El estallido del cristianismo

February 8, 2018 | Author: marbue | Category: Truth, Faith, Knowledge, Epistemology, Religion And Belief
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Descripción: Obra de Michel de Certeau...

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EL E8TALLIDO DEL CRI8TIANI8MO

cu~rpo de. s~gnos y t~xtos que le indican una. singulandad crIstiana? dComo se articulara en la practica y l~s organ~za.ciones sociales? En suma dqué quiere declr ser CrIstIano en nuestra sociedad? Frente a estos temibles signos de interrogacion, he de arriesgarme unicamente a algunas sugestiones. Cuando usted se referia hace un momento a la fe la c~rida~ y la esperanza, estaba apelando a lo· qu~ ha sldo slempre y sigue siendo centraI en el cristianismo, tanto en el tiempo de. sus prosperidades institucionales pasadas .como en el tiempo de su diseminacion y su adelgazamiento actuales, a saber, una relacion con el otro. Ya en la doctrina, Dios aparece como creador, es decir, otro, separado, ab-soluto o desligado, respecto a la criatura. Su diferencia prohibe hasta la hipotesis de una fusion en una totalidad inmanente. Un corte fundador hace de la religion una relacion de una. alteridad irreducible y postula la inaccesibilidaddel Otro al mismo tiempo que su necesidad. Lo que enuncia aSI el simbolo cristiano lo expresan' la fe y la caridad en términos de conductas y practicas o, como se decia, en términos de "virtudes". La fe supone una confianza que no tiene la garantia de lo que la fundamenta: el otro. Esta seduccion no posee su obieto, porque, precisamente, se trata de un 8u;eto que es otro. Dice: "no quiero estar separado de ti", "te echo de menos", "nada sin ti", pero no conoce ni posee· a este otro, sin lo cual dejaria de ser. En las relaciones humanas, la caridad reconoce también en el otro, pr6ximo o distante, una

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figura ab-soluta, inexpugnable, que procura al creyente inclusive la posibilidad de 'nacer. la verdad", pero sin que el cristiano pueda conqUIstar al otro ni, por consiguiente, aduenarse de la verdad que le viene del projimo. La esperanza guarda relacion con la alteridad de un porvenir que no por ser necesario para la acci6n deja de estar, siempre, fuera de alcance; crea una marcha insegura hacia adeIante, desequilibrada por la espera de ese otro inasible que es lo futuro y sin el que, elIo no obstante, lo presente careceria de sentido. Segun las generaciones cristianas, la relacion con el otro ha sido vivida preferentemente en tal o tal otra de estas modalidades. Por todas partes, permanece esencial. Verdad es que, para hacerse con el sentido cristiano, hay que tornar en serio lo que siempre ha subrayado la reflexion filosofica, antropologica o ,freudiana: el otro es peligroso. Hiere al que no se defiende. Fundamentalmente, es el rostro de la muerte. Es la razon de que todo poder y todo saber tengan por efecto, si no por motivo, cambiar al otro en objeto, posibilitar aSI su posesion o su dominacion y protegerse, por tanto, contra su amenaza. Lo que me viene con el otI·o es mi muerte. Porque es otro de modo irreducible, estoy necesariamente limitado, destinado a morir. Al crecer, el nino, el alumno, el vecino, el competidor, el conyuge, alteran y ponen en peligro lo que somos. Y las experiencias de la alteridad relativ~s a la fe;. ~ la caridad y la esperanza -a saber, DlOS, el proJlmo, lo futuro- dqué nos anuncian si no absoluto,

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un mas alla de nosotros mismos y, por tanto, una muerte: nuestra desaparieion? La experieneia del otro es. temible, analoga a la del Dios de la Biblia, al que no cabe encontrar sin morir. No puede ser tratada con el sentimentalismo o la ideologia de esos "diaIogos" que, de hecho, niegan al otro y buscan finalmente envolverlo, seducirlo, neutralizarlo, captarlo o huirlo. Pero le ha sido agregadapor 'el cristianismo una confianza que espera del otro, ya no unicamente la muerte, sino la vida. Hacer sitio al otro es tambiénreeibir de él la gracia de una partieipaci6n en una vida que nos supera y vamas lejos que nosotros. Una vida que no esta hecha para que sea rentable y quede colocada en lQS cofres de un banco eterno, sino, al contrario, para que sea arriesgada, dada y perdida al mismo tiempo que servida. Tal es el combate, "la agonia" de Jesus, gruta centraI del edificio cristiano, secreto de un lugar abierto en eI hueco de una montana. No hay experiencia cristiana que no sea albergue de un combate para hacer sitio al otro, de una hospitalidad herida y jubilosa, de un gusto y un lujo de la vida ligados a una desaparicion. Indudablemente, podemos tornar esto como nuevo punto de partida para examinar como esta experiencia se ejercera en formas comunitarias y se articulara en el trabajo soeiaI por medio de practicas. JEAN-MARIE DOMENACH: Estoy totalmente deacuerdo con su formula inicial: es imposible elaborar solo el sentido, lo cual es una manera de repetir la Iglesia

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Y de comenzarla de nuevo. Es una de las oportunidades de nuestra época y yo solo aiiadida un matiz, tal vez una divergencia, esto es, que, en esa renovaeion, el pasado cuenta y que el grupo no es unicamente segun se lo vive en la simultaneidad, sino ~u.e tiene una historia. Por profunda que sea la CnslS por la que pasa la Iglesia, qued~ e1 hecho de que esta historia existe, que nos goblerna de un modo negativo y positivo, que no podemos repudiarla por completo. Es un problema diHcil saber lo que puede ser tornado de nuevo y reasumido en toda esta historia dogmatica, politica y, muy simplemente, en esta larga historia humana de los creyentes desde la CiucUixion. Estamos en la renovacion, en el rompimiento, pero no debemos por eso quemar con demasiado apresuramiento lo que se adoraba tanto entre nosotros todavia hace solo una quincena de afios, esto es, la historia, y pasar de la historia y de las ideologias de la historia a una espeeie de alarde, de superposieion de las espontaneidades. Lo que usted ha dicho acerca de la muerte, yo lo enlazo, en eierto modo, con ese punto de vista, porque nuestra muerte puede recobra~ s~ntido en esta continuidad. Lo que me parece mas lillportante es que, por un camino imprevisto, se vuelve a hablar de la muerte: esto equivale a que nos encontramos de nuevo en el cenh'o del cristianismo, muy cerca de la Pasian y la Resurreceion, es decir, del corazon de la vida. Mediante esa contemplaeion que dedicaremos a nuestra propia muerte, lograremos recobrar vida en la vida del Cristo, hacer que nues-

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