El Psiquiatra, Su Loco y El Psicoanálisis [Maud Mannoni]

December 3, 2017 | Author: Davis Vi P | Category: Insanity, Psychoanalysis, Truth, Jacques Lacan, Knowledge
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Descripción: Desarrollo del proceso psicoanalítico desde una perspectiva psi...

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Una sociedad "hace" sus locos, define su "u locos y crea, para ocuparse de ellos, una Inll llu sólo puede transformarlOs en "objetos" , No rechazar esta objetivación sin cuestionar ta nl I c iones psiquiátricas en su funcionamiento a ctu I psiquiatría misma, al psiquiatra en su posición sentante del grupo dominante y a las ciencias las que se refiere la psiquiatría. Sin embargo, no se niega la realidad de la locura se pone en duda es su asimilación a una enf rm cuando constituye, más bien, la mostración de un den que sólo por apresuramiento se ubica esencla lm en el sujeto mientras, en realidad, el sujeto es su port Estos temas son tratados por Maud Mannoni en la p r le obra que en gran medida es el resultado de su tra clínico en un hospital psiquiátrico francés, pero que ti en cuenta, igualmente, experiencias inglesas, I talla n y de países latinoamericanos, la presentación de ca c línicos concreto~~se equilibra con una amplia 'Inform ción teórica, El conjunto desemboca , naturalmente, en I que se podría llamar política psiquiátrica ; la autora tom clara posición entre el conservadurismo de la institución pSiquiátrica y los prestigios de lo imag inario ante 101 cuales podrían ceder algunas politizaciones,

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4- edicion

psicología y etología

Traducci6n de: CARLOS EDUARDO SALTZHAN

Revisi6n técnica d. : MIRIAH CHORNE

El psiquiatra, su ttloco" y el psicoanálisis ./'or

Maud Mannoni

MEXICO ESPAÑA ARGENTINA COLOMBIA

INDlCE

siala veintiuno editores, sa CERi6 DEl AGUA 'd, MfX1CO 20. D.f.

sialo veintiunQ de españa editores, sa ClPl'J..zA 5. MADRID 33. (SPANA

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siglo veintiuno argentina editores, sa

Agradecimientos Prólogo

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LOCURA E INSTITUCl6N PSIQUJATRICA

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1, La segregación psiquiátrica 2. La locura como status :'J. Locura y psiquiatría

17 35

PRIMERA PARTE

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SEGUNDA PARTE.

INSTITUCI6N PSIQUJATRICA y

PSICOANALlSIS

4. Institución psicoanalítica e institución asilar 1 rr El discurso paranoico 5. El esquizofrénico entre su familia y el asilo 6. La institución como refugio contra la ang ustia I Il Un caso de anorexia mental

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69 69 87 101

121 12 1

129

TERCERA PARTE

primera edición en español, 1976 cuorto edición en español, 1981

©s iglo xxi editores , s.a.

ISBN 968-23-0612-4 primera ed ic ión en froncés, 1970

@éditions du seuil , parís titulo origina l: le psychiotre , son " fou " et lo psychon olyse derechos reservados conforme a la l ey impreso y hecho en méxico/ printed ond mode in mexico

PSlCOANALlSIS y ANTlPSIQUlATRIA

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7. Antipsiquiatria )' psicoanálisis 1 Confrontación teórica II Confrontación clíni ca O. El psicoanálisis didáctico y el psicoanálisis como institución 1 Lo histórico II El proceso analítico lB El psicoanálisis, el anátisi5 didáctico y la institución IV Psicoaná lisis, enseñanza y selección

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155 174

185 185

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Conclusió n Apéndice 1 Carta de una enfermera II Escuela experimental de Bonneuil·sur-Marne 111 U n congreso en Milán

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Indice analí tico Indice de nomb res propios lndice de casos citados Bibliografía

235 243 245 247

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At: RADECIMIENTOS

A Jacques Lacan médjca~jefe del en el hospital psiquiátrico de V ille-Evrard. Al abrirme genero""mente las puertas de su servicio, Hélene Chaigneau me proporcionó {'I marco en el que pudo realizarse esta in vestigación . Del mi~mo modo, tengo un a deuda de reconocimiento con la clínica médica de Ville-d'Avray. A Ronald Laing, la expresión de mi gratitud, así como a los huéspedes de l Kingsley Hall. La Sociedad Británica de Psicoanálisis (y muy especialmente el doctor Winnicott) , la Sociedad Belga de Psicoa nálisis y la Escuela Frcudiana de Bélgica me han recibido en diversos momentos de mi investigación; sus críticas fueron sum amen te valiosas. Algunos capítulos de este libro han sido expuestos en el I nstituto de Psiqui atría y en el Instituto de Sociología de la Un iversidad Libre de Bruselas bajo los auspicios de los profesores P. Sivadon y S. Decostero Algunas partes de esta obra provienen del informe introductorio presentado al Congreso Intern acional de Milán (diciembre de 1969) organizado por un grupo de psicoanalistas italianos y que tenía por tema '! Psi coanálisis~Psiquiatría-Ant ipsi qui atrían. Colette Audry ha tenido la amabilidad de revisar el man uscrito. Este libro debe su articulación teórica a las enseñanzas de Jacques Lacan, a quien rindo aquí homenaje. Mi agradecimiento también a todos los que me han aportado su ayuda (Congreso Internacional sobre las Psicosis, París, octubre de 1967, trabajos publicados en Enfan ce aliénée, texto publicado a su vez en Recherches, septiembre de 1967; Enfance aliénée 11, en R echerches, diciembre de 1968 ) . Todos estos trabajos permiti eron que mi investigación se realiza ra. En cuanto a ]a a pertura clínica de este trabajo, la d ebo a los ana lizand os mismos.

1.,. elebo mi agradecimiento a Hélene Chaigneau,

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Ville-Evrard, enero de 1968 - París, enero de 1970.

PROLOGO

El movimiento actual de antipsiquiatría ataca nuestras posiciones ideológicas tradicionales. Al cuestionar el status que la sociedad le ha dado a la locura, impugna al mismo tiempo la concepci6n conservadora que se halla en la base de la creación de instituciones ualienantes", y conmueve así los fundamentos sobre los que reposan la práctica psiquiátrica y el poder médico. La antipsiquiatría ha nacido, precisamente, de una protesta contra la medicalizaci6n de lo no-médico, como movimiento que se opone desde un primer momento y ante todo a cierta forma de monopolio del saber médico. (El psiquiatra tradicional dispone de un saber concebido de acuerdo con el modelo del Sabt'f médico: sabe lo que es la "enfermedad" de sus pacientes. Se considr l'a, en cambio, que el paciente nada sabe de ello.) Cuanto más se interesa el psiquiatra por el aspecto reglamentario y administrativo de su función, en mayor medida se ve llevado a defender este monopolio de su saber. "El psiqubtra de niños debe ser capaz [. .. ] de saber ]0 que puede movilizarse o no en las actitud es profundas de los progenitores [...] no debería delegar este trabajo esencial en técnicos de otras disciplinas." 1 Ahora bien, los estudios médicos, tal como la sociedad los organiza, ¿ son aptos para conferirle un saber de este tipo al psiquiatra tradicional? Las instituciones interesadas no se plantean este interrogante. Hasta ahora, preguntas de esta clase sólo se han formulado y elaborado, desde el punto de vista de la teoría y de la práctica, ruera de las organizaciones oficiales (en las investigaciones de los psicoanalistas, por ejemplo). La actitud psicoanalítica no hace del saber un monopolio del analista. El analista, por el contrario, presta atención a la verdad que se desprende del d iscurso psicótico. La aplicación, en nombre de un saber instituido, de medidas intempestivas de "cura" no logra otra cosa que aplastar aquello que demanda hablar en el 1enguaje de la 1 L'tlxtlrcutl dtl la psychiatritl infanti/tl tlt la formation dtls psychiatrtlJ d'tmlants, Presse Médica le, suplemento 1969, nI> 5, enero de 1969.

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/'RóLQCO

locura, y al mismo tiempo lo fija en un delirio, con lo que aliena aun más al sujeto. Los antipsiquiatras (sobre todo.. los ingleses, los estadounidenses y los italianos ) han sido influidos por el psicoanális~s, pero n~ .son psicoanalistas. Son psiquiatras refonnadores que qUieren modIfIcar radicalmente la actitud de aquel a quien se llama médico ante aquellos a los que se llama enfermos mentales. Del abandono de los prejuicios científicos esperan hacer surgir un campo en el que será posible volver a interrogar al saber (abandonado) en un contexto diferen te. La conmoción introducida por la antipsiquiatría en la institución que acoge al loco coloca a l~ lo~ura en situación de ser captada de modo diferente y lleva al pSlqmatra (an ti-) a replantear su relación con el saber y la verdad. E l movimiento de los jóvenes psiquiatras franceses (inspirado por el aporte del psicoanálisis y por el de las investigaciones institucionales) participa del mismo deseo de "revolucionar" la psiquiatría, al menos en cuanto su práctica siga estando marcada por toda una tradición de cuidados "médicos" y por una vocación social cuya perspectiva es la adaptación.

La provocación antipsiquiátrica suscita cierto escándalo. Pero parece bien que el mov imiento trate de perpetuar el escándalo como tal, para que. así no se deje conducir, como el psicoanálisis, al sistema normativo de los organismos que distribuyen la cura. Lo que la antipsiquiatría (Laing) trata de preservar como en un análisis, pero sin formularlo tan claramente, es una forma de saber nunca dado que se revela en el lenguaje del "paciente" al mod~ de un acontecimiento repetible que se devela en las fallas del dIscurso. Trata de crear condiciones que permitan que lo que tiene que decir la locura se enuncie sin constricciones . Entonces, desde el campo del deseo y del goce, habrán de surgir en el sujeto los obstáculos que se opondrán a la aparición del sinsentido que tiene sentido. (Aquello a lo que el sujeto se encuentra enfrentado es la búsqueda de un significante perdido allá donde el deseo está en juego.) Las experiencias aritipsiquiátricas extranjeras (en particular las de Laing y Cooper en Inglaterra) han mostrado su eficacia, a pesar de la resistencia inevitable de las tradiciones y las costumbres. No sólo deben mucho a la "experiencia analítica", a la que imitan por su reserva ante toda tentación de intervención y la paciencia con que escuchan el discurso, sino que las novedades clínicas cuya ap.arición promueven encuentran su justificación teórica en la teoría pSlcoanalítica misma. En todo caso, es posible el acuerdo y la cooperación entre las actitudes antipsiquiátricas y las investigaciones analíticas,

PROLOGO

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mientras que ello es manifiestamente imposible en tre los usos p s i~ quiátricos tradicionales y la actitud analí tica. En Francia, durante estos últimos aiios, el grupo de Lacan ha efectuado un esfuerzo muy marcado en el plano de la reorganiza~ ci6n de las instituciones de cura, organismos a los que se ha querido sustraer no solamente de la esclerosis adm inistrativa, sino incluso de los fundamentos no científicos del sistema que se halla en vigor en el dispensario, en el EMP, en el hospital. Estudios allll no publicados 2 tienen por objeto el análisis de lo que se pone en juego cuando se pide una consulta y el modo en que la respuesta inoportuna que se da dentro del sistema tradicional puede sofocar una verdad, alterar el sentido de esa demanda. El establecimiento de "legajos médicos'" si bien puede tener alguna utilidad administrativa, contribuye con frecuencia a falsear la aprehensión dinámica de una situación. La creencia del público en el "texto" psicológico orienta la entrevista en el sentido del veredicto aHí precisamente donde lo que hay que desenredar no se encuentra tanto en el supuesto paciente, sino más bien en su familia. . Los psiquiatras y los psicoanalistas franceses pueden, pues, hallarse Interesados por algunos de los aportes de la antipsiquiatría. No obs~ tante, no se sienten "antipsiquiatristas" ni ' ~a ntimédicos" . Si se oponen a cierto "espíritu médico", ello ocurre solamen te en la medida en que se in voca ese espíritu para man l ~ner la segregación institucional. El médico que personifica aquí la tazón ante aq uel que encarna tan bien la locura que no resta otra cosa que expulsarlo de la sociedad, se sirve de su saber para prestar ayuda a esos enfermos, pero ese saber 10 ayuda aun más a · justificar esa actitud tradicional. En ello, además - y es sobre todo la nueva escuela italiana la que ha insistido en este punto- obedece quizás a necesidades sociales o administrativas, pero sobre todo concilia con los temores y los prejuicios de la mayoría de la población. 2 La administración ha puesto fin a ciertas investigaciones adoptando (IJor razones políticas) medidas de exclusión contra ciertos analistas cuyo valor clinico era reconocido, por otra parte, en fo rma unánime . Los niños debie ron pagar entonces las consecuencias de la partida de equipos cnteros de espe· cialistas, como ocurrió en el caso de los consultorios externos médico-peda;óSicos de Thiais, pe~o también en el Hopital des Enfants Ma lades, donde se desmembró un eqlupo con absoluto desprecio de la investigación colectiva que se efectuaba. En otras partes, se trata de medidas individuales que se a doptan contra uno u otro analista de conocida reputación. Siempre se ¡m'oca un reglamento administrativo para ocultar Jo arbitrario de la medida de represión. De esta manera, en Francia, se está viendo cada vez más amenazada por la censura cierta forma de investigación sobre el retardo mental y la psicosis.

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l'R6LOGO

El motivo por el cual las investigaciones y las innovaciones teóricas o clínicas son tan difíciles de promover se encuentra, en última instancia, en esos prejuicios existentes tanto a nivel policial como administrativo, e incluso político. No es posible estimular oficialmente esas investigaciones o innovaciones, porque implican cuestionar las realizaciones administrativas mismas. Desde el punto de vista administrativo, sólo los límites presupuestarios frenan la creación de organismos institucionales, y sin estos límites se crearían infinitamente nuevos centros de cura, pero siempre según las mismas opciones conservadoras. El problema, sin embargo, no es específicamente político (la actitud frente a la "enfermedad mental" participa del mismo conservadorismo en Cuba o en Pekín). Lo que se cuesti0na es la mentalidad colectiva ante la locura. E l problema social -y político- del retardo mental y la psicosis ha permitido la creación de toda una organización médica y administrativa cuyos esfuerzos y cuya devoción no pueden negarse. Pero el problema de la investigación desinteresada se plantea de un modo tota lmente diferente. Quizá sea inevitable que la investigación teórica entre en conflicto con la administración) pero si bien es natural que no se subvierta ni se desacredite lo ya existente ante cada progreso que se alcanza en la comprensión teórica de lo que son el retardo y la psicosis, es n~esario al mismo tiempo poder exigir que no se esterilice la investigación teórica sacrificándola en beneficio del perfeccionamiento de las estructuras sociales y administrativas. La preocupación por la "rentabilidad" no debería imposibilitar la investigación desinteresada. En El nir10 retardado j' su madre denuncié la magnitud de una segregación que golpea a un número cada vez mayor de niños (según el grado de industrial ización del país) .. Cuanto más aumentan las exigencias profesionales, menos lugar hay para el disminuido en nuestra sociedad, y cuando se le propone, es en el taller para disminuidos, con tarifa regresiva en proporción al grado de disminución. 3 La sociedad se remite con toda buena conciencia al médico para que éste señale cuáles son los sujetos que deben excluirse por medio de un diagnóstico cuando no es posible integrarlos a cualquier precio " Todo se combina en nuestra sociedad (en forma notoria la enseñanza y la prensa) para que el problema del retardo mental (como hasta hace poco el de la esquizofrenia ) siga sustraído a todo cuestionamiento. Parecería que no se puede discutir la noción de debilidad auténtica sin amenazar con subvertir el aparato médico-administrativo tradicional.

PROLOGO

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a la "normalidad", pero no se interroga antes sobre las significaciones que tienen esas locuras o esos retardos. Mi libro no propone ningún remedio. No obstante, los efectos de una actitud teórica nueva no son despreciables; cuestiona el saber recibido, p lantea nuevos interrogantes sobre la verdad y puede, con el tiempo, contribuir a la modificación de las rutinas más consolidadas. Una cierta forma de .aber objetivado ha dejado en la sombra todo lo que en el psiquiatra (yen el pedagogo) se sustrae a los efectos producidos en él por la presencia de la locura. Al entrar mi investigación en el estudio del retardo mental tal como é5te se presenta en la fantasía de la madre, no pretendía en modo alguno hacer que la madre se sienta responsable de la disminución, sino solamente iluminar los efectos que tiene, al nivel del niño, cierto mecanismo de ocultamiento que funciona en la madre. Intentaba mostrar c6mo una enfermedad, así sea orgánica, puede cumplir en el otro (progenitor o terapeuta) una fu ..l ción, otorgar un status, que provoca una alienación suplementaria en el 'Cdisminuido)'. Se crea de esta manera una situación en la que los progenitores, los reeducado res y los médicos, lejos de intentar comprender al niño como sujeto movido por el deseo, lo integran como objeto de cura en sistemas d iversos de recuperación, despojándolo de toda palabra personal. En este libro, trato en el fondo sobre el mismo problema, pero no se trata ya solamente de la madre y del hijo. Se trata de la actitud inconsciente colectiva de los ubienpensantes" ante el "anormal». Muestro los efectos de esa actitud, sin tener Hsolución)) que proponer. No basta con cuestionar la actitud defensiva de una sociedad que excluye con excesiva facilidad al niño o al adulto "anormales". Es preciso annJizar también la actitud inversa, surgida del desconocimiento de aquella defensa. En este segundo caso) el retardado o el loco se convierte en objeto de un verdadero culto religioso. Se halla en peligro de verse "recuperado" por instituciones caritativas, compartido como objeto de ciencia y de cura por una multitud de especialistas, mientras que civilmente su suerte corre el riesgo de verse definitivamente sellada por la gracia de un certificado de invalidez. El mito de la norma (nivel intelectual, etc.) y el peso de los prejuicios científicos desempeñan el papel de factores de alienación social, no sólo para el ·~nfermo mental sino también para quienes lo curan y para sus padres. Habría que volver a plantear, sobre bases teóricas diferentes de las que por lo general se usan, la noción misma de institución (para re-

PRÓLOGO

tardados o psicóticos). y no es posible repensar la institución sin comenzar por cuestionar el origen mismo de su existencia." El "paciente" sirve con frecuencia de pantalla para lo que el que cura no quiere ni saber ni oír, porque ello señala de inmediato las motivaciones profundas de las relaciones jerárquicas instituidas, así como la función de un detenninado orden vigente. La acción del terapeuta evidencia desde el primer momento y sobre todo su natu~ raleza defensiva. Al tocarla tropieza uno con los efectos de resistencia del terapeuta, que en su relación con el paciente se esfuerza ( incons~ cientemente) por sustraerse a todo riesgo de que surja una verdad. ti De esta manera las reeducaciones, las orientaciones, las curas de todo tipo, tienen por función contener ante todo la angustia del personal. No negaremos por cierto que el nivel en que se hallan en la actua~ lidad nuestros conocimientos teóricos y nuestros medios técnicos no nos permite considerar a estas cuestiones como definitivamente ce~ rradas y resueltas .

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.. Véanse los trabajos de J. Ayme, H . Chaigneau, J. Oury y F. Tosque lles. El desarrollo de sus ideas se encuentra en diferentes textos individuales o colectivos de Enfance aliénée, setiembre de 1967 , Enfance aliénée ll, diciembre de 1968, en Recherches. Véase también Bronislaw Malinowski, Une théorie scientifjque de la culture, p. 19, colecci6n Points. &l. du Seuil, 1970. [Hay edici6n en español: Una teoría cientlfjca de la cultu ra, Buenos Aires, Sudamericana, 1948] ri Las consultas externas médico-pedag6gicas asumen el lugar de las fami lias d e los psic6ticos cuando establecen una orgaruzaci6n de desconocimiento de Jos problemas institucionales o cuando le reprochan a l anaJista no a daptar al niño a su inadaptaci6n. ( !) .

1' ''IMlmA PARTE

I ( )( 'URA E INSTITUCIÓN PSIQUIÁTRICA

I Entonces porque uno es un internado se :~ tocan timbres, se lo lleva de aqu! para alla. Le cuento historias de locos. ¿ Qué otra cosa quiere usted que le cuente? . LAURENT (un internado)

1. LA SEGREGACIÓN PSIQUIÁTRICA'

Cuando un paciente acude al médico, presenta una queja, y ésta se transfonna en demanda de curación. La demanda puede enmascarar un deseo de hacer fracasar al médico, o la aspiración de lograr que él le confiera un status privilegiado, el de inválido, por ejemplo. Es propio de la función del médico establecer, después de examinar al paciente, un diagnóstico, un pronóstico y un trata miento, que pone en juego una mirada clínica y un oído atento. La posición del médico supone que el facultati vo sabrá responder a la demanda del paciente, es decir, comprender los engaiios y las trampas que aquella demanda oculta (es to vale tanto para la psiquiatría como para la medicina en general). Lo que se denomina medicina psicosomática no es otra cosa que el desciframiento de lo que el enfermo da a entender con su sí ntoma. Se trata de una palabra que remite a una mirada, a ciertas voces: desde el luga r de ese cuerpo dolorido el sujeto interroga al saber médico, exige la revelación de la naturaleza de un mal escondido, enmascarado. Hay una distancia que es d ifíci l definir entre el saber objetivado de un mal objetivable, qu e la ciencia sabe cómo atacar, y lo que ese cuerpo sufriente (ese cuerpo que enc uentra los límites de su goce en el sufrimiento ) puede darle a entender al médico y revelarle al sujeto como verdad (verdad que huye ). Al nivel del dolor se sitúa en una forma de encuentro entre el médico y el enfermo que le otorga, más allá de lo que se acostumbra a describir en términos de relaciones interpersonales, un cierto privilegio a algo que es del orden de la estructura del sujeto que habla, es decir de ese sujeto descante cuya verdad puede manifestarse en un lugar diferente de aquel donde la buscamos. Esta verdad, censurada por la conciencia, surge en el síntoma o en las distorsiones del discurso. El Otro se halla siempre implicado en lo que el sujeto se esfuerza por formular a través de su queja. Es que el sujeto que habla se ha constituido efectivamente como sujeto a partir del lugar del Otro,2 y su palabra es ante todo 1 El texto de este capítulo aparecerá en una obra colectiva que publicará Pantheon Books, Nueva York. 2 Lacan: "Toda palabra, en tanto que el sujeto está implicado en ella, es discurso del Otro, parte d el Otro". "Le Désir et son Interprétation", en Bulletin

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LOCURA E INSTITUCION PSIQUIATRICA

palabra del Otro. 3 He aquí por qué (en la orientación a~tual .d.e la medicina) el médico, a través de lo que se dice, trata de IdentifIcar, .ante todo, las marcas que le permiten reconstruir una estructura y que se hallan ocultas en cada palabra perdida al nivel del cuerpo sufnen~e, como lo veremos en esta breve observación relatada por Fran~olse Dclta:" U-Me duele la cabeza -decía un hijo único de 3 años. (Lo habían traído porque era imposible seguir teniéndolo en la guardería infantil, donde no cesaba de quejarse de su dolor de cabeza; parecía enfermo, pasivo y dolorido. Por otra parte, sufría de insomnio, ~stado ~e~ ,cual su médico no encontraba causa orgánica.) ConmIgo repltlO su soliloquio. Le pregun té: -¿ Quién lo dice? y él continuó rep itiendo con un tono quejumbroso: -Me duele la cabeza. -¿Dónde? Muéstrame; ¿dónde te duele la cabeza? Pregunta que nunca se le había formulado: -Aquí (y se señaló el muslo cerca de la mgle). - y ahí, ¿ está la cabeza de quién? - De mamá". La queja somática del niño) nos remite aquí a otra queja, la de la madre. Mediante sus jaquecas está mostrada ]a verdad de lo que se hallaba encubieflo en las relaciones de la pareja progenitora. El niño, sin saberlo, se hacía cargo del síntoma materno. Había log~ado convertirse así en el síntoma de su madre, ilustrando en el lugar mIsmo de su dolor ]a frase materna: :acerbar la desconfianza del paranoico. El médico jefe, I,,~ n~ edlcos Internos, las enfermeras, todos forman parte integrante .1,1 Ms tema médico-administrativo tradicional. Al psicoanalista, por 'lt/flto p~oviene d~l exterior, Se lo percibe como a un a interrogación 'jlll', mediante un Juego de reflexión especular, introduce una mirada "na escucha en el mundo de un paciente que está habituado a 11 f!'rencias conocidas, referencias en cuyo seno despliega una estra,. ,dn idéntica a la qu e utilizan en las prisiones los delincuentes. La lI,u-ición y la subsistencia del che vuoi? no puede mantenerse .1111 nnte largo tiempo como enigma (principalmente en el caso de 1, f paranoicos). La relació.n con el encuadre institucional me pone a prueba, por.p lf' en funC ión de ese encuadre se me pide que me defina. Se trata .111 "aber si puedo ser utilizada (contra los médi cos, para una salida, 'I1nlJ'a fulano, etc. ) y el paciente se interroga con toda conciencia IIllI'C el poder que ejerzo dentro de la institución. Por otra parte, lo '1 1m a partir de la aclaración de este punto me torna peligrosa es pre,1 nment~ el hecho de que no estoy investida de ningún poder: pll19ue SI no tengo un poder visible, se me asigna un poder oculto , h Illlble. El mundo fantástico del paciente no halla depositario frente In ambigüedad de mi status. ~ Q ué es lo que ofrezco? ~ La curación? El paciente no la pide. Le ofrezco hablar ... y agrego, ingenuamente, que "eso le hará 11 1~ n ", pero, j es precisan:ente sobre ese bien que le deseo que comienza 1 Interrogarse y angustlarse! Por otra parte, en cuanto a hablar, ha desaprendido a hablar. Algunos, e~ cierto, aguardan en la sala de espera, puntuales. A "I(' nudo no henen nada que decir, sólo la reedición de un relato 1.1(·reotipado, esto es, la variación de un tema delirante: me lo ofrew 11\11 porque .su disposición hacia mí es positiva y desean ayudarme a IhU'el' este ltbro qu e han escuchado que quiero escribir.

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," l/Cl a N PSICOANALlTlCA E INSTITUCIóN ASILAR

INSTlTUCION PSIQUlATR1CA y PSICOANA!.I

Están, pues, dispuestos a proporcionarme historias y también critos codificados al modo de legajos médicos. En su mayoría, se niegan a un encuentro privilegiado; en últi, instancia, el ello habla mejor en otras partes que en el gabinete analista. ' Esperada por algunos, rechazada por otros, comprendo que 10 q se dice está modelado por el asilo y por las estructuras en las q estoy, con ellos, apresada. No hay lugar para que surja una verd Lo imprevisto no aparece. Las reglas deben ser respetadas, y est reglas hacen referencia al encuadre de cada paciente y al de la i titución asilar. Cada falta que cometo a las costumbres establecid se ve sancionada mediante una agresión, agresión inducida por hecho de que me he puesto en [unción de agente provocador (exisl ritos que deben respetarse : no se entra impunemente a mirar tel visión en la sala común de un pabellón en el que nadie nos conoe nunca se hacen "agresiones", no importa dónde ni cómo, que no e rrespondan siempre a una falta cometida por el "agredido"). La situación analítica es la introducción de una brecha en la ri dez del encuadre institucional. El paciente trata de hacer surgi r la situación ana lí tica misma ese encuadre rígido (horas fijas, etc que constituye su protección. Pero un detalle mínimo que modifiq este encuadre induce reacciones de violencia fuera de la sesión, en institución asilar. El encuadre que proporciona segur idad es el la institución asilar., ~lUnque se lo cuestione. Y modelado por la in titución asi lar, el paciente termina por tornarse hostil a todo cambi se hace conservador en los gustos y las costumbres del lugar en cual se halla, quiéralo o no, insertado. Todo se encuentra debid mente organizado para que se fijen para siempre las funciones d verdug-os y de víctimas. Si el paciente asimila al "sistema" asilar el personal que lo atÍe de, a mí, en cuanto psicoanalista, me sindica como la exjJerta (pa ticularmente por parte de los paranoicos) . A partir de ello, el discur sólo podrá funcionar con una inercia dialéctica suplementaria. - ¿ Para qué sirve usted, si no está aquí ni para juzgar ni par obtener. mi salida? - Entonces está usted encargada de espiarme. No me es posible desempeñarme con libertad en un 1ugar en el qu todo está reglamentado, determinado al minuto, previsto. La ambigüedad de mI posición no puede provocar otra cosa qu rechazo. Toda irrupción de los terapeutas en el encuadre de vida propi del paciente es vivida por éste de modo persecutorio. Las reunian

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.,' toleran si pueden inscribirse en un ritual establecido (fechas etc., Y se teme que haya arreglos de cuentas posteriores a la

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Inlon ...

1" cosas ocurren de un modo radicalmente diferente si, en un en el que los terapeutas es tán reunidos, irrumpen los pacien~ 1': 11 este caso, debido a que son ellos los provocadores, la angustia I 'Tutoria es mucho menor. Si los terapeutas soportaran que se Int erpelara, podría aparecer en el decir algo verdadero. Mas en l'Iuier caso la ambigüedad de la situación no se soportaría mucho 1111'0 y pronto cada uno volvería a entrar en su universo propio. I t '~tc modo la segregación actúa muy bien como antídoto de la I¡"tia. I l ansiedad psicótica, ya lo hemos visto, sobreviene donde se proI ni movimiento, contra lo que es constante. ¡ bien la si tuación analítica se halla esterilizada (es decir, en los hu!! resulta una especie de pedagogía reaseguradora, alejada de ~ I pe rspectiva analítica auténtica) J se la soporta no obstante, porI ti ,'n la medida en que desempeña dicho papel, se halla inscrita , IIlI a estrategia conocida. I l¡' otra manera, no hay lugar para la introducción de una insti.. 1(1 11 psicoanalítica en una institución asilar. 36 En un lugar de )111 ,'urcelario, nada tiene que hacer una institución que se proponga 1" 1M una palabra. I

11

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1', ," DISCURSO PARANOICO I'l\OTOCOLOS DE SESIONES

I dl.fcurso del enfermo y el de su familia. Georges Payot, 30 años, I" nado desde hace 10. I '1IIi1, r a

sesión

II , I~

a Francia a los 8 años. Mi situación es peligrosa, siempre lo .Ido. Huérfano desde la cuna, mi madre murió al nacer yo, y mi , H h e un año después, de pena. Fui recogido por una tía que tenía "111111 ilegítimos. Ella fue una falsa tutora. Mi verdadera tutora era '1 11 buela de Martinica. .. I

.~

Los efectos de las reuniones de grupos merecerían cierto análisis: no es

IIllpl e después de las sesiones se produzcan "arreglos de cuentas". Esto sitúa

1I !llt el encuadre en el que está llamado a tener lugar un discurso "libre".

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INSTIT UC IÓN PSIQ U IATRI CA y PSICOANALI

La seÍiora Loné era la hermana de mi madre, tuvo hijos con mecánico de automóviles, el señor Soutier. Se h a acostado co n m chos individuos. Pero esto es algo accesorio, se pierde uno a vec del tema, que es más fascinante y m ás interesante que todas es cosas. Veo en usted una persona agradable, calma, eso es delicado. Sic pre me han tratado los médicos internos varones, nunca he ocasión de tener la presenc ia de un a mujer. Mi tía me dijo: "¿ Quieres venir a Francia?". Le respondí: "Sí Me parece que estuve demasiado complacien te. Cuando abando a la abucla, con tinuaba llamándome. Murió a los 80 arios. Por el lado de mi padre, tengo la fami lia Passabé., que no ha hec nada por mí. Esa tía tiene una panadería, siempre me ha desil sionado, hasta ahora no he tenido por ese lado más que mala suert Me he visto sorprendido por muchas pequeñas cosas que han sobr venido, que entrarían en el dominio de lo religioso. Quiero comenz por se r fran co: todo empezó en 1957. Yo soy nativo de Martinic Existía entonces el problema argel ino, eso me d esorientó ; los árab al ver mi cerebro, establecieron un titular político. Se sirvieron mi como si hubiera sido su cerebro, y esto me perjudicó. A los 7 años, oía ya voces. Una voz me impulsaba a hacer el m Tuve un placer sexual con una niña de allí. Perdí enseguid a to sa tisfacc ión. Después d e eso llegué a París, al orfa nato de Sain Gonzague. S egun da sesión He estado complicado con usted la última vez. Si tenemos otras ca versaciones, podré establecerle las cosas de un modo más científic Siempre he es tado solo, porque era hijo único. A mi lía la llama mamá, y co nsideraba a m is primos como hermanos. Si hubiesen sid mis hermanos habrían estado en el hospital conmigo . Si hubi ese tenid un hermano, habría podido tomarlo por confidente. M i tía es u mujer quiméri ca, es autoritaria. Caí enfermo con el problema argelino. H abía hecho la misma to te ría que ellos (placer sexual) . Me adoptaron como hermano de raz Mi sangre es mongol. Los argelinos me han perjudicado en todo que he querido reali zar. He tenido ideas racistas. Corrieron rumor sobre mí en la región parisiense, cuando me sentí perseg uido. Estaba en mi traba jo y rodé por tierra orinándome en los calzo cilios, esto le pareció extraño a los policías. Me d irigí a Ville-Ev:ar tenía un aspec to metafísico. No tenía libre el ce rebro. No me Slent

IITlJCI6N I'SI C()ANALfT I CA F. I NSTlTUC l úN ASILAR

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,.. Jor ahora, nunca m e sentí bien. Siempre tuve un a infancia mártir. 11 tia me hacía sentir su desp recio. He llevado una vida de lobo j Itluve mi certificado de es tudios. Me llamo Payot. Desciendo de la IUllvllía de los Galos. Según este título, tengo sangre noble. Traté 1, .rproducir en la Jvl artinica. E n la Martinica fui recogido por los t'itlll/{oles y amamantado a pecho con leche comprada, eso me permi1111 viv ir. I :uando vi que eso no caminaba, pedí interpretar un canto fl a1111 nro. Se me dijo: los artistas son mal vistos. No es posible seguir UII.I arrera de artista, yeso me desorientó. Después adquirí vicios, ,1 vida de fumar. Aqu í no hago más que fumar y dormir. Habría 'jw'rido vender m i certificado de estudios para tener una guita rra. I'''.''l'mos celadores q ue tocan instrumentos, pero jamás me he intel' 'lIdo en eso, prefi ero la soledad. "

I

rera sesión

: IlItimidado, molesto, Georges, a través de todo un lenguaje corporal, 11I nde a mostrar que está emocionado.] 1.0 que serí a importante, para mí, es hacer el amor con una mujer.

" sé si usted se da cuenta, pero nunca he podido alejar de mí las 1IIiIIIlcras an imales. E sta mañana pedí ver al jefe de pabellón, quería IU" me diese mis ropas de civil. Quería embellecerme para usted. ti tenía va lor para h ablarl e hoy vestido con el traje con que me pre, I1to a usted. Este traje de enfermo es envilecedor. I"lltímamente, le he enviado a mi tía una ca rta malísima. Era im1IIII Iante esta carta, era una carta que hacía ruido, le confiaba mis '1 n· tos, eso debió h acerla llorar. Le decía que era quimér ica, tengo ul/r'do de que me abandone. Ya he llorado aquí más de una vez. 11'lnpre he soí'íado con harenes de mujeres. Querría volver a mi país I't H razones d e costumbre y de aclimatación. Un niño como yo no l4tulia aclimatarse a las cuatro estaciones. Allá no hay más que dos. In siento molesto delante de usted, no quiero hablar más. r IUlrta sesió n

1, tía me escribe que usted va a verla. H e insultado a mi tía en carta. Q uerría que se resolviera mi situación, después de diez Iln" de esfuerzos no he obten ido ningún resultado. No veo por qué • I j.(obierno querría agrava r mi caso. Quiero salir de aquí}' volver a 111( país. Aq uí lo consideran a uno como un impedido. 111111

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lNS1'lruC10N PSIQUJArR1GA y

l'>I GUANA t~

" I 1,' 11' ''' I'SICOANAUTlCA H INSTITUCIóN ASnAR

Me siento perseguido, no he hecho ningú n ma l) y no obstante aquí que me envían un experto (el psicoanalista). Quiero mi tad. Con la revolución actual (acontecimientos de mayo ) es que los enfermos continúen. Tengo ganas de ir a holgazanear país. Busco el placer. Soy débil en amor, tengo complejos que favorecen, es preciso alejar las quimeras animales. No obstante, ha dicho: "Creced y mult ipl icáos". No quiero provocarle n i molestarla, pero cuando se es nativo de un país como el costumbre es la procreación. Mi tío corría tras las mujeres. arruinado con 40 hijos a su cargo. Tenemos) pues, un jefe Si en mi rlt esus hay un origen árabe, no es vergüenza ser no • • r.;,-..' Quúlta sesión : entrevista con la tía y su marido Entre nosotros - me d ice la tía- la enfermedad psiquiátr ica es siderada como una tara. Georges no ha podido adaptarse trabajo. En otra época cantaba, pero pronto tuvo la impresión que se le impedía seguir cantando. H abía comenzado muy bien diseño industrial, pero cayó enfermo a los 19 años, en tercer La gente no se recu pera más de su enfermedad. Era muy tido, un muchac ho asombroso, querido por todos. Tuvo una de reumat ismo articular y lo trataron con cortisona. Desde ese día puso más nervioso. Contrajo un soplo a l corazón. Una tarde se a sudar, había sido atacado por los norafricanos. Unos días tuvo un a d escompostu ra en su trabajo. Lo pusieron en el con los nerviosos. Allí comenzó el escándalo. No ha ou"',"'''''''' lo que le ocurrió. Quis.imos sacarlo, pero nos metieron miedo donas: "¿Quiere n entonces que les estrangule a los h ijos?". Los cos dijeron que se trataba de un -shock de la pubertad: podría cuando se arreglara ese shock. Pudo finalmen te salir, pero se raro) quería tener relaciones sexuales conmigo y con mi . modo que se le volvió a llevar entonces al hosp ita l, y allí los dijeron que se trataba de esquizofrenia catatónica. Todos Jos hombres de la familia han muerto) son todos ca Yo me ocupé de Georges cuando nació, ron mi madre. Elta querido conservarlo consigo, pero su tia dijo: HEs preciso que a inst ruirse a Francia". A los 7 años me embarqué, pues, Tenía él 14 aiios cuando yo me casé. Hasta los 14, todo el comentaba su cortesía, una cortesía de niña, era ve.rd¡,d,,,a, moen~. marav illoso. Es el mejor de todos mis niños. Su enlelmed.ad estupefactos. Un enfermo del pabellón me ha dicho: 'ISU enle¡med¡. es su temor a la homosexualidad, se ha sentido at raído por los

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drspués se sintió pe rseguido" . Quizá tenga razón ese enfermo, . ¡lI llente se halla en mejor si tuación que el médico para com."Ir I la enfermedad.

me guarda renco r por haber visto a su tía. T iene dolor de " náuseas y se niega a la entrevista.]

t 11":\

sesión "do una semana cargada en este hospital de locos. Todo el munmiedo. En IDl pabellón los hay que lloran, no tienen segu4 .d CHros querrían casarse. Mi caso es el de poder salir. No me IH litiO con el médico interno, me envía al aire libre en vez de • 11 ame. Mi readaptación será difíci l. Cuando oigo discutir a los 111 l. me doy cuenta de que las cosas de familia me impiden vivir. I !Id dice constantemente no. Iré a verla por sorpresa) romperé l. Y después volveré. Estoy embromado y vivo en un mundo de .1 ugriada. No puedo tomarle el gusto a la readaptación. Sería , ,u'io que me compraran una guitarra especial, porque soy zurdo. t'n una mujer-empresario, que sería una madre para mí. Mi du\ era música, de ella 10 heredo. Tengo un nombre, pero no tll. Soy un enfermo men ta l. Es mi enfermedad, porque es la ver4 I ,In lo que siento. Soy un epiléptico mental, con traumatismo Los Jocos son los seres más investigados del mundo. 1111\(' l

a un enrermo se lo ha puesto salvajemente en el hospital r...:ón valedera) se e ncuen tra perdido. Me ofrecen la laborterapia, uull'cente. Si yo quisiera trabajar) estaría afuera. Vivo como un 111 ¡licio. I'nr qué razón no volvería a rehacer mi vida? Ésa es la otra opI! Si yo p ud iera encont rar a alguien que me ayudara, podría ser. I '.If'd no puede comprenderme, porque usted es una mujer. El Un industrial ha sido un fracaso. Lo que me gustaba era cantar. 111 mi tía no querí a un can tor. En el canto, soy perfecto. He oído " l\lucho ya el lamento de los marinos. Me puse a llorar. Un hom'I!lr llora a los 30 a ños, eso muest ra que está tocado. Soy un mu· 11 0 difkil de comprender. IlIltlO

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INSTITUCióN PSIQUJATUlCA y J'SICO.-tNAI.I

,/1 IICJóN PSICOANAL1TlCA E INSTiTUCi óN ASILAR

Novena sesión Siempre me han considerado Cristo. Soy inocente. Se lo pido, no siga buscando las razones de mi int nación. Soy inocente, se lo juro. ¿ Por qué ha sido usted enviada la policía de costumbres? ¿ Qué he hecho, Dios mio, para atr sobre mí a una experta? Si es preciso que lo sigan a uno en actos, se suprime la vida individual. Entiéndame, señora, entienda amargura, entienda mi cólera. Soy un disminuido, un rechazado, hu érfano. Siempre he llevado una vida de niña, olvidando que muchacho. Perdí la capacidad de gozar desde los 7 años, algún o (la niii.a) se apoderó del gozo de mi sexo. Lo que yo habría queri conocer es la felicidad. Dejemos aquí la sesión. Señora, soy ¡nocen se 10 juro.

Décima sesión ¿No ha observado usted que en el asilo se ti ene una actitud especi ordenada por el asi lo? El asilo tiene su lenguaje, sus costumbres. h istoria de los 7 años, eso no habría sido nada si no hubiese existí mi tía. Al placer sexual con Annette Lictorius, lo tuve, después mi se llevó mi ca pacidad de gozar. Tengo miedo de mi tía. Después gozo, perdí mi belleza, perdí mi nariz negroide. Regresé a la e totalmente loco. En,&1 camino tenía miedo de que los negros me 1 charan. Al llega r a la casa convertido en un estúpido, encuentra mis primos blancos. L a idea de juego prohibido me atraviesa el es ritu, y me repito para calmarme: no te amo, no te amo. Eso ocu una vez. Después no he conocido más que sufrimiento y una deu a pagar durante toda la vida. Dios mío, qu é bella es usted, seño Llevo su sonrisa en mi corazón. Allí está usted, en la inocencia mis del peligro que la amenaza. i Ah, señora! Usted y yo, cómo podrÍa r comprendernos si tuviésemos la misma piel, si fuésemos uno. ¡ señora!, i cuánto querría no perder su imagen! i Ay! Señora, te miedo, tengo mucho miedo de que roben su imagen. Usted y somos tabú es ; usted y yo somos el cebo, el alimento.

Undécima sesión Ya estoy cansado del locutorio. Soy un muchacho de color, no por qué no habría de tener derecho a mi parte. Se burlan de mi e Francia tendría que ayudar a ]a Martinica. Los que curan tic miradas muy cortas, no piensan más que en curar. ¿ Y si eso no conviene a la persona?

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ti soy ni ladrón ni asesino. No tengo la marca de una mujer. '111 el riesgo de terminar mi vi da aquí. Una chica me ha deshonIn y me ha abandonado. Todas mis desgracias provienen de ella. ' t i omo un moribundo. Me han robado el goce. Soy un indeseaI ~ I acto sexual me persigue. Un blanco me ha golpeado, tengo I.¡dad de decir que no. Señora, no quiero verla más, se 10 digo 111.mente, con calma, no me provoque. Sé que usted adivina mis 1I~.lrnientos. Este conocimiento me ha venido de golpe como un 11!!lpago. Señora, desaparezca.

t·",rlicima sesión 1 que hablarle con cortesía no sirve para nada. Usted me llama, ,. pMsigue, me hostiga. ¿ Con qué derecho? ¿ Por qué somos todos 11,1 usted perros de policía? Éste no es un hospital. Es una prisi6n. I ,. d aconseja a los que cura. Escuche entonces los consejos de los '" _.,n curados. Aquí hay cosas que tendrían que abolirse. Se está I,it Inte treinta años en una habitación para diez. Nos imponen COI1I Iones de vida envilecedoras. Nos ponen en peligro. Cuando me !lllnan, golpeo. Lo que pido es que me dejen tranqui lo. No quiero 11,1 más. 11 .. , imotercera

sesi6n

11 \ tenido actuaciones agresivas con enfermos del pabellón.]

Mo hablan de la crueldad mental que acumulo. Mi tía está celosa Illf, contribuye a mis desgracias. El hombre es el testículo de la IIHlrr. Mi suerte estaba echada antes de mi nacimiento. Estoy deIIIII~ de usted con una ropa de prisionero, sin dinero, no puedo ni Iqnlrra ofrecerle una rosa. Estoy desprovisto. No quiero su caridad. 14111omo que se me haga justicia. Reclamo que se me devuelva mi 11~'1Íclad. ¿Para qué sirve este locutorio, si no para su propio placer? I ,'rd me roba mi gozo y me rechaza como a un perro. 11

,imocuarta sesión

I '"Ka furioso y golpea los muebles.] Nn quiero que usted me inventaríe más. Exjjo que haga algo por mÍ. IlJn largo silencio.] ~riiora, disculpe mi cólera. Usted es buena, bonita, frágil como una II\H, y yo, no soy nada, soy la basura, el huérfano pjsoteado, escar-

INS l'ITUClúN PSIQUIÁTRICA Y PSICOANÁLI

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necido, robado, asesinado. i Ah, señora! Si usted supiera. .. No vuelva a ver. Decimoquinta sesión He roto con mi tía. Tengo que excluirme de su amor. Mi nombre de origen corso. Su nombre es Mannoni, hemos sido he?hos p encontrarnos. Aunque hagan saltar mi nombre, corso sere, con. harén de mujeres. Que se .determinSICOANALlTlCA E INSTlTUCION ASILAR

¿ Inadaptado al trabajo? Sí, lo es, y no tiene problema en recono~ , • Ilo, pero también ésa es su verdad, la verdad de lo que siente, 1 rso es lo que los psiquiatras llaman con el nombre de "enfermedad IlIrl1tal". ,eorges formula claramente la pregunta de saber si su estado justi. 1/1\\ la prisión perpetua. Hacemos nuestra esta pregunta. La realidad del asi lo no facilita en modo alguno el establecimiento II~ relaciones "normales". Desde el instante en que Georges me sindica ,nmo mujer, recibe a cambio la claridad de su pobreza, su decadencia, 11 miseria moral y materia l, su negritud. Ha tenido la impresión II~ que se le iba a despojar de lo que le quedaba como defensa y ha /1rdido que se le hiciera justicia. Ceorges me ha significado que la ambigüedad de mi status lo ponía , 11 peligro y revel aba lo que él mismo definía como de naturaleza jlf1rRccutoria. Su condición de colonizado, excluía toda posibilidad de !tultrato, y por ende toda posibilidad de ingreso en la instituci6n plroanaIítica. Lo que reivindicó Georges fue el derecho a la rebelión, ni hacerlo dej a escapar un decir de verdad H remitiéndonos con ello un problema ético así como a los efectos que sobre la al ienación ltu'Intal produce la a lienación social. No es por cierto casual que este I'lublema se haya planteado a propósito de un negro.

tI .f0 Jacq ues Lacan, Seminario del 4 de julio de 1956: "La entr~d~ .en psicosis es el encuentro del sujeto en condiciones electivas con el SIgnifican como tal".

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El psicót ico, al descartar las opiniones convenidas, plantea el problema

¡ 1" verdad para todos, que nos asusta como el riesgo que siempre hemos ti

'''do de ocultarnos.

1', 1. "ESQUIZOFRÉNICO" ENTRE SU FAMILIA Y EL ASILO

11111 0 a la herrería y observo cómo Joe se ocupa de su máquina. Se lunpone perforar cuatro agujeros, en algo que no sirve para nada, algo ¡tlll\ está hecho para no servir. Nadie más que él es capaz de realizar I 1 obra de arte. Joe toma por testigo a un enfermo y lo convierte , 1I "u ayudante, un ayudante que no debe tocar nada. Le muestra la h.l¡{i lidad de la máquin a, que amenaza con partirse en dos. No es mu, ho lo que se precisa para eso, una falla en el mecanismo y toda la 11' tln corre el riesgo de desmoronarse, arrastrando al hombre bajo peso. Para hacer los agujeros es preciso aceitar la mecha, alimen, I/'Ia. En este encuentro entre la mecha y la materia no pasa nada. I .1 materia es bella, frágil, no hay que maltratarla. E~ como una "!I'lración, todo debe desarrollarse minuciosamente, en el momento Hlwisto, sin gestos bruscos. Con pasión, Joe crea el objeto idealmente '1I!'no (en una perspectiva de omnipotencia: yo, yo puedo, yo lo hu, ') . Esto le permite luchar contra la autodestrucción, que está olL1y próxima, inducida por la exigencia de un superyó intratable (no Il.IHas, tú no puedes) . Joe no ve ni oye lo que ocurre a su alrededor, I 1:1 volcado por entero en su asunto. Aparece Doudou, un poco celoso , ¡pi ceremon ial establecido, ceremonial que convierte a Joe en el I rdadero du eiío del lugar. Ya hay mucha gente alrededor de esta IIh\quina y se aproxima Rudolf, el celador. Doudou es tá allí como un , torbo y por lo tanto va a enviarlo de nuevo a sus propios asuntos. - No haces nada aquí, Doudouj ve a trabajar ... ~sta es la chispa que enciende la hoguera. Doudou, irritado en su orgullo de varón, interpela al celador en ti virilidad y toma por testigo a la tierra entera de que siempre 1" ha reducido a él, a Doudou, al estado de víctima. Es como si fuera lu rciso vengar el honor frente a la mujer que soy yo. Me toma enton· .,. por testigo de lo que hace el hospital, personificado en el celador. Imiste en que se sepa que es abominable. En efecto, siempre hay alguno .~ h{)minable, pero no es el caso de ese celador. Yo, confusa, no sé muy ¡.lpn dónde meterme y no entro verdaderamente en el juego. Le digo " Doudou que desarrollar todo eso le permite no trabaja r. Agrego que .1' enardeció en el instante preciso en que el celador le hacía

ti,

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INSTI TUC I óN PS fQ UfATRICA y P>"CCWIA l,"

un a observación. Joe in terviene, con el ojo puesto en y di ce: -\'amos, Douciau, no te calientes aSÍ, estás muy excitado, Nadi e qu iere molestarte, vamos, cálmate. P2.b bras probablem en te más justas que las mías, con las que vuelve a su máqui na. Pero yo permanezco a llí, testigo de lo que le hecho, y esto le pesa todavía. A es ta señora que está d e visi preciso da rle un a función. D oudou prosigue co n sus invec ti vas. enfermo que no se ocupa de nada ya no soporta v iSiblemn~e~n:t;e~t~la~~~~';~:1 y se retira. A su regreso me eclipso, consciente del e dur:1n te un instante se ha creado p3ra mi mirada y mis oídos. I, uoa carre ra bri ll ante de superpsi q u ia tra·a na Iis la.

IU. /'SJCOANALlSlS DlDAC:rICO l ' CO M O lNSTlrUCIC:N

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por el analista que pierde su carácter de ambigüedad /:í pa ra convertirse en un persegu idor o en un héroe idealizado. Se crea así una ~jtuación (la que, según hemos visto, los argen tinos califican como Rímbiótica) que en gendra un bastión m uy resistente, bastión en el que se produce el naufragio del análisis. Toda un a parte de la vida del analizando se encuentra en esos momentos como tragada por el análisis; el paciente (en si tuación de' nmor o de persecución) actúa como si fuera manipulado ; puede así, en un estado casi alucinatorio, vivir fuera de la sesión lo que durante su transcurso no pudo ser llevado al decir (entonces todo lo perteneciente a la fantasía fund amental del sujeto que no ha podido emerger en el decir, es actu ad o mediante un a sucesión de acting outs) . Este. modo que tiene el pacie nte de llevar su análisis es algo que al anal ista le resulta desagrad able soporta r; y cuanto más culpa experimenta éste, más entra en estado de defensa. L a superac ión de la situación patógena sólo puede tener lug:tr a través de la capacidad de dominar lo que los kleinianos llaman un splitting más allá de la posición depresiva. Se inida entonces un proceso de reparación, que tiene por fU:1civ n perm itir que se insta ure nuevamente un movimiento d ialéctico (con su' corolario: los trastrocamientos sucesivos de los elemen tos de un

proceso) . El sujeto, inme rso desde un comienzo en una identificación agresiva o fragmentadora, es conducido enseguida hacia otro objeto (de deseo) y sale de la a lter nativa en la que estaba atrapado median te una maestría que se instala como efecto de significante. Allí se introduce, como en un relámpago, el deseo de conocimiento. El término de un a nálisis es el límite con el que tropieza el pacienle, límite que es el mismo en el qUE" se sitúa la proble má ti ca del deseo. Así como tantos analistas consideran la fi nalización de un análisis como sinónimo de ap titud pa ra la fel icidad, nosotros veríamos que 10" que el sujeto debe promover es más bien la aceptación, a p artir de un a experiencia de d esconcierto a bsol uto, de un destino en el cual se acepta como lugar de una falta . Allí es, y no en otra pa rte, donde se ve llevado a h acer la expe riencia de su deseo. Las dos doctrinas psicoanalistas (la ego fJsychology de H artm an n y el psicoanálisis freudi ano centrado en los efectos del significante en la estructuración del deseo) se abren hacia una ética. En la primera, 25 M ad. y WiJly Baranger ( M on tevideo) , "Insight in the psychoanal}'tic situation", en Psychoanalysis in the Am ericas, Nueva York, 1966, In t. Univ. Press.

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PSICOANÁLISIS Y AN'1'J.PSIQV'IA;"1II

lo que prevalece es la relación con una norma moral, la nuestra, tratamos de imponer al candidato a psicoanalista; en la ~:~;u::~o~?_~~. que está en juego es del orden de una reorganización del ser, se de la relación del suj eto con la verdad. Esta verdad, como ya lo hen visto, está estrechamente ligada a la aparición de un yo [je] en cie articulación simbólica: articulación que es de un orden distinto al di una pura y simple sumisión a un superyó. Toda la concepción del análisis se halla influida por la elecci teórica de la que se parte. Tanto los criterios de selección, como objetivo mismo hacia el que apunta el análisis están en funciÓl de aquello que desde un comienzo se encuentra privilegiado en el deSl' del analista. La continuación del juego depende de lo que el anaU zand o va a hacer de ese deseo.

IlI. EL PSICOANALISI S, EL ANALlSIS DIDACTlCO y LA INSTITUCiÓN

Al final de un aná lisis, el sujeto es llevado a retomar los elementOl que estuvieron en juego en las motivaciones presentadas al comienzo de la cura. Pero los retoma a partir de una posición que ha cambiada rad icalmente. ~¿En qué me he convertido con todo esto? -¿D6nde estaba, ~ues, ese yo [fe] de la queja del comienzo? - ¿Quién estaba enfenno? La pregunta nos remite en todos los casos a otro, que era el sujeta de un discurso del que el paciente, a través de su queja, se hacía eco. Lo que se ordena en el curso de un análisis es la ubicación de lo. diferentes actores del drama y tar:nbién la ubicaci6n de los elementol de un discurso que se le escapaba al sujeto. La condición para que la pregunta planteada al comienzo del análisis se mantenga comO interrogación última del final , es la de que el analista haya podido aceptar ser el apoyo de una apertura necesaria (esto no excluye los casos en los que el analizando, a pesar del analista, lleva el análisis hasta ese punto) . Responder al discurso sintomático con una promesa de curación s610 puede llevar a otro discurso sintomático. Si ahora, en lugar del síntoma, el analizando aporta, corno única motivación, su deseo de un anál isis didáctico, ¿ qué es lo que va a ocurrir, por poco que el analista responda a ese deseo? Quedará la posibilidad de que por esa misma razón se establezca otro discurso sintomáti co . . . y en este caso, el analizando hará su :::tnálisis como un paciente que sufre.

, ¡'SICO ANÁLISIS DIDÁCTICO y COM O llvS1"lTUC/ó N

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El sistema institucional en que se halla inmerso el candidato pue(como ya hemos visto ) · tornarlo desconfiado)' quitarle (por las 'lI,csidades de su carrera) todo deseo de rival izar con el neurótico. Ii identificación, al comicn;w, se dirigirá hacia la imagen del Patrón 1'1f' se propone ser un día. Situación antianalítica que, para manteIH'IW, exige la complicidad de un didacta apresado en su propia u80ñación de omnipotencia, ensoñación en la que, al igual que la tlhldre de un cu ra, él "hace)) un ana lista. La bibliografía ana lítica es bastante abundante al respecto, de "Iodo que no nos extenderemos más en este tema. fIemos visto anteriorm ente cómo habíamos llegado a un a situación rn la que subsisten el "did áctico" y los didactas, aunque el psiC"oanáI!~¡s hubiera desapa recido. Debería hacerse un estudio sobre los candidatos recha;;:ados por I ,l~ instituciones psicoanalí ticas. La experiencia que de esto tengo (y tille se asemeja a otras experiencias realizadas en el extranjero) me p"rmite afirm ar que se trata muy a menudo de sujetos bien dotados, 'Inceros, que le han llevado su neurosis a la institución (cuerpo sodnl) sin que el ana lista haya comprendido nada de esta situaciú l. Aprisionado el analista en el fonnalismo de un sistema, lamentaba el fracaso de un alumno, cuando la riqueza de la neurosis del paciente habría podido llevar al didacta (si hubiera sabido apreciarlo ) a haI"f'r recorrer a l analizando el camino del análisis hasta su término, es Ilccir incluyendo en él el deseo del analiza ndo de ser anal ista. A este ti seo algunos lo asumen, mas no a cualquier precio. Este "a cu" l'luier precio" es para ellos el sistema de una sociedad de psicoanálisis .1 la que, f:on o sin razón, se juzga absurda, y que rechazan delibeIndamente, logrando realizar con éxito, fuera de los moldes tradi L:o!Iales, una carrera de anal ista, tanto más válida cuanto que es pública y se desarrolla al margen de .las intrigas de una sociedad rerrada como lo son las sociedades psicoanalíticas. Cuando se prod ujo una escisión en una de las socied ades de Pads, le hice a \Jn colega esta observación: -¿No cree usted que deberíamos pensar en los efectos que ti enen robre los candidatos nuestras quere llas? iJgunos de ellos están pro(undamente afectados. -No son por cierto mis alumnos ~me respondió mi honorable colega, que añad ió-- : Mis al umnos son psiquiatras, gente asentada, incapaces de una emotividad como ésa. Así, pues, yo me había equivocado al suponer que el ho norable rolega pudiese tener candidatos aunque sea un poco neuróticos. No, los suyos eran normales, y psiquiatras, por añadidura ...

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PSICOANAusrs y ANTl,WQU'/ Airl

Debemos tener la honestidad de plantear así el problema del lisis didáctico. Si el ser didacta consiste en poner en acto de modo la fantasía de honorabilidad o de potencia del didacta, ya hay lugar posible para el análisis.

IV. PSICOANÁLISIS, ENSE1'lANZA y SELECCIÓN

Si bien la comprobación del fracaso de la formación didáctica fue . cierta forma el tema en torno al cual giró el Congreso de Amsterd. . (1 ?65), en el precongreso de 1967 (Copenh ague ) se tuvo la preocli' C10n de plantear exigen cias de los analistas no sólo en el pla no de la selección (el criterio ideal del "buen analista") sino también roa respecto a una exigenc ia que pretend e ser cien tífica en cuanto al objetivo mismo del análisis. ¿ Qué es lo que ha de promoverse en un análisis? . P~ula Heimann 26 (Londres) señala como principales los datOl siguien tes:

. l. El c~ nd i dato a a nalista debe ser capaz de CCempatía". Esta ap tltud ~onslste, nos dice, en que un suj eto pueda ponerse en el lugar del objeto, es decir que debe ser "capaz de ponerse en los zapatos del otro", obteniendo así el máx imo d el conocimiento interno del objeto Esto supone u na ci1"pacidad d e identifi cación p royect iva. 2. A su vez el psicoanalista (did acta) debe ser capaz de efectuar en la sesión ele anál isis "el trab ajo de una persona excepcional". Para llegar a este fin, le es preciso llegar a un work ego. 3 .. Citanclo a Gitelson, Paula Heimann comprueba que Jos psicoanalIstas, en el mundo en tero. atraviesan actualmente una crisis dI ~de n~i dad (se ~al1an en plena crisis de adolescencia, con lo que ello lmph~a de pelIgro de retorno de lo reprimido ). Los psicoanalista. practlcan el culto del héroe, en can tamientos rituales, forman pandi. llas y se enfrentan. 4. Re firiéndose a los trabajos de Freud sobre el narcisismo esto autora distingue un narc isismo terciario el de la edad madura.' Este ~arcjsism~ es útil para el trabajo cread~r y debe ser estimulado. No tIene . los .mconvenientes del narcisismo secundario (con sus efectOR agresIvos mesperados) ni del narcisismo primario (na rcisismo ingenuo del niño de pecho ) . . 2~. Paula Heim:;ann, "The e\'ah~ation of applicants for psychoanalytic trajo nmg • en Internatzonal Journal 01 PsychoGnalysis, nO 49, par. 4.

tl. PSICOANA LISIS DIDACTICO y COMO INSTITUCI6N

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5. La autora, citando a Solms --quien dice: "Lo que debemos esporar de un candidato es que tenga buen corazón"-, termina su Informe co n una doble aspiración en cuanto a las metas a que debe "puntar el analista: a) desarrollo psíquico (crecimiento psicológico del sujeto), y b) adquisición de nuevos yo [ego] que le permitan al analista ponerse a la altura de los descubrimientos freudianos. Este resumen, casi caricaturesco por su forma, es no obstante el reflejo de un trabajo importante, realizado con una bibliografía compuesta de cuarenta y tres obras y artículos sobre el análisis didáctico. Como respuesta a la pregunta subyacente: ¿ es una ciencia el psiconnálisis?, se nos presenta con seriedad (en los cinco puntos que acabamos de resumir) , referencias que remiten a nociones tan vagas l'omo las de una norma de "empatía" y de "buen corazón", O bien I'eferencias anecdóticas relativas a las disputas de los analistas (su permanencia en la crisis de adolescencia), para terminar de un modo perentorio refiriéndose a las necesidades CCurgentes" del momento: 1. Revalorizar el narcisismo (a condición que sea terciario ) ; y 2. Apelar a la norma : el analista debe ser adulto y estar a la búsqueda de nuevos ego. El yo [moi] del analista se transforma en la norma de una realidad que el analizando debe alcanzar (el analista se vive a sí mismo como un personaje excepcional, aun cuando diga enseguida que no es nada ele eso y que "es como todo el mundo"). En ningún momento se pone el acento en otra dimensión : i la del anali za ndo! Todo ocurre como si el analizando no tuviese ninglm cami no que recorrer en cierta dimensión del ser. E l analizando es el objeto fabricado con miras a un tener, tener que le permitirá funcion ar de un modo "autónomo". Al leer este texto uno se siente aprisionado en el universo mora lizado r del adiestramien to de la adquisición de automatismos. Por lo tanto,- no sentimos ninguna sorpresa cuando algunas páginas más adelan te, en la misma revista, nos enteramos de que- los analistas utilizan act ualmente la psicotécnica para la selección de candidatos: investigación psicotécnica para unos (Columbia University) , seleccit.': n psicotécnica para otros (Topeka Institute). A esto hemos llegado: en la época del "auge" del psicoanálisis, en los hechos, los psicoanalistas tienden a defeccionar. El enorme aparato burocrático de la Internacional ha "funcional izado" el psicoanálisis hasta el punto de tornarlo inodoro e incoloro. Los autores, aunque reivindiquen un p sicoa nálisis científico, son en realidad los primeros

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PSICOANALI$IS y ANTII'SI12UIAl' .

en frena r todo esfuerzo científico, que inmediatamente sospechas. L a excelente comunicación d e Bria n Bird 2, (Cleveland ) entrever la raíz del malestar que en el presente pesa sobre el psi análisis. Este malestar es esencialmen te estadounidense, y la aplasum superioridad numéri ca de los estadoun idenses en el aparato Íntern cional es una de las causas de esa especie de descomposición en cadena que sufre el psicoanálisis. Los criterios científkos de la Internacional son , como se sabe, los de Chicago; no hay otras. Tal es el precio que debe pagarse por etiqueta de "reconocimiento". Esta etiqueta es la que algunos suei\" hoy co n imponer en Francia; se sueña co n un mundo regido por la Seguridad Social, en el que "el derecho al psicoanálisis para todOl los ci ud adanos" se co ncedería contra reembolso... a través de 101 In stitutos de Psicoanálisis cuya marca sería la de hicago (de lo qUl p a rece desprenderse que aparentemente los criterios científicos Eran ceses no tienen derecho de ciudadanía en este domi n io ). Este polémico llamado de atención es necesario para subrayar (y esto aparece entre líneas a todo lo largo del notable texto de Brinn Bird ) que en la actua lidad lo que asu me el luga r del criterio científicO so n las implicaciones pasionales y las in trigas de todo tipo. Se reivindica al psicoanálisis como ciencia. Pero en los hechos nO hay lugar pa ra la cienci a. La organización de las institucio nes, de I enseñanza, los crite"¡os de selección y de formación, son puramente políticos. C iertas norm as (la necesidad de ser médico en el Instituto de Nueva York ) nada tienen que ver con las exigencias analíticas. S610 deben su existencia a l peso de ciertos intereses locales (por ejemplo a la defensa de los privilegios de los médicos analistas estadounidenset e n la época del éxodo a los Estados Unidos de los analistas judío. europeos) . Brian Bircl distingu e con pertinencia dos etapas en el psicoanálisis : 1. El período an terior a 1940 (particularmente el período d. 1920-1930) , donde no había problema de selección (s ino la inte' rrogación, en el análisis, de lo que en él ocurría con el deseo de ser analista) . Este p eríodo, nos dice el autor, produjo los mejores teóricos: fueron también los m ¿:.s neuróticos y los "niños terribles" de las sociedades p sicoanalíticas. A esos años (en especial en los Estados Unidos) los a nalistas los pasa ron en cierto aislamiento: tenían la preocupación por la investiga..

una

e

27 Brian Bird, "On candidate selection and its rclatioh to a nalysis", en lnternational Journal o( Psychoanal')'sis, vol. 49, 1968, par. 4

Al. PSICOANALlSIS DIDÁCTICO y COMO INSTITUCMN

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l'i6n y el deseo de contribuir al desarrollo del psicoanálisis como I' ieneia. 2. Luego vino la guerra: los analistas estadounidenses descubrieron ,,1 mundo. El ejército tenía necesidad de psicoanalistas para sus traumatizados de guerra. Atrapados por la acción, los analistas, de regreso 11 sus casas, se sintieron cada vez más renuentes a ejercer puramente una práctica de consultorio privado. Se difundió la moda de la media jornada analítica, con la idea de que la otra mitad del tiempo libre le dedicaría a todo, excepto al análisis. La vida del analista no tiene en efecto nada de demasiado excitante, y el cúmulo de actividades le devuelve al análisis su sabor. Muy curiosamente, el tipo de los candidatos a análisis cambió en forma radical (y esto coi ncide con la obligación de ser médico impuesta nI candida to). A los analistas extravagantes de los años 1920, les suced ieron candidatos "normales" con neurosis de carácter; si bien se deplora el surgimiento epidémico de esta "normalidad" nada se h ace para detenerlo, sino al contrario. (Y no obstante, señala Bird, se reconoce que este tipo de candidatos es inanalizable.) El psicoanálisis se ha transformado de científico en curativo: la mira del candidato es la de obtener mediante el análisis una promoción en su carre ra de médico. U na vez a nalizado, se trasformará en superps iqui a tra, con la garantía de respo nsabilidades hospitalarias y de una cátedra en la facultad de medi cina. Bird vincula de un modo p ertinente ]a eclosión de ]a ego psychology con el nacimiento de una generación m édica de candidatos "normales". Agrega que la "normalidad" si bien predi spone al candidato pa ra una brillante carrera académica, no lo predispone en absoluto (por el contrario ) a trasforma rse en mejor psicoanalista. Inclusive estos candidatos están a menudo perdidos de antemano para toda investigación desinteresada. Los psicoanalistas interesados por el psicoanálisis llamado científico son cada vez más raros. No se ha tend ido un puente, nos dice Brian Bird, entre los psicoanalistas puros de antes y los hombres de acc ión de hoy, preocupados más por la práctica médica que por la investigación analítica. T al es, al menos, la situación en los Estados U nidos. En cuanto a la selección (en adelante tan estrechamente ligada a la carrera médica) el autor se muestra escéptico en cua nto a sus resultados. Hágase lo que se hiciere, parece decir, se corre el riesgo de bordea r permanentemente el problema. No se presenta ningún criterio serio que pueda orienta r a los analistas en una selección basada o bien en un examen psiquiátrico clásico (en cuyo caso el analista quedaría desdi~

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PS1COANALlSIS y ANTlPSIQUIA1'R l

bujado detrás del psiquiatra) o bien en tests, o sea entrevistas indl vid uaJes o colectivas, o en cartas de recomendaóón. Lo que predomina es la arbitrariedad. Brian Bird no se deja engañar en ningún momento por el "carác ter científico" de los critt:rios invocados por sus colegas. Sub raya que la moda actual de la emfJatía es en realidad un "like me criterium" que lo hace tanto más cuestionable. En efeclo, los analistas h an llegado a esto: a valora r en el cand idato lo que en él los reflej a en cuanto analistas. ¿ Es preciso que se introduzca una ruptura entre el psicoanálisis y la psiquiatría? En este texto la pregunta es planteada entre líneas El autor, en la misma sobriedad de su exposición, nos aclara inequívo camente con respecto a los efectos (los daños) de la introducci6n de la med icina y de la beneficencia social provocados por la evol uci6n del pensamiento analí tico. En esta sit uación, el psicoanálisis como ciencia está llamado a desaparecer. Si sobrevive, ello sólo será al precio de no integrarse al apara to administrativo del Estado. Viviendo al margen de todo reconocimiento, en un lugar en que se lo considerará maldito como la peste, llegará a recuperar el verdor de los comienzos de la era freudia na (y a escapar a la era menopáusica que hoy lo aqueja). Hemos visto que el problema de la enseñanza del psicoanálisis (y de su trasm isión) es un problema que, desde la época de Freud, fue causa de rupturas y escisioflcs. Lo que está en juego en este problema es la existencia m isma del psicoanálisis: convertido en una educación del ego o bien restituido a su condición d e ciencia por el estudio de su rela.. ción con el lenguaje. El hecho de que las divergencias teóricas no hayan servido a menudo m~1s que para enmascarar conflictos de prestigio o de ami?}ción, como todo el mundo sabe, no impide qu e el único modo que concebimos de salir de la impasse sea acentuando la profundización teórica . Finalmente, el cuestio namiento de las es truct uras de las sociedades psicoanaliticas es inseparable del cuestionamiento del sistema (polí tico) en que estas sociedades (como toda institución) se hallan inmersas. La interrogación se traslada entonces al modo como la administrac ión vigente ha podido "recuperar", "metabolizar" el psicoanálisis haciendo con ello el juego a una ideología dominante preocupada por mantener u n discurso académico que proteja el orden establecido. 28 28 El discurso de Lacan se opone en Francia al discurso académico establecido. Se intenta entonces excluirlo de las sociedades psicoanaliticas o de la universidad. La pasi6n q ue en ello se pone sólo se iguala a la que se ejerce sobre cada uno de nosotros al nivel de la censura.

lit PSICOANALlSIS DIDÁCTICO y COMO INSTlTUCI()N

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Si le he concedi do tanto espacio a la experiencia estadou nidense ello se debe a que el psicoanálisis francés está actualmente en situación de desarrollarse y al mismo tiempo de degradarse siguiendo el modelo estadounidense.

CONCLUSIÓN

La verdad es una perra a la que se manda a la perrera; es necesario que se la persiga a

golpes de látigo. (El loco, en El Rey Lear) SHAKESPEARE

En este libro hemos seguido una doble marcha: por una parte, el estudio de la "enfermedad" en sí misma; por otra, el estudio de la relación que la sociedad establece con ella. En es ta última relación se halla implicado no sólo el "enfermo" con su "enfermedad", sino también el médico y por ello mismo la sociedad que juzga y define la "enfermedad". El riesgo de objetivación 1 (es decir el riesgo de que el paciente sea tratado como objeto) no está ligado a la condición objetiva de "enfermo"; a la objetivación puede considerársela como un proceso que se desarrolla en el interior de la relación entre "enfermo" y terapeuta, y por ello, en el interior de la relación entre el "enfennd' y la sociedad que delega en el médico la cura y la tutela del "enfermo". No es posi ble cuestionar el nivel de objetivación en el que ha sido abandonado el Henfermo''¡ sin cuestionar al mismo tiempo a la psiquiatría, a las ciencias en las qu e se apoya, y a la sociedad en la persona de su representante: el psiq uiatra. No se niega la realidad de la locura; lo que se cuestiona es su asimilación a la categoría de una enfermedad (mental). Esta asimilación lleva al psiquiatra a situar en la persona un desorden que sin duda debe buscarse en otra parte: especialmente al nivel de los accidentes simbólicos que han marcado el discurso familiar que preside el nacimiento del sujeto. Las consecuencias y manifestaciones del "desorden" que la locura devela deben considerarse no tanto como el resultado de la evolución directa de una "enfermedad", si no corno el efecto de la relación establecida por el psiquiatra (y la sociedad) con el loco. La locura, acogida en un contexto correcto, puede constituir una exp-::riencia positiva ; pero no puede ad quirir este carácter positivo en una situación médica tradicional. Porque en la situación médica tradicional (como lo subraya la Philadelphia Association ) , cuando un individuo vjola las reglas no escritas de su medio familiar, se encuentra a nte la siguiente alternativa: o castigos o atención médica. Y la 1

Franco Basagl ia , L' institution en négation, éd. du Seuil, 1970.

214

CONCLUS/oN

"atención médica" apunta a un regreso del sujeto al es tado an tcrinr a las violaciones del código de reglas familiares. La "atención mé di ca" enmascara de este modo la experiencia positiva que puede constituII 1 en tanto que tal, la violación de la regla (y el episodio de descom_ pensación psicótica que esta violación implica) . En particular, todo "apaciguamiento" in tempestivo de una crisis corre el riesgo de aportar a la objetivación del "enfermo" (cuyo drama consiste precisamento en haber sido tratado siempre como objeto) . Lo que he intentado cuestionar no es tan to la naturaleza de la loc ura o sus causas sino el moclo en que se la aprehende en el contexto soci:11 actual.

A veces debernos c uestionar la representación colectiva del loco, conce bido como ser peligroso ; a \'eces, las cstr'ucturas de la familia y de la sociedad (y se trata entonces de LIIl proceso que la psiquiatría hace a la sociedad ... ). El psicoanálisis, en la relación que instituye con el loco, se enfrenta con problemas 2 que no son extraños a los que se le plantean a la psiquiatría ; se ve, pOI' otra parte, cómo esos problcmas se reflejan en el mundo universitar io. Si he abordado en este libro la cuestión de la formació n de lus analistas, ello ha sido porque se rometería un crrOr en disociar del malestar uni versita rio la crisis que existe en el mundo psicoanalítico. ~i el ad ult o sólo puede aceptar la universidad mientras ésta siga siendo co mo un car~po vaCÍo basado en un lenguaje asegul":::tdor) las 2 En una situaci6n médica tradicional, cada "terapeu ta" se encuen tra p rotegido por el puesto jerárquico que ocupa. El "paciente" sólo cum ple la fun ción de act uar como garan te del status del te ra peuta . .Al visitar l:"i escuela experimental de Bonneui l, lugar llamado de anti psiqUlatrl a, un dlrector de prácticas encargado de la formación de psicólogos nos expresó S.1l p esar por no poder confia r nos SllS psicó logos. "No hay lugar pa ra un esp eCIalIsta entre ustedes!" En efecto, es te universitario se sin ti6 esca ndaJizado por una situación en la que psic610gos, inlernos, coci neros y "locos" se ocupaban en con ju nto tanto de limpia r las vcrdura.~ como de preparar una comida. ¿ Po r qué escandalizarse? ¿No correspondería acaso hacerlo ante una form ación universitaria que obliga al psicól ogo a dirigirse a su lugar d e traba jo s610 si está provisto de sus instrumentos de medición y d e su h ábi to de ps~c6logo práctico diplomado? Psicólogo que se sie nte desamparado si se 10 prIva de su ración de tests, psic6logo mudo si es "no analizado" . Cuanto más profund a es la form ación universitaria, en mayor medida ins tituye una jerarquía del saber al servicio de un monopolio y de una ideología de casta. Para obte ner un título, el estudiante debe ocultar las verdades que el profesor no soporta. En algunos casos, los fracasos de los estudiantes en la "disertación" en psicología son, ni más ni menos, sanciones por delitos de opiuión. Todo estudiante antitest es sospechoso.

C;ONCLL'SlúN

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l'slruclu ras de las sociedades psicoanalíticas participan de la misma dosis de conformismo. Los ri tos que presiden la trasmisión del saber parccen apuntar, tanto en un c.aso como en el otro, solamente al mantenimiento de los prejuicios establecidos. Estos prejuicios son los (lue, en la psiqui atría, orienta n toda nuestra relación con la locur~. Si Freud inven tó el psicoanálisis desarticu lando la situación P SIquiátrica, no constituye por cierto un progreso para el psicoanálisis aproximarse en nuestros días a aquella misma situación inicial (y así ocurre por cierto, en el terreno de los servicios públicos). Par~doja de nuestra época: en el momento en que el psicoanálisis está en vías de perde r su o riginalidad radical, a la que debe su eficacia, es puesto al servicio de todos. El psicoanálisis sufre en .nuestros días una mutación tecnocrática que lo liga al poder que lo Instaura. Di\"crsos centros de "atención médica" a la manera d e ciertas fábricas form an cn la actualidad su propio personal de analistas, anal istas de "calificación limitada" para "uso exclusivo de los centros públicos ( .. . )" E sta formación de una categoría menor le as igna por fuerza al anál isis el sentido de una pedagogía normativa.3 E l proselitismo practicado con la detección de las perturbaciones denom inadas psicológicas constituye, en relación con nuestro ~ emaJ el principal peligro de nuestra época: este rastreo que en CIertas escuelas se efectúa desde el jardín de infantes, culmina en consejos que recomiendan una reeduca ción, allí precisamente donde la educación brill a por su ausencia. Todo nuestro sistema médico-administrativo está basado en el desconocimiento de criterios rientíficos; de manera tal que el psicoanálisis, como tiende a aplicarse en los servicios públicos, corre el ri esgo de no poder subsistir más que bajo la f~rma degradada de una psicotécnica. (Se desconoce entonces el peligro que le hace correr al niño cierta forma de monopolio de la Hatención médica" cuand o se "psiquiatriza" precozmente su "caso JJ . ) En algunas fa cultades se forma actualmente una categoría de psicoteraapoyo. Se prepara en ellas -en forma sim il ar a los psicólogos de fáb rica, a "terapeutas de apoyo" . .. al poder. establecido. De ese modo, se intenta formar profesionales dóciles que no cuestwnarán las estructuras actualeli de las instituciones para débiles o psicóticos. Los psicólogos tienen p lena c~nc i encia del condie i ?n~miento de que ~~n obje to y del escándalo que constltuye el carácter perJml~o de su .r0~macJOn un iversitaria (formación partidista, preocupada por impedir el surgimIento de toda verdad perturbadora ) . Los muy escasos ayudantes que se distinguen por una real capacidad (capacidad que supera ampliamente a la de p rofesores afamados) son aCLlsados de demagogia y corren el riesgo de verse bloqueados en su carrera. 3

p~u t as d~

2 16

CONCLL'Sl óN

Todas estas cuestiones han sido abordadas espontáneamente por 101 estud iantes de medici na y de psicología en mayo de 1968 (es tud ia nt'" de primero y segundo año no influidos aún por los efectos de la fo rma ción u n iversitaria ) . El problema d e una renovación de la psiquiau ¡" se halla vincu lada para ellos, con el cu estionamiento de la fo nu del régimen . La poEtización de la acción estudianti l permitió que se dcvelara un verdad susceptible de prometer un progreso científico. El movimiento de polit.ización surgido a los quince días propuso T('form as, con la espt' ranza de poner fin a la protesta. Ésta había permitido que se constitu yera un movimiento masivo de desmi lificación ckl personaje médi('o y de su poder. La d espolitización les hizo el juego a los que n O renuncian a la conservación de los privikgios. La conservación de Inl privilegios implica en el médico una especie ele creencia mística t'n su "misión" , misión que haría de él, con pleno derecho, el heredero de una función sagrada. La demanda socia l le crea un lugar al "personaje" del "jefe de camari ll a" ( patrón). E n cuanto a la respuestll del méd ico - su aceptac ión o no de colocarse en ese lugar (aunq uf" fuera en el plano imaginario) - dependerá de l tipo de relación terapéutica que va a es tablecer co n el "enfermo", principalmente en el psicoaná lisis. Antes a ún de la in iciación de los est udios méd icos, rl estudia nte corre el riesgo de al ienarse en la fascinación que ejerce sobre él el stat us del jefe de camari lla (el peligro es idénti co en psicoanálisis), y esto puc~e pervertir toda su relación con el trab:l.jo. Sabemos por F reud que la única formación válida para un anal ista reposa en su propia capacidad de identificación con el "en fermo", y allí se si túa el origen de una instau ración no segrega tiva de las relaciones médico-en fermo. Pero los es tud ios méd icos están concebidos para defen der al estudiante contra es te t ipo de ident ificación. El hecho de que todos estos problemas cruciales hayan si'd o planteados po r los estud iantes en el curso de los acontec im ientos de mayo muestra que se si ntieron directamente implicados en estas cuestiones. Atrapado en el proceso d.ialéctico del cuestionamiento, el sujeto (como ocurre en el aná lisis) se encontró descentrado en relación con toda conciencia de sí. H abiendo entrado en otra estructura, su palabra p udo liberarse a partir de otro lugar. Y los estud iantes, en su im pugnación de la psiquiatría, propusieron (sin conocerlos) los mismos temas que habían expuesto en octubre de 1967 en París" Laing, Cooper y el grupo de la Philadelphia Associa t ion: el efecto escanda-

loso había llevado entonces al público (o a las a u toridades universi to.rias) a enm ascarar u na verdad intolera ble. r, La referencia sociológica, léase " h umani taria", de ciertos a ntipsiquiatras estadounidenses, no podía ser más objetable; pero la cuestión no residía all í. Psiquiatras y psicoanalistas franceses se ocu ltaron detrás de objeciones teóricas justas para negarse a prestar oídos a u n material clínico raro (se trataba del reconocimiento, por parte de los an tipsiquiatras estadounidenses, del papel que desempeñaba la ca tego ría de! goce en la relación con el "enfermo mental" ) . Nadie prestó atención entonces (excepto Lacan, en su d iscu rso de clausu ra) al aporte positivo ronstituido por u n testimonio despojado de todo el aparato convenc ional que constituye nuestra p rotección frente a la locura. He aqut una cuestión importante: está re larionada con las cuestiones más actuales y más candentes que conciernen a la trasmisión del saber ( y al modo en que, en nuestro sistema) el saber debe permanecer vaciado de todo poder de trasformación real, cosa que no deja de tener influencia en la orie ntación académica que se le da a la inves tigac ió n ) . En su p reoc upación por cambiar el sistema méd ico que la psiqu iatría toma como punto de referencia, los estudiantes de mayo y los antips iquiatras intentaron p lantea r su interrogante no ta n to con respecto al "enfermo" si no al di sc urso mu tilante en el q ue aquél se ha lla atrapado. De este modo, la cuestión que se planteó fue la de los derec hos elel individ uo. ¿Es preciso ront inuar defendien do a la sociedad contra la locura, o es la li bertad del loco la que exige se r de fend ida contra una socied ad que lo tolera mal ?

4

En/ance aliénie JI, en Recherches, diciembre de 1968.

217

Este proble ma de la libertad ha sido} en el curso de la historia de la psiq uia tría, abordado polí ticamente en dos d irecciones diferentes, y aún en nues tros d ías somos tributa ri os de estas opciones. l . La sentencia producida por el tr ibunal de Dresde plan teaba con rigor las relac iones que la sociedad debía man tener con la locu ra. El tribu na l defendió :1quí los derechos burgueses d e la persona (los de un eminen te presidente de l Senado): el defendido no era derrochador y no hacía correr ningún peligro al patrimonio fami lia r, cosa que faci litó la tarea de los jueces. Lo que hay de nota ble es la comprensión de que dio pruebas el tribun al en el modo e n qu e optó, al fin de cuentas} por lo antisocial. ~ A tra\'és de reformas en el caso de los estudiantes o del re:chazo global de la posición de la antip.o iquiatría en el Congreso. Véase tamb ién í~mi l e Copícrman, Problemes d e fa jeuIICSJ'e, París, cd. !\-Iaspcro, 1967.

218

CONCLUS/() N

El tribunal decidió que el demandan te estaba loco, pero que debí .• respetarse su libertad d e loco. Los gritos del demandante, si bien debían importunar al veci ndario, se asemejaban a l delito de alboroto nocturno, pero no tenían por qué constituir u n moti vo de internación. El juicio de Drescle (y el escri to de Schreber ) constituyen el modelo de una reivindicación "anarquizante}), y sin duda ésa es la orientación en la que se si túa la antipsiquiatría (cuando no se deja recuperar por una ideología caritativa ) . 2. La otra re ivindicación de libertad es reuo[lu; ¡:o71aria, pero no puede serlo sin tener una preocupación social: la de reformar la sociedad en lugar de defender al individuo. En esta perspectiva se situarían las investigaciones psiquiátricas francesas. El problema no es simple: ¿debemos dejarl e a la locura la libertad d(' habla r (corriendo entonces el riesgo dc poner en peligro la sociedad) o debcmos ('rC~IJ' una sociedad menos al ienante (so focando entonces en pi individuo lo que busca expresarse como decir de verdad) ? La alte rnativa es tá siempre en nosotros. Nos sentimos tentados a rec hazar nuest ra lorura y es esta represión la que nos interpela en el dC'cir dí' la 10f u I'a dl'l o tro, Este es el motivo, por ciprto, de que el mecan ismo de censura. (y de exclusió n ) interve nga de un modo tan brutal. Estas cucstion('s rundamentales) si bien es cierto que lograron ser p l¡mtea das en mayo dt 196B ( corno se pla ntea ro n en bs revoluc iones del pasado ), no tuvieron después nin,~ un a con tinuidad, Las reformas introducieb s proceden de una preocupación por b. reglamentación de los estudios y la re~lamentación de la red de cu idados médi cos. pero no aportan ningt'lll cambio verdadero :1 1 es píritu de la psiquiatría. En lu g-ar de vernos ante un examen de 10 qu e es la ::lctitud de la sociedad co n respecto a la "enfermedad mcntaP', nos enco ntramos a nte opciones ;]dministrativas que tienden a la. defensa del monopolio de los cuid;]dos médico~ y que co rren el riesgo de C;lusar sobre todo \lna a.Q'ravarión dr la si tuación imperante en lo que concierne a la psiquiatrización de los problemas ele la infanri;:¡, Entnlmm en la era de la u(¡tendón psiquiátrica obli g;'ltori:périence en 1MP, t,esis de mcdicina, París, 1969. Sabourin, D., Réflexions sur deux mois d'obscrvalioll en mitieu jJsychia trique, tesis de medicina, Pa rís, 1968. . " ., , Safouan M., y Mannolli, M. "Psychanalyse et pédagogle , en EII/allce alumee, Recherch es, setiembre de 1967 . ' , . Safouan, M. y Waht, F., Qu'est~ce que le st rllct:trahsme, ~ans, J:~ Seu d, 19G8. [Qué es el eslT!lcturalismo; El estructuralunlo en jJStcoll lwllm, Bucnos Aires, Losada, 1975 .] Saint~Just, Histoir e parlemer:taire,. en BlIchcz et. ROllX, vol.. ,35 . Scheff, Th., Being mentally lil, WClOdcnfeld & N!col sOIl , 19t.i6. Sartre, J .-P. , Sto Gellel, comédien el martyr, París, Callimard , 1952. [Saine Genet, comediante y mártir, Buenos Aires, Losada, 1967.] . . Schcnfeld, G., "G uideposts for the good society", en PsychoanalyllC Rev1ew, 1968. Sea rles, H. P., Tit e nOllhuman ellüiTOl/ment, Internaliona l Uni\'ersily Press,

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PSICOLOGíA Y ETOLOGtA

papel ediciones crema de fábrica de papel san juon, 5.0. impreso en -offset cemont, s.a. ajusto 96 - México 13, d.f. dos mil e jemplares y sobrantes 10 de noviembre de 1981

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