Cinco anécdotas sobre José Martí

January 14, 2019 | Author: Emilio Prieto | Category: Cuba, Spain, Unrest, Politics (General), Revolutions
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Cinco anécdotas sobre José Martí  Leonardo Depestre Catony Martí es un carácter, escribió en cierta ocasión Ana Betancourt, pionera de los derechos femeninos femeninos en Cuba. Y la sagaz apreci ación de la patriota camagüeyana se justifica desde los pasos adolescentes de José Julián Martí Pérez. Ya a los 17 años Martí vive la dureza del presidio político y la brutalidad del trabajo en las canteras, con un grillete al pie. Al serle conmutada la pena -seis años de presidio por el delito de infidencia- por la de destierro, marcha a la casa de unos amigos de la familia, en Isla de Pinos, para recuperar allí la salud antes de embarcar hacia España. Entonces es liberado de los grilletes, que Martí pide le sean entregados como recuerdo. Mientras paseaba por las habitaciones de la vivienda pinera -se cuenta-, portaba en los bolsillos del pantalón fragmentos de los hierros que habían lacerado su piel, los cuales solía palpar, en tanto durante la noche los colocaba bajo la almohada, como para no olvidar ni por un instante los horrores del presidio político. Transcurren los años de destierro (en España, México, Guatemala), Guatemala), el Pacto del Zanjón ha puesto amargo término a la Guerra de los Diez Años y José Martí está de vuelta en Cuba. Tiene la cultura de un hombre de mundo y su verbo inflamado se escucha con admiración en la colonia. Se le acoge en las tertulias literarias y las gentes se preguntan quién es el joven de tan ardiente palabra. El 27 de abril de 1879, en el Liceo de Guanabacoa, localidad aledaña a la capital, pronuncia un discurso en el homenaje tributado al violinista Rafael Díaz Albertini. La oratoria martiana martiana no repara en la presencia presencia allí de autoridades importantes importantes de la Isla y proclama: proclama: "...Los hijos trabajan para la madre.... Para su patria deben trabajar todos los hombres." El capitán general de la Isla de Cuba, Ramón Blanco, que está presente, lo escucha asombrado y exclama: -Quiero no recordar lo que yo he oído y no concebí nunca se dijera delante de mí, representante del gobierno español: voy a pensar que Martí es un loco... pero un loco peligroso. En octubre de aquel mismo año, 1879, embarca deportado por segunda vez hacia España. Aunque de cuna humilde, Martí alcanzó una cultura universal en la cual se incluía su apreciación de la alta cocina. Era verdaderamente un conocedor de la materia y pese a su muy moderado comer, disfrutaba de las delicadezas de una mesa bien serv ida. En Nueva York, durante su largo exilio en Norteamérica, conocía en qué restaurante, a p recio económico, podía degustarse una comida italiana, húngara o de cualquier otra nacionalidad. Pero a Martí no le complacía comer solo y prefería ir siempre acompañado de algún amigo. -Comer solo es un robo, solía decir, expresando con ello que lo consideraba ''un placer robado al comensal ausente.'' Con esta misma filosofía no solo invitaba a los amigos a comer en un modesto restaurante, restaurante, sino por igual a la casa donde resi día, tertulias que incluían una taza de café criollo y la lectura de algún que otro verso de sobremesa. En 1892 tomó rumbo a Santo Domingo para visitar a Máximo Gómez e invitarlo a participar en los preparativos de una nueva gesta independentista. Gómez, por aquellos días un tanto desanimado luego de los descalabros de la anterior contienda, escuchó con atención los proyectos de Martí acerca de una revolución y entonces le expresó descreído: -¡Pero es un sueño! -¡Realizable!, -¡Realizable!, le replicó Martí con el entusiasmo entusiasmo que lo caracterizaba. Uno y otro continuaron discutiendo, sopesando los argumentos y buscando los modos de viabilizar el proyecto. -¡Imposible!, -¡Imposible!, vuelve a asegurar el dominicano Gómez. Acuérdese del Zanjón, le ofrece como prueba de su afirmación. -Es preciso otra tentativa. No son los mismos tiempos- insiste Martí. -¿Y con qué elementos contamos?, pregunta con tono de preocupación el ilustre guerrero. Entonces Martí, que está seguro de contar con la cooperación de Gómez, le espeta convincente: -¡Con los desatinos de España! Huelga decir que Máximo Gómez entregó nuevamente su sabiduría y experiencia al concurso de la libertad de Cuba. Hallándose en Cayo Hueso, y mientras corrían los años de 1893-1894, Martí se encaminó un día a la barbería del señor Blanco. Mientras le cortaba el cabello, el barbero le propuso: -¿Quiere que le quite cuatro o cinco canas que tiene? Es un lástima dejarlas en tan buen pelo. Martí agradeció pero le respondió que no y a continuación el barbero preguntó de nuevo: -¿Quiere que le eche loción? Otra vez el cliente agradeció y dio un no p or respuesta. Entonces pensó Martí que tan amable barbero merecía una explicación y con suavidad le dijo: -Mire, señor Blanco, no quise la loción porque sencillamente no la uso, en cuanto a las canas, son tan pocas que no me pesan y no hay peligro que aumenten, porque el destino no va a permitir que otras vengan a hacerles compañía. Muchas anécdotas más se han contado acerca del Héroe Nacional de todos los cubanos, aunque creemos que estas cinco bien nos dan la imagen del hombre que fue.

La Habana, 1853 - Dos Ríos, Cuba, 1895) Político y escritor cubano. Nacido en el seno de una familia española con pocos recursos económicos, a la edad de doce años José Martí empezó a estudiar en el colegio municipal que dirigía el poeta Rafael María de Mendive, quien se fijó en las cualidades intelectuales del muchacho y decidió dedicarse personalmente a su educación. El joven Martí pronto se sintió atraído por las ideas revolucionarias de muchos cubanos, y tras el inicio de la guerra de los Diez Años y el encarcelamiento de su mentor, inició su actividad revolucionaria: publicó una gacetilla El Diablo Cojuelo, y poco después una revista, La Patria Libre, que contenía su poema «Abdalá». A los diecisiete años José Martí fue condenado a seis de cárcel por su pertenencia a grupos independentistas. Realizó trabajos forzados en el penal hasta que su mal estado de salud le valió el indulto. Deportado a España, en este país publicó su primera obra de importancia, el drama  Adúltera. Inició en Madrid estudios de derecho y se licenció en derecho y filosofía y letras por la Universidad de Zaragoza. Durante sus años en España surgió en él un profundo afecto por el país, aunque nunca perdonó su política colonial. En su obra  La  República Española ante la Revolución Cubana reclamaba a la metrópoli que hiciera un acto de contrición y reconociese los errores cometidos en Cuba. Tras viajar durante tres años por Europa y América, José Martí acabó por instalarse en México. Allí se casó con la cubana Carmen Sayes Bazán y, poco después, gracias a la paz de Zanjón, que daba por concluida la guerra de los Diez Años, se trasladó a Cuba. Deportado de nuevo por las autoridades cubanas, temerosas ante su pasado revolucionario, se afincó en Nueva York y se dedicó por completo a la actividad política y literaria. Desde su residencia en el exilio, José Martí se afanó en la organización de un nuevo proceso revolucionario en Cuba, y en 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano y la revista Patria. Se convirtió entonces en el máximo adalid de la lucha por la independencia de su país. Dos años más tarde, tras entrevistarse con el generalísimo Máximo Gómez, logró poner en marcha un proceso de independencia. Pese al embargo de sus barcos por parte de las autoridades estadounidenses, pudo partir al frente de un pequeño contingente hacia Cuba. Fue abatido por las tropas realistas cuando contaba cuarenta y dos años. Martí es, junto a Bolívar y San Martín, uno de los principales protagonistas del proceso de emancipación de Hispanoamérica.

La obra literaria de José Martí  Además de destacado ideólogo y político, José Martí fue uno de los más grandes poetas hispanoamericanos y la figura más destacada de la etapa de transición al modernismo, que en América supuso la llegada de nuevos ideales artísticos. Como poeta se le conoce por  Ismaelillo (1882), obra que puede considerarse un adelanto de los presupuestos modernistas por el dominio de la forma sobre el contenido; Versos libres (1878-1882),  La edad de oro (1889) y Versos sencillos (1891), esta última decididamente modernista y en la que predominan los apuntes autobiográficos y el carácter popular. En  A mis hermanos muertos el 27 de noviembre (1872), publicado durante su destierro en España, Martí dedica sus versos a los estudiantes muertos en una masacre acaecida en aquella fecha. Su única novela,  Amistad funesta, también llamada  Lucía Jérez y firmada con el pseudónimo de Adelaida Ral, fue publicada por entregas en el diario El latino-Americano entre mayo y septiembre de 1885; aunque en su argumento predomina el tema a moroso, en esta obra de final trágico también aparecen elementos sociales. Entre sus obras dramáticas destacan  Adúltera (1873),  Amor con amor se paga (1875) y  Asala. También fundó una revista para niños, La Edad de Oro, en la que aparecieron los cuentos  Bebé y el señor Don Pomposo,  Nené traviesa y  La muñeca negra, y colaboró con diversas publicaciones de distintos países, como La Revista Venezolana, la Opinión Nacional de Caracas, La Nación de Buenos Aires o la Revista Universal de México. Cronista y crítico excepcional, hizo de muchos de sus textos auténticos ensayos, algunos de carácter revolucionario como  El presidio  político en Cuba (1871) -de gran fuerza lírica-,  El Manifiesto de Montecristi o su  Diario de campaña. Sus Obras completas (19631965) constan de 25 volúmenes.

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