El Trivium
December 10, 2023 | Author: Anonymous | Category: N/A
Short Description
Download El Trivium...
Description
1
El Trivium
Su presentación y fundamentación
Dra. Graciela Hernández de Lamas.
2 El Trivium1 1. Justificación histórica Fue tal vez Capella (siglos IV.V) quien subdividió de esta manera el saber humano: trívium y cuadrivium. El trívium está compuesto fundamentalmente por tres disciplinas: la gramática, la retórica y la dialéctica (lógica). La palabra haría referencia a la triple vía para acceder al saber. Cumplió y cumple la función de presentar orgánicamente el saber, lo cual favorece y sirve de modelo para el diseño del curriculum de todos los tiempos. No sólo presenta orgánicamente el saber cómo cultura objetiva sino como cultura subjetiva. Esto significa que al mismo tiempo que se aprende se mejora la capacidad de aprender. Que al mismo tiempo que se piensa en tales o cuales conceptos se mejora la capacidad de pensar, se favorece el pensamiento crítico, es decir, el pensamiento no pasivo que acepta lo que le adviene sin procesarlo. Mejora el poder del pensamiento. Históricamente se introduce en la cultura occidental desde los comienzos del cristianismo y más precisamente en la gestación de la Edad Media por la necesidad de entender, traducir y copiar los libros griegos y romanos y la Sagrada Escritura. Poco a poco se va generando teoría acerca de estas artes prácticas y se las estudia en sí mismas. Pero siempre conservan el carácter práctico – normativo, además de provocar permanentemente una conciencia del valor formal pedagógico que las caracteriza: cómo, su estudio y manejo, facilita otros aprendizajes. Y aún cómo mejoran las capacidades cognoscitivas y volitivas generales de quien las practica. Si bien el origen y primeras tentativas de concreción del trívium y del cuatrivium se da dentro del ámbito monástico y eclesial tuvo desde sus orígenes un sentido práctico. La gente del mundo necesita hacer transacciones, argumentar, comunicarse, redactar
leyes y
disposiciones de variada temática. Quien sabe leer y escribir tiene un trabajo asegurado, tanto para escribir al dictado, leer e interpretar textos y enseñar a los señores y niños. San Agustín es la figura relevante en todos los aspectos que interesan aquí, ya que afirma que la gramática es la disciplina fundamental, base de toda cultura. Por lo demás, utiliza la dialéctica y es profesor de Retórica, disciplina que pone al servicio de la interpretación de las Sagradas Escrituras. El aval de Agustín, que incluye la necesidad de los estudios clásicos, es fundamental para liberar y validar el estudio de los paganos. Casiodoro en el siglo VI presenta a las artes liberales como “ejercicios racionales para una mayor comprensión de la ciencia sagrada y como instrumentos utilísimos para la 1
Trabajo preparado por la Dra Graciela Hernández de Lamas.
3 conservación de los saberes de la antigüedad” 2. Es decir, que le otorga a las artes liberales un valor propedéutico. Y esto queda así establecido para la cultura occidental. Hubo momentos de mayor esplendor de una u otra de estas disciplinas, pero queda instalada su importancia. La Gramática por ejemplo, no es sólo una disciplina escolar sino un arte y una ciencia. Está presente tanto en el momento normativo cuanto en la interpretación de los autores clásicos. Es necesario conocer las estructuras que aquellos manejaban, lógicas, lingüísticas y oratorias, para poder interpretar sus textos. Es decir, que desde los comienzos están también íntimamente unidas a la hermenéutica, aunque no se la considera como disciplina independiente. Figuras importantes en nuestro trayecto son Isidoro de Sevilla, Alcuino, Rabano Mauro, etc. Alcuino por ejemplo afirma que los que se preparan para servir al Señor deben cuidar de leer la gramática, porque en ella reside la ciencia de hablar bien y escribir con corrección. Asimismo Rabano, que es discípulo suyo (776 – 856), considera que la gramática es ciencia de interpretación de los poetas e historiadores3. Se pueden rastrear fructíferamente para la didáctica de la lectura y escritura de hoy los trabajos medievales de los distintos monasterios. Por ejemplo, para mejorar la prosodia de su monasterio, Micón de San Riquier reelabora algunos florilegios con su propio método: primero coloca la palabra clave, luego el verso que va a ser comentado y a la derecha, el nombre del poeta4. Con Escoto Erígena (810 – 875) adquiere más importancia la dialéctica. El motivo está en que sostiene que la verdad filosófica y la verdad religiosa no pueden contradecirse. Esto hay que justificarlo en cada caso, por lo que el arte de pensar adquiere predominio, en desmedro de la gramática, que enseña a leer, escribir e interpretar textos, que no se discuten. Al contrario, son utilizados como modelos. El siglo X se caracteriza por la permanencia, poco creativa, de estas disciplinas. La originalidad estaría tal vez dada por algunas escrituras en lengua vernácula, pero no hay ningún tipo de uniformidad. En cada lugar y en cada situación particular aflora una u otra de las disciplinas del trívium. En cambio, en los siglos XII y XIII, a raíz de los concilios lateranenses (1179 y 1215), se establece que en cada sede episcopal debe haber un profesor de gramática y uno de teología. De hecho se habilitaron en las principales ciudades (Dijon, Barcelona, Venecia) cursos de gramática. Galino, M.A.: Historia de la Educación. Madrid, Gredos, 1960, pág. 480. Cfr. Idem. 4 Cfr. Idem, 490. 2 3
4 Pero es en el siglo XIII donde florecen ampliamente las disciplinas del trívium. En algunos centros predomina la dialéctica (Chartres), en otros los aspectos literarios (Orleans), pero en todos se dan estas artes, con la necesidad de leer, escribir, pensar e interpretar cartas, consejos, florilegios, sermones, glosarios, lexicones y textos didácticos varios. Se intensifica el estudio de la gramática, por ejemplo en París, a punto tal que surge una interpretación filosófica de la misma, con toda la polémica que esto suscita. Un dato provocativo de este siglo lo constituye la divulgación de la obra aristotélica y la de los árabes. Más allá de las disputas tan conocidas, se ve que el desarrollo natural de estas disciplinas implica el compromiso de unas con otras para poder leer, interpretar y transmitir el viejo y renovado material. Tampoco aquí hay que olvidar el aspecto práctico del conocimiento del trívium. En el siglo XII el comercio está en pleno auge, lo que implica la necesidad de comunicaciones y registros escritos de diverso tenor. La escuela del trívium ya no queda reducida a la escuela de palacio o a la escuela de la Iglesia, sino que surgen maestros que son contratados para satisfacer la necesidad de saber leer, escribir e interpretar textos. Hay que recordar también que enseñar en una escuela en el medioevo significa leer. Esto es, leer en voz alta, explicar, comentar e interpretar. La lectio es la encargada de llevar al hombre a la contemplación más alta y a una correcta interpretación de las Sagradas Escrituras. En el esplendor de esta época los géneros textuales y didácticos se amplían y enriquecen considerablemente, en general alrededor de la lectio: lectura de modelos, leyes de exposición, coloquios (orales y escritos), glosas de distinto tipo, comentarios alegóricos, diálogos escolares, ejercicios de composición, discusiones dialécticas (cuestiones disputadas y cuotlibetales). Son los momentos de consolidación y auge del trívium. Luego corre suertes diversas según la preeminencia de los enfoques que se dan a las disciplinas que lo componen. El enciclopedismo, el positivismo, y la atomización del hombre y de los saberes, influyen en los destinos del trívium. Pero fundamentalmente su falta de vigencia se debió a la separación de los saberes, en particular de los concernientes al lenguaje, de la realidad. Aquí el nominalismo tiene su momento de gloria. Hoy, gracias a la madurez de las ciencias y en particular por urgencias pedagógicas, se le vuelve a dar importancia al trívium como tal. No por un mero volver a tiempos pasados sino para enriquecerse con su fertilidad renovada. Es urgente la necesidad de la escuela actual de volver a enseñar a leer, escribir, pensar y hablar con corrección.
5 2. Su incorporación en la escuela hoy La hipótesis de trabajo es que la lógica o dialéctica (por ahora la usaremos como sinónimos), la gramática y la retórica se deben enseñar encarnadamente, en unión armónica, en la escuela, desde los primeros años. Si es el corazón de la escuela, debe estar presente en todas las clases. Esto no significa que su incorporación implique incorporar nuevas disciplinas a la currícula, ni siquiera que se las distinga explícitamente, ni que en un momento de la progresión de la educación, no se comience a impartir estas disciplinas en forma discriminada y profundizando en sus presupuestos teóricos, es decir, buscando las explicaciones causales necesarias. Que deban estar presentes en todas las asignaturas no significa confundir sus formalidades5.
5
La formalidad es el aspecto de la cosa o cuestión que la inteligencia considera en un momento determinado. Tiene relación con el objeto material y el objeto formal de una disciplina. El objeto material es lo que estudia la disciplina. La materia que es estudiada. Pero dentro de esa materia u objeto se pueden hacer consideraciones distintas. Así por ejemplo, aunque mi alumno sea una persona definida (objeto material) de “mi ciencia”, yo puedo considerar en él su situación personal, su disposición como estudiante, su cociente intelectual… etc. El hombre es estudiado por distintas disciplinas: la antropología, la medicina, la economía, la educación. Pero cada una lo hace atendiendo a un aspecto diferente. Es decir, que la formalidad indica el aspecto de la cosa o cuestión que la inteligencia considera. El aspecto inteligible del objeto con el que la inteligencia se comunica.
6 Con estas salvedades, podemos distinguir cuatro planos de base: Realidad Cosas: animales,
árboles,
Ideas
palabras
Simple
Artículo,
Discurso sustantivo,
Textos
estrellas, aprehensión, juicio pronombre, adjetivo, verbo,
hombres, mesas….
y razonamiento.
adverbio,
preposición,
conjunción. Sus significados, formas, correcta
ordenación
y
escritura y pronunciación. La oración. Es
materia
de
Es materia de
estudio y enseñanza estudio de : Las
Es materia de estudio y
y enseñanza de :
estudio
enseñanza de : distintas
y
enseñanza de :
La lógica y la
La gramática: semántica,
ciencias particulares dialéctica
sintaxis,
y de la Metafísica.
prosodia.
La realidad es
Es materia de
Pensada
ortografía
Puesta en palabras y oraciones.
La retórica
y Expresada en función
de
un
receptor. La columna 1, la de la realidad, la del ente, es la que fundamenta las otras tres. En efecto, existe una realidad, hay cosas que son percibidas por un hombre mediante los sentidos externos e internos, los que van gradualmente desmaterializando el material percibido hasta abstraer, concebir el universal (mediante el intelecto agente y posible). Esta operación es de simple aprehensión, sin afirmar ni negar nada. El concepto así obtenido se manifiesta en la definición y en su operación inversa, la división. La operación siguiente del espíritu consiste en la unión o separación de dos conceptos mediante un juicio. Éste es una afirmación o una negación. La afirmación se da en el caso de que dos conceptos que se refieren a dos aspectos que en la realidad están unidos lo estén también en el juicio; si están separados, el juicio es negativo. Cuando dos o más juicios se relacionan entre sí de un modo determinado (causalmente) tenemos un razonamiento o silogismo.
7 Estos temas son materia de estudio de la Lógica, que es el arte y la ciencia del pensamiento. Ésta estudia cómo debe proceder el pensamiento, de acuerdo con determinadas reglas, para llegar a una verdad. La misma lógica tiene un uso menos apodíctico cuando trata de materia más contingente, o aún necesaria pero en cuanto no conocida como tal por el sujeto. Esta lógica, en movimiento, que ayuda a encontrar las verdades y principios, recibe el nombre de Dialéctica. Hecha esta aclaración, usaremos ambos términos, lógica y dialéctica, indistintamente. Las operaciones mentales trabajadas por la Lógica se expresan en palabras, en un lenguaje. Su significación, su orden, su forma, son estudiados por el arte y la ciencia de la Gramática. El lenguaje a su vez se expresa en un texto que es un discurso, en cuanto es dirigido a alguien, lector o auditor, con intencionalidades diversas, pero siempre con el propósito de presentar o conducir a una verdad. El arte de hacer (e interpretar) discursos (orales o escritos) es la Retórica. Como se ve ideas, palabras y cosas, están íntimamente unidos, aunque se distinguen perfectamente entre sí. La realidad es lo dado. Lo que no se modifica por estos saberes, que la manifiestan o expresan. Una noción previa y que es común a todo el trívium, y que sin nombrarla la hemos ya utilizado, es la de signo. Un signo es aquello que representa algo distinto de sí mismo. Para que haya un signo se necesitan tres cosas: algo que va a ser representado mediante el signo, el signo mismo que lo representa, y una inteligencia que comprenda al signo en su calidad de tal. Ejemplo: el humo es signo de un fuego. Entonces tenemos: El fuego (la cosa que va a ser representada mediante el signo), el humo que es el signo que representa al fuego y la inteligencia, que comprende la calidad de signo que tiene el humo. Los signos pueden ser, entre otras clasificaciones: naturales, artificiales o arbitrarios. Y dentro de estos últimos pueden encontrarse los consuetudinarios y los convencionales propiamente dichos. Los naturales son los que significan por sí mismos, por su misma esencia o forma, como el humo lo es del fuego; la sonrisa del estado alegre; el rojo de la frutilla, de su madurez. Hay una relación real entre el signo y lo significado. El hombre se limita a comprenderla. Los signos artificiales o arbitrarios son los que el hombre inventa y acuerda por convención, habitualmente por razones prácticas, y la relación con lo significado es una mera relación de razón y no real. Así por ejemplo, cualquier signo de tránsito. Es una convención que dos rayas amarillas paralelas en la ruta signifiquen que no se puede pasar de carril; o que
8 el amarillo del semáforo signifique que hay que estar alerta. Estos signos son totalmente arbitrarios. Pero puede darse el caso de que la decisión de la elección del signo se dé por el uso que va adquiriendo con el tiempo. Es el signo consuetudinario, y tal es el caso de la palabra. No es natural porque no hay una relación real entre la voz y lo que significa. Por eso cada idioma dice las cosas de distinta manera. En el origen de las palabras siempre hay alguna razón de imposición de tal nombre a tal cosa, más o menos cercano a las distintas realidades. El ejemplo de Sto. Tomás es el de piedra – pie. Piedra sería aquello con lo que se tropieza el pie. También se ve esta relación cuando se inventa un nuevo objeto y se necesita una palabra, así televisión, telefonía,… automóvil. Son palabras que surgen de las combinaciones de palabras originarias. Éste es el sentido del estudio de las etimologías y las razones de imposición de los distintos nombres. Son vías para acercarnos más y mejor a las cosas mismas. La palabra, entonces es un signo. Un signo de las cosas, pero de modo indirecto. La palabra es signo del concepto, quien a su vez es signo de la cosa, como quedó establecido antes. Éste es el proceso al que no tienen acceso los animales. Es importante distinguir entonces entre estas dos realidades: palabra y concepto. A veces parecería que se identifican, están en íntima relación, pero hay que mantener su distinción. Hay palabras, como veremos, que son equívocas, son signo de diferentes conceptos. Por ello primero hay que discriminar a qué concepto se refieren; de lo contrario, la comunicación es imposible. Éste es uno de los problemas del nominalismo6. Si estamos hablando de banco, de democracia, de gato, de república, etc. primero debemos establecer a cuál de los conceptos nos estamos refiriendo, de lo contrario se cometen distintos tipos de sofismas y la comunicación se torna imposible. El trivium…En síntesis… El discurso (estudiado por la Retórica) es la síntesis final, la expresión de la humanidad del hombre, la manifestación de las operaciones específicamente humanas.
Nominalismo es la postura filosófica que sostiene que los nombres o las palabras son “voces vacías”, producto de consensos de distinto orden, que no hacen referencia a algo universal. En la base siempre hay una identificación de pensamiento y lenguaje. 6
9 Manifiesta su logos7 en la intelección de lo que las cosas son y en la argumentación acerca de ellas (lógica – dialéctica). Ésta es la base de la coherencia 8del texto y de su cohesión9 (Gramática textual). Las palabras que lo componen tienen un orden (estudiado por la sintaxis), una forma (morfología), un significado (semántica), está correcta y bellamente escrito (ortografía y caligrafía) y prolijamente pronunciado – dicho (prosodia). Esto produce belleza, tema especial de la literatura. Todos estos aspectos del trívium, explicitados para su estudio y entendimiento, adquieren su fuerza e importancia no en contenidos sino que su relevancia está dada por la formación de las capacidades que entrenan y habilitan para otros aprendizajes. El trívium es la base, sin la cual no puede construirse el organismo vital e intelectual del hombre. Entre las capacidades que se generan está la de la memorización. El memorizar listas de palabras no es tener una cultura, no es saber historia, por ejemplo, saber la tan discutida lista de presidentes argentinos o norteamericanos. Pero sí deja un marco o una referencia importante para ubicar y entender hechos del pasado. Ésta es la importancia de adquirir nuevas palabras, que son incorporadas como categorías. Significa que al designar una cosa la delimito, la incluyo en una misma clase de objetos, y al mismo tiempo la separo o excluyo de otras. Se está trabajando aquí nada menos que la definición (tema de la lógica, dentro de la primera operación del espíritu). Lógica Aquí trataremos sólo de aquellos temas de la lógica que sean inmediatamente necesarios para la escuela. El signo. El concepto. La comprensión y la extensión. La definición. La división. La abstracción. Términos unívocos, equívocos y análogos. El juicio. El razonamiento. 1. Lógica y dialéctica. Aclaraciones previas Cuando se enumeran las disciplinas del Trivium, según los momentos y autores, se habla de dialéctica o de lógica indistintamente. Inteligencia, capacidad para captar lo esencial de algo, más allá de las apariencias fenoménicas, y expresarlo en un símbolo: palabra. Y esto por la connaturalidad o coaptación entre la capacidad de captación de lo universal de la inteligencia humana por su espiritualidad y la naturaleza o esencia de las cosas de las que éstas participan. 8 La coherencia argumentativa es lo que da unidad al texto. 9 La cohesión hace a la trama unitiva del texto. 7
10 Respecto a la dialéctica, para acercarnos a su significado podemos rastrear en su etimología. Un modo de leer la palabra dialéctica, es a partir de lego que en griego quiere decir hablar y en latín, leer. Ambos derivan de la misma raíz indoeuropea10. Hablar (lego) es emitir voces significativas, es decir, sonidos articulados que significan o son signos de algo: pensamiento y realidad. La palabra no refiere sólo al pensamiento sino a la cosa. Por lo tanto en la palabra hay una doble significación, como dice Aristóteles en el Perihermeneias: los movimientos del alma, las cosas que acontecen en el alma, sus pasiones, y la realidad exterior. Los movimientos del alma se pueden reducir a conocimiento y voluntad o deseo. Aun cuando significa deseo, lo hace en tanto puede ser objetivamente pensamiento. Con lo que se está diciendo que hablar, si bien se distingue del pensar, al ser un pensamiento locucionario, es decir, que está dirigido a otro, no es ajeno al pensar mismo. Por ello cuando se dice hablar en griego, lego, se piensa en todos los actos y los signos, los actos significativos, que expresan el pensamiento. El lego del latín se usa en referencia a una manifestación del pensar en el lenguaje gráfico y escrito. Por lo tanto, el contenido significativo de lego en latín y en griego, es muy próximo, tanto que en griego en tercera o cuarta acepción puede ser leer, y en latín en tercera o cuarta acepción es hablar. También se encuentra lego como sustantivo que corresponde a lógos, palabra, en tanto voz proferida, sonido articulado significativo locucionario. Es el signo instrumental de la palabra pensada que corresponde a un concepto o a una idea. Con lo cual logos significa la palabra expresada, como sonido significativo que se expresa en la comunicación. En segundo lugar, logos significa la palabra pensada. En tercer lugar, la idea. En cuarto, significa el pensamiento objetivo, el contenido general del pensamiento, incluyendo las relaciones lógicas del mismo. De la palabra logos, lego, surge la palabra lógica que designa el arte o ciencia de las relaciones y contenidos de pensamiento. Como se ve dialéctica, desde el punto de vista etimológico es prácticamente sinónimo de lógica. En su origen, Platón usa la palabra dialéctica, antes que lógica. Los estoicos usan la palabra dialéctica para designar la lógica. De hecho durante todo el tiempo de vigencia del trivium y el quadrivium por lo menos, la palabra dialéctica se usó para designar la lógica, aunque en la Edad Media se use también la palabra lógica. En Santo Tomás a veces son sinónimos, lógica y dialéctica, pero frecuentemente las distingue. La diferencia entre ambos términos –lógica y dialéctica- está dada por el prefijo dia. El CFR. BAILLY: Dictionnaire Grec Francais, Paris, Hachette, 1981, voz légo, págs. 1175-1176 y CHANTRAINE, Pierre: Dictionnaire étymologique de la langue grecque, Histoire des mots, Paris, Éditions Klinsieck, 1980, pág. 625. 10
11 matiz que le da este dia, es siempre un cierto dinamismo, tránsito: a través de, por, paso, pasaje, y a la dualidad ya apuntada. Hace referencia a un movimiento, en este caso del pensamiento mismo que pasa por distintos hitos o aspectos sin solución de continuidad. Así la palabra dialéctica tomada en un sentido estricto indica el pensamiento o la lógica relativa al pensamiento en tanto está en movimiento. Así se puede decir que la dialéctica es la lógica que considera al pensamiento no quieto, en proceso, cuyo término es lo verosímil, que supone la proximidad de la verdad. Y el fin, en tanto acabamiento, es dicha verdad. Ésta puede ser segura, firme. El pensamiento reposa y descansa sólo cuando llega a su cometido, a una verdad cierta. La dialéctica, con ese matiz de movimiento, funciona también como verificadora de que las premisas que enuncian una verdad sean plausibles, verosímiles, para lo cual controla y muestra especialmente que sus contradictorias aparezcan como imposibles, añadiéndose así la formalidad refutativa. Siempre que se habla de verosimilitud se está suponiendo un mayor o menor acercamiento a una verdad. La dialéctica presenta también una dimensión dialógica, al estar ordenada a la conversación y confrontación. Aquí usaremos como sinónimos las palabras dialéctica y lógica. La primera distinción obvia respecto de la lógica (y de la dialéctica) es entre la lógica natural y la lógica artificial, arte o ciencia. La lógica natural es la que utilizamos habitualmente, sin necesidad de haberla estudiado. Es con la que nos manejamos para resolver las cuestiones de la vida cotidiana y la que utilizamos cuando leemos o estudiamos un texto. Pero además es ciencia y arte, necesarios para validar nuestros conocimientos científicos, verificarlos, y conducirnos en su adquisición y progreso de modo seguro y cierto. La Retórica es la disciplina que se encarga de presentar de manera persuasiva los enunciados ya criticados dialécticamente. Aparece así la unidad de la lógica de lo verosímil (dialéctica) en la lógica del discurso pedagógico y su expresión retórica. Los distintos autores discrepan en cuanto a incorporar o no la Retórica a los tratados lógicos de Aristóteles. En cualquier caso, es indudable el substrato lógico de la misma, que es lo que le brinda la estructura, cohesión y formalidad última que posee. Y fortalece la unidad del trívium. De hecho, como se verá, es muy difícil separar completamente los temas para una u otra de estas disciplinas.
12 2. Primera operación del espíritu: la simple aprehensión La simple aprehensión es la “actividad por la cual la inteligencia capta o aprehende y no simplemente percibe alguna cosa sin afirmar o negar nada”(la percepción está en un nivel psicológico y es sensible y singular)11. El concepto es un contenido mental en el que captamos una esencia o una naturaleza. Aquí la palabra esencia está tomada en un sentido amplio. No significa comprender a fondo lo que es, sino llegar sólo a alguna intelección de la misma. El concepto significa aquello que la cosa es, en un determinado aspecto. (Ese qué es se expresa en la quididad de la cosa conocida. En el acto de simple aprehensión la inteligencia capta o percibe sin afirmar o negar nada, da noticia de algo conocido y nos remite a una realidad, no al mismo concepto. Sin afirmar ni negar una reflexión posterior puedo pensar en el concepto que poseo de tal o cual cosa. El concepto, que es algo mental, significa y remite a algo real. (Cfr. De Anima a 2, ad 5 y S. Th. I, q.85, a.2). 2.1. Notas de los conceptos Son predicables, es decir, se pueden atribuir a algo o alguien; Universales, se aplican a todos los de la misma especie. Tienen comprensión (constituida por sus notas, que caracterizan al concepto). Y extensión (es la mayor o menor amplitud respecto de otros conceptos o entes singulares de los que se puede predicar ese concepto). Predicar es atribuir un concepto a otro. 2.2. Proceso de formación del concepto El concepto se forma por abstracción, tema que en sí mismo pertenece a la psicología. Pero pedagógicamente es necesario recordar cómo se realiza. Por ser inmaterial la inteligencia sólo conoce inmaterialmente, por eso debe universalizar para conocer. El objeto es llevado al último grado de inmaterialidad, de tal modo que es el concepto un nuevo modo de ser de las cosas, que la inteligencia inmaterializa y universaliza. El proceso: El hombre comienza a conocer por los sentidos, más precisamente por los sentidos externos: tacto, gusto, olfato, oído y vista. Todo el material sensible recogido por los sentidos externos es asumido por los sentidos internos, y cada uno, con su particular modo de ser va desmaterializando lo sentido. Así, el sentido común unifica y distingue las distintas sensaciones, la imaginación forma un fantasma o imagen de lo percibido, lo que es archivado en la memoria y asumido por la cogitativa. Ésta hace esa síntesis final que constituye la 11
Maritain, J.: El orden de los conceptos. Buenos Aires, Club de Lectores, 1980. Pág. 31.
13 percepción, por la cual el objeto se presenta como uno, estructurado y cualificado. La cogitativa es el puente entre las facultades cognoscitivas sensitivas e intelectuales. Este material es, finalmente, presentado a la inteligencia. El intelecto agente lo ilumina y el posible concibe el concepto. Es decir, abstrae una esencia, universal. Así, de muchas flores, de distintas formas y colores, la inteligencia abstrae, es decir, separa una forma o una esencia, (aunque sea confusamente), de las condiciones materiales sensibles (4, 3 o 5 pétalos; azul, roja o amarilla; grande o pequeña,….) y forma el concepto de flor. Este concepto decimos que es universal porque es uno que se puede aplicar a una infinidad, a una variedad inmensa de objetos (flores). Lo mismo podríamos hacer con el concepto de madre, o de árbol, de perro, o de mesa. La importancia de conocer este proceso, que se da de forma natural, se debe a que si en la escuela se quiere ayudar a abstraer, es necesario estar al tanto acerca del mecanismo natural para seguirlo, auxiliarlo, y no entorpecerlo, al menos. Y si la escuela no contribuye a acrecentar la formalidad más específica que tiene el hombre en tanto espíritu encarnado, ¿Quién? El concepto se distingue de la imagen, porque ésta es sensible. La imagen de mi perro, a por ejemplo, tiene color, forma y figura. Pero el concepto de perro se puede aplicar a perros de distintos tamaños y colores. El animal, en su proceso cognoscitivo, llega hasta las imágenes. La abstracción puede ser total o formal Abstracción total. El concepto hombre designa un universal que se puede aplicar a distintos individuos. Pero también podríamos abstraer aquello por lo cual este hombre es tal, en este caso la humanidad. En el primero se designa una formalidad con un sujeto; en el segundo sólo la formalidad. Esto origina la clasificación semántica de los conceptos (y de los sustantivos) en concretos y abstractos (hombre-humanidad; niñez–niño; sabiduría-sabio; religión-religioso; corporeidad-cuerpo; santidad-santo; malicia-malo; limpieza-limpio, etc.). Otro tipo de abstracción es la abstracción formal, que hace referencia a la cantidad. Es la abstracción que hacen las matemáticas. Así, se habla de 4, 8 o 20, con los que podemos hacer diversas operaciones, pero a las matemáticas no le interesa qué objetos representan sino cuántos son. Lo mismo al hablar de cuadrado, círculo, circunferencia o rectángulo. Sólo importa la forma, sin importar si es ventana o puerta, o sol. Es importante tener esto en cuenta al momento de enseñar matemáticas. Su objeto es algo real, la cantidad (que no es un ente de
14 razón). Como vimos no se puede abstraer sin haber pasado por el trabajo de todos los sentidos. Por lo tanto hay que tener en cuenta los momentos previos a la abstracción para darles el espacio didáctico correspondiente. De lo contrario, se trabaja sólo con palabras vacías. 2.3. El término El concepto es expresado en una palabra, que en lógica se llama término. Los términos pueden ser unívocos, equívocos y análogos. Unívocos: Son aquellos términos que significan algo determinado. Se los utiliza siempre de la misma manera. Así libro, hombre, mesa, estadística, fruta. Equívocos: Son los términos que, aunque la palabra sea la misma, su significado puede variar enormemente. Así gato (utensilio para levantar el auto o animal); banco (mueble para sentarse o empresa de dinero); cuarto (medida aritmética o lugar de una casa); meseta, norma, etc. Análogos: Son los términos cuyo significado, si bien es diverso, tienen alguna similitud troncal. El clásico ejemplo es salud. Son palabras que se predican de sus sujetos porque tienen algo en común y algo distinto (cfr. S.T. I, q. 13, a.5). Tienen una perfección, pero la tienen de distinto modo. De alguna manera la analogía en lógica expresa la participación metafísica. Siempre se da en los respectivos sujetos una similitud en una perfección y una diversidad en el modo de aplicación. Ejs: alegría, canto, madurez. Interesa tener en cuenta esta noción ya que es la que más cercanamente expresa la realidad. Reducir los conceptos a unívocos favorece el pensamiento binario y pobre, caldo de discusiones y errores interminables; la equivocidad, el nominalismo. La analogía puede darse de modos diferentes. Así se habla de analogía de proporción y de analogía de atribución. Proporción es la relación adecuada entre dos elementos. En matemáticas, podemos hablar de doble 4:2; o en metafísica de proporción entre la forma y la materia, o de la causa y el efecto. O en la vida diaria, entre lo que compro y lo que pago; entre el hecho por el que me enojo y mi enojo. O en una receta hablamos de mantener la proporción de agua y harina (pan); o entre la fruta y el azúcar (para una mermelada). Hablamos de proporcionalidad, para referirnos a la igualdad de proporciones. Vale decir, que un concepto se predica de varios sujetos en los que se da, pero en cada uno se realiza de modo semejante. Así decimos que 4 es a 2 como 8 es a 4. La relación es la misma: son el doble (o la mitad).
15 O que el hombre y el león son animales. O que el niño y el perro conocen. Indudablemente el significado de animal es el mismo pero la animalidad es distinta en el hombre y el león; el niño y el perro conocen, pero de modo diferente. La analogía es utilizada en la vida diaria y en las distintas ciencias. Para construir el conocimiento acerca de algo, es útil partir de alguna realidad que resulta más evidente, y a partir de ahí, ir viendo las similitudes y las diferencias para discernir el correcto significado. Así el maestro parte siempre de algo conocido para sus alumnos para, a partir de ese concepto firmemente aprehendido, ir realizando el proceso de analogías sucesivas para conocer algo más alejado de su experiencia. Esto constituye también la primera adquisición de las herramientas dialécticas, que se van a utilizar desde los primeros grados hasta la culminación de cualquier tipo de elevados estudios. Y también marcan el orden del discurso retórico. La analogía de proporcionalidad es utilizada también con un sentido metafórico. En toda buena metáfora se puede explicitar la proporcionalidad analógica que encubre. Así hablamos del camino de la vida, de la rectitud de intención, de las perlas que derramó Dulcinea. En todos los casos vemos que en la vida por ejemplo no hay un camino pero así como para llegar a algún lado necesito seguir una senda determinada, en la vida se transita mediante una serie de pasos ordenados cual camino. Las perlas son las lágrimas de Dulcinea, explicitando la siguiente proporción: las perlas/algo valioso y perfecto; las lágrimas de Dulcinea: valiosas y perfectas, brillantes. Como tengo experiencia de lo brillante y valiosa que es una perla puedo entender lo que siente el Quijote cuando me habla de las perlas de Dulcinea. Como conozco la docilidad de un cordero puedo entender a Jesucristo como el cordero. Otro modo de analogía es la analogía de atribución. Ésta se da propiamente en el caso de que la perfección de la que se trata se da más plenamente en un sujeto. Si dicho sujeto es causa de esa misma perfección en otros seres, es la analogía de atribución intrínseca. Si no, de atribución extrínseca. Dice Aristóteles que aprender a descifrar o desglosar las metáforas mejora la capacidad intelectiva. Es un buen desafío para la escuela. 2.4. Comprehensión y extensión del concepto La comprehensión o comprensión de un concepto es el conjunto de notas inteligibles o propiedades que pertenecen a dicho concepto. Lo constituyen o componen. Así la comprehensión de animal está dada por sus notas: viviente, capaz de sensaciones. La de sustantivo: palabra, designa persona, animal o cosa. Sustantivo propio: designa a una persona
16 determinada. Libro: objeto, hojas encuadernadas, tiene palabras y dibujos. Libro de historia: objeto, hojas encuadernadas, palabras y dibujos, tema histórico. Desarrollar las notas y seleccionar las más propias ayuda a preparar la definición. De ahí su importancia. Extensión: se refiere a los elementos a los que un concepto se puede referir. Es la amplitud en relación a los individuos en los que se realiza y que agrupa en su unidad. El concepto de ente, por ejemplo tiene una extensión muy amplia, porque comprende todo ser que existe. El concepto de animal tiene una extensión que comprende a todos los que participan de la definición de animal. El concepto de león tiene una extensión más restringida que el de animal, ya que se aplica a un número menor de sujetos, los leones que son parte del todo de los animales, los que son parte de los entes vivientes, partes a su vez de los entes. Desarrollar la extensión de un concepto lleva a la división del concepto, es decir, a hallar todos los entes reales y sus respectivos conceptos y clases en los que se verifica la definición dada. No se trata de contar los individuos a los que se aplica un concepto, sino de saber si la extensión de un concepto queda incluida en la extensión de otro. Y eso se logra considerando la comprehensión del concepto. Así se dan conceptos superiores e inferiores. Por ejemplo, mamífero es un concepto superior a hombre y a perro; ente matemático es superior a figura, figura es superior a triángulo; triángulo es superior triángulo isósceles. (Esto es visto en gramática, como se verá, como hiperónimos e hipónimos). La extensión es una propiedad lógica que tiene el concepto, pero deriva de algo real. Aunque no se conozcan todos los individuos de una especie, si se ha captado bien lo esencial de la misma, esto se puede aplicar a todos los entes que podamos conocer en el futuro que responden al mismo concepto. (Estos conceptos preparan el tema de la inducción, y previenen contra algunas formas de nominalismo, que reducen el concepto a su extensión, por lo que la inducción depende del número de casos analizados)12. Como se ve la extensión y la comprensión de un concepto se dan inversamente proporcionales. Cuantas menos notas se presentan, a más elementos se le puede aplicar dicho concepto. Cuantas más notas, a menos objetos. El concepto de animal tiene una extensión Para el nominalismo los conceptos universales son meros nombres, etiquetas, que nos permiten englobar o catalogar muchas experiencias o casos particulares. Nada real es universal. El afirmar la realidad de una esencia universal no significa que esa esencia exista separada de los entes particulares en los que se realiza. 12
17 mucho mayor que la de animal racional, pero menos notas (ninguna de las que hacen referencia a su racionalidad). Si pudiéramos decir exactamente cuál es la comprehensión de un objeto (sus notas esenciales) y por lo tanto, a los sujetos en los cuales se realiza, estaríamos haciendo referencia a la definición real de un objeto. Estaríamos delimitando el concepto. Si marcamos la extensión de un concepto aludimos a la división. Este ejercicio prepara el de la definición. 2.5. La división Es un concepto o término complejo que distribuye un todo (cosa o nombre) en sus partes. Consiste en repartir un género en sus especies. El género es un todo lógico que se divide en las especies, sus partes subjetivas. Realizamos esta división lógica cuando clasificamos (es decir, ubicamos en clases)13 distintos objetos o elementos. En toda división entonces tenemos tres elementos a tener en cuenta: el todo a dividir, sus partes y el fundamento o criterio de la división. La división es más perfecta cuando se divide un género en sus especies. Esto no siempre es posible, ni necesario, por lo que se puede realizar con otros criterios, por ejemplo por los accidentes. Lo que no puede hacerse es mezclar los criterios. Por ejemplo puedo dividir un grupo de palabras según su número de sílabas, por su significado similar, porque se refieran a un mismo campo semántico, por su morfología, por su referencia. Lo que no puedo hacer es mezclar los criterios. O si se quiere hacer una división de los hombres, se puede utilizar el criterio del color de su piel, de su nacionalidad, de su raza, etc., pero no se debe mezclar o variar el criterio en la misma división. La división debe ser completa. No debe dejar ninguna de las partes sin ser enunciada. Siempre es completa la división dicotómica, es decir la que se establece entre un miembro y su negación absoluta. Así se construye el llamado árbol de Porfirio: ente vivo – no vivo; planta – animal; vertebrado – invertebrado; mamíferos, reptiles, aves, … Siempre que hay un todo, es posible establecer una división.
La división puede ser per se o per accidens.
La per se puede ser nominal o real.
En el primer caso, se enumeran las significaciones de un nombre.
La palabra clase no es la más exacta. La usa especialmente el nominalismo para no comprometerse con esencias o especies. Aquí la uso para aproximarnos al concepto. 13
18 Es real si se trata de un todo integral, que resulta de una composición real. La división es en partes integrales o reales. Así el hombre está compuesto de alma y cuerpo (partes esenciales). O la casa se compone de muros, cimientos, vigas. Si el todo es virtual o potencial, éste contiene de modo más alto ciertas funciones o virtualidades que pueden realizarse divididas y parcialmente en las partes potenciales. Así la virtud se divide en virtudes intelectuales y morales. Con otro criterio, en naturales y sobrenaturales. El sustantivo en concreto y abstracto, con otro criterio, en individuales y colectivos. El todo puede ser de orden, como es el caso de una Nación, que se compone de diversas instituciones, o una familia, que se compone por sus miembros. En el caso de la división per accidens, el todo se distribuye por sus accidentes. Así se pueden dividir los libros de la biblioteca por colores, o por colecciones. 2.5.1. Leyes de la división 1.
No se debe cambiar el fundamento. No puedo dividir los libros en: de historia, de
química, de física y de colección tal. Por ejemplo, no puedo dividir las categorías gramaticales en sustantivos, adjetivos, adverbios y circunstanciales de lugar. 2.
El todo dividido debe ser igual a sus miembros tomados en conjunto. Por ejemplo, la
división de las palabras en sus categorías semánticas debe abarcar las ocho: sustantivo, adjetivo, artículo, verbo, adverbio, conjunción, preposición e interjección. (Cuando no se conocen o no se quiere o no conviene decir la extensión de un concepto se usa el etc.). 3.
La división debe hacerse en partes que entre ellas se excluyan. No puedo dividir los
tiempos verbales en presente, pasado, futuro y pretérico pluscuamperfecto, porque éste ya está incluido en el pasado. 4.
La división debe ser breve (por razones de claridad y funcionalidad).
El entendimiento de este proceso lógico, de la división, ayuda a un pensamiento prolijo y correcto. Su manejo es básico para trabajar todas las formas de esquemas y clasificaciones en todas las disciplinas. 2.6. La definición La definición es la expresión de un concepto y de su referente. Delimita (de – fine), es decir que establece los límites, el sector de entes a los cuales dicha expresión se refiere. Demarca los términos del concepto que éste significa.
19 También se puede decir con mayor precisión que es el término complejo que expone la naturaleza de una cosa o la significación de un término. Lo que es una cosa o lo que significa un nombre. La definición es más exacta y está mejor lograda cuando consigue expresar la esencia de una cosa (especie) enunciando el género próximo y la diferencia específica. Responde a la pregunta ¿qué es esto? En verdad, muy pocas veces podemos dar una definición tan exacta. Tal vez la única y más conocida sea la de hombre como animal racional. Pero como para hablar y entenderse es necesario saber de qué se está hablando se construyen definiciones (analógicamente) de menor precisión. Así se define un término por sinonimia; por ejemplos; por el significado; por el uso que se hace; por su etimología; por el uso convencional; por el uso histórico. En el fondo todas estas definiciones delimitan la palabra. Son aproximaciones a la definición de la cosa. Cuando esto se da, es decir, cuando lo que se define es la cosa misma, la definición es real. La cual a su vez puede ser, extrínseca (por las causas) o intrínseca (descriptiva o por género próximo y diferencia específica). Hay que tener en cuenta que no todo es definible. Estrictamente sólo las especies. Por eso se recurre a aproximaciones descriptivas, o a análisis de los nombres, tratando de rastrear la razón de su uso. Está claro que no se pueden definir los géneros supremos ni los individuos. Los primeros porque no tienen un género que los contenga y los segundos porque no tienen diferencia específica sino individual.
20 2.6.1. Divisiones de la definición Nominal Por sinonimia: A veces para referirse a un concepto sólo se pueden dar sinónimos, que aproximan al entendimiento del mismo. Son sinónimos los términos que tienen una misma o parecida significación. Por ejemplos: Cuando no se puede decir o hacer la abstracción de un concepto porque no se tiene precisión alguna, se usan ejemplos, que ayudan a realizar dicha abstracción. Ilustran y muestran de algún modo la concreción del concepto abstracto. (En el discurso pedagógico se utilizan muchísimo, y hay que aprender a buscarlos y usarlos. No todos los ejemplos están en el camino de la ayuda). Etimológica: Aquí se da el origen de la palabra. Es clásico, para comenzar a pensar en la definición de educación, ir a sus raíces etimológicas, porque ellas nos ayudan a ver por qué se le ha puesto a algo tal nombre. Lo acabamos de hacer con la palabra dialéctica. Las etimologías sufren variaciones y luego las palabras van evolucionando, pero siempre queda una raíz que nos explica la razón de la imposición del nombre. Por el uso: Hay términos y conceptos que se los define según el uso que se les ha dado. Convencional: Especialmente en los productos realizados por el hombre, los nombres se dan de un modo más convencional, aunque no siempre. Cuando se inventa el teléfono, o la televisión, por ejemplo, se utilizan las palabras primitivas que significan las partes que las componen. Real Es la definición de la res, de la cosa. Puede ser Extrínseca: Causal, que a su vez puede ser darse por la causa eficiente, final, formal (ext.). Suele llamarse a algunas de estas clases, genética. Así por ejemplo se puede decir que El Quijote es una novela escrita por Miguel de Cervantes de Saavedra (efic.). La pala es un elemento para …. (causa final). Éstas últimas son llamadas también funcionales, y se usan particularmente para definir instrumentos. Intrínseca: Esencial: Ésta es la más perfecta, ya que distingue por su misma esencia o especie lo que la cosa es. Expresa el género próximo al que pertenece el elemento a definir y la diferencia específica, es decir, aquello que lo separa, que no es común, de los demás elementos de la
21 misma especie. Para lograr esta definición hay que empezar por comparaciones, es decir, por buscar las semejanzas (que van a dar el género) y las diferencias (que marcarán la diferencia específica). Descriptiva: Señala las propiedades más notables de algo o sus partes constitutivas. A veces los fenómenos o signos externos que distinguen a algo de sus semejantes. Por ejemplo, cuando se explica una sustancia química por la reacción que produce sometida a ciertas condiciones. 2.6.2. Reglas de la definición 1. No debe ser circular: no contener la definición la palabra definida. 2. No debe ser negativa pudiendo ser positiva. 3. Precisa. No debe connotar ni más ni menos que lo definido (ni demasiado vaga ni demasiado estrecha). 4. Debe ser más clara que lo definido. 5. Debe ser breve. 6. No debe expresarse en un lenguaje oscuro o figurado, metafórico. 7. El tipo de definición depende de la naturaleza del objeto. 8. El valor y la adecuación de la definición está en relación con el contexto teórico al que pertenece. 3. Lógica de la segunda operación: juicio14 Los conceptos, fruto de la primera operación del intelecto, la simple aprehensión, se pueden componer entre ellos o separarse. Esta operación, de composición y división de conceptos, es el juicio. En el juicio se realiza una síntesis mental en la que volvemos a unir lo que desunimos cuando tratamos de comprender lo real y concebimos los respectivos conceptos. Es necesaria la síntesis mental en la que volvemos a unir lo que desunimos cuando tratamos de comprender lo real y enunciamos el concepto. Nuestra inteligencia está abierta al ser, pero no es capaz de aprehenderla en un solo acto. La unidad lógica que logramos reproduce la unidad real. Ésta es natural y real en el ente, con independencia de nuestro conocimiento. En el juicio tenemos, por un lado el acto de juzgar, que es un acto síquico, perfectamente real y que ocurre en el interior de la inteligencia 14
Cf. Aristóteles: Sobre la interpretación. C. 2, 3. Tomás de Aquino: In perihermeneias expositio L. I, lect III, nn. 24-32, pp. 15/16. Turín, Marietti, 1955.
22 humana. Y por otro es una conjunción de conceptos objetivos, una síntesis que establece la conveniencia o disconveniencia entre ellos. Esto es lo que interesa a la lógica. El acto de juzgar o juicio síquico, es un acto único, simple. El entendimiento juzga que un concepto conviene o no a otro concepto. En la enunciación, obra de la composición (afirmación) y división (negación), se puede distinguir una materia que se compone y divide, que son los conceptos (como sujetos y predicados) y una forma que consiste en la afirmación o negación. Se expresa con el verbo ser (o no ser). La conveniencia o discrepancia entre Sujeto y Predicado puede conocerse: Inmediatamente: por experiencia o por conexión inmediata o Mediatamente, como fruto de un raciocinio, obra de la tercera operación del intelecto. Existen también juicios y enunciaciones hipotéticos, como “si es p, es q”; “o es p o es q”: “p y q”; p y q no pueden pertenecer simultáneamente a S”. En estos casos, lo compuesto o dividido no son conceptos, sino íntegras enunciaciones. La cópula no es ya “es” o “no es”, sino “si”, “o”, “y”. Hay que distinguir entre: a)
La enunciación mental, obra ideal de la razón, idéntica bajo diversos idiomas. Es un
verbum mentis complejo. b) La enunciación oral, signo externo de la anterior; c)
La enunciación escrita, que en los lenguajes fonéticos y alfabéticos es signo inmediato
de la enunciación oral, y mediato de la mental. La enunciación puede ser verdadera o falsa. En el primer caso une en la mente y en la voz dos conceptos que en la realidad se dan unidos. En caso de que no se respete esta adecuación, estamos ante un juicio falso. El término enunciativo es una “voz significativa arbitraria, cuyas partes no significan separadamente, y con la cual se forma la enunciación simple”. Es arbitraria porque significan, es decir, remiten a un concepto universal, para el que no hay signos naturales. No significan separadamente, porque está compuesto de sílabas y letras, que aisladas no remiten a ninguna realidad. Los términos pueden ser categoremáticos o sincategoremáticos, según sean o no significativos. Los primeros son los que significan por sí mismos, como el caso de “libro” o “casa”. Es el caso del nombre y del verbo. En cambio el adjetivo, el adverbio, la preposición, la conjunción, el pronombre, el artículo, las negaciones y los numerales, son sincategoremáticos. Modifican de alguna manera el
23 significado de los categoremáticos. Así Pedro y Pablo, es distinto de Pedro o Pablo. La conjunción altera el significado de los dos nombres, pero en sí mismos, y u o tienen poca significación propia. También el término que forma parte de la enunciación, enunciativo, se puede dividir en sujeto, cópula y predicado. El P. es lo que se atribuye al S; el S es lo que recibe la atribución del P; la C aplica el P al S. En el caso de las enunciaciones virtuales, es decir, que tienen un solo término, como llueve, corro, hace frío, aunque tienen apariencia de simple concepto son enunciados de juicios ya que hay verdad o falsedad Aristóteles define al nombre como “una voz significativa arbitraria, cuyas partes no significan separadamente; sin tiempo, finita y recta”. El nombre se distingue del verbo fundamentalmente en que éste tiene siempre una alusión a la temporalidad. Significa siempre con tiempo. El verbo propiamente dicho es el que significa en presente, pues la existencia o las acciones reales ocurren en el presente. La enunciación es llamada propiamente proposición cuando forma parte de una argumentación. No obstante el uso de la palabra proposición se extiende a cualquier enunciación. En la enunciación afirmativa el S tiene normalmente más comprensión que el P pues tiene otras notas además de las que el P le atribuye. La cartera es verde. Cartera tiene más notas que verde. En cambio, el P tiene mayor extensión que el S. pues hay muchas más cosas verdes además de las carteras. Por eso se dice que en las enunciaciones afirmativas el P. está tomado (supone) particularmente: no se atribuye al S en toda su extensión. Si bien puedo decir la cartera es verde, no puedo hacer la inversa: todo lo verde es cartera. En cambio en las enunciaciones negativas, el P se toma en toda su extensión. Ningún perro es gato, puedo decir la inversa: Ningún gato es perro. Por la forma la proposición puede ser: a)
Categóricas: afirmativas y negativas.
b) Hipotéticas: abiertamente compuesta: condicional (la verdad depende del nexo); disyuntiva; conjuntiva; copulativa. U ocultamente compuestas: exceptivas, exclusivas y reduplicativas. Por la materia pueden ser: natural (esencial); contingente (accidental) remoto. Por la cantidad: universal, particular, indefinida. Por la cualidad: afirmativas o negativas.
24
Oposición Un ejercicio lógico interesante, que agudiza la mente y sirve para verificar las verdades de la ciencia, es el de buscar las oposiciones de los juicios. Para ello, se los considera según la combinación de cantidad y calidad, es decir, según sean universales o particulares; afirmativos o negativos. Las proposiciones opuestas son aquellas que afirman y niegan el mismo predicado con respecto del mismo sujeto. Tienen los mismos términos: sujeto y predicado, pero difieren en la cualidad y en la cantidad. Así tenemos: A: Universal afirmativa. I: particular afirmativa. E: universal negativa. O: particular negativa. La oposición en cualidad y cantidad es contradictoria. La oposición en cualidad, contraria. Hay que tener en cuenta que el predicado de afirmativa es siempre particular. El predicado de negativa es universal. El sujeto tiene indicada la cantidad por el cuantificador. Se facilita la comprensión con el clásico cuadro de oposiciones: contrarias A -------------------------------------------------E Subalternante subalterna ontradictorias I --------------------------------------------------O subcontrarias A: Todo niño es alegre. E: Ningún niño es alegre. I Algunos niños son alegres. O Algunos niños no son alegres. Reglas: 1. Las contradictorias no pueden ser ambas verdaderas o falsas. Si una es verdadera la otra es falsa.
25 2. Las contrarias no pueden ser juntamente verdaderas, pero pueden ser ambas falsas. 3. Las subcontrarias no pueden ser ambas falsas, pero pueden ser ambas verdaderas. 4. En las subalternas si la universal es falsa la particular puede ser verdadera; si la particular es verdadera la universal puede ser falsa y si la particular es falsa la universal también. Si A E I O son verdaderas, cómo son sus opuestos? La conversión Otro ejercicio lógico que sirve para agudizar la inteligencia, enseñar a pensar y a verificar los datos de la ciencia, es el de la conversión. Consiste en la inversión de los extremos de la enunciación, conservando la cualidad y expresando la misma verdad que la anterior. (Si era falsa, la misma falsedad). Lo importante es que la operación se realice sin que cambie el sentido o significado de la enunciación. Para ello hay que fijarse en dos aspectos: la cantidad de los conceptos y la suposición de los mismos. La cantidad del sujeto depende de su cuantificador (todo, algunos, ninguno, algunos no). La del predicado, depende de la cópula. Si la proposición es afirmativa, el predicado es particular. Si la proposición es negativa, el predicado es universal. Aristóteles halló dos maneras de hacer la conversión. Es la conversión simple: E e I. Ningún niño es perro Algún alumno es cordobés.
Ningún perro es niño. Algún cordobés es alumno.
Ningún hombre es indigno (E) – ningún indigno es hombre (E); Algún hombre es Argentino (I) – Algún Argentino es Hombre (I); 4. Lógica de la tercera operación del espíritu La ciencia necesita para progresar y verificar sus conocimientos proceder mediante un camino seguro. Éste consiste en la demostración, la cual se hace necesaria dado el modo de conocer del hombre, debido a su constitución hilemórfica. En efecto, el ángel conoce en un acto único y definitivo. El hombre necesita asegurarse de algunos conceptos, que revelan un aspecto de la realidad, y a partir de ellos, consolidados, explorar e investigar, y arribar a nuevas verdades.
26 Esta exploración es metódica, debe seguir ciertas reglas, que constituyen la demostración o raciocinio. Éste es el acto por el cual el espíritu, por medio de lo que ya conoce, adquiere un conocimiento nuevo (Maritain). El raciocinio supone un acto previo, algo ya conocido y que es el antecedente. A partir de él la inteligencia infiere un nuevo conocimiento que se llama conclusión. Así se pasa de lo conocido a lo desconocido y se avanza en el conocimiento. La razón expresa este nuevo conocimiento como un nuevo juicio o proposición. Podemos distinguir hasta aquí: El raciocinio, que es un acto simple, interno, que realiza la inteligencia por el cual ve la conclusión en el antecedente. La argumentación, que es el proceso intelectual completo expresado por medio de proposiciones.
y compuesta por tres actos: el primero construye las proposiciones que
servirán de antecedente; el segundo y fundamental es la inferencia o acto de inferir, es decir, comprender que de ese antecedente debe brotar un conocimiento nuevo, y el tercero, es un nuevo acto que expresa ese nuevo conocimiento en la conclusión. Lo propio del raciocinio es la inferencia, que consiste en comprender que si hemos asentido a un determinado antecedente, en virtud de ese antecedente hemos de asentir a un determinado consecuente o conclusión que brota necesariamente de aquél. Ej: La maestra dice: Susana tiene vergüenza. Es una inferencia inmediata? No. Hay todo un raciocinio detrás. Todas las personas que se ponen coloradas tienen vergüenza. Susana se pone colorada. Susana tiene vergüenza. En general, en la vida diaria, utilizamos este tipo de silogismos. Enunciamos una o dos de las premisas. Se llama entimema en retórica a este silogismo (es el silogismo retórico). Subió el dólar debido a su escasez. Supone: Todo lo que deviene escaso aumenta de precio. (Hay pocos dólares). El dólar ha devenido escaso. El dólar ha aumentado de precio. La certeza de la conclusión tiene el mismo grado de certeza que la premisa mayor. En lógica estudiaremos solamente la estructura del raciocinio y determinaremos cuándo dicha estructura es perfecta; es decir, cuando el raciocinio es correcto.
27 El primer principio del raciocinio es: “Si el antecedente es verdadero, la conclusión es verdadera”. Es una aplicación al raciocinio del principio de identidad: Toda cosa es lo que es. Hay dos formas básicas de deducción: El silogismo categórico y el silogismo hipotético. El primero se construye con proposiciones simples y el hipotético con proposiciones compuestas. Maritain define el silogismo como “una argumentación en la cual de un antecedente que une dos términos a un tercero, se infiere un consecuente que une esos términos entre sí”. El silogismo es el acto de razonamiento por el cual la mente percibe que, desde la relación de dos proposiciones (llamadas premisas), que tienen un término en común, emerge, necesariamente, una nueva tercera proposición (llamada conclusión) en la que el término en común, llamado término medio, no aparece. El raciocinio consiste en un movimiento de la mente por el que pasamos de varios juicios – comparándolos entre sí- a la formulación de un nuevo juicio, que necesariamente sigue de los anteriores. Los términos que aparecen en la conclusión se llaman extremos. El que aparece como sujeto se llama menor. El del predicado, mayor. Las proposiciones que forman el antecedente se llaman premisas. La premisa que contiene al menor se llama premisa menor y el que contiene al mayor, premisa mayor. T, t, M. La materia próxima del silogismo son las premisas; la remota los términos. Principios supremos a)
Principio de triple identidad: “dos términos idénticos a un mismo tercer término, son
idénticos entre sí”. b) Principio del tercero excluido: “dos términos, de los cuales uno es idéntico y el otro no a un mismo tercer término, son diversos entre sí”. c)
Principio de conveniencia (dictum de omni): “todo lo que se afirma universalmente de
un sujeto, es afirmado de todo lo que está contenido bajo ese sujeto”. d) Principio de la discrepancia (dictum de nullo): “todo lo que se niega universalmente de su sujeto, es negado de todo lo que está contenido bajo ese sujeto”.
28 NO PUEDE HABER SILOGISMO SI NO ESTÁ PRESENTE EL UNIVERSAL. Lo propio del silogismo es el concluir algo, indicado por el por lo tanto, de ahí que, entonces Ejemplo: El murciélago es un mamífero. Ningún pájaro es mamífero. El murciélago no es un pájaro. Desde que todo murciélago está incluido en los mamíferos y todos los mamíferos están excluidos de los pájaros todos los murciélagos están excluidos de los pájaros. La mente ha comparado los términos murciélago y pájaro con mamífero. Y de ahí ha surgido la nueva verdad. La premisa es la proposición relacionada de tal manera con otra proposición por medio de un término común que de dicha conjunción surge necesariamente una nueva proposición, la conclusión. Cada uno de los términos aparece dos veces. El término medio aparece en las dos premisas pero no en la conclusión. Los otros términos aparecen en una de las proposiciones y en la conclusión. Toda premisa es una proposición, pero no toda proposición es una premisa. Sólo lo es si está formando un silogismo. La conclusión es una nueva verdad, que está implícita en la conjunción de las premisas, no en cada una de ellas separadamente. Ejemplo de la sister: toda esposa es mujer, pero no toda mujer es esposa; deviene esposa por la unión con un hombre por la unión matrimonial. El silogismo es la verdadera forma del razonamiento. El silogismo en sí no es ni verdadero ni falso. Es válido o inválido. En un silogismo válido la verdad o falsedad de la conclusión fluye o se desprende de las premisas. Uno inválido es aquel cuya conclusión no se sigue de las premisas. Materia y forma del silogismo. La materia del silogismo son las premisas que lo constituyen. La forma es el vínculo que une a las premisas con la conclusión.
29 Reglas del silogismo simple: 1.
El silogismo sólo debe tener tres términos: mayor, menor y medio.
2.
Los términos en la conclusión no deben tener más extensión que en las premisas.
3.
El término medio no debe entrar en la conclusión.
4.
Al menos en una de las premisas el término medio debe tomarse universalmente.
5.
El término medio debe tomarse siempre en el mismo sentido. De lo contrario, el
silogismo constaría de cuatro términos. Ej. El pensamiento humano siempre conoce el ser, el Ser es Dios, luego el pensamiento humano siempre conoce a Dios. 6.
La conclusión sigue siempre la parte más débil (particular y negativa, contingente,
probable, dudosa,…). 7.
Nada se sigue de dos premisas particulares.
8.
Nada se sigue de dos premisas negativas.
9.
De dos premisas afirmativas no se puede inferir una negativa.
Ver los siguientes silogismos: La nieve es blanca. Lo blanco es un color. La nieve es un color. (hay mezcla de abstracción formal y total). Los hombres no son ángeles Los ángeles son inteligentes. Los hombres no son inteligentes. Alfonso el Sabio fue rey. Alfonso el Sabio fue poeta. Un rey fue poeta. Pedro es hombre. Juan es hombre. Pedro es Juan. (El término medio en las dos es particular). En este país algunos hombres están de acuerdo con el divorcio. Estar de acuerdo con el divorcio significa oponerse a la ley natural. En este país algunos se oponen a la ley natural. (Válido).
30
No es válido concluir: el hombre o todos los hombres se oponen a la ley natural; o son adversos a la ley natural (porque toma hombre en universal que en las premisas era particular). La corrupción se produce por la separación de la forma de la materia: La substancia espiritual no tiene composición de materia y forma; Luego, la substancia espiritual no es corruptible. Figuras y modos del silogismo Como toda obra de arte el silogismo está constituido por una materia y una forma. La disposición de los términos determina la figura y la disposición de las proposiciones (según cantidad y cualidad: A E I O) determina el modo. 1ª. figura
1 indirecta
2ª. figura
3ª. Figura
M ……………T
T……………..M
T ……………M
M……………..T
t…….……….M
M……………….t
t……………….M
M………………t
t………..…….T
t……………….T
t………………..T
t………………T
Hay 16 modos posibles, multiplicados por las 4 figuras posibles, tendríamos 64 modos posibles de silogismo, pero no todas esas posibilidades son válidas, ya que van contra algunas de las reglas. 1ª. Figura: BARBARA, CELARENT, DARII, FERIO. 2ª. Figura: CESARE, CAMESTRES, FESTINO, BAROCO. 3ª. Figura: DARAPTI, FELAPTON, DISAMIS, DATISI, BOCARDO, FERISON. Reducción de los modos: Es la transformación de los modos de la 2a, 3ay 1a indirecta o 4ª figuras en los correspondientes modos de la primera directa, porque ésta es la más clara y evidente, aunque todas sean concluyentes. Todos los modos que empiezan con B se reducen a BARBARA, los por C a CELARENT, los por D a DARII y los por F a FERIO. La M significa que las premisas deben ser trastocadas (mutatio) pasando la mayor a menor y viceversa; “s” significa conversión simple de la preposición precedente a esa letra “s”;
31 “p” conversión por accidente de la premisa precedente a esa letra p; “r” significa que la premisa precedente permanece inmutada (remanet); “c” se refiere a la reducción indirecta,… las demás son de relleno. Hay dos clases de reducción: directa e indirecta. La indirecta o por reducción al absurdo… Gramática Las categorías metafísicas dan origen a las categorías gramaticales. La substancia es nombrada por el sustantivo. Los distintos accidentes acompañan al sustantivo. Así, la cantidad y la cualidad se expresan siempre en adjetivos. La acción y la pasión en el verbo. Es decir, en el aspecto semántico y morfológico de la gramática. En cambio los otros accidentes se expresan por alguna paráfrasis que significan complementos estudiados por la sintaxis: de lugar, de relación, de posesión, de tiempo.
Preguntas
Accidentes
¿Cuánto?
Cantidad
¿Cómo está?
Cualidad
¿Con quién está?
Relación
¿Dónde está?
Lugar
¿En qué posición está?
Posición
¿Qué tiene?
Posesión
¿Cuándo?
Tiempo
¿Qué hace?
Acción
¿Qué le sucede?
Pasión
32 SUBSTANCIA
ES “EN SÍ MISMO” Los que afectan
CANTIDAD
intrínsecamente a la
CUALIDAD
substancia.
RELACIÓN
PREDICAMENTOS
Los que afectan ACCIDENTE
extrínsecamente a la substancia. Accidentes
POSICIÓN POSESIÓN CUANDO
en
parte intrínsecos en parte extrínsecos:
DÓNDE
ACCIÓN PASIÓN
Algunas aclaraciones previas: Gramática teórica. En cuanto ciencia investiga los fundamentos sobre los cuales descansan las reglas del buen decir y se sirve de la comparación. Lingüística: Es la gramática comparativa sincrónica. Filología: Estudio histórico y literario de las lenguas humanas. Es comparativa diacrónica. Gramática práctica. En cuanto arte, tiende a la adecuación del lenguaje al pensamiento y de éste a la realidad. Prosodia: Correcta lectura. Ortografía: Correcta escritura. Morfología: Categorías de palabras. Sintaxis: Funciones. Semántica: los significados. Gramática general y especial. La gramática general se ocupa de la relación de las palabras con las ideas y la realidad. En cambio, la gramática especial como puede ser la española, inglesa o latina, se ocupa principalmente de la relación de las palabras con las palabras, con el ordenamiento que debe haber entre ellas para manifestar adecuadamente lo que son las cosas y las ideas acerca de ellas.
33 La gramática general es más filosófica, y está como se ve en su planteo, más directamente relacionada con la lógica y la metafísica. Esta distinción es básica pero de mucha utilidad para discernir en algunas discusiones que se plantean en torno al estudio de la gramática y más que todo (al menos en lo que a mí al menos se refiere) a su enseñanza. En la gramática general la distinción primera y esencial es entre términos categoremáticos y sincategoremáticos (tema ya visto por nosotros en lógica). Los categoremáticos son aquellos que significan alguna forma de ser y que pueden ser clasificados según las diez categorías del ser: sustancia y accidentes. Hay dos grandes clases: sustantivos, que primariamente significan la substancia y los atributivos, que significan los accidentes. Desde este punto de vista, los verbos y los adjetivos están propiamente clasificados juntos como atributivos, como accidentes existentes en la substancia porque la acción y la cualidad y la cantidad existen en la substancia. Estas distinciones muestran las diferencias de las formalidades de la gramática general y la especial. Las palabras sincategoremáticas son aquellas que tienen
significado sólo con otras
palabras. Tomadas en sí mismas no pueden ser clasificadas en las categorías. No refieren al ser. A veces son llamadas palabras formales. Hay de dos clases: las determinativas (definitives) que señalan substancias y conectivas, que unen palabras, frases u oraciones, o sujeto y predicado. Mariam Joseph señala una analogía que ilumina el tema, respecto del lenguaje musical y el matemático. En el primero las notas son categoremáticos símbolos mientras que las marcas de tiempo, las ligaduras, las frases de staccatto o legato son sincategoremáticos. En el lenguaje matemático los números, las figuras y cuerpos serían categoremáticos; en cambio los signos: > y de nuevo Jerjes no realizó su ataque antes de Idem., II, 20, 1394 a 1 – 10. Idem., II, 20. 1393 a 26. 113 Idem. II, 20, 1394 a 10 – 15: 111 112
76 tomarlo y, después que lo hubo sometido, pasó él también. Así que, si el toma , atravesará el mar, y por esa razón no hay que consentírselo” 114. Este ejemplo tiene como argumentación de base que así como sucedió con Darío y con Jerjes, puede suceder (es probable que suceda), que el Rey actual si toma Egipto, avance sobre Grecia: Si A y B = C; así R (que tiene semejanzas con A y B) probablemente C. En este ejemplo también se ve que la relación se da entre particular y particular: Darío, Jerjes, el Rey actual. El universal presupuesto es la conveniencia de una estrategia (o, la analogía de conductas presupuestas): la toma de Egipto antes de atravesar el mar. El tipo de argumentación que está en la base del ejemplo es la analogía. 4.
Las figuras y tropos
La figura se constituye por una modificación o una desviación del uso normal y corriente de las palabras o un empleo de las mismas que se aparta de lo habitual. Por eso logra de manera espontánea la atención, hace pensar en el nuevo uso o en la nueva relación, y si está lograda, aporta belleza al discurso. La desviación se puede referir a las palabras, a su orden o a sus significados, por lo que se habla de figuras de dicción y figuras de pensamiento. Sólo consideraremos las más generales, que sirven al discurso en universal, no específicamente literario y que tienen la característica de estimular el pensamiento. Una dificultad para este tratamiento deriva de qué es lo que se considera el uso normal. En cada disciplina esto varía, y como la Retórica y la Dialéctica son disciplinas generales, no puede hacerse cargo del problema. Y menos del específicamente literario. En el uso retórico corriente la belleza está subordinada a la verdad del discurso. Esto es lo que le otorga unidad, transparencia, coherencia y cohesión. La posibilidad de apartarse de las normas generales queda subordinada a la significatividad y comprensión. En caso de duda hay que privilegiar la corrección y fluidez de los conceptos y la posibilidad unívoca de interpretación. Lo que en Literatura puede ser una virtud, en las ciencias y problemas humanos, puede ser una carencia. Estas advertencias frente a lo literario las hacemos porque es en este campo donde el tratamiento de las figuras y tropos han adquirido mayor desarrollo y una cierta autonomía. Además hay un arduo debate en cuanto a la equivocidad de las figuras. Algunos autores le dan tanta preeminencia que todos los recursos retóricos formarían parte de las llamadas figuras. Así Genette, por ejemplo, define la Retórica como un sistema de figuras. Se ha ido dando un proceso inverso al aristotélico. En el tratamiento retórico clásico las figuras y tropos van surgiendo naturalmente como recursos de eficacia, Quintiliano hace una 114
Idem., II, 20, 1393 a 32 – b 4.
77 primera sistematización y luego van adquiriendo una cierta autonomía. En Aristóteles, por el contrario, en la evolución de su tratamiento, las va asimilando a figuras lógicas. En principio consideraremos, que la figura retórica es un cierto esquema (palabra utilizada por Vico) identificable como tal en el discurso aún cuando cambie el contenido, cuya característica principal es que se aparta del uso normal de las palabras o de sus significaciones. Esto atrae la atención, enriquece el pensamiento y hace reflexionar sobre el nuevo uso. De aquí su eficacia. El tropos es un tipo de figura que se caracteriza por el movimiento, un movimiento de traslación: de significado o de uso. Lamy reserva el término de tropos para las figuras que expresan más directamente pasiones. En este manual nos importa más la eficacia lógica de este tema. Quintiliano, quien ha devenido la fuente principal del tema, en lo no literario, trata en sus Instituciones en el libro IX, 1, 14 de las subcategorías que se pueden lograr a partir de las operaciones, que se pueden reducir a cuatro: añadidura, omisión, cambio de orden y sustitución. Trataremos sólo algunas de ellas mostrando su formación, las que, con algunas variaciones, dan lugar al resto. Su número, como dice Lamy, es infinito. En primer lugar, y dentro de las clases que se obtienen por añadidura, se puede mencionar la amplificación y su contraria, la disminución. Encabezamos el estudio por figura porque a su vez es fuente de otras. 4.1. Amplificación (auxesis) y la disminución Esta figura es tratada en varios lugares en la Retórica aristotélica. En el libro I, 9.6, lo hace como un medio de intensificar la importancia cualitativa de los hechos. En este caso se refiere en particular al discurso epidíctico dando ejemplos de amplificación mediante enumeración de circunstancias y abundancia de comparaciones. “[…] el mayor hincapié ha de hacerse en la amplificación de que los hechos son bellos y provechosos, dado que tales hechos deben ser de suyo creíbles. Por eso, muy pocas veces requieren demostración, a no ser que, ciertamente no resulten creíbles o que otro aporte una causa”115. En el libro II, capítulo 19, 3, se refiere a la amplificación como aplicable a cualquier tipo de discurso, especialmente al deliberativo. En cualquier caso la amplificación debe tener como finalidad recalcar lo conveniente, lo bello y lo justo. Lo que exceda esto es como un “hablar en balde”, especialmente cuando para enfatizar una idea se hacen generalizaciones o
115
Rhet., III, 17, 31-34.
78 absolutizaciones. La amplificación correcta es la que logra su efecto a partir de hechos, casos y circunstancias o casos particulares, ya que es en ellos en donde se dan las acciones. En el discurso judicial la amplificación es tratada de modo más bien cuantitativo en el Libro I, 1375 a 9-20 al hablar de las gradaciones en la gravedad de los delitos. Pero el modo de tratamiento se puede reducir, como en otros textos de amplificación (o disminución) cuantitativa al tópico del más y del menos. En el libro III la amplificación y la disminución son identificados con “los entimemas que sirven para demostrar que algo es grande o pequeño116. La amplificación consiste en incrementar los detalles que se dan respecto de un tema. 4.2. La metáfora El tratamiento de la metáfora excede el aspecto lingüístico del discurso. Constituye un nudo en el que se concentran temas importantes, bisagra entre lo lógico y lo lingüístico propiamente dicho y entre lo verdadero y bueno con lo bello. Es la luz y la estrella de la oración, metaforiza Vico117. Aristóteles explicita su fundamento lógico, que es el razonamiento por analogía. Este aspecto torna a la metáfora especialmente valiosa para ejercitar el pensamiento y enseñar a pensar al auditorio con lo que se le agrega un aspecto educativo formal. El mismo Aristóteles da más importancia a esto que al efecto lingüístico de adorno del discurso, que es a lo que más tarde quedó reducida esta figura. Ricoeur dice que “la definición aristotélica de la metáfora afectará a toda la historia posterior del pensamiento occidental”118. La metáfora es –en su sentido más humilde y primero- una figura, el tropos por antonomasia, del discurso. Consiste en un “transport ou transposition du sens propre au sens figuré”119. Es una comparación breve, en la que se excluye la conexión (como), “que ejecuta una transferencia de significado entre la designación metafórica y lo designado por ella” 120. Al sustituir el significado corriente por otro aviva el interés, razón por la cual el entendimiento se hace más propicio para captar la verdad, produce cierta extrañeza, la hace particularmente eficaz y procura el placer propio del aprendizaje: “un fácil aprendizaje es, por naturaleza, placentero a todos”121. Y aquellos nombres que nos proporcionan alguna enseñanza son Idem, III, 26, 19-20. Cfr. VICO, Giambattista: The art of rethoric (Institutiones Oratoriae, 1711 – 1741). Ámsterdam – Atlanta, GA, editions Todopi B.V., 1996, pág. 139. 118 RICOEUR, P.: La metáfora viva. Madrid, Cristiandad, 2001, pág. 9. 119 WARTELLE, André: Lexique de la ‘Rhétorique’ d’Aristote”, Paris, les Belles lettres, 1982, voz: métaphore. 120 RACIONERO, Q.: Ob. cit., nota 41 al Libro III, pág. 491. 121 Rhet., III, 10 1410 b 10. 116
117
79 también los que nos procuran un mayor placer [...] y lo que principalmente consigue es la metáfora”122. El nombre metáfora se compone de forá (movimiento), que es la acción de "llevar", "llevar adelante", "moverse" (verbo féroo). Es el mismo verbo féro, fers, tuli, latum, ferre: llevar, transportar, llevar más allá. De aquí viene "inferir", por ejemplo. Por su parte, "metá" es una preposición de acusativo, que significa más allá de, en torno de. El autor de la Retórica a Herenio dice que la metáfora “se produce cuando una palabra es transferida de un objeto a otro porque la semejanza parece justificar esa transferencia. Se utiliza para poner una cosa ante los ojos”123. “La claridad, el placer y la extrañeza los proporciona, sobre todo, la metáfora”124, en la base de la cual se encuentra la analogía. Y en la Poética dice Aristóteles que la metáfora es “la traslación de un nombre ajeno, o desde el género a la especie, o desde la especie al género, o desde una especie a otra especie, o según la analogía” 125. “La imagen es también una metáfora, pues se distingue poco de ella”126, y como la metáfora, con quien se puede convertir, ha de ser usada en el discurso con mucha cautela, a pesar de la utilidad que presenta. “Los modernos dirán que hacer una metáfora es ver dos cosas en una sola”127. Esta captación del género por medio de la semejanza hace a la metáfora realmente instructiva. Supera en elegancia a la comparación. “La posibilidad de instrucción y el estímulo para la búsqueda, contenidos en una rápida confrontación de sujeto y predicado, se anulan en la comparación demasiado explícita que, en cierto modo, relaja el dinamismo inherente a la comparación por la explicitación del término medio [...]. En este juego de metáfora y comparación se pone el acento o en que la metáfora es una comparación abreviada o que la comparación es una metáfora desarrollada, o en que ambas son especies de analogía. Estas posibilidades destacan una vez más la posibilidad de instrucción y el estímulo para la búsqueda, contenidos en una rápida confrontación de sujeto y predicado” 128. La metáfora es más densa que la comparación, más breve, por ello sorprende; “en esta estrategia, la sorpresa, unida a la disimulación, desempeña el papel decisivo”129.
Idem, 1410 b 12 – 14. ANÓNIMO: Retórica a Herenio, Madrid, Gredos, 1997, IV, 34, pág. 280. 124 Rhet. III, 2 1405 a 9. 125 Poet. 21, 1457 b 7. Esta relación de género a especie que es propia de la Poética es llamada en la tradición retórica posterior sinécdoque. Cfr. También Rhet. III, 6, 1408 a 8. 126 Rhet. III, 4, 1406 b 20. 127 RICOEUR, La metáfora viva, ed. Cit., pág. 37. 128 Idem., pág, 41. 129 Idem., pág. 54. 122 123
80 En su Retórica, Vico define la metáfora como el tropos por el cual una palabra es transferida desde su propia significación a otra por medio de una similitud 130. Por su parte Lausberg dice que la metáfora “se considera como la forma breve de la comparación. Entre la designación metafórica y lo así designado tiene que existir una similitudo”131. La metáfora tiene la virtud de la brevedad lo que la hace más obscura “pero también más inmediata e incisiva que la comparación. Pero, por ello mismo, la metáfora plantea a la capacidad receptiva del público mayores exigencias”132. El tratamiento de la metáfora en Aristóteles corresponde a dos obras: el de la Poética y el de la Retórica, cuyos campos se entrecruzan y alimentan entre sí. Pero en realidad usa metáforas en todas sus obras, incluidas la Física, Metafísica y las psicológicas. En la Retórica su uso está al servicio de la elocuencia y la persuasión acerca de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo valioso y lo disvalioso, y el hallazgo de las pruebas pertinentes. Es un recurso del discurso. En la Poética lo es de la tragedia, y trata de producir la purificación de las pasiones mediante la imitación de la conducta humana. La metáfora tiene una única estructura pero dos funciones diferentes133. En los dos ámbitos mencionados, el nombre bajo el cual se encuentra la metáfora es lexis, “palabra que afecta a todo el plano de la expresión” 134: discurso
, elocución, dicción136,
135
estilo137. Aunque se refiera a un aspecto determinado, la lexis cubre todo el proceso de combinación de las palabras en una secuencia inteligible, con lo cual se acerca al significado de discurso en uno de los sentidos actuales como hecho lingüístico. Al ser la metáfora la “traslación de la significación de los nombres” 138, su uso surge cuando faltan las palabras, por lo que “sirve para llenar las lagunas del mensaje común”139. La formalidad de la Retórica considera la lexis o el discurso supeditado a un orden, relato, pregunta, respuesta, es decir a un esquema de discurso. Como dice Ricoeur, son hechos de discurso, son las formas ilocutivas del discurso en términos de Austin140. En la Poética se analizan más bien las partes o constitutivos de la lexis, y se centra en la metáfora a partir del
Cfr. VICO, The art of rhetoric, ed. Cit., pág. 139. cfr. LAUSBERG, Ob. cit., volumen 2, & 558, pág. 61. 132 Idem., pág. 62. 133 Cfr. RICOEUR, la Metáfora Viva, ed. Cit., pág. 20. 134 Idem., pág. 21. 135 Cfr. DUFOUR, en trad. de la Poética, ed. cit. de Belles Lettres. 136 Cfr. ROSS: Ob y ed. Cit. 137 Cfr. DUFOUR, en Rhet., III, Ed. Les Belles Lettres. 138 RICOEUR, la MV, ed. Cit. pág. 23. 139 Idem., nota pág. 26. 140 Cfr. Idem., pág. 22. 130 131
81 nombre (onoma). En la Retórica ese límite estaría traspasado por la ampliación del sentido de la metáfora en la alegoría y en la parábola. También “la imagen es una metáfora, pues se distingue poco de ella”141. Se sitúa en estos textos a la metáfora como imagen, símil, comparación, analogía. Pero “la explicación de la metáfora a base de la comparación es sólo una interpretación racional complementaria y posterior de la equiparación mágica primitiva entre la designación metafórica y lo así designado: ‘es un león en la lucha significa en el lenguaje mágico primitivo: el combatiente fue un verdadero león, adoptó la naturaleza de un león” 142. La metáfora es una reliquia primitiva de la posibilidad mágica de identificación que ha quedado despojada de su carácter religioso y mágico y se ha convertido en un juego poético. Pero este juego poético conserva todavía resonancias mágicas y evocadoras que el poeta puede actualizar143. En todos los casos hay en la metáfora una apelación que a lo afectivo, a lo icónico y vivencial, e incluso al límite en una utilización de un lenguaje casi visual 144|. La metáfora procura que el objeto “salte a la vista”. Aristóteles pone varios ejemplos de empleos de metáfora con este común denominador: “pone la cosa ante los ojos”; “ salte a la vista” 145; etc. ¿Y qué significa “saltar a la vista”? “Llamo saltar a la vista a que sean signos de cosas en acto”146. Acto aquí está tomado como energeia y como acción. La lexis no es copia sino un signo (semeion)147, que, como tal, funciona como un “transparente” del objeto148. Remite al objeto y lo manifiesta. Según Ricoeur lo propio de la metáfora es el trabajo con el lenguaje que consiste en “atribuir a sujetos lógicos predicados incompatibles con ellos”, constituyendo así una “predicación extraña, una atribución que destruye la coherencia o, como se ha dicho, la pertinencia semántica de la oración, instituida por los significados usuales, es decir, lexicalizados, de los términos en presencia. Si tomamos como hipótesis la idea de que la metáfora es en primer lugar y principalmente una atribución impertinente, se comprende la 141
Rhet. III, 4, 1406 b 20. QUINTILIANO, ob. cit., 8, 6, 9. 143 Cfr. LAUSBERG, &563, II, pág. 69. 144 Cfr. HERMÓGENES: Sobre las formas de estilo, Madrid, Gredos, 1993, pág. 333. 145 Cfr. Rhet. III, 10,1410 b 33. 146 Rhet. III, 1411 b 25. 147 RACIONERO, Q., ob. Cit., nota 212 al libro III. 148 CRUZ Y CRUZ, J.: en Introducción a El signo de JUAN DE SANTO TOMÁS. Introducción, traducción y notas de J. CRUZ Y CRUZ. Pamplona, Eunsa, 1997. 142
82 razón de la torsión que las palabras experimentan en el enunciado metafórico. Se trata del efecto de sentido requerido para salvar la pertinencia semántica de la oración. Hay entonces metáfora porque percibimos, a través de la nueva pertinencia semántica –y, de alguna manera, por debajo de ella-, la resistencia de las palabras en su empleo usual y también su incompatibilidad para una interpretación literal. Esta rivalidad entre la nueva pertinencia metafórica y la falta de pertinencia literal es lo que caracteriza a los enunciados metafóricos entre todos los usos oracionales del lenguaje”149. Para poder comprender el sentido de la metáfora y por ende comprender el texto debemos apelar a la imaginación. “La explicación (de la metáfora) concebida como una combinatoria de signos, por lo tanto como una semiótica, se construye sobre la base de una comprensión de primer grado que se asienta sobre el discurso como acto indivisible y capaz de innovación [...] las estructuras identificadas por la semiótica estructural se construyen sobre la estructuración del discurso cuyo dinamismo y poder de innovación revela la metáfora” 150. Esta transfiguración de lo real que hace la metáfora es similar a lo que constituye la trama en el relato. Parecería que el uso más frecuente de la metáfora es el que se refiere al nombre (onoma). Éste es el momento originario. Pero el mismo Aristóteles lo saca de este lugar para llevarlo a distintas perífrasis, a la alegoría y al mito. Incluso al discurso mismo. Y hoy se la aplica al análisis del discurso ya que “afecta al núcleo semántico [...] de todas las entidades del lenguaje portadoras de sentido y (que) este proceso se refiere al cambio de significación en cuanto tal”151. Ricoeur valoriza este pasaje que la investigación contemporánea ha hecho de la metáfora de la esfera de la palabra a la de la oración y sintetiza los supuestos para su propia teoría de la metáfora, que estaban ya en el pensamiento aristotélico, como se ha visto, diciendo que: “1) la metáfora es un préstamo; 2) (que) este nuevo sentido se opone al sentido propio: es decir, el que pertenece por título original a determinadas palabras; 3) que se acude a metáforas para llenar un vacío semántico; 4) (que) la nueva palabra hace las veces de la palabra propia ausente, si es que existe”152. Desde el punto de vista del rhétor no es fácil realizar metáforas adecuadas, por muy interesantes y convenientes que sean. “No puede extraerse de otro” 153, dice Aristóteles, y lo 149
RICOEUR, P.: Del texto a la acción. Ensayos de hermenéutica II. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2001, pág. 22. 150 Idem., pág. 25. 151 RICOUER, P.: La Metáfora Viva, ed. cit., pág. 27. 152 RICOUER, P.: Ibidem. 153 Rhet. 1405 a 10.
83 vuelve a afirmar en la Poética: “Es importante usar convenientemente cada uno de los recursos mencionados, por ejemplo, los vocablos dobles y las palabras extrañas; pero lo más importante con mucho es dominar la metáfora. Esto es, en efecto, lo único que no se puede tomar de otro, y es indicio de talento; pues hacer buenas metáforas (metaférein) es percibir la semejanza”154. Parecería que el arte de metaforizar es un arte no enseñable, que depende más bien del talento de cada uno. Esto puede ser el sustento de las corrientes, muy en boga a partir del iluminismo, que destacan más la inspiración que el trabajo en la producción textual, y que de hecho contribuyeron a quitar a la Retórica una de sus finalidades principales como arte de enseñar a pensar, hablar y escribir. Pero por lo contrario, la dificultad que implica nos conduce a que se puede y se debe enseñar, para lo que se necesita un método apropiado. “El componerlas (a las metáforas) es propio, ciertamente, de quien posee una buena disposición natural y está ejercitado en ello; pero también es cosa que puede mostrarse de conformidad con método. Hablaremos, pues, de este asunto y haremos las correspondientes enumeraciones. Pero establezcamos que nuestro principio es éste, a saber: que un fácil aprendizaje es, por naturaleza, placentero a todos y que, por otra parte, los nombres significan algo, de modo que aquellos nombres que nos proporcionan alguna enseñanza son también los que nos procuran mayor placer... pero lo que principalmente consigue el es la metáfora”155. Aristóteles revaloriza el valor de la metáfora y construye su verbo, metaforizar, con lo que privilegia el proceso de su formación, que consiste en percibir la semejanza y saberla decir adecuadamente. El primer momento del metaforizar es, así, la percepción consciente, la observación y la contemplación. Sin esto, no se pueden captar las semejanzas. Hay que estar atentos para encontrarlas, a partir de lo cual se necesita un eficaz trabajo sobre el lenguaje para lograr la metáfora adecuada. Se supone una capacidad natural para construir e interpretar metáforas pero el ejercicio y la práctica no sólo habilitan para comprenderlas mejor sino que cualifican la capacidad de comprensión en general. Requiere siempre de quien escucha una participación activa para hacer la comparación y encontrar las semejanzas y diferencias, que eso es en última instancia encontrar el significado, o comprender aquello de lo que se habla. Aristóteles no se desliga del problema que todo esto conlleva y da variados consejos y normas para construir buenas metáforas. Esto constituye una aplicación más del principio de que el arte viene a ayudar a la naturaleza, al talento natural, para lograr más seguros 154 155
Poet., 22,1459 a. Rhet. II, 10, 1410 b 7 y ss.
84 resultados y contribuir al acabamiento y logro de una entelequia, lograr una perfección aún en aquellas cosas que se hacen por naturaleza. Consejos para el uso y construcción de metáforas. Las metáforas se deben sacar de lo que hay mejor en un género si lo que se quiere es hacer más hermoso algo, y por el contrario, de algo peor, si se quiere censurar. Hay que tomar las metáforas de cosas que son del mismo género y similar especie, nombrando así lo que se deja sin nombrar, lo cual, una vez declarado, se hace evidente que pertenece al mismo género156. Las metáforas “apuntan a un enigma”, ya que para captar la metáfora hay que ser capaz de distinguir las semejanzas y desemejanzas entre los nombres usados, comprender cuál es el sentido del reemplazo de los términos y distinguir las semejanzas y desemejanzas entre los términos y su referente objetivo. Las metáforas deben sacarse de cosas bellas. En el caso de los nombres, la belleza reside o en el sonido (aspecto fonético) o en lo significado por él (aspecto semántico) o en la inteligencia de la expresión y la corrección en el uso de los sinónimos (aspecto lingüístico). Hay nombres más específicos que otros y de mayor semejanza y más apropiados para que el hecho salte a la vista. Si los términos son desagradables, hay que utilizarlos para su censura. Será mejor la metáfora cuanto más apropiada sea la semejanza. Se debe cuidar que la razón de la similitud no sea demasiado general157, porque en vez de ayudar a entender, lo dificulta. Las virtudes de la metáfora como de toda lexis, según el Libro III de la Retórica han de ser: la claridad, la calidez, el buen tono, lo apto, la elegancia y las palabras escogidas. La metáfora tiene un aspecto icónico (de eikos, semejante), genera una imagen, y menciona lo abstracto por lo concreto158. No hay que usar las metáforas para la discusión, pues “está claro que no hay que definir con metáforas ni hay que definir todo aquello que se dice con metáforas” 159. Esto contribuye más bien a la confusión. La analogía que se utiliza en la metáfora es de proporcionalidad impropia. En lenguaje lógico, supone impropiamente160. Por lo tanto se debe usar (como el ejemplo) como condimento y con suma cautela. Como en todo pensamiento analógico hay un aspecto en el Cfr. Rhet. III, 2 1405 a 35. Cfr. VICO, ob. cit., pág. 139. 158 Cfr. RICOEUR, MV, pág. 53. 159 Anal. Post., II, 97 b 38. 160 Cfr. BEUCHOT, Mauricio: Significado y discurso. La filosofía del lenguaje en algunos escolásticos españoles post – medievales. México, Univ. Nacional Autónoma de México, 1988, págs. 74 y 75. 156 157
85 que hay coincidencia entre lo metaforizado y el metaforizante y otro que no. Si quien escucha interpreta el aspecto desigual como lo igual o lo igual como lo distinto, entiende algo completamente errado o distinto por lo menos, de lo que el rhétor quiere transmitir. Se usa la metáfora por brevedad, para evitar una obscenidad, para aumentar la importancia de algo, para disminuirla, para adornar el discurso161. Aristóteles enseña su uso por ejemplo en Ética a Nicómaco, en donde está empleando la misma palabra intemperancia para referirse tanto a las faltas de los niños como a ciertos actos de los adultos. Ahí muestra el movimiento entre los dos referentes, “determinar cuál de las dos recibe nombre de la otra no importa en absoluto ahora [...] y no parece que se haya convertido en metáfora equivocadamente”162. Toda esta reflexión que hace o insinúa Aristóteles acerca del proceso mismo habla de la no apodicticidad, de la ambigüedad propia de este recurso, que es algo más que un mero tropo, y su valor estético no agota su riqueza. En realidad, la palabra misma metáfora es metafórica, ya que es una traspolación de la Física, que es su lugar madre: allí se dice que es “el cambio que va de sujeto a sujeto”; cambio que se realiza a partir de un término determinado, hacia un término distinto también determinado, es un cambio según el lugar163. Se ve así que “la metáfora se define en términos de movimiento: la epífora de una palabra se describe como una especie de desplazamiento desde ... hacia ... Esta noción de epífora implica una información y una ambigüedad... en Aristóteles la palabra metáfora se aplica a toda transposición de términos”164. “El recurso metafórico tendría que justificarse por la claridad que sugiera antes que por ofrecer semejanzas aproximadas. Pero ello no es posible cuando la representación que se transfiere no posee la riqueza semántica que favorezca la nueva comprensión insinuada. De otro modo, no expondría la metáfora una interpretación más clara ni más íntima que la ya sugerida por la expresión usual”165. 4.3. Alegoría y mito Plutarco es el primer autor griego que utiliza la palabra alegoría. Tiene un pequeño texto en el que muestra, a propósito de los mitos de Homero, que lo que “antes” se designaban “significados profundos” (hypónoia) pasan a llamarse más tarde “alegorías” 166. Define esta Cfr. ANÓNIMO: Retórica a Herenio, IV, 34, pág. 280. Éth. Nic. III, 1119 b. 163 Cfr. Phys. V, 2, cfr. También III, 1, 201 a 15. 164 RICOEUR, P.: ob. cit., pág. 26. 165 PARAJÓN, Carlos: Empleo del lenguaje y verdad en la reforma educativa. Buenos Aires, Biblos, 1998, pág. 51. 166 Cfr. En Heráclito: Alegorías de Homero, Madrid, Gredos, 1989, Calderón Dorda, Esteban, Introducción, pág. 16 y ss. 161 162
86 figura como “decir una cosa para hacer comprender otra” 167. Heráclito el Rhétor o el Pseudo Heráclito, para explicar la alegoría dice que “su mismo nombre, elegido con enorme precisión, expresa casi lo que es la esencia de esta palabra. Se llama alegoría a una figura que consiste en hablar de una cosa, pero en realidad se refiere a otra distinta de la que menciona”168. Este autor justamente se dedica a mostrar cómo Homero, hablando de una cosa se refiere a otra, y lo enfatiza para justificar el tratamiento que le da el Poeta a los dioses, tan reprochado –injustamente para el autor - por Platón y Epicuro, precisamente por no haber entendido la “alegoría” o el “sentido profundo” de los versos de Homero. En la Retórica a Herenio se define la alegoría como la “manera de hablar que indica formalmente una cosa y conceptualmente otra”169 y el autor clasifica las alegorías según sean hechas por comparación, referencia o por contraste170. Como se ve el tratamiento de la alegoría y su primera explicación
se corresponde
estrechamente con la realizada a propósito de la metáfora. En lo que se refiere al mito, Menandro el Rétor, habla de él como la “pura alegoría”, en contraposición con la alegoría mixta, en la que se habla de los dioses sin hacer ninguna aclaración171. El mito aparece siempre como pariente de la metáfora, la alegoría, la parábola, pero distinguiéndose. El mito –como estas otras formas semánticas y retóricas- ha estado muy ligado desde siempre a la educación, por su gran valor formativo y cultural, en cuanto es el elemento aglutinante de las nuevas generaciones en torno a la tradición de un pueblo. El origen de los mitos tal vez haya sido satisfacer alguna necesidad educativa. Implica siempre historia, narración. Pieper, refiriéndose a los mitos platónicos, se pregunta el por qué de la abundancia de historias en las obras platónicas “más allá de que disfrute al contar historias y hasta inventándolas: [...] ¿Se interesa tal vez sobre todo por la didáctica, por explicar las ideas abstractas mediante imágenes gráficas?”172. O, “¿no podría ocurrir además que la realidad con verdadero alcance para el hombre no posea la estructura del ‘contenido objetivo’ sino más bien las del suceso, y que en consecuencia no se pueda captar adecuadamente en una tesis, sino en una praxeos mimesis, en la ‘imitación de una acción’ o lo que es lo mismo, en una ‘historia’”?173. La imitación de una acción, alma de la tragedia, tiene un valor formativo e PÉPIN: Mythe et Allegorie, citado en Calderón Dorda, idem lugar y obra. Esta definición es la que autoriza a considerar la alegoría como una metáfora o un tipo de ella. 168 HERÁCLITO: Alegorías de Homero, Madrid, Gredos, 1989, 5, 2, pág. 37. 169 ANÓNIMO: Retórica a Herenio, ed. Cit., IV, 46, pág. 281. 170 Cfr. Ibídem 171 cfr. MENANDRO: Dos tratados de retórica epidíctica. Madrid, Gredos, 1996, pág. 91. 172 PIEPER, Josef: Sobre los mitos platónicos. Barcelona, Herder, 1998; pág. 13. 173 Idem., pág. 15. 167
87 informativo. De todos modos, el mito está ligado a lo más íntimo del alma del griego (y de todos los pueblos clásicos) y del ideal de vida que se quiere transmitir. Presenta la ventaja de lograr sus objetivos de modo poético, ya que apela a la belleza y a lo que ésta suscita en la fibra más íntima del hombre, a la emotividad, a lo religioso, a lo psicológico todo y a la inteligencia en particular, y todo esto de modo simultáneo. Demanda una actitud vital, de compromiso, de quien lo escucha (o lee). Crea por peso propio una situación de aprendizaje privilegiada. Los mitos están en el “imaginario” de los pueblos, por ello se los menciona permanentemente, desde Homero y Hesíodo, Platón y el mismo Aristóteles, y siempre dicen algo más de lo que formalmente enuncian y dejan al lector – oyente con avidez por seguir en su contacto, escuchando y pensando en el tema propuesto. “La estructura de los mitos es muy compleja, ya que son alusivos por naturaleza, y su modo de referencia es tangencial. No pretenden ser algo completo, acabado, ni seguir una secuencia lógica, por lo que, reducidos a una exposición erudita, pierden gran parte de su encanto”174. La palabra mythos “significa en el lenguaje griego común una desconcertante multitud de cosas: palabra, discurso, conversación, proverbio [...] palabra meramente pensada y no pronunciada, en el sentido de plan o proyecto”175. En un sentido más restringido significa historia, relato, saga, fábula; “posiblemente” historia inventada, no verdadera. Dice Pieper que esta ambivalencia se da en todas las lenguas: Así en el campo lexicográfico del “hablar” vemos que “saga” en las lenguas anglosajonas es “lo que se dice (sagt) sin más”. Esto trae también aparejada la problematicidad de su relación con la verdad, de lo que nos ocuparemos en seguida. La etimología de mito, de suyo “oscura”176 puede aclarar su uso. La palabra correspondiente es fábula. Es “la sucesión de palabras que tienen un sentido, proposición, discurso; asociado a epos, que designa el nombre”177. Para los griegos significaba básicamente “expresión”, algo que se dice. Más adelante significó lo que se dice en forma de cuento, de historia. “Aristóteles utiliza el término para designar la trama de una comedia” 178. Más tarde se utilizó para designar lo contrario de logos, por lo que quedó a veces como contrario de verdadero, es decir, como sinónimo de cuento, “fábula” en el sentido ficcional, leyenda fantasiosa. 174
KIRK, G.S.: La naturaleza de los mitos griegos. Barcelona, Labor, 1992. PIEPER, ob. cit., pág. 15. 176 LARRAÑAGA - DI FABIO, ob. cit., pág. 141. 177 Ibidem. 178 PIEPER, ob. cit., pág. 18. 175
88 Los mitos llegaron a poseer una significación de historias más que de informaciones. Habitualmente los griegos se refieren con esta palabra a historias tradicionales de dioses y héroes. Historias tradicionales, distintas de los cuentos y leyendas. No son mitos ni los personajes de la guerra de Troya, por ejemplo; ni los cuentos populares, ni las fábulas. Sí lo son algunas partes tanto de la Ilíada como de la Odisea. Mircea Eliade sostiene que siempre “los mitos reproducen la era de la creación, la época anterior a la historia, en la que las cosas se fueron desarrollando y ordenando. El hecho de que los mitos traten de temas profundos como los orígenes “sagrados” o sobrenaturales de las cosas es lo que les confiere su aura especial”179. La mitología griega se compone de “mitos divinos” y “sagas históricas”. En lo que tiene de peculiar el mito se refiere a ciertas narraciones o conceptos que tienen que ver con lo divino, con el origen del cosmos, con la historia primitiva de la felicidad, con el destino, con lo que toca lo sobrenatural y trascendente; en definitiva, con el misterio. Se trata de aquel objeto inalcanzable momentáneamente pero que se manifiesta, se deja entrever, que despierta curiosidad y admiración y una necesidad de indagación. De alguna manera toca lo divino. Y en efecto, lo divino constituye siempre un núcleo misterioso de todo mito. Que ni se revela ni se oculta enteramente. Más que aletheia (verdad como develamiento del ser) es pseudos (invención poiética) que devela y oculta. Desde un punto de vista lógico, el mito constituye un enunciado que usa una semejanza de analogía de proporcionalidad impropia, es decir, metafórica, que trata de explicar una realidad inefable de suyo, y que responde a una necesidad para entender las verdades últimas referentes al hombre, al mundo y al más allá del horizonte humano, aspectos o realidades íntimamente entrelazados. Y en ellos y por ellos surge también el problema de los límites de la vida humana, nueva fuente de interrogantes y enigmas profundos. El mito entonces expresa esta tensión dialéctica entre la conciencia de finitud y la conciencia de intencionalidad del infinito y de lo trascendente. ¿Qué es entonces el mito? ¿Cómo se podría recoger lo dicho o insinuado hasta aquí? Es una respuesta metafórica, simbólica, poética, a esferas de misterio. Tiene un contenido de conocimiento, el que el hombre tiene de él mismo y del mundo, ya sea científico, empírico o sapiencial, con datos que apelan a una tradición y a una revelación primitiva. Es un fenómeno especulativo, o que se origina en la teoría, pero también es práctico, en cuanto tiene una respuesta para la vida del hombre que afecta su orientación y ejerce sobre ella una función normativa. Los mitos griegos, ya en época de Homero tenían elementos a la vez 179
KIRK, ob. cit., pág. 21.
89 particulares y generales, y las acciones y conductas narradas constituían paradigmas o ejemplos familiares y típicos180. El valor de verdad del mito tiene que ver con la adecuación (to prepon) y proporción de los distintos elementos. No se lo debe sacar de su esfera de significación para juzgarlo, debe ser coherente y cohesionado, verosímil, con unidad propia y referencial. Como cuento o narración tradicional el mito puede tener estructura de principio, desarrollo y final, a menudo con momentos eucatastróficos181. El término es de Tolkien, y sirve para expresar esa situación límite, el clímax de la acción, con un fuerte poder catártico y liberador, luego de la cual se pasa a un estado de paz y alegría. Su origen está en la tragedia. Constituyen también los mitos formas de explicar una historia. Se cuentan en sociedades tradicionales, de cultura oral, pero han traspasado esta esfera originaria y han logrado conseguir y mantener su vigencia debido a su encanto. Pero indudablemente hay algo mucho más profundo, como puede ser que brindan la explicación última de algún fenómeno o costumbre importante, o resuelven algún problema social intenso, o establecen una institución útil o expresan una emoción de manera tal que satisfacen alguna necesidad primordial del individuo o del grupo social182. La conclusión a la que llega Kirk “es la de que los mitos son por un lado excelentes relatos y por otra parte son los portadores de mensajes trascendentes sobre la vida en general y sobre la vida social en particular. En una cultura tradicional y no - literaria, los cuentos no sólo son una forma fundamental de entretenimiento, sino también de comunicación y de instrucción; comunicación entre contemporáneos y entre viejos y jóvenes y por tanto
entre
generaciones”183. Los mitos y ritos se manifiestan en un lenguaje de signos a través de los que se expresan las reclamaciones de ciertos derechos y estatus, pero se trata de un lenguaje de argumentación, no de un coro armonioso. Más allá del valor representativo de una comunidad o grupo y sus costumbres “su interés esencial está dirigido a cada persona en particular en el intento de llegar más a un acuerdo consigo mismo que con la comunidad o con el entorno como tales [...]. Hay una clara diferencia entre el gozo ante el relato que justifica una costumbre o sitúa una parte del entorno natural en su lugar y la satisfacción que nos proporciona el identificarnos con el héroe de aventuras fantásticas y victoriosas. La mayoría de las teorías [...] sostienen que incluso las funciones objetivas [...] son en realidad Idem., pág. 234. cfr. ODERO, J.M.: J.R.R. Tolkien. Cuentos de hadas. Pamplona, Eunsa, 1987, PÁG. 53. Eucatástrofe es una metábasis violenta del sufrimiento a la dicha. 182 Cfr. KIRK, ob. cit., pág. 23. 183 Idem., pág. 24. 180 181
90 secundarias en relación con las necesidades psicológicas del individuo” 184. La narración y catarsis acerca el mito a la tragedia ya que “expresa algo que de otro modo quedaría reprimido o adormecido en el individuo [...y/o...] parece satisfacer algún deseo o crear una condición emocional deseable”185. ¿Existe un pensamiento mítico? ¿Qué relación tiene con el pensamiento lógico y racional? No se contraponen necesariamente. Hay áreas en que se superponen. El pensamiento mítico está íntimamente relacionado con el pensar en imágenes y símiles. Psicológicamente hablando, el pensar en imágenes y el mito difieren del pensamiento lógico en que éste investiga y trabaja, se va formando o construyendo. En cambio las figuras de los mitos y las imágenes de los símiles irrumpen completamente formadas en la imaginación. Está en la frontera del sueño en el que imágenes e ideas flotan sin ningún control de la voluntad. Entre los filólogos contemporáneos que han trabajado el mito es ilustrativo considerar al ya nombrado Tolkien, quien se ocupó del tema poiética y teóricamente. Este autor distingue claramente entre la alegoría, de la que habla muchas veces y un tanto peyorativamente, y el mito. La primera sería la aplicación “uno a uno” entre lo narrado y la realidad, o del símbolo y lo simbolizado o el significante y el significado. Tolkien prefiere como género el mito, en el cual se realiza un concepto muy rico que expresa en el término aplicabilidad, que “significa que lo que ocurre en la narración puede ser referido de alguna manera a nuestro propio mundo por el lector. En parte la aplicabilidad consiste en el recurso que la lógica clásica denominó ‘analogía de proporcionalidad’186. Si tomáramos las dos parejas de la ecuación de la proporcionalidad (A es a B como C es a D) podríamos decir que Tolkien “subcrea” A y C, y deja al lector libertad para la “sub –creación” de B y D. Dice este autor reiteradamente que lo suyo es una subcreación de un mundo, e invita al lector a su propia subcreación o “aplicabilidad”, que no tiene por qué darse ni siempre ni necesariamente. Esto constituye otra de las diferencias entre el mito y la alegoría. En el mito además la historia y los personajes tienen una consistencia propia, independientemente del valor simbólico. En la alegoría –y podríamos decir en la parábola-, los personajes y el relato son el pretexto para el mensaje. En el mito hay una verdad, que radica en su coherencia interna y en su verosimilitud 187. La verdad se logra cuando una acción determinada no repugna al personaje, es verosímil, dice Aristóteles en la Poética (Tolkien pone el ejemplo del hada buena que no puede complacerse en ver sufrir a la gente; esto no resulta lógico). Y la verosimilitud se funda en la mayor o Idem., pág. 58. Idem., pág. 59. 186 IRIGARAY, Ricardo: Elfos, hobbits y dragones. Una investigación sobre la simbología de Tolkien. Buenos Aires, Tierra Media, 1999, pág. 6 . 187 Cfr. IRIGARAY, ob. cit., pág. 9. 184 185
91 menor congruencia con el mundo real. El límite (para el “trabajo del escritor”) está dado por las leyes de la contradicción, y el objetivo será la “dilucidación de la verdad” y el “viejo” recurso
será
ejemplificar
en
“encarnaciones
desacostumbradas”
que
las
hagan
comprensibles188. Volvemos a ver la aplicación de las recomendaciones retóricas aristotélicas: aprovechar la sorpresa, lo insólito,
para atraer la atención, hacer pensar y entender el
contenido del mensaje. “La Alegoría y la Historia (story) convergen encontrándose en algún lugar en la Verdad. Por lo que la única alegoría perfectamente consistente es la vida real; y la única historia completamente inteligible es una alegoría. Y se comprueba, aún en la imperfecta ‘literatura’ humana que cuanto mejor y más consistente es una alegoría más fácilmente puede ser leída ‘como una historia’; y cuanto mejor y más entretejida es una historia, más fácilmente se puede encontrar una alegoría en ella”189. En efecto, incluso esa sensación de gozo y placer en la Fantasía exitosa puede ser explicada como la súbita captación de la realidad o verdad subyacente. Ahora bien, ¿Cuál es el gozo de la parábola, de la alegoría, del mito sino la intuición de que se está entendiendo algo de la realidad externa o interna al hombre mismo?. Este pensamiento lo expresa reiteradamente Tolkien, por ejemplo en otra de sus cartas: “Espero que haya disfrutado con El Señor de los Anillos. Disfrutado (enjoyed) es la palabra clave [...]. No hay en la obra ninguna ‘alegoría’ moral, política o contemporánea en el trabajo, en absoluto. Es un ‘cuento de hadas’, [...] porque creo que el cuento de hadas tiene su propio modo de reflejar la ‘verdad’, diferente de la alegoría, la sátira o el ‘realismo’, y es, en algún sentido, más poderoso. Pero ante todo, debe lograrse como cuento, entusiasmar, complacer y aún en ocasiones, conmover, y dentro de su propio mundo imaginario, debe acordársele credibilidad (literaria). Lograrlo esto fue mi objetivo primordial190. Estas frases de Tolkien traen a la memoria las de Platón: “Las cosas discurren de esta o de manera parecida, es algo que a mi entender merece el riesgo de ser creído, porque el riesgo es hermoso”191. El mismo Tolkien afirma que escribir estas historias o mitos le sirve para expresar de un modo más fácil y natural su opinión sobre el mundo como asimismo hay verdades que “superan positivamente a la inteligencia humana por su carácter trascendente, (y) sólo pueden ser expresadas en lenguaje simbólico”192. Hay una verdad del lenguaje simbólico, pero se trata abiertamente de una verdad. “Exactamente así” no es, pero se puede arriesgar a vivir y morir 188
TOLKIEN, en The letters of J.R.R. Tolkien, selected and edited by Humphrey Carpenter. Boston, George Allen and Unwin, 1981,.carta 153, pág. 194. 189 Idem., carta 109, pág. 121. 190 Idem., carta 181, pág. 233. La traducción y subrayados son míos. 191 PLATÓN, Fedón, 114 d 6. 192 IRIGARAY, ob. cit., pág. 11.
92 por eso. Es una forma de verdad que si bien no es absoluta, es lo que en algunos casos se puede alcanzar. Está siempre sujeta a “conversación dialéctica”193. El pensamiento de Tolkien se precisó, y formuló incluso, en diálogo y discusión con su amigo, crítico literario y especialista en literatura medieval que fue C. S. Lewis. Éste considera que la alegoría es una propiedad del lenguaje humano por la cual se representa “lo inmaterial en términos pictóricos. Lo bueno o lo feliz ha sido siempre alto como el cielo y brillante como el sol. El mal y la tristeza, profundos y oscuros desde el principio” 194. A la alegoría contrapone Lewis lo que él llama el simbolismo, que tiene su equivalencia con lo mítico. Y dice que “es un modo de pensamiento, pero la alegoría es un modo de expresión. Corresponde más a la forma que al contenido de la poesía, y se aprende con la frecuentación de los antiguos”195. Y muestra cómo el pensamiento platónico está en la base de esta expresión antigua y siempre renovada que tiene su apogeo en la cultura medieval. Este concepto de aplicabilidad del mito y de la alegoría, tienen su lugar propio en el Discurso Pedagógico, y hacen viva la comunicación que trasciende la pareja de maestro y alumno singulares y concretos para abrirse a la realidad de la tradición, y a su revitalización constante 4. 4. La comparación Esta figura es también un recurso primario que está en la base de prácticamente todas las figuras. Expresa una similitud que se expresa sintácticamente. Cuando lo hace a nivel de texto se llama parábola. Está muy cercana su realidad a la metáfora y alegoría. “La comparación es, [...] una metáfora que sólo se diferencia por un añadido puesto delante. Mas, por ello mismo, causa menor placer a causa de su mayor extensión y porque, además, no nombra una cosa como siendo otra. Y no es esto ciertamente lo que el espíritu busca”196. No se debe buscar una relación exacta entre todas las partes de una comparación y el sujeto del que se habla. Hay algunas palabra que sólo tienen sentido para hacer la comparación más viva. Como dijimos es un recurso primario que también puede ser amplificado dando lugar a otras figuras más o menos elevadas.
Cfr. PIEPER, Ob. cit. pág. 61. LEWIS, C.S.: La alegoría del amor. Buenos Aires, Eudeba, 1969. 195 Idem., pág. 40. 196 Rhet. III, 10, 1410 b 17. 193 194
93 5. Las máximas (gnomé, sentencia, paroimía), brocárdicos y aforismos “Una máxima es una aseveración; pero no, ciertamente, de cosas particulares, [...] sino en sentido universal; y tampoco de todas las cosas [...] sino de aquellas precisamente que se refieren a acciones y son susceptibles de elección o rechazo en orden a la acción”197. La función lógica de la máxima es la de los topoi o lugares. El argumento se confirma por el lugar, y éste se divide según P. Hispano en lugar máxima y lugar-diferencia de la máxima. El primero es lo mismo que una máxima que es “la proposición con respecto a la cual no hay otra anterior, esto es, más conocida” 198. El mismo autor delimita el concepto de proposición, diciendo que corresponde al enunciado que se pone en lugar de algo para probarlo; es una cuestión en tanto se pone en duda y es una conclusión, cuando ya está probada. La máxima funciona como una proposición de máxima generalidad. En efecto, es “una aseveración o afirmación general que verifica el parecer del orador respecto de un caso particular, por el hecho de que ella ejerce sobre el auditorio la autoridad de la sabiduría comúnmente aceptada. Esta aceptación común, que tiene la fuerza de un decreto sancionador, coloca a la máxima en el marco de las pruebas demostrativas generales”199. Todas las máximas son entimemas, completos si se les añade la causa; incompletos, como premisas o conclusiones suyas. “La máxima es una parte del entimema” 200. Su valor no proviene del hecho de ser socialmente aceptada, sino que lo es porque constituye una inferencia lógica general. Su uso está limitado a las cuestiones que son susceptibles de elección o rechazo en orden a la acción, es decir, a la materia práctica 201. Como el entimema enuncia una verdad que no se presenta como apodíctica, sino que pide que sea aceptado su valor de verdad, con lo que se acerca en su estructura a un postulado, si bien lo que se destaca es su verosimilitud. Como el postulado funciona en algún caso como principio, a partir del cual se hace una argumentación. “Conviene también a veces cambiar los entimemas y hacerlos máximas”202 ya que permanece la fuerza lógica como implícita y relucen todas las virtudes de la máxima. Estos enunciados de máxima generalidad o preceptos superiores ayudan a interpretar afirmaciones que están subsumidas. Suelen expresar verdades de experiencia que tienen la ventaja de haber prevalecido al paso del tiempo, pues parte de su fuerza imperativa la tienen del hecho de recoger una tradición. Rhet. II, 21, 1394 a 20. Cfr. PEDRO HISPANO, ob. Cit., pág. 51. 199 RACIONERO, Quintín,. Rhet., ed. Cit ,nota 251 del libro II, pág. 409. 200 Rhet., 1393 a 25. 201 Cfr. Rhet. II, 21, 1394 a 20. 202 Idem., 1418 b 34 197 198
94 La premisa mayor de la máxima –en tanto silogismo abreviado- se constituye con la conclusión de una inducción socialmente hecha, y que por supuesto no figura en el silogismo dialéctico que se presenta. Como se ve Aristóteles trata de reducir en última instancia todo tipo de prueba a silogismo y ejemplo o deducción e inducción. El valor de la máxima radica en la inferencia lógica que se establece a partir de ella y que el orador realiza de una manera muy concreta, por lo que se pone el discurso al alcance aún de quienes, por la rudeza propia de la edad o de la preparación intelectual, no estarían en condiciones de participar de un pensamiento abstracto. Éste se presenta en la máxima como claro, inteligible, concreto, pero al mismo tiempo con fuerza de tipo universal, lo que produce una experiencia de placer o satisfacción intelectual. Dice Aristóteles que a la gente le agrada escuchar de modo universal lo que ya había comprendido de modo particular 203. Por ello lo que aconseja es tratar de ver y “conjeturar” acerca de lo que el auditorio ya sabe o conoce, o mejor dicho de aquello sobre lo que el público posee un cierto conocimiento, “precomprensión”, en términos de Heidegger, o de “conocimientos previos” en los de Ausubel, para trabajar sobre ello. Es decir, que en este punto se reitera una constante en el discurso aristotélico que es la necesidad de conocer y hacer conocer a partir de algo ya conocido. El juego de lo particular y lo universal que se da en el enunciado es una característica de este tipo de recursos. Expresa una generalidad concretizada o una especie de universal concreto. Algunos obtienen su fuerza de una imagen 204. De ahí proviene su valor poético. Su marca esencial es la fuerza de expresión e impresión que le comunica la evocación de la imagen que concretiza la idea abstracta que enuncia. Una vez más la forma ayuda al fondo pero es el fondo el que prevalece. No obstante, este valor estético añadido es el portador de la eficacia. También se puede usar la máxima alterando su valor o aplicación originaria para llamar la atención acerca de la novedad de algo que se quiere enseñar. En este caso hay que asegurarse de tener la autoridad suficiente como para hacer prevalecer la opinión contraria a la de la máxima, socialmente aceptada. Así el mismo Aristóteles en la Ética Nicomaquea usa la máxima de Epicarno “Como mortal ha de sentir el mortal, no como inmortal”, para mostrar que a pesar del poeta hay que aspirar a lo divino, es decir, sentir como inmortal. Éste también es el sentido en que usa Jesucristo algunos dichos: “se os dijo....”... “pero yo os digo...”. El valor del uso está en que la confrontación que implica la antítesis presentada obliga a prestar especial atención, reflexionar, y a fijar la máxima en la memoria con la valoración de su 203
204
Cfr.Rhet., 1395 b. CORNU, Gérard: Linguistique juridique. Paris, Montchrestien, 1990, pág. 404.
95 contenido como positivo o negativo. De aquí la recomendación aristotélica de usar máximas para oponerse a dichos populares205. Representa un acudir a una autoridad mayor aún que éstos. Aristóteles establece cuatro clases de máximas: 1) Las que van con epílogo o conclusión ya que expresan algo paradójico o controvertido. Algunas son parte de un entimema y 2) Otras constituyen un verdadero entimema. 3) Las que van sin epílogo, que pueden tratar de algo conocido de antemano que es aceptado por la mayoría, o 4) Aquellas que apenas se dicen resultan “evidentes para el que pone atención206. Es valioso reflexionar sobre la oportunidad de usar las máximas. Se podría aplicar aquí la triple relación de verdad o adecuación del discurso que establece Aristóteles: lo que se dice tiene que adecuarse a la verdad objetiva o pragma del discurso, a quien lo dice y a quien se dice. Supuesta la verdad de la máxima, tiene que considerarse la relación con quien la dice ya que expresa el talante de quien habla207, trasluce de forma universal la intención de quien las pronuncia, de modo que si es honesta, lo parecerá el autor. También tiene que acordar con la edad y las costumbres de quien lo dice; así una persona adulta, con expresiones y máximas juveniles, parece desmesurada y pierde capacidad de persuasión. Lo mismo sucede con el uso de máximas que tienen que ver con expresiones inusuales o desconocidas para el público al que se dirige. Es mejor “usar las máximas más divulgadas y comunes –si vienen al caso-, porque, al ser comunes, como todos están de acuerdo con ellas, parecen rectamente traídas”208. En general las máximas no son propias ni adecuadas a las personas muy jóvenes, ya que expresan de suyo una cierta experiencia de vida. Por ello se adecuan a la edad de los ancianos y quien las usa debe tener experiencia en el tema de las mismas. La máxima se utiliza con valor dialéctico por su necesidad y se aplica especialmente a los discursos político - deliberativos, ya que son aquellos que están destinados a una toma de decisión. De uso y estructura similar a la máxima (a veces homologado con ella) es el adagio. Su confección es todo un arte. La concisión del adagio exige la elección cuidadosa de las palabras que lo componen ya que hay que seleccionar aquellas que tienen en sí mismas carga emotiva e informativa. Debe tener cierta rima y sobre todo ritmo, que es el motor de su poesía209, en la que suelen abundar los paralelismos, las antítesis, los enigmas. Por eso el Cfr. Rhet. 1395 a 20. Cfr. Rhet. 1394 b 7 – 28. 207 Cfr. Idem., 1395 b 13 y 1418 a 17. 208 Rhet. 1395 a 11. 209 Cfr. CORNÚ, ob. cit., pág. 397, 205 206
96 nacimiento de un adagio es un proceso intelectual y literario210. El aspecto poético favorece su retención y fijación, que es una de las fuerzas normativas del adagio. De hecho los que sobreviven entre ellos son los que por expresar verdad y estar formulados de manera concisa y bella quedan en la memoria colectiva. Esto garantiza además su efectiva vigencia social y su transmisión a generaciones futuras. El campo de aplicación es especialmente el de la praxis moral, social y política, donde funcionan con un cierto carácter regulativo o normativo. En el ámbito especulativo a veces se formulan ciertos principios metodológicos, en especial aquellos cuya vigencia y aplicación se transmite generacionalmente, como si fueran adagios. Dentro del mismo campo semántico hay expresiones que tienen un valor similar en los discursos. Son los brocárdicos y sentencias, entre otros. De hecho se usan frases más o menos equivalentes que tienen origen y uso diversos, cuyas diferencias a veces cuesta discernir. Se utilizan en un primer sentido, genérico, con el mismo significado. El término brocárdico debe su origen a un obispo de Worms, Burchard (en latín Brocardus), que compuso en el siglo XI una colección canónica de sentencias que se hicieron célebres, bajo el nombre de Brocardia211. Los dichos y proverbios, las aseveraciones de los poetas y hombres memorables abundan particularmente en la obra aristotélica toda, y son utilizados para refrendar su opinión, como verdad admitida y conocida, es decir, como testimonios. “Llamo antiguos a los poetas y a los juicios que todo el mundo conoce de los demás hombres ilustres”212. Las sentencias que por su origen hacen referencia a sentir y percibir representan una sabia opinión que funciona con autoridad por el valor doctrinal de quien la ha elaborado 213. Una sentencia es hecha en pocas palabras, enérgicas, que encierran un gran sentido. Bajo este nombre se pueden poner todas las expresiones ingeniosas que en pocas palabras expresan un gran sentido. Siempre son pocas palabras para decir mucho. El aforismo es una proposición breve que resume lo esencial del conocimiento y de la experiencia sobre un punto de ciencia de doctrina y/o de praxis214. El apotegma es una palabra memorable de un anciano o un personaje célebre. También los refranes tienen una aplicación similar, ya que son testimonios (martyria), expresados mediante dichos elegantes (o ingeniosos), basados en una metáfora que ha consagrado el uso215. Cfr. Idem., pág. 367. Cfr. Idem., pág. 357. 212 Rhet. 1375 b 27. 213 Cfr. CORNU, ob. cit., pág. 358. 214 Ibidem. 215 Cfr. RACIONERO, Q. Rhet., ed. Cit. , nota 353 b libro I. 210 211
97 El refrán puede ser sinónimo de máxima en el sentido de sentencia 216. Los dichos y proverbios, enseñanzas de sabiduría popular217. Los axiomas se presentan con evidencia lógica. Se puede unificar este uso dispar de términos de la siguiente manera218: sentencia sapiencial o brocárdico es un enunciado que puede ser sentencia, máxima, adagio, aforismo, proverbio o apotegma jurídico, recibido por tradición (oral o escrita) y cuya fuerza argumentativa depende de varios factores: la autoridad epistémica de su origen, su evidencia (aparente o real) y su elegancia, concisión y precisión en su elocución. Aristóteles usa la palabra gnomai (que podría traducirse por sentencia sapiencial), paroimíai (proverbios fruto de larga experiencia) y apotegmas (dichos usuales de un autor o de un pueblo). Los gnómai son enunciados formulados o tomados de los poetas renombrados (en especial los llamados poetas gnómicos) o de los sabios reconocidos, recibidos por tradición, y que implican un entimema (es decir, son conclusiones de un razonamiento abreviado, que puede estar todo él implícito) o asumen la función de principios (entre otros casos, en el silogismo prudencial o en el discurso retórico). Los paroimíai o proverbios operan como análogas a la prueba de testigos para los hechos futuros; ambos aspectos, la referencia a los hechos y al futuro, no parecen permitir su uso como premisas mayores o principios propiamente dichos. Parecen, pues, lugares que pueden servir de principios secundum quid a los efectos de establecer conclusiones razonables o probables acerca de la premisa menor del silogismo prudencial. En cuanto enunciados que pueden servir como dato común aceptado por todos o por el círculo inter-comunicativo en el que se usan parece claro que las sentencias sapienciales y los proverbios constituyen recursos retóricos, lo cual exige que sean considerados también recursos tópicos o dialécticos. En cuanto recursos tópico – retóricos, vale respecto de ellos la aplicación de los instrumentos dialécticos generales, a saber: 1°) la búsqueda y elección de proposiciones de la argumentación, 2°) el análisis de las posibles significaciones en las que un término particular de dichas proposiciones es enunciado, 3°) la consideración de las diferencias y 4°) el examen de la identidad (o semejanza).
Cfr. Rhet. 1395 a 19. Cfr. CORNU, ob. cit., pág. 358. 218 Se siguen aquí las conclusiones de las Primeras Jornadas ítalo – argentinas de Tópica Jurídica: Las sentencias sapienciales y su función metodológica en el Derecho, de Lamas, Félix Adolfo. Buenos Aires, UCA, 2001. 216 217
98 Este análisis tiene lugar en la inventio, momento en el que se seleccionan los topoi pertinentes como principios de argumentación. En realidad no son propiamente principios, por lo que cabe su discusión, y pueden ser tesis y problemas. El tratamiento metodológico de estas sentencias o tesis problemáticas se puede considerar bajo el rótulo aristotélico de hermenéutica, incorporando así las aportaciones del nuevo pensamiento hermeneútico desarrollado a partir de Schleiermacher, Dilthey, el último Heidegger, Gadamer, y en cierto sentido, Ricoeur. No se trata sólo de un método semántico sino que incluye la consideración de la referencia, en términos de Frege. La hermeneútica se extiende especialmente al contexto. Éste es considerado en cuanto real, y así en el caso de la conducta, comprende las circunstancias. Hay un momento crítico que se desarrolla especialmente mediante la comparación o examen de semejanzas y diferencias en que deben considerarse las posibles ambigüedades de estas sentencias. Y hay otro momento también crítico, pero de tipo conclusivo que se resuelve en los fines y términos de la argumentación, y en definitiva, en la verdad especulativa y práctica. Aparece así en los confines de la tópica, de la dialéctica y de todo discurso racional, la función de los dos puntos fijos que Aristóteles identifica en el libro VI de la Ética Nicomaquea, que son el nous o inteligencia inmediata y la experiencia. Entre ambos se encuentra el mundo de lo probable, opinable y con posibilidad de cambio, al que se viene haciendo referencia. Los dichos, refranes y sentencias son como un “regalo” de la tradición. 6. El estilo Para D. Alonso el estilo es “todo lo que individualiza a un ente literario, a una obra, a una época, a una literatura”219. Aquí está tomado el estilo en referencia a la obra literaria. Incluso es la misma obra, el signo, la realización, el fenómeno o lo que aparece de ella. Más allá del plano literario, en cualquier género retórico, el estilo está condicionado por la utilización de las figuras y otros recursos. El estilo se adecua a los distintos elementos del discurso. Así debe hacerlo respecto del contenido, de los fines del discurso, del auditorio y del rhetor, ya que no a todos les es apropiado el mismo estilo. Los clásicos distinguen entre el estilo humilde, el estilo medio y el sublime, según cuál sea el fin que predomine: enseñar, deleitar o conmover.
219
ALONSO, D. : Poesía española. Gredos, Madrid, 1966, pág. 482, citado en Spang, ob. Cit., pág. 123.
99 El estilo humilde o plano es el que se utiliza para la información, la enseñanza y la demostración. Busca comunicar un mensaje que se pueda interpretar lo más unívocamente posible. Utiliza las palabras que transmiten con la mayor precisión,
claridad, sin
ambigüedades. Por lo tanto en este discurso se utilizan la menor cantidad posible de tropos y figuras. No busca excitar ni acudir a la emotividad. El estilo medio, temperado o moderado tiene como finalidad principal el deleitar. Es el apropiado, según Quintiliano, para el momento de la narración dentro del discurso. El estilo noble o sublime es el que busca conectar las pasiones del orador con las del auditorio. Por lo tanto, tiene un ornatus particularmente estudiado, con abundancia de recursos, figuras y tropos. Es el que se utiliza para los grandes asuntos del Estado. 7. El lenguaje Hay un uso específico del lenguaje en la Retórica a pesar de los distintos estilos que pueden ser utilizados en ella. En el estudio del lenguaje -según Alfonso Reyes - se pueden distinguir tres usos generales: el del razonamiento que compete a la filosofía; una zona media entre el “discurso” o discurrir teórico y la aplicación práctica, que sería el de la retórica, con sus silogismos “en mitad de la calle”; y finalmente, el lenguaje como medio de expresión imaginativa, que es el de la poética220. La comunicación educativa y gran parte del diálogo existencial utiliza el lenguaje de la retórica. La vida es mediada por el lenguaje. Es difícil imaginar situaciones en las que, de forma escrita u oral, no esté presente. Y lo está en calidad de medio y de fin. Nos comunicamos a través del lenguaje y al modificar el lenguaje se modifica el pensamiento, la afectividad y la persona en su totalidad. Esta propiedad salvífica del lenguaje fue vista desde siempre: para los griegos enseñar a hablar (el griego) es educar, desbarbarizar; para los romanos, enseñar a hablar (el latín) es humanizar. Y ya que la materia de la Retórica es el lenguaje, y la importancia de éste es tan central, habrá que ver: ¿Cómo y por qué se genera el lenguaje? ¿Con qué fin? ¿Qué es el lenguaje? ¿Cómo se usa retóricamente? Partiré en el análisis de lo que el mismo Aristóteles plantea. El lenguaje tiene una doble referencia básicamente: la cosa y el pensamiento. Pero hay una tercera intencionalidad que es esencial para el discurso: la dirección hacia el oyente, el espectador, el consumidor, el lector. Esto supone un lenguaje no sólo declarativo e 220
Cfr. REYES, Alfonso: La antigua retórica. México, Fondo de Cultura Económica, 1942, pág. 29 y 30.
100 informativo, sino también “poético y metafórico”, circunstanciado. En otra terminología sería el lenguaje performativo. Ya no importa decir solamente lo que las cosas son, sino que es necesario que el receptor comprenda, sea deleitado y movido por el discurso. En síntesis, estamos hablando de los clásicos fines del discurso retórico: docere, deletare, movere. El lenguaje así se presenta con una carga emocional y pretende llegar a la afectividad del receptor. Grassi caracteriza este tipo de lenguaje, al que él llama retórico, mediante la metáfora del juego del lenguaje. ¿Cómo se revelaría el lenguaje en un juego no de diversión sino de compromiso? Ante todo, un lenguaje comprometido con la propia no arbitrariedad; se plantea como un juego en el que se “descubren” y no inventan las reglas; en el que se revelan pasiones auténticas y “no distractivas” ni fingidas; un juego vinculado a un espacio y un tiempo concretos que adopta distintos tipos de formas metafóricas y analógicas 221. Esta referencia al oyente nos acerca al lenguaje propio de la Retórica. 7.1. Notas del lenguaje retórico Este lenguaje se caracteriza por: estar anclado en el ser; ser adecuado; claro; correcto y elegante. 7.1.1 Estar anclado en el ser. La primera referencia es hacia la realidad exterior e interior del hombre, que es el contenido del discurso. Este anclaje ontológico es lo que garantiza su valor intrínseco, ya que de lo contrario, “librada del pensamiento y del ser, la palabra se convierte en un poder absolutamente dócil al servicio del orador. No se endereza a significar un hecho contemplado, sino a ejecutarlo, llevarlo a cabo. Y para llevarlo a cabo no tiene necesidad verdadera, en el sentido de que se ajuste a los hechos: es suficiente con que así le parezca al oyente. A la vez, para que así le parezca al oyente, éste no tiene necesidad alguna de entender lo que dicen, basta con que se sienta conmovido, sugestionado bajo su poder. La medida de la palabra transformada no es su verdad, sino exclusivamente su fuerza emotiva; su poder de conmoción para obtener de parte del oyente la conducta o actitud pretendida por el orador. La semántica se disuelve en pura pragmática. Y éste es un rasgo común de toda la sofística” 222, no de tiempo pasado, sino siempre amenazadoramente presente.
221
Cfr. GRASSI: Por qué la retórica es filosofía, en Vico y el Humanismo. Ensayos sobre Vico, Heidegger y la Retórica. Barcelona, Anthropos, 1999, pág. 195 y ss. 222 ARAOZ SAN MARTÍN, J.: Ob. Cit., pág. 24.
101 7.1.2. Ser adecuado Este concepto, expresado con el término que ha devenido clásico, to prepón, es amplio pero preciso. El lenguaje (o el discurso) ha de ser “adecuado”. Éste tema central es tratado en la Retórica de Aristóteles especialmente en el libro III en los capítulos 2 y 7, donde el autor retoma la problemática del Gorgias, en el que Sócrates discute con Caliclés acerca de la posibilidad de que la retórica y los oradores apunten siempre a que los ciudadanos “alcancen el grado máximo de perfección posible gracias a sus discursos”223. Y el criterio, que en definitiva es el juicio acerca de la retórica misma, ha de basarse en si se habla al azar o según se tenga la “mirada dirigida a alguna finalidad” para que “con ello adquiera una determinada forma la obra que está haciendo”
. Y toma el ejemplo de los pintores, arquitectos,
224
armadores, o cualquier otro artesano: “cada uno de ellos ha de buscar un cierto orden y hacer que cada cosa sea conveniente y armónica con otra, hasta que la obra haya quedado en su totalidad dispuesta como un objeto sistemáticamente organizado” 225. La obra en conjunto tiene que tener un orden y proporciones adecuadas o ajustadas de acuerdo con una finalidad. La adecuación hace referencia a elementos dispares ajustados y cohesinados entre sí y coherentes respecto a un fin. En el caso del discurso “la expresión será adecuada siempre que exprese las pasiones y los caracteres y guarde analogía con los hechos establecidos” 226. Como se ha visto, al hablar de las pasiones (páthe) se hace referencia principalmente al oyente; al hacerlo de los caracteres (ethos) al orador; y la “analogía” a los hechos, a la realidad de que se habla. Trasladando a nuestro discurso los elementos a los que se ajustará serán: el oyente, sus conocimientos, afectos, intereses, nivel en general; el orador y su modo de ser integral, y finalmente, a la realidad. Esta última es la nota esencial de todo discurso para Aristóteles, ya que no tiene sentido uno que no tenga por objeto manifestar una verdad. Pero también tiene que ser dicho de manera adecuada para quien lo escucha. Una vez más se afirma la necesidad de considerar como decisiva la orientación hacia el espectador: si éste no entiende aquello de lo que se le habla, no entiende el mensaje, el discurso no tiene sentido. Se debe utilizar un lenguaje que el oyente entienda. Y ha de reflejar también el talante de quien habla. Si esta relación es adecuada, se presenta el orador como figura digna de fe ya que la gente honesta inspira confianza y es más fácil que se le otorgue crédito a lo que dice. Su decir se manifiesta como verosímil por lo que puede persuadir227, por ello esta valoración moral del orador es tomada PLATÓN: Gorgias, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2000, 502 e. Idem., 503 e. 225 Ibidem. 226 Rhet., III, 7, 1408 a 10. 227 Cfr. Idem., I, 2, 1356 a 5. 223 224
102 como un tipo de prueba o pisteis. El orador debe hablar según su modo de ser, su naturaleza y su condición social. Este mismo topos es desarrollado ampliamente en Poética 15, donde se dice a raíz de los caracteres, que “es posible que el carácter sea varonil, pero no es apropiado a una mujer ser varonil o temible”228; “y también en los caracteres, lo mismo que en la estructuración de los hechos, es preciso buscar siempre lo necesario o lo verosímil de suerte que sea necesario o verosímil que tal personaje hable u obre de tal modo, y sea necesario o verosímil que después de tal cosa se produzca tal otra” 229. También hay que valorar la adecuación a las pasiones que despierta el hecho mentado: si es algo repudiable debe despertar indignación; si es algo encomiable, admiración, etc. 230, y esto es particularmente importante en cuanto “el que escucha comparte siempre con el que habla las mismas pasiones que éste expresa, aunque en realidad no diga nada”231. La expresión debe ser proporcional a la magnitud y características del hecho de que se habla. No se puede hablar solemnemente de algo banal 232 ni mucho tiempo de lo accidental o no importante. Lausberg define el to prepón, o lo aptum (decorum) como “la armónica concordancia de todos los elementos que componen el discurso o guardan alguna relación con él” 233: utilidad de la causa, res et verba, verba - orador y público y las cinco fases de elaboración del discurso entre sí y respecto al destinatario. La adecuación -con la consiguiente claridad- implica también usar el nombre específico para lo que se quiere decir. A cada idea o afección del alma ha de corresponder un nombre que la mencione. Y también conviene a la adecuación aquellos nombres comunes que “todos los usamos”234. Se suele hacer una distinción entre una adecuación o un aptum interno y un aptum externo. El primero considera la relación de los elementos y partes del discurso entre sí, y el segundo, a la existente entre el lenguaje y discurso con las circunstancias extralinguísticas 235. Esta cuestión tiene una estrecha relación con lo que en la lingüística actual se menciona como referencia, coherencia y cohesión del texto, conceptos que ya hemos utilizado.
Poet., 15, 1454 a 23. Poet., 15, 1454 a 33. 230 Cfr. Rhet. III,7, 1408 a 17. 231 Idem.,. III,7, 1408 a 23. 232 Cfr. Rhet. III, 7, 1408 a 12. 233 LAUSBERG, ob. cit., &258, pág. 233. 234 Poet. 21, 1457 b 3. 235 Cfr. SPANG, ob. cit., pág. 73. 228 229
103 7.1. 3. Ser claro La “claridad” es una virtud del discurso revalorizada en la actualidad por contribuir directamente a la inteligibilidad del texto. Es la llamada saphés léxis o perspicuitas. Consiste en hacer patente la realidad a la que se refiere. Y si no lo logra, el lenguaje no cumple su función236. Esta nota tiene que ver también con la “comprensibilidad del discurso tanto desde el punto de vista de las ideas como desde el de la formulación” 237. Un término es claro cuando designa directamente la cosa. A veces se utilizan términos homónimos, lo que hace más oscuro el mensaje y siembra confusión. Cuando se lo hace expresamente y aún de modo oculto, proponiendo por ejemplo silogismos de cuatro términos, se tergiversa el fin del discurso, como es costumbre sofística, y se corre el riesgo de la manipulación. El criterio a utilizar debe ser la univocidad, para que el destinatario comprenda el mismo sentido que ha expresado el orador, aunque para ello deba hacer un esfuerzo explícito. Es necesaria siempre la colaboración del auditorio para la interpretación. El defecto, respecto de esta característica, puede ser la obscuritas y la ambigüitas 238. A pesar de lo dicho, conviene en algunas ocasiones agregar algún detalle extraño al lenguaje corriente, a modo de licencia, porque ello provoca admiración, lo que a su vez causa placer. Y lo causa, porque la extrañeza provoca enseñanza y mantiene la atención expectante. Así se aprenden nombres nuevos, que interesan y resultan novedosos. Por ello se convierte en un buen recurso atencional. La claridad como cualidad distintiva del discurso quedó incorporada a todos los manuales de retórica, y como elemento de inteligibilidad de textos, tanto escritos como orales. 7.1.4. Ser correcto El hablar correctamente se refiere a su adecuación idiomática. Ello significa que se deben utilizar los términos propios, que no tengan ni mayor ni menor extensión y comprensión que la que corresponde a su referente y al género correspondiente. La expresión tiene que ser fácilmente “legible y pronunciable”. Para esto deben usarse las conjunciones y todos los nexos en la medida adecuada. Pero no debe haber exceso de de estos elementos, que impidan la puntuación, por ejemplo. Cuando se utilizan nexos deícticos, se los debe nombrar no muy alejados del nombre a que se refieren, ya que de lo contrario se necesita una permanente relectura o re-escucha para captar claramente a qué o a quién se está refiriendo. La expresión funciona como un ‘signo’ del talante o de las pasiones reales, de modo que la léxis ethiké o Cfr. Rhet. III, 2, 1404 b 3. SPANG, K.: Ob. cit., pág. 73. 238 Cfr. Idem., pág. 75. 236 237
104 páthetiké se presente como verosímil. 7.1.5. Ser elegante Todo discurso tiene que tener en cuenta esta característica que hace referencia a una cierta agudeza, ingeniosidad y belleza en el decir. Una expresión sutil muestra o hace patente un discurrir agudo, que percibe y puede decir matices de una realidad. Esto engendra naturalmente un cierto placer, por cuanto los nombres que proporcionan enseñanza, lo genera239. Lo cual lleva al planteo de un tema que aglutina en sí la estética y la racionalidad del discurso que es el de la metáfora, ya tratado en el punto de las figuras y tropos. IV. LOS DISCURSOS 1. Sentidos del término discurso Como se ha dicho reiteradamente, la Retórica es el arte de confeccionar el discurso. La palabra discurso es polisémica y, como toda palabra muy gastada por el uso, se presta a equívocos. Se la relaciona, y a veces se la emplea como sinónimo, de por lo menos cuarenta y cinco términos. Técnicamente “un discurso es el desarrollo de una cuestión, o un asunto, que puede ser infinito, cuando se trata de un problema de alcance universal, o finito cuando el asunto se encarna en un aquí y un ahora”240. 2. Aplicación al discurso retórico ¿Cómo se aplica esta recolección de significados al discurso retórico propiamente dicho? Si discurrir es el proceso que realiza la razón por la cual ésta va de una verdad a otra, de algo conocido a lo que no lo es, discurso sería el proceso y el resultado o cristalización de dicho discurrir. Así, un discurso es la construcción y el producto de una doctrina. La cristalización de un pensamiento acerca de un objeto determinado. Puede predominar en él la trama narrativa, expositiva o argumentativa. Este discurso término bien puede ser un trabajo escrito o una exposición oral en cualquiera de sus formas, o meramente el pensamiento de alguien acerca de un objeto. 239 240
Cfr. Rhet. III, 1410 b 7. LÓPEZ GRIGERA, L.: La retórica en la España.... ed. Cit., pág. 21.
105 Pero también se puede considerar la concreción del discurso en un decir que tiene lugar en un momento determinado con el fin de comunicar un pensamiento. En ambos casos se puede aplicar la metáfora aristotélica del triángulo de tres pilares: hay alguien que construye y/o emite el discurso (en la Retórica aristotélica corresponde al ethos); alguien a quien está orientado o dirigido el discurso, espectador, oyente, receptor (corresponde al pathos); y el asunto o pragma (corresponde al logos) que es el contenido, el mensaje del discurso. El formato en el que se concreta el discurso en su primera significación es prácticamente un monólogo en el sentido en que se manifiesta orgánicamente un pensamiento que no espera un retorno o una respuesta. El interlocutor puede no estar presente y el diálogo se establece entre quien escribe o piensa el discurso con las ideas de los posibles receptores; y luego éstos, al leer o recibir el mensaje, realizarán un diálogo con el texto y, virtualmente, con su agente. En la significación segunda los actores del discurso están presentes simultáneamente. Tal vez sea éste el sentido más común del discurso. Puede haber o no algún tipo de diálogo o intercambio. Hay un emisor y uno o más receptores que alternan los turnos de participación, y hay una influencia recíproca permanente. El buen orador ha de ser buen observador de las reacciones que provocan sus palabras en el auditorio. El diálogo es de la esencia del proceso discursivo. Para Platón el pensamiento mismo no es sino un diálogo que el alma mantiene consigo misma interrogando y respondiendo, afirmando y negando, tal como lo afirma en el Teetetos”241. Aristóteles lo llevará al silogismo dialéctico en el que hay examen de opiniones del interlocutor permanentemente. Y en el discurso sucede esto aunque a veces no de modo totalmente explícito. El discurso abarca los usos del lenguaje igual o superior a la oración, y como vimos puede ser oral o escrito. “Gracias a la escritura, el discurso adquiere una triple autonomía semántica: respecto de la intención del hablante, de la recepción del público primitivo, y de las circunstancias económicas, sociales y culturales de su producción”242. Se puede distinguir, siguiendo a Aristóteles, aquello que concierne a la inteligencia o diánoia por un lado y a la expresión y composición por otro 243. El primer aspecto es el tratado en los libros I y II de la Retórica y el segundo en el libro III.
241
CAMPAGNA, María Cristina y LAZZERETTI, Adriana: Lógica, argumentación y retórica. Buenos Aires, Biblios, 1998. pág. 128. 242 Idem., pág. 33. 243 Cfr. ARISTÓTELES: Rhet. 1403 b 35 y Poet. 19, 1456 a 34 ss.
106
3. El fin del discurso “Todo se define por su fin”244 en materia práctica. Y el fin del discurso “se refiere [...] al oyente”245. Y el oyente es o un “espectador o uno que juzga” 246 ya sea sobre acciones pasadas, presentes o futuras: juez, espectador o miembro de la asamblea, respectivamente, ya que el juez juzga acerca de lo que ya aconteció; el espectador acerca de lo que ve y oye en el momento y el miembro de la asamblea acerca de lo que sucederá. Aristóteles establece que “los oyentes son la causa de la división en géneros de los discursos y habrá tantas clases de discursos como clases de auditorios. Esto sugiere que la clasificación aristotélica es pragmática y que, por contraste con la tradición, que ha convertido los géneros en gene didaskaliká inmodificables, Aristóteles concebía la retórica como una investigación abierta a la aparición de nuevos auditorios” 247. Surge así por ejemplo, otro género de discurso, el pedagógico, dado que hay un nuevo auditorio, el discente. Melanchton habla específicamente de él, y hay antecedentes de este tipo de discurso en la oratoria eclesiástica y militar. El llamado discurso pedagógico no se limita entonces a un discurso aúlico o de enseñanza formal. El persuadir acerca de la verdad es el fin global de todo discurso. Este fin quedó en la teoría clásica dividido en tres grados: docere, delectare y movere248. El docere249, en francés enseigner, “es el camino intelectual de la persuasio de especial aplicación en la narratio250 y en la argumentatio251 y tiene por ello dos formas: el relato narrativo y la argumentación conclusiva. El fin primero y evidente de todo discurso ha de ser que el oyente comprenda lo que se le dice. Para ello el orador debe hacer rehacer al oyente el camino que él mismo está haciendo para exponer lo que dice, que a su vez rehace el camino que hizo quien encontró dicha verdad252. La habilidad oratoria ha de ser tal que en primer lugar despierte en el otro la capacidad para seguir el relato. Primero se despierta y desarrolla esta capacidad, que ya es un modo “muy elaborado” según Ricoeur de comprender; luego la comprensión, que se manifiesta en Éth. Nic. III 7, 1115 b 23. Rhet. I, 1358 b 1. 246 Idem., 1358 b 5. 247 RACIONERO, Quintín, nota 73, Libro I, pág. 194, en ARISTÓTELES: Rhet., edic. cit. 248 Cfr. LAUSBERG, Ob. Cit., &256 pág. 228. 249 QUINTILIANO, Ob. Cit., 12, 10, 59. 250 LAUSBERG, Ob. Cit., &293. 251 Idem, &348. 252 TOMAS DE AQUINO, De Veritate, q. XI, De Magistro. En Opera omnia, pág. 72, vol.3. 244 245
107 la capacidad para explicar lo que se ha leído u oído; y luego la de poder argumentar, explicar por qué la cosa es así. Con lo que se llega al saber propiamente, ya que para Aristóteles saber es poder decir el porqué de lo que se conoce, explicar sus causas 253. Todo discurso cumple así una primera finalidad: enseñar, hacer saber. Al entender y comprender, el sujeto se entiende y se comprende a sí mismo en una reflexión sucesiva, lo cual constituye otro momento de la comprensión que desde Sócrates se le plantea al conocimiento y a la filosofía en general. El orden no es arbitrario: primero se da el conocimiento del exterior y luego la del yo. El segundo grado es el deleitar, delectare, conciliare: Éste es un medio que adelanta la fruición del fin. En francés se designa como plaire (de la familia lingüística de juego). Constituye la hedoné o voluptas254. La simpatía del público se consigue mediante un puente afectivo. A esos afectos tendentes a la captación del público que quedan como disposición permanente del alma, es a lo que se refiere Aristóteles cuando habla del ethos del orador, que luego es retomado por Quintiliano255. Emparentado con el ethos está el humor del orador, que con distintos recursos se debe aprovechar para crear un clima propicio y distendido para la escucha placentera. El tercer grado es el mover, movere (toucher). Consiste en la conmoción psíquica del público que logra el discurso por el que toma partido a favor de la causa del orador 256. El discurso busca ser psicagógico, ya que se propone arrastrar, conmover a las almas a fin de que éstas tomen decisiones. En este mover de Quintiliano está expresa la proairesis como decisión, de Aristóteles, a la que se aludirá expresamente. Estos grados, aunque se dan en un movimiento bastante lógico, no tienen necesariamente un orden cronológico determinado. El concepto clave para entender la finalidad del discurso –al que necesariamente nos referimos en distintos lugares- es el concepto de adecuación o veracidad del discurso, que Aristóteles designa como to prepón, y en la retórica política y literaria se expresa con lo aptum, concepto rico y complejo que ha de tenerse en cuenta a la hora de planificar el discurso para que sea eficaz. 4. Verdad y opinión en el discurso Sabemos que para Platón el hecho de que la Retórica esté confinada al mundo de la Cfr. Metaph. I, 1. Cfr. QUINTILIANO, Ob. cit., pág. 49. 255 Cfr. Idem., 6, 8, 2 y LAUSBERG, Ob. Cit., I, pág. 229. 256 Cfr. LAUSBERG, Ob. Cit., I, 231. Éstos tres grados del discurso los tratan detenidamente tanto Isócrates como San Agustín. 253 254
108 opinión la desacredita. Aristóteles le asigna como objeto más que la opinión lo verosímil y muestra que: a) No en todos los saberes se puede exigir el mismo grado de rigor y de certeza. El conocimiento no estrictamente científico también debe ser expuesto, y no de cualquier manera sino siguiendo leyes de la lógica y de la dialéctica. b) En muchas ocasiones la ciencia utiliza conceptos no totalmente demostrados. c) Aún los conocimientos científicos sólidamente fundados, debido a la “torpeza” del auditorio son transmitidos y conocidos por éste como opiniones. Y esto se da cuando el emisor conoce demostrativamente dicho conocimiento, pero no lo puede transmitir así a su auditorio, por defecto de éste. d) El mundo de la opinión es muy vasto y rico y no se puede dejar de lado por pretensiones de exactitud metodológica ya que se perdería una riqueza dilatada. e) La especialidad de la Retórica se da en el campo ético y político, en donde las verdades son presentadas en sus aspectos dialécticos y verosímiles más que apodícticos. Es útil utilizar aquí la distinción entre lo inteligible en sí y lo inteligible para quien lo estudia o aprende, lo comprensible en sí y lo comprensible para el auditorio. 5. La persuasión en el discurso “La retórica es artífice de persuasión y absolutamente toda su actividad y su parte fundamental desemboca en esto. ¿O es que puedes decir que la retórica posee algún potencial además de crear persuasión en el alma de los oyentes?”, dice Sócrates irónicamente en el Gorgias257. Ahí mismo se va a establecer que hay dos tipos de persuasión: una que se debe a una creencia y la otra a un tipo de ciencia o saber a secas258. La persuasión está en relación con lo psicagógico del lenguaje y pone en evidencia sus funciones. Hay actos de habla de tipo locucionario, que constituyen el lenguaje informativo; de tipo ilocucionario, que es el lenguaje que tiene una fuerza asociada, que puede ser poética y que por lo tanto presenta otras resonancias en quien escucha; y por último el perlocucionario, que busca una reacción o conducta, en quien escucha, y aquí no es importante siquiera que se haya entendido el mensaje. Esta función hace referencia al carácter pragmático del lenguaje. “El concepto de psicagogía o “tirón de las almas” (en el sentido de conducción) que es para los antiguos la función del discurso retórico no se entiende bien si no se cuenta con la fuerza ilocucionaria de los actos de habla. Alguien hace algo con el discurso 257 258
PLATÓN: Gorgias, edic. cit., 453 a. Cfr. Idem., 454 b e – 455.
109 retórico: el orador tira de las almas de los oyentes” 259. Esta temática que hoy está instalada en todo tratamiento de las funciones del lenguaje, tiene precisamente aquí, en el mundo retórico griego, su discusión e incorporación. 6. El discurso y sus partes A partir de Aristóteles el discurso tiene un esquema rico y flexible, aunque pautado. Las partes básicas son: comienzo, principio o exordio; medio o nudo, que se constituye con la narración o relato y la argumentación; y el fin o desenlace, que es la conclusión o epílogo. Esta necesidad de tener un plan y seguirlo está en la misma naturaleza de cualquier relato. Hacer dicho plan consiste en la selección y combinación de acontecimientos y acciones a relatar, que convierten a la fábula (tomada como sinónimo de relato) en una historia “completa y entera”
260
que tiene comienzo, medio y fin. Es la misma planificación que se
aplica a la tragedia y que se puede efectuar en todo discurso. La argumentación es lo que en la Poética llama nuestro autor el “pensamiento”. Así dice: “Corresponde al pensamiento todo lo que debe alcanzarse mediante las partes del discurso. Son partes de esto demostrar, refutar, despertar pasiones, por ejemplo compasión, temor, ira y otras semejantes, y además, amplificar y disminuir. Y es evidente que también en los hechos hay que partir de estas mismas formas, cuando sea preciso conseguir efectos de compasión o de temor, o de grandeza o de verosimilitud. La diferencia está en que aquí deben aparecer sin enseñanza, mientras que en el discurso deben ser procurados por el que habla y producirse de acuerdo con lo que dice. Pues ¿cuál sería el provecho del orador si las cosas pareciesen atractivas sin necesidad del discurso?” 261. Esta finalidad es distinta de la del discurso (lógos) retórico, que persigue la enseñanza (didaskalía) que, como se ve, tiene la misión de presentar las cosas de manera atractiva y mediar para tornar interesante el objeto a transmitir. Tanto es el discurso mediador, que si las cosas ya pareciesen valiosas, no habría necesidad de él. 6.1-. Primera parte, introducción o exordio, proemio, prólogo o principio262. Esta primera parte, introductoria, es el comienzo del discurso, equivalente al prólogo en poesía y el preludio en la música de flautas263. Constituye la hodopoiesis. Preanuncia lo que va LÓPEZ EIRE, ob. cit., pág. 174. Idem. 1450 b 25. 261 Poet. 1456 a 35 – 1456 b 8. 262 Cfr. Rhet. III, 14, 1414 b 19 y ss.; QUINTILIANO: Inst. Orat. IV, 1, 1; Rhet. Alejandro, 29; CICERÓN: De oratore, II, 78 – 79. 263 Cfr. Rhet. III, 14, 1414 b 19 y ss. 259 260
110 a pasar en el resto del espectáculo y lección. Es “como preparación del camino para lo que sigue después”264. En el transcurso del discurso se vuelve reiteradamente a esas primeras ideas aunque sea con imágenes ligeras para traer al presente. Esto ayuda a mantener viva la atención de quien escucha y favorece su memorización. El objetivo de esta primera parte es presentar el fin y plan del discurso, adelantar qué es lo que se propone el orador y ganar la benevolencia y simpatía del auditorio. Sirve para que éste se prepare anímica e intelectualmente para los procesos que se van a suscitar. Anunciar los cometidos del discurso ayuda a concentrarse y por lo tanto al proceso de fijación y memorización. Para ello se ha de dar “una muestra del discurso, a fin de que por adelantado se conozca sobre qué va a versar [el discurso] y no quede en suspenso su inteligencia; porque lo indefinido favorece la dispersión. El que pone, pues, el comienzo algo así como en las manos, logra que después se le siga en el desarrollo del discurso”265. A esta parte se puede aplicar también la metáfora del remedio de Aristóteles, que por la “rudeza de los interlocutores” se hace necesaria su aplicación. Por eso algunos oradores tratan de “hacer reír” en este momento, como recurso que busca derribar las barreras, desbloquear al interlocutor que puede estar como a la defensiva. Así se predispondría dócilmente a las palabras que se le dirigen. A veces la dificultad a vencer está en el mismo orador, quien necesita sortear la distancia inicial que lo separa de su auditorio. Por ello se presenta o sometiendo la oposición de caracteres respecto de él o destacando la connaturalidad que existe con el público. El despertar simpatía o simplemente respeto ayuda a la eficacia del mensaje. Otro motivo de la necesidad del exordio puede estar dado por el tema del discurso, que puede exigir una preparación especial del auditorio respecto a la formalidad bajo la que se examinará el asunto o brindar algunas aclaraciones previas para favorecer la comprensión. No se ha de llamar directamente la atención del auditorio aquí, pues es natural que la gente atienda en la primera parte. Pero es cierto que depende del éxito de este momento el que se mantenga la atención o se genere tedio en los interlocutores. Si el carácter intrascendente del asunto puede provocar este estado es mejor no hacer el exordio o hacerlo con otra finalidad. También el fracaso de este momento depende de la disposición psíquica del público, desinteresado por el tema por cansancio, aburrimiento o simplemente malos hábitos266. Si el asunto reviste a los ojos del público un carácter intrascendente hay que buscar algún recurso efectista que despierte la atención. También puede recurrirse a la afectividad y mostrar la Ibidem, Rhet. III, 1415 a 13 – 15. 266 Cfr. LAUSBERG, &269, ob. cit. pág. 244. 264 265
111 novedad. O hacer alguna expresión de asombro que invite a atender. O mostrar el ensamble con algún contenido de tipo universal o de interés puntual. Común a las necesidades referentes al orador, al tema y al auditorio, es también la apelación a lo que el auditorio ya sabe respecto del tema a tratar. El tópico consiste en buscar los conocimientos y experiencias previos del auditorio con el fin de que se torne significativo el contenido del mensaje, se comprendan los nuevos contenidos a partir de lo que ya se tiene intelectual y afectivamente. Se busca el punto de apoyo para comenzar –desde ahí- la construcción de nuevos contenidos, que puedan ser eficientemente relacionados. En esta primera parte, entonces, lo decisivo es captar el interés. Habría que analizar las causas de la falta del mismo para tratar de remediarlo. No hay que descartar que la desmotivación se deba a la “parte contraria”, dice Herenio refiriéndose a los aspectos judiciales o deliberativos tal vez, pero en todos los campos tiene su aplicación. Así, en el caso de que se hayan escuchado anteriormente teorías desvalorizadoras, o la influencia de propagandas y modas, o simplemente mensajes mediáticos. También la falta de interés puede deberse a la desactualización de los contenidos, la poca significatividad de los mismos, la vaguedad, el abstraccionismo racionalista, el pragmatismo irrelevante, entre otros. Respecto a los motivos de desinterés que tienen que ver con el orador se incluyen todos aquellos que pueden haberlo llevado a su desprestigio, vinculados con la seriedad de su actuación y sus virtudes primarias. Esto es tema especial de los elementos éticos del discurso. El orador debe por otra parte evitar la arrogancia y disimular la misma elocuencia. El lenguaje puede ser más sencillo y menos específico en esta primera parte, para preparar al público para su comprensión posterior. A veces se da un cierto orgullo o vanidad, por exigencias incoherentes o malos hábitos del auditorio que le impiden la docilidad 267. Para que no ocurra esto, lo más efectivo es mostrar eficiencia, prometer cierta brevedad y concreción y “unir la defendibilidad del objeto y la afabilidad y buena disposición del público”268. La figura retórica que sintetiza los objetivos del exordio es el docilem parare o captatio benevolentiae, que pretende servir de mediador entre la inteligencia del público y la complejidad del asunto en relación con el mismo. Un medio importante es la enumeración por adelantado y decir “como en resumen la tesis que el discurso va a sostener, a fin de que el auditorio no pierda la comprensión o el interés por lo que se dice”269. Cfr. Idem., ob. cit., &271, pág. 245. Cfr. Idem., ob. cit., &272, pág. 246. 269 RACIONERO, Quintín: nota 293, pág. 560, en Arist. Retórica, OB. CIT. Cfr. principio de totalidad y vivencia. 267 268
112 Por interesante que sea este primer momento del discurso, lo que deja en claro Aristóteles es que no ha de constituir un lugar fijo y rígido. Puede ser muy breve y aún faltar cuando no sea imprescindible. También se puede pensar más de un exordio, para ubicarlos antes de cada una de las partes. Una vez más, se ve el sano realismo de nuestro autor que se deja llevar por las cosas para fijar las normas. No trata de poner la realidad en un esquema prefijado. Si es conveniente se pone el exordio; si no, no, pero el lenguaje ha de surgir como espontáneo, aunque específico y exacto. 6. 2. Segunda parte: Exposición, explicación y narración. Esta segunda parte, llamada prótesis, es la propositio, el lugar donde se expone el asunto o pragma del discurso. Aquí se plantea el problema dialéctico de lo que se quiere tratar y supone el “proponer aquello que va a ser probado”270. Se presenta como un primer resumen que luego se narra con más detalle y encarecimiento y sirve de fundamento de la argumentación. Se pueden dar varios tipos de prosa de base cuya utilización depende del criterio de adecuación del pragma del discurso, auditorio e intenciones del orador. Será expositivo – explicativo o narrativo. En el de tipo expositivo la intención primera es poner los temas a la consideración de quien escucha. El matiz de explicación añade siempre la voluntad de hacer comprender (no sólo decir), para lo cual hay que mostrar razones. En principio sólo se busca en este momento modificar un estado de conocimiento; no se trata aquí de influir sobre el auditorio (persuadir) sino que primordialmente se pretende transmitir datos organizados y
jerarquizados. Se
persigue la precisión, el rigor y la objetividad. Puede darse de manera más o menos explícita, una pregunta o problema como punto de partida, que se irá resolviendo; puede haber asimismo clasificación, definición, ilustración; comparación, descripción271. En términos generales podría establecerse en este momento el planteamiento del problema, o de la pregunta, o la ilustración de todos los casos que se van a dar, las comparaciones y descripciones. Se trata de poner todos los datos a la vista. Aristóteles muestra una particular predilección por el uso del relato, tal vez por ser éste lo suficientemente flexible y rico como para admitir distintas modalidades. Un modo particular es la narración. La estructura narrativa supone un mínimo grado de abstracción, al plantear temáticas universales o no. Puede adoptar formas de mito, leyenda, fábula, historia, etc. En LAUSBERG: ob. cit. &289, pág. 261. Cfr. ÁLVAREZ ANGULO, Teodoro: Textos expositivo – explicativos y argumentativos. Barcelona, Octaedro, 2001, págs. 17 y ss. 270
271
113 todos los casos, aunque se cuente una historia que puede ser verdadera, hay que considerar los medios para que resulte verosímil, con especial cuidado en la fundamentación psicológica de los sucesos históricamente reales, colocando lo verosímil al servicio siempre de lo verdadero272. El aspecto específico de la narración es el docere, el enseñar, dentro del bien decir y del fin general, que consiste en “el convencimiento de la veracidad de la narración”273. Las virtudes de la narración son: verosimilitud, que consiste en la credibilidad de lo que se dice; brevedad, que busca la disposición del público y está al servicio de la comprensión y memoria, ya que la exposición demasiado larga genera tedio y poca retención del asunto global; y la claridad, para ayudar también a la comprensibilidad y fijación. Aquí se destaca siempre la necesidad de poner sólo lo imprescindible para que el destinatario se entere del asunto. Es necesario aprender a sintetizar, resumir y criticar el propio discurso. El relato puede hacerse de maneras diversas: parte por parte, resolviendo cuestiones; o de una manera general, colorista y espontánea. Ésta tiene la desventaja que requiere una mayor concentración y esfuerzo de memoria de corto plazo, pero da una visión de totalidad del asunto, se entiende más la articulación de los problemas, y se captan las ideas generales. Depende de cuál sea la modalidad elegida respecto del pragma del discurso. Por ejemplo un relato histórico requiere una visión general del asunto y las divisiones analíticas no son sencillas de plantear. Muchas veces el relato permite un cierto tono de intimidad. Esto puede favorecer, en el despliegue temporal de las ideas, una comprensión nueva del asunto de parte de quien habla, lo cual ayuda a quien escucha para su propia reflexión, en la que, al mismo tiempo que comprende el asunto objetivo, se percibe a sí mismo a través del tema. En cuanto a la medida de la exposición, ha de aplicarse el recurso pertinente, que es la cantidad, teniendo en cuenta siempre las circunstancias que han de mostrar el punto óptimo de oportunidad (kairós). Si el público ha sido suficientemente captado, hay buen nivel de interés, el rhétor puede prolongar su relato, pero prudentemente sabrá terminar a tiempo si las condiciones lo requieren. La narración ha de mostrar el talante del orador. Es conveniente estar atento a cuáles son sus notas más relevantes en cuanto a su eficacia. Y Aristóteles dice que lo que hace más eficaz el discurso es mostrar cuál es su intencionalidad274, la que ha de estar al servicio del fin. Es decisivo en cuanto a la credibilidad el carácter ético de quien habla, lo que condiciona el merecimiento o no de la confianza de quien escucha. 272
Cfr. LAUSBERG: ob.cit., &295, pág. 267. Idem.: &293, pág. 266. 274 Cfr. Rhet. III, 16 1417 a 18. 273
114 La actuación del orador y la expresión de su talante se ordenan también a la manifestación de los sentimientos del oyente para posibilitar el encuentro afectivo de ambos. Esto es indispensable para lograr el fin del discurso. Incluso Aristóteles recomienda dejar de lado un esquema o una exposición intelectual y realizar el relato como si fuera totalmente espontáneo, mostrando que se goza con lo que se está diciendo. Esto atrapa, promueve la sym – pathía, el sentir con de parte del orador y el oyente, que pasan a convertirse en partícipes de un mismo espectáculo275. El que se expresen las pasiones de quien habla y de quien escucha da calidez al relato y los sentimientos y emociones constituyen un lenguaje universal eficaz. El lenguaje de los gestos que acompañan el discurso y expresan las emociones, adquiere significación. En la retórica como “lógica de los afectos”, el gesto es un indicio conocido más, a partir del cual se infiere otro conocimiento276. Esta expresión de los propios sentimientos sirve para el refuerzo de la presentación del orador, ya que conviene ser abierto y mostrarse a sí mismo lo más fielmente posible. Se hace más creíble y verosímil el discurso de quien se manifiesta tal como es y no genera la sospecha de una cierta dualidad o de que se esconde algo. La función narrativa ha de “preservar la amplitud, la diversidad y la irreductibilidad de los usos del lenguaje”277 y también reunir las formas y las modalidades dispersas del juego de relatar. Ricoeur plantea el hecho de la fragmentación que ha acontecido en el campo de la narrativa. Aquí se dividen los géneros hasta el infinito a partir de una división básica entre los relatos que tienen una pretensión de verdad, del tipo de los discursos descriptivos que aparecen en las ciencias (historia, géneros literarios del tipo de biografía y autobiografía) y los relatos de ficción, drama, novela. Quiere rescatar la cualidad común de la experiencia humana que tiene “carácter temporal”. “Al tratar la cualidad temporal de la experiencia como referente común de la historia y de la ficción, constituyo en un problema único ficción, historia y tiempo”278. Dentro de la narración se puede distinguir un inicio, medio y fin, que no hacen tanto a lo cronológico cuanto al significado y disposición de las ideas. El inicio ha de considerar el punto exacto de los hechos que revisten importancia para el auditorio y para el asunto. Un vicio que es frecuente es remontarse a la “prehistoria” del asunto, es decir, dar antecedentes demasiado remotos de lo que se quiere exponer, o comenzar “demasiado tarde” y así no decir cosas que son necesarias para la compresión básica. 275
Cfr. Rhet. III, 16 1417 a 29; Poet. 15, 1454 b 18 ss. Cfr. Rhet. III, 1417 b 4. 277 RICOEUR, Paul: Del texto a la acción. Ensayos... II, edic. cit., pág.16. 278 Cfr. Ibidem. 276
115 En cuanto al medio caben las características de toda exposición, siendo tal vez el cuidado más importante a considerar el orden, que consiste en “el acertado encadenamiento de los elementos de la narración”279; la brevedad, es decir, la cantidad de ideas a exponer que deben ser bien seleccionadas por su eficacia; y la repetición adecuada de las mismas, lo que implica proponerse favorecer la memoria de corto plazo, pero de manera prudente, ya que produce tedio, amenaza permanente del interés y la atención. Lausberg dice que “la realidad del proceso mismo narrado se consigue especialmente mediante una concatenación de los elementos de la narración en correspondencia con las experiencias vitales del público”280. Un criterio a seguir en el ordenamiento de las ideas puede ser el de clasificación de los lugares: persona, hecho, causa, lugar, tiempo, modo, facultas, naturaleza, opinión iudicum, costumbres del vulgo, muestra, etc. Y en cuanto al término de la narración, se ha de considerar el interés y utilidad, suprimiendo lo que por cualquier motivo distraiga de los objetivos principales. A lo largo de la narración se han de ir “sembrando” los puntos de apoyo en que luego se basará la prueba (en el caso de la causa judicial), y la argumentación en general (en los otros tipos de discurso). 6. 3. Tercera parte: la Argumentación y Demostración Una vez que se han relatado o narrado los hechos corresponde argumentar y demostrar la verosimilitud o la verdad de lo que se dice. El propósito es convencer y persuadir al auditorio con el uso de pruebas lógicas. En terminología aristotélica sería el lugar de las pistis281. Es la argumentatio, quaestiones, probatio, que “sirven para establecer la credibilidad”282 siempre al servicio de lo que es. La materia de la que se trata en esta tercera parte, se presenta como questio. Aristóteles presenta aquí las pruebas, a las que divide en propias del arte y las que no lo son283. Las artísticas son fundamentalmente los signos (que en parte están dentro y en parte fuera del arte), que son señales perceptibles por los sentidos que normalmente acompañan a un hecho, a una realidad, a un estado de cosas, de suerte que por la señal o signo se puede inferir con mayor o menor seguridad la cosa significada; el argumento que es reducible a una prueba racional y deductiva basada en los datos de la causa; y los ejemplos que dan origen a la epagogé, inducción o comprobación. A estos temas se volverá en los Aspectos lógicos del LAUSBERG, ob. cit., &317, pág. 280. Idem.: ob. cit. &328, pág. 287 281 cfr. Rhet. 3, 13, 144. 282 LAUSBERG, Ob. cit., &348. pág. 297. 283 Cfr. Rhet. 1,2,2. 279 280
116 discurso. La argumentación se manifiesta a través de distintos géneros, pero lo que predomina es un tipo de discusión o deliberación, es decir de una forma dialéctica en la que se oponen unos argumentos a otros. Por otra parte, la “retórica actual o neorretórica se centra en el argumento persuasivo que se refiere a todo tipo de argumentación oral o escrita y trata todos los temas y todas las situaciones con todo tipo de protagonistas y de público [...]. En general, podemos definir el discurso o texto argumentativo como el conjunto de estrategias de un orador que se dirige a un auditorio con vistas a modificar el juicio de dicho auditorio, conseguir su adhesión o hacer que admitan una determinada situación, idea, etc. La eficacia, pues, es la norma argumentativa por excelencia, y en consecuencia, el discurso bien argumentado es el que hace hacer bien (influir, persuadir), tanto si se trata de votar a favor o en contra de alguien, como de hacer desear algo, o de influir para que se compre un determinado producto” 284. En este planteo el acento se pone claramente en la eficacia. También en la argumentación caben distintos tipos de prosa de base cuyo empleo depende del objeto de que se trate. Los argumentos pueden estar basados en la causa, en la definición, en la analogía, o en la autoridad. Puede haber uso de metáforas, de máximas, y de todo otro tipo de recursos. Es importante saber detectar las falacias que se pueden plantear. Dentro de la nueva Retórica, Perelman recoge del uso común del lenguaje una cierta distinción entre persuadir y convencer, que aunque no es definitiva, ya que es difícil establecerla en el lenguaje vivo, marca un matiz interesante. Así “nos proponemos llamar persuasiva a la argumentación que sólo pretende servir para un auditorio particular, y nominar convincente a la que se supone que obtiene la adhesión de todo ente de razón”285. Esta distinción es mencionada aquí porque ayuda a comprender la diferencia que se podría establecer entre estos dos aspectos del discurso, que son la argumentación y la demostración. La primera, y continuando con la postura de Perelman, “no contempla exclusivamente la adhesión a una tesis porque sea verdadera. Podemos preferir una tesis a otra porque nos parezca más equitativa, más oportuna, más actual, más razonable o mejor adaptada a la situación”286. En la argumentación, en tanto se contrapone a demostración, según el pensamiento de Perelman, se razona teniendo en cuenta consideraciones que superan la formalidad del razonamiento demostrativo. En cambio, en la demostración se procede ÁLVAREZ ANGULO: ob. cit., pág. 48. PERELMAN – OLBRECHTS – TYTECA: Tratado..., edic. cit., pág. 67. 286 PERELMAN: La lógica jurídica .., edic. cit., pág. 153. 284
285
117 teniendo en cuenta exclusivamente los aspectos racionales del discurso. Equivaldría a la convicción en vistas a cualquier auditorio, sin tener en cuenta las particularidades de cada caso. En la argumentación se tiene en cuenta al destinatario, su contexto cultural, sus conocimientos y afectos, mientras que en la demostración no. Así la argumentación busca lograr la adhesión e influir en el otro, en cambio en la demostración el único fin es exponer y demostrar la verdad. En la argumentación se parte de verdades verosímiles, no apodícticas, de opiniones, conocimientos o inclinaciones que comparten el emisor y el receptor (topoi). En la demostración se parte de principios o premisas universales. En la argumentación se plantea un sistema abierto de términos variables. En la demostración el sistema es cerrado y los términos están bien definidos. La argumentación emplea ejemplos, metáforas y términos ambiguos. La demostración usa términos unívocos. La argumentación convence por adhesión y en ello lo afectivo juega un papel importante. Se basa en una “lógica de afectos”, como la llama Perelman a la Retórica. La demostración convence por conclusiones o evidencias objetivas. La argumentación es verosímil o inverosímil. La demostración es correcta o incorrecta. Se trata en este tercer momento del discurso de mostrar cómo son las cosas a partir o desde lo que se ha narrado. Hay que verificar que lo que se ha dicho antes es verdadero (o verosímil) y por qué. El acento cae entonces en el pragma del discurso y no en el pathos ni en el ethos. Por esta razón el procedimiento privilegiado es el propiamente demostrativo que es el entimema, además del ejemplo o paradigma y la amplificación cualitativa. Se pueden tener en cuenta algunas recomendaciones prácticas respecto al uso de los distintos procedimientos, como por ejemplo: “Los entimemas no deben anunciarse de continuo, sino que hay que ir entremezclándolos; de no ser así, se perjudican unos a otros, ya que también en la cantidad hay un límite” 287. “Tampoco hay que hacer entimemas sobre todos los puntos [...] algunos filósofos [...] obtienen de sus silogismos conclusiones aún más conocidas y convincentes que las premisas con que los enuncian”288. No hay que decir un entimema en relación con las pasiones, “(porque o apagarás la pasión o será baldío el entimema que hayas enunciado, puesto que dos movimientos opuestos y 287 288
Rhet. III, 17, 1418 a 6. Idem., 1418 a, 10.
118 simultáneos se repelen mutuamente y, o bien se neutralizan, o bien se tornan débiles)”289. Es útil servirse de máximas, tanto en la narración como en la prueba por persuasión, pues ellas son expresivas del talante. En los discursos epidícticos conviene introducir elogios episódicos, es decir, que no atiendan sistemáticamente al asunto de que se trata ya que alivianan el tema y lo hacen menos pesado y más agradable. También es bueno contar algo como si lo hubiese hecho otra persona. “Conviene también a veces cambiar los entimemas y hacerlos máximas”290, ya que tienen más fuerza. Y como ya recomendara Isócrates, hay que saber callarse a tiempo. Cuando ya se argumentó lo conveniente, no insistir más. 6.4. Cuarta parte: El epílogo La parte final de un discurso se propone hacer una recomposición de aquello sobre lo cual se ha hablado y se quiere fijar en el auditorio. Su función principal consiste en refrescar la memoria. Como es el último momento anterior al juicio o conducta, es importante el mover (uno de los fines del discurso), por lo que se ha de apelar también a los sentimientos y afectos, a fin de ganarlos para el pragma del mismo. En este momento conviene recordar los argumentos más fuertes dejando de lado los más débiles. Hay que buscar aquí la brevedad, es decir, la selección cuidadosa de las ideas que se quieren mantener. Vale la pena buscar algún recurso lingüístico que sirva para memorizar el mensaje principal que se quiere dejar, por ejemplo una máxima, o una frase que sea sonora, sintética, contundente, y que deje expectante, con la sensación de que se podría seguir escuchando o se vea la necesidad de actuar en consecuencia de lo que se ha escuchado. Por eso no hay que reiterar innecesariamente nada, limitarse a los argumentos más concisos. También es importante que quede claro que se ha cumplido con lo que se había prometido, mediante la mediación de resultados y del optimismo. Lo dicho acerca del discurso se puede esquematizar así: Primera parte
Segunda parte
Tercera parte
(divisible en dos) Comienzo, Exordio.
289 290
Idem., 1418 a 13. Idem., 1418 b 34.
principio
o
Nudo
Conclusión, epílogo.
desenlace
o
119 “Voy a decir”: por qué,
“Digo”
“Dije”
Prosa de base: Narración y
Prosa de base: exhortativa.
importancia. Prosa de base: exhortativa y argumentativa.
argumentación.
7. Planificación del discurso El discurso como obra o como resultado de un discurrir de la mente y un plasmar poéticamente con palabras lo que se quiere decir admite ser considerado en cuanto a: La secuencia que plantea, que es más larga que la oración y suscita un problema de comprensión de la totalidad y constituye la composición; la codificación, que es reflejada en el género literario que emplea; y la configuración concreta que genera el estilo. El discurso es el resultado de un trabajo que organiza el lenguaje, por eso se puede decir que el autor es “el artesano que trabaja con el lenguaje” 291. El discurso es una “obra de arte por medio de la palabra”292. Consta de dos elementos: res y verba293. La res o materia está constituida por las ideas y pensamientos que son expresados por medio de palabras. Se ha discutido en la historia suficientemente acerca de cuál ha de ser la relación que existe entre la materia y el orador. Básicamente se pueden considerar dos tendencias más extremas, una minimalista y otra maximalista. Una cuestión implicada es el grado de saber necesario sobre una materia para hacer un discurso sobre ella. Por ejemplo en un discurso judicial: ¿es más eficiente quien sabe más Derecho o quien tiene habilidad para litigar? En la docencia, ¿qué es mejor, saber o saber enseñar? Problema siempre actual que en definitiva es el planteado y resuelto por Aristóteles en términos de experiencia y arte, o conocimiento y saber, en las primeras páginas de la Metafísica. Ahora bien, una doctrina que se entendía como enseñanza del buen decir debía formar un cuerpo de reglas según las cuales el orador pudiera elaborar un discurso. Se establecieron para ello cinco pasos correspondiendo a cinco fases de elaboración: inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio.
291
RICOEUR, Paul: Del texto a la acción. Ensayos ... II. Edic. cit., pág. 103. Cfr. LAUSBERG: ob. cit., I, pág. 99. 293 Cfr. Ibidem. 292
120 7.1. Inventio El primer momento o etapa del discurso es la Etapa heurística, llamada también de la investigación. La palabra heurística viene del verbo griego heurisco que significa hallar, descubrir, inventar. En esta etapa se da una intelección o comprensión primera del tema de que se trata, que es la intellectio y la inventio, invención o hallazgo de la materia y de los elementos del discurso. Es un proceso productivo y creador que consiste en extraer las posibilidades de desarrollo de las ideas contenidas más o menos ocultamente en la materia de que se trate. Implica un discernimiento permanente acerca de lo que hay que decir y de lo que es conveniente decir. A veces el encontrar “es una feliz casualidad” 294, pero el arte y la ciencia deben ayudar. Hay que sistematizar los lugares (topoi, loci), que “consisten en fórmulas apropiadas de investigación y búsqueda que pueden llevar a descubrir las ideas que nos interesan”295. Son un “catálogo de puntos orientativos para el descubrimiento de las distintas facetas de un asunto”296. En el siglo XII Matthieu de Vendome compuso un hexámetro con siete lugares para memorizarlos con facilidad, que son una base adaptable al tema que se está investigando. Propone: argumentos acerca de la persona (quis), de la cosa (quid), del lugar (ubi), de los medios (quibus auxiliis), de la causa (cur), del modo (quomodo), y del tiempo (quando)297. Este aporte puede ser de valiosa ayuda para la elaboración de cualquier tipo de discurso. También puede comenzarse por preguntas con el esquema de los “lugares” o topoi de las causas: ¿Por qué? ¿Para qué fin? ¿Con qué? ¿En qué? ¿Qué es? ¿A modo de qué?. O de los fines y objetivos: ¿Cuál es el objetivo? ¿Cuál es su origen? ¿Cuál es el estado de la cuestión?. Para cualquier discurso: ¿Qué saben los oyentes acerca de esto? ¿Qué deberían saber? ¿Para qué? ¿Cuál puede ser la necesidad o el interés? Frente a un texto a leer: ¿Qué dice el autor? ¿Cuál ha sido la intención al decirlo? ¿Qué piensa el lector al leerlo? Este planteo responde al principio de la eficacia y economía de esfuerzos. El tener una categorización primaria, suficientemente flexible y dúctil para empezar a trabajar con un tema, ayuda metodológicamente para la elaboración del mismo. Se considera como el padre de la tópica moderna a Curtius, cuya obra se publica por primera vez en 1948, quien considera que los topos, “ponen de manifiesto las relaciones básicas de la vida y son por tanto atemporales, en mayor o menor medida. Llega a relacionar estos topos que expresan los signos de un estado de ánimo, con los arquetipos de la Psicología de Jung. Dadas estas premisas y simplificando un tanto, la literatura europea sería encarnación LAUSBERG, ob. cit., &260, pág. 235. Idem., pág. 236. 296 SPANG, ob. cit., pág. 66. 297 Cfr. Ibidem. 294 295
121 directa o indirecta del patrimonio retórico literario de la Antigüedad tardía” 298. Spang plantea la discusión en torno a la interpretación de Curtius de los tópicos y concluye diciendo que “el topos es de un modo general una ‘forma de expresión acuñada’ y por tanto, cada expresión lingüística, como la metáfora, el motivo o el dicho, puede convertirse en topos si se dan ciertas condiciones lingüísticas de uso”299. Se volverá a este asunto al tratar los elementos lógicos y lingüísticos. 7. 2. Dispositio La materia ha de ser dispuesta u organizada en un orden determinado (dispositio), adecuado tanto a quien tiene que escuchar cuanto al tema del que se habla. Básicamente la dispositio consiste en el “orden de las ideas y pensamientos que hemos encontrado gracias a la inventio”300, orden tendente a conseguir los fines propuestos. Su función es la distribución de un todo, pensamientos y palabras, de manera que sea eficaz. Este orden puede ser natural, que es el dado por las cosas mismas; o artificial, debido a la secuencia particular del arte. En cada disciplina habrá un modo de disposición más adecuado, lo que constituye el to prepón correspondiente. A veces convendrá un modo cronológico, o sistemático, o causal. Como principio general podría servir para todo arte cuyo fin sea el convencer haciendo pensar al otro, la aplicación del principio aristotélico de que el arte debe seguir a la naturaleza. Es decir, que la disposición, aún en el caso de que sea artificial, debería de algún modo seguir al orden natural. Santo Tomás dice que al enseñar el maestro debe ir colocando los argumentos de la misma manera que él los va pensando, y el orden de su pensamiento debe seguir el orden del pensamiento del descubridor. En otras palabras, el método de la enseñanza debe seguir el método de investigación o científico301. La disposición, es decir, el orden en el que se dice lo que se dice, tiene importancia desde el punto de vista psicológico en vistas a influir en el otro. Este aspecto, que es valorizado y tratado ya por Quintiliano (siguiendo a Aristóteles), quien se preocupa por la posición de los argumentos más convincentes para que puedan ser especialmente percibidos y aprehendidos por el oyente, es también revalorizado en la actual teoría de la comunicación. Ésta confirma que lo que el oyente recibe en primer y último lugar mantiene en él un efecto más duradero. Lo mismo respecto al momento que ocupa la apelación a las distintas pasiones, como el
Cfr. Idem., pág. 82. Idem., pág. 83. 300 LAUSBERG, Ob. Cit., &443, pág. 367 y ss. 301 Cfr. TOMÁS DE AQUINO, De Veritate, Edic. cit. 298 299
122 miedo y la risa. En algunas circunstancias, por ejemplo a raíz de ejemplos y fábulas, en el discurso hay que inventar algunos elementos. Pero no debe hacerse de cualquier manera, sino que siempre ha de resultar verosímil, como aconseja Aristóteles en la Retórica y en la Poética, a raíz de la tragedia. No se debe inventar “de manera incongruente sino con coherencia”, y de manera atractiva y decorosa y no con mal gusto, dice Menandro el rétor302. En la Poética Aristóteles da ciertos consejos a los poetas, que se pueden utilizar aquí en el momento de enlace de la inventio con la elocutio: “Es preciso estructurar las fábulas y perfeccionarlas con la elocución poniéndolas ante los propios ojos lo más vivamente posible; pues así, viéndolas con la mayor claridad, como si presenciara directamente los hechos, el poeta podrá hallar lo apropiado”303. Recomienda así, objetivar lo más posible lo que se está produciendo y considerarlo de manera global, pero sobre todo sugiere ponerse en el lugar del espectador. Esta delicadeza respecto de la importancia de aquél a quien va dirigido el discurso es constante. Es una primera garantía de asegurar la fidelidad y eficacia de la comunicación. En la elaboración del asunto sugiere nuestro autor que: “Los argumentos, tanto los ya compuestos como los que uno mismo compone, es preciso esbozarlos en general, y sólo después introducir los episodios y desarrollar ” 304. Una vez más hace referencia a plasmar una idea global y luego agregar los acontecimientos particulares, lo cual contribuye a la unidad del discurso y a la posibilidad de su captación. Ayuda a mantener la concisión del argumento para asegurar la coherencia y cohesión. En el mismo lugar ejemplifica Aristóteles con el argumento de la Odisea y hace ver que se puede contar en dos renglones, “lo demás son episodios”, agrega. En el texto tiene que resultar transparente la línea argumentativa. Para ello, enseña cómo se hace retóricamente: un argumento breve y conciso, al que se amplifica. Se realiza luego la atribución verbal o elocutio que constituye la elaboración lingüística del discurso. 7.3. Elocutio En este momento se trata de buscar las palabras adecuadas, signos válidos para decir lo que las cosas son y lo que se quiere decir, en primer lugar. Aquí hay que considerar el aspecto gramatical. Para lograr la persuasión se han de tener en cuenta los aspectos afectivos, la “lógica de los afectos” y, como abarcador de todos los elementos, el valor estético, el de la 302
Cfr. MENANDRO: Dos tratados de retórica epidíctica. Madrid, Gredos, 1996, 341 20, pág. 105. Poet. 1455 a 23 304 Idem., 1255 b. 303
123 belleza de las formas con todos los matices, sin descartar que a veces la belleza no consiste más que en la claridad de una semántica y sintaxis adecuadas. De hecho se suele incurrir aquí en distintos vicios, ya sea por elaboración excesiva del discurso, alejando el lenguaje retórico de la vida; o por descuido, en un privilegio unilateral del lenguaje y de los efectos espontáneos. En realidad, “la elocutio se considera la parte más difícil y la más importante de la retórica, ya que es en esa fase en la que se decide el destino persuasivo de las ideas halladas y ordenadas anteriormente que a través de su expresión lingüística adecuada pueden lograr su finalidad o malograrla con una verbalización inadecuada”305. La elaboración lingüística debe ser retenida para su futura expresión. Es el momento de la memoria 7. 4. Memoria En una época en que la memoria es desprestigiada su uso en el discurso constituye un punto retórico de discusión. Sin embargo es vital a la hora de decir la clase o discurso. Por una parte se ha descuidado su cultivo, y por otra, existencialmente, se sufre por no poder dominar esta habilidad. Hoy se la revaloriza a partir de las investigaciones cognitivistas y del estudio de los procesos de fortalecimiento de la identidad personal, imposibles de lograr sin el cultivo de la memoria. Es pertinente destacar la importancia de la elaboración de una memoria artificial a partir de los rasgos característicos de la memoria de las distintas personas. Habrá quienes tienen preferentemente una memoria visual o gráfica, por lo que se recomienda la confección de carteles o imágenes que luego son leídos virtualmente en el momento de la elocución. Es importante observar las fortalezas y debilidades de las propias capacidades y también la de aquellos a los que va dirigido el discurso para ver qué recursos utilizar para que sea retenido lo que se pretende que lo sea. Por ello es necesaria su predeterminación y fijación. El recurso a los lugares o topoi facilita la fijación en la medida en que se solidaricen con los esquemas de pensamiento. Además de los recursos de exposición con los que cuenta un orador para hacer sus presentaciones se ha incorporado como forma normal el empleo de organizadores de la información del tipo de mapas o redes conceptuales, esquemas o gráficos, en formato escrito o mental, que sirven para fijar el orden de lo que se va a exponer. Aquí cabe la consideración acerca de los medios informáticos con su más y su menos. Lo elaborado y fijado es expresado en la enunciación (o actio o pronuntiatione).
305
SPANG: Ob. cit., pág. 69.
124
7. 5. Enunciación La enunciación es la manifestación del lenguaje, en la que se armonizan definitivamente la materia y forma del discurso. En el momento en que el discurso se consideraba sólo en su forma oral, se destacaba la preparación de aspectos exteriores como la vestimenta, la mímica y gestos del orador, postura, etc. Pero si se piensa en el discurso como la elaboración de un plan de curso por ejemplo, en esta etapa se considera toda la presentación por escrito o incluso gráfica del mismo. Hay que tener en cuenta que hoy el estudio de la retórica importa tanto al jurista cuanto al pedagogo, el comunicador o el publicista. 8. To prepón, aptum, lo apto o la adecuación como el fin del discurso La adecuación del discurso, lo aptum, o el to prepón aristotélico se da en la integridad de todos los momentos enunciados. En efecto, para que sea apto, debe ser verdadero o adecuado en todos sus componentes, desde la primera comprensión del asunto, el hallazgo de la materia, la disposición, hasta la manifestación elocutiva. A cada uno de estos momentos, y a la totalidad, se le pueden aplicar los criterios aristotélicos de adecuación entre lo percibido e inteligido y lo que las cosas son; entre lo que se dice y quien lo dice; y entre lo que se dice y a quién se dice. Lo aptum o el decoro “es la armónica concordancia de todos los elementos que componen el discurso o guardan alguna relación con él: utilidad de la causa, intereses en el discurso, res et verba, verba con orador y público, las cinco fases de elaboración entre sí y con el público”306. El conjunto de lo que se consideraban las virtudes y los vicios, o las cualidades positivas y negativas del discurso, originó esa especie de regulativo “que proporcionaba al orador / autor los criterios límites del buen decir, tanto desde el punto de vista de la eficacia como de la estética”307. Se puede distinguir un aptum interno y un aptum externo. El primero se refiere a la relación conveniente de los elementos y las partes del discurso entre sí. Ello empieza con el adecuado enjuiciamiento del asunto y la debida expresión de las ideas halladas y termina con la disposición y la pronunciación convenientes. Tiene una relación intrínseca con lo que hoy se estudia bajo la temática de la coherencia y la cohesión del discurso. El aptum externo concierne a la relación entre el discurso y las circunstancias extralingüísticas: lugar y momento del discurso y el auditorio y sus características (coincide con la pragmática). Para 306 307
LAUSBERG, Ob. cit., &258, pág. 233. SPANG, Ob. Cit., pág. 73.
125 esto debe regirse el orador por su capacidad de juicio acerca de su propio discurso, su crítica, lo que lo hará capaz de monitorear, rectificar y conducir sus procesos personales. En todos los casos entonces, la adecuación más importante se refiere a la adecuación respecto del fin: la persuasión acerca de lo verdadero y bueno en sentido amplio; y en segundo lugar, respecto del auditorio. Dentro de lo adecuado del discurso se puede incluir también la corrección, la claridad y el ornato. La claridad es la llamada perspicuitas en la retórica latina y se relaciona con la “comprensibilidad del discurso tanto desde el punto de vista de las ideas como desde el de la formulación”308. Este criterio es atendido en la lingüística actual con la legibilidad y lecturabilidad de los textos (escritos o no) para lo cual se formulan ciertas reglas e índices estadísticos computarizables que tienen en cuenta, por ejemplo, la longitud de las palabras, el uso de afirmaciones o negaciones complementarias, etc. Lo que persigue esta virtud del discurso es que el destinatario reciba el mensaje que el orador quiere darle, sin ambigüedades y con economía de esfuerzos. Esto contribuye a que el lenguaje unívoco, sin negaciones repetidas, sin anfibologías, sea más transparente. También se relaciona con la sintaxis que se usa, ya que cuando más directa se presenta, más clara y llanamente transmite el mensaje. La alteración de estos criterios básicos se admiten como licencias de estilo, como así también el uso de metáforas y otros recursos análogos, que se basan en la equivocidad de los términos. Spang cita a Dubois quien habla de la redundancia del lenguaje, entendiendo por ella la “repetición de elementos semánticos” para evitar los errores de transmisión, por las que el oyente o el lector llevan a cabo una especie de autocorrección. “Y esto sólo es posible en la medida en que las alteraciones o desviaciones no rebasen el porcentaje de redundancia del lenguaje”309. Ésta se manifiesta en el plano fonético, semántico y sintáctico. La claridad del lenguaje tiene relación con la materia de la que se trate y el público al que va dirigido. Es distinto el lenguaje científico para científicos que el lenguaje de divulgación; es distinto el lenguaje de la ciencia que el lenguaje de la enseñanza; es distinto el lenguaje informativo que el lenguaje poético y el publicitario. Estas consideraciones, tan caras al planteo retórico, hacen referencia al kairós, la oportunidad; y al to prepón, la adecuación, de los que se habló en el punto anterior. Por último, se había anunciado el valor estético u ornatus de la expresión. Esta función se ordena a deleitar al auditorio, “sorprendiéndolo mediante los recursos de alienación que constituye el empleo de figuras y tropos”310. El formato del texto y las características del Idem., pág. 75. Idem., pág. 76. 310 Idem., pág. 77. 308 309
126 auditorio aquí son también los decisivos para la formación del criterio del ornato, ya que en un texto informativo, por ejemplo, se ha de privilegiar la univocidad. Si es necesario, para lograr la interpretación correcta, se puede apelar a repeticiones. Se han de evitar pronombres que pudieran confundir como los deícticos y anafóricos. En la elección de palabras se ha de preferir entonces la palabra más clara y conocida. En cambio, en una poesía se ha de privilegiar la musicalidad y la metáfora, y muchas veces, la posibilidad de ser interpretada de modos diversos la torna más misteriosa y bella. El objetivo –por lo menos el propio- de la poesía no es la transmisión de un mensaje claro. En el texto informativo se pueden utilizar también metáforas, como se tratará luego, que son “solemnes y amplias, pero existe en su uso no poco peligro”311. Hay que utilizarlas moderadamente porque de lo contrario hacen al discurso confuso y el estilo se torna “áspero” y a veces “casi vulgar”312. 9. La división de los discursos La segunda parte del Libro Primero de la Retórica está destinada a la consideración de los tipos de discursos, según los cuales va a variar el pragma o asunto de los mismos, independientemente de los otros aspectos que se puedan considerar en los mismos. Aristóteles presenta aquí tres posibilidades, dado que en materia práctica todo se define por el fin y si el fin del discurso es el auditorio, el criterio para dividir el discurso debe estar determinado por el tipo de auditorio. Con esto Aristóteles, si bien va a hacer una división tripartita, que quedará acuñada en la historia de la retórica, deja abierta la posibilidad de incluir otro tipo de discurso si se incorpora otro tipo de auditorio. La clásica división aristotélica, que difundió Anaxímenes de Lámpsaco, autor de la Retórica a Alejandro (que algunos atribuyen al mismo Aristóteles) comprende: el discurso deliberativo, el judicial y el epidíctico. Un dato en común es que todos tienen como término la formulación de un juicio: En el caso de la Asamblea, acerca de si es conveniente emprender o no una acción, votar un impuesto, asignar fondos para un objetivo u otro. En el del tribunal, acerca de la justicia o no del hecho que se juzga y de su culpabilidad. Y en el epidíctico acerca de la bondad o excelencia, o de las cualidades positivas o negativas de una persona o asunto. V: LOS ACTORES
311 312
HERMÓGENES, ob. cit., pág. 248. Ibidem.
127 1. Condiciones Del orador El retor es persuasivo por tres causas: por la prudencia (phronesis) o sensatez, por la virtud (areté) y por la benevolencia (eunoia). Y esto es tan importante que el orador persuade por ellas prescindiendo de la argumentación. La phrónesis es la sabiduría de la razón práctica que hace que se cumpla con las propias responsabilidades, sabiendo elegir en cada caso lo más correcto y adecuado; la virtud o areté es tomada como síntesis de virtudes morales y la benevolencia como esa virtud síntesis de tolerancia y respeto hacia el auditorio313. A veces los oradores por insensatez no tienen una recta opinión, u opinando rectamente “callan por malicia su parecer” o son sensatos y honrados pero al no ser benevolentes, no lo aconsejan. Se debe buscar que el oyente tenga una determinada actitud frente al retor, ya que no se recibe de la misma manera algo dicho por quien es amigo o algo semejante a un amigo. Esta palabra está elegida deliberadamente ya que implica que la relación de apertura y de docilidad ha de ser mutua. No siempre ni necesariamente va a haber algún tipo de amistad pero hay, para que la comunicación necesaria tenga eficacia, algún tipo de afecto y virtud semejante a ésta. Por otra parte, hay que conocer y ser dueño de los propios afectos para poder influir adecuada y explícitamente en los del auditorio y. 2. Disposiciones del auditorio A continuación anuncia el método a seguir en la consideración de las pasiones, enmarcando “una tópica global semejante en su función a la que cumplen los géneros oratorios respecto de pragma o asunto de los discursos” (Q.R., n 10, Libro II, pág. 311). Este método ha de considerar cuatro aspectos: 1) Qué es: Definición dialéctica de la pasión. 2) Cuál es la disposición o en qué estado se encuentra quien tiene una pasión. 3) Cuál es el objeto de la pasión o qué y quiénes despiertan dicha pasión . 4) Consejos para el orador (cfr. Ret. II, 1378 a 23). El tratado dialéctico y/o retórico de las pasiones, en las que éstas entran en las pruebas por persuasión abarca desde los capítulos 2 al 11 y constituyen una cierta unidad. Los lugares paralelos a este tratamiento son: Ét. Nic- II, 7, 1108 b1 – 7; VII 5, 1147 a 14 ss b6-9; De Anima I 1, 403 a 3 ss. Y de Teofrastro: Caracteres...). 313
Cfr. Pol.V 7, 1309 a 33. Aquí se refiere a quienes deben ejercer las supremas magistraturas, y se especifican con la lealtad para con la constitución establecida, y se agrega la justicia.
128 Con el método antedicho trata en primer término la Ira; luego la calma, serenidad o entereza; el amor y el odio; el temor y la confianza; la vergüenza y la desvergüenza; el favor (Xaris); la compasión; la indignación; la envidia; la emulación. 1.3. A partir del capítulo 12 y hasta el 17 encontramos como otro tratado: el de los caracteres (ethe) en tanto referidos a las personas del auditorio, es decir, a los oyentes y que constituyen también una base necesaria indispensable para constituir las pisteis. Los caracteres son estudiados “en relación con las pasiones, los modos de ser, las edades y la fortuna” (Ret. I, 12 1 1388 b32). Qué son los caracteres? El carácter o ethos constituye una disposición estable del psiquismo, que mueve a conducirse según clases de comportamientos, determinados por criterios tales como la edad, la fortuna , etc. El ethos como carácter recibe su crecimiento del ethos como hábito, formado física y psicológicamente por repetición de actos. El hábito introduce así una segunda naturaleza por la repetición de dichos movimientos físicos. La diferencia con las pasiones, que también son afecciones de tipo físico, está en que éstas son violentas y pasajeras, mientras que los caracteres son más estables y serenos. El conjunto de pasiones y caracteres constituyen el esquema de las disposiciones anímicas naturales (cfr. Nota 169 QR, pág. 375). (Lugares paralelos: Ét. Eud. II 2 1220 a39-65; Platón: Leyes VII 792 e; De An. I 1, 403 a 3ss). Los modos de ser pueden ser considerados en relación con las virtudes y los vicios. El hombre virtuoso obra naturalmente de un modo determinado. Se refiere aquí a la causalidad psicológica de los actos; es decir, en tanto una conducta se explica por dicho modo de ser. La fortuna es la nobleza de estirpe, la riqueza, el poder , los contrarios de estas cosas y , en general, la ventura y la desgracia (cfr. Ret. II, 12 1389 a 1). Seguidamente hace Aristóteles una descripción del carácter de los jóvenes, del hombre maduro y del viejo. Luego analiza los caracteres en relación con la fortuna: I La nobleza (II, 15); la riqueza (II, 16); III el poder y la buena suerte (II, 17).
129 Indice El Trivium...................................................................................................................................1 1. Justificación histórica..............................................................................................................1 2. Su incorporación en la escuela hoy.........................................................................................4 Lógica..........................................................................................................................................8 1. Lógica y dialéctica. Aclaraciones previas...............................................................................9 2. Primera operación del espíritu: la simple aprehensión.........................................................11 2.1. Notas de los conceptos.......................................................................................................11 2.2. Proceso de formación del concepto...................................................................................11 2.3. El término...........................................................................................................................13 2.4. Comprehensión y extensión del concepto..........................................................................15 2.5. La división.........................................................................................................................16 2.6. La definición......................................................................................................................18 Nominal.....................................................................................................................................19 Real...........................................................................................................................................19 3. Lógica de la segunda operación: juicio.................................................................................20 4. Lógica de la tercera operación del espíritu...........................................................................24 Materia y forma del silogismo..................................................................................................27 Reglas del silogismo simple:.....................................................................................................28 Figuras y modos del silogismo.................................................................................................29 Gramática..................................................................................................................................30 LA RETÓRICA........................................................................................................................46 1. Definición..............................................................................................................................46 1.1. Delimitación del objeto de la Retórica...............................................................................47 1.2. Naturaleza y arte................................................................................................................50 1.3. Finalidad de la Retórica.....................................................................................................52 Retórica.....................................................................................................................................54 2. Funciones..............................................................................................................................55 3. Divisiones..............................................................................................................................55 4. El método..............................................................................................................................56 III. Elementos e instrumentos retóricos generales....................................................................59 1. Los tópicos retóricos.............................................................................................................59 2. Entimemas.............................................................................................................................65 2.1. Caracterización del entimema............................................................................................66
130 2. 2. Entimema y silogismo dialéctico......................................................................................66 2. 3. Silogismo refutativo..........................................................................................................67 3. Los ejemplos..........................................................................................................................69 Paradigma o ejemplo.................................................................................................................69 Estructura lógica del paradigma................................................................................................70 Los ejemplos como recursos.....................................................................................................71 4.
Las figuras y tropos...........................................................................................................75
4.1. Amplificación (auxesis) y la disminución..........................................................................77 4.2. La metáfora........................................................................................................................77 4.3. Alegoría y mito...................................................................................................................85 4. 4. La comparación................................................................................................................92 5. Las máximas (gnomé, sentencia, paroimía),brocárdicos y aforismos..................................92 6. El estilo.................................................................................................................................98 7. El lenguaje............................................................................................................................98 7.1. Notas del lenguaje retórico..............................................................................................100 7.1.1 Estar anclado en el ser....................................................................................................100 7.1.2. Ser adecuado.................................................................................................................100 7.1. 3. Ser claro.......................................................................................................................102 7.1.4. Ser correcto...................................................................................................................103 7.1.5. Ser elegante...................................................................................................................103 IV. LOS DISCURSOS............................................................................................................104 1. Sentidos del término discurso.............................................................................................104 2. Aplicación al discurso retórico...........................................................................................104 3. El fin del discurso...............................................................................................................105 4. Verdad y opinión en el discurso..........................................................................................107 5. La persuasión en el discurso...............................................................................................108 6. El discurso y sus partes.......................................................................................................108 6.1-. Primera parte, introducción o exordio, proemio, prólogo o principio............................109 6. 2. Segunda parte: Exposición, explicación y narración......................................................112 6. 3. Tercera parte: la Argumentación y Demostración..........................................................115 6.4. Cuarta parte: El epílogo...................................................................................................118 7. Planificación del discurso...................................................................................................119 7.1. Inventio............................................................................................................................119 7. 2. Dispositio........................................................................................................................121
131 7.3. Elocutio............................................................................................................................122 7. 4. Memoria..........................................................................................................................123 7. 5. Enunciación.....................................................................................................................124 8. To prepón, aptum, lo apto o la adecuación como el fin del discurso..................................124 9. La división de los discursos................................................................................................126 V: LOS ACTORES.................................................................................................................127 1. Condiciones Del orador.....................................................................................................127
View more...
Comments