46191304 Sistemas Politicos de La Antigua Grecia

March 23, 2018 | Author: ivanwk | Category: Sparta, Ancient Greece, Peloponnesian War, Slavery, Greco Persian Wars
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SISTEMAS POLÍTICOS DE LA ANTIGUA GRECIA: LAS ARISTOCRACIAS, LAS OLIGARQUÍAS Y LA DEMOCRACIA. Domingo Plácido, Catedrático de Historia Antigua, Universidad Complutense de Madrid ISBN- 84-9714Thesaurus: sistema político, aristocracia, oligarquía, democracia, Areópago, Efialtes, colonización, polis, estratego, hetería, hilota, hoplita, tiranía, Clístenes de Atenas, Clístenes de Sición, clientelismo, Argos, religión, Esprata, Atenas, Tesalia, época micénica, Olimpia, Delfos, ritos de iniciación, juegos deportivos, oráculos, Solón, esclavitud, Periandro, Polícrates, Pisístrato, ostracismo, Guerras Médicas, Pericles. • La época del renacimiento griego. Las aristocracias en el éthnos. Los santuarios étnicos. •

Los centros panhelénicos.



Las aristocracias en la pólis: el sinecismo



La comunidad campesina: el ejército hoplítico.



Las formas de sumisión internas.



La liberación de los thêtes desde Solón.



El papel de las tiranías.



La democracia.



Las Guerras Médicas y el Imperio.



La democracia de Pericles.



El imperialismo y la crisis de la democracia.

La época del renacimiento griego. Las aristocracias en el éthnos. Los santuarios étnicos. La época del renacimiento griego corresponde tradicionalmente al siglo VIII, cuando aparecen los rasgos de la civilización griega propiamente dicha, la que evolucionará a través del arcaísmo, el clasicismo y el helenismo. El concepto de renacimiento, aplicado en tiempos recientes, se refiere al hecho de que los mismos griegos consideraron que se formaba una nueva civilización, pero, como la del Renacimiento moderno europeo, se basaba en el antiguo prestigio que en este caso representaba el clasicismo y en el del renacimiento griego la época heroica, la cual consideraban que estaba reflejada en los poemas homéricos. El renacimiento tiene lugar tras los siglos oscuros, equiparados a la Edad Media por la historiografía moderna, los que siguieron a la época micénica. Ésta está caracterizada por la presencia de formaciones políticas despóticas, al estilo de las del Próximo Oriente Asiático. Los sistemas políticos propiamente griegos suelen limitarse a los que se encuadran en la época de la pólis, aunque también incluyan las llamadas formaciones étnicas, donde las poblaciones se agrupan en torno a un lugar común, sin la presencia de gobiernos propiamente monárquicos. Efectivamente, después de la desaparición de los palacios micénicos, se desarrollan paulatinamente formaciones aristocráticas que concentran tierras y hombres en torno a ciertos lugares controlados por los basileîs, entendidos como príncipes aristocráticos capaces de aglutinar poblaciones en relaciones del tipo de las clientelas. Los hombres realizan funciones productivas o militares bajo la dirección del jefe que,

con sus medios, se encuentra en condiciones de ofrecerles protección y participación en el reparto de los beneficios de la producción o del botín. Las residencias de algunos de estos jefes se transformarían en lugares de culto al aglutinar a las poblaciones del entorno. Así, el mapa de la Grecia del final de la Edad Oscura está formado por grandes centros de reunión que articulan las poblaciones, organizadas en torno a los príncipes y con carácter religioso cada vez más acentuado. Muchas veces el lugar de culto se apoya en lugares micénicos de cierto prestigio, donde puede haber tumbas, altares o palacios. Las aristocracias constituyeron, pues, el centro de las actividades y el control de las tierras en el éthnos. Así se produce en proceso de formación de las entidades que van cobrando personalidad a lo largo de los siglos oscuros, para desembocar en las realidades de inicios del arcaísmo. Los santuarios étnicos cobraron del mismo modo gran importancia, a veces como herederos de los centros del poder aristocrático. Se hicieron en ocasiones paulatinamente centros de futuras confederaciones. El caso más notable está representado por Etolia, población que vivía distribuida en aldeas sin fortificar, que se reunía dos veces al año, antes y después de la época estival en que se desarrollaban las campañas militares, y que dedicaba una gran parte de su actividad a la guerra. Polibio V 7-8. 6 (Gredos) se refiere al punto de reunión de la confederación o koinón en el santuario de Apolo en Termo como acrópolis de toda Etolia. Termo es en efecto el caso mejor conocido, ya que su existencia perduró hasta la época helenística. Constituían el centro de una población dispersa con rasgos y prácticas comunes. Además de Termo como centro de los etolios destacan también algunos otros centros, como Asine, que luego sería absorbido por la ciudad de Argos, cuando ésta se haga más poderosa al inicio del arcaísmo, cuando su rey Fidón se transforme en tirano al modernizar las relaciones internas de la pólis y organizar un ejército hoplítico. Entonces, un templo situado en el espacio extraurbano, el de la Hera Argiva, servirá precisamente para marcar la superioridad de Argos sobre las comunidades que antes constituían una etnia. En este caso, por tanto, la historia de una comunidad étnica se intercala con el desarrollo de las ciudades estado o póleis, que se consideran las formas de organización más características de la Grecia arcaica. Sin embargo, su historia resulta incompleta si no se hace alusión a estas otras comunidades que parten del final de la época oscura, unas veces para esfumarse bajo la trayectoria predominante de la pólis, otras para constituir un mundo marginal, pero inevitable para comprender las relaciones de los distintos territorios de Grecia entre sí. En Eubea, los grandes monumentos tumbales de Eretria y Lefkandí representan el poder de las aristocracias antes de que se organicen las póleis correspondientes, las que luego se enfrentarán en la Guerra Lelantina por el control político del territorio, en una guerra hoplítica. La organización de las ciudades integrará las tumbas heroicas dentro de su territorio, pero transformadas ya en centros del culto de las divinidades políadas que pasarán a constituir el panteón olímpico. Nicoria será el centro cultual de los mesenios después de la desaparición del Palacio de Néstor y antes de las guerras por las que el territorio y la población pasaron a depender de la hegemonía espartana. En Feras, en Tesalia, se hallan depósitos aristocráticos desde el siglo VIII. El santuario aparece dedicado a Enodia, nombre que hace referencia a los caminos. Se encuentran sobre un cementerio abandonado, en el que hay ofrendas en tumbas heroicas de antepasados de la comunidad. El lugar muestra una fuerte tendencia a convertirse en lugar de culto pantesalio. Las comunidades que constituyen el fundamento de

la Liga Tesalia de tiempos históricos se han ido configurando como unidad en torno a santuarios comunes. Kalapodi es un santuario de Ártemis, entre Lócride y Fócide, sobre tumbas del Heládico Tardío, es decir, de la época de los reinos micénicos. Luego se encuentran allí los depósitos aristocráticos. Al final se transforma en un lugar de culto panfocidio, lo que se traduce en el control de época clásica de Hiámpolis, centro protourbano que asume la función de unificar políticamente el territorio. Las estructuras clientelares se organizan, pues, en torno a las tumbas principescas, como lugares representativos del poder de las familias que han sido capaces de apropiarse de la tierra y asentar su poder sobre la comunidad. El período oscuro es el espacio cronológico clave para la formación de dichas estructuras políticas, entre los palacios y las ciudades. La redistribución se realizaba de maneras múltiples, pero una de ellas, de importancia determinante, fue que los lugares donde habitaban los príncipes se convirtieran en sede de los lugares de comensalidad, donde el jefe hacía la distribución de los recursos en una transposición al palacio de la labor que los jefes cazadores realizan en el campo. La basileía, entendida como sistema aristocrático a la caída de las monarquías micénicas, constituye, pues, un marco extendido por toda Grecia, donde los señores tienen capacidad para agrupar a su alrededor las poblaciones, tanto en el ámbito productivo como en el defensivo. En Atenas está representado por la época que míticamente se identifica como la anterior a Teseo, cuando cada comunidad vivía en sus propios campos, con sus propios santuarios y sólo se unían por razones militares. Arqueológicamente se nota cómo se agrupan las poblaciones del Ática en torno a diversos santuarios, el principal de los cuales sería precisamente el de la Acrópolis, dedicado a Erecteo, que había ejercido la basileía en tiempos míticos. Junto al basileús, se desarrolla una amplia aristocracia que centra su poder en las unidades familiares y productivas representadas por el oîkos. La dispersión humana y productiva sólo se corrige en una unidad ocasional por razones militares, como dice Tucídides al tratar de la Atenas anterior a Teseo, y en una unidad cultual que se refiere al héroe en torno a cual se organizan las dependencias jerarquizadas. Los centros panhelénicos. Algunos de los lugares de culto de origen local, con raíces en el mundo micénico, vieron funciones generalmente transformadas. A partir de los cultos dedicados a las tumbas de los antepasados de las familias poderosas, se crean santuarios que se transformaron luego en sede de centros panhelénicos, como Olimpia o Delfos. En Olimpia se veneraba la tumba de Pélope, héroe que se vinculaba a las tradiciones micénicas del Peloponeso. Varias son las narraciones legendarias que se refieren a sus funciones primitivas como lugar de reunión de las colectividades, al estilo de la que seguían celebrándose en Termo, pero con la peculiaridad de que aquí proyectó pronto su funcionalidad hacia territorios más lejanos. En principios son los eleos, los epeos y los etolios los que participan en las fiestas comunes, hasta que se erige la ciudad de Pisa en el centro de las actividades con capacidad para atraer participantes de todo el Peloponeso, primero, y de toda Grecia, más tarde. En la época del desarrollo aristocrático de determinadas regiones, como la Argólide y Laconia, el centro cultual ganó el suficiente prestigio para que fuera reconocido como centro de manifestaciones religiosas de las distintas comunidades griegas que, paralelamente, van adquiriendo conciencia de entidad

panhelénica. A ello contribuye sin duda el desarrollo paralelo de la poesía épica, que fomenta el mismo espíritu encarnado en la acción común representada por la Guerra de Troya. Los representantes de las grandes familias de toda Grecia comienzan a realizar ofrendas valiosas que exaltan su prestigio a escala panhelénica, como para fortalecer su propio poder en la ciudad de origen, precisamente en los momentos en que paralelamente al panhelenismo se va configurando el particularismo de las ciudades estado. Los santuarios panhelénicos se transforman en la gran caja de resonancia para aumentar el prestigio aristocrático de aquéllos que pretenden controlar la situación interna en sus propias comunidades. Los procedimientos, junto con las ofrendas valiosas, se definen a través de las competiciones agonísticas. Todos compiten en unos juegos que subliman a escala panhelénica las antiguas pruebas iniciáticas propias de cada comunidad. Las pruebas que superaban los jóvenes para ser admitidos en los organismos propios de los varones, las pruebas que definen a los efebos como capaces de participar en el ejército de cada comunidad, se elevan hasta hacer que el prestigio de los ganadores sea reconocido en toda Grecia y sus victorias sean cantadas por los grandes poetas, como Píndaro o Baquílides. Al mismo tiempo, se sistematizan en su identificación con los personajes del mito, de forma que aparecen como héroes, imitadores del héroe por antonomasia, Heracles, que guiado por Hera supera todas las pruebas hasta iniciarse en la divinidad en su matrimonio con Hebe, símbolo de la juventud activa de los efebos. Por otro lado, la panhelenización de las aristocracias trae consigo también el reconocimiento panhelénico de viejos centros oraculares, que ahora se transforman en modos de transmisión y conservación del poder y de instrumentos de difusión de la ideología aristocrática. Delfos, principalmente, se erige en el santuario oracular más representativo, con influencia entre todos los griegos, capaz de intervenir directamente en la política de las ciudades en formación, en un proceso creciente que permitirá su intervención en uno de los fenómenos más característicos de la primera época de la historia de la pólis, la colonización. En gran medida, éste se erige en creadora de modelos urbanos e institucionales en la fundación de las ciudades. La colonización se halla, pues, en el eje de las transiciones entre las comunidades panhelénicas aristocráticas y la organización de la ciudad estado. Las aristocracias en la pólis. El sinecismo. Las transformaciones que tuvieron lugar en el período de transición al arcaísmo fueron la respuesta a situaciones conflictivas derivadas de las relaciones clientelares como las que se reflejan en Hesíodo, Trabajos, 202-224 (Gredos). Allí se ve cómo los campesinos se enfrentan a problemas vitales que proceden del deseo de los basileîs de obtener ganancias de ellos. Las tensiones surgen cuando los campesinos pretenden acceder a una posición relativamente autónoma. El concepto de basileía presente en la sociedad aristocrática significa precisamente que el campesino se halla en situación de dependencia clientelar, por mucho que pueda obtener ciertos beneficios a cambio. Los campesinos honran en principio al príncipe como a un dios, con sus ofrendas (Ilíada, IX 155) (Alma Mater). La cultura del regalo presente en los poemas homéricos se manifiesta no sólo en la reciprocidad aristocrática como la que está presente en el encuentro de Glauco y Diomedes en la Iliada, sino también en los dôra (“regalos”) a que se ven obligados los inferiores, los campesinos, en sus relaciones asimétricas. Cuando la reciprocidad es desigual se convierte en opresión.

También las primeras manifestaciones panhelénicas estaban teñidas de esta desigualdad, pues en los Juegos como los de Eubea se rinde homenaje al héroe Alcidamante, gracias al cual los concursantes obtienen como premios los trípodes que depositan en el santuario de las Musas, como hace Hesíodo. De este modo el aedo puede ejercer su función de cantar a los reyes, como la Musas cantan a Zeus, con lo que favorecen la definición del carácter divino de los reyes. Las tumbas y la poesía épica colaboran en la misma dirección para crear los aspectos ideológicos de la sociedad aristocrática. De hecho, el héroe Alcidamente se ha relacionado con el héroe de Lefkandí, el que estaba enterrado en la tumba principesca de la isla de Eubea, signo de un poder que lo capacita para la concentración de las poblaciones antes de la aparición de la pólis. El primer resultado del conflicto se derivó de la reacción de las aristocracias, pues éstas, desde los centros de poder local, se concentran en la pólis, como modo de ejercer la solidaridad de la clase ante el campesinado dependiente, cuando se manifiestan las primeras tensiones. La ciudad se produce como efecto del sinecismo, synoikismós, por el que los oîkoi agrupan sus posibilidades en un gran movimiento de solidaridad aristocrática. Los príncipes consiguen imponer su poder desde los nuevos centros de reunión, germen de la pólis. Éstos se aprovechan de las tradiciones principescas, pues normalmente los centros públicos se vinculan espacialmente con tumbas aristocráticas, para que la presencia de los príncipes se haga visible en las nuevas concentraciones. El ágora de Atenas era previamente un espacio cubierto de tumbas de la aristocracia, y los lugares políticos se concentrarán en el área occidental, donde había algunas tumbas, entre ellas la que se dedicaba al culto del Héroe Estratego, lugar en el que se situará el cuartel general de los estrategos como cargos políticos pertenecientes a la ciudad hoplítica. Las instituciones comunes iniciales sirven de instrumento en defensa de los intereses de los aristócratas poseedores de los oîkoi, como entidades económicas y familiares que sirvieron de base al sinecismo. Se produce así la creación de las instituciones aristocráticas. Según Tucídides, el sinecismo de Teseo significó precisamente la creación de un solo consejo y un solo pritaneo. En Atenas, el consejo, la boulé, es en principio un órgano representativo de la aristocracia, seguramente identificado con el Consejo del Areópago, que seguiría siendo a lo largo de la historia un organismo caracterizado por el prestigio que le daba su origen, heredero a escala panhelénica de la boulé de los poemas homéricos, donde se reúnen los basileîs, llamado también como tales gérontes, de quienes se compone la gerousía, originariamente consejo de ancianos, como el senado romano, pero en la práctica reunión de aquéllos que tienen prestigio, que son reconocidos como áristoi, excelentes, por la comunidad. También en la ciudad aristocrática se desarrolla el arcontado, el de quien ejerce la autoridad, arché, de acuerdo igualmente con su posición social, relacionada con los orígenes, por los que se vinculan con las aristocracias heroicas. Junto a los organismos colectivos de la aristocracia, se hallan también los cargos individuales, por los que se gobierna la ciudad, que permite que cada uno demuestre sus cualidades, que se transfieren así del heroísmo guerrero a la práctica política. Muchos aristócratas ganarán el reconocimiento de la ciudad por su labor en ella y por sus méritos en las pruebas agonísticas panhelénicas, con las que pretenden sustituir los méritos de la guerra, que sirven de apoyo genealógico a su aristeía. Las ciudades se agrupan ahora de acuerdo con el sistema tribal, que servía probablemente de base también a las comunidades antes de organizarse como comunidades cívicas. El sistema tribal (phylaí), que se estructura a partir de las organizaciones que representan a las fratrías, como comunidades

superiores a los géne, eje de las relaciones propias de una aristocracia gentilicia, halla su materialización en las instituciones de la ciudad. La tradición aristotélica se refiere a una agrupación de menor a mayor, en que los oîkoi se agrupan en géne, éstos en fratrías y éstas en tribus, para formar finalmente la ciudad; pero también se refiere en otro pasaje a las ciudades como agrupación de aldeas. En cualquier caso, en el inicio de la ciudad aristocrática, el génos desempeña un importante papel como modo de agrupamiento de los aristócratas y como modo de aglutinar las clientelas en trono a dichas aristocracias. El génos aparece como eje en la configuración de la fratría, en que la tradición veía unos instrumentos de actuación de los grandes géne. Entre los conocidos destaca el génos de los Alcmeónidas, que ejerció un protagonismo político importante a lo largo de toda la historia de la ciudad de Atenas, a través de sistemas aristocráticos o democráticos. El peso de la organización gentilicia se revela enormemente importante. Aristóteles dice que las doce fratrías primeras en que se agrupaban los géne se agrupaban a su vez en cuatro tribus, de tres fratrías cada una, lo que permite establecer una comparación con el calendario, de doce meses agrupados en cuatro estaciones. En el sistema tribal, órgano de influencia de la aristocracia, funciona tanto el ejército como las instituciones representativas que se basan en las estructuras correspondientes: génos, phratría, phylé. Tucídides, II 15 (Alianza Editorial). Plutarco, Teseo, 24-25 (Domínguez, etc., 1.5); sin embargo, serán los eupátridas, los representantes de los grupos gentilicios más destacados, los encargados de los asuntos divinos, las magistraturas y las leyes. La ciudad ha resultado ser en principio un nuevo marco para el ejercicio del poder de la aristocracia. La comunidad campesina: el ejército hoplítico. Sin embargo, entre tanto tiene lugar el proceso de apropiación de la tierra por la comunidad campesina, en tensiones a veces dramáticas con las mencionadas familias aristocráticas. Ésta circunstancia es la que permite la formación de un ejército hoplítico liberado de las dependencias clientelares de la aristocracia. Los antiguos guerreros de las masas de los laoí de los poemas homéricos, los que formaban la falange como entidad dependiente, pasan a organizarse de modo independiente, aprovechando precisamente el marco de las instituciones que permite la ciudad. Ello significó la ocupación intensa del territorio y la definición del dêmos rural. De manera inmediata se inaugura un período de luchas derivado del conflicto relacionado con la ocupación de la tierra y de las formas de control de la vida de la comunidad, es decir, de la política, con raíces en el proceso mismo de formación de la pólis. El resultado fue en muchos casos la promulgación de leyes capaces de regular la vida de dicha comunidad política. En general, entre los aristócratas destacan individuos capaces de comprender que la moderación en las formas de explotación puede ser más productiva que los excesos como los denunciados por Hesíodo. Solón será un ejemplo notable, entre los que contribuyeron a crear la mentalidad que caracterizaría el oráculo de Delfos: nada demasiado. Solón pone de relieve que, desde su punto de vista, para evitar la violencia del dêmos, es preciso poner freno a la explotación desmedida por parte de los poderosos. Así se configura una pólis cuyo protagonista colectivo será el dêmos rural, aunque el protagonismo individual

siga estando en los miembros de las grandes familias, como el propio Solón, o los propios tiranos, que en cierto modo contribuirán a la estructuración de la ciudad hoplítica. En otras ciudades, sin embargo, las reacciones aristocráticas tienden a encerrarse en sí mismas, y son significativos los modos de expresión de algún poeta, como Teognis de Mégara, que reacciona violentamente ante las pretensiones de los miserables de acceder a los derechos propios de los “buenos”, cuando no son más que individuos comparables a animales de carga. En otro ámbito, también fue una consecuencia del proceso la fundación de colonias como modo de distribución de tierras entre quienes las reclamaban en la metrópolis, a base de hacer partir una parte de la comunidad que había quedado privada en el momento de la ocupación del espacio por el campesinado. En la Odisea, VI 1-12 (Gredos), resulta muy ilustrativa la descripción del espacio de la isla de Esqueria. En la ocupación por parte del dêmos hoplítico, junto al equilibrio se desarrollan igualmente los desequilibrios, al crearse una comunidad de los privilegiados que habían accedido al disfrute de la tierra cívica. Seguramente fue en las comunidades coloniales donde el campesino poseedor de la tierra cívica adquiere derechos como para integrarse en la comunidad y asentarse como una potente oligarquía. Pero también en Esparta el propietario campesino logra su asentamiento como comunidad minoritaria, capaz de asentarse en unos derechos sólidos, defendidos difícilmente frente a los excluidos. Éste será el modelo de pólis más difundido en el mundo de la Grecia arcaica. Estas comunidades, entre las que destaca Esparta, se caracterizan por la formación de un ejército en que el soldado se identifica con el ciudadano y el propietario de la tierra, el hoplita, concepto político, militar y social al mismo tiempo. Esta tropa, heredera de la infantería que se subordinaba en la sociedad heroica a la aristocracia ecuestre, tiene que costearse un armamento pesado, de casco, coraza, lanza, espada, grebas o canilleras, pero ello les da a sus soldados unos derechos que les permiten sentirse unos privilegiados, hasta el punto de asumir como clase una conciencia aristocrática, que les hacía en ocasiones representarse en la artes plásticas en formas que imitaban al luchador singular, lo que da tantísima trascendencia a la difusión de las poemas homéricos en las ciudades así organizadas. Los organismos de gobierno tienden a formarse con la participación de estos ciudadanos, pero su mentalidad aristocratizante facilita la asunción de una mentalidad jerárquica que permite conservar el monopolio en muchos casos a las familias de la aristocracia de sangre, como fue el caso de la ciudad modelo de los hoplitas, Esparta. Las formas de sumisión interna. En estas comunidades, en efecto, entre las poblaciones que no obtiene la tierra ni se marchan en busca del territorio colonial, se desarrollan formas de sumisión internas, como las que se definen “entre libres y esclavos” en Pólux, III 75. De entre estas poblaciones los más conocidos son los Hilotas, dentro de la formación de la ciudad en Esparta, que quedaron privados de la tierra cívica y sometidos a la realización de trabajos forzados a favor de los que habían conseguido los privilegios políticos gracias a la obtención de la tierra. Sin embargo, el sistema se consolidó cuando los espartanos conquistaron Mesenia y sometieron a su población a la condición de hilotas. De este modo, la oligarquía hoplítica espartana se convertía en la cabeza de una importante hegemonía en el Peloponeso, que condicionó en gran parte la historia posterior, siempre tendente a consolidar su dominio y a evitar los movimientos que pudieran ponerlo en peligro. Por ello, no sólo evitaba todo tipo de transformación en el plano económico, que

pudiera introducir dinámicas que alteraran el equilibrio del sistema agrario, sino que se convirtió en el máximo enemigo de los cambios políticos que en gran parte de Grecia estuvieron representados por la creación de las tiranías. Los hoplitas espartanos se contentaban con tomar parte en una asamblea, apélla, controlada por la gerousía, o consejo aristocrático, donde se permitía la pervivencia de dos basileîs pertenecientes a la estirpe heroica de los Heraclidas. Pero también se habla de los penestas, que existen dentro de las estructuras del éthnos de los tesalios, consecuencia de la concentración en torno a los santuarios representativos de la aristocracia, aunque esta población parece ser mayoritaria frente a las minorías étnicas que constituyen la comunidad tesalia privilegiada; aquí la clase dependiente se ha creado al margen de cualquier estructura relacionada con la pólis, pues la apropiación aristocrática de la tierra no sólo ha creado dependencias clientelares, como las existentes en otras comunidades del mismo signo, sino que han sometido colectivamente a formas coactivas de trabajo a la comunidad campesina. El caso de los mariandinos parece un poco especial, como población sometida en el momento de la fundación de una colonia, en Heraclea Póntica: los colonos se apoderan de la tierra y someten a dependencia a los aborígenes, como también hicieron los corintios que fundaron Siracusa en Sicilia con los cilirios. Las fuentes hablan en estas ocasiones de pactos de servidumbre, como si fueran el efecto de una sumisión voluntaria, al estilo de la que se enuncia en las relaciones clientelares, como pacto por el que ambas parte salen ganado, si una ofrece su trabajo a cambio de protección. Los gimnetas y los corinéforos, de Argos y Sición respectivamente se definen al modo de los thêtes atenienses, los que siendo libres se ven obligados a trabajar como esclavos, y con un criterio militar, pues tanto los primeros, “desnudos”, como los segundos, “portadores de garrotes”, se diferencias terminológicamente de los hoplitas que son los capacitados para obtener el control en las nuevas entidades cívicas controladas por los posesores de la tierra. La liberación de los thêtes desde Solón. La liberación de los thêtes de la dependencia es precisamente lo que caracterizaría la sociedad ateniense desde Solón, junto con la revitalización de las asambleas en las que se expresa la comunidad. De este modo fortalecía la comunidad con la participación de poblaciones más amplias, capaces de constituir un bloque histórico en oposición a los privilegios aristocráticos, con el apoyo de los sectores de la aristocracia que habían comprendido que en sus rivalidades internas como aristócratas podían fortalecerse gracias al apoyo del dêmos. Las magistraturas en el sistema soloniano se desempeñan por los miembros de la comunidad hasta incluir a los hoplitas, los que poseen una parcela de tierra suficiente para sufragarse los gastos que van unidos a la participación en la infantería pesada. Por eso el sistema promovido por Solón es definido como sustancialmente hoplítico. Políticamente, parece propiciarse la actividad de la boulé, tal vez como nueva institución de cuatrocientos miembros de participación más extendida que el antiguo Areópago, y de la Asamblea con participación de los thêtes. Los thêtes aparecían identificados con los pelatas, término que servía a los griegos para traducir el correspondiente a los clientes romanos y etruscos, los que se han quedado sin tierra en el momento de la apropiación campesina, por lo que no podían tomar parte en el ejército hoplítico y dependían de los poderosos; algunos incluso habían sido vendidos como esclavos. La descripción más frecuente de los términos del problema planteado en estos momentos es la de que estaban esclavizados ellos y la tierra,

tenían que pagar un importante tributo, como hectémoros, y estaban cargados de deudas. A través de éstas podían ser esclavizados. La esclavitud por deudas es en definitiva el mecanismo de sumisión a la esclavitud de las poblaciones internas, sobre los clientes incapaces de aportar los tributos que se les exige por obtener medios para cultivar la tierra. De este modo, se crea en Atenas la práctica consistente en que no se puede esclavizar a los ciudadanos. La alternativa a la explotación de los dependientes internos promovida por Solón es la esclavización y la compraventa en los mercados. Tanto en la época de Solón como en la de los tiranos el desarrollo de los intercambios de mercancías a amplia escala facilitó el desarrollo de las formas de esclavitud mercancía, con los hombres incluidos en ese concepto. La ciudadanía se convierte así en un arma defensiva contra la esclavización y por tanto en un concepto de amplio espectro en el desarrollo de las formaciones políticas de la épocas arcaica y clásica. Muchos de los conflictos internos tendrán como modo de manifestación los modos de entender y aplicar los derechos de ciudadanía, que serán por ello un tema estelar en la Política de Aristóteles. El papel de las tiranías. El papel de las tiranías, en general, consistirá en la configuración del marco ciudadano de la sociedad hoplítica, con la garantía de la libertad para los thêtes. Son ellos quienes en general desarrollan las actividades de la ciudad como tal, con el traslado al ámbito urbano de prácticas culturales y religiosas como las Dionisias en Atenas, germen del desarrollo de los festivales trágicos. Por otro lado, el escenario de la pólis no ha eliminado el papel de las aristocracias, pero éstas se ven obligadas a adoptar otros comportamientos, que desde luego no son asumidos por todos sus miembros. Algunos percibieron que su futuro poder se apoyaba necesariamente en los nuevos sectores sociales, mayoritariamente en los hoplitas, pero también en la promoción de los thêtes, como clase que podía permanecer libre de dependencias si se aprovechaba el impulso de las colonizaciones y los intercambios en la promoción de un activo mercado de esclavos. Personalmente, pues, el tirano llega al poder como resultado de las rivalidades entre aristócratas, con apoyo en sectores hoplíticos y populares. Su figura se entiende en una sociedad aristocrática en transformación, donde los miembros de las familias han perdido su poder independiente en el desarrollo de la pólis y donde la solidaridad que había permitido la formación de ésta ha sido desbordada por el desarrollo de las transformaciones sociales que permiten la aparición de la sociedad hoplítica, el protagonismo de los thêtes y las actividades mercantiles de amplio alcance que facilitan la existencia de los mercados de esclavos. Algunos tiranos tuvieron un protagonismo destacado en el desarrollo de los intercambios, como los tiranos de Corinto, Cípselo y, sobre todo, Periandro, herederos de las actividades que ya había realizado los miembros de otra familia aristocrática, los Baquíadas, grandes propulsores de las fundaciones coloniales. Polícrates de Samos llegó a ser también muy famosos por sus riquezas, lo que lo asimilaba a un señor oriental, característica ésta que está igualmente presente en otros casos, pues la nueva acumulación de poder, frente a sus congéneres aristocráticos, les imponía unas prácticas que tendían a hacer crecer un prestigio que a la larga se reveló muy frágil. Querían ser como reyes al estilo de los reyes de Lidia, como Creso o Midas, caracterizados por su riqueza. Incluso se dice que el término tirano procede de estas lenguas del interior de la península de Anatolia.

En Atenas, un primer intento de tiranía, representado por Cilón, de ilustre familia, apoyado por la tiranía de Mégara, fracasó por la actuación de otras familias aristocráticas, como la de los Alcmeónidas, que por cierto se relacionaban con la familia de los tiranos de Sición. Éste imitaba a los antiguos personajes de los ciclos heroicos, como Enomao, cuando ofrecía la mano de su hija al vencedor de las pruebas olímpicas. Se llamaba Clístenes, como el fundador de la democracia ateniense. Más tarde, quien consiguió una tiranía estable fue Pisístrato, de familia que remontaba su abolengo a los Neleidas de Pilos. Se enfrentó con otras familias aristocráticas, entre ellas de nuevo a la de los Alcmeónidas, con la que llegó a un acuerdo ocasional cuando se casó con la hija de Megacles. El sistema, según Heródoto y Aristóteles, no fue duro, sino más bien populista. La estabilidad duró mientras vivió Pisístrato, pero en la época de sus hijos, Hipias e Hiparco, se reveló el conflicto con otras familias aristocráticas, a través de fricciones que se relacionaban con las relaciones homosexuales vinculadas a determinadas prácticas iniciáticas insertas en los gimnasios y escuelas, lo que terminó con la actuación de los tiranicidas, Harmodio y Aristogitón. La muerte de Hiparco endureció la actuación de su hermano Hipias. La democracia. La democracia se impone igualmente en medio de las luchas entre heterías. Hipias en efecto fue derrocado con la participación de varias familias apoyadas en sus heterías, en las organizaciones clientelares que seguían vigentes en el plano político y militar, aunque habían perdido su funcionalidad esencial del terreno económico. Iságoras obtiene además el apoyo espartano, pero Heródoto, V 69 (Gredos) destaca el apoyo del dêmos a Clístenes, que lo convirtió en su hetairía, precisamente porque se encontró en posición débil. El político Alcmeónida pretende controlar la ciudad como lo han hecho los tiranos, no en vano era nieto de tiranos, pero los conflictos entre rivales de la aristocracia lo obligó a poner en marcha un programa que incluyera las aspiraciones del dêmos. No es Clístenes quien funda la democracia con el apoyo del dêmos, sino el dêmos quien la funda con el instrumento de Clístenes, dado que sólo los aristócratas tienen capacidad real para el protagonismo político. Entre sus medidas estuvo la integración de extranjeros y esclavos metecos, es decir, de quienes por no estar incluidos en la ciudadanía como extranjeros o metecos podían convertirse en esclavos, dado el giro que venían adoptando los acontecimientos desde la definición de los nuevos sectores protagonistas de las acciones políticas de la comunidad. Las reformas trajeron consigo la reestructuración de la ciudadanía y del sistema tribal. En éste la base gentilicia de las tribus será sustituida por una base territorial, con eje en los demos considerados como distritos territoriales, base en el futuro de la nomenclatura de los atenienses que ya no se conocerán por el génos, sino por el dêmos, el tipo “Clístenes Alcmeónida” se sustituirá por el tipo “Sócrates de Alopece”. En el plano político, la nueva boulé, de quinientos miembros, está formada por cincuenta individuos de cada una de las diez tribus, que adoptan nuevos nombres derivados de la mitología ática, ajenos a las grandes familias de la aristocracia. Cada tribu ocupa la pritanía un mes al año, que serán así diez también, en una especie de proyección del sistema antiguo, donde Aristóteles veía una relación entre las tribus y las estaciones. Los doce meses sólo se conservarán en el calendario religioso y festivo. Cada una de las tribus está dividida en tres trittýes, cuya funcionalidad es simplemente distributiva, para hacer que en cada una estén representados los demos de las tres grandes zonas en que ahora se divide el Ática, la paralia o costa,

la mesogea o territorio interior y el ásty o centro urbano. De este modo todos los distritos están igualmente distribuidos al margen de las relaciones clientelares. Una característica digna de destacarse de las medidas de Clístenes fue la institución del ostracismo, por la que se expulsaba de la ciudad, sin perjuicios adicionales, al individuo que pareciera a la asamblea peligroso de intentar convertirse en tirano. Afectó naturalmente a miembros de la aristocracia, cuando ya el pueblo había encontrado un modo de afirmar su protagonismo sin necesidad de tutelas personalistas. Las Guerras Médicas y el Imperio. Tras las reformas de Clístenes, en un momento en que la historia ateniense parecía disfrutar de momentos de estabilidad, la presencia persa en las ciudades de Asia Menor terminó por provocar, por iniciativa del tirano Aristágoras de Mileto, una rebelión que contó con la ayuda de los atenienses. El fracaso de la expedición enviada y la subsiguiente destrucción de Mileto invitó al poeta Frínico a escribir una tragedia sobre el tema que, según se dice, provocó las lágrimas de los atenienses. El corego de la tragedia fue Temístocles. Parecen definirse así actitudes claramente hostiles a los persas, que se manifestaron en la reacción ante la invasión de Darío, que llegó a desembarcar con sus tropas en Maratón. La reacción ateniense estuvo protagonizada por el ejército de los hoplitas bajo el mando de Milcíades. Sin embargo, después de la batalla los conflictos internos atenienses no cesaron. La manifestación más evidente fue la condena al ostracismo de una serie de personajes. Se decía que detrás de esta actuación de la asamblea estaba la dirección política de Temístocles, que iba pergeñando un programa de lucha contra los persas que diera el protagonismo al sector de la población que no contaba con la tierra cívica suficiente como para poder participar en el ejército hoplítico. De este modo, ante la nueva invasión de los persas, esta vez dirigida por Jerjes, la reacción se centró en la flota, por lo que protagonismo y la promoción política favoreció el papel de los thêtes, que desempeñaban su papel militar como remeros. La victoria favoreció el desarrollo de una hegemonía marítima que terminó en la formación del Imperio. Las Guerras Médicas y el Imperio que como consecuencia se formó en torno a Atenas significaron por tanto la consolidación de la democracia, donde se justifica como acción ciudadana, no solo la participación guerrera de los hoplitas, sino también la de los thêtes a través de la flota. El tiempo transcurrido de Maratón a Salamina fue también el de la consolidación de la democracia frente al sistema hoplítico. El nuevo protagonismo militar sirve de base para una nueva orientación que definirá el régimen democrático, visto por algunos, como Platón o Plutarco, como un sistema degenerado porque elimina las posibilidades de protagonismo y de expresión del campesinado. De todos modos, el optimismo del triunfo frente a los persas fomentó un patriotismo conservador que permitió que se hicieran con el control del dêmos algunas familias que basaban su influencia en formas clientelares de tipo aristocrático, como Cimón, hasta que se produjeron las reformas de Efialtes, que se aprovechó de fracaso de aquél intentando ayudar a los espartanos frente a los hilotas que se habían rebelado y refugiado en el monte Itome. De este modo se acabó la influencia de Cimón, que según Plutarco era benefactor, pero no democrático, sino oligárquico y filoespartano. La democracia en tiempos de Pericles La consecuencia de las reformas a la larga fue la democracia como se manifiesta en la época de Pericles, en que la redistribución se lleva a cabo por un procedimiento público, la misthophoría, frente a evergetismo que había protagonizado Cimón, repartiendo sus propias riquezas y abriendo al pueblo las

puertas de sus posesiones. Según Plutarco, Vida de Cimón, 10, Cimón obtenía ganancias y al repartirlas conseguía medios para obtener más ganancias. Los rasgos de la democracia en su apogeo son perceptibles en los discursos que Tucídides pone en boca de Pericles, por ejemplo en el Epitafio por los muertos del primer año de la Guerra del Peloponeso (II 3546), pero también en el violento pero lúcido escrito antidemocrático del Pseudo Jenofonte, I 2-5. Las características sobresalientes son la designación por sorteo, el protagonismo de los marinos y la redistribución pública a través del misthós. En este sistema se llevó a efecto el protagonismo del pueblo, que casi podía vivir de la política gracias a la nueva distribución pública, aunque la presencia de los políticos y oradores implicara desde luego la posibilidad de la manipulación. El balance con todo refleja hasta qué punto se consiguió la concordia en un sistema sin duda de privilegio del ciudadano, porque contiene la mayor amplitud en la participación y el disfrute de la democracia que ha existido en la historia hasta la revolución francesa. Pericles hace constar que el pueblo ateniense se ha convertido en la potencia hegemónica de Grecia, el cual no tenía nada que imitar de nadie, sino que era la “escuela de Grecia”. Ellos favorecían a los demás, por lo que todos le debían algo y podían vivir de la importación sin necesidad de explotar ni siquiera las propias tierras del Ática. Atenas podía considerarse, desde ese punto de vista, como una isla. De este modo se expresa la superioridad ateniense, cuya postura se ha comparado a la del aristócrata evérgeta como Cimón, que apoya su hegemonía en su capacidad de repartir beneficios. El imperialismo y la crisis de la democracia Sin embargo, tal superioridad produjo reacciones entre los propios miembros del Imperio y pronto empezaron a manifestarse las reacciones, apoyadas en ocasiones por los rivales de Atenas, sobre todo por Esparta. El imperialismo como modo de desarrollo de la hegemonía ateniense tras las Guerras Médicas fue, pues, el escenario de las contradicciones entre Atenas y sus aliados y posteriormente de la crisis de la democracia, tal como se enuncia en el discurso de Cleón en Tucídides, III 37. El “miedo” al poder ateniense, dice Tucídides, provocó la reacción y fue, en el fondo, la “causa más verdadera” de la Guerra del Peloponeso. El desarrollo de las teorías del más fuerte dentro de la democracia, cuando los atenienses llegaron a creer que su superioridad les daba derechos sobre los demás, significó el comienzo de la destrucción del pueblo y de su caída bajo los Treinta y Esparta, a través de la mencionada guerra. Cleón dirá que para conservar la hegemonía sobre los aliados había que hacer que conservaran el miedo, pues, si no, todos dejarían de obedecer. Los fundamentos de la hegemonía se definen claramente como la “ley del más fuerte” y la posición de la ciudad de Atenas como una “tiranía”. Por ello, cuando Atenas fue derrotada, los vencedores no hicieron más que aplicar a los atenienses el mismo criterio que ellos habían aplicado a sus súbditos, la justicia no es más que la conveniencia del poderoso. Los dos aspectos del conflicto se resuelven al mismo tiempo y de la misma manera. La hegemonía ateniense es avasallada por los espartanos, la hegemonía del dêmos es avasallada por los oligarcas representados en el gobierno represivo de los Treinta Tiranos apoyados por los espartanos. Tras la Guerra del Peloponeso, los procesos de restauración estuvieron siempre condicionados por el hecho de que el dêmos carecía de los apoyos materiales necesarios para volver a apoyar su hegemonía interna en la hegemonía externa de Atenas. El siglo IV se debate entre las guerras hegemónicas en busca de ese apoyo y los recortes democráticos que satisfagan los deseos de los oligarcas, que terminaron

recurriendo a la intervención de una potencia extranjera para que garantizara una estabilidad que autónomamente ya no era posible. La crisis de la democracia fue el inicio de la crisis de la pólis, que ya no consigue la recuperación del sistema hoplítico más que a costa de la pérdida de la autonomía como ciudad estado. TEXTOS Polibio, V, 6 (Gredos); Hesíodo, Trabajos, 202-224 (Gredos); Homero, Ilíada, IX 155 (Alma Mater); Odisea, VI 1-12 (Gredos); Plutarco, Vida de Teseo, 24-25 (Gredos); Vida de Pericles; Vida de Cimón, 10; Tucídides, II 15; 35-46; III 37 (Alianza Editorial); Pólux, Onomástico, III 75; Heródoto, V 69 (Gredos); Pseudo Jenofonte, I 2-5 (Gredos). BIBLIOGRAFÍA • A.J. Domínguez, D. Plácido, F.-J. Gómez Espelosín, F. Gascó, Historia del mundo clásico a través de sus textos. 1. Grecia, Madrid, Alianza Editorial, 1999. • L.G. Mitchell, P.J. Rhodes, The Development of the polis in Archaic Greece, Londres-Nueva York, Routledge, 1997. • D. Musti, Demokratia. Origini di un’idea, Roma-Bari, Laterza, 1995 (Madrid, Alianza Editorial). • R. Osborne, La formación de Grecia 1200-479 a.C., Barcelona, Crítica, 1998 (1996). • D. Plácido, La sociedad ateniense. La evolución social de Atenas durante la guerra del Peloponeso, Barcelona, Crítica, 1997. • S. B. Pomeroy, S. M. Burstein, W. Donlan, J. T. Roberts, La antigua Grecia. Historia social, política y cultural, Barcelona, Crítica, 2001. • L. Sancho, Un proyecto democrático. La política en la Atenas del siglo V, Zaragoza, Egido, 1997. • R. K. Sinclair, Democracy and Participation in Athens, Cambridge University Press, 1988 (Madrid, Alianza Editorial, 1999). Vocabulario Aedos: cantores entre los que se transmitía la tradición poética épica. Arché: autoridad o poder, e incluso imperio, pero también magistratura o cargo político. Areópago: órgano aristocrático de la Atenas primitiva, cuyas funciones, salvo la del juicio de los delitos de sangre, fueron distribuidas en época de Efialtes entre órganos de carácter democrático. Áristoi: los mejores, como se autodenominan los aristócratas. Ásty: centro urbano de la ciudad griega. Basileîa: traducido habitualmente como realeza, se trata de un sistema principesco en que poderosos aristócratas tienen capacidad para agrupar en torno a sí poblaciones en relaciones clientelares. Boulé: consejo que en principio parece identificado con el Areópago, pero luego se individualiza como representación de las tribus en la democracia. Cilirios: población indígena sometida a los colonos de Siracusa. Centros oraculares: santuarios caracterizados por una tradición de emitir oráculos. El principal fue el santuario de Apolo en Delfos. Clientelas: relaciones aristocráticas en que los poderosos ofrecen bienes a los súbditos a través del evergetismo y la organización militar y reciben de ellos diferentes aportaciones en forma de trabajo productivo. Colonización: gran movimiento demográfico en el que buena parte de la población de las ciudades de Grecia se traslada a lugares de la costa de todo el Mediterráneo para fundar nuevos asentamientos agrícolas. Competiciones agonísticas: aquéllas en que participan los ciudadanos con la intención de obtener premios que sirven de fundamento a su prestigio en el ámbito de la ciudad o en el ámbito panhelénico. Corego: aristócrata que se hacía cargo de los gastos que requería la representación de una tragedia. Corinéforos: portadores de garrote, población sometida de modo colectivo a los ciudadanos de Argos. También se llaman corinéfores quienes sirvieron de guardia a Pisístrato de Atenas al ser amenazado, situación que aprovechó para hacerse con la tiranía. Dêmos: pueblo, primero como miembro de la comunidad por el hecho de poseer una parcela de la tierra cívica, el pueblo de los hoplitas, para luego incluir a los de rango inferior que no tienen participación en ella, el pueblo subhoplita.

Despotismo: sistema político basado en el poder personal acompañado de estructuras jerárquicas que se imponen sobre una base productiva sometida de modo colectivo. Divinidades políadas: las que se erigen en protectoras de la pólis y pasan a convertirse en símbolo de la personalidad de la colectividad no aristocrática. Efebo: el joven que realiza las pruebas para integrarse en la Hebe, la juventud que ya participa en la guerra integrando el grupo de los hebôntes. Estrategos: jefes militares de las tribus que en la democracia llegan a ser los cargos políticos más importantes. Etnia: comunidad tribal que se agrupa por razones militares y religiosas, pero que no forma una unidad política estable. Eupátridas: los nobles definidos como miembros de las familias cuyos méritos se reconocen como heredados por vía patriarcal. Evergetismo: práctica de la beneficencia que caracteriza las relaciones aristocráticas y que sirven para la consolidación de las lealtades. Génos: agrupación basada en las relaciones de parentesco, que se transforma en el eje de las relaciones aristocráticas en que se agrupan las clientelas. Gerousía: consejo de ancianos transformado en consejo aristocrático, por ejemplo en Esparta. Gimnetas: “desnudos”, población si armamento hoplítico, sometida de modo colectivo a los ciudadanos de Sición. Hectémoros: los campesinos áticos sometidos al pago de un tributo de la sexta parte de su producción, base de sus deudas, las que los sometieron a la situación de esclavitud. Heterías: agrupaciones aristocráticas en las que se transmitía su ideología y servían de base de actuación política en las luchas entre facciones. Hilotas: población sometida de modo colectivo por los espartanos, que la empleaban en los trabajos productivos relacionados con la agricultura principalmente. Hoplita: soldado de infantería que se costeaba sus armas pesadas sobre las rentas obtenidas en la posesión de una parcela de la tierra cívica. Mariandinos: población indígena sometida por los colonos de Heraclea Póntica, en el Mar Negro. Mesogea: tierras del interior. Misthophoría: pago del misthós, cantidad del tesoro público que se pagaba en la democracia por desempeñar funciones cívicas. Oîkos: casa en el sentido amplio, como agrupación de personas y bienes en torno a una unidad aglutinada por el propietario, con sus familiares y dependientes (oikétai). Paralia: la costa. Penestas: población sometida colectivamente a la aristocracia tesalia. Phratría: agrupación de géne que adquiere toda su potencialidad en las estructuras de la ciudad. Phylé: o tribu, grupos en que se estructura la ciudad con fines militares y políticos, cuya base puede hallarse en las sociedades gentilicias, como agrupaciones de fratrías. Pólis o ciudad estado: comunidad política que se rige por instituciones colectivas, donde participa una parte mayor o menor de la población según el régimen sea oligárquico o democrático. Pritanía: presidencia de la asamblea ateniense que correspondía cada mes a una de las diez tribus. Pruebas iniciáticas: las que sufren los jóvenes en las comunidades antes de pasar a ser miembros de pleno derecho de las mismas en el plano político y militar. Renacimiento: denominación aplicable al siglo VIII a.C., cuando vuelven a surgir en Grecia los rasgos culturales aparentemente perdidos en los siglos oscuros, que se interpretan como recuperación de las glorias de la época heroica. Siglos oscuros: período comprendido entre los siglos XII y VIII, entre la desaparición de los palacios y la llegada del renacimiento. La oscuridad se refiere a la dificultad de acceder a su conocimiento pro falta de datos. Sinecismo: proceso por el que algunas comunidades (oîkoi) se unen para formar una pólis. Thêtes: población ateniense que, por no tener acceso a la tierra cívica y el ejército hoplítico, presta el servicio militar en la flota. Tiranía: sistema caracterizado porque un aristócrata, en ambiente de rivalidades entre los miembros de la aristocracia, toma el poder de forma personal e insolidaria con los demás, apoyándose en sectores campesinos, a los que proporciona ciertos beneficios con los que consolidar su poder. Trittýs: tercio de las tribus en la organización de Clístenes.

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