El Cenáculo de Los Locos.

August 28, 2018 | Author: Juan Pac | Category: Insanity, Science, Philosophical Science, Psychology & Cognitive Science
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Descripción: Literatura...

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EL CENÁCULO DE LOS LOCOS

En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón. F. Nietzsche La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma. . !. "oethe #$, s$, s$, s$% Les parecer& un poco supersticioso lo lo que ahora les voy a contar. 'ara m$, por el contrario, contrario, no es m&s que el gusto de un sue(o cuyo cu yo delicioso sabor tiene que ser necesariamente )nico y ef$mero. Lo que intentar* hacer ahora no es juzgarlos lectores, pues no soy tan pretensioso de decirles lo que son cuando ni siquiera estoy seguro de lo que voy a contar. #in embargo, soy fiel al papel que desempe(o en este mundo. 'ara que esta historia tome un tinte misterioso, y por qu* no, terror$fico, me urge la necesidad de comunicarles previamente que sólo podr* conocerlos a ustedes si primero logro conocerme a m$ mismo+ ello se debe a que el gran imperativo del templo de mi se(or en elfos, el

Gnothi Seauton,  quiere

decir que a trav*s de m$ he visto el alma de cada uno de ustedes. 'ero no se preocupen por la demagogia que ahora estoy usando, mi intención es aclarar la ra$z de la locura que todos llevamos dentro. -unque% Estoy hablando mucho/, no quiero adelantarme a los hechos, ya que en alg)n momento tanto 0) como 1o,, comenzaremos a darnos cuenta de nuestra verdadera esencia de locos. 2i parte favorita y por supuesto 1o el inicio de esta historia, se remonta al momento en que aparece el se(or del restaurante 2 gritando a sus emplea empleados dos con gran gran autori autoridad dad33 4entr 4entr*gu *guenl enlee las sobras sobras/4 /4 1 yo digo, digo, muy sarc&s sarc&stic ticame amente nte33 5y, 5y,  paracaidismo gratis/ gratis/ 6l aunque no entiende mi mi comentario, ordena que me den la la comida, hace un gesto de curiosidad y luego cierra la puerta del local. - veces pienso que con aquel gesto el due(o intentaba transmitirme el mensaje3 7est& usted loco8. 'ero al mismo tiempo me pregunto3 9qu* es un loco: Las definiciones m&s claras dicen que es alguien falto de razón, o que sus facultades mentales se encuentran trastornadas, un insensato o un imprudente+ pero todos por uno u otro sentido compartimos alguna de estas cualidades. ;ncluso aquel que se hace el 7loco8 no deja de serlo por el simple hecho de fingir que lo es+ tal es el caso del hombre enamorado que haci*ndose el poco cuerdo va en busca de su amante. arias zonas del edificio estaban ca$das seguramente por el pasar de los a(os, lo que lo hac$a  parecer terror$ficamente abandonado por los hombres. Enseguida not* que un &rbol inmenso se encontraba enfrente de una de las ventanas, as$ que resolv$ treparlo con el fin de mirar y entender la razón que induc$a a que un hombre entrara en un lugar as$. -l parecer tal edificio hab$a sido un hospital psiqui&trico algunos a(os antes, pero por causas económicas se hab$a determinado cerrarlo, arrojando despiadadamente a todos sus internos en un mundo que desde aquel momento comenzar$a a ser su nueva cl$nica mental. 0odo se tornó demasiado e=tra(o y sent$ la oscuridad de la noche muy m$a. esde la rama del &rbol en el que estaba, logr* mirar a trav*s de una ventana y distinguir a seis hombres que desempe(aban, 4despu*s me enter*4, distintas profesiones. - 5no le dec$an el artista, a os el abogado, a 0res el profesor, ?uatro y ?inco eran m*dicos y #eis era el empresario, es decir, el se(or del restaurante. -l ingresar en el cuarto donde todos estaban reunidos, #eis e=presó3 4he llegado4 . Entonces los dem&s n)meros dijeron3 4empecemos4, y miraron al artista. La habitación en la que todos se encontraban estaba muy sucia, y not* que ten$a e=actamente cinco camillas que se caracterizaban por poseer la cabecera levantada y unas correas a sus costados. 0odas se encontraban muy sucias, totalmente negras a causa del polvo que arrojaba la edificación destrozada. 5no  puso una silla en todo el centro del cuarto, luego se dirigió hacia un casillero que parec$a golpeado por un martillo pues su puerta estaba hundida. El casillero se localizaba al costado derecho del cuarto, en toda la esquina de la pared muy cerca de la puerta de entrada a la habitación, al artista le costó mucho abrirlo,  pero cuando al fin lo consiguió, introdujo su mano hasta sacar unas camisas de fuerza que en cantidad equival$an a las camillas dispuestas en la habitación. Los n)meros del os al #eis comenzaron a caminar  hasta acercarse al lugar donde se encontraba 5no. e pronto el profesor preguntó3 49podremos escoger:4 El artista, quien hasta el momento hab$a dirigido todo el espect&culo, respondió mientras se(alaba las camillas y luego las camisas3 4por supuesto, pueden acostarse ah$ mientras yo les sujeto las correas, o si lo  prefieren, tomen una de estas camisas, que yo me encargo de sujetarlas alrededor de su cuerpo. 42ientras que 0res aceptó la segunda opción que le hab$a dado 5no, el abogado, es decir, os, manifestó que quer$a sentirse totalmente privado de su libertad como a las personas que ten$a que defender, y por tanto, escog$a ser amarrado a la cama. ?uatro y cinco se unieron a la decisión del profesor, y #eis, hab$a preferido la del abogado. El artista procedió conforme a las decisiones dispuestas por cada n)mero. espu*s de eso, todos en el cuarto empezaron a actuar de manera insólita, aquellos que ten$an las camisas puestas giraban y giraban sobre su misma circunferencia, se golpeaban contra la pared y saltaban encima de las camas vac$as y en las que ocupaban los otros dos n)meros. El se(or del restaurante y el abogado se encontraban

 boca arriba, y mientras forcejeaban con las correas de las camas a las que hab$an sido amarrados, golpeaban su cabeza 4en movimientos de atr&s, adelante, adelante, atr&s y de un lado a otro4, contra la cama. 0odos fing$an convulsionar. La habitación estaba llena de risas delirantes las cuales a veces se encontraban acompa(adas por los gritos repentinos3 yo no estoy loco/ 1o no estoy loco/ 9Nosotros: 90): 6eeeel/ No, no, no, no% Locos no/ esde el &rbol yo no entend$a nada de lo que pasaba, no comprend$a por qu* hac$an todo esto, ni qu* era lo que los llevaba a proceder as$. 9-caso lectores no sienten el terror: - menos de que sea un hospital psiqui&trico en funcionamiento y con unos internos 7aptos8 para estar ah$ 9?u&ndo se ha visto esto: 9Es que estas personas no entend$an que era una cl$nica abandonada: -aaagh% 'ero lo sab$an bien/ Entonces, 9'or qu*: Lo primero que pens* 4sigo pensado as$4, fue que aquel cuarto sumergido en el inmenso mar de la noche, hab$a sido trastornado por la  presencia de la cordura que dibujaba tiernamente la imagen de los hombres de aquella sala. -s$ todo se hab$a transfigurado, y la nueva forma que hab$a tomado era la de una reunión de locos, porque all$ ya no se hallaban personas 7normales8 sino en un estado total de demencia. El artista observaba el espect&culo sentado con gran seriedad en la silla que hab$a colocado en la mitad del cuarto. 6l era el )nico dispuesto a escuchar la locura, sentirla en toda su lentitud hasta hacerla suya en su corazón y no en su pensamiento. 'or supuesto sab$a que no pod$a prescindir de este )ltimo, puesto que el sentimiento se traduce primero en  pensamiento y desde ah$ lo hace en palabras+ es por eso que 5no siempre pensaba que lo que se sent$a nunca era e=presado fielmente por las palabras, ya que ten$a que pasar por un proceso demasiado confuso y borrascoso. El espect&culo de los locos nunca me ha parecido e=tra(o, pero *ste se le diferenciaba mucho porque era como un pasatiempo para personas locamente cuerdas. 0odos los que hab$amos esa noche vivido o presenciado la locura, de alguna manera asistimos a esa reunión. Los minutos pasaban y los dos m*dicos cansados de saltar se acercaron al artista y de manera elocuente le dijeron3 4 des&tanos, es hora de recibir nuestro turno nocturno en el hospital4. 5no, sin mucha parsimonia soltó a ?uatro y a ?inco y en seguida los dem&s n)meros tambi*n le solicitaron lo mismo al artista. 0odos parec$an cansados pero felices, en sus rostros manifestaban una sonrisa demasiado c$nica y al mismo tiempo satisfactoria. -quella noche, se hicieron semejantes el uno del otro, incluso yo me sent$ muy cercano a ellos. El artista era la )nica e=cepción, *l no quiso ni fue igual a los dem&s, o por lo menos esa sensación e=periment*. 6l, 5no, sólo percib$a y escrib$a en unas hojas de papel el mundo que unos momentos antes hab$a visto en aquella habitación. - trav*s de su escritura buscaba transmitir en m$ como yo en ustedes, el reconocimiento de todas las almas.

2ientras tanto, los dem&s n)meros tomaron la ropa que hab$an dejado momentos antes con el fin de cumplir las normas de aquella reunión nocturna. #e colocaron el vestido que correspond$a a su profesión con un tacto y una cautela que vi claramente cu&l ser$a el rol que tomar$an para s$ mismos una vez salieran de la habitación. 'rontamente se despidieron con gran amabilidad pero en silencio, como indicando de que no volver$a a repetirse esa misma situación. Los mir* dirigirse a la salida. -l salir, al cruzar la puerta de aquel hospital de la misma y a la vez otra realidad, recomenzaron sus vidas como siempre hab$an sido3 un  punto m&s dentro de la sociedad. e hecho todos los n)meros pensaban lo mismo, que su vida seguir$a com)n y corriente. 1 siguieron as$ como olvidando aquel instante de placer en que se puede ser y hacer lo que se quiere sinceramente, sin restricción alguna, para eso ellos se hab$an reunido all$. Lo que sucedió dicha noche, 4como les dije al inicio de este relato4, no s* si en verdad pasó. No s* si fue un momento de tregua entre la locura y la cordura. 5n momento en el cual hab$an pactado dejar de ser la ant$tesis de la otra para convertirse en hermanas. #ólo s* que a veces jugamos en el bando de ambas inconscientemente, creyendo saber lo que somos y esperando saber qu* seremos, pero cuando estamos en la cotidianidad, de frente a los dem&s, no somos m&s que otro pieza que se engrana a la gran m&quina social. -l final entend$ que se vive al mismo tiempo y en el mismo instante la cordura y la locura. Francamente lo )nico que hacemos es vivir prudentemente la locura, ocultando esas man$as que creemos 7deben8 ampararse dentro de cada uno y no afuera+ por eso ahora, mientras me encuentro sentando en la rama de un &rbol viendo pasar los diversos n)meros, siento en mi corazón cómo la cotidianidad abriga la locura,  pint&ndola con sus distintos tonos de colores hasta hacer de las dos sólo una+ de tal modo que pareciera que cada uno de nosotros danzara sobre una gran obra de arte cuyo gran esplendor no es m&s que el mundo en que vivimos. espu*s de mirar salir a los n)meros del dos al seis, volv$ mis ojos hacia la ventana buscando al artista pero ya no estaba. Fue entonces cuando escuch* la belleza del momento3 aquella proyección del 5no nunca e=istió, el cuarto se parec$a a este mundo, y los dem&s n)meros no eran m&s que t), *l y yo pero conjugados de manera plural. #$, s$, s$, s$% 0odos fuimos el reflejo de una ventana. EL EXTRANJERO

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