Breve Historia Intercultural de Guatemala

August 17, 2017 | Author: Juan Velásquez | Category: Maya Civilization, Mesoamerica, Guatemala, Mexico, Agriculture
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Descripción: Un breve pero completo resumen de la historia de este bello país, desde sus raíces mayas, hasta la época co...

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Breve Historia Intercultural de GUATEMALA

Mario Roberto Morales

BREVE HISTORIA INTERCULTURAL DE GUATEMALA

BIBLIOTECA CÉSAR BRAÑAS 306 M828 Morales, Mario Roberto Breve historia intercultural de Guatemala / Mario Roberto Morales – Guatemala: Ministerio de Cultura y Deportes / Editorial Cultura, 2014 132 p. (Colección Ensayo, Serie Luis Cardoza y Aragón No. 54) 1. ENSAYO GUATEMALTECO 2. LITERATURA GUATEMALTECA I. t.

Mario Roberto Morales, 2013 Por la presente edición, Editorial Cultura, 2014 Diseño de portada: Mario Díaz Valdés Edición al cuidado del equipo de Editorial Cultura Consejo asesor para las letras

Doctor Alfredo Tay Coyoy Director General de las Artes

Escritores:

Delia Quiñonez Rosa Chávez Daniel Matul Morales Gerardo Guinea Diez Javier Payeras Francisco Morales Santos

Una publicación de Editorial Cultura Palacio Nacional de la Cultura, tercer nivel, oficina 5, Guatemala.

BREVE HISTORIA INTERCULTURAL DE GUATEMALA

MARIO ROBERTO MORALES

Colección Ensayo Serie Luis Cardoza y Aragón No. 54

MINISTERIO DE CULTURA Y DEPORTES Licenciado Carlos Batzin Ministro de Cultura y Deportes Licenciada Clariza Castellanos Viceministra de Cultura Doctor Alfredo Tay Coyoy Director General de las Artes Escritor Francisco Morales Santos Editorial Cultura

CONTENIDO PRESENTACION ....................................................................................7 I.

LAS GRANDES CULTURAS PRECOLOMBINAS: EL ESPLENDO Y LA

CAIDA ...................................................................................................9 EL POBLAMIENTO DE AMÉRICA .........................................................9 LAS ALTAS CULTURAS DE MESOAMÉRICA........................................13 ORGANIZACIÓN SOCIAL, ECONÓMICA, POLÍTICA Y RELIGIOSA DE LAS CULTURA MESOAMERICANAS ..........................................................17 LA FILOSOFÍA MESOAMERICANA .....................................................21 II.

EL ENCUENTRO DE DOS CULTURAS: DIVISIONISMOS MORTALES Y

CRUELDAD SOFISTICADA ....................................................................25 LA DINÁMICA INICIAL DE LOS PUEBLOS DESCENDIENTE DE LOS MAYAS. ORÍGENES DE LOS QUICHÉS ................................................25 EL EXPANSIONISMO DEL QUICHÉ ....................................................27 LOS ESPAÑOLES EN MESOAMÉRICA .................................................31 LA CONQUISTA DE GUATEMALA ......................................................37 III.

LA COLONIA ESPAÑOLA Y LOS PUEBLOS INDIGENAS: IMPOSICIÓN

CULTURAL Y TRAICIONES POPULARES. ...............................................43 UN MUNDO SE IMPONE SOBRE OTRO MUNDO: .................................43 LA ORGANIZACIÓN COLONIAL .........................................................43 VIVIENDO LA DERROTA ...................................................................51 LA CULTURA Y EL PODER ESPAÑOLES SE CONSOLIDAN Y GENERALIZAN .................................................................................56 LA ECONOMÍA Y LA POLÍTICA COLONIALES .....................................59 IV.

INDEPENDENCIA, FEDERACION Y REPUBLICA: EL EXTRAVAIDO

CAMINO HACIA LA MODERNIDAD. .......................................................63 ANTECEDENTES Y CAUSAS DE LA INDEPENDENCIA .........................63 LAS LUCHAS, LAS VICTORIAS Y DERROTAS ......................................65

LA INDEPENDENCIA Y LA FEDERACIÓN CENTROAMERICANA ..........68 LA REVOLUCIÓN LIBERAL................................................................74 V.

EL ESPEJISMO DE LA MODERNIDAD ............................................79 EL REINADO DE LA VIOLENCIA: LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y LA “GUERRA FRÍA”................................................................................79 EL PRIMER ESTADO MILITAR

Y EL PRIMER CICLO ARMADO

GUERRILLERO .................................................................................86 EL SEGUNDO CICLO ARMADO Y EL SANGRIENTO TRIUNFO DE LA CONTRAINSURGENCIA.....................................................................92 VI.

GUATEMALA INTERCULTURAL: DE LA PESADILLA DEL PRESENTE

AL SUEÑO DEL FUTURO ......................................................................96 ORDEN COLONIAL, TERCER MUNDO Y SUBDESARROLLADO .............96 GUATEMALA SUBDESARROLLADA .................................................101 GUATEMALA MESTIZA ...................................................................103 GUATEMALA INTERCULTURAL ......................................................104 GUATEMALA DEMOCRÁTICA .........................................................106 GUATEMALA ACTUAL ....................................................................107 BIBLIOGRAFÍA BÁSICA ......................................................................113

PRESENTACION Este pequeño libro es un intento didáctico de reescribir la historia de Guatemala en clave intercultural. Es decir, privilegiando las relacione entre las culturas que la conforman y no sus diferencia, y mostrando el protagonismo étnico de los actores históricos. Todo esto, sin encubrir la injusticia que ha regido a nuestras relaciones interculturales sino, por el contrario, mostrando sus causas, condiciones y desarrollos. El libro no pretende sino esbozar a grandes rasgos los elementos básicos para comprender nuestro proceso de conformación etnocultural. Esto, porque el sistema educativo no nos lo enseña. En tal sentido, se trata de un texto pensado para proporcionarle al lector un mapa cognitivo que pueda servirle de guía para profundizar en nuestra historia y, por lo tanto, en la comprensión de quienes somos por qué estamos divididos en criollos, indígenas y ladinos, y en ricos, pobres y miserables, sin que haya estamentos intermedios que constituyan una mayoría que estabilice las contradicciones entre los extremos. Cuando lo escribí, lo hice siguiendo un formato didáctico de libro escolar para último años de secundaria o primero de universidad, con mediaciones pedagógicas incluidas. Esta versión se llamó Guatemala intercultural y sirvió como texto de Ciencias Sociales durante varios años, hasta que las transnacionales de la edición libresca hicieron quebrar a los pequeños editores y autores locales de libros de texto. Lo público ahora con el título de Breve historia intercultural de Guatemala, sin mediaciones pedagógicas y con mínimas modificaciones, dirigido a un público general de compatriotas que ignoran su historia porque nadie se las enseñó ni en la primaria ni en la secundaria, y tampoco en la universidad. Espero que el pequeño volumen les sea útil y les ayude a despejar algunas de las tantas incertidumbres que los guatemaltecos sufrimos cuando nos preguntamos acerca de por qué somos como somos. Si logro esto, me daré por más que satisfecho. 7

Entrego, pues, con estas palabras, el libro a sus nuevos lectores, y le deseo un buen recorrido por nuestro proceso de formación histórica. Mario Roberto Morales

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I.

LAS GRANDES CULTURAS PRECOLOMBINAS: EL ESPLENDO Y LA CAIDA

EL POBLAMIENTO DE AMÉRICA

Una de la teorías más plausibles sobre los orígenes del ser humano en nuestra parte del mundo, indica que lo que hoy conocemos como el Continente Americano empezó a ser poblado paulatinamente por oleadas de inmigrantes asiáticos que pasaron de Siberia a Alaska caminando por la región de Behring, la cual entonces no era un estrecho sino un istmo de hielo. De eso hace unos 35 mil años. Estos grupos de nómadas se esparcieron por todo lo que hoy se conocer como Norteamérica, y bajaron poco a poco hacia el sur, siempre en busca de caza, frutos y agua, explorando y asentándose en diferentes partes de lo que hoy es Canadá, Estados Unidos, México, Centroamérica y América del sur. Les llevó más o menos 18 mil años y unas 600 generaciones llegar, aproximadamente en el año 7000 AC., al extremo sur del Continente, habiendo recorrido en total 17, 000 kilómetros; es decir, unos 29 kilómetros por generación. Y de esta manera poblaron todo el territorio, dejando a su paso asentamientos humanos, algunos de los cuales desarrollaron altas culturas. Otros, tuvieron culturas menos desarrolladas, y algunos permanecieron en estado primitivo hasta la fecha, como lo prueban algunas tribus de la selva brasileña. Es interesante el hecho de que todas estas sociedades, que tenían diferentes grados de evolución cultural, convivieron por cientos de años en el territorio que hoy se conoce como América, estableciendo una intensa dinámica de relaciones comerciales y también guerreras, que dieron lugar a un frondoso desarrollo histórico que se encuentra en parte registrado en varios textos literarios de estos pueblos, como por ejemplo en el Popol Vuh, en los Anales de los Cakchiqueles y en el Chilam Balam. Dice el Popol Vuh en su capítulo VII: 9

“no está bien claro, sin embargo, cómo fue su paso sobre el mar; como si no hubiera mar pasaron hacia este lado; sobre piedras pasaron, sobre Piedras en hilera en hilera, Arenas arrancadas, nombres que ellos les dieron cuando pasaron entre el mar, habiéndose dividido las aguas pasaron”. Los grupos sociales que poblaron América eran, como se dijo, nómadas: iban de un lado a otro en tribus de centenares buscando bosques tropicales. Al principio fueron cazadores de animales y recolectores de frutas y vegetales, los cuales necesitaban sobrevivir en pequeños grupos, por lo que tuvieron que inventar símbolos para diferenciarse entre sí culturalmente. Así se explican las diferencias entre los mitos de origen de los distintos pueblos americanos, las variantes en los elementos de sus cosmovisiones, la división de sus idiomas y también de sus enemistades por razones territoriales y de otras índoles. Luego

estos

grupos

se

transformaron

paulatinamente

en

agricultores incipientes que se organizaron en pequeñas comunidades de entre 500 y 1,500 habitantes aproximadamente, y no producían excedentes agrícolas sino solamente capaces de producir lo que comían para la propia subsistencia del grupo. Más tarde, estas comunidades fueron dando lugar a cacicazgos, es decir, a sociedades con una organización política y militar que ya tenía jefes o caciques, que era los que organizaban y dirigían el trabajo social y se rodeaban de individuos que les eran leales y que los ayudaban en la tarea de ejercer el poder. Así algunos de estos cacicazgos llegaron a constituirse con el tiempo en altas culturas, es decir, en sus sociedades regidas por una casta de sacerdotes quienes a la vez eran políticos y militares, y que controlaban la producción agrícola y la organización social por medio de la religión (la cual contaba con un gran panteón de dioses a los que solo los sacerdotes podían hablar), la ciencia (mediante el estudio y la aplicación práctica de la astronomía, la matemática, la medicina, etc., por parte de la elite gobernante), el arte (por medio del control de la escritura, la pintura, la 10

arquitectura y la escultura por parte de castas ligadas directamente a los gobernantes) y el ejército (liderado por los mismo sacerdotes). Esta organización de poder constituyó la primera forma de estado. Estas sociedades funcionaban gracias a la división que existía entre la nobleza y los comunes. Aquellos controlaban el poder político, económico, militar, científico y artístico, y estaos trabajaban tierras comunales asignadas para el efecto por el gobierno de turno, de las cuales extraían lo necesario para su subsistencia holgada, y el excedente lo tributaban a la clase gobernante, es decir, a la teocracia o gobierno de sacerdotes o teócratas, quienes a cambio construían obras publicas de beneficio colectivo, como carreteras, templos, campos de juego de pelota, acueductos, regadíos, etc. Las altas culturas de América son la maya (en el sur de México, en Guatemala y en parte de Honduras), la azteca (en el centro de México) y la inca (en lo que es hoy Perú y los países que lo rodean: una hasta región conocida como Tahuantinsuyo). Hay que entender que tanto los cazadores-recolectores como los agricultores incipientes, los cacicazgos y las altas culturas, indican una línea evolutiva en las sociedades, pero también describen los diferentes estados en que las sociedades conviven. Es decir hay sociedades que se quedan siendo cazadoras-recolectoras, agrícolas incipientes o cacicazgos, y otras que alcanzan el grado de altas culturas. En otras palabras, no todas evolucionan hacia lo mismo y a menudo varias conviven en el mismo territorio con diferentes grados de evolución, cosa que facilita la conquista de los menos evolucionados por parte de los más poderosos, cuando ocurren las dinámicas militares que se establecen entre los distintos reinos por asuntos de territorial, agua, bosques, caza y mujeres para procrear fuera del núcleo del clan o de la tribu. En efecto, las primitivas relaciones entre estos grupos, por lo menos hasta aproximadamente el año 5,500 AC (que es cuando empieza la revolución agrícola que implicó la producción deliberada de alimentos), a menudo estaba circunscrita, cuando no al comercio o a la guerra, al encuentro pacifico entre las tribus para intercambiar mujeres. Esto 11

ocurría así debido al tabú del incesto, que prevenía en contra de malformaciones de nacimiento por las uniones entre familiares. Por ello, los grupos se reunían durante dos o más semanas para intercambiar mujeres y festejar, y luego volvían todas ellas a sus respectivos grupos y estos se separaban para continuar en sus tareas de sobrevivencia. Como es fácil suponer, durante esta época la descendencia era posible trazarla sólo en forma matrilineal. Es decir, todos sabían quién era su madre y a nadie le importaba quien podía ser su padre, pues esto carecía de importancia económica, política o afectiva. Con el advenimiento de la revolución agrícola, es decir de la producción deliberada de alimentos, alrededor de los años 5,500-4,500 AC, la organización social cambia y la familia se asienta como forma nuclear de la sociedad. Esto, porque la producción de alimentos implicó la producción agrícola metódica, la domesticación de animales, el sedentarismo y la vivienda formal, combinados con la caza y la recolección de frutos y vegetales de manera ordenada. Y este hecho posibilitó a si vez la formación de la familia como organización que asienta en el trabajo doméstico de la mujer, así como la invención de la monogamia como forma de relación entre los sexos, pues el excedente productivo había dado origen a la propiedad privada y esta se volvió hereditaria, de modo que la legitimidad de las propiedades de los herederos se empezó a determinar en forma patrilineal, debido al poder acumulado por los hombres en una sociedad que de manera natural había basado su sobrevivencia en la fuerza del físicamente más apto. La familia fue a institución adecuada para preservar este poder público masculino y para relegar a las mujeres al ámbito privado de lo doméstico, como encargadas de reproducir física y espiritualmente a los niños como fuerza de trabajo futura. Es así como surge en los que habría de conocerse como América la división sexual del trabajo, a partir de la cual a todos empezará a importarles no sólo quien era su madre sino, sobre todo, quien era su padre, dando lugar así al final de la primacía del parentesco matrilineal y

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al comienzo de la preponderancia del parentesco patrilineal. Es decir, al paso del matriarcado al patriarcado. Aproximadamente en el año 500 AC da inicio la llamada revolución urbana, que ocurre sólo en las altas culturas y que consiste en el crecimiento de grandes ciudades con arquitectura monumental. Este proceso empieza en Mesoamérica y en los Andes unos 3,000 años después de que había ocurrido en Mesopotamia y Egipto. Así, la capital de los aztecas, Tenochtitlan, era una esplendorosa ciudad de 200 mil habitantes, más grande que Londres, París y Roma, cuando en 1519 los españoles la contemplan maravillados por primera vez. Esta, sin embargo, es una historia que relataremos más adelante.

LAS ALTAS CULTURAS DE MESOAMÉRICA

En el área cultural de Mesoamérica, que va del centro de México al norte de América Central, y que incluye completo el territorio de lo que hoy se conoce como Guatemala, floreciendo varias culturas avanzadas de las cuales dos alcanzaron un esplendor sin paralelo: la cultura maya, cuya clasicidad ocurre entre los 300 y 900 DC, y la cultura azteca, que florece después, en el siglo XIII. La segunda se ubicó en el Valle de México, y la primera en la península de Yucatán, Guatemala y parte de Honduras. Pero el área mesoamericana también albergó a otros pueblos con culturas diferentes, los cuales mantenían relaciones comerciales, militares y, en general culturales entre sí y con los pueblos hegemónicos de alta cultura. El caso de la cultura maya es excepcional. Se trató de u conjunto de sociedades regidas por linajes nobles confederados que jamás constituyeron en un imperio sino en una especie de confederación de ciudades-Estado que cultivaron la ciencia y el arte hasta alturas nunca alcanzadas por sociedad antigua alguna. Sus avances matemáticos, astronómicos médicos y culturales en general, llevaron a que esta cultura sea considerada por algunos estudiosos como la civilización antigua más brillante del planeta. Esta civilización alcanzó su esplendo científico y 13

artístico por antes del siglo X DC. Pero durante este siglo la gran unidad maya de ciudades-Estado se desmoronó; las grandes capitales fueron abandonadas y cubiertas por la selva y los diferentes pueblos de origen maya se dispersaron por el territorio, dando lugar a las naciones diferenciadas de quichés, los cakchiqueles, los zutuhiles, los mames, los quekchíes y otros, en Guatemala; y los tzeltales, los tojolabales y otros, en México. Las causas posibles del colapso de la gran unidad maya —que como dijimos jamás fue un imperio pues su economía no se basó nunca en la esclavitud ni en la conquista—, pueden ser económicas, políticas, religiosas o militares. Entre las causas económicas probables de tal colapso podemos mencionar las siguientes. En primer término, el empobrecimiento de las tierras por el sistema de la roza (o quemado de los campos después de la cosecha), el cual desmineraliza el terreno y lo vuelve improductivo por largo tiempo. Unido a esto está, por supuesto, la escasez de tierras debido a la expansión constante de la frontera agrícola provocado por el sistema de roza, y a la aglomeración creciente de pueblos y ciudades, todo lo cual pudo llevar a una baja en la producción agrícola y, consecuentemente, en el tributo que os comunes pagaban a los teócratas, quienes necesitaban del alza tributaria constante para mantener sus actividades científicas y religiosas, así como su estilo de vida suntuoso. Esto nos lleva a las razones políticas del colapso, las cuales tiene que ver con el hecho de que la clase dominante quizás continuó exigiendo el pago del mismo tributo o, incluso, lo aumentó debido a que los rituales religiosos eran cada vez más complejos y masivos, y eso pudo desencadenar una rebelión campesina (de la que hay evidencia arqueológica) que dio traste con la teocracia, desintegrando así esta hermosa civilización que, sin embargo, se asentaba sobre frágiles columnas económicas. A este hecho se une asimismo otro acontecimiento: el de invasiones extranjeras formadas por pequeñas bandas de habitantes del Golfo de México e, incluso, del centro y norte de ese territorio. Las invasiones mexicanas fueron constantes y dejaron su huella en 14

Guatemala. Por eso gran cantidad de palabras y voces nahuas forman parte del idioma quiché y de otras lenguas de origen maya desde antes de la conquista española, la cual fue realizada por lo soldadescas provenientes de México, las cuales, como veremos, son responsables de muchos de nuestros toponímicos. Una de las razones por las que los mayas nunca se convirtieron en imperio y no tuvieron que conquistar otros pueblos para vivir bien, fue que su sociedad obedecía a un régimen tributario justo, el cual exigía el tributo de los comunes, llamados macehuales, solamente después de que estos habían satisfecho sus necesidades materiales y espirituales. Por eso, cuando ocurren hechos mencionados, el delicado equilibrio social y económico se rompe y la población reacciona. Pero unidad a las posibles causas económicas las políticas del colapso de la gran unidad maya, están también algunas posibles razones religiosas del mismo. En efecto, en varias ciudades mesoamericanas se han encontrado invaluables obras de arte destruidas intencionalmente en forma de ritual. Esta era una práctica común en estas sociedades religiosas, y el objetivo de las mismas era evitar que los hombres se envanecieran ante la belleza y el esplendor del producto salido de sus propias manos. La destrucción de los objetos bellos era, pues, un ejercicio de humildad en contra de la vanidad y el orgullo. Se ha argumentado que algo de eso pudo haber jugado un papel decisivo en el abandono súbito de las grandes ciudades mayas las cuales sus habitantes no regresaron sino que fundaron nuevas ciudades en otros lugares. Por alguna razón remitida al calendario ritual y sus fechas sagradas, así como a sus cálculos del movimiento de los astros, es posible que existan también una razón religiosa para abandonar las ciudades, luego de la revuelta campesina de la cual algunos arqueólogos reportan haber hallado evidencia en monumentos deliberadamente destruidos. Los mayas como tales se acaban, pues, en el siglo X, y nacen los pueblos que desciende de ellos y que son lo que existen todavía en territorio mexicano y guatemalteco.

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Del siglo X al XVI, estos pueblos acusaron una intensa dinámica militar. Guerreaban entre ellos por territorio, prisioneros y control político y económico. En esta dinámica, los quichés estaban conquistando a los otros pueblos, particularmente a los cakchiqueles y zutuhiles, en una evidente tendencia hacia el imperio. Y sin duda, los quichés se habrían constituido en un imperio a imagen y semejanza de los aztecas (que dominaron la región desde el siglo XIII), de no haber sido porque en el siglo XVI los españoles, después de conquistar México, llegan a Guatemala, en donde repiten su táctica de aliarse a los pueblos enemigos de los más poderosos, en este caso de los quichés, para derrotar al enemigo principal. Fue así como los cakchiqueles y otros pueblos, incluyendo a los tlaxcaltecas de México (que habían ayudado a los españoles en la conquista de los aztecas), contribuyeron a la rápida derrota de los quichés, frustrando de esta manera su trazada ruta hacia el imperio. En el caso de México, los aztecas habían alcanzado tal grado de poderío militar que sojuzgaban a los pueblos vecinos y los obligaban a pelear con ellos en la llamadas “guerras floridas”, que eran una especie de olimpiadas en las que la guerra se hacía de verdad y en las que los aztecas hallaban la fuente de prisioneros que luego serían ofrendados a los dioses en la piedra de los sacrificios arrancándoles el corazón. Los aztecas habían evolucionada de ser una sociedad tributaria, a ser un imperio, es decir una sociedad cuya economía se basaba en gran parte en el trabajo forzado o esclavizado de los pueblos conquistados. Consecuentemente, los aztecas eran odiados por los pueblos vecinos, con los cuales a menudo formaban alianzas forzadas para guerrear contra otros pueblos vecinos. Las “guerras floridas” eran también ocasión propicia para la creación lírica, pues se organizaba concursos para que los poetas compusieran cantos a los héroes de las guerras, a la guerra misma, a los dioses de la guerra, y también versos acerca de los avatares de la existencia humana, el amor y otros temas considerados importantes. La poesía náhuatl o nahua (así se llamaba la lengua de los aztecas) es muy rica en estas expresiones liricas, y sus poetas —entre quienes destaca el príncipe 16

Netzahualcóyotl— son de los más celebrados del mundo cultural precolombino. Así las cosas, cuando los españoles llegan a México en 1519, se encuentran con que el imperio azteca y su emperador, el gran Moctezuma, dominaban a los otros pueblos de la región. Por ello, los españoles, al mando de Hernán Cortés, se aliaron con estos pueblos, los cuales marcharon contra los aztecas y, como se dijo, facilitaron a los españoles la conquista de México. Similar cosa habría de ocurrir con los pueblos de Guatemala.

ORGANIZACIÓN SOCIAL, ECONÓMICA, POLÍTICA Y RELIGIOSA DE LAS CULTURA MESOAMERICANAS

Las altas culturas mesoamericanas estaban complejamente organizadas en los económico, lo político y lo religioso. En lo económico, la unidad productiva más importante se conoció en México con el nombre nahua de calpulli o capul. Un capul estaba integrado por grupos de familias, a menudo pertenecientes a un mismo linaje o casa, quienes se encargaban de cultivar tierras comunales para así satisfacer sus necesidades de consumo, mercadear lo producido y pagar tributo a la teocracia. Sus miembros vivían en barrios o vecindarios grandes cuyos habitantes estaban organizados para la producción y también para realizar las festividades religiosas correspondientes a la época de que se tratara. Había calpules que eran más ricos que otros, dependiendo del grado de nobleza de la estirpe, el linaje y la casa a la que pertenecieran las familias que lo integraban. Asimismo, existieron confederaciones de clanes y linajes que se unían para acumular poder. El jefe del calpul era un individuo poderoso que intermediaba entre los miembros de su grupo y los recaudadores de impuestos de tributo. El tributo, como ya se dijo, era un requerimiento de la teocracia, y se cobraba de acuerdo a la capacidad de cada calpul sólo después de que sus miembros hubieran solventado sus necesidades materiales y espirituales con la riqueza producida. Este 17

hecho permitió a las sociedades tributarias mantener un delicado equilibrio social y político que las hizo durar mucho tiempo, pero cuya fragilidad las llevó súbitamente al colapso, sobre todo a aquellas sociedades tributarias que no dieron el paso hacia la esclavización de sus vecinos, es decir, hacia el imperio. Tal fue el caso de los mayas en el siglo X. Además de las tierras comunales, había tierras del Estado que eran trabajadas por lo miembros de diferentes calpules como una forma de tributo. El tributo era muy variado: se podía pagar en animales, plumas, gemas, artesanías, víveres, de todo tipo, oro, plata, jade, etc. Existió en estas sociedades la esclavitud por deuda. Es decir que una deuda podía ser saldada mediante el trabajo esclavizado del deudor en favor del acreedor; por un periodo determinado que podía ser un año, dos o tres. Este tipo de esclavitud es diferente de la esclavitud imperial, la cual hace depender su economía y prosperidad del trabajo esclavizado de pueblos enteros. Políticamente, la sociedad se organizaba según la división general de nobles y comunes, pero entre la nobleza había divisiones también, como las que existieron entre los sacerdotes y militares, y escribas y científicos, por ejemplo. La nobleza se adquiría de nacimiento pero algunos comunes podían ser nombrados nobles, ya fuera por servicios militares distinguidos o por matrimonios por conveniencia, etc. La nobleza, como se dijo, era una teocracia, es decir, un gobierno de sacerdotes que eran también jefes militares y dirigentes políticos, y en cuyas manos descansaba la planificación de la economía, la construcción de edificios monumentales, de obras grandiosas de beneficio colectivo como calzadas, acueductos, templos y estadios, y también los complejos ceremoniales religiosos de dedicados a los dioses que, en el caso de los aztecas, servían para realizar numerosos sacrificios humanos. De hecho, cuando los españoles llegaron a Tenochtitlan, contabilizaron unos diez mil sacrificios humanos al año en esa ciudad.

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Entre los mayas y los pueblos descendentes de ellos, esta práctica se dio en mucha menor escala y no estaba asociada tanto con los prisioneros de guerra cuanto con personas que, dependiendo a menudo de la fecha de su nacimiento, eran dedicadas a determinada deidad en determinada fecha, y toda su vida se preparaba para ser puesta en el altar de sacrificios a fin de que su corazón les fuera arrancado. A menudo se trataba de doncellas a las que, desde su nacimiento, les era conferido este honor. Asociado a esta práctica estaba el canibalismo ritual, una ceremonia en la que la carne de la persona sacrificada era la comida en mínimas proporciones por los sacerdotes y comunes. En cuanto la religiosidad, los dioses mesoamericanos eran muchos pero casi todos eran transfiguraciones particulares del Sol, llamado Corazón del Cielo entre los mayas y sus descendientes, quien también se transfiguraba en la Serpiente Emplumada, llamada Quetzalcóatl, en nahua, Kukulkán, en maya clásico, y Gucumatz, en quiché. Todas las deidades duales (es decir positivas y negativas, terrestres y celestes, masculinas y femeninas, buenas y malas) y transfigurables, es decir que unos dioses se convertían en otros pero sin perder la gran unidad divida representada por Kukulkán y Corazón del Cielo, que es también Corazón de la Tierra, igual como Kukulkán es Serpiente Emplumada, es decir reptil y ave, tierra y cielo, materia y espíritu. En otras palabras,

las manifestaciones de una sola deidad

todopoderosa eran muchas, y por eso el panteón de los dioses mesoamericano estaba tan profusamente poblado. Había dioses (o manifestaciones o transfiguraciones de la deidad principal) para todo: los capules tenían dioses familiares, de los linajes y las estirpes, de la siembra, de la cosecha, etc. Los nobles tenían diversos dioses para la guerra, la paz, la muerte, la vida. Los comunes también. Pero todos eran aspectos particulares de un dios unitario, es decir transfiguraciones que regían aspectos particulares de la vida cotidiana. La religión mesoamericana giraba en torno a los rituales dirigidos a los dioses. La organización de estos rituales ocupaba gran parte de la vida 19

de los sacerdotes y también de la gente de los capules. En realidad, la religiosidad de los mesoamericanos consistía en mantener contentos a los dioses, es decir, a la manifestación de la deidad única, y no tenía que ver con la moral ni la ética de los individuos, las cuales estaban normadas por los preceptos de la ley. No había pues una moralidad religiosa como tal como la entiende el cristianismo. La religiosidad se circunscribía a realizar los rituales necesarios para mantener el buen curso del mundo, el tiempo y la vida. Sin embargo, la complejidad de los rituales y de las relaciones entre las diferentes deidades implicaba toda una teología en torno a la cual giraba la vida social y económica de la colectividad, y de cuyo conocimiento se derivaba el poder de la teocracia. La política y la religión estaban, pues, indisolublemente ligadas, y del control de ese ligamen emanaba el poderío militar y el control de la población y del territorio que tenía la teocracia, para cuyo ejercicio se educaba a los jóvenes en universidades destinadas para ello. Así, los nobles asistían a academias en las que aprendían, ciencia, religión, bellas artes y el arte militar. Los comunes tenían también academias en las que los jóvenes aprendían oficios diversos. Estos estudios duraban entre nueve y diez años. Los niños empezaban a estudiar más o menos a los diez, de modo que a los veinte los jóvenes egresaban de sus academias, ya capacitados para trabajar. La historia de estos pueblos se registraba en inscripciones en piedra (estalas, muros, esculturas), códices (o libros hechos de piel de animal o corteza de árboles, impecablemente ilustrados) y pinturas murales de grandes dimensiones. Las inscripciones, los códices y las pinturas recogían los sucesos, las leyendas y los mitos que relataban los orígenes de los pueblos, y estos relatos se transmitían en forma oral entre los macehuales, de generación en generación. Estas eran historias que daban cohesión social al grupo, lo legitimaban histórica y políticamente frente a otros grupos, y le daban sus perfiles de identidad para diferenciarse de otros.

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En cuanto a la vida social de las masas, el intercambio mercantil era una actividad fundamental de la vida mesoamericana precolombina, de modo que en ciudades como Tikal, el mercado era una institución intensamente activa, colorida y muy productiva. Igual cosa ocurría, siglo después, en Tenochtitlan. En ese espacio se vendía de todo; los mercaderes llevaban sus productos para intercambiarlos por otros, algunos viajaban a otras ciudades de la región para vender y comprar artículos diversos.

LA FILOSOFÍA MESOAMERICANA

Pero los mesoamericanos tenían también una filosofía y una teología que, aunque derivaba de la religión, tenía cierta autonomía respecto de ésta y fijaba preceptos que, por medio de la ley, orientaban la moral y la ética de la gente en su vida cotidiana. Los principios de esta filosofía, como ocurre con todas las filosofías de las sociedades antiguas, se encuentran contenidas en un mito: el mito de la Serpiente Emplumada. Veamos en qué consiste. Cuenta la leyenda que había un soberano justo y sabio que se llamaba Serpiente Emplumada. Un día, su enemigo, llamado Espejo Humeante, quiso hacerle daño y le regaló un espejo para que se envaneciera mirando su propia imagen. Como era un dios, Serpiente Emplumada ignoraba que tenía un rostro humano, una identidad, y cuando la descubrió quedo fascinado con ella. Entonces Espejo Humeante le ofreció chicha para celebrar el acontecimiento y Serpiente Emplumada se emborracho y, estando borracho, Espejo Humeante le propuso mandar traer cortesanas para seguir celebrando. Serpiente Emplumada no sabía que entre las cortesanas estaba su hermana, a quien su enemigo había ubicado entre ellas forzadamente. Así las cosas, Serpiente Emplumada, borracho, comete involuntariamente el delito de incesto. Al día siguiente, siendo consciente de que su proceder había sido producido por la vanidad, Serpiente Emplumada se impuso bajar a los infiernos para recobrar los huesos de sus ancestros y así recobrar 21

también el antiguo sentido de su dignidad o sentido de sí mismo; es decir; sus valores morales perdidos. Se despidió de su pueblo y bajó al inframundo, en donde jugó el juego mortal de la pelota y luchó contra los demonios matando a varios de ellos, hasta que les arrebató los huesos de sus ancestros. Luego subió a la superficie del mundo y le dijo a su pueblo que se marcharía hacia otra parte en donde ahora le correspondía estar, pero que habría de volver para redimirlo y salvarlo. Seguidamente, se prendió fuego frente al mar y se elevó al cielo convertido en la Estrella de la Mañana (que es también Estrella de la Tarde), conocida también como Venus. Esta leyenda. Su contenido y significado, es decir, el simbolismo que encierra puede explicarse así: cualquier ser humano que se ha denigrado puede reconstruirse con su propio esfuerzo y llegar a ser mejor de lo que antes era, hasta convertirse en dios. Para lograrlo, la persona tiene que recobrar el sentido de sí mismo, sus valores (simbolizados por los huesos de sus ancestros) y enfrentar sus demonios en su propio infierno personal, que son sus propias contradicciones (ese es el simbolismo del infierno). La serpiente con plumas y que vuela en una figura poética que simboliza la unidad y armonía de los contrarios: reptil y ave, tierra y cielo, dios y hombre, unidos en el ser humando capaz de ponerlo en armonía mediante su práctica espiritual. En este caso, el nombre de Kukulkán simboliza a ese ser humano. Hay otro aspecto muy importante que se desprende de la interpretación de esta leyenda, y es que, para la filosofía mesoamericana, la ética y la moral implicaban el ejercicio de acciones positivas tanto como negativas, es decir era lícito hacer el bien tanto como el mal, dependiendo de las circunstancias. Kukulkán mata a varios de sus enemigos cuando desciende a los infiernos, y eso se considera bueno para su desarrollo espiritual. Asimismo, el mal juega un papel determinante para el desarrollo del bien. Si Kukulkán no hubiese hecho mal, jamás se hubiera convertido en dios. La importancia presente de comprender esta moral precolombina radica en que hoy día podemos observar, en ciertas 22

comunidades indígenas, algunos cultos religiosos a santos que son transfiguraciones de Kukulkán, y los fieles igual les piden milagros buenos como malos, los cuales la deidad concede de acuerdo a si la petición es justa o no lo es. Es el caso de Maximón y sus múltiples transfiguraciones. Esta filosofía moral inspiró a los mesoamericanos (mayas, aztecas y quichés por igual), y sus principios se encuentran expresados en libros como el Popol Vuh, el Chilam Balam y el Rabinal Achí, así como en las pinturas murales, los códices, las estelas, las inscripciones y las obras de los poetas mesoamericanos antiguos. Para poner en práctica la moral de Kukulkánica o quetzalcoatliana, los habitante de Teotihuacán, en México, destruían de cuando en cuando las obras de arte realizadas, a fin de que los hombres no se envanecieran ni llegaron a ser esclavos de lo que había salido de sus manos. Estos principios se practicaban también entro los incas y en las sociedades antiguas del Lejano Oriente, y se simbolizaban mediante otros mitos y tenían otros nombres. Debemos entender que el tipo de organización social, económica y religiosa que hemos descrito, así como la filosofía Kukulkánica, prevalecieron después del colapso de la unidad maya en el siglo X y se mantuvieron, con algunas variantes, entre los pueblos descendientes de los mayas hasta el siglo XVI, cuando llegan los españoles al área azteca y maya. También se puede decir que es posible imaginar una sociedad inca y la de los pueblos descendientes de ellos según estas mismas formas de organización social, de la religiosidad y de la filosofía, ya que se trataba de sociedades muy similares en las que la religión era el centro de la vida social, económica y política. Imaginemos, pues, a quichés, cakchiqueles, zutuhiles, mames, quekchíes, viviendo de esta manera y guerreando entre sí a lo largo de seis siglos, desde el X hasta el XVI, que es cuando este tipo de vida cambia drásticamente debido al arribo de seres desconocidos que traían armas con un estruendo mayor que el del rayo y bestias que corrían más que los mejores guerreros. 23

Si el siglo III A.C. al X D.C. podemos hablar de una Guatemala maya, del XII al XVI, podemos hablar de una Guatemala quiché.

24

II.

EL

ENCUENTRO

DE

DOS

CULTURAS:

DIVISIONISMOS

MORTALES Y CRUELDAD SOFISTICADA

LA DINÁMICA INICIAL DE LOS PUEBLOS DESCENDIENTE DE LOS MAYAS. ORÍGENES DE LOS QUICHÉS

Después del colapso de la unidad maya, sin lugar a dudas fueron lo quichés el pueblo que dominó a los demás pueblos precolombinos de Guatemala. Esto se debió a que el reino quiché, cuya capital fue Gumarcaj (llamada Utatlán en idioma nahua), fue conformado originalmente por invasores militares provenientes del Golfo de México, los cuales poseían una cultura tolteca que valoraba la dominación imperial y los sacrificios humanos. Hablaban el idioma chontal, algún dialecto nahua y también maya (o lo que quedaba de él). Estos incursionaron, en forma de pequeñas bandas de guerreros, en el territorio llamado Cuauhtimalan más o menos en 1250 (es decir, unos dos siglos y medio después del colapso de la gran unidad maya) y empezaron a construir pequeñas fortalezas en las montañas, a las cuales volvían luego de aterrorizar y saquear a los pueblos locales. Ellos instauraron, como norma, los sacrificios humanos en este territorio, usando como víctimas a los prisioneros que tomaban de las guerras. El relato de la migración de los quichés que aparece en los Anales de los cakchiqueles y el Popol Vuh, confirma el origen mexicano de estas tribus guerreras, proclives a la dominación imperial y que creían que debían mantener sus linajes incontaminados pues eso les otorgaba el derecho de gobernar. Esta ideología aristocrática y militarista, que implicaba la construcción de un imperio basado (como todos los imperios) en la conquista, determinó en buena medida su imposición cruelmente violenta sobre los demás pueblos de lo que es hoy el altiplano guatemalteco. Primero se impusieron sobre la población quiché que ya existía y luego la movilización par sojuzgar a las otras naciones. 25

Entre los grupos entraron al territorio siguiendo el curso del rio Usumacinta, hasta lo que es hoy la Verapaz; luego siguieron el cauce del Rio Negro hacia el oeste, llegado a las montañas del altiplano. Después de cien años de poblar el área de Chujuyup, se movieron hacia las planicies, hasta lo que hoy se conoce como Utatlán, y allí se asentaron. En el año 1000, los nativos del área hoy conocida como Quiché hablaban desde tiempo atrás el idioma que ahora conocemos con el mismo nombre, el cual se diferenciaba de otras lenguas, derivadas del mismo y que se hablaban en el altiplano, como el cakchiquel y el zutuhil. No se sabe si los habitantes originales se llamaban quichés, ya que eran comunidades dispersas sobre las que se impusieron los mexicanos y así conformaron el reino quiché. Los invasores toltecas asimilaron, pues, el idioma de los vencidos. Sin embargo, su dominación militar hizo que los nativos perdieran su especial tipo de organización social y su cultura, y que asumieran formas culturales propias de los pueblos del México antiguo. El pueblo quiché se forma, entonces, sobre el sustrato de una cultura aplastada y la imposición de otra, militarista, imperial y extranjera. Esta es la epopeya que narra el Popol Vuh, aunque dice poco sobre la condición de sirvientes y vasallos a la que fueron sometidos los nativos quichés originales y sobre las guerras de los nuevos quichés en contra de cakchiqueles y zutuhiles. Los jefes militares invasores llamaron Quiché al territorio que dominaron, basándose en la lengua que se hablaba en él pero, como se dijo, la cultura que impusieron fue muy diferente a la que existía antes de la invasión. El mestizaje cultural que se encuentra en la base del pueblo quiché fue, por lo tanto, intenso, igual que el biológico. Y constituye un ejemplo elocuente de interculturalidad violenta en nuestro territorio, ya desde tiempo precolombinos. En el Capítulo VII del Popol Vuh se lee: “llegaron por entonces a la cumbre de una montaña y allí se reunieron todo el pueblo quiché y la tribus. Allí celebraron 26

todo consejo para tomar sus disposiciones. Llaman hoy día a esta montaña Chi-Pixab, éste es el nombre de la montaña”. “Reuniéronse allí y se ensalzaron a sí mismos: -¡Yo soy, yo, el pueblo del Quiché! Y tú, Tamub, éste será tu nombre. Y a los de Ilocab les dijeron: -Tu, Ilocab, éste será tu nombre. Y estos tres (pueblos) quichés no desaparecerán, una, misma es nuestra suerte, dijeron cuando designaron sus nombres. En seguida dieron su nombre a los cakchiqueles: Gagchequeleb fue su nombre. Asimismo a los de Rabinal, que éste fue su nombre que hasta ahora no han perdido. Y también a los de Tziquinahá, que así se llama hoy día. Estos son los nombres que se dieron entre sí”.

EL EXPANSIONISMO DEL QUICHÉ

Los quichés, entonces, invadieron otros pueblos para constituirse en poderoso imperio entre los años 1720 y 1500. Los Anales de los Cakchiqueles relatan algunas de sus matanzas. Como se dijo, la ruta histórica hacia el poder imperial, que decididamente transcurrían los quichés desde el siglo XIII, fue interrumpida violentamente en el siglo XVI por la llegada de los invasores españoles. Una de las tantas historias que ilustran esta violenta época de guerras, es la que da contenido a la obra de teatro Rabinal Achí, en la que el dramático enfrentamiento entre dos jefes militares ocurre en el marco de las guerras entre quichés y rabinales, las cuales tuvieron lugar entre 1275 y 1300 y culminaron con las conquista del Rabinal por los quichés. La importancia cultural de este libro, el Rabinal Achí (o el Varón de Rabinal) radica en que es el único texto precolombino de toda la América Latina que no pasó la censura eclesiástica de los curas españoles, y en que sus personajes (dos teócratas enemigos entre sí) encarnan una moral que era propuesta como ejemplar a las masas que presenciaban las puestas en escena de este ballet-drama 27

musical, consiguiendo con ello que el pueblo hallara en el espectáculo una fuente de cohesión social, legitimación política e identidad cultural que lo llenaba de orgullo, todo lo cual ilustra las funciones sociales que cumplía la producción artística en las sociedades precolombinas. Pero estas guerras precolombinas palidecerían después ante las armas de fuego, los cañones, las armaduras y los caballos españoles, de cuya llegada les habría advertido a los quichés el emperador Moctezuma, desde Tenochtitlan, en 1512. El rasgo cultural hegemonista y dominar de los quichés, derivado de sus orígenes culturales toltecas, continuó aún después de la conquista y la colonización, y fue visible en sus relaciones con los cakchiqueles, zutuhiles, mames y quekchíes. El sojuzgamiento de los pueblos vecinos por parte de los quichés fue a veces pacífico, cuando algunas comunidades se rendían ofreciendo ser tributarias de los conquistadores. En otras ocasiones, como en la batalla de Jakawitz, que el Popol Vuh relata como una victoria quiché mediante estrategias militares, fue sumamente violento. Los cakchiqueles, que eran entonces el principal brazo militar vasallo de los quichés, relatan otras conquistas de éstos en las que los vencidos entregaban esposas a los victoriosos y les ofrecían tributo, creando así linajes vasallos, como es el caso del linaje Coyoy y el de muchos otros. En otras ocasiones, los quichés establecían alianzas mediante matrimonios de conveniencia, como ocurrió con los zutuhiles de lo que es hoy Tolimán, los cuales se convirtieron en sus vasallos y en soldados a su servicio, y les fueron concedidos los títulos correspondientes para operar en la guerra a favor de sus amos. Como podemos ver, las tácticas políticomilitares de los quichés fueron similares a los de otras culturas imperiales, como es el caso de los romanos, quienes subyugaron a los pueblos enteros incorporando a sus jefes al esfuerzo de control político y económico de un gran territorio. El heredero del poder político quiché y fundador de la capital, Gumarcaj, fuel el hijo del rey Cotujá, llamado Gucumatz (Serpiente Emplumada), un soberano al que se le atribuían poderes mágicos, pues se 28

decía que podía convertirse en animal y subir al cielo y bajar al inframundo (llamado Xibalbá). Gucumatz expandió el reino quiché usando a los cakchiqueles y a otros pueblos en sus conquistas, y murió en combate tratando de vencer al cacique Tecún Sicóm, a quien había dado a su hija en matrimonio para pacificar la región, y éste la había asesinado. El hijo de Gucumatz era Quikab, y él fue el siguiente rey de los quichés. Como era usual, los cakchiqueles fueron de nuevo usados como combatientes por los quichés en las guerras fratricidas que Quikab emprendió contra Tecún Sicóm, a quien sus hombres mataron y a cuyo hijo tomaron prisionero. Quikab expandió el reino quiché hasta el máximo hacia el norte. Los rabinales se hicieron vasallos de los quichés por medio de su relación familiar con los linajes vasallos de los cakchiqueles. El proceso de mestizaje entre los pueblos dispersos que descendían de los mayas fue intenso entre ellos mismos y con los pueblos que llegaban a México, y se hizo mayor con la reorganización que Quikab hizo del reino quiché, el cual ocupaba ya todo el territorio de Guatemala, en donde, por estas razones, se vivía una violenta interculturalidad que producía cada vez más variantes de un mestizaje ya de suyo profusamente diverso. A pesar de esto, algunos exceso sacrificiales y viciosos de Quikab desencadenaron una insurrección en Gumarcaj, en 1470, durante una celebración a la que habían asistido los más importantes jefes de los pueblos tributarios de los quichés, y que estuvo encabezada por guerreros e hijos del rey. Luego de algunos sacrificios humanos en honor de Tojil, dios de la guerra, tuvo lugar un ataque contra Quikab, quien se salvó de morir porque se hallaba bajo la protección de algunos de sus hijos leales. Sin embargo, a raíz del suceso, tuvo que otorgar privilegios que se negaba conceder a los comunes y a sus propios hijos. Así, los privilegios otorgados a algunos militares quichés que no eran nobles llevó a la crisis de poder para Quikab, pues aquellos querían eliminar cakchiqueles –quienes gozaban de grandes prerrogativas- y el rey los consideraba sus fieles aliados. Por ello, los previno y les aconsejó abandonar Gumarcaj, lo cual hicieron y se asentaron en Iximché, en donde 29

se fortificaron contra los quichés. Quikab murió aproximadamente en 1475, después de lo cual las guerras de los quichés contra los cakchiqueles y en contra los zutuhiles se intensificaron, pues el poder imperial quiché se había resquebrajado desde la revuelta de Gumarcaj y ahora buscaban restaurarlo bajo el mando del sucesor de Quikab, Tepepul, quien se lanzó contra Iximché aprovechando que los cakchiqueles estaban padeciendo una severa hambruna debido a las malas cosechas. Pero los quichés fueron derrotados, Tepepul tomado prisionero y gran cantidad de oficiales nobles masacrados. Esto hizo de los cakchiqueles un poder desafiante frente a los quichés, quienes se limitaron a combatirlos en la línea fronteriza de sus reinos. Esta dinámica militar entre linajes nobles y vasallos y entre pueblos constituidos fue la norma durante esta época. Alianzas y traiciones pueblan el horizonte histórico de esas naciones. Enemistades ancestrales dividen y a la vez los unen. Así, las guerras entre quichés y zutuhiles, a finales del siglo XV, se originan con el rapto de una doncella por parte de éstos, la cual es llevada hasta Atitlán. En estas guerras, las vitorias de los quichés contra los zutuhiles fueron muchas, así como las complicadas alianzas entre diferentes pueblos para lograr el control territorial y poblacional que les confiriera más poder sobre los demás. En una de estas batallas en Atitlán, muere el jefe de los quichés, quien se llamaba probablemente Tecúm, también hijo de Quikab y sucesor de Tepepul. La complicada dinámica militar generalizó las rebeliones contra los quichés en todo el territorio, a lo cual se vino a sumar el hecho de que, al entrar los quichés a Chiapas y Soconusco, se encontraron con que otro pueblo estaba conquistando territorios: el pueblo mexica, que le arrebataba a los quichés el control del área de Ayutla y Mazatlán. Ya en 1510, los mexicas exigieron tributo a los señores quichés de Utatlán (apelativo nahua de Gumarcaj) en nombre de Moctezuma, su señor, y éstos accedieron a pagarlo por temor a una invasión. Los quichés se apaciguaron bajo el domino mexica, y Moctezuma no sólo dio a dos de sus hijas en matrimonio al jefe quiché, sino que lo previno de la inminente 30

llegada de los españoles, de cuya presencia en el Caribe se tenía certera noticia en México. Esto dio origen a profecías de derrota y finalización del poder quiché. Pero Moctezuma había ordenado a todos los pueblos tributarios pelear contra los invasores, y los quichés se prepararon para la guerra. Fue la fuerte presencia mexica la que tradujo los nombres quichés a nahua (por ejemplo Utatlán para Gumarcaj o Lugar de las viejas cañas, Cuauhtimalan para Iximché o Lugar de los Arboles de Maíz. De este nombre se deriva el de Guatemala, impuesto por los españoles). Cuando llegan éstos a Utatlán en 1524, los imperialistas quichés se hallaban, pues, sometidos al vasallaje de los mexicas, quienes eran a la vez vasallos de los aztecas, todo bajo el poder del emperador Moctezuma. ¿Qué pasó a la llegada de los invasores europeos? Para comprender esto en perspectiva retrocedamos un poco en el tiempo, unos treinta años, a 1492, porque es entonces la aventura española en América.

LOS ESPAÑOLES EN MESOAMÉRICA

Como todos sabemos, en 1492 Cristóbal Colón había llegado a América creyendo que llegaba a India. A ese hecho se le llama, desde el punto de vista de los europeos, el “Descubrimiento” de América. Hay que decir, sin embargo, que durante este choque transcultural, los americanos también descubren a los europeos. Además, desde el punto de vista de los habitantes de este continente, que después sería llamado América (en honor a un navegante llamado Amérigo Vespucci), el territorio ya había sido descubierto desde hacía varios miles de años, cuando las oleadas de inmigrantes asiáticos lo poblaron bajando del norte hacia el sur. Precisamente por su equivocación, Colón llamo “indios” a los habitantes de las tierras que “descubrió”. Y por eso mismo, al conjunto de éstas, los españoles llamaron las “Indias”. Colón exploró la Costa Atlántica de Centroamérica en 1502, durante su cuarto viaje. Las primeras imágenes del Nuevo Mundo —como también fue llamado nuestro territorio por los españoles— se deben justamente a 31

Colón, quien, en sus Cartas a los Reyes Católicos de España –que habían financiado la empresa de exploración que culminó en el descubrimiento europeo de América- hace vívidas descripciones (por cierto bastante exageradas y por ello llenas de encanto y maravilla) de las bondades del clima, la gente, los productos agrícolas, la flora y la fauna de las nuevas tierras. Con las Cartas de Colón se refuerzan en Europa la leyenda del Nuevo Mundo fantástico, maravilloso y mágico en el que se encontraba El Dorado, un reino en el que el oro era materia prima de todo. Surge así la primigenia versión mágica de América en las mentes europeas. Hablando de los nativos con que se encuentra, dice Colón en su Diario de abordo: “Yo, porque nos tuviesen mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se libraría y se convertiría a nuestra Santa Fe con amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuantas de vidrio que se ponían en el pescuezo, y otras coas muchas de poco valor, con que hobieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla (…) Ellos anda todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vide más de un farto moza (…) Ellos no traen armas ni las conocen, porque les amostre espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia, (…) Traían ovillos de algodón filado y papagallos y azagallas y otras cositas que sería tedio de escribir, y todo daban por cualquier cosa que se los diese. Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vide que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado de un agujero que tienen en la nariz…” A las expediciones de Colón siguieron otras de carácter militar, que tenían como objetivo encontrar oro y otros metales preciosos a fin de proveerle a España el respaldo económico que necesitaba para ponerse al día con el resto de Europa, ya que acababa de salir de una guerra victoriosa en 32

contra de los musulmanes, quienes habían habitado su territorio durante ocho siglos. Los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, eran precisamente los abanderados de la guerra cristiana en contra del Islam. Dos procesos expedicionarios tuvieron lugar después del arribo de Colón a América, uno desde México hacia Guatemala, El Salvador y Honduras, y el otro desde Panamá hacia el norte (Costa Rica, Nicaragua, Honduras) y también hacia el sur (Ecuador, Bolivia, Perú). Allí donde no hallaron metales preciosos o donde se acabaron los existentes, los españoles organizaron a la población indígena para laborar en los campos cultivando los productos que se necesitaban en Europa. Pero este proceso implicó antes una guerra llamada por los invasores “de conquista”, la cual empezó en las islas del Caribe, en donde la población indígena fue exterminada tanto por la violencia que generó la resistencia militar de los lugareños, como las enfermedades que los llamados conquistadores traían ante las cuales los indígenas no tenían defensa biológica. Por ejemplo: la gripe común, el sarampión, y también las enfermedades venéreas. Debido sobre todo a las enfermedades, la población americana fue diezmada y, de unos treinta millones de habitantes que había antes de la Conquista, la población se redujo a tres millones después de ella. La guerra de conquista de Mesoamérica empezó en México, en 1519, cuando al mando de una expedición de once naves que había salido de Cuba, Hernán Cortés desembarca en el área maya de Yucatán con 508 hombres, 16 caballos y algunos cañones. A su paso conquista pueblos que eran enemigos de los aztecas, aliándose a algunos de ellos. El cacique de Tabasco le regala una esclava llamada Malitzin, a quien Cortés llamará Marina y, posteriormente, los aztecas llamarán Malinche. Uno de los capitanes de Cortés, Pedro de Alvarado, recibe también como regalo, esta vez del cacique de Tlaxcala, a la hija mayor de este, llamada Tecuilhuatzin, a quien Alvarado nombra doña Luisa. Su apellido era Xicoténcatl. Ella lo acompañara en sus campañas militares en México y Guatemala, le servirá de traductora (como la Malinche a Cortés), y le dará dos hijos: Pedro, quien nace en México y muer a temprana edad, y Leonor, quien nace en el 33

campamento español de Utatlán durante el sitio a la capital de los quichés, el 22 de marzo de 1524, para convertirse en la primera Mestiza en Guatemala. La información española básica acerca de la conquista de México y Guatemala se encuentra contenida en las Cartas de Cortés, las Cartas de Alvarado y el libro de Bernal Días del Castillo, un soldado que participó en las campañas de México y Guatemala, titulado Verdadera y notable relación dela conquista de la Nueva España y Guatemala. De parte de los indígenas existen también documentos que predicen la guerra de conquista y la colonización, y que relatan los hechos sangrientos y el fin de su civilización. Lo cierto es que la superioridad militar (no numérica) de los españoles, las armas de fuego, los caballos y las tácticas de guerra diferentes a las usuales entre los indígenas americanos, determinaron la victoria española, no sin una fiera resistencia por parte de los nativos americanos. El grueso de la fuerza de choque contra los aztecas lo constituyeron tropas tlaxcaltecas y de otros pueblos vecinos, hartos de ser hostigados por el imperio. Esta fue una constante en toda la conquista de América: el aproximamiento español de las guerras intestinas. En el caso de Perú, solamente 180 hombres acompañaban a Pizarro en la aventura, pero debido a que Atahualpa guerreaba contra su hermano Huáscar, esto facilitó la empresa. Los españoles, valiéndose de un engaño, invitaron al cacique Atahualpa a conferenciar y, una vez, indefenso, lo apresaron, lo hicieron llenar el cuarto con objetos d oro a cambio del cual le ofrecieron perdonarle la vida, y luego lo ejecutaron, facilitando así posteriores victorias militares. El caso de Guatemala es similar, como veremos adelante. Para darnos una idea de la total extrañeza que el mundo español representaba para los indígenas, percatémonos de que las profecías enunciaban la llegada de hombres blancos de barbas amarillas, que venían del mar en casa flotantes y con fuego en las manos, montando bestias enormes y cargando con ellos el estruendo del rayo que causaba 34

destrucción y muerte. Las imágenes usadas para referirse a los hombres, a los barcos, a los barcos, a las armas de fuego y a los caballos remiten a una visión apocalíptica potenciada por el estupor de lo inexplicable, pues jamás habían visto aquellas realidades. Cuentan que en el Perú, el jefe Atahualpa cayó sentado del susto la primera vez que vio un caballo. Imaginémonos cómo pudo reaccionar un azteca o un quiché ante el estruendo de un cañón o el resplandor de la armadura de un soldado español montado en un animal que jamás había sido visto en estas geografías. A la superioridad del armamento español debe agregarse también un concepto de guerra basado en el engaño, para explicarnos su rápida victoria sobre los nativos. En efecto, tanto en México como en Guatemala y el Perú, los españoles entraron a las ciudades en son de paz y, una vez dentro, procedieron a matar a los jefes y a hacer prisioneros a sus subordinados. El caso de Atahualpa en el Perú es elocuente a este respecto. Igual que él Moctezuma fue hecho prisionero en su propio palacio. A diferencia del primero (que fue ahorcado), este fue apedreado por su propia gente cuando había perdido su poder político antes los españoles. Una suerte parecida corrieron los señores de Utatlán en el altiplano guatemalteco, como veremos adelante. Pero quizá haya sido el elemento religioso el determinante de la derrota. En efecto, la vuelta prometida de Quetzalcóatl, registrada en el calendario ritual, coincidía con la fecha de 1519, en la que arribaron Cortés y los suyos, de modo que éstos fueron tomados como dioses al principio. Y cuando los aztecas se dieron cuenta de que solo se trataban de hombres, era muy tarde, pues ya los habían dejado entrar a la ciudad. En su “Segunda Carta de Relación” al Emperador Carlos V, Hernán Cortés cita las palabras de Moctezuma quien, refiriéndose a Quetzalcóatl, le dice: “Muchos días ha que por nuestras escripturas tenemos de nuestros antepasados notica que… a estas partes trajo nuestra generación un señor cuyos vasallos todos eran, el cual se volvió a su naturaleza, y 35

después tornó a venir desde en mucho tiempo… y … no quisieron… recibirle por señor, y así se volvió; y siempre hemos tenido que los que de él descienden habrían de venir a sojuzgar esta tierra y a nosotros como sus vasallos… y por tanto, vos sed cierto que os obedeceremos y tendremos por señor en lugar de ese gran señor que vos decís…” Por su parte Bernal Días del Castillo, refiriéndose al encuentro con los aztecas, dice en su ya mencionado libro: “Y asimismo nos llevaron (a) aposentar (a) aquella casa por causa que, como nos llamaban teúles (dioses) y por tales nos tenían, que estuviésemos entre sus ídolos como teúles que ahí tenían”. A pesar, pues, de que Tenochtitlán, la capital azteca, maravillo a Cortés y a sus soldados, éstos tomaron finalmente por asalto en 1521 y obligaron a los sacerdotes a jurar lealtad a Cristo y a los Reyes Católicos. Destruyeron las imágenes de los dioses aztecas y las sustituyeron por las de Cristo, la Virgen y los santos católicos. Prosiguieron su guerra sobre los pueblos del valle de México y empezaron a destruir pirámides para construir en su cúspide iglesias católicas, catequizando a quienes ellos llamaban “indios”, para “salvarlos” de lo que veían como “pecado” y “paganismo” e “idolatría” y que no era sino una religión diferente cuya complejidad ellos no podían comprender y menos valorar. La conquista implicó, pues, la destrucción de innumerables obras de arte, la quema de códices y pinturas, la rotura de esculturas y edificios, el ahogamiento de la tradición oral (por medio de la que se transmitía la cultura ancestral), el fin de una civilización. Desafortunadamente, las obras de los excepcionales curas que se dedicaron a rescatar la cultura indígena perdida y defender a los indios de la crueldad de los conquistadores, no alcanzaron a compensar la enormidad de lo destruido y la gravedad del genocidio.

36

LA CONQUISTA DE GUATEMALA

Como dijimos, los mexicas mantenían informados a los quichés de lo que hacían los españoles en México. Por este tiempo, una epidemia atacó a los habitantes de Iximché y Utatlán. Eso hizo que los cakchiqueles enviaran mensajeros a Cortés ofreciéndole vasallaje a cambio de su intervención contra los quichés, a lo que Cortés accedió. Los quichés, sin embargo, rechazaron la oferta española de ser vasallos y rendirse y, por el contrario, intentaron unir a todos los pueblos para presentar una resistencia

única

desafortunadamente,

al

invasor.

El

intento

de

los

quichés,

no tuvo éxito debido al pasado sangriento

instaurado por ellos mismos con sus conquistas. Los pueblos estaban resentidos con ellos y los consideraban sus enemigos. Era algo similar a lo que había ocurrido en México con los aztecas y los pueblos por ellos sojuzgados. A pesar de esto, algunas comunidades apoyaron a los quichés y se prepararon para la guerra. Después de la conquista de México en 1521, Cortés le ordena a Pedro de Alvarado explorar y apaciguar a los indios del territorio al sur del dominio azteca. Esto lo hizo Cortés para librarse de Alvarado, quien era un sicópata asesino que le causo muchos problemas a Tenochtitlan, incluido el episodio conocido como la Noche Triste, pues Alvarado no podía controlar su crueldad para con los “indios”. Y fue así que Alvarado parte hacia Guatemala en 1523 con 153 jinetes, 120 soldados de infantería, 400 mexicas, tlaxcaltecas y cholutecas, y cuatro cañones. Los cakchiqueles enviaron emisarios a su encuentro para ofrecerles una alianza militar, la cual fue aceptada. El avance español fue entonces ordenado y Alvarado pidió a los reyes de Utatlán, Oxib Quej y Belejep Tzi, que se rindieran. No hubo respuesta. El primer combate tuvo lugar en el río Tilapa, luego la guerra pasó a Zapotitlán y luego a Xelajú o Quetzaltenango. Al llegar lo españoles a Xelajú, el nieto del cacique local, el capitán Tecún Umán, fue enviado a Gumarcaj, en donde se preparó ritualmente para la guerra durante siete días, para luego enfrentarse a 37

Alvarado y sus tropas en Xelajú, con 8,400 soldados. Los combates fueron sangrientos, sobre todo en las barrancas de Olintepeque, en donde se cuenta que las aguas del río del mismo nombre se tiñeron de rojo por la sangre derramada por los guerreros comandados por el príncipe Azumanché. El río fue llamado entonces Xequijel, o Río de Sangre. Fue así que tocó el turno de dirigir todo esfuerzo de guerra a Tecún Umán, el enfrentamiento entre Tecún y Alvarado ha sido motivo de versiones mágicas, pero lo cierto es que, después de varias horas de combate en los llanos de Urbina, Alvarado ordenó a uno de sus subalternos, Pedro de Portocarrero, que iniciara un movimiento envolvente que el mismo Alvarado completaría en el extremo opuesto del contingente, en donde se hallaba Tecún Umán. Fue así como ambos capitanes se vieron de pronto frente a frente. Una versión afirma que Tecún atacó tres veces a Alvarado, dando muerte a su caballo, paro Alvarado fue asistido por Portocarrero con otra cabalgadura y pudo así atravesar con su lanza al capitán quiché. Según otra versión, Tecún fue atravesado por la espalda cuando estaba a punto de matar a Alvarado, a quien había logrado poner en tierra. Cuenta la leyenda que un quetzal que protegía a Tecún volaba encima de su cabeza y que, al caer el jefe quiché, cayó muerto a su lado el quetzal también. Al morir (en la imaginación mágica del pueblo) el quetzal que protegía a Tecún, moría también la libertad de los pueblos precolombinos de Guatemala, a pesar de que tuvieran ya varios siglos de guerrear entre sí. Los españoles derrotaron sucesivamente a ejércitos indígenas de 3,000, 5,000 y entre 10,000 y 30,000 guerreros, arrollándolos con su caballería en la planicie del valle. Esta derrota, y sobre todo su idealización, marcan el inicio de una conciencia colectiva de frustración e incapacidad que atravesará la historia del país, siendo reforzada por otras derrotas que veremos adelante. Lo rescatable de estos hechos, empero, no debe ser la idealización trágico-romántico de una derrota sino la valoración de la resistencia heroica como fundamento de una tradición de

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lucha que caracteriza a nuestro pueblo y que se manifestará de muchas maneras a lo largo de su historia. Después de sus varias derrotas militares, los reyes de Utatlán enviaron mensajeros a Alvarado pidiendo perdón y declarándose vasallos de los españoles, a quienes invitaron a llegar a su ciudad, hecho que ocurrió en 1524. Los guerreros quetzaltecos que ahora colaboraban con Alvarado, le informaron que los quichés pensaban quemar vivos a los españoles una vez estuvieron dentro de su capital. Alvarado entonces se las agenció para capturar vivos a varios señores de Utatlán, a pesar de lo cual los soldados quichés atacaron a los españoles durante un corto lapso. Finalmente, Alvarado logra controlar la situación, enjuicia sumariamente a los señores de Utatlán y los quema vivos, atados a postes. Entre ellos se encontraban Oxib Quej y Belejep Tzi. Alvarado dejó vivos a los hijos de éstos, Tecúm y Tepepul, y luego los nombró administradores de la región, bajo sus órdenes. Este fue un procedimiento usual de los españoles: matar a los líderes y poner al mando de la sociedad vencida a nobles aterrorizados que sirvieron de intermediarios entre los invasores y su pueblo. La ciudad de Utatlán fue quemada y después, al ser poblada de nuevo, se llamó Santa Cruz. El resto del área de Utatlán o Gumarcaj debía ser sometidas, según los intereses de Alvarado, y para el efecto solicitó 4,000 hombres cakchiqueles. La región fue pronto controlada y sus jefes perdonados para que siguieran al frente de sus comunidades, que ahora serian tributarias de los españoles. Fue durante esta campaña que nació Leonor de Alvarado y Xicoténcatl en el campamento español en las afueras de Gumarcaj, el 22 de marzo de 1524. Esta fecha es importante porque Doña Leonor de Alvarado y Xicoténcatl es la primera mestiza reconocida por ambos bandos: la primera “ladina”, la primera “chapina” (aunque estas palabras todavía no existieran, ni tampoco existiera Guatemala como país mestizo). Lo cierto es que en abril de 1524, el quiché estaba conquistado. Y en julio, Alvarado funda en la capital de los cakchiqueles, Iximché, la ciudad de Santiago de 39

los Caballeros, la cual sería trasladada, debido a las constantes rebeliones cakchiqueles, al Valle de Almolonga, en las faldas del Volcán de Agua, en 1527, y, luego, debido a su destrucción por una correntada de agua y lodo causada por intensas lluvias y la ruptura de una parte del cráter del volcán, al Valle de Panchoy, en 1543. La ciudad del Valle de Almolonga se conoce hoy día como Ciudad Vieja, y la del Valle de Panchoy, como Antigua. Los quichés llamaron a Alvarado Tonatiú (el sol), por su cabello rubio y su piel blanca, pero también, quizás, porque su llegada (como la de Cortés) coincidió con el enunciado regreso de Kukulkán, la Serpiente Emplumada, quien había prometido volver en esas fechas. Alvarado pudo ser visto como una transfiguración de Corazón del Cielo (el sol), convertido en su aspecto negativo. Por eso, algunos lamentos mexicanos sobre la llegada de los invasores hablan del arribo del “gemelo del sol”, es decir, de su lado oscuro y terrible (Espejo Humeante), que pudo estar personificado en Cortés y en Alvarado. Las razones religiosas y éticas de nuevo juegan un papel preponderante a la hora de explicar la derrota de los pueblos precolombinos. Pero después de su victoria, Alvarado se embarcó hacia el Perú llevando consigo a varias familias de indios quichés, y espontáneamente los poderes precolombinos empezaron a re articularse debido a que los conquistadores no dejaron poderes constituidos que mantuvieran vigente la estructura de la dominación. Es por eso que, pocos años después, el hermano de Pedro de Alvarado, Jorge, ingresa desde México a territorio guatemalteco al mando de varios miles cuauhquecholtecas, y con ellos realiza la definitiva conquista militar de Guatemala, dejando estructuras de poder en cada ciudad conquistada. Su ruta militar empezó en el sur, por Retalhuleu, subió a Escuintla, al Altiplano, las Verapaces y Huehuetenango, hasta salir de nuevo a México, dejando tras sí un nuevo poder mexicano y español consolidado institucionalmente, el cual de hecho hizo funcionar la nueva organización colonial impuesta. Esto determinó que muchos de nuestro toponímicos no sean de origen maya 40

sino nahua, como todos los terminados en “tlan” y “nango”, por ejemplo. Este relato se encuentra ilustrado en el Lienzo de Cuauhquecholan, cuyo original se encuentra en el museo de Puebla México. La visión de mundo de cualquier pueblo vencido se encuentra registrada en la producción literaria y estética. Sobre el hecho histórico de la conquista que sufrieron los pueblos mesoamericanos y su visión sobre el mismo, tenemos, en el caso de los textos mayas, los contenidos en el Chilam Balam. A continuación, un fragmento de este libro, el cual destaca con voz propia el dolor por el proceso violento de la perdida de la estructura social, los privilegios y otros patrones culturales de los pueblos vencidos. Acerca de la derrota de los pueblos precolombinos dice el Chilam Balam: “Toda sangre llega al lugar de su reposo, como todo poder llega a su trono. Estaba medido en el tiempo en que se alabaría la grandeza de Los Tres (la trinidad de Corazón de Cielo). Medido estaba el tiempo de la bondad del sol, de la celosía que forman las estrellas, desde donde los dioses nos contemplan. Los buenos señores de las estrellas, todo ellos eran bueno”. “ellos tenían la sabiduría, lo santo, no había maldad en ellos. Había salud, devoción, no había enfermedad, dolor de huesos, fiebre o viruela, no dolor de pecho ni de vientre. Andaban con el cuerpo erguido. Pero vinieron los dzules (extranjeros, españoles) y todo lo deshicieron. Enseñaron el temor, marchitaron las flores, chuparon hasta matar la flor de los otros porque viviese la suya. Mataron la flor del nacxitxúchitl. Ya no había sacerdotes que nos enseñaran. Y así se asentó el segundo tiempo, comenzó a señorear, y fue la causa de nuestra muerte. Sin sacerdote, sin sabiduría, sin valor y sin vergüenza, todos iguales. No había gran sabiduría, ni palabra ni enseñanza de los señores. No servían los dioses que llegaron aquí. 41

¡Los dzules sólo habían venido a castrar al sol! Y los hijos de sus hijos quedaron entre nosotros que sólo recibimos su amargura”. El lamento de ser ahora todos “iguales” se refiere a que, aunque los españoles respetaron la división clasista precolombina con el fin de que los nobles les administraran el poder sobre el los pueblos, ahora todos — nobles y comunes— jugaban el papel de siervos y eran llamados “indios”. Era una igualdad ignominiosa. De ahí el lamento. Por su parte, el cura dominico Fray Bartolomé de las Casas, refiriéndose a las atrocidades cometidas por los conquistadores en Guatemala, escribió en su Brevísima Relación de la Destrucción de la Indias, en la que dice: “… hicieron ley los españoles, que todos cuantos indios de todo género y edad tomasen a vida echasen dentro de los hoyos, y así las mujeres preñadas y paridas, y niños y viejos, y cuantos podían tomar echaban a los hoyos hasta que henchían, traspasados por las estacas, que era una gran lástima de ver especialmente con las mujeres y sus niños. Todos los demás mataban a lanzadas y a cuchilladas, echábanlos a los perros que los despedazaban y comían. Estuvieron en esas carnicerías tan inhumanas cerca de siete años.”

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III.

LA COLONIA ESPAÑOLA Y LOS PUEBLOS INDIGENAS: IMPOSICIÓN CULTURAL Y TRAICIONES POPULARES.

UN MUNDO SE IMPONE SOBRE OTRO MUNDO: LA ORGANIZACIÓN COLONIAL

La conquista española se desarrolló en todo el territorio americano entre 1519 y 1580, y significó el fin del mundo para los pueblos precolombinos. Su vida, tal como la conocían, terminó para siempre. Ahora, todos (nobles y vasallos) eran iguales ante el invasor triunfante, quien los organizó como mejor le pareció, con el fin de aprovecharse de su fuerza de trabajo. En las islas del Caribe, la población fue completamente exterminada. Y allí donde no hallaron suficiente cantidad de metales preciosos (como en Guatemala) o donde éstos se terminaron con el saqueo (como en México y Perú), los invasores organizaron a los nativo como mano de obra para trabajar en los campos y las minas. Hubo esclavitud y se cometieron barbaridades con los pueblos que una vez habían peleado entre sí y se habían disputado el poder en el territorio. A pesar de que en 1542, por medio de las llamadas Leyes Nuevas, la Corona quiso abolir la esclavitud, ésta sigo existiendo de hecho. Un mundo se imponía sobre otro por medio de mecanismos férreos que aseguraron el control territorial y poblacional por parte de los recién llegados. En Guatemala, algunos grupos de nativos,

como los itzaes, no

fueron conquistados nunca. Presentaron una feroz y prolongada resistencia de siglos. Otros muchos pueblos de aquí se rebelaron tenaz y constantemente una vez que habían sido subyugados. Sus rebeliones se sucedieron casi cada mes durante los dos siglos siguientes a la conquista. No hubo, pues, sumisión pacífica. Durante el enfrentamiento militar, los nativos organizaron guerras de guerrillas y resistencia. Las guerrillas son formas populares de organización militar para defenderse de un ejército invasor o de ocupación debidamente pertrechado, y las ha habido a lo 43

largo de toda la historia. Durante la colonización, se organizaron también motines espontáneos constantes. A pesar de eso, en los primeros 60 años de presencia extranjera, los pueblos americanos perdieron su autonomía política totalmente. Un intenso proceso de mestizaje se desarrolló entre los conquistadores y las mujeres indígenas. Este hecho es único en la historia de las colonizaciones europeas, pues ni los ingleses ni los franceses, ni tampoco los holandeses se mezclaron tan generalizadamente con los pueblos de África, Asia y América. Esto quizás se deba a que España y Portugal eran entonces ya los territorios más mestizados de Europa, con una población de mezclas celtas, iberas, cartaginesas, romanas y árabes, entre otras. De modo que la vida en España en la época de su descubrimiento de América, era una vida en la que convivían a la vez pacífica y conflictivamente judíos, musulmanes, y cristianos, envueltos en abiertos proceso de mestizaje biológico y cultural. Es de suponer que, para un español, mestizarse no era algo muy conflictivo. El racismo de ingleses, franceses y holandeses no privó entre los españoles a la hora de la mestización sino que propusieron arrinconar y exterminar a los indios que encontraron a su paso. Los españoles, en cambio, los usaron en un proyecto económico vasto, y originaron un nuevo tipo de población: la población mestiza, que vino a sumar a la clases sociales que convivieron durante la época colonial y que fueron: los peninsulares o españoles, los criollos (o hijos de españoles nacidos en América) y los indios. En medio de éstos y los criollos hay que incluir a los mestizos y a los negros para completar la pirámide clasista colonial. Eran los mestizos los que estaban en el fondo de esa pirámide clasista (más abajo que los indios), no sólo porque eran la minoría, sino porque eran despreciados por los indios, españoles y criollos como una anomalía bilógica y cultural, ya que se trataban de sujetos sociales nuevos. Los indios trabajaban la tierra, los negros eran esclavos en las plantaciones del Caribe, los mestizos de tierra firme hacían trabajos intermedios como artesanías y servicios, y los criollos y 44

peninsulares tenían a su cargo la política, la religión y el ejército; es decir, el poder. La colonización de América Latina hizo surgir nuevos sujetos sociales que antes no existían y que no existieron en otras experiencias colonizadoras como las de África y Asia, pues aquí surgieron los sujetos inéditos, como los criollos, los indios, los ladinos, los zambos y muchos más. Esto es lo que hace complicada nuestra multiculturalidad y nuestra interculturalidad: el hecho de que el mestizaje es la norma (no la excepción) que nos articula socialmente como unidad diversa en perenne conflictividad. Una conflictividad que se asienta en la ignorancia de nuestra historia y, en consecuencia, del proceso de formación de nuestras diferencias mestizadas. Si esto se comprendiera, la convivencia interétnica pacífica sería de suyo mucho más factible que en una sociedad en la que el sistema educativo no enseña la historia nacional desde una perspectiva interculturalista. La organización política y económica del Nuevo Mundo empezó con la estructura del poder vertical que iba de los Virreinatos y las Capitanías Generales, de éstas a la Provincias o Alcaldías Mayores, y de estas a las Gobernaciones y Corregimientos. Así, el Virrey nombraba al Capitán General y a los Alcaldes Mayores y Gobernadores de las Provincias, quienes a su vez podían nombrar a los Corregidores (que se encargaban de los Cabildos de Indios). La Capitanía General o Reino de Guatemala (que comprendía el sur de México y toda Centroamérica) dependía del Virreinato de la Nueva España (que era el nombre de México entonces). Los virreinatos coloniales fueron: Nueva España, Nueva Granada y Río de la Plata. Las capitanías generales fueron: Guatemala, las Antillas, Venezuela y Chile. Hubo otra categoría denominada Presidencia, a la que pertenecieron Quito (en Ecuador) y Cuzco (en el Perú). En este esquema de poder vertical, a los españoles les interesó organizar la explotación de la mano de obra nativa, y también cristianizarla. Para lograrlo, hicieron funcionar siete instituciones mediante las cuales organizaron la economía de los nuevos territorios, el control sobre la población 45

y —lo más

importante— la influencia sobre las mentes y los corazones de los nativos. Estas instituciones fueron: el Sistema de Encomienda, el Sistema de Repartimiento, la Republica o Pueblo de Indios, el Gobierno Indirecto, el Tributo, a fundación de los pueblos y ciudades, y la conversión y catequización de los indios. Examinemos estas instituciones en su funcionamiento y en su relación, porque comprender su movimiento nos permite comprender a cabalidad la realidad y la vida durante la Colonia. 1. El sistema de Encomienda consistió en la división de la tierra en unidades

productivas

llamadas

Encomiendas,

las

cuales

comprendían tierras e indios para trabajarlas. Los dueños de las mismas se llamaban encomenderos y, al principio, eran los mismo soldados españoles que habían peleado en la guerra de la conquista, a los cuales s eles daba la encomienda en recompensa por sus servicios prestados a la Corona. Después, cuando siguieron llegando inmigrantes de España, a muchos de ellos también se les daban encomiendas. El territorio era, pues un conjunto de unidades productivas en as que familias enteras de indios trabajaban la tierra para el encomendero, quien exportaba una parte de los productos a España y comercializaba localmente otra parte, pagando impuestos a la Corona. Los indios trabajaban en calidad de siervos. Precisamente, el término “indio” se usó durante toda la Colonia para designar a los nativos que trabajan la tierra y que participaban de costumbres comunitarias derivadas de la antigua cultura destruida casi totalmente por los invasores. En ese sentido se usa el término en este libro y no en su sentido despectivo actual. El sistema de encomienda fue abolido por la ley 1670, pero de hecho siguió funcionando porque los españoles no tenían otra forma de sobrevivencia y enriquecimiento en América.

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2. El sistema de Repartimiento consistió en la asignación periódica de grupos diferentes de indios a los encomenderos, para que aquellos no estuviesen mucho tiempo en el mismo lugar y así evitar motines y arraigos sentimentales que pudieran originar problemas. Por ellos, grupos de indios que trabajaban en minas, por ejemplo, de pronto eran asignados a trabajar en cultivos en otro lugar. Este sistema de rotación de mano de obra incrementó el mestizaje entre indígenas de varios grupos y culturas, y también entre indígenas y españoles, quienes —por fuerza o consentimiento— procrearon constantemente con las mujeres del Nuevo Mundo, al extremo de que en el siglo XVIII no había ya indios “puros” en Mesoamérica. 3. La República o Pueblo de Indios fue el sistema mediante el cual los españoles organizaron la vida social de la población indígena, y consistió en la ubicación de familias en poblados cerrados bajo autoridades indígenas (por lo general pertenecientes a la antigua nobleza precolombina) a que ostentaban cargos cívico-religiosos con títulos arbitrarios, como los mayordomos, alférez y otros, y que estaban encargados de organizar las festividades católicas que mantenían a las comunidades unidas, las cuales eran supervisadas por los curas de las órdenes mendicantes (dominicos, mercedarios y franciscanos) que tenían a su cargo el control de esos cargos al interior de los pueblos de indios. 4. El Gobierno Indirecto es el sistema por medio del cual los españoles controlaron a la población instrumentalizando a la nobleza indígena, la cual era catequizada por los curas y puesta a ejercer los cargos civiles dentro de los pueblos de indios, logrando con todo que las comunidades permanecieran cohesionadas alrededor de su clase dirigente y de la religión católica. Se obtenía con estas medidas que los indígenas tuvieran la ilusión de responder a un autogobierno. Fue en este marco de articulación del poder que 47

varios nobles indígenas se casaron con mujeres españolas y algunos viajaron a España. Las noblezas indígenas sobrevivieron ejerciendo el poder sobre sus pueblos y sirviendo a los españoles. Y aunque entre los nobles también hubo rebeliones y muchos de ellos lideraron a sus pueblos en alzamiento, la regla fue que sirvieron de intermediarios entre sus verdugos y su gente. 5. El pago del tributo fue la forma en que la riqueza producida por los pueblos de indios se concentraba en las manos de los encomenderos, quienes a la vez pagaban una parte de ella a la Corona. Al parecer, Hernán Cortés tuvo unos 25 mil indios tributarios en 18 comunidades (convertidas en encomiendas) que abarcaban más de dos millones de hectáreas, en México. Por lo general, los capitanes y oficiales de Cortés pudieron tener unos tres mil indios en dos o cuatro comunidades unas 400 mil hectáreas. Los soldados, recibían unos 300 indios y alguna aldea. Pero la repartición y el tributo, sin embargo no llegaron a muchos de los soldados que habían combatido en la conquista. Es el caso de Bernal Días del Castillo, quien escribe su monumental libro, Verdades y notable relación de la conquista con la Nueva España y Guatemala, para denunciar este hecho reclamar su derecho a ser encomendero. Cabe apuntar que en su libro Crónica del infinito, Maurice Duverger argumenta que el verdadero de este libro fue Hernán Cortés, cuyo manuscrito había caído en manos de uno de los hijos de Bernal, quien lo alteró poniendo a su iletrado, plebeyo y ya fallecido padre como autor del mismo para obtener prebendas nobiliarias y pecuniarias de la Corona. 6. La fundación de pueblos y ciudades fue el mecanismo principal de los españoles para ejercer el control territorial y poblacional del Nuevo Mundo. Los pueblos y ciudades eran los centros administrativos de la explotación económica y del poder político y militar. Hubo ciudades político-administrativas y burocráticas, 48

mineras, manufactureras, agrícolas, militares y religiosas, aunque a menudo cumplían varias funciones a la vez. Alrededor de las ciudades se ubicaban los pueblos de indios, en cuyas cercanías estaban las encomiendas adonde sus habitantes iban a trabajar la tierra. Las ciudades coloniales que existen en toda América Latina dan testimonio de esta organización urbana. Por ejemplo, México, Antigua, La Habana, Cartagena y muchas más. 7. La conversión y catequización de los indios fue la más importante de las instituciones españolas destinadas a ejercer el poder sobre las poblaciones americanas. Fue el principal objetivo de la conquista que se realizó al interior de los pueblos de indios. Estuvo a cargo de las órdenes de curas mendicantes, quienes, para realizarlo, se valieron de tres principios: el culto a los santos patronos, la jerarquía cívico-religiosa y el sistema de compadrazgo; todo, como se dijo, dentro de los pueblos de indios. Se trataba de sustituir una religión por otra, una cosmovisión por otra, una espiritualidad por otra, una cultura por otra. Hay que tener presente que el catolicismo de ese entonces era inquisitorial, es decir, impuesto por la Inquisición, que era un tribulan eclesiástico intolerante, el cual torturaba a quienes consideraba infieles para que por medio del martirio merecieran entrar al Cielo. El culto a los santos patronos consistía en sustituir a las deidades precolombinas de una comunidad de santos católicos y en nombrar a uno de ellos como patrono del pueblo. Mediantes este mecanismo, los españoles buscaban erradicar de la memoria indígena el culto a sus dioses, pero los indígenas nunca entendieron a cabalidad la diferencia que había entre dioses y santos, y el resultado de esta imposición sustitutiva fue el sincretismo religioso que se expresa en la notoria hibridación de los rituales y tradiciones comunitarias, y en los toponímicos de infinidad de localidades que llevan un nombre cristiano y uno precolombino. Por 49

ejemplo; Santa Lucia Cotzumalguapa, Santa Catarina Ixtahuacán, San Juan Chamaleco, etc. Muy unido al culto a los santos estaba el sistema de cargos cívicoreligiosos instaurado por los curas mendicantes. Este sistema ponía en movimiento el poder dentro de los pueblos de indios mediante el Ayuntamiento Religioso, que tenía a su cargo precisamente organizar festividades del culto al santo patrono, para lo cual se valía de un sistema de mayordomía o cargos jerárquicos, ocupados por hombres que dirigían la construcción de templos, la hechura de imágenes, y organizaban la Semana Santa y la fiesta patronal. Estas actividades los mantenían ocupados todo el año, de modo que la gente común iba a trabajar a las encomiendas y el resto de su tiempo lo dedicaba a actividades religiosas. En el siglo XVII, los frailes mendicantes dejan el cuidado de los pueblos de indios en manos de curas seglares: eso determinó el descuido de los pueblos de indios. Porque aunque las autoridades cívico-religiosas eran originalmente indígenas pertenecientes a linajes nobles, ya a principios del siglo XVII esa distinción se había pedido y ya todos los llamados indios eran siervos, iguales entre sí a los ojos de los españoles y de los criollos. Desde inicios del siglo XVIII, la vida de la mayoría de los indígenas comunitarios era ya como se les conoce hoy. El sistema de compadrazgo fue un mecanismo que utilizaron los españoles para mantener la cohesión de las comunidades indígenas, que como dijimos antes, se rebelaban constantemente contra el yugo colonial. Generalmente, los compadrazgos, surgen por bautismo, confirmación y matrimonio. Es decir, por rituales católicos. Pero hubo otras formas de compadrazgo relacionas a la comunión, la muerte y otros hechos. El compadrazgo une a las personas y a veces la vincula interclasista e interculturalmente. Por ejemplo: a menudo los indígenas solicitaban a sus patrones españoles ser padrinos de bautismo de sus hijos para cambiar de estatus social antes los ojos de la comunidad. Lo cierto es que esta institución vinculó a los habitantes de los pueblos de indios entre sí y con sus amos. Y fue un mecanismo útil para mantener cohesión y calma 50

social, a fin de que la economía colonia, basada en la explotación de la mano de obra indígena, siguiera su curso.

VIVIENDO LA DERROTA

Después de la derrota de los quichés en 1524, los pueblos españoles al mando del Alvarado dividieron Utatlán en pueblos de indios que fueron asignados, en calidad de encomiendas, a diversos conquistadores para que recibieran de ellos tributo. Los curas que fueron nombrados para llevar a cabo la catequización, también recibían tributo. Utatlán o Gumarcaj fue convertida en la ciudad de Santa Cruz por los curas dominicos, y transformada en encomienda de uno de los capitanes de Alvarado. Las localidades de Tamub e Ilocab también pagarían tributo a los oficiales del conquistador, quien convirtió en esclavos personales de varias personas de Utatlán. La encomienda de Santa Cruz estuvo gobernada por Tecúm y Tepepul, los hijos de los reyes de Utatlán que habían sido quedamos vivos por Alvarado cuando dirigió el sitio de la ciudad. La capital quiché no se rebeló, pero la capital cakchiquel sí lo hizo ese mismo año en 1524, de modo que, bajo el liderazgo de Sinacán y Sequechul, se formó un poder rebelde que duró seis años. Fue precisamente por las rebeliones cakchiqueles —contra las cuales los jefes quichés arremetieron, ayudando a los españoles a fin de vengarse de la contribución que aquéllos habían hecho para lograr su derrota—, que la capital que Alvarado había fundado en Iximché tuvo que ser trasladada en 1527 al Valle de Almolonga. Y a pesar de que los cakchiqueles fueron derrotados en 1530, las insurrecciones continuaron, esta vez también por parte de los quichés, de modo que en 1540, tanto Sinacán como Tepepul fueron ahorcados por orden de Alvarado, luego de ser capturados liderando una rebelión de su gente. Los motines de indios fueron un hecho generalizado y frecuente durante toda la Colonia. Las causas de los mismo iban desde la 51

prohibición —por parte de los españoles— del baño personal diario que acostumbraban los nativos (arguyendo que sólo alguien que se siente sucio de pecado puede sentir la necesidad de bañarse todos los días), hasta la desesperante explotación laboral en las encomiendas, pasando por los abusos que cometían los españoles con las esposas e hijas de siervos indígenas. Un promedio de un motín al mes durante los primeros dos siglos de la colonización llevo Severo Martínez a afirmar que el motín fue la principal expresión de lucha de clases durante la Colonia en Guatemala. En 1541, Alvarado muere accidentalmente en Guadalajara, México, cuando uno de sus hombres y su caballo caen sobre él al resbalarse en una ladera. Pocos meses después, su esposa Doña Beatriz de la Cueva, quien gobernaba en lugar de su marido y que se había hecho llamar “La Sin Ventura” luego de la muerte de éste, fallece también bajo una correntada de lodo provocada por las severas lluvias que desbordaron el cráter del Volcán Hunahpú, el cual se había llenado de agua. Con ella murieron unas mil personas más en lo que hoy se conoce como Ciudad Vieja, a pocos kilómetros de la ciudad de Antigua. La hija de Alvarado, Doña Leonor, quien se había casado con Don Pedro de Portocarrero (uno de los capitanes de Alvarado) y, a la muerte de éste, con Don Francisco de la Cueva (hermano de “La Sin Ventura”) se salvó. Entonces, el Obispo Francisco Marroquín (quien había llegado a la región con Alvarado en 1530) y Francisco de la Cueva decidieron el traslado de la ciudad al Valle de Panchoy, en donde se sentó el 10 de marzo de 1543 y fue la capital del reino durante 233 años. Las instituciones coloniales fueron impuestas sobre todos los indígenas de Guatemala. La respuesta de estos a esa imposición fue dual: por un lado, la sumisión de algunos y, por otra, la rebelión constante en forma de motines que, como dijimos, se sucedieron casi cada mes a lo largo de los siguientes doscientos años. Al final del siglo XVI, el sistema colonial estaba firmemente impuesto, los jefes de linajes nobles fueron bautizados con nombres castellanos y se les encargó gobernar los pueblos 52

de indios, organizar festividades religiosas y el trabajo servil, administrar justicia y cobrar el tributo para los encomenderos. Entre estos se cuentan, del linaje de los Cavek, a Juan de Rojas, Juan Corté, Diego García, Gabriel de Vigo, Cristóbal Velazco, Juan Lucas, Diego Reynoso y Pedro Xiquitzal. Otros muchos jefes de otros linajes ostentaron cargos similares, como gobernadores o alcaldes. Los jefes y sus familiar estaban exentos de pagar tributo y trabajar y tenían derecho a tratos especial, a aprender las costumbres españolas, a usar la vestimenta europea y a tener caballo y a ostentar a tito de Don, siempre y cuando pudieran demostrar su origen noble y también probar así su propiedad sobre la tierra. A menudo, los jefes escribían u ordenaban escribir documentos llamados Títulos, en los que se asentaban las sucesiones familiares de los linajes los datos históricos probatorios de la autenticidad de su nobleza. Existen muchos de estos documentos en los archivos municipales y eclesiásticos de Guatemala, hasta la fecha. La nobleza indígena fungió, como dijimos, en calidad de intermediaria entre los españoles y su pueblo, a veces contribuyendo al sometimiento y a veces dirigiendo a su gente en rebeliones, las cuales nunca fueron planificadas sino siempre brotaron espontaneas. Y, debido a que los pueblos estaban incomunicados, nunca se pudo orquestar un motín lo suficientemente amplio como para desafiar estratégicamente al poder español. Por eso, las rebeliones fueron invariablemente derrotadas y sus líderes ejecutados en público. A lo largo de toda la Colonia, los indígenas nobles se preocuparon siempre en mantener su poder sobre los macehuales o comunes. Por ejemplo, Juan Rojas y Juan de Cortés pretendieron que los españoles les dieran los mismo poderes que tenían los reyes de Utatlán antes de la conquista incluyendo el control sobre linajes esclavos y vasallos que sobrevivieron la guerra y que habían sido liberados de la esclavitud. De Cortés viajó a España con documentación probatoria de su linaje noble, la cual le fue robada por piratas durante el viaje, pero fue recibido en la corte y su caso considerado. A los españoles no les convenía un poder 53

indígena demasiado centralizado y la petición de Rojas y Cortés terminó siendo denegada. Lo que si les concedieron fue que los linajes esclavos siguieran siendo sus tributarios. Como es fácil imaginar, hubo conflictos constantes entre macehuales o comunes y los nobles, ahora convertidos en capataces a sueldo de los españoles. En lo que se refiere a la vida religiosa, a pesar de la intensa catequización a la que fueron sometidos los indígenas, el peso de su cosmovisión y su religiosidad se impuso y en los pueblos de indios empezó a operarse un interesante sincretismo que combinaba nociones de religiosidad y ética precolombina con elementos cristianos; sincretismo que, en diferentes variantes, sobrevive hasta la fecha. Para los conquistados fue difícil practicar sus costumbres culturales porque los españoles los consideraban bárbaros, infieles, idólatras y pecadores. Por ello bibliotecas enteras de códices fueron quemadas por algunos curas fanáticos, en nombre de la salvación cristiana de sus almas. Su religiosidad fue censurada y sus costumbres prohibidas. Por ejemplo, fue prohibido, como ya se dijo, el baño diario, y también la vestimenta ligera que, por otra parte, se adecuaba al clima mucho más que los uniformes que los españoles impusieron a los conquistados para ubicarlos en sus pueblos y hoy se conocen como “trajes típicos”. Hay que decir, sin embargo, que otros curas mucho más sensibles que los fanáticos se dieron a la tarea de rescatar la cultura indígena, y a ellos se debe que hayan llegado hasta nosotros textos precolombinos conocidos, algunos de los cuales tiene ya, por la misma razón, una influencia cristiana innegable, como por ejemplo ocurre con la primera versión del Popol Vuh, la cual fue escrita en quiché y caracteres latinos, probablemente por un indio cristianizado de nombre Diego Reinoso, y luego traducida al castellano por fray Francisco Ximénez. Algunos frailes se dedicaron a enseñar castellano a los indígenas a fin de convertirlos en informantes de su cultura para así ellos registrar todo en crónicas, cartas e informes diversos. De esta manera se preservó algo de la antigua cultura precolombina y algunos objetos y libros se 54

salvaron de la hoguera de la Inquisición. Gracias a curas como Fray Bernardino de Sahagún, en México, se sabe por ejemplo, que Moctezuma le bajaban nieve del Popocatépetl y que degustaba helados. También, que los médicos operaban cataratas en los ojos usando una espina para levantar el tejido grueso y enrollarlo, despegándolo así de la córnea. Gracia a los informes indígenas se logró reconstruir mucho del mundo cultural precolombino del siglo X al XVI. Del siglo X hacia atrás, la evidencia que existe es arqueológica y las interpretaciones sobre lo que ocurrió son diversas y a menudo contradictorias. El sincretismo religioso de los indígenas fue tolerado por los curas que se esforzaban por comprender su cultura y, así las creencias mestizadas sobrevivieron a lo largo de toda la Colonia. Uno de estos curas humanitarios fue Fray Bartolomé de la Casas, quien en 1537 logró la autorización real para que los dominicos iniciaran la cristianización pacífica en las Verapaces, evitando así que los conquistadores hicieran la guerra a sus habitantes. Diez años después, cuando Las Casas regresa a Europa, los misioneros mismos, desalentados, ayudaron en la guerra de conquista de los itzaes y los lacandones en el Petén. Entonces, las Verapaces ya no se diferenciaron del resto de Guatemala cuanto a la forma de sojuzgamiento. A las Casas debemos el testimonio más desgarrador de las barbaridades cometidas por los conquistadores con los nativos. Su famoso libro, brevísima relación de la destrucción de las Indias, fue escrito por Las Casas para favorecer a la Corona en sus planes de impedir que los encomenderos siguieran acumulando poder por medio de la esclavitud de los indios. La Corona temía que los encomenderos declararse independientes de la monarquía española, de modo que Las Casas denunció sus atrocidades para justificar medidas drásticas oficiales de reorganización política de los nuevos territorios. No olvidemos que la iglesia era una institución muy poderosa en la época y que poseía inmensas extensiones de tierra, encomiendas, indios y riquezas en metal precioso. Aunque fue llamado “defensor de los indios”, la actuación 55

política de Las Casas reforzó y no debilitó, el orden colonial. Sin embargo, la alternativa era igualmente cruel, pues el poder libre de los encomenderos hubiese hundido en un caos más sangriento a la región. Otra obra de Las Casas fue su propuesta de traer negros de África para sustituir a los indígenas que habían muerto por enfermedad o por asesinato en el Caribe, para trabajar en las plantaciones de azúcar. A él se debe la existencia de la negritud en América Latina.

LA CULTURA Y EL PODER ESPAÑOLES SE CONSOLIDAN Y GENERALIZAN

La cultura española en la colonia se expandió por medio de sus instituciones educativas. En 1660, Fray Payo Enríquez de Rivera trajo la primera imprenta a la Capitanía General, y también al impresor José de Pineda Ibarra. En 1729, aparece el primer periódico, la Gaceta de Goathemala. La primera universidad había iniciado actividades ya en 1681, bajo el nombre de del Real y Pontificia Universidad de Borromeo de Guatemala, cuya primera sede fue el Colegio Santo Tomás, en el edificio del mismo nombre que se encuentra en la ciudad de Antigua. Los Colegios Santo Tomás y san Borja precedieron a la universidad en la tarea educativa superior. Así se educó la clase criolla, en centros regidos por sacerdotes jesuitas, dominicos y franciscanos que enseñaban Derecho, Teología y Medicina. Sólo la religión católica era legalmente permitida, de modo que no era raro que en manos del clero estuviera la educación de los intelectuales llamados a dirigir la sociedad, los cuales eran todos españoles y criollos. En 1731 nació en Antigua Rafael Landívar, un criollo que a los dieciséis años de edad se graduó de doctor en filosofía en la Universidad de San Carlos, para luego ordenarse sacerdote jesuita en México, en 1755, y volver a Guatemala como rector del Colegio San Borja. En 1767, Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas del reino español y Landívar tuvo que irse de su país para radicarse en Bolonia, Italia, donde escribió, en 56

latín, el poema monumental más importante de la literatura colonial de América Latina, la Rusticatio Mexicana (o Por los campos de México). No olvidemos que la Capitanía General de Guatemala era parte del Virreinato de México; de ahí el título del libro de Landívar, quien escribe fundamentalmente sobre el territorio guatemalteco. La importancia de Landívar radica en que plasmó en su libro la ideología criolla de amor a la tierra americana, la mentalidad de hacendado que ama su heredad y que se enorgullece de ella frente a España. Estas mentalidades feudales criollas de la Colonia prefiguraron, en forma de patriotismo o amor al terruño, lo que después serían las ideologías ilustradas de la Independencia en el siglo XIX. El concepto de patria criolla como propiedad terrateniente con indios incluidos, queda ya prefigurado en el libro de Landívar. En cuanto a la dinámica de las clases sociales en la Colonia, debemos recordar que, al principio, en la cúspide se encontraban los peninsulares o españoles, y, en el fondo, los llamados indios. Después, cuando los españoles empezaron a traer esposas y tuvieron hijos, estos, llamados criollos, ocuparon el segundo lugar después de los españoles en la pirámide social. A medida que el mestizaje avanzaba, los mestizos, llamados en Guatemala ladinos, ocuparon el tercer lugar en la pirámide. Al principio, como dijimos, los mestizos o ladinos se ubicaban debajo de los indios porque eran considerados despreciables por los indios mismos y por lo españoles, al extremo de que había “pueblo de ladinos” que eran mucho más miserables que los peores pueblos de indios. Los ladinos eran indios que hablaban español y por eso se les despreciaba en sus comunidades de origen, por desarraigados y traidores a los valores culturales comunitarios. Los peninsulares se dedicaban a la burocracia real, los criollos eran profesionales o hacendados y los indios trabajaban la tierra. Los ladinos, al ser malqueridos por unos y por otros, se empezaron a ubicar en profesiones intermedias como as de mensajeros, sirvientes, artesanos, etc., y poco a poco, en medida que el mestizaje avanzaba, fueron copando los espacios laborales que los 57

peninsulares ni los criollos les dejaban, y organizándose en gremios de herreros, carpinteros, zapateros, plateros, sastres y demás. De modo que ya para el siglo XVIII, los ladinos empezaban a ser una considerable porción de la población, con una importancia creciente en la economía. Es interesante saber que el apelativo ladino se le aplicaba, al principio de la Colonia, a los indios que habían aprendido a hablar español, que se habían cristianizado y que eran versados en las costumbres españolas. A esta clase de indios se les llamaba “indios ladinos”, de modo que los primeros ladinos fueron indios. Después se fue extendiendo el apelativo a todo aquel que no se autoindetificara como indio, aunque lo fuera. Y así se aplicó también a los negros. La razón por las que muchos indios empezaron a autoindetificarse como ladinos fue que los indios eran personas ligadas al trabajo de la tierra y a la cultura comunitaria, y así se identificaba. Si se era un indio ladino se podía acceder a más oportunidades laborales fuera de la comunidad y de la ligazón forzada a la tierra. Por eso, la ladinidad empezó a crecer y a mestizarse biológica y culturalmente, hasta llegar a ser un conglomerado cuya cultura mestiza caracterizo al reino de Guatemala en el siglo XIX. Vale la pena apuntar que en la España de la Reconquista (1942), a los musulmanes convertidos al cristianismo se les llamó moriscos y a los judíos conversos se les llamó judíos ladinos. Esto, porque un judío converso era aquel que hablaba un idioma latino (castellano) y profesaba una religión latina o romana (el cristianismo), y era un judío latino o latinizado. El paso del término ladino seguramente estuvo mediado por el hecho de que, siendo los judíos españoles individuos dedicados al comercio y a la usura, eran percibidos por los cristianos como personas ladinas, es decir, taimadas, aprovechadas, astutas (como define el término ladino del Diccionario de la Real Academia Española). Y para un soldado español que sabía que un judío converso se le llamaba en España judío ladino, no fue difícil adjudicarle a un indio converso, en América, el apelativo de indio ladino. Así surgió la ladinidad. No vino de otra parte, sino brotó de la indianidad misma por obra de los invasores. Comprender 58

es básico para comprender a su vez nuestra conflictiva interculturalidad actual.

LA ECONOMÍA Y LA POLÍTICA COLONIALES

La economía en el reino de Guatemala fue minera, sobre todo en la región de Honduras; y ganadera, principalmente en las áreas de El Salvador, Nicaragua y el norte de Costa Rica, a donde los españoles importaron ovejas, caballos y mulas. Sin embargo era el tributo indígena la fuente de mayor riqueza española, al extremo de que a lo largo del siglo XVII este ingreso produjo el setenta por ciento de los recursos fiscales. Es decir que el trabajo asignado a la encomienda producía menos que el tributo directo. No fue sino hasta 1737 que las plantaciones de añil de El Salvador y Nicaragua fueron rentables. Por su parte las minas de Honduras siguieron produciendo y absorbiendo mano de obra indígena y mestiza, junto a la ganadería y otros cultivos de exportación, como especias y cacao. Al principio, Guatemala sólo podía comerciar con España. Después, se le permitió hacerlo con México y Perú. A pesar del impacto que causó el chocolate como bebida sofisticada en Europa, la exportación de cacao y otros productos —como el frijol, el trigo, el tabaco, el maíz, el algodón, la caña de azúcar, las frutas y otros vegetales— había decaído desde 1640 debido a los problemas de transportación naval que enfrento España como consecuencia de la derrota de su Armada Invencible en 1588 por parte de los ingleses, a quienes la monarquía española resentía los ataques piratas como Francis Drake y la animadversión de la reina Isabel I. Por ello, Guatemala tenía, además de una Marina Mercante, una Marina de Guerra. Ya en la década de los años 60 del siglo XVII, empezó la explotación de maderas preciosas, actividad de la que surgieron asentamientos como el de Belice, en siglo XVIII. Sin embargo, la crisis española y el aislamiento geográfico de la región determinaron que la economía a finales del siglo XVII hubiese decaído en el reino, y a esto se vinieron a sumar los 59

terremotos de 1688, los ataques de los piratas ingleses a las costas del Atlántico y los nuevos terremotos devastadores de 1717, para darnos el triste cuadro de una región que empezaba muy mal el nuevo siglo. Sin embargo, el siglo XVIII seria a pesar de todo de grandes cambios políticos y de recuperación económica. Los cambios políticos tuvieron que ver con las nuevas disposiciones de la dinastía de los Borbones en España, quienes sustituyeron a los Habsburgo en el poder monárquico. Los Borbones buscaron afianzar el poder de la monarquía por medio del estímulo al comercio y la economía en general, inspirados en los cambios ocurridos en Francia, en donde la ideología de la Ilustración había echado raíces. Esta ideología propugnaba por la ciencia y la razón como criterios de verdad, y también por las ideas democráticas que, aunque chocaban con la existencia misma de las monarquías, se volvieron el común discurso político del poder monárquico que, mediante legislaciones de gran alcance teórico, buscaba el apoyo y no la sumisión de los gobernados. A finales del siglo XVIII, el cultivo del añil decayó debido a que la demanda del producto hizo que otros territorios más vastos lo produjeran, haciendo imposible que Centroamérica pudiera competir con ellos. Sin embargo el añil siguió siendo el principal cultivo de la región hasta que el café lo sustituyó en los años 70 del siglo XIX. Los grandes terratenientes seguían siendo los encomenderos, aunque, con el tiempo, la encomienda fue abolida, en la práctica paulatinamente se pasó al sistema de hacienda, en el cual las extensiones de las encomiendas siguieron rigiendo la tenencia de tierra, sólo que ahora los dueños eran criollos y los indios ya no laboraban como siervos sino en condición de peones. Los siervos, a diferencia de los esclavos, tienen derechos sobre su familia, sobre sus posesiones personales y a la propiedad de ciertas cosas, como animales y herramientas. Los peones ya son trabajadores asalariados y totalmente “libres” de vender su fuerza de trabajo a quienes quieran, aunque no tengan muchas opciones para escoger en un régimen semifeudal de hacienda. 60

El 29 de julio de 1773, los terremotos llamados de Santa Marta, destruyeron la ciudad de Guatemala en el Valle de Panchoy (hoy día, Antigua), y la capital fue trasladada el 1 de enero de 1776 al Valle de la Ermita, en donde se encuentra actualmente. En esa época, las ideas de la Ilustración y hechos históricos como la victoriosa Guerra de Independencia de los Estados Unidos, así como su Constitución política, y la triunfante revolución Francesa con sus principios modernos, inspiraban a los intelectuales y militares criollos de las Américas, los cuales soñaban con instaurar gobiernos republicanos en los territorios que ellos veían, con ojos patrióticos propios. Esto se vio estimulado por la invasión napoleónica a España en 1808, cuando la monarquía fue marginada del poder por Bonaparte, lo cual a su vez dio lugar a la resistencia militar española a la que se unieron criollos patriotas americanos como Simón Bolívar, y un breve periodo constitucionalista en España con las llamadas Cortes de Cádiz, en 1812, en las que se planteó una alianza con las colonias en términos de liberalismo ilustrado, es decir, en términos de democracia en lo político y libre empresa en lo económico. Sin embargo, dos años después —cuando los franceses fueron expulsados de la Península Ibérica—, el absolutismo fue instaurado y eso potencio las ideas liberales de los criollos en América, quienes, después de ponerse al lado de España contra los franceses, empezaron a madurar el ideal de independizar sus territorios de la Madre Patria para fundar países republicanos. De hecho, la burocracia española se había vuelto innecesaria y los criollos se dieron cuenta de que las ganancias que enviaban a la metrópoli podían permanecer en sus manos si se declaraban independientes y formaban republicas bajo su control político. Esto ocurrió en toda América Latina entro los años 1810 a 1830, con la excepción de Cuba y Puerto Rico, que lograron su independencia hasta 1898. En México

y Sudamérica hubo cruentas guerras

independentistas. En el reino de Guatemala, intelectuales ilustrados como el hondureño José Cecilio del Valle y el guatemalteco Pedro Molina, se convirtieron en ideólogos de la Independencia patria mediante sus 61

escritos en los periódicos que dirigían: El Amigo de la Patria y El Editor Constitucional, respectivamente. Una nueva era política se avecinaba para los criollos. No así para los indígenas ni para los ladinos. Si del siglo XVI hasta la primera mitad del siglo XVII podemos hablar de una Guatemala española, de mediados del siglo XVII hasta principios del XX, lo pertinente como veremos, hablar de una Guatemala criolla, pues el poder de los criollos se consolida con su proyecto político de la Independencia, y después se desarrolla mediante su llamada Revolución Liberal. Esto es lo que estudiaremos a continuación.

62

IV.

INDEPENDENCIA,

FEDERACION

Y

REPUBLICA:

EL

EXTRAVAIDO CAMINO HACIA LA MODERNIDAD.

ANTECEDENTES Y CAUSAS DE LA INDEPENDENCIA

Las estructuras económicas coloniales, basadas en la gran propiedad española y criolla de la tierra y en el trabajo indígena forzado, se prolongaron hasta el siglo XIX. Entre 1810 y 1830, sin embargo, se producen en América Latina una serie de movimientos patrióticos que al final dan al traste con la dominación española, declarando la independencia política y económica de nuestros países. La gran excepción fue Cuba y Puerto Rico, que lograron su independencia de España hasta 1898, gracias a la intervención de Estados Unidos, hecho que expresa un conflicto permanente en la región: el intervencionismo estadounidense en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Pero ¿qué fue lo que pasó con los procesos independentistas, quiénes protagonizaron esos cambios y a qué se debieron? Estas son preguntas que intentaremos responder con lo que sigue. Debemos recordar que la división clasista de la Colonia ubicaba a los españoles en el punto más alto, a los criollos en segundo lugar, a los mestizos en el tercero, a los negros y mulatos en el cuarto lugar, y a los indios en la base de la pirámide. Debemos recordar también que los criollos que habían venido desarrollando una conciencia patriótica respecto de las tierras americanas que recibían en heredad, las cuales ellos veían como propias, dándose cuenta igualmente que España constituía para ellos un drenaje de dinero en forma de impuestos sobre los productos exportados y en forma de otras imposiciones fiscales. De aquí se sigue que los criollos, al ver en los españoles un obstáculo para el irrestricto usufructo de la riqueza de las tierras americanas, vieron asimismo estimulado su sentido patriótico americanista frente a Europa y a la cultura española. ¿De dónde surgen las ideas que inspiraban a los criollos en su patriotismo y su americanismo? 63

Las ideas de los criollos provenían del movimiento cultural europeo conocido como Ilustración o Iluminismo o Enciclopedismo, el cual había cuajado mediante dos hechos históricos que los criollos admiraban sin reservas: la Independencia de Estados Unidos y su Constitución de inspiración masónica, y la Revolución Francesa con sus principios burgueses, los cuales a su vez se basaban en la idea política de la democracia y la división de poderes civiles, en la idea económica de la libertad de empresa, en la idea filosófica del racionalismo científico como criterio de verdad, y en la idea ética del trabajo individual y el comportamiento individualista como base del progreso personal. Es obvio que estos principios se oponían a la moral monárquica imperante entonces, la cual designaba al rey y a la familia real como representes del poder de Dios en la Tierra, y a la iglesia como guardiana de la fe. La ideología de la Ilustración propugnaba por la secularización del poder, por el capitalismo de libre empresa y libre competencia y por la moral individual pragmática. Se trataba pues, de una verdadera revolución. El choque entre estas dos mentalidades e ideologías (monárquica e iluminista) llevó a que las mismas se expresaran en dos fuerzas políticas: liberales —que propugnaba por las ideas ilustradas y el Estado laico— y los conservadores —que buscaban un afianzamiento o una vuelta al poder monárquico y eclesiástico. En América, estas dos fuerzas políticas se convirtieron en partidos que protagonizaron luchas encarnizadas por el poder. Los liberales buscando la independencia de España, y los conservadores buscando preservar la monarquía, incluso después de la Independencia. Esto ocurría entre los años 1810 y 1825 y, por supuesto, únicamente entre los criollos. Los españoles, ya se sabe, querían preservar América como colonia, los mestizos no tenían oportunidad de participar en política, y los negro e indios mucho menos. El grupo social hegemónico de este periodo es el de los criollos o hijos de españoles nacidos en América, quienes ya se consideran americanos. Por esta razón querían fundar naciones —o países nuevos— en los territorios de su propiedad. Países de ellos. Que les pertenecían totalmente. 64

La agitación en torno a la posibilidad de la Independencia fue favorecida por algunos hechos que ocurrieron en España. Sobre todo, como ya se dijo, por la invasión napoleónica a la Península Ibérica y la ocupación de Madrid por tropas francesas en 1808, lo cual implicó que José Bonaparte ocupara el trono de España y que la resistencia española se organizara a favor de Fernando VII. En medio de estas luchas, a los liberales españoles convocaron a Cortes (Cortes de Cádiz) para elaborar leyes que restringirían el poder del monarca. Aprovechando el vacío de poder que la guerra en España provocaba en América, aquí los liberales también convocaron a Cortes para establecer leyes menos restrictivas por parte de la metrópoli. Esta agitación se tornó irreversible cuando Bonaparte fue expulsado de España, en donde las Cortes habían sustituido el poder monarca en muchos sentidos y, ya en 1812, se había instituido un Parlamento y una Constitución, y se había abolida la Inquisición, mermando así el poder de la Iglesia. En 1814, Fernando VII reinstaura el poder monárquico pero no dura mucho en su empeño porque en 1820 el ejército se le rebela y, para continuar en el poder, acepta la Constitución promulgada por las Cortes de Cádiz en 1812. Toda esta crisis de poder en España tuvo como consecuencia que en las colonias se crearan Juntas Provisionales de Gobierno, de la que las más importantes la del Rio de la Plata y la de Caracas.

LAS LUCHAS, LAS VICTORIAS Y DERROTAS

Fue en este contexto que los criollos manipularon a mestizos e indios en levantamientos y rebeliones como parte de una guerra (que no era suya) en contra de los españoles, formando ejércitos populares que desafiaron a las tropas de la monarquía. En 1810 empiezan en México las insurrecciones independentistas al mando del cura Miguel Hidalgo, y en Buenos Aires se declara la independencia del virreinato del Rio de la Plata, desencadenando una serie de guerras en las que los nombres del 65

venezolano Simón Bolívar y del argentino José de San Martín destacan como jefes indiscutidos de la gesta. Al morir fusilado Hidalgo, en México, toma el liderazgo del movimiento José María y Pavón. Luego se une a la lucha Agustín de Iturbide, quien, triunfante, quiere seguir con el gobierno monárquico después de la Independencia y se corona emperador en 1822, pero es derrocado y la República se proclama en 1823. En Sudamérica las guerras que suceden rápidamente entre criollos y españoles, y Bolívar (que era criollo) libera lo que hoy día son Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Por su parte, San Martín (otro criollo) lo hace con Argentina y Chile. Este general se retira a Francia argumentando que no le interesaba el poder. En cambio, Bolívar, intenta unificar todos los territorios liberados para formar una gran república sudamericana. Bolívar soñaba con que América Latina fuera un solo y poderoso país, frente al emergente gigante del norte, los Estados Unidos, al cual se le veía como un peligro para la América española. Desafortunadamente el sueño bolivariano no se pudo cumplir debido a razones que todavía aquejan a nuestros países y que examinaremos a continuación. Habíamos dicho antes que los mestizos eran, durante la Colonia, un grupo discriminado por españoles, criollos e indios porque se les consideraba ilegítimos y sin pertenencia a ningunos de los grupos sociales constituidos. También se dijo que se ubicaron en toda suerte de trabajos intermedios de la sociedad, como en las artesanías, escribanías y toda suerte de servicios, pues bien, en ese panorama, cuando el reclutamiento de tropas populares empieza por parte de los lideres independentistas criollos, los mestizos ven en las fuerzas armadas la única posibilidad de ascenso social para ellos, de modo que combaten tanto en las tropas conservadoras como en las liberales. Cuando se logran las independencia de México y Sudamérica, los países ahora independientes y en camino de fundarse como nuevas naciones, organizan ejércitos regulares de los cuales se encargaran los 66

mestizos en calidad de jefes al servicio de los criollos, quienes por su parte se manejaran la economía dejando la política también en manos de los mestizos, ahora ya convertidos en caudillos militares. La figura del caudillo es muy importante para entender por qué fracaso el sueño de Bolívar y por qué el divisionismo privó después de la Independencia entre los dirigentes liberales y conservadores. También es importante para explicarse el caudillismo, esa actitud militarista autoritaria, prepotente e intolerante que caracterizó a los políticos (civiles y militares) del siglo XIX8, los cuales gobernaron dictatorialmente estos países poblados por indígenas y mestizos explotados y oprimidos. Y para explicarse la cultura autoritaria que rige la conducta de nuestros pueblos hasta la actualidad. El caudillo típico es por lo general un jefe militar mestizo que comanda tropas indígenas y obedece a intereses de los criollos. Los criollos les han dejado a los caudillos la administración política y militar de sus países, los cuales ven como fincas. Así los caudillos empiezan a enriquecerse mediante el cobro de impuestos por importaciones y exportaciones, que los criollos les dan gustosos a cambio de que mantengan la ley y el orden en las recién creadas repúblicas. Esta ley y este orden deben ser mantenidos a sangre y fuego, pues la base económica de las nuevas repúblicas en una base feudal, terrateniente, latifundista (resultado de una atrasada inercia colonial) y, por ello, productora incesante de campesinos sin tierra, iletrados y miserables, los cuales constituyen por su naturaleza social misma una latente amenaza al orden económico imperante. Tanto las elites criollas como los caudillos a su servicio vieron los nuevos países como oportunidades de enriquecimiento ilimitado, y esa fue la razón por la que, a la postre, los caudillos que habían apoyado a Bolívar lo traicionan y fomentan las guerras entre las recién entrenadas repúblicas, haciendo así de los conflictos bélicos entre liberales y conservadores la norma de la dinámica histórica después de la Independencia. La mentalidad criolla, su americanismo patriótico, empató con las ambiciones de los mestizos convertidos en caudillos militares, y 67

ambos empezaron a conformar poderes que excluyeron de la ciudadanía a los indios, los negros y los mulatos. Por primera vez desde su aparecimiento, los mestizos empiezan su ascendencia hacia la hegemonía. Hubo también caudillos criollos. Y los hubo que fueron civiles. Pero en general, fueron la excepción que valida la norma contraria. El fenómeno del caudillismo expresa un poder localista, celoso guardián de los intereses económicos de los criollos con ideas liberales y practicas dictatoriales, que instauró una cultura política de intolerancia y autoritarismo vigente en muchos aspectos hasta la fecha. Esta cultura autoritaria excluyó de los derechos ciudadanos a los grupos étnicos no criollos: indios, negros, mulatos, mestizos. Los mestizos, al hacer de los ejércitos su lugar de ascenso social, logran ejercer un poder que también crece, por otra parte, mediante sus actividades comerciales y de servicios bajo la sombra protectora del Estado.

LA INDEPENDENCIA Y LA FEDERACIÓN CENTROAMERICANA

La Constitución de las Cortes de Cádiz, que Fernando VII acepta en 1820, permitían la libertad de prensa, lo cual dio como resultado que en Guatemala

aparecieran

dos

periódicos

que

jugarían

un

papel

determinante en la declaración de su independencia: el Editor Constitucional, dirigido por Pedro Molina, y El amigo de la Patria, dirigido por José Cecilio del Valle. En estos periódicos se pueden estudiar las ideologías criollas del liberalismo y el conservadurismo; ambas, ideologías patrióticas acusan enfoques diferentes en cuanto a la forma que debería asumir el poder político. Por esta época, al Gobernador José Bustamante y Guerra o había sustituido Carlos Urrutia y Montoya, quien delegó en Gabino Gaínza en 1821. El 15 de septiembre de este año, las autoridades coloniales y los criollos deciden declarar la Independencia pacifica del Reino de Guatemala por medio de un acta en al que se constituye una junta provisional de gobierno con Gaínza a la cabeza, y se delegan en el 68

Congreso las decisiones políticas independientes. En México y Sudamérica el pueblo había participado militarmente en las guerras independentistas, pero en Guatemala no ocurrió así. La Independencia del Reino de Guatemala no fue una gesta popular; al contrario, fue un pacto entre las élites de poder española y criolla, encaminada a evitar la temida participación del pueblo. El Artículo 1 del Acta de Independencia, redactada por el brillante intelectual conservador José Cecilio del Valle, es elocuente al respecto: “1. Que siendo la independencia del gobierno español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin prejuicio de lo que determine sobre ella el congreso que debe formarse, el Señor Jefe Político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”. Los criollos instrumentalizaron a muchos mestizos e indígenas para presionar a los españoles a fin de que aceptaran la Independencia, de modo que hubo rebeliones indígenas a favor de ella. Particularmente famosa fue la de Atanasio Tzul y Lucas Aguilar, en 1820, en Totonicapán, quienes se proclamaron Rey y Presidente de sus comunidades al echar a las tropas españolas de ellas. Sin embargo, pronto aquéllas se redujeron y el asunto no pasó a más. Esta rebelión se enmarcar en la constante dinámica rebelde de las comunidades indígenas a lo largo de la Colonia, las cuales estuvieron motivadas por las precarias condiciones de la vida en los confinamientos. Se sabe que hubo pueblos de indios ladinos que eran aún más miserables que los pueblos de indios. Pero, en general, la condición de los indígenas a lo largo de la Colonia y el Periodo Independiente fue la miseria y opresión. Cuando México declaro su independencia de España, el General Agustín de Iturbide envió una expedición a Guatemala con el pretexto de ayudar a los liberales centroamericanos en la lucha común de consolidar 69

el republicanismo, pero lo que en realidad quería Iturbide era aprovechar la situación de caos político existente para ensanchar el territorio mexicano. Por eso, anexó la provincia guatemalteca de Chiapas y luego todo

el

territorio

centroamericano

hasta

Panamá,

nombrando

Gobernador de las tierras anexadas a Vicente Filísola. Pero Iturbide fue derrocado en 1823, como vimos, y Guatemala siguió siendo un territorio aparte, aunque ya con Chiapas anexada a México. Una Asamblea Presidencial Constituyente instauró un triunvirato de Gobierno con Pedro Molina, Juan Vicente Villacorta y Antonio Rivera potenciados por la ambición de ser autónomos y controlar el poder al interior de cada provincia, en 1824 declaró la Capitanía General de Guatemala como una federación de repúblicas llamada Provincias Unidas de Centroamérica, con su capital en la ciudad de Guatemala y con el salvadoreño Manuel José Arce como su primer presidente. Pero la organización y la experiencia política de la región no favorecían un estado federal: el aislamiento de los diferentes Estados y su difícil comunicación, así como la concentración del 50 por ciento de la población —que era de poco más de un millón de personas— en Guatemala, lo impedían. Además lo celos y resentimientos —por causa del monopolio comercial de algunas familias criollas guatemaltecas sobre la región— que los habitantes de las provincias venían amasando desde tiempos coloniales contra Guatemala, eran un factor paralizante para la Federación (Curiosamente, ese sentimiento “anti Capitanía General” se observa aun hoy en día, sobre todo en Nicaragua y Costa Rica, cuando la ciudadanía guatemalteca, debido al pésimo sistema educativo que la aqueja desde 1954, ha perdido ya memoria de su hegemonía colonial y republicana, la cual mantuvo vigencia hasta los años 80 del siglo XX. Las causas de todo esto las explicaremos adelante). A la vez, las disputas internas en cada uno de los países eran muy graves. En el caso del Estado de los Altos, en Guatemala, ilustra muy bien esto: las comarcas de Quetzaltenango, Suchitepéquez, Sololá y Totonicapán (de unos 200,000 habitantes) querían convertirse en un 70

Estado más de la Federación y no pertenecer a Guatemala. Esto, debido al choque de intereses entre los criollos de la capital y los de Quetzaltenango. En este marco de conflicto entre los criollos por el control de un territorio es que debemos situarnos para comprender el fracaso de la Federación Centroamericana. En 1829, cuando el Presidente Arce, que era liberal, disuelve el Congreso Federal para evitar el bloqueo conservador, se suscita un conflicto militar con El Salvador, Honduras y Nicaragua y se forma un “Ejercito Aliado Protector de la Ley” comandado por el liberal hondureño Francisco Morazán, quien, para borrar las diferencias entre los mismos liberales que según él eran un obstáculo para la unión centroamericana, ocupa la ciudad de Guatemala el 13 de abril de ese año, mete en la cárcel a Arce y a sus colaboradores, comete numerosas tropelías y abusos sin cuento, y neutraliza así temporalmente los planes de los conservadores. En 1830, Morazán es electo Presidente de la Provincias Unidas de Centroamérica y tres años después traslada la capital a El Salvador debido seguramente a que odiaba a Guatemala como resultado de las rivalidades que las provincias tenían hacía ésta cuando era Capitanía General. Fue reelecto en 1834. Desde 1831, el Presidente de la provincia de Guatemala, Mariano Gálvez, venía poniendo en práctica un gobierno liberal de amplio alcance, que entró en conflicto con las comunidades indígenas (porque reinstauró el tributo en forma de impuestos) y la iglesia (por la propuesta de la libertad de cultos), bastión de los conservadores. A pesar de estos conflictos, la exportación de añil y cochinilla se había incrementado. Las medidas políticas de Gálvez implicaron desacuerdos entre los mismos liberales, lo cual resto poder a Morazán como Presidente de la Federación. A todo esto vino a sumarse una epidemia de cólera morbus que arrasó Guatemala en 1837 y que propició que el gobierno de Gálvez fuera acusado por los conservadores de haber envenenado las aguas públicas y que éstos y la iglesia manipularan el descontento popular, que se manifestó en rebeliones y en 71

una guerra de guerrillas encabezada por Rafael Carrera, un caudillo mestizo que se dedicaba a la cría y el cuidado de cerdos y que resultó ser un genio miliar espontáneo, Carrera derroca a Gálvez en 1837, y este huye a México. El ex presidente Arca había contraído una cuantiosa deuda con los bancos ingleses en 1825, lo cual abrió la puerta para que Inglaterra empezara a hacer reclamos de pago mediante concesiones territoriales en la Costa Atlántica. Esto, unido a las revueltas conservadoras en Guatemala, Honduras y Nicaragua, hace que cuando llega el año de 1839, en que terminaba el periodo presidencial de Morazán, el Congreso de la Federación se disolvería sin poder nombrar un sucesor. En realidad, en 1838, al declarar al Congreso Federal que las provincias podían tener gobiernos autónomos, Nicaragua, Honduras y Costa Rica habían abandonado la Federación, y Morazán se había lanzado a instaurarla con las armas. En 1840, Carrera derrota en batalla a Morazán, y El Salvador abandona la Federación en 1841. Las fuerzas liberales y conservadoras, que eran las responsables de este caos, se prepararon para defender posiciones nacionalistas aisladas y Morazán se marcha a Perú. Vuelve en 1842 para unificar la región por la fuerza, pero es traicionado y fusilado en Costa Rica en septiembre de ese mismo año. En Guatemala, Carrera es nombrado presidente en 1844 y el 21 de marzo de 1847 el Estado de Guatemala se declara independiente de la Federación y surge como república autónoma. Después de una serie de conflictos políticos y militares durante los cuales Carrera, entra y sale del poder, impone el orden por la fuerza en 1849 como comandante en jefe del ejército. Pero las guerras entre los partidos siguieron, al extremo de que, en 1851, El Salvador, Honduras y Nicaragua invadieron Guatemala. Carrera derroto a esas tropas en la batalla de La Arada, en el departamento de Chiquimula. Con esta victoria los conservadores ganan la partida, consolidan su poder y gobiernan durante veinte años. Carrera se declara “presidente vitalicio” y se erige en el primer dictador de la región, caracterizado por su persecución a los liberales y por su adhesión 72

al poder de la iglesia. Muere en 1865, al parecer por el exceso de alcohólicos. La unión centroamericana se había difuminado ya desde 1839 y pasado a ser cosa del pasado, una utopía, una idea sin posibilidades de realización. Los intereses pequeños de los criollos y caudillos habían triunfado sobre la posibilidad de construir un gran país centroamericano, único. A pesar de todo, el cultivo del colorante rojo llamado cochinilla proveyó prosperidad en los años 50 a la región, porque implicó la modificar los medios de transporte y el sistema de financiamiento que monopolizaba la Iglesia, y la poca necesidad de mano de obra mantuvo la calma en las comunidades indígenas. Carrera también concertó un acuerdo con los ingleses en 1859, en el que aceptó la ocupación de Belice a cambio de que aquellos construyeran una carretera entre la ciudad de Guatemala y la Costa Atlántica. Belice venía siendo poblada por los ingleses desde antes de 1763, cuando España e Inglaterra habían firmado un tratado de paz en el que aquélla se comprometía a no molestar a los ingleses que explotaban productos madereros en Belice. Bajo el liderazgo de Carrera, los criollos conservadores gobernaban Centroamérica hasta los años 70 del siglo XIX. Pero las rencillas entre liberales y conservadores siguieron, y en 1855, los nicaragüenses contrataron al mercenario William Walker para que, a cambio de tierras, derrocara a los conservadores. Walker tomó Nicaragua con su ejército de mercenarios e instauró un gobierno espurio que Estados Unidos reconoció como legítimo el año siguiente, pues sabían que Walker quería anexar Nicaragua a su país. El resto de los países centroamericanos se alarman, y también los ingleses. Los ejércitos del Istmo se unen entonces para combatir a Walker, quien es derrotado por tropas equipadas por los ingleses y al mando del presidente de Costa Rica (y dueño de muchos de sus recursos), Juan Rafael Mora, en mayo de 1857, consolidando así, de nuevo, el poder de los conservadores, ya que Mora era leal aliado de Carrera.

73

LA REVOLUCIÓN LIBERAL

Cuando muere Carrera en 1865, lo sustituye, Vicente Cerna, quien tuvo que enfrentar los intensos brotes liberales rebeldes al mando de Felipe y Serapio Cruz, y de Miguel García Granados y Justo Rufino Barrios, quienes finalmente triunfaron sobre las fuerzas conservadoras el 30 de junio de 1871. García Granados se convierte en Presidente y Barrios en Comandante del Ejército. Empero, tres años después, García Granados renuncia y lo sucede Barrios, quien gobernó con mano militar hasta 1879, cuando decretó una Constitución que estuvo vigente hasta 1945. La revolución liberal que cundió en Centroamérica en 1871 adhería a los ideales independentistas y unionistas, aunque la nueva generación de liberales ya estaba influida por las corrientes pragmáticas y positivistas de Estados Unidos y Europa, caracterizada, la primera, por propugnar un individualismo utilitarista y, la segunda, por postular a las ciencias positivas (exactas) como criterio de verdad absoluto. Estos liberales eran criollos y hacendados que querían modernizar la economía del país para insertarla en el mercado mundial produciendo y exportando café, ya que ese producto tenía gran demanda internacional debido a que era un estimulante adecuado a la nuevas relaciones de producción que en el primer mundo había instaurado la revolución industrial. Para hacer realidad el proyecto tenían que modificar la tenencia de tierra, de modo que las propiedades de la iglesia y de las comunidades indígenas, así como las tierras ociosas de los mismos criollos, habrían de dar lugar a una nueva distribución de la propiedad terrateniente. La reconcentración de tierras se realizó totalmente y el cultivo

extensivo

e

intensivo

del

café

vinculó

las

economías

centroamericanas con el mercado mundial, en calidad de mono exportadoras. Quedaban así sujetas a fluctuaciones y a vaivenes del mercado. El programa liberal implicó la modernización no sólo en la economía sino también en la educación, que se hizo obligatoria y laica. No 74

olvidemos que la ideología del liberalismo eran los valores de la Ilustración, caracterizados por propugnar la democracia, la libre empresa y el individualismo. Fue así que la educación fue arrebatada de los curas y los privilegios de la Iglesia fueron disminuidos, sus tierras expropiadas y los terrenos ociosos vendidos, creando así un mercado las cuales obviamente pudieron comprar sólo quienes tenían dinero para hacerlo, es decir, los criollos. Las comunidades indígenas del altiplano no fueron afectadas por estas medidas, pues el cultivo del café se centró en la bocacosta, pero fueron convertidas, mediante mecanismos de presión como endeudamiento forzado, en mano de obra estacionaria para las plantaciones. Lo

liberales

gobernaron

autoritariamente

con

ideología

“democrática”. Este fue un fenómeno generalizado en toda América Latina: la gran paradoja de tener gobiernos liberales que adoptaron la forma política de dictaduras para poder mantener la base feudal del latifundio. (Y lo mismo ocurrió con los esporádicos gobiernos conservadores). A pesar de la Constitución de 1879, Barrios gobernó con mano de hierro, como lo atestigua el intelectual liberal Lorenzo Montúfar, quien lo compara con un león enjaulado al que había que adecuarle la jaula (es decir, la Constitución) para que no la destruyera. Los liberales cafetaleros fundan la nación guatemalteca con ellos a la cabeza de la economía, la política y el ejército, el cual crean para coaccionar a la mano de obra campesina indígena a laborar en las plantaciones de café, primero, y de algodón y caña de azúcar, después. No se trató de un ejército surgido de las luchas de independencia, como ocurrió en otros países, sino en uno creado para forzar las labores del sector más explotado de la población: los indígenas que vivían en los territorios asignados para ellos desde la Colonia y que experimentaron algunos desplazamientos con la reconcentración de tierras de los liberales. Barrios cedió oficialmente a México los territorios de Chiapas y Soconusco y otorgó tierras a los alemanes en las Verapaces, con la 75

finalidad de llevar “la civilización” a aquellas tierras y de “mejorar la raza”. También se lanzó a concretar por la fuerza el ideal de la Federación Centroamericana en 1885, por lo cual invade El Salvador y muere en abril de ese año en la batalla de Chalchuapa. En el resto de Centroamérica el liberalismo realizó cambios similares a los que instauraron los liberales guatemaltecos. La historia de la región era ahora un conjunto de historias de diminutos países que veían a sí mismos como naciones diferenciadas. Los gobiernos liberales se suceden pero no el autoritarismo militarista como forma de gobierno. El imaginario de la nación guatemalteca se consolida: el himno nacional y otros símbolos de la supuesta nacionalidad se crean y difunden durante el largo periodo liberal que inaugura Barrios, Manuel Estrada Cabrera (quien instauró una dictadura cruel de 20 años, la cual fue derrocada por un movimiento plenamente ladino, estudiantil y urbano), Carlos Herrera, José María Orellana, Lázaro Chacón, Baudilio Palma, Manuel Orellana, José María Andrade y Jorge Ubico (quien instauró otra despiadada dictadura), de 14 años hasta su derrocamiento en 1944 por un movimiento cívico de ideales democráticos, que llevo a la presidencia de Juan José Arévalo. Esta sin embargo, es una historia que tenemos que tratar aparte. La gran falla de republicanismo guatemalteco consistió en que las grandes mayorías de trabajadores agrícolas quedaron excluidas de la educación pública, laica, gratuita y obligatoria y, por lo tanto, de la ciudadanía. Pues un ciudadano es una persona que ha aprendido que la soberanía reside en él (como parte del pueblo que es) y no en los gobernantes, de modo que es capaz de relacionarse con su estado con conciencia crítica de su obligación cívica a la hora de elegir a sus estadistas. Esto lo aprende gracias a la educación pública, laica, gratuita y obligatoria, la cual es el cimiento del liberalismo y la república. Pero si una persona está excluida de la educación, de la salud y de los servicios públicos en general, esa persona no es un ciudadano (aunque tenga un documento que lo acredite como tal) y por lo tanto no funciona como puntual del sistema democrático y no valora ni obedece las leyes que lo 76

marginan. Esto obliga a la clase dominante a gobernar mediante la fuerza militar y no mediante la hegemonía democrática. El problema descrito puede generalizarse en toda América Latina en esta época. Volviendo a la misma, en 1901, durante la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, este autorizó a la United Fruit Company (UFCO) —una compañía que había sido fundada con otro nombre unos años antes por Mynor Keith, un despiadado empresario estadounidense que empezó su ascenso en Costa Rica en 1871— el derecho exclusivo de transportar correspondencia entre Guatemala y Estados Unidos. Así entró a Guatemala “la frutera”. Keith formó la International Railways of Central América (IRCA) como subsidiaria de la UFCO, y le fue autorizado construir la línea férrea entre Guatemala y Puerto Barrios, y le fue vendida la tierra a ambos lados de la vía, cerca del mar, a precios irrisorios. La frutera llegó a ejercer inmensa influencia política en muchas esferas en Guatemala, porque tuvo el control del transporte de todos los productos de exportación, la cual la vinculó con los cafetaleros y con la élite liberal gobernante y su pléyade de dictadores, a los cuales apoyo generosamente con dinero y otras prebendas. El derrocamiento de Estrada Cabrera en 1920 ilustra un protagonismo político ladino por encima de los criollos y quizá pueda decirse que este hecho marca el inicio de la hegemonía ladina en el país, no así su dominación, pues ésta sigue estando en manos de la élite criolla. A partir de 1920 quizá se pueda hablar, pues, del final de la Guatemala criolla y el principio de la Guatemala ladina. Por el momento, es necesario entender que la Revolución Liberal implicó la fijación agroexportadora de nuestra economía, la consolidación de una clase terrateniente que fue dueña de la mayoría de la tierra, la instauración del Ejército Nacional como fuerza de choque de los criollos en contra de los indígenas para obligarlos a trabajar en las plantaciones, la fundación de la nación guatemalteca con su simbología patria y su imaginario, el ingreso de los intereses estadounidenses en nuestra economía, y también la entronización de una versión de la historia que glorificaba a los conquistadores españoles, a los próceres criollos, a los 77

dictadores militares y a sus mecenas extranjeros y sus instituciones. En esta época, los criollos glorificaron a la ladinidad como resultado de un supuesto mestizaje generalizado, tratando con ellos de hacer de los indígenas comunitarios un “problema” excepcional y un obstáculo para la plena realización de la nación moderna. Esta ideología demagógica de un supuesto mestizaje equilibrado, según la cual en Guatemala todos somos mestizos y, por lo tanto, guatemaltecos e iguales, dio resultado, y “el indio” empezó a verse como “el problema” a resolver y el obstáculo a eliminar para alcanzar la modernidad que estructuralmente negada por los mismo criollos feudales. Esta ideología criolla, adoptada por la ladinidad acrítica (que no se percata de que para los criollos la indianidad y

ladinidad

son

dos

variantes

de

una

misma

“inferioridad”), sigue vigentes actualmente. Las dictaduras liberales y el sentido racista de patria y de nación que se inculcó en la época de la ciudadanía, con toda su carga autoritaria y militarista, llegaron intactas hasta 1944, cuando ocurre un hecho trascendental en la historia de Guatemala y América Latina: la revolución democrática del 20 de octubre.

78

V.

EL ESPEJISMO DE LA MODERNIDAD

EL REINADO DE LA VIOLENCIA: LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y LA “GUERRA FRÍA”

América Latina surge a la Modernidad con un defecto de nacimiento, el cual, como dijimos, se expresa en la contradicción criolla de fundar naciones modernas con Estados liberales democráticos, sobre una base de economía feudal, latifundista y, por ello, productora incesante de campesinos sin tierra, es decir, de pobres, de ignorantes y de hambrientos. A pesar de tener delante de sí el ejemplo de Estados Unidos, cuya democracia se fundó sobre la base de la pequeña propiedad agrícola, a los criollos latinoamericanos —herederos de la cultura feudal del país que dilapidó el oro de América en consumos monárquicos suntuosos y que le proporcionó con ello a la Europa nórdica el respaldo bancario para su revolución industrial— insistieron en mantener la estructura colonial de tenencia de la tierra para, sobre ella, poner en escena un patético simulacro de liberalismo que tuvo como lema propagandístico el de “Orden y Progreso”, pero que en la práctica se tradujo en la ley del garrote y la ley de fuga. De esta cuenta, la Modernidad quedó como asignatura pendiente en América Latina, y esta es la razón que explica el ciclo de revoluciones modernizadoras que ocurrieron en el siglo XX, la primera de las cuales fue la mexicana (1910), a la cual siguieron la guatemalteca (1944), la cubana (1959), la chilena (1970) y la nicaragüense (1979), todas con la misma agenda modernizante, a saber: dotar a estos países de una amplia base de pequeña propiedad agrícola sobre la cual asentar un Estado liberal y democrático que, velando por la igualdad de oportunidades, la libre competencia y el control de los monopolios permitiera el producto agrícola fuera industrializado y consumido localmente, creando así un mercado interno autónomo que asegurara la estabilidad económica y política a largo plazo. Esta fuera la agenda de Juárez, Madero y Cárdenas en México; fue asimismo la de Arévalo y 79

Arbenz en Guatemala, la de Fidel y sus barbudos hasta 1962 (cuando la revolución cubana se declaró socialista entregándose a la Unión Soviética para evadir las exigencias de Estados Unidos), la de Allende en Chile (quien explícitamente buscó transitar y agotar la etapa de modernización capitalista como ruta hacia el socialismo) y la de Sandino y Carlos Fonseca en Nicaragua (quienes también vieron en la dictadura terrateniente el único obstáculo para la modernización de su país). El último de los dictadores liberales guatemaltecos fue Jorge Ubico, quien gobernó con mano dura a Guatemala durante 14 años en los que su voluntad fue la ley. En su favor se suele decir que la economía nacional se mantuvo incólume ante la gran depresión estadounidense de los años 30, y que en su época había plena seguridad ciudadana en la calles. Contra él se argumenta que mandaba fusilar o condenaba a la “ley fuga” (que consistía en obligar al prisionero a huir para matarlo por la espalda) a quien osara contradecirle, y que metió a la cárcel o envió al exilio a todos sus opositores. El descontento que generaba en la población este estado de cosas, empató con los procesos de modernización política de otros países, los cual hizo estallar la conciencia ciudadana en contra de la dictadura militar a favor de un régimen civil y democrático. El primer gran intento de modernización política y económica de América Latina se había dado en México en 1910 y 1920. La revolución mexicana había sido un movimiento en contra de una dictadura militar que mantenía relaciones cuasi coloniales en la economía y que, al mismo tiempo, se daba aires de aristocracia y de tener ideas liberales. La semejanza con Guatemala eran muy grandes. Vale la pena apuntar que la revolución mexicana fue la primera revolución popular del siglo XX, anterior a la revolución rusa, de 1917. El curso de la revolución mexicana y sobre todo sus medidas populares, inspiraban a los patriotas guatemaltecos que Ubico había enviado al exilio. Otros esfuerzos democráticos tendentes a modernizar el Estado mediante la democracia, y la economía por medio de un capitalismo más 80

ágil y menos dependiente de Estados Unidos, exacerbaron los ánimos en Guatemala. Y fue así que un movimiento cívico, integrado principalmente por maestros, trabajadores y estudiantes, derroca a Ubico y, después de un corto lapso en el que Federico Ponce Vaides lo sustituye, el movimiento se las arregla para convocar a elecciones libres en 1945, en las cuales resulta triunfador el candidato más popular, Juan José Arévalo, un profesor de filosofía que se encontraba trabajando en una universidad Argentina y que había sido llamado a Guatemala para fungir como candidato a la presidencia. El gobierno de Arévalo dio inicio a la modernización política de Guatemala (la misma que había propiciado México 25 años antes), de modo que se redactó una nueva Constitución, se respetaron los derechos de los trabajadores, se permitió la libre organización sindical y campesina y se echó a andar la institucional democrática de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Arévalo construyó más de 6000 escuelas y realizó grandes avances en la educación y en la salud pública. Las principales instituciones estatales de servicio ciudadano (todavía existentes) fueron fundadas durante su mandato. Guatemala se convirtió en la meca de todos los intelectuales y artistas democráticos de la época y en el país más progresista de América Latina. Uno de los mayores problemas que enfrentaba el gobierno revolucionario de Arévalo era que el 2.2 por ciento de la población poseía el 70 por ciento de la tierra, y que sólo el 10 por ciento de la extensión cultivable se hallaba disponible para el 90 por ciento de la población, la mayoría de la cual estaba formada por indígenas que eran, sobre todo, campesinos. En 1950, nuevas elecciones tuvieron lugar, y las ganó el candidato oficial, un coronel del Ejército llamado Jacobo Arbenz, quien continuo con las reformas iniciadas por Arévalo y le tocó enfrentar el problema de la modernización económica del país, es decir, el problema de dotarlo de una gran base de pequeña propiedad agrícola para asentar sobre ella un proceso de industrialización del producto agrario, el cual propiciaría un mercado capitalista interno fuerte y autónomo. Arbenz se 81

propuso una reforma agrafia que consistía en distribuir parte de las tierras ociosas que uno de los mayores propietario de las tierras ociosas en Guatemala era la United Fruit Company (UFCO), que se dedicaba al cultivo y al exportación de banano en varias regiones del país. Arbenz ofreció un precio justo a la UFCO por sus tierras, pero ésta elevó la cantidad hasta un grado inaceptable para el Gobierno, de modo que el Presidente procedió a la expropiación indemnizada de algunas tierras, como parte de su reforma agraria en marcha. El entusiasmo popular era inmenso, y el prestigio internacional de Guatemala estaba en la cúspide. La UFCO se quejó ante el presidente Eisenhower y el Secretario de Estado, John Foster Dulles, cuyo hermano, Allen, fungía como jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Era el año de 1954, y la “guerra fría” —es decir, la guerra de espionaje entre la Unión Soviética y Estados Unidos— estaba en su apogeo. Después de vencida la Alemania nazi en 1945, los aliados, entre los que se encontraban la Unión Soviética y Estados Unidos, se habían repartido Europa, y habían creado así la división entre “bloque socialista” y “bloque capitalista”, dando inicio a una nueva confrontación entre estos poderes, el cual se llamó “guerra fría” porque se trató de un conflicto basado en operaciones encubiertas y de espionaje. En el lado soviético, la ideología de esta guerra fue el antiimperialismo. En el lado capitalista lo fue la ideología del anticomunismo, que ya entonces circulaba en toda América. El capitalismo es un régimen económico basado en el predominio del capital sobre el trabajo y, por lo tanto, de quienes tienen el capital por encima de quienes no lo tienen. Su enseña es la libertad de empresa, pero, como es obvio, esa libertad sólo lo es de quienes poseen capital. El socialismo es un régimen económico basado teóricamente en el predominio del trabajo sobre el capital, pero cuyo funcionamiento en la práctica centralizó el poder en un estado burocrático que funcionó de manera similar a una clase capitalista. Su enseña fue la distribución igualitaria de la riqueza, pero esa distribución favoreció siempre a la clase política dirigente. El capitalismo aboga por la democracia, en lo práctico, 82

mientras el socialismo abogaba por una dictadura del proletariado, en tanto se lograban crear condiciones para una democracia proletaria. Ambos sistemas se basan en la desigualdad y en la explotación del trabajo de amplias masas populares. La humanidad aún no encuentra un sistema económico y político justo, que pueda elevar el nivel de vida de las mayorías nacionales sin empobrecer a otros países, a otros pueblos. El antiimperialismo era una visión inculpadora de Estados Unidos como autor de todos los males del mundo. El anticomunismo era una versión fantasmagórica del socialismo, en la que se pintaba como amenaza a la “libertad”, y en su nombre el Gobierno estadounidense avanzaba su política exterior, que no se diferenciaba en sus mecanismos de las políticas que el socialismo al interior de sus países. Si Stalin mataba miles de disidentes. Estados Unidos intervenía, con tropas o sin ellas, en la política interna de otros países para preservar sus intereses (como los de la UFCO), e igual mataba disidentes por medio de los dictadores de turno. El mejor ejemplo de esto es Guatemala. Arbenz, fiel al Estado democrático que impulsaba, permito legalmente la existencia de todas las tendencias políticas, incluida la del Partido Comunista, que se llamó Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), y varios funcionarios de su gobierno y diputados pertenecían a él. Este fue el pretexto perfecto para que los hermanos Dulles y Estados Unidos acusaran al gobierno de Arbenz de comunista, justificando así una intervención que, por no poder ser abiertamente militar, estuvo encubierta por un mecanismo típico de la inteligencia de la guerra fría: el golpe de Estado. En efecto, por medio de la CIA, los Estados Unidos organizan un vasto plan para derrocar a Arbenz, el cual incluía captar a algunos militares de alto rango para que lo traicionaran, echar a andar una estación de radio clandestina para agitar ideológicamente a la población y también simular una grana invasión a Guatemala, usando dos o tres aviones viejos que varias veces lanzaron bombas a la capital. El plan dio resultado, a pesar de que Arbenz ordeno resistir y distribuir armas a la 83

población civil, la cual espero masivamente su llegada infructuosamente, pues la traición del Ejército se había consumado. En vista de que había instituido una serie de prebendas a los militares (en cuenta el Comisariato, la colonia militar, instalaciones recreativas, etc.), Arbenz pensó que el Ejército le sería fiel. Resistió hasta el último momento, esperanzado, y, al constatar que la población no podía pelear por falta de armas, hizo caso de la mentira según la cual, si renunciaba, la revolución seguiría su curso. Y renunció. Y a partir de entonces, Estados Unidos inauguró una serie de gobiernos militares favorables a la UFCO y a sus intereses en general, sembrando así la semilla de lo que habría de ser el Estado Militar en Guatemala. El coronel Carlos Castillo Armas había sido el abanderado de la CIA para derrocar a Arbenz, y es él quien asume la Presidencia de la Republica. Castillo Armas fue asesinado un par de años después en una intriga palaciega, debido, según se dice, a que quiso darle continuidad a la reforma agraria arbencista, pes se dio cuenta de que aquel era el único camino para el desarrollo capitalista de Guatemala. Las medidas contrarrevolucionarias implicaron confiscar las tierras que habían sido repartidas a los campesinos por Arbenz, impidiendo así que un capitalismo moderno (es decir, de muchos propietarios que luego serían consumidores) se desarrollara, y condenando a la economía local a seguir transitando por la vía colonial de los grandes latifundios que usan mano de obra empobrecida precisamente por la falta de tierra. Si mucha gente hubiese tenido tierra, eso habría permitido que se creara en los propietarios una capacidad de consumo interno que hubiera absorbido los productos industriales hechos en el país con el producto agrícola previo, y así se habría creado un gran mercado interno autosustentable y autónomo. Es decir, un capitalismo moderno e independiente, que era lo único que quería Arbenz. Ya estando en el exilio, en Cuba, Arbenz se vuelve socialista, pero mientras estuvo en el poder en Guatemala no lo fue, a pesar de que muchos miembros del PGT tenían influencia sobre él. Fueron los mismos que cobardemente le aconsejaron renunciar cuando vieron las primeras de cambio con la CIA, según lo relata el Che Guevara 84

en su diario otra vez, en el que este médico argentino narra su experiencia en Guatemala de diciembre de 1953 a septiembre del 1954. A Arbenz lo asesino lo CIA unos años después en México para evitar su regreso político a Guatemala. Tal era el temor que infundía por el apoyo popular con que contaba. Cabe apuntar que, al mismo tiempo que Arbenz ponía en práctica su reforma agraria en Guatemala, también lo hacía Chan Kai-Chek en Taiwán, con la diferencia de que este militar instauró la ley marcial y expropió e indemnizó forzadamente a los terratenientes taiwaneses. Chan Kai-Chek había huido de su país, derrotado por Mao Tse Tung, y se había refugiado en la pequeña isla de Taiwán (del tamaño de Petén), habiéndose llevado consigo la reserva de oro de China. En su empresa de modernización económica de la isla que era su refugio, fue apoyado por Estados Unidos y Asia, mientras en Guatemala procedió a abortarlo derrocando a Arbenz y truncando la posibilidad de modernización nacional? La respuesta es: porque el ajedrez mundial de la “guerra fría” convertía a Taiwán en un escaparate estadounidense frente a la China continental comunista, mientras que el ejemplo de Guatemala resultaba ser una osadía dentro del área de influencia “natural” de Estado Unidos, es decir, dentro de su “traspatio”, la América Latina. Cierto es sin duda que la terrible situación actual de Guatemala la tiene su origen moderno en el golpe de Estado contra Arbenz en 1954, un hecho atroz por lo que Bill Clinton, en un gesto tardío y meramente forma —reconociendo que aquello había sido un error en política exterior estadounidense—, pidió perdón a los guatemaltecos durante su visita a nuestro país cuando era presidente de Estados Unidos. Siendo la Revolución del 20 de Octubre de 1944 una gesta ladina, es explicable que su política cultural hacia los indígenas fuera la asimilacionismo o ladinización, como sinónimo de modernización de la vida económica y social de los indígenas y sus comunidades. El ejemplo de lo hecho en México por José Vaconcelos en cuanto a hacer de la identidad nacional una creación política basada en el mestizaje, fue adoptado por la 85

Revolución, en el entendido d que asimilando por medio de la educación pública los indígenas, inculcándoles la cultura occidental en su versión guatemalteca ladina, se lograba homogeneizar a toda la población bajo una sola identidad política, a fin de que se constituyera una gran fuerza económica de la modernización industrial y en la ciudadanía educada que sustentaría la democracia representativa. El periodo revolucionario modernizador de diez años (1944-1954) se conoce como la “primavera de la democracia” en Guatemala. Ni antes ni después de esa audaz revolución el país ha vuelto a experimentar una estabilidad política similar, y mucho menos un movimiento vigoroso de la economía, la cual avanza ahora a costa de grandes sacrificios por parte de los más necesitados. Nunca el pueblo se sintió con la autoestima tan alta, ni el nombre del país brilló tanto por su prestigio político internacional y por sus manifestaciones artísticas y culturales. Entre las muchas personas con ideas revolucionarias que vinieron a Guatemala en esos años para vivir esta extraordinaria experiencia, se encuentra, como mencionamos, el joven médico argentino llamado Ernesto Guevara, quien huye a México cuando Arbenz es derrocado, y allí conoce a un joven abogado cubano, llamado Fidel Castro, quien estaba planeando un desembarco en su país para iniciar una guerra de guerrillas en contra del dictador, Fulgencio Batista. Este hecho; conocido como la Revolución Cubana, marca la entrada de América Latina en una nueva etapa de su historia. EL PRIMER ESTADO MILITAR Y EL PRIMER CICLO ARMADO GUERRILLERO

Decepcionado de lo que había pasado en Guatemala, en donde Estados Unidos había impedido la modernización política y económica, Guevara ve en la aventura cubana una oportunidad de no cometer los mismos errores, y se embarca con Fidel Castro para desatar la guerra de guerrillas en la Sierra Maestra, en Cuba, la cual termina exitosamente, después de 18 meses de lucha, con la huida del tirano Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959. 86

En Guatemala, Castillo Armas había sido asesinado y lo había sucedido, después de un corto periodo de caos político, otro militar, el general Miguel Ydígoras Fuentes, quien, a petición de Estados Unidos, presta el territorio nacional para que mercenarios cubanos y de otras nacionalidades entrenaran para atacar a Cuba de Castro. En las filas del ejército guatemalteco, muchos oficiales resintieron que lo hecho por Ydígoras violara la soberanía y la dignidad nacional, pues prestar el propio territorio para invadir otro, actuando como peones de un poder autoritario, desdecía los principios constitucionales. Así, varios oficiales, ofendidos por lo actuado por Ydígoras, deciden darle un golpe de Estado y se sublevan el 13 de noviembre de 1960. Entre ellos estaban Marco Antonio Yon Sosa, Luis Trejo, Alejandro de León y Luis Turcios Lima. El levantamiento fracasa y algunos oficiales aceptan la amnistía ofrecida por el Gobierno, mientras otros huyen a las montañas de Honduras, en donde permanecen en actitud rebelde. Entre ellos, Yon Sosa, Trejo, Turcios y de León. Poco después, a mediados de abril de 1961, la invasión a Cuba para la que Ydígoras había prestado el territorio guatemalteco entra en acción mediante un operativo militar en Bahía de Cochinos, coordinado también por la CIA y aprobado por el presidente John F. Kennedy, pero resulta un rotundo fracaso que sólo sirvió para afianzar a Castro en el poder y brindarle el espacio para hacer su siguiente movimiento, el cual implicó cambiarle el carácter a la revolución cubana. Esta revolución tuvo al principio un carácter nacionalista y patriótico. Fue apoyada incluso por Estados Unidos. Pero en 1962, hechos como la intensificación de la “guerra fría”, el espionaje interno en Cuba por parte de Estados Unidos, el intento de invasión financiado y coordinado por la CIA y el ofrecimiento que la Unión Soviética le hace a Castro de venderle petróleo más barato que Estado Unidos, determinan que la revolución sea declarada socialista, y constituye así el primer país y gobierno de ese corte en el hemisferio occidental. Esto le da un vuelco a la política internacional que, entonces, consistía en un juego de ajedrez en el 87

que el tablero era el mundo y los jugadores las dos superpotencias nucleares. Estados Unidos, que ahora se veía amenazado por un pequeño país socialista a 90 millas de sus costas, exacerba su anticomunismo y lo exporta a los países con gobiernos que le eran leales, como el de Guatemala, a fin de evitar el surgimiento de otra Cuba. En nuestro país eso tuvo efecto de militarizar el Estado, y fue por ello que el Ejército tomo el control de la económica. Cuba empieza a ser para muchos —como para los oficiales del 13 de Noviembre escondidos en las montañas—, un ejemplo de soberanía y libertad nacionales frente a Estados Unidos. Por eso, en Guatemala se empieza a imita el método de la guerra de guerrillas empleado por Castro y el Che exitosamente para derrocar a un militar tirano. Y ocurre entonces que los sublevados del 13 de Noviembre se alían con militares del PGT y dan inicio a las guerrillas guatemaltecas en 162, año que a su vez marca el comienzo de una lucha armada por el poder, la cal se habrá de convertir más adelante en una guerra popular, configurando de esta manera un conflicto que durará 36 años. Los primeros guerrilleros fueron, pues, militares. Estos, que operaban ya bajo el nombre de Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR 13), se aliaron con estudiantes como César Montes, de la Juventud Patriótica del Trabajo (JPT) —perteneciente al PGT—, originando así las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR). Estas se dividieron después en FAR y MR13, y luego volvieron a unirse. Las guerrillas operaron en la capital y en el Oriente del país, en las Sierra de las Minas y todo el Departamento de Izabal. La guerrilla urbana llegó a tener un desarrollo importante, el cual logró imponer sobre las fuerzas de seguridad una movilización y un desgaste constantes. La ideología de los grupos guerrilleros fue el socialismo, en nombre del cual se arrogaron la representatividad de los pobres y la defensa de sus intereses. Esto implica a su vez, definirse como enemigos de los ricos, el Ejército nacional y de Estados Unidos, en vista de la “guerra fría” y de la denominación oligárquica y militar en Guatemala. La justicia social fue la 88

bandera de estos movimientos, en un país en el que la dictadura militar no dejaba espacios políticos a los partidos que no fueran de derecha. Esto explica el porqué de su auge en varios momentos de su desarrollo. Ante la amenaza guerrillera, el Ejército perpetra en 1963 un golpe de Estado en contra de Ydígoras Fuentes, y los sucede el coronel Enrique Peralta Azurdia, con quien empieza la militarización del Estado en su fase contrainsurgente,

pues

los

oficiales

empiezan

rutinariamente

a

entrenarse en lucha antiguerrillera en bases militares estadounidenses, las cuales desarrollaban ya una estrategia continental tendente a parar la amenaza de la “exportación” de la revolución cubana. Esta estrategia impidió que las guerrillas brotaran en toda América Latina, pero sí sirvió para convertir a los ejércitos de la región en aparatos criminales en contra de la población civil. El gobierno de Peralta Azurdia militarizó el Estado y la sociedad, y, mientras tanto, las guerrillas —constituidas por jóvenes de clase media de entre 20 a 25 años y que tenían una visión romántica de la revolución cubana— seguían su lucha en la ciudad y en el campo. Fue así que en 1966, el Ejército permite elecciones y las gana Julio César Méndez Montenegro, un abogado de trayectoria confiable y autoproclamado heredero de la revolución del 20 de Octubre de 1944. Esto, sin embargo, respondía a una estrategia contrainsurgente de los militares, consistente en encubrir con una fachada civil y democrática de Estado Militar y contrainsurgente que usaba la política como un arma en contra de los guerrilleros. Y aunque Méndez Montenegro no sabía esto al principio, durante su mandato se plegó conscientemente a los dictados del Ejército, y la guerrilla recibió duros golpes a manos del entonces coronel Carlos Arana Osorio, jefe de una base militar en Oriente, quien puso en práctica tácticas usadas por Estados Unidos en Viet Nam en contra de la población civil, e incluso uso bombas de napalm (sustancia inflamable que quema el acero) en contra de los guerrilleros y sus bases de apoyo. De esa cuenta, para 1968, las guerrillas estaban prácticamente derrotadas y muchos de sus miembros salían huyendo del país. 89

Los errores cometidos por los guerrilleros tuvieron que ver con la concepción foquista de la guerra, la cual consiste en implantar un foco guerrillero en la montaña, del cual se hace depender el resto del movimiento revolucionario, incluido el esfuerzo del movimiento civil de masas. Esto funcionó en Cuba pero no en Guatemala, debido a las distintas idiosincrasias populares de ambos países. En Guatemala, el foco guerrillero no creó condiciones subjetivas generales para una insurrección, como ingenuamente esperaban los guerrilleros. Estos, porque además de que la extracción de clase de los combatientes era de clase media urbana estudiantil, el sujeto revolucionario en el área del foco era un campesinado ladino cuyas aspiraciones se agotaban en la propiedad privada de pequeñas parcelas de tierra, y estos anhelos no pasaban por una ideología de emancipación nacional modernizadora. Debido a sus exitosas campañas militares en contra de la población civil que apoyaba a las guerrillas, Arana llega a presidente en 1970 y se dedicaba a combatir a todas las expresiones de izquierda (socialista) y a lo que quedaba de la guerrilla, la cual empezaba a reorganizarse en Cuba, México y Guatemala bajo otros nombres y, en ciertos casos, bajo nuevas dirigencias. Durante los gobiernos siguientes, cuyos presidentes llegaron fraudulentamente al poder (como parte de la dictadura del Estado militar), la guerrilla siguió reorganizándose, evidenciando serias diferencias entre los distintos grupos armados, lo cual causaba divisionismos y competencias desleales entre ellos. El gobierno fraudulento del general Kjell Euenio Laugerud (1974-78) estuvo asignado por el terremoto del 4 de febrero de 1976, el cual exacerbó las hondas diferencias existentes entre las clases sociales, cuestión que aprovechó la guerrilla para organizar pacientemente a la población civil, esta vez en el altiplano, donde se concentra la mayoría de indígenas, muchos de los cuales se unieron a la lucha. De las FAR había quedado intacta su organización Regional de Occidente en 1968. De esta Regional se originaron dos grupos: el primero habría de surgir como Organización del Pueblo en Armas (ORPA) en 90

1979, y el segundo como Movimiento Revolucionario del Pueblo Ixim (MRP Ixim), en 1983. Por su parte, el PGT seguía activo y las nuevas FAR también. Algunos dirigentes habían fundado en Cuba el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), que fue la organización que prematuramente lanzó a provocar al Ejército para involucrarlo en una guerra popular prolongada. Estas fueron las fuerzas que comenzaron el segundo ciclo armado en el país después de la derrota de los revolucionarios en 1968.

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EL SEGUNDO CICLO ARMADO Y EL SANGRIENTO TRIUNFO DE LA CONTRAINSURGENCIA

De 1978 a 1982, gobernó el país el brutal Romeo Lucas García, quien reprimió la organización popular duramente. Ya desde tiempos de Arana, en 1970, se había iniciado por parte de los militares la modalidad de los “desaparecidos” o personas secuestradas de las que jamás se volvía a saber nada. Durante este periodo fueron muchos los desaparecidos y los asesinados a plena luz del día, incluyendo dirigentes políticos socialdemócrata como Manuel Colom Argueta Alberto Fuentes Mohr. El 31 de enero de 1980, al ser ocupada la Embajada de España por campesinos dirigidos por los guerrilleros del EGP, el gobierno incendió la sede provocando una horrenda masacre que marcó el inicio de una intensificación de la violencia por ambos lados. El EGP había iniciado la provocación del Ejército en la zona de Ixcán, matando comisionados militares y finqueros e involucrando a la población indígena. Cuando el Ejército respondió lo hizo de una manera desmedidamente criminal para instaurar el terror psicológico en toda la población, y los indígenas tuvieron que optar por tomar partido en esta guerra impuesta, que no había brotado de sus comunidades, como se ha querido asentar por parte de dirigentes y organizaciones que así justifican financiamientos para sus proyectos con indígenas. Al contrario, la guerra la empezaron los guerrilleros ladinos, de procedencia urbana, capitalina, y con formación intelectual en los países socialistas, en donde se habían preparado para implantar focos guerrilleros en la montaña y en la selva. Antes de que otro militar, el fraudulentamente electo presidente Ángel Aníbal Guevara, llegara al poder, ocurre un golpe de Estado en contra de Lucas García, y una Junta impone al general Efraín Ríos Montt como presidente, 1982. Ríos Montt desencadena un gran plan contrainsurgente que tenía como objetivo no entablar la guerra con los guerrilleros, sino eliminar a la población civil (desarmada) que servía de

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apoyo a las guerrillas, las cuales, en todos los casos, carecen de capacidad ofensiva y defensiva sin la ayuda de la población en donde operan. El plan contrainsurgente comprendía esta inicial etapa militar de “tierra arrasada”, en la que se borraron del mapa unas 400 aldeas que fueron quemadas y sus habitantes masacrados de maneras horribles. También comprendía organizar a la población sobreviviente y a la que se quería aislar de las guerrillas, para luego convertirla en colaboradora forzada del Ejército. Para ellos se crearon “aldeas estratégicas” o campos de concentración, en donde se puso a vivir a los sobrevivientes aterrorizados, y “patrullas de autodefensa civil” para que persiguieran a los guerrilleros. A cambio, el Ejército daba a la población indígena comida, vivienda e ideologización. Para junio de 1982, las guerrillas del EGP, la ORPA y las FAR estaban derrotadas. El MRP Ixim fue diezmado por el bloqueo sistemático de las otras organizaciones guerrilleras, que siguieron teniendo sangrientos enfrentamientos entre ellas. Cuando por presiones de Fidel Castro se crea, en enero de 1983, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), la guerra ya tenían militarmente perdida las guerrillas. Sin embargo, esta coalición les permitiría continuar una lucha política y diplomática internacional en contra de la violación de los derechos humanos por parte del gobierno militar guatemalteco, en el cual se pedía solidaridad para una lucha armada supuestamente librada por indígenas, aunque esto no fuera enteramente cierto y la guerra ya no fuera ni remotamente una vía con la más mínima posibilidad de victoria. La derrota de la guerrilla se debió a la brutalidad del Ejército, que masacró a unas 150 mil personas, sobre todo indígenas, pero esta brutalidad fue posibilitada por la ineficiente conducción de la guerra por parte de la dirigencia guerrillera, que se dedicó a preservar sus pequeñas estructuras militares y dejó inerme e indefensa a la población civil de apoyo que de esta manera fue masacrada inmisericordiosamente. Todo esto fue corroborado por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) en su documento, Guatemala memoria del silencio, aceptado por 93

todas las partes involucradas en el conflicto armado como el relato fiel de los ocurrido durante la guerra. Es asimismo aceptado el hecho de que la incorporación masiva de indígenas al esfuerzo de guerra popular prolongada no se debió a que los guerrilleros convencieran a los lugareños con su ideología marxista-leninista, sino que desde la época del terremoto de 1976 las comunidades estaban organizadas en cooperativas por una institución que profesaba la Teología de la Liberación y que se llamaba Acción Católica, algunos de cuyos dirigentes eran curas jesuitas españoles de ideología socialista. Éstos fueron los que vincularon a las autoridades comunitarias indígenas con los guerrilleros, y estas autoridades fueron las que ordenaron a su gente unirse a las guerrillas, cuya capacidad organizativa y de movilidad fue nula anta tanta afluencia de colaboradores, dando lugar con su ineptitud militar a que la población civil permaneciera inerme ante el embate criminal del Ejército, que buscaba aniquilar a la población civil de apoyo a las guerrillas, y no a las guerrillas como tales. De 1982 hasta fines del 1996, la militarmente derrotada guerrilla y el triunfante Ejército nacional se enfrascaron en escaramuzas sin fin, que dieron la impresión de que en el país se desarrollaba una guerra civil formal. No era así. Al Ejército le convenía, para justificar altos presupuestos y violaciones de la ley, que se pensara que la guerrilla era fuerte. Y a la dirigencia de ésta le convenía que se pensara que de verdad había una guerra civil en Guatemala, para continuar recibiendo las donaciones de los grupos de solidaridad que se habían formado en todo el mundo mediante la acción de iglesias y universidades, y que le abrían la puerta a ciertas finanzas a la cúpula guerrillera, que vivió siempre en el extranjero. Mediante la presión de funcionarios de Naciones Unidas y de organismos de financiamiento internacional que buscaban que Guatemala se alineara con la Comunidad Económica Europea en el rápido proceso de la globalización desatado a raíz de la caída del bloque socialista en 1989,

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la paz se firma entre la URNG y el Gobierno guatemalteco en diciembre de 1996. El ofrecimiento de la comunidad internacional para financiar la paz fue de 2,500 millones de dólares, algo de lo cual los guerrilleros interesados habían de disponer para seguir haciendo política en el país. La firma de la paz fue inmediata después de este ofrecimiento. Militares y guerrilleros se abrazaron bajo el cobijo de esta promesa, e incluso hubo pactos secretos para encubrirse mutuamente los crímenes de guerra sucia cometidos por las dos partes durante el conflicto. Esto se hizo evidente después, cuando las diferencias de izquierda y derecha se difuminaron temporalmente en Guatemala, y sólo quedó de ellas un abanico de individuos que buscaban asegurarse su vejez y la vida de sus descendientes mediante su participación política. Así, una etapa histórica particularmente larga y violenta termina con una revolución traicionada por su dirigencia y con un Ejército disminuido en su poder debido a las necesidades de democratización centroamericana dictadas desde el Pentágono. Todo esto fue aprovechado por la cooperación internacional y la ONU para hacer avanzar los interese del capital corporativo transnacional y la globalización de nuestro país, como veremos adelante.

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VI.

GUATEMALA INTERCULTURAL: DE LA PESADILLA DEL PRESENTE AL SUEÑO DEL FUTURO

ORDEN COLONIAL, TERCER MUNDO Y SUBDESARROLLADO

¿Por qué somos pobres y no salimos de la pobreza? Para responder esta sencilla pregunta, debemos explicarnos cómo es que surge la división del mundo tal como la conocemos. El origen de la situación de los actuales países subdesarrollados se encuentra en el proceso de colonización que los países europeos impusieron sobre Asia, África, Oceanía y América Latina, regiones sobre las que recayó la tarea de contribuir con metal precioso y materia prima al proceso de acumulación originaria de capital que sirvió de base para el desarrollo industrial de aquellos países. Como consecuencia, el mundo se dividió en dos bloques: el de las naciones que desarrollaron su riqueza e infraestructura industrial entre los siglos XV y XX, y el de los países que durante ese mismo lapso se especializaron en producir materia prima para apuntalar aquél desarrollo. En otras palabras, el mundo se dividió en países colonizadores y países colonizados a partir del siglo XV y XVI, que es cuando el naciente capitalismo empieza su proceso expansionista desde Europa. El caso de Estados Unidos fue el de la extensión de una potencia colonizadora que extermino a los nativos en vez de colonizarlos y que desarrolló la lógica colonialista como eje de su propio crecimiento nacional. Por eso, el problema se planteó a las recién estrenadas (por recién independizadas) naciones latinoamericanas en el siglo XIX, no fue como desarrollarse, pues no tenía ni la infraestructura básica ni los capitales ni las colonias cuyas materias primas y metales preciosos hubieran sido necesarios para ello. El problema que se planteó fue dónde y cómo conseguir (no producir) los recursos para dar el salto del feudalismo al capitalismo. Y no en cuatro siglos, sino en unos pocos años. La lucha por 96

conseguir estos recursos es la historia economía y la política latinoamericana desde la Independencia hasta nuestros días. Da inicio y se desarrolla así la larga historia de dependencia de América Latina y también de su ilusión utópica (la de llegar a ser autónoma y autosuficiente), que se estrella con el valladar de que la estructura económica mundial —basada en el orden colonial— estaba firmemente instaurada e impedía que los países rezagados pudieran alcanzar los adelantos sencillamente porque el desarrollo de éstos seguía apoyándose en buena medida en el atraso de aquéllos. Por eso, los países subdesarrollados siguieron produciendo materias primas baratas y comprando productos industriales caros, dando vida así a un intercambio desigual que mantuvo las diferencias vigentes, aunque paliadas mediante inversiones privadas locales que nunca podían responder a planes de desarrollo nacional a largo plazo sino sólo a lucros inmediatos y circunstanciales; también por préstamos con intereses injustos, y programas de ayuda y asistencia mediante los cuales se sustituyó la posibilidad real del desarrollo autónomo del tercer mundo con la caridad internacional, eje de lo que actualmente constituye la política de injerencia foránea en asuntos internos, por medio de la cooperación internacional y sus oenegés. Como se sabe, el pensamiento mercantilista sustituye la justicia social (o igualdad de oportunidades tutelada por el Estado democrático) con la caridad y la beneficencia, a pesar de que es obvio que éstas nunca solucionan lo que podría solucionar aquélla. Este conjunto de realidades es lo que conforma la dependencia económica y política del tercer mundo. Es por todo ello que el origen de nuestra pobreza y de la división colonial del mundo hace imposible nuestro desarrollo si lo quisiéramos basar en nuestras propias fuerzas. Al solicitar los recursos ajenos, nos hemos endeudado y pasado a ser elegibles para la caridad. Si a todo esto le agregamos unas oligarquías semifeudales (ahora con vanguardias neoliberales) que han tenido ejércitos a su servicio, y unas clases políticas corruptas que absorben el producto del trabajo de una población que por 97

ello ha interiorizado un fuerte complejo de inferioridad, nos explicamos nuestra pertinaz pobreza, la injusta distribución de la riqueza que generamos y la incesante emergencia de nuevos ricos (ligados a la corrupción política y el delito organizado) en medio de la miseria. En la jerga del grupo de países ricos, el mundo se divide en tres mundos: el primer mundo, que es el más rico e industrializado; el segundo mundo, que era el mundo socialista desarrollado, el cual tenía un grado de industrialización menor y dejo de existir como tal en 1989; el segundo mundo ahora está conformado por países capitalistas con un grado de industrialización que el primer mundo cataloga como de segunda importancia. Finalmente tenemos al tercer mundo, que es el mundo pobre, no industrializado o con una industria muy débil, es decir, el que conforman, en su mayoría, África, Asia, América Latina y Oceanía. De aquí los términos “primermundismo” y “tercermundismo”. En el tercer mundo, como el nombre lo indica, somos ciudadanos de tercera y nos mide con la vara del primer mundo. Por eso se dice que los países del tercer mundo son subdesarrollados: porque no han alcanzado el desarrollo del primer mundo. Pero como ya vimos que esto es imposible en sí mismo porque el desarrollo del primer mundo se debe en gran parte al subdesarrollo del tercero, conceptos como “países en vías de desarrollo” resultan ser mentirosos, y el sueño de América Latina de llegar a ser autónoma y autosuficiente parece agotarse en eso, en un sueño con despertares amargos. A partir de los años 70 del siglo XX, el capitalismo primermundista dio un giro drástico en su forma de acumulación de capital, el cual consistió en lo que se llama transnacionalización de la producción de mercancías. Esto consiste en que las fábricas del primer mundo se trasladaron al tercero, de modo que las plantas industriales que estaban en Estados Unidos, por ejemplo, aparecieron en países como Bangladesh, Honduras, Tailandia o Guatemala. Esto, debido a que en estos países la mano de obra estaba desorganizada y era descalificada y por lo tanto mucho más barata que en el primer mundo, en donde la organización 98

obrera y los impuestos elevaban los costos de producción de

las

mercaderías a alturas que determinaban que el mercado de las mismas estuviera circunscrito a quienes tenían elevados salarios o ingresos económicos. Al abaratar los costos de la producción de mercancías ubicando las fábricas en el tercer mundo, se abarataron los precios de los productos

se crearon nuevos mercados para los mismos entre las

pobrerías tercermundistas. Esta es la base de la globalización económica, es decir lo que hacer posible que en esta época todo el mundo consuma los mismos productos en todas partes. El capitalismo dejó, pues, de extraer materia prima del tercer mundo para devolvérnosla en forma de producto industriales que comprábamos caros, y nos incorporó como consumidores de productos baratos a la globalización corporativa transnacional. Estamos pues, globalizados porque consumimos lo mismo. Este operativo desnacionalizo las economías del tercer mundo porque para que el capital corporativo transnacional ingrese a un país, este tiene que vender las empresas públicas a las corporaciones. Por el neoliberalismo busca hacerse con el control de Estado, a fin de privatizar todo lo público vendiéndoselo a corporaciones transnacionales y haciendo que los oligarcas locales se hagan socios minoritarios de los consorcios extranjeros. Esto ocurrió en Guatemala con la privatización de la telefonía y la electricidad, todo lo cual estuvo a cargo del gobierno oligarca Álvaro Arzú, y la firma de la paz entre el Estado y la guerrilla fue una condición para que esto ocurriera. La misma lógica de hechos como la venta de los supermercados Paiz a Wallmart y la de otros monopolios oligárquicos a empresas transnacionales. A todo este proceso se le llama postmodernidad, ya que el ideal de la modernidad (la industrialización pesada) fue sustituido por el ideal de la sociedad intercomunicada por medio de la tecnología electrónica llamada digital, la cual fue un resultado de la carrera espacial que durante la “guerra fría” libraron los Estados Unidos y la Unión Soviética. Ésta no comercializó esta tecnología y por eso quedó a la zaga en la globalización, lo cual determino que en 1989 la Unión Soviética se auto disolviera para que en un par de décadas Rusia 99

pudiera surgir como potencia de un mundo (ya no bipolar sino) multipolar en el que Estados Unidos sería una potencia más y Noel gran poder unipolar que había planificado ser. Esta es la realidad internacional que hoy vivimos. La lógica cultural de este capitalismo transnacional globalizador se llama posmodernismo, y se trata de una cultura audiovisual de entretenimiento banal y hedonista que ha provocado que las juventudes padezcan una incapacidad para leer y manejar el código letrado, y por ellos se nieguen a estudiar se hagan adictos a los videojuegos y las formas virtuales de entretención. El posmodernismo desprecia la historia y valora el presente como entretenimiento; desprecia el conocimiento y la vocación cognitiva y valora la diversión superficial; hace de los individuos buenos consumidores y pésimos pensadores críticos; produce ignorantes “felices” sin más horizonte que pasarla bien hoy. A esto es a lo que algunos llaman “crisis de valores”. Lo cierto es que el hecho de que desde los años 70 las juventudes del primer mundo sean formadas así, ha provocado que los jóvenes carezcan del sentido de futuro al negarles el poder de cambiar el mundo,

y en consecuencia haya desarrollado

conductas asesinas y suicidas, como las que vemos con frecuencia en las escuelas secundaria en los Estados Unidos. En nuestro medio esto ya empieza a ocurrir también, porque nuestra juventud es objeto de esta mentalización desde los años 90 y mucha gente carece de un sentido histórico de su existencia. Este modelo económico transnacional entró en crisis en el 2008 con el descalabro financiero de Estados Unidos. A pesar de esto, el neoliberalismo, es decir, la tendencia económica que propugna por el enriquecimiento de las elites y no por el bienestar de las mayorías y que provocó la globalización y el intelicidio juvenil mediante los consumos audiovisuales compulsivos, insiste en imponer el mismo modelo en todas partes. En Guatemala, la Universidad Francisco Marroquín, aliada con la oligarquía monopolista mediante organizaciones fascistas como la Liga Pro-Patria y otras, hace egresar a las aulas a jóvenes mentalizados con 100

esta ideología, los cuales ignoran el pensamiento crítico y son por ello fanáticos “de un solo libro”, indoctrinados para controlar el Estado y privatizar todo lo público. A todo esto se oponen amplias masas organizadas que luchan contra el capital corporativo transnacional y sus socios locales, tratando de que no se impongan aquí las contaminantes corporaciones mineras y el cultivo dañino de la palma africana, entre otros rublos de acumulación oligopólica.

GUATEMALA SUBDESARROLLADA

El principal rasgo del subdesarrollo es la pobreza. Naciones Unidas mide la pobreza humana por medio del llamado índice de exclusión social de la población, es decir, estableciendo hasta qué punto la ciudadanía no participa en los beneficios de ser ciudadano de un país que le garantiza a sus habitantes, según la ley, ciertas prerrogativas a cambio de los impuestos que paga. El índice de exclusión social o de pobreza humana se determina cuantificando los siguientes factores: salud, educación e ingreso per cápita. Si el índice fuera cero, el país estaría en óptimas condiciones de inclusión de su ciudadanía en los beneficios sociales a los que tiene derecho. Sin embargo, en 1998 nuestro índice general de exclusión era de 25.9. Es

decir que una inmensa proporción de la

ciudadanía estaba socialmente excluida de los derechos y beneficios ciudadanos. En este marco, la exclusión social de la mujer, que tradicionalmente ha sido marginada de los derechos ciudadanos, es enorme en nuestro país. En 1998, el nivel de avance social de las mujeres en nuestra sociedad era apenas de 0.46. Es decir que, prácticamente, ellas están excluidas de los derechos y oportunidades de realización y desarrollo humano, lo cual es un índice brutal de subdesarrollo, atraso y pobreza. En lo económica, la marginación social de las mayorías puede verse claramente según datos como el que nos indica que, actualmente, el 27 por ciento de la población (unos 12 millones) lo constituyen familias 101

cuyos miembros ganan individualmente menos de un dólar por día, lo que hace un total de casi 3 millones de habitantes pobres, que constituyen más o menos la mitad de toda la población. La pobreza y la extrema pobreza se concentran en las áreas rurales, en donde casi un 40 por ciento de los habitantes son extremadamente pobres, mientras que en la ciudad hay un 7 por ciento de personas en igual condición. Consecuentemente, el 39.1 por ciento de los extremadamente pobres son indígenas (porque la mayoría de ellos está ligada a la tierra) y el 15.4 son ladinos, lo que nos expresa el hecho de que la marginación económica determina la marginación etnocultural. Para entender el porqué de toda esta situación es necesario saber que el 33 por ciento de las familias rurales no tiene acceso a la tierra, pues la mayor parte de la propiedad agrícola está en manos de un reducido número de familias ricas. Por ellos, aproximadamente el res por ciento de empresas agrícolas posee el 65 por ciento de la tierra cultivable. Tratándose de un país cuya economía sigue siendo predominantemente agrícola, esto tiene un tremendo impacto en el resto de la economía, en el desempleo y en la baja calificación de la mano de obra. Así, el tres por ciento de las grandes fincas agroexportadoras abarcan dos tercios de la superficie del territorio nacional. Esta estructuras terratenientes son todavía herencia colonial, y si tomamos en cuenta que las familiar terratenientes del país son las que controlaban también la industria, el comercio y las finanzas, tendremos un cuadro claro de nuestro subdesarrollo y de sus causas internas, las cuales se remiten a la excesiva concentración de la propiedad y los medios de producción. Todo lo cual nos arroja realidades como las que siguen. De la población económicamente activa, la que se dedica a la subsistencia agrícola es el 27 por ciento, y el llamado sector informal (o de oficios ocasionales diversos) absorbe al 38 por ciento, lo cual nos da un predominio del trabajo poco productivo por encima del productivo, sobre todo si vemos que el trabajo agrícola moderno (es decir, el de las 102

empresas agrícolas que poseen el 65 por ciento de la tierra cultivable) sólo implica al 12 por ciento de la población económicamente activa. Las cifras que el país arroja en materia de salud y educación son, consecuentemente, espeluznantes. Sin duda, la injusticia social y económica es el rasgo más notorio de nuestro sub desarrollo.

GUATEMALA MESTIZA

Como vimos antes, Guatemala es un territorio en el que dese la Colonia se opera un profundo y conflictivo mestizaje que tiene una enorme diversidad etnocultural. Si por un lado han sobrevivido comunidades indígenas que rigen su vida por los valores comunitarios la cultura campesina ligada a su ancestralidad quiché, cakchiquel, zutuhil, mam o quekchí, por el otro, infinidad de miembros de comunidades se ha mestizado biológicamente y culturalmente con los ladinos, quienes desarrollan su cultura híbrida dese la época colonial, es decir, cuando, siendo indios, adoptaron el castellano y las costumbres culturales españolas y fueron llamados “indios ladinos”. Esta ladinidad se fue ampliando y diferenciando paulatinamente respecto de los indígenas comunitarios y se constituyó en la etnia hegemónica del país a partir de principios del siglo XX, con lo cual los indígenas comunitarios interactúan originando mestizajes diversos que son los que caracterizan al país en su totalidad. Sin embargo, la persistencia de culturas indígenas es muy fuerte. Y esto no quiere decir que las culturas indígenas comunitarias sean a su vez mestizas. Lo son, como vimos, desde la época de la Colonia, cuando los conquistadores se mesclaron biológicamente con ellas y les impusieron la religiosidad cristiana, los trajes y una seria de costumbres que se sincretizaron con los sustratos culturales autóctonos. Este hecho ha originado una cultura de una inmensa diversidad: los guatemaltecos hablamos el castellano con cadencias cakchiqueles, comemos tamales y tortillas, bebemos atoles, compartimos supersticiones que son una mezcla de leyendas precolombinas y españolas, compartimos 103

una religiosidad con múltiples ribetes mágicos, tenemos una apariencia a todas luces mestiza, y, en realidad, muy a menudo un guatemalteco solamente puede diferenciarse como indígena o ladino si así lo manifiesta auto identificándose, pues de otra manera seria imposible hacer la diferenciación. Guatemala es, pues, una Guatemala mestiza. Lo cual no quiere decir que su mestizaje sea una mezcla uniforme y feliz. Al contrario. Debido a la estructura económica que perfilamos arriba, y a la herencia colonial que culturalmente todavía nos agobia (en lo económico y en lo ideológico), el mestizaje guatemalteco es conflictivo porque los indígenas siguen siendo un grupo explotado y oprimido, el cual necesita apropiarse de sus derechos sociales y culturales y así formar parte plenamente de la nación y de la ciudadanía, conservando su cultura y su libertad de practicarla. En tal sentido, las especificidades culturales indígenas deben de formar parte de nuestra diversidad pero como elementos de nuestra unidad diversa. Una unidad que todavía tenemos que democratizar porque actualmente funciona mediante desventajas para los indígenas y ventajas para los ladinos. Esto nos lleva a definir los conceptos de multiculturalidad e interculturalidad.

GUATEMALA INTERCULTURAL

La multiculturalidad es un concepto que expresa la coexistencia de varias culturas en un mismo espacio político, pero no alude a las relaciones que se operan entre esas culturas. El concepto que sirve para designar la relación entre culturas en una realidad multicultural, es el concepto de interculturalidad. Como su nombre lo indica, esta palabra expresa movimiento entre culturas sin definir el particular tipo o la particular modalidad de esas relaciones. En ese sentido, toda realidad multicultural es intercultural porque las culturas no permanecen aisladas unas de las otras sino que se relacionan entre sí. Ahora bien, si nosotros analizamos las relaciones 104

entre las culturas con criterios multiculturalistas, las vemos como relaciones entre dos o más realidades separadas y contrapuestas, como ocurre en Estados Unidos, en donde este criterios se ve reforzado por la ausencia del mestizaje como eje de la multiculturalidad. Pero si las analizamos con criterios interculturalistas, nos vamos a centrar en aquellos espacios en que esas culturas se relacionan entre sí, formando los mestizajes que las caracterizan, los cuales no anulan las diferencias que existen, pero sí las modifican y las transforman a veces radicalmente. En este sentido, hay sociedades multiculturales en las que la interculturalidad, entendida como articulación de las diferencias, es el eje de la multiculturalidad, es decir, en donde (como en Guatemala) el mestizaje es la regla; y hay otras (como Estados Unidos) en las que multiculturalidad, entendida como separatidad de las diferencias, es el eje de las relaciones culturales puesto que el mestizaje es la excepción (los “blancos” casi nunca se mestizan con las “minorías étnicas”). En sociedades en las que la interculturalidad es mestiza, como la guatemalteca, el mestizaje ha hecho móviles y a veces ha difuminado las fronteras de las diferencias, y eso exige estudiar el fenómeno desde los espacios de articulación de esas diferencias, es decir, desde los espacios en los que se operan los mestizajes culturales. Pero en sociedades multiculturales como la estadounidense, el fenómeno puede estudiarse en compartimientos estancos pues los mestizajes son excepcionales. Como se ve, hemos hecho la distinción entre las sociedades predominantemente

interculturales

y

predominantemente

multiculturales, queriendo decir con eso que en las primeras rige la articulación de las diferencias gracias a que el mestizaje cultural es la norma, y en las otras rige la diferencia no articulada sino nítidamente separada por ausencia de mestizaje. Esto no quiere decir que en las ciudades interculturales relaciones entre unas y otras etnias y culturas no sean conflictivas. Sí lo son. Pero no de la misma manera como lo son en las sociedades multiculturales. En las primeras, se trata de conflictos derivados de prejuicios entre dos o más formas de mestizaje. En las otras 105

se trata de conflictos animados por la idea de la “pureza” racial, étnica y cultural; es decir, por el fundamentalismo etnoculturalista. Y aunque estas nociones han sido exportadas al tercer mundo, las soluciones al problema intercultural son diferentes en éste y en Estados Unidos. Es así que las luchas sociales y políticas para solucionar este problema pueden tener un carácter multiculturalista (diferenciador y separador) o uno interculturalista (relacional y mestizo). Es obvio que para Guatemala, el criterio de las luchas debe ser interculturalista, pues de lo que se trata es de democratizar nuestra interculturalidad injusta, nuestro mestizaje conflictivo. Lo cual nos lleva al asunto de la democracia.

GUATEMALA DEMOCRÁTICA

Para comprender lo que es la democracia y lo que se puede esperar de ella, es necesario saber que ese sistema político solamente puede legislar sobre un sujeto abstracto: es decir, el sujeto que es igual ante la ley porque ha sido despojado de sus atributos individuales de sexo, raza, cultura, etnia, religión, etc., porque si la ley democrática legislara sobre las especificidades de un sujeto, tendría que haber una democracia para cada cultura, para cada etnia y para cada individuo con su particular forma de mestizaje. La ley y el sistema democrático solamente pueden operar sobre un sujeto abstracto: el ciudadano. Y éste sólo puede ser igual ante la ley si es despojado de su especificidad individual y diferenciadora. Esta limitación de la democracia determina que la misma sea un sistema que no conviene a los grupos subalternos que son culturalmente diferenciados de los grupos hegemónicos, como para caer dentro de la categoría ciudadana debes despojarse de sus atributos diferenciadores. Esto determina que esos grupos luches por alcanzar la hegemonía y participar de las ventajas democráticas sin renunciar a sus diferencias pero adaptándose al concepto de ciudadanía, ya que sus líderes se dan cuenta de que la unidad de la nación y del Estado, que son las formas jurídicas en las que la democracia se encarna modernamente, necesitan 106

de esta abstracción del sujeto democrático para poder funcionar. Entonces, para democratizar un país como Guatemala se necesita, por un lado, legislar en abstracto para que todas las culturas y etnias tengan el mismo estatuto igualitario de ciudadanía ante la ley, y por otro, que la nación amplíe incluyendo a los grupos marginados de sus ventajas, y que el Estado depure y se fortalezca para que gobierne democráticamente a favor de esa ciudadanía que es a la vez unitaria y plural. En

tal

sentido,

Guatemala

necesita

democratizarse

económicamente, incorporando a la producción y al consumo a toda su población; necesita democratizarse políticamente, erradicando la corrupción y la impunidad del Estado para fortalecerlo; y necesita democratizarse culturalmente estableciendo relaciones interculturales e interétnicas justas y equitativas, y derechos irrestrictos para la práctica de todas las formas culturales que conforman la nación. Esta debe de ser nuestra meta, y hacia eso debemos encaminar nuestros esfuerzos ciudadanos. GUATEMALA ACTUAL

Desde los años ochenta el país se encuentra en un proceso de democratización general. Desafortunadamente, después de terminado el conflicto armado y luego de que los militares dejaron el control del Estado, una clase política civil, que en una de sus versiones ha favorecido nivele enormes de corrupción en el Estado y en otra ha privatizado empresas estatales encareciendo los servicios que se prestan, ha manipulado a su favor la transición de la democracia y el país se ha visto hundido en la ingobernabilidad, la corrupción y la impunidad. A este hecho, importante para entender nuestro país, durante la primera mitad del siglo XXI, se suma la realidad de la globalización y de la política de la cooperación internacional, así como el surgimiento de los “nuevos movimientos sociales”. La globalización, como se dijo, es una etapa del desarrollo capitalista que consiste en que los capitales se transnacionalizan en forma 107

de corporaciones que fabrican sus productos en cualquier país y los vende en todo el mundo. Ya no hay productos nacionales sino sólo productos globales. El problema de esto es que el desnacionalizar la producción, se impide una autonomía económica local y nacional y se impone el interés de las corporaciones transnacionales, que poco a poco absorben a las empresas nacionales, cuyos dueños más pudientes solamente pueden convertirse en socios minoritarios del capital corporativo transnacional. En la globalización, la oferta cultural tiende igualmente a ser global para que la demanda también lo sea. Por eso, el hamburgués, el cine y la música comerciales, las modas y otras mercancías como los productos virtuales, se han impuesto en el mundo uniformizado el gusto de las masas por encima de sus rasgos culturales nacionales, locales. Desde principios de los años noventa proliferaron en Guatemala los llamados “nuevos movimientos sociales”, diferenciados de los “viejos” (como los socialistas) por el hecho de que no pretendan cambiar las estructuras de un país sino solamente impulsar reformas que beneficien a los grupos de que se trate. Así, los feminismos, etnicismos y ambientalismos de todo tipo poblaron el panorama social, disputando a la insurgencia armada y a la izquierda electoral la bandera de los intereses populares. El final de la “guerra fría”, con la caída del Muro de Berlín y el colapso del bloque socialista, en 1989, descartó la lucha armada como una estrategia viable para la toma del poder político, y desplazó hacia la acción política pacífica y la lucha ideológica el espacio de las reivindicaciones populares. Unido a todo esto, la cooperación internacional incursionó en todos los países, financiado a estos nuevos movimientos que brotaban de una sociedad civil igualmente costeada desde el exterior por organismos internacionales, los cuales sufragaron asimismo proyectos de la sociedad política, es decir, del Estado, logrando, con todo, el control político de los gobiernos. Esto ocurrió en todo el tercer mundo, pues se trató de una estrategia mundial de los países ricos, tendente a poner en escena en los 108

países pobres el tinglado de la democracia y la paz para asegurar las inversiones que crearían las condiciones necesarias para la globalización total, ahora que ya no existía el enemigo socialista. Así, el siglo XX termina en

Guatemala

con

la

proliferación

de

Organizaciones

No-

Gubernamentales (ONG) y estos “nuevos movimientos sociales” ligados a ellas, entre los que vale la pena señalar al llamado movimiento “maya” y a la facción culturalista (y etnocentrista) del mismo, con sus planteos culturalista de diferenciación esencial respecto del grupo ladino. El gobierno neoliberal de Arzú permitió que la cooperación internacional sustituyera al Estado en su política de desarrollo económico, de modo que las oenegés se ocupan de poner en escena simulacros de productividad comunitaria, mientras el país carece de proyecto económico a corto, mediano y largo plazo, pues el Estado corrupto se dedica sólo a buscarla privatización de lo público y a sacar de pobres a los políticos de turno. Mientras tanto, la sociedad civil se pelea entre sí por los financiamientos internacionales, vedándose la oportunidad de presentar un frente unido que impulse un proyecto de país para el futuro. Como consecuencia de esto, Guatemala es el único país latinoamericano en el que la cooperación internacional constituye un poder factico de injerencia foránea en asuntos internos, el cual le marca el paso a los débiles y corrompidos poderes institucionalizados. El movimiento “maya” cobró auge debido a la conmemoración en España y América Latina del Quinto Centenario del Descubrimiento de América en 1992, hecho que también fue determinante en el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Rigoberta Menchú, indígena guatemalteca, militante del EGP (organización que promovió su candidatura al premio), cuya familia fue asesinada por el Ejército. La conmemoración sirvió para disparar el movimiento “maya” en sus diversas variantes. Las comillas al escribir la palabra “maya” obedecen a que ésta se refiere no a los mayas de la antigüedad sino a quienes se han autonombrado así (pues sabemos que, como tales, los mayas dejaron de existir en el siglo X). Esto, en el entendido de que un conglomerado que 109

quiera darse un nombre político para librar luchas tendentes a obtener más poder, está en pleno derecho de hacerlo y, en tal sentido, el nombre “maya” resulta tan legítimo como cualquier otro. La variante del movimiento “maya” conocida como culturalista propone que los indígenas (a los que llama genéricamente “mayas”) y su cultura no han cambiado a lo largo de los siglos y que existe un conocimiento secreto y esencial que pervive y que los legitima como dueños del país, haciendo de los ladinos unos intrusos. Esto se conoce como esencialismo etnicista, y es una posición intolerante que busca sólo invertir en la medalla de la dominación étnica. A lo largo de los años 90, el debate sobre estos asuntos llevó a un debilitamiento de esta posición, llamada también multiculturalista, en favor de una postura de dialogo interétnico e intercultural, haciendo del mestizaje y del respeto a las diferencias el eje de la negociación interétnica en marcha, la cual forma parte del proceso general de democratización por el que empezó a transitar el país con el retiro de los militare del control de Estado. A partir de principios del siglo XXI, sin embargo, los criterios multiculturalistas de las agencias internacionales de financiamiento se impusieron y, ahora el esencialismo etnicista se manifiesta en los cambios del sistema educativo, especialmente en el llamado Currículo Nacional Base, en el cual Guatemala aparece dividida en cuatro pueblos diferenciados y sin asomo de mestizaje alguno: el “maya”, el xinca, el garífuna y el ladino. Como si nuestra multiculturalidad fuera químicamente pura y no hubiera habido un largo y conflictivo proceso de mestizajes biológicos y culturales. El proceso de democratización, después de más de 30 años de conflicto armado, ha sido difícil. Gobiernos civiles supuestamente progresistas han caído en la corrupción y la ineptitud, hundiendo al país en el caos político y en un agudizamiento profundo de la pobreza. Es así como Guatemala finaliza el siglo XX y entra en el siglo XXI atada al autoritarismo militarista y a una cultura de la intolerancia históricamente formada, y cargando el peso muerto de una clase política corrupta y una 110

oligarquía cuya a la más moderna participa del dogma derechista del fundamentalismo mercadológico, es decir, de dejar todo a las leyes del mercado, de privatizarlo todo y de empequeñecer el Estado para que la llamada iniciativa privada se adueñe de todos los servicios sociales: la salud, los transportes, la educación, etc. La dirigencia de la izquierda (URNG) por su parte, apoyó este estado de cosas porque eso era parte de lo pactado con los militares en los acuerdos de paz de 1996 y porque sus miembros buscaban el poder presidencial. Derechas e izquierdas cierran un siglo y abren otro, asociadas en el negocio de la política, aunque en pocos años la izquierda queda anulada por sus contradicciones internas y las competencias desleales entre sus dirigentes, algunos de los cuales han cambiado de bando y pasado a cerrar filas con los militares y la derecha, a mediados de la segunda década del siglo XXI, lo que queda de la izquierda tradicional es un conjunto de individuos dispersos, incapaces de formular un proyecto nacional-popular y, sobre todo, de agruparse en un movimiento unitario. La herencia de la derrota pesa sobre ellos como una maldición. Mientras tanto, nuevas fuerzas se preparan para continuar el proceso de democratización local en el marco de una lucha en contra de la globalización en clave neoliberal, y por una regulación más humana de los intercambios internacionales y de las relaciones entre capital y trabajo en lo local. Los índices de desarrollo humano con los que Guatemala cierra el siglo viejo y abre el nuevo son terribles. Estamos muy atrasados en salud, educación, empleo y calidad de vida. A mejorar esto es a lo que la juventud consciente debe abocarse: a una lucha cívica constante por democratizar la política, la economía y la cultura de nuestro país. Para ello, es necesario que los tres poderes que constituyen el pilar de

la democracia política: el Legislativo (Congreso), el Ejecutivo

(Presidencia) y la Judicial (Tribunales),

así

como

las

instituciones

encargadas de garantizar su buen funcionamiento: la Corte de Constitucionalidad, el Tribunal Supremo Electoral y la Procuraduría de

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los Derechos Humanos, funcionen sin corrupción interna. Es un deber de todos nosotros, como ciudadanos, velar porque esto así sea. También es nuestro deber velar porque las relaciones interétnicas se democraticen. Lo cual no se logra mediante posturas que dividan a indígenas y ladinos como dos culturas totalmente diferenciadas, sino mediante una postura intelectualista que respete todas las formas posibles de mestizaje que se dan entre nosotros, así como el derecho de todos a practicar nuestras especificidades culturales, religiosas y espirituales en un clima de respeto y comprensión mutuos. En Guatemala todos somos mestizos: los son los ladinos, los indígenas, los “mayas” e incluso quienes dicen que son “blancos”. Lo que pasa es que nuestro mestizaje es múltiple, diferenciado y variable; por eso se renueva. No es uno solo, y por eso a menudo cuesta aprehenderlo. Pero es innegable que el denominador común de la multietnicidad guatemalteca es el mestizaje, ya que aquí nadie puede alegar “pureza” cultural o biológica, sobre todo tomando en cuenta que, de acuerdo con autorizados estudiosos de Mesoamérica, desde el siglo XVIII dejaron de existir los “indios puros”. De ese mestizaje complejísimo es que nuestra cultura extrae su riqueza y esplendor. Si nos sentimos orgullosos de nuestra cultura, estaremos orgullosos de nuestro mestizaje. Y eso implica valorar la igualdad de condiciones al componente precolombino e indígena actual, y al componente europeo de nuestra identidad mestiza. Si logramos hacer esto en nuestro fuero interno, estaremos forjando un tipo de guatemalteco con una alta autoestima, orgulloso de ser como es, y listo para superar los problemas que actualmente tiene el país, a fin de empujarlo con decisión hacia el futuro. Que así sea.

Fin de la Breve Historia Intercultural de Guatemala

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