A. Dunnington-Errores garrafales en ajedrez.pdf

December 4, 2017 | Author: Austin Anderson | Category: Chess, Chess Openings, Chess Strategy, Board Games, Traditional Games
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Colección

JAQUE

MATE

Errores garrafales en ajedrez Conocerlos. Evitarlos

Angus Dunnington

rJ.t LrJ

HISPANO EUROPEA

Director de la Colección:

Sergio Picatoste

Título de la edición original:

Blunders and how to avoid them Es propiedad ©Angus

Dunnington

Edición publicada por acuerdo con Gloucester Pu­ blishers pie (Everyman Chess), Northburgh House, 1O Northburgh Street, Londres EC1V OAT (Inglaterra) ©de la edición en castellano 2007:

Editorial Hispano Europea, S. A. Primer de Maig, 21 - Poi. lnd. Gran Via Sud 08908 L'Hospitalet - Barcelona, España E-mail: hispanoeuropea@ hispanoeuropea.com ©de la traducción:

Sergio Picatoste

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autoriza­ ción escrita de los titulares del «Copyright», bajo las sanciones establecidas en las Leyes, la reproduc­ ción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejempla­ res de ella mediante alquiler o préstamo públicos, así como la exportación o importación de esos ejem­ plares para su distribución en venta fuera del ámbi­ to de la Unión Europea. Depósito Legal: B. 50158-2007 ISBN: 978-84-255-1762-4

Consulte nuestra web:

www.hispanoeuropea.com

IMPRESO EN ESPAÑA LIMPERGRAF, S. L.- Mogoda, 29-31 (Poi. lnd. Can Salvatella)- 0821 O Barbera del Valles

PRINTED IN SPAIN

ÍNDICE Si gnos y abrevi atur as .......... ............. .................. ................ ........... .. ... ........... ....... .... ................... ... .. .

4

Bi blio gr afí a..... ... ..... .. ... .... ... .. ...... ... ...... ................. ... ..... ............. ..... .... .. ... ... ... ........ .. ................... ... ......

4

Introdu cción...................... .. .......... .................... .. .................. ....................... .... ..... .. ............. ..... .. ........

5

1. El sentido del peli gro .... ......... ....................... ....................... .................................. ... .. ..... ... ...........

7

2. Cel ad as y ase chanz as ... .. ........................... ... ......... ........... .. ......... ......... ........ ....... ... .. ................ ....

22

3. Psi colo gí a... .. ..... ....... ..... .... .. ... .. ... .... .. ...... ........ ...... ... ......................... ....... .... ... ................................

32

4. L as de fens as del rey ..... .................................... .... ......... ... ......... .. ........... ...................... .................

50

5. J aques ..................... ...... ... ..... ... ......... ................. ............... .... ........... ............. .......... .... .. ......... .... ....

58

6. Pl anes de fe ctuosos ..... ............ ... .... .... ... ... .... ................. ............... .. .... ..... ........ .......... ....................

65

7. Los peli gros de simplifi car ....... ..... ......... ... ........ ... ............ .. .... ................. ... .. ...... ...... .... .................

76

8. T abl as................. .. .... .... .. .. ................ ...... ..... ............. ........... ........... ....................................... ...........

81

9. Fin ales ...................... ............................................................................................... ...... .. ..... ... ........

92

10. Apuros de tiempo .. .. ............... ............... .......... .... ... ......... ... .. ........ .... ..... ..... ..................................

97

.

11. Perder cu ando todo p are ce gan ado......... .......................................... ................ .......... .... .. ... ..... 102 12. Espere lo inesper ado ... .............. .. ........... ... ... ..... .............. ............................................................ 113 13. Errores típi cos ............ ........ ........ ...... .. ........................................... ... ............. ... ....................... .... . 118 14. Me gaerrores ..... ............. .................. ......... .... ...................... ............. ..... ....... ....... ..... ................. . . 133 .

.

.

15. L a dimensión des cono cid a................. ... ....... ...... .... ........... .. ........ .. ....... ......... ............................. 138

Signos y abreviaturas +

jaque

++

jaque doble

# !! ! !? ?! ? ??

jaque mate jugada excelente buena jugada jugada interesante jugada dudosa mala jugada jugada muy mala

1 -o

las blancas ganan

%-%

tablas

o -1

las negras ganan

Cto.

campeonato

(D) GM MI

gran maestro (internacional)

N. N.

nomen nescio (se desconoce el nombre del jugador)

diagrama maestro internacional

Bibliografía Libros: CAFFERTY, Bernard: Boris Spassky-Master ot Tactics. Batsford, Londres, 1991. DAMSKY, lakov: Chess Brilliancy. Everyman, Londres, 2002. GuGORié, Svetozar: 1 Play Against Pieces. Batsford, Londres, 2002. KRAMNIK, Vladimir; DAMSKY, lakov: Kramnik-My Lite and Games. Everyman, Londres, 2000. LOMBARDY, William: Snatched Opportunities on the Chessboard. Batsford, Londres, 1973. MoRTAZAVI, Ali: T he Fine Art ot Swindling. Cadogan, Londres, 1996. NESIS, Gennady: Khalitman-Lite and Games. Everyman, Londres, 2000. TAL, Mikhail: T he Lite and Games ot Mikhail Tal. Cadogan, Londres, 1997.

Publicaciones periódicas

y

páginas web:

ChessBase Magazine Página web de curiosidades de ajedrez de Tim Krabbé.

INTRODUCCIÓN El tablero de ajedrez es el mundo; las piezas son los fenómenos del universo; las reglas son lo que llamamos las leyes de la naturaleza. No ve­ mos al jugador que está al otro lado. Sabemos que su juego es siempre recto, justo y paciente. Sin embargo, también sabemos, a costa nuestra, que nunca deja pasar un error ni hace la menor concesión a la ignorancia. Thomas H. Huxley (1825-1895), profesor y biólogo británico. Lay Sermons, adresses and Reviews (1870)

Veamos un ejemplo. A veces, estamos tan enfrascados en los aspectos profundos y signifi­ cativos de la partida que pasamos por alto facto­ res más prosaicos como las piezas colgando. Puede que el ridículo error que sigue nos haga reír por lo bajinis (elo FIDE de la víctima: 2.355), pero todos hemos incurrido -o incurriremos- en descuidos igual de ridículos.

Cacho-Rufino Murcia, 1997

Todos nos equivocamos; en la vida y en el tablero. Este libro se dirige a jugadores de club y de nivel medio y está concebido para llevar al lector por el buen camino -en contraste con el mal camino- en materia de errores garrafales. Es imposible erradicar las equivocaciones por completo; ni siquiera los mejores ajedrecistas, salvo en contadas ocasiones, juegan una parti­ da sin cometer ningún tipo de error, de modo que conviene ver las cosas en su justa dimen­ sión. Sin embargo, al intentar comprender mejor la naturaleza de los errores, al reconocer qué clase de equivocaciones cometemos y por qué segui­ mos cometiéndolas, nuestro juego mejorará (y, a su vez, nuestros resultados). Ser consciente de este aspecto del juego antes de sentarse al ta­ blero es tan importante como estar al día en la teoría de aperturas -quizás más todavía-. Desde luego, aprender tanto ajedrez como se pueda es útil de por sí, y no cabe duda de que estudiar cualquier parte del juego reducirá nuestros errores y aumentará las probabilida­ des de reconocer los del adversario, pero sola­ mente si incluimos el tema ••errores» en nuestra preparación casera. No tiene mucho sentido sa­ berlo todo sobre las cadenas de peones, por ejemplo, si estropeamos una posición de esas características por culpa de un error tonto o una mala costumbre.

N

Estamos ante una posición de la Defensa In­ dia de Rey, en la que las negras están ocupadas en el flanco de rey. Las blancas, por su parte, tie­ nen que expandirse en el otro flanco y acaban de jugar 14. a3. El bando negro, previendo b4 y un avance generalizado de los peones enemigos en el flanco de dama, busca un papel más agrada­ ble para el caballo de a6. 14. ..., c 6 15. b4, 0,c 7 16.d5, �e7 Mejorando la posición de la dama. 17. 0,d2, f5 18. J::r c 1, c xd5 19. 0, xd5, ... Las negras no quieren cambiar en d5, ya que eso daría al adversario una mayoría de peones en el flanco de dama o la columna ••C» abierta por la que operar. Más aún, le entregaría el con­ trol de la casilla e6. De todos modos, tienen pla­ nes para el caballo, que ahora se dirige a d4.

ERR O RE S GARRA FA L E S EN AJEDREZ . C O N O CER L O S . E V ITAR L O S

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19 , l2Je6?? 1 -o Las consideraciones estratégicas hicieron que las negras se olvidaran del detalle, más bien fundamental , de que la dama estaba en el punto de mira. Errores así pueden evitarse advirtiendo las amenazas que plantea la jugada que acaba de efectuar el adversario. Sin embargo, como veremos en este libro, eli­ minar los errores garrafales es más fácil de decir que de hacer y requiere algo de esfuerzo. Parece­ mos demasiado ocupados, pensemos o no... . ...

N

E L SE NTIDO DE L PE LIGRO

l.

Yo no me equivoco. Hago vaticinios que re­ sultan erróneos de inmediato. Atribuido a Murray Walker, comentarista bri­ tánico de carreras automovilísticas para la televi­ sión

Em. Lasker-Von Scheve Berlín, 1890

N

Todos tenemos, hasta cierto punto, un senti­ do del peligro. Simplemente, parece que no fun­ ciona tan bien como debiera. La iniciativa y el sentido común del jugador proporcionan una con­ siderable flexibilidad respecto al bosque de «re­ glas de oro» que se ha acumulado con el correr del tiempo -y que sería más apropiado llamar pautas de oro-; de todos modos, las dificultades prácticas que se experimentan durante una parti­ da de competición tienen la costumbre de «pillar» incluso a los jugadores más fuertes. No tiene mu­ cho sentido invertir tiempo y esfuerzo lejos del ta­ blero para desarrollar un sentido del peligro si tal preparación queda reducida a la nada durante la batalla por descuido o contumacia en no hacer caso de las señales de alarma. A no ser que la situación exija correr riesgos, es una buena idea no incluir jugadas de aspecto «peligroso» como parte de una estrategia o un plan corriente. Una ironía cruel en relación con el sentido del peligro es que cuando no oímos los aparatos de alarma, hay muchas posibilidades de que el adversario sí los oiga, y tal vez estén a punto de producir música deliciosa, muy delicio­ sa, para sus oídos.

Es obvio que las negras tienen compensa­ ción por el peón en forma de una pieza menor muy superior, que ahora tratan de asentar en d3. 24. ..., c5?? 25. ll xd3!, ... Ganando. Capturar con la torre está fuera de lugar, ya que eso deja colgando la torre de aS ahora que se ha abierto la diagonal h 1-as. 25. ..., 'iY' xd3 26. bí. e8+!, 1 -O

N

La primera fila Cuando el rey tiene a su disposición una ca­ silla de fuga en el enroque, tendemos a tachar nuestra primera fila de la lista de posibles peli­ gros. Es por eso por lo que el error que sigue aflora tan a menudo.

Las negras no pueden evitar graves pérdi­ das de material por culpa de no haber descu­ bierto que eran vulnerables por su primera fila. Después de 26. ... , ll xe8 27. 'iY'xd3, el caballo establece una gran diferencia, y 26. ..., �h7

ERR O RE S GARRA FA L E S E N AJEDREZ. C O N O CER L O S. E V ITAR L O S

8

27. �xd3+, ll xd3 28. .i::!.xa8 es todavía peor. 27. �h5 mate tampoco está mal. Caer penosamente a causa de un error ga­ rrafal relacionado con la primera fila es un acci­ dente que podemos esforzarnos por evitar por la sencilla razón de que sabemos las reglas y sa­ bemos lo que es el jaque mate. Incluso mis alumnos más jóvenes (con el tiempo, desde lue­ go) aprendieron a apreciar esto: que el bochorno y el dolor que provoca el sucumbir por la prime­ ra fila hacen que valga la pena tomar medidas precautorias cuando empieza a abrirse el juego para las piezas mayores y el rey -en general, enrocado- aún no tiene espacio para respirar. Que la partida siguiente sea de un torneo de aje­ drez rápido no quita importancia a lo grave que es el haber elaborado el defectuoso plan de las blancas; tampoco le resta gravedad el hecho de que el primer jugador fuera un adolescente, por­ que el culpable es, posiblemente, el GM de más talento desde que Kaspárov hizo su aparición en escena.

Radiabov-Anand Grand Prix de la FIDE, Dubai, 2002

B

23. ge4?!, ... Ftácnik propone 23. c5!?, j,e7 24. .ldb1 co­ mo mejora, con ventaja de las blancas. 23. ..., lL\f6 24. .ldh4, j, e7 25. !:!. h3, ... El quid: se utiliza h3 para poner la torre. Des­ pués de 25. d5, exd5 26. cxd5, �b3 27. .ldh3, �xd5 28. �g3, la primera fila de las blancas es vulnerable, y el adversario puede ir derecho a la igualdad con 28. ..., �xd3 29. �xd3, !:!.xd3 30. ti. hxd3 (amenazando !:!.d8+!), �f8, etc. 25. ..., h6 Descartando con sensatez todo trapicheo que implique j,xh7+, lL\xh7 �h5. 26. .u. b1?, ... Se sigue fanfarroneando, pero Anand no es de los que se dejan intimidar. 26. d5, exd5 27. cxd5, .l::!. eS! 28. .tí. g3, �d6 favorece a las ne­ gras, pero es el mal menor. Ahora las blancas echan en falta la ambiciosa torre. 26. ..., I:!.xc4! Solamente ahora deben de haber advertido las blancas que su propio rey necesita cuidados. 27. .ldxb8, ... 27. �d1, .ldb4 deja al bando blanco a re­ molque, sin poder recurrir siquiera a d5 ahora que el peón de c4 ha desaparecido. 27. ..., ldc1+ 28. j,f1, .Uxb8 Anand no tiene más que una torre por la da­ ma, pero el rasgo clave es la primera fila del rival, que está fuera del alcance de la torre de h3. 29. j, c3, !:!. bb1 30. �d3, a3!

B

El peón de ventaja de las negras debería ser irrelevante en vista de la dirección en la que apuntan las piezas blancas. Es interesante que, en vez de jugar h3, que a largo plazo proporciona al rey una casilla de fuga y a corto plazo quita el peón del punto de mira de la dama y el alfil ne­ gros, el primer jugador pretende explotar su com­ pacto muro de peones del flanco de rey para intensificar la presión sobre el monarca enemigo.

La amenaza es más fuerte que su ejecución. Las negras mantienen maniatadas a las blancas y añaden el peón pasado a los preparativos. La posición del diagrama pone de relieve lo apurado

E L SE N TID O DE L PE L IGR O

que está Radiabov por haber separado a la torre de su gente. 31. �xa6, a2 32. g4, ... Esto parece llegar bastante tarde. No obstan­ te, aparte de desalojar g2 para el rey, la textual también anima a las negras a equivocarse. 32. ..., Ilxf1+! Sin caer en 32. ..., lt:Je4? 33. �a8+, i,f8 34. �xe4, ll xt1+ 35. �g2, y la tarea negra es menos cómoda; p. ej.: 35 ... , 1::\. fc1 (amenazan­ do ... , Idxc3) 36. 'iVa8!, y cae el peón ••a». 33. 'iVxf1' ... 33. �g2, � g1+ 34. �f3, .Ub3 35. �e2, 1:1 xc3 36. �xa2, � xh3 no ayuda a las blancas. 33. ..., lt:Je4! 34. i,a1, lt:Jd2! o -1

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No se deje engañar por una diagonal atestada de piezas Golod-Lebedinsky Beer Sheva, 2002

N

.

B

Está bastante manido, pero desde que llegó a h3 la torre desempeñó el papel de mera espec­ tadora. Cuando se estudia la posibilidad de en­ viar una torre lejos de la primera fila en una posición en la que todavía hay la mayoría de las piezas, tiene que haber una razón muy buena para hacerlo, y el rey tiene que gozar de la pro­ tección suficiente. No apreciar alguna de estas condiciones es correr un verdadero riesgo; es por eso por lo que tendemos a ver las torres evolu­ cionando por la primera fila durante la mayor par­ te de la fase del medio juego.

Las blancas, que acaban de empujar el peón a a3, tienen las mejores perspectivas en vista del peón suplementario que poseen en el centro y las piezas menores bien colocadas en c5 y f5. ¿Cuál cree usted que es el plan más apropiado que han de seguir las negras en la posición del diagrama? Si comparamos las ventajas respecti­ vas de las mayorías de peones, a las blancas no les falta mucho para poder lanzar la suya con f4 y e5, mientras que el flanco de dama negro que­ da refrenado debido al agujero de c5. En conse­ cuencia, una jugada candidata aquí es encarar este problema con 22. ..., lt:Jd7; p. ej.: 23. i,d6, c5, y se ha producido la liberación. Sin embargo, parece que las negras no estaban preocupadas por el jaque en e7, inofensivo de todos modos, si­ no por el adelantado caballo blanco, que, de mo­ mento, no puede desalojarse con ..., g6 porque esta jugada deja colgando el peón de h6. 22. ..., �h7? Quizás evitar el jaque y proteger a la vez h6 da lógica a ..., �h7, pero el remedio planeado es peor que la enfermedad, pues ahora el rey ne­ gro comparte diagonal con la dama enemiga. No debería sorprender que una política así implique algo de riesgo; este factor introduce dos proble­ mas prácticos: 1) analizar los posibles inconvenientes de mostrarle el capote rojo al toro se nos come el tiempo, y

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ERR O RE S GARRA FA L E S E N AJEDREZ . C O N O CER L O S . E V ITAR L O S

2) ¡no sería infrecuente que se nos escapara algo! Dicho de otra manera, en una situación razo­ nablemente «normal, tiene sentido buscar al­ ternativas más sobrias, ahorrando tiempo y un posible disgusto. Además, si hacemos el esfuer­ zo consciente de no colocar nuestras piezas va­ liosas en el punto de mira -con independencia de lo «seguro, que pueda parecer-, reducimos de manera automática las probabilidades de equivocarnos. Es irónico que cuanto más fuerte es el jugador, más posibilidades hay de que in­ tente infringir estas sensatas reglas usando su capacidad para demostrar que tal o cual caso es la excepción. De todos modos, parece que las negras es­ tán listas para realizar el plan de desalojar el ca­ ballo con ..., g6 al juzgar que, como eso va a suceder en la próxima jugada y las blancas tie­ nen tanto el caballo como un peón bloqueado en la misma diagonal, no hay nada por lo que preo­ cuparse: el bando blanco no puede quitar dos piezas de en medio provechosamente para oca­ sionar daños. Y ahí radica otro punto importante de esta clase de situación; las negras deberían mirar todas las maneras que podría tener el ad­ versario de explotar la jugada de libre disposición que le permite el jaque en descubierta. De he­ cho, es apropiado que en el castigo colaboren ambas piezas avanzadas. 23. CLJd6!, ... Opción de la que, hasta este momento, no disponían las blancas, que ahora quitan el caba­ llo de la diagonal clave y aciertan a suprimir el al­ fil bloqueador, eliminando así el obstáculo que impedía adelantar el peón de e4. 23. ..., J,xd6 Por desgracia para el segundo jugador, des­ pués de 23. ..., l:ie7? 24. ct:lxb7, Uxd1+ las blancas tienen 25. J,xd1!, .Uxb7 26. f4, y se avecina e5+. 24. .U,xd6!?, ...

N

Me gusta esta jugada. En vez de la mecánica 24. e5+, se da al rival una oportunidad para que se equivoque otra vez. 24. ..., .ld,xd6 En vez de disminuir la presión, el ofrecimien­ to de cambiar las damas con 24. ..., �c4 no lle­ va más que a un final muy malo para las negras luego de 25. �xc4, bxc4 26. e5, CLJd5 27. .S. c1. Y 24. ..., �e5? parece tan peligrosa como ... , �h7, pues deberíamos saber que no es reco­ mendable bloquear peones con la dama: 25. .S ad1! (25. J,d4!?), .S b8 (25. ... , .l:!. xd6? 26. J,xd6) 26. J,d4!, ...

N

26. ... , �e7 (26. ... , �xd6?? 27. e5+) 27. J,xf6, gxf6 28. e5+, y el flanco de rey se de­ rrumba. 25. e5+, g6 26. exd6, CLJd7 27. .U. d1, ...

E L SE N TID O DE L PE L IGR O

N

27. b4?! da contrajuego al rival después de 27. ... , �f6! 28. �d1, lL\xc5 29. bxc5, �c3, etc. Podemos ver en la posición del diagrama que el paso que las negras han dado por volun­ tad propia hacia la zona peligrosa ha tenido co­ mo resultado una difícil tarea defensiva. A estas alturas, el segundo jugador debió de haberse percatado de que había estado preocu­ pándose por la pieza que no correspondía, pues las blancas siguen controlando la importante ca­ silla c5. Siguió: 27. ... , lL\x c5 28. �x c5, �d7 29. b4, � g8 30. h4, h5 31. j,g2, f5? Las blancas tenían la intención de forzar este debilitamiento estructural con �h2 y j,h3; por tanto, la jugada del texto parece bastante servicial. 32. j,f3, .l:ie 6 33. � g2, .I:!.eB 34. � b6, �f8 35. l:i.c1, .U. cB 36. 'iVd4, �f7 37. �e 1,

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bando negro tiró la toalla después de una docena más de jugadas. Nótese que las blancas no hi­ cieron nada especial luego de ... , �h7. De he­ cho, se limitaron a apreciar el cambio potencial de la situación -creado por el lapsus del adversa­ rio- y responder en consecuencia tras investigar los medios posibles que había para explotar la nueva avenida, la diagonal b1-h7; quizás, incluso las ideas de «despeje •• surgieron al azar en un principio hasta que las variantes concretas em­ pezaron a cobrar forma.

Hay que estar alerta ante lo obvio Todos nos hemos encontrado ante un valien­ te adversario cuyo ataque a nuestro rey parece haber llegado a un punto muerto; entonces, da­ mos un suspiro de alivio al ver que el peligro ha pasado y dejamos la puerta abierta para que se produzca una última incursión, que es decisiva. Pasar por alto posibilidades de ataque brutales es otro de esos fallos que comparten jugadores de categoría muy alta y jugadores de categoría muy baja, mientras que los que están en el término medio tienden a ser más circunspectos. Observe cómo el GM lan Rogers estropea una bonita posi­ ción con una calmosa maniobra de caballo. l. Rogers-Lane Campeonato de Australia, Adelaida, 2003-2004

N

La posición negra ha pasado de ser jugable a mala y a peor. Sometido a presión, enfrentado a un fuerte peón pasado avanzado y teniendo un horrible alfil haciendo compañía a los peones, el

B

A cambio de consentir el deterioro de su es­ tructura de peones en el flanco de rey, las negras han situado las piezas mayores delante del rey enemigo, pero la apuesta no se pagaría si las

ERR O RE S GARRA F A L E S E N AJEDREZ .

12

blancas jugasen 32. h4!, pues 32. ..., .ldxh4? tropieza con graves problemas luego de 33. ét::Je7+, c;t>f8 34. ét::Jf5, con las dos amenazas � c8+ y capturar la torre gratis. Esto deja 32. ..., c¡t>g7 33. c;t>h2, y el primer jugador tiene una posición bastante sólida en el flanco de rey, de modo que puede concentrarse en su ventaja ge­ neral (la torre negra está entonces ociosa sin te­ ner donde ir; Rogers da 33. ..., .ldf5 34. f4). Sin embargo, al pensar que las negras no tenían na­ da, las blancas enviaron el caballo de viaje. 32. ét::Je7+?, c;t>t8 33. ét::J c 8??, ... Persigue una finalidad, pero pierde. Todavía hay una oportunidad de reducir las pérdidas y aceptar un final un poco peor con 33. �e2!, i,xf2+! 34. �xf2. c;t>xe7, etc. 33. ... , � h3! 34. ét::Jx b6?!, ... 34. �f3, �xh2+ 35. c;t>f1, �h3+! es el mal menor, pero sigue siendo muy desagradable pa­ ra las blancas; p. ej.: 36. c;t>g1, .lde5 o 36. �g2, �f5. 34. ... , �x h2+ 35. c;t>t 1, � h1 + 36. c;t>e2, l:re5+

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e O N O e ER L O S. E V ITAR L O S

No deje de analizar En el próximo ejemplo, las negras se toman unas libertades con la dama que son «sospecho­ sas» posicional y tácticamente. 1. c4, e6 2. ét::J f3, ét::J f6 3. b3, i,e7 4. i,b2, 0-0 5. e 3, d5 6. d 4, b6 7. i,d 3, i,b7 8. o-o, ét::J bd7 9. ét::J bd2, c5 1 0. �e2, ét::Je 4 1 1. .ll ac1, l:i.c8 12. 1:1 fd 1, � c7

Al inconveniente de empezar el segundo se añade que la tarea de las negras ha resultado más incómoda durante la fase de apertura al no tener una casilla natural para la dama por estar el alfil en e7. A fin de abrir paso a la otra torre para que se incorpore al juego en d8, el bando negro ha trasladado la dama a c7; este punto está ex­ puesto en potencia o puede que no sea adecua­ do, dado que la dama comparte la columna «C •• con la torre de c1. 1 3. cxd5, exd5 1 4. dx c5, bx c5 15. ét::Jd 4, ...

N

Las blancas tenían la intención de jugar aquí 37. c;t>d2, ¡pero eso tropieza en el acto con un mate en e1! Siguió: 37. �e 3, � h5+ 38. �d2, l:i,xe 3 39. c;t>xe3, �e5+ 40. c;t>d3, c;t> g7 41. bieS, f5 42. f4, �e4+ 43. c;t>c3, �e 3+ 44. c;t>c2, �x g3 45. l:i,xd6, �x f4 O - 1 Los cambios de peones han dejado a las blancas con una cómoda ventaja. Las negras tie­ nen ahora un par de peones «colgantes•• por los

EL SE N TID O DEL PELIGR O

que preocuparse, y la última jugada blanca apro­ vecha la clavada que hay en la columna ••C» pa­ ra activar el caballo (f5 ya hace señas). 15. ... , CL:ld6 batiría tanto f5 como b5 (por si acaso), des­ pués de lo cual podría estudiarse ..., �f6. En cambio, las negras ven la oportunidad de hacer una jugada que cumple tres finalidades (y a to­ dos nos gusta ese tipo de jugadas). 15. ... , 'iVe5? Defendiéndose de CLJf5, que parece fuerte, saliendo de la clavada e incluso planteando una nueva clavada por la gran diagonal; todos estos rasgos convertirían esta acción en una buena ju­ gada si no condujera a problemas. 1 6. CL:l c6!, ... No es la casilla en la que pensaban las ne­ gras, pero a estas alturas ya deberíamos ser conscientes de que todo lo que suponga atacar la dama o una pieza vulnerable (en este caso, el alfil de e7) debería estudiarse como es debido. 1 6. ... , 'iVe 6 17. CL:lxe7+, 'iVxe7

13

táctica geométrica ante la que las negras nada pueden hacer. Nótese que al iniciar el cambio en e7, el bando negro cedió el turno de jugar a las blancas, importante concesión que los jugadores de nivel alto intentan no hacer si disponen de una alternativa adecuada. 1 8. ... , dxe 4 1 9. CL:l c4, ... Ahora las negras tienen que encarar la ame­ naza CLJd6, que ataca la torre y el alfil y apunta al escaque f5, desde donde el caballo atacaría a la vez e7 y g7. 1 9. ... , �as Una clavada defensiva, pero las blancas tie­ nen otro as en la manga. 20. �x g7!, . . .

N

B

Decisiva. Desde que prácticamente invitaron a las blancas a tomar el mando, las negras han estado impotentes ante las amenazas, sin tener tiempo de organizar ni una defensa ni un con­ traataque. 20. ... , c;t>x g7 2 1. 'iY g4+, c;t> h8 22. ,S.xd7, El segundo jugador ha entregado el alfil de casillas negras, pero ha solucionado el problema de encontrar un hogar aceptable para la dama. Por desgracia, la miniescaramuza no va a acabar aquí, como si los acuerdos que constituyen el ••trato» -las blancas se aseguran un alfil, influ­ yente en potencia, por un caballo; las negras me­ joran la posición de la dama y disminuyen algo la presión- excluyeran el análisis y la valoración continuados. 1 8. �xe4!, ... Una vez que se ha logrado obtener la pareja de alfiles, parece ilógico hacer esta transacción, pero la apertura de la columna ••d» prepara una

Ganando un peón sin soltar las riendas. 22. ..., f5 23. 'iVx f5!, 1::!, x f5 24. ldxe7, �x c4 25. .U. x c4, ldd 8 26. g4, ... El final no ofrece esperanzas al bando negro.

Gana la batalla y pierde la guerra Algunas aperturas y defensas presentan un tema o estrategia en torno al que gira la fase temprana de la batalla; el éxito de ambos bandos lo determina la manera como encaran la lucha. El efecto psicológico de llevarse la mejor parte por lo que se refiere a esos temas convencionales

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puede perjudicar la causa general, conduciendo a un exceso de confianza y, en consecuencia, al temido error garrafal. En la miniatura que sigue, las blancas eluden las continuaciones críticas ya en la jugada 7 in­ troduciendo una novedad teórica en apariencia inofensiva, que da la sensación de querer ayudar a las negras a alcanzar su objetivo principal. Sin embargo, el segundo jugador es ajeno al punto de intersección de dos líneas rectas, y las cosas no le salen precisamente redondas.

La nueva jugada citada al principio. Antes se había jugado 7. �d3, f5 8. 'Llbd2 o incluso 8. g4, y la búsqueda de casillas blancas en el centro sigue a buen ritmo. Nótese que hasta ahora la acción está teniendo lugar en el centro; d5 y e4 están bajo el microscopio, y las negras se esfuer­ zan por sacar el máximo provecho de la diagonal h 1-a8. Están preparadas para hacer concesiones a fin de justificar la ofensiva lanzada por el alfil de b7. El alfil de dama blanco, mientras tanto, está ocioso en h4 (eso no es así, como las negras pu­ dieron comprobar a su costa). 7. ., e 6? Es obvio que podemos esperar que un fuer­ te GM como Delchev conozca la teoría de esta liosa defensa, y hemos visto que el peón de f7 desempeña un papel si las blancas atacan el caballo. Ahora que Sakáev ha optado por dejar la dama en casa prefiriendo, en cambio, una só­ lida jugada de desarrollo, Delchev saca partido de ello abriendo las casillas blancas con medios más convencionales, ofreciendo así al rey un poco más de seguridad en comparación con las líneas habituales. Sin embargo, interpretar la tranquila jugada 7 de las blancas como un me­ dio de evitar la compleja teoría es la causa de la caída de las negras, ya que no aprecian que la nueva idea es, de hecho, bastante siniestra. Tsesarski ofrece 7. ..., b4 8. c4, e6 9. 'iVd3, exd5 1 O. cxd5, 'Lld6 11. 'Llbd2 como mejora; las blancas dominan el centro, pero las negras no carecen de recursos. 8. dxe 6, ... ..

Sakáev-Delchev Ohrid, 200 1 Benoni irregular

1. d4, tLl f6 2. tLl f3, eS 3. d5, b5 Las negras esperan explotar la falta de pro­ tección del peón de d5 combinando el juego en el flanco de dama con la presión sobre el centro enemigo. 4. i, g5 , �aS+ 5. c3, 'Lle4 6. i, h 4, . .

.

6. . ., i,b7 Las negras no se andan con rodeos en su asalto al centro. Después de 6. ..., b4, el juego podría continuar con 7. �c2, f5; p. ej.: 8. étJfd2, bxc3 9. bxc3, i,b7 1 O. 'Llxe4, fxe4 11. �xe4, e6 12. �c2, i,xd5 13. e4, i,c6 14. a4, con ventaja de las blancas en B. Kogan-Aiburt, Estes Park, 1985. 6. ..., d6 conduce a un juego más so­ brio; p. ej.: 7. e3, i,f5 8. i,e2, 'Lld7 9. 0-0, h6 10. 'Llbd2, étJef6 11. a4, Karp-Carreau, Bruselas, 1993, y las negras tuvieron problemas con c4. 7. e 3!?, ... .

El quid. El bando blanco está encantado con liberar el alfil de b7 sin lucha porque esta transac-

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ción abre líneas a sus tropas. ¿Qué jugaría usted en la posición del diagrama? 8. . . ., dxe 6?? Lógica, pero perdedora. Y si es así, entonces las negras tenían que capturar con el peón ccf>> ... No, eso pierde también: 8. ..., fxe6? 9. l2\e5!, y, de repente, el rey negro tiene problemas debido a la amenaza �h5+; 9. ... , g6 10. "iYf3, l2\d6 11. �f6, l;l g8 parece que aguanta, pero tropie­ za con 12. itxb5!! (D), que es aplastante.

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hemos visto, las negras consiguen insuflar algo de vida al alfil de la gran diagonal, pero muchas de las restantes líneas abiertas son de las blan­ cas. Esta vez, el entrelazamiento de diagonales se combina con la columna ccd» para dejar al rey negro en situación desesperada.

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12. ..., �xb5 y 12. ..., l2\xb5 permiten el mate en d8 y f7 respectivamente, y las blancas amenazan ganar con 13. �xe6+ debido a la cla­ vada que hay por la diagonal a4-e8. Bloquear en c6 no hace sino animar al bando blanco a cam­ biar piezas en esa casilla, con lo que hay proble­ mas para defender e6, y 12. ... , j,d5 13. e4 es fantástico para el primer jugador (compruébelo). Puesto que no es infrecuente que el peón de f7 deje su casilla inicial en este sistema, las negras, sin duda, habrán estudiado capturar hacia el cen­ tro, pero se habrán decidido por la textual a cau­ sa de los problemas que surgen por la diagonal h5-e8 y -en consecuencia- también por la diago­ nal h4-d8. Dudo de que llegaran a 12. j,xb5 en sus cálculos, porque de lo contrario se habrían dado cuenta de la jugada ganadora que tenía Sakáev. De hecho, la única jugada es 8. ..., f6!; p. ej.: 9. l2\bd2, l2\xd2 10. exd7+, l2\xd7 11. "iYxd2, � d8, con alguna clase de compensación por el peón. 9. j,x b5+!, . . . ¡Oh, cielos! La dama negra está ocupada de­ fendiendo de "iYd8 mate. En las variantes que

9 . .. ., l2\ c6? Apresurando el final, aunque en este nivel la partida, de hecho, ya ha terminado; p. ej.: 9. ..., itc6 10. itxc6+, l2\xc6 11.l2\bd2, etc. 1 0. l2\e5, 1 -o 10. ..., VJ/ic7 11. VJ�ia4 es terminante. Las ne­ gras pagaron el precio de ver 7. e3!? como una jugada sumisa y no como una alternativa estraté­ gica eficaz -y peligrosa- en potencia. Todos in­ currimos en esta clase de arrogancia de vez en cuando ¡y en los errores que la acompañan! Sin embargo, una de las características del ajedrez es su flujo y reflujo, ya tome la forma de conce­ siones menores, cambiando un rasgo por otro, ya tome la forma de algo más extremado y per­ ceptible. A la larga, no hay sino un resultado -al final de la partida-, y todas las pequeñas victo­ rias que se hayan obtenido en el camino son irre­ levantes, así que no dé demasiado crédito a lo que parece una ganancia considerable, ya que hacer eso crea la desagradable costumbre de provocar errores garrafales que no suelen tener nada que ver con el tema original.

¡Atención a la jugada aguafiestas! Durante una fase táctica de la partida o al analizar una situación complicada, recordamos (o deberíamos recordar) que hay que mantener los

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ojos bien abiertos ante la proverbial aguafiestas, la jugada que consigue interrumpir nuestra acción y estropearlo todo. Sin embargo, cuando ninguno de los bandos está lanzando una ofensiva o no hay razón para creer que la partida ha entrado en zona de peligro, bajamos un poco la guardia en este sentido. Centramos la atención, en cambio, en la estrategia -sobria- que tenemos a mano, quizás con la idea de neutralizar una pieza enemi­ ga conflictiva en potencia o aseguramos un pues­ to avanzado aceptable. Un caso corriente en el que la interferencia inesperada puede ser desas­ trosa es cuando se concibe un cambio temático, en el que las consideraciones posicionales tras­ cienden todo lo demás y hacen al jugador más vulnerable a una sorpresa desagradable.

Vasiesiu-Felecan Bucarest, 1997

Las blancas acaban de adelantar el peón ccf>>' que, gracias al caballo central, el alfil de c2 y la torre que lo apoyan, puede seguir avanzando, después de lo cual las negras corren el peligro de verse arrolladas en el flanco de rey. Es obvio que el segundo jugador tiene que hacer algo para mantener la cabeza a flote. Empieza con buen pie, eliminando el caballo bien situado. 1 4. ... , ct:Jxd 4 15. cxd 4, itf5? Siguiendo con el objetivo de cambiar las pie­ zas menores más influyentes de las blancas. Hay otra manera de molestar al alfil, 15. ..., �c6!, usando el tiempo que se gana al atacarlo para golpear en el centro después de 16. itd3, �b6; p. ej.: 17. ctJb3, c5, y las blancas están lo bas­ tante distraídas, o 17. �f2, c5 (17. ..., ct:Jc5!?).

16.e6!, 1 - o

Tanto 16. ..., �xe6 como 16. ... , fxe6 pier­ den por 17. itxt5, y si 16. ... , itxe6, 17. f5 es decisiva. La aguafiestas gana. El peón blanco es­ tuvo en e5 un buen rato, sin que avanzarlo fuera útil hasta el momento, pero al llegar su compa­ ñero a f4, el segundo jugador debía haber com­ probado ideas que implicaran clavadas por la columna cce» (resultantes de e6) seguidas de f5. Es irrelevante que hubiera o no algo de lo que asustarse: lo que importa es que debería haberlo explorado de todos modos. Más aún, en cuanto se planteó hacer ..., itf5 debería haber comprobado otra vez la co­ nexión entre el alfil y la dama, que lo defendía, y aquí vuelve a entrar en juego e6, pero vio su plan de liquidación como el adecuado para cortar de raíz la presión blanca, y por lo que a eso se refe­ ría ya se había hecho la mitad de la tarea con ... , ct:Jxd4. Puesto que el proceso en sí no lleva más que dos jugadas (tres incluyendo itxt5, �xf5), no se le ocurrió que pudiera interrumpirse. No obstante, si ya hay que ir con cuidado en planes de una jugada, ¡uno que implique dos debería merecer el doble de atención!

Vigile las jugadas amenazadoras que tiene el rival Incluso Krámnik, que todo lo ve, no apreció hace poco la amenaza clave que planteaba la ju­ gada anterior del adversario.

E L SE N TID O DE L PE L IGR O

Akopián-Krámnik Wijk aan Zee, 2004

B

La dama negra acaba de llegar a a2, y pare­ ce que va a seguirle la obvia ..., ltJc4. Las blan­ cas tienen que generar amenazas. 27. ltJf5, ltJc4 28. � c3, ... El caballo blanco tiene la mira puesta en g7 y -en particular- en e?. Las negras tienen dos opciones: 28. ... , �xb2+ 29. �xb2, l2Jxb2 30. �xb2, U e? (p. ej.: 31. t2Jxg7, �xg7 32. .l::!. h7+, �fa 33. ld h8+, j_ga 34. j,d5, �g7) o mantener la tensión y la presión sobre el rey blanco con ... , gc7 directa. Creyendo que su rey estaba seguro, Krámnik eligió esta última. 28. ... , U c7?? 29. gh7!!, ...

N

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t2Jxe7+, las negras están perdidas por completo; p. ej.: 30. ..., �h6 31. .ldh1+, j,h5 32. g4.

N

La partida continuó: 29. . .. , �x b2+ 30. �x b2 , l2Jx b2 31. � x g7+, �f8 32. ll h1!, 1 -O Así pues, si bien CDf5 amenazaba una hor­ quilla en e?, la amenaza real, aunque escondida, era alcanzar al rey negro con � h7. Si volvemos al diagrama inicial, en el que el caballo blanco es­ taba en d4 y el alfil vigilaba h7, se da el hecho in­ teresante de que .id h7 era inocua. Quizás pueda decirse en defensa de Krámnik que tras decidir que la jugada no era eficaz, no la incluyó en su análisis un par de jugadas más tarde, porque las blancas ni siquiera tenían influencia en h7. Y ahí radica una causa común de errores garrafales: una jugada o idea hasta entonces inofensiva puede transformarse con gran facilidad en gana­ dora, y pese a ello cometemos a menudo la equivocación de desechar esas posibilidades y quitarlas de la lista de prioridades, aunque las circunstancias hayan cambiado.

Evite el exceso de confianza

Puesto que esta jugada es la que les gustaría hacer a las blancas, y puesto que plantea un ja­ que en descubierta si se captura la torre, es algo que las negras deberían haber estudiado al me­ nos como posibilidad -en particular en este ni­ vel-. De hecho, en caso de 29. ... , �xh7 30.

Nuestro próximo ejemplo trae a colación un episodio de la cuarta partida del encuentro dispu­ tado entre Garri Kaspárov y X3D Fritz a finales de 2003, en el que el representante de los huma­ nos cometió un error garrafal justo cuando pare­ cía que llevaba las riendas de la partida.

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X3D Fritz-Kaspárov Campeonato del Mundo Hombre-Máquina X3D, Nueva York, 2003

B

La posición del diagrama surgió en la segunda partida {la primera fue tablas); en ella, la máquina (que es mano) controla el flanco de dama, mientras que el hombre deja sentir su presencia en el flanco de rey. La mayoría de los jugadores fuertes que lle­ varan las blancas continuaría incrementando la presión, quizás mejorando la posición de la dama poniéndola en c4. Sin embargo, a los ordenadores les gusta obtener el máximo rendimiento de las pie­ zas, de modo que la próxima jugada de la máquina tiene por objeto abrir líneas para facilitar la explota­ ción de su supremacía territorial. 28. cxd 6?!, . . . Esta transacción debió de ser u n gran alivio para Kaspárov, que, en lo sucesivo, no se preo­ cupa del flanco de dama (en el que las blancas han quedado limitadas a un único plan) y con­ centra todas las energías en lanzar una ofensiva por el flanco de rey. 28. ... , cxd 6 29. b5, ax b5 30. �x b5, . . .

N

Todo según el plan de las blancas, pero las negras también tienen una misión que cumplir. Aquí se ha sugerido 30. ..., h4 directa, y parece que las negras van bastante bien después de 31. 'iWc4, l2Jd4 32. �xd4, exd4 33. l2Jd2, �e5. Kaspárov prefiere una formación alternativa. 30 . . . ., � h6?! 31 . � b6, . . . Una amenaza «barata .. de la máquina, ya que el peón de d6 está clavado sobre la dama. 31 . . . ., h7 Parando la amenaza, pero preparándose pa­ ra cometer un costoso error. 31. ..., .l:i.f6!? 32. �c7, g8f7 33. 'iWc4 (33. 'iWdB+, �h7), .l:i.g7 34. �c3, h4 35. �d2, �xd2 36. .i:lxd2 se ha valorado como bueno para las negras. Nótese que 32. '{i'xb7? tropieza con 32. ..., lbe3! 33. !:í.4xe3, �xe3 34. lbxe3, �d3 35. .l:i.e1, �d2 36. .a_ f1, .l:i.xf2, etc. Otra posibilidad es 31 n g7 32. l2Jg3, h4 33. l2Jxt5, 1::!. xt5 34. �a3, ld f6, y «las negras están claramente me­ jor» según Kaspárov. La textual defiende la dama al tiempo que quita el rey de la columna «g» para alinear en ella las piezas mayores. Kaspárov ya iba un poco mal de tiempo aquí, pero el factor más importan­ te parece ser su exceso de confianza, puesto que la máquina había aflojado mucho la presión al cambiar en d6. 32. �b4, ... Es interesante que, según Franz Morsch, pro­ gramador de X3D Fritz, también las blancas se habían implicado en la agresión del bando negro por el flanco de rey y la ofensiva que se avecina; la última jugada combina la dama y la torre por la cuarta fila para impedir ..., h4 al vigilar el peón de g4. Así, ambos jugadores están involucrados aho­ ra en la búsqueda que hacen las negras de un medio para invadir el flanco de rey. Sin embargo, la diferencia, capital, es que las blancas son una máquina que no puede distraerse, no tiene senti­ mientos, ni adrenalina, ni nervios y, en conse­ cuencia, no es proclive a cometer errores tácticos garrafales, mientras que el segundo jugador -por más brillante que sea- lleva consigo las debilida­ des propias de todos los humanos, las cuales, inevitablemente, pueden dificultar el proceso de reflexión en un momento dado. 32 . . . ., gg7?? .

. . .•

EL

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les- el resultado es casi inevitable. 34. ..., Ud7 35. �ca, �f7 es el mal menor. 35. �xd4, exd 4 36. .1;d eS, ...

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Intransigente y agresivo, Kaspárov reacciona a la medida defensiva de la máquina renovando la amenaza de adelantar el peón «h>> . De hecho, no parece haber pensado en otra cosa desde que nos incorporamos a la partida. Por desgra­ cia, en sus esfuerzos por demostrar qué ataque por el flanco es el más fuerte, no advirtió la se­ gunda justificación de 32. �b4, jugada que tenía dos finalidades. 32. ... , éLJg7 se ha evaluado como un poco mejor para las blancas, pero me parece que las negras están bien; la mejora propuesta por Kas­ párov es 32. ..., Uga 33. éLJg3, ttJxg3 34. hxg3, h4! 35. gxh4, g3; p. ej.: 36. fxg3 (36. f3, �f4), �xg3 37. �c3, Uf3. Hay también 32. ..., Uc7. Dicho de otra manera, Kaspárov ha­ bía llevado la partida sin ningún problema has­ ta la posición del diagrama, cuando la emoción desempeñó un desafortunado papel al pensar Kaspárov que iba lanzado, que la partida se es­ taba decantando a su favor. 33. .l:!.xe5!, ... Explotando otra clavada del peón de d6, es­ ta vez en la diagonal a3-fa, ya que la torre, que estaba protegida tres veces hace solamente dos jugadas, no tiene ahora apoyo alguno (este ex­ traño hecho hace que sea más fácil comprender el error, pero aquí estamos hablando de Kaspá­ rov). También es posible 33. �xe5. 33. ... , dxe5 34. �x f8, ... Ahí se va, y con ella la esperanza de las ne­ gras. 34. ... , éLld 4? No es lo mejor, pero a estas alturas -un peón menos y una mala posición ante una máquina que está inmunizada contra los errores garrafa-

Hurgando en la herida al poner de relieve otro problema creado por el defectuoso plan ..., �h7 y ..., Ug7. 36. ... , U g8 37. �e7+, U g7 37. ..., �g7 3a. �e4+, �g6 39. .l;de7+, �ha 40. ¡yxd4+, �g7 41. 'ii'b6. 38. �d 8, l:i. g8 39. �d7+, 1 - o 39. 'iYd7+, .l;dg7 40. �ca, .Uga 41. Uxga, �xga 42. �xb7+, �g6 43. a6, etc. Debería señalar -como uno de los millones de admirado­ res que sienten un respeto reverencial por el ta­ lento de Kaspárov- que Gazza se recuperó con brillante estilo anticomputadora y niveló el en­ cuentro; en cierto modo, el hecho de que no con­ siguiera ganarlo queda atenuado por ser este terrible error el culpable de ello. Esta vez, Kaspá­ rov tuvo que pagar un precio por su ambición, empuje y (exceso de) confianza. Es humano, y, al fin y al cabo, todos nos equivocamos. Una causa habitual de que nuestro sentido del peligro nos abandone es que un adversario de evaluación inferior muestre «debilidad>> en la fase de apertura. Sea esta debilidad falta de conoci­ mientos teóricos o una aparente falta de técnica o entendimiento, el resultado es que bajamos la guardia. Pensamos algo así como: «Si es incapaz de demostrar un nivel de competencia aceptable en las diez primeras jugadas más o menos, tam­ poco será capaz de crear problemas graves, así que el plan es ir "poniendo bien" las piezas y es­ perar a que se equivoque a medida que avanza la partida... Si el ajedrez fuera tan fácil... En reali».

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dad, semejante exceso de confianza y la relaja­ ción del sentido del peligro son los ingredientes perfectos para que suframos un bochornoso re­ vés, como demuestra el ejemplo siguiente. El elo FIDE de las blancas es 2.290, mientras que el de las negras supera los 2.500.

Carlsson-Mm-tensen Copenhague, 1998 Defensa Siciliana

1. e4, eS 2. ét:Jf3, e 6 3. d 4, cxd 4 4. ét:Jxd 4, a6 S. �d 3, ét:Jf6

La Defensa Siciliana puede ser un arma arriesgada para batir a jugadores más débiles por­ que las líneas principales suelen ser complejísi­ mas y, contra un adversario liante y completo, es fácil que una gran diferencia de elo pierda su im­ portancia. La flexible Variante Kan tiene la ventaja para el jugador más fuerte de privar a las blancas de sistemas de ataque fáciles de aprender. 6. ét:Jd2!?, Uno se imagina que aquí se han probado va­ rias jugadas, pero la textual es una rareza. La con­ tinuación principal es la lógica 6. 0-0, después de la cual las blancas pueden entrar en una Forma­ ción Maróczy con c4 o seguir con los preparativos por el flanco de rey, quizás con c;t>h1, seguida de f4, etc. Tanto 6. ..., d6 como 6. ..., VJ/ic7 son ré­ plicas sensatas a 6. 0-0. Es importante darse cuenta de que reclamar el centro con 6. ..., d5 7. e5, ét:Jfd7? al estilo de la Variante Tarrasch de la Francesa, es aquí una equivocación, ya que las blancas aplastan al rival mediante 8. lt:Jxe6!; en-

tonces, 8. ..., fxe6 9. VJ/ih5+ es terminante. Por ejemplo: 9. ..., c;t>e7 10. �g5+, ét:Jf6 11. exf6+, gxf6 12. �xf6+, c;t>xt6 13. VJ/ih4+, etc. Sin em­ bargo (al menos, viéndolo desde el lado donde se sienta el segundo jugador), las blancas ya han mostrado su ignorancia con la textual, de torpe aspecto, que coloca mal el caballo si va a jugarse c4 (entonces tiene que ir a c3) y no con­ tribuye en nada a la estrategia por el flanco de rey. En consecuencia, el bando negro juzga -tal vez sin pensarlo muchcr- que la jugada 6 de las blancas no se hace porque le permite obrar en el centro. 6. ... , dS 6. ..., VJ/ic7 es flexible y la jugada de Kan. 7. e s, ét:J fd7? Sin duda, Mortensen esperaba 8. ét:J2f3, ét:Jc6, con la típica lucha que se da en la France­ sa en torno a d4 y e5 y para la que las tropas ne­ gras están bien situadas. Como veremos, eso no sucede, razón por la que las pocas veces que se ha visto 6. ét:Jd2, d5 7. e5 en la práctica interna­ cional, las negras juegan 7. ..., ét:Je4; el quid es que a las capturas en e4 sigue ..., VJ/ia5+, captu­ rando el peón de e5. 8. lt:Jxe 6!, ...

•..

Y esto, decididamente, no es lo que las ne­ gras esperaban porque, en comparación con el sacrificio que se produce después de 6. 0-0 (véa­ se más atrás), esta vez el caballo de d2 obstruye el paso al alfil y descarta así la mortífera �g5+. Umm... 8. ... , fxe 6 9. VJ/ihS+, g6? Quizás las negras tenían la intención de jugar en principio 9. ..., c;t>e7 10. ét:Jf3, VJ/ib6 (10. ...,

EL SE N TID O DEL PELIGR O

h6 11. �h4+[11.4jh4?,4Jc5 12.4Jg6+, �d7 13. 4jxh8, 4jxd3+ 14. cxd3, �b4+ 15. �d2, �xd2+ 16. �xd2, �xh8 17. �f7+, �d8 18. l:hc1, 4jc6]11. ... , g5 12. �xg5+, hxg5 13. �xh8 es muy bueno para las blancas) 11. �g5+, 4Jf6 12. exf6+, gxf6 y no fue hasta este punto cuando vieron 13. �xf6+!, �xf6 14. �e5+, etc. En consecuencia, ya deben de estar preparadas para repartir el punto. 1 0. �x g6+, hx g6 1 1. �x g6+, ... 11. �xh8?, �c7 12. 4jf3, �xc2 13. 0-0, 4jc6 favorece a las negras. 1 1. ... , �e7

Ahora el bando blanco puede forzar las ta­ blas con 12. �g5+, �e8 13. �g6+, etcétera, pero sabe que los jugadores fuertes y con elo co­ meten errores graves y no teme jugar a rematar la partida. 12. 4jc4!, ... 12.4jf3 es la jugada obvia, pero la textual es todavía más pulcra. 12. ... , �h6 1 3. �g5+!, ...

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13. �xh6?, �g8! deja que las negras se escabullan. 1 3. ... , �ta Después de 13. ..., �xg5 14. �g7+, �e8 15.4Jd6 mate, vemos el quid de la jugada 12 de las blancas. 1 4. �xd 8, dx c4 Entre las negras reina la confusión. 15. �c7, ... Amenazando 16. �d6 mate. 15. ... , �g7 1 6. �xe6, 1 -O Dando por sentado que un jugador del nivel de Mortensen conocería bien la teoría y, por tan­ to, compararía 6. 0-0 y 6. 4jd2 en relación con 4Jxe6, 7. ..., 4jfd7? no puede etiquetarse de error corriente. En este contexto, si de veras esta­ ba familiarizado con 4Jxe6, si ni siquiera tuvo que encontrar la jugada (más bien solamente analizar­ la), el error hay que atribuirlo a un mal plantea­ miento. Y si no apreciamos nuestras propias debilidades -sino que, al contrario, nos sentimos reforzados por las del adversario-, continuaremos cometiendo errores garrafales.

2. CE LADA S Y A SE CHANZA S Lo ideal es aprender de nuestras equivoca­ ciones registrando los detalles necesarios de un desgraciado revés, de modo que la información pueda usarse en beneficio propio la próxima vez que surja una situación así. Desde luego, esta estrategia de refuerzo no es infalible (¿y si el pró­ ximo escenario parecido no se produce hasta dentro de veinte años?), pero es útil de todos mo­ dos. Se sigue, entonces, que nos familiarizamos con una serie de temas liosos y errores a fin de ampliar nuestra experiencia antes de sentarnos a jugar, en vez de aprender con el desagradable método de acumular desastres -evitables- con el correr de los años. Aquí tenemos, para empe­ zar, una selección de situaciones liosas.

Sulava-Welling Andorra, 1999 Sistema Ptibyl

1 . t¿jf3, d 6 2. d 4, .i, g4 Este sistema ofrece a las negras buenas opor­ tunidades de superar al adversario y es popular entre aquellos a quienes les gusta que el rival piense por sí mismo. Las blancas pueden esperar obtener ventaja, pero la partida tiende a girar en tomo a una buena estrategia a la antigua usanza. 3. e 3, . ..

N

La tranquila jugada liosa

¿Cuántas veces hemos respondido a una ju­ gada modesta -pasiva, incluso- de una manera natural y coherente para acabar dándonos cuen­ ta de que hemos caído en una astuta celada? Demasiadas. En estos tiempos de salvaje teoría de aperturas, puede ser un cambio agradable, en particular llevando las negras, disfrutar de un fá­ cil desarrollo sin la perspectiva de que haya es­ caramuzas tempranas o ser objeto de un feroz ataque. Algunos jugadores no cogen el ritmo hasta el medio juego, cuando se ha determinado el paisaje de la partida. Esos jugadores, llamados sólidos, dan un suspiro de alivio cuando queda claro que la transición de la apertura al medio juego será suave y sin problemas, cuando toda nueva jugada no requiere largos y pesados aná­ lisis de las complicaciones. Irónicamente, la aper­ tura en apariencia calmosa, insulsa, puede ser tan peligrosa como la Variante Najdorf de la Sici­ liana o el Gambito de Rey si cometemos la equi­ vocación de equiparar tranquilo a inofensivo. Observe la partida siguiente.

Las blancas tampoco están interesadas en implicarse en la línea principal, que comienza por la secuencia natural 3. e4, t¿jf6 4. l¿jc3. La alter­ nativa principal a e4 es el fianchetto por el flanco de rey, concebido para explotar el temprano de­ sarrollo del alfil de c8. La textual, por otra parte, sugiere que las blancas están contentas con dar un paseo hasta el medio juego. 3. ... , t¿jd7 Preparando ..., e5. 4. .i,e2, e5? Al MI holandés podría perdonársele esta ex­ pansión, de lo más natural, dado que la posición se parece a otros muchos ejemplos corrientes de ..., e5 (la diferencia es que parece más tranquila que la mayoría). Sin embargo, las blancas pue­ den ganar ahora un peón por fuerza.

CELADA S Y A SECHA N ZA S

5. dxe5!, dxe5 No 5. ..., l¿jxe5? 6. l¿jxe5, �xe2 7. �xe2, dxe5 8. �b5+, y las negras pierden un peón a cambio de nada. 6. tZ:lxe5!, ...

N

23

taba sentado al lado del GM Goldin (ahora esta­ dounidense) y observé divertido cómo se encon­ tró en la misma situación después de 4. il,e2. También adelantó 4. ..., e5? (sin pensarlo un mo­ mento), pero vio la luz cuando su adversario (MI) tomó en e5 al cabo de segundos. 6. . .. , il,xe2 La otra opción, que da a las blancas la opor­ tunidad de llevar a cabo la idea principal que se esconde tras la celada. 7. �xd7+, ...

N

¿Merecen las blancas librarse con esto? Su­ pongo que sí. Una idea es que a 6. ..., l¿jxe5 se contesta 7. �xg4, etc. Como gran admirador que soy de los sistemas que implican 1. ... , d6 (en respuesta a cualquier cosa), he tenido el du­ doso placer de cometer el mismo error que el se­ ñor Welling, pero lo gracioso es que jugué 4. ..., e5? ¡varias veces antes de que me dieran la lec­ ción! Fui totalmente ajeno a la descarada ga­ nancia de peón que tienen las blancas durante mucho tiempo, hasta que hace una década más o menos, un adversario que tenía un modesto elo FIDE se sumió en profundas cavilaciones en la jugada 5 en un torneo de ajedrez rápido (no es buena señal). Hasta entonces, todo el mundo ha­ bía replicado casi de manera instantánea 5. c4 o 5. 0-0, pero él logró encontrar la refutación del juego tradicional de las negras. En aquella parti­ da se continuó con 6. ..., �b4+!? (esto parece mejor que la continuación de la partida principal) 7. c3, l¿jxe5 8. �xg4, �xd1+ (8. ..., tLld3+ 9. �e2, l¿jxc1+ 10. �xc1, �d6 es otra opción; las blancas tienen un buen peón más) 9. �xd1, t¿jd3+ 10. �d2, 0-0-0, que parece estar bien, pero luego de 11. �c2 las esperanzas de obte­ ner compensación se habían esfumado, ya que 11. ..., tZ:lxt2 12. .a;, f1 mete a las negras en pro­ blemas; p. ej.: 12. ..., �xd1 13. 1dxf2, etc. Po­ cos meses más tarde, en la penúltima ronda de un torneo más serio que se jugaba en París, es-

Las mejores celadas muestran las ideas más inverosímiles, y no me sorprendería ver caer a más jugadores en esta trampa, ya que la posi­ ción del diagrama está a años luz de distancia de las expectativas sobrias y de bajo tono que acompañan a 4. ..., e5? 7. ... , �xd7 8. tZ:lxd7, �xd7 8. ..., il,a6 9. tLl xf8 no altera la valoración, y las blancas pueden meter el rey en f2 después de jugar f3. 9. �xe2, ...

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ERR O RE S GARRA FA L E S E N A J EDREZ . C O N O CER L O S . E V ITAR L O S

El primer jugador tiene un peón de ventaja, y el bando negro carece de compensación en con­ trapartida. Más aún, imagínese los ánimos res­ pectivos de los jugadores en este punto. No se han hecho más que nueve jugadas, y las negras ya tienen la sensación de estar en el lado que no corresponde en un final prácticamente decisivo. 9. ... , g6 9. ..., ébf6 parece mejor, pero las negras todavía están aturdidas. 1 0. .ti.d 1+, � c6 1 1. i.,d2!, i.,g7 12. i.,c3, j,x c3 1 3. ébx c3, ébe7 1 4. � d 4, 1 - O El abandono puede parecer prematuro, pe­ ro las blancas llevan mucha delantera. Aparte de que no hay indicio alguno de que vaya a pa­ sar nada raro, merece la pena señalar que juga­ dores más fuertes no estudiarían 5. dxe5 de todos modos. En estas posiciones, se sabe que capturar en e5 es una equivocación desde el punto de vista de las blancas porque libera la tensión en el centro, renuncia a toda posibilidad de hacerse con una ventaja de espacio median­ te un futuro d5 y también da al alfil de casillas negras del enemigo más radio de acción al qui­ tar el peón de d6 (luego de ..., dxe5). En conse­ cuencia, tenemos otra situación en la que jugadores de menos nivel podrían evitar el error porque dxe5 formaría parte entonces del análi­ sis de 4. ..., e5. Desde luego, el mejor consejo que puede darse en posiciones de calma apa­ rente es andarse con mucho ojo, en particular cuando la próxima jugada inicia capturas. El ajedrez es tan rico en posibilidades que el peli­ gro está siempre a la vuelta de la esquina. Lo que sigue no es tanto una celada como una falta de entendimiento por parte de las ne­ gras.

Em. Lasker-Müller Zúrich, 1 934 Defensa Caro-Kann

1. e 4, c6 2. ébc3, d5 3. ébf3, dxe 4 4. ébxe 4, j,f5 5. 4J g3, ...

Esta partida se jugó en 1934, pero el error que sigue todavía pulula por ahí hoy en día. 5. ... , j,g6? 5. ..., i.,g4 es preceptiva, pero es obvio que las negras están acostumbradas a la línea princi­ pal: 1. e4, c6 2. d4, d5 3. ébc3, dxe4 4. ébxe4, j,f5 5.4Jg3, j,g6, etc. Sin embargo, aquí la di­ ferencia clave es que al sustituir d4 por ébf3 las blancas se dan un tiempo suplementario que va muy bien contra el jugador confiado. 6. h4!, . .. Amenazando ganar el alfil por medio de 7. h5. 6. ... , h6 6. ..., h5 7. ct:Je5, �d6 8.4Jxg6, �xg6 9. d4 da una peligrosa ventaja de desarrollo, la pa­ reja de alfiles y un objetivo en h5 a las blancas. 7. ébe5!, ... Y aquí está el problema de las negras. Por lo común, al haber un peón blanco en d4 y estar el caballo todavía en g1, el bando negro puede adelantarse a esto contestando a ttJf3 con ..., ébd7. El primer jugador ya tiene mucha ventaja, y las negras se ven obligadas a hacer una onero­ sa concesión posicional o material. 7. ... , i.,h7?! Es obvio que 7. ..., 'i;Yd6 8.4Jxg6, �xg6 9. d4 es feo, pero la textual parece aún peor. 8. �h5, ... Evidente y la mejor. 8. ... , g6 8. ..., �d5? 9. j,c4 es terrible, de modo que las negras deben encerrar su alfil favorito. 9. �f3, ... Vuelve a haber la amenaza de mate. 9. ... , ébf6

CELADA S Y A SECHA N ZA S

Esta vez, 9. ..., �d5 pierde por 10. �xd5, cxd5 11. �b5+, pues ..., d8 se mete en la horquilla en f7. 1 0. � b3!, . . .

25

bastión en el centro apoyando bien d4 y e5; el ob­ jetivo es obtener más espacio y explotarlo. 4 . . . ., tZ'lc6 5. tZ'lf3, �b6

N

Esta jugada amenaza mate por tercera vez consecutiva (!) y es el toque final de la estrategia blanca, prácticamente decisiva; el quid es que, de repente, el peón de b7 está en el punto de mira. 1 0 . . . ., l{Wd5 10. ..., t¿jd5 11. �xb7, �c7 12. l{Wxc7 deja a las blancas con un peón gratis y mejor partida. 1 1 . �x b7!, l{Wxe5+ 12 . �e2, [ . . . ] 1 - O La torre negra está a punto de desaparecer, y hay que encarar una cuarta amenaza de mate en una. Las blancas van a salir de la aventura a la que se lanzaron en la apertura con una cali­ dad y un peón de ventaja. En uno de los libros que he consultado, las negras abandonan aquí, pero creo que arrastraron la partida veinte juga­ das más antes de tirar la toalla. Sea como fuere, no necesitamos ir más lejos. Tal vez vea esta «celada» (y esta posición) durante su carrera ajedrecística (esperemos que desde el lado de las blancas). Son muchísimos los jugadores que se equivocan muy al principio de la partida debi­ do a que ¡no entienden bien sus propias líneas favoritas!

Temas Veamos una celada muy popular que siem­ pre se cobra algunas víctimas entre los juveniles. 1 . e4, e6 2. d 4, d5 3. e5, c5 4. c3, . . . En la Variante del Avance de la Defensa Fran­ cesa, las blancas se esfuerzan por mantener un

Llevando otra pieza para vigilar d4 y hacer que las blancas lo piensen dos veces antes de poner el alfil en el lugar más activo, d3. 6. �d 3, . . . ¿Pierde esto un peón? 6 . . . ., cxd 4 7. cxd 4, l¿jxd 4? Mordiendo el anzuelo. Es necesaria 7. ... , �d7; entonces, el bando blanco está preparado para entregar ambos peones centrales a cambio de adelantarse en el desarrollo. a. l¿jxd4, �xd 4?? 9. �b5+, . . .

N

El jaque anuncia un ataque en descubierta a la dama, y las blancas ganan. Este truco, con el que muchos jugadores es­ tán familiarizados, es fácil. Sin embargo, no to­ dos esos jugadores emplean la Francesa ni contestan 3. e5 al enfrentarse a ella. Darse cuenta de errores así no es un lujo que esté al alcance únicamente de los ajedrecistas en cu-

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ERR O RE S GARRA F ALE S E N A J EDREZ .

e O N O e ERL O S . E V ITARL O S

yas aperturas aparecen. Más aún, el mismo te­ ma general puede aparecer en varias situacio­ nes y de varias formas, así que merece la pena pasar un poco de tiempo -por lo común al estu­ diar la teoría de aperturas- asegurándose de que se conocen ciertas «celadas» -para evitar­ las o tenderlas-, pues se sorprendería usted de lo corrientes que son. Pasemos a la siguiente:

La posición del diagrama se produjo a partir de una Caro-Kann (1. e4, c6 2. d4, d5 3. e5, i,f5). Las blancas quieren estabilizar el centro y dejar que sus peones avanzados sean los que cojan la batuta a principios del medio juego. 1 0. ... , lbxd 4 1 1. cxd 4, � b6 Atacando los peones de b2 y d4, ninguno de los cuales está protegido. De hecho, al no estar ya el alfil de dama blanco, el primer jugador corre el peligro de sufrir por las casillas negras; eso ayuda a explicar la jugada siguiente. 12. �d2, �xd 4?? Hay que hacer 12. ... , e6, que es segura. La textual pierde, pero las negras se figuran que la captura es factible porque el alfil de d7 descarta el desagradable jaque en b5 y el ataque en des­ cubierta a la dama que conlleva. Sin embargo, una mirada más atenta a la relación existente entre las piezas clave del ejemplo anterior -Va­ riante del Avance de la Francesa-, a saber, la dama y el alfil blancos y la dama y el rey negros, nos permite captar mejor la posición que nos ocupa ... 1 3. e 6!, ...

¡Hay muchas maneras de despellejar un co­ nejo, como dice el refrán! El alfil negro estará ta­ pando el jaque, pero la última jugada de las blancas gana en el acto; p. ej.: 13. ..., i,xe6 14. i,b5+, 13. ... , fxe6 14. i,g6+ o 13. ..., i,c6 14. exf7+, y 14. ... , c;t>xt7 15. i,g6+ sigue ga­ nando la dama, lo que significa que las negras deben desprenderse del alfil después de 13. e6. Una vez que conocemos bien un tema deter­ minado, podemos, en una partida, prever las si­ tuaciones en las que podría ser un rasgo de la posición y obrar en consecuencia.

Medina-Zapuseck Olimpiada de Siegen, 1970 Defensa Francesa

1 . e 4, e 6 2. d 4, d5 3. ctJd2, c5 4. l2Jgf3, lbc6 5. exd5, �xd5 6. i,c4, �f5?!

Las negras quieren mantener la dama en jue­ go; retirarla a d6 permite lbe4, pero volver a la base con 6. ..., �d8 es apropiado.

CELADA S Y A SECHA N ZA S

7. o-o, t2Jf6 7. ..., cxd4 8. étjb3, e5 9. Ue1 (o incluso 9. étjg5) es incómodo para las negras, cuyo plan es, sencillamente, movilizar el flanco de rey. 8. .:':t::l b3, a6 9 . .l::i, e 1, �e7 1 0. étjx c5!, �x c5 1 1. �d3!, ...

27

Una situación de todo punto distinta, pero el tema es exactamente el mismo. Las negras no pueden permitirse tomar el alfil debido a 15. �xh7+ y 16. ¡vxd6, así que están obligadas a ceder la calidad en f8, por la que no hay compen­ sación.

Reacción en cadena No es infrecuente que un peón gane una par­ tida sin hacer nada más complicado que tomar piezas. Aquí tenemos una bonita celada basada en el peón «comilón». 1. e4, d 6 2. d 4, étjf6 3. étjc3, g6 4. �g5, �g7 5. �d2, . . .

N

Artera reubicación del alfil. 1 1. . .. , � h5 12. dx c5, o-o? Despidiéndose de manera definitiva del plan de volver a capturar en c5. No obstante, el flojo juego de apertura que ha realizado el bando ne­ gro ya ha causado daños considerables, y 12. ..., ¡yxc5 13. �e3, �e7 14. �f4 plantea casi la misma celada que la partida y deja a las blancas con gran ventaja, pues mandan por los escaques negros. 1 3. �f4!, ... Amenazando plantar el alfil en d6, que­ dándose con ventaja decisiva. Teniendo presen­ tes los ejemplos anteriores, ¿ve usted lo que se avecina? 1 3. ... , �x c5?? 1 4. �d 6!, . ..

N

Las blancas no esperan. La posición agresiva y la amenaza de acabar con el alfil xa6, I:i. d7 No tiene nada de malo aquí 55 . . . , e2. 56. Jl d1 , e2 57. I;i.e1 !!, . . . .

N

B

El ahogado ha aparecido cuando las negras menos lo esperaban. El ejemplo siguiente se incluye como entrete­ nimiento, pero de todos modos es instructivo.

57 . . . . , dxe1 ¡v??%-112 Curioso. Rebobinemos un par de jugadas a fin de situarnos mejor en el escenario de este im­ presionante «atraco» . Desde luego, al estar los peones avanzando no importa lo que hagan las blancas con la torre, pero me imagino que 56 . .id d1 fue una treta deliberada para infundir el

31

C E L A D A S Y A S E CH A N Z A S

pensamiento de la captura en la mente del se­ gundo jugador, de modo que cuando el peón lle­ gara a e2 y amenazara la torre parecería un final apropiado de la partida trasladarla a e1 -quizás acompañando la jugada de un poquito de teatro («está bien, ahí va»)-. Todo lo que se requiere para que el atraco salga bien es que las negras estén bajo la impresión de que no hay nada que buscar, pues las blancas van ju­ gando simplemente por una u otra razón (tienen mal perder o buen perder). En fin, ha visto usted este estrafalario episodio, y es bastante diverti­ do, ¡ pero no lo olvide! Por último, uno de mis favoritos:

Horowitz-Pavey Estados Unidos,1951

N

Las negras, que tienen una calidad y dos peones de ventaja y d4 y g5 en el punto de mira, ganan por todas partes. Las blancas acaban de poner la dama en e2; así, defiende el alfil y ame­ naza jaque en e7. Por tanto, una opción sensata es 37 . . . . , �d7, descartando cualesquiera ja-

ques y renovando la amenaza de añadir peones a la cuenta. Desde luego, después de 38. �e3, �xe3 39. fxe3, b31a lucha ha terminado. Enton­ ces, ¿por qué no abandonan las blancas? ¿ Por qué molestarse en jugar �e2 si las negras pue­ den evitar cualquier problema con tanta facili­ dad? La respuesta es porque las negras tienen tanta ventaja que no sería infrecuente que se re­ lajaran en demasía a medida que ven el punto entero cada vez más cerca, y la textual les ofrece un medio sencillo de cortar de raíz todo jaque aguafiestas o toda incursión por el flanco de rey: forzar el cambio de las damas. 37 . . . . , �xf3+?? 38. �xf3, .ti.a3 Más pulcro que 37 . . . . , �d7, al quitar las dos piezas blancas que están ••en juego» una tras otra. 39. �h4!, .ti.xf3%-%

B

Un atraco muy bonito de las blancas, que, en vez de abandonar (que es lo que la mayoría de nosotros habría hecho a estas alturas), vieron una oportunidad de explotar la l ínea de pensa­ miento del adversario -a saber, que la victoria no peligraba; era cuestión de tiempcr-.

3.

PSICOLOGÍA

Los nervios y el tener el hormiguillo en el cuerpo son buenos: son una señal física de que mentalmente uno está preparado y con ganas. Hay que lograr que las «hormigas» vayan en for­ mación, ese es el truco. Steve Bull, psicólogo deportivo británico Si bien hay jugadas concretas que provocan equivocaciones, a menudo es el estado general del juego lo que puede tener un efecto perjudicial sobre nuestro pensamiento. Situaciones distintas exigen planteamientos distintos, y desde un pun­ to de vista práctico -en particular al haberse in­ troducido controles de tiempo más restrictivos-, es la flexibilidad lo que cobra cada vez más im­ portancia. Tenemos que ser capaces de desen­ volvernos en escenarios que abarcan todo el espectro sin meternos en problemas.

La presión de tener que defenderse Un buen tópico del ajedrez es que un ataque al rey (en general, un ataque por el flanco de rey) es más prometedor que, por ejemplo, ejercer presión sobre una casilla débil en una zona, por lo demás tranquila, del flanco de dama. Esto es así porque equivocarse al mantener las defensas del rey puede conducir, en efecto, a la pérdida de la partida, mientras que desprenderse de mate­ rial o una casilla clave puede suponer la pérdida de una batalla en vez de la guerra. Cuando el rey está en el punto de mira, siempre hay un poco más de presión, responsabilidad y tensión. La ta­ rea defensiva se agrava por el hecho de que un simple desliz, el pasar por alto un solo factor, por sencillo que sea, podría ser desastroso. Aquí te­ nemos un buen ejemplo de un GM de alto nivel que por propia voluntad se sienta en el lado incó­ modo de un ataque por el flanco de rey, pero me­ tiéndose en problemas.

P. H. Nielsen-Kotronias Hastings Premier, 2003-2004

N

Algunas aperturas y defensas son más procli­ ves que otras a producir situaciones en las que de­ fenderse con exactitud es de importancia capital. En casos así, el medio juego puede ser tan tenso que, en cada jugada, la línea que separa la victoria de la derrota es finísima, y la suerte del jugador de­ pende de lo bien que trabaje bajo presión. La po­ sición del diagrama es una línea principal, típica, de la Defensa India de Rey, en la que las blancas cifran sus esperanzas en imponerse por el flanco de dama, dada la ventaja territorial que tienen allí; las negras, en cambio, obtienen un ataque por el flanco de rey que dista mucho de ser sutil. No es de extrañar que ambos bandos tengan excelentes oportunidades de victoria. Veamos cómo la partida subió algunos grados de temperatura. 25 . . . . , g4 Después de concentrar tropas en el flanco de rey, las negras ya están listas para lanzar el ata­ que. 26. i_xa5, . . . Mientras tanto, las blancas han ido combi­ nando el juego preventivo en el flanco de rey con maniobras activas en el otro flanco. 26 . . . . , �es Tomar en a5 y permitir 1d xc8 es de todo pun­ to erróneo. Las negras se encuentran a menudo

33

P S IC O L O G Í A

prácticamente abandonando e l flanco d e dama en su búsqueda de la gloria. 27.h4, gxf3 28. i.,xf3, i.,g4

B

Renovando la presión en la columna «g ... Nótese la importancia que tiene la torre de g7 en el ataque. 29. i.,xg4, 29. {¡jc7?, i.,xt3 30. {¡jxe8, � xg2+ 31 . �h1 , b!. g3+ 32. � h2, ti:Jfg4+ da mate. 29.. , l¡jtxg4 30. i.,b6, El atareado alfil blanco, tras haber suprimido el peón de a5, desempeña un papel clave en la defensa. 30 , Vjjje7 Atacando h4. 31 . 0Jxg4, 0Jxg4 32. i.,f2, ..•

..

•..

. ...

•••

N

menudo tarda en intervenir en esta línea, ya que las negras tienen tropas suficientes con las que atacar), mantener cohesionado el flanco de rey debería bastar para llegar a un final aceptable. Por ejemplo, jugar enseguida 32. . . . , l¡jxf2?! 33. Vjjjxt2 , llg434. l:ra1 , VJ!ixh4? 35. VJ!ixh4, l:txh4 36. a5, � g4 37. �f1 es desagradabilísimo para el bando negro. Sin embargo, Kotronias no tiene la intención de quitar el pie del acelerador, y las blan­ cas deben esperar que el asalto continúe. ¿Cómo se sentiría usted en la piel de las blancas? 32 . . . . , f3! Las negras todavía tienen recursos suficientes para plantear más problemas defensivos al primer jugador. La textual pone de relieve una vez más la influencia de la torre. Lo mejor que tienen las blan­ cas ahora es 33. .!le?, fxg2 34. � a1 , usando con eficacia el peón enemigo como protección y preparándose para eliminar la torre y trasladar la acción al flanco de dama. Quizás al bando blanco no le hacía ninguna gracia la perspectiva de que la dama adversaria llegara a f4 o incluso a h3 o qui­ zás ni siquiera estudió tal posibilidad, porque su próxima jugada era, sencillamente, parte de su es­ trategia de contención en el flanco de rey. 33. g3??, . . . Ahora e l punto e3, l a columna « g » y h 4 están defendidos, y aparte de que � c7, seguida de !1xg7, sigue ahí, también hay que estudiar U c3xf3. Sin embargo, dado que Nielsen está contento con sentarse en el lado de las blancas de esta violenta línea y está preparado para tra­ tar con el flujo constante de piezas enemigas que van hacia su rey, sí debería haber estudiado la próxima jugada de las negras. 33 . . . . , l¡je3!

B

El alfil defiende tanto e3 como h4, y el cambio de un par de piezas menores ha disminuido algo -pero no del todo- la presión. Desde que nos in­ corporamos a la partida, las blancas también se las han ingeniado para embolsarse un peón suple­ mentario; teniendo en cuenta el alfil de f8 (que a

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E R R O R E S G A R R A F A L E S E N A J E D R E Z. CO N OCE R L O S.

Esto pedía a gritos que se jugara en cuanto el peón llegó a f3, lo que hace que el error garra­ fal de las blancas sea más desconcertante. Tene­ mos un caso de pieza sobrecargada; el caballo ha ido a e3 de todos modos, minando la defensa de g3, y para colmo de males el peón de h4 tam­ bién está colgando debido a la clavada. 34. i,xe3, Il xg3+ 35. rj;>f2, 35. Wh1 , br h3+! conduce por fuerza al ma­ te, así que las blancas deben ceder la dama. 35 . . . . , br g2+ 36. rj;>xf3, br xc2 37. br xc2, •..

N

La torre y el caballo no son rival para la da­ ma, y el rey está expuesto. Las negras concluyen la partida asépticamente. 37 . . . . , �xh4 38. 1:rg1 , . . . O bien 38 . .l:ic4, �g4+ 39. rj;>f2, i,e7 40. rj;>e1 , i,h4+ 41 . i,f2 (41 . rj;>d2, 'l!lVg2+), g f8, con ventaja decisiva; p. ej. : 42. i,xh4, �xh4+ 43. rj;>e2, 'l!lVg4+ 44. rj;>e1 , �g3+ 45. rj;>e2, �g2+, etc. 38 . . . . , .i:r xa4 39. i2Jc3, 1::!. c4 40. rj;>e2, i,h6!

B

E VI T A R L O S

Bonito toque. 41 . i,b6, . . . 41 . i,xh6, 'iVh2+; 41. ld gc1 , i,xe3 42. 'íitxe3, �g3+ 43. 'íite2, h4. 41 . . . . , lhe4+ o - 1 Si, a cambio de obtener la iniciativa o una es­ trategia favorable en un determinado sector del tablero, el jugador quiere permitir que su rey se vea sometido a ataque, debe estar preparado pa­ ra caminar por una cuerda muy delgada. Si la ex­ periencia le sugiere que usted propende a pasar por alto la táctica o truco ocasionales, el mejor consejo es que evite aperturas que conlleven se­ mejantes obligaciones defensivas. Sin embargo, una actitud así es poco constructiva, y, como de costumbre, es más sensato situarse en el feliz término medio. Es imposible evitar que el rey esté en el pun­ to de mira con independencia del repertorio de aperturas que utilice, así que prepárese y sea consciente de las situaciones en las que se re­ quiere una defensa más circunspecta de lo habi­ tual. En este ejemplo, lo interesante es que el error de las blancas se dio justo cuando parecía que habían capeado el temporal; las tropas de ataque del enemigo se habían reducido, y la ven­ taja del primer jugador en el flanco de dama era más perceptible. Es en este estadio, cuando co­ menzamos a percibir la recompensa por el traba­ jo bien hecho, cuando somos propensos a que se nos escape algo. Otro problema surge cuando nos dan jaque y tenemos más de una opción. Tendemos a tratar tales decisiones como especiales, críticas inclu­ so, porque el objetivo es el rey (pese al hecho de que un jaque es una jugada como cualquier otra), y esta tensión adicional puede provocar equivo­ caciones. Kaspárov fue víctima de esto contra el joven Krámnik en Linares en 1 994.

35

P S IC O L O G Í A

Krámnik-Kaspárov Linares, 1994

B

Nos incorporamos a la partida en el momen­ to en que las blancas tienen ventaja: dos peones por la calidad y dos saludables caballos, en parti­ cular el de e6. Antes de ponerse a trabajar, el bando blanco priva al adversario de un jaque que le permitiría ganar un tiempo. 35. �h2, . . . N o 35. tt:Jxc5?, l:!. f1 +! 36. � h2, bb.b1 , con la amenaza . . . , bb.ff1. 35. . . . , i,c1 36. b!,e5, . . . Krámnik prefiere mantener las piezas activas en el tablero y tomar por objetivo el peón de g4 en vez de permitir cambios mediante 36. t¿je5, U f5 37. U xf5, .U. xf5 38. tt:Jxg4 (38. d6, b!. xe5 39. d7, g d5 40. d8�+. l'!!,xd8 41 . t¿jxd8, c4) 38 . . . . , �f7 39. tt:Jxc5, bb.xd5 40. t¿jxb7, i,a3, que no es claro. 36 . . . . , bb.f1 37. bb.e4, U d1 38. bb.xg4+, . . .

rov toma la decisión más sensata en aparien­ cia. 38. . . . , �h7? Manteniéndose fuera de la esquina, pero, de hecho, da la sensación de que las negras es­ tán perdidas (!) después de esta equivocación. La única jugada es 38. . . . , Wh8. 39. tt:Je5? es buena solamente para hacer tablas luego de 39. . . . , g ff1 40. t¿j g6+, � h7 41 . t¿j gf8+, �h8 debido a la amenaza de mate en h 1 , lo que de­ ja 39. g e4, I;Ixd5 (39 . . . . , 1d ff1 40. � h3) 40. tt:Je5 (40. g4, g e7 41 . tt:Jxc5, b!,xe4 42. tt:Jxe4, l:rd4 43. t¿jcd6, i,f4+) 40 . . . . , � f6 41 . t¿jf3!, y las blancas tienen la partida más fá­ cil (nótese que 41 . . . . , c4 42. U xc4, U xe6 43. 1'!!. xc1 , bb.xb5 44. g4 complica la vida a las ne­ gras) . 39. tt:Je5, . . . Enviando l a caballería. 39. t¿j g5+? n o sirve más que para devolver el favor, ya que 39 . . . . , i,xg5 40. bb. xg5, � ff1 41 . � h3, .ld h1 + 42. > . 57 . . . . , 1:í. d6 58. c4, . . . E l primer jugador puede movilizar por fin los peones pasados, y eso es presagio de victoria. 58 . . . . , .l:!, d4 59. eS, li b4 60. bí, g3, ti. b8 61 . 'iYd3, b!,g8 62. �d2+?!, . . . 62. 'iVd5 gana. Las blancas siguen yendo muy bien después de la textual, pero en estos fi­ nales tiene sentido eliminar las damas en cuanto sea posible, pues se suprime la pieza más fasti­ diosa del bando débil. 62 . . . . , �h7 63. j¿xg8?, . . . Parece q u e los apuros d e tiempo s e deja­ ron sentir aquí. Sin embargo, las blancas ya son conscientes de que los finales de damas son di­ ficilísimos de ganar, dadas las múltiples posibili­ dades de dar jaque que tiene la dama del bando débil al haber tantas líneas y espacios abiertos. En consecuencia, la textual es índice del estado de ánimo en que se encontraba Grünfeld. 63 . . . . , �xg8 64. 'iVd7+, �h6 65. 'iVd2+, �h7 66. �e2, �xb3 67. �xh5+, �g7 Gershon: « ¡ Las negras nunca estuvieron tan cerca de las tablas en esta partida! >> . 68. �g4+, . . .

N

N

Gershon: ••¡ Las blancas han acabado reagru-

Ahora debería jugarse 68 . . . . , �f7 69. �d7+, �fa 70. �d6+, �g7 «Con muchos jaques [ . . . ]>> (Gershon). 68. . . . , �h6?? Gershon: « ¡ Las negras se relajan y se meten en una red de mate!>> . 69. h5!, �h7 69 . . . . , �f7 70. �g6+, �xg6 71 . hxg6, �xg6 72. c6, y el peón corona.

47

P S IC O L O G Í A

10. �g6+, hs 71 . �xf6+, 9s 72. �xe5, 'iVc2+ 73. g3, �d3+ 74. h4, h7

Gligorié-Stahlberg Split, Encuentro (partida 3), 1949

B B

Gershon: « La agonía [ . . . )•• . 75. �f5+, hs 76. h6, 1 - o Gershon concluye sus sinceros comentarios así: « Una de las partidas más raras que haya jugado nunca•• . No obstante, como dije al pre­ sentar la partida, estos casos no son tan infre­ cuentes. Sin embargo, es obvio que el tema (recurrente) de ahogado sí era infrecuente; la existencia de tales ahogados y el hecho de que las negras tuvieran las tablas a su alcance de una manera tan seductora fue lo que contribu­ yó, en última instancia, a provocar el error defi­ nitivo y perdedor de Gershon. Las posibilidades de hacer tablas, aunque no fueran el resultado de un juego exacto, fueron tan numerosas que «enmascararon" hacia el final las verdaderas perspectivas de tablas, más reducidas, que te­ nían las negras hasta el punto de que el segun­ do jugador pensó que no se requería más esfuerzo en el final, sencillo y, en apariencia, calmoso. Como él mismo dice, se relajó. Todo el trabajo duro ya se había hecho: es el mismo es­ tado de ánimo inductor de errores que se había apoderado de las blancas cuando la partida to­ mó su caprichoso rumbo . . .

Después de estar un buen rato pasando apuros con un alfil «malo», las negras aprove­ chan de manera automática la oportunidad de li­ berarlo; sin embargo, mejor defensa habría sido devolverlo a un puesto pasivo. El alfil negro ha tenido días mejores, y las blancas no desperdi­ cian la ocasión de suprimir un defensor clave. 39. lL\xfS, . . . Preferible a 39. lL\xd7, lL\xd4 40. lL\b8, lL\bS 41 . lL\xc6, Uc7 42. lL\b8, que reporta un peón, pero ayuda a activar las piezas enemigas. También tiene sentido, desde un punto de vista psicológico, dejar a las negras con el típico alfil «malo». 39. . . . , .i,xfS 40. lL\a4, .i,d3 ¡ Libertad! De repente, el alfil negro disfruta de lo que parece ser un papel activo por sí mismo, lo que, a la larga, será la perdición del segundo juga­ dor. 41 . lL\c5, . . .

N

Orgullo En el próximo ejemplo, las negras no mues­ tran nada peor que la naturaleza humana. Aquí se aplazó la partida; Stahlberg hizo la se-

48

E R R O R E S G A R R A F A L E S E N A J E D R E Z . e O N O e E R L O S.

creta. ¿Qué haría usted si estuviese en su piel? El caballo negro ha desaparecido, pero también uno de las blancas. La torre negra está pasiva -a dife­ rencia de la blanca-, y hay el problema del alfil, que está dominado por el caballo. Luego tenemos los peones: los blancos están perfectamente se­ guros, lejos del alcance del alfil, mientras que los negros exigen considerable atención. El alfil, por lo menos, puede ahora contribuir a la causa, al ha­ bérsele permitido salir de la jaula de d7. Todo esto parece bastante razonable. Veamos lo que dice Gligorié en 1 play agaínst píeces: «No compartía la opinión de los especta­ dores que me criticaron por haberme apresurado a simplificar y permitir que se activara el alfil, al considerar que eso incrementaba las posibilida­ des que tenían las negras de hacer tablas [ .. .]. Las blancas lo tendrían más difícil después de 41 . . . ., � f5, aunque con esta jugada el alfil "vuelve a la cárcel". [...]». 41 . . . . , �b5? Gligorié: « ¡ Ejemplo característico de una ilu­ sión óptica en ajedrez! Con franqueza, era la úni­ ca jugada que esperaba (aunque también analicé 41 . ..., �f5), porque difícilmente habrá alguien que deje pasar una ocasión tan poco frecuente de sacar el alfil de la cárcel y, en vez de eso, devol­ verlo al sitio de donde acababa de salir». Si bien es verdad que un ordenador (en teo­ ría) hace la mejor jugada disponible en el mo­ mento y no se ve influido por otros factores, tampoco puede hacer juicios basándose en la psicología, lo cual, más a menudo de lo que algu­ nos jugadores estarían dispuestos a reconocer, puede ser una parte importante de la partida. En cuanto a 41 . . . . , �f5!, dificulta más la tarea de las blancas porque el flanco de rey está bien pro­ tegido, ya que la amenaza ..., h4 provoca 42. h4, después de la cual las blancas tienen que buscar una ruptura en el flanco de dama. Ahora el alfil parece mejor que antes, pero, de hecho, no con­ tribuye en nada, ya que las blancas pueden ac­ tuar mucho mejor en el flanco de rey. 42. f5!, . . . Aprovechándose enseguida d e l a jugada se­ creta, que es del tipo « mucho estilo y poca sus­ tancia» . El rey negro ya tiene menos espacio para respirar.

E V 1 TA R L O S

N

42 . . . . , � as 42. ..., U e7 se topa con 43. tLle6 (con la intención de efectuar .ld g1 ); p. ej. : 43. ..., �d3? 44. ltJdB+. Esperar en la fila mediante 42. ... , .l:t. c7 no hace sino dar tiempo a las blancas para mejorar la posición de la torre; p. ej.: 43. lle3, l:t e7 44. tLle6, 1::!. e8 45. .U. g3, r:!. g8 46 . .l:i xg8, �xg8 47. �e3, etc. El alfil, en efecto, está impotente. 43. lLlb7!, �g7 44. l:i.g1 +, . . . El primer jugador hace simplemente una prueba: las negras tal vez elijan -de manera in­ correcta- la columna «h», después de lo cual todas sus piezas ocuparían posiciones horri­ bles. 44. . . . , �f7 45. � e1 , �g7 46. tLld6, h4 47. �f3, .)ddS 48. lde7+, �gB 49 . .l:le6, �g7 50. �e3!, . . .

N

Manteniendo el control en vez de caer en la tentación de jugar 50. �g4; entonces, con 50. . .., d4! 5 1 . cxd4, �c4! el alfil entra en acción. Las blancas también deberían evitar 50. tt:JeB+, �f7 5 1 . tLlxf6, d4!, que sigue pareciendo malo

49

P S IC O L O G Í A

para las negras, pero n o tan desesperanzador como la variante de la partida. 50. . . . , i,a4 Se amenazaba ganar con lL\xb5. 51 . �d4, .ld gB 52. �es, . . . Las tres piezas blancas están e n posiciones privilegiadas: seguro que cae algo. ¡Nótese lo có­ mico que es el alfil ahora! 52 . . . . , �h7 53. lL\eB!, .l::í. g2 54. lL\xf6+, �g7 55. lL\d7, � f2 56. f6+, �g6 56 . . . . , �f7 57. �d6. 57. lL\e5+, �h5 O bien 57 . . . . , �f5 58. �d6, etc. 58. f7, d4 59. l:í.eB, 1 - O

N

Las negras no solamente echaron de menos el alfil en el flanco de rey, sino que al trasladarlo a b5 perdieron la partida. Este error no se habría cometido si hubiesen mirado la posición después de 41 . lL\c5 por vez primera.

Tome sus propias decisiones Así como deberíamos recordar que «tener un plan, del tipo que sea, es mejor que no tener ninguno», también es provechoso no tener mie­ do a tomar decisiones propias. El lenguaje cor­ poral del adversario (o el comportamiento de los espectadores si la partida ha generado tal in­ terés) o las opiniones generales de otras per­ sonas no deberían distraerle de sus propias convicciones. De lo contrario, puede que adop­ te a sabiendas un planteamiento en el que no cree o se abstenga de hacer cierta clase de ju­ gadas. Aquí tenemos un divertido ejemplo del joven Fischer.

Fischer-Tal Torneo de Candidatos, Bled,

1959

B

Es obvio que las blancas, a las que les toca jugar, tienen compensación por la pieza. Lo que si­ gue se ha tomado de los comentarios de Tal en The Lite and Games of Mikhail Tat «[. . . ][F]ue aquí donde tuvo lugar entre nosotros un duelo psicoló­ gico muy conocido [ . . . ]. Fischer apuntó la jugada 22 . .l::í. ae1 !, sin duda la más fuerte, y la escribió no en su habitual notación inglesa, sino en la euro­ pea, ¡casi en la rusa! Entonces empujó, sin gran habilidad, la planilla hacia mí. « Está pidiendo apro­ bación>>, pensé; sin embargo, ¿cómo tenía que re­ accionar? Fruncir el ceño era imposible y si sonreía, él sospecharía que había «gato encerra­ do», así que hice lo natural. Me levanté y empe­ cé a andar con calma por el escenario. Me encontré con Petrosián, bromeé un poco y él me contestó. Fischer, que a sus quince años en reali­ dad no era más que un niño grande, se sentó con una expresión de desconcierto en el rostro, miran­ do primero la hilera delantera de espectadores en la que estaba sentado su ayudante y luego a mí. Entonces apuntó otra jugada, 22. �c6+?, y des­ pués de 22 . . . . , .Ud7 23. .Uae1 +, i,e7 24. .l::i. xf7, � xf7 25. �e6+, �fB! 26. �xd7, �d6 me quedé con la pieza de ventaja y gané» . Cuando Tal preguntó a Fischer más tarde por qué no había jugado 22. .Uae1 , el estadouni­ dense replicó: ••Bueno, ¡te reíste cuando la apun­ té! Fischer acabó teniendo la confianza suficiente para no dejar que nada le indujera a cambiar de opinión, lo que es una buena actitud. La incerti­ dumbre puede conducir con facilidad a cometer errores garrafales.

4.

LA S DEFENSA S DEL REY

En el juego, hay dos placeres entre los que elegir; uno es ganar, y el otro, perder. Lord Byron (1 788-1 824), poeta británico. Todos aprendemos a poner el rey a buen re­ caudo enrocando enseguida, pero una vez que hemos enrocado, comprometemos sus defensas al tomarnos demasiadas libertades con la barre­ ra de peones. Dejamos los peones expuestos a un ataque o creamos debilidades en las casillas vecinas. En este capítulo, veremos lo serio que es proteger al rey enrocado.

Bologán-Obodchuk Poikovsky,

2002

N

Enroques en flancos distintos Quizás el momento más incómodo para el rey es cuando se han llevado a cabo enroques en flancos distintos y ambos jugadores pueden lanzar los peones contra el enemigo. En estas circunstancias, es importante mantener un muro defensivo, ya que mover un peón que está delan­ te del monarca acelera el combate cuerpo a cuerpo con los peones adversarios o entrega una casilla crítica en potencia. En el ejemplo si­ guiente, la mera presencia de un caballo enemi­ go y la perspectiva de caer víctimas de un sacrificio inducen a las negras a comprometer la barrera defensiva que tienen delante del rey. «Si no está roto, no lo arregle» fueron las sabias pa­ labras que me dijo el dentista hace algunos años, cuando tuve una desafortunada experiencia con un bocadillo.

El caballo acaba de llegar a h5 para consti­ tuirse en una molestia, aunque solamente sea porque vigila f6 y g7 y deja que a las negras -que son mano- se les ocurran historias de miedo. De hecho, el segundo jugador sería negligente si no estudiase posibles sacrificios, y resulta que 27. ... , j,d7, por ejemplo (con la intención de dar al alfil un doble papel de atacante y defensor en e6), se topa con 28. éL:)xg7!!, �xg7 29. e5, que plantea la amenaza iVh5; p. ej . : 29. .. . , ld xe5 30. iVh5, j,f5 31 . iYh6+, \t>g8 32. j,xt5, b!. xf5 33. b!. xf5, �xf5 34. 'iVxd6, y es induda­ ble que las blancas tienen ventaja. Sin embargo, eso no significa que el bando negro deba ser presa del pánico, y 27. . .. , a5 28. g f2, a4, suge­ rencia de Tiomkin, aplica parte del mismo trata­ miento al flanco de dama y genera contrajuego suficiente. 27 . . . . , j,es Sin perder de vista g7 y f6. 28. b!. f2, ti e6 29. ld df1 , g6??

51

LAS DEFENSAS DEL REY

B

Las negras ceden a la tentación, a pesar de que habían ido jugando de manera circunspecta hasta ahora. Quizás el volumen del ejército blan­ co en el flanco de rey, combinado con el del elo FIDE del primer jugador (2.652 cuando se jugó la partida; el de las negras era 2.435), invocaron a los fantasmas, y el alfil fue a e5 para forzar la su­ presión del caballo y nada más. En vez de entre­ gar en bandeja la casilla f6 y buscarse problemas entrando en contacto directo con los peones blancos (y, por tanto, dejando prácticamente la puerta abierta, dada la posibilidad h5, etc.) era posible llevar a cabo un reagrupamiento eficaz con 29 . ... , �d7, seguida de pasar la torre a c6 y el alfil a e6. Bloqueando el peón de e4 de modo satisfactorio, las negras también mantienen al al­ fil enemigo encerrado en d3. 30. t2Jf6+, . . . Al bando blanco l e quedan piezas suficientes para cambiar su buen caballo por el alfil bueno del rival, en particular al controlar tan bien el pun­ to f6. 30 . . . . , �xf6 31 . I!. xf6, . . . Establecer u n peón e n f6 -vislumbrándose amenazas de mate que impliquen �h6- da tiempo a las negras de atacar e4 con 31 . gxf6?, ll feS. La textual hace que tengan que estar en alerta, pues se ataca f7, y a ese punto dirige aho­ ra su atención el segundo jugador. 31 . . . . , �d7 32. �f2, .U. xf6 33. �xf6, . . . Amenazando e l peón de a6 por s i acaso. 33 . . . . , �e6 34. h5, . . . Por s i e l agujerazo d e f6 n o fuera bastante, las negras también tienen que lidiar con otra con­ secuencia de .. . , g6. 34. . . . , gxh5

Desde luego, esto parece horrible, pero tam­ bién lo parece 34 . . . . , .S eS 35. h6, �fS 36. 'li'xd4, etc., que es demasiado pasivo. 35. e5!, . . . Liberando e l alfil, que hasta ahora n o h a he­ cho nada pero es una pieza clave. Incluso este último desarrollo puede atribuirse al error garrafal de las negras en la jugada 29. 35 . . . . , 'li'd5 El bando negro está inerme ante la amenaza 'li'h6. Enfrentar los alfiles con 35 . . . . , �c4 pier­ de por 36. �xh7+!, \t>xh7 37. 'li'h6+, �gS 3S. g6, y hay mate por fuerza. 36. b3, I:i. ca 37. 'li'h6, . . .

N

El flanco de rey negro se ha desmoronado por completo. Si bien fueron temores imaginarios los que movieron a las negras a desesperarse con 29. . . . , g6?, los apuros por los que están pasando ahora debido a esa jugada son muy reales. 37 . . . . , �xe5 3a. �xh7+, �ha 39. �g6+, 1 -o 39. �g6+, �gS 40. �h7+, �fS 41 . g xf7+ da mate. Toda jugada de peón crea debi­ lidades, y aunque somos conscientes de ello, tendemos a subestimar el alcance de sus conse­ cuencias, en particular cuando se trata de la se­ guridad del rey.

¿Qué peón? A menudo, tenemos que elegir entre varias jugadas de peón (en general bastante temprano) al plantear el adversario una amenaza inquisitiva de alguna clase que nos obliga a comprometer la posición de uno de los peones del enroque. Se-

52

E RRO R E S G A RRA FA L E S E N AJ E D RE Z

mejantes decisiones tal vez parezcan de lo más corriente y una mera cuestión de gustos, pero las consecuencias de empujar un peón hacia delan­ te siquiera una casilla pueden ser tremendas. Aquí tenemos un clásico tema de mate que es posible solamente porque se eligió la mala de dos opciones disponibles.

Esta posición es del Gambito de Dama Re­ husado. Las blancas han jugado por voluntad propia j,g5x ét:Jf6 antes de que las negras pu­ dieran apoyar el caballo con . . . , ét:J bd7. Esta transacción mengua las defensas de h7, y mue­ ve a las blancas a hacer 1 1 . 'iVc2, la jugada que ha conducido a esta posición. El flanco de rey negro ha permanecido intacto hasta este momento, pero ahora hay que tomar una deci­ sión y escoger entre 1 1 . . . . , g6 y 1 1 . . . . , h6. La primera anima a seguir pidiendo explicaciones con h5, pero parece lo bastante sólida y tiene la ventaja de acortar la diagonal del alfil enemigo. La segunda, por otra parte, elude la amenaza, pero permite que el bando blanco controle por completo la diagonal b1 -h7. Asimismo, seleccio­ nar el peón « h » mantiene cerrada la columna «h••, aunque podría incitar a que se jugara g4g5, etc., en el futuro. 11 . . . . , g6? De hecho, después de 1 1 . . . . , h6 1 2. g4?!, c5! -respondiendo temáticamente a una ofensi­ va por el flanco con un contraataque en el cen­ tro, de lo más eficaz al estar el rey blanco todavía en e 1 -, el avance que ha realizado el primer jugador no está justificado porque 1 3. g5, cxd4! 1 4. gxf6, 'iVxf6 explota la clavada por la columna «e».

.

eONOeERLOS

.

E V 1 TA R L O S

1 2. h5, ét:Jd7? La tarea defensiva que comenzó en la jugada anterior no ha terminado. 1 2 . . . . , �g7 es pre­ ceptiva, aunque las blancas tienen preponde­ rancia porque el destino del flanco de rey, en realidad, está en sus manos; las negras no pue­ den estudiar en serio abrir líneas con . . . , gxh5 y deben esperar, por tanto, a que el rival actúe (después de 0-0-0 y otros preparativos). 1 3. hxg6, hxg6 1 4. j,xg6!, . . .

U n escenario típico. La lógica que siguen las negras las veces que se permite este sacrificio -que son muchas- es que si pueden pararse las amenazas directas, las molestias bien valen la ganancia de material. Por lo que se refiere a pa­ sar por alto j,xg6, no hay excusa, en particular en cuanto se ha puesto el peón en g6. 14 . . . . , fxg6 1 5. 'iVxg6+, j,g7 1 5 . . . . , �f8 no ayuda: 1 6. ét:Jg5!, j,xg5 ( 1 6. . . . , ld e7 1 7. ét:J h7+, l:i. xh7 1 8. �xh7, 'iVe8 1 9. 'iVf5) 1 7 . .U. h8+, �e7 1 8. b:r h7+ da mate. 1 6. ét:Jg5, 'iVe7 1 7. � h8+!, . . . La clave d e este tema d e mate, y l a jugada que atrapa a las víctimas. Luego de 1 7 . . . . , � xh8, se da mate en h7. Espero que ahora que ha visto este mate, tenga cuidado en el fu­ turo en situaciones afines al estudiar . . . , g6 (o g3 si lleva las blancas) para anular al alfil ene­ migo mientras la torre del adversario está aún en la columna « h » .

53

LAS DEFENSAS DEL REY

N

El fiancheuo vacío Los admiradores del fianchetto por el flanco de rey (yo incluido) le tienen un cariño especial al alfil de rey, y hay una tendencia a sentirse incó­ modo e inseguro en caso de que se cambie esta importante pieza. En el ejemplo siguiente, incluso Kiril Georgiev reacciona a la ausencia del alfil de g7 deteriorando, sin mucha base, la estructura de peones del flanco de rey.

Shírov-K.i. Georgiev Grand Prix de la FIDE, Dubai,

2002

una jugada de distancia del nuevo agujero creado en e6, y cambiar el caballo no conseguiría reducir de manera suficiente los accesos que tienen las blancas. 1 7. l:t ad1 , �xd5 Una decisión comprometedora, dado el radio de acción de la restante pieza menor del bando blanco. La alternativa es 1 7 . . . . , _Idea. 1 8. �xd5, . . . La presión que ejerce Shírov sobre f7 n o es muy sofisticada, pero sí eficaz, al maniatar a las negras y subrayar la ventaja de espacio. 18 . . . . , 1:!. f8 1 9. � g5, . . . Amenazando e 5 con objeto d e originar una posición más abierta para el alfil, al que las ne­ gras obligan ahora a ir a un puesto menos activo. 1 9 . . . . , lt:\c5 20. �c2, �c7 21 . .l:I e3!?, . . . Las blancas aún podían insistir e n adelantar el peón e2, �g2+ 38. �f2, �f3+ 39. \t>e1 , �xf2+ 40. \t>xf2, �xd1 41 . ftjxg8, \t>xg8, con un gru­ po de peones por la pieza en el final (otra posibi­ lidad es 33 . . . . , ftjd4!?); sin embargo, 33. ttJxg8 parece lógica y fuerte. El juego podría continuar con 33. ... , .id xg8 para mantener la posición amenazadora por la columna ccg » , pero luego de 34. �f6+, I;. g7 35. �xc6, �e5+ 36. �xg7+, �xg7 37. �xe4, las blancas tienen ventaja de­ cisiva de material y un ejército demasiado nume­ roso para que la dama pueda enfrentarse a él. Así, no queda más que 33. . . . , �xh2+ 34. \t>f1 , 1:1 f8+ 35. ftjf6, �g6, pero a las negras se les agota la potencia de fuego, y 36. \t> e2, ld xf6 37. �g5, �f8 38. l;i xc6, � f2+ 39. \t>e1 es terminante. Convincentes variantes, y en modo alguno difíciles de encontrar en el tablero, en es­ pecial para un adolescente a quien muchos con­ sideran un futuro campeón mundial. 33. ftjxe4??, �f4+ Por supuesto. 34.ftjg5, �xg5

B

35. �e6?, . . . Por s i u n jaque e n descubierta a l día n o fuera bastante, el bando blanco, curiosamente, permi­ te que el adversario vuelva a tirar los dados, es­ ta vez de manera más mortífera, pues está claro que están cargados a favor de las negras. Qui­ zás las blancas no evaluaron sus posibilidades de sobrevivir después de 35 . .U xg5, � xg5+ 36. �xg5, l::r g8, pero por lo menos aquí hay una brizna de esperanza, ya que 37. �xg8+, �xg8+ 38. \t>f1 , ftje5 no gana de modo tan tri­ vial y 38 . . . . , �xa2? 39. �xc6, �c4+ 40. \t>f2, �xc6 41 . l;i d4 incluso hace tablas, porque las blancas ya han construido una fortaleza. 35 . . . . , �xe3+ El segundo jaque en descubierta provoca de­ masiadas pérdidas de material. La partida finali­ zó así: 36. \t>h1 , �xc5 37. �xc6, z:tg6 38. �f7, .U.cxc6 39. bxc5, � cf6 40. � d5, � c7 O 1 -

6.

PLANES

DEFECTUOSOS

A no ser que esté muy equivocado [ . . . ]. ES­ TOY muy equivocado. Murray Walker, comentarista británico de te­ levisión de carreras automovilísticas. Un error garrafal no tiene por qué ser una ju­ gada concreta: toda estrategia que sea poco só­ lida o inapropiada, por ejemplo, puede ser igual de desastrosa. Piense en las veces que ha perdi­ do una partida, pero no comprendió dónde o por qué se equivocó o en las ocasiones en las que el error resultó ser la jugada que usted consideraba fuerte y parte de un profundo plan. En la miniatura siguiente, un GM de más de 2.600 está tan absorto en su defectuoso plan que tiene que abandonar antes de hacer la ju­ gada 1 0.

N

5 . . . . , lLlbd7 6. l2Jt3, a6 Descartando un incómodo jaque en b5 y pre­ parándose para contestar a j,c4 con . . . , b5. 7. d4, lLlb6 8. l2Je5, . . .

Lautier-Bologán III

Enghien-les-Bains, 1 999 Defensa Caro-Kann

1 . c4, c6 2. e4, d5 3. cxd5, cxd5 4. exd5, é2Jf6 5. é2Jc3, . . . La transposición a l a Caro-Kann tiene u n ai­ re a Gambito de Dama una vez que las blancas se quedan con el peón de dama aislado. La ju­ gada más natural y sólida de que disponen aho­ ra las negras es 5 . . . . , l2Jxd5. Bologán decide que puede privar al bando blanco de un poco de actividad capturando el peón de d5 a su conve­ niencia.

Desarrollarse con sencillez mediante 8 . j, d3 o bien 8. j, e2 tiene sentido en vista del tiempo que tarda el segundo jugador en llevar a cabo su plan (recuérdese que podía haber empleado un solo tiempo para plantar un caballo en d5); sin em­ bargo, no hace falta ser un genio para descubrir lo que está haciendo, de modo que las blancas tien­ den una artera celada por si no es consciente del peligro. La textual es lógica de todos modos, ya que, al concentrarse en d5, las negras han dejado la casilla e5 a las blancas. 8 . . , lLlbxd5?? .

.

66

ERR O RES G ARRAFALES EN AJEDREZ . C O N O CERL O S . E V I TARL O S

Continuando con e l plan que, supuestamen­ te, implicaba aumentar el control sobre d5 me­ diante . . . , b5 y . . . , il,b7; después, dado el dominio negro del centro, podría elegirse entre e7 y g7 para poner el otro alfil. Desde luego, si las negras pudieran idear con tanta comodidad una posición tan prometedora contra el peón de dama aislado, no veríamos 5 . . . . , lZ:\xd5 tan a menudo. Es obvio que este sencillo razonamien­ to lógico no se le ocurrió a Bologán, conocido por sus planteamientos creativos. Por desgracia, la jugada del texto no es una de sus mejores ideas. Las negras deberían tomar en d5 con el caballo de rey, pero esa jugada obstruye el paso al peón «b» y parece errónea. 9. �84+!, ... El quid, explotando la falta de protección que sufre la torre de aS, pues bloquear con . . . , b5 es inútil luego de il,xb5+. 9. . . . , il,d7 1 0. lZ:\xd7 1 - O ,

Divertida posición final. La perdición del ban­ do negro la provocaron sus caballos, en aparien­ cia impresionantes, que convirtieron de repente el puesto avanzado d5 en un lastre. Si 1 0 . . . . , �xd7, 1 1 . il,b5!, y se pierde demasiado mate­ rial después de 1 1 . . . . , axb5 1 2. �xa8+, �d8 1 3. �xb7. Parece que el segundo jugador llevó a cabo la mayor parte del análisis cuando dio por vez primera con el plan de enviar el caballo de dama a capturar en d5; la idea era evitar quedar sometido a presión enseguida luego de, por ejemplo, 5 . . . . , lZ:\xd5 6. il,c4. Por el camino, vio que podía eliminar il,b5+ con 6 . . . . , a6, y 7 . . . . , lZ:\b6 impedía �a4+ al tiempo que el caballo se dirigía a d5. Sin embargo, en cuanto las blancas

hicieron 8. lZ:\e5, Bologán debería haber mirado qué se pretendía al situar el caballo en este puesto avanzado, en particular dado que el ban­ do blanco podría haber incrementado su ventaja de desarrollo. La estrategia de las negras era puramente po­ sicional, y toda valoración que hayan hecho se ha­ brá basado en el juego corriente; todo giraba en tomo a d5. Ahora bien, 8. lZ:\e5 mueve una pieza por segunda vez y pone d7 (y f7} en primer plano, introduciendo posibles factores tácticos que mere­ cen que se interrumpa la ejecución automática del larguísimo plan negro. Desde luego, elaborar pla­ nes es una parte muy importante del juego, y no parece práctico poner la cosa en marcha y reanu­ dar el análisis después de cada jugada, pero me­ rece la pena recordar que cuanto más largo sea el plan, mayor será el riesgo, porque las circunstan­ cias pueden cambiar con mucha facilidad. Aunque usted se haya ocupado de los deta­ lles más sutiles de la estrategia, hay que mirar la situación de nuevo cuando el adversario se acti­ va o -lo que no es menos peligroso- efectúa una jugada en apariencia inofensiva, pero inespera­ da. Hacer un esfuerzo por mantenerse en con­ tacto con los acontecimientos a medida que suceden -en contraposición con ejecutar a toda velocidad una secuencia predeterminada de ju­ gadas PROPIAs- le salvará de algún que otro bochorno suplementario en el futuro.

Los peligros de la emigración masiva Algunas de las partidas más instructivas, «modélicas••, fueron posibles solamente porque la víctima seleccionó una estrategia dudosa. Cuando un error garrafal recibe su castigo de inmediato, registramos el resultado en alguna parte de la mente -esperemos- con vistas a mantener los ojos bien abiertos en situaciones parecidas que puedan darse en el futuro. Sin embargo, cuando un plan defectuoso conduce a una muerte anunciada, el proceso de aprendi­ zaje es de todo punto distinto, pues aqu í es ne­ cesario comprender por qué el mal juego del perdedor equivale en conjunto, de hecho, a un error garrafal. Algunos de los comentarios del

PLANES DE FECTU O S O S

ejemplo siguiente, e n e l q u e a Tarrasch, a me­ nudo tan directo en sus afirmaciones, le da una lección de ajedrez Janowski, se basan en los de lakov Damski en Chess Brilliancies.

Janowski-Tarrasch Ostende, 1 905

N

Una Apertura del Peón de Dama bastante tranquila ha dado por resultado la nivelada posi­ ción del diagrama, en la que no sucede gran co­ sa y en la que las piezas negras están situadas de manera aceptable para vérselas con cualquier agresión que maquinen las blancas en el flanco de rey. 1 5 . . . . , c4?! Lasker: ••Hasta aquí, Tarrasch, fiel a su estilo habitual, ha mantenido la tensión sin hacer con­ cesiones posicionales. Sin embargo, ahora em­ pieza un ataque dudosísimo por el flanco de dama, donde las blancas no tienen debilidades obvias. Se quita la presión del peón de d4, mien­ tras que el peón de d5 pronto se convierte (des­ pués de e4!) en débil». En sí, este avance, si bien es cuestionable, no es un error garrafal; no obstante, la manera como las negras conducen el resto de la partida es muy errónea. Quizás desde un punto de vista psicológi­ co podemos, de hecho, añadir un signo de interro­ gación a la textual, pues ahora las blancas ya no tienen que preocuparse analizando líneas que im­ pliquen . . . , cxd4 (la torre negra está en eS, des­ pués de todo), e4, a su vez, tiene más mordiente y -esto es importante-1 5 . . . . , c4?! equivale a anun­ ciar la estrategia general del segundo jugador de

67

aquí en adelante. En consecuencia, se facilita mu­ cho más la tarea de las blancas. 1 6. ébd2, . . . Vigilando d e inmediato e l peón de c4 para dar más valor a la jugada e4. Las negras hacen retroceder ahora al adversario en el flanco de rey, aunque eso no es más que una fase temporal antes de concentrarse en justificar su jugada 1 5. 1 6 . . . . , f6 1 7. ébef3, Jl,g6 1 8. �c1 , h6?! Como podemos ver por el capítulo 4, toda ju­ gada de un peón que está delante del rey enro­ cado debería hacerse con precaución, y aquí las negras parecen animadas al haber forzado las cosas durante el par anterior de jugadas. Quieren mantener el alfil en la diagonal b1 -h7, pero, a la larga, la textual no sirve más que para debilitar las casillas blancas. Podían retirar la dama a d8 enseguida para dejar el paso libre al peón ••b» u ofrecer un cambio de alfiles con 1 8 . . . . , JÍd6. 1 9. ébh2, �d8 20. JÍf3!, b5 21 . e4, ...

N

Comienza la batalla entre la influencia que ejercen las blancas en el centro y el flanco de rey y la ofensiva que han desencadenado las negras en el flanco de dama. Nótese lo útil que es el alfil de g3, que impide situar una torre en b8, jugada que sería deseable. 21 . . . . , ébc6 22. exd5, exd5 23 . .ld e1 , . . . Sencilla y eficaz. 23 . . . . , b4 24. ébdf1 ' . . . E l primer jugador sigue mejorando l a situa­ ción de las piezas, que no parecen demasiado amenazadoras, pero todas tienen a tiro al rey ne­ gro, así como el centro. El bando negro, mientras tanto, no puede generar, de hecho, presión algu­ na en el flanco de dama sin comprometer allí al-

68

ERR O RES G ARRAFALES EN AJE D REZ .

gunas piezas; el problema de la simplista estra­ tegia caracterizada por . . . , c4 en estas posicio­ nes es que eliminar la tensión en el centro ayuda a las blancas por lo que a este sector se refiere y, en consecuencia, subraya la superioridad que tiene el bando blanco en el flanco de rey. 24 . . . . , bxc3? 24 . . . . , a5 es una mejora, continuando el asalto de peones y permitiendo . . . , lla7 si es necesa­ rio. La textual es parte de un plan, pero vuelve a eliminar la tensión, facilitando la tarea defensiva de las blancas. 25. bxc3, �a5?

Tartakower: «Las negras siguen consideran­ do el flanco de dama el principal campo de bata­ lla [ . . . ]". De hecho, Tartakower recomienda 25 . . . . , �d7 como « más circunspecta•• , lo que tiene sentido, pero Tarrasch sigue cometiendo la mis­ ma equivocación estratégica que tan a menudo vemos entre los aficionados, al interpretar su ventaja de espacio y amenazadora concentra­ ción de tropas en el flanco de dama como una auténtica iniciativa cuando, en realidad, los ras­ gos más importantes son los que muestra el otro flanco. 26. 4:Je3, i.f7 27. �d2, . . . 27. 4:Jxc4? fracasa después d e 2 7. . . . , dxc4 28. i.xc6, i.a3!, etc. 27 . . . . , i.a3? El deseado éxodo temático al flanco de dama continúa. 27 . . . . , �d8 es negativa, pero más se­ gura. 28. llab1 , 4:Jd7 29.l:;!.b7!, 4:Jb6

e O N O e ERL O S . E V I TARL O S

B

El problema de atenerse a un plan de todo punto erróneo y entonces hacer una serie de juga­ das consecuentes pero inapropiadas es la facilidad con que el adversario puede conducir su estrategia correcta. Por cierto, nótese que los alfiles blancos tienen un potencial de ataque en el flanco de rey, pero siguen encadenando a las negras en el centro y el flanco de dama. La próxima jugada de las blancas es la reacción obvia a lo desatendido que ha dejado Tarrasch el flanco de rey. 30. 4:Jf5, �a6 Buscándose problemas, pero a estas alturas una jugada defensiva como 30 . . . . , i.f8 no opo­ ne más que una resistencia simbólica, ya que las blancas ponen en juego otra de sus unidades concentradas en el flanco de rey con 31 . 4:Jg4, amenazando irrumpir de manera decisiva en h6: otro fruto del defectuoso juego de las negras. 31 . 4:Jxh6+!, . . . Inevitable. Simplemente, cuente las piezas. 31 . . . . , g xh6 32. 1:!. xf7!, . . . E l flanco d e dama bien pudiera estar a u n mi­ llón de kilómetros de distancia. 32... . , �xf7 33. �xh6, . . .

N

PLANES DEFECTU O S O S

Basta echar una ojeada a l a cómica distribu­ ción de las tropas negras. 33 . . . . , c;t>ga 33 . . . . , �f8 34. �h7+, �g7 35. �h5+, c;t>fa 36. �d6+, Cjje7 37. �xe7 mate es una de­ mostración impresionante del potencial blanco. 34. � g6+, c;t>ha 35. �xf6+, c;t>ga 36. � g6+, c;t>h8 37. bi,e5!, 1 - 0 Todo el planteamiento de las negras a partir de 1 5 . . . . , c4 ?! es, en el aspecto estratégico, un error garrafal como los de una jugada.

Evite crear casillas débiles Al vérselas con tantas casillas y tantas piezas enemigas no siempre es fácil evitar debilidades, pero es arriesgado crear por propia voluntad un agujero que puede usar el adversario en exclusi­ va, en particular cuando la casilla está cerca del rey. Una equivocación típica es hacer un avance de peón irrevocable siendo plenamente cons­ ciente de las consecuencias posicionales o es­ tructurales adversas, pero justificándolo, en lo esencial, por ventajas a corto plazo. Aquí, el pro­ blema es que el «interés» del préstamo puede convertirse a largo plazo en una gravosa carga sobre los recursos. Incluso el gran Tigrán Petro­ sián incurrió en este error en la partida que sigue.

Gligorié-Petrosián Belgrado, 1 954 Benoni Checa

1 . d4, Cjjf6 2. c4, c5 3. d5, e5 4. Cjjc3, d6 5. e4, Cjjbd7 6. Cjjf3, a6 7. �e2, �e7 8. o-o, o-o

69

Esta partida también demuestra que un cra­ so error posicional del bando débil en una aper­ tura poco ambiciosa puede tener consecuencias más graves de las que tendría en un sistema más combativo. En la posición del diagrama, las blancas tienen una provechosa ventaja de espa­ cio que, combinada con el centro cerrado, deja a las negras bastante pasivas. 9. Cjje 1 , . . . E s corriente llevar e l caballo a d3, desde don­ de puede ayudar a realizar las dos rupturas te­ máticas (b4 y f4). 9. . . . , Cjjea El bando negro también deja el paso libre al peón ,,f, y abriga el plan de adelantar el peón . Nótese que 1 2 . . . . , b5?! 1 3.

E R R O R ES G A R R A FA L ES EN AJE D R EZ .

70

axb5, axb5 1 4. cxb5, l2\xb5 1 5. l2\xb5, .llxb5 1 6. l2\xe5, .llxb2 1 7. l2\c4, .llb8 1 8. jlf4 favo­ rece a las blancas. 1 3. �d2, jlxe3 1 4. �xe3, h6?! Prefiero 14 . . . . , V/iie7, ya que en la partida las negras no siguen con . . . , �g5, y . . . , h6 parece una pérdida de tiempo. 1 5. aS!, . . . Quitando e l veneno a u n futuro . . . , b5 al po­ der jugar axb6 a fin de dejar aislado el peón de a6. La textual también da más valor a la propia ruptura b4 de las blancas si se mantuviera el sta­ tu quo en el flanco de dama, pues ahora se ha minado el apoyo de c5 debido a la influencia que se ejerce sobre b6. Las negras se decantan por obrar de inmediato. 15 . . . . , b5 1 6. axb6, l2\xb6 1 7. b3, .lla8 1 8. f4!, . . .

e O N O e E R L O S . E V I TA R L O S

en c5. Por desgracia para el segundo jugador, la textual es un paso atrás en lo que atañe a los es­ caques blancos. 20. l2\d1 !, . . . Ahora, a l otro caballo se l e encarga una mi­ sión más importante: dirigirse a e3 para vigilétr f5 al haber quedado un poco comprometido el flan­ co de dama negro. 20 . . . . , 'f;e7 21 .l2\e3, . . .

N

N

Al tener el flanco de dama bajo control has­ ta cierto punto, el bando blanco puede volver al flanco de rey, lo que subraya su superioridad te­ rritorial. Gracias a la ubicación de los caballos enemigos, las blancas no tienen por qué preocu­ parse por la casilla e5. 1 8 . . . . , exf4 1 8 . . . . , f6 es demasiado pasiva y obsequia a las blancas con la agradable tarea de elegir entre empezar la demolición mediante f5 y una ruptura subsiguiente en g5 y la sencilla línea 1 9. fxe5, fxe5 20 . .llxf8+, V/iixf8 21 . .llf 1 , VJife7 (21 . . . . , �ea 22. l2\xc5, y 22 . . . . , dxc5 23. VJifxc5 pertur­ ba a los caballos negros) 22. jlh5, etc. 1 9. �xf4, f6 Forzada. De lo contrario, las blancas tienen la jugada e5 y dejan a las negras con un lastre

Si comparamos las influencias respectivas de los caballos de cada bando, la estructura de peones del segundo jugador, más bien delicada (las tres islas de peones necesitan apoyo), y la ventaja de espacio de las blancas (que les pro­ porciona más terreno para maniobrar y, por tanto, les permite disfrutar de una armon ía que las ne­ gras no pueden sino soñar), puede decirse sin te­ mor a equivocarse que la situación de las negras no es fácil. Sin embargo, su próxima jugada con­ vierte una posición difícil en una que, de hecho, está perdida. 21 . . . . , g5? ,, Impulsiva jugada que demuestra que las ne­ gras sobreestiman su posición. Al querer ganar más espacio e incrementar la presión por la co­ lumna «e», debilitan gravemente la posición del rey. » (Giigorié). Las ventajas a corto plazo han nublado la mente del bando negro. 21 . . . . , .lla7 tal vez fuera útil, pero parece pasiva, así que po­ dría probarse 21 . . . . , a5; entonces 22. l2\xc5, .lle8 debería estar bien; p. ej.: 23. jlh5, dxc5 24. jlxe8, l2\xe8 o 23. l2\e6, jlxe6 24. dxe6, l2\xe6. La textual, sin embargo, conlleva graves consecuencias posicionales en forma de un agu­ jerazo en f5, sin olvidar los peones que hay de-

PLANES DEFECTU O S O S

!ante del rey negro y que están e n situación com­ prometida. 22. 'Llf5, i,xf5 Forzada. Y causa más dificultades defensivas. 23. �xf5, �h7 24. � g4, . . .

N

71

27 . . . . , cxb4 28. c5!, h5! Capturar en c5 permite la horquilla d6. La tex­ tual tienta a las blancas a entrar en 29. �xh5?, �xh5 30. i,xh5, .l:!.xe4, etc. 29. 'iV g3, .S. xe4 30. c6, . . . E l defensor más útil del bando negro, e l caballo, queda sometido a presión; p. ej.: 30 . . . . , 'Llb6 31 . 'ij'xd6, .l:!.xe2 32 . .Ilxg5+! o 30 . . . . , CL!e5 31 . CL!xe5, dxe5 32. i.,d3, Jdg4 33. �xg4! , hxg4 34 . .l:!.xg5+, fxg5 35. i,xh7+. Nó­ tese el papel que desempeñan en estas líneas la torre de f5 y el propio peón de g5: todo gracias a la floja jugada 21 de las negras. 30 . . . . , .l:!.xe2 31 . �xd6!, . . .

N Está claro que a las blancas les conviene mantener las damas en el tablero. En situaciones de este tipo, en las que un bando defiende debi­ lidades, el bando atacante tiene más libertad y, por consiguiente, debería obtener el máximo ren­ dimiento de su potencial de ataque. 24 . . . . , .U ae8 25 . .l:!.f5, . . . Gligorié: ••Ahora puede verse que las ex­ pectativas de las negras han superado sus apti­ tudes y su jugada 21 ha beneficiado más al adversario•• . Nótese q u e e n tales circunstancias e l daño, al ser estructural, no puede repararse. 25 . . . . , 'Lld7 26. 1:!. af1 , .l:!.e7 27. b4!, . . .

Explotando el hecho de que el caballo de d7 tiene que permanecer en su sitio de nuevo a cau­ sa de .l:!.xg5+. 31 . . . . , 'Llb5 32. �xb4, 'LlbB 33 . .U.xg5+, c!;f7 34 . .l:!.xf6+!, c!;xf6 35. �xf8+, �xg5 35 . . . . , �f7 36 . .l:!.f5+. 36. h4+, 1 - o

N N

No es infrecuente ver que la dominación en un ala alcanza su punto culminante con una rup­ tura en la otra.

El mate en la jugada siguiente es inevitable.

E R R O R ES G A R R AFALES EN AJE D R EZ .

72

e O N O e E R L O S . E V I TA R L O S

Piezas mal situadas Cuando un plan supone hacer que las piezas trabajen en condiciones muy difíciles, obligándo­ las a ocupar casillas inseguras o poco naturales, es mejor evitarlo si hay una alternativa sólida. En ciertos niveles, poner por propia voluntad las pie­ zas en escaques inseguros o poco naturales es tan inexcusable como perderlas por un error en una jugada. Recuerde que los errores garrafales y el mal juego derivados de un plan pueden ser más frustrantes que los meros descuidos.

Kasimdzhanov-Bacrot Grand Prix de la FIDE, Moscú, 2002

N

Las blancas acaban de responder a . . . , .r! xc4 mejorando la posición del alfil al llevarlo de d2 a c3. Ahí, vigila la gran diagonal, importan­ te en potencia, y da rienda suelta a la torre de d1 . Mientras tanto, el caballo está muy bien situado. 26. . . . , �eS? Tentativa de cortar de raíz toda amenaza pe­ ligrosa que pueda acechar por la gran diagonal. Sin embargo, las piezas negras están a punto de ir a casillas poco idóneas, de modo que la jugada apropiada para tratar de neutralizar el peligro es 26 . . . . , ,ldc5!, con la intención de igualar cam­ biando dos veces en d5. 27. �e2, . . . Una sencilla horquilla que obliga a l bando ne­ gro a enviar el alfil a h2. 27 . . . . , �h2+ 28. �h1' . . .

N

Ahora la dama negra está obligada a defen­ der el alfil, que corre peligro de quedar cazado, y la torre tiene que apresurarse. 28 . . . . , g h4 Dirigida contra la jugada g3, que habría sido la réplica a 28 . . . . , b5; por ejemplo: 29. g3, �xg3 30. fxg3, �xg3, y ahora 31 . �xe6! es el típico anuncio fastidioso de los problemas «suplemen­ tarios» que se experimentan a menudo después de cometer una equivocación. El quid es que 31 . . . . , fxe6? 32. tt:Je7+ da mate enseguida, y 31 . . . . , .U.h4 32. l::t d3! también es terminante; p. ej.: 32. . . . , �xd3 33 . tt:Je7+, Wh8 34. �xg7+, �xg7 35. �f6 mate. Tampoco ayuda 29 . . . . , �xd5+ 30. ldxd5, �xg3 31 . fxg3, �xg3 32. g d3, �h4 33. �g2, etc. Después de 28 . . . . , R h4, las tropas negras parecen amenazadoras porque apuntan al rey adversario, pero la realidad es otra. Son las pie­ zas blancas, mucho más superiores, las que do­ minan y controlan casillas importantes. 29. ldfe1 !, . . . Bonita. Cuando las jugadas sencillas, sin pre­ tensiones, contribuyen a dar gran ventaja, es se­ ñal de que el bando débil ha hecho algo mal. 29. . . . , � g4? Consecuente con el juego desplegado hasta ahora y llevando otra pieza al ataque. Sin embar­ go, también pone otra pieza en una casilla inse­ gura. Todavía peor que la textual es 29. �xh3?? (D).

PLANES DEFECTU O S O S

73

31 .4Je7+, � h8 32.4Jf5, 1 - 0 B

N

De nuevo, la alineación que hay en la colum­ na cch» podría dar la impresión de que las negras están en alza, pero el hecho de que una situa­ ción parezca peligrosa o incómoda no impide plantear las cosas con lógica, como haríamos en una posición más reposada. Demasiados jugadores -yo incluido- serían incapaces de demostrar que la jugada 26. ..., .i,e5? fue, en realidad, defectuosa precisamen­ te porque las blancas respondieron 27. �e2, pues las piezas negras se encuentran rondando al rey blanco. Poco sentido tiene intentar familia­ rizarse con errores garrafales si nos falta valor para apreciar por completo la naturaleza del cas­ tigo que les sigue. Sea como fuere, en este caso en concreto las blancas tienen 30. t¿je7+! , � hB 31 . gxh3; entonces 31 . ... , l:i. xh3?? pierde por 32 . .i,xg7+, �xg7 33. �g4+, etc. En vez de agra­ var el problema, las negras deberían encararlo y volver al redil con el díscolo alfil mediante 29. ..., .i,d6; las blancas están claramente mejor des­ pués de 30. �d2, .i,xd5 3 1 . �xd5 debido a la falta de coordinación de las piezas negras. 30. �e4 Clavando y ganando. La última equivocación del bando negro, de hecho, no amenazaba nada en caso de que se hiciera la textual, ya que aho­ ra 30. ..., .i,xd1 31 . �xh4, .i,c2 anima a jugar 32. t¿je7+, � hB 33. �f6!, _ldg8 (33. ..., gxf6 34 .i,xf6#) 34. �xf7. etc. 30 . . . . , h5 30. ..., .i,f4 31 . .i,xg7! , �xg7 32. �d4+, f6 (32. ..., .i,e5 33. ldxe5) 33. 4Jxt4 es decisivo; p. ej.: 33. ..., .i,xd1 34. 4Je6+, � hB 35. �xh4, .i,c2 36. g c1 !?, .i,f5 37. .l:;í.c7. •

.

Qué horrible amasijo de piezas.

(Falta de) Desarrollo En la miniatura que sigue, el bando negro descuidó el desarrollo, perdió tiempo, creó aguje­ ros, dio al adversario demasiado espacio y, por si fuera poco, no hizo nada para defender al rey, y todo eso en no más de veinte jugadas.

Gligorié-Velimirovié La Haya, 1 966 Defensa Benoni

1 . d4,4Jf6 2. c4, eS 3. d5, g6 4. t¿jc3, .i,g7 s. e4, o-os. 4Jf3, eS?! Para ser justos con el segundo jugador, fa­ moso por haber dado nombre a una emocionan­ te variante de la Defensa Siciliana, la textual es el principio de un experimento fallido.

...

B

ERR O RES G ARRAFALES EN AJE DREZ . C O N O CERL O S . E V I TARL O S

74

7. i, e2, U es? Intentando arreglárselas sin la habitual . . . , d6. En 1 Play Against Pieces, Gligorié escribe: cela idea de organizar presión enseguida sobre la ca­ silla e4 es interesante, pero exige demasiado a las negras, que aún no han solucionado el proble­ ma de cómo desarrollar las piezas». B. eS!, .. . A veces tenemos que estar preparados para invertir un peón o dos a fin de refutar las equivo­ caciones que ha cometido el adversario en la apertura. Esto es pertinente, en particular, al lle­ var las piezas blancas, ya que la apertura es la fase de la partida en la que las negras tienen me­ nos capacidad de organizar una defensa de ma­ nera adecuada. s . . . . , lL\g4 9. i, g s, �as 1 0. o-o, lL\xes 1 1 .lL\e4, . . .

N

N

De manera alternativa, 1 3. .. . , U f8 deja al­ gunas opciones a las blancas; una es 1 4. llb1 , i,e5 1 5. lL\xc8, ldxc8 1 6. dxe6, dxe6 1 7. i,xb7, etc. Después de 1 2 . . . . , �b6, Gligoriéve la situación como sigue: celas negras están aho­ ra muy atrasadas en el desarrollo, así que no hay más que abrir la posición, y la fortaleza negra se derrumbará» . Así, dados los agujerazos de d6 y f6, la próxi­ ma jugada de las blancas no debería ser muy di­ fícil de encontrar. 1 3. b4!, .. .

N

Ahora vemos la lógica que subyace en el sa­ crificio que han realizado las blancas: el escaque e4 ha quedado libre, y el caballo se concentra de repente en los agujeros de d6 y f6, además de vi­ gilar c5. El bando negro ya va a la zaga en el de­ sarrollo, y no parece que sus piezas del flanco de dama puedan contribuir a mejorar la situación en un futuro próximo. 11 . . .., lL\xf3+ 1 2. i,xf3, 'iVb6 La dama ha tenido que jugarse de nuevo por­ que se amenazaba 1 3. lL\d6, .l::l.f8 1 4. i,e7; p. ej.: 12 . . . . , i,xb2 1 3. lL\d6, y a continuación 1 3. . . . , i,xa1 1 4. �xa1 , .l:!.f8 1 5. i,h6 (D) es el fin.

Decisiva. 1 3. ... , cxb4 1 3 . . . . , i,xa1 1 4. �xa1 equivale a abandonar, y después de 1 3 . . . . , 'i!lxb4 1 4. lL\d6, .)¿ f8 1 5 . .l::rb 1 , �a51as blancas tienen 1 6. i,e7 o el plan mencionado antes que acaba en la captura i,xb7. 1 4. eS, . . . La tortura continúa. 14 . ... , �c7 1 S. �e1 , lL\a6 Incluso el tardío desarrollo del bando negro

PLANES DEFECTU O S O S

hace daño a l a vista. ¡ A estas alturas, Velimirovié debía de estar lamentando su jugada 7!; 1 5 . . . . , exd5 1 6. C2lf6+ incluso da mate. 1 6. d6, �a5 1 7. C2lf6+, . . .

75

1 8. ct:Jxh7+, \t> g S 1 9. CLJf6+, \t>f8 20. Ue5, . . . Tomar l a torre también e s decisivo, pero el caballo es aquí la pieza fuerte. 20 . . . . , .u. b8 21 . ¡vd2, 1 - o

N N

1 7 . . . . , �f8 1 7 . . . . , j,xf6 1 8. j,xf6 no hace sino aplazar el resultado final. El segundo jugador no puede tener esperanzas de sobrevivir sin el alfil de casillas negras; p. ej.: 1 8 . . . . , 'iVxc5 1 9. bí,e5, 'iVc4 20. g h5!?, e5 (20 . . . . , gxh5 21 . �d2; 20 . . . . , �f4 21 . j,e5, �c4 22. �d2) 21 . bí,xe5, bí,xe5 22. j,xe5, �h4 23. j,d5, CZJc5 24. .Sc1 , C2le6 25. � c4, �g5 26. f4, �d8 27. bí,xb4 o 27. f5.

Las negras están indefensas ante j,h6. Una equivocación fue suficiente para crear problemas al bando negro, aunque a primera vista 7 . . . . , .Se8 no parecía tan mala. Una inspección más detenida, sin embargo, sobre la base del potente tratamiento que aplicaron las blancas, revela lo contrario .

7. LOS

PELIGROS

DE SIM PLIFICAR El planteamiento de jugar a simplificar -por definición un poco pasivo- no es, sin duda, la res­ puesta fácil a los problemas (reales o no) del ban­ do que se defiende que muchos jugadores creen. Aparte del hecho de que a menudo lleva tiempo idearlo y durante ese tiempo el adversario podría mejorar su suerte de todos modos, una política así bien pudiera fracasar en la tarea de reducir la presión. Busque posibilidades de simplificar cuan­ do esté incómodo, pero recuerde que la opera­ ción en sí puede que no sea nada fácil y, de hecho, sí bastante peligrosa. Un error garrafal es una cosa; invertir tiempo preparándolo, otra.

Gligorié-Tukmakov URSS-Yugoslavia,

Odesa, 1 975

N

Como se esperaba, las negras acaban apro­ vechando la oportunidad de empezar a conducir la partida hacia las tablas. 21 . . . . , l2Jd5 es mejor, pues cambiar las cuatro piezas en d5 les crea un peón e7 32. t¿jd5+, 'lt>d8 33. �h8 es decisivo y la fea 28 . . . . , �f5 29. �xf5, gxf5 es el mal menor. 28. hxg5, . . . 28. t2ld5!? e s otra opción. 28. . . . , �xg5 Aceptando quedarse con peones aislados, pero 28 . . . . , hxg5 29. t¿jd5 apenas es una mejo­ ra; p. ej.: 29 . . . . , �g6 (29 . . . . , �e6? 30. �h7 o 29 . . . . , 'fVg7 30. 'iVf5, y ahora 30 . . . . , �g6 es forzada) 30. 'iYxg6!?, fxg6 31 . t¿jf6, 'lt>e7 32. tt:Jxe8, �xe8 33. Wg2 (33. i,d5!?), tt:Je7 34. �f3, y el final es bastante desagradable para las negras. 29. i,d5, i,d7? Las cosas no han ido según el plan, y esta ju­ gada dificulta la vida todavía más, aunque 29 . . . . , 'iVf6, que es superior, también es floja. 30. 'iW h7, �f6 Volver con 30 . . . . , i,es tropieza con 31 . �h8+, �e7 32 . .i,c4, seguido de t2ld5-f6, y 30 . . . . , �g7 31 . 'iWb1 ! , b6 32. �b5, t¿jb8 33. 'iWc4 es una bonita maniobra. 31 . i,xf7!, . . .

N

La dama va a e4 de todos modos; el quid es que �h7 empieza una ofensiva. Este nuevo punto débil existe solamente porque las negras

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E R R O R ES G A R R AFALES EN AJE D R EZ .

Bonito. El quid es contestar a 31 . . . . , Vl/ixf7? 32. l2Jg6+; entonces, 32 . . .. , �ea 33. Vl/ih8+ es terminante. Siguió: 31 . . . . , t2Je7 32. i, b3, i,fS 33. lLJhS, i,xh7 34. lLJ:xf6, i, g 6 35. l2Jg 4, � g7 36. lbe3, i,e4 37. g4, �f6 37 . . .. , l2Jg6 38. i,d5, i,xd5 39. lbxd5, �f7 40. f4, �e6 41 . f5+, �xd5 42. c4+! sería un divertido final. 38. � h2, b6 39. � g3, � g 5 40. i,f7, . . . 40. f4+, �f6 llega a l o mismo. 40. . . . , �f6 41 . i,c4, � g5 42. i,b3, �f6 43. f3, i, g 6 44. f4, . . . Y las blancas ganaron e n l a jugada 59. Volviendo a la posición inicial, resulta que la torre bien situada que tenían las blancas era, en

e O N O e E R L O S . E V I TA R L O S

realidad, un señuelo, puesto que la errónea de­ cisión de Kárpov -esforzarse por suprimirla- fue la causa de su derrota. Desde luego, describir , ti. e8 en este ejemplo como un error garrafal parece severo porque la gran mayoría de los ju­ gadores no lo descubriría o no apreciaría el por­ qué. Sin embargo, el proceso de toma de la decisión, más bien mecánico, -y la subsiguien­ te ejecución del plan- sí merece el signo de in­ terrogación . Las negras parecían tan decididas a neutralizar la posición, amenazadora en po­ tencia, del rival que no buscaron ni se plantea­ ron una estrategia alternativa como 25. . . . , .U. c8. (Si Kárpov hubiese estado menos preo­ cupado, tal vez habría estudiado jugar ensegui­ da 23 . . . . , .tí.c8.) . . .

8. TABLAS Leí en un boletín de ajedrez hace poco que las tablas estropean la partida. Sin embargo, las tablas son intrínsecas al ajedrez, y compartir el punto a menudo es el único resultado justo. El empate, en sí, no es un final indigno de una par­ tida interesante y bien jugada. El mero hecho de que las tablas sean un re­ sultado posible puede tener un efecto interesan­ te en la partida. Por ejemplo, el jugador que tiene ventaja quiere ganar, y el que lucha por sobrevi­ vir no quiere salir de la partida sin nada. Desde luego, no siempre obtienen lo que quieren.

Esperando a estrechar la mano... Aunque piense que la partida es tablas y no hay nada constructivo que pueda hacer ningu­ no de los bandos, debería seguir prestando toda su atención al juego. De lo contrario, «desconec­ tar» sí da al adversario una ventaja inquietante en potencia.

�adadze-Urushadze Campeonato de Europa por Equipos, Batumi, 2002

8

Se han cambiado en f5 los dos últimos pares de piezas menores, y el resultado ha sido uno de esos finales de piezas mayores en los que la me-

ra masa de peones restringe mucho la movilidad. Una breve ojeada a la posición del diagrama bas­ ta para concluir que las blancas son las únicas que pueden albergar esperanzas de ganar la partida; la única ruptura disponible es la jugada a5, y la columna «f>> proporciona a las torres del primer jugador al menos una apariencia de activi­ dad. Sin embargo, al disponer de los recursos defensivos suficientes para emplearlos en los ob­ jetivos que pudieran verse sometidos a presión, las negras, en este punto, debieron de confiar en que harían tablas. Veamos cómo continuó la ba­ talla. 37. �b2, . . . Poniendo l a vista d e inmediato e n e l flanco de dama; en lo sucesivo, a5 y b6 son lugares en los que puede haber actividad. 37 . . . . , l:':th7 Al estar el peón de f6 bien protegido, la torre retrocede para tener el otro flanco a su alcance. 38 . .l:!.b1 , �d7 39. �a3, . . . Jugando con a4-a5. Nótese que las blancas deberían ser cautelosas en lo que se refiere a avanzar el peón «a>> , ya que siempre hay el peli­ gro de quedarse con un peón (pasado) menos debido a los peones «C>> doblados. 39 . . . . , �c7 40. .U.b5, .id bS! Ahora el primer jugador debe estudiar en qué medida abrir la columna «b>> ayudaría al adver­ sario a activarse; de ahí la siguiente jugada de precaución. 41 . Wh2, �da La sensata reorganización que ha llevado a cabo el bando negro permite a la dama apoyar b6 y f6 -así como b8- al tiempo que deja libre la torre de rey para que pase al flanco de dama si fuera necesario. 42. 1:!. f1 , . . . La emigración continúa. 42. . . . , as

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E R R O R ES G A R R AFA L ES EN AJE D R EZ . C O N O CE R L O S . E V I TA R L O S

B

Pese al hecho de que hasta ahora a5 no re­ sultaba eficaz, las negras son conscientes de que en un momento dado, con la preparación su­ ficiente, la ruptura sí podría ser peligrosa. Desde un punto de vista práctico, nunca es fácil sentar­ se a esperar y contemplar de continuo una posi­ bilidad tan manifiestamente conflictiva, así que las negras deciden suprimir un problema a costa de crear otro en forma del peón rezagado. Desde luego, es fácil ver que pueden defender b6 sin pasar apuros, además de sortear cuales­ quiera trucos por la columna «b>> que impliquen .)¿ xa5. La textual también es índice de que con­ fían en que la partida acabe de modo pacífico, pues este bloqueo elimina la última posibilidad de romper con los peones. Las blancas no pueden hacer ahora nada más constructivo que mover las torres y la dama de manera que parezca amenazadora, y continuar así demasiado rato sería absurdo. Las tablas están en el bolsillo. 43. �b2, M f7 44. �f2, �ca No hay necesidad de permitir � f5+, por si acaso. 45. ti. fb1 , M fb7 46 . .ld 11 , 1::1. f7 Parece absurdo atacar de manera alterna ob­ jetivos que se protegen con facilidad. Tras hacer frente sin dificultades a estas «amenazas>> y ha­ biendo dejado de ser una preocupación la jugada a5, el segundo jugador debe de haber oprimido el botón de avance rápido en alguna parte del ce­ rebro, pensando, quizás, dónde relajarse por la noche (después de haber defendido con calma el medio juego y el final). 47. �b2, �da

¿Es que no pueden las blancas captar la indi­ recta? Ni b6 ni f6 corren peligro de caer, sin que importe en qué orden sitúe las piezas el primer ju­ gador. Y las negras no estaban dispuestas a per­ mitir siquiera un jaque, inocuo, en f5. ¿No están siendo las blancas un poco frescas haciendo per­ der el tiempo al rival? Bien, eso no debería impor­ tar. Durante la partida, la única discusión o debate debería tener lugar en el tablero, y si el resultado se produce mucho tiempo después de lo que se «suponía>> , así será. Seguir jugando y jugando a menudo se tilda de antideportivo (incluso «avari­ cioso>> ), pero es perfectamente legítimo y una op­ ción bastante justa si hay la posibilidad de que surja una situación en la que la debilidad de uno de los jugadores pueda manifestarse de por sí de modo decisivo, sea como error garrafal cometido bajo presión (si bien autoimpuesta), falta de en­ tendimiento de un elemento fundamental de la partida o incluso mala técnica en una situación convencional y sencilla. Innumerables puntos «SU­ plementarios>> se ganan y se pierden así. Algunos jugadores se han convertido en verdaderos exper­ tos en trabajar victorias laboriosas y reconocer qué adversarios son más proclives a pasar apuros en esas circunstancias, mientras que (muchos) otros se encuentran sin querer en el extremo opuesto del espectro, acumulando a lo largo de su carrera ajedrecística una historia tras otra de «mala suer­ te>> . Los errores son casi siempre creación y res­ ponsabilidad exclusiva del que los comete, y no hay excusa para pasar por alto una jugada por lo demás obvia o caer en una sencilla celada des­ pués de que el adversario siguiera jugando injus­ tamente en una partida que era tablas por todas partes (o -peor- que debería haber abandonado).

TA B LAS

48. U t5, . . . A l n o haber podido hacer incursión alguna en el flanco de dama, la torre vuelve a f5. 48 . . . . , U bb7 Las negras también se preparan para el tras­ lado que se avecina. 49. Vit'c2, U h7 Estando b6 a punto de quedar tranquilo y f6 custodiado sin problemas, las negras ofrecen al peón de h5 un poco más de protección por si acaso.

8

50. U b1 , U hf7 Así que, ¿al restaurante esta noche? ¿Chino? ¿Indio? ¿ Italiano? 51 . U bt1 , U a7 Italiano. ¿Pasta? ¿Pizza? 52. � e2, . . . Aparte del rey, que estaba e n g1 e n vez de en h2, las piezas blancas ocupan las mismas po­ siciones que tenían cuando nos incorporamos a la partida. Mientras tanto, se han anulado todos los truquitos que podían aparecer en el flanco de dama con la ruptura a5. 52 . . . . , U ab7?? Las blancas han probado suerte en el flanco de dama, han visto cómo se levantaba el puente levadizo y ahora vuelven en un viaje de trámite al flanco de rey. La tarea de las negras ya está he­ cha. No hay razón para ofrecer tablas después de todo esto. De hecho, que sea el bando blanco el que se rebaje y reconozca que las últimas quince jugadas más o menos no han sido más que una pérdida de tiempo. Pizza. 53 . .id xh5!, . . .

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N

¡Chúpate ese hueso, que tiene caña! Las tro­ pas blancas habrán vuelto a sus puestos inicia­ les, pero la ubicación de las negras ha cambiado, en particular la de la torre de f7. Así, las blancas lanzaron los dados por última vez, pero el segun­ do jugador ya había firmado la planilla mental­ mente y tal vez examinara otros asuntos (¿queso y piña de postre?). El error en este caso no es no darse cuenta del peligro, sino más bien no mo­ lestarse en mirar como es debido. Si hubiera mi­ rado bien después de 52. �e2, el bando negro habría jugado, sin ir más lejos, 52 . . . . , U fa, re­ trocediendo con la torre para despejar la diagonal h5-ea, de modo que la dama pudiera defender h5 yendo a ea. Ahora 53 . . . . , �xh5 acaba en mate por fuerza después de 54. U f5+, �h6 55. 'iWxg4 y U h5 mate. Por desgracia, la caída del peón de h5 ha dejado g4 colgando, y 53 . . . . , �ca no ayuda en vista de 54. U ff5, etc. 53 . . . . , f5 54. u fxf5, 1 o -

Korchnói-Dáutov Essen, 2002

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E R R O R ES G A R R AFALES EN AJE D R EZ . C O N O CE R L O S . E V I TA R L O S

Las negras parecen pasivas, pero dado que quedan pocas piezas y considerando que el peón de c6 es la única debilidad , todo lo que el segundo jugador tiene que hacer para asegu­ rar las tablas es aguantar. Las blancas no pue­ den permitirse el lujo de descuidar el flanco de dama porque las negras controlan la única co­ lumna abierta. En consecuencia, el bando blanco hizo un esfuerzo por explotar el alfil suplementa­ rio avanzando en el otro flanco. 32. h4, h5! Prefiriendo impedir h5 y también tentando a las blancas a abrir el juego de manera automáti­ ca. 33. �f2 . . . . 33. gxh6?!, �xh6 dirige l a atención a f4 y, por tanto, no ayuda sino a las negras. En vez de eso, al estar ahora cerrado el flanco de rey, las blancas envían el rey al centro. 33 . . . . , �f8? Las negras ya se están preparando para divi­ dir el punto (cosa que ocurriría poco después de algo como 33 . . . . , '!Wa4, por ejemplo), quizás es­ perando estrechar las manos una vez que ambos reyes lleguen al centro, cuando ya no habrá nada constructivo que hacer, pues el flanco de dama es­ tá seguro y el flanco de rey está cerrado. Además, 33. \t>f2 tal vez haya aumentado las expectativas negras de lograr un acuerdo de paz, ya que es menos probable que las blancas intenten algo arriesgado teniendo el rey más expuesto a un ata­ que. De hecho, es en estas circunstancias, una vez que se ha hecho el trabajo y las aguas han vuelto a su cauce, cuando se cometen tantos erro­ res garrafales. Incluso fuertes jugadores, al pare­ cer, dejan de pensar, convencidos de que ya se han anulado los medios potenciales que tiene el adversario para presionar y obtener ventaja, con lo que el equilibrio es así más evidente. De manera irónica, el periodo que sigue a la última tentativa que emprende el rival para utilizar una posible ventaja a menudo puede ser decisivo. El jugador que se ha ido ••ganando» las tablas tiende a rela­ jarse un poco --{) mucho-, lo que va agarrotando el mecanismo de defensa consciente y alimentado por la adrenalina. El resultado es que se traslada el foco de atención de los posibles lugares de pe­ ligro en tomo a los que había girado la partida has-

ta entonces a asuntos más prosaicos, pero menos complicados. En fin, el GM de más de 2.600 aca­ ba de cometer una grave equivocación . . .

B

34. \t>e3?, . . . . . . pero e l antiguo aspirante a l Campeonato del Mundo -bien conocido por su planteamien­ to de gladiador y deseo de ganar- también ha re­ ducido las operaciones y planta maquinalmente el rey en el puesto deseado. El lector atento (ayu­ dado por el título y el tema de este libro) tal vez haya descubierto aquí 34. d5! ; el quid es que después de 34 . . . . , �xc3 35. '!Wxc3, forzado, merece la pena investigar el daño que puede ha­ cer la dama al llegar a h8. Una línea divertida es 35 . . . . , exd5 36. '!Wh8+, \t>e7 37. f5! , gxf5 38. g6!, y el peón es inmune porque el jaque por la fi­ la captura la dama. Aquí, 37 . . . . , �e? 38. '!Wf6+, \t>e8 39. fxg6 requiere un mínimo análisis; p. ej. : 3 9. . . . , '!Wh2+ 40. \t>e3, '!Wg1 + 41 . \t>e2, '!Wh2+ 42. \t>d3, fxg6 43. '!Wxg6+, \t>e7 44. '!Wf6+, \t>d7 45. g6 o 42 . . . . , '!Wxh4 43. gxf7+, \t>f8 44. '!Wd8+, \t>xf7 45. g6+, etc. Esto deja 35 . . . . , cxd5 36. f5!

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Bonita y temática, pero inútil si el rey está aún en g8. Ahora 36 . . . . , �g8 37. fxe6, fxe6 38. �e5 es decisivo, y 36 . . . . , gxf5 37. �h8+, �e? 38. g6, �a2+ 39. �e2 no parece atrayente, así que el mal menor es 36 . . . . , exf5 37. �h8+, �e? 38. �f6+, �es 39. �xd5, �e?, y las negras pasan apuros. Es posible que ambos jugadores hubiesen descartado (con buen criterio) d5 desde hace mucho y, convencidos de que se habían agota­ do las vías más realistas , se •• olvidaron •• de ella. 34 . . . . , � e7?? Peor todavía que su anterior equivocación, este error garrafal sugiere que las negras -a es­ tas alturas por lo menos- eran ajenas a la jugada d5 y no pensaban más que en las anheladas ta­ blas. Sin ir más lejos, volver con el rey a g8 resta­ blece el equilibrio. 35. d5, . . . Korchnói, s i n embargo, e s un antiguo aspi­ rante al Campeonato del Mundo -bien conocido por su planteamiento de gladiador y deseo de ganar-, y, así como yo no necesitaba escribir esto dos veces, él tampoco tiende a necesitar una segunda oportunidad. Quizás descubrió más tarde el error y esperaba que las negras no lo advirtieran. Sea como fuere, las blancas aca­ baban de completar una miniestrategia al cam­ biar el rey de sitio y podían ver la posición con « nuevos ojos» . De hecho, al estar el rey negro tan cerca, la textual no es difícil de encontrar, lo que hace que el error de las negras tenga me­ nos excusa todavía.

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¡Qué transformación! E l peón «d», antaño re­ zagado, está ahora protegido y pasado. 36 . . . . , d7?

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Quizás desestabilizado por el repentino giro de los acontecimientos, el segundo jugador en­ cuentra otro error, aunque después de 36 . . . . , �d8 37. �xc3, �d7, preferible, el final simple­ mente se aplaza. 37. � xc3, �es 3S. � hS+, � b7 39. � dS, . . . E l peón d e d 6 establece l a diferencia; gracias a él, las blancas pueden permitirse el lujo de con­ ceder a las negras una colección de jaques sim­ bólicos. 39 . . . . , � a3+ 40. �f2, � xb4 41 . � c7+, � as 42. d7, � d2+ 43. � g3, . . .

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Ahora el peón de c6, que debería haber sido fácil de defender, es un auténtico problema. 43 . . . . , � e1 + 43 . . . . , �xd7 44. �xd7, L'L\xd7 45. �xc6+. 44. h3, 1 o Los errores del bando negro en este ejemplo -

35 . . . . , � xc3 36. d6+, . . .

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E R R O R ES G A R R AFA L ES EN AJE D R EZ . C O N O CE R L O S . E V I TA R L O S

podrían haber tenido varias causas en el contex­ to de una situación «normal••, pero al estar las ta­ blas tan cerca después de 32 . . . . , h5, pasar por alto d5 (dos veces) puede achacarse a la defec­ tuosa suposición de que la partida tardaría muy poco en ser tablas y no podía acabar de otro mo­ do. Si la posición hubiera sido más tensa, con otras dificultades que vencer, las negras habrían estado alerta ante toda ruptura por el estilo. Se las habían ingeniado para mantener a raya al gran Korchnói durante varias horas y no tenían más que continuar en la misma vena algunas ju­ gadas más. En vez de ello, se relajaron y pusie­ ron el piloto automático.

Cuando solamente satisface la victoria... Una de las peores ocasiones en las que se presentan las tablas es cuando hemos estado ju­ gando a ganar -f8 46. �f5+, �e8 47. �e6+ hace tablas; p. ej. : 47. . . . , �e7 48. �g8+, �d7 49. �d5+, �c8 50. �a8+, etc. Incluso poseyendo una torre de ven­ taja, estando a punto de coronar y teniendo un rey por diana, ¡ las negras deben mantener los ojos bien abiertos! 43. �h2, �f7 44. �f1 +, . . . Las blancas todavía n o están acabadas . . . 44. . . . , i,f4! Evitando sabiamente otro desastre: 44 . . . . , �e7?? 45. �f6+, �xd7 46. �f7+, �c6 47. �f3+.

N

El juego podría continuar así: 47 . . . . , �b6 48. �xa8, i_a3 49. �b8+, �a6 50. i,f4, � xf4 51 . �c8+, y las blancas terminan atra­ pando el latoso peón «C». 45. i,xf4, �e7 46. i, g5+, �xd7 47. �f7+, �d6 48. i,f4+, e5 49. �f6+, �d7 50. �f7+, �c6 51 . �e6+, � b7 52. �e7+, . . . 52. �d5+, �a6 53. �xa8, exf4. 52 . . . . , �a6! 53. �a3+, � b6 54. i_e3+, �c6 55. �a6+, \t>c7 56. �h6, �e4 57. � g7+, �es o - 1 Buena demostración de lo rápido que puede cambiar la suerte; no es una buena noticia si se obceca uno en no querer medio punto por creer que todo está a su favor y es el adversario el que tiene que hacer las tablas. Las blancas tampoco querían compartir el punto en el próximo ejemplo.

TA B LAS

89

Kallio-Blehm Bennuda, 2002

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8

Además de calidad y peón de ventaja, el pri­ mer jugador tiene dos peones pasados y ligados y piezas activas. Nos incorporamos a la partida diez jugadas antes del error clave a fin de apre­ ciar mejor las circunstancias. El único atisbo de compensación que pueden tener las negras es la falta de peones protectores delante del rey ad­ versario. Dicho esto, las blancas podían haber dado los toques finales a la partida con 44. � d7 para atacar f7. Por ejemplo, luego de 44 . . . . , .U, f8 45. a4 las negras están demasiado pasivas, y 44. . . . , éZ'ld8 45. .U. f6 (amenazando 46. ll xg6+, fxg6 47. ¡vg7#) 45 . . , 1:t e6 tropieza con 46. ¡ve?, ¡vxc7 47. l::i, xc7, con la mortífera amenaza .l::!. c8, etc. 44. l:r de2?!, . . . Esto n o es e n s í u n error (la victoria sigue es­ tando al alcance), sino más bien el preludio de uno. 44 . . . . , .Id ea 45. ¡vh3??, . . . N o sabemos cuánto vieron las blancas, pe­ ro podemos determinar con facilidad que 45. �b3 es decisiva. La textual lleva la idea correc­ ta, pero permite que las negras creen fuerte contrajuego. 45 . . . . , Uc4! 46. .U. xe6, . . . E l quid, pero e l adversario puede dar u n fas­ tidioso jaque antes de tomar. 46 . . . . , .u. g4+! .

.

Ya hay marejada, tanta que las blancas ya no ganan. Siempre es una buena idea, una vez que la partida ha dado un brusco giro en la di­ rección que no corresponde, mirar la nueva si­ tuación desde una perspectiva nueva. Si ya no es realista obtener el buen resultado que se es­ peraba, hay que encarar los hechos, mantener la calma y concentrarse en los nuevos factores clave. Eso significa a menudo corregir el rumbo conduciendo la partida a las tablas, lo que pu­ diera dar la impresión de que es perder medio punto. No obstante, las cosas podrían ir peor, así que sea realista. De hecho, las blancas po­ dían haber salido de apuros con 47. ¡vxg4, hxg4 48. g e?! (48. ll e3, g3 49. 1:t b2, �f4 50. l:r be2, j,f3 51 . :t xf3, ¡vxt3 52. b5, �g7 tal vez fuera un pelín mejor para las negras) 48 . . . . , ¡vb6 49 . .l:l exf7, g3 50. � f8+, �g7 51 . U8f7 +, etcétera, pero eligieron una alternativa igual de sólida. 47. j, g2, fxe6 48. ¡vd3, . . . A l estar obstruida l a diagonal hasta e6, las blancas ponen la mira en g6. 48. . . . , j,e4! 49. ¡vd7, . . .

N

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ERRORE S GARRAFALE S EN AJEDREZ. CONOCERLO S. EVITARLO S

49. ..., �b6! Defensa activa, que tiene la ventaja de dar al rival la oportunidad de cometer otra equivo­ cación. Teniendo en cuenta lo que ha sucedido durante las últimas jugadas, es una buena polí­ tica, en vez de cerrar el paso con la sólida 49 . . . . , i,f5; entonces, la mejor continuación es 50. .S,xt5, exf5 51 . �e6+, � g7 52. �f6+, � h7 53. �f7+, � h8 54. ¡vf6+, etc. Es verdad que después de la textual la primera fila de las negras parece vulnerable, pero recuerde que la dama blanca es la única pieza que puede moverse ahora, ya que las otras dos están clavadas. 50. �f7+, � h8 51 . �f8+, � h7 52. �e7+, �g8 Y así, las blancas pueden forzar las tablas. Al estar b4 bajo presión, h4 colgando y las dos ter­ ceras partes de sus tropas de ataque clavadas, eso sería la única opción. 53. �eS??, ... Nada de tablas. Que las blancas fueran ga­ nando cuando nos incorporamos a la partida ya no es relevante, pero para algunos jugadores compartir el punto con un adversario que estaba a punto de perder es una píldora demasiado amarga de tragar. Por desgracia, cuando nos hallamos en este terco estado de ánimo tende­ mos a buscar un plan -incluso una única juga­ da- que no necesariamente ayude a presionar para obtener ventaja o la iniciativa, pero impida al adversario robarnos el 50% de nuestro punto. Este ejemplo en concreto es bastante común: el bando atacante interpreta su anterior ventaja de­ cisiva y su potencia actual para decidir el curso de la partida como señales de que tiene el con­ trol y, por tanto, está justificado seguir jugando. Las blancas creen que son ellas las que llevan las riendas y deberían ganar. En consecuencia, en vez de dar un paso atrás y contentarse con el generoso jaque continuo, maniobran con la da­ ma y la ponen en c5, saliendo de la clavada sin perder de vista f8 (que ahora está disponible pa­ ra la torre, liberada). Es probable que el análisis de las blancas llegara hasta aqu í, siendo un atractivo suficiente el hecho de negarle las ta­ blas al adversario.

N

53 . ..., �d8! Es notorio que las jugadas fuertes que impli­ can una retirada son difíciles de ver. El primer ju­ gador tenía, sí, el poder de influir en el resultado, pero al esforzarse por seguir asumiendo el papel de agresor no tuvo en cuenta el hecho de que podría acabar en O 1 . Ahora, las blancas no so­ lamente no pueden alcanzar al rey enemigo, si­ no que su torre es de poca utilidad porque está, de hecho, amarrada al sitio, pues debe defender el alfil (clavado). Las negras amenazan dar un jaque muy desagradable en d1 , y el espacioso flanco de rey blanco se tambalea. 54. � h2, ... 54. �c1 , i,xg2 55 . .S,xg2, 'iNd4+ 56. � h2, .S,xh4+ 57. �g3, �g4+ 58. �f2, �xb4 no ayuda a las blancas. 54. ... , .S. xh4+ 55. � g1 , .S. g4 56. 'lit h2, -

El bando blanco tiene ahora el ánimo mucho más pacífico, pero es demasiado tarde. 56. ..., �b8+ 57. �g1 , i,xg2 58 . .S,xg2, .S,xb4 Las negras tienen un peón de ventaja, mejo­ res piezas y el rey más seguro. Las blancas se derrumbaron por completo luego de: 59. �e3, .S,b1 + 60. �f2, �f8+ 61 . �g3, �d6+ 62. �f4?, h4+! 63. �f3 (63. �g4, .u. b4}, .u. f1 + [ ...] o- 1 Nótese que algunos jugadores, viendo que al adversario no le satisfacen las tablas por el moti­ vo que sea, proponen tablas (quizás haciendo un poco de «teatro» por si acaso) al efectuar una ju­ gada como 49 . .. . , �b6. Las blancas podrían forzar el jaque continuo de todos modos, así que, ¿qué se puede perder? Como veremos más ade-

91

TABLA S

lante, el hecho en sí de ofrecer tablas puede te­ ner resultados interesantes.

dos y ligados en e l otro flanco, las negras tam­ bién habrían podido dejar la torre en casa y jugar 32 . . . . , a5. 33 .l:i,g2, ... Ahora 33 . . . . , .l:i. h3 34 . .l:i. f1, �f6 35. cJ;; g 1 , t¿jg6 es terminante. Nótese lo grave que es la clavada por la columna
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