Ciudad de muros - Caldeira.pdf

September 24, 2017 | Author: sebastiananzola | Category: Anthropology, Democracy, Brazil, Society, São Paulo
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Se ha vuelto necesario estudiar la cultura en nuevos territorios. La industrialización y la globalización de los procesos culturales, además de modificar el papel de intelectuales y artistas, provoca que se interesen en este campo empresarios y economistas, gobernantes y animadores de la comunicación y participación social. La presente colección dará a conocer estudios sobre estas nuevas escenas, así como enfoques interdisciplinarios de las áreas clásicas: las artes y la literatura, la cultura popular, los conflictos fronterizos, los desafíos culturales del desarrollo y la ciudadanía. Daremos preferencia a estudios en español y en otras lenguas que están renovando tanto el trabajo de las disciplinas «dedicadas» a la cultura -antropología, historia y comunicación- como los campos que se abren para estos temas en la economía, la tecnología y la gestión sociopolítica.

CIUDAD DE MUROS

GEORGE YúDICE Política cultural y TOBY MlLLER GUSTAVOLINS RmEIRO

Postimperialismo Cultura y política en el mundo contemporáneo

Scorr MICHAELSEN Teoría de la frontera DAVIDE. ]OHNSON Los límites de la política cultural (COMPS.)

y

GEORGE YúDICE

El recurso de la cultura Usos de la cultura en la era global

]EAN-PIERRE WARNIER La mundialización de la cultura LUIS REYGADAS Ensamblando culturas Diversidad y conflicto en la globalización de la industria ]OOST SMIERS Un mundo sin copyright Artes y medios en la globalización

gediedi~e

Obra publicada con el apoyo del Ministerio de Cultura de Brasil, la Fundad6n Biblioteca Nadonal y la Coordenadoria Geral do Livro e da Leitura.

Título del original portugués: [idade de muros. [rime, segrega~éio e cidadania em Séio Paulo Editora 34 ltda. j Edusp - Editora da Universidade de Sao Paulo, 2000

Para Jim, explorador de ciudades, reales e imaginarias. [idade de muros fue publicado en inglés por la Universidad de California Press, con el título de City al Walls: [rime, Segregation and [itizenship in Séio Pauto, 2000 Créditos de las fotografías: Célio Jr.jAE (fotos 10 y 11); Teresa Pires do Rio Caldeira (fotos 1, 2, 4, 5, 6, 8, 9, 12, 13, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 27 Y 28); Teresa Pires do Rio Caldeira y James Holston (3, 7, 14, 15, 16, 17, 24, ,25, 26 Y29)

o Editorial Gedisa, S.A. Avda. Tibidabo 12, 3· 08022 Barcelona (España) Tel93 253 09 04 Fax 93 253 09 05 Correo electrónico: [email protected] http://www.gedisa.com

ISBN: 978-84-9784-191-7 Depósito legal: B. 49347·2007

Impreso por Romanya Valls Impreso en España Printed in Spain Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, de esta versión en castellano de la obra.

INTRODUCCIÓN ANTROPOLOGÍA

CON ACENTO

La violencia y el miedo se combinan con procesos de cambio social las ciudades contemporáneas, generando nuevas formas de segre~gación espacial y discriminación social. En las dos últimas décadas, en ciudades tan diversas como Sao Paulo, Los Ángeles, Johannesburgo, Buenos Aires, Budapest, Ciudad de México y Miami, diferentes grupos sociales -especialmente de las clases más altas- han utilizado el miedo a la violencia y al crimen para justificar tanto nuevas tecnologías de exclusión social como el alejamiento de los barrios tradicionales de esas ciudades. En general, los grupos que se sienten amenazados por el ótden social que toma cuerpo en esas ciudades construyen enclaves fortificados para su residencia, trabajo, ocio y consumo. Los discurw. sobre el miedo que simultáneamente legitiman ese aleja~to y ayudan a reproducir el miedo, encuentran diferentes referencias. Con frecuencia hablan del crimen y especialmente del crimen violento. Pero también incorporan preocupaciones raciales y étnicas, prejuicios de clase y referencias negativas hacia los pobres y marginados. Invariablemente la circulación de esos discursos del miedo y la proliferación de prácticas de segregación se entrelazan con otros procesos de transformación social: transiciones democráticas en América Latina; post-apartheid en Sudáfrica; postsocialismo en el este uropeo; transformaciones étnicas derivadas de la intensa inmigración en os Estados Unidos. Mientras tanto, las formas de exclusión y encierro ajo las cuales ocurren las actuales transformaciones espaciales son tan generalizadas que pueden ser tratadas como parte de una fórmula que las elites de todo el mundo están adoptando para reconfigurar la segregación ~acial de sus ciudades. . te libro focaliza el caso de Sao Paulo y presenta un análisis de la forma por la cual el crimen, el miedo a la violencia y la falta de respeto por los derechos de la ciudadanía se han combinado con transformaciones urbanas para producir un nuevo patrón de segregación espacial en las dos últimas décadas. Ése es el período de consolidación democrática que siguió al régimen militar que dominó el Brasil entre 1964 y 1985. El crecimiento del crimen violento en Sao Paulo desde mediados de la década r--

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de 1980 generó miedo y una serie de nuevas estrategias de protección y reacción, entre las cuales la construcción de los muros es la más emblemática. Tanto simbólica como materialmente esas estrategias operan de forma semejante: establecen diferencias, imponen divisiones y distancias, construyen separaciones, multiplican reglas de e!usión y exclusión y restringen los movimientos. Muchas de eracio s son justificadas en conversaciones diarias que llamo ( ,abta deIl' » Las narrativas cotidianas, comentarios, conversacion 'é'tneluSo bromas y chistes que tienen al crimen como tema, se contraponen al miedo y a la experiencia de ser una víctima y, al mismo tiempo, hacen proliferar el miedo. El habla del crimen promueve una reorganización simbólica de un universo que fue perturbado tanto por e! incremento del crimen como por una serie de procesos que vienen afectando profundamente a la sociedad brasileña en las últimas décadas. Esos procesos incluyen, por un lado, la democratización política y, por otro, la inflación, la recesión económica y e! agotamiento de un modelo de desarrollo basado en e! nacionalismo, la sustitución de importaciones, el proteccionismo y en la acentuada intervención del Estado en la economía. El universo de! crimen ofrece imágenes que permiten tanto expresar los sentimientos de pérdida y decadencia social generados por esos otros procesos, como legitimar e! tipo de reacción que se está adoptando: seguridad. privada para garantizar el aislamiento, encierro y distanciamiento de aquellos que son considerados peligrosos. El habla de! crimen construye su reordenación simbólica de! mundo elaborando prejuicios y naturalizando la percepción de ciertos grupos como peligrosos. De modo simplista divide e! mundo entre e! bien y e! mal y criminaliza ciertas categorías sociales. Esta criminalización simbólica es un proceso social dominante y tan difundido que hasta las propias víctimas de los estereotipos (1ospobres, por ejemplo) acaban por reproducirlo, aunque ambiguamente. En verdad, e! universo del crimen (o de la transgresión, o de las acusaciones de mal comportamiento) ofrece un contexto fértil en el cual los estereotipos circulan y la discriminación social es moldeada -no solo en Sao Paulo, sino en cualquier lugar-o Obyiamente, este universo de! crimen no es el único que genera discriminaciÓn en las sociedades conte~ Mientras tanto, mvestlgarlo es especialmente importante porque omenta e! desarrollo de dos nuevos modos de discriminación: la privatización de la seguridad y la reclusión de algunos grupos sociales en enclaves fortificados. Estos dos procesos están cambiando las nociones de público y de espacio público que hasta pocos años atrás predominaban en sociedades occidentales. privatiz ' , n 1 ri ad desafía e! monopolio de! uso legítimo de la fuerza por el Estado, que ha sido considerada una característica definidora del Estado-nación moderno (d. Weber, 1968: 54-56, y también Tilly, 1975 y Elias, 1994 [1939]). En las últimas décadas la seguri-

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dad de convirtió en un servicio que se puede comprar y vender en e! mercado, alimentando una industria altamente lucrativa. A mediados de la década de 1990 e! número de vigilantes empleados en seguridad privada sobrepasó encasi tres veces el de policías en los Estados Unidos, y en cerca de dos veces a los de Gran Bretaña y Canadá (United States House, 1993: 97, 135; Bayley y Shearing, 1996: 587). Los ciudadanos de estos y de muchos otros países dependen cada vez más de la seguridad privada no solo para la protección de cara al crimen sino también para identifica" '1'amlento de personas In 'd eseadas, preClsa' ClOn,se1eCClOn, contro 1 y alS ~te aqu~que encajan e~s....esteJ~creados por el habla de! cnmen. ~n Sao Paulo la privatización de la seguridad está creciendo, pero hasta ahora el contingente de vigilantes no sobrepasó, oficialmente, e! de policías. Mientras tanto, asume una característica más perversa y preocupante en e! contexto de amplio descrédito de las instituciones del orden ":'lasfuerzas policiales y e! sistema judicial-o Debido a que estos son vistos como ineficientes y sobre todo porque, aun bajo un régimen democrático, la policía frecuentemente actUa fuera de los límites de la ley, cometiendo abusos y ejecutando sospechosos, un número creciente de habitantes de Sao Paulo ha optado por servicios de seguridad priVada (frecuentemente irregulares o hasta explícitamente ilegales) y llega a optar por la justicia privada (ya sea por medio de justicieros, sea por acciones policiales extralegales). Muchas veces estos servicios priv ' dos contrarí hasta violan, los derec os e os CIUdadanos. un así, esas vio aciones son to era as por la pob aClOnque en varias ocasiones considera algunos derechos de ciudadanía no importantes e incluso censurables, como se hace evidente en la cuestión del ataque a los derechos humanos que analizo en los capítulos subsiguientes. Esta amplia violación de los derechos de ciudadanía indica los límites de la consolidación democrática y de! estado de derecho en e! Brasil. El universo de! crimen no solo revela Una falta de respeto generalizada por los derechos y las vidas, sino que también deslegitima directamente la ciudadanía. Esta falta de respeto por los derechos individuales y por la justicia representa el principal desafío a la expansión de la democracia brasileña más allá del sistema político en e! que fue consolidada en las últimas décadas. Pero la privatización de la seguridad también presenta u desafío para las democracias tradicionales y consolidadas, corno la de los Estados Unidos, en la medida en que sus ciudadanos cada vez más utilizan seguridad privada y enclaves privados y estructuran sus vidas cotidianas de formas que excluyen la presencia de servicios y autoridades públicas, deslegitimándolos. El nuevo patrón de segregación urbana basado en la creación de enclaves fortificados, representa el lado complementario de la privatización

__O] de la seguridad y la transformación de las concepciones del público. Aun cuando la segregación haya sido siempre una característica de las ciudades, los instrumentos y reglas que la producen han cambiado considerablemente a lo largo del tiempo. Obviamente, también cambian de ciudad en ciudad, otorgando a cada una su identidad particular. Mientras tanto, es posible identificar patrones de organización y segregación espacial y sus instrumentos. Estos patrones constituyen repertorios de los cuales las más diversas ciudades toman elementos para moldear sus espacios. Hay muchos ejemplos de estos modelos ampliamente difundidos y que sirven como estructura básica sobre la cual diferentes ciudades desarrollan después sus espacios: la Ley de Indias, las calles-corredor, los bulevares de Haussmann, las ciudades-jardín y la ciudad modernista de los CIAM.! Los enclaves fortificados que están transformando ciudades contemporáneas como Sao Paulo, ejemplifican la emergencia de un nuevo patrón de organización de las diferencias sociales en el espacio urbano. Es un modelo que está siendo empleado por las clases medias y altas en los más diversos países, generando otro tipo de espacio público y de interacciones de los ciudadanos en público. Este nuevo modelo no usa instrumentos totalmente nuevos ni en términos de diseño ni de ubicación. Diversas características del diseño son modernistas y los enclaves normalmente se ubican en los suburbios, donde las clases medias ya han ido aislándose hace un buen tiempo en varias partes del mundo. Sin embargo, el nuevo modelo de segregación separa grupos sociales de una forma tan explícita que transforma la cualidad del espacio público. ) r Los enclaves fortificados son espacios privatizados, cerrados y moni,:\::"'~ toreados, destinados a residencia, ocio, trabajo y consumo. Pueden ser AV'...:..-"¡¡' ~ sh~ppin? centers, conjuntos comerciales y empresariales, ~ condo~inios \-~ 0 J reSidenciales. Atraen a aquellos que temen la heterogeneidad social de J~~ los barrios urbanos más antiguos y prefieren dejados para los pobres, los '0-- y la heterogeneidad, la tolerancia en relación con el otro, la accesibilidad y las fronteras flexibles existen de alguna manera y pueden ser rescatadas como valores positivos. Véase Deursche (1996) para una crítica de las concepciones del espacio público con relación al papel del arte público en un contexto democrático. Deutsche argumenta, inspirada por Lefort, que el papel de ese arte debe ser exactamente el de desestabilizar límites e identidades.

corporativa controlada democráticamente y cuyos principales integrantes serían electos por los residentes-locatarios. El modelo de la ciudad-jardín fue muy influyente, generando numerosas new towns, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, desde e! comienzo de! siglo XX (Fishman, 1988: cap. 1). Los actuales condominios cerrados paulistas y los CID (cornrnon interest developrnents) norteamericanos ejemplifican la influencia del modelo de la ciudad-jardín y también cuánto fue modificado. Los muros y el carácter privado de los emprendimientos actuales, la ausencia de preocupación por un orden urbano como un todo y el estilo de vida.exclusivo y excluyente, contradicen directamente los ideales originales. Sin embargo, e! imaginario de la ciudad-jardín todavía es significativo. En los Estados Unidos, ese modelo ha sido frecuentemente asociado con los ideales políticos comunitarios, a pesar de que estos no fueran necesariamente parte de la visión de Howard.9 No es difícil asociar ese concepto a los orígenes de los CID administrados , por una asociación de propietarios, que se están convirtiendo en e! principal tipo de residencia en los suburbios norteamericanos. !O De forma semejante, como reveló el análisis de los anuncios, los condominios cerrados brasileños se inspiran en el modelo de la ciudad-jardín. En contraste con los CID estadounidenses, sin embargo, los condomini!;ls paulistas no insisten en la cuestión de la comunidad. En Sao Paulo el comunitarismo no es una ideología importante y la inspiración de la ciudad-jardín termina siendo expresada de una manera más cruda. Sin el discurso (presumiblemente positivo) sobre los valores de la comunidad local, sus intenciones discriminatorias son las únicas que sobresalen. Le Corbusier y la planificación urbana modernista representan otra crítica a la ciudad industrial y a su espacio público moderno, que fue apropiado y transformado por los nuevos enclaves. A pesar de las muchas diferencias, la Ciudad Radiante de Le Corbusier tenía algunos vínculos con e! modelo de ciudad-jardín. En verdad, él mismo la describió como una «ciudad-jardín vertical» (Jacobs, 1961: 22).11 Sus ideas sobre densidad eran e! opuesto de las de Howard, e introdujo los rascacielos a sus proyectos así como e! automóvil y consideraciones sobre el flujo rápido de

Los enclaves fortificados y el tipo de espacio público que se están creando en Sao Paulo y en Los Ángeles son el resultado de influencias complejas y heterogéneas. Algunas de ellas pueden ser relacionadas con las críticas de la desigualdad, segregación e injusticias sociales que constituyeron a las ciudades industriales. Dos de esas visiones influyeron en especial en la nueva segregación de los enclaves: la noción de ciudad-jardín y el modernismo. Este análisis nos ayudará a entender cómo lo que fue originariamente una crítica a los problemas de las ciudades industriales acabó transformándose en una fuente de destrucción de sus ideales democráticos. El modelo de la ciudad-jardín fue expresado por primera vez por Ebenezer Howard en Inglaterra en e! siglo XIX.7 Considerando los problemas de las grandes ciudades como insolubles, él propone sustituirlas por ciudades pequeñas. Sus residentes, especialmente los pobres, vivirían cerca de la naturaleza y basarían sus relaciones en la mutualidad y en la propiedad colectiva de la tierra. Howard imaginó las ciudades-jardín como autosuficientes y, por lo tanto, diferentes de los suburbios tradicionales, adonde los trabajadores solo regresan para dormir. En verdad, las ciudades que él imaginó, con su combinación de vivienda y empleos en e! sector terciario y en la industria, se acercan más a los nuevos suburbios contemporáneos.8 Howard vislumbró sus ciudades en forma circular, cercadas por un cinturón verde (como el adoptado por muchas ciudades inglesas) y ligadas a otras ciudades pequeñas para formar otro círculo (como en e! concepto de ciudades-satélite). Las actividades económicas, residencia y administración estarían separadas por áreas verdes. En e! centro, los edificios públicos se aglomerarían para crear e! «espíritu cívico». La ciudad sería planeada como una totalidad -de acuerdo con e! concepto que se convirtió en sinónimo de planificación- y sería controlada por la autoridad pública para evitar la especulación y la irracionalidad en su uso. Las ciudades-jardín serían gobernadas por una tecnocracia

7. El libro To-Morrow: A Peaceful Path to Social Reform, de Howard, fue publicado originalmente en 1898. En 1902 fue reeditado como Carden Cities ofTomo"ow. En Inglaterra, sus principales seguidores fueron Raymond Unwin y Barry Parker, que planearon la primera ciudadjardín y ayudaron a crear su idioma. Ellos también proyectaron la primera ciudad-jardín de Sáo Paulo. Para diferentes análisis de la influencia de Howard en la planificación urbana, véanse Fishman (1988: parte I), Cirouard (1985: 351-363),]acobs (1961: 17-25), Kostof (1991: 75-82, 194-199) y McKenzie (1994: 1-6). 8. Véase ]ackson (1985) para una visión de la suburbanización de los Estados Unidos y Fishman (1995), Beauregard (1995), Soja (1996a) y Garreau (1991) para diferentes visiones de los camhios de carácter del su hurhio norteamericano.

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9. Véase más arriba e Young (1990: 227-236) para una crítica al comunitarismo y su carácter antiurbano y excluyente. 10. Para un análisis de la expansión de los CID, véase McKenzie (1994). La asociación de sentimientos antiurbanos con ideales comunitarios es explícita en el análisis de Blakely y Snyder (1997) sohre condominios cerrados en los Estados Unidos. Aunque esos autores critiquen los portones, su sesgo antiurbano y su preocupación por la «comunidad. les impide captar el carácter profundamente antidemocrático de las comunidades cerradas. 11. Para las afinidades entre Le Corhusier y Howard, véanse Fishman (1988: 178 y cap. 21), ]acohs (1961: 21-25) y Girouard (1985: 360).

tránsito. Sin embargo, sus proyectos tenían varios elementos en común con la ciudad-jardín: antipatía por la calle y destrucción de su unidad; segmentación espacial de las funciones; énfasis en la ciudad como un parque y en la existencia de áreas verdes intercaladas con áreas construidas; y necesidad de un plano integral continuamente controlado por autoridades públicas. La planificación y el proyecto modernistas fueron influyentes en todo el mundo, pero especialmente en el Brasil moderno y en Los Ángeles. Tal como Holston (1989) muestra, la construcción de la Brasilia modernista a fines de los años cincuenta cristalizó un modernismo internacional en su transformación del espacio público y lo transmitió al resto del país. u El modernismo ha sido el idioma dominante de la arquitectura y de la planificación urbana brasileñas hasta hoy. Como tal, este también ha sido asociado al prestigio y ha ayudado a crear espacios y a vender residencias para la elite brasileña desde la década de 1950Y En los condominios cerrados, sin embargo, la arquitectura modernista se vuelve no solo un símbolo de estatus para la burguesía, para quien esa arquitectura puede todavía estar de moda, sino también uno de los principales medios de producir segregación. Para alcanzar sus metas de aislar, distanciar y seleccionar, los enclaves fortificados usan algunos instrumentos de proyecto oriundos del repertorio modernista de planificación y arquitectura. Una de las características comunes entre la planificación modernista (y de la ciudad-jardín) y los enclaves fortificados es su ataque a las calles como una forma de espacio público. Tanto en la Brasilia modernista, conforme muestra Holston (1989: cap. 4), como en las nuevas partes de Sao Paulo y Los Ángeles, las convenciones modernistas de proyecto urbano y arquitectónico retiran a los peatones y sus interacciones anónimas de las calles, de-

12. Véase Holston (1989) para un análisis de Brasilia, su afiliación al CIAM y las inversiones y perversiones generadas a medida que el proyecto fue elaborado y la ciudad, poblada. Mis consideraciones sobre Brasilia están basadas en ese análisis. 13. Siendo así, el modernismo no podría estar ausente de los anuncios de condominios cerrados. En 1982 un conjunto de siete edificios en Morumbi fue anunciado como «1'Abitare, el éxito planeado [oo.) introdujo una de las tendencias más modernas y victoriosas en materia de arquitectura y urbanismo [oo.) l'Abitare devuelve el espacio vivencial a los residentes y refleja una preocupación tanto por el hombre y su calidad de vida, considerando las necesidades específicas de las familias paulistas de clase media, como por las experiencias que en el lenguaje del famoso arquitecto Le Corbusier dieron como resultado la concepción de las "unidades de vecindad" ['00] todo eso cercado y guardado por portería con vigilancia permanente [oo.) Ubicación excelente [oo.] el barrio es una prolongación del área tradicionalmente ocupada por las residencias de la clase media superior» (O Estado de Sao Paulo, 3 de octubre de 1982). Chico Buarque captó ese uso de la arquitectura modernista como una forma de esta tus, en la novela Estorvo. La residencia de la hermana en el condominio cerrado es un proyecto modernista. Se trata de «una pirámide de vidrio, sin el vértice., pero que necesita ser cercada para convertirse en una fortaleza. El resultado es extraño, como observa el narrador: «Yo siempre creí que aquella arquitectura premiada prefería habitar otro espacio» (1991: 14-15).

dicadas casi exclusivamente a la circulación de vehículos. La calle como elemento central de la vida pública moderna es, entonces, eliminada. Sin embargo, aun cuando los resultados tiendan a ser los mismos, los proyectos originales del modernismo y de los enclaves actuales son radicalmente diferentes. Pero vale la pena investigar cómo proyectos tan diferentes terminaron usando estrategias semejantes y produciendo efectos similares. La arquitectura modernista y la planificación urbana surgen de una crítica a las ciudades y sociedades industriales, que ellas querían transformar a través de la remodelación radical del espacio. Su ambición es clara: borrar diferencias sociales y crear igualdad en la ciudad racional del futuro diseñada por un arquitecto de vanguardia. En ese contexto, la calle corredor es considerada como generadora de enfermedades y como un impedimento para el progreso, ya que no lograría adaptarse a las necesidades de la nueva era de la máquina. Además, la arquitectura modernista , ataca a la calle porque «constituye una organización arquitectónica de los , dominios público y privado de la vida social que el modernismo busca superar» (Holston, 1989: 103). En las ciudades capitalistas, la organización de lo público y de lo privado se expresa en la calle corredor y en su sistema correlativo de espacios públicos, incluyendo calzadas y plazas: una masa sólida de construcciones privadas contiguas encuadrJl y contiene el vacío de las calles públicas. La planificación y la arquitectura modernistas invierten esas relaciones sólido-vacío/figura-fondo que han sido la base de la estructura física de las ciudades occidentales. En la ciudad modernista, «las calles aparecen como vacíos continuos y las construcciones como figuras esculturales» (Holston, 1989: 125). Al subvertir el código existente de orden urbano, la planificación modernista objetiva y consigue borrar la distinción representativa entre público y privado. El resultado es la subversión del espacio público moderno anclada en esa separación. La planificación urbana modernista aspiraba a transformar la ciudad en un único dominio público homogéneo patrocinado por el Estado, eliminar las diferencias para crear una ciudad racionalista universal, dividida en sectores de acuerdo con funciones urbanas: residencia, trabajo, recreación, transporte, administración y cívica. Brasilia es la expresión más completa de ese nuevo tipo de ciudad y de vida pública.14 El resulta-

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14. Brasilia fue creada a partir de la nada como un plano total. Muchas ciudades existentes alrededor del mundo, por su parte, fueron sustancialmente modificadas por la intervención de la planificación modernista. Además, el modernismo se convirtió en el patrón tipo de proyecto en las ciudades dominadas por la Unión Soviética. A través del uso de espacios monumentales y construcciones modemistas, la planificación soviética creó un tipo de espacio público que también es completamente diferente del tipo moderno occidental: un espacio para desfiles, manifestaciones de grandes multitudes y espectáculos patrocinados por el Estado, pero no para la interacción diaria de los peatones.

do, con todo, terminó siendo el opuesto a las intenciones de los planificadores. Brasilia es hoy la ciudad más segregada del Brasil, no la más igualitaria (Holston, 1989: cap. 8; Telles, 1995a). Al destruir la calle como espacio para la vida pública, la planificación modernista también minó la diversidad urbana y la posibilidad de coexistencia de diferencias. El tipo de espacio que crea promueve no la igualdad -como se pretendió- sino solo una desigualdad más explícita. Irónicamente, entonces, los instrumentos de la planificación modernista, con poca adaptación, sirven para producir desigualdad. Calles proyectadas solo para el tráfico de vehículos, ausencia de calzadas, enclaustramiento e internalización de áreas de comercio y grandes espacios vacíos que aíslan edificios esculturales y áreas residenciales ricas, efectivamente crean y mantienen la separación social. Esas creaciones modernistas transforman radicalmente la vida pública. En los nuevos enclaves fortificados, estas son usadas no para destruir espacios privados y producir un espacio público total y unificado, sino explícitamente para destruir los espacios públicos. Su objetivo es extender algunos dominios privados de forma que ellos puedan cumplir funciones públicas, pero de manera segregada. Los enclaves fortificados contemporáneos usan esencialmente instrumentos modernistas de proyecto, pero con algunas adaptaciones importantes. El tratamiento de la circulación y del comercio es muy parecido: en los dos casos, la circulación de peatones es desalentada, el tráfico de vehículos es enfatizado, no hay calzadas y las áreas de comercio se mantienen lejos de las calles, desalentando la interacción pública. Los grandes espacios que separan edificios esculturales son otro punto en común. Los muros que circundan los enclaves son el distanciamiento más claro del idioma modernista, pero sus efectos no son extraños a la ciudad modernista. En la planificación modernista, como la de Brasilia, las áreas residenciales, comerciales y administrativas no deberían tener rejas o muros sino solo ser delimitadas por áreas verdes y vías rápidas, como en el modelo de la ciudad-jardín y en varios suburbios norteamericanos actuales. En Sao Paulo los muros se consideran esenciales para demarcar todos los tipos de construcciones, especialmente los nuevos enclaves. Entretanto, esa demarcación de la propiedad privada no crea el mismo tipo de espacio público (no modernista) que caracteriza a la ciudad industrial. Como en los enclaves contemporáneos los universos privados están separados por los vacíos de espacios abiertos (como en el proyecto modernista), estos quiebran la alineación de la calle y no generan más calles corredores. Además, cuando hay una alineación de calle creada por muros y acentuada por sofisticadas tecnologías de seguridad, el espacio público residual que se produce está en desacuerdo con la vida pública moderna. Una diferencia significativa entre el proyecto modernista y los enclaves fortificados se refiere al uso de materiales y a las formas de cons-

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trucción individuales. Las despojadas fachadas modernistas pueden ser eliminadas de los enclaves en favor de ornamentos, irregularidades y materiales ostentosos que exhiben la individualidad y el estatus de sus residentes (véanse fotos 10, 18, 19 y 20). Las tecnologías de seguridad pueden también ayudar a asegurar el aura de exclusividad de los edificios. La arquitectura de esos edificios también está en desacuerdo con el énfasis modernista en la transparencia y en la exposición de la vida privada (y, por lo tanto, en el ataque a la vida privada) expresada en el uso de fachadas de vidrio. En otras palabras, contra el énfasis modernista en lo público, los enclaves acentúan la internalización, la privacidad y la individualidad, pero estas no se vinculan a su contraparte moderna, la sociabilidad pública formal, ya que las fachadas de los edificios ya no constituyen un marco sólido para una vida pública significativa en las calles. Los elementos de la arquitectura y de la planificación modernistas que sobreviven en la nueva forma urbana de los enclaves son los que des. truyen el espacio público y la vida social modernos: calles muertas transformadas en vías rápidas, construcciones esculturales separadas por vacíos y que ignoran la alineación de las calles, muros y tecnologías de seguridad que encuadran al espacio público como residual, enclaves volcados hacia el interior, separación de funciones y destrucc~ón de espacios diversos y heterogéneos. Los artificios abandonados son aquellos tendientes a crear igualdad, accesibilidad, transparencia y una nueva esfera pública (fachadas de vidrio, uniformidad de proyecto, ausencia de delimitación material como muros y rejas). En vez de crear un espacio en el que las distinciones entre público y privado desaparezcan -haciendo público todo el espacio, como los modernistas pretendían-los enclaves usan convenciones modernistas para crear espacios en los que la calidad privada es enfatizada por encima de cualquier duda y en los que el público, un vacío disforme tratado como resto, es considerado irrelevante. Ése fue exactamente el destino de la arquitectura modernista y su «espacio totalmente público» en Brasilia y en todas las ciudades que usan la planificación urbana modernista para construir y reconstruir (Holston, 1989). Sin embargo, mientras en Brasilia ese resultado fue una perversión de las intenciones y premisas iniciales, en los condominios cerrados y enclaves fortificados representa una elección deliberada. En los enclaves, el objetivo es segregar y cambiar el carácter de la vida pública, transfiriendo actividades antes realizadas en espacios públicos heterogéneos hacia espacios privados que se construyeron como ambientes socialmente homogéneos, y destruyendo el potencial de las calles para proporcionar espacios para interacciones anónimas y tolerantes. Actualmente, en los nuevos tipos de espacios en ciudades como Sao Paulo y Los Ángeles, tendemos a no encontrar gestos de apertura y libertad de circulación a pesar de las diferencias, ni un universalismo tecno-

crático que apunte a borrar tales diferencias. En Sao Paulo el viejo diseño urbano moderno ha sido fragmentado por la inserción de los enclaves privados independientes y bien delineados (de proyecto modernista), que están totalmente volcados hacia el interior. Los fragmentos fortificados no se destinan a ser subordinados a un orden público total cimentado por ideologías de apertura, accesibilidad, tolerancia de diferencias o promesas de incorporación. La heterogeneidad ahora debe ser tomada más en serio: los fragmentos expresan desigualdades irreconciliables, no simples diferencias. En la ciudad de muros no hay tolerancia para con el otro o por el diferente. El espacio público expresa la nueva intolerancia. Las convenciones modernistas de proyecto usadas por los enclaves ayudan a asegurar que diferentes mundos sociales se encuentren lo menos posible en el espacio de la ciudad, o sea, que pertenezcan a espacios diferentes. En una ciudad de muros y enclaves como Sao Paulo, el espacio público pasó por una transformación profunda. Vivenciado como más peligroso, encuadrado por rejas y muros, fragmentado por los nuevos vacíos y enclaves, privatizado con cadenas que cierran las calles, guardias armados y garitas, el espacio público es cada vez más abandonado por los sectores más altos. En la medida en que los espacios para los más ricos son cerrados y volcados hacia adentro, el espacio que sobra es abandonado a aquellos que no pueden pagar para entrar. Como los mundos privatizados de los sectores más altos están organizados sobre la base de principios de homogeneidad y exclusión de otros, ellos son, por principio, lo opuesto al espacio público moderno. Sin embargo, los espacios públicos restantes, territorios de miedo, tampoco pueden aspirar a los ideales modernos. La vida cotidiana en la ciudad de muros refuerza exactamente los valores opuestos: incivilidad, intolerancia y discriminación. En el ideal de vida urbana moderna, «las fronteras son abiertas e indeterminables» sugiere Young (1990: 239). Las fronteras fijas crean espacios no modernos, un espacio público no democrático. Sin embargo, las relaciones entre forma urbana y política son complicadas, así como los efectos de un espacio no público en la vida civil. Mis reflexiones sobre esas complejidades tienen como referencia el hecho de que'la consolidación de la ciudad de muros en Sao Paulo, con su espacio público no democrático, coincidió con el proceso de democratización política. Fue exactamente en el momento de eclosión de los movimientos sociales en la periferia, cuando los sindicatos paralizaban las fábricas y llenaban estadios con sus asambleas, cuando las personas votaban para los cargos ejecutivos por primera vez en veinte años, que los residentes de la ciudad comenzaron a erguir muros y a mudarse hacia enclaves fortificados. Cuando el sistema político se abrió, las calles se cerraron y el miedo al crimen se convirtió en el habla de la ciudad.

En Sao Paulo, como en cualquier otra ciudad, el medio urbano es heterogéneo y muestra señales de diferentes estratos de construcciones, usos e intervenciones. El proceso actual de construcción de muros afecta a todos los tipos de espacios en la ciudad y transforma los espacios y las experiencias de vida pública de diversas maneras. A continuación, describo diferentes tipos de transformación material causados por el proceso de fortificación y discuto cómo afectan la calidad de vida pública. A pesar de que los cambios sean de diferentes tipos y tengan efectos diversos, todos ellos refuerzan las fronteras y desalientan encuentros heterogéneos. Todos ellos crean fronteras vigiladas y consecuentemente dejan menos espacio para la indeterminación en los encuentros públicos. Todos ellos promueven intolerancia, sospecha y miedo. Cuando las personas se desplazan por la ciudad, usan el espacio de maneras individuales y creativas y, como nos recuerda De Certeau, realizan trayectorias fragmentadas que eluden la legibilidad (1984: cap 7). Siendo así, cualquier descripción de esas prácticas espaciales sólo puede ser fragmentaria y particular. Me baso aquí en lo que las personas me dijeron y en lo que leí y vi, pero principalmente en mis pbservaciones, experiencias y memorias de la ciudad. Quiero señalar cambios y sugerir diferentes experiencias en el uso de la ciudad, pero no tengo la pretensión de ser exhaustiva. En la Sao Paulo contemporánea, el espacio público es el más vacío y el uso de las calles, calzadas y plazas es más raro exactamente donde hay más enclaves fortificados, especialmente los residenciales. En barrios como Morumbi, las calles son espacios vacíos y la calidad material de los espacios públicos es simplemente mala (véanse fotos 9, 20 y 28). Debido a la orientación interna de los enclaves fortificados, muchas calles tienen calzadas no pavimentadas o incluso no las tienen, y varias calles detrás de los condominios no están asfaltadas (véase foto 6). Las distancias entre los edificios son grandes. Los muros son muy altos, sin proporción con el cuerpo humano, y gran parte de ellos todavía tiene alambres electrificados. Las calles son para los automóviles y la circulación de peatones se vuelve una experiencia desagradable. En verdad, los espacios son construidos intencionalmente para producir ese efecto. Caminar en Morumbi es un estigma -el peatón es pobre y sospechoso-o Las personas a pie pueden ser trabajadores que viven en las favelas próximas y que son tratados con distancia y desdén -y, evidentemente, con miedo- por los vecinos ricos. Como las personas de clase media y alta circulan en sus propios automóviles y los otros caminan o usan transporte público, existe poco contacto público entre personas de clases sociales diferentes. No hay espacios comunes que los reúnan.

Los caminos dentro de las fave!as son espacios para caminar, pero las fave!as acaban siendo tratadas como enclaves privados: solo residentes y conocidos se aventuran a entrar y todo lo que se ve desde las calles públicas son algunas pocas entradas. En verdad, las fave!as sólo pueden ser vistas como un todo desde las ventanas de los departamentos encima de ellas. Cuando tanto los residentes ricos como los pobres viven en enclaves, cruzar muros es obviamente una actividad cuidadosamente vigilada, en la cual las señales de clase son interpretadas para determinar niveles de sospecha y asedio. Las calles vacías de fronteras fijas y diferencias visibles son espacios de sospecha y no de tolerancia, de desatención a las diferencias o simplemente para caminar. No son espacios públicos agradables. Varios barrios estrictamente residenciales de la clase alta (partes antiguas de Morumbi, Alto de Pinheiros, Jardim Europa, por ejemplo) tienden a tener calles vacías también, pero barrios más antiguos, algunos de ellos proyectados como ciudades-jardín, todavía tienen buenas calles y calzadas. En esas áreas, no obstante, otros dispositivos restringen la circulación. En muchos de esos barrios de clase media y alta, los residentes privatizaron calles públicas, cerrando su acceso con portones, cadenas o, menos ostensivamente, con jardines, macetas y plantas. Nada de eso es específico solo de Sao Paulo. En los Estados Unidos, la misma práctica se está volviendo común, y los espacios que ella produjo fueron llamados «comunidades de zonas de seguridad» por Blakely y Snyder (1997). Como la calle aún se considera un espacio abierto, su privatización todavía genera oposición en los Estados Unidos. Algunos años atrás, cuando ese proceso comenzó en Sao Paulo, e! gobierno municipal reaccionó y removió las cadenas. Sin embargo, como e! apoyo a la práctica aumentó, la ciudad la incorporó en sus políticas: en 1990 e! gobierno municipal del PT comenzó a ofrecer los servicios de sus arquitectos y trabajadores de construcción a los barrios de clase media interesados en enclaustramientos.15 A pesar de que esos barrios todavía tienen bellas calles arboladas y calzadas, hoy en día se volvió imposible una forma de entretenimiento apreciada por mi familia cuando yo era niña: pasear por las calles de! Jar-

15. La disputa entre la ciudad de Sao Paulo y los residentes que cerraron sus calles con cadenas fue relatada en los periódicos O Estado de sao Paulo y Folha de sao Paulo (por ejemplo, durante enero de 19851. El cambio en las concepciones públicas y en la actitud de la administración municipal en relación con los endaustramientos está registrada en .Bairros residenciais querem fechar ruas', O Estado de sao Paulo, 18 de junio de 1991. En los Estados Unidos, el cerramiento de calles también provocó oposición. Una de las disputas más famosas ocurrió en Whidey Heights, Los Angeles, donde los portones construidos por residentes fueron considerados ilegales y se ordenó que nunca fueran cerrados. En muchas otras áreas, sin embargo, fueron cerrados. El caso de Whitley Heights fue discutido en innumerables ediciones del Los Angeles Times (especialmente en 1994-1995) y por Blakely y Snyder (1997: 104-108).

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dim Europa admirando las mansiones de los ricos. La mayoría de ellas ya no es visible: las casas están escondidas detrás de los muros, y los alambres electrificados y otras parafernalias de seguridad ayudan a imponer distancia a quien todavía se aventura por las calles. Caminar se volvió desagradable, ya que las calles están dominadas ahora por vigilantes particulares instalados en garitas, perros ladrando a los peatones y dispositivos que bloquean la circulación. Los pocos peatones se vuelven sospechosos. Intenté eso, con mi máquina fotográfica y sólo llamé la atención de los guardias privados, que vinieron agresivamente en mi dirección, a pesar de mi apariencia de clase media. La sensación de estar bajo vigilancia es inevitable, ya que los guardias' permanecen en las calzadas (y no dentro de las construcciones como en Morumbi), observan a todos los que pasan y pueden dirigirse directamente a las personas que encuentran sospechosas. Nada más que lo esperado, ya que se les paga para sospechar y mantener a los extraños apartados. Ese ejército particular está ahí para privatizar lo que solían ser espacios públicos razonables. Pasé mi infancia a fines de la década de 1950 y comienzo de la de 1960 en un nuevo barrio de clase media, e! Sumaré, que desde fines de los años sesenta está completamente urbanizado e incorporado al centro expandido. Cuando nos mudamos hacia allá, las calles todavía no estaban asfaltadas, no había sistema de cloacas ni teléfono. Estábamos a solo dos cuadras de un centro de recolección de basura de la ciudad, o sea, e! establo para los caballos que tiraban de los carros de recolección y que desfilaban por nuestra calle todas las mañanas para gran diversión de los niños. Algunas veces, cuando llovía, e! bello Chevrolet 54 azul de mi padre, directamente importado de los Estados Unidos y proyectado para otras calles, quedaba atascado en e! barro, y él debía caminar e! kilómetro que separaba nuestra casa de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo, donde era profesor. No había muchas casas en nuestra calle, yalgunas parecían pequeñas chacras, con sus huertas y gallinas en e! jardín. A pesar de ser un barrio de clase media, a fines de los años cincuenta todavía estaba en proceso de urbanización, como e! Jardim das Camélias, en la periferia, cuando fui allá por primera vez a fines de la década de 1970. La ciudad creció tan rápido, Sumaré es hoy tan urbano, que es extraño recordar que hace no mucho tiempo estaba tan poco desarrollado. Por muchos años, la casa de mi familia tuvo un muro bajo. El portón permanecía abierto todo e! día y sólo se cerraba a la noche. Cuando e! barrio se desarrolló, las calzadas se llenaron de gente y e! tráfico aumentó considerablemente en los años setenta, mis padres subieron e! muro y comenzaron a cerrar e! portón durante e! día -ellos se incomodaban con los peatones mirando hacia dentro de su sala de estar y querían privacidad-. Pero siempre usábamos transportes colectivos y caminábamos por el barrio libremente y sin preocupaciones, incluso a la noche. A comienzo de la década de

1980, la casa de mi padre fue asaltada y el portón pasó a ser trabado. Hoy mi padre tiene un guardia particular dentro de los muros durante la noche y el portón queda cerrado 24 horas al día. Él nos pide que le avisemos por teléfono cuando vamos a ir a visitarlo de noche, para que el guardia pueda estar preparado para abrir el portón y no necesitemos esperar del lado de fuera. Todas las casas y edificios alrededor fueron reformados y agregaron portones y muros. Hay varios guardias particulares en la cuadra. La calle, que hoy combina residencias, oficinas y comercio, es intensamente usada durante el día (en verdad estacionar se convirtió en un problema), pero me sentiría poco cómoda de caminar por allí después del anochecer. Un barrio de clase trabajadora como el Jardim das Camélias todavía tiene una vida social relativamente intensa en las calles, a pesar de haber cambiado de muchas maneras desde fines de la década de 1970. Por un lado, el barrio se extendió, las casas mejoraron, los árboles crecieron y las calles fueron asfaltadas, iluminadas y equipadas con calzadas (véanse fotos 2 y 3), pero a medida que el barrio se urbanizó y mejoró materialmente, las rejas subieron y los residentes se volvieron más temerosos y desconfiados. El crimen aumentó a fines de los años ochenta, de hurtos a homicidios, algunos de ellos involucrando a muchachos que habían crecido juntos jugando en las calles. Sin embargo, la vida cotidiana todavía está marcada por una sociabilidad entre vecinos, el tipo de intercambio formal en las calles que da vida a un barrio y hace significativo el espacio público.!6 El tránsito es escaso y las calles todavía son constantemente usadas para el juego de los niños y adolescentes, la charla de personas que paran para saludar a un vecino, por residentes que se sientan en las calzadas para mirar el movimiento, por personas que cuidan sus automóviles o que construyen algo, por alguien que se detiene en la tienda para tener noticias locales o, si son hombres, para jugar al billar o tomar un trago de camino de vuelta hacia la casa (véanse fotos 7, 24, 25, 26 Y29). Sus casas están cercadas, pero generalmente por rejas que permiten la visibilidad y la interacción, no por muros. Ese es el tipo de barrio cuya seguridad es mantenida por el uso intenso, por la mezcla de funciones y por los «ojos sobre la calle» Uacobs, 1961: cap. 2). En otras palabras, la seguridad se mantiene por el compromiso, no por el aislamiento. A pesar de la continua sociabilidad local, las personas no sienten que el barrio sea tan seguro como acostumbraba ser.!7 Fortificaron sus casas, son más desconfiadas, hablan con extraños en la calle por detrás de sus rejas, eligen con más cuidado a las personas con quienes van a relacionarse y especialmente controlan a sus hijos. Muchos niños tienen ahora .!

16. Véase Caldeira (1984: cap. 3) para un análisis de los rituales de la vida cotidiana en las calles del Jardim das Camélias a fines de la década de 1970 y comienzo de la de 1980. 17. En barrios de la periferia como el Jardim das Camélias a veces se oyen historias sobre control de acceso por residentes ligados al crimen. Bandas de residentes a veces tratan al barrio

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Fotos 27, 28 Y29: El uso público de las calles en Sao Paulo es extremadamente variado. La foto 27 muestra la calle Sao Bento, en el centro antiguo: una calle corredor transformada en un veredón abarrotado de peatones y vendedores ambulantes (1990). En Morumbi, la mayoría de las calles está vacía, sin peatones, como en la foto 28 (1994). La foto 29 muestra una esquina en el Jardim das Camélias, donde los residentes todavía se reúnen para conversar y jugar (1994).

prohibido jugar fuera de casa y la preocupación por las salidas de los adolescentes parece que se intensificó. Como en cualquier lugar, las p~rsonas vuelcan sus preocupaciones hacia las áreas más pobres: tienen nuedo especialmente de la favela próxima y de un área invadida recientemente por participantes del Movimiento Sin Tierra. La sospecha con relación a personas vistas como «otras» o como «inferiores» no es exclusiva de la clase alta como muestra el capítulo 2. La frecuencia de fiestas y conmemoracio~es públicas patrocinadas por las asociaciones locales disminuyó, así como las actividades de algunos movimientos sociales. La vida colectiva y las actividades políticas perdieron vitalidad en la última década, pero el espacio público de las calles todavía sustenta interacciones locales e intercambios públicos.18 La mayoría de los barrios centrales de Sao Paulo, aquellos con una buena infraestructura urbana y que la elite conservó para sí, tradicionalmente mezcló funciones y mantuvo un uso relativamente intenso y heterogéneo del espacio público. Algunos de esos barrios son muy sofisticados con tiendas de lujo y restaurantes (especialmente los Jardines, pero , d ' también Higienópolis e Itaim Bibi). En esas áreas las calles to aVla son usadas por personas de diferentes grupos sociales y los ricos caminan por las mismas calzadas que los pobres. Sin embargo, ahora esas calles están vigiladas por un ejército de guardias privados y cámaras de vídeo (cada edificio acostumbra tener por lo menos una). Además, en ese tipo de barrio, así como en el centro, los propietarios han usado su creatividad para inventar medios de mantener a las personas indeseables a distancia. Las técnicas varían desde instalar regadores que funcionan en horarios imprevisibles en las marquesinas, hasta extender cadenas para impedir el uso de patios, entradas y calzadas y cercar parques públicos. El principal blanco de esas técnicas es el número creciente de «sin techo». Mientras tanto, como las calles en general son muy agitadas, los efectos de la constante sospecha no son tan severos como en áreas más vacías. En esas áreas de intenso uso mixto, los obstáculos materiales en el nivel de la ca~ Ile son complementados por una serie de prácticas de vigilancia menos visibles que refuerzan diferencias sociales. Los residentes y usuarios de esas áreas no están interesados en la indeterminación. Sus instrumentos incluyen cámaras de vídeo, control electrónico de trabajadores en las entradas de la mayoría de los edificios de oficinas, detectores de metales en las

como su propio territorio y solo permiten el movimiento seguro de aquellos residentes que pagan una -tasa de seguridad- mensualmente. Calles bloqueadas y control de circulación en guetos tampoco son una novedad en los Estados Unidos. 18. Sobre la organización de movimientos sociales y asociaciones locales en el Jardim das Camélias y en la periferia a fines de los años setenta y comienzo de los años ochenta, véase Caldeira (1987 y 1990).

puertas de los bancos y guardias de seguridad que exigen documentos de identificación a cualquiera que entre en los edificios de oficinas y, cada vez más, en condominios residenciales.19 Los sistemas de identificación) selección y control de circulación se consideran centrales para una buena administración de negocios y alimentan la creciente industria de servicios de seguridad privada. Esos sistemas no son solo una cuestión de seguridad, sino también de disciplina y discriminación sociaL2°La imagen del sospechoso está hecha de estereotipos y) consecuentemente, los sistemas de selección discriminan especialmente a los pobres y los negros. Los porteros no incomodan a las personas que tienen claras las señales de clase) pero pueden llegar a humillar a los que no las tienen. Así) para muchas personas el día a día en la ciudad se está transformando en una negociación constante de barreras y sospechas, y está marcado por una sucesión de pequeños rituales de identificación y humilla•ción. Estos incluyen forzar a los office-boys) frecuentemente detenidos por los detectores de metal de los bancos) a abrir sus mochilas frente a la fila de personas que esperan para entrar) dirigir trabajadores hacia las «entradas de servicio» y revisar a las empleadas cuando dejan el trabajo en los condominios al final del día. Es verdad que las personas de los sectores medio y alto también tienen que identificarse y que ellos también están bajo vigilancia, pero las diferencias en los niveles de control son obvias. Las personas de clase media y alta saben usar sus marcas de clase (incluyendo arrogancia y falta de respeto) para evitar cuestionamientos y pasar rápidamente ante los vigilantes) que responden con reverencia en vez del desdén que reservan para las personas más pobres. En suma) en una ciudad en que los sistemas de identificación y las estrategias de seguridad se están extendiendo por todas partes, la experiencia de vida urbana es de diferencias sociales, separaciones, exclusiones y recordatorios de las restricciones en el uso del espacio público. Se trata, de hecho, de una ciudad de muros -lo opuesto del espacio público abierto del ideal moderno de vida urbana-o Las calles de Sao Paulo pueden incluso estar llenas de gente, especialmente en los barrios centrales de comercio y servicios (véase foto 27) o en 19. El control de los movimientos de trabajadores y especialmente de su tiempo de trabajo tiene una larga historia. Lo que es diferente con relación a las nuevas tecnologías es el monitoreo de cualquiera que use edificios públicos, tales como edificios de oficinas, algo que hace algunos años no era controlado. 20. Las personas que vivieron el régimen militar saben de qué manera los -procedimientos de seguridad- aparentemente inocentes pueden ser utilizados para perseguir personas. Durante el régimen militar, los conserjes de edificios de departamentos tenían que llenar una tarjeta de información para cada nuevo residente y enviado a la policía. Varios conserjes también fueron colaboradores de la policía. Las tarjetas desaparecieron con la democratización, pero las mismas personas que se oponían a ellas durante el régimen militar pueden estar a favor de los métodos contemporáneos de selección.

centros regionales,21pero la experiencia de la multitud y la calidad de las interacciones anónimas cambiaron. Las personas tienen miedo de ser robadas y consideran a los arrebatadores como parte de la rutina de la ciudad. Nadie anda con joyas o relojes caros, sólo se lleva el dinero necesario y, de ser posible, sólo una copia de los documentos. Las mujeres llevan los bolsos pegadas al cuerpo o las mochilas al pecho. Las personas conducen con las ventanas cerradas y las puertas trabadas. Tienen miedo especialmente de detenerse en los semáforos porque los noticieros están llenos de casos de arrebatadores que usan cuchillos o trozos de vidrio para robar a conductores, sobre todo a mujeres. Es difícil distinguir a esos arrebatadores del creciente número de mendigos y vendedores callejeros que se disputan las mismas esquinas. No solo las actitudes en la calle están cambiando, sino la propia composición de la multitud. Las clases media y alta intentan evitar las calles y calzadas agitadas, prefiriendo hacer compras en los shopping centers e hipermercados.22 Como las personas de esas clases circulan en autoc móvil, el uso de transporte público se está convirtiendo en una experiencia de las clases bajas. Aun así, es una experiencia de masa, ya que la elite constituye no más del 5% de la población de la región metropolitana. Los centros que articulan el transporte público -metro, estaciones de tren y terminales de ómnibus- tienen su propia cultura. Generalmente son espacios de los sectores trabajadores, llenos de los sonidos de música popular y de los olores de frutas y todo tipo de comidas. Todos los días millares de personas pasan por esas estaciones y gastan un tiempoconsiderable en los transportes públicos.23 Esas áreas siempre apiñadas son grandes espacios para vender cualquier cosa, desde religiones hasta comida, desde curas hasta aparatos electrónicos, desde hierbas medicinales a lingerie, y el intenso comercio de los vendedores ambulantes toma buena parte del espacio de las calzadas del centrO. Tomar un ómnibus, tren o el metro a la hora del rush (algo que las clases media y alta dejaron de hacer) significa luchar por un espacio en coches llenos o apre.tado contra 21. Centros regionales son las diferentes áreas en la periferia que congregan comercio'y servicios y que generalmente sirven como centros de transporte público. Por ejemplo, el Largo 13, en la periferia sur. 22. El cambio aquí no solo es desde espacios mixtos hacia exclusivos, sino también desde el consumo fragmentado y diario en pequeños mercados y almacenes hacia las visitas mensuales a un supermercado, o sea, de compras relativamente espontáneas a una más planeada. Esos cambios han sido acompañados por transformaciones en la vida doméstica, donde se introdujeron nuevos aparatos como los freezers y hornos de microondas, nuevas maneras de preparar y ser· vir comida y nuevos modos de relación. 23. En 1996, el 69% de los viajes en transporte público en Sao Paulo eran hechos en ómnibus, el 26% en metro y e15% en tren. Sólo el metro transporta más de un millón de pasajeros diariamente (Seade, Alluário Estatístico do Estado de Sáo Paulo 1996).

los otros. Yeso a pesar del hecho de que el transporte público en Sao Paulo mejoró, especialmente el metro. Sin embargo, los que usan los transportes colectivos diariamente, como los residentes del Jardim das Camélias, sienten que las cosas hoy están mucho más tensas y desagradables que en el pasado: hay poca cortesía y mucha agresión. Y ciertamente hay más prejuicios, ya que la clase media enseña a sus hijos que los ómnibus son peligrosos y contrata choferes particulares para ellos. El tránsito es uno de los peores aspectos de la vida pública en Sao Paulo. La falta de respeto a las leyes y a los derechos de las otras personas es la norma.24 Hay poca civilidad, ya que una parte significativa de la población actúa como si las leyes de tránsito fueran obstácU:losal libre movimiento de los individuos y reacciona no respetándolas. Los medios han investigado e informado frecuentemente sobre el comportamiento en el tránsito. Los resultados de sus investigaciones son impresionantes, no solo porque revelan una amplia irrespetuosidad hacia las reglas, sino también porque muestran que la irrespetuosidad se convirtió en rutina y ya no provoca reacción alguna. En abril de 1989, el DataFolha, agencia de investigaciones de la Folha de Sáo Paulo, averiguó que el 99% de los conductores de Sao Paulo consideraba peligroso el tránsito de la ciudad y que uno de cada cuatro conductores había estado involUl.rado en por lo menos. un accidente el año anteriorY Otra investigación del DataFolha, en abnl de 1986, constató que los paulistas consideraban como principal causa de accidentes «la falta de responsabilidad y la imprudencia de los conductores».26 En octubre de 1989, el departamento de investigaciones de O Estado de Sáo Paulo entrevistó una muestra de conductores y descubrió que el 85% de ellos concordaban con que los conductores de Sao Paulo no respetan la senda peatonal y frecuentemente hacen giros prohibidos. Además, 8 de cada 10 personas entrevistadas creían que los conductores estacionan en lugares prohibidos, en doble fila, cruzan semáforos en rojo y no respetan los límites de velocidad.27 En 1991, el DataFolha decidió observar un cruce importante en la ciudad (de las avenidas Paulista con Brigadeiro Luís Antonio). Se verificó una media de 13 giros a la izquierda prohibidos por hora, a pesar de los obstáculos físicos en el carril, y que la mayoría de los conductores nunca recibió una multa, ya que no existían policías en el lugar. Se descubrió también que un automóvil cruzaba con luz roja cada cinco luces rojas, que el 41 % de los

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24. Para discusiones sobre tránsito, falta de respeto y violencia, véase también DaMatta (1982) y O'Donnell (1986). 25. Folha de Síio Paulo, 13 de mayo de 1989. 26. Folha de Sáo Paulo, 11 de mayo de 1986. 27. O Estado de Síio Paulo, 8 de octubre de 1989.

automóviles que s~ detenían en el semáforo no respetaba la senda peatonal y que solo el 3% de los conductores usaba cinturón de seguridad.28 Otro problema son los adolescentes, que conducen antes de los 18 años y . sin habilitación. Hasta la década de 1970, los adolescentes de clase media como yo, usaban el transporte colectivo regularmente para ir a la escuela y circular por la ciudad. Hoy eso se considera muy peligroso o muy incómodo, y los adolescentes son transportados exclusivamente en automóvil, sea por los padres o por choferes particulares, o si no simplemente se permite que ellos conduzcan. El tránsito de Sao Paulo revela que las personas utilizan las vías públicas de acuerdo con su conveniencia particular y no parecen estar dispuestas a obedecer reglas o respetar los derechos de las otras personas o el bien público. Hay también una cierta omnipotencia en ese comportamiento, ya que las personas no parecen tener miedo de ser afectadas por el mismo tipo de agresiones que cometen. Los resultados, sin embargo, son dramáticos: durante la década de 1980, más de 2.000 personas murieron en accidentes de tránsito anualmente en el municipio de Sao Paulo. Entre 1992 y 1994, los números bajaron, pero no significativamente. Además, más de 50.000 personas resultaron heridas en accidentes de automóvil por año en la región metropolitana de Sao Paulo. En 1996 hubo 195.378 accidentes de automóvil registrados en la ciudad de Sao Paulo, lo que significa un promedio de 535 accidentes por día. De ellos, el 13,16% tuvo víctimas. De acuerdo con una fuente, el total de víctimas fue de 59.679, 1.113 de las cuales fueron víctimas fatales.29 Poquísimas personas responsables por accidentes van a juicio o son procesadas. El tránsito es un fuerte indicador de la calidad de vida pública. En el Brasil, el comportamiento en el tránsito constituye sólo el más obvio ejemplo de la rutina de falta de respeto a la ley y de las dificultades para hacerlas cumplir. Los policías de tránsito no prestan atención a algunas violaciones simplemente porque ellas devinieron en norma. Cuando aplican multas, muchas veces se esconden donde no pueden ser vistos por los conductores. Intentan evitar la confrontación con personas de clase media y alta, que no dudan en desafiar su autoridad. Cuando manipular las marcas de clase no es suficiente, algunos pueden apelar a la

28. Folha de Siio Paulo, 21 de mayo de 1991. La situación con relación al uso del cinturón de seguridad cambió después de 1995, cuando el municipio comenzó una agresiva campaña para forzar a su utilización y estableció multas de más de 20 salarios mínimos para quien con· dujera sin cinturón. 29. Los datos sobre el número de víctimas son de la policía militar. Como argumenté en el capítulo 3, los números de la policía militar para muertes en accidentes son subestimados y probablemente los números para heridas también. De acuerdo con el Registro Civil, el número de víctimas fatales fue de 2.368.

violencia. Los peores ataques parecen ser contra las mujeres que controlan el estacionamiento en las áreas restringidas llamadas «zonas azules». Algunas fueron golpeadas por hombres cuando se rehusaron a anular multas y una terminó en el hospital después que el conductor enfurecido al que había multado, tiró el automóvil sobre ella. Esos comportamientos indican cuán violentas pueden volverse las personas cuando se les pide que cumplan la ley y no pueden usar su posición de clase como forma de privilegio para evitarla. Como las clases trabajadoras generalmente no pueden evitar la ley, esos comportamientos revelan una vez más de qué modo las diferencias de clase no solo rigen las interacciones públicas sino también son reproducidas por los elementos que moldean el espacio público. Es obvio que el tránsito no es un problema exclusivo de Sao Paula pero sí un problema nacional. En 1996, cerca de 27.000 personas murie~ ron en accidentes de tránsito en el Brasil. La situación de violencia e incivilidad adquirió dimensiones tan impresionantes que el gobierno federal decidió revisar el Código Nacional de Tránsito. Después de seis años de debates en el Congreso, el nuevo código entró en vigor en enero de 1998. Este establece multas altas y penalidades serias y crea un sistema de puntos que puede llevar a la suspensión del registro de condyctor. Todas las violaciones, desde no portar la documentación del vehículo hasta conducir alcoholizado, corresponden a puntos y multas (de R$ 40 a R$ 800). La expectativa es que un código más severo aumente la civilidad en el tránsito. Pero todavía no está claro si las autoridades pueden imponer esas reglamentaciones, especialmente en un contexto en que la civilidad se está deteriorando y no mejorando.

Diferentes grupos sociales vivencian los espacios públicos transformados de la ciudad de maneras contradictorias. Los jóvenes de la clase media y alta que están creciendo en la ciudad de muros no parecen infelices con su experiencia de los espacios públicos. ¿ y por qué lo estarían, con sus choferes particulares y ninguna necesidad de batallar por un lugar en un ómnibus lleno? Además, a ellos parece gustarles bastante los espacios seguros y vigilados de los shopping centers, comercios de (ast (ood, discotecas y locales de videojuegos. Para ellos, estos son espacios cool en los cuales muestran su conocimiento de una cultura joven globalizada, de las marcas de estilo y otras tendencias de la moda. Se conectan con una «juventud global», pero no con la juventud de su propia periferia. Los jóvenes de la periferia paulista no tienen el privilegio de evitar el transporte público o las calles congestionadas por donde tienen que pa-

sar para trabajar o en las cuales algunos de ellos trabajan. Aun así, ellos comparten con los jóvenes de la clase alta algunas de las marcas de una cultura joven globalizada -especialmente en lo que se refiere a la ropa-o A pesar de eso, generalmente se reúnen no en shoppings de la clase alta, sino en espacios de la propia periferia (inclusive shoppings), participan de algunas subculturas (punk, skinhead) y aprecian algunos estilos de música y baile (especialmente funk) que no son necesariamente compartidos por la clase media. Además, ellos vivencian la violencia y el asedio en su uso de la ciudad y en sus barrios. En sus conciertos, temas como los abusos de la policía, homicidios y falta de respeto, son constantes.30 Para los jóvenes de las clases trabajadoras, la experiencia de la ciudad es de injusticia y no de privilegio. En contraste con la experiencia de esos jóvenes, las personas de mayor edad que crecieron en Sao Paulo en la época en que el progreso era la meta y el uso de las calles y parques era más libre, parecen nostálgicas cuando conversan sobre los usos del espacio público. Sus descripciones de la ciudad en el pasado tienen una calidad similar a aquéllas que cuentan de qué modo todo era bueno «antes» del trauma del crimen. La vieja ciudad es recordada como mejor, más bonita y más civilizada de lo que es ahora. Conversé con dos hermanas sobre los cambios de hábitos, específicamente el de ir al cine.

para sálir,con guantes, todo bonito, para ir a la ciudad, al centro. Cine Ipiranga, Metro. El Metro entonces era lo máximo,32¿no? L -El Lido... al Lido no entraban los hombres sin corbata. No entraban. -¿Cuándo era eso? W -Unos 40 años atrás. L - [...] Creo que unos 30 años atrás. En el Marrocos no entraban sin corbata. Entonces, en aquella época podíamos arreglamos e ir al centro. Nosotros sólo íbamos al cine al centro de la ciudad. íbamos al cine, después salíamos, íbamos a mirar escaparates, Barao de Itapetininga era una calle buena, buenos negocios.Ibas a tomar algo, a comer... ibas a comer afuera. Hoy no pudes ir al centro de la ciudad en un domingo, fin de semana, no hay manera de... porque están los homosexuales,los travestis, las barraquinhas [puestos ambulantes que venden comida y bebida]. Bueno, el centro de la ciudad está un horror ahora, ¿no? con todos esos vendedorescallejeros. L y W son viudas de cincuenta y tantos años. Siempre vivieron en Moóea. Viven juntas en la casa de L para que el hijo de W pueda vivir con la familia en su casa sin pagar alquiler.

1997.

Las personas mayores se acuerdan con nostalgia de la formalidad involucrada en el uso del espacio público, los guantes y las corbatas, la distinción de los viejos cines, las «buenas» calles del viejo c~ntro en que se podía pasear entre gente elegante -«¡era tan chiel», dijo la señora cuyo relato analizo en el capítulo 1-. Son marcas de distinción y reglas de separación de clase que se perdieron. En el centro de hoy, la población «chic» fue sustituida por los «marginales», nada garantiza distinción y el sentimiento que queda es el de malestar con la proximidad del pobre. Hace muchos años atrás, cuando el centro era usado por las clases altas, poder unirse a la multitud (a través del uso de algunas ropas y accesorios, por ejemplo) podría ser una cuestión de identificación con los socialmente superiores, una marca de distinción para los residentes de la clase trabajadora de Moóca. Hoy, sin embargo, las mismas personas sienten la necesidad de promover la distancia más que la identificación con los que usan el centro, personas más pobres y marginadas -vendedores, niños de la calle, travestis, prostitutas-o La expansión del consumo de masa hace más complicadas las cuestiones de distinción. Los símbolos fáciles de superioridad, como los guantes y las corbatas, desaparecieron, y frecuentemente las personas de clase media y alta se irritan con el consumo que realizan personas pobres de bienes que deberían cargar algún estatus, pero que ya no son exclusivos

31. El número de personas en las calles ofreciendo estos servicios como vigiladores de automóviles se ha incrementado en los últimos años de crisis económica, así como su agresividad: es una creencia común que si no se les da dinero, ellos dañarán el automóvil. Además, como el número de vehículos robados y el miedo al crimen también se incrementó, la gente siente que es difícil determinar cuándo una persona robará el automóvil o lo protegerá.

32. Ipiranga, Metro, Lido y Marrocos fueron cines sofisticados hasta la década de 1960. Hoy en día, la mayoría de los cines del centro se han venido a menos y se especializan en pornografía.

8.1. -¿Las personas no van más al cine? L -No van más al cine. Ahora, después del vídeo, no van en realidad. W -Después, es mucha dificultad. Comienza por estacionar: no hay lugar para estacionar. El estacionamiento es tan caro como el cine. Si lo dejas en la calle, lo roban o están los «dueños de la calle» para hacerse cargo.]! Entonces es un problema para nosotros salir con el auto, no nos quedamos tranquilos. Vamos a un shopping... vamos al cine del shopping a veces. L-Estacionar el auto ahí dentro. Cine,cuando vamos, es al Lar Center, Center Norte, porque ahí es más fácil. W -Hace 30, 40 años atrás podíamos salir, nos arreglábamos bien

30. Existen varias bandas de rock en la periferia que tratan esos temas. Una de ellas se llama Pavilháo 9 [Pabellón 9], nombre inspirado en el sector de la Casa de Detención en que ocurrió la masacre de 1992. Véase, por ejemplo, Veja Sáo Paulo 30 (37): 15-21 de septiembre de

(véase capítulo 2). Para la elite es más difícil imponer su propio código de comportamiento -incluyendo reglas de deferencia- para toda la ciudad. Además, con la democratización, los pobres forzaron el reconocimiento de su ciudadanía y ocuparon espacios -físicos y políticos- anteriormente reservados a la elite. Con menos marcas obvias de diferenciación a la mano y con más dificultades para afirmar sus privilegios y códigos de comportamiento en el espacio público, las clases más altas se vuelcan a los sistemas de identificación. Así, los espacios de circulación controlada (como los shopping centers) sirven para asegurar que la distinción y la separación todavía son posibles en público. Las marcas de distancia social son sustituidas por muros concretos. Las transformaciones en los diferentes espacios de la ciudad parecen estar generando fronteras más rígidas y vigiladas y, consecuentemente, menos indeterminación y menos espacios para el contacto entre personas de grupos diferentes. Esas experiencias producen miedo e intolerancia, más que expectativa y excitación. Las experiencias en público parecen correr en la dirección opuesta a la de una vida pública moderna y democrática. Mientras tanto, la política de espacios públicos urbanos en Sao Paulo es todavía más compleja y dos tipos de uso del espacio público contradicen la tendencia dominante de separación y segregación. Los pocos grandes parques de la ciudad son usados intensivamente de manera bastante democrática. Cuando están ubicados en la periferia, como el Parque do Carmo, los usuarios tienden a ser de los sectores trabajadores, pero el Ibirapuera y el Morumbi, ambos en barrios de clase media y alta, son usados por personas de todas las clases sociales. A pesar de que en su mayoría están cercados por rejas, estos representan las pocas áreas verdes que la ciudad todavía tiene. En los últimos años esos parques han sido apropiados por millares de personas que van allá especialmente los fines de semana para correr, andar en bicicleta, patinar, jugar a la pelota o simplemente estar al aire libre. Esos oasis de uso intenso y diversificado son muy pocos en Sao Paulo y es interesante que sean es~ pacios generalmente usados para el ocio de las masas. Si lo que ocurre en otras partes del mundo sirve como referencia, los espacios para el ocio y el entretenimiento continúan teniendo un uso masivo diversificado -como en los antiguos puertos, centros históricos restaurados y parques temáticos norteamericanos, por ejemplo- incluso cuando todos los otros espacios públicos se deterioran. El segundo ejemplo es la Pra~a da Sé, la plaza central de Sao Paulo. La Pra~a da Sé es el símbolo poderoso del centro de la ciudad, de donde se imagina que irradian todas los caminos y calles de la ciudad.33 Hoy los 33. El espacio en Siío Paulo es caótico, y el plano de la ciudad no se asemeja a una cuadrícula ni a ninguna otra forma racional. En este caos, el sistema de numeración de edificios está

puntos de refer~?cia de la plaza son la Catedral, la estación central del metro y el «moJan cer~» de la ciudad, señalado por una piedra erguida sobre una rosa de los VIentos grabada en el suelo. En su uso rutinario la plaza es principalmente un espacio de la clase trabajadora. Todos los (lías una masa de personas que depende del transporte colectivo cruza la Pra~a da Sé. Todavía hay muchos que trabajan allí -vendedores de todo tipo de p~oductos po~~ares (comida, ropas, hierbas, juguetes, ollas), pastores de dIferentes re~glO~es~músicos y policías- el mismo tipo de personas que I~~nacualqUler ~JeImportante del transporte público, La plaza tiene tamblen muchos re~ldentes: un ~ontingente de niños de la calle y sin techo. Hombres .vestldos con trajes y cargando maletines, generalmente abogado.s que tIenen que llegar al Forum Central allí cerca, son vistos con frecuencIa en la plaza, aunque ellos ya no le confieren su identidad. La Pra~a da Sé es fu~d~mentalmente un espacio para los residentes pobres, tanto en su uso dlano como en su simbolismo. Los residentes del Jardim ,das Camélias que entrevisté a fines de la década de 1970 consideraban que ir a la Pra~a da Sé era una actividad especial para los feriados como e! día de Añ~ Nuevo: era la manera que encontraban de aprove~har la clUdad y se~tlr que pertenecían a ella. Hoy sienten que la plaza se volvió un lugar pell?roSOy, a pesar de qu~ toda~ía la usan, prefier~n ir a lugares com~ shoppmg centers para el OCIO.MIentras los sectores trabajadores domman la plaza con sus sonidos y olores, los ricos la evitan. Para ellos, la plaza es solo un lugar peligroso y desagradable. . Pe~o la Pra~a de Sé tiene una segunda capa de simbolismo: para pauh.sta~,ClCOS y pobres.~lIa es el principal espacio político de la ciudad, un slgmflcado que fue fIJado por varios eventos durante el proceso de democratización. Dur~nte los años militares, las pocas demostraciones políticas que .hubo tuvIeron lugar en la Pra~a da Sé, principalmente debido a la pre~~ncla de la catedral. La Iglesia Católica fue en la época la única instituclOn capaz de ofrecer un espacio relativamente seguro para protestas contra l,o~abuso~ ! las violaciones a los derechos humanos practicados por el reglmen mlhtar, Por la misma razón, la Pra~a da Sé se convirtió en un lugar de innumerables manifestaciones de movimientos sociales durante el proceso de apertura, más visiblemente las inmensas manifestaciones del Movimiento del Costo de Vida en la segunda mitad de la década de 1?70. Cuando:l movimiento por las elecciones directas se organizó, a corruenzo de los anos ochenta, era natural que las manifestaciones de masa se hicieran allí. El 25 de enero de 1984, el día en que la ciudad conme-

basa?o en la p~esunción de que el comienzo de cualquier calle es el final más cercano a la Pra\a da ,Se.De la misma manera, el comienzo de todos los ferrocarriles que parten de la ciudad está ubicado en Pra\a da Sé. Esto indica el poder del modelo centralizado de la ciudad.

moraba su fundación, cerca de 300.000 personas se reunieron en la Pra¡;a da Sé para reivindicar elecciones directas. Aquel día, las personas de las clases media y alta que no iban al centro hacía años (las principales actividades económicas y todo el comercio de lujo se habían mudado) descubrieron cómo tomar el metro y emergieron en medio de la plaza para exigir democracia. Las manifestaciones ocurrieron en el Vale do Anhangabaú en solo dos ocasiones, cuando la plaza quedó muy pequeña para la esperada multitud de un millón de personas (el último comicio por elecciones directas, en abril de 1984, y la manifestación por el impeachment del presidente Collar, en septiembre de 1992).34 ' La Pra¡;a da Sé simboliza, de un lado, la reapropiación política del espacio público por los ciudadanos 'en la transición hacia la democracia. Por otro, representa el deterioro del espacio público, peligro, crimen, ansiedades en relación con la declinación social y el empobrecimiento de los trabajadores, que continúan usándola en las idas y venidas del trabajo y que trabajan en el mercado informal o consumen sus productos baratos. Ella simboliza tanto la fuerza como el deterioro del espacio público y es, consecuentemente, un símbolo del carácter disyuntivo de la democracia brasileña (Holston y Caldeira, 1998). El ejemplo de la Pra¡;a da Sé es otra indicación de que la democratización política no es contradictoria con el deterioro de los espacios públicos. En verdad, la democratización puede haber ayudado a acelerar la construcción de muros y el deterioro del espacio público. Pero eso no ocurre de la manera simplista que algunos políticos de derecha quieren hacemos creer: que la democracia crea desorden y crimen y consecuentemente genera la necesidad de muros. Si la democracia originó los muros fue porque el proceso de democratización fue inesperadamente profundo. Hasta el fin del régimen militar, la política era un dominio exclusivo de la elite. Con la apertura, no obstante, los residentes pobres de la periferia pasaron a ser importantes actores políticos, ocupando la Pra¡;a da Sé para presentar sus reivindicaciones y afirmar sus derechos a la ciudad. Sus mo~ vimientos sindicales y sociales sorprendieron a todos; pudieron reivindicar un espacio político que se estaba abriendo, pero no necesariamente para ellos. En la imaginación de aquellos que prefieren abandonar la ciudad, el miedo al crimen se entrelaza de maneras complejas con otras ansiedades provocadas por el cambio, como mostré en el capítulo 2. Este se mezcla con el miedo a los resultado electorales (especialmente el miedo a que el PT pudiera ganar las elecciones, como de hecho ocurrió); con el miedo a que se pueda decaer socialmente debido a la inflación y a la cri-

34. Hubo manifestaciones más pequeñas en otras áreas, tanto en el centro como en la periferia, pero nunca tuvieron el mismo simbolismo que las de la Pra~a da Sé.

sis económica; el miedo a que ciertos bienes no sirvan más para crear distanciamiento social o conferir estatus; y el miedo a que los pobres ya no puedan ser mantenidos en sus lugares. . La coincidencia de democratización con el deterioro del espacio público y los procesos más obvios de segregación social, así 'como los simbolismos ambiguos de la Pra¡;a da Sé, impiden cualquier asociación fácil entre espacios públicos materiales de las ciudades y formas de comunidades políticas. Sao Paulo demuestra que la forma de la comunidad política y el espacio público de la ciudad pueden desarrollarse en direcciones ~pu~stas. Esa disyunción entre proceso político y forma urbana es signifIcatIva. Por un lado, como las recientes transformaciones urbanas no son un resultado de políticas impuestas por el Estado, pero sí de la manera por la cu~llos ciudadanos se comprometieron con su ciudad, ellas pueden ser vIstas como el resultado de una intervención democrática. Aunque ese compromiso pueda verse como una forma de acción democráti'ca, produjo sobre todo resultados no democráticos. La perversidad de ese esfuerzo de los ciudadanos es lo que llevó a la segregación más que a la tolerancia.35 Por otro lado, en la medida en que los ciudadanos construyen todo tipo de muros y controles en los espacios de la ciudad crean límites a la democratización. A través de la creación de muros, l~s residentes recrean jerarquías, privilegios, espacios exclusivos y ~ituales de segregación donde ellos acabaron de ser removidos de la esfera política. Una ciudad de muros no es un espacio democrático. En verdad, se opone a las posib!lidades democráticas. Felizmente, sin embargo, ese proceso no es monolítlco y existe siempre la posibilidad de que espacios como la Pra¡;a da Sé se llenen de nuevo con personas de todas las clases como ocurrió cuando ellas se reunieron para derrocar el régimen milit~r.

En la Sao Paulo contemporánea, los procesos disyuntivos no disminuyen el hecho de que las fronteras rígidas y vigiladas y la creciente segregación de los grupos sociales creen un tipo de medio urbano que compromete los valores de apertura y libertad de circulación y pone en riesgo las

35. El tipo de espacio no democrático creado en Sao Paulo por medios democráticos es similar a las diferentes reglamentaciones segregacionistas formuladas por los movimientos N1MBY (Not In My Back Yard) en California y analizadas por Davis (1990). Sin embargo, si Davis revela una aguda sensibilidad con relación a los procesos disyuntivos de la democracia en ese análisis, hace lo opuesto cuando afirma que los espacios fortificados de Los Ángeles son un resultado directo de las políticas de la era Bush-Reagan. La relación entre política gubernamental y espacio de la ciudad es más complicado que eso, como muestra el caso de Sao Paulo.

interacciones anónimas e impersonales entre personas de diferentes grupos sociales. Esas otras transformaciones similares pueden ser detectadas en muchas otras ciudades alrededor del mundo, aunque no siempre con la misma intensidad u obviedad. De Johannesburgo a Budapest, de El Cairo a Ciudad de México, de Buenos Aires a Los Ángeles, ocurren procesos semejantes: la construcción de muros, la secesión de las clases altas, la privatización de los espacios públicos y la proliferación de las tecnologías de vigilancia, están fragmentando el espacio de la ciudad, separando grupos sociales y cambiando el carácter de la vida pública de maneras que contradicen los ideales modernos de vida urbana.36 De la misma manera que esos ideales ayudaron a moldear ciudades por todo el mundo, las transformaciones de aquel ideal, semejantes a las que están ocurriendo en Siío Paulo, están afectando actualmente el carácter del espacio urbano y de la vida pública en varios lugares Así, es importante ampliar la discusión e incluir alguna comparación. Los Ángeles es un caso interesante para esta comparación por dos razones. Primero, varios de los nuevos instrumentos usados para imponer segregación en varias ciudades por el mundo parecen haber sido desarrollados primeramente en Los Ángeles y su región metropolitana. Se considera incluso que algunos de esos instrumentos confieren a la región su carácter distintivo. En ese sentido, ellos son más evidentes en Los Ángeles que en otros lugares y pueden ayudamos a entender el proceso que todavía se está desarrollando en ciudades como Siío Paulo. Segundo, el espacio público no moderno de Los Ángeles es menos explícitamente incivil que el de Siío Paulo, y algunas de sus prácticas de segregación pueden no ser perceptibles inmediatamente. En ese sentido, Siío Paulo ofrece la forma más clara y puede guiar la percepción de características de Los Ángeles. Consecuentemente, la yuxtaposición de los dos casos ilumina ambos y sugiere tendencias más generales en las transformaciones del espacio público.37 Hasta la segunda mitad del siglo XIX, tanto Los Angeles como Siío Paulo eran ciudades insignificantes. La industrialización y la migración a partir del cambio de siglo las transformaron en grandes regiones metropolitanas. Espacialmente, con todo, se desarrollaron de maneras completamente diferentes. Siío Paulo creció de acuerdo con un modelo urbano orientado hacia el centro, de linaje europeo que solo fue modificado re-

36. Véanse, por ejemplo: sobre Johannesburgo, Beavon (1998) y Mabin (1998); sobre Budapest, Ladányi (1998); sobre Buenos Aires, Lacarrieu (1997); sobre ciudades norteamericanas, Blakely y Snyder (1997), Davis (1990) y Ellin (1997). 37. No es mi intención ofrecer una descripción detallada de la historia y del patrón de urbanización de Los Ángeles. para más detalles, véanse Banham (1971); Cenzatti (1992); Davis (1985,1987,1990,1991 Y 1993); Fogelson (1967); Kling et al. (1991); Scott (1993); Scott y 50ja (1996); y Soja (1989, 1992 Y 1996a y 1996b).

cientemente. En contraste, Los Ángeles siempre fue dispersa y descentralizada, favoreciendo los suburbios Siempre fue lo que Fogelson (1967) llama una metrópolis fragmentada. Los Ángeles sintetiza el sentimiento antiurbano norteamericano, la valorización de la naturaleza y una preferencia por conmnidades de pequeña escala, incluso en el contexto de una metrópolis global (Banham, 1971; Weinstein, 1996).38la región metropolitana se extendió bajo la forma de un manto de retazos de comunidades suburbanas de baja densidad, extendiéndose sobre un terreno extraordinariamente irregular de montañas, valles, playas y desiertos. Tanto uniendo el tejido como otorgándole su elasticidad infrecuente hubo, primeramente, una notable red de ferrovías eléctricas interurbanas y después, un sistema todavía más notable de vías rápidas (Soja, 1996a: 433-434).39

A pesar de que la ciudad siempre tuvo un centro que creció alrededor de su puebl040 original del siglo XVIII y continúa concentrando las principales estructuras administrativas y un distrito financiero dinámico su vínculo con el resto de la ciudad no es el de un centro tradicional. L; región metropolitana de Los Ángeles no tiene un único centro, sino una red de núcleos dinámicos. El centro renovado es sólo uno de. los centros financieros y económicos de la región.41 Todo en la región metropolitana, desde habitación hasta industria, estuvo siempre disperso y continuó descentralizándose a medida que la ciudad crecía. Como resultado, Los Ángeles contemporánea es «polinucleada y descentralizada» (Soja, 1989: 194). Ese patrón, que no es nuevo pero ciertamente no es común para ciudades industriales, ha sido evocado algunas veces para caracterizar su urbanismo como posmoderno (Dear, 1996: 85; Saja, 1989 y 1996a). Como en otras regiones metropolitanas aparece una forma similar de expansión y estructuración urbanas, esta se convierte en un modelo. Eso es sugerido, por ejemplo, por la afirmación de Garreau de que «cada ciudad norteamericana que está creciendo, está creciendo al estilo de Los Ángeles, con múltiples centros urbanos» (Garreau, 1991: 3).

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38 .• Los Ángeles es la primera ciudad norteamericana importante que se separó decisivamente de los modelos europeos y que reveló el impulso de la privatización contenidos en los orígenes de la Revolución Americana [... 1 La ausencia de un orden jerárquico integrado tanto en el espacio construido como en el medio institucional es un cierto sentido la completa expresión del tipo de democracia que acompaña una apoteosis de privatización en la coalla multiplicidad de partes que compiten lleva a una textura uniforme de la actividad política. (Weinstein, 1996: 22, 30). 39. Sobre el sistema de transporte en Los Ángeles, véase Wachs (1996). 40. En español en el original [N. de la T. l. 41. Véase Davis (1991) y Soja (1989: cap. 9) sobre la importancia del centro de L.A. en la estrucruración de la región.

A pesar de que el urbanismo de Los Ángeles nunca ha sido denso y concentrado, hasta la década de 1940 la expansión de residencias e industrias fue contenida dentro de los límites del condado. Entre 1940 y 1970, la población de la región metropolitana de Los Ángeles se triplicó, llegando casi a 10 millones. Ese crecimiento, sin embargo, ocurrió en la forma de suburbanización de masa, como lo testimonia el boom de incorporación de ciudades, algunas de ellas ya cerradas y fortificadas, en los años sesenta (Scott y Soja, 1996: 8-9). Buena parte de esa expansión fue sustentada por el crecimiento del complejo militar-industrial. Después de 1970, a pesar de que las tasas de crecimiento de la población no fueron altas, todavía eran las más altas de todas las regiones metropolitanas americanas. Además, eran mucho más altas en los condados más externos, especialmente en Orange County que en Los Ángeles (Scott y Soja, 1996: 11). Caracterizada por Soja como una «urbanización periférica», esa expansión creó una región multicentrada basada en la industrialización de alta tecnología y posfordista, enclaves residenciales de lujo, inmensos shopping centers regionales, ambientes programados para el ocio (parques temáticos, Disneylandia), conexiones con las principales universidades y con el Departamento de Defensa, y varios enclaves .de mano de obra barata, la mayoría de inrnigrantes (Soja, 1989: caps. 8 y 9). El desarrollo de las últimas tres décadas en la región metropolitana de Los Ángeles es diferente del patrón de suburbanización residencial con dependencia de empleos del centro. Este ejemplifica una nueva «exópolis» en la cual no solo las residencias, sino también los empleos, la producción y el consumo se expandieron en la periferia y crearon núcleos relativamente independientes. El mismo tipo de desarrollo comenzó a detectarse en la región metropolitana de Siio Paulo en la década de 1980, a pesar de ser en una escala menor. La reestructuración urbana de Los Ángeles acompañó un proceso de acelerada reestructuración económica durante los años setenta y ochenta que la transformó en el mayor centro industrial de los Estados Unidos. Mientras el resto del país se estaba desindustrializando, el sector industrial de Los Ángeles continuó expandiéndose. Sin embargo, esa expansión involucró un «cambio en la organización industrial y en la tecnología de las prácticas fordistas-keynesianas de producción de masa y consumo de masa [oo.) para lo que hoy se define cada vez más como un sistema posfordista de producción flexible y desarrollo corporativo» (Soja, 1996a: 438). En otras palabras, la región pasó por un complejo proceso de desindustrialización y reindustrialización simultáneas. Además, eso ocurrió concomitantemente con la pronunciada expansión del sector de servicios. De 1969 a 1989 «el sector de servicios aumentó su dominio del 45% al 58% de todos los empleos, haciendo de Los Ángeles una economía más volcada hacia servicios que la nación como un todo»

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(Ong y Blumemberg, 1996: 318). Ese cambio con rumbo a los servicios indica tanto una transformación en la estructura económica de la región como un nuevo papel internacional de Los Ángeles, que se volvió blanco de fuertes inversiones extranjeras, el mayor centro urbano en la costa del Pacífico y el segundo mayor centro bancario de los Estados Unidos. Estas transformaciones ocurrieron a medida que la región también recibía un fuerte influjo de mano de obra inmigrante de Asia y América Latina, que transformó radicalmente la composición étnica y racial de la región. La población del condado de Los Ángeles «cambió del 70% de anglosajones al 60% de no anglosajones entre 1960 y 1990, la mayor parte de los cuales vivía en enclaves étnicos» (Scott y Soja, 1996: 14). En 1980 Los Ángeles era la ciudad más racialmente segregada de todas las ciudades norteamericanas (Scott y Soja, 1996: 10). Como en muchas otras ciudades globales (Sassen, 1991) la reestructuración económica de Los Ángeles acentuó una bifurcación en el mercado de trabajo entre un creciente grupo de trabajadores altamente especializados y con altos salarios y una masa de trabajadores de baja especialización y bajo salario, generalmente inmigrantes sin documentos. No es de sorprender, entonces, que la disparidad económica, siempre una característica de la ciudad, se haya profundizado recientemente. A pesar de que el mismo proceso haya ocurrido en el país como un todo, revirtiendo ganancias sociales de las décadas anteriores, fue especialmente acentuado en Los Ángeles. Ong y Blumemberg (1996) mue~tran que entre 1969 y 1989 tanto la renta per capita como la renta media familiar aumentaron en la ciudad y eran más altas que las medias nacionales. Entretanto, en Los Ángeles la distribución de renta era más desigual. El coeficiente de GINI para los Ángeles aumentó de 0,368 en 1969 a 0,401 en 1979 ya 0,444 en 1989, mientras que las tasas nacionales fueron, respectivamente, 0,349, 0,365 y 0,396 (Ong y Blumemberg, 1996: 319). Al mismo tiempo, la tasa de renta (income ratio) -o sea, el porcentaje de renta correspondiente al quinto más pobre de todas las familias como un porcentaje de renta correspondiente al quinto más rico- cayó del 11,8% en 1969 al 9,7% en 1979 y al 7,8% en 1989.42 La tasa de pobreza aumentó, saltando del 2,8% de la población en 1969 a más del 15% en 1989 y a un estimado del 23% en 1993 (Ong y Blumemberg, 1996: 318-319, 322, 328). Los homeless se volvieron una característica de la región a medida que los empleos se perdieron en el proceso de reestructuración económica, el Estado de Bienestar fue desmantelado y el costo de la vivienda subió (Wolch y Dear, 1993; Wolch, 1996). Dada la

42. Las tasas de renta para los Estados Unidos como un todo fueron: 13,8% en 1969, 12,5% en 1979 y 10,3% en 1989.

constitución étnica y racial de la ciudad contemporánea, no sorprende verificar que la disparidad económica «coincide con las divisiones raciales y étnicas, dejando a los afroamericanos, latinos y asiáticos desproporcionadamente representados en la base de la escala económica» (Ong y Blumemberg, 1996: 312). A pesar de que los indicadores de desigualdad de Los Ángeles sean todavía menores que los de Sao Paulo, las disparidades y desigualdades en ambas regiones metropolitanas aumentaron a medida que las regiones pasaron por crisis económicas y por reestructuración económica. Sólo podemos preguntarnos si el patrón de Los Ángeles coincide con el de Sao Paulo, donde las tasas más agudas de desigualdad están exactamente en aquellas áreas en que el desempeño económico y la reestructuración tuvieron más éxito y hacia donde se están mudando los más ricos para vivir en enclaves fortificados. Después de la década de 1980 quedó claro que en Los Ángeles estaba ocurriendo otro tipo de urbanización y que difería sensiblemente tanto de las formas urbanas centralizadas anteriores como de la suburbanización residencial tradicional. Se inventaron varias expresiones para describir el nuevo fenómeno: «urbanización periférica, «outer (versus inner) Cities», «exópolis», «edge cities», «postsuburbano», etcétera. Para Edward Saja, que usa las tres primeras expresiones, la descentralización de Los Án~eles sobrepasa a la propia región y se hace «globalizada» (1996a: 435). El argumenta, así, que las nuevas dinámicas urbanas requieren perspectivas analíticas completamente nuevas. Estas deberían, por ejemplo, ser capaces de explicar el papel de Los Ángeles como «el mayor centro productivo e influyente del mundo para la manufactura y mercadotecnia de hiperrealidad» (1996a: 435). Ese papel especializado de la región se traduciría en una abarcadora creación de parques temáticos y «scamscape».43 Entre las muchas características de la urbanización periférica de Los Ángeles que la separan del urbanismo industrial tradicional, una particularmente importante es la ausencia de un medio urbano densamente construido. Incluso en los distritos centrales de Los Ángeles, que se desarrollaron básicamente de acuerdo con proyectos modernistas, no existe un tejido urbano lo suficientemente denso como para generar espacios capaces de enmarcar lo público y proveer una vida significativa de peatones en la calle. Las calles son anchas y vacías y los automóviles circulan rápidamente. Caminar es algo desalentado y las masas urbanas no se congregan. La circulación en el espacio público está siempre mediada por el automóvil-generalmente individual y particular, ya que el transporte público es limitado y ciertamente no es una alternativa real para la mayoría 43. Las nociones de Soja de hiperrealidad y simulacro, así como las descripciones de parques temáticos y scamscapes, están especialmente desarrolladas en su análisis de Orange eounty. Véase Soja (1992 y 1996b: cap. 8).

de la población-. La primacía del automóvil construye calles como espacios de circulación modernistas volcados hacia las máquinas y, por lo tanto, espacios para conductores, no para peatones. Las calles típicas en la región de Los Ángeles obviamente no son calles corredor: son generalmente amplias, pueden tener altos límites de velocidad, sus trazados están truncados por amplios espacios vacíos y jardines y, cuando tienen calzadas, estas están vacías. Ese es el tipo de calle creado por instrumentos modernistas en que el público es lo que sobra. Como resultado, la ciudad es vivenciada como un pasaje a través del espacio,con restricciones establecidaspor la velocidady por el movimiento,y no por la condición estática de los sólidos,de los edificiosque definenla experienciadel peatón en las ciudades tradicionales. La indiferencia resultante privatiza todavía más la experiencia,desvalorizael dominio público y, debido al tiempogastado en viajes,contribuye al aislamiento(Weinstein,1996: 35). Incluso donde las calles corredor proveen un marco, como en el centro, la vida en la calle es limitada: las actividades de las personas quedan contenidas en los edificios de oficinas y en los pasajes subterráneos y pasarelas que conectan los edificios a los negocios, restaurantes y hoteles. En otras palabras, muchas funciones de la calle fueron transferidas a espacios más controlados y privatizados, y la separación entre el universo de la riqueza y de los negocios y el de la pobreza y de los homeless es inmensa.44 Evidentemente, Los Ángeles todavía tiene áreas abiertas y no privatizadas de uso público relativamente intenso y que pueden congregar una masa considerable de personas. Mientras tanto, esas áreas parecen ser principalmente de dos tipos no modernos. Uno son los espacios cada vez más segregados y socialmente homogéneos y en que circulan las personas de un único grupo social (sean los parques latinos, sean las áreas de negocios de lujo de Beverly Hills, por ejemplo). Esos espacios no favorecen encuentros heterogéneos anónimos. Otro son los espacios especializados, principalmente para ocio y consumo, transformados en un tipo de parque temático, como la Promenade en Santa Mónica o el veredón de la playa de Venice. Estos constituyen la categoría más significativa de espacios que todavía permiten encuentros anónimos y heterogéneos, y por tanto se

44. La creación de un laberinto de caminos subterráneos y pasarelas que conectan edificios del centro existe en varias ciudades, como Atlama, Minneapolis-Saint Paul y Toronto. Véase Boddy (1992) para un análisis de las .ciudades-análogas. formadas por esos pasajes y el tipo de .apartbeid espacial. que ellas crean. Véase Rutheiser (1996) para un análisis de la remodelación del centro de Atlanta. Sobre la reproducción de la desigualdad en el centro de Los Ángeles, véase Davis (1990).

puede indagar lo que ocurre con la experiencia urbana de encontrar al otro cuando esta se convierte en algo extraordinario -o sea, algo realizado solamente los fines de semana y en espacios especiales- y ya no más una cuestión de rutina diaria. La mayor parte de la vida pública de Los Ángeles ocurre en espacios segregados, especializados y cerrados, como shoppings, condominios cerrados, centros de entretenimiento y parques temáticos de todos los tipos, en cuya creación Los Ángeles fue pionera.4s Todos ellos son espacios privatizados, administrados por empresas o asociaciones de propietarios cuyos intereses entran en conflicto con las administraciones públicas. Además, como muestra Davis (1990: cap. 3), esas administraciones privadas pueden involucrarse en varias estrategias del tipo NIMBY (Not In My Back Yard) para «proteger su inversión», consiguiendo la aprobación de todos los tipos de legislación segregacionista para garantizar la exclusividad de sus enclaves. Esos enclaves, generalmente para los más ricos, existen en relación con los espacios dejados para la población más pobre -los parques y calles ocupados por los homeless, los barrios pobres y habitados por diferentes grupos étnicos en el centro, los territorios de las bandas y los campamentos de migrantes-.46 En otras palabras, los ricos, los pobres y los integrantes de diferentes grupos étnicos no se encuentran en espacios comunes en Los Ángeles contemporánea. Los Ángeles ejemplifica la nueva forma urbana de una manera mucho más explícita que Sao Paulo, donde el antiguo urbanismo orientado hacia el centro todavía ofrece un escenario para encuentros anónimos y heterogéneos. En Los Ángeles las calles están más vacías y los nuevos tipos de espacios descentralizados producen zonas de apartheid para diferentes grupos sociales. El postsuburbio, como un tipo de forma urbana, no tiene nada que ver con fronteras «abiertas e indeterminadas»; no tiene nada que ver con la creación de espacios para la vitalidad del público heterogéneo. Los espacios postsuburbanos tienen que ver con delimitaciones y separaciones claras, fronteras rígidas y encuentros vigilados y previsi-

45. Sorkin (1992) proporciona una interesante colección de estudios sobre diferentes tipos de parques temáticos y espacios de elite en diferentes ciudades. Véase también Zukin (1991: cap. 8). 46. Argumentando contra lo que llama -narrativa de pérdida. del espacio público, Margaret Crawford (1995) alega que los residentes de Los Ángeles están continuamente rehaciendo el espacio público. Ella no cree que los espacios vacíos impidan la sociabilidad y presenta como ejemplo de uso alternativo, o incluso subversivo del espacio público en Los Ángeles, los vendedores ambulantes (que se apropian de calzadas, esquinas y estacionamientos) y los sin techo. Aunque esos ejemplos sean obviamente de usos del espacio público, no son ejemplos de usos heterogéneos, sino de segregación y exclusión. Los espacios usados por los vendedores ambulantes y los sin techo son espacios restantes, los únicos que los grupos más marginados -los excluidos de las áreas prestigiosas y amuralladas- de los que todavía pueden apropiarse.

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bles. Los Ángeles no solo está fragmentada, está constituida por enclaves. Su patrón postsuburbano creó una región metropolitana que es más desigual y más segregada que la mayoría de las ciudades americanas. La separación está garantizada más por instrumentos de proyecto modernista que por los muros, pero a pesar de que estos sean más sutiles que los de Sao Paulo, generan lo que Soja llama «ciudad carcelaria» y que Davis rotula como «fortaleza L.A.» (Soja, 1996a: 448-450; Davis, 1990: cap. 4). Comparada a la de Sao Paulo, la fortificación de Los Ángeles es blanda. Donde barrios como Morumbi usan muros altos, cercas de hierro y vigilantes armados, el West Side de Los Ángeles usa principalmente alarmas electrónicas y pequeñas señales anunciando «Respuesta Armada». Mientras la elite de Sao Paulo claramente se apropia de espacios públicos -cerrando calles públicas con cadenas y otros obstáculos físicos e instalando guardias privados armados para controlar la circulación- la elite de Los Ángeles todavía muestra algún respeto por las vías públicas. Sin embargo, las comunidades cercadas por muros que se apropian de calles públicas están proliferando, y es posible preguntarse si el patrón más discreto de separación y vigilancia de Los Ángeles no se relaciona en parte con el hecho de que los pobres ya viven lejos del West Side, mientras en Morumbi viven del otro lado de la calle. Además, la policía de Los Ángeles -a pesar de ser considerada como una de las más parciales y violentas de los Estados Unidos- todavía parece ser efectiva y no violenta si se la compara a la de Sao Paulo. Dos analistas de Los Ángeles captaron las transformaciones en el carácter de su espacio construido y de su vida pública, de maneras opuestas y significativas. Charles Jencks defiende el nuevo urbanismo y la necesidad de segregar espacios. En contraste, Mike Davis percibe en la nueva configuración «el fin del espacio público». Disiento con ambos, aunque apoye muchos aspectos del análisis de Davis. Charles Jencks analiza las tendencias recientes de la arquitectura de Los Ángeles con relación a un diagnóstico de la configuración social de la ciudad. Para él, el principal problema de Los Ángeles es su heterogeneidad, que inevitablemente genera conflictos étnicos crónicos y explica episodios como la rebelión de 1992 (1993: 88). Como él considera esa heterogeneidad constitutiva de la realidad de Los Ángeles y como su diagnóstico de la situación económica es pesimista, prevé que la tensión étnica irá en aumento, el ambiente se tornará más defensivo y las personas van a echar mano a medios de protección cada vez más diversificados y mezquino. Jencks ve como inevitable y como una cuestión de realismo la adopción de tecnologías de seguridad. Además, discute cómo esa necesidad está siendo transformada en arte por estilos que metamorfosean el material agresivo necesario para la seguridad en «señales ambiguas de belleza inventiva y "no entre"» (1993: 89) y que proyectan fachadas con los

fondos hacia la calle a fin de camuflar el contenido de las casas. Para él la respuesta al conflicto étnicos es: «arquitectura defensiva y realismo para con la rebelión» (1993: 89); ese realismo reposa en que los arquitectos miren hacia «el lado negro de la división, del conflicto y de la decadencia, y representen algunas verdades indeseables» (1993: 91). Entre esas «verdades» está la afirmación de que la heterogeneidad y el conflicto están aquí para quedarse, de que las promesas del melting pot ya no pueden ser cumplidas. En ese contexto, las fronteras tienen que ser tanto más claras como más fuertemente defendidas. Arquitectónicamente [Los Ángeles) tendrá que aprender las lecciones de estética y in-formalidad de Gehry: cómo transformar necesidades desagradables como las cercas de alambrados en señales divertidas y ambiguas de bienvenido/no entre, belleza/espacio defensivo [...) La arquitectura defensiva, aunque lamentable como táctica social, también protege los derechos de los individuos y grupos amenazados (Jencks, 1993: 93).

Jenck identifica la heterogeneidad étnica como la razón para los conflictos sociales de Los Ángeles y ve la separación como una solución. Sus argumentos recuerdan una forma de raciocinio que Balibar (1991: 22-23), siguiendo a P. A. Taguieff, llama racismo diferencialista. Es un tipo de argumento que naturaliza no la pertenencia racial, sino la cultura y la conducta racista. Ese argumento considera que, ya que las diferencias étnicas y culturales son insuperables, el intento de abolirlas generaría agresión y conflictos interétnicos. Como resultado, prosigue el argumento, para evitar el conflicto las personas necesitan «respetar los "umbrales de tolerancia", mantener las "distancias culturales" o, en otras palabras, de acuerdo con el postulado de que los individuos son los herederos y portadores de una única cultura, segregar colectividades» (Balibar, 1991: 22-23). Lo que Jencks propone y admira en la intervención de algunos arquitectos y planificadores en el medio urbano de Los Ángeles es el desarrollo de una estética de separación y de un espacio construido que impide encuentros no programados y heterogéneos. Es obvio que él no está interesado en alimentar ninguno de los ideales del público moderno, sino exactamente en sus opuestos. Pero la arquitectura defensiva de Los Ángeles también tiene sus críticos, y el más famoso de ellos es Mike Davis. Para Davis (1990, 1991, 1993), la desigualdad social y la segregación espacial son características centrales de Los Ángeles, y su expresión «Fortaleza L.A.» se refiere al tipo de espacio que se está creando en la ciudad. Bienvenidos a la Los Ángeles posliberal, donde la defensa de estilos de vida de lujo se traduce en una proliferación de nuevas represiones al espacio y al movimiento, fortalecidas por las ubicuas señales de «respuesta arma-

da». Esa obsesión por los sistemas de seguridad físicos y, colateralmente, por la vigilancia arquitectónica de las fronteras sociales, se convirtió en un zeitgeist de la reestructuración urbana, una narrativa dominante en el espacio construido emergente de los años noventa. [...) Vivimos en «ciudades-fortalezas» brutalmente divididas entre las «celdas fortificadas» de la sociedad rica y los «lugares del terror» donde la policía combate a los pobres criminalizados (Davis, 1990: 223-224).

Mike Davis atribuye a un plan de la elite posliberal (o sea, republicanos de la era Reagan-Bush) una Los Ángeles cada vez más segregada y privatizada, y reitera ese tema en su análisis de la rebelión de 1992 (Davis, 1993). Para él, la Los Ángeles contemporánea representa una «nueva guerra de clases al nivel del espacio construido» y demuestra que la «forma urbana está de hecho siguiendo una función represiva en la estera política de la era Reagan-Bush. Los Ángeles, en su modo prefigurativo, ofrece un catálogo especialmente inquietante de los vínculos emergentes entre la arquitectura yel estado policial americano» (Davis, 1990: 228). El texto de Davis está marcado por una indignación sustentada por una riqueza de evidencias. Sin embargo, a veces comprime procesos sociales complejos en un escenario simplificado de guerra, que sus propias descripciones desmienten. La coincidencia de la segregacilÍn actual de Sao Paulo con la democratización política, recomienda escepticismo en afirmar una correspondencia directa entre intenciones políticas y transformaciones urbanas. Pero a pesar de esa limitación, Davis elabora una crítica notable de la segregación espacial y social, y asocia la configuración urbana emergente a los temas cruciales de la desigualdad social y opciones políticas. Para él no hay nada inevitable en relación con la «arquitectura-fortaleza», y esta tiene profundas consecuencias en la manera por la cual el espacio público y las interacciones públicas son moldeados. Tanto en Sao Paulo como en Los Ángeles, el espacio público creado por los enclaves e instrumentos de estilo «defensivo» alimenta la reproducción de desigualdades, aislamiento y fragmentación.47 En tanto ordenamientos urbanos basados en el enclaustramiento y en la vigilancia de fronteras, esas ciudades niegan los valores básicos del ideal moderno. Percibiendo cómo el medio urbano contemporáneo de Los Ángeles entra ,en conflicto con lo público moderno, Davis lo considera la «destrucción del espacio público» (Davis, 1990: cap. 4). Pero esta frase evita muchas cuestiones. ¿Estamos lidiando con la destrucción del espacio público en

47. Disiento con el argumento de Sorkin (1992: xü-xiii) de que en la -nueva ciudad recombinante. el orden social no pueda ser leído en la forma urbana. Desigualdad y separación social son fácilmente legibles en el nuevo medio urbano, aunque ellas estén ciertamente expresadas en un vocabulario no moderno.

general o con la creación de otro tipo de espacio público, que no es democrático, que no tolera la indeterminación y niega los ideales modernos de apertura, heterogeneidad e igualdad? Al final, el tipo soviético de espacio modernista monumental en Moscú o Varsovia y el tipomodernista de Brasilia todavía son públicos, a pesar de ser no modernos.48 De la misma manera que la ciudad industrial no inventó el espacio público sino solo su versión moderna, la actual destrucción del espacio público moderno está llevando no al fin del espacio público, sino a la creación de otro tipo. Privatización, enclaustramiento e instrumentos de distanciamiento ofrecen medios no solo de retirar y de minar un cierto espacio público (moderno), sino también de crear otra esfera pública: una esfera que está fragmentada, articulada y garantizada sobre la base de la separación y de toda una parafernalia técnica, y en la cual la igualdad, la apertura y la accesibilidad no son valores básicos. Los nuevos espacios estructura n la vida pública en términos de desigualdades reales: las diferencias no deben ser descartadas, tomadas como irrelevantes, dejadas sin atención o disfrazadas a fin de sustentar ideologías de igualdad universal o mitos de pluralismo cultural pacífico. El nuevo medio urbano impone desigualdades y separaciones. Es un espacio público no democrático y no moderno. Está claro que muchos de aquellos que analizaron las nuevas características del urbanismo de Los Angeles, como Edward Saja (1996a y b) y Michael Dear (1996), simplemente las llamarían posmodernas. Sin embargo, al hacerla, enfatizan ciertos aspectos de la vida de Los Ángeles, como la flexibilidad, el sincretismo cultural, la «heterodoxia social» y la ausencia de fronteras que contradicen directamente los aspectos que vengo enfatizando. A pesar de que esos aspectos también son parte de la vida pública de Los Angeles, estos no constituyen las principales características que sirven para organizar el espacio construido. La noción de posmoderno está asociada generalmente a experiencias de fluidez y ausencia de fronteras; el espacio urbano actual de Los Ángeles está marcado por características opuestas.49 48. La idea del «fin del espacio público. aparece en otros libros recientes como, por ejemplo, en el subtítulo de la colección de ensayos organizada por Sorkin (1992). De los autores representados en ese volumen, Davis es el único que aborda el tema directamente. Sin embargo, varios análisis aluden implícitamente a la transformación del espacio público, considerando el tipo de parque temático, que estudian como «análogo, «sustituto., -teatral., etcétera, o sea, de alguna forma como espacios públicos falsos. En esos análisis hay una deshistorización del espacio público, en la medida en que su forma moderna aparece como espacio público en general. Historizar la noción de espacio público ayuda tanto a evitar la nostalgia como a entender las transformaciones actuales. Para una discusión más extensa de Variation on a Tbeme Park, véase Caldeira (1994). 49. No entro aquí en discusiones sobre arquitectura posmoderna, de la cual Los Angeles ofrece numerosos ejemplo. El foco de mi análisis son las formas urbanas y no los estilos arqui-

Sao Paulo y Los Ángeles probablemente tienen tantas diferencias como similitudes. A pesar de eso, la yuxtaposición de los dos casos es especialmente sugestiva. Sus similitudes sugieren que los patrones de segregación y reestructuración urbana no pueden ser entendidos solo como respuestas locales a procesos locales. Diferentes ciudades constituyen su medio urbano y sus espacios públicos en un amplio diálogo, usando instrumentos que son parte de un repertorio común. El modelo de ciudad-jardín, la arquitectura y la planificación modernistas, y ahora los enclaves fortificados, «postsuburbios» y parques temáticos son parte de un repertorio del cual diferentes ciudades alrededor del mundo están tomando elementos. En otras épocas hubo otros elementos en ese repertorio, como la Ley de Indias, la calle corredor y los bulevares haussmannianos. El uso de formas del repertorio contemporáneo articula una fuerte separación de grupos sociales, en un proceso que trasciende el espacio construido. El miedo al crimen y la producción de estereotipos de otros peligrosos (los pobres, los migrantes, etcétera) son otras dimensiones del mismo proceso. El intenso miedo al crimen del paulista, las altas tasas de violencia de la ciudad y sus altos muros pueden hablarnos sobre tendencias semejantes en Los Ángeles, incluso bajo formas más blandas. En Sao Paulo las tensiones son más elevadas que en Los Ángeles porque el gueto no está tan enclaustrado, las desigualdades son mayores, la violencia es más implia y el antiguo urbanismo todavía mantiene a las masas en las calles. Las diferencias entre las dos ciudades, sin embargo, indican las historias específicas y las elecciones de cada sociedad. Mientras Los Ángeles es una región metropolitana que parece haber favorecido siempre la dispersión, la suburbanización y la privatización, Sao Paulo se desarrolló de acuerdo con un modelo europeo que valoriza el centro, donde las principales actividades económicas y las residencias de las elites estaban concentradas. Cuando la ciudad se expandió, los pobres fueron enviados lejos, pero la elite permaneció en el centro. A pesar de la importancia de que el centro haya sido un principio organizador de la ciudad desde sus orígenes como una villa colonial, el espacio urbano de Sao Paulo está compuesto por varias etapas de experimentos. Se expandió rápidamente y sin mucha preocupación por la preservación histórica, como prueba ejemplarmente la Avenida Paulista y sus dos encarnaciones: una de mansiones para los barones del café y otra para las sedes modernistas de empresas. El espacio de la ciudad carga varios tipos de inscripciones: un centro viejo con plano de edificios e inspiración neoclásica; el proyecto de estilo ciudad-jardín para barrios de la clase alta; algunas avenidas inspiradas en bulevares haussmannianos; innu-

tectónicos, aunque el espacio público de apartbeid pueda ser parcialmente modelado por los edificios del estilo arquitectónico posmoderno.

merables edificios modernistas; la arquitectura vernácula de las casas autoconstruidas; la improvisación de las favelas; y el diseño de inspiración posmoderna de los enclaves fortificados contemporáneos. Algunos de esos elementos dejaron una fuerte marca en el espacio urbano, pues fueron capaces de dictar su reestructuración. El impacto más importante de los enclaves fortificados parece ser exactamente este: alteran el principio de centralidad que siempre organizó el espacio de la ciudad. Después de la apertura rumbo a la periferia en la década de 1940 (inspirada por Haussmann), la inversión actual en las outer cities y en los enclaves es probablemente el cambio más radical en el espacio construido, cambio que inaugura un nuevo patrón de segregación. La yuxtaposición con Los Ángeles indica que los instrumentos que generan ese nuevo patrón en Sao Paulo no son exclusivamente locales, sino parte de un repertorio más amplio. También sugiere que estamos lidiando no con un cambio de estilo de los proyectos, sino con un cambio en el carácter del espacio público. La nueva forma urbana desafía el espacio público moderno y democrático. A pesar de que los proyectos políticos no siempre pudieron ser leídos directamente en el medio urbano, especialmente debido a su carácter multifacético, los instrumentos disponibles en el medio urbano están relacionados con diferentes proyectos políticos. Usados, sin embargo, puede no significar necesariamente alcanzar el objetivo pretendido. De hecho, el autoritario Haussmann creó espacios democráticos en París (Clark, 1984) y los modernistas socialistas crearon espacios vacíos no democráticos en Brasilia y en muchos otros lugares del mundo (Holston, 1989). ¿De qué modo forma urbana y procesos políticos coinciden en ciudades como Sao Paulo y Los Ángeles, y de qué modo divergen? ¿Qué procesos democráticos pueden estar contraponiéndose a las transformaciones urbanas y viceversa? Si las desigualdades sociales parecen organizar el medio urbano en vez de ser puestas de lado por la tolerancia a las diferencias y por fronteras indeterminadas, ¿qué tipo de modelo podemos adoptar para lo público? ¿Todavía es posible la democraCia en esta nueva ciudad de muros? ¿Qué tipo de comunidad política corresponderá a la nueva esfera pública fragmentada en que los intereses se expresan privadamente -por asociaciones de propietarios, por ejemplo- y en la cual se hace difícil defender el bien común?

A pesar de sus especificidades, Sao Paulo y Los Ángeles son hoy más socialmente desiguales y más dispersas de lo que solían ser, y muchos de los cambios en sus espacios urbanos están causando separación entre grupos sociales, que están cada vez más confinados a enclaves homogéneos.

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Privatización y fronteras rígidas (tanto materiales como simbólicas) fragmentan continuamente lo que solían ser espacios más abiertos, y sirven para mantener a los grupos separados. Sin embargo, la experiencia del espacio urbano no es la única experiencia de los residentes de esas ciudades, y ciertamente no es su única experiencia sea de diferencia social, sea de democracia. Una de las características de Los Ángeles, repetidamente enfatizada por sus analistas, es su multiculturalismo, la presencia de un número expresivo de diferentes grupos étnicos que cambian las facciones de una ciudad otrora predominantemente blanca (anglo). Esas son las características destacadas por aque1I0s que, como Saja y Dear, ven el, urbanismo posmo~erno d~sde una perspectiva positiva, en vez de enfatizar sus aspectos mas negativos, como Davis tiende a hacer. Soja (1996a), por ejemplo, habla sobre un nue:vo sincretismo cultural (latino, asiático), fusión cultural y la construcción de coaliciones. También se habla sobre el hibridismo y las culturas de , frontera. Algunos mencionan la importancia de los medios de comunicación de masa y de las nuevas formas de comunicación electrónica y su papel para borrar fronteras y acortar distancias, no solo en Los Ánge,les.sino en todo lugar. En Sao Paulo, la oposición a los impulsos segregaClOl1lstas y antidemocráticos del espacio urbano vienen en parte también de los ~edios, pero principalmente de otras fuentes: del proceso de democratización, de la proliferación de movimientos so~iales y de la exp~nsió~ de ,los derechos de ciudadanía de las clases trabaJadoras y de vanas mmonas. Tanto en Sao Paulo como en Los Ángeles, por lo tanto, podemos detectar procesos sociales opuestos: algunos que promueven la tolerancia a la diferencia y a la flexibílización de fronteras, y algunos que promueven la segregación, la desigualdad y la vigilancia de fronteras. En verdad, en estas ciudades tenemos una democracia política con muros urbanos; procedimientos democráticos usados para promover se~regaci~n, ~~mo en los movimientos NIMBY, y multiculturalismo y formaclOnes Sll1cretlCas con zonas de apartheid promovidas por enclaves segregados. Esos procesos opuestos no están desconectados sino tensamente vinculados: Expresan las tendencias contradictorias que caracterizan a las dos SOCIedades. Ambas están pasando por transformaciones significativas. Ambas fueron modificadas por la apertilra y la flexibilización de fronteras (migración y reestructuración económica en Los Ángeles, y democratización, crisis económica y reestructuración en Sao Paulo). Si miramos por un momento hacia otras ciudades alrededor del mundo donde los enclaves están aumentando, vemos que algunas están pasando por procesos parecidos de transformación y democratización profundos (Johannesburgo y Buenos Aires, por ejemplo). La desestabilización de fronteras es perturbadora, especialmente para la elite. Su movimiento hacia la construcción d~ muros es, por lo tanto, comprensible. El problema es que las consecuencIas de la

fragmentación, de la privatización y de los muros son severas. Una vez que los muros se construyen, alteran la vida pública. Los cambios que estamos viendo en el espacio urbano son fundamentalmente no democráticos. Lo que se está reproduciendo en el espacio urbano es segregación e intolerancia. El espacio de esas ciudades es la arena principal en la cual se articulan esas tendencias antidemocráticas. Entre las condiciones necesarias para la democracia está la de que las personas reconozcan a aquellos de grupos sociales diferentes como conciudadanos, con derechos equivalentes a pesar de sus diferencias. Sin embargo, las ciudades segregadas por .muros y enclaves, alimentan el sentimiento de que grupos diferentes pertenecen a universos separados y tienen reivindicaciones irreconciliables. Las ciudades de muros no fortalecen la ciudadanía, sino que contribuyen a su corrosión. Además, ese efecto no depende directamente ni del tipo de régimen político ni de las intenciones de los que están en el poder, ya que el diseño de los enclaves y muros trae en sí mismo una cierta lógica social. Las nuevas morfologías urbanas del miedo dan formas nuevas a la desigualdad, mantienen a los grupos separados e inscriben una nueva sociabilidad que contradice los ideales de lo público moderno y sus libertades democráticas. Cuando el acceso a ciertas áreas es negado a algunas personas y cuando grupos diferentes no interactúan en el espacio público, las referencias ideales de apertura, igualdad y libertad como principios organizadores de la vida social ya no son posibles, incluso como ficción. Las consecuencias de la nueva separación y restricción en la vida pública son serias: al contrario de lo que piensa Jencks (1993), la arquitectura y la planificación defensivas promueven el conflicto en vez de evitarlo, al hacer explícitas las desigualdades sociales y la falta de referencias comunes. En verdad, podemos argumentar que la rebelión de Los Angeles fue causada por la segregación social, no por la falta de separación y de defensas.5o Si las experiencias de separación expresadas en el medio urbano se hicieran hegemónicas en sus sociedades, ellas se distanciarán de la democracia. Sin embargo, dada la disyunción entre los diferentes tipos de experiencias en ciudades como Los Ángeles y Sao Paulo, existe también la esperanza de que lo contrario pueda ocurrir: que las experiencias de borrar fronteras y de democratización acaben extendiéndose al espacio urbano.

50. Saja, por ejemplo, interpreta los distubrios de 1992 como el primer movimiento de resistencia al posmodernismo y al'posfordismo conservadores (1996a: 459).

9.

VIOLENCIA, EL CUERPO INCIRCUNSCRITO y LA FALTA DE RESPETO A LOS DERECHOS EN LA DEMOCRACIA BRASILEÑA

La experiencia de la violencia es una experiencijl de violación de derechos individuales o civiles, y por lo tanto afecta la calidad de la ciudadanía brasileña. Analicé el aumento de la violencia y del miedo al crimen en Silo Paulo desde una serie de perspectivas interrelacionadas, y concluyo considerándolos a partir del punto de vista de la democracia. La violencia y la falta de respeto por los derechos civiles constituyen una de las principales dimensiones de la democracia disyuntiva del Brasil. Al denominarla disyuntiva, James Holston y yo (1998) llamamos la atención sobre sus procesos contradictorios de simultánea expansión y falta de respeto por los derechos de la ciudadanía, procesos que, de hecho, marcan muchas democracias del mundo actual (Holstpn, 2007). La ciudadanía brasileña es disyuntiva porque, aunque el Brasil sea una democracia política y aunque los derechos sociales estén razonablemente legitimados, los aspectos civiles de la ciudadanía son continuamente violados.l En este capítulo analizo uno de los aspectos cruciales de la disyunción de la ciudadanía brasileña: la asociación de la violencia a la falta de respeto por los derechos civiles y a una concepción de cuerpo que llamo p
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