El Crisantemo y La Espada

July 24, 2017 | Author: Carmen Miranda | Category: Behavior, Holism, Knowledge, Science, Theory
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RUTH BENEDICT: EL CRISANTEMO Y LA ESPADA PATRONES DE LA CULTURA JAPONESA Una revisión desde la epistemología de las Ciencias Sociales LIC. CARMEN JULIA MIRANDA INTRODUCCIÓN En el año 1944, las autoridades estadounidenses – desconcertadas ante las dificultades para predecir el comportamiento del enemigo en el Pacífico y necesitadas de soluciones para lograr la victoria e institucionalizar la ocupación – encargaron a Ruth Benedict un estudio antropológico cultural sobre las normas y valores de la sociedad japonesa. En él, la antropóloga trata de descubrir el sistema de coordenadas vitales dentro del que cobran su pleno sentido la actividad económica, la estratificación social, la participación política, la estructura familiar, los métodos educativos, las creencias religiosas, las ideologías y las costumbres cotidianas de los súbditos del Mikado. Para hacerlo, realizó tanto un análisis en profundidad del área estudiada como una autocrítica de los enfoques etnocéntricos, revelando los sesgos de la propia mirada desde la cultura norteamericana. Las aparentes paradojas del estilo de vida japonés - representadas simbólicamente por el crisantemo y la espada, esto es, el culto simultáneo a la estética y a la guerra – quedaron explicadas como partes integrantes de un sistema coherente de valores, normas, actitudes, motivaciones y conductas. El estudio apunta a revelar los patrones de la cultura japonesa. La antropóloga se enfrenta con un enigma: un enemigo poderoso que no pertenece a la tradición cultural de Occidente. En sus palabras, “El problema principal estaba en la propia naturaleza del enemigo. Debíamos ante todo, entender su comportamiento para enfrentarnos con él. Debíamos tratar de comprender la mentalidad de los japoneses, sus emociones y las líneas de conducta correspondientes a esas formas de pensar y sentir. Había que conocer las motivaciones que se ocultaban tras sus actos y opiniones. Tanto en la guerra como en la paz los japoneses actuaban según su carácter”. Había que seguir el curso de la guerra para ver paso a paso cómo se revelaban en ella los japoneses. ¿Qué particularidades de su modo de vida y de pensar se podían deducir de la forma en que hacían la guerra? En este estudio, al no poder tomar contacto directo con la cultura, debió “buscar respuestas ocultas en las normas y valores de la cultura japonesa, con gente que había vivido allí, descubrir el funcionamiento de la vida económica, los valores religiosos, etc.”. Sin embargo, hay cuestiones cruciales que pasan inadvertidas

para un japonés por pertenecer a esa cultura. Por eso se pregunta “¿Qué necesito saber para entender una yuxtaposición de ideas? ¿Qué necesito saber para entender lo que aparenta ser absurdo?” Parece buscar una clave que le permita acceder al sentido de la conducta y los valores japoneses. Aborda comparaciones permanentes entre la cultura de oriente y occidente. “Nada le es más útil al antropólogo que estudiar los contrastes que encuentra entre pueblos que, en su conjunto, comparten muchos rasgos fundamentales”. Busca paralelismos con culturas de Asia y el Pacífico. En tanto dice conocer cómo funcionan las instituciones en aquellas culturas más primitivas, ello podría darle la clave para deducir diversos aspectos de la vida japonesa, a partir de las similitudes o diferencias que encontrara. Tiene como objetivos describir actitudes de pensamiento y comportamiento profundamente enraizadas y ver de qué modo cada generación está condicionada desde la infancia a comportarse como lo hicieran sus antepasados. Pretende descubrir los supuestos sobre los que el Japón construye su modo de vida. Y así, “explicar la forma en que los supuestos sociales afectan el foco y la perspectiva desde los cuales ven el mundo, y hacerlo de modo que los americanos lo entiendan, ya que ven la existencia desde un ángulo diferente”. En cuanto a lo técnico – metodológico dice que para comprender a otro país es esencial un estudio previo, sistemático y cualitativo de los hábitos y supuestos de sus habitantes, para poder realizar la encuesta con éxito. Más adelante nos referiremos más en detalle a cómo desarrolla la investigación. LAS OPOSICIONES FUNDAMENTALES DE LA FILOSOFÍA DE LA CIENCIA Antoni Domènech - en el prólogo al libro de Hollis - reflexiona sobre el desarrollo de Hollis, quien juega con las oposiciones fundamentales de la filosofía de la ciencia. (Hollis, 1998: X - XII) Hollis analiza la oposición holismo – individualismo y reflexiona sobre los inconvenientes que presenta cada una de las posiciones extremas. Según Hollis, el individualismo metodológico es la tesis, según la cual las variables explicativas o fundamentales de partida a la hora de dar cuenta de la vida social son las que tienen que ver con el comportamiento o la acción de los individuos de que se compone la sociedad. La explicación va de “abajo arriba”. El holismo metodológico sostiene al contrario que hay que partir de agregados o variables sociales para explicar o comprender tanto otras variables o agregados sociales, cuanto el comportamiento mismo de los individuos. El holismo, para el que el sistema o las estructuras sociales determinan sin resto la acción de los

individuos, (de “arriba abajo”), choca con la evidencia de que los individuos tienen un cierto margen de elección. Para el individualismo las variables que definen los estados del comportamiento de los individuos serían variables exógenas a la vida social; las preferencias y las creencias no las podría explicar la ciencia social sino tal vez, la psicología o la biología (teoría de la elección racional). Esta corriente choca con la evidencia de que los cambios en las creencias son socialmente endógenos, no exógenos, es decir que están moldeados social o culturalmente o interindividualmente. Otra oposición clave que analiza Hollis es la que se presenta entre explicación y comprensión. Podemos tener en cuenta que la explicación es por causas, mientras que la comprensión es por razones. La explicación es el conjunto de causas que generan o producen los rasgos o acontecimientos. Tal sería el caso de las leyes explicativas de las ciencias naturales. En este caso causas serían exógenas a los agentes mismos. Pero el comportamiento humano sólo podría “comprenderse”. Comprender quiere decir hacerse una idea de las razones por las cuales se realiza la acción. Se plantea la posibilidad de acceder a las motivaciones de la acción “desde dentro” de los actores mismos. Pero se puede alegar que las razones para la acción deben ser tratadas como causas de la acción, lo que llevaría a la comprensión empática a un ejercicio de explicación causal. (Así lo intentó Max Weber, el creador de la verstehenssoziologie). (Hollis, 1998: XII) Aquí se plantea otra cuestión y es que resulta muy difícil describir conceptualmente creencias, deseos y acciones independientemente de una hipótesis de racionalidad (“ley de la Acción Racional”) y establecer una relación causal entre X y Z. Debemos definir a la acción de modo coherente y racional en algún sentido de modo que la haga inteligible. De acuerdo con este punto no habría posibilidad alguna de explicar causalmente la acción humana. (Hollis, 1998: XIII). Hollis explora estos callejones aparentemente sin salida en términos de oposición y plantea críticamente las posibilidades de combinación entre ellos. (Hollis, 1998: XIV) 1) la sociología comprensiva está asociada al individualismo metodológico, porque parece unida a supuestos de comportamiento individual, sin embargo 2) se puede combinar – al modo wittgensteiniano - con el holismo metodológico concibiendo a los individuos no como agentes que eligen su curso de acción según las consecuencias de ella, sino como actores que desempeñan papeles y cuya conducta está gobernada por reglas; hacer inteligible su comportamiento sería “comprender” que observan las reglas o las normas sociales usuales. (Esto deja sin comprender o explicar el origen de esas normas sociales).

3) Un individualismo metodológico que trate de reconvertir las razones de la acción en causas para la acción, al modo de M. Weber. 4) Un holismo metodológico causalista (a la manera durkheimiana). El estudio que realiza Ruth Benedict, parece encuadrarse en más de uno de estos apartados, resultando dificultoso encasillar la investigación. Su estudio parte de una postura holística, al tiempo que reivindica la posibilidad de comprender e interpretar las conductas de los individuos, una vez conocido el patrón cultural, que actúa a modo de clave. Sin embargo, los individuos parecen comportarse de un modo establecido de antemano por el modelo cultural, el carácter japonés. Estaría más cerca de un holismo causalista, mientras que conocer las reglas del sistema permite comprender las conductas de los individuos. Además, las motivaciones de los individuos, que provienen de los propósitos del sistema mismo, son consideradas causas de la conducta, en un intento de explicar y, aún, predecir los futuros comportamientos. El modelo “causa” la conducta. Como vemos, el planteo de Hollis, nos lleva a reflexionar sobre cuestiones que no se presentan en estado puro. Hollis explora críticamente las limitaciones de cada postura y plantea preguntas abiertas (Hollis, 1998: XV). Para el caso que me ocupa considero de importancia dos cuestiones o interrogantes: ¿Podemos concebir a los actores – o “jugadores” – sociales simultáneamente como acatadores de reglas y como hacedores de decisiones? En el caso del estudio de Ruth Benedict, los agentes sociales parecen limitarse a cumplir o a acatar reglas o normas socialmente establecidas. No serían hacedores de decisiones que actúan con patrones de comportamiento consecuencialistas, teniendo sus acciones un valor puramente instrumental para ellos; más bien parecería que actúan de acuerdo con patrones de comportamiento deontológicos, de acuerdo a los valores y normas culturales relacionadas con el deber ser, independientemente de las consecuencias que las acciones traigan consigo para los sujetos. Tomemos un ejemplo del estudio en cuestión: “En cuanto al concepto de valor japonés, es diferente al americano, que vibra de emoción ante un rescate. El japonés repudia este tipo de hazañas, La única virtud es aceptar los riesgos de la vida y la muerte; era indigno tomar precauciones. No se consideraba importante atender a los heridos, la muerte es una victoria del espíritu. Antes que entregarse se mataban, la política era la no rendición. El honor estaba ligado a la idea de morir luchando. Debía suicidarse o hacer un ataque suicida contra el enemigo, jamás rendirse; de lo contrario “habría muerto para su gente.

Para los japoneses, los prisioneros de guerra americanos habían caído en desgracia por el mero hecho de rendirse. La diferencia más asombrosa, en cuanto al comportamiento, entre los soldados occidentales y los japoneses fue, indudablemente, la cooperación que éstos últimos prestaron a los aliados como prisioneros de guerra. No tenían normas morales para aplicar a esta nueva situación; estaban deshonrados, y su vida como japoneses había terminado”, eran prisioneros modelo”. Como dice Domènech, en este sentido la oposición consecuencialista / deontológico es conceptualmente independiente de la oposición individualista / holista (Hollis, 1998: XVI). Porque, en este caso, podríamos preguntarnos si la decisión de los japoneses de matarse antes de entregarse está determinada por una norma social que no deja margen de elección o es una elección tan libre como la de entregarse al enemigo y, eventualmente, convertirse en delator. Otro interrogante que parece revelador con relación al estudio de RB es: ¿Para atribuir sentido a los hechos sociales, necesitamos conceptos previos a toda psicología y/o ajenos a la ciencia natural? Domènech lo plantea como: “si podemos o no prescindir en la teoría social de conceptos procedentes de la psicología y de la ciencia natural”. La pregunta de Hollis apunta a “si los conceptos psicológicos o científico-naturales son de todo punto prescindibles en ciencias sociales” (Hollis, 1998: XVIII). En el caso de RB, ella apela, de modo central en su planteo, a conceptos psicológicos para describir los patrones de comportamiento humano. La cultura no solamente es la matriz donde se desarrollan las personalidades, sino que es vista como una personalidad a gran escala. En su libro Patterns of Culture, recurre a los términos usados por Nietzsche, “Apolíneo” y “Dionisíaco”, para describir las diferencias entre la cultura pueblo y otras culturas indias americanas. En otros estudios, llamó a otras culturas “paranoica” y “megalomaniática”. En el estudio que nos ocupa apunta a establecer el carácter japonés, el tipo cultural, el patrón de comportamiento. Para la autora, “la cultura está integrada por estructuras, que configuran una totalidad, al igual que la personalidad”. ANÁLISIS DEL ESTUDIO DE RB EN TÉRMINOS DE SUPUESTOS Intentaré hacer un análisis del estudio de RB (siguiendo el análisis, en términos de supuestos, que hace Hollis del texto de Karl Marx) (Hollis, 1998: 10). •

Si distinguimos tres índoles de supuestos diferentes, el primero que toma Hollis es el de la ontología, o lo que existe.

¿Cuál es la visión sustantiva que RB tiene del mundo y su funcionamiento? ¿Cuáles son los elementos y las relaciones ocultas que se presentan como la realidad del mundo social, según RB?. Se podría decir que RB tiene una concepción del mundo funcionalista, organicista, holista. Las conductas, el carácter, el tipo cultural estarían determinados por el modelo, el patrón cultural. La cultura es concebida como un todo integrado en una configuración coherente. La cultura es comparada con un organismo vivo, (que “debe estudiarse mientras está vivo y funcionando”) y, además, cada cultura tiene una configuración particular, por eso se deben estudiar las culturas y no “la cultura”. Para Ruth Benedict, la cultura es un sistema coherente de patrones en términos de valores, normas, actitudes, motivaciones y conductas. En este sentido, el estudio sobre Japón apunta a revelar los patrones de la cultura japonesa. Dice R. Benedict, en Patterns of Culture (Citado en: Paul Bohannan, Mark Gleezer. Antropología, Lecturas. Mc Graw – Hill, 1992., pag. 178 – 185): “La cultura es local, hecha por el hombre y enormemente variable. Una cultura, como el individuo, es un modelo mas o menos consistente de pensamiento y acción. Obedeciendo a sus propósitos característicos, cada pueblo consolida cada vez más su experiencia, y en proporción a la urgencia de esas experiencias, los puntos heterogéneos de la conducta, toman una forma cada vez más congruente”. Una cultura es una organización coherente de la conducta. “Cada cultura es un todo integrado que tiene su propia configuración. Así, cada individuo de esta configuración cultural tiene las características de esa cultura y se comporta de acuerdo con ese modelo”. De esto podemos derivar dos puntos centrales de su perspectiva: que no hay una sola cultura, sino culturas diferentes y que cada cultura está integrada, presenta una configuración que es más que la suma de sus partes. R. Benedict hacia 1927, empezó a ver la cultura no solamente como la matriz donde se desarrollan las personalidades, sino como una personalidad a gran escala. Como ya vimos recurre a términos como “Apolíneo” y “Dionisíaco”, “paranoica” y “megalomaniática” para describir las diferencias culturales. Para la autora, la cultura está integrada por estructuras, que configuran una totalidad. “El comportamiento humano se aprende en la vida diaria”. “Toda rareza tiene un motivo que la condiciona. Incluso los fragmentos más aislados de comportamiento tienen una relación sistemática entre sí, los pequeños detalles encajan dentro de unas pautas generales. Toda sociedad humana tiene que trazarse una especie de coordenadas vitales: aprobar ciertas formas de enfrentarse con las situaciones y ciertos modos de resolverlas. Dentro de la sociedad los hombres buscan una mayor conformidad, una justificación y unas

motivaciones comunes. Sin este grado de coherencia todo el entramado se desmoronaría”. Dice RB: “La integración es el proceso por el que un estilo artístico se convierte en duradero y persistente. Las diferentes conductas relacionadas con la guerra, ganarse la vida, adorar a los dioses, se transforman en modelos consistentes de acuerdo con los cánones inconscientes de la elección que se desarrollan en la cultura”. En Patterns of Culture, rescata de Wilheim Stern la idea de totalidad indivisible de la persona y la aplica a la cultura. Asimismo toma de la teoría de la Gestalt (configuración), que “el todo es más que sus partes, el todo determina sus partes, no sólo su relación sino su verdadera naturaleza”. •

El segundo término que nos interesa analizar es el de la metodología. Si el mundo social funciona como lo describimos antes, cuál será el método para conocerlo que aplica RB. ¿Causal o motivacional? ¿Comprensión o interpretación / explicación? RB parece no distinguir entre causa y motivación. Elabora un modelo a partir de “categorías y símbolos” para “comprender” e “interpretar significados” a la luz de ese modelo. Luego dice que esto le permitiría “explicar” el por qué de las conductas. Pasa a considerar el modelo (el carácter japonés) como causa de la conducta. Utiliza el método de la ilustración a través de ejemplos que confirman su elaboración teórica. Hace un estudio comparado entre la cultura japonesa (y oriental) y la cultura americana (y occidental). Una vez revelados los patrones de la cultura japonesa sería posible predecir de qué modo actuarían los japoneses en determinadas circunstancias.

El estudio apunta a revelar los patrones de la cultura japonesa. En sus palabras, “El problema principal estaba en la propia naturaleza del enemigo. Debíamos ante todo, entender su comportamiento para enfrentarnos con él”. “Debíamos tratar de comprender la mentalidad de los japoneses, sus emociones y las líneas de conducta correspondientes a esas formas de pensar y sentir. Había que conocer las motivaciones que se ocultaban tras sus actos y opiniones. Tanto en la guerra como en la paz los japoneses actuaban según su carácter”. “Había que seguir el curso de la guerra para ver paso a paso cómo se revelaban en ella los japoneses. ¿Qué particularidades de su modo de vida y de pensar se podían deducir de la forma en que hacían la guerra?” Compara los criterios de las naciones occidentales acerca de la guerra con los criterios de los japoneses. Considera que las diversas formas en que los japoneses se apartaron de las convenciones occidentales en materia de guerra constituyen datos sobre su actitud ante la vida y sobre sus convicciones respecto a los deberes del hombre. Esto revela el carácter japonés. Compara las premisas mismas sobre las que Japón justifica la guerra, todo lo contrario de las de EEUU.

Comienza por darse cuenta que con sus criterios y supuestos occidentales no conseguirá comprender la conducta japonesa, entonces, “se hace una idea de las categorías y símbolos que ellos utilizaban” y así, comienza a comprender su comportamiento. Tomemos un ejemplo: En la sección “Cada uno en su lugar” dice: “Para conocer a los japoneses se debe comenzar por comprender lo que para ellos significa “ocupar cada uno el lugar que le corresponde”. Su confianza en la jerarquía y el orden es el polo opuesto de la fe en la libertad y en la igualdad de occidente. Ellos le dan a la jerarquía valor de mecanismo social. Es un sentimiento básico. Describiendo algunas de sus instituciones nacionales, como la familia, el Estado, la vida religiosa y económica, nos será posible entender su punto de vista sobre la vida”. Luego, mediante la ilustración pasa a seleccionar ejemplos del modo de ser japonés que confirmarían su teoría. Aborda comparaciones permanentes entre la cultura de oriente y occidente. “Nada le es más útil al antropólogo que estudiar los contrastes que encuentra entre pueblos que, en su conjunto, comparte muchos rasgos fundamentales”. Busca paralelismos con culturas de Asia y el Pacífico. En tanto dice conocer cómo funcionan las instituciones en aquellas culturas más primitivas, ello podría darle la clave para deducir diversos aspectos de la vida japonesa, a partir de las similitudes o diferencias que encontrara. Reafirma las diferencias entre Oriente y Occidente y hace un estudio comparativo. En este estudio, al no poder tomar contacto directo con la cultura, para entenderla debió “buscar respuestas ocultas en las normas y valores de la cultura japonesa, con gente que había vivido allí, descubrir el funcionamiento de la vida económica, los valores religiosos, etc.”. En cuanto a lo técnico – metodológico dice que “para comprender a otro país es esencial un estudio previo, sistemático y cualitativo de los hábitos y supuestos de sus habitantes, para poder realizar la encuesta con éxito”. •

En tercer lugar, se plantea una epistemología o teoría del conocimiento. ¿Cómo podemos conocer la realidad social? Según RB, podemos conocer otra cultura en tanto dejemos de entenderla desde los supuestos de nuestra propia cultura. (De allí la necesidad de hacer un estudio comparado de las culturas). Supone que los supuestos propios pueden ser dejados de lado y que es posible penetrar en los supuestos de la cultura estudiada. El estudio va de “arriba abajo”, en términos de Hollis, en tanto sólo comprendiendo el todo podremos develar el sentido de las partes. El carácter o las “propiedades de la

totalidad” son la clave que permite acceder a los significados de las partes. El proceso de selección que hace la propia cultura entre las posibles conductas, de acuerdo a sus propósitos y necesidades, se revela en los tipos de conducta que adoptan los miembros de esa cultura y que pueden ser estudiados. Sin embargo, estos hechos observables sólo se pueden comprender si se ha elaborado el modelo (patrón) que permita acceder a su sentido. Una vez revelado el patrón cultural, sería posible predecir la conducta de los integrantes de esa cultura ante determinadas circunstancias; tanto es así que la antropología cultural tiene una aplicación práctica en la realidad social y política. El modelo es de carácter psicologista, funcionalista. En este sentido hay un determinismo en tanto el modelo cultural selecciona las características que tendrán las manifestaciones culturales (el modo de vida y la conducta humana). Es holista en tanto es un enfoque que tiene en cuenta a los agentes individuales al apelar a un todo mayor. La explicación procede de “arriba abajo”, teniendo en cuenta las acciones individuales en términos “holistas”, en referencia al funcionamiento de la cultura como un todo. Dice RB en Patterns of Culture, “Al igual que en psicología es importante el estudio de toda la configuración. Wilheim Stern insiste en que la totalidad indivisible de la persona debe ser el punto de partida. Asimismo, la Gestalt (configuración) destaca la importancia de este punto de partida del todo más que de sus partes, considerando la experiencia total, las “propiedades de la totalidad” y las “tendencias de la totalidad”. El todo determina sus partes, no sólo su relación, sino su verdadera naturaleza”. Dice RB: “Las culturas son más que la suma de sus características. Podríamos conocerlo todo acerca de la distribución de las formas de matrimonio, las danzas rituales y las iniciaciones de la pubertad, y aún así no entender nada de la cultura como un todo que ha utilizado estos elementos para su propósito. Este propósito selecciona entre las posibles características aquellas que puede utilizar de acuerdo con sus necesidades. Este proceso no es consciente, pero se renunciaría a la posibilidad de una interpretación inteligente si no se estudiara en los modelos de la conducta humana”. Se pregunta: ¿Qué necesito saber para entender lo que aparenta ser absurdo? Parece buscar una clave que le permita acceder al sentido de la conducta y los valores japoneses. Pretende descubrir los supuestos sobre los que el Japón construye su modo de vida. Tiene como objetivos describir actitudes de pensamiento y comportamiento profundamente enraizadas y ver de qué modo cada generación está condicionada desde la infancia a comportarse como lo hicieran sus antepasados. Pretende “explicar la forma en que los supuestos sociales afectan el foco y la perspectiva desde los cuales los japoneses ven el mundo, y hacerlo de modo que los americanos lo entiendan, ya que ven la existencia desde un ángulo diferente”.

Se refiere las posibilidades de conocer diciendo: “Los supuestos básicos que cualquier nación tiene sobre la vida y las soluciones que ha sancionado pueden ser estudiados con la misma atención y minuciosidad que ponemos en averiguar qué proporción de la población votará o no en unas elecciones. El Japón era un país cuyos supuestos fundamentales merecía la pena explorar. Una vez hube comprendido en qué aspectos mis supuestos occidentales no se adaptaban a sus criterios sobre la vida, y me hube hecho una idea de las categorías y símbolos que utilizaban, descubrí que muchas de las contradicciones que los occidentales están acostumbrados a ver en el comportamiento japonés dejaban de ser contradicciones. Empecé a comprender cómo era posible que los japoneses consideraran ciertas oscilaciones violentas de su comportamiento como partes integrantes de un sistema congruente consigo mismo. Trataré de explicar por qué”. “A medida que trabajaba con ellos empezaron a utilizar frases e ideas extrañas, que con el tiempo resultaron tener profundas implicaciones y estar llenas de resonancias antiquísimas. La virtud y el vicio, tal como los entiende Occidente, habían sufrido un enorme cambio. Era un sistema singular, no era budismo, ni tampoco confucionismo. Era Japonés – la fuerza y la debilidad de Japón”. ¿Una cuestión de paradigmas...? Creo que debemos tener en cuenta que el pensamiento científico ha cambiado desde 1944 hasta ahora y los conceptos van denotando distintas ideas y se va modificando su uso. RB reconoce que la ciencia social es interpretativa o hermenéutica. Que el mundo social será comprendido desde dentro, no explicado desde fuera y que es posible buscar el significado de la acción. (Podría decirse que “el significado de la acción deriva de las ideas compartidas y de las reglas de la vida social, y son ejecutadas por actores que significan algo por medio de ellas” ) (Hollis, 1998: 20). Pero quedaría como cuestión a discutir, ¿Qué entendía por significado RB? ¿Lo que se intenta consciente e individualmente? ¿Lo que es comúnmente significante y que frecuentemente no es intencionado? No parece haber dudas sobre su concepción de significado desde el momento en que ella hace referencia a que los individuos actúan de modo inconsciente, en respuesta al patrón cultural. Según Bohannan y Gleeser, (1992), RB tiene una sola temática: trabajó la relación de la configuración cultural con la conducta habitual. Según Benedict, “cada cultura es un todo integrado que tiene su propia configuración. Así, cada individuo de esta configuración cultural tiene las características de esa cultura y se comporta de acuerdo con ese modelo”.

La utilización de los modelos culturales representa un extremo reduccionismo de las características culturales, llegando a intentar explicar la conducta humana a través de ellos. Usa modelos supersimplificados como el concepto principal (apolíneo/dionisíaco) para explicar la conducta individual. El modelo “causa” la conducta. “Tomados por una cultura bien integrada, los actos más imprevistos se convierten en característicos de sus metas, a menudo a través de las más inverosímiles metamorfosis. Podemos entender esos actos sólo al entender primero los más importantes casos emocionales e intelectuales de esa sociedad”. (Citas de Patterns of Culture) Se podría decir que RB se ubica en la tradición que sostiene una visión de la vida social y la acción social organicista. Compara a la cultura con un organismo vivo que debe ser estudiado mientras está funcionando. RB destaca la centralidad de la configuración y de la integración de la cultura. Y dice: “La integración es el proceso por el que un estilo artístico se convierte en duradero y persistente. Las diferentes conductas relacionadas con la guerra, ganarse la vida, adorar a los dioses, se transforman en modelos consistentes de acuerdo con los cánones inconscientes de la elección que se desarrollan en la cultura”. Y también: “Si estamos interesados en los procesos culturales, la única forma de saber el significado del detalle seleccionado de comportamiento es contrastando los antecedentes de los motivos, emociones y valores que están institucionalizados en esa cultura. Lo esencial es estudiar la cultura viva, conocer sus hábitos de pensamiento y las funciones de sus instituciones. De allí la necesidad de estudios funcionales de la cultura recalcada por B. Malinowski”. RB rescata también el aporte de Dilthey: “En las ciencias sociales, se observó la importancia de la integración y la configuración en la última generación, y fue debida a W. Dilthey. Su interés principal se basó en las grandes filosofías y las interpretaciones de la vida”... y destaca la importancia que le atribuye Dilthey a la relatividad de los sistemas filosóficos. Pero el enfoque de Dilthey es individualista, (Hollis, 1998: 20) “La vida humana sólo puede comprenderse por medio de categorías tales como “propósito”, “valor”, “ideal”, todos ellos aspectos del “significado”. “La coherencia de una vida sólo se comprende a través del significado que poseen las partes individuales en la comprensión del todo”. Además dice RB: “Spengler hace el análisis más valioso y original al contrastar las configuraciones de la civilización occidental. Distingue dos grandes ideas de destino: lo apolíneo del mundo clásico y lo fáustico del mundo moderno”. Destaca la importancia de caracterizar al tipo cultural occidental pero, agrega, “resulta confusa ahora la intención de interpretar el mundo occidental con los términos de

cualquier característica selectiva”. Tal vez por eso, en “El crisantemo y la espada”, un estudio posterior a Patterns of Culture, toma diversas características para definir el tipo cultural japonés y el tipo cultural americano. Anteriormente se había dedicado a la investigación de pueblos considerados “más simples”: “El problema de la formación de modelos de hábito del individuo que está bajo la influencia de la costumbre tradicional, puede entenderse mejor ahora a través del estudio de pueblos más simples. Las configuraciones culturales son muy importantes y significativas en las culturas complejas. Pero el material es demasiado enredado y cerca de nuestros ojos. La comprensión de nuestros propios procesos mentales (el pensamiento y la conducta) se puede alcanzar con un rodeo”. Algunas conclusiones Las reglas de la vida social se encarnan en las instituciones y prácticas sociales. Así, recientemente, Ludwig Wittgenstein aporta la noción de “juego” al argumentar la acción humana. Las reglas de un juego no sólo regulan cómo se juega sino que definen y constituyen el propio juego, siendo entonces peculiares de la vida humana y social. “Parte de lo que sugiere es que los juegos son una peculiaridad humana y social, y, por tanto, podría ser que la comprensión implicase la negación del naturalismo” (Hollis, 1998: 21). ¿Podríamos aplicar al estudio de RB este enfoque? ¿Cuáles son las posibles combinaciones entre comprensión y holismo o individualismo? ¿Cómo se relacionan las instituciones y prácticas de la vida social con los actores humanos que participan en ella? Desde una respuesta holística, los juegos absorben a los jugadores. Hacen lo que se espera de ellos. La explicación sería de arriba abajo, como la teoría pura de sistemas explicativa. No cabe en este caso una respuesta individualista, de abajo arriba, en la que los significados son puramente subjetivos, no hay sociedad y sólo individuos que interactúan. Esta es una teoría opuesta a la comprensión. ¿Se podría sugerir un compromiso, en que “las reglas del juego constriñen a los jugadores, pero también los capacitan para procurar sus propios fines”? (Hollis, 1998: 22). En la línea divisoria, los actores, en parte al crear sus reglas hacen su propia historia, pero no la hacen en condiciones enteramente escogidas por ellos. La acción presupondría la estructura y al mismo tiempo la configuraría. Ruth Benedict aspira a comprender el mundo social desde dentro, pero los individuos parecen actúar según las necesidades y propósitos del modelo cultural. Creo que podríamos aplicarle el modelo de explicación funcional que sugiere Charles Taylor (Hollis, 1998: 107):

Para el caso del estudio de RB: (1) que B (la conducta de los japoneses) es necesario para que se dé (S2) (un estado posterior del sistema) (2) que la cultura no se mantendrá sin (S2) Como vimos, para la autora, “la cultura está integrada por estructuras, que configuran una totalidad. Toda sociedad humana tiene que trazarse una especie de coordenadas vitales: aprobar ciertas formas de enfrentarse con las situaciones y ciertos modos de resolverlas”. “Dentro de la sociedad los hombres buscan una mayor conformidad, una justificación y unas motivaciones comunes. Sin este grado de coherencia todo el entramado se desmoronaría”. Veamos un ejemplo tomado de El crisantemo y la espada: En el apartado: “Los japoneses en la guerra”. “Las premisas mismas con las que el Japón justificaba la guerra eran todo lo contrario a las de Estados Unidos. Japón vio las causas de la guerra con un criterio diferente. Habría anarquía en el mundo mientras las naciones tuvieran soberanía absoluta; era necesario que el Japón tratara de establecer una jerarquía – bajo su mando, ya que era la única nación verdaderamente jerarquizada. Todas las naciones formarían parte de un solo mundo ordenado según una jerarquía internacional”. Considera que las diversas formas en que los japoneses se apartaron de las convenciones occidentales en materia de guerra constituyen datos sobre su actitud ante la vida y sobre sus convicciones respecto a los deberes del hombre. Esto revela el carácter japonés. Japón ve las causas de la guerra con distinto criterio. Afirmaba una victoria del espíritu sobre la materia; era un enfrentamiento entre la fe en las cosas y la fe de los japoneses en el espíritu. Por la voluntad, el espíritu japonés es capaz de vencer y conquistar la muerte. La espada del samurai simboliza la virtud. Solamente si tenemos en cuenta que los valores son la necesidad de jerarquía y la supremacía del espíritu, “podremos comprender las afirmaciones de los japoneses tras sufrir la derrota – que fue su espíritu el que resultó insuficiente, ha sucedido lo que esperábamos que sucediera. Esto se explica por la necesidad del japonés de un modo de vida planificado y previsto de antemano, cuya mayor amenaza procede de lo imprevisible”. Se aproximaría a Durkheim, en el sentido de ser un enfoque holístico funcional, aún cuando no participa de un naturalismo interesado en la comprobación de regularidades. Una mirada crítica sobre el método de Ruth Benedict Existe toda una crítica acerca de la manera en que el antropólogo se contenta con los materiales que recoge. El método – clásico desde Malinowski – de la “adecuada ilustración” se revela como insuficiente, ya que borra del cuadro el

tiempo y los procesos. Consiste en construir, a partir de los datos proporcionados por la observación, un modelo general de la cultura y de la sociedad, ilustrando después cada relación, cada costumbre, con un “caso” apropiado. En efecto, la vida social queda así desmenuzada, y a veces puede impedir que aparezcan las relaciones fundamentales que existen entre los fenómenos estudiados. Se alcanza así una falsa totalidad, la verdadera es la de los procesos concretamente situados. (P. Mercier, 1969: 160). Dice Paul Mercier con referencia a Ruth Benedict: “Es ésta una visión dinámica de la cultura que se esfuerza en ir más allá de las constataciones del funcionalismo, pero que plantea, a propósito de la noción de “totalidad cultural”, y también a propósito de la idea de que todos los elementos de una cultura tienen un significado, y que nada existe fuera de la partición completa que ella constituye, los mismos problemas que éste. Se trata de una sugestión más que de un método...” (Mercier, 1969: 152). Siguiendo a Hollis, y en relación a la supuesta objetividad de la experiencia, desde el empirismo, las consideraciones que se pueden hacer son: RB no parece aclarar la relación entre los elementos objetivos y los subjetivos, la idea de dato es ambigua. Para describir lo que vemos, observamos, es necesario aplicar conceptos, que nunca están dictados únicamente por los fenómenos, puesto que se involucran incluso en la clasificación de los fenómenos. Dice Kant: “los conceptos sin percepción son vacíos; la percepción sin conceptos es ciega”. Y dice Hollis, “observar no es simplemente registrar, sino juzgar qué concepto es pertinente. Los conceptos son, de algún modo, proporcionados por la mente y, puesto que gobiernan aquello que entendemos del mundo, no son simples criados de la experiencia (Hollis, 1998: 78). Hollis analiza el aporte de Popper, con respecto a Marx, Freud y Adler. Resulta interesante ver, a partir de estas reflexiones, que también el estudio de RB está “anegado de evidencia ratificatoria”; si la teoría no asume el riesgo de la falsabilidad no es científica. Son seudocientíficas o metafísica. Pareciera que RB construye los conceptos por “asociación de ideas” (Hollis, 1998:81). Las ideas surgen a instancia de las “impresiones” o simples experiencias, frecuentes impresiones dan lugar a conceptos, y las conjunciones regulares de impresiones nos llevan a asociar ideas en un esquema conceptual que refleja el mundo. En la formación de conceptos la relación crucial es la de “semejanza”. (ej. carácter social = personalidad básica). “La inducción, por ejemplo, la inferencia basada en muchas observaciones, es un mito, no es un hecho psicológico, ni un hecho de la vida común, ni tampoco lo es de procedimiento científico” (Popper, 1969) (Hollis, 1998: 82). Según esta postura, la interpretación no está nunca ausente, no existe un punto de vista neutral desde el cual juzgar cuáles teorías resulta racional aceptar.

Para RB parece ser cierto que “la teoría gobierna la experiencia y la experiencia gobierna la teoría” en una relación fértil aunque no pueda ser validada en términos tradicionales (Hollis, 1998: 84). El científico se resiste a permitir que la experiencia lo sorprenda, cuando ésta entra en conflicto con la urdimbre de creencias, se puede volver a describir y reinterpretar la experiencia. Se podría aplicar a RB lo dicho por Quine: “La totalidad de lo que llamamos nuestro conocimiento o nuestras creencias, desde los asuntos más aleatorios de la geografía o la historia, hasta las profundas leyes de la física atómica o incluso las matemáticas o la lógica, es un tejido confeccionado por el hombre que sólo periféricamente tropieza con la experiencia”... (Hollis, 1998: 87) Las experiencias se conectan entre sí indirectamente a través de consideraciones de equilibrio que tienen que ver con el campo en su conjunto. Cualquier enunciado podría considerarse verdadero haciendo ajustes en otro lugar del sistema... Y dice Hollis que, siguiendo estas ideas, ni una sola hipótesis puede probarse aisladamente, y que toda observación va teóricamente ligada a otras observaciones (Hollis, 1998: 88). Resulta interesante la reflexión de Friedman en tanto recomienda “elegir entre teorías que entrañen una abstracción o “tipo ideal” distinguido por su “economía, claridad, precisión” (1953) (Hollis, 1998: 89). En alguna medida, el estudio de RB, arriesga interpretaciones que parecen reveladoras en tanto “se ha convertido en fuente de selección a partir de una masa de datos” (Hollis, 1998: 89). Dice Friedman: “ Una hipótesis fundamental de la ciencia es que las apariencias son engañosas y que existe una forma de mirar, o interpretar, u organizar la evidencia que revelará que fenómenos, aparentemente diversos y desconectados entre sí, son manifestaciones de una estructura fundamental y relativamente simple” (1954) (Hollis, 1998: 90). Este párrafo parece extractado de las consideraciones que hace Ruth Benedict, aunque seguramente hay distancia conceptual a discutir, en tanto son postulados culturales. Le podemos aplicar al estudio de RB lo dicho por Hollis, con respecto a la ciencia positiva: “... En cualquier teoría los así llamados “presupuestos” son falsos si son tratados como descripciones; no obstante, todavía pueden ser tratados “como si” fueran verdaderos, cuestión que se establecerá de igual modo para cualquier otra hipótesis. ... Lo significativo de este “como si” es que permite a la ciencia positiva barajar inobservables, siempre y cuando no se asuman más que como ficciones útiles. A la teoría puede adjudicársele la útil tarea de construir o explorar idealizaciones o modelos que abstraigan hasta el límite de los rasgos del mundo real”. (Hollis, 1998: 62). Y también cuando Hollis dice (Hollis, 1998: 123): “La más ambiciosa de las vías propone la noción de una explicación funcional en la que se atribuyen a los sistemas necesidades, propósitos, objetivos que explican por qué las partes se comportan de la forma en que lo hacen. Las analogías con las colonias de termitas y sistemas planetarios parecen plausibles. Pero incluso ahí, el

funcionalismo es místico, a menos que concretemos un mecanismo de retroalimentación que nos proporcione un modo de arrebatar el halo enigmático a la tarea explicativa”.

BIBLIOGRAFÍA BENEDICT, Ruth, El crisantemo y la espada. Patrones de la cultura japonesa. Alianza Editorial, Madrid, 1974. BENEDICT, Ruth, Patterns of culture. La integración de la cultura. (En: BOHANNAN, Paul, GLEEZER, Mark. Antropología, Lecturas. Mc Graw – Hill, 1992. GIBSON, Quentin, La lógica de la investigación social, Editorial Tecnos, 1968. Capítulos 8 a 13. GIDDENS, A. Y TURNER, J., La teoría social, hoy, Alianza, México, 1990. HOLLIS, Martin, Filosofía de la Ciencias sociales, Ed. Ariel, Barcelona, 1998. KAUFMANN, Felix, Metodología de las ciencias sociales, FCE, 1946, Segunda parte. LAUDAN, Larry, La ciencia y el relativismo, Alianza Editorial, 1993. Cap. 3. MERCIER, Paul, Historia de la antropología, Editorial Península, Barcelona, 1969. SCHUSTER, F.G., Explicación y predicción. CLACSO, Bs. As. 1982. -----------------------------------------------------------

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