5. ANTOLOGÍA OP

July 22, 2017 | Author: llamaga | Category: Certainty, Public Opinion, Marxism, Ideologies, Truth
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OPINIÓN PÚBLICA

OPINI ÓN PÚB LICA Antología

(material de trabajo)

OPINIÓN PÚBLICA

CONTENIDO 1. INTRODUCCIÓN 2. SURGIMIENTO Y CRISIS DE LA NOCIÓN DE OPINIÓN PÚBLICA 3. PRINCIPALES CONCEPTUALIZACIONES CONTEMPORÁNEAS DE LA OPINIÓN PÚBLICA 4. COMUNICACIÓN Y OPINIÓN PÚBLICA 5. FORMACIÓN DE LA OPINIÓN PÚBLICA 6. FACTORES COMPONENTES DE LA OPINIÓN PÚBLICA 7. PÚBLICO Y OPINIÓN PÚBLICA 8. ELEMENTOS DE FORMACIÓN DE LA OP 9. ARQUETIPOS 10. ESTEREOTIPOS 11. PREJUICIOS 12. IDENTIDAD 13. IDEOLOGÍA 14. GRUPOS DE OPINIÓN 15. LÍDERES DE OPINIÓN 16. ESTADO Y GOBIERNO 17. PROPAGANDA EMPRESARIAL 18. LA OPINIÓN TELEDIRIGIDA 19. MANIFESTACIONES DE LA OP 20. MEDICIÓN DE LA OPINIÓN PÚBLICA 21. EJEMPLO DE ANÁLISIS: LEGALIZACIÓN DEL ABORTO

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OPINIÓN PÚBLICA

Introducción

L

a opinión pública es un fenómeno psicosocial que tiene origen desde el momento en que se forma un grupo humano, su objetivo es encontrar un punto de

convergencia: es la búsqueda de consenso entre grupos para encontrar un acuerdo respecto a asuntos de interés común. No obstante, aun cuando este fenómeno ha sido una constante en la historia de las colectividades, no siempre fue concebido con el término "opinión pública", incluso no fue estudiado sino hasta el siglo XX, con el surgimiento de las ciencias de la comunicación, en sus primeras décadas. El concepto opinión pública, sin embargo, no ha sido definido con precisión aun con todos los estudios que respecto a éste se han realizado. Diversos investigadores han aportado, desde sus propias disciplinas, argumentaciones para explicar el fenómeno, pero no ha habido una definición clara y precisa que logre conjuntar todo este conocimiento. Jordi Berrio, señala al respecto, "no resulta fácil definir qué es este fenómeno social que conocemos como opinión pública. Harwood Childs (1965) reunió unas cincuenta definiciones de dicho concepto, lo que indica que no existe ninguna definitiva y que no se ha llegado a acuerdo alguno entre los especialistas sobre el tema". Debido a la complejidad del concepto "opinión pública" será prudente estudiarlo desde su polisemia. Es decir, desde la pluralidad de significados que los términos por separado "opinión" y "público" pueden tener.

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1. HACIA UNA DEFINICIÓN DE OPINIÓN PÚBLICA

Intentaremos comenzar a definir a la opinión pública separando los términos que lo componen; sin embargo, no podemos tener una visión reduccionista concentrándonos exclusivamente en que la definición de sus componentes es la definición de todo el fenómeno. Este será tan sólo el comienzo del complejo camino que aquí se seguirá para estudiarla.

OPINIÓN El Diccionario de la Lengua Española define "opinión": Del lat. opinĭo, -ōnis. 1. f. Dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable. 2. f. Fama o concepto en que se tiene a alguien o algo. Platón definió a la opinión como una posición intermedia entre el conocimiento y la ignorancia; un conocimiento parcial de la realidad. K. Young, por su parte, señala: "Una opinión es una creencia bastante fuerte o más intensa que una mera noción o impresión, pero menos fuerte que un conocimiento positivo en pruebas complejas o adecuadas. Las opiniones son en realidad creencias acerca de temas controvertidos o relacionados con la interpretación valorativa o el significado moral de ciertos hechos. Una opinión no es, sin duda, algo tan cierto como una convicción, que se relaciona más estrechamente con el sentimiento".1

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Young. K et al; La opinión pública y la propaganda, Paidós Studio no. 69, México, 1986, pág. 10.

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PÚBLICO

El concepto de público es quizá aún más polisémico. El Diccionario lo define con las siguientes acepciones: Del lat. publĭcus. 1. adj. Notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos. 2. adj. Vulgar, común y notado de todos. Ladrón público 3. adj. Se dice de la potestad, jurisdicción y autoridad para hacer algo, como contrapuesto a privado. 4. adj. Perteneciente o relativo a todo el pueblo. 5. m. Común del pueblo o ciudad. 6. m. Conjunto de las personas que participan de unas mismas aficiones o con preferencia concurren a determinado lugar. Cada escritor, cada teatro tiene su público 7. m. Conjunto de las personas reunidas en determinado lugar para asistir a un espectáculo o con otro fin semejante. Young define al público desde diversas perspectivas. Comienza señalando que el público no se mantiene necesariamente unido. "Público significa gente, pero llegó a significar el cuerpo general o la totalidad de los miembros de una comunidad. El término ha sido empleada también con un sentido más limitado para significar una masa transitoria de individuos que no se encuentra próximos unos de otros, con un interés común o general... El público no se mantiene unido por medio de contacto cara a cara y hombro a hombro; se trata de un número de personas dispersas en el espacio, que reacciona ante un estímulo común, proporcionado por medios de comunicación indirectos y mecánicos. "Algunos autores definen público como un sustantivo colectivo, para denotar un cuerpo de adultos o ciudadanos interesados en problemas políticos. Aun bien no todos los públicos sólo se interesan por las cuestiones políticas y encontramos públicos como los financieros, los culturales y algunos otros tópicos de interés general".2

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Idem, pág. 7-8.

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Sólo para comenzar a puntualizar una probable definición de opinión pública fusionaremos lo que ya sabemos de estos términos. La opinión pública consiste en las opiniones sostenidas por un público en cierto momento.

ORÍGENES DEL CONCEPTO DE OPINIÓN PÚBLICA

De acuerdo con Vincent Price, la opinión pública es un concepto que aparece durante la Ilustración. "La idea está íntimamente ligada a las filosofías políticas de finales del siglo XVII y del siglo XVIII (Locke, Rousseau) y sobre todo a las ideas democráticas del siglo XIX (Bethams y Mill)".3 Sin embargo, muchos escritores anteriores establecieron aproximaciones a las teorías modernas sobre la opinión pública, algunas de éstas se podrán apreciar en los cuadros I y II. "Si las variadas concepciones conviven y debaten académicamente, todas ellas se han nutrido de diversas posturas teóricas construidas históricamente. Y es que la expresión opinión pública que se usa actualmente, se remonta a mediados del siglo XVIII. No obstante antes de aquel momento se manejaban términos parecidos como opinión común, opinión popular, voluntad general, vox populi, etc. que hacen referencias indirectas sobre la opinión pública".4

De esta manera, Protágoras hace referencia a “creencias (opinión) de las mayorías”, Herodoto de la “opinión popular”, Demóstenes de la “voz pública de la patria”, Cicerón habla del “apoyo del pueblo” y Tito Libio de la “opinión unánime”. Pero, como es sabido, son los filósofos griegos quienes hacen los mayores aportes y precisiones. Platón, hace por ejemplo una separación entre doxa (opinión) y epistema (ciencia), es decir el saber del vulgo, frente al auténtico conocimiento de la ciencia 3

PRICE, Vincent; La Opinión Pública. Esfera pública y comunicación, Paidós Comunicación no. 63, Barcelona, 1994, pág. 18. 4 TUESTA SOLDEVILLA, Fernando; Opinión Pública

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reservado a una minoría. En cambio, para Aristóteles la doxa es sólo un conocimiento probable, de esta manera, el hombre para opinar no requiere acudir a la ciencia, pues posee el criterio del sentido común, de sus experiencias directas y de las comprobaciones empíricas. La Edad Media cambiará los términos de las referencias antes planteados por el de la fe y que no serán abandonados sino con el Renacimiento. Será Nicolás Maquiavelo, en El Príncipe, quien desarrollará las ideas básicas de la comunicación política entre gobernantes y gobernados. Más tarde, Hobbes señalará que la conciencia se convierte en opinión, nivelando los actos del crear, del juzgar y del imaginar, en tanto Locke, habla de la Ley de la opinión, de gran importancia como la Ley divina y la Ley estatal. Ella no es otra cosa que la idea que de uno tienen los demás. De los fisiócratas, Mercier de la Riviere, en 1767, expondrá su doctrina de la opinión señalando que quien manda no es el rey, sino el pueblo a través de la opinión pública. Pero quien utilizará por primera vez el término opinión pública será J.J. Rousseau, quien desde 1750 se preocupará sistemáticamente del poder que reviste. En medio de esta preocupación, la revolución francesa será el movimiento histórico que permitirá que se traslade el monopolio de la opinión pública por parte del pequeño círculo de los ilustrados, a manos del pueblo. Pero será el liberalismo el que articule de manera más precisa una teoría de la opinión pública. Desde el comienzo de la escuela clásica con Adam Smith, David Ricardo y otros defenderán el régimen de opinión frente al despotismo. Cada uno de sus representantes aportarán elementos favorables para el desarrollo de las libertades individuales, entre ellas las de opinión. Frente a este planteamiento se eleva la concepción marxista. Para Marx y Engels, no existe una opinión pública general que nace en la sociedad civil, sino una opinión que pertenece a la clase dominante. Por ello, para el marxismo la ‘falsa conciencia’ se condensaría en la opinión pública oficial.

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En el siglo XX, quienes se interesarán por la opinión pública serán los que comparten las tesis de la sociología del conocimiento (Max Scheler, Karl Mannheim, Robert K. Merton, P. Berger y T. Luckmann, entre otros), para quienes el individuo aislado en pocas oportunidades crea, de manera individual, opiniones. No obstante, otras relaciones sociales, distintas a las de clase (religión, grupo étnico, nacionalidad, grupo político, etc.), pueden ser determinantes en la construcción de las opiniones de los individuos.

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SURGIMIENTO Y CRISIS DE LA NOCIÓN DE OPINIÓN PÚBLICA* Por GillO Germani EL ILUMINISMO Y LA NOCIÓN DE OPINIÓN PÚBLICA La sociedad moderna se caracteriza por los conflictos ideológicos que se desarrollan en su seno. Por su intensidad y extensión, esta lucha ha alcanzado un nivel sin precedentes en otra época de la historia. En toda sociedad existen áreas de conformidad absoluta y áreas de divergencias. Ahora bien, son estas últimas las que en nuestra sociedad alcanzan un máximo de extensión. El sector específico de la lucha ideológica es el pensamiento político, social y económico. Desde el Renacimiento, con el proceso de secularización de la actividad política y más aún, desde el período iluminista, la transición hacia el predominio del modo discursivo y racional de alcanzar las verdades en este terreno se ha afirmado como una conquista del espíritu humano. El reconocimiento de la existencia de un campo de debates de opiniones contradictorias enfrentadas racionalmente con la pretensión de alcanzar de este modo la verdad, se remonta justamente a la época iluminista. Responde ella al surgimiento de un nuevo tipo de sociedad, la sociedad burguesa, y a una nueva concepción del hombre y del Estado. ¿Qué es lo que supone el reconocimiento de una opinión pública como mecanismo para alcanzar ciertas verdades en el terreno de los hechos políticos y sociales? Supone la existencia de una esfera de hechos cuya dilucidación es alcanzable a través del libre debate público llevado a cabo por individuos dotados de

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YOUNG, K. y otros; La opinión pública y la propaganda, Paidós, Col. Paidós Studio no. 69, México, 1986, capítulo 3 pags. 100-109.

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capacidad raciocinante y discursiva que le permitirá lograr, a través del uso de dichas facultades, aquella verdad que otrora estaba reservada a la revelación o a la autoridad. El reconocimiento de las funciones de la opinión pública en una sociedad, juntamente con el requisito de las libertades públicas para el ejercicio de la libre discusión, se funda sobre la idea del hombre como ser racional plenamente capaz de alcanzar por sí mismo la verdad en el orden político y social. Al mismo tiempo, debe suponerse que de este libre debate entre los individuos surgirán las orientaciones más adecuadas para la sociedad en su totalidad. Debe re. gir aquí un supuesto acerca de una natural armonía entre la razón y la voluntad de los individuos, análogo al que la economía liberal propone en calidad de hipótesis con respecto a la actividad económica. Del mismo modo que el Homo aeconomicu3, al perseguir sus intereses particulares, según el principio hedonista, logra los máximos beneficios no sólo para sí, sino también para la colectividad. Conforme a un mecanismo análogo, puede suponerse que en la sociedad liberal el libre debate de las opiniones en el que cada individuo defiende sus puntos de vista habrá de conducir a las formulaciones más favorables para el Estado y la sociedad toda. Detengámonos por un momento en este supuesto del hombre racional, capaz de alcanzar por sus propios medios la verdad en el terreno político y social. Este hombre, que es también el "soberano" dentro de un régimen de sufragio universal, sólo necesita. ser "educado". La importancia trascendental de la educación, entendida sobre todo como instrucción pública, universal y obligatoria, surge muy clara de estas consideraciones. La lucha en contra de la ignorancia, en contra de las trabas que se oponen al libre ejercicio de las facultades intelectuales, representa la garantía y el medio más indubitable para asegurar ese libre debate de opiniones que constituye la base de una sociedad liberal. La insistencia sobre la necesidad de instrucción general obligatoria demuestra aún mas el carácter racionalista de esta concepción, pues señala como principal

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obstáculo opuesto a la existencia de una sociedad de hombres racionales, el predominio de la ignorancia, heredada de un pasado de oscurantismo.

LA CRÍTICA MARXISTA A LA NOCIÓN ILUMINISTA DE OPINIÓN PÚBLICA

En el siglo XIX, esta teoría de la opinión pública halló una crítica muy neta (aunque expresada más implícita que explícitamente), en el marxismo. Éste adoptó, con respecto a la concepción política liberal, una actitud nueva; no sólo dedicóse a criticar su contenido, sino que se orientó hacia el "desenmascaramiento" de lo que podríamos llamar el origen existencial de ese pensamiento. Cada clase social tendría su propia perspectiva: una peculiar visión del mundo surgida tanto de su particular ubicación dentro de la estructura social como de la situación que tiene con respecto a la dinámica histórica. La ideología burguesa en sus diferentes aspectos, ya sea en el terreno económico con la ciencia económica liberal, ya sea en el terreno jurídico, político y de las doctrinas sociales en general, expresaría así la particular visión del mundo formulable desde la perspectiva de la clase burguesa en ascenso que había destruido la sociedad feudal y había sustituido los antiguos estamentos señoriales que la dominaban. De este modo, aquella opinión pública que, dentro de la concepción iluminista del siglo. XVIII, era interpretada como la expresión de un proceso racional y reflexivo capaz de alcanzar la verdad objetiva, se concibe por el marxismo como la expresión de una particular visión del mundo cuya verdad no depende ya de la racionalidad del proceso discursivo a través del cual fue alcanzada, sino de la particular posición en que se encuentra, dentro de la dinámica histórica, el grupo social al que esa visión corresponde como perspectiva, pues (y en esto hallamos una característica esencial del pensamiento marxista a este respecto) no se elimina totalmente la posibilidad de lograr objetividad en el campo del pensamiento político-social, sino que a esa objetividad se la hace depender de la posición que ocupa cada grupo dentro del proceso histórico. Sólo 12

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las clases en ascenso logran tener una visión del mundo "verdadera", es decir, correspondiente objetivamente a la realidad histórico-social. Ocurre todo lo contrario con las clases en descenso cuyo "tiempo" ha concluido o se halla próximo a concluir: su visión del mundo se vuelve "ideológica" y su conciencia, "falsa", debido a esa misma posición de decadencia en que se hallan colocadas. De este modo, el pensamiento liberal logró coincidir con la realidad histórica mientras la clase queera su portadora se hallaba, en su marcha ascendente, en plena lucha con las clases del viejo orden, portadoras de ideologías "superadas". Pero tan prontocomo la burguesía transforma la sociedad, imponiéndose y logrando la hegemonía dentro de ella, pierde esa objetividad con respecto, esta vez, a la visión del mundo de una nueva clase en ascenso, el proletariado. Es a éste a quien corresponde ahora una perspectiva privilegiada. Su pensamiento posee ese carácter de objetividad que le permite descubrir y desenmascarar el carácter ideológico de las formas ideológicas correspondientes a otras clases sociales. La crítica marxista, tiende, por tanto, a destruir los fundamentos de la opinión pública tal como la conciben la teoría y la sociedad liberales, escindiendo su contenido en dos irreconciliables sectores: el sector "ideológico" correspondiente a la opinión pública de la clase en descenso y el sector "objetivo" correspondiente a la opinión pública de la clase en ascenso. Lo que es importante retener aquí es la afirmación de que el carácter de objetividad y de verdad que puede alcanzar la opinión pública ya no depende del proceso racional y reflexivo a través del cual se desarrolla el debate de las ideas. Desde las últimas décadas del siglo XIX y la primera del siglo XX, la crítica a los fundamentos racionales de la opinión pública se generaliza en diferentes sentidos. Por un lado, se desarrolla la concepción marxista que desemboca por fin en la sociología del conocimiento. Por el otro, surgen posiciones irracionalistas que, desde diferentes 13

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ángulos, tienden a destruir, ya de una manera radical, la posibilidad misma de un pensamiento racional en la esfera político-social.

LA SOCIOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO Y LA NOCIÓN DE OPINIÓN PÚBLICA

La sociología del conocimiento halla sus representantes en las más diferentes escuelas; bástenos citar los nombres de Durkheim, Scheler, Sorokin y Mannheim. De ellos, nos interesa particularmente este último autor 1, pues su teoría apunta directamente al problema de las ideologías políticas y sociales. Mannheim generaliza el relativismo introducido por el marxismo en el problema de las ideologías. Ya no se trata solamente de la vinculación del pensamiento ideológico con las clases sociales sino del hecho más general de que cualquier grupo social dotado de cierta importancia y consistencia dentro de la sociedad global posee una cosmovisión que le es peculiar. Claro está que la clase representa, a este respecto, el grupo de mayor significado. Sin embargo, no es el único en el que se da un condicionamiento existencial del pensamiento. Mannheim, por lo demás, generaliza también en otro sentido las formulaciones marxistas. En efecto, el carácter "ideológico" que el marxismo limitaba exclusivamente al pensamiento de clases que, dentro de la dinámica histórica, se hallan en posición de decadencia, es generalizado ahora por Mannheim a todos los grupos sociales. Toda perspectiva es relativa; el pensamiento político-social de cualquier grupo debe considerarse a este respecto "ideológico", es decir, que representa. una determinada perspectiva que, por su carácter particular, no alcanza ni puede alcanzar la verdad objetiva sino solamente uno de sus aspectos. Sin embargo, Mannheim logra salir del relativismo que supone esta formulación afirmando la posibilidad de trascender las diferentes perspectivas particulares a través de una visión sintética que logre abarcarlas a todas eIlas y superarIas. Aquí también descubrimos cierto paralelismo con el pensamiento marxista, pues Mannheim atribuye a una categoría especial de personas 14

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esta posibilidad de superación de las perspectivas particulares. Este grupo es el constituido por los intelectuales, los que, desvinculados de pertenencias existenciales, desarraigados de grupos ubicados en diferentes posiciones dentro de la estructura social, estarían en condiciones de poder superar las distintas perspectivas particulares para colocarse en una posición superior capaz de abarcar, en síntesis, la totalidad de las perspectivas posibles. De este modo, la perspectiva privilegiada que el marxismo asigna a las clases en ascenso correspondería, en el sistema de Mannheim, a los intelectuales. Lo que nos interesa es que, con esta formulación, es posible salvar un principio de objetividad en el pensamiento político. El racionalismo del siglo dieciocho no queda así totalmente eliminado, pues podríamos pensar que los aspectos que el iluminismo asignaba a la opinión pública de la sociedad global quedan transferidos a una categoría determinada de personas, a un público muy especial, el público constituido por los intelectuales.

POSICIONES IRRACIONALISTAS. PARETO Y FREUD

El ataque más destructivo contra los fundamentos iluministas de la opinión pública en nuestro siglo lo haIlamos en dos autores cuyas concepciones presentan muchos puntos comunes a pesar de haberse desarrollado de manera independiente. Nos referimos en primer lugar a Pareto cuya teoría de los residuos y las derivaciones constituye una formulación completa, aplicable a las ideologías políticas. Como se sabe, Pareto clasifica todas las acciones humanas en acciones lógicas y no lógicas. Las primeras, que presentan una adecuación racional entre fines y medios, son aquellas que corresponden a la actividad científica y a la económica. Las segundas, en las que no se da tal adecuación, constituyen prácticamente todas las demás y, en particular, las acciones político-sociales. En cada acción, cabe distinguir los elementos: un núcleo -el "residuo"- representado por el impulso o motivo real de la acción que, en el caso de las acciones no lógicas, corresponde a un impulso irracional 15

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de origen probablemente emocional o instintivo, y otra parte -la "derivación" mucho más variable, que. representa la explicación que los hombres se dan de sus propias acciones. Las ideologías serían entonces -dentro de la terminología paretiana"derivaciones". Lo característico aquí es que su contenido no guarda ninguna relación con el motivo o causa real de la acción. Tenemos así: por un lado, una conducta movida por impulsos irracionales, y, por el otro, pseudo-explicaciones que los sujetos, de plena buena fe, dan de sus propias acciones. Una posición muy parecida la encontramos en el psicoanálisis. Aquí también se considera a gran parte de las acciones humanas como expresión de impulsos inconscientes acompañados por pseudo-explicaciones de orden racional, que los sujetos les dan a los otros y se dan a sí mismos. Tales explicaciones son -según un término que se ha popularizado- racionalizaciones. Una ideología -dentro de la terminología psicoanalítica- es, pues, una racionalización, una explicación a posteriori de las acciones cuyo verdadero motivo reside en el inconsciente. Esta posición, extendida a la conducta política, origina aquella formulación de Lasswell según la cual las acciones políticas deben explicarse de acuerdo con este esquema: a) motivos privados, inscritos en la estructura del carácter a través de su formación en los primeros años de su vida; b) desplazados al llegar a la etapa adulta sobre objetos de carácter público, y c) racionalizados en términos de interés político. A la imagen del hombre que nos presenta el iluminismo -al ser racional que debate sus opiniones en el campo abierto de la libre polémica a través de un proceso discursivo-- la sustituye un hombre cuyas opiniones no son sino la justificación de. impulsos racionales que él mismo desconoce. No hay duda de que estas opuestas concepciones acerca de la formación de las opiniones en el siglo XVIII y en nuestros días obedece a una profunda modificación de la situación histórica. El hombre racional del siglo XVIII corresponde al de una pequeña sociedad de hombres cultos, que es como podía considerarse a la sociedad burguesa de aquel entonces. El ser que nos describe la sociología paretiana o el psicoanálisis presenta, en cambio, un estrecho 16

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parentesco con el hombre masa de nuestro tiempo, movido por impulsos irracionales cuyo origen y naturaleza le son ocultos y en nombre de ideologías que son meros clisés o estereotipos, y que constituyen las antípodas mismas del fruto largamente madurado de su raciocinio y reflexión.

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PRINCIPALES CONCEPTUALIZACIONES CONTEMPORÁNEAS DE LA OPINIÓN PÚBLICA Si bien hay un número importante de académicos contemporáneos que han reflexionado sobre el tema de la opinión pública es el proveniente del mundo alemán el que en los últimos tiempos ha aportado el liderazgo intelectual en esta materia. Las grandes tendencias podrían clasificarse gruesamente en la perspectiva político valorativa de Jürgen Habermas, la antropológico social de Elisabeth Noelle-Neumann y la sociopolítica funcionalista de Niklas Luhmann. No siendo éstas las únicas, son las que han marcado los estudios y las reflexiones más interesantes sobre el tema.

Muchas de estas definiciones colocan el acento en relación con los marcos de referencias conceptuales en que se sustentan. Por ejemplo:

Desde una perspectiva racional y voluntarista, Ferdinand Tönnies (1902) entiende: “Opinión pública como conglomerado de puntos de vista, deseos y propósitos diversos y contradictorios, y opinión pública como potencia unitaria, expresión de la voluntad común”.

Desde la perspectiva histórica, Herman Oncken (1906) "es el complejo de declaraciones políticas similares".

Desde una perspectiva mental-estereotipada, Walter Lippmann (1922) sostiene que: “Las imágenes que se hallan dentro de las cabezas (...) de los seres humanos, las 18

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imágenes de sí mismos, de los demás, de sus necesidades, propósitos y relaciones son sus opiniones públicas”.

Desde una perspectiva liberal-democrática, Hans Speier (1950) entiende: “por opinión pública (...) las opiniones sobre cuestiones de interés para la nación expresada libre y públicamente por gentes ajenas al gobierno, que pretenden tener el derecho de que sus opiniones influyan o determinen las acciones, el personal o la estructura de su gobierno”.

Niklas Luhmann (40's): " La opinión pública es la estructura temática de la comunicación pública que permite una acción intersubjetiva en un sistema social.

Desde una perspectiva crítica-normativa, Jürgen Habermas (1962) señala que: “Opinión pública significa cosas distintas según se contemple como una instancia crítica con relación a la notoriedad normativa pública, ‘representativa’ o manipulativamente divulgada, de personas e instituciones, de bienes de consumo y de programa”.

Desde una perspectiva sistémico-informativa, Otto Baumhauer (1976) sostiene que: “La opinión pública es el producto del proceso transformativo de información introducida en el sistema abierto de clima de opinión pública”.

Desde una perspectiva psicosocial, Elisabeth Nöelle-Neumann (1974) construye una definición operativa en la que sitúa la opinión pública como “las opiniones sobre temas controvertidos que pueden expresarse en público sin aislarse”.

Desde una perspectiva de la ciencia política, Giovanni Sartori (1987) sostiene que la opinión pública es ante todo y sobre todo un concepto político. Para el investigador italiano la opinión pública es “un público, o multiplicidad de públicos, cuyos difusos 19

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estados mentales (de opinión) se interrelacionan con corrientes de información referentes al estado de la res pública”. LAS DISTINTAS POSICIONES TEÓRICAS SOBRE EL FENÓMENO DE LAS OPINIONES COLECTIVAS1

La opinión pública ha sido contemplada, en nuestros días, desde varias posiciones teóricas. En realidad, puede decirse que cada escuela científica se ha aproximado al fenómeno desde su particular perspectiva. Por ello, si se pretende ofrecer una visión general de los estudios que se han destinado a aclarar las circunstancias que intervienen en la ordenación de las conductas y opiniones colectivas, será imprescindible proporcionar no una, sino algunas visiones teóricas sobre el tema que nos ocupa.

Teoría normativa Empezaré en primer lugar por la teoría normativa, denominada así porque nos indica cómo tiene que ser la comunicación pública desde el punto de vista político y también ético para que pueda ser relacionada con los fenómenos de la opinión pública. La teoría normativa parte de la existencia de personas privadas que se reúnen, directa o indirectamente, en calidad de público, para discutir sobre temas de interés general. Según lo dicho, esta corriente considerará que, en sentido estricto, no puede hablarse de opinión pública si no es en un régimen de libertades y en un sistema político en el que lo que piensa y quiere la gente condicionará tanto las leyes como las acciones del ejecutivo, a través de vías institucionales como por ejemplo los parlamentos, las elecciones o los vínculos informales que deben existir entre ciudadanos y gobierno. De lo que hemos expuesto hasta ahora puede extraerse otra idea básica, y es que la opinión pública debe ser expresada por personas ajenas al gobierno y al sistema político en general, lo que, a su vez, supone la separación entre sociedad civil y Estado. 1

Berrio, Jordi; La opinión pública; Portal de la Comunicación | Aula abierta, Departamento de Periodismo y de Ciencias de la Comunicación. Universidad Autónoma de Barcelona

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La comunicación, tal y como acabamos de ver, fue directa al principio de las sociedades burguesas, ya que los ciudadanos se reunían en los salones, en las casas de café o en otras instituciones sociales que cumplían la misma finalidad. En la sociedad actual, sin que hayan desaparecido las relaciones cara a cara y sin quitarles importancia, muchos de los temas de interés general se elaboran y se elevan a públicos a través de los medios de comunicación. Por ello es necesario renovar, adaptar, las visiones teóricas al uso hasta hoy, e, incluso, crear otras nuevas. La teoría normativa ha sido desarrollada principalmente por Jürgen Habermas. Se trata de una propuesta realizada desde la perspectiva de una democracia deliberativa, es decir, basada en la posibilidad, y más aún, en la necesidad de que los temas de interés colectivo sean discutidos desde posiciones racionales y éticas. Habermas analiza la opinión pública a partir de una perspectiva histórica, en lo referente al origen del concepto. Se trata del proceso filosófico de concreción del concepto a partir de los pensadores políticos ilustrados y también del proceso de constitución de las democracias liberales. Se califica a esta teoría de normativa porque se definen las condiciones políticas, éticas y racionales que son necesarias para que puedan darse los fenómenos que conocemos como opinión pública. De acuerdo con lo dicho, se desprende que no todos los fenómenos colectivos de decantamiento de opiniones pueden considerarse como opinión pública. Quedarían excluidos los procesos inducidos a base de acciones de propaganda, manipulación o violencia. Está claro que sólo son posibles las discusiones racionales dentro de un marco razonable de libertades públicas. Hasta aquí el origen y formación del concepto dentro de las democracias liberales primitivas, pero Habermas también se plantea la evolución del concepto desde su origen hasta el momento actual. En un trabajo reciente (Habermas, 1998) vuelve a tratar el tema de la opinión pública, tras habernos legado, durante más de treinta años, su teoría social basada en la acción comunicativa. Recordemos, por último, que el autor alemán propugna una reconstrucción de la modernidad y, por lo tanto, de la 21

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racionalidad y la aspiración al progreso, al margen de los retrocesos ahistóricos de la postmodernidad.

Positivismo Desde otra perspectiva teórica, desde la tercera década del siglo XX, y fundamentalmente en Estados Unidos, se ha trabajado para construir una ciencia de la opinión pública en el sentido positivista y conductista del término (Allport, 1937; Hyman, 1957; Berelson y Steiner, 1964), construyendo un edificio empírico para estudiar las opiniones colectivas. Aquellos que defienden esta corriente rechazan las concepciones abstractas que no tienen referente empírico. Parten de la evidencia de que las opiniones son siempre individuales y de que sólo se pueden estudiar si se manifiestan. Rechazan las abstracciones por considerarlas metafísicas. De acuerdo con lo anterior, se rechazan conceptos como “público” si quiere decir algo que vaya más allá de comportamientos individuales. Como se trata de estudiar las opiniones, debes ser tenidas en cuenta cuando aparecen, y en caso contrario, provocarlas. Los referéndums y las elecciones son actividades sociales a través de las cuales se manifiestan las preferencias de los ciudadanos. Innumerables acciones sociales, como el consumo, también sirven para expresar sus preferencias. Pero la forma más clara y directa de hacerlo es preguntando a la gente; de aquí las encuestas para medir las opiniones y actitudes de los individuos que forman las colectividades. Una entrevista demoscópica estructurada se basa en un cuestionario que tiene por objeto convertir en tangible aquello que, en principio, no lo es. Si las entrevistas se multiplican, entonces puede tenerse una idea de las opiniones del universo estudiado, según las normas aportadas por las teorías de los grandes números. De los estudios demoscópicos propugnados por aquellos que mantienen una actitud empírica puede inducirse una definición de opinión pública, que no es otra que la suma de las opiniones particulares. Siguiendo esta línea de pensamiento, se cree que los medios llegan al conjunto o a la mayoría de 22

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individuos que forman las colectividades. Sin embargo, sus efectos deben estudiarse en cada individuo particular: las influencias, así como las opiniones, sólo las encontraremos en los comportamientos particulares. La ciencia de la opinión pública se ha convertido en una verdadera ingeniería social que proporciona información útil a aquél que desee poseer datos sobre ciertos aspectos de la conducta de la gente. La confección de encuestas se convirtió en una verdadera industria desde que George Gallup montó su empresa en la década de los treinta del siglo pasado (Blondiaux, 1998) y empezó a medir opiniones y ofrecerlas a la prensa de Estados Unidos. Más tarde esta actividad se extendió por Europa, de forma evidente, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, los estudios de las opiniones se han convertido en un instrumento insustituible para los partidos políticos en la organización de campañas electorales, y para los gobiernos empeñados en auscultar el sentir popular cotidianamente. También en el mundo de la publicidad comercial y en el de los estudios de mercado el uso de las técnicas demoscópicas resulta ya cotidiano. Sin embargo, de forma objetiva, debemos aclarar que la pretendida ciencia de la opinión pública no ha explicado la cuestión fundamental de cómo las opiniones individuales se articulan en las opiniones colectivas para producir consecuencias sociales y políticas. Sin resolver esta cuestión no puede hablarse de ciencia, sino sólo de una práctica empírica más o menos útil. Según dicho argumento, las técnicas desarrolladas no van más allá de una ingeniería social de corto alcance, aunque útil para aquellos que sólo pretendan obtener visiones fotográficas de las actitudes y opiniones de la gente. A pesar de la universalidad que ha alcanzado actualmente la confección de encuestas de todo tipo, no han faltado voces científicas que han criticado su uso en general, y particularmente las destinadas a medir opiniones y actitudes. Una de las críticas que ha tenido más impacto ha sido la realizada por Pierre Bourdieu. El sociólogo francés argumenta que las preguntas de los cuestionarios inducen a 23

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contestar aunque los encuestados no tengan ninguna opinión formada sobre la cuestión. Por otro lado, la propia confección del cuestionario parte del malentendido basado en la confianza de que lo que se pregunta a la gente es aquello que les preocupa. En definitiva, podría decirse que al confeccionar una encuesta se encuentra lo que quiere encontrarse, y no lo que existe (Bourdieu, 1973).

Profesión periodística Desde otra perspectiva completamente distinta, tenemos las aportaciones que hizo Walter Lippmann al respecto. Este autor escribió un libro muy original, hace mucho tiempo (Lippmann, 1922), en el que sitúa la opinión pública en un contexto diferente de los expuestos anteriormente, lejos de las cuestiones éticas y políticas, así como también de las medidas empíricas de las opiniones individuales. Centra el tema fundamental de la opinión pública en los estereotipos con carga emocional que dominan las opiniones de las personas. A través de su experiencia como periodista, sabía que los medios crean o reflejan los estereotipos y los difunden en el ambiente social, invadiendo las mentalidades de la gente. Los estereotipos son expresiones o frases que expresan unas ideas preconcebidas que se aplican selectivamente a los temas, buscando provocar las connotaciones adecuadas. Como ejemplo, diremos que las expresiones “banda terrorista”, “lavado de cerebro” o “armas de destrucción masiva” intentan evitar que los públicos analicen críticamente los temas controvertidos. Lippmann cree que aquél que controle la creación y uso de estos símbolos podrá dominar la notoriedad pública. Uno de los aspectos que debe tenerse en cuenta es que los estereotipos son temporales; al variar las circunstancias, pierden su validez. La verdad es que los profesionales de la información colaboran a ello porque el uso de estereotipos les simplifica su labor diaria. Emplear sobreentendidos convierte sus mensajes en simples y comprensibles.

Espiral del silencio 24

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Hasta aquí hemos visto cómo la opinión pública es estudiada desde la más pura racionalidad teórica en la teoría normativa y desde la perspectiva también racional que la circunscribe al ámbito empírico; también la hemos analizado desde el punto de vista de la profesión periodística. Ahora deberíamos contemplar la opinión pública como un fenómeno surgido de las pulsiones instintivas y de los sentimientos profundos de nuestra especie. Desde esta perspectiva, lo que es sustantivo en la opinión pública sería el instinto de grupo. Se trata de la teoría de la espiral del silencio, desarrollada por la investigadora alemana Elisabeth Noëlle-Neumann. Esta teoría se desarrolló en una época en que el sistema comunicativo ya estaba dominado por la televisión; en una época también en que ya no podía dudarse de la influencia de los medios en los procesos cognitivos de las audiencias (Noëlle- Neumann, 1995). Esta autora recupera las concepciones de autores como John Locke, David Hume y otros a partir de las cuales se consideraba la opinión como reputación; es decir, aquello que los demás piensan de uno mismo. La gente es muy sensible a este hecho. Nadie quiere sentirse aislado; por lo tanto, tenderá a añadirse a las opiniones que se perciben como mayoritarias. Noëlle-Neumann considera que todos tenemos una especie de capacidad, o de sensibilidad casi estadística, que nos lleva a detectar cuáles son las tendencias, opiniones y modas que avanzan, y cuáles las que retroceden. Por ello, ante un proceso de manifestación de las opiniones colectivas, actúan los mecanismos psicosociales descritos. En un proceso electoral, por ejemplo, siempre existen expectativas distintas respecto a los partidos que participan en los comicios. Existen estados de opinión decantados hacia una fuerza u otra que pueden aumentar en intensidad o que pueden cambiar de sentido. Se trata de la noción denominada “clima de opinión”. Este clima es apercibido por los individuos, lo que lleva a profundizar todavía más las tendencias. Aquellos que creen que ganarán, actuarán con más seguridad y contundencia en sus relaciones comunicativas interpersonales, mientras que a los que se creen en minoría les pasará lo contrario. Entonces se originará un proceso denominado “espiral del

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silencio”, que es como la investigadora alemana ha denominado su teoría. La espiral del silencio no hará sino reforzar las tendencias que van a favor del clima de opinión. Precisamente, las personas más aisladas del resto son las que con más intensidad participan en los cambios de última hora. Porque desean participar en la victoria: se trata de lo que ha dado en denominarse efecto “carro del vencedor”. Todo este conjunto de procesos psicosociales explicarían tanto los fenómenos de formación de opiniones como los de cambio e, incluso, de cambio repentino. Tal y como hemos visto, si en la teoría normativa hablábamos del ejercicio en público de la racionalidad dentro de una sociedad democrática, en la teoría de la espiral del silencio debemos basarnos en los vínculos instintivos e irracionales que mantienen unidas a las personas dentro de sus colectividades. No se trata tanto de teoría política como de antropología social aplicada al estudio de los procesos de opinión.

Temas y atención pública Por último, deberíamos contemplar los trabajos relacionados con las estructuras del sistema comunicativo que rigen la elaboración de temas y que centran la atención pública. Nos referimos a los trabajos de Niklas Luhmann, por un lado, y a los que podríamos decir que provienen de la escuela italiana. El funcionalismo sistémico de este autor alemán se aparta radicalmente de la teoría normativa. Por lo tanto, prescinde de la verdad y la mentira, así como también de las cuestiones éticas, para centrarse en los elementos estructurales. Así pues, lo importante en la comunicación pública radica en describir cómo se elaboran los temas y cómo unos desplazan a otros. Luhmann parte del papel que juega la complejidad en su teoría social. La realidad ambiental siempre es más compleja que la capacidad que poseen los sistemas para procesarla. En consecuencia, la reducción de la complejidad es una de las labores básicas del sistema comunicativo, ya que los espacios y tiempos con que cuenta son limitados, como también lo es la atención de los públicos. A partir de aquí nos dice que la opinión pública no puede ya ser considerada como un fenómeno políticamente relevante, sino 26

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como la estructura temática de la comunicación pública (Luhmann, 1978: 87). La cuestión central, por lo tanto, es cómo se elaboran y procesan los temas, siguiendo las reglas de la atención pública, basadas en la actualidad y la novedad. De forma sintética, podríamos decir que lo importante no es qué se dice, sino de qué se habla. Similarmente en algunos aspectos, un conjunto de autores italianos encabezados por Carlo Marletti también han situado el punto neurálgico de la comunicación pública en los procesos de selección y elaboración de los temas que centran la atención de los públicos. Los autores italianos han estudiado en su detalle los procesos periodísticos — como es el caso de las rutinas profesionales— de elaboración de los temas, pero también, a diferencia del funcionalismo sistémico, la capacidad del sistema político y de los distintos poderes de la sociedad de influir en la selección de los temas (Marletti, 1985). Esta corriente, denominada tematización, pretende aclarar los procesos sociales de elaboración de los temas desde sus orígenes en los acontecimientos, pero, especialmente, a partir del momento en que llegan a los públicos. Los temas nacen, se enriquecen, decaen y, finalmente, desaparecen de la atención pública.

CONCLUSIÓN Tal y como se desprende de la presente exposición, la opinión pública es un tema abierto. Se ha definido y vuelto a definir. Ha ido evolucionando a medida que también lo hacían los sistemas político y comunicativo. Actualmente vivimos una época de cambios muy y muy importantes. La introducción de las redes telemáticas sin duda abrirá nuevas posibilidades a las relaciones sociales. Hay quien habla ya de una nueva esfera pública. Los sistemas democráticos están cambiando, aunque no parezca, a veces, que lo hagan demasiado positivamente. Por otro lado, la construcción de la Europa unida puede abrir nuevas e insospechadas perspectivas a los sistemas políticos de futuro. Por todo ello, no cabe la menor duda de que tendremos que seguir trabajando teóricamente para dibujar los perfiles que adquirirán las relaciones

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comunicativas entre los ciudadanos y los caminos que seguirán los acuerdos colectivos sobre opiniones y actitudes.

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COMUNICACIÓN Y OPINIÓN PÚBLICA La

noción de opinión pública supone, en principio, que se trata de opiniones, y esto

quiere decir juicios sobre cuestiones de interés general. Las opiniones se mueven en un terreno que podemos considerar que existe entre el conocimiento y la ignorancia, y se articulan alrededor de temas respecto a los que no se pueden tener ideas definitivas; son juicios que no son ni verdad ni mentira. Las opiniones se moverán, por lo tanto, en el campo de la verosimilitud; de lo que es creíble o probable. No tiene sentido que alguien diga que opina que la Tierra es redonda, porque es una cuestión de hecho. La Tierra es o no es redonda. En cambio, sí se estará de acuerdo en que la pertinencia de hacer la paz o la guerra es una cuestión sobre la que se pueden tener ideas varias, lo que quiere decir que la opinión supone una posición personal; no diría compromiso, pero sí el decantamiento de una persona hacia una explicación de las cosas que permite más de una posibilidad. Por otro lado, las opiniones implican racionalidad e información en grado variable, y siempre deben argumentarse de forma positiva o negativa. Por otra parte, las cuestiones que son objeto de conocimiento son impersonales; no dependen de nadie particularmente, y, en consecuencia, no requieren ningún compromiso personal. No es necesario argumentarlas, sino, sencillamente, demostrarlas. Las opiniones siempre suponen juicios individuales, lo que hace que al hablar de opiniones colectivas se corra el riesgo de crear abstracciones que carecen de cualquier tipos de correspondencia con nada que tenga una realidad empírica. Sin embargo, y tal y como enunciábamos anteriormente, estas abstracciones pueden ser útiles para explicar unas determinadas situaciones que sí se dan en la sociedad. 29

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Cuando se habla de opinión pública, generalmente se quiere hacer referencia a algo que va más allá de las opiniones individuales, e incluso de su suma. Se puede admitir que los temas que afectan al conjunto de la sociedad originan debates y procesos de información que ayudan a los individuos a formar sus opiniones individuales. Por lo tanto, se tratará siempre de opiniones de personas concretas, pero que son el resultado de la interacción comunicativa directa, cara a cara, o indirecta, a través de los medios de comunicación. La existencia de opiniones individuales requiere que haya ciudadanos capaces de tenerlas, es decir, personas razonablemente informadas o muy informadas y que tengan la suficiente autonomía de juicio como para poderse formar ideas personales de los problemas que afectan a la comunidad. De estas generalidades podemos sacar algunas consecuencias. La primera es que, para que se pueda hablar de opinión pública, es necesario que exista la posibilidad de informar y de informarse con una libertad suficiente. En este punto todo el mundo está más o menos de acuerdo. Después, debe aceptarse la necesidad de un debate social más o menos libre o condicionado. En este punto existen algunas diferencias. Asimismo, tendremos que admitir que, para que pueda hablarse de opinión pública, es obligado que se manifieste de una u otra forma. No se pueden confundir nunca la confidencialidad o los juicios no expresados con la opinión pública, ya que ésta requiere necesariamente publicidad. Las opiniones, por lo tanto, es necesario que sean manifestadas; después también será necesario que estas opiniones manifestadas tengan algún tipo de operatividad social, esto es: que sean cultural y políticamente relevantes. Una última consecuencia que también tendremos que extraer de lo que hemos dicho hasta ahora es que el ejercicio de la razón pública precisa que haya ciudadanos capaces de razonar con libertad de conciencia y con capacidad crítica; es decir, que haya públicos. Es evidente que las masas compuestas por sujetos indiferenciados o las multitudes reunidas en un lugar y en un espacio de forma circunstancial no son, no pueden ser, los sujetos de la opinión pública. La existencia de públicos activos es un 30

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fenómeno moderno que está relacionado con la creación de las democracias que se establecieron en algunos países a raíz de las revoluciones burguesas. La opinión pública es fundamentalmente un conjunto de procesos de comunicación que se realizan entre los ciudadanos, y entre éstos y el gobierno. Tales procesos se llevan a cabo mediante contactos directos y también indirectos, a través de los medios de comunicación. Esta realidad indiscutible ha llevado a considerar a los medios de comunicación como los instrumentos indispensables para el ejercicio de la razón pública en las sociedades complejas actuales. Pero a menudo se ha errado cuando se han pretendido considerar los contenidos de los medios y la opinión pública como una misma cosa. Es lo que Allport (1937) ha denominado el malentendido periodístico de la opinión pública. Los medios de comunicación, si desempeñan bien su función, vehiculan las opiniones de la gente o le procuran las informaciones oportunas para que los públicos puedan formárselas. Pero si se convierten en instrumentos de propaganda, entonces ya no está claro si van a favor o en contra de la opinión pública.

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FORMACIÓN DE LA OPINIÓN PÚBLICA Rivadeneira parte de la siguiente definición de opinión pública para explicar la formación de la OP:

La opinión pública es, por su formación, un producto de opiniones individuales sobre asuntos de interés común y que se origina en las formas comunicativas humanas, en procesos individuales, primero, y en procesos colectivos, después, en diversos grados, según la naturaleza de las informaciones compartidas por los individuos, a la vez influidas por los intereses particulares de los grupos afectados.

Producto y no Suma En principio esclarece que no es la suma de las opiniones individuales, sino el producto, ya que un sistema no puede sumar o restar nada a sus elementos: “Si no podemos explicar la totalidad del sistema por la suma de elementos que lo constituyen, esto vale para la opinión pública: producto, fenómeno de existencia propia, totalmente independiente de sus factores constitutivos, donde es inseparable, al mismo tiempo, la interacción de sus factores”.

Para ello comenzaremos por distinguir la opinión individual SCHRAMM, al tratar el tema sobre el desarrollo de la comunicación, dice: “Los pueblos operan a través de la opinión pública que surge del chisme y a través de la comprensión que se deriva de la familiaridad”.

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El chisme Esta aseveración informa de uno de los más poderosos elementos de formación de opiniones individuales (son anteriores a la opinión colectiva): el chisme.

Opiniones personales Su origen está en la comunicación y, consiguientemente, en la información que se recibe a través de las formas comunicativas, en la percepción de hechos, recepción y descifrado (decodificación) de significados. No hay opinión sin comunicación y dicho axioma se extenderá del modo siguiente: no hay opinión sin información, cualquiera que sea el mecanismo (medio) de trasmisión y recepción de mensajes que se utilice. Mas no toda opinión individual es apta para la formación de opinión pública; existen las opiniones personales que corresponden a la zona de la “mente pública”, como Roberto E. Park llama a la opinión pública.

Las cuestiones de orden colectivo, inherentes a la “res pública”, de donde deriva la institución jurídico-política llamada república, son los elementos aglutinantes de las opiniones individuales.

La condición básica es que el sistema político reconozca, practique y garantice el libre ejercicio de las opiniones y proteja con leyes adecuadas los derechos de expresión de los grupos sociales. En condiciones adversas la opinión pública no desarrolla otra cosa que estados de ánimo, murmuraciones y difusión de puntos de vista en forma personal y directa, con la natural deformación de hechos y falsificación de la verdad.

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Medios masivos, sólo como estímulo Hoy en día la comunicación de masas ha pasado a ocupar el primer lugar en la información noticiosa. Pero, paradójicamente, en la sociedad de masas la base de la formación de opiniones sigue siendo la comunicación directa, recíproca y personal. Los medios masivos cumplen funciones de estímulo/refuerzo, de deformación e influencia, según los casos y las intensidades manipulatorias, al mismo tiempo que son vehículo de control social.

Comunicación horizontal La formación de opinión se da, primeramente, entre personas, dentro de grupos de pertenencia individual: comunicación horizontal: contacto personal y directo de los individuos.

Comunicación vertical El segundo nivel de la formación de la OP es influida por los medios masivos, en línea vertical, de arriba abajo, por canales unidireccionales.

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Etapas Formación de OP Rivadeneira

a) Disposición individual y clima comunicativo. b) Información a través de medios masivos, e información no tecnificada: personal, recíproca y directa. c) Intercambio de puntos de vista entre los miembros del grupo social, que equivale a procesamiento de la información, input energético importado. d) Problemática del hecho. Qué es lo que nos afecta y por qué; cuál es su importancia. e) Confrontación de puntos de vista con miras a integrar elementos básicos de coincidencia. f) Proposición de vías de solución o alternativas a los aspectos y variantes que ofrecen el problema. g) Debate en torno a las proposiciones. h) Acuerdo más o menos compartido sobre el modo que es o parece ser la vía de solución. Éste puede ser controvertido por minorías, pues un acuerdo total es imposible. i) Estimulación del consenso para pasar a la acción y completar el proceso, retroalimentación de la información. j) Difusión del criterio finalmente admitido por la “mente colectiva”; hecho que rebota en el mismo grupo y en cada uno de los miembros por efecto de los mismos medios empleados para la información originaria y la retroalimentación.

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Fases de Formación de la OP Price

1. Fase de Problema: Consiste en la identificación del problema que vulnera el sistema establecido.

2. Fase de Propuesta: Se propone una solución al problema.

3. Fase Política: Es propiamente la fase de debate social que tiene por objeto lograr el consenso que defina la solución aceptada por la mayoría. Es en esta etapa donde surgen las encuestas, hablan los expertos y se disputa el liderazgo.

4. Fase Programática: Plantea las pautas a seguir, paso a paso, para llevar a cabo la solución elegida.

5. Fase Evaluativa: Se evalúa el resultado una vez que se desarrolló la solución. Esta podrá dar pauta a un nuevo debate según los resultados obtenidos.

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Esquema de la Teoría de Sistemas de Baumhauer para la Formación de la OP

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OPINIÓN PÚBLICA Distinción entre opinión pública y opinión publicada

Un sistema político democrático exige un constante conocimiento de lo que piensa la ciudadanía, la opinión pública. Pero, la opinión es “pública”, en dos sentidos. En primer lugar por ser la “opinión compartida”, la opinión de la mayoría y en segundo lugar, por ser una “opinión publicada”, gracias a que se publica17. A estas alturas vale la pena hacer una distinción de estas dos asociaciones que se prestan comúnmente a confusión. La opinión pública es un juicio más o menos generalizado entre la población respecto a los asuntos que son de conocimiento colectivo. Se estima que la opinión pública expresa un grado de legitimidad acerca del gobierno, sus actos, así como de las demás instituciones. Su fuerza radica en las acciones de permanencia y cambios en las actitudes del gobierno y –algunos argumentan incluso– en el grado de control sobre ellos. “La opinión pública del público” u opiniones del público, es un proceso cuantitativo de adición de opiniones. Es una opinión pública que se suma; la “opinión pública del público” es la de una gran mayoría, susceptible de ser medida por encuestas. La opinión pública, por el contrario, es una noción cualitativa, es una opinión pública autorizada, es una opinión pública que se publica. Incluso para algunos autores la opinión pública es la de una minoría que tiene medios específicos y directos para hacerse oír por el público, a través de los voceros de opinión pública. La opinión pública es una dimensión del poder político. En esta medida los medios (de comunicación) pueden desempeñar un papel reforzador de la legitimidad o cuestionador de la misma. Para aclarar este punto es quizá necesario distinguir, entre opinión pública y opinión privada. Mientras que la primera incide en los temas de interés público, la segunda hace referencia a las opiniones de los particulares. De esta manera, así un particular tenga una relevancia política o social (ej. un columnista de prensa) y publique sus opiniones, éstas no pasan a ser la opinión pública. Lo que sí puede representar es una corriente de opinión, aunque no toda opinión publicada es representativa de una 38

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corriente de opinión. A la inversa, no todas las corrientes de opinión de una sociedad se tienen que ver necesariamente reflejadas en opiniones publicadas en los medios de comunicación. Por lo tanto, el agregado de las coincidencias de las opiniones privadas no son equivalentes a la preocupación colectiva. Pero, en general los temas sobre los que se crean corrientes de opinión relativamente firmes, presentan una doble condición de repercusión personal y colectiva (medidas de protección y seguridad, control de la natalidad, p.ej.), en la que un individuo opina como ciudadano, como padre de familia, miembro de una organización política o religiosa. De tal manera que en algunas oportunidades una persona tiene opiniones duales, cuando lo hace en consonancia con un grupo y cuando lo hace a partir de defender sus intereses particulares. Factores Componentes de la Opinión Pública

De las varias clasificaciones es interesante la propuesta por el profesor Bernard C. Hennessy en su libro “Opinión pública”, para quien los factores o componentes de la opinión pública se pueden agrupar de la siguiente manera1:

La presencia de un tema. La opinión pública se forma alrededor de un tema o conjuntos de temas públicos que se encuentran en el tapete y que ocasionan posturas contrapuestas.

La naturaleza del público. Hay muchos públicos volcados hacia diferentes focos de interés. Cada tema genera su propio público, aunque en muchos casos algunos individuos se sitúen en diversos públicos.

Un complejo de creencias del público. Se trata de la distribución de las opiniones sobre un tema. Hay que tener en cuenta que algunas creencias y sólo algunas son mutuamente excluyentes entre sí. Ellas están en función de las actitudes y experiencias 39

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anteriores, como de la complejidad del tema. Algunos temas homogenizan públicos y otros no. Este conjunto se denomina “complejo de creencias”. En política suele presentarse una situación dicotómica: posición de mayoría y de minoría.

La expresión de la opinión pública. Resulta desde los medios de comunicación de toda su variedad hasta los gestos, mímica y todos los códigos simbólicos.

El número de personas involucradas: en cada caso el número es diferente y quizá incierto; lo importante es que el número sea capaz de producir algún efecto.

Estos componentes son básicos para entender los complejos pasos que conforman la estructuración y cambios en la opinión pública.

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PÚBLICO Y OPINIÓN PÚBLICA El término público tiene también a varios sentidos. Ya se señaló, líneas arriba, que la ambigüedad del término opinión pública, según algunos autores, deviene de estos varios sentidos del público. Existe una acepción legal que se centra en la idea de “apertura”, en el sentido de ámbito abierto a todos (plaza pública, lugar público, juicio público, etc.), en contraste al de la esfera privada. Un segundo sentido, desarrollado por el derecho y el poder público, es el otorgado por la relación con el Estado. Es decir, en el sentido de los asuntos relacionados con el bienestar general. Por último un tercer sentido, sociológico, coloca el énfasis en que el individuo no desarrolla su vida hacia adentro, en su intimidad, sino hacia afuera dirigida no sólo a otras personas sino también a la sociedad como un todo. Los públicos están compuestos –dicen Gerth y Mills– por gente que no está en relación cara a cara, pero que, sin embargo, manifiestan intereses similares, o está expuesta a estímulos semejantes, aunque más o menos distantes”. Público es, entonces, aquella pluralidad de personas que constituyen el soporte de la opinión pública. A diferencia de otras pluralidades, como masa, muchedumbre o multitud, este término incorpora implícitamente, valoraciones positivas14. Por lo tanto, sólo el público es portador de opinión pública. Es por ello que, “cuando el público deja de ser crítico – sentencia R.E.Park–, se disuelve o se transforma en multitud”15. Una característica, por lo tanto, del público es el desacuerdo, la diferencia en los intereses similares. La investigación de la opinión pública permite desprender que existe un contínuo que va de masa a público, en las siguientes formulaciones colectivas:

a) El público en general. Es el que corresponde a aquellos que consideran al público como a la totalidad de la población. Allport, en el primer número de la prestigiosa revista Public Opinion Quarterly (1937), se define decididamente en esta concepción y que 41

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ayudó a las prácticas de las encuestas. Existía detrás de esta concepción, la idea democrática de la inclusión de todos los miembros de la sociedad. El problema es que de este universo sólo un porcentaje –que varía en el tiempo y de una sociedad a otra– está interesado e informado de las cuestiones públicas.

b) El público que vota. Es una de las más comunes operacionalizaciones del público, siendo el resultado de las elecciones –para quienes la defienden– la mayor visibilidad de la opinión pública en un sistema de democracia representativa. Pero, este colectivo indiferenciado representa, en EEUU por ejemplo, sólo a la mitad de la población apta para votar. Pero, muchas evidencias señalan que muchos electores, particularmente en sistemas de voto obligatorio, realizan el acto de votar sin información e interés en la campaña que los convoca.

c) El público atento. Es aquel sector de la ciudadanía que está informado e interesado en los asuntos públicos y que conforma la audiencia de las élites públicas. D.J.Devine, señala cinco medidas para reconocer al público atento: el interesado en política en general, el interesado en campañas electorales, el que habla de política, el que se expone a las noticias políticas de los medios y el que lee sobre política en revistas16. En muchos casos, sin embargo, es un público pasivo, aunque más activo que los anteriores.

d)

El público activo. Es un grupo más pequeño, que sale del público atento. Su

compromiso con los asuntos públicos es intenso, incluyendo aspectos formales de participación política, como informales pero de manera muy activa (debates y discusiones públicas). Normalmente a este grupo se le denomina élite, e incluye gente tan variada como líderes políticos, funcionarios gubernamentales, creadores de opinión, entre otros. Todos ellos participan y compiten en una suerte de mercado de opinión en donde buscarán conseguir seguidores y conversos. 42

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Si bien este último grupo tiene una influencia mayor que el resto (algunos dirán desproporcionada), merecen la atención de los medios y son los actores de la comunicación política, no se debe dejar de lado a los espectadores de la misma, en la medida en que en la interacción de ambos grupos se encuentra la formación y el impacto de la opinión pública.

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ELEMENTOS DE FORMACIÓN DE LA OP Recordemos que la opinión pública es un fenómeno psicosocial que, como señala la teoría de los sistemas abiertos de Otto Baumhauer, es el producto del proceso transformativo de información introducida en el sistema abierto de clima de opinión pública. De acuerdo con el esquema anterior, encontramos que un hecho convertido en información se transforma (throug put) de acuerdo a una serie de elementos que le dan un tinte determinado y al final sale de este sistema a manera de opinión. Cierto mensaje es pasado por los engranajes de la mente del individuo o del grupo social, por los medios de comunicación, etc. y ello influye en la formación de nuestras opiniones, a partir de nuestra visión del mundo que esto nos genera. ¿Por qué la sociedad debate un tema y no otro? ¿Por qué un grupo dice lo que dice y otro da otro argumento? ¿Por qué el debate social se mueve o cambia hacia uno u otro lado? Pues son los elementos que determinan a la opinión pública las que van dando estas pautas. Los elementos que influyen en la formación de la opinión pública se encuentran en diversos niveles, que de cualquier forma son un ciclo y se influyen unos a otros. Pero para cuestiones prácticas dividiremos:

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INDIVIDUO Arquetipos Estereotipos Prejuicios Identidad con el grupo

SOCIEDAD Ideología Cultura Educación Religión Grupo de Opinión Líderes de Opinión

ESTADO Estado Tipo de gobierno Sistema Económico Propaganda* Propaganda Empresarial* Publicidad*

MEDIOS Prensa Radio Cine Televisión Internet ***

*Estos elementos evidentemente se relacionan con los medios de comunicación, pero dependen de los otros niveles.

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ARQUETIPOS Teoría de los Arquetipos de Jung

Los contenidos del inconsciente colectivo son los arquetipos. Arquetipo significa "modelo original o prototipo", pero la definición, desde la psicología junguiana no es tan sencilla. Y menos cuando leemos al sabio suizo que indica que "el arquetipo es el núcleo de un complejo1", con lo que aquellos adquieren renovada trascendencia. Los complejos que -siguiendo la expresión junguiana- "mueven" al hombre tienen como elemento básico a un arquetipo. No uno en especial. Diversos arquetipos pueden originar diversos complejos. Y se pueden tener varios complejos a la vez, unos más intensos que otros... Ya no son entonces, estos, contenidos del inconsciente colectivo, algo lejano, oscuro y profundo de rara presencia en los estratos superficiales de la psique. Ahora comprendemos otro de los motivos por los que son ellos quienes rigen nuestra existencia. Hall y Nordby indican que "es muy importante para la correcta comprensión de la teoría junguiana sobre los arquetipos, que estos no sean considerados como cuadros totalmente desarrollados en la mente, como imágenes de los recuerdos de las experiencias pasadas de nuestra vida. El Arquetipo de la Madre, por ejemplo, no es una fotografía de una madre o de una mujer. Más bien es como el negativo de lo que debe ser desarrollado por la experiencia" (1). "Lo que se hereda -dirá el profesor Rubino, aclarando términos- es la estructura potencial de los arquetipos". Y agrega: "No percibimos a los arquetipos en sí mismos, sino a sus manifestaciones simbólicas. Los arquetipos se manifiestan a través de proyecciones, lo que nos permite inferir la presencia de ellos". Para Jung, una imagen primordial determinada, es decir, un arquetipo, se cumplimenta como tal, con respecto a su contenido, solamente cuando se hace

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manifiesto, y se completa, por lo tanto, con el material de la experiencia consciente. Volvemos aquí a la imagen ilustrativa del cauce seco del río y la experiencia rellenándolo vigorosamente. En efecto, puede considerarse que llegamos al mundo con potenciales estructuras arquetípicas que son, en nuestra psique, como un nutrido complejo de cauces de ríos que en este momento se hallan secos. Estos, así como sucedió en la Tierra con el Cañón del Colorado, fueron labrados por las 'corrientes' de generaciones y generaciones. No corrientes de agua que lo recorren desde hace millones de años como ocurre en el Gran Cañón, sino corrientes psíquicas, mentales. Con toda la metáfora significativa que implica hablar de inundaciones psíquicas, sequías psíquicas, remansos psíquicos, erupciones psíquicas y toda otra combinación posible de este estilo. Así, heredamos cauces secos. Ríos muertos. Pero nuestra experiencia los va haciendo fértiles. Les agrega agua una vez más. Y entonces, los arquetipos dejan de ser meras estructuras para convertirse en símbolos proyectados hacia el exterior. Y, en lo interno, al recibir esa "agua" benefactora, renuevan el vigor, adquieren la capacidad de utilizar y canalizar la energía enorme que poseen y llegan a intervenir en otros estratos psíquicos que trascienden la psique colectiva. En sus primeros escritos Jung denominó a estas estructuras hereditarias "imágenes primordiales", expresión que toma de Burckhardt. Pero, después, comprendió que era más preciso llamar "arquetipos" a estos fenómenos que él había descubierto. Lo hizo con el sentido que le diera San Agustín y, antes que él, Hermes Trimegisto, la versión griega del dios egipcio Toth, quien en el Poimandres (que es la primera parte del grupo de títulos que componen la obra Corpus Hermeticum) expresa: "Habéis visto en vuestra mente la imagen arquetípica". Para ese tiempo Jung ya sabía que los arquetipos "estaban tan elevadamente organizados y vivos en el inconsciente, y que influían tanto sobre la imaginación consciente, que podían ser personificados o cuanto menos asumir una expresión abstracta (...). Hay un ejemplo de la vívida

1

Complejo como nosotros conocemos: complejo de inferioridad, complejo de mujer falta, complejo de mártir, etc.

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complejidad de este mundo de los arquetipos, las representaciones instintivas e intuitivas de la mitología griega. Este sistema espiritual es quizás el modelo más altamente colectivo que aún poseemos. Es precisamente debido a esta excepcional conciencia instintiva del inconsciente colectivo, demostrada en sus mitos y leyendas y en todo lo que surge de ellas, que los griegos fueron capaces de hacer una contribución tan formidable a la evolución del espíritu humano" (2). Jung expresa también que los 'arquetipos' son las formas innatas, a priori, de 'intuición', de percepción y de aprehensión. "Igual que los instintos impelen al hombre a un modo específicamente humano de existencia, así los arquetipos fuerzan sus vías de percepción y de aprehensión dentro de esquemas específicamente humanos". Sigue siendo, sin embargo, difícil llegar a comprender el concepto de arquetipo según la psicología junguiana. El doctor Rubino anota lo siguiente: "Los arquetipos son formas o imágenes que tienen naturaleza colectiva y que se dan en todos los hombres que habitan y habitaron la Tierra, proveyendo los temas míticos. Estas estructuras arquetípicas las podemos observar también en el individuo en sí mismo como en las comunidades "ágrafas" e históricas. Se trata de algo así como 'modelos- patrones' en la formación de símbolos y que se repiten desde las tinieblas primordiales". Completa esta exposición, que ya va adquiriendo ahora sí límites precisos, Frieda Fordham quien, como ya dijimos, cuenta con el apoyo intelectual del maestro en sus obras escritas. Dice ella: "Podemos aventurarnos a suponer que las imágenes primordiales o arquetipos se formaron durante los milenios en que el cerebro humano y la conciencia humana iban lentamente emergiendo de un estado animal; pero sus representaciones, es decir, las imágenes arquetípicas, como tienen la cualidad primordial, se modifican o se alteran de acuerdo con la era en que aparecen. Algunos, sobre todo aquellos que indican un cambio importante en la economía de la psique, aparecen en forma abstracta o geométrica, tal como un cuadrado, un círculo o una rueda: ya sea por separado, ya en combinación formando de modo más o menos elaborado un símbolo particularmente importante y típico (...). Otros se presentan como 47

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formas humanas o semihumanas, como dioses o diosas, enanos, gigantes: aparecen como animales o plantas, reales o fantásticos, de los que hay ejemplos incontables en la mitología" (3). He aquí, entonces, que los arquetipos aparecen en el hombre a través de formas determinadas: en las mitologías, en las leyendas, en los sueños, en ciertos deseos de colectividad. Mediante el estudio de determinados sueños (Jung hablará de sueños del inconsciente colectivo y otros, los más comunes, donde aparecen elementos de ambos estratos, ya que raramente existen manifestaciones oníricas puras), de las leyendas y de las mitologías - particularmente las de culturas en estado primitivo o bien otras de enorme esplendor creativo como la egipcia, la griega y la romana-, es posible deducir la existencia de los mismos arquetipos a través de los tiempos. Lo que sucede es que, como indica Fordham, estos presentan los "ropajes" propios de cada época. Cada tiempo y cada momento de cada cultura reviste el arquetipo con un "maquillaje" especial y particular de ese lugar y ese momento. Le otorga un "tinte" propio donde intervienen las circunstancias y el desarrollo de esa cultura. Con distintos emergentes visibles o imaginarios, son los mismos arquetipos de siempre. Jung explica que las expresiones más directas del inconsciente colectivo se encuentran cuando los arquetipos aparecen como imágenes primordiales en los sueños, en estados desacostumbrados de la mente (hoy llamados estados alterados de conciencia) o en las fantasías de los psicóticos. Al referirse a la intervención del inconsciente colectivo en las enfermedades mentales graves, indica Jung que se despiertan los arquetipos para una vida independiente y asumen la dirección de la personalidad psíquica, reemplazando al ego incapaz y a su voluntad y su deseo, demasiado débiles. Agrega también que "el aislamiento en el solo YO tiene la paradójica consecuencia de la aparición en los sueños y fantasías de contenidos impersonales, colectivos, que son también el material de que pueden nutrirse ciertas psicosis esquizofrénicas".

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Para vivir la experiencia arquetípica, obtener su análisis y concluir obteniendo la síntesis de estos, es requisito esencial no identificarse con los arquetipos. Porque, de suceder semejante cosa, habremos incentivado la principal característica de la reacción patológica, y estaríamos invadidos por fuerzas primordiales. Cabe aquí hacer una aclaración, una división tajante, para no confundir conceptos. El material psíquico arquetípico se encuentra tanto en el inconsciente de una persona normal como en el de quien padece esquizofrenia. Hasta ese punto no hay diferencia. Lo que sucede es que debe observarse si estas presencias arquetípicas están o no elaboradas. Y, en tal caso, de qué modo se encuentran hechas esas elaboraciones. Del estudio de estas dos variables habremos de poder discernir si el material arcaico es la causa psicopatológica de la enfermedad. No de otra manera. Jung siempre advierte acerca de ciertos cuidados que deben ser tenidos en cuenta en el trabajo analítico de la psique. Dice que en los casos de psicosis latente, en los que basta un empujón para que aparezca manifiestamente la catástrofe, puede ser suficiente para ello la admisión del estado presente o la acción de un complejo. Uno de los peligros que más próximo está es el de la identificación con las formaciones del inconsciente. Si existe una disposición lábil puede producirse un estado equivalente a la psicosis. Es por este motivo que, como dijimos anteriormente, Jung no vacilaba -ante algunos casos dejar que la neurosis del paciente siguiera su curso evolutivo, pues advertía que esta era la única contención contra la presencia de manifestaciones más graves que podrían producir, por ejemplo, una psicosis. Con respecto a la neurosis, Jung la considera no sólo desde el punto de vista clínico, sino desde la visión psicológica y social, y llega a la conclusión de que es una afección grave, particularmente en lo que se refiere a sus efectos en relación con el medio ambiente y el modo de vida neurótico, pudiendo ser la neurosis nuestro peor enemigo o nuestro mejor amigo, por cuanto sus mecanismos tienen un doble significado: mira adelante y atrás, abajo y arriba. Agrega luego que no es el paciente quien se ha curado de la neurosis, sino que la neurosis ha curado al paciente. 49

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Estos que preceden son conceptos muy importantes en las consideraciones psicopatológicas que hace la psicología junguiana. Aquí se presenta a la neurosis como un elemento a través del cual se hace posible la curación del paciente. Entonces obtenemos el siguiente corolario: no se produce una neurosis como síntoma de una perturbación psíquica, sino que la neurosis es el elemento con el que reacciona la personalidad para curar el disturbio. La neurosis cumple aquí un papel similar al de los glóbulos blancos en lo físico, valga la comparación. Los glóbulos blancos no son el resultado de una enfermedad, de una infección por ejemplo: sino que estos existen para contrarrestarla, para eliminarla. Algo así sucedería con la presencia de la neurosis. A tal punto que ésta en ocasiones, según determinó Jung, está cumpliendo el papel de dique de contención a efectos de no dejar pasar el agua que se desliza por aquellos viejos y milenarios cauces que fueron labrados por los arquetipos y que buscan, en ese momento, adueñarse de la persona, lo que ocasionaría al individuo el nacimiento de una enfermedad peor para él y para la sociedad. Una esquizofrenia, por ejemplo. La concepción junguiana del inconsciente lo revaloriza respecto de otras psicologías ya que no lo presenta como un depósito de basuras, de cosas dolorosas que debieron ser reprimidas, anuladas, escondidas. Al revelar la existencia de un inconsciente colectivo encontramos que además de aquel estrato sombrío, existen también motivos para la alegría de vivir y las fuentes de la inspiración y la creatividad. El inconsciente es la "fuente de la conciencia y del espíritu creador, y también del destructivo de toda la Humanidad". Se trata de una conjunción de polos opuestos. Un reservorio totalizador. Es, otra vez más, la presencia enantiodrómica que habrá de hallar Jung en todos sus estudios sobre el hombre. Aquí, el inconsciente aparece como la arena y, a su vez, los protagonistas que luchan en esa arena. Es la cotidiana justa entre el Bien y el Mal.

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(1) Hall, Calvin y Norby V.J., Conceptos fundamentales de la psicología de Jung, Ed. Psique, 1975, página 40. (2) Van der Post Laurens, Jung y la Historia de Nuestro Tiempo, Sudamérica, Bs.As, 1978, pággina318-319. (3) Fordham Frieda, Introducción a la Psicología de Jung, Morata, Madrid, 1968, páginas 27-28.

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ESTEREOTIPOS Teoría de los Estereotipos de Walter Lippmann

Estereotipo y clisé tienen el mismo sentido, que sirve para reproducir señales y signos. Es el conjunto de imágenes que guarda cada persona acerca de diversidad de objetos.

STEINBERG Y BLUEM Ninguna expresión de opinión se encuentra completamente sola; su formación exige: un hecho observable, una proyección imaginada y la aceptación de lo declarado por otros. Nuestras percepciones son, en cierto grado, a priori: “escogemos aquello que nuestra cultura ha definido ya para nosotros y tendemos a percibir lo que escogemos en la forma en que nuestra cultura lo ha estereotipado para nosotros”. El estereotipo sugiere la existencia de imágenes que conservamos por experiencia anteriores y que han quedado almacenadas en nuestra memoria. Qué tanto sabemos acerca de algo es la medida que puede señalar la cualidad de modelos en confrontación con los cuales reaccionamos. Qué tanto se nos ha compelido por la propaganda, a través de la tradición cultural, sutil o brutalmente a formar nuestros estereotipos, nos dará la relativa cuantificación del proceso de manipulación. Muchos estereotipos se fijan por la constante repetición de frases hechas, estribillos, slogans de diversos contenidos: políticos, comerciales, extraídos de discursos, de la moda, de textos literarios, porque suenan bonito, o porque los pronunció un líder de opinión... Llevada a la exageración, la aplicación de estereotipos es una forma indolente de reaccionar al mundo que nos rodea. Tiende a resultar en la aceptación, sin crítica alguna, de las apariencias como realidad. 52

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Como indica Lippmann, los estereotipos como tales no son ni buenos ni malos; es el conocimiento de que son simplemente estereotipos, lo que los hace capaces de absorción y modificación. Los estereotipos es un proceso perezoso y apócrifo en el mejor de los casos, pues no sólo reduce al mínimo y produce cortos circuitos en el esfuerzo y en la acción inteligentes, sino que tiende a dejarnos a merced de los aspectos más despreciables de la propaganda. Los estereotipos o clisés invaden todos los campos de nuestras experiencias, de nuestro aprendizaje, del conocimiento racional, sensible e intuitivo del mundo exterior. Esta formación de imágenes fijas, que bien pueden ser alimentadas o enriquecidas por los marcos de referencia en constante aumento, se debe, en gran medida, a la influencia de los medios de comunicación; a los sistemas de los códigos, patrones bajo los cuales seleccionamos las informaciones; parámetros que permiten obtener elementos de codificación y decodificación, en función de las intenciones comunicativas de la fuente y agentes interventores en todas las fases del proceso comunicativo. Los estereotipos tienen su base en cada lenguaje y están reforzados y divulgados por la comunicación. Nuestro mundo de estereotipos está, entre otros, compuesto por los siguientes elementos: •

señales físicas que van desde las mismas palabras que integran un idioma, hasta códigos de señales, signos y símbolos de que se ocupa la semiología;



sentencias, adagios, refranes, terminología científica y técnica,



creencias, dichos populares, frases literarias, versos, coplas anónimas,



slogans, lemas, etc.,

que recibimos como herencia de generaciones anteriores, en unos casos; que nos hemos acostumbrado a repetir desde la infancia, que imponen en la actualidad la propaganda política, la publicidad comercial, el cine, las estaciones de radio, la

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televisión, los diarios, las revistas y aun las actitudes sociales como la moda y los usos de cada época. Se trata de multitud de formas expresivas que no nos pertenecen auténticamente, sino que forman parte de experiencias almacenadas a través de toda la cultura; frases construidas en situaciones especiales. Quizá resulta legítimo hablar de formas estereotipadas alienantes, cuando nuestras imágenes concuerdan con apariencias de otras realidades, de otros pueblos, de otras mentalidades y contrastan o son absolutamente ajenas a la realidad propia. Nuestros juicios de valor, además de otras influencias, reciben las de estereotipos cuya importancia ha sido estudiada dentro del marco de las “expectativas” que tenemos acerca del comportamiento de los otros. Lippmann reconocía en su tiempo que “la más sutil y la más general de todas las influencias es aquella que crea y mantiene el repertorio de estereotipos. Nos hablan del mundo antes de que lo hayamos visto. Nos imaginamos la mayor parte de las cosas antes de haberlas experimentado. Y esas preconcepciones, a menos que la educación nos haya hecho agudamente observadores, gobiernan profundamente el proceso total de la percepción”. Los estereotipos no confrontados, no comparados con la realidad, llevan a cometer excesos (pues se trata de apariencias) en nuestros juicios de valor, en nuestras opiniones, en conceptos que vertimos acerca de personas, situaciones, grupos de personas, pueblos, naciones.

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PREJUICIOS Muchas opiniones tienen su origen en la predisposición agresiva o negativa de la persona hacia algo; ya sea oro grupo, otra persona, una idea, una obra de arte, una cultura, etc. El prejuicio es anterior a la experiencia con el objeto. Es una manera de ver, un punto de vista adoptado, un concepto preformado. LINDGREN: la naturaleza del prejuicio es la expresión hostil que puede expresarse “de una manera simbólica y no directamente”. KLINEBERG: el prejuicio puede ser también positivo: “es un juicio previo, un sentimiento o reacción hacia las personas o las cosas, anterior a la experiencia y, por tanto, sin fundamento para ella”. Si el prejuicio es aparentemente idéntico a los estereotipos, su base verdadera es el comportamiento ante el objeto, mientras que el estereotipo es una “imagen”, de donde podemos inferir que la relación estereotipo-prejuicio se refiere a que el primero es anterior al segundo. BAUMHAUER: “Los prejuicios son auxiliares necesarios par ala vitalidad de la orientación por seguir, de las decisiones por tomar, a pesar de todos los prejuicios contra el prejuicio... ¿Qué haría el hombre si en todas las situaciones de la vida cotidiana, en cada momento, tuviera que comenzar por hacer el análisis racional de las circunstancias, a fin de poder decidir cómo conducirse?” Los prejuicios son elementos orientadores imprescindibles para nuestras actitudes frente a objetos del mundo externo, y eso vale tanto para el comportamiento individual como para el de índole social. Su importancia en la comunicación es notable, si consideramos que el proceso se rige por niveles de selección de mensajes conforme a patrones de orientación entre los cuales descubrimos al prejuicio. 55

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IDENTIDAD La identidad personal tienen que ver con la idea que tengo de mí mismos. A nivel colectivo es la idea grupal que se tiene del nosotros. Lo que somos y lo que queremos ser. Ésta se forma a partir de símbolos que todos reconocemos y a los que nos sentimos pertenecer. En contraposición al nosotros se encontrará siempre el otro o los otros (el que es diferente), el extranjero. Los símbolos del grupo pueden ser la bandera, el himno nacional, el escudo nacional, los símbolos religiosos, los distintivos de un partido, el uniforme de un equipo, etc. Un ejemplo es cuando un mexicano sale al extranjero y se topa con alguien que porta su bandera. Seguramente serán "carnales" durante el viaje, aunque uno sea de Monterrey y el otro del DF, al finalizar el viaje seguramente nunca se volverán a ver... pero el efecto de pertenencia al sentirse extranjero en otro país será evidente. Aquí se refuerza la teoría de La espiral del Silencio de Nöel Neuman, el hombre opina de acuerdo a su identidad o su sentimiento de pertenencia con un grupo, de ahí la necesidad de estudiar los sistemas de identidad de los diversos grupos para saber por qué un grupo opina como opina.

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IDEOLOGÍA La ideología es una categoría fundamental para el análisis y comprensión de los medios de comunicación. Aunque el término "ideología" posee muchas definiciones, las he reducido aquí intencionadamente a sólo dos para observar más claramente sus diferencias.

Definición 1. La ideología es un conjunto de ideas, normalmente políticas, formuladas deliberadamente, coherentes y racionales, empleadas para delimitar y comprender la forma en que puede organizarse la sociedad. Utilizada de esta manera, se confiere a la ideología un carácter peyorativo, buscando denigrar y anular las ideas de aquellos a quienes se refiere. Este uso del término sugiere que las ideas, de alguna forma, son inherentemente falsas e imperfectas puesto que no son realistas (en el sentido de que son inalcanzables) o no reflejan la realidad. Es habitual que la gente se refiera a la filosofía de un cierto movimiento político como si se tratara de una ideología: ideología nazi, fascista, socialista, de derechas, de izquierdas, etc. Las ideologías son, en este sentido, algo que alguien trata de imponernos. Esta definición no es útil para nuestro propósito puesto que desestima las ideologías sin preocuparse de saber lo que son.

Definición 2. La ideología es un conjunto de valores sociales, ideas, creencias, sentimientos, representaciones e instituciones mediante el que la gente, de forma colectiva, da sentido al mundo en el que vive. Todo el mundo debe tener un conjunto de valores, sentimientos, creencias que ‘tenga sentido’ para ellos. Todo aquello que hacemos —ir a trabajar, visitar un amigo, 57

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leer un libro— debe tener algún sentido. Por supuesto, es posible que comencemos a hacer algo que no tiene sentido y dejemos de hacerlo. Como sabréis, hay ocasiones en que ponemos en duda nuestra ideología y pensamos que ha dejado de tener sentido atenerse a ella de la misma forma en que veníamos haciéndolo. Claros ejemplos de esto podrían ser el nacimiento de un hijo, la pérdida del trabajo o de un amor, o una tragedia en nuestra comunidad. Si cambiamos entonces nuestro comportamiento, habremos encontrado una nueva forma de acción social que vuelve a tener sentido; habremos adoptado un nuevo conjunto de sentimientos, creencias y valores. Esta definición se fija en el hecho de que la gente busca sentido al mundo colectivamente. Para que una ideología tenga repercusión social debe ser compartida, convenida entre un grupo numeroso de personas. Yo puedo creer que soy la reencarnación de la Princesa Diana de Gales. Pero si nadie acepta esta creencia, me encerrarán en una clínica psiquiátrica. Si la creencia comienza a ser compartida extensamente, se abre ante mí un futuro de fama y fortuna. Éste es un ejemplo tonto y trivial. Pero puede no serlo si una persona o personas deciden tener la "solución final" al "problema Judío" o al de la convivencia interracial en la antigua Yugoslavia, etc.

Las dos definiciones comparten este mismo argumento: las ideologías son conjuntos de ideas que explican cómo funciona la sociedad, aquello que da sentido al mundo. Pero la segunda definición hace hincapié en que las creencias y los sentimientos son importantes en cualquier ideología. Esta idea nos traslada fuera del reino de lo puramente racional y consciente. Lo que estoy sugiriendo es que las ideologías se conectan a nuestros corazones tanto como a nuestras cabezas y no siempre somos conscientes de ellas.

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IDEOLOGÍA DOMINANTE Todo grupo social tiene su propia forma de pensar, sentir, creer y entender el mundo. Existen múltiples ideologías; quiero considerar ahora la idea de ideología dominante planteada por Louis Althusser. Althusser, siguiendo a Marx, sugirió que todas las sociedades tienen una ideología dominante. Esta ideología, compartida por la mayor parte de la sociedad, está compuesta por un conjunto de creencias y valores coincidentes. La ideología es dominante en dos sentidos. En primer lugar, en sentido numérico. En segundo lugar, porque apoya los intereses de la clase dominante. Analizaré la manera en que las creencias y valores dominantes, apoyados por grupos específicos de la sociedad, llegan a ser aceptados y compartidos por muchos, y cómo los medios de comunicación contribuyen a lograr esa aceptación. Althusser sostiene que el concepto de ideología trasciende la conciencia. Contempla la ideología como la fuerza inconsciente en que la gente vive más que notarla. A modo de ejemplo, pensad en la forma nada problemática en que se acepta la noción de propiedad privada en la cultura occidental. Damos por hecho que los individuos pueden acceder a la propiedad exclusiva de toda clase de bienes y tierras. La propiedad privada, sin embargo, ha evolucionado desde sociedades en las que el derecho de propiedad se encontraba predominantemente en manos de una minoría. El siete por ciento de la población de Gran Bretaña y Australia —el que se beneficiaba realmente del sistema de propiedad privada: el sistema mantenido por la ley y regulado por ella— poseía el 84% del total. No estoy diciendo que el derecho de propiedad privada sea una equivocación. Sino, simplemente, que de esta ideología, compartida de forma mayoritaria en Occidente, se benefician en realidad aquellos que tradicionalmente disfrutan de mayores posesiones. La ideología dominante apoya los grupos de poder dominantes. De aquí surge la pregunta: ¿por qué apoyamos algo que no nos beneficia? 59

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Althusser propone la existencia de dos mecanismos para conseguirlo: el Aparato Represivo del Estado y el Aparato Ideológico del Estado.

EL APARATO REPRESIVO DEL ESTADO El Aparato Represivo del Estado se compone de mecanismos que obligan a la gente a adaptarse a la ideología dominante. Se utilizan deliberadamente para controlar el sistema penal y coaccionar a la gente que pretende cambiar el sistema. Se trata fundamentalmente de instituciones legales: la policía, el sistema judicial, el sistema penitenciario y el ejército, que se ocupan de quienes perturban el desarrollo de la sociedad. Estas fuerzas no actúan sobre los sentimientos y las ideas de la sociedad, sino que hacen uso directo de la fuerza. Sus tácticas, aunque actúen de la misma forma, varían a través del tiempo. Considérese por ejemplo el castigo. En la Edad Media, el castigo era un espectáculo público. A la gente se la ahorcaba en público, se la encadenaba en la plaza mercado, eran lapidados. Hoy el castigo es privado. A los criminales se les encierra en lugares apartados. Las ejecuciones son privadas y no públicas. En el contexto de los medios de comunicación, la censura es parte del Aparato Represivo del Estado.

EL APARATO IDEOLÓGICO DEL ESTADO Éste resulta bastante más interesante para quienes analizamos los medios de comunicación. Se trata de instituciones mediante las que se nos socializa a fin de aceptar la ideología dominante. El aparato ideológico del Estado no funciona de manera coactiva. Opera simplemente a través de conquistar nuestro asentimiento hacia la ideología dominante. Althusser identificó las instituciones fundamentales que llevan a cabo este proceso de socialización: la iglesia, la familia, el sistema educativo y los medios de comunicación. De hecho, hoy en día los medios son con toda probabilidad un agente de socialización más importante que la iglesia.

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LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN COMO PARTE DEL APARATO IDEOLÓGICO DEL ESTADO

Los medios de comunicación tienden a apoyar la ideología dominante. Más adelante introduciré mayor complejidad en el argumento. Por ahora señalaré que los medios de comunicación apoyan la ideología dominante produciendo programas y productos que defienden los valores de la cultura blanca, patriarcal y capitalista. No obstante, hay dos elementos importantes que tienden a socavar este proceso: 1. Con el objetivo de ganar apoyo para la ideología dominante a través de sus productos, los medios de comunicación deben obtener el respaldo de aquellos grupos sometidos y minoritarios (mujeres, indígenas, clase trabajadora, etc.). Deben ofrecer productos que también proporcionen placer a esos grupos, puesto que suponen la mayor parte de la audiencia. 2. Los medios de comunicación se ocupan a menudo de tensiones y desórdenes sociales. Por ejemplo, las noticias y sucesos de sociedad están casi siempre basadas en conflictos. El teatro, las series y las películas giran habitualmente en torno a conflictos: entre personajes y sistemas de valores. Los dramas policiacos centran su atención en crímenes y fracturas sociales. Las comedias de situación se ocupan de la familia y las relaciones entre sexos. Podemos ver así que aunque los medios de comunicación apoyan la ideología dominante prestan también atención a los problemas sociales. Si bien, el hecho de que se ocupen de ello no significa que lo hagan de una forma que cuestione el sistema. Lo que es fundamental son las convenciones utilizadas por estos programas para manejar y resolver los problemas que presentan. En ello consiste la acción ideológica de los medios de comunicación.

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GRUPOS DE OPINIÓN Para la ciencia de la comunicación, la importancia de los grupos radica en las interacciones e interrelaciones que equivalen a nexos comunicativos con efectos y acciones recíprocos. Cómo actúan los grupos en sus relaciones con otros, cómo ejercen funciones en el complejo de instituciones sociales (módulos duraderos del comportamiento: Bottomore) es problema que interesa especialmente a:

a) la psicología social, porque su objeto es descubrir el efecto que ejerce sobre el individuo ese ambiente social al cual pertenece y el efecto que produce en la conducta el hecho de cómo los hombres se influyen recíprocamente. b) la ciencia de la comunicación, porque toda conducta brotada de tales interacciones grupales tiene significado de forma comunicativa.

Pero la composición grupal es muy compleja; no basta decir que un grupo es un conjunto de dos o más personas: nos interesa conocer qué es lo que hace que dos o más personas se reúnan físicamente o participen espiritualmente de algo.

DEFINICIÓN DE GRUPO

‰

Grupos primarios: las relaciones de los individuos son de naturaleza íntima,

permanente: familia. Son informales. ‰

Grupos secundarios: relaciones más abstractas, de naturaleza menos íntima más

impersonal: asociaciones.

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Se caracterizan por su formalidad, sus estructuras complejas, porque son fáciles de disolución y están sometidos a las “dinámica de grupo”.

SISTEMA DE PAPELES NEWCOMB: Consiste en dos o más personas que comparten normas con respecto a ciertas cosas y cuyos papeles sociales están estrechamente vinculados: familia, escuela, trabajo, partido político.

Condiciones para la existencia de un grupo: 1. que las personas compartan normas con respecto a algo, 2. que existan interrelaciones de papeles entre los participantes del grupo. Así, Newcomb califica al grupo como un “sistema de papeles”. Opera como un sistema fluido sólo en la medida en que sus miembros se comunican significados comunes con respecto a objetos materiales, personas o instituciones.

GRUPOS Y CUASIGRUPOS BOTTOMORE: Un grupo social puede ser definido como un agregado de individuos en el que existen relaciones definidas entre los individuos que lo componen y cada uno de ellos es consciente del grupo y de sus símbolos. •

Grupos sociales: tiene por lo menos una estructura y una organización

rudimentaria (reglas, ritos, etc) y una base psicológica constituida por la conciencia de sus miembros: la familia, el pueblo, la nación. •

Cuasigrupos: es un agregado sin estructura u organización y cuyos miembros

pueden ser inconscientes o débilmente conscientes de la existencia del grupo: clases sociales, multitudes, los de sexo o edad.

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Grupos sociales y cuasigrupos tienen interrelaciones y variables importantes; los cuasigrupos pueden servir de base para la organización de instituciones sociales: la clase x forma el partido y. Ninguna persona pertenece a un solo grupo sino a muchos.

CLASIFICACIONES LINDGREN: Consiste en dos o más personas que entablan alguna clase de relación entre sí. Incluso los grupos informales y efímeros crean algunos elementos estructurales en sentido de que sus miembros detentan rango, forman relaciones de acuerdo con su posición y desempeñan papeles recíprocos. •

Grupos Duraderos: se caracterizan por su estructura y aceptación de los

miembros de las normas comunes a la vez que están motivados por estímulos de carácter permanente. •

Grupos Efímeros: Surgen a veces de la casualidad (mirones de un accidente).

o Grupos exclusivos: aquellos en que los miembros son cuidadosamente seleccionados en virtud de los objetivos y naturaleza de las normas: sociedad de oncólogos. El rasgo sobresaliente es la funcionalidad de los miembros, al rededor de un mismo objeto por todos conocido. o Grupos Inclusivos: los intereses comunes son amplios y nada limitativos. ¾ Grupos Propios (in groups): el sentimiento de pertenencia es básico para su existencia; de allí emanan su poder social: consorcios, camarillas políticas... donde la identificación, pertenencia y sensación de pertenencia, sin solución de continuidad, es el secreto de la fuerza conjunta. (mexicanos). ¾ Grupos Ajenos (out groups): revelan la existencia de sectores marginados de los usos, recursos y beneficios sociales (chicanos).

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OPINIÓN PÚBLICA › Grupos Reales: consisten en congregaciones a las que físicamente pertenecemos y cuyas influencias recibimos consciente y directamente, en nuestras relaciones personales: escuela › Grupos Imaginarios: La pertenencia es por identificación con determinadas normas derivadas del uso de los mismos medios entre individuos que no se conocen personalmente, pero que comparten las mismas inquietudes, las mismas expectativas o intereses, que pueden ser de índole variada: lectores de un periódico. Hay un efecto de la referencia.

REFERENCIA Se entiende como el proceso de virtud del cual se producen efectos normativos en nuestro comportamiento

GRUPOS Y OPINIÓN PÚBLICA Dentro del vasto mundo de complejos factores de formación de la opinión pública es propio el campo de los grupos sociales en interacción.

PRESIONES OPUESTAS Los

círculos

grupales

pueden

encontrar

en

su

funcionalidad

factores

de

coparticipación intergrupal, de identidad de objetivos, de intereses recíprocos; pero también contraposiciones e incompatibilidades que generan el fenómeno que Lasswell ha denominado “presiones opuestas”.

Young: la mayor parte de los miembros de una sociedad compleja pertenecen a una cantidad de grupos. A menudo, los distintos fines y funciones de estos grupos pueden hallarse en conflicto. A estas influencias las llamamos presiones opuestas y pueden definirse como:

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“la gravitación de dos o más factores determinantes de la opinión sobre el mismo individuo o grupo.”

GRUPOS Y PRESIÓN SOCIAL Cada grupo puede representar, al mismo tiempo, el factor de presión social que se ejerce a través de los medios, empleando métodos diversos que van del soborno hasta el crimen.

CAMBIO DE CIRCUNSTANCIAS El nivel de formación social de un individuo sufre alteraciones y modificaciones que Dicey llama “circunstancias”, entre las que se mencionan en Young: noticia, cambio en la experiencia real, cambio en la práctica y liderazgo.

DINÁMICA DE GRUPO La preocupación de los investigadores se concentra en saber si las decisiones de grupo (resultantes de todo el proceso ya mencionado al tratarse de formación de opinión pública) están en coherente relación con las de los individuos que lo integran. Al objeto de esa preocupación se le ha llamado dinámica de grupo.

Brown: Las decisiones pueden variar en muchas dimensiones conforme a las cuales aquéllas del grupo podrían diferir de las decisiones individuales.

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LÍDERES DE OPINIÓN El fenómeno del liderazgo es psicosocial, un producto de las relaciones de los individuos entre sí, de los efectos de esas relaciones.

Responde a un doble principio: Por parte del líder: autoafirmación y autovalorización. Por parte del que reconoce el liderazgo del otro: sumisión y subestimación.

LA FUERZA En todas las especies se dan relaciones de liderazgo; asimismo en las comunidades primitivas. Uno de los primeros efectos de la dominación es la fuerza.

SPROTT: CONDUCTOR Cualquier persona que actúe como modelo para otros.

El término Líder implica un principio de aceptación por parte de los demás, aunque en muchos casos ese consentimiento está viciado por la presión física, el soborno, la usurpación y otros medios.

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Liderazgo desde el punto de vista sociológico: Es el resultado de la condensación, en un hombre, del instinto de poderío grupal”. Sus fuentes serán: 1) Carisma o prestigio. 2) Representatividad. La función del líder y su autoridad son aspectos que resultan del mandato y la representatividad, aunque a veces el caudillismo invierte las cosas y el mandato se torna en carta blanca otorgada al líder con poderes irrestrictos bajo una irracional, irreflexiva devoción o endiosamiento del sujeto carismático.

El término líder cubre genéricamente a una serie de

AGENTES CONDUCTORES DE GRUPOS,

no importa su tamaño: En el sector público: jefe, dirigente, conductor, caudillo o “demagogo”, gobernante. En el sector privado: empresario, director gerente y administrador.

LIDERAZGO Y PODER El liderazgo está rodeado del atributo del poder, en el sentido de una facultad que el líder inviste para tomar decisiones, impartir órdenes, en una palabra, actuar en nombre de los demás, de sus seguidores y adeptos.

VIROUX El líder es un jefe natural el individuo que toma la dirección de un grupo tanto por su valor personal como en razón de la aceptación voluntaria de los demás.

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Es una arrasador, el que es capaz de influir sobre el comportamiento colectivo del grupo y de orientar su conducta social.

ACEPTACIÓN ESPONTÁNEA El verdadero líder será aquel cuya aceptación se produzca de forma espontánea y libremente por parte de los demás. La imposición es autoritarismo, pero de igual forma influye en la opinión pública.

LÍDERES SEGÚN LOS TIPOS DE GRUPOS Así como hay grupos formales e informales, así también surgen los líderes. Líderes formales: pertenecen a grupos concretos, constituidos: líder sindical. Líderes informales: pertenecen a grupos no organizados. El líder informal puede convertirse n líder formal y lo es ante la mirada de sus seguidores.

La influencia del líder está en relación con el tipo de conducción que ejerza aquél sobre sus seguidores.

LÍDERES VISIBLES E INVISIBLES Podemos distinguir también entre líderes visibles y líderes invisibles; los que ejercen influencia de manera directa y aquellos cuyos actos producen efectos sin que podamos percatarnos, los que están detrás de la silla.

Poder: grado en que los dirigentes influyen la conducta de los demás. El poder varía según el prestigio; es decir, según el grado en que los demás consideren que sus actos son significativos, pertinentes o importantes. 69

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PRESTIGIO: relacionado con el rango, sea quien sea; o también de acuerdo al modo en que los demás perciben su conducta.

LÍDER MÁS FUERZA QUE LOS MEDIOS MASIVOS La importancia de los líderes en la formación de opinión es tal, que muchas decisiones derivan de esa influencia. Estudios realizados por Lazarsfeld señalaron que la influencia de los líderes es mayor que aquélla de los medios, sobre las opiniones del individuo.

RECOMPENSA INMEDIATA “Un individuo a diferencia de un medio masivo, es capaz de presentar razonamientos y argumentos de pertinencia personal inmediata al que escucha. Y finalmente, cuando alguien cede a la influencia personal de otro para tomar una decisión, la recompensa en aprobación es inmediata y personal”.

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ESTADO Y GOBIERNO Estado, denominación que reciben las entidades políticas soberanas sobre un determinado territorio, su conjunto de organizaciones de gobierno y, por extensión, su propio territorio. Aunque el siglo XX ha sido escenario del nacimiento de muchas instituciones internacionales, el Estado soberano sigue siendo el componente principal del sistema político internacional. En el plano nacional, el papel del Estado es proporcionar un marco de ley y orden en el que su población pueda vivir de manera segura, y administrar todos los aspectos que considere de su responsabilidad. Todos los estados tienden así a tener ciertas instituciones (legislativas, ejecutivas, judiciales) para uso interno, además de fuerzas armadas para su seguridad externa, funciones que requieren un sistema destinado a recabar ingresos.

Gobierno, organización política que engloba a los individuos y a las instituciones autorizadas para formular la política pública y dirigir los asuntos del Estado. Los gobiernos están autorizados a establecer y regular las interrelaciones de las personas dentro de su territorio, las relaciones de éstas con la comunidad como un todo, y las relaciones de la comunidad con otras entidades políticas. Gobierno se aplica en este sentido tanto a los gobiernos de Estados nacionales como a los gobiernos de subdivisiones

de

Estados

nacionales,

por

ejemplo

condados

y

municipios.

Organizaciones tales como universidades, sindicatos e iglesias, son en general también gubernamentales en muchas de sus funciones. Los gobiernos se clasifican de diversas maneras y según distintos puntos de vista; muchas de las categorías inevitablemente se solapan. Una clasificación familiar es la que distingue la monarquía de los gobiernos republicanos. Los estudiosos de la 71

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época contemporánea, en particular del siglo XX, han subrayado las características que distinguen a los gobiernos democráticos de las dictaduras. En una clasificación de gobiernos, los gobiernos federales se diferencian de los estados unitarios. Los estados federales, como Estados Unidos y Suiza, son uniones de estados en los que la autoridad del Gobierno central o nacional está limitada constitucionalmente por los poderes establecidos legalmente en las subdivisiones que los constituyen. En México, república federal, se repite el esquema organizativo del gobierno central en los 31 estados del país: el poder ejecutivo lo ejerce el presidente (o el gobernador), el legislativo reside en el Congreso (o Cámara de diputados), y el judicial la Suprema Corte de Justicia (o Tribunales Superiores). En los estados unitarios, como Gran Bretaña y España, las subdivisiones constituyentes del Estado están subordinadas a la autoridad del gobierno nacional. El grado de subordinación varía de país en país. Puede variar también dentro de un mismo país de una época a otra y según las circunstancias; por ejemplo, la autoridad central del gobierno nacional en Italia creció mucho de 1922 a 1945, durante el periodo de la dictadura fascista. En una clasificación de naciones democráticas, los gobiernos parlamentarios o consejos de ministros difieren de los sistemas presidencialistas. En los gobiernos parlamentarios, de los que son ejemplo Gran Bretaña, India y Canadá, el poder ejecutivo está subordinado al Parlamento. En gobiernos presidencialistas, como Francia, Estados Unidos y la mayoría de los países de América Latina, el ejecutivo es independiente del legislativo, aunque algunas de las acciones del ejecutivo se someten a una revisión del legislativo. Otras clasificaciones dependen de las diversas formas gubernamentales y poderes entre las naciones del mundo. Los gobiernos a su vez pueden ser clasificados como democráticos o no democráticos. En el enunciado a mayor democracia, mayor libertad, por tanto mayor participación, encontraremos por tanto mayor desarrollo de la opinión pública. Por el

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contrario, una sociedad menos democrática tiene menos libertades y menor participación civil, por lo que la opinión pública tendrá menor desarrollo. La cultura política de una sociedad sustentará así los valores democráticos o no de ésta y entonces determinará el desarrollo de su opinión pública.

SISTEMA ECONÓMICO El marco del sistema económico de nuestro país es fundamental para la vida política de éste, pues hoy en día el sistema económico global se sobrepone al gobierno y éste define sus acciones de acuerdo a las necesidades del mercado mundial.

Economía mundial, conjunto de actividades económicas que se llevan a cabo en todo el mundo. Hoy en día, la forma de ganar dinero en un país, de obtener ingresos y gastarlos o ahorrarlos para obtener riqueza, depende de cómo se gane dinero, se gaste y se ahorre en el resto de los países. Estos vínculos internacionales han existido desde hace mucho tiempo pero, debido al cambio de naturaleza de estos vínculos, a su intensificación y ampliación, la economía mundial actual es muy distinta a la economía internacional del pasado. En el feudalismo un granjero podía sentirse parte íntegra de una economía local muy delimitada y distinta de la del pueblo de al lado, porque casi todo lo que consumía y lo que utilizaba se había fabricado en su pueblo, y pagaba la renta a un terrateniente local; era una economía de carácter local, aunque se comerciara con otros pueblos e incluso con otros países; durante el siglo XIX el desarrollo del capitalismo, de los nuevos Estados nacionales como Alemania e Italia y de los nuevos conceptos de identidad nacional, como en Japón durante la etapa Meiji, hicieron que predominara la economía nacional sobre la mundial. Una de las ideas que más caracterizaban este dominio era que la situación económica de los ciudadanos de un país quedaba reflejada en las actividades que se desarrollaban en él, y eran las importaciones y exportaciones las que mostraban la fortaleza o debilidad de un país. El predominio de la economía 73

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nacional tuvo su máxima vigencia en el periodo transcurrido entre 1945 y mediados de la década de 1970, debido a los principios del keynesianismo, que impulsaron a los gobiernos a intentar alcanzar objetivos económicos precisos, como la búsqueda del pleno empleo de los recursos mediante medidas de política económica. Pero para alcanzar estos objetivos debían tener en cuenta el contexto internacional e instituciones económicas como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que intentaba fortalecer la capacidad de cada país para alcanzar sus propios objetivos económicos. La idea de economía nacional sigue existiendo, pero en la actualidad la economía de cada país (y de cada provincia, región, ciudad o pueblo del país) se enmarca en el contexto de la economía mundial, donde las condiciones económicas existentes en una región afectan a las de otras, predominando la idea de economía global sobre la de economía local. Por lo tanto, cuando se habla de economía mundial no sólo se está hablando de los vínculos internacionales, que han existido desde el nacimiento del comercio, sino que se afirma que la producción, el consumo, la inversión, las finanzas y cualquier otra actividad económica se organizan a escala mundial, por lo que las condiciones mundiales determinan las condiciones locales. Esto implica que las instituciones nacionales tienen mucho menos poder para influir sobre su propia actividad económica. Los gobiernos tienen un limitado margen de maniobra para variar el nivel de empleo o cambiar el saldo de la balanza de pagos por medio de su política fiscal o su política monetaria. Tienen que cooperar con otros gobiernos o, en el caso de los países con economías débiles, ajustarse al entorno económico mundial con las condiciones impuestas por las instituciones internacionales, concretamente el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD). Las empresas nacionales han sido sustituidas por grandes multinacionales. Los sistemas bancarios nacionales han quedado subordinados a las empresas financieras internacionales que operan en los distintos mercados de valores del mundo. En la economía mundial moderna, las relaciones entre personas, regiones y países no son ni accidentales ni pasivas, sino que son mecanismos de integración 74

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activos que intensifican y cambian la vida económica internacional. Existen tres importantes mecanismos que integran la economía mundial: el comercio, la producción y las finanzas.

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PROPAGANDA EMPRESARIAL Chomsky Rollback: el retorno del capitalismo depredador Me refiero al campo de la publicidad empresarial, que es uno de los fenómenos más importantes del mundo actual y apenas está investigado. Su ensayo más importante, «Changing Public Opinión: The Corporate Offensive», que ha circulado a través de canales alternativos durante años (yo mismo he hecho innumerables copias y lo he hecho circular), nunca fue publicado en vida suya. Se incluye en esta nueva recopilación. Este ensayo empieza señalando —él lo dice de una manera mucho mejor— que en el siglo xx se han producido tres fenómenos muy importantes respecto a la democracia. Uno es el de la ampliación del sufragio, que era muy reducido. El segundo es el del crecimiento de la empresa. Y el tercero es el del crecimiento de la propaganda empresarial para minar la democracia. Y tiene toda la razón. Este es el motivo por el que existe una industria de relaciones públicas, que se estableció aproximadamente al mismo tiempo en el que las empresas alcanzaron su forma actual a principios de este siglo. Fue creada para «controlar la opinión pública», según dicen ellos mismos, porque reconocían que la opinión pública podía constituir el mayor peligro de los industriales, y que la democracia es una amenaza real a la tiranía privada, igual que lo es de un estado tiránico. Ahora mismo, vivimos en un sistema de tiranía privada establecido a principios de siglo de una manera muy consciente. De hecho se estableció conscientemente para atacar a las libertades individuales. Forma parte de las leyes empresariales y sólo se conoce en los círculos de expertos. Parte de esta operación tenía como finalidad asegurar que la democracia no pudiera funcionar. Y desde que existe cierto grado de violencia estatal, en un grado limitado, especialmente gracias al incremento del voto y de la participación, se 76

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comprendió en seguida que es necesario controlar a la opinión pública. Esta idea dio lugar a una inmensa industria de relaciones públicas y a campañas publicitarias masivas, en un esfuerzo por vender el americanismo y la armonía y también para vender el capitalismo norteamericano. Se inunda a la población con esta publicidad a través del Consejo Publicitario, la radio, la televisión y otros medios. Se trata de una maniobra muy consciente. Carey es el primero que la ha estudiado seriamente, y casi el único. Ahora mismo se están escribiendo algunas obras sobre el tema: en primer lugar un excelente estudio titulado Selling Free Enterprise de Elizabeth FonesWolf publicado por la Universidad de Illinois, centrado en el período posterior a la segunda guerra mundial. PonesWolf aporta gran cantidad de material sobre el aumento extraordinario de los esfuerzos publicitarios «para adoctrinar a la población acerca de la historia capitalista» y de los esfuerzos conscientes de «la lucha interminable para conquistar la opinión de la población». Es un tema de gran significación en el siglo xx y debería ganar importancia. Estamos inmersos en él todo el tiempo. Explica muchas cosas. Los Estados Unidos funcionan, en este sentido, de manera muy diferente a otros países. Poseen una comunidad empresarial con una mayor conciencia de clase, por diversos motivos históricos. No surgió del feudalismo y de la aristocracia, por eso en los Estados Unidos no existen los factores de conflicto que sí existieron en otros lugares; es una comunidad empresarial con una enorme conciencia de clase, de carácter muy marxista, marxista vulgar, que lleva a cabo, conscientemente, una dura lucha de clases. Leer sus publicaciones internas es la mitad del tiempo lo mismo que leer panfletos maoístas. No gastan miles de millones de dólares al año en publicidad para divertirse. Lo hacen con una finalidad. Durante mucho tiempo, esta finalidad fue la de contener y oponerse a los derechos humanos, a la democracia, a la estructura entera del estado del bienestar y al contrato social que se ha desarrollado a lo largo de los años. Querían contenerlo y limitarlo. En la actualidad creen poder llevar a cabo una estrategia de rollback, de dominio y vuelta atrás. Volverían a las fábricas satánicas, para matar a la población pobre, volverían básicamente a la estructura social de principios del siglo XIX. Esta es 77

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la situación que estamos viviendo ahora mismo. Estas ofensivas masivas de publicidad forman parte de ella.

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LA OPINIÓN TELEDIRIGIDA Giovanni Sartori Videopolítica La televisión destaca por una cosa: entretiene, distrae, divierte. Cultiva el homo ludens. Pero la televisión también impregna toda nuestra vida, se afirma incluso como demiurgo. Tras formar a los niños, sigue formando, o influyendo, a los adultos "informándoles". Informándoles, en primer lugar, de noticias (más que de nociones), es decir, anunciando lo que sucede en el mundo, tanto cercano como lejano. La mayor parte de estas noticias terminan por ser deportivas, de sucesos, de crónica rosa (o lacrimógena) y de catástrofes. Lo que no quita que las noticias de mayor repercusión, de mayor importancia objetiva, sean las informaciones políticas, las informaciones sobre la polis (la nuestra y la de otros). Saber de política es importante, aunque a muchas personas no les interese, porque la política condiciona nuestro vivir y nuestro convivir. La ciudad cruel nos encarcela, nos hace poco o nada libres; y la mala política —incluida la política económica— nos empobrece (cfr. Sartori, 1993, pp. 313-316). El término videopolítica (un término acuñado tal vez por mí)1 comprende sólo uno de los múltiples aspectos del poder del video: su incidencia en los procesos políticos mediante una transformación radical del "ser político" y de la "administración de la política". La videopolítica no es una prerrogativa de la democracia. El poder del video también está a disposición de las dictaduras. Pero aquí sólo me ocuparé de la videopolítica en los sistemas liberaldemocráticos, es decir, en los sistemas que se fundan en elecciones libres. La democracia ha sido definida con frecuencia como un gobierno de opinión (Dicey, 1914, por ejemplo), y esta definición deviene pertinente con el nacimiento de la videopolítica. Porque es cierto que la televisión es una fuente importante de creación de opinión. En la 79

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actualidad, el pueblo soberano "opina" sobre todo de acuerdo con la forma con la que la televisión le induce a opinar. El poder del video se convierte en el centro de todos los procesos de la política contemporánea por su capacidad de orientar la opinión. La televisión condiciona el proceso electoral, tanto en la elección de los candidatos,2 como en su modo de combatir la disputa electoral, como en la posibilidad de que triunfe el ganador. Asimismo, la televisión condiciona, o puede condicionar, un gobierno, es decir, las decisiones de un gobierno: lo que puede hacer un gobierno, o dejar de hacer, o decidir qué va a hacer.

La formación de la opinión Si la democracia es un sistema de gobierno guiado y controlado por la opinión de los gobernados, entonces la pregunta que debemos plantearnos es: ¿cómo nace y cómo se forma la opinón pública? Casi siempre o, por lo menos, con mucha frecuencia, la opinión pública es un "dato" que damos por descontado. Existe y basta. Es como si las opiniones de la opinión pública fueran, como las de Platón, ideas innatas. Opinión pública es, en primer lugar, una ubicación, una colocación: es el conjunto de opiniones que se encuentran en el público o en los públicos. Pero la noción de opinión pública es también, y sobre todo, el conjunto de opiniones generalizadas del público, opiniones endógenas, que son del público porque su sujeto real es el público. Y se denomina pública no sólo porque es del público sino también porque incluye la res publica, la cosa pública, es decir, los argumentos que son de naturaleza pública: el interés general, el bien común, los problemas colectivos. Merece la pena subrayar que es correcto decir "opinión". Opinión es doxa, no es epistème, no es saber y ciencia; es sencillamente un "parecer", una opinión 80

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subjetiva que no necesita ser demostrada.3 Las matemáticas, por ejemplo, no son una opinión. Dicho de otra manera, una opinión no es una verdad matemática. Las opiniones son convicciones débiles y variables. Si se convierten en convicciones profundas y profundamente arraigadas, entonces se transforman en creencias (y el problema cambia). De todo lo dicho anteriormente se deduce que es fácil desmontar la objeción de que la democracia es imposible porque el pueblo "no sabe". Dicha objeción puede ser válida respecto a la democracia directa; respecto a un demos que se autogobierna y, además, gobierna solo. Pero la democracia representativa no se caracteriza por ser un gobierno del saber sino por ser un gobierno de la opinión, fundado en un público sentir de res publica. Lo que equivale a decir que a la democracia representativa le basta, para existir y funcionar, que el público tenga opiniones propias; y nada más, pero también — precisemos— nada menos. Entonces, ¿cómo se forma una opinión pública autónoma que sea realmente del público? Es claro que este proceso de opinar debe estar expuesto a flujos de información sobre el estado de la cosa pública. Si fuera "sordo", demasiado cerrado y demasiado preconcebido respecto a la situación de la res publica, entonces no serviría. Pero, por otra parte, cuanto más se abre y expone la opinión pública a flujos de informaciones exógenas (recibidas del poder político o de los medios de información de masas), más riesgos corre de convertirse — como decía Riesman— en opinión pública "heterodirigida". Cuando eran fundamentalmente los periódicos los que plasmaban la opinión pública, el equilibrio entre opinión autónoma y opiniones heterónomas (heterodirigidas) estaba garantizado por la existencia de una prensa libre y múltiple, con muchas voces. La llegada de la radio no alteró este equilibrio de forma sustancial. El problema surge con la televisión y debido a su capacidad de suplantar la reflexión por la imagen.

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Cuando prevalece la comunicación lingüística, los procesos de formación de la opinión no se producen desde arriba hacia abajo; se producen "en cascada", o mejor dicho, como en una sucesión de cascadas interrumpidas por concavidades en las que las opiniones se mezclan (de acuerdo con un modelo formulado por Deutsch, 1968). Además, las cascadas se complementan y se contraponen a ebulliciones que provienen del fondo; e incluso a resistencias y viscosidades de naturaleza varia.4 Pero la fuerza perturbadora de la imagen rompe el sistema de reequilibrios y retroacciones múltiples que habían instituido progresivamente, a lo largo de casi dos siglos, los estados de opinión difusos, identificados, desde el siglo XVIII en adelante, con el término "opinión pública". La televisión es invasora porque supera a los denominados líderes intermedios de opinión y porque anula la multiplicidad de "autoridades cognitivas" que establecen de forma diferente, para cada uno de nosotros, en quién creer, quién es digno de crédito y quién no lo es.5 Con la televisión la autoridad reside en la visión misma: es la autoridad de la imagen. No importa que las imágenes puedan engañar aún más que las palabras, como veremos más adelante. Lo importante es que el ojo cree en lo que ve; y, por tanto, la autoridad cognitiva más auténtica es lo que se ve. Lo que se ve parece "real", y puede ser considerado como verdad. He observado anteriormente que a la democracia representativa le basta, para funcionar, que exista una opinión pública que sea realmente del público.6 Pero cada vez esto es menos frecuente, ya que la videocracia está fabricando una opinión masivamente heterodirigida que refuerza en apariencia, pero que vacía sustancialmente, la democracia como gobierno de opinión. Porque la televisión se muestra como portavoz de una opinión pública que es en realidad el eco de su propia voz. Herstgaard ha escrito: "Los sondeos de opinión mandan. Continuamente se pregunta a 500 estadounidenses para que nos digan, a los otros 250 millones de estadounidenses, lo que debemos pensar".7 Y es falso que 82

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la televisión se limite a reflejar los cambios en curso en la sociedad y en su cultura. En realidad, la televisión refleja cambios que, en gran medida, promueve e inspira.

Menos información El mérito casi indiscutible de la televisión es que "informa". Por lo menos esto es lo que nos dicen. Pero aclaremos antes ese concepto. Informar es suministrar noticias, incluyendo las noticias sobre nociones. Se puede estar informado sobre acontecimientos pero también sobre el saber. Aún así, hay que precisar que información no es conocimiento, no es saber en el sentido heurístico de la palabra. Por sí misma la información no es comprensión: se puede estar muy informado sobre muchas cosas y, al mismo tiempo, no entenderlas. Es correcto, por tanto, afirmar que la información suministra sólo nociones. Lo cual no es en sí mismo un mal. Incluso el saber mediante nociones contribuye a la creación del homo sapiens. Pero si no se debe despreciar el saber nocional, tampoco hay que sobrevalorarlo. Acumular nociones no es siempre entenderlas. Se debe subrayar también que la importancia de las informaciones es variable. Muchas informaciones son sólo frívolas, sobre sucesos sin importancia, o tienen un valor de puro y simple espectáculo. Es decir, están desprovistas de cualquier valor o relevancia "significante". Otras informaciones son, por el contrario, objetivamente importantes porque son informaciones que van a crear una opinión pública sobre problemas públicos, sobre problemas de interés público. Y cuando hablo de subinformación o de desinformación se debe entender que me estoy refiriendo a la información de "relevancia pública". La televisión informa poco o mal respecto a ese tipo de información (y no respecto a las noticias deportivas, de crónica rosa o de sucesos). Pero es necesario distinguir entre subinformación y desinformación. Por subinformación entiendo una información insuficiente que 83

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empobrece la noticia sobre la que se informa; o incluso una falta de información, la pura y simple eliminación de nueve noticias de cada diez. La subinformación es una reducción excesiva. Por desinformación entiendo una distorsión de la información, una información manipuladora que induce a engaño al oyente. Pero nótese: no siempre la manipulación de la información es premeditada; muchas veces refleja una deformación profesional. Y esto la hace menos culpable pero también más peligrosa. La distinción es analítica, sirve para realizar un análisis claro y preciso del problema. La subinformación y la desinformación tienen zonas de superposición y se mezclan entre sí, pero esto no nos impide examinarlas por separado. La difusión de la información que se presenta como tal se produce en el periódico. El término inglés newspaper declara exactamente su propia naturaleza: folio o papel "de noticias". El italiano giornale subraya el aspecto de lo cotidiano: algo que aparece todos los días. Pero la información de masas propiamente dicha nace con la llegada de la radiofonía. El periódico excluye eo ipso el analfabeto que no lo puede leer, mientras que la voz de la radio llega incluso a quien no sabe leer ni escribir. A esta extensión cuantitativa se corresponde un empobrecimiento cualitativo (salvo cuando la comparación se hace con los tabloides de carácter escandaloso). En cualquier caso, existe siempre una diferencia entre periódico y radio. Y es ésta: puesto que la radio habla incluso a quien no lee, la radio debe simplificar más y debe ser, por lo menos en los noticiarios, más breve. Se puede afirmar que la radio complementa el periódico. ¿Y la televisión? Admitamos que la televisión informa más que la radio puesto que llega a una audiencia más amplia. Pero la progresión termina aquí. Porque la televisión da menos información que cualquier otro medio de comunicación. Además, lo que cambia de manera radical es el criterio de selección de las informaciones o entre las informaciones. La información importante es la que se puede filmar; y si no hay nada que filmar no existe la noticia, no se produce la 84

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noticia, no es una noticia "videodigna". La fuerza de la televisión —la fuerza de hablar con imágenes— es también su mayor obstáculo. Los periódicos y la radio no tienen el problema de estar en el lugar del acontecimiento. Sin embargo, la televisión lo tiene. Lo tiene limitadamente. No tiene, o no tendría, necesidad de exagerar. No es que todas las noticias necesiten a la fuerza el apoyo de las imágenes. El problema de encontrarse en el lugar del acontecimiento es en parte un problema que se ha creado la propia televisión (y que provoca su crecimiento excesivo).8 Durante un cierto tiempo, los telediarios fueron sobre todo lecturas de noticias hechas en el estudio. Posteriormente, alguien descubrió que la misión, el deber de la televisión era "mostrar" las cosas de las que se hablaba. Y este descubrimiento marcó el inicio de la degeneración de la televisión. Porque es éste el descubrimiento que ha "aldeanizado" la televisión en el sentido exactamente opuesto al indicado por McLuhan: limita la televisión a lo cercano (a las aldeas cercanas) y abandona las localidades y los países difíciles o demasiado caros de alcanzar para un equipo televisivo. Muchos habrán notado que en la televisión cada vez son más abundantes las noticias locales-nacionales y más reducidas las noticias internacionales. Aún peor, o peor que nunca, habrán notado que la televisión ha adoptado como principio la obligación de "mostrar" visualmente, la exigencia de tener imágenes de todas las noticias. Lo que se traduce en una inflación de imágenes vacías, de imágenes de acontecimientos tan insignificantes como artificialmente hinchados. Al final, sucede que terminan por contarnos las elecciones en Reino Unido o en Alemania rápidamente, en 30 segundos, cuando tenemos suerte. Tras lo cual, llegan unas imágenes de un pequeño pueblo que deben justificar su costo con una retransmisión de dos o tres minutos; o unas imágenes de alguna historia lacrimosa (la madre que ha perdido a su niña entre la multitud) o truculenta (de algún asesinato), cuyo valor informativo y formativo de opinión es prácticamente nulo. De la media hora que duran los telediarios actuales, dedican 20 minutos a 85

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producirnos un hartazgo de crónicas triviales y de noticias que existen sólo porque han sido elegidas e inventadas por la cocina de los noticiarios. ¿Es esto información? Sí, incluso la noticia sobre la muerte de una gallina a causa de un alud puede ser llamada información. Pero es una información no digna de mención. La obligación de "mostrar" produce además el deseo o la exigencia de "mostrarse". Y de esta forma se produce el seudoacontecimiento, el acontecimiento que existe sólo porque hay una cámara que lo graba. El seudoacontecimiento es el acontecimiento fabricado por la televisión y para la televisión. A veces esta fabricación está justificada. Pero siempre resulta un "hecho falso", expuesto a serios abusos y fácilmente transformable en verdadera desinformación.

El

problema

es,

insisto,

que

la

producción

de

seudoacontecimientos o la caída en lo trivial y en lo insignificante no se debe a ninguna necesidad objetiva, a ningún imperativo tecnológico. Se podría utilizar la información televisiva mucho mejor. Pero, una vez dicho esto, es necesario constatar que la fuerza de la imagen aprisiona la imagen. Para darse cuenta de esto, es suficiente comparar la información escrita del periódico con la información visual de la televisión. El hombre de la cultura escrita, de la era de los periódicos, leía al día unos quince acontecimientos significativos (nacionales e internacionales) y digamos que cada uno de esos acontecimientos estaba desarrollado, por lo general, en una columna periodística. En los telediarios las noticias se reducen a la mitad y con tiempos de retransmisión que a veces descienden a uno o dos minutos. La reducciónrestricción es gigantesca; y lo que desaparece en esa restricción es el enfoque del problema al que se refieren las imágenes. Porque la imagen es enemiga de la abstracción, y explicar es un discurso abstracto. Como he dicho más de una vez, los problemas no son "visibles". Y la imagen que privilegia la televisión es la que "conmueve" a nivel de sentimientos y emociones: asesinato, violencia, 86

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enfrentamientos con armas, arrestos, protestas, quejas; o si no terremotos, incendios, inundaciones y accidentes. En resumen, la imagen nos aprisiona en la imagen. Para el hombre vidente (y nada más) lo no visto no existe. La amputación es tremenda, agravada por el por qué y el cómo la televisión elige esa imagen especial entre 100 o mil acontecimientos igualmente dignos de consideración. A fuerza de subinformar, privilegiando e hinchando al mismo tiempo las noticias locales, se termina por perder de vista la amplitud del mundo y casi dejar de interesar. La CBS ha comentado con toda tranquilidad: "Es simplemente una cuestión de preferencia de los oyentes. El nivel de audiencia aumenta con acontecimientos como terremotos y huracanes". Este comentario es terrible por su miopía y cinismo: atribuye al público las culpas que son, por el contrario, de los medios de comunicación. Si el hombre de la calle no sabe nada del mundo, es evidente que no se interesará por él. En principio, incluso la información (como leer) "cuesta" trabajo. Informarse exige una inversión de tiempo y de atención que gratifica (es un precio que compensa) sólo cuando la información almacenada llega a una masa crítica preparada para recibirla. Para amar la música es necesario saber un poco de música: de otra forma, la música de Beethoven se convierte en ruido. Para que guste el futbol es necesario entender las reglas del juego. Para apasionarse con el ajedrez es necesario conocer las jugadas. De forma análoga, en política y en los asuntos internacionales el que ha superado el "umbral crítico" capta inmediatamente las noticias del día, porque entiende al vuelo su significado e implicaciones. Pero quien no dispone de un "almacén" informativo debe hacer un esfuerzo, no comprende de la misma manera, y por tanto se aburre. Antes de que llegase la televisión, el público se interesaba por las noticias internacionales, y lo demuestra el hecho de que los periódicos las publicaban. Ahora se interesa cada vez menos. ¿Por qué? ¿Se ha atrofiado el público por sí 87

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solo? Claro que no. Sin duda la prensa escrita alimentaba intereses y curiosidades que la videopolítica ha apagado.

Más desinformación La desinformación propiamente dicha no es informar poco (escasamente), sino informar mal, manipular. Anticipo que, al menos en parte, la desinformación televisiva es involuntaria y, en cierto modo, inevitable. Constato además que la aldea global de McLuhan es "global" sólo en parte, por lo que en realidad no es global. La telecámara entra con facilidad y libremente en los países libres; entra poco y con circunspección en los países peligrosos; y no entra en absoluto en los países que no son libres. La consecuencia es que cuanto más tiránico y sanguinario es un país, la televisión más lo ignora y por lo tanto lo absuelve. No se puede imputar a la televisión que no muestre lo que no puede mostrar. Pero lo que sí se debe imputar a la televisión es que avale y refuerce una percepción del mundo basada en dos pesos y dos medidas, y por lo tanto injusta y deformante. Hasta ahora hemos analizado manipulaciones que son fruto de un mundo visto parcialmente y que son, por lo tanto, manipulaciones de lo no visto. Pasemos a otros tipos de desinformación. He hablado antes sobre la fabricación de seudoacontecimientos. Pero respecto a otros tipos de desinformación es algo nimio. Me referiré ahora a las manipulaciones informativas más relevantes, y empezaré por las estadísticas falsas y por las entrevistas casuales. Por estadísticas falsas entiendo resultados estadísticos que son "falsos" por la interpretación que se les atribuye. Incluso la prensa se ejercita ahora en este género de falsedades; pero es la televisión la que las ha impuesto a todos (incluida la prensa) como dogmas. Porque para la televisión los cuadros 88

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estadísticos (simplificados y reducidos al máximo) son como el queso para los macarrones. Con cuadros y porcentajes se puede condensar todo en pocas imágenes; en imágenes que parecen de una objetividad indiscutible. En las estadísticas hablan las matemáticas. Y las matemáticas no son una banalidad. Las matemáticas no. Pero la interpretación de un resultado estadístico, sí. A las estadísticas falsas hay que añadir, como factor de distorsión, la entrevista casual. El entrevistador al que se le manda rellenar un acontecimiento (e incluso un no acontecimiento) con imágenes sale a la calle y entrevista a los transeúntes. Así, finalmente, es la voz del pueblo la que se oye. Pero esto sí que es un engaño. Dejemos aparte el hecho de que esas entrevistas están siempre "cocinadas" con oportunas distribuciones de síes y noes. El problema es que el "azar" de las entrevistas casuales no es una casualidad estadística, porque el transeúnte no representa nada y a nadie: es sólo su punto de vista. En algunos casos, las entrevistas casuales producen animación. Pero cuando se trata de problemas serios, generalmente son formidables multiplicadores de estupidez. Dichas en el video, las estupideces crean opinión: las dice un pobre hombre que balbucea con dificultad, y al día siguiente las repiten decenas de miles de personas. Además de alimentarse de falsas estadísticas y de entrevistas casuales, la desinformación también se alimenta de dos distorsiones típicas de una información que debe ser a toda costa excitante: el premio a la extravagancia y el predominio del ataque y la agresividad. Sobre el primer aspecto me limito a observar que las posiciones extremas, las extravagancias, los "exagerados" y las exageraciones tienen garantizada su aparición en la pantalla. Cuando más estrafalaria es una tesis, más se difunde y se le da publicidad. Las mentes vacías se especializan en extremismo intelectual para adquirir notoriedad (difundiendo vaciedades). El resultado de todo esto es una increíble y absurda selección a la inversa. Salen a flote los charlatanes, los pensadores que no valen dos duros, los 89

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que practican la novedad a toda costa; y se quedan en la sombra las personas serias y reflexivas, lo cual en realidad es servir a un "interés mal entendido". El otro aspecto es el predominio del ataque y la agresividad. La televisión llega siempre con rapidez al lugar en donde alguien protesta, se manifiesta, ocupa edificios, bloquea carreteras y líneas ferroviarias, ataca.9 Se dirá: sucede así porque el ataque es espectáculo, y la televisión es espectáculo. En parte es así. Pero el mundo real no es es espectáculo; y quien lo disfraza de esta guisa deforma los problemas y nos desinforma sobre la realidad de la peor manera posible.10 El aspecto más grave de esta preferencia espectacular por el ataque es que viola en sus raíces el principio de toda convivencia civil, el principio de "escuchar a la otra parte". Si se acusa, se debe escuchar al acusado. Si se bloquean carreteras y trenes, se debe escuchar y mostrar a los perjudicados, a los inocentes que viajan. Casi nunca sucede esto. Generalmente, la televisión recoge sólo la voz de quien ataca. De este modo la protesta se convierte en un protagonista desproporcionado que siempre se sale con la suya (incluso cuando está completamente equivocado). Es positivo escuchar las exigencias, las quejas y las denuncias. Pero para servir de verdad a una buena causa, y hacer justicia, es necesario que la protesta esté tratada con imparcialidad. Donde hay una acusación debe haber también una defensa. Si quien ataca sale en pantalla, también debe salir el atacado. Pero el ataque es "imagen" y sorprende; la defensa es, por regla general, razonamiento. Dios nos coja confesados. El video nos llena de manifestaciones, pancartas, gente que grita, que lanza piedras e incluso cocteles molotovs, y tienen siempre razón (en las imágenes que vemos) porque a su voz no se contrapone otra voz.11 Se diría que en el código de la televisión está escrito inaudita altera parte. Y ya se ha convertido casi en norma que el entrevistador deba "simpatizar" con sus entrevistados (por lo que un asesino se convierte en un "pobre" asesino que nos debe conmover). Pero éste es un mal código de una mala televisión. 90

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Concluyo con esta pregunta: ¿valía la pena distinguir —como se ha hecho hasta ahora— entre información, subinformación y desinformación? Para los videoniños crecidos en el negropontismo,12 el problema está resuelto incluso antes de ser planteado. Es más, los negropontinos ni siquiera entienden la pregunta. Para mí, informar es comunicar un contenido, decir algo. Pero en la jerga de la melaza mediática, información es sólo el bit, porque el bit es el contenido de sí mismo. Es decir, todo lo que circula en la red es información. Por tanto, información, desinformación, verdadero, falso, es todo lo mismo. Incluso un ruido, una vez que está en la red, se convierte en información. El problema se resuelve vaporizando la noción de información y diluyéndola sin residuo en un comunicar que es únicamente "contacto". Quien se aventura en la red y se permite comentar que un ruido no informa, o que una información falsa desinforma, es (para Negroponte y los suyos) un probrecito que todavía no ha entendido, un residuo de una "cultura pasada", muerta y enterrada. Cultura a la que yo estoy encantado de pertenecer.

Incluso la imagen miente Es difícil negar que la subinformación y la desinformación son el negativo de la televisión. No obstante —se rebate—, la televisión triunfa sobre la información escrita porque "la imagen no miente". No miente, no puede mentir, porque la imagen es la que es, y habla por sí sola. Si una cosa está fotografiada, esa cosa existe, y es tal como se la ve. No cabe ninguna duda de que los noticiarios de la televisión dan al espectador la impresión de que lo que ve es verdad: de que ve los acontecimientos tal como suceden. Y, sin embargo, no es así. La televisión puede mentir y falsear la verdad como cualquier otro medio de comunicación. La diferencia radica en que la "fuerza de autenticidad" connatural a la imagen hace la mentira más eficaz y, por tanto, más peligrosa.

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La videopolítica encuentra su sede óptima en los denominados talkshows, dirigidos en EU y en Reino Unido por periodistas realmente inteligentes e independientes. En el debate bien dirigido, a quien miente se le contradice inmediatamente. Pero es porque en los talkshows (la misma palabra lo dice) se habla, y porque en este contexto la imagen pasa a segundo plano. Es siempre importante, porque hay rostros que en televisión no resultan agraciados porque hay personas poco telegénicas. Pero lo importante es siempre lo que se dice y cómo se dice. Por desgracia, la televisión que nos informa correctamente es una televisión atípica. La típica está totalmente centrada en la imagen. Y lo que se nos muestra —repito— puede engañarnos. Una fotografía miente si es producto de un fotomontaje. Y la televisión de los acontecimientos, cuando llega al espectador, es siempre un fotomontaje. Pero procedamos ordenadamente. He dicho antes que la frontera entre subinformación y desinformación es porosa. Lo mismo vale para las falsedades televisivas. En ciertos casos son poco importantes y pueden ser atribuidas a una información insuficiente. En otros casos son graves, pero a veces es difícil establecer si una falsedad es el resultado de una desinformación o de una manipulación deliberada, de un deseo de engañar. Incluso aquí se producen zonas de superposición. En general, la visión en video siempre falsea un poco porque descontextualiza, porque está basada en primeros planos fuera de contexto. La verdad es que para falsear un acontecimiento narrado con imágenes son suficientes las tijeras. Además no es verdad que la imagen habla por sí sola. Se nos muestra una persona asesinada. ¿Quién la ha asesinado? La imagen no lo dice; lo dice la voz de quien tiene en la mano el micrófono; y si el locutor quiere mentir, o se le ordena que mienta, ya está todo hecho ___________________________ Notas

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Cfr. Sartori (1989). Cuando hablo de video me estoy refiriendo a la superficie del televisor en la que aparecen las imágenes. Esta es también la acepción etimológica del término, puesto que video es un derivado del latín videre, ver. La acepción técnica inglesa del término es diferente: video es la película (o la cinta) sobre la que se graba y de la que se extraen las imágenes (como en las expresiones videotape o videocasete). Pero no debemos someternos a la estupidez de quien inventa las palabras sin ton ni son, por lo que insisto: video es la superficie en la que vemos. 2 Paradójicamente, cuanto más democrática es la elección de los candidatos, es decir, basada como en EU en elecciones primarias, más decisiva (y distorsionadora) es la televisión (cfr. Orren y Polsby, 1987). No hay que olvidar que también influye en las elecciones partitocráticas de los candidatos. 3 Cfr. en contra de Habermas, el cual sostiene que Locke, Hume y Rousseau acuñaron el término "opinión pública" falseando e interpretando la doxa platónica como juicio racional. La tesis no está justificada puesto que todos los autores de la Ilustración conocían perfectamente el griego. Dijeron "opinión" a pesar de que sabían que doxa era, en la tradición filosófica, lo contrario de verdad objetiva. 4 Las opiniones de cada uno remiten a grupos de referencia, por lo que no derivan sólo de mensajes informativos sino también de identificaciones (son opiniones sin información y poco penetrables). También hay opiniones relacionadas con los gustos de cada uno; y como se sabe, de gustibus non est disputandum (cfr. Berelson, et al, 1954). 5 Para profundizar sobre estos problemas remito a Sartori (Opinión pública, capítulo VIII, 1995). 6 El problema está reforzado por la idea de opinión pública "colectiva" (cfr. Page y Saphiro, 1993); pero ni siquiera esta opinión agregada puede evitar la erosión que describo. 7 Cit. en Glisenti y Pesenti, p. 145, 1990. 8 La ley de Parkinson (Parkinson, 1957) prevé el crecimiento automático de las burocracias independientemente de cualquier necesidad objetiva, sólo por mecanismos internos de proliferación, algo que puede aplicarse al crecimiento del personal de la televisión. 9 De esta forma se alimentan los seudoacontecimientos en los que la televisión crea la protesta. Quien quiere protestar por algo, primero va a la televisión para pedir que se le grabe. Lo han admitido los productores de leche que han bloqueado durante mucho tiempo al aeropuerto milanés de Linate: bloqueamos carreteras y aeropuertos para que "sea noticia". En casos como éste, la televisión promueve ejemplos negativos y perjudica. 10 La creciente dificultad de la política (Sartori, pp. 157-165, 1996) se inscribe en este contexto. Como ha notado Michael Robinson, "el desapego entre público y gobierno empezó a crecer cuando los telediarios de la noche pasaron de durar 15 minutos a durar 30"; y "no es una mera coincidencia, puesto que un noticiero televisivo que muestra instituciones sociales y políticas en estado de conflicto permanente alimenta el cinismo, la desconfianza (…) el sentido de ineficacia, la frustración" (cit. en Zukin, p. 379, 1981). 11 Lo curioso, o incluso peor, es que ni siquiera se explica la protesta. Recuerdo que cuando se celebraban los Juegos Olímpicos en Corea todas las noches nos mostraban fornidos muchachos habilísimos en el lanzamiento de cocteles molotov. ¿Qué estaban asaltando? Nunca lo he sabido gracias al telediario: el acontecimiento era uno de los muchachos maltratado por la policía, o el incendio del polideportivo a causa de uno de esos molotov. 12 Alusión a los discípulos de Nicholas Negroponte (N. del T.). Bibliografía Bernard Berelson, et al, Voiting: A Study of Opinion Formation, Chicago, University of Chicago Press, 1954. Karl Deutsch, The Analysis of International Affairs, Prentice-Hall, Englewood Cliffs, 1968.

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OPINIÓN PÚBLICA Albert V. Dicey, Lectures on the Relation between Law and Public Opinion in England, Londres, MacMillan, 1914. Paolo Glisenti y Roberto Pesenti, Persuasori e persuasi. I mass media negli Usa degli anni’90, Roma-Bari, Laterza, 1990. Nicholas Negroponte, Being Digital, Knopf, Nueva York, 1995. Gary R. Orren y Nelson W. Polsby, Media and Momentum: The New Hampshire Primary and Nomination Politics, N. J. Chatham House, Chatham, 1987. Benjamin Page y Robert Y. Shapiro, en Marcus y Hanson The Rational Public and Democracy, 1993. C. Northcote Parkinson, Parkinson’s Law, The Riverside Press Cambridge, 1957. Giovanni Sartori, "Videopolítica", en Rivista italiana di Scienza politica, agosto, 1989. —Democrazia: cosa è, Milán, Rizzoli, 1993. —Elementi di teoria politica, Bolonia, II Mulino, 3a. ed., 1995. —Ingegneria costituzionale comparata, Bolonia, II Mulino, 2a. ed., 1996. Cliff Zukin, "Mass communication and public opinion", en Dan D. Nimmo y Keith R. Sanders, Handbook of Political Communication, pp. 359-390, Beverly Hills, Sage, 1981.

Giovanni Sartori es catedrático de la Universidad de Columbia. Autor de Partidos y sistemas de partidos y Teoría de la democracia. Esta es una versión abreviada del capítulo 2 de Homo Videns, de reciente aparición en España bajo el sello de Taurus. Texto tomado de Claves de Razón Práctica, enero-febrero 1998, núm. 79, con autorización de sus editores. Traducción: Valentina Valverde.

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MANIFESTACIONES DE LA OP La opinión pública se va conformando en la cabeza de los individuos, por tanto en el interior de los grupos participantes del debate. Sin embargo, no es pública si no se manifiesta. De acuerdo a la temática y al grupo que la emite las formas pueden variar. Entre las formas de manifestación de la opinión pública encontramos: • • • • •

El sufragio-Voto La huelga Las marchas Los plantones Otras formas de la cultura popular: Las consignas y pintas Música Caricatura Chistes Vestimenta (tribus urbanas) Performance Entre otras.

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SUFRAGIO Y VOTO

El

vocablo “voto” proviene del latín votum, y ello ya nos ilustra acerca del

origen religioso del término que debía entenderse en el sentido de ofrenda o promesa hecha a los dioses. Si atendemos a las acepciones de esta voz admitida por la Real Academia Española1

comprobaremos cómo ese

significado religioso perdura2 , baste al efecto con atender a sus dos primeras acepciones. Comúnmente, se suelen utilizar como vocablos sinónimos los de “voto” y “sufragio”. La voz “sufragio” proviene del latín sufragium y puede traducirse inicialmente por ayuda, favor o socorro (Diccionario de la Lengua Española, op. cit., tomo II, pág. 1269), acepción que no va del todo desencaminada pues, como ha advertido Lucas Verdú3, mediante el sufragio los ciudadanos electores coadyuvan en cuanto miembros de la comunidad política (Estado-comunidad) a su conexión con la organi-zación jurídico-política del Estado (Estado-aparato) y, por ende, a la in-tegración funcional de toda la sociedad política. No en vano, como pusiera de manifiesto Maurice Hauriou4, el sufragio es la organización política del asentimiento y al unísono, del sentimiento de confianza y de adhesión de hombre a hombre. En todo caso, en un momento ulterior, al vocablo “sufragio” se ha dado un nuevo significado, el de voto. El propio Diccionario de la Lengua Española recoge como una de las acepciones de aquel vocablo la de “voto” de quien tiene capacidad de elegir. La circunstancia precedente ha propiciado una utilización indistinta de las voces “sufragio” y “voto” por parte de amplios sectores doctrinales. Así, Pérez Serrano5 define el sufragio como una operación administrativa por su forma y procedimiento, mediante la cual se designa a quienes hayan de ocupar determinados cargos públicos, se manifiesta el criterio 96

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del Cuerpo electoral con respecto a una medida propuesta, o se expresa la opinión de los ciudadanos con voto en un cierto momento con respecto a la política nacional. Sin embargo, por nuestra parte, entendemos que conviene deslindar los términos “sufragio” y “voto”, aun a sabiendas de que entre ambos existe una indis-cutible analogía. El tema de la naturaleza jurídica del sufragio ha pro-piciado posiciones doctrinales divergentes que, aun cuando con infinitos matices, pueden reconducirse a dos grandes grupos. En el primero de ellos se sitúan quienes entienden que el elector al votar ejercita un derecho de los llamados innatos u originarios. El origen de esta posición se vincularía en algún modo a la concepción rousseaunia-na de la ley como expresión de la voluntad general, que se reflejaría en el Art. 6 de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 26 de agosto de 1789, a cuyo tenor: “La Loi est l’expression de la volonté générale. Tous les citoyens ont droit de concourir personnellement, ou par leurs représentants, à sa formation...”. En definitiva, si la ley debe reflejar fielmente la voluntad general, todos los ciudadanos han de participar en su formación a través de la elección de quienes, en cuanto representantes suyos, han de elaborarla. Dentro del segundo grupo podríamos ubicar aquel sector de la doctrina que sostiene que el acto de votar no supone el ejercicio de ningún derecho individual, sino que en él el elector actúa como un órgano del Estado que realiza una función del mismo. Así concebido, el sufragio constituye una función, sin la cual no puede desenvolverse el Estado, porque le faltarían órganos auténticamente representativos. Lejos de manifestar su criterio individual, el elector lo que hace al emitir su voto es dar efectividad a un estado de opinión social. Por nuestro lado, creemos con Giménez Fernández6 que ambas posiciones no son del todo inconciliables. Es claro que el sufragio, aun no siendo un 97

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derecho innato u originario, no puede concebirse como una mera función. Estamos en presencia de un derecho fundado en la convivencia social, propio del hombre, no en cuanto ser humano, sino en cuanto ciudadano de un Estado, cuya esencia, por tanto, corresponde al hombre-ciudadano, pero cuya determinación compete al Estado, que es el encargado de asegurar la realización del derecho. En definitiva, entendemos que el sufragio es el derecho político que los ciudadanos tienen a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes. Se trata, consecuentemente, de un derecho público subjetivo de naturaleza política. Frente al sufragio, el voto, como señala Fayt7 es una determinación de voluntad que comprende otras especies que el sufragio político. Se vota en las asambleas legislativas, en los tribunales colegiados, en los cuerpos directivos, en el seno de los órganos de dirección y deliberación de todo tipo de instituciones, públicas o privadas. El voto constituye, pues, una forma de expresión de voluntad, y con relación al sufragio político, el voto constituye el hecho de su ejercicio. La actividad que desarrolla el elector cuando vota, la acción de emitir el voto, configura un acto de voluntad política –que deriva del previo derecho subjetivo de sufragio– mediante el cual, sin necesidad de una fundamentación explícita, expresa su respaldo hacia una determinada opción, fórmula o solución política, o manifiesta su deseo de que unos determinados candidatos ocupen ciertos puestos de autoridad; en definitiva, formaliza la propia voluntad u opinión en orden a una decisión colectiva. Este acto de voluntad política puede clasificarse con base en criterios muy dispares. Como han puesto de relieve Carreras y Vallés8, la mayoría de los criterios clasificatorios pueden agruparse en dos grandes capítulos: los que se

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refieren a la expresión material del voto y los que contemplan los efectos del mismo.

I. Tipos de voto según su expresión material Nos referiremos sucesivamente al voto público y secreto, al voto nominal y de lista, y al voto personal, por correo o por delegación.

A. Voto público y voto secreto El voto es secreto cuando su emisión se efectúa de tal modo que no es posible conocer, respecto de cada votante, en qué sentido ha mani-festado su voluntad. El principio del voto secreto se opone a la emisión pública o abierta del voto, así como al voto al dictado, por aclamación o a mano alzada. Históricamente, en el pasado siglo, era norma común de las legislaciones electorales el carácter público de la emisión del voto. Montesquieu y, sobre todo, Stuart Mill, en su ardiente defensa del Representative Government, se mostrarían partidarios de la publicidad del voto sobre la base de que toda función que desarrolla el valor cívico debía ejercitarse públicamente. Si en una sociedad perfecta no existiesen motivos para defender el secreto del voto, la realidad de las presiones políticas, sociales y econó-micas, e incluso de toda suerte de coacciones, abogan por la necesidad de respetar aquel secreto, que de esa forma se presenta como un requisito ineludible de la libertad de ejercicio del derecho de sufragio y de la autenticidad en la manifestación de voluntad del ciudadano elector. No en vano la supresión de la votación abierta ofrece seguridad frente a la corrupción e intimidación organizadas, ya provengan de parte de personas influyentes o de la presión de la opinión pública. Hoy puede afirmarse que la casi totalidad de la legislación contem-poránea establece que el voto debe ser secreto, lo que sin embargo con-trasta con lo 99

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que acontece en los comités y entidades menores de todas clases en los países occidentales, siendo, por ejemplo, procedimiento común de las Trade Unions británicas, no tanto para las elecciones como para los acuerdos plebiscitarios a favor o en contra de determinadas condiciones de trabajo, el carácter público del voto. En todo caso, como con razón afirma Nohlen9 , el principio del voto secreto no es una norma jurídica obligatoria para el elector. Lo único que se requiere es que se asegure, jurídica y organizativamente, la posibilidad del secreto en la emisión del voto. Ello no obstante, la jurisprudencia alemana ha defendido el criterio de que la emisión secreta del voto se configure como una obligación. A lograr el secreto del voto se orientan una serie de regulaciones técnicas, como la cabina electoral, las papeletas oficiales opacas, las urnas selladas, el empleo –cual sucede en Suecia– de las máquinas elec-torales... etcétera.

B. Voto nominal y voto de lista Esta diferenciación se encuentra muy ligada a la opción por uno u otro tipo de distritos: uninominales o plurinominales y a la propia fórmula electoral. El voto nominal implica el voto por un candidato individual. Puede tratarse de elegir un solo candidato en el marco de un distrito uninominal, o de elegir a un candidato individual de una lista. Si existe al unísono voto plural, se fortalece la posibilidad de cambiar el orden original de los candidatos de una lista. El voto de lista implica por el contrario la opción del elector no entre individuos, sino entre listas de candidatos, cada una de ellas patrocinada por un partido o fuerza política. Equivale en la práctica a un sistema de “votar la papeleta del partido” (voting the party ticket). Los sistemas de lista pueden asociarse al sistema mayoritario simple, o bien a otro sistema mayoritario cualquiera, pero en general, como advirtiera Mackenzie10, la opinión reacciona contra los sistemas que permiten a un 100

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partido obtener todos los escaños de una circunscripción plurinominal por una mayoría absoluta, e incluso por mayoría relativa. A ello se debe que los sistemas de lista lleven casi siempre consigo fórmulas orientadas a distribuir los escaños entre los partidos en proporción a los votos obtenidos por cada lista.

C. Voto personal, por correo o por delegación El voto es personal cuando el propio elector lo deposita en la urna del colegio electoral correspondiente. En algunos supuestos es imposible el traslado del elector al colegio (así, por ejemplo, enfermos y presos); de ahí que algunas legislaciones electorales hayan llegado a admitir el voto a domicilio, por virtud del cual, una comisión de la mesa electoral se traslada al lugar de residencia de los electores; bien es verdad que la regla generalizada en estos supuestos es la del recurso al voto por correo. En otro orden de consideraciones, hemos de significar que es compatible con el voto personal la posibilidad legalmente contemplada en algunos países –por ejemplo, en Francia y España entre otros–, de que el elector que no sepa leer o que, por defecto físico, esté impedido para ele-gir la papeleta o colocarla dentro del sobre para entregarla al Presidente de la mesa de votación, pueda servirse para estas operaciones de una persona de su confianza. Tal posibilidad es asimismo plenamente acorde con el secreto del voto. Las legislaciones electorales de gran número de países subrayan de modo explícito el carácter personal del voto. Así, el Art. 3 del Código Electoral de 1952 de la República de Costa Rica determina que “el voto es acto absolutamente personal”, y el Art. 9 del Código Electoral Nacional de Argentina del año 1983, prescribe que “el sufragio es individual”. El voto por correo es la forma más común de solucionar las imposibilidades materiales de votar. Está previsto para aquellas personas que se encuentren accidentalmente ausentes de su circunscripción el día de los comicios; también para quienes hayan alterado su 101

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residencia tras el último censo y para los que por razones de salud o de transporte encuentren dificultades para desplazarse hasta la mesa electoral. En Inglaterra el voto por correo se introdujo en 1918. Hoy lo encontramos bastante generalizado en las legislaciones electorales. En cuanto al voto por delegación, implica la posibilidad legal de conceder autorización a otro para que vote en nombre del que delega por imposibilidad de realizarlo personalmente. Como recuerda Mackenzie11, el voto por delegación no se adoptó en las primeras elecciones inglesas porque la tradición establecía que los comicios eran una reunión pública; tampoco se siguió en las elecciones francesas para los Estados Generales, salvo respecto a las electoras que, siendo propietarias, tenían derecho a votar, y sólo podían hacerlo válidamente a través de un representante masculino. En las elecciones modernas su uso está limitado al caso de aquellos electores ausentes por fuerza mayor y en circunstancias en que sea casi imposible votar por correo. Así, por ejemplo, en Inglaterra, la actual legislación electoral limita el uso del voto por delegación a los miembros de las Fuerzas Armadas y a los civiles que se encuentren en altamar o fuera del país el día de los comicios, ya sea porque se lo imponga su trabajo o por pertenecer a las fuerzas militares auxiliares. En Bélgica, el vigente Código Electoral, de 19 de agosto de 1928, dedica un capítulo (el capítulo III bis del Título IV) al “vote par procuration”, que, tras una Ley de 5 de julio de 1976, se reconoce respecto de cinco categorías dife-rentes de electores: enfermos, ausentes del país por razones profesionales o de servicio, comerciantes ambulantes, electores privados de libertad en virtud de sentencia judicial y quienes por razón de sus convicciones religiosas se hallen imposibilitados para presentarse en el colegio electoral. Para ser designado mandatario, la normativa belga exige una vinculación de parentesco hasta el segundo grado con el mandante.

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II. Tipos de voto según sus efectos y su forma

Incluimos en este segundo apartado –siguiendo a Carreras y Valles12 – aquellos tipos de voto que revelan alguna variedad en cuanto a sus efectos – relación más o menos inmediata con la designación de los elegidos, va-lor específico de cada sufragio, etc.– o en cuanto a la forma en que debe expresarse la voluntad interna del elector –aceptando una propuesta preestablecida o estableciendo libremente un orden de preferencias entre las posibilidades sometidas a su voluntad–. Nos hallamos ante ca-racteres que afectan a la misma naturaleza del voto y, casi siempre, se hallan en relación con la concepción política dominante de la época que los registra.

A. Voto directo y voto indirecto El voto directo es aquel en el que el elector se pronuncia por la persona que ha de representarle en la cámara legislativa, mientras que el indirecto presupone la elección de un compromisario que, en un momento ulterior, habrá de proceder a realizar la elección definitiva. El voto indirecto, por su lado, puede ser de varios grados según la sucesión de compromisarios existentes hasta llegar a la elección definitiva. Como es obvio, con él, el elector no se pronuncia por quien ha de representarle, sino por un compromisario. Por lo general, las elecciones indirectas han tenido como objetivo atenuar los movimientos de opinión pública. La razón de la implantación en un principio de la elección de dos grados –dirá Giménez Fernández13 refiriéndose a España– no era otra que, en teoría, el deseo de depurar el sufragio encomendando la desig-nación de los representantes a personas dotadas de ciertas y determinadas condiciones. Históricamente, el voto indirecto ha venido respondiendo a una orien-tación moderada que, a través del mismo, restaba pasión a la lucha polí-tica. Sin 103

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embargo, como recuerdan Cotteret y Emeri14, se ha recurrido igualmente al voto indirecto como forma de organización del federalismo; tal ha sucedido en el caso de Estados Unidos, donde el Presidente es ele-gido constitucionalmente por unos compromisarios o “grandes electores” designados a este efecto en cada uno de los Estados. Bien es verdad que el devenir de las elecciones presidenciales norteamericanas ha supuesto el cambio de unas elecciones materialmente indirectas a otras tan sólo formalmente indirectas. A este respecto, Nohlen15 ha diferenciado dentro de las elecciones indirectas, las elecciones mediatas formales y materiales. Los comicios formalmente indirectos son aquellos en los que aparece una instancia de intermediarios entre los electores y los titulares de los cargos, pero en las que el elector, sin embargo, únicamente emite un voto concreto por una persona o una lista que han de orientar al compromisario hacia un órgano representativo o hacia personas y listas que sean candidatos a un cargo público; en definitiva, son elecciones en las que la voluntad de los electores no está mediatizada por la instancia de compromisarios. Por el contrario, los comicios en los que la instancia de compromisarios procede a elegir –sin vinculación ninguna– a los titulares definitivos de los cargos se han de considerar elecciones materialmente indirectas. Cabe decir finalmente que en nuestro siglo la universalización del sufragio ha ido unida a la generalización del voto directo, que hoy se con-sidera como un principio esencial del Derecho electoral de una democracia moderna.

B. Voto igual y voto reforzado La idea del voto igual se expresa en la clásica fórmula “un hombre, un voto”. Todo ciudadano tiene idéntico derecho a votar y a que los votos valgan lo mismo sin que sea posible diferenciar la importancia del voto en función de criterios de propiedad, educación, religión, raza, sexo o posición política. Los 104

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regímenes democráticos que informan las mo-dernas estructuras políticas han generalizado el voto igual, pero no es ra-ro encontrar todavía defensores del llamado “voto reforzado”. En todo caso, es preciso tener presente que el principio de igualdad del voto añade a la formulación tradicional de “un hombre, un voto” la idea del valor igual de cada voto, por lo que hoy es enunciado bajo el rótulo de “one man, one vote, one value”. Y es que, como señalara el Juez Warren, Presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América, en la conocida Sentencia “Reynolds versus Sims”, de 15 de junio de 1964: “Los legisladores representan personas, no árboles o campos. Los legisladores son elegidos por los electores, no por granjas, ciudades o intereses económicos... Es inconcebible que una ley que tienda a multiplicar los votos de los ciudadanos por dos, cinco o diez en una región del Estado, mientras en otras los contabiliza por la unidad, pueda ser constitucionalmente admisible”. El Juez Warren optaba, como advierte en un completo estudio sobre esta problemática Pierre Vialle16, por la exigencia de una

igualdad

matemática

precisa

del

voto

–desde

la

perspectiva

circunscripcional–, que no debía entenderse tanto en el sentido de una igualdad matemáticamente perfecta, cuanto en el de una llamada a una “representación justa y efectiva”. En cuanto al voto reforzado, es aquel que autoriza a determinados electores individuales que reúnan unas condiciones especiales para participar en los comicios con más de un voto. Aun cuando este tipo de voto es hoy en extremo raro, ha sido muy frecuente hasta no hace muchos años. Sus modalidades más conocidas son:

1.

El voto plural, que implica la atribución de más de un voto a los

electores en quienes concurran determinadas circunstancias o situaciones jurídicas. Como significa Mackenzie17, la razón fundamental a favor del voto 105

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plural es que constituye un modo sencillo de aumentar la fuerza de aquellos electores a los que el Estado desea favorecer, pues ofrece la posibilidad de establecer diferencias a favor de los electores más “expertos” y “responsables” concediéndoles votos adicionales. Otra razón consiste en que, si se concede un segundo voto a determinadas clases de electores (como los graduados universitarios, por ejemplo) agrupados en circunscripciones espe-ciales, se logra diversificar la representación, por requerirse un tipo distinto de campaña electoral y elegirse un tipo de representante dis-tinto. Aunque la determinación jurídica del voto desigual es, funda-mentalmente, un fenómeno del siglo XIX, ha llegado casi hasta nuestros días. Nohlen18 recuerda al efecto cómo los 52 diputados de la Cámara baja de Irlanda del Norte se elegían por medio de un voto plural hasta el año 1968. Derecho a su segundo voto tenían: 1- Los electores universitarios. 2- Los llamados “occupiers of business premises” ésto es, los propietarios de casas, tierras o negocios, así como sus esposas. Diremos por último que el tipo más frecuente de voto plural ha sido el llamado “voto de capacidad” defendido por Stuart Mill, que favorecía a quienes se hallaban en posesión de un determinado título, ejercían un cargo especial o reunían cualquier requisito que suponía una formación cualificada.

2.

El voto familiar, que supone la atribución de un voto suplementario a

los padres de familia, o bien un número variable de votos en relación con el número de componentes de la familia. En todo caso, parece evidente que la difusión del sufragio femenino ha restado valor a los argumentos que se esgrimían en favor de este tipo de voto.

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3.

El voto múltiple, que implica el derecho de un elector a emitir un voto

en más de una circunscripción electoral, a consecuencia de los diferentes títulos jurídicos que concurren en el mismo. Este sistema ha subsistido en Inglaterra hasta el año 1948.

C. Voto individual y voto corporativo El voto individual supone que sólo el individuo que cumple los requisitos legalmente determinados, hallándose, pues, en la plena capa-cidad de goce de sus derechos políticos, puede ser elector. El individuo aparece como unidad de base de la sociedad política. Por el contrario, el voto corporativo es el que se ejerce a través de entidades económicas, sociales, laborales... etc. Contrasta por ello mismo con el voto individual, asentado en la consideración típicamente liberal que ve a todos los hombres iguales y, como tales, ciudadanos, y por ello mismo votantes. El cooperativismo entiende que no se puede considerar al individuo aisladamente; ello constituye una abstracción, pues la realidad nos mues-tra al hombre integrado en unas colectividades sociales; de ahí que sea dentro de ellas donde debe actuar políticamente. Como afirma Sánchez Agesta19, la doctrina de la representación corporativa tiene una vaga relación con los principios en que se basó la representación medieval. No es la voluntad del pueblo como sujeto indeterminado y sin conexión con los representantes designados por el cuerpo electoral lo que debe representarse, sino la vida concreta de los grupos en que el pueblo se or-dena. El vínculo ha de establecerse de una manera inmediata entre esas instituciones y sus representantes; éstos no son representantes de la “vo-luntad general”, sino de la institución o grupo a que representan.

107

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A la unidad del cuerpo electoral se opone de este modo la concepción plural orgánica del pueblo. La representación funcional y el voto cor-porativo constituyeron una de las ideas nucleares de los fascismos del período de entreguerras, aunque bien es cierto que sectores políticos muy alejados de ese pensamiento han propugnado intermitentemente un voto corporativo para la elección de las Cámaras altas. Por nuestro lado, creemos con Justo López (Justo López, Mario: La representación política, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1959, pág. 40) que la representación funcional o corporativa encierra una cierta contra-dicción, pues aspira a lograr la unidad social y nacional, y para obtenerla construye un rompecabezas con los intereses económicos y sociales antagónicos.

D. Voto absoluto y voto ordinal Es Rae20 quien utiliza esta terminología, que otros autores sustituyen por la de “voto de aceptación” y “voto preferencial”. Nos hallamos ante un voto absoluto o de aceptación, cuando el elector viene obligado a pronunciarse por un partido en el Parlamento frente a los demás. Su decisión no puede ser matizada, ya que el elector debe limitarse a un pronunciamiento positivo o negativo por los candidatos que le presentan las formaciones políticas. Por el contrario, estamos ante un voto ordinal o preferencial, cuando el elector puede matizar su voluntad, marcando sus preferencias acerca de los candidatos que se someten a su juicio. Un ejemplo de voto absoluto nos puede venir dado por el modelo británico, en el que el votante ha de inclinarse por uno u otro de los candidatos en liza, pero también es absoluto el voto de lista vigente en muchos sistemas europeos, pues no permite al elector sino escoger una de las listas presentadas por las formaciones políticas que participan en la contienda electoral; es el caso, por ejemplo, del modelo español de listas 108

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completas, cerradas y blo-queadas. En algunos supuestos, el elector puede mostrar sus preferencias parcialmente, entre los candidatos de un partido concreto, pero no puede dividir su mandato entre partidos o candidatos de partidos diferentes. El voto ordinal propiamente dicho permite que el elector exprese una preferencia más compleja y condicional, llegando incluso a poder ordenar los partidos. Rae21 se ha referido a tres modalidades concretas:

1.

El voto preferente que rige en Australia para la elección de la Cámara

Federal de Representantes, o también, la aplicación en Irlanda del “método Hare”, que invita al elector a ordenar sus preferencias entre los candidatos de diferentes partidos. Con relación a este último, cabe decir que el llamado sistema de “voto único transferible” o “sistema de Hare” combina la representación proporcional con el escrutinio mayoritario. Se basa en el principio de que queda elegido todo candidato cuyos votos sobrepasan el cociente electoral, que a su vez se obtiene dividiendo el número de votos expresados por el número de diputados a elegir aumentando en una unidad. El sistema opera en circunscripciones plurinominales en las que, sin embargo, cada elector no dispone más que de un solo voto sea cual fuere el número de escaños a cubrir; pero este voto es transferible si su candidato ha obtenido más votos de los necesarios para ser elegido, o si su candidato es de los que han conseguido menor número de votos. Por ello, el elector ha de indicar los candidatos que tienen sus segundas, terceras, cuartas... etc. preferencias.

2.

El voto acumulado, que implica que el elector tiene la posibilidad de

otorgar varios votos a un único candidato, o bien, la posibilidad para distribuir sus votos entre las diferentes listas de partido en la proporción que él mismo decida, bien que estas posibilidades puedan establecerse limitada o ilimitadamente. 109

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3.

El voto combinado (panachage) va más lejos aún que los modelos

precedentes, dando a los electores unas posibilidades notorias de in-fluir en el proceso electoral, pues permite borrar candidatos de una lista y sustituirlos por los de otra, esto es, recoger candidatos sin consideración de las listas de partido en que aparezcan sus nombres. Como advierte Jiménez de Cisneros22 esto significa realmente que el elector puede configurar su propia lista. Mackenzie23, por su parte, ha puesto de manifiesto cómo, teóricamente, con procedimientos de este tipo (panachage entre listas) un sistema de lista puede adquirir, en cierto modo, la flexibilidad propia del voto único transferible, al que nos referíamos anteriormente.

La cuestión de la libertad o margen de elección del ciudadano se en-cuadra actualmente, como bien dicen Carreras y Vallés24, por la función esencial que los partidos desarrollan en el proceso electoral, especialmente en lo que se refiere a la selección de candidatos. Parece claro que conforme aumente el margen decisorio del elector, disminuirá correlativamente el marco de maniobra del partido en la selección de los candidatos llamados a intentar acceder a la asamblea legislativa. En todo caso, quizá el ideal venga dado por la conveniencia de compaginar el ejercicio del libre derecho de sufragio de todo ciudadano, con el carácter social de todo proceso político, y por ello mismo, del proceso electoral. Es evidente que con el voto absoluto el elector viene obligado a realizar un acto terminante, entregando su mandato a un solo partido; desde este punto de vista, en el microcosmos de la conducta del elector, el voto absoluto implica el rechazo de toda solución de compromiso. Con ello, como advierte Rae25 el voto absoluto encauza cada porción de fuerza electoral hacia las manos de un solo partido, mientras que el voto ordinal puede dispersarlas entre varios. 110

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En conclusión, el voto absoluto concentra toda microporción de fuerza en un solo receptáculo, mientras que el voto ordinal no impone semejante condensación del éxito electoral. Si esta diferencia se repite en cada miembro del electorado, permaneciendo constantes los demás factores, podremos suponer que el voto absoluto concentra la fuerza en menos partidos, mientras que el voto ordinal la difunde entre mayor número de ellos. Ahora bien, hemos de indicar finalmente que no puede ignorarse que los electores, por lo general, no se muestran proclives a combinar candidatos de fuerzas políticas diferentes, ni tan siquiera a variar el orden de preferencia preestablecido en las listas por los partidos. Tal circuns-tancia relativiza de modo significativo el margen de maniobra que el voto ordinal o preferencial ofrece al elector, por lo menos en la praxis.

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OPINIÓN PÚBLICA 11 Ibid. Pág. 143. 12 Carreras F., Vallés J.: Op. cit., págs. 89 y sig. 13 Giménez Fernández.: Op. cit., pág. 35. 14 Cotteret, Jean Marie y Emeri, Claude: Los sistemas electorales, Oikos-Tau Ediciones, Barcelona, 1973, págs. 46-47. 15 Nohlen, Dieter: Op. cit., pág. 73. 16 Vialle, P.: La Cour Supreme et la répresentation politique aux Etats-Unis. Nouvel Essai sur le gouvernement des juges. L.G.D.J, París,1972, pág. 157. 17 Mackenzie, W.: Op. cit., pág. 33. 18 Nohlen, Dieter: Op. cit., págs. 69-70. 19 Sánchez Agesta, Luis: Principios de Teoría Política, 4ta ed., Editora Nacional, Madrid, 1972, págs. 280-281. 20 Rae, Douglas W.: Leyes Electorales y sistema de partidos políticos, Ediciones Citep, Madrid, 1977, págs. 16 y sigs. 21 Ibid. pág. 18 22 Jiménez De Cisneros J.: Ley Electoral, Presidencia del Gobierno, Madrid, 1983, pág. 28. 23 Mackenzie, W.: Op. cit., pág. 90. 24 Carreras F y Vallés J.: Op. cit, pág. 91. 25 Rae, D.: Op. cit., págs. 18-19. 26 Díez de Velazco: Las organizaciones internacionales, 10a ed., Editorial Tecnos, Madrid, 1997, pág. 41. 27 Ibid. Pág. 106.

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EL DERECHO AL SUFRAGIO Lic. Rodolfo Montes Alcántara. Magistrado de la Cuarta Sala Regional del Tribunal Electoral del Estado.

En el lenguaje común SUFRAGIO y VOTO se emplean como conceptos equivalentes, si bien en la doctrina se marcan diferencias entre ellos. Para algunos autores el voto representa el acto mediante el cual se concreta el ejercicio del derecho al sufragio. En este sentido sólo tienen derecho al SUFRAGIO los ciudadanos que satisfacen los requisitos establecidos en la ley; mientras que el VOTO se utiliza de manera más amplia para tomar decisiones en todo tipo de cuerpos colegiados. Para otros, el derecho al voto en materia electoral se concretiza a través del sufragio, de tal manera que sólo pueden sufragar los que tienen derecho para votar. Sin embargo, debemos apuntar que no existe inconveniente alguno para utilizar ambos términos como sinónimos. En los Estados democráticos las leyes que establecen el derecho al sufragio son fundamentales y tan importantes, que en toda democracia representativa el sufragio universal viene a significarse como el medio idóneo para la integración, conformación y legitimación de todo Gobierno. Para llegar al sufragio universal, se tuvo que recorrer un largo camino durante el cual, en la mayoría de los países, se limitó el ejercicio de los derechos políticos en favor de grupos.

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Se tiene conocimiento de que en épocas pretéritas existían distintas limitaciones al derecho de voto, toda vez que de los padrones electorales se excluían a quienes no reunían ciertos requisitos. De entre esas modalidades al voto mencionaremos, las que se configuraron por estimaciones económicas, en las que se condicionaba el otorgamiento del derecho a votar mediante la comprobación de un ingreso; y aquellos que no acreditaban una determinada renta anual, no eran registrados en los padrones electorales, quedando por tanto sin posibilidad de votar. En otros casos, por razones que se decían educativas, dieron como resultado que se negara el voto a los analfabetas. También por motivos racistas, en ciertos países no se les reconocía el derecho de voto a los miembros de ciertos grupos como los judíos o los negros. Por valoraciones ideológicas, que impedían sufragar a grupos de personas que no comulgaban con los intereses del partido en el poder, como sucedió con los católicos, capitalistas, comunistas o judíos. Por razones de sexo, que se basaron en una supuesta ineptitud natural de las mujeres para las cuestiones políticas. Respecto a la discriminación por sexo en materia electoral, hoy parecen fuera de lugar las consideraciones ideológicas o de conveniencia política que se alegaron hasta una fecha no tan lejana para defender tal posibilidad. En la actualidad casi la totalidad de las constituciones reconocen la plena igualdad jurídico-electoral de mujeres y hombres. La evolución del sufragio en nuestro medio ha sido el resultado de una serie de luchas reiteradas a través del tiempo. Es así como el poder constituyente de 1857 suprimió la exigencia de saber leer y escribir para poder votar. En 1953 se modificó el texto constitucional y se precisó la igualdad política de las mujeres y hombres nacionales. 115

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También contribuyó a universalizar el sufragio en nuestro medio, la reforma que en 1970 experimentó el artículo 34 constitucional, al otorgar la ciudadanía a todos los mexicanos al cumplir 18 años de edad, que tengan un modo honesto de vivir; y ello con independencia de su estado civil. La edad mínima para el ejercicio del voto suele situarse en la mayoría de edad civil, lo que se explica desde diferentes criterios; se dice que quien puede gestionar sus propios asuntos, también puede gestionar los de su nación; la plena capacidad de obrar parece implicar la de obrar en el campo político. Por otra parte, para poder ejercer el derecho al voto se exige estar inscrito, en la fecha de la votación, en el censo electoral. En el caso de las y los jóvenes, la inscripción en el censo puede realizarse algunos meses antes de alcanzar la mayoría de edad, ya que ésta, o sea la mayoría de edad se exige se cuente con ella en el momento de la votación. Hasta una fecha muy reciente los ministros de culto religioso en México, no se les permitía hacer uso de su derecho al voto; esta situación cambió con la reforma constitucional de 1992. Cabe hacer notar que en nuestro país se ha configurado al sufragio no sólo como un derecho, sino también como un deber, donde “votar en las elecciones constituye un derecho y una obligación del ciudadano”. El sentido exacto de esta obligatoriedad no deja de ser discutible, en virtud de que no hay prácticamente sanción para quien no vota. El artículo 35 Constitucional establece como prerrogativa del ciudadano, votar en las elecciones populares y poder ser electo para todos los cargos de elección popular; el mismo ordenamiento en el artículo 36 establece como obligaciones del ciudadano, inscribirse en los “padrones electorales” y votar en las elecciones populares. El COFIPE precisa en su artículo 4 que “votar constituye un derecho y una obligación del ciudadano que se ejerce para integrar los órganos del Estado de elección popular”.

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Los ciudadanos empadronados pueden y deben solicitar al Registro Federal de Electores la entrega de su credencial para votar toda vez que dicho documento, en términos de lo dispuesto por el artículo 6 del COFIPE, y sus correlativos en los ordenamientos de las Entidades, resulta indispensable para que sus titulares puedan ejercer su derecho al voto; habida cuenta que en las listas nominales de electores, sólo deben figurar los ciudadanos a los que se les haya entregado su respectiva credencial. Tomando en consideración la importancia que reviste la credencial de elector para la celebración de comicios transparentes y confiables, los partidos políticos le han conferido una atención preferente, todo lo cual ha hecho posible que en los últimos años se hayan logrado importantes avances para su confiabilidad, dentro de los que destacan los siguientes: contener los apellidos paterno, materno y nombre completo; domicilio; sexo; edad y año de registro; la entidad federativa, municipio, y localidad que correspondan al domicilio; el distrito electoral y la sección en donde deberá votar; clave de registro; lugar para asentar la huella, firma y fotografía del elector, así como los espacios necesarios para marcar año y elección de que se trate; y la firma impresa del Secretario Ejecutivo del I.F.E. De igual forma se han configurado diversos instrumentos jurídicos tendentes a asegurar que tan sólo voten los ciudadanos mexicanos que se encuentren en pleno goce de sus derechos, que cada elector represente un voto y que la ciudadanía pueda expresar con toda libertad su voluntad electoral. En este orden de ideas, para que los ciudadanos puedan ejercer el derecho del voto, deberán estar inscritos en el registro federal de electores y contar con la credencial para votar con fotografía. Las conquistas sucesivas que se han alcanzado en esta materia, han dado como resultado que en el presente, el sistema político mexicano descanse sobre el reconocimiento de que el sufragio es universal y que la voluntad ciudadana debe expresarse en forma individual y secreta, por medio del voto libre y directo, es decir, sin

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que se ejerza presión ni intervenga intermediario alguno y que tampoco pueda ser transferible.

SUJETO ACTIVO EN EL DERECHO AL SUFRAGIO. Se entiende por sujeto activo del sufragio a las personas capacitadas para participar en la designación de los representantes, es decir, aquellos encargados de pronunciarse a favor de alguno o algunos de los candidatos a la elección. Actualmente en términos generales, la condición de elector corre paralela con algunas salvedades a la del ciudadano. Esta situación no ha sido siempre idéntica a lo largo de la historia. Es hasta el siglo actual en que se puede hablar de un sufragio universal o capacidad general de la ciudadanía de uno u otro sexos, mayores de edad y que hayan satisfecho determinados requisitos de carácter formal, para participar en las elecciones políticas de representantes. Son derechos políticos inherentes y exclusivos de los mexicanos que tengan la calidad de ciudadanos: votar y ser votado. Las leyes que regulan el derecho de sufragio suelen excluir dos tipos de condiciones bien distintas. No pueden votar los incapaces, es decir, los privados de sentido en el momento de la elección o quienes hayan sido condenados por determinadas categorías de delitos que se consideran proyectan una carga de “indignidad” sobre quienes por ellos han sido condenados, de conformidad con lo cual no son merecedores del derecho al voto. Como la condición de ciudadano va ligada a la de elector, el requisito del vivir honesto se traslada para la inscripción en el registro de electores.

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EL SUJETO PASIVO EN EL DERECHO AL SUFRAGIO. De acuerdo con los principios constitucionales que conforman a nuestro sistema político electoral, es un derecho político fundamental de los ciudadanos mexicanos ser electo para ocupar un cargo de representación popular siendo éstos, en el ámbito federal, los de Presidente de la República, Diputado Federal y Senador; en el ámbito local, los de Gobernador, Diputado Local, Representante ante la Asamblea del Distrito Federal; y en el ámbito municipal, los de Presidente Municipal y miembros del Ayuntamiento. El derecho pasivo del sufragio o derecho a ser elegido representante en unas elecciones, aparece estrechamente ligado a una determinada concepción de la representación; precisamente, porque se espera de los elegidos unas cualidades singulares, se les exigen condiciones distintas y más estrictas que las que se requieren para el sufragio activo. En general, además de las que se exigen para el sufragio activo puede requerirse una edad especial; por ejemplo la de 21 años a los Diputados, ser ciudadano mexicano por nacimiento, en ejercicio de sus derechos, ser originario del Estado en que se realiza la elección o vecino de él con residencia efectiva, con anterioridad a la fecha de la elección; a los Senadores los mismos requisitos excepto el de la edad, que será el de 30 años cumplidos el día de la elección y 35 al Presidente de la República; la exigencia conforme a la cual para poder ser Presidente de la República es preciso no sólo ser ciudadano mexicano en pleno goce de sus derechos, sino ser hijo de padre o madre mexicanos. La inelegibilidad constituye un impedimento jurídico al ejercicio del mandato; convierte en absolutamente nula la elección del candidato. Los requisitos de elegibilidad, en todo caso, son necesariamente de carácter objetivo y vienen establecidos en la Constitución y leyes electorales y hacen referencia a la

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edad, capacidad, nacionalidad y relación con la colectividad que se pretende representar. Existe, un grupo de ciudadanos más o menos extenso que se ve privado del derecho de sufragio pasivo por ostentar posiciones o cargos que puedan limitar la libertad del elegido o del elector. Dentro de este grupo se encuentran los militares en servicio activo de quienes se dice que su dependencia jerárquica privaría de la necesaria libertad en el ejercicio de sus funciones así como a sus subordinados de un efectivo derecho libre de voto; ser Secretario o Subsecretario de Estado, Procurador General de la República, Gobernador de algún Estado; no tratarse de una reelección; no tener mando en la policía; tampoco ser Ministro de la Suprema Corte, Secretario de Gobierno de algún Estado, Magistrado o Juez Federal o del Estado, no ser Ministro de algún culto religioso, Jueces, Funcionarios Electorales o Autoridades que puedan influir de manera cierta sobre el comportamiento de los electores, entre otros. La inelegibilidad, puede proceder también de una condena penal, como consecuencia de la cual se estima que el reproche social a la conducta realizada, inhabilita para el desempeño de cargos representativos. Teniendo en cuenta que toda inelegibilidad supone una restricción a un derecho fundamental, no cabe duda de que, necesariamente, debe encontrarse establecida en la una ley y no ser contraria a la posible regulación constitucional de la misma y que, además, su interpretación, como siempre que se trate de limitación de derechos, debe ser estricta. Con base en las consideraciones anteriores, se dice que si es requisito esencial de la democracia representativa que todos los ciudadanos tengan derecho al voto y dispongan de los medios para expresar su voluntad política, sin embargo, no lo es el que tengan que manifestarse si prefieren permanecer en silencio.

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Sin embargo, no menos cierto es que el abstencionismo resulta ser un fenómeno político negativo que daña a todos los partidos así como al propósito de hacer de la democracia una realidad cada vez mas plena. La calidad democrática de un régimen puede ser juzgada por el grado de participación ciudadana. Tanto las Constituciones como el la responsabilidad de los partidos políticos no se agota en la participación COFIPE y demás ordenamientos electorales, parten de la consideración de que periódica en los procesos electorales, sino que además deben desempeñar, en forma permanente, una función educativa que haga posible el desarrollo político de la sociedad.

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HUELGAS Las medidas de lucha usadas colectivamente por los trabajadores son sumamente variadas y se encuentran en constante cambio, razón por la cual, toda enumeración que se intente será irremediablemente incompleta. Una primera forma de acción colectiva está constituida por los comunicados, murales, carteles o el uso de carteleras, distintivos, brazaletes, vinchas, etc. En segundo término, pueden mencionarse las declaraciones públicas y conferencias de prensa. En tercer lugar, las asambleas informativas, que ponen en juego importantes cuestiones jurídicas, como son, por una parte, sus vinculaciones con el derecho de los representantes de los trabajadores a ingresar al lugar de trabajo y con el derecho de reunión y de asamblea en el mismo. Una cuarta forma de manifestación del conflicto es el silencio o su contrario, el ruido, ambos concertados y concentrados en un breve lapso. En quinto término, las "sentadas", "serpientes" o "trencitos" (recorridos por el local de trabajo en fIlas ondulantes formadas por trabajadores), mini-concentraciones internas, etc. Los piquetes externos, fuera de la fábrica, a sus puertas, son una forma muy tradicional de conflicto colectivo en algunos países, especialmente anglosajones. El "boicott" puede ser principal, inmediato o directo, cuando se dirige contra el empleador o secundario, mediato o indirecto, cuando trata de afectar a otras empresas suministradoras o compradoras. Un caso particular de combinación de huelga parcial y "boicott" se da en aquellos casos en que el personal que no está en conflicto con su empleador, detiene solamente aquellas actividades dirigidas a otra empresa que sí está en conflicto (no se despacha mercadería para ella, por ejemplo). El "laber' o etiquetado sindical forma parte, también, del amplio elenco de formas de 122

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acción sindical. La no-colaboración, el trabajo a reglamento, la huelga de celo o "tortuguismo" (como se le denomina en Brasil), además de constituir una muy frecuente modalidad de conflicto colectivo, se relaciona con otras modalidades vecinas, como la negativa a trabajar horas extras o a realizar prestaciones personales a clientes o directivos que, aún sin ser obligatorias, normalmente se efectúan en el marco de la colaboración dimanante de la relación laboral en momentos no conflictivos. La denominada "huelga de brazos caídos ", "huelga blanca" o "trabajo a desgano" podría diferenciarse de la anterior modalidad si supusiera una abstención o enlentecimiento superior al resultante de trabajar con celoso apego a los reglamentos y puede llegar a confundirse con la ocupación durante la jornada de trabajo. En el extremo opuesto se da la denominada "huelga activa ", "hipertrabajo ", o "huelga al revés ", que consiste en incentivar exageradamente el ritmo de trabajo. La ocupación de los lugares de trabajo es, también, una modalidad de ejercicio del derecho de huelga relativamente frecuente en situaciones de alta conflictividad, de peligro de pérdida de la fuente de trabajo o para evitar el abastecimiento a otra empresa en conflicto. Particulannente actual, por las razones que se expondrán más adelante, es la "huelga relámpago", de advertencia o simbólica: el mini-paro, de escasísima duración, por ejemplo, un minuto, que en algún caso se ha llegado a proponer concretamente en Italia, como mera virtualidad (sciopero virtuale). Esta modalidad de huelga virtual, simbólica o relámpago, constituye el puente, el tresd'union, el punto de contacto entre las fonnas de huelga sin cesación del trabajo y aquellas otras modalidades de ejercicio del derecho de huelga con cesación del trabajo. Además de la huelga tradicional o indefinida, con cesación del trabajo por tiempo indeterminado, se da, también, el paro o huelga por tiempo determinado (un día, unas horas, una hora, diez minutos). 123

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Cuando se alternan paros más o menos breves con lapsos de trabajo, se da la huelga intermitente o como se la llama en Italia, "sciopero a singhiozzo" (huelga "con hipo"). En la huelga turnante, rotativa o articulad a, se suceden paralizaciones parciales que no afectan simultáneamente a toda la empresa ni a todos los trabajadores, sino que se concentran sucesivamente en diversos sectores. De tal fonna, se para sucesiva o alternativamente en sectores del proceso productivo, de modo de obstaculizado con menos horas de huelga y manteniendo la disponibilidad de una parte importante de los trabajadores. Por ejemplo, en una empresa de transporte colectivo, paran primero las boleterías, durante cuatro horas; luego, por otras cuatro horas, los conductores; fmalmente por otro lapso sinú1ar, el personal de limpieza y mantenimiento. No está demás destacar, como hace Sinay(H), que esta fonna de huelga fragmentada constituye, de algún modo, la réplica del trabajo parcelado, característico de la sociedad industrial contemporánea. La huelga neurálgica o huelga-trombosis, no es otra cosa que una huelga parcial, concentrada en un determinado sector, más o menos estratégico, cuya inactividad paraliza a otros. La huelga parcial afecta a un solo sector, actividad o tarea de las múltiples que fonnan parte de la prestación laboral completa, que nonnalmente brindan los trabajadores. La huelga parcial puede paralizar una determinada sección o actividad de la empresa o de la rama afectada, o puede recaer sólo sobre una de las actividades personales del trabajador. A este último tipo, que es el más novedoso, pertenece la "huelga de bolígrafos" de los médicos españoles, que consiste en brindar la atención médica completa, pero absteniéndose de escribir los registros o fichas clínicas o de extender las recetas. De la misma clase son las "huelgas de corrección de exámenes" de los docentes italianos, que realizan la labor pedagógica en su plenitud, incluso tomando exámenes y absteniéndose, solamente, de corregidos. Análoga es la huelga de cobro de pasajes, practicada en el transporte colectivo portugués, y que consiste en la abstención del cobro del billete, 124

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aunque el servicio de transporte se presta con nonnalidad, salvo que el empleador suspenda el servicio. En nuestra opinión, es a esta modalidad que pertenece la práctica sindical bancaria uruguaya consistente en no pagar o compensar cheques de un determinado banco. La huelga de hambre: abstinencia total de alimentos que se impone a sí misma una persona o conjunto de ellas, mostrando de ese modo de morir si no se consigue lo que se pretende. Este tipo de huelga es el más comúnmente usado en países latinoamericanos con el fin de que el gobierno solucione los problemas por la vía diplomática y asegure la supervivencia de los inconformes. De la misma manera es la huelga con mayor uso a nivel mundial y la que alcanza las más rápidas respuestas.

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MARCHAS, PLANTONES Y CONSIGNAS Marcha Cualquier desplazamiento de un conjunto de personas que tienen, buscan o persiguen un objetivo, un fin o una meta determinada, pero que es afin a las ideologías que ese grupo maneja.

Plantón Término puramente mexicano usado para denotar a aquel grupo de personas que se congrega, amotina y permanece cierto tiempo en un lugar público, con el propósito de obtener algo a cambio, de negociar algún asunto con el Estado, de protestar por algo o para exigir un conjunto de demandas regularmente hechas con anterioridad por el grupo inmiscuido en este movimiento de masas.

Consignas Por Arturo Cano

El pueblo callado jamás será escuchado. ¿El pueblo gritón tendrá solución? Vaya usted a saber, pero se consiga no la demanda anhelada, se derrote o no al adversario en las urnas, se libere o no al pres-político-libertad, las consignas siguen en las calles y las plazas, en las paredes o las cartulinas de veloces trazos. Aunque las campañas electorales de a de veras tengan por escenario central la televisión, la consigna callejera vive y la lucha por las bardas sigue, sigue.

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Las consignas riman o fallan. Son gritos pelones o cartulinas mal escritas para que las vea, si se tiene suerte, el señor delegado. Corso de masas o masitas. Mantas improvisadas, mandadas a hacer o elaboradas por militantes que se han hecho profesionales a fuerza de marchas y mítines. Las fuerzas de la izquierda han sido las principales creadoras de consignas. Marchistas y mitineras, en algo tenían que invertir las horas en la calles. Los gritos del PRI y la derecha son la mayor parte de las veces adaptaciones de las consignas de izquierda. Lo que va de "El que no brinque es charro" de los sindicalistas independientes a "El que no brinque es ateo" de las juventudes católicas. O "El pueblo voto", Cárdenas ganó transformada por los priístas en "Cárdenas perdió, Salinas lo jodió". ¿Sirven las consignas? ¿Alguien las recuerda? ¿Pegan todavía? Una certeza: tienen momentos memorables. Aquel día de 1988 cuando los diputados priístas bajaron a empellones a los de la oposición y, dueños ya de la tribuna, se desgañitaron al grito de "¡Salinas, Salinas, Salinas!, a falta de otra consigna que le diera el tono preciso a ese momento inolvidable (sobre todo porque los opositores ya los tenían hartos con aquello de "Repudio total al fraude electoral") ¿Sirven las consignas cuando no se emiten en la pantalla en horario triple A y acompañadas de imágenes épicas? El grito, en las bocas, las mantas o las paredes. De protesta o de apoyo. Del PRI, PAN o PRD. De las consignas duras y bravuconas "al por favorcito vote por el PARM". Claro, todo lo que grite o pinte podrá ser usado en su contra o en su favor, según sea vea. Así esta forma de expresión particular se ha convertido en la manifestación de la opinión pública desde su cultura popular.

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MEDICIÓN DE LA OPINIÓN PÚBLICA Conocer y evaluar actitudes y opiniones es de gran importancia para el control social que se desea ejercer. La mercadotecnia y la política basan sus programas en los resultados de las encuestas permanentes; registrando los cambios y alteraciones de las actitudes y opiniones sociales, con un doble objetivo: Manipularlas cuando es posible Adecuarse al sentir y actuar social, cuando no hay más remedio. Las evaluaciones reciben diversos nombres: “mediciones” (Klineber y Newcomb); “sondeos” (Young); “valuaciones” (Sprott).

MÉTODOS DE MEDICIÓN En el estudio de los cambios de opinión han sido empleados dos métodos: uno es el método cualitativo y de sentido común de la historia y el estudio del caso. El otro, el método cuantitativo, emplea cuestionarios, tests, encuestas y otros procedimientos estadísticos.

CUALITATIVO El primer método no es considerado enteramente objetivo y confiable, pero proporciona una imagen general del proceso de cambio. A partir de cierto número de historias de casos pueden hacerse algunas generalizaciones y predicciones. CUANTITATIVO El método cuantitativo es considerado generalmente como más científico, pero también está abierto a ciertas críticas. Existen dos tipos de estudios cuantitativos sobre la formación y cambio de las opiniones. En uno, que podría ser llamado el método cuasi-experiemental o de prueba, 127

OPINIÓN PÚBLICA los psicólogos y científicos sociales confeccionan un tema y tratan, mediante ciertas técnicas estadarizadas, de registrar y medir los cambios de opinión. En el otro tipo se hace un esfuerzo directo por observar un cambio presente de la opinión pública tal como tiene realmente lugar; los métodos principales son el estudio de las cartas a funcionarios públicos, las encuestas sistemáticas, las entrevistas y la observación de masas.

Escala de Actitud Bogardus (1925) “Escala de Distancia Social”, también desarrollado por Thurstone. Consiste en la comparación de la intensidad del grado de opinión de un individuo con respecto a la de otro. Se realiza utilizando una escala lógicamente construida por frases, afirmaciones o proposiciones (ítemes); Newcomb denomina a esto escala de respuestas de actitud. La escala se construye ubicando en los extremos los valores mínimo y máximo que representan el más bajo y el más alto valor numérico, respectivamente, de la adhesión y oposición a un objeto concreto que se desea investigar. Entre los valores mínimos y máximos asciende la escala propiamente dicha. La predisposición del individuo puede codificarse con un valor X. Ese resultado se somete a la comparación con los items otorgados a otros individuos y, así sucesivamente, hasta llegar a resultados promediales. Con esta escala se puede detectar, por ejemplo, en qué condiciones, bajo qué limitaciones es capaz un individuo o está dispuesto a aceptar a un candidato o a defender una idea.

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Considera al párroco de su iglesia: PEDRO a)

muy confiable

b)

confiable

c)

moderadamente confiable

d)

poco confiable

e)

nada confiable

JUAN

TERESA

RAMÓN

MARÍA

muy confiable confiable poco confiable

confiable poco confiable

EXAMEN DE LA ENTREVISTA (Técnica de Likert) Es un método fundamentalmente de elaboración de escalas que supera las dificultades de selección de tipos de muestreo, y evita dejar la delicada operación selectiva al arbitrio del encuestador. La selección óptima se obtiene mediante un minucioso examen del universo en que se pretende detectar grados de predisposición. Requiere procesos de clasificación de una zona investigable, elaboración cuidadosa de un cuestionario para las entrevistas, entrenamiento y supervisión de quienes la realizan. De especial interés resulta la atención que se presta al conjunto de respuestas y al análisis de las interrelaciones de éstas en vez de detenerse en cada una de ellas. Otro rasgo peculiar del método mencionado es que la escala llega a colocar, a dos sujetos a encuesta, en un mismo grado de evaluación, pese a que las respuestas pueden parecer diferentes. Esta notable característica ha sido criticada como elemento de contradicción al principio básico de la noción de actitud, mismo que establece la regularidad de respuestas como pauta de las actitudes.

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OPINIÓN PÚBLICA

El Panel Con base en las encuestas, este método permite pulsar el rumbo que están tomando las actitudes sociales. Las encuestas de opinión son compulsadas y sus resultados, materia de comprobación en debate. Participan en las reuniones de grupo de personas seleccionadas del universo de aquellos sujetos a encuesta. La selección de panelistas se ajusta a las reglas de representatividad. El grupo se somete a sucesivas confrontaciones de actitudes, lo cual facilita localizar las modificaciones producidas entre el momento de expresar la opinión (en la encuesta) y el momento del debate. Se extraen, asimismo, constantes de variables y de permanencia de criterios. Al mismo tiempo, un papel bien organizado sirve para confrontar las relaciones de consonancia o disonancia entre actitudes y opiniones.

Observación de Masas Es un método incontrolable y está más librado al azar. Fue elaborado por primera vez en Inglaterra durante los últimos años de la década de 1930 y ha sido usado, con modificaciones en los EU. Como entrevistador se puede emplear tanto a entrevistadores entrenados como no entrenados. Los entrevistados escuchan conversaciones sobre cuestiones públicas o provocan discusiones informales entre la gente; pueden, en realidad, orientar deliberadamente una conversación hacia ciertos temas con el fin de poner de manifiesto puntos de vista y reacciones emocionales. Los registros se hacen posteriormente y se los clasifica e interpreta de modo rudimentario. En este también se hacen pruebas repetidas pruebas repetidas con el fin de obtener las líneas de tendencia. Se preserva el anónimo de los informantes. Aunque es más

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OPINIÓN PÚBLICA natural, este método conlleva muchas desventajas y posibilidades de interpretación erróneas.

Técnica de Proyección Es una técnica psicológica adaptada para la evaluación de actitudes. Significa sustituir el interrogatorio de las entrevistas por un conjunto de imágenes que el sujeto debe interpretar libremente, sin presiones ni interferencias de género alguno. Se anotan las respuestas del entrevistado para someterlas luego a análisis de deducción y asociación de datos. En la etapa de evaluación se obtienen rasgos reveladores de actitudes y se comparan con los resultados de otros sujetos sometidos al mismo experimento, para arribar al deseado índice de predisposiciones grupales. Generalmente se utilizan fotografías, pinturas, diapositivas o películas cortas mudas. Este método es el que mejores condiciones de espontaneidad y libertad ofrece al entrevistado, pues toda encuesta a la que hay que responder por escrito o verbalmente lleva consigo una interpretación dada por los investigadores, cuando no un punto de vista deducible de la forma en que se plantea el interrogatorio.

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La Encuesta de Opinión Toda investigación a través de encuestas presenta problemas que los especialistas deben resolver. El método consta de una estructura fundamental que podemos resumir así: a) selección del área de interés, b) ejecución y c) evaluación.

Roger Muchielli identifica las siguientes etapas en el proceso de una encuesta de opinión: 1. Definición del objetivo de la encuesta y estudio de medios materiales. 2. Preparación de los términos generales de la encuesta: la pre-encuesta. 3. Determinación de la muestra o muestreo. 4. Selección de técnicas por utilizar y elaboración del cuestionario. 5. El pre-test o puesta a prueba del cuestionario. 6. Elaboración final del cuestionario. 7. Elección del modo de aplicar el cuestionario. 8. Tabulación de los resultados y procesamiento. 9. Análisis del resultado de la encuesta en relación con el objetivo inicial. 10. Elaboración del informe.

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A) Selección del área de interés El área de interés para la encuesta es el objetivo mismo de la investigación: equivale a precisar, por un proceso de selección, qué se desea saber y de quién se desea saber. Consta de dos subáreas: temática y humana. 1. Subárea temática: comprende un complejo de cuestiones del cual es preciso elegir un problema concreto o una unidad de problemas específicos e interrelacionados. 2. Subárea humana: Está constituida por el universo en el que ha de investigarse; incluye un aspecto social y otro geográfico; ámbitos de los cuales se procede a la elección de la unidad de interés, aplicando criterios de localización, dimensiones y de relación directa con el tema prefijado, con lo que obtendremos el grupo social definido, o un sector de la población que sea de interés particular.

B) Ejecución

1. Selección o fijación de individuos para muestreo. Depende de qué se quiere averiguar: dependencia del área de interés en la subárea temática; asimismo, establece otra interrelación del tema con el grupo social seleccionado. El grupo se elige por MUESTREO PROPORCIONAL, aplicando el principio de representatividad. La proporcionalidad contienen caracteres y atributos del universo investigado: edad, sexo, ubicación geográfica, estatus, etc. 133

OPINIÓN PÚBLICA El grupo de muestreo proporcional es la fuente de inferencia de actitudes y opiniones del universo. Universo y muestra son diferentes. El primero es la totalidad de la población o grupo social del cual se pretende su opinión. La segunda es una porción representativa del primero cuya opinión permite inferir la opinión de la población o grupo.

Procedimientos técnicos para establecer la muestra para un sondeo de opinión a) Muestra accidental: consiste en toar, al paso, a los individuos de un grupo o de una población. b) Muestra al azar: librada a la casualidad, pero dentro de un grupo estratificado, valiéndose de ciertas frecuencias. c) Estratificación:

identifica

grupos

humanos

en

razón

de

indicadores

sociodemográficos: edad, sexo, ingresos, nivel de instrucción, cultura, procedencia, oficio o profesión, intereses y expectativas, etc. Exige un estricto control de variables sociodemográficas y culturales, pero una vez vencidos estos escollos, parece ser el método más fiable para garantizar una buena representatividad de la muestra respecto al universo investigado.

2. La elaboración de cuestionarios Corresponde a un equipo de trabajo que tiene prefijado el objetivo de la investigación y se ha señalado las metas respectivas. El cuestionario puede contener una pregunta básica o un conjunto de éstas, según la encuesta se refiera a un tema determinado o a una unidad temática. Las preguntas pueden ser cerradas y merecen una respuesta concreta: “Sí”, “No”, “No lo sé”; se llaman también “preguntas de opción forzosa”, porque el entrevistado se enfrenta a dar una respuesta categórica sin posibilidades de evasión. 134

OPINIÓN PÚBLICA Las interrogaciones de opción abierta son más flexibles; permiten al entrevistado explicar sus respuestas, condicionarlas, etc. Tienen la ventaja, por otra parte, de que el estudio de respuestas, en la fase de evaluación, hay material para detectar dirección, grado e intensidad; así como la consistencia y prominencias para la medición de actitudes. Tanto para las preguntas abiertas o de opción forzosa, las preguntas tienen que ser muy claras, preferentemente de oraciones breves y lo más objetivas posibles. Para algunas respuestas de carácter sexual, de honestidad o de ciertas conductas, es preferible hacer preguntas indirectas; es decir, que a través de otras preguntas se infieren respuestas del tema sin que el entrevistado se dé cuenta del verdadero sentido de la investigación. La realización de la entrevista comprende la etapa de recolección de datos a través de: a) Entrevista directa b) Entrega de cuestionario

C) FASE DE EVALUACIÓN Es la etapa más ardua de la investigación por encuestas, pese a que en la actualidad se cuenta con las computadoras se tienen que alimentar del análisis de los cuestionarios. Cuando se trata de preguntas de opción forzosa, los resultados son generalmente fríos, cuantitativos; se aproximan a las estadísticas ordinarias y servirán como datos para formulación de hipótesis de trabajo o comparaciones estadísticas. En las respuestas explicativas, la cuantificación se enriquece con los rasgos cualitativos que emergen de ellas, aunque también pueden arrojar bases para la formulación de

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OPINIÓN PÚBLICA hipótesis de trabajo, pero lo más importante es que señalan actitudes y opiniones acompañadas de porqués. Los datos de la encuesta son susceptibles de tratamiento para los otros métodos de medición de actitudes: examen de la entrevista, escalas de actitud, el panel y la proyección. Con el auxilio de estas técnicas la investigación seguramente se nutrirá de modo considerable y sus resultados serían más precisos y confiables.

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OPINIÓN PÚBLICA

EJEMPLO COMPONENTES DE LA OPINIÓN PÚBLICA: EL CASO DE LA LEGALIZACIÓN DEL ABORTO* Gaceta de Ciencia Política ITAM Por Verónica Baz 1. Introducción El objeto del presente ensayo es entender cómo interactúan los componentes de la opinión pública —como son el interés propio, la identificación de grupo y los principios— en el caso de la legalización del aborto. Con tal fin se emplean, a lo largo del estudio, dos métodos para estudiar la formación de la opinión: uno cualitativo y otro cuantitativo. El primero, puesto en práctica por Robert Lane (1962), propone la realización de entrevistas de fondo, mientras que el segundo método, basado en la escuela de Philip E. Converse (1964), se fundamenta en el estudio empírico de las encuestas. Mientras que el primer método, cualitativo, ayuda a entender el proceso de formación de opinión y a profundizar en la interpretación de los resultados empíricos, el segundo método, cuantitativo, permite llegar a conclusiones a partir de los resultados de las muestras representativas. En otras palabras, mientras que el primer método nos permite vislumbrar las dinámicas que conducen a determinadas opiniones, el segundo permite llegar a generalizaciones sobre la opinión pública como fait accompli. Dado que la opinión pública en México es todavía un tema nuevo y, a la vez, inagotable, se optó por trabajar con una sola encuesta y realizar una serie de entrevistas de fondo, retomando, de nuevo, el trabajo de Lane. La encuesta seleccionada cuenta con 136 reactivos y tiene la desventaja de haber sido aplicada 137

OPINIÓN PÚBLICA únicamente a mujeres (520) de la Ciudad de México y la zona conurbada. Si bien esto es una desventaja, no representó un obstáculo dado que no se estaba llevando a cabo un estudio comparado por regiones o entre hombres y mujeres, sino sobre el proceso de formación de la opinión. La encuesta, llevada a cabo por el periódico Reforma, se aplicó en mayo de 1999. En lo que concierne a las entrevistas de fondo, se llevaron a cabo quince, para las que se buscaron mujeres voluntarias. En la mayoría de los casos la entrevista fue el primer contacto con las entrevistadas; en el caso de que existiera una relación previa se buscó que no fuera tan estrecha que pudiera inhibir o sesgar la comunicación. Por otra parte, vale la pena aclarar que éstas no pretenden constituir una muestra representativa de la población. Todas las entrevistas se grabaron para ser transcritas posteriormente. Por cuestiones éticas y con el fin de tener una mayor fluidez en la comunicación, se aclaró que no se revelaría su identidad. En todos los casos, las mujeres estuvieron de acuerdo en que se utilizara su primer nombre. Asimismo, se les explicó detalladamente el objetivo de las entrevistas.

2. Marco teórico La literatura académica sugiere que la formación de la opinión en las personas es un proceso complejo y multifacético donde interactúan —de manera simultánea— una serie de elementos como la ideología, los valores, la identificación con distintos grupos, y la estructura cognitiva de las personas. Sin embargo, la forma de entender y explicar la opinión ha cambiado a través del tiempo. De aquí que utilicemos las obras de varios autores. En orden cronológico, el estudio aborda las diferencias que existen entre la metodología y resultados de Philip E. Converse (1964) y Robert Lane (1962) para, posteriormente, abordar el trabajo de Kinder y Sanders (1996) realizado cuatro décadas más tarde. 138

OPINIÓN PÚBLICA

Como lo hace notar Kinder (1983), si bien Converse y Lane trabajaron exhaustivamente con el concepto de ideología y el impacto que ésta tiene sobre el sistema de creencias políticas,[1] su trabajo metodológico y sus hallazgos conforman teorías rivales dentro de la Opinión Pública.[2] A continuación se exponen las principales aportaciones de cada autor y las divergencias entre sus trabajos. En su ensayo The Nature of Belief Systems in Mass Publics, Converse explora la conformación del sistema de creencias en la población, sentando así las bases para el debate académico sobre la opinión pública de los próximos cuarenta años. Por sistema de creencias —término utilizado en vez de ideología, con el cual Converse intenta ser más específico—, se entiende “la configuración de ideas y actitudes bajo la cual los elementos están cohesionados en una interdependencia funcional” (1964: 207). Su investigación explora la correlación que existe entre la opinión sobre diversos temas y la capacidad de poder asociar conceptos ideológicos con partidos y figuras políticas. Esto con el objeto de encontrar el grado de coherencia que existe en el sistema de valores de las personas, así como los elementos que son centrales y los que son secundarios o periféricos en los diversos temas. Los hallazgos de Converse indican que el grueso de la población, a diferencia de las élites informadas, no tienen un sistema de creencias ideológicamente coherente sobre los temas políticos. A decir de Converse, conforme desciende el nivel de información en las personas, las ideas muestran una mayor desorganización, se nutren de conceptos políticos imprecisos y padecen de inconsistencia en el transcurso del tiempo. Por el contrario, las élites informadas cuentan con un sistema abstracto de creencias que guían, de manera coherente, las opiniones sobre diversos temas. De esta forma, una persona que tiene suficiente información sobre el sistema de creencias puede entender las diversas posturas que existan o surjan en torno a temas nuevos y saber cuál va más 139

OPINIÓN PÚBLICA de acuerdo con su sistema de creencias (1964: 212). Luego entonces, ante la poca familiaridad de las personas con los conceptos ideológicos, la falta de asociación entre posturas ideológicas y los partidos y el fracaso para usar conceptos ideológicos abstractos que establecen vínculos entre los diversos temas, Converse concluye que los estadounidenses, quienes conforman su grupo de estudio, vislumbran el mundo político bajo lo que él denomina “inocencia ideológica”. Así pues, Converse encuentra que las personas que tienen coherencia y organización en su sistema de creencias son quienes poseen un mayor nivel educativo. La relevancia de la educación, menciona Converse, radica en que ésta brinda al individuo la capacidad para abstraer información sobre las ideas, la gente, la sociedad y la política. Aunque los individuos de mayores niveles de educación den por hecho esta capacidad para abstraer, como si ésta fuera tan sólo una herramienta mental más, los estudios demuestran que la capacidad de abstracción no es compartida por el grueso de la sociedad (1964: 255). El trabajo de Converse es de gran importancia para entender la manera en que la educación y la información influyen en la formulación de la opinión de los individuos. El trabajo de Converse ayuda a entender la manera en que la información y la educación le permiten a las élites edificar un sistema coherente de creencias que pueda guiar la opinión sobre distintos temas. En lo que respecta a su metodología, Converse preside la escuela basada en estudios de panel, que consiste en entrevistar a las mismas personas en distintos momentos en el tiempo. La importancia de esta metodología, cuya base son las encuestas, radica en la precisión de las inferencias que se pueden hacer sobre una población determinada en varios instantes, lo cual a su vez permite utilizar métodos estadísticos con distintos niveles de sofisticación.

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OPINIÓN PÚBLICA Hasta la fecha, el trabajo de Converse ha recibido réplicas y reafirmaciones. Sin embargo, solamente se tratará aquí la crítica llevada a cabo por Robert Lane. La razón por la cual se escogió a Lane, aparte de haber sido un crítico contundente de Converse, es por la metodología alterna que éste desarrolló. El nuevo esquema se sustenta en la idea de que los estudios sobre la opinión prestan demasiada atención al producto final, dejando a un lado el proceso de formación de la opinión (Kinder, 1983). Como resultado, Lane utiliza una metodología alterna, basada en entrevistas de fondo, cuyo propósito es encontrar la importancia de lo que dicen y piensan las personas, así como penetrar en el significado del contenido para, posteriormente, hablar de las implicaciones sociales a las que la opinión conlleva. “El análisis de las entrevistas debe tomar en cuenta el significado que las personas le dan a las palabras, así como a la asociación de ideas que se lleva a cabo a lo largo de la conversación” (1962: 9). La principal divergencia entre ambos autores radica en que, mientras para Converse los ciudadanos son “ideológicamente inocentes”, Lane centra su atención en una suerte de ideología latente o implícita que proviene de la vida en sociedad y se construye mediante la generalización de la experiencia diaria, las premisas culturales, las cualidades compartidas entre la población y los conflictos sociales, actuales e históricos (1962: 11). A diferencia de Converse, Lane considera que aun cuando las personas no saben ni los nombres de sus representantes ni el vínculo exacto entre los temas, sí poseen una noción básica sobre lo que ocurre en el ámbito político. “Su juicio sobre asuntos internacionales y nacionales, si bien con frecuencia puede ser errado, rara vez está divorciado de la realidad” (1964: 380). La diferencia en la manera en que ambos autores acotan el concepto de creencias políticas está relacionada no sólo con la metodología, sino con los temas que tratan. Mientras que Converse trabaja con la capacidad de las personas para vincular conceptos ideológicos con partidos, candidatos y políticas públicas determinadas, Lane 141

OPINIÓN PÚBLICA tiene una concepción más amplia de creencias políticas, misma que lo lleva a explorar temas más generales como, por ejemplo, la política exterior, la libertad, la igualdad, la equidad, los derechos de las personas y la democracia. Así, Lane encuentra que las personas son ideológicas y que la asociación entre ideas y conceptos tiene su propia coherencia en cada persona. Años después, Kinder menciona que Lane, a diferencia de Converse, le da a las personas la oportunidad de expresar su propia organización de ideas. “La idea de cohesión (en el sistema de creencias) pasa por lo tanto del analista al sujeto” (1983: 398). Bajo esta perspectiva, la última palabra acerca de lo que es “coherente” lo tiene cada individuo. Aun cuando las investigaciones tienen enfoques totalmente diferentes entre sí, en términos metolodógicos el trabajo de Lane, lejos de restarle valor a los hallazgos de Converse, puede complementarlos. Tal es el caso del estudio de Kimberly Cook (1998), Divided Passions, donde complementa los resultados de las encuestas sobre el aborto y la pena de muerte con entrevistas de fondo. Con el tiempo, el debate en torno al impacto de la ideología en la opinión pública fue cediéndole el paso a otros elementos, como por ejemplo el grado de polarización que existe en las posturas con respecto a los temas de la agenda pública, la manera en que se plantean las preguntas y los intereses que están en juego. Norman Nie y Kristi Andersen (1974) argumentan que los hallazgos de Converse y de Lane pertenecen a una época donde hubo mucha más calma social. “La calma de los años de Eisenhower fue seguida por una revuelta en varios frentes: los derechos civiles, la militancia negra y la violencia urbana, una guerra que causó división, movimientos estudiantiles, cambios en la moral y en los estilos de vida llevaron a las personas a tener una idea más clara sobre sus posturas en determinados temas.” (1974: 544) De esta forma, las personas empezaron a formarse opiniones sobre temas que, hasta entonces, no habían sido relevantes. Lo cual sugiere que la opinión está íntimamente vinculada con el entorno 142

OPINIÓN PÚBLICA político, social y económico. En este mismo tono, Kinder explica cómo la noción de que las creencias políticas provienen de principios ideológicos de carácter abstracto, que determinan la opinión sobre la manera en que el gobierno y la sociedad deberían estar organizadas, se agotó (1983: 399). Con ello, se dio pie a la identificación de una serie de nuevos elementos teóricos —más específicos— que ayudan a entender el proceso de formación de la opinión con mayor precisión. Así, la forma como Kinder y Sanders entienden la opinión pública en Divided by Color es un buen ejemplo de un trabajo hecho bajo ese espíritu, ya que estudian la opinión desde elementos más concretos. Para ellos, la opinión pública es una expresión de ingredientes primarios, como son los intereses materiales que se perciben en el tema — lo que también se conoce como interés propio—, la simpatía o el resentimiento que se muestra o posee por las partes involucradas en el conflicto, y los principios a los que el tema hace referencia, como son la equidad, el individualismo económico y el gobierno limitado, siendo estos últimos componentes del American Ethos. Los ingredientes primarios van a ejercer una mayor o menor influencia sobre la opinión en relación con el tema, pero también con la manera en que éste se plantee. Para Kinder y Sanders, los marcos interpretativos o frames que se les da a los diversos temas son cruciales en la formación de la opinión. Asimismo, la manera en que el tema se plantea puede apelar a distintos componentes de la opinión, como podrían ser algunos principios o la identificación con algún grupo. En Divided by Color, Kinder y Sanders dividen los marcos interpretativos en dos: por una parte, las estructuras internas que ayudan a ordenar las ideas y que le dan significado a los eventos de la vida pública, y por otra, las estructuras interpretativas 143

OPINIÓN PÚBLICA que, al ser utilizadas por las élites, cumplen con el fin de avanzar los intereses de éstas. “Las elites bombardean constantemente a los individuos sobre la manera en que los temas deben ser entendidos y como deben ser planteados” (1996: 10). De esta forma, los grupos de interés, como pueden ser los partidos, sirven también como “atajos informativos” al resumir o abreviar una postura frente a un tema determinado (Popkin, 1991). En lo que respecta al tema de la legalización del aborto, se encontró que la estructura interpretativa que se le da a cada tema y que destaca aspectos específicos tiene una gran relevancia sobre la opinión. Así por ejemplo, se encontró que, mientras hablar del estatus moral del embrión conduce a una oposición hacia la legalización del aborto, destacar el problema de salud pública —dadas las malas condiciones en las que se practican los abortos clandestinos— propicia una opinión más favorable. De este modo, como lo explican Kinder y Sanders, “la manera en la que se entiende un tema, así como los elementos que son centrales y los que son secundarios, se refleja en la manera en la que el tema está planteado” (1996: 164). A diferencia de autores como Converse, que consideran que los individuos no tienen actitudes estables con respecto a las creencias políticas, Kinder y Sanders encuentran que el tener actitudes firmes está relacionado con la relevancia de los temas y la manera en la que se formulan las preguntas (1996: 164). Esto último matiza con creces la afirmación de Converse cuando concluye que el grueso de la población no tiene un sistema coherente de creencias ni opiniones estables en el tiempo. Casi cuatro décadas después de que Converse llevara a cabo su ensayo seminal, Kinder y Sanders nos ayudan a entender hacia dónde ha evolucionado el estudio de la opinión pública, esclareciendo qué componentes de la opinión adquieren mayor o menor peso en función del tema que se trata y de los elementos a los que éste apela. 144

OPINIÓN PÚBLICA

A la luz del marco teórico ofrecido por estos autores y dada la evolución en el estudio de la opinión pública, a continuación se hace un esfuerzo por esgrimir los elementos que poseen una mayor relevancia en la formación de la opinión sobre la legalización del aborto. 3. Opinión sobre la legalización del aborto A continuación se esclarecen algunos de los elementos que determinan la opinión de las mujeres con respecto a la legalización del aborto. Si bien varios componentes son importantes en este tema, los valores y los principios mostraron ser fundamentales en la formación de la opinión. Esto último puede adjudicársele al vínculo estrecho que tiene el aborto con temas como: la vida, la muerte, la definición moral del embrión, los embarazos indeseados y el rol de la mujer en la sociedad. Primero, se llevó a cabo un repaso de la obra de Kristin Luker (1984) y de Kimberly Cook (1998) que tratan el aborto desde la opinión pública, ya que sus hallazgos sirvieron de guía para la presente investigación. En segundo lugar, con base en las entrevistas de fondo, se exponen los principales argumentos que sustentan las distintas posturas en torno al tema. Enseguida se lleva a cabo un análisis estadístico, donde, con la finalidad de medir el impacto de algunas variables sobre la opinión —en su mayoría variables sociodemográficas—, se realiza una regresión logística. Por último, se concluye con los principales hallazgos.

3.1 El aborto y la opinión pública Si bien el aborto ha sido estudiado desde diversas disciplinas y movimientos sociales, como podrían ser la teología, la medicina y el feminismo, también se ha profundizado 145

OPINIÓN PÚBLICA en el tema desde la opinión pública. De aquí que algunos trabajos ya existentes hayan sido de gran utilidad para profundizar en la complejidad del tema. Por su metodología y hallazgos, se tomaron en cuenta principalmente dos obras: la de Kristin Luker (1984), quien, tras estudiar el perfil “pro-libre elección” y “pro-vida” de las activistas en Abortion and the Politics of Motherhood, se convirtió en una de las principales exponentes del tema, así como el trabajo de Kimberly Cook (1998), Divided Passions, donde, al llevar a cabo encuestas y entrevistas a personas no activistas y trabajar de manera conjunta con la pena de muerte, vislumbra el aborto y la legalización de éste desde una perspectiva diferente a los trabajos previos que estudiaban únicamente al aborto. La metodología de Luker se basa en llevar a cabo entrevistas a activistas, tanto las “pro-vida” como las “pro-libre elección”, tras la idea de que son ellas las que van a sentar las bases del debate y las que mejor representan estas dos posturas. La autora de Abortion and the Politics of Motherhood encuentra que, a diferencia de las mujeres que tienen una postura “pro-libre elección”, las “pro-vida” tienden a estar más a favor de la división de labores entre el hombre y la mujer, por lo que consideran que tanto el tener hijos como el ser ama de casa deben ser la prioridad en las mujeres. Los hallazgos de Luker muestran que las mujeres construyen sus argumentos, a favor o en contra del aborto, en función del tipo de vida que escogieron llevar, con la finalidad de justificar las decisiones de vida que hicieron.[3] Así, dado que Luker considera que el tema del aborto es secundario y que los temas centrales son los valores y las creencias vinculados con el tema, existen pocas probabilidades de que haya cambios en la opinión sobre el aborto y su legalización. Si bien el trabajo de Luker sirve para definir dos cosmovisiones, el análisis de Cook se enfoca en elementos más sutiles. En Divided Passions, Cook trabaja de manera conjunta con el aborto y la pena de muerte, lo que la lleva a clasificar a las personas en 146

OPINIÓN PÚBLICA cuatro grupos —pro-vida y anti-pena de muerte, pro-vida y a favor de la pena de muerte, pro libre elección y anti-pena de muerte, pro libre elección y pro-pena de muerte— como resultado de las posturas que pueden tener con respecto a estos dos temas. Esta división permite medir la influencia que tienen determinados elementos sobre la opinión, como es el aspecto religioso —en cuanto a la intervención que el hombre debe o no tener sobre el comienzo y fin de la vida—, el grado de intervención que debe tener el Estado, y el aspecto punitivo y retributivo que surge de castigar a los infractores de la ley. Así, por ejemplo, si la persona es pro-vida y está en contra de la pena de muerte, Cook considera que el valor más relevante para esta persona es la vida humana. Sin embargo, si es pro-vida pero está a favor de la pena de muerte, tenderá a estar mucho más preocupada porque los derechos individuales se extiendan a la vida fetal. Aun cuando no se estudió a fondo la opinión con respecto a la pena de muerte, el marco teórico de Cook ayudó a introducir elementos utilizados en su investigación en las entrevistas con las mujeres.

3.2 Elementos que sustentan las opiniones A continuación se muestran los hallazgos de las entrevistas de fondo, mismos que permitieron vislumbrar las aristas del tema así como los motivos que llevan a las mujeres a tomar una u otra postura. La pregunta que se llevó a cabo fue: está a favor o en contra (muy o algo) de que se legalice el aborto en México. Con respecto a la pregunta, vale la pena remarcar que el cuestionamiento gira en torno a si se está a favor o en contra de la legalización del aborto, dejando a un lado el tema del aborto per se. El planteamiento de la pregunta es el adecuado si se considera que ninguna mujer desea tener un aborto, aun si el contexto y determinadas circunstancias, como son los embarazos no deseados y las condiciones adversas para la crianza, llevan a algunas mujeres a optar por ese camino. 147

OPINIÓN PÚBLICA

Si bien la pregunta sienta las bases para debatir los beneficios y perjuicios de la legalización, el contenido de las opiniones gira en torno a la posición que se tiene con respecto al aborto en sí mismo y a las aristas que presenta el tema, siendo la legalización tan sólo una de ellas. Asimismo, dado que las personas esperan que el sistema legal se apegue a sus valores y creencias, las opiniones sobre la legalización, en la mayoría de los casos, son tan sólo una extensión de la postura con respecto al aborto. Sin embargo, en las entrevistas que se llevaron a cabo se encuentran excepciones, como el caso de Mirtha, mujer casada de clase media alta que es ama de casa y madre de dos hijas. Ella lleva a cabo una reflexión sobre los beneficios de la legalización, independientemente de que esto contradiga su postura original. “Yo estoy en contra de que se legalice... Lo malo es que se llevan a cabo en malas condiciones. La ventaja es que habría mejores abortos, pero más.” Sin embargo, esto no fue lo que se encontró en la mayoría de los casos. A diferencia de otros temas donde a lo largo de las entrevistas se modifica la postura original, en el tema del aborto las mujeres muestran posturas definidas desde un principio. Así, las conversaciones giran en su mayoría en torno a los argumentos que justifican cualquiera de las dos posturas. Los principales elementos que se encuentran en las opiniones están relacionados con los siguientes elementos: la definición moral del embrión, la definición de personalidad, la responsabilidad que implica el ser madre y las dificultades en la crianza de los hijos. Con respecto a la definición de persona humana y a la definición moral del embrión, uno de los hallazgos es que las personas que se oponen de manera más firme a la legalización tienden a no diferenciar entre el estatus moral del embrión y el de una persona. Así, por ejemplo, Elisa, de 26 años, que estudió computación e ingresó a la fuerza laboral tras la muerte de su padre, considera que la vida es lo más importante: 148

OPINIÓN PÚBLICA “Si la vida de la madre está en peligro sí (se debe permitir el aborto). En caso de violación, depende. Imagínate que tú hubieras sido ese producto y mereces vivir también. Es cuestión de platicar con la persona y que se pusiera en lugar de ese bebé y (preguntarle) qué sentiría.” Asimismo, está el caso de Jeanine, ama de casa de 55 años de clase media alta y madre de dos hijas, que considera que el aborto es equivalente a matar a una persona: “No estoy a favor de la legalización ni del aborto ni de nada que sea matar; nadie tiene derecho a acabar con la vida de nadie y eso (el aborto) es matar.” Si bien no se puede generalizar con base en dos entrevistas, resultó interesante que, para ambas mujeres, la vida humana tiene un valor sagrado desde su concepción hasta su fin, ya que ambas se oponen también a la pena de muerte. A la vez, las dos tienen valores religiosos muy arraigados, además de asistir con frecuencia a servicios religiosos, lo cual coincide con los hallazgos de Cook. A diferencia de los casos anteriores, las mujeres que están a favor de la legalización del aborto o que se oponen, pero de manera menos radical, muestran su preocupación por la actitud irresponsable de las futuras madres, la falta de un ambiente propicio para la crianza, así como el problema de salud pública derivado de los abortos clandestinos. Por ejemplo, Norma, de 38 años, que estudió una carrera técnica y es madre soltera de un niño, considera que ahora que hay más posibilidades de planificar cuántos hijos se quiere tener, las mujeres deberían ser más responsables y no lo contrario, como ella cree que ha ocurrido. “Yo estoy en contra. ¿Por qué ahora que estamos más liberadas y que existen tantas cosas para que se cuiden debe existir eso (el aborto)?” Asimismo, está el caso de Dolores, de 25 años y psicóloga de una primaria, quien está a favor del aborto y mostró una gran preocupación por el sufrimiento en el que incurren los niños que nacen en condiciones adversas. El argumento que sustenta su opinión tiene un vínculo estrecho con las experiencias obtenidas en su profesión. “Se evitaría mucho abandono y maltrato a menores; se evitarían problemas con los niños.”

149

OPINIÓN PÚBLICA Otro elemento que vale la pena resaltar es que las entrevistas muestran que la gran mayoría de las mujeres que están en contra de la legalización del aborto consideran que debe haber, no obstante, excepciones. Al respecto, una encuesta llevada a cabo en el Distrito Federal por el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) y la Red por la Salud de las Mujeres confirma este hallazgo, al profundizar más sobre los motivos que ameritan excepción. La encuesta muestra que el 42% estuvo a favor de mantener la prohibición pero con excepciones; el 62% consideró necesario el aborto si es producto de una violación; 59% si la vida de la madre está en peligro y 47% si el producto presenta malformaciones.[4] Con respecto a lo anterior, se puede decir que muchas de estas excepciones provienen de experiencias personales o de situaciones en las que las mujeres prevén que ellas mismas se podrían encontrar. Así, está el caso de Maricarmen, de 23 años, quien estudió hasta secundaria y ahora trabaja en una fábrica. Ella estaba en contra del aborto; sin embargo, a raíz de que tuvo una hija con síndrome de Down, cambió de opinión. “Depende de la situación; si el producto viene mal es mejor el legrado. Tuve una niña con síndrome de Down… me comunicaron después de 5 años. Era mejor porque no estaría sufriendo porque todo mundo la rechaza; prefiero que Dios me la recogiera en otra situación a que todo el mundo te la esté mal-viendo.” Así, además del impacto que tiene la experiencia personal, se percibe que el interés propio puede influir en los valores y las creencias. En lo que respecta estrictamente a la legalización, existen argumentos como el de Rosi, de 58 años y divorciada, que se dedica a dar clases de actividades manuales. Ella cree que la legalización no aumentaría las cifras. “Es un secreto a voces que se está haciendo, solamente (que siendo legal) sería mas seguro para la mujer”. Mientras tanto, las mujeres que se oponen muestran una preocupación porque suponen que al legalizar el aborto aumentaría la frecuencia de los casos y, sobre todo, la 150

OPINIÓN PÚBLICA irresponsabilidad en las mujeres. Un ejemplo de ello es Asunción, viuda de 48 años, quien se mostró en contra: “Si no, cuántas se embarazan y es más fácil abortar”. La contraposición de estos argumentos radica en la manera en la que se concibe el sistema legal y el impacto que éste tiene sobre la conducta. En el primer caso, se cree que la prohibición legal no es un impedimento para que se lleven a cabo abortos clandestinos en condiciones adversas, por lo que legalizarlo solamente traería beneficios. Mientras tanto, el argumento que se opone a la legalización considera que la prohibición legal inhibe esta práctica. Como se ve, las entrevistas sirven para entender cuáles son, en un plano argumentativo, los elementos que le dan sustento a las opiniones de las mujeres. A continuación se exponen los resultados del análisis cuantitativo. Éste utiliza un modelo de regresión logística que se lleva a cabo para sondear la relación entre variables — principalmente sociodemográficas, como son la religión y la clase social— sobre la postura frente a la legalización del aborto.

3.3 Modelo estadístico En esta parte se lleva a cabo un modelo de regresión logística donde la variable dependiente es el resultado a la pregunta: Está usted a favor o en contra (muy o algo) de que se legalice el aborto en México.[5] Ante esta pregunta el 30% estuvo a favor y el 59% estuvo en contra. Las variables explicativas que se escogieron fueron: 1) edad, 2) hijos, 3) vivir con su pareja, 4) ser o no ama de casa, 5) clase social, 6) religiosidad, 7) ubicación izquierda-derecha, 8) identificación partidista con el PRI, 9) identificación partidista con el PRD, y 10) identificación partidista con el PAN. Regresión Logística Variable dependiente: en contra de la legalización del aborto. B

E.E. 151

OPINIÓN PÚBLICA

Edad

0.017*

0.01

Hijos

-0.08

0.319

Vive con su pareja

-0.406

0.262

Ama de casa

0.471**

0.227

Clase social

-0.256***

0.049

Religiosidad

0.385***

0.118

Ubicación izquierda-derecha

-0.037

0.046

Identificación partidista PRI

0.172

0.268

Identificación partidista PRD

-0.498*

0.299

Identificación partidista PAN

-0.021

0.327

(Constante)

1.909

0.741

Pseudo R cuadrada

0.201

N

486

X Cuadrada

76.382

Sig.

0.000

Porcentaje predicho

70%

* p ≤ a .10, significativo a un nivel de confiabilidad de 90%. ** p ≤ a .05, significativo a un nivel de confiabilidad de 95%. *** p ≤ a .01, significativo a un nivel de confiabilidad de 99%.

3.3.1 Resultados de las variables explicativas Se esperaba que a mayor edad hubiera una mayor oposición a la legalización del aborto. Dado que los derechos de la mujer han ido adquiriendo una mayor relevancia, esto se le adjudica a una cuestión generacional y no a una característica inherente al ciclo de vida. La variable tiene un impacto significativo pero con un coeficiente bajo. 152

OPINIÓN PÚBLICA

El trabajo de Luker muestra que las mujeres que escogieron ser madres tienden a mostrar valores de carácter más tradicional. Sin embargo, en nuestra muestra el tener hijos no tiene un impacto significativo sobre la opinión. Con respecto al vivir con la pareja, se esperaba que hubiera una relación positiva, es decir, que el vivir con su pareja ejerciera una predisposición a estar en contra de la legalización. Esto se debe a que las mujeres que viven con su pareja tienen un mayor apoyo económico, lo cual les facilitaría la ayuda en la crianza de los hijos. Sin embargo, esta variable no tiene un impacto significativo. Dado que existe una alta correlación negativa entre el ser ama de casa y el tener un empleo remunerado, solamente se puede utilizar una de las dos variables. En este caso se utilizó el ser ama de casa, porque marginalmente dio mejores resultados. Se esperaba que las amas de casa se opusieran a la legalización del aborto, debido a que, como explican Cook y Luker, ellas optaron por un tipo de vida tradicional donde las mujeres se encargan de las labores del hogar mientras los hombres se desarrollan en el ámbito laboral. La variable sí tiene un impacto significativo. La clase social también tiene un impacto significativo sobre la opinión. La hipótesis es que las mujeres que pertenecen a niveles más bajos tienen un mayor apego a esquemas tradicionales de género. A la vez, un sinnúmero de estudios han encontrado que un mayor nivel educativo genera actitudes más pro-feministas, entre las que se encuentra la demanda por la legalización del aborto. Esto sí se cumple en el modelo. La Iglesia católica en México ha tenido una gran penetración en las ideas de las personas. De aquí se espera que entre mayor sea el nivel de religiosidad, mayor sea también la oposición a la legalización del aborto. El que la variable religiosidad tenga un 153

OPINIÓN PÚBLICA impacto significativo sobre este tema confirmó esta idea. La ubicación izquierda-derecha no tiene un impacto significativo sobre la opinión con respecto al aborto. Los términos izquierda y derecha resumen posiciones políticoideológicas sobre diversos temas (Moreno, 1999: 47). Con respecto al aborto, mientras que la derecha ha sido más renuente a darle a las mujeres el derecho a decidir sobre su cuerpo, la izquierda ha tenido un vínculo más estrecho con las causas feministas, donde se cree que la mujer debe tener el derecho a decidir sobre su cuerpo. “En lo social y lo cultural, los individuos de izquierda son más tolerantes hacia los homosexuales y el aborto y más propensos a favorecer los temas feministas y los derechos de las minorías” (Moreno, 1999: 63). Con respecto a la identificación partidista —misma que sirve como atajo informativo para tomar posturas sobre diversos temas—, se esperaría que una mayor identificación con el PRD estuviera acompañada de una postura más liberal, mientras que una identificación con el PAN correspondiera a un perfil más conservador. Esto se debe a los valores y principios perseguidos por ambos partidos, aun cuando el perfil de las personas que se identifican con éstos no necesariamente refuerce estas tendencias. De esta forma, si bien el PAN es más afín a una postura conservadora con respecto al rol de la mujer, el perfil de las mujeres que se identifica con este partido (una clase con mayor nivel de educación) es, por lo general, uno con ideas menos conservadoras. A continuación se muestra la ubicación de la media de las mujeres que se identifican con cada uno de los tres partidos en un espectro izquierda-derecha, donde 1 corresponde a estar favor de la legalización del aborto y 3 a estar en contra. Como se puede ver, el PRD se encuentra más hacia la izquierda, mientras que el PRI se encuentra a la derecha. Sin embargo, únicamente la identificación partidista con el 154

OPINIÓN PÚBLICA PRD tiene un impacto significativo sobre la opinión.

155

OPINIÓN PÚBLICA

4. Conclusiones Las entrevistas de fondo permiten constatar que, aun cuando la pregunta hace referencia a la legalización y no al aborto per se, el tema de la legalización es secundario en la mayoría de los casos y la atención se centra en la opinión que se tiene del aborto. Parte fundamental de la naturaleza del tema radica en la importancia de los valores y las creencias en la opinión sobre el aborto y la manera en la que éste debe ser regulado. Además, se comprueba el impacto de la religiosidad sobre la opinión. Esto puede adjudicársele al contenido religioso del tema, además de ser uno donde la Iglesia católica tiene una postura (en contra) claramente definida. Por otra parte, la clase social tiene un impacto importante. Son las mujeres de estratos sociales medios y altos las que poseen una mayor probabilidad de apoyar la legalización del aborto. En las entrevistas, éstas muestran más capacidad para diferenciar entre el aborto en sí y el tema de la legalización, a la vez que se mostraron consternadas por las malas condiciones en las que se practican los abortos clandestinos. A primera instancia esto parece sorprendente, ya que los abortos más riesgosos son los que se practican en los estratos sociales más bajos. Sin embargo, una de las explicaciones es que son las mujeres de un mayor estrato social las que tiene una mayor capacidad para abstraer y contextualizar la información. Las entrevistas muestran que las mujeres tienen posturas claras y preconcebidas con respecto al aborto. A la vez, esto es coherente con la idea de Luker (1984) cuando explica que la opinión con respecto al tema de aborto no cambia fácilmente, toda vez que tiene un fuerte arraigo en las personas dado su vínculo con los valores y las 156

OPINIÓN PÚBLICA creencias. Aun cuando esto se confirma, las entrevistas muestran que en este tema las experiencias personales sí pueden cambiar la opinión. Los resultados sugieren que la opinión sobre este tema también tiene un vínculo con el estilo de vida de las mujeres. Así, por ejemplo, las amas de casa se muestran mucho más renuentes a aceptar la legalización del aborto. Esto refuerza la teoría de Luker, que sugiere que la opinión sobre el aborto justifica el estilo de vida que se escogió llevar, por lo que la opinión sobre el aborto es parte de una cosmovisión mucho más amplia. Por último, resulta interesante que, aun cuando la identificación con el PRD tiene un impacto negativo en favorecer la equidad en el mercado laboral, en este caso la identificación con el partido impactó positivamente a favor de la legalización del aborto. Esto refuerza la idea de que no existe un espectro que sea pro-derechos de la mujer, sino que existen diversas vertientes dentro del tema de los roles de género. Además, el tema del aborto implica muchos más elementos que simplemente el otorgarle a las mujeres mayores derechos. De esta manera se consiguió identificar los aspectos más relevantes en la formación de la opinión, a la vez que se vislumbró, a través de las entrevistas de fondo, el proceso detrás de la formación de opinión y el contexto en el que ésta se desarrolla. La valía del estudio radica, por tanto, no sólo en sus propios hallazgos respecto a la opinión sobre el aborto entre las mujeres de la Ciudad de México y la zona conurbada, sino en haber demostrado como ambos métodos se pueden complementar en estudios posteriores de Opinión Pública.

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