del fragmento a la situación

October 22, 2017 | Author: María Teresa Solé | Category: Subjectivity, Class & Inequality, Social Inequality, European Union, Ideologies
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Ignacio lewkowicz, mariana cantarelli, grupo doce Del fragmento a la situación Notas sobre la subjetividad contemporánea Prólogo: La experiencia de un nosotros, la tarea de pensar, habitar, Postulado principal: se han agotado los estados nacionales como pan-institución donadora de sentido. Agotamiento de una lógica, de un modo de producción de realidad, de un modo de producción de objetividad y subjetividad. Destitución de la subjetividad ciudadana o ese sujeto de la conciencia que piensa y que es responsable de sus actos. Agotamiento de los modos de pensar ofrecidos por esa lógica.

Parte I

Del estado al mercado

Agotamiento de una lógica Subjetividad socialmente instituida es la serie de operaciones necesarias para ser parte de una lógica. Operaciones que resultan de transitar esa lógica. Las prácticas que producen subjetividad son las prácticas que instauran unas operaciones en la carne humana. Las prácticas productoras de subjetividad, si se estandarizan, dan lugar a lo que llamamos dispositivos productores de subjetividad. [escuela, instituciones, leyes, etc] Obligan a un individuo a ser parte de esa lógica. La pura existencia del dispositivo exige una serie de operaciones subjetivas para habitarlo. Si la producción de subjetividad resulta de a instauración de unas marcas efectivas, estas marcas producen un campo de efectos secundarios, ineliminables, invisibles para los recursos conceptuales y perceptivos de la lógica. Un exceso o plus que llamamos envés subjetivo, que permite los cambios tanto del lazo como de la subjetividad socialmente instituida. Llamaremos subjetivación a la operación capaz de alterar la subjetividad y el lazo social instituidos. Se trata de una operación crítica sobre la subjetividad instituida. 1. la lógica del estado ¿En qué crisis estamos? Esta crisis no es el pasaje de una configuración a otra, donde hay destitución de una totalidad, pero también fundación de otra. Esta crisis adquiere la forma de un devenir caótico, es el pasaje de una totalidad articulada a un devenir no reglado. Crisis que ha venido para quedarse. [catástrofe  No puede mantenerse el mundo simbólico qué hago yo? Resistencia, lucha desde el colectivo de trabajadores: delegados en prevención: “salud, condiciones de trabajo, subjetividad docente”] Se pierden los parámetros capaces de leer la crisis actual, causa perplejidad. [Hay que pensar todo de nuevo] Una lógica entra en crisis cuando encuentra dificultades para reproducirse como hasta entonces. No describe meramente el mal funcionamiento de las instituciones.

Las fuerzas del mercado devienen práctica dominante. Pero no sustituye al estado en sus funciones de articulador simbólico. Desarrolla otra operatoria: conecta y desconecta, sin que esa conexión/desconexión asegure a priori un sentido. La muerte del estado El estado deviene incapaz de producir un sentido para orientar la experiencia vital (social e individual), pierde su condición de articulador simbólico. Siendo esto así, estamos en presencia de otro tipo de estado: el estado técnico-administrativo. La muerte del estado nación consiste en su desvanecimiento como marco organizativo de la vida en sociedad. El pasaje del estado al mercado tiene consecuencias radicales en los modos de organización social: la abolición de lugares, sentidos y funciones. El mercado tiene una dinámica que no necesita del anudamiento integral de los términos que forman parte de ese universo. Lógicas activas, lógicas agotadas ¿A que llamamos agotamiento? Supongamos una lógica social cualquiera. Supongamos que esa lógica dispone de un tipo específico de enlace social, esos lazos son discursivos y prácticos, es decir, efecto de unos dispositivos que instituyen un sentido para transitar esa lógica. Supongamos que ese sentido, que se inscribe prácticamente, significa y orienta a los agentes que son parte de ese universo. Supongamos que todo eso suceda a la vez. De ser así, estamos en presencia de una lógica activa. Ahora bien, supongamos una variación en esa actividad. Supongamos que el sentido producido por tales dispositivos deviene incapaz de significar, orientar a los agentes de ese sistema. Que el lazo social que deriva de tales instituciones, se desvanece en sintonía con la ausencia de significación. Supongamos, otra vez, que todo eso suceda a la vez. Entonces, las condiciones ya no son las mismas. De ser así, estamos en presencia de una lógica agotada. 2. ¿instituciones sin estado? Instituciones y galpones El estado delega en sus dispositivos la producción de la subjetividad ciudadana. Sin paternidad estatal ni fraternidad institucional, la desolación prospera. [recuerdo el saludo final de solos en la madrugada cuando sacristán dice refiriéndose a la muerte de franco: ya no tenemos papá, nos hemos quedado maravillosamente huérfanos…] Las instituciones sin estado producen sufrimiento por otras marcas: no se trata de alienación y represión sino de destitución y fragmentación. Las instituciones quedan huérfanas de función, tarea, sentido. Sin proyecto general donde implicarse, será necesario pensar nuevas funciones, tareas, sentidos. Las instituciones devienen obsoletas en tiempos de velocidad. [Los alumnos que están a punto de ingresar en las universidades estadounidenses también consideran que el correo electrónico es "demasi adolento", acostumbrados como están a teclear mensajes en sofisticados teléfonos móviles, y muy pocos de ellos saben escribir en cursiva.]

La subjetividad dominante no es institucional, sino massmediática. Sus operaciones son otras. No se trata de normativa y saber, sino de imagen y opinión. La escuela interpela a un sujeto y responde otro que no dispone de operaciones institucionales sino mediáticas. Se arma, entonces, el desacople subjetivo entre la interpelación y la respuesta, entre el agente convocado y el agente que responde. De esta manera el galpón destituye a la institución que determinaba las relaciones entre sus agentes. La subjetividad institucional operaba como puente facilitador de las relaciones. Dicen que un hombre digno es aquel que es capaz de forjar otro destino que el pautado para él. Tendremos que pensar un modo de existencia que no sea en los galpones, donde nos podamos encontrar, la tarea en nuestras condiciones, conssiste en la producción situacional de subjetividad, en la creación local de un espacio habitable. De no ser así seguiremos padeciendo en los galpones. [Estado: dos operaciones concretas para incluir: planes jefes de hogar y escuela secundaria obligatoria] [no me cierra mucho el término excluido: no hay excluidos, mientras el voto sea obligatorio va a haber políticas para los “excluidos” que producen efectos en la organización de la sociedad. Precisamente, puede haber gente sin trabajo, lo que el mercado no permite es que haya gente sin capacidad de consumo y el estado acá interviene] [ver virgen de los sicarios: el espacio público es inhabitable – comparar con los 60: lucha de calles, rosariazos] hoy ese suelo que hacía lazo se ha desvanecido. El agotamiento del espacio público destituye la calle y la transforma en un sitio amenazante. Lo público no es ni lo estatal ni lo privado. En la renovada literatura de Management de los años 90 insiste un inperativo que podría ser formulado en estos términos: reinventarse o desaparecer. La estadía en esta lógica exige la reinvención permanente de sus agentes.[reconversión de los docentes] En una entrevista de un joven gerente en el suplemento económico de clarín de octubre 2000 se lee: “trabajamos en una compañía muy orientada a los resultados y hoy la violencia de los resultados es enorme” en la lógica nacional los resultados no administran la suerte de una carrera. Esta descansa en la acumulación progresiva de logros adquiribles en base a esfuerzos. El estado era una institución lineal y progresiva donde el porvenir era anticipable. Hoy sólo importa el disco más vendido, la peli más visa, el futbolista del siglo. Entonces la pregunta es ¿cómo habitar una experiencia sin sepultarlo en sus resultados? Dicen que habitar un recorrido también consiste en su producción de sus parámetros de lectura. Una experiencia pensada exclusivamente desde los resultados se desrealiza como recorrido subjetivo. El curriculum vitae se convierte en un obstáculo y no una herramienta en la búsqueda de empleo.

Parte II: del fragmento a la situación

Silvia Delfino: teORÍA Y CRITICA OFICIAL: RECLAMOS DE ORDEN Y REPRESION El título de la ponencia alude a uno de los problemas planteados en el Proyecto UBACYT que dirige Jorge Panesi con el título “Protocolos de la crítica: hegemonía y polémicas culturales”. Por protocolos de la crítica entendemos tanto las operaciones sobre materiales literarios para conformar cánones culturales como la institucionalización de prácticas y lugares profesionales del crítico como docente, editor o experto en la industria cultural contemporánea. Consideramos así, los usos de la teoría y de las operaciones de la crítica en las luchas ideológicas cuando legitima concepciones dominantes de la cultura como intervención en los modos de producción de hegemonía política. En este punto el proyecto UBACYT dio lugar a una propuesta de transferencia y extensión como parte de las acciones del Área de Estudios Queer de nuestra facultad con el título: “Regulaciones culturales: prácticas antirepresivas y antidiscriminatorias”. El vínculo entre el proyecto de investigación y las propuestas de transferencia y extensión consiste en plantear la crítica de la cultura no sólo desde el punto de vista de los problemas de investigación sino, fundamentalmente, de sus vínculos con distintas modalidades de activismo social y político. La posibilidad de especificar experiencias situadas a través de materiales simbólicos concretos es tanto una interpelación a la teoría y las investigaciones como a la producción de acciones políticas compartidas.

De este modo, situamos ambos proyectos en el marco de los debates contemporáneos tanto teóricos como de intervención activa en las condiciones de posibilidad de los modos crecientes de vigilancia y control, que permiten formular una serie de preguntas acerca del vínculo entre lo simbólico y lo material en las transformaciones culturales que proponen los modos de acción política. Estos debates ponen en primer plano la relación entre teoría cultural y lingüística. De hecho, el Plan de Estudios de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires situó la teoría literaria y la lingüística como eje de la revisión de cánones, tradiciones y modos de análisis a partir de 1983 contra la continuidad de los programas de estudio de las dictaduras militares en nuestro país. Simultáneamente requiere analizar los modos en que nuestra carrera ha producido pautas de inteligibilidad respecto de las crisis que la democracia ha atravesado. Esto alude, sin duda, a la centralidad que la producción de hegemonía tiene como problema contemporáneo de la crítica literaria y cultural a partir de los modos en que la teoría ha recurrido o eludido la discusión sobre el carácter ideológico de sus afirmaciones. La producción de repertorios académicos, pero también periodísticos, permite relevar el lugar de la teoría no sólo como estabilización de conceptos, técnicas y materiales, sino como tentativa de explicación autovalidada de los conflictos. La noción de protocolo focaliza, asi, el problema de la relación entre materiales simbólicos y condiciones de producción a partir del proceso de formación de valor. En la carrera de Letras nuestros proyectos proponen revisar estos vínculos a partir de las siguientes peticiones de principio: a) la teoría funcionaría como explicación y autoevaluación de las operaciones en tanto eficacia de la crítica. Su rango explicativo se diferenciaría del de la crítica porque su retórica argumentativa tiende a naturalizar como capacidad de descubrimiento o comprobación aquello que construye. La crítica, en cambio, se legitimaría mostrando sus procedimientos y operaciones respecto de los materiales que analiza. b) Desde este punto de vista el tipo de saber que construyen la teoría y la crítica se diferenciaría tanto retórica o argumentativamente como por su capacidad de orientar sentidos ideológicos hegemónicos. c) Se trataría de retomar la relación entre teoría y crítica no sólo por su trabajo con los objetos sino por las

diferencias retóricas y argumentativas que implicarían modos diferentes de producir evidencia y legitimidad cultural. Desde esta perspectiva, el análisis de la relación entre teorías del lenguaje y teorías de la acción política afecta no sólo el funcionamiento institucional de la cultura sino también la constitución de distintos modos de participación y acceso a los circuitos de decisión política. Revisar el vínculo entre teoría cultural y acción política permitiría ver la orientación hacia distintos modos de movilización y cambio tanto en el desafío a las rutinas académicas conciliatorias como en la capacidad de intervención de las instituciones respecto de las políticas culturales y educativas en la relación entre estado y sociedad civil. Esto permite, a su vez, el pasaje de la noción de institución como conjunto de normas prescriptivas basadas en la estabilidad y previsibilidad al concepto de hegemonía como lucha y articulación de los conflictos y crisis de cambio histórico en términos de autoridad y poder. Estas cuestiones implican, por un lado, un reconocimiento de la opacidad de la cultura como diferencia a ser especificada entre lo simbólico y lo material y, por otro, un acento puesto en las pautas de acción y valoración histórica en la producción de sentidos compartidos. Ahora bien, encarar la revisión de los debates que, a lo largo del siglo XX, han vinculado los materiales simbólicos con la producción de ideología requiere, por un lado, historizar las nociones ya clásicas de mercantilización y cultura de masas y, por otro, los modos de dominio desde la centralidad de los procesos ideológicos en las luchas por la hegemonía en el capitalismo posterior de la segunda guerra mundial. La relevancia del lenguaje tanto en el sentido común como en los medios de comunicación como parte de la producción simbólica de reclamos de orden y estabilidad y, simultáneamente, el carácter material concreto de la industria cultural. Podemos plantear un primer problema que deberé argumentar a partir de los debates de la teoría lingüística, literaria o semiótica: el análisis de lo simbólico en relación con las condiciones materiales de producción plantea una diferencia analítica entre lo simbólico y lo material, entre cultura y economía que requiere replantear la concepción del lenguaje como problema de la relación entre materiales simbólicos y condiciones de producción a partir del proceso de formación de valor. Desde el Area de Estudios Queer

procuramos analizar la relación entre desigualdad de clase y diferencias en la cultura argentina con el objetivo de reunir nuestros proyectos como investigadores y docentes con nuestras prácticas políticas en diferentes movimientos sociales y políticos. En este punto la relación entre desigualdades sociales y diferencias culturales fue historizada desde las luchas contra la discriminación de géneros, edad, etnia, identidad de género u orientación sexual y, en consecuencia, contra la pobreza, la exclusión política, la represión policial. De este modo, la relación entre diferencia y valor cultural es conceptualizada no sólo por la distribución de lugares sociales en la que se objetiva, sino, fundamentalmente, como núcleo de operaciones de la crítica pero también de la capacidad de producir luchas culturales. Así, la diferencia de género y los debates teóricos y políticos que produjo, sería un paso válido, para interrogarse acerca del valor crítico de las diferencias. Se pueden indicar, simultáneamente, los debates alrededor de la presencia de América Latina en las condiciones de institucionalización no sólo de ámbitos como “estudios de mujer”, gay, lésbicos, queer, sino también en los centros de estudios postcoloniales o del llamado “tercer mundo”. Estos saberes e instituciones han reformulado el interrogante acerca de la diferencia en la cultura del presente al revisar el etnocentrismo en la mera tolerancia multiculturalista de las diferencias de géneros, etnia, religión, edad, identidad de género u orientación sexual. Se trataría de definir tanto la especificidad de las luchas culturales como de comprender la especificidad de las condiciones en que lo cultural entra en relación con lo político y lo económico; en principio a partir del valor crítico de la especificación no sólo como operación analítica sino como modo de producir estrategias de intervención política. Esto implica, por lo tanto, un desafío doble y hasta triple a nuestras investigaciones y formas de organización. Requiere plantear, primero, cómo la relación entre lenguaje, medios de comunicación y crítica cultural ha sido, históricamente, un componente material de la crisis de legitimación de las instituciones democráticas. Si se revisa este argumento, a partir del vínculo entre medios, opinión pública y hegemonía, no estaríamos ante una pérdida de legitimidad de la democracia o una crisis propia de las instituciones sino ante la puesta en evidencia de un modo histórico específico de relación entre capitalismo y democracia basado en el uso de las instituciones democráticas como productoras y ejecutoras de políticas de vigilancia y control.

Segundo, el modo en que las instituciones democráticas, hoy entran en crisis simultáneamente con las formas de organización de las relaciones entre estado y sociedad civil a partir de los procesos simbólicos de producción de hegemonía acompañados por reclamos de seguridad, orden y mayor control sobre algunos grupos o sectores. La cuestión es, cómo se sitúan las formas de organización respecto de estas formas de producción de hegemonía. Tercero, la historización de las ideologías que, en nuestro país, hicieron posible no sólo la persecución a través de criminalización de las luchas políticas y hasta el exterminio sino también su consentimiento, ya sea por acuerdo explícito, omisión o supuesta ignorancia. Pero entonces estos debates introducen la historicidad de las ideologías sociales que hicieron posible el autoritarismo de las dictaduras tanto a través de la planificación de la persecución y el exterminio como a través de su consentimiento por aceptación, omisión o supuesta ignorancia. Al respecto, Fabricio Forastelli ha indicado que el autoritarismo puede ser analizado como una categoría de la relación entre estado y sociedad civil, y no de la capacidad coercitiva del estado; es decir, propone considerar la especificidad del autoritarismo como una categoría ideológico-regulativa y no meramente prescriptiva. Así, propone revisar la comprensión del ‘autoritarismo’ como mero resultado de las constricciones económicas, institucionales o de fusiones ideológicas aberrantes e investigar las formas de autorización democráticas del poder. De este modo, el problema de producción de valor puede ser analizado no como problema derivado de la distribución económica sino como un problema político de la sociedad civil en tanto legitimación del poder. Me interesa recuperar esta posición de la crítica porque podemos historizar su reaparición, según indica Gramsci cuando las crisis económicas ponen en cuestión el orden concebido como orgánico y, simultáneamente, cuando las formas de asociación y organización son el blanco de las políticas represivas. Esto requiere tanto recuperar su concepción del carácter clasista de las luchas democráticas desde la desnaturalización del vínculo entre explotación económica y opresión como re leer sus textos sobre modos de movilización y luchas políticas democráticas a partir de la pregunta sobre la delimitación de nuestra capacidad de asociación cuando los conflictos surgen de la estructura misma de la sociedad. Por eso la configuración de la crisis de hegemonía incluye tanto el consentimiento del dominio como la tarea ideológica fundamental que hace inevitables las advertencias respecto del conflicto. Es aquí

donde las regulaciones culturales, por un lado, son constitutivas de la distribución mercantil y, por otro, su estatuto no consiste en la mera reproducción de ese principio de orden económico y social sino en una productividad basada en la no objetividad del valor en tanto “diferencia específica” como fundamento del capitalismo. Tanto en el proyecto UBACYT como en el proyecto de extensión y transferencia nos proponemos interrogar la producción de regulaciones que orientan la constitución de distintos modos de participación y acceso a los circuitos de decisión que afectan las

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