Causas Naturales. Ensayos de Marxismo Ecologico - James O'Connor (Cut)

February 23, 2018 | Author: vengador | Category: Marxism, Karl Marx, Capitalism, Capital (Economics), Exploitation Of Labour
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Descripción: Marxismo ecológico...

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CAUSAS NATURALES Ensayos de marxismo ecológico par JAMES O'CONNOR

2( 41 siglo veintiuno editores

iglo veintiuno editores, s.a. de c.v.

ERRO DEL AGUA 248, DELEGACIÓN COYOACAN, 04310, MÉXICO, D.F.

ortada de patricia reyes baca

imera edición en español, 2001 siglo xxi editores, s. a. de c. v. bn 968-23-2301-0

mera edicion en inglés, 1998 james o'connor ublicado por guilford press, nueva york ulo original: natural causes. essays in 19logical monina

rechos reservados conforme a la ley preso y hecho en méxico/printed and made in mexico

A Barbara que, para mi fortuna, sabe compartir su caudal natural de amor, vida y trabajo.

PREFACIO

Causas naturales se divide en tres partes. La primera, "Historia y naturaleza", tiene el propósito de contribuir a un método marxista materialista y dialéctico para pensar acerca de las interacciones de la especie humana con la naturaleza. Trato de mantenerme a buena distancia de las falsas pretensiones científicas del "materialismo dialéctico" stalinista, por un lado, y del caos del relativismo posmoderno, por el otro. También procuré que el método desarrollado en estos ensayos fuese más comprensivo y al mismo tiempo más práctico que el pensamiento que suele gobernar las divisiones académicas del trabajo entre las ciencias naturales y sociales y las humanidades y (dentro de las ciencias sociales) entre economía, sociología y política. El objetivo de la segunda parte, "Capitalismo y naturaleza", es estudiar las contradicciones entre el capitalismo mundial de hoy y la "integridad" del mundo natural y del social a través de la lente de la teoría del capital de Marx y la teoría de la sociedad de Polanyi. Utilizo la teoría de Marx para analizar las relaciones entre producción, distribución, intercambio y consumo capitalistas; la acumulación capitalista por medio de la crisis; la tecnología, el desarrollo espacial y demás, por un lado, y por otro la explotación de la naturaleza por parte del capital como un grifo y un sumidero. (La naturaleza es un grifo en el sentido de que los medios y los objetos de producción y reproducción [es decir todos los productos materiales humanos] son apropiados de diversas formas de la tierra. Y es un sumidero porque, en última instancia, todos los productos humanos, incluidos los subproductos no deseados del proceso inmediato de producción, se devuelven a la tierra en diferentes formas, entre ellas la energía, sujetas a la ley de la entropía.) Empleo la teoría de Polanyi de las mercancías "ficticias" tierra y trabajo para investigar las contradicciones entre las relaciones y fuerzas de producción capitalistas y lo que Marx llamó "condiciones de producción". En toda la segunda parte trato de concentrarme en la faceta dellor. de uso de las cosas, así como en la del valor de cambio; por• ejemplo, en la explotación tanto biológica como económica del trabajador y en las barreras externas físicas y sociales a la acumulación capitalista, al igual que en las barreras económicas internas descubiertas tiempo atrás por Marx y ampliadas después por generaciones de marxistas. El propósito de la tercera parte, "Socialismo y naturaleza", consiste en teorizar sobre los nuevos movimientos sociales", en general, y los ambientalistas/ecologistas, en particular, en términos de las contradicciones del capital identificadas en la segunda parte. Me concentro especialmente en aquellas contradicciones que han contribuido de modos significativos a la crisis ecológica mundial y en los mo[9

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vimientos sociales que pueden tener posibilidades políticas radicales o "verdes rojas". Podría resultarle útil al lector un breve comentario sobre la premisa central de esta obra. Soy de la opinión de que los movimientos verdes radicales (y radicales verdes) de hoy nacen de lo que podría considerarse la contradicción básica del capitalismo mundial a finales del siglo xx. "Los seres humanos y el mundo natural siguen cursos que terminarán por chocar", advertían 1 700 científicos de 69 países en 1992, entre ellos 99 de los 196 premios Nobel que aún vivían. Por una parte, durante los últimos veinte o treinta años los problemas ambientales y sociales se han multiplicado hasta rebasar todo cálculo razonable; por otra, durante el mismo periodo las formas previas de regulación política, económica y social del capital y del capitalismo han sido desmanteladas total o parcialmente por gobiernos (y comunidades) neoliberales, con ansias de compartir los despojos de la nueva economía global (y de evitar la desinversión, la fuga de capitales y otros golpes a las economías locales). Justo en el momento histórico en que el estado (y la sociedad) tiene que regular el capital con más firmeza e inteligencia —muy especialmente con respecto a la viabilidad de los sistemas ecológicos y las aptitudes y normas colectivas de las comunidades que representan la base de la solidaridad social—, la capacidad rectora del estado (y la capacidad regulatoria de la sociedad) es cada vez más cuestionada e ineficaz. Las formas establecidas de regulación y control han cedido el paso al "mercado libre" ("libertad de capital") y a la "democracia" ("ideología y política neoliberales") en un momento en el cual se presentan, con gran urgencia, más asuntos ecológicos y sociales de mayor importancia. En síntesis, la producción y la reproducción social se han vuelto económica y geográficamente más complejas —a medida que acontecimientos de diferentes tipos en distintos lugares afectan de manera cada vez más rápida y decisiva otros tipos de acontecimientos en otros lugares—, mientras la regulación política y social se ha vuelto más simple (y simplista). - Se ha creado así (me parece) un vacío político al cual se han precipitado toda clase de políticas populistas (de izquierda, derecha; centro, étnicas, etc.) y localistas. Han surgido todos los tipos imaginables de organización y acción local que se ocupan de toda clase de asuntos socioecológicos y ecosociales, cuyos orígenes son de carácter regional, nacional e internacional, así como sistémico. Pero en ese vacío han aparecido también nuevas políticas verdes radicales y radicales verdes que, según veremos, funcionan como críticas tanto del capital global/neoliberalismo como de muchas formas y estilos de localismo. Son buenas noticias. La contradicción fundamental (si en efecto de eso se trata) señalada arriba se ha producido debido a tres grandes cambios económicos, sociales y políticos ocurridos en los últimos veinte o treinta años del siglo xx. El primer cambio es el fracaso de los modelos de regulación político-económica más importantes aparecidos en las primeras tres cuartas partes del siglo: primero, el debilitamiento del compromiso de clase, la democracia social y los estados

FACIO

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efactores keynesianos de Occidente; segundo, la autodestrucción (con una na ayuda del imperialismo occidental) del "socialismo real" del Este y, tercero, eclinación o desaparición de los modelos semiautárquicos de regulación y desallo socioeconómico nacionalista que surgieron a partir de la gran depresión y la segunda guerra mundial en el Sur (lo que fuera el "tercer mundo" subdesallado). l segundo cambio importante, inextricablemente vinculado con el primero, es egionalización y globalización del capital y la difusión de su hermano gemelo ítico-ideológico, el neoliberalismo. Ya se conocen bien los principales rasgos to de la globalización como del neoliberalismo (y decenas de millones de peras van sintiendo cada vez más sus efectos negativos sobre la sociedad humana l bienestar comunitario y natural). Estos rasgos (o aspectos) incluyen (entre os) el desplazamiento parcial de las economías nacionales por los mercados ionales y globales; la creciente dependencia de estas economías de las exporiones (e importaciones); la hegemonía del capital financiero; la privatización y regulación de la industria; la apropiación fragmentaria y todavía incompleta poder de los estados-nación por parte de entes internacionales controlados o erosamente influidos por el capital global; desigualdades crecientes de todos s, y marginación social. omo se señaló antes, la declinación de los tres modelos "clásicos" de regulan y el surgimiento de la globalización y el neoliberalismo, junto con un aumenxponencial de los problemas ambientales/ecológicos y sociales/políticos de totipos, subyace al tercer cambio estructural, el más importante desde el punto ista del futuro del planeta. Se trata del bien conocido desarrollo de los nuevos vimientos sociales —especialmente los ambientales y ecológicos—,junto con la ansión de los movimientos sindicales hacia esferas de la vida antes menospreas o ignoradas (esfuerzos por crear cinturones verdes, diversidad ecológica, pieza de tiraderos de desechos tóxicos, etcétera). n síntesis, la dialéctica del cambio señalado más arriba ha debilitado tanto los reses capitalistas nacionales como el trabajo nacional. Ha acelerado el desalo de una clase dirigente internacional y de los rudimentos de una élite polítiun estado capitalista internacionales. Ha multiplicado los problemas sociales y ientales/ecológicos globales y estimulado asimismo un nuevo internacionalisdel trabajo, el ambientalismo y la ecología, el feminismo, los movimientos urbay los movimientos de derechos humanos (entre otros). Ha deslegitimado y desdo parcialmente de su poder a estados nacionales que en otro tiempos fueron aces de una regulación social y ambiental/ecológica eficaz, en una época en la l los mecanismos de regulación y control más efectivos resultan esenciales para ienestar del planeta y de sus habitantes. Finalmente, han llevado a nuevas teode la sociedad y el cambio social, una de las cuales es el marxismo ecológico, omo a nuevas prácticas sociomateriales, una de ellas el socialismo ecológico.

AGRADECIMIENTOS

Estos ensayos y otros textos fueron redactados entre 1988 -cuando Barbara Laurence y yo, en colaboración con un grupo notable de estudiantes de posgrado de la Universidad de California en Santa Cruz (ucsc), fundamos Capitalism, Nature, Socialism (avs)- y 1996. La mayor parte de los materiales compilados en este volumen son versiones revisadas de artículos que aparecieron antes en C.NS. De modo que me ha sido de gran ayuda la crítica amistosa de los editores, los asesores editoriales y otros compañeros de az, del mundo de la teoría y la práctica de la ecología de izquierda y la izquierda ecológica. Algunos de estos ensayos empezaron como clases de dos cursos que di en la ucsc entre principios de los ochenta y comienzos de los noventa: una materia de licenciatura llamada capitalismo y naturaleza y un seminario de posgrado denominado sociología del medio ambiente. Otros trabajos fueron concebidos inicialmente como conferencias y presentados en encuentros profesionales y en universidades tanto norteamericanas como europeas o impartidos por invitación de diversos grupos ambientales y de justicia social. El eventual interés de estos textos para el lector puede atribuirse en buena medida a la creciente red de investigadores, especialistas, organizadores y activistas verdes de izquierda/de izquierda verde cuyo estímulo y crítica constructiva contribuyeron a configurar mi trabajo, así como a los muchos alumnos que se negaron a un mero regurgitar de las ideas que presentaba en las clases y me ayudaron a expresarlas en formas teóricamente interesantes y prácticamente importantes. Todo lo cual quiere decir que si bien soy el único responsable de los errores de hecho y de interpretación que puedan aparecer en este libro, estoy en deuda con mucha gente. La redacción de estos ensayos fue, más que nada, un proceso de aprendizaje dependiente de la perspicacia crítica, los esfuerzos intelectuales y la generosidad espiritual de los siguientes colegas y amigos, todos los cuales leyeron versiones previas de uno o más capítulos de este libro y se hicieron acreedores a mi más sincera gratitud: John Ely, Daniel Faber, Michael Goldman, David Peerla, Alan Rudy y, más que nadie, Barbara Laurence, cofundadores de CNS... Juan Martínez-Alier y Giovanna Ricoveri, fundadores de Ecología Política (Barcelona) y de Capitalism, Natura, Socialismo (Roma), revistas hermanas de as_ Los editores de CNS John Bellamy Foster, Yaakov Garb, Jomo K S., Roger Keil, Saul Landau, Margit Mayer, Martin O'Connor, Leo Panitch, Devon Peña, María Pilar-García y Andrew Szasz... Los estudiantes (y ex estudiantes) de posgrado Patricia Allen, ohn Guilla, Will Hull, Valerie Kuletz, David Sonnenfeld y Willie Yaryan... [12]

AGRADECIMIENTOS

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Los historiadores Paul Buhle, J. Donald Hughes, Joseph Price Moore III, Dale Tomich y Donald Worster... los sociólogos Wally Goldfrank y George Katsiaficas... el economista Eugene Coyle, el psicólogo Bill Livant, el filósofo Andrew Feenberg, el planificador comunitario Tim Stroshane, la gerente Melessa Hemler, el editor Peter Wissoker (al que se le ocurrió el maravilloso título de este libro), los escritores Mike Davis y Geoffrey Dunn y la doctora en medicina M. Edith Rassell... Además, claro, de los miembros del grupo editorial del avs de Boston. Gracias a todos.

Los siguientes capítulos se reprodujeron, con correcciones mínimas, de Capitalism, Nature, Socialism, ID 1988, 1989, 1990, 1991, 1994 1995, 1997, Guilford Publications: capítulo 2, del vol. 8, núm. 2, junio de 1997; capítulo 3, del vol. 6, núm. 2, junio de 1995; capítulo 8 del número 1, octubre de 1988; el anexo del capítulo 8 del vol. 2, núm. 3, octubre de 1991; el capítulo 11 del número 5, octubre de 1990; el capítulo 12 del vol. 2, núm. 2, junio de 1991; la introducción de la tercera parte del núm. 3, noviembre de 1989; el capítulo 15 del vol. 2, núm. 3, octubre de 1991; el capítulo 16 del vol. 5, núm. 1, marzo de 1994; el capítulo 18 del vol., 3, núm. 4, diciembre de 1992. Además, fragmentos de los siguientes capítulos aparecieron también en Capitalista, Nature Socialism la introducción de la primera parte en el núm. 4, junio de 1990, y el núm. 3, noviembre de 1989; de la Introducción, en el núm. 1, otoño de 1988; del capítulo 5, en el vol. 5, núm. 3, septiembre de 1994, y vol. 2, núm. 3, octubre de 1991. La tercera sección del capítulo 9 apareció originalmente como "Economic and ecological crisis" (Conference Papen, cPE/cNs Pamphlet 2, 1991). Se agradece la autorización para reproducir el capítulo 10, de Race and Class vol. 30, núm. 3, 1989. El capítulo 13 apareció originalmente en Monthly Rettiew, vol. 30, núm. 11, abril de 1979. El capítulo 14 apareció en Martin O'Connor (ed.), Is capitalista sustainable?• Political dono," and the politics of ecology, Nueva York, Guilford, 1994, y es una versión revisada de "Is sustainable capitalism possible", en Patricia Allen (ed.), Food for the futura: Conditions and contradidions of sustainability, Nueva York, Wiley, 1993. El capítulo 17 es el discurso de aceptación del premio Flatland Multicultural Leadership, pronunciado ante Urban Habitat, un grupo ambiental multicultural urbano, en el Presidio, San Francisco, 27 de septiembre de 1996. El capítulo 19 es una ponencia presentada originalmente en la Conference on Contemporary Social Movements and Cultural Politics, Center for Cultural Studies, University of California at Santa Cruz, 2224 de marzo de 1991.

UCCIÓN

marxismo ecológico? ¿Por qué marxismo ecológico? ¿Para qué sirve cualase de marxismo en estos días, sea ecológico o no? Mi respuesta es un troa de las líneas más famosas de Hegel. "El búho de Minerva —digo— plielas al amanecer." Esto quiere decir que precisamente en el momento en conomía mundial simula el modelo (pero no sólo este modelo) que Marx ló en El capita4 el marxismo se descarta como algo fatalmente errado, na empresa fallida, como el socialismo real que existió en la ex Unión a. Es la vieja historia de tirar al niño junto con el agua sucia, como rechaistianismo porque algunos papas ordenaron una Inquisición cruel y maliga los que consideraban enemigos de la Iglesia católica (hay otras razones hazar la religión organizada). Antes de que los escépticos que todavía se en abiertos a otras ideas puedan tomar en consideración la opinión de que uede haber) algo llamado marxismo ecológico, sería muy útil establecer la dad del marxismo per se. lta mucho más fácil llevar a cabo esta tarea preliminar a finales de los que en cualquier otra época desde la segunda guerra mundial. Si bien la ación de los circuitos del capital (sobre todo del circuito productivo y el ro) y la revolución de las comunicaciones han creado posibilidades humamerciales que eran inimaginables en el siglo xrx (y la mayor parte del xx), ad es que los principales trazos de la economía mundial contemporánea leerse prácticamente de acuerdo con las líneas teóricas que se encuentran to clásico de Marx (no se puede decir lo mismo de La riqueza de las naciodam Smith, que tiene gran valor simbólico pero poco valor práctico para eralismo). marxismo ocupa un lugar de excepción la noción (y el hecho) de la lucha , que significa, antes que nada, la lucha del capital por imponerle trabajo, ropios términos, a la clase obrera. Todas las identidades políticas y las políales del mundo son incapaces de ocultar el hecho de que el trabajo global iendo los embates de un ataque sin precedentes contra los niveles de vida te ganados a lo largo de uno o dos siglos de luchas sindicales y nacionapoco es un gran secreto el ataque contra los diversos estados benefactores. omía mundial hipercapitalista de la actualidad —y el proceso de lo que mó la acumulación global a través de la crisis— ha convertido esta guerra al contra el trabajo en una necesidad de vida o muerte para las clases diriel planeta. El hecho de que el trabajo no haya encontrado aún una manea de librar la batalla sólo demuestra que no se han descubierto y puesto en [15]

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práctica todavía los modos y las formas de organización, estrategia y táctica requeridos para resistirse al poder del capital global (y la forma en la que éste está organizado: bancos y corporaciones transnacionales). Si viviese, Marx predeciría que el trabajo mundial y la composición de las clases sociales se constituirían, algún día, para remediar esta situación. Entre los primeros ejemplos se cuentan las crecientes luchas internacionales contra el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (Fmt), el Acuerdo General sobre Aranceles y Tarifas (Gxrr), el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (n.c.AN) y otras manifestaciones del estado capitalista global emergente dominado por Estados Unidos (estado mundial que, por supuesto, no ha creado ministerios del ambiente, la mujer, la educación, el bienestar, la vivienda y el urbanismo). Con esto no se pretende minimizar las barreras a las que se enfrentan el trabajo y, en general, las clases populares, barreras muy grandes y algunas veces obvias, otras sutiles y apenas insinuadas. Lo que vale la pena destacar es que la mayoría de aquéllas, si no todas, podrían haberse previsto estudiando la teoría del capital de Marx (y los marxistas). Los polos extremos de riqueza y pobreza son una barrera; la especialización y las especializaciones internacionales del trabajo, más complejas, son otra. La proletarización de los campesinados y la explosión del ejército global de reserva son obstáculos adicionales a la unidad organizacional e ideológica, al igual que la aceleración de la concentración y la centralización del capital, la resurrección de las rivalidades interimperialistas (neomercantilistas) y la creciente hegemonía del capital financiero, así como la generalización de la especulación financiera. Tal como lo predijeron los marxistas, hay múltiples tendencias superpuestas hacia crisis fiscales y financieras, políticas y culturales, entre otras expresiones de las profundas contradicciones del capital y la política, la cultura y la sociedad capitalistas. También funciona hoy un poderoso mecanismo económico que reduce sistemáticamente el costo de reproducción de la fuerza de trabajo en escala global, como Marx dijo que ocurriría. Los que se ocupan de estos asuntos se muestran aún más escépticos acerca de cualquier matrimonio (o hasta noviazgo) entre la ecología y el marxismo. Hasta hace poco marxismo y ecología no habían sido asociados entre sí excepto como términos opuestos y que se cancelaban recíprocamente. "Los ecologistas no son an tropocéntricos; Marx lo es E...] a Marx no le gusta la naturaleza", declara un crítico del marxismo.' Otros han denostado las visiones antropocéntricas de Marx (y de Engels), así como su falta de toda visión específicamente ecológica. Esta imputación es justa sólo a medias. Marx sí tenía una visión de la sociedad en la cual la humanidad deja de estar enajenada de la naturaleza, en la cual la apropiación de la naturaleza no se basa en la lógica de la acumulación capitalista sino más bien en la necesidad individual y social directa, por un lado, y lo que hoy llamaríamos produ.cción "ecológicamente racional", por otro. No obstante, esta visión no incluía 1

Anna Bramwell, Ecology in the 20th century: A history, New Haven, Yale University Press, 1989, p. SS.

INTRODUCCIÓN

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una sociedad ecologista en la cual la naturaleza no es una mera fuerza productiva sino algo valorado como un fin en y por sí mismo. También la imputación de que Marx carecía de sensibilidad frente a la vinculación, la diversidad y la interdependencia mutua en la naturaleza es correcta sólo a medias. Por una parte, era muy consciente de los procesos que hoy denominamos "regulatorios ecológicos" ("ecorregulatorios"), que se combinan con los procesos del trabajo humano en la producción en general y en la de mercancías en particular; por otra, se interesaba también por el que podría considerarse el principal problema ecológico de su época, el de la calidad y la cantidad del suelo en la agricultura (tal como lo demostraba la famosa investigación de Justus von Liebig). Pero también en este caso a Marx le interesaban sobre todo las condiciones de una agricultura ecológicamente racional, por ejemplo los intentos por acumular nutrientes en el terreno, tanto para restablecer como para aumentar la productividad agrícola, en vista de la rápida urbanización y, como consecuencia, de los drásticos incrementos de la demanda de alimentos y de materias primas industriales. Algunos críticos verdes del marxismo sostienen que el antropocentrismo de Marx era tan extremo que negaba el hecho obvio de que la naturaleza (combinada con el trabajo humano) es la fuente de la riqueza material, a lo que aquél respondería que la naturaleza (con el trabajo) es la fuente de la riqueza definida como valor de uso. En las sociedades capitalistas, sin embargo, no es fuente de la riqueza definida en términos de valor de cambio. El simple hecho de que los capitalistas no le pongan precio al tesoro de la naturaleza (sino de que lo consideren un "bien gratuito") demuestra que en la práctica capitalista la naturaleza no se ve como productora de riqueza (valor de cambio). Nuestro crítico podría añadir: ¿acaso Marx no atacó a Malthus y la doctrina de la escasez natural e ignoró a Podolinski, quien instaba a Engels a reconstruir la teoría del valor en términos de flujos y transformaciones de energía? 2 ¿Y no es verdad que la mayoría de los marxistas han concedido la mayor importancia en su teoría Juan Martínez-Alier, Ecologkal econontics: Enero, environment, and society, Oxford, Basil Blackwell, 1987, p. 62. "Marx no formuló esta cuestión [estudiar el flujo de energía y materiales] en términos de ecología humana, y en todo caso su interés específico consistía en mostrar de qué manera variaban las condiciones de existencia, es decir, cómo adoptaban diferentes formas sociales en el curso de la historia. Por ejemplo, la apropiación directa de la naturaleza en la sociedad primitiva [...] o el consumo de mercancías adquiridas con salarios obtenidos mediante la venta del trabajo en el capitalismo. La visión ecológica de las condiciones de la existencia humana podria haberse conectado fácilmente con el marxismo por medio de una definición adecuada de las fuerzas productivas o los poderes productivos. Eso no fue hecho por Marx. Pese a la similitud superficial entre un enfoque ecológico y un enfoque en términos de `reproducción' de los sistemas sociales, desde hace mucho tiempo ha habido un divorcio entre el marxismo y la ecología. De todos los conceptos marxistas, el que mejor se adapta al tema central de este libro es el fetichismo de las mercancías o [...] la ficción de la conmensurabilidad; según el ejemplo de Nuerath, es el hecho de que 'no podamos' comparar kilogramos de carbón y horas de trabajo humano en las mismas unidades" (p. 5). Véanse las cartas 182 y 188 de Engels a Marx, sobre el "asunto Podolinski", en Karl Marx y Frederick Engels, Selected connspondence, 1846-1895, Nueva York, International Publishers, 1942, vol. 29, pp. 409-411. Véase también Bramwell, op. cit., p. 86.

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INTRO

del cambio histórico al desarrollo de las "fuerzas productivas", las mismas fuerzas que amenazan con destruir el-planeta? Se argumenta que la concentración extrema de Marx en el poder vitalizador de la ciencia y la tecnología reflejaba la obsesión del capital por la expansión constante de la productividad y la producción. Sin embargo es incuestionable que no problematizó sistemáticamente (es decir, no evaluó en términos de su utilidad real para los individuos y la sociedad) las fuerzas productivas capitalistas (y los valores de uso en general) en El capital ni en ningún otro trabajo. Veía las fuerzas capitalistas de producción como capaces, potencialmente, de liberar a la humanidad de la servidumbre de la naturaleza que, según creía, permite y al mismo tiempo restringe la producción material humana. Y, además, ¿no gira acaso la teoría marxista de la crisis en torno a la contradicción interna del capitalismo (que algunos marxistas ecologistas denominan la "primera contradicción"), más que a barreras externas a la acumulación capitalista, como salud y bienestar de trabajadores y comunidades, recursos limitados y restricciones espaciales, sean las mismas autoimpuestas o no por el desprecio capitalista de sus "condiciones de producción"? Según Michael Redclift, para Marx las "barreras a la plena realización del potencial de los recursos eran impuestas por relaciones de propiedad y obligaciones legales, más que [por] el caudal de los recursos" (aseveración que tendremos oportunidad de desmenuzar en el capítulo 8 de este libro). 3 Y el ataque continúa: si bien podemos conceder que Marx entendía la naturaleza como algo enteramente transformado por la acción humana, ¿previó que esta "segunda naturaleza" llegaría a dominar tanto las inquietudes de la humanidad a finales del siglo xx? No. El marxismo-leninismo en la URSS, ¿no puso en primer lugar la industrialización y en un segundo plano, muy remoto, la protección ambiental? Aunque la ideología dirigente de la URSS, durante dos decenios, afirmó que la ecología era la "base de la planificación económica", 4 esto era más de la boca para afuera que una realidad. El arraigo en la tierra, la ética centrada en la misma y la subsistencia de pueblos indígenas y del campesinado en los países del Sur, preocupaciones centrales de la ecología política, ¿no están ausentes en la teoría y la práctica marxistas? Las respuestas son sí, sí y sí. Pero, como veremos, pese a esos y otros silencios, Marx y Engels, y una cantidad de teóricos marxistas, vieron (y ven hoy) dialécticamente interconectadas la historia humana y la historia natural; entendieron (y entienden) la naturaleza antiecológica del capitalismo y la necesidad de una teoría que exprese la relación contradictoria entre valor de cambio y valor de uso, y tuvieron (y tienen) una visión ecológica socialista, aunque sea latente.

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3 Michael Redclift, Development and the environmental crisis: Red and green alternativas, Londres y Nueva York, Methuen, 1984, pp. 7.8. La excepción son las disquisiciones teóricas de Marx acerca del efecto de la escasez de materias primas sobre la tasa de utilidad y la estabilidad económica, respecto a lo cual hablaremos más adelante. 4 Por ejemplo Grigorii Rhozon, The biasphere and politits, Moscú, Progresa, 1979, cap. 2.

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ODUCCIÓN

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storia y naturaleza", la primera parte de este libro, se ocupa de esta relación diaica entre la historia humana y la historia natural, o entre la economía humana economía de la naturaleza. Presento una interpretación del método marxista mada concepción materialista de la historia, y sugiero algunas formas en las cuapuede reforzarse esta visión tradicional al incorporar factores "ambientales" o naturales como culturales. El resto de la primera parte se concentra en la hisa ambiental. Trato de aplicar un acercamiento materialista histórico a la discia misma de la historia ambiental, y también a la historia ecológico-ambiental a región en la que vivo y trabajo, así como (en forma breve y derivada) de las dades de Chicago y Los Ángeles. La fuerza que subyace a estos capítulos es mi pio deseo o necesidad de un método de estudio que sea al mismo- tiempo teóamente sólido (más o menos) así como prácticamente útil para la política iental radical. Como veremos en el capítulo 1, la falta de una sensibilidad ecológica plena en ensamiento marxista se ve bien ejemplificada en la descripción usual del matesmo histórico. Aunque la concepción materialista de la historia es una enorme ora con respecto a las visiones idealistas premarxistas, debido a sus dos facetas, su insistencia en que la "realidad empírica" siempre es ambigua, pues expresa ensión entre las relaciones sociales y las relaciones materiales-técnicas, el "mat" (materialismo histórico) deja muy poco lugar para la economía de la naturaa y demasiado para la economía humana. En las versiones clásicas la relación e la producción material y la naturaleza depende demasiado del modo de proción —o modo de explotación del trabajo— y demasiado poco de las condines ambientales y de los procesos ecológicos. Si bien el marxismo ha logrado mostrar de qué manera se "construye socialmente" el concepto de naturaleza en rentes modos de producción, la irreductible autonomía de aquélla, que hace ibles y restringe los proyectos humanos, suele ser desdeñada o marginada (aunno por el mismo Marx, quien afirmó claramente que la producción está diada por "procesos naturales independientes del hombre"). La mayoría de los marxistas piensan que en el modo de explotación capitalista ida material socialmente organizada tiene dos efectos. El primero consiste en mbiar las formas de la naturaleza de modos que la "humanicen" o creen una gunda naturaleza". "El hombre [...] sólo puede proceder como la naturaleza ma, vale decir, cambiando, simplemente, la forma de los materiales."5 La urbanión, la agricultura comercial, la explotación forestal y el efecto invernadero son

El capital, vol. 1, México, Siglo XXI, 1975, p. 53 . Véanse también Neil Smith, "The production of e", en Uneven development: Natura capital, and the production of space, Oxford y Cambridge, Blackwell, ; Michael Dunford y Diane Perrons, "The concept of nature", en The arena of capital, Nueva York, Martin's, 1983; Margaret FitzSimmons, "The matter of nature", Antipode 21, 2, 1989. En The Gennan gy, Collected work, Londres, International Publishers, 1976, vol. 5, pp. 39-40 [La ideología alemana, as ediciones], Marx y Engels afirman claramente que el mundo natural es un producto histórico s formas son creadas por el trabajo humano.

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ejemplos evidentes. El imperialismo ecológico y la distribución mundial de espe cies vegetales europeas son casos menos obvios. 6 El segundo efecto de la vida material es cambiar las formas de la conciencia humana de maneras que "naturalizan a los seres humanos", es decir, dominan las "leyes" de la naturaleza de modos que permiten el descubrimiento y desarrollo de nuevas formas de riqueza material. El "desencantamiento de la naturaleza" —el desarrollo casi universal de una conciencia científica— es su efecto principal! En otros términos, el trabajo social media entre la historia humana y la natural; el trabajo es la interfaz material entre la sociedad y la naturaleza. El trabajo está organizado como una división de funciones o tareas especializadas, incluyendo una división entre la actividad mental y la manual, así como entre los trabajadores mentales y los manuales. El trabajo social tiene momentos objetivos y subjetivos: el trabajo socialmente organizado (y simbólicamente mediado) crea el mundo objetivo en el cual vivimos y trabajamos; también contribuye a producir el mundo subjetivo de la conciencia, que limita y al mismo tiempo brinda oportunidades de nuevas y diferentes clases de actividad material. Visto así, el "impacto humano" sobre la naturaleza gira en torno a las formas en que se organiza el trabajo social, sus fines o sus metas, la distribución y uso del producto social y el conocimiento de la naturaleza, así como las actitudes hacia la misma. Este punto de partida teórico y práctico del "marxismo convencional" ha sido más o menos ignorado por los ecologistas. Los marxistas, por su parte, no le han prestado mucha atención a la ciencia de la ecología ni a lo que parece ser una nueva sensibilidad ecológica global. El materialismo histórico habitual ha hecho énfasis en la transformación humana de la naturaleza, más que en las autotransformaciones de ésta, y también más que en las formas en que la misma transforma la historia humana. El ciclo capitalista y la explotación del trabajo se consideran más importantes que el ciclo de vida de los organismos o los ciclos de uso de la energía y la "explotación" de la naturaleza. ¿Sería posible, entonces, salvar el materialismo histórico con la simple sustitución de "ciencia ecológica" por "ciencia" en la formulación clásica de que los seres humanos se naturalizan a través del trabajo social? Esto es indispensable para la reformación y extensión de la "mathist" a la luz de los hallazgos de la ciencia de la ecología, así como de las luchas ecológicas de todos tipos. No obstante, perdura el problema clave: ¿hasta qué punto se le hace justicia a la naturaleza? ¿Cuán cerca del centro —tanto de la historia natural como del materialismo histórico— ponemos lo que Richard Lewontin y Richard Levins llaman las "fuerzas determinantes débiles" de la economía de la naturaleza? ¿Basta con afirmar que "mientras exista el hombre la historia de la naturaleza y la histo-

6 Alfred Cmsby, Ecalogical imperialissa: The ~ni mcpansion of Rurnp ,, 9 1909, Cambridge y Nue va York, Carnbridge University Press, 1986. 7 John Desmond Bernal, Science in history, Cambridge, mrr Press, 1977.

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ria de los seres humanos se determinan mutuamente?" 8 ¿O deberíamos agregar que un vínculo entre la historia de la explotación de la naturaleza y las luchas de clase es la historia natural, y viceversa? La respuesta parecería ser afirmativa, en vista de la bibliografía sobre la importancia de los factores ecológicos en el cambio social e histórico, algo que es "muy diferente del determinismo tecnológico de Engels, pero no incompatible con un punto de vista marxistas 9 Anna Bramwell, entre otros, ha descartado los intentos de identificar la dialéctica del hombre y la naturaleza de Marx con el sentido de la relación humano-naturaleza de los ecologistas, aduciendo que Marx y Engels concedieron a los seres humanos un papel demasiado activo (y a la naturaleza uno excesivamente pasivo). 10 Las leyes de la naturaleza no son de ninguna manera tan "regulares" como parecían pensar los fundadores del marxismo (y en general todos los demás durante el siglo xix). No sólo en la naturaleza "parece reinar el azar"; en toda una vasta gama de problemas en realidad "reina" el azar» La historia de la ciencia del siglo xx y sus principios de indeterminación y de incertidumbre confirman esta visión. La naturaleza se transforma de maneras impredecibles al mismo tiempo que está siendo transformada por la actividad material humana. 12 La naturaleza es un socio activo de la vida material de la especie humana y, por consiguiente, de su historia y de la evolución de la conciencia humana. La aparición y el desarrollo de la ciencia de la ecología y sus sensibilidades son, en sí mismos, una firme evidencia al respecto. Los cambios naturales introducidos por los seres humanos, a su vez, contribuyen a determinar las posibilidades y los límites de la historia humana. Las sucesiones forestales, los ciclos de formación de suelos, los patrones de crecimiento de la población de determinadas especies y los cambios del clima son ejemplos obvios de la autonomía de la naturaleza, a veces de acuerdo con una "ley débil", a veces sin ley alguna, relativa ni absoluta. Por lo tanto, el materialismo histórico tiene que extenderse hacia afuera, a la 8 Marcel Prenant, Biology and Marxism, Londres, Lawrence & Wishart, 1938, p. 44, citando La ideología alemana. 9 K. P. Mosley, correspondencia personal, 22 de junio de 1989. Mosley menciona también el materialismo cultural de Marvin Harris y la escuela antropológica marxista, que procura adoptar un enfoque ecológico del cambio social. En este sentido hay que mencionar especialmente la obra de Leslie White. Una verdadera descripción de la ecología y el materialismo histórico tendría que escudriñar con cuidado y respeto esa bibliografía y otras obras relacionadas, labor que está fuera del alcance de esta Introducción. Entre las más importantes se cuentan obras como la de Vernon Gill Carter y Tom Dale, Topsoil and civilization, Norman, University of Oklahoma Press, 1974, que se ocupa de los problemas ecológicos de las civilizaciones en decadencia, y la de Richard Wilkinson, Poverty and progre:5s: An ecological model of economic development, Londres, Methuen, 1973, que lleva al siglo xx un análisis ecológico de la historia. Westport, 1 ° Bramwell, op. cit., criticando a Howard L. Parsons (ed.), Marx and Engels on ecology, Greenwood, 1977. 11 'bid, p. 33, citando a Engels (cursivas mías). 12 Martin O'Connor, "Codependency and indeterminacy: A critique of the theory of production", Capitatism, Nature, Socialism, 3, 1989.

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naturaleza física, en el sentido de que la historia natural tanto de la "primera" como de la "segunda" naturaleza puede influir en la historia humana y viceversa, de acuerdo con el marco temporal y las circunstancias. Esto puede hacerse sin caer en la trampa del determinismo climático o geográfico y de las interpretaciones racistas del cambio social y político que se han asociado con esta clase de pensamiento. Como insisten muchos ecólogos e historiadores, hay que ver los procesos abiertos como si "dirigiesen", de maneras problemáticas, la historia natural, así como la humana. El materialismo histórico también tiene que extenderse hacia adentro, en el sentido de que los cambios biológicos humanos y los procesos socialmente organizados de reproducción de la especie, por muy socialmente mediados o construidos que estén, 13 pueden influir en la historia humana y la historia natural tanto como éstas en aquéllos, también en este caso de acuerdo con el marco temporal y las circunstancias. Esto es posible sin caer en la trampa del determinismo biológico y de las interpretaciones sexistas del cambio social que se han asociado con esta clase de determinismo. Por un lado, los cambios climáticos (causados o no por influencias humanas), por ejemplo, configuran la historia humana y la natural, como lo demuestra sobradamente la historia de la cuenca del Mediterráneo. Por otro, la gramática del lenguaje (y por ende del pensamiento) es innata; 14 el largo periodo de maduración de los seres humanos influye en el alcance y el límite de la organización de la sociedad, y así sucesivamente. Las poblaciones que van envejeciendo no conforman la historia natural y humana igual que las más jóvenes. Parte de la diferencia entre el paisaje cultural y natural de Dade County, en Florida, y la ciudad de México, puede explicarse por la distinta composición por edades de la población de ambas metrópolis. No basta con que el marxismo y la ecología se limiten a saludarse cortésmente con la cabeza. 15 Los ecosistemas emergentes de los huertos de manzanas en la cuenca del río Pájaro (en el condado de Santa Cruz, California) son buenos ejemplos de la naturaleza que vuelve por sus fueros; las especies nativas expulsan a casi todas las introducidas, recreando así una "naturaleza original" que los agentes de bienes raíces de hoy tienen que usar o dominar.I 6 Este hecho debería ser de interés para los marxistas. En Fall Creek (Felton, California) secuoias, abetos Douglas, 13 Por ejemplo Phfilipe Aries, Centurias of childhood, Nueva York, Knopf, 1962. Véase una historia ecológica que procura conjugar teorías de producción y de reproducción en Carolyn Merchant, Ecological revolutions: Natura, gender, and science in New England, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1989. Una descripción del carácter social, autoconstituido, de la naturaleza humana, se puede encontrar en Richard Lichtman, "The production of human nature by means of human natura", cros, 4, 1990. 14 Noam Chomsy, Language and mind, Nueva York, Harcourt, Braca, Jovanovich, 1972. 13 Bramwell acusa a algunos de los ensayistas incluidos en Joe Weston (ed.), Red and green: A new politics of the mvironment, Londres, Pluto, 1986, de tratar de apropiarse de la ecología para el marxismo. Creo que es una imputación injusta. 16 Burton Gordon, Monterey Bay anea: Natural histoty and cultural imphnts, Pacific Grove, Boxwood, 1979, pp. 100-114.

INTRO

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ODUCCIÓN

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eles, acebos y otros árboles y especies vegetales viven juntos de modos que ltan indescifrables sin una descripción de las formas de trabajo asalariado y de nología introducidas en el área en el siglo xfx para explotar la madera y los ósitos de cal de la cuenca de Fall Creek. 17 Este hecho debería ser de interés a los ecologistas. La importancia que tienen los datos de este tipo, y el grado en el materialismo histórico debe extenderse al dominio de la naturaleza biolóa y física, parecerían cuestiones empíricas. Se requieren análisis históricos y urales concretos de situaciones concretas para superar y trascender (negar) el lismo entre las teorías e hipótesis históricas y geográficas/biológicas. El hecho que este proyecto siga estando en su infancia sugiere que la mayoría de los maras le han prestado poca atención a la naturaleza, y que la generalidad de los logos y geógrafos le han prestado menos atención aún al marxismo." Hasta las mejores descripciones de la dialéctica entre historia y naturaleza (que su mayoría aún no han sido escritas) son incapaces de responder una pregunta mativa: ¿qué creen los marxistas —si acaso— que debería serla naturaleza? 19 Esto elaciona muy de cerca con la pregunta: ¿qué debería ser el trabajo socias? Dicho otra forma, ¿qué le es posible ser a la naturaleza? ¿Qué es? ¿En qué se está coniendo? ¿Qué parece probable que puedan hacer de ella los seres humanos? En ecosistemas en los cuales en el pasado se asentaron seres humanos, que luego abandonaron, ¿habría que arrancar de raíz la hiedra y la vinca introducidas por ún alma solitaria para civilizar un rincón desolado de la tierra, y que suelen crelocamente, a expensas de las especies indígenas? ¿Cortarlas y controlarlas? ¿O arlas en paz? Es un caso trivial, pero su misma simplicidad ejemplifica la cuesn normativa mejor que muchos ejemplos complejos. En los procesos de trabajo han establecido los seres humanos en el pasado para ampliar la productividad ial, ciertas técnicas de producción y formas de especialización del trabajo que dañado tanto al ambiente natural como a los trabajadores y sus comunidades, berían ser "arrancadas de raíz", reducidas y controladas, o dejadas intactas? a, sin duda, no es cosa trivial, y su complejidad destaca la importancia de la cuesn normativa como nunca podría hacerlo un mero ejemplo. Por último, la diferencia más profunda entre el marxismo y la ecología no es e el primero adora la ciencia y la segunda no, como afirman algunos. Ni tamco que la ecología le da a la naturaleza más de lo debido, ni que proporciona iones de lo que debería ser la misma diferentes de las de aquél. La diferencia ica parecería relacionarse con la pregunta: ¿qué debería ser la sociedad humana? chos ecologistas creen que el uso y la conservación de los recursos es una acti-

7 Barbara Laurence, "The construction of nature and nature of construction: A study of the histol ecology of Fall Creek, Felton, California, 1960-1988", ponencia presentada a la Annual Conferenf the Environmental History Association, Olympia, abril de 1989. 8 Una importante excepción es el innovador grupo de geógrafos radicales asociado con la revista pode. 9 John Ely, "Lukács' construction of natura", cros, 1, otoño de 1988, p. 116.

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viciad moral, íntimamente relacionada con la supervivencia del grupo. Alguno ecologistas políticos basan un modelo de la sociedad humana en las que consid ran formas igualitarias de cooperación que "se encuentran" en la economía de l naturaleza, lo que en parte puede ser una especie de expresión de deseos o un proyección, sobre la naturaleza, de categorías históricas deseables, en un esfuerz por controlar las proyecciones del darwinismo social sobre la naturaleza de cat gorías indeseables, como la "competencia". Por su parte, la mayoría de los marxi tas parecen contentarse con el proyecto científico de descubrir las "leyes" de l naturaleza a fin de usarlas para propiciar aún más el desarrollo de los seres huma nos en cuanto especie. No obstante, puesto que la evolución de la especie humana incluye no sólo la dependencia de la diversidad y fecundidad de la vida, sino tam bién el aprecio por aquéllas, es probable que, para ser coherente consigo mismo el marxismo deba volverse "ecológico".

La segunda parte de este libro ("Capitalismo y naturaleza") se ocupa de alguno asuntos clave relativos a la economía política de la ecología (con algunas referen cias a la sociología política y la sociología económica) en el modo de producció capitalista. Me concentro en las maneras en que las relaciones de producción del ca pitalismo (relaciones de producción, competencia, mercado mundial, etc.) degra dan o destruyen las condiciones de producción, incluido —y especialmente— e ambiente. Entre las relaciones de producción capitalistas y la naturaleza hay una cantidad de mediaciones: la tecnología, desde luego, y la energía de combustible fósiles, las relaciones de trabajo, los mecanismos del capital en expansión y el esta do. Estas mediaciones se analizan con cierto detalle, sobre todo desde el punto d vista de la teoría de la crisis. Analizo también algunas manifestaciones espaciale del capital, usando el tema del desarrollo desigual y combinado, con especial aten ción a las políticas (incluyendo las políticas guerreras) del petróleo, la mercancía que ha nutrido al capitalismo durante bastante más de un siglo. Finalmente, en e último capítulo de la segunda parte, "¿Es posible un capitalismo sustentable?", se reúnen algunos hilos del argumento general. No muchos cuestionarán la afirmación de que el Norte (el antiguo "primer mundo") ha gozado de un crecimiento del bienestar material sin precedentes en los últimos doscientos años. Por otro lado, la mayoría coincidirá en que este crecimiento ha dado por resultado una degradación indiscriminada de los recurso naturales durante esos mismos dos siglos, 2 ° y también en que el Sur (el antiguo "tercer mundo") es la peor víctima de lo que Mustafá Tolba, director ejecutivo del Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas, ha llamado "genocidio glo-

2° Muchas enfermedades humanas no transmisibles se asocian también con el paso a condiciones de vida a las cuales los genes humanos no están adaptados, y que a su vez son resultado del desarrollo económico industrial (véase Thomas McKeown, The origins of human distase, Oxford y Nueva York, Basi Blackwell, 1988).

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INTRODUCCIÓN

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bar: el resultado de centenares de años de despojo ecológico por parte del Norte imperialista y de sus asociados más recientes en el Sur. 21 Por eso el crecimiento económico y la abundancia material en el Norte son contradictorios, en el sentido de que el capital ha superado la escasez degradando el ambiente en el Norte y en el Sur. El Norte le debe una parte fundamental —aunque desconocida— de sus niveles de vida al agotamiento de recursos no renovables, la degradación de los renovables y el despojo de los bienes comunes globales. La riqueza del Norte en materia de mercancías ha dado como resultado la pobreza de la naturaleza y la pobreza del Sur (y de las "colonias internas" del Norte) desde el comienzo de la Revolución industrial, en el siglo xvm. En Inglaterra, patria del capitalismo industrial, las manufacturas más importantes eran los textiles de algodón. Su centro de producción era el condado de Lancashire, asimismo distrito de minas de carbón. La producción de éste en Lancashire aumentó de 35 mil toneladas en 1750 a 400 mil en 1830 (de más o menos el 7 al 13% de la producción total de carbón en Inglaterra), expandiéndose para satisfacer la creciente demanda de energía de los nuevos talleres textiles mecánicos, la construcción de canales y el funcionamientos de barcas y, en la misma industria del carbón, para hacer funcionar las bombas de desagüe. Hasta 1796, cuando James Watt patentó su famosa máquina de vapor, la más usada era la de Newcomen. Este motor sólo quemaba antracita y tenía una combustión casi completa, por lo cual era bastante limpio, pero resultaba técnicamente ineficiente porque la combustión tapaba el mecanismo del motor. Watt experimentó con la máquina de Newcomen y se le ocurrió condensar vapor en una cámara separada, y añadir una bomba de aire para llevar el vapor hacia la misma. Su máquina podía funcionar con carbón bituminoso, más barato y con más azufre, que no se quemaba por completo. El resultado fue un motor que no se tapaba y, por esta razón, una máquina extremadamente contaminante. Watt y su socio Mathew Boulton establecieron una de las empresas más importantes de la historia inicial del capitalismo. El motor de Watt y sus imitaciones se vendían por todo el mundo. Lancashire, donde se usaban por centenares para mover una variedad de máquinas en las despepitadoras de algodón y también las bombas de las minas, no tardó en estar cubierto por un repulsivo sudario de humo. El dióxido de azufre que se produce al quemar carbón se transforma en ácido sulfúrico cuando se oxida, proceso que se facilitaba en el húmedo clima británico. Luego el humo de carbón redujo la productividad agrícola y eliminó muchas variedades de vida vegetal. Lo que Robert Smith habría de llamar lluvia ácida (en su Air and raro, publicado en 1872) redujo la productividad del suelo en general. También disminuía el paso de la luz, lo que creó una epidemia de raquitismo —crecimiento anormal de los huesos—, enfermedad infantil causada por falta de vitamina D. 21 Citado en Jon Stewart, “UN'S

1990.

dire environmental diagnosis", San Francisco Chronicle, 6 de junio de

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INT

Aparte de la mezcla letal de gases y partículas producida por la máquina de vapor de Watt, el drenaje de las minas creaba una terrible contaminación del agua. El famoso "sistema Lancashire" para la extracción de carbón se diseñó para sacar de la tierra la mayor cantidad de carbón lo más rápidamente (es decir, rentablemente) que se pudiese. Las vetas se trabajaban cerca de la superficie; centenares de excavaciones poco profundas se hundieron; luego se rellenaron y se las abandonó. Los desagües de las minas contaminaron ríos y arroyos con ácidos, partículas, hierro y compuestos ferrosos, y concentraciones de metales pesados, combinación sumamente tóxica para plantas y animales. La población de peces fue diezmada, lo cual incrementó la biomasa vegetal, reduciendo el oxígeno para otras formas de vida. La máquina de Watt fue un desastre ecológico tanto como un triunfo económico. 22 Mientras el carbón y el vapor impulsaban el desarrollo económico en Inglaterra (y más tarde en Europa Occidental y Estados Unidos), la industria del Norte tenía resultados desastrosos para las condiciones de vida ambientales, materiales y sociales. El comercio exterior, especialmente a partir de 1760, se convirtió en el motor del crecimiento industrial británico. Hasta que se abolió el comercio de esclavos los textiles de algodón se trocaban por esclavos africanos que, "exportados" al Nuevo Mundo, producían azúcar, café, tabaco y otros productos (o drogas) de consumo para Inglaterra y Europa, así como algodón en bruto para las despepitadoras de Lancashire. El resultado fue una tragedia ecológica y humana sin precedentes, tanto en África como en las regiones proveedoras de materias primas del Nuevo Mundo. En Estados Unidos, en la última parte de ese mismo periodo histórico, los cultivadores de cereales de Nueva Inglaterra y la costa este, que alimentaban a los habitantes urbanos, erosionaban el suelo en busca de mayores ingresos. Hacia 1850 la calidad del suelo era tan mala que los granjeros no podían alimentar ni siquiera a sus propios vecinos, los nuevos residentes de las "tierras limítrofes", lo que hoy llamaríamos "suburbios". De modo que los primeros habitantes suburbanos compraban la comida en las ciudades en las que trabajaban. El efecto fue la expansión del papel de las mismas como centros mercantiles agrícolas. Mientras tanto, las ciudades se construían de piedra y ladrillo; Nueva York, por ejemplo, se abastecía de canteras y ladrilleras del condado de Westchester. Con el tiempo los elementos tóxicos contenidos en el rocío, la lluvia y la niebla, sobre todo el valle del río Hudson, hicieron que las hojas se marchitasen, la fruta se cayese aún verde y los árboles se secaran. También sufrieron los cereales, las verduras y los árboles. 23 La población urbana, en parte creada por la degradacion de la naturaleza, vivía así a expensas

de es

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" Mathew Osborn, "Origina of an industrial wasteland: Coal mining and use in late 18th century and early 19th century Lancaster", manuscrito inédito, 11 de junio de 1990. " John R. Stilgoe, Borderland: Origins of the American suburb, 1820-1939, New Haven, Yale University Press, 1988, pp. 73-74.

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TRODUCCIÓN

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e ésta. Y lo mismo hacían, irónicamente, los residentes suburbanos que querían scapar de la ciudad y volver a un entorno más natural. Estas historias se podrían multiplicar por cien. Son ejemplos de la contradicción eneral entre el capitalismo y la naturaleza, o la contradicción entre el capital que e expande y la naturaleza que se autolimita. Por una parte el capitalismo es un sistema autoexpansivo de crecimiento ecoómico. Su meta es el crecimiento sin límites, el dinero en busca de más dinero. l medio de la expansión, y al mismo tiempo su meta, es la utilidad. Toda instituón y práctica cultural capitalista se organiza para obtener utilidad y acumular apital. El crecimiento económico se ve también como el gran solvente social, omo la "solución" a la pobreza, el desempleo, la distribución desigual de la riquea y del ingreso. Los nuevos impuestos recaudados vienen de la acumulación de apital, así que pocos políticos se atreven a oponerse a la autoexpansión del miso. Las compañías que no se orientan al crecimiento son severamente castigadas or los banqueros, el mercado accionario y los competidores. Los trabajadores que o quieren o no pueden cambiar de habilidades y lugar de residencia de acuerdo on la lógica de la acumulación se quedan atrás, desempleados en el mejor de los asos, sin hogar o encarcelados, en el peor. Por otra parte, la naturaleza no es autoexpansiva: los bosques llegan a etapas áximas; el agua fresca está limitada por la geografía y el clima; los combustibles siles y los minerales están fijos en términos fisicos. La naturaleza no es nada "mezuina" y permite la producción humana, al mismo tiempo que la restringe, pero us ciclos y ritmos no están regidos por la misma lógica que los ritmos y ciclos del pital. La moraleja de estas historias y la línea teórica general que ilustran es que no abría capitalismo tal como lo conocemos hoy si durante los dos últimos siglos se ubiese dado una planeación ecológica y económica racional y democrática. Esa aneación, políticamente imposible de imaginar en 1750, 1850 y 1950, y políticaente implausible incluso a fines de los años 1990, hubiera reencauzado el desaollo económico en direcciones ecológicamente racionales. Otra moraleja es que nuestros antepasados nos dejaron un legado dudoso. Por n lado algunos vivimos en países que han desarrollado una enorme capacidad dustrial y una abundancia de bienes materiales. Por el otro, nos enfrentamos a na naturaleza degradada, a ciudades congestionadas y a una población que se ente aislada, enajenada y explotada. Hemos sufrido los resultados de un pacto que uestros antecesores hicieron con el demonio, y si las cosas no cambian nuestros jos correrán una suerte aún peor. Si observamos el problema en estos términos la egunta clave es: "¿qué clase de relación queremos tener con miles de millones de ersonas, que todavía no han nacido, que no pueden opinar en el 'mercado' y en s consejos gubernamentales de hoy?" Una respuesta neomalthusiana es: "evita ue nazcan". Un elemento clave de una respuesta socialista ecológica es garantir que los que nazcan no estén material y ambientalmente empobrecidos.

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Hay otra manera de ver el problema y otra pregunta que podemos formular. No sólo sufrimos las consecuencias de las acciones de los muertos, sino también de los vivos... al menos de algunos. Se trata de los que deciden las prioridades de inversión y tecnología, los flujos de capital, los préstamos internacionales y la política presupuestal de los gobiernos. La pregunta, entonces, es qué clase de relación queremos tener con los industriales, los comerciantes, los directores de las corporaciones y los bancos transnacionales, el Banco Mundial y el FMI, así como con los altos funcionarios del estado. Si la primera parte de este libro es una especie de "búsqueda de un método", y la segunda una ampliación y aplicación de este método al problema del capitalismo y la naturaleza, la tercera es otra clase de búsqueda y aplicación: la búsqueda (y evaluación) de tendencias radicales dentro de la ecología y los movimientos relacionados con ella, y una aplicación de algunos principios de sociología política y teoría política a problemas estratégicos a los que se enfrentan estos movimientos. Empiezo por examinar las formas en que los verdes y otros han discutido el socialismo y la ecología. Me concentro después en las que considero tendencias o temas radicales dentro del movimiento ambientalista (definido en términos muy amplios) en Estados Unidos. Luego demuestro una manera práctica de combinar identidad y política local, o multiculturalismo y biorregionalismo, en el área de la bahía de San Francisco, y después un modo de analizar críticamente el famoso lema verde: "Pensar globalmente, actuar localmente". Tras una breve incursión a los vínculos entre los nuevos movimientos sociales y el estado, completan este trabajo dos capítulos acerca de las diferencias y semejanzas entre el socialismo tradicional y lo que podría denominarse el socialismo ecológico. Me concentro siempre en las tendencias verdes radicales (y otras relacionadas) en Estados Unidos, con ocasionales miradas a otros países del mundo sobredesarrollado y también del Sur. En estos capítulos empiezo con la observación de que hay hoy centenares de millones de personas, en todo el mundo, que carecen de empleo o que trabajan, por una pobre paga, en lugares insalubres e inseguros; que viven en ciudades contaminadas y congestionadas o en aldeas empobrecidas, con poca tierra, agua potable, combustible o forraje, y que son oprimidas y explotadas de acuerdo con cualquier definición de estos términos. Las mujeres y los niños, en particular, soportan los peores efectos de las catástrofes económicas y ecológicas que caracterizan a una parte tan grande del Sur, donde los "recursos" son cada vez más escasos, antes que nada debido a las estructuras de propiedad y poder, la mala distribución de la tierra y de otras necesidades productivas y, en general, a la pobreza. El resultado es que en las dos o tres últimas décadas decenas de millones de personas han empezado a escudriñar críticamente el papel de los caciques y las burocracias locales, de los terratenientes y ganaderos, banqueros, corporaciones transnacionales y otros focos de poder, y que muchos cuestionan las políticas monetarias, impositivas, de gasto, inversión, tecnología y exportación de los gobiernos. Hay decenas de miles

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de organizaciones no gubernamentales (oNG) e incontables agrupaciones informales abocadas a la justicia ambiental y social. En el Sur ha aparecido lo que el economista ecológico Juan Martínez-Alier ha llamado "el ambientalismo de los pobres" (o "socialismo narodnik"), mientras que en Norte, hasta la aparición relativamente reciente de la justicia ambiental y los movimientos contra las sustancias tóxicas, las cuestiones principales han tenido que ver menos con la supervivencia económica que con los encantos ambientales. Algunos autores han desarrollado un modelo de los movimientos ambientales en el Sur y en el Norte, en correspondencia con el uso que el capital hace de la naturaleza como grifo y también como sumidero; en el primero predominan los problemas de agotamiento y carencia de recursos (aunque la contaminación urbana en las ciudades del Sur, por ejemplo, rebasa con mucho la de la mayoría de las urbes del Norte); en el segundo son más importantes los problemas de contaminación (aunque las prácticas agrícolas, forestales, pesqueras y otras afines del Norte dejan mucho que desear desde el punto de vista ecológico). Una cuestión clave de hoy es cómo lograr que las batallas ecológicas produzcan un cambio socioeconómico radical, sobre todo en un momento en el que los tres modelos básicos de desarrollo (el socialismo estatal en el Este, la democracia social en el Oeste y el desarrollo nacionalista en el Sur) han sido destruidos o están sufriendo un feroz ataque del capital global y de sus agentes. Tal vez alguna referencia al pensamiento posmarxista y a sus objetos de estudio, la "sociedad postindustrial", los "movimientos alternativos" o los "nuevos movimientos sociales" y la "democracia radical" sea un buen punto de partida para empezar a ocuparse de esta cuestión." Los posmarxistas ya no ven a la clase obrera tradicional como el agente privilegiado de la transformación histórica. Ya no existe una batalla por el socialismo (se piensa) sino más bien contra todos los "ismos". Hoy hay una lucha (en el Norte) en pro de la "democracia radical" por parte de los "nuevos movimientos sociales" en la "sociedad postindustrial". Estos postulados posmarxistas merecen un análisis minucioso, sobre todo en vista de las lecturas posmodernas de Marx y del marxismo y de la implicaciones políticas que tienen." Aquí sólo quiero señalar que en la teoría ecológica marxista la 24 El texto posmarxista más elaborado es de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Hegernony and socialist strategy: Towards a radical democratic isolitics, Londres, Verso, 1985 [Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, Madrid, Siglo XXI de España, 1987]. Un ejemplo estadunidense es Michael Albert et al., Liberating theory, Boston, South End, 1986. Probablemente el más conocido "mar-

xista convertido en posmarxista" sea Rudolf Bahro, quien escribió: "Del socialismo científico he regresado al socialismo utópico, y políticamente he pasado de una orientación de clase dimensional a una populista [...] La lucha de clase tiene poco o nada que ver con huir del desastre ecológico porque se trata esencialmente de una batalla dentro del proyecto social industrial", Michael Clow, "Bahro on ecology", Studies in Political Economy, 20, verano de 1986, p. 172. Clow comenta: "Bahro no E...] es el único con estas ideas. De hecho reflejan al grueso del movimiento ambientalista" (p. 179). 25 Por ejemplo, el análisis de Laclau y Mouffe de lo que llaman "esencialismo" marxista viola tanto el espíritu como la sustancia de la teoría del capital y el cambio histórico de Marx.

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batalla por lo que Marx llamó "condiciones de producción" (en términos generales fuerza de trabajo, infraestructura y naturaleza, es decir todo aquello que se trata como si fuese una mercancía, aunque no se lo produce como tal) ha redefinido y ampliado la lucha de clase hasta el punto en que ya no se reconoce a sí misma como tal... al menos por ahora. Esto significa que las amenazas capitalistas a la reproducción de las condiciones de producción no sólo son amenazas a la utilidad y la acumulación, sino también a la viabilidad del medio social y natural como medios de vida y vida misma. La guerra entre el capital y los nuevos movimientos sociales, en la cual se disputan los conceptos básicos de "costo" y "eficiencia", tiene dos "momentos" básicos. El primero es la lucha popular y casi universal por protegerlas condiciones de producción (o, mejor aún, los medios de vida) de nuevas destrucciones debidas a la indiferencia y los excesos inherentes al capital mismo. Esto incluye la necesidad y la demanda de reducir el riesgo en todas sus formas. Esta lucha tiene que ver con la manera en que se lleva a cabo la apropiación de la "naturaleza", como medio de reproducción del capital en oposición a medio de reproducción de la sociedad civil y de la vida de las especies, humanas o no. El segundo es el combate acerca de los programas y políticas del capital y del estado para restructurarlas condiciones de producción, es decir, una batalla respecto a la forma y los contenidos de los cambios de esas condiciones. Las "nuevas luchas sociales" se enfrentan, al mismo tiempo, al deterioro de las condiciones de producción y a las restricciones de las mismas inducidas por la crisis. Ambos "momentos" de la lucha tienen lugar fuera del estado, pero también dentro de él y en su contra. Vista así, la demanda de democracia radical es la de democratizar la provisión y reconstrucción de las condiciones de producción, que es, en ultima instancia, la demanda de democratizar el estado o la administración de la división del trabajo social. 26 En el pensamiento posmarxista se hace gran énfasis en la "especificidad local" y la "integridad" del cuerpo de un individuo, de un prado determinado, de una especie en particular o de un sitio urbano específico. Según Carlo Carboni, el desafio de la especificidad es impulsado por todos los nuevos actores sociales en las sociedades capitalistas avanzadas. Es resultado de una compleja red de medidas políticas, planeación y demás, que ponen en práctica tanto el capital como el estado a fin de integrar a la gente mientras cambian las condiciones de producción. Por una parte esta especificidad (diferencia) representa la ruptura de la solidaridad colectiva y de clase. Por la otra, revela nuevas microrredes de solidaridad social, así como la red de solidaridad universalista basada en la ciudadanía social." " James O'Connor, "The democratic movement in the United States", Kapitalistato, 7, 1978. Cabe advertir que en toda la bibliografia posmarxista me resulta imposible encontrar una sola referencia a la división del trabajo social, tan obsesionados están los "teóricos" con la división del trabajo industrial y la división del trabajo dentro de la familia. Esta ausencia o silencio sugiere que el posmarxismo es, por lo menos en parte, anarquismo, anarquismo populista, comunitarismo o libertarianismo reciclados. 27 Comunicacion con el autor, octubre de 1987.

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La palabra "diferencia" se ha vuelto el mantra posmarxista que (se cree) expulsa el término "unidad", que para el pensamiento posmarxista muchas veces no es más que otra manera de escribir "totalitario". En versiones bien meditadas de ese pensamiento se considera que la "especificidad local" sobre la que se basan los nuevos movimientos sociales vuelve imposible toda demanda universa428 al menos toda demanda política universal que vaya más allá de la demanda de reconocimiento universal de la especificidad local. Esto se contrasta con la revolución burguesa que universalizó la demanda de derechos ante los privilegios, y con la vieja lucha de la clase trabajadora que universalizó la demanda de la propiedad pública de los medios de producción frente a la propiedad capitalista. No obstante, a lo largo de este libro nuestro análisis de las condiciones de produccion y las contradicciones de las mismas demostrará que hay una demanda política universal implícita o latente en las nuevas luchas sociales, y que se trata de la demanda de democratizar el estado, así como la familia y la comunidad. De hecho no existe forma de que se universalicen las diversas luchas sociales que defienden la integridad de sitios específicos, como no sea a través de las luchas por un estado democrático, o "burocracia popular", en términos de algunos, uniéndose entre tanto con el movimiento obrero sobre la base del reconocimiento de lo que tenemos en común —el trabajo cooperativo—, lo que nos permite teorizar acerca de la unidad del trabajo social." Además, el posmarxismo, influido por el "problema del gorrón" y por los problemas de la "elección racional" y la "elección social" (todos los cuales presuponen un individualismo metodológico), afirma o implica que las luchas por las condiciones de producción son diferentes de las luchas tradicionales por salarios, horaEste punto y el siguiente los precisó Claus Offe en una conversación con el autor. "El punto en disputa es la aseveración posmarxista de que tenemos múltiples identidades sociales, en oposición a la afirmación actual de que existe una unidad teórica en estas identidades, en la unidad de las condiciones de producción y de producción y realización del capital. En el nivel de las apariencias es verdad que tenemos múltiples identidades, pero en esencia la unidad de nuestra identidad emana del capitalismo como modo de producción. De lo que se trata es de convertir en realidad la unidad teórica. Una lucha ambiental puede ser una barrera no intencional al capital en el dominio de la acumulación, sin ser ideológicamente anticapitalista. La cuestión es cómo hacer conscientes a los ambientalistas del hecho de que están haciendo más social la reproducción de las condiciones de producción. Los posmarxistas no quieren encontrar una unidad en las identidades sociales fragmentadas que tenemos. Pero hasta para construir alianzas entre movimientos sociales es necesario construir alguna unidad. Si falta un idos de lucha sobre el que haya acuerdo, o toda definición común, no puede tener lugar un diálogo. Si no somos capaces de coincidir sobre ningún término u objeto de lucha, ¿en qué sentido podemos decir que los nuevos movimientos sociales están por encima de lo que significa el socialismo? Pero en algún sentido se requiere que nos debatamos por un lenguaje común que oscurecerá, necesariamente, diferencias específicas. A medida que el capitalismo abstrae la naturaleza social del trabajo en el intercambio de mercancías, oscurece lo que tenemos en común: el trabajo cooperativo, y por consiguiente fragmenta nuestra identidad. Lo inquietante es la ausencia de todo intento, por parte de los posmarxistas, de teorizar la unidad del trabajo social", David Peerla, comunicación con el autor, noviembre de 1989. 28 28

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nos y condiciones de trabajo, porque las condiciones de producción son en gran medida "bienes comunes", de lo cual un ejemplo obvio es el aire limpio, mientras que el espacio urbano o las instalaciones educativas lo son en menor medida. El argumento afirma que las batallas contra la contaminación del aire (o la renovación urbana capitalista o la segregación racista en distintas aulas, según "niveles de aprovechamiento", en las escuelas) no tienen una "rentabilidad" inmediata para los individuos involucrados, y que a eso se debe (en la interpretación de Claus Offe) el fenómeno de los ciclos de pasividad social y de violencia, debido a la imposibilidad de combinar la acción individual y la colectiva en torno a objetivos que beneficien tanto al individuo como al grupo. Una vez más se puede iniciar una crítica de esta visión describiendo de qué manera el proceso mismo de lucha social cambia las autodefiniciones de "individualidad". Pero hay que decir que los sindicatos, si acaso son algo, son mecanismos disciplinarios contra los "gorrones" (es decir, los individuos que tratan de ofrecer su fuerza de trabajo por debajo del salario sindical son disciplinados y castigados por el sindicato); además, el problema del "gorrón" existe en las luchas por proteger los "bienes comunes" sólo en la medida en que éstas son fines y medios en sí mismas, y no medios, asimismo, para el fin específicamente político (y universal) de establecer un estado democrático. También en relación con el problema de los "bienes comunes", y más allá del tema de la relación entre el individuo y el grupo, está el problema de la relación entre grupos y clases. Específicamente, las luchas de los nuevos movimientos sociales por las condiciones de producción se ven en general, en el universo autodefinido como posmarxista, como asuntos que no son de clase o que son multiclases. "Los procesos transformativos que sin duda tienen lugar en nuestras sociedades muy probablemente no son conflictos de clase [...] sino asuntos que no son de clase."30 Sobre todo en los conflictos sobre las condiciones de producción (en comparación con la producción misma), resulta comprensible que aparezcan como asuntos que no son de clase, y que los agentes se definan como actores no de clase. Esto no sólo se debe a que los problemas (por ejemplo aire limpio, congestionamiento) atraviesan las líneas de clase, sino también a la especificidad local y la • especificidad "de las personas" de esas luchas, es decir, a que el combate se libra para determinar qué clase de valor de uso serán de hecho las condiciones de producción. Pero en todas esas formas de luchas hay una dimensión de clase; por ejemplo la división por niveles en las escuelas, la renovación urbana como "eliminación de los pobres", los tiraderos de desechos tóxicos en distritos y comunidades pobres y de minorías oprimidas, la incapacidad de los desempleados y los pobres de llegar fácilmente a las "áreas silvestres", y demás. La mayoría de los problemas del entorno natural y del social son más grandes desde el punto de vista del pobre, sobre todo si pertenece a minorías oprimidas, que desde la perspectiva de los que reciben un salario y los acaudalados. 3° aaus Offe, "Panel discussion",

Scandinavian Political Studies, 10, 3, 1987, p. 234.

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En síntesis, los asuntos relativos a las condiciones de producción son asuntos de clase (y también algo más que asuntos de clase). Esto resulta obvio de inmediato cuando preguntamos quién se opone a las luchas populares acerca -del contenido de esas condiciones. Casi siempre la respuesta es el capital, que combate contra los programas generalizados de salud pública, la educación emancipatoria, el control sobre las inversiones a fin de proteger la naturaleza, los gastos sociales adecuados en atención a la niñez y las demandas de autonomía o de una participación sustantiva en la planeación y organización de la vida socioeconómica. ¿Cuántos nuevos movimientos sociales y sus demandas financia el capital? Muy pocos, si acaso alguno. ¿A qué nuevos movimientos sociales se opone el trabajo? Sin duda, en muchos casos, a los que ponen en peligro las ideologías de la superioridad masculina o de la supremacía de la raza blanca, así como a los que representan una amenaza para los salarios y los empleos. Por eso la lucha por las condiciones no es sólo una lucha de clase sino también una batalla contra esas ideologías y sus prácticas. Podría decirse, asimismo, que las luchas por las condiciones de producción (condiciones de vida y la vida misma) no son menos que asuntos de clase sino más. Y en la medida en que esto es así, la lucha por la "democracia radical" es mucho más una lucha por democratizar el estado, por imponer democracia dentro de los organismos oficiales responsables de regular la provisión de las condiciones de producción. Si no existe esta clase de perspectiva es probable que los nuevos movimientos sociales se queden en el nivel de batallas locales o problemas aislados, que tenderán a destruirse a sí mismos en el curso de sus intentos de "desconstruir" el marxismo. En conclusión, este libro de ensayos pretende contribuir teóricamente con quienes no sólo piensan que una asociación entre el trabajo y los nuevos movimientos sociales puede funcionar sino que hay que hacerla funcionar, o aquellos que creen que ni el economismo del movimiento sindicalista tradicional ni las luchas "de suma cero" de los nuevos movimientos sociales, por sí mismos, pueden producir un cambio radical. A falta de esa asociación, los "FMI de la ecología" impondrán soluciones autoritarias a los múltiples problemas del ambiente global, lo "urbano" global y la fuerza de trabajo global. No creo que un proyecto "verde rojo" sea totalmente idealista, aunque me doy cuenta de que se requiere mucho idealismo para hacerlo funcionar. Cientos de miles de personas, millones quizá, se han embarcado en ese recorrido en muchos lugares del mundo. En los ochenta. Alemania tenía (y seguramente tendrá otra vez) una emocionante mezcla de posibilidades verdes y rojas. En Gran Bretaña el laborismo defiende, hasta el día de hoy, fórmulas gastadas por el paso del tiempo que tienen poco o nada que ver con la ecología (sea ésta natural, urbana o de otro tipo), y los verdes ingleses hacen bien en sospechar del Partido Laborista. Sin embargo la teoría y la práctica verde roja está evolucionando en la patria del capitalismo industrial. En Italia los votantes verdes han estado abandonando tanto la

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centro-derecha política como el comunismo tradicional, dividiéndose en una nueva configuración izquierda-derecha. Verdes y rojos en Francia, los Países Bajos, España, Portugal y Escandinavia se ven atrapados en un despliegue desconcertante (para los de afuera) de grupos políticos verdes rojos y rojos verdes. En algunos países del Sur, donde los asuntos ecológicos se relacionan más que en el Norte con la supervivencia económica, las perspectivas de la ecología de izquierda, o "ambientalismo de los pobres", parecen ser más favorables. Miles de grupos (formales e informales) y docenas de partidos políticos en África, Asia y América Latina están desarrollando programas que incluyen elementos tomados de la vieja izquierda política y de la ecología. Es evidente que la ecología radical se está convirtiendo en una fuerza que hay que tomar en cuenta, con la que hay que trabajar, a la que hay que defender y hacer progresar.

PRIMERA PARTE

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A decir verdad, la cuestión ambiental define y dramatiza de manera total la necesidad de una conciencia social radical. WILLIAM APPLEMAN WILLIAMS

Los que insisten en que [la destrucción ambiental] no tiene nada que ver con el marxismo no hacen más que asegurarse de que lo que decidieron llamar marxismo no tenga nada que ver con lo que ocurra en el mundo. AIDEN FOSTER-CARTER

Los libros para el público general en cuyo título aparece la palabra "naturaleza" suelen estar repletos de fotos de objetos naturales determinados, lagos, especies de peces y hábitat. Las fotos o dibujos suelen ir acompañados por imágenes verbales o descripciones destinadas a evocar la imagen de objetos específicos. Como las fotos, por sí mismas, carecen de toda sintaxis, no hacen afirmaciones ni construyen argumentos acerca de los objetos que representan. La imagen de un ave acuática cubierta de alquitrán puede ser o no un argumento en contra de la explotación petrolera en las costas. De acuerdo con la comprensión moral y estética del lector, esa foto puede representar lo trágico o lo simplemente lamentable, evocar ira o desdén, constituir un "argumento" contra toda perforación costera o en pro de mayores medidas de seguridad al perforar, o ser vista con total indiferencia. Por usar otro ejemplo, si veo una foto de un pez moribundo, no sé si sentirme bien o mal hasta que leo algo como: "Este pez se está muriendo por el derrame de desechos tóxicos de la compañía química XYZ." Si en lugar de eso leo: "Este pez se está muriendo porque es viejo", voy a sentir otra cosa. Por ellas mismas, entonces, las fotos no discuten con el mundo ni con ninguno de nosotros. Ya sea que las fotos "verdaderas" ilustren un texto o que éste no haga más que aclarar las fotos, tanto las imágenes reales como las verbales hacen, silenciosa e intensamente, una misma demanda: exigen reconocimiento. La foto dice: "He aquí un árbol determinado; tienes que reconocerlo. O, si no lo haces, la foto te ayudará a reconocer un árbol como ése si alguna vez te encuentras con uno." La imagen puede valer por mil palabras cuando se describe un árbol o una especie de árboles específica, pero vale poco en términos de comprender que en la naturaleza hay una categoría de cosas llamadas "árboles", categoría que existe en nuestra [37]

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mente independientemente de cualquier verdadero árbol o especie determinada de árboles. La premisa de esta comprensión en términos de categoría se basa en nuestra capacidad de abstracción, y ésta presupone un lenguaje, que no es un mero sustituto bueno o malo de una fotografía, sino que más bien exige ser entendido, discutir con él; es decir, que no representa al mundo como un objeto sino como una idea. El lenguaje depende de la sintaxis, por eso se lo necesita para razonar y discutir, las imágenes, en cambio, suelen contribuir mucho mejor al reconocimiento. La segunda parte de este libro es acerca de una idea de la naturaleza; no se concentra en cómo "es realmente". Trata de los "árboles" como categoría de cosas, no de representaciones de un árbol en particular ni de una especie de árboles que existen en algún lugar del mundo. Tiene que ver con el "capital" y el "trabajo". En ella los seres humanos se ven sobre todo como personificaciones del capital industrial, el capital terrateniente, el trabajo y demás. Tiene que ver con los símbolos que usamos para hablar con nosotros mismos sobre la naturaleza (y el capital, el trabajo, las relaciones sociales de producción). Nos hemos "envuelto tanto en formas lingüísticas, en imágenes artísticas, en símbolos míticos o ritos religiosos, que [no] podemos ver o saber nada si no es por la interposición de [un] medio artificial". 1 Elmedioartfcquspleí nguajymetáfordléy la teoría marxistas. Las palabras y metáforas que componen la teoría marxista como categoría del pensamiento son "portadoras de significado", afirmaciones, argumentos y autorrefutaciones. La forma en que nosotros (ala mayoría de los estadunidenses?) pensamos o imaginamos la naturaleza tiene sus raíces en el origen mismo del capitalismo. Para comprender nuestras concepciones de la naturaleza tenemos que entender cómo llegó a surgir aquél. El Webster's New World Dietionaly da varias definiciones de "naturaleza", organizadas según el momento en que han ido apareciendo a lo largo de la historia. "Naturaleza" viene del latín nasci, "nacer". La primera definición es "la cualidad esencial de una cosa" o su "esencia". Los ejemplos incluyen la "esencia de un argumento" o la "esencia de una persona". Esta definición prearistotélica de naturaleza tiene, sin embargo, una falla lógica. Si preguntamos cuál es la esencia de la naturaleza misma, la respuesta es "la naturaleza", lo cual es tautológico. Aristóteles se percató de esta tautología y redefinió naturaleza como "las tendencias inherentes de una . persona o un proceso". La definición aristotélica concibe la naturaleza como "algo que está dentro de una cosa y que es el origen de su comportamiento". La "naturaleza" de una cosa es su lelos, su destino o inminencia. La naturaleza no se trata de lo que una cosa es sino de lo que está siendo, de sus posibilidades. La tercera y la cuarta definiciones son la "clase" o "tipo" y "todo el universo fisiEmst Cassirer, An essay on man: An introduction to the philosophy of human culture, Carden City, Doubleday, 1953, p. 43.

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co" (o el poder o fuerza que parece regular el universo). Éstos son los sentidos burgueses modernos, científicos o iluministas de naturaleza. Tienen muchas expresiones, como "lo que existe", "todas las cosas que existen", "la suma total de todas las cosas materiales" y "el mundo material en sí mismo". En este concepto general la naturaleza es una colección de hechos, o algo que puede descomponerse y recomponerse en formas nuevas, por ejemplo en forma de una mercancía. En Europa, durante la larga transición al capitalismo industrial que fue del siglo xv al xviti, esta definición de la naturaleza se fue volviendo cada vez más dominante. Se la veía más y más como pasiva, inerte, "el agregado de cosas", es decir tal como se la definía empíricamente. En su definición extrema la naturaleza se consideraba una "cosa" o una "máquina". Leonardo da Vinci pensaba que podía crear una máquina voladora con sólo hacer una versión mecánica del ala de un ave. El universo copernicano solía compararse con un reloj; Harvey, el médico que descubrió las leyes de la circulación de la sangre, asemejaba el corazón humano con una bomba mecánica; Galileo escribió que "el libro del universo está escrito en el lenguaje de las matemáticas". Esta revolución del concepto del "libro del universo" era congruente con un sentido instrumental de la naturaleza en el cual ésta se veía como algo que existe para beneficio de los seres humanos. Era valiosa en la medida en que podía hacérsela útil Philip Gagliardi, ex miembro del gabinete del gobierno canadiense, dijo en 1987: "Dios no puso ahí esos árboles para que los ensalzasen; los puso para que los cortasen."2 Las últimas definiciones de naturaleza que figuran en el Webster's New World Dictionary son "el estado primitivo del hombre" y "escenario natural", nociones que aparecieron en el siglo xvm y florecieron en el xrx. Surgieron como conceptos clave del movimiento romántico, que se definió parcialmente en oposición a las concepciones instrumentales de los seres humanos y de la naturaleza propias de la Ilustración. Se hacía énfasis en la experiencia de la naturaleza, no en el conocimiento de la misma; en los sentimientos, no los pensamientos; en el cuerpo, no la mente. El iluminismo privilegió la mente por encima del cuerpo ("pienso, luego existo"); el romanticismo las emociones por sobre el pensamiento ("siento, luego existo"). El romanticismo era un movimiento literario y artístico; durante el siglo xix fue configurando cada vez más la sensibilidad social y permea la conciencia popular en la actualidad... por lo menos los fines de semana y en las vacaciones. Lo "natural" llegó a ser definido como "silvestre", "salvaje", "campesino" y "niño". El elemento común de estas asociaciones es que la naturaleza se ve como algo incólume, intocado por las manos humanas, distante de lo urbano. Este sentido de la naturaleza se asocia con el crecimiento de las ciudades, con una denuncia de la vida urbana y con el anhelo de volver a la vida presuntamente prístina del campo. Las obras de Henry David Thoreau, de John Muir y Wendell Berry, y la idea de lo silvestre expresan, todas, sensibilidades románticas. 2 Citado

en Globe and Mail, Toronto, 21 de julio de 1987.

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Algunos autores trataron de combinar conceptos de la naturaleza ilustrados y románticos. Ralph Waldo Emerson escribió que "nuestro globo copernicano es una gran fábrica o generador de energía, con sus constelaciones, tiempos y mareas en rotación". El elemento central aquí es "generador de energía". Existió lo que en el lenguaje del romanticismo se llamaba el "romance de la energía", y ésta era vista tanto en el sentido mecánico/científico como en el aristotélico. Por último, en la concepción romántica hay un profundo sentido de la unidad entre la gente y la naturaleza; por ejemplo, los filósofos de la ecología profunda ven a los seres humanos corno parte de un campo total, no separados del resto de la naturaleza. No obstante, es importante señalar que este sentido de lo universal o de la unidad es idealista (originalmente concepción de poetas, artistas y filósofos), no práctico ni materialista. 3 Estos dos conceptos de la naturaleza tienen que analizarse, en términos no sólo del Webster's New World Dictionary, sino también del diccionario de la historia del capitalismo en Europa Occidental. Primero, con el desarrollo temprano del capitalismo (hacia 1500-1800), la idea dominante de naturaleza cambió de manera drástica. Los conceptos de la misma como un todo orgánico fueron remplazados por el concepto de la naturaleza como el "agregado de cosas". Era vista, cada vez más, como una estructura mecanicista que (igual que cualquier mecanismo) podía disgregarse o separarse, y después reconstruirse de diversas maneras. Se la definía en términos de los distintos elementos de los que estaba hecha. Este nuevo concepto científico marcó lo que podemos llamar la separación teórica de los elementos de la naturaleza no humana (o externa). Segundo, la naturaleza y la naturaleza humana fueron separadas rigurosamente en el pensamiento dominante de la época. Hoy vemos esta separación como naturaleza contra cultura, naturaleza contra historia, rural contra urbano y materia no humana contra mente humana, pares de opuestos que reflejan, en general, una brecha entre la existencia material y la cultura. El crecimiento de las ciudades y la cultura burguesa urbana desempeñaron el papel decisivo en la evolución de este dualismo. En el pensamiento occidental había un tercer dualismo. La naturaleza humana del individuo mismo se separaba en mente y cuerpo, mente y sentimientos, pensamiento y emoción. Hoy este dualismo se expresa de muchas maneras: biología y psicología, arte y ciencia, filosofia y psicoanálisis son tres de las más importantes. Un último dualismo tiene que ver con la naturaleza social de los seres humanos, que también fue dividida o separada. La sociedad llegó a ser definida como los individuos que la componen, lo que en ciencias sociales se denomina "individua3 Este sentido es materialista en el sentido obvio de que los seres humanos respiran oxígeno producido por los árboles, beben agua que es reciclada por ti naturaleza y así sucesivamente, incluyendo la vida bajo la ley de la gravedad.

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lismo metodológico". En contraste, en la Europa feudal "individual" significaba "indivisible", es decir, se definía en términos de relaciones grupales o sociales. Con el capitalismo el significado dominante de "individual" se volvió "entidad independiente"; la persona individual fue abstraída de su ser social (haciendo surgir la cuestión sociológica de la "constitución del sujeto"). Estas separaciones teóricas (o dualismos ideológicos) se produjeron en ciencia, teoría política, psicología y otros campos del pensamiento. Siguen siendo dominantes hasta hoy y configuran la forma en que pensamos y experimentamos la naturaleza: naturaleza no humana en términos de las partes que la integran y como algo separado de los seres humanos; naturaleza humana en términos de la escisión entre mente y cuerpo y asimismo entre los individuos que "componen" la sociedad (pero también, desde luego, que están constituidos por ésta), separada tanto de la naturaleza no humana como del resto de la sociedad. Ideológicamente estas conceptualizaciones fueron asociadas con el desarrollo de los mercados de mercancías, la mercantilización de la tierra y el trabajo, el aislamiento de los objetos físicos/biológicos de su entorno y del individuo en el mercado de trabajo, y con la idea de los trabajadores individuales como "factores de producción". En contraste, la noción romántica de naturaleza —la principal idea que se les opuso— siguió estando viva sobre todo en el nivel teórico, el de los conceptos, no el de la práctica material, excepción hecha de ciertos aspectos de la recreación o del tiempo libre. Ahora es posible conectar la revolución de la idea de naturaleza con la revolución de las prácticas sociomateriales de la vida cotidiana capitalista. Estas nociones, fragmentaciones o separaciones dualistas fueron causadas por cambios materiales y sociales reales (y contribuyeron a causarlos). Junto con los cambios de la concepción de la naturaleza se dieron cambios prácticos, que Marx denominó acumulación "primitiva" u originaria. La acumulación primitiva era la separación de la naturaleza humana y no humana y la separación de los elementos de ambas, de hecho: la fragmentación o cercado de tierras comunes y propiedad común, la apropiación de los bienes comunes por parte de los acaudalados, y la esclavitud en el Nuevo Mundo; de ahí la separación real de la naturaleza o la tierra y los seres humanos. Este cambio impuesto dividió violentamente la naturaleza humana de la no humana, contribuyendo a transformar la tierra en una mercancía. Al dejar sin propiedad a muchos de los productores directos, la acumulación originaria ayudó a desintegrar sus comunidades y los obligó (junto con sus descendientes, algo históricamente más importante) a vender su fuerza de trabajo a fin de sobrevivir. La creación de un mercado de trabajo separó a los seres humanos entre sí, atomizando la sociedad. Luego, en las fábricas capitalistas, se produjo la separación del trabajo mental y el trabajo manual, así como de los trabajadores mentales y los manuales, y de ambos con respecto a la emoción o el afecto, que ahora se esperaba estuviese a cargo de las mujeres en la esfera doméstica. Además, en las fábricas se separaron entre sí los elementos de la naturaleza no humana (así como las capaci-

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dades de los trabajadores individuales), desagregándolos y recombinándolos de formas nuevas y cambiantes a fin de producir mercancías para un mercado impersonal. La mercantilización y capitalización de la naturaleza debida a la "acumulación primitiva" y, más tarde, a la acumulación competitiva, eliminó las restricciones socioeconómicas y culturales tradicionales al uso de la tierra, con lo que creó el potencial para métodos de producción ecológicamente destructivos. Esto se debió a que el mismo proceso de acumulación originaria liberó a los seres humanos, no sólo de su tierra y de otros medios de producción, sino también de las limitaciones sociales desarrolladas en la época medieval. Así como la eliminación de las restricciones sociales al uso de la naturaleza llevó al potencial de destrucción ambiental, la supresión de las limitaciones al uso de la fuerza de trabajo humano condujo al potencial de destrucción de la salud y el bienestar humanos. Y, por último, la acumulación originaria creó también las condiciones objetivas para la aparición de movimientos sindicales y ambientales que luchaban por impedir la explotación y la degradación de la fuerza de trabajo y de la naturaleza. En síntesis, el cambio revolucionario de la idea de naturaleza producido por Descartes, Bacon y, en general, la ciencia, así como por Hobbes, Locke y, en general, la filosofía política, y por Adam Smith y los economistas (las "grandes mentes" de 1500 a 1800), fue de la mano con los cambios revolucionarios de las prácticas materiales y sociales del capitalismo, es decir la mercantilización y capitalización de la naturaleza, incluida la naturaleza humana. La tierra y el trabajo se volvieron, cada vez más, "mercancías ficticias" con "precios ficticios" —renta y salario— y, por último, se convirtieron en formas particulares de capital. Mientras tanto, el expresivo sentido romántico de la naturaleza se desarrolló en oposición al concepto instrumental o ilustrado de la misma. La rápida industrialización, urbanización y mercantilización de la tierra y el trabajo dieron por resultado una separación humana de la naturaleza así como (en una aparente paradoja) un interés mayor o más universal por preservarla; es decir, la sentimentalización romántica de la naturaleza presuponía la enajenación real o material del mundo natural. El concepto de "ambiente" tiene un significado más específico que el de "naturaleza". El Oxford English Dictionary define "ambiente" como "el conjunto de circunstancias o condiciones, especialmente condiciones físicas, en que vive, trabaja, se desarrolla, etc., una persona o una comunidad; las condiciones externas que afectan la vida de una planta o un animal. Asimismo las condiciones físicas vistas en relación con la posibilidad de vida." La palabra clave de esta definición es. "condiciones", que significa "una cosa necesaria o requerida como prerrequisito para la concesión o el desempeño de alguna otra". Si definimos "el desempeño de alguna otra" cosa como la producción, el ambiente es obviamente "requerido como prerrequisito". La vida humana depende de las "condiciones externas que afectan la vida", es decir, del ambiente o la "naturaleza". Se deduce que algunas condiciones

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son más adecuadas para ciertos tipos de trabajo (y de vida) que otras. Un prerrequisito para la agricultura y la industria turística de la bahía de Monterey es el clima de la región. No hay un verdadero puerto porque no hay una ensenada de aguas profundas, que es un prerrequisito para los puertos. Esta definición de ambiente es muy estática; de hecho, el ambiente cambia sin cesar. Las fuerzas naturales como el viento y la lluvia, la erosión, la acción de los microorganismos en el suelo y los cambios de distribución de las especies vegetales son ejemplos de cambios en las condiciones de la vida humana. Un resultado de la gran inundación del río San Lorenzo (en Santa Cruz, California) en 1955 fue el actual terraplén, que protege la llanura fluvial del río y que también amplió la cantidad de terrenos para desarrollos residenciales. Éste no es más que un lado de la historia: cuando los seres humanos nos apropiamos de "recursos" del ambiente para la producción material cambiamos ese ambiente; ninguna especie, incluida la nuestra, puede usar su ambiente sin modificarlo. Una inmensa y soleada extensión de pastos y flores existió alguna vez entre el bosque oriental y la llanura occidental de Estados Unidos... la planicie de pastos altos del Medio Oeste. Ya casi ha desaparecido. Con su profunda tierra negra de una riqueza increíble era demasiado buena para durar. En apenas unos decenios los colonos ávidos de tierra transformaron la planicie nativa en el cinturón cerealero, y hoy [aquélla] es el más raro de los grandes ecosistemas de Estados Unidos. De los más de cinco y medio millones de hectáreas que cubrieran en otros tiempos el corazón de nuestro país, casi todo está arado. Illinois, el "estado de la planicie", sólo tiene una centésima parte del 1% de su pradera original; lo mismo puede ocurrir con todo el Medio Oeste. 4

El Oxford English Dictionary define "ecología" como "la rama de la biología que se ocupa de las relaciones de los organismos entre sí y con el ambiente físico en el cual viven [y] el estudio de esas relaciones en lo que se refiere a un hábitat o una especie en particular". La "ecología humana" es la "rama del conocimiento que se ocupa de la interacción de los seres humanos con su ambiente". La distinción que hace el diccionario entre ecología y ecología humana parece arbitraria. Por un lado, puesto que modificamos el ambiente cuando lo usamos, cambiamos la "relación de los organismos entre sí y con el ambiente físico en el cual viven". Vista así, la ecología puede considerarse como una parte de la ecología humana. Por el otro lado, cuando hay un cambio de "la relación de los organismos entre sí" puede haber un cambio en "la interacción de los seres humanos con su ambiente". Desde este punto de vista la ecología humana es parte, de la ecología. Desde una perspectiva la ecología está subordinada a la ecología humana; desde otra la ecología

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John Madison, "In praise of the prairie", San Francisco Examinar and Chronick, 26 de julio de 1992.

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humana está subordinada a la ecología. Esto sugiere que entre la producción humana y la producción natural, o entre economía humana y "economía de la naturaleza", actúa algún tipo de relación dialéctica. Los historiadores del ambiente tratan de comprender cómo y por qué el ambiente de un lugar o una región determinada llegó a ser como es hoy (o como lo fue ayer). Estudian los cambios de la actividad humana y la economía de la naturaleza, pero no aislados, sino en términos de sus interacciones. La historia natural y la historia humana se ven como dos caras del mismo proceso general; se modifican mutuamente y, en caso extremo, se determinan entre sí. Por eso es imposible (en la mayoría de los casos, si no en todos) dibujar simples flechas causales entre la historia natural y la humana, que se constituyen mutuamente. Hay una "interconexión" entre ambas; cada una es el contexto y el contenido de la otra. La obra de Burton Gordon, Monterey Bay anea: Natural histmy and cultural insprints [El área de la bahía de Monterey: Historia natural y huellas culturales]brinda un buen ejemplo de la dificultad (y en casos extremos la imposibilidad) de distinguir los fectos de la economía de la naturaleza y de la actividad humana sobre el medio. En la costa, al norte de Santa Cruz, hay una península e isla llamada Año Nuevo, que en alguna época fue asiento de una aldea de los indios ohlone. En los basureros indios los arqueólogos han encontrado pocas conchas de abulón, aunque se trata de un marisco que abunda actualmente allí. Gordon propone tres posibilidades ante esta aparente anomalía. Una es puramente histórica; la segunda es puramente natural, y la tercera es una combinación de lo histórico y lo natural. La razón histórica puede ser que las conchas de abulón se usaban mucho en el comercio indio a larga distancia, por lo cual no se las descartaba junto con las de almeja, mejillón y otras. La razón natural es queda erosión, a lo largo de los siglos, ha creado una isla a partir de lo que antes fuera una península contigua. Se formaron más salientes rocosas, creando más lugares en los cuales los abulones pueden reproducirse y multiplicarse. La tercera razón podría ser que la competencia por los abulones entre las nutrias marinas (abundantes en el periodo prehispánico) y los indios ohlone hubiese sido ganada por aquéllas (pese al hecho de que los indios las cazaban). Cualquiera que fuese la verdadera combinación de factores que actuaban en Año Nuevo, es posible (¿probable?) que los procesos históricos, naturales e histórico-naturales, juntos, expliquen la relativa abundancia actual del marisco. He venido usando las expresiones "actividad humana" "producción humana" y "economía humana" para describir la dependencia de nuestra especie del resto de la naturaleza, y su impacto en la misma. Más precisamente, la interfaz entre la historia y la naturaleza (o la sociedad y el ambiente), es la actividad material (definida en su sentido más amplio) de los seres humanos. Un prado, un campo, un bosque, una costa, un centro comercial, una quebrada, la atmósfera y los océanos son, en pequeña o gran medida, rrearioneq del trabajo hwano armado de tecnología, máquinas o herramientas, materias primas, organización social, ambición y deci-

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sión. (La otra parte, desde luego, es "trabajo" de la naturaleza que se ha transformado a sí misma de diversas maneras.) En este sentido materialista el trabajo humano media o reúne, y también modifica, la cultura humana y la naturaleza. En la medida en que los procesos culturales y naturales se entretejen e interactúan, el trabajo es el que los anima. Por eso Marx colocó el trabajo o el material humano en el centro de la concepción materialista de la historia. La historia de la naturaleza, entonces, es en mayor o menor parte la historia del trabajo. En la mayoría de los modos de producción y las formaciones sociales el trabajo es explotado: es organizado por clases propietarias o gobernantes, no sólo para producir riqueza material sino también para generar riqueza excedente. Por eso la historia de la naturaleza es, de ciertas maneras que pueden descubrirse, la historia de la explotación de un grupo de seres humanos por otro. Puesto que la historia de la explotación es también la historia de la lucha del trabajo (y otras luchas sociales), de esto se deriva que la historia de la naturaleza sea, en parte, la historia de la lucha del trabajo (y de otras). En todas las sociedades o formaciones sociales el trabajo se organiza con base en ciertos principios definidos, de acuerdo con formas definidas de propiedad y poder. En el mundo grecorromano antiguo el trabajo era trabajo esclavo, por lo menos en la medida en que se producía un excedente económico para sostener una cultura compleja, la política y la guerra. En el feudalismo europeo el trabajo era servil. En el capitalismo la forma dominante es el trabajo asalariado. El trabajo organizado de estas tres maneras generales tenía (tiene) diferentes efectos ecológicos. La antigua Roma se expandió territorialmente en los siglos 1 y n a.C., y durante esta expansión obtuvo esclavos excedentes procedentes de ejércitos derrotados y poblaciones conquistadas. Esos esclavos se usaban principalmente como pastores en enormes latifundios ganaderos. Mientras tanto, gran parte de los campesinos libres fueron desposeídos de la tierra y se convirtieron en proletarios en la ciudad de Roma. Este cambio de las propiedades de producción, que fue asimismo un cambio en la forma del trabajo, tuvo enormes consecuencias para el entorno (tal como ocurrió con el paso del campesinado a la condición servil después del saqueo de Roma [410 d.C.] debido a la escasez de mano de obra). La agricultura pasó de un sistema campesino sustentable, mixto y diversificado, a una agricultura de plantación, que usó la tierra para la minería, más que para el cultivo, desforestó las colinas y creó la espiral descendente de inundaciones y sequías que ha representado la muerte de más de una cultura. En la época feudal europea la forma servil de trabajo produjo patrones únicos de uso de la tierra y cambio ecológico. En sus propias tierras los siervos eran cultivadores relativamente buenos; en el feudo, o tierra señorial, donde estaban forzados a trabajar para producir excedentes con los cuales mantener una aristocracia terrateniente y una superestructura feudal, parecen haber tendido a trabajar mal, y el feudo sufría ecológicamente. A lo largo del tiempo muchos miembros de la cla-

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se de los siervos desarrollaron su propia tierra en sistemas integrados de cultivo, que adquirieron fama por la agricultura intensiva practicada por el campesinado francés. También había tierras comunes, sobre todo para el pastoreo. En el feudalismo temprano, cuando la carne y el grano se producían para mercados locales o consumo directo, la mayoría de las tierras comunes se mantenía en un estado ecológico relativamente sano. Con la reaparición de los mercados de larga distancia, en el siglo x11, y sobre todo con el boom económico impulsado por el flujo de oro y plata del Nuevo Mundo, en el xvi, se las fue dedicando cada vez más a la producción de mercancías, lo que destruyó la integridad de la tierra y aceleró el movimiento de cercado de la misma. El malo del cuento no fue la sobrepoblación: fueron la ruptura de sistemas centenarios de regulación de la tierra y del uso común, la resultante competencia por los mercados y la proletarización y el trabajo asalariado. El trabajo esclavo hace una clase de naturaleza, el servil otra. Esta fórmula, desde luego, es excesivamente esquemática. Son más típicas las clases combinadas de relaciones de propiedad y formas de trabajo. Indonesia fue por largo tiempo una colonia holandesa. A diferencia de su rival, Gran Bretaña, Holanda siguió siendo una potencia mercantil (más que industrial), lo cual se reflejaba en sus políticas coloniales, una de las cuales era impedir la entrada de artículos manufacturados británicos. Esto presuponía la resistencia holandesa a la monetización de la economía local de Indonesia (en contraste con las prácticas de los ingleses en sus colonias). Los holandeses explotaban un sistema único de trabajo que dio por resultado una ecología única, la cual permitía que los colonos exportaran materias primas y alimentos, que se vendían en la economía mundial del siglo xix, sin importar demasiados bienes del exterior. Los dirigentes coloniales se preocupaban en particular de que los indonesios pudiesen alimentarse a sí mismos con el sistema de cultivo más intensivo en mano de obra y productivo que ha existido jamás (Indonesia sigue teniendo uno de los rendimientos de arroz por hectárea más altos del mundo). Estas líneas de análisis parecerían abrir posibilidades de revisiones fructíferas tanto de la concepción (marxista) materialista de la historia como del estudio (marxista y no marxista) de la historia ambiental o ecológica (incluida la historia de los paisajes culturales). No obstante, en relación con la primera, en los 15 últimos años del siglo xx, aproximadamente, sólo aparecieron uno o dos estudios serios de "mathist" en inglés. Tras un torbellino de trabajos nuevos publicados en los setenta y principios de los ochenta (hay consenso en que el más importante de ellos es Karl Marx's theoly of histoiy: A defensl de G. A. Cohen), sobre el tema ha caído el silencio (roto sólo por el excelente The violence of abstraction: The analytical foundations of historical materialism, de Derek Sayer, publicado en 1987). En la actualidad la mayoría de los especialistas consideran que la visión materialista ha agotado sus posibilidades, y que se desvaneció junto con su presunta contraparte en la vida real, "el socialismo realmente existente". Muchos veían la "mat-

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hist" como algo raro o teóricamente decrépito incluso antes de su auge en los turbulentos sesenta y setenta. Una opinión común en el mundo académico es que la historia y la ciencia social prevalecientes incorporaron hace ya mucho todo lo que el marxismo tiene de esclarecedor y útil. Sin embargo, en años recientes algunos destacados pensadores de izquierda han empezado a revisar la concepción materialista de acuerdo con contribuciones de la antropología y la ecología modernas. También las feministas lo hicieron; según Ariel Salleh, 5 por ejemplo, lo que media entre la cultura y la naturalezi no es el trabajo per se, sino el trabajo femenino. El marxismo ecológico, en particular, lejos de decaer, está floreciente. Los escritos ecomarxistas de especialistas tales como Elmar Altvatar, Enrique Leff, Juan Martínez-Alier, Alain Lipiertz, Martin O'Connor, Ted Benton y Alan Rudy, entre otros, han ido adquiriendo mayor influencia. El capítulo 1 de este libro, "Cultura, naturaleza y la concepción materialista de la historia", fue escrito como contribución a una reforma ecológica del pensamiento marxista. Al igual que el marxismo ecológico, la historia ambiental ha avanzado mucho desde los setenta. El capítulo 2, "¿Qué es la historia ambiental? ¿Por qué historia ambiental?", defiende la idea de que la historia ambiental se puede interpretar como la culminación de todos los textos históricos escritos en la época capitalista. Los capítulos 3 y 4, el ensayo "Tres maneras de observar la historia ecológica y los paisajes culturales de la bahía de Monterey", y el guión para el video de diapositivas "La naturaleza de la construcción y la construcción de la naturaleza en Fall Creek, Felton, California, 1860-1990: Un guión" (en coautoría con Barbara Laurence), surgió del proyecto de historia ecológica local del Center for Political Ecology (en Santa Cruz), que produce también la revista Capitalism, Nature, Socialism. El capítulo 5, "La venta de dos ciudades: Chicago y Los Angeles", consiste en dos reseñas, la primera de un simposio organizado por Antipadt, la revista radical de geografía, en torno a Nature's metropolis: Chicago and the great West, de William Cronon, la segunda de Cuy of quartz: Excavating the future in Los Angeles, de Mike Davis. Creo que vale la pena reproducir estos dos textos porque la historia ambiental abarca la historia comparativa de los paisajes culturales, incluyendo la forma y los contornos de las ciudades, y pocas ciudades son tan desiguales e intrínsecamente fascinantes como Chicago a finales del siglo xix y Los Angeles en la segunda mitad del xx.

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Ariel Salleh, "'Essentialism' and eco feminism", Arena, 94, 1991. -

1 CULTURA, NATURALEZA Y LA CONCEPCIÓN MATERIALISTA DE LA HISTORIA

INTRODUCCIÓN

El marxismo fue declarado muerto y enterrado en 1989, en el 200 aniversario de la Revolución francesa. Las corrientes ideológicas van y vienen, pero verdaderamente asombra que una doctrina histórica mundial sea sepultada por quienes durante tanto tiempo clamaron sostenerla y la defendieron tan violentamente: los burócratas del partido en los ex países socialistas que se autodenominaban marxistas. Sin embargo, eso es lo que ocurrió a partir de 1989. Sería como si el papa le administrase la extremaunción al catolicismo o si Alan Greenspan le explicase al Congreso estadunidense que el "sistema de mercado" da muchos poblemas y pidiese la nacionalización de la industria. En el marxismo de esos burócratas y políticos autoexcomulgados había alguna resquebrajadura profunda. De hecho no eran en absoluto marxistas, así que los occidentales que identifican su caída con la muerte del marxismo están perfectamente equivocados. La horrible realidad es que de todos los países ex comunistas y todavía comunistas sólo Cuba puso en evidencia la condición necesaria (pero no suficiente) para lo que Marx y Engels llamaron "revolución proletaria", a saber, la existencia de una mayoría de proletariado en la fuerza de trabajo. En 1959, cuando Castro tomó el poder, la enorme mayoría (por lo menos dos tercios, tal vez más) de la fuerza laboral cubana eran trabajadores asalariados. En Rusia en 1917 y en China en 1949 la vasta mayoría de la población económicamente activa eran campesinos y pequeños productores (en Rusia sumaban unos 25 millones de familias, en comparación con tres o cuatro millones de obreros). Checoslovaquia, que después de Cuba es el país más capitalista que siguió el sendero comunista, era una excepción. Pero se trataba más de una cuestión de geopolítica que de lógica histórica. El Ejército Rojo impuso el comunismo en la mayoría de los países del Este de Europa, pero en Checoslovaquia los comunistas tomaron el poder con un golpe de estado. En otros países comunistas la "revolución proletaria" significó el largo y sangriento proceso de transformar sociedades en gran medida campesinas en economías industriales. La revolución proletaria implicó crearuna clase trabajadora asalariada. Aunque en su vejez Marx pensaba que Rusia tenía un potencial socialista basado en sus tradiciones de cooperación rural y en la institución del unir (lo que Juan Martínez-Alier llama "socialismo narodnik"), las revoluciones leninista, estalinista y maoís[481

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ta no tuvieron nada que ver ni con la concepción materialista de la historia ni con los elementos normativos profundos del pensamiento de Marx y Engels. Se convirtió al marxismo en una ideología de dominio, que tenía importantes características en común con otras religiones mundiales... aunque la longevidad no fuese una de ellas. El "estado de los trabajadores" soviético era una forma extrema y autoritaria de un estado benefactor que se ocupa del individuo desde que nace hasta que muere. En última instancia, a la clase trabajadora no se le concedió poder, sino que más bien se la cuidó, en más de un sentido. Era inevitable que un estado de ese tipo se destruyese a sí mismo en un mundo hostil, pues carecía de legitimidad y de racionalidad administrativa, además de que no podía cumplir sus promesas. Entre tanto, del otro lado de la cortina de hierro, durante tres cuartos de siglo los intelectuales marxistas occidentales eludieron los problemas de clase y de poder político, ocupándose de temas suprimidos en la URSS, como la enajenación, la cosificación y el fetichismo del capital. Lukács hizo el notable descubrimiento de que se estaba materializando una sociedad específicamente capitalista (que presupone el desarrollo de una economía capitalista en el siglo mx), percepción que teóricos críticos como Adorno, Horkeimer, Marcuse y otros adoptaron como propia. Su crítica de la sociedad y el estado cosificados era una derivación lógica de la crítica de Marx del fetichismo de las mercancías y del capital. Un interregno de estructuralismo marxista (Althusser) en los sesenta y el "marxismo analítico" en los ochenta probaron, más o menos, uno de los puntos centrales de los teóricos críticos: que el capitalismo ha obligado a la gente a adoptar una actitud contemplativa, pasiva, frente al mundo. Hoy florecen diversos estilos de pensamiento posmoderno, postestructuralistas, que ven al "marxismo" como algo rebasado. El hecho de que en los noventa Derrida escribiera un libro ensalzando el marxismo, y la percepción de que es imposible identificar "totalidades" si uno no quiere intentarlo, fueron un golpe para muchos posmodernos. Un problema es que Marx y Engels no ofrecen, en ningún lado, una descripción sistemática de su método para estudiar la historia. No hay unos "diez mandamientos" de la concepción materialista de la historia... pese a las once tesis sobre Feuerbach de Marx. La concepción materialista siempre ha parecido ser un método en busca de una definición de sí mismo. Por eso ha habido centenares de estudios sobre el tema y tan poco acuerdo entre los especialistas. Es un verdadero misterio por qué los fundadores de esta concepción, del pasado y del presente, no desarrollaron su método desde sus burdos inicios, en La sagrada familia y La ideología alemana. Se puede pensar una cantidad de explicaciones posibles: tenían cosas más urgentes que hacer; creían que no había necesidad de hacer una descripción completa en ese momento; ninguno de los dos era muy versado en historia asiática, antigua y demás. Mi explicación favorita es que durante la vida de ambos no se disponía de los materiales históricos necesarios para probar o refutar sus ideas centrales. Una evidencia en favor de esta opinión es la des-

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ión que hace el historiador marxista inglés Ronald Meek del método que usó para escribir El capital. Meek sostiene que, sin tener acceso a la plétora de riales históricos disponibles hoy para cualquiera que estudie la transición del lismo al capitalismo, Marx se vio obligado a usar el recurso de imaginar una dad compuesta por productores independientes de mercancías (propiedad da por ellos mismos), y luego preguntarse qué pasaría, lógicamente, si el capiel trabajo asalariado incidiesen en tal sociedad o fuesen impuestos sobre ella. s el método de alguien que tiene la certeza de que hay suficientes estudios hisos como para hacer una descripción real de esta transición, que casi siglo y io más tarde podemos identificar históricamente como el modo independienproducción de mercancías (y el capitalismo mercantilista), que Marx sólo a suponer. ué es la concepción materialista de la historia? Su objeto de estudio es la condad histórica, así como el cambio y la transformación: una exploración de los les mundanos de la vida material/social y los periodos seductores y tremendos nvulsión social y política, de revolución y contrarrevoluciónkLa concepción rialista es un método para estudiar la continuidad histórica en el cambio... y mbio y la transformación en la continuidad. ¿Cómo y por qué los periodos de alidad contienen en sí mismos el potencial de crisis o rupturas sociales y polí, de la transformación social, de la dolorosa reconstrucción de estructuras de r y privilegio existentes? ¿Cómo y por qué los periodos de crisis contienen en mos el potencial de normalidad o continuidad? Esta dualidad le da al método rácter dialéctico. La continuidad histórica se explica en términos de rupturas ricas; las fracturas se explican en términos de normalidad. Es algo parecido a orías de desarrollo de la personalidad que explican el proceso de crecimientérminos de la crisis de adolescencia y la crisis de adolescencia en términos roceso de crecimiento. ¿Cuáles son los conflictos que definen la adolescencia? os de una sociedad determinada en un momento específico? ¿Cómo se resuelestos conflictos, en el sentido de que un lado ceda ante el otro? ¿Cómo aparede las ruinas de las antiguas, nuevas formas sociales que contienen elementos s anteriores pero que, por acuerdo general, se consideran definitivamente

as? s útil empezar a responder estas preguntas con una descripción de lo que no concepción materialista de la historia. Para Marx ni la continuidad ni el camistóricos son acarreados por el desarrollo de alguna idea o ideal universal. La cie humana no tiende hacia alguna meta ética universal, como la "verdad" o la icia". Las ideas sí motivan a los seres vivos. La existencia social tiene que ser sigativa. La gente cree que ciertas prácticas sociales no lo son. En un contexto hiso dado algunas prácticas se consideran humanitarias, otras inhumanas. Los res históricos afirman que están tratando de realizar tal o cual ideal, y es tonto tionar su sinceridad. Los líderes suelen creer lo que dicen, que sus acciones n gobernadas por algún gran telas u objetivo histórico.

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sas aseveraciones funcionan para que un líder se gane el apoyo de las masas re la base de que no es más que la mera personificación de algún ideal univerPero nadie ha seguido jamás a un líder que actuase sólo en nombre de intereses eriales particulares. Hasta los unionistas más encallecidos pronuncian discursos día del trabajo sobre los "derechos de los trabajadores", en los que indudablete creen con toda sinceridad. Por eso suele decirse acerca de los dirigentes polís y religiosos que son "elegidos": "encarnan" alguna idea o aspiración universal, lar o espiritual. Por lo tanto, los que triunfan parecen sobrehumanos mientras a los que fracasan los descartan como chiflados o concluyen la labor que se les nó (o se pasan la vida en la cárcel) antes de verse obligados a enfrentar las nuecontradicciones creadas por sus propios movimientos. Esto incluye las contraiones que aparecen cuando sus movimientos son institucionalizados y burocrados. Jesús, Lincoln, Gandhi y Martin Luther King son reverenciados como tires y vistos como gigantes. Esto se debe, en parte, a que se escaparon de las ecuencias de sus propios éxitos. Julio César y Napoleón no tuvieron esa suerte; er menos todavía. Estos y otros notables, buenos y malos, se enfrentaron al misproblema. La personificación de una categoría histórica abstracta, ya sea una ón dedicada a la propuesta de que todos los hombres son creados iguales u otra cada a la idea de que una nacionalidad es la raza superior, no puede tener verra subjetividad ni libre albedrío. Más bien la arrastra la marea de una idea unial "cuyo momento ha llegado". Lo irónico es que la subjetividad de los líderes se presentan como portadores de esos ideales se vuelve loca durante los perioe trastornos sociales. Jesús no sólo creía que vendría un mesías a salvar el munino también que él era ese mesías. Lenin creía que era inevitable un estado de rabajadores, y que él era el instrumento de esa inevitabilidad. Lincoln podría r perdido la guerra de secesión de no haber pensado que personificaba los les plasmados en la declaración de independencia. Nadie es mártir si muere usivamente en nombre de intereses materiales. En este sentido todos los graníderes son contradicciones vivientes, y si los asesinan o mueren jóvenes eso ayusu reputación posterior, comoquiera que se los juzgue. concepción de la historia de Marx es, antes que nada, una crítica de la retfin, la creencia de que las abstracciones tienen una vida independiente de la de es las adoptan y actúan en su nombre. 1 Las ideas sí "siguen vivas"... cuando deres se apropian de ellas desde el pasado y las usan en el presente, al servicio grandioso futuro. La expresión "las idas siguen vivas", punto, es un acto reio de habla. La gente sigue viva, llevando consigo ideas del pasado ("equipaje", tasmas que rondan por el cerebro de los hombres". Pero el "significado" de uier aspiración o idea depende de quién la sostiene y en qué contexto social. do India se convirtió en una potencia subimperialista, con el tercer ejército undo, el pacifismo de Gandhi hubiese resultado raro. Cuando el sur de Estaerek Sayer, The violence of abshuaion, Oxford, Basil Blackwell, 1987, passim.

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dos Unidos inició las convulsiones de la reconstrucción, una presidencia de Lincoln hubiera parecido tan difícil como la de Ulysses S. Grant. Ideas o categorías diferentes tienen significados diferentes en diferentes contextos históricos. En Europa, en la transición del feudalismo al capitalismo, la "propiedad privada de los medios de producción" tenía un sentido lockeano; en la sociedad capitalista desarrollada tiene un significado marxiano. En las sociedades liberales democráticas de hoy "democracia" quiere decir procedimientos democráticos para que la ciudadanía elija a sus representantes; en la Atenas de la Antigüedad era el gobierno directo del pueblo, o la revolución. En la época de la Revolución francesa un "demócrata" era un "republicano". Hoy, en Estados Unidos, "demócrata" quiere decir "liberal", y "republicano" es "conservador". Un "liberal" del siglo xix es lo que hoy llamamos "conservador". Un "liberal" de finales del siglo xx era realmente un "sociodemócrata". El Partido Comunista de Lenin se llamaba originalmente "democrático social". La necesidad de separar forma y contexto, apariencia y sustancia, ideología y teoría, es evidente. Las ideas (o "la mente") pueden parecer primarias, pero lo que determina el significado de esas ideas, es decir el significado del significado, es la estructura de la sociedad. Estas reflexiones sugieren que no fue tanto que Marx desechara el idealismo como de que desarrollara una teoría crítica de las concepciones idealistas de la historia. ¿Quién no es consciente de que a veces las ideas persisten durante siglos, y de que ideas éticas como "justicia", "verdad", "belleza", duran milenios? Lo que señalaba Marx podía haber sido que los actores históricos que han movilizado a pueblos o naciones en nombre de algún ideal universal —la gloria romana, la piedad cristiana, la libertad, igualdad y fraternidad francesa, o la búsqueda de la felicidad estadunidense— están condenados al fracaso. El resultado de las concepciones idealistas en la práctica siempre desilusiona (los derechos civiles en Estados Unidos) y muchas veces es horrible (el nazismo), cuando no cómico ("la primera vez una tragedia, la segunda una farsa"). El presidente Bill Clinton intervino en Haití supuestamente para "restablecer la democracia", cuando su verdadera meta era mantener en el poder a la clase gobernante y no entregar los poderes policiacos en manos del general Cendras y sus amigos homicidas sino en las de Estados Unidos y sus "aliados", para después "fondomonetarizar" el país... exactamente el objetivo opuesto del que Clinton presentó al mundo para legitimar sus acciones. ¿Qué puede ser más tragicómico que el espectáculo de una gran potencia que resbala en la proverbial cáscara de plátano? La historia es, en primer lugar, el relato de grandes —y no tan grandes— hombres que se esfuerzan por lograr metas universales, que están por siempre fuera de su alcance, y a los que se exilia a su isla de Elba particular cuando fracasan... siempre que logren sobrevivir a las balas de los asesinos. Ésta es una de las razones por las que la historia da la impresión de ser tan irracional, sujeta a tumbos y giros en los cuales lo anormal parece normal. Es también por eso que los llamados marxistas que creen que el "factor económico" de la historia es el determinante han demostrado estar tan equivocados. Si la historia no sigue la senda que esperaban o

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predecían, la culpa no es de Marx o Engels, sino de esos cínicos que piensan que los actores históricos son insinceros y que sólo despliegan ideas universales para encubrir intereses materiales ("económicos"). La historia de Marx (entre otras cosas) es una explicación de por quése lucha por los intereses materiales o mundanos en nombre de elevados ideales que, a su vez, se creen o sienten sinceramente. Los patriotas de Boston movilizaron a centenares de personas en torno al tema de un impuesto al té, y Gandhi a millones por un impuesto a la sal, pero tanto los Hijos de la Libertad como Gandhi tenían en mente cosas más grandes. De no haber sido así, pocos los hubiesen seguido. Sólo las almas más cosificadas pueden apasionarse por el dinero. Los serbios de Bosnia sintieron un legítimo agravio cuando los gobiernos occidentales reconocieron a Croacia y Bosnia como naciones independientes. Pero los horrores de Bosnia no hubieran ocurrido si los líderes serbios, que a su vez se resistieron al racismo de los nazis y los croatas, se hubiesen mostrado incapaces de movilizar su propia variedad de nacionalismo racista. La concepción materialista de la historia explica por qué las teorías de la historia de los "grandes hombres" no son tanto erróneas cuanto inevitables, cuando se sostiene que filosofías idealistas gobiernan movimientos y transformaciones revolucionarios. Fidel Castro es el ejemplo supremo de un hombre que condujo una guerra fría de independencia nacional que fue asimismo una revolución proletaria, la primera en nombre de la autodeterminación nacional, la segunda en nombre de la creación del "hombre socialista". En términos de aquélla Castró creó en Cuba, por primera vez, una verdadera nación; en términos de ésta creó un desastre, porque nunca quiso o pudo (el panorama no está claro) confiar en que la clase trabajadora cubana se gobernase por sí misma. Para Marx la historia no es la historia de la realización progresiva de ideales universales. Es más bien la historia de luchas por el poder libradas por intereses antagónicos en nombre de esos ideales (sentidos), que es tal vez la principal razón por la cual la mayoría de las veces la historia sale mal y por la que tantos libertadores se vuelven opresores. Cuando los dirigentes negros de la Revolución haitiana contra el régimen francés lograron el triunfo, trataron de volver a introducir la esclavitud. En Estados Unidos, durante 150 años, se le negó al trabajador la búsqueda de la felicidad. No obstante, las filosofías idealistas son creídas apasionadamente, no sólo por los líderes sino también por sus seguidores, que muchas veces las convierten en propósitos o metas que sus dirigentes no llegaron a prever. Sean éstas o no las principales razones por las que los grandes hombres terminan por tener los pies de barro o por las cuales la historia parece dar tantos tumbos y giros aparentemente irracionales, la persistencia del idealismo significa que la historia está marcada por cierta continuidad o lógica, que de vez en cuando estalla inesperadamente en cambio y transformación social rápidos. 2 2 Marx atacó otra teoría de la continuidad y el cambio históricos: la afirmación de que los avatares de nuestra especie están determinados en grado significativo por las oportunidades materiales y los

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¿Acaso los seres humanos no buscan inherentemente la "libertad" y la "justicia"? ¿No son recurrentes a lo largo de la historia estos y otros temas históricos? Marx diría que sí, pero explicaría esta recurrencia en términos de la persistencia de la sociedad de clases y de la lucha de clase, junto con la inclinación de la clase dirigente a universalizar sus propios ideales interesados y su comprensión histórica. También podría señalar que éstos son temas específicamente occidentales y que en Asia, por ejemplo, los grandes temas han solido ser "orden", "deber" y "respeto". Además, si bien Marx nunca llegó a decirlo explícitamente, podría recordarnos que por lo general las clases explotadas y oprimidas se apropian de la forma idealista del pensamiento de la clase gobernante, con un contenido diferente, desde luego. Esto resulta obvio en Occidente, donde las minorías oprimidas, los trabajadores y otros han combatido desde el comienzo de los tiempos modernos en nombre de la "libertad" y la "igualdad", que eran en su origen ideales de finales del feudalismo e inicios de la burguesía. También es evidente en el Sur, donde los movimientos de independencia nacional suelen adoptar la retórica y los ideales de las potencias coloniales. Es menos evidente, por ejemplo, en los años previos al establecimiento de la república de Roma, cuando la clase artesanal declaró una huelga general cuya causa inmediata era la explotación material, aunque el telos subyacente era la representación política. Los que han dominado en general la práctica política explícita en Occidente desde la época de Atenas hasta el presente fueron las formas o los ideales, no el contenido (es decir la actividad material, social). Nadie, aparte de Samuel Gompers, dijo nunca que lo único que quería era "más". "Más" está legitimado invariablemente por ideales de igualdad o de justicia social (¿cuándo, acaso, un grupo explotado ha demandado más que lo que posee un grupo explotador?). El punto clave es éste: la justicia y la verdad y la libertad y la democracia tienen diferentes significados prácticos en distintas estructuras sociales, y también son interpretadas de maneras diversas por diferentes grupos sociales en estructuras o formaciones sociales determinadas. Para los nobles ingleses libertad fue, en una época, libertad de los dictados arbitrarios del rey, mientras que para los siervos ingleses significaba libertad para adquirir y acumular tierra. Ninguno de estos sentidos de la palalímites de la naturaleza, de la cual todos dependemos para nuestra supervivencia e incremento. La concepción mandarla de la historia es asimismo una crítica a esta visión "materialista pasiva" de la historia. Esta creencia, denominada también "determinismo ambiental", que en el siglo xix coexistía incómoda con las teorías de la historia centradas en el "gran hombre", se asoció estrechamente con el imperialismo, el colonialismo y el racismo (la gente de color que vive en el Sur es perezosa porque hace mucho calor o porque la naturaleza es tan generosa). Esta visión se asocia también con el movimiento verde actual; por ejemplo, la idea de que la gente debería organizar su vida material de acuerdo con los imperativos ecológicos de las diversas biorregiones. Es un punto de vista bien intencionado y práctico aunque, tal como se lo plantea a veces, un poco absurdo, puesto que ya la gente de algunas (muchas) formas organiza su vida de esa manera, y si no lo hiciese no tardaría en quedarse sin vidas que organizar. Marx y Engels desarrollaron su "materialismo activo" para combatir las visiones idealistas de la historia, así como las materialistas pasivas.

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tiene exactamente esos significados precisos hoy en día en Occidente, porque ontexto socioeconómico es muy distinto.

S PRODUCTIVAS, RELACIONES DE PRODUCCIÓN

rcamiento marxista ecológico al cambio histórico busca una fórmula metoa que combine o reúna los temas de la cultura y la naturaleza con la cateía marxista tradicional del trabajo o de la producción material. En el pensanto marxista la "vida material" es un proceso de dos caras. Una de ellas consiste as relaciones técnicas entre los seres humanos y los materiales que brinda la raleza, o la apropiación y manipulación de la naturaleza por parte de los seres anos para su propio uso. Ejemplos de ello son los procesos técnicos de fabriacero, cultivar la tierra y llenar el ciberespacio. La otra cara consiste en las relaes sociales con las cuales se organizan las relaciones técnicas, o la organización al de la apropiación y manipulación de la naturaleza. De esto son ejemplos las taciones trabajadas por esclavos antes de la guerra de secesión, las comunas anas rusas y el trabajo asalariado, es decir las relaciones sociales de explotación trabajo en las sociedades capitalistas. En síntesis, "según Marx [...J el hombre a en una relación con la naturaleza a fin de obtener los medios para sostener ida, y entra en relaciones con otros hombres en el proceso de derivar su suso de la naturaleza". 3 os autores marxistas definen generalmente las relaciones técnicas, que inclutecnología, maquinaria y herramientas, así como habilidades de los trabajadocomo "fuerzas productivas". En sentido amplio, las fuerzas productivas denolos poderes materiales o el potencial productivo de la sociedad. Las relaciones ales de explotación suelen denominarse "relaciones de producción". También entido amplio, se entiende que las relaciones de producción significan las forde propiedad y las relaciones de poder de la sociedad, incluidas las relaciones propiación del producto social. l materialismo de Marx privilegia las fuerzas productivas (relaciones personasraleza) en la teoría del cambio histórico y el desarrollo. Estas fuerzas, espemente el nivel y los tipos de tecnología, no se plantean de manera específica o un problema. (En los sesenta los sociólogos neomarxistas y otros, trabajando indicios dispersos por toda la obra de Marx y Engels, trataron de corregir esta en descripciones estándar del materalismo histórico.) Si bien el desarrollo de uerzas productivas tiene causas distintas en diferentes modos de producción (o os de imposición de trabajo, extracción de excedentes y distribución y utiliza-

Ellen W. Wood y Neil Wood, Clan ideology and ancient political theory, Oxford, Basil Blackwell, 1978,

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ción de los mismos por las clases propietarias o dirigentes), este desarrollo se v como un proceso acumulativo histórico. Se ve también como un proceso que lleg a estar basado, finalmente, en el desarrollo de la ciencia. La sociedad hereda . emplea la ciencia y las fuerzas productivas legadas por generaciones previas, inclu yendo la acumulación de conocimiento acerca de los poderes productivos de l naturaleza misma. En el curso de la historia las fuerzas productivas se ven com determinantes ("en última instancia") de las relaciones de producción. Cuando e contenido material de la vida social (fuerzas) se enfrenta a los límites de la form social en la cual se organiza ese contenido (relaciones), se produce una crisis. La relaciones de producción viejas son descartadas o reformadas, o se reconstruyen e niveles de organización social más altos (por ejemplo, en la actualidad, la cienci universitaria o los conglomerados corporativos). En contraste, las relaciones d producción no se ven como históricamente acumulativas sino más bien como suje tas a cambio evolutivo y a transformaciones revolucionarias periódicas (aunque través de un desarrollo histórico desigual y combinado es posible redescubrir la formas viejas y atribuirles nuevos contenidos, como ocurre hoy, por ejemplo, co el predominio de tecnología del siglo >cm combinada con relaciones laborales de siglo xix en algunas industrias de ciertos "países en desarrollo"). La visión más o menos estándar del cambio histórico y el desarrollo arriba esbo zada ha sido cuestionada de diversas formas por teóricos marxistas y no marxistas.

mente, como sigue: tanto la "cultura" como la "naturaleza" están ausentes (o no reciben la atención que merecen) en esas conceptualizaciones de las fuerzas y la relaciones de producción. De hecho (podría afirmarse), las fuerzas y relaciones d producción son, al mismo tiempo, culturales y naturales. Por eso la concepción materialista del cambio histórico y del desarrollo tiene que basarse en el estudio no sólo de la tecnología, la división del trabajo y las relaciones de propiedad y poder sino también en el de formas históricamente específicas de cultura y naturaleza qu (igual que las fuerzas productivas en su definición restringida) también son acu mulativas. Las modificaciones humanas a las formas de vida, los paisajes y demá también tienen su propia existencia histórica independiente. La "segunda natura leza" no es menos "natural" por el hecho de ser "segunda". Las formas culturales asimismo, son acumulativas o muestran continuidad en el cambio. (Ésta es la pre misa de la idea de Habermas de la acumulación de la "aptitud comunicativa", l individuación, la universalización de normas y valores y el "descongelamiento" d tradiciones culturales localistas, todo ello asociado con la modernidad.) El mate rialismo histórico, entonces, tiene que hacerle frente al problema de la relació entre las formas históricas, acumulativas, de naturaleza y cultura, y la manera en

4 Por ejemplo, con base en el estructuralismo de Althusser, S. Resnik y R. Wolff (Knowledge ami cla A ll4a,miass witique ofpolitical economy rChicago, Ir nioersisy of Chicago Press, P187) uy:tienen que la ut

dad y las "leyes de movimiento" del capital son sobredeterminadas por las condiciones naturales, po ticas y culturales.

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ve ga .y ula mo el ma as en ia de ea as on el

que ambas pueden inscribirse en el trabajo social o la división del trabajo, de lo cual se desprende el modo en que el trabajo social media a la naturaleza y la cultura. Por otro lado, se aduce que la concepción materialista de la historia no tiene más teoría de la cultura, del lenguaje, la subjetividad y la ética que la teoría del feti chismo de las mercancías y del capital en las sociedades capitalistas. 5 Sin embarg en todos los modos de producción, incluido el capitalismo, tanto las fuerzas com las relaciones de producción están impregnadas de normas culturales. Ejemplos d L ello son los obreros del siglo xix y principios del xx que combinaban habilidade artesanales y culturales de modos prácticamente inseparables, y los sistemas de pro piedad de capital y administración de plantas fabriles en Japón, muy diferentes d los de Estados Unidos (pues hacen énfasis en el deber, el orden y el honor, conceptos relativamente extraños para la mayoría de los norteamericanos). El trabajo es una práctica tanto cultural como material. Y lo mismo ocurre con las formas d imposición y control del trabajo por parte de las clases propietarias o dirigentes Hoy en día está en vigor en Europa una mezcla de alto desempleo y salarios relati vamente elevados para imponer el "trabajo" sindicalizado en la Europa corporativista; el desempleo escaso con salarios relativamente bajos parece funcionar mejor en Estados Unidos y otros países en los que se asentaron colonos blancos, en lo que siguen vigentes las ideologías del individualismo y, por ende, los mercados de trabajo son relativamente "libres". De esta forma, las fuerzas productivas tienen dos caras. Son objetivas en la medida en que consisten en los materiales provistos por la naturaleza (o fabricados partir de ella) y en los medios y objetos de producción. Son subjetivos puesto que incluyen energía de trabajo viviente en general y diferentes capacidades para cooperar o trabajar juntos de maneras particulares, mediadas no sólo por habilidades técnicas sino también por prácticas culturales. También las relaciones de producción tienen dos facetas. Son objetivas en la medida en que se desarrollan de acuerdo con la ley del valor, la competencia, la concentración y la centralización del capital, así como otras leyes tendenciales del capitalismo. En todos los países o culturas de la moderna economía mundial, po ejemplo, existe la tendencia a que se reduzcan los costos de reproducción de la fuerza de trabajo (a través de una declinación del contenido de valor de la canasta de consumo), a que el gran capital se organice en forma de conglomerados corporativos internacionales, y a que la tasa de utilidad baje. Las relaciones de producción también son subjetivas en el sentido de que incluyen conceptos culturale de propiedad y la capacidad de organizar formas particulares de explotación (por

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5 Esta afirmación se relaciona con la teoría del cambio histórico y el desarrollo. Abundan las teoría marxistas del arte, la literatura, etc. También hay numerosas teorías marxistas de la política y la cultura política basadas en el discurso anticolonialista, la teoría de la reificación de Lukács, la noción de la hegemonía ideológica de Grarnaci, etc. Sólo Alth"“er trata de explicar la cultura (definida como parte de la superestructura de una sociedad) en términos de la concepción tradicional de fuerzas y rela ciones de producción (véase más adelante).

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jemplo imposición del trabajo, extracción del trabajo excedente) de maneras ediadas por prácticas culturales específicas; apelar al deber al estilo japonés, por emplo, caería en oídos sordos en las compañías estadunidenses, y lo mismo ocuiría en las empresas japonesas si se incitara a los trabajadores a ejercer la iniciatia individual al estilo norteamericano. Algunos antropólogos sostienen que los cursos mismos son creaciones culturales, ya que tienen que ser culturalmente efinidos antes de poder ser vistos como valiosos o útiles. Por otro lado, la concepción materialista de la historia no tiene una teoría de la aturaleza (o si la tiene es muy débil) en el sentido de la autonomía de los proces ecológicos y ffsicos (o "economía de la naturaleza") dentro del proceso de traba. El mismo Marx nos dejó poco análisis abstracto de la naturaleza "en sí"; aunque taba muy consciente de los procesos ecorreguladores de la naturaleza como algo encial para el proceso de producción organizado por los seres humanos, se conntró en general en la naturaleza como el objeto del trabajo humano, por ejemplo ando habla de que "la naturaleza Ud colabora como una máquina". "La superfie de la tierra, el clima, la vegetación, la fauna y los mismos seres humanos han camiado infinitamente, y todo por obra de la actividad humana, mientras que los mbios de la naturaleza que han tenido lugar en Alemania durante este periodo e tiempo sin interferencia humana son incalculablemente pequeños", escribió ngels. 6 Puesto así es cierto, pero Engels minimizó el hecho de que mientras los ses humanos transforman la naturaleza por medio del trabajo, la naturaleza a su vez mbia y se transforma a sí misma; es decir, que en la producción hay un desarroo combinado de fuerzas de origen humano y natural. De hecho, tanto las fuerzas oductivas como las relaciones de producción están sujetas a la termodinámica de la ateria y la energía, el funcionamiento de los ciclos químicos y la biología de plans y animales; por ejemplo, los sistemas de propiedad en las regiones montañosas mparados con los de las llanuras aluviales, los sistemas de control del trabajo etalúrgico comparados con los de las industrias petroquímicas, y así sucesivamente. En síntesis, el trabajo social definido como una fuerza y una relación de proucción media la naturaleza y la cultura, el lenguaje/la intersubjetividad y la ecogía —y a su vez es mediado por ellos—, incluyendo el lenguaje de la ecología y ecología del lenguaje. (Por una parte el discurso mismo sobre la ciencia ecolóca cambia; por ejemplo, la declinación de las teorías "sucesionales" en favor de s teorías de tipo "caos" de la economía de la naturaleza, que cambian los prinpios ecológicos sobre los que se basan o pueden estar basadas la producción aterial, las políticas gubernamentales, etc.; por otra, a sus diferentes maneras, homsky, de Saussure, Wittgenstein y otros han revolucionado lo que podría llaarse la "ecología del lenguaje".) 7 De este modo, las fuerzas y las relaciones de oducción son al mismo tiempo culturales y naturales. 6 7

Frederick Engels, Diakcties of nature, Moscú, Foreign Language Publishing House, 1954, p. 306 Chomsky escribe (carta al autor, c. 1995): "La visión prevaleciente (incluyendo a buena parte de

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OOPERACIÓN

a razón principal de que la visión marxista tradicional del cambio histórico y el esarrollo descuide o minimice los conceptos de cultura y naturaleza puede ser e el tema de la cooperación se trata de maneras unilaterales... cuando se lo trata. uede haber, si acaso, unas pocas teorías de las fuerzas productivas y las relaciones producción culturales y naturales, porque ni las formas de cooperación cultulmente derivadas ni la "cooperación" dentro de la economía de la naturaleza upan un lugar importante en el método marxista. Por ejemplo, no hay análisis arxistas del papel de los cambios culturales y ecológicos en la transición de un odo de producción a otro u otros. Los cambios culturales acarreados por la eforma y la Contrarreforma, y el cambio ecológico y la destrucción provocados r los métodos medievales de agricultura, producción de energía y construcción, n minimizados o ignorados en las descripciones marxistas de la transición del udalismo al capitalismo en Europa. Una tendencia del marxismo, denominada muchas veces "determinismo tecnogico", hace derivar el modo de cooperación de la "necesidad técnica". Los edios y objetos de producción existentes, las aptitudes técnicas y las condiciones turales se ven como determinantes de un modo de cooperación dado. En camo los autores influidos por Lukács y el marxismo occidental (que rechazan el fetiismo tecnológico de Engels y Lenin), suelen derivar el modo de cooperación de s exigencias de las "relaciones de poder" existentes. Engels diría que la división l trabajo y las relaciones laborales en una acería están tecnológicamente deterinadas; Lukács podría decir que la división de los trabajadores y las relaciones de bajo están determinadas por la necesidad de "manufacturar consenso" o legitiación en la planta. Adviértase que ambas posiciones son unilaterales; la primera interesa por la división y la especialización del trabajo; la segunda por la división la especialización de los trabajadores. Un lado está viendo la cooperación como una fuerza productiva, el otro la ve mo una relación de producción. La ley del valor y la necesidad tecnológica está un lado del golfo que separa el marxismo engelsiano del occidental; del otro lado tá el poder. Podría afirmarse que ésta es la diferencia básica entre el marxismo y neomarxismo (de inspiración weberiana). izquierda, especialmente a los marxistas) es que no existe la naturaleza humana sino sólo la cultura, historia, el ambiente y así sucesivamente. Ésta es una visión más o menos tan sensata como la de que embrión se convierte en ser humano o en ave de acuerdo con el insumo nutricional; en síntesis, es a idea totalmente delirante. En cualquier área de la vida en la que entendemos algo (percepción ual, lenguaje, unas cuantas más), sabemos que es falso de toda falsedad. La lógica misma nos dice que grado y la complejidad de la programación interna determinarán la riqueza del estado alcanzado: un ganismo vacío' terminaría por ser una especie de amiba informe, incapaz de todo. Pasando al estudel lenguaje, a medida que avanza revela vez más y más sobre las estructuras y principios determidos de manera innata que se despliegan, con variaciones menores, para dar los posibles lenguajes

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De hecho, cualquier modo de cooperación puede verse al mismo tiempo como una fuerza y como una relación de producción y, por lo tanto, como indeterminado. Es imposible especificar una relación técnica determinada sin conocer las exigencias del poder; es igualmente imposible especificar las relaciones de poder sin conocer las exigencias de la tecnología (incluyendo las capacidades tecnológicas). Diferentes tipos de dominio (personal, legitimado, forzoso, etc.) son consistentes con ciertos tipos de tecnología y divisiones del trabajo; distintos tipos de tecnología y división de los trabajadores lo son con ciertos tipos de dominación. Además, cosa más directamente pertinente a este análisis, la cooperación se basa en mayor o menor medida en normas culturales y formas ecológicas (naturales). Richard Biernacki (en The fabrication of labor: Germany and Britain, 16441914) ha afirmado que la naturaleza del trabajo como mercancía difiere en los distintos contextos culturales. En la región intensamente religiosa de Estados Unidos conocida como "el cinturón bíblico" las relaciones de trabajo están determinadas, en parte, por la ética laboral protestante; en materia de agricultura, por los ciclos hidráulicos. En ambos casos las necesidades técnicas y el poder codeterminan también las relaciones de trabajo (división del trabajo y división de los trabajadores). Así, el modo de cooperación no está determinado de manera doble, sino cuádruple. La tecnología, la propiedad, el poder, las normas culturales, así como los procesos físicos, biológicos y químicos, se imbrican en modos particulares de producción... en formas históricamente específicas y contingentes. El concepto de cooperación es un punto de ingreso obvio al proyecto de revisar la concepción materialista de la historia de formas que contribuyan a desentrañar la dialéctica de la cultura, el trabajo social y la naturaleza, donde al trabajo se lo ve mediando entre la cultura y la naturaleza. (Los desconstruccionistas o los idealistas ven a la cultura mediando la naturaleza y el trabajo; los verdes o los ecologistas profundos ven a la naturaleza mediando entre la cultura y el trabajo.) En esa revisión el trabajo social retiene su estatus de categoría central del materialismo histórico, pero es problematizado y enriquecido por los conceptos antropológicos modernos de la cultura como normas y valores de la vida cotidiana, y los conceptos ecológicos modernos de la naturaleza como una fuerza productiva autónoma (y con frecuencia impredecible).

COOPERACIÓN, CAMBIO HISTÓRICO Y DESARROLLO

La formulación tradicional de la doble naturaleza de la existencia material descuida el problema de la cooperación. Marx veía a ésta como la fuerza productiva básica (una "fuerza natural del trabajo social"), aunque en sus formulaciones de la concepción materialista de la historia escribió poco o nada sobre eI tema. Sin embargo en El capital sostuvo que los cambios revolucionarios en las relaciones de produc-

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ción introducidos por la burguesía europea protoindustrial acarrearon cambios en el modo de cooperación de las manufacturas. La producción doméstica (por ejemplo el trabajo a domicilio) se convirtió en producción de taller, o lo que Charles Tilly ha denominado "protoindustria". Esta transformación no alteró las relaciones técnicas (herramientas, habilidades, materias primas), pero creó una nueva fuerza productiva: la cooperación entre los productores directos bajo un mismo techo y supervisados por el propietario o su agente. Éste es un ejemplo clave que se encuentra en los escritos de Marx de las maneras en que los cambios de las relaciones de producción dan vida a nuevas fuerzas productivas, específicamente en forma de cooperación en el lugar de trabajo. De hecho, los capítulos de El capital que van de "Cooperación" a "Maquinaria y gran industria" son la descripción de la creciente productividad de la fuerza de trabajo a través de la cooperación. Más de un siglo después (como se preveía en los Grundrisee de Marx) el valor de cambio había llegado a depender de la ciencia y la tecnología, lo que presupone niveles y formas complejos de cooperación entre científicos, entre corporaciones, entre éstas y los estados, en el interior de los mismos, y así sucesivamente. De manera similar, el desarrollo de nuevas relaciones de producción con los sistemas del esclavismo antiguo y el feudalismo medieval acarreó cambios del modo de cooperación y, por lo tanto, en las fuerzas productivas; en el primer caso, por ejemplo, la cooperación de grandes cuadrillas de esclavos en las minas de plata de España; en el segundo, por ejemplo, la cooperación de los siervos en los feudos, en la construcción de caminos señoriales y demás. Las nuevas relaciones de producción preludiaron cambios marcados en el modo de cooperación en la vida material, que indudablemente aumentaron la productividad o el trabajo excedente. En este sentido, es plausible la hipótesis de que en épocas de revolución social los cambios de las relaciones de producción conducen a transformaciones del modo de cooperación (entre otras cosas) y, por ende, en las fuerzas productivas en general. Pero la mayoría de las descripciones histórico-teóricas de las transformaciones de las fuerzas y relaciones de producción durante periodos marcados por una revolución de las relaciones de producción mantienen silencio sobre este tema. La cooperación tiene aspectos tanto cuantitativos como cualitativos. Los primeros corresponden a la escala de cooperación, por ejemplo el tamaño de las cuadrillas de trabajo y el alcance de la cooperación internacional actual entre los científicos. Los segundos se refieren a la forma de poder que organiza el trabajo y a los trabajadores en la producción, de maneras históricamente específicas, y la forma de resistencia al poder. La hipótesis de que las relaciones de producción (en todo o en parte) determinan las fuerzas productivas (modo de cooperación) se refiere a aspectos cualitativos, no cuantitativos, de las relaciones de trabajo. La escala de cooperación en una mina romana de plata era casi siempre más grande que en un feudo, y la escala en éste solía ser mayor que en la protoindustria capitalista. Pero el poder que organizaba el trabajo combinado, y las relaciones resultantes entre los productores directos que intervenían en la producción, eran cualitativamente dife-

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rentes. El poder de la cooperación como fuerza productiva parecería ir reforzándose progresivamente (igual que el de la ciencia y la tecnología) a lo largo del tiempo.

FUERZAS PRODUCTIVAS CULTURALES Y RELACIONES DE PRODUCCIÓN

Un paso de cualquier reconstrucción de la concepción materialista de la historia es problematizar, es decir, ver como problema, la relación entre los modos de cooperación y las relaciones de trabajo, por un lado, y el cambio histórico y el desarrollo, por otro. Un segundo paso es desarrollar un método para indicar de qué maneras la cultura y la naturaleza afectan o influyen sobre el poder de la clase propietaria o dirigente para imponer y combinar el trabajo en la producción. Marx mismo era preantropológico en el sentido de que veía la "cultura" como una parte de la superestructura de la sociedad, no como algo entretejido en su base. Este "error" dio por resultado teorizaciones incompletas sobre el modo de cooperación y, por ende, sobre las relaciones y fuerzas de producción mismas. Las relaciones de producción en cualquier formación social tienen tres facetas: primero, las relaciones entre las clases explotadoras y las explotadas; segundo, las relaciones dentro de las clases explotadoras y, tercero, las relaciones dentro de las clases explotadas. Dicho de otro modo, la primera faceta tiene que ver con el modo de imposición del trabajo y de extracción del trabajo excedente; la segunda con el modo de distribución y utilización del producto excedente dentro de las clases explotadoras, y la tercera con el modo de cooperación para la producción dentro de la clase explotada. La tradición marxista destaca la relación entre clases explotadoras y explotadas, o lucha de clase, en la teoría del cambio histórico y el desarrollo. Las relaciones dentro de las clases explotadoras y explotadas fueron poco teorizadas por Marx mismo y por la mayoría de los autores de la tradición marxista. Con respecto a la primera, Marx se preguntó por qué la política, la religión y la economía eran la pasión de las clases dirigentes en los sistemas de esclavismo antiguo, feudalismo y capitalismo, respectivamente, sin dar una respuesta coherente. Louis Althusser trató de resolver este problema con su teoría (esencialista) de la actividad social determinante en oposición a la dominante (la primera era el modo de explotación y la segunda la forma superestructural de expresión de la actividad determinante). Con respecto a las relaciones dentro de las clases explotadas en el esclavismo antiguo y el feudalismo, en las obras de Marx y Engels se encuentra poco o nada que se aproxime a una teoría descriptiva. En cuanto al capitalismo, Marx afirmaba que el mecanismo de socialización de la produccion en gran escala disciplinaría a la clase trabajadora, que atacaría políticamente a la burguesía y al estado capitalista durante los periodos de crisis económica o de escasez. Pero al lector moderno le

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sulta dificil desenmarañar la disciplina producida por lo que Marx veía como ganización de tipo militar de las relaciones de trabajo capitalistas de la que impola necesidad técnica de la coordinación disciplinada en la fábrica capitalista. En tesis, Marx conjugó los problemas de la cooperación en la producción vista mo una técnica, en oposición al dominio o el control social. Al mismo tiempo que el estructuralista Althusser (representante de la "vieja izierda") teorizaba relaciones dentro de las clases explotadoras, la "nueva izquier" voluntarista empezaba a teorizar relaciones dentro de las clases explotadas. El tamente célebre artículo de Steven Marglin sobre lo que "hacen los patrones", taba de superar el descuido de las relaciones dentro de las clases explotadas con a teoría weberiana izquierdista del poder. Demostró que en el capitalismo temano las relaciones de trabajo o el modo de cooperación se organizaban de maneque producían, antes que nada, control del trabajo, y sólo de forma secundaria ciencia técnica. David Noble mostró que la imposición de trabajo y dominio bre los obreros en el capitalismo podía no coincidir con la máxima eficiencia téca. Michael Burowoy hizo ver que el "consenso manufacturero" en el sitio de trajo capitalista presupone que los trabajadores se relacionen entre sí de maneras ológicas (engañándose a sí mismos, por ejemplo). En síntesis, mientras Althussher, de la vieja izquierda, trataba de desproblemaar las relaciones sociales dentro de las clases explotadoras, la nueva izquierda nsideraba como problemas las relaciones sociales (de trabajo) en una clase plotada: el trabajador asalariado. Los logros de la nueva izquierda y de los penores neomarxistas fueron considerables; ya no resulta plausible concebir que las aciones de trabajo o los modos de cooperación están determinados de manera clusiva por la necesidad tecnológica. Pero tampoco lo es concebir que lo están lo por el poder, precisamente debido a la existencia de dimensiones científicas y nicas cada vez más sociales de la apropiación y manipulación de la naturaleza en lugar de trabajo. En este sentido la izquierda fue más lejos de lo que debía. dría decirse que mientras que la vieja izquierda modelaba la sociedad sobre la rica (capitalista), la nueva modelaba la fábrica sobre la sociedad (de clase). Desde otro punto de vista, la crítica de la nueva izquierda al determinismo teclógico no fue demasiado audaz sino demasiado cauta. Las formas berianas/foucaultianas de dominio/poder no sólo fueron importadas desde uera", por decirlo así, a las relaciones de trabajo, sino que prácticas culturales todas clases recorren las relaciones de trabajo y otras relaciones sociales, includo las políticas. Más aún, las prácticas políticas y culturales se importan al lugar trabajo no sólo de arriba, sino también de abajo. En este sentido, las relaciones de bajo son tanto el contenido como el contexto de la lucha política, ideológica y ltural. Puede afirmarse que existen ciertas posibilidades tecnológicas (y no as) debido a las interacciones mutuas entre el impulso a valorar el trabajo y a minarlo política e ideológicamente, así como a importar prácticas culturales de sociedad en su conjunto. La determinación de las relaciones de trabajo (modos

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de cooperación, como las fuerzas y relaciones de producción) resulta, así, muy imprecisa. Nadie puede saber qué formas de cooperación vigentes (por ejemplo, en el capitalismo, el tipo y alcance de los "mercados internos de trabajo"), las burocracias gerenciales, los sistemas de codeterminacion, las funciones de la disciplina en el mercado laboral, etc.) van a "pegar", si no conoce las formas dominantes y liberadoras de la cultura, el papel de los sistemas legales, las ideologías gerenciales de control y demás, y cómo se determinan mutuamente todos ellos, por ejemplo, en cualquier comparación entre el corporativismo europeo, el colectivismo japonés y el individualismo estadunidense. Parece plausible que la capacidad de competir de las grandes economías en una era en la cual las fudzas productivas son de naturaleza cada vez más social no sólo depende de los niveles de ciencia y tecnología sino también de la capacidad de cualquier cultura en particular de movilizar y usar esas fuerzas. El capitalismo colectivista japonés puede ser un tipo ideal para la difusión o la diseminación de nuevos procesos de producción; el capitalismo individualista de Estados Unidos tal vez sea el tipo ideal para la invención y el desarrollo de nuevas tecnologías, y el capitalismo corporativista europeo lo sea para la explotación eficiente de nuevas tecnologías. Estas consideraciones arrojan una luz totalmente nueva sobre la cuestión de la cooperación o las relaciones de trabajo como una fuerza y una relación productiva. Asimismo es necesario enmendar las tesis del desarrollo tecnológico acumulativo y del determinismo de la fuerza productiva. No es raro que Marx no pudiera teorizar sobre las relaciones de trabajo, aparte de usar esa metáfora militar superficialmente convincente. No es raro que Lenin, siguiendo el supuesto fatalmente erróneo de Engels de que las relaciones de trabajo están determinadas técnicamente, pensara que el socialismo podía utilizar el taylorismo. No es raro que el estudio sobre el trabajo más conocido de los tres últimos decenios —Labor and monopoly capital, de Harvey Braverman— no hubiese ido mucho más allá que la sociología del trabajo del mismo Marx. La formulación expuesta arriba también arroja una nueva luz sobre la solución "althusseriana" del problema de las relaciones dentro de las clases explotadoras. La cultura no es algo que sólo ocurra con el producto excedente; es también la esencia misma de la vida cotidiana, que se importa al sitio de trabajo desde arriba (por ejemplo la "cultura de la juventud" usada para organizar ciertos sectores de la economía estadunidense; la "cultura de las corporaciones"), y también desde abajo (como modos de protesta y resistencia, creación de redes, cultura sindicalista). Las prácticas culturales históricamente específicas y contingentes se empalman, por decirlo así, con el sistema de valorización del trabajo. Como la cultura es el hilo de la historia, es decir, como entendemos la historia a través de la cultura, y puesto que la historia social es (entre otras cosas) la historia de la cultura, parece justo llegar a la conclusión de que Marx, sin las ventajas de la historia social ni de la antropología moderna, fue incapaz de hacer suficientemente histórico el materialismo histórico.

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En conclusión, las fuerzas productivas siempre son, en parte, fuerzas culturales. Las relaciones de trabajo están sobredeterminadas desde arriba y desde abajo por las prácticas culturales, las tecnologías y habilidades, el nivel de desarrollo de los medios y objetos de producción, la valorización del trabajo y el poder de clase. Las fuerzas sociales en conjunto se compactan o se miniaturizan en las relaciones de trabajo, que son las relaciones sociales más ricas y socialmente más "densas" de la sociedad capitalista. Es posible que donde esto se vea más claramente sea en el mundo del entretenimiento y del deporte, donde la gente paga por ver las relaciones de trabajo mismas (o una parte de ellas). Allí los vínculos entre la cultura y el trabajo son más transparentes (por ejemplo compárense la historia y la naturaleza del beisbol con las del futbol americano).

RELACIONES NATURALES DE PRODUCCIÓN Y FUERZAS PRODUCTIVAS

Marx escribió en una era "preantropológica", en la cual estaba subdesarrollada una sociedad específicamente capitalista y, por ende, lo estaba también la historia social. Esto significa que su concepción materialista de la historia no era ni podía ser lo bastante histórica (ni cultural), y también que sus teorizaciones sobre las fuerzas y relaciones productivas en general, y los modos de cooperación en particular, eran incompletas y fallidas. El materialismo histórico tampoco es lo bastante materialista. Marx escribió antes de la época de la ecología. Le interesaba más la química que la biología, e ignoró a Sergei Podolinsky, el primer ecosocialista que pensó que en la teoría del valor figuraba una naturaleza específicamente física. Las relaciones ecológicas y fisicas dentro de la naturaleza (la economía de la naturaleza) y sus efectos sobre la cooperación en el proceso de trabajo no fueron ignoradas, pero sí relativamente descuidadas, en la teoría marxiana de la acumulación capitalista, la competencia, la crisis económica, la concentración y centralización del capital y demás. No obstante, el hecho es que los modos de cooperación en y entre los lugares de trabajo en las divisiones del trabajo social e industrial (así como las diversas divisiones del trabajo), desbordan de vida biológica, física y química. Ni los hombres de más de una edad determinada ni las mujeres, cualquiera que sea su edad, juegan en las ligas mayores de beisbol ni en las de futbol americano. La primera exclusión es un hecho natural; la segunda es en gran medida un hecho natural, pero también uno cultural. La economía de la naturaleza (fuerzas climáticas y geológicas, reacciones químicas, cadenas alimentarias, etc.) es el tema de la ciencia de la ecología, así como una base de la sensibilidad ecológica contemporánea, definida en términos de actitudes culturales y de prácticas en la naturaleza. La idea de los espacios silvestres ya no resulta amenazante, y en muchas regiones ya no es aceptable arrasar los bosques

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nativos. En Marx no hay nada que nos prepare para prever este hecho social (e innumerables otros relacionados). Si bien las formas particulares de la economía de la naturaleza (incluyendo la misma composición de la atmósfera) suelen ser resultado de impactos humanos sobre aquélla, el hecho es que los procesos químicos, biológicos y fisicos que constituyen la economía de la naturaleza funcionan independientemente de la economía humana. Son fuerzas productivas (así como condiciones de producción) autónomas. Los seres humanos pueden mejorar los ciclos de crecimiento con productos petroquímicos y controlar los procesos químicos variando la composición del aire en una planta de productos químicos, pero esos ciclos de crecimiento y esas reacciones químicas siguen estando basados en las leyes tendenciales o "débiles" de la naturaleza. Todavía los marxistas y quienes usan métodos de tipo marxista no reconocen suficientemente que la economía de la naturaleza está inscrita no sólo en las fuerzas productivas sino también en las relaciones de producción. Las relaciones de producción "naturales" quieren decir que ciertos tipos de condiciones o procesos naturales (influidos o no por el hombre) ofrecen más posibilidades que otros para el desarrollo de una formación social y una estructura de clase. La propiedad de caballos o de ganado presupone cierta cantidad de tierra (cada vez menos) para alimentar a los animales. Las relaciones de producción feudales florecieron donde no había buen transporte fluvial o costanero, por ejemplo en el interior de Francia, donde "dinero" significó durante largo tiempo "impuestos", no "precios". Inglaterra se salvó de la fuerza plena del feudalismo no sólo debido a la prevaleciente cultura del individualismo (que se remonta al siglo uf y aun antes), sino también, en parte, por la extensión de transporte interior y costero por agua (y, por lo tanto, las oportunidades de comercio). En el litoral atlántico y mediterráneo se desarrollaron tempranamente estructuras mercantilistas capitalistas de clase. En Róndonia, Brasil, han fracasado tanto la agricultura en pequeña escala como la ganadería en gran escala, debido a las alteradas condiciones del suelo del bosque tropical lluvioso. En Inglaterra y Francia antiguas las fundiciones de hierro eran chicas porque tenían que ubicarse cerca de bosques, y porque era usual la propiedad en pequeña escala. La industria acerera norteamericana estaba fuertemente capitalizada, en parte porque se localizaba entre depósitos lejanos de mineral de hierro y de carbón, debido a lo cual recaían sobre ella elevados costos de transporte. Cuando los recursos naturales se agotan, o son destruidos, muchas veces cambian las relaciones de propiedad, así como la naturaleza de las fuerzas productivas. El corte de bosques nativos de secuoias en Aptos Creek, en la costa central de California, puso fin a la industria maderera relativamente bien capitalizada que había allí. En las regiones cercanas de los montes Santa Cruz la tala le abrió paso, literalmente, a los huertos de frutas y los viñedos organizados por propietarios de tierra en pequeña escala. Abundan los ejemplos de relaciones de producción "naturales". En alta mar el capitán de un barco (mucho tiempo atrás quizá dueño parcial de su nave, ahora

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pleado o tal vez accionista minoritario) tiene (y necesita) un poder más o enos absoluto. Lo mismo ocurre con el comandante de un avión de pasajeros. La ropiedad en pequeña escala es más importante (hoy ya no tanto) en Costa Rica ue en otros países centroamericanos, debido en parte a la naturaleza del terreno. n la Cuba prerrevolucionaria el cultivo de tabaco y de café era característico de la queña propiedad, en el primer caso debido en parte a la necesidad de mano de ra calificada, en el segundo en parte a la escasez de buenos suelos de montaña. n contraste, el cultivo de caña de azúcar se caracterizaba por la propiedad capilista en mediana y gran escala, debido por un lado a que se realiza en tierras plas o con lomas, y por otro a que —dada la naturaleza de la caña— se requiere ca mano de obra calificada. La mayoría de las ciudades crecieron junto a vados los ríos y bahías naturales, donde era posible el comercio de media y larga disncia; con el tiempo esas ciudades se convirtieron en hogar de artesanos, mercares, banqueros y demás. No sólo las relaciones de producción son, en mayor o menor grado, naturales a revolución electrónica ha facilitado muchísimo la centralización del capital nanciero); también lo son las fuerzas productivas. Es evidente que la economía de naturaleza (o procesos naturales) se inscribe en el modo de cooperar en la minea, la agricultura y la pesca, de formas que exigieron que Marx modificase su conpto del proceso de producción. La naturaleza no sólo es un "socio" en la procción (como observó muchas veces Marx), sino que es un socio autónomo (a rtir del cual Marx abstrajo en el primer tomo de El capital). La economía de la turaleza se inscribe también en modos de cooperación de la industria de la consucción y la del transporte. Los edificios requieren espacio, lo que limita los tipos cooperación (vista como fuerza productiva) posibles en la construcción (la divión del trabajo dentro y entre las compañías que construyen rascacielos es una aravilla de complejidad y calendarización debido precisamente a las limitaciones espacio... y de la gravedad). El transporte presupone algún tipo de uso racional l espacio, incluyendo el espacio aéreo. Las relaciones de trabajo en las manucturas de todas clases están sujetas a muchos procesos naturales diferentes y comejos, desde la química de la metalurgia hasta la fisica de la fabricación de chips. demás, la naturaleza del cuerpo humano, y tal vez del alma, crea ciertas posibilides para la cooperación, pone un límite a otras y rige sobre las demás.

TURALEZA, TRABAJO SOCIAL, CULTURA

trabajo social se inscribe en la cultura, y viceversa. El trabajo humano se organino sólo por el poder de clase y la ley del valor sino también por normas y prácas culturales, configuradas a su vez por formas de trabajo social. Los aparatos ectrodomésticos se venden como "eficientes" y las corporaciones anuncian que

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sus sitios de trabajo son "empáticos". Sólo un enfoque dialéctico del problema de las conexiones internas entre cultura y trabajo puede arrojar resultados teóricos y prácticos interesantes en el análisis de casos específicos. El trabajo social está inscrito también por la naturaleza... y viceversa. El trabajo humano es organizado por el poder de clase, la valorización y la cultura, pero también por la economía de la naturaleza que, a su vez, es constantemente modificada por el trabajo social. El capital se empalma en los procesos naturales, altera las leyes y las tendencias probabilísticas naturales o las cambia en el sentido de crear nuevas formas y relaciones de la naturaleza, que no existían antes. Un ejemplo es la computadora casada con la bioingeniería para descubrir un organismo que "coma" desechos tóxicos. De ello parecería derivarse que la cultura y la naturaleza se encuentran y combinan en el trabajo socialmente organizado. La ecología cultural y la naturaleza ecológica se expresan en las relaciones sociales de la producción material, la distribución, el intercambio y el consumo. Surge una pregunta: ¿cuál es la dialéctica de la naturaleza y la cultura en la vida material en general, y en las relaciones de trabajo en particular? Ciertas prácticas culturales combinadas con ciertos procesos naturales (ffsicos) en la producción se conjugaron, a su vez, para producir un Chernobil y un Bopal. En ambos casos las prácticas culturales eran tales que las leyes físicas y químicas se desbandaron, por así decirlo. Por otro lado, las leyes ffsicas y químicas eran tales que la cultura de relaciones de trabajo también se desbandó. Se trató de desastres tanto naturales como sociales, en gran medida de la misma manera en que la devastación que causa un terremoto es un desastre natural y social en barrios que, para empezar, no tendrían que haberse construido allí. Las indeterminaciones de las relaciones de trabajo o modos de cooperación están doblemente determinadas por indeterminaciones culturales y naturales. Por ejemplo, la reducción deliberada del ritmo de trabajo y el "trabajo a reglamento" cambian muchísimo en diferentes culturas étnicas y nacionales, y las "sorpresas" o "misterios" de la naturaleza cambian también con diferentes procesos ecológicos y ffsicos de trabajo. A medida que en el fin del milenio el capitalismo global se difunde y profundiza su control sobre la humanidad y la naturaleza, por igual, el trabajo social (la división del trabajo social y las divisiones sociales del trabajo) se vuelve cada vez más complicado. La complejidad de la economía mundial de hoy es tal que nadie ha descubierto todavía un modelo de capitalismo global con un poder explicativo similar al del antiguo modelo desarrollo/subdesarrollo o a los diversos modelos de imperialismo. Lo que está claro es que las relaciones culturales inscritas en el trabajo, las relaciones de trabajo y demás, por una parte, y las relaciones físicas, químicas y biológicas inscritas en los procesos de trabajo, por la otra, se están volviendo más complejas como resultado de la globalización del capital. Las "funciones de producción" se hacen más inciertas y los "desastres" se producen con mayor frecuencia, con más -causas". El alcoholismo en la época de tu ió 'Los Anónimos, las estructuras de mando en los barcos petroleros, las fallas de diseño

CULTURA. NATURALEZA Y MATERIALISMO HISTÓRICO

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de los supertanques, la competencia entre las empresas de producción y distribución de petróleo, y la complejidad de los sistemas naturales y físicos, parecieron combinarse para producir el desastre del Exxon Valdez. Los teóricos de la "sociedad peligrosa" dan un paso al frente. El mundo parece estar —y está— más enajenado, no sólo del trabajo y la sociedad, sino también, en general, del capital, y asimismo más cosificado. Por eso no es difícil encontrar explicaciones del nihilismo contemporáneo, del populismo de derecha y de otras formas de pensar irracionales o subracionales. Las alternativas teóricas y prácticas requieren una cuidadosa atención a las conexiones internas entre las formas de cooperación culturales y naturales en las relaciones de trabajo. La sola cultura ecológica lleva a una política verde pura; una ecología cultural exclusiva a la política roja pura, es decir, de regreso a la tesis de la humanización ("dominación") de la naturaleza. La tarea básica sería, al parecer, negar lo verde y lo rojo, material y políticamente.

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2 ¿QUÉ ES LA HISTORIA AMBIENTAL? ¿POR QUÉ HISTORIA AMBIENTAL?

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o INTRODUCCIÓN

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Los pensadores posmodernos piensan que esas narraciones de apariencia caótica, que tienen que ver con grandes personajes, fechas importantes y la acumulación de hechos, a los que llamamos historia, tienen una lógica. Todos tienen sus propias experiencias y anécdotas sobre el presente y el pasado. Los historiadores son narradores profesionales que buscan en el inventario disponible de formas narrativas (una constante de la historia) y disponen a las personas y los acontecimientos de acuerdo con la lógica de la forma específica de narración que escogieron. Para Marx, Luis Napoleón era una farsa; para la clase alta francesa era un triunfo y una tragedia. Para los historiadores anticomunistas la guerra fría era un combate entre el bien y el mal; para los historiadores de la geopolítica era el enfrentamiento de dos imperios; para los sandinistas, una excusa yanqui para intervenir en la revolución centroamericana. Y así sucesivamente. El libro de ensayos de Hayden White, The content of the form , es un importante texto posmoderno. Si simplificamos enormemente su argumentación elegante y compleja, lo que sugiere White es que una vez que el historiador escoge una forma narrativa, todo está más o menos determinado: el contenido o la sustancia de lo que escribe, la forma en que el mismo se dispone secuencialmente (cuándo empieza el acto 1, digamos, cuándo termina el 3), y cuánto énfasis se hace en ciertas personas y hechos. La forma narrativa ayuda a decidir cuál de los que White llama "acontecimientos verdaderos" llega a ser una gran obra, y cuál no. Su concepto del "acontecimiento verdadero" sugiere que el posmodernismo padece un exceso de idealismo. Esta expresión aparece una cantidad de veces en su libro, pero no se define ni se le concede la categoría de problema. Los "acontecimientos verdaderos" están repartidos por la narrativa de White como las pasas de uva en un pastel, aunque tanto él mismo como otros posmodernos coincidirían en que ningún "acontecimiento verdadero" (por ejemplo un hecho material o socioeconómico) se produce jamás sin que haya un "acontecimiento ideal" (esta expresión es mía) correspondiente... un acto de habla, un nuevo giro de un significado compartido, una perspectiva novedosa sobre una forma de intersubjetividad o de la construcción social de lo "individual". Si bien es cierto que el acceso lingüístico al mundo material es el único disponible para el discurso humano, y que las peleas acerca del significado del mundo son siempre lingüísticas, también lo es que el [70]

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o material existe. En términos algo diferentes, los posmodernos tienden a ar o minimizar la forma en que los "acontecimientos verdaderos" se articulan s "acontecimientos ideales" —las maneras en que se organiza socialmente la

dad material y en que el significado y la intersubjetividad se entretejen con la a—, y por lo tanto a ser ciegos a uno de los principales problemas de la histoalia. Más bien lo que resulta importante para ellos son los tipos y las estructunarrativas particulares encargadas de "contar la historia", aunque no se proona ningún método para explicar los cambios de las convenciones narrativas. esar de esta laguna, el posmodemismo "explica" por qué cada generación o do histórico reescribe la historia, y también por qué en todo periodo los hisores discuten sobre lo que ocurrió en el pasado (en la medida en que alguien saber qué fue lo que "realmente" ocurrió, y por qué). La lógica del posmomo es que resulta natural e inevitable que las narraciones de la historia camcon el tiempo, y también que difieran en cualquier momento dado, según las esté contando. Todos tienen sus propios agravios e intereses, porque todos su experiencia vital única, sus intereses y perspectivas políticos y culturales, rrativa personal. Además, todos tienen su propia sensación de cuáles son "reale" los agravios y los intereses, qué pueden significar para el usuario (como ras, como objetos fisicos), para un observador externo, para alguien que esté íbet, para la posteridad y demás. No obstante, el posmodernismo falla en tres tos que conducen, finalmente, a un individualismo y subjetivismo metodolóasí como a una arbitrariedad y un relativismo tan extremos que lindan con el smo. Primero, son ciegos a las formas en que las estructuras reales se erigen de los acontecimientos reales así como de las formas narrativas, es decir, desn la interconexión estructuralmente determinada o influida de las cosas (que a la necesidad de abstracción y los niveles de análisis). Segundo, no destacan atos típicos (en oposición a los atípicos), en los cuales los datos históricos se n interpretar en contextos relevantes (lo que elimina o reduce la multiplicie posibles significados de las cosas dentro del contexto o marco de referencia o). Tercero, descuidan cualquier psicología social de base estructural o desón de la subjetividad y las culturas de resistencia que pudiesen salvar la brecha structura y proceso o estructura y significado. fortuna parece que hay un escape, parcial, al menos, de la trampa posmoLa escritura y reescritura de la historia —la iluminación de rincones del o antes oscuros, el descubrimiento del sonido de voces largo tiempo olvidasuprimidas, la explicación de "furores" y modas, la revaloración de "grandes res", las formas en que la subjetividad (o la identidad) se constituye histórite, y demás— siguen una cierta lógica tosca, por lo menos en lo que a la hisel capitalismo de los últimos dos o tres siglos se refiere.'

ul Buhle me recuerda que la "emergencia de la historia de un examen del mito colectivo za con Vico, y sin sus esfuerzos por recopilar folklore, y la recuperación paralela de la dialéctica

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Es posible descodificar la lógica de la escritura histórica si se la vincula con lógica del desarrollo del capitalismo, más que con la de una forma narrativa det minada. En términos generales, la redacción de la historia occidental moder comienza con la historia política, jurídica y constitucional; pasa a la historia e nómica entre mediados y fines del siglo xtx; se vuelca a la historia social y cultu a mediados del siglo xx, y culmina en la historia ambiental a finales del mism Este árbol genealógico de la historiografía es una consecuencia lógica del de rrollo del capitalismo mismo: primero, las reformas y revoluciones políticas, ju dicas y constitucionales que crearon el marco de referencia para la propiedad p vada, los derechos de propiedad, las libertades civiles y la igualdad formal ant ley; segundo, la Revolución industrial y tecnológica de finales del siglo xvin y p cipios del XIX, puestas en marcha, en parte, por la reforma política y la revoluc que crearon la posibilidad de la historia económica capitalista (conflicto econ mico, crecimiento de mercados, finanzas, competencia, etc.); tercero, el cre miento de una sociedad y una cultura específicamente capitalistas, que surgie de la conversión de la tierra y el trabajo en mercancías ficticias, de la vida socia la cultura, la sociedad de masas, el consumismo y las luchas sociales, así como desarrollo de sociedades multiétnicas, que inspiraron una historia social y cultur cuarto, la capitalización de la naturaleza, o la creación de una naturaleza espec camente capitalista, y las luchas por la misma, que se desarrollaron dentro marco de la evolución de sistemas legales capitalistas y de imperativos tanto eco micos como sociales-culturales, y que ha "producido" la historia ambiental... el m reciente y, tal vez, el último tipo de historia. De hecho, las transformaciones estructurales del capitalismo en desarrollo h escrito, al menos con una lógica burda, su propia narrativa histórica, corresp diente a cambios de la política, de las fuerzas y relaciones de producción, de sociedad y la cultura como un todo y del ambiente o "naturaleza", incluyen temas universales de luchas entre circunstancias o necesidades objetivas y deseo voluntades subjetivas. Los cambios estructurales no dan origen directamente a nuevos tipos de es tura de la historia; entre ambos median el conflicto social y las luchas sociales los cuales las nuevas historias son parte definida). Determinados cambios estruc rales producen determinados tipos de lucha social: política, económica, soci cultural, y ambiental, en ese orden. Pero mientras que la causa próxima de tem históricos sucesivamente nuevos y de nuevas lecturas críticas de la historia capi lista son nuevos tipos de conflicto y de lucha, la causa profunda es la evoluc estructural del capitalismo en sí, el despliegue del capitalismo como forma de t

por parte de Boehme, la historia sería un U.] tema muy árido. La narrativa general que expones la historia política a la económica a la social a la cultural y después a la ecológica) es buena. Per idea de que procede científicamente, sin grandes inyecciones de mito, romanticismo, etc., y mu más allá de los primeros prejuicios de clase, está ausente potencialmente en la observación dialécti (correspondencia personal, noviembre de 1996).

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bajo, como forma de vida, como forma de relacionarse con la naturaleza. Cualquier descripción completa de todo este tema tendría que explorar en detalle tanto los cambios estructurales como la mediación entre los mismos —o sea el conflicto social— y la evolución de nuevos tipos de historiografía. No se trata de una progresión uniforme y lineal. La noción de desarrollo desigual y combinado se aplica a la historiografía tanto como al mundo que estudian los historiadores (el desarrollo del capitalismo industrial). Por eso cada tipo de historia (en su mejor expresión) retrabaja y refuta —o sea que radicaliza— los tipos previos. Si bien cada etapa de la historia capitalista está marcada por formas particulares de conflicto —conflicto político, conflictos dentro del capital y entre el capital y el trabajo, conflicto social y cultural y conflictos por la naturaleza—, la aparición de estos conflictos es desigual a lo largo del tiempo y del espacio. Cada país, como formación social capitalista, tiene, evidentemente, su propia historia. Por ejemplo, el sentimiento de la burguesía de que su control sobre el poder y la razón era débil o traicionero, como resultado de movimientos de oposición de todos tipos, varió de un país a otro. La dialéctica del desarrollo y el subdesarrollo ha producido también diferentes historias nacionales; por ejemplo, el imperialismo y el imperio son parte de la narrativa de la mayoría de los grandes países industriales, pero no de la mayoría de los países en desarrollo. Algunas tradiciones socialistas surgen de manera contrahistórica o contranarrativa. En Estados Unidos la historia "salta" de la historia política a la historia "ambientalista" de Frederick Jackson Turnen quien fue seguido por Charles Beard, luego por William Appleman Williams, el cual "relanzó la historia occidental [estadunidense] en la cual ha tenido lugar la mayor parte de la historia ambiental, y estableció la visión académica de la colonización como enfrentamiento y conquista que se encuentra en el núcleo del proyecto de historia ambiental" de este país. 2 La historiografía de la "teoría de la escena" esbozada más arriba abstrae a partir de las formas desiguales y combinadas de la política, la economía y la sociedad de regiones o países dados, así como de las diferentes relaciones que tienen entre sí países determinados en periodos históricos determinados. Las luchas sociales también se combinan de maneras diversas a lo largo del tiempo y del espacio. Las más nuevas tienden a negar progresivamente a las más viejas. No se habla del "ambiente" durante la era de las revoluciones políticas burguesas, pero sí se habla mucho de política en las luchas ambientales contemporáneas. Los combates sindicales del siglo xix raras veces incluían inquietudes ambientales, mientras que hoy las manifiestan cada vez más. También las primeras contiendas culturales sobre la etnicidad o el género se mantenían casi en silencio sobre ese tema. Hoy se lucha contra el racismo ambiental (y en pro de la justicia ambiental), y hay combates ecofeministas que tratan de contradecir los asuntos de destrucción ecológica, clase, raza y género. Encontramos así un diálogo entre las inquietudes y 2

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las experiencias del pasado y del presente; los entornos del pasado se sedimentan en la clase de historia que se escribe y sobre la cual se construye la historia presente. Y el presente, debido a sus preocupaciones y a su visión retrospectiva, puede ver cosas ante las cuales el pasado estaba ciego, y reelaborar así su propia escritura histórica. El diálogo incluye también el futuro, ya que la escritura histórica actual cambia en menor o mayor medida el mundo en términos más amplios. La historia ambiental, por ejemplo, contribuirá a configurar la clase de naturaleza en la que vivirán los historiadores del futuro. Desde esta perspectiva, la historia ambiental puede verse como la culminación de todas las historias previas, asumiendo que incluyamos las dimensiones ambientales de la historia política, económica y cultural contemporánea, así como la historia ambiental en sentido estricto. Lejos de ser un tema marginal, como la ven todavía tantos historiadores, la historia ambiental está (o debería estar) en el centro mismo de la historiografía actual. Como lo expresa el historiador ambiental J. Donald Hugues, "Un historiador que ha decidido poner la historia en su contexto, y 'encontrarle sentido', se convierte en historiador ambiental." 3

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La afirmación de que la historia ambiental es la culminación de toda la historia previa puede no ser tan extravagante como parece a primera vista. Muchos historiadores ambientales definen su campo en los términos más incluyentes que pueda imaginarse. La "principal meta [de la historia ambiental] llegó a ser —escribe Donald Worster— la de profundizar nuestra comprensión de la forma en que los seres humanos han sido afectados por su ambiente natural a lo largo del tiempo y, a la inversa, de la manera en que han afectado al ambiente, y con qué resultados". 4 3 J. Donald Hugues, "Ecology and development as narrativa themes of world history", Environmental History Review, 19, 1, primavera de 1995, p. 9. En su definición de la historia ambiental la ecología no se ve como un elemento de apoyo de la historia mundial sino más bien como su "tema principal" ("La nueva narrativa de la historia mundial debe tener como tema central de procesos ecológicos" [ibid.]). En otro lado: "Lo que se requiere es una historia mundial que adopte como principio organizador el proceso ecológico." 4 Donald Worster (ed.), The ends of the Earth: Perspectives o n modere environmental history, Cambridge, Cambridge University Press, 1988, pp. 290-291. Ésta es la definición de un historiador. Otra es: "la importancia del mundo natural, sus efectos objetivos sobre la gente, y las formas concretas en que ésta afecta a su vez [al mundo natural] son el núcleo mismo de nuestro proyecto intelectual" (William Cronon, "A place for stories: Nature, history, and narrative", Jounial of American History, 78, 4 de marzo de 1992, p. 1349). Dos científicos sociales han definido así la "ecología política": "La ecología política [...] es una derivación histórica de las preguntas centrales planteadas por las ciencias sociales acerca de las relaciones entre la sociedad humana, vista en su complejidad bio-cultural-política, y una naturaleza humanizada en grado significativo. Desarrolla el terreno común en el cual se intersecan diversas disciplinas" (lames Greenberg y Thomas Park, "Political ecology", Journal of Po:W(411E01ov, 1, 1994, p. 1).

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ún Worster, los historiadores del ambiente se enfrentan a tres conjuntos de nes. Uno es "entender a la naturaleza misma, organizada y funcionando en

os pasados", incluyendo al organismo humano. El segundo nivel "tiene que n el dominio socioeconómico en tanto interactúa con el ambiente. Aquí nos os de herramientas y trabajo, de las relaciones sociales que emanan de ese o, de los diversos modos que ha encontrado la gente para producir bienes a de recursos naturales." El tercer nivel es "el puramente mental o intelectual, ual percepciones, éticas, leyes, mitos y otras estructuras de significado se conen parte del diálogo de un individuo o un grupo con la naturaleza". 5 Estos es" son categorías analíticas: "aunque con fines de claridad tratamos de disentre estos tres niveles de estudio ambiental, de hecho constituyen una únistigación dinámica en la cual la naturaleza, la organización social y econól pensamiento y el deseo, son tratados como un todo... Este todo cambia a que lo hacen la naturaleza, la gente, formando una dialéctica que recorre pasado y llega hasta el presente." 6 Otra manera de decir esto es preguntar e afectan a sí mismos los seres humanos al modificar, destruir, etc., su te, y cómo se afecta éste a sí mismo al restringir y permitir de diversas manectividad humana. Surge la interrogante de cuál es el término que habría que iar —si acaso fuese necesario destacar alguno— en la triada naturaleza, trarramientas, mano de obra), cultura. érminos algo diferentes, la historia ambiental es el estudio de cómo la interhumana configura y modifica a la "naturaleza" y crea ambientes construinfiguraciones espaciales, y de la forma en que los ambientes naturales y culpermiten —y al mismo tiempo restringen— la actividad material, y, a la , cómo la actividad humana hace posible e impide, simultáneamente, el llo cultural y la "economía de la naturaleza". Visto desde esta perspectiva, do de los historiadores ambientales se inclina hacia la única ciencia social

ter, "Doing environmental history". 0P. cit., p. 293. Worster hace un valioso esbozo de los diferentes enfoques adoptados por antropólogos y ecialistas frente a este "todo", aunque me inspira dudas su llamamiento a "fusionar las dos e Marvin Harris y Karl Marx. El concepto de Harris de un "sistema tecnoambiental" no pueerse (en mi opinión), como una especie de variable independiente, de la organización del la organización social, es decir, las formas de propiedad o de organización cultural. Creo que "ecologizar" a Marx pero no "mandficar" a Harris. Un comentario final: en su descripción ra (ibid, p. 302, passim), las habituales y agudas formulaciones de problemas de Worster lugar a un vagabundeo discursivo. Creo que esto se debe a que no advierte que la cultura na modos de cooperación, reglas normativas, etc., que se importan a la producción o al trairtiéndose así en fuerzas productivas por derecho propio (ibid.). La descripción de Worster hacer la transición de un modo "interaccional" a uno dialéctico; a lo largo de gran parte de o seminal se encuentra dualismo. Véase por ejemplo su teoría de las ideas por "reflejo" (p. análisis de Rappaport (pp. 304-305). La naturaleza y la cultura están separadas, y la segunda ue la gente viva con las restricciones de la primera; el trabajo se elimina por sí mismo de esta decir, la actividad material parece funcionar como una mera forma de que los humanos quilibrio".

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totalizadora: el marxismo. El método, para unos y otros, es un materialismo act los historiadores ambientales sostienen un espejo frente al mundo y lo muest tal corno lo ha producido y conformado su propia naturaleza, incluido su pro cuerpo. El mundo lo logra mediante el trabajo (la tecnología y las divisiones trabajo social; el poder y las divisiones sociales del trabajo), definido como la p ducción material, el intercambio y el consumo socialmente organizados y simb camente mediados. En el acercamiento de la historia ambiental hacia los méto de tipo marxista el "impacto humano" o la "intervención humana" se convie en el "impacto material humano" o la "actividad material", y el trabajo se ve co la mediación entre la cultura y la naturaleza. La historia de la naturaleza es en ces en parte la historia del trabajo. Estas formas de ver el mundo –y los textos de historia— puede resultar tan f tífera que no es sorprendente que la historia ambiental sea uno de los de esa d plina que más rápido crecen. Aparecen cada vez con más frecuencia más y mejo estudios de la dialéctica de la intervención material humana, la cultura y la natu leza. Cada año se llevan a cabo más reuniones acerca del ambiente y se impa más cursos sobre historia ambiental. La historia ambiental local está poniendo cuestión la visión de anticuario que durante largo tiempo caracterizó a la hist local. Las interacciones entre la economía humana y la "economía de la naturale —así como sus mutuas interdependencias, asimetrías y contradicciones— son e diadas por los economistas ecológicos y analizadas en términos teóricos por los m xistas ecológicos y los científicos sociales críticos. Los teóricos políticos se han a cado al concepto de "naturaleza" en el pensamiento de Hobbes, Rousse Jefferson, Paine y otros filósofos políticos. Hay estudios sobre Thoreau, Muir, cho t y otros preservacionistas y conservacionistas. En los últimos años del siglo x tema de "las mujeres y la naturaleza" ha recibido innumerables tratamientos dis tos por parte de historiadores, ecofeministas, antropólogos y militantes ambient del Sur y del Norte. Hay nuevas "historias ambientales del mundo" y nuevos estu generales y detallados del ambiente en Estados Unidos, Australia, India, Méx Brasil, África y muchos países y regiones más. Hay nuevos estudios históricos cuerpo humano, el nacimiento, la enfermedad, el dolor y la muerte; de los sig cados de "limpieza" y "dieta", y de los pueblos y las ciudades definidos como amb tes. El campo de la "ecología humana", esotérico en otros tiempos, es ahor corriente principal, y proliferan los informes de impacto ambiental, que son un práctico de historia ambiental. Hace mucho se traspasaron los limites entre la an pología fisica y la cultural. Los científicos sociales están tomando más en serio modos más sistemáticos la "naturaleza" definida como sumidero (y el "capital" d nido como grifo). Las humanidades se están abocando al problema de cómo y qué se establecen, entran en conflicto y cambian las diversas representaciones y nificados de la "naturaleza". La preservación ambiental está floreciente, así com protecc ión y restauración de paisajes culturales_ históricos La gengraffa econó ha dado un giro de 180 grados a partir del tipo de determinismo ambiental

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solía dominar el tema, y está adoptando crecientemente el método que Marx llamó "materialismo activo". Los estudios culturales han desconstruido las formas en que la naturaleza ha sido comprendida por la ciencia. Hoy la ecología es uno de lo terrenos más dinámicos dentro de las ciencias naturales. Los textos sobre la misma gozan cada vez más del favor popular, mientras que aumenta año con año el interés general en el efecto de invernadero, la capa de ozono y el impacto del ambiente sobre la salud y el bienestar mental de los seres humanos. La variedad de métodos y temas de la historia ambiental es enorme, más que los de la historia política, económica y social. Los historiadores ambientales estudian la historia del uso y agotamiento de la energía; de los cambios atmosféricos, climáticos y hasta geológicos a los que contribuyeron los humanos; las poblaciones de determinadas especies de vida y sus "cuerpos" inorgánicos; las biorregiones, cuencas, ecosistemas y nichos, límites, márgenes, corredores y mosaicos ecológicos. Investigan el ambiente definido como recurso, como entretenimiento, como espacio socialmente construido, como mapa mental. Escriben historias de ciudades a la luz de su relación con el entorno, y viceversa; historias de bosques, lagos, ríos, costas (preservados o no), y de todo tipo de paisajes construidos. Parques urbanos, estilos arquitectónicos, zonas suburbanas y centros comerciales, patrones de calles, antiguas bases militares, parques industriales... todos han sido analizados por los historiadores ambientales.? El ruido de los niños que juegan en un parque, el efecto biológico de usar nichos ecológicos como parques, el tranquilizador ronroneo del tráfico que pasa calle arriba, el estrépito de los grandes aviones de pasajeros que despegan en las inmediaciones, el significado del parque en términos del sentido de vecindad, son todos elementos que caen bajo la rúbrica de "historia ambiental". Se han escrito libros sobre espacios tan pequeños e insignificantes como el jardín de una casa o tan imponentes como un bosque nativo de secuoias. En principio, según parece, todo es historia ambiental; los lugares más remotos han sido afectados, en mayor o menor medida, por la actividad material humana (y a su vez la afectan). 7 Worster excluye "el ambiente construido" de la historia ambiental. Si bien esta exclusión "puede parecer especialmente arbitraria, y hasta cierto punto lo es, [...] la distinción [entre 'naturaleza y artefacto'] es digna de conservarse, porque nos recuerda que en el mundo actúan fuerzas diferentes, y que no todas ellas emanan de los seres humanos; algunas siguen siendo espontáneas y autogeneradas. El ambiente construido expresa plenamente la cultura... pero con fenómenos tales como el ciclo del bosque y del agua encontramos energías autónomas que no se derivan de nosotros. Esas fuerzas influyen en la vida humana, estimulando alguna reacción, alguna defensa, alguna ambición" (ibút, pp. 292 293). Los geógrafos podrían cuestionar esta distinción. El espacio urbano, por ejemplo, tiene consecuencias no intencionales para la vida de los seres humanos, es decir, no sólo es un constructo humano, sino que también ayuda a construir lo que es humano. En un enfoque materialista realmente activo hay, sin duda, "energías autónomas que no se derivan de nosotros", pero la mayoría de esas energías han sido modificadas en pequeña o gran escala por la acción humana. El océano, la atmósfera, el suelo, no sólo se han "hecho a sí mismos" a lo largo del tiempo, sino que también han sido hechos por la actividad humana, en alguna parte (muy) grande o pequeña, de acuerdo con las circunstancias. -

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La historia ambiental es, en pocas palabras, la historia del planeta y de su gente, de la vida de otras especies y de la materia inorgánica, en la medida en que éstas han sido modificadas por las producciones materiales y mentales de los seres humanos y, a su vez, las han hecho posibles o imposibles. Es ni más ni menos que el estudio de las relaciones entre la especie humana y sus "alrededores" (según la definición de ambiente que da un diccionario). Como estas relaciones resultan indescifrables sin una investigación de las relaciones sociales entre los seres humanos ("sociedad", "economía"), por un lado, y las relaciones propias de la naturaleza, biológicas, químicas y fisicas (modificadas, reprimidas, estimuladas), por el otro, el alcance de la historia ambiental es, para todo fin práctico, ilimitado. El ambiente actual ha sido modificado de muchas formas por innumerables generaciones de seres humanos. Y como las estructuras y procesos políticos, económicos y culturales "deciden" cómo se utilizan los ambientes, y con qué efectos, idealmente la historia ambiental incorpora (y niega) la historia política, económica, social y cultural. La historia de la naturaleza presupone no sólo la biología, la edafología y demás, sino también la política y el derecho (por ejemplo la historia de las relaciones de propiedad y los límites de la propiedad, importantes para determinar qué clase de naturaleza prospera y cuál no); la historia económica (por ejemplo, la historia del uso que el capital hace de la naturaleza como grifo y sumidero), y también social y cultural (por ejemplo la historia de la estética, los gustos sociales en determinados periodos, la flora que se considera ornamental, qué se ve como "bello" y "feo", etc.). Aquí uno podría añadir "historia moral". Hace un siglo o menos los vendedores de semillas y bulbos para jardín les decían a sus clientes que un hermoso jardín bien cuidado era señal de moralidad en el hogar, de limpieza y vida respetable. En principio la historia ambiental es totalizadora, la única historia verdaderamente "general" o universal . 8 No obstante, también está restringida espacialmente. Funciona en el nivel de «[...] nuestro proyecto de explorar el pasado humano como parte de una relación sistemática con el mundo natural ofrece emocionantes oportunidades para ver cosas completas, en un momento en el que la profesión histórica parece necesitar desesperadamente una síntesis de ese tipo" (William Cronon, "The uses of environmental history", Environmental History Revino, 17, 3, otoño de 1993, p. 4). Sin embargo Cronon señala que si bien hay muchos estudios de la idea de naturaleza y también del nexo economía-naturaleza, hay pocos o ninguno que vincule las ideas y la cultura, la economía y la naturaleza tomadas como un todo (véase "Modes of prophecy and production: Placing natura in history", Journal of American History, 4, marzo de 1990, p. 1124). De modo que se muestra escéptico acerca de la historia ambiental como un método y un campo totalizadores, y destaca el "particularismo de su narración". Una manera de introducir el nexo faltante cultura-economía es investigar normas y prácticas culturales que se importan al lugar de trabajo y al sistema económico general, y que se valoran como capital. A éstas se las ha denominado "capital social", "capital comunitario" y "capital cultural". Greenberg y Park escriben que hay "dos impulsos teóricos principales que han sido los más influidos por la formación de la ecología política. Se trata de la economía política, con su insistencia en la necesidad de vincular la distribución de poder con la actividad productiva, y el análisis ecológico, con su versión más amplia de relaciones bioambientales" (op. cit., p. 1).

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specificidad local definida de diversas maneras, por ejemplo como una cuencomo la actividad sucesiva de la dialéctica del cambio entre especies nativas y ticas, como las transformaciones del suelo agrícola, y así sucesivamente. Los oriadores ambientales estudian lugares específicos durante periodos específi: los efectos de la construcción de presas en el Oeste de Estados Unidos duranos treinta, las fuentes de contaminación de las playas del mar del Norte en los nta, las antinomias del monocultivo en las llanuras costeras de Centroamérica os setenta. n la medida en que la historia ambiental es el estudio de las interrelaciones e la cultura y la vida material humanas y la economía de la naturaleza, está itada por las peculiaridades del lugar o lugares precisos que estudia. Sin embarcomo en último análisis la historia de un lugar es inseparable de la de otros, rincipio toda historia ambiental puede vincularse con todas las demás. La ografia de la nada" cultural (fraccionamientos remotos, centros comerciales ados) está conectada con la historia agrícola (monocultivo químico para liar la producción de alimentos básicos para los residentes de la "nada"); con onfiguración de las rutas de transporte (autopistas para que puedan ir y venir abajo); con la biología de la conservación (los efectos de esos fraccionamieny autopistas en los hábitat y poblaciones silvestres); con la estética (la forma de desarrollos suburbanos, los "tréboles" de las autopistas, las calles principales); el agotamiento de recursos (bosques para obtener la madera para las casas de campestre de la nada), y la contaminación del aire y del agua (los autos de la a, el drenaje de la nada). a peculiaridad de la historia ambiental consiste en que es una historia general iversal y, al mismo tiempo, local, específica y concreta. Por eso se enfrenta a peligros. El primero es el riesgo de la sobregeneralización vacía (la "muerte de aturaleza", el "fin del mundo", "el planeta es una nave espacial"). La segunda amenaza de la trivialidad, de ser una mera compilación de ese o aquel tipo de bio ambiental en este o el otro lugar. Es el riesgo de que la historia ambiental onvierta en la historia de todo y, por lo tanto, de nada. Sin embargo, tanto la egeneralización como la atención indebida a los detalles superfluos son riesque para la mayoría de los historiadores ambientales (si no todos), los antrogos culturales, los geógrafos, los economistas ecológicos y otros, bien vale la correr. De lo contrario, ¿cómo podríamos desarrollar conceptos totalizadopor un lado, y por el otro conocimiento de los márgenes, los rincones y los jones sin salida de nuestro entorno? ¿Cómo seríamos capaces de pensar sobre aglomeración de ecotópolis llamada "naturaleza global"? Por eso el problema relación entre lo particular y el todo, lo específico y lo concreto, y lo concreel todo, es de especial importancia para los historiadores ambientales. 9 Dicho o "particular" es el individuo (persona, especie, etc.), mientras que lo "individual" es aquello que ede reducirse a una unidad de análisis menor. Lo "concreto" es lo que los individuos tienen en

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de otra forma, las que Worster vio como ambiciones grandiosas y posibilidades totalizadoras de la historia ambiental no encuentran un método totalizador equivalente, definido no como "toda la verdad y nada más que la verdad" sino en términos de la interconexión entre proyectos y procesos históricos específicos, sobre la base de lo concreto, o de lo que tienen en común las cosas, y por consiguiente de cómo se relacionan éstas entre sí y cómo una cosa se relaciona con todas las demás. La historia ambiental sigue siendo un terreno mal definido, que toma prestado —muchas veces acríticamente— de una variedad de ciencias naturales y sociales, y también de teorías de tipo marxista sobre la actividad material humana que resultan esenciales para arrojar una verdadera luz sobre la "historia de la naturaleza". El argumento, aquí, es que todas las relaciones históricas son simultánea e irreductiblemente sociales, sociomateriales, material-sociales y materiales (naturales). Los historiadores deben actuar en todos los niveles de abstracción (y sus muchas mediaciones) para delinear exactamente cómo y por qué las fuerzas económicas o de otro tipo han dependido del ambiente; cómo al mismo tiempo la naturaleza permite y restringe la actividad material humana, y cómo los cambios del ambiente influyen en los cambios políticos, económicos y culturales/sociales (y son influidos por éstos).

UNA HISTORIA DE HISTORIAS

Para apreciar toda su importancia, tenemos que ubicar la historia ambiental en el linaje de la historiografía capitalista de los últimos dos o tres siglos. Si seguimos la historia de "Occidente", hay tres tipos principales de textos históricos anteriores a la aparición de la historia ambiental: la historia política, la económica y la social/ cultural, en ese orden. Las primeras historias del capitalismo fueron historias políticas, y los primeros historiadores modernos fueron historiadores de la política que estudiaban el ori gen y la consolidación del estado-nación y las luchas políticas relacionadas, as corno las reformas y revoluciones constitucionales, legales y políticas de distintos tipos en los Países Bajos, Gran Bretaña, Francia, Alemania y otras naciones europeas (así como sus imágenes en espejo, "invertidas", anticoloniales, en los países capitalistas colonizados por los blancos) .

En los viejos tiempos —escribe Donald Worster— todos sabían que el único tema importante era la política, y que el único territorio importante era el estado-nación. Se suponía que lo

común con otros individuos (nacer vivir, morir; clase, género, comunidad, etc.). Lo "especifico" es lo que distingue a un individuo de otro u otros. El "todo" o "totalidad" está constituido por lo "particular" y constituye lo "concreto".

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que había que investigar eran las argucias de presidentes y primeros ministros, la aprobación de leyes, los combates entre tribunales y legislatura, y las negociaciones de los diplomáticos. Esa vieja historia, segura de sí misma, no era en realidad tan vieja, después de todo... apenas uno o dos siglos a lo sumo. 10

Muchos de los primeros historiadores políticos fueron también filósofos o teóricos políticos y teóricos legales; no separaban la teoría y el objeto histórico de estudio. Así, no sólo describían sino que también trataban de explicar y justificar (y muchas veces ensalzar) el estado-nación (que según Worster alcanzó "la cúspide de la aceptación en el siglo xix y principios del xx"), así como las batallas políticas y legales, las instituciones y climas que contribuían a crear el estado-nación... en el cual se insertaban y florecían específicamente las relaciones de producción y las fuerzas productivas capitalistas. Estas nuevas relaciones de poder, definidas en el sentido político y legal más amplio, proporcionaron el marco de referencia político para la Revolución industrial y el crecimiento de la economía capitalista del siglo xix. Los historiadores-filósofos que documentaron las nuevas relaciones de poder hicieron conscientes a las emergentes clases dirigentes económicas de los nuevos —y al parecer permanentes— cambios acarreados por las reformas y revoluciones durante la época del absolutismo, los comienzos de la monarquía constitucional y, finalmente, el desarrollo de la democracia liberal. Las segundas historias del capitalismo fueron historias económicas, estudios sobre la revolución de la producción material y la tecnología, la distribución y el intercambio. Y, en términos generales, de la expansión de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción capitalistas. El tema de las primeras historias económicas era la "economía política", que consistía originalmente en esfuerzos por desarrollar una concepción económica del estado en la era del mercantilismo. Más tarde los economistas políticos clásicos, reflejando las luchas entre la joven burguesía y las añosas fuerzas del mercantilismo, entretejieron la historia económica con la teoría económica de modo que, a su propio estilo, fueron historiadores económicos al mismo tiempo que teóricos. Tanto La riqueza de las naciones de Adam Smith como El capital de Karl Marx son historias teóricas del capitalismo. A medida que avanzaba el siglo xix los temas más importantes analizados por los historiadores económicos incluían el desarrollo de las divisiones del trabajo industrial y social, el comercio nacional y mundial, el cambio tecnológico y las nuevas catego1° Worster, op. cit., p. 289. Dentro de las ciencias sociales, la ciencia política, la economía, la sociología y los estudios culturales y ambientales tenían también su propia lógica de desarrollo, que iba más o menos paralela al desarrollo de los cuatro tipos de historia. Por ejemplo, la ciencia social comenzó como "ciencia moral" (el término del siglo »in para las ciencias humanas), pero a finales del siglo XIX la economía fue separada de las demás ciencias sociales, indicando que de hecho se había establecido una economía capitalista. "La sociología de la cultura" se desarrolló a mediados y finales del siglo xx, y los estudios ambientales a fines de ese mismo siglo.

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rías del capitalismo industrial: salarios, costos, precios y utilidades. Había también historias de las luchas del trabajo, pero se restringían sobre todo a los mercados de trabajo y al lugar de trabajo (la historia de las luchas en la esfera de la reproducción, es decir la familia, la comunidad, los grupos étnicos, etc., tardó más en convertirse en objeto de investigación de los historiadores sociales). La historia económica estaba estrechamente relacionada con la historia política: los estados-nación tuvieron que aparecer y evolucionar, y las relaciones de propiedad/legales debieron ser reformadas o derrocadas (todo ello en el contexto de los nuevos enclaves de finales del siglo xviii y principios del )(a, de la producción artesanal, el desarrollo de las manufacturas, etc.), antes de que pudiesen desarrollarse fuerzas materiales capitalistas más plenas o más sólidas y que pudiese evolucionar el comercio internacional de medios y objetos de producción. Las nuevas clases industriales y financieras, sobre todo con la aparición de El capital de Marx, se volvieron más conscientes de la tendencia hacia la revolución constante en las fuerzas productivas, el crecimiento de la competencia, la importancia central del comercio internacional, las fusiones de las crisis económicas y la tendencia permanente hacia la concentración y centralización del capital, todo lo cual causó y fue causado por esta revolución. Por último, la economía capitalista se "naturalizó" o convirtió en "segunda naturaleza", en el sentido de aparecer como un poder externo al autocontrol humano o social (irónicamente, una de las justificaciones tanto de economía del libre mercado de la teoría liberal como del proyecto socialista orinal). Luego aparecieron la historia social y cultural, los estudios de la revolución de s estructuras y procesos sociales y culturales: en términos generales, la aparición l consumismo (es decir la generalización de la satisfacción de necesidades en rma de mercancías) y la sociedad de masa (la universalización de la forma de trajo asalariado y la aparición del "trabajador de masa"). 11 La mercantilización de vida social y cultural (la familia, la comunidad, la etnicidad, etc.) o el desarrollo un modo específicamente capitalista de reproducción social, completaron el oceso iniciado con la conversión de bienes manufacturados en mercancías. Si bien la historia política y económica fue en gran medida una loa del capitalismo, la historia social y cultural (y más tarde la ambiental) lo criticó. Esto se debe a que las luchas sociales y culturales (de las mujeres, de minorías oprimidas, etc.) eran "de abajo para arriba" (mientras que las luchas políticas económicas solían estar organizadas por los intereses de quienes poseían propiedades, "de arriba para abajo", contra las estructuras del antiguo régimen, el mercantilismo, el monopolio sancionado por el estado y la reglamentación económica absolutista).

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james O'Connor, Accumulation crisis, Oxford y Nueva York, Basil Blackwell, 1983.

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estado perfectamente controlado o sintetizado por unos cuantos grandes hombres ctuaban en posiciones de poder nacional. Los especialistas empezaron a descubrir largo tiempo sumergidas, las vidas y los pensamientos de la gente común, y trataron oncebir la historia "de abajo para arriba". 12

esta transición Worster se brinca la etapa de la historia económica; implica ién que el paso de la historia política a la social fue una especie "de correcdel rumbo" por parte de historiadores posteriores, más esclarecidos, y que jó el crecimiento de luchas específicamente sociales (feminismo, antirracisetc.). Esta línea de pensamiento no está del todo mal. Sin embargo, por debalos conflictos sociales y culturales de la segunda mitad del siglo xx estaban las as estructuras de una sociedad específicamente capitalista. "La historia de abara arriba" refleja, en efecto, el crecimiento de las luchas sociales y culturales, estas historias, al igual que las luchas sociales mismas, de las cuales las primeorman parte, tenían raíces más profundas. La revolución de las relaciones polílegales, y la consecuente explosión de las formas productivas, la competencia os mercados, el comercio internacional y las nuevas relaciones de producción alistas causaron —y a su vez fueron causadas por— la conversión del trabajo y rra en mercancías. Polanyi las denominada "mercancías ficticias", Marx "connes de producción", en el sentido de que mientras la tierra y el trabajo son tras como si fuesen mercancías, de acuerdo con la ley del valor no son produciomo tales. Polanyi demostró que la conversión generalizada del trabajo y de rra en mercancías creó una sociedad específicamente capitalista, es decir una dad de clase, en la cual el nuevo proletariado era la clase mayoritaria. Los valonormas sociales tendieron a insertarse en las fuerzas del mercado y a estar os a ellas. Esta línea de análisis fue desarrollada posteriormente por la escueFrancfort y por la escuela teórica crítica. Así, Marx, Polanyi y la teoría crítica ron las bases para el análisis de la sociedad y la cultura capitalistas, pero no rollaron a fondo las implicaciones que, para la vida social y cultural, tenía la ersión de la tierra y el trabajo en mercancías, es decir, un modo de reproducsocial basado en la forma asalariada del trabajo y la forma mercancía de la acción de necesidades arx y Engels habían demostrado cómo y por qué el conflicto social en el capio adoptaba la forma de la lucha entre el capital y el trabajo (no sólo en el ado sino también en la producción misma), entre fracciones del capital, y todos los capitales contra todos los demás capitales en el proceso denominaacumulación competitiva". Menos de cien años más tarde los historiadores

bid No obstante, en un fragmento posterior Worster habla de "historia social, económica y cul(d'id., p. 290), que invierte el orden del cambio y la transformación económicos y sociales en el rollo del capitalismo mismo. William Cronon también parece explicar el origen de la historia ntal, sobre todo en términos del movimiento ambiental, sin basar este movimiento en la capitalide la naturaleza en sí misma ("The uses of environmental history", op. cit., p. 2).

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marxistas y otros historiadores de la sociedad y la cultura (por ejemplo historiado res feministas, historiadores de homosexuales y lesbianas, historiadores locales ampliaron la concepción original de Marx y Engels para que incluyese el conflict de clase dentro y entre las esferas de la reproducción social, la comunidad y la vid cultural (incluyendo la historia de formas de vida "tradicionales" en proceso d desaparecer frente a las formas salario y mercancía). Los historiadores y los cientí ficos sociales dedicados a la historia desarrollaron la lógica de la mercantilización de las necesidades, o las consecuencias de la misma para las relaciones e institu ciones sociales y culturales. Finalmente, se produjo la concentración en el consu mismo: la universalización del automóvil, el desarrollo de los suburbios, la separ ción extrema de los lugares de residencia, trabajo y recreación, y así sucesivamente La tienda departamental, el centro comercial, los medios de comunicación d masa y la televisión, y otras características esenciales de la vida social y cultural de capitalismo tardío, fueron sometidos a un cercano escrutinio por parte de los histo riadores, tal como lo fueron temas tomados de las culturas étnicas y otras cultura de transición, cuando "todo lo que era sólido se desvaneció en el aire". Por último una premisa básica (aunque tácita) de los estudios culturales actuales es que e desarrollo del crecimiento del trabajo asalariado y el consumismo, así como la alteraciones de éstos, no son más que un aspecto de los procesos más generales d migración y urbanización. La proletarización se veía cada vez más como el mism proceso que la migración desde el campo y las regiones y países pobres hacia afue ra y la inmigración a centros capitalistas más desarrollados, especialmente ciuda des. Junto con la derrota del socialismo realmente existente y la declinación de l democracia social en los ochenta y los noventa, esta proletarización-migración (que ha dado como consecuencia un incremento constante de la mezcla de "razas y grupos étnicos y nacionales) ha multiplicado los problemas de control social cultural y de identidad política, que contribuyen a definir "políticas de identidad" combinadas frecuentemente con las "políticas de lugar". La aparición de la "idea de la historia ambiental [...] en 1970" (Worster), ub cada dentro de esta "historia de historias", no resulta dificil de entender. La causa próxima es el movimiento ambiental, del cual la historia ambiental es una parte, la crisis ambiental global, de múltiples facetas, que engendra las luchas por la natu raleza. A la causa próxima subyace una estructural: los sistemas políticos y legales del capitalismo, la acumulación de capital y la conversión de la vida social y cultu ral en mercancías han producido (o se han combinado de maneras que nadie ha estudiado sistemáticamente) una nueva naturaleza, una "segunda naturaleza" espe cíficamente capitalista. Esto incluye la "división de la naturaleza" entre medios y objetos de producción y de consumo. Al igual que antes el mercado de la tierra, la naturaleza ha sido capitalizada y sometida a la disciplina del mercado financiero Lagos, costas marinas, bosques, sistemas biológicos y demás son "activos"; a falta de "precios reales"; un creciente ejército de economistas, ecólogos, ingenieros, calcu lan los "precios atribuidos" del aire limpio, el agua fresca, hasta ecosistemas com

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pletos, que se convierten en parte del "portafolio de inversiones" de una región o de un país. Aún más, la naturaleza real se hace a imagen del capital, por ejemplo a través de la bioingeniería, los bosques para fábricas y demás. Esta reconstrucción de la naturaleza y de sus representaciones hubiese parecido inimaginable antes de que la vida social y cultural fuese convertida en mercancía (que es asimismo un proceso en marcha, que se inició verdaderamente después de la segunda guerra mundial). Donald Worster explica el paso de la historia política a la social y a la ambiental en términos del descubrimiento, por parte del historiador, de "fuerzas fundamentales que funcionan a lo largo del tiempo". 15 En su esquema se ve primero a los hombres poderosos como si controlaran la historia; después se revelan "capas ocultas de clase, género, raza y casta"; por último, es la "tierra misma [la que actúa] como agente y presencia en la historia". Esta descripción parece ignorar el hecho de que hay un nuevo objeto de estudio histórico: una naturaleza y una crisis ambiental específicamente capitalistas. El esquema de Worster parece asumir que el capitalismo como tal permanece sin cambios mientras la escritura de la historia sigue una ley del progreso, por la cual los historiadores, con el tiempo, descubren fuerzas cada vez más profundas que causan el cambio histórico. Estas fuerzas —la política y el liderazgo político, las luchas de clase y sociales, y "la economía de la naturaleza"— siguen sin verse como problemas en términos de los cambios del capitalismo mismo. Worster señala incisivamente que los historiadores solían estar confinados dentro de las perspectivas nacionales, creando obstáculos a la historia ambiental, que se desborda por encima de las fronteras regionales, nacionales y continentales. 14 Esto sugiere que la globalización del capital es un determinante primordial tanto del cambio y los movimientos ambientales como de las nuevas preocupaciones de los historiadores del ambiente. Sin embargo, aunque Worster escribe en otro texto sobre los efectos ambientales de la agricultura capitalista (por ejemplo el monocultivo, la dependencia de los combustibles fósiles y las sustancias químicas), en este fragmento parece ignorar el desarrollo de la naturaleza capitalista. De esta manera, explica la aparición de la historia ambiental en términos de los movimientos ambientales de los sesenta, con su apego a "la evaluación y la reforma cultural" y al "propósito moral". 15 No se encuentra ninguna autorreflexión ni descripción de la

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13 ibid. 14 Ibid. Stephen Dovers explica la aparición de la historia ambiental en términos de la "creciente preocupación por la sustentabilidad ecológica de las sociedades humanas modernas" ("Sustainability asid `pragmatic' environmental history: A note from Australia", Environmental History Revino, 3, otoño d 1994, p. 22). Esta explicación, que omite el desarrollo de una naturaleza específicamente capitalista, lle va a Dovers a una visión "pragmática" de la historia ambiental. "Ésta es una historia que [...1 hace un contribución positiva y práctica al manejo ambiental y a la búsqueda de sustentabilidad ecológica" (ibid., p. 21). Ese tipo de enfoque elimina el contenido profundamente crítico de la buena historia ambiental, y hace de la disciplina una sirvienta de la racionalización capitalista. 15 Ibid, p. 290.

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historia ambiental como parte del movimiento ambientalista (a lo cual se debe el razonamiento circular de cualquiera que trate de explicar el primero en términos del último). Tampoco hay ninguna descripción dialéctica del desarrollo de la naturaleza capitalista y el origen de los movimientos ambientales y sociales, ubicados en el contexto de los problemas de la nueva economía global desde los sesenta y hasta los noventa. Por qué ciertas tierras, recursos minerales, corrientes de agua y demás se dedican a la fabricación de productos petroquímicos, de papel y de pulpa, equipo de alta tecnología y otras manufacturas que producen mercancías utilizadas para producir otras mercancías; por qué otras tierras y recursos se emplean para producir bienes de consumo, y por qué las reglamentaciones ambientales son más liberales o más diffciles de poner en práctica en las industrias de bienes de capital; por qué los movimientos ambientales se concentran en determinadas industrias y patrones de consumo y desperdicio; cómo y por qué el capital financiero ha tenido efectos devastadores en la naturaleza; por qué está creciendo el tamaño de la granja promedio... las respuestas a estas preguntas y a una multitud de otras relacionadas presupone una teoría de la acumulación capitalista de tipo marxista. Cuando adoptan métodos político-económicos, político-sociológicos y sociológico-económicos, los historiadores del ambiente están descubriendo no sólo cuál es la segunda naturaleza del capitalismo, sino también cómo y cuándo se constituyó. Están haciendo conscientes a las clases económicas y políticas (y en general a las clases letradas) de los cómos y porqués de los impactos materiales de sus propias revoluciones económicas, políticas y sociales sobre el ambiente, con lo cual se crea una base esencial para los movimientos de resistencia verde, los movimientos por la justicia ambiental y otros movimientos sociales preocupados por la "naturaleza como el conjunto de los seres humanos". 16 16 Ignoro aquí el importante tema de la ciencia ecológica, de la cual depende la historia ecológica y que, a su vez, es influida y modificada por ésta. Soy de la opinión de que la ciencia ecológica es la culminación de la ciencia previa, tal como la historia ambiental es la culminación de la escritura histórica previa, en el sentido de que la ecología es la ciencia que tiene que combinar el individualismo o el atomismo metodológico con el holismo o el organicismo en todos los niveles de análisis científico, y que también debe abarcar más niveles de análisis que otras ciencias, que están restringidas por un nivel analítico particular y especificado. Otras ciencias también pueden ser dialécticas, pero lo son dentro de parámetros más restringidos que la ciencia ecológica, que puede ser la única verdadera ciencia dialéctica. Atan Rudy escribe acerca de la descripción previa: lo que se pierde es la historia de la 'historia natural', cómo la 'ciencia' era el estudio de la 'economía de la naturaleza' y la 'historia de la naturaleza'. Ésta se remonta a Gilbert White y Lineo en el siglo )(vi% y se vuelve parte integral del colonialismo a medida que los 'naturalistas' (Humboldt, Darwin, etc.) exploraban la historia natural, la diversidad de las especies, la evolución y las relaciones ideológicas importantes para la misión y las visiones imperiales de Europa. Como lo ponen en claro Nature's economy de Worster, Ftrst the seed, de Rloppenberg, The fase of the forra, de Hecht y Cockburn, y Ecological imperialism de Crosby, el colonialismo y la exploración tenían tanto que ver con la apropiación ecoagrícola como con la explotación e industrialización mercantil e industrial del globo. Los procesos de historia política, económica y social están escritos, o inscritos, en el lenguaje de la historia natural... incluyendo la historia natural de la clase, el género, la superioridad/inferioridad racial y social" (comunicación personal, octubre de 1995).

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n síntesis, de acuerdo con la descripción convencional, cuando nuevas luchas iales refuerzan asuntos hasta entonces reprimidos o invisibles para que se ason a la superficie de la conciencia social o pública, aparecen nuevos tipos de ritura histórica. De esta manera, la historia de abajo para arriba es vista como ejo de la creciente democratización de la sociedad democrática liberal. Y es verque hay una estrecha correlación entre las revoluciones burguesas y la historia ítica, los conflictos económicos y la historia económica, las luchas sociales y culles y la historia social y cultural, así como entre las luchas ambientales y la hisa ambiental. 17 Por repetirlo, el problema con esta descripción de historias suceamente nuevas, incluyendo la tendencia general de la escritura histórica de jo hacia arriba, es que aquéllas (así como la misma perspectiva de abajo hacia ba) son parte de esos respectivos conflictos sociales. Así, la narración estándar, ien tiene la enorme virtud de vincular nuevas historiografías con luchas histós, y por consiguiente de desbancar los mitos simples de progreso, el consenso ial y demás, de hecho explica poco. La explicación profunda tanto de las has sociales como de la parte que las constituye y que se denomina historiofía radica en la lógica de desarrollo del capitalismo, es decir en los cambios en structura de la sociedad, a medida que se van revolucionando o volviéndose s específicamente capitalistas la política, la economía, la vida social y cultural y mbiente.

ARROLLO DESIGUAL Y COMBINADO

recimiento del capitalismo es un proceso de desarrollo desigual y combinado structuras y procesos políticos, económicos, sociales y ambientales. La Revolun haitiana fue construida políticamente, en parte, como culminación lógica de evolución francesa, al menos tal como se la representa en Black Jacobins. La nstitución de Estados Unidos fue copiada, durante el siglo xtx, por muchos paílatinoamericanos. La primera Revolución industrial en Gran Bretaña no se ndió de manera uniforme por todo el globo; fue obstaculizada por el coloniao y el neocolonialismo (y por el "subdesarrollo") en el Sur. En la actualidad los tros más intensos de yrogramación de software pueden estar en la India, no en con Valley, y en Los Angeles, la metrópolis capitalista más avanzada, se pueden ontrar formas primitivas de trabajo asalariado. También la sociedad y la cultuapitalistas se desarrollaron de manera desigual. En gran parte del Sur las estrucJay Moore escribe: "El populismo y el progresivismo 'producen' una historia económica al estilo harles Beard; las luchas sindicales de la época de la depresión y el socialismo 'producen' la histoel trabajo; el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, y los sesenta, 'produce' E...] reses políticos y profesionales en los nuevos movimientos sociales, que se manifiestan como histoprimero sociales, luego culturales y ahora ambientales" (comunicación personal, junio de 1995). 7

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turas de clase capitalistas están llegando tarde. La cultura pop norteamericana e una mercancía universal, tal vez la única. Viejas creencias y prácticas espirituale que se esperaba se borraran con el modernismo reaparecen bajo formas nuevas en Tokio, Miami, El Cairo y otras ciudades y regiones. Por las mismas razones que el desarrollo de la escritura histórica no es simple y lineal sino complejo y dialéctico, los historiadores no abandonaron la historia polí tica con la aparición de la economía industrial capitalista. La historia política dio nuevos giros con el desarrollo del capital y el trabajo asalariado, la política plura lista de la democracia liberal, las rivalidades imperialistas entre potencias industriales, la reglamentación estatal, los sistemas de bienestar, las burocracias públicas la ley administrativa y demás. Tampoco la historia económica desapareció con la aparición de la sociedad y la cultura capitalistas. Su alcance se amplió para incluir la segunda y la tercera revolución industriales (la era de electricidad, la era de la electrónica), las ventas masivas y el consumo masivo, la revolución keynesiana en política económica, y así sucesivamente. Y los historiadores sociales y culturales han ensanchado su método y su visión con la creación de una naturaleza específicamente capitalista, que da cuenta (entre otras cosas) de nuevas interpretaciones y significados de lo silvestre, del conservacionismo y el preservacionismo, los paisajes culturales urbanos y demás. Hay (y siempre habrá) continuidad en el cambio tanto de la "historia real" ("hechos reales") como de la escritura histórica. El desarrollo desigual y combinado significa que cada tipo de escritura histórica tiene que volver a trabajarse a la luz del alcance y el método de los nuevos tipos que aparecen más tarde: la historia política a la luz de la historia económica, social y ambiental; la historia económica a la luz de la historia social y ambiental (así como de la historia política revisada); 1

y económica revisada). Self-rule: A cultural history of Arnerican dernocracy, de Rober Wiebe, que interpreta la democracia de Estados Unidos (entre otras cosas) como la forma en que los blancos forjaron la solidaridad, depende de las percepciones de la historia cultural. Lo mismo ocurre con la obra del historiador de la economía Eric Hobsbawm, quien aporta a su disciplina una comprensión profunda de la sociedad y la cultura capitalistas que no se encuentra en la mayoría de las historias económicas previas. (Y a la inversa, la mayoría de los historiadores le han dado más peso al "factor económico" en la historia desde la aparición de El capital de Marx.)

18 En una ocasión Geoffrey Elton dijo: "Cuando me encuentro con un historiador que no puede pensar que ha habido grandes hombres, sobre todo grandes hombres en política, siento que estoy en presencia de un mal historiador." El hecho de que los historiadores de la actualidad suelan ignorar a los "grandes hombres" indica lo lejos que ha llegado la escritura histórica, y cuánto depende de la ciencia social. Los historiadores no han encontrado todavía una manera de incorporar a los "grandes hombres" en sus historias económicas, sociales, culturales y ambientales. ¿Cuánta importancia tuvo real. mente John Muir en la evo turón dfaMbientalvsmoo O dé manera alternativa, ¿cómo interfiere el reciente destronamiento de la vida personal de Mao con una evaluación clara de la Revolución china?

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La importancia del consumismo inglés durante la Revolución industrial acaba de salir a la luz debido al desarrollo de métodos históricos sociales y culturales. La historia económica, definida en otro tiempo de manera estrecha (por ejemplo en The industrial revolution, de T. S. Ashton), es enriquecida hoy no sólo por la historia cultural sino también por la historia ambiental. Sólo desde hace muy poco existe,una historia de la máquina de vapor de Watt, económicamente eficiente pero ecológicamente destructiva. ( ¡Tuvimos que esperar dos siglos para descubrir lo que ya era obvio en esa época para la gente de Lancashire!) Asimismo, los historiadores contemporáneos del ambiente han comenzado a reescribir la historia de la transición del feudalismo al capitalismo en Europa. Han destacado el papel de la degradación ecológica, descuidado hasta entonces, han revisado la versión estándar de la industrialización y el rápido crecimiento económico en Occidente (haciendo énfasis en el total desinterés del capital por las extemalidades negativas o los costos sociales), y señalado las antinomias del desarrollo de la sociedad y la cultura capitalistas (con la introducción de temas al estilo de los de Polanyi en las historiografías marxistas convencionales). De esta forma, la escritura de la historia tiende a cambiar de dirección con el despliegue dialéctico de nuevas "etapas" del desarrollo capitalista. Pero es también un proceso acumulativo, que en el mejor de los casos incorpora y descarta historias anteriores. La historia política actual incorpora no sólo la historia de la reforma y la revolución política de la burguesía, hace dos o tres siglos, sino también los cambios políticos resultantes de la creciente hegemonía del mercado capitalista, la nueva política simbólica asociada con el surgimiento de la cultura capitalista y la política del ambientalismo. La historia económica, social/cultural y ambiental tiende a seguir una senda similar. De hecho, "completa" la historia política, económica, y social/cultural, por ejemplo, cuando extiende la historia económica para incluir las luchas por los recursos ambientales, y cuando radicaliza la historia cultural para tomar en cuenta las luchas por las representaciones de la tierra y el espacio, los mapas mentales y cosas afines Cada tipo de historia se alimenta tanto de su propio desarrollo previo como de esos campos "rivales", y la historia ambiental está en la cúspide de la cadena alimentaria. Cada tipo se reescribe, además, en concordancia con los problemas prácticos políticos, económicos y sociales (así como con las ideas y fuerzas sociales dominantes) de su momento. Un ejemplo: la importancia que tuvieron para el desarrollo capitalista los cambios legales del siglo xvm, que establecieron derechos de propiedad definidos sobre la tierra y las invenciones, fueron ignorados o subestimados durante largo tiempo. Si bien pocos de sus contemporáneos podían prever la significación económica de estas leyes en el momento en que fueron promulgadas, hoy se está revisando y actualizando su importancia a la luz del problema del capitalismo global para establecer leyes que rigen los derechos de propiedad, el comercio y demás en los países ex socialistas, así como en las "economías de mercado emergentes" del Sur. Idealmente existe una acumulación de escritura de la historia, basada en un

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roceso de agregación y negación, paralelo a la acumulación de capital y a su desliegue como un orden político-econórhico-sociológico-físico/biológico global. ada campo de la historia, también idealmente, se vuelve más rico y más comple, más trans e interdisciplinario. A medida que escribir historia se va volviendo cada vez más exigente, los histoiadores tienden a especializarse más en términos de periodos o temas particulaes. Esto corre paralelo con la creciente especialización de la política, la economía, a cultura y los usos de la naturaleza dentro del capitalismo. Cualquiera que haya stado en una de las reuniones anuales de la American Historical Association (u tras organizaciones regionales y temáticas de historiadores) sabe que en la actuaidad la mayor parte de la redacción histórica llega sólo hasta ahí. La acumulación e conocimiento especializado en manos de expertos en este o aquel periodo o ema es verdaderamente impresionante. Por un lado, el historiador con más oficio entro de su especialidad muestra más enfoques metodológicos de niveles múltiles y una comprensión más profunda de los "hechos reales", que el historiador artografía e interpreta. Dos generaciones atrás Blackfacobins, de C. L. R. James, y apitalism and slavery, de Eric Williams, aunque abrieron nuevas sendas, no interretaron —ni podían hacerlo— ciertos temas culturales y ecológicos que ahora on de curso corriente en historia cultural y ecológica. Una comparación útil y eveladora es la obra maestra de Dale Thomas, Slavery in the circuit of sugar, consruida sobre el modelo de una de esas muñecas rusas que tienen dentro otras uñecas concéntricas, para ocuparse de temas políticos, económicos y ociales/culturales (lo cual también integra, implícitamente, la geografía y la natualeza). Las obras maestras de la Revolución francesa escritas en el siglo xix no se cupaban —ni podían hacerlo— de ciertos temas culturales y ambientales (y hasa económicos) que multitud de estudios menores han incorporado a su narrativa n las últimas dos o tres décadas. Los historiadores del ambiente se están abocano a descodificar las dimensiones ecológicas del pensamiento político y cultural de ashington, Jefferson y Tom Paine, entre otras figuras, y su importancia para la evolución norteamericana. En síntesis, hay continuidad en el cambio puesto que cada tipo de historia incorpora (y muchas veces niega) escrituras históricas previas, pero también hay cambio en la continuidad porque los "hechos reales" se alteran de manera tan drástica con el despliegue de las estructuras de la economía, la sociedad y la cultura, y la naturaleza del capitalismo. La economía capitalista amplió el alcance de la historia política; la sociedad capitalista extendió los límites de la historia económica (y política); la naturaleza capitalista está revolucionando la historia social (y también política y económica) •19 La mayor parte de los escritos importantes de Marx se centraron en política y economía. En la primera mitad del siglo xx hicieron su aparición dentro del marxismo (Littacq, teoría crítica) temas específicamente culturales. Hoy los temas ambientales son una parte clave de lo que sigue vivo en el pensamiento marxista (la escuela ecomancista). En el siglo xix la historia política no había desarrolla-

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ES LA HISTORIA AMBIENTAL?

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desarrollo desigual tanto de la historia como de su escritura sugiere que los s políticos, económicos, culturales y ambientales pueden aparecer "antes de mpo", por decirlo así. En la época capitalista la historia política y legal precel periodo de revoluciones políticas burguesas, y la historia económica fue ntada antes de la Revolución industrial. Las historias culturales aparecieron nte el Renacimiento, y en muchas obras históricas figuraban temas ambientates de la "era del ambiente". n embargo, estas historias son anomalías, en el sentido de que habitualmente eron parte ni resultaron integrales para la secuencia de los cuatro tipos de tura histórica señalados más arriba. La principal inspiración para los grandes os político/legales de hace dos o tres siglos fue la transición de finales del feumo al capitalismo industrial temprano, por ejemplo el problema del gobierno era del absolutismo. La historia económica de los dos últimos siglos le debe a las descripciones contemporáneas de la economía agrícola y el mercantilismucho a la Revolución industrial y sus secuelas. Las historias de la alta culturante el periodo moderno temprano (c. 1500-1800) casi no dejaron huella en derna historia social y cultural, que representa al mundo "de abajo para arrior último, los temas ambientales, desde el siglo xvm y hasta las primeras décael xx, tenían más que ver con preocupaciones políticas y económicas que con uraleza en sí misma. The coal question, de Stanley Jevon, publicado en 1865, anaa la minería del carbón por su importancia para la industria y el imperio britá, no por su impacto ecológico. ando los historiadores introducían temas políticos, económicos, sociales/ rales y ambientales "antes de su tiempo", funcionaban más como telón de o o escenografía que como procesos o agentes históricos autónomos o utónomos. Estos temas solían aparecer en forma pasiva, no activa. En cierto ento la política se veía como el escenario en el cual Grandes Hombres actuau destino, y en consecuencia no tanto como un proceso de conflicto y comiso, revolución y reforma. Las primeras historias económicas no representani podían hacerlo— el dinamismo inherente al capitalismo industrial ro, que no adoptó su cualidad autónoma, casi natural, hasta el siglo xix, desde la Revolución industrial en Gran Bretaña. Las primeras historias de la alta

teorías contrapuestas del estado capitalista que ahora son de uso común en los textos marxisre todo debido al bajo coeficiente de desarrollo de las clases y la sociedad capitalistas hace más s un siglo. La historia económica descuidó, por la misma razón, el tema del consumo y el cono, y casi no puede decirse que existiese la historia ambiental. Hoy, a medida que los temas culy ambientales están adquiriendo rápidamente más importancia dentro del marxismo, los temas icos ("la lógica del capital") son vistos por muchos como simples subtextos (un error en una en la que la economía mundial está simulando el modelo de economía expuesto en El capital). ace poco, en las lecturas más importantes de El capital fue descuidado el capítulo titulado "Coon"; hoy el estudio de formas culturales de cooperación y su importancia para el lugar de trabaomo de los sistemas ecológicos ("la cooperación de la naturaleza") y su papel esencial en la pron, es emprendido por más especialistas de la tradición marxista y otras escuelas críticas.

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cultura reducían la autonomía de la cultura, que ahora es uno de los "diez ma damientos" de los estudios culturales, debido a que la producción de cultur dependía en gran medida de la Iglesia y de la Corona. Las primeras historia ambientales daban por supuesta la naturaleza como un telón de fondo determ nante, no como algo dialécticamente interrelacionado con la producción, la di tribución, el intercambio y el consumo humanos. The signficance of the frontier American history (1893), de Frederick Jackson Turner, y American histary and its ge graphk traditions, de Ellen Churchill Semple (1903), se concentraban más en influencia del clima y el terreno sobre la vivienda humana que viceversa. History geographic perspective: The other France, de Edward Fox, es una historia política pr fundamente influida por la geografía, pero que guarda absoluto silencio sobre lo temas ambientales en sí mismos. Marc Bloch (en French rural histary) hace énfa en el papel de la geografía como determinante de formas de producción desd finales de la Edad Media hasta la Revolución francesa, sin perder de vista la impo tancia de las relaciones de producción y poder ("la geografía limita el tipo d ambiente que [la gente] crea"), y Fernand Braudel defendió el "posibilismo", pas importante para llegar a darle a la naturaleza su verdadero papel como sujeto act vo. "La naturaleza como sujeto" ha fructificado en una cantidad de obras recie tes, por ejemplo A plague of sheep: Environmental consequences of the conquest of Mex co, de Elinor G. K. Melville, que incorpora biología e historia, economía y polític así como elementos de historia cultural. 20

CONCLUSIÓN

El posmodernismo tiene una importante lección que transmitirnos. Escribir hist ria es una narración. El "contenido de la forma" es, en parte, la forma del rela mismo. Dados los materiales necesarios, los historiadores pueden tejer muchas cl ses de narraciones acerca de cualquier "hecho real" histórico. Pero así como h una cierta lógica inherente en toda forma de relato, hay también una lógica inh rente en la historia del desarrollo capitalista. Se trata desde luego de un cuen inconcluso, y que es muy distinto según lo narre un financiero, un agitador sind cal, un enfermo de sida o un inmigrante recién llegado de Camboya. Sobre tod en Estados Unidos, el país más multicultural del mundo, puede haber tantas hi torias como personas. No obstante, cada narración norteamericana, si es más menos plausible, refleja o encarna la "lógica profunda" de la acumulación y el des

213 El 'determinismo ambientar de la geografía del siglo xix y principios del xx dejó en gran me da de lado a la naturaleza como 'actor" autónomo. Las nuevas historias ambientales han reintrodu do la naturaleza como una fuerza autonoma, sin volver a caer en la vieja visión del dese ' sis ambiental.

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¿QUÉ ES LA HISTORIA AMBIENTAL?

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rrollo capitalista, y en muchos casos personifica uno u otro tipo especial de capital. Basta pensar en las obras de William Appleman Williams, Gabriel Kolko y Joyce Kolko, entre muchos otros. Sin embargo, no hay ninguna historia totalizadora, excepto en forma de todas las historias pertinentes vistas como una totalidad. Nature's metropolis, de William Cronon, cuenta el relato de Chicago y su zona de influencia hasta la Gran Exposición; una historia totalizadora incluiría otras obras sobre Nueva York, Saint Louis y el Oeste durante el mismo periodo; la historia de Chicago no es más que un "momento" de la historia del capitalismo norteamericano en general y de las ciudades estadunidenses en particular. "Todo depende de todo lo demás" tendría que ser un lugar tan común en historia como lo es en ecología. La historia ambiental puede entenderse plausiblemente en términos del desarrollo del capitalismo y de sus revoluciones políticas, económicas, sociales/culturales y ambientales... y también de la escritura histórica política, económica, social/cultural y ambiental. En este sentido, la historia ambiental es la culminación (o más modestamente el eslabón perdido) de toda la escritura histórica de la época capitalista.21 Pero también es verdad que así como los historiadores políticos, económicos y sociales/culturales ignoran la ciencia política, la economía y la sociologia, así como los estudios culturales, respectivamente, bajo su propio riesgo, también los historiadores ambientales descuidan no sólo las ciencias ecológicas sino asimismo las ciencias sociales bajo su propio riesgo. La lectura de algunos de los principales historiadores ambientales de la actualidad —Donald Worster, Richard White, Carolyn Merchant, William Cronon, Stephen Pyne— indica que la historia ambiental se está impregnando más de historia política, económica y social/cultural, de estudios políticos, económicos, sociológicos y culturales, y de ciencia ecológica. La historia ambiental se está asentando sobre bases más científicas, y por consiguiente se está volviendo más radicalizada. Así como Marx desdeñó la historia política y económica, la teoría política y la económica, y como generaciones de marxistas han tratado de negar la economía política y la historia social/cultural, los historiadores del ambiente están incorporando y negando los tres tipos principales de historia y de ciencias humanas previas. No se trata tanto de que estén parados en hombros de los historiadores políticos, económicos y sociales del pasado (aunque de hecho lo están). Más radicalmente, la historia ambiental está resultando ser historia política, económica y social... más amplia, más profunda, más incluyente. En este sentido la historia ambiental es la culminación lógica de toda la historiografía que ha existido hasta la fecha. Para cerrar el círculo, se puede tener la certeza de que la historia ambiental será reinterpretada, y hasta revolucionada, por futuras generaciones de historiadores, a la luz de nuevos problemas, técnicas, fuentes y demás, pero también de las revolu21 Robert Young ("Biography: The basic discipline for human sciences", Free Assmialiom,s, 11, 19/38) afirma algo similar con respecto a la geografía (y gran parte de la historia ambiental es biografía de un lugar, una región, un recurso).

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en la historia política, económica y social misma, a todas las cuales está conendo la historia ambiental. Ésta se está negando y reconstituyendo constante a sí misma, a medida que niega los otros tres tipos de historia, que a su vez an con los avances de la historia ambiental y la historia ecológica. En la medique puede entenderse este proceso de negación y omisión, es muy imporque los historiadores ambientales traten de comprenderlo. Si finalmente a el capital global, y si las futuras generaciones ven la naturaleza mera o sivamente como "capital natural" (y a los seres humanos como "capital humala comunidad como "capital comunitario"), la historia ambiental resultará historia pura y simple de la naturaleza capitalista. Los movimientos de resisse desvanecerán y serán minimizados u olvidados por los historiadores. El o será una historia de la creciente dependencia de la tecnología y de su cosión, y la tecnología sustituirá a otras relaciones sociales humanas mediadas por laciones con la naturaleza... y viceversa. Si realmente salen victoriosos (¿algo improbable?, ¿una evidente posibilidad?) los verdes, los verdes rojos, los rojos s, las feministas, los pueblos indígenas, las minorías oprimidas, los trabajadoel "ambientalismo de los pobres", que luchan contra el capital global, la hisambiental del futuro será muy diferente. El remate, desde luego, es que el o será el futuro del capital puro y simple, o no, en parte de acuerdo con la a en que los historiadores ambientales (de hecho todos los historiadores) rendan y practiquen su arte. Cuanto más sea vista la naturaleza (modificada os humanos) como la historia del trabajo, la propiedad, la explotación y la social, mayores serán las probabilidades de un futuro sustentable, equitativo ialmente justo.

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S MANERAS DE OBSERVAR LA HISTORIA ECOLÓGICA S PAISAJES CULTURALES DE LA BAHÍA DE MONTEREY

ODUCCIÓN

imera vista, los cañones al norte de la bahía de Monterey se ven tan fracturatan aislados del litoral oriental y meridional de la bahía, que sugieren que la ogía de la región tiene que haber configurado su rica historia cultural. Una da al sureste desde la altura de la montaña Ben Lomond, hacia la vastedad de anuras fluviales de los ríos Pájaro y Salinas, completamente planas, y a la colie granito que se conoce como península de Monterey, parece confirmar esta ión. "La naturaleza hace a la cultura" sería una síntesis de esta sensación.' n embargo hay otra evaluación, basada en el hecho histórico de que muchas uras diferentes han sido transplantadas a la región de la bahía de Monterey: la historia, incluyendo la historia ecológica, es de alguna manera importante roducto cultural. "La cultura hace a la naturaleza", en la medida en que la tiea sido configurada por manos humanas, sería la síntesis de esta opinión. 2 Quieroanlzstdvie,yaqucrosnóeatlcmosfir-

e manera acrítica. La razón es que ambas dejan de lado el concepto clave para terpretación de los paisajes (sistemas ecológicos, espacios ambientales, signifis espaciales y mapas mentales, ambientes construidos), a saber, la actividad rial de los seres humanos. Era común cierta unidad entre la cultura, el traba-

arvin Harris, Cultural materialism: The struggle for a science of cultura, Nueva York, Random House, "La naturaleza hace a la cultura" es una sobresimplificación deliberada de la teoría de la historia rris, pero capta algo de la esencia de su método aplicado a momentos y lugares específicos. Por lo, Harris explica el desarrollo de la agricultura en términos de cambios climatológicos locales y ultante "agotamiento o extinción de la megafauna del Pleistoceno, que fue la especie de caza predurante decenas de miles de años" (p. 87).Y en otro lado, "el desarrollo del capitalismo en Euroede verse, en gran medida, como una respuesta al agotamiento de recursos sobre el cual se había o el modo de producción feudal europeo" (p. 111). arris (ibid., cap. 9) hace una revisión crítica de las que denomina estrategias "idealistas culturaara explicar la causalidad histórica. Por ejemplo, "Un popular conjunto de teorías psicologistas de sación sociocultural arranca del supuesto de que cada sociedad tiene un carácter nacional, una nalidad modal o alguna otra gama de tipos de personalidad [...] El conflicto estratégico entre los pólogos psicologistas y los materialistas culturales [Harris mismo] surge cuando [los primeros] n incluir la infraestructura ética en la cadena causal responsable de los complejos de personalicuando van aún más allá y proponen que los cambios estructurales e infraestructurales están preminados por la existencia de determinado tipo de personalidad modal o básica o de un carácter al" (pp. 259-260).

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jo y la naturaleza de las sociedades pre y semicapitalistas de la bahía de Montere (incluyendo asentamientos de indios costeños, españoles y mexicanos; antiguo migrantes del norte de Europa; yugoslavos, italianos, chinos y japoneses. S embargo, en las sociedades capitalistas, entre ellas la sociedad actual de la bahía d Monterey, el capital y el trabajo asalariado, la tecnología, las finanzas, la comp tencia y el mercado mundial, median y transforman al mismo tiempo la natural za y la cultura, lo cual, a su vez, en ocasiones permite y otras restringe la activida humana. Puesto que ciertas visiones políticas, incluyendo las visiones del futuro, asocian a veces con un determinismo tanto ambiental como cultural —biorregio nalismo verde y todo el arcoiris político del multiculturalismo, respectivamente— también quiero mencionar esas visiones y políticas con el propósito de ofrecer u manera alternativa de pensar en torno a la región de la bahía de Monterey y su futuros posibles.

¿LA NATURALEZA HACE A LA CULTURA?

La topografia y la ecología de la bahía de Monterey son únicas. La región de bahía es una tierra fronteriza entre el norte y el sur de California, lugar en el cu las secuoias y las palmeras se rozan en una misma calle. El condado de North San Cruz incluye la planicie fluvial del río San Lorenzo ("el centro" en términos cult rales); seis o siete terrazas marinas, cada una de ellas menos precisa que la más jov que está debajo; algunas corrientes de agua que llegan directamente al océano e la costa norte, otras que desaguan en los cañones atravesados por el río San Loren zo y las cañadas Soquel y Aptos, y docenas de barrancos que contienen arroyos y cu sos de agua más pequeños. Hacia el sureste hay llanuras fluviales creadas por los rí Pájaro y Salinas; hace un siglo y medio estaban cubiertas de pantanos y lagos, co acuíferos al parecer ilimitados, que ahora se dedican a la agricultura. Castroville llama a sí misma la "capital mundial de la alcachofa"; Gilroy es famoso por su fes val del ajo; la cosecha más valiosa de Watsonville son las fresas; Salinas es el cent de la "ensaladera" de California. Hacia el sur están las grandes dunas de arena Se aside y la costa meridional de la península de Monterey, donde estructuras d adobe restauradas, el muelle de pescadores, y las antiguas enlatadoras de pescad atraen a los turistas que buscan aspirar el aroma de los viejos tiempos idos. 3 No hace falta ser cartógrafo profesional para observar que Santa Cruz, la ciud dominada por los yanquis* ubicada en el extremo de la bahía de Monterey, es

3 Martha K. Norkunas, The frolitics ofpublic oiernory: Tourism, history, and ethnicity in Monterey, Californ Albany, State University of New York Press, 1993. *El autor usa "yanquis" en su sentido angloamericano para designar a las personas de origen sa residentes en el noreste de Estados Unidos.

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TRES MANERAS DE OBSERVAR LA BAHÍA DE MONTEREY

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bastante alejada de lo que los primeros europeos de la Nueva España veían como la ruta natural norte-sur que conectaba las misiones de California, los templos del imperialismo español. Los españoles pasaban de largo por Santa Cruz en sus viajes hacia el norte y el sur de California en busca de conversos a Dios y al dinero, y más bien seguían una ruta río abajo el Salinas o el Pájaro, y doblaban después hacia el este, a San José, o rumbo al norte, a San Francisco y Sonoma. 4 La peculiar geografía de la bahía de Monterey, sus importantes llanuras aluviales y sus variaciones climáticas suelen mencionarse como las razones por las cuales Monterey, el presidio español en la base de la bahía, llegó a ser el puesto español remoto más importante del imperialismo español en el norte de California, y por qué Santa Cruz, en el extremo de la bahía, quedó relativamente aislado, y durante dos siglos atrajo más que nada a esas almas que deseaban escapar del bullicio de la ciudad o de la pobreza del viejo mundo o de Asia, y emprender una nueva vida. El escapismo ha sido valorado desde hace bastante más de un siglo por la industria turística, de gran nivel en Monterey, de poco nivel en Santa Cruz (el turismo es el negocio más rentable de la región en la actualidad, sólo superado por la agricultura). También puede ocurrir que el aislamiento de Santa Cruz hiciese más fácil que los primeros capitalistas yanquis y alemanes de mediados y fines del siglo xix explotasen los abundantes recursos de las montañas Santa Cruz y de la orilla norte de la bahía, más o menos a resguardo del escrutinio público y las reglamentaciones estatales. Se ha dicho que el aislamiento de la misión de Santa Cruz, comparada por ejemplo con la de Carmel (cerca del presidio de Monterey), explica la relativa autonomía que obtuvo la primera durante el periodo del asentamiento español. Es indiscutible que el desarrollo general de Santa Cruz se vio retrasado porque el primer ferrocarril que atravesó California de norte a sur esquivó esta ciudad. Sólo el genio comercial y la voracidad de un inmigrante alemán, Frederick Hihn (que a finales del siglo xlx controlaba más negocios que cualquier otra persona de la región), quien construyó el primer ferrocarril Santa Cruz-Watsonville, integró mejor a Santa Cruz con la máquina de fabricar dinero del capitalismo inicial de 4 Aquí y en algunos otros puntos de este capítulo me baso en notas tomadas en el curso de historia local impartido por Sandy Lyons en el Cabrillo College, y también en su conferencia pública sobre la imposibilidad de separar la "historia natural y la cultural" (Louden Nelson Community Center, Santa Cruz, 20 de septiembre de 1994). La tesis del "aislamiento" es una de las favoritas de Sandy Lydon pero .es refutada por otros, como el autor local Geoffrey Dunn: "Creo que Lydon le da excesiva importancia al 'aislamiento' de Santa Cruz durante el siglo xlx. Aunque sin duda no era el centro del universo, Santa Cruz estaba intrínsecamente vinculado con la economía política de España y México y, más tarde, con la expansión de Estados Unidos hacia el oeste. Villa de Branciforte (ubicada al otro lado del río, frente a la misión de Santa Cruz) fue seleccionada para ser uno de los tres primeros pueblos de California; los registros eclesiásticos indican que había una interacción regular entre Santa Cruz y las misiones de Carmel y Santa Clara, así como con las comunidades seculares de Monterey y de San José (...] Los cerros son altos, la bahía profunda, pero no somos una isla, ni lo hemos sido jamás', "Preliminary thoughts on the Santa Cruz Genovese fishing colony", artículo inédito, 1994.

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California. Y no fue despreciable lo que hizo, porque Santa Cruz no tiene una bahía natural, y sin embargo recibió el don de una multitud de recursos explotables. Entre ellos había energía hidráulica, bosques, piedra caliza, y agregado (grava y arena), de los que dependían las industrias de la madera, la cal, la curtiembre, los explosivos, el concreto y otras que florecieron en la región desde los años 1870 y hasta el final de la primera guerra mundial. Con su único y dificil paso por tierra que atraviesa las montañas Santa Cruz hacia San José (conocido hoy como el viejo camino de San José), y dependiente de navíos marítimos para llevar y sacar productos de la región, resulta clara la geografia económica de Santa Cruz en la época previa al ferrocarril. La principal encrucijada estaba en la intersección del camino de Soquel, la vieja ruta de San José y el camino del muelle, en el poblado de Soquel. Mercancías y personas iban del este y del oeste hacia esa encrucijada, para conectar con la diligencia que salía hacia San José, o para ir por mar a los mercados y los deleite de San Francisco. Hoy resulta difícil imaginar que ese rincón fuese un centro importante de intercambio comercial; está lleno de viviendas obreras y pequeños comercios que se inundan cuando el arroyo Soquel (uno de los que serpentean por la zona) se desborda de su cauce. Esta realidad sugiere que el determinismo geográfico pierde mucho de su poder explicativo cuando el capitalismo se apodera del control de la tierra. No obstante, es fácil ver lo tentador que resulta "explicar" la historia regional a través de la geograffa ffsica y el clima. Muchos lugares, por ejemplo Chalk Creek, Camp Chaparral y Cypress Point [Cañón Tiza, Campo Chaparral y Punta Ciprés, respectivamente], toman sus nombres de la geología, la fábula y la flora locales. (Pero aún más lugares, por ejemplo Camp Evers, Chinatown, Cowell Ranch, Castaovine, Clarks Camp y Crichton Gulch llevan la huella del nombre de ciertos grupos o propietarios.) 5 Es fácil creer que las terrazas marinas ofrecían buenos panoramas y, por lo tanto, viviendas elegantes; que los ríos costaneros y los cañones producen secuoias y, por lo tanto, madera y aglomerado; que los vastos macizos de una variedad de roble implican curtiembres; que el madroño y otros árboles de maderas duras dan origen a talleres de pólvora negra; que el río San Lorenzo estaba destinado a ser fuente de energía hidráulica; que centenares de arroyos y corrientes parecían mandados hacer para proveer agua potable, y que el aislamiento geográfico exigía primero uno, después un segundo, después casi un tercer ferrocarril, así como un muelle del tamaño suficiente para dar cabida a navíos oceánicos. ¿Quién puede dudar que la niebla fría atraída por el calor del valle de Salinas, y el sol cálido de la bahía, representan alcachofas, lechugas y coles de Bruselas; que las dunas de arena equivalen vidrio y cemento; las cascadas espectaculares, las playas, el clima, el mar y las montañas, a viajeros y turistas? ¿Dónde más iban a construir su presidio los españoles más que en ese promontorio de granito al que llamaron Monterey? 5 Donald Thomas Clark, Santa Cruz place names: A geographical diaionarj, Santa Cruz, Santa Cruz Historical Society, 1986.

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su forma más pura esta manera de pensar puede denominarse "determinisbiental". Esta expresión transmite la idea de que la geología y el clima ayuestorban y, por lo tanto, fijan de diversas maneras ciertas posibilidades ecoas y sociales, y que tenemos que observar primordialmente la geografía fisica región para comprender el curso fundamental de la historia local, incluyenhistoria de los sistemas ecológicos y de los paisajes modificados o construidos. famoso historiador norteamericano Frederick Jackson Turner explicó lo que opinión era una renovación de la cultura democrática en el Oeste, debido a ertura y a su distancia de los males de las ciudades del Este, divididas en claporque el Oeste estaba socialmente en la margen del país. La tesis de Turner o desacreditada desde hace mucho tiempo, pero el terreno, el clima y la sende vivir en las orillas sociales de Estados Unidos siguen estando profundae grabados en la mente de los habitantes del Oeste. En Santa Cruz los habis del lugar dicen que "van costa arriba" cuando quieren decir que manejan o al norte por la ruta 1; "abajo y rodeando la bahía" cuando van al sureste, a erey; "sobre los cerros" cuando por la ruta 17 van a trabajar a San José, y "valle " cuando manejan sus autos por las curvas que corren junto al río San Lorenla ruta 9. En Watsonville, cerca del centro de la región, los habitantes dicen an "por el paso" cuando manejan hacia el noreste por la ruta 152. En Mon"un viaje al sur" quiere decir ir costa abajo hasta Big Sur. mayoría de los que vivimos y trabajamos en la región de la bahía de Montenservamos cierta conciencia geográfica (mapas mentales de colinas, cañones, s del camino, la orilla del agua), aunque la calefacción, el aire acondicionatras modernas comodidades suelen alejamos bastante del clima y de los came estación. Sin embargo, cuando en invierno llueve demasiado, los arroyos rdan, y algunos de los que viven en cabañas veraniegas adaptadas, en los pros cañones, quedan sepultados por deslizamientos de lodo. Cuando llueve poco los jardines se resecan y los barrios empiezan a parecer un desierto. do de pronto la placa del Pacífico se mueve unos cuantos centímetros, o haso 30, se producen muertes, heridas y daños materiales en los centros urbanos ruidos en antiguos lechos de ríos. En el West Cliff Drive de Santa Cruz o en nt Piñon Light Station de Monterey, durante una tormenta invernal, el vienlluvia feroces nos obligan a recordar que hay ocasiones en las que no conos a la naturaleza; más bien lo contrario. "Nos obligan" porque, como lo reil historiador Sandy Lydon, después del choque inicial de un terremoto, un dio, una inundación, los habitantes del lugar sienten una poderosa tendenvolver a engañarse y pensar que los seres humanos ejercen una verdadera nía sobre la naturaleza. unos verdes están tan enamorados del determinismo ambiental que su so intelectual pasa de explorar el pasado y el presente a planear y modelar o futuro. Hablan de la "biorregión" de las montañas Santa Cruz o de la bahía nterey. En las reuniones públicas hablan de crear una forma de vida basada

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en los ciclos hidráulicos y la topografía, en gran medida, según dicen, como l hicieran los pueblos nativos hace tal vez diez mil años. Un hombre, que puede estar tan familiarizado con las montañas Santa Cruz como sus habitantes origina les de la edad de piedra, está cartografiando toda la serranía, preparándose par un futuro biorregional. Pero en cierto momento no podía decidir si la vertient occidental y suroccidental de las montañas, que estaban en el océano al norte d la bahía de Monterey, pertenecían o no a la biorregión. Otros se preguntan si lo ríos Pájaro y Salinas, desviados o alterados de una u otra forma más de una dece na de veces en el último siglo y medio, y sus llanuras aluviales, cubiertas ahora d frutas y verduras, puede llamarse, apropiadamente, una biorregión, o si son mera cuencas fluviales de una biorregión del norte de California, más grande y no ta bien definida. Siguen estando en pie cuestiones como de qué manera se podrí desarrollar realmente una economía y una sociedad biorregional (división del tra bajo, ciencia y tecnología, formas culturales existentes en la media luna de la bahía de Monterey), y podrían interpretarse y utilizarse los vastos "bordes" y "traslapes" entre las diversas zonas ecológicas.

¿LA CULTURA HACE A LA NATURALEZA?

Hay una segunda manera de pensar por parte de quienes desean interpretar la his toria humana y ecológica de la región de la bahía de Monterey (y presumiblement basar en esas interpretaciones su política), la opuesta a la versión naturalista esbo zada más arriba. Es la idea de que el factor determinante es (y tal vez debería ser la cultura de la región, o mejor dicho las culturas, y que la cuestión clave es cómo dejan su marca en el paisaje culturas diferentes. Nadie duda de que la bahía de Monterey tiene una rica historia cultural, tan ún ca, a su manera, como las configuraciones de la topografia y el clima de la región Los pueblos nativos que vivían en las terrazas, colinas y llanuras aluviales de l bahía construyeron complejas rutas comerciales allende la serranía de Santa Cruz hacían sus herramientas con piedra de canteras de la zona, sacaban agua de lo arroyos, recolectaban, cazaban y pescaban. Ésta fue la primera cultura —o cultu ras, porque tal vez había tantas culturas ohlone como cuencas fluviales—; toda ellas tuvieron efectos profundos en el paisaje ecológico, por ejemplo por la quem de pastizales.? La segunda fue la cultura española de las misiones. La historia of cial o eclesiástica de las misiones pretende que el impulso cultural de convertir los indios paganos a la adoración de Nuestro Salvador, de salvar sus almas, fue la fuerza decisiva que configuró no sólo la historia social sino también el paisaje 6 Malcolm Margolin, 77w Ohlone way: Indian day, 1878; Gordon, op. ciL, pp. 21-48.

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durante el periodo español. Al respecto, el principal ejemplo son los efectos de millares de cabezas de ganado traídas por los españoles que pisotearon los pastos nativos, y la consecuente introducción e invasión de pastos anuales europeos en las vastas y ondulantes praderas de los condados de Santa Cruz y Monterey. 7 Luego vino la cultura mexicana o californiana. Los artistas yanquis representaban a los hombres como una especie de nobleza vulgarizada, que se pasaban la vida montando a caballo o de fiesta,8 imitando a los caballeros de México o de la antigua España. A veces, en cuadros antiguos, se representa a las mujeres de California con hermosos rebozos y largos vestidos, sentadas, conversando a la sombra. Estas imágenes estereotipadas, como los colores de un viejo daguerrotipo, no están del todo equivocadas. Tampoco lo está la opinión de que una cultura ranchera degradada, en otros tiempos reservada a la clase dirigente española, importada a la región de la bahía a través de Nueva España, conformó de maneras importantes el paisaje social y ecológico. Una interpretación cultural de los efectos perdurables de los paisajes y ambientes construidos de la sociedad española y la mexicana es especialmente popular en Monterey, que era un centro más político que económico, y donde los edificios de adobe restaurados son hoy un imán para el turismo. Luego llegaron los yanquis —madereros, curtidores, comerciantes, jornaleros y otros—, cuya cultura era prometeica, que creían en el mito del dominio de la naturaleza, así como en la realidad del trabajo duro y la ganancia fácil. 9 Esta cultura dominó Santa Cruz y, en menor medida, Watsonville, en el corazón del valle del río Pájaro, a partir del decenio de 1850. Todavía se puede ver la mano yanqui en el centro de Santa Cruz (biorregión de la "llanura aluvial" para los verdes) donde casas Reina Ana, iglesias falso gótico y escuelas y estructuras comerciales tipo renacimiento griego compiten con edificios de oficinas art deco y renacimiento misionero. En el lado sur de la calle Union, entre lo que es hoy un centro de caridad y el desnivel que marca la primera terraza marina, las casas yanquis de finales del siglo xlx y principios del xx miran hacia el norte poca luz del sol entraba en la sala o en pp. 48-55. Richard Henry Dana describió a los "californio?' como un "pueblo orgulloso e indolente dado a los bailes lascivos". Un yanqui que había llegado antes veía en "los californios rostros torpes y suspicaces entregados al brutal goce animal... bailando y vomitando". 9 En la mitología griega Prometeo era el titán que robó el fuego del cielo para beneficio de la humanidad. Tanto el lado prometeico de la cultura yanqui como el "mítico" se captan maravillosamente en el siguiente texto: "El 7 de junio de 1905 un equipo de construcción del ferrocarril Ocean Shore encendió una mecha en Waddell Bluffs, dando inicio así a la tarea monumental de domesticar este trozo salvaje de costa. Al hacerlo, toneladas de rocas sepultaron durante cierto tiempo el camino rural que allí había. A Vid Trombo y a sus hombres les tocó la responsabilidad de mantener abierto el camino mientras avanzaba la construcción. El ferrocarril Ocean Shore fue el plan grandioso de varios acaudalados empresarios para vincular San Francisco con las zonas de esparcimiento y de negocios de Santa Cruz. El proyecto terminó por ser abandonado, en parte debido a la dificultad para superar obstáculos como Waddell Bluffs", Frank (Lud) McCrary, "The raffroad atat clidn't", en Big Creek Lamber asid Building Supplies, Waddell Bluffs: 77,0 magnsficent madi with a dramatic past, s. p. i. 7 /bid,

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los cuartos del frente. Ventanas relativamente pequeñas e interiores sombríos, elementos de una mente invernal de Nueva Inglaterra, diseñados al parecer sin pensar por un instante en el sol y la suave temperatura de la ciudad, sugieren una especie de teoría determinista cultural del paisaje construido. En ese periodo también los chinos entraron a la bahía de Monterey; eran en su mayoría varones, contratados para los trabajos más peligrosos, y que perdían los brazos y la vida mientras cavaban túneles ferroviarios y laboraban en los empleos más arriesgados de los talleres de pólvora. 10 Los chinos manejaban también las industrias del pecado: el juego, el opio, los burdeles. La religiosidad protestante les impedía a los yanquis obtener ganancias de sus paisanos, meros consumidores —no productores— de pecado. Las mujeres chinas, algunas verdaderas esclavas, trabajaban en los prostíbulos ubicados en las numerosas (y geográficamente móviles) Chinatowns del área. Esto también puede explicarse en términos culturales por el racismo blanco y el bajo estatus de los trabajadores chinos, así como el estatus más bajo aún de las mujeres. Para la idea del determinismo cultural resulta más significativo cómo desarrollaron los chinos los márgenes y los sobrantes de la base local de recursos, "trabajaron los bordes", en palabras de Sandy Lydons. 11 La cultura china hacía énfasis en "adaptarse y usar todas las formas posibles de ganarse la vida", y otorgaba un alto valor al compromiso, el deber y el "razonamiento" (equivalente a la inventiva). Sus valores culturales mantenían unidas sus formas de producción, lo que les ayudó a especializarse rentablemente en la pesca, los productos marinos secos, los cultivos periféricos y la reclamación. 12 Esta configuración de capacidades culturales y técnicas "en los bordes" también estaba determinada, desde luego, por el racismo, que marginaba y postergaba social y políticamente a los chinos. Hombres, mujeres y niños llegaron en barco, en carretas y a caballo de muchas otras culturas europeas y asiáticas. En el valle del río Pájaro y en las colinas del distrito de Prunedale había croatas, con redes de familia extensa, que cooperaba entre sí cuando plantaban y cosechaban sus árboles frutales y otros cultivos. Había inmigrantes del Dust Bowl (probablemente en su mayoría escoceses e irlandeses), I° Sandy Lydon, Chiflase gold: The Chiflase in the Monterey Bay imt, Capitola, Capitola Book Company, 1985, passim. Esta es la mejor historia social y económica de la región que se ha publicado hasta la fecha. II Ibid., pp. 501, 504. 12 Gordon también escribe: "Las costumbres chinas se introdujeron con mínimas modificaciones", op. cit., p. 59. Lo que ocurrió fue que las capacidades culturales y técnicas de los chinos funcionaban bien en las "márgenes", en sentido figurativo pero también literal, es decir, en la orilla del mar, donde tenían mucha experiencia en la recolección y procesamiento de productos marinos, ibid.; Lydon, op. cit., p. 488. "Poca gente sobre la faz de la tierra usa más que los chinos todo lo que atrapa, cultiva o procesa; prácticamente no se desperdicia nada. Así que cuando los primeros se instalaron en el área de la bahía de Monterey —en la caleta de Point Lobos, hacia 1851— deben de haberse regocijado con la variedad y riqueza que se brindaba a su talento de pescadores expertos [...] A diferencia de los demás grupos de antiguos inmigrantes a la bahía de Monterey, los chinos [de Point Lobos] llegaban en familias completas", Michael Kenneth Hemp, Cannery Roto: The history of old Ocean Viso Avenue, Kane'ohe, History Company, 1986, p. 22.

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zmente individualistas, que cultivaron algunos de esos huertos de manzanos y onvirtieron en granjas de subsistencia, forma de vida material bien adaptada a deseos de aislamiento y sentido de estar separados." Estaban los irlandeses entre otros, querían hacer dinero rápido aprovisionando a los primeros minen busca de oro, y que sembraron papas; los franceses, empapados en la tradivinícola, que fueron los primeros en comercializar la industria; los sicilianos, les en el uso de la red lampara y con "un nivel de trabajo en equipo dificil de inar para los no iniciados", que fueron maestros de la industria sardinera de terey'," los japoneses, hábiles para las huertas, el cultivo de bayas, el buceo, el esamiento y la venta de pescado; los jornaleros filipinos y mexicanos, cuyas culs de resistencia fueron la base de las principales huelgas agrícolas; gente de va Inglaterra, portugueses (de las Azores) y balleneros noruegos, todos ellos sus modos únicos de vida y de trabajo, y muchos más. Cada uno tenía sus promaneras más o menos distintivas de hacer las cosas, que superponía al ambiencal, que se parecía muy de cerca, o a grandes rasgos, a la naturaleza tal como nocían en sus respectivos temulos. 15 sí que las diferentes nacionalidades buscaron formas de la naturaleza que les El distrito de Prunedale (con Coralitos en una punta) contenía centenares de granjas de subsisa, con frutales, vacas, un par de caballos y huertos de verduras. Los migrantes de Oklahoma explolas granjas como arrendatarios, "forma de vida similar a la que conocieran en su tima", Gordon, op. rsivas mías. "Tirar la red desde un barco en movimiento en mar abierto, en una oscuridad casi absoluta (las atraían compañía y competencia) requería valor, habilidad y un nivel de trabajo en equipo difiimaginar para los no iniciados. Aunque con frecuencia se los conocía como 'italianos', los homcuyo trabajo y capacidad dominaban la industria pesquera de Monterey provenían de los pueblos ros cercanos a Palermo [...] Cuando había capturas excepcionalmente grandes era común que los [sicilianos] compartieran en forma amistosa el pescado sobrante que rulo solo no podía cargar", , op. cit., p. 79. na variación sobre este tema: en Santa Cruz se estableció, a finales de los años 1870, una colonia scadores genoveses con sus familias, casi todos ellos procedentes de la pequeña comunidad pesde Riva Trigoso. Los "genoveses trajeron de su patria el uso de redes !ampara [...] que se tendían botes, y de redes playeras, que se llevan mar adentro con botes de remos y se recogen desde tieos genoveses no tardaron en adaptar sus métodos nativos al ambiente laico del lugar. A medida ban declinando las pesquerías de agua poco profunda (por exceso de captura) fueron adoptando métodos, especialmente la línea larga portuguesa, para aprovechar las pesquerías de agua proa. Si bien entre los genoveses había un sentimiento intenso de comunidad, desde un principio pesn comercialmente para mercados que quedaban fuera de Santa Cruz, como San Francisco, adonandaban la pesca por tren. Tengo la sensación de que había mucha competencia entre ellos, y de ue aumentando con el tiempo. Cada familia poseía un barco, y cuando los hijos tenían la edad ada se añadían más navíos. Aunque había cierta cooperación entre familias, la más importante se dentro de ellas. La cohesión de la colonia pesquera se basaba más en el lenguaje y el aislamiento ral, así como en la cooperación femenina (parteras, crianza de los niños, curaciones, etc.), que en presa de la pesca", Dunn, comunicación personal, agosto de 1995. Los historiadores locales no han revelado aún las maneras en que las mujeres de las esferas reprovas de la vida (trabajo doméstico, enseñanza, etc.) modificaron los ambientes de la bahía de Mon-

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resultaran familiares, transplantaron su cultura a la región de la bahía, y dejaro su sello distintivo en el paisaje. Desde el punto de vista de la historia cultural, esta constelaciones nacionales y étnicas hicieron, literalmente, la historia ambiental social de la bahía de Monterey. Y así como algunos deterministas ambientales, qu leen la historia local a partir de la topografía y el clima de la región, abogan por e biorregionalismo o la política del lugar, algunos deterministas culturales leen misma historia como resultado de valores étnicos, normas, estilos y esfuerzos... subrayan la relatividad de las verdades culturales, la necesidad de desconstruir "poder monológico" de la cultura dominante de los varones del norte de Europa así como la política de la identidad y las virtudes del multiculturalismo. Está clara la política implícita en estas dos formas (sin duda exageradas aquí) d observar la historia local. Una destaca el poder de la naturaleza, la otra la natura leza del poder. Algunos seguidores de la primera hacen propaganda en favor d una política del lugar; algunos de los que apoyan la segunda propugnan una polí tica adscriptiva basada en la cultura y la etnicidad. El biorregionalismo es la prefe rencia de muchos varones blancos que son verdes; el nacionalismo cultural o e multiculturalismo es la política preferida por muchos mexicanos de la zona y po otros cuyas voces han sido acalladas, históricamente, por los europeos del norte.

EL CAPITAL Y LA CLASE COMO MEDIACIONES

Los que defienden la política del lugar y la política de la identidad buscan, cad cual a su manera, un cambio económico y social fundamental. Lo irónico es qu ambos suprimen o censuran una política basada en la clase socioeconómica, pr cisamente en una época en que los paisajes locales, los sistemas ecológicos y la prácticas culturales se están sujetando cada vez más al dominio del capital global de los mercados financieros. Parece estar funcionando una especie de ley socia compensatoria.. A medida que el capital desvincula las capacidades técnicas y l división del trabajo de formas culturales más viejas, la política étnica o identitari se afirma con más vigor. De manera similar, a medida que la naturaleza se huma niza y la producción depende menos de los incorruptos dones de Dios y más de l tecnología, los fertilizantes químicos, el agua importada y demás, la política de lugar se afirma a sí misma con más vigor. Precisamente cuando la cultura, el trabajo y la naturaleza son moldeados y retor cidos por las leyes de movimiento del capital —y cuando las estructuras capitalista de clase se reproducen en escala expandida en el nivel local—, es más difícil qu

16 Ejemplos de la coexistencia incómoda y a veces antagónica de ambas tendencias (quiero destaca el término "tendencias") aparecen en las páginas de la obra de Frank Bardacke, Good libarais and gm blue herons: Land, labor, and politics in the Pajero valley, Santa Cruz, Center for Political Ecology, 1994.

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la política de clase sea oída con seriedad. La idea de los "viejos modos", tanto ecológicos como culturales, parece más popular a medida que la realidad se va desvaneciendo o, mejor dicho, reapareciendo en la forma idealizada del "preservacionismo" de la naturaleza y la cultura. 17 Al eludir los temas del capital y la clase económica, al restringir sus respectivos discursos a lo "natural" y lo "cultural", ambas políticas impiden lo que buscan con tal ardor: el "cambio real", como lo expresan los políticos locales progresistas. Hoy la Grand Metropolitan, una corporación de Londres, decide el destino de las enlatadoras del valle del Pájaro; 18 la tierra se arrienda a agroindustrias internacionales para el cultivo de fresas; instituciones financieras regionales y nacionales toman los bancos locales; la Universidad de California (en Santa Cruz) se reestructura para proveer mejor "capital humano" a la economía estatal; los restaurantes del lugar dependen cada vez más de una creciente población que vive allí pero trabaja "pasando los cerros", en Silicon Valley; cadenas de tiendas de descuento remplazan las tiendas de la gente de la zona, y la riqueza y el poder se polarizan de modo más visible. Todo eso ocurre en una época en la que los progresistas del lugar que buscan el apoyo electoral de los verdes y los multiculturalistas tienen miedo de pronunciar la palabra "explotación". A medida que el capital global redefine la economía, la sociedad y la ecología locales, los dirigentes políticos evitan la política de clase con el mismo cuidado con que los caminantes se alejan de la hiedra venenosa y las quemantes ortigas de las montañas de Santa Cruz. A medida que el capital llega a ver a la región y su gente como capital cultural, como otras tantas mercancías o centros rentables, el sentido actual de la naturaleza y la cultura se va volviendo cada vez más nostalgico. 19 Nostalgia por una época que nunca existió (y que jamás podía haber existido) es un tema que entrelaza a los grupos locales dedicados a este o aquel aspecto de la historia y la identidad natural y cultural. Tal como ocurre hoy en muchas regiones del mundo, local17 La crítica de Perry Anderson al determinismo cultural al estilo de Carlo Ginzburg resulta relevante aquí: "Lo que está ausente en la descripción de Ginzburg es esa erosión del significado que constituye una parte tan grande de toda historia cultural [...] el proceso familiar por el cual las costumbres o creencias que en alguna época estuvieran activas de modo central se vuelven, al alterarse las condiciones, esporádicas o marginales, y luego pierden por entero su sentido a medida que se las recarga de nuevos desarrollos que las incorpora o las borra [...] En la vida social lo más antiguo y, en ese sentido, más profundo, es muchas veces más trivial, y ha sobrevivido sólo porque ha sido reducido a la insignificancia [...] Jack Goody señaló una vez que la persistencia de ciertos platos podía explicarse no por su significado simbólico sino por su indiferencia, porque no eran más que indicios de continuidad existencial [...] Las palabras y los mitos, a diferencia de los objetos de uso material, son significadores Mescapables. Pero también están siempre sujetos a la designficación [...] La única diferencia es que en su caso suelen involucrar la cancelación de un significado por la sobreposición de otro, que puede, fácilmente, contradecir al primero", Perry Anderson, A cone of engagement, Londres, Verso, 1992, pp. 224 225. 18 Bardacke, op. cit., cap. 5 19 Por ejemplo véase Norkunas, op. cit.

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mente, en la agricultura, el turismo y otras industrias, se está abriendo más y más la brecha entre el capital y el trabajo, los propietarios y los trabajadores. Esta división, aunque se vuelva invisible en la política local, está grabada en los paisajes residenciales, rurales y comerciales. En el nivel local la "política progresista" tiene que ver con el uso de la tierra y los esparcimientos ambientales; con la caridad pública dirigida a los pobres, los enfermos y los incapacitados; con la etnicidad, el género y la sexualidad... mucho menos frecuentemente con el trabajo. ¿Quién sale ganando con la supresión de la política de clase en una época que en realidad simula el modelo de capitalismo desarrollado por Karl Marx? El Viejo Topo respondería: "la pequeña burguesía". Hoy tenemos que agregar "la nueva clase media", los empleados y profesionales que, junto con la vieja clase media, representan los principales estratos que organizan los grupos de la naturaleza y la cultura, los picnics étnicos, la preservación histórica y las exposiciones de los museos. De manera que cuando tomamos en consideración algo en apariencia tan inocuo como la manera de interpretar los paisajes de la región de la bahía de Monterey, podemos topamos con el explosivo problema de la identidad política. Lo que se ignora en la política local y regional es el tema de la historia cultural y natural mediada por la historia de la actividad material humana (producción, distribución, intercambio, consumo) en la región. No obstante, la importancia del capital y el trabajo para configurar la naturaleza y la cultura resulta un tema político importante, tal vez el más importante.

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ANOMALÍAS EN EL PENSAMIENTO HISTÓRICO Y POLÍTICO LOCAL

El principal problema con el pensamiento dualista que constituye tantas veces la marca del diálogo histórico (y político) en la región no es tanto que no arroje luz sobre el pasado (sí lo hace), como que distorsiona y confunde la relación culturanaturaleza en el presente. Hoy el capital se apodera cada vez más de la naturaleza y la cultura, y las configura a su propia imagen: el consumismo y el discurso de utilidades y pérdidas sobre los "recursos" tierra, espacio y "capital cultural", y el discurso paralelo sobre el preservacionismo de naturaleza/cultura. Políticamente, el problema del capital y el trabajo, y la forma en que se articulan con la topografía, las cuencas fluviales, los vecindarios, la etnicidad, el género y así sucesivamente, pocas veces es tratado con seriedad por los historiadores, los activistas comunitarios, ambientales o laborales, los planificadores regionales o los estrategas políticos."

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u 20 Las conferencias y escritos del historiador Sandy Lydon bordean el determinismo ambiental, aunque en ocasiones la cultura (especialmente de las minorías), la economía mundial y la política desempeñan un papel (a veces débil, otras importante) (por ejemplo Sandy Lydon, "Toward rediscovering the Monterey Bay region and its history", Santa Cruz County History Joumal, I, 1994).

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as anomalías son signos de que algo —desde un manzano hasta una estructupersonalidad— anda mal en la vida. Un horticultor sabe que algo no funciouando un injerto no pega o una buena vid produce fruta ácida. Un buen psirapeuta sabe que el paciente tiene un problema cuando oye alguna repancia entre lo que dice y la forma en que lo dice. Son señales de crisis, que n que tanto los árboles como las familias den manzanas podridas, que la fruta gria y la gente se sienta ansiosa y haga cosas estúpidas o crueles, pero que tamcrean una oportunidad de transformación, ya sea en una vid nueva, una famiuna comunidad sustentable y equitativa. brecha que existe hoy entre los que destacan los factores culturales por encie los ambientales, o viceversa, es muy amplia, y no sólo en la bahía de Mon. La clase de historia que capta la dialéctica de ambos, así como sus conexiointernas, está en pañales, y los políticos no. se interesan demasiado por ese . Hay una excepción que confirma la regla. La razón más importante por la los que defienden los derechos de los pueblos indígenas tienen un poderoso miento de estar del "lado correcto" de la historia es que se piensa que en las dades indígenas la cultura, la naturaleza y la actividad material están en estrerelación, "orgánicamente conectadas". Por mucho que idealicemos a los pueindígenas o los veamos con ojos románticos, defender sus derechos resuelve, recer, el conflicto entre nuestro sentido de lo que son y lo que deberían ser la ra y la naturaleza. Hay una especie de coherencia, una sensación de que las encáj an,21 que nos hace sentir cómodos con lo que estamos haciendo, más iados que si nos dedicamos, por ejemplo, a la pura política de la tierra en el del río Pájaro o a la política de la identidad en Santa Cruz. s antinomias entre la naturaleza y la cultura pueden verse por doquier en la n, que se divide con gran precisión en "residencial", "comercial", "industria a", "recreativa", "preservación histórica", "restauración natural" y otros espa. Por ejemplo, hay decenas de carteles anunciando a los caminantes que los ues naturales están abiertos desde las 6 de la mañana hasta la puesta del sol, d tiempo histórico, mitad tiempo de Dios. Se puede ver esta anomalía en el ue estatal Wilder Ranch, una vieja granja lechera conservada como reliquia rica, en la cual una parte se llama zona de preservación histórica y otra área stauración natural, como si la parte histórica —los edificios y paisajes de la ja— no fuese también natural, y la parte natural —las mesetas y la llanura aluel arroyo Wilder, con su playa—, no hubiese sido modificada decenas de veces a mano del hombre. Miren el campus de la universidad local: por ahí hay un l que indica una zona de conservación natural, por allá paisajes de aulas... la ura" escoltada por macizos de secuoias. Tradicionalmente la tierra y el trabajo no están separados; el trabajo forma parte de la vida, la sigue siendo parte de la naturaleza, la vida y la naturaleza forman un todo articulado. Así, la tieenlaza con la organización del parentesco, el vecindario, el oficio y la fe... con la tribu y el temaldea, el gremio y la iglesia", Karl Polanyi, The great transformation, Boston, Beacon, 1957, p. 178.

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Este dualismo es tan generalizado que lo damos por sentado, por ejemplo, en e parque estatal Forest of Nisene Marks, en Aptos (entre Santa Cruz y el valle del rí Pájaro). La familia Marks le donó la tierra al sistema estatal de parques a condició de que se dejase que el bosque, totalmente talado, "volviese a su estado natural" como si se pudiesen borrar por decreto todas las huellas ecológicas y culturales d la intervención humana, la tala, los trenes de brecha angosta y los aserraderos. S uno inspecciona la parte más baja del arroyo Aptos, dentro de los límites del bo que, encuentra en sus márgenes una comunidad de árboles y plantas que se debe a los efectos ecológicos de la tala en gran escala por parte de Frederick Hihn, e ferrocarril Southern Pacific y otros. 22 Hubo un caso en el cual un guardabosqu del parque reclutó a unos boy scouts para destapar los restos de un viejo aserrader enterrado ya bajo deslizamientos de tierra y arbustos, con el resultado de que rec bió una reprimenda de sus superiores por violar la voluntad de la familia Mark que en vano deseaba enterrar la historia, tanto literal como figurativamente. 23 En el viejo pueblo de Rincón, en otros tiempos centro de una línea de produ ción de cal, que se levanta junto al cañón del río San Lorenzo, y que hoy es un com plejo de "ecotonos" superpuestos, en los que se han borrado muchas huellas obvia del uso humano (incluyendo un manzano solitario que hasta hace algunos año crecía entre las secuoias) , se produjo un incidente similar. A los guardabosques s les ordenó retirar siete viejos hornos para cal que se consideraban un peligro. Per en realidad los taparon; hoy están enterrados debajo del estacionamiento que usa los visitantes cuando quieren "volver" a la naturaleza. El dualismo historia-naturaleza, que algunos ven como el núcleo mismo de tradición judeocristiana y muchos otros como producto de la revolución científic y la capitalista, es evidente por doquier, a veces en formas invertidas. La Univers dad de California en Santa Cruz (ucsc) solía llamarse la "universidad entre la secuoias", pero como desde hace mucho el control de incendios ha desplazado a manejo de los incendios, las secuoias están bajo control; los muchos macizos y bo quecillos de árboles de segundo crecimiento pueden interpretarse como una espe cie de jardín, y la ucsc tendría que llamarse ahora "secuoias en la universidad". Santa Cruz tiene planes para convertir la vieja concesión mexicana de tierras, Rancho Refugio, colindante con Western Drive, el barrio residencial más occiden tal de la ciudad, en un "cinturón verde", lo que aquí significa una especie de áre silvestre urbana. Cerca del pie de Western Drive, en la primera terraza marina, ha una unidad habitacional llamada "Atalaya", en la que vivimos unos cuantos mese Nuestro departamento de esa especie de archivero para trabajadores y estudiante

22 "La tala al ras de los madereros desvaneció las zonas de vegetación. Hasta que las secuoias d segundo crecimiento recuperen la supremacía en las zonas más bajas del cañón, habrá una mezcla bosque ripariano y siempre verde", Sandy Lydon, 77ze foral of Nisene Marks Mote Podes, Santa Cruz, S ta Cruz Mountains Natural History Associa.tion, s. f. tk s nvd-uction of tnearang ~ -rneannag ofyronaurn " MichaerMéuser, /Works tn We .f&esi: yu-r on Nisene Marks State Park, tesis, Universidad de California en Santa Cruz, 2 de junio de 1992, pp. 15-1

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estaba en el segundo piso, y daba directamente a las empinadas márgenes sobre la convergencia de dos barrancos que le dan su nombre a "Atalaya". Debajo nuestro estaba el cinturón verde previsto, con apariencia de naturaleza silvestre, sin estructuras visibles, con dos antiguas sendas que subían a los lados de ambos barrancos, accesibles para cualquiera que estuviese dispuesto a pasar sobre el alambre de púas y desafiar el más sagrado de todos los derechos: el de propiedad; más allá se podía ver lo que parecía un deslizamiento de tierra, en el cual zigzagueaban viejos senderos de ganado que llevaban a las frescas aguas de la confluencia de los barrancos; más allá ondulantes praderas que se alquilaban para el pastoreo de reses. El cinturón verde previsto es el hogar de muchas especies de fauna: vimos u oímos lechuzas, diversas aves marinas, ciervos, coyotes, felinos, zorrillos y loros que vivían juntos, algunos como predadores de otras especies, otros a salvo en nichos especializados. Si uno trata de identificar la cadena alimentaria, descubre que una de sus fuentes es la basura de los inquilinos de Atalaya. De hecho el paisaje es una especie de zoológico sin rejas. Por lo tanto cualquier interpretación plausible de las especies de vida en este "ecosistema" presupone una historia del desarrollo residencial, los cambios de población, los valores de la tierra y la especulación, el capital, la utilidad de los bancos y demás, así como la descripción de la manera en que los inquilinos de la unidad y otros que viven en Western Drive o cerca, por encima del cañón, usan la naturaleza como sumidero para sus propios desechos. Aquí hay una lección de economía política, sociología política y psicología social de la naturaleza, aunque no se sabe cuál pueda ser y cómo se articula con ese zoológico de esta sección del viejo Rancho Refugio. Durante un debate reciente en el centro cívico de Santa Cruz acerca de la conveniencia de aumentar unos pocos dólares los impuestos a la propiedad, para que la ciudad pudiese comprar el terreno para el cinturón verde, a nadie pareció importarle esta falta de información. Hay muchos que se preocupan por la bahía de Monterey misma, especialmente por sus "recursos marinos". Fort Ord, entre las últimas márgenes del valle del Salinas y la península de Monterey, se convertirá en una filial del sistema de la Universidad Estatal de California y un centro de investigación marina (entre otros usos nuevos), del que se espera que rinda no sólo conocimiento sino también dinero del gobierno federal, nuevas industrias y utilidades. La bahía misma ejemplifica también una economía política de la naturaleza. Aunque en la zona se la ve como un fenómeno más o menos estrictamente "natural", al observarla de cerca se advierte que la bahía es una especie de acuario. No quiero decir que haya un acuario en la costa de la bahía, aunque lo hay: una célebre atracción turística de Monterey, financiada por el multimillonario conservacionista David Packard, miembro del complejo militar-industrial. A lo que voy es que prácticamente todo lo que hay en la bahía ha sido modificado o es controlado por la intervención humana, incluyendo reglamentaciones que prohíben ciertas actividades, como la caza de ballenas, por ejemplo. Lo mismo ocurre incluso en su famoso cañón submarino. Los antiguos navíos

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españoles, para evitar los peligrosos deslizamientos de tierra, se abastecían de agua dulce en los "borbollones" de la bahía misma. Descubrimientos recientes de los científicos marinos revelan que esa agua venía sin duda alguna de los acuíferos del Pájaro y el Salinas. Hace dos siglos el agua dulce se veía forzada a subir por fallas sísmicas verticales hasta la superficie de la bahía. Los "borbollones fríos" la expulsaban después de deslizamientos o compresiones sísmicos. Contienen hierro y manganeso, junto con montones de bacterias. La fotografía submarina ha establecido la existencia de comunidades de borbollones fríos (gusanos y almejas de formas extrañas). Pero la intensa actividad, tanto agrícola como de otros tipos, ha reducido la cantidad de agua dulce que entra a la bahía, lo que probablemente explica por qué ya no están presentes los borbollones fríos y, por inferencia, señala que la biomasa y las especies producidas en las comunidades que los habitaban son menos abundantes (y posiblemente de otro tipo) que hace doscientos años. 24 En una época el trabajo humano, al principio con formas de organización y tecnologías que se habían perfeccionado en los países de origen de los pescadores, agotó ciertas especies de la bahía, la más famosa de las cuales era la sardina. La tala, las granjas, la construcción urbana y otras formas de intervención humana, integrada por el mercado local, el regional y el mundial, y mediada por los presupuestos y las políticas estatales, han llenado los ríos y arroyos de sedimentos finos, tapando los fondos de grava que necesitan los salmones y las truchas arcoiris para desovar, y destruyendo los árboles que daban sombra y los remansos de desove, lo que ha reducido la población de salmones locales en la bahía. Las restricciones a la actividad humana, por ejemplo la protección de las nutrias marinas, que solían pasar gran parte de su vida en tierra hasta que descubrieron que los humanos estaban dispuestos a todo con tal de obtener su piel, también tienen sus efectos. Hoy la nutria es la reina de la bahía, junto con el león marino, otra especie protegida. Las nutrias, en alguna época casi extintas por la cacería, agotan hoy las almejas y los abulones, dejando muy pocos para el consumo humano. Los leones marinos se birlan los salmones de los aparejos de los botes pesqueros (atiene algo de raro que se los encuentre a veces en las playas, muertos a balazos por los pescadores?). El humilde mejillón queda para nosotros, los olvidados seres humanos. Hay un lugar en el que se pueden recoger mejillones durante la marea baja, donde el mar los 24 Gary Green, director de los Moss Landing Marine Laboratories, en una conferencia pronunciada en el Lauden Nelson Community Center, Santa Cruz, 7 de septiembre de 1993. Las imágenes de video submarino de gran profundidad muestran por lo menos seis clases de almejas. El naturalista local Fred McPherson, que impartió una clase sobre los "Ecotonos de Rincón" junto con este autor, no está de acuerdo: "Los ecosistemas pelágicos (de aguas profundas) y costeros no son un acuario. Siguen siendo los mismos ecosistemas marinos, pero en un estado sucesivamente algo afectado (es decir, con menos sardinas y más peces que se atrapan, etc.)", carta, 13 de julio de 1993. El problema está en qué es un ecosistema y qué es "sucesión". (Véase por ejemplo Ludwig Trepl, "Holism and reductionism y ecology Technical, political, and ideological implications", Capitalista, Maar, Socialism, 5, 5 de diciembre de 1994.)

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constantemente, así que son sabrosos y fáciles de preparar. A las nutrias no stan los mejillones o, mejor dicho, prefieren al parecer las almejas y los abudría escribirse una historia económica sobre la vida marina de la bahía de erey, acerca de la manera en que fases sucesivas de desarrollo capitalista transron las comunidades marinas y cómo diversas especies, macizos de algas y formas de la naturaleza han cambiado de acuerdo con sus propias "leyes del iento" y también con las leyes tendenciales de la acumulación capitalista. No nte, los voceros del nuevo Santuario de la Bahía de Monterey no parecen planes de escribir esa historia natural. Lo mismo ocurre con la historia de los es cambios de las costas y los rellenos de tierra de la bahía: extraer la arena, arla a través del turismo, los rellenos y desviaciones del río y la cañada, y deceotras alteraciones producidas por el trabajo humano, organizadas con fines lidad por el capital, o por gobiernos y organizaciones privadas para la recreala preservación. Sin embargo los que están a cargo del santuario ni conocen preocupan por la economía de la región, excepto en la medida en que incisus presupuestos y afecta la forma en que la bahía puede convertirse en un "centro de ganancias". mismo puede decirse de los encargados de Elkhorn Slough, veinte minutos o al sureste de Santa Cruz, el corredor migratorio de aves más importante de ta del Pacífico, donde durante la temporada de migración se pueden observar as de especies diferentes. Elkhom Slough es una especie de museo de mareas, e marino o jardín acuático, tantas veces han alterado los seres humanos sus siones, el ingreso de agua salada, la calidad y cantidad de agua dulce, las salila caleta, así como recogido mariscos y cazado tiburones como deporte, todo e acuerdo con las necesidades comerciales y recreativas del momento. Gary s, un especialista en ciencias de la tierra, y sus colaboradores, han cartografian amoroso detalle los principales cambios de la costa misma. 25 La ensenada equeñas embarcaciones de Santa Cruz, construida en 1960 para botes de plapara la flotilla pesquera del lugar, atrapó arena que tendría que haber ido a la playa del pueblo de Capitola, más al sur, mientras agrandaba una playa de Cruz 'y aumentaba, al mismo tiempo, los riesgos por agua e inundaba las prodes cercanas a las playas de Capitola. Esta población, despojada de su forma a, instaló un rompeolas e importó arena. También la vida de las dunas cammo consecuencia de la extracción de arena para hacer cemento y construir ios de departamentos en una larga franja costera al sureste de Moss Landing. riedad y fecundidad de la flora de las dunas se ha reducido. 26 Las conchas as que llegan a la costa de las playas de la bahía cuentan la historia de una ry Griggs y Lauret Savoy (eds.), Living with the California coast, Durham, Duke University Press, ordon, op. cit., cap. 5, passim.

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declinación generalizada de la diversidad de especies indígenas y la importación d muchas otras "exóticas" de diversos lugares del mundo." El río Salinas fue desviado hace mucho tiempo de su curso actual, al Pájaro s lo domesticó elevando las orillas, al San Lorenzo se lo aplacó de manera semejan te. Hoy la fauna de las márgenes coexiste con los trabajadores indocumentado desplazados por los vaivenes económicos y la confusión política de México y Cen troamérica, y que acampan junto a los ríos. He visto fotos de Santa Cruz tomada hace un siglo o más. En ellas no hay árboles; mucho antes se habían cortado la secuoias que crecían a la orilla del río y en los barrancos; el roble costero se habí apropiado de las praderas que los pueblos ohlone quemaron durante decenas d siglos y que los españoles, los mexicanos y los yanquis usaban para apacentar e ganado, alterando —quizá para siempre— la ecología local. Los bosques d secuoias se talaron al ras; se producía y exportaba madera, que también se meta morfoseaba en casas y negocios en la llanura aluvial. Los bosques se transplantaro al centro, por decirlo así: se plantaron árboles nuevos, tanto exóticos como nativos de hecho volvieron a arraigarse las secuoias. Dentro de unos pocos años, cuand se observe la ciudad de Santa Cruz desde la más alta de las terrazas marinas, el pai saje "cultural" parecerá eminentemente "natural".

LA NATURALEZA Y LA LÓGICA DEL CAPITAL

La cultura no le da medios de vida a nadie mientras no se "importen" al lugar d trabajo normas culturales específicas de cooperación humana, con lo que se con vierte en una especie de fuerza productiva. La naturaleza no les cede nada a lo seres humanos mientras no se aplique o se combine trabajo humano con la gen rosidad de los bosques, praderas, arroyos, depósitos minerales, campos o mares, qu también se vuelven, entonces, fuerzas productivas. El trabajo, por decirlo así, medi entre la cultura y la naturaleza: las reúne de maneras productivas y arroja com resultado los medios materiales de vida. Si lo vemos de esta forma, se desvanece dualismo entre las interpretaciones culturales y ambientales de la historia y el pa saje. Cuando estudiamos un paisaje cultural o un sistema ecológico, un ligero cam bio de perspectiva nos permite apreciar, no dos hechos separados, sino uno sol con tres facetas: cultura, trabajo, naturaleza. Los ohlone de la edad de piedra con vivieron millares de años con una naturaleza abundante, pero tenían que trabaja de cuatro a seis meses anuales para mantener cierto nivel de existencia material. Lo noreuropeos capitalistas fabricaban pólvora negra en un gran complejo fabril cons truido cerca de los terrenos pesqueros de los ohlone, pero para eso requerían bos 27 Huida Hoover McLean, Tidedrift slaells of the MonUrey "My regm, Sama Cruz, Santa Cruz Association, 1992.

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ques de maderas duras, piedra caliza y otros materiales locales. El hecho de que el trabajo de los primeros estuviese impregnado de cultura tribal y el de los segundos del pensamiento esencialista y las normas culturales de un capitalismo del Lejano Oeste, y de que unos y otros modificasen la naturaleza de maneras muy diferentes, no tiene que impedirnos ver ambos casos como fuerzas productivas culturales. En una época los inmigrantes de la región transplantaron diferentes culturas y modos de trabajo que se adecuaron a diferentes topografías, recursos y climas locales que, a su vez, se asemejaban a los de la región o país de origen de los migrantes y, por lo tanto, les resultaban familiares. El deseo de lucro y de controlar el entorno (tal vez también el miedo a la desolación) de los primeros colonos protestantes del norte de Europa, se combinó con su trabajo frenético para arrasar los viejos bosques de secuoias (símbolos gigantescos de lo remoto y lo ajeno). Pero los cañones y las colinas no se hubiesen talado de no haber existido un mercado creciente de madera para construir ciudades y pueblos (incluidos los de la región) que se llenaban de inmigrantes. ¿Qué podría mostrar un contraste más marcado con lo que los visitantes describían como el amor por el placer de los californianos, combinado con praderas aparentemente ilimitadas, en las que millares de cabezas de ganado pacían libres? ¿O con los introvertidos granjeros de subsistencia desplazados desde el Dust Bowl hasta las alturas del distrito de Prunedale? Cada una de esas economías era "racional" desde el punto de vista de los valores culturales de quienes participaban en ellas. Hoy, con muy pocas excepciones, las antiguas conexiones entre cultura, trabajo y naturaleza han pasado a la historia: las secuoias ya no simbolizan la "otredad"; el uso de la tierra para pastoreo prácticamente ha desaparecido o ha sido reorganizado de acuerdo con lineamientos capitalistas; el feroz individualismo de los granjeros de subsistencia ha cedido el paso a una cultura de agricultura comercial. En los viejos tiempos la tierra se configuraba de maneras específicas, a imagen de las diversas culturas y formas de trabajar. Simultáneamente, esas culturas tenían que ceder ante las variaciones de la naturaleza local: eran raras las coincidencias perfectas entre la naturaleza y la cultura. Los yanquis y otros europeos del norte nunca habían talado secuoias; los españoles nunca habían disfrutado de tal abundancia de buenos pastizales, ni los chinos de tantos meses de verano secos y confiables, ni los sicilianos y genoveses de condiciones de pesca tan estupendas. Los inmigrantes del Dust Bowl tuvieron que aprender los secretos de los microclimas de las colinas y los valles en que se asentaron. Los recién llegados debían adaptar sus formas de vida y de trabajo a las características propicias y restrictivas de las configuraciones de la naturaleza localCLa cultura y la naturaleza no desarrollaban sus respectivas lógicas separadas la una de la otra. Más bien naturaleza y cultura cambiaban y eran cambiadas, juntas, de diversos modos, media s por el trabajo esforzado y las tecnologías nativas de las oleadas de inmigrantes. Sin eutiku gu, más punto o más tarde —y éste es el punto importante— tanto k las formas de vida tradicionales como los paisajes familiares cedieron ante la lógi-

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del capital. La globalización de los mercados, de las finanzas y de la producción sionó las viejas culturas y los ambientes vernáculos. Finalmente se produjeron y lotaron con fines de rentabilidad una naturaleza y una cultura específicamenapitalistas, incluyendo conceptos de espacio y tiempo, así como el sentido de la na vida.(Hoy la tierra y el trabajo se han vuelto mercancías ficticias, tratadas o si fueran mercancías pero no producidas como tales, con precios ficticios) ("renta" y "salarios"). La forma asalariada del trabajo y la forma de mercancía de la satisfacción de necesidades son prácticamente universales. El ambiente construido de autopistas, fraccionamientos residenciales, centros comerciales y otros rasgos de la "geografía de la tierra de nadie" es más o menos el mismo en toda la media luna de la bahía de Monterey... y en la mayor parte del resto del país. La reacción cultural y política a la capitalización tanto de la naturaleza como de la cultura es también casi universal: el preservacionismo. Hoy los grupos organizados luchan por preservar este o aquel artefacto histórico, práctica cultural y lugar de esparcimiento, ambiente, especie o ecosistema, de acuerdo con los deseos y el poder de los residentes que quieren conservar cierto sentido de la "cultura original" y la "naturaleza primigenia" (y también de la opinión de expertos acerca de cómo se veía la región durante uno u otro periodo de su historia, con algunas eras, y por lo tanto algunas especies de vida, edificios y estética del paisaje favorecidos por los preservacionistas, otros despreciados por ellos). Es posible documentar una especie de "actividad sucesiva" capitalista a partir de las etapas de relaciones de propiedad en la región y la conversión de la naturaleza en mercancía. A principios del periodo yanqui la caza comercial de osos proporcionaba alimento y pieles para los dispersos habitantes de las montañas. La regla era el trabajo autoorganizado, el trueque local y la producción de subsistencia. Hoy ya no hay osos, y a los turistas de la clase trabajadora les venden, como recuerdos, estatuitas de yeso que representan nutrias marinas de ojos tristes. Ayer las casas se construían de acuerdo con el diseño de los compradores. Hoy se especula con grupos de edificios departamentales. Dos siglos atrás había diversidad cultural y natural en las formas de producción de subsistencia, comercio local y comercio a larga distancia con unos cuantos artículos valorados (conchas de abulón para los ohlone, pieles de nutria marina para los rusos, aceite de ballena para quienes vivían confinados en climas fríos y oscuros). Hoy hay consumidores, producción de mercancías y un mercado mundial de millares de productos (las conchas son artículos para turistas, las nutrias y las ballenas son especies protegidas, elementos de esparcimiento ambiental y objetos de investigación científica). Lo que contaba en los viejos tiempos era ganarse la vida, eran las mercancías básicas; en los noventa lo importante son nuevos y más abundantes bienes de consumo, producidos cada vez más a menor precio en escala mundial, con el propósito de reducir los costos de reproducción de la fuerza de trabajo y la sociedad en su conjunto. La vieja unidad de cultura y naturaleza —una coincidencia más o menos cercana entre los valores culturales, las habilidades técnicas, las formas de trabajar y la

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uraleza primigenia"— comenzó a desmoronarse cuando se construyeron los eros ferrocarriles, cuando la tala y la producción de cal se ubicaron en una capitalista en gran escala, cuando una industria de la remolacha azucarera mente capitalizada se trasladó al valle del río Pájaro, cuando los "capitanes del mo" (Frederick Hihn, Fred Swanton, el ferrocarril Southern Pacific) racionaon la venta de los atractivos de la naturaleza, cuando la famosa industria sarra de Monterey se mecanizó, cuando la región se integró más esti echamente la economía nacional y mundial... en síntesis, cuando la propiedad capitalista lazó a la propiedad comunal y ganada por el propio esfuerzo. Ero comenzó rio con el boom de los años 1870 y se aceleró en el decenio siguiente. La deprede finales de la década de 1890 y las primeras grandes empresas norteameris allende el océano (en el Caribe, Hawai y las Filipinas), que ampliaron la anda de pólvora negra, producida en esta zona, contribuyeron a consolidar el rol del capital en la región. Lo mismo ocurrió con la competencia de la madel norte de California, el cemento de Portland y otros productos, al tiempo que cismo blanco seguía dividiendo a la fuerza de trabajo e impidiendo toda verra unidad de la clase trabajadora. el siglo xx la unión de las habilidades culturales y técnicas, las normas de cooción con las herramientas y las técnicas, así como de las formas de la naturalela configuración del paisaje, fueron desapareciendo 'a un ritmo cada vez mayor. mbargo, no fue éste un proceso lineal. Se dio una especie de descomposición ual y combinada de habilidades culturales, avance tecnológico e impactos anos sobre la naturaleza. La tecnología pesquera siciliana diezmó la población rdinas de la bahía de Monterey; la tecnología ballenera de los noruegos, que strializaron la captura de ballenas, arrasó con los grupos de ballenas en sus aciones; la tecnología maderera del norte de Europa asoló los bosques de oias más lejanos y difíciles de aprovechar. Pese a todo se dio una marcha ineble hacia procesos de trabajo y tecnologías, así como hacia un financiamiento industria, desprovistos de cualquier huella étnica. Si bien al principio la indusla construcción ferroviaria solían tener financiamiento local, la banca se vole alcance nacional primero, y luego internacional, y ahora los mercados finans globales tienen tanta o más influencia en la configuración de la industria y la asignación de recursos como los sueños y los planes de los comerciantes y entes del lugar. La tecnología se ha desvinculado, en gran medida, de las fory aptitudes culturales étnicas o nacionales. Una corporación de Londres toma iones de vida y muerte acerca del uso de la tierra en el valle del río Pájaro. 28 Aunqelahbidoscnyljapercutivoólandsr de las fresas," la "fruta del diablo" se cultiva ahora con técnicas estandarizaardacke, op. cit., cap. 5. ihon bunk: Japanese culture: One hundred years in the Pajaro Valley, Watsonville, Pajaro Valley Aria il, 1992.

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das y sustancias químicas, y con gente cuyos antepasados vinieron de tres continentes. Las primeras obras importantes para producción de cal fueron construidas y manejadas por el hijo de una familia europea versada desde hacía mucho tiempo en las artes de la cal;" en la actualidad la extracción se hace con maquinaria y la combustión con hornos de alta tecnología; en los años 1880, en los lugares más remotos de la cañada Aptos, el capital se organizaba en mayor escala (aunque seguía dependiendo de la capacidad individual de los artesanos) y los trabajadores talaban, arrastraban y aserraban, a un ritmo nunca antes visto, antiguos bosques de secuoias. Hoy los árboles se talan, trasladan y cortan más o menos de la misma forma en toda la región. La mecanización del procesamiento de sardinas en Monterey condujo a un mayor nivel de capitalización de la industria y también al final del dominio de los cortadores de pescado chinos y japoneses, que tradicionalmente habían realizado esa labor a mano en las enlatadoras de pescado. 31 El individualismo de los arrendatarios escoceses e irlandeses en las colinas del distrito de Prunedale, que en un tiempo fuera la forma cultural en la que se desarrolló la agricultura de subsistencia diversificada, sólo existe hoy en sus vestigios ecológicos: en los noventa una mezcla de granja y huerto de frutales es trabajada por personas que se autodenominan "norteamericanas" y cuyos antepasados llegaron de todos los rincones del planeta. A diferencia de lo que pasaba "en los viejos tiempos", ningún grupo étnico tiene ahora el monopolio de la producción de verduras orgánicas con bajos insumos; en el mercado de granjeros de Santa Cruz hombres y mujeres de ascendencia europea, japonesa, china y mexicana venden sus productos lado a lado. En casi todos los sectores el mercado y los requisitos técnicos, los métodos de financiamiento y la organización del trabajo estandarizados han remplazado las formas previas, más unificadas, de cultura y de trabajo. Y también la economía de la naturaleza se ha volcado a usos que eran inimaginables antes del advenimiento del capitalismo industrial y financiero, así como de la tecnología y la ciencia modernas (esta última como forma específica de trabajo cooperativo que presupone cierto nivel de evolución cultural, productiva y ecológica). Tomates resistentes a las heladas, brócoli congelado, cosechas mecanizadas, agricultura química, granjas de árboles, estructuras posmodernas que no tienen relación alguna ni con los materiales locales ni con las tradiciones arquitectónicas del lugar... la lista de mercancías que ya no "encarnan" las formas de la naturaleza primigenia (ni los frutos de culturas étnicas determinadas) es prácticamente interminable. Un continuo espacio/tiempo específicamente capitalista ha desvinculado la producción de formas de naturaleza y cultura más antiguas. La Costera de Santa Cruz, el último parque de diversiones abierto de la costa pacífica, atrajo a los turis" Bob Piwarzyk, "The lime kilns of Pogonip", manuscrito inédito, s. f.

" "El corte, hecho tradicionalmente a mano por trabajadores chinos y japoneses, se fue volviendo menos especializado por nacionalidad a partir de la introducción de cortadoras mecánicas", Hemp, oft. cit., p. 89

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tas durante cerca de un siglo. Pero las clases de entretenimientos que se ofrecen y los visitantes que los disfrutan han cambiado. La primera vez que fui a la Costera, en los sesenta, había una Casa de la Diversión, donde por unos centavos los chicos podían jugar todo el tiempo que se les daba la gana, y hasta 1963 hubo una gran piscina de agua salada, en la cual los nadadores podían salpicar a gusto. Hoy el espacio se usa más "eficientemente" (es decir más rentablemente): la alberca y la Casa de la Diversión han desaparecido. Se paga por usar cierto número de minutos y segundos los carritos y los juegos electrónicos. El uso del tiempo libre está estandarizado. Y también lo está el paisaje cultural: el muelle remodelado de Santa Cruz es una especie de modernista bastardo; la parte alta de la avenida Pacific, en el centro, tiene rasgos que la asemejan a Carmel Village; hasta Watsonville, último bastión de la cultura mexicana, planea modernizar el centro. Monterey, Aptos Village, Capitola, Watsonville y Santa Cruz siguen teniendo algo de diferente, pero sus diferencias tienen tanto o más que ver con la riqueza y los niveles de ingreso que con las cultura étnicas y los ambientes o paisajes únicos. En la economía capitalista actual los vínculos entre culturas particulares y configuraciones de la naturaleza, por un lado, y divisiones específicas del trabajo y tecnologías, por el otro, están oxidados, rotos u olvidados desde hace mucho. En lugar de ellos hay una naturaleza convertida en mercancía y una cultura de la modernidad, un ethos de autodesarrollo y realización (más que el de una comunidad "arcaica"), y la universalización de la forma asalariada del trabajo. La reacción es una plétora de grupos preservacionistas de la cultura y la naturaleza que tratan de proteger o restaurar o recordar esa o aquella práctica cultural o paisaje tradicionales... en general abstraídos de los métodos de producción, las divisiones del trabajo y los tipos de mercancías predominantes que se producen hoy.

CONCLUSIÓN

Esta manera de pensar nos libera de tener que defender ya sea una tesis ambiental determinista y la pura política del lugar o un determinismo cultural y una estricta política de identidad. El viejo dualismo persiste sobre todo bajo la forma de cinturones verdes, parques estatales y festividades étnicas. Ha sido erradicado, en gran medida, de los intersticios de la producción, distribución, intercambio y consumo materiales, mayormente capitalistas, al igual que lo son sus paisajes y sus diversas "culturas corporativas". Esto sugiere que existe la posibilidad, al menos, de una política de clase que se ocupe de los asuntos ambientales locales y de la identidad política en su interconexión ron los problemas de desempleo, bajos salarios, falta de vivienda, pobreza, desigualdad y decadencia social. Resulta posible, al menos en principio, una imagen de la historia ecológica y social de la bahía de Monterey y de los temas y configuraciones políticos actuales

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de la región, que combine economía, sociología, ecología, ciencias del mar y de la tierra, arte, literatura y demás. Esa clase de imagen es necesaria también para lograr una recomposición sana y sostenida de la vida cultural, la actividad productiva y la regeneración ecológica. La materia prima proviene de las docenas de anticuarios locales, algunos de ellos excelentes historiadores aficionados, que gustan de los hechos por los hechos mismos. La famosa media luna que traza una curva tierra adentro desde Monterey hasta Santa Cruz es hogar de muchos hombres y mujeres lo bastante curiosos sobre una u otra faceta del paisaje y los restos de culturas étnicas más antiguas, así como acerca de la forma de la economía actual de la región, como para abocarse a la tarea de descubrir los secretos de la misma, develando los mitos y reconstruyendo el pasado de manera que resulte fructífera para un futuro más justo y equitativo. Tenemos especialistas en leones marinos, costas, secuoias, manejo de incendios, ciclos acuáticos, agricultura, planeación urbana, res auración ambiental, diversas tradiciones étnicas y multitud de otros objetos de estudio, aunque escasean los generalistas armados de métodos poderosos para pensar el presente como historia. Sin embargo no sólo se trata de comprender el pasado, sino también de cambiar el futuro. Pero de los que se preocupan por el pasado pocos, si acaso, han planteado las grandes preguntas: en nuestra sociedad, ¿qué debería ser la naturaleza? Esta es una cuestión normativa que presupone, en parte, responder la pregunta: ¿qué deDería ser la naturaleza? ¿Sobre qué tendrían que trabajar quienes lo hacen? ¿Cuáles deberían ser las relaciones sociales de propiedad y poder? Son éstas preguntas difíciles, primero porque el trabajo se invierte en propiedades privadas o estatales, y éstas aún no han sido democratizadas, en muchos casos ni siquiera para tener que rendir cuentas mínimas a la voluntad pública. Segundo, nadie tiene un método para percibir el ambiente, y por ende las posibilidades sociales y políticas latentes, como un artefacto al mismo tiempo cultural, material o económico y natural. Tal método presupone una visión holística de quiénes somos y cómo concebimos —y utilizamos— nuestro ambiente y nuestros recuerdos culturales, al igual que cómo nos usan éstos a nosotros. Nadie conoce la verdadera historia ecológica de la región (en el sentido pleno de estos términos), tan ocupados han estado los especialistas metiéndose con la historia social por aquí, la historia natural por allá, la historia económica en algún otro lado, evitando los difíciles problemas de cómo se articulan las mismas entre sí para producir ciertas interfaces físicas, estéticas y cognoscitivas. En última instancia es un problema del capitalismo, que separa cada vez más a la gente do los medios y objetos de producción y de su entorno, y que ha naturalizado el mundo social y económico bajo el emblema del libre mercado y la competencia. A la mano de obra asalariada se la mantiene ignorante de los matices del suelo y el agua en los campos y de las reacciones físicas y químicas en las fábricas; los residentes ya no pueden percibir el clima olfateando el aire, calculando la dirección del viento. Hay una especie de ignorancia sistémica, estudiada, de las

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has y diversas interfaces entre la existencia socioeconómica y la naturaleza. a es un paseo por el parque estatal Henry Cowell; la cultura es una visita al Pherson Center for Art and History de Santa Cruz; el trabajo está detrás de os en los que se lee: "Propiedad privada, prohibida la entrada." nto a ello hay un problema de nuestro sistema educativo, incluyendo las insciones de educación superior, en las cuales están notoriamente ausentes la cia y el arte transdisciplinarios. La especialización del conocimiento (el "monoivo de la mente"), pese a los esfuerzos por amontonar distintas disciplinas con ótulo de "estudios interdisciplinarios", es tan nociva para nuestra mente como s para nuestro cuerpo la especialización del trabajo en los campos, en las fábride alta tecnología y en los expendios de comida rápida. En un mundo que ula cada vez más el modelo del capital global, donde la cultura humana es "cal humano" y "capital comunitario", y la ecología, el ambiente y el paisaje son pital natural", en un mundo totalizador de una magnitud y un poder inimagiles, muchas veces las instituciones destinadas a esclarecer producen una ignocia deliberada. Sin profundas reformas al modo en que producimos conocinto, que presuponen reformas más profundas aún a las relaciones de poder rigen la educación y otras instituciones, la respuesta a la pregunta ¿qué debeser el trabajo? será alegremente provista por el capital. El trabajo será para la ucción y la ganancia y la acumulación (y los fines de semana y en las vacaciopara el preservacionismo de la naturaleza y la cultura). Esto responde también egunda pregunta: ¿qué deberían ser la naturaleza y la cultura?, ya que ambas, aneras diversas e importantes, son lo que el capital y el trabajo asalariado han o de ellas. ra y sigue siendo cierto que en la región los ciclos hidráulicos, la actividad siva, las variaciones del clima y demás, así como las identidades étnicas perbles, aunque más que nada simbólicas, de la bahía de Monterey, resultan crues para comprender las fuerzas que han configurado el destino del paisaje y la oria de los pueblos de la región. Pero es más cierto aún que los biorregionas que privilegian la naturaleza y la política del lugar, y los multiculturalistas hacen énfasis en la etnicidad y la política de la identidad, corren el peligro de rar las interacciones dialécticas entre el lugar y la identidad, por un lado, y la sión del trabajo, la competencia y el mercado mundial, por el otro, pasando alto así el papel central de la clase económica y social. De hecho éste puede un buen momento para redescubrir la política de clase y las formas en que se ula con la de lugar y la de identidad, no sólo en nuestras interpretaciones del do sino también —cosa más importante— en nuestras visiones y nuestra polídel futuro.

4 LA NATURALEZA DE LA CONSTRUCCIÓN Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA NATURALEZA EN FALL CREEK, FELTON, CALIFORNIA, 1860 A 1990: UN GUIÓN*

INTRODUCCIÓN

La belleza de Fall Creek (transparencia). Ésta es la narración de la historia natural y la naturaleza histórica de una pequeña cuenca hidrológica y una cañada en las montañas de Santa Cruz, en la región de la bahía de Monterey, en California. Puente viejo: Fall Creek. La forma de la narración es la "historia ecológica", el estudio de los modos en que el trabajo humano, o la producción material, depende de formas y fuerzas naturales, geológicas, climáticas y de otros tipos; de las transformaciones ecológicas que acarrea la apropiación de la naturaleza por parte de los seres humanos, y los cambios asociados en la experiencia humana y la conciencia de la "naturaleza". Puente nuevo: Fall Creek. La historia ecológica expresa la naturaleza histórica de trabajo humano, y también de la ciencia ecológica, de la sensibilidad misma. Cañada: clase up. La primera premisa de la historia ecológica es que la historia de la naturaleza es la historia del trabajo humano combinada con la de la propia economía de la naturaleza. Pero nos estamos adelantando...

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Carreta. En la segunda mitad del siglo xix y el primer cuarto del xx la economía industrial del oeste del condado de Santa Cruz se basaba principalmente en la exportación de materiales de construcción a San Francisco, San José y otras ciudades en rápido crecimiento del norte y el sur de California. Secuoias. Las tablas y muchos otros productos de madera empleados en la construcción, y fabricados a partir de los bosques nativos de secuoias, eran la exportación más rentable. Puerta de horno de cal. Le seguían en importancia la fabricación y exportación de cal para producir argamasa y yeso, utilizados también en la construcción; la pólvora negra para dinamitar túneles del ferrocarril, minas y canteras; los cueros. *En coautoría con Barbara Laurence.

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Tocón de secuoia. Hacia los años veinte los bosques primigenios de secuoias prácticamente habían desaparecido. Horno para cal en Fall Creek. La industria de la cal, que dependía a su vez de las secuoias como combustible para sus hornos, había declinado drásticamente. Cantera Cowell. La mayoría del puñado de canteras grandes de piedra caliza y de las decenas de otras pequeñas quedaron abandonadas. Avellanos. Empezaron a escasear los arbustos de avellano que los productores de cal y de pólvora talaban para hacer barriles. Encinos. Lo mismo ocurrió con los encinos que producían ácido tánico para las curtiembres del lugar. Puente cubierto Felton. El ferrocarril de montaña y los puentes cayeron en desuso. Puente natural. Mientras tanto, la parte occidental del condado exportaba también su otro recurso fundamental: su clima fresco en verano, sus plantas, el sol y el mar, el paisaje de montaña: la base de la industria turística local. Río. Y también los ríos y arroyos de Santa Cruz. A partir de los años 1860 los visitantes de San Francisco, San José y otros lugares empezaron a tener importancia en la economía del lugar. Costera. Después del despojo de sus materias primas, el occidente del condado se fue especializando cada vez más en el turismo proveniente de las ciudades cercanas, también construidas, al menos en parte, con la madera y la cal procedentes de las montañas de Santa Cruz. El turismo se convirtió en la principal industria de exportación probablemente hacia el segundo decenio del siglo xx, y sigue siéndolo hasta hoy. Hornos de cal de Fall Creek. Una parte de la economía del siglo xix eran los obrajes de cal y el taller de barriles de Fall Creek, Felton, diez kilómetros curso arriba del río San Lorenzo a partir de la llanura aluvial del Santa Cruz. Fall Creek se inicia en la cima de la montaña Ben Lomond y desagua en el San Lorenzo, en Felton. Blue Cliff. El obraje de cal se construyó tres kilómetros corriente arriba, en la ladera de una colina empinada formada de carbonato de calcio —piedra caliza— de alta calidad. Se lo construyó en el decenio de 1860, cerró temporalmente durante la depresión de los años 1890, reabrió y luego cerró definitivamente en 1919. Helecho con hojas de arce. Hoy se considera que Fall Creek es uno de los lugares más hermosos que se pueden visitar en el condado de Santa Cruz. Se ha vuelto parte de la economía turística, sobre todo para visitantes de fin de semana. También es un lugar excelente para descodificar las formas en que se combinan o entremezclan la economía de la naturaleza y la economía humana. Paisaje de Fall Creek. La cuenca es escarpada aunque en pequeña escala. Su historia económica y social es relativamente simple. Lo mismo puede decirse de su historia natural y de sus ecocomunidades costeras. Fall Creek es una especie de universo autocontenido, un laboratorio en el cual se pueden estudiar las maneras en que la actividad humana y la economía de la naturaleza se influyen y modifican mutuamente.

Horno para cal visto desde arriba (esta foto y la de la página siguiente son de Catharina Marlowe).

Tanque de agua.

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Hongos. Fall Creek atrae a muchas clases de visitantes. Para algunos la cuenc parte de la naturaleza en las montañas de Santa Cruz. Taller de barriles. A otros les llama la atención como parte de la historia eco mica y social de Santa Cruz... como arqueología industrial, incluyendo este sitio viejo taller de barriles. Refrigerador para carne. Pero la cuenca no es más historia que naturaleza. E resultado de la economía de la naturaleza y de la actividad material humana, c binadas o entrelazadas.

EL ACCESO A FALL CREEK

Entrada al parque. Fall Creek es "segunda naturaleza" o "naturaleza humaniza La entrada al parque ilustra esta realidad. Sugiere una naturaleza rural, ordena segura y gratamente invitadora. El camino, con su doble línea central, nos pro te la seguridad de lo que llamamos civilización, indicando autoridad ofici orden. Estacionamiento. El estacionamiento sin pavimentar y la falta de instalacio para visitantes son señales de que Fall Creek está poco desarrollado.., lo que in ca que Los que lleguen podrán encontrar una naturaleza romántica, "no tocada la mano del hombre", una huida accesible de la vida urbana. Señales y portal. Instructores preparados guían las caminatas por Fall Creek. de las más populares son las que ofrecen la Santa Cruz Mountains Natural Hist Association y el Santa Cruz Museum. Los instructores de la History Associatio concentran en los restos físicos del periodo industrial; los del Santa Cruz Muse en la variedad de especies vegetales de la cuenca. Cartel del Fall Creek Parle. Este cartel que anuncia el parque resulta involunta mente emblemático de la historia y la naturaleza. "6 a. m." denota el horario cial en una época en que el reloj mide la actividad humana. "Puesta del sol" corr ponde al tiempo natural, remanente del pasado precapitalista, cuando la activi era la que medía el tiempo.

EL PROCESO DE TRABAJO

Secuoias y acedera. Las operaciones madereras y caleras del siglo xix transformaro ecología de Fall Creek... así como la economía y la sociedad del norte y la costa c tral de C21ifornia. Esta narración comienza con la ecología original de la cuenca. gran imagen ecológica de Fall Creek es -una larga historia de fuertes terremot movimientos de tierra, magma borboteante e importantes cambios de clima.

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La erosión llena la cañada.

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Estanques de desove.

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ranito y secuoia. Aquí hay un detalle ecológico económicamente relevante. Los ues y rocas de granito en las márgenes de la cañada conservan el suelo. Esto ite que crezcan secuoias, de raíces poco profundas. Los obrajes de cal explon una naturaleza integrada: el granito ayudaba a crecer a las secuoias. ocón de secuoia. Las secuoias y otras especies de árboles se cortaban, se transaban en carreta hasta donde estaba el horno y se usaban como combustible del mo. La naturaleza proporcionaba un acceso barato y fácil al combustible. antera: Blue Chff. Las formaciones calizas de mármol de Fall Creek se crearon la compresión de capas de carbonato de calcio formadas por antiguos fósiles inos. El magma calentó esos materiales compactados a temperaturas increíbles, ndo una roca cristalina con la cual podía producirse cal de alta calidad. Blue f se explotó dinamitando la ladera de la montaña. Tiene cien metros de altura una de las tres canteras de caliza más grandes de la región. aseta para almacenar pólvora. Los trabajadores italianos y portugueses, algunos llos poco más que esclavos, llevaban la pólvora barranca arriba desde esta ta. ieja vagoneta del tren, encima del horno. Luego los trabajadores cargaban la piedra za, en trozos como del tamaño de una cabeza humana, en un tren de vagoneque operaba por gravedad y que seguía esta ruta por encima de los hornos. ieles. El tren de vagonetas bajaba por rieles de trocha angosta desde la parte de la cantera hasta los hornos.

Horno para cal visto de frente

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Camino de carretas.

Parte superior de un horno. Los primeros fabricantes de cal de la zona, que trabaj aban por cuenta propia, construían y manejaban hornos de un solo crisol. Pero con la introducción del trabajo asalariado se requerían tres hornos para mantener ocupada y plenamente explotada la fuerza de trabajo. Uno de los hornos se encendía mientras el segundo se enfriaba y el tercero volvía a llenarse. Frente de un horno. A finales del siglo )(Ex estos hornos producían entre el 20 y el 40% de la cal de California; la mayor parte se exportaba a San Francisco o se utilizaba en el lugar. Ciudad de Santa Cruz: Long shot. Así Fall Creek ayudaba a construir las ciudades cercanas, incluyendo Santa Cruz, que desarrolló estructuras sociales, valores y ambientes típicamente urbanos. La urbanización creó una necesidad social o demanda de escapar, de "volver a la naturaleza". Y la "vuelta a la naturaleza" incluyó la vuelta a Fall Creek. Edificio Flatiron. La economía de Santa Cruz, exportadora de materiales de construcción (incluyendo los obrajes de Fall Creek), contribuyó a crear la base material de una población urbana. Así el oeste del condado ayudó a aumentar la demanda social de sus propios esparcimientos ambientales. Por decirlo así, Santa Cruz y Fall Creek satisficieron su propia demanda. Frente de un horno. Los obrajes de cal de Fall Creek fueron abandonados en 1919,

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debido a la competencia del cemento Portland, a la escasez de mano de obra inducida por la primera guerra mundial, y al agotamiento de las secuoias. Las condiciones de trabajo explican en parte por qué se usaba este diseño de horno (técnicamente muy viejo), así como la época en que se abandonaron los trabajos. Puerta de un horno. A partir de 1930, gracias al movimiento sindical y a la mejoría general de las condiciones de trabajo, ningún obraje de cal como ésos podía atraer obreros en Estados Unidos. Los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo —incluyendo un calor intenso, quemaduras y caídas frecuentes, olor a azufre, aire contaminado y ruidos atronadores de la cantera— eran demasiado miserables. Dentro del horno. Melancolía nostálgica. Hoy los hornos evocan una especie de melancolía, como los castillos en ruinas para los románticos ingleses del siglo xviii. Parte superior del horno. Éste es un horno visto desde arriba; parece la tumba de un gigante recuperada por la naturaleza, que, literal y figurativamente, suaviza la historia. Pila de escombros. Después de la quema se separaban las impurezas de la cal y se las echaba a paladas en barriles, que después se cargaban en carretas. Sitio del almacén. Aquí había un gran almacén que iba de un lado a otro de la cañada —rellena por entonces—, donde se mantenían bajo techo los barriles de cal vacíos y llenos antes de que las carretas los sacasen del cañón rumbo a Felton, luego al muelle de Santa Cruz y, con la inauguración del ferrocarril, a un vagón de carga. Pala. Después de la quema los trabajadores limpiaban a pala la roca impura que quedaba —incluyendo la que se usó para los arcos— de las puertas delanteras de los hornos. Tanque de agua. Debajo de los hornos se construyó un tanque. El barrilero usaba madera de secuoia para los tablones y avellano para los aros. La madera se remojaba en el tanque para poder curvar los tablones. Montón de leña. La fibra de la secuoia en trozos de este montón de leña ardía mucho tiempo e intensamente, y se la usaba como combustible. Quedan unas ochenta cuerdas de leña (madera en pedazos de dos metros y medio, el ancho del horno); se necesitaban unas setenta cuerdas para una quema, que duraba más o menos tres días. Pila de escombros. Junto al arroyo, corriente abajo del obraje de cal, crecen sicomoros y hiedras sobre una enorme pila de escombros, compuesta de lo que se descartaba al cargar el horno y después de encenderlo. Los escombros se usaron para rellenar el arroyo cerca de los hornos y para hacer el camino de carretas. Muros de contención. Tres muros de contención soportaban el camino de carretas que salía de los obrajes. Eran tres muros porque ése era el diseño que estabilizaba más la ladera. Relleno del arroyo. Donde se encuentran las dos ramas del arroyo se rellenó la sur para hacer el camino de carretas. La erosión subterránea ha carcomido el camino por debajo.

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Desechos en la cañada. Abajo de los obrajes de cal la cañada es una especie de tiradero de basura lleno de los desechos de la naturaleza y de la historia. Camino de carretas. Se usaron piedras del lecho del arroyo para pavimentar el camino de carretas, que ahora es la principal senda para visitantes. Aquí una generación de caminantes ha alisado los filos de la historia, creando un lugar seguro y atractivo para pasear.

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LA RESTAURACIÓN DE LA CAÑADA

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Secuoias. Después que cerraron los obrajes de cal mucha gente pasó por Fall Creek. Metal en los bosques. Residentes cercanos buscaban el metal de desecho en la cuenca, así como madera, leña, nudos de secuoias, bayas, hongos, helechos y cosas por el estilo. En los sesenta los hippies hacían campamentos con la madera y los ladrillos que habían quedado. Foto escénica de la cañada. La gente del lugar pescaba en el arroyo y usaba el área de los hornos para tirar al blanco. Los chicos jugaban en el agua y trepaban por la cantera (algunos se cayeron y resultaron heridos; dos murieron). En 1972 el Servicio de Parques añadió Fall Creek a su colección.

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ñada restaurada, estanques de desove. A mediados de los setenta David Hope, ente de Santa Cruz y funcionario del condado, organizó la restauración de un de la cañada, donde acostumbraran desovar salmones y truchas arcoiris. Los reros habían eliminado el dosel de árboles y, con él, la sombra que los peces rían para dejar progenie. La construcción del camino y los deslizamientos de habían creado sedimentos que cubrieron el lecho de grava del arroyo, tamecesario para que los peces desovaran. ñada restaurada, estanques de desove. Se inició el trabajo de restauración del o. Técnicamente estos escalones en el mismo sirven para dos cosas. Canalizan ua para mantener un flujo profundo; también crearon estanques de desove en ones de agua mansa, constantemente renovada para que no se estanque. Culmente, si bien la cañada parece "natural", en realidad está construida de do con cierta estética de la naturaleza. ques de piedra en el arroyo. El arroyo "construido" es el modelo "clásico", ya que e un equilibrio de lógica y expresión o sentimiento. La lógica está en el diselos escalones por los que suben los peces, y se basa en la capacidad de los es de piedra y las rocas para soportar fuertes tormentas. La expresividad está uso de materiales naturales del lugar: roca, piedra y madera. El restaurador una concepción de la naturaleza como algo pacífico e invitador, no como un desolado, extraño y amenazante. oyo: Close up. A la naturaleza se le da exactamente el aspecto que esperan ntrar los residentes urbanos que buscan un escape... tal como se imagina que otra época. oyo restaurado. Se impuso un modelo especial de la naturaleza, familiar desde ca de los románticos ingleses: silvestre pero atractiva y segura. Mas el modela biosfera que se expresa en la restauración está sumamente simplificado: señado como lugar para desove de los peces. Otras especies de vida —algas, os, pájaros— no merecen la misma atención. oyo restaurado/troncos caídos. Mientras tanto los troncos caídos son arrastrados arroyo, poniendo en peligro los escalones. La historia actual y la naturaleza a, la naturaleza actual y la historia pasada, están inextricablemente unidas sí. ñada restaurada.Estos troncos, bloques de piedra y rocas están puestos en una del arroyo para controlar la erosión. Alejan la corriente de la orilla de una maue pretende parecer natural. ques de piedra/cable. Un cable mantiene en su lugar los bloques de piedra. as/malla de alambre. Se alcanza a ver la malla de alambre que contribuye a soslas piedras. La naturaleza descubre los intentos del hombre por hacer que a natural.

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EL IMPACTO ECOLÓGICO DE LA CAL Y LA MADERA

La belleza de Fall Creek. Mientras tanto, independiente de todo esfuerzo por resta rar la cañada y manejar el parque, la ecología de Fall - Creek cambió drásticamen durante los últimos cien años. La belleza de Fall Creek. Las condiciones de producción en Fall Creek contribuy a explicar el diseño de los hornos, el modo de operación de la explotación mad rera y de los obrajes de cal, y el momento en que se cerraron estos últimos. La belleza de Fall Creek. Los mismos, a su vez, ayudan a explicar el tipo y el mome to del impacto ecológico del uso industrial de la cuenca. La historia de la natur leza en Fall Creek es, de algún modo desconocido e incognoscible, parte de la hi toria del trabajo entre 70 y 130 años atrás, así como de la economía de la naturale en ese mismo periodo. La belleza de Fall Creek. En un principio el periodo industrial tuvo el efecto devastar la ecología de Fall Creek. De acuerdo con los autores del único estud ecológico conocido sobre la cuenca, "Durante el periodo de tala y minería [...] extrajo mucha biomasa." La belleza de Fall Creek. Y los autores continúan diciendo: "La vasta destrucción d la cubierta vegetal [...] aumentó la erosión de los suelos, cambió los microclimas creó un hábitat nuevo, casi uniforme [y] una actividad de sucesión caracterizad por el decremento de la diversidad de la flora y de su complejidad distributiva." La belleza de Fall Creek. Pero a medida que fue pasando el tiempo "la biología volvió más complicada. Dentro de la [...] cuenca la energía ha existido como u sistema de biomasa y acumulación, y al sistema se incorporaba mucha más energ que La que se liberaba. La radiación solar es absorbida por una cantidad —que cr ce año con año— de vegetación leñosa y cubierta del suelo del bosque. Flores. Luego la cuenca se volvió ecológicamente más variada. Con la desapa ción del dosel original de secuoias podía crecer más flora. La belleza de Fall Creek. Con el tiempo apareció una mayor variedad de helecho plantas de flor y arbustos. Las lluvias estacionales y la erosión cambiaron también cañada misma. El hecho ecológico de que el trabajo humano recreó, intencional no intencionalmente, una ecología diversa, es una de las razones por las que Fa Creek es un lugar dilecto al que se escapa la gente de las ciudades cercanas. Flores azules. La ecología actual de Fall Creek es resultado también de las regl y reglamentos del Departamento de Parques, de la reparación de sendas, con trucción de puentes y otras obras de mantenimiento y mejoramiento por parte d personal y de voluntarios. La cuenca se realmente una especie de jardín. Y los ja dineros toman decisiones acerca de qué cultivar y qué no, ya sea por intención por efecto. Helecho. Helechos y matorrales de chamizo, culantrillo, campanillas, madreselv lotos, rosas silvestres, zarzamoras, frambuesas y otras plantas prosperan en áre perturbadas de la cuenca.

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Secuoias. Lo mismo ocurre con las secuoias, tan numerosas hoy que probablemente nunca lleguen a tener el tamaño de los árboles primigenios. Un resultado de la protección a las secuoias es que algunas otras plantas y helechos no lograrán sobrevivir cuando el dosel de árboles sea más alto y denso. Los helechos arbóreos y los helechos dorados, que necesitan sol, pueden desaparecer. Avellanos. Pero los avellanos han reaparecido, y el acebo y la retama florecen cerca del agua y a las orillas del camino. El resistente helecho espada, que abunda en las áreas muy sombreadas, va a sobrevivir. Encinos. Los encinos se reproducen prolíficamente. Hojas de arce. Y también los arces de hoja grande, que crecen en densos grupos en los escombros de piedra caliza, al pie de Blue Cliff y en los claros cercanos al agua. Hongos. En un tiempo Fall Creek era un buen lugar para los recolectores de hongos. Ahora el estado prohíbe a los visitantes recoger hongos, así como llevarse helechos u otras plantas, con lo que de hecho se toma otra decisión en materia de jardinería. Igual que en una reserva natural, sólo podemos apropiarnos de la imagen del objeto real en una foto, no de la cosa misma. Catalinas. Sigue siendo misterioso de dónde viene esta colonia de catarinas, cómo escogen Fall Creek en la ruta de su migración y por qué se van repentinamente a mediados de febrero, volando con una corriente de aire caliente. Hiedra. A la hiedra se le han dado muchos nombres, entre ellos "la huella del hombre". La plantaron los trabajadores para humanizar su entorno, y tal vez para controlar la erosión y el polvo. Vinca. Esta vinca y la hiedra cubren el pasado de quienes las plantaron, como si hubiesen querido suavizar los afilados bordes de su propia historia. Aquí el hombre sigue dominando a la naturaleza en el sentido de que estas especies introducidas dominan a la flora nativa. Manantial. Debajo del obraje de cal el agua sale borboteando de un pequeño manantial subterráneo. Cuando se rellenó el arroyo, corriente arriba, siguió vivo debajo de los escombros y cambió de curso. Cañada. Piedras, helechos, luz y agua se combinan en este tramo de la cañada para crear un paisaje de naturaleza romántica digno de la imaginación urbana nostálgica más exigente.

INTERPRETACIÓN

Foto escénica de Fall Creek. Una vez Karl Marx escribió que la producción no sólo crea los objetos que satisfacen las necesidades, sino también las necesidades satisfechas con esos objetos. Este estudio es una variación sobre ese tema. Fall Creek produjo la cal que ayudó a construir la California urbana, incluyendo las ciudades de San-

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ruz y Felton. La vida urbana constituyó una cierta estructura social y la necesisocial de escaparse y volver a la naturaleza. Foto escénica de Fall Creek. La naturaleza que buscan los citadinos de la zona y os visitantes incluye a Fall Creek, que ya no es un lugar salvaje pero que no está arrollado y parece natural. Foto escénica de Fall Creek. O, en otros términos, Fall Creek es un ejemplo de la uraleza tal como quiere verla la imaginación urbana. Así se cierra el círculo: Fall ek satisface su propia demanda, en el doble sentido de ayudar a construir cens urbanos y de verse y sentirse como la clase de naturaleza que esperan los visites urbanos que buscan escapar de la ciudad y ver la "naturaleza". Viga del almacén en el arroyo. Fall Creek sólo parece "naturaleza pura". De hecho la cuenca la historia se mezcla con la naturaleza de maneras obvias, como esta richosa viga en el lecho del arroyo. Lo insólito de Fall Creek. Y de maneras insólitas, como este marco de la puerta de horno incrustado entre los desechos del suelo del bosque. Tanque de agua. Lo que vemos en la cuenca, lo que olemos y oímos, y el sentido seguridad que experimentamos en sus senderos, tiene tanto que ver, a su manecon el desarrollo del capitalismo en Occidente, como con los propios ritmos de aturaleza. Carreta. Las herramientas y condiciones de trabajo, el agotamiento del bosque, cambios tecnológicos de la producción de materias primas y el papel de Calinia en la economía mundial a finales del siglo xix y principios del xx son elentos que contribuyeron a construir la naturaleza actual de Fall Creek. Tocón de secuoia. Pero —por decirlo en una sola palabra— el dualismo occidennos ha impedido ver la dialéctica de esta historia natural y naturaleza histórica. ello tiene tanta importancia la historia ecológica, que desconstruye los muros ológicos que se yerguen entre la historia y la naturaleza, y crea una nueva comnsión del presente como historia y como naturaleza.

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NTA DE DOS CIUDADES: GO Y LOS ÁNGELES

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le dedicado un número de Antipode, la revista de geografía radical, a un simsobre Nature's metropolis: Chicago and the Great West [La metrópolis de la naturahicago y el Gran Oeste], libro que consolidará la posición de William Cronon uno de los principales historiadores ambientales de Estados Unidos, es —cocen en Hollywood— un buen concepto. Pero el tratamiento es, en gran a, un fracaso. Once especialistas radicales, en su mayoría geógrafos marxissalzan el estilo literario de Cronon y sus proezas narrativas, su minuciosa igación y su pasión por el tema, y su disposición a ocuparse del complejo prode las formas en que Chicago y sus hinterland se modelaron y configuraron mente durante la segunda mitad del siglo xix. Sin embargo, con excepción s o tres de los colaboradores, todos acusan a Cronon de ingenuidad teórica lo tanto, de no haber hecho lo que creen que el autor se propuso (o debeberse propuesto) hacer. La crítica, muchas veces mezquina, otras venenosa, a el aprecio por un factor de dos o tres. Pero no es ésta la razón por la que a el simposio, ya que la equidad y la eficiencia, según nos enseñan los ecotas, son dos cosas distintas. La razón es que en su "Respuesta" Cronon no oce ni uno solo de los puntos señalados por sus críticos. Buen podría haber : "Si me hubiese sido posible leer todas las contribuciones a este simposio de escribir mi libro, hubiese escrito exactamente el mismo libro." Cuando los s especialistas no aprenden nada unos de otros, algo anda mal. quí interviene algo más que los intereses personales y los egos. Hay por lo s otras tres razones de que los críticos de Cronon hablen sin ser oídos por él. imera es que el mismo Cronon no es todo lo claro que debería ser sobre cuán realmente su método y su objeto de estudio, lo cual, naturalmente, incoa los ponentes de inclinación teórica. La segunda es que los geógrafos marno explican su método todo lo bien que deberían hacerlo, ni demuestran de anera su enfoque arrojaría mejores resultados que el de Cronon. 1 (La forma crítica es grosera con tanta frecuencia que se necesitaría un erudito muy s excepciones se señalan en el texto. No obstante, ni siquiera Allan Pred, que aporta las críticas lógicas más elaboradas (a saber, que Cronon fusiona la configuración de los paisajes tanto como cuanto como resultado de la intervención humana contingente a las historias previas de persoaturaleza, es decir a las condiciones habilitadoras y limitantes insertas en los productos de la

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paciente y sabio para que pudiese abrirse paso entre sus argumentos y separar grano de la paja.) Por último, incluso si los participantes lograron exponer d manera útil el método marxista, tengo la sensación de que Cronon igual hubie ignorado a sus críticos, ya que no es marxista (aunque afirma comprender el ma xismo) ni quiere serlo. Cronon "se pregunta" si sus críticos consideran que Nature's metropolis tie grandes fallas debido a sus propias "expectativas" irreales, más que al "desempeño del autor. Pero parece estar algo confundido acerca de cuál es realmente s desempeño y, por lo tanto, de lo que sus lectores tienen o no derecho a espera Sus narrativas ("relatos") tienen la clara intención de contar con una base teórica pero no queda claro de qué profundidad ni de qué clase de teoría. Tres o cuat críticos condenan el libro porque no explica la dinámica del desarrollo region de Chicago. ¿Qué impulsaba a la ciudad que devastó así la naturaleza? Pero pued ser que la intención de Cronon nó fuese explicar el desarrollo regional per se si más bien los efectos del mismo sobre la naturaleza. En el libro dice que su intenció es escribir "una historia de la relación entre Chicago y el Gran Oeste", y en part cular analizar las transformaciones económicas y ecológicas que experimentaro la gran ciudad y sus hinterland. Pero también convierte en agentes del cambio a lo comerciantes, intermediarios, especuladores y promotores de Chicago, lo cua puede verse o no como una afirmación teórica. Asimismo, en su respuesta a imputación de Carolyn Merchant de que su misma descripción de la transform ción del Gran Oeste es incompleta, Cronon replica que su omisión fue deliberad que ya había tratado el tema en su libro previo sobre la historia ambiental de Nu va Inglaterra. El autor tampoco se ocupa de la transformación ecológica de Ch cago mismo, ya sea en el nivel de la destrucción del ecosistema o en el de la ap riencia de los paisajes culturales. "Cronon no cierra el círculo que une el campo la ciudad —escribe Merchant— detallando el regreso de aguas, humo o desecho al campo y los ríos." Tal vez Cronon precisa su verdadero objetivo en su "Respuesta". Afirma en el que escribió el libro "para investigar [...] las muchas formas en que la gente se ena jena del mundo natural del cual depende su vida [...] explorando el crecimient de una gran ciudad en relación con los sistemas naturales que hacen posible es crecimiento". Ralph Saunder y Sallie Marston añaden: "Cronon demuestra cóm Chicago se desarrolló simultáneamente con la ruina del mundo natural que rodeaba y, lo que es más importante, por medio de ella." Es justo. Sólo nos rest añadir "ignorando mientras tanto la dependencia de la ciudad de la fecundida natural y la forma en que asoló [la naturaleza primigenia] ". El problema es qu este propósito no puede realizarse sin otra investigación paralela sobre las forma en las que la gente fue enajenada de los medios de producción, de su trabajo y de

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137 producto del mismo, y de las demás personas (no sólo de la naturaleza), todo lo cual está ausente de la narración de Cronon. Esto sugiere también que el objetivo de éste es explicar los efectos de la dinámica del desarrollo de Chicago y sus hinterland sobre la naturaleza (y sobre los seres humanos, en la medida en que los mismos se alejaban de la naturaleza), no la dinámica misma. Cronon dice que no trató de brindar "a los lectores [del libro] una teoría global de la urbanización, el cambio regional, la industrialización y la dinámica interna del crecimiento capitalista". Si bien se concentra en comerciantes, ferrocarriles y mercados, asevera que "en ningún momento afirmo que el transporte, el comercio, los mercados o el movimiento de mercancías fuesen los únicos determinantes del crecimiento de Chicago [...] Me limito a decir que fueron muy importantes y que al pensar sobre ellos podemos aprender muchísimo respecto a la relación de la ciudad con sus hinterland" Bastante justo, también. Pero esta clase de enfoque no explica realmente nada, sino que se limita a aislar un factor o conjunto de factores entre otros, sin decir cuáles son esos otros factores ni cómo se articulan con los primeros. Cronon afirma que "su brújula se orienta en las vías que llevan de y hacia la ciudad, siguiendo las rutas que vincularon a la comunidad humana llamada Chicago con el mundo natural del cual la ciudad llegó a ser una parte tan importante": el transporte y los ferrocarriles. Los ferrocarriles son temas engañosamente simples, y la brújula de Cronon puede llevar a sus lectores en una dirección teórica equivocada. El transporte es capital productivo, cosa que no menciona ningún integrante del simposio. (Hasta el "puro" intercambio de trabajo en la caja del supermercado tiene un momento productivo, cuando las compras se meten en bolsas.) Los ferrocarriles se construyeron por más de una razón, lo que complica todas las historias que tienen que ver con ellos. Consolidaron el poder de Chicago, así como de sus comerciantes y empacadores de carne, sobre el campo; fueron también una salida para el capital excedente y parte de la creación del imperio transcontinental llamado Estados Unidos. Tal como ocurre en la creación de autopistas interestatales y shuttles espaciales, en la construcción de ferrocarriles se combinaron consideraciones políticas y militares con motivos económicos. Ni siquiera está claro si Chicago y sus hinterland hubiesen sido significativamente diferentes si los trenes nunca hubiesen remplazado los canales. De no ser así, Cronon les presta excesiva atención a los ferrocarriles en sí mismos y muy poca a su papel como medio para reducir el tiempo de revolvencia del capital y de acelerar la historia (aunque, en sí misma, su descripción de la reglamentación y disciplina del uso del tiempo requerido para la eficiencia ferroviaria es excelente). Escribe esta sabia frase: "Ahora [...] sabemos que la narrativa funciona apoderándose de una porción de realidad, disponiéndola en una secuencia atractiva y haciendo que esa secuencia parezca completa, pese a todas las evidencias en contrario." Sin embargo elude la cuestión de cómo decide uno los criterios que usará para determinar qué extraerá, para su investigación detallada, de la masa de la historia, y qué dejará en los archivos. Con bastante frecuencia parece que los criterios

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de Cronon tienen que ver con las características físicas de las cosas; los trenes y sus cargamentos, por ejemplo, se definen como valores de uso, no valores de cambio; como formas de entrar y salir de la ciudades, no como maneras de acumular capital. Probablemente ésta sea otra fuente de la confusión de sus críticos acerca del propósito y método del autor. Nature's metropolis, ¿es una narración descriptiva o también se plantea "por qués"? Creo que hace las dos cosas, pero en ambos casos de manera ambigua, por lo que ninguna de ellas resulta totalmente satisfactoria. El autor no aclara cuáles son sus hipótesis, cómo se las puede someter a prueba, qué datos en contrario habría que buscar y qué opacidad desea penetrar: si la ideología desconstruida o una narrativa previa revisada. Esta laguna resulta especialmente incómoda para los marxistas, que aprenden a desarrollar sus propias perspectivas teóricas en forma de una crítica a la "teoría burguesa" —expresión que los críticos de Cronon evitan— y a su método. Cronon ignora a sus críticos no sólo porque sus metas y métodos no están claros (por lo cual aquéllos no saben ni pueden saber qué tienen derecho a criticar), sino también porque los geógrafos marxistas no explican demasiado bien sus propios métodos (lo que a su vez irrita al autor de Nature's metropolis). Cronon afirma que sus críticos se molestaron porque no escribió el libro que ellos querían que escribiese, un libro que explicara la dinámica de desarrollo de Chicago y del Gran Oeste en términos de una teoría de tipo marxista de la producción, circulación y acumulación de capital. Mary Beth Pudup se queja de que "la preocupación exclusiva de Cronon [es] la circulación [...] Las ruedas del comercio son las que ponen en movimiento a Chicago." Phillip Scranton escribe: "La exclusión [del crecimiento industrial] nos permite observar más profundamente las mutaciones del intercambio mercantil, pero a falta de un análisis igualmente penetrante de la producción empobrece el argumento en su conjunto." ¿Qué diferencia hace que Cronon ignore lo que dos críticos llaman la "primacía de la producción" y un tercero denomina las "relaciones de producción"? Asumamos que trató de que su libro no sólo describiese los efectos del desarrollo regional sino también que lo explicase. Los críticos ofrecen muchísimos consejos gratuitos acerca de lo que tendría que haber hecho Cronon, y de lo que hubieran querido que hiciese, pero mucho menos respecto a cómo debería haber hecho lo que ellos querían que hiciese. Tampoco explican qué diferencia haría su propio método en términos de las clases de resultados que podría haber obtenido Cronon en caso de haber decidido escribir un libro marxista. 2 Brian Page y Richard Walker identifican el problema de las explicaciones del 2 Parece haber dos excepciones. Merchant dice que al "hacer caso omiso de las relaciones de producción, la crítica del mercado que hace Cronon se limita a sus costos ecológicos". Page y Walker demuestran que la concentración en la acumulación de capital y en el concomitante cambio tecnológico en la industria y la agricultura explicaría mejor la velocidad de la transformación ecológica y del desarrollo económico.

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rollo económico orientadas al mercado. Aducen correctamente que quienes recen casi nunca dan el siguiente paso y se preguntan qué determina la exn del mercado. Atinadamente, los críticos señalan que "la acumulación de caue el primer motor", pero podrían haber aumentado la probabilidad de conr a Cronon si hubiesen explicado qué quiere decir esto. No dicen que los dos se crean cuando se adelanta capital en efectivo a los trabajadores a came su fuerza de trabajo, y que los mercados se forman dentro de la clase capicuando se intercambia capital en dinero por energía, equipo, materias priy demás. Cronon realmente no distingue estos dos tipos de mercado, y oco lo hacen sus críticos. De esta manera, las implicaciones económicas del de que los granos, la carne y la madera fueron elementos clave del capital le (y en menor grado del constante) se les escapan tanto al autor como a sus s. Y ninguno de los participantes vincula la tasa de acumulación con las tasas svalor y de utilidad y la composición del capital. 3 e y Walker (y otros colaboradores) podrían haber explicado mejor el "dinao" del desarrollo de Chicago. Algunos críticos emplean los términos "crecito económico" y "desarrollo económico" de manera intercambiable. Pero utilizó el concepto de "reproducción expandida" (crecimiento económico) un recurso heurístico, y nada más. La acumulación de capital (desarrollo) es oceso tanto cualitativo como cuantitativo; todas las categorías de Marx son lógicas así como económicas. Por ejemplo, la tasa de explotación es un indidel poder del capital sobre el trabajo y también una medida estadística de la ncia del sistema a dirigirse hacia crisis de realización. La lucha de clase (véas adelante) en Chicago tiene que haber tenido consecuencias económicas y gicas. La participación de la utilidad total absorbida por la renta también tuvo caciones económicas y ecológicas, tema sobre el cual ni el autor ni los críticos nada. Page y Walker hacen énfasis en la idea de que la acumulación de capiesupone la innovación tanto del proceso como del producto (aunque ignoaspecto sociológico de ese elemento). Esto ocurre especialmente durante las s malas, cuando los capitales individuales se esfuerzan por reducir los costos ios de trabajo (y otros), y luchan por conservar su participación del mercado robarles mercados a sus rivales, así como por adquirir otros capitales o fusio-

esde luego esto sólo lleva el tema de la acumulación un pasito más allá de la versión que ofrecen Walker. Incluso en las épocas dificiles puede haber demanda de bienes de sustitución, y siempre demanda de alimentos básicos y de un lugar en el que estar. Pero si todas las demás condiciones ecen constantes, cuanto más altas sean las tasas de utilidad y de acumulación (tema que nadie con respecto a Chicago en la segunda mitad del siglo xix), más rápido se expandirán tanto el o de bienes de salario como el de bienes de capital. Si hay economías de escala (incluyendo las ías externas), como las había en Chicago durante su auge, las tasas de utilidad y de acumulaacelerarán. Esto asume no sólo qiie los mercados están creciendo, sino que crecen más o menos o ritmo que la capacidad productiva ffsica y las utilidades; que no hay una tendencia hacia una e sobreproducción, y que las crisis del lado de los costos (es decir las deseconomías externas) usentes.

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narse con ellos para redistribuir las utilidades escasas a los más fuertes o más p sisten tes. El tema de la crisis económica, que debería ser central en cualquier d cripción marxista de la "dinámica del desarrollo", está ausente en este simpos "La acumulación por medio de la crisis" explica la expansión de los mercados bienes de capital en términos de una demanda menguante del consumidor, es dec de la necesidad de reducir costos para defender o rescatar utilidades cuando l mercados finales se debilitan o decaen. La mayoría de las grandes innovacion tecnológicas para reducir costos aparecieron o se difundieron durante periodos d depresión o estancamiento. En la historia del capitalismo las crisis son moment definitorios de cambio económico, tecnológico y social, incluyendo los cambios la composición de las clases sociales en general y de la clase trabajadora en par cular. Puesto que durante la segunda mitad del siglo xix el capital fue un sistem expuesto a crisis (así como dependiente de las crisis), la omisión de la teoría de crisis limita la utilidad tanto de Nature's metropolis como de las reflexiones de geógrafos sobre el libro de Cronon. La queja más frecuente de los críticos es que Cronon deja de lado lo que d geógrafos llaman la "primacía causal" de la industria (o capital productivo). En introducción Walker afirma que "la discusión sobre la primacía causal es fund mental para llegar a una comprensión del crecimiento explosivo de Chicago Pudup apoya su aseveración: "El comercio se subordinó de manera más genera zada a la producción industrial" hacia finales del siglo. ¿Será verdad que el capi industrial subordinó al capital mercantil durante la segunda mitad del siglo xix? si así fue, ¿qué más da? Un problema es que ninguno de los críticos explica q quiere decir "subordinación", de manera que resulta comprensible la irritación Cronon frente a esta línea de ataque. Quiere decir que los comerciantes pierd el monopolio de que puedan gozar en el comercio y, en consecuencia, su capac dad de comprar barato y vender caro, en lo que equivale a un juego de suma cer En cambio se ven obligados a competir entre sí, y también con el capital industri para obtener capital en dinero y crédito, trabajo y demás. La subordinación de l comerciantes a los industriales (en un modelo simple, en el cual el capital me cantil está en manos de una clase identificable de comerciantes y el capital pr ductivo en manos de los industriales) quiere decir que los primeros se apropian una parte de las utilidades totales que va de acuerdo con la cantidad de capital q han invertido, con la composición orgánica de sus capitales y con la tasa de uti dad promedio. La mayoría de los críticos de Cronon dan vueltas alrededor de esto problemas sin hacerles frente. Sólo Holdsworth discute los precios de las materi primas y el alcance de la competencia que prevalecía en esa época, pero tan sól con respecto al poder de los comerciantes sobre los productores directos ("l comerciantes de Chicago que estaban detrás de [...] los cambios del transporte [.. capturaban implacablemente una parte suficiente de la oferta como para contro lar el precio que recibían los productores. Éstos, casi siempre a merced de com pradores de la metrópolis [... ] tenían muy poco poder para responder a la dista

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te y anónima Chicago.") Ninguno de los críticos plantea la importante pregunta: ¿cómo cambió la (supuesta) subordinación del capital mercantil al industrial la historia de la transformación ecológica del Gran Oeste? ¿Hay una hoja de pasto que desapareció (o no) debido a esta subordinación (o a su inexistencia)? Hacia 1900 Chicago había desarrollado una variedad de industrias de "sustitución de importaciones" y bienes de capital, y tenía más fábricas que cualquier otra ciudad del mundo. Dos críticos creen que ni el comercio de granos ni el de madera tuvieron mucho que ver con la "creciente vitalidad industrial de la ciudad". Pero ésta no es base suficiente para rechazar la estrategia de Cronon de tratar a los comerciantes y afines como agentes dominantes del crecimiento. A principios del siglo xvin Gran Bretaña tenía miles de fábricas, pero el capital industrial no subordinó al capital comercial hasta más entrado el siglo, e incluso entonces sólo lo hizo de manera parcial. Las actuales economías de los tres grandes, Estados Unidos, Japón y Alemania, tienen importantes características neomercantilistas. La industria moderna reduce a los comerciantes a personificaciones ciegas del capital comercial en su conjunto sólo en los libros de texto. Para saber si los comerciantes de Chicago estaban económica y políticamente subordinados a los industriales, yen este caso cuándo y con respecto a qué, habría que estudiar el alcance y el tipo de competencia entre comerciantes; los movimientos de los precios de las materias primas a medida que la competencia iba imperando entre ellos, y los cambios de la relación capital-trabajo, entre fracciones del capital y en las configuraciones del poder del estado (entre otros factores). Tal vez el asunto no pueda discutirse sensatamente fuera del contexto de la economía mundial en su conjunto, y del lugar de un Estados Unidos imperialista en ella. Tendría que prestarse atención a la tesis de William A. Williams (ignorada por el autor y por los críticos) de que los granjeros del Gran Oeste eran una importante fuerza expansionista debido a los grandes excedentes producidos por la fecundidad de la naturaleza combinada con la tecnología humana. En Estados Unidos los industriales y los obreros eran proteccionistas; los granjeros y los banqueros lo eran, si acaso, mucho menos. Estados Unidos fue proteccionista hasta 1913; después, tras la primera guerra mundial, los aranceles se elevaron al nivel más alto de la historia del país. ¿Es señal esto de que el capital industrial era dominante? Tal vez sí, tal vez no. El capital industrial realmente poderoso busca libre comercio e inversión donde sea, y no le teme a la competencia extranjera. El proteccionismo resguardaba a la industria mientras los granjeros se beneficiaban de los mercados europeos en expansión. La industria norteamericana obtenía materias primas baratas y alimento para sus trabajadores, especialmente del Sur después del Gran Compromiso de 1876, y los granjeros disfrutaban de mercados en crecimiento, salpicados por crisis de sobreproducción. Estas consideraciones son la punta del iceberg histórico que, como su masa, es invisible en este simposio. Los críticos de Cronon también le reclaman no haberse ocupado del trabajo y la lucha de clase. Pero no explican cómo incorporar estos temas de manerainteresante en la narrativa de Cronon. Page y Walker escriben que el autor "desprecia

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l poder generador de valor del trabajo humano", pero no explican cómo se articuaban entre sí la abundancia de la naturaleza, el trabajo humano y la tecnología en el Gran Oeste. Merchant se queja de que Cronon no "muestra la resistencia a las estructuras de mercado por parte de agentes humanos o de actores no humanos", pero omite explicar de qué manera una descripción de esta "resistencia" podría modificar los resultados de aquél. Holdsworth sugiere que la narración no hubiese cambiado demasiado cuando afirma que la "transformación de la pradera de pastos altos, el territorio de los búfalos y el bosque septentrional de pinos [no fue] cuestionada ni casi refutada". Scranton añade que Cronon retrata los conflictos entre los granjeros, los ferrocarriles, los empacadores y los comerciantes, pero que la lucha capital-trabajo es "prácticamente ignorada". Una vez más, ¿y qué? ¿En qué cambiaría eso los resultados de Cronon? Ninguno de los críticos analiza la forma en que las luchas defensivas de los artesanos y obreros con aptitudes capitalistas obligaron a la industria a pasar a la producción de masas, y a subsumir real, y no sólo formalmente, el trabajo, fenómenos sin los cuales el capital industrial no puede establecerse con firmeza. Este proceso se relaciona con el tema de la subordinación del capital mercantil de modos sobre los cuales nadie ha planteado nunca una teoría. Los críticos de Cronon ni siquiera lo mencionan. Ninguno de los autores del simposio cuestiona el argumento de Cronon en el sentido de que los cambios en el Gran Oeste, sobre todo los cambios ambientales, eran una cara de un doble proceso histórico, y que la otra fue el desarrollo de Chicago. Algunos cuestionan la estrategia de Cronon de limitar la relación ciudad-hinterland a Chicago y el Gran Oeste. Como señalé antes, un libro sobre la metrópolis de la naturaleza ubicaría a la región dentro del marco de referencia de la economía mundial en su conjunto. Pero los que quieren que Cronon amplíe sus miras no explican cómo podría hacerlo. Hay poco o nada sobre el desarrollo capitalista desigual y combinado o sobre el "desarrollo del subdesarrollo". Habría que rastrear los efectos de la inversión en transporte, en mejora de la tierra y demás, sobre el costo de producción de alimentos y materias primas. (También los cambios ecológicos concomitantes a la ocupación norteamericana pueden haber elevado indirectamente el costo de producción de las materias primas, según la tesis de la "segunda contradicción del capital".) Por lo general, durante el siglo xix las inversiones en zonas productoras de materias primas elevaron la tasa de utilidad del capital industrial y estimularon nuevas oleadas de inversión en tierra, infraestructura y demás en esas zonas, lo cual reducía los costos y aumentaba aún más las utilidades. Las economías industriales del Norte, mundiales, integradas, equilibradas, se desarrollaron a expensas de las economías exportadoras de materias primas del Sur, especializadas y fragmentadas. El desarrollo causa subdesarrollo, y viceversa. La bibliografía norteamericana sobre este tema se concentra en el sur de Estados Unidos, pero resulta sorprendente que ningún miembro de este simposio se pregunte si el mismo tipo de modelo (con modificaciones) podría resultar útil en caso de aplicarlo al Gran Oeste.

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Creo que muchos de los lectores de este simposio, de mentalidad justa, que ieren aprender tanto de los geógrafos económicos marxistas como de los histodores ambientales no marxistas, llegarán a la conclusión de que muchos de los ticos (no todos) con frecuencia se interesan más por mostrarse capaces de señapuntos débiles que por arrojar luz sobre la dialéctica del cambio entre Chicago u hinterland en la segunda mitad del siglo xix. Los críticos parecen ser mejores dicadores que educadores. Atinadamente, Cronon les reclama que no estén emasiado interesados en la naturaleza"... tema central para los marxistas ecolóos. Señalan muchas cosas pero casi nunca dan en el centro del blanco y lo que hacen son los bordes del mismo. Ésta es una de las razones por las cuales Cron presta oídos sordos a sus críticos en su "respuesta". Por otro lado, es evidente e se resiste a toda descripción de tipo marxista sobre el tema. Presumiblemena razón principal es, como señala una cantidad de colaboradores, que ignora alma y el corazón de la teoría marxista, la imposición del trabajo, la producción plusvalor, es decir la explotación del trabajo (y todos los asuntos ideológicos y íticos asociados con la explotación). El error de Cronon tiene dos lados. Ignoel trabajo como un insumo o factor de la producción y también ignora el trao definido como el movimiento laboral. Cronon no niega esta realidad, pero pienso que en verdad crea que en el capitalismo lo normal es explotar el trao, mientras que correctamente sus críticos así lo piensan. En lugar de hacer frente a los dificiles problemas planteados por sus críticos, onon trata de escabullirse de su (gastada) trampa. Primero, escribe que si usa ses tales como "la lógica del capital", es sólo como recurso retórico. Segundo, iste en que comprende el marxismo y que simplemente prefiere no usarlo, ando es obvio que no lo entiende y que, por lo tanto, no está en condiciones de ir si el marxismo podría o no resultar útil (aunque "a veces [es] convencido por rl Marx"). Me recuerda a esos posmodernos que no quieren comprender las totaades, y que por consiguiente nunca descubren si es o no posible que lo hagan. r ejemplo, los críticos piden una descripción de las fuerzas y las relaciones de ducción en la industria, la agricultura y demás (aunque no les dicen a sus leces qué quieren decir con "fuerzas " o "relaciones"), lo que Cronon parece intertar como un llamamiento a estudiar con mayor detalle la "producción fabril". rato de hacer que un puñado de bienes manufacturados [...] sirvan de sustituto a el resto", escribe, malinterpretando por entero el señalamiento de los críticos. ro ejemplo: Cronon les reclama a los geógrafos que le critiquen su énfasis en la stribución". En la teoría marxista distribución quiere decir la distribución de la ueza y el ingreso entre clases sociales; realización quiere decir la venta de cosas; nsporte es una forma de capital productivo (que genera plusvalor). Tercero, onon afirma que sus críticos creen que la única teoría que apoyan es "su propia ría" cuando, de hecho, "su propia teoría" incluye (subsume, si se prefiere) la teode Cronon del desarrollo y la transformación ecológica impulsados por el mero. No es una proposición del tipo "o/o" sino del tipo "y/y", o lo que en la jer-

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ga marxista se llama "la unidad contradictoria de la producción y la realización". Pero los críticos tampoco explican demasiado bien esto, lo cual no representa una razón suficiente para que Cronon pretenda conocer el método marxista cuando no es así. Aunque este simposio es un fracaso (muy especialmente un fracaso editorial que no elimina las repeticiones y el tono a veces maligno de algunos de los colaboradores, incluido el mismo coordinador) en términos de la presunta meta de los colaboradores marxistas, a saber, educar a Cronon y a otros historiadores ambientales, puede considerarse un éxito en el sentido de que tal vez estimule a algunos lectores a ser más conscientes de sus propias categorías teóricas y de su estatus en la redacción histórica, así como de la necesidad de escribir historia de un lugar en términos de la historia de otros lugares. Todos felicitan a Cronon por abocarse a este tema con respecto a Chicago y el Gran Oeste. La historia urbana nunca será (o debería ser) la misma, especialmente si los historiadores, incluyendo a los historiadores teóricos, se toman en serio la confesión de Cronon: "sentía una profunda renuencia a rendir culto ante el altar de la teoría y del discurso académico si hacerlo implicaba abandonar a los lectores comunes" (lo que sugiere que Cronon es consciente de que se requieren bases teóricas más firmes, pero de que no ha adquirido en esta etapa de su carrera la destreza para proporcionarlas). No le haría nada mal estudiar El capital el clásico de la historia teórica.

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Cada capítulo de City of quartz, de Mike Davis, enmarca un conflicto social o político. El primero es de interpretación literaria y filmica: ¿es Los Ángeles sol u oscuridad? ¿Hoy en Los Ángeles es mediodía o medianoche? Luego vienen las luchas entre centros rivales de poder económico y político; conflictos entre propietarios blancos acomodados y gente de color menos acomodada; violencia policial contra trabajadores y minorías oprimidas; violencia arquitectónica contra los que carecen de estatua y de poder de compra y, por último, la lucha entre los católicos populistas y radicales, sobre todo de origen hispano, y los jerarcas de la Iglesia. El libro mismo está enmarcado por dos grandes capítulos: la delirante historia de la comunidad utópica Llano del Río, al principio, y una brillante narrativa negra de ese "basurero de sueños", Fontana, al final. El Los Ángeles racista y lleno de conflictos de Mike Davis es maravillosamente atractivo de una manera horrible. No se me ocurre otro libro que pueda compararse con este aclamado tour de force. City of quartz es un género en sí mismo, y a menos que la izquierda de Estados Unidos esté realmente muerta, sin duda —por suerte— inspirará imitadores. Mejor aún, la izquierda deberá darle a Mike Davis un honorario de por vida como cronista citadino, y pedirle que escriba sobre Hous-

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ton, Denver, Detroit y otras ciudades norteamericanas en las cuales podría "excavar el futuro" con su cercano estudio de los pueblos y los paisajes culturales de esas aglomeraciones, viejos pueblos mineros del Salvaje Oeste. En este libro las fotos de Robert Morrow, en blanco y negro, sin gente, de artefactos culturales de Los Ángeles, valen casi el precio de la obra. El texto de Davis aclara estas fotos tanto como las mismas ilustran el texto. Misteriosamente, aquéllas obligan a quien las ve a pensar en términos abstractos, teóricos. No obstante, la anatomía que ofrece Davis de Los Ángeles rehúye teorizar de manera explícita sobre su tema. Los nombres de los grandes teóricos urbanos de ayer y de hoy —Geddes, Mumford, Jacobs, Bookchin— no aparecen en el índice analítico. Y tampoco los de los teóricos más influyentes del agua y del espacio, por ejemplo Wittfogel y Worster y Lefebvre y Harvey, respectivamente, pese a que el agua y el espacio son realidades centrales en la narración de Davis. El libro tampoco le presta demasiada atención a la teoría del "nuevo movimiento social", aunque sus páginas vibran con luchas por la vivienda, peleas por los derechos de los trabajadores indocumentados y los refugiados políticos, y cosas similares. En pocas palabras, Davis se orienta según sus propios criterios, lo cual, gracias al conocimiento que el autor tiene de su tema y a sus dotes literarias, a su sentido del ultraje, de la ironía y del absurdo, y a su compasión por la gente común, lo lleva más o menos a salvo a su destino. Es labor del lector extraer sus propias lecciones teóricas. Para ese lector el relato de Davis es sobre la falsamente heroica transformación de la naturaleza en la cuenca de Los Ángeles y sus alrededores, y la creación de un ambiente —o segunda naturaleza— parcialmente nuevo. Los personajes que organizaron esta transformación, los barones de la tierra y del agua y de los bienes raíces y de las compañías de ahorro, cambiaron a su vez en el proceso. Se convirtieron en una clase dirigente monstruosamente rica, lo bastante desesperada por tener una identidad cultural salvadora como para financiar las artes, museos, universidades y otros símbolos de alta cultura, que (cosa nada incidental) valoran las actuales fuerzas vivas de Los Ángeles. Sin embargo, bajo las condiciones capitalistas del Salvaje Oeste, esta transformación fue tan corrupta, estúpida y maligna, tan (en último análisis) ecológica y económicamente imbécil, que las contradicciones comenzaron a acumularse tan rápido como los bienes raíces y el dinero de las compañías de ahorro y la riqueza. Tal como Mike Davis narra bellamente esta historia ecomarxista, Los Ángeles fue conjurada del desierto. La veta de plata Comstock creó el capital para las primeras inversiones en el área. La conquista del espacio por el ferrocarril hizo entonces de Los Ángeles un importante centro agrícola primero y, después, manufacturero. Hasta los treinta los auges se basaban en el petróleo y la tierra (a todo lo largo de la historia de Los Ángeles el capital se forma y se consolida una y otra vez por la especulación con tierras y por el desarrollo y crecimiento de inversión financiera en bienes raíces). La segunda guerra mundial trajo una gran prosperidad a los

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astilleros y las nuevas fábricas bélicas, y el auge del desarrollo de la posguerra, así como las ciencias y la industria de la guerra fría, dotaron de más vida al desarrollo local de tierras y a la clase rentista (hasta el día de hoy los intereses dominantes siguen siendo los de los rentistas, y las utilidades derivadas de las compañías de ahorro y préstamo son esenciales en la política californiana). Sorprendentemente, Hollywood no tiene más que un papelito en el drama de Davis. La principal actividad rentable fue la subdivisión de la frontera suburbana; la naturaleza de Los Ángeles es fundamentalmente una naturaleza consumista. Había tanto lugar que los blancos podían seguir mudándose a suburbios nuevos para escapar del problema racial (la vieja "tesis de la frontera" pero con un giro racial), y posponer el momento de hacer frente a sus responsabilidades como ciudadanos y como seres humanos, de modo que finalmente se produjo una "extensión del racismo por una vasta área metropolitana". Los inmigrantes blancos de la clase obrera y de la media compraron con placer la ilusión de escape fabricada por los hacedores de sueños del sur de California, lo mismo de Hollywood que los fraccionadores de terrenos. Plata y petróleo, tierra y agua, sol y mar, playa y olas son las claves de toda interpretación plausible de la historia de la tierra de los comedores de lotos. La sequía fue un factor central en la especulación con tierras en valles que alguna vez estuvieron llenos de cítricos. Palabras como inundación, alud, terremoto, hasta huracán, son palabras de Los Ángeles, y la mayoría de ellas aparecen más de una vez en el libro de Davis. En otros términos, la ecología figura como un actor principal, muchas veces sólo implícita, otras en sentido pasivo (la naturaleza como oportunidad y límite para la historia), otras más en sentido activo (la economía de la naturaleza como fuerza independiente de las determinaciones históricas). En algunos pasajes espacio es algo que hay que someter, y la luz del sol es un atractivo; en otros el espacio y el sol atraen de manera activa gente de la costa este, y el esmog la hace regresar. Sin embargo, en los dos tipos de pasajes es indisoluble el vínculo entre la ecología y la historia. La historia ecológica y la ecología histórica de Los Ángeles son dos caras del mismo proceso general, natural-histórico. Finalmente Los Ángeles llegó a estar tan consumida por la contradicción como por la voracidad y la estupidez. La desaparición de tierras fraccionables cambió la estructura de poder, creando demanda de capital en gran escala para realizar vastas conversiones de tierra; es decir el capital de Los Ángeles fue siendo cada vez más monopolizado. A medida que los desiertos florecían con casitas baratas que utilizaban agua importada, empezaron a darse crisis ecológicas: escasez de agua, falta de instalaciones hasta para deshacerse de las aguas negras, embotellamientos y contaminación. Junto con la crisis social —relaciones raciales y laborales no resueltas—, estas crisis empezaron a afectar el crecimiento y la prosperidad de la ciudad. El espacio público fue destruido; el aire limpio se volvió aire contaminado; las playas se vieron amenazadas por aguas negras y derrames de petróleo. El espacio abierto se volvió apiñamiento; las autopistas se convirtieron en congestionamientos de tráfi-

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; la privacía se transformó en vecinos indeseados; las ilimitadas oportunidades ara los recién llegados se volvieron un gigantesco taller de explotación tercerundista, y los naranjales que prometía una independencia jeffersoniana (o por lo enos levittoniana) se convirtieron en estériles suburbios industriales. En términos teóricos, Mike Davis está documentando la segunda contradicción el capitalismo en Los Ángeles. La ciega explotación del aire, la tierra y el agua enaza finalmente con elevar a niveles insostenibles los costos de transporte y los aslados para trabajar, cuidar la salud, la educación y otras actividades económicas ivadas y estatales. El mismo desarrollo futuro del capitalismo de Los Ángeles es cierto... si han de creerse las historias de terror de los medios de comunicación esa ciudad. No obstante, el autor no se ocupa directamente de esta contradicón. Tampoco interpreta los movimientos sociales de Los Ángeles —que procuran definir las condiciones capitalistas de producción como condiciones de supervincia y de vida— de una manera terriblemente interesante. De haberlo hecho biese "excavado" sobre el futuro de Los Ángeles aún más de lo mucho que trae en este excelente libro.

SEGUNDA PARTE

CAPITALISMO Y NATURALEZA

Lo que deben preguntarse los budistas, los cristianos, los musulmanes y otros es qué significa la "maxirnización de utilidades" cuando nuestra visión del mundo nos dice que lo que debemos hacer no es maximizar las utilidades sino moderarlas. CHANDRA MUZAFFAR

La sustentabilidad suele presentarse como un problema técnico, pero es mucho más que eso. En última instancia es preguntarse qué valora una sociedad, no en el sentido técnico-económico de valor, sino en el sentido de las preocupaciones humanas. STEPHEN VIEDERMAN

onomía política marxista (igual que el marxismo en general) no se ha caracado por el pensamiento ecológico. Marx construyó su propio trabajo, incluo su sátira salvaje de las explicaciones burguesas de la "acumulación primiticomo una crítica de la ideología capitalista, especialmente de la economía ica clásica. Como la esencia de la ideología es el "naturalismo" de una u otra a, es fácil entender por qué Marx se tomó tanto tiempo para criticar a Malta Ricardo y a pensadores menores que ponían en juego la "escasez natural" categoría económico-política. Cualquier línea de pensamiento que naturaliel capitalismo y el proceso de acumulación y crisis capitalista era (y sigue sienresa lícita. sde luego, el ataque de Marx contra los economistas que naturalizaban un o explotador de producción no lo cegó a la importancia de la economía de la aleza en la producción y circulación del capital. Tenía claro que "el trabajo la única fuente de riqueza material". 1 Señaló la importancia de diversos pros naturales en la producción de cereales, vino, madera y cerámica, entre otras trias. Observó que los procesos de trabajo y los procesos naturales difieren de ndustria a otra, y que a eso se debe que el efecto de los segundos sobre la lación de capital varíe en las diversas industrias. Por último, indicó que la l capitaZ vol. 1, México, Siglo XXI, 1975, p. 53. En parte de lo que sigue estoy en deuda con Paul tt por haberme mostrado su artículo "A critique of neo-Malthusian Marxism", manuscrito inédiio de 1997.

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reproducción de capital en su conjunto se vincula con la proporción relativa de los componentes de valor ( capital constante y variable) definidos en términos de sus propiedades naturales o como valores de uso. En suma, la naturaleza es fecunda en valores de uso, pero sólo el trabajo crea valor de cambio y plusvalor. 2 No obstante, la naturaleza desempeña un papel en la circulación y reproducción de capital, de acuerdo con sus cualidades físicas o biológicas específicas (como veremos en el capítulo 8, por ejemplo, la naturaleza puede intervenir en la crisis económica, según Marx). 3 Marx no prestó suficiente atención a la economía de la energía_ Ahora resulta evidente para todos, excepto los más recalcitrantes de los economistas (lo mismo marxistas que no marxistas) que la producción capitalista (como toda producción) se basa en flujos y transformaciones de energía. El nombre que suele asociarse con la economía de la energía es el de Nicholas Georgescu-Roegen, pero una cantidad de pensadores económicos marxistas, socialistas no marxistas y de otras corrientes contribuyeron a descubrir y desarrollar esta línea teórica de pensamiento en el siglo xtx y a principios del xx. 4 En las sociedades capitalistas la principal forma de energía es el combustible fósil, recurso no renovable... hecho de gran importancia !bid., p. 226. "¿No se puede trazar un paralelismo entre esta primera mistificación de la economía —el mecanismo ontko-por el cual se forma el prásvafor— y otra, no sospecbada por Marx: eI costo oculto de las cosas sustraídas de los sistemas ecológicos? ¿No tendría que ponerse el estatua teórico de este concepto de costo ecológico a la par del de plusvalor?", Jean Paul Deleage, "An eco-Marxist critique of political economy", Capitalism, Nature, Socialism, 3, noviembre de 1989. Deleage es uno de los muchos economistas ecológicos actuales —y otros— que quieren revisar la teoría del valor de modo tal que incluya algún concepto de los costos ecológicos en el valor de cambio de la mercancía. Marx coincidiría en que, en un modo de producción socialista, los costos ecológicos deben desempeñar algún papel en los precios, pero refutaría que, en el capitalismo, deban incluirse en el precio. La razón es que precisamente la separación del trabajo de los medios y objetos de producción (es decir el monopolio de la propiedad privada sobre los medios de producción que ejerce la clase capitalista) permite que las condiciones naturales de producción sean valoradas exclusivamente de acuerdo con el tiempo social de trab ajo. 4 Nicholas Georgescu-Roegen, The entropy law and the economic process, Cambridge, Harvard University Press, 1971. La historia clásica de la economía de la energía es Juan Martínez-Alier, Ecological econo. mies, Oxford, Basil Blackwell, 1987. Véase también, del mismo autor, el artículo "Ecological economics and eco-socialista", Capitalina, Rallan Socialista, 2, verano de 1989; Elmar Altvater, "Ecological and economic modalities of time and space", Capitalism, Nature, Socialista, 3, noviembre de 1989. Martin O'Connor precisa la que puede ser la limitación básica de la economía de la energía . "La termodinámica no proporciona ni puede proporcionar las distinciones necesarias para un análisis de lo que tiene de específico la acción social/humana [...] La termodinámica como discurso/ciencia ya refleja y encama preocupaciones sociales/ideológicas muy específicas [...] No existe al margen de su 'interpretación social' 1...] Es evidente que para varios de los primeros que contribuyeron a la termodinámica era de interés central la cuestión de cuánto trabajo se podía `extraer' de una determinada cantidad de combustible (por ejemplo, los límites de eficiencia de la máquina de vapor). Sin esta clase de preocupación por la eficiencia, el control, la productividad, etc., es muy probable que la termodinámica tal como la conocensos no hubiese llegado a existir" (comunicación personal, 1989). Véase también Martin O'Connor, "codependence arrd-indete~ A cr~re of-iMsheory of li~r–ff i ic o-A"; QrjilTe~rature, Wattatm, 3, noviembre de 1989. 2

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para miles de millones de personas que aún no han nacido (y que por lo tanto no tienen voz en el actual mercado de combustibles fósiles y de otros recursos no renovables). Históricamente, los combustibles fósiles han sido la fuente más importante de expansión de la productividad del trabajo, las utilidades y los salarios. Tal como hoy las computadoras están remplazando mucho trabajo mental, los combustibles fósiles remplazaron trabajo físico humano desde la Revolución industrial del siglo XVIII y hasta la actualidad. Hacia finales del siglo xtx, cuando había señales de que a Gran Bretaña se le estaba acabando el carbón barato, sus dirigentes y los de otros países industriales fueron cobrando cada vez más conciencia del potencial económico del "oro negro": el petróleo. Las principales potencias imperialistas invirtieron su energía en encontrar, explotar y monopolizar reservas de petróleo a fin de garantizar su futuro económico. En la primera y la segunda guerra mundiales Alemania intentó conseguir, en diversos momentos, control del petróleo del golfo Pérsico, Rumania y Crimea, mientras que la estrategia bélica de Japón en la segunda guerra consistió en incapacitar a la flota norteamericana, para asegurarse las vías marítimas a las reservas petroleras del sudeste de Asia. A partir de la segunda guerra nuevos descubrimientos y tecnologías han abierto grandes reservas nuevas y ampliado la producción petrolera, lo que ha reducido de manera más o menos constante el precio del crudo (excepción hecha de los episodios de la OPEP durante los setenta). Hoy las economías y las maquinarias de guerra de todos los países del mundo funcionan con petróleo. Si bien probablemente sea imposible calcular la contribución exacta del petróleo a la productividad del trabajo y las utilidades, es difícil pensar en un solo producto que haya reducido los costos del trabajo más que el petróleo (por ejemplo en la producción de electricidad, en el transporte), o que haya sido base de tantos nuevos productos (como los plásticos y los fertilizantes químicos.) La producción capitalista (y, de hecho, todas las formas de producción) se basa no sólo en la energía sino también en sistemas naturales o biológicos de una complejidad asombrosa. Aunque los economistas convencionales han demostrado que el agotamiento de los combustibles fósiles y de otros recursos no renovables puede llevar a usos no sostenibles de los recursos renovables (como el suelo), transformándolos de hecho en no renovables, pocos economistas han tratado de desarrollar una teoría económica basada en la "raíz biológica" de la ecología. Este hecho tiene que verse como algo muy significativo, porque la producción capitalista no sólo depende de la explotación de los recursos no renovables, sino que tiene también efectos devastadores sobre la cantidad y calidad de la tierra, el agua, el aire, la vida silvestre y demás, y en general de los ecosistemas, lo cual a su vez limita la gama de posibilidades abiertas a la futura acumulación capitalista. Por eso resulta obvio que- las tradicionales explicaciones económicas puramente históricas del desata ollo capitalista, que dejan de lado los problemas de la energía y de la "raíz biológi-

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ca" de la ecología —igual que las explicaciones puramente naturalistas— tienen poco interés teórico y valor práctico. 5 Aunque Marx y Engels no eran "economistas ecológicos", estaban muy conscientes del daño que causa el capitalismo sobre la naturaleza, tanto material y biológica como humana. Partieron de la premisa de que la naturaleza (o "condiciones externas de producción") es un punto de partida para el capital, pero no un punto de regreso. Cuando capitalistas individuales se involucran en la producción y el intercambio en pro de la utilidad inmediata —escribió Engels— sólo deben tomarse en cuenta los resultados más próximos e inmediatos. Mientras el fabricante o el comerciante venda una mercancía manufacturada o adquirida con la deseada utilidad habitual, estará satisfecho y no se preocupará por lo que ocurra después con la mercancía y su comprador. Lo mismo se aplica a los efectos naturales de esas mismas acciones.6

Los fundadores del marxismo identificaron muchos de los problemas ambientales específicos que planteaba el capitalismo en la vida material y en la sociedad civil. Señalaron que la producción, la distribución, el intercambio y el consumo capitalistas daban por resultado agotamiento de los recursos, desechos y contaminación. Engels observó la degradación de los recursos naturales en forma de deforestación y sus efectos sobre las inundaciones y la calidad del suelo, y los sintetizó en términos generales. No nos 1...] enorgullezcamos demasiado por nuestras victorias humanas sobre la naturaleorque cada una de ellas cobra venganza sobre nosotros. Cada victoria, es cierto, acarrea rincipio los resultados que esperábamos, pero en segundo y tercer lugar tiene efectos rentes e imprevistos que con lamentable frecuencia cancelan el primero. 7 omo se sugirió antes, Marx identificó más precisamente la contradicción de la

silvicultura organizada de manera capitalista. El prolongado tiempo de producción [...] y en consecuencia, la gran extensión de sus periodos de rotación, hacen que la forestación no resulte propicia como ramo de explotación priEnrique Leff ha tratado de combinar el enfoque económico e histórico con estudios de etnobotánica, pero no toma en cuenta la teoría de la energía (véase Green produdion: Toward an envininmental rationality, Nueva York, Guilford, 1995). Véanse también las reseñas del libro de Leff por María-Pilar García G. y por Juan Martínez-Alier y Lori Ann Thrupp, Capitalism, Nature Socialism, 3, noviembre de 1989. 6 Véase "The parí played by labor in the transition from ape to man", en Marx y Engels, Selected work, Nueva York, International Publishers, 1979, p. 368. Cursivas mías. [Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, varias ediciones.] Ibid, pp. 365-366.

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y por ende capitalista [...] El desarrollo de la civilización y de la industria en general se ostrado tan activo desde tiempos inmemoriales en la destrucción de los bosques que, e a ello, todo lo que ha hecho en sentido inverso para la conservación y producción de osques es en rigor una magnitud evanescente. 8

arx destacó también la idea de que cabe esperar que la agricultura capitalista al que la silvicultura) sea nociva para la naturaleza y para el bienestar de los humanos. "La producción capitalista [...] no desarrolla la técnica y la combin del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos antiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador.1Escribió (citando a von Lieque la urbanización y la comercialización de los cultivos se combinan para perr "la circulación de materia entre el hombre y el suelo, es decir, evitar que al regresen sus elementos consumidos por el hombre en forma de alimentos y s; por ello viola las condiciones para la fertilidad perdurable de la tierra". gels y Marx clasificaron también algunos de los problemas derivados de la ucción de desechos y la contaminación en el capitalismo de su época. Engels rvó la diversidad de problemas de contaminación en Inglaterra, entre ellos los de metano provocados por la putrefacción de desechos orgánicos, la contación del agua debida a los desechos industriales, y las enfermedades difundior las condiciones de vida insalubres." Marx desarrolló el germen de una teoel reciclado capitalista cuando sostuvo que "con el modo capitalista de ucción se amplía el aprovechamiento de las deyecciones de la producción y el umo [...] El encarecimiento de las materias primas constituye, naturalmente, pulso para la utilización de los desperdicios." 11 los pasajes citados encontramos los inicios de una teoría de los costos sociaue habría de ser desarrollada en los treinta por K. William Kapp, 12 así como eoría' de los costos ecológicos. 13 No obstante, es lícito concluir que si bien x y Engels fueron eminencias teóricas del caos social provocado por el desao capitalista, ninguno de ellos ubicó la destrucción ecológica en el centro de su a de la acumulación capitalista y el cambio socioeconómico. Subestimaron el o en que el desarrollo histórico del capitalismo como modo de producción se a basado en el agotamiento de los recursos y la degradación de la naturaleza. poco previeron acertadamente la capacidad del capital para restructurarse l capital vol., 4, México, Siglo XXI, 1976, p. 296. l capital , vol. 2, op. cit., pp. 612-613. The conditions of the working class in Engdand, Collected works, vol. 4, 1844-1845, Nueva York, InternaPublishers, 1975. El capital, vol. 6, op. cit., pp. 123-124. J. William Kapp, 77te social costs of privare entoprise, Cambridge, Harvard University Press, 1950, y costs, economic development, and environmental dirruption, Lanham, University Press of America, 1983. también Frank Beckenbach, "Social coas in modem capitalism", Capitalina, Nature, Socialism, 3, mbre de 1989 Deleage, op. cit; Beckenbach, op. cit.

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frente a las "escaseces naturales" y también para conservar recursos y para impedir o limpiar la contaminación (por poco eficaces que suelan ser estas medidas). Una razón de esta omisión puede ser que no lograron entender que la concentración y la centralización del capital da por resultado muchas veces la internalización de algunas "externalidades negativas" con el propósito de proteger la rentabilidad global. Otra razón puede ser que no previeron (ni podían hacerlo) la importancia de los movimientos sociales dentro de los sistemas políticos democráticos liberales y de otros tipos, ni el papel de los mismos para impedir los daños a la naturaleza y para restaurarla una vez dañada (tal como lo teorizan marxistas ecológicos actuales, como Myamoto en Japón y Leff en México) . Myamoto destaca la importancia de las instituciones democráticas para la identificación de costos sociales y ecológicos, y para las luchas políticas necesarias a fin de impedirlas o internalizarlas. Leff subraya en particular el papel clave de los movimientos sociales para hacer que el capital limpie y pague los destrozos naturales que realiza. 14 Si Marx y Engels hubiesen sido pensadores convencionales, no revolucionarios, hubiera sido necesario describirlos como conservacionistas, más que como preservacionistas o ecologistas. Sus contrapartes en Estados Unidos serían Teddy Roosevelt, Gifford Pinchot y los gerencialistas ambientales del Banco Mundial, no Henry David Thoreau y John Muir. Prácticamente no hay conexión intelectual alguna entre el trabajo de Marx y Engels y el holismo biológico de Haeckel y Steiner o la economía de la energía de Podolinski. La ecología de derecha, así como la de izquierda, se desarrollaron como tradiciones separarlas del marxismo. Es verdad que Marx escribió que las sociedades históricas son "sólo las poseedoras de la naturaleza, sus usufructuarias [...] deben entregarla en condiciones mejoradas a las generaciones sucesivas". Y se ha leído a Engels como si predijera la "aparición de la ciencia ecológica con conciencia ambientalista". 15 Pero la suya es una ética conservacionista, que hace énfasis en la capacidad del hombre para controlar la naturaleza, no en la autonomía e inapredictibilidad de la propia economía de la naturaleza (y, por lo tanto, de la producción misma).16 En particular, no consideran a la naturaleza como un medio de consumo, cosa que los hubiese llevado al ámbito de la ética y los valores ambientales, así como del valor emocional (en contraste con el de cambio) de la naturaleza... al ámbito de John Muir. Y creían con todo su corazón en la ciencia. Después de los poderosos avances que han hecho en este siglo las ciencias naturales, estamos más que nunca en condiciones de comprender y, por lo tanto, de controlar, hasta las consecuencias naturales más remotas de, por lo menos, nuestras actividades cotidianas. Pero [cuanto] más grande sea este progreso más sentirán y conocerán, además, los hombres, su

14

Lea; op. cit.

Tom Mongar, "Maridan and environmentalism", ponencia presentada a la VII Annual Socialist Schotars ConTerence, nueva -York, 2 de abffl Ut1989, p. t 15 16

Martin O'Connor,

op. cit.

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unidad con la naturaleza, y más imposible llegará a ser la idea insensata y antinatural de un contraste entre la mente y la materia, el hombre y la naturaleza, el cuerpo y el alma.I 7

En última instancia, tal vez las opiniones más antropocéntricas sean las más conservacionistas." Marx y Engels no dejaron más que un modesto legado de economía ecológica o ecología política, y ni el análisis de los sistemas ecológicos ni el de los sistemas de termodinámica y de producción y consumo de energía se han integrado a las teorías del materialismo histórico y de la acumulación capitalista y la crisis económica (con una excepción que se señala en el capítulo 8). Sin embargo, marxistas y socialistas, junto con no marxistas, han contribuido a la identificación y análisis de la destrucción global de la naturaleza por parte del capitalismo. De hecho, se han identificado tantos problemas y se han escrito tantas descripciones de los mismos, que una persona no alcanzaría a leerlas y absorberlas en toda su vida. Por "descripciones" se entiende lo que está ocurriendo, dónde y cuándo y cómo está ocurriendo, y a quién le está ocurriendo qué. En cambio, hay pocas descripciones sistemáticas de los porqués de la degradación ambiental global. En general los "cómos" se tratan como si fuesen fórmulas, tanto en el caso de los socialistas como en el de los no socialistas: voracidad corporativa, búsqueda de beneficios, competencia sin control por recursos y mercados, modelos de desarrollo económico que desplazan los costos a las economías naturales y los sectores de subsistencia, préstamos e inversiones antiecológicos del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (incluyendo, en los ex países socialistas, una mentalidad de "industrialización cueste lo que cueste"). 16 Pero no hay una teoría general, sistemática, de los "cómos" de la destrucción ecológica en general y de las complejas conexiones internas entre la acumulación de capital y las tendencias a crisis económicas y ecológicas, por un lado, y los movimientos sociales y las políticas, por el otro. Creo que hay por lo menos tres razones para esto. Primero, no hay un planteamiento sistemático de las interpretaciones ideológicas frente a las interpretaciones de las ciencias sociales de lo que es una "crisis ecológica". Segundo, cualquier teoría del "cómo" tiene que basarse en la teoría del capital, una teoría de tipo marxista sobre la acumulación y la crisis económica, o más precisamente en una teoría de la acumulación capitalista por medio de la crisis económica. Tercero, una teoría de ese tipo tiene que basarse en una descripción de lo que Marx llamó las "condiciones de producción", definidas en términos tipo Polanyi para incluir todo lo que no es producido como una mercancía pero tratado como si lo fuera, es decir las "mercancías ficticias". Marx identificó tres condiciones de producción: la "condición 17 "The part played by labour",

op. cit., p. 75.

Tim Luke ("The dreams of deep ecology", Telas, 76, verano de 1986) sostiene que la versión ecológica profunda del romanticismo es, en realidad, un superantropocentrismo disfrazado. 19 Kazuhiro Ueta, "Dilemmas of pollution control policy in contemporary China", Capitalista, Satu19 Aunque

re, Socialism, 3, noviembre de 1989.

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personal" o fuerza de trabajo humana ("capital humano"), las "condiciones externas", o medio ambiente, definido de manera amplia ("capital natural"), y las "condiciones comunales generales" o infraestructura urbana y espacio urbano; y, podríamos añadir, la comunidad, en la medida en que puede ser potencialmente capitalizada ("capital comunitario"). Como las condiciones de producción no se producen como mercancías de acuerdo con la ley del valor, normalmente el estado influye o regula el acceso, el uso y la salida de los mercados de trabajo, tierra, materias primas y otros. Una visión sociocientífica de la destrucción ecológica teoriza sobre las formas en que la producción y circulación capitalista, así como la acumulación capitalista y la crisis económica, se articulan con las condiciones de producción y la política oficial, es decir, las maneras en que puede crearse una "segunda contradicción del capitalismo". Muchas piezas del rompecabezas de la economía política de la ecología están ya en su lugar. La segunda parte de este libro tiene una gran deuda con los economistas y otros especialistas que han trabajado uno u otro aspecto del problema. Aparte del trabajo pionero y en ocasiones visionario de pensadores de izquierda como Rudolph Baro, Murray Bookchin, Vandana Shiva, Manuel Sacristán y otros, así como de Herman Daly, Hazel Henderson y algunos más cuya posición política es más convencional (y también de las contribuciones económico-políticas ya mencionadas de Alier, Kapp, Leff y otros), hay muchos y muy diversos estudios específicos de importancia. En Estados Unidos incluyen la obra influyente e innovadora de Barry Commoner y libros de Matt Edel y Barry Weisberg, aparecidos en los setenta." Otras obras pertinentes e importantes incluyen estudios de la conexión entre el trabajo enajenado y el consumismo y la destrucción ambiental; los riesgos de la "banda continua de producción"; las causas y consecuencias de la tecnología ecológicamente nociva; las formas venenosas de los procesos de trabajo capitalista y los temas de salud y seguridad de los trabajadores, así como una variedad de descripciones geográficas radicales de la estructura y la ubicación industriales, el agotamiento de recursos y la contaminación. 21 20 Barry Commoner, 77te closing circle: Nature, man, and technology, Nueva York, Knopf, 1971; Matt Edel, Economies and the environtnent, Englewood Cliffs, Prentice-Hall, 1973; Barry Weisberg, Beyond repair: The ecology of capitalina Boston, Beacon, 1971. 21 Respectivamente, Ben Agger, Western Marxism: An introduction: Classical and contemporary sources, Santa Mónica, Goodyear, 1987; Alan Schnaiberg, 77:e environment: From surpltu to scarcity, Nueva York, Oxford University Press, 1980; Commoner, op. cit.; Wendy Chavkin (ed.), Double esposare: Women's health hazards on the job and at homo, Nueva York, Monthly Review Press, 1984, e International Jour nal of Health Services, varios números; Antipode, varios números. En relación con esto también son importantes los muchos estudios de problemas ambientales específicos asociados con el funcionamiento de determinadas industrias; véanse, por ejemplo, Chibuzo Nwoke, Third world minerals and global pricing: A neto theo/y, Londres, Zed, 1989; Michael Tanzer, The rase for resources: Continuing struggies over minerals and fuels, Nueva York, Monthly Review Press, 1980; Petter Nore y Terisa Turnes, Oil and class struggle, Londres, Zed, 1980; John Keyes, The solar conspiracy, Dobbs Ferry, Morgan and Morgan, 1975; Robert van den-

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Aparte de esta lista nada exhaustiva de contribuciones, hay importantes estudios sobre el desarrollo del capitalismo desigual y combinado y la degradación ambientaL22entre ellos un esclarecedor análisis de las formas en que la sequía junto con as estructuras económicas y políticas neocoloniales (entre otros factores) se artiularon entre sí para producir hambruna y desastre ecológico en el Sahel, en el este de África. 23 Han aparecido obras similares sobre América Latina, Asia y el edio Oriente; por ejemplo, la aplicación de la teoría de la acumulación desartiulada de De Janvry a las interconexiones entre las crisis ecológicas y económicas las luchas nacionales en . Centroamérica. 24 En relación con esto también debe encionarse la creciente bibliografía en el campo de la ecología política radical; or ejemplo, la economía de las grandes presas, la política de la energía nuclear, a teoría de la regulación estatal, los efectos distributivos de la política ambiental y os gérmenes de una teoría de la dialéctica entre socialismo y ecología (véase la terera parte de esta obra) 25 osch, The pesticide conspiracy, Garden Cito,, Doubleday, 1980; Pat Roy Mooney, Seeds of the earth• A public r pivote resource?, San Franciso, Institute for Food and Development Policy, 1980; Michael Perelman, arming for profit in a hungry world: Capital and the crisis in agriculturaMontclair, Allanheld, Osmun, 1977; avid Weir y Mark Schapiro, Circle of poison: Pesticides and peopk in a huno world, San Francisco, Instiute for Food and Development Policy, 1981. Hay muchas otras contribuciones, una de las más famosas e las cuales es Frances Moore Lappé y Joseph Collins, Food first: Beyond the myth of scarrity, Boston, oughton Mifflin, 1977. " Michael Redclift, Development and the environntental crisis: Red oreen alternativos, Londres, Methuen, 1984, y Sustainable deuelopment: Exploring the contradictions, Nueva York, Methuen, 1987; William W. Muroch, The poverty of nations: The political economy of hunger and population, Baltimore, Johns Hopkins Uniersity Press, 1980. Acerca de la degradación de recursos en regiones semiáridas véanse Michael Watts, ilent violence, Berkeley y Los Ángeles, University of California Press, 1983, y Ben Wisner, Power and need in Africa, Londres, Earthscan, 1988. Sobre la deforestación tropical véanse John O. Browder (ed.), Fragile lands of Latin Amenca, Boulder, Westview, 1989, y Susanna Hecht y Alexander Cockburn, The fate of the orest, Nueva York, Verso, 1989. Véase también The vannishing forint: The human consequences rg-deforestation, report for the Independent Commission of International Hwaanitarian Ames Londres, Zed, 1986. Acerca de os efectos ambientales de las grandes presas véase Claude Aleares y Ramesh Billorey, Damming the Nartnada: India's greatest planned environmental disaster,Penang, Third World Network, APPEN, 1988. 23 Richard Franke y Barbara Chasin, Sexis of famine: Ecological destruction and the development dilemma in the West Africa Sahel, Montclair, Allanheld, Osmun, 1981. " Alain de Janvry, The agradan ganaos: and reformism in Latin America, l3altimore, Johns Hopkins Uniersity Press, 1981; Daniel Faber, "Imperialism and the crisis of nature in Central America", Capitalino, ature, Socialistal, otoño de 1988. 25 Respectivamente, Dave Elliott, 71e politics of nuclear power, London, Pluto, 1978; Charles Noble, iberalism at wort 77:e rise and fall of OSHA, Filadelfia, Temple University Press, 1986, y Andrew Szasz, Ecoopulism: Toxic coarte and the movement for envinmmental justito, Minneapolis, University of Minnesota ress, 1994; Hugh Stretton, Capitalino, socialista and the mvironment, Cambridge, Cambridge University ress, 1976, y Martin Ryle, Ecology and socialism, Londres, Radius, 1988; Luciana Castellina, "Why 'red' ust be 'green' too", Socialista in the World, 56, 1986, y André Gorz, Ecology os politics, Boston, South End, 1980. También deben mencionarse los críticos de las teorías económicas burguesas del ambiente, el ás conocido de los cuales es Narindar Singh, Economics and the crisis of ecology, Delhi, Oxford University ress, 1976, así como de las ideologías de la política ambiental (Francis Sandbach, Environment, ideology,

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La segunda razón de la ausencia de una teoría plenamente desarrollada sobre el capitalismo y la naturaleza se relaciona con la debilidad o la quiebra tanto de la economía burguesa como de la teoría del desarrollo. Esto ha creado un vacío teórico, coyuntura en la cual la aparición del ecomarxismo debería ser aplaudida por la gente de mentalidad abierta. Martínez-Alier escribe, acerca de la economía burguesa y, en general, de la visión del establishment, que existe agotamiento de recursos y existe producción de desechos, y la crítica ecológica de la economía cuestiona la capacidad del mercado para valorar precisamente esos efectos. La crítica ecológica señala que, debido a la dimensión temporal, la economía involucra asignaciones (de desechos, de recursos menguados) a generaciones futuras, sin que esas asignaciones se deriven de alguna transacción entre [las generaciones] El individualismo metodológico se encuentra con la dificultad ontológica insuperable de ocuparse de las generaciones futuras.

A veces las opiniones del establishment trasponen los límites hacia una especie de ecofascismo , y los Garret Hardin no son los únicos villanos. Una conferencia en el East-West Center de Honolulú se titulaba "Cómo salvar el ambiente amenazado por los pobres". En Newswee11 26 Henry Breck, uno de los patronos del National Resources Defense Council, plantea la posibilidad que de que fuese necesaria una fuerza ecopolicial para proteger los bosques lluviosos de todo el mundo y la producción global de oxígeno entre los pobres del tercer mundo que (según dice Breck), están talando los bosques sin pensar en el futuro. La cuestión es cómo puede construirse una teoría del capitalismo que nos ayude a pensar claramente acerca de la destrucción ambiental global. Necesitamos una teoría que considere debidamente tanto las fuerzas económicas sistemáticas como los movimientos sociales y políticos, y que ponga en juego la ciencia ecológica, la economía política y las teorías sociológicas de los movimientos y cambios sociales, así como las experiencias cotidianas de la gente. Por encima de todo, necesitamos una teoría que identifique las contradicciones ecológicas y de otro tipo del desarrollo capitalista de maneras que esclarezcan y hagan progresar los movimientos ecológicos y otros movimientos sociales relacionados. No es poco pedir. Una idea clave puede ser la teoría de la "segunda contradicción del capitalismo". La bien conocida "primera contradicción" se deriva del hecho de que la producción capitalista no es sólo producción de mercancías sino también producción de plusvalor, es decir, explotación capitalista del trabajo. La explotación del trabajo significa, simplemente, que la lucha de clase y las crisis económicas son inherentes al .

and policy, Montclair, Allanheld, Osmun, 1980). Véase también Elmar Altvatar, "Towards an ecological The futura of markt: An estay ora the regulado,: qf monand unge
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