El ejército hoplita

February 14, 2019 | Author: Án Nularreyñez | Category: Sparta, Unrest, Sword, Armed Conflict, Nobility
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EL EJÉRCITO HOPLITA

Ángel Núñez Larrey Jéssica Guiot Méndez 1

ÍNDICE



Introducción



Contexto histórico-cultural



Del oikos a la polis



o

El nacimiento de la polis

o

Definición

o

Armamento: Panoplia

o

Revolución hoplítica

o

 El agricultor soldado

El hoplita



Manifestaciones en el arte



Conclusión



Bibliografía

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ÍNDICE



Introducción



Contexto histórico-cultural



Del oikos a la polis



o

El nacimiento de la polis

o

Definición

o

Armamento: Panoplia

o

Revolución hoplítica

o

 El agricultor soldado

El hoplita



Manifestaciones en el arte



Conclusión



Bibliografía

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INTRODUCCIÓN En las siguientes páginas vamos a hablar de valerosos guerreros, los llamados hoplitas, que a veces durante la formación universitaria pasan desapercibidos y que tan importantes fueron para el desarrollo de lo que hoy estudiamos como polis, protagonistas ellos de las más cívicas batallas, alejados ya de ese arcaico y pasado de moda héroe individual homérico. Veremos en primer lugar como se formó la polis, iter largo y costoso en el cual se inserta el desarrollo de la falange y su tan ferviente revolución en busca de sus ganados derechos . Importante también para el desarrollo del mundo occidental. Se desglosará el mundo del hoplita: su formación, armamento, tácticas, pensamiento, revolución y miembros que conformaban la falange hoplita. Por último, de manera fragmentaria y visual se ilustrarán las principales manifestaciones literarias con sus principales representantes y algunos de los restos del arte donde el hoplita será el objetivo principal para el cincel y la pluma del artista.

 Despide fulgor la enorme mansión mansión Con el bronce Y los techos todos se han engalanado  En honor de Ares Con cascos fulgentes, Y se bambolean blancos penachos  De crin de caballo, Ornato de cabezas de varones;  Remaches ocultan en derredor puestas  Las grebas fulgentes de bronce, Contra el duro dardo, baluarte; Y arrojadas al suelo Cóncavas adargas Y corazas de lino reciente Y a su lado, de Cálcide, espadas, de hoja larga y ancha

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Y a su lado, innúmeras casacas casacas y cintos; Y no es posible echarlas del pozo del olvido  Ahora, cuando ya estamos volcados a la acción. ( Alceo 357 54 D)

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CONTEXTO HISTÓRICO-CULTURAL Nos encontramos en la época arcaica, intermedia entre Homero y el clasicismo del siglo V, época con características políticas y espirituales muy manifiestas respecto a la anterior y las siguientes épocas. Estas características están en la base de la obra de todos los autores, aunque las soluciones que plantean son diferentes. Tras el periodo oscuro que sigue a las invasiones dorias, periodo en el que se establece el florecimiento de la épica, poesía que tiene sus raíces y busca su inspiración en un pasado ya acabado, Grecia va despertando poco a poco y creando una nueva civilización y unos nuevos ideales. Surge una nueva vida, cuya base es la polis, que proporciona seguridad tras las invasiones dorias. Al mismo tiempo, la seguridad crea un nuevo desarrollo económico, basado sobre todo en el comercio y la industria, que anteriormente no era fructífera. Ahora la aristocracia tiene nuevas fuerzas sociales enriquecidas que le disputan el poder: una aristocracia consolidada, la figura del mediador, el tirano que se apoya en las clases más bajas del pueblo, el rencor de la aristocracia vencida y el triunfo de las masas, etc. En los fragmentos de estos poetas encontramos el reflejo de esta amalgama social. Por otra parte, el crecimiento de la vida provoca constantes conflictos entre las ciudades: las guerras de conquista y la fundación de colonias, a veces en contra de intereses de otra ciudad, son los dos medios más seguros para colocar el exceso de población. Todo este conjunto de conflictos encuentra también reflejo en los poemas. Por tanto, los siglos VII, VI y comienzos del V son un mundo en lucha y conflicto constante, un mundo anárquico en el que existen diversas fuerzas, que a base de luchas continuas, van creando una nueva civilización. Es una época creadora por excelencia, en la que nacen nuevas formas políticas, artísticas, poéticas y filosóficas. Todo ello dentro de una falta de normas preconcebidas, libertad y espontaneidad: se abren paso nuevas tendencias a través de una vieja estructura. Estas nuevas tendencias se pueden resumir en una sola palabra: individualismo. Las luchas exteriores a su vez crean conflictos en el alma de cada hombre dando origen a la lírica en sentido moderno. La vieja aristocracia queda transformada muchas veces y es su voz la que llega a nosotros, sobre todo a través de la elegía y el yambo arcaicos. Es en esta época cuando el poeta deja de ser anónimo, como Focílides o Mimnermo que introducen en sus poemas su nombre, a diferencia de los poetas épicos (aunque en Hesíodo comenzamos a ver este posicionamiento). Un rasgo característico es el interés 5

por hic y el nunc, es decir, el presente y no el pasado: exponen subjetivamente el ambiente en que se mueven. Se procura de este hic et nunc sacar enseñanzas generales mediante la sentencia, el mito o la fábula. La aristocracia se consideraba como una clase superior y modelo para la comunidad: su poder y su riqueza se transmitía por herencia sanguínea. Esta sostenía que sólo ella poseía la ἀρετή, un concepto en el que se incluían rasgos como el don de la poesía; pero no podía pedirse a los nuevos sectores sociales, que ascendían a la vida política, que aceptaran este ideal. Por el contrario tenían que tratar de racionalizar y moralizar este ideal y hacerlo asequibles a todos. Pero, un ideal que se encuentra en todos los poetas es la idea de la imposibilidad de defenderse del hombre, de la ausencia de bases sólidas en que fundar su conducta y de la inseguridad de su futuro. Pero en esta experiencia e inseguridad se encontró un punto de coincidencia entre todas las fuerzas en conflicto y surgió el concepto arcaico del hombre como un ser muy limitado ante el poder de los dioses- concepto que en esta época crea una filosofía de la vida. Este movimiento, relacionado con el nuevo tipo de religiosidad, representa una limitación al individualismo. De hecho, hay muchas razones para pensar que fueron los aristócratas sus fundadores (y sostenedores), que así podrían haber continuado guiando el pensamiento de la comunidad. Otro límite al individualismo es el sentimiento ciudadano que se puede ver en Arquíloco o en Mimnerno. Estos poetas, de forma gradual, van prestando atención exclusiva al propio yo. Ahora, a la mayor parte de la poesía elegíaca y yámbica, sólo les interesa transmitir su pensamiento al resto de la comunidad, y poco a poco pasan a la expresión del propio yo. Al individualismo que hace nacer nuevas fuerzas y un estilo de vida le queda, después de esta época, mucho camino.

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DEL OIKOS A LA POLIS El nacimiento de la polis Entre los siglos VIII y VI a.C. se produjo uno de los acontecimientos más relevantes para entender todos aquellos cambios estructurales que se estaban fraguando desde la caída del mundo micénico: el nacimiento de la ciudad, de la poli. Una verdadera comunidad cuya prueba es que cada uno tiene su identidad: los espartanos se llaman a sí  mismos “espartanos” y así todas. Igualmente, la comunidad cívica tomaba las decisiones más relevantes. Pero no sólo eso, sino que desde este momento serán los ciudadanos los encargados de la defensa de la ciudad “Pues los hombres son la torre que defiende la ciudad” El nacimiento de la polis fue la consecuencia del sinecismo, consistente en la agrupación de las aldeas dispersas (komai) en un mismo centro urbano y en el establecimiento de una administración, de unos cultos y unas instituciones políticas comunes. Un proceso global en el que la política, la religión, la economía y la guerra tuvieron la misma importancia. Desde el punto de vista geográfico, polis era una ciudad con su territorio y es que había muchos residentes que subsistían de las rentas de sus campos, grandes terrenos de la aristocracia y oligarquía dominante además de propietarios de pequeños terrenos. Pero la autarquía iba dejando paso al desarrollo lento de los intercambios comerciales por tierra y mar, que eclosionaron con la expansión colonial griega, la eubea en particular, y cuya prueba podría ser la aparición de la figura del propietario o armador de navío desde el siglo VII a.C. La distinción entre centro urbano y pueblos no aparece todavía en Homero, pero sí que contamos con datos desde Atenas donde, por obra de Teseo, se abolieron progresivamente los distintos poderes locales y se llevó a cabo un proceso de descentralización del poder. Pero el hecho de que fuese un rey quien impulsara esto no debe confundirnos, pues no se puede pasar por alto ni a la comunidad ciudadana ni a la gestión colectiva del poder, aunque se encarnase en la figura de un rey. Esta figura desapareció en muchas polis y sus papeles fueron tomados por magistrados (archontes) que en principio eran de familias aristocráticas. 7

…τέταρτον δ᾽ εἶδος µοναρχίας βασιλικῆς αἱ κατὰ τοὺς ἡρωικοὺςχρόνους ἑκούσιαί τε καὶ πάτριαι γιγνόµεναι κατὰ  νόµον. διὰ γὰρ τὸ τοὺς πρώτους γενέσθαι τοῦ πλήθους εὐεργέτας κατὰ τέχνας ἢ πόλεµον, ἢ διὰ τὸ συναγαγεῖν ἢ πορίσαι χώραν, ἐγίγνοντο βασιλεῖς ἑκόντων καὶ τοῖς παραλαµβάνουσι πάτριοι. κύριοι δ᾽ ἦσαν τῆς τε κατὰ πόλεµον ἡγεµονίας [10] καὶ τῶν θυσιῶν, ὅσαι µὴ ἱερατικαί, καὶ πρὸς τούτοις τὰς δίκας ἔκρινον. τοῦτο δ᾽ ἐποίουν οἱ µὲν οὐκ ὀµνύοντες οἱ δ᾽ ὀµνύοντες: ὁ δ᾽ ὅρκος ἦν τοῦ σκήπτρου ἐπανάτασις. οἱ µὲν οὖν ἐπὶ τῶν ἀρχαίων χρόνων καὶ τὰ κατὰ πόλιν καὶ τὰ ἔνδηµα καὶ τὰ ὑπερόρια συνεχῶς ἦρχον:

“Una cuarta especie de reinado es la de los tiempos heroicos, consentida por los ciudadanos y hereditaria por la ley. Los fundadores de estas monarquías, que tanto bien hicieron a los pueblos, enseñándoles las artes o conduciéndolos a la victoria, reuniéndolos o conquistando para ellos terrenos y viviendas, fueron nombrados reyes por reconocimiento, y transmitieron el poder a sus hijos. Estos reyes tenían el mando supremo en la guerra y hacían todos los sacrificios que no requerían el ministerio de los pontífices, y además de tener estas dos prerrogativas, eran jueces soberanos en todas las causas, ya sin prestar juramento, ya dando esta garantía. La fórmula del juramento consistía en levantar el cetro en alto. En tiempos más remotos el poder de estos reyes abrazaba todos los negocios políticos, interiores y exteriores, sin excepción; pero, andando el tiempo, sea por el abandono voluntario de los reyes, sea por las exigencias de los pueblos, este reinado se vio reducido casi en todas partes a la presidencia de los sacri-ficios, y en los puntos donde mereció llevar todavía este nombre sólo conservó el mando de los ejércitos fuera del territorio del Estado.”(Aristóteles, Política 1285 b 5-14) En ese desarrollo tuvo un gran papel los santuarios, cultos heroicos, santuarios no urbanos, etc. por la definición del espacio de la polis y también en la integración de la comunidad ciudadana a través de la participación cultural: la necesidad de tener una identidad genealógica a través de un héroe fundador y buscar además una divinidad protectora de la comunidad. Ya se ha hablado del gene y su función como institución cohesionadora de los oikoi que se sentían descendientes de un ancestro común. Cabe comentar también una institución 8

paralela (y más antigua quizá) que son las fratrías (phratiai) o hermandades: Estas habrían agrupado a las familias nobles en diversos gene y a sus descendientes y a los no nobles también, no reconocidos como miembros del genos. En los poemas homéricos se podía ver como la fratría era una hermandad de carácter militar, pero la importancia que adquirió en la polis de época clásica y su gran papel en el reconocimiento de los hijos legítimos (las Apaturias en Atenas) y, por tanto, de la ciudadanía, obliga a pensar en un origen arcaico en Grecia. Las fratrías eran un elemento mediador entre las tribus y las organizaciones familiares más limitadas; esto se deduce del hecho de los privilegios que tenían en el reconocimiento de los derechos civiles y de ciudadanía y su papel en el derecho sucesorio o en conflictos dados por las venganzas de sangre. Junto a las fratrías grupos de no nobles se asociaron en grupos de carácter religioso, los orgeones, y ligada al culto aparecieron los thiasoi, cofradías culturales en las que se educaba a las jóvenes de la nobleza (el caso de Safo en Lesbos). No obstante, desde el punto de vista político iba a jugar un primordial papel histórico la tribu (phylé). Estas escogían a las divisiones del cuerpo ciudadano y sus miembros se sentían descendientes de un ancestro común también. A pesar de que el origen de este colectivo sea más o menos oscuro, resultaron imprescindibles para la organización de la vida ciudadana, tanto desde el punto de vista político como cultural (con exclusión de esclavos, mujeres y extranjeros que no disfrutaban de los mismos privilegios que los varones libres) Era prerrogativa de estos últimos el ocupar las magistraturas, de oficiar como magistrados ( archontes ) , y por designación de la asamblea y bajo control dela misma ostenta el poder. La asamblea (ekklesía ) era la depositaria de la soberanía popular: la comunidad cívica más los campesinos. Así mismo, los magistrados eran aconsejados y controlados por un consejo ( boulé ) cuya importancia era también destacable en el ámbito judicial. El papel del basileus fue reducido paulatinamente y en muchas poleis acabó por tener una función vinculada esencialmente a la religión. Otras formas de organización política surgieron en distintas zonas de Grecia y así en zonas como Macedonia o Tesalia las antiguas organizaciones tribales o monárquicas continuaron activas estableciendo una organización de estado federal conocida como koinón. El nacimiento de la polis fue un suceso de vital importancia para el desarrollo de eso que se llama el espíritu griego. Por una parte, la palabra ( logos) adquiriría una distinción que vertebraría el arte de la política y también iba a dar pie a una atención al len9

guaje, a la retórica cuya plasmación cultural es la aparición de nuevos géneros literarios como la filosofía o la poesía lírica. Ese fecundo logos iba a democratizarse con la mutación de la poesía cortesana en la poesía de los encuentros festivos, y al final de la época arcaica ese ideal comunitario encontró su medio de expresión a través de la tragedia y la comedia. Por otra parte, la socialización de la política propició la publicidad de las manifestaciones más relevantes de la vida social y cultural, y la posibilidad de que pudieran ser sometidas a juicio de la crítica del debate, de la dialéctica. La recuperación de la escritura contribuyó al éxito de ese proceso imparable y pronto aparecieron las reivindicaciones sobre la redacción de las leyes. La conservación e interpretación de las mismas dejará de ser una prerrogativa del basileus y se trasformará en un bien común aplicable a todos por igual. El nacimiento de la reflexión política y moral de carácter laico iba desde entonces a mediar en la resolución de los problemas de la comunidad. A finales del siglo VII a.C. y ya durante el siglo VI a.C.se vivió una época de crisis, de disensiones internas en el seno de las ciudades y de concentración de tierras en unas pocas manos, que condujo al pueblo a una situación de penuria avasallamiento moral, La solución vino de la aparición en escena de los legisladores como Pítaco o Solón. La falta de bienes ( stenochoría ) encontró una salida en la expansión colonial griega

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EJÉRCITO HOPLÍTICO Definición El hoplita era un ciudadano-soldado de las polis griegas. El término hoplita se deriva de ὅπλον- el escudo que ellos mismos portaban. Este tipo de soldados apareció a lo largo

del siglo VII, en el momento en que adoptaron un nuevo tipo de armamento y nuevas tácticas para el combate. La aparición de un nuevo tipo de armamento, la panoplia hoplita, provocó un cambio en la forma de combatir y una nueva formación: la falange. La falange, al ser más numerosa, supuso la participación en la guerra de nuevos sectores de la población que paralelamente reclamaron nuevos derechos y protagonizaron importantes cambios sociales, los cuales los llevarían, debido a su participación masiva en el campo de la política, a lograr el control de los instrumentos de gobierno de las polis.

¿En qué se diferencia el hoplita de un guerrero arcaico? Sin duda, es en el plan de comportamiento en lo que ambos se distinguen. En la época arcaica, la guerra se concentra en combates singulares: son dos héroes de carácter excepcional los que se disputan el honor, hay una exaltación del guerrero. En contraste con esto, la falange combate basándose en una acción colectiva, la batalla es librada por un grupo de hombres disciplinados de la misma manera: valores de dominio de uno mismo y orden, los integrantes pierden su individualidad para integrarse en un conjunto. En la falange cada escudo protege a su propietario y a su compañero, todos marchan al unísono, luchan codo con codo, mantienen la posición hasta el último momento, como bien muestra el siguiente fragmento de Tirteo: οἳ µὲν γὰρ τολµῶσι παρ’ ἀλλήλοισι µένοντες ἔς τ’ αὐτοσχεδίην καὶ προµάχους ἰέναι, παυρότεροι θνῄσκουσι, σαοῦσι δὲ λαὸν ὀπίσσω• τρεσςάντων δ’ ἀνδρῶν πᾶσ’ ἀπόλωλ ’ ἀρετή.

“Quienes codo con codo se arriesgan A luchar cuerpo a cuerpo y a marchar en vanguardia, Mueren menos y salvan a huestes que siguen tras ellos-, 11

En cambio ha quedado arrumbada toda la excelencia de los hombres que tiemblan”. (Tirteo F. 11) En lugar de haber un enfrentamiento entre dos héroes antagonistas, hay un enfrentamiento entre dos fuerzas políticas que se disputan el poder. No obstante, este arte de la guerra exigía un gran entrenamiento y más aún al pasar de un combate individual- de las epopeyas homéricas- a un combate de un grupo cohesionado. En Esparta, por ejemplo, se le daba una gran importancia a la gimnasia para el entrenamiento de los hoplitas; en realidad, la gimnasia como un sistema de educación colectivo será una de las consecuencias de la falange. Estos realizaban ejercicios gimnásticos y rítmicos para su preparación y disciplina. Hesíodo hace una oposición entre ambos guerreros: por una parte, habla de los guerreros llenos de hybris , movidos hacia la violencia pura, y la raza de los héroes, guerreros  justos que aceptan someterse a un poder superior de la Diké . El combate de las falanges se basaba en unas reglas muy bien definidas: elección de un campo de batalla cerrado, acuerdos y alianzas, no utilizar lancees de loin ni flechas ni piedras que pudieran desvirtuar el combate. Además, se entregaba un trofeo no al que había destruido a un número más grande de enemigos sino al que había ejercido un empuje más fuerte. Una técnica que revoluciona la época es el sistema de la doble defensa del escudo, ya que con éste no sólo cambia la estructura del escudo usado en la lucha sino también el comportamiento del propio guerrero. Para los héroes homéricos, el escudo era algo que podía abandonarse en un momento dado para escapar del enemigo, no obstante, para el guerrero hoplita abandonar su escudo era un acto de insolidaridad hacia la falange, se consideraba una traición a ésta. El escudo se convierte en el principal instrumento de cohesión, es decir, una técnica de defensa contribuye a una transformación social y mental. Otro de los rasgos que los diferenciaba de los guerreros arcaicos es que en ellos no había lugar para manifestaciones mágico-religiosas de la fuerza, aunque a decir verdad no había una racionalización pura ya que el sonido de la flauta, el peán que el grupo entero entonaba…recordaba a esas manifestaciones; es más, en Esparta, que era la ciudad más política de todas, había un culto público a Febo Apolo. En realidad, el cambio cultural experimentado en la Grecia Arcaica y que conduciría a la aparición de la ciudad-estado como forma de organización política se debió a una 12

serie de transformaciones militares que tuvieron como resultado la introducción de un nuevo método de combate conocido como “falange”. La teoría establece una secuencia evolutiva en tres fases: las transformaciones militares provocan una serie de cambios sociales, los cuales a su vez precipitan una reforma política profunda: de este modo, unos nuevos soldados (hoplitas) integrados en una nueva táctica (falange) conforman una nueva clase social que reclama mediante el empleo de la fuerza y la coacción un lugar en las estructuras e instituciones de la ciudad.

Armamento: Panoplia

El armamento del hoplita consistía en un equipo completo de un soldado de infantería pesada, το όπλον o panoplia. Podía variar en algo de un soldado a otro pero, en época 13

clásica al menos, había unos elementos comunes para todos ellos. Éste equipo básico se componía de los siguientes elementos: lanza larga, escudo redondo de tipo ἄσπις, espada corta, coraza de bronce o casaca de cuero reforzado, casco de tipo corintio y grebas de bronce para las piernas. El peso de todo el equipo era considerable, podía oscilar de 22 a 35 kilos, por lo que generalmente cada hoplita, al menos los más ricos, poseían uno o varios esclavos que se ocupaba del cuidado y del transporte en mulas del material y del alimento durante las marchas. Entre éstos esclavos, uno de ellos siempre mandaba sobre los demás, era el llamado “paje de armas” del hoplita (como los escuderos medievales), y generalmente conocían también el uso de las armas. Algunos de estos pajes de armas incluso acabaron participando en las batallas junto a sus amos integrados en la falange, cosa que no ocurriría hasta la guerra del Peloponeso, que requirió la recluta de gran cantidad de hoplitas. En época arcaica éste equipo era más pesado y más completo, pero con el tiempo se fue aligerando y simplificando. Por lo general desaparecieron los brazales, las musleras, así  como la segunda lanza utilizada como jabalina, elemento que a veces figuran en representaciones arcaicas. La coraza de bronce "acampanada", la más empleada en época arcaica, fue ahora sustituyéndose por la citada casaca de cuero. Aún así, el equipo hoplita continuaba siendo muy costoso y requería una gran inversión por parte del soldado, quien debía sufragárselo por su cuenta. Pero no tenía otra opción si no quería combatir como remero o como infante ligero con las clases inferiores, ya que sufragarse el armamento era obligación de todo ciudadano griego. Yvon Garlan nos dice que el equipo completo de un hoplita podía costar al menos cien dracmas áticas, lo que representaba aproximadamente el salario trimestral de un obrero medianamente cualificado. Según Garlan, en la Atenas del siglo V a.C., solo podía exigirse un esfuerzo económico de tal calibre a los ciudadanos que pertenecieran a las tres primeras clases censitarias, de las que los de la tercera, los zeugitas, constituían el grueso de los efectivos. Para éste autor, estos criterios de selección en el interior del cuerpo civil, debían de existir un poco en todas partes, y también en Esparta. Éste tipo de armamento se mantuvo entre los hoplitas hasta que las reformas armamentísticas de Filipo II de Macedonia y los gustos de sus soldados se extendieron entre los demás griegos. Básicamente consistieron en la sustitución del yelmo de tipo corintio y ático por los cascos de tipo frigio y beocio, que mantenían el rostro y las orejas descubiertas; la sustitución de la lanza hoplítica por una pica mucho más larga llamada saris14

sa; y la adopción de una espada más larga en lugar de la corta xiphos. Pero para entonces los hoplitas ya se hallaban en proceso de desaparición, y los nuevos soldados de infantería pesada de Macedonia ya no eran los ciudadanos-soldados sobre los que hemos tratado, por lo que volveremos sobre armamento clásico. Es más, éste armamento descrito a continuación más en profundidad, acabó por extenderse a otros pueblos mediterráneos no helenos que lo consideraron superior a suyo propio. Entre los que adoptaron parte del armamento y del modelo hoplita se encontraban sobre todo: los etruscos y otros pueblos itálicos, los pueblos sicilianos, los cartagineses, los persas en menor medida tras sus derrotas continuas contra los griegos, además de algunas tribus ibéricas. Sus vías de extensión fueron claramente los colonizadores helenos asentados en esos territorios, y también los mercenarios indígenas que combatieron contra o junto a los griegos.. Los hoplitas se armaban generalmente poco antes de la batalla, pues su armamento era muy pesado: el peso total de la armadura hoplita estaba entre los 22 y los 27 kilogramos. Cada hombre se hacía con su propio equipo que no era uniforme en el ejército. Como resultado de la no existencia de un equipo común, a menudo las tropas amigas no se reconocían Cada griego hoplita tenía una armadura diferente, hecha a medida, y en el escudo colocaba los símbolos de su familia. Por el contrario, los espartanos tenían el mismo uniforme y la letra griega lambda (Λ) en sus escudos, en referencia a su tierra de origen, Lacedemonia (Esparta) Un dato revelador de la educación espartana, que nos informa de su espíritu guerrero, es que, a diferencia del resto de ciudades griegas, donde cada uno se costeaba su equipo militar, en Esparta era el Estado el que se lo procuraba a los ciudadanos. Desde luego, esto no conducía necesariamente, como veremos, a que el ejército espartano fuera esa formación de infantes uniformados como si se tratara de un moderno ejército; los ajustes individuales en el equipo eran habituales e, incluso, necesarios, ya que la forma de la coraza, por ejemplo, debía ser lo más ajustada al cuerpo de combatiente. Por lo tanto, aunque Esparta proporcionaba las armas, hemos de considerar también que los más pudientes aportasen parte del equipo. Los espartiatas, como ya se ha indicado, formaban el núcleo principal del ejército de Esparta: los hoplitas. Herodoto nos informa de que el éxito de los griegos se debe a sus armas y armadura: “λήµατι µέν  νυν καὶ ῥώµῃ οὐκ ἥσσονες ἦσαν οἱ Πέρσαι, ἄνοπλοι δὲ ἐόντες καὶ πρὸς ἀνεπιστήµονες ἦσαν…”

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“Los persas no eran inferiores en valor ni en fuerza, pero a la vez de un armamento sólido, carecían de instrucción militar…” (Herodoto, IX, 62)

Las armas ofensivas

La lanza ( δόρυ) Era la típica lanza de los hoplitas clásicos, con una longitud de entre 1,80 y 2,50 metros, superior a las jabalinas pero bastante inferior a las futuras sarissas macedonias y los kontos

de caballería. Tenía el asta de madera cilíndrica. La punta solía ser de hierro y de

forma lanceolada, de unos diez centímetros. Además, en el otro extremo de la lanza, al pie, solía poseer una contera metálica de unos quince centímetros, o incluso una segunda punta. Esta lanza era la principal arma de acometida del hoplita y un elemento fundamental de la falange. En batalla no se empleaba como arma arrojadiza, como en época arcaica, sino que los hoplitas de vanguardia la sujetaban horizontalmente con el brazo derecho, y la sostenían bajo la axila, manteniéndola apretada al cuerpo, o bien la alzaban sobre su hombro, sosteniéndola con el brazo levantado, a la vez que avanzaban

contra el enemigo. La lanza de los de la primera línea solía romperse -dado su escaso grosor- en el choque frontal; sin embargo, gracias a la puntera de bronce posterior, tramo con el que se quedaría el hoplita en la mano, seguía siendo útil en el combate, al poder utilizar el regatón. Sin embargo los hoplitas de las filas posteriores la sostenían de manera diagonal o vertical, en espera de sustituir a algún compañero caído de la primera línea. Podemos imaginar el aspecto de erizo que presentaría una formación de combate con cientos de lanzas en disposición de embestida. Como inconveniente, los hoplitas se encontraban con dificultades de maniobra de la lanza en el seno de la formación de la falange, dada la longitud del asta, de 16

más de 2 metros. La tercera y cuarta filas tenían justo delante el regatón de las lanzas de las dos primeras filas. Había que tener una gran concentración para no herir a los compañeros con la propia lanza. El regatón o contera también servía como arma ofensiva, y se solía utilizar para ir rematando a los enemigos que quedaban yacentes a medida que la falange avanzaba. Así  mismo, se podía clavar el regatón en el suelo, en los momentos de descanso o en los campamentos. Por otro lado, servía de contrapeso a la punta de la lanza, y permitía que se pudiera empuñar hacia el tercio posterior del asta, lo que conllevaba que sobresaliera más por delante de la formación de hoplitas. “δόρατα µέν  νυν τοῖσι πλέοσι αὐτῶν τηνικαῦτα ἤδη ἐτύγχανε κατεηγότα, οἳ δὲ τοῖσι ξίφεσι διεργάζοντο τοὺς Πέρσας.”

“En el calor del choque, rotas las lanzas de la mayor parte de los combatientes Espartanos, iban con la espada desnuda haciendo carnicería en los Persas” (Herodoto. VII, 224). “καὶ τὸ µὲν πρῶτον τύπτοντες ἀλλήλους τοῖς δόρασι, καὶ διὰ τὴν πυκνότητα τῶν πληγῶν τὰ πλεῖστα συντρίψαντες, εἰς τὸν ἀπὸ τῆς µαχαίρας ἀγῶνα κατήντησαν.”

“Emplearon primeramente las lanzas, que se rompieron en su mayor parte por los golpes que ellos mismos daban, de tal suerte que se llegó rápidamente a la espada” (Diodoro de Sicilia, XV, 86).

La espada (ξίφος) La espada: El arma principal era la lanza. Sin embargo, el hoplita también portaba una espada de hierro (ξίφος), de doble filo y hoja recta, algo abultada hacia la punta. Su longitud, contando la empuñadura, no sobrepasaba los 65 cm. Solía llevarse colgada de un talabarte, que se sujetaba en el hombro, cruzando el pecho. También utilizaron una espada muy corta, casi un cuchillo, que venía a tener unos 30 cm.

La espada se utilizaba cuando la lanza se había roto, lo que solía suceder con frecuencia, como se ha comentado, de forma especial en las primeras filas de combatientes. Con la 17

espada se podía cortar el asta de la lanza de los enemigos: al quedarse sin una formación erizada de lanzas, la falange era más vulnerable ante otra formación de falangista, puesto que las lanzas de esta última impedían acercarse a los combatientes, de ahí la necesidad de cortar las lanzas del enemigo con la espada. De la misma forma que sucedía con la lanza, la lucha con espada beneficiaba a los más altos, por la longitud de sus brazos, que permitía golpear a una distancia mayor del combatiente enemigo. Los hoplitas utilizaron también otro tipo de espada llamada kopis o machaira –que deriva de “cortar”-. Se trata de un arma de un solo filo y con la hoja gruesa curvada hacia dentro. Muy similar a la espada egipcia –jepesh- y a la falcata ibérica.

Las armas defensivas

El escudo (ἄσπις) Εs, junto con la lanza, el arma más importante de la panoplia. Se elaboraba con láminas

de madera curvadas y encoladas. La parte interior era de cuero. El exterior se cubría habitualmente con una lámina delgada de bronce -medio centímetro de espesor- . Su peso rondaba los 7 kilos, o incluso algo más. Tenía forma de cuenco -debido a la curvatura de la madera-, y su borde exterior era casi plano, generalmente también reforzado con bronce. El diámetro oscilaba entre 90 y 110 cm.

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El agarre del escudo era una nota muy distintiva del hoplita, ya que no seguía la pauta habitual de la empuñadura central, que tenía que ser sujetada por la mano del combatiente, sino que llevaba un agarre o embrazadura de bronce, en su parte central, lo suficientemente amplia como para pasar el antebrazo izquierdo -los zurdos también, por el sistema de combate de la falange, que luego veremos-, y la mano se cerraba bien sobre una cuerda, bien en torno a una pieza de cuero en el borde del escudo. Este sistema de agarre permitía que la mano y la muñeca no sufrieran tanto. Incluso se podía soltar la mano sin que el escudo se cayese, ya que aún quedaba el antebrazo en la embrazadura central. Sin embargo, resultaba un mal escudo para los combates individuales, ya que apenas permitía movilidad alguna, al ir sujeto al antebrazo, lo que obligaba a tener el brazo permanentemente doblado. Asimismo, como puede deducirse, era muy difícil de soltar con rapidez, lo que suponía un riesgo, en algunas ocasiones, para el hoplita. La célebre frase de volver con él escudo o sobre él también nos ofrece una pista sobre esta dificultad: muchos hoplitas no se podrían desprender a tiempo del escudo para iniciar la carrera de huida, y morirían con él prendido del antebrazo. Por otro lado, el peso obligaba a utilizar todo el brazo para sostenerlo a lo largo del combate. Por la posición del brazo, flexionado en ángulo recto, necesariamente tenía que sufrir un entumecimiento. Otro inconveniente era el de su tamaño, notablemente grande. Mantenerlo en la posición correcta, sin que basculase, suponía un buen ejercicio de concentración y fuerza. Por esto se utilizaba el hombro, en el que se podía apoyar el escudo cuando el brazo se cansaba. Esta operación se veía facilitada por la forma cóncava del interior. La rigidez en el embrazamiento provocaba que el flanco derecho de las falanges quedase más desguarnecido: el escudo se sostenía con el brazo izquierdo, y dada su forma redondeada y el combate en líneas cerradas, generaba una cierta desprotección del flanco derecho. Sobre el esfuerzo de portar el escudo nos ilustra este fragmento de la Anábasis: “Σωτηρίδας δὲ ὁ Σικυώνιος εἶπεν: οὐκ ἐξ ἴσου, ὦ Ξενοφῶν, ἐσµέν: σὺ µὲν γὰρ ἐφ᾽ ἵππου ὀχῇ, ἐγὼ δὲ χαλεπῶς κάµνω τὴν ἀσπίδα φέρων. καὶ ὃς ἀκούσας ταῦτα καταπηδήσας ἀπὸ τοῦ ἵππου ὠθεῖται αὐτὸν ἐκ τῆς τάξεως καὶ τὴν ἀσπίδα ἀφελόµενος ὡς ἐδύνατο τάχιστα ἔχων ἐπορεύετο…”

Entonces Sotéridas de Sición replicó lo siguiente: “No estamos en igualdad de condiciones, Jenofonte. Tú vas a caballo y yo estoy completamente destrozado a fuerza de 19

llevar el escudo” Cuando Jenofonte oyó estas palabras, se bajó del caballo, lo arrastró fuera de la fila y, arrancándole el escudo, prosiguió la marcha con él en las manos lo más deprisa que pudo...” ( Jenofonte, Anábasis. III, 4, 47-49).

También Tucídides nos relata un hecho que nos da idea de lo molesto que podía resultar el escudo fuera de la propia formación de combate, al narrarnos como los platenses, en el año 429 a.C., durante las Guerras del Peloponeso, con la intención de romper el asedio de los espartanos, salieron armados exclusivamente con las armas de ataque, mientras los seguían de cerca otros hombres que portaban los escudos …οἷς ἕτεροι κατόπιν τὰς ἀσπίδας ἔφερον , ὅπως ἐκεῖνοι ῥᾷον προσβαίνοιεν , καὶ ἔµελλον δώσειν ὁπότε πρὸς τοῖς πολεµίοις εἶεν.”

“…Para facilitar su avance, otros les seguían, llevando sus escudos, los cuales debían pasárselos en el momento del combate cuerpo a cuerpo.” (Tucídides, III, 22) El tamaño del escudo obligaba a reducir su espesor, unos 1,5 ó 2 cm. Esta delgadez tenía un riesgo: los escudos de la primera línea de choque probablemente se romperían al empuje de la fuerza del enemigo –no olvidemos que su alma era sobre todo de madera-. Si a esto sumamos que las lanzas también se solían astillar en este choque brutal, obtenemos una escena de gran destrucción y violencia en la primera línea de la falange, con hoplitas sin escudos o con ellos parcialmente destrozados, al igual que las lanzas. Obsérvese que, por la forma circular del escudo y su diámetro, parece que el escudo se desaprovecha, ya que la mitad izquierda no está delante del cuerpo del hoplita, sino que sobresale de su cuerpo. Esto se debe a la táctica de combate de la falange: la mitad izquierda del escudo protege la parte derecha del compañero de formación. Recordemos nuevamente como la educación del espartano buscaba la integración perfecta de la comunidad de “los iguales”. La formación espartana de combate era un fiel reflejo de su espíritu colectivo, cada hombre no es nada de por sí, sólo el cuerpo conjunto de los homoioi lo es; cada combatiente es responsable de la seguridad no sólo del guerrero que lucha junto a él, sino de todos los infantes de la formación –sus iguales, no lo olvidemos-, puesto una debilidad de uno de ellos podía poner en peligro la formación entera. 20

En efecto, desprenderse del escudo durante el combate era poner en peligro no sólo la propia vida, sino la de todos los miembros de la falange, ya que todos los escudos formaban la barrera infranqueable de la formación. Que un hombre de la primera línea soltase el escudo podía suponer una brecha por donde el enemigo entraría en el cerrado cuadro de hoplitas. Plutarco nos cuenta que los hombres llevan los casos y las armaduras “para cubrirse ellos mismos, mientras que se toma el escudo para la protección común de toda la línea” ( Plutarco. Moralia . Dichos destacados de los espartanos. De Demarato.)

Esta pieza de la panoplia era también un arma ofensiva, ya que con el escudo se gestaba una buena parte de la táctica de la falange: empujar con todos los escudos a la vez, hasta formar una masa compacta frente al enemigo. Se ha descrito este tipo de combate como una melée de rugby en la que las dos formaciones empujan la contraria.

Los escudos espartanos llevaban una lambda, de Lacedemonia, a diferencia de las demás ciudades griegas, en las que cada uno grababa un signo de su elección, aunque más tarde algunas otras póleis siguieron el ejemplo espartano.

El casco (ἀσπίς) Normalmente de bronce y de tipo corintio. El casco, en este tipo de combate, de encuentros breves pero muy violentos, debía de proteger tanto la cabeza como el rostro. 21

El casco corintio se solía moldear sobre la base de una única lámina de bronce, lo que requería una gran pericia en el forjado. El interior solía estar forrado, habitualmente con fieltro, con el objeto tanto de amortiguar los golpes como de evitar rozaduras en el cuero cabelludo. Este acolchado se cosía al casco. También se utilizaron gorras de fieltro. Su forma es la de un capacete de bronce con perforaciones horizontales para los ojos, y una vertical para la boca y la nariz. No resultaba especialmente pesado, unos dos kilos, pero sí debía ser muy molesto, ya que cubría la cabeza casi por completo, como se ha comentado. Era muy poco confortable, sobre todo con el calor del verano griego. Asimismo, hay que recordar que los espartanos llevaban los cabellos largos, lo que hacía que llevar el casco fuera todavía más sofocante. Este modelo primitivo sufrió cambios a lo largo del tiempo: se agrandaron las aperturas para los ojos y para la boca. También se practicaron unas aberturas para las orejas. Al agrandarse esas aberturas, se añadió una placa para la protección de la nariz, que en el modelo antiguo quedaba al descubierto. Este casco estaba adaptado al tipo de combate en falange, es decir, permitía ver lo que había delante del combatiente, pero no a los lados, lo que, en principio, no era necesario ya que la falange suponía un muro móvil de hoplitas que se protegían los unos a los otros. También tenía el problema de la audición –de ahí que se le practicaran con el tiempo aperturas para los oídos-, aunque esto no debía conllevar mayores inconvenientes en los choques frontales que eran los más comunes. Como puede verse se trata de un casco para luchar dentro de una formación, ya que no está diseñado para un combate individual, en el que el guerrero debe controlar toda la periferia, y ser consciente de cualquier sonido lateral que le advierta de un peligro. Debido a que el casco no permitía escuchar las órdenes, éstas se transmitían mediante trompas o trompetas. Este mismo hecho dificultaba los ataques nocturnos: al no poder oír las órdenes ni ver lo que sucedía a su alrededor, el combate debía desarrollarse con luz suficiente. El combatiente se encontraba realmente aislado, a pesar de situarse en una fila de la falange: apenas oía ni veía nada, y toda la comunicación se reducía a los hombres próximos. Cuando el casco era golpeado se movía, y esto provocaba que su visión aún disminuyera más.nA menudo se adornaban con una crin de caballo, bien directamente sobre el casco, bien con un soporte especial que se colocaba en la parte superior. Ello hacía que el combatiente pareciera más alto y peligroso. 22

. Además del casco corintio los griegos los utilizaron de otros tipos, como el calcidio, muy similar al corintio, o el ático, con las El casco (kranos) era de bronce y existían diversos modelos, el más difundido fue el corintio, que estaba dotado de un protector nasal y de dos grandes carrilleras que protegían las mejillas. Entre los cascos corintios, los más característicos del hoplita, también había diversos modelos que evolucionaron a lo largo de los siglos. Los más antiguos poseían unas carrilleras muy cerradas, entre ellos el conocido como “Myros”, muy empleado en el siglo VI a.C., hasta el punto de que incluso podían unirse cubriendo la barbilla del soldado (en la imagen el segundo casco del 550 a.C.). Éstos cubrían pues todas las partes de la cabeza, excepto las ranuras de los ojos y la de la boca y barbilla. Con ellos, se reducía notablemente la audición del soldado y, sobre todo, la visibilidad, ya que evitaba la visión hacia los lados y hacia arriba si no se giraba el cuello. El hoplita que avanzaba en la falange con éste tipo de yelmos, solo tendría la vista puesta en el frente.

A partir del siglo V a. C., el casco corintio comenzó a sufrir sus mayores evoluciones, y la mayor novedad fue que dejaba al descubierto las orejas para que el soldado pudiera escuchar mejor. Entre estos últimos, fue famosa la variante “ática”, que además de libe23

rar las orejas, redujo mucho el tamaño de las carrilleras y de la parte frontal, siendo mucho más fresco que otros modelos, además de que permitía una mejor visión y audición al soldado (en la imagen el primer casco del 500 a.C.). Algunos hoplitas posteriores comenzaron a utilizarlo con carrilleras metálicas articulables, las cuales podían levantarse y dejar el rostro al descubierto, lo que era muy útil en los momentos previos o posteriores al combate, cuando el calor y el sudor azotaban las cabezas de los soldados. Sin embargo, los anteriores modelos corintios, más populares, podían retirarse de la cabeza hacia atrás y se sostenían solos en la coronilla, como puede apreciarse en numerosas representaciones de la época. Incluso también comenzaron a fabricarse cascos sin carrilleras y sin protector nasal, lo que dejaba todo el rostro descubierto, modelo más del gusto de los áticos que de los sufridos peloponesios. De todos modos, no hay que olvidar que estos cambios dependían de los artistas armeros que los fabricaban, y también de un lugar u otro, de forma que circulaban todo tipo de modelos diferentes, eso sí, casi siempre corintios, y convivían los modelos más antiguos con los más novedosos, según el gusto o capacidad adquisitiva del hoplita. Los hoplitas más ricos e importantes, adquirían cascos de mayor calidad, a veces decorados con grabados o pinturas. No hay que olvidar además, que la mayoría de ellos adornaban sus cascos con grandes penachos coloridos (Stephanos). Habitualmente estaban fabricados con crines de caballo tintados, fijándolos con un pasador por delante y otro detrás. En un principio estuvieron de moda los más grandes y largos, haciendo que colgaran por la espalda como una coleta, pero progresivamente fueron siendo reducidos o acortados por motivos de comodidad. También hay que destacar que, desde el siglo V a.C., algunos hoplitas de una misma ciudad acostumbraron a teñir las crestas de sus cascos con los mismos colores, como las franjas negras y blancas alternadas de los espartanos. Por último, decir que todos estos yelmos estaban forrados por dentro con fieltro, piel o lino, pegada con resina como manera de sujeción, aunque en épocas anteriores al siglo VI a.C. se les hacía sobresalir un poco sobre el reborde exterior, cosiéndolos a través de unos agujeros practicados en la parte inferior del casco. Con este acolchado, el yelmo se adaptaba mejor a la cabeza del soldado, que la mantenía presionada y además no lo incomodaba. Algunos hombres, bajo el casco, llevaban una cinta en la frente que, además de recogerles el cabello, proporcionaba cierto soporte para que el casco quedara fijo. Carrilleras más pequeñas y sin protector nasal. 24

La coraza (θώραξ) Aunque en los siglos precedentes se empleaba una coraza totalmente de bronce (θώραξ), con una característica forma "acampanada", debido a unos rebordes salientes en la parte inferior. La coraza broncínea debía de pesar bastante, entre 15 y 20 kilos. Se necesitaba ayuda para colocarla. Asimismo, se elaboraba a medida de cada combatiente. Esta fue siendo sustituida paulatinamente por una especie de coselete de cuero y lino ( Linothoorax), de influencia asiática, que fue la empleada primordialmente por los hoplitas del período clásico. Estaba realizada con varias capas de lino endurecido y pegadas entre sí, pudiendo ser reforzada con escamas de bronce o hierro. Se abrochaba por los hombros, el pecho y el vientre mediante cintas de cuero. Los brazos quedaban libres para una mayor movilidad. Muchas de ellas contaban con un peto metálico escamado que protegía la parte central del torso del guerrero, mientras su parte inferior también podía estar realizada con dos capas de tiras de cuero superpuestas  (pteruge) que protegían los muslos y las ingles. Desde que se reforzó con esa especie de faja metálica, aumento su precio hasta convertirse en uno de los elementos más caros de la panoplia hoplítica, siendo inalcanzable para los ciudadanos más pobres. Aún así era una coraza que merecía su precio, siendo muy flexible y ligera, lo que permitía gran variedad de movimientos, y además era lo suficientemente recia para proteger de tajos de espada y de otro tipo de ataques. Se utilizaría indiscutiblemente por los soldados de infantería pesada de todo el Mediterráneo, hasta que fue progresivamente sustituida por la cota de mallas (lorica anillae), de origen céltico, a partir del siglo III a.C. Durante el verano la coraza propiciaba una gran acumulación de calor; a pleno sol, el bronce debía incluso de quemar. A su vez, el lino, cuero o fieltro que se llevaba debajo del casco, la coraza o las grebas, para proteger el cuerpo del combatiente de las rozaduras con el metal, debía aumentar las dificultades en la transpiración. Debían sufrir sed, debido a la sudoración excesiva; Tucídides habla de “la sed y el sol”. Asimismo, la lluvia aumentaba las dificultades: se empapaban la ropa y los fieltros; el peso de la armadura complicaba el avance por el terreno.

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Las grebas ( κνηµίδες) Se trata de una protección para la zona delantera de las piernas, que solía cubrir desde el tobillo a la rodilla. Su uso estaba muy extendido entre los guerreros de distintos pueblos, aunque solía ser de piel o tela. Las de los hoplitas eran de bronce, aunque presentan unos orificios en los bordes para sujetar un forro interior que evitara el roce. Con las grebas se conseguía proteger las piernas ya que con el escudo circular éstas quedaban desguarnecidas -de aquí que con los escudos romanos, las grebas fueran desapareciendo-. Nada impedía llevar una sola espinillera, en la pierna izquierda, como prolongación

del escudo, aunque era más común llevarlas en ambas. Las grebas o espinilleras griegas eran del tipo semirrígido: con forma anatómica, se ajustaban a la pierna no con correajes –como el tipo rígido- sino como una pinza, envolviendo la pierna casi completamente. Se ajustaban por la elasticidad del bronce. Los orificios que presentan algunas de ellas no servían para sujetarlas mediante cintas de cuero a las piernas, sino para atar algún fieltro protector de la pierna, como acaba de indicarse.

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Servían tanto para los ataques con flechas que pudiera sufrir la falange, guarneciendo un zona con poco músculo como es la tibia, así como para parar los golpes bajos de espada o lanza en la primera fila de falangistas. Sin embargo, generaban el inconveniente de introducir rigidez en las carreras; de ahí que el estilo de combate de la falange no incluyera este tipo de movimientos rápidos. El movimiento del combate y los golpes recibidos podían deformarlas, lo que aún era peor. Por estos motivos, estas grebas de ajuste directo son sustituidas posteriormente por otras con sujeciones de cuero que, aunque más rígidas, al no envolver la pierna hasta los gemelos, permitían mayor facilidad para la carrera, y era posible desprenderse de ellas cortando los amarres, si llegaban a deformarse.

La capa ( χλαµύς) Por último hay que destacar que las capas o clámides aún sin ser armas, formaban parte de la vestimenta oficial del hoplita. En un principio sólo debían de tener funciones de abrigo, pero desde mediados del siglo V a.C. se convirtieron en un elemento de reconocimiento, primando ahora las de lino sobre las de lana. Se convirtieron en algo así como un uniforme militar. No se sabe a ciencia cierta si todas las polis tenían un color propio, parece poco probable, pero en el caso de Esparta sí que se dio. Según Jenofonte, ("La República de los Lacedemonios", 11-3), el legislador Licurgo, en el siglo VII a.C. ordenó a los espartanos adoptar mantos y túnicas de color escarlata que, según él, eran atuendos "menos afeminados y más propios de un guerrero". Este manto militar espartano, fino y austero, era conocido como tribón, y acompañaba a los guerreros en todas sus campañas y servía para protegerlos del frío durante las noches en las que acampaban al raso. Debía ser uno de los bienes más preciados de todo guerrero espartano, ya que afirma Plutarco ("Licurgo" 27-1), que era la única prenda que acompañaría al guerrero en el momento de su enterramiento, junto a una corona de hojas de olivo. También observa Plutarco ("Obras morales y de costumbres", 238F), que sólo la visión de la túnica 27

escarlata podía provocar el terror en un enemigo poco experimentado, así como permitía a los suyos camuflar las manchas de sangre de sus heridas. Probablemente era la fama que ya acarreaban los hoplitas espartanos lo que provocaría ese terror, cuyos enemigos podrían reconocerlos por sus capas a distancia. No sabemos a ciencia cierta si los atenienses buscaron un sistema de diferenciación similar empleando mantos con un color distintivo, no existen evidencias al respecto, aunque sí conocemos que sus hoplitas efebos (los jóvenes novatos) vestían todos mantos negros que los distinguían como tales. Los hoplitas espartanos, con sus mantos de color escarlata, sumadas a las crines negras y blancas de sus yelmos, y a la Lambda pintada en sus escudos, poseían una autentica uniformidad militar para la época de la Guerra del Peloponeso.

Por último, llevar el pelo largo era un arcaísmo dentro de las ciudades griegas, y un signo distintivo de los hoplitas espartanos. Los cuidados para el pelo antes de la batalla podían constituir parte de un ritual primitivo, Nos narra Herodoto que los espartanos, antes de la batalla de las Termópilas:

“…τοὺς µὲν δὴ ὥρα γυµναζοµένους τῶν ἀνδρῶν, τοὺς δὲ τὰς κόµας κτενιζοµένους.” “..algunos de los cuales se dedicaban a realizar ejercicios gimnásticos, mientras que otros se peinaban” (Herodoto, VII, 208).

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 La revolución hoplita

Al aparecer los aristócratas, que hasta ese momento habían desempeñado la función guerrera, son desplazados por esta nueva clase guerrera formada de ciudadanos no nobles que había pasado a ser una nueva clase influyente de propietarios. Así, la nobleza había perdido el privilegio de defender al grupo social en beneficio de aquellos que podían pagarse el equipamiento de un hoplita o panoplia. La estructura militar anterior a la falange hoplita estaba monopolizada por la aristocracia, de hecho existían unas leyes dentro del ejército que favorecía a esta clase: una de ellas mostraba que los armamentos eran adquiridos de acuerdo con el poder adquisitivo de cada miembro del ejército y la otra decía que el botín de guerra se dividía de acuerdo con la eficiencia de cada miembro del ejército en el campo de batalla. Así, los aristócratas, que eran un grupo más bien minoritario, poseían los mejores armamentos y disponían de privilegios – como el uso de caballos –, lo que les garantizaba mayor eficiencia en los campos de batalla y mayor parte del botín. Las otras clases sociales, poseían los peores armamentos y, por tanto, tenían una más pequeña eficiencia en los campos de batalla y esto a su vez repercutía en que recibían la más pequeña parte del botín. Pero, al aparecer, los aristócratas, que hasta ese momento habían desempeñado la función guerrera, son desplazados por una nueva clase guerrera formada de ciudadanos no nobles, de campesinos, que había pasado a ser una nueva clase influyente que podían pagar el armamento necesario. Así, la nobleza había perdido el privilegio de defender al grupo social en beneficio de aquellos que ahora sí podían pagarse el equipamiento de un hoplita o panoplia. Esto hará que cada vez los campesinos reclamen más poder frente a la nobleza y comience la denominada revolución hoplita. Esto sentará la base de todo el desarrollo político griego y de la democracia- democracia de base rural. Estaba naciendo esta clase media de artesanos y comerciantes (burgueses), que con los colonizadores se estaban convirtiendo en personas ricas, fletaban barcos, tenían oficios y talleres o poseían pequeñas propiedades. A partir de la Segunda colonización, se estaba produciendo una nueva estructura social, en la cual la clase social más próspera seguía siendo los latifundistas, excluyendo a todo aquel que no fuese aristócrata. Bajo ellos se situaban los comerciantes y artesanos, y en el último estamento estaba configurado por los campesinos no emigrados, con múltiples problemas, junto a ellos,

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los esclavos (domulos), que aumentaron en número con las colonizaciones, pasando a ser un medio de producción. Las reivindicaciones por parte de la clase media y las reivindicaciones de los campesinos y las clases bajas. La burguesía reclama más participación política y más derechos, ya que algunos burgueses llegan a ser más ricos que los propios latifundistas, mientras que las clases bajas reivindican sus derechos en base a la reforma militar que se producía en otra Polis, la Reforma Hoplítica. La reforma hoplítica, se basa en que la guerra no solo era competencia de los Aristoi (aristócratas), sino que las batallas se ganaban en base a grandes formaciones de soldados disciplinados, compactos, bien armados y entrenados y para ello se necesitaban a las clases bajas y clases medias como fuerza de choque, como infantería ligera o pesada llamada Hoplita) por el escudo “hoplon”. Paralelamente, aparecen en torno al 650 las tiranías arcaicas griegas , introduciendo la idea, de que el pueblo debía formar parte del gobierno de la ciudad. Nadie había planteado este sistema de gobierno hasta el momento y resultó novedoso y tan revolucionario, que duraría hasta Alejandro Magno. Estos gobiernos surgen debido a la Stasis: Entre el siglo VIII – VI, hubo una grave crisis socio-política, que afectó a los pequeños propietarios, amenazados por los latifundistas y oprimidos por las poderosas oligarquías, que monopolizan las instituciones, el poder y los puestos de vanguardia. Para el pequeño campesino esta situación se manifestaba ante el riesgo de perder su parcela por las compras indiscriminadas de los latifundistas o el problema del hambre, la deuda (al comprar herramientas, abonos) y la esclavitud (si no pagan las deudas, pasaban a ser esclavos), A esa época y a fenómenos de descontento, los griegos lo llamaban la stasis , que es el ambiente social de crisis, caos y desorden social, que afectaban principalmente a los griegos que vivían del campo. Por tanto, el cambio cultural experimentado en la Grecia Arcaica y que conduciría a la aparición de la ciudad-estado como forma de organización política se debió a una serie de transformaciones militares que tuvieron como resultado la introducción de un nuevo método de combate conocido como “falange”. Hubo una secuencia evolutiva en tres fases: las transformaciones militares provocan una serie de cambios sociales, los cuales a su vez precipitan una reforma política profunda: de este modo, unos nuevos soldados (hoplitas) integrados en una nueva táctica (falange) conforman una nueva clase social 30

que reclama mediante el empleo de la fuerza y la coacción un lugar en las estructuras e instituciones de la ciudad.  El agricultor soldado

Hablar de campesinos en la ciudad puede parecer paradoja, no sólo porque, como es lógico, la ubicación obligada de los agricultores debería ser en el campo, sino sobre todo porque uno de los modelos más difundidos acerca del campesinado ha postulado una distancia infranqueable entre la vida agraria y el mundo urbano. No es que no haya relación entre los campesinos y la ciudad, todo lo contrario. Pero lo que esta visión afirma es la subordinación de los labradores al sistema urbano y es debido a esta sumisión que el campesinado como tal hace su aparición histórica-como ya se ha comentado: “La interdependencia económica de la aldea campesina y la ciudad halla expresión política en las instituciones de control de la comunidad local por el poder ejercido desde la ciudad. Las relaciones establecidas entre aldea campesina y el mundo urbano son tanto políticas como económicas. Donde la comunidad local es todavía más o menos tribal, el control urbano puede ejercerse mediante expediciones punitivas, real eso potenciales, pero cuando el campesinado está plenamente presente, el control secular e impersonal de la ciudad es continuo y preciso” Desde esta perspectiva la ciudad resulta un polo de poder que define al campesino. Éste traba distinta relaciones con ese polo, empezando por la posibilidad de colocar allí sus excedentes vendibles. La ciudad también puede permitirle, bajo ciertas condiciones, desplegar un conjunto de relaciones ligadas a consideraciones de índole estatutaria. Formas culturales, calores derivados de la civilización urbana, etc., pueden transformarse en factores que sirvan de referencia para la propia definición del, campesino. Pero todos los elementos del modelo tienden a subrayar que, más allá del conjunto de interacciones producidas entre el mundo rural y el urbano, el campesino no forma parte de este último sino que se define en un contraste necesario con él. La formación de la ciudad-estado con sus fundamentos materiales, espaciales y económicos, con sus esquemas imaginarios y religiosos, con sus sitemas militares, políticos y sociales, es un proceso que se da en el transcurso de la era arcaica, aunque como tal no finaliza a comienzos del siglo V. Se trata de un movimiento constante, dinámica que a veces resulta difícil de apreciar debido al carácter de la documentación que poseemos, pero que cuando se exhibe, deja ver que el cambio está siempre produciéndose. Sea co31

mo fuere, cabe decir que con el sinecismo emerge la polis como modo peculiar de organización social del mundo griego. Pero esto no se da linealmente; el proceso de formación de la polis significó no sólo la unificación territorial de las comunidades aldeanas y una organización política igualitaria derivada de la matriz segmentaria de una aldea, sino también la conformación de la estructura militar típica de la ciudad-estado, definida por la falange política. Estos aspectos comportan otras tantas facetas de una situación única que queda expresada en la figura del campesino en tanto que ciudadano y soldado, que detenta derechos de propiedad sobre un lote de tierras de la polis, ocupa un lugar en las asambleas resolutivas y combate codo a codo con sus conciudadanos enrolado en la infantería. La prerrogativa principal del ciudadano que pone de relieve esta configuración es la defensa del territorio, que no es otra cosa que asegurar las condiciones de reproducción de la polis. De esta forma cada ciudadano es a la vez un soldado que debe defender su territorio si quiere que la comunidad se perpetúe, dado que, en teoría, ello implica conservarse y reproducirse como propietario. Se percibe así que la guerra, defensiva o expansiva, resulta ser un factor vital para la apropiación del territorio y el desarrollo de las condiciones económicas de la ciudad-estado. La aparición del ejército político se ha analizado como una reforma o revolución producida a mediados del siglo VII que provocó no sólo cambios de tipo militar sino también cambios políticos y mentales. Paralelamente, a partir de diversos argumentos, se ha llegado a una conclusión que desafía la consistencia de la explicación esgrimida por os adeptos de la primera postura: no hubo reforma política sino un desarrollo gradual de la falange, junto con lo cual se producirían adaptaciones y cambios en el equipamiento para hacer más efectiva la forma de combatir que se estaba desarrollando. En este contexto, lo más importante para este propósito aquí es la reconsideración de los poemas homéricos en función de la información que ofrecen sobre las formas políticas de hacer la guerra. Si en la Ilíada se pueden ver ya ejércitos que pelean en masa es porque, al menos desde el siglo VIII, la relación entre la aristocracia y el resto de la población, en especial los labradores de rango político, estaría estableciéndose sobre unos fundamentos sociopolíticos que permitirían una equiparación. Esto, se claro, no haría que el predominio de la aristocracia se borrara totalmente, pero sí conseguiría que los agricultores hoplitas se constituyeran en el grupo primordial entre los ciudadanos de las poleis en formación. Del mismo modo, de la misma manera en que los poemas homéricos han permitido percibir una estructura aldeana de base segmentaria, cuya equidad se transforma en un ras32

go cardinal de la polis griega- haciendo de los campesinos autónomos el grupo principal de la misma-, así también con la formación del estado a partir del sinecismo y los demás procesos que lo acompañan, esa dinámica campesina relativamente igualitaria aparece impregnando las formas de organización militar. Si bien es verdad que junto con la unificación del espacio rural sobre la base aldeana previa se da una confluencia aristocrática que busca, y en alguna medida logra, controlar a favor suyo la situación, de todos modos, esto no dio lugar a una completa subordinación del campesinado en los términos tradicionalmente conocidos en muchas sociedades agrarias, sino que por distintas razones la aristocracia y los labradores de rango político se integraron (en un proceso altamente conflictivo, como ya hemos dicho) en un espacio igualitario que fue implantándose en las instituciones de buena parte de las poleis. En este sentido, la formación de la falange política resulta, según Aristóteles, un proceso íntimamente ligado al desarrollo de la polis temprana. Las asambleas de guerreros, el reparto igualitario del botín, etc., parecen certificar que el igualitarismo aldeano, elevado posteriormente a la estructura segmentaria de la polis, se impone asimismo- y a pesar de la presencia de los vaciléis- en el orden del campo de batalla. Y así como en el plano político no existían en las ciudades-estado cuerpos de expertos separados de los ciudadanos que concentraran en sus manos la tarea de tomar las decisiones que la polis necesitaba, sino que eran los propios ciudadanos, por lo general cualificados a partir de la posesión de tierras, los que tenían la facultad de decidir, así también en el plano militar no había una clase guerrera especializada sino que eran los ciudadanos mismos, los agricultores independientes que conformaba el grupo más numeroso y significativo de la mayoría de las poleis griegas, los que combatían para defender sus tierras. Su absoluta identificación con sus posesiones agrarias, que les permitía obtener la subsistencia así como detentar el rango de ciudadano, prescribía su lugar en la batalla hoplítica

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MANIFESTACIONES EN ARTE Literatura Elegía guerrera: Al igual que la épica, la lírica utiliza el mito como instrumento y forma de recrear el pasado para explicar el presente, con lo que en el presente quedan incorporados de alguna manera los valores de la épica. Intenta conectar el nuevo estilo de guerra con el pasado heroico, evocando el lenguaje épico y adaptándolo. Por eso, cuando Arquíloco exhorta a sus conciudadanos a la conquista de Tasos les recuerda las acciones del héror Heracles en el mismo lugar. También Tirteo recuerda a los Heráclidas como los antepasados de los reyes espartanos y las hazañas de la primera Guerra Mesenia con el fin de exhortar a los soldados de su época a luchar en la nueva guerra mesenia, para la consolidación territorial de Esparta como polis: ἀλλ ’ - Ἡρακλῆος γὰρ ἀνικήτου γένος ἐστέ θαρσεῖτ’• οὔπω Ζεὺς αὐχένα λοξὸν ἔχει• µηδ’ ἀνδρῶν πληθὺν δειµαίνετε µηδὲ φοβεῖσθε, ἰθὺς δ’ ἐς προµάχους ἀσπίδ’ ἀνὴρ ἐχέτω ἐχθρὴν µὲν ψυχὴν θέµενος, θανάτου δὲ µελαίνας 5 κῆρας ὁµῶς αὐγαῖς ἠελίοιο φίλας.

“Ánimo, que Zeus no ha apartado aún su rostro de nosotros Pues sois del estirpe del invencible Heracles, Ni os preocupe ni os de miedo el contingente de soldados; Acuda cada uno con su escudo a puestos de vanguardia Considerando hostil su propia alma, y queridas en cambio Como rayos del sol las negras Parcas de la muerte”. (F. 11, 8D). Son muchos los autores que, en forma de elegía, se hacen eco de la nueva situación social y política que se estaba viviendo durante los siglos VII a.C. y VI a.C. La mayoría, desde una posición aristocrática, veían el fragor de la lucha a la vez que los animaban y nos legaban la lucha de este nuevo ejército, compuesto, como se ha dicho antes, de ciu-

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dadanos unidos y ansiosos de derechos. Entre los autores podemos destacar a Calino y Tirteo-ya mencionado- principalmente.

Calino: Inaugura este poeta de Éfeso la serie de poetas que llamaremos elegíacos en los albores del siglo VII a.C. Los avatares vitales del autor determinan en no poco grado el carácter de sus poemas. Las luchas entre los habitantes de Éfeso y los cimerios son tema exclusivo de la poesía que conservamos de él. Sorprende en un hombre de Éfeso, lugar que no se ha significado en la historia de Grecia por ser escenario de batallas decisivas, la fuerza, la guerra y la energía de las exhortaciones a sus compatriotas. Son tan sólo veinte versos que se abren por primera vez en la historia de la lírica griega con una pregunta que queda sin respuesta en los que se ensalza al guerrero esforzado que pelea en formación con sus compañeros (falange). Mientras Arquíloco parece representar la negación de los ideales homéricos, Calino parece recuperar el valor de la areté realizada como excelencia del guerrero que pelea por su patria y familia hasta la extenuación, en una línea que recuerda la epopeya homérica: Μέχρις τέο κατάκεισθε; κότ' ἄλκιµον ἕξετε θυµόν, ὦ νέοι; οὐδ' αἰδεῖσθ' ἀµφιπερικτίονας ὧδε λίην µεθιέντες; ἐν εἰρήνηι δὲ δοκεῖτε ἧσθαι, ἀτὰρ πόλεµος γαῖαν ἅπασαν ἔχει

......... καί τις ἀποθνήσκων ὕστατ' ἀκοντισάτω. τιµῆέν τε γάρ ἐστι καὶ ἀγλαὸν ἀνδρὶ µάχεσθαι γῆς πέρι καὶ παίδων κουριδίης τ' ἀλόχου δυσµενέσιν•

“¿Hasta cuándo estaréis ahí tumbados? ¿Y cuándo tendréis, muchachos, espíritu de lucha? En esta situación de extrema desidia, ¿no os da vergüenza de vuestros vecinos? 35

En paz creéis estar mientras la guerra es dueña de la tierra [entera ………………….. Arroje cada uno al morir el último dardo; Pues a un hombre en efecto le da honor y brillo Luchar por su tierra, sus hijos y legítima esposa Contra los enemigos…” (Calino F 1D)

Tirteo: Según el profesor Adrados1, Tirteo “fue el creador del ethos espartano y presidió siempre con sus versos la lucha espartana.” No puede por menos que hacer de su poesía si no cantar de gesta, sí al menos canción guerrera: auténticos discursos destinados a levantar los ánimos de los contendientes brotan de su pluma con fuerza incomparable. Auténtico canto al heroísmo individual que adquiere sentido enmarcado en el heroísmo colectivo. Elegía impregnada de fuerza poética que causa una profunda impresión sobre el lector. Maestro en el dominio del léxico guerrero y de la acción, en él encontramos formulada sin ambages por primera vez de un modo reiterativo e insistente el tópico que luego se llamará horaciano del dulce et decorum pro patria mori . ἀλλ ’ - Ἡρακλῆος γὰρ ἀνικήτου γένος ἐστέ θαρσεῖτ’• οὔπω Ζεὺς αὐχένα λοξὸν ἔχει• µηδ’ ἀνδρῶν πληθὺν δειµαίνετε µηδὲ φοβεῖσθε, ἰθὺς δ’ ἐς προµάχους ἀσπίδ’ ἀνὴρ ἐχέτω ἐχθρὴν µὲν ψυχὴν θέµενος, θανάτου δὲ µελαίνας κῆρας ὁµῶς αὐγαῖς ἠελίοιο φίλας.[…] ὦ νέοι, ἀµφοτέρων δ’ ἐς κόρον ἠλάσατε. 10 οἳ µὲν γὰρ τολµῶσι παρ’ ἀλλήλοισι µένοντες ἔς τ’ αὐτοσχεδίην καὶ προµάχους ἰέναι, παυρότεροι θνῄσκουσι, σαοῦσι δὲ λαὸν ὀπίσσω• τρεσςάντων δ’ ἀνδρῶν πᾶσ’ ἀπόλωλ ’ ἀρετή.[…] ἀλλά τις εὖ διαβὰς µενέτω ποσὶν ἀµφοτέροισιν 1

Adrados, F.R.: Elegíacos y Yambógrafos arcaicos. Madrid (195 2), pág. 123

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στηριχθεὶς ἐπὶ γῆς, χεῖλος ὀδοῦσι δακών, µηρούς τε κνήµας τε κάτω καὶ στέρνα καὶ ὤµους ἀσπίδος εὐρείης γαστρὶ καλυψάµενος• δεξιτερῇ δ’ ἐν χειρὶ τινασσέτω ὄβριµον ἔγχος, 25 κινείτω δὲ λόφον δεινὸν ὑπὲρ κεφαλῆς • πτώσσοντες µεγάλοις βάλλετε χερµαδίοις δούρασί τε ξεστοῖσιν ἀκοντίζοντες ἐς αὐτούς τοῖσι πανόπλοισι πλησίον ἱστάµενοι.[…]

“Ánimo, que Zeus no ha apartado aún su rostro de nosotros Pues sois del estirpe del invencible Heracles, Ni os preocupe ni os de miedo el contingente de soldados; Acuda cada uno con su escudo a puestos de vanguardia Considerando hostil su propia alma, y queridas en cambio Como rayos del sol las negras Parcas de la muerte […] Hasta hartaros, muchachos, de acosos y huidas Quienes codo con codo se arriesgan A luchar cuerpo a cuerpo y a marchar en vanguardia, Mueren menos y salvan a huestes que siguen tras ellos-, En cambio ha quedado arrumbada toda la excelencia de los hombres que tiemblan […] (Tirteo F 11, 8D)

Τεθνάµεναι γὰρ καλὸν ἐνὶ προµάχοισι πεσόντα ἄνδρ' ἀγαθὸν περὶ ἧι πατρίδι µαρνάµενον…

“Porque es hermoso que un hombre valiente Perezca por su patria peleando, Sucumbiendo en los puestos de vanguardia…” (Tirteo, F 6D)

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Artes plásticas La arqueología por su parte ha dado cuenta de la importancia de este ejecito: son muchos los hallazgos que en forma de escudos, ánforas, vasos y esculturas verbigracia que en permiten ver en sus representaciones como eran vistos por sus creadores estos luchadores y nos ofrecen una visión, hemos de confiar, fidedigna de un combate, de un equipamiento, etc.

Estatua de mármol con casco (siglo V.a.C.), quizás Leónidas, Esparta, Museo arqueológico de Esparta, Grecia.

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Naiskos funerarios de un joven guerrero, mármol pentélico, encontrado en la necrópolis Kerameikos en Atenas, ca. 350–325 a.C.

Hoplita con casco, Museo del Acrópolis. Atenas, Grecia.

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Guerrero cortándose su pelo con su espada, lekythos ateniense, sobre el 470 a.C. (Metropolitan Museum of Art, New York)

Vaso pintado con hoplita (Koninklijke Musea voor Kunst en Geschiedenis, Brussel)

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Skyphos ático, figura que representa soldado hoplita negro mirando hacia atrás mientras camina. Alrededor de 490 a 480 a.C. Excavado en el cementerio de Contrada, Pezzino, Agrigento, Sicilia.

Hoplitodromos, a la derecha unos trípodes. Lado A ánfora, ca. 550 a.C. De Vulci

Vaso Chigi,representación de antigua falange, siglo VII a.C. Museo Nacional de Villa Giulia, Roma

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CONCLUSIÓN Podemos decir con todo que el hecho de que podamos hablar falange viene dado por todas las circunstancias que se dieron anteriormente: El cambio del oikos a la  polis , no sólo es un cambio político como a priori pudiera pensarse, sino que conlleva un importante cambio de pensamiento. Importante ecuación existe entre el paso del héroe homérico, individual y en busca de su propia timé, a una falange cohesionada donde el individuo no es lo más importante sino el grupo y la ciudad por la que luchan, y el paso de un sistema tradicional, familiar, unido por lazos de sangre a un sistema donde las familias se convierten en ciudadanos. Por tanto un cambio de mentalidad unido a un cambio social y político. En este paso la aristocracia es apartada por una clase emergente de comerciantes, propietarios, etc. En fin, burguesía, como si de la Edad media se tratara. Esto llevará a un periodo de reivindicaciones de ciudadanos que a pesar de tener poder económico y , como consecuencia, pueden pagarse un armamento y luchar por la patria , pero no tienen derechos para poder participar de la política. Revolución hoplita. Todo esto se verá plasmado en la literatura, en las artes plásticas, dándonos así una visión física de cómo eran estos guerreros, y tendrá una gran influencia en la posterior formación de la legión romana, aunque en este caso llevada a la perfección. Guerreros campesinos, unión hasta la muerte.

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