Esgrima Criolla López Osornio

March 27, 2018 | Author: Abel Lopez | Category: Sword, Knife, Nature
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- ESGRIMA CRIOLLA -

Mario A. López Osornio

ESGRIMA CRIOLLA

Libros de Hispanoamérica

editorial hemisferio sur

López Osornio, Mario A. Esgrima criolla : cuchillo, rebenque, poncho y chuza - - la ed. la reimp. Buenos Aires : Hemisferio Sur, 2009. 150 p. :¡1. ; 20x14 cm. ISBN 978-950-504-583-9 1. Esgrima Criolla. I. Título CDD 796.86

Título: Esgrima Criolla (Cuchillo, rebenque, poncho y chuza) Autor: Mario A. López Osornio En la presente edición se ha conservado la sintaxis y la acentuación original del texto de la edición publicada en 1942. Coedición de Libros de Hispanoamérica y Editorial Hemisferio Sur. © Editorial Hemisferio Sur S.A. 1'. Edición, 2005 1*. Reimpresión, 2010 Reservados todos los derechos de la presente edición para todos los países. Este libro no se podrá reproducir total o parcialmente por ningún método gráfico, electrónico, mecánico o cualquier otro, incluyendo los sistemas de fotocopia y fotoduplicación, registro magnetofónico o de alimentación de datos, sin expreso consentimiento de la Editorial. IMPRESO EN LA ARGENTINA PR1NTED IN ARGENTINA Hecho el depósito que prevé la ley 11.723 EDITORIAL HEMISFERIO SUR S.A. Pasteur 743 - 1028 Buenos Aires - Argentina Telefax: (54-11)4952-8454 [email protected] ar www.hemisferiosur.com ar ISBN 978-950-504-583-9 Editorial Hemisferio Sur S.A.

- EL C U C H I L L O -

RESENA HISTÓRICA Cuando el hombre primitivo comprendió que la Naturaleza no le había dado más que ingenio para defenderse, pensó en armar su brazo. Primero debió de usar palos y piedras fácilmente arrojables. Después, dardos, flechas, rompecabezas y macanas. Más tarde, bolas perdidas pare, pasar de allí a las bolas y su definitiva transformación en boleadoras. Es indudable que, antes de usar todas estas armas, los nativos se hubiesen servido de cuchillos - pero no de los actuales cuchillos, - sino de esos objetos que los arqueólogos denominan como tales, y que no son otra cosa que trozos de pedernal rústicamente pulimentado. Y, si los nativos utilizaron a los ya mencionados cuchillos de piedra (Ameghino obtuvo cinco en sus búsquedas), es probable que sólo lo hiciesen para comer, despellejar o despedazar a los animales cazados, y muy raramente los usasen como verdaderas armas defensivas, puesto que el instrumento en sí no ofrecía más que una escasa seguridad de efectividad. Sabemos que esos cuchillos eran fragmentos de pie-

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dra cuyas aristas amoladas por frotación con otras piedras más duras, constituían sus elementos de trituración de las comidas o los útiles de trabajo. Algunas de esas piedras debieron estar engastadas en cabos de madera, y sostenidas por reatas de fibras textiles o tientos de cuero crudo. Yo poseo una piedrita en forma de media luna que, por el filo que tiene, parece haber sido empleada como tal. Ahora bien, recién llegados los españoles al Nuevo Mundo en violento afán de conquistas, no sólo de tierras y substancias minerales, sino también de adeptos para su religión, justo es que trajesen consigo toda clase de armas, entre ellas, las armas blancas, por lo tanto, los cuchillos. Transcurrió el tiempo y con el paso de los años comenzó a perfilarse la silueta del gaucho en la tierra americana. Su lengua y sus hábitos no desmintieron, ni por un momento, su casta de hidalgos de los cuales provenían. Eran señores como sus padres, pero, en esa vez, sobre extensiones de tierra inculta y cubierta de ingentes peligros. Necesitaron conjurarlos, y, no teniendo más que lo heredado poco a poco empobrecido por el uso, empezaron a refabricarlos con los restos de los sables y espadas casi en desuso. De allí salen los primeros cuchillos del país. El primer documento que lo asevera es una carta de Domingo Martínez enviada en 1556, al Rey de España desde Asunción del Paraguay. Domingo Martínez fue el primer industrial del Río de la Plata. Su nombre figuró al lado de Rodrigo de Cepeda, el hermano de Santa Teresa de Jesús, y al lado de Luis de Miranda, el primer poeta de la con-

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quista, venidos con don Pedro de Mendoza y fundadores de la infausta Santa María del Buen Ayre en el año 1536. "Esa carta, cuyo original se conserva en el Archivo de Indias, y que en 1877 fue reproducida en Madrid en la obra documental Cartas de Indias, revela cómo Domingo Martínez, primero aquí, luego en Asunción, echó sin quererlo, a la buena de Dios, la simiente de una era de industrias". Dicha carta decía así: "Sacra Cesárea Majestad: en la primea habitación de Buenos Ayres, siendo como era venido de España con Don Pedro de Mendoza, y siendo un pobre estudiante, que no sabia oficio ninguno cosa alguna, vista la necesidad que en aquel tiempo había, hice anzuelos... hice asimismo, peines, en tiempos que para peinarse la barba no alcanzaban los hombres un peine... Después de esto, hice cuchillos amolados y encabados al modo de los que traen de Flandes... he hecho dagas, que han sido necesarias y son, porque ha habido muchos que se han visto con los indios en trabajo, y a no tener daga, hacen de ellos los indios lo que quieren..." (1)

(1) La parte del texto que se halla entre comillas corresponde a una parte también, de un artículo de Mario B. De Quirós, aparecido en el diario "El Mundo" de la ciudad de Buenos Aires, el 2 de setiembre de 1941.

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He ahí, pues, el nombre del primer fabricante de cuchillos en el país, y el punto de origen de los importados: Flandes. Más tarde, los cuchillos son cambiados por productos de la tierra o los compran simplemente, cuando no los hicieron transformando algunos útiles de trabajo como ocurrió en el siglo pasado, y de acuerdo con lo dicho por Hernández en su poema Martín Fierro: "Yo tenía un facón con S Que era de lima de acero". Pero, lo cierto es que el comercio, aunque en pequeña escala, se estableció entre España y sus colonias apenas descubiertas éstas. Los cuchillos y las cuerdas de guitarra constituyeron un renglón ponderable entre todas las mercaderías de ultramar. A las armas de fuego, los criollos, es decir, los representantes novísimos de esa nueva raza, o no las conocieron o no las tuvieron a su alcance por su costo elevado, o por la real Orden que así se los impedía. En cambio, el cuchillo, sí, era el arma que les estaba permitida y era el arma única que podían llevar consigo y que, a su vez, se prestaba indefectiblemente para sus diarios problemas de pobladores errantes. Lo mismo les servía para faenar el animal empleado de alimento, como de limpia uñas o mondadiente. Ni más ni menos que la trompa de elefante decía Sarmiento- es su brazo, su mano, su dedo, su todo. Siempre se ha dicho que el gaucho fue un hombre cuchillero, es decir, un hombre que buscaba la riña por gusKI

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to de divertirse sin medir las consecuencias. Pero, eso no fue así, y, si alguna vez lo hubo, lo fue como en el caso del Gaucho Malo, mencionado por el autor anteriormente citado, o como algunos hombres que en la actualidad existen y que son capaces de disputar y llegarse a las manos, por defender lo que ellos creen una justicia personal, reagravada en la mayoría de los casos, por la excitación alcohólica alcanzada en las pulperías o almacenes. Ese fue el motivo por el cual Rivadavia trató de evitar el uso del cuchillo, y Rosas lo prohibió terminantemente en los domingos o feriados, puesto que, arrancándoles el cuerpo del delito, se desarmaba el brazo homicida en momentos en que su mente estaba alterada. Sin embargo, han vivido algunos sujetos en las planicies bonaerenses, que han practicado la esgrima del cuchillo como quien ejecuta de corazón un sport cualquiera. Me contaba un viejo paisano que, en Balcarce, existió uno cuya fama saltó de rancho en rancho y sobrepasó los límites del pago, hasta llegar al Salto Argentino, donde también había otro hombre como aquél, capaz de enfrentar al más decidido esgrimista del cuchillo. Ya sabemos que la confianza en sí da valor, y, la admiración al valor, satisface tanto como el elogio estimulativo al artífice. Por ello sería, tal vez, que, una tarde, el celoso sportman del norte, en compañía de cuatro o cinco amigos que le sirviesen de testigos, bajó a buscar a su rival del sur. Arribaron días más tarde, a la Esquina de la Residencia y con atención preguntaron: u

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-Diga señor... ¿Por aquí vive julano? -Sí señores -les contestó el pulpero. -Pues amigo, en cuantito yegue, háganos el favor de avisarnos... Y pasó esa tarde y llegó la noche blanca de luz de estrellas, y fresca en el reposo de un día estival que les dio a los hombres el rezumo de serenidad de la tierra pampa para templar sus guitarras y cantar antes de echarse a dormir. A la mañana siguiente muy de madrugada, un muchachito llegó corriendo y les dijo sofocadamente: -Manda a decir mi tata, que ahí yegó la persona que ustedes buscaban... -¿Ajah? -Le contestó el interesado, agregando: Decile que ya vamos pa' aya... Y los amigos que le acompañaban se miraron entre ellos pensativos ante la inminencia del fin perseguido, pensando en la forma en que habrían de desarrollarse los hechos. No dudaban del compañero, puesto que lo conocían sano, íntegro, seguro de su habilidad estupenda para manejar el cuchillo, pero calculaban en la suerte que habría de aparejársele. Poco después, le vieron ajustarse la faja y apretarse la vincha con la misma tranquilidad que un pelotaris o un carrerista se prepara en un lance de sus gustos. Sabían, además, que el mozo no deseaba matar, desde el momento que ningún odio le animaba, pero sabían también que era capaz de morir con tal de arrebatarle a su rival la aureola de nombradla que tenía. -Usté es julano, ¿no? 12

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-Ansina es, señor... -Mucho gusto e' tratarlo, señor...- Y le tendió su mano ancha de peón campesino. -¿Tomamos una copa? -agregó cumplido. -Y...Como guste -le contestó, agregando intrigado: Y... si no molesto, ¿Podría saberse pa' qué me andaba campiando? -...¡Cómo no!...Pues...en mi pago...me anoticié de que usté era un hombre guapo, ¿no?, y...¡Cómo yo me creigo ansinaL.se me dio por probarlo... El asombro desconcertó un tanto a su interlocutor, pero, como era nativo, reaccionó en forma, contestándole de inmediato: -Y...si ansina es su antojo.,.cuando guste, nomás... El sol no se había remontado aún mucho sobre la línea del cénit, apenas dos lanzas sobre la tierra. Su color gualda parecía más amarillo que nunca. Las hojas de las plantas se acunaban levemente al soplo apacible de las brisas mañaneras. A cincuenta metros de la ramada bajo la cual bebieron una copa para "asentar los nervios", dos hombres, rodeados de ocho o diez mirones, se descalzaban las espuelas para aliviarse los pies. Instantes más tarde, el choque de los aceros enervaba a los espectadores de una extraña voluptuosidad. Iniciaron la lucha con fáciles fintas, cosa de poderse divertir un rato antes de que el encono les encegueciera totalmente. Parecían gallos de riña estudiándose golpe tras 13

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golpe, hasta encontrar la falla imperceptible que les abriese una brecha en la lid, de manera que les elevase en su jerarquía de diletantes en el manejo del cuchillo. Un momento más tarde, cuando el rubor comenzó a teñir sus mejillas retostadas por el sol y la luz reverberante de los campos, empezaron a enardecerse. Ya no estaban jugando ni pensando, mientras combatían, en la china al veril del alambrado, ni en la bendición de la madre vieja al darles los buenos días, ahora recordaban las nítidas visiones de cien encuentros similares a ése, grabados en la memoria, para ver si hallaban en alguno de ellos la inspiración de un tajo que venciese al rival, al celoso competidor de la fama y de la gloria que imponía miradas de respeto y de admiración en la vida, que a tan elevado precio había que adquirirla. Media hora estuvieron así peleando, tirando cuchilladas capaces de matar, jugándose la existencia en "puñaladas largas" o en "paradas" magistrales, obtenidas a expensas de movimientos elásticos de pumas embravecidos, sin llegar a lesionarse, hasta que, sudorosos y hesitantes, oyeron que uno de los espectadores, haciéndose eco de la voluntad colectiva, decía: -¡Basta! ¡Basta! ¡Párense! -Y, decidido, acababa de interponerse entre ambos contendientes, agregando: -Párense, que, pa' juicio e' ruitos...esta carrera es puesta pa' los dos... Y ustedes... ¿Qué opinan?... -Y... que pa' mí también lo es... -Lo mesmo digo yo... -Contestaron alternativamente uno y otro de los combatientes, al instante de clavar las armas 14

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en el suelo y estrecharse en un abrazo regocijados de hallarse representando cada cual, una fuerza igual a la de su enemigo, incapaz de anularse entre sí y comprensibles de la nobleza de sus méritos y corazones. Relatado este caso verídico, no quiero continuar sin apuntar también, que si han existido algunos gauchos peleadores, no es menos cierto que también han existido decretos contra la vagancia y partidas de Jueces de Paz, que los mantuvieron en el linde de la sociedad y usaron de disciplinas como la de enviarlos a las fronteras para corregirlos aún en contra de sus deseos. Y, sabido es que un hombre que nació libre y vivió llevándose de su propio albedrío a la manera bárbara de los salvajes que no saben de leyes ni de cultura, defendiese esa libertad de la misma forma que se la arrebataban, es decir, violentamente. El ejemplo clásico lo tenemos en Martín Fierro. Además, el medio en que vivía le hacía servirse del cuchillo a cada instante. La planicie inmensa de la pampa o la imponente majestad de los cerros y montañas, le hundían en mayores soledades si no le portaba consigo. El cuchillo era un amigo fiel que le acompañaba. Cuando niño, oí llamarle fiyingo (1), y lo que después creí un extranjerismo, ahora lo entiendo como un diminutivo de fiyo, es decir, hijo, o hijito, en castellano anticuado y que en realidad, para el hombre de esas épocas, el llevar un cuchillo a la (1) Según Vicente Rossi, provendría de Filliño, brasilero e igualmente significaría hijito y usado en su patria de origen para cortar tabaco. 15

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cintura, era como transportar un hijo a sus espaldas que, se las sabría guardar bien de cualquier peligro si la circunstancia se lo exigía. Hay que pensar que un cuchillo en mano de un hombre que lo sabe manejar le da valor aunque no lo tenga, o se lo hace surgir del fondo de sus entrañas aunque no lo quiera. Los mismos cobardes se sienten fuertes cuando están armados, ¿qué no ocurrirá, entonces, con un sujeto que lo sabe emplear? Recuerdo que una vez he visto en un baile de carnaval y en los arrabales del pueblo, avanzar resuelto a un pobre diablo, cuchillo en mano, e intimidar a un guapo hasta el extremo de hacerse pedir disculpas por las anteriores zarabandas provocadoras del hecho. Un cuchillo de punta que amenaza es algo de indefectible realidad: impone e inhibe, si no se tienen bien templados los nervios. Quien lo niegue, no ha pasado ese instante, o no conoce la psicología de los criollos. Don Ezequiel Martínez Estrada dice en su libro Radiografía de la Pampa con muchísima razón y exactísima justeza de observador consciente, que el cuchillo "exige el recato del falo, al que se parece por similitudes que cien cuentos obscenos pregonan; quien muestra el cuchillo sin necesidad es un indecoroso". Sería ella tal vez la causa por la cual en el tiempo de su auge, diría, el aprendizaje del manejo del cuchillo formaba parte de la cultura de un hombre. Gutiérrez dice que Santos Vega, después que luchó por primera vez con una partida policial, huyó a esconderse en casa de un amigo. Allí, no sólo restañaron sus heridas atendidas por la madre del apar-

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cero, sino que éste mismo le entretuvo y distrajo en las horas de voluntario cautiverio de una manera muy particular. Con dos palos del tamaño de un cuchillo le hizo "aligerar", es decir, obtener por medio de inocentes "canchadas" la agilidad necesaria para poderse defender. Se entendía por canchadas, o canchar, al acto de penetrar en un espacio limitado de tierra (pedana), donde se habría de probar la pericia de dos combatientes en un juego. Cada cual no sólo debía mantenerse en él, sino que debía avanzar haciendo retroceder por tal causa, a su enemigo, hasta desalojarlo de su puesto para ganar. A la par de este vocablo "canchar", existía otro que señalaba el valor intrínseco de un sujeto, ese vocablo era "vistear". Se entendía por vistear, a la acción desarrollada por la vista en la técnica de un juego, por ejemplo, el de tirarse puñaladas y saberse atajar. Esteban Echeverría, en una de sus obras dice:... "dos muchachos se adiestraban en el manejo del cuchillo, tirándose horrendos tajos y reveses..." lo cual demuestra gráficamente, el fin buscado por los nativos es habituar los ojos en la adivinación de la intención del contrario, antes que efectuar la defensa. Y así fue como los autores de la literatura gauchesca hallaron en la realidad, material para sus producciones como en el caso de Santos, que, gracias a sus "canchadas", cobró fama del "mejor facón del pago", por su extraordinaria habilidad en el manejo de las armas criollas. Juan Moreira, personaje real y popularizado por sus estupendas hombradas de sujeto sereno y valiente, capaz de luchar solo contra 17

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partidas enteras de policía, a quienes aborrecía de alma por simbolizar en ellas al alcalde prepotente y atrabiliario que pretendió mancillar su honor, y al juez de paz, autoritario e injusto, solía de tanto en tanto y cuando transcurrían muchos días sin pelear, acercarse a las casas de algunos amigos para que le hicieran "unos tiritos", con varitas de álamo o paraísos a manera de cuchillos, para "ver cómo andaba de la muñeca" y comprobar si aún era "capaz de barajar puñaladas", para cuando llegase el instante de poder conservar el nombre "de ser corno una luz para atajarse en las entradas" del cuchillo. Otro ejemplo de la forma de practicar esta enseñanza inspirada en las costumbres criollas, lo encontraremos en una poesía campera de Arsenio Caviglia Sinclair, Visteando. Veamos lo que dice: "Haga de cuenta siempre, qu' ha echao raíces, el pies que pone junto al pies del otro; y no haga un paso atrás 'unque lo apuren, porque, más vale m'hijo ¡qué lo achuren! Antes que digan que sedió e miedoso". "Si le amagan abajo, ¡cuide arriba! Si le amagan al tuso, ¡cuide abajo! Y que nunca el coraje lo sofoque Si le toc'aguantar el primer tajo, Ni brinde la muñeca de barato No sea qu'en la primera lo desoquen"

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Aconseja sañudo un viejo, armado con un talero, mientras su hijo enfrentado a él, le escucha cuchillo en mano. "¡No ecrTel cuerpo pa'atrás! Qu'eso es de flojos, añade, a la vez de continuar en sus amaestrarlas: "ni se fij'en la mano del contrario, mire que l'intención del arversario, más qu'en el brazo, mijo, 'ta en los ojos", termina el viejo mientras le aguarda ansioso. Las escaramuzas han comenzado. Padre e hijo se buscan con la mirada atenta a fondo que habrá de poner a prueba la destreza y el valor de ambos, hasta que, el muchacho, sin quererlo, se gana "el potriyo 'e la madrina" después de haberle marcado "un rumbo" al genitor de sus días, es decir, de haberle abierto un tajo "de la boca a la oreja del maestro". Al leer estos versos recordé que en una estancia del partido y a orillas del río Samborombón, existió un negro algo entrado en años ya, que no teniendo que heredarle u obsequiarle a un mocito amigo y ahijado suyo, pensó en entregarle todo su conocimiento de esgrima del cuchillo. Era lo único y más grande que poseía en la vida: la baquía extraordinaria en la defensa personal por medio de esa arma. El cuchillo, para él, constituía la llave de la justicia íntima del hombre indigente, tanto más lógica cuanto más miserable fuese el ser, puesto que "al pobre el sol se lo come". El rico no precisa de nada, todo lo tiene y encuentra amparo en cualquier parte, en cambio, el desvalido, "si no se

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defiende solo - decía- es como los animales reyunos a'nde el más sonso limpea su cuchillo..." Y, afianzado en estas razones, comenzó a darle sus lecciones de esgrima criolla. Empezaron con trozos de palos como en el caso de Santos Vega y terminaron con cuchillos, con los mismos cuchillos que tenían para sus tareas diarias o para lucirse en los domingos cuando salían de paseo. Se marcaban cancha, es decir, con heridas incisas en el suelo se delimitaban el campo de lucha, hasta que, adiestrado el discípulo en el manejo del arma, comenzó a enseñarle en la "cuerpiada". Se entendía por cuerpeada al acto de quitar el cuerpo a la puñalada, sin retroceder ni dejar de hacer frente al adversario, de manera que los tajos tirados por éste, no pasasen de simples manotazos de león arrojados al vacío. Un día, el negro puso de espaldas a su alumno en la puerta de la cocina de los peones, y, allí empezó a tirarle a fondo sin conseguir más que chispas del choque de los facones que, al final, constituyeron el espaldarazo dado al muchacho, considerado un hombre capaz de defenderse solo en la vida. Yo he visto esa puerta y la consideré doblemente histórica. Tiene los impactos de la gente de Alsina queriendo intimidar a los mitristas en el setenta y cuatro, y tiene los puntazos de las cuchilladas del negro tiradas a su discípulo que, a su manera, hizo patria dando testimonios al folklore del país pintando las costumbres del gaucho. El jugar con el peligro era, en nuestros antepasados un principio tácito y de elemental cultura. Los nervios se templaban ajustando las clavijas del riesgo en cualquier contin20

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gencia. La dureza de la vida cotidiana demostraba la necesidad de esa enseñanza. A los seres había que educarlos desde niños e inculcarles la serenidad ante el peligro, como un principio básico agregado a la fe en las propias fuerzas. "Más que el sable y que la lanza suele servir la confianza que el hombre tiene en sí mismo" dice el Martín Fierro. Es aquella, también la causa por la cual nuestros mayores han usado de bromas que, al final, prevenían para cualquier evento. Aun en la actualidad es corriente oír contar por boca de muchos viejos y con sorprendente hilaridad, la forma que tenían de enseñar divirtiéndose. ¿Quién no recuerda la clásica fisga de atarle la pata del montado a un poste del palenque a la salida de un baile? ¿Quién no supo de las vértebras de oveja metidas bajo las sudaderas del recado? Los apuros de un jinete solazaban más que el espectáculo de un animal corcoveando maravillosamente, Sabían que el hombre, en caso de caer, caería de pié, como correspondía a un buen criollo. Con bromas así y de tan abultado calibre, se plasmaba el carácter y disciplinaba al morador pampeano aparte de preparársele también, en la rápida reacción necesaria a su vida repleta de peligros, que a cada instante le asechaban la existencia. Ellos tenían que andar con ojo avizor a las manadas de perros cimarrones que, a veces, sorprendían más que los mismos indios. La falta de medios de comunicación, el atraso de la medicina al extremo de 21

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que las heridas cortantes las cohibían con trapo quemado ensopado en caña, la soledad implacable en que vivían, la ausencia de sociedad y la carencia de seguridades de género alguno les obligaba a ser como eran, serenos en el peligro y audaces en la lucha. Del valor de cada cual dependía su existencia. El cigarro fue el compañero de las travesías que acortaba distancias en agradable pasatiempo. El caballo, el lazo, las boleadoras y el cuchillo fueron los únicos instrumentos de defensa y de ataque de que disponían. En aquel se alzaban altaneros sobre sus enemigos y podían usar a voluntad de su fuerza y rapidez, y en éstos, podían hallar los medios necesarios para materializar sus deseos. No quiero continuar mi trabajo, sin antes dejar de consignar la satisfacción que tuve no hace mucho, al leer unas poesías exhumadas de viejos archivos españoles, por el profesor don Ángel Battistessa {!), que confirman mis preocupaciones y desvelos, al juzgar que no estaba completo el estudio de las costumbres de nuestros nativos, mientras no se analizase concienzudamente sus medios de vida. Dichas poesías decían así: "Las Volas, Cuchillo y Lazo en dicho País infiero que mucho más que el Dinero para comer son del Caso, (1) La prensa, 10 de octubre de 1941. Comentarios acerca de la conferencia dada en el salón de actos por el señor profesor mencionado

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pues cualquiera que de paso se le antoxa alguna Res, la bolea por los pies, el Lazo le arroxa al Cuello, entra el Cuchillo al Degüello y se la come después". Como se habrá podido observar, en esas poesías escritas en el año 1778 por un soldado de la expedición de Cevallos a la Colonia del Sacramento, se habla de boleadoras, lazo y cuchillo, y, al hacerlo, corroboran la tesis de que esas eran las armas esenciales y por consiguiente era a ellas a quienes había que analizar de una manera amplia, concluyente y metódica, para podernos adentrar aún más en el alma de los moradores americanos, ya que no se tenía otra fuente de recursos hasta la fecha que la poesía tradicional. El lazo y la boleadora fueron objeto de un estudio minucioso, sólo me faltaba ahora para completar esa trilogía, tratar de bosquejar el estudio del uso y de la esgrima del cuchillo que, sin agregarle el aditamento de las observaciones efectuadas al resto de armas blancas utilizadas por el gaucho, no hubiera sido completo para el mayor conocimiento de nuestro folklore. Fue esa la causa por la cual le adicioné a esta obra, el aporte de varios capítulos referentes al rebenque, al poncho y a la chuza, con sus refraneros respectivos para que traten de darnos una idea no sólo de las armas que usaron nuestros hombres de cepa nativa, sino también, de la influencia que ejercieron en sus espíritus.

ARMAS BLANCAS USADAS POR LOS C R I O L L O S

Se entiende por "armas blancas" a toda clase de instrumentos destinados para ofender o defenderse que no sean de fuego o arrojadizos. El gaucho usó el cuchillo en todas sus variedades, ya fuese el cuchillo propiamente dicho, el facón, la daga y el puñal. Además, empleó el estoque.

EL CUCHILLO El cuchillo es un instrumento de hierro acerado con un solo corte. Consta de una hoja más o menos larga, ancha y gruesa. Dicha hoja termina en punta y por su extremo opuesto se encuentra adherida o engastada a un mango de metal, madera o asta. A veces, los existió también encabados sobre piedras o arandelas de cuero revestidas en ocasiones por primorosos tejidos en tientos de cuero crudo. Los cuchillos no poseen gavilán sólo tienen una especie de nudo entre la hoja y el mango, que se llama "botón de la hoja". 24

Fotografía comparativa de armas blancas de la colección de don Carlos G. Daws, tomada por don Bernardo Bordeu. 1 Daga sin gavilán (Caronera) 2 Puñal, cuyo filo del último tercio ha quedado reducido a un simple chaflán. 3 Daga de nítido doble filo. 4 Pequeña daga. 5 Cuchilla. 6 Cuchillo común de 14 cms. de largo en la hoja. NOTA: los facones eran iguales a la daga que lleva el número tres, pero con filo de un solo lado.

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El cuchillo admite cuatro variedades o evoluciones. Dos de ellas aunque pequeñas, no dejan de darle sus características especiales: el puñal y la cuchilla- y dos que sufrieron transformaciones notables en su construcción, ya fuese en la hoja o en el agregado de una pieza intermedia entre la hoja y el cabo, llamada gavilán, genéricamente hablando. Estas dos variedades son el facón y la daga. La cuchilla es un arma parecida al cuchillo pero de hoja más ancha, al extremo de conservar su anchura hasta llegar a las vecindades de la punta y describir por tal causa (el íilo), una curva muy pronunciada que le da su característica esencial. La cuchilla, por dicha característica, despertó en el gaucho como tanto otro objeto de uso diario, su natural suspicacia. En la panza del filo de ella tal vez vio la "preñez del arma".

EL PUÑAL A esta arma designósele así por suponérsele caber entre la mano cerrada o puño, aunque más tarde adquiriese entre nosotros proporciones descomunales. Su hoja, de líneas más rectas que las del cuchillo, posee un extremo agudísimo y tiene filo de un lado íntegramente y una tercera parte (la de la punta), en el lado opuesto, es decir, en el lado del lomo, al cual se llama contrafilo. El puñal no tuvo gavilán, y, si lo llevó, no fue otra cosa que un abultado remate o botón de unión entre la hoja y el cabo.

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- SINONIMIA DEL CUCHILLO Y LA CUCHILLA -

(Tongorí, Fariñera, Mangorrero, Fiyingo y Flamenco) TONGORÍ.- Cuchillo con cabo de tongorí, es decir, con un cabo forrado con un trozo de aorta de vacuno o yeguarizo. FARIÑERA.- Cuchillo grande, sobre todo, de hoja muy ancha empleado antiguamente para cortar o servirse cada cual las raciones de "fariña" en las viejas estancias. En la actualidad suelen usarlo algunos peones para cuerear. MANGORRERO.- Cuchillo tosco y mal trazado hecho la mayoría de las veces con los restos de otros mayores. FIYINGO.- Voz tomada posiblemente de fiyo, que en castellano antiguo significaba "hijo". Voz gallega. FLAMENCO.- Estanislao del Campo llega a llamarle así al cuchillo, tal vez por las marcas traídas de Flandes desde tiempo inmemorial y de acuerdo con lo expresado en el primer capítulo de esta obra. "Cuando a usté un hombre lo ofiende, ya sin mirar para atrás, pela el flamenco y ¡sas! ¡tras! Dos puñaladas le priende. (Fausto) 27

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EL FACÓN Y LA DAGA El facón y la daga, son las dos variedades restantes del cuchillo, que han sufrido los cambios en su construcción, ya sea en el filo o en el agregado de una pieza intermedia entre el filo y el cabo, que se llama empatilladum, con su respectivo gavilán. Veamos sus características esenciales, estudiadas separadamente. EL FACÓN.- Voz aumentativa de faca, es decir, cuchillo grande. Entre nosotros, originariamente, el facón debió ser construido con restos de sables en desuso. El facón, como el cuchillo, tiene filo de un solo lado. Su punta es muy aguda. Es un arma mucho más larga y en proporción más delgada y angosta que el cuchillo, por lo cual su acero debía ser extraordinariamente noble, tan noble, que los peleadores con estas armas, antes de llegar a un sitio donde suponían que podía haber pendencia, lo probaban entre sus dedos o a golpes de uña, para descubrir en el sonido o en el movimiento del pandeo de la hoja, su grado de elasticidad y resistencia, como los tiradores con armas de fuego, prueban sus revólveres haciéndoles funcionar sus tambores o gatillos. La punta del facón es muy aguda. El facón siempre poseía gavilán y éste podía ser pequeño o grande, recto, en "S" o media luna, de acuerdo, únicamente, con los gustos de su dueño. LA DAGA.- La daga, en su origen y en Europa, fue una especie de puñal grande con uno, dos o cuatro filos. Ade-

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más su punta era muy aguda. Llevaba una guarnición como las espadas, aunque guardando, como es de imaginar, una determinada proporción a su tamaño. Su hoja poseía agujeros en las vecindades de su empuñadura, destinados a encerrar sustancias venenosas. La daga se llevaba pendiente del cinturón opuesto al tahalí que sostenía la espada o sable, es decir, que quedaba ubicada a la derecha del sujeto, o hacia atrás, sobre los riñones. Se usó mucho en la antigüedad en los duelos de armas dobles, por lo tanto, en los duelos aquellos en que se peleaba con una espada en la diestra y la daga en la siniestra. Cuando la daga poseía gavilán, era por lo general bastante grande y corvo hacia un lado y otro, de manera que pudiese parar los golpes, sobre todo, los dirigidos a la cabeza, o para aprisionar la hoja del arma contraria y romperla de una brusca tracción. Ahora, si la daga no tenía gavilán, poseía al menos un crucero, es decir, una pieza ovoidea que separaba la hoja del mango y sobrepasaba un centímetro o más por lado. Del crucero y dirigiéndose hacia la hoja, bajaba una chapa metálica, envolvente, de dos o tres centímetros de largo que se llamó empatilladura propia. Las constantes prohibiciones para su uso que en Europa sufrió la daga, y sobre todo el segundo Concilio de Pisa agregado a la generalización del empleo de las armas de fuego, hicieron que esta arma tuviese transformaciones notables hasta llegar a aparecer como simples puñales. Entre nosotros, la daga podía tener gavilán o no, y, cuando lo tenía era por lo corriente más grande que el del facón.

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Sus filos fueron infaliblemente dos, a derecha y a izquierda. Por lo común, las dagas eran construidas con restos de espadas o bayonetas en desuso. La hoja, en lugar de tener agujeros como la europea, solía poseer una especie de canaleta longitudinal sobre una faz y otra, y que la gente campesina la suponía para "efectuar las sangrías en forma". La daga de Juan Moreira mide ochenta y cuatro centímetros de largo contando la empuñadura. Su hoja, únicamente, tiene setenta y tres, y cuatro centímetros de ancho en la parte de su inserción en el cabo. Pesa alrededor de setecientos veinte gramos y le fue regalada al paisano por don Adolfo AIsina. Su gavilán había sido primitivamente en forma de "S" pero su dueño lo hizo corregir, dándole la de media luna o "U", para evitar que en sus innumerables peleas la parte entrante de la mencionada "S", hiciese resbalar los golpes de hacha del contrario y le cortasen el brazo o el pecho. Su acero es de tan magnífica calidad, que Eduardo Gutiérrez dice que el capitán Várela quebró su sable al pararle Santos con su filo un terrible hachazo. La daga, por lo general, no tuvo tan extraordinarias dimensiones y se registraron fuera de este tipo, otras variedades, como la daga "fachinera" y la daga "carenera". La primera debió tomar ese nombre por habérsela empleado en el corte de "fachinales", o sea, la paja usada para quinchar, crecida en los esteros de nuestro país. Estas dagas eran construidas corrientemente con los restos de las espadas rotas, por lo tanto, era un arma más chica que aquéllas. La

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daga carenera fue un arma como la anterior, pero tomando su nombre esta vez, del hecho de ser transportadas entre las caronas del recado. Ninguna de las dos llevaba gavilán.

ESTOQUE El estoque fue también un arma muy usada por el gaucho del siglo pasado, y, aunque no es una variedad del cuchillo, es un instrumento que en parte se maneja como aquél. Es, en realidad, una especie de espadín recto, sin filo y de punta muy aguda, puesto que ella es la única parte ofensiva del mismo. Su sección, que podía tener un centímetro y medio, más o menos, era redonda, cuadrada o triangular. El estoque no poseía gavilán y se le transportaba atrás, a la espalda, como a todas las armas blancas grandes que empleó el nativo para su defensa.

PARTES CONSTITUTIVAS DE LAS ARMAS BLANCAS En este capítulo estudiaremos las partes constitutivas del cuchillo, sus derivaciones o variedades y la vaina. LA HOJA.- La hoja del cuchillo está hecha de una lámina metálica más o menos delgada. Generalmente es de hierro acerado. Su temple se apreciaba con la uña, dándole un golpe y de acuerdo a sus vibraciones y sonido se apreciaba 31

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1. Hoja de daga. Filo de dos lados. 2. Empatillddura para facón con gavilán en "ese". La flecha (a), indica por donde pasará la espiga antes de atravesar al cabo. 3. Empatilltidura con gavilán recto. 4. Empatüladura con gavilán en "U". 5. Empatilladura con crucero. 6. Cabo de daga, facón, etc. 7. Vaina. Agarradera o boquilla (a) con su respectivo gancho (b). Cuerpo de vaina (c) y puntera (d). 8. Hoja de cuchillo. Filo de un solo lado. Sección (n), punta, de filo delicadísimo; (b) panza de! cuchillo, de corle bastante bueno, y (c) gavilán de regular filo. Esta sección era el hacha del gaucho, y (d) sobre el lomo, el martillo. Gavilán propio del cuchillo (e). Botón redondo {f), común en los cuchillos uruguayos. 9. Hoja de puñal. Filo de un lado y parte del otro. En la actualidad este último ha desaparecido. Botón de forma geométrica (a). Espiga (b) sobre la cual va el mango. 10. Hoja de cuchilla. Filo de un lado. Ovbsérvese su corte pronunciado en relación al cuchillo. Nota: La hoja del facón es semejante a la de la daga pero con filo de un solo lado, por lo tanto, tiene lomo, aunque muchas veces se le afílase en su vecindad al ápice.

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y valoraba su elasticidad y resistencia. La hoja del cuchillo era de forma isoscélica, cuyo lado menor lo constituía el lomo del mismo. En sus lados mayores podía observarse a veces, una especie de canaleta llamada sangrador (1). La hoja de las dagas ofrecía el aspecto de un rombo cuyos ángulos menores formaban el filo a un lado y otro. El resto de armas usadas por nuestros hombres de campo era una combinación de ambas en las diferentes partes del instrumento. A continuación detallo una lista de marcas de fábrica y nómina de introductores de hojas de armas, de acuerdo a la colección de don Carlos G. Daws, en nuestro país y desde el siglo pasado hasta el presente. "Guanaco": José Drysdale y Cía., calle Perú, Buenos Aires. E. H. "El Payador": Escasany Hnos., calle Rivadavia y Perú, Bs. Aiares. La Argentina: Manuel Casal, calle Buen Orden, Buenos Aires. Defensa: Médici y Cía., calle Cangallo, Buenos Aires. Dufaur: Dellazopa y Cía., calle Chacabuco, Buenos Aires. Arbolito: H. Bocker y Cía., Solingen, Alemania. Armería Bazar Nacional: Alfredo Cázalas y Cía. Libertad: Anezin Hnos., Buenos Aires. Tijera; Carlos Rasetti y Cía., Armería París. Medaüle d'Or: E. Montaigne.

(1) El sangrador debió hacerse para aumentar la superficie de cada cara de la hoja, y darle, por consiguiente, mayor resistencia, o para aliviar la pieza favoreciendo a su manejo sin cansar el brazo.

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Libre (Marca Registrada): Canelones, R. O. Uruguay. Acier fondú: J. M. Malhaos, Montevideo. A. Franchi y Cía., Cuyo 1121, Buenos Aires. Cuthers to her Majesty: Joseph Rodgers y Sons. Panizza y Cía., Artes 122, Buenos Aires. Corneta, Medail d'or: Exposición Universal 1878. El Pastor: Solingen, Alemania. A. Pelota: Scholberg y Gadet. Girasol: Lura Hnos., Rosario. Rosario de Santa Fe. Brucca, Scholberg y Cía. Broquia y Scholberg: Montevideo. E. Herder Arb- Sohn, Solingen, Alemania. Eroquia y Scholberg, Sarandi 250, Montevideo. Podestá e hijo: Gualguaychú, Entre Ríos. Sheffield: Mazeppa, Reus H. Sembol: Sommer y Cía. Condour: Sommer y Cía. Liege a Pelotas: Solver H.

Sheffield: Mantels y Peiffer. La hoja del cuchillo consta de punta, filo y lomo. La punta, es el extremo agudo del instrumento. El filo, la parte amolada del mismo, del cual el paisano sacaba consecuencias sobre su nobleza, cortándose la epidermis del índice y descubrir si tenía o no filván.. La sensación que produce su corte da la impresión acabada de su filo. El filo de un cuchillo abarca toda su hoja, siendo más delicado cuanto más vecino esté a su punta. Por lo general, el último tercio cercano al mango, es bastante grueso y se llama gavilán 34

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por la circunstancia, tal vez, de ser el más inmediato al verdadero gavilán de los facones y dagas. Esa tercera parte del filo era la que el gaucho usó de hacha. Cuando un cuchillo ha sido afilado muchas veces, su hoja se gasta y se torna abultada, espesa, al extremo de no tomar el "verdadero filo" deseado en un arma. Esta grosura de la hoja fue llamada haba por el paisano, en su deseo de juzgar una pieza, sin defectos de ninguna especie, que le descartasen en su utilidad, y, así como eliminaba a esas, también lo hacía con las que tenían mellas o rebabas. LOMO.- El lomo en los cuchillos es la parte gruesa y contraria al filo. El gaucho lo usó de martillo para golpear o clavar. El lomo suele tener labraduras en su superficie, hechas a golpes de lima, efectuadas como simples adornos o retenes, si en una lucha se hubiese visto en la necesidad de parar un tajo con esa parte del cuchillo. En ciertas variedades de cuchillos, al lomo también se le sacó filo, y, entonces, se le denominó contrafilo, como en el caso típico de la daga o sólo en una parte de la hoja (el último tercio de la punta), como en el caso de los puñales. La hoja del cuchillo se encuentra adherida al cabo por medio de un pívot, apéndice o vastago, formando un conjunto que se llama empuñadura o mango. Entre la hoja y el mango, que tienen una orientación vertical, existe una separación, diría, horizontal, que las divide íntegramente. Esa división está constituida por una pieza metálica que se conoce por empatilladura, con su 35

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respectivo gavilán (en las dagas y facones), y botón, en los cuchillos y puñales. El gavilán, por lo tanto, no es otra cosa que lo que en las armas blancas se entiende por guarnición, es decir, lo que se coloca en la empuñadura para defender la mano de los golpes del contrario. En la espada se llama cazoleta. EL GAVILÁN.- En los facones (exclusivo en esta variedad de cuchillo y accidental en las dagas), podía ser recto, en forma de media luna, en forma de "S", o constituirlo simplemente una arandela ovalada, llamada crucero. Se entiende por gavilán recto, cuando está formado por una pieza ubicada transversalmente entre el cabo y la hoja. Podía sobresalir de la hoja, desde un centímetro hasta cuatro, cinco y seis centímetros por cada lado de los correspondientes al filo y lomo del arma. Solía tener un botoncito en cada extremo, u ofrecer el aspecto de cabecitas de víboras, leones, etc., o terminar simplemente en una punta sin ser aguda. El gavilán en "S", era cuando esa misma pieza transversal recordaba el trazo de una letra como la referida y puesta de través sobre la parte superior del cabo del arma. El extremo que volcaba sobre el cabo del arma, iba hacía fuera, del lado del filo, de manera que hiciese resbalar para el mismo lado los golpes del contrario, y evitase también, las lesiones en el dorso de la mano que le empuñaba. Y, el extremo opuesto de la citada "S", se abría curvo hacia la parte del lomo del arma, de manera que podía recibir y

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Cinco facones, modelos de la antigua platería Anezín Hnos. Al primero de la derecha se le ha pintado un gavilán en "U" para que presenten en total la variedad íntegra de los mismos usados por nuestros criollos. Obsérvese la delicadeza de líneas impresas a estas armas, donde el nativo también dejó su sello de natural elegancia.

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parar los golpes tirados por el enemigo hacia el centro del cuerpo de la persona que le manejaba. A veces, esa misma curva, si era muy cerrada, podía aprisionar también la hoja del arma contraria, siempre que quien se defendiese, hubiese efectuado un rápido movimiento de muñeca en el instante preciso de haber detenido el golpe, lo suficientemente poderoso como para arrebatársela o quebrársela. El gavilán podía presentar también la forma de una media luna, es decir cuando la pieza antedicha ofrecía el aspecto de un arco cuyos extremos o cuernos miraban hacia la hoja del cuchillo. Su objeto era el mismo que el referido en los casos anteriores. Y por último, cuando el gavilán estaba constituido por una chapa ovalada y transversal a la hoja, que sólo servía para detener los golpes del adversario y no para quitar el arma enemiga. Otra de las partes constitutivas, o mejor dicho agregada a las armas blancas, fue la vaina. La vaina es una funda de cuero, asta, metal o la combinación de un material y otro, que sirve para encerrar o guardar las armas blancas, mientras se las lleva consigo o se las preserva del medio externo. La vaina consta de tres partes esenciales, que son: cuerpo de la vaina, boquilla con su gancho o retén, llamada agarradera, y puntera, llamada también en algunos casos, abanico. Cuerpo de vaina, es la envoltura propiamente dicha que ampara el arma. Si era de metal, podía tener labraduras hechas a cincel, o presentar su ornato sobre la base de lá38

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minas metálicas, caladas y soldadas al cuerpo central, llamadas solapes. La agarradera, con su boquilla o bocavaina es la parte de la vaina por donde se introduce el arma para guardarla, sin llegar a abrazar el botón del cuchillo, pues, si lo abrazara, dejaría de ser cuchillo pampeano para ser uruguayo, como siempre se ha dicho en esta región bonaerense. La boquilla lleva soldada (o cosida, si la vaina es de cuero) a su borde superior, una pieza de una figura más o menos triangular que sirve para mantener fija a la cintura, la vaina, es decir, trabada al cinto de manera que evite que aquélla se caiga o resbale. Dicha pieza se llama agarradera o gancho. Y, por último, la puntera, o sea el extremo inferior de la vaina, generalmente redondeada, con el objeto de impedir que lesione o moleste a quien la lleva.

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- MANERA DE PORTAR EL CUCHILLO -

Demostrada la utilidad imprescindible de llevar el cuchillo consigo, el hombre de campo buscó la forma de hacerlo sin que le molestase en sus movimientos naturales, para desenvolverse con soltura, y de que "saliese cortando". El salir cortando, significaba poderlo desenvainar sin tropiezos y listo para cualquier circunstancia, por más apremiante que ésta fuese. Por lo tanto, el cuchillo pudo ser transportado por una persona de las siguientes maneras que lo mantenían a su alcance: En el tirador o cinto y a la espalda. Esta fue la forma lógica y vulgar de transportarlo. Se hacía atravesado en la cintura y con una inclinación marcada de derecha a izquierda y con su punta para abajo. El filo del cuchillo quedaba para arriba (1). El cabo asomaba por el flanco derecho del sujeto que le llevaba. (1) Hay vainas en la actualidad que vienen cambiadas, como si hubiesen sido confeccionadas para zurdos, pues al poner el cuchillo enfundado en la cintura queda alterada la posición natural del filo, que debe ser para arriba. Tal vez obedezca tal error a la fabricación extranjera de las mismas, que fueron hechas sin consultar la costumbre nativa. 41)

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En el tirador o cinto y hacia delante. Es ésta, también, una de las formas corrientes de llevarlo. Se le ubicaba en la parte media (más o menos) de la línea del ombligo a la cadera diestra. Se le colocaba de arriba abajo y con una menor inclinación de derecha a izquierda que en el caso anterior. El filo iba para abajo. Por lo general era un cuchillo pequeño el que se llevaba allí, manuable, empleado en menesteres insignificantes de la vida diaria, como el cortaplumas en nuestros días. En la sisa del chaleco. Esta manera de llevar el cuchillo fue más bien de la gente allegada a las poblaciones que de la del campo, del "paisano urbano o gaucho a pie", como decía Rodolfo Senet. Si el sujeto era derecho en el manejo del arma, lo colocaba en la bocamanga izquierda del chaleco, de manera de poderlo desenvainar con limpieza en un momento de apuro. El filo quedaba para adelante. En el recado. En el recado sólo se llevaba el cuchillo carenero o la fachinera, es decir, los de grandes dimensiones. Se les acomodaba entre la carona y el basto o lomillo. La esgrima de la caronera era semejante a la del sable.. Su mango iba hacia delante y con el filo hacia la izquierda del caballo, o sea del lado de montar. En la liga. El cuchillo pequeño que a veces se llevó en la cintura y hacia adelante, en la época de la bota de potro, se supo también llevar en la liga que sostenía erguida a la 41

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caña de éstas. Más tarde, y aun en esos mismos años, las mujeres del país solieron llevarlo en la liga de las medias. Me refiero a las mujeres aquellas que fueron compañeras del gaucho, o compañeras del paisano morador de los suburbios pueblerinos. En un caso como en otro, estaban expuestas al desierto bravio o a las adversidades de la vida orillera, donde, en la mayoría de las veces, debían hacer "la pata ancha" y defenderse solas. Para poderlo hacer debían llevarlo a mano, y, para ello, lo transportaban en la liga de la media, con el filo para atrás si estaba en la pierna derecha, y el filo para adelante si estaba ubicado en la pierna izquierda, cosa de que saliese "cortando", como el cuchillo de los hombres, en cualquier parte que se llevase.

Cuchillo empuñado en el instante de desenvainarlo (visto de atrás).

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- E M P L E O DEL C U C H I L L O LA L U C H A -

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El gaucho usó del cuchillo en la lucha de dos maneras esencialmente diferentes para herir, Una, desprendiéndose del arma y arrojándola a distancia y la otra, sin desprenderse de la misma para hallar su cometido. En el primer caso sólo lo hizo accidentalmente y pocos ejemplos se encuentran al alcance de la mano en la historia o el romance de su vida. Su documentación la hallo clara en el juego de "la clavada" más que en ninguna otra argumentación, puesto que, si el paisano la practicó, fue porque encontró en ella una manera de ejercitarse en algo que alguna vez podría serle de utilidad. Y, en cambio, en la otra forma de usar el cuchillo, o sea la de emplearlo sin desprenderse de él, hizo de su manejo un arte difícil y peligroso que le ubicó entre los principales esgrimistas del mundo. Ahora, yendo por partes y sin dejar de apuntar sus características y circunstancias para afianzar tal hipótesis, no quiero continuar sin relatar una escena que, cuando niño, impresionó fuertemente mis sentimientos. Ella era la de observar a varios paisanos reunidos ejercitándose inconscientemente en el manejo del cuchillo arrojado a 43

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distancia, con el pueril pretexto de ensartar a un escuerzo. El que lo traspasase, cobraba el "dentro", es decir, el peso moneda nacional que cada cual había abonado previamente para poder intervenir en la justa. Más tarde, he visto "tirar al blanco" con el cuchillo. Para efectuarlo, lo tomaban a éste con la mano abierta y el dorso hacia abajo de manera que el cuchillo quedaba adherido a aquella por la simple flexión del pulgar sobre sí. Ahora, si el cuchillo quedaba "empalmado" con el ápice o la punta hacia adelante, con sólo media vuelta que el mismo diese para atrás en el aire en el preciso momento de habérsele arrojado a distancia, era más que suficiente para caer clavado a tres, cuatro, cinco o más metros de donde se impulsó el instrumento. Y, si el cuchillo había quedado empalmado con la punta para atrás y el filo para adentro, debía entonces dar una vuelta y media antes de clavarse en el lugar propuesto. En la mayoría de las ocasiones, una señal cualquiera en un árbol, por ejemplo, era motivo suficiente para divertirse y adquirir sin pensar la ambicionada baquía en su manejo. Por lo tanto, el simple pasatiempo de tirar el cuchillo "jugando a la clavada", no sólo fue un vulgar entretenimiento sino también, una evidente forma de practicar un sport, que, llegado el caso, podía prevenir para una defensa personal. Para demostrar lo anteriormente expuesto he guardado algunos documentos que ayudarán a da. fe de lo aseverado. En El Día de la ciudad de La Plata y del 20 de octubre de 1939, encontramos uno que dice así: 44

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Desde la distancia le clavó un cuchillo en la región inguinal,

"...a raíz de un cambio de palabras por cuestiones del momento, arrojó un cuchillo a distancia cuya arma se le clavó en la ingle izquierda..." Y, entrando en los ejemplos literarios, citaré el hallado en un libro de don Pedro Inchauspe, Allá en el Sur, que empieza relatándonos la manera que tenía un hombre de probar la resistencia de un cuchillo, "levantándolo a la altura del hombro y arrojándolo con fulmínea velocidad contra una bolsa de fideos que está a no menos de cinco metros de distancia; el arma brilla en el aire y se entierra de punta... con un sordo rumor de huesecillos triturados..." Más adelante y continuando la misma relación del autor arriba mencionado, veremos la forma de emplear el arma en contra del pesquisante que le ha detenido. Para esto, ha esperado cautelosamente el instante en que el hombre se distrae al montar a caballo, y "empuñando un caronero de hoja angosta que saca de entre las pilchas del recado, ... y, como antes, en el boliche, el arma corta el aire y con fatal precisión, va a enterrarse hasta el mango en los riñones del infortunado... policía, para recobrar de esa manera su perdida libertad". Estudiada esta forma de usar el cuchillo a distancia, veamos ahora su empleo sin desprenderse de él ante los animales embravecidos que le rodeaban, o ante los hombres, como una simple reacción a su defensa personal en las peleas. 45

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TAJOS PREDILECTOS POR EL PAISANO ANTE LAS FÍERAS

Siendo el cuchillo un arma liviana y de fácil manipuleo, es lógico que se prestase para una acción rápida en la defensa propia, ante las diferentes maneras de atacar de los animales salvajes. Veamos pues, las distintas reacciones de un nativo ante las sorpresivas acometidas de aquellos. A mi memoria acude el recuerdo de dos cuentos relatados hace años por un paisano correntino, hijo de un cazador de pumas. Los dos casos ponían en evidencia la intrépida audacia y la serena valentía criolla. Uno de ellos evocaba el instante azaroso en que se vio perseguido por un puma cebado, y con el caballo extenuado no tuvo tiempo más que para desmontar y escudarse tras un árbol, cuyo tronco le ofreció la seguridad de un cuerpo macizo interpuesto entre la fiera y él. Los ojos del felino, enrojecidos de hambre y de rabia, rápidamente buscaron la brecha para el ataque mientras el hombre le aguardaba cuchillo en mano. Uno, dos, cinco zarpazos brutales seguidos de otros tantos rugidos estrelláronse relampagueantes en el vacío. Cara a cara, los dos señores de la llanura, a feroz manotazo, controvertían la existencia, hasta que, más afortunado el hombre y con el brazo desgarrado alcanzó a envasar a la fiera en una terrible puñalada. El otro caso demuestra más acabadamente la valentía del nativo. Un día, le buscan los vecinos para informarle que sus majadas merman con prodigiosa rapidez, a causa de al-

Cinco puñales de la antigua platería de los señores Anejín Hnos. Como se sabe, el puñal tenía en su hoja, un corte íntegro de un lado y una tercera parte del otro, sobre el lomo, aunque, en la actualidad, este último se encuentra reducido a un simple chaflán desprovisto de filo. El cuarto puñal a contar desde la derecha de la figura, tiene el botón redondo, por lo tanto, es puñal uruguayo en nuestra zona pampeana.

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gún animal dañino que suponen un puma. Sale el paisano por los campos y espesuras, en procura del rastro que le delate la siniestra presencia del enviciado a la tierna carne de ovejas y corderos. Husmea en selvas y cuchillas e investiga en las aguadas, sobre todo, hasta que, una tarde y cuando menos se lo esperaba, halla las pisadas que le llevan hacia él. Camina y camina, con sus sentidos atentos y puestos en su tarea, mientras templa sus nervios en el diapasón del peligro. Sabe que si el animal se siente perseguido y cebado como está, va a atacarle de improviso, pero, sabe también que su brazo es firme y la daga que lleva no va a ser el primero que mata. De pronto, percibe su olor casi en el instante de mirar que la fiera se abre paso a través de los pajonales, y lanzar un potente gruñido. Como el hombre marcha a pie y en esa posición las fieras no saltan, rápidamente se ha trazado su plan de defensa. Le esperará erguido, con su mano izquierda envuelta en el poncho y su derecha lista para el tajo exacto que habrá de salvarle. De golpe, el bárbaro encontrón del animal y el hombre se produce, y, cuando éste reacciona se encuentra tumbado en el suelo con su mano izquierda emponchada en la boca del puma moribundo, y la daga metida hasta el cabo en la "olla" Otro caso como el detallado arriba lo podemos leer en La Prensa del 12 de octubre de 1941 y que dice así: SAN Luis .- Un puma dio muerte a un niño pastor en el Departamento de San Martín. (El padre de la víctima resultó gravemente herido al ultimar a la fiera). 48

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"Mercedes, septiembre 11.- En un lugar serrano del Departamento de San Martín, un puma dio muerte a un pequeño pastor que cuidaba una majada de cabras. "El niño, Carlos Suárez, de diez años de edad, al ver que la fiera había matado a varios de los animales que componían el rebaño confiado a su custodia, salió en defensa del mismo, siendo a su vez atacado y muerto por aquélla. "El padre del pequeño pastor, que llegó al lugar del hecho cuando el puma le estaba devorando, logró ultimar a la fiera a puñaladas, pero en la lucha que sostuvo con el animal resultó con heridas de tal gravedad que obligaron a trasladarlo a la Asistencia Pública de la ciudad capital".

Después de haber leído el anterior artículo, no pude menos que imaginar la escena en que aquel hombre, enloquecido de dolor y rabia ante la fiera, debió de escudarse con el cojinillo extraído con precipitación del recado -como lo dijeron Sarmiento y Lugones al referirse a las hazañas de los criollos-, y, entre zarpazo y cuchillada, disputarse los despojos del audaz niño. Otro caso que demuestra la reacción de los nativos ante algunos peligros, lo extraeré de una narración verídica aplicada en una novela de ambiente costumbrista que no hace mucho escribí. En ella he descrito una escena en la cual aparecía un joven atacado por una yegua embravecida, en las cercanías de un matadero particular que funcionaba en 1870, en la pequeña población de Chascomús. Dicha escena era así: 49

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"...otra yegua, no menos bravia que la anterior, acometióle a dentelladas como perro rabioso. "-¡No se dé güelta, patrón, espérela de frente!- Le gritó ansioso el Capataz al instante de correr a su lado. "Lejos de intimidarse el animal, amusgando las orejas y dando pequeños brincos, volvióle a atacar con renovados bríos tras vibrantes gruñidos de cerdo encolerizado. "-¡Espérela de frente, patrón, y sacúdale un talerazo! Le repitió Andrés, momentos anteriores de echársele encima caronera en mano. "-¡Toma, maula!- agregó al instante de blandir el cuchillo con trazas de sable extraído de bajo los lomillos, y asestándole un golpe de hacha en los tendones del pescuezo al unirse con la cruz. La yegua, como herida por un rayo, bajó la cabeza y quedó abierta de manos con el belfo al ras del suelo y el pecho tinto en su propia sangre..." Y, por último veremos otro ejemplo sacado de un libro de Leopoldo Lugones, donde se observará la maña de un nativo para detener un novillo yendo a caballo y en pelos. "...alcanzado el animal, desnudó su cuchillo, tendióse a la paleta del caballo, y cogiéndose con la izquierda a las crines, con la otra desjarretó. "Desplomóse el vacuno con un baladro. Sus ojos se cuajaban de sangre; distribuía cornadas en torno, mientras la gente lo chungueaba recordándole sus fechoría's..." En el siguiente capítulo estudiaremos el uso del cuchillo sin desprenderse de él y en la lucha del hombre con sus semejantes. 50

ESGRIMA DEL CUCHILLO

El uso del cuchillo por el nativo sin desprenderse de él, en el instante de la lucha, fue la manera habitual y razonable de efectuarlo. En esta forma fue como el gaucho se hizo famoso y se lució en la contienda demostrando su valor y su pericia en el manejo de esa arma. Sabemos que no tuvo otros maestros que sus propios compañeros deseosos como él de aprender la esgrima de las armas blancas, sin más artes que la intuición de cada cual ni más cartilla que su natural destreza. Su cuerpo magro, desprovisto de carnes, su agilidad ejercitada en el simple trabajo diario, su vista, acostumbrada a avizorar distancias y a descubrir aun lo imposible para otros que no sean de su estirpe, como en el caso del "rastreador"; su valor y audacia, puesta de manifiesto en miles de oportunidades y su fe en los dones que la naturaleza le diera, hicieron del gaucho un perfecto esgrimista del cuchillo. Leídas las anteriores páginas y vista la forma de ejercitarse en la maestría del arma mencionada, recordaré aquí algunas de las actitudes del criollo en el momento de la lucha mano a mano. Se entendía por "ponerse en guardia" a la postura adoptada por una persona para defenderse o atacar a otra. Fue51

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ra del "gaucho baratero", es decir, la mezcla del "gaucho cobarde" con "gaucho quiebra" o sea, el de malas entrañas, es decir, repito, el que buscaba la forma de "llevárselas de arriba" aprovechando cualquier circunstancia para agredir sin exponerse, era la que el hombre, de acuerdo con su idiosincrasia criolla, conservase no sólo su varonil apostura, sino que tuviese aun en medio de la lucha desplantes generosos. Cuando Juan Moreira "se disgració", o por mejor decir, mató por primera vez, lo hizo después de haberle arrancado un cuchillo a un mirón y de habérselo arrojado a los pies de su enemigo para que pudiese morir defendiéndose. Por lo tanto, el gaucho, estando en trance de pelear, empezaba por pararse frente a su adversario y ofrecerle su flanco derecho, si no tenía más que una sola arma, caso raro, si se quiere, pero lógico, por lo tanto hay que estudiarlo. Ponía su pie derecho dirigido hacia el frente, y, el izquierdo, detrás, en forma de quebrar perpendicularmente la línea anterior de su planta y guardar con mayor eficiencia el equilibrio total. Una débil flexión de las rodillas le hacían bajar el cuerpo sin hacerle perder su gravedad de aplomo, puesto que así le mantenía su cuerpo en equidistancia con sus piernas ubicadas convenientemente. El brazo izquierdo sobre la cadera izquierda y el busto inclinado hacia delante, completaban la elegancia de la postura varonil puesta en guardia, y peleando con una sola mano, como antes dije, más adelante veremos cómo lo hacía cuando empleaba las dos. Cuando avanzaba lo hacía de un salto, es decir, desplazando el pie derecho unos veinte 52

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centímetros o veinticinco, al instante de efectuarlo con el izquierdo en exacta simultaneidad, cosa de no bolearse en sus propios pies. Si deseaba ponerse fuera del ataque del contrario, lo hacía retrocediendo primero con el pie izquierdo hasta darle ocasión al derecho a que se afirmase, sin interrumpir su armonía de hombre valeroso que retrocede sin rehuir el combate. Y, cuando pensaba tirar una puñalada a fondo, o "puñalada larga" (como él la llamaba), lo hacía después de haber calculado la brecha de "entrada" al cuerpo del enemigo, por haberse descubierto imprudentemente, y lo hacía tras de recoger la pierna izquierda e impulsar con verdadera violencia a su cuerpo, a expensas del estiramiento brusco de su musculatura montaraz, y, con el arma firme hacia adelante, avanzar con fulmínea rapidez hasta llegar al punto imaginado. Yo he observado muchas veces en que se practicaba el manejo del cuchillo como un sport, que la gente de campo tiene una marcada predisposición para producir lo que en esgrima se llama ligamentos, equivalentes a una especie de invitación a que el contrario ataque para dominarle el cuchillo por cansancio, o por disponer de mejor manera al arma propia, como a continuación veremos. Sabemos que trataba de contener al cuchillo enemigo por la punta, con el tercio inferior del propio (llamado gavilán) o la mitad, por lo menos de la hoja pues de esa forma, le cansaba en demasía y con rapidez al contrario, además de disponer de mayor extensión de fierro en el momento que lo creyese oportuno. 53

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Sé, asimismo, que el paisano entendió por "parar o abarajar" las puñaladas, al acto de apartar el instrumento enemigo con el propio, es decir, lo que los esgrimistas cultos entienden por "quites". Otra forma de evitar los tajos, ya lo he dicho anteriormente, fue la habilidad que el gaucho tuvo "para mezquinar el bulto", saltando. Sus desplazamientos rápidos y elásticos de gato, le escabullían del alcance del enemigo. Ahora, el esgrimista nativo, para librarse del cuchillo por medio del cuchillo mismo, necesitó aprender a parar tres puñaladas esenciales, que a su vez, indicarán las que tenía por costumbre efectuar. Esas tres puñaladas las clasificaré independientemente unas de otras, y las denominaré de acuerdo con la pintoresca jerga paisana. Ellas son: 1) La puñalada tirada en punto alto o barbijo; 2) La puñalada tirada en un punto bajo o la que bajaba las tripas y que podía ser de profundidad, aunque esto no era corriente; 3) La puñalada efectuada en golpe de hacha o Dios te guarde, única de profundidad neta cuando la efectuó, y la producida con la parte plana de la hoja o planazo.

1) La puñalada tirada en punto alto, es decir, desde las costillas falsas hacia arriba, cuya zona podríamos subdividir a su vez en dos, que serían: 54

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a) La región comprendida entre las costillas falsas y el cuello, por lo tanto, la caja torácica. Esta región fue la menos atacada o quizás, la más defendida. En dieciséis de las peleas más duras que tuvo Juan Moreira, sólo en tres mató hiriendo en el pecho, según su biógrafo. Ni aun en la actualidad, se les oye decir a los paisanos que van a herir a otro en el pecho. Sus intenciones no son ésas, y más adelante veremos cuáles serán, aunque más no sea que como simples amenazas. b) La región comprendida entre el mentón y la frente de las personas. Esta era la puñalada generalmente predilecta en los esgrimistas criollos, pues, por ella, se podía marcar un "rumbo" en el rostro de un enemigo o pintarle el temido "barbijo". Sabemos que el gaucho no trató de matar en sus reyertas la mayoría de las veces, y, cuando esto ocurría era porque se "disgraciaba" sencillamente, o se le "iba la mano" sin querer, y la vida, fatal, lo había llevado al duro trance de terminar funestamente un asunto, sin haber tenido otra intención que la de "marcarle", "pintándole un benteveo" en la cara "pa' que le cantase todo el año" la afrenta recibida, que en realidad, sería la de cruzarle el rostro con el costurón de una cicatriz que le recordase a cada instante la huella de un puñal desenvainado en buena ley. Hernández dejó sentado en su inmortal poema el dolor y la reacción de que era capaz de despertar en un sujeto cualquiera una puñalada así: 55

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"Estuve un poco imprudente puede ser, yo lo confieso, pero él me precipitó porque me cortó primero, y, amas, me cortó en la cara que es un asunto muy serio."

El gaucho se defendía de las puñaladas descritas en a) y b), haciéndole describir al arma que empuñaba un arco de círculo de abajo hacia arriba, y de izquierda a derecha, que las echaba afuera del blanco perseguido. 2} La puñalada tirada en punto bajo, o sea la puñalada dirigida hacia el abdomen, desde las costillas falsas para abajo. ¡Esta sí que era una puñalada peligrosa! Era la elegida por el gaucho enardecido de odio o de celos, en los casos extraordinarios en que deseó matar, y, cuando eso ocurría, trató de "bajarle las tripas" a su adversario. A esta variedad de puñaladas se las ha citado a montones en cuantos libros costumbristas han aparecido escritos por autores de profundo conocimiento en el país. Hernández dio el ejemplo en varias partes de su poema: "Y el indio es como tortuga de duro para espichar. Si lo llega a destripar ni siquiera se le encoge, 56

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luego sus tripas recoge y se agacha a disparar...." o en el otro pasaje en que después de haber peleado Cruz, regresa sentenciando:

"Ay lo dejé con las tripas como pa' que hiciera cuerdas../' o en la ocasión aquella en que Martín, al entrar en una pulpería, tiene la mala estrella de encontrarse con el gaucho pendenciero y protegido del Comandante, que ha puesto en jaque a toda la comarca por sus bellaquerías, y, sin miramientos de ninguna especie, le desafía a pelear en la plazoleta del negocio. Instantes más tarde regresa Fierro diciendo:

"Lo dejé mostrando el sebo de un revés con el facón..." Es decir, que le abrió el vientre de un tajo. De manera, pues, que el gaucho, como el personaje de Hernández, cuando deseó matar, no tuvo otra pretensión que la de vaciarle el abdomen a sus enemigos, es decir, con un tajo superficial, antes que partirles el corazón para arrebatarles la vida. Ya dije anteriormente que Moreira en dieciséis peleas importantes que describió Gutiérrez, en tres mató hiriendo en el pecho y seis en el vientre, por lo tanto, el do57

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ble (1). Otra de las causas evidentes de lo aseverado, está en la costumbre que el nativo tuvo al usar su rastra en el tiempo en que su defensa personal se hacía por su propia cuenta. La rastra no fue otra cosa que un escudo natural y cómodo para llevar consigo a guisa de adorno y paquetería. La profusión de monedas constituían, a la par de un atavío vistoso, una jacerina, o una cota de mallas metálicas que le preservaban en cualquier instante, del tajo brutal en la región abdominal. Para defenderse de este tajo o tiro bajo, el paisano hizo al revés del caso explicado anteriormente, es decir que, volcando el arma hacia adentro, describió con ella un arco de círculo de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo. Y, por último, la puñalada tirada en forma de hachazo, o sea, la que a continuación detallo: 3) Golpe dado con el cuchillo de arriba hacia abajo, a manera de hachazo, llamado ¡Dios te guarde! Por el gaucho y fendiente por Don Quijote, y que llevaba la intención de partir la cabeza con su violenta trayectoria. El gaucho peleador a cuchillo no usó este golpe más que cuando quiso infringir un escarmiento burlesco, es decir, cuando quiso dar un castigo a un adversario considerado inferior en capacidad combativa. En realidad, lo desvirtuó, puesto que transformó su brutalidad en inofensivo escarnio. Lo llamó planazo, y lo dio con la parte plana de la hoja del cuchillo. El (1) El resto de las muertes fueron provocadas por otros elementos que no fueron cuchillos.

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Tres rastras, modelos de la platería Anezín Hnos. La rastra en combinación del cinturón, tachonado de monedas o no, fue el escudo natural y perpetuo que el gaucho llevó consigo, de acuerdo con la opinión del señor don Santiago H. Rocca, quien, como yo, así lo cree. El cinturón o cinto de cuero con bolsillos, llamado por el gaucho "tirador", fue puesto en uso por primera vez en nuestro país por los vendedores de pan, leche y agua en el año 1820, conforme a lo expresado por el viajero inglés Vidal. Después, la vistosa moda pasó al campo, donde se extendió rápidamente.

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filo quedó, por lo tanto, descartado como elemento ofensivo. El lugar elegido para el golpe también lo indica claramente Hernández por boca de Fierro, cuando dice: "Y en medio de las aspas un planazo le asenté../' es decir, en medio de la frente, como asimismo la forma de efectuar al mencionado golpe cuando Cruz le relata a su amigo, después de haber peleado con los policías, la manera que tuvo para castigar al viejito que le vejase enamorándole la mujer: "Con cuidao, medio de lejo, un planazo le asenté". Pero, a pesar de todos los ejemplos y aunque el gaucho no usara corrientemente de estos golpes de arriba hacia abajo, debió aprender a efectuarlos para los casos citados, o debió saberlos parar para evitar el planazo antedicho, o para salvarse de la acción de los sables de las partidas del Juez de Paz que así herían. Su defensa la encontraron con sólo poner el cuchillo horizontalmente por sobre la cabeza y con el filo hacia arriba. Fuera ya de los tiros predilectos y de sus defensas, únicamente me resta recordar que el paisano gustó sobremanera del amago, es decir, de la ficción de un ataque que por lo intempestivo, firme y decidido, inducía al adversa60

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rio a creer en la veracidad del mismo, para hacerle descubrir la guardia. Con astucia podía llegar a un fin premeditado, como era el de brindar una puñalada a gusto en medio de la pelea. En realidad, el amago, no era más que un envite aventurado y peligroso, que confirmaba, una vez más, la valiente decisión del nativo para bromear aun con la misma muerte.

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Yo creo que debería educarse ambas manos en todos los trabajos a que el hombre se dedique. Les ahorraría desgastes, cansancios e ineptitudes provocadas por desgracias o accidentes. Sin embargo, no sólo no se educan a las dos manos por igual, sino que a veces se les descuida totalmente. La consecuencia está en la enorme cantidad de zurdos que andan por el mundo, y, por el refrán que recoge la filosofía del vulgo, sabemos que muchas personas pueden ser más peligrosas "que hachazo de zurdo"... Por lo tanto, y de acuerdo con lo antedicho, de los seres que manejan el cuchillo con la mano izquierda hay que precaverse seriamente. Y hay que precaverse por varias razones que a continuación detallo: a) La dificultad de un derecho para coordinar un ataque cuyo blanco está invertido. b) La mayoría de los quites en una defensa se deberán hacer hacia el lado opuesto del normal. c) El zurdo puede volcar hacia adentro el filo del arma con mayor facilidad que el derecho y cortar el revés de la mano de su contrincante. Y, 62

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d) La pequeña diferencia en la dirección en el arma de un zurdo (línea longitudinal del cuchillo), provoca un curioso desconcierto a los derechos, tanto más notable cuanto más sorpresiva es la obligación de tener que parar un golpe de esa índole. Yo sé que se me dirá que si existen inconvenientes para luchar con un zurdo, lo mismo lo tendrán éstos al tener que enfrentarse con un derecho, pero, aquí agregaría yo, que lo que en uno constituye un hábito, en el otro es una dificultad surgida de repente, que puede costarle la vida. Por lo tanto, la sentencia del adagio antes mencionado, fue y seguirá siendo siempre una verdad incuestionable. Hace cincuenta o sesenta años, en Chascomús, vivió un hombre conocido por el mote de "el negro Emilio" y que fue el terror y pesadilla de peleadores y policías, por su extraña manera de combatir. El tal personaje era alto, fuerte, y tenía una curiosa agilidad no sólo en sus largos brazos, sino también en sus piernas, constantemente ejercitadas en las danzas y zapateos de los abundantes piringundines de la época. Jamás peleó armado, siempre lo hizo a "mano limpia", fiado en su estupenda agilidad, que le permitía desenvolverse con extraordinaria soltura. La intención la veía en los ojos de su rival, y el lumen que le acompañaba le hacía defenderse, en saltos felinos y en braceadas magistrales que le permitían tomar por la muñeca a la mano armada e inutilizarla, de un brusco tirón, que tumbaba de revés al enemigo. El negro Emilio, lo mis63

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mo empleaba para sus ataques una mano como otra, aunque tuviese una marcada predilección por la izquierda. Gutiérrez cuenta que Moreira, un día, deseando desarmar a un policía, tomó el propio cuchillo con la mano izquierda, mientras que, con la derecha, esperó la oportunidad de inutilizarlo. Breves instantes más tarde, el gaucho obtuvo lo que deseaba. Conocidos estos hechos, quise investigar el fondo de verdad que pudiera haber en ellos, para lo cual recurrí al volumen 95, edición 1939, de la Revista y Biblioteca del Sub-Oficial, en donde tomé los siguientes datos y hallé inspiración para las adjuntas viñetas, que demostrarán que los nativos, a pesar de su falta de técnica científica para la defensa de los diferentes ataques, supieron encontrarla por intuición en los momentos de peligro.

VIÑETA A Manera de defenderse de un hombre desarmado, por medio de su mano izquierda, de una puñalada y con torsión de la muñeca enemiga. 64

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El defensor, desde arriba, deberá tomar la muñeca de su contrario con su mano izquierda en un golpe rápido, a la vez de retraer violentamente su vientre hacia afuera. Efectuado esto, el defensor tomará con su mano derecha y desde abajo, la mano de su adversario, de tal suerte, que la abarque íntegramente por su dorso, hasta que, por medio de una fuerte presión hacia afuera, no sólo le tuerza el brazo, sino que le doble para atrás la muñeca hasta hacerle saltar el arma. (Viñeta B)

VIÑETA B

VIÑETA C

El defensor, después de haberle parado el golpe al contrario sosteniéndole de la muñeca con su mano derecha, deberá efectuar un giro sobre su pie izquierdo hacia la derecha, (viñeta C) a la vez de colocarse delante de su adversario, abrazándole el miembro superior armado, y, con sus dos manos, torcionarle violentamente la mano armada, hasta hacerle caer el arma después de dislocarle el codo, como se puede ver en la viñeta D. Ahora, si en lugar de haber efectuado un giro sobre el pie izquierdo, se hubiese podido dar un tirón hacia la derecha del brazo 65

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enemigo, tras de haberle tomado por su muñeca como se ve en la viñeta C, la mano izquierda, apoyada sobre el codo (Viñeta E), podrá presionar lo suficiente como para echar de bruces al adversario y dislocarle en la articulación del codo.

VIÑETA D VIÑETA E Manera de defenderse de un hombre desarmado de una puñalada, por medio de su mano derecha y con torsión del brazo enemigo y dislocación de la articulación de su codo.

ARMAS DOBLES

CUCHILLO Y REBENQUE En realidad, el estudio hecho en el capítulo anterior, o sea, La manera de emplear el cuchillo sin desprenderse de él, ha sido efectuado sobre la base del análisis de un esgrimista criollo consumado, peleando con una sola mano, pero en la generalidad de los casos, no era éste el más corriente. Lo habitual era que el nativo pelease con armas dobles, es decir, con un cuchillo, facón, daga o puñal en una mano, la derecha, y, el rebenque o el poncho en la izquierda. En esta ocasión, la actitud del homb 'e variaba de lo antedicho, puesto que ahora debía presentarse a su adversario casi de frente, conservando avanzado hacia el mismo su pie derecho. La mano izquierda debía atajar en especial, los tiros dirigidos hacia abajo, y la derecha, los dirigidos hacia arriba, sin constituir una regla, puesto que el hombre, en realidad, la mayor parte de las veces, se cubría como podía, utilizando como fundamento su extraordinaria agilidad para "mezquinar el cuerpo", en constantes y rápidos saltos hacia un lado y otro, con las piernas abiertas. El saber manejar el rebenque con la mano izquierda significaba un serio aprendizaje que, al final, se obtenía gracias 67

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a la estupenda agilidad del hombro, brazo, muñeca y sentido visual del sujeto. Sobre todo, esto último, la vista. Con ella, no sólo se podía aprovechar el menor descuido del enemigo para propinarle un golpe, sino zafar de los suyos dándole el frente sin volver la espalda en vergonzosa huida. El saber manejar el rebenque en la pelea era más difícil tal vez, que el manejar el cuchillo mismo, puesto que aquél no tenía ni filo ni punta como éste para herir cuando la circunstancia se lo ofrecía y sólo había que hacerlo a expensas de la reciedumbre del golpe dado. Además de la vista, debemos también considerar el grado de reacción de una persona ante un ataque. Sabemos que la mayor parte de los golpes en un ataque nacen inmediatamente después de haber parado otros, y sabemos también que, aunque sean faltos de vigor no dejan por ello de poder surtir su efecto. Sin considerar que la intuición de cada esgrimista, le hace aplicar, cuando la oportunidad se le ofrece, el golpe de su preferencia, que únicamente efectúa como una defensa personal propia, hecha en las grandes solemnidades y cuando su verificación puede ser una revelación de extraordinaria efectividad. Sabemos que el cabo del rebenque puede tener alrededor de unos cuarenta centímetros de largo, y unos cincuenta, su lonja. El grosor de dicho cabo en su mango es de unos cuatro o cinco centímetros de diámetro. Para poderlo emplear como arma contundente, el paisano se lo envolvía por su lonja en la mano, no quedando por lo tanto firme el cabo en ella, sino débilmente movedizo, y como quebrado por una bisagra entre la mano y el palo. De esa manera le podía 68

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accionar con soltura. Los golpes tirados por el paisano por medio del rebenque podían reducirse a éstos:

GOLPE A LA MUÑECA Y GOLPE A LA CABEZA DEL CONTRINCANTE En realidad, el rebenque y en el instante de la pelea, solíase mantener horizontalmente hacia delante y a la altura del corazón, por lo general, inmóvil o en pequeños movimientos como tentando a la codicia del adversario en atacarle. Si éste llegaba a haceilo, parábale sus golpes de dos maneras diferentes, ya fuese describiendo un arco de círculo de arriba abajo y de derechc a izquierda, cuando se trataba de tiros bajos, o, lo menos común, de abajo a arriba y. de derecha a izquierda, cuando eran tiros altos (dejados la mayor parte de las veces para el quite con el cuchillo). Esta defensa era hecha como algo instintivo para apartar el hierro del cuerpo, y, por lo general, se aprovechaba para hacerlo no sólo para apartar el hierro mencionado, sino para pegarle al contrario en la muñeca o mano, "cosa de hacerle bajar los brazos", es decir, inutilizarle el arma misma. Claro que en algunas ocasiones el golpe no alear zaba a tocar la muñeca, pero, entonces, podía al menos desviar la hoja del cuchillo. En otras ocasiones, el amago con el cuchillo, hacía descubrir la guardia del contrario y ofrecía así la oportunidad para poderle castigar con la mano izquierda armada con el rebenque. Para efectuarlo había que haberle llevado a la altura de la cabeza 69

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(con el diámetro transversal extendido oblicuamente hacia atrás, y haciéndole describir un semicírculo ligeramente inclinado de izquierda a derecha, acompañado de un rápido cambio de pies en el instante del salto) para descargar el golpe de garrotazo. Cuando de niño, tuve de condiscípulo a un chiquilín que llamábamos por el sobrenombre de el Negro Acosta. Más tarde le supe pendenciero y hábil en el manejo del cuchillo. Hasta que, tras el recodo de unos quince años por ausencia mía del pueblo, volví a verlo, pero esa vez, tendido en el suelo, desmayado de un garrotazo con el cabo de un rebenque. Recuerdo que al oir el golpe a cien metros de distancia, y el alarido brutal que dio al recibirlo, me hizo concurrir al lugar del hecho y enterarme de lo que había pasado. Los testigos presenciales que allí habían me informaron del suceso y, de esa manera, vine a enterarme de cómo habían peleado armados de rebenque y cuchillo cada cual, llevando la peor parte mi compañero de infancia.

Mano armada de rebenque. El gaucho, a veces, en lugar de envolver a la mano con la lonja del rebenque como anteriormente lo expresé, solía hacerle un nudo a esta de manera que le permitiese tomarlo entre el mismo, y la paleta, para que no se le resbalase en el instante de la pelea. Por lo general, al mencionado nudo, lo efectuaba con disimulo en medio de cualquier discusión, que imaginase originaria de un trágico desenlace.

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CUCHILLO Y PONCHO El poncho es otra de las prendas de uso personal que más servicios prestó al gaucho. Su origen es desconocido, aunque se le supone verdaderamente autóctono por serios fundamentos. Uno de ellos, el más importante, es la absoluta carencia de mención sobre el mismo en los documentos y bibliografía que no sea sudamericana. Se le vio aparecer por primera vez en los ejércitos nacionales, junto con el pañuelo en el regimiento de Dragones de la Patria, en el año 1810. Como se sabe, el poncho es una prenda de lana, paño o seda de forma cuadrada o rectangular, ribeteada de flecos en dos o cuatro lados, con una abertura en el centro para poder pasar la cabeza por ella, y dejarlo calzado sobre los hombros de la persona que se lo haya puesto y caiga en pliegues armoniosos, cubriéndole el cuerpo. El poncho le sirvió al indio y al gaucho de abrigo contra los tajantes fríos del desierto, o de capa para guarecerse de la lluvia. También lo usó de cobija cuando durmió en su cama o la improvisó con los elementos de su recado. Lo mismo lo empleó de tapete sobre la tierra criolla cuando se armó una partida de naipes en pleno campo. En el partido de Pila existió un hombre que llevaba en su tirador un mazo de cartas junto al dinero, al pañuelo y al cuchillo. Le era tan imprescindible a su ajuar volante como al guerrero, sus armas. Lo utilizaba a cada instante, y los adversarios en el juego los encontraba entre los vecinos que, como él, andaban de recorrida por el campo. Ataban los caballos 71

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en las matas de pasto y tendían la mesa por medio del poncho sobre la tierra. Lo he citado a este caso, porque al principio lo creí curioso y después lo supe casi normal en la zona, puesto que existieron allí muchos hombres como el hombre de mi recuerdo. Y el nativo usó también al poncho como bandera o divisa, cuando los enconos fraticidas o los deseos de independencia, desataron sus impulsos de hombres libres capaces de aceptar la muerte, antes que rendirse a agobiantes tutelas. Es sabido que el poncho de Rosas era cojo, como así celeste el de Lavalle. X empleó también al poncho de sudario en las oscuras mañanas en que sus sentimientos, resquebrajados por el dolor, se lo exigieron para envoltura de los restos que Rieran caros a su amor en la vida. Han existido varias clases de ponchos. Ei poncho de cuero, el poncho pampa, el poncho calamaco, el poncho patria, el poncho puyo y los vulgares ponchos de lanc> o vicuña. EL PONCHO DE CUERO.- Primitivamente se usó en la campaña de la provincia de Buenos Aires, una clase de poncho confeccionado con cuero de potro sobado, semejante al poncho patria. Por lo general, ese poncho se llevaba de bajera en el recado, para poder ser utilizado cuando las circunstancias lo exigiesen. EL PONCHO PAMPA.- Se llamó poncho parrpa a cualquier clase de poncho de tejido basto y manufacturado con lana

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de oveja o guanaco, traído a la región bonaerense por los indios pampas y araucanos por excelencia. Otra de las condiciones esenciales era la de ser de cualquier color o combinación de éstos, siempre que no entrase como fondo terminante el rojo. EL PONCHO CALAMACO.- El poncho calamaco era una prenda como la anterior, donde el rojo primaba en absoluto. Fue semejante al pampa en tamaño, y podía tener poco más o menos de un metro con cincuenta centímetros por dos metros con diez. EL PONCHO PATRIA.- Este poncho era igual al de cuero en forma y dimensiones pero, como se comprenderá, diferenciándose en material de obra. Este era de tela de paño gruesa y de color azul, con forro de bayeta, cuello y abertura cerrable con botones al pecho. Fue un poncho impuesto por el ejército a los soldados de la Nación. EL PONCHO PUYO.- El poncho puyo es semejante a los anteriores y es originario del Chaco Occidental. Su forma corriente es cuadrada y no rectangular, como los anteriormente citados. Su tamaño puede variar de un metro a uno con cuarenta centímetros por lado. Se parece a nuestras matras pampeanas. Tiene una especie de felpa por un haz y su tejido es grueso, pudiendo tener "boca" o no. Este poncho fue cuanto más pequeño más empleado por los nativos vecinos a los lugares boscosos o montañosos, puesto 73

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que al ser menguados en tela, evitaban desgarros en sus alas sueltas, o no molestaban a las personas que los portaban. Los guarda-montes usados en la región, compensan al caballero en parte la escasez del poncho puyo y ponen en evidencia la necesidad del mayor tamaño del poncho pampeano, donde la ausencia de ramas y espinas, permiten abrigar las piernas sin ampararlas del áspero medio externo. Indudablemente dentro de todas estas variedades existieron otras, como las chalinas -especies de bufandas-, que constituyen en la actualidad, atavíos de linaje criollo. El poncho tuvo también otras razones fuera de las naturales para ser apreciado. Ellas son las ofrecidas por las diferentes combinaciones de hilos en su confección y las del material empleado en su manufactura. Se sabe que en la pampa solamente se usó lana de oveja y de guanaco, en los telares nativos para su fabricación, pero se sabe también que en ella se utilizaron ponchos de otras procedencias, como la inglesa, como los ponchos de bayeta listada del siglo pasado, o los ponchos de vicuña y alpaca del noroeste argentino, sobre todo los de vicuña, accesibles a las personas de dinero. Es proverbial la delicadeza de estos ponchos. Yo he visto uno de tamaño natural de ese material que pesaba escasamente doscientos ochenta gramos. Con ello significo su maravilla y la excelencia de los obreros nacionales. He conocido también, ponchos hechos con las fibras algodonosas que cubren las semillas de la bitaca, o palo borracho (chorisia insignis), o ponchos 74

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confeccionados con hilo, seda o la sustancia sutil de otro bombícido, el eceticus platensis, Berg, llamado "bicho de cesto", que se cría gigantesco en los algarrobales del norte, y los nativos de la región por medio de agua caliente, extraen de sus capullos una hebra joyante que utilizan como material textil, para la fabricación de *aS ponchos. Ahora bien, el poncho le sirvió al nativo, o por mejor decir, al gaucho, además de abrigo, de adarga o escudo en sus reyertas, y, aunque parezca una paradoja, diré que esa prenda de cobijo fue una especie de arma capaz de producir verdaderos desconciertos en una pelea. El peleador con poncho debió adoptar frente a su rival la misma posición que el peleador con rebenque en una mano y cuchillo en la otra, es decir, que le ofrecerá casi el frente para poder accionar con ambos brazos con soltura. Para ello, envolvía con dos o tres pasadas el poncho (1) en su mano y antebrazo izquierdo y levantaba la mano al frente, y casi a la altura de la boca, mientras dejaba caer el resto del poncho hacia el suelo, hallando con eso, en primer lugar una defensa para su extremidad izquierda que sabría parar los golpes del cuchillo contrario, y, en segundo lugar, encontraría en la manta una azotera para poder castigar con ella a voluntad y dar ocasión a que su dere(1) Las acusaciones que los enemigos le hicieron a Luis de Miranda, después de la destrucción de Buenos Aires en 1541, confirmaron que aquél, en cierta vez, entró en una casa con la espada desenvainada en una mano y la capa revuelta en la otra... Luis de Miranda, por Enrique de Gandía.

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cha accionase. Con el poncho podía apartar hacia afuera los tiros bajos, especialmente, y podía también, envolver al cuchillo enemigo u ofenderle en el rostro en cuantas oportunidades lo creyese conveniente, sin olvidar que le servía asimismo de acicate para incitarle en la pelea al contrincante, como lo deja entrever Güiraldes en "Don Segundo Sombra", de la siguiente manera: "...El forastero se acercó y, confiado, como quien juega con un chico, tiró a su contrario una cachetada con los flecos del poncho. Antenor hizo un imperceptible movimiento y el poncho pasó sin tocarlo"... que fue lo suficiente para hacer comprender al mozo que si no se defendía como debía, le menoscababan su prestigio de hombre. Y, tan fue así, que dejó de "buscar la carreta, donde se había dado el lujo de pelear a pie firme", y, de espaldas contra ella, aguardó el momento oportuno para saltar en procura de cancha limpia que le dejase desenvolverse con facilidad, puesto que el asunto iba de veras. Además, con el poncho tomado así, es decir, envuelta una parte en el brazo y suelta la otra, se podía en algunas circunstancias tratar de que el enemigo, en el calor de la lucha, le pisase o se le enredase en la nazarena de la espuela -si es que el apuro no le había dado tiempo para quitársela- y, desequilibrarlo de un recio tirón y aprovechar la situación crítica para brindarle una puñalada determinada, como lo recuerda Hernández al hablar de Martín Fierro, cuando nos dice:

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"...Me fui reculando en falso y el poncho adelante eché y en cuanto le puso el pie uno medio chapetón, de pronto le di el tirón y de espaldas lo largué..." Hace tiempo tuve ocasión de observar un poncho después de un combate. Tenía cerca de ochenta tajos y, aunque por los dobleces que pudiera haber tenido en la mano y una misma cuchillada hubiese hecho varios, no dejaba de dar la acabada impresión de su utilidad en la pelea. Antes de terminar este capítulo, no quiero dejar de relatar un caso curioso que me contara don Bernardino Ledesma, anciano de noventa años nacido y criado en el partido de Chascomús, que demuestra una vez más la utilidad del poncho en la pelea. Me decía que, en sus mocedades, conoció un paisano que se llamaba Fernando Luna, hombre recto, de nervios bien templados y capaz de enfrentarse a cualquier cuchillero profesional, sin que él hubiera sido uno de ellos. Y me contaba que en una ocasión lo vio pelear solamente con el poncho contra dos hombres armados, después de haberle sido arrebatado el cuchillo a traición, hasta que llegó la policía y los separó. Para poder hacerlo, tomó el poncho arrollado de los dos extremos con ambas manos, dejando una separación entre ellas un poco mayor que el ancho del cuerpo. Subiendo o bajando uno 77

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u otro de los brazos, o los dos a la vez, interpuso en todo momento entre sus enemigos y su persona una cuerda tensa, acompañada de saltos ágiles y rápidos cambios de pie, que le impidieron que lo hiriesen.

Posición de una mano armada dispuesta a cortar cualquier sustancia. El dedo pulgar, como ya lo dije, es el que imprime la fuerza de resistencia sobre el lomo, mientras el resto de dedos aprisionan y mantienen fijo al cuchillo por el cabo. El gaucho hombre práctico por excelencia, descubrió que de esa manera podía mantenerlo firmemente y mejor que de ninguna otra forma.

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ARTIMAÑAS CRIOLLAS

Cuentan viejos paisanos y escritores folkloristas, que el gaucho usó ciertas artimañas en la pelea para doblegar la resistencia de sus adversarios. Una de ellas era la de "trabar la espuela", aunque yo la creo rara, puesto que el nativo se descalzaba de las mismas, para pelear con soltura. Lo más probable sería que le pisase el pie en el momento de empujarle con el arma hacia atrás, para hacerle caer de espaldas. Otra, la de echarle tierra a los ojos, ya sea con la punta del cuchillo en el instante de recular en busca de mejor posición en la lucha, o la de tomarla con la propia mano, como dice Cunninghame Graham en "Los Pingos", al recordarlo a Garlitos. Pero, tanto en uno como en otro caso, y aun en el de "pegar con los flecos del poncho suelto en los ojos", no fue más que para terminar de una vez en un lance en que ambos contendientes gozaban de igual maestría en el manejo de las armas, y deseaban suplir con astucia el menor descuido del adversario; o para incitar en la pelea al otro; o para compensar en una lucha desigual el valor de uno peleando solo contra cuatro o cinco enemigos, como en el caso de Fierro, cuando varios soldados le acometen por todas partes, y es necesario defenderse. 79

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"...Y p^r el suelo la punta de mi acón les jugué... ...Y antes de que diera un paso le eché tierra en los dos ojos... y mientras se sacudía refregándose la vista yo me le ""ni como lista y hay noi.iás me le afirmé..."

Además de estas artimañas, existieron otras como la de herir en la frente al contrario, para que la hemorragia le encegueciera con ía salida de la sangre y le imposibilitase seguir peleando. Moreira solía hacerlo, sobre todo cuando no deseaba matar.

Posición natural del cuchillo en un hombre comiendo carne. Nótese que el dedo que st apoya sobre el lomo es el pulgar, y no el índice, com^ se hace en la actualidad.

SUPERSTICIÓN, CREENCIAS Y V O C A B U L A R I O DEL CUCHILLO

La superstición nativa también hizo sus bazas en el empleo de las armas blancas. Es así como el paisano de nuestra tierra, creyó que el dar un cuchillo por el cabo, significaba el deseo de observar no sólo la cortesía, sino la amistad con la persona a quien se lo ofrecía. En cambio, darlo de punta, indicaba desprecio y, en ciertos casos/ desafío. Un cuchillo jamás fue objeto de regalo, y, en trance de efectuarlo, se "vendía o cambiaba por una insignificancia cualquiera", con tal de evitar en el futuro un rompimiento de amistades con la persona obsequiada. El soñar con el cuchillo presagiaba próximas desgracias o contrariedades de valía. Dejar un muerto con la cara para arriba, en el apurón de. la huida, presumía un rápido esclarecimiento del crimen. Matar con una daga sin cruz, es decir, sin gavilán, indicaba el deseo de que el muerto no descansase en la otra vida, de la misma manera que él no descansó hasta cumplir con su siniestro destino. Los cuchillos "perdidos", o sea aquellos que por una circunstancia u otra hubiesen estado fuera de uso, aban81

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donados en cualquier rincón, desapercibidos, eran reservados para trabajos en sogas. Alguien me dijo que tal vez el óxido adherido a su hoja, influyese para que la misma perdiese su temple y se tornase por tal causa, "blanda", en especial para tales menesteres.

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EL C U C H I L L O U S A D O COMO D E T E C T O R DEL SONIDO Y COMO L O C A L I Z A D O R DE C I E R T O S OBJETOS EN MOVIMIENTO

El cuchillo, clavado en el suelo, pudo ser empleado de dos maneras por nuestro hombre de campo: a) Cuando aplicando su oído a la hoja descubría por sus vibraciones, el origen de ciertos sonidos como el paso de una carreta, el tropel de un malón, el galope de un jinete o la lucha entre los animales por simple selección sexual. Me contaba un amigo que su peón diferenciaba perfectamente el trote de un caballo con jinete, de uno sin él, especialmente en las noches en que los mosquitos hacen mover solos a los animales. b) Cuando deseaba saber si un objeto se movía a la distancia o cambiaba de sitio tratando de eludir su observación. Para ello lo tomaba al cabo y a otro objeto cualquiera, cercano, de puntos de mira, como en las armas de fuego, y, enfilados, descubría si el tercero mudaba de lugar o no. 83

INFLUENCIA DEL CUCHILLO EN LA TOPONIMIA NACIONAI

Analizando el mapa de nuestro país, se observará que la toponimia de muchas regiones obedece a la imagen real del cuchillo o a un predicado del mismo. Así, por ejemplo, veremos que en las provincias de Entre Ríos y Corrientes existen levantamientos de tierra llamados cuchillas, porque su perfil o silueta a la distancia, recuerdan la curva del filo de una cuchilla puesta de lomo sobre la línea del horizonte. En la gobernación de La Pampa Central, hay un departamento denominado Lihué Calel, que posee a su vez una región conocida por el expresivo vocablo iberoaraucano de Cuchillo-co, es decir, lugar de donde brota el agua con sólo cavar con el cuchillo.

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ESGRIMA DE LA C A R O N E R A

Ya dije que la daga o cuchillo caronero, era un arma manufacturada la mayoría de las veces con hojas de espadas o sables rotos. Por lo tanto, sin ser como estos, era un arma de grandes dimensiones que se llevaba de auxiliar a las otras con que el hombre de campo podía defenderse. Sabemos que la portaba bajo las caronas de su apero y que desde su escondite podía ser desenvainada con soltura. Las careneras (o fachineras, igual) carecieron de gavilán y sus vainas fueron hechas de cuero crudo. Su esgrima pudo ser como la del cuchillo o como la del sable, a la cual también estuvo habituado el gaucho, puesto que siempre fue soldado aunque la patria no lo llamase. Si fue como la del cuchillo huelga toda explicación por todo lo antedicho, y si fue como la del sable, lo más probable por su forma y características, la posición del hombre en guardia debió de ser así: puño derecho a la altura del hombro y bastante separado del cuerpo, a expensas de la abertura del brazo y de la mediana flexión del brazo con el antebrazo. Hoja oblicua de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha hasta llegar al puño. El filo hacia el frente dispuesto a cortar o a parar cualquier golpe. 85

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Tres fueron los golpes predilectos: a la cabeza, al pecho y al brazo del adversario. Las paradas, semejantes a las estudiadas para el cuchillo. A LA CABEZA.- Llevada la caronera hacia atrás por un movimiento efectuado con la mano derecha poniendo el puño de la misma casi en el hombro izquierda, descargará el golpe con extrema violencia, como si dijéramos de zurda con la derecha. AL PECHO.- Llevada el arma por detrás de la cabeza de quien la usa, la descargará fuertemente sobre el lado izquierdo de su enemigo, con un corte oblicuo de unos sesenta y cinco grados de transportador. AL BRAZO.- Corte semejante al primero, o sea al de la cabeza, pero como se comprenderá, más bajo. Estos han sido los golpes empleados para atacar en forma de cortes/ y, a la par de ellos, los nativos hicieron otros que tuvieron el fin de herir de frente, es decir, con el extremo del arma. Para verificarlos, lo hicieron aprovechando una circunstancia determinada, por lo general nacida al parar un golpe. Para ello tuvieron que recoger el puño armado hasta la axila y de allí empujarlo con decisión hacia adelante, tratando de herir en el abdomen o el pecho del adversario. Si el puntazo se dirigió al abdomen, se habrá tenido que orientar el arma de manera que pasase por arriba o por debajo de la rastra.

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Juan Moreira alguna vez también usó el puntazo dado con el cuchillo. En una de sus tantas peleas, tuvo que sostener el cuerpo de su enemigo con la rodilla, para desprenderlo de su espinazo después de haberlo atravesado desde el vientre.

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EL REBENQUE

El rebenque es un azote con cabo de madera o hierro, (1), o una varilla de este metal por la cual se han enhebrado virolas de plata, cuero, asta o hueso (tibia de yeguarizo), que tiene en un extremo una manija u ojal del tamaño de una pulsera p¿ ra colgarlo de la muñeca, de los dedos, o del cabo del cuchillo. Y, en el otro extremo, dos lonjas de cuero de vacuno sobadas y unidas por sus orillas por una costura, que no llegará más allá que hasta cinco o seis centímetros antes de cubrir su borde, para quedar libres en ese punto y golpea/se entre sí en el instante del azote. Esos extremes se llaman "lenguas" y a veces especifican la variedad del rebenque, como ser "el rebenque de dos lenguas". Además, dicha lonja en total es de diez o quince centímetros más larga que el cabo del rebenque. El rebenque, fuera de constituir un implemento del recado gaucho y de servir para ostimular a la cabalgadura, fue usado de mordaza para inhibir por el dolor a los redomones por (1) En las montoneras se emplearon cabos de rebenque hechos con trozos de caños d*, fusiles, retobados en cuero, para esconder en su interior los partes o documentos de guerra.

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Ingeniosas fantasías criollas. Puñal aplicado al cabo de un rebenque cuyo desenvaine se efectúa a expensas de un resorte. Fotografía tomada de una prenda de recado de don Rodolfo Di Ció.

Rastra que evidencia lo expresado de que ella no fue otra cosa que una especie de cota, o escudo fijo a la cintura del gaucho como una simple defensa natural. La presente rastra perteneció al señor Lino Cabanillas, quien la mandó a hacer a un platero de Dolores entre los años 1830 y 1840, y rne fuera facilitada la oportunidad de fotografiarla por su actual poseedor, nieto de su primitivo dueño. Fotografía del Sr. José Balach.

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medio de la manija, retorcida al belfo, mientras se les ensillaba, y, fue también empleado como elemento contundente de primer orden, en caso de tener que hacerlo a falta de otra arma. El rebenque se diferencia de \afusta (extranjera), en que ésta posee la lonja más corta que el cabo, y éste es una, dos y hasta tres veces más largo que el cabo del rebenque. Si el rebenque se halla cubierto en su cabo por una lámina metálica (plata o plata y oro), se denomina enterizo. Si sólo posee anillos de tanto en tanto, con virolas; y con cabeza, de tal o cual material, si únicamente se encuentra forrado el mango, o sea la parte sobre la que va inserta la manija.

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VARIEDADES DEL REBENQUE

( R E B E N Q U E DE ARGOLLA, TALERO Y GUACHA)

REBENQUE DE ARGOLLA.- Es una especie de rebenque cuyo cabo es más corto que el corriente, pero esa diferencia está compensada con el agregado de una argolla metálica puesta en el extremo que va a la manija. La lonja es poco más o menos extensa que el largo total del cabo con argolla y manija. TALERO.- El talero es en realidad el rebenque primitivo, cuyo nombre deberá provenir de la costumbre de fabricar el cabo con madera de tala, sin retobarlo, por lo tanto, en cuero. GUACHA.- Rebenque de cabo muy corto y grueso y relativamente liviano, provisto de una lonja muy ancha que tiene el objeto de intimidar al animal por el ruido que produce, más que por el azote que propina al castigarle. Generalmente se le emplea en la amaestranza de redomones. Su nombre debió arrancar de la comparación de este rebenque que, por su forma, parece más corto por lo grueso y ancho de lo que es, con las "guachas", 91

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o animales huérfanos criados con regalonería en las estancias que, por ser gordos, parecen más bajos de lo que en realidad son.

ARREADOR El arreador es un azote cuyo mango puede tener desde 48 cms. hasta 70 de largo, y cuya lonja está suplida por una trenza de cuero crudo (o torzal de uno, dos o tres tientos) con una extensión que puede variar desde los 100 hasta los 145 centímetros, sin contar los 20 ó 25 cms. de azotera o "rebisa" como se le llamaba en el campo. El mango o cabo podía ser de madera de guayacán, virapitá, guasnal, lapacho, algarrobo negro, urunday o tala. Su sección también podía ser redonda, exagonal u octogonal. Lo mismo en lo referente a la ornamentación, semejante a los rebenques, es decir, con virolas de plata. He visto arreadores con mango hecho con "verga de toro", revestidos de primorosos trenzados en tientos de cuero crudo. El arreador fue usado por el gaucho para avivar a la hacienda hostigado de a caballo. Y, a veces, y cuando las circunstancias se lo imponían, también pudo servir para castigar a las personas. Su azotera larga determinaba su nombre de lazazo en su golpe, puesto que se asemejaba más al dado con un lazo, que al inferido con la lonja de un rebenque. Hernández da también aquí un ejemplo al citar el

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1 Fusta. 2 Arreador.

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Guacha. Talero retobado. Rebenque de argolla. Rebenque.

(Fotografía tomada por el señor Bernardo Bordeu, de la colección del señor don Carlos G. Daws).

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castigo que sufrió el viejo Vizcacha, al ser sorprendido por un vecino cerdeándole sus yeguas: "Se descolgó del caballo revoliando el arriador, y lo cruzó de un lazazo ay nomás a mi tutor". Al cabo del arreador debió de llamársele, también, talero, pues Gutiérrez le hace decir a Juan Moreira un día, que si hubiese tenido un "arriador" en esa ocasión, por sonso, le habría dado unos "talerazos".

EL REBENQUE USADO COMO ARMA CONTUNDENTE Ya dije anteriormente que el rebenque, no sólo fue usado como elemento imprescindible en el apero gaucho, sino también como elemento de lucha. De esta manera se le empleó de dos formas: una, si castigaba con la lonja, y otra si castigaba con el cabo. En el primer caso, cuando el adversario no mereció más que una simple disciplina, y en el segundo, cuando se deseó lesionarle francamente. A continuación ofrezco dos ejemplos clásicos tomados de una novela de Eduardo Gutiérrez, El Gaucho Errante, que, por ser una obra inspirada en el pueblo y escrita para él, no deja de tener visos de verdad. 94

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"...Entonces el Juez, que sin duda al principio había creído se trataba de un simple borracho, se levantó a pedir socorro. "Un rebencazo en la nuca y otro por el cogote le hicieron volver a tomar asiento en un periquete. "Entonces empezó el verdadero fandango. Empecé a sacudirle por alto cada rebencazo, que lo hacía gritar como un chancho. "Temiendo que fueran a venir los peones y me agarraran adentro, di vuelta el rebenque y desmayé de un golpe al escribiente...".

Pero, en realidad, la manera esencial de usar el rebenque en la pelea, fue la de envolver la lonja en la mano, corno antes lo he dicho, y castigar como si se tratara de un vulgar palo un tanto suelto en la diestra y de acuerdo con su natural esgrima. Aun en nuestros días se suele encontrar alguna noticia en los diarios, como la que a continuación describo, que dan fe de su uso como defensa: De El Día de la Plata, 21 de octubre, 1939: PELEARON DOS PEONES DE CAMPO, RESULTANDO UNO HERIDO DE MUERTE. "...De las averiguaciones realizadas por la autoridad, se ha constatado que L... atacó con un rebenque al adversario y éste se defendió con un cuchillo...".

El nativo, para pelear con un rebenque solo, adoptó la posición en guardia y paró los golpes de manera seme-

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jante a la explicada en la esgrima del cuchillo solo, como única arma de defensa. Y, lo utilizó como arma ofensiva de dos maneras esenciales y una accidental. Las dos primeras, cuando dirigió los golpes a la cabeza o a la muñeca del contendor, y, la última, cuando trató de herirle en el rostro. GOLPE A LA CABEZA CON EL REBENQUE.- Ya he dicho que la mayoría de los golpes resultan originados de una parada, de tal suerte que, sin calcularlos, se producen aquellos. Esa fue la causa por la cual cuando el paisano comprendió que había anulado uno, de inmediato y como respondiendo al mismo, reaccionó violentamente y desquitó, o trató de desquitar su mal momento. Para dar el golpe a la cabeza, debió llevar la mano derecha armada hasta la altura de su propia cabeza, para de allí poder maniobrar con el rebenque con eficacia, de tal suerte que éste venía a tener una orientación longitudinal hacia atrás e inclinado a la izquierda. Ubicado así, podíale hacer efectuar una trayectoria en arco de círculo lo suficientemente grande como para poderle imprimir un poderos impulso. GOLPE A LA MUÑECA.- Para producir este golpe, el paisano debió bajar en altura el cabo del rebenque de la guardia común, para hacerle describir a aquél un rápido semicírculo, abriendo un poco el brazo, para poderlo descargar sobre la muñeca del enemigo. 96

Simbólico tirador y rastra de don Santiago H. Rocca. 97

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GOLPES AL ROSTRO.- Estos golpes fueron semejantes a los efectuados a la cabeza, pero, como se comprenderá, más bajos y más cerrados, al final del arco de círculo, y como si rotara sobre sí la muñeca. De todos estos golpes los más usados por el paisano fueron los dirigidos a la cabeza o los orientados a lesionar la muñeca. De esa manera, desmayaba o desarmaba al adversario.

Hombre en guardia. Visto de perfil y con el cuchillo con su filo hacia afuera, en posición de haber salido cortando para defenderse o atacar.

LA CHUZA

Ya dije en mi libro Las Boleadoras, que los caballos traídos por Mendoza se multiplicaron prodigiosamente, en menos de un siglo, en las praderas pampeanas. Y, dije también, que la aparición del equino en América transformó la existencia de los nativos. Es que no sólo obtuvieron del caballo la carne para su alimentación y el medio de movilidad, sino que se vieron obligados a cambiar de métodos en la vida cotidiana, a tono con la nueva faz iniciada. La caza y la pelea fueron desde ese momento diametralmente opuestos a lo que habían sido cuando se andaba de a pie. Transmutó las bolas perdidas en boleadoras y al dardo en trisulco en una especie de venablo o jabalina más extensa, que el indio y el gaucho, después, llamaron chuza. Esta voz debió de provenir del quichua: Chuso, que según Vicente Rossi equivale a "seco, delgadito, arrugado, achicado; un arpón, jabalina o azagaya, que tienen aspecto de lanzas chicas, son lanzas-chuzos", y chuso pasó a ser chuza, obedeciendo su cambio de género a la analogía existente con la lanza. Lo mismo debió de ocurrir con la transformación de la S en Z, para luego ser adoptado el término por el diccionario castellano. Y, a medida en que el tiempo

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fue transcurriendo, se fue también alargando el cabo de esa arma adaptado a las circunstancias. Indudablemente que para llegar a ello, el nativo halló inspiración también en la lanza española, traída por el conquistador, y en la apremiante necesidad de buscar mayor comodidad en un palo que ofendiese de lejos, puesto que ahora marchaba sobre el caballo y se le alejaba por tal causa, el objeto que deseaba herir. Además, el caballo criollo se prestaba admirablemente para su manejo: era pequeño, nervioso y ágil, sin considerar por otra parte, que, quienes las llevaban, no extrañaban su uso por la costumbre de emplearla en la caza. Sabemos que los gauderios del siglo XVII, hacían sus cacerías de ganado mayor en excelencia, por medio de una pica especial que íes servía para desjarretarles en medio de la carrera. La baquía era perfecta, y, las picas que utilizaban para su operación constituían especies de chuzas, con solo una variante en sus ápices ofensivos. En unas estaba fijado por reatas de hilos o tientos a la tacuara, un pedernal, si no, simples trozos de madera dura o de hierro recogido de los españoles o de las orillas del océano, que, en sus mareas, arrastraba restos de naufragios. Y, en otras chuzas, la punta estaba formada por una media luna de acero, de probable procedencia de la anterior, o de algunos huesos de determinados animales. Conocida, pues, la supuesta transformación del simple chuso quichua en vulgar chuza pampeana, veamos ahora cómo pasa de elemento de caza del indio a instrumento de guerra de éste y el gaucho, de acuerdo con las noticias da100

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das por el señor Juan Beverina, en un artículo aparecido el 19 de febrero de 1939, en el diario La Prensa. Dicho artículo podría reducirse a los siguientes términos: Era tan grande la ventaja que los indios poseían sobre los cristianos en sus combates con armas blancas, que, el virrey Vértiz, abandonó las alabardas o chuzas para armar a los blandengues con pistolas, carabinas y sables para poder luchar contra ellos. A las armas de fuego era a lo único que temían los indios, puesto que eran habilísimos en et manejo de la chuza. Las chuzas que ellos empleaban tenían hasta seis y media varas de largo con tres cuartas de cuchillos por moharra razón por la cual, los cristianos trataron de evitarlas y abandonaron su uso para buscar la defensa en otras más efectivas. Se necesitó de muchos años para que esas armas aparecieran en el escenario de las tierras colonizadas. Hasta que, en 1806, el destacamento del coronel Arza, pretendió oponerse al avance de la columna inglesa del general Beresford, en Quilmes, sin otras armas que pistolas y chuzas. Lo mismo ocurrió cuando la Reconquista de Buenos Aires, en que se proveyó a los milicianos como únicas armas, de cuchillos y chuzas. Igual armamento se le entregó al cuerpo de esclavos de Liniers, en la segunda invasión inglesa. Hasta que, conmovido el país con la guerra de la Independencia, la Junta Provisional Gubernativa estableció por decreto e 10 de agosto de 1810, el empleo de la lanza como dotación normal en el regimiento de caballería. 101

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Belgrano, en 1812, y después de habérsele conferido el comando del Ejército del Norte, resuelve crear un cuerpo de lanceros y dispone que su escolta sea portadora de esa arma, " para quitarles la aprensión... y se aficionen a su uso..." El general Paz, confiesa haber padecido de "la crasa ignorancia de sus compañeros" al no haber comprendido antes la terrible eficacia del "arma más formidable" como llama a la lanza, hasta que, la consagración definitiva la obtiene en la guerra contra el Imperio del Brasil, donde los coroneles Pacheco, Clavaria, Paz y otros, en el combate de Arroyo Ombú, el 15 de febrero de 1827, comprueban su efectividad al verificar que la mayoría de los muertos enemigos han fallecido a consecuencia de las heridas provocadas por lanza. La chuza al principio y la lanza después, además de servirle al indio y al gaucho como arma en la guerra, le sirvió también de garrocha para avizorar distancias. Es indudable que, antes de ser empleada como arma de guerra, tuvieron los nativos necesidad de ser eximios jinetes, capaces de dominar a la bestia sin recurrir a las riendas. Las piernas y el movimiento del cuerpo, hecho sin brusquedades ni torpezas provocadoras de molestias o lesiones al animal, eran suficientes para guiarle. Había que ser, además, valiente y audaz como el gaucho o el indio, para iniciar el ataque siempre y aun en contra de todas las adversidades, y salir airoso con esa arma. La chuza o la lanza no admiten subterfugios, los quites en ellas no son más que artimañas 102

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peligrosas para surgir victorioso en un trance difícil, y no como una condición imprescindible en toda esgrima que hace alarde de sus virtudes. Con la chuza hay que atacar siempre, y de tal manera, que un lancero que ha buscado quites en una pelea es un hombre que ha entrado a temer a su adversario. Su moharra debe ser la aguja de su brújula en el combate y tendrá que señalarle el cuerpo de su enemigo, como si fuera el polo siniestro de su destino. Sin embargo, he dicho antes que en ciertas ocasiones es necesario el quite, y en este caso sería como una argucia inevitable en un momento dado para salvar una situación peligrosa. Es por ello que hay que estudiarle aunque, en realidad, la mayoría de las veces, cuando un lancero se veía mal en una situación cualquiera, prefería simular una huida imprevista para volver grupas de inmediato y abrir brecha en su furibunda acometida, o hallar, por lo menos, una posición mejorada a la anterior en la pelea, aunque más no fuese desmontado. Por alguien he sabido que los indios, a veces, se apeaban del caballo a todo escape dejándose resbalar por el anca, hasta caer erguidos al suelo, y, con la chuza en la mano, entrar decididos en el combate. Las lanzas constan de moharra, asta y regatón. Las chuzas, igual, aunque en la mayoría de las veces carecía de este último, puesto que el regatón es producto del ingenio militar civilizado. Bajo la moharra se ató por medio de tirillas de hilo la banderola, que era divisa de regimientos, partidos políticos o tribus. En algunos casos fue suplida por manojos de 103

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flecos de lana o plumas. Su flameo en los ataques a fondo era guía y directriz en el blanco perseguido. Los soldados armados con lanzas o chuzas, ganaban prestancia en su porte guerrero. Las moharras de las chuzas estuvieron constituidas por trozos de madera dura agudizada y a veces, con algún filo en forma de diente de serrucho enastado al palo. En ciertas ocasiones, la moharra fue también de hierro, ya de hojas de tijeras de tusar, ya de bayonetas en desuso. Existieron asimismo entre nosotros, hierros rodeados de una especie de gavilán semejante al de los cuchillos. Si este hierro era en "S", la pata de la misma que miraba hacia el lancero servía para herir en golpe de retroceso, si es que aquél resultaba fallido de frente. El asta estuvo constituido por una tacuara, colihué o madera de urunday. Todo dependía de las zonas en que se usaban y del largo acostumbrado en ellas, variables de acuerdo con las regiones del país. Lo imprescindible era que fuese resistente, algo flexible y de poco peso. Con el asta había que soportar duros golpes. En la "Sala Caseros" del Museo de la Casa del Acuerdo, en la ciudad de San Nicolás, existen lanzas que miden tres metros con doce centímetros, cuando la medida normal diría, era de dos metros y medio. Estanislao S. Zevallos dice en su libro Viaje al País de los Araucanos, que la chuza medía de un extremo a otro tres metros con ochenta centímetros. Durante las marchas a caballo los soldados actuales las llevan descansando en la cuja, o sea en un soporte aplicado

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al estribo. Los indios las portaban a la rastra, pendiendo de la muñeca por medio de una presilla semejante a la del rebenque. Esa fue la causa por la cual los caminos del desierto estaban surcados de rastrilladas que indicaban a las claras, la dirección de sus portadores. Con las chuzas se medían las profundidades en los vados, o la consistencia de los lechos de los ríos o arroyos antes de atravesarlos. Con tres o cuatro chuzas ligadas en formas geométricas, y extendidos sobre ellas ponchos o cueros rellenos de paja, se construían fuertes balsas para el transporte de una banda a otra de soldados o vituallas. Y, cuando el sol del verano desataba sus olas de calor sobre las planicies pampeanas, más de un viajero clavó en el suelo su chuza vecina a la de algún amigo que le acompañase, para tender sobre ambas un poncho y hallar a su sombra el apetecido descanso a sus fatigas, o sirvió, como dice Esteban Echeverría, para transportar los sangrientos trofeos del campo de batalla a las tolderías: "¡Ved! Que las puntas ufanas de sus lanzas, por despojos llevan cabezas humanas, cuyos inflamados ojos respiran aún su furor" Como la chuza era un arma esencial y exclusivamente ofensiva, necesitaba su manejo un serio aprendizaje. Los indios y los gauchos comenzaban educando a los caballos. 105

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Les quitaban el miedo a los entreveros por medio de entreveros, después de haber aprendido la esgrima de d pie, y cuando la amaestranza podía unirse a la habilidad entre los elementos hombre y bestia, se soltaban aquellos en violentos ejercicios ecuestres, que habrían de terminar con la pericia de ambos. Unas veces, una pelota de pasto ofrecía el blanco especial para adquirir la maestría buscada. Otras veces, hasta las mismas circunstancias especiales determinaban un estímulo, o se prestaban para que la emulación echase sus frutos. Era tan corriente el uso de la lanza en la guerra o en las conquistas, que hasta para contener prisioneros se la empleaba. Los indios solían clavar en redondel una cantidad de ellas para encerrar cautivos, mientras ocurriesen los fallos de sus jueces a la vuelta de un malón. Los cristianos, a caballo y con la lanza en ristre, sabían pasearse amenazadores ante las masas de prisioneros, como lo cuenta el general La Madrid en carta al general Paz, el 22 de octubre de 1841. "...Su sobrino Alvarez, que había regresado al ver el retroceso de mi infantería, se había adelantado por la derecha con el mismo objeto de contener a nuestra caballería, y se pasaba al mismo tiempo por delante de los prófugos, amenazando levantar en la punta de su lanza al primero que osara escapar de su campamento".

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ALGUNAS VOCES DE MANDO EMPLEADAS EN EL MANEJO DE LA LANZA DEL

REGLAMENTO DE EJERCICIOS PARA LA CABALLERÍA EN NUESTRO EJÉRCITO, QUE DEBIERON USARSE EN LA ESGRIMA DE LA CHUZA PRACTICADA POR LOS NATIVOS DE NUESTRO PAÍS. Es indudable que el uso natural de la chuza, como una característica etnográfica de los soldados indios y gauchos (con influencia o no española), diese margen al estudio perfecto de su esgrima por parte de los oficiales aventajados del país. Dicen las crónicas de la época que un simple soldado argentino, llegó a ser general en 1857, del primer regimiento de la treinta y una división de la caballería del Imperio Ruso (1). Ese soldado fue Benigno Villanueva, hijo de un antiguo vecino de Mendoza, don Miguel Villanueva, y de doña Rafaela Lozada y Reyes, quien en Rusia, hízose denominar por el patronímico de Villakonoff. Su pericia en las guerrillas gauchas, la obtuvo de la enseñanza tomada de los jefes federales de los años comprendidos entre 1837 y 1842, don Nicolás Granada, Flores, Pacheco y Oribe, quienes en varios partes le recomiendan como "oficial distinguido", hasta que, su espíritu aventurero, le llevó a España y de allí al ejército ruso a ofrecer sus servicios como militar, en el preciso momento en que le escaseaban oficiales. Villanueva, por (1) Datos obtenidos de la obra de Obligado, Tradiciones Argentinas . 107

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otra parte, sabía que los aliados en la guerra de Oriente habían tratado no sólo de aplastar a Rusia, sino que estaban haciendo lo posible por infiltrarse hasta en los propios campamentos del Zar. Y fue allí, precisamente, donde Vülakonoff puso en evidencia lo aprendido en Tucumán, y, ante el asombro de sus compañeros, empezó a desbaratar planes enemigos a fuerza de guerrillas donde el lazo, las boleadoras y las chuzas, desempeñaron un papel preponderante manejadas bajo la astuta estrategia criolla. Y, como se comprenderá, si toda esa habilidad despertó admiración, nombradla y ascensos en el escalafón moscovita, publicado en el Almanaque Gotha, fuerza es creer que allí, donde se habían reunido varios ejércitos europeos, no empleaban como armas esenciales esas armas utilizadas por nuestros militares americanos, puesto que se les reconoció públicamente su pericia y eficacia.

VOCES USADAS EN EL "REGLAMENTO DE EJERCICIOS" DEL MINISTERIO DE GUERRA ARGENTINO. EMPUÑADURA ARRIBA.- Se llama así cuando la posición de la mano es tal que el pulgar y el índice, abrazando por uno y otro lado el asta, quedarán hacia adelante, hacia el lado de la moharra, ya esté el dorso de la mano para arriba o para abajo. EMPUÑADURA ABAJO.- Y se entiende por empuñadura hacia abajo, cuando la mano al tomar la chuza, deja para ade108

Lanza en ristre. (La empuñadura está hacia arriba). Ilustr. Félix Casalins.

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lante el dedo meñique o sea para abajo, es decir, hacia el lado de la moharra. GIRO DE MANO.- Se llama así al cambio de empuñadura: Si está para abajo, ponerla para arriba o viceversa. Estos cambios se efectúan cuando las alternativas de un combate lo exigen apremiantemente. Para hacerlo, se ponía la chuza horizontal por sobre la cabeza de su portador, y, con un pequeño movimiento de impulsión desprendiéndose de ella, se cambia la posición de la mano con toda rapidez y mientras dura la posición del arma en el aire. Fue un cambio sumamente difícil y peligroso, puesto que con facilidad se podía caer el arma de la mano. ENRISTRAR LANZA.- Se llama así al acto de tomar a la lanza en el plan de ataque. Esta habrá quedado casi horizontal y tomada de manera que la parte del regatón calce bajo el brazo. El brazo caerá verticalmente, y el antebrazo, doblado, seguirá la dirección del asta. Deberá apretarse contra el cuerpo de tal forma que el conjunto del hombre y el arma constituyan una sola pieza. Anteriormente dije que la lanza habrá quedado casi horizontal, puesto que la moharra, en realidad, va siempre un poco más abajo en altura con relación al regatón, puesto que el objeto a herir siempre estará a una altura menor desde el lugar de donde la toma el sujeto.

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UBICACIÓN DE LAS LANZAS AL MONTAR O APEARSE DEL CABALLO Tanto para montar como para apearse del caballo, las chuzas o lanzas se colocaban verticalmente en tierra y estaban sostenidas por la mano izquierda, junto con las riendas, mientras el hombre se acomodaba en el apero.

ESGRIMA DE LA LANZA O CHUZA (lanzada a fondo y lanzada a aire de carga) Se entiende por lanzada a fondo, cuando el arma, después de haber sido enristrada y con la empuñadura hacia arriba, avanza en forma de tornillo hacia adelante, a expensas de la distensión del brazo y de la rotación de la mano que empuja con un movimiento de derecha a izquierda, hasta volver inmediatamente de haber tocado, hacia atrás, con una flexión del brazo. Este golpe lo mismo puede hacerse hacia la izquierda, habiendo previamente pasado la lanza por sobre el pescuezo del caballo. Y se entiende por lanzada a fondo y con la empuñadura hada ahajo cuando el objeto elegido de blanco está ubicado abajo. Si está a la derecha del jinete, levantará la mano armada hasta la altura del cuello, al tiempo de apuntar con la moharra y descargar el golpe en dirección al suelo, con el necesario movimiento de muñeca para efectuarlo con desenvoltura. Y, si el blanco está a la izquierda, cambiará de 111

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posición a la mano derecha, apoyando la lanza en la horquilla hecha con la mano izquierda, hasta esperar el instante en que habrá de soltarla de esta mano, empujándola con suavidad hacia la articulación del codo siniestro y aguardar que el brazo derecho, distendido en una violenta flexión, empuje el arma hacia el blanco elegido. Estas lanzadas a fondo debieron ser terribles en manos de los centauros que en nuestra tierra se llamaron gauchos. Sarmiento al hablar de Facundo, decía:"...de a caballo como el primero, dominándolo todo por la violencia y el terror, no tiene fe sino en el caballo; todo lo espera del valor, de la pujanza de la lanza... los laureles debe cogerlos desde el caballo". LANZADA A AIRE DE CARGA.- En estos casos la fuerza del empuje impreso a la lanza, no es efectuada a expensas de la vigorosa flexión del brazo, sino por el natural avance de las cabalgaduras en pleno movimiento con las lanzas en ristre. Para verificarlo, se habrán colocado las lanzas o chuzas bajo el brazo, de manera que no sólo la mano, sino el brazo y aun el hombro del soldado soporten con energía la violencia del golpe a recibir. El soldado se habrá tenido que inclinar hacia adelante y a la derecha sin despegarse del apero, sobre el cual tratará de afianzarse fuertemente por medio de las rodillas. Don Martiniano Leguizamón, en su libro "Alma Nativa", cuenta que los indios charrúas se echaban sobre las crines cuando avanzaban en aire de carga. 112

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"...Y cuando los veía enardecidos cerraba espuelas y pasaba al frente, cortándose solo con el cuerpo encogido sobre las crines del montado, a usanza charrúa y la lanza cimbrando horizontal hasta estrellarse en la muralla enemiga". Y una vez efectuado el lanzazo en el blanco calculado, el hombre dejará que la lanza, en la carrera, se ponga vertical hasta tocarle en la espalda el regatón, para de allí, tratar de desprenderla del cuerpo de la víctima con sólo tirar. Con lo apuntado anteriormente, hemos estudiado la lanzada a aire por la derecha, veamos ahora cómo se hará por la izquierda. Para lo cual se habrá colocado la lanza como en la anterior lanzada a fondo por la izquierda, y esperar sólo que, producida ésta, halle necesidad de desprenderla del cuerpo del objeto elegido de blanco. Para ello, se levantará el brazo derecho hasta arriba de la cabeza, en el instante en que el asta se apoye en el antebrazo izquierdo, y se le dará un fuerte envión para arrancarla del objeto lesionado.

PARADAS Y QUITES Sabernos ya que la lanza o la chuza no eran más que armas ofensivas. Es decir, que por el tamaño, ofrecían serias dificultades para su manipuleo en la defensa, y sí sólo se prestaban al ataque antes de evitarlo. A pesar de ello, el soldado que se veía en el duro trance de defenderse sin poder hacer frente, recurría al molinete, que no era otra cosa que tomar el asta por la mitad y, levantándola por 113

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encima de la cabeza, imprimirle con los dedos un vertiginoso movimiento de rotación, que impedía el acercamiento del enemigo aunque viniese a caballo (con sables, sobre todo). El molinete, a la vez de constituir una defensa, se prestaba también para dar tiempo a que el hombre improvisase un ataque determinado, en una determinada circunstancia. Era tal la habilidad que los indios araucanos del sur tenían para hacer el molinete, que Cevallos cuenta que su guía de viaje al desierto, a cada instante hacíale demostraciones de su pericia, como ésta: "...la lanza, en vertiginoso molinete y clavándole las espuelas al blanco de su silla, corría cincuenta metros y lo hacía rayar...", es decir, marcar huellas en el suelo con las patas de su caballo al contenerlo de golpe. La chuza, además, se prestó admirablemente para la defensa del jinete de la terrible arma autóctona, las boleadoras, con sólo arrastrar su caña por la tierra, para que aquellas se enredasen en ella antes que maniatar los remos impulsores de la bestia. El manejo de la chuza no exigió del jinete criollo figuras extrañas a la normal manera de ejercer la equitación, fuera de la de apoyarse levemente con la mano izquierda en la cruz del animal, e inclinarse hacia adelante, o la de verificar una "cuerpeada" a tiempo, para evitar la contusión del arma, gracias a su habilidad felina y a su sereno espíritu en la lucha, agregado, claro está, a la obediencia del caballo más que a las riendas, a la pequeña insinuación del jinete por medio de sus miembros inferiores. 114

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En ciertas ocasiones, una lanzada dirigida a la bestia podía mejorar situaciones en un lance peligroso y demasiado extenso, pero, en realidad, esta forma de solucionar un conflicto pocas veces se vio en nuestra tierra, donde el criollo fue un hombre que amó de verdad a su caballo, y no usó de subterfugios degradantes a su conciencia de honrado, que no hubiera deseado para sí. En cambio, lo más frecuente fue que simulase una huida, para volver grupas de improviso y tratar de hallar una colocación mejor en el combate. Por lo general, esa nueva ubicación consistía en ganarle la izquierda al enemigo por retaguardia, o, por lo menos, tomar con valentía la derecha y saberse sostener en ella dándole el frente, aunque colocados a la par, para pelear en forma varonil bajo el brillo torvo de sus miradas enconadas, hasta poder decir alguno de ellos como recordaba Martín Fierro, que "Al que le dan un chuzaso dificultoso es que sane..."

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P A R E M I O L O G I A DE LOS E L E M E N T O S DE LA ESGRIMA CRIOLLA (Refranes y compadradas)

DEL CUCHILLO Planchar el lomo.- Castigar una persona a otra con la hoja del cuchillo sobre la espalda. // Demostrar superioridad y desprecio por otro, alardeando su valentía en relación con la del contrario que, a su juicio, no vale ni siquiera la pena lastimarlo. // A ese le van a planchar el lomo a planazos, suele decir el vulgo campesino cuando quiere expresar que a una persona le van a dar un correctivo. Se lo mandó hasta la "S".- Envasar la hoja del cuchillo hasta el pomo en el cuerpo del contrario. //Figuradamente se podría interpretar corno la consumación total de un cometido, cuyas intenciones han sido aviesas, o por lo menos, maliciosas. //Rebatir definitivamente una argumentación. 116

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Le ganó el lado del cuchillo.- Sentencia que indica la dominación de un ser sobre otro por su punto más débil, halagándole en sus gustos o inclinaciones. //Adelantarse una persona a otra después de haberle ganado la voluntad, para desbaratarle sus intenciones, // El cabo del cuchillo puesto a la cintura y atrás, deberá asomar por la derecha de un sujeto, por lo tanto, acercárcele sorpresivamente por ese costado, indicaría un impedimento en el brazo derecho en su libre acción para desenvolverse, o sea un entorpecimiento en la defensa. Más son los amenazados que los acuchillados.- Esta sentencia recuerda que no hay que dar mayor atadero a las amenazas, que en las más de las veces no pasan de las mismas. // Semejante a: Perro que ladra no muerde. Tanto escarbó y escarbó, que descubrió el cuchillo.- Similar al refrán español que decía: Escarbó el gallo y descubrió el cuchillo. Indica tanto uno como otro, que las personas entrometidas suelen en ocasiones toparse de buenas a primeras con lo que no desean. Con un hachazo en el cuarto.- Ya sabemos lo que significa dar un golpe de hacha con el cuchillo, es decir, que conocemos la profundidad de la herida que el tal golpe puede producir, por lo tanto, el ir con un hachazo en el cuarto (pulpa de la pierna), supone, sino una inhibición total en la marcha, por lo menos una dificultad muy grande. De 117

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ahí se imaginó que, las molestias serías aparecidas en un sujeto cualquiera, ya fuesen morales o materiales, eran como hacerle marchar herido y sin fuerzas. Sácame de aquí y degollante allí.- Indica el deseo de algunas personas aporreadas por la desgracia de terminar, aunque sea fatalmente y de una vez por todas, para acabar con sus dolores o dificultades. Era tan largo y finito como cuchillo de loco.- Ya sabemos que el cuchillo fue el arma esencial en el hombre de campo argentino, por lo tanto, cuidó que esa arma fuera de formas normales y cómodas, impuestas por las necesidades, de ahí que al apartarse de ellas era considerarle persona de poco criterio. // Argumento excesivo en palabras y de escasa efectividad. No le sacó el cuchillo de encima.- Es decir que una persona apremió a otra en el cumplimiento de un compromiso, promesa u obligación. Andar a las cuchilladas.- Frase corriente que indicaba la actuación anormal de un sujeto en la sociedad en que vivía. // Persona amante de las riñas o pullas, por mal gusto o por falta de cultura. ¡Qué cola tiene ese zorro!.- Frase maliciosa entre la gente de campo, cuando desea manifestar su asombro ante un 118

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hombre armado con un cuchillo muy grande, que, tal vez, no sabría usar correctamente si la ocasión se lo exigiese. Acero matador o acero vengador.- (No sólo se refieren estas frases metafóricas al cuchillo, sino también a cualquier otra arma blanca). Y se suelen emplear dichas frases cuando se quiere expresar el deseo justo o no, de que las armas resuelvan una situación. Llevar a cuchillo.- Frase semejante a llevar "a lazo" a una persona, animal o cosa, es decir, a la fuerza. Ser el cuchillo de alguien.- Equivale a ser o constituir parte de la tortura o mortificación de una persona. Pasar a cuchillo.-- o "tocar el violón", decían en nuestra época de anarquía civil cuando degollaban a alguien.// Obrar sin contemplaciones. Es un hombre cuchillero....- Es decir, pendenciero o propenso a reñir por medio del cuchillo. Una palabra trai l'otra y al final viene el cuchillo.,..- Comienzo o epílogo de relación o sentencia criolla, que recuerda los inconvenientes de las discusiones sin motivo valedero, terminadas la mayoría de las veces en sangrientas reyertas si no se ha tenido la suficiente cultura para evitarlas. L19

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¡Ojo! Que es arma de dos filos....- Recuerda esta vieja sentencia la presencia de una persona sospechosa en su ecuanimidad, puesto que lo mismo puede inclinarse "cortando" hacia un lado como hacia otro, con una intención que deberá despertar recelos. // Arriesgarse en actos o con palabras que pueden servir más tarde de arrepentimiento. Gastao como cuchillito 'e capar.- Decía la filosofía criolla al referirse a un sujeto u objeto de mucho ajetreo en la vida, que, aunque su utilidad actual es de tanto en tanto aprovechada, no por ello deja de tener su efectividad. Hasta donde lo limó el herrero.- La explicación de esta frase es similar a la de se lo mandó hasta la "$". ¡Con el cuchillo bajo el poncho!.- Suele referirse a alguna persona de quien se sospecha de malas intenciones, si no es que realmente las tiene. Le mezquinó el cuerpo...- Frase que indica la habilidad empleada por una persona para zafar de algún inconveniente con felicidad. No cuerpiés al cuhete.- Frase que recuerda la inutilidad de ciertos argumentos ante una realidad insalvable. Cualquiera limpia su cuchillo en él...- En este caso, se entiende por "limpiar el cuchillo" al acto de quitarle el 120

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polvo o las partículas de grasa o cuero de la vaina, en la hoja, con el lavado de la sangre en una pelea. // Se dice también de las personas sobre las cuales se permite el vulgo toda clase de libertades y escarnios. Es cuchillo de poco filo.- Se refiere esta frase a una persona de escaso valer. // Semejante a "pistola de un solo tiro", es decir, de un empuje único y primario que se agota enseguida. Afüao como cuchillo e' saladero,- Puede ser cualquier sujeto que se halle preparado para cualquier evento. //Listo, rápido en el razonamiento. Suspicaz. ¡Yo te voy a sacar filo!.- Frase que avisa o advierte una reprimenda si no se trata de efectuar una enmienda en una acción determinada. No corta ni pincha.- Expresa esta frase la falta de gracia en una persona. //Ser insulso, incapaz de hacer nada de importancia. Corta un pelo en el aire.- Dice esta sentencia cuando se refiere a un cuchillo muy afilado. // Se refiere también a los sujetos de gran agilidad mental. ¡No corta ni el agua!.- Cuchillo extremadamente desafilado. // Persona apocada. 121

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¿Vino Mellao?.- Mellado es un apellido en la zona, por lo tanto, cuando un cuchillo tiene melladuras en su filo por haberse golpeado en forma de hacha con él y se desea aludir maliciosamente a ellas, se suele decir: ¿Vino Mellao?. ¡Oh!... Es muy visitador...- Cuando se hace referencia a un hombre de mucha vista en el manejo del cuchillo. // Por extensión, podríase interpretar por 'Visitador" a un sujeto sagaz y listo para cualquier juego cuya técnica esté basada en el órgano visual, o en la adivinación de una intención determinada. ¡Ni mella que me hace! .- Argumento que no perjudica ni tampoco beneficia. // Cuando no alcanza a herir o molestar una persona a otra por la inocuidad de sus acciones. Más peligroso que hachazo de zurdo.- Frase que recuerda las dificultades por las que atraviesa un derecho en la esgrima del cuchillo, cuando tiene que luchar contra un zurdo y de cuyas razones he dado cuenta en páginas anteriores. Por lo general, los primeros lances de un zurdo sorprenden vivamente aun a los más avezados esgrimistas, aunque más tarde reaccionasen en forma y llegasen a dominarlos. // Persona a la cual se le desconfía, por creérsele capaz de cualquier acción desarrollada de manera sorpresiva. ¡Largo como un asador! .- Frase que hace mención a las armas blancas demasiado extensas. // Sujeto alto y escuálido. 122

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;£s como luz pa' el cuchillo! .- Cuando se hace referencia a una persona de reacciones rápidas y ligeras para defenderse por medio de las armas blancas. Arisco para el cuchillo.- Persona quisquillosa y desconfiada. // Hernández emplea esta expresión en su poema Martín Fierro. // Cobarde. ¡Salir cortando! .- Se dice así, en el campo, cuando se le aconseja a una persona emplearse íntegramente y desde el comienzo en una obra, // Frase tomada posiblemente de Martín Fierro; en alguna parte del poema el paisano dice: "Las armas son necesarias pero naides sabe cuando; ansina si andas pasiando, y de noche sobre todo, debes llevarlo de modo que al salir, salga cortando". Pelear el envenao.- Sacar el cuchillo, desenvainarlo. Tal vez el origen de la palabra sea envelado, por cubierto, envuelto, o quizás, por el hecho de llamarle así por la circunstancia de creerlo siempre con hambre de cortar algo, de la misma manera que se llamó venado, venao o envenao al hecho de estar en ayunas, como el gamo por la rapidez en los movimientos, es decir, liviano, sin pesadez esto123

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macal que produce letargo en los miembros.// Hernández también lo dice por boca de Fierro: "Y pelando el envenao me atropello dando gritos", Tenga cuidao, amigo, no sea que en la primera me lo desoquen.- Advertencia criolla que indica la mesura que se debe tener en el desarrollo de cualquier acto para evitar serios contratiempos. Tomada posiblemente del peligro que existía en las reyertas con cuchillos en que uno de los contrincantes podía desarticular la muñeca del adversario de un tajo. // Desocar, desjarretar, desarticular. El amigo que no presta y el cuchillo que no corta, que se pierda, poco importa.- Un cuchillo que no corta tiene, en realidad, tan poco beneficio como un amigo carente de generosidad, por lo tanto, su pérdida no debe provocar ningún sentimiento de pesadumbre. El mal pajarillo la lengua tiene por cuchillo.- Este refrán recuerda que nada se puede esperar de una persona que tiene su moral y sentimientos desviados.// El arma de los cobardes y charlatanes es el chisme, la cizaña y la habladuría. El pato y el lechan, del cuchillo al asador.- Denota esta sentencia que no hay que andar con titubeos en la prosecución de una obra cuando se puede terminar de una vez con ella. 124

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En casa del herrero, cuchillo de palo.- Refrán equivalente a aquel que decía: "En casa del herrero, cuchillito mangorrero. Tanto uno como otro, advierten la curiosa coincidencia de que en el lugar donde debieran existir, por lógica, en determinadas circunstancias, determinados objetos, no los haya, o no estén en condiciones. ¡Más sana una cuchillada que insulto o mala palabra! .Recuerda esta sentencia que molesta más una afrenta, en muchas ocasiones, que una herida de verdad. ¡Con vaina de oro, cuchillo de plomo\.- Indica este refrán popular que no hay que fiarse de las apariencias, que, en la mayoría de las veces, engañan, y sí, sólo hay que hacerlo de los hechos o valores efectivos. ¡Pobre machete mellado, ya ni te acordás del filo!.- Anota la tolerancia que hay que tener con ciertas personas que juzgan en la actualidad de acuerdo con sus pasados bríos juveniles. La ley es como el cuchillo, no ofende a quien la mane ja.Refrán empleado por Martín Fierro. Indica que la habilidad de un esgrimista le impediría lesionarse a sí mismo, como las leyes sabrían darle amparo a un hombre que las sepa conocer a fondo, e interpretar de acuerdo con su espíritu de justicia.

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¡Cuchillo grande, hombre maula!.- Recuerda que de nada valía ostentar armas, por buenas que fuesen, si no se sabía usarlas.// Por lo general, un hombre que tenía poca fe en sí mismo trataba de obtener ventaja a expensas de un cuchillo grande, que hasta cierto punto se la daba, puesto que le alejaba un tanto de su posible contrincante. ¡Cuchillo chico, hombre guapo!.- Sentencia opuesta a la anterior.// Recuerda también esta sentencia que los hombres emprendedores y valerosos precisan de pocos medios para iniciar sus intentos.// El tajo de un cuchillo chico es más extenso que el del grande, por lo tanto, más peligroso. Cuando engorda el novillo, pide el cuchillo.- Supone este refrán que cuando alguna cosa ha llegado a su culminación o madurez, no se debe esperar para su aprovechamiento. Nunca confíes a hombre alguno, mujer, cuchillo o caballo.- Refrán campero que advierte el peligro de que un caballo se mal enseñara en manos ajenas; una mujer faltase a su lealtad por haberse depositado demasiada confianza en algún amigo; o de que un arma pudiese servir de prueba en un delito que no había cometido.// Don Adolfo Montenegro me dio este mismo refrán en guaraní: "Che qcsé che renda jhá che cuña ndaipurucaiba", que, traducido literalmente sería: "Cuchillo, caballo y mujer, no presto". Obsérvese la filosofía india, donde los sustantivos van 126

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ubicados en el refrán de acuerdo con su utilidad en orden de valores: cuchillo en primer término, luego el caballo, antes que la mujer. Sí esta víbora lo pica, no se curará ni en botica.- Advertencia criolla que recuerda que a los males hay que tratar de evitarlos a tiempo para que tengan remedio. // Se usó también como simple amenaza para imponer respeto por medio de la fuerza, puesto que la víbora a que hace referencia no es otra que el cuchillo. Cuchillo malo, más corta el dedo que el palo.- Recuerda este refrán que más son las molestias que causan los instrumentos de mala calidad que beneficios en el trabajo al cual están destinados. Dele hacha y no perdone, que de atrás vienen pegando.Refrán usado cuando se desea insinuar la necesidad de emplearse a fondo en una empresa, ante el peligro de que otro se la desbarate.// Dejarse de miramientos con nadie, puesto que nadie los tendrá con uno cuando la situación lo exija. No dejes que hombre ninguno te gane el lao del cuchillo.Sentencia que recuerda las contrariedades que puede acarrear el dar confianza a personas que no se conocen a fondo. Es tomada del Martín Fierro.

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No voy a ninguna parte a dejarme machetiar.- Conseja tomada del poema de Hernández, en la cual se hacen presentes las disposiciones que se deberán adoptar por las personas que se precian de dignas, para evitar los manoseos de la gente sin educación ni cultura. // Rehuir de lugares donde no se le respetará por falta de comprensión. Le voy a pintar un benteveo para que le cante todo el año...Pintar un bien-te-veo en el rostro a punta de cuchillo, era hacerle recordar, no un año, sino toda la vida, la afrenta de una cicatriz que le estaría cantando el nombre de quien se la hizo...// Marcar la cara de un tajo. // Amenazar seriamente a una pesona. ¡Me bandié solo!.- Bandear es atravesar, cruzar de una banda a otra en un buque, una bala, por ejemplo. En nuestro país, bandear puede ser ir de una orilla a otra de un río, por lo tanto, todo lo que signifique cruzar, traspasar, llegar de un lugar a su opuesto. Un cuchillo al atravesar un cuerpo, lo bandea. // Perjudicarse en un plan destinado a otra persona. También... ¡Dio más güeltas que tongorí en la chaira!...Dice la conseja del refrán cuando se refiere al hecho de una persona que, después de haber andado de un lugar a otro, al final obtiene lo que desea. En cuantito se retobe... ¡Lo achuro!- Promesa de castigo si no se reacciona de una manera comprensible. 128

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Manejo de la chuza: empuñadura hacia abajo. A la izquierda: diferentes tipos de moharras. La 1 y 2 hechas de tijeras de esquilar. La 3 actúa como un simple tridente. La 4, en "S", para usarla en golpe de retroceso con el brazo (a), si de frente llegasen a fallar los extremos (b y c). Ilustración de Félix U. Casalins.

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Con el mal acero nunca se hizo ni buena espada, ni buen cuchillo.- Es decir, que nunca se puede esperar nada de nadie que no tenga antecedentes que lo habiliten para ello. Le sumí el cuchillo...- Sumir es hundir, meter, introducir un cuerpo dentro de otro. Por lo tanto, sumir el cuchillo, significaría penetrarle dentro del organismo de una persona. En el caso de este refrán sería figuradamente, puesto que indicaría la solidez de un argumento, suficiente para ser irrebatible. El que a hiero mata, a hierro muere...- Sentencia que recuerda los inconvenientes que pueden tener algunas personas en su manera de proceder, puesto que sus propios argumentos o acciones pueden perjudicarles por el calor o entusiasmo con que han sido vertidos o efectuados.

DEL FACÓN ¡Malo, remalo, facón de palo!.- Dístico que señala la inoperancia de un argumento de poca monta. Pelar el facón.- Frase que indica el acto de desenvainar el arma.// Reacción rápida y agresiva de un su'eto ante cualquier problema. Sin más amigo que el facón.- Sentencia que recuerda la tremenda soledad en que vivían antaño, sin otra compa-

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nía de eficacia que la de sus propias armas. // Por extensión, también podríase entender que en el mundo no se puede fiar en nadie fuera del propio esfuerzo. // Hernández menciona esta frase en su poema de la siguiente manera: "Sin más amparo que el cielo ni otro amigo que el facón". Mata con facón de palo.- Cuando una persona mortifica a otra lenta y porfiadamente. Facón nuevo se quiebra, pero no se duebla.- Se aplica este refrán a las personas jóvenes y esforzadas que pueden ser vencidas pero no rendidas.

DEL PUÑAL El puñal de la envidia, de la calumnia; o su lengua es un puñal.- Frases metafóricas que denotan las heridas morales que pueden causar las personas de vil comportamiento. El puñal de tu desdén I lo llevo clavado al pecho...- Versos de coplas corrientes o principios de relaciones que recordaban las ingratitudes de algunas personas para con otras de distinto sexo. ¡Te voy a coser a puñaladas!.- Frase imperativa que de131

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sea imponer respeto por medio del puñal, o simplemente por la decisión con que se expresó. ¡Qué puñalada me diste!.- Reconocimiento sincero de haber recibido un golpe moral. ¡Como puñalada de picaro!.- Pueden ser los golpes morales o físicos que una persona le da a otra, a traición y en forma consecutiva. // Se dan mates "como puñalada de picaro", cuando hay repetición aviesa en las cebaduras y ensañamiento, para causarle cansancio al tomador de esa bebida.

DE LA DAGA Llegar a las dagas.- Equivalente a: irse a las manos, es decir, la proximidad existente entre dos o más personas para terminar violentamente una discusión o pleito. // Trabarse en pelea. Válgale el cuerpo y la daga... ¿Si no me atajo?... ¡Me caga!- Sentencia criolla que denota cierta conformidad o satisfacción en una persona, al haber sabido salir ileso en un momento azaroso en que, gracias a la habilidad o destreza empleadas, se ha podido defender.

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DE LA VAINA Lo corrió con la vaina- Es decir, lo intimidó con la actitud, sin llegar a los hechos. // Semejante a: lo corrió con el poncho. ¡Es una vaina! o ¡Mira qué vaina!.- Carga inútil o molestias impensadas. // ¡Mira qué gracioso!. Le han echado una vaina.- Le han desacreditado intencionalmente, o le han entorpecido maliciosamente en sus negocios. Más quiero vaina que talento.- Sentencia vulgar que denota la preferencia de cierta gente inculta por la fortuna, o los medios de hacerla, antes que el ingenio o la sabiduría en las ciencias del pensamiento. No me vengas con vainas.- No aceptar proposiciones que pueden causar molestias. ¡Muy bien!... La vaina sería que llegase...- Denota esta frase la intranquilidad surgida de repente en la prosecución de una obra que pudiera entorpecerla. ¡Qué vaina!.- Se suele decir cuando aparece de golpe una seria dificultad en un asunto cualquiera. Es una persona de vaina abierta.- Es decir, de genio franco y desenfadado. 133

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Le dio con vaina y todo.- Además del sentido directo de esta frase, que indicaría la acción de infringir un castigo una persona a otra, por medio del cuchillo enfundado por considerársele inferior en fuerzas, se podría interpretar también como la acción terminante de concluir de una vez por todas un asunto cualquiera. ¡S'está saliendo de la vaina!.- Sentencia criolla que recuerda el ansia que una persona puede tener para efectuar un acto o verter una apreciación.

DEL REBENQUE Y...¿Qué andas buscando, lomo pa' mi lonja?.- Frase campesina que promete un castigo si no se corrige a tiempo. Dios castiga sin palo y sin rebenque.- Suele decir el vulgo cuando atribuye a designios extraterrenos la consecuencia lógica de un cometido. // Supersticiosamente, también se entiende este refrán como castigo de Dios a una cosa mal hecha. Y...¡Es un rebenquito, no más!.- Sentencia que recuerda a ciertas mujeres de la mala vida por el hecho de andar de mano en mano, de un lado para otro, como rebenque de desheredado.

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¡Échale el talero al tuso!.- Frase conminatoria para que se obre con energía en cualquier acción.// Viene posiblemente de cuando la gente de campo ve que alguien monta un caballo indócil y por demás mañoso y le aconseja a gritos desmayarlo de un golpe en la nuca, para que aprenda a domeñarse bajo el peso del rigor. No debe ser gringo el diablo si castiga en la paleta.- Entre los campesinos de mi tierra, el castigar a un redomón en la paleta, significa continuar la amaestranza de un potro sin enviciarlo, puesto que se ha buscado la manera de evitar que se haga "mosqueador", es decir, que camine batiendo a cola de un lado para otro. Por lo tanto, castigar en la paleta es signo de buen domador, desde el momento que sabe dónde y cómo ha de pegar. // Refrán semejante a aquel que decía: no debe ser manco el hombre. No hay mejor razón que la que el rebenque da.- Semejarte a aquel otro que dice"La letra con sangre entra". Es decir, que en ciertas ocasiones y con determinadas personas, hay que usar procedimientos expeditivos para que entiendan las verdades, y respeten, al menos, a los que se las dictan. Te m'estás arrugando como lonja e' rebenque.- Recuerda esta sentencia a las personas que, poco a poco, han ido perdiendo sus méritos de otras veces, o por lo menos, la energía que tenían para efectuarlos.

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DEL PONCHO Ponchito de trapo, es puro fleco, no más....- Se entendería por trapo, en este caso, al poncho confeccionado con una tela basta, ordinaria, que pronto se desfleca y aparecen en sus bordes guiones de harapos que poco pueden abrigar, por lo tanto, sería una indumentaria de escaso monto y utilidad. Por extensión, se podría interpretar que no hay que dejarse engañar por las apariencias que, al final, no son más que puro oropel y precario beneficio. Todos somos muy honrados, pero el poncho no aparece.Sentencia criolla que recuerda que no hay que fiarse muchas veces de la honorabilidad de muchas personas que, puestas en tela de juicio, pueden resultar fallidas. ¡Ahí, no más, de un hilo, como lista 'e poncho¿.- Suelen decir los campesinos cuando desean expresar su consejo de continuar en una acción de la misma manera que se ha empezado, es decir, sin interrupciones a las cuales la lógica puede estar ajena.// Cuando se refieren a hombres rectos en su forma de proceder. La intención anda emponchada,- Decían antiguamente cuando sospechaban de la rectitud de una persona. Pisar el poncho.- En el siglo pasado cuando un hombre buscaba pendencia, solía pasearse delante de su rival con 136

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el poncho a la rastra, con la intención de que en el menor descuido se lo pisase, para hallar de esa manera la ocasión de un desafío. Por lo tanto, en la actualidad, preguntar por ¿Quién le pisa el poncho? Sería el equivalente a preguntar por quién se le atreve en un acto cualquiera. // Caer en una trampa. Andar perdiendo e/ poncho.- Dicho que expresa o menciona las distracciones u olvidos en que suelen incurrir algunas personas ofuscadas por determinadas ideas, como los enamorados, por ejemplo. ¡Con el cuchillo bajo el poncho!,- (Ver el cuchillo).

Cagar a ponchazos.- Gráfica frase campesina que se emplea para indicar el castigo que una persona se merece, cuando por su escaso valor no se le considera suficiente para medirse con armas iguales. El poncho de los pobres...- Frase metafórica usada cuando se desea hacer referencia al sol, que a todos calienta por igual. Una ponchada de pesos.- Se emplea esta frase en el campo cuando se quiere expresar una cantidad considerable de dinero// Lo mismo podría decirse "una ponchada" de cualquier cosa, siempre que fuese abundante// Hernández lo anota en su poema Martín Fierro. 137

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Donde el diablo perdió el poncho.- Es decir, donde es difícil, sino imposible, llegar.// Lugar apartado o remoto. Alzar el poncho.- Irse, alejarse. Un paisano no se olvidaba jamás de llevar su poncho en el momento de ausentarse de un lugar, por divertido que estuviese, puesto que el poncho no sólo era su prenda de abrigo, sino también su arma auxiliar de defensa. // Alcemos el poncho y vamos, solían decir al instante de convidarse entre los compañeros para retirarse de una fiesta, por ejemplo. Arrastrar el poncho.- Explicación igual a la de pisar el poncho. . Darse vuelta el poncho.- Cambiar una persona en sus ideas o pensamientos, sobre todo si se trata de ideas políticas. ¡Ni poncho con qué taparnos!.- Miseria. El mayor apremio a que se puede llegar en cualquier circunstancia. Falta de recursos. Hernández lo cita al recordar las penurias por las que pasó el hijo primogénito de Martín Fierro cuando escapó de su casa. Se le dio vuelta el poncho.- Se dice en el campo cuando a una persona se le desbarata un negocio.// Andar en las malas.

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Alzar en el poncho.- Frase que indica la utilidad del poncho hasta para usársele como lienzo para la portación de objetos, granos, etc. // Hernández lo dice en el Martín Fierro cuando recuerda al hijo segundo de éste, el día que le gana la mercadería a un buhonero jugando a los naipes: "...Mientras yo en el poncho alzaba todita su mercería..." El poncho de la noche, o bajo el poncho de la cerrazón.Frases metafóricas que indican el embarazo con que tiene que desenvolverse una persona si le toca andar en la noche o envuelto en nieblas.// Entorpecido. //Cualquier cosa que trabe y envuelva trae aparejada la idea de poncho. Es dueño de hacer de su poncho un hábito.-Es decir, que cada uno es amo de su propia voluntad, y puede, de acuerdo con su criterio, obrar o proceder de la forma en que le plazca, sin que ofenda o no a las leyes sociales, desde el instante en que es responsable de sus actos. Poncho volador...- Se llama así al poncho liviano, fino, que colocado al cuello o sobre los hombros, flamea al galope del caballo.// Echarse el poncho volador sobre las espaldas es lo mismo que ponerse la mejor prenda que un hombre tiene.

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DE LA CHUZA ¡Chudalo, pues...!- Frase que conmina a un sujeto para que despierte, mueva o apure a un tercero en la prosecución de una tarea u obra. // Por extensión, se podría entender como una incitación tendiente a romper la indiferencia de una persona. ¡Tiene el pelo como chuzas!- Persona de cabello hirsuto. ¡Peínate esas chuzas!- Forma despectiva de mandar a peinarse a un sujeto. // Desgreñado, falto de aseo. ¡Le puso picas!- Es decir, lo hostigó a que efectuase una acción.// En otras ocasiones se suele interpretar inversamente, es decir, como que "le puso inconvenientes" en un fin determinado. A indio muerto, gran lanzaso.- Proviene posiblemente de aquel refrán español que decía: A moro muerto gran lanzada, significando en ambos casos que, una vez pasado el peligro, surgen de inmediato personas que le hubieran conjurado. // Balandronear. ¡Ni aunque caigan chuzas!- Es decir, contra viento y tempestades. // Cuando nada detiene a una persona para la continuación de una acción.

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¡...de atrás vienen chuciando!- Frase semejante a la del cuchillo ya vista. Lanza, caballo y espuela...,siempre lista has de tener.- Dice Esteban Echeverría en su poema, y con ello aconseja la correcta manera de aviarse, cuando se debe siempre estar dispuesto a la lucha. Levantar en la punta de la chuza.- O levantar en la punta del cuchillo era la forma expresiva del paisano, para indicar su valor, confianza en sí y pericia para poder luchar con otro a quien suponía derrotar. A una, dos o tres lanzas del sol...~ O con el sol a una, dos o tres lanzas de la tierra, decía el paisano cuando calculaba la hora, o mejor dicho el tiempo en que había efectuado o habría de efectuar una acción cualquiera. Más guapo que las armas patrias.- Se entiende por armas patrias a las armas de los gauchos, es decir, a las boleadoras, el lazo, el cuchillo y la chuza, por lo tanto, ser más valiente que ellas y quienes las manejaron, sería negar nuestra epopeya nacional escrita con sus efectos.

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ADIVINANZAS

¿Qué será un animalito, que, cuánto más come, más flaco se pone? Respuesta: el cuchillo

Adentro de un cuarto oscuro Lo meten a Juan, desnudo. Respuesta: el cuchillo

Tiene tela y no es araña Tiene boca y no conversa. Respuesta: el poncho. 142

APÉNDICE

¿Para qué quiero poncho?- Pregunta dada como respuesta ante el ofrecimiento de algo inútil, o que no tiene objeto material en una circunstancia determinada. No todo lo que tiene boca es poncho.- Equivale esta contestación, en una conversación cualquiera, al hecho de que no hay que confundir o igualar una apreciación con otra, cuando aquella ya tiene la suya propia. Cualquier trapo con agujero es poncho.- Indica esta sentencia que en los casos de apuro, cualquier tabla puede dar salvación. Noticia histórica con respecto a la daga. Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires: " En el acuerdo del día se aconsejó al Cabildo, la prohibición terminante de la venta de cuchillos de gran tamaño, reputados por dagas, que se había empezado a usar en esa época y traían muchos perjuicios semexantes cuchillos, que medían cerca de media vara de largo. (L. 38.- Págs. 450 y 484, años 1774-1776) 143

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Adivinanza: Tengo corte y no soy rey, Tengo hoja y no soy arbusto. A los cobardes aliento Y a los tímidos asusto. Revista "El cuchillo" No me haga al costao 'e la güeya aunque vengan degoyando.- Sentencia que recuerda que por más apuros que una persona pase, no debe molestar al prójimo con sus inconvenientes. (Tomado, quizás, del Martín Fierro). Supersticiones: El rayo sigue a la persona que lleva cuchillo. No hay peor cuchillo que la. lengua.- Las palabras muchas veces hieren más que las armas. Como lista de poncho.- Uniforme, parejo. //Recibió las consecuencias lógicas de determinadas circunstancias. De tanto galopar, vas a perder el poncho- Andar de Ceca en Meca, o sin son ni ton, tras un asunto en el cual no se obtendrá lo que se desea. Me hace reír bajo el poncho.- Obligar al disimulo. //Reír de los dientes para adentro. Más fácil que sacarle el poncho a un borracho.- Carente de dificultades. 144

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Perder el poncho.-La abstracción del ánimo provocada por ciertas ideas influye en la desatención de otras. A mí nadie me pisa el poncho.- A nadie temo ni acepto retos sin responder al desafío. Tender el poncho para que lo pisen.- Provocar una celada. // Adular con esperanzas de obtener provecho. A poncho, no más...(Ir o venir a poncho, no más).- Representa este modismo campesino, al hecho de que una persona vaya o venga a determinado sitio, desaprensivamente, sin saber nada de lo que ocurre o puede ocurrir en ese mismo lugar.// Ir sin defensa a alguna parte, o con defensa excesivamente pobre. Da risa ver que hoy con qué temeridad, algunos mozos sin saber trabajar, alzando el poncho a la iglesia se van. Pobrecito mi poncho se ha vuelto hilacha, por andar tras los ojos de una muchacha.

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Te has criao ande no había talerol- Se le suele decir a las personas caprichosas y amigas de no hacer caso a los consejos sensatos de los que tienen experiencia. Salir con el poncho por delante-- Irse. Tener la certeza de su alejamiento. Como puñalada de picaro (o de loco).- Realizar algo con precipitación, consecutivamente, rápidamente. Los mates; los cachetazos dados uno detrás de otro, se dicen como puñaladas de picaro. A los años, poncho de paño.- Tomar resolución después de habérsele insistido mucho a una persona que debía decidirse en la misma.

EL PONCHO "...sirviéndose del poncho en lugar de capa o capote por su mayor comodidad. Viene a ser una manta de dos varas y media de largo o poco más y menos de ancho, tejido de lana o algodón y dibujada con varios colores y labor. Se viste pasando la cabeza por una pequeña abertura que tiene en medio, con lo que queda descansando sobre los hombros, y cuelgan por uno y otro lado sus extremos, que se levantan cuando se quiere desembarazar los brazos, echando para atrás la falda delantera, o terciando sus costados 14h

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sobre los hombros. Los tejidos son más o menos finos y de varios precios; suele haberlos muy ricos así por la tela como por sus dibujos. La gente del campo de todas clases usa siempre en todo tiempo de este traje, tanto en casa, como afuera, así a pié como a caballo. Es también propio de los peones y de toda la gente de servicio que los visten muy ordinario". (Descripción de la Provincia del Río de la Plata, por el Teniente de Navio de la Real Armada, Don Francisco Millau y Maraval, año 1772).

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ÍNDICE

EL CUCHILLO 7 Reseña histórica 7 ARMAS BLANCAS USADAS POR LOS CRIOLLOS 24 El cuchillo 24 El puñal 26 El facón y la daga 28 Estoque 31 Partes constitutivas de las armas blancas 31 MANERA DE PORTAR EL CUCHILLO 40 EMPLEO DEL CUCHILLO EN LA LUCHA 43 Tajos predilectos por el paisano ante las fieras 46 ESGRIMA DEL CUCHILLO 51 EL CUCHILLO EN LOS ZURDOS 62 ARMAS DOBLES 67 Cuchillo y rebenque 67 Golpe a la muñeca y golpe a la cabeza del contrincante 69 Cuchillo y poncho 71 ARTIMAÑAS CRIOLLAS 79 SUPERSTICIÓN, CREENCIAS Y VOCABULARIO DEL CUCHILLO 81 EL CUCHILLO USADO COMO DETECTOR DEL SONIDO Y COMO LOCALIZADOR DE CIERTOS OBJETOS EN MOVIMIENTO 83 INFLUENCIA DEL CUCHILLO EN LA TOPONIMIA NACIONAL ... 84 ESGRIMA DE LA CARONERA 85 EL REBENQUE 88 Variedades del rebenque 91 (Rebenque de argolla, talero y guacha) 149

Arreador El rebenque usado como arma contundente La chuza ALGUNAS VOCES DE MANDO EMPLEADAS EN EL MANEJO DE LA LANZA DEL REGLAMENTO DE EJERCICIOS PARA LA CABALLERÍA EN NUESTRO EJÉRCITO, QUE DEBIERON USARSE EN LA ESGRIMA DE LA CHUZA PRACTICADA POR LOS NATIVOS DE NUESTRO PAÍS VOCES USADAS EN EL "REGLAMENTO DE EJERCICIOS" DEL MINISTERIO DE GUERRA ARGENTINO UBICACIÓN DE LAS LANZAS AL MONTAR O APEARSE DEL CABALLO ESGRIMA DE LA LANZA O CHUZA (LANZADA A FONDO Y LANZADA A AIRE DE CARGA) PARADAS Y QUITES PAREMIOLOGÍADE LOS ELEMENTOS DE LA ESGRIMA CRIOLLA (Refranes y compadradas) Del cuchillo Del facón Del puñal De la daga De la vaina Del rebenque Del poncho De la chuza ADIVINANZAS APÉNDICE El poncho

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