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July 15, 2019 | Author: MontseMetalera | Category: Muerte, Dolor, Conceptos psicológicos, Sicología y ciencia cognitiva, Educación superior
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Mantegazza, R. (2006). La muerte sin máscara. Experiencia del morir y educación para la despedida. Barcelona: Herder. Pp. 151-194. Autor: Rafael Mantegazza Pág: 151 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte.

Ficha No.1

“…la “…la educación experimenta la alternativa entre propuestas formativas constreñidas por completo por el plano técnico (en las que educar significa simplemente transmitir técnicas, pidiendo y practicando la indiferencia respecto de los escenarios de sentido en los que éstas se sitúan)…sin sitúan)…sin examinar el trasfondo social en el que se colocan”. “Así, la pedagogía de la muerte debería constituir una ampliación de sentido con respecto al tema del que se ocupa, una ampliación que se obtiene mediante la potenciación de las técnicas educativas relativas a la elaboración del duelo y la despedida, arrancando la reflexión sob.re la muerte en educación de los peligros privatísticos y subjetivistas en los que está bloqueada, devolviéndola a una dimensión social.” social.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 153 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Aceptar).

Ficha No.2

“También y en particular para quien desarrolla profesiones o desempeña funciones de carácter educativo, para poder hablar en ser.io de muerte hace falta aprender a morir.” “Educar para la muerte significa en primer lugar reconocer y ser conscientes de su presencia y aprender a aceptarla. La figura que entra aquí en el campo de la educación es la de la muerte negada: parece que no se pueda ni se deba educar a los niños y las niñas para las cosas feas, para lo negativo y otras dimensiones residuales propias de la vida: la· muerte, el dolor, el mal.” “Ninguna institución educativa, ningún servicio ni proyecto están, de hecho, al amparo de las sombras, y esto sale a flote a menudo cuando alguien muere: «Nuestro proyecto cambia ele modo radical tras la muerte de un usuario, de un educador, de un progenitor». Pero si la muerte parece educar por sí misma, si cada uno de nosotros cambia después de enfrentarse a una muerte…”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 157 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Experimentar).

Ficha No.3

“…el hombre experimenta desde los inicios su poder para dar muerte, adquiere experiencia de la muerte como poder antes que como algo que debe ser temido y respetado … Al comienzo de su historia, para el hombre era tal vez más decisiva la experiencia de matar, en la caza o en un enfrentamiento, que la de llorar a sus 1nuertos.” “La muerte temida es, pues, una figura consecuencial respecto de la muerte procurada: teme la muerte quien, en primer lugar, la ha experimentado, quien ha sentido la fuerza de la posibilidad de acabar con los otros o consigo mismo. Para comprender la muerte hay que experimentarla, a menos como posibilidad.” “La representación, incluso violenta, de la experiencia del morir, desata en los más jóvenes pulsiones y energías insospechadas de la libido. La adolescencia es una tanatología en acto.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 160 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Experimentar).

Ficha No.4

“Quienes mueren, de hecho, son siempre los otros: nosotros nunca podemos adquirir experiencia de nuestra muerte… esta experiencia permanece inexperimentada, sólo la podemos imaginar, temer o soñar.” “Si a cada uno y a cada una puede serle restituida su muerte específica, es entonces posible que el principio del respeto y de la convivialidad de las diferencias lance sus rayos, desde el reino de la muerte, sobre el precario horizonte de la vida… ninguna muerte debe' quedar en el olvido porque cada una de ellas nos enriquece al dotarnos de una experiencia de sentido.” “Enseña a los jóvenes a recordar las muertes de las que son testigos es ya hacerles vivir la experiencia de la muerte y, sobre todo, hace que sientan una forma de poder sobre la muerte que no sea necesariamente procurarla.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 163 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Preparar).

Ficha No.5

“Existe un abismo entre pensar en suicidarse y transformar ese pensamiento en un proyecto que llegue a buen fin. Preparar la muerte no significa restablecer los rituales del memento mori medieval; quiere decir, por ejemplo, explicitar, aunque sea en la dimensión de la ficción o del juego, aquel proyecto implícito de muerte que cada cual probablemente posee.” “Que una persona desee morir durante el sueño para no sufrir, o combatiendo por la libertad, o tras un acto de amor, son todas ellas representaciones útiles para plantear aquel tratamiento anticipado de la separación necesaria en la educación para la muerte. Explicitar estas narraciones a partir de la dimensión del juego, trabajando, por ejemplo, con sujetos en edad evolutiva, puede representar una buena carta en la idea de una educación para la muerte”.

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 164 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Preparar).

Ficha No.6

“Si tras la muerte nuestra vida quedará en manos de quienes nos aman o nos odian, prepararla significa también fingir que ya está aquí presente y convertir esta ficción en un pretexto para modificar algún elemento de nuestra vida.” “Preparar al otro (y a uno mismo) para la muerte es tal vez la máxima expresión del cuidado, una dimensión que demasiado a menudo se asocia retóricamente a la vida, como si en la muerte no hubiese ya nada que debiera ser cuidado… La gran contradicción es que estamos preparando a alguien para algo que no conocemos realmente, que nunca hemos experimentado.” “El aspecto visible, físico, de la muerte es extremadamente violento y ofensivo; si no se lo puede acallar o apartar, tampoco puede ser exhibido en su cruda desnudez. Algunos médicos creen preparar a los pacientes púa la muerte cuando les comunican un diagnóstico aciago, incluso de manera brutal. Suavizar las prácticas de narración de la muerte es una estrategia de preparación.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 166 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Preparar).

Ficha No.7

“Si entrar en una nueva institución significa verse reestructurado en el plano corpóreo, también quiere decir convertirse en un nuevo sujeto prepararse para serlo y, por lo tanto, tener que elaborar el duelo por la pérdida de algunos aspectos de la subjetividad precedente.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 168 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Acompañar).

Ficha No.8

Es la muerte, no el nacimiento, lo que nos emparenta…  Pero saber que moriremos, tal como lo sabemos, podría constituir un pretexto válido para unirnos y consolarnos recíprocamente… La muerte en la que somos acompañados o en la que acompañamos a otros resulta, en cierto modo, una figura de la muerte amada… Se convierte en una muerte compartida, no vivida en soledad, una muerte que se afronta con el alivio de una presencia amiga.” “

“Quizá, para un ser humano, la peor expropiación consiste en no compartir los últimos instantes de vida de una persona querida: llegar con retraso al lecho de un moribundo expropia de un ritmo y de un ritual que no se encuentran en ningún otro lugar.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 170 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Acompañar).

Ficha No.9

“Captar el último estertor, escuchar el postrer aliento significa acompañar al moribundo pero, sobre todo, acompañarse a uno mismo en d descubrimiento de una nueva dimensión de la escucha.” “Esto significa que cada palabra de un semejante podría constituir su último mensaje, que la inclinación de la muerte sobre la cotidianidad, nos hace responsables de la escucha y de la custodia de la palabra o del estertor del otro en cualquier momento, no sólo cuando la muerte muestra su proximidad, tangible y evidente… Estar allí, no irse ni huir; el valor de permanecer es el auténtico y profundo acompañamiento a la muerte.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 174 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Despedir).

Ficha No.10

Tanto en lo que concierne a la muerte simbólica como a la muerte real, hay que aprender a despedirse: del moribundo y de nosotros mismos, de la relación que se tiene con él/ella y de las imágenes que nos llevamos dentro… Una de las tareas más arduas en la elaboración del duelo es saber pasar cuentas con la imagen del muerto, comprender qué imagen de él/ella queremos y podernos llevarnos con nosotros.” “

“Para poder despedir realmente a la muerte y al moribundo es necesario ante todo despedirse de imágenes y partes de nosotros mismos que ya no existen, y esto significa, en concreto, aprender a despedirse de la propia infancia.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 180 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Celebrar).

Ficha No.11

“Mayor respeto merecen las capillas ardientes, ligadas a símbolos y ritos religiosos, a veces también sobreexpuestos, en todo caso, a una ritualidad que sitúa al muerto en el centro de la escena, respetándolo precisamente mientras lo exhibe… El templo, la iglesia o incluso el espacio destinado al rito de la separación escenifican la socialidad del alejamiento y la despedida. También para un laico o un no creyente se requiere un espacio de adiós celebrado y colectivo,” “Finalmente, el cementerio, espacio de reposo y de exorcización y alejamiento del muerto, espacio de reflexión y a menudo de exposición de las1diferencias sociales. El miedo al tiempo muerto y vacío, que caracteriza muchas de nuestras relaciones y, sobre todo, tantos vínculos educativos; el ansia de llenar el tiempo con cosas que hacer y qué decir, acaso tiene a sus espaldas el terror por el tiempo del morir. Se llena el tiempo hasta la extenuación, porque en los fragmentos que se dejan libres se puede insinuar la muerte.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 184 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Celebrar).

Ficha No.12

“Si cadáver   es una palabra tabú, hay que inventar nuevas metáforas para explicar su presencia carnal, sin limitarse a reproducir su aspecto perturbador, como si bastase fotografiar la realidad de la putrefacción para comenzar un discurso sobre la muerte.” “Es necesario ver el cuerpo vivo que muere, el paso del cuerpo de un estado a otro, y esto es difícil en un mundo en el que, estadísticamente, un joven de 18 años ha visto morir a unas diez mil personas en televisión y a ninguna (o tal vez una) en la realidad.” “…hay que decir, en primer lugar, que en la actualidad estamos rodeados, o incluso asediados, por cosas que evocan la muerte.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 188 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Narrar).

Ficha No.13

“No se puede narrar la muerte como si fuera un objeto cualquiera, como algo quieto y que estuviera allá afuera, sometido pasivamente a nuestras indagaciones y exploraciones… Sólo es posible narrar la muerte sobre la base de un pensamiento que libere potencialmente a todos y a todas y que se extienda a los confines del universo conocido, que comprenda a los anímales y las plantas, a cualquiera que esté muriendo y padeciendo en cualquier rincón del mundo.” “Sobre esta base no podemos, sin embargo, olvidar que, aquí abajo, la muerte es apelación, escándalo nunca subsanado, balance entre justicia e injusticia … la muerte es socializar la denuncia ante su injusticia y la violencia gratuita que comporta, más aun si se repara en el hecho de que todavía está inscrita en un mundo irredento.” “Contar la muerte sólo tiene entonces, en cierto sentido, la función de consolar a los vivos.”

Autor: Rafael Mantegazza Pág: 192 -194 Tema: Capítulo cuarto. Huellas. Pedagogía de la muerte (Callar).

Ficha No.14

“A veces se tiene que callar p9;que éste es el único modo de hablar … La muerte concluye en el doble mutismo de quien se va y ya no puede articular pah1bra, y de quien se queda y siente que el silencio lo acoge, lo acuna, lo hace suyo.” “No sabemos qué hay después de la muerte, ni puede decirse que sepamos qué hay después de la educación. Sobre esto se debe callar, lo descubrirán los sujetos, lo descubrirá quien se ha ido, quien ya no está, aquel a quien ya no podemos acunar, acariciar, vigilar y castigar.” “Que nos sea dada  la posibilidad de permanecer callados y que este silencio no sepa a traición. Que nos sea permitido descansar. Y poder, después de tanto gritar, gozar del derecho de dormirnos en paz.”

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