2.1. Quiebra de La Monarquia Reinado de Carlos IV

September 9, 2017 | Author: FÉLIX GONZÁLEZ CHICOTE | Category: Napoleon, Spain, Spanish Empire, France, French Revolution
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Historia de España 2º Bachillerato

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TEMA 2. CRISIS DEL ANTÍGUO RÉGIMEN. 2.1. El reinado de Carlos IV (1788-1808): La crisis de la monarquía borbónica. 2.1.1. Política exterior: el impacto de la Revolución francesa (Movimiento pendular y quiebra de la monarquía absoluta). - Hostilidad contra Francia (1789-1795). - La vuelta a la alianza con Francia (1796-1808): Camino de servidumbres. 2.2. Los problemas internos.

2.2. La crisis de 1808 y la guerra de independencia. 2.2.1. Crisis dinástica: Proceso de El Escorial y motín de Aranjuez. 2.2.2. Los nuevos planes de Napoleón: ocupación y abdicaciones de Bayona. 2.2.3. La guerra de independencia. -El 2 de mayo y el nacimiento de las Juntas: El pueblo en armas. - Desarrollo y fases de la guerra. → I. éxitos iniciales (junio-noviembre de 1808) → II. El apogeo francés (Noviembre de 1808-primavera de 1812). * El papel de las guerrillas → III. El impulso definitivo (Primavera de 1812-agosto de 1813). - Balance de una guerra: características y consecuencias. 2.2.4. El gobierno de José I.

2.3. La Revolución Liberal: las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. 2.3.1. La organización de la resistencia y la convocatoria a Cortes. 2.3.2. Las cortes de Cádiz. El liberalismo español. 2.3.3. La Constitución de 1812 y la legislación ordinaria. - Estudio jurídico-institucional de los principios de la Constitución de 1812. - Legislación ordinaria (conjunto de decreto y leyes entre 1810 y 1813). - La abolición de los señoríos. - La obra desamortizadora de Cádiz. 2.3.4. El Proyecto gaditano y la crisis de la sociedad estamental.

2.4. El reinado de Fernando VII. - El Sexenio Absolutista (1814-1820). - El golpe de Estado de mayo de 1814. La vuelta de “El trono y el Altar” - Desmantelamiento de la Constitución de Cádiz y represión de los liberales. - Acentuación de la crisis económica y financiera. - Pronunciamientos liberales. - El Trienio Constitucional (1820-23). - Características del periodo: división ideológica e inestabilidad política. - Retomando la Constitución de Cádiz: obra legislativa. - Contrarrevolución. Congreso de Verona y ocupación de la Península. - La Década Ominosa (1823-1833). - Fuerte represión política. - Tenue reforma hacendística. - Pronunciamientos liberales y reacción absolutista. Los Apostólicos. Guerra de los Agraviados. - Crisis sucesoria, carlismo y guerra civil. * La emancipación de las colonias americanas.

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CRONOLOGÍA BÁSICA DEL TEMA - 1788. Muere Carlos II, Comienza el reinado de Carlos IV. - 1789. Convocatoria a Cortes para la jura del heredero, el príncipe Fernando. Censura de la propaganda de la Revolución Francesa. - 1792. Caída de Floridablanca. El conde de Aranda, secretario de Estado (febrero). Cese de Aranda, sustituido por Manuel de Godoy (noviembre). - 1793. Guerra de los Pirineos contra la Convención Francesa (marzo). - 1795. Paz de Basilea con Francia (julio). - 1796. Primer Tratado de San Ildefonso con Francia. Guerra contra Inglaterra. - 1800. Segundo Tratado de San Ildefonso. - 1801. Retorno de Godoy a la Secretaria de Estado. Guerra de las Naranjas contra Portugal. Paz de Badajoz. - 1805. Batalla de Trafalgar: derrota de España y Francia frente a Inglaterra (octubre). - 1807. Proceso de El Escorial. Tratado de Fontainebleau (29 de octubre). Entrada de tropas francesas (noviembre). - 1808. Motín de Aranjuez. Abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando (17-19 de marzo). - Levantamiento popular de Madrid. Formación de Juntas (2 de mayo). - Abdicaciones de Bayona (7 de mayo). - José I, rey de España (4 de junio). - Estatuto de Bayona (7 de julio). - Batalla de Bailén: derrota de las tropas francesas (19 de julio). - Se crea la Junta Suprema Central (25 de diciembre). - Napoleón entra en España (4 de noviembre). - 1809. Recuperación del ejército francés, logrando sucesivas victorias en Ocaña, Medina del Campo y Alba de Tormes (noviembre). - 1810. Los franceses se extienden por toda la península. Disolución de la Junta y creación de la Regencia. - Convocatoria a Cortes (junio). - Apertura de las Cortes (24 de septiembre). - 1811. Decreto de las Cortes de abolición del régimen jurisdiccional (agosto). - 1812. Aprobación y promulgación de la Constitución (19 de marzo). Victoria inglesa en la batalla de Los Arapiles (22 de julio). - 1813. Batalla de Vitoria (21 de junio). Tratado secreto de Valençay (1 de diciembre). - 1814. Regreso a España de Fernando VII (22 de marzo). - Manifiesto de los Persas (12 de abril). - Fernando VII pone fin al sistema constitucional (4 de mayo). - 1815-1818. Pronunciamiento liberales. - 1820. Pronunciamiento del comandante Riego en Cabezas de San Juan (1 de enero). Fernando VII acata la Constitución (7 de marzo). Comienza el Trienio Liberal. - 1822. Intento de golpe militar contrarrevolucionario: sublevación de cuatro regimientos de la Guardia Real (7 de junio). - Gobierno radical presidido por Evaristo San Miguel. - Congreso de Verona que decide la intervención francesa en España (octubre-diciembre). - 1823. Invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis (abril). - 1826. Manifiesto de los Realistas Puros (Noviembre). - 1827. Guerra de los agraviados en Cataluña. - 1829. Matrimonio de Fernando VII con María Cristina de Nápoles (diciembre).

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2.1. El REINADO DE CARLOS IV (1788-1808): LA CRISIS DE LA MONARQUÍA BORBÓNICA. Este reinado, que se desarrolló entre los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX, representó la agitada transición de nuestro país a la época contemporánea y estuvo condicionado tanto por las repercusiones de un acontecimiento exterior completamente novedoso (el éxito de la Revolución Francesa de 1789) como por las graves dificultades internas españolas. Las derrotas militares, la bancarrota económica, la pérdida de confianza de los españoles en sus gobernantes y el imparable desmoronamiento institucional del sistema monárquico absolutista del Antiguo Régimen fueron algunos de los problemas más complicados que se plantearon mientras permaneció en el trono Carlos IV. Un rey débil, poco capacitado y desinteresado por las cuestiones de Estado, que asumió la Corona cuando ya sobrepasaba los 40 años de edad. 2.1. Política exterior: el impacto de la Revolución francesa (Movimiento pendular y quiebra de la monarquía absoluta). El estallido y el inesperado triunfo de la Revolución en Francia (1789) determinaron de manera decisiva las posiciones diplomáticas, la actividad militar y hasta las resoluciones internas de los gobiernos de Carlos IV. Por vez primera en un país europeo, los revolucionarios habían conseguido un amplio apoyo popular para acabar con el poder absoluto del monarca y los privilegios de la nobleza, con la esperanza de ganar así más libertad e igualdad. Como era previsible, los sucesos franceses provocaron una enorme conmoción en todo el mundo y extendieron el pánico entre los reyes, los nobles y los clérigos de toda Europa. Durante el reinado de Carlos IV podemos distinguir dos fases bien definidas en la política exterior española: una primera marcada por el enfrentamiento con la Revolución (1789-1795) y un segundo momento caracterizado por el retorno a la alianza con Francia, situación que nos llevará a remolque de Napoleón y que hace comprensible la crisis de 1808. 1ª Fase: Hostilidad contra Francia (1789-1795). En 1789, el objetivo prioritario del gobierno dirigido por el conde de Floridablanca es aislar a España del “contagio revolucionario” y cerrar el país a toda posible penetración de la ideología subversiva procedente de Francia. Se temía la expansión de las nuevas ideas liberales, que eran consideradas como una peligrosa amenaza para los principios absolutistas y católicos de la monarquía española. Por ello, se tomaron diversas medidas defensivas y se impidió la entrada a través de las aduanas de todos los libros, objetos, periódicos o viajeros sospechosos llegados desde el país vecino. Además, y para silenciar los acontecimientos de Francia, se prohibió a los periódicos nacionales la inclusión de cualquier noticia o comentario sobre los sucesos políticos que tenían lugar al norte de los Pirineos. Poco después la situación se radicalizó aún más en Francia cuando el gobierno revolucionario proclamó la República Francesa (1792), acuso de traición al rey y ordeno su encarcelamiento y posterior ejecución en la guillotina (1793). La muerte del monarca Luis XVI, que era pariente del rey español, ambos Borbones, provocó una tensión en la Corte española que llevó a la caída de Floridablanca en febrero de 1792. El Conde de Aranda se hizo cargo de la Secretaría de Despacho de Estado (casi una jefatura del Estado), Aranda era un hombre realista, entendía las consecuencias de un posible enfrentamiento con Francia, evitar el enemigo común: Inglaterra en América. Sin embargo, su postura neutralista era un imposible en el contexto internacional, durante nuevos meses intento evitar la guerra al ser consciente de la debilidad del país pero finalmente se le retiro del cargo y Godoy se convirtió en el nuevo responsable de la política española. En aquellos momentos, las tropas de la Francia revolucionaria y republicana ya se encontraban en combate contra los ejércitos de Austria, Prusia, Nápoles y Saboya, cuatros estados gobernados por monarcas absolutos por derecho divino, un derecho que el pueblo francés había puesto en cuestión.

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En 1792, el rey colocó al frente del gobierno al extremeño Manuel Godoy, un oficial de la guardia real, sin estudios, pero ambicioso, que logró ascender a los más alto del poder (con sólo 25 años de edad) gracias a su “intima amistad” con la reina María Luisa de Parma. Tras fracasar en su intento desesperado de salvar la vida a Luis XVI, ejecutado en enero de 1793, en marzo estalló la Guerra de los Pirineos contra la Convención. * La Guerra contra la Convención (1793-1795). Apoyada por el clero y el campesinado, al que se le presentó como una guerra por la monarquía y la religión católica, y criticada por sectores ilustrados y burgueses (a los que pertenecía Aranda), la guerra fue un desastre militar. Las operaciones militares fueron negativas para nuestro país, ya que el ejército enemigo cruzó los Pirineos y ocupó Guipúzcoa, Vitoria, Bilbao y parte de Cataluña (Figueres, Rosas). Finalmente, en 1795, España se vio forzada a firmar la Paz de Basilea. Los franceses obtuvieron Santo Domingo, y algunas otras ventajas comerciales, a cambio de una retirada de sus tropas de la península. Por otro lado, además de las pérdidas territoriales se perdió el prestigio militar y se acentuó la ruina económica y fiscal. Un desastre que irónicamente le fue recompensado a Godoy con el título de “Príncipe de la Paz”. 2ª Fase: La vuelta a la alianza con Francia (1796-1808): Camino de servidumbres. Las alianzas diplomáticas se invirtieron totalmente en agosto de 1796 con la firma del tratado de San Ildefonso, un pacto hispano-francés dirigido a contener a Gran Bretaña. El motivo que impulsó al gobierno español a retornar a los acuerdos con Francia (que habían sido mantenidos durante todo el siglo XVIII gracias a los Pactos de Familia) fue la defensa de los intereses territoriales, económicos y comerciales en Hispanoamérica. El gobierno de Carlos IV prescindió de las anteriores discrepancias ideológicas y en su decisión se impusieron ahora las razones estratégicas. Y es que Gran Bretaña representaba desde mucho tiempo atrás una amenaza constante para las colonias españolas en América, pues los ataques de los buques ingleses cortaban la navegación comercial transatlántica entre la Península Ibérica y las Indias, e interrumpían la llegada de plata desde las minas mexicanas y peruanas. Por su parte, Francia también sostenía un duro enfrentamiento con los ingleses por la hegemonía mundial desde hacía más de un siglo. Así pues, la Monarquía española y la República Francesa coincidieron en su interés mutuo por derrotar a un enemigo común. * La guerra hispano-inglesa (1796-1805). Como consecuencia de ese tratado, España y Francia iniciaron una prolongada guerra contra Gran Bretaña y también contra Portugal, que mantenía una sólida alianza con los ingleses desde principios del siglo XVIII. El resultado del conflicto fue nefasto para la flota española que, en 1797, fue destruida por los ingleses en un enfrentamiento frente a las aguas del cabo San Vicente. Ese mismo año, Gran Bretaña se apoderó de la isla caribeña de Trinidad y sus barcos cercaron el puerto de Barcelona, además de bombardear Cádiz y otras ciudades canarias. Como resultado, hubo que negociar la paz por separado, y el rey aceptó la dimisión de Godoy en marzo de 1798. Mientras tanto, la situación política en Francia continuó cambiando de forma rápida. En 1799, un brillante y ambicioso general llamado Napoleón Bonaparte culminó un golpe de Estado que señalo el inicio de su dictadura personal. Posteriormente, Napoleón se autoproclamó emperador hereditario y emprendió sus planes de expansión territorial con el ataque a Gran Bretaña y la ocupación de Bélgica, Holanda, Alemania, Suiza y toda la Península italiana. Desde su llegada al poder el objetivo de Napoleón es uno: someter a la potencia industrial británica y, para ello nada mejor que dejarle sin mercados para sus manufacturas en plena Revolución industrial, esa idea se concreto más tarde en una estrategia: el bloqueo marítimo continental para aislar a los británicos, conseguir la destrucción de sus rutas comerciales y provocar su ruina económica. En octubre de 1800 la presión francesa consiguió que el gobierno español firmara el Segundo tratado de San Ildefonso. Godoy, apoyado por Napoleón, fue llamado de nuevo para la secretaria de Estado y la dirección de un ejército que en febrero de 1801 declaró la guerra a Portugal por negarse a cerrar sus puertos a los navíos ingleses. La llamada Guerra de las Naranjas fue un paseo militar y termino

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con la Paz de Badajoz, por la que, además de pagar una fuerte indemnización a Francia y ceder la plaza de Olivenza a España, Portugal se comprometía a respetar el bloqueo. Un año más tarde se firma la Paz de Amiens (1802) entre España, Francia, Inglaterra y Holanda y España recupera Menorca. Pero las hostilidades franco-británicas estallan de nuevo y España se ve arrastrada. En mayo de 1803 estalló una nueva guerra contra Inglaterra, que se saldó con la derrota de las armadas española y francesa en Trafalgar (octubre de 1805). El desastre supuso la destrucción de la Armada española, la reanudación del comercio inglés a través de Portugal y la pérdida del ya precario control marítimo español en sus colonias americanas. Después de Trafalgar declina definitivamente la capacidad naval del país, necesaria para garantizar su imperio colonial.

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Incapaz de cerrar los puertos ingleses para asfixiar a Gran Bretaña, Napoleón decide intensificar el bloqueo continental contra los productos británicos. Pero una cosa era declararlo y otra muy distinta hacerlo cumplir, desde el principio vimos como surgen problemas en varios países, y entre ellos Portugal. Napoleón decide no ya una expedición de castigo (guerra de las naranjas) sino su ocupación. El 29 de octubre de 1807, España y la Francia napoleónica renovaron su tratado de alianza en Fontainebleau. Por él, España permitía que un ejército francés atravesara el territorio español rumbo a Portugal. Nos situamos, por tanto, en la antesala del inicio de la Guerra de Independencia.

2.2. Los problemas internos. El pánico a la expansión de las ideas revolucionarias liberales en España y los repetidos fracasos militares en las guerras contra Francia y Gran Bretaña se sumaron a otras complicaciones de carácter interno. Las complicaciones las podemos considerar de dos tipos: En primer lugar, aquellas de carácter estructural: Las tensiones de un modelo socioeconómico anclado en el Antiguo Régimen, cuyos niveles productivos están limitados por una economía de carácter feudal y, donde la extracción de la renta campesina por los privilegiados es el elemento principal. En segundo término, el problema de la bancarrota financiera estatal y el fin del flujo financiero vía Imperio americano, consecuencia del gasto militar en ascenso (desde Carlos III España se encuentra continuamente en guerra) y la imposibilidad de conseguir ampliar los ingresos del Estado, en tanto que los privilegiados están exentos del pago de tributos. Son dos cuestiones que han sido muy estudiadas por historiadores como Pierre Vilar, Ángel Sanz y Josep Fontana entre otros y que constituyen la base para una explicación razonada del proceso dialéctico que supuso la crisis del modelo socioeconómico y político del Antiguo Régimen y la transición del feudalismo al capitalismo en España.

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Por otro lado, las complicaciones de carácter coyuntural serían las siguientes: La desconfianza de la población hacia las instituciones y gobernantes y el enfrentamiento por el trono entre el rey Carlos IV y su propio hijo Fernando, el príncipe de Asturias. Vamos a analizar cada uno de los factores. a) Problemas estructurales: → Modelo socioeconómico tardofeudal: las tensiones del sector agrario. Veamos la descripción que hace Tuñón de Lara y la gráfica de Ángel Sanz. Realiza un comentario de texto y del gráfico de forma conjunta. “Era España, a comienzos del siglo XIX, un país que vivía dentro de los moldes de lo que se ha llamado “viejo régimen”, o sea: un país eminentemente agrario, dominado por la gran propiedad rústica y los señoríos, en que la nobleza y la Iglesia detentan la mayoría de las fuentes de riqueza. De sus 37.300.000 hectáreas de terreno, sólo ocho millones y medio estaban dedicadas al cultivo. Más de doce dedicadas a pastos, la mayoría silvestres, muchos de ellos hollados sólo una vez al año por los rebaños de la Mesta. Según datos de Cabarrús 1223 familias nobles poseían 16.940.000 hectáreas, los establecimientos eclesiásticos (en número de 32279) poseían 1380000 hectáreas, mientras que 9.160.000 hectáreas pertenecían a hidalgos. Sabiendo que la población de España, según censo de 1803, era de 10.268.000 habitantes y de 6.650.000 de población activa, es posible formarse una idea de la estructura social que tenía España al entrar en el siglo XIX. En ciertas regiones, como por ejemplo Extremadura, los nobles poseían 2.149948 fanegas de tierra y el resto de labradores propietarios sólo 741.610. Los vestigios feudales eran tan acusados que, en multitud de casos, la propiedad de las tierras llevaba aparejada la potestad sobre los habitantes de pueblos y tierras. De 55 millones de aranzadas de tierra cultivada, 17.599.900 lo eran de realengo (esto es, sus habitantes estaban considerados súbditos del rey, que era su señor), mientras que 28.306.700 era de señorío secular (los habitantes eras súbditos del señor y propietario a la vez) y 9.093.400 eran de señorío eclesiástico (las veces de señor eran cumplidas por una institución eclesiástica). Los núcleos de población estaban divididos así: ciudades: 124 de realengo y 3013 de señorío; pueblos, granjas, cotos y despoblados: 13.309 de señorío y 11921 de realengo; lugares: 7856 de realengo, 4150 de señorío secular y 2868 de señorío eclesiástico (…) En los campos existían verdaderas relaciones de vasallaje. En las tierras de señorío los nobles tenían derecho a nombrar corregidores, alcaldes (..) y en lugares como Baza los señores eran denominados de “horca y cuchillo” (…) El régimen de mayorazgos (que hacía transmititr la propiedad al primogénito de cada familia) reforzaba la concentración de la propiedad. En esa sociedad, el poder de la Iglesia en el orden material era de primerísima importancia: 85.546 miembros del clero, 8659 familiares de la Inquisición y 92.727 frailes y monjas repartidos en 3126 conventos daban un porcentaje de un religioso por cada 50 habitantes, el más elevado de Europa, con excepción de Portugal. Se ha calculado que los ingresos del clero al comenzar el siglo XIX entras rentas territoriales y urbanas, diezmos y primicias, casuales, derechos de estola y pie de altar alcanzaban la suma de 1.042.000.000 de reales por año (…) igualaba por lo menos a la mitad del producto neto de tierras y edificios de toda España”. El régimen de mayorazgos (que hacía transmitir la propiedad al primogénito de cada familia) reforzaba la concentración de la propiedad agraria”

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→ Bancarrota de la Hacienda. A principios del siglo XIX, España se encontraba al borde de la bancarrota financiera por el rápido aumento de las deudas y de los gastos militares ocasionados por 27 meses de guerra contra los franceses y los casi siete años de guerra contra los británicos. Por contraste, los insuficientes ingresos estatales, bastante mermados ya por las exenciones fiscales que beneficiaban a los estamentos privilegiados (nobleza y clero), disminuyeron aún más al interrumpirse la llegada de plata desde las minas americanas como consecuencia de los ataques de los barcos británicos. Tan agobiado se encontraba el gobierno que suspendió el pago de sus deudas y rebajó en una tercera parte los sueldos de todos los empleados al servicio de la monarquía. Además, las continuas subidas de precios de los alimentos extendieron el descontento entre el pueblo. Este desbarajuste económico ponía en evidencia la ineficacia del sistema del Antiguo Régimen. En un primer intento por aliviar el fuerte déficit de la Hacienda Pública y solucionar los apuros financieros, el gobierno recurrió (con escaso éxito) a los préstamos de bancos extranjeros, a la petición de donativos voluntarios entre obispos y aristócratas más adinerados, a la emisión de deuda pública (los denominados “vales reales”) y a la venta de “manos muertas de las instituciones eclesiásticas. Aunque estos bienes fueron vendidos con autorización del Vaticano, su pérdida intensificó la animadversión contra Godoy. Veamos un texto de Josep Fontana: “Para que pudiese aumentar la recaudación fiscal del gobierno central hubiera sido necesario cambiar los términos del reparto, lo cual quería decir que o se desviaban recursos como los de los derechos señoriales y el diezmo hacia los impuestos, aboliendo este tipo de cargas (el contribuyente por excelencia era el campesino, pero su capacidad para atender las demandas del estado estaba limitada por sus obligaciones con los señores y con la Iglesia) o se hacía contribuir en mayor medida a los perceptores de estos recursos. Las monarquías del Antiguo Absolutas no podían hacer ninguna de estas dos cosas, porque corrían el riesgo de romper el consenso social en que se basaba su propia supervivencia. Exigir que cada uno pagase

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impuestos en proporción a sus bienes y a sus ingresos significaba destruir el motor del sistema político y social del Antiguo Régimen, que se asentaba en el apoyo de quienes gozaban de unos privilegios que se expresaban sobre todo en términos de exenciones y de ventajas fiscales. La resistencia de los privilegiados tenía menos que ver con el temor a que se les fijara cargas más elevadas (que podían evadir con el fraude) que con su oposición a lo que les parecía un intento de alterar la vieja “arquitectura de poderes (…) ¿Cuáles fueron las consecuencias para España de la pérdida de las colonias continentales? Para la monarquía, a la larga, la conciencia de que había que abandonar cualquier ilusión de que los caudales de América solucionasen los problemas de Hacienda, lo que obligó a enfrentarse a reformas que no podían hacerse sin cambios políticos esenciales ..”

8 b) Problemas de carácter coyuntural. → La desconfianza de la población hacia las instituciones y gobernantes. La situación económica y las continuas guerras provocan el desprestigio de la institución monárquica y del valido del rey: Godoy. Su figura se convierte en objeto de escarnio, el escándalo moral que rodeaba al favorito, su influencia sobre los reyes (en especial sobre la reina), sus numerosos títulos y riquezas, los desastres militares a su cargo y, todo ello, en un contexto de epidemias y la carestía. → La crisis dinástica: La nobleza que despreciaba a Godoy por su origen plebeyo y por haberla apartado del poder, se unió en torno al príncipe heredero Fernando, que no dudó en conspirar contra sus padres para acabar con el favorito. El clero no le perdonaba que siguiera adelante con las desamortizaciones y que persiguiera al Santo Oficio, y clamaba contra el mal gobierno desde los púlpitos, convenciendo a las clases populares de que Godoy era el culpable de todos los males. La población veía en el heredero, Fernando, a un posible salvador del país y de la dinastía. Se desconocían detalles de sus actividades conspirativas y su comportamiento desleal hacia sus padres. La camarilla, nombre con el que luego se conocería el reducido grupo de consejeros de Fernando, ya se había formado, y hombres como los duques del Infantado y de San Carlos o el canónigo Escoiquiz (dos grandes de España y un clérigo) contribuían a difundir la imagen del príncipe de Asturias como hombre ejemplar y auténtico redentor de la Monarquía. El análisis de los hechos de la conjura de El Escorial y el motín de Aranjuez nos permiten medir el grado de la descomposición de la monarquía española.

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