March 14, 2017 | Author: Pentecostalismo | Category: N/A
Revista Fe y Pueblo. N° 18- Marzo 2011, ISEAT. La Paz. Bolivia. N° Monográfico. Nada es imposible para Dios. Una Ventana a la Fe Neopentecostal, pp. 6-22. 1
El pentecostalismo clásico y el neopentecostalismo en América Latina Miguel Ángel Mansilla Sociólogo. Investigador Asociado del Institutito de Estudios Internacionales (INTE) Universidad Arturo Prat. Iquique- Chile.
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Introducción Muchos autores cuando hablan del neopentecostalismo lo hacen desde la generalización, considerándolo sólo como una teología de la prosperidad, y no como un proceso religioso diverso. Este movimiento religioso, es más bien la capacidad de pertinencia cultural, que tiene el pentecostalismo para adecuarse a las distintas transformaciones sociales como la modernización, la sociedad tradicional y/o la globalización. El neopentecostalismo es más bien una etapa del pentecostalismo clásico que se rutinizó y se estancó. De esta manera la nueva forma de religión es recursiva. Es decir implica la repetición de una serie de instrucciones simples que las personas deben seguir para establecer una relación de sociedad, filial o amistosa con lo divino, que se manifiesta con la simplicidad predicativa, musical o literaria. Se caracteriza por tres tipos: neocolonialismo religioso protagonizado por los pentecostalismo autóctono que después de su expansión nacional, se extienden hacia otros países con intereses misioneros pero luego mantienen el dominio, transformando estas nuevas iglesias en filiales y ellas en una iglesia matriz. Un segundo tipo, es más bien una nueva mentalidad religiosa que adquieren líderes pentecostales perteneciente a pentecostalismo denominacionales, sin que esto rompan con ellas. Es una influencia que les llega más bien desde los medios de comunicación, literatura, música o congresos religiosos. Un tercer tipo, y es el más estudiado y rechazado, que se puede destacar como holding religioso que están dirigidos por apóstoles, profetas o conferencista internacionales, que a su vez tutelan iglesias de pastores en otras ciudades y países, considerados subalternos, quienes deben administrar la misión y visión del apóstol. De esta manera el neopentecostalismo no es un movimiento totalmente distinto ni una superación, de su antecesor, es una respuesta religiosa a una sociedad marcada por la globalización. Por ello en este
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ensayo, nos hemos propuesto como objetivo realizar una descripción del pentecostalismo clásico, para destacar sus éxitos y fracasos discursivos y a la vez mostrar porqué el neopentecostalismo ha tenido visibilidad, y un supuesto éxito, que no tuvo el pentecostalismo. No vamos a tratar los tres tipos de neopentecostalismo, sino que dado el espacio del artículo, solo lo hablaremos de manera genérica. El pentecostalismo clásico El pentecostalismo clásico ha entrado en franca crisis porque era y es un discurso correspondiente a una sociedad de transición entre lo tradicional y la modernización y de lo rural y lo urbano. Los pentecostales eran ciudadanos de dos mentalidades: residían en ciudades, pero vivían como campesinos1, donde siempre primó lo tradicional y lo rural. Por ello toda la lectura bíblica, se hacía en función de esos tipos de sociedades y los símbolos empleados eran coherentes entre la lectura bíblica y las sociedades aludidas. Los posibles conversos eran considerados “campos misioneros”, “bancos de peces” o “campos de siembras”; las personas eran “semillas”, “peces” u “ovejas”; y los predicadores eran “pescadores”, “agricultores” o “vitivinicultores”. Por otro lado la iglesia tenía una fuerte connotación familiar donde los nuevos conversos se movilizaban o se estancaban entre “bebés espirituales”, “niños espirituales” o “maduros espirituales”. Los discipuladores eran “madres espirituales” o “padres espirituales”. Los que predicaban entregaban “leche espiritual” o “pan espiritual”. El templo era una comunidad de hermanos más importante que la familia consanguínea. Era una comunidad de iguales y regido por la fraternocracia, más que patrones o caciques. Cuando se daban estos dos último tipos de autoridades, generalmente conducían a los conocidos cismas. En el pentecostalismo clásico las mujeres cumplían un rol fundamental, quizás determinante, en el crecimiento y mantención de la comunidad religiosa. Su rol tradicional de madre era reforzada por el discurso religioso. Como madre, ella nunca accedía al púlpito, sólo sermoneaba y aconsejaba en el silencio y la invisibilidad. Su rol materno 1
En el caso de ciudades chilenas. Se podía observar que a fines de 1980 que las personas que se trasladaban del campo a la ciudad a residir vivían como pequeños campesinos. Por ejemplo criaban cerdos, tenían huertos, etc. Es decir su casa era una pequeña granja. Además muchas cosas, como el pan, preferían hacerlos ellos mismo aunque les sea más costoso en términos de dinero y tiempo. Incluso muchas metáforas referidas a las personas tienen connotaciones campesinas, como por ejemplo: “lo pasamos chancho”, “viejo vaca”, “ser gallina”. En Chile, también a las personas antes se le trataba como animales de forma cariñosa: “es una cabra o un cabro” (para referirse aun adolescente) es un gallo ( a un hombre valiente), etc.
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también se reforzaba en la oración intercesora, siempre tenía que orar, por los otros. A ella se les insistía en visitar los hogares y hospitales para orar e imponer manos por los enfermos. En las actividades eclesiásticas era la que hacía el aseo y cocinaba para toda la comunidad de hermanos e hijos espirituales. Como esposa debía ser sumisa, porque el hombre era y sigue siendo el sacerdote y la cabeza del hogar, (una influencia romana más que neotestamentaria). De esta forma la mujer era doblemente sometida por el discurso paternalista (hogar-marido-padre) y sacerdotal religioso (iglesiapastor-Dios). ¿Entonces porqué tantas mujeres se convertían y se convierten al pentecostalismo?. Porque la mujer usufructuaba de recursos simbólicos y sociales, cuando sus maridos e hijos hombres, se convertían en pentecostales por la disminución de la violencia física, el abandono del alcohol y la re-valoración del trabajo, estos aspectos conllevaban a la feminización y domesticación de la masculinidad pentecostal y los hombres se transformaban en hombres responsables. Por otro lado el pentecostalismo al venir de una mentalidad tradicional y rural enfatizó en extremo la sumisión, el sometimiento y el silencio político y social de sus creyentes. Todo acto de rebeldía fue satanizado y demonizado, se sacralizó en demasía la autoridad. El estatus quo fue considerado como algo establecido por Dios y toda resistencia, rebelión o reforma eran simbolizadas como actos luciferinos. No obstante allí la contradicción, los pentecostales resaltaron y reificaron la trilogía de la obediencia fuera de la comunidad y fueron coherente con ella, a tal punto de constituir ciudadanos de segunda clase, que sólo votan y nunca protestan, a no ser por intereses puramente institucionales. En esto se da una falacia, porque los pentecostales clásicos se autodeclaraban apolíticos, no obstante son anticomunistas y brindaron su apoyo a varias dictaduras militares en América Latina. Por otro lado, la trilogía de la rebeldía se volvió contra sí mismos, una lucha cuasi fratricida. La gran mayoría de denominaciones pentecostales de América Latina se dieron por los distintos cismas. Aquí otra doble falacia. Muchos cismas se produjeron como crítica implícita a los misioneros y al colonialismos religiosos, no obstantes muchas denominaciones pentecostales nacionales, hoy se han constituidos en nuevos colonialismo religioso2, sin dar autonomía administrativa a las iglesias locales. Una segunda falacia es que muchas separaciones se dieron 2
Encontramos varios caso: En Chile las iglesias Evangélica Pentecostal; Metodista Pentecostal; en Brasil la Iglesia Universal del Reino de dios; en México la iglesia la Luz del Mundo, etc. Que se han constituidos en iglesia colonialista, que no se conforman con misiones, sino mantener pequeñas colonias religiosas para que así el Presidente o Pastor Jefe de cada denominación tenga más poder, por la cantidad de colonias religiosas que tengan en diversos países. Traicionado su propios inicios, porque ellos se independizaron de colonialismo religiosos extranjerizantes.
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por la crítica a la exigua transparencia en el uso de los dineros, no obstante los pastores independizados, reprodujeron el mismo sistema que criticaron, se constituyeron en tanto o más críptico en el manejo de los dineros. El excesivo comunitarismo del pentecostalismo clásico conllevó a creer y esperar en demasía en el determinismo providencialista, en donde Dios es presentado como Padre proveedor de los bienes necesarios, ya sea a través del trabajo propio o de la provisión comunitaria. En la tierra sólo hay que vivir de lo necesario porque todo lo demás será provisto en abundancia en el cielo. Se trabajaba para comer y compartir con la comunidad a través de los diezmos, ofrendas y primicias. En este mismo ámbito se sacralizó la pobreza, porque los pobres son los bienaventurados y de ellos es el reino de Dios. Por ello también se demonizó cualquier esfuerzo humano que conlleve a la movilidad social, si eso implicaba disminuir su congregacionalismo y su dependencia comunitaria. Por otro lado el pentecostalismo clásico, también destacó una teología del miedo. Resaltando el Diablo, el infierno, el premilenio y el Padre castigador. Estos miedos metafísicos eran más bien miedos sociales. El diablo muchas veces era una representación del patrón, la policía o los políticos. Se refiere a una autoridad despótica, traicionera y que se beneficia de la miseria de los pobres. El diablo era la causa de todos los males como las enfermedades, el hambre o las muertes. El infierno era símbolo de la pobreza, la miseria o el trabajo. Lugares oscuros y siniestros donde los habitantes eran atormentados y vigilados por los demoniacos subalternos. Las personas no querían ir a estos lugares sino que erran arrojadas o arrastradas por los mismos demonios. Paradojalmente el premilenio produjo mucho miedo entre los pentecostales, incluso más miedo que la muerte porque al menos esta última siempre avisaba a través distintos indicios, mientras que el premilenio era la llegada del Jesús sin aviso. Esto produjo mucho temor, una obsesión por la preparación, la salida y el encuentro. A tal punto que en varios momentos y lugares de América Latina, ejemplo en Bolivia, según destaca Albó “abandonaban sus pocos bienes para estar preparados”3 . Y aquellos que no lo hacían trabajaban sólo lo suficiente para sobrevivir y no permitir que el afán material impidiera el reencuentro. Algunas personas, incluso, cuando llegaban a sus casas y no estaban sus familiares, se ponían a llorar porque pensaban que el arrebatamiento se había producido y ellos se habían quedado a sufrir el Apocalipsis en esta tierra bajo la tiranía del anticristo. El miedo a Dios 3
ALBÓ, Xabier. 1988. “¡Ofadifá Ofadifá!. Un Pentecostés chiriguano”. En De Indio a Hermano., Pentecostalismo indígena en América Latina. Ediciones CAMPVS. 2005. Iquique, Chile, pp. 231- 328.
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como Padre castigador, el énfasis estaba en temer a Dios más que amarle. Dios era más un panóptico dispuesto a castigar cualquier error, que algún creyente hiciera. Ante la conciencia de pecado había que había que expiar los pecados, autoflagelándose con la confesión pública frente a la comunidad y se reivindicaba a través de disciplinas rígidas, proscripciones y relegaciones al ostracismo. Era la imagen de un Dios-Padre muy poco propenso a recompensar. Esta representación de Dios era más bien producto de una sociedad severa con los oprimidos, explotados e indígenas. Cuya severidad se materializaba en los las dos instituciones del castigo: la familia y en la escuela, donde la letra entraba con sangre. En esta sociedades el pan no sólo se ganaba con sudor, sino también con sangre, al cielo se llegaban con sangre (miedo al castigo) y fuego (y miedo al infierno). En la década de 1990 llegó la democracia en toda América Latina, la globalización se constituyó en un fenómeno universal y con ello el neoliberalismo adquirió un estatus único ante la crisis del estatismo y el quiebre de los modelos económicos comunistas. Ahora la pobreza adquirió una nueva modalidad, que algunos consideran como pobreza nueva o blanda. Esto es, que ahora los pobres tienen acceso a bienes domésticos como: televisores, lavadoras, refrigeradores y computadores. Luego será el tvcable, internet o la masificación del celular. Estos bienes crean una imagen de falsa movilidad social. Por otro lado la democracia trajo consigo la esperanza de la movilidad social, el reconocimiento de los indígenas, un Estado focalizados a los marginados y excluidos históricos como los indígenas y la esperanza de la movilidad social a través de la educación técnica y universitaria. Esto trajo una crisis al modelo de sociedad que los pentecostales tanto demonizaron, frente a la cual ellos proponían a la comunidad pentecostal como único refugio contra el mundo y el cielo como satisfacción diferida. Ahora el “diablo es atado”, no por los pentecostales, sino por el Estado; la ignición del infierno disminuyó su poder por la instauración de leyes sociales; los aguijones de la muerte disminuyeron por la ampliación del sistema de salud, aumentando las expectativas de vida; también los enfermos tienen mayores posibilidad de acceso a los hospitales y sistema de salud pública, por lo tanto el discurso de sanidad del pentecostalismo tiene competencia. El Padre- Dios ha disminuido su castigo se ha tornado más permisivo, porque las instituciones educacionales, familiares y laborales, ya no son castigadoras ni expulsivas, sino más inclusivas y tolerantes. Incluso los niveles de pobreza disminuyeron en casi todos los países de América Latina, excepto en países de América Central, por lo tanto ya no hay tanta obcecación por la venida
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de Cristo, porque la sombra del milenio ha llegado a millones, fundamentalmente a los líderes religiosos, quienes han enmudecido frente a las injusticias sociales y políticas, espiritualizándolo todo. De esta manera en muchas urbes de América Latina el pentecostalismo se constituyó en un quijote de una sociedad en decadencia, que sólo los pentecostales veían. No obstante, eso no significa que los molinos demoniacos, que los pentecostales perseguían, hayan desaparecido en todos los lugares, sino que en sociedades con altos niveles de ruralidad, campesinado, indígenas y asentamiento de campesinos en grandes urbes, el discurso pentecostal sigue siendo efectivo. Pero en gran parte del continente latinoamericano, el discurso se renovó con la llegada del neopentecostalismo, de fuerte influencia norteamericana.
El neopentecostalismo La democracia, la globalización, el neoliberalismo y el postmodernismo ha creado una sensación de libertad y movilidad social nunca antes visto. El individuo adquiere una centralidad impresionante generando la ilusión de que todo pasa por sus decisiones. Los individuos tienen derechos ilimitados en todos aquellos aspectos que no amenacen el sistema económico y político, donde más derecho existe es en el plano sexual. No obstante aspectos como el trabajo, la salud, la educación, vivienda y la vestimenta no son derechos, sino bienes supuestamente escasos que los individuos deben competir y adquirir en el mercado. El mercado se ha transformado en el dios de este mundo, un ser ubicuo que lo transforma y lo embarga todo. Ha transformado al ser humano en un usuario, cliente o contribuyente, incluso en el ámbito religioso. No obstante todos los espacios y objetos horrendos que el pentecostalismo destacaba se emulsionaron, pero no desaparecieron. El Diablo, los demonios, el infierno y el castigo todo se han tornado invisibles y muy difíciles de desvelar. Las enfermedades son fundamentalmente psicosomáticas como el estrés y la depresión; hay más farmacias que escuelas y más policías que profesores. Los partidos políticos se parecen más a sectas que espacios políticos; la política se ha constituido en un espacio de corrupción, de acaparamiento personal y de fracasos que de transformación social. El trabajo es un campo de batalla donde muchos pelean para entrar y los que lo logran, en muy poco tiempo quedan
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extenuados, condenados a quedare, sino lo despiden antes, porque hay muy pocas posibilidades de volver a encontrar trabajo. Por ello hoy encontramos a un individuo cansado, con muy poco tiempo para el ocio y a la vez desencantado. Es la época del antropocentrismo en extremo, todo debe girar para satisfacer sus intereses, motivaciones y demandas. No hay espacio ni tiempo para la espera ni el sacrificio, todo hay que conseguirlo con el menor esfuerzo posible. La disciplina, el ahorro o la lealtad son valores relativos y anacrónicos. Por ello, el discurso religioso no puede ser como el de antes, que apuntaba a un futuro escatológico, lo que hoy importa es el presente, el cuerpo y los sentimientos. Ya no es importante el cielo o el infierno, solo el tiempo y el espacio doméstico; los únicos demonios que importan son las necesidades y las carencias que disminuyen el estatus individual. No atañe el espíritu sino lo material. Este es el individuo que el neopentecostalismo viene a satisfacer. Los apóstoles, profetas y conferencista de hoy son los gurús y emir de una sociedad en donde la crisis, el riesgo, las vicisitudes y la recesión son los demonios globales que atormentan la mente de las personas. El neopentecostalismo heredó del pentecostalismo clásico el “determinismo providencialista”, que se tradujo en un capital cultural y simbólico, para las nuevas generaciones, suficiente para aprovechar las condiciones y posibilidades históricas, sociales, culturales y económicas que le brindó la llegada de la democracia. Estas condiciones, tanto externas como internas, produjeron el ascenso de un nuevo tipo de pentecostalismo, que se conoce como neopentecostalismo: su tema central es cómo transformar las necesidades en virtudes, es decir tener acceso al poder político, económico y cultural, tal como lo hicieron José en Egipto y Daniel en Babilonia. Ahora las preocupaciones serán: la administración, la inversión, la competitividad religiosa, la expansión y conquistas de espacios sociales a través de los recursos propios de la feligresía. Los neopentecostales ya no se autoperciben como “pueblo allegado en Egipto”, “pueblo cautivo en Babilonia”, ni los “despreciados y desechados”. Si no “ciudadanos y propietarios”, “reyes y sacerdotes”, “príncipes del reino de Dios”, supuestamente llamados para transformar el mundo cultural, social, político y económico, que los mismo líderes sacralizan. Los pastores ya no son “siervos” (servidores) u “obreros” ni se emplean metáforas agroganaderas ni marítimas para referirse a ellos. Incluso el mismo concepto de pastor ha sido desplazado por el de apóstol, profeta, conferencista o ministro. Los creyentes son considerados contribuyentes, usuarios, clientes o inversionistas. Si bien el concepto de
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hermano sigue siendo muy importante, no obstante lo que ha perdido sentido es la concepción de la iglesia como comunidad. El templo es más bien un escenario de televisión, radio o internet. Generalmente el neopentecostalismo no pertenece a alguna denominación, sino más bien en términos religioso, es un ministerio, que en otras palabras, es una empresa que un líder carismático emprendedor organizó de manera efectiva y eficiente, donde los milagros más resaltados, ya no son las sanidades y abandono del alcohol, sino milagros económicos y los mensajes son más bien psicoterapias y textos bíblicos arrancados de contexto, para ser utilizado como objetos de presagios para la autoayuda. En cuanto a su representación de Dios, el neopentecostalismo se lo representa como: Socio o Bancario a los más un padre o amigo tierno y amoroso. Se establece la relación entre Dios y el creyente, Dueño/ administrador, Creador / mayordomo, concepción similar a Wesesley: Dios es el banquero justo que ha distribuido bienes y capacidades espirituales, intelectuales y materiales a sus hijos que tienen el deber de invertir y reproducir para la gloria de Dios. Así el dinero ya no es visto como algo mefistofélico, gran corruptor, prostituta y alcahueta universal, sino que el dinero pertenece a Dios, “Él es el dueño del oro y la plata”, por lo que el dinero no es inherentemente pecaminoso, sino que es el “amor al dinero” lo pecaminoso, ya que ello es la raíz de todos los males: así como el dinero es un instrumento preciado de la sociedad occidental, así también se transforma en un preciado instrumento para aumentar la gloria de Dios, a través de su inversión en el reino de Dios, sobre todo a través de su inversión en las sociedades misioneras. Por lo tanto el dinero aparece como uno de los principales dones de Dios y sus dignos mayordomos, además de las conveniencias y necesidades de la vida, Dios ha confiado a nuestro cargo ese precioso talento, que contiene todo lo demás, el dinero, que en realidad, es indeciblemente precioso; si los creyentes son sabios y fieles mayordomos de Dios, dada la importancia de este talento, en el día del juicio. Las personas serán llamadas a dar cuenta del uso del dinero4 (Turner 1988). No obstante la diferencia entre el metodismo wesesleyano y el neopentecostalismo, es que el primero instaba a sus miembros a dar para invertir en misiones y obras sociales, en cambio el neopentecostalismo insta a sus miembros a dar para embellecer, adornar o construir un templo colosal como símbolo de prosperidad y bendición divina, que en unos cuarenta o cincuenta año entrará en crisis, cuando envejezca o muera el líder, tal como ha sucedido con varios templos neopentecostales en Estados Unidos. 4
TURNER, Bryan. 1988. La Religión Y La Teoría Social: Una Perspectiva Materialista. FCE. México.
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El neopentecostalismo, al igual que el calvinismo precapitalista, señalado por Weber5, destaca que, cuando Dios muestra un camino en el que de manera lícita se puede ganar más que otros y sin prejucio de su alma y la de otros, es rechazado y se sigue el camino menos provechoso, se está impidiendo uno de los objetivos y propósito divinos a ser mejores administradores de Dios. Poder trabajar para ser tener más, no con el afán egoísta, sino para la gloria de Dios, a través del aporte a la obra misionera, llevada por la congregación donde se asiste, no es malo, sino que por el contrario es una de las formas de ser instrumento de Dios; ya que no todos pueden ser misioneros, predicadores pastores, hay otros al que Dios le da la oportunidad y ellos lo aprovechan de tener y a su vez estos retribuyen y redistribuyen con sus diezmos y ofrendas también están trabajando para la obra y gloria de Dios. La diferencia está en que los calvinistas enfatizaban el ahorro, el trabajo y la empresa pero sin ningún afán despilfarrador, no obstante los neopentecostales acentúan, o por lo menos no impiden, el consumismo, el gasto y el despilfarro como formas de bendición divina. El discurso a cerca de la bendición material, está centrado principalmente en el Antiguo Testamento, con modelos como: Abraham, Jacob, José, Salomón, Job, Daniel, etc., de esta manera los “evangélicos latinos” sé autoperciben como el pueblo judío veterotestamentario, que se transforma en una especie de “hebraísmo latino”, escogidos y llamados como pueblo de Dios para ser transformados en modelo de bendición de Dios, que se entiende como prosperidad material. Para ello se requiere de la movilización de recursos. En el éxodo Dios proveyó a partir de la retribución que Egipto dio a Israel en función de los años de esclavitud. Hoy es a partir de la discriminación, rechazo y marginalidad que vivieron los pentecostales en el pasado y el trabajo individual y/o empresarial, son formas en que llegará esa prosperidad negada por la sociedad a los pobres, por ello en vez de ahorrar, hay que “invertir en el reino” de Dios. El neopentecostalismo se realza la “teodicea de la felicidad” 6 en el aquí y ahora, en donde la eternidad es vivida en el presente como el devenir del milenio. El sufrimiento y el dolor son sólo procesos y escuelas de la vida, pero no esencia de la vida. Así como en Job el sufrimiento fue un instrumento para preparar su carácter para recibir más, lo cual le trajo como consecuencia una retribución, compensación y restauración conocida “la 5
WEBER, Max. 1998. La ética protestante y el espíritu del Capitalismo. Ediciones Istmo. Madrid, pp 235. 6 WEBER, Max. 1998. La ética protestante y el espíritu del Capitalismo. Ediciones Istmo. Madrid; BERGER, Peter. 1999. El dosel Sagrado. Para una teoría sociológica de la religión. Editorial Kairos. Barcelona. España.
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teología restauracionista”7, inclinada al triunfalismo religioso, a la teología del éxito y la prosperidad. Ve en los patriarcas veterotestamentario, líderes triunfadores, exitosos e invencibles. Este triunfalismo se manifiesta principalmente en los cánticos como una clara recurrencia a tocar la realidad del sufrimiento cotidiano, la pobreza, la enfermedad como parte de la vida del ser humano, pero totalmente superable. En el neopentecostalismo se destaca un discurso marcadamente individualista. Se admite que el individuo, tenga no sólo su identidad religiosa, sino además otras identidades, sean políticas, profesionales o culturales, que muchas veces pueden entrar en competencia y contradicción con la religiosa, pero teniendo en cuenta que la causa final es la misma: “ser luz y sal del mundo”, por lo tanto no son contradictorias sino complementarias. Se produce una ruptura de las fronteras entre lo sagrado y lo profano: lo sagrado se profana y lo profano se sacraliza. Esto ocurre principalmente en el ámbito del trabajo, ya no existe la idea del pentecostalismo clásico: “trabajo para el Señor” y “trabajo para el mundo”, sean cuales sean sus condiciones el trabajo es del Señor y para el Señor. También se da en el ámbito musical, los ritmos de las canciones son más sensuales, estridentes y sofisticados en donde se imitan los cantantesartistas de renombre de la industria cultural evangélica. En el canto congregacional se destaca el énfasis individualista emocional, si en el protestantismo primó el himno, en el pentecostalismo clásico el coro, en el neopentecostalismo será el llamado cántico individual o “cántico espiritual” que implica que en los cultos una vez que se concluye la canción, en los momentos de adoración, las personas puede reconstruir la canción agregándole contenidos propios de acuerdo a sus experiencias, sentimientos y emociones. Así se da valor a lo espontáneo e inmediato, se abandona la memoria y la historia religiosa del cristianismo, del protestantismo y del pentecostalismo. En el pentecostalismo clásico no importaba el presente, sólo el pasado y el futuro; el pasado importaba sólo en tanto tiempo de muerte y el futuro como tiempo escatológico. En el neopentecostalismo el pasado no importa, sólo el presente, algo que se eterniza, ya no importa el futuro escatológico, sino el futuro como tiempo de prosperidad y movilidad social. Encontramos un paladincidio, una iconoclasia en extremo, no sólo se matan los ídolos católicos, también los líderes fundacionales del protestantismo y del pentecostalismo, existe poco vínculo con la 7
STOLL, David. ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico. Editorial Abaya-Yala. Quito. Ecuador.
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congregación, sólo existe fidelidad con los modelos de ascenso social de hombres y mujeres del Antiguo Testamento. No interesa saber la hagiografía porque éstos son vistos como líderes anacrónicos, excesivamente espiritualistas y celestes, que no le asignaron ninguna importancia al cuerpo, lo material o lo social, sólo vivieron para el cielo. En cambio la nueva forma de ser religioso, el cielo viene a ser un modelo de cómo vivir y prosperar en la tierra y no un espacio paradisiaco en un futuro lejano. La memoria religiosa no es relevante porque en los nuevos demandantes de contenidos religiosos, importa el “yoismo”, importa el ambiente emotivo, aunque sea fugaz. Tanto en el protestantismo como en el pentecostalismo clásico al individuo se le enseñaba a ser autónomo, responsable y solidario. Ahora no importa el otro, sólo el yo. De la celebre frase de Jesús: “ama a tu prójimo como a ti mismo” se desprende amarse siempre a sí mismo y una vez que se logra aquello, sólo así es posible de preocuparse por el otro. Empleando una metáfora generacional podríamos decir que en las tradiciones religiosas se resaltaba el adulto (adultocentrismo) como modelo religioso, ahora es el ser joven es lo que importa (juventudcéntrica). Esto también conlleva a las características musicales e instrumentales en las congregaciones. La música es abigarrada y con el uso de los instrumentos se torna estentórea, por ello la poca asistencia de adultos mayores. Esta nueva forma de pentecostalismo además enfatiza el ser profesional y el bienestar económico, en donde la pobreza es vista como pecado, subrayando la movilidad económica y social como formas de conocer la aprobación divina. Es un movimiento religioso fundamentalmente urbano, pero con el uso de los medios de comunicación como las radios, canales de televisión e internet, esta cosmovisión religiosa permea el pentecostalismo clásico, rural e indígena. Es un discurso religioso que resulta atractivo para los jóvenes porque los envuelve en una cultura pentecostal, tales como la industria musical que resulta ser de alto consumo; los gustos e imitación de los cantantes artistas, son fundamentalmente masculinos. El uso de las tecnología como el youtube, facebook, twitter, correos electrónicos y las páginas wiki, envuelven a los jóvenes pentecostales en un mundo aceptado y aceptable, en un postín que obtura su visión y conciencia frente a la eterna miseria de un continente maldito, donde la igualdad y la movilidad social son valores réprobos. Un continente execrable donde el cristianismo, primero católico y luego protestante, progenitores del colonialismo, abrieron el ánfora dejando escapar el pan, el maíz, la papa, la leche y todos lo minerales y recursos naturales, siendo atrapados por los inmigrantes
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lácteos, mientras que los oriundos atezados sólo les queda el consuelo y la esperanza. Mientras a la juventud pentecostal, se les incentiva sólo a orar y asistir al templo, haciéndoles creer que toda transformación social y cultural, es un acto divino, en el cual los individuos deben ser meros expectantes. El neopentecostalismo tiene una asombrosa capacidad de satisfacer las demandas de los sectores medios, jóvenes, profesionales y urbanos, porque ellos no son personas desgraciadas, ni oprimidas o explotadas, como el mercado religioso de los pentecostales, sino más bien, son hombres y mujeres que viven en una sociedad caracterizada por la trilogía oscilante de la incertidumbre, la precariedad y la competitividad. Hoy por hoy ya no es suficiente el esfuerzo humano para el logro, se necesitan de recursos mágicos. La modernidad resaltó y valoró el esfuerzo personal y el trabajo8, hoy el trabajo y la educación son valores importantes, pero no los únicos para la movilidad social, además de ellos se necesitan de recursos misteriosos9. La trilogía oscilante genera un profundo estrés en las personas que se traduce en sentimientos de angustia, perdida de sentido, frustración, sentimiento de injustica y soledad. No obstante el neopentecostalismo aborda estas temáticas a través de distintas formas cúlticas, musicales u oraciones, pero además recrea tiempos y espacios terapéuticos, a través de la música. Esto se puede observar al leer los contenidos de las canciones más visitadas en el youtube. En primer lugar encontramos la canción del mexicano Jesús Adrian Romero Aquí Estoy: “No quiero perder las cosas que me / quedan por hacer las cosas que me/ quedan por vivir en Tí./No quiero olvidar las cosas que planeaste para mi/ los sueños que me diste lo daré por Tí./ Coro… Listo quiero estar, los dones que me diste voy usar /los años que me has dado viviré por ti/ Voy a conquistar la tierra que me diste/…”. Tiene más de 16 millones de visitas y descargas. Que en términos generales la canción expone los deseos que una persona tiene de realizarse luchando y logrando sus sueños y conquistando poder. 8
Quizás esta idea está contenida en la celebre frase de Tomás Alva Edison, de que, “el genio consiste en el 1% de inspiración y en el 99 % de transpiración”, algo que muchos artista se sintieron identificado con esta idea. 9 Algo similar dice Hernán Rivera Letelier, cuando el año 2010 se ganó el premio Alfaguara, dice: “el uno por ciento es inspiración, el 49 por ciento es transpiración y el resto, suerte”
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En segundo lugar encontramos la canción de la mexicana Marcela Gangara, Dame tus ojos con, casi 15 millones de visitas: “Dame tus ojos, quiero ver. /Dame tus palabras, quiero hablar/Dame tu parecer/ Dame tus pies, yo quiero ir/Dame tus deseos para sentir/ Dame tu parecer. / Dame lo que necesito./ Para ser como tu. /CORO: Dame tu voz, dame tu aliento/ Toma mi tiempo, es para ti/ Dame el camino que debo seguir/ Dame tus sueños, tus anhelos/ Tus pensamientos, tu sentir/ Dame tu vida para vivir/ Déjame ver lo que tu vez/ Dame de tu gracia, tu poder/ Dame tu corazón/ Déjame ver en tu interior/ Para ser cambiado por tu amor/ Dame tu corazón”. Esta canción expone la idea que una persona quiere tener la visión, la misión y el propósito de su vida totalmente guiado por Dios de esta manera evitar el fracaso y obtener el éxito. En tercer lugar encontramos la canción del venezolanopuertoriqueño Daniel Calvetí La niña de tus ojos, aproximamente catorce millones de visitas: “…Me viste a mi /cuando nadie me vio/ me amaste a mi/ cuando nadie me amo (se repite todo)/ *coro: Y me diste nombre/ yo soy tu niña la niña de tus ojos /por que me amaste a mi /y mediste nombre /yo soy tu niña/ la niña de tus ojos/ por que me amaste a mi/ me amaste a mi(vs 8)/ Te amo más que a mi vida (x3) / te amo mas que a mi vida.... y me diste nombre...” Esta canción expresa que el individuo es tan importante para Dios, que lo asimila a la pupila de los ojos de Dios, así de protegido y resguardado se siente; además se destaca que es un ser invisible y ninguneado en la sociedad, pero Dios lo ha hecho visible y le ha dado un nombre. Estas son sólo algunas de las canciones con más visita, incluso logaran superar con creces a los cantantes seculares como Luis Miguel, Juanes o Marco Antonio Solís, aunque la única cantante insuperable es Shakira. La recurrencia de las visitas está en que lo hacen los jóvenes, quienes, como decíamos anteriormente lo hacen como parte de la cultura pentecostal heredada, quienes tienden a adquirirla, adaptarla y producirla como algo lúdico y significativa. Otro aspecto del neopentecostalismo es que ellos, tal como lo hizo el pentecostalismo misionero, especialmente la iglesia Asambleas de Dios,
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suman congregaciones pequeñas de distintos países, adhiriendo bajo su dominio y autoridad. De manera especial, hacen estos, los llamados ministerios apostólicos, quienes se ven beneficiados con el envío de los diezmos de las congregaciones, como una especie de impuesto por la protección espiritual, como lo era en la Edad Antigua entre imperios y pequeños reinados. ¿Qué beneficio reciben los pastores y membrecía local?. Son invitados de forma esporádicas a los países en donde está el apóstol, como Guatemala, Bogotá, San Paulo o Miami, generando un mercado en aumento, conocido como turismo religioso, que antes era sólo referido a Israel o India. Sin embargo no podemos terminar este artículo sin hacer una diferencia entre neopentecostalismo denominacional y el neopentecostalismo por cuenta propia. El primero alude a las estrategias predicativas que adquieren pastores dentro de la autonomía expresiva que tienen los líderes para predicar, crecer y expandirse. Algunos han sido muy exitosos, como David Cho en Corea del Sur, quizás el tipo de neopentecostalismo más sugerente y sofisticado, porque si bien es cierto Cho posee una gran influencia, pero el movimiento continuará. No sólo ha permitido que el porcentaje de evangélicos crezcan en ese país, sino también el dinamismo que ha generado en otras denominaciones del protestantismo tradicional y un aspecto sorprendente es la cantidad de misioneros que Corea envía a otros países, considerado el segundo país con mayor proporción de misionero, después de Estados Unidos. Por otro lado el neopentecostalismo cuentapropista se centra fundamentalmente en hacer crecer su iglesia, iglecrecimiento, empleando distintas estrategias de mercadeo, seminarios y conferencias dictados por algún apóstol o profeta. Estos neopentecostalismos se pueden considerar como templos metropolitanos que su vez buscan iglesias satelitales para que se unan a ellos. Esta nueva forma de iglesias crecen sólo ellos de manera exorbitante y se desinteresan por temas clásicos del protestantismo o el pentecostalismo como obras sociales u obras misioneras. Por el contrario son grupos religiosos que succionan la membrecía de pequeñas iglesias locales. Los líderes apostólicos y proféticos, a veces ambos roles reunidos en un solo líder, se especializan en escribir libros de autoayuda, recurriendo a la psicología popular, pero a la vez estos líderes son muy críticos de la psicología ya que instan a los creyentes a no asistir a los psicólogos sólo a ellos. Estos libros son de una simplicidad impresionante pero con título sugestivos. Así en ambos tipos de neopentecostalismo ha desaparecido todo tipo de críticas social, política y económica. Antes en el pentecostalismo
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por lo menos había una protesta simbólica, ahora no hay nada. Todos los problemas sociales son responsabilidad del individuo, por lo tanto el problema real no está fuera, sino dentro de él: está en su mente. Todos los problemas sociales tienen causas espirituales y por tanto, basta con exorcizar desde los templos o basta con hacer la declaración positiva, como si las palabras fueran mágicas e hicieran los cambios por sí mismas, sin que necesiten de la acción, el compromiso y la responsabilidad humana. Nada suplanta la acción humana, ni siquiera sus propias palabras, por más divinas que éstas sean. Conclusiones El neopentecostalismo es un movimiento religioso pentecostal fuertemente individualista, economicista y tecnodependiente, en donde prima un ambiente religioso emocionalista y presentista. Hay una indiferencia por la memoria religiosa, el presente es un instrumento para potenciar los recursos simbólicos para lograr la prometida y anhelada movilidad social y económica y el futuro se construye en función de la prosperidad individual y familia, retornando los beneficios sólo a la iglesia, a través de los diezmos y ofrenda, pero no a la sociedad. Tanto el pentecostalismo como el neopentecostalismo han pecado de una creencia entelequia, esto es, que cambiando al individuo es posible cambiar la sociedad. Esto ha conllevado que en ciudades, por ejemplo en Chile como Coronel, Lota o Curanilahue sobrepasan el 50 % de la población o en países como Guatemala que la tercera parte del país se presume evangélica. Por el contrario son sociedades que se caracterizan por altos niveles de pobreza, miseria, desempleo, delitos y violencia. Es decir el pentecostalismo no ha tenido impacto social ni cultural, ha cambiado a millones de individuos, pero ha solidificado y petrificado las instituciones, esto es peor que antes, porque ahora no sólo ha inmovilizado a los creyentes, sino que también ha sacralizado el estatus quo y demonizado cualquier acción transformadora de algún creyente o líder pentecostal. Y para mal de los males, esta espiritualización de la realidad enriquece a los apóstoles, profetas, conferencistas y obispos pentecostales, así que más enmudecerán en el futuro. De esta manera quedan dos caminos para el pentecostalismo. Primero, que el protestantismo inicie espontáneamente procesos carismáticos, que lo empujen a una religión que sea atractivo popular. Esto sería significativo ya que los protestantes vienen de una tradición teológica reflexiva, crítica, consiente social, cultural y políticamente. Esto le
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permitiría no sólo crecimiento, sino también, transformaciones sociales y culturales. La otra opción es que el pentecostalismo y el neopentecostalismo adquieran conciencia y responsabilidad social y política para generar las transformaciones socioculturales que tanto se necesitan en los pueblos de América Latina. Pero mientras los líderes religiosos vivan en condiciones económicas de países desarrollados, cuando la gran mayoría de la feligresía vive entre la miseria y la pobreza, todo seguirá igual Hoy por hoy los apóstoles y profetas neopentecosatles y los obispos y superintendentes de las denominaciones pentecostales se constituyen en la nueva oligarquía y burguesía latinoamericana. Esto es peor que antes, porque estas son “vacas de Basan”, que se enriquecen con la Biblia en la mano, mientras enseñan a sus feligreses la trilogía de la obediencia (sumisión, sometimiento y silencio) para no cambiar ni transformar nada y peor aún todo empeorará. Así las masas pentecostales empobrecidas, serán terrenos fértiles para ideologías políticas revolucionarias.