Como Escribir y Contar Monologos Comicos Sociales

September 24, 2017 | Author: Ricardo Andrés Ordóñez | Category: Humour, Paper, Waste, Food & Wine, Food And Drink
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CÓMO ESCRIBIR Y CONTAR MONÓLOGOS CÓMICOS Y SOCIALES CURSO DE CUENTACUENTOS Y MONÓLOGOS Contar monólogos es una manera de acercarse a nuestra realidad cotidiana con buen humor

¿En qué consiste un monólogo? De un tiempo a esta parte, ha habido una especie de expansión rápida de un tipo de espectáculo que ya tenía mucho éxito en los países anglosajones y que, en España, sólo habíamos presenciado en series de televisión y películas.

Antes de empezar hay que diferenciar entre los monólogos teatrales,

con una amplia tradición en Europa y este nuevo género que podríamos decir que es estadounidense, adaptado al mundo del espectáculo, cafés y variedades.

Un contador de monólogos no es, pues, un actor gesticulante y estrambótico, sino una persona que llega y nos cuenta sus historias. Tampoco es un chistoso que encadena situaciones, si bien, en muchos casos la diferencia entre el espectáculo de un buen humorista y de un buen contador de monólogos es muy similar. El antecedente más importante que había en España antes de este boom ha sido Gila, aquel señor que era capaz, con un simple teléfono de hacernos reír durante un buen rato y, al mismo tiempo, desnudar las tristezas y miserias de la guerra o de nuestra propia existencia.

El contador de monólogos no inventa personajes exóticos o situaciones desorbitantes, sino que nos narra hechos cercanos, habituales, pero vistos desde una perspectiva nueva. Lo novedoso no será, pues, el hecho que nos cuenta, sino cómo lo ve el intérprete de monólogos. Para ello juegan un papel importante, no sólo el valor que tenga cada ocurrencia, sino cómo seleccionemos las palabras y los gestos. Dado que no vamos a abusar de los gestos, os podéis imaginar lo difícil que puede resultar.

Veamos un ejemplo práctico Vamos a comenzar con ejemplos. Imaginad que queremos escribir un monólogo sobre lo difícil que es ser ecologista. Lo llamaremos “Quiero ser ecologista”. Comenzamos haciendo una lista de las cosas que queremos incluir en el monólogo, de esta manera: -ser ecologista es de sentido común -un buen ecologista es vegetariano -o al menos come sano -reciclaje de papel, vidrio... -¿qué es una papelera? -viaja en bicicleta -Spain is different para viajar en bicicleta -es imposible ser ecologista

Cuando ya tenemos la lista avanzada, la ordenamos para darle una linealidad coherente, así: -ser ecologista es de sentido común -¿qué es una papelera? -reciclaje de papel, vidrio... -un buen ecologista es vegetariano -o al menos come sano -viaja en bicicleta -Spain is different para viajar en bicicleta

-es imposible ser ecologista

Ya podemos ir narrando la historia. De la parte relacionada con el reciclaje, elaboramos el siguiente fragmento: Como todas las personas con dos dedos de frente, yo quiero ser ecologista. Porque yo amo mi planeta y el mundo que me rodea y, tarde o temprano, todos tendremos que ser ecologistas. Para ser ecologista hay que cambiar muchos hábitos: por ejemplo, lo de las papeleras. ¿Qué es una papelera? Y todos ustedes dirán: pues un recipiente de plástico o metal que encontramos en los parques y los lugares públicos para echar los papeles. Pues no. Eso era antes; ahora, las papeleras son para echar cualquier cosa menos papeles. El cartón y el papel hay que dejarlo en un contenedor para eso, para papel.

Yo llego a casa con todos los papeles del buzón y los pongo en una caja aparte de la basura donde están los periódicos, suplementos, revistas y los envases de los alimentos. Soy tan tiquismiquis que a los sobres del banco, que vienen con una ventanilla de plástico les quito con cuidado ese plastiquito y la tiro a la basura y reciclo el resto del sobre.

Eso es lo malo, que uno se vuelve un poco enfermizo y empieza a hacer cosas raras: si se me pega un huevo en su envase de cartón ¿qué hago?, cojo las tijeras, recorto el trozo de cartón que tiene el huevo

pegado y lo tiro a la basura, para poder tirar el resto de la huevera al cartón. Y tengo otra costumbre curiosa: cuando voy al cine, la entrada suele ser pequeñita, hay cines que parece que te dan los tiques del tranvía de principios de siglo: un papel feo con unos números que no sirven para nada. Ese papel es una birria así: te sientes un poco engañado porque, con lo caro que es el cine, que te den eso... Pero además, es gracioso, porque, al entrar, te lo cortan por la mitad y te dan tu trocito, ya es un insulto casi. Pues yo, cojo el papelito, lo guardo bien en un bolsillo, con cuidadito para que no se me caiga al sacar las llaves y lo llevo a casa, a la cajita del cartón para el contenedor. Supongo que con diez millones de papelitos como ese, una vez reciclados habrá para hacer

unas

cuantas

hojas

de

periódico.

Pero para ser ecologista no basta con reciclar el cartón y el papel, están también las botellas, los frascos, los frasquitos esos del paté y de algunos yogures: todo lo que sea de cristal. Yo les quito las etiquetas, lo limpio por dentro y por fuera, les quito los precintos a las botellas y lo llevo al contenedor. Casi siempre están llenos, el de vidrio y el de cartón, pero yo como soy ecologista pero no jilipollas, dejo todas las bolsas cerca sin que me vean los vecinos y salgo pitando. No me hace mucha gracia, para un día que me puedo librar de los puñeteros residuos, que me los tenga que llevar de nuevo a casa porque los contenedores están llenos ¡faltaría más!

Ya tendremos tiempo de adaptarla a nuestras expresiones y a nuestra expresividad. Lo importante es no parar de escribir. Un buen sistema es, como hemos visto, la exageración. El personaje es tan tiquismiquis que se pasa. También veíamos al final que algo que es tan habitual como que se encuentren llenos los contenedores lo incluye en el texto dándole un

toque

divertido.

Seguimos avanzando y ahora vamos al tema de la alimentación de un ecologista. Al principio, tratará de ser vegetariano, pero es algo complicado para nuestro personaje. Después probará con los alimentos orgánicos y no tendrá más éxito: Pero esto es sólo el principio: un buen ecologista no se conforma con eliminar bien sus residuos, también se preocupa de su alimentación. Yo decidí comer sano y me compré un libro de Alimentación sana, pero más que sobre comida sana era sobre castigos corporales: decía que lo más sano era comer sólo fruta, cereales y verdura... Y no digo que no tenga su parte de razón, pero a mí las morcillas que prepara mi madre, el paté de hígado de cerdo a las finas hierbas, incluso unas buenas lonchas grasientas de panceta comidas con un buen grupo de amigos y amigas con buen vino navarro... Que no, ¡que hay que estar loco para vivir sólo con verdurillas!

Luego dije: voy a ser carnívoro, vale, pero voy a comprarme cosas ecológicas más sanas y que respeten más el medio ambiente, que no utilicen pesticidas y eso y dije, las patatitas, la harina, la leche, las manzanas a partir de ahora las compro ecológicas. Hay tantos productos: incluso la pasta puede ser ecológica: los macarrones ecológicos por ejemplo son una auténtica pasada. Saber saben exactamente igual, per

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