COLECCIÓN LO GRUPAL 10 Pawlosky Subjetividad y Devenir Social

December 15, 2017 | Author: Anarquia Soledad | Category: Dialectic, Theory, Politics, Psychoanalysis, Social Psychology
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COLECCIÓN LO GRUPAL. Grupos e institución / René Lourau / Lo Grupal 10. Como todo objeto, los grupos son susceptibles de varios niveles de análisis. El análisis institucional (Al) nació -de la crítica a los métodos de grupo centrados en el grupo. El grupo, con las estrechas delimitaciones establecidas por el modelo de análisis de tipo grupo de diagnóstico, condujo a lo que llamo el grupismo. Sin embargo, de la psicosociología AI heredó el campo de intervención microsocial. Al inicio nos era difícil ver a los grupos sólo desde sus transversalidad institucional. Llegamos a decir a propósito de tal o cual fenómeno: "esto es dinámica de grupo", y oscilábamos entre dos niveles de análisis, donde uno aparecía como el parásito del otro. Tuvimos que entablar una lucha contra la ideología grupista, que era muy fuerte en las poblaciones que nos planteaban encargos de intervención socioanalítica: grupos marginales de las iglesias católica y protestante, asociaciones de educación popular marcadas también por el militantismo religioso de izquierda; trabajadores sociales confrontados con su oficio imposible, etc. Curiosamente, este grupismo de origen afectivista, fusional, se encontró reforzado o reemplazado en 1968 por el grupismo grupuscular de tendencia política anti-institucional. El modelo de la Asamblea General (AG) fue transportado al dispositivo socioanalítico: grupo numeroso formado por todos los grupos, involucrados en la situación de intervención. Entonces es cuando la noción de contra-institución llegó a vincular dialécticamente la noción de grupo a la de institución. Como lo expresa A. Bauleo: "El grupo puede (...) replantear el problema de las instituciones (y de las normas) sociales que están en juego en todo grupo, sea del exterior o incluso en el interior del grupo (Contrainstitución y grupos, 1977, Fundamentos, Madrid)". (1). Subrayo: "puede replantear el problema", puesto que no es evidente. Esta noción de contra-institución era utilizada por la contracultura a finales de los años sesenta y principios de los setenta. Esta última significaba una alternativa positiva y no solamente una crítica ideológica a lo instituido. Era una crítica activa, instituyente, que suponía opciones políticas, organizacionales y materiales: rechazo a colaborar con el Estado y el capital, transformación de la célula familiar, trabajo comunitario ligado al militantismo de nuevo tipo. La esquizofrenia de los militantes tradicionales entre vida pública / vida privada, vida profesional/actividad militante de noche, era concretamente combatida por el intento de poner en práctica la teoría.

La evolución económica y social durante los setenta condujo a un repliegue y a una desaparición de esas experiencias. Las opciones políticas se transformaron en vagas referencias ideológicas con resonancias místicas a veces. Las transformaciones en la pareja y en la educación de los hijos institucionalizadas por la moda cultural y a veces por la legislación. En cuanto a los intentos de trabajo comunitario, de autogestión, difícilmente resistieron las angustias de la crisis, del desempleo y del individualismo acentuado por esta situación. Privada de su base social y de su movimiento portador, la noción de contrainstitución también se retrajo para no significar más que una virtualidad de los grupos: la posibilidad de la vida, el trabajo o la acción en común. En esta situación regresiva se introdujeron las técnicas grupistas de tipo corporal, los grupos de encuentro, bioenergía, gestalt, etc.; retorno forzado de lo reprimido, de la potencialidad del grupo de base, fusional, contra las instancias del grupo de trabajo y del grupo de acción. El AI carecía una vez más de una teoría de grupos. La Asamblea General era cada vez menos evidente en el dispositivo socioanalítico. Algunas intervenciones tuvieron lugar sin ese soporte que, como extensión y estallido de! grupo de diagnóstico lewiniano, nos parecía hasta entonces perfectamente natural. Las intervenciones en ausencia del dispositivo grupal (Asamblea General) son agotadoras, dramáticas. El socioanalista busca ahí su lugar; algunos incluso piensan, en su angustia, que ya no tienen entonces el más mínimo rol que jugar, como si el socioanálisis consistiera en actuar sobre un grupo. Después de dos intervenciones de este tipo (en un centro cultural y en un instituto de formación de carreras sociales) juré que ya no haría más socioanálisis (2). Naturalmente traicioné mi promesa, aceptando por ejemplo intervenir en una asociación de terapeutas, la AMPAG* en México (1981). Ahí nos encontramos con excelentes especialistas formados en psicoanálisis y análisis institucional, expertos en las terapias de grupo, de familia y de pareja. El sofisticado grupismo de estos clientes limitó enormemente el impacto del análisis institucional. Aquello comenzó con la integración (no prevista) de mi mujer como socioanalítica, cuando ella pretendía desempeñar, cuando mucho, un rol de observadora. La constitución involuntaria de la "pareja Lourau" en equipo de analistas facilitó la polarización de muchas contradicciones de la AMPAG, bajo el signo del poder de las parejas en la asociación. Vimos imponerse el obsesionante tema de las "parejas de poder" y del mito fundador: "la pareja sospechosa". Este deslizamiento hacia un nivel de análisis

muy rico pero muy profesional (la AMPAG hace terapia de pareja y vive el problema de la rotación de parejas de terapeutas), permitió ocultar en parte otros analizadores y sobre todo el más importante, el analizador dinero... poderoso caballero*". Hemos reflexionado sobre esta intervención: intercambiamos textos con la asociación cliente durante varios meses después de nuestro regreso a Francia. De nuevo me planteé el problema de las posibilidades del Al; de sus lazos demasiado fuertes o demasiado débiles con la cosa grupal, con el riesgo de ser absorbido por el grupismo o inversamente, con, el riesgo de carecer de un soporte en ausencia del campo grupal. Después de haber criticado y rechazado el modelo lewiniano, algunos de nosotros fuimos tentados por un trasplante grupal de nuevo tipo. Se creyó que el soporte grupal de Al podría ser la variedad californiana del neo-reichismo, los grupos de bioenergía. Después de un dispositivo de libre expresión verbal, uno de libre expresión corporal, Lapassade y sus seguidores están ahora menos convencidos del éxito del trasplante. El neo-grupismo corporal es aún más fusional que los grupos de base efectivistas de algunos lewinianos. Lo fusional tiende a rechazar lo conflictual y con él todo proyecto de análisis institucional: "estamos bien, la institución nos vale". Estas razones y también la nueva ofensiva del grupismo sobre el mercado terapéutico y educativo parecían mostrar que la cuestión de la institución se había convertido en una vieja idea de los años sesenta. Sin embargo, diversas experiencias profesionales o intelectuales me han conducido a cuestionar esa debilidad crónica del Al en materia de teoría de grupos. Esas experiencias profesionales, de las cuales algunas, aunque no todas, tenían que ver con el socioanálisis, me obligaron a considerar mis implicaciones frente (vis a vis) a los grupos reales con los que tuve y aún tengo que ver. Enumero brevemente este corpus de "investigación implicada": • Mis relaciones con el grupo surrealista en 1965-1967. • La tentativa de análisis interno de la universidad de Nanterre, donde enseñaba Sociología, a principios de 1968, en vísperas del movimiento estudiantil de mayo. • El seminario de Al en Nanterre, en los años posteriores a 1968 (3).

• Intervenciones socioanalíticas como la de Poitiers (1974), (año en que fui suspendido de la enseñanza por decisión ministerial) o la de México (que precedió a la separación entre mi mujer y yo). • La crisis en el grupo de análisis institucional de la Universidad de París XIII y su escisión temporal en 1978 (4). • El conflicto en el grupo de redacción de la revista Autogestions de la cual formé parte desde su fundación en 1966; conflicto que culminó a fines de 1983 con la exclusión o la salida de los "institucionalistas", entre los que nos encontrábamos Remi Hess, Antoine Savoye y yo; • El seminario de Al para el doctorado de tercer ciclo del cual soy responsable en la Universidad de Paris XIII (5). Este proceso de análisis de nuestras implicaciones no está muy extendido en las ciencias sociales, incluyendo a la psicología social y al psicoanálisis. La etnología, donde las implicaciones políticas y colonialistas del investigador son masivas, es la excepción. Desde hace algunos años, después de haber empleado el concepto de contratransferencia institucional, proveniente de la psicoterapia institucional, nuestra práctica y nuestra investigación van en el sentido de: • El análisis de la implicación en el encargo social (encargo de formación, de terapia, de intervención... de investigación libre o bajo contrato, etcétera). • El análisis de la implicación en las demandas sociales, diversas y contradictorias: los dirigentes, "responsables" o "representantes" (representan siempre la ausencia) traducen/ traicionan estas demandas en términos tecnocráticos, en función de sus intereses de clase y no en función de las necesidades de la población. • El análisis de la implicación en los procesos de institucionalización: institucionalización de los especialistas en relaciones humanas, en regulación, en "salud" mental, en formación, etc. Estos especialistas, entre los cuales nos encontramos, ocupan un lugar importante dentro de laintelligentsia en movilidad social ascendente. Esta intelligentsia es en sí misma una fracción dinámica de la clase media en ascenso, la "nueva clase" (Gould-nei). Los problemas personales no son un mero reflejo de los colectivos. Son, sin embargo, el lugar donde las apuestas colectivas se arraigan, refractándose en las angustias del destino individual. Los conflictos a veces dramáticos vividos por mí (y por otros) en el curso de experiencias, algunas de las cuales cité, tienen por

sede grupos reales. No podrían ser verdaderamente comprendidos e interpretados en forma satisfactoria siguiendo los modelos de análisis de grupo, ni incluso el modelo de análisis institucional, en continuo cuestionamiento. He buscado desde entonces, paulatinamente y a veces inconscientemente, en dos direcciones que indican una vía para una nueva teoría de grupos en el Al. La primera dirección tiene que ver con los Grupos de interferencia, cuya característica es estar en el entrecruzamiento y en el devenir de muchos otros grupos pasados, presentes y por venir. Rechazan las fronteras y son rebeldes a los modelos de análisis cuyo dispositivo es lo grupal cerrado en sí mismo. Funcionan en una dialéctica permanente interior/exterior, y esta dialéctica difícilmente observable, difícilmente perceptible por los participantes, es mucho más interesante que los problemas de regulación, cohesión, liderazgo, etcétera. En efecto, las interferencias no son intersecciones geométricas (morfológicamente trazables) de líneas fronterizas. Son acciones, acontecimientos, fuerzas que crean, modifican y deshacen las formas en búsqueda de una transversalidad, de un equilibrio que no es el equilibrio homeostático de la teoría de sistemas, sino el de una capacidad de autonomía (siempre puesta en entredicho). Los grupos de interferencia combaten la concepción grupista que hace del grupo una entidad, un conjunto bien observable y delimitado de antemano para las necesidades de la teoría. Para el análisis institucional son un material privilegiado, puesto que permiten, tanto como los efectos de los analizadores, medir el grado de identificación con la institución. Interfiriendo entre ellos, interfieren diferencialmente con / en ella. La segunda dirección de investigación la había explorado ya, ignorando que ésta convergería con una eventual teoría de grupos en el Al. Gracias a mi interés por los movimientos y grupúsculos artísticos, políticos y culturales de vanguardia, inicié una encuesta sobre la autodisolución de las vanguardias (6). Publiqué una veintena de manifiestos de autodisolución de origen muy diverso: el último estaba fresco como un pez recién pescado: era la carta en la que la escuela freudiana de París se auto-disolvía, ¡no por el colectivo de la escuela sino únicamente por Lacan! Este texto, como la mayoría de los textos de autodisolución, era tan bello que lo añadí a mi muestra, incluso antes de que Lacan me hiciera llegar su autorización para reproducirlo. La psicosociología, con sus diversos dispositivos (settings, encuadres) recorta los grupos como si fueran rebanadas de salchichón. De hecho, la naturaleza del

dispositivo está masivamente determinada por la institución, a su vez determina por su cuenta lo que la institución desea. No es casual que el acto fundador del análisis institucional y el del grupo de diagnóstico lewiniano estén estrechamente ligados a accidentes o incluso a catástrofes del dispositivo. La palabra catástrofe no debe inquietar; remite, como se verá más adelante, a la actividad altamente instituyente de la autodisolución, tan "positiva" y "creativa" como la de la institucionalización. Recordemos muy rápidamente los momentos fundadores que muestran la importancia de las perturbaciones del dispositivo en toda investigación. Según los discípulos de Kurt Lewin, el dispositivo conocido bajo el nombre de "dinámica de grupos", "grupo de base" o "grupo de diagnóstico" nació de circunstancias extrañas. Lewin y su equipo de formadores se encontraban reunidos, por la noche, durante un curso de formación para alumnos-instructores, en una sala discutiendo sobre lo que habían hecho en la jornada con sus grupos de formación; regulación casi banal para un equipo de profesores formados en psicología. Los alumnos-instructores se aburrían en otro edificio; viendo una luz encendida, miran lo que sucede y piden permiso para participar en la reunión de formadores; éstos se escandalizan ante tal demanda. Un poco como si unos colegiales exigieran una retroalimentación de todo lo que se dice a sus espaldas en la sala de profesores. Felizmente, Lewin se encontraba ahí; comprende de inmediato la importancia de la situación instituyente. Los alumnos-instructores son aceptados y participan en la conversación sobre lo que sucedió durante la jornada entre ellos y sus coordinadores y entre ellos mismos como participantes en los grupos. Así es como nació la dinámica de grupos; el dispositivo del grupo centrado en él y sobre su tarea exigía que la separación "normal", "natural", "lógica" entre formadores y formados fuera suprimida. El AL fue "inventado" por Lapassade durante un curso de militantes de la MNEF (Mutuelle National des Etudiants de France) cuando los alumnos demandaron que el dispositivo del curso en su conjunto fuera autogestionado en lugar de mantenerse como propiedad privada del equipo de formadores. La novela familiar del Al recuerda que aquel de los coordinadores que mejor había comprendido dicha demanda, Georges Lapassade, fue al final del curso simbólicamente arrojado a un canal (poco profundo). Por fortuna esos estudiantes instituyentes no habían realmente tirado al bebé en el agua sucia.

Esos grandes momentos de creatividad grupal son demasiado descuidados por la psicosociología tradicional. La máxima producción grupal (producción de análisis colectivo por los analizadores, y por lo tanto también acción decisiva) es lo que caracteriza al proceso de autodisolución. Momentos analizadores: el análisis colectivo es inducido por la tarea, que consiste en explicar el término o la interrupción de la existencia del grupo. El proceso de autodisolución puede durar años o solamente algunos días. El hecho de conocer el origen exacto del proceso no importa más que en relación con el trabajo de desconocimiento y de ocultación efectuado en el curso de la institucionalización: es útil reencontrar la emergencia de tal crisis, en tanto que ha producido en seguida "anticuerpos" institucionales para colmar la brecha en el inconsciente social del grupo, arrojando a las tinieblas exteriores los "emergentes", en el sentido de la teoría de los grupos operativos de Pichón Riviere (7). En el proceso de autodisolución, las contradicciones acumuladas, los orígenes, con frecuencia misteriosos, perdidos en las leyendas y otras versiones contradictorias de la novela familiar, las viejas tensiones libidinosas, los problemas de dineros enterrados desde hace tiempo bajo la mala hierba de la buena conciencia, lo no dicho sobre ias relaciones con el exterior, con la vida cotidiana, con otros grupos de pertenencia o de referencia, complementarios o rivales con la institución, con el Estado, etc., todo esto de pronto se vierte en la situación, es como una anamnesis que acompañaría, precedería y seguiría a un grandioso pasaje al acto. El grupo, cuanto más ha acumulado no saber, inconsciente colectivo, burocracia "natural", en su fase de institucionalización y en la éstasis más o menos larga de lo instituido, más descarga en la autodisolución saber sobre sí mismo y sobre su viejo proceso de institucionalización. Con las dos direcciones de investigación que acabo de esbozar, surge la necesidad de observar el devenir de los grupos en su relación cambiante corría identificación institucional; en sus múltiples interferencias; en su íntimo vínculo con la negatividad que los carcome desde su creación: esta negatividad, cuando se realiza en la autodisolución, no es sinónimo de muerte y aniquilamiento. En realidad es un nuevo comienzo, como lo muestran casi todos los casos que he podido estudiar. El momento de la reinstitucionalización no tarda, por lo general, en seguir al momento de la autodisolución bajo diversas formas. A veces incluso la precede, lo que no deja de producir otra interferencia entre lo viejo y lo nuevo, o sea entre el viejo equipo líder y un joven equipo dirigente. Las interferencias, que llegaron a ser locas, se estabilizan.

Tal subgrupo se junta con un grupo exterior que se encontraba en fuerte interferencia con el primero. Otro subgrupo se instituye en nuevo grupo, o en viejo grupo con "nueva fórmula". Los individuos se dispersan en varios grupos de interferencia o bien repudian toda nueva pertenencia, teniendo la posibilidad (frecuente) de acuñar, de rentabilizar (simbólica o realmente) su vieja pertenencia: el viejo grupo de pertenencia deviene en grupo de referencia, etcétera. Estas observaciones proporcionan una idea de lo que podría ser la relación grupo/institución desde el punto de vista del Al. Con una teoría más dinámica, más dialéctica, menos dependiente de este o aquel modelo de la psicología social, se podría intentar escapar algún tiempo tanto a las trampas del grupismo como a la ausencia de soporte teórico grupal, tan indispensable a toda empresa colectiva. • Agradecemos al profesor Marcelo Carrillo, de la Universidad Iberoamericana de México, D. F., la traducción del presente texto. B mismo formó parte del libro colectivo "Perspectivesde L'analyse Institutionelle", editado en París, en 1988, por Meridiennes Klincksieck. Notas. 1. Á. Bauieo anima en Europa el Centro Internacional de Investigación en Psicología Grupal y Social. 2. Véase mi contribución al libro colectivo La intervención institucional, México, 1981. * Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo. 3 Véase Sociobgue a plein temps, París, Epi. 1976. 4 Véase el número especial de la revista Pour, "L'analyse institutionnelle en crise" 1978. 5. Véase la Saint famille, boletín del seminario de Al de París VIII 1984-1988. 6. Autodissoiution des avant-gardes, París, Galilée, 1981.

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