El Secreto de La Clase

July 25, 2022 | Author: Anonymous | Category: N/A
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êndice

HŽctor de Le—n Mach’nÑ La Žpoca de los dinosauriosÑÉÉ. 6 Fran CedrŽs BernalÑ Un ma–ana de tiempoÑ ÉÉÉÉÉ.. 10 Alexandro Gonz‡lez MamaniÑ El d’a de ma–anaÑ ÉÉÉ.. 15 Daniel S‡nchez Mart’nÑ Y Yendo endo al futuroÑ ÉÉÉÉÉÉÉ 19 Alejandro Zhang Zhang ChangÑ Un rrecuerdo ecuerdo inolvidableÑ ÉÉ.. 23 Claudia Rom‡n PŽrezÑ Un viaje extraordinarioÑ ÉÉÉÉ 27 Leonardo Nicholas Knight BrownÑ El viajero pensativoÑ .. 31 HŽctor Gonz‡lez MesaÑ Viaje en la m‡quina del tiempoÑ .. 35 Nauzet Betancort PŽrezÑ El viaje de NauzetÑ ÉÉÉÉÉ.. 39 Isaac Rodr’guez VacaÑ VacaÑ ÀQuŽ habr‡ all’?Ñ ÉÉÉÉÉÉÉ 44 Noara Montelongo MenŽndezÑ A travŽs del tiempoÑ ÉÉ.. 48 Mara Patricia PetersÑ Viajando por los a–osÑ ÉÉÉÉÉ. 53 Lucas Ram’rez S‡nchezÑ Viajero al futuroÑ ÉÉÉÉÉÉ 57 Jorge Moreno Pel‡ezÑ Un cruce inesperadoÑ ÉÉÉÉÉ.. 60 Juanfran Guadix GuerraÑ La antigua InglaterraÑ ÉÉÉ. 64 Itahisa Gonz‡lez Arr‡ezÑ Un gran futuroÑ ÉÉÉÉÉÉ.. 67 Miguel Brito PŽrezÑ Viviendo con dinosauriosÑ ÉÉÉÉ.. 72

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Pr—logo Fue algo incre’ble, no daba crŽdito a que aquella m‡quina estuviese en mi poder. Siempre les hab’a dicho a mis alumnos que era algo imposible de realizar, que no importaba los a–os que pudiesen pasar, nunca iba a existir. Pero resulta que estaba equivocado, la ten’a all’ conmigo.  No sab’a de d—nde hab’a salido ni quiŽn la hab’a construido y mucho menos por quŽ la hab’an dejado en mi clase. Pero all’ estaba, una m‡quina del tiempo. Ten’a el poder de ir al futuro o al pasado. Yo no la hab’a probado y no lo iba a hacer. Aœn as’ no ten’a la menor duda de que era algo real, que no se trataba de ninguna broma. Era un aparato muy simple que ven’a acompa–ado de diferentes carcasas  para que cada usuario la decorase a su gusto y pudiese disfrutar de su viaje so–ado. La nota que hab’a junto a la m‡quina era la que lo aclaraba todo, la que dec’a lo que deb’a hacer y la que no me hizo dudar de que aquello era real. Deb’a permitir que todos mis alumnos disfrutasen de aquel  privilegio. Cada viernes un alumno se la llevar’a y podr’a viajar a la Žpoca que desease para poder vivir una experiencia irrepetible. Tras haber sido utilizada por cada uno de mis alumnos yo me deb’a encargar de su absoluta destrucci—n y yo no podr’a usarla. Ese era mi castigo no haber cre’do nunca que los viajes en el tiempo se llegar’anpor a realizar.  No veng‡is a buscarla, ya no queda nada de ella. El œnico rastro de su existencia es el conjunto de historias que aquellos que viajaron en el tiempo dejaron escritas y que ahora comparten con vosotros. Sed  pacientes, esta es la prueba de que es posible y que algœn d’a todos  podrŽis viajar viajar en el tiempo. Alberto G—mez de la Parte 4

 

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HŽctor de Le—n Mach’n La Žpoca de los dinosaurios Soy HŽctor y este fin de semana me tocaba viajar en la m‡quina del tiempo, yo hab’a decidido ir a la Žpoca de los dinosaurios, lo que decid’ hacer fue sacar foto fotoss del paisaje y del tiempo en el que estaba,  para despuŽs ver las fotos con todos mis compa–eros, mis amigos de clase me dijeron que la Žpoca de los dinosaurios, a la que hab’a decidido ir era la m‡s curiosa y extra–a. A parte, si un dinosaurio te ve’a, podr’a atacarte. Lo m‡s raro es que all’ hab’a varios tipos de  plantas extra–as extra–as y venenosas, ten ten’a ’a que tener cuidad cuidado. o. Cuando ya me hab’a colocado en la m‡quina del tiempo, de repente, empez— a dar vueltas y se escuchaban ruidos extra–os, abr’ los ojos y me encontrŽ en la Žpoca en la que hab’a decidido estar. Yo siempre hab’a querido conocer esa Žpoca, porque me gustar’a vivir la experiencia de estar all’. Y as’ fue, estuve en esa Žpoca. El  paisaje fue lo m‡s incre’ble, incre’ble, hab’a cuevas profun profundas das en las que viv’an los dinosaurios, hab’a ‡rboles y criaturas de todo tipo, hasta estaba mi dinosaurio favorito, el velociraptor, me gustaba porque era el animal que m‡s corr’a en el mundo y siempre lograba escapar de sus depredadores mediante su agilidad y velocidad. Me adentrŽ en la selva. Ten’a que tener mucho cuidado porque hab’a  plantas venenosas, al llegar al centro del bosque saquŽ fotos a unos animales ya extinguidos en mi Žpoca, dinosaurios herb’voros y algunas plantas extra–as e incre’bles. Al mirar el reloj me di cuenta que ya era la hora de comer. Al salir del bosque, me encontrŽ un extenso mar y como el gran sol de mediod’a se refleja en Žl. Extend’ unos manteles y me quedŽ en el suelo comiendo y a la vez mirando lo extraordinario que es el paisaje, y como los dinosaurios herb’voros 6

 

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 pod’an coger las hojas de las ramas m‡s altas de un ‡rbol. Al acabar de comer, lo recog’ todo y segu’a el camino, mientras andaba me hab’a encontrado con un dinosaurio carn’voro. Por suerte estaba durmiendo, mientras lo estaba rodeando se mov’a como si supiera que estaba all’. Ya pasado el dinosaurio segu’ el camino y sacando  buenas fotos. Me hab’a hab’a acercado a la sombra de un r’ r’oo para descansar y beber agua cuando mirŽ hacia arriba y vi a una cr’a de dinosaurio  bebiendo agua en la otra orilla. Yo Yo me alejŽ para no asustarla pero de repente se hab’a ca’do y no hacia pie. No sab’a quŽ hacer, hab’a dejado el bolso cuando me tire al agua, cog’ a la cr’a y nadŽ hasta la orilla, ya all’, vi que la madre se acercaba y me fui corriendo hacia la otra orilla para esconderme por si me hac’a da–o. Al cabo de un rato, la cr’a y la madre estaban durmiendo. Mientras dorm’an decid’ huir para que no me hiciera nada pero la madre se hab’a despertado y empecŽ a correr lo m‡s r‡pido posible. Bajando una ladera encontrŽ una cueva y decid’ esconderme, el dinosaurio no me vio, lo ten’a justo encima, pero no se enteraba de que yo estaba debajo de Žl. Mientras el dinosaurio me estaba buscado me adentrŽ en la cueva. DespuŽs de un largo paseo hab’a cre’do haber encontrado la salida, pero no, de repente hab’a visto el para’so; un gran lago, monta–as y flores extravagantes. SaquŽ varias fotos y decid’ salir por donde hab’a entrado, ya que sab’a que en las cuevas es viv’an la mayor’a de los dinosaurios. Al salir el dinosaurio ya donde no me buscaba. IntentŽ subir la ladera. DespuŽs de un rato caminando y sacando fotos me hab’a encontrado con una charca al lado del camino y me acerquŽ a ver si pod’a sacar alguna foto incre’ble y as’ fue: hab’a visto una especie de pez que se hac’a invisible durante unos segundos y volv’a a aparecer. Le hab’a sacado una foto porque era una especie de pez ya extinguido en nuestra Žpoca. De inmediato segu’ el camino, hab’a un gran barranco en el que se encontraba un 7

 

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dinosaurio extra–o y nuevo, me hab’a encontrado con un Anquilosaurus que estaba peleando con un Tiranosaurio Rex. Lo m‡s sorprendente fue que el Anquilosaurus se proteg’a con el gran caparaz—n de su espalda. De un momento a otro me di cuenta que el Tiranosaurio Rex le hab’a mordido una de sus patas. Mientras ellos  peleaban yo me acercaba para para sacar una mejor foto. El Anquilosauru Anquilosauruss se levant— y con su cola le dio un golpe tan fuerte que el Tiranosaurio Rex se fue. Cuando vi que el dinosaurio estaba herido cog’ mi libro que ten’a en la mochila y empecŽ a buscar plantas curativas. Cuando las encontrŽ en el libro me fui a buscarlas al  bosque, cog’ las plantas y curŽ al dinosaurio que estaba herido. DespuŽs de haberlo curado se fue. Me hubiera gustado que hablara  para que me diera las gracias, pero sab’a que Žl me daba las gracias. Ya de noche me hab’a refugiado en las ra’ces de un viejo ‡rbol. A la ma–ana siguiente, recog’ todo, segu’a el camino a ver a d—nde me llevaba la incre’ble Žpoca. En el camino hab’a visto una extra–a salida que se desviaba, como si hubieran arrastrado algo y decid’ seguirlo. DespuŽs de un rato empez— a haber sangre lo cual me estaba empezando a asustar y de repente vi detr‡s de un mont—n de piedras un Tiranosaurio Rex comiŽndose a otro dinosaurio. Para mi mala suerte pisŽ una rama y el dinosaurio me escuch— y se dio cuenta de que estaba all’ y me fui corriendo. me persegu’a yo segu’a corriendo si anopunto hubiera un ma–ana.ƒlSegu’a y segu’ay corriendo, cuando yacomo estaba de atraparme, de repente, sali— el Anquilosaurus que hab’a curado anteriormente y luch— contra Žl. No me pod’a quedar mirando, cog’  piedras y se las lancŽ, entre los dos conseguimos que se fuera el dinosaurio. El dinosaurio que me hab’a ayudado estaba gravemente herido. Por suerte me hab’a quedado un poco de plantas curativas que llevaba en la mochila por si me hac’a falta. La volv’ a utilizar para curar al 8

 

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dinosaurio, ya cu dinosaurio, curado, rado, Žl sigui— su camino y yo segu’ el m’o. M‡s adelante vi otro tipo de dinosaurio. BusquŽ en el libro que ten’a y se llamaba Centrosaurus apertus. cre’ que era carn’voro pero no fue as’. Era herb’voro y segu’ mi camino. Hab’a terminado aquel viaje y hab’a decidido volver, volver, pero la maquina me hab’a llevado a otro tiempo no al momento del que hab’a salido. Ahora estaba en el futuro, en donde hab’a coches que volaban y m‡quinas con memoria. Cuando estaba all’ solo pod’a esperar y ver quŽ le pasaba a la m‡quina del tiempo. DespuŽs de haber dado un largo paseo y de buscar a alguien que supiera que le pasaba a la m‡quina del tiempo, encontrŽ una tienda en la que dec’a arreglamos maquinas del tiempo y entrŽ, al entrar se ve’an fotos de m‡quinas del tiempo iguales que la m’a. La tuve que dejar en la tienda y decid’ ver los nuevos descubrimientos, que el mundo hab’a descubierto al cabo de los a–os. DespuŽs de ver algunas cosas que me dejaron pasmado fui a ver si estaba arreglada la m‡quina del tiempo, y as’ fue, la m‡quina ya estaba lista para volver a casa. Y volv’ a casa, deje la m‡quina del tiempo y me puse a ense–arle las fotos a mis compa–eros. Todas las fotos que hice de la Žpoca de los dinosaurioss y tambiŽn las que hice en mi r‡pido paso por el futuro. dinosaurio

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Fran CedrŽs Bernal Un ma–ana de tiempos Aquel viernes por la noche me tocaba probar la m‡quina del tiempo y2612 as’ lo Cuando entrŽFue me un pidi— ponerdela tardanza fecha; yodentro puse eldea–o y hice. empecŽ el viaje. minuto la m‡quina. Cuando lleguŽ estaba todo muy raro. Menos mal que iba  preparado con comida y agua porque me iba a quedar todo el d’a. Pero no sali— como quer’a, hab’a muchas carreteras de metal, edificios gigantes y todo muy futur’stico. Vi unos robots y un mont—n de personas, me acerquŽ y vino la parte mala. Los robots ten’an fichas de todas las personas de Lanzarote. Significa que ten’an registradas a todas las personas. Lo malo era que como ven’a del  pasado no ten’an la m’a y me intentaron liquidar liquidar,, pero escapŽ. Los  perd’ de vista a base de correr correr.. Hice una larga caminata hasta encontrar a una persona que me gui— por toda la ciudad. Mientras and‡bamos esquivando los robots el se–or me hablaba mucho de la ciudad: que los robots los hab’a creado la polic’a y que la ciudad la hab’a creado un arquitecto famoso. Cuando lleguŽ a su casa Žl me dijo un mont—n de cosas de la ciudad, de lo que hab’a pasado esos a–os de los robots y muchas cosas. Hacia las 12:00 de la noche el hombre ya estaba dormido y yo me fui de la casa y prosegu’ mi viaje. Quer’a ver m‡s c—mo era el futuro y fui caminando por toda la calle, viendo todo ese paisaje met‡lico y futur’stico ÁquŽ pena que no ten’a c‡mara de fotos! Pero yo segu’a viendo ese paisaje. Pero cuando todo era bonito y precioso escuche ÁANIQUILAR! ÁANIQUILAR! Yo me girŽ y vi con gran sorpresa a un mont—n de robots, eran como veinte. Cuando intentŽ escapar, uno de los robots me cogi— por la mochila, me mov’a de lado a lado hasta que logrŽ empujar al robot y  pude escapar escapar.. Los robots me segu’an muy r‡pido, yo intentŽ  perderlos de vista pero era inœtil, iban muy r‡pido. De repente veo 10

 

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una cosa en mi mochila, Áera la botella de agua! Y se me ocurri— una idea, empapar a los robots para que se estropeen. Los robots se acercaban y yo les echŽ agua, justo al robot que le hab’a echado el agua no se pod’a mover y al final dej— de funcionar y as’ lo hice hice con todo todos, s, me sali— mejor de lo esperaba. esperaba. Ya terminŽ con los robots y vi c—mo era el futuro. T Ten’a en’a ya ganas de ir a otro tiempo y eso hice. Cuando lleguŽ a la m‡quina me pidi— otra vez fecha y estuve pensando quŽ fecha poner hasta que un rayo de un robot que me hab’a seguido impact— contra la m‡quina poniendo una fecha aleatoria. Yo, r‡pidamente pulsŽ el bot—n de iniciar pero la m‡quina se estaba reiniciando por el golpe que le meti— el robot. El robot se acercaba m‡s y m‡s mientras yo estaba rezando para que no me hiciera nada y justo cuando estuvo a punto de entrar la m‡quina se inici— y el robot no pudo entrar. Ya sŽ que no volverŽ al futuro.   Cuando lleguŽ al nuevo tiempo, el paisaje era totalmente distinto al del futuro, todo eran ‡rboles, cuevas y un mont—n de animales que no conoc’a. Cuando fui investigando mirŽ la fecha que era en la m‡quina del tiempo y pon’a que hab’an pasado 50.000 a–os y eso significaba que estaba con cavern’colas, cuando miraba el paisaje vi una cosa, un  poblado. y as’,hablar hab’aen cavern’colas. Cuando un cavern’colaYomeme vio acerquŽ me empez— un idioma extra–o y yo no le entend’a. Los cavern’colas me ofrecieron comida y yo com’ con ellos. Cuando terminŽ me fui, ten’a mucha sed y se me pas— decirles que quer’a agua, as’ que me fui a buscar un r’o. Cuando lo encontrŽ no parŽ de  beber agua. Yo segu’a caminando hasta que vi una cueva y decid’ refugiarme ah’ a dormir. dormir. Cuando despertŽ, la cueva estaba toda iluminada por el sol. 11

 

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Cuando sal’ me entraron ganas de ver el paisaje y as’ lo hice, estuve varias horas paseando y viendo todo ese paisaje verde y natural. Hab’a muchas flores, plantas y muchas cuevas y barrancos. DespuŽs de un rato encontrŽ una playa y me refresquŽ ah’ dentro, terminŽ de  ba–arme y me fui ya para ver m‡s como era el pasado, pero no todo era bonito. Mientras prosegu’a la caminata yendo hacia la m‡quina del tiempo, vi una cueva iluminada, pero parec’a iluminada por una luz que ven’a de dentro, entonces yo entrŽ y lo que vi me dej— de piedra. Era un grupo de cavern’colas contra un diente de sable, yo decid’ ayudarles as’ que cog’ un palo, lo prend’ con la otra antorcha y el grupo de cavern’colas y yo asustamos al diente de sable y se fue. Uno de los cavern’colas me dio un collar muy bonito con huesos de animales. Tras ayudarles prosegu mi viaje. Luego miLa camino hacia la m‡quina del prosegu’ tiempo,’fueron unos 6 o 7terminando km de viaje. m‡quina al  parecer estaba en perfecto estado, parec’a que nada la toc—. Antes de que me fuera quer’a decirles adi—s a los cavern’colas y as’ lo hice, fui hacia el poblado y les dije adi—s con la mano, pero creo que no me entendieron. Cuando lleguŽ a la m‡quina del tiempo puse la fecha otra vez, esta vez quer’a ir al a–o en el que mis abuelos eran ni–os que era el a–o 1933. Antes de despegar cog’ comida de los ‡rboles por si ten’a hambre. Ya era hora de despegar. EntrŽ a la m‡quina, coloquŽ la fecha y despeguŽ. Como siempre fue un minuto dentr dentroo de la m‡qu m‡quina. ina.

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Cuando lleguŽ todo era muy pobre. No hab’a muchas casas sin colores y la gente llevaba ropa desgastada y no ve’a casi coches. DespuŽs comencŽ una caminata por todo el pueblo viendo c—mo estaba. Vi personas lavando su ropa en un r’o, vi a gente comprar en un mercadillo y varias tienditas de por ah’, se me ocurri— comprar una camiseta de recuerdo de alguna tiendita. EntrŽ a una y los precios eran barat’simos, la ropa no estaba colorida y al final comprŽ la camiseta, cuando sal’ de la tiendita un hombre me pregunt— d—nde estaba la oficina de correos y yo se lo dije. DespuŽs el hombre me invit— a un chocolate caliente. DespuŽs de veinte minutos caminando llegamos a su casa y el hombre trajo una bandeja con chocolate caliente y galletas. DespuŽs de comer, el hombre me habl— sobre Lanzarote de ese tiempo, que les faltaba dinero y muchas cosas m‡s. M‡s tarde el hombre se levant— y fue a su jard’n. Yo le ayudŽ a regar y plantar la semillas que ten’a. DespuŽs me di cuenta que una fuga de gas estaba soltando mucho humo y sin pensarlo pasŽ r‡pidamente por el pasillo, entrŽ a la cocina y cerrŽ la fuga de gas, despuŽs abr’ las ventanas para que se fuera el humo. El se–or me dio las gracias y yo le dije que me ten’a que ir. Mientras iba camino a la m‡quina del tiempo vi un restaurante y como ten’a hambre entrŽ y com’. Me atendieron muy r‡pido, la carta era muy peque–a pero parec’a delicioso. Cuando trajeron la comida no parŽ de comer porque estaba delicioso, repet’ y aun as’ costaba muy poco. Cuando sal’ me entraron ganas de ver mas como era el  pueblo. Vi como era un spa y vi todas las cosas que hab’a dentro. ComprŽ una figurita, unos collares, y una banda de la suerte. Fueron s—lo diez euros. Ya hab’a visto un mont—n de cosas y ya tenia ganas de ir al presente, hice la caminata hasta llegar a la m‡quina del tiempo, volv’ a ver lo mismo que hab’a visto en el viaje.

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LleguŽ a la m‡quina del tiempo, entrŽ, coloquŽ la fecha y despeguŽ. Como siempre fue un minuto dentro de la m‡quina, cuando lleguŽ mis padres estaban despiertos y me ayudaron a llevar la m‡quina del tiempo al colegio. Ten’a ganas de escuchar las historias de mis compa–eros con la m‡quina del tiempo y de contarles yo la m’a.

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Alexandro Gonz‡lez Mamani El d’a de ma–ana Era viernes y por fin me tocaba llevarme la m‡quina del tiempo. Decid’ 27/3/8056.Por Eraejemplo todo muy futurista,viajar pero al no futuro, todo eraexactamente como yo mealimaginaba. los mercados segu’an en el suelo y hab’a dos tipos de carreteras: una que iba por el aire y otra que iba por el suelo. Los robots s—lo trabajaban en los los ttaxis, axis, mercados y ayudaban a los polic’as. Me sorp sorprendi— rendi— cuando un vendedor ambulante me habl— y me dijo: que las nubes y el aire eran artificiales. Porque la tierra hab’a sido destruida y ahora viv’amos en un trozo que se desprendi— de nuestro planeta original. Ese trozo estaba rodeado por una gran burbuja que nos proporcionaba atm—sfera, gravedad, ox’geno y lluvia. Era todo incre’ble. Hab’a un rascacielos construido en el aire que ten’a 2.008 plantas de altura. Me dijeron que ese era el ras rascacielos cacielos de la compa–’a qu quee cre— la la gran bburbuja urbuja que rodea al pedazo de la tierra. No me pod’a creer que la tierra hubiera cambiado en tantos aspectos. Hab’a muchas personas mayores que por lo menos ten’an m‡s de 100 a–os, as’ que la calidad de vida hab’a mejorado much’simo. Era todo muy alucinante pero last‡tara m‡quinas sab’a usarlas para quŽy serv’an. EncontrŽ a mi nietono y le dijec—mo que ven’a delo pasado que era su t‡tara abuelo pero Žl no me crey— as’ que intentŽ convencerle, pero Žl no me quer’a creer as’ que le ense–Ž mi marca de nacimiento y Žl ten’a la misma marca, en ese momento se dio cuenta que yo estaba diciendo la verdad, le preguntŽ su nombre y cuando me lo dijo me di cuenta que ten’amos el mismo apellido. ƒl me pregunt— que c—mo consegu’ consegu’ llegar hasta esa Žpoca y le contŽ que en el a–o 2017 del que ven’a ya se hab’a creado una m‡quina del tiempo. Luego, Žl me dijo que esa m‡quina del tiempo de la que yo 15

 

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hablaba podr’a ser la misma que estaba expuesta en un museo de esa ciudad y me llev— a verla. Ese museo era hermoso, hab’a obras de arte de mi tiempo conservadas como la mona lisa y algunas obras de arte de Picasso. TambiŽn hab’a insectos y animales como por ejemplo una especie de caracol que med’a por lo menos 3 metros de altura. Ese caracol escupe ‡cido corrosivo, me dijeron que ese ‡cido que escup’a proven’a de su est—mago, si se sent’a invadido regurgitaba regurgit aba ese ‡cido de su est—mago y lo escup’a. DespuŽs de ver todo un poco llegamos a la sala de la m‡quina del tiempo, pero nos encontramos a unos ladrones que estaban rompiendo la m‡quina; supongo que para vender cada una de sus  piezas, nuestro gu’a al ver eso llam— a la polic’a y llegaron enseguida gracias a que en esa Žpoca se inventaron los tele transportadores, vinieron polic’as juntoacon cuantos robots muy tiroteo bien armados dispuestos a encerrar los unos ladrones. Hubo un gran yo y miy t‡tara nieto est‡bamos escondidos detr‡s de unas cuantas cajas con unas gafas de rayos X para poder ver lo que estaba pasando. Desde detr‡s de las cajas cuando todo acab—, los polic’as robots encerraron a los ladrones. ladrones. Se los llevaro llevaronn por un portal, portal, los pol polic’as ic’as nos di dijeron jeron que ellos podr’an arreglar la m‡quina del tiempo aunque yo no imaginaba c—mo. Algunas de las piezas estaban rotas as’ que nos dijeron que consiguiŽsemos repuestos de las piezas que se rompieron  para que ellos pudieran arreglar la m‡quina del tiempo. Mi t‡tara nieto me dijo que fuŽramos a una chatarrer’a en la que el jefe era el  padre de un amigo suyo llamado Ricardo. Le dijimos al padre de Ricardo lo que nos hab’a pasado y las piezas que necesit‡bamos pero en su chatarrer’a solo ten’a 3 piezas de las 5 que necesit‡bamos. Pero al ver que no conseguimos todas las piezas que necesit‡bamos nos recomend— ir al gran rascacielos que estaba en medio de la ciudad que era de la compa–’a que cre— la gran burbuja. Le  preguntamos a la recepcionista robot si ten’an las piezas que necesit‡bamos y ella nos dijo que s’ pero para llegar a ellas 16

 

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tendr’amos que recorrer casi todo el rascacielos y necesit‡bamos un gu’a as’ que nos encomendaron uno y eso se convirti— en una visita guiada por el rascacielos. Dentro hab’a una gran f‡brica de inventos muy futuristas, por ejemplo un ordenador que no te hac’a falta escribir. S—lo te tienes que poner una especie de casco con algo a lo que se parec’an unos electrodos. Me dijeron que œnicamente te ten’as que poner el casco y pensar en las palabras que deseabas poner y se escrib’an autom‡ticamente y aparte ten’a un asiento con manos rob—ticas que hac’an casi todo lo que quer’as como darte un masaje, servirte una bebida etc. TambiŽn vimos robots de œltima generaci—n entrenando, que empezaban a tener rasgos faciales como los de un humano y nos ense–aron que esos robots podr’an tener una conversaci—n tranquila de casi cualquier cosa con humanos. Adem‡s tienen un ssistema istema de pprotecci—n rotecci—n para el humano que ssii ve a un humano en peligro va y lo sal salva, va, tiene uunn 800% ddee fuerza m‡s que un toro y un 200% de m‡s velocidad que un avestruz. Para poder ayudar a los humanos sus cerebros de circuitos se dividen en 3 sencillas normas: primera nunca herir a un humano, segunda hacerles caso en cualquier cosa que sea aceptable o legal y tercera salvarlos en cualquier situaci—n de peligro aunque le cueste la vida al robot. Cuando por fin llegamos a la sala de la m‡quina del tiempo nos dijeron que para poder conseguir la pieza tendr’amos que pagar 3.000 garts yo dijo le preguntŽ a mi nietolos queeuros era eso garts.y Mi t‡tara nieto yme que eran como en de milos Žpoca le  pregunte cu‡ntos garts nos costar’a y me dijo 80.000 y que no ten’a esa cantidad de dinero. Pero me dijo c—mo podr’amos conseguirlos aunque no me gust— esa idea. Ten’amos que robar un robot de œltima generaci—n y venderlo al triple de lo que costaba en el mercado negro para poder conseguir el dinero que nos faltaba. Nos escondimos detr‡s de las m‡quinas que fabricaban los robots y cuando anocheci— robamos el robot, inutilizamos las c‡maras y cuando ten’amos el robot en nuestras 17

 

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manos nos montamos en Žl y le dijimos que echar‡ a bajo la puerta  pero como sus normas de creaci—n no se lo permit’a no nos hizo caso. Pero le manipulamos el cerebro y al final conseguimos que rompiera la puerta y huimos, llegamos a la chatarrer’a de Ricardo y le vendimos el robot a su padre y por fin conseguimos el dinero necesario y por fin conseguir darles a la polic’a todas las piezas necesarias. Nos dijeron que ellos nos pagar’an un hotel porque les llevar’a 2 d’as arreglar la m‡quina. El primer d’a vi que el hotel era inmenso y ten’a criados robot y teles que ten’an m‡s de 900  programas, algunos de esos programas eran alien’genas o por lo menos la presentadora o presentador. El segundo d’a mi nieto me llev— a dar una vuelta por el hotel y vimos una piscina inmensa con cascadas artificiales luego nos llam— la polic’a diciendo que ya ten’an la maquina lista me met’ en ella y me desped’ de mi nieto y volv’ a mi Žpoca.

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Daniel S‡nchez Mart’n Yendo al futuro Ayer fui al a–o 2117, avancŽ un siglo para ver c—mo ser’a la vida en el futuro. Simplemente dartodo al bot—n de la m‡quina del tiempo, cuand cuando o lleguŽ al tengo futuro que vi qque ue era di diferente. ferente. Los edificios flotaban en el aire en unas estructuras de materiales reciclados, los perros se paseaban con unos peque–os robots. La gente vest’a con unos colores muy llamativos. No usaban coches todos ten’an unas peque–as bicicletas voladoras que funcionaban con luz solar. Cuando mirŽ hacia arriba vi un barco volador. La gente corr’a asustada, un se–or m mee dijo que era el malvado Destructor , qque ue ten’a atemorizada a toda la ciudad . Decid’ hacer un largo viaje para eliminar ese barco volador. Pasadas unas horas vi el barco vol volador ador pero hhab’a ab’a un pproblema, roblema, c—mo llegar si estaba en el aire. As’ As’ que se me ocurri— una idea, juntar dos ‡rboles y coger un el‡stico gigante. Cuando probŽ mi idea, fui disparado hacia el barco volador volador.. Lo primero que deb’a hacer era acabar con los enemigos, luego derrotar’a al Destructor y el barco. IntentŽ eliminar a los enemigos pero era demasiado dif’cil. Se me ocurri— activar mi modo sœper Daniel. Tras algunos esfuerzos les derrotŽ, cuando me toc— luchar contra el jefe fue dif’cil vencerlo, pero terminŽ destruyendo al jefe y al barco volador volador.. cuando volv’ a la ciudad vi que todo ya estaba en orden. De repente pas—, que vino otro barco y dije. ÁPero quŽ miŽrcoles pas— si lo destru’! destru’! En es esee barco vola volador dor se oy— una voz at aterradora erradora y dijo:  Ñ ÁJa, ja, ja!, cre’steis que por destruir mi otro barco volador ya me habŽis detenido, pues no, tengo muchos barcos voladores pues yo, Aniquiladorr soy el autŽntico jefe, si querŽis detenerme tendrŽis que ir Aniquilado 19

 

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a mi castillo y derrotarme si podŽis.  Ñ No puede ser ser,, ahora tengo que ir a su castillo,Ñ dije yo en voz alta. V much’simos barcos que voladores los aniquile, despuŽsadetodos eso por fini lleguŽ a mi destino era el ycastillo. EntrŽ yy derrotŽ los que hab’a all’. En lo alto del castillo estaba uno de los m‡s poderosos enemigos y Žl me dijo:  Ñ ÁA ver si me puedes derro derrotar! tar! Entonces apareci— un robot gigante y comenz— el combate. Yo le di un golpe, pero lo esquiv— y Žl me lo devolvi—, y me dio 5 golpes  parecidos, entonces no tuve otra opci—n que activar mi h’per Daniel, Žl dio un golpe pero lo esquivŽ, entonces yo le di muchos golpes y destru’ el robot gigante. Aniquilador me dijo:  ÑÀCrees que por destruir mi robot gigante me has detenido?Ñ y a–adi—Ñ Si quieres detenerme, destrœyeme a m’ si puedes. Sal’ del castillo y beb’ una poci—n de crecimiento porque se hizo m‡s grande y me hice igual de grande que Žl. Me enfrentŽ a Žl, yo le di un golpe pero le le hice poco da– da–o. o. Aniquilador me dio y me hiz hizoo mucho da–o, me dej— debilitado, no me qued— otra opci—n que activar mi œltima transformaci—n, h’per sœper Daniel, as’ estuvimos los dos al mismo nivel. Yo le di un golpe y le hice da–o, hizo un ataque especial, no pud pudee detenerlo y me alcanz— gravemente. N Noo me dej— otra opci—n opci—n y activ activŽŽ mi ataqu ataquee especial hhaciŽndole aciŽndole mu mucho cho da–o. De repente me atac— por sorpresa, me cogi— desprevenido y consegu’ activar otra vez mi ataque especial, y al utilizarlo lo derrotŽ y ahora me dijo:  ÑLo has conseguido conseguido me has derrotadoÑ derrotadoÑ y desapareci—. Yo me dije a mi mismo que lo hab’a conseguido. Volv’ a la ciudad y 20

 

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dieron una fiesta en mi honor honor,, por haber liberado la ciudad. Entonces cuando iba a entrar en la m‡quina del tiempo de repente alguien lanz— un rayo, vi quiŽn era y era mi yo oscuro y dijo:  ÑSi quieres volver volver a casa intenta derro derrotarme tarme Ája, ja, ja, ja! Directamente activŽ mi h’per sœper Daniel, mi oscuro tambiŽn activ— su h’per sœper Daniel oscuro. Empez— la batalla, mi oscuro dio un golpe pero lo esquivŽ, yo le di un golpe pero lo evit—, me di cuenta que est‡bamos al mismo nivel, mi oscuro dijo:  Ñ Yo tengo que ser el m‡ m‡ss poderoso. Yo le di un golpe sorpresa que no pudo evitar, qued— muy herido y dijo:  ÑTramposo  ÑTramp oso no se puede ha hacer cer eso.  ÑA mi me lo hicieron,Ñ res respond’ pond’ yo. Entonces sigui— la batalla, mi oscuro activ— su ataque especial, yo tambiŽn activŽ el ataque especial. Lo lanzamos a la vez, cuando chocaron y hubo una onda expansiva nos hizo a los dos mucho da–o, y los dos nos debilitamos. Yo le preguntŽ:  ÑÀPor quŽ me est‡s haciendo haciendo esto?  Ñ Yo Yo lo que quiero es volver a mi mundoÑ me respondi— Žl y me cont— lo que le hab’a sucedido. ÑTodo pas— que yo estaba en mi casa durmiendo hasta que un enemigo del futuro me rapt—, y me llev— al futuro, quer’an era mi fuerza oscura, el problema era que no  pod’a volver volver.. Cuando aparecisteis tu m‡quina y tœ te lancŽ el rayo  para poder destruirte y coger la m‡quina del tiempo y volver a mi mundo. Decid’ ayudar a mi nuevo compa–ero de aventuras, entre los dos 21

 

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conseguimos resolver aquel problema y regresar cada uno a nuestros mundos. Lo primero que ten’amos que resolver era recoger el suficiente combustible solar para poder llegar a los dos mundos. El alcalde de la ciudad que hab’a salvado anteriormente nos aport— el combustible  para hacer la traves’a. Partimos ese mismo d’a, hacia el mundo de Daniel oscuro, al llegar all’ nos despedimos y prometimos volver a vernos. Al llegar a mi mundo descubr’ que nada hab’a cambiado y que los espaguetis no se hab’an enfriado.

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Alejandro Zhang Chang Un recuerdo inolvidable Hola me llamo Alejandro y el fin de semana pasado me toc— viajar con la m‡quina tiempo Todossoy loselfines de semanas le toca del a uno viajarque contenemos ella, yo en porclase. desgracia œltimo de la lista y el orden de a quiŽn le toca es por orden de lista, por lo tanto tuve que esperar a que llegara mi turno. El otro d’a por fin lleg— ese momento que tanto ansiaba. As’ que me adentrŽ en la m‡quina del tiempo y como ya lo ten’a bastante claro a d—nde iba a viajar, r‡pidamente viaje a la Žpoca del Cret‡cico. Cuando lleguŽ a la Žpoca, lo primero que vi fue las altas palmeras que hab’a y el terreno arenoso que hab’a. Cuando mirŽ a mi alrededor,, me asombr— el tipo de vegetaci—n que albergaba en aquella alrededor Žpoca y el tipo de ecosistema que hab’a. EmpecŽ a caminar y a explorar el terreno, pero lo que m‡s me sorprendi— fue que no me hab’a encontrado aœn con ningœn dinosaurio. Segu’ caminando y me adentrŽ en la hierba alta que hab’a. De repente empecŽ a escuchar unos gritos, as’ que segu’ caminando un poco m‡s hasta que sal’ de la hierba y escondido pude observar con mis propios ojos a varios dinosaurios como el grandioso triceratops lejos. Me quedŽ un rato mir‡ndolo hasta que que lo sepod’a fue. Yobservar o segu’ desde por mi camino contento  por haber visto un dinosaurio tan impresionante. impresionante. Cuando estuve un rato andando me sentŽ a descansar un momento, ya que hac’a un calor terrible. Una vez descansado pensŽ en retomar mi camino y descubrir m‡s dinosaurios, pero me acordŽ de la m‡quina del tiempo y de c—mo llegar’a a ella si me iba muy lejos. As’ que intentŽ volver a la m‡quina del tiempo. DespuŽs de ir busc‡ndola durante bastante tiempo, ya que el lugar era enorme la consegu’ encontrar, pero para cuando la encontrŽ ya estaba oscureciendo. 23

 

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Antes de mi viaje hab’a le’do un libro en el que dec’a que el clima  por la noche era bastante fr’o pero, por suerte, cerca de la m‡quina hab’a una cueva en la que pod’a refugiarme. Al d’a siguiente, empecŽ a caminar para ver y descubrir m‡s cosas de aquella Žpoca, y as’ fue. Fui al lugar donde descubr’ al triceratops por si encontraba algœn otro dinosaurio. Cuando lleguŽ al lugar, me asombrŽ ya que me encontrŽ con velociraptores, pachycephlosaurios y varios pteranodones. Me quedŽ fascinado de haber encontrado tantos, estuve observ‡ndolos hasta que me entr— la curiosidad de descubrir un poco m‡s aquella Žpoca. As’ que empecŽ a caminar y ahora me iba fijando m‡s en el entorno, la vegetaci—n, las monta–as y el terreno. Me gust— mucho ese paisaje  pero al llevar un rato andando con ese calor me entr— la sed. IntentŽ  buscar un lago para beber beber,, ya que hab’a estudiado que tambiŽn el agua de los lagos de esa Žpoca se pod’a beber. EmpecŽ a buscar uno,  pero no encontraba ninguno y cada vez me sent’a m‡s sediento, pero tuve la suerte de poder ver uno a lo lejos. As’ que corr’ hacia el lago y cuando lleguŽ me sent’ muy satisfecho y tomŽ un trago de agua. Una vez descansado y bebido quise emprender mi camino hasta que cuando me iba a marchar vi una enorme sombra negra en el lago, me alejŽ un poco ya que ten’a miedo porque no sab’a de lo que pod’a tratarse. Me escond’ tras la espesa hierba que hab’a y observŽ con mucha atenci—n. La sombra negra asom— su cabeza y nada m‡s verle la cara y ver el tama–o que ten’a, supe que se trataba del cronosaurio. Supe distinguir quiŽn era porque antes de venir le’ un libro del Cret‡cico, en el que dec’a que el cronosaurio era un reptil carn’voro gigante que viv’a en la Žpoca del Cret‡cico, pod’a medir hasta 10 metros de largo y ddee color es azul y ten’ ten’aa una mand’bula en enorme. orme. Una vez que ya hab’a repuesto fuerzas y haber sentido esa experiencia que nunca olvidarŽ, me sent’a con m‡s fuerzas para continuar investigando la zona. Primero lleguŽ a una gran monta–a 24

 

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que quise investigar. Al tocar la roca de la monta–a notŽ que la textura era diferente y no sab’a si se trataba del mismo tipo de roca que se encuentra en la actualidad. De todos modos me pareci— curioso as’ que decid’ seguir investigando. La monta–a era muy alta y grande as’ que quise verla desde lejos. Pero primero intentŽ escalarla hasta un punto ya que hab’a un borde que sobresal’a donde me pod’a sostener. Una vez llegado al borde vi que por un punto las rocas de la monta–a se hab’an aboyado y que pod’a usarlas como escalera. Una vez escalando cuando me di la vuelta y pude observar el magn’fico paisaje en que pod’as ver todo tipo de cosas, incluso los incre’bles dinosaurios que se pod’a contemplar desde all’. Entonces me di cuenta que esa monta–a era como un mirador en el que pod’as contemplar todo el paisaje si sub’as arriba de todo. Querr’a subir del todo pero vi que cerca de la monta–a se encontraba una cascada hermosa. Decid’ ir a investigar esa cascada, bajŽ todo lo r‡pido que  pude y fui hacia la la cascada. Mientras iba de camino a la cascada, ansiaba por saber c—mo ser’a. Cuando lleguŽ quedŽ maravillado por ella, era fabulosa, el agua viajaba sobre piedras hasta que ca’a desde gran altura. El agua era tan natural y estaba tan fresca que daban ganas de ba–arse en ella. Yo no me ba–Ž pero me encant— contemplar esa maravilla. Pero de repente, me entr— bastante hambre, as’ que busquŽ un lugar para descansar en el que hubiera sombra y un poco de comida. Justo durante el recorrido anterior, hab’a visto unos cocoteros en los que hab’a unos enormes cocos, as’ que fui al lugar de los cocos, escalŽ los cocoteros para intentar llegar a los cocos, cuando tuve los cocos a mi alcance, los agarrŽ y los tire al suelo. Una vez que hab’a cogido los cocos mirŽ a mi alrededor para ver si pod’a encontrar algœn lugar para poder disfrutar de ellos, por suerte vi una cueva  peque–a pero alrededor las hojas de las palmeras daban una gran sombra, as’ que me pude sentar en la sombra, apoyarme en la cueva y cog’ una piedra para romper los cocos. Una vez rotos, me tomŽ el 25

 

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agua del coco y despuŽs me com’ el fruto. Una vez comido, se me ocurri— llevar unos cuantos que me sobraron por si me entraba sed o hambre en un futuro. Segu’ mi camino pero ya me sent’a satisfecho de haber viajado a ese lugar ya que hab’a descubierto un mont—n de cosas que no se podr’an ver en la actualidad, como cascadas tan asombrosas como la que vi, o el material tan misterioso de las monta–as, el sabor del agua del lago de esta Žpoca y sobre todo el ver y descubrir los fant‡sticos dinosaurioss de aquella Žpoca. dinosaurio Ya para cuando me di cuenta estaba empezando a atardecer, as’ que  puse rumbo a al m‡quina del tiempo para que cuando llegara me diera tiempo de regresar. Durante el camino le prestŽ atenci—n por œltima vez al paisaje, para no olvidarme nunca de esta experiencia y de todas las cosas que hab’a visto y sentido en ese viaje. Cuando estuve a punto de llegar a la m‡quina del tiempo, sent’ unos  peque–os temblores, lo que hice fue subir a una palmera para poder saber de d—nde ven’an los temblores. Cuando sub’, mire a mi alrededor para observar el origen y lo que vi me dej— entusiasmado y maravillado. Lo que vi fue al mism’simo ankylosaurio, es un dinosaurio de la Žpoca del cret‡cico que es herb’voro y se le conoce especialmente por la maza que lleva en la cola y porque tiene el cuerpo acorazado. Me quedŽ un buen rato mir‡ndolo porque siempre ha sido tambiŽn mi dinosaurio favorito. Cuando desapareci—, pude observar frente a m’ una puesta de sol muy bonita que se pod’a observar desde lo alto de la palmera. DespuŽs de observar la puesta de sol ya anochec’a, as’ que bajŽ de la palmera y con la m‡quina del tiempo que justo la ten’a al lado, volv’ a mi Žpoca actual. Me lo pasŽ muy bien en el viaje y me he quedado asombrado por todo lo que he visto y por lo que he descubierto en Žl. Me ha encantado la experiencia y la sensaci—n de poder hacerlo, Áojal‡ lo  pudiera repetir! 26

 

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Claudia Rom‡n PŽrez Un viaje extraordinario  Por fin lleg— la hora de viajar en el tiempo. Estaba preparada en mi c‡psula que me llevaba a otra Žpoca. Le di curiosidad al bot—n que Egipto como lugar de aterrizaje. Ten’a mucha porse–alaba conocer este lugar. Estaba nerviosa pero emocionada. Tras un largo viaje de unos 4.000 a–os atr‡s, lleguŽ a Egipto. ÁMe  parec’a un lugar inmenso! Fui a ver el r’o Nilo que atravesaba el pa’s de sur a norte. A lo largo de sus orillas hab’a templos, pir‡mides y valles. Caminando a lo largo del r’o ve’a c—mo se desarrollaba la vida en este lugar.al r’o: Los cereales, se dedicaban cultivar las con tierras  pr—ximas cehombres reales, hortalizas y frut frutas. as.a Entre ellas,enuvas, las que elaboraban vino y tambiŽn elaboraban cerveza con la cebada. Observaba unos animales domŽsticos, de los que obten’an diferentes  productos. Me ense–aron lo que m‡s destacaba en las ciudades: los palacios y los templos. Fui a ver los talleres de los artesanos y los mercados que se celebraban al aire libre, donde se vend’an productos a travŽs del trueque. Luego me dirig’ a las aldeas donde viv’an. Ve’a que las casas de los campesinos estaban construidas con ladrillos de adobe. Ten’an un solo piso y el techo les serv’a de terraza y de almacŽn. Por el contrario las casas de los ricos ten’an las habitaciones decoradas con  pinturas, pose’an pose’an un jard’n con estanque y diferen diferentes tes plantas. Me contaron que su trabajo era muy duro, ya que fueron reclutados  por el fara—n para construir construir las pir‡mi pir‡mides des y otros edificios. edificios.

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Las familias estaban formadas por una pareja y sus hijos. Todos trabajaban. Los hombres araban y las mujeres sembraban y ambos recog’an la cosecha. Me comentaron algunas cosas que me resultaron curiosas: algunas mujeres pod’an tener propiedades, heredar e incluso divorciarse. Es raro que alg alguna una muje mujerr ocupase altos ccargos argos de administraci—n aunque algunas llegaron a gobernar como los faraones; como Hatshepsut, CleopatraÉ Me contaron que ellos cre’an en muchos dioses: Ra, Am—n, Isis, Osiris y Horus y construyeron templos para ellos. Cada dios contaba con su propio templo y con un cuerpo de sacerdotes que se ocupaba de realizar los ritos de adoraci—n a esa divinidad. Estos estaban hechos de piedra para que pudieran durar para siempre. Por otro lado me resultaba muy curioso que ellos cre’an que hab’a vida despuŽs de la muerte, por eso conservaban muy bien los cuerpos  para su segunda vida. Cuando un egipcio mor’a lo momificaban, lo guardaban en un sarc—fago y lo enterraban en una tumba. Las tumbas m‡s grandes pertenec’an a la de los faraones. Me encontraba frente a las pir‡mides de Gizeh eran: ÁEspectaculares! Eran las m‡s famosas debido a su magnitud y a la importancia de los faraones que se enterraron all’. Este pa’s estaba gobernado por faraones y ellos ten’an todos los  poderes. Cuando un fara—n mor’a se le suced’a el poder a su hijo, era  por eso que aqu’ hab’a grandes dinast’as. La sociedad cre’a que los faraones eran dioses y ten’an poderes m‡gicos y por eso viv’an rodeados de riquezas en grandes palacios con muchos sirvientes y esclavos. Me llam— mucho la atenci—n las creencias que ten’an, c—mo viv’an y c—mo vest’an. Los faraones, los nobles, los sacerdotes y los escribas pose’an el  poder pol’tico y las riquezas y ten’an gran parte de las tierras. Los campesinos, artesanos, comerciantes, sirvientes y esclavos estaban sometidos a las decisiones del fara—n, los nobles y los sacerdotes. 28

 

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La gente que ve’a iban todos vestidos de color blanco y los tejidos me dec’an que eran de lino, una textura agradable para el calor. Los hombres llevaban una faldilla, una especie de taparrabos y las mujeres una falda con la cintura alta. Algunos iban descalzos y otros iban con sandalias de juncos. ÁQuŽ curioso! Para escribir utilizaban unos dibujos, cada uno de ellos con un significado, pero s—lo lo sab’an hacer unos pocos y lo hac’an en papiros. Estos se fabricaban con el tallo de unas plantas que crec’an en el Nilo. ÁEl Nilo! ÁQuŽ importante era para ellos! Sin Žl seguro que Egipto no hubiese existido. Todos los campesinos que me hab’an acogido en la peque–a aldea donde me estaba quedando eran muy buenos amigos y muy buenos conmigo, adem‡s me ense–aron costumbres y lugares de aquel pa’s. Me hab’a metido en las pir‡mides m‡s importantes, las de Gizeh situadas a las afueras del Cairo. Me emocion— lo grandes que eran, lo antiguas que que eran y los faraones qu quee se enterraron aall’. ll’. Como Keops Keops,, KefrŽn, Micerinos... Era una de las siete maravillas del mundo, las construy— el arquitecto Hemiunu y las termin— alrededor del a–o 2570 a. C C.. Cuando entrŽ vi que se compon’a de tres c‡maras principales, dos situadas interior de la pir‡mide del rey y de la reina, y una en el subsuelo,enlaelc‡mara subterr‡nea. DespuŽs de tres d’as po porr aqu’ hab’a llegado la hhora ora de volver a casa. Me fui triste pero feliz al mismo tiempo por haber aprendido tanto sobre esa Žpoca y ciudad. Me met’ en la m‡quina, para regresar regresar.. Una vez all’, fui al colegio y la dejŽ preparada para el siguiente.

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Ha sido un viaje estupendo, me ha encantado todo lo que he visto y lo he pasado muy bien conociendo monumentos, costumbres y lugares. Ha sido una experiencia que jam‡s vivirŽ otra vez.

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Leonardo Nicholas Knight Brown El viajero pensativo Esta semana me toca a mi llevarme la m‡quina del tiempo y quer’a ir al 2160 quŽnohab’a. meYoencontrŽ mismo peroalasver cosas iban aCuando cambiarlleguŽ por eso. segu’ miconmigo viaje en el 2160. Hab’a una invasi—n zo zombi mbi pero tres chicos es estaba taba matando a los zombis y les sobraba un arma y me la dieron para ayudarles. En 5h se nos acab— toda la munici—n, salimos corriendo hasta que encontramos una casa abandonada y nos metimos en la casa. Estaba en mal estado, se ca’an piedras del techo y tuvimos que salir de la casa porque se nos podr’a caer una piedra encima, pero vino un zombi y tuvimos que huir y estuvimos 40 minutos corriendo hasta quepar nosdeencontramos la base de militar y cogimos m‡s armas tanque ya un bazucas. DespuŽs 6 horas me fui para irme al1 pasado la era de los dinosaurios. Ten’a una capa para hacerme invisible y poder ver los dinosaurios y me met’ en la selva a buscar dinosaurios y encontrŽ un triceratops tambiŽn me encontrŽ una familia de velocirraptors. Hab’a muchos dinosaurios pero me montŽ s—lo en uno que fue un TiranosaurioRex,  pero volv’ a la m‡quina del tiempo y no sab’a d—nde ir a continuaci—n. As’ que me quedŽ un rato pensando y al cabo de un rato ya sab’a d—nde quer’a ir; a Egipto a conocer a los dioses de Egipto pero con la capa invisible para que no me hiciesen nada. Estaban construyendo las pir‡mides, era gente muy mayor los que constru’an las pir‡mides y yo me quedŽ flipando porque ten’an unos 40 a–os y ten’an las espalda reventada igual que los pies. Les costaba andar y llevaban los bloques con la espalda. Pero ellos no paraban  porque si no los los mataban. Yo me fui corriendo a la m‡quina del tiempo para irme a la Žpoca de los piratas donde hab’a muchos barcos y muchos ladrones. Fui a un 31

 

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 bar porque ten’a sed y me tomŽ un vaso de agua y despuŽs segu’ investigando investigan do la isla. Me me met’ t’ en un barco pirata y me hicieron camarada y abordamos barcos y ganamos mucho botines. Nos llevamos todo el oro y la comida que ten’an y despuŽs nos fuimos a la isla a por joyas y las dejamos en la casa del capit‡n. DespuŽs de una hora abordamos a otro barco pero en ese barco solo hab’a un chico y fue muy f‡cil ganarlo y s—lo ten’a comida pero nos llevamos la comida por si despuŽs ten’amos hambre porque nos ’bamos a quedar dos horas. Cuando pasaron las dos horas nos fuimos y quedaba poca comida. Obviamente el barco lo dejamos escondido  para que no nos lo lo robasen y nos fuimos fuimos a dormir. dormir. Yo no sab’a d—nde quedarme y el capit‡n me dej— dormir en su casa. Yo dorm’ en el sof‡ y Žl en la cama. Cuando nos levantamos fuimos todos al barco y nos fuimos a descubrir islas a ver si hab’a tesoros.  Nos encontramos una isla en la que hab’a una cueva y entramos. Estuvimos 10 minutos andando y nos encontramos una persona muerta con un mapa. Cogimos el mapa y era de esa isla as’ que seguimos d—nde indicaba el mapa y estuvimos veinte minutos andando y nos ’bamos a ir pero les convenc’ de seguir caminando y encontramos el tesoro. Claramente me llevŽ yo m‡s que nadie porque yo dije de seguir caminando y nos fuimos a la isla a celebrarlo. Como ya ten’a oro y diamantes me comprŽ una casa y cuando me comprŽ la fuimos casa mea llevŽ la m‡quina tiempo Al los cabo de 3 horas nos dar una vuelta a del la isla conall’. todos chicos. DespuŽs de darle una vu vuelta elta a la isl islaa nos fuimos a descansar para el d’a siguiente que hab’a que ir a por otro tesoro. Todos descansamos mucho nos levantamos a las 2 de la tarde y salimos a preparar la comida para el viaje, cuando ya ten’amos la comida preparada fuimos a por el tesoro. Cuando llegamos a la isla donde estaba el tesoro est‡bamos cerca del tesoro y de repente nos encontramos a otros piratas buscando el mismo tesoro que nosotros y para que no nos quitaran el tesoro empezamos a luchar. Tuvimos una dura lucha  pero ganamos nosotros aunque est‡bamos heridos. Seguimos a por el 32

 

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tesoro. estuvimos entrando por cuevas y por sitios muy raros hasta que al fin lo encontramos. Est‡bamos perdidos porque de tanto andar entrar y salir de los sitios ya no sab’amos por d—nde ir pero yo me acordŽ de que ten’amos el mapa de la isla y as’ llegamos a la playa, cogimos el barco y fuimos a nuestra isla, cuando llegamos a la isla nos fuimos a descansar porque por la tarde hab’a que navegar. Cuando era por la tarde fuimos a navegar y algunos dijeron de pescar y como no ten’amos comida fuimos a pescar, al final del d’a ten’amos un mont—n de pescados, algunos chicos dijeron de ir a comer pero otros dec’an a descansar y comer en su casa pero yo lo que quer’a era dar una vuelta con todos y como llev‡bamos todo el d’a en barco fuimos a dar una vuelta al pueblo. DespuŽs de dar una vuelta por el  pueblo fuimos a comer comer.. Estuvimos hablando y despuŽs de 5 minutos hablando nos fuimos cada uno a nuestra casa. Al d’a siguiente fuimos a limpiar un poco el barco porque ol’a a  pescado. Mas tarde, tras limpiar el barco y vender el pescado que nos sobr— nos fuimos a ver a los otros chicos de la tripulaci—n. Cuando llegamos a la casa estaban todos despiertos entonces fuimos a  practicar lucha de espadas y tambiŽn practicar la punter’a con las armas. Estuvimos hasta las 7 de la tarde all’ practicando y todos sacamos 9 y 10 en la pr‡ctica y en lo que llag‡bamos a las casas se hizo de noche. Al d’a siguiente no hab’a nada que hacer as’ que me puse a ordenar la casa, cuando terminŽ de ordenar la casa me puse a ver la tele y a dormir. Yo ya me aburr’a de estar en la isla de los piratas as’ que cog’ la m‡quina del tiempo y me fui al 2080. Hab’a coches voladores, ya no hab’a casas, solo hab’a hoteles y yo me quedŽ viendo los parques y jugando con las personas que hab’a all’. Estuvimos jugando al escondite, fœtbol, baloncesto, quemado y a otros juegos. Nos lo pasamos muy bien pero como ya eran las 8 se fueron a sus casas pero yo no ten’a casa en esa Žpoca, as’ que me fui 33

 

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al presente y me puse a dormir, cuando era por la ma–ana volv’ al 2080 para jugar con los chicos pero ellos ten’an cole. Entonces me fui a dar un paseo por el pueblo. Todo eran hoteles coches y gente y yo me aburr’a. Me fui a una helader’a y me tomŽ un batido de vainilla y un crepe y cuando terminŽ de comer me fui a dar una vuelta. Por la tarde volv’ a encontrarme con los ni–os del d’a anterior y jugamos a todos los juegos que puedas imaginar. Ya hab’a viajado mucho y estaba cansado. Me di cuenta que la maquina estaba un poco estropeada cuando la arreglŽ volv’ al  presente y le di la la maquina al siguiente siguiente ni–o.

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HŽctor Gonz‡lez Mesa Viaje en la m‡quina del tiempo Hola, soy HŽctor Gonz‡lez Mesa y este fin de semana me toca viajar en la m‡quina del tiempo de la clase. va por orden de lista, yo soy el nœmero ocho en clase y somos veintitrŽs ni–os. Yo he decidido que voy a viajar al futuro. Era viernes por la noche y me ten’a que meter ya en la m‡quina del tiempo. Estaba a punto de apretar el bot—n para viajar, de repente escuchŽ un ruido en el pasillo. Era mi perro Rufo. DespuŽs, apretŽ el  bot—n y viajŽ a cuando yo tendrŽ 35 a–os, al a–o 2070. Y Yoo era alto, moreno, los ojos marrones y de piel morena. Ten’a un coche gris, era listo y guapo. Trabajaba de jardinero, estaba tumbado en el cŽsped que acababa de cortar. El cŽsped tambiŽn ten’a margaritas. Esa Žpoca era mejor que la actual. Hab’a coches m‡s r‡pidos que ahora, las casas eran m‡s grandes, de otros colores. Lo malo era que al planeta le quedaba poco agua. TambiŽn hab’a algunos coches voladores, los ordenadores eran m‡s finos y los m—viles eran m‡s finos y grandes. Los hospitales eran mucho m‡s grandes, eran  blancos, hab’a muchos enfermeros, enfermeras y mŽdicos. El colegio era de el mismo tama–o que ahora, las clases las pod’as recibir con tu ordenador.. El planeta estaba un poco contaminado, los perros estaban ordenador todo el d’a en la calle. Viv’a en una casa a la afueras del pueblo de T’as con una chica. Ten’a muchos animales: cabras, ovejas, cochinos, conejos, hurones, perros y gallinas. Ya se estaba haciendo de d’a y ten’a que regresar ya porque si no mi madre se iba a dar cuenta de que no estaba en mi habitaci—n. Me encontrŽ con una persona que me pregunt—:  Ñ ÀSabes d—nde est‡ est‡ la gasolinera? 35

 

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 ÑNo, yo no soy de de este puebloÑ le dije yo. DespuŽs, me puse a hablar con una persona de c—mo era el mundo all’.  Ñ Hace 20 a–os atr‡s era mucho mejor mejor,Ñ ,Ñ y sigui— diciŽndomeÑ ahora hay mucha tecnolog’a y mucha m‡s contaminaci—n con los nuevos coches. Y no hab’a robots en las f‡bricas trabajando. Los refrescos y los zumos han cambiado mucho, antes eran mejores y ten’an distinto color ahora parecen que no tienen color. Era s‡bado por la noche y quer’a volver a viajar, pero esta vez a cuando hab’a dinosaurios. Mi familia ya estaba durmiendo. Ya estaba dentro de la m‡quina del tiempo, me faltaba poco para llegar. Segœn lleguŽ no vi ningœn dinosaurio, tuve que caminar varios kil—metros para encontrar mi primer dinosaurio. Era un coritosaurio. Este dinosaurio com’a hierbas, plantas y hojas. Con Žl, hab’a m‡s dinosaurios herb’voros, que se llamaban dicraeosaurus, apatosaurus, mamenchisaurus y estegosaurio. De repente, sali— de la vegetaci—n un tyrannosaurus rex, rex, los otros dinosaurios salieron corriendo. Ese dinosaurio se com’a a los dem‡s dinosaurios. El tyrannosaurus rex vino a comerme a m’, casi lo consigue. Me escond’ debajo de una  piedra, Žl se puso a olfatear y me encontr—. Me sub’ a lo alto de un ‡rbol para mirar el terreno y vi un r’o. El dinosaurio me vio, le dio un golpe al ‡rbol. El ‡rbol se rompi— y yo sal’ corriendo hacia el r’o. Cuando lleguŽ, me tirŽ aunque hab’a mucha corriente. El dinosaurio se qued— atr‡s porque el r’o ten’a mucha corriente. LleguŽ a una cascada, ah’ tuve que salir del r’o porque si no me ca’a por la cascada. Cuando sal’ del r’o vi a varios pterodactylus pescando debajo de la cascada. 36

 

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Estuve caminando mucho rato y me encontrŽ a un diplodocus que estaba herido, tuve que buscar una planta medicinal muy dif’cil de encontrar, pero la encontrŽ muy r‡pido. El dinosaurio se la comi—. Tard— unas horas en recupera recuperase, se, despuŽs de unas horas el dinosaurio se levant—. El dinosaurio se fue tranquilamente caminando. Ya se estaba haciendo de noche y ten’a que buscar un refugio seguro en el que los dinosaurios no pudiesen entrar para quedarme a dormir  por la noche. EmpecŽ a caminar para buscar refugio y encontrŽ una cueva con una puerta. A la ma–ana siguiente, busquŽ unas hierbas comestibles, unos ar‡ndanos y unos cocos para desayunar. DespuŽs de desayunar, abandonŽ la cueva para buscar m‡s dinosaurios, pero esta vez dinosaurios marinos, me ten’a que poner un traje de agua, unas gafas de agua y ox’geno que hab’a en la m‡quina del tiempo. Me estaba metiendo en el agua para ver los dinosaurios, pero tuve que esperar media hora para meterme porque hab’a muchos ictiosaurios. Los ictiosaurios son unos dinosaurios carn’voros, son marinos y med’an 10 metros. En el agua vi a dinosaurios  plesiosaurios  plesiosauri os estaban en manada. Pliosaurio esta estaba ba Žl solo durmiendo y tambiŽn vi a dinosaurios que se parec’an a unas tortugas que se llamaban testudines. EmpecŽ a camin caminar, ar, tras vvarias arias hhoras oras cami caminando nando lleguŽ a un sendero, cuando iba caminando por el sendero vi a un espinosaurio. Me encantaron sus espinas eran muy grandes y puntiagudas. Un estegosaurio del que me gustaron mucho sus espinas que ten’a en el espalda. Parec’an hojas secas, segu’ caminando hasta que faltaba  poco para que se acabar‡ el sendero y vi un protoceratop. Era muy  bonito, parec’a un elefante peque–o. El sendero ya se hab’a acabado, tras caminar un poco hab’a un poblado peque–o. La gente de ese 37

 

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 poblado me dio de comer, el œnico que hablaba era el jefe se llamaba Alberto. ƒl me dijo que descansara en su casa un poco para que cogiera fuerzas. All’ me expli explic— c— que Žl era el que que m‡s mandaba, qque ue despuŽs de Žl, el que m‡s mandaba era su ayudante que se llamaba Pepe. TambiŽn me explic— que por la noche se reun’an todos junto a una hoguera en medio del pueblo, all’ cenamos todos juntos y  bailamos junto al fuego. Y Yaa me ten’a que ir, pero no sab’a llegar a la monta–a donde hab’a dejado la m‡quina del tiempo as’ que Alberto me ten’a que decir c—mo llegar hasta all’. Una vez ya que me hab’a explicado c—mo llegar a la monta–a, cog’ rumbo hac’a la monta–a. Por el camino me encontrŽ con tres tipos de dinosaurios uno era  braquiosaurio,  braquiosauri o, estaba comiendo tan tranquilo, un arqueopterix que estaba volando con un pterosaurio y con un ornitomimo que estaba  jugando con otro otro a hacer carreras. Cuando lleguŽ a la monta–a encontrŽ la m‡quina del tiempo. Me met’ en ella y puse rumbo a mi habitaci—n. Cuando lleguŽ a casa mi madre me pregunt— que d—nde hab’a estado y yo le dije que en casa de JosŽ haciendo un trabajo. Yo ten’a mucho sue–o as’ que me dorm’ unas horas. Cuando me despertŽ sal’ a la calle a hablar con mis compa–eros de clase y a contarles mi viaje en la m‡quina del tiempo.

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Nauzet Betancort PŽrez El viaje de Nauzet Yo soy el primero que viajŽ en la m‡quina del tiempo. Era el d’a, ÁquŽ emoci—n! Eleg’ el el tiempo antes dede semana. El viernesyirŽ a Roma en el a–o 450, s‡bado irŽ adel la fin edad los dinosaurios el domingo al futuro. El viernes fui a Ro Roma ma en la m m‡quina ‡quina del tiempo y me quedŽ a llas as afueras del palacio de Julio Cesar. Estaba dando vueltas por el  palacio, me encontrŽ encontrŽ a Jorge, un compa–ero compa–ero de clase y le pr preguntŽ: eguntŽ:  Ñ ÀC—mo es que estas aqu’?  ÑÁQuŽ casualidad! Hemos viajado a la misma Žpoca,Ñ me respondi— Žl. Empezamos a hablar sobre Roma y de repente los guardias de Julio Cesar nos persegu’an. Jorge sac— su navaja Suiza y cort— una cuerda haciendo que cayeran unos barriles de vino cort‡ndoles el paso a los guardias. Nos refugiamos en una cueva pintada con s’mbolos raros, donde cenamos y dormimos. Al d’a siguiente fuimos cada uno por su cuenta. Yo me fui a un pueblo que estaba cerca del palacio, en ese pueblo hab’a muchos animales y gente pesca pescando. ndo. DespuŽs me fui al bos bosque, que, hab’a muchos conejos y ardillas, fui a investigar el lugar y vi un coliseo Romano a las afueras del bosque. Fui a verlo y me quedŽ asombrado viendo ese coliseo, era muy grande. Estaba hecho de  piedra y como no pod’a pasar pasar,, estaba viendo por las rejas la pelea. ÁVI A JULIO CESAR! Me quedŽ asombrado, porque pensaba que nunca iba a verlo pero me llevŽ esa sorpresa. 39

 

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Quer’a volver a casa para cont‡rselo a mi padre, pero no recordaba d—nde estaba la m‡quina. Fui al palacio y no la encontrŽ, me quedŽ triste porque porque la m‡quina del tiempo estaba bajo mi responsabilidad responsabilidad y  porque nunca estado podr’a volver IntentŽ recordar en los sitios donde hab’a y fui a casa. ver por d—nde los guardias nos  persiguieron.. Al rato me acordŽ que estaba al lado de una cueva,  persiguieron  pero no recordaba en cual de ellas, porque hab’a muchas iguales. As’ que mirŽ por todas ellas, pero no la encontrŽ, tuve que ir a cuevas m‡s lejanas del palacio de Julio CŽsar, pero me acordŽ que la cueva tenia s’mbolos. PreguntŽ a los lugare–os por una cueva con s’mbolos y uno de ellos me llev— a cambio de mi brœjula, de la cual qued— fascinado porque no hab’a visto nada igual. Iba a coger la m‡quina,  pero estaban los guardianes, intentŽ acercarme a ella, pero es que no  pod’a, as’ que llamŽ la atenci—n para que vinieran a investigar lo que  pasaba. Yo sal’ de la cueva para que no me vieran, pero los guardianes se lo dijeron a Julio Cesar, vinieron a por m’ unos cuantos guardianes, porque Julio Cesar se los orden—, as’ que me met’ en la m‡quina del ttiempo iempo y me transport— a otro lugar de Rom Romaa ,a un callej—n sucio, sal’ de all’ para ver ese pueblo, le preguntŽ a un herrero a que distancia estaba el palacio de Julio Cesar, Žl me dijo que a med medio io d’a de ca camino. mino. PreguntŽ para saber cuanto tiempo tendr’a hasta que llegaran los guardias de Julio Cesar, ya una vez all’ me quedŽ sorprendido porque hab’an muchas banderas de roma con la cara del Emperador, hasta las vend’an en muchas tienda y quisieron vendŽrmela vendŽrmelas. s. Ya me faltaba poco para irme de esa Žpoca, aprovechŽ para ver lo que me faltaba por ver de all’ , vi un zorro muy grande, al lado de un rio. Ya era hora de irse de ah’, fui al callej—n sucio, me met’ en la m‡quina, ÁOLIA FATAL, QUE ASCO! Bueno ya me ten’a que ir, pulse el bot—n y me fui a mi Žpoca, al llegar saludŽ a mi padre y a mi madre y le dije todo lo que me pas—. Ten’a mucho sue–o y me fui a dormir, pero era de d’a, antes de dormirme puse el despertador para despertarme a las 11:04. El 40

 

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s‡bado me to toca ca ir a la edad de llos os ddinosaurios, inosaurios, como es mu muyy  peligroso llevŽ una mochila con unos cuantos cuchillos y comida. Antes de irme despertŽ a mis padres para decirles adi—s y a donde iba, le contŽ que me voy a la edad de los dinosaurios que era muy  peligrosa y pod’a encontrar dinosaurios carn’voros, mis padres intentaron que no fuera, pero yo estaba muy decidido. Me montŽ en la m‡quina del tiempo puse la edad de los dinosaurios y a viajar. La m‡quina aterriz— en un bosque muy espeso con lianas y flores carn’voras. Me di una vuelta por el lugar, hab’a muchos bichos y ‡rboles grandes. Me encontrŽ unas cuantas ratas y dinosaurios  peque–os. Al cabo de un rato me encontrŽ a lo lejos un velociraptor de color rojo y grande pero yo me dije a mi mismo ÀC—mo va a ver un velociraptor s—lo? Luego, vi que estaba muy quieto. Me di cuenta que el velociraptor era r‡pido y que la manada ten’a que estar cerca de m’. Vi un arbusto moviŽndose, cog’ la mochila y saquŽ un cuchillo. Del arbusto sali— el velociraptor, se lo tirŽ pero fallŽ, fui a cogerlo r‡pidamente. Me refugiŽ entre la vegetaci—n y los velociraptores me perdieron de vista. Fui a dar un paseo, un poco m‡s lejos hab’a un desierto y mi curiosidad hizo que me acercase. Me encontrŽ un dinosaurio enorme llamado estegosaurio, era herb’voro pero te pod’a matar con su cola. La cola era como una maza, por la espalda ten’a pinchos, bueno m‡s  bien eran huesos. Los huesos se cambiaban de color para asustar a los dinosaurios y no ser atacado. Yo me acerquŽ para ver c—mo era ese gran dinosaurio, cuando me acerquŽ era m‡s grande de lo que cre’a, ÁERA ENORME! QuŽ guay nunca pensŽ que lo fuese a ver. De repente vino un carnotauro, un dinosaurio carn’voro que daba mucho miedo, ten’a dos crestas que sirven para detectar dinosaurios, y dos potentes garras para intentar debilitar al dinosaurio. El carnotauro mordi— al estegosaurio, pero el estegosaurio le dio con su cola. el carnotauro se fue de ese sitio corriendo. Ya era de noche. 41

 

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IntentŽ hacerme un refugio de hojas y ramas al lado de la m‡quina del tiempo. Al rato, fui a ver el paisaje. paisaje. Me encontrŽ una piedra co conn mucho musgo, cog’ la piedra y pesaba mucho. Lo que intentaba era hacer armas por por si ven’a algœn dinos dinosaurios aurios a ppor or m’. Cog’ la piedra, la tirŽ contra una planta que suelta un l’quido venenoso y despuŽs cog’ una ra’z muy fuerte de color verde y una piedra muy afilada, luego cog’ la piedra, el filo de la piedra la manchŽ de veneno, cog’ la ra’z y junte la piedra y el palo, hice una lanza muy chula, para decorarla cog’ muchas plantas y se las peguŽ. Entonces s’ estaba  preparado; cerca de donde estaba hab’a una playa con arena roja, me  ba–Ž porque estaba sucio pero tambiŽn mol— ba–arme all’. DespuŽs mirŽ y me encontrŽ un braqueo braqueosaurio; saurio; un dino dinosaurio saurio gigante ddee color azul y a rayas amarillas, en ese momento eell dinosau dinosaurio rio me intent— aplastar, bueno Žl no es carn’voro, pero crey— que yo era una amenaza para Žl, as’ que sal’ corriendo de all’ hac’a el bosque. Una vez all’ me encontrŽ un velocirapt velociraptor, or, el dinosaurio me quer’a matar, as’ que cog’ la lanza, se la tirŽ y se muri—. DespuŽs fui a dar un paseo  por el bosque prehist—rico donde dominaban los dinosaurios carn’voros y algunos herb’voros. PensŽ que ya era hora de volver a casa. Me fui a la m‡quina del tiempo y volv volv’’ al pres presente, ente, una vez aqu aqu’,’, descan descansŽ sŽ para el œlti œltimo mo viaje en el tiempo. Cuando despertŽ estaba cargado de energ’a para mi nueva aventura en la m‡quina del tiempo, esta vez ir’a al futuro. Cuando viajŽ al futuro, todo era tan gris. Fui a ver una helader’a de cerca, por dentro era gris. La polic’a eran robots, me dijeron que estaba detenido detenido por viajar a ese ti tiempo. empo. Me fui corriendo corriendo de all’ para que no me me no me pi pillaran. llaran. Hab’a armas tiradas por el suelo, suelo, yo cog’ una y de repente hab’a un poli, le disparŽ y sali— un rayo l‡ser de la  pistola. Le matŽ, despuŽs de all’ fui a la m‡quina del tiempo para coger la mochila para dormir. Al d’a siguiente fui a ver la ciudad, era muy rara pero yo me adentrŽ para verla e intentŽ que no me vieran 42

 

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los polis. Por ah’ me dijo una persona que los polis no ven’an por aquella zona de la ciudad y que casi ni sab’an que esa zona exist’a, despuŽs volv’ a la ciudad y me montŽ en la m‡quina del tiempo y fui a casa. Les dije a mis padres que me no me gustaba el futuro y que me daba mucho miedo, pero los dem‡s viajes s’ que me hab’an gustado. Al d’a siguiente devolv’ la m‡quina del tiempo en el cole y le contŽ a todos mis compa–eros mis historias, menos a Jorge para no cambiar el encuentro en Roma.

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Isaac Rodr’guez V Vaca aca ÀQuŽ habr‡ all’? Hola, mi nombre es Isaac tengo 11 a–os ahora mismo estoy en 6¼ de  primaria. Era viernes y estaba feliz por una simple raz—n: por fin hab’a llegado el d’a, muchos os estarŽis preguntando: ÀQuŽ d’a?; pues el d’a en el que me toc— la m‡quina del tiempo; es igual que cuando estabas en infantil que te llevabas una mascota a tu casa por un fin de semana s—lo que aqu’ en vez de llevarte un animal te llevas una maravillosa e incre’ble m‡quina del tiempo.  No sab’a a d—nde iba a ir, pero llegado el viernes por la tarde se me ocurri— una idea fant‡stica; irme al futuro, ese es el sue–o que mucha gente tiene ir al futuro o al pasado, pero, yo en ese momento lo estaba cumpliendo. Nunca me hab’a imaginado poder cumplir el sue–o de mucha gente porque sinceramente un ni–o de 11 a–os a lo m‡s que puede llegar es a ser muy bueno en un deporte o en un videojuego. El viaje dur— aproximadamente unos o 30 minutos, que por cierto, me hab’a ido a Estados Unidos al a–o 2040 porque quer’a ver como estar’a el mundo en esa Žpoca. AterricŽ en una monta–a de muy poca altura, de unos 100 metros, no creo que hubiera llegado a muchos metros m‡s. Ya cuando bajŽ la monta–a me di cuenta que era un sitio muy fr’o as’ que sub’ corriendo la monta–a en busca de la m‡quina para ponerme a salvo, cuando lleguŽ a la m‡quina de nuevo me met’ en ella, me refugiŽ y de repente no sŽ por quŽ mirŽ al lado del sof‡ pero lo hice y me di cuenta que hab’a una chaqueta que la hab’a puesto yo antes del viaje y me dije a mi mismo lo tonto que era, mientras pensaba en eso me  puse la chaqueta y ya preparado para la aventura con una mochila 44

 

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con comida, agua, una linterna, un m—vil, dinero y una cuerda. Al salir y bajar la monta–a, otra vez, vi unas luces en el cielo que iban muy r‡pido, adem‡s en la tierra tambiŽn hab’a muchas luces  pero estaban inm—viles as’ que decid’ investigar primero la tierra y luego el cielo para saber algo sobre el tema aquel. Cuando lleguŽ al pueblo no hab’a nadie pero, de repente alguien me dijo:  ÑÁEh, alto ah’!Ñ con una una voz autoritari autoritaria. a.  No sab’a quŽ hacer, hacer, as’ que me quedŽ quieto y me di la vuelta y vi a un hombre alto, moreno, fuerte, musculoso, con el pelo no muy largo  pero un poco liso y con un escudo en el pecho de color verde y marr—n rodeado con un ‡guila comiŽndose una serpiente. ƒl me pregunt—:  Ñ ÀQuiŽn eres?Ñ Dijo Dijo con una voz de mu muyy pocos amigos.  ÑUn ni–oÑ le respond’ respond’ tranquilamente. tranquilamente.  ÑDŽjame de vacilarÑ parec’a parec’a muy enfadado.   ÑVale, pero, Àhace falta que te diga quiŽn soy?  ÑVale, conozco a una persona no me gusta decirle quiŽn.

Porque si no

 ÑNo, ya no hace faltaÑ faltaÑ me respondi— con mucha desgana.  ÑUna pregunta, Àtœ c—mo te llamas?Ñ le dije nada m‡s que por curiosidad ya que llevaba un rato hablando con Žl. Me respondi— que se llamaba Juan y ah’ me dijo:  ÑÀY tœ?Ñ me pregunt— co conn mucha intriga. Le respond’ que me llamaba Isaac y al momento salt— 45

 

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 pregunt‡ndome quŽ cu‡ntos a–os tten’a  pregunt‡ndome en’a y le respond’ que que 11 y me dijo dijo que el ten’a 28 a–os. Por fin despuŽs de esta larga conversaci—n y caminata llegamos al sitio que me quer’a llevar llevar.. Me quedŽ un poco en shock porque donde lleguŽ era muy raro, antiguo, pero donde estaba era todo m‡s moderno, se notaba que estaba todo bien cuidado y m‡s conservado que en el otro sitio. DespuŽs de yo quedarme mirando la ciudad con mucho detenimiento me dijo:  Ñ Mira esta se–ora te va va a cuidar hasta que te vvayas ayas .  Ñ Hola, encantadaÑ me dijo con mucha simpat’a  ÑHola, Àcomo se llama?, llama?, yo Isaac,Ñ le dije con cierto nerviosis nerviosismo. mo.  Ñ Claudia. Al momento me fui a mi habitaci—n a dormir para al d’a siguiente  poder levantarme temprano para irme a explorar explorar.. A la ma–ana siguiente cuando me despertŽ eran las 7:00 de la ma–ana. Fui a la cocina para desayunar algo y cuando lleguŽ la se–ora ya estaba despierta le dije amabilidad si dispon’a de transporte;y ella me con respondi— que pod’a coger de unalgœn cochemedio volador. Pod’a decidir a d—nde quer’a ir y Žl me llevaba sin m‡s. Al entrar en el coche seleccionŽ en un bot—n que estaba al lado del volante que quer’a hacer un tour, el pueblo estaba lleno de coches voladores, tambiŽn ya no hab’a tanta contaminaci—n como d—nde yo viv’a. Me recorr’ el pueblo entero en 3 horas pero antes de volver a la casa donde estaba alojado me bajŽ en unas monta–as. Cuando me  bajŽ vi animales muy raros: uno ten’a una mezcla de perro, gato y coche; otro un drag—n de piedra que escup’a agua. Me hice amigo de 46

 

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un drag—n al que llamŽ Sabueso de agua. TardŽ un rato en llevarme  bien con Žl pero luego cuando nos hicimos amigos me montŽ en Žl y fui al r’o a jugar con Sabueso a la pelota m‡s tarde a mojarnos y as’ hasta que fuesen las 3 de la tarde. Regresando sent’ curiosidad por un  pueblo cercano, as’ que aprovechando que ten’a al drag—n fui a investigar. Cuando llegamos vi que era un pueblo que estaba en guerra, hab’a muchos disparos, explosionesÉ ÁÁy yo hab’a aterrizado en esa zona!! Cuando acabŽ, volv’ a la casa y vi que la se–ora me estaba esperando y me dijo que comiese.  ÑVale, pero puedo hacerte una preguntaÑ le iba a preguntar sobre  ÑVale, los coches voladores.  ÑClaro, por quŽ noÑ me respondi—, como siempre, con mucha amabilidad.  ÑÀPor quŽ hay coches coches voladores?  ÑPorque el gobierno vio que era mejor hacer coches voladores que no contaminaban nada porque su propulsor se alimenta de basura y luego se convierte en ox’geno casi puro.  ÑÀY quŽ hay en el otro pueblo ?Ñ preguntŽ como si no supiese nada.  ÑNo es un pueblo, es el otro distrito que es est‡ arruinado por la guerra.  Ñ Aaaaaa vale y por ciert cierto, o, ma–ana me voy por la ttarde. arde.  ÑÁQuŽ pena!, me estabas estabas cayendo bien. Cuando me levantŽ a la ma–ana siguiente saludŽ a Sabueso, con el que manten’a unas conversaciones muy curiosas.  ÑHola Sabueso 47

 

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 ÑGrhyueoiuqlba.  ÑGrhyueoiuq lba. (Holii)  ÑVamos  ÑV amos a la monta–a.  ÑVeendeishajhv  ÑV eendeishajhvlboie lboie (vale) Ya cuando llegamos empecŽ a jugar con el drag—n a carreras, al  baloncesto, a ver quiŽn nadaba m‡s r‡pido de los 2 (obviamente me humillo en todo). Cuando se acabaron 2 horas de diversi—n vino la  parte m‡s dura de todo el viajeÉ. le dije al drag—n que me ten’a que ir para siempre y que siempre lo iba a recordar y quŽ no se olvidase de m’. El drag—n empez— a llorar mientras yo me iba muy triste. Ya cuando lleguŽ a la casa me desped’ de la se–ora y de Juan con un abrazo. Y  part’ rumbo hacia la monta–a que hab’a aterrizado (pasando por el distrito en guerra, que casi me pegan un tiro). Ya cuando lleguŽ a mi casa despuŽs de 30 minutos de largo viaje lo  primero que hice fue contar lo que me hab’a ocurrido a mis amigos Leo y Claudia.

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Noara Montelongo MenŽndez A travŽs del tiempo Hola me llamo llamo Noara, llevaba llevaba mucho tiempo esperando poder coger la m‡quina del tiempo. Me hac’a mucha ilusi—n cogerla, un poco antes de que me tocase hab’a estando pensando d—nde me pod’a ir ir.. Lo primero fue pensar si quer’a ir al pasado o al futuro. Estaba muy indecisa. Si iba al futuro descubrir’a c—mo iba a ser todo, pero si iba al pasado a lo mejor podr’a conocer a algœn tipo de rey, pr’ncipeÉ Esa semana me tocaba tener la m‡quina. Era viernes, se acab— el cole y cog’ la m‡quina para llev‡rmela a mi casa. DespuŽs de mucha indecisi—n decid’ ir al futuro. MarquŽ el a–o, el d’a y el mes al que quer’a ir, y la m‡quina al cabo de 3-4 segundos me teletrans teletransport— port— al 4 de junio del 2138. Todo era incre’ble, era tan moderno que ahora mismo no nos lo podr’amos ni imaginar. DespuŽs de un par de horas all’ me aburr’ aburr’ much’simo much’simo,, as’ que decid’ volver a mi casa en el a–o en el que hab’a viajado. Tras haber pensado si quer’a ir al futuro o al pasado comprend’ que era mejor ir al pasado todo ser’a m‡s raro y podr’a ver c—mo se hac’a todo, los inventos m‡s laboriosos,, conocer a famosos antes de que se les conocieseÉ laboriosos Fui al d’a 5 de agosto de 1492, intentŽ que no me viesen con la ropa que en d’a, as’ en cuanto tuve una oportunidad y vi ropausamos tendidahoy me cambie muyque r‡pido para poder pasar desapercibida. Las casas eran de madera o algo muy parecido, no se cocinaba en vitrocer‡micas sino que se cocinaba en una especie de hoguera pero en la cocina. Sobre todo lo m‡s distinto y lo m‡s distintivo era la forma de vestir, los hombres iban como si fuesen vestidos para un evento importante, una galaÉ y por el contrario las mujeres vest’an con grandes faldas largas y muy amplias y camisas muy ajustadas, y lo que m‡s me gust— de esa Žpoca es cuando las mujeres se peinaban tan bienno sinsab’a ayudac—mo de nadie. Yosaber no melahab’a perodif’cil. hab’a relojes de Sol, pod’an hora fijado era sœper Me lo 49

 

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 pasŽ genial, aunque a veces no entend’a lo que dec’an ya que hablaban con palabras que hoy por hoy no utilizamos y que la mayor’a de las personas de mi edad ni siquiera hubiŽsemos pensado que pod’an existir algunas eran: abadengo (se hac’a referencia a los  bienes al obispo), infurci—n (tributo que se pagaba al se–or de una villa)É muy raras lo sŽ. Lo peor de todo es que de alguna manera me dec’an algo y no lo entend’a era como raro, porque para ellos hab’a nacido en aquella Žpoca, s—lo yo sab’a que no era as’. Por eso no consegu’ en ese d’a que estuve all’ que me contasen mucho sobre ellos. Me acabŽ yendo de all’ y no hab’an pasado ni dos horas. LleguŽ a mi casa y quer’a ir otra vez al pasado pero no tan lejano as’ que despuŽs de pensarlo un poco le confirmŽ a la m‡quina a d—nde quer’a ir y fui al 24 de marzo de 1980. La gente vest’a muy colorido todo, se usaban camisetas con hombreras, mini faldas, mallas el‡sticas, calentadores, aretes grandes. Se peinaban con el pelo muy cargado tanto hombres como mujeres. Se maquillaban, se pintaban, se delineaban, se pon’an m‡scara de pesta–as, rubor y como no, los labios rojos. Estuve  bailando un rato, la mœsica era un poco sosa. Sin darme cuenta hab’a  pasado m‡s tiempo tiempo del que esperaba. Lo peor es que se me hab’a olvidado donde ten’a mi m‡quina del tiempo, me puse a buscarla como una loca. Si no la encontraba no volver’a a ver a mi familia, a mis amigosÉ no pude buscarla por m‡s sitios, cada vez que buscaba en algœn sitio y no la encontraba ten’a cada vez menos esperanza.  No sab’a por d—nde buscar la m‡quina, hasta que se me ocurri— una idea, solamente ten’a que deshacer mis pasos otra vez. Lo hice, pero tengo una muy mala memoria y despuŽs de tanto tiempo all’ no me acordaba con total seguridad de lo que hab’a hecho, por d—nde hab’a ido. Poracordaba suerte s’ de menada acordaba hab’a aestado bailando ya no me m‡s.de Y que encontrŽ una chica con pero la que 50

 

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estuve bailando y con las pistas que yo le fui dando me ayud— a llegar a la m‡quina sin que se enterase de lo que all’ ten’a yo guardado. Estaba muy contenta por haberla podido encontrar. La chica me dijo:  ÑMi madre me est‡ llamando, debo irme o no estar‡ muy contenta conmigo.  ÑNo te vayas, quiero quiero saber c—mo te llamas,Ñ llamas,Ñ le dije.  ÑYoo me llamo Alicia.  ÑY  ÑYoo me llamo Noara, le resp  ÑY respond’ ond’ yo. Hablamos durante un ratito, nos lo pasamos genial. Decid’ quedarme all’ un poco m‡s, poco a poco Alicia me fue presentando a algunos de sus amigos. No era justo que yo me quedase con la m‡quina del tiempo para mi sola tanto tiempo, ten’a claro que no era lo correcto. Me desped’ de todo el mundo, y cuando me sent’ lista me fui. Alicia me dijo:  ÑÀNos veremos pronto? pronto?  ÑNo lo creo, pero me acordarŽ de ti Alicia,Ñ le respond’ algo triste  por tener que irme.  ÑYo tambiŽn me acordarŽ de tiÑ me respondi— Alicia un poco  ÑYo triste. DespuŽs de despedirme de Alicia, decid’ quedarme un ratito m‡s en la fiesta donde la hab’a conocido y despuŽs irme. Cuando vi que la fiesta ya hab’a acabado, optŽ por marcharme, cog’ la m‡quina del tiempoÉ me montŽ, la encend’ y me fui. LleguŽ a mi casa el domingo a las nueve de la noche. DespuŽs de 51

 

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todo lo que hab’a hecho, lo œnico que quer’a hacer era dormir. Me desped’ de mis padres me cambiŽ de ropa y me acostŽ en la cama.  

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Mara Patricia Peters Viajando por los a–os El d’a del viaje lleg—, estaba tan nerviosa que no pod’a parar de  pensar c—mo ser‡ dentro de la m‡quina del tiempo. Se hizo de noche y estaba a punto ddee entrar en la m‡quina del tiempo y m mee di cuenta de que no ten’a la maleta. Hice r‡pido la maleta y me met’ en la m‡quina del tiempo y Fiiiiuuumm.  LleguŽ a Las Palmas, 22934. 934. Todo era tan di diferente ferente a lo normal que  primero tuve que mirarlo todo. Se hab’a convertido en una gran ciudad con m‡s de 900.000 de personas. Lo primero que hice es ir a un restaurante a comer porque ten’a mucha hambre. Me tomŽ una  pizza y una fanta de mango. Ahora ya hay m‡s tipos de fanta, de lim—n, de fresa, de naranja, de mango, de pi–a, de manzana, de ar‡ndanos y de uva. M‡s tarde me fui a ver la ciudad. Hab’a unos tipos de ‡rboles que no conoc’a, eran parecidos a pinos, de color verde oscuro y amarillo. Estaba tan llena la ciudad que decid’ volver a Lanzarote y Fiiiiiiiiuu Fiiiiiiiiuuumm. umm.  LleguŽ a Lanzarote, no sab’a quŽ hacer, irme a FranciaÉ ItaliaÉ.Berl’nÉ S’ me voy a Berl’n. ÀAl pasado o al futuro? Al futuro y Fiiiiiiiiiu Fiiiiiiiiiuuumm. uumm. LleguŽ a Berl’n a–o 2105, el restaurante al que fui una vez en el a–o 2015 no ten’a nada que ver con lo era. Mucho m‡s bonito y ped’ una ensalada que ten’a fresas, manzana en trozos, pi–a, melocot—n, mango y ar‡ndanos. DespuŽs me fui al zoo. Primero pasŽ por los monos y los orangutanes, m‡s tarde por las jirafas yÉ  A la ma–ana siguiente desayunŽ unas tostadas con mermelada de aguacate que est‡ riqu’sima. riqu’sima. DespuŽs m mee fui a ver una pel’cul pel’cula, a, ÒLos incidentes muertosÓ Me encant— la pel’cula, era divertida pero en algunos minutos me dio miedo. M‡s tarde me fui de paseo y me 53

 

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encontrŽ con un se–or muy amable que ped’a comida. Yo fui con Žl al take away, que es un restaurante que pides tu comida y no comes all’ sino que te la puedes llevar a tu casa o a donde quieras. Yo ped’ sushi que es mi comida preferida preferida.. A continuaci—n continuaci— n me fui al concierto de Miriam Salzburg. Cuando entrŽ tuve que presentar mi ticket y me sentŽ en el asiento 789. Hab’a mucha gente en el concierto, el concierto era fuera, al aire libre, tambiŽn hab’a fuegos artificiales de much’simos colores; rosa, amarillo, azul, violeta, rojo y verde. Los fuegos artificiales eran muy diferentes a los del d’a de hoy. Uno ten’a  purpurina, otro sal’an burbujas y el otro ten’a espuma. Para comer en el concierto, pasaba un se–or con una caja de nueces, casta–as,É en la œltima canci—n, puuuuumm, se cay— un foco y explot—. Todos nos asustamos. DespuŽs de una hora de espera la canci—n se pudo terminar. De camino a la casa que hab’a alquilado me cruce un joven que ped’a ayuda porque su madre le estaba pegando. Yo me acerquŽ a ellos y le dije que parase, la madre no me hizo caso. Yo los separŽ y dije SSTOOOPPP.. La madre me dijo que me metiera en mis problemas SSTOOOPPP  pero el pobre ni–o estaba llorando. Cog’ al ni–o y me lo llevŽ a casa. En el camino a casa me dijo que no era su madre, era su madrastra y que no le gustaba estar con ella. Cuando llegamos a casa el ni–o no quer’a estar conmigo y me dijo d— d—nde nde estaba su padre y lo llevŽ con su padre y yo me volv’ a casa. Y me fui a dormir. A las 4 de la ma–ana escuchŽ un ruido raro. No sab’a quŽ era y con una linterna bajŽ y hab’a un ladr—n. LlamŽ r‡pido a la polic’a. Mientras que ven’a cerrŽ la puerta con llave para que no se escapase el ladr—n. La polic’a cuando lleg— abri— la puerta yÉ el ladr—n se hab’a escapado sin saber c—mo. Miramos por toda la habitaci—n pero hab’a desaparecido. Salimos al jard’n y vimos al ladr—n y todos lo persiguieron hasta que lo cogimos. La polic’a lo meti— en el coche y se lo llev—. Menos mal que no rob— nada, pero menudo susto me peguŽ. 54

 

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A la ma–ana siguiente me fui a los Alpes, a probar el nuevo trineo que sali— el a–o 2100. Es un trineo hecho de madera y es de un metro de largo y medio metro de ancho. El se–or ddee la taquilla, me ddio io un ticket para subir la monta–a y que me dieran el trineo. Cuando bajŽ me crucŽ con otro chico y empezamos a hablar y nos fuimos a una cafeter’a y me invit— a un chocolate caliente, estaba muy rico. DespuŽs nos volvimos a subir, en el camino hacia arriba fuimos a pie. Me entr— nieve en el calcet’n y que fr’ooo. Cuando llegamos arriba hicimos una carrera a ver quiŽn llegaba antes abajo. Era complicado esquivar toda la gente que iba m‡s despacio que nosotros. ÁGANƒ! ÁGANƒ! ÁGANƒ! ÁGANƒ! QuŽ guay.  Nos M‡s tarde al nœmeros junjunki. yEsenun  juegolodepasamos mesa en muy el quebien. tienes cartas conjugamos diferentes el medio de la mesa hay un mont—n de cartas con diferentes nœmeros y en medio pone otro y un signo de menos y otro de m‡s, tœ tienes que ver que tengas una carta que sumando o restando el numero te de una que tu tengas y el m‡s r‡pido en tener una carta gana. Jugamos varias rondas; era muy divertido.  DespuŽs fui a comer y el restaurante era sœper viejo, a m’ no me gust— el aspecto y la decoraci—n pero la comida estaba muy rica. Cuando volv’ a casa me quedŽ en un atasco. Estuvimos esperando. Lo guay es que los coche tienen unas extensiones para que se pueda  pasar por encima de coches. Gracias a eso no estuvimos tanto tiempo esperando. Y cuando lleguŽ a casa cog’ mi maleta y me fui al hotel.  Cuando lleguŽ lleguŽ al hotel m mee fui a la pis piscina cina que estab estabaa en el piso 21. Hab’a una colchoneta enorme al lado de la piscina para saltar en ella. En el piso 16 y 17 estaba el restaurante, en el piso 14 la sala de mœsica con muchos instrumentos que no conoc’a. Hab’a un 55

 

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instrumento que era parecido a un piano pero de medio metro. El restaurante era de dos pisos; en el primer piso estaba la comida de  primer y segundo plato y arriba el postre. DespuŽs de comer e ir a la  piscina me decid’ a ducharme y dormir dormir.. DespuŽs me fui al piso m‡s alto que era el 35 a ver las vistas a la ciudad aunque muchas partes no se pod’an ver porque esta nuboso ese d’a. En la piscina conoc’ un habitante de Berl’n, una chica. Me cont— que la ciudad hab’a cambiado mucho, sobre todo el car‡cter de las  personas. Con ella me pase toda la tarde hasta que me tuve que ir ir.. DespuŽs de hablar con ella nos fuimos a al restaurante y nos tomamos una pizza con queso fresco, rœcula y salsa de tomate que estaba riqu’sima. riqu’sima. DespuŽs de comer me tuve que volver a Lan Lanzarote zarote  porque mi fin de semana hab’a acabado. Me desped’ de ella e intercambiamos nuestros nœmeros de telŽfono. Y Fiiiiuuumm lleguŽ a Lanzarote. Mi viaje me gust— mucho. Gracias a la m‡quina del tiempo.

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Lucas Ram’rez S‡nchez Viajeroo al futuro Viajer Hola, soy Lucas llevaba tiempo esperando esto. Me toc— la m‡quina del tiempo. Aœn no sab’a a d—nde ir y encima estaba a punto de anochecer. Se me ocurri— ir 300 a–os al futuro a ver si hab’a cambiado mucho. Cuando lleguŽ vi que Álos coches volaban! y eran muy raros. TambiŽn hab’a grandes edificios en todas partes y hab’a robots que hac’an algunos trabajos. Eran bastante grandes, y de metal. Hac’an trabajos de fuerza como la construcci—n. La gente iba vestida muy raro. Todos iban en ch‡ndal a las oficinas y a todas  partes. DespuŽs fui a ver los edificios, eran muy altos. DespuŽs me montŽ en una guagua voladora desde ah’ vi muchas fuentes y bajŽ en un jard’n. De repente en el cielo un coche de polic’a persegu’a a otro coche. Yo fui a verlos pero ya no estaban en el cielo. Estaban en tierra dispar‡ndose con pistolas , yo me fui lo m‡s r‡pido que pude  pero de pronto alguien alguien apareci— de detr‡s tr‡s de m’ y me dijo:  Ñ No deber’as estar estar aqu’. Yo me girŽ y de repente vi que era un robot. DespuŽs le respond’ temeroso:  Ñ Lo sŽ, ya me iba. Me fui corriendo, lleguŽ a un pueblo donde todo era lo contrario que la ciudad. Las casas eran peque–as, no hab’a coches. El pueblo era  peque–o y no hab’a hoteles y poca gente. Iban vestidos vestidos distintos a los de la ciudad. Al parecer solo las ciudades eran grandes. Como se estaba haciendo de noche me quedŽ a dormir en el pueblo. Cuando me fui volv’ a la ciudad donde todos los robots polic’as estaban vigilando la entrada al parecer hab’an robado un museo y estaban 57

 

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vigilando que nadie salga ni entre sin ser registrado. Al final pude entrar cuando entre estaba todo igual. Cuando lleguŽ me fui al museo. Lo hab’an robado todo. La polic’a tambiŽn estaba en el museo investigando el robo. Les preguntŽ a los robots:  Ñ C—mo consiguieron consiguieron robar robar,Ñpero ,Ñpero ellos ni caso caso.. De repente el del museo me dijo:  ÑEstamos a punto de cerrar cerrar.. Cuando me fui era tarde. PasŽ la noche en un hotel muy alto. Por la ma–ana me fui con la guagua otra vez a ver cosas como estatuas y cosas as’. DespuŽs, de repente cuando lleguŽ a la calle hab’a una fiesta con carrozas pero justo en ese momento son— una sirena. Hab’an atracado un banco, vi al ladr—n por el cielo. Pas— como un rayo perseguido por los polic’as. Todo el mundo sali— corriendo. Le  preguntŽ a un se–or: se–or:  ÑÀPor quŽ salen todos todos corriendo? El se–or me respondi— un poco sorprendido:  ÑÀNo lo sabes?,la polic’a ha dicho que cuando cuando pase algo as’ hay que ir inmediatamente a casa. Y le dije al se–or extra–ado:  ÑÀY tœ por quŽ no vas a ttuu casa?  ÑEeeee bueno eso no te interesa yÀ tœ?Ñ res respondi— pondi— con du dudas. das. 58

 

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Yo en vez de responder sal’ corriendo de all’.  No sab’a a d—nde iba pero igualmente me daba igual yo corr’a y corr’a sin saber quŽ hacer y a d—nde ir. Cuando me cansŽ me detuve y mire d—nde estaba. Estaba en otra  parte de la ciudad. ciudad. All’ me quedŽ a dormir. Por la ma–ana me fui a dar una vuelta y a jugar. DespuŽs me fui al zoo. Y a ver una carrera de coches voladores.  De repente mientras ve’a la carrera apareci— una furgoneta muy extra–a. La segu’ hasta llegar a una casa muy grande, entre y vi tesoros del museo hab’a mucho oro estatuas cuadrosÉ.All’ no ten’a telŽfono y encima hab’a guardias vigilando la puerta y no se pod’a salir de all’ me fui caminando por esa casa pero all’ no hab’a nadie ni un alma o al menos eso cre’a yo de repente aparecieron unos se–ores hablando sobre algo de un arma o algo as’. IntentŽ salir de all’ pero no pod’a. No sab’a ni d—nde estaba la salida ni nada; al final lleguŽ a una azotea donde hab’a un arma gigante apuntando a la ciudad. PensŽ que era para destruir la ciudad o algo as’. DespuŽs de ver el arma segu’ caminando hasta encontrarme con la salida,los guardias ya no estaban entonces pude salir. Cuando lleguŽ a la ciudad avisŽ a los polic’as que fueron all’ a detenerlos.Cuando fueron los polic’as a por ellos tardaron como dos horas en detenerlos pero al final lo consiguieron consiguieron.. Al acabar me dieron hasta una medalla. Cuando acab— todo ese l’o me fui a un parque de atracciones que fue sœper divertido me montŽ en casi todo pero lo que m‡s me gusto fue la monta–a rusa era lo m‡s divertido. M‡s tarde me com’ un helado y me fui a ver la ciudad por œltima vez y me volv’ a mi casa y mi tiempo en Lanzarote.

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Jorge Moreno Pel‡ez Un cruce inesperado Hola, me llamo Jorge. Este œltimo viernes me toc— a m’ ir en la m‡quina del tiempo. Lo estaba esperando desde que empez— el curso. Sab’a exactamente a donde y cuando quer’a ir: al a–o 45 a.C., en Roma. El viernes por la tarde, me preparŽ una mochila con comida  para 4 d’as y una navaja suiza. Por la noche me desped’ de mis  padres, puse fecha y lleguŽ a Roma. Di una vuelta por el palacio de Julio CŽsar y me llevŽ una gran sorpresa: Áme encontrŽ con un compa–ero de clase, Nauzet! Me pregunt—:  Ñ ÀC—mo es que est‡s aqu’?  Ñ Hemos viajado a la misma ŽpocaÑ le respond’. respond’. Empezamos a hablar sobre la historia de Roma, y sin darnos cuenta un momento despuŽs nos vimos perseguidos por la guardia  pretoriana. No sab’amos quŽ quŽ hacer, de repente se me ocurri— una idea al ver unos barriles apilados, saque mi navaja suiza y corte la cuerda que los ataba, haciendo que cayeran. Conseguimos cortarles el paso a los guardias.  Nos refugiamos en una cueva donde cenamos y dormimos. Al d’a siguiente fuimos cada uno a su m‡quina del tiempo, pero cuando fui a por mi m‡quina del tiempo hab’a unos guardias vigilando, bueno, en realidad estaban bebiendo vino y cantando, me daba la impresi—n de que estaban borrachos. Entonces me fui al pueblo donde se escuchaba:  ÑJulio CŽsar busca busca a un consejero qu quee le ayude. 60

 

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Y ninguno habl—, pero yo dije:  Ñ ÀPuedo ser yo?  ÑSi nadie m‡s quiere, quiere, ser‡s tœÑ me dijo con cara de asco. Entonces me llev— al palacio de Julio CŽsar, que parec’a un laberinto, y llegamos a la sala del trono, donde me esperaba Julio CŽsar CŽsar.. Entonces dijo:  Ñ ÀEste es el nuevo consejero? consejero?  ÑS’ mi se–orÑ dijo dijo el mensajero. mensajero.    Ñ ÀC—mo te llamas hijo? hijo? Ñ me dijo Juli Julioo CŽsar amablemente.  Ñ Me llamo Jorgus Jorgus Antonius Mo Morenae renae -Ð respond’ en lat’n.  Ñ ÀDe d—nde eres? Ñ pregunt— pregunt— con curio curiosidad. sidad.  Ñ Vengo Vengo de la provincia de Hispania Ulterior, Ulterior, de una antigua ciudad fundada por los fenicios llamada Malacca, muy importante por su comercio de vinos, frutos secos y pescado -Ð comentŽ.  Ñ ÀEsa no es una provincia provincia b‡rbara? Ñ dijo el Dictador. Dictador.  ÑNo mi se–or Augusto. Usted mismo firm— la Lex Flavia Malacitana que otorga a la ciudad el estatuto de municipio Romano de pleno derecho. Aunque esto œltimo no era totalmente cierto, ya que esta ley fue creada y firmada casi 150 a–os despuŽs por el emperador Vespasiano. Entonces Julio CŽsar empez— a hablar:  ÑEjem ejem, dejŽmonos de explicaciones explicaciones.. ÀPor quŽ quieres ser mi consejero? 61

 

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 ÑPorque tengo muchas muchas ideasÑ le cont contestŽ. estŽ.  Ñ QuŽ idea se te ocurre para que mis sœbditos no se muestran aburridos. ÀCrees que podr’amos hacer un espect‡culo de entretenimiento? Ese podr‡ ser tu primer trabajo. Averigua todo lo que puedas y construye un espect‡culo.  Ñ S’ mi se–or. se–or. Durante d’as estuve haciendo los planos de un anfiteatro y como se utilizar’a. Un d’a, cuando terminŽ los planos, fui a pedir permiso para hablar con Julio CŽsar. Me lo concedieron para el d’a 15 de marzo del 44 a.C. Ese d’a me puse mis mejores galas, cog’ los planos y me presentŽ en el palacio donde me dijeron que esperase en una sala a que viniera Julio CŽsar. Pasado un rato escuchŽ gritos, seguidamente entrŽ y vi como tres  personas asesinaban a Julio CŽsar CŽsar.. Fui a su auxilio, pero ya estaba muerto. Dos de ellos se fueron r‡pidamente, pero el tercero se me qued— mirando un buen rato. Yo conoc’a esa cara, era Marco Junio Bruto. Entonces Bruto, el hijo de Julio CŽsar, grito:  Ñ ÁEl consejero lo ha ha asesinado! Entonces corr’ como nunca hab’a corrido antes para llegar hasta la m‡quina del tiempo. Me met’ y pulsŽ una fecha al azar. Cuando sal’ de la m‡quina del tiempo me encontrŽ con una ciudad hecha de magnŽticos plata Žticos pura. Me un —n paseo por all’ y vi. coches voladores,  patinetes magn y undimont—n mont de cosas chulas. chulas 62

 

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En ese instante, me di cuenta de todos los avances y descubrimientos que ha realizado la humanidad. Delante de m’ hab’a una torre gigante con unas letras puestas en la cima diciendo ROB. EntrŽ por la puerta principal y un robot me dijo:  ÑBienvenido al edificio ROB, donde se crean todos los robots del mundo.  Ñ ÀVienes ÀVienes de visit visita?-a?-- Me pregunto el rob robot. ot.  Ñ S’, vengo para ver las las instalaciones instalaciones,, le respond’.  Ñ Muy bien, s’game. s’game.  Ñ Las instalacione instalacioness son las m‡s seguras y modernas del mundo, ya que tenemos m‡s de 1000 cient’ficos trabajando en nuevos inventos como el coche sin combustibl combustible. e. Entonces me escapŽ porque la conversaci—n era un rollazo y me fui a una sala que pon’a ÔÔprobador de videojuegosÕÕ. EntrŽ y hab’a una monta–a entera de videojuegos como Blac of 10. DespuŽs de jugar un rato, fui a una sala con comida que cuando la mord’as se regenera. Entonces, me di cuenta de que echaba de menos a mis padres. Pero me hab’a perdido y no sab’a a d—nde ir. IntentŽ  pedir ayuda, pero nadie me escuchaba. Estaba asustado y de repente me despertŽ. Me hab’a quedado dormido en la m‡quina del tiempo. Al final, lleguŽ al presente y all’ les contŽ a mis padres lo ocurrido.

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Juanfran Guadix Guerra La antigua Inglaterra Hola me llamo Juanfran y os voy a contar c—mo fue mi fin de semana. El viernes era el œltimo d’a de clase de esa semana y resulta que en clase tenemos una m‡quina del tiempo y tenemos una norma que es que cada semana por orden de lista nos llevamos la m‡quina del tiempo y esa semana me toc— a m’. Los jueves vamos a la biblioteca a leer y estaba leyendo un libro que hablaba de personajes de la historia, y me gustar’a conocerlos en  persona, pero solo puedo hacer un viaje en el tiempo, as’ que el viernes por la noche viajŽ por la historia. Antes de viajar me preparŽ una mochila con cosas que fueran del estilo de esa Žpoca para hacer el trueque porque en esa Žpoca no hab’a dinero. Quise ir a conocer al rey Arturo por que no se sabe si lleg— a existir,  pero d’as anteriores por la tele dijeron que se encontr— el cuerpo esquelŽtico de una persona dentro de una armadura y se dijo que  podr’a ser el de un rey el siglo V o VI y contaron que podr’a ser el del rey Arturo. Segœn el libro vivi— en Gran Breta–a en los siglos V y VI. Cuando lleguŽ la gente no paraba de hablar de un tal Medraut porque dec’an que como estaba ganando terreno dentro de poco llegar’a a ese pueblo y seguramente se har’a con el poder del pueblo y har’a a las personas de ese pueblo sus esclavos. Le preguntŽ a personas si pod’a estar en su casa esa noche, hubo  personas que me dijeron que no porque podr’an haber pensado que era un mendigo y podr’a contagiar enfermedades a su familia. 64

 

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Me acogi— un se–or mayor que me explic— quŽ era lo que estaba ocurriendo. Gran Breta–a estaba dividida en dos partes; norte y sur sur.. El rey Artu Arturo ro era el rey de la parte norte y Medraut de la parte sur, pero Medraut quiere apoderarse de toda Gran Breta–a y estaba consiguiendo m‡s terrenos del norte y su pueblo estaba hacia el norte. Pero es el que se dice que atacar‡ Medraut y ten’an miedo de que en cualquier momento fuese Medraut y les quitase su hogar y familias.  ÑÀDonde se encuentra encuentra el Rey Arturo?Ñ le pregun preguntŽ. tŽ.  ÑEn la parte que est‡ m‡s al norte de Gran breta–aÑ me dijo el se–or.  ÑÀDe quŽ forma podr’a podr’a ir all’?Ñ pregun preguntŽ tŽ yo.  ÑComo yo ya estoy mayor te podr’a dejar un caballo que tengoÑ me contest—.  ÑÀCu‡nto tardar’a? tardar’a?  ÑCreo que para el domingo por la ma–ana habr‡s llegadoÑ a–adi— el se–or.  ÑMa–ana por leladije. ma–ana partirŽ muy temprano, gracias por dejarme dormir aqu’Ñ El s‡bado por la ma–ana me levantŽ temprano y cog’ el caballo, el caballo era blanco con manchas marrones. Fui al lugar m‡s cercano en el que hubiera comida para llev‡rmela para el viaje. Cuando part’ hacia el castillo fui por un camino que me dijo el se–or  para llegar a el pueblo m‡s cercano. All’ descansŽ y com’ algo y despuŽs en ese pueblo preguntŽ c—mo llegar al castillo del rey Arturo y me dijeron que si iba por un camino ir’a directo al castillo. 65

 

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Como ya estaba anocheciendo busque una cueva en la que refugiarme y dormir por la noche. En esa cueva se ve’a una ciudad a lo lejos con un gran castillo. Al d’a siguiente, al salir de la cueva fui al pueblo que vi la noche anterior y all’ fui para ir conociendo la Gran Breta–a del siglo V. Cuando lleguŽ el pueblo ped’ a personas si me pod’an dar ropa que abrigara m‡s que la que llevaba porque al ir hacia el norte hac’a m‡s fr’o. Segu’ por mi camino y lleguŽ a el pueblo del rey Arturo, Camelot, cuando lleguŽ unos caballeros junto a un rey salieron en caballos del  pueblo y pensŽ si aquellos ser’an los caballeros de la mesa redonda y el rey Arturo. Los segu’ y al cabo de un rato los alcancŽ. Vi a los caballeros que salieron de la ciudad luchando contra otros caballeros al pie de la monta–a, pero en lo alto de la monta–a hab’a dos personas, pero no se les reconoc’a as’ que le di la vuelta a la monta–a intentando que no me viera nadie y sub’ hasta algo m‡s de la mitad de la monta–a y  pude ver que eran dos reyes pele‡ndose. Supuse que ser’an el rey Arturo y Medraut y estuve viendo c—mo luchaban espada con espada y a esa batalla se le llam— la batalla de Camlann en la que murieron el rey Arturo y Medraut. Volv’ al presente porque ya era domingo por la tarde y ten’a que  prepararme para al d’a siguiente ir el cole y ten’a ganas de contarle esa historia a mi familia y a mis amigos.

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Itahisa Gonz‡lez Arr‡ez Un gran futuro Era viernes y estaba deseando que acabase el colegio porque ese fin de semana me tocaba a mi llevarme la m‡quina del tiempo a casa. Estaba muy contenta. Esa noche, hice un viaje incre’ble. Decid’ viajar al futuro, para ser exacto al a–o 2150, todo era sœper diferente desde la ropa hasta los coches, las casas y los colores. La ropa era muy rara, todo el mundo vest’a igual; las chicas con una falda negra camisa roja y un sombrero blanco, los chicos vest’an con pantal—n largo de color negro,camisa blanca y chaqueta roja. Los coches no eran coches normales, esos volaban y las casas eran todas sœper grandes y todo el mundo ten’a un robot que hac’a las tareas domŽsticas. y divertido conoc’ a unaPasŽ ni–aall’ queun se gran llamaba Carlota.d’a. Viv’ una gran aventura, Ella me pregunt—:  ÑÀC—mo te llamas?  Ñ Me llam— ItahisaÑ le le respond’. A continuaci—n le preguntŽ:  ÑÀY tœ?  ÑMe llamo CarlotaÑ me dijo dijo ella muy alegr alegre. e. Luego me cont— que antes cuando ella ten’a 3 a–os era todo m‡s  bonito. Como os contŽ antes, todo era sœper diferentes pero estaba todo contra el medioambiente. Pero anteriormente cuando mi amiga ten’a 3 a–os a–os todo era med medioambiental ioambiental y hab’a m‡s colo colores res y todo el mundo era feliz. Ella me cont— el porquŽ, y me dijo que ahora gobernaba alguien que le daba igual la tierra y el medioambiente, era un malvado mago. TambiŽn me cont— que hab’a una forma de 67

 

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vencerlo y era quit‡ndole su varita y encontrando a su hermana la maga buena. Me invit— a quedarme a dormir a su casa y yo aceptŽ. Al d’a siguiente fuimos a buscar a la maga buena cuyo nombre era Lucinda. Un anciano nos explic— d—nde se escond’a la maga cuando la encontramos. Le invitamos a la cafeter’a Òmi peque–oÓ, le contamos lo sucedido y convencimos a la maga para que nos ayudara. Pero ella necesitaba su varita para vencer a su hermano; la varita de Lucinda estaba en el castillo donde viv’a su hermano. Pudimos conseguir la varita de Lucinda que estaba escondida en la torre mayor con todos los conjuros del mago pero no pudimos llegar hasta all’ muy f‡cilmente. Lucinda nos cont— que en la biblioteca hab’a un pasadizo por donde se pod’a acceder a la torre mayor pero  para acceder ten’amos que ser muy silenciosas y peque–as para que cupiŽsemos por el pasadizo. Ella nos describi— su varita para poder identificarla.  ÑChicas mi varita es rosa con una rosa di dibujada bujada de purpurina. purpurina. Cuando llegamos a la torre mayor vimos la varita claramente era tal como nos hab’a contado Lucinda y estaba en una urna de cristal cerrada con llave pero el mago se dej— la llave en el escritorio con su libro de hechizos. Entonces cog’ la llave y abr’ r‡pido la urna y la cog’. Carlota cogi— la llave y el libro y se lo dimos a la maga. No  pudimos conseguir la varita del mago as’ que al d’a siguiente lo volvimos a intentar y esta vez la pudimos conseguir y justo en el momento en el que la maga buena destruy— la varita del mago, Žl  perdi— todo su poder , y la maga recuper— el trono y todo volvi— a ser igual que cuando Carlota ten’a 3 a–os. Me hab’a gustado tanto que me fui a otro tiempo, a 2026, no era igual que el 2150, esta vez no hab’a coches voladores pero pero todo era muy bonito; hab’a parque con fuentes, era todo muy ecol—gico y hab’a museos dondea mi se yo pod’a aprender diferentesparec’a cosas que del  pasado. Fui a buscar futura. Cuandodela encontrŽ, 68

 

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me estaba esperando y ella me cont— que s’, que s’ me estaba esperando y empezamos a hablar. Yo empecŽ pregunt‡ndole:  ÑAhora que soy mayor À quŽ estoy est estudiando? udiando?  ÑCienciasÑ dijo mi yo futura  ÑÀC—mo sab’as que que yo iba a venir?Ñ le ppreguntŽ reguntŽ muy sorpr sorprendida. endida.  Ñ Debido a que yo ya he pasado por esto cuando era de tu edadÑ me respondi— ella amablemente.  Ñ ÀTe ÀTe apetece ir a ver la ciudad y tomarnos algo?Ñ me pregunt— mi yo futura.  Ñ ValeÑ ValeÑ respond’ yyoo muy contenta. Fuimos a una cafeter’a y yo me tomŽ un helado y mi yo futura un cafŽ. DespuŽs del helado fuimos al museo y a una exposici—n de ciencia. Cuando llegamos a la exposici—n vimos como alguien robaba los inventos y las f—rmulas, pero por suerte mi futura yo llevaba un bolso que se convert’a en un peque–o laboratorio. Ella me dijo:  ÑTengo  ÑT engo qu’micos ssuficientes uficientes para frena frenarlo. rlo. Cuando fuimos a preparar la trampa, DULCE GLASEADO, nos dimos cuenta de que faltaba una sustancia para hacer el experimento; el dulce glaseado era una mezcla puesta encima de un dron controlado por un mando a distancia, el dron estaba lleno de pringue que se te pegaba por todos lados y solo se pod’a soltar con un œnico qu’mico. Al d’a siguiente como no habr’a la exposici—n fuimos a dar una 69

 

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vuelta por la ciudad. Fuimos al centro comercial, al laboratorio secreto que tiene en su casa y me ense–— algunas f—rmulas me lo  pasŽ muy bien en ese d’a. Pero al d’a d’a siguiente nos segu’a segu’a faltando un qu’mico y se nos olvid— ir a buscarlo el d’a anterior, as’ que fuimos al Teide que un erarato donde el trineo. qu’mico, mi yo futura y yo hablamos y yopod’a esquiŽconseguir y montŽ en Ella dijo:  ÑV‡monos ya  ÑNo quieroÑ dije dije yo.  ÑSe nos va hacer tardeÑ tardeÑ me dijo ella.  ÑNo quiero irmeÑ respond’ respond’ yo. Cuando llegamos a la exposici—n estaba cerrada y tuvimos que esperar al d’a siguiente. Al d’a siguiente, cuando est‡bamos en la exposici—n de ciencias fuimos las dos al ba–o y cuando volvimos el dron estaba roto. Entonces nos fuimos a una cafeter’a. Ella dijo:  ÑÀQuiŽn habr‡ sido? sido?  ÑNo sŽ, pero estoy segura de que quien haya sido esta compinchado con el ladr—nÑ dije yo.  ÑTienes  ÑTien es raz—nÑ respond respondi— i— ella un poco dec decepcionada. epcionada. Cuando volvimos a casa vimos que la m‡quina del tiempo estaba destruida y ah’ fue cuando supimos que alguien sab’a lo de la m‡quina del tiempo. Inmediatamente empezamos a arreglar la m‡quina. Cuando la arregl arreglamos amos , miramos lo que le pasa pasaba ba y nos 70

 

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dimos cuenta que la hab’an hackeado. Ese d’a volvimos a la exposici—n y pillamos al ladr—n. Cuando pillamos al ladr—n, arreglamos la m‡quina y justo despuŽs yo me volv’ a mi casa porque al d’a siguiente ten’a colegio pero me lo  pasŽ muy bien todo todo el tiempo que hhab’a ab’a pasado fuera de mi tiempo. 

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Miguel Brito PŽrez Viviendo con dinosaurios Me llamo Miguel. Ayer me toc— por fin la m‡quina del tiempo. Es una m‡quina que la tenemos en secreto en la clase. Cada fin de semana le toca a un ni–o. Yo fui a la Žpoca de los dinosaurios en la edad del Cret‡cico. Me gust— mucho. Primero lleguŽ a la cima de una monta–a. Desde ah’ vi unos bosques con ‡rboles gigantes, un lago con muchos peces y a mi lado en la monta–a estaba el nido de un enorme pteranodon (un enorme  pterosaurio volador con pico y cresta). Me acerquŽ con cuidado y vi que el pteranodon ten’a tambiŽn cr’as peque–as y decid’ no acercarme m‡s porque me pod’a haber hecho mucho da–o al proteger a sus cr’as. DespuŽs bajŽ la monta–a y lleguŽ a un bonito prado con muchas flores y muchos ‡rboles en sus alrededores. TambiŽn hab’a un r’o de agua salada muy ancho y largo que desembocab desembocabaa en una gigant gigantesca esca catarata. Me decid’ ba–ar, pues hac’a mucho calor. Pero cuando quise darme cuenta me hab’a alejado demasiado de la orilla. Por desgracia no fui el œnico darme cuenta. Un hybodus (tibur—n con dos aletas dorsales) ven’a en directo hacia m’. Tuve que tomar una dif’cil decisi—n. Entonces saltŽ a la catarata. Perd’ el conocimiento. Cuando lo recuperŽ estaba en un lugar extra–o. Era un pantano. Las plantas eran muy extra–as y hab’a una espesa niebla. De pronto vi a mi salvador. Era un gigantesco Argentinosaurio (un dinosaurio con el cuello muy largo) el que me hab’a salvado al estirar su enorme cuello. Le di una fruta ex—tica en forma de agradecimiento. Luego me fui. Llegue a un  bosque de gigantescas con’feras. En ese bosque habitaban muchas especies distintas de dinosaurios: iguanodones (un dinosaurio que ten’a una especie de garra en las patas delanteras), 72

 

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 pachycephalosarus (un dinosaurio que ten’a el cr‡neo muy duro),  pachycephalosarus gallimimus (un dinosaurio que era muy r‡pido), velocirraptores (un dinosaurio que era muy r‡pido con plumas) y triceratops (un dinosaurio que ten’a 3 cuernos). De pronto lleg— un gigantesco carcharodontosaurus (un dinosaurio carn’voro que ten’a los dientes similares al del tibur—n) que asust— a todos los dinosaurios. Todos se defend’an para no ser comidos. Mientras tanto, yo hu’ aterrorizado tras contemplar semejante espect‡culo. DespuŽs de correr muy asustado, lleguŽ a un seco y ‡rido desierto. Al principi— parec’a que no hab’a vida, pero me equivoquŽ. Vi unos velocirraptores y algunas plantas un poco marchitas, pero creo que segu’an vivas. TambiŽn un poderoso protoceratops (un dinosaurio con una maciza placa en la cabeza) que custodiaba un nido. En medio del desierto exist’a un oasis, que seguramente proporcionaba agua a los dinosaurios y dem‡s seres vivos que habitaban el desierto. DespuŽs de andar un poco lleguŽ a una costa que rebosaba de vitalidad. En una cueva me refugiŽ de los dinosaurios carn’voros. Cog’ unas cuantas ramas y hojas. Primero me puse un par de hojas en el cuerpo para que no me atacasen los depredadores. DespuŽs me hice un refugio con las hojas que recog’. Sub’ a unos cuantos cocoteros y cog cog’’ un par ddee coco cocoss para hidratarme y com comer er algo algo.. TambiŽn recog’ un palo y una telara–a. Los un’ y formŽ una ca–a de  pescar.. CapturŽ muchos peces grandes y delicio  pescar deliciosos. sos. DespuŽs cog’ un unaa rama y la afilŽ contra uuna na piedra. Eso me sirvi—  paraa caz  par cazar ar peq peque– ue–os os ani animal males es com comoo el com compso psogna gnathu thuss (un dinosaurio muy peque–o), una de mis presas favoritas Ásab’a muy  bien! DespuŽs tambiŽn hice una bolsa entrelazando ramas y le hice unas asas con unas hojas. 73

 

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Cuando me fui me llevŽ llevŽ la bolsa con los v’veres, la lanza y la ca–a ca–a de pescar y las ramas que me sobraron. DespuŽs lleguŽ a lo que parec’a una selva tropical. Era muy espesa y hab’a muchas aves y mam’feros peque–os. TambiŽn hab’a ‡rboles enormes. Ah’ recog’ unas piedras que me cab’an, no ocupaban demasiado espacio en la mochila. Las utilizar’a si un dinosaurio de mediano o gran tama–o me quisiese atacar, se las lanzar’a al dinosaurio. En medio de la selva vi algo sorprendente: una pelea brutal entre espinosaurios espinosauri os (un dinosaurio carn’voro con una cresta en la espalda). El primer primer dino dinosaurio saurio le mordi— el cuel cuello lo al otro, ppero ero el otro se revolvi— y lo tiro al suelo. La pelea sigui— con amagos y empujones con la cola hasta que el segundo dinosaurio le mordi— el cuello y lo tir— al suelo. El primer dinosaurio huy— corriendo de ah’. Tras ver ver el incre’ble espe espect‡culo, ct‡culo, lleguŽ a un lago donde donde habitaba un deinosuchuss gigante (un cocodrilo acu‡tico con unas poderosas deinosuchu mand’bulas). Sab’a que si me met’a en el lago me iban a comer y si  pescaba con la ca–a en el lago el deinosuchus hubiera mordido la ca–a. Se me estaban acabando las provisiones de pescado as’ que la necesidad de pescar era evidente. Tuve que pasar unas horas haciendo una incre’ble y gran jaula. La hice enlazando ramas para formar un recipiente en el que pudiese albergar al deinosuchus. Eleg’ ra’ces de ‡rboles lo suficientemente largas, flexibles y resistentes para soportar el peso del deinosuchus. Las ra’ces las eng enganchŽ anchŽ con la rama de un viejo pero fuert fuertee ‡rbol. Puse todo el pescado que me quedaba en la jaula. No tuve que esperar mucho para que el deinosuchus picase en la trampa. DespuŽs nadŽ por el lago tranquilamente y vi cosas preciosas como un arrecife de coral, un banco de peces con los que nadŽ disfrutando del precioso momento. Luego me puse a pescar tras disfrutar del momento. 74

 

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CapturŽ muchos peces grandes, varias tortugas, moluscos y cangrejos. SoltŽ al deinosuchus. LlenŽ la mochila y me dirig’ a mi  pr—ximo destino. destino. Me fui a una especie de desierto de hielo. Estaba todo cubierto de hielo y no se ve’an ‡rboles. Ah’ vi unas manadas de troodones (dinosaurios muy inteligentes con plumas). TambiŽn vi un precioso anquilosaurio (dinosaurio cubierto por pœas y con una maza al final de la cola). Segu’ mi recorrido. Ten’a mucho fr’o. EncontrŽ una cueva y me adentrŽ en ella. Dentro de ella hice un fuego con las  piedras. PensŽ en hacerme un abrigo de piel con un animal. No lo hice. En vez de eso cog’ las plumas que algunos troodones ten’an en su nido y las un’ con las ramas que me sobraron. Cuando me fui me llevŽ el abrigo. Fui a una playa en la que hac’a bastante calor y con muchos  pterosaurios.. Me encontrŽ con un quetzalcoatlus (animal volador tan  pterosaurios grande como una avioneta peque–a) descansando en una roca. Me acerquŽ con cuidado y lo empecŽ a estudiar. Un asa de mi mochila se enganch— en su ala. Inmedi Inmediatamente atamente el animal se dio cuent cuentaa de mi  presencia y empez— a despegar el vuelo. Yo al ver el intento de despegue desenredŽ la mochila y corr’ por su ala hasta llegar al cuerpo. Justamente cuando yo me acababa de sentar en el lomo del quetzalcoatlus estePude emprendi— vuelo. Vol—cristalino unos 700y transparente. metros hacia una preciosa isla. llegar aelver el mar, Era muy bello. Vi unos elasmosaurios (solo el cuello le med’a 8 metros), un mosasaurio (se desplazaba por el agua como una anguila), y unas tortugas marinas. Me sorprendi— que fueran muy  parecidas a las nuestras. Al llegar a la isla el pterosaurio me solt— a un metro del suelo. La isla estaba cubierta de unos pocos ‡rboles. La isla parec’a desierta por dinosaurios por la inaccesibilidad de la isla frente a dinosaurios que no sab’an nadar. No obstante estaba repleta de pterod‡ctilos por la seguridad que ofrec’a frente a los depredadores. Un tapejara (pterosaurio con una extra–a cresta) se me 75

 

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acerc— y yo lo tuve que asustar con las piedras. Ahora me propuse encontrar un buen mirador para observar el gran ocŽano. No obstante vi una cosa aœn m‡s impresionante. Una feroz pelea entre un mosasaurio y un elasmosaurio. El elasmosaurio iba perdiendo claramente y decid’ darle peque–a ayuda. Le se tirŽdistrajera al mosasaurio unas cuantas piedras paraunaque el mosasaurio y el elasmosaurio pudiese intentar espantar al feroz animal. Pero no fue as’ y el mosasaurio tir— a las rocas del acantilado al elasmosaurio. Yo ya me estaba levantando y cogiendo mi mochila cuando el fuerte golpe me derribo. Afortunadamente, Afortunadamente, ca’ en el lomo del elasmosaurio, que estaba huyendo. Nadamos as’ aproximadamente 550 metros. Pero nos persegu’a el mosasaurio. De repente el lomo del elasmosaurio se empez— a hundir. Me invadi— el p‡nico por dentro,  pero mantuve la calma. Vi unos islotes en medio del mar y tuve el tiempo necesario para saltar al primer islote e hice lo mismo hasta el œltimo. Tuve que nadar algunos metros. Al volver a la playa me hubiese gustado quedarme en el œltimo islote. Vi a un tiranosaurio rex muy hambriento (era un terrible cazador) y el me vio a m’. Le tirŽ unas piedras e intentŽ apuntar al ojo. Cuando le di corr’ r‡pidamente hasta detr‡s del terrible cazador y sub’ hasta la cabeza. Con sus  brazos peque–os no me pod’a tocar. tocar. Cog’ un trozo de compsognathu compsognathuss y se lo lancŽ al mar. El tiranosaurio no se pudo resistir y se lanz— al agua. Yo aproveche para escapar escapar.. Corr’ todo lo que pude y m‡s. Cuando me quise dar cuenta estaba en medio de la selva y no sab’a a d—nde dirigirme. De pronto sali— un precioso anquilosaurio al que finalmente segu’. Cuando se par— vi que estaba en un enorme valle. En el valle hab’a muchas flores. TambiŽn hab’a una manada de  parasaurolophus  parasauroloph us (dinosaurios con cresta) que estaban comiendo en unos ‡rboles del fondo. Cuando mirŽ hacia arriba vi un enorme cr‡ter, me acerquŽ m‡s y vi que estaba apagado. Me met’ dentro usando como cuerdas las ra’ces. InspeccionŽ todo y vi que hab’a estadopisadas. aqu’ unVidinosaurio recientemente. gracias unas una sombra gigante detr‡sLodepude m’. saber Me dio muchoa 76

 

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miedo, pues podr’a ser carn’voro. Al darme la vuelta me tranquilicŽ,  pues vi que era un therizinosau therizinosaurio rio (un dinosaurio herb’voro con las garras de m‡s de 76 cent’metros). Segu’ mi camino y sub’ otra monta–a y me di cuenta de que la monta–a estaba caliente. Eso no me gust— nada y decid’ bajar e intentar subir otra monta–a. Podr’a haber entrado en erupci—n. LleguŽ a lo m‡s alto y contemplŽ el paisaje. Era precioso. Me di cuenta de que al therizinosaurio le gustaban los frutos. Me encant—  pasar el rato en la edad de los dinosaurios. V Vii muchas peleas, escapŽ de un tibur—n, encerrŽ a un deinosuchus, explorŽ muchos ecosistemas y pasŽ muchas aventuras intentando sobrevivir. TambiŽn me di cuenta de que estaba en la misma monta–a en la que comencŽ. Hab’a dado la vuelta en c’rculos. Me tocaba volver a mi preciosa Žpoca, pero sabiendo mucho m‡s de dinosaurios, dinosaurio s, claro. ÁFue muy divertido, ojal‡ vuelva a repetir!

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