Charcas, 1535-1565. Orígenes históricos de una sociedad colonial (La Paz, CIPCA, 1973), LIII, 635 p.

September 30, 2017 | Author: Juan Aparicio | Category: Historiography, Peru, Madrid, Bolivia, Science
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Descripción: En la obra de J.M. Barnadas se estudian por primera vez los primeros 35 años de esa formación histórica lla...

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josep m. barnaclas

orígenes históricos de una sociedad colonial

centro de illvestigación y promoción

del campesinado la paz casilla 5854 1973

LEMAS

No pueden servir a Dios y aJ dinerc, Mt. 6, 24

~ioros, jueus e crcstians, llcixant a Déu e tots los sanu diners adoren, fr. Arudm Turmeda

Para qu~ quiero ser cristiano si los cristianos son malos? Si ellos están en el cielo, al cielo no quiero ir. Cacique Hacucy en la hoguera.

PROLOGO Sabe per] ectamenle el autor de este libro que no .~oy capaz ele ualizar su obra, ni siquiera después de haberla calificado, en un tri:

unal unioersilario, Ha tenido presente o/ras circunetancius, al pedir­ Ha pensado, sin duda, en nuestra amistad entrañable re apresuro a ecto a las historiografías vecinas exige del historiador responsable an í y ante la colectividad boliviana, un esfuerzo consciente por dirigir S\ icíén y su esíuerao hacia aquellos problemas básicos cuya resolución l orecímíento han de rendir mayores frutos. 4 Una apreciación que quiera ser honesta, todavía debe insistir en le imodoro carencia de instrumentos de trabajo: guías bibliográficas y ar 'Ísticas, edición de fuentes documentales básicas (actas de cabildos, ce tríos. correspondencia seriada de la Audiencia o de los Corregidores ...) utoríos de consulta tales como listas de funcionarios (Gobernadores, Al les, Regidores, Jueces de Minas, Visitadores, Párrocos ... ), monografías nu res sobre temas como la encomienda o la mita potosina, la formaciót .a sociedad minera en Potosí o en Oruro, las etapas y vícísítudes de le msíón por el Oriente, etc., etc.

• Con todo lo llevamos dicho en esta introducción y sobre todo lo qu­ ~fiere al estado actual de nuestros conocimientos del pasado colonial d­ ria, no puede ya parecer arbitraria nuestra decisión de contribuir con le ente investigación a asentar las bases sobre las que poder seguir edíf ío más adelante en el esclarecimiento de los orígenes históricos d• reas. Aquí no se trata ya simplemente de aquella imperfección radicc odo esfuerzo historiográfico; la carencia de la mayor parte de estudio íos generales tanto de la época como del espacio estudiados, ímponí. s más severas: había que desechar, por inviable, todo propósito de he historie continua, (en cualquiera de los sentidos en que se quiera entex el concepto). Un mínimo realismo exigía, además, tratar de esboscr u Lema programático de hechos, problemas, estructuras y coyunturas: de .a estricta virginidad del tema. no cobíc hablar de profundización, an :ión. ni siquiera de nuevas perspetcivas conceptuales o metodológica: necesario que nuevos aficionados perfilen, critiquen, disientan, contra: nuestros conclusiones (que no lo son), para que pueda empezar a eme una imagen provisional de los años iniciales de la vida colonial cha ía. Es obvio que las voces más provechosas para tal diálogo deberá eder de las historiografías colindantes: peruana. argentina. pcroqucry­ 1na y ­por qué nó?­ brasileña. Personalmente, tenía todavía más fue 1

Acaba de hacer públicas atinadas observaciones y tornas de posición A. 51 Corregimiento..., pp. 13 · 18.

CRESPC

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tes razones para tomar tal camino: mi dedicación futura docente en al de los centros de enseñanza bolivianos me hace esperar que nuevos venes ­cuando yo mismo haya dejado atrás los presentes proyectos j nilesl ­ recogerán la antorcha con la misma o mayor ilusión que he curado encender con esta investigación. Aun dentro de lo que hemos llamado esquema programático, se drán advertir desniveles en lo que toca a la nitidez con que bayarnoe dido vislumbrar la realidad histórica: muchas veces tendremos que con tamos con enunciar lo que tenemos por posible problema, por hipo respuesta, por conjeturable relación; otras veces procuraremos preaen las que tenemos por lineas maestras del problema; en alguna ocasión aventuraremos a una mayor ilustración y perfilamiento del asunto: ea casos tendrán, ademas. el valor de paradigmas iluminadores de lo realmente queremos decir en los otros casos menos afortunados y enun dos casi cifradamente. En esta perspectiva, hay cuatro trazos o aspectos que nos han · tesado particularmente: el proceso poblador, la estructura social inrned lamente consecutiva a la Conquis1a. la explotación de las ríqueecs econ ca.s y las expresiones delectables de conciencia política individualiza Es superfluo encarecer la importancia nuclear que tienen toles aspectos queremos saber algo concreto de los orígenes históricos de Charcas; no ce falta advertir que esta importancia nada tiene que ver con la calidad nuestros loqros concretos: en cualquier ceso, ahí quedarán como prequn en espera de una más adecuada respuesta. *



El volumen de materiales manuscritos que esperan al historiador se intereso por Charcas es sencillamente apabullante; Charcas jugó un pel importante durante más de dos siglos en el Imperio colonial castolla En el orden administrativo estatal resulta patente la proporción existente tre el rango político y la densidad documental generada. Aquí resulta · frenable la mención de un nombre: Potosí; ya L. Hanke ha resaltado la gente cantidad de papeles qua hay que manejar para poder ccloror cu quiera de los aspectos relacionados con la Villa Imperial; guardando porciones, se puede decir algo an6logo de los demás lemas charque '.Moxos y Chiquitos en sus aspectos de aculturación por los jesuitas y sus sistemas económicos, los chiriguanos, las ideas universitarias de :¡uisaca pre­independiente, las técnicas mineras y metalúrgicas ...). Estos oeles ­aunque muy dispersos­ han quedado fundamentalmente sedlm ados en las ciudades siguientes: Sucre, Potosí. Lima, Buenos Aires. Sevilla tfadrid; sólo luego habría que hablar de los materiales que presentan nterés más restringido: bien local (Cochabamba. La Paz. Santa Cruz de :¡erra), bien temático (archivos eclesiásticos de Sucre, La Paz, Cochaba rchívos religiosos romanos, etc.),

7 La presente investigación echó a andar durante el curso 1965 ­ 1966 y

a: 1970 no ha dejado de progresar en sus diferentes etapas de concreción, ¡ue con diverso ritmo de intensidad. La precedente enumeración de la rrcíío archivística charqueña señala ya las limitaciones impuestas a tro trabajo; hemos podido asomarnos en los síquientes:

Sevilla: El Archivo General de Indias ha sido la fuente básica de nues­ tra información; pero aun este depósito ha sido superficialmente tocado. Resultaba de todo punto imposible extraer noticias relevan­ tes de todos los tipos de documentación guardados en la antigua Lonja sevillana; pretensión, por lo demás, carente de interés, una vez aceptado nuestro propósito de trazar un esquema programático de trabajo.

Madrid: Hemos visto algunos papeles de la Biblioteca Nacional (sección Manuscritos), de la biblioteca del Palacio Real, ·de la Academia de la Historia y del Archivo Histórico Nacional. Dada la naturaleza miscelánea de todos estos fondos, con ellos sólo pretendíamos com­ pletar aspectos ­a veces importantes­ no suficientemente clum­ brados en la documentación sevillana. ~ond.res:Una breve estancia en el Brítísh Museum (Manuscript Divísion) nos ha permitido conocer algunas piezas cualitativamente impor­ tantes.

\llena: Una visita ocasional a la ósterreichische Nationalbibliothek (Handschriltenabteilung) ha puesto en nuestras manos un escrito de Gasea, digno de consideración.

Hay que concluir que, en el mejor de los casos, nuestra investigaciÓil poya en fondos europeos. Consideramos obligatorio confesar, de nue. is límites de la base documental sobre la que hemos trabajado; oírcuns ns de residencia, explican suficientemente el acatamiento de tal lími n. Por lo que toca a los distintos tipos o géneros de fuentes utilizadas oco tenemos empacho en declarar llanamente que hemos dado pre cía a la documentación manuscrita directamente examinada (poco nos :upa si ha sido publicada en algún momento y en algún lugar); sólo e · del andamiaje conceptual que esta documentación nos ha sugerido is incursionado con obejtivos concretos por los géneros cronístico y bi ráfico. Importa, en efecto, aclarar que no citamos los trabajos de otroi iadores como complemento puramente bibliográfico, orientador pare res nos leyeren; sólo traemos al texto aspectos ya desbrozados po: as en la faena cuando esto supone una ayuda positiva para nuestros

8 propios propósitos. Así, .pues, nadie espere qrcndes listas de títulos de 1 r artículos cuyo contenido a veces permanece desconocido para el 'c4 ~ador'; hemos establecido un filtro selectivo en lecturas y fichaje. por le se refiere al material impreso.

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Hora es ya de explicar con brevedad el objeto del presente es Nos proponemos ver cómo aconteció la primera presencia castellana erritorio que durante la mayor parte del período colonial formaría le :liencia de Charcas; cuáles fueron las razones obvias y también las )resadas por las que la sociedad charqueña provocó en el Rey la de le aislar de la Audiencia limeña el territorio que rodeaba el lago Titi ~n última instancia: apuntar Ja existencia de manifestaciones primera ¡erminales de conciencia política individualizada en la sociedad co :harqueño a comienzos de la segunda mitad del s.XVI. La índole e inflexión concretas que hemos dado a estas Investí: ies, las zonas a que hemos dirigido las interrogaciones. nos han im] ma relativa flexibilidad a la hora de fijar linderos cronológicos a m JÚsqueda: porque no se trata, ante todo, de poder decir que en 1558 : I firma la Real Cédula de creación de la Audiencia o que en 1561 [uedo efectivamente instalada; nuestras preocupaciones van hacia los rres =­eurcpecs e indígenas­­ que formaban la sociedad charqueña ninor sus reacciones ante los acontecimientos, determinar sus deseos iíraciones conflictivas, individualizar los posibles grupos. los intereses :oncomitantes enfrentamientos, seguir los pasos dados para satisfacer s' esidades o apetencias, asistir ­en una palabra­ a los pasos íníclnh >roceso formativo de una sociedad colonial. Por ello. toda rigidez cr ¡ica es ajena a tal perspetciva; en todo momento hemos procurado a¡ ios de la 'periodolatría': con tranquilidad, a veces nos serviremos de aentos datados cuando los Oidores llevaban ya 30 años residiendo 'lata!

Dada la importancia central del vocablo, conviene digamos de omienzo en qué sentido y con qué significación empleamos el tE :HARCAS. Evidentemente. se trata de una palabra que encubre varic idcdes no coincidentes: etnológica, geográfica. administrativa, econ. te. En cada uno de estos sentidos parciales haremos abundante u !la; sin embargo, cuando decimos que nuestro estudio se propone a1 1 proceso formativo social de Charcas. entendemos por tal:

El terrítorío históricamente determinado por el conjunto de rela sociales y económicos, dotado de una cohesión y dinámica i: (que lo individualizan de otros sistemas dinámicos: p.ej. Lima,

Quito ...} y que cuenta como motor centrüugo y centrípeto el asie minero de Potosí. G

Como puede verse se trata de una definición 'operativa': definimos : el 'ser' sino por el 'obrar'; supuesta esta definición, hay que admitir q límites ­no ya conceptuales, sino físicos­ de Charcas son fluctuanh todavía más cuando se aplican al período de tiempo objeto de estas stiqcciones: años iniciales de asentamiento, con aristas fluidas y mold ­s, Definir Charcas por el grado de 'potosíñccción' equivale a aceptar fr as movedizas; sin duda tal opción no satisfaráá a quienes deseen Iérmul rnorízcbles: en cambio, creemos posee la ventaja de hacer justicia a ­vílídod, precariedad y mutabilidad específicas de todo acontecimien tórico humano.







Quizás a estas alturas sea innecesario y redundante querer curarse ud contra ciertas objeciones a que, sin duda, darán pie nuestras ínv aciones: por ello, queremos siquiera enumerar en forma asertiva cuál n sido nuestros propósitos: .)

~) 3)

Establecer una imagen inteligible del desarrollo de los acontecimiE tos, cuidando de llamar la atención sobre los elementos que nos mu tran la existencia de una cierta unidad histórica para Charcas; mismo tiempo, sugerir una última explicación de ésta, habida cuer de su inserción dentro del ámbito total peruano. Insinuar y esbozcr algunas zonas problemáticas que, en su integridc necesitan de estudios pormenorizados y que se escapan a nues1 posibilidades de trabajo. En última ins1ancia, poner de manifiesto qué ayudó y estorbó al r cimiento y cristalización de una conciencia social que se identifica por su vinculación a un territorio, por el aprovechamiento de unas quezas, por las mutuas dependencias que se deducían de lo uno y lo otro; en suma: por una experiencia del papel que jugaban den1 del Virreinato peruano y la Monarquía castellana.

No se nos oculta que éstas y otras no mencionadas pero activas e nes implican correspondientes sacrificios en la investigación. Sin duc n después de las declaraciones que preceden, nuestro trabajo cae de 1 bajo toda libre discusión científica; solamente hemos querido cdekmt. :;; para que ésta pueda limitarse a criticar lo que de fallldo tiene nues >pio intento.

8a$.Índose en indicaciones de Casto Rojas, ha señalado ya este papel de Potosí C. ?\ DlNACELI: Estudios­., pp. IH · 152; también J. LYNCH: Spain ..., ll, p. 217.

PRIMERA

PARTE

CONQUISTADOS y CONQUISTADORES

SEGUNDA

PARTE

LA OCIEDAD

COLONIAL y

sus ESTRUCTURAS

TERCERA

PARTE

INDICIOS DE CONCIENCIA POLITICA

CONCLUSIONES

QUE NO LO SON

De una investigaci6n que no ha cesado de reafirmar su carácter pro. vlsioncl, fragmentario e hipotético sería ilógico esperar conclusiones diferea­ tos de aquél. Hay que decir. pues. que no hay todavía nada que conclu.ir· estamos al comienzo de una serie de esfuerzos colectivos ­dentro de \~ cual aspira a situarse, con modestia, el presente­ y queda aún mucho ca. mino por andar. Por otra parte, los resultados parciales de cada una de las piezas han quedado ya apuntados al final de cada apartado. capítulo o P
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