Confesiones Lb. XI. Resumen

September 23, 2017 | Author: Hollman Arturo Ladino | Category: Truth, Time, God, Memory, Augustine Of Hippo
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Universidad de la Salle Facultad de Filosofía y Humanidades Filosofía Medieval Hollman Arturo Ladino G. Cd. 3010208 Confesiones de San Agustín Cp. XI: El Tiempo

“Dios y Señor mío: está atento a mi corazón y escuche tu misericordia mi deseo, porque no sólo me abrasa en orden a mí, sino también en orden a servir a la caridad fraterna; y que así es, lo ves tú en mi corazón.” San Agustín inicia su libro undécimo clamando a Dios le permita conocer sus dones encerrados en su Santa Palabra, en la que se haya la verdad, dada desde un reconocimiento interior, donde se devela como cierta. Sucesivamente interroga a Dios sobre como ha hecho las cosas, el mundo, la realidad “¿Cómo hiciste, ¡oh Dios!, el cielo y la tierra?” pues no hubo una materia previa a la realidad de donde Dios tomara para crearla. Entonces para aclarar este tema, parte de la palabra divina, esta afirma, se encuentra por encima del entendimiento humano “la palabra de mi Dios permanece sobre mí eternamente” la palabra de Dios se da en un tiempo eterno, “Porque no se termina lo que se

estaba diciendo y se dice otra cosa, para que puedan ser dichas todas las cosas, sino todas a un tiempo y eternamente.” Porque la sucesión de tiempos en donde unas palabras van seguidas de otras, abre paso a pensar en la movilidad, de aquí en el cambio, y de este se negaría la inmutabilidad divina; introduciendo conceptos de tiempo y cambio en la divinidad, lo cual no es admisible para San Agustín. La razón eterna “en la que nada empieza ni acaba” designa el cambio y el fin de todo ser mudable, da a conocer el comienzo y el fin de las cosas; la verdad que permanece es la que nos enseña el Ser. La verdad fue proclamada por el verbo para que se buscase dentro, “y se hallase en la verdad eterna” en donde el Maestro enseña; el que nos enseña es la verdad que permanece. Esta verdad es principio porque permanece cuando erramos, al retornar del error a la verdad, retornamos al conocimiento, y para conocer somos guiados por la verdad en cuanto principio que nos habla. Dios hizo el cielo y la tierra en este principio, que es el verbo, el hijo, la virtud, la sabiduría, la verdad. Dios es la Sabiduría, “Me siento horrorizado y enardecido: horrorizado, por la desemejanza con ella; enardecido, por la semejanza con ella.” La sabiduría es la que se presenta a San Agustín revelándole las verdades eternas “La Sabiduría, la Sabiduría misma es la que fulgura

a mi vista, rompiendo mi niebla, que otra vez me cubre, desfallecido por aquella calígine y acervo de mis penas.” En este sentido “la voluntad de Dios pertenece a su misma sustancia; luego si en la sustancia de

Dios ha nacido algo que antes no había, no se puede decir ya con verdad que aquella sustancia es eterna.” Así en cuanto la voluntad de Dios permanece, por ser eterna, no hay movimiento y cambio en Dios. “¿Cómo puede haber verdadera eternidad donde nace una voluntad que antes no existía?” De aquí que la voluntad de Dios precede a toda creación.

Características del tiempo de la eternidad en relación con el tiempo humano El tiempo “largo no se hace largo sino por muchos movimientos que pasan y que no pueden coexistir a la vez”, mientras que en la eternidad no pasa nada, por el contrario, todo es presente; así estando fija la eternidad, dicta los tiempos pretéritos y futuros. Dios no deja de obrar, porque Él es el creador del tiempo, y si llegase a existir algún tiempo anterior a la creación, ya es obra de Dios omnicreante, “¿cómo habían de pasar innumerables siglos, cuando aún no los habías hecho tú, autor y creador de los siglos?” En Dios todo es presente, no hay pretérito ni futuro, en Dios no hay tiempo, entendido este, como un cambio. Dios precede todos los pretéritos y supera todos los futuros, Él es siempre el mismo y sus años no mueren, sus años existen todos juntos, porque existen, al contrario de los nuestros “que van y viene para que todos sean”; “Tus años son un día, y tu día no es un cada día, sino un hoy, porque

tu hoy no cede el paso al mañana ni sucede al día de ayer. Tu hoy es la eternidad (…)” El tiempo San Agustín se pregunta entonces por el tiempo “¿Qué es pues el tiempo?” “(…) Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.” Así en un primer momento, afirma que el tiempo es, en cuanto tiende al no ser, puesto que el pretérito ya no es y el futuro todavía no es, más aun el presente “para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito” En este sentido cuando pensamos en un largo tiempo pasado o futuro, se habla de un pretérito que fue largo y un futuro que será largo, porque no podemos decir que es largo el tiempo que ya no es, o aun no es. “¿cómo puede ser largo o breve lo que no es?” En un segundo momento, por ser el pretérito inexistente, por el hecho de ser pretérito, no debemos afirmar que el tiempo pasado fue largo, sino mejor “"Largo fue aquel tiempo siendo presente" porque es largo al ser presente en la medida en que aun no había pasado para dejar de ser, por lo que era y podía ser largo. Ahora del tiempo presente no podemos decir que es largo, porque el presente es aquel espacio en el tiempo que no se puede dividir en partículas, el cual pasa de lo futuro a lo pasado muy rápidamente. De acuerdo con esto el tiempo no puede medirse, ya que el presente no permanece y el pasado y el futuro no son. Existen las cosas futuras y las pretéritas en cuanto que son visibles para el hombre en el interior de su alma. San Agustín se pregunta posteriormente por el lugar donde habitan estas cosas futuras y pretéritas, ya que existen, y si existen, existen como presentes; así se presentan en la memoria no las cosas pasadas mismas, sino las imágenes de las cosas que imprimieron su huella en nuestra alma, y las cosas futuras en la medida en que premeditamos nuestras futuras acciones. Luego cuando se dice que se ven las cosas futuras, lo que se ven son las causas o signos que existen en el presente y que nos permiten concebir en el alma la predicción de los futuros. En consecuencia no diremos que los tiempos son tres, pasado, presente y futuro, sino que más bien que son tres cosas que existen en el alma, mas fuera de ella no pueden existir, “presente de

las cosas pasadas, (la memoria) presente de las cosas presentes (la visión) y presente de las futuras (la expectación).”

Como medimos el tiempo San Agustín: “Lo que yo deseo saber es la virtud y naturaleza del tiempo con el que medimos el movimiento de los cuerpos y decimos que tal movimiento, es dos veces más largo que éste.” Puesto que medimos el tiempo por el movimiento, cuando decimos que pasa un día al dar la tierra un giro sobre su propio eje; pero si el sol hiciese su recorrido en doce horas, diríamos que lo hizo en la mitad menos de tiempo de lo que suele hacerlo, de lo cual pensaríamos que este recorrido es sencillo respecto al recorrido de veinticuatro horas que sería doble. De aquí afirma San Agustín: “Nadie, pues, me diga que el tiempo es el movimiento de los cuerpos celestes” porque puede detenerse el sol, o alterar su velocidad, pero el tiempo permanece siempre.

“Veo, pues, que el tiempo es una cierta distensión. Pero ¿lo veo o es que me figuro verlo? Tú me lo mostrarás, ¡oh Luz de la verdad!” Así el tiempo no es pues inherente al movimiento de los cuerpos, aun cuando podemos medir el tiempo, al medir el movimiento de los cuerpos, ya sea cuando estos se mueven en un mismo lugar o cuando van de un lugar a otro “¿podría acaso medir el movimiento del cuerpo, cuánto ha

durado y cuánto ha tardado en llegar de un punto a otro, si no midiese el tiempo en que se mueve?” Nuevamente se interroga San Agustín: “¿De dónde mido yo el tiempo?” Al medir la extensión de los poemas, lo hacemos midiendo su tiempo de proclamación, pero esto no nos sirve aun para dar una medida fija del tiempo, puesto que un verso breve puede sonar durante un espacio más largo de tiempo, si se pronuncia lentamente, que otro del mismo tamaño. San Agustín: “De aquí me

pareció que el tiempo no es otra cosa que una extensión; pero ¿de qué? No lo sé, y maravilla será si no es de la misma alma.” El Alma fuente del tiempo

“Insiste, alma mía, y presta gran atención: Dios es nuestro ayudador. El nos ha hecho y no nosotros. Atiende de qué parte alborea la verdad.” No medimos los tiempos futuros, puesto que aun no son, no los pasados que ya no son, no los presentes que no permanecen, “ni aquellos que no se extienden con alguna duración, ni aquellos

que no tienen términos (…)” “Y, sin embargo, medimos los tiempos.” Continua entonces San Agustín afirmando que medimos la silaba larga por la breve y decimos que la contiene dos veces, pero como hacer esta operación, si al sonar la breve pasa y deja de ser, no podría medir la larga a partir de la breve que ya no es, más aun la larga no es hasta que no pase la breve; “¿Qué es, pues, lo que mido? ¿Dónde está la breve con que mido? ¿Dónde la larga que mido? Ambas sonaron, volaron, pasaron, ya no son.” Y sin embargo se pueden medir.

“Luego no son aquéllas [sílabas], que ya no existen, las que mido, sino mido algo en mi memoria y que permanece en ella fijo.” “En ti, alma mía, mido los tiempos.” De acuerdo con todo esto cuando mido los tiempos mido la afección que producen las cosas al alma que permanece en ella aun cuando las cosas hayan pasado. El alma es quien contiene el pasado, presente y futuro, en quien existe el tiempo. “Porque

ella espera, atiende y recuerda, a fin de que aquello que espera pase por aquello que atiende a aquello que recuerda.” “No es, pues, largo el tiempo futuro, que no existe, sino que un futuro largo es una larga expectación del futuro; ni es largo el pretérito, que ya no es, sino que un pretérito largo es una larga memoria del pretérito.” En resumen al medir el tiempo, lo que se mide no es el pasado y el futuro que no son, ni el presente que no permanece. Lo que se mide es la impresión que las afecciones, producidas por determinada acción que ya no es, dejan en la memoria; permaneciendo no las acciones, que pasan, sino las impresiones dentro del alma. Posteriormente San Agustín nos refiere un ejemplo para aclarar esto; imaginemos que se va a proclamar un canto, la expectación se extiende por todo este, y al comenzarlo va pasando de la expectación al pasado, en la memoria, extendiéndose así la memoria; se extiende pues el alma en la expectación de lo que se ha de decir y en la memoria de lo ya dicho. “Sin embargo, mi atención es presente, y por ella pasa lo que era futuro para hacerse pretérito.” Esto mismo es lo que sucede con la vida total del hombre. En consecuencia el tiempo existen en tanto existen las criaturas, así cuando se dice que Dios, antes de crear no había obrado, lo que se dice es que no había obrado en tiempo alguno; “Vean,

pues, que no puede haber ningún tiempo sin criatura y dejen de hablar semejante vaciedad.” “Extiéndanse también hacia aquellas cosas que están delante y entiendan que tú, creador eterno de todos los tiempos, eres antes que todos los tiempos, y que no hay tiempo alguno que te sea coeterno ni criatura alguna, aunque haya alguna que esté sobre el tiempo.” Ulteriormente nos habla sobre la existencia de un alma dotada de toda ciencia y presencia que conoce todas las cosas, pasadas y futuras, nada se le oculta de cuanto se ha realizado y ha de realizarse en los siglos, del modo como se puede conocer el canto proclamado, que pasa de la expectación a la memoria. Pero este ser no puede ser Dios, puesto que Dios conoce de otro modo, más admirable y más profundo. Porque no sucede en Dios “(…) que con la expectación de las palabras futuras y la memoria de las pasadas varíe el afecto y se distienda el sentido.” Ya que así como Dios conoció desde el principio el cielo y la tierra sin variedad de conocimiento, así hizo el cielo y la tierra en el principio sin distinción de acción.

“Quien entiende esto, que te alabe, y quien no lo entiende, que te alabe también. ¡Oh qué excelso eres! Con todo, los humildes de corazón son tu morada. Porque tú levantas a los caídos, y no caen aquellos cuya elevación eres tú.”

Fuentes Agustín, S. (1948). Obras de San Agustín. Confesiones. . Madrid: BAC.

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