A lo que yo repliqué: "No he encontrado nunca un Adepto * Schweitzer en alemán, así como Helvetius en latín, quiere decir "suizo". A pesar de sus prácticas alquimistas y de la fama de charlatán que le ha quedado en la historia, a Helvetius le corresponde el mérito de haber introducido en Europa el tratamiento de la disentería amibiana mediante la raíz de Ipecacuana que recibía del Brasil. (T.)

176

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

o visto semejante medicina, aunque he leído mucho sobre ella y la he deseado." Entonces le pregunte si era un médico, pero él, eludiendo mi pregunta, me contestó que era un fundidor de latón, pero que había aprendido desde su juventud muchas cosas raras en química, en especial de un su amigo, la manera de extraer de los metales muchos arcanos medicinales por fuerza del fuego y que todavía era un entusiasta de ello. Después de una larga discusión sobre los experimentos con los metales, este Elias me preguntó si yo podría reconocer la piedra filosofal cuando la viese, yo le repuse que de ninguna manera, aunque había leído mucho sobre ella en Paracelso, Helmont, Basilius y otros; con todo, no me atrevería a decir que pudiese reconocer la sustancia filosofal. Mientras tanto, sacó de una bolsita que llevaba en el seno una reluciente caja de marfil y de ella extrajo tres porciones maravillosas o pequeños pedazos de la piedra, cada uno como del tamaño de una nuez pequeña, transparentes, de un color pálido de azufre que tenían pegadas las escamas internas del crisol, en donde por lo visto se había fundido esta nobilísima sustancia; su valor podría ser juzgado como el de veinte toneladas de oro; cuando los hube visto y manejado vehementemente durante casi un cuarto de hora y sacado a su poseedor muchos raros secretos acerca de sus admirables efectos sobre los cuerpos humanos y metálicos y otras propiedades mágicas, le devolví este tesoro de tesoros, con el pensamiento verdaderamente apenado, según sucede a los que son dueños de sí mismos, pero (como era justo), muy agradecido. Y humildemente, quise además saber por qué el color era amarillo y no rojo, el color del rubí, o púrpura, como escriben los filósofos; él respondió, que eso no importaba, porque la materia estaba suficientemente madura. Entonces le pedí humildemente que emplease en mí un poco de la medicina, para que siempre le recordara aunque fuese la cantidad de una semilla de cilantro o de cáñamo. Él entonces respondió: "¡Oh no, no! Esto no es legal, aunque me dieses tantos ducados de oro que llenase con ellos este cuarto; no por el valor de la materia, sino por algunas consecuencias particulares; no, si fuese posible (dijo) que el fuego pudiese quemarse con fuego, preferiría en este instante arrojar esta sustancia a las más voraces llamas." Pero después me preguntó si tenía otra cámara privada, que no tuviese vista a la calle pública; entonces lo conduje

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

177

al cuarto mejor amueblado de la parte posterior, donde entró sin limpiarse los zapatos (llenos de nieve y barro) según la costumbre en Holanda, y entonces no dudé ya que emplearía en mí parte de su tesoro secreto, pero en vano; porque pidió una pequeña pieza de oro y, quitándose su manto o hábito pastoril, abrió su jubón, bajo el cual llevaba cinco piezas de oro colgando de cintas verdes de seda, tan largas como la circunferencia interior de un trinchador de peltre: y este oro superaba al mío en tal forma, que no había comparación posible, por su flexibilidad y color; y las siguientes figuras con las inscripciones grabadas, son copia fiel de ellas, pues él me permitió copiarlas. [El autor da aquí ilustraciones de estas medallas.] Estando yo afectado por esto y con gran admiración, quise saber adonde y cómo las había obtenido. Y él contestó: "Un amigo extranjero, que residió algunos días en mi casa (proclamó que era un entusiasta de este arte y llegó a revelármelo), me enseñó varias artes: Primero, cómo obtener de piedras y cristales ordinarios rubíes, crisoprasas y zafiros, etc., mucho más limpios que los corrientes. Y cómo hacer en un cuarto de hora azafrán de Marte, una dosis del cual cura infaliblemente la disentería pestilente (o flujo sangriento) y cómo hacer un licor metálico para curar, de modo, seguro, toda clase de hidropesías en cuatro días; y también un agua clara, límpida, más dulce que la miel, mediante la cual en dos horas, en arena caliente, extraería la tintura de granates, corales y otros cristales semejantes, cosa que yo, Helvetius, no vi. Estaba lejos de mi mente y no era capaz de comprender cómo un jugo tan noble podría ser extraído de los metales, para transmutar metales, y me encontraba como el perro ante la sombra de la carne. Así, me dijo que su dicho maestro le obligó a traer un vaso lleno de agua de lluvia y buscar algo de plata refinada y laminada en planchas delgadas, las que se disolvieron en un cuarto de hora, como el hielo cuando se calienta: y entonces bebió la mitad a mi salud y yo brindé con la otra mitad, que no tenía ni siquiera el gusto de la leche dulce; con lo que ya se figurará que me puse muy contento. A continuación pregunté si ésta era una bebida filosófica y para qué bebíamos esta poción. Él replicó que no debería ser tan curioso. Y después me dijo que siguiendo las instrucciones del maestro, tomó un pedazo de un tubo, canalón o depósito de plomo y una vez derretido sacó de su

178

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

bolsillo un poco del tal polvo sulfuroso y puso un poquito en la punta de un cuchillo y después de un gran soplo de fuelle, lo vertió en seguida sobre las piedras rojas de la chimenea de la cocina, que se tornaron como del más excelente oro puro; lo que me dijo le puso en tal asombro trémulo, que apenas podía hablar. Pero su maestro entonces lo animó de nuevo diciendo: corta para ti la dieciseisava parte de esto como recuerdo y el resto repártelo entre los pobres, lo que hizo. Y distribuyó gran cantidad de limosnas, según afirmaba (si no falla mi memoria) a la Iglesia de Sparrenda; pero si las dio varias veces o una sola, o en la masa de oro o en moneda de plata, no se lo pregunté. Al fin dijo que él (continuando con la historia de su maestro) le había enseñado por completo este arte casi divino. Tan pronto como se terminó su historia, le pedí muy humildemente que me mostrase el efecto de la transmutación para confirmar mi fe en ello, pero se despidió entonces de manera tan discreta, que lo tuve por negativa. Pero con todo me prometió volver de nuevo al cabo de tres fines de semana y enseñarme algunas artes curiosas en el fuego y la manera de hacer la proyección, en el caso de que fuese legal y no prohibido. Y a los tres fines de semana vino; y me invitó a salir de casa por una o dos horas y tuvimos en nuestros paseos pláticas sobre las diversas naturalezas secretas que hay en el fuego; pero él era muy avaro del gran elixir, afirmando gravemente que era sólo para magnificar más la fama y hacer el nombre de Dios más glorioso; y que pocos hombres se esforzaban por sacrificarse a él con buenas obras y esto lo expresó como un pastor o un ministro de la iglesia; pero ahora y entonces mantuve los oídos abiertos, tratando de aprender la transmutación metálica; deseando también que me estimara lo bastante como para comer y beber y hospedarse en mi casa, lo que perseguí tan ansiosamente que apenas ningún pretendiente podría suplicar más para quitarle la dama a su rival, pero era de un espíritu tan resuelto y determinado, que todos mis esfuerzos fueron vanos: sin embargo no pude dejar de decirle que tenía puesto un laboratorio y las cosas listas y preparadas para un experimento y que un favor prometido era como una deuda. "Sí, es cierto, dijo, pero yo prometí enseñarte a mi vuelta con la condición de que no estuviese prohibido." Cuando vi que todo era en vano, pedí encarecidamente

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

179

al menos una Ínfima migaja o porción de este polvo o piedra, para transmutar cuatro granos de plomo en oro; y, al fin, por su conmiseración filosófica, me dio una migaja tan grande como una semilla de nabo o rábano, diciendo: "Recibe esta pequeña porción del mayor tesoro del mundo, el que realmente pocos reyes o príncipes han visto o conocido". Pero dije, esto probablemente no transmutará cuatro granos de plomo"; por lo cual me pidió que se lo devolviera, lo que hice con la esperanza de una mayor parte; pero él, cortando la mitad con su uña, la arrojó al fuego y me dio el resto limpiamente envuelto en papel azul diciendo: "Esto es suficiente para ti." Yo le respondí (ciertamente con un semblante de lo más afligido): "Señor, ¿qué significa esto?, siendo el otro demasiado pequeño ahora me dáis menos." Él me dijo: "Si no puedes arreglártelas así por su gran proporción para una cantidad tan pequeña de plomo, entonces pon en el crisol dos dracmas, o media onza, o un poco del plomo; porque no debe ponerse en el crisol más plomo que aquel sobre el cual la medicina puede actuar y transmutar." Así que le di muchísimas gracias por mi disminuido Tesoro, verdaderamente conturbado en sumo grado y puse el mismo cautelosamente en una cajita diciendo que pensaba probarlo al día siguiente; y que no se lo revelaría a nadie. "No lo hagas, no lo hagas (dijo); porque debemos divulgar todas las cosas entre los hijos del arte, que pueden tender hacia el singular honor de Dios, para que puedan vivir en la verdad teosófica y no morir del todo como sofistas." Después le hice mi confesión, que mientras esa masa de su medicina estuvo en mis manos, me esforcé por raspar una poca con mi uña sin poder evitarlo; pero que no raspé casi nada, o tan poco, que apenas sería un átomo indivisible, que, siendo extraído de mi uña lo envolví en un papel; lo proyecté sobre plomo, pero no se produjo ninguna transmutación; pero casi toda la masa del plomo voló y el residuo se convirtió en una mera tierra vidriosa; ante este inesperado sucedido dijo él sonriendo: "Tú eres más diestro para cometer un robo que para aplicar tu medicina; porque si hubieses envuelto tu presa robada en cera amarilla, para preservarla de los humos que surgen del plomo, habría penetrado hasta el fondo del plomo y lo habría transmutado en oro; pero habiéndolo arrojado en los vapores, parte por violencia de los humos vaporosos y parte por la alianza simpática, se llevaron por completo la medicina: porque el oro, la plata, el azogue y los metales

180

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

semejantes, se corrompen y se vuelven quebradizos como el cristal, por los vapores de plomo." Después de lo cual le traje mi crisol donde lo había hecho e instantáneamente percibió una tintura como el azafrán pegada a los costados; y prometió venir a la mañana siguiente, hacia las nueve de la mañana, y entonces me mos traría mi error; y la referida medicina transmutaría el plomo en oro. No obstante le rogué encarecidamente que mientras tanto se sirviese declarar sólo para mi actual instrucción, si el trabajo filosofal costaba mucho, o requería largo tiempo. "Amigo mío, amigo mío (dijo), eres demasiado curioso y quieres conocer todas las cosas en un instante, pero te puedo decir desde ahora que ni el gran costo ni el tiempo pueden desesperanzar a nadie; porque en lo que se refiere a la materia, a partir de la cual se hace nuestro magisterio, me gustaría que supieras que hay sólo dos metales y minerales, a partir de los cuales se prepara, pero en cuanto al azufre de los filósofos, es mucho más común y abundante en los minerales; por eso se hace a partir de los minerales." Entonces pregunté de nuevo cuál era el Menstruo y si la operación o el trabajo se hacía en vasos, o crisoles. Él respondió que el Menstruo era una sal celeste, de una virtud celestial, para cuyo beneficio sólo los hombres sabios disuelven los cuerpos metálicos terrenales y mediante seme jante solución se obtiene fácil e instantáneamente el más noble elixir de los filósofos. Pero en un crisol se hace y se lleva a cabo toda la operación, del principio al mismo fin, en un fuego abierto; y todo el trabajo completo no es más largo, desde el mismo principio al fin, que cuatro días y todo el trabajo no cuesta más que tres florines; y, además, ni el mineral, ni la cal con la cual se lleva a cabo, eran de gran precio. Y entonces yo repliqué que los filósofos afirman en sus escritos que al menos siete o nueve meses se requieren para este trabajo. El respondió que sus escritos sólo eran entendidos por los verdaderos adeptos; por lo cual respecto al tiempo no escribirían nada cierto: no, sin la comunicación de un filósofo verdadero adepto, ningún estudiante puede encontrar el modo de preparar este gran magisterio, por cuya causa yo te advierto y te encargo (como un amigo) que no desperdicies tu dinero y tus bienes para cazar este arte; porque nunca lo encontrarás. A lo que yo repliqué: "Tu maestro (aunque desconocido) te lo enseñó; luego tú puedes tal vez descubrime

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

181

algo, que, habiendo superado los rudimentos, yo pueda encontrar el resto con poca dificultad, de acuerdo al viejo dicho: Es más fácil añadir a una fundación, que comenzar una nueva. Él contestó: En este arte es completamente de otro modo; porque a menos que conozcas la cosas de pies a cabeza, de los huevos a las manzanas; esto es, del mismísimo principio al mismísimo fin, no sabes nada y aunque te he dicho bastante, con todo tú no sabes cómo los filósofos hacen para romper y abrir el sello vítreo de Hermes, al cual el Sol envía un gran esplendor con sus rayos metálicos maravillosamente coloreados; y en cuyos lentes los ojos de Narciso contemplan los metales transmutables, porque de estas formas los verdaderos filósofos adeptos recogen su fuego; mediante cuya ayuda los metales volátiles pueden fijarse en los metales más permanentes, ya sea oro o plata." "Pero ya es bastante por ahora; porque quiero (Dios me diante) encontrarte una vez más mañana, a la novena hora (como dije) y discurrir más sobre este tema filosófico; y te mostraré la manera de la proyección." Y habiendo marcha do, me dejó esperándole tristemente; pero al día siguiente no vino, ni nunca más desde entonces. Solamente envió una excusa a las nueve y media aquella mañana, por causa de su mucho trabajo y prometió venir a las tres de la tarde, pero nunca vino, ni sé nada de él desde entonces; a partir de entonces comencé a dudar de todo el asunto. Sin embargo a altas horas de aquella noche mi mujer (que era una estudiante curiosísima y una investigadora del arte del cual aquel hombre poderoso había discurrido) vino solicitándome y hostigándome a que hiciese experimento con esa pequeña chispa de su liberalidad en aquel arte, para estar lo más seguro de la verdad; diciéndome: "A menos que esto se haga, no tendré descanso ni sueño esta noche". Pero le pedí que tuviese paciencia hasta la mañana siguiente para esperar a este Elias; diciendo: "Probablemente vendrá de nuevo para enseñarnos la manera correcta." A la postre (estando ella tan decidida), mandé hacer un fuego, pensando para mis adentros que ahora este hombre (tan divino en su discurso) iba a ser descubierto como im postor, y además le achacaba el que mi proyección del polvo que le había robado en mi uña no hubiese transmutado el plomo aquella vez; y, finalmente, que me dio muy pequeña proporción (como yo pensaba) de su referida medicina para

182

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

trabajar sobre tan gran cantidad de plomo como él pretendió y señaló para ello. Diciéndome además a mí mismo: "Temo, temo ciertamente, que este hombre me ha engañado." Sin embargo, mi mujer envolvió la referida materia en cera y corté media onza o seis dracmas de plomo viejo y lo puse en un crisol al fuego; una vez fundido, mi mujer puso dentro la referida Medicina hecha una pildorita o botón, la que hizo entonces tal silbido y burbujeo en su operación perfecta, que en un cuarto de hora toda la masa de plomo estaba transmutada en el mejor y más fino oro, lo que nos dejó pasmados. Y ciertamente (aunque hubiera yo vivido en la Edad de Ovidio) no podría haber visto una metamorfosis más rara que ésta, por el arte de la alquimia. Podría haber gozado de los ojos de Argos, y de cien más, y no hubiese podido contemplar esta obra tan admirable y casi milagrosa de la Naturaleza; porque este plomo fundido (después de la proyección) nos mostró en el fuego los colores más raros y bellos que imaginarse puedan; y un color muy verde, que tan pronto como lo vertí en un lingote, obtuve el color vivo y fresco de la sangre; y, habiéndose enfriado, brillaba como el más puro y más refinado y resplandeciente oro. En verdad yo, y todos los que me rodeaban, estábamos sumamente maravillados; y corrí con este plomo aurificado (todavía caliente) a casa del orfebre, que se maravilló con la finura; y, después de una corta prueba de toque, lo juzgó como el más excelente oro en el mundo entero, y me ofreció con mucho interés darme cincuenta florines ,por cada onza de él. Al día siguiente se extendió cierto rumor por La Haya, que se propagó fuera, de tal forma, que muchas personas ilustres y estudiantes me prodigaron sus amistosas visitas para su provecho. Entre ellas, el Ensayador general o Examinador de Monedas de esta Provincia de Holanda, el señor Porelius, quien con otros me rogó encarecidamente que pasase parte de él por sus pruebas usuales, lo cual hice, sobre todo para satisfacer mi propia curiosidad. Entonces fuimos a ver al Sr. Buectel, un platero, que primero lo trató per quartam, a saber, mezcló tres o cuatro partes de plata con una parte del referido oro y lo laminó, lo hiló o lo granuló y le añadió una cantidad suficiente de Aqua Fort, la que disolvió entonces la plata y permitió que el dicho oro se precipitase en el fondo; el cual, siendo decantado y los residuos o polvo de oro dulcificados con agua

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

183

y luego reducidos y fundidos en un cuerpo, se convirtieron en oro excelente. Y, cuando habíamos temido perder, nos encontramos con que cada dracma del dicho primer oro había, por el contrario, aumentado y había transmutado un escrúpulo de la dicha plata en oro, por razón de su gran y muy abundante tintura. Pero ahora, dudando aún si la plata estaba suficientemente separada del dicho oro, lo mezclamos rápidamente con siete partes de antimonio, y vertimos la mezcla en un cono y limpiamos el régulo en una prueba, en la que perdimos ocho granos de nuestro oro, pero después que quitamos el resto de antimonio, o escoria superflua, encontramos nueve granos de oro más nuestros ocho perdidos, aunque estaba algo pálido y plateado, el cual recobró fácilmente su color total después. Así en la mejor prueba de fuego no perdimos nada de este oro; sino que ganamos como antes hemos dicho. La cual prueba repetí de nuevo tres veces y lo encontré siempre igual y la dicha plata restante del aqua fortís era de la misma plata flexible que podía ser; así que, en total, la dicha medicina (o elixir) había transmutado seis dracmas y dos escrúpulos del plomo y plata, en el más puro oro.7

Estos relatos sirven al menos para informarnos de que en el siglo xvii había pruebas escritas de transmutación lo suficientemente importantes como para sostener las creencias de aquellos inclinados a la alquimia. Desde luego, nos es completamente imposible ahora resolver la cuestión de si los autores de estos relatos vieron realmente algo que parecía ser una transmutación o si decían haber visto lo que habían oído decir a otros, o si se parecían a Sir Agripa, renombrado por sus muchas y sólidas mentiras.

Los relatos permanecen como curiosidades, cuya mayor atracción consiste en ser inexplicables. Había ciertamente, y quizá se muestren todavía, 7 Cooper, William, librero. The philosophical epitaph of W. C[ooper]... also a brief of the Golden Calf... by J. F. Helve-tius. . . Londres, 1673-75.

184

RELATOS DE TRANSMUTACIONES

ejemplares de oro alquímicamente preparados. Así, John Evelyn en 1644 visitó Florencia y vio en un museo "un clavo de hierro, una mitad del cual, habiendo sido transmutada en oro por un tal Thornheuser, químico alemán, se considera como una gran rareza, pero, según parecía, la parte de oro estaba soldada a la de hierro." Existen también medallas a las que se atribuye haber sido acuñadas con oro alquímico, pero, ¡ay!, por lo menos algunas, son de oropel.

XIII DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA Hay quien da como seguro que la alquimia en cierta etapa de su desarrollo vino a ser la química. Esto es un resumen demasiado simple de lo que ocurrió en los dos siglos transcurridos entre las épocas de, digamos, Paracelso y Boerhaave. La verdad es que una parte de la alquimia se convirtió, con algún cambio, en parte de la química y la parte que fue así traspasada fue la técnica de laboratorio. Pero no se puede insistir mucho en que la intención de un conocimiento investigador de las cosas particulares, que es vital para la química, el método científico que la hizo ser ciencia y las especulaciones atómicas que caracterizan sus explicaciones, viniesen de otras fuentes. Así, la alquimia se distingue de la química primero por sus propósitos y luego por sus métodos. El propósito de la alquimia es la perfección de todas las cosas en su género y muy especialmente de los metales; el de la química es la adquisición de conocimientos respecto a diversos tipos de materia y el uso de estos conocimientos para toda clase de fines. El método de la alquimia consiste en, primariamente, el estudio de los textos alquimistas de cuyos autores se presumía que habían conocido las operaciones que sus lectores trataban de descubrir; después, es una reflexión sobre la Naturaleza, según el sentido común, para descubrir sus leyes generales y aplicar éstas al problema alquimista; en tercer lugar y con mucha menos importancia, es experimento, que en todo caso estaba limitado a los esfuerzos para encontrar las condiciones en que las apariencias señaladas en los textos podrían ser alcanzadas. El método de la química es la descripción cuidadosa de los cambios en toda clase de materias y la clasificación de tales cambios con el fin de descubrir leyes generales. Para el químico, los libros son alma185

186

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

cenes, no autoridades, no existen analogías entre el comportamiento de los cuerpos vivos y la materia inerte, y la prueba de todas las conclusiones es el experimento. El factor común de la alquimia y la química es la técnica. Los alquimistas fueron los primeros y, antes de la última parte del siglo xvi, casi los únicos trabajadores de laboratorio. Habían desarrollado una técnica en pequeña escala para separar y combinar los componentes de los cuerpos, y a su equipo y métodos técnicos la química no añadió casi nada hasta que inició la técnica para la captación y el estudio de los gases a mediados del siglo xviii. La transformación de la alquimia en química comenzó con el paso de esta técnica a las manos de aquellos que tenían otros fines distintos del perfeccionamiento de la materia. Los primeros de éstos, cronológicamente, fueron los farmacéuticos. Desde quizás el año 100 d. c. hasta el siglo xiii la destilación era casi exclusivamente una práctica alquimista. Aunque los farmacéuticos del Islam hablan de destilación, a menudo se refieren a una mera extracción de jugos sin evaporar o condensar; y son pocos los casos en que hacían una simple destilación. Esto cambió completamente cuando se empezaron a destilar los espíritus con fines médicos, según se describe en el capítulo IX. Muchos libros sobre des tilación aparecieron en los años posteriores a 1500 y en ellos vemos que los alambiques —y demás formas más complicadas de alambiques— estaban siendo usados por el farmacéutico y poco después por el ama de casa, para hacer toda clase de cordiales y aguas destiladas. Era completamente evidente que la técnica de la alquimia se estaba aplicando a necesidades prácticas. Estos libros sobre destilación llevaron al hogar la técnica alquimista. Naturalmente, el contacto con las notables transformaciones descritas en tales libros hizo que se interesara el hombre común en lo que

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

187

podía hacerse por la ciencia natural y la magia natural, que no se distinguían con mucha claridad. Así, poco después de que los libros de destilación alcanzaran su completa popularidad, encontramos numerosos libros de recetas y secretos, que dan instrucciones para toda clase de "Destilaciones operativas, perfumes, confituras, tintes, colores y fusiones". Ejemplo típico de estos es The Secrets of Master Alexis (1555) que nos da recetas, como, por ejemplo: "Una sopa muy exquisita hecha de cosas diversas", "Para poner el pelo amarillo como el oro" (mediante un tinte hecho a base de raíz de ruibarbo), "Un aceite o licor para hacer caer el pelo" (sosa, cal y oropimente), "Para hacer una gran cantidad de tinta rápidamente y con poco costo." Pero en este recetario casero aparecen recetas claras y prácticas para operaciones químicas tales como la sublimación del calomel (usado al parecer como polvo facial), para hacer bermellón, ácido nítrico, etc., y recetas de taller para la fundición de metales, el dorado y otros. Sin embargo, inmediatamente sigue esta notable instrucción: "Para coger Salamandras y ocuparse o ayudar para la vuelta de un hombre. Cuando vea a las Salamandras yacer dormidas al Sol, póngase un par de guantes y así vaya a tomarlas con cuidado y suavemente antes de que arrojen su veneno (que es amarillo). Entonces póngalas en alguna vasija o vaso donde haya sangre de hombre. Con esto ayudará a su vuelta muy bien." Con qué propósito se hacía, no lo sabemos; sin duda no era bueno. Estos libros de recetas, que aparecen por primera vez hacia 1550, degeneran gradualmente. En el siglo xvii encontramos uno que empieza: "Cómo entretenerse finamente con un gato"; hoy nadie se propondría semejante cosa. La importancia principal de estos libros era que daban al público en general la idea de que la ciencia natural, y especialmente las artes químicas, podían ser útiles. Los tratados técnicos sobre trabajos químicos datan al menos de las tablillas químicas asirías (p. 25). En la

188

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

Edad Media y antes, existían como un conjunto de recetas aisladas, a modo de las de un libro de cocina; pero desde más o menos la mitad del siglo xvi nos encontramos con numerosos tratados sobre artes técnicas; metalurgia, vidriería, fuegos artificiales, farmacia y otros semejantes, fistos tienen generalmente poco o nada de teoría, pero dan excelentes resúmenes de prácticas y constituyen algunos de los primeros vestigios de observación científica corriente. La Pirotechnia de Biringuccio (1540) es uno de los primeros entre ellos, pero el mejor ejemplo es el gran De re metallica de Agricola, publicado en 1556. Es imposible dar un resumen de este magnífico trabajo que trata todos los aspectos de la minería y la metalurgia y en el que hay una parte que podría ser llamada química industrial. En él encontramos los principios del análisis químico en el ensayo de los minerales, comprendiendo el uso de pequeños hornos de laboratorio y delicadas balanzas de ensayo. Allí está el principio de la manufactura química en la preparación del azufre, betún, salitre, ácido nítrico, vitriolo y otros. Menos considerable, pero no sin importancia, es el libro del vidriero L'Arte Vetraria, escrito por Antonio Neri y publicado en 1612. Neri da instrucciones muy claras respecto a la manera de purificar su álcali y para seleccionar y pesar cristales de cuarzo y obtener con ellos mezclas fundidas realmente incoloras. Describe cómo se limpia de la tinta verde el vidrio por medio de manganeso y también los métodos para hacer todos los cristales de color, incluyendo el cristal de rubí hecho de oro. Y no ahorra trabajos para recristalizar sus materiales. Nos dice cómo se hace el ácido nítrico y el agua regia (ácido nitro-clorhídrico) y usa el ácido para disolver sales metálicas e incorporarlas a sus mezclas fundidas. El hermoso cristal de los vitrales de nuestras iglesias medievales atestigua la elevada técnica que existía mucho tiempo antes de la existencia de Neri. La contribución típica del siglo xvi y principios del xvii a la formación de la química no consiste en rea-

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

189

lizar nuevos descubrimientos, sino en el registro, como asunto de interés general, de lo que habían sido los secretos comerciales de los maestros artesanos. Notamos la aparición de libros sobre técnicas que hoy debíamos considerar como departamentos de la química industrial. La idea de "química" —una ciencia rela-

FIG.

27. Balanzas de ensayo, de De re metallica de Agrícola.

cionada con toda la transformación de una sustancia en otra— no se le había ocurrido a nadie, y la palabra chemia entonces significaba simplemente "alquimia". En esto consiste la principal contribución de aquel hombre extraordinario llamado Paracelso. Philippus

190

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

Aureolas Theophrastus Bombastus von Hohenheim, quien parece que adoptó el nombre de Paracelso como expresión de su eminencia, era un tipo raro, con un carácter violento. Nació en 1493 y, a principios del siglo xv, estudió primero en la Universidad de Basilea, gobernada por la mente mística y mágica de Trithemius, Abad de Spanheim. Posteriormente, en los distritos mineros del Tirol, estudió los minerales, la minería y las enfermedades de los mineros. En 1526 se hizo médico en la ciudad de Basilea y dio conferencias sobre medicina en aquella Universidad. Atacó violentamente las teorías existentes entonces sobre medicina, así como a sus sostenedores, y durante toda su vida se vio envuelto en interminables polémicas y luchas. Vagó por Alemania y Austria practicando la medicina y escribiendo sus tratados. Es difícil saber si debemos creer a sus enemigos, que le acusan de embriaguez y corrupción perpetua, y tampoco podemos estar seguros de la forma en que se produjo su muerte, en 1541. A primera vista los trabajos de Paracelso parecen aún más extraños que los de los alquimistas, pero un examen detenido nos muestra dos importantes factores nuevos. Lo primero que encontramos es un cambio de propósito. Los griegos y la mayor parte de los alquimistas occidentales se habían dedicado por entero a la confección de metales preciosos. Algunos de los escritores árabes, como al-Razi, se ocuparon de la medicina, y la escuela luliana de escritores sobre la quintaesencia daban especial importancia a sus supuestas virtudes medicinales. Pero Paracelso es el primero que se preocupa de una manera completa por la curación. El objeto de todas sus discusiones y recetas es la cura de una enfermedad, y sólo se hace una mención superficial de la piedra filosofal y la confección del oro. Su concepción de la Naturaleza es casi por completo espiritual y probablemente su idea principal es la existencia de quintaesencias en las cosas, o una actividad que puede ser separada o al menos concentrada, consiguiendo así

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

191

una medicina particularmente activa. Suponía que el cuerpo humano y cada uno de sus órganos estaban activados y guiados por un "archaeus", que era un ser espiritual, y que estaba influido por los cuerpos celestes, que eran de la misma naturaleza. Las quintaesencias, arcanos y otras medicinas que él trataba de hacer eran en cierta forma espirituales, estaban llenas del quinto elemento y eran aptas para atraer las influencias celestiales sobre el "archaeus". Gran parte de su doctrina puede ser encontrada en los tratados lulia-nos (cf. pp. 117-121). Cada uno de los siete metales, como hemos visto, correspondía a uno de los siete planetas, y así, la preparación de las quintaesencias de los metales para ser usadas como medicinas era uno de sus fines principales. Las quintaesencias se preparaban por destilación, pero, como los compuestos metálicos no son volátiles salvo raras excepciones, las quintaesencias de Paracelso, afortunadamente para el paciente, normalmente no contenían nada del metal cuyo nombre llevaban. El método para hacerlas consistía, en líneas generales, en disolver el metal en algún reactivo químico tal como el ácido nítrico o clorhídrico y destilar. El resultado no era otra cosa que un ácido bastante diluido, la administración del cual, probablemente, no hacía ni bien ni mal. Paracelso comenzó también la investigación del uso de compuestos metálicos en medicina y por tanto dio un nuevo impulso a los que se ocupaban en trabajos químicos, cuyas energías estaban confinadas en los bien cultivados, pero no muy provechosos, campos de la alquimia. En segundo lugar, Paracelso tenía las primeras nociones oscuras de las ideas que hoy en día adjuntamos a la palabra "química". Él mismo retuvo la palabra "alquimia" pero amplió enormemente su significado. A veces habla de ella como del arte de separar lo "puro de lo impuro" y, ocasionalmente, la aplica a cualquier trabajo en el que las potencialidades de un material se ponen en acción. En algunos casos estas definiciones

192

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

coinciden. Así, dice: Dios hace la medicina, pero no en su forma preparada, porque, según se encuentra en la Naturaleza, está mezclada con escoria, la que debe ser separada y dejar la medicina libre. Por supuesto no tenía la idea tan clara que el moderno químico tiene de este proceso. Hoy sabemos, por ejemplo, que hay una pequeña proporción de un compuesto químico, fisiológicamente activo, la quinina, en la corteza del árbol de la quina; y que este compuesto puede separarse en un estado puro, y después purificarse hasta más no poder. Pero si Paracelso hubiese conocido la corteza de la quina, hubiese pensado que contenía una "quintaesencia de la corteza" que poseía toda la potencia antifebril de la droga y que podía dársele cualquier grado de potencia mediante purificaciones sucesivas, volviéndose más y más espiritual y volátil según avanzaba el trabajo. Desde que Paracelso adoptó esta amplia visión de la alquimia, declaró que sin ella nadie podría ser médico. Pero aún amplía mucho más el término. Da el nombre de alquimistas a los fundidores de metales, al panadero, al cocinero y aun al hombre que enciende y mantiene los fuegos. De hecho da a la palabra "alquimia" casi la misma amplitud que nosotros damos a la palabra "química". Los verdaderos descubrimientos químicos de Paracelso no fueron considerables ni contribuyó con mucho que tuviese valor para la teoría química. Él y sus seguidores introdujeron, en lugar de los cuatro elementos aristotélicos de tierra, aire, agua y fuego, los "tres principios hipostáticos", mercurio, azufre y sal. Por supuesto no hacía nada nuevo al tomar el mercurio y el azufre como principios, puesto que la noción de que eran los principales constituyentes de los metales era familiar en la alquimia, estando implícita en los textos griegos, explícitamente admitida por los árabes y familiar a toda la alquimia del mundo occidental. Por otra

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

193

parte, la introducción de la sal como un principio parece ser nueva. Estos tres principios no eran lo que hoy día conocemos como mercurio, azufre y sal. Así el Tyrocinium de Beguinus (1611) del que se hicieron sesenta ediciones en cincuenta años, nos dice que: Mercurio era aquel fluido acre, penetrante, etéreo y muy puro al cual se debían toda nutrición, moción, sentido, poder, colores y retardo de la edad. Se derivaba del aire y el agua, era un pabulum vitae (alimento de la vida) y el instrumento más cercano a la forma. 1 (De esto Boyle dice, "no es una definición sino un encomio".) Azufre era aquel dulce bálsamo oleaginoso y viscoso que conservaba el calor natural de las partes, instrumento de toda vegetación, aumento y transmutación y la fuente y origen de todos los colores. Era inflamable, sin embargo tenía un gran poder para aglutinar los extremos contrarios. Sal era aquel cuerpo seco y salino que preservaba las mezclas contra la putrefacción, con maravillosos poderes de disolución, coagulación, limpieza, evacuación, dando solidez, consistencia, gusto y otros. Se parecía a la tierra, no en ser fría y seca, sino en ser firme y constante. Estos principios no podían ser separados de la Naturaleza, pero correspondían a lo que los químicos pensaban que habían encontrado. En las destilaciones de materia orgánica los primeros productos volátiles eran: un "mercurio"; luego venía un oleoso, "azufre", y podía extraerse una "sal" del residuo seco. La noción de este mercurio era todavía análoga a la de la virtud celestial y el mercurio filosofal. Las tres ilustraciones (láms. X XI, XXII) muestran la forma en que uno de los paracelsianos, Leonhart Thurneyyser zum Thurn, simbolizaba los tres principios y proporcionan una rectificación l Es decir, el agente principal mediante el cual se llevaban a cabo los cambios.

194

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

provechosa a aquellos que quisiesen imputarles a éstos un significado químico demasiado preciso. Los tres principios de Paracelso y sus continuadores tenían casi todos los vicios de los cuatro elementos. Dieron lugar a una noción de la materia, más rica quizá, pero más confusa y mezclada con las nociones ocultas de la materia sutil. Sin embargo, la teoría pa-racelsiana permaneció mucho tiempo como una teoría popular de la materia, siendo posteriormente modificada por los cinco principios, flegma, mercurio, azufre, sal y tierra. Fue sostenida en cierta forma por Becher, de ahí influyó en Stahl y los partidarios del flogisto; el flogisto 2 del siglo xviii es ciertamente el descendiente directo del "azufre" de los paracelsianos, el que a su vez es descendiente del "fuego" de los aristotélicos. Entonces, la gran idea de una única ciencia que abarcase todo lo dependiente del conocimiento que hoy llamaríamos químico, del siglo xvi, se debe a Paracelso, pero fue lenta en producir su efecto, porque las teorías de la alquimia adoptadas por Paracelso y sus seguidores fueron mal adaptadas a la explicación de las prácticas de farmacia, metalurgia o cualquier otro arte útil y no pudo servir para unificarlos. El factor común en éstos era la técnica y lo que se necesitaba para presentarlos como una ciencia era destacar los elementos comunes de la técnica, distinguiéndolos de la teoría. El hombre que inició esta necesaria reforma del asunto fue Andreas Livabius, cuyo trabajo principal Alchemia, se publicó en 1597. Una versión más completa de su título es "Alquimia, recogida por mano de Andreas Livabius, Doctor en Medicina, Poeta y Físico, de los trabajos dispersos de los mejores autores. .. y compilados en un cuerpo integral". No había sin embargo posibilidades de clasificar los productos químicos de acuerdo con su composición, que permaneció mucho tiempo desconocida, y así Livabius arregló su 2 Cf. p. 205.

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

195

trabajo según el tipo de operación química y productos finales; no, como hacemos nosotros, de acuerdo con el material en cuestión. El trabajo está dividido en dos partes, 1) Encheiria (manipulación) y 2) Chymia (que consiste en una clasificación de los productos químicos, según su método de preparación, en magisterios, 3 extractos, productos destilados, sublimados, etc.). Livabius pues, consideraba la química como un arte práctico, según se demuestra en su definición de la "Alquimia" como el arte de perfeccionar los magisterios y extraer esencias puras de cuerpos mixtos mediante la separación de sus materias. Destaca sobre todo la importancia médica del trabajo. Procede en primer lugar a describir los instrumentos, vasos, hornos; luego las operaciones: la calcinación, incineración, sublimación, coagulación, fermentación y otras. Después, en la segunda parte, vuelve a las variedades de los productos, tales como metales potables, por ejemplo, soluciones de acetato férrico, nitrato mercúrico ("pero ninguna será bebida por aquel que sea prudente"), azufre potable (una solución en trementina), sales, amalgamas, cales, azafranes, licores, etc. Las recetas son genuinas y, en la mayoría de los casos, puede verse que se describe o se intenta algún cambio químico real. El trabajo no contiene casi ninguna teoría química y en ese sentido no puede considerarse como un ensayo para un texto completo de química pero debe haber sido un instrumento de lo más valioso para aquellos que deseaban adquirir la práctica. La poca teoría que aparece en él es aún la misma que la de los alquimistas. Así tenemos: "Un metal es un cuerpo mineral, constituido por la fuerza de virtud fecundante de los metales en el mineral de una tierra vitriólica; de jugo mercúrico y espíritu sulfúreo, vehículo de un calor digestivo, y que ha tomado la forma de una sustancia fusible y maleable". Además Livabius cree en la piedra filosofal. 3 Drogas compuestas de un cierto número de sustancias simples.

196

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

El modelo de la Alchemia fue seguido por los textos del siglo xvii. Hasta el siglo xviii no encontramos los comienzos de la presentación moderna, en la que la clasificación se hace por la composición química. La preparación y propiedades de cada sustancia se discuten en ellos a la luz de los principios establecidos en la parte más temprana del trabajo. Así, uno de los textos favoritos del siglo xvii era el de "Nicasius le Febure, Profesor Real de Química de Su Majestad de Inglaterra y Boticario de ordinario de Su Honorable Casa, Miembro de la Real Sociedad". Éste fue escrito primero en francés y traducido al inglés en 1670. "Contiene toda aquello que es necesario para el alcance del Curioso Conocimiento de este Arte Comprendiendo en General toda su Práctica." Es en realidad un manual para boticarios y no un estudio científico, pero comienza con una introducción teórica. Se adoptan los cinco principios: flegma, mercurio, azufre, sal y tierra. Distingue sustancias puras e impuras: "por pureza entenderemos todo aquello que, en mezcla o compuesto, sirve a nuestros propósitos..." Esta relación de operaciones prácticas es admirable, pero huele a rebotica. Su libro incluye todos los elementos de la química; teoría, descripción y práctica, pero su deficiencia consiste en que la teoría es muy pobre y arroja poca luz sobre el resto. Otro trabajo similar y muy popular fue el Course of Chymistry de Nicolás Lemery, escrito y traducido en 1677. Cinco páginas bastan para los principios de la química; las trescientas restantes tratan de práctica. "Chymistry" es todavía "el arte de separar mezclas". El trabajo está, con todo, mejor ordenado que el de Livabius. Está dividido en química mineral, vegetal y animal, germen de nuestra separación en química orgánica e inorgánica. Los compuestos de cada metal están agrupados bajo ese metal en un capítulo separado y el tratado no es muy diferente de un texto moderno sobre química práctica. Hemos visto cómo el texto de química práctica se

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

197

desarrolló a partir de las tradiciones alquimistas y técnicas. La verdadera teoría de la química, por otro lado, estaba completamente divorciada de la alquimista. En el siglo xvi se daba mucha importancia al meca-' nismo y al proceso que existía detrás de los cambios químicos y, en muchos autores que no eran alquimistas, encontramos el desarrollo de lo que en realidad fueron las ideas alquimistas. Uno de los primeros de éstos es Bernardino Telesio, quien, en 1565, publicó un trabajo sobre La naturaleza de las cosas. Como todos sus contemporáneos, no pudo resistir a la tentación de construir un sistema completo del mundo partiendo de materiales bien poco adecuados. Pero proclama que el mundo no debe ser investigado por razonamiento, sino percibido a través de los sentidos dirigidos hacia las cosas mismas. Examina la necesidad de las ideas de materia y forma, elementos y mezclas. El cielo y la tierra son los únicos elementos y la tierra se transmuta en minerales, jugos, metales, vapores, por el poder del sol. La transmutación, no la combinación o la mezcla, es la explicación que da del cambio químico. Un sistema algo similar fue sostenido por William Gilbert (m. en 1603), que escribió acerca del imán. En su poco conocido trabajo postumo, A New Philo-sophy of our Sublunary World, dice que la existencia de los elementos es una fábula. La acción del sol sobre la tierra genera todo. La Naturaleza no hace un compuesto por mezcla, como un budín, sino por crecimiento, como una planta; los minerales crecen de los jugos de la tierra, la gran procreadora. La Naturaleza hace cuerpos, no elementos y mezclas. Todo está guiado por la atracción natural. El de Gilbert es un trabajo correcto, pero contiene gran cantidad de teoría para muy pocos hechos. Anselm Boëtius de Boodt adopta un punto de vista bastante similar en su trabajo sobre gemas (1609). La tierra se troca en una piedra o una gema. La causa eficiente próxima del cambio es un "espíritu petrificador"; la causa eficiente remota es el calor celestial que pone en

198

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

acción al espíritu; la causa más remota es Dios, Deus Optimus Maximus, padre de todas las cosas. Si ésta y la escuela paracelsiana de químicos hubiesen sido los únicos contribuyentes a la química, se podría decir que la alquimia absorbió los otros aspectos del conocimiento y práctica de los cambios en la materia y así se convirtió en la química; pero de hecho hubo otra y muy importante escuela de pensamiento químico que no era en absoluto alquimista. La antigua noción de que todos los cuerpos consisten de átomos, aunque nunca enteramente olvidada, tenía poco o ningún atractivo para los alquimistas, porque casi toda su teoría está escrita alrededor de las ideas aristotélicas de la materia. No digo que la teoría de la transmutación no pudiese estar basada en ideas atómicas; por ejemplo, la noción de Platón sobre la tierra, aire, fuego, agua y el elemento celestial compuesto de átomos que tenían la forma de las cinco figuras regulares, que permitía la recomposición de los triángulos de aire, fuego y agua para formar nuevos átomos. De hecho, por lo demás, la alquimia estaba realmente basada en la teoría de la continuidad de la materia y el resurgimiento del atomismo inició una corriente totalmente nueva. Además la alquimia apenas podía ser separada de la idea de materia y forma (pp. 1416) y hubo determinados ataques contra esta antigua doctrina. Uno de los primeros atomistas fue Giordano Bruno quien, en 1590, escribió su libro sobre Los principios, Elementos y Causas de las Cosas. Sus primeros principios son el intelecto y el alma, sobre los cuales se encuentra el pensamiento absoluto o verdad. Los elementos materiales son tierra y agua, los inmateriales, espíritu y alma; en lo material hay oscuridad, en lo inmaterial luz; de la luz y el agua procede el fuego. El aire y el espíritu son aspectos distintos de la misma cosa. La luz es un espíritu sustancial. Los compuestos se forman por mezcla de los cuerpos, pero están compuestos de átomos. El esquema, evidentemente, no es muy diferente del sistema alquimista. Se habla mucho

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

199

en el trabajo sobre la magia y sobre Moisés y uno piensa que, si Bruno no hubiese sido considerado como un héroe del racionalismo por haber muerto en la hoguera por sus errores teológicos, la posteridad lo habría podido llamar supersticioso. A partir de 1620, aproximadamente, los atomistas adquirieron importancia. Francis Bacon no escribió mucho respecto a los elementos, pero era un atomista con una idea clara sobre la importancia de la estructura de la materia. Miraba al elemento fuego como una ficción y consideraba que la esencia del calor era el movimiento. Retenía todavía la idea hermética de que los hermosos y elaborados trabajos que aparecen sobre la corteza de la tierra surgen por la influencia y el perpetuo movimiento de los cuerpos celestes. Galileo Galilei (1564-1643) habla continuamente de los movimientos de las partículas de los cuerpos y considera al calor como un enjambre de pequeños corpúsculos que penetra en los cuerpos. Pero no sabía mucho acerca de la naturaleza de la materia terrestre, aunque su demostración de que los cuerpos celestes son de una materia parecida a la materia terrestre, era una demostración contra la existencia de esa materia celestial de cuya existencia dependía gran parte de la teoría alquimista; atacó además la idea raíz del mundo alquimista: la vida de los cuerpos celestes. Incidentalmente podemos señalar a Sebastián Basso quien, en 1621, escribió 12 libros de filosofía contra Aristóteles. Ataca la doctrina de la materia y la forma. Si la forma sustancial del hombre le da sus propiedades, ¿acaso la forma del hombre engendra piojos? — pregunta—. Pero realmente avanza muy poco hacia la teoría de la química. Retiene tres de los cuatro elementos, aunque en lugar del elemento fuego establece un "espíritu" que está integrado por pequeñas partículas como agujas que penetran todo. La idea de este espíritu es gemela de nuestra idea de la energía; su función era efectuar la combinación de los elementos para producir compuestos.

200

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

Estos ensayos tendientes al atomismo fueron eclipsados por René Descartes. No era un químico en ningún modo, pero al sacar a la luz la primera filosofía atómica sistemática de los tiempos modernos influyó en cada autor subsiguiente. En sus Principios de la Filosofía Natural (1644) establece su sistema. La materia es atómica, los átomos son simplemente extensión; extensión y movimiento constituyen y explican todos los fenómenos. La cuestión de una materia primera no se plantea, sin embargo. Como todos los primeros atomistas piensa en sus átomos como diferenciados en el pequeño número acostumbrado de los elementos. "La primera clase es aquella que tiene tanta fuerza de agitación que, entrando en otros cuerpos, se divide en minucias de pequeñez indefinida y acomoda su forma como para llenar los rincones más estrechos. La segunda es aquella que, estando dividida en partículas esféricas minúsculas... son sin embargo de cierta y determinada cantidad y divisibles en otros aún más pequeños. .. una tercera que consiste en partículas o más toscas o menos adaptadas a la moción. El sol y las estrellas están compuestos de la primera; los cielos de la segunda; la tierra y los planetas de la tercera." Así, Descartes retiene realmente la noción de "espíritu" en su primera y segunda materia, pero entonces da el paso principal de disociarlos de la mente que él considera como enteramente inmaterial. Esta hipótesis, aunque no de base muy firme, era al menos una explicación física y mecánica. Descartes aplicó su teoría atómica a la explicación de fenómenos químicos pero no con gran éxito. He aquí un pequeño ejemplo: Por qué el espíritu del vino arde muy rápidamente Ciertamente el espíritu del vino nutre muy fácilmente la llama, porque está formado por entero de partículas muy ligeras y sobre ellas hay ciertas ramitas en verdad tan cortas y flexibles, que no se adhieren unas a otras (porque entonces

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

201

el espíritu se convertiría en aceite), pero que pueden dejar espacios muy pequeños a su alrededor, que no pueden ser ocupados por glóbulos del segundo elemento, sino que sólo pueden ser ocupados por la materia del primer elemento.4

Descartes es seguido por algunos otros atomistas que teorizaban, pero que no se preocupaban de relacionar sus teorías con las observaciones químicas. J. C. Magnenus (1648) en su Democritus reviviscens ("Demócrito redivivo") relaciona la doctrina de los elementos con la de los átomos. Los elementos están constituidos por átomos de la misma clase y similares. Todavía piensa que hay sólo tres elementos, tierra, agua y fuego y que los cuerpos ordinarios son mezcla de éstos. Considera la materia y la forma como una manera de pensar, no como realmente existentes en la naturaleza. Mucho más conocido es Pedro Gassendi quien, en 1649, publicó su Sistema de la Filosofía Epicúrea. La materia es atómica, los átomos tienen forma y corporeidad y todos están formados del mismo material; son indivisibles en cuanto a su solidez. No habla sólo en términos de átomos, sino también de moléculas (moleculae), noción que se encuentra ya en los trabajos de los antiguos atomistas griegos. "Hay moléculas o, si se quiere, pequeñas concreciones que, constituidas por ciertos tipos de coaliciones más perfectas e indisolubles, resisten mucho como semillas de las cosas, y que no son átomos, sino cosas que pueden disgregarse en átomos." Sigue Robert Boyle, que fue el primero que intentó construir una teoría de la materia directamente útil para la ciencia. Pero de paso podemos mencionar a uno a quien Boyle había leído, hombre letrado y piadoso, Mr. William Pemble, cuyo trabajo On the Origin of Forms (1639) fue dedicado a Accepted Frewen (Presidente de Magdalena). Pone en duda que las 4 René Descartes, Principia Naturae. Amsterdam, 1644, parte IV, C. CIII, p. 246.

202

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

formas sustanciales existan, como no sea en las cabezas de los filósofos; y arguye que una forma no es una sustancia. Considera los cuerpos como accidentes inherentes a la materia prima, es decir, como propiedades independientemente alterables relativas a la misma materia. Conserva todavía la virtud celestial y los elementos aire, agua y tierra; pero su ataque a las formas fue notada por Boyle. De la creciente impaciencia de la época con las corrientes aristotélica y escolástica sobre tales asuntos, nos da una muestra el Hudibras de Samuel Butler, "escrito en el tiempo de las últimas guerras". Su héroe era un adepto: Para cualquier pregunta de un Escéptico, / P,ara cada por qué tenía él un por tanto. / ... Sus nociones se adaptaban tan bien a las cosas / Que ya no podía decir cuál era cuál, / Sino que a menudo confundía lo uno / Con lo otro, como han hecho grandes sabios. / Podía reducir todas las Cosas a Actos, / Y conocía sus Naturalezas por Abstractos; / Sabía do está la Entidad y Quididad, / Y dónde vuelan los fantasmas de los Cuerpos difuntos; / Dónde aparece la Verdad en Persona / Como Palabras congeladas en el viento boreal. / Sabía qué es qué, y hasta ahí / Puede volar el ingenio metafísico. 5

El mundo perdía rápidamente interés por el qué 5

What ever Sceptic could enquire for, For ev'ry why, he had a wherefore. .. . His Notions fitted things so well, That which was which he cou'd not tell: But oftentimes mistook the one For th'other, as great Clerks have done. He cou'd reduce all Things to Acts, And knew their Natures by Abstracts; Where Entity and Quiddity, The Ghosts of defunet Bodies fly; Where Truth in Person does appear Like Words congeal'd in Northern air. He knew what's what, and that's as high As Metaphysick wit can fly. (Hudibras, Part I, Canto I, 1.131).

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

203

es qué en el ser esencial y estaba listo para volver sus mentes filosóficas hacia aquello que los viejos filósofos consideraron tan sin importancia: los cambios particulares en las cosas individuales. De 1661 en adelante, Robert Boyle mostró el carácter poco convincente de la doctrina de las formas aplicada a fenómenos particulares y lo completamente inadecuadas que eran todas las teorías referentes a los elementos y a las mezclas que se sostenían entonces. Este trabajo está contenido principalmente en el Sceptical Chymist (1661) y en el Origin of Forms and Qualities (1667). La hipótesis de Boyle respecto a la materia era atómica, no muy diferente de la de Gassendi. El mundo material está integrado por átomos y racimos de átomos en movimiento y los distintos fenómenos se producen por el choque de una partícula con otra. La idea de las fuerzas actuando a cierta distancia no tuvo significación hasta que fue desarrollada por Newton. Boyle ataca la vieja doctrina, atraído por el experimento y el argumento metafísico. Así, el experimento muestra que todos los cuerpos no se resuelven en los mismos pocos elementos y que los supuestos tierra, agua, aire y fuego obtenidos descomponiendo los cuerpos por el calor no son ni elementales ni idénticos al ser obtenidos de distintos cuerpos. Duda ciertamente de que haya prueba de la existencia de los elementos, aunque está muy lejos de negarla. Sin embargo no propone ningún método práctico para descubrir si un cuerpo es un elemento, ni hace ninguna lista de los elementos. En consecuencia, sus ideas sobre los elementos permanecieron sustancialmente estériles hasta que La-voisier estableció una doctrina clara y definida sobre los elementos derivables del experimento. En el Origin of Forms and Qualities, Boyle ataca en su totalidad la idea de que haya una forma sustancial, inherente a la materia, que sea la causa de sus propiedades. Saca la conclusión de que semejantes formas son incognoscibles

204

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

y por tanto inútiles para la ciencia. No rechaza por completo la idea de materia y forma sino que dice: No siendo la forma de un cuerpo natural, según nosotros, sino una modificación esencial y como si fuese el sello de su fabricante, o siendo una suma de tamaño, forma, moción (o reposo), situación y contextura (junto con las así resultantes cualidades) de las pequeñas partes que componen el cuerpo, según es necesario para constituir y denominar semejante cuerpo particular y, siendo todos estos accidentes pro-ducibles en la materia por el movimiento local... La primera causa universal, aunque no inmediata, de las formas no es otra que Dios... Y entre las causas secundarias el Gran eficiente de las formas es el movimiento local.6

Así, Boyle diría que el hierro es duro, no porque la forma sustancial del hierro sea la causa de la dureza en él, sino porque la forma y moción de sus partes las hace deformables sólo con dificultad. Así, a partir de Boyle, hemos sido capaces de sostener una teoría metafísica de la materia, podemos decir, pero independientemente de semejante teoría, explicar los fenómenos físicos y químicos mediante movimientos locales, velocidades, fuerzas, etc. La versión de Boyle de la teoría atómica servía de mucho para dar explicaciones fructuosas de la materia, aunque fuese usada por Mayow en sus admirables Five Treatises. Los importantes puntos de vista de Boyle sobre los elementos no causaron gran impresión, porque los químicos del siglo xviii pensaban todavía en términos de espíritus, tierras y otras entidades recordando los viejos elementos aristotélicos. No se hablaba mucho de elementos y átomos, hasta que Dalton relacionó la idea de los átomos con las proporciones cuantitativas de los elementos de Lavoisier. Hemos trazado el desarrollo de los trabajos sobre la práctica y la teoría química, pero aún no los hemos encontrado reunidos en un mismo texto de química. 6 Robert Boyle, Arigin of Forms and Qualities. Oxford, 1667, p. 101.

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

205

La primera combinación equilibrada de teoría y práctica química parece encontrarse en los Elementa Chemiae de Hermann Boerhaave (1732). Para él la Química es un arte que enseña la manera de efectuar ciertas operaciones físicas y procura también investigar sus causas. La forma familiar del texto químico con sus preparados y listas de propiedades comienza a surgir, aunque aún esté lleno de prosa discursiva. Sin embargo, su libro contiene todavía la idea aristotélica de los elementos y la noción de principios imponderables, así que su teoría química ayudó muy poco a las operaciones prácticas. Ciertamente, la combinación de la verdadera teoría y de la sólida práctica, necesaria para que la química pudiese avanzar con rapidez y confianza, no fue realizada hasta que la última de las ideas alquimistas, la del flogisto, fue refutada. La teoría del flogisto fue durante el siglo xviii la explicación corriente de la combustión. En resumen, se suponía que un cuerpo era combustible porque contenía el principio material de la combustibilidad: el flogisto. La combustión de un cuerpo era el fluir del flogisto. Los cuerpos que promovían la combustión eran aquellos que carecían de flogisto y podían por tanto recibirlo fácilmente del combustible. Esta idea de un principio de inflamabilidad común a todos los cuerpos inflamables es, por supuesto, muy antigua. Es el elemento del fuego de Aristóteles, el azufre de los alquimistas. Cuando fue propuesto por primera vez por J. J. Becher se suponía que era una "tierra grasa", pero muchos partidarios posteriores del flogisto lo consideraron un fluido imponderable. Fue Lavoisier, cuya Révolution Chimique aclaró finalmente estos últimos vestigios de las antiguas maneras de pensar, quien dio a la química un sólido fundamento que no ha necesitado reconstruirse nunca. De modo que la única porción de la alquimia que formó parte permanente de la química fue su técnica de laboratorio. Su parte teórica sirvió temporalmente para relacionar los cambios químicos con el mundo na-

206

DE LA ALQUIMIA A LA QUÍMICA

tural de los filósofos. Pero como el método científico reformó la teoría química, las ideas específicas de la alquimia no fueron únicamente desaprobadas sino que se consideraron inútiles y fueron descartadas. Las nociones de la correspondencia entre las operaciones químicas y los cuerpos celestes, de la analogía entre los cambios químicos y aquellos de los seres vivos resultaron inútiles para los químicos experimentales y murieron gradualmente. La noción de "espíritu" perdió su cualidad psíquica y aunque las diversas "materias sutiles" de los siglos xvii y xviii (v. gr., éter, efluvios eléctricos y magnéticos, calórico, los espíritus animales) eran en realidad descendientes del antiguo pneuma, no eran considerados como vivos o semejantes a la mente. Hoy día hemos perdido al último superviviente de ésos, el éter del espacio; nuestro mundo, según lo ve la ciencia, es ahora enteramente impersonal y nada semejante a la mente.

XIV LA FILOSOFÍA HERMÉTICA En el capítulo anterior vimos de qué manera la química tomó forma como algo diferente de la alquimia; diferente en sus fines, en sus métodos y en su técnica. Los fines de la química consistían en investigar las diversas clases de materia y sus cambios, para constituir a la manera baconiana una historia natural de los cuerpos, para elaborar a partir de ella una filosofía natural con la ayuda de "experimentos de arte mecánico"; y al mismo tiempo para dar direcciones claras a los mejores métodos de hacer las sustancias requeridas para las artes prácticas. Los propósitos esenciales de la alquimia, a saber, la perfección de la materia y el entendimiento de ésta en términos de un mundo espiritual eran totalmente ajenos a la química. El método de la química era experimental, consistía en el registro de los cambios provocados por el tratamiento de laboratorio y en el bosquejo de hipótesis como resumen de ellos. El método esencial de la alquimia, su interpretación de los antiguos y el considerar a la Naturaleza a través de símbolos humanos, no tuvo parte en ello. La técnica de la química era amplia y variada y notablemente cuantitativa; fue mucho más allá de las digestiones y destilaciones de los alquimistas. Todos pudieron ver que la química era un medio de obtener conocimientos reales acerca de las cosas; no prometía el hecho deslumbrante de la transmutación y la comprensión de la última naturaleza de las cosas, pero lo que prometía lo llevaba a cabo. Así, el hombre del siglo XVII, interesado en los cambios que se verificaban en las diferentes clases de materia, se inclinaba a la química más que a la alquimia. Un hombre como Robert Boyle, aunque no consideraba la transmutación como imposible, era enteramente un químico y llegó 207

208

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

a no considerar los propósitos de la alquimia como dignos de investigación. Los adelantos de la química no produjeron el inmediato descrédito de la alquimia. En el siglo XVII y principios del XVIII fue publicada y ansiosamente leída gran cantidad de literatura alquimista. Pero en las filas de los alquimistas no figuraban ya aquellos que tenían una formación mental científica, en el sentido moderno de la palabra. Estos hombres se convertían en químicos. Al alquimista de finales del siglo XVII no le interesaban tanto los detalles de los trabajos de laboratorio como la esencia o ser de la materia, sus relaciones con el hombre y su propósito en el esquema universal. Así, el carácter de los libros alquimistas pasa continuamente de las descripciones de las artes prácticas al establecimiento de grandes, pero confusos, esquemas del universo visto bajo una apariencia espiritual. ¿Por qué eran tan populares en aquella época semejantes trabajos? El investigador de la Naturaleza del siglo XVII había sido educado en la idea de que el propósito de la "filosofía natural" era dar un cómputo completo del mundo natural. No había duda en su mente de que el mundo había sido hecho por Dios y permanecía existiendo por Él con un propósito específico, indicado de manera literaria o figurada en las Sagradas Escrituras. Dios y, en parte, el hombre eran superiores, pero no estaban separados de la Naturaleza y, como el resto de la Naturaleza, debían entrar en la filosofía natural. El siglo XVII, como los anteriores, estaba todavía imbuido de la idea de que la Naturaleza era una especie de trasunto o representación de lo divino, que en sus obras debían verse las obras de Dios y que una relación del mundo que dejase fuera la actividad del Autor y Conservador de la Naturaleza no era una filosofía natural. Pero la nueva ciencia, que iba cobrando interés, dejaba fuera todo aquello relacionado con Dios o con el observador humano individual, no de propósito, sino sencillamente porque sólo tomaba en cuenta aquellas relaciones entre las

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

209

clases de cosas individuales que podían deducirse de las observaciones que todo individuo podía hacer y comunicar plenamente a los demás. La nueva ciencia preguntaba y resolvía cuestiones sobre cómo se movían las estrellas; cómo caían los cuerpos; qué nuevos cuerpos se formaban mediante reacciones químicas; pero nunca preguntaba, ni podía preguntar, las razones del orden que había sido descubierto, ni podía relacionar lo que describía en la Naturaleza con lo que el hombre experimentaba en sus relaciones personales con la Naturaleza y con Dios. El filósofo medieval podía ver todo el Cosmos en el vasto empíreo que encerraba las esferas concéntricas de los planetas que, a su vez, gobernaban todos los cambios del mundo. Veía estos cambios como efectuados por el deseo de Dios, cumpliendo los propósitos de Dios. Veía el mundo como comenzado por Dios y por Él terminado. La nueva ciencia dejaba fuera todo esto y, en consecuencia, les parecía a los pensadores filosóficos y religiosos que le faltaba interés o al menos que éste era insuficiente. Había en ella un cierto número de ejemplos de ley y orden, sin duda alguna. Pero ¿iba el hombre a renunciar a esta maravillosa visión de un mundo impelido por Dios, por el propósito de Dios, para dedicarse a jugar con la medida de los péndulos y el peso del aire? A la mayoría, ya fuesen científicos o filósofos, esta triste renunciación les repugnaba, les parecía imposible y, en consecuencia, estaban envueltos en las dificultades de combinar la relación religiosa del mundo con la científica. Galileo, Descartes, Boyle, Newton, Leibniz, todos tenían que buscar la armonía entre lo que se llamaba la visión vertical del mundo, en la que todo desciende de Dios, el Padre de las Luces, al mundo que Él creó, ordena y conserva; y el mundo horizontal de relaciones observadas entre objetos materiales. Sería una larga tarea describir todas las soluciones que se dieron. Para exponer el asunto brevemente: cualquier teoría que considerase a la materia sin nin-

210

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

guna vida, completamente separada de la mente y la mente como enteramente inmaterial, completamente separada de la materia, se vería en dificultades para explicar la interacción de la materia y la mente en el hombre y, de la misma manera, el gobierno del mundo por Dios. Sin embargo, a pesar de las dificultades que esto acarreaba, la dirección general que tomaron los científicos fue hacia esta separación de la mente y la materia y ésta es todavía la actitud típica de la ciencia de nuestros días. Ahora, la visión del mundo que tenían los viejos filósofos naturales y que era esencial para la alquimia propuso como agente principal de la Naturaleza una sustancia intermedia entre la mente y la materia y que sería capaz de resolver muchas de estas dificultades. El esquema medieval del mundo no podía ya satisfacer a los hombres del siglo XVII, porque las bases habían sido destruidas por innovadores tales como Galileo, Boyle y Newton, que demostraban que mucho de lo que era esencial en él no era cierto. Pero no se había dicho nada para desquiciar la creencia en nuestro pneuma, la sustancia intermedia, y, bajo el aspecto de espíritus animales, efluvio magnético, éter del espacio, etc., algo muy parecido desempeñaba un importante papel en la teoría científica. De acuerdo con esto, escritos que trataban de resolver en términos de pneuma las dificultades que una ciencia materialista estaba planteando, estaban seguros de tener auditorio. Detrás de la alquimia, como hemos visto, había siempre una teoría de las operaciones de la Naturaleza y esta teoría, bajo formas algo revisadas, fue presentada de nuevo al público del siglo XVII bajo el nombre de Filosofía Hermética. El nombre del dios griego Hermes, como vimos, fue asignado a un cierto número de escritos relacionados con la religión, la astrología, la magia y la alquimia en los primeros siglos después del comienzo de la

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

211

era cristiana. Pero la filosofía hermética del siglo XVII tenía otras muchas fuentes. Los neoplatónicos, con su teoría de la emanación de Dios y su descenso en la materia y animación de ella, eran de igual importancia y, desde luego, los resultados de la interpretación de las Escrituras eran fundamentales. Las líneas generales de esta apreciación del mundo se encuentran en los trabajos atribuidos a Raimundo Lulio ya en el siglo XIV y, sin duda, en gran parte es de origen árabe. En el siglo xv, primero en Italia y después en Alemania, había una intensa actividad especulativa respecto a la naturaleza de las cosas y un secreto derivado de la, en cierto modo, estereotipada cosmología oficial medieval, especialmente en lo referente al estudio de la "magia"; esta magia era de dos clases principales: "magia negra", invocación a los demonios con objeto de obligarlos o persuadirlos a efectuar trabajos sobrenaturales y "magia natural", descubrimiento de supuestas relaciones ocultas que podían ser usadas para semejantes propósitos. De esta última clase eran las operaciones con sellos mágicos, talismanes, gemas, yerbas, etc. La línea divisoria entre la magia natural y la ciencia natural era muy imprecisa en el siglo XVI. La práctica de la magia negra estaba, desde luego, prohibida por la Iglesia y severamente castigada. La posición de la magia natural era incierta, porque sus adeptos la consideraban como una práctica a la vez admirable y piadosa, mientras que la Iglesia la miraba con sospechas. Pero en países donde el poder de la Iglesia era débil o no existía en aquel tiempo, como en algunos lugares de Alemania y de Inglaterra, la magia natural se discutía y practicaba abiertamente. Esta magia natural era muy estimada por el hombre común del siglo XVII. Es una paradoja el que fueran de este siglo los padres de la actitud racionalista que hizo al fin increíbles semejantes magias, y que al mismo tiempo la mayoría de la gente tuviera un apetito insaciable por tales maravillas No hubo nunca una edad en que

212

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

el literato estuviese tan ávido de las maravillas de la astrología y la magia. En el siglo XVII no sólo no satisfacía la nueva ciencia, en la que no se veía una filosofía de la Naturaleza como un todo y que, por consiguiente, despertaba un deseo por tal filosofía, sino que había también el deseo de una explicación del mundo en la cual las creencias sobrevivientes en las ciencias "herméticas" —alquimia, astrología y magia natural— encontraran una justificación racional. El resultado fue una defensa de estas creencias, explicándolas y haciéndolas aparecer racionales a la luz de una filosofía natural espiritual: la hermética. Esta filosofía aparece en múltiples versiones entre la época de Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim (1486-1535) y el final del siglo XVIII. La fuente inglesa más accesible la constituyen los escritos de Thomas Vaughan ("Eugenius Philaletes") hermano de Henry Vaughan, probablemente el más grande de los poetas religiosos ingleses. Thomas Vaughan nació en 1622, estudió en el Colegio de Jesús en Oxford y hacia 1640 se convirtió en párroco de Saint Bridget's, en Breconshire. Es evidente que estaba profundamente impresionado por la belleza de la campiña galesa y entre 1650 y 1655 publicó sus notables trabajos sobre la filosofía hermética. Seguramente practicó como alquimista, pero, al parecer, abandonó la práctica de laboratorio en favor de su filosofía. Su trabajo muestra en todas sus partes un intenso amor por la Naturaleza y un gran deseo de desentrañar los secretos de su vida. La filosofía hermética era necesaria y deliberadamente misteriosa. Necesariamente porque tenía en cuenta a Dios y a un mundo invisible que no podía ser observado con los sentidos y, por ello, no podría ser descrito de manera que pudiese visualizarse. Deliberadamente porque el conocimiento, el que los filósofos herméticos se creían capaces de alcanzar, conferiría, en

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

213

su opinión, un grado tal de poder que en manos del malvado sería desastroso para el mundo. La idea esencial de la filosofía hermética es la cadena causal que desciende desde Dios a la materia. Siguiendo las Escrituras, se cree que el origen de todas las cosas es Dios, que primero consideró y después formó la idea eterna de todas las cosas. La bondad y belleza de esta idea le movió a hacer una copia material. Dios, el Padre, es el fundamento o base sobrenatural de sus criaturas; Dios, el Hijo, es el patrón a cuya imagen fueron hechas y Dios, el Espíritu Santo, es el espíritu que enmarcó la creación en la proporción debida al patrón. Dios, el Padre, es así comparado al Sol; Dios, el Hijo, a la luz y Dios, el Espíritu Santo, a un amor ardiente, a un calor divino. Todo esto es, por supuesto, compatible con la teología cristiana. El proceso de la creación del mundo, según se da en el Génesis, es evidentemente la combinación de los dos sistemas diferentes. En uno encontramos la imagen del Espíritu Santo descansando sobre las aguas, pero esta "agua" era evidentemente una cosa creada. Los herméticos suponían que Dios había creado la "primera materia", algo que no era todavía ninguna cosa particular, pero que era potencialmente todo. Esta "primera materia" era una horrible y vacía oscuridad que se condensó en aquella agua primitiva de que hablan las Escrituras. La luz, que emanaba de Dios (no meramente la luz física, sino la Palabra que es "Luz", de la que se nos habla ya en el primer capítulo del Evangelio de San Juan), atravesó la materia y formó en ella un modelo o patrón que contenía potencialmente todo aquello que había de haber en el mundo. El Espíritu Santo, trabajando sobre este caos, esta "baraúnda o limbo de todas las cosas" (y he aquí el lado típicamente alquimista de esta filosofía), separó lo sutil de lo grueso mediante una especie de destilación o sublimación cósmica; "terrible y mis-

214

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

teriosa Radiación de Dios sobre el Caos y Evaporaciones oscuras del Caos hacia Dios". De esta manera, por el calor y la luz divinos, fue primeramente separada de la masa una sustancia celeste, sutil y espiritual, que contenía tres partes de luz por cada una de materia. Ésta fue la parte más espiritual del mundo, que formó los cuerpos de los ángeles, la esfera empírea y después el cuerpo del sol y los cuerpos celestes. Vaughan llama a esta sustancia el Anima y es lo mismo que el "argent vive" de los textos lulianos (p. 119). Después fue separada del caos una sustancia menos sutil, dos partes de luz por cada tres de materia, el Binarius, que formó los cuerpos interestelares y el aun menos sutil Ternarius, una parte de luz por cada tres de materia, que es el pneuma —aire, aliento, espíritu— del que tanto se habla. En este sistema, el Ternarius es el eslabón entre el mundo celeste y el terrestre. Es el tema sobre el que el alquimista y el mago trabajan, y los medios de transmitir las influencias son objeto de la astrología. Para Vaughan, al menos, el aire no es un elemento, ni una sustancia material en el sentido en que la tierra y el agua son materiales. Es un hermafrodita milagroso, lugar común de la Naturaleza. Hay en él innumerables formas mágicas de hombres, bestias, hierbas y árboles; es el receptáculo de los espíritus después de la disolución. Es el combustible del fuego vital sensual. Es el recurso último del mago, su fuego que pasa a través de todas las manos. En este aire, o Ternarius, reside el secreto de todas las artes ocultas. El residuo de la masa original, después de la extracción de estos cuerpos sutiles, estaba formado por los elementos agua y tierra. Éstos no contenían sino un poquito de la luz, como toda clase de cuerpo tiene una semilla de ella. El agua —por la cual no entendemos, desde luego, el H2O del químico, sino un principio de liquidez, fertilidad o algo parecido— es un ente más sutil que la tierra. El agua puede elevarse en el aire convertida en vapor y caer en rocío.

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

215

Es un eslabón entre el aire y la tierra y trae a la tierra las influencias celestes. Finalmente, hay una tierra que es la parte receptiva del mundo, que actúa como el vientre o matriz en el que tiene lugar toda generación, recibiendo todas las influencias. En este sistema, como en otros muchos sistemas de la época, no hay el elemento fuego. El fuego no es tanto un elemento como una actividad; es aquello que desciende de Dios, un fuego húmedo, silencioso, que mueve todas las cosas en la Naturaleza, el Cupido que se une a la Psique del agua. Los elementos se desdoblan en tres cada uno. Hay, por ejemplo, una tierra espiritual, una tierra celestial y una tierra elemental. Este modo de estar constituidos da a los elementos terrestres su poder para corresponder a los cambios en el mundo celeste. Así, la tierra espiritual corresponde a los cambios en los cuerpos espirituales activos, por ejemplo el sol; la tierra celestial corresponde a los cuerpos celestes pasivos, por ejemplo la luna. Hay en los elementos terrestres un poquito de sol y un poquito de luna que pueden casarse y engendrar; éstos son el fuego y la humedad en el vientre de la tierra. Pero qué nueva cosa se generara, dependía de una porción de la luz original sembrada en la sustancia en cuestión, que Vaughan llama "el artista invisible central". Esto es lo que determina, por lo tanto, que un león engendre un león y que el oro deba ser engendrado por el oro y no por otro metal. Actualmente, la teoría del proceso de la alquimia permanece algo oscura y, desde luego, tiene un lugar secundario. La piedra es una forma condensada y tangible de la luz, obtenida mediante una separación de lo sutil de lo tosco. Se basa sobre la sutilización y fijación subsiguiente del Ternarius y es la sustancia que contiene el máximo de luz. De esta manera puede perfeccionar cualquier cuerpo, porque la luz es la idea que Dios tuvo del mundo perfecto. Así podemos com-

216

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

prender cómo la piedra vino a ser simbolizada por la figura de Cristo y por qué era considerada como Su análogo en el mundo inferior. Cristo era el hombre perfecto y Dios lo constituyó así con el propósito de que el hombre fuera redimido y perfeccionado. De manera semejante la piedra era la materia perfecta, hecha de la luz de Dios y un cuerpo espiritual, mediante la cual los cuerpos debían ser redimidos y perfeccionados. No puede negarse que éste era al menos un sistema poéticamente inspirador del mundo. No guardaba ninguna relación con la ciencia física tal y como la conocemos, pero ligaba a Dios, al hombre y a la materia en un solo sistema; mostraba a la Naturaleza como el trabajo manual de Dios, configurada por la luz de Dios con todo, dentro de todas las cosas, imbuida de energía por el influjo continuo del cielo sobre la tierra. Abría ante el hombre la posibilidad de conocer la Naturaleza mediante el cultivo de sus poderes, en vez de sólo registrar sus cambios externos; prometía la comprensión, no tanto de las razones para los fenómenos, como del principio de vida que yacía tras ellas. Era una concepción profundamente inspiradora para el lado religioso y artístico del hombre. La poesía del siglo XVII está llena de su influencia y el mismo Vau-ghan es un poeta nada insignificante. Veamos cómo habla de su Hyanthe, la naturaleza húmeda pasiva sobre la que influye el fuego de lo alto: HYANTHE Era apenas de Día, cuando completamente solo / Vi a Hyanthe y su Trono. / Vestía de fresco verde Damasco, / Y sobre un Globo de Zafiro descansaba. / Cuando vi esta Esfera escurridiza, / ¡oh! Fortuna, pensé que se trataba de Ti. / Pero cuando vi que presentaba / Una Majestad más Permanente, / Pensé que no se perderían mis cuidados si / Terminaba mi Descubrimiento. Adormilada me pareció a primera vista, / como si hubiese Vigilado toda la Noche, / Y por debajo, se extendía su mano, / Blanco Soporte de su cabeza. / Pero, a segunda

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

217

Vista más estudiada, / Pude ver un silencioso Rocío / escurrir por su Mejillas; no debía Manchar / Esas Mejillas en las que sólo Sonrisas deberían reinar. / Las Lágrimas fluían con prisa, y todo / caía. Cadenas de perlas líquidas. / Hermosas Penas y más queridas que las Alegrías, / Que no son sino vacía música y Ruidos, / Tus Gotas ofrecen un Premio Mejor, / Porque son algo parecido a sus Ojos. ¡Belleza atolondrada y blanca! ¿por qué has sido / Empañada con Lágrimas y no con Pecado? / '|Es cierto!' tus "Lágrimas, como Pulidos Cielos, / Son los Claros Rosarios de tus Ojos, / Pero están sujetas a tan extraños Hados, / Como si tus Penas no fuesen a terminar nunca. / De Gotfas se convierten en suspiros y después / Esos suspiros se vuelven Gotas de nuevo: / Pero mientras el Torrente de Plata busca / Esas Flores que lo esperan en tus Mejillas, / El Blanco y Rojo que Hyanthe lleva, / Convierte en Agua de rosas todo su Llanto. ¿Habéis contemplado una Llama, que surge / Del Incienso, cuando dulces, rizados Anillos / De humo alcanzan su fin, surgen de sus últimos débiles fulgores, / Y Ella expira toda en Perfumes? / Así hizo Hyanthe. Aquí (dijo ella) / Nunca te separes de esta redoma. / Contiene mi Corazón, aunque ahora está derramado / Y en Aguas todo destilado. / Esto es aún constante: No confíes en Sonrisas falsas. / Quien sonríe, y no llora, engaña. / No confíes tampoco en las Lágrimas; las pocas son falsas, / Las muchas lágrimas son verdaderas. / Confía en Mí y escoje lo Mejor, / Quien tiene mis Lágrimas, no puede querer Alegrías.1 1

HYANTHE It was scarce Day, when all alone I saw Hyanthe and her Throne. In fresh, green Damascs she was drest. And o're a Saphir Globe did rest. This slipperie Spheare when I did see, Fortune, I thought it had been Thee. But when I saw shee did present A Majestie more Permanent, I thought my Cares not lost, if I Should finish my Discoverie. Sleepie shee look'd to my first sight, As if shee had Watch'd all the Night, And underneath, her hand was spread,

218

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

Con un espíritu diferente, nótese la belleza de esta oración poética, expresada en el lenguaje de la filosofía hermética: ¡Dios Nuestro Señor! esto era una piedra / tan dura como cualquiera / De las que tus Leyes pusieron en la NaturaThe White Supporter of her head. But at my second, studied View, I could perceive a silent Dew Steale down her Cheeks; lest it should Stayne Those Cheeks where only Smiles should reigne. The Tears stream'd down for haste, and all In Chaines of liquid Pearle did fall. Faire Sorrows; and more dear than Joyes, Which are but eniptic Ayres end Noyse, Your Drops present a richer Prize, For they are Something like her Eyes. Pretty white Foole! why hast thou been Sulli'd with Teares and not with Sin? 'This truel thy Teares, like Polish'd Skies, Are the Bright Rosials of thy Eyes, But such strange Fates do them attend, As if thy Woes would never end. From Drops to sighes they turn, and then Those sighes return to Drops agen: But whiles the Silver Torrent seeks Those Flowr's that watch it in thy Cheeks, The White and Red Hyanthe weares, Turn to Rosewater all her Teares. Have you beheld a Flame, that springs From Incense, when sweet, curled, Rings Of smoke attend her last, weak Fires, And shee all in Perfumes expires? So dy'd Hyanthe. Here (said shee) Let not this Vial part from Thee. It holds my Heart; though now'tis spill'd, And into Waters all distill'd. 'Tis constant still: Trust not false Smiles, Who smiles, and weeps, not, shee beguiles. Nay trust not Teares; false are the few, Those Teares are Many, that are True. Trust Mee, and take the better Choyce, Who hath my Teares, can want no Joyes. (Magia Adamica, 1650, pp. 93-95)

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

219

leza: / 'ahora es un Pozo surtidor, / y muchas Gotas lo atestiguan, / Desde que fue suavizada por Arte. ¡Dios Mío! así es mi Corazón, / todo de Pedernal, ningún / Extracto de Lágrimas sale de él: / Disuélvelo con tu Fuego, / que así algo podría surgir. / Y crecer en mi Campo. Simples Lágrimas no bastarán, / pero deja que el asiento de tus Espíritus / sea en esas Aguas, / Entonces yo, hecho de nuevo con Luz / me moveré aparte de la Noche, / O de la excentricidad.2

La filosofía hermética suplía en aquel tiempo una necesidad que la ciencia no podía satisfacer; sin embargo eran pocos aquellos que sentían semejante necesidad, porque incluso en el siglo XVII esta filosofía tenía un éxito limitado. La corriente del pensamiento del mundo había sido fijada en una dirección totalmente diferente. Se sabía muy poco de ella en Inglaterra después de 1720, e incluso en Alemania, donde tenía el mayor éxito, apenas vio el siglo XIX. Históricamente la filosofía hermética fue perdiendo cada vez más su prestigio, pues la transmutación y la 2

Lord God! this was a stone as hard as any One Thy Laws in Nature fram'd: 'Tis now a springing Well, and many Drops can tell, Since it by Art was tam'd. My God! my Heart is so, 'tis all of Flint, and no Extract of Teares will yeeld: Dissolve it with thy Fire, that something may aspire, And grow up in my Field. Bare Teares Ile not intreat, but let thy Spirits seat Upon those Waters bee, Then I new form'd with Light shall move without all Night, Or Excentricity. (Anthroposophia Theomagica, p. 28)

220

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

magia no pudieron sostenerse ante el nuevo criterio de la investigación científica. Cayó en el descrédito final cuando los espíritus imponderables: los efluvios, el fluido eléctrico, la materia de la luz, el flogisto, el calórico, los espíritus animales, y otros semejantes, fueron descartados de la ciencia y el hombre dejó de ser capaz de pensar en términos de alientos e influencias. Pero en el siglo XIX había todavía un aspecto de la alquimia que podía despertar serio interés. No podía interesarles como algo útil a aquellos que buscaban resultados prácticos o una filosofía que se comprobaba en la Naturaleza. Pero tenía un significado diferente de los citados. Desde sus comienzos el proceso alquimista había sido siempre considerado, por algunos de sus propugnadores, como un proceso místico que explicaban muy oscuramente y que se llevaba a cabo en la mente con el intento de regenerar al Hombre. El hombre, según esta teoría, era la fuente del mercurio filosofal, noción fácilmente justificable en un tiempo en que se tenía por agente de su voluntad al psychikon pneuma o "espíritu animal", noción que persiste en ciertos círculos médicos hasta finales del siglo XVIII. El hombre era la vasija alquimista en la que este espíritu tenía que ser elaborado. El hombre era asimismo el metal común que tenía que morir y ser regenerado como oro. Semejante creencia se encuentra, creemos, en algunos textos griegos primitivos, tales como el Diálogo de Cleopatra y los Filósofos (pp. 61-63). Está claramente presente en el trabajo de Stephano del siglo XVII y en los textos alquimistas de todas las épocas abundan pasajes que pueden interpretarse de esta forma. Así, los últimos escritores alquimistas, quienes encontraban los aspectos químicos de la alquimia tan insostenibles como repugnantes, trataron de demostrar que la alquimia era esencialmente un proceso místico

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

221

y que aquellos, pasados y presentes, que la trataron como un proceso destinado a fabricar oro real trabajaban a la sombra de un error vulgar del que el verdadero iniciado había sido librado. Esta visión es insostenible, creemos. La interpretación mística de la alquimia es posible y tuvo en todas las épocas sus adeptos, pero el químico que estudia los textos alquimistas no puede dejar de ver en ellos el fruto de un trabajo de laboratorio. Si los materiales, vasijas y métodos de la alquimia fuesen meros símbolos, guardando la misma relación con la química que los símbolos de la francmasonería guardan con la arquitectura, entonces no podríamos haber visto en los alquimistas los inventores de la técnica química y los diseñadores de aparatos utilizables para el químico actual. Además si, como parece sugerir C. G. Jung, los fenómenos alquimistas eran meras visiones o proyecciones del subconsciente sobre la materia contenida en las vasijas alquimistas, no hay razón para que los alquimistas realizaran trabajos prácticos con sustancias químicas tal y como las conocemos hoy día. Desde luego debemos admitir una tradición práctica primaria, pero no hay razón para creer en la existencia de una escuela de alquimistas místicos cuyo objeto era la propia regeneración. Es completamente evidente que la terminología alquimista era empleada en escritos puramente místicos ya en el siglo XVI. Los escritos de Jacob Boehme,3 por ejemplo, son ciertamente místicos y usan las voces nitro, azufre, mercurio, sal, etc., para denotar entidades espirituales existentes tanto en el hombre como en el mundo; y cualquiera que considere los símbolos de Thurneysser para las tres últimamente nombradas (láms. X a XII) podrá comprender la posibilidad de hacerlo. Con todo, nadie podría confundir el trabajo de Boehme con la alquimia; evidentemente está separado por completo del laboratorio. Los trabajos rosacruces tratan a la alquimia 3 Místico alemán. (1575-1624).

222

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

de manera muy semejante; y en el siglo XVIII encontramos muchos libros alquimistas que parecen ser mucho más místicos que prácticos. Esta tendencia culminó en 1850, cuando la señora Atwood, antes señorita South, en compañía de su padre, el Sr. Thomas South, escribió un notable trabajo, que todo el que estudie la alquimia debe leer antes que nada, si consigue obtenerlo, A Suggestive Enquiry into the Hermetic Mystery. Este libro es muy impresionante y está escrito evidentemente con el fuego del entusiasmo. El estilo es extraño y arcaico, imitando el de Thomas Taylor, el platónico. El libro compara la alquimia con los misterios de los antiguos; y sostiene que es un proceso mental. La materia prima es el elemento medio del filósofo hermético; el Ter-narius, la región de la existencia fantástica e imaginativa del hombre, la región "astral" de los teósofos; la vasija es igualmente el hombre y el trabajo es la purificación y exaltación de esta parte más baja de la mente, para realizar así el trabajo místico y juntar el hombre a Dios. Ella creía que el trabajo era "manual", tal como dicen a menudo los trabajos alquimistas. Pero, mientras que la interpretación corriente de esta palabra nos lleva a pensar en la alquimia como la manipulación en el laboratorio de vasijas y materia con las manos, tal como en la química, la Sra. Atwood interpretó la palabra "manual" como el uso de las manos en la inducción del trance hipnótico, que había sido recientemente descubierto y era de gran interés. Suponía que es posible influir y manipular en la parte inferior de la mente del hombre mediante las manos del adepto. Esta influencia había de permitir a la materia prima salir del hombre para ser usada en el proceso alquimista que, al decir de ella, debía también efectuarse en el hombre como vasija. No nos ha causado impresión la evidencia del proceso "manual". Además, no tenemos razón alguna para creer que Thomas South, la Sra. Atwood o quienquiera que sea, en época moderna, realice otra cosa que la mera in-

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

223

ducción hipnótica por tales medios y nos inclinamos a considerar como la contribución principal de la Suggestive Enquiry, siendo como es profundamente impresionante, el establecimiento de la existencia de una alquimia mística, y para caracterizar su tesis, esa alquimia es esencialmente un proceso alquimista inducido por un "manual", como interpretación de una alquimia que los alquimistas de épocas anteriores no hubieran reconocido como verdadera. Considerar a la alquimia como una simple química práctica es indudablemente un error; considerarla únicamente como un proceso interior mental no lo es menos. Si la alquimia fuese idéntica al misticismo, sería difícil comprender por qué los de mente mística, que querían transmutarse ellos mismos, recurrieran a esta jerga de azufres y mercurios, alambiques y crisoles, en una época en que los más grandes místicos, Ruysbroek, Eckhart, autor de la Nube de lo desconocido y después Santa Teresa y San Juan de la Cruz, escribían en un lenguaje cuyo significado no era intencionalmente oscuro, sino que lo era a causa del tema. Evidentemente, si los escritos alquimistas trataban sólo de encubrir un proceso mental, es inverosímil que hayan tratado de encubrir el misticismo cristiano, el propósito de la unión con Dios. Se puede considerar que todos los aspectos de la alquimia han sido explicados, si se la considera como una filosofía práctica natural, es decir, una química de la entidad "espíritu" o "aliento", el cual los alquimistas y filósofos herméticos creían que penetraba tanto en el hombre como en los metales. Este pneuma o espíritu, la sustancia intermedia entre lo celeste y lo terrestre, es la materia esencial de la alquimia de cualquier período. Los primeros alquimistas identificaban el agua destilada y "vapores sublimados" con este pneuma; después otros líquidos volátiles, tales como ácido nítrico y alcohol, parecían ser ese pneuma; luego se identificó con aquel supuesto instrumento mágico que describe

224

LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

Vaughan; finalmente se le consideró en algún sentido como parte de la mente humana. Queda entonces aclarado que, mientras los hombres creyeron en el pneuma como un agente que obraba en la Naturaleza y en la operación mental del hombre y llamaban a la manipulación de semejante pneuma por el nombre de alquimia, esta palabra podía aplicarse a varios experimentos diferentes; primero a los que se hacían destilando y sublimando sustancias en el laboratorio; algo que podríamos llamar una química material de los cuerpos volátiles. En segundo lugar a un proceso mental en el que el mago trata de asir el pneuma, proyectarlo en una vasija y fijarlo para que pueda ser manejado como una sustancia material. En tercer lugar, a manipulaciones del pneuma o espíritu del hombre, que podían equivaler a un verdadero proceso místico. Si llamamos a la alquimia "una química del espíritu", será posible comprender sus muchos aspectos y los puntos de vista contradictorios de aquellos que no han entendido sus caracteres esenciales.

XV RELACIONES DE LA ALQUIMIA CON LA CIENCIA El hombre de ciencia que ve por primera vez un texto alquimista espera encontrar algo parecido a un texto de química, aunque mucho menos desarrollado y exacto. Pero, de hecho, lo que encuentra se parece muy poco a la ciencia. Vale la pena examinar aquí la raíz de las diferencias entre alquimia y ciencia natural para descubrir por qué la alquimia no es sólo una química rudimentaria y hasta qué punto intenta algo de que la ciencia moderna no se ocupa. La ciencia moderna, y con ella la química, hace observaciones, las refiere claramente y sin secreto, deduce de ellas leyes generales, las explica en términos de teorías y deriva otras leyes de éstas. Además, comprueba cada paso en sus inducciones y deducciones probando sus aseveraciones con objeto de descubrir en cuánto aquello que ha sido registrado e inferido corresponde a lo que se observa, experimentalmente o de otras formas. La ciencia natural no admite nada que no pueda ser observado, claramente establecido y comprobado de alguna forma. Aspira a interpretar el mundo en términos de unos cuantos principios simples, inexplicados ellos mismos. Así, podemos considerar la química como capaz de ser totalmente expresada en términos de unos cuantos principios simples; v. gr.: electrón, protón, neutrón, relatividad, ley cuántica, etc. Con todo, el pequeño número de principios requeridos todavía permanecerá inexplicado. He aquí la primera diferencia entre la intención de nuestra ciencia y aquella de los antiguos filósofos naturales. La ciencia se ocupa de aquella parte del mundo que, usando sus métodos, es investigable, y no hace intento alguno para considerar el resto. No investiga sobre la causa final de la existencia de las cosas; no 225

226

LA ALQUIMIA Y LA CIENCIA

trata de incorporar el mundo de la actividad mental individual en su relación con lo que todos percibimos en común. El objetivo de la ciencia es limitado y para cualquier hombre, en cualquier época, muy limitado. Cada científico trata de añadir una pequeña sección de la creciente obra del conocimiento, pero, como científico, no trata de construir un sistema del mundo que incluya todo lo que el hombre puede tratar de conocer, pasado y presente. El alquimista, cuando no era un mero multiplicador de metales, buscaba un esquema completo de las cosas, en el que Dios, los ángeles, el hombre, los animales y el mundo inorgánico tenían todos su lugar; en el que el origen del mundo, su propósito y su fin fuesen claramente visibles. Semejante meta es claramente inalcanzable para la ciencia, puesto que incluye como objetos de la ciencia, filosofía y religión. Se deduce entonces que la actitud y método del alquimista diferían ampliamente de los del químico moderno. La alquimia no buscaba sólo tratar con materias a las que la química no se aproxima, sino que incluso omitía investigar sobre asuntos que la química ha hecho suyos. Los alquimistas no trataban de establecer o aun contribuir a un Catálogo de sustancias químicas, ni tampoco se ocupaban de su cronología ni de clasificar sus cambios. No encontramos en los trabajos alquimistas ningún intento de catalogar las clases conocidas de materia y establecer sus propiedades, ni siquiera de hacer informes generales de la manera en que una clase de cuerpos pasa a otras clases. La mirada de los alquimistas se dirigía hacia un trabajo particular, la perfección de la materia, que prácticamente significa la elaboración de la piedra o quintaesencia y que es primariamente un trabajo que debe hacerse y sólo secundariamente un conocimiento que debe adquirirse. Además, el conocimiento que buscaban los alquimistas no era una descripción de los cuerpos, sino un principio

LA ALQUIMIA Y LA CIENCIA

227

o esquema general, en términos del cual fuesen inteligibles los procesos naturales. Más aún, la alquimia carecía de la estrecha unión con la industria que ha estado siempre presente en la química. La alquimia trataba ciertamente de ser útil. Constantemente oímos que el alquimista pensaba usar su oro para construir puentes o iglesias, para financiar cruzadas o para socorrer al pobre; o que acaso trataría de usar la piedra como un elixir para curar enfermedades. Pero no se propone nunca el uso público de tales cosas, la revelación de sus conocimientos para beneficio del hombre. El mismo alquimista aplicaría el oro o curaría a los pocos que quisiera curar. No hay que echar margaritas a puercos. Cualquier revelación del secreto alquimista se consideraba completamente improcedente y era casi seguro que acarrearía un castigo impuesto por las autoridades. La razón que se daba generalmente para semejante secreto era el probable abuso que podían cometer unos malvados del poder que les confiriera el secreto alquimista, y esta razón merece nuestra aprobación. Los alquimistas sentían ciertamente una gran responsabilidad moral por el resultado de su trabajo, una responsabilidad que no siempre corre parejas con los científicos actuales. El propósito material de los alquimistas, la transmutación de los metales, ha sido ahora cumplido por la ciencia y la vasija alquimista es la pila de uranio. Su éxito ha tenido precisamente el resultado que los alquimistas temían y contra el que se guardaban: el que se encuentre un poder gigantesco en manos de personas que no tienen un entrenamiento espiritual para recibirlo. Si la ciencia, la filosofía y la religión, hubiesen permanecido asociadas como lo estaban en la alquimia, hoy no tendríamos que afrontar este temible problema. Así como había una diferencia de objetivo entre la alquimia y la química, había también amplia diferen-cia de método y práctica.

228

LA ALQUIMIA Y LA CIENCIA

Los alquimistas no trataban, como los científicos, de elevarse de observaciones particulares a reglas generales y de reglas generales a teorías, sino que obtenían su teoría de la tradición y se dedicaban a aplicarla en la práctica. La alquimia mira hacia atrás. Los cuatro elementos y los dos vapores de Aristóteles, el pneuma de los estoicos y la astrología de Babilonia, son los orígenes de sus teorías. Su investigación es un intento para descubrir los designios de los hombres del pasado, los hombres que sabían. No era un gran volumen de trabajo de investigación lo que se necesitaba para el éxito en el descubrimiento, sino la penetración de una inteligencia individual. Esta diferencia se refleja en sus hábitos de trabajo, y así podemos comprender cómo la ciencia es una empresa cooperativa mientras que la alquimia era personal. Cada alquimista deseaba cumplir un cierto cometido alcanzando el conocimiento del esquema de las cosas y un dominio sobre la materia. La idea de contribuir en una pequeña parte al conocimiento total del hombre no le había atraído; estaba haciendo un trabajo sobre la materia y sobre él mismo y, si no completaba ese trabajo, fracasaba. No encontramos ninguna prueba evidente de colaboración entre los alquimistas. Eran más bien artistas, artífices que trataban de perfeccionarse a sí mismos en una comprensión o sabiduría concerniente a la Naturaleza que no podía ser transmitida a través de textos escritos. Con todo, había una parte de los conocimientos de los alquimistas que podía ser transmitida: concretamente la técnica de laboratorio; y en esto había un verdadero progreso. Los alambiques árabes son mejores que los de María la judía y los de Brunschwyg y sus contemporáneos (hacia 1500) son mejores que los árabes. A los alquimistas les corresponde el mérito de haber desarrollado plenamente una técnica progresiva de laboratorio, pero estaban convencidos de que esta técnica no era lo que hacía un alquimista. El hombre que podía realizar trabajos químicos no era sino uno de los "cocineros

LA ALQUIMIA Y LA CIENCIA

229

de Geber"; el verdadero alquimista era el que entendía las vías secretas de las cosas. El artista perfeccionando su arte y el místico alcanzando una comprensión inefable, se asemejan más al alquimista que el científico, que sólo estudia su pequeño campo, que sólo aporta una pequeña parte a la estupenda estructura del conocimiento de la Naturaleza. La alquimia era esencialmente religiosa. Su filosofía tendía hacia la unificación de toda la Naturaleza en un único esquema, cuyo autor reconocido era Dios. La actitud del alquimista hacia la Naturaleza era religiosa. Su visión era jerárquica; catalogaba a las sustancias de las que se componía el mundo en grados de valor. Los ángeles eran más valiosos que el hombre; el hombre más que los animales; los animales más que las plantas, las plantas más que los elementos; el quinto elemento era más valioso que los otros, el fuego más que el aire, el aire más que el agua, el agua más que la tierra, el oro más que los otros metales. Se pensaba en los cambios en la Naturaleza como exaltaciones o degradaciones en esa escala. El alquimista tenía un aprecio directo intuitivo de la Naturaleza, reaccionaba afectivamente hacia los cuerpos y los amaba de acuerdo con su valor, que viene de su semejanza con lo espiritual, la parte más noble de la Naturaleza. Esta visión fue facilitada por la visión del alquimista de todas las cosas como interpenetradas y animadas por un espíritu viviente. El mundo para él estaba vivo y, como ya Aristóteles vio antes, pugnando hacia la perfección de la idea de Dios que está sobre él. La ciencia no sabe absolutamente nada de todas estas ideas. Ninguna cosa vale más que otra a los ojos del científico. Si ama a la Naturaleza, ese amor no tiene cabida en sus libros. La materia para él no es viva y la vida que estudia en biología no es esa vida que experimentamos y deseamos tener en mayor abundancia.

230

LA ALQUIMIA Y LA CIENCIA

Muchas, pues, son las profundas diferencias entre alquimia y química; pero, a pesar de todo, la contribución de los alquimistas a la química no debe de ninguna manera ignorarse. Según parece, los alquimistas inventaron, y desde luego transmitieron, los fundamentos de la técnica de laboratorio. Nos enseñaron cómo manejar los reactivos, como destilar, sublimar, filtrar y cristalizar; distinguieron y nombraron reactivos tan importantes como los ácidos minerales y el alcohol. En este aspecto, la alquimia se continúa con la ciencia moderna. Más aún, los alquimistas basaron su trabajo sobre la idea de la ley natural. No trataban de obtener intervenciones arbitrarias o milagrosas en el orden de la Naturaleza, como lo hacía el tipo del mago, muy común en la Edad Media, que trataba de cambiar el curso de la Naturaleza invocando los demonios. El alquimista creía que, en virtud de un proceso natural, el oro había sido y estaba siendo generado en las rocas y trataba de obtener ese proceso en el laboratorio. Su teoría de la generación del oro era incorrecta, pero tratando de hacer lo que hace la Naturaleza, estaba llevando a cabo lo que se ha convertido en un procedimiento tipo y respetable de la ciencia. Así la alquimia, en tanto que era investigación de laboratorio basada en supuestas leyes de la Naturaleza, estaba en la línea de progreso que ha conducido a la ciencia moderna. ¿Tiene hoy la ciencia algo que aprender de la alquimia? Nada, creemos, porque la ciencia ha sido refinada hasta llegar a ser un instrumento casi perfecto para sus propósitos. No es posible ninguna importación de lo filosófico o religioso a la ciencia. Pero ¿tiene el científico algo que aprender del alquimista y sus contemporáneos medievales? Quizá. Puede aprender que hay aspectos de la Naturaleza que no aparecen en las revistas científicas, que nuestras impresiones de ella tienen algo, tanto del hombre como de la materia. Puede considerarla bajo el aspecto de valor tanto como bajo

LA ALQUIMIA Y LA CIENCIA

231

el de la disposición en el espacio y en el tiempo; puede meditar sobre el misterio de la existencia del mundo y de su relación con él. No volveremos a los alquimistas, pero sin duda el péndulo, que ha oscilado de la visión espiritual de las cosas a la material, oscilará de nuevo, y las generaciones posteriores verán el concepto medieval y alquimista de la Naturaleza como un pobre indicio de la filosofía natural que habrán alcanzado.

RECOMENDACIONES PARA LECTURAS DE AMPLIACIÓN No es fácil proseguir estudios alquimistas más allá del resumen dado en este libro sin hundirse en aguas bastante profundas. La lista de libros que aquí aparece está muy lejos de ser completa, pero tiene el mérito de consistir sólo en trabajos dignos de confianza. Muchos de los resúmenes más antiguos sobre alquimia están faltos de crítica y sentido histórico y muchos de los modernos son meras charlas alquimistas. Desgraciadamente la mayoría de los libros aquí recomendados son caros y raros y es muy difícil estudiar este asunto sin bolsillo bien provisto o el acceso a una de las grandes bibliotecas. Entre los trabajos generales sobre alquimia que pueden ser recomendados a un lector serio y que son de fácil obtención están: Hopkins, Arthur John. Alchemy, child of Greek philosophy. Nueva York, Columbia University Press, 1934. Jung, Carl Gustav. "Psychologie und Alchimie." Zurich, Rascher, 1944. (Psychologische Abhandlungen, vol. V). Read, John. Prelude to chemistry; an outline of alchemy, its literature and relationships. Londres, G. Bell and Sons, Ltd., 1936. Se encontrará mucha información valiosa en los trabajos más amplios que citamos a continuación: Kopp, Hermann F. M. Geschichte der Chemie. Braunschweig, 1843-1847, 4 vols. Lippmann, Edmund Oskar von. Entstehung und Ausbreitung der Alchemie, mit einem Anhange: Zur alteren Geschichte der Metalle. Berlín, J. Springer, 1919-1931, 2 vols. 232

LECTURAS DE AMPLIACIÓN

233

Revistas referentes a la historia de la ciencia, tales como Ambix (revista de la Sociedad para el Estudio de la Alquimia y la Química primitiva) e Isis, Revista Internacional dedicada a la Historia de la Ciencia y la Civilización, deben, sin duda alguna, ser consultadas, así como los trabajos generales sobre la historia de la química. 1. Trabajos sobre química anteriores al periodo de la alquimia: Bailey, Kenneth Claude. The older Pliny's chapters on chemical subjects. . . Editado con transcripción y notas por... Parte 1-2. Londres, E. Arnold & Co. 1929-1932, 2 vols. Partington, James Riddick. Origin and development of applied chemistry. Londres [etc.] Longmans, Green and Co. 1935. Thompson, R. Campbell. On the chemistry of the ancient Assyrians. Londres, Luzac & Co., 1925. 2. Alquimia y química en el período del año 100 a. c. al 1000 d. c. La obra indispensable es, desgraciadamente, muy rara, a saber: Berthelot, Pierre Eugene Marcellin. Collection des ancíens alchimistes grecs. Texto y traducción. París, 1888, 3 vols. Otros trabajos de Berthelot que son valiosos para éste y períodos algo posteriores son: Archéologie et histoire des sciences. Paris, 1906. Introduction á l'étude de la chinde des anciens et du moyen âge. París, 1889. Histoire des sciences: la chimie au moyen âge... París, 1893, 3 vols. Les origines de l'alchimie. París, 1885.

234

LECTURAS DE AMPLIACIÓN

3. Alquimia árabe; los siguientes trabajos son valiosos: Holmyard, Erik John. The works of Geber, traducción de Richard Russell, 1678. Nueva edición con prólogo de... Londres, J. M. Dent & Sons, Ltd., 1928. ----Avicennae De congelatione et conglutinatione lapidum: being sections of the Kitâb al-Shifâ. Textos latinos y árabes; editado con una traducción inglesa de los segundos, y notas críticas, por E. J. Holmyard... y D. C. Mandeville. . . París, P. Geu-thner, 1927. ----Kitab al-'ilm al-muktasab fi zira'at adhdhahab; book of knowledge acquired concerning the cultivation of gold, by Abu 'l-Qasim Muhammad ibn Ahmad al-'Iraqi. Texto árabe, publicado con traducción y prólogo. París, P. Geuthner, 1923. Kraus, Paul. Jabir ibn Hayyan, contribution à l'histoire des idees scientifiques dans l'Islam. El Cairo, Imp. del Instituto francés de arqueología oriental, 19421943, 2 vols. Ruska, Julius Ferdinand. Numerosos trabajos, todos en alemán, especialmente Tabula Smaragdina; ein Beitrag zur Geschichte der hermetischen Literatur, Heidelberg, C. Winter, 1926. "Turba philosophorum"; ein Beitrag zur Geschichte der Alchemic. Berlín, J. Springer, 1931. (Quellen und Studien zur Geschichte der Naturwissenschaften under der Medizin. Bd. 1.) Hay numerosos artículos valiosos por H. E. Stapleton, pero que son de difícil acceso, puesto que están contenidos en las Memoirs of the Asiatic Society of Bengal. 4. Alquimia medieval y posterior Mucho de lo que ha sido escrito sobre esto no es en absoluto digno de fe; la mejor fuente inglesa son los capítulos sobre el asunto en

LECTURAS DE AMPLIACIÓN

235

Thorndike, Lynn. History of magic and experimental science. Nueva York, Columbia University Press, 1923-1941, 6 vols. Artículos útiles con información biográfica y bibliográfica de alquimistas individuales anteriores a 1400 se encuentran en: Sarton, George. Introduction to the history of science. Baltimore, pub. por la Carnegie Institution of Washington por la Williams & Wilkin Company, 19271948, 3 vols. in 5. Los textos de esta época, es necesario leerlos en su mayor parte en el latín original, pero A. E. Waite ha traducido al inglés un cierto número de ellos que incluyen : The Hermetic Museum, restored and enlarged:. . . now first done into English from the Latin original published at Frankfort in the year 1678. . . [Anón.] Londres, }. Elliot & Co., 1893, 2 vols. Bonus of Ferrara. New peace of great price. A treatise concerning the treasure and most precious stone of the philosopher. Traducción inglesa. Londres, James Elliott & Co., 1894. Grataroli, Guglielmo. Turba philosophorum; or, assembly of the sages called also the book of truth in the art end the third Pythagorical Synod An ancient alchemical treatise translated from the Latin... Londres, G. Redway, 1896. Hay algunos textos alquimistas ingleses del siglo XVII, pero son raros: Ashmole, Elias Theatrum chemicum Britannicum. Londres, 1852. (Se trata de una colección de poesía alquimista inglesa, valiosa en todos sentidos, que debería ce ser reimpresa.) Norton, Thomas. The ordinall of alchemy. (Reimpre-

236

LECTURAS DE AMPLIACIÓN

so del anterior en facsímil, con un prólogo de E. J. Holmyard.) Londres, 1928. Bebe recordarse que, puesto que la alquimia es un asunte enormemente oscuro, las traducciones de los trabajos alquimistas contienen seguramente muchas interpretaciones dudosas y por tanto no se debe confiar demasiado en ellas.

Este libro se acabó de imprimir el día 30 de agosto de 1957 en los talleres de Gráfica Panamericana, S. de R. L., Parroquia 911 (esq. Nicolás San Juan), México 12, D. F. Se tiraron 10,000 ejemplares, y en su composición se utilizaron tipos Elec-tra 9:10, 8:9 y 7:8 puntos. La edición estuvo al cuidado de Francisco González Aramburo.

View more...

Comments

Copyright ©2017 KUPDF Inc.
SUPPORT KUPDF